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£ D A C C I O N Y A D M IN IS T R A C IO N :

Año III
.1 u 1 ¡ o

erú 073 - Buenos Aíres - Teléf. 34-2384

6 )1
Jmá 1

104»
2°- Epoca

Precio del número: $ 1. moneda argentina
Suscripción anual: $ 10. moneda argentina

El I (HUI M GROUP,

La
C A D U C i DA D

lie NUEVA YORK

del

Por JIJAIS CARLOS PAZ
El hombre noble desea crear
algo nuevo, a la vez que una nue­
ra virtud. El hombre bueno desea
simplemente lo establecido, y que
lo establecido se perpetúe.
N ie t z s c h e .

os más definidos de toda la dilaJ tada serie de compositores cine
'(instituyen el aporte más reciente,
a la creación musical estadounidene, aparecen prácticamente libera­
os, si por liberación Entendemos,
¡o solamente el aspecto puramente
estético o las tentativas de superaión en base a un nuevo criterio —o
ogma— en la organización estricta­
mente técnica del sonido; sino que
«a liberación puede entenderse, de
hecho y no por meras actitudes es­
trepitosas e iconoclastas, como un
cambio-de frente que origina, auto­
máticamente, el rechazo de cuantos
¡omentos espirituales y sus conse­
ntidas estéticas y técnicas señala
on el desarrollo de io que generai.iente se entiende como música estalounidense. Eso, en cuanto a que
man parte de esa música suponga el
riunfo de lo físico y de lo transito­
rio, limitando su acción esencial a
tna lucha por la conquista de un
ístilo en su aspecto más formalista
v externo: triunfo logrado en detri­
mento de las verdaderas fuerzas ca­
paces de esas renovaciones integra­
les que nunca son el frío y calculado
»so de una determinada manera de
ptoducir, sino justamente al contraIrio: la manera de producir enten­
dida como evidencia o como resul­
tante de una potencialidad interna
—Charles Ives— que 1a. emplea co­
mo recurso necesario para manifes­
tarse; y&gt; además, por cuanto aquella
música, ahora ya estabilizada er. lo
que puede concretarse como un pla­
no de realidad —Pistón, Ilarris, Sessions, Autheil, Copland, Cowell—
ya aprobado, clasificado y con pasa­
porte legal, exhiba en parte, y a
causa de su post romanticismo decla­
matorio, y de cierta debilidad orga­
nizadora —Roy Ilarris—, por al­
guna inestabilidad propia de carac­
teres transitorios —Cowell— por un
exceso de facilidad —AValter Pis­
tón—, continuada insistencia en la
misma gama densa, trascendental y
pesimista —Roger Sessions—, o por
ausencia de un control riguroso y
efectivo —George Autheil— exhiba
demasiada impureza: acusadora de
&gt;ni estado de continuado apoyo o de
préstamo a lo más cercano, evolu­
cionado o eficaz en cuanto a los re­
sultados de un efecto seguro: efecto
en el sentido de efectividad en el
empleo de los recursos del oficio,
tanto como en el del cultivo, orga­
nización y explotación del factor
sorpresa y el sacudimiento físico co­
rrespondiente, cpie es lo más super­
ficial y perecedero, como que se li­
mita a un eco registrado en la zona
de lo puramente sensorial: Aaron
Copland.
r Cumplida esa etapa, caben las de
reconocimiento, asimilación, clasifi­
cación, autodefensa, negación —ne­
gación fecunda, en el sentido de
•Toung—, y, por último, olvido y li­
beración. En esta última faz se en-

cuentran hoy las nuevas y quizá más
legítimas fuerzas espirituales de la
nueva música de los Estados Uni­
dos : la faz del olvido y de la libera­
ción de todo el caudal románticopasionaL naturalista, impresionista,
neo-clásico y nacionalista en que se
basó casi toda la música local que les
precediera' Ahora, el panorama ha
cambiado, y el terreno desconocido
que se nos presenta, invita a la cu­
riosidad, el estudio, el análisis y la
reflexión más intensa. Los nuevos
valores poseen y cultivan ideas pro­
pias, ya se trate del atonalista Ben
Weber —1916—, autodidacto; el
nústica Lou Harrison —r! 917— ; el
teórico de un sistema modal de los
doce tonos, George Perle —1915— ;
el constructor abstracto John Cage
—1912— ; y oti'os valores que nos
son menos conocidos, como Miriam
Gideon, Merton Brovn —1913—, y
Aian Hovaness.
Súgúi vr
T; H-ü
' &gt;
.p
parece ser la exégeta de las tenden­
cias últimas, el ejercicio de su voca­
ción es imposible en nuestros días
para el compositor o para la mayo­
ría de ellos, por esta sencilla razón:
desde que todo nuestro conglomera­
do occidental contemporáneo es la
resultante de una inhumana y embrutecedora herejía* que se remonta
a los últimos siglos, sólo esperamos
que todo ello se derrumbe; que pier­
da el poder de marchitar toda ele­
vada y sólida cultura de tipo tradi­
cional que llegue a rozar, y que re­
troceda hasta l/pgar a una autori­
dad más alta epue la que puede re­
c la m a rla Excelencia el agente de
propagandaAfirmar lo que antecede y cerrar­
se automáticamente a las realidades
más inmediatas del ambiente —pú­
blico fácil, expresión sentimental,
propaganda periodística, música uti-8
lizada con fines prácticos, explota­
ción comercial, deportiva, esnobista,
( Continúo en la página 3)

SONETO
Por A. DE UNDVRRAGA
l

soneto nace a la vida pública

activa de la poesía —y quien
Edicey poesía
expresa creación estéti­

A ugusto T orres. Naturaleza muerta.
(Ver artículo rio Guiño Castillo en la página 12)

Un A Ima Ingenua
i'or A l b e r t o c i r r í
día que pasa se hace más

pos que mi vocación me ha hecho

espero tener la decisión suficiente
para que hoy mismo suceda. Esta
tarde, cuando la llevé a pasear, co­
mo lo hago siempre, para oírla pro­
testar por un sombrero que no le
he comprado o alguna minucia se­
mejante. No es que el homicidio me
atraiga especialmente ni que el es­
píritu diabólico que con frecuencia
me visita, lo haya aconsejado con
sus razones prudente. Por el con­
trario, desde hace tiempo, hallo
mis gestos y los de los demás ex­
tremadamente ridículos, y es por
eso que la compasión es la virtud
que cultivo. Persigo el bien. Todos
quieren ser felices, pero no acep­
tan que se les construya esa feli­
cidad. Ustedes habrán observado
cuánto prestigio tiene esa falacia
de llamarse a sí mismo hijo de sus
obras. Debo a ello los eontratiem-

los que no quieren ser reprendidos
ni enseñados- Les agrada que se les
escuche, pero la vanidad toma el lu­
gar de sus secretos y una vez que
me los confesaban, les acometía ese
fastidio propio de los jactanciosos
de corazón y se marchaban odián­
dome. A fuerza de probar, decidí
que la única manera de acercarme
a lo bueno que tienen era presen­
tarles una realidad donde cada uno
pudiera moverse libremente. Hacer­
los dueños de la imagen heroica que
de sí tienen. En esa imagen, es fun­
damental lo mágico, pues significa
que podrán andar por el mundo a
merced del milagro y de lo que no
exige esfuerzo. Para satisfacerlos,
nada mejor que ese sobrenatural
cultivado por sabios de altísimo can­
dor, descubridores antiguos de la

inevitable la justa muerte de sufrir, pues los hombres tampoco
C Misa.
Ya no puedo postergarla, y saben esperar. Es la impaciencia de
ada

(Continúa en la pág. 12)

A

El tranvía como la vida, por Turno

«

(Ver artículo' de Cotta ea la

página 3)

ca— en el instante cronológico en
que se gestan las lenguas nacionales
en España, Francia, Italia y otros
pueblos, lenguas todas que son hijas
de ese padre común, de ese delta
idiomátieo que es el latín. Nace, en
suma, en función de alba, de prima­
vera, de virtuosismo, de juventud.
Nace con el ímpetu de quien prueba
la elasticidad de sus músculos, la
velocidad de un carruaje o combi­
na colores en una paleta estricta­
mente verbal. Es, de veras, ejercicio,
prueba de idiomas recién nacidos.
Petrarca, su gran cultor, escribe
sonetos a Laura, junto a un bosque
en donde el agua de una cascada
quiebra —en Avignon— su líquida
garganta a perpetuidad. Los temas
breves, amorosos, simples. Pe­
queños y escuetos cómo la ciudad, h;
villa o la aldea en dode se»vive, se
sueña, se goza, se sufre y se escribe.
Pasa el tiempo y los idiomas ad­
quieren una corporeidad maestra,
casi definitiva, hasta donde un idio­
ma —siempre cuerpo vivo y móvil,
sangre o planta que se multiplica—
puede ser definitivo. Pasa el tiempo
y se siguen escribiendo sonetos; ¿ por
juego o ejercicio? Surgen los prime­
ros indicios de cábala verbal, de ma­
gia en torno a las rimas, de rutina
de retóricos, de babilónico ladrillo
prefabricado. El soneto y los pa­
sos de ballet se encuentran. Ambos
aman lo ajustado, lo falso, lo pul­
cro, la economía formal, lo cabalís­
tico y bellamente artificioso. Pero,
pronto, vida y ballet, soneto y vida,
arte y artificio, técnica y arte, arte,
técnica estética y vida, van a hallar­
se en quemante pugna. Con forzados
pasos en la punta exacta de los pies
no pueden expresarse en el área de
la danza muy grandes, ni vitales sen­
timientos. Menos aun problemas dra­
máticos o humanos que requieren
hondura, espacio, pluralidad de
ritmos.
Otro tanto sucede con el soneto.
Su pesado artificio arquitectónico,
no es método, sino traba. Su ritmo
es siempre el mismo. Alma, fatal­
mente, ha de rimar con calma. Y
besos con excesos o embelesos. Se
precisó de un gran poeta como He­
rrera y Reissig, p^ra añadir y en­
samblar, vitalmente, estas voces con
la palabra “ ilesos” . Los retóricos y
los rutinarios, en el transcurso del
tiempo, no han reparado de que
quien introduzca un trozo de vida
en un marco tan pequeño, ha de mu ­
tilar, horriblemente, a la vida, su
profundidad y su destino histórico.
No cabe duda de que el artificio tie­
ne su estética y las formas forzadas
la suya. Pero los más caros anhelos,
pasiones e ideas del hombre en un
instante de su historia, no son arti­
ficio, ni formas forzadas y el gran
poeta ha de interpretar en formas
nuevas, bellas o simplemente impre­
sionantes, su época, sus ideas, sus
deseos más hondos, puros e impuros.
Mas, si bien es cierto que en su
(Continúa en la pág. 10)

�cabalgata

2

Versión directa del inglés por William Shaiul
y Alberto fiirri

sin cuerpo en mudo filo,
Quí:quéventura
labio idiota de mortal enano,
nos ahoga sn alondra en un verano
de ardiente aire y mágico berilo.

A M OK

amor, no me voy, •
Por cansancio de ti,
Ni con la esperanza de que el mundo pueda mostrar
Un amor más adecuado para mí;
Pero puesto que yo
Tendré finalmente que partir, es mejor,
Usarme así para la burla
Muriendo de fingidas muertes.

D

u l c ís im o

Anoche partió el sol,
Y sin embargo hoy está aquí;
El no tiene deseos ni sentidos,
Ni es tan corto su camino;
Entonces no temas por mí
Pero creéme que haré
Viajes más veloces, puesto que llevo
Más alas y espuelas que él.
Oh, es tan débil el poder del hombre,
Que si la buena fortuna llega
No puede agregar ni una hora más,
Ni puede hacer volver una hora perdida^
Más llega la mala fortuna,
Y unimos a ella nuestra fuerza,
Y le enseñamos el arte y la manera.
De avanzar sobre nosotros.
Cuando suspiras, no suspiras viento
Tu suspiro exhala mi alm a;
Cuando lloras, cruelmente cortés
Decae la sangre de mi vida.
No puede ser
Que me ames como dices,
Si en tu vida desgastas mi vida.
Eres de lo mío lo mejor.
No dejes que tu corazón que todo lo adivina
Me presagie alguna desgracia ;
Mi destino podría aliarse contigo,
Y realizar tus temores.
Mas piensa que nosotros
Sólo nos volvemos la espalda para dormir.
Dos que se mantienen entre sí vivos
Nunca estarán separados.
LA

j

Q

u ie n q u ie r a

que venga a amortajarme, no dañe
Ni interrogue tanto

Esa sutil guirnalda de cabello (pie corona mi brazo;
El misterio, el signo que no se debe tocar;
Porque es mi alma exterior
Virrey de aquella (pie habiendo ido ya al cielo,
Dejara ésta para controlar
Y preservar estos miembros —sus provincias— de la disolución.

Ventura de suspiro aun en vilo
y tiniebla encendida por mi mano,
relatadme qué azor va por el llano,
torvo en la Haga de enlutado tilo.
Pero ¡ay! de aquellas plumas, ¡ay! de aquellas
que sordamente crujen en la estatua;
frío horario de gárgolas eternas,

'
'

cobertor de tinieblas, lengua fatua
y pútrida en que mueren las querellas.
¡Oh, infinito anudado en nuestras piernas!

Antonio de llndurrngn
i

Porque si el hilo, cual tendón que mi cerebro deja caer
Por todas partes
Puede atar esas partes, y con ellas hacer de mí uno,
Esos cabellos que crecieron hacia arriba y tienen
Fuerza y arte de un cerebro mejor,
Pueden-hacerlo mejor; a menos que ella pensara c \e yo
De este modo conocería mi pena,
Como prisioneros que son maniatados cuando se los condena a morir.
Sea cual fuere el significado de la guirnalda, entiérrala conmigo
Puesto que soy
M ártir del amor, ella podría engendrar idolatría,
Si estas reliquias llegan a otras manos.
Como era humildad

LI

L A 1) R U N

vi al ladrón por sobre el muro
Y oechar
su ojo de gato entre las sombras,
y vi al ladrón bajar desde aquel muro
suave como una hoja,
y uno tras otro arrebatarle sueños al hombre
[adormilado,
echar sin prisa,
una tras otra,
la semilla del odio en los canteros.
Yo vi al ladrón. Todos le vieron.
El fué quien desnudó las almas buenas,
quien aplastó la mano abie^a con el taco,
quien tornó el sueño feliz en pesadilla
y una cohorte de autómatas en fila
mandó marchar hacia la nada.

Atribuir a la guirnalda todo lo que un alma puede hacer,
Así hay cierto alarde
En que yo entierro una parte de ti, puesto que nada quisiste de mí.

R E L I Q U I A

P uANro. mi íu j:
ser abierta nuevam* ote
i.
■t ibir a un segundo huésped
—Pues las tumbas han aprendido esa condición de la mujer
De ser lecho para más de uno—
Y el que la excave encuentre
Un brazalete de brillante cabello alrededor del hueso
No nos dejará solos,
Y pensará que yace allí una pareja de amantes
Que pensaron que esta pudiera ser una manera
De que sus almas en el último día activo
Se encuentren en esta tumba para quedarse un corto tiempo
Si esto sucediera en una época o tierra
Donde la superstición impera
Entonces el que excave nos llevará
Hasta el obispo o el rey
Para hacer de nosotros reliquias; entonces
Tú serás una María Magdalena y yo
A causa de eso algo semejante
Todas las mujeres nos adorarán y algunos hombres
Y puesto que en tales momentos se ansian milagros
.Me gustaría con este papel enseñar a aquella época
Que milagros hicimos nosotros amantes inofensivos.
Primeramente amábamos bien y fielmente
Sin embargo no sabíamos lo que amábamos ni por qué
Ni sabíamos de diferencias de sexo
Más que los ángeles custodios
Yendo y teniendo nosotros
Tal vez nos podram os besar pero no en los intervelos
Nuestras manos nunca tocaron los sellos
Que la naturaleza injuriada por la ley anterior libera
Estos milagros hicinfos pero ahora ¡ a y !
Yo superaría toda medida y todo lenguaje
Si dijera qué milagro era ella.

A

!

QUE VENTURA SIN CUERPO...

Poemas de JohnD onne (1573-1631)

DULCI S I MO

o

CRISTO

A lí e perdonarás este pecado por donde yo comencé
Y que todavía cometo aunque los deplore?
i Me perdonarás esos pecados por los cuales yo corro
Y que todavía someto aunque los deplore?
Cuando lo hayas hecho, no habrás terminado,
pues tengo más.
/Me perdonarás ese pecado del cual hice una puerta
Para convencer a otros que pecaran?
¿Me perdonarás ese pecado que rechacé
Uno o dos años pero en el cual me revolqué durante veinte?
Cuando lo' hayas hecho no habrás terminado,
pues tengo más.
El pecado es el miedo de perecer sobre la playa
Después de haber hilado mi última hebra :
Júralo por ti que a mi Muerte, tu sol
Brillará como brilla ahora, y en otro tiempo;
Y después de haberlo hecho, habrás terminado,
no tengo más.

L í

S U I C I D A

4 BRIO los ojos al paisaje \ d ;j„ .
—esto es mejor,
la luz o el desconsuelo vendrán después,
pero es lo profundo.
esto es la paz;
con decidida sombra
los huesos dormirán,
y el pensamiento
irá de nada a nada,
sin temblores;
la higuera acogerá las golondrinas
y el cuervo traerá fresco olivo al arca;
los hombres,
los sesudos hombres graves
de moral bendecida y con visagras,
firmarán cheques para mi destino;
los desmayos domésticos, si hubiera,
recibirán su óbolo en tarjetas;
¿ queda algo más?,
los caminos, el mar, las arboledas,
las noches estrelladas de los campos,
las alcobas eon sombras y con sexos
mezclando olores de genealogías;
todas son cosas fijas,
eon destino,
sobremuertas al fin.
¡ Qué integridad que tiene aquel instante
que aún sigue siendo instilóte para siempre!
Mi sangre caminaba por sus túneles
sembrando sales nuevas y recuerdos;
mis nervios vigilantes destruían
en su mismo camino los mensajes;
mis huesos resistían
como heroicas trincheras recuertas
Y mi dolor sufriendo por los hombres,
su muerte,
tan sin luz,
sin pretensiones,
porque mueren de muerte, solamente.
Y sin embargo esos mismos hombres
me robaban mi voz.
mis emociones,
'.edad fué un mapa de fronteras,
..liaron mi paz con sus palabras,
y con manos huesudas destruían
tiernas calcomanías de la infancia...
Por eso abrió los ojos
y se fué hacia el paisaje
en el instante,
en que su cuerpo, ya desposeído,
derrumbaba la silla y se moría.

Alfredo Morosoli

¿Quién sino él robó los panoramas,
los tibios, dulces paisajes de la vida?
Di noche despertaba las hormigas
levándolas ai alma de los hombro,
haciéndolas verter su jugo unánime,
- . .« ..,^ .1
sin ....manas.
Así, por las auroras, todas grises,
se despertaba Juan, tras Pedro, tras Horacio,
y echaban a marchar, duramente en silencio,
muertos ya, más que dormidos.
Como si nadie hubiese visto a nadie
y nadie a nadie conocido
tomaba la cohorte los atajos,
los mares, los aires, los caminos,
y con una febril incandescencia
echaba hierro y pólvora por ellos,
entraba al cuerpo de los hombres enemigos.

'

Yo vi al ladrón. Todos le vieron
cuando en la noche arrebataba
'as palabras de amor del diccionario
y u.ia tras otra despeñaba al llano
fas ilusjgnes y los pensamientos.
Con su temible actividad impura
Juan se despertaba ciego, y mudo Pedro
y Horacio ensordecido,
tomaban sin verse, &lt;in oírse, sin hablarse,
las gráv'das granadas y los fusiles fríos
y echaban a marchar en rectas filas.
He caminado tras ellos por los días
y merodeado su quehacer amargo.
Nada sabían
sobre los tristes frutos de sus manos.
¿Qué horrible cambio encenagó tus ojos,
hombre cargado de alma y de cadenas,
lleno de hijos y de sueños?
/A quién dejaste entrar en tu conciencia,
fiero ladrón, desesperado tránsfuga,
que hablaba en nombre del pariente simio,
de tu fraterno cerdo y de tu amigo el lobo ?
¿Cómo así le entregaste tu garganta
para que ponga en ella su rebuzno?
¿Y el corazón para depósito
del jugo de la hormiga ilota ?
Arrójale, vital, contra la piedra,
sacúdele la muerte de tus sueños,
no le, ablandes el tímpano y la mente.
Vigila, hermano mío, sobre el muro
los ojos felinos, impalpables,
vigila al ladrón enseñoreado
que cambia el rumbo de tus noches
y te entrega en vergüenza, maniatado.
Él no te deja ver a Boris, a Ricardo,
a Chang, a Isaac y a Bembo aunados
gritar tras de las noches ahogadas,
alzar entre las carnes dominadas
su infinito llamado impostergable.

León Het Anuir

�cabalgata
EL FÜBUM GROUP

AMOR, AMOR. . . , por T ulio

de Nueva York
( Viene de la primera página)

t

ete.—, es toda una misma cosa. Sig­
nifica, en última instancia, la reno­
vación del criterio individualista de
Charles Ives, Cari Ruggles o Waálingford Riegger, si bien sea dis­
tinto el enfoque y la proyección : pe­
ro de acuerdo con aquello en todo
cuanto signifique oposición a toda
idea de goce materialista e inmedia­
to. La polifonía total de Cari Ruggles) sacrificando el contrapunto a
una expresión esencial, ha hecho po­
sible una conexión de los nuevos va­
lores con una tradición de la artesa­
nía musical en términos de estilo, de
materiales concretos, claramente de­
finidos e inteligibles.
Es verdad que Schonberg y algu­
nos otros allanaron el camino hacia
una revisión total de la materia mu­
sical heredada; pero Ruggles fue,
entre sus compatriotas, el primero
en lograr un resultado completo al
respecto.
A pesar de la imposibilidad in­
mediata de realizar en su totalidad
el ideal propuesto, varios composi­
tores jóvenes estadounidenses escri­
ben actualmente un música de exce­
lente calidad, profundamente intere­
sados en los problemas de la compo­
sición y en el empleo de la música-,
y demás está decirlo, apartados de
los intereses de público, empresas
teatrales, estudios cinematográficos,
etcétera.
Esto no significa precisamente
que estén manufacturando un nuevo
arte de cenáculo, con iniciación, san­
to y seña, olor a encerrado» etc., sino
que tal apartamiento del público y
de las realidades de la música prác­
tica, de utilidad, industrializada y
demás, nace de la convicción de la
total incompatibilidad con semejan­
tes factores de embrutecimiento co­
lectivo. De manera, pues, que no as­
piran a crear otro arte puramente
bello y aislado, sino a concentrar
energías y a concretar un ideal ele­
vado, que define Lou Harrison co­
mo “ una filosofía para uso diario.”
En este sentido puede retomarse,
a través del individualismo idealis­
ta de los nuevos compositores, una
aspiración al principio de música
colectivista que comienza a arraigar­
se en el país desde el día en que los
Salmos de la iglesia protestante, lle­
gados a bordo del Mayflower, son
entonados en el Nuevo Mundo.
“ El empleo doméstico de las artes
musicales para estínralo de la filo­
sofía y para sazonar y templar el
espíritu o elevar los sentimientos de
bondad, es ahora esencial. Ni hacer
funcionar el piano mecánico ni gi­
rar el dial del aparato de radio son
actos musicales” » afirma Lou H a­
rrison, cuyo sentimiento redentorista podemos rastrear a través de la
tradición protestante, de algunos
compositores y teóricos checos, de
las teorías de Tolstoy, Maguer y
Ruskin, sin olvidar a Goethe, re­
montando la línea genealógica a
través de los músicos y los teóricos
medievales, hasta Boecio.
Totalmente apartado de los gran­
des espectáculos públicos y de esa
redwctio ad absurdum de la finali­
dad de las artes musicales personi­
ficada en el concierto, Ben Weber
escribe una música de cámara de
esencia expresiva y de impresionan­
te potencialidad técnica. Comenzó
actuando en los dominios de la téc­
nica de los doce tonos, pero se ha
ido liberando paulatinamente de ella
en su aspecto estricto, considerando
los principios d o ceto n ale s como
guías y no como finalidad’ Asi, aun­
que sin desarraigarse totalmente,
conserva adheridas las preocupacio­
nes atonalistas de un desenvolvi­
miento armónico y expresivo a base
de una saturación de voces, que le
ha conducido al hallazgo de la ver­
dadera aplicación práctica de su cri­
terio polifónico» o sea, de una armo­
nía en movimiento que se transfor­
ma frecuentemente en decidido con­
trapunto, y que se extiende en am­
plios y dilatados planos, en apoyo de
una melódica consecuente y una rea­
lización instrumental orientadas ha( Continúa en la columna 51)

— ¡Mi gran ciudad! ¡Cómo ha crecido! Antes con un solo beso se llegaba
de la estación a la casa, y ahora, de recién casados, aun no hemos hecho la mitad
del camino y ya me has dado como veinte besos.

SEMBLANZA 'DE UN DIBUJANTE

TULIO

Por COTTA
ara

hablar con cierta autoridad

de un artista, no basta con cono­
P
cer su obra, o parte de ella: es pre­
ciso, también» el detalle biográfico,
a menudo, la anécdota. Vida y obra,
en el artista, están íntimamente li­
gadas : sea ésta reflejo, complemento
o antítesis de aquélla. Planteado el
caso de escribir unas palabras sobre
Tulio, sólo me ha animado a hacerlo
el deseo de colaborar, siquiera en
forma mínima, a la mayor difusión
de sus dibujos., No me hubiera atre­
vido a hilar estas líneas de otro mo­
do. De Tulio, el hombre, y de Tulio,
el dibujante, poco es, en verdad» lo
que sé, y eso por razones explica­
bles : hace muy pocos días he cono­
cido personalmente a Tulio, y sólo
he podido conversar con él unos mimitos (reside en el país desde unos
meses a trá s ); y en cuanto a su obra
artística, aunque viene dibujando
desde años atrás, recién ahora se ha
animado a mostrar sus trabajos.

Llegó desde Italia atraído, en parte,
por esa dorada leyenda que corre en
el mundo sobre nuestra generosidad,
nuestra abundancia, nuestro libera­
lismo . . . hermosa leyenda no siem­
pre confirmada por la realidad; y,
en parte, por la sencilla y vulgar
razón de que aquí residen unos pa­
rientes suyos. En Italia vivió todo
el régimen mussoliniano» toda la
guerra. La hecatombe (¿inútil?;
¿ pero es que hay algo realmente in­
útil?) no ha dejado, superficialmen­
te, rastros en este muchacho joven,
sencillo, y hasta tímido. Pero quizá
deba algo a ella esa tristeza que bro­
ta de muchos de sus dibujos, dibu­
jos, me dice, hechos para sí mismo,
y porque sí. Tristeza, pero no des­
aliento, ni amargura. Poesía, sin du­
da ; poesía que presta equilibrio a la
aparente locura de su línea, donde,
como en una telaraña, Tulio atrapa,
exponiéndolas, las cosas absurdas y
ridiculas de este mundo-

5
El primer dibujo suyo que conocí
(gracias a Oski, que me lo trajo una
tarde), no lo olvidaré. Era una his­
torieta. Escena primera: tres caba­
lleros, nerviosos, se pasean en la an­
tesala de una maternidad. Escena
segunda: continúa la espera. Esce­
na final: la cigüeña ha llegado...
para dos de los caballeros, que acu­
nan en sus brazos, cada uno, un re­
cién nacido; pero el tercero contem­
pla, melancólico, una flor, que es
todo cuanto le ha traído la nurse.
Pocas veces trazos tan desnudos me
parecieron tan revestidos de emo­
ción. Pocas veces he encontrado una
tragedia tan honda sugerida con
tanta dulzura poética, con tanto pu­
dor, en los tres “ cuadritos” de una
historieta. Ese hombrecito que acu­
na su tremenda pena como si fuera
el niño que no nació» posee la gran­
deza de la verdadera tragedia. Y
este lápiz de Tulio, que transforma
en lirio un dolor desgarrante, podrá
ser un lápiz triste, pero es, también,
sin duda, un lápiz innegablemente
lleno de bondad, dulce, esperanzado.
Poético, en suma.
Este sentido de la poesía domina
todos sus dibujos. Pues está, aunque
sea poesía satírica, hasta en el so­
lemne político que se empeña en se­
ñalar la nobleza de la g u e rra :
“ . . . después de las bombas arroja­
mos lirios” . . . En ese tranvía de­
liciosamente raro, lleno de misterio­
sas medicas, poleas, y cartelitos de
propaganda» pone su absurda nota
poética un canario enjaulado; poe­
sía es la del recién casado que mide
por besos la distancia de la estación
a su casa; y hay un aire de égloga
en esas casitas posadas sobre el bor­
de del mar, y hasta en el esperpento
del espejo (la eterna M ujer), y, so­
bre todo, en sus niños.
El trazo de Tulio une a la obser­
vación casi microscópica del detalle,
la espontaneidad que sólo suele en­
contrarse en el dibujo infantil. Ve
con la lucidez del hombre que ra ­
zona; se expresa con esa mezcla de
honradez, simplicidad, y locura, de
los niños. Su línea no cansa por­
que no se repite; va, viene, se do­
bla, se recuesta, se enrosca en el
detalle de un mueble, en el techo de
una casita; y de pronto, inesperada­
mente» con un solo salto nervioso,
sugiere un raseacielo, desnuda en el
rostro el carácter de un hombre, o
inmoviliza en el aire el retozo de un
chicoEsto no parece estudiado, y no lo
es. Tulio nunca “ aprendió” a di­
bujar (¡aprendió, en cambio, Cien­
cias Económicas, en una universidad
italiana!) ; esto es espontaneidad,
sabiduría innata; es expresión au­
téntica, libre. El dibujo de Tulio
posee, a nuestro entender, los ele­
mentos esenciales de ésta, la más
sencilla de las artes» y la más inte­
lectual. Sencilla, porque bastan muy
pocos instrumentos materiales para
practicarla; intelectual, porque es
quintaesencia de lo que el artista
siente, sabe, cree; síntesis diagramática de la civilización a que perte­
nece, de la sociedad en que vive.
Desde el punto de vista formal, la
obra de Tulio, con ser poco abun­
dante, entronca con lo mejor de esa
escuela lineal que supieron imponer
Steinberg en Europa y Estados Uni­
dos, y entre nosotros el impagable
Oski.
Ya se ha dicho que algo se ha pu­

AQUEL DISCURSO, por T ulio

—.Vo, señores. Nosotros no queríamos la guerra, tanto es así que después de echar bombas también tiramos tallos de
lirio, y billetes de feliz augurio para año nuevo. . . algo espiritual.

blicado de Tulio entre nosotros: en
Vea y Lea y Lyra, por ejemplo.
Otras revistas, además, ya le han
hecho el honor de rechazarlo: “ el
público no está capacitado aun para
comprender estas cosas” . . . (Ya lo
estará, decimos nosotros. Ya se im­
pusieron otros: los citados antes, por
ejemplo). No obstante» la observa­
ción no es falsa, y por lo que tiene
de cierta, vale como el mejor elogio.
El quid de la cuestión está, quizá,
en que Tulio dibuja como un niño
que pensara como hombre, en un
mundo donde la mayoría de los hom­
bres aun piensan como niños.
( Viene de la primera columna)

c-ia una expresión introspectiva, a la
vez que a la diferenciación valorizadora de las sutiles armonías que le
son propias.
La tendencia a la microforma, en
Ben Weber, manifestada en bastan­
tes oportunidades —y proveniente
del Expresionismo de la escuela de
Schonberg—, se concreta, más efec­
tivamente quizá que en otras obras,
en las Variations, para conjunto
mixto de piano, violín, clarinete con
sordina y violoncello, o en las Five
Pieces, para cello y piano, de dis­
curso musical tan ceñido» y en la
Suite para piano, op. 8, que ya
muestra la tendencia al cultivo de
la materia musical exquisitamente
elaborada —y confiada infalible­
mente a timbres delicados y expre­
sivos, por excelencia, como cuerdas,
clarinete, piano, voz solista—, y esta­
bilizan las probaturas de las Five Ba(¡atelles L de los tres cantos de la
op- 6, y de la Fantasía para violín
y piano .
En estos tres cantos2, así como
en la l íl Sonata, para violín y pia­
no, comienza a manifestarse una
constante preocupación por la ar­
monía expresiva, si bien sea ésta
demasiado densa y» a veces, un tanto
redundante o sobrecargada. Entre
la Lyríc Piece, para cuarteto de
cuerda, de contenido fuertemente
temático, y la Suite, op. 8, existe un
señalado contraste en cuanto a in­
tenciones y procedimientos que ma*
adelante fructificarán, pero que a
la vez revelan dos aspectos comple­
mentarios en la obra del composi­
tor, a cuyo desenvolvimiento y con­
traste de caracteres contribuirán en
una medida amplia, continuamente
renovada.
La amplitud de líneas de la Lyric
Piece y su inclinación al desarrollo
eontrapuntístico y, por otra parte,
la armonía concentrada y expresiva
de la ya citada Suite, anuncian un
proceso evolutivo del que las Five
Pieces, para cello y piano, la Sonata
n“, para violín y piano» la Ballade,
para cello y piano, el Concertino,
para violín, clarinete y cello, el Trío,
para cuerdas, y la Sinfonía, para
cello solista y orquesta, serán etapas
principales.
El lenguaje armónico del compo­
sitor, ya iniciado en la Fantasía, op.
4, para violín y piano, se concreta
poco a poco en densidad e impul­
sión, facilitándole el dominio de las
formas amplias; sin que esto signi­
fique» ni remotamente, el mlenor
asomo de escolástica; esas formas
son concretadas en base a imperati­
vos del discurso musical, que se des­
envuelve en un clima expresivo y i
que busca y obtiene su lógica fuera
de moldes preconcebidos o impues­
tos por cualquier dogma adquirido,
o circunstancia ajena o externa.
Ben Weber, afiliado a un docetonalismo efectivo, aunque no siempre
riguroso, en las Five Bagatelles, la
Piano Piece (1943), el Concertino
(1941) , la Sonata para cello y piano
(1942) , la Sonata i, para violín y
piano (1939), y la Suite (1941) y el '
Capriccio, para piano (1946), em­
plea un lenguaje más libre, basado
en un criterio atonalista liberado del
orden estricto de las series dodecatónicas» en las Five Piece, para ce­
llo y piano (1941), en las Varia­
tions (1941), en la Ballade, para
cello y piano (1943), en la Sonata ii ,
para violín y piano (1943), o en la
Sinfonía con cello solista (1945),
todas ellas de hondo contenido lí­
rico, logrado a base de un verbo y
un sentido del matiz instrumental
( Continúa en la pág. 10)

�cabalgata

4

Jimum 4 GAMIVET
EN ESTE AÑO DE SU CINCUENTENA!»»
Por RICARDO PASEYRO
i
DE L A B R A Y G ANIVET
elegir epígrafe para la
obra de Ganivet, escogeríamos
unas sencillas palabras de Pío C id:
. . . “ sé que nadie ha de hacerme
caso por ahora. Mis ideas no serán
malas, pero son prematuras, y las
expongo para que vayan sonando
en las distraídas orejas de nuestros
compatriotas” .
Soledad, resignación al oficio de
precursor, y lejana esperanza: Ga­
nivet ha sido retratado en frase
dicha simplemente. Maestro que pol­
la sustantiva virtud de bienamar
a su patria, teorizaba antiguas ideas
prematuras —prematuras de tanto
haber muerto nonata España nue­
va—• parece, Ganivet, mirado desde
afuera, criatura de raro advenimien­
to en su patria y en su época. Pero
Ganivet desde adentro, desde su vi­
da y su obra, es el más lógico, el
más hispánico de los españoles. En
él, la honda, soledad, madre de Quevedo, el ímpetu rebelde y moderno,
culminado con Larra. Quevedo, La­
rra : rebeldía, magisterio, soledad.
Y como en ellos, en Ganivet la vieja
anomalía, singular de España: ape­
nas la propia sombra —mejor, la
propia luz— sigue a sus educado­
res más fecundos.
El epígrafe no disonaría en el
umbral de Fígaro. ¡Extraña y asom­
brosa correspondencia la de Larra
y Ganivet! Semejante breve vivir,
igual destino, gemela actitud crí­
tica racionalista. Y no a beneficio
de fortuito y mágico acaso: se re­
petían las circunstancias españolas
que dieron cuna a Fígaro. España,
buscándose, volvía sobre sí misma,
r- lando Ganivet retomaba de Larra
m olvidada costumbre de entender
a tragedia de España.
Azorín, en el libro “ Rivas y La­
r r a ” —¡citaremos muchas veces su
definitiva exactitud!— afirma y
subraya: “ Larra es el hombre más
moderno, el único hombre moderno
de su tiempo, en España.” Lejos de
antojadizos símiles, creemos que es
Ganivet el hombre más moderno,
el primer hombre moderno de Es­
paña en su tiempo, el segundo hom­
bre moderno de España en la cen­
turia. Bien que hubo larga distancia
entre la inmediata posteridad de
Larra y la de Ganivet: con su pis­
toletazo, Fígaro clausura el fugaz
paréntesis de pensamiento moder­
no que trajo a España; Ganivet
se suicida, y alcanzará su muerte
virtudes movedoras; luego de Larra,
silencio, harto silencio, dos genera­
ciones en silencio; en seguida de
Ganivet, ecos infinitamente resonan­
tes. Larra está solo y finaliza; Ga­
nivet, junto al espíritu de Fígaro
—no sabiéndolo, quizá: juraríamos
que nunca le menciona— dirige y
fecha una revolución: 1898.
Con el talento perceptivo que
aclaró la historia literaria hispáni­
ca, admira Azorín en Fígaro la sín­
tesis genial: “ No somos aún una so­
ciedad siquiera —decía Larra—,
sino un campo de batalla donde se
chocan los elementos opuestos que
han de constituir una sociedad.”
Muerto Larra, el campo de batalla
se aquietó hasta la inercia y la mu­
dez, y la vislumbrada sociedad que­
dóse en cierne, sin formar. Tal la
encuentra Ganivet; pero al morir,
lejano y loco, en la orilla báltica,
echaban ya raíz en el subsuelo espa­
ñol las fuerzas soterrabas que él
ayudó a desentumecerse y desatarse.
Ganivet-Pío Cid, trabajador, con­
quistador, maestro, tenía más fortu­
na que Larra-Fígaro: no fluye me­
dio siglo vanamente, aun para las
orejas y los pueblos distraídos. La
voz de Ganivet, era la voz de España
en nuevo nacimiento.

P

u esto s

a

II
DE PIO CID Y GANIVET
Al escribir: Ganivet, la pluma
suelta el guión y alarga: Pío Cid.
Ganivet-C'id: ¿ es cierta la unidad ?

be ha entendido que salvos los epi­
sodios anejos a la trama novelesca,
vuelca Ganivet su vida y sus idea­
les en Pío Cid. Pero no significa ello
que Ganivet sea Pío Cid.
No busquemos en Ganivet la fan­
tasía de los dramaturgos y novelistas
españoles. Sin suerte, le pesquisaría­
mos miles de caracteres que habitan
en Quevedo, Lope, Pérez Galdós, Baroja, \ alie Inclán. Hombre especu­
lativo, sus novelas tienden a orga­
nizar su pensamiento, a satisfacer
la militancia de su alma. Ya que na­
rra y enuncia preocupaciones anti­
cipadas a su hora colectiva, sólo la­
teralmente retrata Ganivet su época
y su patria. Quien personifique sus
novelas —ideas en acción— ha de
semejarse, por ende, al granadino.
Esta imposibilidad de Ganivet pa­
ra abstraerse, ¿señala un desmérito?
Va de suyo que n o : con poderosa
imaginación, quizá errase Ganivet el
centro de su obra. Austero y franco,
testimonia su forma de escribir:
“ Empleo los viejos recursos, viajo
por todas par-tes y pongo en ejerci­
cio, a la buena de Dios, mis cinco
sentidos: ver, oír, oler, gustar y aun
palpar. Esto es, vivir es mi único
procedimiento; después esas sensa­
ciones se arreglan entre sí ellas so­
las, y de ellas salen las ideas; luego,
con esas ideas compongo un libro
pequeño ” . . . etc. Todo dicho, pues:
nada de imaginerías, ficciones, tra­
bajos fantasiosos; experiencias,
ideas, y luego, ordenamiento de las
ideas y las experiencias: la obra de
Ganivet será autobiográfica, y vivi­
dos o sentidos desde cerca, los hechos
y los caracteres de sus protagonis­
tas. Pío Cid tenía que semejarse a
Ganivet ; sin embargo, Pío Cid no es
Ganivet, Aun mando lleve su figu­
ra, aun •: lis iid&gt; - •-,.uga los pe usa ■■
y los sueños de Ganivet, aun cuando
calque la intimidad de su vida, Pío

Cid no es Ganivet. Pío Cid es un
filósofo que actúa, Pío Cid es un
jornalero infatigable, Pío Cid es el
último conquistador hispánico; Ga­
nivet es el hombre que contempla,
un elocuente enemigo de la acción.
Vitalísimo, Pío Cid, más alia de su
predicada antinomia entre el perfec­
to transcurrir espiritual, cegitabundo, oculto, y la vana vida pública,
no se acuerda su acometedora ener­
gía con la existencia soledosa y mus­
tia de Ganivet. Argüiríamos, al fin :
Pío Cid no es Ganivet, Pío Cid es
quien Ganivet hubiese querido ser.
¿Qué hubiera obrado, hablado, teo­
rizado Pío Cid? La respuesta que
más cuadre a la última verdad de
Ganivet, última en el tiempo y el
espíritu, mejor la hallaremos en Pío
Cid, modelo ejemplar, que en Angel
Ganivet, hombre cuyo pensamiento
se detuvo, a menudo, y contradijo.
III
DE GANIVET,
CONTRADICTORIO
Al margen de sistemas, al margen
de la idea que derive nuevas tesis,
Ganivet toma las cosas sin prejui­
cios, las separa una a una, y al cabo,
teoriza. Si gran einpirista, intelec­
tual puro como nadie en la España
de su tiempo, no elude dato, suceso,
atisbo ningunos: en Ganivet se toca,
se palpa, la lenta textura de su pen­
samiento. Ganivet teje y desteje la
madeja, hasta topar con el hallazgo,
o a las veces, quedarse sin él. Meditador de problemas, sus conclusio­
nes extrañan la limpidez de un mé­
todo : evolucionan, chocan, se atacan
a sí mismas. Lo supo, Ganivet, y fué
inteligente la alabanza de sus lógicas
entradas y salidas. A Miguel de
Unamuno cruzó estas p a la b ra s :
“ Me encuentra usted completamen­
te cambiado, y yo tampoco le hallo a
usted en el mismo punto en que le
dejé. Por algo somos hombres y
lio m ed ras TTaxr rmí&lt;vr&gt; n»-.coi.-cl-lcí &lt; a una ■
virtm!
)
' „

j

-

¡¡••.irse
"

(Continúa en la página 9)

EL CLUB DEL LIBRO DEL MES
EN ESTADOS UNIDOS
Por HENRY SEIDEL CANEY
(E x clu siv o p a ro C A BA LG A TA e n d e l
la A rg e n tin a . P u b lica c ió n a u to riz a d a
p o r “ A tla n tic M o n th ly ” .)

enseñanza, la educación y los
Lalgoestudios
tienden a convertirse en
institucionalizado y estereoti­
a

pado, especialmente la educación de
las masas. Pero esto no cuenta en
la buena lectura, ya que ella es una
experiencia altamente personal, y
cuya calidad depende del gusto, el
intelecto, la imaginación y la sen­
sibilidad del lector individual.
Al pasar revista a mi propia his­
toria de lector, veo que crecí en lo
que, si algún nombre literario pue­
de dársele, debe ser llamada la era
de las revistas. Desde los últimos
años del siglo pasado en adelante
el precio de los libros, que había
sido grandemente rebajado, volvió
a subir, esta vez al doble. En este
mismo período el precio de las re­
vistas experimentó una rebaja. Alia
por el año 1920 existían muchas lo­
calidades importantes en los Esta­
dos Unidos donde los únicos libros
que podían adquirirse eran novelas
“ rosa” románticas e historias poli­
ciales, que se vendían en los ‘*drugstores” , esas boticas norteamerica­
nas que realmente tienen de todo
desde medicinas hasta libros y he­
lados.
„
Tan sólo cuando se contó con pro­
cesos de impresión más eficientes y
sobrevino la primera guerra mun­
dial, en la cual millones de soldados
necesitaban de libros para apartar
de sus mentes él tedio, quedó re­
suelto el problema de los libros ba­
ratos (mas no el de libros baratos
nuevos). La cuestión de cómo editar
libros nuevos fué encarada mucho
antes, y debo declarar con orgullo
rtvt*. -Pi" ” v!'' ric le- £~
vn C'IP
n m:mev.i alguna : descubridor,
de' la solución.
En 1926 fui nombrado presidente

EL PUMA Y El PASTOR
Por PABLO ROJAS PAZ
era una ceniza de luz
E Len alba
el cielo. Como en la eleva­

ción de la misa, el sol de dorada
blancura subía repintando de rojo
iba de puntillas y la luz era una
insinuación morada en el leve re­
lumbre de la escarcha. Un rumor
el perfil de los montes. La noche se
de himno surgía del seno profundo
de las cosas. Con voces de mar le­
jano la brisa del alba venía desper­
tando el paisaje. Los árboles se
limpiaban de sombras y se escucha­
ba el balido de los hatos cercanos.
De pronto, de dentro del rancho
salió una voz amanecida, secretea­
da.
—M’hijo; hay que traer las ca­
bras al corral.
El chango se restregó los ojos, se
calzó sus ojotas, se metió su poncho
cortón, se puso su sombrero y par­
tió. La mañana triunfante se ale­
graba en las flores nuevas de aque­
lla primavera precoz. Lauro extra­
jo de su flauta de caña su son fa­
vorito. Y los altos montes se lo de­
volvieron en mil ecos repetidos. La
luz iba colgando banderolas en la
copa de los árboles más altos. Ha­
bía un penetrante olor a menta, a
poleo, a cedrón, a malva. Los bali­
dos eran cada vez más cercanos. El
desparramado rebaño iba juntán­
dose al amparo de la música al
igual que las nubes empujadas por
el viento. Un pájaro en un molle
cantaba su dicha y la del agua re­
cibiendo su luz. Las abejas eran
pequeños resplandores de oro sobre
las diminutas flores silvestres. Los
torrentes acrecentaban sus rumo­
res con la luz de la mañana.
Lauro se detuvo para observar
los movimientos de una serpiente
que se arrastraba entre las piedras.

Cuando el pastor moduló en su
flauta los cristalinos sones, el ofi­
dio detuvo su andar e irguió su ca­
beza para escuchar mejor. Y fué
así que el paisaje y su vida eran
una música atenta. La brisa corre­
teaba en los pastos. A lo lejos can­
taba la perdiz. Toda la dulzura del
mundo se había hecho matiz en la
flor, zurear en la paloma, frescura
en el pastizal, suavidad en el helé­
cho, canción apenas modulada en
la brisa de las altas copas. Y toda
esa dulzura natural y perfecta pa­
recía anidarse en la flauta del pas­
tor.
Un súbito bramido rasgó la cal­
ma musical del paisaje. Lloró la
paloma y se aquietó el arroyo. En
el azul añil apresuraban su viaje
las nubes de nácar. Las cabras asus­
tadas se dispersaban entre confusos
balidos. Un puma había saltado
desde la espesura hacia el breñal.
Un nuevo bramido fué trueno re­
botando en el collado. El miedo
pánico cristalizó el aire. A Lauro,
el pequeño pastor, le impresiona­
ron por igual el bramido y el ta­
maño de la fiera. “Hoy he visto
un gato grande”, dijo a la madre
la primera vez que había visto un
puma. Y le tiró un hondazo; la fie­
ra se enardeció al recibir la pedra­
da en la frente. Pero, Lauro se
acercó resueltamente y recogiendo
una piedra del suelo se la arrojó
para ahuyentarlo. La fiera descri­
bió un arco en el aire y cayó sobre
Lauro desgarrándole el pecho de
profundas heridas. El pequeño pas­
tor lanzó un grito profundo y des­
esperado que el aire cristalino lle­
vó a la lejanía.
La madre de Lauro que yacía
enferma de chucho, oyó el grito y

presintió todo. La propia desespe­
ración le dió fuerzas inauditas. Se
levantó de la cama ardida de fie­
bre. Tomó unas boleadoras y un
puñal que fueran de su marido. Se
echó un poncho a los hombros y
partió hacia el punto de donde ve­
nían los rumores. Su denuedo se
enardeció más cuando vió que el
puma estaba bebiendo la sangre del
muchacho que lanzaba gemidos estertóreos. Aquella mujer se con­
virtió en un grito penetrante, agu­
do, surgiendo del seno profundo
de la tierra e irguiéndose hasta
el cielo: ¡M’hijo! ¡M’hijo! Y avan­
zando hacia el puma le clavó tres
veces el puñal en el lomo. El ani­
mal se irguió para abalanzarse so­
bre la mujer, y ésta le tiró las bo­
leadoras a la cabeza. El cráneo del
puma resonó con los golpes de la
piedra, pero esto no impidió que
llegara de un manotazo al pecho
de la madre, quien a su vez pudo
clavarle el puñal junto al corazón.
Al son de la flauta y el bombo
los llevaron a enterrar al filo de
la madrugada. Los niños pastores
hicieron unas andas con sus toscos
cayados, y en ella sobre el cuero
del puma, pusieron los despojos
de Lauro. Una estrella federal y
fuego óreció perenne junto a la
cruz. Sobre la tumba de la madre
lloró por siempre la bumbuna.
E.l bramido del puma, el llanto
de la paloma, el- gemir del pastor
y el grito de la madre se disolvie­
ron para siempre en la música
montañosa. Y a la hora en que la
tarde es una niña dormida a los
pies de la luna, un sutil canto de
flauta borbotea como un ojo de
agua en la quietud fragante.

c u erp o

de

j u ra d o s

d(? u n a

presa nueva llamada Club del Libro
del Mes. En tanto que jurado^,
nuestra tarea consistía en seleccio­
nar todos los meses un libro recién
aparecido, para enviarlo luego a los
suseriptores del club, quienes en
un comienzo debían adquirir los do­
ce libros escogidos durante el año.
Este convenio fué después modifi­
cado, y los asociados ahora sólo de­
ben comprar un mínimo de cuatro
libros al año. Por cada par de li­
bros adquiridos reciben un libro
gratis.
El Club del Libro del Mes tuvo
un carácter experimental al comien­
zo y su radio de acción fué pequeño.
No creo que tuviéramos más de
40.000 suscriptores en nuestro pri­
mer año; ahora el total asciende a
cerca de un millón. Los jurados
eran el erudito William Alien White, que tan bien conocía el Medio
Oeste y los libros que debían en­
viarse a esa zona; la chispeante Dorothy Canfield Fisher. destacada.
novelista y honesta crítica literaria;
Ileywood Broun, con mucha expe­
riencia en periodismo y una perso­
nalidad de singular influencia; el
liberal Christopher Morley, fuente
de entusiasmo, y el que esto firmaEn toda mi experiencia como
maestro, escritor, crítico y director
no tuve jamás tan satisfactorio sen­
tido del éxito en lo que nuestros
antecesores habrían llamado promo­
ción de la buena literatura, como
en mis más de veinte años en el
Club del Libro del Mes. Los jura­
dos estábamos a sueldo y no tenía­
mos participación alguna en la em­
presa; tampoco fuimos sometidos a
la mínima presión de parte de la
administración "n lo une concierne
a nuestras decisiones.
En mis veinte y tantos años en el
Club del Libro del Mes aprendí
muchas cosas importantes con res­
pecto a los gustos literarios y a la
capacidad de lectura del norteame­
ricano- Durante todo ese tiempo sólo
han habido siete jurados —las pla­
zas de dos que fallecieron, Heywoocl Broun y William Alien White, fueron ocupadas por John P.
Marquand y Clifton Fadiman—. De
tal como hubo oportunidad de ex­
traer muchas conclusiones y cono­
cimientos. Pudimos comprobar nues­
tros éxitos y nuestros fracasos a
los pocos meses, pero no —y me
apresuro a aclararlo— por las cifras
de venta de los libros que enviamos.
Lo que contaba ante nuestros ojos
para comprobar el éxito era la im­
presión que causaba en críticos y
lectores, el “ impacto” del libro, fá­
cil de registrar, pues significaba,
usualmente una gran venta sosteni­
da. E sto se traducía, en m uchas
ocasiones, en la honda satisfacción
que produce el innovar con éxito.
Tal cosa ocurrió cuando selecciona­
mos un tipo de libro hasta entonces
poco favorecido por el público norte­
americano, como La buena tierra,
de Pearl Buck, Vivir con papá, de
Clarence Day, o la única novela de
George Santayana E l último puri­
tano. Ese tipo de libro lo vimos di­
fundirse por el país entre los me­
jores lectores.
Nos llevó mucho tiempo —dema­
siado tiempo— aprender una verdad
muy simple: que no podíamos elegir
un libro sobre la base de lo que
creíamos gustaba y pedía el público.
No lo sabíamos; los editores, tam­
poco. Al respecto debo hacer una
aclaración: existe un tipo muy co­
mún de novela romántica que siem­
pre tiene aceptación entre el público.
Ocasionalmente una obra maestra
o algo semejante conforma también
los requerimientos del público —La
Isla del Tesoro, por ejemplo— y se
A'ende tan bien como el producto
hecho a medida para despertar las
más simples emociones. Cuando nos
topamos con alguna obra maestra
de tono menor la seleccionamos in­
mediatamente; cosa que no sucede
con los productos adocenados, que
no despiertan nuestra simpatía y

�v

________
no nos tientan a especular con lo
que se conoce por gusto popular. &gt;_ Comenzamos a ver entonces que
había un solo procedimiento seguro;
elegir lo que nos gustaba a nosotros.
Si un libro nos parecía bueno, al
público le resultaba en igual ma­
nera. El único requisito era el sen­
tido común. Había libros sobre los
cuales coincidíamos, como lectores
experimentados, en que eran dema­
siado eruditos, esotéricos o especia­
lizados, o como en mucha poesía mo­
derna, demasiado difíciles para la
inteligencia del lector común.
También llegamos a comprender
I que el interés del público norte­
americano lia sido grandemente sub­
estimado por editores y publicistas.
Se trata de un público mejor, edu­
cado y menos provincial en sus'intereses que lo que creen los educadores
y vendedores de libros, y lee por
cientos de miles los libros que se­
leccionamos y enviamos, y de los
que los editores pensaban vender
sólo algunos millares. Muchos libros,
'&gt; salvo los religiosos y las historias,
han sido publicados más que por un
propósito comercial para satisfacer
un anhelo. Sin embargo han llegado
a figurar en la lista de los más ven­
didos y allí permanecen.
A través de tristes experiencias
•'&gt; llegamos a 1a. conclusión de que era
inútil elegir un libro porque hiciera
“ bien” a los lectores. La tentación,
¡ especialmente durante los años de
la guerra, era muy grande; pero los
hechos nos enseñaron que el lector
prefiere antes que nada un libro in­
teresante. Aparentemente el libro
que goza de mayor aceptación debe
contener algo más que propaganda,
ya sea ésta moral, económica o po­
lítica, Debe ser, ante todo, intere­
sante.
La última lección de importancia
que aprendimos es a no tener temor
de los prejuicios raciales, religio­
sos o políticos si se trata de un buen
libro. Una y otra vez estuvimos a
la espera de un diluvio, de ataques
debido a que una novela, digamos,
nos parecía extremadamente anti o
■ pro católica, judía o protestante, en­
caraba francamente el problema del
hombre de color, o iba más allá del
New Deal en sus deseos y profecías
) sobre el hombre común. Muchas ve­
ces esperamos un diluvio y sola­
mente recibimos alguna llovizna. La
presunción de que los grupos racia­
les, religiosos o políticos de los Es­
tados Unidos disentían mucho más
de lo que parecía era injustificada.
• En realidad, comparten una expe­
riencia diaria en el sistema de vida
norteamericano, y cuando algunos
aspectos de esa experiencia son ho­
nestamente presentados los leen con
tolerancia y simpatía, aun cuando
no eoncuerde con la interpretación
o la soluciónEl nuevo método de distribución
fué parcialmente «responsable del
éxito del Club del Libro del Ales,
aunque éste hubiera fracasado si no
hubiese existido en todo el país una
demanda insatisfecha, Los gráficos
estadísticos de los libros publicados,
alineados por categoría y por los
ejemplares vendidos, han cambiado
grandemente en una década. De esto
ha sido responsable en alto grado
la evolución experimentada por la
cultura nacional- Decir que Estados
Unidos en los años anteriores y pos­
teriores a la primera guerra mun­
dial, había llegado a la mayoría de
edad sería exagerado, lo que no su­
cede si expresamos que millones, en
lugar de centenares de miles, de
lectores nortemericanos han madu­
rado en las dos décadas anteriores
al experimento del Club del Libro
del Ales. La proporción de los gra­
duados en los colegios, que al menos
realizan algunas lecturas sólidas au­
mentó, como ocurrió en grado mu­
cho mayor con los egresados de las
escuelas secundarias. Se sahe que el
número de éstos se duplica cada
diez años. Tampoco debe olvidarse
que terminada la conquista del Oes­
te, la sociología y los asuntos eco­
nómicos se erigieron en temas im­
portantes para el público inteligen­
te; y que la entrada de los Estados
Unidos en la primera guerra mun­
dial trajo la historia a la actualidad
aun paradlos más indiferentes. Nos­
otras, por consiguiente, no creamos

cabalgata

___________ 5

LA ULTIMA NUCHE
Cuento por LUIS DURATSD

A l darse vuelta en su cama, el hombre entreabrió los ojos, advir­
tiendo que ya las sombras comenza­
ban a llenar la habitación. Al revés
de todo el mundo, su destino lo con­
denaba a vivir de noche, y a dormir,
mientras los días transcurrían. Se
estiró bostezando largamente, y sólo
después de un rato pudo incorporar­
se con perezoso esfuerzo.
Por el pequeño tragaluz de la
puerta de madera, apenas lograba
penetrar la vacilante claridad de la
tarde. En la penumbra, borrosa­
mente, fueron destacándose los ob­
jetos que componían el escaso me­
naje de la estancia. Una silla de ma­
dera con los travesaños rotos y el
asiento de paja desgreñado, un ca­
tre de hierro desteñido en un rin­
cón y en el opuesto una mesita con
cubierta de hule floreado, sobre la
cual había una botella, junto a un
pocilio blanco, con un resto de vino
tintoDesganadamente, el hombre tiró
hacia atrás la frazada con que se cu­
bría, para sacar las piernas y po­
nerse los zapatos. Estaba vestido. Só­
lo su lustroso y desflecado paleto
azul colgaba de la silla. A tiempo de
pararse lo sacudió enérgicamente,
poniéndoselo antes de salir al patio
del conventillo, donde arrendaba
aquel cuarto.
Caía ya el crepúsculo cuando cru­
zó el estrecho patiecillo empedrado.
Sus pasos eran vacilantes; tal vez
iba amodorrado aún, o una intensa
debilidad lo doblegaba. A cada rato,
su cabeza se iba enredando en las
ropas tendidas profusamente en los
cordeles, a lo largo de todo el edifi­
cio. Algunos chiquillos jugaban en­
tre los tiestos de flores y las artesas
diseminadas por todas partes. De
una puerta salía la voz fresca de una
m u c h a c h a q u e entonaba l a última
canción en boga. Junto al caldeá-íilo
rojo de fuego donde se caldeaban las
planchas, algunas mujeres estiraban
cuidadosamente la ropa blanca que
extraían de un gran canasto, en
donde cada prenda estaba echa un
ovillo húmedo. Al pasar el hombre
iba dejando como una desgarradura
de sí mismo un “ buenas tardes”
tristón y desganado, que era siem­
pre contestado con afecto.
José Poblete, ya era viejo. Tal vez
estaba próximo a los sesenta años.
Las cejas erizadas y entrecanas, da­
ban a su rostro un aspecto huraño,
que acentuaba su tez pálida y sus
pómulos pronunciados. E ra alto y
delgado, con todo su pelo. Sus ojos
eran negros y una larga arruga le
hendía la frente casi de sien a sien.
Se detuvo junto al pilón de cemento
para abrir la llave y, juntando am­
bas manos, recibió el claro chorro
de agua con el cual se bañó la cara
y la cabeza. Después, como pudo, se
secó con su pañuelo de bolsillo.
No obstante su aspecto huraño y
malhumorado, Poblete era de carác­
ter alegre y bromista. Empero aque-

lq demanda para libros de ficción
profunda y otras clases, pero nos
complace pensar que por ensayo o
por azar encontramos un medio pa­
ra lanzarlos al público.
En muchas ocasiones tuvimos a
nuestro alcance el elevar a algún ta­
lentoso pero desconocido escritor de
entre el montón de autores y colo­
carlo en condiciones de no tener
que realizar tareas agobiantes para
verse libre de la presión de la po­
breza, y asegurarle que no solamen­
te su primer libro de importancia,
sino el siguiente, contaría con una
aceptación pública que habíamos
contribuido a hacer más amplia.
Hervev Alien, Olarence Dav, Stephen Vincent Bénet, Stuart Chase,
AValter Lipmann, Pearl S. Buck,
Majorie Kinan RavTings, Margaret
Mitchell, John Steinbeck y Richard
W right pueden citarse como nom­
bres eminentes en la actualidad.
Nuestra elección y nuestro sistema
fueron tan efectivos en su favor co­
mo los mejores Alecenas en las eras
clásicas de la literatura.

lia tarde sentíase sin ánimos, des­
madejado, vencido. Su vida era una
carga que le pesaba demasiado. Y
aquella tarde, más que nunca, sintió
que en su pensamiento ya no flore­
cía ninguna ilusión. Abstraído, com­
pletamente ajeno a lo que le rodea­
ba, tornó a su cuarto. De entre las
revueltas ropas de la cama, extrajo
el cuello grasiento, y luego de abro­
chárselo, se encajó en él la corbata
de resorte, que le colgó como una
tripa, seca y retorcida. De un clavo,
tras la puerta, tomó su sombrero
que se encasquetó de cualquier ma­
nera, para salir dando un portazo,
sin preocupación mayor por la segu­
ridad de sus bienes.
Era primavera y ya comenzaba a
hacer calor. En las puertas los chi­
cos y los quiltros alternaban jugan­
do. Al borde de ambas veredas, una
hilera de árboles recién verdecidos,
ennoblecía y ponía una nota de fres­
cura y de belleza en la calle de pa­
redes desconchadas y puertas con
marcos torcidos y desclavados. To­
da la miseria del arrabal se asoma­
ba en cada puerta. Alujeres despio­
jando a sus crías, otras remendando,
algunas con el canasto de “ recau­
do” bajo el brazo, comentaban la
carestía y el despotismo del mayor­
domo del conventillo.
—Ni que fuera el dueño, comadre,
sería tan pirata con los arrendata­
rios.
—Domo él no paga arriendo, qué
se le da, pues.
En tanto, vendedores de hojala­
tería y baratijas atronaban el aire,
ofreciendo su mercancía. En una
esquina un organillo dejaba oír sus
notas lloronas, en las que flotaba
toda la poesía triste del arrabal.
Frente a la puerta de un cité, un
charlatán ante un corrillo de des­
ocupados, proclamaba ya enronque­
cido, las excelencias de nna pomada
que curaba todos los males, hasta
los del amor. Al borde de la calzada,
varios suplementeros jugaban al
“ chupe” lanzando gruesas interjec­
ciones de júbilo o protesta, según
fuera como caían las monedas.
Aquel espectáculo ya no interesa­
ba a José Poblete. Una tristeza agu­
da, un vencimiento infinito le llena­
ba de angustia. Hubiera querido no
preocuparse de nada, tal vez hun­
dirse en la inconsciencia para no
sentir aquel cansancio de vivir que
le dominaba. Pero no había medio
de sustraerse a todo aquello. La sola
idea de volver a su cuarto oscuro en
el conventillo, le aterró. Recordó que
no había comido en todo el día, pe­
ro esto no le causó mayor daño. Un
gesto de resignación le desfloró los
labios, al comprobar que no tenía
una sola moneda en sus bolsillos, y
que seguramente no la ganaría aque­
lla noche.

3

Ediciones de Peuser
LAUREADAS

El jurado de la Cámara Argentina del Libro encargado de proclamar
los libros mejor editados en nuestro país en 1947, acordó, por una­
nimidad, TRES PRIMEROS PREMIOS a las
•AAOT.JOWVAXOI*U5T
siguientes ediciones de nuestra casa, que le
i£l Ultimo flormitiirnlo
aconsejamos llevar hoy mismo a su biblioteca:
ir la Oaí illrdia
EL ULTIMO FLORECIMIENTO DE LA
EDAD MEDIA
por José Van der Elst
El autor describe magistralmente la Escue­
la Flamenca que contribuyó a forjar el
dorado esplendor de los últimos días de la
Edad Media. Hermoso volumen de 226 pá­
ginas, lujosamente encuadernado e ilustrado
con 16 láminas en colores y 129 grabados
en negro ............................................... S 40.—

LA RECONQUISTA
DE BUENOS AIRES

EDICIONES PEUSER

Y DEFENSA

Publicación del Instituto de Estudios Histó­
ricos sobre la Reconquista y Defensa de
Buenos Aires. Una joya bibliográfica que
compila lo esencial de aquellas históricas
jornadas. Grabados en colores inéditos, do­
cumentos facsimilares, iconografía y lámi­
nas de incalculable valor ............... $ 70.—

EL MITO DEL QUETZAL
por Hagen y Hawkins
Un hermosísimo relato sobre la vida del
quetzal, el pájaro sagrado de los aztecas,
con magníficas ilustraciones a todo color.

S 6.—

gallardía, las parejas descendían
El ronquido intermitente de un
para pasear lentamente, en tanto auto, lo arrancó de su bello soñar.
arriba los* pájaros derramaban dul­ José Poblete, lo miró con odio, con
cemente la pedrería cristalina de un rencor salvaje que le obscureció
sus trinos. Los árboles se incendia­ las pupilas bajo las cejas erizadas.
ban con la luz del sol poniente, y He ahí al enemigo. El pudo hacerse
allá en el fondo, todo era fantasía chófer y tal vez su situación no se­
de colores: oro y rosa, verde y
ría tan desastrosa- Pero se obstinó.
malva, morado y azu l... El último No podía tolerar aquellos vehículos
destello, convertía el cielo en una que al comienzo eran incómodos,
inmensa turquesa, mientras abajo echaban humo como chimer
y no
sobre la tierra, la ansiedad de las tenían la noble elegancia de un co­
almas, ponía su broche de ilusión che tirado por un arrogante tronco
en un beso, que se apagaba en el de trotones de pura sangre. No, era
rumor de los surtidores que hume­ inútil. El se quedaría a la antigua.
decían el ámbito con un frescor de Y así fué. Vino demasiado tarde a
advertir que el tiempo había roda­
follaje y de tierra humedecida. . .
Los caballos en tanto, piafaban es­ do tan ligero y que él, su coche y
tironeando las riendas y estornu­ sus caballos, eran sólo una triste
caricatura de todo aquel esplendor
Había sido cochero, toda su vida. dando ruidosamente. Era preciso que ya jamás retornaría.
Su padre y su abuelo también lo •hacer oír el chasquido vibrante de
fueron en otros tiempos mejores, las huascas, para hacerlos aquietarse.
( Continúa en la pág. 8)
ciertamente. Al recordar aquellos
de su mocedad un suspiro largo y
hondo, le ensanchó el pecho. ¡ Ca­
De la Colección
ramba qué tiempos aquéllos! Cerró
TIERRA FIRME:
los ojos para recordarlos- Se vió er­
LA F IL O S O F IA E N C U B A ,
guido sobre el pescante de su vic­
d e M . V itie r. $ 5.50 rn /n .
toria flamante, con su levitón azul
LA N O V E L A E C U A T O R IA ­
NA,
d e A. F . R o j a s .
TEORIA GENERAL DEL ESTADO,
obscuro y sus botas charoladas, di­
$ 5 .5 0 m /n .
por
R.
Carré
de
Malberg.
Encua­
rigiendo el soberbio tronco de ala­
L A P IN T U R A E N C O LO M ­
dernado .. , r .......... $ 49.— m /n.
B IA , de G. J a r a m illo .
zanes que sacaban chispas en el as­
$ 8.— m /n .
falto de la Alameda. Su coche de
G E O G R A F IA D E M E J IC O ,
H IS T O R IA DE LA ECO N OM IA
do A. V iv ó $ 8.— m /n .
llantas de goma se deslizaba silen­
S O V IE T IC A , p o r A . B a y k o v .
ciosamente sobre los adoquines. Te­
$ 19.— m /n.
Libros de Economía,
nía una capota grande abrigada, fo­
Sociología, Historia,
HISTORIA DEL PENSAMIENTO
rrada en felpa, acogedora como un
Letras:
ECONOMICO, por E. Whittaker.
nido. El, entonces, era un hombre
A R T E Y SO C IE D A D , de R .
S 22.— m /n.
arrogante con su rostro pálido, sus
B a s t i d c . . . $ 6.50 m /n .
LOS D ER EC H O S R EA LES
largas patillas negras, como su som­
HISTORIA GENERAL DE LA PE­
Y E L S U B S U E L O EN
brero de pelo que brillaba, tal si
M E X IC O , de A. M o rin c a u
D
AG
O
G
IA
,
p
o
r
F.
L
a
rro
yo
.
$ 12 .5 0 m /n .
estuviera barnizado. Por las tardes,
$ 11.— m /n.
TEORIA DEL SEGURO
camino del parque saludaba con le­
S O C IA L , de G. B o n illa .
ve gesto a las mozas de servir, que
$ 7.— m /n .
E L A RTE EN LA PRO SA
le sonreían insinuantes a su paso
D E M O N T A L V O , de E .
En las buenas librerías o en
por Ejército o Dieciocho, mientras
A n d e rso n I m b e rt.
$ 7.— m /n .
adentro del coche una pareja de
G R A T A C O M P A Ñ IA , de A.
enamorados, se decían con férvida
Fondo de Cultura R ey e s . . . . $ 4 .5 0 m /n .
E N T R E L IB R O S ,
do A.
expresión, aquellas dulces palabras
R ey e s . . . . $ 6.— m /n .
que hacen pensar en que la vida es
Económica
LO M E X IC A N O Y O T R O S
eterna.
T E M A S D E A R T E , de
M o ren o V illa $ 1 3 .- m /n .
B uenos A ires
I ndependencia 802
Después, en el parque era el paseo
un torneo de apostura y briosa

Las grandes obras
recientemente aparecidas

�6

cabalgata

HISTORIAS COA ANGEIES
Por JUAN CARLOS GHIANO
La

La

e s q u in a

trampa

Para Alberto M. Salan.

s el único café del pueblo, en la
cuadra de casa- Vamos todas la.s
tardes, todas las noches; son las
únicas reuniones del pueblo.
Se entra, por una puerta de vi­
drios verdes. El piso es de tablas
arfchas, que los días de lluvia se
cubren de aserrín; el color de la
madera se oscurece debajo de las
mesas de hierro, del rectángulo del
billar. Siempre nueve mesas: cinco
a. la izquierda, contra la pared, de­
bajo del espejo; cuatro a la derechadel lado de la puerta. Los parroquia­
nos llegan a la misma hora, beben
lo mismo, conversan de las mismas
cosas. En la cuarta mesa suele dor­
mitar un borracho; a la última, con­
tra el rincón, se sientan hombres con
mujeres vergonzosas, pintadas, con
flores en el pelo.
Bajo la lámpara central, con pan­
talla verde, la mesa del billar, los
tacos, las bolas de marfil; el piza­
rrón ha desaparecido de la pared.
Siempre hay muchos carteles, de
marcas de cigarrillos, salidas de bu­
ques, anuncios de circos. Me los sé
todos de memoria.
Allí lo vi por primera vez, la
tardecita del 7 de abril. Yo estaba
con dos amigos; en otra mesa ju ­
gaban un tute, en la de la esquina
esperaba una rubia.
Entró solo, arrastrando los pasos
sobre el aserrín grueso- Había llo­
viznado toda la ta rd e; cuando abrió
la puerta, vi las hojas secas pegadas
en la vereda y el empedrado brilloso.
Sin sacarse el sombrero, secándose
las manos mojadas, se acercó al mos­
trador; pidió un café y una caña,
los bebió de golpe.
¿De dónde vendría el hombre?
Nuevo en el pueblo, y solo. Se van
y vienen; el pueblo siempre igual.
&gt;. Me acuerdo bien. Miró el reloj,
— »ouro la estantería de las botellas,
a las ocho menos cinco. Se limpió
la boca con el dorso de la mano;
volvió a pedir caña y la bebió con
frío. Eran las ocho; había vuelto
a mirar el reloj.
El mozo le preguntó:
—¿Espera a alguien?
Esos hombres no contestan.
Apenas pasadas las ocho, dejó un
peso sobre el mostrador, y salió.
Desde la puerta había vuelto a mi­
rar el reloj.
-• Ninguno lo conocía. Esc-s hom­
ares solos, por los pueblos, las tar­
des de lluvia- hombres que no se
ven más.
Salimos a las ocho y cuarto, como
siempre, cada uno a su casa.
Estaba en la esquina, caído boca
ahajo, herido de cuchillo en la es­
palda. El farol temblaba sobre el
cielo ceniza que había caído sobre
el pueblo, el empedrado tenía más
aristas que otras noches. Cruzado
en la esquina, el cuerpo sobre la
vereda y la cabeza colgando en la
cuneta. El traje azul se le pegaba
al cuerpo, los zapatos eran negros,
las medias blancas, de las que antes
sólo se ponía a los muertos; el som­
brero al ladito nomás.
Cuando vino la policía, dieron
vuelta el cadáver, dejándolo cara a
la llovizna. Tenía los brazos do­
blados, las manos como para aga­
rrarse en algo. El agua no acababa
de limpiarle la cara, los ojos abier­
tos, la piel tensa que se ponía azu­
lada, el pelo renegrido, cargado de
gomina-

E

En los bolsillos del saco encon­
traron seis billetes de cinco, tres de
nn peso, unas níqueles; ni papeles,
ni pañuelo con inicial, ni tarjetas.
Isadie en el pueblo sabía su nombre,
en ninguna fonda ni pensión.
Me fui a comer, sin olvidarlo,
hombre visto en dos lugares, el café
de todos los días y la esquina de
mi casa.
A las diez volví a la esquina. Un
perro lanudo lamía con insistencia
las manchas de sangre. De pronto,
sí, se marchó. Lo guiaba el roce
de unas plumas mojadas. Sí, el
ángel amarillo de la esquina.
Me santigüé, porque la noche es­
taba conmigo.

Para Daniel J. Devoto.

f

a

rata ha caído en la trampa.

Sólita, sin necesidad de que la
engañaran con el sebo- Ahora tiene
miedo; fatigada de recorrer la jau­
la, se ha achicado a esperar. Aquí
la dejan, para que la muerte se de­
more, pero la rata sabe que puede
terminar antes; por lo menos, no
la verán morir.
Rata, ni siquiera has comido el
queso que tenías cerca, ese queso es
tuyo. Viste la jaula, pero no el sebo;
ahora, a acabar.
Eso me faltaba esta tarde. El
piano que empieza- Claro, son las
cuatro, va a durar más de una hora,
casi dos. Iloy no tendré que escu­
charlo hasta el fin.
Todos haciendo trampas, ratita.
¿No habré armado yo mismo la
mía ? Es fácil: un alambre aquí- otro
allá, de pronto, los otros alambres
se levantan solos y empiezan a entre­
tejerse. Ya está la jaula hecha, y
el hombre adentro. ¿Para quién la
hice? Porque yo la he tocado con
estas manos, muchos días, como la
araña acaricia su tela.
Ese p ian o ... Hace tiempo que lo
escucho, ocho meses, un año, todos
los días en que he ido haciendo mi
jaula. El sonido se mete aquí, en
los rincones, esperando los nuevos
acordes, cubriéndolo todo. Hoy le
será más fácil atraparme.
Lo he escuchado otros días de oto­
ño, cuando la noche llega tempra­
nito- Con ese árbol de la callé, en­
frente- amarillo y liviano.
No vale recordar. Ya he liquida­
do las cuentas que tenía; la otra,
la mía, no está clara. Nunca podre­
mos volver a sumarla. ¿No es así,
ratita? Será mejor roerla, de a poco. í
en la jaula. Así no se te afilan los !
¿Quién se aeuerdlos días de
otoño? No serás tú, ratón, bicho de
albañal, cazado por los hombres, por
ti mismo. Has vivido en acecho, sin
preparar la tram pa; se armó sólita,
de pronto; el bicho ya estaba aden­
tro.
La música no cambia. Es la mis­
ma de siempre, capaz de hacer llo­
ra r a cualquier animal solo. Otra
vez fué lo mismo; para no escu­
charla me puse a cantar una in­
munda canción del puerto; sus pa­
labras, de a poco, se acomodaron
a la música- hasta que me fué im­
posible entenderlas; en ese momento
comenzó a llorar el muchachito de
la vecina. Eran casi las seis.
Todos están solos, cada uno en
su jaula. A veces, las jaulas están
cerca, rozando tus bigotes o tu cola,
ratita, con otras ratas tan solas como
tú. Y creiste que estaban libres, que
se habían encontrado, pobre ratita.
Desde los bigotes se te calentaba
todo el cuerpo, y te pusiste alegre,
completamente alegre.
¿No va a terminar ese piano ? Que
me atonte, para que puedan verme
entrampado, para que alguien me
suelte, y me espere afuera para se­
guir jugando.
Ah, Dios, cazador de campo ancho.
El también se divierte- no hay duda,
por algo nos hizo a su imagen y
sem e ja n z a . ¿Verdad, buen Dios?
¿Serías tan bueno de contestarle a
esta ratita? Te lo pregunto, no te
pido- Estará muerta la rata en su
trampa, y sólo Tú la habrás visto
acabar. Es un lindo espectáculo, ra­
tita; sólo E l podrá verlo.
Y miedo, tengo más miedo ahora.
Ese piano, como todos los días. Co­
mienza y sigue, term ina; al otro
día, a empezar nuevamente. En esa
casa viven unos hdmbres V unas
mujeres, y el sonido del piano por
las tardes. Deben quedarse mucho
tiempo en la jaula, y se han inven­
tado esa música. Tú no, ratita, siem­
pre fuiste más rápida que las otras,
y más silenciosa.
¿Tendré ya el miedo suficiente?
Las cuentas están saldadas, la mía,
roída, la tengo en la barriga. Aho­
ra sí.
No es posible, no sé hacerlo.
¡ Tú, tú me lo impides! Angel
sordo de los pianos de Conservatorio.

TNcut .t u r a

núm ero

L

Una figura de mujer acostada.
cipio, podría rodar como un tomillo, completandoasí sus episodios, apareciendo siempre de frente;,
renovando sus 3 puntos de apoyo pero sin mul­
tiplicarlos jamás. Con este principio fundamental
he comprendido biológicamente la función del huecoen el porvenir de la estatua.

Si 3 puntos d e -poyo son suficientes
;arantizar la estabilidad material de un • ue i.„. y
si una estatua (en su función monumental) es la
lucha con la ley de la gravedad, contra la caída,
contra la muerte, más de 3 puntos de apoyo repre­
sentan en la estatua lo incompleto de la victoria
del escultor. Una estatua, además, con este prin­

DEL ESCULTOR ESPAÑOL

Por EL MISMO
A U N A PERSON A DE M I CONO CIM IEN TO
EN

CABALGATA

Sab rá extrañado a usted que liaec un año, a mi regreso de
Colombia, quedara en enviarle los originales de mi e s t é t i c a o b j e t i v a
y que, desde entonces, no haya vuelto usted a saber de mí. Hasta
este instante en que le escribo para despedirme. H e trabajado en
este tiempo alquilándome para disponer de un pequeño trono de
cada día en el que he ido pasando en limpio mi libro. Pero no
he conseguido terminadlo: me interrumpí para reiniciar unas es­
E sc u ltu r a n ú m e r o 2.
tatuas y ya no puedo detenerme. Ahora vuelvo a España para traba­
Retrato de mi mujer.
jar con el reposo que necesito. Adjunto a usted fotografías de algu­
nas esculturas que hice con demasiada timidez y muy rápidamente,
pero con el buen propósito de que su venta particular me permitiera
tomar un taller y preparar mi exposición aquí en Buenos Aires para
Varias caras en una cara única. ,
fin de año. N i vendí ni hallé taller. N i conseguí una modesta cátedra de escultura, última
Y
paralelamente a una teoría for- :
solución para el escultor que no desea apartarse más de sí mismo. Esta es la razón de mi
mal del retrato, la reducción espi- j
regreso a mi patria, animado además por el anuncio de «» gran concurso para levantar
en Cádiz un monumento en homenaje a la Argentina, entre “ escultores españoles’ ’. Y
ritual de lo simultáneo. Porque una ,
esto tiene gran importancia para quien se ha visto privado de participar como extranjero
cara es la historia de otros hombres ,
en concursos y en exposiciones y ha tenido que caminar este largo tiempo en America
que nos precedieron, pero un re -'
oon las manos profesioncUmente mutiladas. Trabajé aquí conw químico ceramista
trato es la historia del hombre que
y me convertí así en un escultor sin estatuas, es decir en un hombre imiirrsentable.
H e recordado alguna vez estas viejas palabras de M ilton: “ Millones de hombres
tenemos delante de nosotros, de lo
caminan sobre la tierra sin ser vistos.’’ Casi invisible, acierto a saludar ai usted oon
que le está aconteciendo y más to­
toda, mi consideración y afecto.
J org e de O t e iz a .
datos

b io g r a t ic o s

E s c u lto r va sc o — de O rio— n a cid o el 21 de o c tu b re de 19 0 8 . P r im e r
p re m io do e s c u ltu r a en la b ie n a l de S a n S e b a s tiá n , en 1931 y en 1933 E n 193 1
e x p o sic ió n in d iv id u a l en S a n S e b a s tiá n . E n 1935 o tra en B u en o s A ir e s E n
1936 en S a n tia g o de C hile. E n 1942, c o n tra ta d o p o r el G o b ie rn o de C olom bia
p a r a la o rg a n iz a c ió n o fic ia l d e 1» c erám ica . E n 1944, “ C a r ta a los p in to r e s de
A m é ric a — e n sa y o so b re e l a r te n u e v o en la p o s tg u e r r a ” . E n 1 9 4 6 en C o­
lom bia, E c u a d o r y P e rú , 20 c o n fe re n c ia s s o b re el R e n a c im ie n to de la c e rá m ic a
e « i A - rlC a ’ In T e ®t , 6»&lt;D&lt;5n e s té tic a de la e s ta tu a r ia m e g a lític a p re c o lo m b in a
y G én esis e u ro p e a d e u n n u evo a rto m u n d ia l-a m e ric a n o .

davía de lo que le podrá acontecer.
Un retrato es la cara del esfuerzo
y de la virtud y del poder que un
hombre está poniendo, o está de­
jando de poner, en la empresa per­
sonal de la construcción de su pro- •
pió rostro, de un rostro soluble en,
pequeños acontecimientos o de uni¡
rostro definitivo, imborrable y per-

�6

cabalgata

Por SEBASTIAN SALAZAR BONDY
I I arpo Marx iiabla en telarañas.

ta su

brazo de hielo puro y su

boca también de hielo puro. Ha­
A
bla, habla debajo de la alfombra que

E sc u l t u r a n ú m e r o 3. Retrato del pintor Otario.
petuo. Casi todos los hombres caminan con caras
cara, nos están integrando dinámicamente la ver­
prestadas, ajenas, con caras de lotería. Muy rara­
dad. la vida o la muerte, en su realidad inmóvil,
mente con su propia cara aproximada. Una cara
que es el retrato-historia, la cara-estatua. Por esto
borrosa es a veces una cara fuertemente personal,
las verdaderas caras de los hombres nacen después
una cara en el instante dramático de su comienzo,
de sus estatuas. Son las caras que quedan. Las caras
de su recreación. Una cara con apariencia esta­
de los hombres que hicieron en carne viva su propia
tuaria — una herm osa cabeza n a tu ra l— no es
estatua. “Atendedme ahora —dice Esteban en el
generalmente una hermosa especie de hombre, si­
Ulises— : en el vientre de la mujer el verbo se
no la escena final de otros hombres, la especie ar­
hace
carne pero en el espíritu del creador, toda la
queológica o mística de un antiguo esfuerzo. (El
carne
que pasa se convierte en la palabra que no
sentimiento místico en el retrato número 2). En la
pasará”.
Hay que deshacer las cabezas construidas
herramienta facial del retrato N9 3, el hombre se
orgullosamente
por los antepasados. Hay que com­
revela contra sí mismo, se rompe en un sentimiento
pletar las cabezas iniciadas con el dolor personal.
trágico. Al recomponerse los fragmentos de una

en la siesta cubre las manos de los
pollos. Habla de bacín o de barril,
pero habla aunque no te crea yo,
j,tu oyente oculto, tu vecino de res| frío, tu más antiguo amigo en ese
j¡espejo que se sume en la noche y
; cubre los andenes en estío,
j — ¿Cuándo vas de visita a las al­
ocólas o a la oficina, concejal, pru­
rito, egeo como el cielo a medianoche
sohre hospital, correo? — te pre­
gunto{
Harpo, menudo compañero del
platino, ciego.
—Harpo, ¿qué dice la pintura de
caballete, el pato contemporáneo, la
pajarita del espectáculo o las sillas
vacias de mi casa? — te pregunto.
Harpo en milagro hace de su pa­
labra sueño» y de tanto afecto, de
tanta destrucción, de tanto blanco,
de tanto apego al jabón lleno de
enfermos, se finge el que espera
noticia en los roperos, el que se
esconde en buhardillas viejas, sella­
das con periódicos, sábanas, encajes.
¡ Oh, divino remiendo en su maleta!
Harpo, secreto tío, bobo que mira
telarañas.

Tal como he dicho: bobo que mira
telarañas.
¡ No encontrarás pariente más am­
biguo, más trastorno tampoco, más
jarrones de Sevres, más muebles en
adobo, tinas y caballos relinchando;
y arpas» arpas clásicas, geométricas,
púnicas, sonoras como grutas! ¡No
encontrarás aquí otro que mejor te
oiga y con más tino, que te abroche
el chaleco a la rodilla con más tino,
que te cambie timón por lechería
y esa la loza usual de tu sonrisa
por habas, habichuelas, con más
tino!
Harpo blandujo, camiseta, en el
desván del mundo conversemos.
I magen perenne de
Manuel Rodríguez.
ü n claro caballero de rocío,
un pastor, un guerrero de re len te...
H ernández.

beduino de cal enmudecida o
su sombra de hienas, díscola a
veces cuando en el torneo se sobre­
paraba el moribundo arsénico ate­
rrado, dormía en su frente, ebrio,
sobre la cola de aquella salamandra
de los vinos españoles, de aquella
extraña corona que lentamente caía
desde los claros aposentos de la san­
gre. Mas cabía pensar que estaba
envuelto en dioses nunca antes re­
queridos, nunca evocados, apenas
vivos en medio de su fuego y sus
caballos.
Un beduino o&gt; mejor dicho, una
cabeza que pendía cubierta de acero
suave y lágrimas en ojivas, en oji­
vas mojadas durante una tarde acar­
tona da, plúmbea.
Un beduino, una gárgola triste y
delicada, un monje entre cilicios.
Un beduino, un hijo o un padre,
un labrador que abría con sus ar
mas la entraña de los sueños y des­
de dentro de ellos inventaba las
muertes venideras, los alimentos, el
ácido y la pluma.
Un beduino, ángel Manuel, odio
y amor Manuel, que con el toro
en un momento estuvo eterno.

u

n

A salto

E scultura

n u m e r o 4. Figura del h o m b re caído (L aocoonte).
Es un homenaje a los hombres que hoy están 'muriendo, a los que
sobreviven profesionalmente mutilados, a los que no se levan­
tarán más.
He estado viajando muchos años en una isla prohibida, aca­
parada. Todo está lo mismo, pero yo vuelvo cargado de odio. Llevo
el odio en pequeños ladrillos. Es odio para construir. Algunos cree­
rán que el odio no construye, pero sólo el odio —amor implacable—,
el odio infinito, puede crear las nuevas condiciones para la renova­
ción de la fe. Constructor de fe ha sido siempre el escultor. La natu­
raleza de un escultor nuevo es su capacidad para descubrir esa
nueva f e : una especie de pre-fe —un profeta— y su resultado será
la pro-fecía: y él mismo pro-feta, hombre re-hecho, reinventado,
puesto de pie sobre las ruinas de todas las creencias agotadas. El
odio es la mancha, el pie, sobre todas las cosas arruinadas, que deja
al hombre solo, activo, frente a la nada, contra la muerte. Entonces
la fe es simplemente la luz, los primeros días, como el principio de
la construcción del mundo. El hombre reaparecido tendrá luego,
fe y será la fe política del arquitecto, la fe canónica. Pero antes el
arquitecto es escultor, es el arquitecto del arquitecto. Hasta que
la primera sombra sobre la tierra denuncia el cuerpo de la primera
estatua sobre la muerte. Entonces se repartirán las cosas por sus
propios pasos y esta terrible confusión comenzará a desaparecer,
dejando sitio nuevamente para el hombre, para la fe, para que las
estatuas del escultor se cumplan, sean vistas, para que la profecía
se rompa como un gran huevo que ya tiene su figura y la cifra
innumerable de una empresa original asegurada.

E sc u ltu r a

núm ero

5.

Retrato de la Vía Láctea.

C I el hueco en la estatua no sirve para la simplificación de sus
^ apoyos, el hueco no es más que una enfermedad del tejido ma­
terial, del bulto, de las estatuas. Además el hueco se nos revela en
nuestro análisis como el concepto eje de una lógica para la renova­
ción formal. Equivale espiritualmente a la reaparición del senti­
miento trágico al concluirse la herencia de un sistema morfológico
clásico. En la investigación de la estatuaria megalítica americana
he estudiado las etapas correspondientes a este proceso. En la
próxima etapa experimental el hueco ha de ser objeto de un nuevo
razonar plástico. Hasta ahora no va siendo más que la descompo­
sición natural de los factores naturales que integran la estatua.
Y el hueco deberá constituir el tránsito de la estatua-masa tradi­
cional a la estatua-energía del futuro, de la estatua pesada y ce­
rrada a la estatua superliviana y abierta, la Trasestatua.
Aun estas cosas que reproduzco están inscriptas en los anti­
guos armarios áureos. Es para despedirme de los poliedros regula­
res opacos, de estos recintos apretados que creyó divinos Platón,
porque ahora hay que apresurarse a devolver la libertad a las
estatuas, para que cuando el hombre, si otra vez toca la hora de
su libertad, no vuelva a ser des-almado por la traición oficial de
un arte extemporáneo e inútil. En todos los órdenes, hoy la solu­
ción de una cosa está fuera de sí misma. A una concepción del
universo que nos lo muestra en expansión constante, corresponde
una estatua en constante dilatación estética. Cuando las estatuas
no llegan antes que el hombre a las nuevas condiciones de su misma
libertad, el hombre es fácilmente traicionado. Cuando el hombre se
disponga a edificar su nueva casa universal hallará en ese sitio
como señal verdadera a la estatua nueva anticipada. Por esto digo
que antes que el Canon, antes que la regla pública del arquitecto,
se da en el Prefacio, la fe individual del escultor. Ha sucedido así
otras veces.

a la joyería.

rv io s salve al relojero que piensa
Y f sobre las piezas mohosas de su
almuerzo y salve a su mujer, la del
ojo de vidrio, la tonta que vive en
la cocina. Dios salve a sus dos hi­
jos carminados. Dios salve al cana­
rio que pica noche y día los fila
mentos del cucú, los pequeños tor
ni líos, las pulseras, los diamantes,
los oros que trabaja el relojero. Dios
salve, en todo caso, al abuelo dia­
bético que gime, hinchado y sole
junto a sus claveles.
Los diarios lo dicen y lo repite
el cochero al fraile, el fraile al hom­
bre consecuente, al algebraico, al tí­
mido, al cómico que baila en laí
aceras. Todos lo saben y de conti­
nuo lo sospechan los policías sen
satos, mustios, silenciosos. Los ami­
gas del delincuente, también lo juz
gan con aprecio.
Pero quién sabe qué percance, qu&lt;
novedad se encierra en el letrero
qué oculta ocasión los birria y sí
interpone. Caminan con sus hacha!
lentamente los asesinos detrás de lo¡
avisos luminosos. Lentas andan su¡
piernas, lentas sus manos» lentos su¡
pasos no ven nada sangriento ei
el proyecto. Andan los malhechores
sin compás, sin ritmo. Se tropiezan
golpean las paredes, cantan quedi
a veces silban en el entreacto o s
abrazan con gozo.
Dios salve a aquella gente. Pobrej
sus tristes mesas inconclusas, sip
billetes, sus ademanes simples- Dioj
salve al relojero de la muerte qm
acostumbra a espiar la joyería. Dio
salve a la ciudad de tanto miedo

�8

A l G U I ESI v i a
M O RIR
Por DAVID ALMIRON
uan

J

V erde estaba dedicado a efec­

tuar su tocador con más esmero
que otros días porque era jueves y,
los jueves, visitaba a su novia.
Eligió el más presentable de sus
trajes y la más discreta de sus cor­
batas.
Frente al espejo dio los últimos
toques a su peinado, se echó algunas
gotas del perfume preferido y, ale­
gremente, salió a la calle.
Los seres que se movían en la
niebla eran rojos y deshilacliados.
Las voces se deshacían sin llegar
a insinuar nada.
—Ya. estoy cansado de esto.
—Si acabara la hora. Si pudiera
terminar este cigarrillo sin tener
ganas de vomitar.
—Y siempre somos nosotras.
—Nosotros. Yo, sobre todo.
—Busquemos la manera de sa­
lir sin que él nos vea.
—Nos verá. ¡ S í! ¡ Nos verá !
Gritó histéricamente. Y la niebla
se movió apenas.
Compró una hermosa flor blanca
para el ojal de su solapa. Después
se paró frente a las vidrieras de
una bombonería y eligió cuidadosa­
mente una caja de golosinas para
su novia. La empleada era simpá­
tica y a él le costó trabajo recordar
el nombre de su prometida para
escribirlo en la tarjeta.
Al salir lo rozó una bella chica
y Juan se volvió, al oír la disculpa,
con una frase galante. El sol ale­
graba la calle y la gente caminaba
con un gesto alegre en los rostros.
Todo estaba mojado y las caras
se reflejaban al revés, con los ca­
bellos colgando. Los ojos giraban
ir interrumpidamente.
Las piiei tas s'e abrieron y las som­
bras entraron dando feroces ala­
ridos.
Entonces el que estaba sentado

en el sillón se hizo trizas y la mujer
que lo miraba dijo suavemente y
eon desgano:
—Silencio.
Después siguió aplastando migas
de pan contra la mesa.
El humo se pegó al piso y los
que llegaron lo movieron al avanzar.
Ella alzó la cara y, poniendo los
labios al beso, exclamó con hastío:
—Te esperaba. ¿Has traído el ins­
tante que te mandé buscar ?
—No. Me he perdido. No he con­
seguido regresar. Todos los caminos
están vigilados.
—¡Basta ya! Estoy cansada.
Se in c lin ó y llo ró convulsiva­
mente.
Luego el humo subió hasta el
techo.
Juan entró a la moderna casa de
departamentos y se acercó silbando
a la puerta blanca del que ocupaba
Susana. Apenas había tocado el tim­
bre cuando ella abrió. Se veía que
lo había estado esperando ansiosa.
Después de un ligero beso lo hizo
pasar a la salita.
La madre de la chica estaba arre­
glando una cortina y lo saludó ca­
riñosamente cuando él entró.
El padre vino luego, lo palmeó
con ostensible afecto y se sentó a
leer la edición nocturna de los pe­
riódicos.
Ellos miraban desde afuera y gol­
peaban contra los cristales. Babea­
ban y aullaban débilmente. Se des­
lizaban por los vidrios y dejaban
rastros grasicntos. Había una llama
impúdica ardiendo en medio de la
estancia.
La suciedad estaba complaciente
ba' iendo opacos los objetos.
1 soldado se paseaba con pasos
mecánicos y su fusil arrastraba por
el suelo. La empuñadura golpeaba
las tablas del piso y los colores se

CABALGATA deja de publicarse
r
'"'ON el presente número Cabalgata da por terminado su segundo
período. Dicho de otra manera, interrumpe su publicación, porque
los períodos de una revista ni se miden por el tiempo, ni se truncan
como el tallo de una vida. Cabalgata, decimos, interrumpe, sus­
pende su publicación a partir de ahora. ¿Será, esta segunda vez,
última, definitiva? No se usaría el verbo futuro como tema perio­
dístico si no existiera el signo de interrogación.
Cabalgata vino a cumplir una tarea, una tarea a la que alguna
vez hemos llamado misión. Quizá por eso desaparece con prematuridad. Misión, ambición y otros enunciados acabados en sión, ción
y ón con rara frecuencia dejan de cumplirse. Por (pié. . . toda pa­
labra que leída al revés empieza con un negativo, etc., etc. C a b a l g a t a
desaparece antes de realizarse plenamente, vale decir lejos de al­
canzar la inefable esterilidad. Desaparece en medio del tranquilo
tumulto de la más acabada crisis del libro que el país registra.
Es manifiesta la generosidad de esta obra inconclusa. Ca­
balgata haciendo honor a los propósitos de popularización de las
letras y artes que la inspiraron, ha sido el portavoz del libro argen­
tino y se ha hecho eco de sus intereses, fustigando reiteradamente
a los gobiernos que levantan trabas para su libre internación, nie­
gan divisas para su pago e imponen la censura con espíritu regresivo.
Hemos defendido lo que para muchos es un anacronismo; la liber­
tad, la comprensión y el respeto por medio de la lectura culta.
Cabalgata viaja, se la conoce y se vende en los más apartados
rincones de los países de habla castellana. Estas páginas han di­
vulgado la producción bibliográfica argentina. Lectores de todos los
países y de tierras del interior argentino nos han agradecido esta
publicación y, con frecuencia, con clara intuición de. nuestro es­
fuerzo, nos han enviado palabras de aliento. Por estos lectores y
por la fecundia de nuestra obra hemos llegado hasta aquí. La revista
es nuestra, su carne y su espíritu nos pertenece. Una revista perece
pero no pudre; no pudre mientras no se nutra de favor.
Cabalgata ha vendido publicidad y ha sido el más orgulloso,
eficaz y munífico intermediario profesional. Pero la publicidad se
nos ha retaceado. Si se revisan las páginas de los 21 números pu­
blicados, fácil es observar la reiterada ausencia de notables avisa­
dores. La ausencia de avisadores es nuestro fracaso. Eso es todo.
Cabalgata abrió las páginas al escritor novel, al escritor y al
poeta inédito. A nadie se le ha exigido ni edad, ni procedencia, ni
filiación. Nuestro más legítimo orgullo será el haber lanzado algu­
nos nombres que algún día, hoy mismo, contarán en las letras ar­
gentinas. Si hubo algún error, es nuestro. Si queda en nuestras
carpetas de originales impublicado algún trabajo de valor, lo sen­
timos profundamente. Por esos jóvenes escritores, y por los que
poco a poco rompían su timidez y se acercaban a la revista, nos
pesa que nos abandone la voluntad y que decidamos poner término
al presente período de. Cabalgata.

refugiaban en los agujeros del zó­
calo.
Tenía un uniforme pardo y el
casco abollado. Esperaba.
Se abrió la reja y un hombre
pálido, vestido con una ajustada
malla negra, habló con mucho es­
fuerzo.
—El condenado no vendrá.
—¿Por qué? — dijo con angustia
el soldado.
—Ha decidido vivir con sus pro­
pias manos. Se degolló con el filo
de una hoja de papel.
—¡No! ¡No! ¿A quién mato yo
ahora ?
El arma cayó al 'piso con un rui­
do sordo. La ventana quedó vacía.
El cielorraso se agrietó y la luz
entró a empujones, haciendo imper­
ceptible al soldado.
Y el casco era un cráneo de acero
brillando estúpidamente.
La chica se sentó al piano y eje­
cutó un estudio de Chopin. Juan
saboreaba el licor casero dando vuel­
tas en sus dedos la pequeña copa.
Se estaba bien en aquel ambiente,
confortable y tranquilo. Dejó en­
tonces su asiento y no pudo refrenar
el impulso de ir hasta su novia, to­
mándole la mano para acariciársela
dulcemente. La madre sonrió con
un gesto de comprensión y los dejó
solos.
Ella tocaba con una sola mano,
mientras él la besaba.
Sobre el piso estaba la mujer des­
nuda y se revolvía lascivamente.
—Tómame ahora. Antes que ven­
gan. Antes que traigan los ojos des­
orbitados y me recorran, con las
manos enguantadas, los senos y las
piernas.
Las flores de papel se agobiaban
por el polvo acumulado y los cua­
dros habían abandonado los marcos.
Un disco giraba sin dejar oír su
música.
—¡ Tómame!
El mascarón africano estaba im­
pasible colgando de la pared, año­
rando tantanes.
El cuerpo blando y tibio se re­
torcía en el suelo y las manos ara­
ñaban las maderas.
—Quiero ser tuya antes que venga
el alba.
Él vino envuelto en trapos des­
hilacliados y la miró indiferente.
—¿Has venido con el instante?
— dijo la mujer anhelante.
—Es tarde ya.
—Debe ser ahora, antes que se
den cuenta.
Lo atrajo hacia ella y se abraza­
ron, mordiéndose.
Entonces, desde las paredes, avan­
zaron disparando sin intervalos so­
bre los cuerpos acoplados.
La p ó lv o ra lo llen ó todo de
amarillo.
—Nos casaremos el primer sábado
del mes que viene.
Salió a la calle con el último beso
prendido en los labios.
Y lo atropelló un automóvil.

LA

1 IL T IU IA

( Viene ele la pág. 5)

II
Al final de la calle Santa Rosa,
en el fondo de un sitio eriazo, se
alzaba el galpón, donde guardaba su
coche y sus caballos. A tiempo de
entrar, un muchachón de aspecto
extranjero le saludó:
—Buenas noches, don Pepe. Ya
creía que no iba a v en ir...
El hombre con los ojos sin luz,
sus labios contraídos en un gesto
amargo, le miró sin responder.
—Dijo mi papá que si hoy no le
pagaba el pasto, no le iba a entre­
gar más. Son diez fardos los que le
debe. . . Los negocios van mal tam­
bién.
Poblete con la voz opaca y sin
convicción, sólo atinó a decir:
—Estas noches, no he ganado ni
para comer. Si ahora me va bien
mañana le paso a dejar lo que pueda.
El muchacho rezongó unas pala­
bras, .que significaban una amenaza,
que Poblete, por experiencia sabía,
se cumpliría. Poseído de una extra­
ña angustia, levantó uno de los co­
jines para sacar un trapo con el
cual se puso a asear el “ victoria” .
Ya era todo una miseria: la capota
raída, los cojines destripados, los
faroles rotos. Desolado descolgó los
ameses para ponerlos entre los es­
cuálidos jamelgos, que junto a la
canoa vacía, esperaban inmóviles,
con la cabeza gacha, tal si estuvie­
ran obsediados por la misma pena
de su amo.
¡Pobres! A pesar de todo no se
rebelaban. Lo soportaban todo pa­
cientemente. El hambre, el frío de
las crueles noches del invierno hería
sus lastimaduras, que por esta cau­
sa nunca podían sanar. El Mono
y el Mulato, siempre sacaban fuer­
zas para tirar el coche por las pe­
dregosas calles del arrabal, cuando
iba cargado de ebrios que las más
veces se iban sin pagar. El Mono
estaba enfermo. T o sía a m e n u d o con
violencia, y las más veces, Poblete
constataba con dolor que al llevarlo
al bebedero, el animal apenas se mo­
jaba el belfo y luego junto al pasto
—que el Mulato acogía con un re­
lincho de alegría— aquel permane­
cía eon los ojos cerrados y el as­
pecto de un enfermo de tristeza.
En esos momentos Poblete desea­
ba morir. Ellos constituían su úni­
ca familia.: hijos, hermanos, mujer,
todo su cariño estaba condensado
en ellos. Y nada podía hacer en su
favor. Tampoco! venderlos, pues el
sólo pensamiento de que los mal­
trataran lo ponía fuera, de sí.
Lentamente, fue cruzando las ca­
lles, al paso fatigado de sus bestias
cansinas y esqueléticas. Con terror
pensó en lo que haría al día siguien­
te, si en la bodega no le daban pasto.
Por él no se afligía; él podía pedir
un pedazo de pan, ir donde un ami­
go, pero ellos a quienes sólo él com­
prendía ¿qué podían hacer?

DUCTOR

JEAINÍ DELM AS

brairic Aristide Quillet, de París, ha
pasado por Buenos Aires len rápida
visita.
Demasiado breve su estancia entre
nosotros, pues casi ha viajado de in­
cógnito, nos fué más que difícil poder
entrevistarlo. Unos minutos en el Pla­
za Hotel, donde se hospedó, para salu­
darlo; breves instantes en las oficinas
de QuiHet, para admirar algunos de los
maravillosos libros de arte que ha traí­
do de Francia, y, finalmente, la entre­
vista.
Pero la entrevista, debemos aclarar­
lo, sólo fué posible gracias a la compli­

■
Súbitamente un collar de luces
extendió sus cuentas luminosas a
lo largo de la calle. Eran las prime­
ras horas de la noche. Los autos cru­
zaban insolentes y veloces, al pasar
junto a su victoria soñolienta en­
cegueciéndolo con el resplandor de
sus focos que barrían la calzada,
fugazmente. Las bocinas resonaban
unas tras otras, a veces como una
carcajada, otras con burlona estri­
dencia. El centro, donde antes do­
minara arrogante y orgulloso, ahora
le atemorizaba con su tránsito tu­
multuoso y arrollador. Ahora íbase
por las calles apartadas, cerca de
los lenocinios y cantinas donde so­
lían ocuparlo de vez en cuando, más
por vía de diversión, que por ne­
cesidad.
Afortunadamente, la noche era
tibia. Estacionado cerca de una es­
quina, las horas transcurrían inter­
minables. De una. casa de cena, pró­
xima, salían hombres y mujeres que
iban de juerga. A veces parecían
venir derechamente hacia él, que
con un vuelco en el corazón reque­
ría las riendas a tiempo de ofre­
cerse, con voz triste, casi dolorosa:
—Estamos listos, patrón.
Mas, era en vano. Sin oírlo, sin
advertir casi su presencia, pasaban
a su lado. Eran sólo los autos, los
que después de roncar brevemente,
se iban con los pasajeros. Así la
noche se pasaba, matando a cada
rato sus esperanzas, entre gritos, ri­
sotadas y lejanos cantos de mujeres
borrachas. Ya el alba estaba próxi­
ma. Sin saber lo qué hacía levantó
las riendas, animando a sus bestias
con un suave chasquido. Lentamen­
te fué deshaciendo su camino. Era
inútil luchar. Estaba demasiado vie­
jo y sentía todo el cansancio de una
larga vida. Todos los suyos se ha­
bían muerto y su desesperación se
tradujo dolidamente.
—¿Por qué no moriré m ejor... ?
Y somo si en ese instante el hon­
do ruego que formulara su desdicha,
se hiciera realidad y adquiriera la
súbita y arrolladora violencia de
un destino que se rompe, José Po­
blete, recibió casi inmediatamente
una respuesta trágica a su implo­
ración. Los focos de un potente
automóvil lanzado al máximum de
la velocidad, se hundieron junto a
él, deteniéndolo en un encontronazo
feroz, que lo estrelló en la pared
cercana donde el viejo victoria y sus
caballos, fueron un hacinamiento de
fierros, correajes y carne debatién­
dose en el último estertorUn grito lanzado al unísono, por
varias voces, rasgó el aire como una
saeta de espanto, mientras José Po­
blete como un muñeco de goma, era
lanzado sobre la calzada. Y allí, un
reguero de sangre que surgía de
su cabeza deshecha, rubricó como
un signo entre el pasado y el pre­
sente, todo el inútil esfuerzo de
aquella última noche...
Chite.

podido conversar con los editores ar­
gentinos más caracterizados. La labor
realizada por unos y otros en los últitimos años es muy meritoria, tanto, que
han logrado ustedes colocar a esta mag­
nífica República Argentina entre los
países más destacados en producción
editorial. El esfuerzo es tan importante
que aquí podrían realizarse hoy, sin
duda alguna, libros comparables a los
mejor impresos en Europa o Estados
Unidos.

Habla para C A B A L G A T A

NA figura bien conocida entre los
U
editores franceses, e* doctor Jean
Delmas, director técnico de la Li-

M O C H E

cidad cordial de M. Pierre Agnel, ge­
rente general de Editorial Quillet en
Buenos Aires. Lugar de la acción: Club
Francés de Buenos Aires, en el trans­
curso de una recepción ofrecida al doc­
tor Delmas.
— ¿Qué impresión le han producido
nuestros libros, señor Delmas?
— Inmejorable. He quedado grata­
mente sorprendido del desarrollo de la
industria editorial y del valor cualita.
tivo y cuantitativo de las ediciones ar­
gentinas.
— ¿Ha tenido usted ocasión de reali.
zar muchas visitas?
— No he perdido el tiempo. He visi­
tado, con el mayor interés, las princi­
pales imprentas de Buenos Aires y he

Y de las ediciones francesas, ¿qué
puede usted decirnos?
Que siguen siendo excelentes; en
Francia — y el fenómeno es universal—
han nacido en los últimos años infini­
dad de nuevas Editoriales, unas mejor
orientadas que otras; todas, no obstan­
te, cargadas de las mejores intenciones.
La crisis del libro es también univer­
sal, pero estoy seguro de que, paso a
paso, vamos ganando nuevos lectores,
sobre todo para obras de calidad y edi­
tadas por firmas responsables y de
prestigio.
— ¿Ha tenido usted ocasión de mos­
trar alguno de los maravillosos libros
de arte franceses que trae en sus va­
lijas?
— Sí, naturalmente. En el transcurso
de las diferentes entrevistas con los
directores y técnicos de las principales
Editoras e imprentas argentinas, he
podido hacer apreciar, con cierto orgu­
llo el valor de las últimas ediciones de
arte realizadas en Francia, particular­
m ente nuestra H istoria General del
A rte Q uillet, obra monumental en cua­
tro volúmenes, recién aparecida, donde
hem os reunido, con vocación y artesa-

�cabalgata
( Viene de la página 4)

que en la consecuencia del que no
piensa participa mucho la estupi­
dez.” (‘‘El Porvenir de España” ,
tomo 29, página 1072, ‘‘Obras Com­
pletas de Angel Ganivet” , Madrid,
1943, Aguilar.).
Pero distingamos las contradic­
ciones útiles de las falaces, y no
siempre avalemos sus vueltas por­
que sean honradas. Ni filósofo ni
político, Ganivet espiga en todos los
plantíos. A verigüe y clasifique,
quien pudiere, los orígenes y las
fuentes de sus doctrinas y pragmá­
ticas; a nosotros nos basta haber re­
conocido en dos frases la causa y
los afanes de su andanza. Pío Cid
it&amp;blaba a un su discípulo, y en él, a
España: “ Baile usted encima de to­
das nuestras glorias nacionales.”
^ Mal criterio de España tiénese en
España: “ Vosotros llamáis españo­
las a las casas petrificadas y muertas, v yo creo que se puede ser muy
español yendo hacia adelante.”
Por ir hacia adelante, olvidando
tumbas y cadáveres estériles, tan­
teaba Ganivet el camino de España.
Y era, Ganivet, sucesiva y junta­
mente, irreligioso y cristiano, adver­
sario de la democracia y curiosísimo
indagador del socialismo, soberbio
fiscal anarquista y teórico del po­
der fuerte y las cámaras estamenta­
les; español, español, español. Era
Ganivet, único; era Ganivet, el que
llevaba a España, para españolizar­
la, hasta su no vivido siglo xix.

APROXIMACIONES A

GANIVET

manticismo. Pero sepamos, antes,
qué ha de entenderse por romántico
y romanticismo.
Azorín, reconquistando a Feijóo,
define el romanticismo como “ va­
lentía del numen.” Vaguedad, si se
quiere, mas vaguedad asaz indica­
tiva: aceptándola, j quién negaría la
romántica “ valentía del numen” a
la lírica del siglo áureo, y a las mo­
dernas audacias surrealistas? Por
esa ventana abierta en su laberinto,
el romanticismo se nos escapa como
época y forma literarias; desde allí
huye hacia latitudes casi intempo­
rales.
José Bergantín lanzó su ilustre
palabra lejísimo en la visión del
romanticismo. Conferencias montevideanas calificaron “ romántico” a
Quevedo, entroncaron el romanticis­
mo en el barroco, y resumieron bre­
vemente el sentido del romanticis­
mo: no escuela literaria, sino “ ex­
periencia viva y total del hombre.”
(Necesario paréntesis: Martínez
Ruiz y Bergantín, de tan opuestos
linajes ideológicos, de tan disímiles
tendencias ideológicas, hermanan
juicios
en hablando de antecedentes
IV
y edades del romanticismo).
DE GANIVET Y EL
Dijimos que cuidaríamos no per­
der rumbo en los dédalos del roman­
ROMANTICISMO
ticismo, y sin embargo, casi nos ha­
Un tema seductor en el vasto cues­ llamos prisioneros en el ovillo in­
tionario que Ganivet provoca: des­
extricable. Salvando riesgos de un
tilar —admítasenos el voquible— lo discutir impropio, peligrábamos emi­
que haya de romántico en su vida y
tir lo sumario y falso de la simboen su obra. Dispararemos, más de logía romántica, equivocar las se­
prisa que a Belcebú, de la centena­ ñas mentirosas con las verdaderas:
ria polémica abierta, abierta, que no
fueron precisas las aclaraciones ma­
cerrada, acerca de la esencia del ro­ gistrales, para que al sondar en Ga­
nivet las huellas románticas, apren­
ma. todos los perfeccionamientos de la diéramos a. sustraer de las marcas
t é c n i c a .gráfica m o d e r n a , t a n t o
ia
.... “ ¡q&lt;¡ brumas escocesa?.
diagramación de los textos como en
• 1•"
españ i. el ,ropel i i ; ’tá-.
reproducciones de las más c~‘
rias obras de arte Je todo
......úo.
trv(VAwa —-ya. V?. avisaba Bersra
—Doctor jfiS fi Diluías, ¿ q a é imiireuesi:c iicuic—
el sc..do ro­
... usted de Buenos Aires?
manticismo,
en
el
romanticismo
frus­
—Díga que me han emocionado las
tre y académico.
cordiales palabras y las muchas aten­
ciones de los editores e impresores
En su situarse ante el mundo —y
con quienes he convivido brevísimaretornamos— no es Ganivet un ro­
mente. Dé por seguro que nuestras
mántico : cerebralista, apasionado, lo
conversaciones no serán estériles. . .
sentimental
no toma el primer plano
—¿Piensa usted visitarnos con más
calma?
de su perspectiva. Ya que roman­
— ¡Oh, sí! Espero volver muy pronto
ticismo equivale a experiencia, y la
a este país, joven y emprendedor, para
experiencia nace de la acción, Ga­
utilizar la colaboración de nuestros co­
legas argentinos y ampliar la produc­ nivet, abominador de la actividad,
ción, siempre creciente, de la Editorial
teórico de la vida horaciana, no pue­
Argentina Arístides Quillet.
de ser medularmente romántico. Ro­
F. A.
manticismo.- valentía del numen.
Tradúzcase, luego, osado, utópico
salto a la garrocha, del pensamiento.
El romántico no desata el nudo, ¡o
• Cuando se supo que el Director
corta. Y Ganivet quemó su breve
de C a b a l g a t a , nuevamente enfer­
existir en afán de desenredar minu­
mo, había confiado a un amigo su
ciosas ligaduras,
propósito de suspender la publi­
(Nuestros juicios últimos respec­
cación de la revista, alguien ex­
to
de la total experiencia implicada
clamó:
por el romanticismo, y de ahí, la
—¡Otro que también entrará
esencialidad a-romántica de Ganivet,
en la convalecencia será A m ó!
no quitan las tesis de líneas arrib a.
• N o se ha confirmado que al
que era, Ganivet, empírico, que sólo
tener noticia de la suspensión de
experiencias hay en el origen de sus
la revista, Don Pedro haga excla­
obras. En Ganivet, la experiencia
mado, sinceramente compungido:
no se re-crea, no se atavía con ade­
—¡ L á s 11 m a, porqu c para el
rezos imaginativos: la experiencia
otro número les habría prometido
se
trasmite linealmente, literalmen­
un aviso!
te, en ideas, nunca en acciones. E!
• Se ha dicho muchas veces de
romántico, cuando no tiene la expe­
C a b a l g a t a que era la revista
riencia, la inventa; y poseyéndola
“que faltaba”. ¡Deja de publi­
—cierta o soñada—, la engalana, y
carse quizá para que siga fal­
cambia, y trueca, la hace color, me­
tando?
táfora, acción fantástica: todo, me­
nos raciocinio fríe, lógico, real).
Así visto Ganivet, hombre, esen­
O
cialmente
fuera del ser romántico,
FR
A
N
Q
U
EO
PAGADO
M
o 2
alleguémonos a su tarea de escritor.
W Eh
C oncesión N9 3799
r*
tLa poesía fué la clave, el santo y
w
o o
a
T A R IF A R E D U C ID A
O p;
seña
del romanticismo; la luz ro­
o
&lt;
C oncesión N9 3205
mántica fué un destello de poesía
traspasadora. El romanticismo se
R E G IS T R O D E P R O P IE D A D
llama
como sus poetas: Byron, HeiIN T E L E C T U A L N ° 254 4 2 6
ne, Bécquer, no como sus prosistas
I M P R E N T A
C H I L E
porque en cuanto a tales, no los tu ­
P e rú 565
•
B uenos A ires
vo. Romanticismo no es prosa: es
poesía. ¿Es Ganivet poeta? No. En
él, la poesía se guarda oculta ; cuan­
do llega, es, sí, Ganivet, romántico;
Los suscriptores recibirán en
bono postal el im porte corres­
no por intenso sentir poético —que
pondiente a los núm eros que les
le falta—, sino por el alentar román­
faltare recibir para com pletar el
tico de su verso. ¿Diremos román­
período suscripto.
tico al literato Ganivet, ceñido, ve­
raz, exacto prosador, en quien la
--r

Pequeño anecdotario ñe este número

9

Por RICARDO PASEYRO
poesía sube, momentánea, desde los
inquirimientos de la razón?
Ganivet, exacto, ceñido, y más:
realista. Realista que ignora el mo­
delo clásico: caracteres típicos en
circunstancias típicas; realista de
realismo ideal, pues creando carac­
teres extraños en circunstancias anó­
malas, cuenta la verdad ideal ajena
a todo desvarío, con escrupuloso ri­
gor. El romántico que novela tiene
pródiga fábrica de sobrenaturalida­
des: y no hay trama romántica cer­
cana al sencillo discurrir novelístico
de Ganivet; no hay personaje ro­
mántico cercano a este Pío Cid, sa­
bio en economía doméstica, médico
hogareño, jinete de hipopótamos; no
hay “ numen” romántico amigo de
su estilo fiel a sí mismo, disparador
del retrato pintoresco y de la luz
local, únicas veces en que el alma, y
los ojos románticos se nutren de la
realidad.
Y aquí, dos puntos: nuestro ha­
llar a Ganivet, hombre y literato,
esencialmente fuera del romanticis­
mo, no niega las pervivencias ro­
mánticas, claras y muchas. Ganivet,
el que poetiza, sólo romántico es.
Aquella parte barroca de su alma;
aquella parte de su alma velada, en
la prosa y en la vida, por el razona­
miento, la exactitud, la búsqueda
científica; aquella parte de su alma
pesimista y deshecha de angustia,
escápase en sus versos. Muy pocas
obras más dramáticas, más indaga­
doras de las últimas verdades, que
los tres autos de “ El Escultor de
su Alma” . Muy pocas obras tan me­
tafísicas —sí, allende toda física—
como esos tres diálogos, o mejor, mo­
nólogos y T^pjn- v tos. Parécenos
oí; el eco qe • ;■)/] ■iú¡): “ Vida y

E D IC IÓ N

muerte sueño son — y todo en la
vida sueña. — Sueño es la vida del
hombre — sueño es la muerte en la
piedra.” Otra vez el sueño caldero­
niano, y otra vez el amor que, como
en Segismundo, reduce al su eñ o:
“ . . .vivir no es más que correr —
eternamente al redor — de la esfin­
ge del amor.”

De
INMEDIATA
APARICION

Y otra vez la muerte omnipoten­
te: “ .. .Si nada sé — Sólo sé que
moriré. — ¿ Y a qué quieres saber
más — ¿No sabes que morirás?—
¿No es este saber bastante?”
¡Puro juego romántico, barroco,
del sueño, el amor y la m uerte! Y la
fe: que es el primero, “ El Auto de
la F e ” . ¿ En el ilustre granadino, fe?
Rara fe, nacida de la obligación de
bien m orir: ‘‘Sin fe se puede vivir—
mas no se puede morir.”
Su fe se resuelve en un creer en
la muerte, cuando merecemos la luz
que trae la muerte. (Acaso nos acer­
quemos a Rilke, acaso nos acerque­
mos a la “ muerte propia” , en unaquintilla del “ Auto de la F e ” :
‘‘ ¡ Desprecia ese cuerpo inerte — que
es el nido de tu m uerte! — ¡ Ese es
el caos donde yace — la luz que en
tu muerte nace — si has luchado...,
si eres fuerte!” ).
Pero como la luz de la muerte,
¿ qué ha de ser, más que sueño ?, Ga­
nivet —y Darío, tres lustros luego—
“ abre los brazos e invoca al cielo” :
“ ¡ Si vida y muerte son sueño — si
todo en la vida sueña — yo doy mi
vida de hombre — por soñar muerto
en la'p ied ra!”
Y aquel sonambulismo, aquel sen­
tido de lo efímero, de lo fatal, de
“ la fuerza del sino” , llevador de
románticos y barrocos hacia el vivir
en apurado trance, buceando la ex­
periencia total de ia vida, despierta
para Ganivet el ansia eclógica, que
un soneto suyo resume en cuatro
versos: “ Huyamos los estériles ho­
nores — y sea nuestra gloria no
fingida — la rústica beldad, en la
escondida — quietud de un pobre
huerto entre las flores” .
Montéele

OBRAS FILOSÓFICAS

DE

Jean-Paul Sartre

ei si y u un
COLECCION INFINITO
Biblioteca Selecta
del Hombre Culto
PRIMEROS VOLÚMENES:

FILOSOFIA:
Los Enciclopedistas
Le Roy, La Nueva F ilo­
sofía.
CIENCIA Y TECNICA:
Hawley - Leifson, Energía
atómica en la guerra y en
la paz.
FILOSOFIA de la CIENCIA:
Poincaré-Einstein, Funda­
m entos de la Geometría.
HISTORIA de la CIENCIA:
Loria, Historia sucinta de
la Matemática.
ESTUDIOS BIOGRAFICOS:
Macauley, Lord Byron.
SOCIOLOGIA e HISTORIA:
K enent y otros, Valor so.
cial de la Ciencia.
Precio de cada vol.: $ 3.—
Extra $ 4.— y doble $ 5.—

DE GRAN ÉXITO
Thompson: El cálculo in fi­
nitesim al al alcance de
todos.
Ed. 1047. Ene. tela $ 10 !%
O b ra in tu itiv a que
m á s que ru d im e n to s
m á tic a s e le m e n ta le s .
inglés?. 5^ e d ic ió n

n o ex ig e
d e M a te ­
T ra d . del
e sp a ñ o la .

DISTRIBUIDORA

Bmé. Mitre 1254
T. A. 47 - 7705 — Bs. Aires

in te

1948

TEXTO

CA STELLA N O

O FRA N CÉS

Realizada bajo la dirección de GEORGES HUISMAN
D ire c to r G e n eral de B e lla s A rte s d e F r a n c ia

4

M A C N íF 1CO S V O L Ú M E N E S F O R M A T O
24 x 31 - 2 .3 3 0 R E P R O D U C C I O N E S - 61
LÁMINAS F U E R A DE T E X T O , OBRAS
M A E S T R A S D E L A P I N T U R A - 30 F A C ­
SÍM ILES A TO D O COLOR, MAPAS Y
C U A D R O S S I N Ó P T I C O S - M A S D E 1.800 P A G I ­
NAS - L U JO S A E N C U A D E R N A C I O N C O N D O ­
RADOS A FUEGO

LA

OBRA

SE

ENTREGA

COMPLETA

ADQUIÉRALA EX CÓMODAS CUOTAS MENSUALES. RESERVE SU
EJEMPLAR CON TIEMPO, PUES SE HA RECIBIDO UNA CANTIDAD
LIMITADA DE COLECCIONES. SOLICITE FOLLETO ILUSTRADO.
Z O N A S

D I S P O N I B L E S

P A R A

A G E N T E S

E D IT O R IA L A R G E M I N A

ARISTIDES QUILLET
C o r r ie n t e s 1650

B

uenos

Sr. Gerente
Editorial Argentina ARISTIDES
C orrientes 1650 - Buenos A ires.

A

ir e s

QUILLET

Estimaré me envíen F olleto Ilu s­
trado de la HISTORIA GENERAL
DEL ARTE.
Nombre
D om icilio
Localidad

�cabalgata

10
( Viene de la pág. 3)

refinados y hasta exquisitos, plenos
de musicalidad y de fervor conte­
nido, que no suele ser norma entre
los compositores de Norte América,
más atentos, por lo general, a la ex­
presión directa y de contenido fuer­
temente realista y elemental. Su
Sinfonía para cello y orquesta se
aparta ya abiertamente del docetonalismo ortodoxo y su concepción de
las seríes dodecatónicas, yendo en
pos de una libre polifonía que ya
había venido apareciendo» por dosis,
en las composiciones precedentes. El
refugio último de Ben Weber es el
reino de la introspección: actitud en
él a la vez instintiva y consciente, a
cuya plenitud y ejercicio le reafirma
el convencimiento de la bancarrota
actual de los valores sociales, polí­
tico-económicos, éticos, estéticos, a
cuya decadencia atribuye el compo­
sitor la reacción artística que se vie­
ne manifestando en su país y en
otros muchos 3.
George Perle —1915—, es otro de
las compositores jóvenes de los Es­
tados Unidos que se han iniciado en
la técnica de los doce tonos, en cuyo
ámbito ha concretado esfuerzos pre­
cedentes, si bien carentes de una
firme continuidad, de Alban Berg,
Ernst Krenek y algunos otros que
han propiciado una lógica hetero­
doxa dentro del sistema, ya sea esa
lógica encaminada hacia un orden
to n ^ —Berg—, o modal —Krenek.
George Perle se ha ocupado exten­
samente del doble aspecto de la teo­
ría y de la práctica, en desarrollar
principios que le son propios, pro­
piciando una estructuración modal
del sistema de los doce tonos» por
considerar que éste, y pese a la can­
tidad de posibilidades que aún que­
dan por explotar dentro de sus do­
minios, ya sea en el orden técnico
como en el expresivo, ya ha eviden­
ciado la suma de potencialidad evo­
lutiva de que es capaz, imponiéndose
de esta manera la necesidad de un
superdesarrollo a base de principios
más evolucionados.
Procediendo, en general, de dismanera qúc j?efí vUeoer, cuya
concentración de pensamiento apa­
rece siempre estructurada dentro de
un criterio armónico, George Perle
tiende a desenvolverse dentro de una
escritura ampliamente lineal, con
señalada predilección por la mono­
dia, según es visible en sus Tree So­
natas, para violín, solo, las Hebrew
Melodies, para cello solo» o la Sonata
para viola sola. Esa predilección por
lo lineal es evidente, asimismo, en
sus obras de conjunto, como el Trío
para flauta, viola y piano, el Cuar­
teto N9 3, para cuerdas, y la Slow
Piece, para violín y violaEn la totalidad de su producción,
circunscrita a la música de cámara,

EL FORIÍM GROUP
de Nueva York
Por JU A N C A R LO S P A Z

proporción mayor, o en condiciones
diferentes, que los agentes de nego­
cios, quienes siempren exigen al
compositor “ algo para vender” :
se refiere, por supuesto, a los afilia­
dos a la Gebrauchsmusik 6. Ante es­
te orden de cosas, ante esa actitud
ideal y su muy dudosa aplicación
práctica, o mejor dicho, su adapta­
ción a la realidad circundante, sur­
gen dos posibilidades para el moder­
no compositor estadounidense: pro­
ducir en forma elevada» con mii’as
a una organización futura de la hu­
manidad, puliendo celasamente el
propio verbo para que llegue a ren­
dir un máximo de efectividad el día
en que llegue a hacerse viable, según
la admirable línea de conducta y
ejemplo de Charles Ives, Cari Rug­
gles, Richard Donovan, Wallingíord
Riegger o Edgar Acárese, o someterse
a las imposiciones de la realidad
adoptando un credo oportunista y
utilitario, y crear para producir un
efecto inmediato en las masas: la
ética de Beethoven o de Weber fren­
te a la de Rossini o de Meyerbeer: la
de César Frank opuesta a la de Massenet: la de Debussy o Schonberg
frente a la de Richard Strauss. El
problema no es nuevo ni es exclusi­
vo de los Estados Unidos; pero se
ha llegado a agudizar particular­
mente en ese país a causa de la enor­
me cantidad de oyentes de transmi­
siones radiales que reclaman sus de­
rechos a oír lo que más les agrada.
Ante esa demanda de las mayorías
—de las masas—, los programas ra­
diales abusan calamitosamente de la
música superficial o inferior; o, si
se trata de una categoría más ele­
vada, se aferran casi en su totalidad
a idénticos programas, radiados de
un extremo a otro de cada tempora­
da de audiciones. Composiciones de
Sibelius, Tchaikowsky, Rachmaninow, Dvorak y otras semejantes, se
ejecutan y transmiten en propor­
ción enorme comparados con el res­
to de la música culta, con la única
excepción de las más conocidas obras
de Beethoven o de Brahms.
Para ese piiblico escriben actual­
mente lia re R.’ifzfein; Jóbrt P au’
Bowles, A aro n C opland, Henry
Brant, David Diamond, Robert Me.
Bride, William Schuman, Coulou
Nancarrow. Una adhesión semejante
a los principios de la Gebrauchsmu­
sik produce, naturalmente, sus ven­
tajas, si no siempre para el público,

y que aleanza actualmente a la Op. aparecen en Landscaper, o simple­
20, Perle ha empleado diversas mo­ mente unidos al prepared piano, co­
dalidades técnicas y aplicado sus mo en Amores 4. Para el piano pre­
puntos de vista esenciales, procu­ parado, o mejor dicho, acondicio­
rando rehuir, en principio» el doce- nado&gt;&gt;ha escrito The Perílous Night,
tonalismo ortodoxo. De esa manera A Book of Musió; y Tliree Dances,
vemos que el Molto Adagio, para para dos pianos, así como diversas
cuarteto de cuerdas, o las Two Pic- Sonatas e Intermczzi; y aparte de
ces, op- 4, para piano, se expresan numerosas piezas para teatro y pa­
en un atonal libre; la IAttle Suite, ra la danza, combina la voz humana
para piano, Prelude, Invention and con el piano acondicionado en The
Ostinato, para viola y piano, y el Wonderful Widow of 18 Spring y
Cuarteto m, para cuerdas, están en She is Asleep. Diversas músicas
realizados en la técnica de doce to­ para teatro y otras aplicadas a la
nos; la misma técnica, pero emplea­ danza completan su característica y
da con un criterio muy libre» apa­ personalísima producción.
rece en las Hebrew Melodies; en la
Merton Broun, discípulo de Cari
Suite, op. 6, y en la Sonatina, op. 13, Ruggles y de Wallingíord Riegger,
ambas para piano, en Tliree very es autor de dos piezas para orquesta
Short Pieces, para cuarteto de cuer­ de cuerdas —Cantabile, Chórale—,
da, en el Chamber Concert, para vio­ un Trío para flauta, violín y cello,
lín y 15 instrumentas y en Two das Sonatas para piano, Three
Songs, con texto de Rilke, el compo­ Songs, para voz y piano, con texto
sitor nos muestra aplicaciones prác­ de Walt Whitman, y diversas pie­
ticas de su sistema modal de los do­ zas para danza. Trabaja dentro de
ce tonos; y la Sonata para viola so­ los límites de un secundad chromatic
la, op. 12, las Three Sonates, para style 5 y obtiene una luminosa, diá­
violín solo, op. 16» las Two IAttle fana sucesión de líneas bellamente
Pieces, para piano, op. 17, y la Slow ideadas, sensibles en su expresión.
Miriam Gideon es autora de un
Piece, op. 18, para violín y viola,
Poem
para orquesta, una Suite para
hacen continuado uso de los princi­
orquesta
de cámara y una Lyric Piepios integrales de la técnica de los
doce tonos, aunque sin basarse en ce para orquesta de cuerdas; un
Cuarteto de cuerda, Sonata para
series generadoras; procedimiento
que también aplica a su colección de flauta y piano, Incantation, para
Eighteen Preludes, para piano, que viola; W ood-W ind Suite, Hoxtnd
constituye su aporte más reciente, y of Heaven, para barítono, oboe y
una acabada demostración del uso trío de cuerdas; Sonada para piano,
que puede hacerse de su sistema Sonatina, para dos pianos, Dances
for two Pianos Sketches, para piano,
modal de los doce tonos.
Motets y Madrigales, para voces,
El caso de John Case, discípulo Songs, para una voz a sola
de Adolph Weiss, de'Henrv Cowell
Alan Ilovaness escribe en un es­
y de Arnold Schonberg, es excep­ tilo puro y estático, elevado y claro,
cional» pues explora nuevas regio­ que evoca la tradición de la música
nes del sonido con su original proce- jlfíLfflctíió Oriente Demás y§,tá de­
cnmiViVó» Oef prFpai ra pian o, Nomo cir que su orientalismo nada tiene de ~
él denomina a un piano al que apli­ común con el que los compositores
ca diversas sordinas de variados ma­ franceses han cultivado durante va­
teriales, las que coloca entre las rias generaciones, concluyendo por
cuerdas, obteniendo así el amplio, imponerlo al mundo. Hovaness, que
sugestivo y coloreado teclado de una desciende de armenios, compone pa­
orquesta de percusión; y organiza ra los rituales —el único fin apro­
sus trabajos en torno a un fascinan­ piado de la música, según su ética
te germen formal, apto para ser artística— y ofrece su producción a
utilizado en cualquier estilo o en las colectividades armenias de Bos­
cualquier oportunidad. Otra de sus ton y de New York. Su música cum­
modalidades dentro de sus frecuen­ ple de esa manera una función cul­
tes desplazamientos a comarcas des­ tural dentro de normas sentidas,
conocidas o escasamente cultivadas, aplicadas y vividas. Por lo tanto, es­
(Viene de la primera página')
es el empleo de conjuntos de percu­ te compositor encarna en sí mismo
acontecer
más cabal rigen la evolu­
sión, ya sea solos, como en sus Cons- una institución funcional dentro de
tructions o en March , p agregados a su círculo, irradiando de esa mane­ ción estética en poesía leyes socio­
varios instrumentos eléctricos, según ra una potencialidad musical efi­ lógicas y de otra índole, en un pla­
no más reducido la creación artís­
ciente y normal.
Y, por último, Lou Llarrison, qui­ tica precisa de cambios accidenta­
zá el más productivo de los nuevos les, de una variación que es casi
valores, investiga sobre “ el empleo idéntica a la coquetería femenina
en cuanto utiliza atavíos susceptibles
de la música” , empleo en el sentido
de cambios. Pues bien, en el soneto
elevado de uso y justificación del
esta coquetería, este cambio, son
producto musical irradiando como imposibles, pues de un mero accidenfuerza espiritual sobre los miembros
cuenta ya con una red de más de C IE N vendedores
de una colectividad. La producción
de Lou Harrison» que comprende un
diseminados en el IN T E R IO R DEL PAIS.
Alleluia para orquesta, un Motet
for the Da,y of Ascensión, para siete
D e n tr o d e a lg ú n tie m p o n o q u e d a r á e n la A r g e n ­
instrumentos de cuerda, Praises ofor
Michael the Archa,ngel, para órgano
tin a n in g u n a p o b la c ió n g r a n d e o p e q u e ñ a e n la
y cuerdas, un Trio para cuerdas,
q u e n o e x is t a u n r e p r e s e n ta n te a c t iv o , un vendedor
Suites y Sonatas para piano y para
clave, una Passacaglia a cinco voces,
de libros de sello argentino, c o r r e sp o n s a l d e la
para cuerdas, música incidental pa­
ra diversos conjuntos instrumenta­
les, cantos, misas y una nutrida can­
tidad de piezas para danza, responde
en una buena parte a la ideología
Si usted dispone de tiempo v se reconoce capacidad como
artística sustentada por el autor. Ob­
vendedor de libros, abrace esa honrosa y lucrativa labor
sesionado por la idea de una misión
y ofrézcase. Recibirá informes y material para empezar
superior del arte, o sea una incorpo­
inmediatamente su tarea.
ración del objeto artístico a cuanto
de elevado pueda el hombre realizar
C ualquier libro de edición argentina, cualquier libro de
en la tierra, se pregunta cuáles de
autor nacional, todo libro, sea cual sea su precio, puede
sus colegas compositores estadouni­
Antonio de Undurraga
ser adquirido por interm edio de la
denses realizan» o mejor dicho, cuán­
tos están capacitados para llevar a
cabo una labor mesiánica eficaz, a te como es la rima se ha hecho un
semejanza de la que cumple su cole­ algo sustancial, todo un sistema in­
ga Alan Ilovaness; y se lamenta, al mutable y sin evolución posible den­
respecto, de que quienes podrían tro de su insignificancia artificiosa.
ayudar al compositor a seguir su Por ello, soneto y coquetería creado­
impulso voeacional, o sea los pro­ ra se excluyen violentamente.
e r ú 9 7 3
B u e n o s A ir e s
fesos de la autoridad espiritual per­
Mas, vamos a otro acápite. La
sonificada en los sacerdotes de las cultura desde hace siglos se genera
diversas iglesias, no lo hagan en y crece en las grandes ciudades. Y

LA LIBRERIA POSTAL

LIBRERIA POSTAL

LA C A D U C I D A D

casi siempre para el compositor, que
ve recompensado su trabajo en dó­
lares y en popularidad: el único dé­
ficit a anotarse lo es, naturalmente
también, a favor de la cultura. .Ja­
más el término “ mercado” , aplica­
do a la cosa artística, lo ha sido con
más oportunidad que cuando se re­
fiere a la música estadounidense es­
crita expresamente para la radio o
para el cine. La necesidad de servir
sensaciones sonoras a una enorme
cantidad de público habituado a los
tóxicos que suponen la novela ra­
dial, el periodismo sensaeionalista,
el fanatismo deportivo, etc-, hace que
se considere aprovechable todo re­
curso excitante y destinado a pro­
ducir un efecto inmediato: que lira
rápidamente s u s titu id o , por otra
parte, en cuanto sea imitado o su­
perado en eficacia por algunos de
los innumerables rivales que pulu­
lan en el lodazal de tan lucrativo co­
mercio. La digna excepción que su­
pone alguna música para film o pa­
ra la radio, escrita por Virgil Thom­
son, George Antheil, Ernst Toch o
Louis Gruenberg, sirven de punto
de referencia para ubicar el resto de
tan lamentable e intoxicante produc­
ciónTal es la situación con que se en­
frenta el Forum Group, de New
York. En la música estadounidense,
frente a todos los oportunismos y de­
más tendencias utilitarias, proponen
nuevas armas y nuevas tácticas de
lucha. La música es una fuerza es­
piritual, no una técnica de la com­
posición ni un pasatiempo más o
menos divertido, entretenido, trivial,
inofensivo, domesticado por el hábi­
to de oír cualquier cosa y a toda ho­
ra. Al menos, es de aquél modo cómo
los nuevos jóvenes de la música es­
tadounidense la entienden y la prac­
tican : como una “ filosofía para uso
diario” . Y esta es. en definitiva, la
actitud concreta de la vanguardia
de la música contemporánea estado­
unidense. : vale decir, de la vanguar­
dia musical inter-americana.
( 1 ) N ew M usic E d itio n . H ollvw ood.
C2) P o u r M e T h ls L íb ateo n . T bou M y Sac re d SV^litnde. Í R ilk e l. Do Y on K now .
C3) E s ta r e a c c i o n e s la m e n ta b le m e n te aco­
m o d a tic ia y, a la la rg a , e s té ril. S tra v in sk y
c o n tin ú a h a la g an d o , con su s
-neo
clá sic a s, a la p ro fu sa fa u n a del esnobism o
in te rn a c io n a l; H in d e m ith p rovee de fó rm u la s
a los p ro fe s o re s de a rm o n ía : B a rtó k , a los
p s e u d o m o d e rn is ta s ; C opland, a la p ro d u c c ió n
com ercial.
(4 ) N ew M usic E d itio n .
(5 ) N ew M usic E d itio n .
(6 ) M úsica p rá c tic a , o de u tilid a d in m e d ia ta .

DEL

SONETO

el espíritu de la gran ciudad repele
al soneto, suma de las fórmulas y
metros por medio de los cuales se
expresa lo aldeano en una versifi­
cación rezagada que no aleanza a ser
poesía, pues carece de pulpa crea­
dora.
En efecto, Baudelaire, al dedi­
carle a Arsene Houssaye sus poemas
en prosa, le dice: “ ¿Quién de nos­
otros, en sus días de ambición, no
hubo de soñar el milagro de una
prosa poética, musical, sin ritmo y
sin rima, flexible y sacudida lo bas­
tante para ceñirse a los movimien­
tos líricos del alma, a las ondula­
ciones del ensueño, a los sobresaltos
de la conciencia? En la frecuenta­
ción de las ciudades enormes, en el
cruce de sus relaciones innumera­
bles, nace, sobre todo, este ideal obsesionador. ¿No tuvo usted, acaso,
querido amigo, tentaciones de tra­
ducir en una canción eLgrito estri­
dente del vidriero, y de expresar en
prosa lírica las desoladoras suges­
tiones que manda ese pregón hasta
las guardillas, a través de las más
altas nieblas de la calle?” Hasta
aquí el vate y mágico maestro Bau­
delaire. Mas. ¿quién no piensa en
Walt Whitman, expresando la gran­
deza de las ciudades norteamerica­
nas, el genio técnico y antialdeano
del estadounidense, por medio de la
respiración grandiosa de su metro
libre? ¿Y quién no piensa en Fede
rico García Lorca que en su Grana­
da provinciana, rezagada y natal, es­
cribía romances octosílabos y que ai
poner los pies en la gigantesca ciu­
dad de Nueva York, opta por el me­
tro libre, de holgados pulmones y
resonancias y que nos escribe su li­
bro Poeta en Nueva York ? La cul-

/

�cabalgata

HASTA

A I C 1A

i

ni

P or J U A N S A A V E D R A

había tan arriesgado desde el punto de vista cinematográfico co­
mo llevar a la pantalla, en Francia, una obra de Stendhal- Era cosa
(pie no ignoraban tampoco los eseenaristas Pierre Véry y Pierre Jarrv,
juntamente con el realizador Christian-Jaque, cuando acometieron esta
empresa ditícil y, hasta, cierto punto, ingrata.
Stendhal cuenta en Francia con partidarios fanáticos y entusiastas,
algunos de los cuales lian dedicado parte de su vida a leerle, estudiarle
y comentarle. \ entre ellos mismos no existe un acuerdo un poco co­
herente sobre la interpretación de la psicología stendhaliana. Por tanto,
era natural que la interpretación de La Chartreuse de Pamir diera lugar
a opiniones bien diversas, como así ha sucedido.
La crítica se ha mostrado profundamente dividida en cuanto a juzgar
el valor de este nuevo film francés. Es decir, la crítica lia juzgado la
obra con arreglo a dos puntos de vista: si el espíritu de Stendhal estaba
bien recogido en la pantalla y si la adaptación de la novela era de calidad.
Es evidente que si se va a la sala del cine con una lectura muy re­
ciente de La Chartreuse de Parme, se encuentra en la adaptación defec­
tos importantes y, sobre todo, grandes lagunas. Pero lo mismo ocurre
y ocurrirá en toda realización de una novela de carácter universal por
mucho talento y arte que pongan sus realizadores. En cambio, si se va
a presenciar la película sin ningún propósito de cotejar cada escena con
la novela, sino meramente a juzgar la película en .sí, se llegará honrada­
mente a la conclusión de que La Chartreuse de Parme es uno de los me­
jores films que ha producido la industria cinematográfica francesa. Posee
las cualidades esenciales: interés, emoción, movimiento. Y además una
excelente interpretación en la que se distinguen sobre todo esos tres gran­
des artistas que se llaman María Casares, Renée Faure y Gérard Philipe.

\

ada

• En un lapso de una semana so lian re­
unido en París nada menos que tres gran­
des congresos internacionales.
El Congreso Internacional de Críticos
se celebró del 21 al 28 de junio. Be
los veinticuatro países que el Comité or­
ganizador dijo que estarían representa­
dos, de América Latina figuraron sólo
dos: Brasil y Colombia.
El primer Congreso Internacional del
Film Artístico y del Film Experimental
se celebró del 26 al 29 de junio. Los
miembros del Congreso de Críticos de
Arte asistieron a la sesión del día 26.
U Congreso del Consejo Internacional
de Museo» (ICOM) tuvo lugar del 28
de junio al 3 de jliio en la Casa de la
1 NESCO en París. Las reíliíftpes fueron
(le los grupos especializados sg"i&lt;’,'tes:
a) artes, arqueología, historia, snios his'
termos; b) etnografía, artes po, -'mi-e-s •
e) ciencias, técnicas mecánicas- 7) má­
seos infantiles.
* La popularidad ue García Loica en
Frt¡!¡Sin-, lejos de decrecer aumenta cada
día. Extensa es ya la lista de las reedi­
ciones y antologías del gran poeta gra­
nadino que se han publicado en francés
sólo en lo que va de este año.
Este mes se ha estrenado en el Studio
des Champs Elvsées, Termo. La traduc­
ción, hecha por Vitold y la señora Jeannines Guyon, es, en mi concepto excelente,
sobre todo si se tiene en cuenta las di­
ficultades que todo Loica tiene para una
traducción. La música ^intercalada en
Yerma es lo que ofrece más objeciones a
hacer. “ Les Xouvelles Littéraires” han
formulado el siguiente reparo, ecuánime,
pero justificado:
“ Hubiera sido necesario una música de
un acento mucho más intenso, mucho más
estrictamente español; hubiera sido nece­
sario un segundo Falla para crear la at­
mósfera, a. la vez tierna y mágica en- que
esto extraño drama hubiera podido vivir
ante nosotros. La música de Marcelle
Schweizer, justo es confesarlo, se resiente
de mediocre. ”
• El “ Bulletin de la maison internationale des P'en Clubs’’, cjue acaba de apa­
recer, nos facilita una información in­
teresante sobre el P rem io N o b e l de
Literatura 1947.
Andró Gide tuvo dos concurrentes: el
poeta griego Sikilianos y el gran poeta
inglés, T. S. Eliot.

Todo deja suponer, anuncia Rene Lalou.
que Sikilianos y T. S. Eliot serán los
próximos laureados Nobel.

r

■

• . Con motivo del cambio de nombre de
la estación Obligado' del metro de París
por el do Argentina, los periódicos fran­
ceses no han dejado de recordar que
José de Sai? Martín, murió en Boulognesur-Mer, donde redactó sus Memorias.

’M
' 4;

• M. Louis Joxe, director general de
relaciones cultúrales de Francia, lia hecho
aprobar por la Comisión de Relaciones
Extranjeras la creación de una comisión
nacional del libro francés en el extranjero
destinada a superar las dificultades con
las cuales tropieza el libro francés actual­
mente. Esta comisión comprende miembros
del Parlamento, sabios, técnicos del libro y
escritores, y estará presidida por Herriot.
• El doctor Roura, Agregado Económico
de la Embajada Argentina en París, ha
conseguido una medida de gran importan­
cia a favor de las ediciones argentinas en
Francia. Desde hacía tres meses por la
Oficina de Cambios se venían denegando
las autorizaciones de importación y pago
de los libros de -producción argentina, que
últimamente habían adquirido una cierta
difusión aquí.
Las gestiones realizadas por el doctor
Roura han dado por resultado el que en
lo sucesivo serán dadas todas las facili­
dades para la importación del libro ar­
gentino y para efectuar los pagos a Bue­
nos Aires.
• La producción- cinematográfica mexi­
cana sigue alcanzando gran éxito en París.
Ahora hemos tenido ocasión de contemplar
Enamorada, que ha merecido ielogios muy
calurosos de toda la crítica francesa.
• El Gran Premio de Literatura que con­
cedo la Academia Francesa ha sido adju­
dicado este año a Gabriel Maree!, por el
conjunto de su obra.
Esto en lo referente al primer premio;
en cuanto al segundo, la Academia ha
dado a conocer que como ninguno de los
candidatos lia logrado tener la mayoría
de votos, el premio se aplaza hasta el
próximo año.
Gabriel Marcel es un filósofo y un es­
critor. Ha sido el primero que ha .elabo­
rado en Francia una doctrina existencia-

lista original que se separa tanto del
existencialismo alemán como del existen-cialismo sartriano. En las discusiones que
ha suscitado estos últimos años la obra
de Jean-Paul Sartre, tomó resueltamente
posición en favor de lo que ahora se llama
el existencialismo cristiano. Sus principa­
les obras son Etre ct avoir, Journal métaph psique, aparecidos los dos antes de la
guerra, Homo viator, publicado durante
la ocupación alemana de Francia. Es
también autor de un Thé&amp;trc comiquc, cu­
yo primer tomo se publicó .el pasado año.
Además, es crítico teatral.
Además del Gran Premio de Literatura,
la Academia ha concedido los premios si­
guientes: Premio Rroquette-Gonin, a Gaetan Bernoville; Premio Louis Barthou,
a la señora Isabelle Sandy; Premio Max
Barthoua, a Henri Queffelee; Premio Née,
a Albert Mousset; Premio Vitet, a Maurice Bernet; Premio Durclion, a Jean-Marie
Garre y Gabriel Reuillard; Premio Dupau,
a Rachilde, Lucien Fabre, Frédéric Lefe\ re y .Tules Moquet.
• Nos hemos referido en varias ocasiones
a los -acuerdos do principio de la Asamblea
Nacion-al francesa sobre las obras del do­
minio público, que serán imponibles con
una tasa especial destinada a las obras
do solidaridad de la Société des Gens de
Lettres de Frailee. El Consejo de la Re­
pública ha sustituido'dicho impuesto por
una carga sobre la cifra de negocios. Pero
todavía se introducirán n-uevas modifica­
ciones y no se puede decir aún lo que
quedará del proyecto.
• El Consejo de Ministros de Francia
se ha visto obligado a adoptar algunas
medidas contra ciertas publicaciones in­
fantiles y contra las llamadas publicacio­
nes policíacas.
En uno de los recientes consejos de
ministros se lia evocado de nuevo la cues­
tión do la protección de la juventud contra
los “ malos libros’’. Se dice que durante
dicha reunión, el Presidente del Consejo,
Schuman, se expresó así:
‘ ‘ Lo difícil en esta materia se deriva
de que los malos libros algunas veces es­
tán escritos por buenos autores.
• Catorce diplomáticos reunidos, han con­
cedido el Premio de los Embajadores a
Citadelle, de Saint-Exupéry, por 9 votos
contra 4 a Choix de poemes, de Super­
viene y 1 a Hite. Quincy, de Kobert Bourget-Pailleron.
Citadelle es el manuscrito en el cual
trabajaba Saint-Exupéry en el momento
de su muerte. Eo ñama comenzado en
1936; lo había abandonado en 1937 y
vuelto a trabajar en- 1938. Su autor,
en 1944, esperaba consagrar todavía diez
años de su vida a dicha obra y tres o
cuatro a revisarla después de terminada.
• En el Pavillon de Marsan, el Círculo
de Cambios artísticos internacionales ha
organizado los “ Talleres del Gusto’ ’, que
acaban de clausurarse.
Juntamente con testimonios del pasado
que servían para poder seguir la evolu­
ción del gusto, se exhibían las más re­
cientes producciones de verdadero buen
gusto y artísticas.
• En la Galerie C’harpentier se celebra
actualmente una exposición de las obras
de Dunoyer de Segonzac. Esta exposición
es tanto más apreciada porque dicho gran
artista no prodiga mucho sus exposiciones,
y desde una exposición de grabados en
la Nacional en 1937, el público no ha te­
nido más que una visión fragmentaria
de la obra de Dunoyer de Segonzac.
En 1a. actual exposición de Cliarpentier
se agrupa por primera vez el conjunto de
su obra. Primero, 121 pinturas, entre ellas
las primeras obras de los años 1910-14;
después, un conjunto magnífico de des­
nudos, bañistas y remeros, de los años
1920 - 25, paisajes de i ’Ile-de-France;
obras recientes, sobre todo naturalezas
muertas de una fuerza tranquila y segura.
Además de esto, 50 acuarelas, 50 retratos,
en-tre los cuales los de los grandes escri­
tores de nuestro tiempo tales como Gide,
Colette, Fargue, Romains. Finalmente,
aguafuertes de guerra e ilustraciones para
los libros tan prestigiosos como Tablean
de la boxe, La Traille muscale y Lea
Géorgiques.

*

Acaba de Aparecer

H. G. Wel l s

A PROPOSITO OE DOLORES
$ /&gt;.—
Uno de los más famosos escritores ingleses de nuestro tiempo nos hace
asistir a la experiencia atroz de trece años de matrimonio convertidos en
“ el caso de Stephcn Wilbeck contra Dolores’’. Porque la vida es muy
distinta del amor imaginativo, y tiene realidades imperiosas que el autor
analiza valiéndose de las múltiples facetas del matrimonio como de un
* prisma de singular luminosidad y eficacia que va enfocando a to largo
de éste que él denomina “ un relato sobre la felicidad y la soledad del
espíri tu . . . ”

De Publicación Inmediata
en la misma Colección

LA ESCUELA DE LAS MUJERES
por André Gide

ROBERTO

(Continuación del anterior)

por André Gide
Publicados en la Colección La Carabela en el Río

* S a iv o que lo* e s c rib a n p o r m ero e je rc icio
e x p e rim e n ta l «? in tr a s c e n d e n te ,
d e cir, a m o­
do de g im n a sia p o é tic a.

lenguas; porque el soneto es cadu­
cidad poética, mimetización vacía e
inútil con un pasado que no admite
restauraciones, ni históricas, ni ver­
bales- La poesía tiene algo de ser­
piente sublime. En su caminó ascen­
dente siempre va cambiando de piel
y van quedando muchas camisas va­
cías. Ni Rubén Darío fué capaz de
resucitarlas cuando, experimental-,
mente, un día, se colocó dentro de
ellas y se puso a rimar como el A r­
cipreste de Hita, cogiendo como pau­
ta la sonora reja de las cuadernas
vías. La poesía no reconoce —como
las serpientes— pieles ni formas pe­
rennes. Yr es natural que las formas
.y los fondos perezcan, cuando en el
horizonte, cada cielo nos muestra
nuevas y vitales formas de vida.
Que los empecinados y recalci­
trantes sig a n h acien d o g astad a s
acrobacias en los oxidados trapecios,
barrotes y garfios de la rima, que
prosigan su maroma circense o ju ­
glaresca, como quien juega a las
bochas o levanta pesas, que sigan ri­
mando —para ver si les brotan ideas

o imágenes-^- como quien baraja
unos naipes o arma un solitario, pe­
ro que reconozcan que están al mar­
gen de la poesía, que están haciendo
un juego pequeño y desleal a la
grandeza geográfica, cultural y ét­
nica de América, al Río de la Plata
pintado por el cielo y victorioso de
barcos, al Río Amazonas con sus
dos mil quinientas variedades de
peces, a las grandiosas ruinas de
Tiahuanaco, a la cultura de los Ma­
yas, al Partenón tallado en las co­
lumnas de espuma de los mares de
Chile, a los caimanes y a los monos, a
las hormigas blancas y a las garzas
del Orinoco, objetos todos que, día
a día, nos están recordando que aun
rige para nosotros el octavo día de
la Creación y una esperanza funda­
mental, infinita, que precisa una
nueva voz en el delta de muchas vo­
ces, y un nuevo verbo, un nuevo me­
tro, una nueva jerarquía y una au­
dacia creadora que no puede caber
en ese nicho esbelto que es para la
poesía de boj’ el soneto.
A ntonio

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tu ra poética de la gran ciudad re­
líele el soneto. Sólo los hombres in­
sensibles a su grandeza y enquista­
dos en ella como moscas que dormi­
tan al calor de'la campana de una
locomotora gigantesca, pueden es­
cribir sonetos.
Así se explica que Miguel Hernán­
dez, poeta superior, pero aldeano
formado en el pueblo de Oriliuela,
sin mayor cátedra que su gran talen­
to y los libros de clásicos que le pres­
tara el Cura, en este oasis de luces y
frutos del Levante español, haya es­
crito en la serie continuada El Rayo
que no Cesa, los mejores sonetos con­
temporáneos de que hay memoria.
Pero estos sonetos, estilísticamente,
no añaden nada nuevo, si se los ca­
rea y enjuicia dentro de la evolución
de la gran poesía occidental. Pese
a su cielo y a su pulso, quedan, sim­
plemente, a la vera de ella. Porque
el soneto es retroceso estético hacia
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�cabalgata

12

UN ALMA
INGENUA
( Viene th ¡a primera página)

P h hombre moderno tiene la pre*-• tensión —yo mismo lo he pre­
tendido en algún artículo— de que
él es el descubridor del arte, el que
ha adquirido conciencia de algo que
antes se hacía inconscientemente. Y
piensa que, así como las manzanas
ya no caen de la misma manera des­
de que Newton les quitó la inocen­
cia revelándoles las leyes de su caí­
da, el arte ya no es el mismo desde
que se lo ha distinguido de la rea­
lidad.
Ao ahora creo que lo que ha suce­
dido es algo muy distinto. Si los an­
tiguos relacionaban el arte con la
realidad, no era porque confundie­
ran lo uno con lo otro, ni porque
pensaran que el arte debía ser un

se expresa, no por la anécdota, sino
por el más concreto oficio de pintor.
Ya el título de este artículo deja
ver que, para mí, el realismo de Au­
gusto Torres tiene un sentido quijo­
tesco. Este juicio tiene todo el as­
pecto de una metáfora literaria. Y
creo que es una buena metáfora, que
sabe dar vida a la verdad por el pro­
cedimiento delicado de la invención.
Considero que el realismo de Au­
gusto Torres es quijotesco porque,
además de ser un realismo del oficio
de la pintura, es un realismo enfren­
tado a esa naturaleza que el artista
moderno ha desterrado de su mundo
y en la que el propio Augusto To­
rres no cree.
Pero, ¿ cómo es posible que un ver­

gente. Y esta es la quijotada más in­
tensa. contradictoria y milagrosa,
pues también Don Quijote, cuando
se acuerda que es Quijano o Quija­
da, se acuerda también que su deli­
cada princesa no es más que una
hombruna campesina. Sin embar­
go, dice: “ .. .por lo que yo quiero
a Dulcinea del Toboso, tanto vale
como la más alta princesa de la
tierra.”
Augusto Torres puede decir a su
vez: “ por lo que yo quiero a la na­
turaleza, tanto vale como la más alta
invención del espíritu” - Es que Au­
gusto Torres es una persona pictóri­
ca, un estilo enfrentado al mundo,
o sea, alguien que por el camino in­
eludible de su manera puede dar con
lo eterno, con lo que está presente y
ausente de toda manera, que es la
especial e individualísima manera de
ser del universo.
Para referirme con claridad a cier­
tas características de este estilo, ten­
go que mencionar primero algo aje­
no a los problemas estéticos: Como
todos saben, el hombre, después que
pasó la primera infancia, no puede
tener sensaciones puras, o sea, que
le es imposible ver puramente un
color, oír puramente un sonido, por­
que, en lugar de sentir, percibe,
uniendo a sus impresiones, razona­
mientos, recuerdos y ásociaciones in­
conscientes. Yo creo que Augusto
Torres tiene la capacidad de recu­
perar primero las sensaciones puras
del color, para después edificarlas,
no según el procedimiento de la
conciencia práctica impersonal, sino
de acuerdo a las leyes del espíritu,
de su temperamento y de su intui­
ción del arte de pintar. Por eso en
sus cuadros hay junto y por la ver­
dad del estilo una verdad casi física.
Esto me recuerda otra frase que

importancia del asombro cotidiano.
Empecé mi tarea con sesiones de
trasmisión de pensamiento, seguidas
de la venta pública de objetos que
ayudan a dominar, tal el libio de
los demonios, o el agua fatal, o la
fórmula para hacer venir a nuestro
cuarto a la persona amada.
Como la búsqueda del milagro es
sed de dominio, triunfé ante millo­
nes de esperanzados. Yo era el desa­
fiador del más allá y llevaba el pe­
ligro de lo desconocido y la espe­
ranza total despojada de las inco­
modidades de la duda o Tftd pecado
que a menudo acechan a los faltos
de audacia. Me sentía fuerte porque
teniendo en mis manos al prójimo,
podía mejorarlo. Repentinamente,
tan benel’actora armonía se rompió.
Yo no sé si fué la soledad, producto
de mi natural orgullo, o que el mal
convirtió ese orgullo en confusión
y locura excesiva. Me sentí descon­
tento. Ya ni mi inteligencia mante­
nía su discreción ni tenía ánimos
para seguir con la obra emprendi­
da. Una rara indolencia me hacía ir
perdiendo la fe en el prójimo. Como
luego se vió, todo era síntoma de un
inquietante plan que se gestaba coli­
n a mi espíritu. Lo que sucedió fué
premonitorio- Durante una de las
pruebas de éxito que ejecutaba ha­
bitualmente —una paloma saliendo
de un bastón hueco—, el animalito
había muerto. La muerte se había
producido por asfixia, pues el diá­
metro del bastón en el que está en­
cerrada es singularmente pequeño,
A ugusto T orres . V isió n d o c iu d a d .
y la paloma sale impulsada por un
resorte. Interpreté la desgracia a sí:
la paloma era yo sacrificándome pa­ documento del ser o aparecer de las
ra mejorar a los demás en el asom­ cosas naturales tales como nosotros
bro. Pero a mi vez había vivido se­ las vemos y pensamos. Lo que suce­
parado de ese mismo prójimo, cuya día era que lo real tenía otro sentido
inocencia y fantasía quería estimu­ para ellos, o mejor, que ellos vivían
lar. Esa muerte señalaba el comienzo realmente en otra realidad. El mun­
—*~-,o
torc'ienúo mi destino, vil*- do de la verdad era
.to'iiiv
cendería de desorden mi corazc . par:'. Hornero ! mundo (le su¡&gt; héroes
Me indicaba que desde ahora el y dioses, y las leyes que lo gober­
prójimo tendría que ser yo. Alguno naban eran las leyes de la Poesía.
tendría que ocuparse de mí.
El griego, el egipcio, el cristiano
primitivo,
vivía en una realidad cer­
Cuando abandoné, perplejo, el
P or G UI D O C A S T I L L O
teatro donde actuaba, caminé dis­ cana, porque las piedras, las aguas,
los árboles y las estrellas y las hor­
traído por las calles céntricas. En
los bares levemente perversos, y muy migas tenían un claro sentido espi­
ritual y un viviente misterio, que
tristes, innúmeras parejas entraban
(como podría decir Torres García)
buscando no sé qué sucedáneos. Al
verlas, recordé a -Misa. ¡Misa! Sin guardaba en sus recintos la imagen
duda, era hermoso su nombre, me del hombre universal, la palabra de
gustaba su elegancia ficticia y su lo humano objetivo.
Nosotros, por el contrario, hemos
aire vulgar. Cuando, durante las
Iranquilas horas de la tarde, la visi­ pesado y medido muy bien a nues­
taba en el prostíbulo de Villa Cres­ tro mundo y, de tanto contarlo, ya
po, yo no suponía que era la más casi se ha convertido en moneda co­
insoportable de las criaturas. Es do­ rriente.
Se comprende que en este tiempo
loroso tener que matarla, pero les
de
economía y maquinaria el hom­
aseguro que lo haré tan sólo para
que no se glorie más de su perver­ bre se sienta vegetal entre árboles de
sidad. También lo lamento porque hierro, que su vida transcurra en
Misa es nombre de 2nujer que usa una triste animalidad enferma, y
flores en el sombrero. Pex-o, ¿qué que su arte exprese una subjetividad
habría yo de hacer si lo que está en deforme o que se refugie en una es­
tética, que de tan fina se ha que­
juego es la salud de mi alma ?
dado escuálidaPero, ¿es posible un arte realista
La miraba pensando en esa re­
en
el mundo de este tiempo? Sin
gión de la oscuridad, que así llama
contar
que para el arte no hay nada
Job al infierno- Después, el mal es­
imposible,
yo diría que aquí en el
taría iicel. Me dormí a su lado y
Uruguay
y
precisamente en la es­
tuve un sueño más claro aun que la
muerte de la paloma. Yo era Adán. cuela de Torres-García, se ha llegado
A ugusto T orres . In te r io r .
Eva, después de haber comido el a un nuevo realismo, que de tan nue­
vo
es
el
mismo
de
siempre
porque
fruto prohibido y haberlo hallado
delicioso, trataba de hacerme parti­ se dirige a lo universal y no a lo apa­ dadero artista haga lo que no cree’ Don Quijote dice de Dulcinea:
cipar de tal conocimiento. Yo no rente, porque mira el mundo de las Yo, cambiando la pregunta, d iría: “ Ella pelea en mí y vence en mí,
quería ni tenía el menor interés por cosas en lo que tiene de mundo y (como podría decir Torres-García) y yo vivo y respiro en ella, y tengo
xnás que Eva apelaba a las caricias, no de cosa, porque es, antes que to­ salga a la defensa de un mundo que vida y ser.” En esta afirmación
atenciones y argucias comunes en do, un realismo de la materia este- él sabe que es todo vulgaridad y maravillosa que sintetiza toda pro­
roda mujer. Me convenció y comí el tica que enlaza perfectamente la mentira ? La respuesta es evidente: funda razón de ser, hay, a primera
fruto fatal. Cosa extraña, en des­ esencia de la obra de arte con el Don Quijote defiende la mentira vista, un grave error gramatical,
acuerdo con la tradición que circu­ procedimiento artístico.
Augusto Torres pertenece a esta porque él tiene la verdad en su al­ pues Don Quijote parece repetir in­
la al respecto, yo no sentía el menor
escuela y es, sin lugar a dudas, un ma de artista, y esa verdad vivifi­ necesariamente la palabra vida. Pe­
arrepentimiento y sí un gran bien­
gran discípulo de un gran maestro, cante saca a Dulcinea de la nada de ro, si nos fijamos bien, veremos que
estar. No obstante, me veía arrodi­
cuando Don Quijote dice que vive
que para ser un verdadero discípu­ Aldonza y la crea para siempre.
llado, disculpándome ante Dios con
De la misma manera el pintor, en y respira, se refiere a lo más vital de
lo
hay
que
tener
una
verdadera
per­
estas palabras: “ Señor: es la com­
sonalidad, de la misma manera que este caso Augusto Torres, mira la una vida física, sugerida por la idea
pañía (Eva) que tú jne has dado
para ser original hay que saber re­ naturaleza con toda la verdad de la de respiración; v que, por lo con­
quien me ha presentado el fruto del
petir lo que siempre se dijo, rehacer pintura, y desde toda una tradición trario, cuando dice que vive y tiene
pecado, y como no podía entriste­
■pstética y metafísica, que quizá toda ser, es como si dijera que vive y tie­
lo
que siempre se hizo.
cerla rehusando, yo eoxní.” Eva (te­
En otra ocasión he señalado que estética se resuelve en metafísica y ne mundo y alma y vida eterna.
nía el rostro de Misa) oyó mis pa­
en esta personalidad de Augusto toda metafísica se integra a la Poe­
De la misma manera, si Augusto
labras y juró vengarse. Lo hizo en­
Torres se destaca un realismo muy sía.
Torres
vive y respira en la naturale­
tregándome a los ángeles apóstatas.
Indudablemente que Augusto To­ za, también en ella tiene su vida y
especial y, por lo mismo, muy uni­
Desgraciadamente, no presté aten­ versal, que tiene la sabiduría o la rres pinta confiándose a lo que ve,
ser que es el valor abstracto de
ción más que a la primera parte del magia de dar la apariencia natural pero él sabe perfectamente que eso su
la pintura.
sueño. Al día siguiente abandoné de las cosas como acabadísimo refi­ que ve cuando pinta no lo ve todos
namiento de una imaginación que los días y menos aun lo ve toda la
Montevideo, Mayo.
( Continúa ti i la columna 5*)

rrn m

mis

L a pintura de
V LL SENTIDO QUIJOTESCO
DEL REALISMO

(F in ir de la primera columna)

para siempre el teatro y me convertí
gracias a una regular herencia, en
un joven de buena familia, y distin­
guido. Volví al prostíbulo, y le ex­
pliqué a Misa que la quería junto
a mí. Me miró fríamente, y contestó
que ella era una criatura rencorosa,
cuya vida siempre estuvo mezclad:
con el drama. “ Es probable —agre
gó— que si te ganas mi confianza en
poco tiempo sabrás a qué atenerte
y te arrepentirás. Además, te ad­
vierto que es norma que los pobres
seres sugestionados por el amor acu­
dan a mí. También te traicionaré” .
“ Ya nada,me importa —respondí—,
no puedo echarme atrás” .
¡Ay de mí! Desde entonces, fue­
ron incontables las torturas que tu ­
ve que soportar. El principal y más
maligno goce, era excitar mis celos
con sus amigos yantiguos clientes:
Misa savoit tout citarmer:
H‘etoit la flcar nouvelle;
A ul nc pouvoit s ’abstenir de fortncr
Tous les dcsirs, tn la voyant si bello..
E t de 1‘aimer
Quizá se aburran ustedes con mis
quejas y hasta las juzgarán tardías.
Pero, realmente, nadie podría reco­
nocer en mi estado actual al hombre
de entonces. Yo era casi hermoso con
mi chaleco de fantasía y mis manos
finas y habilísimas. Tenía, asimismo,
ese aire calmo y dulce que tan poco
se ve actualmente. Iloy no soy el
mismo. Me he afeitado el bigote que
orgullosamente ostentaba, y mis ca­
bellos castaños han emblanquecido.
Cuando empezó a escasear el dinero
de la herencia, Misa me torturaba
aconsejándome cosas terribles, tales
como asesinar viejecitas dueñas de
casas de pensión, asesinar solitarios
caballeros que circulan de noch'
calles apartadas llevando e- -.- j su
dinero. No, no. La «ataré con gus­
to, y aun'",Ven mi familia hubo diez
cosos je alienación mental, sé quesólo
me podrá achacar una res
.sabilidad muy limitada. Pobre
de mí&lt;que tuve la desgracia de caer
en
de una histérica. Cuando
Alisa uot;
..:r podría perderme,
me entregaba a ios -r-aís-v irí Ini­
ciales. Fui eterómano. Era delicioso
estai- así, en los brazos que yo ama­
ba. Se tienen visiones, sensaciones.
Estaba a mi lado y yo la veía y de­
seaba más joven, más bella. Tam­
bién yo era un héroe. Misa me de­
cía: “ Toma, bebe” . Y yo bebía y
pensaba en ella. Una vez quise huir,
pero la sofci presencia de Alisa me
hacía sentir derrotado. La odiaba,
y ella no quería de mí más que el
poco dinero que quedaba. ¿Qué era
yo? Un pobre perro, golpeado, dó­
cil y sumiso que se dejaba arañar
por las uñas de Alisa. Quiero librar. me. lie de hacerlo.
Anoche tuve un nuevo sueño que
continúa el anterior. Volvía a ser
Adán, pero castigado por pecar, pa­
saba muchísimos años en un arroyo
pestilente, cuyas aguas me llegaban
hasta la boca. Cerca mío, Eva (Ali­
sa), con modales de mujer prosti­
tuida, se entregaba a ciertas apa­
riencias obscenas en cuyas caras des­
cubría yo a los antiguos amantes de
Alisa. Si no lo hago hoy mismo, creo
que enloqueceré. Saldré con ella y
nos detendremos ante el café'donde
Alisa suele reunirse con gente de su
calaña- Ella entrará al café, y pues­
to que me domina, me dirá que es­
pere afuera. Yo esperaré, pasax-án
las horas y llegará la noche. Yo se­
guiré esperando, pero no entraré
porque una palabra de Alisa es una
orden, y yo soy su esclavo. Hablará
con sus amigos y aunque me vea
afuera, seguirá riendo. Cuando Aíi
sa salga, yo le compraré un rami
Hete de violetas que ella me arroja­
rá al rostro con injurias cada vez
más bajas y ordinarias. Esto será
el final, lo juro.
Como ustedes han visto, mi con
fesión es avergonzada y tiene el si
no de la humildad. Pero eso no
todo, pues carece de lágrimas. An
bien, mi corazón está lleno de i
lera y puesto que quiere matar, pu«.
to que el que ama la iniquidad od
su alma, esta confesión no es en t
finitiva, más que la defensa de i
propia locura. ¡Alaldito pecado!
At rerto Girri

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                <text>Paz, Juan Carlos&#13;
Undurraga, Antonio de&#13;
Girri, Alberto&#13;
Morosoli, Alfredo&#13;
Bet Amar, León&#13;
Cotta&#13;
Paseyro, Ricardo&#13;
Seidel Canby, Henry&#13;
Rojas Paz, Pablo&#13;
Durand, Luis&#13;
Ghiano, Juan Carlos&#13;
Oteiza, Jorge de&#13;
Salazar Bondy, Sebastián&#13;
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                    <text>nuinoro

REDACCION

Y

ADMINISTRACION:

Año III
Juni&lt;*

’erú 973 - Buenos Aires - Teléf. 34-2384

O ||
i¡ P

19 4 8
2‘'•Epoca

Precio del número: $ 1. moneda argentina
Suscripción an ual: $ 10. moneda argentina

ü 1\ M O RIIA L

La Nueva
E§@OEL

DEL PERÚ COLONI AL

de Compositores

fr a y PramcSse® dleD ©sisuni®

Norteamericanos

Por ROSA ARCINIEGAS
Por AARON COPLAND
r ray Francisco del Castillo — al parecer, le sobraría el “ fra y ” porque

í sólo llegó a ser lego del convento de la Merced de Lima, pero así le deno­
minaron sus contemporáneos y así le reconoce la historia literaria del Pe­
ni
fue un epigramista y repentista popular a quien nuestro tiempo
actual, no obstante todo eso de “ por el pueblo, del pueblo y para el pueblo”
i que se dice aspirar tanto en política como en arte, negaría el título de
poeta. Le llamaría
sobre todo, sabiendo que era ciego— coplero, roman­
ero, versificador, pay ador, etc.; cualquiera de esas cosas despectivas en el
ondo, que se le suelen llamar al poeta a lo “ Martín Fierro” que canta con
frase pelada lo que le peta cantar, que recita como recita el pueblo — o para
jue el pueblo recite con él , que no usa papel ni pluma v que tiene el don
iel repentismo a flor de labio.
Esto del don del repentismo o de el mote de “ E l Ciego de la Mer­
i improvisación, puede no tener
ced” . Claro que, leyendo atenta­
íingún valor entre los poetas erumente los versos que de él han. lle­
litos y los críticos, pero lo tiene
gado hasta nosotros, cuesta cierto
-extraordinario— ante el. pueblo,
trabajo creer, por determinadas alu­
i tal extremo que, para éste último,
siones a objetos difíciles de imagi­
ao sería en realidad poeta aquel de
nar sin verlos, que aquel epigramis­
juien supiera que, para componer
ta mordaz jamás hubiese gozado del
ana estrofa, tiene que sumergirse
maravilloso sentido de la vista; y
Jurante horas en la soledad de su
aun se nos antoja extraño que, sien­
orre de marfil y corregir y agregnrf
do ciego, fuese admitido en el con­
i pitíai- y quitar, hasta dejarla .aviavento mercedario como lego. ¿ No se
la. El pueblo ha tenido y sigue tería lo más probable que la leyenda
íiendo la creencia de que el poeta
popular, en su admiración por el
‘habla en verso” en cuanto quiere
vate que tanto le divertía, echara a
1esté en trance, y esa virtud mistevolar la especie de que “ el ciego de
'iosa es, cabalmente, la que él admi­ la M erced” lo era de nacimiento a
racon asombro y venera con respeto
( Continúa en la pág. 5.)
■eligioso. Si admira y respeta más
&gt;quien le ofrece largos poemas por
scrito es, generalmente, porque cree
jue éste tiene la facultad de improisar todo aquello con la misma senillez con que el repentista a quien
conoce improvisa sus cantares, deci­
os y epigramas.
Fray Francisco del Castillo fué,
orno se ha comenzado por decir,
no de esos improvisadores o repena b l a r de m e n s a j e en una obra
stas que hacen sus versos a la vista
pictórica debe parecer rebusca­
lisma del pueblo y aun a incitación
miento
metafórico, por eso creo con­
d pueblo — con temas y estribillos

C

J. B á t e l e P l a n a s . L os m e c a n is m o s d e l n ú m e r o . 1945

EL MENSAJE PLASTICO DE
J. B A T L L E
PLANAS

H

Por ADOLFO ESTE
veniente comenzar por aclarar el
título de este trabajo. Siempre he
considerado que la obra de un artis-

«fijados— y por eso parece que su
ima fué inmensa entre la masa po­
dar de la Lima Colonial'del siglo
roí, masa heterogénea y alegre de
láñeos, negros, indios, mestizos,
holos y zambos jaraneros que se
•prendían de memoria y repetían,
lespués, por callejones y plazuelas,
anchas de las atrevidísimas coplas
jue aún hoy sabe todo el mundo en
Urna y las repite “ sotto voce” — la
gazmoñería de nuestro siglo no las
oleraría por escrito— sin saber cuya
s su paternidad.
De Fray Francisco del Castillo es
loco lo que se sabe y este poco gra­
bas a la diligencia del venerable pa­
triarca de las letras peruanas don
Acardo Palma, quien, husmeando
•'orno siempre entre polvorientos pa­
gotes y periódicos de antaño, dió
ion1el número 43 de la “ Gaceta de
hima” , correspondiente al 27 de
enero de 1771 y, en ella, con la úniCa noticia biográfica existente sobre
lego mercedario. Fray Francisco
era limeño, había nacido en 1714,
Egresado como lego en la Orden de
•nestra Señora de las Mercedes y
alleció en diciembre de 1770, a la
'dad de 55 años
Pero lo extraordinario de este
. a Popular es que era -ciego; y
3 ’° a creer en la noticia biográ,lea antes mentada— de nacimien?’ P°r cuya razón, tanto como por
p n°mbre de “ Fray Francisco del
-'astillo ’, se le conocía en Lima por

contaba yo veinte años,
era enorme mi interés por lo que
producían otros compositores jóve­
nes de mi generación. Aun antes de
haberme familiarizado con nombres
como los de Roy, Ilarris, Roger Sessions, W alter P istón y los dos
Thompson, ya me consideraba yo
instintivamente como miembro de
una “ escuela” de compositores. Sin
el esfuerzo conjunto de un grupo de
hombres no hubiera sido posible dar
a los Estados Unidos música propia.
Ahora mis contemporáneos y yo de­
bemos contarnos entre los padres
espirituales de una nueva genera­
ción de compositores. Pero perso­
nalmente yo encuentro que mi inte­
rés por lo que los jóvenes producen
es tan vivo como lo fué antaño. Es
evidente que no se puede lograr la
continuidad tradicional de la mú­
sica creadora en país alguno sin una
constante renovación del material
humano, por lo que cada década
produce una nueva hornada de com­
positores.
A juicio mío, una de las funciones
más importantes de los que se con­
ceptúan a sí mismos guardianes de
la tradición musical, particularmen­
te en nuestro Hemisferio Occiden­
tal, donde el movimiento musical
creador es joven todavía, consiste en
observar y alimentar cuidadosamen­
te las delicadas raíces de la genera­
ción más joven.
En los Estados Unidos los jóve­
nes compositores surgen por todas
partes. Mi impresión es que nos ha­
llamos precisamente en los comien­
zos de la explotación de nuestra
potencialidad creadora. La genera­
ción de 1930 — Marc Blitzstein, W illiam Schuman, Samuel Barber, Da­
vid Diamond y Paul Boxvles— ya
está perfectamente establecida. La
de 1940 — que es de la que me voy
a ocupar en este-artículo— está sien­
do estimulada con premios, encar­
gos, becas, donativos y a veces con la
representación de sus obras.
A l contrario do los compositores
de mi generación, la mayor parte de
estos jóvenes no han estado en Eu­
ropa. Pero Europa ha venido a ellos,
porque muchos han tenido contacto
personal con maestros como Stravinsky, H indem ith, S ch oen berg,
Milhaud y Martinu, todos los cua­
les viven y trabajan en Estados
Unidos. Sería ciertamente extraño
que la presencia de estos maestros
contemporáneos no hubiera ejercido
cierta influencia sobre la más joven
generación de compositores norte­
americanos. Mi propia generación
sentía poco interés por la obra de
sus antecesores: Mac Dowell, Chadwick o L oeffler; su influencia en
nuestra música fué nula. Hoy día
los jóvenes compositores norteameri­
canos están probablemente tan in­
fluidos por Ilarris o Schuman co­
mo por Stravinsky o Hindemith. En
general, la obra de la última gene­
ración representa una amplia varie­
dad de gustos en la composición más
bien que una tendencia unificada.

R a m ó n G ó m ez C ornet.

Niña. (O leo).

(Ver artículo de Romualdo Brughetti en la página 16.)

ta vale por lo que nos dice de su
propia personalidad, por lo que nos
relata y nos predica, por las cosas
desconocidas que nos revela. Todo
verdadero artista lanza en el acto
de la creación una sonda en la pro­
fundidad del misterio y en este sen­
tido su obra es un mensaje! Si toda
obra de arte debe ser concebida co­
mo mensaje, ninguna mejor que la
de Batlle Planas, quien ha elegido la
imagen y el color como los medios
apropiados para confiarnos sus des­
cubrimientos, hechos al incursionar
en ese mundo oscuro del incons­
ciente, el mundo de los misterios que
pese al psicoanálisis, no es territo­
rio apropiado para el hombre de
ciencia, sino para el artista.
Si la obra del artista fuera so­
lamente importante en cuanto nos
revela un mundo ignoto, no mere­
ciera el lugar tan especial y alejado
de lo científico que le ha dedicado
el hombre. La tarea fundamental
del artista es otra: con el material
en bruto obtenido en el campo de lo
desconocido, construye un objeto
nuevo y real, dotado de vida pro­
pia, independiente, nunca antes
ofrecido por la naturaleza en forma
espontánea; ese objeto constituye la
obra de arte. No hablo precisamen­
te de “ obra bella” porque el con­
cepto de lo bello ha sido reducido
por la frecuentación popular a una
connotación muy limitada, que im­
pide señalar la universalidad que
caracteriza a la obra de arte.
Siguiendo con este breve preám( Continúa en la pág. S.)

uando

( Continúa en la pág. G.)

�ca b a lga ta

2

Y a el tambor de los llanos no es su lecho;
los cascos redomones no repican su nombre hacia el
no tiembla ya esta pampa
[coraje;
sobre su pecho universal de las guerrillas;
vedle bajo la luz violada por la múerte
erguido entre las sombras indomables
con su carne que tiembla ante los ritos
que devoraron las constelaciones;
vedle otra vez fugado del retrato
con el tajo de un siglo entre él y la Patria.

N e v e r m o r e
But the silence teas unbrokcn,
and the stillness gave no token.
E

L

dgar

A

llax

F

oe

Palabras surgieron
con su golpe de arañas.

as

Era un
trágica
erguido
girando

El día despeinaba las cabelleras de alabastro,
el día, el d í a ...

sinfín violeta,
luz de crinolina y rayos,
sobre un plano,
entre medusas sobre el sueño del día.

La Dama descendió de su lomo del libro
inclinando hacia el muro fosforado
la cabellera de la ausencia e te rn a ...
Las Palabras, perfumadas arañas invasoras,
(nevermore, nevermore, nevermore,)
ojos de tul y patas de locura,
impelían el plano de la escena variante y tornavientos,
lúcida y espectral,
como un geómetra decantado y de pie
sobre el punto del tiempo.

Segundo l’ nema para mi Abuelo el General

¡ Otra vez, General, llegado en la mirada de los héroes;
el paso está de lanzas y retamos
bajo el clarín paisano de tus h om bres... !

Acaso todo fué olvidado,
saqueado, carcomido.

Galopad, galopad,
entre la brupta sinfonía que cercena batallas;
el viento arroja las cabelleras de los muertos
hacia el Sur infinito.
Alguien ha desmontado los corceles
y los facones danzan ante la túnica escarlata.

El General fugado del retrato
hundió su carne temblorosa
en otra sombra que esperaba
bajo las blancas garras de la lám para...

He ahí el pasadizo hacia el espanto,
aquel que el mar pisara
con su paso de albatros ten eb roso...
Ama en él a la sombra, que abrace tu cintura,
acaso sea el anuncio
que fué decapitado junto a ti,
que ya no eres de amor, N everm ore...
Escucha como el día destruye para siempre
al vidrio deslumbrante de la m u e rte ...

El General ha regresado,
ha enguantado la mano traicionada,
y un anillo de fuegos resurrectos
cierne a su corazón entre fantasm as...

N U E V O S

P a s e o

donde no se habita, frío espacio que no tocamos,
piedras en las que no respiro, opacas avenidas.

O E L

1
i

La estrella de tu suerte se disuelve
como un diamante de agonía
que ha caído en el mar,
y los caranchos surgen
desde la luz gaseada del espanto;
el puma limpia sus sueños amatistas
y mira al cañadón atropellado
por un río de sombras sin aperos,
como un torrente definitivamente trágico.

El General lleva otro rostro,
un rostro solo, como el galope de la muerte;
un rostro como un ámbito
recorrido por rayos y vidalas;
un mapa de llanuras y fogones
bajo la advocación de la esperanza...

Pero el silencio no fué roto
y la quietud era una danza
con su paso de dama
y su mano de plata como un ala.

E l

Si acudí para verle en esta noche,
traigo mi propia luz para besarle,
y mi potro auroral está presente
piafando entre profetas y v ictoria s...
Recorro entre los astros el trayecto funesto
y veo cómo acuden al signo de su mano
las tacuaras del Tala,
y cómo muerde el casco del bagual
sobre la ardiente brújula liberta,
sobre los yelmos n e g ro s...

El General ardió en la noche,
y la mano de insomnio con su guante de fósforo
abrió la primer puerta.

La Dama señaló con su mano de plata
y el ala negra y fina
batió la espuma cruel hacia la a u ro ra ...

P O E T A S

Aguardad, Nevermore,
el día ha prometido,
entre tanto,
abrázame y dancemos como leopardos ciegos;
giremos y giremos
entre las Palabras perfumadas. . .
La Dama ya nos cubre con sus cabellos de lo eterno
y el ala negra; y fina se tornará en silen cios...
Ved el muro de fósforo que crece y no es el día, Nevermore,
no es el d í a ...

Ju a n Carlos A . de La Madrid

P E R U

de un extraño perfume,
entre nosotros,

el alma desusada comienza, la dicha silenciosa penetra,
saluda a las estrellas.

en un desnudo
cíarto.

stros

En el carbón y los diarios inflexibles, como el humo
soy que escapa a la vieja; argamasa del hogar.
La ciudad es una helada cuadrícula, un pensamiento
agudo y persistente que rayara con la pureza de la mañana.
La ciudad es ya un alegre tren, un silbido de oro,
un fuego rápido y deshabitado al pasar los andenes.

El aire se rompe, adelgazado en entusiasmos de paloma,
el pobre aire se escapa — la voz sumergida en el cuerpo— ,
el aire al aire se da, en su mismo deseo y presto aullido,
en su lejano silbo.
La antigua sed que se incorpora, el paso que nos lleva,
la cosa total que nos derrumba- La suma del silencio y la figura
— mar que nadie ha visto— ,
la sola herida que ante tanto abandono se cierra.
¡A y , la grave gravedad que me llevo, el alma que me llevo!
Curios Alfonso Ríos

Una puerta que se abre sobre lo inesperado.
Ja v ie r Snlnguren
%

Librería Enterrada
uÉ libros son estos, Señor, en nuestro abismo, cuyas hojas
Estrelladas, pasan por el cielo y nos alumbran?
Verdes, inmemorables, en el humus se han abierto, quizás
Han acercado una oración a nuestros labios
O han callado tan sólo en sus sombras, cual desconocidos.
Naturaleza que ora aún en ellos, a sus signos
de hierro se arrodilla, con flores en el vientre,
Por el humano que al pasar no los vió en el polvo,
No los vió en el cielo, en la humedad de sus grutas,
Y se vinieron abajo como un bloque de los dioses.
De entonces sólo queda en ellos un verde velo
De armaduras de brazos enjoyados y corceles que volvieron
A su nobleza de esqueleto entre sus hojas.
Y olmos abatidos, tunas de la guerra, gloria y rosa,
Duermen también en ellos, cubiertos de invernal herrumbre
Y sólo hasta sus viejas letras, muy calladamente,
La sutil retama o el lirio de la orina acuden,
Y una mano azul que vuelve sus páginas de sodio
Entre las rocas y avienta sus escamas a la Muerte.
JMe permitiréis, Señor, morir entre estos libros, de cuyo seno
cubierto de aroma mana el negro aceite de la sabiduría?
Jorge Eduardo Elelson

O

P o e m a
el sueño se abandonan los huesos a su propio silencio
Ey hay
un ave muda volando en su tamaño, ¡ ave buscando todavía !
n

El día tremendo en que intensamente te busco
se agita el cuerpo en su misma luz dormida, herida de buscarte,
y te sueño dulcemente escondida entre la sombra y el agua,
abandonada, tendida y quizá muerta.
Llegaremos, tal vez, a lo secreto, ungidos de terneza y vertical
[altura;
al alba la flor se vuelve y mira, se adormita la palabra
en la rosa abierta;

Las

S u e ñ o

-

Cuando los labios
y el cuerpo
han terminado,
ella busca tus manos,
las roza,
y entonces llega el sueño,
sin prodigio,

Al a n o s

y sin ensueños,

M

i mano como enorme plomo esculpido, tu mano
como noble antigüedad
en nuestro beso profundo o en nuestra caída permanente,
podrían parecem os si quisiéramos
algo que^Dios lloraba
bajo las dulces sábanas conyugales
cubiertas serenamente por aquella arena del sueño
que pesa, avanza y se hunde enrojecida.
Mi mano y tú por ella. Mi mano
sobre la infausta cólera en invierno,
hasta ayer envuelta en sus dolores, en su fuego,
atada al corazón lejano se hermoseaba.
Mi mano, la tuya también,
tristes muertas a quienes nadie llama ni comprende.
SrbuHtiún Sala/ar Ilondy

La Afuerte de los Negros

N

o vade decirlo, en el barco no hay cuchillos
y los negros se persignan oscuros en desvelo.
Pues, los vi, los veo en la inmensa nariz,
en la frente chata de Harlem incendiada.
¡ Hoy han linchado á cuatro negros,
cuatro hermosas ^columnas venidas desde el cielo!

Hoy han linchado a cuatro negros.
Y sus mujeres devoran los párpados abiertos.
Y el río ha estado muy bello en su silencio.
Y el río ha preparado el pesado funeral
para estos hijos de Dios atados a sus alas.

cuando los labios
y el cuerpo
han terminado.

H o m b r e
Yo era un niño entonces,
y nada comprendía.

i

Creí que sólo amistad era
un apretón de manos vigoroso.
Creía que el amor con que soñaba
era tener tu cuerpo junto al mío.
Pensaba, ai ver a los borrachos,
que sólo el vino emborrachaba al
[hombre.
Pero yo era entonces sólo un niño,
y nada comprendía
de esas cosas que un niño aprende
[pronto
al convertirse en hombre.

I*
L

anciones

Yo, a su lado, le cantaba,
¡ Hoy han muerto a cuatro negros,
columnas de Israel caídas sobre el tiempo!

canciones en la oscuridad.
Ruúl Deústua

Me dijo,
no comprendo

5

POEMAS
de

LANGSTON HUGHES

U n o
Sólo,
como el viento

Sólo,
como una botella

en las praderas

en una mesa,

de Lincoln.

toda sola.

D e s e o
El deseo fue a nosotros
como una doble muerte,
prontamente agonizando
en el fundido aliento,
exhalación

las palabras.
Le respondí,
yo canto
sin palabras.
Versión castellana de Jubo Gihr-

�ca b a lg a ta

E

N T R E las tantísimas noticias
que nos llegan de la desgarrada
Europa había una, hace poco, anun­
ciando en breves palabras la muer­
te de un artista, ocurrida en Sue­
cia, quien, en su tiempo, representó
un poder político en la Alemania
del Kaiser Guillermo II. Sus cari­
caturas agudas, temidas en el mun­
do oficial y festejadas por la opi­
nión independiente, forman parte
integral de la historia cultural
europea de aquellos años.
Es un deber ineludible realzar
la memoria de este espíritu com­
bativo poco menos que desconocido
por las generaciones recientes.
E.n el mes de diciembre de 1942
escapó de Oslo un anciano busca­
do por la Gestapo alemana: Thomas Theodor Heine, pintor y dibu­
jante, nacido en Leipzig el 28 de
febrero de 1867. Llevando en su
mochila unos pocos utensilios, atraVc- a las montañas nevadas limí­
trofes a Suecia y arribó a Estocolmo donde lo esperaban unos ami­
gos. Fué ésta su tercera fuga de
Hitler y sus sayones; desde el co­
mienzo del “ Reich Milenario” tu­
vo que empezar, por tercera vez,
a r e c o n s t r u ir su vida, y esto a
la edad de 75 años. Había dejado
en Noruega el manuscrito de un
libro, escondido dentro de un mu­
ro, el cual, un año más tarde, iba
a llegar clandestinamente a sus
manos en Estocolmo. Este libro, in­
titulado “ Espero milagros” y pu­
blicado en 1944 en sueco, resultó
el “best seller” de Suecia de aquel
año. Desde entonces aparecieron
versiones en ocho diferentes idio­
mas.
Casi cuarenta años antes, en
círculos gubernamentales de Ber­
lín hubo gran agitación; un diplo­
mático chino, después de haber
vuelto de Alemania a su patria, ha­
bía afirm ado: “ Hay dos poderes en
Alemania, o sean el Kaiser y Thomas Theodor Heine.” No era esto
muy del agrado de la corte de Gui­
llermo II porque no carecía 'de
verdad: Heine o más bien su re­
vista satírica “ Simplicissimus” sig­
nificó una fuerza poderosa en A le­
mania, ampliándose su populari­
dad cada vez más merced a seis
pleitos por crimen de lesa majestad.
Dirigiéronse sus ataques irónicos,
ante todo, contra la rimbombancia
prusiana y el continuo chacolotear
de armas.
Este artista singular cuyo lápiz
era más temido que una docena
de diputados opositores del Reichstag, vivía en el sosegado retiro de
su casita campestre a orillas del
Ammersee cerca de Munich, en
compañía de su fa m ilia y sus

cabalgata
REVISTA MENSUAL DE LETRAS Y ARTES
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T. A. 34 -23 84
B uenos A ires

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• Bueno* Aires

El

terremoto de

M e ss in a . (1 9 0 9 ).

' ‘ Todo estaba tan bien preparado para una guerra. /Ahora viene este tonto y hace
un terrem oto! Toda la humanidad vuelve a fraternizar y para nosotros no queda nada.”

£ i poder de la Q arieaíu ra

Por HELLMUTH N. BACHMANN

“ Mópse” (perros doguinos enanos,
siendo él y el poeta Karl Wolfskehl los únicos que podían jactar­
se ser dueños de perros de tal raza
casi extinguida). Una vez por se­
mana solía viajar a Munich para
presenciar la reunión de redacto­
res del “ Simplicissimus” con los
que decidía el contenido del núme­
ro siguiente del semanario. Raras
veces participó en manifestaciones
públicas, como en general no an­
heló captarse popularidad; sin em­
bargo era un poder público.
Heine inició su carrera artística
con el estudio de la pintura en las
academias de Dusseldorf y Mu­
nich. No conformándose con los es­
tériles modales académicos y la
“ salsa parda” — como ¡ fué califica­
da burlonamente la orientación
pictórica de aquellos tiempos— se
incorporó al pequeño núcleo de
pintores independientes que traba­
jó en la aldea de Haimhausen cerca
de Munich, conjunto éste al que
ta m b ié n pertenecieron el su e co
Gustaf Ankarcrona, joven de dones
extraordinarios, y el paisajista ale­
mán A lf Bachmann. La pintura
“ Plein air” le brindó impulsos; ade­
más comenzó a dedicarse en mayor
grado al dibujo colaborando en la
r e v is ta h u m o r ís tica “ Fliegende
Blatter” . Era la época en que los
dibujantes, bajo la influencia del
arte del lejano oriente y otros ele­
mentos, se entregaban a la manía
del ornamento (ejemplos caracte­
rísticos: Aubrey Beardsley en In­
glaterra y el “Jugendstil” en A le­
mania) ; Heine, por su parte, supo
rematar tal tendencia peligrosa in­
troduciendo el ornamentalismo en
la caricatura y así, con el correr
de los tiempos, llegó a crearse un
estilo muy individual.
En el año 1896 realizó un pro­
yecto que debió satisfacer sus am­
biciones artísticas y cívicas: Jun­
to con el editor Albert Langen fun­

dó el semanario satírico “ Simpli­
cissimus” con el famoso distintivo
del rojo perro doguino, dibujado
por él, e inició su lucha contra la

prepotencia y altanería del impe­
rialismo alemán y la servil burgue­
sía. Disponía de los mejores ayu­
dantes, entre ellos los dibujantes
Rudolf W ilk e , K a th e Kollwitz,
Bruno Paul y Eduard Thbny y los
escritores Ludwig Thoma, Frank
W edekind y Karl Kraus. En años
posteriores vinieron a colaborar
caricaturistas como Karl Arnold,
el noruego Olaf Gulbransson, el
sueco Blix y muchos otros.
Para el “ Simpl” no hubo nadie y
nada sagrado ya que él mismo se
había consagrado a la lucha por la
libertad humana, la pureza espiri­
tual y sinceridad artística. La ca­
marilla imperial con todo su chi­
rimbolo militarista, los influyentes
círculos burgueses en su hipocresía
y mojigatería eran sus enemigos
más enfurecidos. En el mundo ofi­
cial, en los clubs y escuelas milita­
res pronto quedó proscrito el “ Sim­
plicissimus” — por lo que se lo leyó
clandestinamente con mayor inte­
rés. Como el gobierno clerical de
Baviera se mostró irritadísimo es­
pecialmente a causa de la serie de
sátiras punzantes de Ludwig Tho­
ma denominadas “ Cartas de un
diputado bávaro” , la redacción del
“ Simplicissimus” se vió obligada a
trasladarse a Stuttgart, capital del
más liberal estado vecino de W urtemberg.
Sobrevino la p r im e r a g u e r ra
mundial y con ella terminó el pe­
ríodo más brillante del “ Simplicis­
simus” . Aunque en lo artístico si­
guió siendo la m ejor revista de A le­
mania, el hecho de que durante la
guerra se dejase arrastrar por la
corriente común luchando “hasta la
victoria final” , le quitó mucho de
su influencia — había perdido su
plataforma espiritual.
Durante los años de la República
de Weimar el periódico llevó una
existencia dualística y sólo ante la
amenaza de la tormenta del Tercer
Reich logró recuperar su prestigio.
Su último número (del año 1933)
ostentó en su portada un conductor
de tranvía y un pasajero que le
pregunta tímidamente: “ ¿Dígame,
amigo, adonde nos lleva?” El con­
ductor (o sea “ Führer” en alemán),
en vez de contestar, señala la ins­
cripción en el coch e: “ Es prohibido
hablar con el conductor” . El día
siguiente fué asaltada la redacción
por un comando volante nazi que­
dando en escombros. Su escudo, el
rojo perro doguino, resultó destro­
zado por tiros de revólver.
Empero, no ha sido éste el día
más sombrío; el colmo de la igno­
m in ia fn é c u a n d o Gulbransson,

E n LA ASOCIACION BERLINESA DE NUDISTAS.

El juicio de Parts.

Thóny y otros de los viejos colabo­
radores se presentaron ante Heine
ostentando sus libretas de afilia­
ción a la N. S. D. A. P. las que
tiempo atrás ya habían adquirido
subrepticiamente. Así, documenta­
dos como “ viejos combatientes na­
zis” usurparon la dirección de la
revista, el fundador fué “ destitui­
do” y se le prohibió toda actuación.
El “ Simpl” por un tiempo fué v i­
viendo una triste existencia ficticia
dependiente de los caprichos de
Goebbels.
Por lo pronto Heine permaneció
en su casa campestre; la atención
a su esposa enferma y su hija le
quitaron el libre movimiento. Escu­
chemos lo que él mismo escribe en
una carta dirigida desde Estocolmo,
fines de 1946, a un amigo en A le­
mania:
“ Olaf Gulbransson al igual que
mis otros colegas se ha portado con­
migo de manera cochina. Su última
maniobrita, o más bien la de su
mujer, era la tentativa de desacre­
ditarme en Oslo escribiendo a su
tío B jorn Bjornson que yo, en una
carta a Hitler, había denunciado a
Olaf por manifestaciones antinazis.
B jorn me mostró su carta y nos reí­
mos de e lla . . . En la revista nortea­
mericana “ Heute” (que se publica
en M unich) hubo un artículo mío
un tanto autobiográfico. Tal vez lo ­
gres conseguirlo y conocer a través
de él algo de mis hazañas. En efec­
to no han sido muy penosas. Y o ex ­
perimenté el derrumbe de mi vida
entera como algo muy interesante;
ni siquiera me molestó la falta abso­
luta de bienes. Lo que resultó tris­
te, fué el hecho que mi m ujer siem­
pre enfermiza y mi h ija tuvieran
que quedar allá con sus muebles y
perros. Además, mientras estaban
en vida, no pude hacer dibujos p o ­
líticos. He pintado mucho en P ra­
ga, Brno y Oslo con lo que se gana
más que dibujando. Luego, cuando
ya no estaba reprim ido por el tem or
a la venganza nazi contra mi fam i­
lia, he hecho muchos dibujos — casi
200— para “ Goeteborgs Handelstidning” . Después murió el editor y
con su sucesor no me llevé bien.
Entre tanto había aparecido aquí
mi novela “ Espero m ilagros” te­
niendo buen éxito de m odo que pue­
do vivir de su fruto. .. En Suecia
be pintado pocos cuadros debido a
que mis dos piezas, aunque p ro­
vistas de todo confort, no tienen
suficiente espacio ni luz. En Os­
lo tuve un lindo estudio hasta que
los alemanes me lo quitaron y tu­
ve que huir repentinamente a Sue­
cia dejando atrás todas mis pocas
cosas.
Tres veces, pues, tuve que insta­
larme de nuevo en la em igración.
Por lo demás, pude com probar que
el m ejor m odo de arreglarse con la
Gestapo era no tom arla en serio
sino burlarse de ella; entonces se
sentían desorientados y m uy inse­
guros. De esta manera me salvé
del campo de concentración, la to r­
tura y la cámara de gas.
A Oslo llegué huyendo de Brno
en el año 1938, de allá a aquí en
el 42 en el mes de diciem bre, lo
que no resultó del todo sencillo.
Aquí me encontré con Blix. nos v e ­
mos a menudo. A hora soy ciudada­
no su eco. . . La m ayoría de los am i­
gos de los tiempos de Haimliausen
han muerto, pronto ya no conoceré
más que ca d á v e re s...
En el m es d e a b r i l f u i . p o r
avión, unos quince días a Oslo, ciu­
dad que ofrece un aspecto bastan­
te triste. ¿Cóm o será, pues, A lem a­
nia? — Una vez quisiera visitar­
la. . . ”
Thomas Theodor Heine n o fué
más a Alemania, su antigua patria.
Murió en Suecia, su patria de adop­
ción, la que le supo honrar debida­
mente. En ocasión del 80J aniver­
sario de su nacimiento, el 28 de fe ­
brero de 1947, el Museo N acional
de Estocolm o realizó una gj.an ex ­
posición reuniendo m uchos de los
dibujos de los tiem pos gloriosos del
“ Simplicissimus” , cuadros, retra­
tos e ilustraciones; el catálogo
abarcó 260 números, docum entos
de la habilidad espiritual y caus­
ticidad, la soberanía artística, la
im placabilidad humana y m oral de
su autor frente a los males de aque­
lla época, los que en gran parte,
desgraciadamente, son los males de
nuestro tiempo.

�cabalgata

CARTA

DE

FRANCIA
Por JUAN SAAVEDRA

es la primera obra teatral de Emmanuel Robles, que
hasta ahora sólo había publicado uua novela'. La acción de la pieza
se desarrolla en Venezuela en 1812, durante la lucha contra la domina­
ción española. Miranda, el jefe de los patriotas venezolanos, os detenido;
su jefe, Bolívar, ha podido huir y representa todas las esperanzas de los
patriotas del país. Montserrat sabe donde se oculta Bolívar, pero se niega
a decirlo. Para hacerle hablar, Morales (el general español) recurre a
fusilar los rehenes si Montserrat no habla. Detenidas al azar, seis personas
serán ejecutadas si Montserrat no denuncia el lugar donde Bolívar se
encuentra. Y los tres actos de la obra están construidos a base del silencio
obstinado del protagonista.
“ Montserrat” es la obra que actualmente tiene más éxito en los
teatros de París.

M

ontserrat”

• Y hablando de éxitos escénicos estamos obligados a referirnos al de
Carmen Amava, que ya ha prorrogado varias veces sus Tenresontaeiones
en el Teatro de los Campos Elíseos. Carmen Amava ha ohtmrdo una
crítica entusiasta y unánime, como en muy pocas ocasiones se produce.
Los críticos la han consagrado elogios infinitos. Herrando incluso a decir
que era la mejor artista que se ha visto en París desde fines de la guerra
de 1914-18.
Un público apasionado llena todas las noches el teatro. El público
español e hispanoamericano, bastante abundante todas las noches, acom­
paña con sus manifestaciones de entusiasmo a la artista, arrastrando
también en su arrebato a los espectadores franceses.
• Jenn-Paul Sartre escribe actualmente,
en colaboración con Jacques Laurent Eost,
el escenario de su próxima película. Las
obras cinematográficas de Sartre se reco­
nocen por su título; ésta se titulará Los
malos caminos. La fecha de realización so
ha fijado para el mes de junio, y será
Marcel Pagliero quien la llevará a la pan­
talla.
Los malos caminos será el segundo film
de Sartre y el segundo de Pagliero. Este
ha realizado ya otra película: La noche,
buena consejera. La censura italiana la
prohibió durante algún tiempo. A su lle­
gada a París la película fué secuestrada
por la Aduana. Pagliero organizó en las
oficinas de la Aduana una proyección pri­
vada, a la cual fueron invitados los crí­
ticos. Enos se mostraron indignados, y se
marcharon antes de terminar la proyec­
ción ; otros se entusiasmaron con la obra.
Enterado de ello, Sartre fué también a
ver la película, que estimó excelente y
acordó confiar a Pagliero su próximo esce­
nario.
• Acaban de publicarse en Francia dos
obras de gran interés para todos los aman­
tes del arte del libro. Uno de ellos es
“ Essai sur le livre de qualité” , por V.-P.
Victor-Michel, y el otro “ L ’ecriture et
son dessin” , por R. H. Munsch.
El primero trata en general del libro
de calidad y de los cuidados y exigen­
cias que éste tiene. 1‘ Algunas leyes.. .
ninguna regla. .. ante todo, buen sentido
y buen gusto.’ ’ Que la forma armonice
con el texto es el único problema a resol­
ver, aunque no es fácil. Para la perfec­
ción es necesario el concurso de la tipogra­
fía, del dibujo, del ajuste, de la elección
del papel, de la encuadernación. Como dijo
el poeta, “ es una obra de selección que
exige mucho amor. ’ ’
El libro de Munsch, completado con
centenares de figuras, es la historia de los
signos de la escritura y de su evolución.
Se revela en él, el gusto, la sensibilidad
de cada época.

• Del 21 a! 28 de junio se reúne en Pa­
rís el Primer Gongreso Internacional de
Críticos de Arte. Han sido invitados al
mismo representantes do treinta países. El
objeto de este Congreso es reunir a los
críticos de todos los países para la crea­
ción de una Asociación Internacional de
Críticos de Arte y contribuir a facilitar
la información en materia de arte moderno
mediante la organización de una oficina
permanente de información y de docu­
mentación artísticas.
Del Comité de organización de este Con­
greso forman parte: Paul Fierens (Bél­
g ica ), James Johnson Sweeny (Estados
Unidos), Hebert Read (Inglaterra), Jean
Cassou (Francia), Mojnir Vassek (Che­
coeslovaquia).
• En su última asamblea general anual,
el Comité Nacional de Escritores France­
ses ha ratificado el nombramiento de Louis
Martin-Chauffier como presidente, Louis
Aragón como secretario, y ha designado
vicepresidente a Stanislas Fumet y Char­
les Vildrac.
• El Círculo de la Librería Francesa ha
dado a conocer que actualmente el número
de editoriales existentes en Francia es
da 1.700, lo que explica en cierta parte
la crisis del libro francés.
• La Convención de la Unión de Berna
de 1886 para la protección internacional
de las obras literarias y artísticas ha sido
objeto de varias revisiones periódicas. Se­
rá revisada de nuevo el próximo mes en
una conferencia diplomática que se cele­
brará en Bruselas.
A fin de preparar esta conferencia, en
la que estarán representados los diversos
países firmantes do la Convención de Berha, la Asociación Literaria y Artística In­
ternacional ha reunido a sus miembros en
Lucerna del 5 al 9 de mayo.

• ‘ ‘ Clochemerle’ ’, la célebre novela de
sátira social dp‘ Gabriel Chevallier, ha sido
adaptada al cinematógrafo. Pero esta
adaptación no ha sido del agrado de cier­
tos medios que creen que la película con­
serva ciertas crudezas del original. Prin­
cipalmente M. Abelin. secretario de Estado
en la Presidencia, ha. intervenido para so­
licitar ciertos cortes, a los que se ha visto
obligado a acceder el autor.

i
o En el Teatro Marignv se representa
actualmente un “ ballet” de Paul Olaudel,
“ La mujer v su sombra” , con música de
Alejandro Teherepnine y coreografía do
Janine Charrat.
• El Premio literario Glande Blanchard,
instituido para honrar el mejor reportaje
publicado durante el año, ha sido adjudi­
cado a Serge Groussard por su trabajo
‘ ‘ Solitude espagnole ’ ’ .
« Copiamos do un semanario literario de
París el siguiente “ eco” :
“ En una. serie de artículos de un pesi­
mismo muy negro. Ravmond Dumay pro­
nostica en la. “ Gazette des Lettres” la
oró-ama muerte de la literatura francesa.
Es un poco exagerado, claro está. Es ne­
cesario reconocer sin embargo, oue la
invasión de nuestras librerías por la lite­
ratura anglo-sajona. en lo que nuestro
Casandra ve una de las causas de esta
catástrofe, es un hecho evidente.
“ Hav algo peor. Andró Maurois nos
informaba recientemente que un librero de
Buenos Aires se lamentaba de, no recibir
do París más que . . traducciones de no­
velas americanas.”
• Sobro la misma cuestión, Jacques de
Laprade escribe lo siguiente en el sema­
nario “ Arta” , en- un artículo consagrado
a las “ Memorias” de André Maurois:
“ En Argentina, notamos este hecho sin­
gular: La literatura anglo-sajona, fenó­
meno imprevisible, ha conquistado el mer­
cado gracias a nuestra influencia. Ha sido
primeramente con traducciones francesas
cómo América Latina ha descubierto A ldous Iluxley, Maurice Baring, Virginia
W oolf. Después, los lectores argentinos han
ido a los originales, primero ingleses, des­
pués americanos. La joven generación ar­
gentina aprende menos el francés.”
• “ La Documentation Franqaise” , edi­
tada por la Presidencia del Consejo, aca­
ba do publicar un interesante folleto so­
bre las ediciones literarias en Rusia.
Las obras que han alcanzado una tirada
más elevada han sido las de Leniir y Stalin, con 600 millones de ejemplares en
treinta años; Marx y Engels, 56 millones
en el mismo lapso; Gorki, 44 millones;
Puchkin, 35 millones; Tolstoi, 25 millones;
Cliejov, 18 millones.
De los extranjeros es Jack London el
que ha logrado una tirada más importante,
con 10 millones; Grimin, 5 millones; Andersen, Wells y Mark Twain, 3 millones;
Kipling, Dickens y Upton Sinclair casi la
misma tirada.
De los escritores franceses ya desapare­
cidos: Julio Verne, 4 millones; Jules Va­
lles, 4 millones; Maupassant, 4 millones;
Henri Barbusse, 2 millones. En cuanto a
los escritores franceses actuales, Pierre
Ilamp es el más1conocido y de mayor ti­
rada; después Georges Duhamel y JeanRichard Bloch. De las obras de Paul Bourget se han tirado hasta 100.000 ejemplares.

_____________________ ;________

Ol l a

Podrida

« En una de las ventas de manuscritos .
del Hotel Drouot ha sido adjudicado, por
la suma de 3.600.000 francos, a una gran
PRAGA
librería, un importantísimo documento de
El Congreso Internacional de Composi­
Jean-Jacques Rousseau.
tores y Críticos Musicales, celebrado últi­
So trata dé un manuscrito autógrafo de
mamente se clausuró aprobándose un “ ma­
uu grandísimo interés: “ Rousseau juez de
nifiesto comunista de música’ ’, el cual
Jean-Jaeques” , en el que el escritor, al
termina con estas palabras: “ músicos
final de su vida, analiza sus ideas y sus
progresistas del mundo, unios' ’ . Esa ora­
( bras con respecto a la sociedad. Divide
ción, no tendría, en absoluto, originalidad
él mismo su obra en tres diálogos: del
alguna si no llevara el agregado de ‘ ‘ pro­
sistema de conducta hacia Jean-Jacques
gresistas ’ ’ , ni sería inconsecuente con- los
adoptado por la administración y aproba­
pronunciamientos del expresado Congreso
do por el público; do la naturaleza de
si no llevara ese agregado la conocida di­
Jean-Jacques y de sus costumbres; de sus
visa. Porque lo que se recomienda a los
libros y conclusión.
compositores ‘ ‘ progresistas ’ ’ es el regreso
all antico, es decir, a la música ayer lla­
Estas páginas, impregnadas de una viva
mada burguesa, puesto que, en efecto, abo­
indignación y, frecuentemente, de un gran
ga por el retorno a la melodía fácil, al
dolor, Rousseau las ha dedicado y entre­
“ retorno a los ideales musicales del siglo
gado a la Providencia: “ Preparo este
X I X ” . Un slogan do la declaración del
escrito desde haco varios años sin imagi­
Congreso es este: “ Lo bello debe ser com­
nar ningún medio de garantizarlo de las
prensible y debe tener sentido social’ ’ .
manos do mis perseguidores. Finalmente,
El secretario general de la Unión de
no viendo ningún recurso por parte de los
Compositores del Soviet, Tikson Khrennihombres, resolví confiarle únicamente a la
kow, condenó a Arnold Schocnberg, A rProvidencia, entregándolas en el gran altar
thur Honegger, Paul Hindemith, Benja­
do Notre Dame de París. Yo había elegido
mín Briten, etc., fustigando- duramente a
para esto el sábado 24 de febrero del pre­
Igor Stravinsky, “ el que fuera un gran
sento año 1776. Pero queriendo ejecutar
mi deseo encontré las rejas c e r r a d a s ...”
Do hecho, fué el abate Condillac quien se
PARIS
hizo cargo de él el 1 do julio de 1776.
André Maurois ha declarado, al agrade­
Esto manuscrito lleva en su cubierta al­
cer un agasajo de la Asociación do la pren­
gunas líneas particularmente reveladoras:
sa latinoamericana, que la superioridad de
‘ Protector de los oprimidos, Dios de Jus­
la cultura francesa se llalla amenazada,
ticia y do Verdad, recibe este depósito que
en Sudamérica, por la cultura anglosajona.
aporta a su altar y confía a la Providen­
Algunos editores podrían darlo al ilus­
cia un extranjero desgraciado, solo, sin
tre escritor la razón- del por qué ese hecho
apoyo, sin defensor sobre la tierra, burla­
se evidencia cada vez más. Esa razón la
do, difamado, traicionado por toda una
hallaría el señor Maurois en que los edi­
generación, cargado desde hace quince años
tores franceses están pidiendo por los de­
de un trato peor que la muerte y de in­
rechos de traducción al castellano de cualdignidades inauditas hasta ahora entre los
quior libro de autor francés una suma que
hombres, sin haber podido por lo menos
está por encima de toda posibilidad de
conocer la causa. Se me niega toda expli­
recuperación, más en los momentos ac­
cación, se me impide toda comunicación;
tuales en*los que, corno sólo ignoran los
no aguardo nada de los hombres, amarga­
editores franceses, el mercado americano
dos por su propia injusticia, más que
del libro so ha restringido de manera alar­
afrentas, mentiras y traiciones. ¡ Providen­
mante, al mismo tiempo que la novela an­
c ia eterna, mi sola esperanza eres t ú ! . . . ”
glosajona está conquistando las preferen­

cias del
gentino
ingleses
san los

lector, gracias a que el editor ar
recibe mejor trato de los editore
y americanos que el que le dispen
editores franceses.

WASHINGTON

%
Organizada por la Unión Panamerican;
se ha abierto en ésta una exposición d
plástica argentina, compuesta de 34 aeua
reías, grabados y temperas perteneciente
a 17 artistas, de los cuales el cable sól&lt;
nombra a Badi, Berni, Bonome, Noral
Borges, Raquel Forner, Larco y Soldi. L¡
falta do información local nos impidcitar otros nombres, seguramente de igua
significación. Exposiciones do pintura ar
gentina deberían celebrarse con- mayor fre
cuencia en los principales centros artísti
eos del mundo, con las cuales se contri
buiría, — como lo consiguió el libro d
edición nacional— a poner en valor 1:
gravitación del hecho argentino por si
paisajo y sus costumbres reflejados en 1:
obra de los más destacados artistas.
MEXICO

Diego Rivera nos tiene acostumbrado
al escándalo. Su capacidad conceptiva ex
cede con frecuencia del amplio margei
de sus pinturas murales, a las que desdi
haco años dedica su actividad, creandi
problemas ajenos al concepto de quiene
la confían la realización de sus obras
Ahora acaba de pon-er en un tremendi
apuro a los directores del Hotel Prado
propiedad del Estado, en cuyos muro
Diego Rivera ha pintado sil tema baji
esta oración, estampada en grandes le
tras: “ Dios no existe” . El arzobispo d
México se niega a bendecir la obra, lo
directores del Hotel Prado ruegan, y Die
go Rivera so niega a aceptar que cubra:
la pintura con un lienzo; amenaza, ade
más llevar a la Administración del Hote
ante los tribunales por incumplimiento d
contrato, pues según ha manifestado e
pintor últimamente ha de pintar aún tr»
muros más.

Bmxm

el
P or

LUCIANO

CANAZ

Maugham a su paso por Barcelona lia declarado a un perio­
dista q u e no pensaba escribir más novelas. “ La última —ha dicho__
ha sido Catalina, asunto español durante el reinado de Felipe III. A
partir de ahora escribiré, por placer, ensayos, cosas que a lo mejor no
las publicará nadie.” Después de manifestar su satisfacción por sus pro­
gresos en hablar correctamente el castellano, se ha referido a los escri­
tores españoles que más le entusiasman: Cervantes, Calderón de la Barca
y, sobre todo, San Juan de la Cruz. De los modernos Unamuno, Benavente y Azorín. Contestando a la pregunta de si una buena novela ha de
ser cosa imaginada o cosa vivida: “ Las dos cosas juntas; lo vivido es la
chispa; después viene el trabajo de imaginación” .
Una vez referidos sus primeros éxitos, el periodista le ha preguntado
cual era el mayor error de su vida. “ No sé si debo responder —ha decla­
rado el autor inglés— porque usted sabe que los grandes errores, algunas
veces, resultan bastante bien; de un error vienen consecuencias agrada­
b le s ... El error de mi vida: casarme; pero he aquí las consecuencias
agradables: tengo una hija hermosísima y dos nietos” . Por último esta
pregunta: “ ¿Y no cambiaría usted sus millones y su faina por una ju ­
ventud?” , y esta respuesta: “ N o; cuando se es viejo y se tiene fama, no
se ocupa uno de la opinión de los otros; esto da una gran libertad de
espíritu. Si una persona me quiere o ama, me complace; pero si no me
quiere o no me ama, igual me da. A esta conclusión he llegado” .

S

om erset

• Juan Ramón Jiménez, en una carta
abierta, dirigida a Carmen Laforet, auto­
ra de Nada, al acusar recibo de un ejem­
plar de la novela, escribe: “ . . . L e agra­
dezco la belleza tan humana de su libro,
belleza de su sentimiento en su lib ro;
mucha parte, sin duda, un libro de uno
mismo y más de lo que suele creerse,
sobre todo un libro como el de usted,
que se lo ve nutrirse, hoja tras hoja, de
la sustancia propia de su escritora. . .
Porque usted es una novelista de novela
sin asunto. Y en esto está lo más difícil
de la escritura novelesca o poemática.’ ’
A l pedirle unos ejemplares de Nada para
que sea publicada su traducción en Nor­
teamérica, añade: “ Me parece que gus­
taría de veras, porque Nada, como todo
lo auténtico, es de aquí también, y de
hoy, y será de mañana y do otra parte
cualquiera, como es de ayer y de todos ’ ’.
• La Escuela de Estudios Hispanoame­
ricanos de Sevilla acaba de editar “ Los
viajes de John Hawkins a América, del
catedrático Antonio Rumeu. La obra, eru­
dita y emotiva, ha de suscitar la réplica
do otros historiadores. Así lo esperamos
dado que se refiere a la tan discutida re­
seña de las primeras expediciones de in­
gleses y españoles al Continente ameri­
cano.
• José Ortega y Gasset está escribien­
do su obra más importante desde el pun­
to do vista metafísico, según unas de­
claraciones hechas por Julián Marías.
• Se anuncia la publicación de una nue­
va colección de clásicos titulada Biblió­
filos sevillanos. Entre los primeros títu­
los Los coloquios del docto y magnífico
caballero Pedro Mexías, el Libro de Ce­
trería y Montería, de Joan Valls (siglo
x v i) ; La Asinaria de Rodrigo Fernán­
dez Ribera (inédito, siglo x v u ) ; y Epis­
tolario do Arias Montero.
e Es por su estudio sobre Miguel de
Unamuno que el Premio Fastenrath ha
sido concedido por la Academia Espa­
ñola a Julián Marías. Filósofo y ensa­
yista, Julián Marías es autor, además, de
una Historia de la Filosofía, de una In­
troducción a la Filosofía, de La filoso­
fía del Padre Graty, El tema del hombre
y San Anselmo y el insensato. Actual­
mente está preparando un Diccionario
filosófico y un Diccionario literario.
• En Barcelona se ha inaugurado el “ Se­
minario de la Poesía Juan Boscán” , afec­
to a la Sección universitaria de la Aso­
ciación Cultural Iberoamericana y diri­
gida por Francisco Galí. Se propone fo ­
mentar las relaciones literarias con los
países americanos, publicar cuadernos li­
terarios y organizar cursos de conferen­
cias. En la inauguración J. María Ro­
dríguez Méndez habló de García Lorca,
lírico, y Enrique Navarro Ramos recitó
poesías del malogrado poeta andaluz.
• En el continuo desfile por las salas
de arte de Barcelona destaca hogaño la
exposición celebrada por el escultor ca­
talán Mario Vives. No sólo nos ha dado
noticia de un artista que ha permaneci­
do muchos años alejado do entre nos­
otros, sino que además nos demuestra en
qué forma ha llegado a la plenitud de
su arte. Casi siempre ha vivido en Pa­
rís, donde trabajó siguiendo de cerca a
Arístides Maillol, Manolo Hugué y Modigliani.
Pasó toda clase de dificultades, pero
haciendo frente a la adversidad, fia sa­
bido triunfar. Animándole a proseguir
en la capital de las artes plásticas, Ma­
nolo Iluguó le decía en 1918: “ ¡ Cuán­
to peor te vaya, menos has de pensar en
el regreso! ” Luego so trasladó al Me;
diodía de Franeia, en Céret, en Tuir y
Ferpiñán, donde prosiguió trabajando en
plena posesión de sus posibilidades. Más
tarde, pasó largas temporadas en la isla
do Ibiza. En la reciente exposición se ha
puesto do manifiesto la totalidad do ma­
tices y significados de su obra, la di­
versidad que media entre sus figuras ins­
piradas en tipos indígenas de Ibiza y
Céret, hasta sus desnudos y retratos más
rígidos y sintéticos. Su escultura de pe­
queño tamaño recuerda las antiguas tanagras. En sus retratos existe la suges­
tión magnífica de los grandes escultores
del siglo x v m franceses.
A l venir a presentar sus obras el ar­
tista ha dicho: “ Cuanto más he intenta­
do profundizar y más he estudiado a los
grandes maestros, más considero a Maillol
uno de los mejores escultores do todas las
-maeralme-Tte do concepto, mu-

” vu

o Nacido en el eorazón de la Mancha
castellana, el dibujante Gregorio Prieto,
además del realismo castellano da muestra
desde muy joven de la imaginación tan
común entre sus coterráneos. Después de
sus estudios en Madrid, conquista una be­
ca que le permite trasladarse al extran­
jero: Francia, Inglaterra y Bélgica, le
sirven de cátedra. Expone en París, y
obtiene un éxito. Se relaciona con poetas
como Valéry, Cocteau y Montherlant, quie­
nes le abren nuevos horizontes. Gana el
“ Prix de Rom e” y va a Italia y, luego,
a Grecia, de donde son sus pinturas de un
profundo lirismo. Desde 1935 vive en In­
glaterra y ahora ha expuesto en Barcelona
sus retratos y dibujos destinados a ilustrar
el Paraíso perdido de Milton, los Sonetos
de Shakespeare y otras obras clásicas.
Dibujos en los que la fuerza imaginativa
y el realismo poetizado se armonizan con
un dominio sutil y seguro de la línea y
el equilibrio.
• Se ha hecho público el veredicto del
jurado encargado de fallar el Premio In ­
ternacional de Primera Novela, instituido
por el editor Janes de la ciudad de Bar­
celona. El jurado calificador lo integran
Somerset Maugham, Eugenio d ’Ors, Jo­
sé María Cossío, Walter Starkie y Fer­
nando Gutiérrez. Acordaron por unani­
midad conceder el premio de veinticinco
mil pesetas a la novela Turbis ebúrnia,
i;uvo autor es Rodolfo L. Fonyeca, de
Montevideo. Se conceden además dos pre­
mios de diez mil pesetas cada uno a las
novelas Sombras viejas, de G. González
Ledesme, y a Sis o set sirenes de Marius
Gifreda. Asimismo se acordó recomendar
al editor Janés la adquisición y publica­
ción de cuatro novelas más, que son las
siguientes: Tlvis Other Edén, de Catherine Gaskin; La tierra brava, de Leocadio
A . Zurinaga Uribe; Adorable loca, de
Pedro Voltes, y El pont llevadís de Ra­
món Planes.

REPERCUSION
El libro es un elemento de re­
percusión. Es gracias a esa reper­
cusión c¡ue Buenos Aires, sede ac­
tual de la mayor industria del li­
bro en lengua castellana, ha al­
canzado el máximum de popula­
ridad en Sudamérica en estos úl\ timos años. Lo que el libro de
edición argentina, expuesto per\ manentemenle al público en los
anaqueles y vidrieras de las li­
brerías de la América latina y
i España ha logrado por la gravi­
tación de su calidad y belleza
tipográfica, merece ser destacado
y puesto en valor. Si de ahora en
adelante la Argentina se quedara
impasible ante las d ificu lta d es
que para la internación de libros
en algunos países hermanos se le
oponen, y no tratara de resolver
los inconvenientes que la jaita de
divisas que sufren los mercados de
consumo crea a la industria naj cional del libro, el país perdería,
además de un rubro importantí­
simo entre los de su exportación,
\el más eficaz vocero de una afir­
mación cada vez más cara al sen­
timiento patrio y fraterno de los
argentinos.
C a b a l c a t a vin o a sumar su
voz — voz hecha de acción — a
la gesta cumplida por el libro,
abriendo sus páginas imparciales,
eclécticas, heterogéneas, al escritor
j y al artista, al público argentino
|y al del mundo latino americano,
tratando de cooperar a la conse­
cución de un antiguo anhelo que
resumen estas palabras de un lec­
tor de Sucre ( Bolivia) : “ .. .de
llegar de veras a esa realidad en
que ya no quepan calificaciones
escépticas de nuestro continente
com o el continente absurdo de
despertar lento".

�cabalgata

r

11

i

1A 1

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Luis Jiménez de Asúa: PSICOANÁLISIS CRIM INAL
íhin.&lt; Vlatschel'. Osito. (Gouache).

C a m t n o y R e a í i z ac i ón
a Hans Platschek como autor de algunos inteligen­
CONOCEMOS
tes estudios sobre pintura moderna; recordamos especialmente
su libro sobre Kokoschka y un ensayo extenso sobre Paul Klee. Si
examinamos estos trabajos de crítica para deducir de ellos una
postura general, hemos de decir que Platschek no se ha hecho fácil
por cierto su labor. No se conformó con comentarios idealistas y
vacíos sino que se abocó a la tarea, más dura, de analizar de modo
profundo las obras y los pintores de su elección. No es el cariz
psicológico lo que le ha atraído, sino principalmente los problemas
típicamente plásticos, el color, la forma, sus consonancias y ten­
siones. Y pese a haber encontrado el joven crítico cierto éxito y
rápida aceptación, abandona ahora esa actividad para dedicarse de
nuevo a los problemas íntimos y prácticos de la pintura que había
tratado de manera teórica y crítica.
Los frutos del tercer año de su arduo trabajo pueden contem­
plarse ahora en la exposición de conjunto que hace en el Ateneo
de Montevideo. En sus escritos Platschek ha puesto de relieve lo
mucho que sabe de pintura y esa misma impresión ofrecen sus
cuadros. En su favor y en su desventaja. En su favor, porque
presenta soluciones de una madurez y de un equilibrio que van
mucho más allá de las experiencias prácticas que pudo haber acu­
mulado en un tiempo relativamente corto. Mas, de otra parte,
hallamos en él trozos y fragmentos calculados fría y secamente,
asimilados como reminiscencias de soluciones ajenas. Platschek
no es. sin embargo, en modo alguno un pintor ecléctico que se
empeña en presentar sus experiencias científicas — es decir, expe­
riencias ajenas— , como creación personal. Esto se patentiza de
modo singular en sus “ gouaches” . Hay en estas obras un “ laisser
aller” , un florecer de su fantasía poblada de faunos, gatos, polichi­
nelas y mitos particularísimos, pintados todos en sonidos agudos
de rojos, amarillos y azules y en contornos caprichosos, resuelta­
mente definidos.
Al comparar precisamente estas obras más sueltas o. al menos,
más fácilmente comprensibles, con sus óleos, surge otra particula­
ridad de Platschek que hoy aun es difícil de juzgar; un cambio
estilístico a través de las técnicas. Toda la frescura y la ausencia
de trabas que tanto nos cautiva en los “ gouaches” , desaparece en
los óleos, lo cual no quiere decir que estos sean inferiores sino en
todo caso, que muestran un estilo diferente y responden a una
postura divergente. ¿Será la técnica lo que le conduce a cambiar
de concepción, o se vale de la técnica porque una realidad interior
le obliga a utilizar otros medios? De hecho, nada cabe decir en
definitiva por lo breve de 1a. elaboración y la aun poco abundante
obra del artista; pero puede ya anticiparse que el mayor peligro
para Platschek radica en su pasado crítico-científico y en su ten­
dencia reflexiva, aunque demás está decir que esto no significa que
el joven pintor debiera pintarrajear al compás de su instinto.
También él se ve ante la necesidad de encontrar la síntesis de su
problemática y, a decir verdad, creemos que se halla ya en el
camino hacia la solución con el retrato que en estas páginas se
reproduce.
Platschek revela un muy sensible y muy bien desarrollado
tacto colorístico. Más aún: diremos que revela un resuelto coraje
hacia el color. Mientras en obras de otras etapas solía contraponer
cautelosamente las tintas hasta neutralizarlas, en el “ Retrato” logra
dar colores francos, evidentes, sin que sus tintas sean chillonas
o desentonadas. La reducción del fuerte efecto de las orejas sono­
ramente rojas por unos grises amarillentos y verdosos es una
pequeña obra maestra que difícilmente puede ser imitada o repe­
tida. La caracterización de este retrato como de otros nuede sus­
citar el recuerdo de los retratos tempranos del joven Kokoschka,
aunque Platschek difiere en un punto esencial: su valor de obser­
var con su sentido de humor heineano que a veces parece que ni
considera el objeto de su cuadro como un santuario ni a sí mismo
como un profeta.
Es usual concluir las críticas de una primera exposición de
un pintor con una frase que exprese la esperanza en el futuro. En
el caso de Platschek no queremos seguir la costumbre. Y no
porque valga menos que otros, sino porque estas exposiciones pri­
meras prometen mucho y comprueban poco. Es Platschek el que
nos ha de comprobar y confirmar que su camino poco común por
la región del arte era algo más que un deseo de satisfacerse a sí
mismo: desde sus aficiones de aprendiz de pintura en su acomodada
existencia prebéhea en Alemania e Italia, pasando por el período
en que se da cuenta del nuevo mundo que le rodea al ejercicio del
análisis impersonal de la creación artística, para retornar hoy,
finalmente, a su propia creación artística.
Pintar significa hoy día meterse conscientemente en el purga­
torio. Veremos si Platschek tendrá el vigor y la firmeza de pasar
por las llamas del trabajo, de la duda, de la desesperación, de la
tentación comercial y la posición social para no pintar solamente
su Yo sino el Todo.

de un

Una de las obras capitales del autor, que ha ido enriqueciéndose y documentán­
dose en sus sucesivas ediciones hasta llegar a esta tercera. Es un estudio acabado
del valor de la psicología profunda en relación con la criminología. Un volumen
de 342 páginas, encuadernado en tela ........................................................
S 25.—

Helene Deutsch: PSICOLOGÍA DE LA MUJER
Lr. psicología de la mujer que, en algunos aspectos, ha sido llamada “ el conti­
nento oscuro” , es estudiada por la discípula de Sigmund Freud como sólo un
perspicaz psiconalista puede hacerlo. Un volumen de 366 páginas, encuader­
nado en tela ............................................................................. .......................
S 20 .—

P rim eros prem ios en sus respectivas seccion es:
SO CIOLO G IA

PI NTOR

J OVEN

Francisco Ayala: T R A T A D O DE SOCIOLOGÍA
Tomo I, Historia de la Sociología. Tom o II, Sis­
tema de la Sociología. Tom o III, Nomenclátor biobibliográfico de la Sociología.
Lr. obra completa, integrada por tres hermosos volúmenes en gran formato con
1.150 páginas en conjunto, encuadernados en tela, vistosas sobrecubiertas y es­
meradísima presentación tipográfica . . . . ................................ .*...............
S 80.—

PLEAMAR

León Felipe: AN TO LO G ÍA R O T A

inir
El
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1
Lnl jI
Por FRIEDRICR BAYL

Los mejores poemas, las páginas más vibrantes y expresivas de este lírico cuya
voz resuena con acento patético y vindicativo. Epílogo de Guillermo de Torre.
Ilustraciones de doce artistas españoles y americanos. Un volumen encuadernado
en tela blanca, de la Colección Mirto ....................................................
$ 12.—

EDITORIAL LOSADAS.a.
ALSINA 1131 Montevideo
Lima

BUENOS AIRES
Santiago de Chile
En cuanto a sus dotes poéticas,
eran extraordinarias si hemos de
creer lo que se afirma en la noticia
biográfica descubierta por don R i­
cardo Palma. “ No improvisaba — se
lee allí— tan sólo sobre cuantos
asuntos le proponían, sino que com­
ponía con igual facundia y despejo
hasta piezas cómicas. Y si las con­
versaciones que sostenía versifican­
do se hubieran escrito, habría que
llenar inmensos volúmenes” .
F ray Francisco se sintió alguna
vez poeta épico y escribió sonoras
octavas reales que se conservan ac­
tualmente en el Museo B ritánico;
pero su Musa fué, en efecto, una
Musa improvisadora, callejera y li­
cenciosa que, sin respeto alguno ha­
cia los hábitos de lego que llevaba,
le dictó cosas que, en aquellos “ si­
glos inquisitoriales” , se tenían por
comunes y corrientes — y para ejem ­
plo. los clásicos— , pero que hoy, des­
de luego, no consiente editar ni
transcribir el siglo que más tinta y
saliva está gastando en hablar de
Libertad.

llana Platschek. Retrato. (O leo).

Un Mordaz Epigramista del Perú colonial:

FRAY FRANCISCO DEL CASTILLO
(n e n e ile la primera página.)

fin de conferirle mayor mérito o
que, en realidad, lo creyera sin que
el hecho se ajustara a la verdad ? Y
aun por otra parte, ese mote de “ el
ciego de la Merced” ¿no parecería
aludir — cuando menos en princi­
pio— a un ciego que, tal vez como
mendigo, tenía su puesto fijo en la
puerta de la iglesia y que, acaso por
razones especiales, fuese admitido

después como lego con opción a te­
cho y mesa 1
Hipótesis son éstas que acaso al­
guien pueda esclarecer andando el
tiempo con el hallazgo de algún in­
esperado documento; mas como sea,
el hecho es que a Fray Francisco se
le reconoce como lego y como ciego
de la Merced y hasta como “ hom­
bre instruido que tocaba con suma
habilidad varios instrumentos” mu­
sicales.

La literatura del Perú, como es
sabido, se caracterizó desde sus orí­
genes por su tono satírico, desenfa­
dado, picaresco; y esto, no tanto, co­
mo nos lo asevera el buen Padre
Fray Antonio de la Calancha en su
“ Crónica Moralizadora del Orden
de San Agustín en el P erú ” , porque
Júpiter y Piscis, “ que presidieron la
fundación de L im a” , hicieran a sus
habitantes “ amigos de burlarse” ,
sino porque, en aquella Lima virrei­
nal, muelle, rica y tan desocupada
como lo eran las cortes de Madrid
o de Yersailles, la gente tomó siem­
pre) a la vida con gusto y elegancia,
sonriéndose de todo y, especialmen­
te, de los atrevimientos de la pluma
con tal de que en ellos hubiera inge­
nio y gracia. Fray Francisco del
Castillo, “ el ciego de la M erced” ,
pudo, pues, dejar su lengua de san­
griento epigramLsta en completa li­
bertad ; y a fe que no se mostró ésta
remisa en su cometido, como se verá
por el siguiente ejem plo de una de
( Continúa en la pág. 6.)

�cab alg ata

6

C OL E C C I ON

(Viene de la pág. 5.)

sus décimas improvisadas con pie
forzado o lo que es igual: con verso
último propuesto por el auditorio:

••

f

i

ñ

M a l ic ia en el país de
LAS M ARA VILLAS, de N iN a p o l e ó n , de Stendhal

$ 3.00
OTROS TITULOS DE INTERES
V e n e n o en b r o m a , d e

Morales: a la verdad
estoy viendo de hito en hito
que hoy has puesto un sambenito
en esta Universidad.
Dios nos mire con piedad,
porque si tu calavera
por más tiempo persevera
en el cargo de Rector
se graduará de Doctor
toda mida calesera.

J. Dickson Carr $ 3.00
D ic c io n a r io de c ie n c ia ,

de E. B. Uvarov $ 5.00
S u persticion es y l e y e n ­
das , de Juan B. Am-

brosetti.......... $ 2.50
m ic r o b io s a l a l c a n ­

de Hugh
Nicol ............ $ 3.00
ce de t o d o s ,

En aquellos tiempos plácidos de
la Lima del 1750, ambulaba por las
calles un vendedor de canela, ape­
llidado Besares, y, a lo que se ve,
muy amigóte de “ el ciego de la Mer­
ced’ ’, con quien solía tener amenas
pláticas acerca de todos los chismes
de la ciudad. Cierto día, Besares le
pidió un elogio poético que termina­
ra con su apellido y fray Francisco
del Castillo, sin acordarse del há­
bito que llevaba, improvisó en un
dos por tres:

de Leonhard Adam . . . $ 3.00

A rte p r im it iv o ,

En venta en todas
las buenas librerías

EDITORIAL

Permita el cielo estrellado
que en tus dares y tomares
a rica canela sepa
la boca que t ú . . . Besares.

J. E. UR1BURU 1225
T. A. 44 - 4114

Ni respetaba siquiera la traviesa
Musa epigramática del lego a los sa­
cerdotes cuyos rezos no se atenían a
la levedad que el carácter del lime­
ño de aquel tiempo demandaba. Un
día, al terminar de decir la misa
cierto padre que tenía fama y hechos
de prolijo, algunos de sus oyentes
pidieron su opinión al lego de la
Merced y éste repentizó lo que
sigue:

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LITERATURA MUSICAL
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LITERATURA MUSICAL

Estilísticamente Shapero parece
sentir el afán de adaptar su música
a la de un gran modelo. Así su ‘ ‘ Se­
renata ’ ’ de cinco movimientos para
orquesta de cuerda está basada so­
bre los principios neoclásicos stravinskianos, sus “ Tres sonatas ama­
teur para piano” , sobre los princi­
pios de Haydn, y su reciente gran
sinfonía, sobre los de Beethoven. A
la sazón parece sufrir el complejo de
adoración de un héroe. Pero cuando
decida acometer directamente los
problemas de la composición, dando
de lado todos los patrones y ponien­
do de manifiesto su propio valer, va­
ticino que el mundo musical habrá
de tomar muy en cuenta su nombre.

Allá a mediados del siglo xvm,
parece que fué elegido Rector de la
Universidad de San Marcos de Li­
ma un tal Doctor Morales, de no
gran reputación como erudito, y
Fray Francisco del Castillo que lo
supo, le dedicó esta saeta improvi­
sada :

cholas tílake . . S 4.00

C. HOW ELER. — Som m ets de
la m usique. Versión francesa
de R. H arteel ........... S 26.—

.

Preñada estaba una niña
y en riesgo de mal parir
y vínolo a conseguir
por antojo de una pina.
En la casa hubo gran riña;
la joven d ijo : — me em p re.. .
La madre le d ijo : — ¿ Q u é * .. .
V tal fué el grito que dió
que la niña malparió
y no pudo decir ñé.

N O V E D A D E S

Los

Examinar sus partituras es algo
fascinante. Pocos músicos de su
tiempo han compuesto con tanta se­
guridad y tanto dominio. Shaperc
sabe lo que hace y lo más notable
consiste en cómo pone su pericia mu­
sical al servicio de ynas dotes mara­
villosamente espontáneas.

::

De un sacerdote prolijo
la misa vengo de oír,
que bien se puede imprimir
en el tiempo que la dijo;
mas no por eso me aflijo
ni digo estuve impaciente
en acto tan reverente,
pues en el tiempo que echó
no sólo a Dios consumió
sino también a la gente.
La Iglesia de San Pedro y con­
vento de los jesuítas de Lima queda
a la espalda de la Merced y no muy
lejos de ella. Las órdenes religiosas
no vivían con gran armonía en la
capital del Perú y tal vez entre los
Padres de la Merced y los de San
Pedro hubiese soterrados celos a la
fecha. Ello es que, cierta tarde, el
reloj de San Pedro dió los tres cuar­
tos para las tres y, respondiendo a
un transeúnte que le preguntaba
por la hora, improvisó Fray Fran­
cisco :
. Tres cuartos para las tres
ha dado el reloj vecino
y lo que me admira es
que, siendo reloj teatino,
dé cuartos sin interés.
Uno de los epigramas más pun­
zantes de Fray Francisco nos permi­
te suponer que, en efecto, era lego y
que, en calidad de tal, servía al Pa­
dre mercedario F e ijo ó ; pero, al pro­
pio tiempo, nos hace dudar, con sus
alusiones al papel de estraza y al
carbón, de que fuese ciego de naci­
miento. Lo sucedido fué que un tal
Padre Soto acababa de predicar un
sermón bastante malo en la Iglesia
de la M erced; y, en la propia sacris­
tía, otros padres o feligreses obliga­
ron al ciego a que emitiera su pa-

La
Aaron Copland

ESCUELA

NUEVA

DE

COMPOSITORES

N O RTEAM ERICAN O S
Por AARON COPLAND

(Viene de

la primera página.)

Y basta de generalidades. Ue es­
cogido siete nombres de entre la
nueva “ escuela” de compositores
norteamericanos: Robert Palmer,
Alexei Ilaieff, Ilarold Shapero, Lukas Foss, Leonard Bernstein, W illiam Bergsma y John Cage. La ma­
yoría de ellos frisa en los 30 años.
(Foss es el benjamín del grupo,
pues ha cumplido recientemente
24). Todos han nacido en los Esta­
dos Unidos, a excepción de H aieff
recer al respecto. Y entonces contes­
tó de esta manera:
Si el lego que sirve fiel
al Padre Feijoó, tuviera
un lego que lego fuera
'
mucho más lego que él;
y este lego, en un papel
de estraza, manchado y roto,
de todas ciencias remoto,
escribiera con carbón
fuera su serm ón ... sermón
mejor que el del Padre Soto.
En la imposibilidad de transcribir
algunas de sus — para nuestro tiem­
po—• intocables im provisaciones
(tan semejantes, por lo demás, a las
de los clásicos españoles y para las
que el no menos travieso don Ricar­
do Palma pide “ perdón en gracia
de la chispa con que están ejecuta­
das” ), copiaremos tan sólo la que el
ciego de la Merced, basándose en un
sencillo juego de palabras para cla­
var su aguijón final, pone en boca
de un patrón cuya criada se en­
cuentra en estado grávido:
Mostrarme severo y vario
con la criada conviene,
porque he notado que tiene
muchas faltas de ordinario.
Yo la he pagado el salario
sin ponerle en ello tasa;
y si mi cólera pasa
a extremo de despedirla
sin querer verla ni oírla,
es porque no para en casa.

w' i t

Y es que por aquellos tiempos en
que le cupo vivir y versificar de
esta manera desenfadada a nuestro
lego de la Merced, gobernaba en el
Perú el amador y donjuanesco vi­
rrey don Manuel de Amat y Junient,
aquel que perdió un tanto la chave­
ta ante los hechizos de la seductora
Perricholi, que tenía un sentido ana­
creóntico de la vida y que, con la
construcción del Paseo de Aguas y
de la Plaza de Toros, así como con
su boato y su afición a las carro­
zas y al teatro, hizo de la capital del
Perú un pequeño Versailles sud­
americano donde imperaron la ele­
gancia, el donaire y la alegría des­
envuelta que tanto suelen odiar las
almas de sangre espesa. . .

Lukas Foss nació en Berlín don­
de se formó su primera cultura mu­
sical; prosiguió los estudios en el
Conservatorio de París durante la
época de Hitler y finalmente llegó
a Nueva York con sus padres a la
edad de 15 años. A los 13 había ya
compuesto piezas para piano (pos­
teriormente editadas por G. Schirmer) en las que campea el influjo
de su último maestro, Hindemith.
El contacto con América fué decisi­
vo para él. En Europa había adqui­
rido un género de absoluta seguri­
dad ; en Estados Unidas, a medida
que fué creciendo, tornóse más hu­
mano y más deseoso de reflejar la
atmósfera del nuevo país de adop­
ción. Su primera obra larga de ins­
piración “ americana” fué un ora­
torio, “ La Pradera” , para solistas,
coro y orquesta, con un texto selec­
cionado de poemas indígenas de Cari
Sandburg, obra extraordinaria por
ser su autor un mozalbete de 19
años. Desde entonces ha compuesto
dos obras largas para voces solas y
orquesta: “ Canción de Protesta” ,
para barítono, y “ E l Cantar de los
Cantares” , para soprano, inspira­
das en textos de la Biblia. No cabe
duda que Foss es un compositor
nato.

y Foss que llegaron al país a los 15
años. Todos ellos son compositores
de obras serias que han sido dadas
a conocer al público e incluso algu­
nas editadas e impresas en discos.
Robert Palmer es acaso el menos
conocido de los siete. Su música ra­
ra vez se oye en los conciertos co­
rrientes, habiéndose hecho conocer
en programas especiales de música
moderna o festivales anuales de mú­
sica norteamericana. Yves y Ilarris
constituyen sus máximas admiracio­
nes. Dos composiciones para cuarte­
tos de cuerda son lo mejor de su pro­
ducción. Se trata de trabajos exten­
sos nada fáciles de ejecutar y tam­
poco fáciles de digerir por quienes
los escuchan. Ambos contienen mo­
vimientos separados de verdadera
originalidad y honda sensibilidad.
En dos recientes composiciones, una
William Bergsma es natural de
de tipo orquestal, “ Elegía para Tilo­
California y procede de la Escuela
mas W o lfe ” , y una sonata para dos
de Música Eastman, de Rochester,
pianos, ha aplicado la disciplina al
Nueva York. Apenas salido de ella,
natural entusiasmo de sus escritos,
es ya uno de los profesores de com­
bien que a veces a expensas de una
posición de la Juillard School. Es
demasiado rígida polirritmia o es­ por temperamento un trabajador
quema melódico. Si él es capaz de
sobrio y serio. Comprendo que no es
resistir y 'desarrollarse puede decir­
esta la verdadera descripción de su
se que tiene un porvenir asegurado.
particular talento, pero es difícil
Alexei H aieff nació en Rusia y
decir más por hoy, ya que la cuali­
fué llevado a China, pero adquirió
dad específica de su carácter no es­
su educación musical bajo la direc­ tá definida. Posee un sentido poé­
ción de Rubin Goldmark, en los Es­
tico y crítico y es evidente, que sus
tados Unidos. Ultimamente estudió
composiciones han sido desarrolla­
en París con Nadia Boulanger. Su
das lentamente, después de madura
preparación y adiestramiento le han reflexión. Hasta ahora ha compues­
dado una fuerte afinidad con la mú­ to música orquestal y de cámara,
sica de Stravinsky del que H aieff
canciones y piezas para piano y
es gran amigo personal. La sombra
ballet. A l presente está trabajando
de Stravinsky está presente en sus
en su primera sinfonía.
primeros trabajos, pero gradualmen­
La obra del compositor de Leo­
te fué definiendo su propia perso­
nard Bernstein está ensombrecida
nalidad. Conjuga una sensibilidad y
por su brillo como director de or­
refinamiento musicales con una
questa y concertista de piano. En
mente alerta que a menudo ofrece
cierto modo sería raro que no com­
rasgos de sarcástico humor.
pusiera, porque su habilidad en tal
Hasta ahora H aieff ha compuesto
sentido es no solamente una de las
pocas obras extensas. Aunque tiene
varias facetas de una extraordinaria­
una “ Primera Sinfonía” , se nos
mente versátil personalidad musical.
muestra más cómodo en composicio­
Para nosotros Bersntein representa
nes breves, tales como el “ Divertiun nuevo tipo de músico, tan apto
mento” para orquesta de cámara,
para la música de jazz como para
“ Sonata” para dos pianos, “ Cinco
la música seria. Aunque su tiempo
piezas para piano” y otros trabajos
para componer está estrictamente
breves para violín y piano o violonrestringido por sus actividades de
eello. Actualmente está trabajando
director, Bernstein tiene en su ha­
en la partitura de un ballet inspira­
ber una sinfonía, “ Jeremiah” ; dos
do en la “ Bella y la Bestia” , que
ballets, “ Fancy F ree” y “ Facsí­
será coreografiado por George Bamile” ; una “ Sonata” para clari­
lanchine para la Sociedad del Ba­
nete y piano, canciones y piezas pa­
llet, de Nueva York.
ra piano.
'
Ilarold Shapero es al mismo tiem­
po el compositor mejor dotado y el
Lo más notable de la música de
más desconcertante de su genera­
Bernstein es su proximidad al sen­
ción. Joven bostoniano de 27 años,
tido emotivo. Melódica y armónica­
posee un “ oído” fenomenal y una
mente posee una espontaneidad y
brillante inteligencia. Uno y otra
calor que comunica al auditorio. Su
fueron sometidos a metódica prepa­ peor música es la música de direc­
ración bajo la dirección de Krenek,
tor, de estilo ecléctico e inspiración
Pistón, Hindemith y Boulanger. Es­
fá c il; la mejor, es música de vibran­
tos maestros dejaron su marca en
te sentido rítmico, de ímpetu irre­
él: Shapero es dueño hoy de una
sistible. Ciertamente, es cosa aven­
técnica absolutam ente perfecta.
turada predecir lá durabilidad de la

�P or
UANDO en las siestas calientes

C el chirriar del coyuyo comenza­
ba a limar el silencio, los montañe­
ses del lugar decían: “ Está madu­
rando la algarroba” . Desde la tie­
rra subía un vaho cadente color de
plata y sombra. Los vapores retor­
ciéndose en el aire, eiran ramas de
gigantescos árboles espectrales con
azules r eñe jos violáceos de nácar y
oscuro resplandor de hierro. Todo
estaba madurando: la montaña y
el bosque, el aire y el canto de los
pájaros, en la vaina de oro de la
algarroba. La tierra hervía y se
maceraba con un calor de horno y
de caldera que subía desde la espe­
sura de las lianas a la copa , más
alta de los árboles. La podredum­
bre de las flores, las hojas, las ra­
mas, las enredaderas, las raíces y
los tallos y los restos de animales,
iban convirtiéndose lentamente en
tierra salvaje y nueva lista para
un futuro renacer de heléchos y del
dulce madurar de la algarroba. El
valle era, así, gigantesco matraz en
que todas las esencias del mundo se
combinaban para que de la anti­
gua muerte surgiese la nueva vida.
Desde el humus vegetal nacía la
savia para ram ificarse en los copo­
sos cedros.
Mil escondidas raíces melódicas
se tejían en la música que necesita
toda resurrección de vida. El ru­
mor del torrente, el silbido de los
chalchaleros rebotando en los pe­
ñascos acústicos, el balido de las
cabras saltando en los breñales, el
cántico dolido e indolente del cam­
pesino, el rumor del agua lejana

música de Bernstein, tan enorme­
mente efectista cuando se escucha
por primera vez .
A propósito he dejado para el fi­
nal a John Cage. En 1920, la música
experimental de percusión de E d­
gar Várese y Henry Cowell hizo un
ruido enorme entre la vanguardia
musical. Cage procede de ahí para
gran sorpresa de muchos de nosotros
que creíamos definitivamente con­
cluido el período de percusión en la
música. Cage comenzó en California
con una música de percusión pro­
pia, bien que derivada de la de sus
maestros. Pero gradualmente puso
él de nuevo en uso el llamado piano
“ preparado” como un medio de
percusión. Se llama piano “ prepa­
rado” a aquel que lleva inserto en­
tre las cuerdas del instrumento ma­
teriales metálicos y no metálicos, lo
que produce un tono de sordina de
fina variedad. Para apreciarlo bien
hay que escucharlo; su sonido es de
poca duración, semejante al del ar­
pa. Fascinante como es, temo que
la música de Cage tenga ,más origi­
nalidad de sonido que de substan­
cia. Por su estilo se asemeja a la
música de Bali y a la de la India,
e incluso a la más reciente de A rnold Schoenberg.
En los Estados Unidos la música
seria está en vías de prosperidad.
Factor frecuentemente no advertido
es el de que del seno de los Conser­
vatorios salen compositores sin pa­
ralelo en el pasado musical del país.
Si podemos apreciar el futuro mu­
sical de una nación por la actividad
de su generación más joven de com­
positores, entonces Estados Unidos
puede afirmarse que progresa. Los
siete compositores de los que me lie
ocupado en este artículo se hallan
próximos a la meta, pero en muchos
aspectos son producto típico de su
generación. Son músicos bien pr&amp;
parados y, lo que es más, prepara­
dos a la norteamericana. No consti­
tuyen una escuela por lo que se re­
fiere al estilo, pero todos componen
música de ritmo vivaz, riqueza meló­
dica y claramente concebida. Y o
creo que tomados en conjunto for­
man un grupo notable capaz de re­
sistir la comparación con la genera­
ción más joven de cualquier otro
país. Lo que es algo nuevo para
los Estados Unidos.
(Publicación autorizada por “ The
New Yorle Times M agazine'’ ).

que es la insinuación de la brisa
en el ramaje, eran parte de aquella
vasta sinfonía que es flor del pai­
saje. Y la algarroba iba madurán­
dose con el vaho caliente de esa lla­
marada que se blandía como espa­
da de fuego. Todo este fervor de
vida parecía aquietarse cuando se
escuchaba lejano el lento percutir
de la caja a veces acompañado de
fúnebre canto:
Siempre te espero, mi vida
por verte llegar.
Tara rá tá tata
Pero nadie mi, vida
me ha visto llorar
Tara rá tá tata.
Un día los caminos se llenaron de
júbilo. Un grito de alegría partió
del valle “ ¡ La algarroba ha madu­
r a d o !” ¡Tenemos que hacer! Desde
lo alto bajaron al arenoso lecho del
río caravanas de campesinos a re­
coger el fruto dorado de la isla.
Cuando la creciente descendía bra­
mando hasta el valle para luego as­
cender amenazando tapar los cerros
con su espumosa furia, quedaba ca­
si siempre libre de las aguas, en
el centro del río, un gran barran­
co poblado de algarrobos. Este era
el lugar codiciado para las fiestas
con que por enero se decoraba la
cosecha. Era la algarroba de la isla
la más rica de esa reg ión : vaina an­
cha, gusto a miel, de una dulzúra
sin igual. “ Ha madurado la algarro­
ba, tenemos que hacer” . Y se iban
convocando de casa en casa. Ya sa­
lían las muchachas con vestidos de
colores agrios, cimba’ en tiara, pa­
ñuelo celeste a los hombros y al­
pargatas nuevas. Y ellos los varo­
nes, con su ancho tirador enmone­
dado, talero de plata, bombacha
comprada en lo del turco y guar­
dada en el arcén. Y así iban lle­
nando con canciones el aire trans­
parente del valle.
Pastor Brandan descolgó su ca­
ja y acarició el acústico cuero.
Una sonrisa suavizó la fiera expre­
sión de su faz. Caja para las pro­
cesiones con cohetes voladores, con
banderas hechas de pañuelos en­
astados en largas cañas huecas, con
el barbotar de las oraciones dichas
en tono litúrgico con el rosario en­
cadenado en ambas manos y la vio­
lencia de los jinetes haciendo rayar
los caballos al grito de ¡ Viva D ios!
Caja de los carnavales; ritmo de
letargo que comienza a sonar en la
madrugada lila. Tara rá tá ta ta
Palo y chalchál
palo y nogal;
pa que me has traído
pa verme llorar
Cáscara de sandía, instrumento
de agasajo destinado a ser arroja­
do a la cabeza del amigo, arrobas
de harina después de baldazos de
agua para que se form e una espe­
cie de engrudo sobre las ropas,
gruesas de cohetes atados a la co­
la de los caballos. Alegría semibár­
bara, bromas dignas de guerreros.
Carnaval brutal e ingenuo de la
montaña, acompasado por la caja
cada vez más lenta en su ritmo
cuando más copas debía agradecer
el cajero. Caja de los entierros,
tristeza guarnecida de silencio sin
llantos, sin lamentos, dolor que g o ­
ta a gota va horadando la piedra
del corazón. Y después la cruz tos­
ca de algarrobo al borde del cami­
no y un tarro para los níqueles que
la viuda irá a recoger de cuando
en cuando. Caja para los velorios
del angelito, música, canciones y
amoríos. Recóndito golpear del cue­
ro en el alba morada y en la noche
verde, con pájaros dormidos en los
árboles altos, con el rezongo del
torrente en la cumbre, y un pro­
testar de mar en la ribera del va­
lle. Caja de bautismos de los d o­
mingos claros y firmes como de
mármol y acero. Cánticos de se­
tiembre con los duraznos fioridos,
claridad de julio con las tiernas
violetas, octubre florecido de la­
pachos rojos y diciembre decorado

PABLO

ROJAS

PAZ

con su algarroba y su estrella fe ­
deral.
Pero, nunca el percutir de la ca­
ja era más alegre que en enero,
cuando la algarroba comenzaba a
madurar arrullada por el coyuyo,
en que el árbol se decoraba de oro.
Cuando el paisano dice “ árbol” ,
sólo se refiere al algarrobo. Una
dicha nueva nacía en los tiernos
heléchos, las dalias silvestres, la
modesta pasionaria y la rosa pequeñita de los San Antonio. El ár­
bol maduraba en el oro de sus vai­
nas. El agua era más clara y más
fácil el vuelo de las aves.
¡Apúrate, que están pasando to­
dos ! — gritó Pastor a Hiedra mien­
tras ésta se calzaba sus alpargatas
bordadas. Cada vez iba siendo más
densa la música del valle en el cie­
lo de miel y acero; el viento iba
jugando entre los mirtos hasta es­
conderse en el monte; los balidoí
volvían confusos los cánticos que
llegaban desde la cima de la mon­
taña y la acústica del valle era
prolífica por su resonancia innu­
merable. Después de llenar las bol­
sas con las vainas de algarroba, se
organizaban las fiestas. La guita­
rra adquiría resonancias nuevas en
aquel valle claro y alto. Y su mú­
sica fortalecida por los cantos, se
alzaba como un mar de ecos para
ir en invisibles olas a chocar con
las empinadas laderas. En lo me­
jo r del baile y de los cantos se es­
cuchaba ese alarido de júbilo con
que los paisanos rubrican su ale­
gría. Apicarados “ gatos” , presun­
tuosos “ cuandos” , cautelosos “ es­
condidos” eran bailados con el in­
dolente roncear de los mozos. Era
la fiesta de la algarroba, el home­
naje al árbol por excelencia que da
su leña, que da su sombra, que da
su fruto. Porque cuando el paisano
de la llanura del noroeste dice “ ár­
bol” , piensa solamente en el alga­
rrobo blanco, que es el amigo, de
la fruta dulce, cuya madera, horcón
del rancho o cruz en los caminos,
acompaña al paisano tanto cuando
duerme una noche como cuando
duerme para siempre.
Pero, se cuenta que cierta vez
acaeció algo catastrófico. Todo era
cantos y alegrías en la isla, cuando
de pronto retumbó el trueno en la
cumbre. Era tal el alborozo que
nadie lo oyó. Y se escuchó ese sub­
terráneo de la corriente que avan­
za, de esa mole de agua que se
abalanza desde los cerros con una
furia desatada, arrancando los ár­
boles de cuajo, llevándose pedazos
de montaña, el ganado, las casas.
Se anunciaba con un mugido ate­
rrador; pero, avanzaba, fulminan­
te, por el valle, sin que nadie pu­
diera escapar de ella. Y aquel día

CUATRO AÑOS EN LAS O RCADAS
DEL SUR
por José Manuel Moneta. (5* edición).
(Obra premiada por la Comisión Nacional de Cultura)
El extraordinario relato de un integrante de cuatro
expediciones argentinas, de las que anualmente son
enviadas a las Oreadas Australes, describiendo, con
pluma ágil, heroicas y vigorosas anécdotas sobre la
dureza de la vida polar que, en el Antártico, debe
afrontar un reducido núcleo de argentinos.
Un volumen de 342 páginas, esmeradamente impreso
e ilustrado con numerosos grabados en negro y dos
mapas fuera de texto .................................... .$ 12 .—

EL FORASTERO
por Rómulo Gallegos
Continuando la publicación de las obras completas del
gran escritor venezolano, se presenta al público lector
esta obra que es, quizá, la más humana de sus crea­
ciones. Bajo las mismas características de edición se
han publicado hasta el presente los siguientes títulos:
“ DOÑA BARBARA” , “ LA TREPADORA” , “ CANAIMA” , “ REINALDO SOLAR” , “ CANTA CLARO” y
“ SOBRE LA MISMA TIERRA” .
Un volumen de 290 páginas, con ilustraciones litográficas de Emilce Saforcada, ricamente encuaderna­
do en tela con sobrecubierta ........................ $ 12 .—
En preparación, dentro de la misma colección la obra
cumbre de Rómulo Gallegos: “ POBRE NEGRO” , ilus­
trada con xilografías de Raúl López Anaya.

LA MADRE GRANDE

norvt-o

GQ»

f

E lfo m o

(Novela)

por Francisco A. Rosito
Una novela argentina, de color local, donde el mo­
mento nuestro se refleja con objetiva imparcialidad.
Humanos sus personajes, con todas sus pasiones, gran­
dezas y miserias, desfilan ante el lector, en forma
amena, al conjuro de un estilo ágil y elegante, que
deleita y alecciona.
Un volumen en rústica, de 238 páginas, esmerada­
mente impreso ..................................................... $ 5 .__

I &lt;' » OM*. *■ S* V » « '*

V*

TRADICIONES SANJUANINAS
por Octavio Gil
En los tres primeros capítulos de este libro, dividido

f en siete, se resumen los pilares básicos de la historia
de San Juan como provincia argentina, desde su fun­
dación hasta la organización constitucional, para lle­
gar, en los cuatro últimos, a presentar todo aquello
que el viejo San Juan ha tenido de más típico y
característico.
Un volumen en rústica, esmeradamente impreso sobre
excelente papel ................................................... $ 7 __

CANTO A LA TIERRA DE CUYO
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Un hermoso canto a la legendaria región cuyana, tie­
rra donde mejor se alternan los sueños, el trabajo
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mente por Luis Macaya, Víctor L. Rebuffo, José Jor.
ge Fatta, Galeano Relardinelli y otros, de conformidad
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SA N M A R T IN 200
F L O R ID A 750, F L O R ID A 205 y S U C U R SA L E S

de la fiesta de la algarroba suce­
dió eso. Cuando cayeron en la
cuenta del peligro, ya no pudieron
salvarse de él. Y la mayor parte de
los campesinos pereció ahogada. La
isla fué desde ese día lugar de luto
y sombra. Y como no fué posible
encontrar los cadáveres de los aho-

gados, una gran cruz de algarrobo,
en el centro de la isla, los recorda­
ba. Y el árbol amigo, queriendo aso­
ciarse al dolor del hombre, cambió
sus frutos de oro por vainas peque­
ñas y oscuras, sin gracia, pero de
una dulzura extraordinaria. Y así
nació la algarroba negra.

D el E sc r ito r y l a L it e r a t u r a
EN EL MUNDO ACTUAL

Por ALBERTO G1RRI

U

N A hipotética encuesta entre
lectores acerca de la literatura
y el escritor arrojaría resultados
bastantes aleccionadores y curiosos.
Para la generalidad, la literatura
sigue siendo, esencialmente, evasión
y lo que más atrae de ella es que
se trata de un producto de la ima­
ginación, siempre prestigiosa. Pero
cuántos son los lectores que, conc-ientemente, se han planteado esta
cuestión: ¿cuál es mi real interés
por la literatura ?; ¿ es para mí sim­
plemente una distracción confeccio­
nada por inteligentes desocupados,
para desocupados no tan inteligen­
tes, o es algo más serio 1; y el escri­
tor, ¿qué nexo me une a él? Obser­
varíamos que el escritor todavía es
un espectáculo, que aun existen con­
secuentes defensores de una imagen
envuelta en galas novecientistas.
Los ingenuos defensores de la cha­
lina, la melena artística, está visto
que quieren aferrarse cómodamente
a rasgos externos, mejor cuanto más

grotescos, rasgos que suponen seña­
lar inequívocamente la presencia
del ciudadano escritor. Es siempre
atrayente la búsqueda y la consta­
tación de un tipo humano diferente,
cual suele serlo el artista, pero des­
de el punto de vista del escritor,
tanto anacronismo va más allá de
lo pintoresco y le está diciendo que
hay una especie de divorcio entre
él y quien lee. Es significativa la
complacencia que despiertan las bio­
grafías a la manera de Hollywood,
donde Lamartine o Hugo o Balzac
— este último goza de preferencias
a causa de su gordura— se mueven
en actitudes de saltimbanquis de la
posteridad, al compás de frases es­
trictamente geniales. Quizas a mu­
chos agradará más saber que mo­
dales tenía Balzac sentado a la mesa,
o si George Sand siguió usando pan­
talones después de sus amores con
Musset, que las dificultades de Byron peleando por la libertad de Gre­
cia. Sigue pues en circulación una

imagen del escritor que es impos­
tura, y que parecería más bien un
intento de apartarlo del mundo por
una vía bastante eficaz como lo es la
del ridículo. La verdad es otra. Para
el escritor responsable ni este ni
otros fueron tiempos de bromas.
Ahora bien, ¿ que hechos negativos
son los encargados de desfigurar su
misión? Si en el orden particular
del cultivo de cualquier arte el es­
tilo es la efectiva representabilidad
formal de la materia artística, en lo
universal es expresión de la natura­
leza toda, de lo dado. Es unidad e
integración. Esto no se enfrenta
con el primer hecho negativo a con­
siderar : nuestra época carece de es­
tilo, carece de unidad. Hay, además,
una falsa premisa cuya vigencia
quiere mantenerse y que, disociando
al escritor del hombre, lo presenta
alejado, soslayando el mundo que to­
dos vivimos. De ello resulta una
( Continúa en la pág. 10.)

�ca b alg ata
(l'irn r ár la primera página.)

bulo teórico, debo agregar que el
artista moderno tiene en sus manos
un instrumento que constituye a un
tiempo lo grandioso y lo peligroso
de su misión histórica; este instru­
mento es la libertad absoluta de
crear, sin limitaciones ni trabas de
ninguna especie. Este extraordina­
rio movimiento de liberación en ar­
te, iniciado a comienzos del siglo
pasado por el romanticismo, tenía
que llegar en el transcurso de poco
más de un siglo a los resultados sor­
prendentes del arte actual, en que
se refunden todas las experiencias
artísticas desde el hombre primitivo
hasta el Renacimiento, lanzándose
desde allí a explorar nuevos mun­
dos con una audacia temeraria.
De todas las experiencias artísti­
cas de los últimos tiempos pueden
considerarse dos de ellas como fun­
damentales, por constituir la pola­
ridad de manifestaciones en que se
debate el espíritu del hom bre; son
ellas el arte abstracto que repre­
senta la anulación del individuo
en aras de lo universal y cuyo re­
presentante más puro fue Piet Mondrian — ese verdadero asceta de la
plástica— , y en el otro polo el
arte surrealista que significa la afir­
mación de la individual (podríamos
decir: una afirmación existencial),
cuyo representante más neto sería
Max Ernst. La actitud de estos ar­
tistas, su tarea de creadores de ob­
jetos de arte es completamente dis­
tinta : Mondrian buscaba expresar
en su obra los elementos de valor
universal reducidos al más puro es­
quema ; eso hacía que trabajara con­
tinuamente sobre el mismo cuadro
durante afros, depurándolo incesan­
temente de todo lo accesorio; el ar­
tista surrealista utilizando el meca­
nismo automático de la inspiración
pura, se niega al contralor de la ra­
zón, de modo que su obra está ter­
minada de entrada, y lo aparente­
mente accesorio tiene significado y
jerarquía en la totalidad del cuadro.
Doy término a este pequeño pre­
ámbulo — indispensable en el caso es­
pecial de Batlle Planas ya que este
artista se debate personalmente entre
la polaridad formada por el arte abs­
tracto y el arte automático puro—
para entrar ya de lleno al análisis
de la obra del artista, llamándonos
la atención, ante todo, sobre la sin­
ceridad de Batlle Planas consigo
mismo: no ha tratado de solidificar
su obra en una fórmula o receta,
que es frecuente causa de éxito fá­
cil, sino que su lenguaje se ha ido
modificando según se lo imponía la
necesidad interior, los distintos mo­
tivos que buscaban exteriorizarse a
través de las imágenes. Por esta ra­
zón no ha titubeado en abandonar
formas en las que había logrado una
perfección notable y el aplauso de
un público elegido — halago al que
el artista renuncia con dificultad—
porque en ellas encontraba agotadas
las posibilidades de expresar su vida
íntima. Una sinceridad parecida só­
lo puede encontrarse en dos grandes
artistas contemporáneos: Picasso y
W olfgang Paalen.
Quiero comenzar haciendo una
breve reseña de la historia artística
de Batlle Planas. Se inicia a los 20
años en la plástica como autodidac­
ta, ejecutando copias del natural.
Insatisfecho de estos ensayos descu­
bre pronto el método de creación
automático, en el que hace sus pri­
meras armas en el año 1935 con di­
bujos, para ejecutar al temple, en
el año 1936, la serie de “ radiogra­
fías paranoicas’ ’ en las que utiliza
como color además del negro, el ama­
rillo y el gris plomizo. Muy intere­
sante es descubrir que en estas pri­
meras obras de Batlle Planas ya se
encuentran los elementos fundamen­
tales que aparecerán como “ leit
m otiv” en toda su obra posterior,
como ser, por ejemplo, la figura del
hombre barbado y las imágenes de
los puntos guías, elementos que se
desarrollarán plenamente sólo en
época reciente.
A partir del año 1937 y hasta el
1939 el artista descubre las extra­
ordinarias posibilidades automáticas
del color, al mismo tiempo que apa­
recen en sus cuadros una gran va­
riedad de imágenes que abarcan des­

de elementos antropomórficos hasta
los estrictamente abstractos. En este
primer sondeo amplio que el artista
hace en sí mismo, se encuentra con
un mundo caótico e indiferenciado;
múltiples imágenes bullen por bus­
car salida, pero entre ellas se van
definiendo lentamente los elementos
que van a constituir — como ya he­
mos dicho— los motivos conductores
de la temática del artista: aparecen
ya entonces los fantasmas de vesti­
dura poliédrica en colores fríos, azu­
les y grises de sorprendentes mati­
ces, y usando magistralmente la
técnica del degradado. También sur­
ge entonces el personaje barbado,
que atravesará sin interrupción en
distintos momentos, a veces fugaz­
mente, apenas esbozado, la obra de
nuestro artista, hasta llegar a domi­
nar en los períodos más cercanos al
presente la totalidad de la tela, a
convertirse en la imagen de primer
plano exclusiva. Ya veremos más
adelante qué interpretación damos
a esta figura. Desde el año 39 al 42
y parte del 43, el artista crea su
famosa serie de cuadros fantasmales,
constituyendo un período que el pro­
pio artista denomina “ tibetano” , re­
firiéndose al cuadro denominado
“ Tibet’ ’, uno de los más caracte­
rísticos de este período. Domina en
estos cuadros un extraño clima de
desolación. Sumergidos en una at­
mósfera onírica, totalmente opuesta
a la que pudiera permitir la existen­
cia de seres vivos, encontramos fi­
guras fantasmales, que insinúan la
estructura general de seres huma­
nos, pero que nos muestran detalles,
al estar cubiertos de la cabeza a los
pies por vestiduras poliédricas, de
las que no puede asegurarse que
sean realmente vestiduras o consti­
tuyen la esencia material misma del
personaje que representan. A veces
las cabezas están constituidas por
formaciones cúbicas con aberturas
esquemáticas y geométricas, en otros
se esboza someramente un perfil hu­
mano. La tonalidad de estos cuadros
resume las extremas posibilidades
de los más melancólicos ensueños de
desolación. Tonos grises y azules y
sólo de cuando en cuando una man­
cha de bermellón rompe con su gri­
to de alta temperatura, con su deseo
de vida, la desolación escalofriante
de este paisaje de fantasmas. Con­
sidero este período uno de los más
fecundos del artista, aunque reco­
nozco que su exaltación suprah mini­
na lo hace poco apto para que el
pintor soporte su carga agobiante
por mucho tiempo.
Desde el año 43 — esporádicamen­
te desde el 42— al 46, la temática

J. B a t l l e P l a n a s . L os m e c a n is m o s d e l n ú m e r o . 1948.

del artista cambia fundamentalmen­
te. Aparece la figura humana, ba­
rriendo totalmente el mundo de fan­
tasmas. La atmósfera deja de ser la
atmósfera nocturna de lo irreal, pa­
ra saturarse de los cálidos colores
del sol, rojos y amarillos, entremez­
clados en palpitante combinación.
Los elementos humanos que apare­
cen pueden reducirse a dos: un per­
sonaje barbado y una mujer joven,
a veces representada desastradamen­
te vestida en un paisaje en el que
parece estar de tránsito, trotamun­
dos que no vienen de ninguna parte
y no van a ninguna parte, con un
báculo para ayudar al sostén de su
cuerpo cansado. En este período que
podríamos llamar de realismo auto­
mático, la figura humana está re­
presentada con minuciosa fidelidad,
pero se trata siempre de retratos
ideales, de la conformación plástica

de obsesionantes imágenes interio­
res, que se repiten en cuadros suce­
sivos casi como las variaciones de un
tema musical.
Desde el año 46 surge en el espí­
ritu del artista la concepción de los
puntos vectores, o más correctamen­
te: puntos iniciales. Partiendo de
estos puntos iniciales, el espíritu del
artista se lanza en busca de otros
pimíos y así sucesivamente, trazan­
do las líneas vectoras, imágenes re­
veladoras de las más audaces aven­
turas automáticas que van desde una
nueva concepción plástica de la fi ­
gura humana hasta figuraciones ín­
tegramente abstractas.
Aquí es oportuno mencionar que
el elemento abstracto — en su senti­
do de no objetivo— aparece repe­
tidamente durante la evolución ex­
presiva del pintor: se lo ve como
desintegración de la figura humana
en sus elementos abstractos en ' ‘ His­
toria de dos personajes automáti­
cos” , cuadro al temple ejecutado en
1943 y como auténticas y totales abs­
tracciones gráficas en “ Génesis”
del año 1943 y “ Génesis” del año
1946 ejecutados al pastel. Los colo­
res usados son el amarillo violento
y el negro y el abstracto es el de con­
tenido poético como sucede con las
grafías abstractas de Miró, de Klee
y en algunas obras de Kandinsky.
En el momento actual, el pintor
oscila entre distintos requerimientos
interiores: la técnica de los puntos
vectores lo lanza a veces hacia auda­
ces aventuras a través de la figura
humana o en el terreno abstracto;
otras veces, más apaciguado, se en­
trega a la ejecución de melodiosas
variaciones sobre una figura ideal
de mujer. También lo requiere el
grabado, en donde ha dado muestras
de una finura de realización excep­
cional. El dibujo, especialmente en
la ilustración de textos literarios, ha
logrado de su lápiz caligrafías sa­
turadas de extraña sugestión, líneas
que parecen dibujar las tortuosida­
des de un pensamiento torturado.

J. B a t l l e P l a n a s .

El m a e s tr o . 1946.

Después de esta somera descrip­
ción de la trayectoria histórica del
artista, quiero entrar a analizar más
detalladamente la personalidad del
mismo. A l examinar esa vasta pro­
ducción para una vida tan joven
nos encontramos en primer término
en una ausencia total del elemento
denominado realidad: el artista no
sólo no copia la realidad, sino que
ni siquiera se inspira en ella. Lógi­
camente, me refiero a la realidad
empírica, a la realidad aparente,
o dicho en otra forma más llana: a

la í’ealidad cotidiana. Esta fuga.de
la realidad es una cosa común en
muchos artistas contemporáneos y
tendría que decir que, aunque en
forma no tan clara, es común a los
artistas de todos los tiempos. El
motor que impulsa a determinados
hombres a alejarse de la realidad
aparente es justamente la idea de
que es tan sólo aparente, de que de­
trás o más allá tiene que haber una
realidad, podríamos decir, más “ ver­
dadera” , una realidad definitiva.
En busca de ella se han lanzado por
distintos caminos el artista, el hom­
bre de ciencia, el filósofo, el místico.
El elemento básico con el cual el
artista se ha lanzado a la conquista
de lo desconocido es la intuición
poética y el gran mérito del surrea­
lismo es haber introducido el ele­
mento poético en la plástica con la
máxima libertad y desenfado. Este
hecho de la inclusión del elemento
poético en la plástica es un aconte­
cimiento que ya tenía sus preceden­
tes perfectos, aunque aislados, en el
pasado; baste mencionar los&lt; nom­
bres, primero del máximo e inigua­
lado Jerónimo Bosch, luego de al­
gunos italianos, Piero di Cosimo y
Carpaccio entre otros, de William
Blake, de Grünewald, Durero, etc.
La fuga de la realidad, aunque sin
una franca introducción del elemen­
to poético, se encuentra en algunos
representantes del impresionismo:
Monet y Seurat especialmente. Las
complicadas deformaciones de los
elementos plásticos introducidas por
los cubistas y escuelas afines respon­
den al mismo mecanismo. El artista
moderno se lanza en basca de esa
realidad última por dos senderos
opuestos, aunque no incompatibles
(ya que pueden aparecer conjunta­
mente o sucesivamente en el mismo
artista) : el artista abstracto busca
la reducción del cuadro a las leyes
fundamentales, universales, impere­
cederas, que colocan en el número,
como hicieron desde Pitágoras hasta
los logieistas de hoy muchos filóso­
fos; este dominio del número se
presenta bajo forma de una geometrización implacable, reducida en
Mondrian a 1a. línea recta en dos úni­
cas posiciones: la vertical y la hori­
zontal, que son síntesis del sentido
de las dos grandes fuerzas de la na­
turaleza, de las cuales se derivan
todas las otras, secundarias, impu­
ras; los colores utilizados por Mon­
drian son los tres primarios en su
forma original, el resto de los colo­
res, por derivarse1de éstos, pierden,
debido a su impureza, interés para el
artista. El surrealista, en cambio,

�ca b a lga ta

TIC
)E

Planas
ir ADOLFO ESTE
J. B atlle P lanas. L os mecanismos del número. 1948

¡r

.

v.

-

!

cree en la revelación de esa realidad
última, no por un mecanismo racio­
nal como el abstracto, sino por un
mecanismo intuitivo. Esta confianza
en el posible contacto con las reali­
dades ocultas por mecanismos do
captación no racionales, hace que el
artista surrealista se encuentre en
íntimo parentesco con los místicos y
con los ocultistas. Aparece entonces
en el arte un elemento, extraordina­
riamente similar al poético, que eS
el elemento mágico. El extraordina­
rio pintor y teórico del surrealismo,
Kurt Seligmann, acaba de publicar
un hermoso lib r o : E l espejo de lo
mágico * en donde historia las ma­
nifestaciones de esa capacidad con­
creta de ver otra realidad. A ese li­
bro remito a quienes se interesen por
este problema particular. Bretón, la
primera figura del surrealismo, ha
indicado las estrechas relaciones del
artista con la magia en un libro re­
lativamente reciente publicado en
Nueva Y ork: Arcarte 17.
En resumen: el surrealismo tien­
de, por natural gravitación, a aban­
donar su exclusiva posición freudiada, es decir, de intérprete del in­
consciente y de los fenómenos de re­
presión y de frustación, para acer­
carse a un antiquísimo concepto del
artista: el concepto de vate, en que
el artista, vinculado a una realidad
oculta, actuaba como revelador de
ella y su lenguaje tenía el valor de
profecía.
Volviendo al concepto de realidad,
uo hay duda que el hombre se en­
frenta con muchas realidades distin­
tas. El realismo ingenuo entiende
como realidad, lo aparencial; es la
filosofía del hombre de la calle y
nada ni nadie podrá moverlo de esa
posición de seguridad. Cuando algún
motivo angustioso lo hace vacilar
vuelca su inquietud en el cómodo
receptáculo de la religión oficial,
por supuesto, sin conexión con cual­
quier intento de revelación directa
(es decir, lo que se llama fenómeno
místico) que pudiera apartarlo de
esa tranquilizadora realidad feno­
menal. La negación de la realidad
aparencial se refugió en lo antiguo
en la filosofía, pero la ciencia mo­
derna, desde Copérnico y Galileo,
y más aún con los modernos investi­
gadores de la estructura de la ma­
teria, se ha sumado a los enemigos de
dicha realidad ingenua.
Ahora bien ; en el artista, la fuga
de la realidad se debe no sólo a su
deseo de conocer (que comparte con
el filósofo y el hombre de ciencia),
* The Mirror o f 3lagic. (Panthcon Books,
N. Y.. 1948).

9
ellos; esa emoción sólo es comparable
a la que suelen tener frente a imá­
genes de hondo contenido religioso).
Como último contenido de estos re­
tratos ideales vemos en ellos la pro­
yección ideal de la propia persona­
lidad del artista. La autovalorización del artista, que, para usar un
término técnico, denom inarem os
narcisismo, hace que desarrolle en
todo retrato ideal un autoretrato.
El artista es continuamente, en cier­
to modo, una mezcla de Pigmalión
y de Narciso: hace la obra de arte
con parte de sí mismo .y vuelca en
ella su afecto por lo que contiene de
sí mismo.
El otro personaje que cruza obse­
sionante la obra de Batlle Planas en
los últimos años es una figura de
mujer joven, frecuentemente pre­
sentada como vestida de harapos y
apoyándose en un báculo, absoluta­
mente sola. El paisaje en que apa­
rece, aunque solitario, no ofrece ya.
en esta época de la evolución del
artista, el aspecto de desolación que
caracterizaba el período fantasmal;
hay una esperanza de vida vibrando
en una cálida atmósfera de día so­
leado que baña todo el cuadro. La
interpretación de esta figura tam­
bién ha sido varia: los psicoanalis­
tas la. consideran personificación de
la madre; no discutiremos esta in­
terpretación, pero, como creemos que
el artista vuelca en una misma ima­
gen un multitud de contenidos di­
versos, interpretamos esta figura y
su ubicación en el paisaje habitual
en que la coloca Batlle Planas, como
una expresión del enorme desamparo
en que vive el ser humano, de la cru­
da y desalentadora soledad. En otros
momentos la imagen femenina apa­
rece más serena, acercándose real­
mente al gran mito griego de la es­
posa-madre, al' cual el psicoanálisis
ha dado vida moderna. Hay un cua­
dro en el cual podemos observar la
combinación de las dos figuras: el
personaje barbado v la mujer joven
con el aspecto de una verdadera sa­
grada familia, extraordinaria coin­
cidencia entre la mitología personal
del pintor y la iconología religiosa.
Otro aspecto adquiere la figura
humana con la técnica de los pun­
tos vectores o guías utilizada últi­
mamente por el artista. Se obtiene
por este sistema una desintegración
de la forma humana que no se rela­
ciona con el análisis plástico de los
volúmenes que debemos al cubismo
— aunque aparentemente lo parecie­
ra— , sino que responde a una des­
integración de índole angustiosa, a
una verdadera ruptura emocional de
las formas fijas, que producen como
resultado imágenes terroríficas o
angustiosas, en algunas de las cuales
he observado un vago parecido con
las máscaras de los ritos religiosos
indígenas americanos, surgidas in-

sino a que su jerarquía espiritual lo • fundamentales, verdaderos arqueti­
convierte en un solitario, lo aparta
pos, modelos ideales. El personaje
del ambiente cotidiano, lo hace fu­
barbado — que ya dijimos aparece
gar de la realidad de todos los días.
desde el comienzo de la obra de nues­
tro artista—•, va absorbiendo gra­
Este fenómeno de repulsión hacia
dualmente el interés del pintor hasta
lo cotidiano da a la obra del artista
convertirse en la figura central, en
su carácter específico, lo que podría
llamarse su “ constante emocional” , el protagonista indiscutido del cua­
dro. La explicación de este perso­
y la separa, netamente de la obra de
investigación científica o filosófica.
naje es bastante oscura: los psico­
analistas verán en él la figura del
La obra de arte no puede ser, por lo
padre, el pintor mismo la ve como
tanto, desapasionada (no me refiero,
la evocación inconsciente de un an­
por supuesto, al arte abstracto que
constituye un fenómeno muy espe­ tepasado (sus padres dicen que se
cial, ni al arte académico que en asemeja a algún tatarabuelo) ; sin
negar ninguna de estas dos interpre­
general tiene poco que ver con el
taciones, creemos que el artista ha
arte).
volcado en esa figura otra cantidad
Hablamos de que el artista era un
de mecanismos: constituye, por lo
solitario y ahora, después de haber
pronto, un resumen de fuerzas o
dado este rodeo discutiendo el con­
aspiraciones suprahumanas, de ver­
cepto de realidad, la mención de la
daderos arquetipos, o imágenes idea­
palabra solitario nos vuelve repen­
les divinizadas (cosa que ha asom­
tinamente a la obra de Batlle Pla­
brado al pintor es la emoción que
nas. Dijimos que toda la obra de
ha despertado en algunas personas
nuestro artista expresaba una abso­
de condición humilde el espectáculo
luta desconexión con la realidad em­
de estos cuadros, pues los ha visto
pírica, pero ahora agregaremos que
quedarse largo rato en éxtasis ante
más allá de un simple problema de
realidad, la verdadera importancia
de ella estriba en que expresa la
profunda soledad del hombre a tra­
vés de su propia y grave soledad
personal. Hay que aclarar que la
soledad en el artista es un fenómeno
paradojal, ya que se deriva, no de
su desinterés por el hombre, sino del
apartamiento que produce una sen­
sibilidad volcada hacia motivos dis­
tintos de los comunes. Este aparta­
miento del resto de los hombres, no
buscado por el artista, se convierte
entonces en mecanismo de angustia,
la cual se tranquiliza sólo cuando
el artista da salida a su tensión in­
terior por medio de la obra de arte,
la que se constituye, en definitiva,
en un motivo de acercamiento hacia
el resto del género humano. Batlle
Planas expresa en sus obras, pues,
su concepción solitaria del mundo:
así en el período de las pinturas tibetanas o fantasmales, los hombres
aparecen como masas que, aunque
conservan una grosera estructura
humana, carecen de detalles que los
individualicen, teniendo todos, en
cambio, uniformes contornos polié­
dricos. El mundo de los hombres re­
sulta un mundo de fantasmas, de
entes cubiertos, de sombras, total­
mente impenetrables y todos apa­
rentemente iguales. Así los ve colo­
cados, en la más variadas situacio­
nes, en un ambiente desolado, en una
atmósfera angustiosa de pesadilla.
En un período posterior cambia el
clima emocional y se individualizan
J. B atlle P lanas. Noica. 1946.
en su pintura dos figuras humanas

dudablemente de parecidos estados
de angustia anímica.
Ahora pasemos a analizar siquiera
brevemente la técnica utilizada por
el pintor y que se conoce desde la
aparición del surrealismo como mé­
todo automático de creación artísti­
ca. Cuando el artista creador subor­
dina la realización de su obra a este
sistema — en realidad corresponde
al antiguo fenómeno de inspiración
poética— , sucede lo siguiente: en
primer término, si ha aprendido por
adecuado entrenamiento a escuchar
su voz interior -—la antigua musa— ,
•su obra se caracteriza por la rapi­
dez, diríamos fluidez, con que se
produce, al eliminarse todas las tra­
bas racionales que suspenden el pro­
ceso vertiginoso de la inspiración,
el dictado interior. Este es el caso de
Batlle Planas. Su producción revela
una fecundidad y facilidad poco co­
munes, resultado de una feliz cana­
lización de las tensiones interiores.
Bretón ha enunciado en el primer
manifiesto del surrealismo la adop­
ción del método automático, como
técnica del artista surrealista, defi­
niéndolo como “ un automatismo psí­
quico, que rechaza todo control de
la razón” . Este total rechazo del
control racional es la gran origina­
lidad del surrealismo. Bretón, en el
mismo texto, pronosticó la gran fe ­
cundidad del método, cosa que ya
podía preverse por sus utilizadores
en el pasado: en pintura, J. Bosch,
cuya obra tiene las características
de fluidez, de riqueza, de magia, que
caracterizan al método automático.
La utilización del método auto­
mático nos pone, entonces, en con­
tacto directo con el espíritu del ar­
tista, eliminando el censor que sig
nific-a la razón. Una gran conquista
del espíritu moderno es haber des­
cubierto que la gran potencia crea­
dora del hombre, la fuente motora,
de toda actividad positiva se en­
cuentra en las fuerzas irracionales
que posee el hombre, que habitan en
el núcleo mismo de su propia esen­
cia vital. Los más grandes pensa­
dores modernos defienden la jerar­
quía de lo irracional, cualesquiera
que sean después las diferencias que
los separen, llámense Bergson, Klages, Freud o Heidegger. Si la f i ­
losofía se ha lanzado a la defensa
de los factores irracionales de co­
nocimiento y de expresión, es el ar­
te, el que por su propia naturaleza,
debe estar a la cabeza de este movi­
miento de revalorización, un movi­
miento que se podría definir como
la lucha del espíritu contra la ra­
zón, como lo calificara el malogrado
escritor surrealista Eené Crevel. Es­
ta afirmación de la superior jerar­
quía de lo irracional es la, respuesta
que debe darse al hombre de la calle
cuando detenido frente a un cua­
dro moderno pregunte: “ ¿Qué sig­
nifica esto?” . El cuadro moderno
se convierte en un ser independien­
te y con vida propia, que no imita
ni reproduce nada. lía cumplido su
misión si determina en el especta­
dor un estado de ánimo — absoluta­
mente no racional— semejante al
que padeció el artista durante el
proceso de la creación. El espíritu
del espectador se enriquece enton­
ces con elementos de calidad tal que
ningún razonamiento puede darle.
Los valores estéticos son vivencias,
y donde hay incapacidad orgánica
para experimentarlas, no hay ele­
mento racional que pueda suplirla.
Esto no quiere decir que no sea posi­
ble un análisis intelectivo de la obra
de arte, ni una interpretación, pero
son éstas siempre condiciones a posteriori que pueden hacernos inte­
ligible el mensaje de un aiúista, pe­
ro nunca anular su valor.
á aquí volvemos a encontrarnos
frente a los cuadros de Batlle Pla­
nas como espectadores, y como es­
pectadores que saben que un artista
nos envía un mensaje plástico di­
rectamente a nuestra sensibilidad,
que intenta llegar a nuestra com­
prensión por un camino no racio­
nal. Nos habla en sus cuadros de
vagas angustias, de ensueños, de
aspiraciones indefinidas, de entes
ideales a cuya grandeza uno quisie­
ra aproximarse, y todo esto en un
lenguaje de colores nunca siquiera
imaginados, de azules y grises de
una transparencia sólo posibles en
( Continúa en la pág. 15.)

�caba lga ta

10

( Viene de la pág. 7.)

*

Acaba de Aparecer

H. G. W e lls

A PROPOSITO DE DOLORES
üno de los más famosos escritores ingleses de nuestro tiempo nos hace
asistir a la experiencia atroz de trece años de matrimonio convertidos en
“ el caso de Stephen W ilbeck contra Dolores” . Porque la vida es muy
distinta del amor imaginativo, y tiene realidades imperiosas que el autor
analiza valiéndose de las múltiples facetas del matrimonio como dé un
prisma de singular luminosidad y eficacia que va enfocando a lo largo
de éste que él denomina “ un relato sobre la felicidad y la soledad del
espíritu.

De Publicación Inmediata
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fractura y en lo social, el escritor
es visto como antes decíamos. ¿Que
queda entonces de su responsabili­
dad? Para un escritor que sabe que
su misión y su tarea es aclarar y
combatir la confusión de los valores
humanos, se le crean conflictos real­
mente dramáticos. El representa el
cada vez más raro tipo humano li­
bre, o por lo menos liberable. Su
creación es descubrimiento y es tam­
bién dominio de la realidad. Pro­
voca la intensificación de esa reali­
dad, y es fiel a su responsabilidad
en la medida que ayuda al hombre
a reconciliarse consigo mismo y con
los valores que le toca vivir.
En el mundo de hoy, más que
nunca, el hombre corre peligro de
ver definitivamente asesinado su es­
píritu. Hondas y poderosas fuerzas
le sacuden y constriñen a ceder más
y más terreno. La persona es ata­
cada por un desprecio manejado en
nombre de ideas abstractamente le­
gítimas, pero concretamente muchas
veces al servicio del mal. Estado,
nacionalidad, patria, estas ideas his­
tóricamente muy prestigiosas, son
los infatigables anzuelos. De tales
conceptos se hacen mitos. Se los
convierte en forma de idolatría y
entonces un escritor será, por ejem­
plo, un buen patriota y un buen
ciudadano cuando asocia su inteli­
gencia no a una lealtad particular
hacia su patria, con todos los de­
beres morales que al mismo tiempo
se impone para con ella, sino cuan­
do utiliza su espíritu para deificar­
la ciegamente y al amor por su
país, une el orgullo, la vanidad, la
sospecha por otro.
Todas las épocas espiritualmente
bien estructuradas se mueven alre­
dedor de un ideal humano caracte­
rístico. En el Renacimiento ese ideal *
fué llamado “ hombre universal’ 7,
en el barroco el “ cortesano” , la
ilustración francesa “ le bel esprit” ,
la ilustración inglesa el “ gentleman” . Este tipo ideal del hombre
es el guía espiritual de cada época
y la fuerza de sus caracteres es tan
efectiva que es el que da la fiso­
nomía de las generaciones. Es que
entonces hay un estilo de época que
todos sienten, viven y lo represen­
tan en cierta manera. El escritor,
el “ elere” medieval puede moverse
cómodamente entre ideas y formas
que todos comprenden porque for­
man parte de un patrimonio común.
Hoy, esa estructura unitaria no exis­
te, y el escritor tiene que luchar
contra una diabólica demagogia que
explota los bienes del espíritu. Cada
vez que un fuerte movimiento re­
gresivo ataca al hombre, llámese
guerras cruentas o revoluciones ex­
tremas, la disolución se acentúa.
Parecería fatal que una refinada
barbarie anule momentáneamente,
cada tanto, la condición ética labo­
riosamente forjada por el hombre.
Por eso es que su espíritu está cons­
tantemente en peligro, a veces sin
saberlo, y lo que diferencia al ar­
tista de "los demás y lo comprome­
te, es que a pesar de todo, seguirá
teniendo fe en el hombre. El pue­
blo olvida, y de sus muchos olvidos
han surgido las constancias histó­
ricas de locura, y el escepticismo
acerca del valor de la civilización,
para algo más que los alimentos
sintéticos o el “ confort” por men­
sualidades. He aquí pues el gran
deber del escritor, más que adular
ocios o proporcionar espectáculos,
a base de extravagancias sastreriles
o capilares.
Creo que la clave de la crisis
actual nos la da el siglo xix, exac­
tamente su segunda mitad. La crea­
ción de ciertos sistemas filosóficos,
y sus proyecciones en el campo so­
cial y del arte muestran el camino.
E l petulante positivismo con la ne­
gación de toda posibilidad metafísi­
ca, y sobre todo con la. idea, el mito
del progreso indefinido que a todos
embaucó y dejó boquiabiertos. En
lo económico social, asistimos al na­
cimiento del gran capitalismo in­
dustrial, y es el comienzo de una
inimaginada transformación mate­
rial de resultas de la cual todo el
arte es empujado a ser un reflejo
o eco de ese nuevo capitalismo, y
el artista a ser colocado en posición
muy diferente a la que tenía en
épocas anteriores. Se quiso hacer,

M

I
I U LITEBATURA
Jl

en

el

I I I ACTUAL
Por A LB E R TO GIRRI
y en muchos sentidos se lo consiguió*
que el artista cayera en el nuevo
impersonal carácter que empezaban
a tomar las relaciones entre los hom­
bres y con la sociedad. E l mito del
progreso indefinido lanzó el cebo
igualitario que sólo traería, a cam­
bio de un cosmopolitismo anónimo,
la anulación de la individualidad.
Los artistas más lúcidos escaparon
al canto de la sirena, pero tuvieron
que sacrificarlo todo. Asistimos así
a la formación de un hombre cuya
única ambición tendría que ser la
cordura y el equilibrio temeroso y
trivial. E l estado empieza a ser es­
pecialmente deificado y a limitar la
responsabilidad y la individualidad
del ciudadano. Mientras tanto, los
artistas conscientes se dan cuenta
que hay que trabajar para la recu­
peración del hombre. Ven que la
ilusión del progreso no era más que
ilusión y que de nada serviría para
la salvación del espíritu. Los fines
éticos se desconocieron o se quisie­
ron ajustar a una mentalidad ín fi­
mamente burguesa. Hay una baja
política del espíritu que lo convierte
todo en moda. Las modas literarias
que siempre significan momentos de
poca envergadura y, como modas,
cambiantes. Solo se admitió la con­
fianza en el poder de la ciencia y lo
que este garantizara y nunca vió
el mundo una afirmación más escan­
dalosa de un racionalismo prepara­
do para masacrar la existencia de
la persona. Contra esto se levantaron
las protestas de algunos de los es­
píritus más profundos del siglo. Ner­
val, Baudelaire, Rimbaud. Nerval se
ahorca no por una actitud románti­
ca al uso sino para realizar un acto
de fe supremo.
Nerval se ahorca pero su muerte
no es un suicidio sino un asesinato,
el instinto de defensa ante el hom­
bre amenazado. Baudelaire especial­
mente, tuvo el exacto sentido de su
propia época. Reconoció el peligro
cuando todos bailaban de alegría.
Se dió cuenta de lo que había de
espúreo en las nuevas tendencias,
anticipando muchos problemas en
lo estético y en lo moral. Por eso
dice al respecto E lio t: “ En la mitad
del siglo xix, una época de bullicio­
sos programas, plataformas, pro­
gresos científicos, humanitarios y
revoluciones que en nada enmenda­
ron una época de degradación pro­
gresiva, Baudelaire percibió que lo
que en realidad cuenta, es el pecado
y la Redención” .
Baudelaire se dió cuenta que en
ese mezquino igualitarismo, la sal­
vación era más difícil porque el in­
dividuo no tendría el vigor sufi­
ciente como para aceptar la con­
denación que implica toda salvación.
El caso de Rimbaud es igualmen­
te patético. Escribió sus poemas an­
tes de los veinte años y luego calló.
Se han conjeturado alrededor de su
silencio, historias ingeniosas o psicoanalíticas o sentimentales. Se ha­
bló de neurosis y de crisis sexuales,
pero con ello no se ha dado en el
blanco. Rimbaud se aleja de París
y en la tierra del negus comercia con
marfil y esclavos, se sumerje en la
pura barbarie, en la barbarie sim­
ple, natural, donde él quería ser el
dios rubio ambicioso de oro, pero
en busca siempre de la condenación
y la salvación final. En busca de
una redención por haber sido sa­
cudido por las nuevas perversiones
morales del siglo. La salvación en
suma, buscada por las vías que eada
uno eligió es el sacrificio que brin­
daron esos tm . hombres. Esto en
el plano ético. En lo artístico se sa­

crificaron y renunciaron para se­
guir siendo fieles a la gran tradi­
ción de los creadores auténticos. No
obstante corresponde al siglo xix un
mérito bastante importante a raíz
de ese nuevo capitalismo industrial.
Este, destrozando las condiciones de
individualidad que hace posible el
florecimiento de un arte cualquiera,
también creo las condiciones para
el desarrollo de un arte de caracte­
rísticas cosmopolitas. Por primera
vez en la historia sería posible una
literatura mundial, ya que la bur­
guesía mediante la explotación de
mercados mundiales, dió a la pro­
ducción y consumo de cada país un
carácter cosmopolita. Las creaciones
individuales en las naciones llega­
rían a ser propiedad común.
De las numerosas literaturas na­
cionales y locales podría nacer una
literatura mundial. Pero estas con­
diciones sólo se cumplieron en pe­
queña parte; lo que sí se produce es
la tremenda fractura entre los ar­
tistas y la sociedad. Toda la llamada
en Inglaterra época victoriana, es,
desde el punto de vista de sus poe­
tas más representativos, una mues­
tra del desconocimiento de los gran­
des problemas del hombre. En ese
momento de barbarie cuyo eufemis­
mo circunstancial la llamó edad del
progreso, se procuró ocultar celosa­
mente cuanto se refiriera al hom­
bre. Se modifican y empobrecen has­
ta un grado increíble las relaciones
entre hombre y hombre. Gran parte
de la literatura practica la evasión
hacia un pasado menos complicado
políticamente y moralmente más in­
genuo, tal Walter Scott. Se vuelve
a una poesía narrativa, legendaria,
que evocó el pasado a los países le­
janos rodeándolos de misterio. Poe­
sía impersonal donde tanto nos en­
contramos con largos poemas narra­
tivos, como con baladas donde se
cantan episodios nacionales. Fué
“ La Leyenda de los Siglos” de V íc­
tor Hugo, fué Tennvson saludado
como el poeta máximo de la Reina
Victoria, y que narró las leyendas
de los caballeros de la Tabla Re­
donda, fué el famoso Mathew A r­
nold narrando poemas de asuntos
legendarios como “ Empédocles en
el Etna” . Norma de esta época fué
que todo lo material quedara tapado
por una máscara de idealismo. Mu­
chos poetas y no entre los menos
dotados, pusieron su imaginación al
servicio del engaño, de la triviali­
dad y la mera efusión sentimental.
Eso dentro de un marco de pulcri­
tud cortesana y abundante almidón
en los cuellos de los poetas, en la;,
enaguas de sus musas hijas de ban­
queros, y almidón en todos los ce­
rebros. Siguieron deliberadamente
en un mundo alejado de la reali-dad. En un mundo de ninfas y la­
gos y mujeres fantasmales. Y sin
embargo, merced a esta traición ni
siquiera lograron salvar el arte que
tanto invocaron porque no hicieron
más que retórica y hoy sólo huelen
a humedad y musgo.
Afortunadamente, siempre hubo
dos clases de escritores y ante ellos
el pueblo reacciona de manera dis­
tinta. Es típico el caso de Hugo y
Baudelaire. Podría admitirse de un
modo general que el grado de difu­
sión que el poeta gana durante su
vida, está en relación inversa con
la profundidad de su obra. Mien­
tras que Baudelaire fué en su época
escasamente valorado y su obra so­
metida. a un proceso, símbolo de lo
que estaba sucediendo, vió, poéti­
camente hablando y como pensador,
cuanto había de mentido sórdido y
peligroso para la salvación del hom­
bre en la seudo infalibilidad de la
ciencia, y la fatalidad de un mun­
do racionalizado hasta la imbecili­
dad. Víctor Hugo, se erige en el
Júpiter y es condecorado y venera­
do. Y o me pregunto hasta que pun­
to era legítima ante la gran poesía
1a. adoración por Hugo, en el mismo
momento en que “ Las Flores del
M al” era escarnecida ante los tri­
bunales franceses y se veía en Bau­
delaire un empresario de endriagos,
vampiros, magia negra y otras lin­
duras aplicadas a la poesía. La res­
puesta no es dudosa. Hugo es el
responsable, el exponente visible de
la poesía permitida, sonoramente
accesible
( Continúa en la páS- D ' l

�cabalgata

Z M T I lv d lO
EL

“3 T

ARTE

ABSTRACTO
Por JUAN JACOBO BAJARLÍA

osé

Mimó Mena o la voluntad del

color. Así podrían empezar estas
Jlíneas.
O bien : Mimó Mena o el
impulso condicionado a la visión cro­
mática. E l aliento pluralizado en los
colores. Vertebrado en los arcos de
un cielo que es su misma expresión.
Optimista como sus azules. Rígido

dios expresivos. Copiar, por tanto,
un desnudo, o un objeto cualquiera
con su dimensión de profundidad
— o sin ella— ya no plantea ningún
problema de realismo. A l contrario.
Es un asalto contra la verdad, por­
que el pintor ha hecho de fotógrafo,
empleando su mano como instrumen-

i

II

Este juicio es válido para toda la
labor del artista. Sólo cabe una mo­
dificación. Y es la que podría hacer
respecto de su último cuadro. Aquí,
el planismo es más dinámico. Las
tintas, completamente planas. La es­
tructuración, connaturalmente ar­
mónica.
Tales son, a mucha prisa, las ca­
racterísticas de este pintor que un
día resuelve su destino en el cuadro
abstracto sin tener a su lado ningún
artista que le acompañe. Porque él
estaba solo en Venezuela cuando
resolvió abandonar la pintura figu­
rativa para lanzarse a la concreta.
Allí, en un medio hostil, o más bien,
hostilizado por la crítica, esa crítica
que jamás entendió nada, abandonó
sus éxitos para cosechar sonrisitas.
Pero ya sabemos qué cosa absurda
es la crítica y quiénes forman su
legión. Esto jamás le preocupó a
Mimó Mena. No ignora, quizá, que
el crítico, como decía Romain Rolland en uno de los volúmenes del
Juan Cristóbal, sólo debe limitarse
a consignar el triunfo o la derrota
de los autores. Luego, nada más.
Porque algo más sería una extrali­
mitación. Es por ello que aquí, en
Buenos Aires, no halló críticos por­
que éstos debían consignar sus ex­
celencias. Y consignar sus excelen­
cias era un tanto difícil, porque en
la Argentina, a pesar de su gran
movimiento de arte abstracto, no
hay críticos que entiendan esta pin­
tura. Y si los hay están comprome­
tidos con la reacción estética que
ataca todos los días las manifestacio­
nes revolucionarias del arte. O si no
son pintores fracasados que sólo
•pactan con aquellos que han de de­
jar su nombre en la losa enternecida
de algún cementerio. Las lágrimas
se unen, así, en la vida y en ia muer­
te. ¡ Curiosa anagnórlsis!
Mimó Mena es, por tanto, un hom­
bre de su tiempo. Un pintor en el
dominio de sus medios expresivos.
No estará mucho entre nosotros. Pa­
sará pronto a Santiago de Chile y
a otras capitales. Después regresará
a Venezuela, maravillado por nues­
tra pintura. Por nuestra gran pin­
tura. Luego contará. Sí. Contará.
Contará lo que vió aquí. El deslum­
bramiento de los grupos vanguar­
distas donde caben todos los talen­
tos. Todas las inteligencias, vengan
de donde vinieren.

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Q

Mimó Mena. Composición abstracta.
( Viene de la pág. 10.)

como sus amarillos. Pero exaltado
siempre. Y algo más. Libre de toda
sujeción a la naturaleza. Apocalíp­
tico con todo lo que no signifique
oponer la creación pura a la forma
que integra su esclavitud en el mo­
delo. He aquí, por tanto, la dimen­
sión de este artista hispano-venezolano que visita Buenos Aires.
Ante todo, fué un pintor figura­
tivo y surrealista. Y antes que nada
un dibujante de calidad. Simple co­
mo Picasso. Leve como Matisse. Pe­
ro un día resolvió abatir su propia
ciudadela. Fué en 1944, allá en Ca­
racas, cuando produjo su primera
composición abstracta. Había que
colocarse en los carriles del tiempo
y grabarse una de las máximas de
Van Gogh: o avanzar trabajando o
perecer. Desde entonces trabajó. In­
tegró su dimensión en el arte abs­
tracto. En este arte que todos com­
baten. En este arte que no debe lla­
marse abstracto, sino concreto. “ El
arte abstracto — dice Piet Mondrian
en A new realism— es concreto y,
por su determinado medio de expre­
sión, aun más concreto que el arte
naturalista” . (V . American Abs­
traed Artists, 1946). Es concreto,
agrego yo, porque la pintura em­
pieza a valer por sí misma como tin­
ta plana en una superficie plana.
La naturaleza bidimensional de la
tela exige un contenido bidimensio­
nal. Y esto sólo se cumple en el arte
que debemos llamar concreto. Pre­
tender otra cosa, oponer una figura
o una representación, es estar contra
la realidad. Es reaccionar contra el
realismo de los medios específicos
que caracterizan la dialéctica del
cuadro. Porque el realismo en pin­
tura, digámoslo de una vez, se obje­
tiva en función directa del último
proceso tendiente a mover sus me­

to receptor y olvidando que hay una
máquina que reproduce la realidad
en su color y en su tercera dimen­
sión. Por otra parte, al realismo se
le confunde con el naturalismo. Y
los que están por la reproducción del
objeto olvidaron también que la má­
quina fotográfica acabó con la re­
presentación de la naturaleza por
parte del pintor. Ahora o se es fotó­
grafo o se es pintor. Si se prefiere
ser pintor, nada de copia. Hay una
superficie bidimensional cuya dia­
léctica indica una pintura que tam­
bién debe ser bidimensional. He aquí
el realismo. La nueva realidad.
Mimó Mena está, pues, dentro del
gran arte. Trabaja sobre planos di­
vididos en zonas, e inscribe los co­
lores en una estructura un tanto ex­
presionista, cosa que está reñida con
el planismo. Emplea, asimismo, la
tercera dimensión, acercándose un
tanto a Werner Drewes y Alice T.
Masón, lo que también podría obje­
tarse si se considera el relieve y las
hinchazones del color. Considero que
una pintura planista, concreta, sólo
debe contener tintas planas. O, en
otros términos: la materia debe par­
ticipar de la naturaleza plana de la
superficie. No obstante, la pintura
de Mimó Mena es de calidad. Las
anécdotas — abstractas— se condi­
cionan a una visión de sumo equili­
brio en la composición. El suceso
plástico se articula, por consiguien­
te, en relación con un tema cromá­
tico sin figuración alguna, como no
sea la de ciertas curvas que inter­
fieren la composición para suavizar,
a veces, los colores cálidos, o bien
para darle más dinamismo a los
compuestos. No es nada más que un
recurso estilístico, muy de Mimó
Mena. Le sirve para enriquecer los
hallazgos formales de la obra.

¿Quien resiste hoy los fastidiosos
y petulantes versos de “ La Leyen­
da de los Siglos” , donde desde el
primer hombre hasta el juicio final
los episodios se mueven al son de
trompetas y falsa majestad hasta
llegar a sus honestas visiones del
futuro? Lo que hoy puede leerse de
Hugo es apenas parte de su obra.
Quienes sienten que la poesía, no es
entretenimiento sino conocimiento,
quienes creen que la poesía es la
búsqueda de la esencia del ser, des­
angrándose, sacrificándose, quienes
saben que la poesía no es ni lenguaje
simplemente evoeador, ni falso sen­
timentalismo, ni líneas iguales de
palabras para envoltorios de cara­
melos, ni está al servicio de cancio­
nes subsensuales, pueden ver que la
poesía, la verdadera poesía, le ha
dado la razón a Baudelaire frente a
Hugo. El escritor tiene la obliga­
ción de practicar fuertes virtudes y
en primerísimo lugar ser fiel a su
arte a pesar de cualquier obstáculo
o aparente destierro. Debe ser ade­
más fiel a la tradición. No me de­
tengo por ahora en la cuestión de
si la tradición se hereda o se con­
quista. Lo fundamental es compren­
der que en cierta medida esencial
todos los grandes artistas que hubo
en el mundo, son nuestros contem­
poráneos y a todos hay que conquis-.
tarlos. Además esa familiaridad de
vivir en la tradición así entendida,
es lo que prueba la salud espiritual
del escritor, pues esta tradición im­
plica un sentido histórico, enlace
con el pasado porque lo que le hace
el escritor consciente de su tiempo
y de su obra, es su relación ideal
con los modelos que lo precedieron.
Mejorando el valor de su arte, en­
sancha el escritor su influencia y su

autoridad en lo social. La indiferen­ tener de permanente para el hom­
cia moral, la pérdida de la concien­ bre. Por eso dice Leonardo que la
gran condición del artista es saber
cia de su misión, son sus pecados
capitales. E l no puede permanecer ver. Ahora bien, de ese proceso crea­
indiferente a eso que Berdiaief ha
dor participa el público, la socie­
llamado vocación social, puesto que
dad, pues comprender una obra de
lo social está profundamente liga­ arte es algo más que un esfuerzo
do a lo espiritual. Debe luehar por
pasivo, es repetir y reconstruir el
una situación que facilite el cultivo
proceso creador que le dió vida.
de su arte y no que lo abogue. Por
Ese saber ver de que habla Leonar­
su libertad en suma. Deben servir
do, el escritor lo demuestra en la
a la justicia con su pensamiento
captación de las formas y en el fino
libre. No se trata aquí de una visión
y exacto testimonio que es capaz
teórica de la situación. Demasiado
de dar de su tiempo. Cuando ter­
bien hemos visto en los últimos vein­ minó la primera guerra mundial un
ticinco años que puede esperar el
viento de euforia, de falso optimis­
escritor de sistemas sociales donde mo, y fe en la infalibilidad de la
todo parece moverse con, una ame­ razón del hombre, volvió a engañar
al mundo. Volvió a engañar porque
nazante pistola en la sien. Y su
importancia tan grande como insus­ se insistía aún en la ninguna im­
tituible no se basa tan sólo en razo­ portancia de los elementos irracio­
nales. El hombre — pensaban— se
nes ético sociales sino en otras de
orden estético. Si es función del
repone, su razón vale y domina.
arte trasmitir emociones no podrá
T. S. Eliot, contempla entonces
las ruinas de ese mundo, humeante
el artista cumplir con ese fin entre­
gándose al juego de los sentimien­
todavía de destrucción y meticulosa
tos. Eso será sentimentalismo, no
barbarie. Esboza una leve e irónica
arte. Trasmite la emoción de las sonrisa ante el mito del progreso y
la ciencia, que una vez más prome­
cosas y de la vida del hombre, por
eso no imita sino que descubre la
ten asegurar la bondad del hombre,
realidad y esa realidad la brinda
y escribe luego los versos inolvida­
bles de “ The Waste L and” . La
intensificada. Si el único punto de
tierra desierta, el páramo, eso es lo
partida con que el hombre contara
que del mundo iba quedando:
fuera el científico tendríamos una
visión del mundo incompleta, mu­
¿Que ruido es ese que vibra alto en el aire,
tilada, porque la ciencia es abstrac­
susurro de material lamentación?
ción o sea empobrecimiento de la
¿Que hordas encapuchadas son esas que
realidad. En el arte no existe esa
[hormiguean
por llanuras sin fin, tropezando en tierras
abstracción, es algo muy concreto
[ resquebrajadas
pues toda la materia existente pue­
Sólo anilladas por el raso horizontef
¿Que ciudad es esa sobre la montañas,
de ser tratada artísticamente, por­
Chasquidos y reformas y explosiones en
que la intuición artística es lo que
[el aire violeta
mejor nos revela las formas. Cual­
Torres que se derrumban?
quier hecho, cualquier escena pue­
den en sí no tener^ mayor interés,
Eliot, opone en su significativo
pero en cuanto interviene la intui­
lenguaje, la verdad ética a la mención del artista, la vemos en su pe­
culiar profundidad, en lo que puede
(Continúa en la pág. 12.)

�Una buena organización produce mejor
calidad , y no aumenta los costos por­
que eli?nina los gastos improductivos.

• I M P R E N T A

L O P E Z

al servicio del libro
P E R U

666

•

B U E N O S

AIRES

Habla para C A B A L G A T A

Don JOAQUIN TORRES
U AN DO el je fe de R eda cción nos
de que don Joaquín T o­
rres acababa de regresar de su ex ­
tensa gira p or A m érica, intuim os que
sería m uy interesante para los le c ­
tores de C A B A L G A T A con ocer las
im presiones recogida s p or el acredita­
do lib rero m ayorista.
Porqu e, además de los candentes
problem as que afectan al lib ro ar­
gentino, y de los cuales el v ia jero
nos podía hablar, existía el “ caso”
Joaquín Torres, que es tod o un caso,
o lo era, m ejor dicho, hasta hace p o ­
co. M ás de veinte años vendiendo li­
b ros al por m ayor, más de on ce tra­
bajando con las prin cipales librerías
d el Continente, y, sin em bargo, hasta
hace p oco tiem po T orres no había
efectu ado ni un solo viaje p or A m é­
rica, es decir, p or los países alejad os
d e éste, pues conocía m uy bien las seis
R epúblicas vecinas. La extraordinaria
la bor desarrollada p or él desde Buenos
A ires d ice bien a las claras cóm o, ba ­
sándose sólo en una perfecta orga n i­
zación com ercial, a través de los años
lleg ó a situarse entre los prim eros de
nuestros libreros-ed itores.
— El viaje, p royecta do desde 1940,
tenía para m í doble interés — com ien ­
za dicien do nuestro entrevistado— :
saludar a todos los lib reros de A m érica
y ver de cerca cóm o evolucionan los
graves problem as que afectan al lib ro
argentino. Tam bién tenía deseos de
pasear un p oco y un anhelo fervien te
de con ocer bien todas las repúblicas
herm anas de este continente. Y así lo
h ice em pren dien do viaje directo a
Ecuador, y siguiendo a C olom bia y a
todos los países centro-am ericanos, pa­
ra continuar p or M éjico, Estados U n i­
dos, las islas del Caribe, para term inar
en V enezuela, catorce repúblicas, en
total, con 36 ciudades visitadas. He pa­
sado cuatro m eses recorrien d o catorce
países. Si me hubiese decid id o a alar­
gar la gira, necesitaba el d ob le de tiem ­
po. Para realizar una la bor realm ente
proficu a , se necesita un año ju sto pa­
ra visitar tod o el C ontinente de punta
a punta.
— ¿Q u é im presión global trae de su
v ia je?
— Si m e perm ite com enzar hablando
de Joaquín Torres, lib rero-ed itor, pues
diré que he en con trado en todas pa r­
tes herm anos y am igos más que clien ­
tes reservados. L os prin cip ales lib reros
de los países visitados — unos qu i­
nientos— han ten ido para con m igo
atenciones que nunca olvidaré. Existe
m ucha sim patía p o r nuestra firm a y
en con tré una gran corrección , sin ex ­
cep cion es, in clusive cuando se trató de

C in form ó

resolv er los problem as pendientes, que
no eran pocos.
— Y en cuanto al lib ro argentino,
¿vu elv e usted tan en cantado?
— ¡No, p or cierto! Persiste la in cer­
tidum bre; arrastram os aún las co n ­
secuencias de la paralización p rod u ci­
da hace dos años p or la falta de
bodegas. Las m ontañas de lib ros acu­
m uladas en nuestra Aduana se des­
plazaron a los países de destino; los
lib reros están inundados de paquetes
que con tien en m iles y m iles de tom os,
cantidades su periores a las dem andas
de cada m ercado.

Joaquín Torres
— Este problem a, grave, ¿se com p li­
ca p or la falta de divisas?
— En efecto. Persiste, y aumenta, la
falta de m oneda extran jera en casi
to d o el continente. Cada día se p r o ­
ducen nuevas restriccion es y, al no
p od er liquidar las cuentas antiguas,
los lib reros cada vez ven más lejana
la posible norm alización.
— La casi total supresión de los
servicios de novedades ¿se debe única­
m ente a esos dos factores?
— A ñada usted, que tam bién han
con trib u ido a e llo el abuso en que
in cu rrieron algunos editores al enviar
tal cantidad de lib ros que p rod u jeron
la asfixia de m uchos lib reros; ello p ro.
v o có crecien te antipatía p or el lib ro
argentino en general, y, desgraciada­
m ente, hay quien ha llegado a criti*
carnos con saña p or tal falta de es­
crúpulos. No escapan a la crítica
algunos de los agentes v ia jeros que
re corrieron el C ontinente llevando,

casi siem pre, lib ros de editoriales in­
escrupulosas y hasta alguno de ellos
engañando a no p ocos libreros.
— O sea que el ansia de vender. . .
— El ansia de vender p rovocó la
avidez de m uchos libreros, que se en­
candilaron ante los grandes descuen­
tos y las liberalísim as facilidades de
pago que se les ofrecían. AI estacio­
narse los libros en sus estantes, r e ­
accionaron de ese absurdo, tom aron
represalias y decidieron no pagar; he
aquí el resultado de la inconsciencia.
— D íganos abora, señor Torres, para
hablar de un problem a m enos grave,
¿qu é ha constatado en cuanto a edi­
ciones clandestinas?
— ¿P roblem a m enos grave? No. h om ­
bre; el asunto es muy serio. En el
Continente existen varios fo co s piratas
— com o antaño— ; en materia de li­
bros, M éxico es el principal. A llí se
piratea tranquilam ente edicion es ar­
gentinas y españolas. Por desgracia,
las edicion es clandestinas se en cu en ­
tran en las m ejores librerías, que com ­
pran con grandes descuentos, com o
es lóg ico, lo que representa una com .
petencia ruinosa para el lib ro argen­
tino.
— Según nuestros inform es, se tiende
a legislar contra ello en M éxico, ¿es
cierto?
— L o es. P ero sobre ese asunto creo
que m uy p ocos serán los resultados,
salvo que, a grandes m ales. . . No o l­
vide añadir que en algunos países se
m e han qu eja d o tam bién de “ nuestra”
piratería editorial. “ L os argentinos no |
tienen derech o — dicen — de acusar
a nadie.” En Buenos A ires han ocu rri­
do casos con cretos de edicion es clan ­
destinas que fu eron en cu biertos o si­
lenciados. S ob re ese punto m e perm ito
recordar que propuse solucion es cuan­
do era m iem bro de la Cámara del.
L ib ro; hasta h oy sin resultado, y bien
p oco se escu ch ó la campaña contra la
piratería que h ice en mi revista “ Nue­
va Juventud” .
— Pese al panoram a som brío, ¿cree
usted en el fu tu ro del libro argentino?
— H ilvanando im presiones, llegu é a
B uenos A ires con v en cid o de que n ú es-»
tros envíos al ex terior se reducirían
en un 50 % . P ero ahora, ante los
constantes aum entos de costo, cada
vez va a ser más d ifícil coloca r lib ros
de edición argentina. No podem os o l­
vidar que llegan ya norm alm ente a
todos los m ercados libros españoles,
m exicanos, franceses, suizos, italianos.
Adem ás, en los países del Caribe se
leen m uchos lib ros cien tíficos y té c ­
n icos en idiom a inglés. C laro que el
com p etid or más califica d o, com o siem ­
pre, es España, que intenta recuperar
sus posiciones.
— ¿C ree usted, en suma, que la in ­
dustria editora argentina va a ser des­
plazada de los m ercados continentales?
— No p odem os suponer tal cosa. S e ­
guirá ten ien do un pie en ellos con
firm eza. P ero sólo enviarem os al ex ­
terior un 25 % de lo que rem itíam os
los pasados años. Las com plicacion es
serán m ayores si algún día, orientando
su política de cam bios, España logra
que el dólar se cotice a 20, 25 ó 30
pesetas, en lugar de las 10.95 a que
h oy se paga la m oneda norteam ericana.
— L os p recios del lib ro argentino,
visto su crecien te aum ento, ¿son o b ­
je to de q u eja ?
— Ya lo creo. L os lib reros se asustan
p or el aum ento de p recio de nuestros
lib ros. Una sana p olítica exigía editar
co leccion es económ icas, realm ente e c o ­
nóm icas, pues las grandes masas de
p osibles com pradores de A m érica tie ­
nen p rom edios de vida bien bajos,
com o es sabido; los recien tes aum entos
de la industria gráfica com plicarán
aún más las cosas en un fu tu ro no
lejan o.

Del ESCRITOR...
(Viene de la página anterior)

tira de los paños tibios de la retó­
rica. Los hechos de los hombres no
se complican con la luna. En Eliot
encontramos, al hombre de nuestro
tiempo, el pobrecito animal sobrevi­
viendo casi por milagro en el mun­
do que él se encargó de construir y
que creyó perfecto. Parece una hu­
millación, pero la actitud de Eliot
es la desesperada necesidad de que
el hombre vuelva a su centro aun­
que sea por los caminos más tor­
tuosos. El poeta opone a la miseria
de la ciencia, el camino de una mís­
tica y una santidad nueva. Parece
complacerse en tomar al hombre por
el cuello, hacerlo hincar y restre­
gar luego su cara, su hocico, con­
tra el estiércol que la soberbia ra­
cionalista ha sembrado y hecho ger­
minar para su propia destrucción.
Eso fué después de una primera gue­
rra mundial y sin embargo el ciclo
de la burla sangrienta aun no se
había cumplido. Todavía los altos
intereses del mal necesitaban más.
Primero fué la. tragedia española y
luego la última y más admirable
exhibición de locura sostenida du­
rante cinco años, desde luego que
siempre en nombre de la definitiva
liberación del hombre. El escritor,
el poeta, no podían quedarse en su
casa, ya habían tenido ejemplos
agazapados o evidentes. ; Que había
sido la vida espiritual en Alemania
durante el naeismo? ¿Que sucedió
en España? El término resistencia
no tiene un significado puramente
militar, eso es lo de menas. Es que
para el escritor ya no hubo defini­
tivamente, manera de seguir hablan­
do de flores, como no sea con amar­
ga ironía:
A yer las riñas teológicas en las tabernas
7 la cura milagrosa en la fuente
A yer el aquelarre; pero hoy, la lucha
A yer la instalación de dínamos y turbinas
La construcción de líneas férreas en el
[ desierto colonial
A yer la clásica conferencia
Sobre el origen del hombre. Pero hoy la
[lucha.
A yer la creencia-en el %alor absoluto de
[Grecia
La caída del telón sobre la muerte de un
[h éroe;
A yer la plegaria al sol cuando se pone
Y la adoración del loco. Pero hoy la lucha.
(W . H. Auden “ España” )

Salieron los escritores, los poetas,
a pelear por España y a morir en
la trinchera o manejando un ca­
mión. Muchos gerentes, y golfistas
millonarios, magnates de no impor­
ta que, se sorprendieron del hecho
insólito de los poetas peleando. Se
sorprendieron, si el miedo de que
salpicaran de sangre y barro las
puertas giratorias de sus casinos,
los dejó, al ver al poeta ser el ca­
marada, el hombre de carne y lá­
grimas verdaderas. Porque cumplían
su misión dando su vida como habi­
tantes de este mundo y como re­
F rente a la obturación de los m er.
presentantes de lo mejor que el hom­
cados, a la falta de divisas, a la
bre
es capaz de hacer. Y ese puñado
supresión del servicio de novedades,
de individuos en los que descansa el
a la com peten cia, al aum ento de nues­
porvenir cultural del mundo pelea­
tros precios, en fin , a los graves p r o ­
blem as que in ciden en el norm al des­
ron por un ideal de vida o lo que
a rrollo de la industria d el lib ro ar­
aun quedaba de él. Su resistencia
gentino, el redactor casi no se atreve
fué
defender al hombre de la bar­
a preguntar a don Joaquín T orres si.
razonablem ente, ve algún rem edio p o- i barie que quiso convertirlo todo en
sible para tanto mal. N o obstante, in j masa, simplificando hasta lo absur­
s in u a m o s .. .
do los tipos humanos.
— ¿C ree usted que se vislum bra al­
Y sin embargo, una de las acusa­
guna solución que resuelva los graves
ciones que debieron soportar y aún
problem as planteados?
— ¡Está usted lo c o . . . o me hace adi­
soportan los escritores es la de que
vino! — nos responde rápido— . Por aho­
ellos no se acercan al pueblo. Los
ra no v eo soluciones, com o no las ve
que así piensan, quisieron resolver
nadie para los graves problem as que
la
cuestión mediante una verdadera
ensom brecen el m undo.
traición, cual es la del arte al ser­
— ¿N i recu rrien do al m ercado in­
tern o?
vicio de la propaganda. Se trató de
— El m ercado interno, bien trabaja­
que el arte saliera de lo que tiene
do, puede resolver parcialm ente los
más
característico, o sea de sus for­
problem as. Con dedicación , buena pu ­
mas, para convertirse en el eco de
blicidad, ayuda oficial, y un gran es­
píritu grem ial, tal vez llegarem os a
cosas cuyos intereses no eran artís­
coloca r en el país el 50 % de nuestra
ticos precisamente. Por otra parte,
prod u cción ; con ello, cuanto m enos,
con igual legitimidad puede soste­
salvaríam os los gastos de costo.
nerse la tesis contraria o sea de que
— ¿Una últim a palabra?
— Sí. Para rendir un tributo, desde
lo que se presencia no es el aleja­
las páginas am ables de C A B A L G A T A ;
miento de los escritores ante el pue­
tributo de adm iración y agradecim ien­
blo, sino el fracaso del pueblo ante
to a ese puñado de libreros de A m é­
los escritores. La historia, de la lite­
rica, verdaderos héroes, enam orados
de su oficio, que batallan sin descanso
ratura y de cualquier arte suminis­
p or la causa del buen lib ro argentino,
tra excelentes argumentos para am­
del cual debem os d ecir que pu ede
bas
posiciones. Quiero expresar con
ponerse, orgullosam ente, al lado de
esto que cuando se habla del pro.los m ejores produ cidos en los países
de habla hispana.
blema de la relación entre el escri­
F. A.
tor y el lector, la responsabilidad

en esa relación es recíproca, es com­
partida. Ambos, están implicados.
Xo me parece exagerado creer que
el encuentro en la creación literaria
del escritor y el lector, es un ver­
dadero milagro. La literatura es lu­
gar de reunión de dos almas dijo
alguien. Y ciertamente el escritor
está ante numerosas almas a las
que su obra quiere hacer vivir, de
modo que la pasión por la vida, por
la belleza o la verdad no sean sim­
plemente palabras. Está el escritor,
ante hombres cuya historia invisi­
ble, es la historia de una sed con­
tinúa que no tiene donde satisfa­
cerse y que puede terminar por ma­
tar. ¿No es entonces un milagro,
lograr una fusión, merced a la cual
un hombre puede recrear lo creado
una vez por otro hombre?
Pero si a esto le llamamos mila­
gro es por su relativa frecuencia.
Ciertos medios de civilización que
en sí serían muy útiles, se encargan
de proseguir 1a. tarea de igualar los
espíritus, barbarizándolos. Medios
tan poderosos como la cinematogra­
fía y la radiotelefonía. El cinemató­
grafo en lugar de estimular la ca­
pacidad imaginativa, y enseñar a ver
o adivinar la virtud mágica de las
cosas está orientada para estructu­
rar una mentalidad y un espíritu
“ standard” . Para darle al cinema­
tógrafo, una fórmula de validez co­
mercial se han menospreciado las
posibilidades de la imagen como tal,
y lo que podría haber sido un es­
pectáculo milagroso, un misterio
profano, es apenas otra forma vul­
gar de evasión, una forma de vida
posible, sin má.s valor moral que el
folletín novecientista, ni más eficaz
que cualquier estupefaciente. Con el
lenguaje sucede lo propio, se lo
quiere despojar de sus elementos
propiamente artísticos y creadores.
De esto se ha encargado la radiote­
lefonía. Asistimos a im verdadero
empobrecimiento y anarquía del len­
guaje. Se confundió el estilo fami­
liar con la vulgaridad y se creyó que
la precisión, la economía y la pureza
nada tienen que hacer en la expre­
sión dirigida a los grandes públicos.
Ya vemos los resultados. “ La radio
— dice Denis de Iíougemont— mo­
dificó la función esencial y poderes
del lenguaje, permitiendo que las pa­
labras se separaran del rostro y del
medio en que fueron pronunciadas.
Nuestra civilización está amenazada
por la más grave enfermedad social:
la charlatanería” . De esta supera­
bundancia de palabras surge una
desvalorización. Pues en rigor, no
es superabundancia sino el uso cons­
tante de mil o dos mil palabras que
puedan servir para la intercomuni­
cación más urgente y. nada más. Las
palabras son símbolos de cosas y de
los matices y cambios de las cosas,
pero hoy no parece muy variado el
repertorio de cosas que quieren de­
cirse. ITay en todo individuo un mí­
nimum de apetencia estética que es
imposible anular por completo y la.
radiotelefonía, y el cinematógrafo eti
lugar de desarrollar esa posibilidad,
la entretienen y disminuyen. Si a
estos hechos agregamos otros me­
nores tendremos que la responsabi­
lidad de una buena relación entre
el lector y el escritor no es sólo de
éste. El lector, suele ser perezoso en
el esfuerzo, a menudo no parece com­
prender que lo verdaderamente ar­
tístico no siempre es fácil de captar,
que la comprensión es recreación,
retorno a la intuición que ha hecho
nacer la obra, es decir que también
requiere un esfuerzo. Por eso pre­
fiere lo anecdótico y lo documental,
prefiere lo que se designa con una
palabra hoy de m oda: lo objetivo.
De como se lee podemos deducirlo
ante la manía simplemente infor­
mativa aue nadece la cultura de
hoy, de la difusión increíble de las
antologías y libros de trozos elegi­
dos. Los hay de todas clases, en pro­
sa. en verso, por temas, etc. Y la ma­
nía condensatoria v la pereza llega a
la aberración de libros condensados
en quinientas palabras. Parecería
que hay que llegar a la conclusión
desconsoladora, de que el mundo no
necesita, no quiere necesitar de los
escritores, ni de la poesía, ni de la
literatura. En todo caso, es trivial
querer seguir considerando al escri­
tor como un ser desconectado de lo

�15

£ abaigata

E l C hiquillo
b l a n i; o
Cuento Por LUIS MERIKO REYES
llamaban Leonarda, aunque nadie sabía con precisión si ese nombre
era el suyo. A l mirarla inmóvil, con la faz sonriente y los ojos per­
didos en su propia ensoñación, podía relacionarse su cabeza^ con la de
un león sucio y maltrecho. Cuando reía, sus mandíbulas y sus/ dientes
anchos y amarillos, presagiaban un extraño mordisco. La impresión se
desvanecía al escucharla vocear los diarios, uno generalmente, pues ca­
recía de permiso municipal, con afán infantil lleno de indolencia y
capricho.
Atenida, a lo que sus amistades
cuando los dolores la encarcelaron
laboriosas querían darle, corría de­
en una jaula de crueles rebanadas
y la hicieron gritar: “ ¡No puedo
trás de los transeúntes con un ejem­
más, Mooocho! ¡Mátame, Moooeho!
plar del periódico en la mano iz­
¡Quiero m orirm e!” Ordenes que El
quierda, alargado como una bandeja
Mocho cumplió llevándola a un hos­
y regresaba, sin dejar de sonreír,
pital, donde le extrajeron un chi­
al banco de piedra donde pasaba
quillo rubio, igual a ella, tan dis­
el día.
tinto del padre como un huevo de
Si la pequeña hazaña se frustra­
una castaña.
ba, la repetía con frívola tenacidad
Más dueña que nunca de su son­
hasta que el transeúnte más impre­
risa impávida, volvió con el crío
visto satisfacía su oferta.
envuelto en pañales, obsequio estos
Próximo a ella trabajaba su ma­
últimos, de las señoritas católicas,
rido, E l Mocho. Le venía el apodo
a su cuartucho. La guiaba El Mo­
de que no tenía orejas. Había nacido
cho solícito, dando pasos cortos, co­
con ellas tapadas, carentes de lóbulo
mo si caminara sin avanzar con sus
y de pabellón, recogidas y arruga­
piernas habituadas a la plenitud de
das en su cabeza.
otros esfuerzos.
Pero E l Mocho sabía leer y hasta
Escasa leche brotaba de sus pe­
copiaba con lentitud las actas del
chos, prematuramente flácidos y po­
sindicato de lustradores, al cual él
co berreaba el chiquillo en demanda
tampoco pertenecía, huérfano, como
de su alimento, pero tenía la piel
Leonarda, de permiso municipal.
blanca como nieve, tan blanca que
Leonarda tenía el cabello rubio,
se hacía transparente en la zona
algo oxidado, tan largo que le al­
de las orejas perfectas, libres de la
canzaba los hombros. Sus ojos eran
herencia mocha de su padre, y sobre
de un intenso color añil qne hacía
su cráneo inmenso rebullía una pe­
pensar en un cruzamiento no muy
lusa trigueña que Leonarda acari­
distante de razas nórdicas. Mezcla
ciaba con deleite, como si pasara
que efectuada al revés, gracias a la
los dedos cargados de fluidos sen­
unión de ella con E l Mocho, produjo
sibles por la superficie velluda de
la hinchazón de su vientre y el
un durazno.
hecho molesto de que caminara des­
— Es lindo mi chiquillo — mur­
acompasada pregonando, eso sí, con
muró
risueña sin albergar ningún
acento eufónico, como si llevara va­
otro sentimiento, proyectada con
cías las entrañas.
sencillez hacia el más simple de los
Su labor anárquica, a la caza del
estados de ánimo.
dinero que no querían ganar los
E l Mocho miró ’ al niño rubio,
otros, se t^ornó más pesada. Su vien­
furioso contraste a su rostro more­
tre se extendió hacia adelante como
una proa sudorosa y turgente, has­ no y pálido; a su mechón oscuro
caído sobre la frente y sin anticipar
ta que el trabajo se hizo imposible
caricias ni melindres, salió a la
calle.
El dinero tenía que ganarse
que no sea su mundo personal. A l
con prisa después de tres días sin
menos él supo ver y vió lo que está
trabajar, preocupados del nacimien­
sucediendo. Posee el sentido de la
to del famoso crío que no se le
continuidad de la tradición como
parecía como tampoco se parecía él
antes dije, es guía y busca condu­
a Leonarda.
cirse como tal, pues no puede ne­
Fué un buen día y las monedas
garse que a pesar de todo, su len­
cayeron al 'cajón para lustrar zapa­
guaje privado termina por incorpotos que le prestaba su amigo El
&gt; rarse a todos, ni que los suicidios son
Terrible, con gozosa frecuencia;
actos de fe. Saben muy bien ellos
siempre hermanados un peso con
que el arte es una gran incógnita,
otro peso de acuerdo con la nueva
una gran aventura donde se les irá
tarifa. Además, el buen día estaba
la vida y donde nadie les puede ga­
hermoso, claro, abierto y perforaba
rantizar nada.
la diáfana y fría atmósfera, el sol
Y sin embargo insiste, porque ese
de invierno que inmovilizaba en los
es su privilegio, pues en rigor
bancos de piedra a los transeúntes
¿ cuántas son las cosas por las cuales
como reptiles frente a una flauta.
un hombre estaría dispuesto a mo­
Trabajó sin descanso hasta que
rir? No son muchas pues, para la
los cielos se arrebolaron y los gru­
dignidad de la muerte no todas las
pos de nubecillas detuvieron sus ma­
actitudes o empresas son eficientes.
tices volubles y cálidos, detrás de los
La poesía es una de las pocas ocasio­
ramajes esfumados de los árboles y
nes. Si un hombre se agrega tor­
de los metales de las sombrías es­
mentos como hombre y como artista,
tatuas.
por algo será. La economía vital
Estaba oscuro cuando guardó en
del poeta está regida por un orden
el cajón su frasco de tinta, sus
muy distinto al del hombre vulgar,
trapos y escobillas y su caja de ne­
su peligro, su jugarse a diario con
gra pasta, que él sabía gastar en
la aniquilación está en 'que su crea­
forma imperceptible, dando la im­
ción va más allá del placer estético.
presión de que cubría y recubría la
Es el problema del ser, es esa alta
superficie del zapato, pero sin en­
indagación surgiendo mediante la
señar jamás el brillo dorado del
irremplazable experiencia llamada
fondo. A l fin todos les oficios re­
poesía. ¡Que pueriles parecen las
quieren su inteligencia. . . Alzó des­
acusaciones de orgullo de soledad,
pués la vista, ahita de mirar cueros
de torre de marfil y otros lugares
más o menos iguales y experimentó
comunes de los semicultos que opi­
dentro de sí una sensación agri­
nan ! Escribir no es una actividad
dulce, semejante a la dicha y a la
divertida ni mucho menos, sobre
pena, que podía resolverse en una
todo cuando lo que mueve es una
carcajada, en una palabrota y hasta
convicción. Si el artista es capaz
en un puñete.
de ver más y mejor que los demás,
Determinó volver al cuartucho sin
éstas no pueden ob1igarle a que ado­
pasar por la cantina luminosa don­
re sus dioses v se quede en lo más
de sus amigos so chanceaban sin que
inferior del mundo. Es tonto con­
él lograra, muchas veces, compren­
fundir lucidez con soberbia.
derlos.
Bien o mal el escritor seguirá
Meditaba en que mientras Leo­
siendo un reflejo del mundo que lo
narda
no pudiera trabajar, vocean­
circunda, su creación es descubrir
do
diarios
ajenos y revistas cuyos
y mostrar ese mundo y si los demás
nombres
no
sabía distinguir, nadie
se dejan arrastrar por ilusiones más
más
que
él
debería procurarles el
fáciles, la culpa no será de él.
alimento. Después ella se quedaría
AI.BESTO Q irri .
Mago ate 1948
eon el chiquillo en un banco, mien­
a

L

tras él cazaría pesos en lo que fuera,
tuerto o derecho, limpio o sucio.
De ese modo organizaba sus ocupa­
ciones futuras, pero, entretanto, re­
cordó que Leonarda y el chiquillo
estaban en el cuartucho y que era
preciso apresurarse con el fin de
ganar la delantera a los camaradas
que dormían allí mismo y que lle­
gaban a botarse en sus payasas sa­
turados de fatiga y alcohol.
La noche comenzaba a enfriarse
y el viento helado le raspó la nuca.
“ La lesera de bañarse tan seguido
me está fregando ’ ’, pensó. Ansioso
de obtener dinero se bañaba en lu­
gar de sus amigos notificados por
los inspectores de aseo y les vendía
en seguida el comprobante. Aquello
duraría mientras no lo sorprendie­
ran o hasta el momento 'en que un
delator se vengara de cualquier co­
sa, acusándolo. Aceleró la marcha y
se introdujo en un almacén de co­
mestibles. Un buen día merecía fes­
tejo y compró dos botellas de vino
y una caja de sardinas que, junto
con la harina tostada que Leonarda
atesoraba en el cuarto, completarían
la abundante cena.
Ella lo aguardaba tranquila, son­
riendo de esa manera tan propia
que apenas recortaba las comisuras
de su boca, y caminando pausada
alrededor del fuego donde hervía
la tetera con agua.
— Se lo ha llevado llorando — dijo
Leonarda y mostró a la criatura co­
mo una maquinilla que no supiera
manejar— . Y todavía no me baja
la lech e...
El Mocho observó sus labios y
las miradas se eruzaron sobre la ca­
beza rubia del crío, guiados por una
fresca sencillez que los impulsaba
como niños hacia un nuevo y di­
fícil juguete. Este lloraba en una
esquina del camastro, cubierto has­
ta la barbilla por la frazada sebosa,
de la cual contrastaba como una
luz, con su blusita celeste donada
también por las señoritas católicas.
Un olor denso a cola recalentada
saturaba la atmósfera.
E l hombre depositó en el camas­
tro la caja de sardinas, destapó una
botella y se bebió un trago largo.
— Tenía sed — dijo pronto.
Leonarda se aproximó con la ma­
no estirada y murmuró entre risas:
— Pasa o ’acá, te lo vai a tomar
to o . . .
Ingurgitó el alcohol haciendo so­
nar su garganta y al instante sus
grandes pupilas de añil brillaron
felices.
— El Terrible me trajo un tarro
de leche áeida — habló sin preocu­
parse de que El Mocho tradujera
en sus labios— . Me he llevado dán­
dole como dijo la enfermera, pero
siempre llora. . . ¡E s más mamón!
De nuevo miraron al crío que
ahora dormía con las manos empu­
ñadas fuera de la frazada y con la
nariz brillante de mucosidad.
— Tan lindo mi chiquillo blanco
:—exclamó Leonarda y al momento
preguntó, como ella sabía hacerlo,
al Mocho— : ¿ Vendiste la tarjeta del
baño?
El hombre replicó con un que­
jido y empinó otra vez la botella.
— ¡ Dam e! — insistió con enojo
Leonarda y antes de mascar las
sardinas, descontrapesado su cuer­
po con el alcohol que regaba su
organismo, se tendió en el camastro,
bien pegada al niño blanco, dormi­
do baja la inmunda frazada.
El Mocho empezó a comer en cu­
clillas a la vez que bebía con muda
y rítmica frecuencia. Cuando eruc­
tó y se limpió los dientes con un
palo de fósforo, Leonarda ya estaba
dormida junto al crío.
El Mocho entreabrió la puerta de
la calle, orinó largamente y borra­
cho, de súbito, con el cambio de
temperatura, recorrió balanceándose
la distancia que lo separaba del ca­
mastro y cayó aplomado junto al
cuerpo de su mujer. Nada pudo im­
pedir que ocurriera lo de siempre,
entre las escamas pesadas del sueño,
en la intimidad sudorosa del estre­
cho abrazo. Después el grupo per­
maneció indiferente, seguros tal vez
de que El Terrible y los otros com­
pañeros de cuarto, llegarían al ama­
necer si es que regresaban. El si­
lencio de la noche se replegó sobre
los tres y la luz callejera los en­
volvió en su nimbo.
De improviso Leonarda despertó

APARECIO!..
É 't T O M O

de la TERCERA EDICION 1948

H ISTORIA
DEL ARTE
p o r José Pijoan

' O' .
•;

UN TOMO DE 552 PAGINAS, ILUSTRADO CON
844 FIGURAS. 25 LAM IN AS EN NEGRO Y 18
EN COLOR IN TER CA LA D A S EN EL TEXTO.
-

'

ES UNA EDICIÓN SAIVAT

y miró a su alrededor. El Mocho
magro y sudoroso roncaba con sua­
vidad haciendo un ruido análogo
al hervor de la tetera;- entre los
dos estaba el crío tranquilo, pero
cambiado, sin la blancura rubia que
cimentaba el orgullo de su madre,
negro y feo como el mismo Mocho.
— Me lo han cambiado — pensó
vagamente la mujer, dolorida su ca­
beza con las brumas tóxicas, sacu­
dido de náuseas su estómago des­
provisto.
— ¡ Mooocho! ¡ Mooocho! — gritó

El

pronto con sonriente extravío— .
Está igual a ti el chiquillo. ¡M ocho!
¡ M ocho!
Pero las orejas mochas del hom­
bre se destacaban más nítidas que
nunca, im placablem ente selladas.
Leonarda lo sacudió con todas sus
fuerzas, hasta que renunciando a
despertarlo, murmuró angustiada:
— ¡Está igual a ti, Mocho, el ca­
bro!— y cayó como una mole, con
los ojos nublados por las lágrimas,
sobre el crío asfixiado.

Indigenismo

y la Novela en América
( Viene de la pág. 16.)

sdlpica su oira, Jesús Lava, el
desenlace da por tierra con la no­
vela y el indigenismo literario que
cae por este epílogo. Lo afirma­
mos una vez más, en Bolivia las
diferencias de castas son tan mar­
cadas que, así uno no se imaginare,
no son principios sociales, sino ver­
daderas barreras infranqueables
las que separan una clase de otra.
Una blanca por desprecio que ten­
ga de sí misma, no cometería se­
gún ella este desatino. Esta es la
herencia, más palpable y defini­
tiva con que nos personalizamos
como criollos y seguramente es el
resabio o sello más contundente
con que nos marcó la conquista es­
pañola, definiendo nuestra perso­
nalidad. Y no solamente en BoUvia, Perú, Chile y Ecuador, sino
en todo el Continente donde to­
dos presumen una pretendida no­
bleza y aristocracia de origen.
Pero ello no quiere decir que
la novela en América sea una uto­
pía sino simplemente circunscri­
biéndonos a lo que denominaría­
mos corriente indigenista. Dijimos
que ésta se halla en plena ges­
tación y debemos esperar nuevos
frutos. En cambio, la novela acrio­
llada por el momento es la más
representativa y de la cual son fi­
guras descollantes escritores de
muchos países de la América La­
tina como Hámulo Gallegos, Eus­
tasio Rivera, Giiiraldes, Jorge Amado, Ciro Alegría, Humberto Sal­
vador, Albujar, Latorre y otros
que buscan acuciosamente nuestra
independencia intelectual.
Quiere decir entonces, que la
novela americana incide en dife­
rentes fases artísticas, con influen­
cias extra^continentales, pero siem­
pre con tendencia a personalizarse.
Si cada pueblo o raza, de acuerdo
al principio gassetiano tiene una
f isiognómica peculiar, los indoamericanos también así lo demuestran,
persiguiendo este fin como obje­
tivo primordial para fisonomizar
la novela foránea.
Esta tendencia a la que denomi­
namos “ indigenismo” en libros ac­
tuales como “ Sol de Justicia” de
Max Mendoza López, por ejemplo,

tienden demasiado a lo patético y
hasta la exageración, pero ello ade­
más de recurso literario obedece a
razones de emotividad. Y, no son
producto precisamente de un tiem­
po o de una época socializante; ha­
ce un siglo encontramos esta pecu­
liaridad en libros como “ Juan de
la Rosa” de Nataniel Aguirre, cu­
yo origen nace en la tierra misma,
y en una época de convulsión,
captados con el vigor de libros
rusos, como los de Puskhin o Gogol. Y sin exagerar, haciendo equi­
paración adecuada entre obra y
obra y entre tiempo y tiempo di­
ríase, hay 'más fuerza revolucio­
naria en la obra de Aguirre que
en “ La Madre” de Gorki.
En la actualidad, ha desapare­
cido casi la influencia de la no­
vela francesa, tan patente en obras
como “ El Hombre de H ierro” de
Fombona, libro de que se dijo era
el “ Madame Bovary” de Améri­
ca, para dar paso a la avasallado­
ra e indiscutible influencia de la
literatura rusa, cuyos surcos pal­
pables en nuestro continente, tam­
bién se imponen en Europa, don­
de el máximo novelista de la dé­
cada anterior, Franz Kafka, fué
como la estrella más cercana a la
gloria inmarcesible de Dostoievski.
A pesar de ello, la novela suda­
mericana se peculiariza por su
fuerza descriptiva, tanto en tipos
psicológicos y raciales como en la
descripción de su paisaje. En la
gran novela “ Doña Bárbara” de
Gallegos encontramos este hálito
definitivo de personalidad, así co­
mo un gran enfoque psicológico.
En “ Raza de Bronce” , “ La Vo­
rágine” de Arguedas y Rivera,
respectivamente, también hay ja­
lonamientos indiscutibles. Gallegos
el autor de. “ Canaima” puede ser
el novelista más representativo del
Continente.
En la actualidad Gogol, Puekhin, Korolenko, Tolstoi, Gorhi,
Bunin, Fedeiev, Kladkov, aunque
desordenadamente citados, gravi­
tan inevitablemente en nuestras le­
tras, su humanismo nos catequiza.
Para evidenciarlo baste citar obras
(Continúa en ta pág. 1¿.)

�cabalgata

14

EL RETORNO
Por MARIO PONTI
N O TA: Un inmerecido azar tipográfico me hace autor, en el N? 17
de CABALGATA, de “ El renegado” , relato de Mario Ponti cuya nota
final debía solamente llevar mi firma. Sigue aquí una vieja prosa _que
Ponti no hubiera publicado nunca, ya que data del período que él deno­
minaba “ helenístico” — y que conservo desde los tiempos en que frecuen­
tábamos la Facultad de Filosofía y Letras, hacia 1938. La publico, entre
otras razones — que la creo buena no es la menor de ellas— para dar más
peso a mis palabras y para cortar toda esperanza a las redacciones que
me abruman disputándose mi producción en mi “ dolce stil nuovo” . . . y
ajeno.
i
DANIEL DEVOTO
A Marina Biainquielle, née Rui2
Lagos.
Homero, que fué clérigo mara­
villoso, y cuerdo y sapiente, es­
cribió de la destrucción, del gran
sitio y de la ocasión por la que
Troya fué asolada, tanto que no
pudieron después habitarla. Pero
no dijo verdad en sus libros, no
hubiera podido hacerlo, porque
ya sabemos con certeza cabal que
nació más de cien años después
que se reunió el gran e jé r c ito .. .
Por el contrario, Pares, de quien
oiréis aquí, fué nacido y criado
en T r o y a .. .
Bénoit de Sainte-Maure, Le
román de Troie.
Menipo. Por lo menos, señála­
me a Helena, porque solo no po­
dría distinguirla.
Mercurio. Este cráneo es He­
lena.
Menipo. j Y por esto mil naves
zarparon de toda Grecia, tantos
griegos y tantos bárbaros caye­
ron, y arruinaron tantas ciudades!
Mercurio. ¡Oh, Menipo, tú no
la viste v iv a !. . .
El gallo. ¿Y cómo habría po­
dido Homero saber esas cosas,
él que entonces era camello en
Bactriana! Te digo que entonces
no hubo nada de sobrenatural. . .
ni Helena era tan bella como
se cree. Y o la he visto: era blan­
ca, tenía el cuello muy largo,
tanto que parecía hija de un cis­
ne, pero era madurita, y casi de
la edad de H écu b a.. .
Luciano, Diálogos de los muer­
tos, 18, y El sueño, o el gallo.

El ruido del combate llegaba ca­
da vez más fuerte. Estaba sola. Las
mujeres habían huido: las sirvien­
tas, a los barrios bajos, en busca
de los soldados; las esclavas, con lo
que habían podido alzar, quién sabe
hacia dónde. En la otra ala del pa­
lacio las mujeres lloraban rodeando
al viejo rey. Por suerte no se acor­
daban de ella, aunque nadie hubie­
ra podido decidir si era mejor aca­
bar a sus manos que ahora podían
dar sueltas a la envidia y los ren­
cores de tantos años, o esperar lo
mismo (por lo menos) de un marido
burlado y azuzado por un ejército.
“ Esperar, esperar” — pensó—
“ Esperar siempre” . Por los patios
entraba ya la aurora con el resplan­
dor de los incendios. La mujer fati­
gada se levantó y se miró en su
último espejo (las esclavas se ha­
bían llevado todos los otros, pero
éste era demasiado pesado). Se arre­
gló los cabellos, se miró el cuello casi
liso de hija del cisne, pensó en la es­
pada corta que podía herirlo, por de­
trás, donde comienzan los hombros,
o por delante, donde empieza a na-

Advertencia
En un artículo b a jo mi firm a
“ Rim baud: el ángel y el dem on io”
aparecido en C A B A L G A T A , he in­
cluido un párrafo que no me p er­
ten ece y cuya proceden cia he om i­
tid o sólo por una n egligencia de
m i parte. ” Su perm anente anhelo
de expresar el ser en toda su vi­
vencia y la concien cia de su lim i­
tación en el tiem po y en el espacio
producía en su sensibilidad un ch o­
que d oloroso p or gravitación del
cual v ivió siem pre en ardorosa v i­
gilia. Tres llamas tem pestuosas: la
rebeldía, la pasión y la angustia. El
sentido m oral, com o el sentido esté­
tico y el sentido religioso, sólo p u e­
de m anifestarse con autenticidad y
alcanzar fertilidad y plenitud en el
cam po sin lim itaciones de la lib er­
tad” .
C ú m plem e d ejar establecido que
lo s párrafos no son m íos sino del
escritor César Rosales, cu yo n om ­
b re sólo p or olv id o he d ejad o de
citar en el referid o artículo. R indo
de este m od o h om en aje a su autor,
tratando al m ism o tiem po de repa.
var una falencia.
P ablo R ojas Paz

cer el cuerpo desde la garganta. Su
piel todavía era blanca, de hija del
cisne, y casi tan tersa como antes.
¡ Cómo espiaban las otras las arru­
gas ligeras de los párpados, los cír­
culos que rodean el ojo, la boca y el
mentón vulnerables! ¡ Con qué bon­
dad fingida le aconsejaban leches
y ungüentos, o le reclamaban sus
secretas de belleza, los días en que
el calor o el viento o el amante le
fatigaban los miembros y la p ie l!
La mujer oyó los pasos, el ruido de
las armas, y se adelantó, con los
brazos caídos y las manos contra
los muslos: no las alzaría para de-

tener el golpe. El apartó las colga­
duras y entró violentamente, pero
se detuvo en los escalones que baja­
ban a la sala. ¿Pensó en su propia
entrada, tantos años atrás, a una
cámara donde la misma mujer lo
esperaba, a solas con él por la pri­
mera vez? ¿La vió hilando y tejien­
do, mandando a las esclavas, o sol­
tándose las ropas con el mismo gesto
cuya ausencia iniciaba todas las
ausencias en sus recuerdos? Ya no
sabía si había ido a castigar o a
perdonar, y se- oyó decirle:
— Helena: ¡ qué hermosa eres, He­
lena ! . . .
Y se acercó más. Ella no se movía.
Allí estaba el espejo, que decía la
verdad; y no decía lo mismo que
el hombrq: señalaba el paso del
tiempo, la obra de los días sobre
toda belleza. El le abrazaba las ro­
dillas, y siendo el ofendido, le pedía
el perdón. La mujer fatigada vió
entonces todo lo que vendría: ahora
él, después el ejército, desde la ciu­
dad hasta el mar, mañana los más
jóvenes; nunca la paz, siempre eso
entré el m undo'y su verdadero ros­
tro ya cansado. Y mientras el mari­
do celebraba dentro de sí su pudor
de mujer arrebatada del hogar a
traición, Helena de Troya, sola y
de pie, estaba llorando su propia
muerte que la sobreviviría, tantos
años.

Habla para C A B A L G A T A

Don Daniel Cosío Villegas
D RESID EN TE de la C on federación
*
Latinoam ericana de Cámaras del
L ib ro, director del F ondo de Cultura
E conóm ica de M éxico, D aniel C osío V i­
llegas n o necesita ser presentado. La
extraordinaria labor realizada p or él en
los últim os años — com o editor tanto
com o principal anim ador de los con ­
gresos celebrados en Chile y Buenos
Aires— , es am pliam ente conocida. Q ue­
dan com o testim onio de e llo las p o ­
nencias presentadas p or Cosío a esos
congresos p or un lado y el contenido
sustancial del catálogo de F on do de
Cultura E con óm ica de M éxico, una de
las prim eras e in discutibles editoriales
de Hispanoam érica.
La palabra de Cosío V illegas siem ­
pre es de sum o interés. Cualquier p r o ­
blem a que se relacion a con el lib ro es
en foca do p or este h om bre de excepción
con ju icio s y argum entos de real va­
lor. En sus repetidas visitas a Buenos
Aires, — que él, con agudeza, solicita
que ju stifiquem os con repetidos C on­
gresos del L ibro— , este v ia jero in fa­
tigable siem pre tiene algo que d ecir al
periodism o.
P o r e llo hem os recu rrid o a su p ro­
bada gentileza para que hablara a los
lectores de C A B A L G A T A de alguno de
los problem as relacion ados con el li­
bro. Concretam ente, nos interesaba sa­
ber la opinión de C osío V illegas sobre
la nueva ley de propiedad intelectual
m exicana, sobre el in tercam bio de li­
b ros con España y sobre la falta de
divisas existente en casi tod o el C on ti­
nente, problem as que tanto afectan al
norm al desarrollo de los editores ar­
gentinos.
Y don D aniel C osío V illegas nos r e ­
cibe en las oficin as de la sucursal de
F on do de Cultura con esta noticia, in­
esperada:
— L e presen to a usted a la nueva
directora de nuestra casa en Buenos
A ires, señorita D elia E cheverri — de
con ocida a c t u a c i ó n universitaria en
nuestro país— , la que ocupará el car­
go desem peñado tan acertadam ente du­
rante tres años p or el d octor A rnaldo
O rfila Reynal.

—¿?

— Y le presen to tam bién al nuevo
d irector de F on do de Cultura en M éxi­
co, doctor A rn aldo O rfila Reynal, quien
se trasladará en breve a la capital az­
teca para tom ar posesión de su nuevo
cargo. Y o, p or m i parte, nos aclara
C osío V illegas, seguiré en el C on sejo
D irectivo de nuestra Editorial.
— ¡Nuestra cordial felicita ción a to­
dos! — añadimos.
Y entram os ya en materia.
— ¿Q ué pu ede usted decirnos, señor
C osío Villegas, de la nueva ley de p r o ­
piedad intelectual m exicana?
— En lo que se refiere a ese tem a, al
de la propiedad intelectual en general,
la p rotección de los intereses del e d i­
tor latinoam ericano no pu ede ser lo
justa que todos deseam os a causa de
las distintas legislacion es que al res­
p ecto rigen en cada país. La nueva
le y de propiedad intelectual m exicana
es, sin duda, su perior a la preced en ­
te; pero persisten los prin cipales fa c ­
tores que afectan a ese problem a: v
únicam ente serán solucion ados cuando
jo s editores — com enzando p or los prin ­
cipales— nos convenzam os de que los
derech os de autor sólo son realm ente

nuestros cuando se ámparan en una
probada com pra de lo s m ism os y no en
legislaciones. A sí lo convin im os en el
C on greso de Chile. D esgraciadam ente,
persisten, y persistirán, los casos de
piratería editorial; que, no lo olv ide­
m os, se am para siem pre en leyes v i­
gentes en los países don de se produce;
leyes en su m ayoría anticuadas y p r o ­
m ulgadas en m om entos en que se ten ­
día, realm ente, a in corporar a los pa.
trim onios nacionales obras de interés
general. L os intentos de acuerdo u ni­
versal al respecto (C on ven ción de W áshington, 1946), no han contado con la
adhesión debida de todos los países
afectados p or ese problem a.
— L u ego, la única so lu c ió n . . .
— La única solución, por ahora, con ­
siste en que los grandes editores de
L atinoam érica sean los prim eros en dar
el ejem p lo y en recon ocer lealm ente lo
d ich o más arriba: S ólo existe una au­
téntica e in discu tible posesión de de­
rech os de determ inado lib ro y autor

Daniel Cosío Villegas
cuando se basa en contratos legales y
probatorios, no en leyes que, al fa v o ­
recer a los editores de un país, p e r ju ­
dican a los de otros que han adquiri­
do dichos derech os no sólo con ante
rioridad, sino pagándolos com o es justo.
— Y en lo que se refiere al intercam ­
b io de lib ros con España, ¿cu ál es su
opin ión ?
— Persisten los problem as tantas v e ­
ces repetidos: gran desequ ilibrio entre
im portación y exportación a favor de
España, bloqu eo de fon d os y censura
previa para todos los textos que envia­
m os a la Península. P or su innegable
im portancia com o m ercado consum idor,
los editores de H ispanoam érica n ece­
sitam os del m ercado español; nuestro
acceso a él debe producirse, pues, sin
traba alguna, tal com o los editores es­
pañoles lo tienen en toda A m érica. Los
intentos de solución hasta hoy reali­
zados no han dado resultado práctico.
Y ya va siendo, hora de que lo den.
Cabe esperarlo, tal vez, de las gestio­
nes que actualm ente realiza en Espa.
ña don Julián U rgoiti, quien lleva la
representación de la C on federación La­
tinoam ericana de Cámaras del L ibro.
A sí lo m erecem os los editores de este
Continente.
— El problem a de la crecien te falta
de divisas en m uchos países de A m éri­
ca, ¿cree usted que tiene solución p ró­
xim a?

t u

q u í

C o u sv sU

u u

X om ka Educado
Por O. C. CARMICHAEL
Presidente de la Fundación Carnegie para
el Mejoramiento &lt;le la Enseñanza y primer
canciller de la Universidad Vanderbilt.

educación es la actividad que

ocupa a mayor número de seres
I
humanos en todo el mundo y se ha­
a

lla en un estado de expansión ja ­
más visto. En los Estados Unidos
ocupa la atención completa de un
cuarto de la población en forma
continua. Mientras que el total de
los trabajadores alcanza escasamen­
te a 60 millones, la educación sola
abarca más de 30 millones entre
maestros y alumnos. En tanto que
antes sólo estudiaban los jóvenes,
ahora son adultos los que llenan las
aulas en busca de una mayor pre­
paración. Tal ocurre debido a nues­
tra irresistible fe en eso que llama­
mos “ educación” .
Pero con toda nuestra fe y con
todo el énfasis que ponemos en ella,
no hay dos personas contestes en de­
terminar qué es, para qué es, o có­
mo se adquiere la educación. Quizá
nuestro entendimiento se aclare si
pensamos concretamente, en lugar
de hacerlo en forma abstracta; si
nos dedicamos a bosquejar “ un
hombre educado” en vez de tratar
de definir la educación. Si esto no
ilumina todos los rincones oscuros
de nuestro misterio, debe, por lo me­
nos, develar algo en ese sentido.
El primer requisito del “ hombre
educado” es la adaptación, llamada
también orientación o ajuste a su
mundo. Los instrumentos de estu­
dio, la lectura, escritura, aritméti­
ca; la habilidad para expresar ideas,
el conocimiento del mundo y de sí
mismo, la destreza en la realización
de tareas, todo contribuye a su
adaptación. Ellos son los elementos
esenciales de su equipo. Empero el
“ hombre educado” es algo más que
un “ hombre adaptado” . No puede
constituir meramente una rueda
bien terminada en la maquinaria
social, política y económica de su
sociedad. Debe representar la inte­
ligencia que define los propósitos de
la sociedad, la razón que regula sus
movimientos y la aspiración que
proporciona la potencia conductora
del progreso social. En otras pala­
bras, debe ser no solamente adapta­
do a su universo, con todo lo que
ello implica; sino también inteligen­
te, razonable y ambicioso para el
bien común, v sensible a los valores
ya sean espirituales o sociales. Estas
consideraciones generales trazan a
grandes rasgos el perfil del “ hom­
bre educado” . Si se quiere que el
retrato sea completo y convincente,
ellas deben ser analizadas y amplia­
das.
El saber leer, escribir y calcular
no es más que la llave que da acceso
al tesoro del conocimiento, y consti­
tuye, por consiguiente, el primer
paso en el proceso de educación. Con
esta herramienta el hombre puede
comenzar a conocerse a sí mismo, a
su mundo, a su fisiología e higiene,
a sus necesidades y a- su capacidad;
los aspectos sociales, políticos, eco­
nómicos, históricos y filosóficos de
su sociedad; y los rasgos físicos, bio­
lógicas y astronómicos del mundo
natural. El conocimiento de sí mis­
mo, de los congéneres y del mundo
de la naturaleza es lo esencial en la

— No. El problem a es m uy com p lejo;
y afecta a los editores porqu e hasta
ahora se ha vivido, prin cipalm ente, de
los m ercados exteriores. H oy H ispano­
am érica su fre más necesidades que
nunca. Existen graves problem as e c o ­
nóm ico-sociales, que en unos países
presentan aspectos distintos de otros.
El esfuerzo que realizan algunas r e ­
pú blicas para salvar su econ om ía es
extraordin ario y adm irable. P ero sólo
es posible p rever solucion es a m uy lar­
go plazo.
— El Plan M arshall, ¿sería un r e ­
m ed io?
— Sería una solución tem poral, a pla­
zo fijo , para algunos países. Para otros
el problem a no es de créditos, sino do
profu n da tran sform ación en la ex p lo­
tación de las riquezas, en los m edios
de vida, en m il problem as graves que

adaptación a das complejidades de
la vida. De tal modo, constituye el
fundamento de la educación, el pri­
mer requisito de un “ hombre edu­
cado” .
Pero uno no debe ser “ adaptado”
para cierto momento, debe asimismo
ser “ adaptable” , ya que todo a 1
nuestro alrededor cambia. El “ hom­
bre educado” debe no sólo poseer
realidades si desea conocer lo que le
rodea; debe ser capaz de deducir
nuevos hechos a medida que su me­
dio ambiente varía. Esto requiere
inteligencia, razonamiento e inicia
tiva. Estas facultades solas hacen
posible el ajuste del hombre al cam­
biante panorama de la vida.
Se sabe ciertamente que la escue­
la y los años de colegio no propor­
cionan suficiente tiempo para ad­
quirir todo el conocimiento necesa­
rio para un completo ajuste. Más
aún, los descubrimientos científicos
van develando constantemente he­
chos ignorados hasta ahora. Las
fronteras de la erudición se en­
cuentran en fu g a permanente.
Quien sepa todo lo que puede saber­
se hoy será un ignorante de todo lo
que se descubra mañana, a menos
que continúe la búsqueda de la sa­
biduría, La curiosidad intelectual,
que mueve a uno a profundizar los
conocimientos en busca de más y
más conocimientos, es su ingrediente
necesario para el hombre completa­
mente adaptado.
Aquellos que adquieren el gusto
por la erudición durante los años
de estudios o que después continúan
al día en esta' materia, solamente
aquellos pueden ser llamados “ edu­
cados” . La flexibilidad mental, na­
cida de la continua búsqueda de la
sabiduría, es el signo del completa­
mente educado. Pero correr tras los
conocimientos no es sr¡ficiente; ello
debe complementarse con una per­
manente actividad en pos de los
principios básicos por los cuales vi­
ve el hombre — principios sobre los
cuales están basadas las acciones in­
dividuales, principios de conviven­
cia democrática— . La adquisición
de principios, filosofía de 1a. vida, es
más importante que el acopio de
materialidades. Estas se evaporan,
mientras que los principios quedan.
Los fundamentos básicos, estéticos,
intelectuales, morales y espirituales,
forman la base del juicio y de la
discriminación y proveen de un sen­
tido de estimación sin el cual no se
puede estar bien orientado. Ellos
sirven como ana. guía para el aná­
lisis de declaraciones, de otros prin­
cipios de conducta, de personas y
de acciones. Son básicos para el ca­
rácter, talante, poder e influencia.
Permiten al hombre distinguir en­
tre la pobreza y la grandeza de al­
ma. Son los elementos indispensa­
bles para la efectiva personalidad.
Mas el conocimiento de factores y
principios, la inteligencia y el ra­
zonamiento, y creciente uso de estas
tres facultades, no completan el re­
trato del “ hombre educado” , va que
el hombre no vive sólo del intelecto,
como no lo hace sólo de pan. Es un
ente social, puesto que habita entre

afectan de raíz
adentro.

la

vida

de

Am érica

— A nte esa realidad, y para no r o ­
ba rle a usted más tiem po ¿cu ál debe
ser la m isión del editor en la hora
presen te?
-i
— El editor debe seguir editando, cla ­
r o está, si piensa subsistir. D ebe cuidar
m u cho más sus edicion es; lo cual no
q u iere d ecir que por m ejores se vendan
más, naturalm ente. N o estará demás
que se p reocu p e de lanzar ediciones al
alcance de tod os lo s bolsillos — y que
conste que n o ig n oro lo disparatado de
los p recios de costo del libro— . Y no
olv id e u sted de record a r que, um ver­
salm ente, el o fic io de editor sólo da
satisfacciones m uy alejadas de las es­
trictam ente com erciales.
F. A.

�ca b a lg a ta
hombres; de aquí que el .entendi­
miento social es necesario para su
adaptación. El patán, el individuo
antisocial, el desconsiderado y el
intolerante pertenecen a esa gran
hueste de ignorantes que retardan
el progreso de la raza. Aunque el
censo no agrupe a los socialmente
ignorantes juntos con los otros, su
presencia en la sociedad es, no obs­
tante, real, y su bloqueo del pro­
greso no es menos serio que el de
sus colegas que no saben leer ni es­
cribir. Ser socialmente culto signi­
fica, en primer término, estar adap­
tado a la sociedad, la habilidad de
vivir en armonía con todos los hom­
bres de buena voluntad, cualquiera
sea la raza, el credo o el color. Sig­
nifica, además, el conocimiento de
las fuerzas que actúan en la sociedad
—económicas, sociales, políticas y
religiosas— y una actitud que le
permite vivir y trabajar efectiva­
mente con ellas. Significa creen­
cias, propósitos y convicciones cons­
tructivas. Finalmente, significa, no
sólo mentalidad social, sino un sen­
tido de responsabilidad social. Es
inconcebible que el hombre adecua­
damente ‘ ‘ educado ’ ’ pueda mostrar­
se indiferente a los problemas de su
comunidad o de su sociedad. La lealdad y la fidelidad, consideración e
interés social, y los principios por
los cuales ordena su vida son cua­
lidades esenciales en el “ hombre edueado” .
Para el completamente educado
no puede pasar ignorado uno de los
más profundos instintos de la hu­
manidad, más antiguo que el cien­
tífico y más universal. En esta era
mater’alista se tiende a olvidar que
la ciencia y la educación nacieron
de la marcha a tientas del hombre
tras lo desconocido; que la búsque­
da de la sabiduría no comenzó sinc
cuando el hombre reconoció que ha­
bía en el universo fuerzas que no
podía dominar. Humillado por ese
reconocimiento, comenzó a buscar el
entendimiento por medio de la re­
ligión y de la ciencia.
Oliver Wendell Ifolmes dijo una
vez que los hombres pueden dividir­
se naturalmente en tres clases, a
saber: hombres de un piso, hombres
de dos pisos y hombres de tres pisos
con claraboyas. ‘ ‘ Los que reúnen
hechos, sin intereses más allá de sus
cosas, son los de un piso. Los de dos
pisos son aquellos que razonan, cal­
culan, extraen conclusiones, usando
las cosas de los de un piso como
propias. L o syde tres pisos con cla­
raboyas — consignó—
imaginan,
predicen, tienen sueños, su mejor
iluminación proviene de lo alto a
través de la claraboya” . Los verda­
deramente educados, entonces, de
acuerdo con Mr. Ilolmes, son los
hombres de tres pisos con claraboya,
cuya imaginación es avivada y su
visión aclarada por los rayos invisi­
bles de la Verdad Universal que les
llega desde arriba “ a través de la
claraboya” .
¿ Que más se necesita para contes­
tar la interrogante: “ ¿ En que con­
siste un hombre educado?” ¿Quizá
solamente reunir los hiles de nuestro
argumento y tejer con ellos un mo­
delo en miniatura de un “ hombre
educado” . En primer lugar, debe
ser un hombre de estudio. El cono­
cimiento de sí mismo, de su sociedad
y del mundo de la naturaleza, que
lo hace sentirse cómodo en su medio
ambiente, es el primer elemento de
su equipo. La habilidad en el arte
de la comunicación, que le permite
expresar sus pensamientos, es el se­
gundo requisito. La expresión justa
indica un alto grado de discrimina­
ción en el uso de las palabras, que
es posible solamente cuando el pro­
ceso de pensamiento está aguzado
y refinado. La percepción es tam­
bién necesaria. La imaginación pa­
ra tratar relaciones, la inteligencia
para entender su significado y la
vperspicacia para descubrir nuevos
conocimientos son lo que caracteriza
a un hombre educado. Cuando estas
cualidades están completadas con
una insaciable curiosidad, la pintu­
ra del “ hombre intelectual” está
completa. Pero es sólo una parte del
asunto.
Si los intereses intelectuales cons­
tituyen la meta inmediata de una
educación efectiva, los intereses so­

E l, sentido de la muerte , por José Ferrater Mora. Editorial Sudameri­

cana, Buenos Aires. 1947. Rústica. $ 7.50 m/arg.
os modernos poetas y literatos, en una íntima angustia provocada quizá
por la realidad del mundo en que les ha tocado vivir, sienten la A s­
piración del destino final, de la anulación del ser humano en la muerte.
Pero sólo pasajeramente intentan penetrar su sentido. Esta tarea está
reservada a los filósofos. En realidad, todo filósofo ha sentido su aguijón
como problema; a veces lo han soslayado, otras lo han enfrentado con
mayor o menor franqueza. Sin embargo,, hay momentos en que se impone
la necesidad de que un recio pensador reconsidere el problema, asimile
logros anteriores, los someta a un fino análisis y nos dé un pensamiento
maduro. Ferrater Mora, entre los pensadores de habla hispana, aspira
a desentrañar, teniendo en cuenta no sólo las reflexiones de los filósofos
sino también las conquistas de los científicos, el sentido de la muerte.
En seguida el lector adivina, no al recolector de ideas hilvanadas
con acierto, sino al hombre de pensamiento propio dispuesto a extraer
el íntimo significado de lo que puede indicar el desaparecer de este mundo.
La exposición es sistemática, en un proceso que facilita la comprensión;
la muerte en la naturaleza inorgánica, en la orgánica y, postreramente,
en el hombre. Ascenso necesario, para que podamos darnos cuenta, en
esta especie de anulamiento que es la muerte, lo que indica para el ser
racional y consciente. Si mal no recordamos, un crítico severo le impu­
taba a Ferrater Mora como un defecto una demora excesiva en lo orgánico
y, especialmente, en lo inorgánico. Pero si el concepto de vida, genérica­
mente, es unitario, lo es también el de muerte; y no logramos ver la
exquisitez específica del vivir en el ser racional, si antes no percibimos
sus latidos en los seres considerados inferiores* Algo análogo acontece
con la muerte. Vida y muerte en este libro se reencuentran, pues son con­
ceptas que se presuponen, lo que quizá podría expresarse en esta forma,
una ontología de lo real y una ontología de la muerte podrán ser, en
cierto modo, una y la misma cosa” (p. 63). Llegamos a un pensamiento,
del que está saturado todo el libro, que la muerte no sólo es uno de los
problemas fundamentales de la filosofía, sino acaso el problema capital.
1 ara adoptar esta posición no hace falta declararse existencialista; in­
cluso el vitahsta y el mas decidido optimista tropiezan, quieran o no,
con la muerte como problema. Ferrater Mora nos desarrolla, al buscar
el sentido de la muerte, toda una ontología. No se- trata de explicar el
hecho, evidente, sino el sentido; y éste no se logra, sino en el conocimiento
del ser. Cómo nos dice él mismo cobra verdadero significado una analogía
mortis, yuxtapuesta a la de analogía entis. (p. 70).
En lo orgánico el vocablo muerte adquiere pleno sentido, especial­
mente en el hombre. Es el capítulo dedicado a la muerte humana, nu­
trido, jugoso, el centro del libro. Se desentraña su sentido, alrededor
de lo qué es y significa la “ persona” . “ Por este motivo hemos dicho
que existe un proceso de individualización del humano morir qué alcanza
su culminación cuando la vida misma del individuo se superpone, hasta
coincidir, con la realidad de la persona. La muerte personal, y aun po­
dría decir absolutamente personal, es entonces la perfección misma del
morir y con ello la misma perfección de la vida” (p. 277). Los pro­
pósitos del libro pueden sintetizarse en esta conclusión, cuyo íntimo sig­
nificado sólo puede ver el que haya seguido sus razonamientos: “ El sen­
tido de la muerte sería, por lo tanto, éste: otorgar su humanidad a cada
hombre y, enunciado de un modo más general, hacer que cada casa, por
el hecho de su limitación, cobrara una dimensión y, por lo tanto, la
realidad que le era propia” (p. 285).
El libro de Ferrater Mora está lleno de sugerencias filosóficas y
morales. El hombre, •que ha sido enfocado desde diversos puntos de vista,
aquí es observado, y con acierto, desde su cumbre o final: su humanidad
queda estructurada en la muerte. Que sepamos, el enfoque que realiza
Ferrater Mora del problema de la muerte hasta ahora no ha provocado
polémica; esperamos que así sea, para que ciertas afirmaciones se afirmen,
afinen o aclaren. El libro, precisamente por ser meritorio, es digno de
ser polemizado.
Luis Farré.

L

“ El

m ito , la

leyen da

y

el h o m b r e ”

.

por Félix Molina-Téllez. — Editado
por Claridad. 298 páginas. Cartonó.
$ 10 m|arg.
i-1 ONOCEDOR profundo del alma popular
^ argentina, a la cual ha sondeado a través
de muchos años de viajes y convivencia, Fé­
lix Molina-Téllez ofrece con este libro suyo
el mejor ejemplo para una da sus afirmacio­
nes: que el verdadero folklorista no es el que
entona las canciones o cultiva las leyendas
sino aquel que utilizando su cultura personal
ahonda en esas expresiones para descubrir
su origen, intuir su filosofía y definir los
rasgos psicológicos del pueblo que las creara.
De este modo,, “ El mitot la leyenda y el
hombre” no es una mera demostración lite­
raria sino que por la disciplina utilizada en
su desarrollo constituye una obra fundamental
para quienes deseen iniciarse en este terreno,

cíales le siguen de cerca. La toleran­
cia, la consideración y la conducta
social son las características destacables del hombre educado. La ac­
titud hacia la vida y el razonamien­
to claro representan el aspecto fi­
losófico y social esencial. Su flor
más fina es un sentido de responsa­
bilidad social básica para la aspi­
ración y el progreso humanos, y la
más alta expresión del “ hombre so­
cial” .
Estas son, entonces, las califica­
ciones que configuran al “ hombre
educado” : 1) erudición, inteligen­
cia, razonamiento, imaginación y el
don de la expresión propia; 2) con­
ciencia social y un sentido de res­
ponsabilidad social, y 3) humildad
en presencia de lo Desconocido. V
sobre todo, un profundo deseo no
solamente de descubrir nuevas cosas
sino de encontrar la verdad que
hace a los hombres realmente libres.
(Publicación
“ The American

autorizada

por

M ercury’ ’ , ex­

clusiva para la Argentina.)

pues no sólo explica el instrumental a em­
plearse en la investigación: también sistematiza los conocimientos y descubrimientos
realizados por el autor y traza un panorama
amplio de la tradición popular en el Norte
argentino, donde en su adolescencia 6U cu­
riosidad de incipiente investigador supo hallar
en la anécdota diaria los primeros elementos
para sus futuras deducciones.
El valor del trabajo de Molina-Téllez surge
a poco de iniciada la lectura, y resalta con
especial fuerza porque no obstante la moda­
lidad conservadora del alma popular, que no
olvida nunca las tradiciones, a medida que
pasa el tiempo y nuevos elementos se incor­
poran a la vida nacional, más se diluyen las
expresiones autóctonas haciendo penosa la ta­
rea del estudioso quien debe emplear toda su
sutileza para distinguir lo real de lo falso
o deformado.
Luego de un análisis rápido de las prin-

15
cipales culturas primitivas desarrolladas en
nuestro suelo, pasa a tratar con detenimiento
la evolución del mito en el pueblo, con citas
do casos recogidos en distintos lugares de
“ héroes” , “ santos” y “ familiares” , forjados
por la imaginación del hombre de mente pri­
mitiva, así como las prácticas de hechicería
de seres supuestamente dotados de poderes
sobrenaturales.
También la participación de animales y
vegetales en las expresiones populares mere­
cen el interés de Molina-Téllez, que vuelca
una abundante documentación sobre ese as­
pecto y contribuye con su aporte personal para
interpretarla. Igual tratamiento merecen en
capítulos aparte las coloridas fiestas del car­
naval norteño, con sus diferentes etapas y
modalidades lugareñas, y con mayor profun­
didad el problema do la divinidad en la civi­
lización chacosantiagueña.
“ El mito, la leyenda y el hombre” señala
un jalón en los estudios folklóricos efectuados
en el país porque contribuye a desenterrar las
raíces más profundas de la mentalidad po­
pular: las que corresponden al problema re­
ligioso, cuyas distintas actitudes y formas
permiten reconstruir el alma argentina pri­
mitiva. Esé es el punto de partida para cualquior empresa científica o literaria, porque
en él reside la esencia de la tradición popular
retransmitida hasta hoy. Molina-Téllez cons­
ciente de su responsabilidad, así lo ha en­
tendido.
\
«X. A. BRONENBERG ZUCCARELLI
“ V iaje

m u sical

al

p a ís

del p a sa d o ”

,

por Romain Rolland. — Editado por
Ricordi Americana. 203 páginas. Cartoné. $ 10 m|arg.
La apreciación de la música podría redu­
cirse exclusivamente a un ejercicio de los
sentidos, pero con ello sólo se cumpliría UJ13
de las finalidades de su creación y quizá la
menos elevada. Pero si, en cambio, nos si­
tuamos frente a la música como un producto
cultural, la nuestra será una actitud “ inteli­
gente ’ en el exacto significado del término
porque nos permitirá saborear ese algo que
está más allá de la mera audición y que es
el verdadero contenido de la expresión mu­
sical.
Una cantata, un cuarteto o una ópera no
son meras composiciones aisladas en el tiempo
ni han surgido en forma desordenada o an­
tojadiza. Cada una en sí — y todas las que
se conocen desde que el hombre utilizó el
más rudimentario de los instrumentos para
producir una nota— es producto de una
época y responde a las tendencias espiritua­
les y formales de ese momento.
Quiere decir esto que la historia debe ser
un complemento indispensable para el meló­
mano culto, pues le ayudará a interpretar el
mensaje contenido en las frases armónicas
do cualquier obra.
El “ Viaje musical al país del pasado" de
Romain Rolland llena ese cometido con efi­
cacia; proporciona, en efecto, abundantísimo
material de primera calidad para el mejor
conocimiento de un siglo musical por excelen­
cia : el XVIII, en que se opera la crisis que
habrá de originar la música “ moderna” .
Su retrato de Handel, cuya descripción
literaria refleja con exactitud el vigor espi­
ritual del sujeto; el de Metastasio, revolu­
cionario del drama musical, y el de Telcmann, introductor del estilo francés en la
música alemana, se destacan entre el resto
del material por el brillo de su estilo y la
cantidad de elementos de juicio que suminis­
tra a los devotos de esos maestros.
Junto a estas pinturas trazadas con mano
firmo de conocedor, Romain Rolland agrupa
otros dos artículos que ilustran con justez3
similar sobre el panorama musical en que
actuaron sus retratados y otras figuras tam­
bién importantes, con especial detenimiento
acerca del origen del estilo denominado “ clási­
co” en el siglo mencionado. Y como notas
pintorescas pero no desprovistas de valor, un
comentario sobre una novela cómica escrita
en el siglo XVII por el imisico alemán Kuhnau
para ridiculizar el ambiente musical de su
tiempo, y otro sobre la vida musical inglesa
bajo el reinado de Carlos II, abundante en
pinceladas de fino humorismo.
Sin duda alguna, esta reunión de artículos
de Romain Rolland servirá para robustecer la
cultura musical del aficionado inteligento.
Y nada mejor que utilizarla, como dilecta
compañía, en este viaje musical a una época
que obliga a procurarse un buen cicerone
para no perder detalle de sus estampas.
J. A. B.
vagabundo de l a s is l a s ” , por
Joseph Conrad. — Editado por Emecé.
330 páginas. Rústica. $ 5,75 m|arg.

“ Un

Quien lee un libro de aventuras de seguro
busca en él emociones que le distraigan de
sus pensamientos cotidianos o que exciten
su imaginación frenada por las circunstancias
que no le han permitido desarrollar su ideal
do andariego.
Pero quien tome en sus manos una obra
cualquiera de Joseph Conrad tendrá satisfac­
ciones a granel. Tal sucede con “ Un vaga­
bundo de las islas” . Dentro del especial esce­
nario que le presta el archipiélago malayo,
la acción de su novela gira en torno a un
europeo a quien el destino ha puesto como
un elemento más en el enredado juego de
pasiones, codicias y ambiciones mal reprimi­
das a que da lugar la riqueza de esa parte
del mundo.

LISANDRO
DE LA TORRE
por RAUL LARRA
T ercera ed ición de esta apasionan
te b iografía que trae textos co m .
plem entarios. El e jem p la r $ 6.—

E ditorial F U T U R O
JU JU Y 735

Y aquí volvemos a lo que decíamos antes.
La aventura, con todas sus victorias y reveses,
alcanza por momentos la cima de lo heroico
y también de lo patético; empero no se limita
únicamente a la acción sino que va más allá
y ahonda con prolijidad en el estudio psico­
lógico de cada personaje exhibiendo sus res­
pectivas reacciones.
Las arterías más infames de estos hombres
poseídos por la fiebre del dominio y el dinero
crean un clima que apasiona al lector y io
transporta al borde mismo de la lucha coavirtiéndole, sin desearlo expresamente, en un
inesperado actor. Pero la maestría de Con­
rad no se detiene en lo dinámico: hay en la
novela una extraordinaria pintura de mujer
que absorbe por igual la atención del lector
y llega a desviar su interés por la trama
para fijarlo en los episodios donde su figura
femenina se destaca por encima de todo en
su rara lucha por el amor de un hombre d#
raza distinta, lucha en que ambos mezclan
ios raptos de odio más hondo con las expresia
nes más puras y sublimes de ternura.
“ Un vagabundo de las islas” es un torbe­
llino de violentas pasiones en medio de una
atmósfera que enloquece a los individuos, del
cual surge la estampa de Aíssa, la muchacha
árabe, con contornos tales que muy bien
puede comparársela con alguna de las pro­
tagonistas del teatro clásico. Joseph Conrad
demuestra con ello ser algo más que un sim­
ple narrador de aventuras; el retrato de esta
mujer de fascinantes líneas espirituales bas­
taría para consagrarlo si no lo estuviese ya
con su estilo fuerte y su cautivante inspira­
ción.
J. A. B.

El Indigenismo. . .
( Viene de la pág. 13).

como “ Huaeipungo” de Icaza,
“ Cacao” de Jorge Amado, “ Los
Trabajadores” de Salvador, las
obras de Castelnouvo, Scalabrini
Ortiz, “ Los Siete Locos” de Ro­
berto A rlt, novela que fu é en el año
30, una de las revelaciones más
grandes de la literatura argenti­
na, demostrando así la verdadera
fuerza de la literatura americana.
E l atormentado Fapini, no tuvo
noticias al respecto, pero ello mis­
mo se explica. H ay quienes piensan
como Fapini, desde una torre de
marfil y no se detienen a efectuar
un pequeño análisis, antes de lan­
zar aventuradas declaraciones.
Circunscribiéndonos a Bolivia,
Perú y Ecuador, centro nuclear de
la literatura indigenista, aventura­
remos juicio. La nueva fisonomía
estética para estar asentada en
bases fundamentales debe nutrirse
invariablemente en los jugos ofre­
cidos por esta trilogía de nacio­
nes, cuyos escritores van demos­
trando su calidad en obras de re­
presentación racial y cultural de
su pueblo. Ello es muy promisorio
y halagüeño. De todas maneras, el
indigenismo, como novela y tema
sociológico está latente y ofrece
grandes perspectivas. E s la mo­
derna inquietud, que, se impondrá
en América y llegará a Europa
emergiendo del epicentro andino,
que ya ha demostrado en varios li­
bros, médida literaria, afán de sur­
gir y pasión creadora, totalmente
original y rica en perspectivas.
L a Paz, A bril 1948.

EL MENSAJE PLASTICO DE J. BATLLE PLANAS
( Viene de la pág. 9.)

la atmósfera del sueño. En otros
momentos nos presenta vibrantes
atmósferas doradas y cálidas que
nos hablan de la necesidad de vivir,
de superar la desesperanza en que
está sumido el hombre, o nos mues­
tra líneas torturadas que deshacen
rostros con la marca de terroríficas
angustias que parecen retroceder a
las pesadillas infantiles o a los terro­
res de razas primitivas. El color ad­
quiere una calidad emotiva extraor­
dinaria y con elementos simples, sin
estridencias, crea el clima emocio­
nal adecuado. El dibujo no es me­
nos dócil que el color al deseo de
expresión del artista y así se vuelve
rígido, directo, esquemático donde
domina la angustia, el terror, o la
melancolía y ondula hasta acabar en
la ternura de los arabescos o desa­
parecer en los juegos de luces de
los claroscuros cuando por el con­
trario las emociones cálidas y exaltadoras dominan el cuadro.
Finalmente una gran síntesis de
elementos polares abstractos y su-

rreales parece realizarse en el artis­
ta a raíz de la adopción de la téc­
nica de los puntos guías.- el pintor
busca solucionar el problema de su
soledad integrando en la figura hu­
mana los elementos de organización
cósmica, es decir fusionar en una
unidad los elementos automáticos
humano-intuitivos con los principios
de una matemática suprahumana de
validez universal. En esta aspira­
ción inconsciente el artista coincide
curiosamente con los grandes vi­
dentes del pasado y en especial Paracelso, para quien el hombre era
el microcosmos, imagen y repetición
del macrocosmos, idea esta que a
través de Goethe, ha constituido el
fundamento del humanismo moder­
no en el que todavía vivimos.
lie aquí en definitiva el mensaje
que nos envía «T. Batlle Planas, un
notable pintor contemporáneo, que
ha sabido buscar la fuente de ins­
piración en sí mismo y del cual to­
davía esperamos otros mensajes
plásticos, otras ^estupendas revela­
ciones de ese mundo de lo maravi­
lloso en el cual es explorador.

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P erú 973

B u en os A ire s

�:ahaÍgaía

16

D

F. Kierkegaard son estas pala­
bras: “ La verdad radica en la
subjetividad, en la existencia del
hombre’’. He aquí prefigurada la
expresión de Ramón Gómez Cornet.
La aventura contemporánea de la
forma y del color, en sus infinitos
avatares, integran la conciencia de
este argentino, a quien, al cabo, lo
que sobremanera le importa es su
visión personal e íntima de las cria­
turas que pinta. El gran combate
entre la estética de la forma y la
estética de la esencia, se decide en
él hacia un rigor que le conduce
del objeto de su pintura al sujeto
de su devoción entrañable.
Formado en años de hervor plás­
tico, no le fueron ajenas las expe­
riencias cubistas, futuristas y “fauves” , hasta que de regreso a su tie­
rra y sentidor del drama de sus
criaturas, se repliega en un hacer
expresivo que lo comprende y lo
trasciende. Gómez Cornet es quizá
el único artista de la Argentina que
resiste un discurrir a propósito de
una expresión con raíces en la tie­
rra nacional.
¿Hasta cuándo se habrá de re­
petir la frase, en un momento ál­
gida, de Maurice Denis: “ El cua­
dro, antes de ser una mujer o un
caballo de batalla, es una superfi­
cie plana recubierta de colores re­
unidos ordenadamente” ? Con este
pensamiento desembocamos en un
deccrativismo peligroso del que ur­
ge salir y al cual por cierto le son
extrañas las auténticas virtudes que
dan vida a una obra de arte, esa
facultad de sentir con hondura y
comunicarse con intensidad dentro
de un orden del espíritu.
¿Cómo se alcanza la verdad en
una existencia humana? ¿De qué
modo al ser fiel a sí mismo se res­
ponde al propio sentimiento pro­
fundo, a esa relación en aue uno
es parte de la tierra de un país e
in te g r a el universo se n sib le de
nuestras realidades y al par de
nuestros sueños?
Toda verdad mora en nuestra in­
timidad, y es a esa fuerza que de­
bemos acudir. Hablamos de hechos
imponderables que se agitan en
nuestro interior y se expresan por
conducto de un afinado sentimien­
to que toma de la materia su parte
ideal, su fundamento esclarecedor.
Ya es el volumen que guía a Gómez
Cornet en su primera etapa, o la
línea en su funcionalidad, pero es­
ta creativa lucidez de nada serviría
si el artista no entrara en un orbe
en el que la calidad y la pureza se
alian. Una sensibilidad hecha de
observación y mesura, de sobriedad
y contención, le hacen hallar el hu­
mano espíritu que vive en la pe­
numbra de la existencia: un tono
melancólico, una angustia macera­
da, o la ternura que no ostenta
otras virtudes que su desnudez.
Baste ver las figuras que Gómez
Cornet ha pintado para poder apre­
ciar hasta qué punto se identifican
con su figura física, con su propio
y humano linaje. El es como un
viejo tronco santiagueño, remozado
ahora en obras que datan de los
últimos años.
Analizada su obra a ctu a l1, surge
una coherente dignidad recorrida
por idéntica emoción que invade y
señorea en sus óleos, monocopias y
dibujos. Se trata de la unidad que
lo acerca a realidades que el pintor
siente y transfigura: retratos anó­
nimos o cabezas infantiles a cuyas
fisonomías concede a veces la cla­
ridad de un nombre: “ Muchacho” ,
“ Pocho” , “ T e r e s a ” , “ Mercedes” ,
“Niña” , “ Perfil” , "Cabeza” , "Niña
sentada” . De ese bucear en la tris­
te humanidad de esas criaturas, Gó­
mez Cornet aporta un mensaje que
se nos ofrece amorosamente some­
tido al control del artista. Su pin­
tura es estática, tiende a una se­
renidad sostenida por un arduo o fi­
cio que la vuelve expresiva adhe­
sión a las cosas reales, ajustadas
armonías que se manifiestan en la
transición de los tonos, superando
el puro juego — signo moderno—
de los claroscuros. Aquí, es la vi­
bración del dibujo y su justeza pic­
tórica, o el candor reflexivo, un
rostro, unos ojos penetrantes, un
perfil, unas presencias que cauti­
van en su natural delicadeza y de
las cuales fluye un remansado tor­
mento. Su materia cromática se de­

\

“ Niña” , “Maternidad” , “ Madre” ,
“ Desnudo” , “ Vecinas” o “ Chola” ,—
conducta de creador que ha elabo­
rado estas sinceras presencias que
se convierten en ricas existencias.
Estas obras de plasticidad o fuerza
táctil se hacen evidentes en soste­
nidas variaciones por la calidad.
Cada monocopia es una experien­
cia en donde la materia se torna
hallazgo sensible, cabal compren­
sión por dentro de una humanidad
que se define como substancia poé­
tica. Y en esta voluntad vemos cómo
el artista diversifica su quehacer

fine a sí misma, sin recurrir a con­
tornos, por el instrumento de un
hacer modulado, leal, honradamen­
te, sin preciosismos, siempre equi­
librado en superficies que buscan la
tercera dimensión mediante una
perspectiva que poco pide al ojo
físico y se atiene al concebir psí­
quico, soltándose, por sobre los va­
lores, hasta entonar el inédito can­
to de un sentimiento moral, sínte­
sis de la existencial subjetividad
aludida al comienzo.
Y es en estos años que Gómez Cor­
net, artista sensibilísimo, después

A PROPOSITO DE

R

amón

G óm ez C o r n et
Por

ROMUALDO

R a m ó n G ó m e z C o rnet .

de hallar para sus dibujos una lí­
nea plástica rigurosa y finísima,
habría de recalar en el acierto que
fundamenta la vida artística de sus
estampas o monocopias. Dijimos en
otra circunstancia que un gran ar­
te es ante todo y después de todo
regional: en el grado que penetra
en la tierra de una región alcanza
categoría de universalidad2. Cuan­
do el poeta Cardoza y Aragón se
refiere al arte de México y dice
de él que no debe buscarse en mo­
tivos épicos y grandilocuentes y sí
en un “tono íntimo, mesurado,
grande de la sobriedad, rico en ma­
tices, en pasión contenida” , y que
“ su gusto prefiere los tonos seve­
ros, oscuros y graves. Su sencillez
admira y busca las formas sobrias,
delicadas y desnudas” , parece estar
definiendo el arte de nuestro ar­
tista. Y nada tiene que ver en este
aspecto el color local — en cuya
exactitud veía Van Gogh una mez­
quina precisión— ; estamos en un
plano que supera las sensaciones,
las líneas, las masas, los colores;
entramos subterráneamente en una
zona de nuestro ser desconocido o
recién redescubierto.
Nos enfrentamos de este modo
con las monocopias en negro y en
color de Gómez Cornet. Las prime­
ras emergen después que el pintor
ha dispuesto la capa de color sobre
la cual trabaja, obteniendo de la
oscuridad — con sutiles toques —
nueva vida por la luz. En las se­
gundas el color es expuesto direc­
tamente pintando o, sobre una base
de sepia, viene a iluminarse la fi­
gura o composición de raras trans­
parencias. En estas recientes obras,
Gómez Cornet marca una buida eta­
pa de artista — como puede aquila­
tarse en “ La tinaja” , “ Rosa y azul” ,

BRUGHETTl

Chola. Monocopia. 1944.
formal. Si en los óleos mantiene,
necesariamente, la nobleza de la se­
renidad de sus figuras, las monoco­
pias participan de un vibracionismo que se aparta de efectos y ex­
terioridades para v o lv e r s e p u ro
ejercicio de intimidad y confesión
existencial. Así, esas calidades ex­
tremas precisan y amplifican la
voz de un artista tocado por una
genuina vivencia.
Sí, razón cabe al danés Kierke­
gaard al sostener que “ la verdad
radica en la subjetividad, en la
existencia del hombre” , o en esa
ineludible adquisición de la exis­
tencia verdadera cu a n d o ex iste
“ cierta relación con un ser” , según
aclara en horas recientes Guiller­
mo de Torre. Ese ser, en el artista
argentino, lo constituye su tierra
de Santiago del Estero, Catamarca
o La Rioja y, hoy, años vividos en
Mendoza de los que trae una luz
que invoca acentos cálidos, nuevo
testimonio que orna el rostro del
país, alquitarada ternura hacia f i ­
guras de niños y niñas de su origi­
nal dedicación que hallan el matiz
diferencial representativo de un su­
frido existir y la estructura a un
tiempo sobria y apasionada, ope­
rante en una proyección sentimen­
tal plástico-pictórica, que bien po­
dría definirse como aristocracia de
lo popular. Pero ¡nada de m orfo­
logías folkloristas o pintorescas!
Una tierra íntima en el dramatis­
m o sin desplantes de sus criaturas
elabora la razón estética que nos
hace vislumbrar un arte de incon­
fundible mirar.
1. Exposición auspiciada por la Asocia­
ción Amigos del Libro, Salón K raft.
2. Ver mi monografía: Ramón Gómez Cor­
net, Biblioteca Argentina de Arte. Edi­
torial Poseidon, 1945.

El Indigenismo
y la novela en América
P or

HUGO

BL Y M

arriba. Así, el paisaje circundante
apenas ha sido captado epidérmi­
camente, par dar paso a la imagi­
la novela de fondo universalista
sin sabor local o continental — re­ nación y al romanticismo.
Y en realidad, el indio como
calcamos— - Pero la novela indige­
sujeto noveladle, es el mejor pro­
nista apenas cuenta con reducido
número de simpatizantes. Eviden­ tagonista que pueda ofrecerse en
temente, hay marcada resistencia una obra americana, Su persona­
a esta tendencia quizá por su com­ lidad es tan grande y definitiva
plicada accesibilidad espiritual a que, cuatro siglos de sojuzgamiento no cambiaron su rudo tempe
los extraños y porque se presiente
será algún día el filón mas i ico ramento, ni tampoco entreabrieron
a los occidentales su m undo inter­
en sugerencias y sugestiones in­
no o verdadera personalidad,
novadoras en las viejas escuelas
occidentales, por el momento ex­
Arguedas, no obstante sus “ nehaustas en jugos creativos. Esta es
g adores” consiguió percibir alyo
la razón más valedera para quie­ en este escenario ‘‘ bolla” . Su li­
nes vaticinamos la corriente indi­ bro “ Raza de B r o n c e a s í lo de­
genista.
muestra, pero el tiempo por una
El criollo, indio y su paisaje cir­ parte y la consigna dirigida de
cundante, como motivos pictóricos
hundirlo en el fracaso por otra
o literarios, están cuasi intocados.
enmarañaron un ticmjm, tan emo
Ningún pintor, — ni el mismo Pantivo intento. De todas maneras, su
tigoso, tan acertado en sus retra­
insurgencia está latente y es por
tos bollas—- podría presumir de
el momento el aliciente más gran
haber plasmado perfectamente al
de para 'quienes interpretan el
indio, tanto en lo objetivo, así co­
sentir autóctono y la corriente in­
mo en lo subjetivo. Tampoco no­
digenista. Una revisión consciente
velista alguno, incluyendo a Ciro
del pasado, en el aspecto literario
Alegría pudo captar el verdadero
hará con seguridad que escritores
“ pathos” del autóctono. Quien
jóvenes y sin odios personales, le­
haga su enfoque perfecto, deberá
vanten la antorcha del Maestro
ser un indígena con todas las ca­
para seguir esta tendencia tan ori
racterísticas raciales y psicológicas
ginal, patente en Ibáñez, Alegría,
con las que se distingue el hombre
Icaza y otros indigenistas que es­
del Andes.
capan a la memoria.
Esta no es una afirmación aprioPor lo general, se toma al indio
rística. De ninguna manera. No
en su aspecto denigrante; se espe­
obstante la tendencia natural que
cula con sus miserias morales c
tenemos algunos religiosos de esta
materiales, con más saña que ra­
emoción, hemos llegado a esta fi­
zón. Se tejen a su sombra, las his­
nalidad contundente: El Cosmos
torias más complejas de las que
andino requiere — diremos hablan­
seguramente reiría piadosamente
do f iguradamente— también lentes el indígena, si las conociera en su
andinos. Primero por su grandio­
absurda interpretación. Conservar
sidad y luego por el frío hieratis- dores por naturaleza, parecen ha­
mo do sus hombres, difíciles de
ber nutrido sus principios en las j
auscultar, sobre todo con ojos que
fuentes del pensamiento chino. No
se han abierto a la cultura y al
es exageración afirmar que si fue­
arte occidental, cual la tenemos
ra por ellos se amurallarían, entre
cuasi todos los hijos de la Colonia.
sus montañas, a fin de evitar ex­
Quienes pretendieron interpre­
trañas convivencias cual lo ponti­
tar su paisaje hasta la fecha, fra­ fica Mencio, el conservador más
casaron en el intento. Aparente­
grande de la filosofía asiática, con
mente la pampa carece de matices
quienes no solamente deben existir
pero los tiene en todas sus rugosi­
nexos materiales, sino espirituales.
dades. Es que, para su enfoque■se
No ha mucho leíamos “ Surumi”
requiere esa interpretación telúri­
una novela del poeta Jesús Lara,
ca, planteada por Keyserling. Es
en la que el escritor envuelve a
decir, sentir la tierra en la sangre
los aborígenes en la más sui-geney en el alma. Ya lo dijimos, será
ris de las tramas con que pu-eda
la condición indispensable para to­
obsequiarnos un literato imagina­
da obra americanista del futuro.
tivo. Habla de un autóctono quien
Hace tiempo, una pluma de en­ por méritos propios sigue algunos
jundia como la de Víctor Ibáñez,
cursos de primaria. Dice luego de
pretendió ser de las creadoras o
sus huchas cotidianas, con el medio
mejor dicho precursoras del indi­
feroz que desea aplastarlo. Da a
genismo, can un libro novelado
entender del abismo inf ranqueable,
“ Chachapuma” y otro inspirado
separando a indios de blancos. Pa­
también en la mitología indígena,
ra el caso pinta a la patrono del
en forma de cuentos intitulada
fundo,
como al demonio tortura­
“ Aukakallu” . E l entusiasmo del
dor
de
su existencia. Estos odios
autor hace entrever en ambos li­
son verídicos, pero lo raro es el
bros al indio, en contra a esa teo­
final inconcebible en que concluye.
ría que decanta su inferioridad ra­
cial. ^Empero, y a pesar de su bue­ Es decir, concibe un romance en­
tre el indio sojuzgado, conocedor
na voluntad los citados libros no
exacto de su desnivel racial y la
pasan de ser recopilaciones frías
de
su verdugo, que tiene aún más
de leyendas autóctonas, carentes de
seguridad
y orgullo de su condi­
ese sabor a tierra y esa emotivi­
ción social. Luego desconociendo
dad, tan peculiar en obras localis­
los resquemores y odios ancestra­
tas en las qué, incluso se patentiza
les peculiares en los indígenas, ha­
su gracia en los recovecos delicio­
ce que este romance concluya en
sos del estilo; tal puede saborearse
un matrimonio feliz y normal en­
en plumas como las de Ricardo
tre enemigos. El indígena, como el
Palma y Modesto Omiste, en sus
negro, gusta de la mujer blanca,
“ Tradiciones Peruanas” y “ Cró­
pero no precisamente para el ma­
nicas de Potosí” de tanta perso­
trimonio. No así la- mujer blanca,
nalidad y originalidad en la li­
quien
posee una natural e indis­
teratura de América.
cutible
repulsión al indio. Segura­
Es que, la obra de Ibáñez está
mente,
esta trama obedece a esa
trunca en su doble intención. Di­
influencia
de los “ film s” mexi­
remos: ella corresponde a un tiem­
po en que el romanticismo predo­ canos tan poco reales, cuyo epílo­
go clásico siempre es el matrimo­
minante daba preferencia a libros
nio del peón con la patrono, o
sentimentales tipo “ María” de
Jorge Isaac, donde el romance pri­ viceversa, muy natural quiza en
México, pero alejado de la reali­
ma al color y las sensaciones fo ­
dad en nuestra tierra.
ráneas. El autor de “ Chachapu­
A pesar de las buenas figuras
ma” deriva hacia esta fuente sen
y
escenas de patetismo con que
timcntal respondiendo seguramen­
te a la influencia anotada líneas
(Continúa en la pág. 13•)
novela en America tiene in­
ZAnumerables
cultores. Es decir,

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19 4 8
2 a-Epoca

EN El M l f E l S O I l OE
l o i E i i i j. m n o
Por P A B L O R O JA S P A Z
Por JÜSEPH W A R R E N BEACH
transcurrido treinta años desde la
aparición de los primeros poemas de
John Uos Passos y de su primera novela,
One M an’s Initiation (La Iniciación del
'
Hombre). Desde entonces, Dos Passos ha
publicado ocho novelas, un volumen de
poemas y otro de comedias, seis volúmenes
de viajes y comentarios políticos, y cuatro
que tratan de la lucha por las institucio­
nes libres en los Estados Unidos, en épocas
coloniales y en nuestros días. Más de veinte
libros escritos en un período de treinta
años por un hombre que ha cumplido ya
los cincuenta.
Tenemos ahora más de veinte años para
digerir Manhattan- Transfer, y diez años
para conocer a fondo lo que universalmente
se considera como su obra maestra, la tri­
logía de V. 8. A . En libros como Journeys
Between ITurs (Viajes entre Guerras),
The Ground. W e Stand On (La Tierra en
que Vivimos), y State of the N ati mi (El
. Estado de la Nación), Dos Passos nos ha
expuesto el punto de vista con que mira
el mundo, permitiéndonos estudiar su re­
presentación “ dramática” de la vida. Aho­
ra podemos enfrentarnos con su figura y
preguntarnos hasta qué punto es grande
su significado para el arte literario.
Lo primero que podemos decir, sin temor
a equivocarnos, es que la obra anterior a
Manhattan Transfer carece de importancia,
que sus volúmenes de viajes y comentarios
no valen gran cosa y que, hasta ahora,
debe el lugar que ocupa en la literatura
a cuatro novelas, M anhattan Transfer y las
tres partes de U. S. A. La única importan­
cia de sus poemas es la de recordarnos que
su autor es, por inclinación natural, clara­
mente “ estético” ; es decir, que le atrae
lo pintoresco, lo decorativo, lo exótico y
lo romántico, en el sentido en que este tér­
mino se aplican a Amy Lowell y John
Gould Fletcher.
La influencia de Cari Sandburg se sien­
te con fuerza en M anhattan Transfer, so­
bre todo en el lenguaje y disposición de
los poemas en prosa que preceden a cada
capítulo.-.Pero la influencia de Sandburg
no es más que un paso del simple culto a
lo exótico, a la robusta lucha con la reali­
dad - de la estética como evasión a la
estética como composición significativa.
Sus primeras novelas cai-ecen de imporf tancia por las mismas razones y son igual­
mente interesantes por la luz que arrojan
sobre el temperamento del autor. One
M an’s in stitu í ion y Streets of Nigth (Ca­
lles de Noche) nos muestran a un joven
exigente y sensible, que aborrece la cruel­
dad y la fealdad, tanto físicas como mora­
les, y se da clara cuenta de la fealdad que
existe en la guerra y el sexual ismo. Threei
Soldiers (Tres Soldados) — 1929— es una
de esas novelas que siguieron a la Primera
Guerra Mundial, donde el autor demuestra
su interés por el alma del individuo que
lucha vanamente por librarse de las ata­
duras de la maquinaria militar (y social).
Las tres obras nos demuestran claramente^
que el autor no es un novelista nato, en el
tradicional sentido de la palabra, porque
le preocupan más las relaciones del indi­
viduo con la sociedad, que la idiosincrasia
v rasgos personales de su protagonista.
Los volúmenes de comentarios políticos
carecen de valor desde el punto de vista
literario. Poro son de gran importancia
para comprender la filosofía social de Dos
Passos y no carecen de mérito. Son buenos
reportajes, porque nos muestran lo que él
La visto —e'i Rusia, en las Estado0 Unidos

H

on

a n

Í

(Conttná-a m ¡a pág. 6.)

frecuencia los biógrafos, al hablar de

un personaje, advierten que nació cir­
Ccunstancialmente
en tal ciudad. Esta conti-

J orge L argo . Torero en verde. (Oleo) 1946-47.
(Ver artículo en las páginas centrales.)

EJERCICIO

so br e

TÍHESIAS
Por ALB ERT O GIRRI

Tiresias, soy eterno. Sombra prudente
YO,y sabia,
elegida una vez para decidir que
sexo es el más vigoroso en el deleite; reve­
lador de las desgracias de Edipo; amigo y
consejero de Ulises por mediación del poeta
Horacio (—Sátiras— Libro Seg. V ) ; sufri­
do viejo de ubres arrugadas palpitando
entre dos vidas*, protejo a quienes buscan
cambiarse gracias al cambio de vestidos.
Todo fraude hay que pagarlo. Cada vez
que acontece, una muerte violenta lo corona
y yo, Tiresias, desaparezco hasta un nuevo
llamado. Eso sí, debemos admitir que las
anagnorisis que presido son valiosas pues
quienes las practican tiñen sus actos, heroi­
cos o mezquinos o infames, de inédita inten­
sidad y apasionado secreto. Mueren o pro­
vocan muerte. A veces caen en misteriosas
e incurables desdichas que consumen len­
tamente el alma como sutiles venenos, des-

dichas más destructoras en unas estaciones
del año que en otras. Hay ejemplos. ¿Quién
no me vió, sin reconocerme, en la figura de
hombres hermosos viviendo como mujeres,
para seducir con sus falsas faldas a nostál­
gicos marineros y despojarlos, luego de la
infaltable borrachera, gracias a férreos e
imprevistos músculos? ¿Quién no supo de
mujeres puestas en evidencia como tales,
por el indiscreto y asombrado periodista
que las presenta como la mujer-hombre,
honesto y eficaz empleado, fiel cumplidor
del somnoliento deber burocrático durante
varios lustros, sin que nadie se apercibiera
del equívoco? Era yo, Tiresias. En la fili­
bustera Jamaica fui el nombre apasionado
de Ana Benny, la irlandesa bastarda que
acompañó a su amante, el feroz Rackham
hasta que lo ahorcaron. Ana vistió eómoda( Continúa &lt;n la pág. /.)

En las páginas interiores, artículos de Eduardo W esterdahl, Juan Carlos I
A l­
varo Fernández Suárez, Neu ton Freitas, Rom ualdo Brughetti, Juan Carlos (,hiano,
Denis de Rougemont, Francisco de Aparicio, Miguel Graco, Juan Jacobo Bajarlía,
Murray Schumach, Braulio Sánchez - Saes, Joan Junyer, Robert Graves. Poemas de
Olga Orozco y Gustav Ilegler.

gencia o riesgo de nacer por casualidad en
un punto determinado de la Tierra, tiene
mucho de pintoresco y curioso. Creer que
todo en la vida del hombre está previamente
fijado y pensar que todo sucede de acuerdo
a un plan preestablecido, es cultivar una
excesiva vanidad humana. Pero, al contra­
rio, pensar que nada está fatalmente seña­
lado y que todo está entregado al azar y al
riesgo, es no aceptar que hay un destino en
la dureza de la roca o en la volubilidad de
la ola. Decir que Roberto J. Payró nació
circunstancialmente en Mercedes el 19 de
abril de 1867, es decir algo muy sencillo,
pero no muy explícito. La vanidad humana
nos lleva a aceptar que no es posible nacer
accidentalmente en ninguna parte; una se­
rie de circunstancias hará que lo que fuese
mera casualidad se convierta en casi atina­
da coincidencia de accidentales circunstan­
cias y motivos lógicos. ¿Qué razón lleva a
los padres de Payró a refugiarse en Mer­
cedes? Nosotros no tenemos una impresión
exacta de lo que son las pestes. Nosotros,
felizmente, hemos llegado en un tiempo en
que se habló de ello como de una fábula.
Las pestes que destruían la familia eran
uno de los grandes azotes de la humanidad
y fueron, junto con las guerras civiles, el
azote de Dios, el mal que aferraba a los pue­
blos a una remora de terror y a una falta de
capacidad para librar combates con la vida.
Ser argentino es haber nacido con los sig­
nas de la nacionalidad en una época deter­
minada. A Payró nació con todas las señales
de su tiempo a que perteneció. Que Miguei
Gané, el de -Iuvenüia, nazca en Montevideo
porque sus padres iban huyendo de la ti­
ranía; que Nicolás Avellaneda busque, pe­
queño, junto a la madre, después de que su
padre fuera degollado, un auxilio en Bolivia, son acontecimientos afines al que Payró
haya nacido en Mercedes. Los padres de Ca­
ñé, a quien Payró sobrepasa por sus cuali­
dades literarias, fueron a Montevideo bus­
cando un ambiente de libertad, es un sínto­
ma. y es también un síndrome de la época
el que los padres de Roberto J. Payró aban­
donaran la gran aldea buscando un clima
salubre a las puertas de la pampa. Payró
nació a la vida en épocas en que todavía el
suelo es el protagonista de los acontecimien­
tos nacionales. Por eso su nacimiento ya
está marcado con los signa, de la naciona­
lidad.
A las guerras civiles en que el fuego d"l
odio quemaba la fecundidad de los campos,
a los combates con el epílogo bárbaro de lo
degüellos, a Facundo, de pechó desnudo v
lanza triunfante que pone precio a la nonra
de las ciudades, sucedió la peste fulminante
que produce 15.000 muertes en 145 días. No
hay descanso para la suerte del país. El
hambre, la sequía, la peste se enseñorean
en las grandes ciudades, ninguna de las cua­
les quiere ser menos digna en el martirio
que las otras. Y después, otro mal argenti­
no, la soledad y no la extensión, como ano­
taba Sarmiento. Sería de oír lo que digan
las generaciones venideras en punto a si
falta o no territorio. Pero, esta soledad no
la defiende de los males. Anotemos un daño
más tenaz, más duradero que todo eso: la
lucha con el indio. Yo creo que no hay nada
más erróneo, más equivocado que el sentido
que se ha dado a la educación nacionalista,
al estudio de la historia. Nos han hecho
creer que nuestro país era el más feliz del
mundo, el mejor regado) el más rico de to­
dos ; no necesitábamos sino extender la ma­
no para recoger los frutos de los árboles
(Continúa en la pág, 5.)

�cabalgata;
quien amaba en el fondo de su corazón. Hugo, ultrajado, se mega a
someterse a las nuevas “directivas” del partido, a dejarse “recuperar
por él. Miembros del partido le matan.
A pesar de su carácter de melodrama, la obra es de una gran be­
lleza de expresión y sugiere un patetismo angustioso. La acción se des­
arrolla en un ambiente muy Arthur Koestler, muy “Oscuridad al me­
diodía” . Los últimos acontecimientos europeos vienen a darle más sigficación y más alcance.

N O I C A
(En un cuadro de Juan Batlle Planas.)

Nunca oísteis su nombre.
Sin embargo, cuando un sueño cualquiera entretejió fosforescentes
redes sobre el rastro del tiempo
Noica estuvo.
Tal vez su cabellera fuera para vosotros la marea letárgica
por donde sube al cielo la primer Navidad
—esa novia que flota con su ramo de cristal escarchado y una cinta
plateada en la garganta.
Acaso sus ropajes fueran para vosotros un ámbito en que caen
lentamente las hojas, las diademas de lianas y de lluvias,
cuando el amor golpea con sus manos el follaje encantado.
Lo cierto es que fué Noica;
la diosa de los seres subterráneos que disponen callando el esplendor
del mundo.
Reconocedla ahora.
Antes que se haya ido para ser melodía de. polvo contra el vidrio,
sombra musgosa de los muros.
Guardadla para siempre en esta misma puerta abierta en el celaje
de los siglos,
donde 6e balancea, despidiéndose,
como la luminaria en el claro final de la arboleda.
Del otro lado yace su reino alucinado.
Nunca entraréis en él.
Juntos se abismarán debajo del recuerdo y del olvido.

UN EPITAFIO PARA JAMES WAITT
(Personaje de la novela de Joseph
Conrad “ El negro del ‘Narctssus’ ” .)

Yo, James Waitt,
hijo del miedo y la impostura,
tenía un cofre con monedas y un infame secreto.
Las monedas resonarán al paso de Donkin, el astuto emisario
de mi muerte,
V el secreto me rozará la cara por los siglos como una rama 6eca.
¿Dónde está el verdadero James Waitt?
En un barco alcanzaba las riberas del ocio
simulando agonías más fastuosas que un incendio en los bosques.
Pero un día la cólera marina silbó sobre su espalda como un látigo.
¿Dónde está el verdadero James Waitt?
En un barco alcanzaba las afanosas islas
simulando un poder más obstinado que las raíces en la primavera.
Pero un día la codicia terrestre esgrimió la verdad como un relámpago.
Lo arrojaron al mar envuelto en un sudario de amenaza y terror
que llamaron plegaria.
¡Piedad para James Waitt,
que conquistó la vida con la faz engañosa de la muerte
y penetró en la muerte con el rostro ilusorio de la vida!
Nadie venga a buscarlo.
Rasguñará en el limo lo mismo que las ratas en la viscosidad
del maderamen,
hasta que el mar lo sorba como a un brebaje oscuro tras la máscara
lisa de una lona.
Nadie diga su nombre para el último día.
James Waitt no tendrá rostro.

OLGA

CARTA

0R0ZC0

DE F R A N C I A
Por

JUAN

SAAVEDR4

obra teatral de Sartre es siempre un acontecimiento literario, mu­
las inquietudes de
generación que se
debate en la pasión política. En el Teatro Antoine se ha estrenado y
se representa “Les mains sales”, de Jean-Paul Sartre, que antes de
representarse había dado lugar ya a muchos comentarios, que los ha
suscitado mayores después y que está llamada a interpretaciones y con­
clusiones diversas.
La acción de “Les mains sales” ocurre en una Jllyrie independiente,
pero ocupada por cinco divisiones hitlerianas, durante la guerra. E!
gobierno del Regente-reaccionario ha pactado con los alemanes. Se han
creado dos movimientos clandestinos de resistencia, el del Pentágono
burgués y el del Partido Proletario. Primeras derrotas alemanas en
Rusia; el viento cambia. La derrota final del Reich no ofrece duda. El
Regente decide hacer el doble juego. Se entiende con Karsky, el je fe
del Pentágono, y con Hoederer, el jefe del Partido Proletario. Se trata
de hacer un frente nacional de la resistencia. Hoederer está dispuesto,
bajo ciertas condiciones, a esta cooperación que permitirá a su partido
conquistar la participación en el Poder cuando se derrumbe Alemania.
Pero en el Partido Proletario hay otros jefes más intransigentes que
Hoederer. No aceptan ni siquiera provisionalmente tender la mano al
Regente, al Pentágono pequeñoburgués. Puesto que Hoederer se trans­
forma en social-traidor, se le designará como secretario al joven Hugo,
hijo de banquero, ingresado en el comunismo por generosidad de alma,
y que acepta, con su fanatismo de neófito, el matar a Hoederer que está
a punto de traicionar la ideología del Partido.
Hugo se instala con su joven mujer Jessica cerca del viejo jelc
revolucionario. ¿Le matará? No, cuando Hoederer le haya explicado
las razones profundas de su aparente cambio. Sí. cuando encuentra a
Hoederer besando a Jessica.
Hugo es condenado a dos años de prisión. En su celda es objeto
de una tentativa de envenenamiento. Puesto en libertad, sabe por la
camarada Olga, a quien a ido a pedir asilo, que el Partido Proletario
quiere suprimirle. ¿Por qué? El no es un traidor. Ha cumplido su piomesa de matar a Hoederer. ¿Qué importa si lo ha hecho por celos pa­
sionales? Sólo debe tenerse en cuenta1 el resultado.
Pero Olga le revela la verdad: la ejecución de Hoederer ha sido
un error. Hoederer estaba, sin que se supiera, “en la línea . Algunos
días después de su muerte, Moscú da la orden al Partido Proletario de
Illyrie de colaborar con el Regente y con el Pentágono. Por lo tanto,
Hugo ha matado por nada, estrictamente por nada, a un hombre a
na

cho más si trata de interpretar las angustias y
U
nuestra época, los problemas íntimos de la actual

• El movimiento surrealista lia conocido
constantemente escisiones, discrepancias o
separaciones de sus fieles, que casi siem­
pre han ido acompañadas de escándalos
más o menos tumultuosos. Fortalecidos en
el combate contra los demás, conocían
también la técnica de disputarse entre sí.
Ahora mismo la lucha es bastante violen­
ta entre los llamados “ surrealistas revo­
lucionarios” y los surrealistas a secas, o
amigos de Bretón'. Ambos han expuesto
recientemente sus puntos de vista.
Noel Arnaud, el más destacado y com­
bativo de los ‘ ‘ surrealistas revoluciona rios ’ ’, ha expresado así su tendencia:
“ He sido leñador en Venezuela; desde
entonces desconfío de los árboles y en
general de todo lo que permite las me­
táforas de desarrollo consanguíneo; la na­
riz no es siempre hija del binóculo. Por
esto el surrealismo revolucionario no es
en manera alguna “ una rama del surrea­
lismo de Andró Bretón” . Ni de cerca ni
de lejos hay ninguna relación entre el
surrealismo revolucionario Y Andró Bre­
tón. Este sólo se representa a sí mismo,
mientras quo el surrealismo revolucionario
define un conjunto de técnicas, un espí­
ritu de descubrimiento, un rigor crítico
orientados esencialmente hacia la denun­
cia y la destrucción de las superestructu­
ras burguesas y hacia una conciencia de
los valores propios de nuestro tiempo. El
surrealismo revolucionario m&gt; puede ser
una rama de un árbol muerto. Está más
bien al servicio de ideas que tienen su
origen en la realidad revolucionaria, en
la acción del proletariado por su libera­
ción. Experimental, encuentra sus mate­
riales en la realidad objetiva; lírico, se
impregna del movimiento que transforma
el mundo. Olvidaba decirlo: si se quiere
un árbol digamos que es el del materialis­
mo dialéctico, que impulsa lejos sus raíces
y altas sus ram as.”
Por su parte, Sarane Alexandrian y
Claude Tarnaud, que publican la gran
hoja surrealista “ N eón” , han respondido
en la siguiente form a: ‘ ‘ Sin nosotros no
existirían los surrealistas revolucionarios.
Son nuestros parásitos. Además, “ surrea­
lismo revolucionario” no significa nada.
Es un pleonasmo. Hay bastante revolución
en el movimiento surrealista para que se
tenga que añadir algo. Se nos reprocha
que somos un árbol muerto porque no nos
ocupamos de política. Pero sabemos bien
que someter la poesía a una forma polí­
tica, es demostrar impotencia, es no poder
hacer poesía con medios propios... Nues­
tra acción social es la exaltación de la
imaginación. Y nuestros medios (mitos,
analogías) son eficaces porque exaltan el
acontecimiento humano, el amor, la rebel­
día y no la realización práctica del reparto
de la carne.”

O L L A

• Ya que no se llega a superar la actual
crisis del cine francés por la mejor calidad
de las obras, se trata de resolverla me
diante medidas gubernamentales, adminis­
trativas. Va a establecerse una ayuda
temporal de tres años a la industria
cinematográfica, gracias a la creación de
un fondo especial alimentado por una
tasa de 5 francos sobre cada localidad.
Se va también a reducir del doce, que
es actualmente, al 3.50 % el tipo del
impuesto a pagar al Estado. Por otra
parte, se intentará, en virtud de negocia­
ciones ya comenzadas, un mejoramiento
de los acuerdos cinematográficos BlirfhByrnes, que tantas protestas han suscita­
do. Y eir caso contrario, parece que el
1 de julio se considerarán caducados di­
chos acuerdos.
• ‘1Occupe-toi d ’Amélie ’ ’ obtiene actual­
mente en el Teatro Marigny un gran éxito,
sobre todo por la magnífica interpretación
de Madeleine Renaud. La obra, que en
español fué traducida por Juan José Ca­
denas con el título de “ A ver si cuidas
de Amelia’ ’, lia sido representada bajo la
dirección de Joseph-Louis Barrault, que
después de sus triunfos de ‘ ‘ Hamlet ’ ’,
‘ ‘Les Fausses Confidences ” y “ Le Proeés” se apunta un nuevo éxito con uno
de los mejores vodeviles de Feydeau.
• Los dos grandes premios literarios de
la Société des Gens de Lettres han sido
concedidos este año, el primero a Joseph
Jolinon por el conjunto de su obra y e!
segundo a Henri Clouard por su “ Histo­
ria de la. literatura francesa ’ '.
• Se recordará el “ affaire’ - de la fa l­
sificación de cuadros de Vermeer realiza­
da por Vair Meegeren. El señor De Vries,
director de uno de los más importantes
museos de La Haya y gran especialista
de la pintura holandesa, fué uno de los
peritos que dió como auténticas las falsi­
ficaciones.
En una conferencia dada recientemente
en París ha reconocido que fué un enga­
ñado, y ha tratado de deducir algunas
enseñanzas de este “ a ffa ire ” . La indus­
tria de la falsificación proviene 'de un
excedente entre la oferta y la demanda.
Los coleccionistas, con su avidez y algu­
nas veces con su gusto por la especulación,
son los principales responsables de la
estafa de que son víctimas. El arte de la
falsificación evoluciona con el tiempo
Desde el siglo x jx la falsificación es más
frecuente que la simple copia. Por otra
parte, a medida que son más eficaces los
medios de investigación de los expertos
la técnica de los falsificadores también
se perfecciona.
El éxito de Van Meegeren se debió al
cuidado con que confeccionó su primera

P O D R I D A

In g la te rra
C I. teatro inglés ha estado particularmente activo últimamente, presentando,
en el espacio de pocos días, siete produc­
ciones, en las que, aparte la reposición de
•‘Troilus y Cressida” , de Shakespeare,
descuella el creciente interés por un teatro
poético moderno. El Mercury Theatre, de
Londres, durante algunas temporadas ha
cultivado eso género, pero ahora otros tea­
tros se inclinan hacia el teatro en verso,
y éstos son: el New Lindsey Theatre, que
ha dado “ W interset” , del autor norte­
americano Maxwell Anderson, y el Arts
Theatre, quo presenta una obra de un
joven poeta dramático inglés, “ The La­
dy ’s not for burning ’ ’, de Cliristophen
Fry. La primera, “ W interset” , dividió
a la crítica, pues, evidentemente resulta
chocante para el público londinense, es­
cuchar largas tiradas de sonoros versos en
labios de gangsters y otros personajes del
hampa norteamericana. La obra de Fry,
no ha dividido menos los pareceres, aun­
que ha cosechado una mayor parte de
elogios. Al autor de “ The L ady’s not
for burning ’ ’, se le reconocen dotes poé­
ticas do original belleza, no carente de in­
genio, pero escasamente dramático. El
asunto de la pieza enzarza una bruja con
un joven soldado, en diálogos de muy bri­
llante imaginación.
• En la Gimpol Fils Gallery se han ex­
hibido pinturas y dibujos del pintor ita ­
liano Amedeo Modigliani, fallecido en
1920, cuando sqlo contaba 36 años de edad.
• En el Cambridge Theatre se ha estre­
nado la ópera en un acto del compositor
británico de 27 años, Anthony Hopkins,
‘ ‘ Lady Rohesia’ ’, ‘ 1ópera traviesa ’ ’, se­
gún la clasificación del propio autor, ba’ sada en un libro de leyendas escritas en
verso y prosa, a principios del siglo xix,
por el clérigo R. H. Barham. La obra
compuesta en tono burlesco ha divertido
al auditorio, haciendo preguntarse a mu­
chos si el teatro de la ópera es el lugar
apropiado para ridiculizar el género ope­
rístico.

Ita lia
• En la revista “ Politécnico” , Elio Vittorini publica una carta abierta al diri­
gente de su partido Togliatti, en la que
el primero parece querer dar téimino a

una situación interna llevándola al co­
nocimiento público. Escribe el autor de
‘ ‘ Conversazione in Sicilia ’ ’:
“ Mi trabajo no vale más que el tuyo.
Es simplemente distinto. Si yo te reconoz­
co el derecho a intervenir eir las cuestiones
de la cultura, te niego el de intervenir
con objetivos políticos, coh medios políti­
cos, con argumentos políticos, por presión
o intimidación política.
“ Me niego a hablar de Hemingway co­
mo de un pequeño escritor imperialista
que no merece ser conocido. Declaro que
Caldwell, Dos Passos, Richard Wrigth, J a ­
mes T. Farrell, tránsfugas antiguos o re­
cientes del comunismo, han escrito obras
cuyo fondo guarda su importancia revo­
lucionaria. Mientras que nuestros simpati­
zantes Howard Fast o Robert Maetz no
son precisamente de primer orden.”

U. R . S. S.
e El profesor del Conservatorio de Mú­
sica de Moscú, Yuri Shaporin, comentando
la declaración del comité central del par­
tido comunista de censura para algunos
de los más eminentes compositores sovié­
ticos, manifestó: “ las tradiciones de la
música clásica rusa, han sido olvidadas
en los últimos tiempos por algunos com­
positores soviéticos. Desgraciadamente es­
tos compositores hicieron alto en la tarea
de desarrollar las&lt; grandes tradiciones
realistas de la ópera clásica rusa. Muradeli, Shostakovich, Prokofiev y otros, no
se preocuparon por el desarrollo de ia
melodía. ’ ’
Como era de esperar, la declaración del
comité del partido ha obrado con rapidez,
la consecuencia que se esperaba. Aram
Ghacliaturian, Vano Muradeli y Serge
Prokofiev aceptaron acto seguido las ins­
trucciones del partido que son de “ com­
poner música que so acerque más al pue­
blo y pueda ser comprendida por é l ' ’.
Prokofiev declara que las instrucciones
referidas ‘ ‘ me están ayudando en mi bús­
queda de un lenguaje musical más alle­
gado a nuestro pueblo. ” Muradeli declaró
a sus colegas: “ La justa y severa crítica
de mi ópera ( “ La gran am istad” ) me
obligó a pensar en la causa de mis errores.
Reconozco quo tengo la exclusiva respon­
sabilidad do ellos y trataré de corregirlos
de todo corazón.” Shostakovich, autor del
“ Poema a la P a tria ” , no se pronuncia.
Esto compositor, el más universalmente
conocido de los jóvenes músicos soviéticos
ya saboreó hace años el ostracismo en oca­

falsificación, o sea “ Los peregrinos de
Emmaüs” . Sin esto cuadro, la primera v
única “ obra m aestra” de Van Meegeren.
jamás las otras falsificaciones hubieran
sido aceptadas. Además, los últimos cua­
dros fueron “ descubiertos” durante la
ocupación alemana y el patriotismo de
los conservadores holandeses les empujó a
adquirirlos precipitadamente antes de que
cayeran en manos de los alemanes.
El propio señor De Vries, cuando se
descubrió “ Los Peregrinos de Emmaüs”
escribió un ensayo donde demostraba,
principalmente, gracias a este cuadro, la
influencia de Caravaggio sobre Vermeer.
El ensayo fué leído con gran placer por
el falsificador Van Meegeren, pues es
sabido que uno de los objetivos de éste era
vengarse de los críticos.
El conferenciante se vió obligado a res­
ponder a la siguiente pregunta que le
formularon: ¿Cómo se explica que este
cuadro le haya agradado a usted tanto
cuando le creía de Vermeer y que después
no le encuentre interés?
A esto respondió en los siguientes tér­
minos: “ Esta cuestión me ha preocupado
mucho. P ara responder estoy obligado a
decir que “ Los Peregrinos de Emmaüs”
es una obra de arte, pero que no puedo
considerarla del mismo modo. Sin embar­
go, evitaré a consecuencia de esta mistifi­
cación de dejarme paralizar por la des­
confianza. Es necesario saber obedecer a
nuestro instinto, pero escuchar también la
voz de la razón y sobre todo, no dejarse
influenciar por otros.”
• Jean P’aulhan acaba de publicar una
Antología de la poesía francesa, en la
que figuran composiciones de una carni­
cera, de un modelista mecánico, un de­
pendiente de comercio, un padre misio­
nero, un carpintero, un suboficial del ejér­
cito, etc. Paulhan llama a éstos “ poetas
del domingo” , porque ejercen un oficie
al margen de la poesía.
• La Opera Cómica, después de haber
creado “ La Rosa ro ja ” , de Paul Auclere,
acaba de animar “ La Balada de la P ri­
sión de Reading’ de Oscar Wilde.
• Veinte naciones han participado en el
Congreso Internacional de Historia Lite­
raria celebrado en1 París en el Anfiteatro
Richelieq- de la Sorbona del 30 de marzo
al 2 de abril. El tema del Congreso era:
“ La literatura y los movimientos políticos
y sociales ’ ’.
• La prensa francesa sigue publicando
artículos lamentándose de la poca difu­
sión que actualmente tiene el libro fran­
cés en los países americanos de habla es­
pañola, y sobre todo en la Argentina. Se
sugiere 1‘ una política del libro francés ’ ’
que permita una amplia difusión de éste
en todos los países americanos.
• El Tribunal del Sena ha dado sen­
tencia en el pleito entablado por la Aca­
demia Goneourt contra Sacha Guitry y el
editor Robert Laffont, por haber presen­
tado el volumen escrito por Kleber Haedens, “ Salut au Kentucky” como premia­
do por dicha Academia. Sacha Guitry y
Laffont son condenados a indemnizar a
la Academia Goneourt con 700.000 francos.

sión de la representación' de su ópera
‘ ‘ Lady Macbeth del distrito de Mzensk. ’ ’
Ese proceso hará variar criterios y ju i­
cios. ¿Se rectificará Pierre Kaldor, quien
escribió en ‘ ‘ Action ’ ’, revista francesa
semanal, un largo elogio de Prokofiev,
del cual traducimos a continuación unas
líneas del párrafo final?: “ Hoy, a los
quince años, el quinto concierto de Pro­
kofiev adquiere toda su importancia en
la obra musical del siglo. Es una obra
capital de la música moderna, tanto por
la forma, sólida y sin concesiones, como
por su contenido, por su movimiento y
su pasión” .

AL LECTOR
Este número de Cabalgata sa­
le de las prensas a muy elevado
costo, como consecuencia del au­
mento de salarios que acaba de
ser concedido a los obreros del
arte gráfica, pero llega a tus ma­
nos, lector amigo, al precio habi­
tual, portador de la siguiente in­
evitable noticia: nuestro próxi­
mo número, el que corresponderá
al mes de junio, llevará impuesto
el precio de venta de UN PESO
el ejemplar. Con ese aumento
— del que participa considerable­
mente el vendedor— la Adm i­
nistración mitigará en parte los
elevados gastos que ocasiona el
mantenimiento de este periódico,
reflejo, cada vez más amplio y
vario, del panorama artísticoliterario nacional.
Cabalgata se encomienda a la
comprensión del lector, median­
te cuya cooperación no cejará en
la árdua, intensa y apasionante
tarea de acercar el pueblo a la
literatura y al arte del país, a la
mejor literatura y al arte más
actual del universo.

�cabalgata
vez terminada- la gran gue­
rra ios ojos se vuelven hacia
esa tabla de registros que es la
pintura, indagando las últimas po­
siciones. Las guerras son lagunas
y ellas por si no apresuran la mar­
cha de las artes. Pero delatan un
clima especial y aun cuando los
movimientos que caracterizan la
plástica contemporánea tuvieran
nacimiento en la- edad de oro del
pasado siglo, portando ya los gér­
menes del futuro y actual dolor de
las artes, nada tiene de extraño
que después del nuevo resquebra­
jamiento de la Europa Central el
ojo avizor del crítico se pregunte
si algo nuevo ha surgido y si el
pulso de Europa tiende a un estado
de construcción, de fe en determi­
nados valores o por el contrario el
índice picassiano de la destrucción
total de la insatisfacción y movili­
dad permanentes siguen marcando
la ruta do la pintura.
Uno de los países, donde mayor
auge alcanzó el movimiento de des­
integración de las formas objeti­
vas, con el expresionismo, y el de
construcción de un nuevo estado
de cosas, con el movimiento abs­
tracto de pintura absoluta, inicia­
do por el genio de Wassily Kandinskv. ruso, pero internacional en
cuanto a las consecuciones de su
arte, fue Alemania, la Alemania
anterior a Hitler. No inútilmente
todos aquellos espíritus que tenían
depositada su fe en los medios de
construcción de que disponía la
época recuerdan aquel magnífico
edificio del “Bauhaus”, destinado
a todas las tendencias constructi­
vas del mundo y en el que se da­
ban cita- las más ágiles mentalida­
des para trabajar en la idea co­
mún de legar a las edades siguien­
tes el perfil de un estilo.
Allí, en Dessau, en la revista que
publicaba el Bauhaus, orgullo de
la- arquitectura funcional, conocí
las primeras obras de W illi Baumeister, junto a las de Oskar
Sclílemer, determinadas entonces
por la concepción del cuadro como
elemento animador de la pared y
medio integrante del desenvolvi­
miento total de la obra arquitec­
tónica-.
A partir de esa fecha —1933
data mi amistad con Willi Baumeister, habiendo escrito en el año si­
guiente una monografía sobre su
obra. Los datos estrictos sobre Wi­
lli Baumeister son los siguientes:
Nace en Stuttgart en 1889. Proce­
de de familias de pintores decora­
dores (jue dieron excelentes maes­
tros durante cinco generaciones.
Estudia pintura con Adolf Holzel.
Recibe más tarde la influencia de
la dulce Francia: Cézanne, Gauguin y Seurat, es decir, la inquie­
tud de la pintura. Ya en 1922 está
en los problemas artísticos de Fran­
cia. Han pasado los años de la
guerra, en la que tomó parte en la
aviación. La revista “L’Esprit Nouveau” reproduce sus pinturas mu­
rales y entonces se relaciona con
Léger, con Ozenfant, con Jeanneret. En 1927 expone en París. Lue­
go vuelve a exponer en 1930 y un
año antes de la guerra. Siguen di­
versas exposiciones en Alemania.
Expone en el Museo de Arte Mo­
derno de Nueva York y en el año
1935 hace su primera exposición en
Italia. Aparecen sobre su obra
grandes monografías y trabajos
que recogen importantes juicios
críticos de Grohmann, de M aldemar George, de Zervos, de George.
de Diissel, de Hildebraandt. de Lé­
ger, de Le Corbusier, etc.
Ha sido profesor de lá Kunstschule de Frankfurt y de la Kunstakademie de Stuttgart. Ha publi­
cado un libro titu la d o “ Das
Vnbekante in der Kunst
Durante la época hitleriana per­
dió su puesto de profesor, sus obras
fueron expulsadas de los museos y
destruidas. Soportó todas estas hu­
millaciones con una seren id ad
ejemplar. Terminada la guerra nos
llegan nuevas noticias sobre la per­
manencia y el carácter mredneíible de .su producción.
A puerta cerrada pintó durante
los años despóticos. Las ircpas de
ocupación descubrieron en la Gerokstrasse. 38. el museo vivo que

U

ÍU

na

Willi Bauna-istir. Composición. 1934.

Por EDUARDO WESTERDAHL
constituía la producción tenaz, de
un artista lleno de fe, de seguri­
dad en su obra-, sin pfiblico, sin
venta y sin trabajo. El hombre que
había sido una figura internacio­
nal en su país. Empezó de nuevo
la venta de sus obras, la demanda
de museos y colecciones privadas,
se le invitaba- a relatar sus años
difíciles: era como el encuentro con
un hermoso ejemplar antediluviano.
Tenemos ahora a la vista los
catálogos de sus exposiciones del
pasado año en las galerías Günther
Franke, de Munich y en la de
Ilerbert Herrmann, de Stuttgart.
No ha pasado nada, parece que no
ha pasado nada. La Günther Fran­
ke sigue en activo y el mismo bió­
grafo, el profesor Will Grohmann.
le trae de la mano haciendo de
nuevo la presentación de su pin­
tura.
Veamos ahora la obra de Willi
Baumeister. Perteneció al movi­
miento constructivo alemán. Sus
temas eran la máquina y el de­
porte. Su concepto del cuadro era
mural. Así acometió las obras de
decoración del gran Stadium de
Stuttgart. Oponía a la perspectiva

ilusoria del Renacimiento que se
perdía en la profundidad del cua­
dro con medios de prestidigitación,
un neoobjetivismo entroncado en
los primitivos y en el cubismo: de
la pared al espectador. Todo ello
dentro de la- bidimensionalidad de
la pintura, con una gran origina­
lidad técnica, dentro de medios
esencialmente pictóricos, huyendo
de la arbitrariedad y literatura
surrealista, ennobleciendo los ma­
teriales. Era como un Ozenfant:
pintor y profesor como él, como él
en la certidumbre de estar pisando
los nuevos caminos de la pintura.
Guillermo de Torre, desde la ‘‘Re­
vista de Occidente” sonó un clarín
de alarma: ¡No, es un Léger! Co­
rrían aires internacionales en el
mundo y se trabajaba en una idea
común con múltiples repercusiones.
Los años habrían de demostrar que
no se trataba de un Léger. Aunque
como De Torre reconocía estaba
bajo su influencia.
En aquella producción elemental
de sus primeros años de éxito pu­
de apreciar, por encima de la obra
lograda, la apetencia de colaborar
en una nueva ordenación: estaba

sujeto al muro, era hasta enton­
ces un pintor bajo el dominio de
la arquitectura. Pero en el año
1930 ya se observan los claros sín­
tomas de liberación.
Desde 1930 su pintura se va des­
articulando de la imitación. El
fundamento especial, reconociendo
siempre el origen de la incitación,
es el signo. Sin embargo, atraviesa
por épocas absolutamente abstrac­
tas, solventando problemas de vo­
lúmenes, de formas que se com­
pensan en un plano y establecen
progresiones rítmicas y sonoros
acordes. Las escenas de E i d o s
11938), de Gilgamesch (1942), ya
nos lo presentan en la ruta de sus
grandes destinos, con una neohumanización de tipo trascendentalista, que se confirma en su pro­
ducción de 1946 hasta la fecha con
sus Harpías y Gigantes y su uni­
verso poblado de figuras actuales,
pero en los que se acusa un poder
ancestral de hombre que trata de
dominar la violencia en torno, la
aparición maravillosa y el relato
mágico.
No es el nuevo Klee que veía
•lusti dando ál olvido “con sus ma­
ravillosos juegos los años difíciles
y los horrores de la guerra”. Willi
Baumeister viene a significar la
auténtica libertad del espíritu, el
no compromiso con otros dictados
que no sean los propios e insobor­
nables de la persona. “El no haber
establecido pactos —me dice en su
última carta— me ha colocado a
la cabeza de la joven pintura de
Alemania.”
Willi Baumeister es el técnico
que llena de poesía el cuadro. Den­
tro de leyes que ha sabido ver en
la pintura ancestral, con temas
viejos y nuevos, llenando de furor
la pared y el lienzo, con el ímpetu
de los pintores rupestres y primi­
tivos africanos, cuyas obras ha es­
tudiado y de quienes ha recibido
influencia, Willi Baumeister aco­
mete la obra dentro de un rigor
plástico inmutable, gozando de ma­
nera sensual la materia, la rique­
za desbordada del empaste, el tra­
zo humano cargado de intuición, de
vivencia.
Entre los pintores que más ad­
mira Baumeister figura el español
•Toan Miró. La preferencia desde
Léger a Miró se explica perfecta­
mente viendo el curso evolutivo de
su producción. El canibalismo de
Miró difiere esencialmente del aneestralismo de Baumeister. Miró
parte de la figura humana, posee
humor, es violento, emplea colores
puros buscando siempre la deto-

presiva de una figura cruel. La
línea reconoce a la figura humana,
pero no se puede .detener en su
copia sino que va más allá, dentro
de un concepto inventivo, siguien­
do el canto, el ritmo de un estado
de vigilia, sin abstracciones, sino
realista hasta la deformación del
objeto.
Willi Baumeister carece de hu­
mor, emplea tierras y matiza con
rosas y violetas, algunos de cuyos
colores constituyen los fondos de
sus cuadros. Juega con la línea
desenvolviéndola de manera musi­
cal. Existe en su obra la influencia
de Kandinsky y Klee. (Aquellas
suavidades, brillos pavonados y fi­
nezas de Paul Klee, insustituibles
en la pintura, tan lejanas del con­
cepto violento de Miró.) No detona.
'La línea descompone la figura hu­
mana en volúmenes con vida in­
dependiente y de figuras reales
que son se convierten en valores
autónomos estrictamente plásticos.
Terminada la guerra, destruida
Alemania, sin todos aquellos ele­
mentos de que disponía y que cons­
tituían el lujo de su sociedad y de
su burguesía, desde el museo hasta
la vivienda, careciendo los pinto­
res de lienzo y óleos, de material
fotográfico para las reproduccio­
nes de sus obras, de madera para
los marcos de sus cuadros, el ar­
senal plástico de la Gerokstrasse
ha sido la gran revelación para el
mundo. Allí está toda la fuerza
de un pueblo de técnicos y filóso­
fos que fraguaron su propia des­
trucción. Allí está el horror bí­
blico, la grandeza y la poesía del
hombre, auscultada desde Altamira a la1 Edad presente. Hombres
como nubes que son gigantes o gi­
gantes que son nubes. Grietas que
son signos y marchas bárbaras que
parecen ejércitos en campos des­
truidos si no fueran formas que
debaten sus problemas de ritmo
y substancias amorfas empapadas
de poesía y de llanto.
No hay posible huida para los
pasos del hombre de nuestro tiem­
po. Pero no hay miseria ni tutela,
no hay dictado ni propaganda, pa­
ra el hombre que lleno de antici­
paciones, de cultura, de horror y
nuevas construcciones, trata de po­
ner piedra a piedra su maravilloso
ideograma, cargado de técnica mi­
lenaria, de ancestral sabiduría acu­
mulada por la superposición de
capas históricas que no hurtan ese
latido permanente de Dionisos.
Así vemos la grandeza de la obra
de Willi Baumeister.

JUAN
PEDRO

,

yD I

Por JUAN CARLOS P A Z
J UAN
.4 Sir James Frazer.
primera vez que lo advirtió filé
L Acuando
tuvo aquel trabajo extra­
ordinario de la oficina. Se había
quedado mirando vagamente su pla­
to, y Gerónima dió el grito de alar­
ma :
—i Qué asco!
Sí, la carne olía mal. Despidieron
a la cocinera, cambiaron de carni­
cería. Pero otras experiencias con­
vencieron a Juan de que era su mi­
rada la causante del maleficio. El
mal de ojo tiene muchas formas y
poderes, y ataca de preferencia a lo
que se come y se bebe: cuando un
abisinio de calidad va a beber, un
sirviente alza una tela ante él para
preservarlo del ojo; y en Madagasear cierran las puertas y encienden
luces durante las comidas, así los ali­
mentos están a cubierto de los malos
espíritus. Pero el poder de Juan era
extremadamente violento, y le bas­
taba mirar de soslayo las comidas
para pudrirlas.
Cuando estuvo seguro de sus fa­
cultades, Juan empezó a divertirse
mucho. Tomaba pequeñas venganzas

de los proveedores agiotistas, conse­
guía a cualquier hora mesa en La
Vascongada con sólo mirar el plato
del vecino, libraba a las chicas que
vuelven de la feria de los vejetes li­
bidinosos que las hubieran seguido
durante cuadras enteras, con sólo en­
volverlas en un aura lejana de pes­
cados antiguos.
Pero las cosas empeoraban. Pron­
to los anteojos negros no bastaron.
Juan tuvo que comer a oscuras. Y
sobre los trastornos domésticos pla­
neaba la amenaza del ojo maléfico
cuyo poder iba aumentando. Prime­
ro fué la historia del conejito de
Julio, después la necrosis de la mu­
cama al devolverle un cepillo de ro­
pa. Había que acabar, sobre todo por
Gerónima. Esa noche se acostaron
temprano. No durmieron, pero Juan
cerró los ojos, defendiéndola y con­
centrándose, desde que apuntó la au­
rora. Cuando la mujer se levantó,
Juan calculó a tientas el ángulo de
la puerta del ropero de espejos, vol­
vió a la cama, pensó fuertemente en
Gerónima y abrió los ojos. Cuando
ella salía del baño, ya los gusanos
bajaban por las patas de la cama al
suelo.
( Continúe en la pág. 4.)

Reiterados desperfecto de la máquina de imprimir han retrasado la salida
de este número. Pedimos disculpas a nuestros lectores y avisadores.
L a D irec ció n

�4_______________ cabalgata
( Viene de la página anterior.)

P E D R O
A l Rey Salomón.
Siempre le había "listado la mú­
sica. De chico, Pedro se paraba jun­
to a todas las persianas con piano
del barrio, y devoraba Hanones, es­
calas y arpeados por el método W i­
lliams (según la escuela de Chopin
y Mathias) y valses criollos:
M ujer fatal que un día en mi camino
dejó caer la piedra del d o lo r...
El oído era más fuerte que todos
los otros sentidos de Pedro: lo arras­
traba literalmente. Tan literalmente
que un día que pasaba por Libertad
y Arenales y se detuvo a oír un vals
de Chopin se encontró de pronto vol­
viéndole las páginas a Elvira en la
sala.
— ¡ Caballero! —gritó ella—. ¿ Có­
mo entró usted aquí?
■
—No sé —dijo él. Y era verdad.
Se casaron y fueron felices. Pedro
encontró el mismo día a su mujer y
a la música todopoderosa, dos feli­
cidades. Su oído hiperestésico (dice
Liebermeister, en sus Enfermedades
del sistema nervioso, página 25 de la
edición española de 1890, que son
hiperestésicos “ los estados en los
cuales la impresión producida sobre
la conciencia determina cierto estí­
mulo de un nervio, mayor que de or­
dinario” ) ; su oído hiperestésico le
abría las puertas —o las paredes—
de todas las salas con música del
mundo, y todo su cuidado consistía
en no caer en la tarima al lado de
Lamberto Baldi o sobre las rodillas
de Mrs. Elisabeth Sprague Coolidge
(protectora de todos los composi­
tores con cuartetos, desde Arnold
Schónberg hasta Jacobo Ficher).
Pedro nadaba en música, en toda la
música de todo el mundo que su oído
podía sintonizar a voluntad, lleván­
dolo, de verdad “ en alas del canto”
por todo el planeta. Su alegría no
tuvo ya límites cuando, después de
un concierto que al comienzo le pa­
reció de disfraz, cayó en la cuenta
de que también podía viajar por las
músicas del tiempo.
—i Beethoven! -—gritó— . ¡ Era
Beethoven dirigiendo la novena, sin
oírla! ( ¡y qué mal la tocaban, Santo
Dios!).
Dejó la oficina. Le dieron la cáte­
dra de Historia de la Música en el
Conservatorio Municipal. Sus clases
eran un éxito de público y un placer
para él. Ni siquiera necesitaba bi­
bliografía, y le bastaba cerrar los
ojos y contar lo que había oído o lo
que oía, y lo que los otros sentidos
recibían del oído, controlándose pa­
ra no escapar del aula ante los ojos
maravillados del auditorio. Pero una
mañana el entusiasmo pudo más que
la prudencia. Explicaba la bolilla
3 (Hebreos):
—¡ Escuchad! —exclamó— ¡ El
rey David está tocando el kinnor y
danzando alrededor del Arca! ¡ Su
mujer, Micol, lo mira desde una ven­
tana y lo desprecia en su corazón!
¡ El Arca del Señor resplandece! ¡ El
Arca santa brilla como la mañana!
¡ A su alrededor están tañendo cím­
balos y jalilim! ¡Miradla crecer y
llenar la mañana y el cántico! ¡Mi­
radla. . . !
Se interrumpió bruscamente, con
los brazos extendidos, y gritó:
— ¡ He tocado el Arca! ¡ He tocado
el Arca de la Alianza!
Y cayó, muerto.
DI E GO
A María Rosa González.
Cuando murió uno de los melli­
zos, el Angel tuvo piedad de la ma­
dre.
—Joaquín debe morir —le dijo- .
Te queda Diego. Para que te con­
sueles, Diego podrá ser Joaquín to­
das las veces que lo desees. Así ten­
drás siempre a uno de tus hijos, por­
que está escrito que Diego debe so­
brevivirte.
La madre aceptó. Distribuyó el
día entre los dos, fingiéndose que
mandaba a uno al colegio por la ma­
ñana, y al otro por la tarde. El mis­
mo Diego creía que era así, porque
ninguno de los dos chicos tenía con­
ciencia de su existencia doble.
—Mamá —decía Diego— : quiero
jugar con Joaquín a las bolitas. ¡Dé­

jame esperar que salga del colegio!
—No puede ser, hijo —decía la
mamá— . Conténtate con tu balero,
y déjame coser esta blusa.
—¿Para quién es la blusa? ¿Para
Joaquín o para mí?
—Es lo mismo —decía la mamá
sonriendo—. Se la pondré a los dos.
Los grandes acontecimientos se
produjeron cuando Joaquín-Diego
cumplió los quince años. Tino fué
que la madre les reveló, por turno,
la verdad; otro que a Joaquín lo
atropelló un auto y tuvieron que po­
nerle una pierna de palo. El tercero
pasó a poco de eso. Joaquín y Diego
se enamoraron de María Rosa que,
con mucho olfato y mucha razón,
aceptó a Diego. Joaquín comenzó a
resentirse: su condición física de in­
ferioridad, su fracaso amoroso y su
vivir de limosna lo fueron trabajan­
do. La mamá sufría, pero no se re­
signaba a sacarle unas horas para
tranquilidad de todos. Un día Diego
pidió un cambio de turno.
—Es para ir al cine con María
Rosa.

una azulina junto al san­
C RECÍA
to hombre, en un cuenco de
roca — antigua yacija de berrueco
desprendido— como en un mace­
tero. Y el éxtasis vegetal de la
flor, toda en ansias de sol y de
vuelo, se confundía con el éxtasis
del santo, cuya alma pugnaba por
desprenderse en el claro infinito
del día.
Parecía Eufrasio, en lo alto del
risco, inmóvil y tostado por el sol.
un hijo de la roca; pero su cuerpo,
lejos de tener la pesadez de la pie­
dra, se había hecho tan leve que
Eufrasio lo sentía desvanecerse en
aquella atmósfera de mística sere­
nidad. El aire de las cumbres era
pura luz, y los montes navegaban
en la paz y el silencio de la hora.
Sólo en edad avanzada se dió
Eufrasio a la meditación. En su
juventud vivió con el mundo apren­
diendo cuánto el mundo puede dar
y negar, en el amor, en los traba­
jos humanos, en las comunes mise­
rias y en las ambiciones que son
colmadas o fallidas. Su madurez
fué de abnegación y servicio del
prójimo. Y sólo ahora, cuando iban
faltándole las fuerzas del cuerpo,
mientras su alma era robusta y
templada, como nunca lo fuera, se
había consagrado a las ascéticas
delicias de la soledad. Y así, la vida
del santo varón, podía ser contem­
plada como un cuadro de trinitaria
armonía en el que cada cosa tenía
su lugar, su medida y su tiempo.
Sólo le faltaba morir de una bella
muerte, escena postrera que podía
ser pintada, encima de tríptico,
como coronación de aquella exis­
tencia perfecta.
Sin formularse estos pensamien­
tos, Eufrasio los cantaba en la se­
renidad de su alma, mientras ponía
los ojos en el cielo, a la espera de
un signo que le trajese el asen­
timiento de Dios. Y, de pronto,
Eufrasio se sintió flotar por enci­
ma de este mundo que, desde las
alturas, con sus casitas en el fondo
del valle, cuyos humos se elevaban
rectamente en el aire encalmado,
y con el río hecho sólida cinta de
alinde, le pareció muy bello, y todo
él inocente, sin dolor y sin pecado;
y es que Eufrasio, por vez primera,
podía mirar la tierra desde muy
alto, purificada a través del cris­
tal neutro y frío de una gran leja­
nía.
Un instante después, el santo
varón de la1 vida perfecta estaba
bogando en el océano que hay más
allá de todos los universos posi­
bles; olas de musical transparencia
le mecían, brisas fragantes le em­
pujaban sin esfuerzo, y así, en un
estado de dicha ingrávida, iba el
santo hacia un resplandor que cu­
bría el horizonte. Blandamente, el
océano depositó a Eufrasio en una
playa, y él comprendió que era
la playa del cielo.
Yió Eufrasio a un grupo de an­
gelitos que jugaban en la arena con
bolas encendidas de unos colores
que no existen en la tierra, y fué
acercándose a ellos con palabras de
suave reclamo; pero los angelitos
huyeron de él, como hacen los niños
cuando han visto a un ser extraño.

—Nunca —dijo Joaquín a la tar­
de—. Tengo una cita.
Era mentira, y todos lo sabían,
pero Diego no dijo nada. Ni siquiera
hizo notar que el tiempo era de él,
para no entristecer a la madre. Die­
go intimó sus relaciones con María
Rosa; antes de comprometerse le
contó la verdad. Ella aceptó la si­
tuación.
—Lo hago por mamá -—dijo Die­
go—. ¡Es tan buena!
La mamá les dió quince días jun­
tos para la luna de miel. Joaquín
protestó, pero en vano; y eso lo afec­
tó más todavía.. La mamá, que se
había sentido muy sola en esos días,
también tenía una puntita de res­
quemor contra Diego, y algo más
contra María Rosa. Así que no supo
proceder enérgicamente cuando Joa­
quín se negó a vivir sólo por la no­
che —lo que tampoco les hubiera re­
sultado, a los recién casados— y em­
pezó a hacer escenas casi todos los
días.
—Tú no te metas —le decía a su

cuñada— . Tú no eres quién para
decidir.
—Es que esto no puede seguir a sí;
vo tengo mis derechos —afirmaba
ella— y todavía hay que descontar
las horas de oficina. ¿No es verdad,
señora? —agregaba dirigiéndose a la
mamá.
La mamá se callaba, pero en el
fondo pensaba que Joaquín tenía
razón. Quien mandaba era ella. Sus
hijos obedecían, y su nuera debía
callarse y aguantar. Al fin y al cabo,
ella, la madre, zurcía ropa para dos
y cocinaba para cuatro, y era la ma­
dre, al fin y al cabo. Vamos a ver,
¡ qué se había creído esa mucha­
chito ?
Mientras tanto, el Angel no las te­
nía todas consigo.
—¿Para qué te metiste? —le decía
el Gerente—•. ¿Ves que yo sé lo que
hago ?
Y las peleas de abajo (turno Joa­
quín, porque Diego era demasiado
buen hijo, y sólo sabía callarse) re­
percutían arriba:
—¡ Estaríamos buenos, si todos se

NAUFRAGIO i\

las

PLAYAS DEL CIELO
fCuento)

Por A L V A R O FERNANDEZ SUAREZ

Esta huida llenó de perplejidad a
Eufrasio, y aunque estaba en el
cielo, no pudo impedir que su alma
se entristeciera.
Poco después, avisados sin duda
por los ángeles infantiles, bajaban
a1 la playa muchos hermosos man­
cebos, y Eufrasio percibió en ellos
una actitud como de sorpresa y
cautela. Los mancebos se acercaron
al santo que los acogió sonriendo,
y de pronto sintióse paralizado,
pues ligaduras invisibles sujetaban
sus miembros. Eufrasio fué condu­
cido, de estai manera, preso, a una
ciudad celeste, y albergado en un
lugar de delicias que, no obstante
—él lo entendió en seguida— era
una cárcel.
Pidió Eufrasio ser llevado cuan­
to antes a la presencia del Señor
para justificarse ante su infinita
misericordia. Y con gran temor y
alegría por su parte, le respondie­
ron que su deseo se vería cum­
plido. Instantes después, se encon­
tró anegado en suma felicidad, y
era tanto el poder de su dicha que,
por un momento, creyóse aniqui­
lado. Pero esta' sensación total, se
dividió a tiempo —por así decirlo—en parciales sensaciones que encan­
taban la vista, el oído, el olfato, y
cada uno de los sentidos, y al divi­
dirse, la beatitud de Eufrasio se hizo
humana, soportable, posible.
Hallábase ahora el santo en una
casa como terrestre, enclavada en
medio de un jardín. Le condujeron
a una sala1 llena de sol cuya luz
era, sin embargo, más dulce y más
brillante que la de todos los soles.
En medio de la sala había una
larga mesa de madera maciza, y
junto a la&gt; mesa estaba sentado el
dueño de la mansión cuyo rostro
era la imagen misma del bien y de
la belleza, bajo los cabellos grises.
Por la estancia, loco de luz y de
alegría, volaba incesantemente un
pajarillo dorado que, de cuando en
cuando, se posaba, irreverente, en
la cabeza de su dueño. Eufrasio
se inclinó hasta el suelo pues supo
que estaba en presencia del Señor.
El Señor sonrió a Eufrasio y
había tanta bondad y tanta belleza
en su sonrisa que el santo se sintió
reconfortado, con el corazón rebo­
sante de paz y de confianza enamo­
rada, a pesar de la abrumadora
enormidad de su respeto. El varón
de virtudes oyó:
—Ven, acércate.
Y él se acercó. Y volvió a escu­
char:
—Dime, amigo, ¿quién eres tú y
cómo has venido hasta aquí?
—Señor —respondió el anaco­
reta— soy tu siervo Eufrasio y una
fuerza de amor me trajo hasta tu
presencia.
—¿Una fuerza de amor? Eso está

bien, eso está bien. Pero déjame
que haga memoria, porque creo que
no conozco a ningún Eufrasio.
El santo, estupefacto, balbuceó:
-—¿Será posible, Señor, que mis
muchos pecados te hayan hecho
olvidarte de mí?
—¿Pecados? ¿Qué son pecados,
Eufrasio? No temas. Nada hay en
mi ánimo contra ti. Lo que te pre­
gunto, lo que quiero saber, es quien
eres, a qué especie de seres perte­
neces, y de dónde vienes.
Eufrasio estuvo a punto de des­
vanecerse de pura estupefacción:
—Señor — articuló— soy un
hombre y vengo de la Tierra.
Como el Señor parecía no haber­
le entendido. Eufrasio describió la
Tierra, contó la historia de Adán
y Eva, historia de que mucho gustó
el Señor, y habló apasionadamente
del hombre, de sus padecimientos,
de sus maldades, de sus angustias,
de la sed de Dios que posee a algu­
nas almas. Y el Señor, conmovido
y haciendo memoria, exclamó:
—La Tierra. ¡ Ah, ya recuerdo!
— e hizo signo a uno de sus servi­
dores. diciéndole: —Ve al desván
y tráeme un universo viejo que
debe andar por allí.
Y el servidor fué y trajo en la
mano una máquina no muy grande,
parecida a esos artificios que cons­
truían los antiguos relojeros, lla­
mados planetarios o calendarios
astronómicos. Puso el artificio so­
bre la mesa, enfrente de donde
estaba el Señor, y Eufrasio, que era
entendido en astronomía, se guió
por la Vía Láctea para descubrir,
entre el enredijo de estrellas y pla­
netas, la patria terrenal que aban­
donara, en aquella mañana de ve­
rano. Cuando el santo hubo exami­
nado de más cerca el planetario o
cosmos, vió que estaba un poco
empolvado, con señas de abandono,
aunque seguía funcionando sin per­
der la admirable exactitud de sus
movimientos.
—¡ Y es esto el universo.. ! —
exclamó Eufrasio decepcionado.
El Señor, bondadosamente, tomó
del brazo al santo, le condujo al
balcón y, en una súbita noche mila­
grosa. le mostró el espacio.
—¿Ves? —dijo— He creado otros
universos además del tuyo.
Y Eufrasio quedó maravillado al
ver astros que no eran esféricos, ni
describían órbitas elípticas, como
sucede a nuestros mundos; aque­
llos astros tenían figuras de peces,
de medusas, de hadas, y erraban
variadamente, libres de toda circu­
lar esclavitud, bailando al son de,
una música que no era música de
las esferas sino, en verdad, música
celestial. Sus colores eran múlti­
ples, inimaginables, y no sólo blan­
cos, rojizos o apenas amarillentos

tomaran estas libertades! ¡Mira en
qué lío lo has metido a Paz, abom­
bado, que se está sin saber cómo re­
solver la cosa! ¡ Esta le enseñará a
meterse a escribir un cuento sin ha­
ber terminado de pensarlo! ¡Menos
mal que yo estoy acá para sacarlo
del mal paso!
Y efectivamente, el Sr. Gerente
me ha sugerido tres soluciones. La
más sencilla consiste en matar a la
madre (que se lo merece), lo que su­
prime automáticamente a Joaquín al
cancelar el permiso del Angel. Otra
introduce a Crimilda Godeliva. pri­
ma de María Rosa, que casa con Joa­
quín, y que después de una escena
similar a la de su homónima de Los
Nibelungos con la pulsera, le da tan
mala vida al falso gemelo que el mis­
mo Joaquín pide que termine el tra­
to para verse libre de su cónyuge.
La tercera —1a. mejor— me exime
limpiamente de toda intervención en
la historia, y como es áemasiado bue­
na para despilfarrarla como un mero
final, la reservo para el próximo nú­
mero.

como nuestros cuerpos celestes. En
cuanto a la grandeza de aquel uni­
verso. bastaba compararlo con el
pequeño juguete que seguía dando
vueltas encima de la mesa del salón.
—La maquinita donde tú nacis­
te —diio el Señor— es matemática'mente finita, como debes saber. En,
cambio esta otra que estás viendo,
Eufrasio, no podrás limitarla con
sus matemáticas.
Luego, el Señor, de vuelta a su
asiento, dijo:
—Pero nada de esto arregla el
mal de que tú eres, ante mí, inquie­
tante testimonio, Eufrasio. Escú­
chame. Yo me extrañé de tu pre­
sencia porque la verdad es que
vosotros, los hombres, no sois, por
así decirlo, mi creación directa y
deliberadamente voluntaiúa. He
creado las piedras y los árboles qu°
tienen una vida majestuosa y re­
cóndita ; pase que haya creado i
los animales que padecen el dolor
físico, pero ignoran la muerte y el
tiempo. Todo está en la mecánica ■
general y automática que rige las
cosas. Empero, no así el hombre,
criatura híbrida que, por un lado,
está sometida a las leyes de la ma­
teria, y por otro perdió su inocen­
cia natural y aspira a un mundo
propio según la justicia, sabe de
muchos dolores, padece infinitas
miserias, y anhelos que no tienen
puerto. El hombre, como tú llamas
a este ser. es un accidente inespe­
rado en mi obra. Pero yo sería muy
injusto si no le pusiera remedio...
Y el Señor quiso escuchar la opi­
nión de sus dos ilustres consejeros:
Miguel, el jefe de las milicias celes­
tiales, y Gabriel, jefe de su cancille­
ría. Miguel —rostro severo y mirada
de obstinado azabache— dijo: “ Destrúvelos. Es lo mejor”. Gabriel —
arcángel de las anunciaciones —
replicó: “Sálvalos”. Pero el Señor,
sin responder a ninguno de los dos.
parecía hablar consigo mismo:
—Yo no creé a los hombres, pero
los creé; yo no contaba con ellos,
pero con ellos contaba; y aunque
los olvidé no los he olvidado. Mi
sabiduría no está sometida a&lt; la
lógica, pues de estarlo, no sería
inextricable e infinita. Los hom­
bres fueron creados para introdu­
cir lo inesperado, lo arbitrario y el
absurdo, en la perfección excesiva
de mi obra. ¿Comprendes, Eufra­
sio ?
—No comprendo, Señor. Sólo
comprendo que ninguno de mis
hermanos goza de tu presencia y
de tu morada. Ya que es así, ^
déjame ir con ellos porque quiero
sufrir a su lado, y consolarlos.
El Señor se conmovió al escu­
char el voto de Eufrasio, y dijo a
M iguel:
—¿Ves, Miguel? Aunque no hu­
biese sino un solo hombre como
éste, toda su raza merecería ser
salvada. ¿No te parece que estás
ante el más extraño de los mila­
gros? — y añadió dirigiéndose a
Eufrasio: —Anda, hijo mío, ve en
paz.
Y Eufrasio volvió a la tierra, y
despertó encima de su roca, para
seguir meditando, porque aun no
había e?úendido nada.

�cabalgata

5

Dibujo de Torrallardona, de la carpeta de dibujos que de este artista pintor acaba de publicar “ Botella al ila r ’ ’.

EN EL ANIVERSARIO
DE R. J. PAYRO
(Viene de la primera página.)

ubérrimos. Con este infundio he­
mos alimentado nuestra vanidad; no
' comprendiendo que esta jactancia
Je nuestra buena suerte iba a terninar produciendo en nosotros un
embotamiento de la voluntad para
las grandes empresas. Quizá haya
ido porque la historia escolar la es­
cribieron los italianos. La lucha con
1indio, por ejemplo, ha sido una de
as etapas más trágicas y tremendas
le nuestra existencia. En este país,
‘anto en la época de la conquista
como en la del coloniaje, y más tar­
de la organización, todo se hace en
función devla asechanza del indio,
f esta guerra dura siglos y siglos
hasta rematar en 1880 en que se los
vence con el remington, el telégrafo
y la coraza. En esa lucha había que
mechando cada vez más allá la fron­
tera. No podemos nosotros, los ar­
gentinos de ahora, tener una intui­
ción completa y total de lo que signi­
ficaba frontera para nuestros ante­
pasados. Cuatro tipos humanos exis­
tan en esta tierra de nadie, constan­
temente retaceada, cedida, tomada,
recobrada, y de la cual Martín Fie­
rro tiene una profunda emoción
cuando Cruz le dice que mire las úl­
timas poblaciones. Es allí que se de­
baten el indio, el gaucho, el nacional
y el milico. Cuatro instituciones son
dos exponentes de ese estado de so­
ciedad: la pulpería, el fortín, el ran­
cho y la toldería. La lucha con el
indio imprime características a la
VJda nacional. Los suizos que funda­
ron la colonia Esperanza, en Santa
d^e, araban, sembraban y cosechaban,
s¡ podían, con el rifle al hombro. Y
da ciudad de Mercedes, cuna de Pavro, nace como una consecuencia de
da lucha con el indio. Su origen se
remonta a la época en que fuera ne­
cesario organizar compañías de blanl¡. ,
( Continúa en la pág. 6.)

TimiIAIlOIA
Por

TSEWTON

FREITAS

rrr»u
nos deleita y encanta más
Nada
que esa asociación de ideas que
hace brotar en nuestra memoria
recuerdos a medias apagados del
pasado, trayendo a la superficie
emociones que nos fueron gratas.
Sólo a veces d e ta lle s insignifi­
cantes, como el sonido de la brisa
de cierta tarde sobre las palmeras
de un bosque; el reflejo plateado
del agua de una cascada al sol de
una mañana, el ondular de una saya
multicolor sobre las caderas de una
mujer que camina; la risa pura y
blanca de una criatura sana; infi­
nidad de espectáculos de luz, de
línea y de sombra. ¡Ah, cómo la
vida está plena de encantos! Cómo
almacenamos en el fondo de nues­
tras memorias pedazos y pedazos
de instantes de vida de modo que
baste apenas un toque para des­
pertar un mundo de tristezas y
alegrías, alegrías y tristezas, antí­
tesis que trae en sí el sabor de vivir
en el presente las delicias o sufri­
mientos del pasado. La música y la
pintura, así como todas las artes,
son un agente poderosísimo del re­
cuerdo por su condición de trans­
portarnos a las cosas vividas tanto
como a las por vivir. Una sinfonía,
un cuadro, una novela, un poema,
un ballet, nos arrastra de un ex­
tremo a otro del tiempo-vida. In­
sensiblemente trasladamos el mur­
mullo del mar de una sinfonía de
Sibelius hacia la ensenada que nos
es familiar; mi bosque de la Ga­
licia de Colmeiro a los matorrales
diferentes que nos vieron nacer;

tipos y costumbres de una novela
a hombres y modos de nuestra tie­
rra ; y en los gestos y danzas de un
ballet descubrimos intenciones y se­
mejanzas con personas amadas. En
este poder ilimitado del arte está
el verdadero arte, su clima. Si él,
algunas veces, nos sumerge en los
tenebrosos cuartos oscuros que in­
útilmente procuramos olvidar, la
mayoría de las veces nos transpor­
ta en un manto azul de fantasías
deliciosas. Por más genial que sea
un artista, creemos que no podrá
dirigirnos la emoción, orientándola
hacia un determinado motivo. Y en
esta libertad reside tal vez la for­
ma más absoluta de perfección. La
rebeldía de quien no domina o no
admite por su parte dominio.
En la pintura, con todo, el fenó­
meno se presenta con ciertas limi­
taciones. El poder de orientación,
digamos de dirección de la idea y
del pensamiento es en este arte más
definido. Todas estas divagaciones
me vienen a la imaginación volvien­
do a ver ahora los trabajos del
pintor a rgen tin o Torrallardona.
Sus dibujos a tinta del norte Ar­
gentino, de esa región medio argen­
tina y medio boliviana. Viendo nue­
vamente sus obras me acuerdo de
infinidad de cosas que he visto y
posiblemente de otras que mis ojos
vieron pero que yo no supuse ha­
ber guardado en mi retina. Me en­
cuentro como el fotógrafo que al
revelar sus fotografías con stata
maravillado que la máquina fué
más allá, de los objetos percibidos

y recogió detalles que sus ojos no
captaron al primer golpe de vista.
En los dibujos de Torrallardona,
las figuras, el paisaje, los trajes,
y, sobre todo, el clima, el ambiente
argentino del norte, está íntegro.
Se nota en sus trabajos su vibra­
ción emocional y el deseo de con­
seguir expresivamente el motivo en
su verdadero fondo. Su trazo es
meditado y por eso mismo signifi­
cativo en su contenido, demostran­
do su carácter artístico y su ho­
nestidad. La experiencia cotidiana
que ya acumulando, regulando de
esa manera su honesta evolución
artística. Ahí están una serie de
obras de carácter documental (la
serie maternidad, donde la dispo­
sición de las figuras —madre e hi­
jo— presenta un equilibrio perfec­
to; y la de costumbres, donde se
juntan el movimiento y la gracia),
representando una cierta región,
con sus tipos y costumbres, sin em­
bargo el exterior emotivo, como ya
dije antes, es apenas pretexto para
la interpretación más delicada, fi­
na y poética.
Existe un subjetivismo en estas
líneas, en estos espacios compac­
tos, a veces tan cerrados, dentro
de las tres clásicas dimensiones,
que se llega a lamentar que estos
dibujos no estén corporizados en
el mármol, en la arcilla o en el ba­
rro. Con todo, este deseo, no per­
judica y tampoco disminuye el va­
lor de estas obras, donde la tarea
interpretativa y la técnica al trans­
poner estas escenas, no las empo­

brece, sino al contrario, se enri­
quecen pues la capacidad de To­
rrallardona de componer y ampliar
el espacio es enorme. Sus dibujos
cuyo tratamiento espacioso y sutil
se revela en cada trozo, abusan de
una técnica difícil y demuestran un
apurado gusto en el juego del blan­
co y del negro.
Pongo de relieve en esta nota el
objetivismo del artista porque a
pesar del sintetismo lineal de sus
dibujos, de la forma concisa con
que ellos están expresados, hay una
riqueza de sugerencias que nos con­
mueve. Quien viajó por esas regio­
nes que sirven de motivo a los
trabajos de Torrallardona, encon­
trará aquí en un trazo esquemático,
allí en una curva de montaña, más
allá en el rostro de una chola, todo
el clima de una región. ¡ Cuánto se
tendría que decir o escribir para
dar una idea aproximada de todo
lo que el artista vió o sintió! Para
mí, especialmente, el gran secreto
de Torrallardona se revela en esta
maravillosa síntesis que sus dibu­
jos sugieren. Pero también, queri­
dos amigos, para quien nunca pisó
esas regiones hay dentro de la ele­
gancia caprichosa de sus líneas be­
llezas incomparables. Es que Torra­
llardona es un artista que vive y
siente la realidad presente, próxi­
ma, pasada o remota. El sentimien­
to, la sinceridad, está por dentro,
por encima y por debajo de todas
las cosas expresadas en estas líneas
donde la verdad y la poesía no se
divorcian jamás.
Tal fué la impresión que me que­
dó del primer contacto con los tra­
bajos de Torrallardona, que hoy,
muchos años más tarde, volviendo
a verlos, comienzo a descubrirles
nuevas y más bellas facetas como
si ellos fuesen un diamante en bru­
to en el cual la parte que se va
labrando nos presenta fulguracio­
nes y tonalidades diferentes. Es co­
mo las aguas del m a r ... y como
las nubes del c ie lo ... y como to ­
das las cosas eternas que cuanto
más vistas más nuevas y atrayen­
tes nos parecen.

�I

cabalgata
HABLA
Los

Gr a n d e s N o v e l i s t a s
C O N TEM POR AN EO S

¡£V . - '

en' ' la colección

.

1

L a Ro s a d e l o s Vie n t o s
E N R IQ U E A M O R IN
E l p a isa n o A g u i l a r ..................
81
SC IIA L O M A SC H
L a v id a de M oisés M eln ik . . ,,,
E l re g re so de J a im L e d e re r „
C ondenado a m u e rte ............. ,,,
V IC H I B A UM
V id a 3 sin m iste rio ...............
„
H e le n a W ilfiic r ...............................
L a a g u ja r o j a ...........................
,,
S e n te n c ia s e c re ta ............ \ . ,,,
E l ú ltim o d ía ...........................
„
R eto rn o a l am a n ec e r . . . .
,,
E l g ra n in te rv a lo ..................
,,
P I E R R E B E N O IT
L a A tlá n tid a ..................................
D A V ID B E R G U E L S O N
E l rig o r de la ley .................. , ,
LE O N B LO Y
E l d e se sp e ra d o .......................
„
C a rta s a V e ró n ic a .................. ,,
C a rta s a su n o v i a ........................ .
JO H A N B O JE R
L os e m ig ra n te s ...............................
F R A N C IS B R E T H A R T E
E n la v ie ja C a lifo rn ia
...
„
JE A N C A SSO U
L a llavo do los sueños . .
,
L O U IS F . C E L IN E
E l v ia je al fin de la n oche . . ,,
J O S E P H CONRAD
T ifó n .............................................
„
IL Y A E H R E N B U R G
L a c o n sp ira c ió n de los ig u a le s ..
J u lio J u r e n ito .y su s d iscípu-

L a a p a ric ió n de C uentos p a ra u n a
in g le s a d e se s p e ra d a señ a la ro n en su
a u to r, E d u a rd o M allea, a u n fu tu ro
v a lo r de la s le tra s a rg e n tin a s, m é­
rito que se e n ca rg a ro n de c o n firm ar
H is to ria de u n a p a sió n a rg e n tin a ,
L a c iu d a d ju n to a l río inm óvil, L a
b a h ia de silencio, N octurno europeo,
e n tre o tra s p iezas lite ra ria s de su
c reación.

3.50
4.—
4.—
3.80
4.—
4.50
3.50
5.—
3.50
3.50
5.—

P u e d e a firm a rse , sin el m enor rie s ­
go, que es uno de los n o v e listas a r ­
g e n tin o s que m ás lecto res c u e n ta en
e sto s m om entos.

4—

MZON V SENTIDO DE LOS PERSONAJES
DE SUS NOVELAS PROXIMAS

5.—
6.—
4.—
4.—
5.—

• Temas y otras cosas.

3.50

• Traducido al portugués
e italiano.

4.—
7.—
3.50

• Su sistema de trabajo.

4.—

JE trajín continuado que desarrolla des_ de su puesto de jefe de las páginas
literarias del diario " L a Nación” nos
impide charlar ininterrumpidamente con
Callea, como hubiera sido nuestro común
deseo.1Empero, el exitoso ensayista de El
sayal y la púrpura se prodiga en su afán
de satisfacer la curiosidad de los lectores
de C a b a l g a t a , y , mientras despide afable­
mente a un poeta, o echa un vistazo a los
originales prontos a marchar a los talleres
de la imprenta, nos sonríe, al par que se
dispone a responder cordialmente.

5.—
L IO N F E U C H T W A N G E R
E l ju d ío S ü ss ............................
„ 7.—
LEO N HA RD FRANK
S a g ra d o y p r o f a n o ......................... 4.—
FE D O R G LA D K O V
E n e rg ía (2 to m o s) ...............
„ 8.—
N IC O M E D E S G U ?M A N
L a san g re v la e sp e ra n z a . . „ 7.—
D A S H IE L L H A M M E T T
E l h a lc ó n m a lté s ............................ 4.50
JA R O S L A V H A S E K
E l b u e n soldado S chw eik .
,, 7.—
J O S E P H H E R G E S H E IM E B
„ 5.50T am pico .....................................
IL Y A IL F y E . P E T R O V
L a a v e n tu ra de la s 12 s illa s ,, 6.—
E l b e ce rro d^ o ro ..................
„ 6.—
E R IC H K A S T N E R
F a b iá n - H is to ria d e un mo­
r a lis ta ............................................ . 4.—
G IN A K A U S
T ra n s a tlá n tic o .........................
„ 6.—
LE O K IA C H E L I
U n ald ean o de G eo rg ia . . . .
„ 4^50
JA C Q U E S D E L A C R E T E L L E
S ilb erm an n ................................
,, 3.50
O L IV E R LA FA R G E
M uchacho R isu eñ o ...............
,, 4.—
L E O N ID A S LEONOV
E d ific a c ió n ................................
,, 6 —
S IN C L A IR L E W IS
D o d sw o rth
. . ............................ „ 7.50
A nn V ic k e rs ...........................
„ 11.—
V IC T O R IA L IN C O L N
L a c o lin a F e b r u a r y ...............
„ 5.—
JA C K LONDON
J o h n B a r l e y c o r n ............................. . 4.50
U n a h ija de la s n iev es
...
„ 5.—
Colmillo B lanco ......................
„ 4 .—
M a rtín E d é n ...........................
„
7.50
L a d a m lta de la casa g ra n d e „ 5.50
El v alle de la lu n a ...............
„ 9.—
E l m exicano ..............................
„ 4.—
E l m o tín del “ E lsin o re ” . . „ 7,— .
P IE R R E MAC ORLAN
E1 m uelle de la s b ru m a s . . ,, 3.50
A N D R E M ALR A U X
E l tiem p o del d esp recio . . ,, 3.50
L a v ía r e a l ........................................ 4.—
H E IN E IC H M AN
E l A ngel A zul .........................
„ 4.—
L a s d io sas . D ia n a ............
„ 5.—
L a s d io sas - M in erv a . . . .
,, 5.—
L a s d io sas - V en u s ............
,, 5.—
TH O M A S M ANN
L a m u e rte en V en ecia . . . .
„ 4.—
Tonio K ro g e r ...........................
„ 3.50
M ario y el h ip n o tiz a d o r . . .
,, 3.50
C onfesiones d el a v e n tu re ro
„ 3.80
F é lix K ru ll ...........................
R E N E M ARAN
B a tu a la ........................................
„ 3.50
P IE R R E y P H I L I P P E TH O B Y
M A R C E L IN
C an ap é V erd e ...........................
,, 4.—
M A R K T W A IN
U n y a n q u i en la c o rte del
re y A rtu ro ...........................
„ 5.—FR A N C O IS M A U RIA C
,, 3.50
E l d e sie rto d el am or ..........
E l río de fuego ......................
„ 3.50
A N D R E M A U R O IS
L a lib e ra c ió n . .......................... „ 4.—
R O B E R T N A TH A N
R e tra to de J e n n i o ........................ . 3.50
L a m u je r del obispo
4.—
P A U L N IZA N
L a c o n sp irac ió n ....................
,, 4.—
L IA M O’F L A H E R T Y
E l d e ls to r ................................. ,, 4.50
0. HENRY
L e s c u a tro m illo n es ............
,, 4.—
B O R IS P IL N IA K
E l año d esnudo ......................
„ 4.—
RAYM OND R A D IG U E T
E l d iab lo en ol c u e r p o ............... 4.—
G U STA V R E G L E R
L a p a ió n de J c s s F r itz . . ,, 4.—
G R A C IL IA N O RAMOS
In f a n c ia ......................................
,, 4.50
M A U R IC E R O STA N D
E l h o m b re que yo m até . . „ 3.50
J O S E P H R O T II
L o s cien d ía s ...........................
,, 4.—
A R T H U R S C H N IT Z L E R
E L re to rn o de C asanova
. ,, 3.50
RAM ON J . S E N D E R
L a e sfe ra ...................................
„ 7.—
FR A N Z E M IL SIL L A N P A A
S a n ta M ise ria ................................. 4 —
JO H N S T E IN B E C K
L a s p ra d e ra s d el c i e l o .............. . 4.50
E l p o n y co lorado .................. ,, 3.50
W A N D A W A S S IL E V S K A
L a p a tr ia ....................................... . 4.50
FR A N Z W E R F E L
P rim a v e ra en otoño ............
„ 3.50
M. C O N STA .N TIN -W EY ER
U n h o m b re se aso m a a su
p a sa d o ............................................ . 4.—
B E N A M ES W IL L IA M S
U n a m u je r e x tra ñ a ............. „ 10.—
M IG U E L ZO SCH EN K O
L o s d ía s d e n u e s tr a v id a . .
4 .—

JOHN DOS

y

en

I

EDICIONES

SI GLO V E I N T E
Soc. Resp. L tda. - Cap. $ 100.000 1
JUNCAL 1131 — T. A. 42 - 8011
Buenos A ires
Solicite catálogo general.

pa sso s

( Viene de la primera página.)

o

En todas las buenas lib rerías

EDUARDO
M AL L EA

i

\

durante la segunda guerra, en Es­
paña, en el Pacífico— con un míni­
mo de interferencia por parte del
autor. Dos Passos es paciente y hu­
milde ante los hechos. Nunca toma
un partí pris. Su ideología se es­
fuerza siempre por ser comprensiva.
Creo que es socialista; lo que quiere
decir que aborrece las tiranías y
crueldades impersonales de nuestra
maquinaria industrial.
El pasar de estos libros políticos
a Manhattan Transfer o V.S.A. es
como pasar de Edgar Bergen a
Charley MeCarthy ( ,un popular
ventrílocuo norteamericano y su mu­
ñeco), porque la criatura es mucho
más viva y llena de color que su
creador. Pero hay que hacer una
distinción entre Manhattan Trans­
fer y las obras posteriores. En Man­
hattan Transfer hay mayor propor­
ción de descripciones y se ha dado
rienda suelta al elemento “ estéti­
co” . Aunque en vez de figuras pin­
torescas y paisajes españoles (como
en Rosinante the Road Again, Bo­
cinante vuelve al camino), en vez
de una belleza convencional, lo que
se nos ofrece aquí son sensaciones
que, por su fealdad o violencia, ha­
cen retroceder al esteta. O, si el
conjunto del escenario urbano es
“ bello” , las cosas que lo constitu­
yen son repelentes o vulgares. El
artista comprende que el mundo es
áspero y crudo y compone su sinfo­
nía con tonos crudos y ásperos. Ve
que el mundo se ha convertido en
algo mecánico y, con formas mecáni­
cas, construye su significativa com­
posición.
Y lo hace igualmente al describir
la vida como su marco material. La
vida le parece caótica y, por eso,
compone su “ melodía del caos” . La
encuentra fragmentaria, discontinua
c inconclusa y, así, su “ abstracción”
está hecha de fragmentos y estimula
la imaginación con el patetismo de
lo inconcluso. El corazón declara que
el refinamiento de los sentimientos
es condición de la vida del espíritu,
y el artista responde colérico, pin­
tándonos almas vulgares e insensi­
bles.-El sentido moral exige que los
hombres se unan entre sí por lazos
sociales; pero la ironía del artista
nos los muestra unidos por los ne­
gocios, el cuerpo de bomberos y la
limpieza de la ciudad. La mente an­
hela una dirección en el proceso so­
cial ; el escritor nos describirá una
gran ciudad donde las multitudes
no obedecen otras directrices que
(Continúa en la página S)

Es lógico que nuestra avidez de asuntos
literarios se encaminen hacia la pregunta
inicial obligatoria a todo escritor, inqui­
riéndolo sobre su obra futura, o en prepa­
ración, y a ello nos responde Mallea, al
par que su cigarrillo obra a la manera de
barrera transitoria entre nosotros.
—Espero —nos dice— que aparezca este
año, y en los meses inmediatamente veni­
deros, el producto de tres años de labor.
Si no todo él, por lo menos gran parte.
—¿Con qué comenzará?
—Con una novela que publicará dentro
de poco la Editorial Sudamericana. Se
tra ta de un volumen perteneciente a un ci­
clo o breve sistema de novelas que comenzó
en Las Aguilas y que trata el desarrollo
conjunto no solamente de una familia de­
terminada, sino —en una especie de cir­
cuito, órbita o descripción anular— de al­

gunos personajes laterales o caracteres tímás que un aspecto de cierto ciclo y este
picamento vinculados a esa familia.
ciclo una mera porción de cierto cuadro
—jCoordinadas o autónomas?
do obra¿. sin cuyo completamiento no me
—Será, en suma, un juego de novelas^? sentiré tranquilo.
autónomas que, si bien íntimamente coor—¿Trabaja en forma regular?
dinadas, pueden ser leídas independiente-)
—El trabajo principal do un escritor no
mente en sus distintas unidades.
reside, naturalmente, en el acto material
—¿Alguna otra novedad?
de redactar, sino en la operación, infinita­
—En seguida de esa novela principal del
mente más delicada, de ordenar los aspec­
sistema —a aparecer, como digo, dentro
tos concatenados en que se extiende el sen­
de unos meses— pienso publicar otra no­
tido general o intimo de esa obra de con­
vela, esta vez breve, do asunto e inspira­
junto a cuya composición concurren, con
ción propia, que nada tiene que ver con la
sus notas no siempre visiblemente traba­
serie anterior, pero que también está ya
das, muchos libros diferentes. Yo dedico
terminada y lista para ir a la imprenta.
gran parte de mi tiempo —aparte de las
—¿Podría adelantarnos algo de lo que
cinco horas de trabajo cotidiano en el libro
contiene esa novela que va a salir en pri­
que me ocupa— a la preparación y estudio
mer término?
de esas líneas generales. Y así van nacien­
—Es un libro ya escrito y que pronto
do, con su diferente suerte y su diferente
estará err manos de los lectores. ¿ Qué quie­
tono, los libros que se insertarán gradual­
re que le anticipe yo si ya la obra saldrá
mente en el conjunto, y que en realidad
a explicarse o a naufragar sin explicación
no reservan su verdadera y tal vez más
que valga por su propia cuenta?
patento voz sino para el concierto o ajuste
—Pero, descartado esto, algo puede sa­
del todo.
berse de su argumento. . .
—¿Qué sistema de trabajo tiene?
—El libro tiene tres partes y resume
—Por las mañanas escribo desde muy
el combate de un personaje por alcanzar
temprano. Por las noches leo, preparando
en términos espirituales, a construir una
materiales para el día siguiente. O bien
obra equiparable a la que construyó su
tomo notas.
abuelo en términos materiales. Pero toda
—¿Qué obras suyas se están traduciendo
la construcción se realiza en el dominio in­
en estos momentos?
terior —no en la vida práctica y concreta—
y significa, por consiguiente, el intento de
—José Lings do Regó ha prologado y
dar valor a cierto desposeimiento, por par­
traducido Todo verdor perecerá para la
te del protagonista, que se incorpora atri­
colección Nobel de la editorial brasileña
butos aparentemente pobres, por que son
O Globo, y la casa Bompiani, de Roma
en realidad lo contrario de tal.
ha contratado, para su versión italiana, lo
misma obra, después de haberme pedido
—Le manera que es la historia. . .
la opción para todos mis libros.
—En cierto sentido, de la vuelta de un
hombre a ciertas obligaciones relevantes
Ha terminado nuestra cordial misión, y
después de los extravíos o decadencias
mientras Mallea hojea despaciosamente
operados en su casa familiar. La vieja ca­
las páginas de C a b a l g a t a que hemos pues­
sona de Las Aguilas, ya asaltada, devora­
to en sus manos, las campanadas de un
da por el campo, es un protagonista más
reloj cercano nos indica que le restamos
de este libro, en el que se desarrollan pe­
más tiempo del propuesto. Apretones de
ripecias colaterales donde participan un
manos, sonrisas, y Mallea vuelve al silen­
cúmulo de personajes e ideas en cuya macio de su despacho de la calle San Martín
tización he puesto el máximo de esfuerzo.
donde proseguirá infatigablemente su la­
—¿Queda así terminada esta serie?
bor al servicio de las letras.
—Aunque consagré a este libro un tra ­
bajo por momentos agobiador, no es nada
O. B .

i

EN EL ANIVERSARIO DE R. J. PAYRO
( Viene de la página anterior.)

dengues para defender la frontera
de Buenos Aires de las incursiones
del infiel. De las tres compañías que
se crearon en 1752, la llamada “ Va­
lerosa” fué destinada al paraje co­
nocido por “ Laguna Brava”, más
allá del pago de Lujan. Cuando Pay-

ró nació en Mercedes hacía apenas
dos años que había sido declarada
ciudad . En otras épocas, cuando na­
cía un ser humano se buscaban en el
cielo las señales de su destino; pero
sería más lógico pensar en un desti­
no telúrico, en la existencia de una
escritura garabateada por los vientos

¡ l i l i II A I R A IBS HBRIS
E n su nú m ero 0, volum en e x tra , la C olección C risol, de M anuel A guilar, E d ito r,
p u b licó , b a jo el títu lo de A m or e h is to ria en el lib ro , dos de las o b ra s m ás s ig n ific a ­
tiv a s, de to d a s las épocas, a cerca de los lib ro s. T rá ta s e del F ilo b ib lio n (m u y herm oso
tra ta d o so b re el am or a los lib r o s ), p o r R ic ard o de B u ry , y N egro sobre b lanco (b rev e
h is to ria de la e s c ritu ra y el lib r o ), p o r M. Ilin .
D e e sta edición, b ellísim a, im p resa so b re p a p el b ib lia , ene. en p ie l y d o ra d a a
fuego, ta m a ñ o 6,5 x 8,5, con n u m e ro sas ilu stra c io n e s, nos es g ra to hoy re p ro d u c ir un
fra g m e n to que dice do la b elleza que e n c ie rra n la s p á g in a s, im p e re c ed e ra s, de R icard o
de B u ry :

Be cómo los libros deben ser ‘preferidos
a las riquezas y a los placeres.
p u e s la m e d ita c ió n m om en
d a n p o r d e b ajo de la v e r
O I se ju z g a a c e rc a d el vatá n e a so b re la s v e rd a d es
^
lo r de u n a cosa según d a d . P e ro los lib ro s sa g ra
dos c o n tie n en y co n serv an ex am in ad a s, c o n tin u a d a poi
el g ra d o en que es am ada,
la v e rd a d ; es m á s: ellos u n acto de la in te lig e n c ia, no
el p re s e n te c ap ítu lo dem os
s u fre in te rr u p c ió n a lg u n a
t r a r á que el v a lo r de los m ism os son la v e rd a d es
lib ro s es in e fa b le ; pero ello c rita (p resc in d ie n d o de su P o r esto los lib ro s parecen
de n a d a s e r v irá a l le c to r e s tr u c tu ra m a te ria l, que es s e r los m ás In m ed iato s ins
tru n ie n to s de la fe lic id a d es
in d e p e n d ie n te de su co n ten í
p a ra s a c a r u n a con clu sió n
p e cu lajiv a . A ristó te le s, v e r
p ues n o so tro s no nos s e r­ d o ). P o r todo ello, la s r i
vim os do d e m o stra cio n e s/ en quezas, do c u a lq u ie r especie d a d ero sol de la v e rd a d f í­
que sean, e stá n p o r d eb aje sica, concluye en su elección
c u estio n e s m orales, aco rd án
de los lib ro s, incluso la cla­ do m étodos que es p re fe rí
donos de que A ris tó te le s,
en su E tic a 1 y en su M e­ se de riq u e z a m ás e stim ab le : b le filo so fa r que e n riq u e ­
la fo rm a d a por los am igos cerse. A unque en el lib re
ta fís ic a 2 , p ro c la m a el he
cho de que el ho m b re busca como lo c o n firm a Boecio en te rc e ro de su T ópicos conce
el segundo lib ro de su De d a que la ne ce sid a d puede
la c e rte z a según le p id a la
n a tu ra le z a de la cosa que co n so latio n e p h ilosophiae. A o b lig a r a l in d ig e n te , según
la s c irc u n sta n c ia s, a p re fe
h a y a reconocido. N i CicerÓD p e s a r de ello, A ris tó te le s
r i r la fo rtu n a a la filo so fía
p re fie re la v e rd a d de los li
a rg u m e n ta apoyado en E u
Si se re c u e rd a , como pro
b ro s , so b re todo c o n sid e ­
elides, n i este últim o basa
su a u to rid a d en el sabio
ra n d o que la s riq u e z a s no bam os en el c ap itu lo p rece
dente, que los lib ro s c o n sti
p a re ce n te n e r o tro objeto
rom ano. C ie rta m en te, nos
o tro s nos esforzam os en
que el s e rv ir de su ste n to a? tu y e n el m ás cóm odo de lot
c o n v en cer de que y a sea por cuerpo. Se p uede d e cir con m a e stro s, se c o n v en d rá sin
c
e rte z a que la v e rd a d de los g ra n d e s esfu erzo s que m ere
la lógica, y a p o r la re tó
lib ro s es la p e rfe c ció n dv cen el am or y la c o n sid e ra
ric a , en u n a n a tu ra le z a in
ción d e b id a a los profeso
m a te ria l, en la que el e sp í­ la ra z ó n , la c u al es, h a b la n
r itu — que es el am or— nc do con p ro p ie d a d , “ el bien re s . P o r fin , como tod o s los
hom bres, p o r in s tin to , de
d
el
h
o
m
b
re
”
.
E
s
p
o
r
dem
ás
puede e n g e n d ra r m ás que e?
sean a p re n d e r y g ra c ia s r
am or, los lib ro s d eben ser ev id e n te que p a ra el hom
los lib ro s podem os a d q u irir
e stim ad o s sobre to d a s las b re que se sirv e do su r a
zón
los
lib
ro
s
d
e
b
en
serle
la
cien cia de la v e rd a d ,
riq u e -a s
y los p la c eres
m ás e stim ab le s que la fo r
c ie n cia p re fe rib le a to d a s
c u a le sq u ie ra que ésto s sean
Y esto, en p rim e r lu g a r, tu n a , p ues lo que p ro te ja la s riq u e z a s, ¿ q u ié n es e1
p o rq u e los lib ro s e n c ie rra n la fe con m ás firm eza, lo ho m b re que, obedeciendo í
m ás s a b id u ría de la que los quo s irv a p a ra p ro p a g a rla u n a ley n a tu ra l, no e s tá ob
m o rtale s p u e d an coñcebir. Y m ás y p a ra a n u n c ia rla con sesionado p o r la p a sió n de
la s a b id u ría m e n o sp rec ia las m ás c la rid a d , es lo que m ás los lib ro s ? A unque veam os
am ado debe s e r p o r el ere
que los p u e rc o s d e sd e ñ a n
riq u e z a s, como se dem ues
y e n te . E v id e n te m e n te que la s p e rla s, el sen tim ie n tc
t r a en el p re s e n te capítulo
A ris tó te le s, al p la n te a rse en N u e stro Señor, con el de­ del sab io no so debe a lte ra r
p o r ello y debe re c o g er las
el lib ro I I I “ A cerca de los signio de h a c e r n o ta r la
v e rd a d e sc rita en los lib ro s
p e rla s que se le ofrecen.
p ro b le m a s” (P ro b le m a déci
m o) la sig u ie n te c u estió n : resp o n d e a l te n ta d o r p a ra U n a b ib lio te c a re p le ta de sa
“ ¿ P o r qué los a n tig u o s que d e sh a c e r su a rg u m e n ta c ió n : b id u ría es m ás p re c io sa que
en la s academ ias y juegos “ E s tá e sc rito ” 4. E n fin , n a
to d a s la s riq u e z a s, y n a d a
p ú b lic o s o to rg a b a n recom ­ dio d u d a que la d ic h a está p o r m uy a p ete c ib le que sea
c o m p a rá rse le .
A sí
p e n sa s a los m ás capaces p o r encim a do la s riq u e z a s; puedo
no to m a b a n en c u e n ta la pero p re c isa m e n te la dicha q u ie n q u ie ra que s ie n ta en s '
c
o
n
siste
en
la
c
o
ntem
plación
s a b id u r ía ? ” , la re su elv e a^í:
u n a a r d i e n t e p re d ile c ció n
do la s v e rd a d es de la sab i
“ E n los e je rc icio s g im n ás
p o r la fe lic id a d , la s a b id u ­
tico s el p rim e r prem io es d u ría p o r m edio de la in te
ría , la c ie n c ia e incluso la
s u p e rio r a la h a z a ñ a re a li
lig en cia, o p e ra ció n de la fa
fe, debe s e n tirs e ir r e s is ti­
zada. Y como en to n ces se c u ita d m ás noble y elevada b le m e n te a tra íd o p o r los
co n cu erd a, en d e c ir que la quo poseem os y que es, se ­ lib ro s.
s a b id u ría e stá p o r encim a gú n el p rín c ip e de los filó
do la s riq u e z a s y los p la ­ sofos, A ris tó te le s, en el l i ­ 1 A R IS T O T E L E S : E t i c a
c e re s .”
I, 8.
b ro IV de su E tica , a Nicó
E l Ig n o ra n te n e g a rá que maco, la m ás de le cta b le d r 2 A R IS T O T E L E S : M eta físi
la a m is ta d sea p re fe rib le r to d a s la s o b ra s d esp u és de
ca, I I , 3.
la fo rtu n a , au n q u e el sabio la v ir tu d ; y a ñ ad e que, por 3 Z o ro b ab e l: J u s to del An
lo a te stig ü e así. S in em bar
su p u re z a y solidez, la filo
tiguo te sta m e n to , que re s
go, el filó so fo v e n e ra la so fia es la fu e n te de adm i
ta b le c ió el tem plo de J e
v e rd a d p o r encim a de la ra b ie s p la c eres. L a contem
ru sa ló n (L ib ro de E s d ra s
a m istad , y el Justo Zoroba- p la c ió n de la v e rd a d no es
III).
b e l 3, la v a lo ra so b re todas p e rfe c ta m ás que cuando se 4 E van g elio de S a n M ateo
la s cosas. Los p la c eres que
h a ce a tra v é s de los lib ro s
c ap ítu lo IV , 4.

en los pastos. Y Payró fué un escri­
tor argentino que nació con todos los
signos auténticos de su tierra. Y si
Hernández escuchó el violento reme­
són de la indiada y de la derramada
soledad del desierto, Payró habría de
escuchar el rumor del crisol de las
pasiones, en la política p u e b l e r i n a ,
en la lucha por el pan, en la ávida
conversación de los personajes que
la vida echa por los caminos.
De Payró puede decirse lo que
Chesterton dijo de Dickens: “ tenía
la llave de la calle” . ”Tuvo la llave
de la calle desde muy pequeño ’’. Te­
nía siete años de edad cuando hizo
el descubrimiento de la ciudad. Vea­
mos cuál es ese Buenos Aires que
Payró puede conocer en 1874. Es
indudable que los hechos y circuns­
tancias del ambiente y de la época
actúan por osmosis en la formación
espiritual de los seres. Los episodios
de más intensa dramaticidad impri­
men un sello indeleble en la memoria
de los niños'. Con lo visto y oído
cuando tenía siete años, Defoe, el
autor de Robinson Crusoe, escribiría
más tarde, el Diario de la Peste en
Londres, uno de los libros más inten­
samente trágicos que tiene la litera­
tura europea.
Desde pequeño, el Giotto dibuja
la forma de las nubes en las piedras
y Benvenuto Cellini veía formas hu­
manas en los bloques de Carrara aun
no tallados. Era niña Harriet Beecher Stowe cuando vió cómo eran
flagelados y castigados los negros en
las plantaciones, y con esos detalles
habría de escribir, andando el tiem­
po, La Cabaña del Tío Tom, uno de
los libros más famosos de la litera­
tura norteamericana. En su afán de
instruirse y formarse una cultura,
Sarmiento sufre en carne propia,
desde muy pequeño, todas las falen­
cias que la instrucción primaria te­
nía en su época; ello le llevaría a
ser apóstol, el más apasionado de la
educación y de la enseñanza en nues­
tro país.
Roberto J. Payró llegó a Buenos
Aires en 1874, a los siete años de
edad, y estaba al cuidado de su tía ;
había quedado huérfano de madre
hacía poco. Las escapadas del peque­
ño Roberto formarían las experien­
cias de vida del futuro escritor. El
pequeño mercedino, llegado de los
aledaños de la vastedad, de junto a
la tierra de nadie de la frontera,
siente asombro por la gran aldea con
sus trescientos mil habitantes. El ce­
der la acera a las señoras, modalidad
netamente porteña, era una conse­
cuencia del estado de la vereda y el

1
-j

|

¡

.

�cabalgata
riesgo que había de irse abajo hacia
la calle honda. Para andar por las
veredas había que practicar un ver­
dadero alpinismo. Setenta años atrás
Buenos Aires era una ciudad tan fea
como Londres con sus calles largas,
encajonadas; sus desagües, se decía
con mucha gracia, en esa época, e s ­
taban a cargo de dos ingenieros bra­
sileños: el viento y el sol. Las aceras
altas: la calle allá abajo con verda­
deros precipicios. Todavía de esos
años son los viajeros ingleses los que
nos hablan mejor de nuestro país,
por lo menos, con mayor veracidad.
Es pintoresca la descripción que del
Buenos Aires del 70 nos hace Ri­
chard Burton, que llegó a Buenos
Aires a bordo del “ Y i” . Las aceras
desniveladas, viscosas después de un
aguacero, con laderas de precipicios,
terminaban en las «¿quinas con tres o
cuatro rudos escalones que ofrecían
como apoyo un viejo cañón. Para
cruzar las calles había puentes. Tria
de las calles más hondas era la inter­
sección de las calles Florida y Co­
rrientes, en donde más de un tran­
seúnte se rompió algún hueso al caer
al fondo. El pequeño Roberto, al lle­
gar a la ciudad, fué acuciado por la
misma curiosidad que Richard Bur­
ton; pero no tiene edad ni condicio­
nes para comparar como el inglés.
Escenas y tipos callejeros impresio­
naron para siempre la sensibilidad
del muchacho. Los carros de dos rue­
das pasaban a Barracas al Norte con
lana, cuero seco, caña, madera, leña
y otros renglones de corralón. Los
tranvías, en la Avenida Santa Lucía,
eran arrastrados por dos cuarteado­
res. Y después los tipos humanos.
Las cuarteadores compadrones y di­
characheros, ídolos de las chinas, de
gorra requintada, de visera para
atrás y clavel a la oreja. El pescador
italiano recién llegado que baritoneaba su mercancía; los pajueranos que
se desparramaban por la ciudad en
ocasión de las fiestas patrias. Y aquí
el aguatero, el tipo más popular de
los suburbios, y las gloriosas reli­
quias de la independencia, y los
grandes patricios que a veces apa­
recían por las calles seguidos de la
admiración de los transeúntes. Es
así cómo el padre mostraría al pe­
queño Roberto al General Mitre. El
recuerdo de la gran ciudad aldeana
tiene el color del resplandor de los
picas de gas, el rumor del bordoneo
de las guitarras de los cuarteadores,
un suave aroma a espinillo, el único
perfume que usaban las criollas pa­
ra aromar la ropa blanca guardada
en las cómodas profundas. Pero los
vientos del odio corrían por las inse­
guras calles de la ciudad. Todo es­
taba confundido en esa tromba de
violencia y de lucha; los hechos más
contradictorios y antitéticos forma­
ban la vida de la nación en esos mo­
mentos : la lucha con los indios, el
fraude que llevaba a los hombres a
los campos de batalla, provincianos
y porteños que habían substituido a
unitarios y federales. Payró había
oído hablar desde chico del fraude
electoral, de las mulidores en polí­
tica. de las patrañas electorales, de
los infundios de los comicios, que
formarían más tarde los elementos
esenciales del espíritu y de la men­
talidad de ese exitista que fuera el
protagonista de Divertidas Aventu­
ras del nieto de Juan Moreira.
FIX

E .1E R C IC I 0 S O R R E
T I R E S I A S
( Viene de la //finiera página.)

mente el pantalón y las botas des­
preciando a último momento a
Rackham. Si hubiera combatido
como un hombre —así lo acusó—
no se vería colgado como un perro.
Fui Mary Read, otra irlandesa que
integró una tripulación pirata pro­
vocando y venciendo como buena en
más de nna riña marinera de ma­
chete y pistola. Fui también Porcia
y Absalón, juglar y mago.
Puedo multiplicar los ejemplos
basta el tedio, pero me detendré en
el último porque es una de las po­
cas ocasiones en que la calamidad
(la muerte) final que mi sino bus­
ca, es un justo castigo.
Para Catalina, hermosa mucha­
cha que vivió en un pueblito de la
Baja Sajonia, el amor fué una pa­
sión furiosa que no conoció límites
ni reflexiones. Mintió y calumnió
para conseguir el objeto amado.
Tampoco le importó condenarse y
morir sin confesión, pero fué en
vano. Seductora y sobre todo muy
sensible al placer de agradar a los
hombres, soñaba con ser una espe­
cie de Semiramis. Se libraba en
sü imaginación a incontables impu­
rezas donde los que habían servido
a su lujuria eran degollados y se­
pultados luego en magníficas tum­
bas construidas con ese fin. No
sintió ni la virtud ni la inocencia
y comenzó ejercitando su perver­
sidad sobre el vicario del pueblo
a quien atrajo simulando éxtasis
durante los cuales se expresaba en
un latín corrompido, y acordán­
dole luego gracias excesivas y aun
las pruebas últimas- del amor.
Los talentos del vicario habían
descubierto en Catalina serias con­
diciones para el amor místico pero
como se sintió atraído, decidió veri­
ficar de una manera bastante par­
ticular tan raras aptitudes. Mien­
tras se bailaba entregada a sus
oraciones, deslizaba el vicario su
mano por la nuca de la muchacha.
Si esta reaccionaba o exhibía el
calculado pudor, la acusaba de
escaso fervor religioso y excesivo
apego a las cosas mundanas, pues
nada bueno es el estar tan atento
a las sensaciones del cuerpo. La
pertinacia del vicario fué premia­
da. Logró su propósito y Catalina
j a no se dió cuenta de sus disfra­
zadas caricias.
Un día yo, Tiresias, llegué al
pueblo bajo la forma de un atra­
yente personaje. Ale presenté como
un volatinero pero mezclando a las
habituales pruebas con pájaros y
flores cosas dignas de mis privi­
legiados dones. Ale llamé Absalón
y en verdad merecía tal nombre
pues como las del hijo de David,
mi rubia cabellera' y mi barba riza­
da y hendida pesaban seguramente
más de ocho onzas. Ale gustó el
pueblo y deseé quedarme largo
tiem po inventando distracciones
para sus buenas gentes. Practicaba
la aquitomaneia o sea la adivina­
ción del porvenir por medio de
agujas, colocando doce de ellas en
un plato sobre el que derramaba
desde cierta altura clarísima agua.

C aballo
omo

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por ALFRED EINSTEIN

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p L U C K d is fru tó del p ri
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v íleg io cA8i ú u iro de
”
in flu ir d ire c ta m e n te , al
mismo tiem po, so b re la s tre s
g ra n d e s escu elas m u sicales
de E u ro p a — Ita lia n a , F ran cesa, A lem ana— y d e ja rle s
im p re sa s sus h u ellas,
P o r su ed u cació n , p o r su
vida, r e p a rtid a e n tre todos
los p a ire - del c o n tin e n te.
G luck e ra el llam ado a des
e m p eñ ar ese g ra n p ap el de
m aestro europeo, e l p rim ero
que im puso a E u ro p a — di
ce B om aín R o lla n d — p o r Xa
do m in ació n de su genio, u n a
especie de u n id a d m usical.

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Precio del ejemplar * 10.-

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1

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i Editorial S C H A P 1RE

• Knaiht'iii 1285
■

Buenos Aires

7

de fuec . o

fenómeno &lt;le conjunto, la poesía

C chilena es un acontecimiento artístico
que sólo puede ser comparado en Améri­
ca. a la generación de pintores murales
mexicanos. No solamente los nombres de
Crucliaga Santa María, Huidobro, Neruda, Rosainel del Valle, Pablo de Rokha,
Díaz-Casanueva, Juvencio Valle, Antonio
de Undurraga, circundados por la aureola
do los aportes originales y definitivos ?
la poesía, sino que aun las numerosas
obras de verdadera importaneia para un
panorama cultural que brinda constante­
mente la poesía chilera, hacen pensar en
un ‘ ‘ Renacimiento ’ ’ en las artes poéticas
Por lo tanto, no puede maravillarnos algo
que debía ser consecuencia lógica del he­
cho anotado: que de Chile partiera el más
serio e interesante intento por abrir una
tribuna a la poesía de este continente, "i
esta tribuna es “ Caballo de Fuego . fun­
dada por Antonio de Undurraga en San­
tiago de Chile, y cuyo tercer número acu
ha de aparecer en Buenos Aires, donde su
director reside actualmente. Al aparecer la

Era también capaz ele ver y adivi­
nar los espectros que circulan por
los aires y hacer con clips raros
presagios. Podía descubrir objetos
perdidos pronunciando dos veces
la palabra AGLA. de la cabala, y
podía asombrar con la grantomancia o sea la adivinación por medio
de las cosas que se presentan de
improviso, como el encuentro de
un halcón que cruza el cielo o de
una liebre asustada ante la presen­
cia humana. Afaravillé, y como ade­
más componía e interpretaba inge­
niosas comedias todos me distin­
guían. Las mujeres, especialmente,
me consultaban y desde luego des­
perté más de una secreta pasión.
Catalina fué una de ellas. Al fin y
al cabo sus amores con el vicario
no pasaron más allá de la sorpresa
que a toda virgen inspira el proce­
der del hombre en tales meneste­
res. Yo no presté atención a sus
insinuaciones. A n tes bien, para
darle a entender que conocía sus
culpas y su perversidad, le conté
la historia de Abrahel, el demonio
súcubo que adoptando la forma de
una hermosa joven hacía concebir
malas pasiones en hombres que por
estar entregados a algún ministe­
rio sagrado, si pecaban, pecaban
doblemente. Después de seducirlos,
Abrahel les entregaba una man­
zana y les exigía el sacrificio de
alguna persona amada.
Aunque comprendió que yo había
descubierto su intriga, su espíritu
y su instinto singularmente modi­
ficados por el embarazo, no ceja­
ron. En lugar_ de resignarse me
escribió una carta donde entre
otras cosas que mostraban un la­
mentable y alarmado corazón, de­
bía : “Señor, esta carta le sorpren­
derá pero ya se habrá imaginado
usted las razones de mi proceder.
Proceder que aunque sea yo una
niña, está justificado... ¡Cielos,
como le odiaría a usted si no lo
amara hasta el furor! Yo lo amo
señor Absalón y le suplico que no
se exponga a vanos arrepentimien­
tos e in ú tile s remordimientos”.
Terminaba la carta con la amenaza
de rigor: “Tiene usted tres días
para contestarme”. Ciertamente a
mí, a Tiresias le causó infinita pena
esa invitación que, además, ponía
en peligro mi apacible actividad de
mago lugareño. No contesté la
carta y en la cabecera de mi cama
encontré un trozo de pergamino en
el que estaban escritos los siguien­
tes nombres: Aliguel, Gabriel, Ra­
fael y por último el mío, Absalón.
¡Pobre Catalina! ¿Qué podría ha­
cer contra mí tan ridicula fórmula
amatoria ?.
Pasados los tres días del plazo
fijado, se presentó ante el magis­
trado y me acusó. Juró y juró que
yo era culpable de su desgracia y
me enviaron a 1a. cárcel. De acuer­
do con la costumbre establecida
para esos casos, fui condenado a
muerte. No temía por mí sino pol­
la joven de modo que me limité a
decir que prefería la condena antes
que verme unido a tan miserable
criatura. Catalina, pensaba yo.

REVÍSTA HE
REVISTAS
revista por primera vez, su editorial moti­
vaba claramente la empresa : ‘ ‘ Levanta­
mos esta casa no para vivir en ella como
esclavos de sus ardientes espejos, sino que
para hospedarla y a d o r a r la ...’’, agre­
gando más adelante que estaba “ .. . dig­
namente puesta al servicio de la poesía
Y por estarlo sólo pretende un compromi­
so: evitarle toda llaga y todo contraban­
do que la perjudique’ ’.
Arduos son los problemas que sobre­
lleva el arte en América. Y no entre los
menores se encuentra la falta de publica­
ciones orientadas a encarar los mejores
frutos. Además, la carencia casi absoluta
de críticos y ensayistas provoca un auge
% justificación tal de puerilidad, que las
páginas de algunas entidades tradiciona
les, no 1‘ descubren ’ ’ otra poesía que aquí -

CIVILIZACIONES DE OCCIDENTE
por E. McNall Burns
L as re a liz ac io n e s h u m a n a s de acuerdo con el
nuevo concepto de la h is to ria . U na p e rsp e c tiv a
ín te g ra de la s lu ch as, h a za ñ a s y e rro re s de la
hum an id ad , desde sus com ienzos h a s ta el m o­
m ento a ctu al.
U n volum en e sm e ra d a m e n te im preso, de
900 p á g in a s, p ro fu sa m e n te ilu s tra d o y
e n cu a d e rn a d o en tela
$ 40.—

DANZAS ARGENTINAS
por Aurora De Pietro
y C. González Castillo
U na e x q u isita p in to ra y u n s e n tim e n ta l poeta
im p rim en en este lib ro u n nuevo e n ca n to a la
belleza y el colorido de los b a ile s tra d ic io n a le s.
L u jo sa e dición en p a p e l p e rgam ino, con
26 ilu s tra c io n e s a todo color y n u m e ro ­
sas en negro, m a g n ífic a m e n te e n c u a ­
d e rn a d o
S 4 0 .—

LEON FALLIERE 1856.1866
(Diario de Viaje
por la América del Sud)
O bra de g ra n v a lo r a rtís tic o e h is tó ric o p re ­
s e n ta d a en u n a c u id a d a ed ició n , que im p o rta un
e x tra o rd in a rio a la rd e de p e rfe c ció n té c n ica . I lu s ­
tra d a con 207 rep ro d u c c io n e s d ire c ta s d e los
o rig in a le s en hu eco -o ffset a 2, 3 y 8 colores.
E d ició n n u m e ra d a en a rá b ig o s del 1 al
2.900, lu jo sa m e n te e n c u a d e rn a d a en te la $ 70.—
E d ició n lim itad a , n u m e ra d a en rom anos
del I a l C, en c u a d e rn illo s colocados en
c ajas.
$ 1 0 0 .—

FILOSOFIA DEL ARTE
por Hipólito Taine
H e rm o sa e dición de la fa m o sa o b ra que s in te ­
tiz a la e sté tic a d el p e n sa d o r fra n c é s. T a in e con
s id e ra que el a r tis ta p ro d u c e c o n d icionado a
tre s in flu jo s: la ra z a, el m edio a m b ie n te y el
m om ento h is tó ric o . S obre e sta b a se a n a liz a la
p in tu r a del re n a cim ien to ita lia n o y de los P a í ­
ses B ajo s. A dem ás d e e s tu d ia r la e sc u ltu ra de
G recia, re a liz a el im p o rta n te ensayo sobre el
id e a l en el A rte.
E n un volum en d e e sm e ra d a p re s e n ta ­
ción, ilu s tra d o con 30 lá m in a s a 6
colores, 98 en negro y m ás de 120 g ra ­
bados y lito g ra fía s , m a g n ífic a m e n te e n ­
c u ad e rn a d o
$ 2 0 .—

SAN MARTIN 200
FLORIDA 205, FLORIDA 750 y SUCURSALES

habrá intuido que no soy un ser
vulgar. Comprenderá que quien es
dueño de tales poderes no puede
asustarse ante la perspectiva de la
hoguera o la horeá. Tal vez com­
prenda que para mí esa muerte
judicial no tiene sentido. Se arre­
pentirá y retirará la acusación.
Como nada de eso sucedió, llamé
al juez y le dije: “Me envían uste­
des a la muerte y vuestra concien­
cia no os hace ningún reproche.
Puesto que se me condena por la
palabra de una mujer sin pudor
demostraré mi inocencia pero lo
haré delante de ella.”. Cuando la
hicieron llamar, Catalina creyó que
yo había mudado de parecer y
accedía a casarme con ella para
salvarme de la' muerte y limpiar
mi culpa. Una vez que los hube
reunido a todos, me despojé len­
tamente de las ropas. Vióse enton­
ces como yo, Tiresias, era mujer.
Ale perdonaron pero- hube de salir
inmediatamente del pueblo.
Catalina fué, como estaba pre­
visto, castigada. Al día siguiente

de mi inequívoca revelación tuvo
un falso parto y murió.
i
Lo que sigue es, en pobrísima
y aproximada versión, la palabra
de Ovidio acerca de mi natura­
leza :
“Se cuenta que un día Júpiter
alegre por el néctar, abandonó sus
graves ocupaciones dedicándose a
bromear con Juno. — Sin duda —
le habría dicho Júpiter — la vo­
luptuosidad que ustedes pueden
experimentar es más grande que
la que siente el hombre. — Ella lo
negó. Resolvieron atenerse a la
decisión del sabio Tiresias. Este
había gozado de los placeres de
Venus en uno y otro sexo. En
efecto, habiendo encontrado una
vez en un bosque dos grandes ser­
pientes acopladas, las golpeó con
su báculo y ¡ olí prodigio!, de hom­
bre vióse transformado en mujer.
Así pasó siete años. Al octavo año
encontró de nuevo a las mismas
serpientes y dijo: — Si es tan
grande el poder de un golpe que
cambia en lo contrario la suerte
de quien os lo da, os golpearé
ahora.— Al golpearlas recobró bu
Ha cuyo significado es una nulidad en to­
forma primera y la figura que
dos los aspectos de la creación. Viene “ Ca­
tenía
desde su nacimiento. Tomado
ballo de Fuego’’ entonces, a llenar un
como juez en tan divertido debate,
claro e iniciar una época err que lo alcan­
zado y lo por alcanzar en la poesía ame­
corroboró lo que sostenía Júpiter.
ricana, están condicionados para su publi­
“ La hija de Saturno despechada
cación por modalidades tan necesarias co­
más de lo justo, condenó los ojos
mo pueden serlo lina clara comprensión
&lt;le su juez a la noche eterna. Pero
del lugar americano en la Poesía, y una
encauzada selección crítica. La revisión
el padre todopoderoso — puesto
que en números anteriores lia hecho “ Ca­
ballo de Fuego” de la obra de los poe­ que no está permitido a ningún
dios destruir lo que otro (líos
tas chilenos Antonio Borquez Solar y Te­
hizo— . en compensación por la pér­
resa Wilms Montt, como el panorama de
poetas que ofrece en el número que acaba
dida (le la vista, le dió la facultad
de aparecer, son índice elocuente de lo que
de
conocer el porvenir endulzando
afirmamos, como también muestra del pa­
con tal favor el castigo.” (Meta­
pel que esta revista ha de jugar. No será
morfosis — Lib. TIL)
una escuela literaria determinada la que

cimente la juventud cultural de nuestro
continente, sino que los aportes califica­
dos de innumerables corrientes conforma­
rán el panorama de nuestras arte*. Y este
es también lo que vemos reflejado en el
número 3 de “ Caballo de Fuego *. Comovi
das las premisas, no es poco decir.
(Continúa en la pág. 10.)'

• Es la opinión de otro poeta:
tiro
[Uves
Obi man uitli wrinkled f e m ó le breast
/

Tiresias, though

b h n d , th rnbbing

T. S. Eliot, “ The Waste L an d ’ ' )
A b r i l de 194H

�cabalgata

8
J O H N

nos passos
194 7
(Viene de la página 6.)

las que tienen por fin la común co­
modidad y seguridad. Ese será el
modelo de su composición.
De las dos ciencias que presiden
el moderno paraíso literario, Dos
Passos ha elegido como guía a la so­
ciología, y no a la psicología. El in­
dividuo' le interesa, pero principal­
mente como miembro de un cuerpo
social, y siempre aspira a mostrar­
nos una sección transversal de ese
cuerpo, para que apreciemos mejor
,1a estructura de sus tejidos. En Man­
hattan Transfer nos muestra el cen­
tro urbano; en U.S.A.. la nación.
En ambos casos abarca el período
que va de la Guerra de los Boers al
gran “ boom” que siguió a la Pri­
mera Guerra Mundial. En Manhat­
tan Transfer nos presenta un gran
número de personas de los grupos
más representativos, pero en instan­
táneas, sin transición, cada una por
su lado; algunas no aparecen más
que una vez, otras varias a través de
los años y otras aún con la frecuen­
cia necesaria para producirnos la
impresión de protagonistas, sobre
todo cuando sus vidas se unen por
el matrimonio, los negocios o cual­
quier otra relación social.
De modo más o menos remoto se
afectan entre sí; pero los personajes
no parecen darse clara cuenta de ello^
y, cuando se unen más estrechamen­
te. su imión no puede llamarse un
argumento, con su tema, sus escenas
críticas y su resolución dramática.
El elemento del tiempo sirve sim­
plemente como una medida del des­
arrollo del cuerpo social. Lo que ha­
cen y dicen los personajes es una
ilustración de sus principios socio­
lógicos.
En U.S.A. existe aún menos argu­
mento, en el sentido convencional de
la frase, aunque tiene menos perso­
najes y el curso de sus vidas se des­
cribe más detalladamente, con menos
interrupciones. Cada caso se docu­
menta enteramente. Pero no son más
que los casos sacados del archivo de
un trabajador social.
La parte pública del libro la cons­
tituyen Noticiosos, biografías de
hombres famosos y lo que se llama
el Ojo Cinematográfico. Los noticio­
sos son un conjunto de fragmentos
inconexos, como los recuerdos de un
lector de diarios. Y precisamente esa
falta de conexión entre los distintos
ítems —escándalos, catástrofes, fi­
nanzas, trabajo, política, guerras—
es lo que pone de manifiesto su in­
terrelación en la trama de Iqs asun­
tos públicos. En la vida pública, co­
mo en la privada, no existe un ver­
dadero argumento; pero sí una ten­
dencia general, hacia la guerra, la
inflación o la agravación de los con­
flictos sociales. Pocos son los perso­
najes de la obra que se dan cuenta
de esa tendencia, o se preocupan por
ella, por lo que significa el proceso
en que se encuentran implicados.
Muchos lectores se quejan de la
falta de convencionalismos del mé­
todo narrativo de Dos Passos. Su ob­
jeto no es la reproducción completa
y literal de una escena presente al
ojo corporal según las leyes de la
óptica, sino más bien el reunirse den­
tro del marco de un cuadro, partes
representativas de muchas escenas
relacionadas entre sí, no por su pre­
sencia simultánea en el mismo lugar,
sino por una asociación mental, a
las que se da significado y efectivi­
dad estética por su arreglo en la nue­
va pauta visual. No hay motivo para
suponer que este principio de la com­
posición abstracta va a desplazar a
la tradición establecida ya en la no­
vela —que tiene la ventaja de seguir
un camino más normal al arreglar
imaginativamente las vidas huma­
nas. Basta con recordar a los lecto­
res que Dos Passos escribe de un mo­
do nuevo y distinto, y sugerirles que
busquen sus efectos en la misma di­
rección que él los buscó.
Los mismos lectores que se quejan
de su técnica, narrativa, se sentirán
repelidos por lo inconcluso de sus

historias y por el escaso valor y sig­
nificado de las -vidas que en ellas se
presentan. Bueno, pero es que ése es
precisamente el tema de Dos Passos.
Si no nos ofrece ejemplos de almas
generosas en busca de nobles fines
' es porque la vida contemporánea le
da la impresión general de gentes
ordinarias, presas en el mecanismo
de una sociedad sin alma, y los ca­
sos excepcionales carecen para él de
interés.
Pero en las biografías y noticiosos
hay sutilezas de intención que resul­
tan más agradables. Las incoheren­
cias del Ojo Cinematográfico son
una expresión perfecta de la inge­
nuidad de la niñez, de los anhelos
confusos de la madurez consciente.
Quizá el triunfo mayor del arte de
Dos Passos es la completa sumersión
de su estilo personal en el de sus per­
sonajes. El vocabulario y el idioma,
la retórica y la gramática son dis­
tintos en cada uno de ellos; y, sobre
todo, lo que podríamos llamar el to­
no moral, es siempre el de las perso­
nas que viven en la obra sus vulgares
vidas. Aquí reconocemos con deleite
el don del artista objetivo de entre­
garse por completo a su tema que,
en los volúmenes de comentarios per­
sonales, nos produce cierta decep­
ción.
Dos Passos nos ha dado una de las
pinturas más extensas y convincen­
tes de la vida americana, en algunas
de sus fases más características. Si

busca deliberadamente sus respues­
tas y soluciones, pero pasivo a los
impulsos más comunes del instinto.
Aquellos a quienes interese la poesía
y la metafísica, y nada más, negarán
a Dos Passos todo su atractivo y le
calificarán de inferior.
Pero los que tengan inclinaciones
católicas, considerarán al menos la
naturaleza de su intención artística.
Dos Passos no ama las almas chatas;
pero el tema de sus obras lo consti­
tuyen almas achatadas por el com­
plejo de la cultura que las ha crea­
do. Quejarse de que su representa­
ción no posee más que dos —o todo
lo más tres— dimensiones es simple­
mente quejarse del método y medio
más apropiado para su intención ar­
tística. Lo que debemos apreciar es
el virtuosismo brillante con que se
aplica ese método y la innegable
grandiosidad de su efecto.
Pero se dice también que su es­
tudio no es “ religioso”, que carece
de esos valores, de ese sentido moral
sin el cual el alma humana se con­
vierte en un tema poco edificante.
Pues bien, esa es la cuestión más dis­
cutida de nuestra época, y no puede
decidirse por el testimonio de una
horda de poetas y críticos, muchos
de ellos desconocedores deliberados
de la cultura intelectual de nuestra
edad. Cuando la psicología y la an­
tropología han reconocido unánime­
mente que el sentido moral y la re­
ligión misma tienen su origen natu­

ral en las experiencias normales del
hombre, en sus relaciones sociales, no
debemos tomar muy en serio la nos­
tálgica insistencia con que el poeta
trata de buscar sus orígenes en algo
más allá de las normales experien­
cias humanas. Y si bien el sentido
de la obligación es casi universal en
el hombre, no es aventurado suponer
que el sentido de culpabilidad (tan
claro en Joyce y í^afka) ha de ser
particularmente agudo en aquellos
lugares donde el complejo de la cul­
tura favorece su implantación. Des­
pués de todo, Dos Passos no es un
irlandés educado en un colegio je­
suítico, que lucha desesperadamente
por librarse de las ideas teológicas
que le han sido inculcadas, ni un ju­
dío austríaco que se golpea la cabe­
za contra los barrotes de la exclusión
y el desprecio.
Mas se dirá que el sentimiento re­
ligioso está muy difundido entre los
hombres y que su exclusión es la ex­
clusión de un elemento muy impor­
tante de la naturaleza humana. Eso
es evidente; pero al tratarse de una
obra de imaginación hay que pre­
guntarse qué partes de la naturaleza
humana quedan forzosamente fuera
de ella. El artista tiene siempre que
elegir el plano sobre qué piensa ac­
tuar; y la mayoría de los novelistas
han reconocido la prudencia de limi­
tarse a un plano determinado. Dos
Passos ha elegido el del hombre social-económico.

J orge L arco. La pirca (Córdoba). 1947. (Acuarela.)
retrocedemos ante el brillo helado de
la exposición, debemos rendirnos a
la fascinación que ejerce sobre nos­
otros como una obra de arte imagi­
nativo. Nos atrae su fértil inventiva,
su atrevida originalidad y la impre­
sionante estructura de su composi­
ción.
Pero esto nos lleva a la más radi­
cal de las objeciones que se han he­
cho a Dos Passos. Se dirá que su re- j
presentación de la naturaleza huma-1
na es puramente externa y superfi- j
cial, que su filosofía adolece del mis- j
mo objetivismo de que son víctimas
sus personajes, que no concibe al
hombre más que como un ser polí­
tico y económico. El que desee pre­
sentarnos el alma del hombre, dirán,debe presentarnos personajes con al­
ma. Pero a Dos Passos no le atraen
las honduras psicológicas y carece
de la fascinación de un Joyce o un
Proust, No trata de exponernos las
complejidades dialécticas de la cul­
tura europea y, con él, no nos inter­
namos en las deslumbradoras selvas
de La Montaña Mágica y José en
Egipto. No posee el amor poético de
las correspondencias simbólicas que
da tal altura imaginativa a las aven­
turas de K. y Earwicker, convirtién­
doles en tipos humanos universales.
Lo único que le interesa es la rela­
ción del individuo con el grupo his­
tórico de su tiempo. Y, sobre todo,
ha elegido al hombre moderno que

JORGE L
Por RO M U ALD O BRU G H ETT1

críticamente ostensi­
UNbledualismo
señala la aventura pictórica
de Jorge Larco. Lo lírico emboscado
y, lo dramático no previsto se diver­
sifican, trazan caminos diferentes,
aunque convergentes: el primero,
hacia lo espontáneo, temperamental,
del pintor de sensibles acuarelas, y
el segundo, se fortifica especialmen­
te en óleos que buscan la densidad
y la construcción e idéntico clima
moral en su devoción hacia gentes
del humano mundo.
¿Partir de la obra del artista pa­
ra ir al hombre? ¿Situarse en con­
traposición a lo que aquí se hizo du­
rante nuestra prehistoria artística?
Una pintura clara, limpia, de toques
rápidos emerge con aquietado ardor,
anima colores fluidos y etéreos. La
línea trazada en años de frecuenta­
ción del oficio, de técnica expeditiva
y fresca, con su esplendor ordenado,
afinan su decir, pero hay siempre
como una hora solitaria que parece
surgir del olvido del propio ser ínti­
mo en esos jugosos frisos, un no sé
qué que en Larco neutraliza el re­

bosar del pintor. Se lo ve, afinado,
dentro de una zona que le es pro­
picia. Un largo y paciente estudio
de obras clásicas y modernas lo agu­
dizan, lo hacen crítico buido, gozador y esteta en la maciza compren­
sión de Piero della Francesca, en la
lúcida interpretación plástica del
Greco, Goya o Picasso, o la locura
vuelta orden y medida creadora en
los alucinados arabescos de Van
Gogh. Estas devociones de Larco,
viven en su razonar lógico, pulido.
Pero existe una singular distancia
entre la ideal inteligencia que sueña
y la mano que realiza respondiendo
al pensamiento de belleza y verdad
ansiosamente buscado.
Por años se vivió en la Argentina
un clima que no era el nuestro. Na­
cimos como país cultor de lo artístico
hace apenas cuestión de décadas, y
se comenzó imitando no creando. Tu­
vimos que entregarnos a un apren­
dizaje lento, a formalidades caducas
muchas veces; andar y desandar ru­
tas difíciles fue lo propio del pintor
argentino, al punto que resulta exae-

Existe un concepto casi religioso
del que Dos Passos tiene plena con­
ciencia. Lo que Kenneth Burke lla­
ma “ piedad” . Es, nos dice, el deseo ’
el impulso de todo ser humano a
identificarse con el grupo. Y esto no
es más que el desarrollo humano del
sentido gregario de los animales. Los
personajes de Dos Passos, razonable­
mente gregarios siempre, carecen de
ese tipo de piedad que Jesús llama
“ amor” . Pero no olvidemos que ése
es su tem a; que nos está pintando
una sociedad que desconoce sus com­
ponentes. Y el desamor atómico de
sus personajes es una señal de lo que
él considera el gran desiderátum. Si
el lector no lo reconoce así es porque
se le ofrece un realismo objetivo
cuando él esperaba un tono de fran­
ca sátira.
Pero a estos personajes les falta
algo para convertirse en seres de
carne y hueso, y es la concepción y
prosecución voluntarias de fines que
se consideren valiosos. Aquí, de nue­
vo, debemos conceder a Dos Passos
el beneficio de la duda y asumir que
precisamente eso era lo que deseaba.
Que aspira a pintarnos una sociedad
que va pasivamente a la deriva, sin
el beneficio de un control interno.
Sus personajes son, en su mayor par­
te, simpáticos y fáciles de compren­
der, pero rara vez dignos de amor o
admiración y, por esa razón, carecen',
de importancia individual para el
lector. Y ese es el principio y fin de
sus faltas. Sus personajes no tienen
la “ simpatía” de los de Tolstoi, Dickens, Henry James o André Malraux. No poseen el interés psicológi­
co de los de Dostoievski o Proust, ni
el interés poético de los de Kafka.
Su visión del hombre no es religiosa,
sino racionalista. Y la mayoría de
los lectores modernos prefieren la i
psicología y la visión religiosa, ade­
más de unos personajes razonable­
mente simpáticos.
Como siempre, el'lector tendrá que
consultar su gusto. Pero los gustos
cambian y se ensanchan. Dos Passos
es ahora un autor consagrado, aun­
que no popular. Es un artista de
atrevida originalidad, ingenio y va­
lor. Ha abarcado el escenario norte­
americano de modo más adecuado
que otros novelistas. Sus comentarios
sociales son mordaces y vivos. Ha
sobrevivido a veinte años de crítica.
Dentro de veinte años más no tendrá
necesidad de apologías. Nuestros hi­
jas verán en él a uno de los clásicos
americanos.

ta la palabra de André Malraux: J
“ La primera materia del artista i
no es nunca la vida, es siempre^
otra obra de arte. ’ ’ ¡ Qué iba a
aprender Larco, de Romero de To­
rres, si no era, por lógico contragol­
pe y al cabo de los días, el repudio 1
a toda pintura convencional, hecha
de manera académica! Pero, natu- ■
raímente, del comenzar a ver al ha­
cer se cruza un trecho erizado de di­
ficultades, aventurado o desventura­
do, y es necesario templarse, soltar
amarras, recomenzar. Es así cómo,
Larco, después de sus diversos que­
haceres de decorador y de dibujante
de culta inventiva, endereza su brú­
jula de inquietudes hacia una pin­
tura de tonos oscuros, graves, de
construcción austera. Entonces, lo i
dramático asoma; es, cuando, en
1931, pinta el retrato de la madre, j
Su paleta, obvio es remarcarlo, de- |
bió hallar con anterioridad las defi- i
iliciones del color, un color pastoso
hecho tono, con el cual el cuadro está |
inscripto, fluyente materia cromáti- j
ca nada seca, nada árida e incluso
de sabor táctil, en Los santos de pa­
lo, 1930.
El artista se- agita: su riguroso
control crítico acrecienta su posición
ante la vida del arte. Sin embargo,;
existe un gran peligro que es propio
de una civilizada observación en
aprecio de las cosas, o, si se quien,■
de la índole propia de cómo se vive:
surge el peligro entre la forma y la
fórmula, advertencia que en instan- j
tes se posesiona de Larco, lo mantie-1
nen fuera de sí, lo acosan, hasta que,
liberado, airoso ya en la luz de su
pintura, obtiene Muchachos de circo,
en 1934. Esos cuatro años —1930-

�cabalgata

no pasa en las ciudades
E La tiempo
donde me llevaron, en casas

J orge Largo. Gonzalito. 1947-48. (Oleo.)
1934= son decisivos en su expresión,
lo libran de los inquietantes fantas­
mas de un hacer diversificado que
dice de un temperamento zahori. Se
observa de qué modo Larco comienza
a dejarse ir, a no temerle al propio
demonio o ángel que en él pide ex­
pansiva adhesión a las cosas de la
naturaleza, paisajes gustados en ca­
lles y rincones de Buenos Aires, o
asomándose al campo, o en el Tigre,
internándose en los canales del Del­
ta, o yendo a instalarse en la costa
atlántica de Mar del Plata. Vendría
pronto e.sa soltura elegante de quien
se sabe seguro esgrimidor de su ins­
trumento y, en los momentos alegres
o tristes, aunque los sentimientos no
se diversifiquen ni se aclaren en este
pintor, una galana sinceridad se
vuelca hacia una canción o una me­
lodía sutil que vive dentro de los ob­
jetos sensibles y naturales: la luz del
sol, una pradera, un bosquecillo o
monte criollo, las aguas, las vivien­
das del hombre, el hombre mismo. Y
a esta altura, Larco, que ya ha pin­
tado bodegones excelentes y cultiva­
do, en acción de investigador y es­
tudioso, una naturaleza de la que la
vida ha huido, emprende la cons­
trucción de retratos —acuarelas y
óleos, simultáneamente— donde se
le aparece una faceta de problemas
reales bajo los cuales apunta el ca­
rácter. Aquí, es cuando vuelve aquel
sentido doloroso, hasta trágico, de
la figuración de su madre española.
Gentes de existencia modesta, gentes
del pueblo (leñadores, campesinos)
entran en sus telas mayores, le per­
miten atender a lo corpóreo y ale­
jarse de un refinado gusto —visi­
ble en tantas acuarelas— que le
ofrepen la necesidad ineludible, en
su aparente facilidad, para tentar
otra vez, al igual que en el Delta,
mas con mayor alcance expresivo, la
serie de paisajes del Brasil, una na­
turaleza suntuosa que enriquece su
eolor. que realza sus valores, y lo in­
ducen a la aventura de una espon­
taneidad pródiga y viviente. Empe­
ro, debemos aguardar aún, y, lo dra­
mático, iría insinuándose con deco­
rosa presencia en momentos en que
Larco vuelve a la España de sus
añas juveniles, a una España a la
cual regresa después del desgarra­
miento de la guerra civil. TTna Es­
paña, que, para él. nacido en tierra
de llanura, se le habría de agolpar
por conducto de toreros y monjes,
como una obsesión espiritual que lo
muestra igual a sí mismo y diferen­
te, buscando esa nota honda y pe­
netrante que alentaba secretamente
en su arte.
Grises ardientes atormentaban su
mirar en las acuarelas españolas ac­

tuales y, a la par, en los óleos se
siente a Larco inquisidor del volu­
men, un volumen no marcado en sus
aristas, al contrario, de tonos suel­
tos y libres. El retrato, fuerte cabe­
za hispana, de Almazán, el Torero
en rojo, su hermana Sarah, Gonza­
lito Losada, sueltan sus corrientes
expresivas, lo afirman en rigores
formales y tonales, lo constriñen al
cultivo de una naturaleza vuelta
fundamento del alma. Larco respira
tocado ya por una intuición de ma­
durez de espíritu que sube en el pai­
saje de oros llameantes del cielo ma­
drileño.
Ahora, el fervor lírico —que entra­
ña substancia dramática—, brota co­
mo fuente clarísima en sus acuarelas
—feliz contraparte— de la Córdoba
argentina. Siempre sintió Larco el
paisaje, los cielos, los árboles, los es­
pacios no abstractos sino reales, y
aquí, su visión cordobesa, recuerda
a ciertos fondas que hemos visto en
renacentistas italianos, españoles o
flamencos, esos fondos que son las
venas de la pintura, complementadores de una composición, una figu­
ra o un retrato.
Manchas esenciales forman el
equilibrio armonioso, estructuran un
friso de sutilezas no preciosistas. Los
colores se han hecho intensos, soste­
nidos en aires de serranías, árboles
y nubes. Hay una diversidad de vi­
sión en esas nubes caídas sobre la
montaña azulosa, y la lluvia ha de­
jado en la atmósfera su sueño de
frescor. Una vida dulce, calmosa, de
verdes praderas, dinámicos cielos
—como desflecados, muy ricos en
coloraciones y líneas entrecortadas
y vibratorias— vienen a desembocar
en su temperamento y crean un es­
tilo inconfundible, su estilo. Así, pa­
ra crear un clima de íntimo drama­
tismo, le bastan follajes de árboles
coposos, una peña, o un tajo gris ha­
cia arriba, cortando el cielo, a con­
traluz. Las sierras claras o cubiertas
de leves sombras, un valle o un ca­
serío de rojas techumbres de ajusta­
dos ritmos —La Cumbre, Calamuehita, Cruz Grande, Cruz Chica,
Allende— , y los azules transparentes
del río de los Reartes, izan su nostal­
gia o incitan a una alegría de ar­
mónicos verdores.

iguales, entre hombres iguales. Siem­
pre tuve miedo por lo que iba a su­
ceder; una vez sucedido, no podía
cambiar la situación: así desde la
infancia, en el pueblo. Por eso
necesito explicarlo. Fué por un pe­
rro. El perro es un animal domés­
tico; lo sé. Se tiende al costado, se
queda horas en silencio, única cer­
canía el calor de su cuerpo junto a
nuestros pies; se lo hace guardián
de la casa, rondar las noches, jugar
con los niños. Es el perro de la casa,
que se puede alejar con un puntapié,
sin que siguiera gruña. Por las no­
ches no, un perro en la calle: es­
pera en los baldíos, apresurando los
pasos; a veces huele los botines y el
borde- del pantalón, sin lamer, sin
gruñir, pero se siente su presencia;
nuestros pasos se alargan, sin deci­
dirnos a correr, sin dar vuelta la ca­
beza. El perro puede seguir cuadras
y cuadras.
En los viernes del pueblo un pe­
rro puede ser el séptimo hijo de
cualquier familia conocida, que esas
noches sale a penar por los pecados
de todos los suyos, el lobezno que no
se debe matar porque se convierte
en el hombre o la mujer de todos
los días, con ojos cansados y fieles,
de perro que va a morir. Los sába­
dos los séptimos hijos tienen el can­
sancio de esa noche en que, inteli­
gentes y con memoria, siguieron, co­
mo perros, nuestros pasos.
Fué un sábado, después de una no­
che horizontal de burdel. Habían
pasado muchas cuadras desde el su­
burbio hasta la plaza, poco antes
de llegar a mi familia. En la roton­
da, único lugar iluminado, tuve la
sensación de su presencia; no me
di vuelta, no vi su sombra, pero sentí
con todo el cuerpo su respiración.
Miré si estaba abierto algún café,
ninguno; la policía cerrada y a os­
curas; faltaba una cuadra y media
para mi casa; los edificios cerraban
sus sombras, haciendo intransitables
las veredas, la calle con la agudeza
de adoquines sin gastar; no podía
huir, con el cuerpo frío V duro
cansado de aquella noche. El perro
había acomodado sus pasos a los
míos; sin embargo, estúpidamente,
en la medial cuadra final, después
de doblar la esquina, corrí. Al llegar
a la puerta de casa, demoré en en­
contrar la llave, en abrir la puerta,
torpe como nunca; por fin, adentro;
cerré la puerta con el temor de que
la llave sé me cayese y quedara del

lado de afuera, en donde la alcan­ bamos por la rotonda de la plaza
zara el hocico del animal. Me re­ me decidí: darme vuelta brusca­
mente para conocer su color y con­
costé unos minutas, escuchando; el
zaguán apenas iluminado por la luz firmar si su tamaño coincidía con el
de la calle que atravesaba los cris­ que yo le había calculado en la ca­
tales de la puerta; la respiración se ma ; lo hice junto a la luz de la co­
me había multiplicado en las mu­ lumna; el perro había desaparecido.
ñecas y la garganta. Pude, a oscu­ Corrí hasta casa y me acosté sin
ras, llegar a mi dormitorio; prendí prender la luz; fué imposible tenerlo
el velador, me desnudé con prisa, a mi lado; aunque no podía dormir,
me tapé rápido. Estaba tranquilo: no me daba vuelta en la cama, casi
no respiraba, esperando que apare­
el animal no había entrado en la
ciera. A las cuatro de la mañana no
casa.
En la cama, con las sábanas en­ aguanté más; salí a buscarlo. El cie­
tibiándose, todo tapado, comencé a lo brumoso comenzaba a verse en
temer que el perro hubiera podido colores como luz, los focos eléctricos
entrar conmigo, que estuviese en palidecidos bruscamente; algunas
esa habitación, tendido junto a la esquinas ya tenían su forma, corría
cama, su hocico cerca de mi mano. aire fresco. Hice el camino desde mi
No me atrevía a sacar el brazo para casa hasta el centro de la rotonda,
apagar la luz; mi mano podía ser cuatro veces, en cuatro posibilidades
lamida por una lengua pegajosa, de recorrido: iba hasta el centro de
que se iba a adherir hasta que por la plaza, caminando con lentitud, sin
esa mano me fuera consumiendo to­ mirar a los lados; cambiaba de ve­
do el cuerpo. Tenía sed; para alcan­ redas, unas veces por la orilla, otras
zar el botellón de agua, corrí el bra­ pegado a la pared; no aparecía. En­
zo lentamente, la mano junto a mi tonces recorrí las otras calles; pri­
cuerpo, lentamente hasta el borde mero las del centro, todavía silen­
de las sábanas; después, con rapi­ ciosas ; después los suburbios, donde
las casas se pierden entre enreda­
dez, la dirigí al botellón, me serví
el agua, bebí un sorbo largo, frío deras y árboles: nada. Llegué hasta
como escarcha; con la misma mano los vaciaderos de basura, entre vi­
apagué la luz. Me di vuelta hacia drio y latas, huesos y trapos, mate­
la izquierda, sobre el corazón, como ria pudriéndose, caminé entre los
montones sin color; fui a¡ las carni­
lo hacía antes. Entonces lo sentí:
su bulto caliente en la cama, pega­ cerías que se inaguraban con sus
do a mí, su hocico húmedo, sus pa­ reses chorreantes; recorrí los merca­
tas ásperas. Al principio me fué im­ dos. Anduve hasta las ocho, la hora
posible conciliar el sueño; quería de ir al trabajo.
No sé cómo pude aguantar la ofi­
levantarme y llamar a mis herma­
nos, echarlo de la casa; no me atre­ cina aquella mañana. La impresión
ví. Paulatinamente el sueño me in­ \ d e cansancio me impedía trabajar;
vadía, sin quererlo me acercaba a sentía algo extraño, sin que pudiese
aquel bulto caliente, lo confundía concretarlo. A las doce volví a mi
con mi cuerpo; me dormí hasta el casa; reconocí la molestia : el costado
alba. A la mañana, cuando desper­ izquierdo del cuerpo se me había
insensibilizado, como bañado en
té, había desaparecido.
Durmió conmigo quince noches. éter; me encerré en el dormitorio
A poco, acorté las salidas nocturnas y lo palpé desesperadamente, lo gol­
para acostarme cuanto antes, seguro peé ; todo el costado izquierdo de ce­
de que lo iba a encontrar. No sé mento insensible. La tarde la pasé
qué hacía por las mañanas y las acostado, acariciando ese frío pedazo
tardes; en la casa no lo vieron nun­ de mi cuerpo; casi me había olvida­
ca. Salía temprano, antes de que me do del perro. A las diez de la noche,
despertara, andaba afuera durante siempre en la cama y a ascuras, no­
el día, me esperaba por las calles té su ausencia; sal! a buscarlo. A
nocturnas, siempre dos cuadras an­ medida que caminaba el calor re­
tes de llegar a casa. Traté de en­ gresaba al pedazo izquierdo del
contrarlo en los perros que se me cuerpo, como si la sangre, antes
cruzaban de día; los miraba para coagulada, volviese a circular libre­
reconocer su volumen y su fideli­ mente. Anduve hasta el alba, en.
dad, pero era inútil.
vano.
La noche siguiente, después de un
La noche del décimoquinto día lo
sentí más cerca que nunca, su res­ día peor que el anterior, compren­
piración se iba haciendo con mis dí que debía esperarlo en la cama,
pasos, su olor, el mío. Cuando pasá­
' (
(Continúa en la página 13)

A ti, instantánea rosa sumergida,
alivio de la sed de los colores,
diría, seguramente pensando en Lar­
co, a quien envía inédito su soneto
“ A la Acuarela”, el poeta Rafael
Alberti:
A ti, río hacia el mar de la pintura.

J orge

Larco.

Ruinas (Madrid). 1946. (Acuarela.)

�cabalgata

10

H A B L A

PEDRO PERR0TTA
Socio Gerente de la IMPRENTA LOPEZ
Los v e in tic in c o años de acción in ­
in te rru m p id a que don P e d ro P e r r o tta
llev a re c o rrid o s en las a rte s g rá fic a s
h a b la n bien a las c la ra s do su c a ­
p a c id a d en el grem io, re fre n d a d a s por
su a ctu ac ió n como Socio-G erente de
la Im p re n ta López. Ello nos p riv a de
m ayores com entarios sobre sus m é ri­
tos, y a revelados en estas lín e a s p r e ­
cedentes.

Acaba de Aparecer

H. G. Wells

DE ESTA CRISIS RESURGIRA LA IIMDUSTRIA EDITORIAL
FORTALECIDA

A PROPOSITO DE DOLORES
S 8.—
Uno de los más famosos escritores ingleses de nuestro tiempo nos hace
asistir a la experiencia atroz de trece años de matrimonio convertidos en
“ el caso de Steplien Wilbeck contra Dolores”. Porque la vida es muy
distinta del amor imaginativo, y tiene realidades imperiosas que el autor
analiza valiéndose de las múltiples facetas del matrimonio como de un
prisma de singular luminosidad y eficacia que va enfocando a lo largo
de éste que él denomina “ un relato sobre la felicidad y la soledad del
espíritu.. . ”

De Publicación Inmediata
en la misma Colección

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EDITORIAL POSEIDON

ESE

REVISTA DE REVISTAS
( Viene de la página 7)
V ic e n t e H uidobro
En el ejemplar 271-272 de “ Aterrea* \
revista "mensual de la Universidad de Con­
cepción (Chile), Julio Molina publica un
estudio panorámico de la personalidad y
obra de Vicente Huidobro. No se trata
del ensayo definitivo que la poesía de Iluidobro exige, pero apenas desaparecido e)
extraordinario poeta, esta recordación que
hace Julio Molina no puede ser más opor­
tuna, si tenemos en* cuenta además, como
lo señala él mismo, que “ A la impresión
nacional causada por su muerte, no aque­
lla del periodismo corriente, el que casi no
se dignó registrar esta pérdida defini­
tiva . . . **
_______

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eficaz, rá p id o y com pleto m étodo p o r
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c o n sa g ra d o s a la e n se ñ a n z a del id io ­
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LIBRERIA DISTRIBUIDORA BERtlADES. S.R .L
Av. Entre Ríos. 635 -

T. 1. 37-5103 -

Buenos Aíres

Después de ubicar el estado de las le­
tras chilenas en el momento en que Hui­
dobro adviene, explica Molina lo que el
poeta significó por el aliento nuevo que
traía, aunque aun no era el Huidobro a
quien más tarde Madrid recibiría con el
entusiasmo que otrora lo despertara Da­
río. Porque Huidobro comienza a entregar
su mensaje, el que perdurará, a partir de
“ A dán” , publicado en 1917, poema del
que él mismo dice: “ Mi Adán, no es el
Adán bíblico, aquel mono de barro al cual
infunden vida soplándole la nariz: es el
Adán científico. Es el primero de los seres
quo comprende la Naturaleza, el primero
en el cual se despierta la inteligencia y
florece la admiración” . Claro que esto no
podía ser bien recibido en Chile en 1917
y, tal cual anota Julio Molina, “ la polé­
mica no se encendió aquí, debido al viaje
que Huidobro emprendió por Europa por
ese entonces” .
Y desde este ‘ ‘ Adán’ ’ hasta el legado
inédito de las ‘ ‘ Historias diminutas ’
hay treinta años en la vida de uno de los
poetas más peculiares de la lengua caste­
llana del siglo XX, creador de escuelas,
teorías, y de esos hermosos libros “ Ver y
palpar” y “ El ciudadano del olvido” ,
en donde todos esos pensamientos se resu­
men. Esos pensamientos que se encuentran
en sus “ M anifiestos” , de los cuales Julio
Molina cita los siguientes: “ La verdad
del arte termina allí donde empieza la ver­
dad do la vida” , y “ Mientras el sueño
perteneco a todo el mundo, el delirio no
jjertenece sino a los poetas” , que también
se hallan expresados en las respuestas que
Huidobro entregara a Anguita y Volodia
Teitelboim en contestación a una encuesta
sobro estética, y que Molina recoge en su
nota de “ A tenea” :
“ La poesía es un desafío a lo
razón, pues ella es la superrazón.
“ La poesía es la revelación de sí
mismo. Esta revelación nace del
contacto de un hombre especial
(el poeta) con la naturaleza
La poesía es la ohispa que bro­
ta de ese contacto.
“ Es preciso creer en el arte co­
mo en un acto mágico, el más
puro “ tótem ’ ’. E s el gran mis­
terio. E s el secreto inexpli­
cable.”
M. G.

&gt;

• Saneamiento del mercado.
• Dificultades exteriores e internas.
• Los precios de los libros.
LVIDANDO por un momento la adustez
de su ceño, y mientras nos invita »

compartir sus cigarrillos, don Pedro P e­
rrotta va hilvanando sus pensamientos p a ­
ra responder a nuestra “ interview” sobre
los problemas de su gremio.
—Este año —comienza diciéndonos—
los editores aún confrontan la dura prue­
ba a que las dificultades por todos cono­
cidas han sometido a la industria, a pesar
de cuanto pueda significar la ayuda otor­
gada por el Gobierno, pues no hair des­
aparecido las causas que motivaron la
crisis porque atraviesa la misma.
—¿Tenderá a normalizarse la situación?
—Este mismo año han de notarse se­
guramente tales síntomas, a poco que pue­
dan concretarse las promesas de la des­
aparición de algunas, si no todas, de las
causas que han afectado en distintos sen­
tidos la industria editorial argentina, en
la que debemos seguir manteniendo la
misma fe que la hizo posible.
—¿Cree que de esta crisis saldrá for­
talecida la industria?
—Y también consolidada, toda vez que
la experiencia recogida en esta emergen­
cia rendirá buenos frutos en el futuro.
—¿A qué razón adjudica usted la cri­
sis actual ?
—No sólo son imputables a dificultades
del comercio exterior sino también, y en
muy buena parte, a razones que podríamos
decir, de orden1 interno. En el orden ex­
terno tenemos, en primer término, yr como
factor preponderante, las dificultades de
divisas que han llegado a paralizar la
exportación de libros a varios países, ex­
celentes m e r c a d o s anteriormente para
nuestros libros.
—¿Y en el orden interno?
—Debemos referirnos, mal que nos pese,
a la improvisación con1 que ha sido en­
carado por parte de muchos el negocio edi­
torial ; al deseo de tener en el menor
tiempo la mayor cantidad de títulos pu­
blicados, la que hizo que no siempre fue­
ra acertada la elección de los mismos, y,
alterándose por otra parte y por esta ra­
zón el normal desarrollo do una industria
de esta índole, donde —y contrariamente
a lo que aconteció y acontece eir otros ra­
mos—, la oferta superó en mucho a la
demanda, e inclusive a las posibilidades
de lector.

—¿Acerca del costo de los libros al
público?
—Los precios actuales, eu virtud de los
constantes aumentos ?n materiales y ma­
no de obra, han contribuido a agravar
la situación, pues es sabido que el libro
es uno de los pocos artículos cuya venta
dispiinuyó por esta circunstancia.
—A pesar de estas causas, ¿se man­
tiene el mercado?
—Existe siempre buen mercado ]&gt;¡ira to­
do aquel libro cuya publicación lleva una
evidente necesidad o cuyo contenido des­
pierta en el lector la inquietud. Hoy, a
pesar de la crisis, hay libros que se ago­
tan rápidamente, y no me refiero sólo
a los libros que pudieran clasificarse de
novedad, sino también a otros ya reedita­
dos. El conocimiento de estas razones ha
inducido a los editores a rever y unificar
sus planes adaptándose a estas razones, y
muchos de ellos están sorteando las difi­
cultades, pesando y pulsando las posibili­
dades de cada título antes de decidir su
publicación.
—Veamos su opinión acerca del apoyo
oficial.
-El aprobar una ley de ayuda a los
editores tendrá sin duda beneficiosos re­
sultados, pero, una verdadera solución al
problema que enfrenta la industria seria
la de lograr —por los medios oficiales que
fuere preciso— la regularizacióir de los
pagos en el exterior, que indudablemente
tendrían la virtud de tonificar en forma
rápida y real a la misma, pues hoy no
sólo hay crisis de venta, sino que también,
¿qué distribuidor o editor se atreve a ser­
vir pedidos o mantener servicios de nove­
dades con libreros de países cuyo cobro
sabe difícil y largo, sino imposible en las
actuales circunstancias? Auir cuando esos
editores se acojan a la ayuda oficial, di­
fícilmente —y creo que con buen senti­
do— han de modificar tal criterio.
—Pero este inconveniente puede tener
solución. . .
—Espero que ello sea posible, pues exis­
te la mejor disposición para ello y así debe
hacerse si se quieren mantener como hasta
ahora los mercados de América para el
libro argentino, a los que en estos momen­
tos llegan en cantidades reducidas.
—¿Sobre el libro español?...
—Es de preveer, también, que esta cir­
cunstancia permita a otros países procurar
suplantarnos, y la inquietud de tales con­
quistas alienta no sólo en España y Mé­
xico, sino también en Chile, y, si bien es
cierto que en circunstancias normales po­

dríamos luchar con ellos con ventaja, no
es menos cierto que las razones actuales
permiten a los mismos la introducción de
sus libros, precisamente en aquellos países
donde los nuestros no son enviados o lle­
gan en pequeñas cifras.
—¿Sobre el problema de las divisas?
—A pesar de las amplias facilidades que
los editores españoles tienen para la colo­
cación de sus ediciones, diversas circuns­
tancias han hecho que su influencia no se
haya hecho sentir en forma decisiva, pero
lo que no ha sucedido hasta hoy puede
producirse mañana; esta es una de las
razones fundamentales para que se procure
hallar la solución deseada al problema de
las divisas, pues es esta una industria
creada con sentido y para servir al mundo
do habla española. Ella, naturalmente, no
se hubiera desarrollado —de manera al­
guna— hasta adquirir la magnitud ac­
tual si hubiera debido mantenerse dentro
de los límites nacionales; de lo contrario
corremos el riesgo de vernos suplantados
en el mercado americano.
—¿Cree que el stock de libros existen­
tes aminorará las impresiones?
—No lo creo; no afectará los nuevos
títulos ni la reimpresión de aquellos cuya
demanda es siempre permanente, pues el
del libro no es un negoeio de ofertas de
existencias, sino de permanente ofreci­
miento de nuevas obras de interés.
-—Habrá nuevas ediciones y nuevos edi.
to res.. .
— ¡Claro!. . . ; pero este es un fenómeno
que no debe alarmarnos porque el mismo
ha sido sufrido en distintas épocas por
todos los países que pueden enorgullecerse
de tener hoy una importante industria
editorial.
—Más aún; esa misma circunstancia
hará que se sanee poco a poco y paulati­
namente el mercado y se obtenga así una
nivelación entro lo/ publicado y la capaci­
dad de absorción del mercado, permitiendo
así, a la venta y exhibición de cada título
el tiempo, el lugar y cariño que el libro
merece.
Una amplia sonrisa ilumina las últimas
palabras de este gran amigo del libro, don
Pedro Perrotta, que gentilmente accedió a
brindar estas opiniones suyas acerca del
problema editorial, en mérito a la inquie­
tud que Cabalgata está despertando en el
ambiento sobre tan debatido asunto 'con
singular eficacia.
O. E.
—

LES CIÑO LIVRES DE
F. R A B E L A I S

Pida a la

LIBRERIA POSTAL

(Comentario bibliográfico a la manera de algunos diarios)

P OR
los

u n e x p lic ab le re tra s o , a trib u íb le a
re c ie n te s a co n tec im ie n to s que son del
dom inio p ú blico y a la s to rm e n ta s m a rítim as
que h a n hecho e n c a lla r el b a rc o que nos tra ía
la s ú ltim a s n o v ed ad es eu ro p eas, acabam os de
re c ib ir de F ra n c ia , L es cinq liv res do F.
R ab e la is, o b ra que se h a lla in te g ra d a por
u n a P r im e ra P a rte , a p a re c id a y a en 1532
b a jo el títu lo de L es h o rrib le s e t espoventa b le a fa ic tz e t p ro u e sse s du tresren o m m é
P a n ta g ru e l, ro y des D ipsodes, file d u g ra n t
g e a n t G a rg a n tu a , y cuyo a u to r se ocu ltab a
b a jo el seudónim o a n ag ram átic o de Alcofib ra s N a sie r. E n 1535 a p arec ió la S egunda
P a rte , L a vie tre s h o rrific q u e du G ran G a r­
g a n tu a , p é re de P a n ta g ru e l, ja d is com posée
p a r M. A lco frib as, a b s tr a e te u r d e q u in te
essence, que p o r u n a de la s ta n ta s a r b itr a ­
rie d a d e s d el a u to r c o n stitu y e en e sta edición
quo com entam os la P r im e ra ; p a sa n d o a ser
a q u ella la S eg u n d a. Y a p e rd id a to ta lm e n te la
v e rg ü e n za , p u b lic a b a jo su v e rd a d ero nom ­
b re , en 1546, L e tie rs liv re des fa ic tz et
d ictz h e ro iq u e s du noble P a n ta g ru e l; en
1552, L e q u a rt liv re de P a n ta g ru e l; los 16
c ap ítu lo s in ic ia le s de la Q u in ta, y últim a
p a rte , b a jo el in o c e n te y engañoso no m b re de
Le isle so n an te , c o m pletándose en fo rm a póstu m a en 1564 como Le cinquiesm e e t d e rn ic r
liv re de P a n ta g ru e l. Todos esto s e ngendros
de u n e s p íritu d e sc a rria d o y p e rv e rso recién
a h o ra h a n sido re u n id o s en u n solo volum en
C reem os in n e c esa rio te n e r que in s is tir so
b re el hecho — re p u d ia b le en todo sentido—
de h a b e r u tiliz a d o p a ra ta n b a jo s fin e s una
ta n sublim o y c ris tia n a in v e n c ió n como le
es la im p re n ta , p a ra d a r a luz lib ro s que
como el p re s e n te no sólo h a n sido m u y ju s ­
ta m e n te c e n su ra d o s p o r la S orbona, m uy r e s ­
p o n sab le m e n te co n d en ad o s p o r el P a r lam en
to , y m uy s a b ia m e n te in c lu id o s en el In d ex ,
p o r re so lu c ió n de la S a g ra d a C ongregación, *
sino que c o n trib u y e n de m a n e ra visib le a la
d iso lu c ió n de la s c o stu m b re s, a to n ta n co n tra
la s sa g ra d a s in s titu c io n e s del E sta d o , la
Ig le s ia , rid ic u liz a n el m atrim o n io , la c a s ti­
d a d , y re la ja n el re sp e to que debe te n e rse a
la s a u to rid a d e s civiles y re lig io sa s.
No es pre c iso s e r m uy p e rsp ic a z p a r a a d ­
v e r tir la s d e sv e rg o n z a d as alu sio n es que c o n ­
tie n e y s a b e r que los p e rso n a je s tod o s de es­
t a a b r a son u n a c o n tin u a y cín ic a a le g o ría :
*

Y e r los c o rre s p o n d ie n te s c ab leg ram a s de
la U . P . que en su o p o rtu n id a d p u b lic á ­
ram os.

---- 1
G a rg a n tu a es F ran c isco I ; G ran d G ousier,
L u is X I I ; P a n ta g ru e l, E n riq u e I I ; P icrochole,
M axim iliano S foroe; G argam elle, A na de
B re ta ñ a ; B adebec, la R ein a C la u d ia; el G ran
Ju m en to , D ia n a de P o itie r s ; P a n u rg o , el
C ard e n a l de L o rra in e , etc.
N os ocupam os de e ste libro, haciéndolo
m e re c ed o r de u n c o m entario b ib lio g ráfico
m ás ex ten so que los h a b itu a le s, a ú n sabiendo
a c ie n cia c ie rta que n a d ie lo re c o rd a rá d e n ­
tr o de u n p a r de años, p o r se r u n síntom a
do los tiem p o s que co rre n . L a s re p u g n a n te s
e irre s p e tu o s a s a v e n tu ra s de lo s p e rso n aje s
do e ste lib ro — cuyo a u to r h a e stu d iad o m e­
d ic in a en la im pía U n iv e rs id a d de M ontp e llie r, lo que y a es sin to m á tic o — deshou
ra d o p o r la s c o n tin u a s im p ie d a d es y obsce­
n id a d e s p u e sta s en boca de los m ism os, lo
p ru e b a n . Son c e n te n a re s de p á g in a s re p le ta s
de d e sh o n e stas s á tira s , lo c u ra s, e x tra v a g a n ­
cias y p u lla s p e sa d a s y a tre v id a s, en la s que
so p re te n d e a b o rd a r g ra v e s p roblem as filo
sóficos, re ligiosos y p o lític o s en m edio de
tru h a n o ría s y b u fo n a d a s re a lm e n te in s o ­
le n te s.
Su e stilo es a b su rd o , h a cién d o se a ra to s
in co m p ren sib le. C rea, con c ritic a b le audacia,
neogolism os con p a la b ra s s ac a d as y m a ltra ­
ta d a s d el la tín , griego, e spañol, hebreo, p e r ­
sa, alem án, y m uchas o tra s do su p ro p ia in ­
v e n ció n ; todo lo c u a l re d u n d a p e rju d ic ia l­
m ente p a ra la c o n se rv a c ió n de la p u re z a de)
id io m a en el c u al p re te n d o h a b e r sido os
c rito . R e c u rre a la s m ás b a ja s y g ro se ra s
ex p re sio n e s, la s co m p aracio n es m ás re p e le n ­
te s y los g iro s m ás soeces.
E stim a m o s quo d e b en e x tre m a rs e la 3 m e­
d id a s y la v ig ila n c ia p a ra re p rim ir nuevos
in te n to s como é ste de a lte r a r el o rdon exis
te n te , p u e sto que e n tre g a a la b u r la de la
p le b e n a d a m enos que la s a u to rid a d e s constitu íd a s , poniendo en te la de ju ic io el v alor
de la e n se ñ a n za im p a rtid a o ficialm en te, se
e n sa ñ a c o n tra la Ig le s ia , g u a rd ia n a dé la
m o ra l y la s b u e n a s co stu m b res.

Insistimos en nuestra prédica: libros que
aborden directa o indirectamente temas de
tanta gravedad sólo debieran aparecer eu
latín y con las debidas licencias, puesto que
no puede entregarse al escarnio del vulgo los
fundamentos eternos de la sociedad cristiana
y occidental.
E L V IC E S U B P R O S E C R E T A R IO
D E RED A C CIO N .

contrarreembolso,
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�cabalgata

11

J ijeas F r a n c e s a s
UBO un tiempo en que todas las
ideas eran francesas,
sin que hubiera necesidad de decir­
lo, porque Francia lo era todo en
Europa y Europa era casi todo el
mundo. Francia era entonces uni­
versal por el simple hecho de que
ella sola producía las ideas que el
universo adoptaba, y no la preocu­
paba el “pensar en francés” — esa
doble falta de pensamiento y de
francés.
El funesto “nacionalismo”, na
cido en Prusia por culpa de un
corso jacobino que Labia conquis| tado ya Francia, ha cambiado todo
esto desde hace un siglo. Hoy ve­
mos que las especialidades nacio­
nales triunfan en todas partes en
los dominios de la cultura y hasta
en los de la cocina. La filosofía es
alemana, las novelas y los films
norteamericanos, la poesía inglesa,
la doctrina política, soviética. Y la
elocuencia ha pasado de moda y la
ciencia es internacional. .. ¿Qué le
queda pues a Francia? ¿Qué es lo’
que el mundo espera de una Fran­
cia que, de hecho, no es ya univer­
sal, que no es una potencia de pri­
mer plano y cuya lengua retrocede
ante el inglés? ¿Por qué razón, y
a pesar de todo, Francia goza hoy
en el mundo entero de un crédito
de amistad que no se concede a
ninguna otra nación, de un presti­
gio de cultura incomparable?
Bello misterio al que hay que
aproximarse con cierta delicadeza,
desde lejos y como un extranjero.
Porque los franceses viven así, sin
sospecharlo, conscientes de todo
excepto de que son las personas
más conscientes del mundo, del
mismo modo que tienen su clima
templado por el clima normal del
hombre, olvidándose de que es una
I sorprendente excepción y no menos
anormal que el orden en la liber­
tad, la razón en el amor, el equili­
brio... ¿De qué está hecho el equi­
librio humano? ¿Cuál es esa medi­
da del espíritu cuyo único modelo
en el mundo es Francia, aunque
afortunadamente ella se obstine en
tenerlo por universal?
La importancia de las ideas por
íí mismas: he ahí sin duda la idea
francesa por excelencia,
Interrogad a las demás naciones
modernas o, mejor aún, vedlas en
sus obras. ¿Cuáles son los princi­

Por DENIS DE ROUGEMOIST

H grandes

pios que alegan para justificar su
política, cuál es el fin que persi­
guen realmente ? Os contestarán:
el poder, la riqueza, el bienestar,
la justicia económica, el orden cívi­
co. Pero Francia os responderá con
ideas. Ahí está el peligro: de esas
ideas extrae su verdadera gran­
deza y sus debilidades más noto­
rias. Por eso, tan pronto ofrece a
Europa los Derechos del Hombre,
las mayúsculas, Descartes y Robespierre; tan pronto el estilo de
sus grandes moralistas, como las
querellas de partido que se exacer­
ban sobre puntos de “doctrina”, en
vez de nutrir al pueblo y recons­
truir el Estado. Esta primacía prác­
tica del'espíritu, ya sea el genera­
dor del orden y la Paz, o simple­
mente de argucias de partido, esta
voluntad constante de razonarse
las acciones que emprende, y de
no perder la conciencia ni aun en
el desastre, en fin, esta vigilancia
del intelecto que no se cansa nunca
de dar forma a lo real y de buscar
un “sentido” a' los acontecimientos,
mientras otros pueblos se conten­
tan con soportarlos con embriaguez
o disciplina, he ahí lo que asombra
y seduce al extranjero que con­
templa por primera vez a Francia.
Pero esta primera mirada puede
ser también engañosa. Existe una
Francia de fachada, de pabellones
de exposición, que decepciona
pronto a los que deslumbra. El
bigote picaro de Menjou, la eneantandora sonrisa de Boyer, los nom­
bres de los grandes cosecheros,
perfumistas y modistos, componen
una Francia de “cliché”, de fácil
exportación, pero que deja al ex­
tranjero en la ignorancia del ver­
dadero pueblo de la verdadera
Francia — ese pueblo vestido de
negro, el más serio que he cono­
cido. Del mismo modo, la idea de
que es una nación que se entrega a
justas ideológicas, descuidando sus
intereses, podría hacernos olvidar
que la verdadera Francia es, ante
todo, el país que prefiere las ra­
zones de vivir a la vida brutal, y
que da más importancia a los va­
lores que a los hechos: la Resis­
tencia lo ha probado así contra
Viehy.
Me gustaría decir a los amigos de

Francia: todo esos “clichés”, ma­
yúsculas, etiquetas, crisis políti­
cas y * retóricas nacionalistas, que
hablan demasiado, o en voz dema­
siado alta de Francia, no la repre­
sentan; reducen a una especialidad,
a una turbulencia pintoresca, un
país de mediano tamaño y que,
después de todo, no representa más
que a 40 millones de habitantes.
Yo encuentro la verdadera Francia
en los que hablan poco, en los que
no hacen de todo un caso, un tré­
molo, un asunto exclusivamente
suyo del que excluyen al resto de
los hombres. Y cuando hablan, no
lo hacen como franceses, —nos­
otros, los franceses, llevándose la
mano al corazón, como esos ameri­
canos que nos ofrecen ante todo
su “american way of life”, esos
alemanes con sus problemas ale­
manes o esos rusos con sus solu­
ciones decretadas por Stalin—, sino
simplemente como hombres. He ahí
laj única especialidad que cultivan,
en el mundo de hoy: la de ser hu­
manos antes que nada.
Esos hombres me dan una idea
del pudor, del pudor de las ideas
que, sin que ellos lo sepan, es tam­
bién una idea francesa, porque
ignoran que es válida para todos
los hombres. Por ese pudor, y no
por vanidad, se esfuerzan por
hablar bien, por dar una forma a
lo que dicen, como para asegurarse
que no han dicho ni más ni menos
de lo que querían, en los términos
precisos que convienen para dar a
conocer su pensamiento a los de­
más, sin hacerles a la ve? confesio­
nes importunas. Por eso, el sentido
de la forma es su pudor, su escrú­
pulo, su seriedad aun en medio de
la alegría, de la palabra ingeniosa
o de la moda. De ahí procede su
idea del estilo o, por mejor decir:
del estilo de las ideas, que es su
secreto más precioso. Yo les escu­
cho con placer. Y cuando, delante
de una de sus frases, me olvido de
pensar: ¡qué idea tan francesa! —
cuando exclamo: ¡ qué buena idea!,
¡ qué idea tan hermosa!, comprendo
que han alcanzado su perfección.
Me han hecho olvidarme de la na­
ción para ver mejor al hombre. Son
la Francia.
Traducido por M. L. M AR TIN E Z

ARQUITECTURA
P E R U A N A *
Por FRANCISCO DE A P A R I C I O
los buenos libros editados
en la colección “ T ierra F irm e ”
—colección de valores tan dispares
como los de la misma tierra cuyos
caracteres se propone reflejar— me­
rece destacarse por su calidad y la
eficacia con que ha sido logrado, el
ensayo de Héctor Velarde acerca de
la arquitectura de su país.
Divídese el volumen en tres par­
tes: arquitectura prehispánica, ar­
quitectura colonial y, luego, la ararquitectura de la época indepen­
diente. El tema es, de suyo, apa­
sionante e implica grave responsa­
bilidad para el que lo aborda. Den­
tro de la Tierra Firme — con la sola
excepción de México y regiones ve­
cinas— el Perú es el único país
cuyos pobladores prehispánicos crea­
ron una arquitectura de alta jerar­
quía, y en tiempos coloniales fué
el centro de la cultura hispánica,
la cual, frente a las magníficas ci­
vilizaciones que se proponía despla­
zar, dió nacimiento a una admirable
cultura mestiza cuyas manifestacio®es más notables florecieron en el
campo de la arquitectura. Tan rica
tradición, finalmente, ha inducido
a los arquitectos peruanos de hoy a
emprender la ambiciosa tarea de
renovar los viejos cánones con el
C

n tr e

« V ilte c tu r a peruana, por H é c to r V e la rá
Xlerra F irm e. Fondo de C u ltu ia E con óm ica,
H í* ico. 1S4 p ágin as y 07 lá m in a s, a is
E stica . S 1 0 .6 0 m /e r f.

LA

propósito de crear una arquitectura
propia, adaptada a las necesidades
de la época.
A nuestro entender, la parte más
importante y novedosa del libro es
la primera. La arquitectura, así co­
mo todas las manifestaciones del
arte de los antiguos peruanos, han
sido estudiadas, casi exclusivamente,
por arqueólogos, viajeros o simples
aficionados. Y aun cuando en sus
obras suele emplearse con harta fre­
cuencia —a veces desde el título—
las expresiones “ arte” y “ arqui­
tectura”, no 6e excede de los límites
de la arqueología, más q menos cien­
tíficamente considerada según los
casos.
Velarde, en cambio, ha ido dere­
chamente al asunto. Desgraciada­
mente, está en el polo opuesto: su
erudición arqueológica es muy li­
mitada. Si la limitación no estuvie­
ra confesada en la pobreza de las
“ obras consultadas” , sería evidente

en la superficialidad de las descrip­
ciones y en la aceptación, un tanto
ingenua, de teorías e hipótesis de
escaso fundamento. Y se la advierte
aún en el análisis de las técnicas,
especialmente en las relativas a las
construcciones de tierra cruda: omi­
te la mención de la tapia, muy em­
pleada por los antiguos peruanos,
la más difundida en el espacio y la
más perdurable. Es a ella a la que
corresponde realmente esta observa­
ción del autor: “ Es notable la per­
duración de estas remotísimas y va­
riadas técnicas de construcción pre­
incaica de tierra cruda, pues conti­
nuaron durante la Colonia, y hoy
mismo siguen empleándose y viéndo­
se en cercos y paredes de toda la
costa, como si estuvieran reciente­
mente levantadas por los mismos
Yungas.” En cambio, cuando Velarde arquitecto, ahonda la crítica
e interpreta y estima la obra arqui(Continúa en la pág. 13.)

LLAVE
MAESTRA
D EL

IDIOMA
T odas las voces de todos los verbos castellanos
se hallan anotadas en el D I C C I O N A R I O DE LA
C O N J U G A C I O N . Los 12.000 verbos castellanos
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EDITORIAL KAPELUSZ &amp; CÍA.
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T I E M P O

Y SU S LIBROS
Cuatro años a bordo de mi mismo (Diario de los cinco sentidos), por Eduardo

Zalamea Borda. Max Nieto, editor. Buenos Aires. 291 págs. a la rústica. $ 7. ni. arg.
N América Hispánica afrontamos aún la circunstancia de que cada obra literaria

Elo significativa
desde el punto de vista de su calidad, promueva una renovación, o por
menos una revisión, de lo que Pedro Henríquez Ureña llamara ‘ ‘ Seis ensayos en
busca de una expresión” . Y sin lugar a dudas, el libro del colombiano Zalamea Borda
promueve la discusión.
Entre los extremos del naturalismo por un lado ,y de los ‘ ‘ ismos ” formales por
el otro, los novelistas americanos han sucumbido infinidad de veces ante el desencuentro con el tema o con la expresión. Faltos aún de una ‘ ‘historia literaria” que
permita la orientación o ubicación de las generaciones de artistas con una precisión
un poco mayor a la que se efectúa actualmente, en América el presente tiene que
cumplir asimismo el rango de tradición. De ahí que nada pueda lograrse bajo la capa
de Faulkner, Joyce, Kafka, Proust, etc., o bajo el mito del tema americano tal
cual lo encaran nuestros rezagados naturalistas o social-folkloristas. Si la novela,
en general, marcha hacia el encuentro con el realismo conceptual —Héctor P. Agosíi
lo explica claramente en su ‘ ‘Defensa del Realismo” —, y marcha por medio de la
evolución tanto do las literaturas como de los pueblos, en América las posibilidades de
ese encuentro existen ya por las características especiales del problema. Y es aquí
donde el significado de Cuatro años a bordo de mí mismo se hace más patente:
una novela que responde a esa exigencia. A esa exigencia de madurez que significa
crear una cultura propia y no, como piensa Albert Camus cuando afirm a que nuestra
niñez ha desaparecido en la medida que somos capaces de comprender sus conferencias
con la misma claridad y conciencia de la actualidad literaria francesa con que lo
hace su público habitual.
Zalamea Borda nos lleva a través de cuatro años de vida en la Guajira, lugar
geográfico colombiano, pero lo hace como si fueran cuatro años de vida sensorial
do un hombro en cualquiera de los lugares donde el hombre habita. 8i América le da
el clima, el ambiente, la forma, la verdad americana en una palabra, el autor dbl
libro lleva esta verdad hasta la totalidad humana. Por eso será que entre el mar
colombiano y el del Cementerio Marino envontramos tantas analogías; y entre la
naturaleza colombiana —con sus negros, indios, mulatos y blancos— y la naturaleza
de las aldeas ancestrales de Jean Giono, encontramos la misma intensidad y anhelo
de peculiares verdades.
Pero donde Zalamea Borda asombra por lo inesperado, es en bu lenguaje. Un
lenguaje completamente nuevo en la novela americana, aunque pueda tener un ligero
antecedente en El Caballero de la Esperanza, de Jorge Amado, y que tiene los poderes
esenciales que encontramos en un Neruda, un Vallejo o un Ramponi. El estudio de
esta obra escapa a las posibilidades de un comentario bibliográfico, pero no queremos
terminar éste sin transcribir un pequeño pasaje de Cuatro años a bordo de mí mismo:
‘ ‘ Bahíahonda está ahora llena de molicie y de amor. Dos seres se aman con furia, ago­
tando los días en minutos y devorando las horas que saltan, escapan do sus manos que
quieren hacerlas eternas. Sus bocas se tienden hacia la vida, hacia el mordisco que hace
carne y sangre del amor. Que lo objetiviza, lo concreta. El ojo, el gusto, la nariz,
el tacto y los oídos, son 5 contactos que la vida coloca sobre el pecho de la muerte.
Saben que cada mirada, cada perfume íntimo, cada uno de esos perfumes que
tienen tantos matices como el día, cada gusto de un beso, hará que su amor se acer­
que al fin: el hijo o la muerte. En todo caso, la muerte. Y so van hacia la muerte,
ciegos, mudos, sordos, sin olfato y sin gusto, porque el amor ha comprendido y com­
pendiado todos los sentidos en el deseo único y dominador de poseerse.
‘ ‘Sobre sus cuerpos jóvenes está el cielo, abierto como sus bocas tenaces. El mar
acompasa su música a sus incomprensibles palabras, y bajo ellos está, eterna y firmo,
como un miembro inmóvil, la tierra seca y larga para que sobre ella se amen todos
los hombres .. ”
Miguel Graco.
R etorno del amante , por Gregorio San­

tos Hernando. Ediciones “ A ngel” , Bue­
nos Aires, 57 págs. a la rústica.
L ig ad a a la o b ra de G regorio S a n to s H e r ­
n a ndo se h a lla "A n g e l” , h o ja de p o esía que
en su s c u a tro nú m ero s in ic ia le s vien e s ig n i­
fic a n d o el sitio de re u n ió n y a ce rc a m ie n to de
u n g ru p o d e n u e stro s m ás jó v e n e s p o e ta s. En
e ste p a ís donde el p ro b le m a m ás u rg e n te del
e s c rito r jo v e n se re d u c e a la d ific u lta d de
d a rse a conocer, ese h u m ild e suceso q u e es
"A n g e l" no p u e d e q u e d a r olvidado al m arg en
d« su a u to r

B e to rn o d el a m a n te h a titu la d o G reg o rio
S a n to s H e rn a n d o su ú ltim o lib ro d e verso s.
E n c o n tra m o s en él m ucho d e su s a n te rio re s
J o v e n m elodía y E leg ía , pero ta m b ié n tr a n s ita
p o r él un m e n sa je p u rific a d o de q u ie n no ha
cesado de b u s c a rs e a sí m ism o leve y p a
c ie n tem e n te . T odo ves que re p a sa m o s u n p o e ­
m a de H e rn a n d o nos ale jam o s con lo c erte z a
de h a b e r p re se n c ia d o la b elleza d e u n v e g etal
c u b ie rto de m acollas, zum os re c ie n te s y tie rn o
c irc u la c ió n . E l tono de ele g ía ta n c a ra c te rís tic o
en el a u to r no de ca e u n a sola vez en el lib ro ,

(Continúa en la pdg. 14.)

�cabalgata

12
•geeié n

apargeido
K. S im o n o v
CUADERNOS
YU G O ESLAV O S
U n a a p a s io n a n te h is to r ia re v e la ­
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EL DRAMA
DE LO S H U M IL D E S

UN POETA ALEMAN DE HOY

GUSTAV REGLEH
en México, caminando por la avenida Letrán. Hay que atravesar
una m ultitud bullente. en la que lo humano tiene sólo un- valor deco­
rativo. Para llegar al café fíetis hay que sortear buhoneros que extienden
su mercadería a los id es de los transeúntes, saltabancos, tragadorm de
fuego, músicos ciegos con la más extraña variedad de instrumentos, men­
digos con la más extraña variedad de lacras, vendedores de tortas d&lt; maíz
y de toda clase de bebidas y alimentos. Ahora ya dentro del café, hay que
atravesar el humo espeso de las conversaciones de los “ gachupines” * has­
ta llegar al fondo. Allí, en un rincón, con la mesa cubierta de cuartillas,
está Gustav Regler. Cuando me aproximo, lo encuentro brindando una
sonrisa de sátiro refinado y moderno a la hermosa mesera que le sirve. En
esa sonrisa resume Regler su profundo amor a la vida, amor que parecería
imposible en un hombre que, a pesar de encontrarse en la mitad de su
recorrido vital (tiene aproximadamente la edad de este siglo), se ha mez­
clado a todos los acontecimientos que conmovieron a la Europa actual desde
los albores del siglo y ha vivido apasionadamente sus convulsiones ideoló­
gicas. En Regler el amor a la vida• significa ardiente deseo de creación
desplegado en todos los campos, ansia de una plenitud no coartarles por
trabas. Así, frente a la mujer, vuelca en su amor un contenido cósmico,
un soplo metafísica, una 'Weltanschauung, que no involucra, en modo al­
guno, mengua de la pura y directa acción física, sino la plenitud del amor
que se satura de todos los contenidos humanos posibles. Así concibe también
la revolución social, una revolución en la cual el hombre no perdiera su
carácter humano.
“ Siempre he sido un rebelde” , me decía. Y como tal empezó su carrera
en la vida, rebelándose contra, la religión y abandonando el seminario del
convento de Trenes. Estudió luego filosofía en Heildelberg y Munich, escnbiendo una tesis sobre “ La ironía. de Goethe y de la escuela romántica
alemana”. Estuvo en la guerra del 14, y combatió con el valor y la pasión
con que hacía todo; sufrió un grave envenenamiento por gases en Chemin
des Dames y fué condecorado. Salió de la guerra con su espíritu de rebelde
vigorizado y con profundo asco hacia una organización social que creaba
tales absurdos. Intervino en la revuelta de Munich, donde vió fusilar a sus
camaradas estudiantes y escapó milagrosamente a la misma suerte. De
allí se lanzó de lleno a la experiencia vital, atravesando una m ultitud de
profesiones ■.comerciante, agente viajero, traductor, bailarín, fabricante de
P

stamos

* Nombre que se les da a los españoles en México.

P OE MA
A Alice Paalen.

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o contrarreembolso

EDITORIAL

ARÜQNAUTA
Brasil 1766
T. A. 23-7432

Una {pan organización de
librería postal al servicio
de los lectores exigentes.

Cuando tus ojos se abrieron
al nacer
recorriendo los arrecifes distantes llegaron al horizonte
pronto comprendieron que hay una frontera inevitable
el infinito
Tus manos lograron la longitud anhelada
cuando acariciaron el mar
¿Pero no se retiraba siempre el mar de Britania?
Tus pies andan a tientas con la suavidad de la arena
con la ternura de la arena que intenta
hacer que la tierra sea blanda para las olas .
porque la tierra es dura y egoísta.
Y de nuevo los ojos, ahora ya iniciados
y oscuros como esponjas de las profundidades marinas
que sólo quieren absorber luz
También oigo ahora tu voz que habla a la márejada
que habla y habla incesantemente.
Pero en los ojos
las manos
los pies
hay algo que escucha
pues cada día el viento puede traer
lo esperadoel clamor del náufrago
quien finalmente será oído
(
un color con hambre eterna
V un sonido
el de un buho
que suena en los vientos
de un campanario

(de LA nO E A 13.)

Pida cualquier libro

LA G A T A - S I R E N A

de Editorial argen­

Sirena, era como la idea de un sueño
en que tú recordabas tu otra vida
donde estabas al sol largamente
y donde intentabas imaginarte
que no tenías sexo
y podías nadar
en todas las aguas
y no sufrir nunca ante la idea
de que tus ^brazos no daban
lo que querías dar pródigamente
y que tus besos no tomaban
lo que estaba tan cerca de ellos en los labios del otro

tina y se le remitirá
con trarreem bolso,
franco de porte.

Quedan disponibles al­
gunos puestos del in­
terior del país para
agentes activos y de
moral solvente.

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LIBRERIA POSTAL

al servicio del buen libro
PERO 973

BUENOS AIRES

Ahora, estás en la orilla
un poco avergonzada
arrastrando tu cola inquieta
—tan obstinadamente unida—
detrás de ti en la amarilla arena
Pero tu piel ya crepita y arde
en el cantante sol del desierto
y cuantos ojos líquidos pueda haber en ti
observan en tu mansión interior
codiciosamente inquisitivos
en tu afelpada cabeza ronronea
el canto satisfecho de la arena caliente
que prepara la eclosión de nuevos abrazos
Y retirada la zarpa
temerosa de que las garras
puedan herir tu sueño
velado por el ámbar de tu rubia piel

pieles, periodista, crítico de arte. En 1928 publica su primera novela. Aban­
donó Alemania en 1933, cuando el hedor totalitario emponzoñaba el aire.
Su entusiasmo de rebelde lo llevó a Rusia en 1934, donde presumía el ideal
de un mundo nuevo. E n 1936 la volvió a visitar, y por incapacidad para
ocultar su desilusión, estuvo a punto ele ser fusilado. ‘‘Huí de esa tristeza
totalitaria”, dice, resumiendo en esa frase el mayor alegato contra un
régimen ¿Acaso podemos creer en un régimen que combate la alegría de
vivir, que destruye la felicidad con el veneno de tan espantosa tristeza? Se
refugió entonces en París, hasta el estallido de la guerra civil en España.
E l poeta, palpitando siempre con el pulso del mundor fué uno de los \mimeros en acudir al llamado de los hombres libres. En España formó y ca­
pitaneó brigadas internacionales, y al lado de los garibaldinos, derrotó a
los italianos de Mussolini. Fué herido gravemente en Huesca. Después de
la derrota republicana logró atravesar los Pirineos.
E n Francia sufrió los horrores del campo de concentración de Vernet
durante 7 meses. A llí estuvo con Koestler y Gkdiani. Cuando los amigos lo­
graron liberarlo, partió para México, en 1940, en plena catástrofe euro­
pea. El último adiós desesperado del viejo continente se lo dió Malraux,
que le dijo al despedirlo: “ Vivimos en un mundo poblado de cadáveres”.
En viaje hacia México jura no mezclarse nunca más cotí esa “ humanidad
enferma”. Pero al encontrarle en México he visto al mismo rebelde de
siempre: “ Es una energía que me viene desde ¡os espacios interestelares”,
me explica. Y, esa energía hace de él, a pesar de todo lo sufrido, un opti­
mista.
He aquí la historia de un poeta moderno, de un poeta que entregó pri­
mero toda su energía a la vida y que ahora vive intensamente en estos poe­
mas de emoción extraña y contenida.
Obras publicadas por G. Regler:
La marcha de los pastores (Novela). Luebeck 1928
El agua y el pan (Novela). Berlín 1930
El hijo pródigo (Novela). Ámsterdam 1934
La siembra (Novela). Amsterdam 1935.
La gran cruzada\(Novela). Nueva York 1940
El pozo sin fondo (Poemas). México 1943
La hora trece (Poemas). México 1944
La cabaña de la jungla (Poema). México 1945
Wolfang Paalen (Biografía crítica). Nueva York, 1946.
Están por aparecer en Alemania, en la zona oeste:
Las estrellas del crepúsculo (Novela). Stuttgart
Tierra volcánica (Diario de México). Saarbruecken
Amimitl (Novela histórica). Saarbruecken
Nuevas Poesías. Saarbruecken
así reposas en la nueva playa
y mientras late suavemente el corazón
—que golpea en el límite
entre lo escamoso del pez
y el terciopelo felino—
contemplas el paisaje enmarañado
mirando en la arena hospitalaria
las pisadas
de los millarefe de amados
(de LA HOLA 1S.)

I C A R O
Hasta que no estuvo cayendo no vió lo que frívolamente había dejado
larga serie de ciudades y pirámides
que semejando diademas
reposan en los Aralles de la noche
Mientras se precipita a través del túnel de los vientos
y la música de la muerte va llenando sus oídos
vuelve de nuevo a engañarse a sí mismo
y a querer tomar la tierra
como un minuto antes el sol
Todavía ilusionado por sus alas de cera semiderretidas
ya comienza a acunarlo la tortura de la furiosa impotencia
¿No es despreciable ese sol?
Amarillo como la envidia
saturado de inconstancia
semeja la perrera del universo
y pese a todo, existe el día.
Las estrellas ofrecen su ayuda
La luna cinco fases
Icaro sacude la cabeza
Tcaro rechaza toda ayuda
Aún ahora desprecia las cosas a medias
Al precipitarse oye el lamento de los alcaudones decapitados
sin aliento se lanza a través de la espesura de relámpagos
El mar le sonríe
se prepara amorosamente a recibirlo
un sol azul entre continentes fríos
Antes que la estrella viviente se sumerja
como un meteoro de carne y sangre
se sumerja y vuelva a flotar como espuma
él ve ahajo en la playa
forma nítida en la niebla de lejanas centurias
el gigantesco animal
listo para volar
traidor a la tierra
alas deslumbrante de acero
agitándose frenéticamente
cuatro corazones de acero palpitando
¡ Icaro!
El mira y sonríe y se estrella
La venganza es más dulce que la muerte. . .
(de LA HOPA 1S.)

EL

N I L O
(Sobre un cuadro de Altee Paalen.)

Sueño de las fuentes en las montañas abisinias
sueno que se precipita hacia el mar como hacia un despertar
escuchando el canto pardo del desierto
atónito ante el verde vigor de las orillas
que se nutren de tu paso impaciente
tu nostalgia tiene velas —tus gritos son grúas—
tus ondas son delfines —los tambores de tus fiestas
despiertan al corazón de las pirámides—
Como un joven faraón tu boca viene a tu encuentro
no existe la muerte mientras hables al desierto
y el sol de la arena permanece atónito
ante la danza de las raíces y los barcos que cantan.
(Inédito.)
(Kola y versiones de Adolfo Este.)

�(Viene de la pág. 9.)

.yiene de ta pág. 11.)
Lávica de l°s I» cas y sus antecesores,
liia una labor justamente admirable,
mejor, ¡W nuestro juicio, que se ha
fizado hasta ahora.
g¡ ei autor se resignara a descender al
0o de la arqueología y retomara el
I b» después de un conocimiento directo
r caijal de los principales monumentos
i: ¿jijonas de su país, realizaría sin duda
. a obra magistral y perdurable; obra
; vendría a satisfacer una necesidad
tensamente sentida por todos los que
•locura» ahondar en el estudio de las re0,.IS culturas de América.
Todo lector no arqueólogo ha de opi„ y con razón, que la parte más enr odiosa de la obra de Yelarde es la que
, refiere a la arquitectura colonial. No
amos destacado la primera por pasión de
rqueólogos sino por lo que representa eoo aporte para el conocimiento de un
,«na. aparentemente trillado y siempre
‘ -iudido.
Dentro de la arquitectura colonial, ve­
ndo está realmente en su campo. El
^cimiento del tema es total. L a desripción de cada edificio, breve y ceñida.
s ¿e una claridad meridiana y parece
mda con una facilidad extrema. Todo
.(Incurre a este feliz resultado: el doánio del asunto, la prosa flilida y el
ocabulario rico y preciso. (Esto último
' aCaS0 lo más sorprendente para nos
jjos porque entre los profesionales que
¡ se afanan por empobrecer y estro¿u el idioma acaso los arquitectos mar■ten a la vanguardia.)
i Yelarde dedica sendos capítulos a los
vatros donde la arquitectura alcanzó
aracteres peculiares durante la Colonia y

Los 50 L IM O S mejor
editados en 1047
L Jurado e n c a rg a d o p o r la C á m a ra A r­
d e l L ib ro de s e le c c io n a r “ L o s
50 libros m ejo r e d ita d o s en 1 9 4 7 ” , comsoesto por los s e ñ o re s F ra n c is c o L u is
■; Bernárdez. J u lio E . P a y ró y A le ja n d ro S i
i ri0 después de p ro c e d e r a l e x a m e n de los
&lt;&gt;67 libros p re s e n ta d o s , c o n sa g ró , p o r u n aulmidad, los U bros de la s s ig u ie n te s E d itoriales:
EDITORIAL A B R IL : A n d e rse n . L a Sirenita: R oberto V a le n ti, F o n c h é , e l M i­
nistro diabólico.
EDITORIAL A T L A N T ID A : C o n sta n c io C.
Yigil, V id a s q u e P a s a n ; C. C ó rd o v a
Iturburu, D ic cio n ario d e la A c tu a lid a d
Mnndial; C o n sta n c io C. V ig il, ¡ U p a ! ;
Baltasar M iró. T re s O b ra s d e S h a k e ­
speare: “ C olección O ro ” .
EDITORIAL C O D E X :
H é c to r S án ch ez
Puyol, Nido d e P á ja r o s : J o s é S a n to s
Gollán. P á ja ro s s u d a m e ric a n o s .
EMECE E D IT O R E S : O. W . de L u b ic z Milosz,Miguel de M a ñ a ra ; C arm en R . L. de
Gándara. L a H a b ita d a : T h o m as M an a ,
El Problem a de la L i b e r ta d : L ia m O’F la hertv, S k e r r e tt: L e ó n B e n a ró s . P á j a ­
ros C riollos: M. M en én d ez y P e la y o ,
La Ciencia E s p a ñ o la : H a m ilto n B ailey ,
Los Signos F ís ic o s ; C olección "S é p tim o
i Círculo” .
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Vicpnte N adal M ora, L a A rq u ite c tu ra
Tradicional de B u en o s A ire s : W o o ste r
Bard Field, In tr o d u c c ió n a l D ib u jo A r­
quitectónico: A g u irre y J ó rg , T r a ta d o
de R adiología C lín ica.
ESPASA-CALPE A R G E N T IN A : G re g o rio
ifarafión. A n to n io P é re z .
EDITORIAL F U T U R O : L e o n a rd o E s t a n ­
co. La P in t u r a en I t a l i a : D ic cio n ario
Enciclopédico de la s A m é ric a s: L eón
j Kilechov. T r a ta d o d e la R e a liz a c ió n Ci­
nem atográfica.
EDITORIAL H U A R P E S : G u ille rm o F u rlong S. J ., O ríg en es d e l A rte T ip o g rá ­
fico en A m é ric a ; J a v ie r V illa fa fie , E l
Gallo P in to .
EDITORIAL IS R A E L : I . L . P e re tz . A dán
7 E va: D é b o ra P e s s in . A v e n tu ra s de
Alef, B et y su s c a m a ra d a s .
EDICIONES IM A N : W ilh em S te k e l, E s ­
tados n e rv io so s d e a n g u s tia y su t r a ­
tamiento.
GUILLERMO K R A F T : D a n ie l G ra n a d a ,
Supersticiones d el R ío de la P l a t a : R i­
cardo Sáenz H a y es, R e m in isc e n c ia s.
EDITORIAL L O S A D A : F ra n c is c o A vala,
Tratado de S o c io lo g ía : C olección “ P s ic o ­
logía. P s iq u ia tría y P s ic o a n á lis is ” .
EDITORIAL L A B O R : E d m u n d o V a sc o n ­
celos, M étodo s M o d ern o s de A m p u ta ­
ción.
EDITORIAL N O V A : M an u e l V ille e a s L 6nez. E l C ine F r a n c é s : A n to n io S e rran o .
Dos A b o ríg en es a rg e n tin o s .
EDICIONES P E U S E R : B a ró n J o sé V an
Dsr E lst. E l U ltim o flo re c im ie n to de la
Edad M e d ia : L a R e c o n q u is ta y D e fe n ­
ea de B u en o s A ire s : V íc to r H a g e n y
Qnail H a w k in s, E l M ito d el Q u etzal.
EDITORIAL P L E A M A R : L e ó n F e lip e . A n ­
tología R o ta .
EDITORIAL S T E L L A : J o rg e V id a l, B o ­
tánica.
EDITORIAL S U D A M E R IC A N A : J o sé L ó ­
pez R ev, G oya y el M u n d o a sn a lre d e ­
dor: H . A. L. F isch 'er, H is to r ia de
Europa; V e it V a le n tín , H is to r ia de A le­
mania: F ilis b e rto H e rn á n d e z . N a d ie en ­
cendía la s lá m p a ra s : A ldous H u x le y .
Ciencia. L ib e r ta d y P a z ; J o s e p h W ood
Hnitch, S am uel J o h n s o n : A n th o n y S ta n den. Los in s e c to s in v a s o r e s ; “ C olección

l Lgentina

Horizonte” .
L IC IO N E S T IT O : L u c re c ia S. O. de
Sáenz, S a n ta T e re s ita d e l N iño J e s ú s .
El sefio r p a y r 5 Re a b stu v o de v o ta r el
toro La p in tu r a en I t a l i a p o r p e rte n e c e r
* una colección q u e él d irig e , y la E d ir j 1*! Poseidon no h a p a rtic ip a d o en el
ncurso p o r se r su D ire c to r m iem b ro de
comisión o rg a n iz a d o ra .
libros d is tin g u id o s p o r el acu e rd o
D,. reforido J u ra d o , e stá n e x p u esto s al
tin 1C° 6n
local d e la C ám ara A rger.a **el E ibro. S a rm ie n to 528. h a s ta e
Ule
c o rr*entp E l 27 del p a sa d o
r a i d 6 a^ r ^ tuvo lu g a r el a cto in au g u j0 ® exposición de los “ 50 lib ro s ine«atados en 1 9 4 7 ” , en el cu al hizo
íírí/: *
pa^al)ra pl m iem b ro de la Coiad °
^ H u r a de la e n tid a d p a tro c ic^ a ^el certam en, d o c to r P a b lo T a rn i,
¡e Ua destacó que pese a la c ris is q u e
2b Lu* *en&lt;*° n u e stra in d u s tria e d ito ria l,
del p aís h an re a liz a d o el en!
6
de re u n ir un elevado
cali? a
^ r o s &lt;lue 86 d e sta c *n p o r
!
1 ad y p re sen ta c ió n tip o g rá fic a .

DE LAS MEMORIAS DE MARTIN REPEZ

a oscuras, intentando dormir. Lo
hice gracias a unas píldoras. Cuan­
do desperté, una nueva sensación
me invadía: el costado izquierdo de
mi cuerpo estaba desapareciendo; el
piyama levantado, como si el bulto
persistiese, pero por dentro se me
estaba borrando con lentitud segu­
ra. Inmóvil, boca arriba, sentí pri­
mero la pérdida de la piel, un ves­
tido frío que dejaba de cubrirme;
!-------- --------------------- !-------- --puntualiza, con notable acierto los factores
ecológicos y sociales determ inantes: Cuzco
la ciudad sin par donde la arquitectura
“ simbolizó la victoria de los conquista­
dores sobre el mismo corazón del Imperio
Incaico’’. Lima, ciudad do arquitectura
“ cortesana, fácil y lujosa” . Arequipa
cuya arquitectura “ fué la del maridaje
entre el conquistador y el conquistado, la
de la fusión verdadera, la arquitectura
colonial perfecta, quizá la más completa
de las arquitecturas mestizas americanas” .
Si aumenta el mérito de la primera
parte de este libro la circunstancia de
tra ta r un tema prácticamente virgen, acre­
cienta el de la segunda la de haber logra­
do una admirable síntesis en materia muy
tratada y, a menudo, m altratada. Carece­
mos do autoridad, en este caso, para situar
a nuestro autor, en orden de mérito, entre
los que le lian1 precedido en tarea análoga
pero tenemos el convencimiento de que,
si alguien pudiera hacerlo, la posición que
le correspondería sería harto favorable.
La tercera parte, brevísima, encara pre­
ferentemente el eneomiable esfuerzo de los
arquitectos peruanos de nuestros días para
dotar a su país de una arquitectura pro­
pia, inspirada en su incomparable riqueza
tradicional.
L a Arquitectura peruana es un breve
libro de síntesis, tan apretada que llega
a menudo a lo esquemático. Está, eviden­
temente, escrito a vuela pluma con una
falta absoluta de pulimento. Estamos acos­
tumbrados a gustar la prosa fácil y chis­
peante de Velarde, en la que campea un
desaliño que, por sabroso, parece con
frecuencia intencional. En esta oportuni­
dad el desaliño es fran-camente excesivo
y muy de lamentar, pues si la prosa man­
tiene, a pesar de todo, su alta calidad,
se desmerece la estructura misma del libro.
El descuido es evidente sobre todo en
la parte ilustrativa, complemento de gran
importancia en una obra de este género.
El volumen trae, al final, cerca de cien
láminas de excelentes fotografías que pa­
recen agregadas más o menos al azar.
E ara vez se alude a ellas eiv el texto. El
autor habla como si descontara que el
lector conoce los monumentos de que se
ocupa. Sucede así que la lectura es fácil
(Continúa en la pág. 14.)

después la carne, arrancada en gol­
pes violentos, luego los huesos tor­
pes. Desaparecían, se iban sin san­
gre, sin nervios; lancé un grito y
me desmayé. Volví a ‘dormir, con
pesadillas visitadas por perros os­
curos que me lamían el corazón al
aire, calentándolo, impulsando con
su lengua la sangre. Al despertar, la
pérdida se había completado. No
quería tocar aquello, trataba de res­
pirar lentamente; una inspiración
profunda podía hacer estallar el
músculo a flor de cuerpo. Aquel día
no me levanté; tampoco al siguien­
te; lo hice cuando mi madre habló
de llamar un médico. Lo probé por
la noche, de a poco; me vestí sin
mirarme en el espejo.
Durante cinco días me levantaba
al alba y no iba a la oficina; anduve
por las calles. Me cuidaba más que
antes; tenía miedo de enfermarme
y verme obligado a mostrar esa falta
de mi cuerpo; sin embargo, bajo la
ropa no se notaba. A los veinte días
me había acostumbrado a mi nuevo
volumen, sin atreverme a tocarlo;
por fin lo hice, de noche: introduje
la mano derecha debajo del piyama:
una concavidad lisa, de piel tirante
y fría ; comenzaba en el borde de la
axila; se profundizaba sobre el co­
razón, concluía en el hueso de la
cadera.
No pude sufrir más y se lo dije a
mi hermano mayor, callando lo del
perro; se rió sin hacerme caso.
Empecé a comprender que aque­
lla pérdida tenía que ver con la des­
aparición del perro; dejé de dor­
mir, salía todas las noches: desde
las (Jiez basta casi el alba; lo bus­
qué por los lugares de la primera
noche; a veces, en la oscuridad, to­
paba con perros, que llamaba casta­
ñeteando los dedos; ninguno me si­
guió.
Mi hermano quiso llevarme a otra
ciudad; era imposible. No compren­
día que si me alejaban del pueblo
iba a perder para siempre el cos­
tado izquierdo de mi cuerpo. Dejé

de hablar del asunto, y creí que se
había olvidado. Una madrugada, ya
en la cama, con el cansancio de la
búsqueda nocturna, me ataron los
brazos y los pies; así me llevaron a
la primera ciudad que conocí.
Conozco dos ciudades, mal vistas,
en casas blancas con muros verti­
cales y ventanas estrechas; en la
primera no me dejaron conocer las
calles; en la segunda hay una sola
calle. La primera ciudad estaba po­
blada por hombres que me miraban
largamente. No me dejaron con­
versar con ellos; quizás alguno me
hubiese ayudado a buscar el perro;
después comprendí que yo solo, sin
ayuda de nadie, debo encontrarlo.
Todas las semanas llegaban cartas
de mi casa; aceptaba las imposicio­
nes para que fuesen a buscarme,
para que me dejaran volver al pue­
blo; le escribí a mi hermano, cinco
o seis veces.
Un día encontraba muchos hom­
bres; otros, ninguno, ¿a dónde van
los muertos de esa ciudad? Si yo
lo supiese, habría hallado a mi pe­
rro : estarían sentados junto al muro
en el sol, mi perro echado a sus
pies. De pronto volvería a tener mi
cuerpo. Todas las mañanas escribía
una carta, que dejaba en la sala, an­
tes del comedor. Tampoco me con­
testaron.
Comenzaba a acostumbrarme a esa
ciudad silenciosa; pensaba en el pe­
rro, en los muertos que no sé a
dónde van. Un día, sin saber por­
qué, me llevaron a la segunda ciu­
dad, en la que ahora vivo. Yi sus
alrededores en el viaje: extensión
de arena blanca que no se puede
cruzar sino en tren; los árboles se
secan carcomidos desde la raíz, has­
ta el follaje desaparece en ceniza.
La ciudad, rodeada por un alto mu­
ro blanco, tiene una puerta rectan­
gular, con un círculo en la parte
alta; cerca de la puerta, junto al
muro, había un hombre de traje
verdusco y bastón rojo; lo vi varias
veces.

Las primeras noches, después de
mirar el cielo, me acostaba en la
cama angosta y esperaba sin cansan­
cio. Después, salí a buscarlo: llegaba
basta la puerta de la muralla y no
me atrevía a seguir; hablé al hom­
bre de verde, sin conseguir que me
entendiera. En la ciudad no hay
ningún perro: lo supe pronto.
La casa, la muralla, hay otro lu­
gar en la ciudad: lugar fresco, al
otro extremo de la única calle, lo
más lejos posible del arenal: un ca­
fé. Entre estos tres'lugares la co­
nocí; no sé cómo se llama, tampoco
entendió mi idioma. Fué a la salida
del Ctjfé: capelina azul que le cubría
casi toda la cara, vestido del mismo
color, zapatos y medias blancas, bra­
zos finos y fríos, manos color de
lino nuevo. Caminé con ella basta
una cuadra antes de la casa; allí
me dejó, sin despedirse. Volví a en­
contrarla, otras noches, sin que tu­
viese que ir en su búsqueda, sin que
ella me esperase; en noches interme­
dias, cuando miraba el cielo, sentía
su perfume de almendra amarga. Lo
más hermoso que hay en esta ciu­
dad son moscas azules; una vez le
llevé cuatro, en una caja de fósforos.
El último día que caminamos, me
dejó en el lugar de siempre; seguí
solo hasta la casa, subí la torre y
me asomé al ventanillo. La vi ca­
minar hacia el hombre sentado junto
a la muralla; él se levantó, como
grito de gaviota llenó la noehe; se
tomaron de las manos —uno frente
al otro— y se alejaron por las are­
nas caldeadas, que ni las noches en­
frían.
Comprendí: son hechos que me
ponen para que olvide a mi perro;
por eso lloré, boca abajo, apretán­
dome sobre la almohada.
Tanto hace que no duermo. Mi
cuerpo se enfría; no puedo dormir;
no me van a llevar más al pueblo,
quieren que me quede aquí hasta
que me muera. Noches silenciosas y
solas, esperando a mi perro,
r in

¡El Más Hermoso Museo del Mundo!

HISTORIA GENERAL DEL ARTE
EDICION

1947

TEXTO

CASTELLANO

O FRANCES

Realizada bajo la dirección de GEORGES HUISMAN, director general de Bellas Artes de Francia, ha sido
redactada por los competentes especialistas LUC BENOIST, agregado a los Museos Nacionales; LOUIS BREHIER, miembro del Instituto y profesor de la Univers idad de Clermont-Ferrand; ELIE LAMBERT, director
de la Biblioteca de Arte y Arqueología de la Universidad de París; señora LION-GOLDSCHMIDT, agregada
al Museo del Louvre; ROBERT REY, inspector general de Bellas Artes y de los Museos de Francia, profe­
sor de la Escuela del Louvre de París; CHARLES TERRASSE, conservador adjunto al Museo de Fontainebleau y otros.
L a o b ra com p le ta c o n sta de 4 m a g n ífic o s v o lúm enes g ra n fo rm a to , lu jo s a m e n te e n c u a d e rn a d o s, con
m ás de 1.800 p á g in a s, 30 fa c sím iles, 61 g ra b a d o s en co lo res, 2.329 h e lio g ra b a d o s, 34 m a p a s e x p li­
c ativ o s, 6 c u a d ro s s in ó p tic o s.

TOMO I - Desde los
orígenes hasta la Edad
Media: El arte de los
tiempos prehistóricos
en Occidente. El arte
Antiguo del Cercano
Oriente y del Medite­
rráneo. El arte en Asia
hasta el siglo xiv. Desde
el Arte Antiguo hasta
el Arte Medioeval.

TOMO III - El arte
clásico de los s ig lo s
XVI y XVII: El Arte
del siglo XV en Italia.
EL Renacimiento en la
Europa del siglo XV.
El Arte en la Europa
del siglo XVII. El Arte
en el Extremo Orien­
te desde el siglo XV
basta n u e str o s días.

TOMO II - El Arte
Medioeval: E l A rte
Musulmán. El Arte en
Occidente desde el si­
glo V al XI. El Arte
R om ánico. E l A rte
Gótico. Las Artes de
■la América precolom­
bina, del Africa negra
y Oceanía.

SE ENTREGA LA OBRA COMPLETA. ADQUIERAI A EN COMODAS CUOTAS MENSUALES.
■ ■
■

TOMO IV - S ig lo s
XVIII, X IX y X X : El
Arte en Europa du­
rante el siglo XVIII.
El Arte en Francia en
los siglos X IX y XX.
Impresión general so­
bre la técnica de la
pintura.

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ARISTIDES QUILLET
T. A. 35-6679

BUENOS AIRES

ARGENTINA

S r. G e re n te
E d ito r ia l A rg e n tin a A R IS T ID E S Q U IL L E T
C o rrie n te s 1 6 5 0 - B u e n o s A ire s .
E s tim a ré m e e n v íe n F o lle to I lu s tr a d o de l a H I S T O R I A D H L A R T E .
N o m b re
D om icilio
L o c a lid a d

.

�nj

cabalgata

14

MIRADOR

• E n ol X X V S a ló n A n u al de P in tu ra ,
E s c u ltu ra , D ib u jo y G rabado de S an ta
T e . h a n sido o to rg ad o s los p rim ero s p re ­
m ios de la s secciones del en u n ciad o eh la
fo rm a que sig u e: S ección p in tu ra : prem io
a d q u isició n M a rtin R o d ríg u ez G allsteo , con
3.000 pesos, a “ O b re ra d e sc a n sa n d o " , óleo
de E u g en io D an eri. Sección e sc u ltu ra : p re ­
mio a d q u isició n M a rtín R o d ríg u ez G alle­
teo , con 4.000 pesos, a N icolás A ntonio
de S an L u ís, p o r su b ro n c e “ San J u a n
B a u tis ta " . Sección D ib u jo y G ra b a d o :
prem io a d q u isició n C om isión de B ellas A r­
te s. p o r m ita d , a J u a n C arlos P in to s y
J o rg e G necco. O tro s prem io s, en la s d is­
tin ta s c ateg o rías, fu e ro n o to rg a d o s a Jo sé
P a ría s , E n riq u e P o llc a stro , C. E. U ria rte ,
J o sé A lonso, R. P. V iola, O restes A ssali,
Jo sé P la n a s C asas, S a lv a d o r C aputo, etc.
• T e n d rá lu g a r en B u en o s A ires, en el
cu rso d el p ró x im o m es de o ctu b re, el XV
C ongreso O rd in a rio de la C o n fed eració n
In te rn a c io n a l de S ociedades de A u to res y
C o m positores, p or in ic ia tiv a de A rg e n to re s
y Sadaic. A los efecto s de la o rg a n iz a ció n
h a q u ed ad o c o n stitu id a u n a com isión com ­
p u e s ta en la sig u ie n te fo rm a: P re s id e n te ,
el se c re ta rio de ed u cació n , do cto r O scar
Iv a n is se v ic h ; v ic e p re sid e n te , el subsecre
ta rio de c u ltu ra , señ o r A n to n io P . C as­
t r o ; el p re s id e n te de A rg e n to re s, señ o r
A le ja n d ro E . B e r ru tti, y e l p re s id e n te de
Sad aic, señ o r F ra n c is c o C an aro ; vocales:
los señ o res Ivo P elay , H om ero M anzl, C a­
m ilo P . D a rth é s, C átulo G. C astillo, M arcos
B ro n e n b erg , E n riq u e P . M aro n i. A c tu ará
como s e c re ta rio g e n eral, el señ o r M ario
B én a rd , que d esem p eñ a ig u al cargo en el
C onsejo P a n a m e ric a n o de A u to res.
• E l go b iern o d e V en ezu ela, con muy
b u e n a cierto , p o r m edio de su M in isterio
de H a c ie n d a h a a co rd ad o lib r a r de gabe­
la s a ra n c e la ria s a “ b io g ra fía s , no v elas, n a ­
rra c io n e s y dem ás lib ro s que con c rite rio
am plio d eb en c o n sid e ra rs e como o b ra s de
a rte lite ra rio ” . A sí lo com unica la Cámar a A rg e n tin a del L ib ro , al d a r c u e n ta de
u n a de la s g e stio n es que h a re a liz ad o en
p ro de la d ifu sió n d el lib ro n a cio n al f r e n ­
te a la s tra b a s de todo o rd e n que se le
e s tá n ap lic an d o en d iv e rso s p a íse s del
c o n tin e n te.
e L a s d ific u lta d e s que v ien e su frie n d o el
lib ro a rg e n tin o p a ra su in te rn a c ió n en a l­
g u n o s p a íse s h erm an o s, cu lm in a con la re ­
c ie n te d isp o sic ió n del G obierno del B ra ­
sil. seg ú n la c u a l q u ed a in c lu id o e l lib ro
y la re v is ta e n tre los a rtíc u lo s q u e n e ce ­
s ita n p re v ia lic e n c ia de im p o rtac ió n .
• E n lo s d ia s in ic ia le s del p asad o mes
de a b ril se in a u g u ró a l público en la plaza
A dolfo A lsin a, o rg a n iz a d a p o r la A so cia­
ción G ente de A rte A vellaneda, u n a in ­
te re s a n te m u e stra de tra b a jo s al óleo,
a cu a re la , x ilo g ra fía , etc., la c u al se ofrece
al b a rrio o b re ro de la v ecin a lo calid ad ,
con el m uy elevado p ro p ó sito de p o n e r en
c o n ta cto el a r te con u n p ú b lico que no
d isp o n e d e tiem p o p a r a v is ita r los m useos
y g a le ría s de la c a p ita l. L a ex h ib ició n ,
d ig n a de to d o elogio, h a sido m uy v is ita d a .
• L a A rg e n tin a , p o r m edio de la d eleg a­
ció n que la re p re s e n ta en la C o n feren cia
In te rn a c io n a l p a ra la L ib e rta d de In f o r ­
m ación, la c u a l p re s id e el S u b se creta rio
de In fo rm a cio n es y P re n s a , señ o r E m ilio
D . C ip o lle tti, p re s e n tó la p ro p o sic ió n si­
g u ie n te :
19 In c lu ir en su le g islac ió n disposicion e s e x p líc ita s g a ra n tiz a n d o la lib e rta d de
p re n s a sin re s tric c ió n de n in g u n a índole,
p a ra que la s a ctu a le s p u b licacio n es que
re p re s e n ta n to d a s las id eo lo g ías y co n cep ­
to s políticos, sociales y económ icos sin d is ­
tin c ió n de ra z a n i re lig ió n , p u e d an a p a ­
re c e r y c irc u la r lib rem e n te .
29 A d o p ta r m ed id as le g isla tiv a s p a ra
p re s e rv a r y d e fe n d e r la m isió n esen cial de
lo s ó rg a n o s de p re n sa , la que c o n siste en
re u n ir, tr a n s m itir y d ifu n d ir lib rem e n te
n o tic ia s e in fo rm acio n es, te n ie n d o como
p rin c ip io in v a ria b le r e la ta r so lam en te la
v e rd a d .
39 P o n e r en m a rc h a todos los m edios le ­
g ales e x iste n te s o que p o d rá n s e r cread o s
en to d o s los p a íse s p a r a p re s e rv a r a la
p re n s a de to d a in flu e n c ia b e lico sa y p a ra
e v ita r to d a d efo rm ació n de la v e rd a d , to d a
p u b lic a ció n de n o tic ia s fa ls a s o to d a d ifa­
m ación.
s E l P re s id e n te de la C om isión P r o te c ­
to ra de B ib lio tecas P o p u la re s, d o c to r C ar­
lo s O bligado, p ro sig u ie n d o su la b o r de
p ro p u lsió n de la s b ib lio te c a s d isem in ad a s
p o r to d o el p aís, e x tie n d e su serv icio a
algunos esta b le c im ie n to s h o s p ita la rio s, a
lo s c u ales h a hecho u n a p rim e r d o n ació n
de cien volúm enes a c a d a uno.
• L a Sociedad A rg e n tin a de E s c rito re s h »
hecho e n tre g a de la m ed alla de oro d el
G ran P rem io de H o n o r 1946 al e sc rito r
E d u a rd o M allea.
« P e rs is te la s itu a c ió n q u e c re a a la in ­
d u s tria a rg e n tin a del lib ro la f a lta de d i­
v is a s que s ie n te n p a ise s como C hile, Boliv ia . P e rú y C olom bia, y las tra b a s a r a n ­
c e la ria s o de im p o rta c ió n que en alg u n o s
p a ise s se le ap lic a a l lib ro . H a s ta a h o ra
c u a n ta s g e stio n es h a re a liz ad o el grem io
n a cio n al de e d ito re s, p o r m edio de sus
re s p e c tiv a s so cied ad es, se h a n e stre lla d o
c o n tra la v aga prom esa, la in c o m p re n sió n
o la n e g ativ a. E l lib ro , v eh íc u lo ta n c a ­
c a re a d o de c u ltu ra , de ace rc a m ie n to e n tre
p u e b lo s, e s tá sien d o d ific u lta d o s is te m á ti­
ca y p e rs iste n te m e n te en alg u n o s p a ise s,
en la m a y o ría d e lo s cu ales, n i s iq n ie ra
p o d ría n In v o c a r ra z o n es, acaso a te n d ib le s,
de co m p eten cia in d u s tria l.
e&gt; H a in ic ia d o la p u b lic a ció n de un cua
d e rn o m e n su a l de a rte el p ro fe s o r J o rg e
R om ero B re st. titu la d o “ V e r y E s tim a r" ,
al c u al dam os la b ie n v e n id a.
o E n la so cied ad “ Im p u lso ” de la Boca,
J . B atlle - P la n a s c ele b ra u n a ex h ib ició n
de d ib u jo s a c n a re la d o s in é d ito s, llam ad o s
a te n e r c o n sid e ra b le e in d e fin ib le g ra v i­
ta c ió n en n u e stro m edio a rtís tic o p o r su
o rig in a lid a d . E n la ta rd e del sáb ad o 8, el
d o c to r A ldo P e lle g rin i p ro n u n c ió u n a co n ­
fe re n c ia so b re “E l m e n sa je p lá stico de J.
B aó lle-P Ia n a s” .
o L a s g a le ría s V an R iel, e x h ib e n u n a se ­
le c ció n re tro s p e c tiv a de o b ra s de B u tle r,
B asa ld ú a , B ig a tti, B a tlle -P Ia n a s, C astag n ino. C e n tu rió n . D a n e ri, R aq u e l F o rn o r. V icto
ric a , L arco , D el P r e te , Soldi, B ern i, P e tto ru ti, S ib ellin o . I r u r tla , A lonso, e tc E n el
a cto ln a n g u ra l d is e rtó el p ro fe s o r Jo rg e
R om ero B re st.
• A rn o ld W a lte r L a w re n c e, arq u eó lo g o in ­
glés, p ro fe s o r en la U n iv e rs id a d de C am ­
b rid g e , in v ita d o p o r la re v is ta “ S u r” ha
d ic ta d o tr e s c o n fe re n c ia s en el I n s titu to
F ra n c é s d e E s tu d io s S u p e rio re s , a s a b e r:
“ L a fo rm ac ió n d el a r te e u ro p e o ” , “ L a
cu lm in a ció n y la d e c a d e n c ia d el a r te g rie ­
go , y “ E l a rte d e l Im p e rio R om ano y
su le g a d o ".
• D on J u liá n U rg o iti, g e re n te d e la E d i­
to r i a l S u d a m e ric a n a , in v e stid o con la r e ­
p re s e n ta c ió n de la C o n fe d erac ió n L a tin o ­
a m e ric a n a de C ám aras del L ib ro , em p re n d e
u n v ia je a E s p a ñ a , en el cu rso d e l c u al
y p o r e sp a c io de u n o s dos m eses, se a b o ­
c a r á a l e stu d io d el p ro b le m a que al lib ro
a rg e n tin o le c re a en la p e n ín su la la c e n s u ra
e sp a ñ o la p o r u n la d o y la d is c o n tin u id a d
d e lo s p a g o s q u e h a ce q u e el ré g im e n de re ­
c ip ro c id a d v ig e n te e n tre am b o s p a íse s sea
o b s e rv a d a s e s tr ic ta m e n te sólo p o r la A r
g e n tin a .

T¡ l letrismo no es una escuela poéL j tica sino una actitud solitaria. Y
algo más. En este momento: el le­
fio smo = Isidore Isou. Así escribe
el mismo Isou en el manifiesto de
la poesía letrista que puede consul­
tarse en su Introduction a une nouvelle musique (1947). Las frases no
pueden ser más exactas. A tal pun­
to que desde ya proclamo su in­
superable originalidad y paso direc­
tamente a enjuiciar una actitud que
sólo p u e d e ser comparada —en
cuanto a la notoriedad y a su pre­
tensión— con el incendio del tem­
plo de Diana en Efeso. Porque el
letrismo lia querido ser la tea que
incendiara uno de los templos de
la poesía: la palabra. Pero Isou
no tuvo la fortuna de ver el humo
ni las llamas. Eróstrato, el ansioso
pastor de Efeso, le precedió en más
de dos mil años. La historia, que
es movimiento progresivo, no se re­
pite, aunque Isou crea lo contrario
en aquella novela — ¡, por qué no
vivolat— que intituló L ’agrégation
d ’un nom et un messie (1947).
Pero si Isou lia. sido original en
las frases del exordio, no lo ha sido
en cambio en la argumentación ten­
diente a demostrar que si el letris­
mo no es poesía, que el letrismo pue­
da-crear, por esto mismo, conceptos
poéticos. Ya dije en cierta ocasión,
esbozando muy al pasar mi teoría
dialéctica de la estética, que en la
revolución dadaísta se habían dado
las imágenes que habrían de verte­
brarse, por virtud de un salto cuan­
titativo (acumulación de procesos
inventivos iguales) en una calidad
cuyos rótulos serían el surrealismo
y el letrismo. Para demostrar esto
último ( s a l t o de reacción, hacia
atrás) transcribía un trozo de La
premiére aventure celeste de monsieur Antipyrine (1916) :

Los trópodos, Marga, los trópodos. \
.
.
[rapa punec
Doto numen polonco serona tu ti...
[parada.
■ 'en tl,'ope al conque me tulven s&lt;
.
, ,
[mipas de lecio
, Me tulven las lacias, si artepes atip
su brin?

n

JJLill
Por JUAN JACOBO BAJA RIA A

bil del dadaísmo, llevando su actitud
hacia las últimas consecuencias. Xo
advirtió que el salto cuantitativo
también sé daba hacia atrás objeti­
vándose en una esterilidad que ya
tenía, en sus comienzos, todos ios
gérmenes de la muerte puesto que
no dejaría sucesión como en el caso
del surrealismo y lo que le superó
en la gran poesía de nuestro tiem­
po. Los letristas, usurpadores por
otra parte de M. Iliazd, el creador
del verso zaum u orquestal, fueron
conscientes de este retroceso al de­
clarar en la susodicha Introdnctio n ... que Tzara había mezclado
los vocablos deseando dar “ el úl­
timo paso” . ‘‘El dadaísmo” —agre­
ga— “ ha sido la cualidad y el de­
fecto de Tzara” . . . “ Tzara es la
irradiación de la tradición de los
vocablos en su límite. Si ha tenido
la osadía del Mucho no ha tenido
el coraje del Todo” . Y a renglón
seguido la confesión: Tzara, toda­
vía una curiosidad lírica, será jus­
tificado por los letristas. Isou, la
justificación de Tzara. Esta confe­
sión que he subrayado, la repite,
asimismo, en su Rilan lettriste 1947
(Fontaine N* 62). Luego, pues, no
bav empacho en decir (V. Introductio n ...) que “ no se trata de des­
truir vocablos por otros vocablos...
sino de resucitar lo confuso en un
orden más denso” . Y para esto,
Henri Pichette —otro letrista— da
como solución al hombre-mujer, ya
que es la única manera de “ man­
tenerse en el estado poético desde
oua aah oua aah oua aah
el primer paso lúcido o arterial del
U U t ti i H I t t
padre-madre”. (Lettrc-rouge, loe.
cit.)
al que puedo agregar, del mismo
Desde el punto de vista estricta­
Tzara, este diálogo de La deuxiém-e
aventure celeste de monsieur A n ti­ mente teórico, el letrismo desarrolla
una vieja idea que cree haber des­
pyrine (1917):
cubierto por usar una denominación
M. Saturno:
nueva —aunque teológica— de la
tiene Vd ranas en los zapatos
materia poética en su unión —hiOreja:
póstasis— con lo d e s c r i p t i v o
l&gt;. b. b. b. b. b. b. b. b. b. b. b. b.
— hipostase ampliqv.c— y con lo lí­
El letrismo volcó sus tintas, por rico —hipostase ciselante—, en cu­
consiguiente, sobre la parte más dé- yas categorías coloca la poesía anti­
gua y la poesía moderna. Esto se
corresponde con una frase del ma­
E1 Tiempo y sus Libros nifiesto en la que Isou dice lo si­
guiente : ‘ ‘ Isou creará emociones
(Viene de la pág. 11.)
contra el lenguaje por el placer de
ni cu an do d ic e : " E s ella la d esead a, — la i n ­
d ife re n te que d e sp re c ia y huye — y d eja
la
lengua”. Quien abra el Premier
un g ris y a lg u n a in te n s a b ru m a — donde el
manifesté du surrealismo (1924),
h o m b re e n tris te c e .” O tra s veces hace su e n tra d a
en las p á g in a s d el joven e s c rito r la poesía
se hallará con que el concepto ya fué
p u ra , p ro p ic ia d a p o r e scuelas ya h is tó ric a s
p a ra la lite r a tu r a : "Q ué herm oso e ste tr a n s ­
desarrollado por Bretón. Helo aquí
curso — de las p a la b ra s fie le s — y este
en el sabor del idioma original:
e n c o n tra r de nuevo — tu c o razó n que q u ie re .”
E n la s e rie de poem as “ con á n g ííe s ” ha
“ ecrivez vite san sujet précompi...
lo g rad o el a u to r im p o n e r u n ritm o y u n con­
Le premiére phrase viendra toute
te n id o m ás nuevo, y los m ism os re p re s e n ta n
u n m om ento de esa p u rific a c ió n in te rio r que
s e ' a p re cia en G. S. H . Se d e sta c a n p o r su
ju s te z a E l A ngel con una fech a en o c tu b re
y E l A ngel con la ta r d e olvidada .
H a y u n m om ento en la v id a del e sc rito r
joven en que todo es du d a, in flu en c ia y t a n ­
teo. E n el v e rd a d e ro e sc rito r la solución está
en la b ú sq u ed a de la p ro p ia p e rso n alid ad ,
y es allí donde se salva p a ra sí y p a ra los
d em ás. Si en e ste libro de G. S. II. hay algún
m é rito s o b re sa lie n te , es ése p re c isa m e n te .
Lo q ue im p o rta, tra tá n d o s e de u n a u to r
novel so b re todo, es s e ñ a la r la p re sen c ia de
un v e rd a d e ro p o e ta al que se le p re s e n ta rá n
m ú ltip les cam inos n s e g u ir y al que se le
im pone un poderoso llam ado de belleza, un
poco d ra m á tic o eso sí d ada la hora que es
tam o s a tra v e sa n d o . E s re g o c ija n te poder escri
bu* que en e sto s d ía s el p a ís e stá oyendo
a lg u n a s m uchachas v m uchachos de voz pode
ios:, y clara.
F e rm ín C hávez.

Arquitectura Peruana
( Viene de la pág. 1S.)
y placentera para los que tenemos la suer­
te de conocerlos, mas sospechamos que hn
de resultar difícil y hasta penosa en el
caso contrario. Aun cuando las fotografías
estuvieran colocadas en el lugar corres­
pondiente (dificultad editorial que no se
nos escapa) y fueran1 escrupulosamente
citadas, serían insuficientes. En buen gol­
pe de casos se echa de menos el dibujo
complementario indispensable. Es de no
conformarse que Velarde, cuya pluma en
hebra una bella frase con la misma fa­
cilidad con que traza un buen croquis
los haya ahorrado a puivto tal de utilizar­
los sólo para aclarar dos detalles y éstos
desconectados con el texto. La única fi­
gura que tuvo la precaución de citar —sa­
brosa ironía— ha de haberse traspapelado.
Dios sabe donde, porque no aparece im­
presa.
El público lia sabido apreciar la alta
calidad de esta obra de Velarde. Estamos
seguros de que una segunda edición ha
de hacerse en breve y es por esta cir­
cunstancia que puntualizamos los defectos
que la desmerecen, fácilmente subsanables
rix

seule, tant il est vrai qu‘a chaqué
seeonde il est une phrase étrangere
á notre pensée consciente qui ne de­
mande qu‘á s‘ extérioriser” ,
En cuanto a que el letrismo des­
truye las palabras y crea orquesta­
ciones onomatopéyicas mediante sí­
labas inventadas sin apoyadura se­
mántica, es bien cierto en algunos
casos. Es lo que acontece cuando la
construcción de un concepto sonoro
se objetiva con miras a una descarga
del inconsciente:
Vli zlideline
VH zlideline
Djilee, djilce, djilce, djilce, djilce
Jalee, jalee, jalee, jalee, jalee
dulce; julce; julee
Dolce-Dolce ;
Toase folce. ..
Dolee. . .Dolee
Dolee
(F. Dnfréne)

Pero sucede —y esto le sucedió
a Isou en sus 10 Pnemes graves—
que muchas veces, por remedar cli­
mas sonoros con retruécanos y otras
delicias para reírse de las cosas, in­
curre en el empleo de palabras quo
contradicen su teoría. Yeámoslo, for­
zando la traducción, impedida un
tanto por el calembour:
Yosoycrist
Tesus Christ
Christ
JouaU - chich - baou - jaiva
gall - fovl - hrall!
A y! grolgolal! jarch
gólgota, gólgota... mareh. . . march. ..
vó lvo ta ... vó lvo ta ...
Oi! Ayer, piedra, pa-velle, pablo,
plegarrria, yui gol

O bien este verso entero en he­
breo :
chema israéllc barouh adonai
(oye Israel bendito adonai)

Y también estos, de sus 10 Poémes yoyeux :
Oh, mi Dios la vida está allá
cuicudul galin calá

Xo obstante, sin contradicción o
con ella, el letrismo no plantea nin­
gún problema poético. Las jitanjáforas americanas ya le habían pre­
cedido muchísimos años en la estruc­
turación de poemas a base de soni­
dos. Recordaré algunas sin transcri­
birlas enteramente;
Chucuchúcuchu
chas - chas
Tracatrácata, chuchi
Tracatrácata, chuschú
(M. A. Ferveiro)

ELIA K A Z A N
EL “ HOMBRE DEL AiÑO” EN EL CINE Y EL TEATRO

DE ESTADOS UNIDOS
O ox dos de las mejores películas del año
^ en su haber, el nombre más relevante
en el mundillo del espectáculo estadouni­
dense es Elia Kazan, cuya obra se carac­
teriza por combinarse poderosamente en
ella la imaginación y el buen gusto.
Su planteo científico del teatro ha hecho
de él el único director regularmente uti­
lizado hoy tanto por Broadway como por
Hollywood. No bien había concluido la
película Acuerdo entre Caballeros, cuando
comenzó los ensayos de la obra teatral A
Streetcar Xamed Derive. La infatigable
energía y elasticidad de Kazan son ya
archieonocidas, pese a no contar más de
38 años.
Como director, el estilo de Kazan es
puramente cerebral, pero su objetivo pue­
de llamarse visceral. Arthur Miller, autor
do Todos son mis hijos, dice que el pro­
pósito de aquél es el de “ golpear al audi­
torio en el vientre, pues le consta que
todo el mundo lo tiene igual, no importa
su condición social o su educación ’ ’. AI
hacerlo, Kazan observa un método senci­
llo para juzgar al auditorio. Lo considera
tan capaz como él; lo que él puede com­
prender y sentir, también lo comprenderá
el auditorio; si él no puede hacerlo, tam­
poco lo podrá ningún espectador.
Lo primero, pues, estriba en fijar c¡
espíritu de la obra. Esto resuelto, todo
debe cooperar al realce del tema central.
Todos son mis hijos es un buen ejemplo
de cómo trabaja Kazan en esta fase pre-

(X)

De mis observaciones r e s u l t a . I
pues, que el letrismo es una actitud
antipoética descolocada en el tiem ‘
po. Xo son ellos los continuadores d“
la última etapa en la dialéctica de
los medios específicos relacionado
con la poesía. El último movimiento
de vanguardia, el que sigue inme­
diatamente al surrealismo, se dió en
Buenos Aires. Apareció en 1943 \
se expresó por medio de la revista
Arturo (1944), en cuyo único ejem­
plar se echaban los lincamientos pa­
ra una superación de todas las ar­
tes, basada especialmente en la norepresentación con relación a la in­
vención pura. Algunos de sus com­
ponentes inauguraron luego distin­
tas exposiciones con la denominación
común do A rt Concret - Invention.
Pero a fines de 1945 el grupo quedó
escindido en Asociación de Arte
Concreto - Invención, por un lado, y
Madí, por el otro. La primera pu­
blicó su revista Invención-Arte Con­
creto en 1946. y Madí distintos ma
nifiestos, uno de los cuales fué re
producido en la revista Arte Madí
(1947), perteneciente a un desgajamiento que ahora actúa con la deno­
minación de Madí - Nemsor.
Estos grupos con sus caracterís­
ticas propias, pero unidos en el afán
común del invencionismo, etapa ac­
tual de las artes, constituyen la
avanzada vanguardista. Saben, comí
sabe el Rene Char de Seids demeu
rent (1945), como sabe el Tzara de
las teorías de Le Point, y como sa­
ben otros, que para hacer poesía es
imprescindible crear la imagen poé­
tica como experiencia vivida^ Es de
cir, la vivencia, el hecho inventado:
To nombraré tu boca y tus mano.
tai final
Tu boca eco destruido tus manos
[moneda de ploma
(Paul Eluard)
B e tomado sin ruido et puño del
[equinoccio
(René Char)
Casi a babor del agua, en et umbral
[de un lirio
se me incendiaron los ojos
(Antonio de üiidurraga)
ya puede ver el sentimiento de su forma
el espejo atrae su equilibrio
(Ardén Quin)
Fiene del nudo incoado al silencio
del silencio instantáneo que oxida los
[milagros
(Edgar Bavley)
con el pulmón deshecho en el impulse
[amontonado
y el ojo argonauta surcando latitudes
[de fuego
con cenizas violadas de colores enhiestos
[de plumas hilarantes
de rugidos que ahuecan el deseo y afilan
[la mirada

(J. J. B.)

Inventar un hecho, es crear ur
concepto
poético que no pueda se.
Por M URR AY SCHUMACH
substituido ni circunscripto a una
realidad descriptiva, sino adseript.
liminar. El motivo principal, convenido
u objetivado en el conocimiento
por Miller y él, era el de que el hombre
es responsable de sus actos no solamente
emocional. Tal es lo que dije en cier­
ante su familia, sino también anto la so­
to ensayo y que repito ahora a pro­
ciedad. Después de eso, ambos invirtieron
pósito del letrismo, ya que Isou y
tres agotadoras semanas en los últimos
los suyos no hacen otra cosa que caer
toques de la obra antes de dar principio
a los ensayos. Cada línea de diálogo fué
en el elemento fotográfico y en i
puesta bajo el microscopio. Cada tipo fue
sugerencia de que hablaba Mallar
analizado no sólo en relación con su papel,
mé. Isou describe, imita los objetosino también cor.1 su carácter. De todo esto
y los sucesos de la naturaleza. Incu­
resultó, naturalmente, una serie de prove­
chosas modificaciones. Más recientemente,
rre, inclusive, en la misma descrip­
Tennessee Williams, al preparar A Street­
ción cuando se vale de retruécanos
car Xamed Desire, dijo que en las sesio­
o de sílabas inventadas con relación
nes de pre-ensayo con Kazan había intro­
a ciertos estados del alma que se
ducido muchos cambios en el libreto ori­
ginal.
tratan de objetivar onomatopéyics
En la tarea de fijar quién hace cada
mente. Sigue siendo simbolista, sim
papel, Kazan es impermeable a la fama de
bolista a su modo. Xeosimbolisti
los artistas. Quisiera él no tener en su
para un mejor apellido. Y este es e¡
conjunto “ primeras damas” . Tampoco e«
error que le destruyó en el mism 1
de ios que exige mucho a la belleza per­
sonal, a menos que ello sea importante
día de su nacimiento. Porque el pot
para la representación. Lo que él quiere,
ma debe estructurarse a base d
además del talento, es inteligencia. La es­
vivencias que creen la imagen con
cuela “ instintiva” de representar le in­
eeptual. Fué el sueño que abortó ei
comoda. Un actor o una actriz —piensa
Kazan— debe ser capaz de comprender no
Bandelaire y Mallarmé, que se frus­
sólo su papel, sino también los demás dr­ to en Valéry y que anunció su dia­
ía obra. Está convencido de que si un ac­
léctica en Rinrbaud, en Lautréamont
tor se identifica plenamente con el carác­
y en Apollinaire. Este es el sueno
ter de su papel, no le será posible echar
éste en el olvido. Puede olvidar exactaque ahora se está haciendo realu a
( Continúa en la pág. 15,)
concreta.

�cabalgata

M£dK#&gt;,att’jrxuu
(Viene d « la pág. i i . )

MAX

DI CKMANN

15
precisamente cuando más debía pre­
ocupar a los escritores brasileños.
Max Dickmann puede representar
un modelo admirable para servir de
inspiración en sus líneas más carac­
terísticas, tan necesarias de seguir
en nuestro continente. Exactamen­
te : Madre América, es y debe ser el
modelo insustituible para una con­
cepción novelística dentro de lo que
necesariamente exige América.
Podemos considerar las cuatro no­
velas de Dickmann como unidas por
ol mismo interés del problema hu­
mano. En todas ellas se debate el
grave conflicto del hombre con el
medio que quiere aprisionarlo en un
círculo extraño a su voluntad crea­
dora. Son, como es lógico suponerlo,
novelas sociales, si bien este término
ya no tenga la fuerza que poseía
hace veinticinco años, en tiempos de
Máximo Gorki y de Max Nordau,
que tanta influencia tuvieron en la
generación formada al iniciarse la
primera guerra mundial. Son socia­
les porque penetran hasta lo más ín­
timo de la sociedad contemporánea,
examinándola profundamente y de­
terminando su función orgánica en
las ideas de nuestro tiempo. Dick­
mann no es ni con mucho novelista
de crear simpatía fácil. No lisonjea
vanidades, no tolera falsos conceptos,
no se presta a sustentar en manera
alguna confusos principios, y ni si­
quiera se vale de recetas al uso. Son­
dea, analiza, señala con entera li­
bertad y con la máxima elevación
moral. Moral, según y cómo la moral
se entiende. Es decir, colocando los
puntos sobre las íes, sea donde fuese
que estén colocados los falsos prin­
cipios.
Algunos podrían pensar que este
novelista, por las ideas que contie­
nen sus obras, sea un socializante
o algo más todavía. A las personas
conservadoras les asustan las pala­
bras que definen ideas. Sin embar­
go, no por eso pueden evitarlas,
cuando estas tendencias caen sobre
las civilizaciones con fuerza demole­
dora. Entendemos también que un
hombre de ideas es el que expresa
principios ideológicos. Un novelista
que se precie de hombre de su tiem­
po, no podría —salvo que se enga­
ñara a sí mismo— pasar por alto los
problemas de su tiempo. Esquivar­
los, darlos por no existentes, sería lo
mismo que pretender tapar el cielo
con una mano. Así Dickmann no ha­
ce otra cosa que auscultar su época,
vivir la existencia torturada de su
mundo y captar en él todo eso que
nos presenta en sus obras sutiles y
penetrantes hasta lo más intimo,
donde hay una mirada de verdadero
vidente. Tal como si tuviese ante él,
en su mesa de operaciones, el cora­
zón del mundo al descubierto.
Entre1sus obras, una de ellas, me
refiero a Esta Generación Perdida,
me ha dejado con mucho de confu­
sión y tristeza. Confuso porque en
ella he visto el trágico panorama deí

mente las palabras, pero el eoirocimiento
i, su idiosincrasia le proporcionará las
palabras adecuadas para comunicar y
transmitir lo que significa.
Durante la tarea del ensayo, Kazan delica la primera semana —aproximada­
Por BRAULIO SANCHEZ ■SAES
mente una tercera parte del tiempo que
r,quiere la representación de una obra—
conversar con los actores, sentados alren t r e la nueva generación de novelistas argentinos se destaca desde un
i ¡dor del escenario; lee las partes de unos
tiempo a esta parte la personalidad de Max Dickmann. No precisamente
otros, hace preguntas y responde a las
por la abundancia de su obra, pero sí por la calidad que hay en toda ella.
ie le son hechas. Obligar a un actor a
tar sentado tanto tiempo es casi inhu­
Es un novelista que trató desde su iniciación, de focalizar diversas ideas
mano, porque lo que éste quiere es movi­
y sentimientos que se plasmaban en la civilización ríoplatense con evidente
miento escénico, mímica, gesticulación.
intensidad. Problemas, que, por otra parte, tenían necesidad de ser expues­
A veces Kazan charla sobre un deter­
tos como único medio para no dejar sin respuesta muchos interrogantes
minado papel con él actor correspondiente
mientras descansa del ensayo. Frecuente­
que surgían de la polémica o de las propias inquietudes de la juventud de
mente lleva al actor a un lado para una
nuestro tiempo, no conformadas con palabras únicamente.
conversación íntima. En lugar de ofenderse
La ficha bibliográfica de Max Dickmann es la siguiente: Europa.
por estos cambios privados de impresiones,
cuentos. Madre América, novela. Gente, novela. Los Frutos Amargos, no­
ol actor hace lo que agrada a Kazan, ge
■indo por la humildad del director hacia
vela, y su última producción, Esta Generación Perdida, novela publicada
su arte y por utr calor humano en parte
en 1945.
creado y en parte sincero. Al fin de la
Queriendo sintetizar las opiniones vertidas en torno a este escritor,
semana,'los actores llevan bien infundido
podríamos comprobar cómo las palabras más autorizadas de críticos de
ei deseo de adelantar la obra y el ansia
¿e mostrar a Kazan cuán bien se han iden­
América y Europa están acordes en determinar que Max Dickmann trajo
tificado con sus papeles. Es entonces cuan­
a la novela un tema nuevo, un modo diferente de focalizar los problemas
do se les permite abandonar las sillas. Peque centralizan las ideas actuales tan unidas en su fondo tanto en ésta
r0 va lia quedado claramente establecido
como en cualquier parte del mundo.
pie Kazan es el jefe absoluto, cosa fun,Amental. No es inaccesible a la sugestión,
Ante todo, este novelista no quie­ tos últimos tiempos degenerando la
„,&gt;ro una vez que ha resuelto una cosa, no
jav quien pueda hacerle cambiar.
re ser considerado un escritor de fic­ conciencia del lector, en virtud de
Kazan siempre habla suavemente; cuanción. según el concepto que ha sub­ la supina ignorancia y la mala fe de
&gt; alza la voz m&gt; es porque esté colérico,
sistido por mucho tiempo para con­ los editores sólo interesados en ga­
ero sí un poco excitado. Cuando ensaya
siderar a los novelistas. El novelista
nar dinero. Así llegó la novela a ser,
•ea entre los actores un fuerte sentimieni de cooperación. Se debe esto en parte
actual tiene que enterarse de mu­ tanto en el Brasil como en otras par­
que como antiguo actor que fué con
chos problemas, resumir conceptos,
tes del continente, sencillamente una
diida reputación, impone respeto a todos
definir
posiciones
y
crearse
una
pla­
aventura
de incapaces.
;os que trabajan a sus órdenes, y también
taforma ideológica. Es por esto que­
que comprende sus problemas mucho me­
jor que otros directores carentes de esa
so obra es diferente. Es posible qui­
experiencia. Por ejemplo, Kazan no dirá
la novelística de Dickmann, siga más
i un actor cómo ha de señalar con el dedo
la modalidad europea que la im­
,dií&gt;e o cómo ha de dar un paso. Juzga
plantada en América por la genera­
ue un actor que ha entendido perfectaente su papel, ejecutará esos movimien­
ción anterior a la nuestra. Y hay
tos con naturalidad, y cree que la parte
algo que me sugiere la expresión
ás importante do su labor queda reali­
profunda de Virginia Woolf, esa su­
za antes de que los actores abandonen
perposición de dos planos que se
is sillas.
Dirigiendo pelíéulas, Kazan se ajusta
combaten entre sí, en lucha constan­
, ,si a la misma técnica empleada en el
te. fuerzas de choque que, antagóni­
teatro aunque su autoridad no sea tan
cas, rechazándose, analizándose, ter­
grande a causa de las características del
minan por comprenderse al último;
regocio cinematográfico. Pero sin esta li­
lucha entrañable, que, al fin de
citación él so hace valer. Durante la fil­
iación de una película Kazan dispone cacuentas, conduce a examinar ínti­
i página del libreto en tres columnas. En
mamente las inquietudes que rodean
i primera, anota lo que hace el actor; en
e intimidan al individuo. Lucha no
.segunda, lo que debieraihacer, y en la
solamente de pasiones, sino también
■rcera la posición adoptada en la escena
a ei momento de la acción. Debido a esta
Max Dickmann
de encontrados sentimientos sobre
icción sistemática, no es Kazan un director
los graves problemas sociales de la
.presurado. El promedio de lo que un di­
Si se tradujesen novelas como las
actualidad.
rector puede filmar cada día no^ va más
de
Max Dickmann, y con él otros
Entre las obras de este escritor
allá de tves páginas del libreto. Kazan no
autores de su tipo, podríamos con­
Urna más de dos páginas. Pero los actores
bien vale examinar Madre América.
fiar en una eficaz evolución del gé­
gustan de su ritmo. Gregory Peck, primera
qué no comprendo cómo no está ya
igura de Acuerdo entre Caballeros, por
nero
de ficción, aunque fuese imitraducida a no menos de media do•jemplo, afirma que Kazan crea una com­
lando,
pero imitando buenos mode­
posición de lugar espiritual mejor que I cena de idiomas; especialmente al
los.
Con
esto no se quiere decir que
k
portugués,
porque
con
ella
podrían
ualesquiera de los directores con los que ¡
orientarse muchos novelistas brasi­ el Brasil no haya tenido sus impor­
na trabajado.
Representan una gran molestia para
leños en el arte de “ hacerse a la tantes ciclos novelísticos: el norte
Kazan las personas que le piden especifi­
con José Américo de Almeida y Jo­
mar’’, dejando de una vez la estulta
que las diferencias existentes entre dirigir
sé
Lins do Regó y otros de tendencia
novela,
manida
y
cursi,
de
imitación
ana película y una obra teatral. Sin emOargo, en uno de sus libros de notas se
de unos y otros autores, donde el individual como Jorge Amado, Oc­
ha ocupado de la cuestión y sus conclusio­
factor creador es negativo. Al par, tavio de Faría y Gracilianos Ramos,
nes abarcan considerablemente más que el
la novela cinematográfica fué en es­ para dar algunos ejemplos. Que los
rumiar experiencias con tono grave. En­
hay también en el acervo de un Ma­
tiende que tanto en el teatro como en el
Grupo Teatral, organización con sólo dos
chado de Assis, un Aluizio de Azecine debe ser evitado el diálogo, siempre
años de vida. A las cinco semanas le di­
vedo,
un Lima Barreto, un Julio
qne la acción sirva a ese propósito. 11 En
jeron que no poseía dotes de actor y le
Ribeiro
y un Raúl Pompéia. Los
¡as películas —escribe— mucho mas que
ordenaron abandonar el Grupo. El se ne­
en la escena se manejan no ya palabras \
malos modelos que han servido de
gó. Persistió durante dos años, realizando
acciones, sino lo que bulle en el corazóntareas como la de pintar los decorados y
inspiración han traído las malas
en los sentimientos de los protagonistas.
pegar recortes. Se le miraba con no disi­
concepciones
y, por resultado, la deLa cámara puede fotografiar los p e g a ­
mulado menosprecio por parte de algunos
cadet-.JÁt
del
género, que es ahora
mentos y los sentimientos” . Y hace noactores del Grupo. En un esfuerzo por
ar: “ Primero se ve, luego se oye. En la
conquistar su camaradería y aliviar así si
escena, el sentimiento de emoción no lle­
dolorosa soledad, llegó hasta aprender su
gará al auditorio a menos que se esté alerlenguaje suelto y su vestir descuidado. Y
a con la acción que surge de aquel sentifué lo suficientemente orgulloso para no
niento. En las películas puede fotografiar­
pedir a su padre en ninguna ocasión di­
ía la emoción estática. La esencia del teanero, ropas ni cosa alguna.
ro es concentración y penetración; la de
Harold Clurman que, coir Lee Strasa pantalla; acción, movimiento, ampliburg, dirigió el Grupo Teatral, fué de los
Corrientes 1135. 2? B
T. A. 35-0878 ■Buenos Aires
•ud” .
pocos que mostraron alguna consideración
Contrariamente al pensamiento que preAGENCIA AUTORIZADA
hacia el joven de ojos encendidos. Tam­
iomina en Broadway, Kazan dice que e.
bién entre ¡os que fueron objeto de burla
eatro es ilusión y ei cine realidad. “ La
cabe citar al joven Clifford Odets. Kazan
gente no gusta demostrar sus sentimieny Odets se convirtieron en íntimos ami­
’os. Los actores, sí. Esto es perfecto en el
gos, envueltos en la desgracia y fracaso
'scenario debido a que se tiene allí un mecomunes. Fué merced a las obras de Odets
,lio artificial. Solamente en los films se
— Waiting for L efty, Paradisc Lots, Golíotografía la experiencia real’’.
cien Boy y Xight Music— como Kazan
logró renombre de excelente actor. Su du­
Desde que Kazan llegó de Turquía,
ro semblante, ágiles movimientos y su ac­
uando contaba 4 años de edad, todo io
REVISTA MENSUAL DE LETRAS Y ARTES
titud antisocial hicieron de él el tipo per­
que le ha ocurrido hasta los últimos años
fecto para los papeles de “ gángster’’.
sirvió para robustecer su convicción de
P erú 973 - B uenos A ires
Pero Kazan estaba resuelto a llegar a ser
ue la sociedad le era adversa. Sus padres,
director. Durante los últimos años del Gru­
,uo son griegos, se mudaron desde Nueva
po sus esfuerzos en tal sentido viéronse
Desde el num ero 20;
York al suburbio de New Bochelle. Aquí
l'rustados y juzgó que debía alejarse del
cursó el bachillerato, sin tener amigos. Su
correspondiente
al mes de Ju n io próxim o
mismo.
padre, dueño de un próspero negocio de
Cuando
en
1941
se
disolvió
el
Grupo
venta de alfombras, se quejaba de que
Precio del e jem pla r : UN PESO
presentóseie una oportunidad. Su dirección
Elia gastaba casi todos sus ratos de ocio
de
Café
Corona
llamó
la
atención
de
en leer. Se graduó con altas notas, parti­
Suscripción anual: $ 10.— moneda argentina
Thornton Wilder y de Mayerberg y firmó
cularmente en matemáticas y ciencias.
contrato
para
poner
en
escena
Skin
of
Our
En el Williams Collego, donde ingreso
Teeth. Fué esta la mejor ocasión, en la que
en 1926 sólo tuvo Kazan tres amigos; nlu.
Pedidos Interior y Extranjero :
volcó todo el vigor de su talento.
donde él lavaba platos en una residen­
Lo que Kazan ha hecho hasta ahora es
D istribuidora T riunfo , Rosario 201, Buenos Aires
cia estudiantil, se le desarrolló un -rondo
nada en comparación con lo que se propo­
resentimiento contra la vida social. Se giane hacer. Su escuela de arte dramático fue
4uó cuto laude y, contra los deseos ue su
eclipsada por sus grandiosas ideas de lo
padre, ingresó en el Cuadro Dramático
que proyecta llevar a cabo en el terreno
Yále. Allí se encontró con un teatro con
O
cinematográfico. Sueña con hacer películas
FR A N Q U E O PA G A D O
«
o 2
decorados, bambalinas y luces. Todo es j
R E G IS T R O D E P R O P IE D A D
épicas que retraten a Estados Unidos y a
C oncesión N ? 3205
hh
era una invitación para sus manos cuadra­
IN T E L E C T U A L N ? 2 5 4 4 2 8
*3
su pueblo; películas que serán filmadas no
V«u
das de mecánico. Kazan era un mediano
OO
en estudios, sino en los campos, las minas
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M P R E N T A
C H I L E
V cá
actor y motivo do befa. De ahí brotó su
ü
v las fábricas.
C oncesión N9 3799
P e r ú 5 65
B u e n o s A ire s
3
antagonismo al ambiente que ¡c vodca a.
P u b licació n a u to riz a d a por
“The Xew Y o r¿ T im es M ogazine” .
En 1933 se incorporó com í aprendiz a.

UN NOVELISTA DISTINTO

E

Avisos en CABALGATA

OFICINA TECNICA DEL LIBRO

mundo y el triste fruto heredado
por esta pobre generación, perdida
en absoluto, cuya decadencia y cu­
ya destrucción está en la propia ma­
triz familiar. Triste, porque es ver­
dad lo que en esta novela se dice y
se presiente. Fruto trágico de un
mundo equivocado que no supo lu­
char porque nació vencido, comple­
tamente vencido...
Pese a todo, es una obra construc­
tiva y, dentro de su exposición rea­
lista, fuerte y dura, enteramente
verdadera. No hay que hacerse ilu­
siones : es esta una generación per­
dida, absolutamente perdida, porque
no supo mostrar su integridad y,
ya adulta, fué dominada, como si
fuese una indefensa criatura.
Max Dickmann no suele gustar de
eufemismos engañadores, no cubre
las apariencias con sinónimos que
diciendo las mismas cosas pueden
prestarse a suposiciones erróneas. Y
hace muy bien. Inútil sería buscar
subterfugios para cosas tan eviden­
tes y tan claras. Ciertamente, le es
inoficioso cubrirlas con un falso
manto para que no séa tan real su
desnudez. Y lo curioso, es que, así
y todo, esa. verdad nos muestra en
forma consoladora, nuestra propia
miseria para que podamos tener lás­
tima de nuestra propia desnudez de
alma, tan escondida siempre en fal­
sas vestimentas, que poco disimu­
lan la pobreza moral de nuestros
cuerpos.
Magnífica obra Esta Generación
Perdida.
Entre los escritores que estudia­
ron la obra de este novelista, deben
destacarse, a la par de otros, Mau­
ricio Magdaleno, que compara a Ma­
dre América a La Vorágine, de Eus­
tasio Rivera y a Facundo, de Sar­
miento. También el profundo lírico
Gilberto González y Contreras, cali­
fica esta misma obra como: epopeya
burguesa donde se centralizan pro­
blemas de un denso e inconfundible
realismo. Erico Verissimo, el nove­
lista riograndense, dice que Madre
América es uno de los mejores libros
surgidos en la América Latina. Luc
Durtain, el novelista francés, indica
que es un libro que quisiera ver tra­
ducido al francés. Jorge Icaza con­
fiesa que la lectura de Madre A m é­
rica le dejó un recuerdo imborrable.
Alberto Lasplaces, el crítico urugua­
yo, realiza un substancioso estudio
diciendo que esa novela, tiene pági­
nas maestras, por su intención y por
su estilo. Fernando Díaz de Medina,
el escritor boliviano, afirma que
Gente es una obra “ donde se retrata
el choque entre el inmigrante y el
nativo americano, como nunca otro
escritor supo describirlo con tanta
naturalidad y evidencia’’. El crítico
norteamericano Maurice R. Sennett,
elogia diversas obras del autor, de­
teniéndose con preferencia en algu­
nas de sus novelas, proponiéndolas
como verdaderos modelos dignos
de ser imitados y difundidos en los
Estados Unidos. Miguel Alfredo
D ‘Elía, el fino poeta argentino, en
un reciente estudio de la obra total
de Max Dickmann, lo coloca a la ca­
beza de los mayores novelistas de la
hora presente. Lo mismo hace el pu­
blicista Orígenes Lessa, que últim a­
mente, en un artículo publicado en el
suplemento literario de “ 0 ‘ Jornal’’,
califica a Dickmann de novelista
distinto. Muchos otros nombres po­
drían citarse, que destacan el valor
de la obra de este original novelista.
Max Dickmann, escritor conscien­
te, sin complicaciones, realiza su tra­
bajo sin precipitación. Sabe que an­
da sobre buen camino y que su lle­
gada a la meta es segura. Su obra
representa, en la actual generación,
el esfuerzo más serio, más honesto
y mejor realizado de toda la novelís­
tica de nuestro continente america­
no.
Ya su nombre se impone en los
cuatro puntos cardinales de la Amé­
rica española. Sus obras han sido
leídas en diferentes idiomas, porque
su nombre marcha a universalizarse.
Veremos como cuando la Companhia
Editora Nacional — editora de E sta
Generación P erdida— que tiene pro­
gramadas las obras de Max Dick­
mann, las publique en portugués,
conquistarán la atención de los lec­
tores brasileños, que descubrirán en
él al novelista de nuestro tiempo.
( T r a d u c c ió n d e l p o r tu g u é s p o r R a ú l N a v a r r o )

�cabalgata

16

anticipa las realidades que
más tarde. Muchas
Ede selasartedescubren
funciones de la vida tienen
l

límites, pero el arte es ilimitado.
Posee un gran poder de investiga­
ción y renovación, una infinidad
de medios de expresión y una vas­
ta influencia externa. Pero esa’ in­
fluencia ha sido muy a menudo in­
consciente e irresponsable. En lu­
gar de anticiparse a los tiempos y
las realidades, tanto abstractos co­
mo concretos, algunos pintores sólo
saben girar en torno a sí mismos.
Por eso, han pasado a ocupar una
posición secundaria, intelectual y
socialmente, porque, aunque la ex­
presión de nuestro yo interior es
necesaria, no lo es nunca como una
finalidad exclusiva’. Cuando el in ­
terés fundamental de un artista se
sintetiza en su persona, se perderá
fácilmente en divagaciones arbi­
trarias, perderá su intención y re-

J oan J unyer. Proyecto de escenografía, realizado para la Sección de
Arte Dramático del Museo de Arte Moderno de Nueva York, 194&amp;

LA PINTURA
J oan J u n y e r . Hombre y mujer. (Tempera.)

huirá la conciencia y la respon­
sabilidad.
Hoy día, el campo de la’ pintura
se ensancha y el pintor debe salir
de su marco.
Creo que la pintura de caballete

es el centro dinámico, la célula bá­
sica, el punto de partida de la pin­
tura. Como tal, es limitada en sí
misma, pero infinita en sus realiza­
ciones. Por ejemplo, hoy no se pue­
de sacar un cuadro del caballete y

Colección Dr. W. O'D. Pierce, Nueva York.

- I ir
a

danza es una de las primeras

manifestaciones del arte. No es
Ldifícil
imaginarnos que el arte se
expresara con los pies, antes (pie
con las manos o la voz. La verda­
dera esencia de la danza, como ar­
te, se encuentra en la necesidad de
expresar nuestras penas o alegrías
por medio de movimientos ceremo­
niales. Y como tal, la danza crece
y se desarrolla a la par que nues­
tras necesidades. Con excepción de
algunas regresiones, avanza firme­
mente hacia la perfección de sus
leyes y la libertad de su expresión.
El ballet y la pintura son un ejem­
plo notable de la colaboración be­
neficiosa de dos artes. Cada una de
ellas ha hecho mucho por la otra.
Pero, en los actuales momentos, es
necesario poner al día la pintura
de ballet. El arte escénico, conce­
bido como fondo o marco, se en­
cuentra ahora en la última fase de
un período glorioso.
Hubo un tiempo en que los bai­
larines románticos, colocados fren­
te a un fondo romántico, bailaban
a los acordes de una música ro­
mántica y para un público román­
tico. Iloy es raro encontrar esa
unidad. Los casos de antagonismo
entre las tres artes, son frecuentes.
A veces, la pintura es un obstáculo
para la coreografía, y en otras,
ésta la obscurece o suprime por
completo. Mas, sin embargo, un
ballet con un telón negro y trajes
borrosos, es igual que un ballet sin
música.
La integración perfecta de las
tres artes, el que ninguna de ellas

juegue un papel subordinado, au­
menta el valor de la coreografía y,
gracias a ella, el ballet adquiero
una fuerza de universalidad. Claro
está que una colaboración tan ar­
mónica depende de una común uni­
dad de propósitos, de que el co­
reógrafo-compositor-pintor traba­
jen siempre como tales. Pero esa
unidad no debe convertirse nunca
en un cálculo excesivo, que coarte
la sensibilidad y no permita el li­
bre funcionamiento de las emocio­
nes.
La danza, como la escultura, de­
bería verse desde todos los lados y
no desde una sola dirección, como
ocurre ahora. Encuentro más na­
tural que el público se disponga
en un círculo, y no en una fila.
Pero como, por el momento, no se
puede disponer de un teatro redon­
do para el ballet, tenemos que ajus­
tar nuestro trabajo a la visión
frontal. Esto es más restringido y
difícil de lo que parece, ya que en
la “visión frontal”, se hallan in­
cluidos los asientos de los costados
y las localidades de los pisos al­
tos, tanto como las de la octava
fila, al centro.
El centro visual esencial de la
danza es el eje del movimiento.
El pintor debe dar vida, no al
marco ni al fondo, ni siquiera al
centro visual del movimiento co­
reográfico, pero sí asimilar y orga­
nizar la esencia de cada danza.
Gracias al ambiente estético, crea­
do por él, debe producir en el es­
pectador una identificación activa
y absoluta con los bailarines.

í

Joan J unyer. Cossiers, en el baile típico de la Isla
de Mallorca. 1928. Colección Me. Greewv, Dublin.
i
„ f &lt;¡f
1 /’
w r i ¡m r

1

CIARES II
Por R O B E R T ORA VES
T a isla de Mallorca, donde Joan Junyer solía pintar todo los veranos,
-*-1 antes de la guerra civil española, forma parte de España, pero su at­
mósfera difiere totalmente de la atmósfera turbulenta de la península. Los
isleños se enorgullecen de su calma y les gusta el saber que en la isla han
ocurrido pocos hechos de importancia histórica, desde que fu é conquistada
a los moros, en 1229. Los ingleses y franceses no han ocupado jamás Ma­
llorca y, excepción hecha de una rebelión contra los señores feudales, ocu­
rrida en 1521, no ha habido en ella una sola rebelión. J jo s mallorquines no
conocen las “ vendettas”, los crímenes de pasión o violencia, y consideran
la embriaguez una vergüenza.
Este espíritu conservador ha mantenido vivas las danzas populares,
relacionadas con los distintos festivales del año agrícola, festivales ante­
riores a las ocupaciones mora, bizantina, vándala y romana., y que datan
de la edad neolítica. Las danzas pueden compararse con las danzas populares británicas, tan antiguas como ellas, pero que, en su mayor parte, han
desaparecido a finales del siglo pasado. Los cornudos “ Cossiers” de Montuiri recuerdan a los bailarines del Yeovü; los “ Caballets” de Pollensaa los jinetes de Woodstock. E l industrialismo, los alimentos baratos e im­
portados y las capillas, acabaron con las danzas británicas. Esas fuerzas
no pueden operar en Mallorca, cuya principal riqueza la constituyen los
higos, el aceite, las almendras, los cerdos, las frutas cítricas y los cereales,
y donde las danzas están tan estrechamente unidas con la religión que, en
el pueblo de Alará, famoso por sus bailarines, la danza profesional comienza
dentro de la iglesia.
Las danzas populares se bailan con gran energía, pero sin el abandono
y el ardor de las fiestas populares andaluzas o gitanas. En los pueblos de
la montaña, el fondo lo constituyen casas de granito gris y olivares; en la
llanura, casas de piedra caliza, almendros y palmeras. Son danzas rituales,
que se bailaban originariamente en honor de la íbera Diosa Luna, patrono
de las frutas y cereales, que mantuvo su influencia en la isla hasta los
tiempos del cristianismo y cuyo poder matriarcal se siente aún oscuramente
en los pueblos. Los cuernos de toro y los caballitos de madera son reliquias
de los clanes totémicos que dominaban, y en una de las danzas de Valldemosa está representada por dos mujeres que describen círculos en torno a
un solo bailarín, con los brazos curvados sobre la cabeza, imitando la luna.
E l bailarín se arrodilla, deslumbrado, y extiende la mano suplicante, hasta
que una de las mujeres le indica con el gesto que se ponga de pie y baile
con ella. Los vestidos son tradicionales; los colores ricos, pero no chillones.
Los hombres llevan unos chalecos cortos y amplios calzones; las mujeres
faldas acampanadas, ceñidos corpinos negros, adornados en los codos con
botones de oro, y un “ volant”, o especie de halo lunar de encaje, rodeán­
dolas él rostro. Los instrumentos tradicionales son la gaita, el tamboril y
el flaviol.
La sordera de Junyer le ha impedido oírlos; pero, como Goya, sordo
también y con la misma y demoníaca intensidad de espíritu, ha sabido
cultivar un sentido supra-visual de la relación entre el movimiento y el
color, que l i e n s u s cuadros con todo el ruido de la fiesta.

llevarlo directamente al teatro, s'n
detrimento de la acción teatral. Ni
tampoco se puede hacer un mural,
ampliando dicho cuadro e impo­
niéndolo a la arquitectura contem­
poránea, sin detrimento de la in­
tegración visual de toda la cons­
trucción. En otras palabras, no

—

1

¡
POR

J O A N
J U N Y E R *
basta trasplantar un cuadro para
darle un lugar pertinente en la
unidad constructiva.
La organización de la vida ac­
tual crea necesidades y obligacio­
nes nuevas.
Del mismo modo que el edificio
va surgiendo de los planos, la rea
lidad interior de la ima'gen pictó­
rica debe asumir su debido cuerpy
su propia presencia física. Entor­
ces, la independencia y utilidad de
la p i n t u r a alcanzan una .'ealiztción concreta que sobrepasa los li­
mites de la pintura de caballeé.
Tina pintura fija y estática no
es el equivalente apropiado de
nuestra época.
Yo trato de realizar cuadros qu:
tengan no sólo uno, sino mucho;
aspectos: no una sola visión, qa
pueda convertirse en hábito rígid&lt;
y mecánico, sino visiones diversa
que estimulen, por caminos dife
rentes, ese sentido de la receptiv.
dad y esa curiosidad inquisitiv¡
que residen en el fondo de todo
nosotros. '
Un cuadro que sepa hacer us
de accidentes e incidentes tales ce
mo el cambio de las luces (la di
sol tanto como la artificial). 1&lt;
forma plástica y las diversas pos
ciones del ojo del espectador, ins ­
tará a ese proceso de constan! ■
adaptación y transformación qnr‘
constituye la esencia misma de
vida. De ese modo, el cuadro po­
drá ser asimilado libremente, en
vez de imponerse al espectador
con su presión frontal.
Yo lucho por conseguir un luga
constructivo para la pintura, aso­
ciada o, mejor dicho, integrada cM
las otras artes, por la ciencia y
técnica modernas.
La intervención directa del pii
tor, en el mismo nivel que sus d ■
más colaboradores, significaría noa
cooperación consciente y responsa­
ble. No debe juzgarse erróneamej
te como “un retorno al Renac
miento” (ya que el pintor de h&lt;
día tiene que hacer muchas uu
cosas que pintar), ni al colectivo
mo (es decir, al trabajo de un equ
po de artistas para la confección
de una misma pintura mural). Nin
guna de esas soluciones me parec
apropiada para' nuestra época. Creí
que ambas serían tan dañinas, cfmo si se aislara el artista en '■
centro del mundo, o fuera de él.
Joan Junyer, p in to r c atálán naciáo ^
B a rc e lo n a en 1904. re s id e n te en los Estada
U n id o s d e sd e el año 1942. Tiene obras en J
p rin c ip a le s M useos de E uropa. En la Pr,,n
v e ra de 1947, la B a lle t Society presentó
b a lle t d ra m á tic o en dos p a rte s titulado
M in o ta u r” , con m ú sic a de E llio t Cárter. WJ1,
Index, que d irig e n u e s tro conocido -bjn aJ|
K ir s te i» con P a u l M agriel, ha dedicado •
n u m e ro a J o a n J u n y e r , a su arte, a sU
y a los d e c o ra d o s y v estidos creados P°. ^
Do la re fe rid a p u b lic a ció n nos c(-mp
p ro d u c ir la s n o ta s que honran es.a P

�</text>
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Rojas Paz, Pablo&#13;
Girri, Alberto&#13;
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Saavedra, Juan&#13;
Westerdhal, Eduardo&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Fernández Suárez, Álvaro&#13;
Freitas, Newton&#13;
Mallea, Eduardo&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Ghiano, Juan Carlos&#13;
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Bajarlía, Juan Jacobo&#13;
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Sánchez Saes, Braulio&#13;
Junyer, Joan&#13;
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                    <text>REVISTA

M E N SU A L

REDACCION

Y

UE

LETRAS

Y

APARECE

ARTES

ADMINISTRACION:

Año III
Abril

Perú 973 - Rueños Aires - Teléf. 34-2384

18

19 4 8
2° Epoca

LA P E S C A
MILAGROSA

EL

DI A

PRI MERO

BE

MES

Precio del número: $ Ü.60 moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a l : $ 6.50 m on ./arg.

EL ESPIRITU
L A T I N O

Por PABLO ROJAS PAZ

Por ANDRÉ SIEGFRIED

l poema gauchesco Martín Fierro, al ser una

rancia se dice latina y goza en el mundo de
conversación de punta a cabo, se alza en paya­
las simpatías de la latinidad, ¡p ero qué hay
da sostenida en el momento de opinar. Y por ma­
que entender — exactamente— por este término?
yor gala, o por intencionada actitud del poeta, es
Si ajustamos la pregunta a cierta precisión, nos
adrede el más humilde de los hombres — un ne­
percatamos fácilmente que no se trata de una
gro— el que habrá de hacer de Edipo ante las
raza, sino de una comunidad de lenguas y de
preguntas de la Esfinge, el que habrá de en­
civilización.
frentarse a los enigmas que se le van planteando.
Se ve al mismo tiempo que el Mediterráneo,
Y en las preguntas y respuestas hay una aérea
cuna de esta civilización, puso en ella una marea
ductilidad. Las palabras dicen lo que deben de­
indeleble: la de Roma, en el doble sentido romano
cir y se van. E l acento lírico adquiere acá su
y católico, la de Grecia, por mediación romana,
máxima intensidad. La voz humana, hecha con­
la de Oriente y la de los Arabes por innumerable
certada reflexión, decorada por el cauteloso ras­
infiltración visible u. oculta. Cuando la latinidad
gueo de la guitarra, dice la experiencia del mun­
se
extendió a. Centro Am érica y a la Am érica
Dibujo inédito, con lápices de colores, de F ederico G arcía L orca.
do. E l verso desatado es andante deeoroso al
del Sur, estas influencias atravesaron el A tlá n ­
tico c o n e lla .
'
:r~
expresar los grandes temas. Y así surge el mila­
gro total de lo que está grabado para siempre
Entre los factores quer contribuyeron a formar
—no en el bronce ni en el mármol— sino en la
la psicología de los. latinos, creo que es. preciso
situar, en primer término, el clima del M edite­
nada que es lo único eterno, porque es, en de­
rráneo, desértied por su luz, continental por sus
finitiva, lo único existente, de esa nada de donde
ofensivas de frío, catastrófico po.r sus lluvias,
vienen y hacia donde regresan todas las .cosas.
sus crecientes, b u s inundaciones. E l vien to'; ‘ m a­
El pensamiento, nada más que el pensamiento,
sólo el pensamiento; porque.es lo único que se
rino “ .deprime; el mistral excita. B a jo semejantes
.citaos,, -las horizontes son nítidos, los caracteres
salva d é la destrucción "total. Mientras quéde el
pensamiento estaremos siempre a punto de re­
vivos,7pero lá a. tm d a d corre "riesgo cté ser errátil.
PRESENTADOS POR GUILLERMO DE TORRE
crear la cosa de ése pensamiento.
La propia naturaleza, con pequeñas
Desde el momento que sabemos que
llanuras aisladas, con costas articu­
E v o c a n d o mis indelebles recuerdos de jubilosos, ingrávidos días vividos en camaradería con Federico
ignoramos ya nos echamos a andar
ladas — contraste constante del mar
García Lorca, cierta vez advertí cómo la dirección postal que el poeta, cuando se ausentaba de M a ­
por el camino de la sabiduría. E l
y de la montaña— se presta a una
drid a Granada, solía darnos a los amigos era casi inútil, pues “ rara vez respondía a las cartas” . En
ignorante perfecto es aquel que igno­
geografía de piratas necesitando p a­
mi memoria habían quedado perdidamente traspapeladas varias cartas que Federico me dirigió, hasta
ra que ignora; ‘ ‘ desde que aprendí a
ra la defensa el establecimiento de
el punto de que proyectando en cierta ocasión recopilar su escaso e “ improbable” epistolario tracé
ignorar de ningún saber me asom­
pequeñas ciudades fo rtifica d a s; es­
una lista de antiguos amigos comunes de quienes recabar lo que conservaran, pero *olvidé incluirme a
bro” dice el gaucho. Goethe hubiera
ta articulación, generadora de com­
mí mismo.
querido para sí este pensamiento de
partimentos y de individualidad,
Calcúlese, p or con sigu ien te, la
textura clásica, de tectónica greco­
contradice la masa y la standardiza­
enorme y fulgurante sorpresa que
rromana. Tengo para mí más alto que
ción de las civilizaciones de grandes
experimenté hace un año al recibir
también hay una perpetua resurrec­
todo dentro del poema esa definición
espacios; el latino inicial es un hor­
en Buenos Aires gran parte de mi
ción basada en una asombrosa apti­
de tiempo que con frecuencia me
ticultor más que un campesino, un
biblioteca y archivos, que hasta en­
tud prolífiea. Y as igual en las
gusta comentar: ‘ ‘ E l tiempo es sólo
artesano más que un ob rero ; la ciu­
tonces me fué imposible rescatar de
ideas. Y más aún; de esos senos
tardanza de lo que está por venir.”
dad, bajo su form a estrecha, p ro­
Madrid, y encontrarme, entre nu­
sombríos de las profundas abisales
Esta definición soporta la compa­
picia al clan, es su marco natural.
merosas carpetas de corresponden­
surge una vida maravillosa con cu­
ración con otras de muy alto origen.
Se trata, además, de un medio en
cia, diversas cartas ilustradas con
yas creaciones ha sido sobrepasada
Aristóteles nos dice que el tiempo
donde se holla los siglos, en donde
dibujos y tarjetas postales de F e ­
es la imagen móvil de la eternidad,
toda fantasía. Y todavía la super­
( Continúa en la pág. 9 .)
derico García Lorca.
ficie del mar con sus refulgentes
en tanto que Einstein establece que
Los hechos desmentían así una
noctilucas, sus aguavivas y ese chis­
el tiempo es función de movimiento.
viciosa propensión que todos padece­
porroteo de luz y fuego en el atar­
Y después el origen del amor y el
mos a desfigurar o hiperbolizar per­
canto de la noche, el concepto de
decer. S í ; no hay nada más parecido
sonas y sucesos, viéndolas más que
la medida, todo lo demás de este
a la inteligencia y a la imaginación
como fueron en realidad, como la
interrogatorio en el cual Picardía
que el mar. E l espíritu tiene un
rápida leyenda quiere que hayan
ejerce de San Sebastián de las pre­
origen marino. E n el antro de las
sido.
Tanto se habló, tanto se escri­
guntas.
aguas y en el seno de los pensa­
bió
y
exageró sobre las cualidades
Advirtamos, pues, que la payada
mientos es donde más mortandad
de graciosa informalidad, infantil
es una pesca milagrosa, una embos­
hay. Las ideas salen vivas y res­
negligencia y burlón antiprotocolacada sutil, como toda aventura de
plandecientes de la mano de la pa­
Por JUAN CARLOS P A Z
risrao de García Lorca en su vida
la palabra en la cual se corre el
labra al igual que un pez en un
privada que en un momento dado
asta fines del período com pren­
riesgo de volver sin nada. Porque
anzuelo. Pero, hay otras especies que
— influido subconscientemente yo
dido entre las dos guerras m u n ­
debemos llegar a la palabra sólo
viven en el fondo sin que el hombre
mismo por esa corriente ‘ ‘ popu­
diales, no existía una escuela tan.
cuando no nos queda más remedio.
haya podido capturarlas jamás.
la r ” — me dejé vencer por ella, ol­
representativa, com pacta como a g r u ­
Porque expresarse es perecer; es en­
E n esta payada filosófica con que
vidando que el inolvidable escritor
pación, segura en la constitución de
tregar algo de nuestro mundo inte­
epiloga el poema gauchesco hay un
también “ condescendía” al deber
un ideal básico y poseedora de un
rior, darle forma. Y al darle forma,
chisporroteo de ideas e imágenes co­
urbano de escribir y contestar cartas.
buen número de reales valores, co­
ya le conferimos su riesgo hacia la
mo cuando salta resplandeciente un
La docena de ellas que he reen­
mo la moderna escuela de com posi­
muerte. Las ideas mueren en cuanto
contrado — que he vuelto a recibir,
cardumen de peces voladores sobre
tores de Checoeslovaquia. Si los
ven la luz como los peces en el aire.
mejor dicho, pues tan nuevas me
la piel del mar. Ningún gran relato
ideales de la m úsica checa han de­
Porque el mundo del pensar y. del
parecieron— tienen, no obstante, ca­
ha sido diehd a viva voz; sabían es­
morado en realizarse, si a través de
imaginar es igual al universo mari­
racterísticas algo singulares. A n te
to los griegos tanto como los he­
varios siglos la m úsica de ese país,
no con su fauna y su flora. Hay
todo, por regla general, no están
breos,
directas
hijos
espirituales
de
artísticam ente privilegiado, ha a van ­
especies que viven en los profundos
fechadas, y, en el m ejor de los casos,
zado lentam ente en la conquista de
los egipcios. Siempre un raconto ha
antros y que el hombre jamás ve.
sólo indican el año. Pero esta ausen­
su propia expresión, no es m enos
necesitado de una urdimbre meló­
Hay peces voladores que brincan en
cia de calendarios y relojes en la
cierto que los esfuerzos constantes
dica
en
que
encaramarse
y
difundir­
resplandecientes cardúmenes sobre
vida de nuestro poeta es consabida
de sus compositores en la aspiración
se
al
igual
que
amorosa
enredadera.
el agua; otros son de apariencia te­
y aun común al gremio. Después
de una realidad nacional, se han
Todo lo grande debe ser dicho a son
rrible y parecen engendrados -por
mezclan lo puramente amistoso y los
visto
logrados, en el período a que
de música. Los hebreos relataron,
una pesadilla; hay peces ciegos, lu­
proyectos literarios, en que entonces
nos hemos referid o, con la presen­
arpa
en
mano,
la
creación
del
mun­
minosos, de todos los colores. Y así
nos hallábamos embarcados, sin n in ­
cia de una auténtica escuela n acio­
do y el paso del Mar Pojo. Los
también las ideas en el seno pro­
guna transición. Y por último — de­
nal, desligada de in flu en cias ca p i­
griegos relataron las proezas homé­
fundo del pensar, las imágenes en
talle no adjetivo, sino capital ar­
tales extraterritoriales y m ostrando
ricas al compás de la lira y Débora
los valles abisales de la imagina­
tísticamente—
ostentan deliciosos
un compacto gru p o de com positores
profetizaba
al
rítmico
acento
de
la
ción. Los peces están continuamente
dibujos con lapices de colores, a mo­
de prim er orden, en p arte a g ru p a ­
cítara. Todo lo grande debe ser dicho
atacándose, devorándose, aniquilán­
do de cabeceras y colofones. Sabido
E. D ía z T e p e s . Forma de mujer.
dos en torno a la m áxim a person a­
acompañado de una música de fondo
dose entre ellos. Ilay un perecimien­
lidad de A lo is H á b a.
(V
er
artículo
de
J.
Torres
García
(Continúa en la pág. 9.)
to perpetuo en el mundo de las ideas
( Continúa tn la pág. 7 .)
eu
las
páginas
centrales.)
(Continúa
en
la
pág.
1S.)
y en el seno de los mares. Pero.

E

F

c art as

INEDITOS,

y Dibujos

POEMAS REENCONTRADOS DE

FEDERICO (¡AOCIA 10RCA

MUS HABA.

COMPOSITOR

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�cabalgata

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HAY SANGRE EN LAS ESTRELLAS

SIA

¡Oh estrellas! ¡O jos de órdenes!
¡Bocas de la Voluntad del M ar!
Vosotras conocéis los itinerarios de la sangre
y los mapas que cumplen nuestros pies.
En vuestros libros estamos
escritos como en los miembros de una Ley.
Alrededor del cuello van vuestros hilos.
En las sonrisas, vuestro llanto.
Como un pájaro privado de libertad
la espuma del azar que se desvía,
estuvo antes en vuestra fiesta original.
Vosotros conocéis nuestros nombres.
Pero ellos son impronunciables.
Vosotras conocéis los caminos.
Pero no pueden ser apresados.
Madres de nuestra obediencia,
enteradas del paso antes que nuestros pies,
dibujos de nuestros sufrimientos,
música de nuestro silencio,
urnas de las fechas que esperan caer en el Tiempo,
también vosotras sois esclavas en secreto
de nuestras venas húmedas,
de las calientes lianas animales de nuestro corazón.
De nuestras frentes parten ejércitos de orden
y miradas de alambre eléctrico.
En los oídos vibran atentamente vuestros pasos
y nuestras vidas saben ciegamente quiénes sois
porque en la sangre caen uno a uno,
— ruido a surco,— los ecos de vuestro misterio.
Nuestros labios tienen noticias
de la hierba que crece en vuestras piedras.
Nuestros ojos, pastores de luz,
sufren primero vuestras órbitas
y la virginidad de cada lugar que pisáis,
porque nuestros ojos están acostados en el mundo
y abrazan, como un amigo, a los errantes pedazos.

ORFILA BARDESIO

CANCION PARA PEDIR TUS QUINCE AÑOS
¡Qué hermosa edad la tuya cuando hilabas
quince años de carne transparente!
¡Qué alegre edad la tuya cuando el aire
iba quedando virgen en tu frente!
Cuando mis lentos ojos discurrían
en busca de tu ausencia o tu figura.
Cuando solías invadir la noche
para velar celeste agricultura.
Eras el linde de los sueños y eras
el corazón del tiempo que latia.
Y o te llamaba Niña desde el verso
y estabas en tu nombre todavía.
¡Qué clara edad la tuya cuando no eras
más que una nube firm e y jubilosa!
¡Qué terca sencillez la que cumplía
tu visita rural de mariposa!
H oy lo recuerdo así: hubo una niña
en un país lejano y sin em p eñ os...
En un país donde la luna abierta
guarecía el despojo de los sueños.
Después tuve veinte años, tres ciudades,
un ñandubay en flores, una brizna,
y una pena que anduvo por mis ojos
llenándolos de tizne y de llovizna.
H oy pido la ternura recordada,
tu mano fiel, tan cálida y abierta.
Pido esa edad y pido que transites
mi comarca de pena descubierta.

FERMIN CHAVES
E N

C O M U N

j a quién responder?
i a qué lienzo entre las gentes amigas encomendar tu tierra?
mirad sus ojos la batalla empezada
los labios la línea recta de la siesta
los colores abiertos y el espacio
apenas teníamos la lentitud interna de los frutos
para ascender la niñez la memoria
el dejo del vidrio y la madera extrema del rechazo
pero yo conocía su vigilia
de un párpado a otro párpado
en las manos juntas
nuestra amistad fortalecida
en el viento contrario
fortalecida entre otros amigos
nombrada enunciada
en el desprecio en la raiz de los otros
nuestra amistad como una línea lejana
como el bosque de ojos desconocidos
que asalta a diario el nudo de nuestros ecos
nuestra amistad renacida
nuestra amistad suave
como las ojeras de las viñas
ardiente colérica vuelta a encontrar
en el rumor de tu mano
nuestra amistad larga penetrable esparcida
iluminando la falda despierta
la marcha de los insectos y la semilla aguda
nuestra amistad de tarde
envuelta henchida
compuesta de rostros seguros
0 de noche
cristalina profunda buena levantada
nuestra amistad es diferente
como la rama y la cólera
como el orgullo desaprensivo
1qué no enseñarás tú mi amiga?
i en qué hojas no convertirás nuestros pájaros vecinos?
tu tiempo hará más rápido nuestro juego
con razón sin m otivo

EDGAR BAYLEY

C E acentúa y se extiende la interven^ ción de los escritores franceses en la
política activa, al mismo tiempo que se
observa una crisis bastante seria en lo que
se refiere a la producción literaria. Los
editores se lamentan amargamente de que
se les ofrece muy pocos manuscritos de in­
terés; pero los partidos politicos se enri­
quecen con la aportación dinámica de los
escritores. Actualmente los más activos
en el campo político son André Malraux
y Jean-Paul Sartre, aunque cada uno des­
de sitios diferentes de la barricada.
En la Sala Pleyel ha pronunciado una
conferencia Malraux, conferencia dedica­
da esencialmente a los intelectuales, para
tratar de los problemas de la Cultura. Con
pasión1 enardecida, el autor de la Condi­
ción Humana no ha hecho más que repetir
sus más recientes ideas, basadas esencial­
mente en creer que la libertad de pensa­
miento está en peligro, que “ la civiliza­
ción atlántica está amenazada por la tira­
nía asiática’ ’ . En realidad, fué un llama­
miento a los intelectuales para combatir el
comunismo, en nombre de “ los más altos
valores de la cultura” . El combatiente de
China, de España y del “ maquis” fran­
cés ha evolucionado mucho. Ha cambiado
radicalmente de clientela y se convierte en
el exponente teórico de los medios más
tradicionalistas y conservadores de la po­
lítica y de la sociedad francesa. Sus crí­
ticos señalan en Malraux un agotamiento
completo como escritor, a pesar de qne
acaba de aparecer El Museo imaginario,
el primero de los tres volúmenes de su
“ Psicología del arte ” .
En una reciente reunión del “ A golpa­
miento democrático y revolucionario” ,
Jean-Paul Sartre ha sido el encargado de
hacer una exposición sobre política inter­
nacional. Su idea central es la que viene
propagando desde hace meses: no se debe
hacer creer que la guerra es ya tur hecho
inevitable, porque de esta forma se labora
efectivamente a favor de ella. Sartre bus­
ca, desde hace tiempo, una salida a la ac­
tual situación del mundo y de cada país.
La nueva agrupación, que se ampara en
su prestigio, está integrada por escritores
y personalidades socialistas de izquierda,
que tratan de crear un tercer frente, in­
tegrado por la3 fuerzas socialistas inde­
pendientes.
♦ “ El 13 de febrero de 1948, en diez mi­
nutos y sin debate, la Asamblea Nacional
francesa ha despojado al pueblo soberano
del derecho de propiedad literaria que po­
see sobre todas las obras del dominio pú­
blico. Más aún, le hará pagar mañana lo
que poseía ayer, y le hará pagar en bene­
ficio de una corporación que, aunque re­
conocida de utilidad pública, representa
también intereses particulares” .
De esta manera se ha expresado Etienne
Gilson, de la Academia francesa, en un
artículo publicado en “ Le Monde” , y que
ha producido sensación, porque, efectiva­
mente, casi nadie se había dado cuenta
que la ley estableciendo el pago para las
obras de dominio público había sido apro­
bada por la Asamblea Nacional.
La importancia de esta ley es extraor­
dinaria y ello explica los abundantes co­
mentarios y polémicas a .que da lugar to­
davía. Hasta ahora, según la antigua ley,
sesenta y cuatro años después de la muer­
te de los escritores, sus obras “ caían en
el dominio público” y los editores no te­
nían que retribuir a sus herederos ni pa­
gar derechos; los editores podían reimpri­
mir y vulgarizar democráticamente las
obras maestras. En virtud de la reciente
ley, los editores deben pagar por las obras
del dominio público un derecho del 6 % ,
que será percibido por la Caja Nacional
de Letras y por la Sociedad de Gentes de
Letras, con destino a socorrer a los escri­
tores necesitados. Del mismo Gilson es el
siguiente argumento contra la ley: “ Es
extremadamente ingeniosa. La Caja Na­
cional de Letras debiera ser alimentada
por las cotizaciones de los escritores vivos.
Pero es más fácil hacer cotizar a los muer­
tos. Ciertamente, si se inscribe a Moisés,
al rey David v a Mahoma en la Sociedad
de Gentes de Letras sus derechos de autor
serán enriadas seguras. Shakespeare será
un asociado, y cuando se sabe que todo
ejemplar del Danto importado en Francia
pagará en lo sucesivo el 6 % a dicha so­
ciedad, se concibe que nuestras gentes de
letras deseen asociarse” .
Dicha ley establece un mal precedente.
En virtud de ella, todos los libros extran1jeros importados en Francia, deberán pa­
gar un 6 % también para la caja de los
escritores franceses. Con el mismo dere­
cho y para idéntico fin, los escritores ar­
gentinos pueden obtener de su Gobierno
una ley que, con destino a su caja de aho­
rros, haga payar a todas las obras fran­
cesas importadas en Argentina un 6 % .
Son tantas las protestas suscitadas, que
es de esperar aue dicha ley se modifique
en su aspecto primitivo.
♦ Poco tiempo ha pasado desde su última
sensacional aparición en la radio y la
mue"to de An+onin Artaud. a la edad de
cincuenta v dos años, la edad media de
los surrealistas. Su nombre está fuerte­
mente vinculado a toda la historia del
surrealismo.
Su vida fué un drama, y casi podría decirso que un martirio. Tuvo que sufrir
largos internamientos en asilos de aliena­
dos. internamientos contra los cuales no
dejó nunca de protestar. Combatió sin
descanso a los psiquiatras que querían
convencerle de su locura. A este respecto,
la “ Carta a los médicos-jefes de los asi­
los do locos” , aparecida en la “ Révolution surréaliste” , y que firmó con sus ca­
maradas, tiene algo de profecía.
Antonin Artaud so esforzó por renovar
el teatro por la visión surrealista. Su obra
Le Théatre et son double, es de una im­
portancia capital y está llamada a realiza-

C

A

R

T

A

DE

FRANCIA
Por

JUAN

SAAVEDRA

ciones futuras. Hace algunos meses ob­
tuvo el premio Sainte-Beuve por su obra
Van Gogh, le suicidé de la Societé.
♦ Los amigos más afines han celebrado
estos días los ochenta años de edad de
Alain, del que se puede decir que es el úl­
timo de los moralistas.
♦ La excelente revista “ Poésie 48 ” , de
la que ha sido fundador y animador Pierrp Seyhers, ha dejado de núMicarq». TTna
víctima más de la actual crisis editorial.
En su comunicado de desnedida Seo-hers
dice: “ Es absolutamente imposible hacer
aparecer en Francia una revista cuando
los castos de fabricación aumentan cons­
tantemente, y sería necesario aumentar en
cada número el precio de la revista” .
♦ Es sabido que los ocho miembros de la
Academia Goncourt han llevado ante los
Tribunales del Sena a los dos “ disiden­
tes” , René Benjamín y Sacha Guitry, que,
usurpando el título de la Academia, se
permitieron conceder “ un premio Gon­
court” .
Como estos dos últimos no se resignan
a su postergación de la Academia, su abo­
gado ha presentado una petición al tribu­
nal negando competencia a los actuales
académicos para proseguir la acción em­
prendida, por entender que la elección del
señor Billy carece de validez.
Seguramente, Sacha Guitry no pretendo
más que la Prensa no le olvide y se ocupe
de él.

trv, Léon Blum, Rodin, Sarah Bernhardt
Ciando Monet, Paul Valéry, André Gide’
la Otero, la Oleo Merode, Chcvalier en el
comienzo do su carrera, etc., etc.
♦ Este año, que es el dol centenario de
su nacimiento, so celebrará en Francia el
cuarenta aniversario do la muerte de Paul
Gauguin.
♦ “ La humanidad se encuentra hoy ante
un destino sin precedentes” , afirma Jules
Romains, el autor de Los hombres de bue­
na voluntad. No se puede permanecer cie­
go ante este destino. Es necesario,‘ a toda
costa, que la humanidad adquiera concien­
cia. La gravedad de la situación es tan
extraordinaria, en el sentido justo del tér­
mino, que el remedio no puede ser ordi­
nario. Las soluciones habituales, las .que
so han utilizado desde 1915 (Santa Alian­
za, S. D. N., O. N. U.) son insuficientes.
Es necesario una angustia creadora. Nin­
guno de los medios actuales es suficiente.
Una propaganda en la calma no conducirá
a nada. Es necesario crear una emoción
colectiva, como fué el caso de las Cru­
zadas.”
Otro escritor más que quiere lanzarse a
la acción política, aunque de una manera
imprecisa.
♦ “ Les Lettres Francaises” ha publicado
una página especial de su número del 8 de
marzo en “ Homenaje a Pablo Neruda” .
Se reproducen en ella poesías de Louis
Aragón, Paul Eluard, Gilbert Ancian y
Claude Sernet, escritas especialmente co­
mo testimonio de simpatía hacia el gran
poeta chileno.
♦ En la Galería Roux-Hentschel expone
actualmente algunas de sus composiciones
pictóricas el joven pintor chileno Grego­
rio de la Fuente.

C E N S U R A

♦ Durante este año se celebrarán en
Francia los actos conmemorativos del cen­
tenario de la muerte de Chateaubriand, el
autor de Bené y de Memorias de ultra­
tumba.

Sobre el actualísimo tema de la
censura, consideramos de interés
publicar algunos párrafos de una
carta que nos envía días pasados
un lector. ,

♦ TJn nuevo film francés se presenta en
los cines de París, “ La bataille de l ’eau
lourdo” , quo es un relato de la dramática
lucha durante la guerra por poseer este
secreto.
No puede decirse que dicho film sea
excelente. Si bien hay en él ejemplos de
buena técnica y momentos en que la emo­
ción se ha logrado intensamente, en gene­
ral m&gt; es lo que mejor ha producido la
pantalla francesa. Si el cinema francés
sigue tan mediocre, el público seguirá pre­
firiendo las películas americanas por mu­
cha propaganda política o no política quo
se realice contra ellas.

“Se habla erróneamente de la
censura, — dice— . Puesto que se
procede al secuestro de ediciones
de libros sobre los que previamen­
te no se ha publicado edicto pro­
hibiéndolas o sometiéndolas a lui­
d o , no puede hablarse de censu­
ra. Censurar es enjuiciar; una
obra sometida a censura puede
escapar a la prohibición. Secues­
trar es condenar; una obra secues­
trada es irremisiblemente perdi­
da.”

♦ La Compañía de arte dramático de
Jean Daveante representa actualmente Le
Materiel humain, de Paul Raynal. La pie­
za es, de hecho, una exaltación de la fr a ­
ternidad de los hombres en la guerra. El
pretexto de la obra es un hecho de la vida
corriente. Un acto de indisciplina, más
bien un acto de incorrección en primera
línea, condena a un hombre a la muerte.
A la luz de este incidente y de sus reper­
cusiones en los diferentes grados de la .je­
rarquía militar, Paul Raynal destaca una
moral del material humano.
La obra tiene una gran fuerza, y a eso
debe su evidente éxito.

“Si yo fuera editor — prosigue
el corresponsal aludido— , me pre­
ocuparía más el secuestro que la
censura. Ya sé que ningún editor
pedirá someter su producción a
una previa censura; ya descuento
que los escritores, lejos de pedirla,
1la rehusarían. Cuánto peor no re­
sulta, no obstante, el secuestro de
\la edición realizada, con su consiguiente quebranto material y,
! ¿por qué no?, moral también.
j ¿Por ventura no pensará simplis•tamente mucha gente que el edi­
tor merece el castigo impuesto,
cuando en realidad este castigo
obedece a medidas que aquél des­
conoce y que por desconocerlas no
ha podido de ninguna manera in­
fringir?”
“Me permito opinar — sigue más
adelante—- que si la autoridad lo­
cal — que seguramente no deja de
distinguir la obra literaria de pres­
tigio universal, del libro porno­
gráfico francamente pernicioso— ,
recomendara que determinados lij bros no se distribuyan dentro de
j la zona de su jurisdicción, no ha­
bría ningún editor responsable que
no acatara esa recomendación. La
adopción de ese temperamento
contemplaría por igual el criterio
de la autoridad en materia litera­
ria y los muy respetables intereses
de los editores y autores. Porque
¿es que puede desconocerse que el
editor ha corrido con todos los
gastos de confección del libro, in­
cluso derechos de autor, y que es
injusto por demás que todo esto
pueda serle imprevistamente arre­
batado? ¿Puede desconocerse que
los editores argentinos exportan
no menos de un setenticinco por
ciento de su producción, y que in*cluso algunos de ellos poseen su­
cursal en los países vecinos? ¿Por­
qué, entonces, la implacable medi­
da impide que los libros que aquí
se condenan se exporten en buena
moneda argentina donde no aleani za la prohibición bonaerense?”
Razonamientos muy atendibles
\nos parecen estos de nuestro ama­
ble corresponsal espontáneo.

♦ “ París 1900” es un magnífico monta­
je cinematográfico. A base de viejas pelí­
culas y fotos, excelentemente montadas, se
nos da en dicha película una imagen muy
artística del París de dicha época. Todo
cuanto hubo de célebre o popular lo ve­
mos desfilar por la pantalla: Lucien Gui-

LE A
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editorial argentina

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�5

ca b a lg a ta
u

LA SIRENA Y EL CARABINERO
(Fragmento)

A Guillermo de Torre
El paisaje escaleno de espumas y de olivos
recorta sus perfiles en el celeste duro.
Honda luz sin un pliegue de niebla se atiranta,
como una espalda rosa de bañista desnudo.
Alas de pluma y lino, barcos y gallos abren
Delfines en hilera juegan a puentes rotos.
La luna de la tarde se despega redonda
y la casta colina de rumores y bálsamos.
En la orilla del agua cantan los marineros,
canciones de bambú y estribillos de nieve.
Mapas equivocados relucen en sus ojos,
un Ecuador sin lumbre y una China sin aire.
Cornetines de cobre clavan sus agujetas
en la manzana rosa del cielo más le ja n o ...
Cornetines de cobre que los carabineros
tocan en la batalla contra el mar y sus gentes.
L a noche disfrazada con una piel de mulo,
llega dando empujones a las barcas latinas.
El talle de la gracia queda lleno de sombra
y el mar pierde vergüenzas y virtudes doradas.
Oh musas bailarinas, de tiernos pies rosados,
en bellas trinidades sobre el jugoso césped.
A coged mis ofrendas dando al aire de altura
nueve cantos distintos y una sola palabra.
Facsímil de una carta de Federico García to rca
a Guillermo de Torre.

FEDERICO

Facsímil de una carta de Federico García to r c a
a Guillermo de Torre.

G ARCIA LORCA

presentarlos por
GUILLERMO

es también, por lo demás, que el
autor del Romancero (titano dibujó
siempre, y trazar una historia de las
diversas fases de su estilo dibujís­
tico sería tarea para otra vez. Diré
ahora simplemente que en los dibu­
jos de sus años primerizos predomi­
na lo decorativo, mientras que des­
pués, bajo la influencia próxima de
Dalí, su lápiz se aventura al ara­
besco superrealista.
Sobre una hoja de papel azul hay
una salutación de año nuevo para

1927. Me felicita por La Gaceta LÁteraria, cuyo primer número acababa
de ver la luz. Y luego agrega: “ Es­
pero que tendré algunas noticias
tuyas en esta deliciosa zarzuela
oriental de Granada. Falla y yo pro­
yectamos tina nueva salida del Tea­
tro de Cachiporra que pudiera tener
importancia.” Y termina: “ Adiós,
querido Guillermo, recibe el mejor
abrazo de tu camarada y compañero
de “ Tribuna” Federico” . Esta fra­
se alude al hecho de que el año an­
terior, en abril de 1926, habíamos

Degollación de los Inocentes
o

Tris tras. Ziz zag, rrig, rag, milg mlag. La piel era tan tierna que salla in­
tegra. Niños y nueces recién cuajados.
Los guerreros tenían raíces milenarias, y el cielo cabelleras mecidas por el
aliento de los anfibios. Era preciso cerrar las puertas. Pepito, Manolito. Enriquito.
Eduardito. Jaimito. Emilito.
Cuando se vuelvan locas las madres, querrán construir una fábrica de som­
breros de pórfido, pero no podrán nunca atenuar con esta crueldad la ternura
de sus pechos derramados.
Se arrollaban las alfombras. E l aguijón de la abeja hacía posible el manejo
de la espada.
Era necesario el crujir de huesos y el romper las presas de los ríos. Una
jofaina y basta. Pero una jofain a que no se asuste del chorro interminable, que
ha de sonar durante tres días.
Subían a las torres y descendían hasta las caracolas. Una luz de clínica
venció al fin a la luz untosa del hospital. Ya era posible operar con todas ga­
rantías Yodoform o y violeta, algodón y plata de otro mundo. ¡Vayan entrando!
Hay personas que se arrojan desde las torres a los patios y otras desesperadas
que se clavan tachuelas en las rodillas. La luz de la mañana era cortante y el
viento aceitoso hacía posible la herida menos esperada.

hecho juntos un viaje a Valladolid,
invitados por el Ateneo de aquella
ciudad y ocupamos, en días conse­
cutivos, la tribuna de ese centro.
A l comienzo de la carta hay un di­
bujo — un frutero— con las líneas
“ Felicidad a Norah Borges” , y al
final otro — una alegoría musical—
con esta dedicatoria: “ Felicidad a
Guillermo de Torre” .
La carta más extensa es una, tam­
bién de primeros de 1927 — e ilus­
trada con otros dos dibujos en co­
lores— . Como al parecer yo le había
solicitado alguna colaboración con
cierta insistencia — tan premioso era
para aventar los poemas de sus car­
petas escolares, atadas con baldu­
que— me replica: “ No me digas
mala personiya y atiende mis ra­
zones. Corrijo pruebas de mis libros
y paso horas enteras sobre una can­
ción hasta dejarla como ella Quiere
e s ta r .. . Además no sabía qué man­
darte. Todo lo que hago ahora es
largo, pero estoy copiando varios
diálogos en prosa: diálogo de Buster Keaton, diálogo fotografiado,
etc. Prefiero publicar prosas. A la
Revista de Occidente voy a enviar
unos ensayos en prosa y en la Ga­
ceta quiero debutar así. ¿Te parece
bien? ¿O deseas al v a te V 7
En otra carta, sin duda posterior,
aunque no está fechada, me escribe:
“ Mi querido Guillermo: A h í van
los poemas. Si puede ser, publícalos
todos. Si no, suprime el que gustes
de los pequeños. Pero son distintas

regalarle unos dibujos de toros que
estoy haciendo. Adiós, Guillermito.
Recibe un abrazo muy fuerte de tu
amigo F ederico.”
Y luego, a modo de post-scriptum:
“ Los muchachos de Granada (entre
los que hay varias sorpresas) van
a hacer un suplemento literario del
periódico E l Defensor de Granada,
titulado E l Gallo del Defensor. Creo
que estará muy bien. Y a decorado
por Dalí de una manera atrevidí­
sima y su formato es en forma de

Federico García Lorca

biombo y papel amarillo intenso.
Falla publica cosas muy interesan­
tes de música y todos los demás.
¡V en g a en seguida una cosa tu ya !
¡ E n seguida! Lo que quieras. Cuan­
to más epatante y alegre, mejor. Te
esperamos. E n nombre de todos es­
tos jóvenes te envío otro abrazo.”
Otra carta, de pocos días después
probablemente, insiste en la misma
petición y trae un dibujo.

Jorgito Alvarito. Guillermito. Leopoldito. Julito. Joseito. Luisito. Inocentes.
El acero necesita calores para crear las nebulosas y ¡vamos a la hoja incansable!
Es mejor ser medusa y flotar que ser niño. ¡Alegrísima degollación! Función
lógica de la sangre sin luz que sangra sus paredes.
Venían por las calles más alejadas. Cada perro llevaba un piececito en la
boca. E l pianista loco recogía uñas rosadas para construir un piano sin emoción
y los rebaños balaban con los cuellos partidos.
Es necesario tener doscientos hijos y entregarlos a la degollación. Solamente
de esta manera sería posible la autonomía del lirio silvestre.
¡Venid! ¡Venid! Aquí está mi hijo tiem isim o, mi hijo de cuello fácil. En
el rellano de la escalera lo degollarás fácilmente.
Dicen que se está inventando la navaja eléctrica para reanimar la operación.
¿Os acordáis del ruiseñor con las dos patitas rotas? Estaba entre los insectos,
creadores de los estremecimientos y de las salivillas. Puntas de aguja. Y rayas
de araña sobre las constelaciones. Da verdadera risa pensar en lo fría que está
ei agua Agua fría por las arenas, cielos fríos y lomos de caimanes. Aquí en las
calles corre lo más escondido, lo más gustoso, lo que tiñe los dientes y pone
pálidas las uñas. Sangre. Con toda la fuerza de su g.
Si meditamos y somos llenos de piedad verdadera daremos la degollación
como una de las grandes obras de misericordia. M isericordia de la sangre ciega
que quiere siguiendo la ley de su Naturaleza, desembocar en el mar. No hubo
siquiera ni una voz. El jefe de los hebreos atravesó la plaza para calmar a la
multitud.
A las seis de la tarde ya no quedaban más que seis niños por degollar. Los
relojes de arena seguían sangrando, pero ya estaban secas todas las heridas.
Toda la sangre estaba ya cristalizada cuando comenzaron a surgir los faroles.
Nunca será en el mundo otta noche igual. Noche de vidrios y m aneotas heladas.
Los senos se llenaban de leche inútil.
La leche maternal y la luna sostuvieron la batalla contra la sangre triu nfa­
dora Pero la sangre ya se había adueñado de los mármoles y allí clavaba sus
últimas raíces enloquecidas.
FEDERICO G ARCIA LORCA

D ibujo de Federico García Lorca

muestras de mi lira. Creo que en
un mapa andaluz es difícil saber
cuál de ellas ha de ser suprimido.
Haz lo que gustes. Te dedico uno.
Estoy en deuda contigo y me com­
plazco en poner tu nombre tan que­
rido junto a mis versos, i Es verdad
que Norah Borges está corfigo?
Dímelo en seguida, porque quiero

Ahora unas acotaciones. L a revis­
ta que Federico planeaba con los
amigas de “ E l Rinconcillo” del café
Alameda, salió, aunque varios meses
después, y con un título más sim­
plificado: se llamaba sencillamente
(jallo — con minúscula inicial—

y,

aunque de apariencia y colorido sin­

DE

TORRE

gulares, el anunciado formato “ en
forma de biombo” se quedó en pro­
yecto : debió de parecer demasiado
irrealizable a los impresores grana­
dinos. De (jallo aparecieron solamen­
te dos números, hoy inencontrables
— yo no he podido recobrar los que
poseía— al menos en estas latitudes,
donde cierta biblioteca — la del cen­
tro particular más importante y lu ­
joso de Buenos Aires— tiraba al
canasto colecciones de revistas, como
la Nouvelle R evu e Frangaise de P a ­
rís, estimando quizá sus honorables
bibliotecarios que e s o s fascículos
eran superfluos una vez transcurri­
do el mes de la f echa. . .
De los diversos poemas que F ed e­
rico García Lorca menciona en uno
de los párrafos antes transcritos sólo
he podido reencontrar d os: los titu ­
lados “ Degollación de los inocentes”
y “ La sirena y el carabinero” . E l
segundo, como indica el subtítulo,
es fragmento de un poema más ex­
tenso, de una Oda que habría de
emparejar con la Oda a Salvador
Dalí, ya que tiene el mismo m etro
y análoga estructura. Dada la ca­
rencia de una Hemeroteca pública
especializada y el menguado espíritu
coleccionista de los bibliófilos, en lo
que atañe a revistas contemporá­
neas, no pude reencontrar esos poe­
mas al reunir las Obras Com pletas
de García Lorca — aunque serán in­
cluidos en alguna reimpresión pró­
xima— y sólo hace poco me fu é
dable obtener las correspondientes
copias al repasar una colección de
La Gaceta Literaria, merced a la
buena amistad de Luis A lfo n so .
A los cinco dibujos mencionados
en las cartas parcialmente transcri­
tas, uno en estas páginas la repro­
ducción de otros dos no inéditos
como los anteriores, pero sí m uy es­
casamente conocidos u olvidados.
Son dos marineros y form an parte
de las ilustraciones que el poeta y
dibujante hizo para un libro de
Salvador N ovo, titulado, si mal no
recuerdo, Seam en R liytm s. Es uno
de los tres libros que ilustró, ju n to
con E l Tabernáculo de Ricardo E .
Molinari y su propio P oeta en N u e­
va York. Incluyo finalm ente otro
dibujo, no ya ilustración, sino con­
cebido autónomamente, pertenecien­
te a la señorita M aría Clem encia
López-Pombo.
Con vistas a la compilación total
en un futuro más o menos inm edia­
to de todas las cartas y dibujos lorquianos — ya que de estos últim os
fu é generosamente pródigo— i que­
rrán ahora quienes conserven tan
preciosos documentos, tanto en A m é­
rica como en E spaña, darse por no­
tificados de tal proyecto y enviarme
transcripciones o fotocopias que, an ­
tes de pasar al libro, las p ágin as
de C abalgata se honrarán en re­
producir ?

�j

4 ___________________________________

DEL HORRIBLE PELIGRO
DE L A L E C T U R A
Por VOLTAÍRE

(.Advertencia, traducción y notas de Gregorio Weinberg)

nuestra devota frecuentación de las
inmortales páginas do Voltaire, liemos
tropezado siempre, y con una frecuencia
harto sugestiva, con pensamientos, ideas,
observaciones y críticas de una ca6i in­
verosímil actualidad.
Belevendo recientemente los libelos vol­
terianos, dispersos por sus Obras Com­
pletas, volvimos a gustar con renovado
entusiasmo do éste, que publicado originariamente en 1765, ofrecemos ahora tra­
ducido a nuestro idioma en el cual apa­
rece creemos que por primera vez.
Franqois Marie Arouet, universalmente
conocido por Voltaire (1694-1778), ocioso
es decirlo, fue uno do los pensadores que
más honda y valiosa influencia han ejer­
cido sobre el pensamiento del siglo xvm .
El Patriarca de Ferney alcanzó a ser
una verdadera institución europea, y su
voz tuvo merecida repercusión; por la
profunda simpatía con que era acogida
su palabra, el interés con que eran aguar­
dadas sus opiniones sobre hechos y cosas
contemporáneas tiene una evidente seme­
janza con el Bernard Shaw de nuestros
días, y también con 1a- aureola que rodeó
■ea sus últimos años a León Tolstoi, aun­
que la influencia de Voltaire — y hasta
donde pueden apreciarse influencias de or­
den intelectual— , fué más profunda dado
el ascendiente que tuvo sobx-e muchos g o­
bernantes de aquel siglo de “ despotismo
ilustrado’ ’, y sigue siendo duradera g ra ­
cias a la renovada frescura de sus ensayos
históricos y filosóficos, sus novelas, cuen­
tos, críticas, polémicas, y su todavía no
justamente valorada correspondencia, ma­
terial todo do una riqueza ideológica y
estilística insospechable.
Las notas sobresalientes, y las que más
n

E

nos interesan en el presente caso, de la
obra del autor del Diccionario Filosófico
podemos definirlas sumariamente como
una muy consecuente lucha contra toda
suerte de prejuicios, intolerancias, fana­
tismos, sectarismos y absolutismos.
Y hoy, cuando vuelven a exacerbarse
las pasiones y encenderse los instintos bé­
licos a través de una furiosa prédica lla­
mada a tener funestas consecuencias, V ol­
taire vuelve a recobrar la actualidad a
que hacíamos referencia al principio.
Como ilustración veamos algunos hechos
que ocurren en pleno siglo xx, y más pre­
cisamente en 1948, a pocos años de la
victoria sobre el nazismo, y frescas aún
las heridas y huellas que éste dejó. El
reciente “ levantamiento’ ’ de los goberna­
dores del Sur de los EE. UU. frente al
proyecto de ley del presidente Truman
prohibiendo los linchamientos es, fuera
do toda duda y posible atenuante, un
síntoma evidente de barbarie política; se
defienden descaradamente tesis racistas, se
niegan, desvirtúan u ocultan las conclu­
siones científicas a que arriba la bio­
logía y la antropología; se prohíbe la
lectura de Darwin, Morgan y se ataca
furiosamente a Boas (con su titánica
mansedumbre ha expresado Spiiroza: Na/m
sciunt, quod, sublata ignorantia, stupor,
hoc est unicum argumentandi tuendaeque
suae auctoritatis médium, quod habent,
tollitur. Ethica, Apéndice de la Parte I,
pag. 43 de la ed. con texto latino a cargo
de G. Gentile, G. Laterza &amp; Figli, Bari,
1933) ; y al atribuir a Dios la desigualdad
expresan exactamente lo que ridiculiza
Voltaire en este libelo en su sexto punto,
cuando hace decir al supuesto autor de
la proclama que la vacuna, por igualar

. ca b a lg a ta
a los hombres al inmunizarlos, atonta con­
tra los inescrutables designios de la Divi­
na Providencia, pues haría escapar a los
castigos a los condenados, igualando jus­
tos y pecadores; y otro tanto parecen
decir nuestros gobern adores negreros
(¡cu án a punto viene aquí el térm ino!):
“ si igualamos en óercchos a todos los
hombres podemos provocar la cólera di­
vina al tratar de suprimir un hecho in­
evitable,® cual es el de la superioridad de
los blancos sobre los negros” .
La intolerancia religiosa ha ocasionado,
y sigue ocasionando, millares de víctimas
en la India (no queremos recordar siquie­
ra la horrible pesadilla de los campos de
concentración); la discriminación en ma­
teria política que recientemente ha llevado
a separar de sus cargos a quienes no
tienen ideas absolutamente, coincidentes
con las de los elencos dirigentes; la di­
visión del mundo en áreas, bloques, zonas,
o culturas pretendidamente irreconcilia­
bles. La miope concepción de quienes re­
quisan libros de alto, reconocido e in­
discutible valor literario, en nombre de
una moral hipócrita; el perceptible re­
troceso en materia educativa a que esta­
mos asistiendo, cuando se ataca la ense­
ñanza cientificista y liberal, para subs­
tituirla por otra escolástica y beatona.
Los obstáculos, insalvables las más de las
veces, que se oponen, a la difusión de una
cultura elemental entre centenares de mi­
llones de hombres quo la ignorancia y las
enfermedades condenan a una fatal ex­
plotación (las trabas que se levantan ante
la labor de la UNESCO lo prueba dia­
riamente) .

(IM AGENES T O M A D A S PO R H O R A C IO COPEO LA)

Por ARTURO SERRANO PLAJA

MISTEN NOBODY

Cada uno de éstos, y muchos otros he­
chos que podrían traerse a colación, son
otros tantos argumentos que demuestran
que la lucha por la “ Ilustración” — por
usar uno de los términos más gratos al
espíritu de Voltaire— y por el mejora­
miento de las condiciones de vida, contra
toda suerte de discriminaciones raciales,
políticas y religiosas, sigue siendo una
tarea necesaria e impostergable. Y en la
defensa de esos principios, que toda una
brillante generación liberal creyó que se
impondría naturalmente por la educación,
tenemos magníficos aliados que, como V ol­
taire, nos están recordando siempre la
exigencia primordial de la hora: dignifi­
cación del hombro en un mundo de paz.

Es el dibujo de un niño
(?x una pared de Londres.

w

ho is Mister Nobody?
¿Quién es el señor Nadie?
Is Mister Nobody somebody
or is he nobody?
¿Este Don Nadie es alguien
o nadie, sólo nadie?
Don Nadie vive solo.
Londres. Solo.
Don Nadie tiene un ojo
solo, solo.
De la mano de un niño viene volando
solo.
¿Viene o no viene? Vive y está llorando
solo.

DEL HORRIBLE PELIGRO DE LA LECTURA
O S, Y u su f Keribi, por la gracia
de Dios M u fti del Santo Imperio
Otomano, luz de las luces, elegido
entre los elegidos, a todos los fieles
que las presentes vieren, Necedad y
Bendición.

N

Puesto que S a id -E ffe n d i1, antaño
embajador de la Sublime Puerta
-ante un pequeño estado ll amado
Frankrom , situado entre España e
I t a lia 2, ha introducido entre nos­
otros el pernicioso uso de la impren­
ta, y habiendo consultado sobre esta
novedad nuestros venerables herma­
nos los kadis e imanes de la V illa

FE Y

Im perial de Estambul, y especial­
mente los fakires conocidos por su
celo contra el espíritu, plugo a M ahoma y a Nos condenar, proscribir,
anatemizar la antedicha infernal in­
vención de la imprenta, por las cau­
sas a continuación enunciadas:
l 9 Esta facilidad de comunicar sus
pensamientos tiende evidentemente
a disipar la ignorancia, que es la
guardiana y salvaguardia de los E s ­
tados civilizados.
29 E s de temer que entre los libros
traídos de Occidente puedan encon­
trarse algunos sobre agricultura y

OBSCENIDAD DE JA M E S JOYCE
Por E. L. REVOL

*

IJE que he perdido la
D
fe — contestó Stephen—
pero no quo haya, perdi­
do el respeto así mismo.
¿Qué clase $e liberación
sería la de abandonar un
absurdo que es lógico y
coherente para abrazar otro que es ilógico e incohe­
rente?” . Al final de ‘ A
Portrait” *, de este modo
expresaba Joyce su opinión
sobre los méritos relativos
del catolicismo y el protes­
tantismo.
Muy religioso al princi­
pio de su adolescencia, edu­
cado por los más persuasi­
vos maestros católicos, en
un hogar donde no se ad­
mitían bromas sobre temas
de fe, cuando sobrevino la in­
credulidad en su mente * * f
Joyce no quedó — sin em­
bargo—
tan desamparado
como muchos otros pensa­
dores y artistas. El aban­
donaba la crisálida que ya
resultaba estrecha para su
mente que maduraba, pero
siempre tendría presente lo
bien guarecido que estuvo
en ella y siempre trataría
de conservarla en cuanto
juzgó conveniente.
Lógico y coherente estima­
ba al absurdo que compar­
tiera; obra, pues, de bue­
nos arquitectos, capaces has­
ta do construir un duradero
edificio sobre los más débi­
les cimientos. Y jamás po­
dría desdeñar los lúcidos
procedimientos con que. San­
to Tomás convencía, ningu­
no de los argumentos suti­
les, y a veces impenetrables,
que escuchara en los ser­
mones de Clongowes Wood
y Belvedere College.
Mediante el catolicismo
Joyce no sólo adquirió cohe­
rencia. Así conoció, también,
la parte más luminosa de
la mentalidad latina y. ya
antes de viajar por Fran­
cia e Italia, estaba ávido
de su contacto, que contri­
buiría a disipar las brumas
que inevitablemente le con­
tagiaran los escritores del
“ Crepúsculo celta” . Como
católico, asimismo, Joyce aprendió a no eludir los he­
chos sino a afrontarlos va­
lientemente, buscando sus
explicaciones
aunque
le

preocuparan poco sus co­ serva la visión del hombre
rrecciones.
que es común en un medio
En cuanto a las creen­ social determinado,
pero
cias que reemplazaron la fe nunca ha de surgir cuando
perdida, quizás lo más apro­ a ese aumento en el aná­
piado sería llamarlas agnós­ lisis del sexo corresponden
ticas. Aunque, en realidad, otros en los restantes aspec­
pareciera tratarse tan sólo tos de la naturaleza huma­
de una versión más moder­ na, es decir, cuando se
na y refinada del mismo ca­ posee una diferente concep­
tolicismo que abandonara ción del hombre, cual es
(excluyendo a Dios, por su­ el caso con Joyce.
puesto), con una atractiva
En vez de pornógrafo, bus
elaboración intelectual en la cando un calificativo extrasuperficie y con las mismas literario para Joyce, más
concesiones finales a los bien lo correspondería, qui­
sentimentos; con un “ sí” zás, el de moralista, asquea­
dicho a la vida, algo iró­ do por la corrupción de la
nicamente, y con el mismo carne en el mundo moder­
temor a la muerte, no exen­ no, tanto comparable a los
to de esperanza.
grandes teólogos como a su
Acusado de obscenidad, la ilustre compatriota Swift.
difusión de “ Ulysses“ fué Sería necesario advertir, sin
prohibida en Inglaterra. Ir­ embargo, que esta repug­
landa y Estados Unidos, ex­ nancia de Joyce no emana
citando de inmediato la do ninguna adhesión a es­
atención do un vasto pú­ trictos códigos morales sino
blico que de otro modo nun­ do su misma experiencia ju­
ca hubiera intentado leer venil de prostitutas y bursemejante producción “ van­ deles, opuesta a su ideal,
guardista” . Así, un cargo realmente poético, de una
que era completamente in­ casta sensualidad.
fundado contribuyó a la
venta y renombre de una
* “ A Portrait of the Arobra capital en la literatu­ tist as a Young Man” (P ri­
ra reciente.
mera edición; New York,
Pues acusar como escri­ 1916). Kxiste una versión
tor pornográfico a Joyce no castellana muy satisfactoria,
tiene más sentido que ha­ atribuida a Dámaso Alonso.
cerlo con Fray Luis de Gra­
** Un minucioso análisis
nada o tantos otros escri­ do la crisis religiosa en
tores religiosos que se han Joyce so encontrará en su
referido con deslumbradora “ Stephen Ilero” (A Part of
claridad a las tentaciones y tho First Draft of A Port­
pecados carnales ***. Crude­ rait), especialmente en el
za evidentemente hay en capítulo XQI (Pág. 122 y
“ Ulysses” , pero si es cierto ss., en la edición de “ New
el cálculo de un amigo ma­ Directions” ).
* * * A este respecto es in­
temático do Mr. Charles
Duff, y que éste nos trans­ teresante recordar lo que
mite * * * * , sólo unas diez pá­ W. B. Yeats escribía en
ginas entre las setecientas su Diario de 1930: “ Jamos
del volumen so refieren ex­ Joyce d ifie re de A rnold
plícitamente a cuestiones Bennet y Glasworthy, por
sexuales y — lo que es más ejemplo,, porque puede ais­
importante— nunca pueden lar al alma humana y sus
ser calificadas de provoca­ vicios como _si estuviera en
tivas, pues más bien causan la eternidad” (C fr.: “ Pagos
of Diary written in Ninerepulsión.
Es que — como ya el mis­ teen Hundred and Thirty by
mo autor do estas líneas lo W . B. Yeats", pág. 50. The
señaló, refiriéndose a la Guala Press. Dublin, 1944).
* * * * Cfr. Charles Duff:
obra de D. H. Lawrence—
la obscenidad puede apare­ “ Ulises y otros trabajos de
cer cuando se habla cruda­ James Joyce” , en “ Sur” , nú­
mente de lo relativo al sexo mero 5, Bs. As., 1932.
mientras en lo demás se con- Véase la nota de la pág.
118

.

medios de perfeccionar las artes me­
cánicas, las cuales obras podrían, a
la larga — lo que Dios no permita—
despertar el genio de nuestros culti­
vadores y de nuestros manufacture­
ros, excitar su industria, aumentar
sus riquezas, e inspirarles algún día
cierta elevación espiritual, algún
amor por el bien público, sentimien­
tos éstos, como se sabe, absolutamen­
te opuestos a la sana doctrina.
39 Podría ocurrir, en fin, que tu­
viésemos libros de historia carentes
de las maravillas que mantienen a
la nación en una feliz estupidez. Se
tendrá en esos libros la imprudencia
de hacer justicia a las buenas y ma­
las acciones, como así también reco­
mendar la equidad y el amor a la
patria, lo que es, evidentemente, con­
trario a los derechos de nuestra dig­
nidad.
49 Podría ocurrir, con el correr
del tiempo, que miserables filósofos,
bajo el pretexto especioso, mas pu­
nible, de ilustrar a los hombres, y
de hacerlos mejores, vinieran a en­
señarnos virtudes peligrosas que el
pueblo nunca debe llegar a conocer.
59 Podrían — aumentando el res­
peto que tienen por Dios, e impri­
miendo escandalosamente que É l es
omnipresente— , disminuir el núme­
ro de los peregrinos de la Meca, con
gran detrimento de la salvación de
sus almas.
69 Ocurriría, sin duda, que a fuer­
za de leer autores occidentales que
han tratado acerca de las enferme­
dades contagiosas, y de la manera de
prevenirlas3, seríamos tan desgra­
ciados que evitando las pestes, come­
teríamos un imperdonable atentado
contra las órdenes de la Providencia.
Por estas razones y otras, por la
edificación de los fieles, y por el
bienestar de sus almas, Nos les pro­
hibimos para siempre jamás leer li­
bro alguno, bajo pena de condena­
ción eterna. Y , para evitar que la
tentación diabólica de instruirse los
alcance, prohibimos a los padres y a
las-madres enseñar a leer a sus hi­
jos. Y , para prevenir toda contra­
vención a nuestra ordenanza, Nos les
prohibimos expresam ente pensar,
bajo las mismas penas; intimamos a
todos los verdaderos creyentes de­
nunciar a nuestra oficialidad a cual­
quiera que haya pronunciado cuatro
frases relacionadas entre ellas, de las
cuales pudiera inferirse un sentido
claro y evidente. Ordenamos que en
todas las conversaciones se recurra

¿Vive o no vive? Sueña y está fumando
solo.
Don Nadie nos espera junto a la puerta
de una casa de nadie, que no está abierta,
de una pared de sombra, de una desierta
estela o apariencia de vida muerta:
en Londres.
Don
solo.
Don
solo.
Don
solo.
Don
solo?

Nadie nos contempla con su serpiente
Nadie, narizotas, diente por diente
Nadie, laberinto, mano inocente
Nadie es nuestro miedo. ¿Quién es Don Nadie

Don Nadie tiene abuelos, Don Nadie es nieto
de Ser y de No-Ser: that is the question.
Por su rama paterna, Don Nadio es alguien,
por su tronco materno, Nobody es nadie.
(Una familia inglesa
de mal antecedente.
Una cuenta pendiente
de duda y de sorpresa.)
Don Nadie es una inglesa cuenta pendiente
solo.
Don Nadie nos engaña, Don Nadio miente
solo.
Don Nadie nos perdona y es indulgente
solo.
Who is Mister Nobody?
¿Este Don Nadie es alguien
o nadie, sólo nadie?
De la mano de un niño viene volando
solo.
¿Viene o no viene? ¡Apura, que está esperando
solo!
¡Pobre Don Nadio!
¡Solo, solo, solo!
Buenos Aires, febrero, 1948.

a palabras que nada signifiquen, se­
gún la antigua costumbre de la Su­
blime Puerta.
Y para impedir que penetre de
contrabando pensamiento alguno en
la sagrada Villa Imperial, confiamos
especialmente en el primer médico
de Su Alteza 4, nacido en un panta­
no del Occidente Septentrional, el
cual médico, habiendo ya dado muer­
te a cuatro augustas personas de la
familia otomana, está más interesado
que nadie en evitar toda introduc1
2

Efectivamente, fué embajador en 1741.
Nótese el recurso empleado por Voltaire
al decir muy imprecisamente “ un peque­
ño estado” (sobro todo el artículo in­
definido un) que no hace sino destacar
el nombre do Francia, escrito do manera
exótica, por un hermoso contraste grato
al amor propio do los franceses del sido
Luis XVI.

3

Refiérese aquí Voltaire a la inoculación
de la vacuna antivariólica cuyo uso pre­
conizara desde sus célebres Lettres Philosophiques (en especial en la XI) que
aparecieron por primera vez eu 1734 .

ción de conocimientos al país.
Otorgárnosle poder, por las pre­
sentes, para hacer coger toda idea
que se presentase por escrito o ver­
balmente ante las puertas de la ciu­
dad, y llevarnos a la dicha idea
atada de pies y manos, para que
le inflijamos el castigo que a Nos
plazca.

Dada en nuestro Palacio de la Es­
tupidez, el 7 de la luna de Multarem,
el año 1143 de la Urgirá. 3
V oltaire .
4

5

Alude a Gerard Van Swieten, célebre
médico nacido en Leyde, Holanda, “un
pantano del Occidente Septentrional”. 7
muerto en Schoenbrün en 1772, “enemi­
go de los filósofos y de la inoculación” ,
quo llegó a ser médico personal de María
Teresa do Austria. Su obra principal:
Comentaría in H. Boberhaave aphorismos de cognoscendis et curaudis morbis,
apareció en París, en 5 vol. in 4?, entre
los años 1771-1773.
Ubica \ oltaire en el Santo Imperio Oto­
mano al autor de esta proclama, por ser
entonces este país sinónimo de atraso,
barbarie o intolerancia.

�taria aventura personal, trayendo a cola­
ción los ejemplos de Sarmiento, Moirtalvo
y Martí. Indudablemente, las condiciones
históricas, han cambiado en forma fun­
damental.
Pero, a pesar de esto que decimos, de
estas contradicciones, vemos en el autor
del ensayo una clara comprensión del pro­
blema de la nueva generación, como tam­
bién del momento literario en general. Mo­
mento literario en que “ . . . el ejercicio
de las letras es concebido en un plano de
estricta seriedad. El concepto del juego
— cuando aparece— se hace trascendente.
Si bien no se comparto en ningún caso
— entre los jóvenes— el criterio del arte
aplicado a algo, tampoco se le podría apli­
car — o imputar— la noción del arte por
el arte en su sentido más corriente. Creo
que los habita una intima convicción que
los hace sentirse ocasionalmente deposi­
tarios de una responsabilidad que atañe
al cumplimiento o a la realización del
hombre en cuanto a Hombre” .
PO ESIA Y PA IS A JE

BRAS COMPLETAS

“ RICARDO

ROJ AS

CERVANTES .............................................
RETABLO ESPAÑOL................................
ARCHI P IE L A G O ........................................

$
„
„

1 1 .1 1 .9 .-

Con estos volúmenes se inicia la publicación sistemáticade las"Obras Completa*"
de Ricardo Rojas, según ordenación del propio autor.
*

U N A N U E VA BIBLIO TECA
“ PSICOLOGIA, PSICO ANALISIS Y P S IQ U IA T R IA ’ *

JEL MISTERIO DEL VASO DE ABUA
Donde se inculpa y una
mujer hundida en un vaso
de agua, por sospechosa de
andar flotando entre dos
luces, a la sombra de dos
mundos.
No son sueños.

N

enúfar de la noche, primavera
del equinoccio azul o de la muerte,
tu lenta sombra, lenta delibera
en el silencio lento de la suerte.

Y en ese agua de olvido, reclinada
con gesto de indolente peonía,
tu sueño ¿es un adiós de malpenada
que flota en la quietud de la manía ?
Tu
que
je s
del

brazo ensimismado ya en el plazo
marca tu reloj en tu pulsera
de tu amor el último aletazo
vuelo, del temblor y de la espera?

Bill peso ya ¿tu mano se abandona,
reniega entre dos aguas su alianza
de esposa prometida, y se corona
do amante funeral sin esperanza?
El
es
la
tu

vaso que te encierra, en la penumbra
ostra de cristal en que se muestra
enferma libertad con que se alumbra
oriente de suicida, perla nuestra.
Perla pura, culpable
de ser indescifrable
vida o muerte palpable

; Oh pálido pecado, enigma tierno
hermoso como un sueño inconcebible!
¡Oh pétalo de amor inconfundible
caído en tu nostalgia o en tu invierno!
Culpable, eres culpable.
Flotando en ese vaso, criatura
sutil como la pena ¿eres amago
de vida que se bebe trago a trago,
o sombra solamente, calentura?
Culpable. . .

¿E res culpable?

¿A caso eres el sorbo silencioso,
el dulce llamamiento clandestino,
el Ya no poder más de tu destino
y el ofrecer tu zumo pernicioso?
¿Culpable? ¿E res culpable
de ser el llamamiento inapelable?
Esposa de dos mundos o siniestra
amante de la muerte estando en vida,
adúltera ilusión para el suicida,
culpable, eres culpable, Culpa Nuestra.
¡Oh culpa inolvidable!
¡O h perla, tentación, imperdonable!
Buenos Aires, marzo, 1948.

REVISTA

DE

REVISTAS
P or MIGUEL GRACO

LA LIT E R A T U R A
EN EL RIO D E L A P E A T A

C N el número 2 de la revista Escritura, publicación uruguaya a cargo de
Julio iiavce y Carlos M aggi, leemos una
‘ Indagación a la literatura” , exacta, oscura y militante, que no es poco decir, y
que firma José Pedro Diaz. Y si nos atre'emos a una calificación de esta natura™ a&gt; es porque junto a una lúcida ubica­
ción do los problemas literarios que en­
frenta la nueva generación rioplatense, eircontramos la desdibujada contradicción que
frente a los mismos problemas y destinos,
8ignifiea el enfoque de la labor individual
que emprende el autor.
Porque si bien, nada tan verdadero co®o su afirmación de que ‘ ‘ una de las más
^Portantes características do este mundo

literario es acaso la empecinada voluntad
de lucidez que lo domina” , esta lucidez,
so nos ocurre, sólo puede tener su desa­
rrollo en la'comprensión por parte de los
intelectuales del sentido trascendente con
que sus obras deben ser encaradas. Por lo
contrario, José Pedro Díaz sostiene más
que observa, que la literatura ‘ ‘ ...tie n d e
a ser devoción personal para no se sabe
qué cauce” . Y , al mismo tiempo que trata
constantemente de una generación que ha
encontrado con toda altura y seriedad el
camino de su desarrollo y no de su esca­
pe — ‘ ‘ No conozco a nadie que se diga
existencialista; conozco quienes discuten y
aprueban algunas páginas de Sartre” .
‘ ‘ . . . l a desconfianza por la moda litera­
ria creo que es general entre los jóvenes”
— atribuye a dicha generación casi como
única posibilidad de subsistencia, la soli­

Cuando a Paul Yaléry, viajero por
Hungría en ese entonces, le señalaron des­
de una colina la magnificencia del valle
del Danubio, su único comentario no fué
otro que: ‘ ‘ . . . me muestran en todas par­
tes el mismo paisaje” . No es necesario
tratar de imaginar en qué medida está im­
plícito en esta afirmación el peculiar ex­
tremismo de Valéry, pero de todos modos
y en principio, marca una lógica limita­
ción al paisaje como fuente inspiradora de
determinado lirismo, limitado ya de por si.
Y recordamos esto ante uir ensayo de
Juan L. Ortiz, ‘ ‘ El paisaje en los últimos
poetas entrerrianos ’ ’, que aparece en las
páginas de Davar correspondientes a 1948,
publicación que edita en Buenos Aires
la Sociedad Hebraica Argentina.
En dicho ensayo, el poeta Ortiz describe
el paisaje de su provincia como premisa
suficiente para ubicar, justificar iros pa­
recería más exacto, la lírica constante­
mente repetida de los poetas entrerrianos.
Probablemente, con la sola excepción de
‘ ‘ Luz de Provincia ’ ’ de Carlos Mastronardi, y de algunos poemas de Juan José
Manauta, no los citados por el autor del
ensayo ciertamente, sería difícil encontrar
en la pléyade de ‘ ‘ líricos” entrerrianos
algo plausible de ser llamado creación
poética.
^
Pero aunque este hecho no se débe á ¡US
características de un paisaje, la trascen­
dencia que al mismo han otorgado los
poetas de esa provincia, con rara unifor­
midad, ha esterilizado, en gran medida,
sus posibilidades sensibles. Trascendencia,
y endiosamiento, que permiten a Ortiz
crear su teoría ‘ ‘ paisajista” y, diciendo
que ‘ ‘ El paisaje de Entre Ríos es claro
y armonioso” , llegar a la conclusión que
‘ ‘ la poesía de nuestra provincia ha tenido
y tiene en general caracteres parecidos:
ha sido y es armoniosa y clara” .
No es ésta, seguramente, la trayectoria
que el paisaje chileno cumpliera en el
‘ ‘ Canto General ’ ’ de Pablo Neruda, o la
forma en que el simbolismo cordillerano
aparece en ‘ ‘ Piedra In fin ita” de Jorge
Enrique Bamponi.
Porque, y ya para finalizar, es dubita­
tivo que ‘ ‘ . . . cierta tensión entre lo que
huye y lo que queda” que Ortiz encuen­
tra en los poemas de Carlos Alberto Alvarez, se deba esencialmente, como afirma
luego, a que ‘ ‘ hay tanta agua que corre”
en la ciudad de Paraná. En fin, y por si
acaso, transcribimos unos versos de este
poeta:
El río corre en la noche
y no se ve su pasar,
pero la estrella se queda
sobre el agua que se va.
Y como estoy tan solo,
la eternidad
se lo pasa mirando
mi soledad.
EL IN TE LECTU AL
Y LA H UM ANIDAD
Jesús Silva Herzog, director de Cua­
dernos Americanos, publica en el nú­
mero 6-VI de esa revista, la conferencia
que dictara en la Universidad Autónoma
de México con motivo del centenario de
la guerra de 1847. El tema, de candente
actualidad, se refiere a los deberes del in­
telectual mexicano contemporáneo. Y de­
cimos de candente actualidad, porque ve­
mos que día a día América Hispánica en­
cara nuevos y urgentes problemas de in­
dependencia y de cultura. No pueden los
intelectuales permanecer al margeir de la
contienda.
Así lo entiende Silva Herzog en su con­
ferencia cuando afirm a: ‘ ‘ En lo que yo
oreo es en el arte y en la ciencia al ser­
vicio del hombre, o en otras palabras, al
servicio y para el bien de la colectividad” .
Y en México, en toda nuestra América, al
servicio del hombre significa, tal cual
Herzog lo puntualiza más adelante, la lu­
cha por el desarrollo de una economía
agraria adelantada, de una industria na­
cional e independiente, la lucha por desa­
rraigar el analfabetismo y la lucha por
la paz, tan esencial a México como a Amé­
rica y a todo el mundo.
Esta ubicación de los deberes del inte­
lectual lleva a Herzog, por lo tanto, y
con toda lógica, a decir que: ‘ ‘ Este debe
tener como móvil substantivo de sus actos
servir los intereses del pueblo” , agregan­
do luego que es necesario ‘ ‘ . . . trabajar
para que la mayoría de los pobladores del
territorio gocen de los mayores bienes y
sufran el menor número posible de males,
aquí, en la tierra” .
Pero lo que conviene recalcar, es la
preocupación de Herzog por la paz mun­
dial, a la que considera imprescindible e
( Continúa en la pág. 7.)

Helene Deutsch: PSICOLOGÍA DE LA MUJER
Inaugura esta obra capital la nueva Biblioteca de Psicología, Psiquiatría y Psico­
análisis. En sus páginas se estudia de modo rigurosamente científico el desarrollo
psicológico de la mujer desde la infancia a la adolescencia...................
$ 22.—

Luis Jiménez de Asúa: PSICOANÁLISIS CRIMINAL
% 25.—
U N A GRAN N O VE LA D EL EXIETENCIALISM O

Jean-Paul Sartre: LA NÁUSEA
Una novela originalísima do poderoso interés humano y filosófico. Respondiendo
a la enorme curiosidad que en todo eTmundo han despertado las doctrinas del
cxistencialismo y entendiendo, según sus mismos expositores, que éstas quedan
mejor expresadas en las obras de ficción que en las filosóficas, la Editorial
Losada ha contratado con derechos exclusivos para su versión española los cuatro
libros novelescos de Jean-Paul Sartre.........................................................
% 6.—

POETAS AM ERICAN OS

Julio J. Casal: CUADERNO DE OTOÑO
Un libro de plenitud de uno de los más prestigiosos poetas uruguayos.

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Francisco Luis Bernárdez: LAS ES TRELLAS
Los poemas más recientes de este gran poeta argentino.....................

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N O VELISTAS AM ERICAN OS

Arturo Uslar Pietri: EL CAMINO DE EL DORADO
Centrada en torno a la figura tremenda y legendaria del tirano Lope de Aguirre,
este libro mezcla lo novelesco y lo histórico, constituyendo un deslumbrante cuadro
do la conquista americana................................................................................. $ 8.—

E. L. Castro: DESDE EL FONDO DE LA TIERRA
Vivo todavía el éxito logrado por su anterior novela "Los Isleros", actualmente
en filmación, Ernesto L. Castro nos da una nueva ficción de escenarios y per­
sonajes netamente argentinos............................................................................ $ 8.—

EDITORIAL LOSADAS.a
ALSINA 1131 Montevideo
Lima

IiüENOS AIRES
Santiago de uiiiie

EL E S P I R I T U LATI IV II
(Viene de la primera página.)

jano y, si posee habilidad pob'tica, no
tiene esa cosa anglosajona y protestante
que es el sentido del ‘ ‘ servicio social” .
Como productor es ingenioso, como co­
merciante es fértil en expedientes, como
•consumidor es rudo, y eventualmente pru­
dente en la gestión de sus intereses pri­
vados, en tanto que dilapida sin escrú­
pulo los dineros del Estado; la fabrica­
ción industrial de serie y de masa no es
su resorte. Los grandes financieros o
especuladores mediterráneos serían más
bien griegos que latinos, descendientes
de Ulises o de J acobo más bien que de
Mario.

las civilizaciones sucesivas amontonan
sus depósitos como hace la geología. Allí
no se encuentran pueblos jóvenes, sino
una humanidad adulta, evolucionada, en­
vejecida eventualmente y que no da nun­
ca signo de puerilidad — como a veces
entre anglosajones. El latino es escép­
tico, no es crédulo. Hasta cuando es su­
persticioso sal&gt;e hacer sin hipocresía la
distinción entre los principios y su apli­
cación; desde luego, no cree que el hom­
bre es bueno, y, con su cinismo, se des­
cansa de la hipocresía de otras humani­
dades: se convendrá que son condiciones
Estos rasgos son muy incompletos, pe­
excelentes para una bella cultura inte­
ro, en suma, no es por el análisis que se
lectual.
conoce o se reconoce la latinidad: allí
Aquí es donde encontramos lo que la
donde existe, se revela como una pre­
latinidad le debe a Roma: cierta con­
sencia, por algo indefinible quo no en­
cepción de la familia, del clan, de la
gaña. En Europa, cuando se pasa de In­
clientela partidaria, a lo que, en el fondo,
glaterra a Francia, de Suiza alemana a
se le da mayor importancia que el Es­
Suiza francesa, del Danubio al Adriáti­
tado; una concepción del derecho escrito,
co, se comienza a respirar la atmósfera:
con duras divisorias, fundada en la pro­
el Mediterráneo Occideutal le perteneoe,
piedad, el contrato formal, las garan­
pero el Mediterráneo oriental, griego u
tías tomadas contra la maldad do los
ortodoxo, escapa a su dominio aunque re­
hombres; una concepción de la potencia
ciba todavía su influencia. En América,
del Estado, considerado como exterior y
desdo que so ha salido de la Florida para
superior al individuo. En los países la­
Cuba, o Texas para México, a través del
tinos, los beneficios se amparan del Es­
Río Grande, se está en tierra latina, portado como de un instrumento de domi­
quo el propio Indio ha sentido la marca
nación y nadie se asombra ni se indig­
de la civilización española. H ay ahi un
na de que los dueños del poder usen o
abusen de él. •Qué contraste con las so- ■ género de vida, una concepción del ocio,
del agrado do existir, una indulgencia pa­
ciedades anglosajonas en donde el gobier­
ra las infracciones de la fantasía indi­
no no aparece sino como la expresión
vidual que distinguen profundamente la
del servidor do la comunidad! Todo esto
latinidad del anglosajonismo, así como en
es clarísimo, fruto de una extraordina­
Europa el individualismo mediterráneo
ria capacidad de análisis y de generali­
hace contrasto con la organización de
zación que permite a cada ciudadano
los nórdicos.
(principalmente en Francia) ver — por
decirlo así— en una cuestión el prin­
En las reuniones internacionales, los
cipio implicado y las consecuencias le­
latinos se reconocen entre ellos por cier­
janas de la solución. Pero esta psicolo­
to temperamento, cierto ángulo de vi­
gía es inseparable de la lengua en que
sión, cierta reivindicación del individuo
uno so sirve, trátese del francés, del es­
y de su humanidad que les pertenecen en
pañol, del italiano, del portugués, del
común. Los pueblos que no son latinos
rumano: esta lengua — cualquiera que
se sienten atraídos sin embargo por esta
sea— necesita la precisión del pensamien­
manera do ver y de sentir las cosas; asi
to pero su sonoridad provoca grave ten­
es como en las conferencias, se ve que
tación: la de contentarse con su música
los eslavos do Europa oriental, los egip­
y creer que, por haber hablado, se ha
cios, los libaneses, los griegos, los hindús,
obrado.
los chinos simpatizan, si no políticamen­
Me parece que el carácter latino se
te, por lo menos culturalmente, con Fran­
desprendo de lo que procede. El latino es
cia más bien que con los Estados Unidos
esencialmente un sujeto que trata de afir­
o Inglaterra. Para los franceses hay allí
marse, de brillar como individuo; su pa­
la base de una acción mundial cuyos fun­
labra le sirve — eventualmente— de pen­
damentos afectivos son muy sólidos. Ger­
samiento, pero se presta a la expresión
manos y celtas por la raza tanto como
del pensamiento e incluso aparece a me­
meridionales por nuestra posición y nues­
nudo como creador de pensamiento; es
tro destino, somos sin embargo auténti­
icalista, artista, despabilado en las si­
cos latinos por la formación del espíritu
tuaciones difíciles. Pero luego no se eleva
y, en tales condiciones, es muy natural
sino en las formas elementales y limi­
que los latinos del mundo se agrupen en
tadas del grupo: el Estado le parece le­
torno de nosotros.

�0

ca b a lg a ta

E ha repetido hasta el cansancio, que
el ARTE es indivisible y único. Que
goza do privilegiados derechos, tales como
los do ignorar la existencia de la fealdad,
do la miseria, de la injusticia. Que vive
apuntalado en el milimétrico margen del
pedestal de la gloria, al cual no llegan los
vulgares rumores de la vida y sus mi­
núsculos problemas. 1 todo es aseverado
por los cerebros cumbres 4o1 arte J' de las
letras académicas, con el aire de suficien­
cia que esas alturas concede a los felices
mortales que las habitan.
Y nosotros, hemos pensado siempre, en
cuán fuerte es el egoísmo humano, cuando
se puede traicionar el espíritu, doblegar la
razón, al desfigurar la verdad para inten­
tar la defensa de la comodidad ególatra.
Porque esto significa mantener la posi­
ción, a todas luces falsa, del arte puro,
frento a la ya reconocida victoria del hu­
manismo artístico, que presupone en el ar­
tista, sea ésto plástico, intelectual o lo que
fuese, la dualidad indisoluble de “ hom ­
bre-artista ” , que sufre con el hombre,
con él triunfa o es derrotado, por él lu­
cha. Utilizando la comprensión y la soli­
daridad como fin, y su pluma o su pincel
como armas.
Da pena comprobar que existen aún, a
pesar de todo lo que el mundo está deve­
lando en la actualidad, entes capaces de
olvidar lo 'sucedido, olvidar su puesto en
el mundo, en aras de esa pasión fría y es­
tatuaria que significa el arte puro, tal co­
mo lo quisieron Joyce, Proust, Kafka o
Kierkegaard. Para quienes puede ser po­
sible -—y debe serlo— el desdoblamiento
de la personalidad humana, pensando que
“ donde concluye el artista, recién comien­
za el hombre” , o sino, esta otra varia­
ción : “ el artista no puede nunca ser po­
lítico o hacer política, porque ésta es in­
famante, mientras que él es etéreo, abs­
tracto, puro, artífice de la belleza” . . .
Tan abstracto y tan etéreo, que Bikini no
llegará a desintegrar sus moléculas físicas
cuando se utilice su energía en abatir las
últimas reservas moleculares de dignidad
cívica. O, como lo dijo cierta vez un po­
deroso intelectual sudamericano, ‘ ‘ el po­
lítico tiene que ir cabalgando sobre la opi­
nión pública porque depende de ella para
ascender en su carrera pública, mientras
que el artista, debe ir navegando en con­
tra do la marejada, porque sólo piensa en
la verdad y en la belleza, y no necesita de
los favores del pueblo” . Estas palabras,
que no son las textuales, pero que tradu­
cen su verdadero significado, constituyen
una ofensa y una injuria para el político,
para el intelectual y para el pueblo, al
tiempo que representan una falsía inusi­

S

' 1
-&lt;

111

Por S. HOROVITZ

tada a la realidad social y artística. Por­
que ni el político debe ser el mercader de
los favores del pueblo, sino la persona que
dedique su vida a conseguir para el pue­
blo el gobierno que sea su representación
integral y su fiel apoderado, ni el intelec­
tual debe ser el anodino artífice de la be­
lleza, alejado del ‘ ‘ mundanal ruido de la
humanidad ’ ’, sino el activo colaborador
del pueblo, en cuanto traduzca y refleje
toda la resonancia política, social, econó­
mica y artística, en sus medios específicos
de producción. A lo que se refiere el su­
sodicho ‘ ‘ purista ” es al falso político, al
demagogo, que es la negación de la polí­
tica, y al falso intelectual, al “ torre de
m a rfil” que es el demagogo de la belleza,
el reaccionario de las letras y de las artes.
Ellos, los puristas, en sus parapetos
marfileños, lanzan sus catapultas contra
los “ hombres vulgares” y los políticos
infamantes (no conocen la política, sino
la espúrea), mientras volatilizan (y este­
rilizan) el tiempo en divagaciones especu­
lativas, en donde puedan demostrar sus
intelectos privilegiados, como esas doctri­
nas filosóficas, tan en boga, que son va­
cuas y oscuras, cuando no disfrazan en
sus paragrafeos, voluntariamente oscuros,
la urdimbre netamente reaccionaria de su
fundamento básico.
Ellos son los que hacen de la novela un
género muerto, apto para descifrar jero­
glíficos, escritos, al parecer, siguiendo la
norma dadaísta: elegir en la oscuridad
del sombrero párrafos escritos al azar, y
unidos en igual forma.
Ellos son los que inventan novelas geo­
métricas, ajenas a la realidad ambiente,
porque son incapaces de recrear lo verí­
dico, de ubicarse en el venero nacional del
lugar en que se encuentran, puesto que de
él no tienen ni siquiera el concepto. Y lle­
nan páginas de innecesarios vocablos — de
lugares, de nombres— extranjeros. Inne­
cesarios, porque no reflejan ninguna rea­
lidad ambiental, ni estudian n in g ú n p S¡.
eología de lugares y persoj::.
cosmo­
politismo no es ni:
.. . la necesidad ca­

Rafael Alberti nació en el sur an­
daluza Puerto de Santa María (Cá­
diz), en 1902. Su primera vocación
fué la pictórica, que abandonó de­
finitivamente en 1924, año en que
por su primer libro de poesías — Ma­
rinero en tierra—• recibe el premio
nacional de literatura de un jurado
en el que figuraban Ramón Menéndez
Pidal. Antonio Machado y Gabriel
Miró. Desde entonces ha publicado
muchos libros de versos — entre los
principales: Cal y canto. Sobre los
ángeles. De un momento a otro. En­
tre el clavel y la espada. Pleamar— :
algunos de prosa —Da arboleda per­
dida. Imagen primera d e........ — v
varias obras de teatro, dos de ollas
estrenadas en España — El hombre
deshabitado y Fermín Galán— v una
en Buenos Aires — El adefesio— .
Desde 1940 reside en la Argentina.

H

A

B

L

A

RAFAEL
ALBERTI
TRABAJO MAS QUT NUNCA
HAGO MI OBRA Y ESPERO
• Su amor a la pintura.
• Sobre letras argentinas.
• Sobre poesía española.
ONRIENTE, afable, y conciso en sus
respuestas, Rafael Alberti facilita nues­
tra labor periodística contestando con ex­
trema amabilidad a nuestro interrogatorio,
del cual son mudos testigos aquellas pa­
redes de su casona de Palermo.
— Veamos — comenzamos diciéndole— .
¿Qué obras tiene en preparación, Alberti?
— En estos momentos estoy corrigiendo
las pruebas do mi libro A la Pintura (poe­
ma del color y la línea) que saldrá en mayo
editado por Losada. Se trata de un ho­
menaje a mi primera vocación: la pintura.
— ¿A que obedece este homenaje?
— Mis nostalgias pictóricas se me fue­
ron acumulando en estos tres últimos años
hasta concretárseme en estos poemas de­
dicados a mis pintores favoritos, esos que
aun sobre mi poesía han ejercido una gran
influencia, y a los procedimientos, útiles
de trabajo, partes, estilos, etc., del arte
de la pintura.
— ¿Que intención orienta a estos poe­
mas?
No encierra este libro, como habrán
visto los que hayan leído algunos de estos
poemas aparecidos en diarios y revistas,
intención didáctica, al estilo de ciertas
obras renacentistas escritas en verso. ¡ Dios
me libre!

S

ampoco de semblanzas poéticas de
los grandes maestros y menos de exalta­
V

lili

ciones líricas de los cuadros famosos, cosa
que ya algunos poetas han hecho. En mi
libro, rehuyendo todo lo descriptivo, anec­
dótico, se pretendo elevar a la categoría
poética la esencia de cada pintor, el sen­
tido de su visión plástica, la entraña pro­
fundamente lírica que por medio de lí­
neas y colores, bajairdo do los ojos, queda
expresado por la mano en el papel, la tela
o el muro.
— Obra do indudable riesgo.
— Sin duda, pues ni la historia ni la va­
lorización crítica pueden estar ausentes
de estos poemas. Pero el poeta, acostum­
brado hoy más que nunca a dejar caminar
flojamente la pluma sobre la cuartilla,
debe ir nuevamente a lo difícil, a enfren­
tarse con situaciones desconocidas, de las
que salga airoso o derrotado, que es pre­
ferible el descalabro antes que la autoTrepetición o el hastío de ropetir lo de los
demás. Si en esta obra me lio roto o no
la cabeza ya me lo dirán cuando el libro
esté en la calle.
— ¿Prepara alguna otra cosa?
— Una obra de teatro, de amor y fiereza
•españoles, centrada en un suceso terreno
con un desenlace mitológico, titulada La
Gallarda (tragedia do vaqueros y toros
bravos). Pero como so trata de una pieza
escénica, es mejor no contar el argumento.
— ¿Creo en la influencia del público so­
bre su producción?
— Cuando estaba en España, creía más
quo en la influencia del público sobre mi
obra, en la del pueblo sobre ella. Entonces,
sí. Yo vivía una vida de poeta en la calle.
Escribía para el pueblo, recitaba mis poe­
mas — y no sólo los míos, sino los de los

lenturienta de la ficción a toda prueba,
de la fantasía inteleetualista sin objeto.
Y no es nacionalismo lo que defendemos,
sino a la realidad. Y a la comprensión so­
lidaria del hombre por el hombre y por la
sociedad.
Son los que han tejido el cañamazo de
los surrealismos, suprerrealismos (todo,
menos realismo) cubismos, dadaísmos, dalismos, existencialismos, para ocultar su
mezquindad social. Y su reaecionarismo
humano. Que existe siempre en su fondo.
Ellos son los que, bajando a la palestra
crítica, minorizan a los escritores que ha­
cen de la vida su escenario, conceptuán­
dolos de panfletistas, de propagandistas,
o, en el mejor de los casos, de “ cronis­
tas” , como si el entrelazar la literatura
con los hechos móviles y transformantes
quo a diario acontecen en las latitudes del
mundo, fuera un denigrante infundio. Pa­
ra ellos, un Upton Sinclair carece de toda
trascendencia, ya que desciende a recoger
el viento en el mundo: es solo un docu­
mento pasajero, que no ha de perdurar en
el tiempo y en el espacio. Y el John'
Steinbeck de Finas de Ira y de En lucha
incierta un planfetista proletario y pseudo-obrerista, posiblemente a sueldo de po­
tencias extranjeras, de subido tono rojizo.
Y Erskine Caldwell, un calumniador, por­
que descubrió que en la bella y rica re­
gión del sur de su país existe una realidad
espantosa, que se había mantenido oculta
por poderosos intereses creados.
Pero, en cambio, el Ulisses es la joya
magna de la literatura. Y se dedican es­
tudios interminables para explicar lo que
probablemente haya querido decir su au­
tor. Sin descubrir, que nada intentó decir.
Porque nada más tenía para decir el re
presentante de una literatura seca, mus­
tia, agostada a fuerza de es; ; ;! iza &lt;■iones
repetidas, como la clase a ía que Jovce
pertenecía
Por todo esto, es quo es una necesidad
vital ubicar en su invalorable sitial a la
legión insigne de escritores de fibra que,
no olvidan la visión del momento, en lo

clásicos españoles— al pueblo; mi voca­
ción, quo es mi vida, le pertenecía ente­
ramente. Ahora, como tantos escritores ar­
gentinos, vivo más bien aislado. Trabajo
más que nunca. Hago mi obra. Y espero.
— ¿Con que criterio cree Ud. que debe
enfocarse la creación: realista o abstracta?
— Oscilo entre los dos. Y creo en los dos,
pues los dos van al hombre. Lo importan­
te es ser pleno en ambos.
— Mucho nos interesarían algunas opi­
niones suyas sobre las letras argentinas.
— Hoy, mejor que desde España, como
es natural, conozco la literatura argenti­
na, la sigo y creo tener muy buenos ami­
gos en ella. Aunque observo más de cerca
el movimiento poético, no se me escapa
que el novelístico más reciente puede al­
canzar verdadera importancia. En estos
momentos del mundo, hay mucho que con­
tar, quizá más que cantar.
— ¿Puede citarnos algunos poetas de su
preferencia?
— Gusto de los más dispares. ¿Nombres?
Oliverio Girondo, Ricardo Molinari, Juan
L. Ortiz con los tres González: González
Tuñón, González Lanuza, González Carballio.
— ¿Y entre los más jovenes?
— Silvina Ocampo, J. R. Wilcock, En­
rique Molina (h.) y Alberto Girri. Sé que
hay nuevos grupos con sus revistas y edi­
toriales, — Osvaldo Svanascini y H. J.
Beeco— entre los que se encuentra el
grupo “ M adí” cuyos intentos literarios
por una serie de circunstancias no he po­
dido conocer aún.
— ¿Sobre la presente generación litera­
ria de su tierra natal, España?
— ¿Sobre la de fuera o la de dentro?
De la de dentro. . . Allí, en España, sólo
queda un poeta, un verdadero poeta, enfer­
mo desde hace más de 20 años: Vicente
Aleixandre. De otros, más jóvenes, nues­
tros, de quienes de cuando en cuando me
viene alguna cosa, decir su n-ombre sería
imprudencia.
— ¿De los demás de allí?
— Mucho conformismo, mucha poesía de
lectura, demasiado eco, ninguna audacia.
En cambio, sabido es y demostrable, que
lo mejor de la presente literatura espa­
ñola — y me limitaré sólo a la poesía—
se halla fuera de nuestra patria.
— Ahí tienpn ustedes en Norte América
a Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas,
Jorge Guillén, y últimamente a Luis Cor­
nuda. Y por estas orillas, venido no hace
mucho, a León Felipe.
— ¿Nombres nuevos?
— Los hay, y desarrollados, en algunos
casos, contra viento y marea, en medio
do las enormes dificultades de crecimiento
que se le crea a una juventud arrancada
do pronto de su tierra. Es una gran des­
gracia. Pero así y todo, van alzándose
nombres, perfilándose.
— ¿ Por ejem plo. . . ?
— No quiero nombrar los que hay en
México, Venezuela, Chile o París. Le diré,
terminando nuestra charla, dos que están
aquí en la Argentina: Arturo Serrano
Plaja y Lorenzo Varela.
O. H.

que tiene de trascendente, en el enfoque
de sus obras, sirr perderse en el laberinto
de la “ complejidad psicológica-filosófieainteleetual” del diletante purista, si­
guiendo imperturbables su labor construc­
tiva, edificando cada uno en su plano, los
pilares sustentadores de una civilización
que se vislumbra, en medio de la bruma
atomizante que asfixia actualmente a la
humanidad, en los dos aspectos fundamen­
tales de la verdadera literatura: negación
de lo falso y afirmación de lo verdadero.
Sin importar que esa verdad sea “ fe a ”
0 que esa falsedad sea “ bella” . Lo cual
puede suceder.
Y, dentro del plano universal, es la
línea que comienza a intuirse en nuestra
literatura, tan huérfana de realidades
tangibles. Esta intuición se afirma en
la mayoría de los escritores de reciente
promoción, muchos de los cuales hair vi­
vido en medio de la ráfaga borrascosa
do estos años del siglo, vientos cuyos
ecos no sólo llegan, sino que castigan
estas playas, que antes eran insulares
pero que ahora pertenecen al macizo con­
tinental. Muchos de los cuales se han
educado en la escuela viva del periodis­
mo, que enseña a leer entre líneas los
telegramas que las agencias noticiosas
venden como legítimas. Muchos de los
cuales no han tenido oportunidad ni me­
dios para formarse en academias puris­
tas, sino que han tenido que luchar por
el pan diario, elevándose por sí solos,
movidos por la pasión de vida que en
ellos palpita. Y todos viendo que inuti­
lizábase, en el agua no potable de la
puridad, las personalidades m ej— •$
pacitadas por condii^an - áe eftüüio j
de ingf-r.i .'
Es la línea tendida por nombres que
comienza a nombrarse con respeto y ad­
miración, al lado de otros, ya renombra­
dos. Alfredo Varela, con El Río Obscuro,
en aplaudida «ogunda edición-. Bernardo
1 erbitsky, agrandando sus preocupacio­
nes colectivas hasta la ya no lejana Eu­
ropa en En esos años de recientísima apa­

rición. Atahualpa Yupanqui, condensan­
do el folklore legítimo en collar de rela­
tos vivientes, en Cerro Bayo. Carlos^
Ruiz Daudet, sumando inquietudes lau­
dables en sucesivos avances, desde sus
primeros cuentos, hasta su novela El
Caudillo y la que esperamos dentro do
breves meses. Raúl Larra, bosquejando
aspectos múltiples del Chaco, con ra­
pidez de cinematógrafo. Alvaro Yunque,
aprisionando en la biografía de un hom­
bre — Leandro N. Alem—; ciento tres
años de vida argentina. Y toda la lite­
ratura social rioplatense. Y la historia
vivida. Enrique Amorim, estudiando el
campo abierto de la Naturaleza y del
hombre, y el campo prieto de las luchas
cívicas. Gerardo Pissarello, despertando
conciencias y evocando el pasado con vis
tas al futuro, en Che Retó. Gudiño Kramer, en labor propia Aquerenciada so­
ledad y en labor editorial, unificando el
interior y estimulando a los escritores
noveles.
Y con ellos, muchos más, cuya nómina
escapa a esta ocasión, cuyos méritos
— excluyendo los intrínsecos, que son mu­
chos— radican también en ser los pro­
pulsores de un despertar de la concien­
cia humanística en el hombre argentino,
y acrecentar en los escritores el afán de
escribir por algo y para alguien. Y no
sólo para apagar la sed de vanidad in­
telectual. De escribir en nombre de todo
el pueblo argentino — y con él de todos
los pueblos— y dirigidos a todos los hom­
bres, sobre la totalidad de los problemas
que a ellos incumbe resolver, sobre la
complejidad simplista de la vida, en sus
más variados aspectos, para que de esa
labor surja el fruto anhelado por todos:
el conocimiento integral de nuestra rea­
lidad, de nuestros problemas, de nuestras
insuficiencias y de nuestras esperanzas,
de nuestros defectos y de nuestras vir­
tudes. Para que lleguemos a compren­
dernos y a amarnos, y con ello desapa­
rezcan las diferencias regionales que el
desconocimiento origina. Para que con
ello surja la educación de claso y de fra­
ternidad. Para que desaparezca la “ ca­
beza de medusa” porteña, ese gigante
monstruoso en cuerpo raquítico, nivelan
uo la savia en donde falte, para consti­
tuir el cuerpo orgánico que aún no existe,
y robustecer el summum de la Nación.
A ellos debemos estimular y animar,
porque de ellos depende el futuro de
nuestra literatura, y como la literatura
es el reflejo de la cultura, se desprende
que también es la cultura argentina la
que depende de que todos los escritores
comprendan esta verdad, y la sigan.

HUIS lili

COMPOSITOR

( Viene de la primera página.)
En efecto. Desde la dispersión del grupo
de Schoenberg, en Viena, que tanta in­
fluencia ejerciera sobre la música de Cen­
tro Europa, y más tarde sobre la de casi
toda Europa y parte de América, nin­
guna escuela puede presentar un grupo
tan lógico y orgánico en su directiva,
como el actual de compositores checoes­
lovacos. Esta continuidad arranca de la
tradición, lazo que une a los composi­
tores checoeslovacos más modernos, de
importancia europea, con los maestros de
la generación anterior: Foerster, Novák.
Suk, ~Janácek, Ostrcil, quienes a su vez
avanzaron notablemente sobre la prece­
dente de Smetana, Dvorak y Fibich.
La evolución de la música de Checoes­
lovaquia nos muestra figuras y persona­
lidades, tanto en los teóricos como en
los compositores, de importancia europea,
es decir, mundial, y que en nada ceden
a los del resto de Europa, ya se trate
de los más grandes. Hubo, en efecto, gran­
des teóricos de no menor importancia que
un Busoni o un Schoenberg; pero si bien
se busca entre los músicos checoeslovacos
continuamente la propia expresión, no
se desdeña en modo alguno lo que pro­
viene de fuerá en materia de evolución
lógica, asimilando principios y nuevos
hallazgos, aunque sin perder de vista el
problema de la propia individualidad.
La música checa parte de lo popular,
del cultivo del folklore, para remontarse
hasta la teoría especulativa en el reino
de los sonidos organizados, de la expresión
espacial de contenido autóctono, casi in­
consciente en su forma de manifestarse,
hasta el examen consciente, la álgida pre­
gunta que muchos músicos jamás se han
planteado a sí mismos: ¿qué entendemos
por música, para qué la hacemos, cómo
la hacemos o cómo debemos hacerla? En
este sentido, las respuestas dadas al tre­
mendo problema por el teórico Vladimir
Helfert al rechazar el viejo criterio ro­
mántico de forma y contenido, y estable­
cer en su lugar ‘ ‘ la unidad del pensa­
miento musical y de la fuerza do repre­
sentación musical” , parece ser definiti­
va para la marcha ulterior de la música
checoeslovaca.
Sin embargo, Rudolf Steiner parece ser
el verdadero y más completo orientador
do las modernas tendencias de su país,
cuya influencia teórico-mística actúa so­
bro el propio Alois Hába en cuanto a
la faz espiritual del arte y la consiguien­
te respuesta a la tremenda pregunta ya
enunciada. La música, según Steiner, res­
ponde a lo más íntimo de la naturaleza

del hombre, ya sea como necesidad de
expresión retrospectiva y espacial o in­
trospectiva y temporal. Es lógico que la
evolución musical se realice siempre en­
tre ambas particularidades: del arte fol­
klórico basado en el gesto, (rítmico o
sonoro, según los casos) al arte abstracto, i
expresión temporal, liberada del espacio, i
media toda la evolución posible de un
un arte; del arte imitativo al arte como
expresión creaeional, desligado de la rea­
lidad inmediata y con miras a una edu­
cación superior del espíritu.
Para Steiner, las funciones psíquicas
y espirituales del hombre — pensamiento,
sentimiento, voluntad— tienen su plena
correspondencia en las funciones primor­
diales de la música — melodía, armonía,
ritmo— . De esta manera queda la música
reconocida como un factor de relaciones i
del hombre con la vida y el universo to­
do, a la vez que como expresión — mani­
festación— de lo más íntimo de la na­
turaleza humana, desde el aspecto físico
primitivo hasta la expresión temporal. !
Pero en cualquier forma, un arte emi- j
nentemento vital, donde no tienen cabida
el diletantismo ni el saber técnico en sí,
mera pedantería escolástica. Un ideal cós- i
mico de libertad colectiva, trasunto de ;
la libertad individual; el arto cobra así
un aspecto religioso, no en un sentido
cristiano a la manera de Tolstoi, sino
de verdadera hermandad humana, en cuya
realización están empeñados millones de
seres. La Novena Sinfonía de Beethoven
toma al respecto el valor de documento |
profético y de luminoso e inasequible faro,
primera y aún no superada etapa en la
marcha hacia el nuevo ideal.
La música, quizá más que ningún otro
arte, depende para poder realizar su desa­
rrollo, del desarrollo de la técnica. Una
nueva concepción musical es difícilmente '
imaginable sin profundos cambios en la
técnica musical; basta recordar los ejem­
plos ilustrativos de Monteverdi, Beetho­
ven, Liszt, Skriabin, Debussy o Schoen­
berg. Y así, para la realización de ec
ideal de arte educador, redentor, com
propicia Alois Hába a través de Rudolf
Steiner, fue necesario un cambio radical
do miras en la técnica de la música che­
coeslovaca. De esto modo, la respuesta da­
da a la pregunta, ¿para qué hacemos
música? fué seguida de otra conferida
al ¿cómo la hacemos o debemos hacerlaI. ¡
Es indudable para nosotros, que el sistema de cuartos, sextos y doceavos de j
tonos, definitivamente asentado por Alois i
Hába, responde a razones de desenvol­
vimiento histórico. Hába considera ago-,
tado el sistema semitonal de uso en la!

�ca b a lg a ta

Por EDUARDO JOUBIN COLOMBRES
I indagamos los móviles determinantes
de los impulsos demoníacos de Charles
Baudelairo encontraremos que todo su ser
estaba condicionado a variaciones alter­
nadas y constantes de apetencias sódicas y
masoquistas como en el caso de Artliur
Bimbaud.
El espíritu del poeta participaba de la
lucidez trascendente del poseso y de la
inspiración sobrenatural del genio. Eran&lt;jois Porchó. con su reconocida sagacidad,
en un estudio reciente ha dado a conocer
algunos detalles desconocidos acerca de la
vida íntima del poeta. F1 complejo de Ed:po había creado en ól una naturaleza vo­
luble y libertina, cínica y pertinaz en sus
manifestaciones amorosas.
El proceso de la destrucción de todo el
mecanismo normal de su vida radica ex­
clusivamente en su ternura filial, intensa
y vivaz. Sin lugar a dudas, Baudelaire
amaba a su madre con egoísmo pasional.
Siempro recordaba sus salidas con ella, sus
paseos por el jardín de Luxemburgo, y,
cuando niño, ese placer de frotarse contra
su falda de seda y abrochar su collar de
turquesas.
Estos actos representativos de su instin­
to sexual constituyen la raíz esencial de
su neurosis. Psicoanalíticamente, estas ma­
nifestaciones coinciden en un todo con los
estudios acerca del complejo de Edipo, el
cual, al decir de Freud, es el “ nódulo de
las neurosis y representa la parte esencial
del contenido de las mismas” .
Si evidentemente, los amores de Baude­
laire fueron múltiples y ridículos, como
en el caso de Juana Duval, llamada la Ve­
nus negra, el apasionamiento, el amor por
Aglaé Sabatier, conocida en los salones de
París con el nombre de la ‘ ‘ Presidenta” ,
gracias al ingenio de Gauthier, lo lleva a
hacer de ella un culto, a endiosarla tal co­
mo si fuese una nueva Friné de los poe­
tas,. 'Eotet iiguva, i/e mujer, que fué expues­
ta en el Louvre en 1847, bajo el titula
Xa mujer picada por una serpiente, por el
célebre escultor Clésinger, era un tipo de
mujer ‘ ‘ con ánimo trivial, bajo, popula­
chero, un poco canalla” , según el testi­
monio de los Goncourt. Sin embargo, Bau­
delaire crea alrededor do ella un culto y
le dedica muchos de sus mejores poemas,
como Ré-versibilité y Confession.
Los amores de Baudelaire con la Presi­
denta adquieren dos aspectos complemen­
tarios y a la vez diferenciados, cuyas esen­
cias son, indiscutiblemente, unitarias, pues
el centro originario de todo el proceso
amoroso so origina a todas luces en la in­
clinación ya primigenia en el poeta hacia
su propia madre. De ahí es que la ternura
hacia Madame Sabatier no sea más que
una prolongación del amor materno y un
contraste lógico de la resultante dialéctica
del espíritu. La apetencia sexual del poeta
estaba lejos de ser normal. Porche estima
que el amor del poeta hacia Madame Sa­
batier es un caso de mitología amorosa
deformada, rectificada, embellecida y su­
blimada por una curiosa sustitución repre­
sentativa, y en cuanto a los demás amores
—transitorios y fugaces, como el de la Ma-

S

rvx y el de Juana Duval— , la ternura ín­
tima'y la modalidad del ‘ ‘ dandy” era una
prolongación evidente del hecho psicoanalítico ya estudiado, porque Baudelaire, des­
de sus primeros años, lo único que quiso y
que amó por arriba de todo fué a su pro­
pia madre Muchos de los biógrafos del
poeta coinciden en afirmar que toda su
maldad, su angustia y su vida depravada
tuvo como único origen el secundo matri­
monio de su madre, pues siendo una mu­
jer hermosa enviudó precisamente cuando
sus encantos alcanzaban el mavor esplen­
dor. Si bien es cierto oue el poeta, cuando
apenas contaba seis años, experimentó pla­
cer con la muerte de su padre, pues el amor
instintivo hacia su madre degeneraba ya
en terribles celos, mucho mayor fué luego
el placer que le produjo la muerte de su
padrastro, a quien muchas veces intentó
asesinarlo. Esta exaltación sentimental del
niño por la ternura materna nos explica
mucho del contenido de varios poemas de
este genial espíritu, como aquel que dice:
Angel lleno de bondad, ¿ conocéis el odio.
Los puños que se crispan en la sombra y
[las lágrimas de hiel
Cuando la venganza bate su infernal lla[mada
y de nuestras facultades se convierte en
[ capitana ?
A ngel lleno de bondad, ¡conocéis el odio?
Las relaciones del poeta con la ‘ ‘ Presi­
denta” no impidió que éste siguiera vién­
dose con las otras mujeres corruptas, pro­
fesionales en el arte del vicio y del amor.
La ‘ ‘ Presidenta” se complacía en recibir
al poeta en su casa de la calle Frochot,
amueblada por su amante Mosselmann y
cuyas relaciones íntimas Baudelaire no .las
desconocía. Allí el poeta cristalizó su ado­
ración y creó el *‘ mito de la diosa blan­
c a ” , mito qüe más tarde se derrumbaría
'iva Va violencia y el «stertor de un des­
garramiento atroz. A llí el poeta tuvo am­
plia acogida para gozar del ambiente bo­
hemio en que estaba acostumbrado a vivir,
máxime si se tiene en cuenta que en esas
reuniones se abusaba de los estupefacien­
tes. En el fondo, Baudelaire era tímido y
débil do carácter; tenía la sensibilidad de
un niño, y era, sin lugar a dudas, un ‘ ‘ ni­
ño grande” , como diría Goethe, pues esa
es la condición preliminar de todo gran
poeta.
El culto a la ‘ ‘ Presidenta” , a la vez
que constituye una exaltación pasional &lt;le
los complejos sentimentales de un hombre,
es un canto a la indecencia y a las depra­
vaciones de esta mujer que a los diez y
siete años había comenzado a convivir con
pintores como Clésinger y otros persona­
jes ilustres de la época.
Charles Baudelaire, llamado el ‘ ‘ genio
del m al” , el ‘ ‘ poeta maldito” , como Verlaine y Rimbaud, es, sin embargo, la per­
sonificación de la honestidad y de la ter­
nura; su corazón era tierno como el que
más, porque era un soñador víctima de sus
propios sueños. Su ideal imposible colin­
daba con la tragedia y si esas mujeres

— malditas y depravadas, como se quiera—
no hubieran existido en su vida quizás no
hubiera escrito tan hermosos poemas y se­
guramente la desesperación lo hubiera con­
ducido a la locura y a la muerte prema­
turas.
En el poema Confession, dedicado a la
‘ ‘ Presidenta” el 9 de mayo de 1853, el
poeta evoca la felicidad que le otorga esa
mujer do ensueño sobro el recuerdo triste
que hiere sus carnes; por eso encuentra
que ya todo sea tarde, aunque piensa que
la solemnidad de la noche, como un río,
sobre París se extendía, porque su alma
‘ ‘ como un niño raquítico, horrible, som­
brío, inmundo, que a la familia deshonra­
ría, vivió lejos del mundo en una cueva
mísera y secreta” . En este mismo poema,
Baudelaire expresa que la esencia de lo
humano es el egoísmo, que ‘ ‘ esculpir so­
bre los corazones es una cosa tonta, que
todo acaba, amor y belleza” .
Todas las cartas enviadas por el poeta
a la ‘ ‘ Presidenta” fueron anónimas, y
así en una de ellas le decía: ‘ ‘ En verdad,
señora, lo pido perdón por esta coplería
anónima e imbécil que se resiente enor­
memente de infantilismo. ¿Pero, qué ha­
cer? Soy egoísta como los niños y los en­
fermos. Pienso en las personas queridas
cuando sufro. Generalmente pienso en us­
ted en versos y, cuando los versos están
hechos, no puedo resistir al antojo de ha­
cerlos ver a la persona que es objete de
e llo s .. . Al mismo tiempo, me escondo co­
mo alguien que experimenta un temor an­
te el ridículo.” Y terminaba con esta ex­
presión: ‘ ‘ Por absurdo que todo eso pue­
da parecerle, imagínese que existe un co­
razón del cual no podrá mofarse usted sin
crueldad y en donde su imagen vive siem­
p re” . En las cartas sucesivas, en las últi­
mas, el poeta destruye el mito creado. La
‘ ‘ Presidenta ’ ’ se desmorona conío un cas­
tillo de naipes y entonces él expresa: ‘ ‘ Y o
he de sor tu ataúd, amable pestilencia;
veneno que 'le« ángeles prepararon; bebida
que me abrasa. '¡Obi tni vida! ¡Oh muer­
te de mi V id a !” Luego añád"V ‘ ‘ Vivir
es un mal. ¡Calla, ignorante! ¡Calla, al­
ma siempre aturdida! ¡Boca que infantil­
mente ríe! Deja, deja mi corazón de men­
tira embriagante. Más que la vida, la
muerte sabe atarnos en sus redes sutiles” .
El romance del poeta con la ‘ ‘ Presiden­
t a ” acaba mancillando el culto, apuña­
lándolo. La ‘ ‘ Presidenta’ ’ ha dejado de ser
suave, se mueve dentro de un ‘ ‘ libertina­
je sanguinario” y, con violencia, le grita:
‘ ‘ Para castigar tu carne alegre, para mar­
tirizar tu seno perdonado, y hacer en tu
vientre sorprendido una herida ancha y
cruel, te echaré mi veneno” . Evidente­
mente, el poeta de Las Flores del Mal,
para destruir ese culto, tenía que reencon­
trarse con la esencia de su amor; fué en
busca de su madre, con quien vivió desde
entonces en Honfleur, y después de algu­
nos viajes inesperados, la enfermedad lo
abatió en Namur para morir poco tiempo
después en la casa de Salud del doctor
Duval, en la calle del Dome, en Neuilly,
el 31 de agosto de 1867.

EL Ú L T IM O FL O R E C IM IE N T O
DE LA E D A D M E D IA ,
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OFICINA TECNICA DEL LIBRO
Corrientes 1135. 2? B ■ T. A. 35-0878 - Buenos Aires

música do Occidente, y por ese solo mo­
tivo tiene ya derecho a buscar los me­
dios que considera adecuados para con­
tinuar la evolución de su música.
Estos nuevos elementos, jasados en Ia
división del semitono, los halló Hába por
primera vez en la música popular típica
del país, y luego en las músicas de Orien­
te, y le sirvieron de punto de partida
para la evolución que realizaría poste­
riormente.
Mientras continuaba en sus análisis,
deducciones y probaturas a base de in­
tervalos más diferenciados que nuestros
semitonos, so enteró que en 1917, en ple­
na guerra, W illi Móllendorf daba a co­
nocer en Alemania y Austria su propio
sistema do cuartos do tono valiéndose de
un armónium, también de su invención.
Esto lo hizo perseverar en sus trabajos,
ya más afirmado en su idea, a lo que
contribuyó el contacto con las teorías de
Busoni, decisivas en cuanto a la renova­
ción microtonal. Si en realidad el cono­
cimiento de los cuartos de tono data de
la Edad Media, su aplicación práctica
pertenece a nuestro siglo. Era necesario
el agotamiento del sistema cromático tem­
perado, a cuyo uso so habían acostum­
brado los oídos luego de un transcurso
de siglos, para que el cuarto de tono
apareciera como lógica consecuencia del
sistema semitonal.
Es sabido que Schoenberg liquidó los
procesos diatonales y pulverizó la tona­
lidad clásica; para substituirla creó un
sistema de escritura basado en la auto­
nomía de las doce notas do la escala tem­
perada, anuló los conceptos de consonan­
cia y disonancia y busca actualmente nue­
vas formas adecuadas para encauzar las
. corrientes pantonales. Alois Hába, luego
de haber llegado conscientemente a los
doco tonos, concibe el estilo atemático
como lógica continuidad de las libertades
armónicas derivadas de Schoenberg, y
que no habían logrado aún la correspon­
diente libertad de forma, según su cri­
terio.
Decíamos que liaba, al considerar con­
cluido el ciclo do la música basada en
los doce sonidos de la escala, estaba en

perfecto derecho de buscar el camino que
respondiera a su evolución natural. Sin
embargo, como siente y concibe la música
como algo unido indisolublemente a los
hechos y al significado del desenvolvi­
miento de la humanidad, no parte de un
principio individualista o edénico, como
hicieron los compositores franceses de co­
mienzos de nuestro siglo, ni de la am­
bición faústica al modo de los germanos,
sino que busca una aplicación de la mú­
sica-melodía, armonía-ritmo, equivalentes
a pensamiento - sentimiento - voluntad en
un sentido absoluto, capaz de acercarnos
al conocimiento de la esencia del hombre
y aún de guiarle espiritualmente en me­
dio de la actual crisis mundial de la so­
ciedad. Llevado de estas ideas, Hába
plantea y realiza su famoso estilo ate­
mático, .a l que siempre con miras a Rudolf Steiner que como se ve ha ejercido
una influencia decisiva sobre el gran mú­
sico checo, explica como la expresión de
la libertad humana y de la libre colabora­
ción, frente al estilo temático que tanta
importancia ha tenido hasta hoy, y qué
considera por sujeción a un principio
establecido — el tema— como reflejo de la
conducción divina y espiritual de la hu­
manidad.
Volvemos, pues, a encontrar un porqué
ideológico en las renovaciones realizadas
por Hába. Nos enseña que lo verdadero
de un estilo en música — y en arte en
general—, no es un asunto arbitrario o

REVISTA

DE

( Viene de la pág. 5.)
inevitable. Y esto hay que puntualizarlo
muy bien y muy claro —yo lo ha hecho
también Juan Marinello en su ‘ ‘ Discurso
a los escritores venezolanos ’ ’— porque la
confusión so acentúa cuando vemos que
existen intelectuales, T. S. Eliot y Bertranvl Bussell entre ellos, que postulan
como única solución a los problemas que
afligen a la humanidad, el inmediato em­
pleo de la bomba atómica por parte de
E. E. U. U.

imposición a acatamiento ciego a una
técnica de la composición, sino la con­
secuencia externa de nna revolución in­
terna. Esto está de acuerdo, como se ve,
con los principios comunes a todas las
grandes renovaciones artísticas, que son
de dentro hacia afuera, al contrario de
los períodos de perfeccionamiento o con­
servación de un estilo, que son de fuera
hacia adentro.

AGENCIA

LA CIUDAD

El estilo atemático, cuya primera ins­
piración fué dada a Hába por el canto
popular eslovaco, conduce a la máxima
libertad individual en él artista. El pen­
samiento — melodía— , el sentimiento — ar­
monía— , el ritmo — voluntad— , obedecen
aquí a la propia lógica impuesta po t la
individualidad del músico. De nada sirve
la retórica tradicional para el caso; el
atematismo es un crisol demasiado im­
placable para toda valorización; y si es
verdad que conduce a la máxima libertad
del que lo emplea, no es menos cierto que
lo obliga a una responsabilidad más d ifí­
cil y mayor. Supone el estilo atemático,
según Hába, la contribución individual,
basada en una máxima libertad de expiesión de procedimento, y destinada a
crear nuevas relaciones de vida en una
colectividad espiritual. Esto es, de acuerdo
a su concepción, lo universal y lo humano
en música; el estilo atemátieo, entonces,
deviene del hecho de que cada individuo
creador tiene su propio ciclo vital de acuer( Continúa en la pág. 8.)

LA COLINA

(H istoria del V aticano )

Con 32 páginas ilustradas
fuera de texto
Libro de interés extraordinario,
obra de James A. van der Veldt,
sabio y filósofo, crítico agudo en
temas de arte y arquitectura, hom­
bre de talento e ingenio ampiisimos.
Con singular acierto se tratan en
este libro temas tan sugestivos
como: la vida íntima del Papa;
la Corte Pontificia; los cuatro
ejércitos papales; el archivo más grande del mundo; la colección máa^ antigua
do manuscritos griegos, siríacos, coptos, romanos; los tesoros paleográficos del
Vaticano: palimpsestos, incunables, códices; Hospitales para obras de arte, gobelinos, mosaicos, libros, manuscritos; los “ negocios” del Vaticano; vida anec­
dótica de Miguel Angel, Pra Angélico, Rafael, etc.; los grandes genios del arte
y sus obras maestras; el arte del tejido; famosísimos gobelinos flamencos; el
templo más grande del mundo; Mussolini y la Santa Sedo; Austen Chamberlain
y Pío X ; el genio moderno de Pío X Í; la intuición diplomática de Pío X I I ,
la belicosidad de Sixto V y Julio XX; la vida actual del Vaticano y del Jefe
de la Iglesia. . en síntesis, todas las maravillas que encierra ese lugar extra­
ordinario, esa minúscula y grandiosa nación que es el Vaticano, residencia secular
de los Jefes de la Cristiandad.

REVISTAS
Es doloroso comprobar que la postgue­
rra de la más trágica hecatombe cuenta
con estas mentalidades, pero, tal como di­
ce Herzog, y tal como lo creen la mayoría
de los intelectuales americanos: ‘ ‘ Hay
otros, los amigos de la paz, que creen que
es posible con buena voluntad y altura
de miras, tomando en cuenta supremos in­
tereses humanos, encontrar fórmulas de
coexistencia entre las potencias en pugna” .
LTna pugna fomentada artificialmente,
agregamos nosotros.

AUTORIZADA

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Campichuelo 553

T. A. 43-151Í0

RELL
Buenos Airee

�8

ca b alg ata

LA POESI A
CONTEMPORANEA DEL

PERU

Por SEBASTIAN SALAZAR R O M )Y
A

L cabo del romanticismo, iniciado a principios de 1841 y concluido efectivamente
hacia 1015 con la aparición de Josó Mana Escuren, la poesía peruana encuentra un
cauco propio, igualmente ajeno al tributo de los modelos europeos — arribados siempre
«on lamentable retraso— como al folklorismo nacido bajo el signo de un nacionalismo
literario más pintoresco que esencial. En el lapso transcurrido entre ambas fechas, el
nombre de José Santos Chocano, modernista de incuestionable filiación romántica,
usufructúa una popularidad excluyente que opaca sin justificación la obra de otros
más sinceros. Chocano se fabricó y so ocupó en propagar una aureola que sus versos
proclamaron empapados en las aguas de Espronceda y Salvador Rueda, y recogió, en
desordenadóYfearreo, del Parnaso la predilección marmórea y de Darío la musicalidad
resonante que él multiplicó hasta hacerla detonante. Vista desde lejos su obra es
fácil comprobar que continúa una corriente retórica presente en Olmedo y viva’ en
sus descendientes.
La reacción antirromántica, antichocareñidas con lo tradicional en las cuales se
nespa, se inaugura con González Prada,
entremezclaban aquello que era conquista
cuya poesía se expresa en ritmos exóticos
del sobrerrealismo y las escuelas de van­
y formas que van de la villanela al rubay
guardia y un ánimo ardido, informe, que
y a la que preside cierta recatada melan­
sin duda veníale como herencia indígena.
colía, cierto gesto intimista y recogido.
Dolor humano, hondísimo, vibraba dentro
Sin embargo, González Prada era sola­
de su expresión:
mente un panfletario y su labor literaria
se vió mellada por el ejercicio político — H e almorzado solo ahora, y no he tenido
la intolerante prevaricación social. José
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
ni padre que, en el fecundo ofertorio
María Eguren, en cambio, trabajó en una
de los choclos, pregunte para su tardanza
obra definitiva cuyas consecuencias ha­
de imagen, por los broches mayores del
brían de ser de notable provecho. Es el
grupo encabezado por Abraham Valdelo[sonido.
mar que publica la revista Colónida el que
lo acoge y lo defiende. Más tarde lo con­
Sí, melancolía de raíz india como se
sagraría Amauta, la revista que funda y
ha dicho, pero también y principalmente
dirige José Carlos Mariátegui. Por vir­
angustia de hombre de cualquier latitud.
tud de ambas publicaciones, Eguren sin­
Por ella poco costaría asimilarlo a la
gularmente angelical y puro, dió vida al
estirpe existencialista, pero lo sabemos
nuevo espíritu de la poesía peruana.
creyente, ahito de una fe contradictoria
que pugna en el hondón llena de afir­
Eguren o la celestía
maciones y negaciones.
España, aparta de mí este cáliz y Poe­
“ A mí me gusta la belleza, la celesmas humanos nos muestran al poeta en
tía ” , afirmaba y era justo. Es difícil
su más ceñido momento, truncado fatal­
precisar si es en la vida o en la obra de
mente por la muerte prematura. En el exi­
Eguren donde hay más fantasía. A fortu­
lio voluntario desapareció Vallejo, joven
nadamente una y otra so confunden en
aún. La poesía peruana recibió de él una
una hermosa aventura por mundos de
beneficiosa influencia que se concretó en
irrealidad desasidos de toda referencia di­
la liberación de las últimas ataduras ro­
recta o anecdótica. Su existencia soledosa
mánticas.
transcurrió sin peripecia en una monacal
dedicación a la música, la pintura, la foto­
Indigenismo y Universalismo
grafía microscópica, a la poesía en fin.
En el pequeño tomo do Poesía reunió toda
A partir de 1926 se destacan en la
su creación. Allí miríficos personajes de
poesía peruana dos corrientes. La prime­
mitología infantil (Juan Volantín, el Du­
ra denominada indigenismo intentó incor­
que Nuez, Perengrín Cazador de Figuras)
porar al poema temas autóctonos y pcaparecen confundidos con las seña-; del
fctbrá? &lt;íg iXfif.':" ouecha „ ainiara con
amor o ni utm ~l%..
o-en o dol mal.
el fin tic obtener, por errado camino, una
La ironía anima secretamente la poesía
expresión nacional. Los indigenistas se re­
egureniana y cada uno de esos muñecos
belaban contra lo europeo, pero aprendían
prefigura una verdad convertida, por
del ultraísmo la técnica, el mecanismo ex­
suerte de misterioso quehacer, en símbolo
terior. La mayoría cayó en un prosaísmo
cuajado de sencillez y pureza. Nos basta
insustancial:
cualquier ejemplo:
Plomizo, carminado
y con la barba verde,
el ritmo pierde
el dios cansado.
Eguren mostró por vez primera el poder
de la poesía. La magia prístina o velada
de sus versos había de desenmascarar fá ­
cilmente el embuste de Chocano y así fue
por fortuna. El reino del autor do Alma
América, cuando el simbolista peruano fué
conocido, tocaba su fin.
César Vallejo, el hombre
Amauta acogió entre otros a un poeta
extraño que desde las sierras del norte
había llegado a Lima con un hermoso
libro do poemas titulado Los Heraldos
Negros, al que seguiría otro no monos
bello y personal denominado Trilce. Con
éstos dos libros se abrió un nuevo perío­
do para la poesía peruana. Vallejo, que
así se apellidaba el autor de ellos, ma­
nifestó desde el primer verso una perso­
nalidad peculiar. Había en su poesía una
manera dolorida, atormentada, de ver los
problemas del hombre y se reconocía en
ella el crispado acento de quien ha nacido
bajo una cifra aciaga. Mariátegui, tan
zahori para lo nuevo, en su ensayo sobre
el proceso de la literatura peruana re­
conoció hábilmente que V allejo traía con­
sigo una técnica distinta y que creaba
un lenguaje cargado de materias propias
y rebeldes. No so trataba de ideas o pa­
labras originales. Se trataba de formas

Llamarada lujuriosa,
eharankara tutatuta,
las callejas
ven pasar a remolque tus polleras.

mente para salvarlos de la peligrosa bo.hemia en la que vive su autor. Aparte de
su poderosa inclinación a las formas poé­
ticas tradicionales y a algunos temas pre­
feridos por la poesía española, su poesía
está colmada de una intensa pasión que
con temblor angustioso fluctúa entre la
duda y la fe, entre la razón y la sinrazón.
Los últimos sonetos publicados — Travesía
de Extramares— lo muestran sorteando
los arrequives de un gongorismo 'de nuevo
cuño que no traiciona err ningún punto el
curso de lo que esencialmente determina
el agonismo de su creación':
Y es el írrito dios, pata y quebranto, ■'
y es la voz tan humana que demuda;
peligro y alegría, y muerte y muda;
panspermia de tu proco y de tu planto.
Y es, por cima y a sombra del acanto,
entre ofidio y ninfeácea, Ella, nuda,
el cuerpo donde tu alma ya te acuda,
forma, gozo, caricia, tiento, llanto.
Las Insulas Extrañas y Abolición de
la Muerte son los libros publicados por
Westphalen. En ellos ha cumplido el poe­
ta una parábola sin titubeos en la inicia­
ción o el término. Una cabal madurez,
una hondura cada vez más esencial y au­
téntica ha ido conquistando poema tras
poema, no sin evidente esfuerzo. De ahí
la expresión hesitante, creciente y henchi­
da que do sus versos llega como gran in­
terrogante :
Había tantos nidos de dulzura y silencio
en nuestras bocas
Entre nuestras manos tanto afán de arrai­
garse en una
Se veía en tus ojos mejor el mundo
Más grande y más pesado de lirios
Tendida como un sueño o una nube
Las ostras prendidas de las paredes de tu
sueño
Las perlas cayendo de tus manos como
palabras
Así te veo siempre abandonado en un li­
toral de risas
Entre escarpas bañadas de nuestras mo­
nedas vacilantes
Más frágil niña más frágil que tu retrato
en el agua
O que tú misma remontaba a las nubes
O que tú misma tendida en mis ojos
Las perlas del amor contadas por tus ma­
nos crecían como palabras
O flores de tu árbol de risa
O silencios de tus manes •mundo pesado d.c Trios.
Abril aparece públicamente en París en
1927, en una exposición de poemas y di­
bujos, acompañado del pintor Juan Devéscovi. Difícil Trabajo y Descubrimiento
del Alba, editados en Madrid y Lima, res­
pectivamente, son sus libros de poesía. La
trayectoria de Abril revela un largo viaje
desde el sobrerrealismo hasta una a modo
de redención del fondo y la forma en fres­
ca belleza pura. El caos se define arri­
bando a un orden superior en el cual los
elementos poéticos adoptan una forma me­
nos retorcida en un curso más delicado y
perenne.

do a su fisonomía y a los acontecimientos
que le son propios *.
El aporte de Alois Hába a la música
de Occidente es enorme, ya que abarca la
síntesis de ésta y el planteamiento de
nuevas realidades y nuevos problemas que
abren un mundo de posibilidades jamás
sospechado. En última instancia, supone
el punto de partida hacia derroteros ab­
solutamente inéditos; a este respecto cabe
consignar que la síntesis que él realiza
a base de los elementos occidentales — rit­
mo, sonoridad, forma, libre individuali­
dad— y los intervalos microtonales de la
música de Oriente, significan un nuevo
aporto de lo oriental a la cultura de Oc* I,as únicas obras en estilo ateraático
oídas en Buenos Aires fueron ejecutadas en
los Conciertos de Nueva Música. Ellas son la
Toccata Op. 38, de Alois Hába, la Sonata
para saxofón y piano, de Slavko Osterc y el
Trío para instrumentos a viento, do Demetrio
Zóvre.

D I A Z

Y E P E S

ESCULTOR HISPANO
Por J. TORRES GARCIA
ólo a pocas semanas

S

manera

o días, antes de morir, Valéry escribió algo a

de profecía o testamento, y quizá ya presintiendo que

sería lo postrero que escribiría. Y en ese escrito, manifestaba su des­

esperanza por el resurgimiento de Europa; ya que América debía
su cultura a ella, sólo de América debía esperarse la salvación del

Derivado del indigenismo fué el óholismo que cultivaba el romance y la se­
rranilla de tema campesino y popular, y
cuya suerte fué la misma que la de aquél.
La otra corriente, que llamaremos uni­
versalista, fué la que prevaleció. Recogió
ésta sus materiales de las últimas flora­
ciones europeas y se nutrió, no de la imi­
tación, sino del dictado personal e íntimo
de cada cultor. Pronto se destacaron X a ­
vier Abril y Emilio A dolfo Westphalen,
que cultivaron con propia contribución la
manera sobrerrealista, y Martín Adán, que,
apegado a las formas castellanas, las oreó
en los mejores vientos de la nueva lite­
ratura. Carlos Oquendo de Amat, Enrique
y Ricardo Peña Barrenechea y Vicente
Azar son algunos nombres menores de este
grupo.
Adán, Westphalen, Abril
Martín Adán (seudónimo de Rafael de
la Fuente Benavides) sólo ha publicado
dos libros: La Casa de Cartón, novela poé­
tica escrita casi en la adolescencia, que
constituye la mejor prosa escrita en el Pe­
rú, y un pequeño cuaderno de décimas
titulado La Eosa de la Espinela. Su obra
principal se halla dispersa en publicacio­
nes eventuales y principalmente en manus­
critos que sus amigos guardan celosa­

La última promoción
Hasta 1940, la poesía peruana sólo dió
algunos nombres cuya obra nada nuevo ni
singular añadió a lo ya conquistado. En
ese año aparecen Jorge Eduardo Eielson,
Javier Sologuren, Carlos Alfonso Ríos y
Raúl Deústua. El primero escribe, siendo
colegial, un bello poema titulado Canción
y Muerte de Rolando, al que sigue Reinos,
pequeña colección do poemas, con la que
obtiene el Premio Nacional de 1945. Eielson sorprende por su voz novísima y per­
sonal, en la que reúne, en un- solo haz,
una fantasía extraña y luminosa y un len­
guaje poblado de sorpresas. Sologuren tra­
baja, en cambio, con meticuloso acecho,
a la caza de una forma depurada y lim­
pia, y la logra, al modo de la poética mallarmeana, en el pulimento amoroso de las
formas en las cuales encauza un fervor
intenso ceñido a poderoso rigor. Sus libros
son El Morador y Detenimientos. Ríos (T e­
ma y Manera de lo Ausente y Estación
para florecer) y Deústua ( Nueva York de
canto y Retom o a la Im agen), junto a
los anteriores, componen, con diferentes
logros, la promoción dentro de la cual la
poesía peruana se encamina libre y reno­
vada. Francisco Bendezú, Blanca Varela
y el autor de esta nota integran también,
con diferente voz, este mismo grupo.

AL OI S H A B A , COMPOSITOR
(V iene de la pág. 7.)

E duardo D íaz Y epes. Retrato de Bernard .Dorri

cidente. Y a Debussy, Ravel, Roussel, IIonegger, Milhaud, Stravinsky, habían lla­
mado y no en vano a las puertas de
Oriente. También Egon Wellesz, enamora­
do del bizantismo, hizo lo propio. Ello
daría razón a Hába al considerar agotados
nuestros sistemas tonales, que deben re­
currir, para subsistir, al exotismo negro,
rojo o amarillo.
Si como fundador de la nueva escuela,
ha planteado Ilába sus descubrimientos
desdo el punto de vista teórico, científico
y antropológico, como músico creador es
una do las máximas figuras de nuestra
época. Una musicalidad potente y variada,
si bien extraña a lo bello musical general­
mente admitido, convierte en realidades
artísticas los productos elaborados con
elementos casi absolutamente desconocidos:
los cuartos, sextos y doceavos de tonos,
y la composición en estilo atemático.
Casi todas las obras do Alois Hába
están escritas en el sistema microtonal;
las menos en nuestro sistema temperado.
Dice Karel Reiner que sus Cinco Suites

y sus Diez Fantasías para piano en cuar­
tos do tonos, son un digno paralelo al
Clave bien temperado, de Bach. Ha es­
crito además Fantasías en cuartos de tono
para violín solo, violoncello solo, tres Tríos
para violín, viola y cello y una Suite para
clarinete, en cuartos de tono; Coros in­
fantiles, coros mixtos, coros de hombres;
Día de trabajo, ciclo de diez coros mascu­
linos, de carácter social; tres Cuartetos
en cuartos de tonos y un Sexteto en sextos
de tono; un Noneto diatónico, otro cro­
mático ; Fantasía para flauta; Toccata
para piano; Fantasía para orquesta; El
camino de la vida; La madre, y Los des­
ocupados, dos óperas en cuartos de tono,
ambas de carácter social; y por último,
La tierra nueva, su nueva ópera en estilo
atemático cuyo asunto es la organización
colectiva de la agricultura en la U R.8.S.
Entre nosotros se ignora a un creador
tan considerable; sea pues Ja única uti­
lidad do estas líneas, puramente informa­
tivas, despertar alguna curiosidad en torno
de tal personalidad y de su obra.

mundo. Y claro que no hablaba de un resurgimiento material, sino
de los valores humanos más elevados. Y de tal esperanza — decía—
recibía mucho consuelo. ¡Bendito hombre que tal decía y pensaba!
Tal visión de Valéry, recibe, día a día y puede decirse en progresión
geométrica, la más plena confirmación. Así están las cosas, y aún
sería suerte que no pasasen de ahí, pero, desgraciadamente, hay mu­
chos signos que nos revelan futuros males infinitamente mayores. Por
tal motivo, ya parece cuestión vana el tratar de analizar la situación
actual con respecto a los más altos problemas de la cultura, cuando
pensamos que todo al fin será barrido: estamos en un declive que con­
duce al abismo. Mas, ¿qué ceguera aflige a^los hombres todos, qué
no permite ya a nadie anteponer a la concupiscencia y el odio un
poco de cordura? ¡O es qué se creen, ilusos, que aquel que al fin se
imponga, traerá al mundo la paz ? Pero, ya sería mucho creer tal cosa.
Se está simulando, y detrás de las bellas palabras hay — yo creo— las
más aviesas intenciones. Y es que se está para la guerra y la conquista,
y no para la paz.
No señalo aquí a nadie, ni a pueblos ni a personas, me fijo sólo
en el ritmo que lleva el mundo, en la actual mentalidad humana, en
sus costumbres, podría decirse, en el juego en que todos están empe­
ñados y no dispuestos a abandonar la partida. ¿ Y quién, de tales pre­
misas, no ha de predecir un descomunal desastre final? Tiene esto
que terminarse por un total descalabro que haga imposible el moverse
más. Sólo así vendrá la paz. La paz casi podrá decirse, de la muerte.
E l hombre del momento, y con tal pensar, ¿podrá honestamente
entrar en menudas cuestiones de arte? Menudas, es un decir, pues no
lo son; y si en ello gasta el último minuto de su vida, hará lo mejo¡r
que podría hacer; es decir, afii’mar en su conciencia lo que verdadera­
mente es digno del hombre.
Y a antes de esta última gran guerra, me .decía un marchand en
París: “ Y o creo que el arte ya resulta un anacronismo.” E s claro,
no vendía, y de ahí deducía que nadie se interesaba por él. Pero la
cosa está en que, se venda o no, surgen artistas. ¿ Y entonces?
Aun muriendo, éstos se ocuparán de cosas de arte. Parecería que
quisieran justificarse, como tales, ante una conciencia universal: “ tal
cosa no está resuelta, tal otra es errónea” y cosas así. Aun muriendo,
si pueden, tomarán el pincel para poner a tono un color. Porque,
para ellos, el tal presente no lo es, sino ese otro, que| es eternidad.
Y en el presente ése de ellos, está también su realidad, que nada tiene
que ver con la de todo el mundo. Por esto, Valéry, al pensar en Amé­
rica tomando el tesoro de la cultura europea, recibe consolación pa­
ra irse.

�9

cabalgata
A

No es vano, pues, el tratar de casas de arte. Justamente, eso será
la piedra de toque para conocer a los verdaderos artistas. Pues, si lo
son de verdad, y lo quieran o no, ¿no lo tienen que ser hasta el fin?

PR O P O S I T

íijv m v

i

TI
i1

ni
i

a la vida.
La mentira cae ahora; la falsa obra y el falso artista cae. Y si el
juego de esos sostenido por el interés material, se mantuvo y se man­

hacen algo, lo suficiente para darse cuenta de que son seres vivos,
puede proporcionarles aún un mermado rendimiento material. Y así,
aparecen como fantasmas, enloquecidos y caídos, sin norte ni guía
alguna: a la deriva, para hundirse en la niebla.
Así están, donde más vivaz era el movimiento de arte; así están,
los que daban normas para el mundo entero, blandos, caídos, sin co­
lumna vertebral. Por tal razón, nada hay que esperar de allí como
justamente y dolorosamente lo declaró Yaléry.
No es vano el tratar, pues, de estas cosas, y, dentro de ellas, de
problemas de arte que trae la evolución. Porque éste, y pese a todo,
cumple — así como la naturaleza, que imperturbable sigue en su ritmo
sempiterno— con las leyes de su desarrollo; y hoy ya no estamos como
¡y e r : cosas que se las llevó el viento; otras que serán siempre bases.
Y cosas que se desecharon, hoy hay que reivindicarlas. Es decir: estar
de vuelta de lo que fué lucha a brazo partido para escapar de la tiranía
de lo aparente, de la falsa realidad, y, al mismo tiempo, del empeño
de mostrar la teoría al desnudo que, si estuvo bien en aquel momento y
como acto de afirmación, ahora ya no cuadran. Recuperación del sen­
tido hondo de lo real; de la objetividad, barrido lo monstruoso y de’

forme; vuelta al aspecto normal y al equilibrio. Pero, estando de vuelta
de tanto ensayo, de la exégesis más rigurosa que jamás se hiciera, este
nuevo equilibrio y aspecto natural, ¡ qué otra profundidad y firmeza
puede tener ahora! Y si aquí en estas tierras esto pudiera aún realizarse,
el Arte podría dar testimonio de su existencia. Hay, pues, que trabajar
seriamente, con fe y esperanza, y sin esperar la socorrida ayuda de
Europa.
Hombres que no han perdido esa fe, vienen aquí de todas partes
del mundo para continuar la tradición del arte. Vienen después de ha­
ber purificado su alma en el crisol del terror, el dolor y la miseria,
pero resistentes y fuertes. Y aquí, penetrados del secreto de lo que
debe hacerse, ya sin vanas ilusiones, creo que nos encuentran en el mis­
mo tono, con la misma experiencia de arte y saber, dispuestos a reci­
birles fraternalmente. Y uno de estos es el escultor hispano, Eduardo
Díaz Yepes; o más corto: Yepes solamente.
Viene en la forma que he dicho, de vuelta de muchas cosas; es *
decir, bien templado en cualquier sentido. Trae obra, no muy abundante
(y puede comprenderse) pero de óptima calidad. Obras construidas

E

n r
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))

Por ANDREA MARIANI

tuvo dentro de una apariencia de elevada categoría, ahora, faltos de
ese soporte que era un nivel, se han dado abiertamente al disparate

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L L i l i l í L LJi L
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DE ANTONIO G R A M S C I

Tendrán que estar en su ley, pues así nacieron y para eso vinieron

y la locura sensacionalista, que si les mantiene en la ilusión de que

0

uando

en el éxito de una obra literaria influyen factores políticos circunstanciales.

su valoración no puede ser ni libre ni ponderada. Toda ingerencia política en el
Ccampo
cultural es dañina para la labor de la crítica. Y un escritor impuesto a ella
por los vaivenes de la política o el conjuro de ambiciones pasajeras representa por lo
general también una intrusión prepotente que momentáneamente se soporta pero que
no so tiene por qué estimar ni tolerar más allá de lo que la cotidianidad exige.
Es por eso que al aparecer en la prensa
italiana y mundial la noticia de que el
último premio Viareggio, máxima recom­
pensa literaria en Italia, había sido otor­
gado nada menos que a Lettere del Carcere de Antonio Gramsci, tuvimos la sen­
sación de que eran exactamente ésas
influencias nocivas, de las que hemos
hablado nnte9, las que se habían movido
en el certamen. Antonio Gramsci no era
famoso como escritor. Toda su fama de­
rivaba de su militancia política. Sabía­
mos que era el fundador del más extre­
mista partido político de Italia y que
fuó una de las víctimas del régimen
veinteñal, muerto en la cárcel, tras al­
rededor de diez años de cautiverio, con­
sumido por la tisis y nada más. Como
se constatará era lo suficiente para pre­
constituirnos en contra de las condi­
ciones en que se había resuelto acordar
el premio. Además sabíamos que el ju ­
rado estaba compuesto por autores de
tendencia marcadamente favorable a las
ideas que Gramsci profesara en vida.
En síntesis, lo suficiente para conven­
cernos de que no se trataba de un
premio literario concedido a un político
sino de un premio político aplicado a la
literatura. De allí que nuestra predis­
posición hacia las “ L e t t e r e ...” fuese
de recelosa prevención sino de animo­
sidad.
Lettere del Carcere es una recopila­
ción de cartas, doscientas quince para
ser exactos, que van del noviembre de
1926 a mediados del 1937. Tal como el
título lo indica son cartas escritas desde
la cárcel. Desde todas aquellas en que
el prisionero moró hasta morir, por ex­
traña coincidencia, el último día mismo
de su pena. El contenido de la obra per­
mitía suponer las más insoportables cha­
bacanerías, un folletín romántico y chi­
llón, trillado por el paso de abundantes
predecesores, de calibre demasiado po­
tente como para hacer tolerable su re­
petición: Pellico, Orsini, Settembrini,
por lo que a Italia se refiere. Pero la
impresión que recibimos fué diametral­
mente opuesta.
Efectivam ente, la nota predominante

de esas cartas es la de su profunda se­
renidad, su sorprendente serenidad. Na­
da de imprecaciones al destino, nada de
quejas; nada de baratas actitudes he­
roicas. Los diez años del cautiverio res­
tañan ante nosotros como las vacaciones
de un hombre do estudios. Ninguna exa­
cerbación. Una ausencia fría y completa
hacia el drama por el que cruza y una ob­
servación constante y científica de sí y
de los acontecimientos vecinos con la
minuciosidad que podría poner en ello
un v iejo ornitólogo inglés de explora­
ción al trópico. La política m&gt; asoma ni
de rebote. Lo único que en las cartas
so observa y con estupor creciente es
el monólogo de un intelectual, culto, in ­
teligente, que divaga y charla sobre lo
que se le ocurre pensar. Raramente al­
guna consideración de carácter parti­
cular, personal. Y todas ellas encuadra­
das en un marco conceptual superior;
expresadas siempre como conceptos y no
por imágenes. En pocas palabras, todo
lo que nos llega desde el cautiverio tie­
ne atinencia exclusiva con el cerebro
del cautivo y no con sus sentimientos.
He sentido a menudo ganas de pregun­
tarme: ¿pero donde está la cárcel? No
la he visto. Por las palabras de Gramsci
lo único que asomaban eran silogismos
y conceptos suficientes para dictar cá­
tedra de literatura por una larga sarta
de años. Es admirable la penetración y
agudeza con que desmenuza a personajes
y obras: dice por ejemplo de Chesterton:
“ .........Chesterton ha sido más el autor
de una delicadísima tomadura de pelo
de las novelas policiales que no el autor
de novelas policiales propiamente dichas.
Padre Brown es un católico que se mofa
del mecánico pensar de los protestantes
y la obra representa, fundamentalmente,
una apología de la Iglesia Romana fren­
te a la Anglicana. Sherlock Holmes es
el típico ‘ ‘ pesquisa ’ ’ protestante que
desembrolla la madeja de crímenes par­
tiendo del mundo exterior, basándose en
la ciencia, en el método experimental, en
la inducción. Padre Brown es en cambio
el sacerdote católico que, por su expe­
riencia psicológica y por la larga casuís­

tica moral, sin dejar de lado a la ciencia
y a la experiencia, pero firm e esencial­
mente en la deducción e introspección,
derrota ampliamente a Sherlock Holmes,
revelándonoslo bajo la figura de un chi­
quillo presumido, probándonos su mez­
quindad y estrechez” .
Es a “ e s o ” que se reduce el resultado
literario de casi diez años de cautive­
rio . . . ¡ Pero es que no existe para el
el prisionero una vida hecha de carne
y de h u e s o ...? ¿P ero es que no ve a
sus carceleros, a sus enemigos, a las pa­
redes del penal? Aparentemente no. Siem­
pre la misma serenidad de todos los
momentos, insuperable. ‘ ‘ He leído ochen­
ta y dos libros la semana pasada ” ,
“ Estoy tratando de estudiar las len­
guas neolatinas” . “ Necesito otro dic­
cionario alem án” . Interminables polémi­
cas epistolares sobre m otivos siempre
trascendentales: que si la raza blanca,
que si el fo lk lo r e ... Sólo en una carta
escrita el día 15 de diciem bre de 1930
a su madre, asoma algo de esa entrega
psicólogica que tanto esperábamos. Diez
días antes de Navidad. El escritor trata
de conservar su actitud agnóstica de
siempre, pero el control de su voluntad,
no llega en ese momento a sofocar el
sentimentalismo que lo embarga.
“ Evidentemente, las condiciones de •
mi cautiverio en la N avidad de 1926 en
Ustica, fueron casi un paraíso de li­
bertad personal comparadas a las que
me rigen hoy. Pero no creas que mi se­
renidad haya flaqueado. He envejecido
de cinco años; estoy canoso; he perdido
la dentadura: no sé reírme más como
antaño, con ganas, pero creo haber in ­
corporado a m i ser sabiduría y haber
enriquecido mi experiencia de las cosas.
P or lo demás no he perdido el placer
de vivir. Todo sigue interesándome. No
estoy v ie jo : ¿verdad? Uno se vuelve
viejo, cuando comienza a temor la muer­
te, y cuando sufre eir ver hacer a los
demás lo que a él le es ya im posible. . . ”
H ay en estos renglones sobre todo en
los primeros, una nostalgia, una triste­
za, que brotan directamente del corazón.
Después entra a relucir la dialéctica;
después el peso m ecánico y macizo de
la lógica, engrana de nuevo como siem­
pre su congruente y lubricado sistema
de silogismos.
Hacia el final las cartas se hacen irre­
gulares, nerviosas. Estamos seguros de
que la selección habilísima hecha por los
recopiladores nos ha escondido muchos
detalles susceptibles de hacernos conocer
m ejor al prisionero de C a ’ de Turi. Pero
con las que se incluyen basta para com­
prender que el autor presentía el desen­
lace de su drama. Se nos evidencia que
la conciencia de su enfermedad lo exas­
pera; se intuye en cada una de las úl­
tim a cartas que el autor hace verdade­
ros esfuerzos de voluntad, para no de( Continúa en la pág. 1S.)

internamente, tal como debemos exigirlas hoy, que amablemente pue­
dan alternar con la vida circundante. Sin duda en un ciclo nuevo
que comienza.
Para decir estas pocas palabras, tuve que escribir lo que se ha
leído, pues sólo así podían tener sentido. Ahora, de las esculturas,
¿para qué hablar si eso no puede explicarse? No quiero caer, pues, en
hacer literatura sobre ellas y menos en teorizar; y menos aún en bus­
carles filiación (pues comienzan en él, en Yepes) como suele acostum­

CUENTO POR ALBERTO GIRRI

brarse. Que, por otra parte, mayor elocuencia que la de, ellas, no será
la mía.

M

Eduardo D íaz Y epes. Retrato de Pierrette Carvallo.

E llamo Osmar Gruma. Ruego que
la necesaria perspicacia, atención y desin­
no confundan mi timidez con sober­
terés. En el momento idealmente adecua­
bia y que comprendan que ese tono de do, leí el ‘ ‘ Angel Azul ’ ’ . Todos conocen
seguridad con que hablo, es falso. Qui­
las desgracias y las dimensiones morales
del viejo profesor Basura, enamorado de
zás son también falsos los mismos hechos
la linda Rosa Froelieh. A l leer compren­
pasados, su realidad material. En na­
dí que me hallaba ante una perspectiva
turalezas como la mía, la verdad tiene
que debía aprovechar. Un adecuado dis­
un valor relativo pues es más importante
fraz bastaría, pues disfrazarse es una de
para mí un rostro cordial y simpático,
un apretón de manos espontáneo, que
las trampas más efectivas para burlar
al tiempo. Y a se sabe, cada vez que
ciertas formas de respeto. Por cierto que
deseamos algo que el tiempo oportuna­
soy muy sensible, y las almas sensibles
mente nos dará, ese mismo deseo tor­
si no encuentran urr cauce adecuado se
cerá constantemente el objetivo propues­
asfixian y mueren. No olvidadas como
to. Nunca habrá correspondencia entre
algunos creen, sino con rabia y entre un
lo deseado y sus resultados. Reconocemos
fuerte olor a podrido. Hombre de cabe­
al tiempo por sus efectos exteriores y las
llos peinados al medio con una raya es­
variantes que en cada caso introduce. Si
crupulosa, descubrí desde muy joven
somos capaces de copiar bien esos as­
gracias a un retraimiento parecido a la
pectos, la realidad elegida estará a nues­
imbecilidad, que el fraude sería el único
tra disposición. Otra cosa importante y
camino para andar impune — indemne—
desconsoladora era la intuición que des­
entre los hombres. Los resultados no im­
de muy lejos soportaba, de que nada es
portarían demasiado. La alegría de la
verdaderamente digno de ser salvado,
empresa será de por sí, honroso premio.
pues pocas veces saben nuestros pensa­
Además, tales ideas mejoraron el con­
mientos lo que buscan, y nunca nos sir­
cepto que tenía sobre mi persona y juz­
ven para ver más allá de las narices. En
gando imparcialmeirte puedo decir que he
vez de dejarse vivir en un continuo y
sido y soy bueno sin afectación.
muy aburrido juego de causas y efectos;
Los comienzos suelen ser torpes y mo­
en un determinismo de edades, de fisio­
ralmente objetables. La sociedad, que
logías, de respetabilidad, de taras respe­
acostumbra a confundir los medios con
tables y de eonfusos sueños de niños, lo
los fines, registra esos comienzos y los
más sensato es tomar, elegir una vida ya
admite. Si la empresa tiene éxito los
hecha, inventada o no, y repetirla con el
recuerda para cobrarse de algún modo.
placer inigualado de saber de antemano
Pero yo no me avergüenzo de pequeños
todo lo que sucederá. Contra la opinión
latrocinios iniciales,' pues fueron una ten­
corriente entre los que fingen oráculos
tativa de mirarme francamente a la cara.
y fantasías, hay que tratar de que lo
De ser capaz de apasionarme por lo
imprevisto parezea natural. Por otra par­
prohibido y arribar al convencimiento de
te, en lo que a mí se refiere, entre un
que se trata de lo más humano.
suceder que se está realizando, con sus
Mi primer triunfo sobre la vacilación
inútiles idas y venidas, y una vida ya
y la duda inculcadas (en lugar del buen
realizada, la elección no era dudosa. En
consejo de Aristipo de que a los mucha­
cuanto al hecho de tomar para mi ac­
chos ingenuos hay que enseñarles lo que
ción futura la historia del profesor Ba­
les haya de ser útil cuando hombres),
sura y no otra, es obvio que tiene im­
fué el robo de las pobres joyas de mi
portancia secundaria.
madre. Hay que aclarar y dominar la
conciencia, pero un robo o diez robos,
Sin esperar obedecí y me puse a la
obra. El principio director, consistiría eir
es algo limitado. Debía exigirme más ri­
gor y trascendencia. Algo que signifi­
que imitar los móviles de los actos y
luego los actos mismos, equivale a te­
cara para mí y mis víctimas posibles un
nerlos. Coloqué sobre la mesa de noche
compromiso total. Como soy ocioso y tien­
las fotografías de los actores que habían
do por temperamento a conformarme con
mimado el “ Angel A zu l” para el cine­
mis imperfecciones, creo en las decisio­
matógrafo. Eran dos alemanes llamados
nes de lo inesperado, si uno actúa con

Emil Jannings y Marlene Dietrich.
Mirando constante y empecinadamente
esas dos caras irreales, envejecidas y ama­
rillas empecé a gustar la existencia que
trataría de repetir. Flotaba en la fo to ­
grafía del profesor el perfume de alguna
rara bebida. No se veía más que la ca­
beza grande y fo fa , y parte del busto,
pero so adivinaba el brazo extendido,
apoyada la mano sobre una meBa, con
un vaso a medio beber y un álbum de
postales pornográficas. En la otra fo t o ­
grafía, Rosa Froelieh miraba desde ojos
profundos y brillantes. Burlona, sin tris­
teza se dejaba rodear por los brazos in­
visibles que la homenajeaban. Días y
noches con las caras hasta el cansancio
3’ la impaciencia, me permitieron pene­
trar en la segunda parte del método.
Antes de entrar en acción propiamente
dicha, decidí que sería conveniente pre­
parar la conciencia, convenciéndola gra­
dualmente de la importancia dudosa ds
la dignidad usual. Esta es absurda e
incomprensible para mí, y lo será mien­
tras haya tíos que deseen bajamente a
sus sobrinas y hombres qué “ creen vivir,
trocando su varonía por una metódica
exposición de sus sueños a mujeres que
distinguen entre amantes románticos y
hombres consecuentes.
Leí entonces obras cuya significación
artística y alcance moral, fueran tan
grandes que me conmovieran y obraran
tan fuertemente que no tendría más re­
medio que sentirme avergonzado del es­
camoteo que iba a realizar. Avergonzar­
me ante la historia. Después de la recon­
fortante lectura se sucedían aprendidos
remordimientos. Tendría que suprimir el
tiempo y el pecado. Cuesta mucho creer
que esas malignas nociones hayan sido
inventadas por los hombres y ahora que
esos males están hechos, a nadie le in­
teresa las refutaciones que se intentan
periódicamente. Acaso mi usurpación de
la figura del profesor Basura también
fuera un intento de refutación. Acaso,
íntimamente mi alma deseaba tan solo
arengar a los edificios de la ciudad, ins­
tándoles a que B e despojen de sus puer­
tas y ventanas, o caer ficticiam ente
( Continúa •» la pág. 1S.)

�1
ca b alg ata

10

TRISTAN
V II

C O N C EPTO

TZARA

ACTUAL OE

TA P O E S IA

Por JUAN JACOBO BAJARLÍA
últimas antologías de Tristan Tzara,
publicadas en Francia, nos estún ha­
blando (le la vitalidad de aquel que en
1916 escandalizó a Europa eorr la publi­
cación de La premiére aventure célente
de monsiéur Antipyrine. Fué el comienzo
del dadaísmo con toda su secuela de sexualismo, automatismo y letras en disper­
sión, que luego, a despecho de sus jefes,
habrían do vertebrarse, por virtud de un
salto cuantitativo, en una calidad cuyos
rótulos serían el surrealismo y el letrismo.
Es decir que en la revolución dadaísta
ya se estaban dando las imágenes nega­
tivas que después servirían para resque­
brajar la estructura que les dió nacimien­
to por otra estructura cuyo estilo sería
el resultado de la acumulación de estas
imágenes negativas. La dialéctica se cum­
plía implacablemente. Y para comprobarlo
en el caso del letrismo, una de las tantas
costillas del dadaísmo, nos basta con re­
currir al poema La parabole:

El sol salvaje,
comparable a la decisiva zarpa de un tigre
desgarra la oscuridad maciza
(Borges)

ha mirado tanto el sol que su rostro se
aplastó
/
ova aah oua aah oua aah

En todos estos ejemplos se cumplen las
leyes de la imitación. Las imágenes son
discursivas. No tienen vigencia por sí
mismas. Trasladan la realidad circundante
sin crear un solo concepto poético. No
hay vivencia. Para que haya poesía, y
al mismo tiempo vivencia, las imágenes
a estructurar en el poema, deben, vincu­
larse con la invención. El poeta, pues, está
en la obligación de inventar un hecho.
E inventar un hecho, que es inventar una
imagen, significa crear de tal manera
un concepto poético que no pueda éste
ser substituido ni quedar referido a un-a
realidad descriptiva o fotográfica, sino
adscripto u objetivado en el conocimiento
emocional. A la traslación aristotélica, la
autonomía de la invención. A la poestría
— si se me permite el término— , la poesía.
Veamos:

L

R G A N IZ A C IO N
U n a buena organización produce mejor
c a lid a d , y no aumenta los costos por­
que elim ina los gastos improductivos.

J tA

consúltenos:

IMPRENTA

LOPEZ

al servicio del libro

P E R U

666

•

B U E N O S

AIRES

as

t i t u t

l t

i i t

t t

el idealista ha mirado tanto el Sol que
su rostro se aplastó
laratatatatatatata
Para el surrealismo podemos echar ma­
no a La deuxiéme aventure céleste de
monsieur Antipyrine (1917) y a los Vingtcinq poémes (1918) en cuyo automatismo
ya están las matrices del primer manifies­
to de Bretón (1924), modificado un tanto
pero siempre igual en sus conceptos, por
los Prolégoménnes a, un troisiéme mani­
festé du surréalisme ou non (1942). Cuan­
do Tzara dice, prácticamente, lo que sigue:
qué importa el ternero lo bello el diario
hace frío espero hablo más alto
corazones y ojos ruedan en mi boca
en marcha
Bretón nos apabulla con esta teoría:

«■

Haced abstracción de vuestro genio. . .
Escribid rápido sin sujeto preconcebido,
bastante rápido para no retener tii estar
tentado de releer lo escrito.

M I R A D O R
• Venezuela acaba de poner en vigor una
ley do aranceles mediante la cual los libros
y publicaciones de procedencia extranjera
sufrirán un gravamen de 0,50 de bolívar
por kilogramo, lo que representa alrededor
do $ 0,65 de nuestra moneda. La Cámara
Argentina del Libro, por cuanto esa medida
afecta de manera notable la exportación que
nuestra industria efectúa a aquel país, se
ha dirigido en documentada y cordial nota
a! nuevo Presidente de Venezuela, el insigne
escritor Eómulo Gallegos, en la que, apelan­
do r. su condición de intelectual que ha vis­
to sus obras publicadas fuera de su país,
y por lo tanto ahora sometidas al expresado
gravamen, se le pide que derogue la dis­
posición que sienta un peligroso precedente
en las relaciones culturales y económicas en­
tro les pueblos argentino y venezolano.
• A poco de darse a conocer el Reglamento
que regulará la ley de préstamos a la in­
dustria del libro, el Poder Ejecutivo ha
dictado una resolución por la que otorga
créditos de hasta el 70 o/o del valor costo
a los productores de films, con el propó­
sito de favorecer financieramente el des­
arrollo de la industria cinematográfica na­
cional.
• El Jurado encargado de premiar la me­
jor traducción castellana del cuento de R.
L. Stevenson, “ Markheim” , en un con­
curso convocado por la revista “ Sur” , ha
declarado ganador a Benjamín R. Hopenhaym. el cual envió su trabajo bajo el lema
de “Ella” .
• La Argentina ha sido oficialmente invi­
t a a concurrir a la Feria Nacional del
Libro Español que se inaugurará en Sevilla
el día 14 del mes de abril actual, estando
?. cargo de la organización del aporte edi­
torial de nuestro país el Departamento de
Cultura del Ministerio de Relaciones Exte­
riores y Culto, al frente del cual está el
señor Embajador Plenipotenciario, Don Attilio García Mellid. El libro argentino sin dudr. estará bien representado en la interesanti muestra.

9 En París, a la edad de 73 años, falleció
el día 24 de ma^zo, el conocido escritor y
filósofo ruso Nicolás Berdiaeff. autor de
obras que han alcanzado gran difusión, tales
como: “ Problemas de la vida” , “ La revo­
lución rusa” . “ El significado de la histo­
ria , “ Orígenes del comunismo ruso” , y “ Es­
clavitud y libertad” , su obra más reciente.
• Ha visitado Buenos Aires, en cuya capital
ha permanecido escasamente dos días deJ
transcurrido mes de marzo, el señor H. P
Guggenheim, director de la fundación de su
mismo nombre y miembro del Consejo Interamericano de Seguridad y del Instituto de
Ciencias Aeronáuticas. Su excursión obedece
a estudios de interés cultural relacionados
con las becas que su fundación otorga anual­
mente a estudiantes latinoamericanos.
• Y n Viforine de la U. N. referente a la
producción y consumo do papel para dia­
rios, revela que la situación es crítica v
croará dificultades en un futuro inmediato
5 P3*13^ do gran consumo que están lejos
do los mercados de producción.
•
Cámara Argentina del Libro v la So­
ciedad Argentinr, de Editores, por separado,
han dirigido sendas notas al Ministro de
Relaciones Exteriores, expresándole su de­
seo quo en la conferencia de Bogotá la de­

legación de nuestro país tome la iniciativa
do propugnar a que los países que tomarán
parto en ella otorguen al libro garantías de
libre circulación, sin trabas arancelarias, ni
retáceos de divisas, con el fin de que el libro
realice su misión como “ vehículo de cono­
cimiento espiritual entre los pueblos” &gt;
• El Museo Nacional de Bellas Artes ha sido
de nuevo abierto al público, después de cele­
brad?. la Exposición de Arte Español. En
su nueva instalación los aficionados a lo
buena pintura podrán admirar en el con­
junto de Gutiérrez-Solana las obras adqui­
ridas por el Musco en la expresada expo­
sición.
• El día 20 de marzo tuvo lugar la reapertu­
ra de la Biblioteca Pública Mariano Moreno
y la inauguración del Museo de Bellas Artes
de San Rafael (Mendoza). En esa fecha y
días sucesivos, la entidad propietaria del edi­
ficio. e! Centro Argentino, desarrolló un inte­
resante programa de conferencias y concier­
tos a cargo de las autoridades directivas y
do elevadas figuras intelectuales. El doctor
Luis Ernesto O. Keil. actual Presidente del
Centro Argentino, abrió el acto inaugural
siguiéndolo en el uso de la palabra el señor
ministro do Economía. Presidente de la
Junta de Estudios Históricos de Mendoza,
don Jorge I. Segura, y el señor Rafael Mauleón Castillo, distinguido eccritor, director
del Museo. El Museo de Bellas Artes de San
Rafael — entidad benemérita— , que hoy está
abierto al público en buenas condiciones de
instalación, sí bien no cuenta con un acervo
do obras muy numeroso, exhibe cuadros de
notable calidad de algunos de nuestros pri­
meros pintores, tales como: Badi. Berni.
Horacio Butler, Raquel Forner. Jorge Larco.
Raúl Soldi. Lucía Capdepont de Butler, etc
• La industria argentina del libro está
amenazada por una nueva crisis. A la falta
actual do mercados por saturación de éstos:
porquo los países consumidores carecen de
divisas; porque la competencia del libro
español que llega con rapidez a los países
d^ Sudamérica ya se deja sentir; porque se
levantan algunas industrias editoriales en
países que hasta hace poco sólo eran consu­
midores; ahora estamos a punto de ver agre­
gárselo un nuevo aumento en los costos de
producción, un aumento que se sospecha
muy elevado, quq posiblemente resultaría
insoportablo para un elemento como el li­
bro. del cual, por desgracia, todavía el pú­
blico no ha sabido hacer su pan espiritual
de cada día.
• Damos la bienvenida a la “ Nueva Re­
vista de Filología Hispánica” , editada por
el Colegio de México, cuyo primer número,
correspondiente a los meses de julio-setiem­
bre, acabamos de recibir. La distribuye en
nuestra país Fondo de Cultura Económica.
• La Policía Municipal ha secuestrado úl­
timamente la edición de Losada, en la bella
colección “ La Pajarita de Papel” , de “El
Muro” , del discutido escritor existencialista
francés Jean-Paul Sartre. El lector recor­
dará que, en el último número de CABALGA­
TA, se reprodujo el prólogo que Guillermo
do Torre puso a la expresada edición.
• La Editorial Poseidon anuncia “ La Escue­
la de las Mujeres” , a la que seguirán en
un tomo “ Roberto” y “ Genoveva” , de Andró
Gide, en la colección “ La Carabela en el
Río” , en la quo acaba de lanzar el éxito
extraordinario de “ La Sinfonía Pastoral” ,
de la que en poco más de dos meses se lian
agotado tres ediciones, y “La Puerta Es­
trecha” , ambos libros del mismo autor.

Lo que fué un método aislado en el
dadaísmo de la primera época, se convierte
en canon permanente con el surrealismo.
No obstante hay que reconocer que Bre­
tón y todos los surrealistas nos han dejado
una experiencia magnífica que podemos
extraer de los poemas para superar sus
balbuceos en una estructura mentalmente
organizada con relación a lo estrictamente
poético. Es el caso de René Char en Seuls
demeurent (1945), de Paul Eluard en
Le lit la table (1944) y Pocsie ininterrompue (1946), y del Tzara de los últimos
tiempos cuya etapa comienza a objetivarse
en L ’homme approximatif (1931) y Abrégé de la nuit (1934) para culminar en
las teorías desperdigadas en Le Point, en
ún número del cual expresa que la “ ima­
gen poética, en tanto que experiencia, no
es únicamente un producto de la razón
o do la imaginación; ella no es valorable
en tanto no haya sido vivida” . Este es,
pues, uno de los principales fundamentos
de la poesía actual. La imagen debe vi­
virse, debe ser una vivencia. Y para con­
seguir esto habrá que huir, en primer
lugar, de todo procedimiento que sólo sig­
nifique la traslación o sugerencia del ob­
jeto. De no ser así, estaríamos en la eterna
mimesis aristotélica, según la cual la me­
táfora es la trasposición de un nombre
a una cosa distinta de la que tal nombre
significa (v. Poética, X X I ) . Ejemplos:

Fué el hambre de los asnos que cargaban
los muros
mi balanza de astros se sepulta en las
aguas
y eficaces claveles se asoman a mis manos
(Undurraga)

Que un silencio sin fin sea tu escudo
Y al mismo tiempo tu perfecta espada
(Bernárdez)
Luz de otros días, aurora despierta,
exactitud y fábula asomada
al deseo, a las sombras y a la nada
(Molinari)
Sonido de hombre, color de hombre,
; arraiguemos ese poder en el día!
El día nuevo tiene la forma de un vaso:
pide colmarse de nuestro color.
,
(Marechal)
Pero del fondo de la tierra
ya subía el milagro
(Pedroni)

recortar el recuerdo en formas verdes
la colina velluda se ata a la pena
el silencio no ha alcanzado todavía la es­
tructura íntima de la sombra de cristal
los faldones de peñasco encías melenas
de agua pálida
(Tzara)
Diez dedos de iinágenes vacilantes
velados de tiernas sortijas blancas
(Eluard)
El chasquido se echó sobre tu sufrimiento
(Michaux)
Las orejas rojas — las orejas— lejos tie­
nen la fatiga veloz
tam-tam bajo
(Césaire)
La tierra expele sus paréntesis iletrados
(Char)
Esta tarde vuelve el recuerdo sin pantalla
mi oficio comporta hasta las venas de
enfrente
los límites de mi impulso' o de mi ascenso
absoluto
o de mis manos agitadas como medidas
contrarias
(Bayley)
Pegaso como hierba en el caos
(Ardén Quin)
entre los aros de que enviudemos
margen de espejo habrá
donde traspasaré mi propio frente
(César Vallejo)
A babor de la llama luce el llanto su
arbusto

Las imágenes son claras. Son poéticas.
No son representativas. Crean el hecho
conceptual, estrictamente poético. Tienen
vida propia y no un juicio sobre la vida,
que sería lo antipoético, según se expresa
muy bien Banda en Du poétique (1946)
a pesar de no ser éste de los estetieistas
más avanzados. Porque si la poesía se de­
dicara a enjuiciar los hechos del hombre,
invadiría el campo do otras disciplinas.
Y hay invasión cada vez que el poeta
coloca las palabras al servicio de una
logicidad policíaca que consiste en1 relatar
algo o describir una pasión. Y esta logi­
cidad — hay que repetirlo siempre— es el
elemento discursivo, puramente literario,
que se opone a lo poético en tanto lo
poético es una fórmula o una vivencia
que crea una condición emocional. Es
importante recalcar en este aspecto, por­
que el poeta a la antigua se vale del
poema para transmitir su emoción-, mien­
tras el poeta de nuestro tiempo, prescin­
diendo de su emoción, crea emoción para
los demás. En el primer caso, el poema
es un medio catártico, una receta para el
paciento que es el mismo poeta. En el
segundo, es una finalidad transformadora,
revolucionaria, en la que las palabras .va­
len por su relación con las otras y no
por su servidumbre al objeto imitado,
trasladado por metáforas o sugerido sim­
bólicamente.
Y a en Baudelaire hallamos la tentativa
de dar cpn una lógica del absurdo, si usá­
ramos su expresión. Y esta lógica del
absurdo no era otra cosa que restituir a la
poesía su materia específica, decantándola
de toda lógica que por gramatical debía
ser lo absurdo por antonomasia. El mismo
Mallarme intentó llevar a la práctica la
idea de aquél. Pero ya vimos el resultado.
Las palabras ganaron en precisión y a
pesar de elló quedaron- esclavas del objeto.
Sugerían únicamente. Mas no creaban el
hecho poético, la vivencia inventada en
cuyo légamo las palabras fuesen ellas
mismas y no la envoltura de conceptos
discursivos. Mucho se habló, entonces, do
poesía pura, sin obtener nada valedero.
A l contrario. Valéry, discípulo de Mallarmé y epígono talentoso del simbolismo,
enturbió las ideas con una teoría divor­
ciada de la poesía o en contraposición
con los poemas del propio Valéry, que
no pasaron de ser simbolistas y completa­
mente envejecidos para el momento en
que los dió a publicidad. Ni aun sus teo­
rías fueron correctas. Basta echar un vis­
tazo a los volúmenes de Variété (1924)
para observar de qué manera se contra­
dice respecto del intelectualismo que debe
privar en la producción del poeta. Tan
pronto asegura que la poesía es un juego
como que se trata de una operación lú­
cida y vigilada del creador. No hay, en
verdad, un juicio crítico estable.
Mas no han de ser los simbolistas quie­
nes nos resuelvan estos problemas. Dieron,
sí, uir gran paso. Pero nada más que un
gran paso. El camino a recorrer está en
Tzara, en Eluard, en René Char, en Aimé
Césaire, en Edgar Bayley, en Antonio de
Undurraga, en Ardén Quin y en muchos
otros Tale decir que hay que entroncar
cok las huellas perdidas de un Rimbaud,
de un Lautreamont, de un Apollinaire,
para superarlas en un esfuerzo total por
dar la poesía de nuestro tiempo. La batalla
está empeñada, por tanto, entre la ana­
logía y la autonomía. Entre la imitación
y la invención. Entre la poestría y la
poesía.

EL SENTIDO TRAGICO de O'NEILL
Por JOSEPH WOOD KRUTCH
N el otoño de 1916 presenció Nueva
York la primera representación de una
obra do Eugenio O ’Neill, cuando el Cua­
dro Dramático de Provincetown recien­
temente organizado puso en escena su
melodrama en un acto Bound East for
Cardiff ( “ Rumbo Este hacia C a rd iff” ).
Treinta años más tardo se representó en
Broadway The Ice Man Cometh ( “ Ha
venido el Repartidor de H ielo” ) e imnediatamentg convirtióse en motivo de po­
lémicas apasionadas. Durante el intervalo
de esos años a ningún otro dramaturgo
norteamericano le fué aplicado con tanta
frecuencia el calificativo de “ grande”
con tanta propiedad, póro tanto el público
como la crítica estuvieron- lejos de llegar
a un acuerdo sobre la realidad e impor­
tancia de su talento. Y resultaría cierta­
mente difícil encontrar algún otro escri­
tor estadounidense de igual relieve sobre
quien se haya opinado en formas tan diametralmento opuestas.

E

Nadie ha llamado a O ’Neill un drama­
turgo “ bastante bueno” o ha afirmado
que fuera el segundo o tercero de los
mejores escritores con que ha contado la
escena norteaméricana. Con respecto a
O ’Neill el público se divide entre los que

creen que es el primero y los que creen
que es el vigésimo quinto. Este misterio
puede ser explicado, y debe serlo, partiendo, a juicio mío, de dos hechos Uno es
que sus propósitos han sido tan diferen­
tes de los perseguidos por los dramatur­
gos contemporáneos, que sus detractores
o no los han comprendido o, comprendién­
dolos, han disentido de sus admiradores
en lo referente a la importancia o la le­
gitimidad de lo que él había tratado de
hacer. El otro hecho, todavía más claro,
es que O ’Neill muestra hasta un grado'
nada habitual valores y limitaciones dolorosamente obvias en escritores de menor
fuste. Por lo tanto panegiristas y detrac­
tores coinciden en sus comen-tarios, ya
que tanto unos como otros hablan de cua­
lidades que realmente existen.
Examinando las mejores obras de O ’Neill
se ve que desde el principio sus temas no
fueron aquellos que más p-eoeupaban a
los escritores jóvenes de su época. Super­
ficialmente estudiadas, The Hairy Ape
( “ El Mono Velludo” ) (1922) parecería
ser una protesta sociológica contra el em­
brutecimiento del proletariado; All God’s
Chillun ( “ Todos los hijos de Dios tienen
alas” ) (1924), una protesta contra el

prejuicio racial; y Desire Under the Elms
( “ Deseo B ajo los Olmos” ) (1924), una
contribución a la diversión entonces muy
difundida de decir verdades amargas so­
bre los antepasados. Más tarde, Etrange
Interlude ( “ Extraño Interludio” ) (1928)
pudo parecer una incursión en el freu­
dismo a fin de sacar partido del interés
despertado por esa corriente.
Mas, para el propio autor, si no para
su público, fué cada vez más claro que
su interés no era de tipo sociológico, por
una parte, ni consistía, por otra, en un
acercamiento a los problmas morales mo­
dernos, sino que se cifraba en el problema
eterno de la naturaleza paradójica del
hombre y su desconcierto en un- mundo
que le parece extraño, pero con el cual
desea sin embargo hallarse ligado. Los
personajes de Eugenio O ’Neill pueden
clasificarse en dos grupos: los quo tienen
la sensación de estar bien encasillados en
el mundo y los quo no la tienen. Es decir,
los que sienten que no “ pertenecen” . Co­
mo el mismo O ’Neill dice, los únicos pro­
blemas que le interesan son aquellos que
surgen no sólo de las relaciones entre los

�ca b a lg a ta

11

Don Francisco de Amorrortn tiene ga­
nadas envidiables posiciones en la
industria gráfica del país; en efecto,
recordemos que es en la actualidad
socio gerente de la firma Sebastián
de Amorrortu e Hijos S.E.L., socio ge­
rente de los Talleres Gráficos Didot
S.R.L., y presidente de la Asociación
Industriales Gráficos de la Argentina.
Hombre surgido de las filas univer­
sitarias, pues egresó de la Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales de
Buenos Aires con el título de escri­
bano en 1933, une a ello sus rele­
vantes méritos como hombre de la
industria, por lo que sus declara­
ciones para CABALGATA acerca de
los problemas de su gremio adquieren
real interés.

ti A B L A

FRANCISCO
RE AMORRORTU
ES NECESARIO CREAR UN MAYOR
VIEREAItO DEL LIRRO
* Promover la lectura del libro.
* El problema de la distribución.
* Una mayor especialización.
por un instante los con­
O LVIDANDO
flictos gremiales, las innumerables re­
uniones que sus múltiples actividades le im ­
ponen, y, postergando por algunos minutos
los repetidos reclamos que la marcha de
las imprentas por él regenteadas le urgen,
Don Francisco do Amorrortu nos concede
una entrevista para los lectores de estas
páginas.
_Hasta el año 1937 — comienza dicién&lt;j0nos— la industria editorial estaba redu­
cida a los límites internos, y, a partir de
esta fecha, ya se puede hablar de una ver­
dadera industria editorial argentina que,
aprovechando los factores que imponía la
guerra civil española, y, posteriormente, el
conflicto mundial, evolucionó en forma sor­
prendente. Este rápido desenvolvimiento
hizo necesario improvisar; la industria de­
bió adaptarse y prepararse en forma pre­
caria para satisfacer la enorme demanda
de libros.
t —¿Ocasionó ello algunos trastornos?
—Surgieron editores inexpertos que so­
lamente conocían el libro como lectores y
con el criterio — a mi juicio equivocado—
de que el negocio editorial es muy sencillo
y por supuesto rendidor; para muchos, el
problema se reducía a comprar los dere­
chos de autor, mandar imprimir el libro
y, luego, entregarlo al distribuidor para
su venta sin posibilidades de riesgo ni
equivocaciones. Tenían la idea de que todo
se vendía. ..
—Fruto de un exceso de optimismo,
¿quizá?
—Así es como se logró crear un estado
de euforia editorial del cual, digámoslo de
una vez, somos todos un poco culpables.
La puja se limitaba a imprimir o editar
el mayor número de libros, según se fuera
impresor o editor. El editor capaz debía
aceptar el desafío del improvisado y lu­
char en la adquisición de derechos y man­
tener un ‘ ‘ fondo editorial ’ ’ más numeroso.
—Y, ¿en lo que respecta a los impreso­
res?
i— La situación se repetía. El taller or­
ganizado para la producción inteligente del
libro debia luchar para producir más y
más. Hasta el momento de la crisis nadie
meditó sobro las verdaderas necesidades
del mercado ni en una posible sobrepro­
ducción. En realidad, estaba ocurriendo
que un excesivo liberalismo en los créditos
estaba debilitando la industria, pues ello
facilitaba la intromisión del mayor núme­
ro de improvisados en todas las etapas del
negocio del libro.
_ .
i
t .........1
— Los impresores pusimos al servicio de
los editores todos nuestros conocimientos,
organización, técnica y nuestro dinero,
así como el crédito que habíamos ganado
en largos años de trabajo. Esto facilitó
el nacimiento de editoriales; por su parte

hombres, sino de las relaciones del hom­
bre con Dios.
Así, “ El Mono Velludo” es un hom­
bre que. aunque embrutecido, permanece
siendo hombre hasta que pierde el senti­
do de * ‘ pertenencia ” e inevitablemente
se trueca en animal; el viejo Efraín, en
“ Deseo Bajo los Olm os” , es un hombre
que paga la pena de los que se identifican
a sí mismo con Dios; Nina, en “ Extraño
Interludio” , es una mujer que sufre el
castigo opuesto y se contrae hasta una
vana insignificancia porque (como le ocu­
rre tanto al hombre moderno) no puede
hallar a quién pertenecer, nada que justi­
fique en ella el elemento irracional en la
vida humana, excepto esa última excusa
ante Dios que ahora se conoce por “ com­
plejo ’ ’.
Al igual que los grandes escritores trá­
gicos del pasado, O 'Neiil está interesado
en las “ aflicciones de nuestro soberbio y
airado barro” que “ es eterno y no se
desvanece ’ ’. Los más modernos drama­
turgos así como los más modernos soció­
logos y moralistas, entiende él, suponen,

el editor también ofreció todo su capital,
crédito, y esfuerzos, para beneficio de li­
breros y distribuidores, empujando la ins­
talación de nuevas librerías tanto en el
país como en el exterior. Las librerías ya
instaladas vieron crecer sus ‘ ‘ stocks ’ ’ en
forma impresionante.
— ¿Y en lo que respecta al lector?
— Se lo descuidó, olvidándose que es el
factor más importante; poco es lo que se
hizo para aumentar el público-lector y pro­
pagar la costumbre de -leer libros. Es ver­
dad que se cuidó la elegante presentación
tipográfica, el precio económico, los títulos
seleccionados y las traducciones cuidadas,
pero. . . faltó el espíritu de unidad de to­
da la industria librera, tan necesario para
sobrellevar con éxito una campaña siste­
mática a fin de aumentar los lectores.
— Acerca de la crisis actual, ¿que puede
decirnos ?
— La industria se halla abocada a ella
con una serie de factores coincidentes que
agravan su situación y que me parece con­
veniente enumerar: I? Elevado aumento en
el costo de impresión; 29 Exceso de
“ stoks” ; 39 El problema de las divisas,
y por último, la restricción de los créditos.
— ¿Quiere analizar, señor Amorrortu,
estas causas por usted señaladas?
— Bien. A los elevados aumentos produ­
cidos en los jornales de la industria gráfi­
ca, que desde el l 9 de diciembre de 1943
a la fecha representan el 135 % , deben
agregarse el nuevo aumento que en estos
momentos están discutiendo industriales
y obreros gráficos. En un estudio hecho
por la entidad que presido — conjuntamen­
te con la Cámara de la Industria Gráfica
de la Union Industrial Argentina— arri­
bamos a la conclusión de que un jornal de
de $ 1, en el año 1943, teniendo en cuenta
las mejoras de salarios y los porcentajes
que corresponden por leyes sociales, y, con­
siderando la merma de la producción de
cada obrero, representa actualmente un va­
lor de $ 5,482 la hora para el costo del
industrial, sin incluir el aumento que está
en discusión.
— ¿Acerca de los excesos de “ stoks” ?
— También es de suma gravedad, pues
ello hará restringir las nuevas compras por
parte de los libreros.
— ¿Sobro el problema de las divisas?
— Es actualmente el más angustioso y
debe considerarse conjuntamente coir la
restricción de créditos; ambos plantean
una situación de suma gravedad en razón
del estado de inseguridad financiera en
que se había colocado a la industria edi­
tora por el exceso de liberalismo en el cré­
dito. Uno de los iireonvenientes que crea
la divisa es la falta de pagos en que in­
curren algunos clientes del exterior.. .
— ¿Que soluciones señalaría, señor Am o­
rrortu?
— Para resolver el problema financiero
ya se ha obtenido el préstamo de los
25.000.000 que otorgarán los Bancos o fi­
ciales a los editores. Pero esta solución será
incompleta si no va acompañada de una

consciente o inconscientemente, que no
existen otros problemas que los represen­
tados por las relaciones entro (os hombres,
ni otros pesares que los que pueden ser
remediados radicalmente. Ellos, para de­
cirlo de otra manera, están interesados
por problemas propiamente dichos, mien­
tras que O ’Neill, como los más grandes
dramaturgos trágicos, está interesado úni­
camente por dilemas.
Esto ha dado lugar al hecho de que
muchos lectores y espectadores no le com­
prendan o, comprendiéndole, no lo en­
cuentren interesante o importante. Se ima­
ginan que un dramaturgo contemporáneo
debe por necesidad haber dejado atrás
todo interés por los temas genuinamente
trágicos, y se quejan de que O ’ Neill no
presenta temas sociológicos políticos in­
teligibles. Sus argumentos les parecen de
simples melodramas y su tendencia a tra­
tar temas tales como el incesto, el asesi­
nato y la rebelión íntima del hijo contra
el padre les ha parecido simplemente gro­
tesca. Semejantes temas, arguyen, se ha­
llan fuera de la sensibilidad práctica del

HISTORIA

Con todo el interés de las
obras históricas de valor esen­
cial, este breviario, posee la
agilidad que la prosa de Pijo a n sabe imprimir a sus tra ­
bajos, y su preocupación por el
logro de. un compendio ameno,

lim o

fá cil y sustancial, útil, tanto
para el investigador y el doc­
to, como para el público g e ­
neral, amante de la buena lec­
tura.
Hechos, hombres e ideas, en
la Historia, en una visión calidoscópica y respetuosa, veraz

por José Pijoan

y rápida, hasta nuestros días
de postguerra.

D os to m o s en c u a r to , co n 14 1 6 p á g in a s, 1155
g r a b a d o s en el te x to y 2 lá m in a s en tr ic ro m ía

Distribuidor: ANTONIO MUÑOZ

P id a fo lle t o exp lica tivo

LAVALLE 371
solución al problema de las divisas, que
día a día se torna más grave y que de
continuar poco tiempo más anulará todo
esfuerzo. Todos sabemos que la industria
editorial debe ser industria de exportación,
pues las necesidades del país son mínimas
y no permiten continuidad.
— Eso en lo que concierne a la ayuda
o fic ia l.. .
— En efecto. Además, y esto debe ser
realizado por lo3 integrantes de la indus­
tria gráfica editorial uniendo esfuerzos y
voluntades, luchar por conseguir los si­
guientes puntos: l 9 Crear un mayor mer­
cado del libro, mediante una persuasiva la­
bor de promover el hábito de lectura del
libro, conferencias, exposiciones, ferias,
propaganda colectiva, creación de biblio­
tecas, etc.; 2q Resolver el problema de la
distribución creando un organismo colec­
tivo que, respetando los legítimos intereses
de la actual organización haga factible
una mejor y más segura distribución del
libro en el exterior; 39 La propia selec­
ción y eliminación de los aficionados e
improvisados, y por último, una mayor es­
pecialización en todos que permita traba­
jar un poco más en profundidad, sin abar­
car tantos temas que diluye la labor del
editor e impresor.
— Para terminar, ¿ quiere agregar alguna
otra consideración al problema?
— Solamente diré que, mediante una len­
ta recuperación de nuestros capitales que
permita solidificar nuestras finanzas, y,
continuando con el espíritu de trabajo co­
mo hasta el presente, ya iremos preparan­
do el terreno para estabilizar y asegurar
el progreso de la industria nuestra.
— Que saldrá, esperémoslo, de estas prue­
bas con mayor experiencia. . . .
— Es evidente. Y con menor impaciencia
de realizar en 10 años lo que España no
había hecho en 50.
O. H.

mundo moderno cuyos ciudadanos están
interesados tan sólo en problemas racio­
nales como los representados por el pre­
juicio racial, el poder político o la pre­
ponderancia del divorcio.
Pero la hipótesis central de las obras
de O ’Neill ha sido siempre que la manse­
dumbre V racionalidad de la vida moderna
son una ilusión, que el hombre está inte­
resado, como lo estuvo siempre, en sus
relaciones cor.1 Dios, y que sigue siendo
víctima de las más tenebrosas y violentas
pasiones.
Por cierto que la incapacidad del hom­
bre y de su filosofía racional y consciente
para reconocer estos hechos hace que la
carga de los pesares producidos por su
barro altivo y airado se vuelva insopor­
table, más insoportable de lo que lo fué
jamás. Y esa incapacidad hace más ne­
cesaria la expresión trágica, en tanto que
la vuelve más difícil.
O ’Neill no es un per.-sador político o
social importante. Pero con la excepción
de Maxwell Anderson cuyos métodos fue­

ron muy diferentes y cuyas virtudes y
limitaciones características son singular­
mente opuestas a las de O ’Neill, es el
único dramaturgo norteamericano que ha
pretendido insistentemente hacer que la
tragedia salve el puente entre lo que co­
nocemos sobre nosotros mismos y el mundo
de los sentimientos que viven una existen­
cia subterránea.
No es posible ninguna discusión sobre
lo hecho por O ’Neill sin llegar previa­
mente a un acuerdo acerca de la legiti­
midad de su intención. Si el drama mo­
derno hubiese de limitarse a la racional
consideración de los problemas racionales,
si sus premisas han de ser las conocidas
del vivir cotidiano y sus temas casos tí­
picos de la vida social corriente, entonces
O ’Neill no es otra cosa que un anacronis­
mo fracasado. Pero si se acepta la validez
de su intención, todavía queda la cues­
tión de sus elementos y el grado de acierto
con que los ha empleado. Ningún drama­
turgo acometió nunca tarea de más grandes
aspiraciones. Y si ha tenido pleno éxito,
bien pudiera desafiar la comparación, no
con Ibsen o Shaw, pero sí con Esquilo y
Shakespeare. Y puesto que los más en­
tusiastas de sus admiradores no suponen
quo ‘ ‘ Extraño Interludio ” o “ Bien le
está el luto a Electra” están a la altura
de la trilogía de Agamenón o del Rey
Lear, nadie puede calificar de éxito ca­
bal a esas obras. Pero si ellas han alcan­
zado pleno éxito en el teatro moderno,
son un caso único por la sencilla razón
de que trataron de realizar algo a que
los dramaturgos contemporáneos han re­
nunciado al profesar la convicción de
Ibsen según la cual el “ abismo” abierto
en cierto momento del siglo pasado entre
el hombre moderno y el antiguo destruía
en el moderno todo interés real por los
objetivos y temas de la vieja literatura
dramática.
Cabe admitir francamente que a O ’Neill
no sólo le falta el don poético para la
expresión magnífica, sino que está tan
lejos de ella que la prosa de su diálogo
adolece con frecuencia de desmaño y redun­
dancia. Sostienen algunos que admitir es­
to es admitirlo todo. La poesía — dicen—
es la condición ‘ ‘ sine qua non ” de la
tragedia; siir ella nada es posible excepto
el melodrama. Pero eso no es verdad, pues
si no hubiere entre ambas una relación
integral, la tragedia no pasaría de ser
simple melodrama adornado con bellas pa­
labras, y la afirmación de Aristóteles de
que la fábula es el alma del drama care­
cería de sentido. Una tragedia es, antes
que nada, un drama en el curso de cuyo
relato cabe con toda propiedad la ex­
presión poética más elevada, y la falta
de esta expresión en las mejores obras de
O ’Neill se echa tanto de menos precisamen­
te porque la poesía no estaría en ellas fuera
de lugar. La mayor parte del drama mo­
derno se halla en prosa, no simplemente
porque sus creadores carecieran del don
de la expresión poética, sino porque su
concepción es prosaica. Decir que O ’Neill
fracasa como poeta no es ni mucho menos

BUENOS AIRES
decir lo más importante; lo más im por­
tante, por el contrario, está en que entre
casi todos los dramaturgos modernos sólo
él ha concebido dramas aptos para la
poesía.
En más de una ocasión O ’Neill ha se­
ñalado especialmente a Strindberg como
el escritor moderno que más ha influido
sobre él. Es una cuestión discutible si tal
influencia le ha sido siempre beneficiosa
o iro. El nihilismo strindbergiano con su
porfía de que la existencia es sencilla­
mente dolorosa, que de la vida humana
no es posible obtener otra conclusión que
la de que ‘ ‘ los hombres son criaturas las­
timosas” , es en algunos aspectos la ver­
dadera antítesis del espíritu trágico. Pues
el espíritu trágico está siempre mantenido
por el convencimiento de que ser hombre
es un terrible privilegio; pero privilegio
al fia y al cabo. O ’ Neill siempre ha pro­
pendido a vacilar entre ambas conviccio­
nes, o para decirlo con más exactitud, siem­
pre ha propendido a escribir obras en las
cuales la tensión interior es engendrada
por el esfuerzo de mantener una fe trá­
gica a despecho de la tentación a caer en
el nihilismo. Tanto 11 Ha venido el R e­
partidor de Hielo ’ ’ como las inform acio­
nes publicadas acerca de una nueva obra
suya que Nueva York todavía no ha visto,
parecen sugerir que la tensión ha cedido
algo y que estas obras se aproximan peli­
grosamente no ya a la misantropía sino
a la simple desesperanza. Algunos espec­
tadores se quejan de que suceden muy
pocas cosas en “ Ha veirido el Repartidor
de H ielo” . Pero lo que la queja sign ifi­
ca en verdad no es tanto que no se pro­
duzcan hechos, como que la tensión dra­
mática se halle algo ausente de este cuento
que al ser contado ofrece muy poca resis­
tencia contra la anticipada conclusión de
que la vida carece de sentido.
Coir todo, no cabe pasar por alto el
hecho de que también en esta obra la fuer­
za sombría de O ’Neill continúa hacién­
dose sentir y que no puede ser descar­
tada. Lo que distingue al autor no es la
destreza ni la inteligencia primaria, sino
una hondura *de sinceridad apasionada,
una inmensidad de convencimiento emotivo
con imponencia casi de monumento. De
los dramaturgos que hoy viven ninguno
excepto Bernard Shaw se atrevería a pe­
dirle al espectador que venga al teatro
a las cinco do la tarde y se siente para
escuchar durante cuatro horas un som­
brío dialogo. Sin embargo, hasta los que
rezongan acuden a los llenos porque O ’Neill
ha logrado imponerse.
La excentricidad y la pretenciosidad a
menudo logran este tipo do éxitos por
poco tiempo. Pero mantenerlo por espa­
cio de tres décadas es elevarse por encima
del punto donde la simple opinión puede
ejercer mayor fuerza. Sin duda la repu­
tación de O ’Neill continuará siendo tema
de discusión, pero ciertamente no puede
negársele que es el dramaturgo más im­
portante de Amériea.
(De "The American Scholar” . Exclusivo
para CABALGATA en la Argentina.)

�12

ca b a lg a ta

LA

A I R E
V O C E S
Queremos incluir en esta columna a
aquellos autores — casi siempre jó
venes— que nos envían sus libros,
escogiendo de su obra los fragmentos
quo mejor alcanzan a situarla. Si no
es posible reseñar como quisiéramos
todo libro interesante que aparece,
creemos que a sus autores les agra­
dará este cordial estímulo; y que
los lectores a quienes los fragmentos
atraigan, buscarán pasar de ellos al
libro que los guarda y continúa.

LENTA ESPERA
Por el camino largo, interminable,
que separa mi vida de la tuya,
ha dejado crecer la pena mía.
He querido olvidar y no he podido.
En esta soledad que hoy me circunda
sólo me queda la palabra fácil
el verso inútil
y la lenta espera.
ESMERALDA RADAELLI,
Isla de soledad.
Ediciones Conducta, Bs. As
•»*

Tras las huellas de fuego del corcel de
Atila corrí, como una furia, por Oriente y
Occidente, derramando sangre, sembrando
muerte, miseria y desolación. Y no es men­
tira nue la hierba dejara de nacer por donde
transitaba el caballo del Azote de D io s ...
Poseo autoridad suficiente para atestiguarlo,
porque lo vi con estos ojos que se ha comido
y se volverá a comer la tierra. Pero aún hay
más: no fué condición exclusiva del caballo
de Atila esterilizar el suelo a su paso de
equino invasor. Me arriesgo a afirmarlo por­
que mi experiencia data desde la infancia de
ls humauídad. como datan las inclinaciones be­
licosas de quien se vanagloria de haber sido
creado a imagen y semeinnza de Dios. Sobre
las huellas de la conquista sólo germina la
simiente del odio, que tarde o temprano cuaia
en amargo y venenosos frutos de desquite. Y
así todo conquistador, que persigue v destru­
ye. siempre resulta a
la postre perseguido
v destruido fatalmente, como nos sucedió a
nosotros, que después de vencer a los romanos
y someterlos a tributo, fuimos aplastados por
ellos en los Pampos Cataláunicos. cuando tres
bravos caudillos coaligados por el estímulo del
rencor, por el anhelo de libertad y por el
ansia de venganza se unieron para darnos
batalla.
CIRILO DUDAMEL,
Las vidas del Gato,
Buenos Aires. 1947.

•

LLOVIZNA
Me dueles en la hora iluminada
que se desangra por tu gris fisura.
Llora en ti la mañana malograda.
Creces en torno de su luz madura.
Te filtras en la tierra que te apura
urgida por su entraña desvelada,
y eres para la noche d-e su hondura
la misma luz que dejas apagada.
Por ti desciende, y por instantes sube,
la densidad de un cielo que es la nube
más la sombra en su sombra recogida.
En tu continuidad, todo se puebla
de una brumosa soledad de niebla
que desciende a morir sobre la vida.
CLARA LIFSICHTZ.

S a v ia ,
Ediciones Conducta. Bs. As.

SONETO
OH, catedral de lirios desvelada,
viento de sangre en el clarín ceñido
donde convoca al corazón caído
sólo por ver la luz amortajada!
En la garganta de magnolia ajada
compadeciendo su marfil herido,
alza 6U voz marítima de olvido sobre una selva virgen retratada.
En latitud de gritos y de llanto
sube el amor como la espiga tierna
de las colinas donde nace el canto;
Y en la bahía rota, desatada,
busca el diamante do la luz fraterna
junto a la noche de jazmín poblada.
EDUARDO JOUBIN COLOMBRES,
Albamarina, Ediciones El Mar y la
Pirámide, Bs. As.

•

LA INEXTINGUIBLE
No digas que la flor muere, que la tarde expira,
que hay peces muertos a la orilla
de todos los océanos,
que la noche agoniza como una doncella
herida por los rayos de la luna,
y que en mi corazón yacen inertes
los despojos de la primavera. . .
No digas, no, que las sombras devoran los
y los serafines;
[ángeles
que el gran viento del sur ya no hace crecer
bailando entre los trigos;
[la aurora
no digas que el Silencio existe, quo los besos
caen a la tierra como las hojas muertas,
y que desde la raíz sonora de los árboles
sube un lamento que ennegrece el cielo.
Ella está en ti como en la voz oculta
de las piedras,
como en el astro que te besa con su luz
cayendo de los siglos.
Ella es la Inextinguible porque tú
la sientes un instante
y luego te incorporas a su rueda infinita
y te vas con los ríos a revestir corales
* a repoblar de mariposas los ardientes ra[majes
JUAN CARLOS BERNAL,
La Realidad y el Milagro,
Ed. El Ateneo, Bs. As.

PESCA

MI LA GROSA
La

( Viene de la primera página.)
que sirve de comentario; así la música pa­
rece la mímica del relato. El rasgueo es
un secreto entre el cordaje y el intérprete;
algo íntimo dicho al oído, un suavizar
de destinos que endulza y que apacigua
el acorde al igual que un orvallo que re­
frescara la aridez de una vida. Estamos,
pues, en la línea de lo grandioso, de lo
clásico, de lo bíblico, de lo épico. Todo
pueblo, toda región del mundo con alma,
ha tenido siempre su instrumento musical
para rubricar con sus acentos sus glorias
y sus penas. Tal la gaita gallega, buena
para calmar rudezas y atemperar sau­
dades; tal la quena estremecida en el
aire embalsamado de las quebradas; tal
el cuerno de los pastores sonando en las
hondonadas, los herques de los indios que
convocaban a la guerra. Y las trompetas
del pueblo del Señor cuyos clangores de­
rrumbaban los muros de las ciudades si­
tiadas.
Esto ocurría en el atardecer, a la hora
en que el día cesaba de combatir y rendía
sus espléndidas espadas gigantescas; el
sol en aquel véspero, era una hostia en­
cendida elevándose sobro el tabernáculo
de los montes. Y en esa misa cantada de
fin de día, con la magnífica montaña por
altar, el coro estaba a cargo de la musical
greguería de todos los pájaros del bosque.
Cumplidos los últimos trabajos cotidianos:
abiertas las compuertas del regadío, echa­
da la ambulante oveja al redil, aseguradas
las tranqueras, aquel anciano setentón, rico
en años y en fortaleza, se quitaba el som­
brero por rendida pleitesía a la oración.
No vaya a ser cosa que el Serafín de la
tarde lo estuviera mirando. Tomaba su
guitarra para entregarse a un punteo in­
terminable. Le pronto, so creía escuchar
los compases de una zamba, ya el nervioso
repiqueteo de uu malambo; ya parecía
pisparse el ceremonioso andante de la Con-

faltaban, asimismo — ¿por qué iban a
faltar?— los temas del Himno irguiéndose
en el imperativo inicial. Pero, nada sur­
gía nítido y concreto de aquel estremecer
de cuerdas. Y don Tomás Argañaraz — que
así se llamaba esto campesino— orgullo
de mi sangre y mi familia— se abismaba
escuchando una secreta voz lejana. Hasta
que me atreví a preguntarle:
— ¿Qué música es la que tocas?
— No es música la que toco — me res­
pondió sin abandonar el roce del corda­
je— . No hago más que recordar — agregó.
—-Y ¿qué recuerdas? — inquirí insis­
tiendo.
— Recuerdo todo — respondió — cada
acorde florece en la memoria y veo todo
de nuevo, el arenal, las salinas, las pestes,
las revoluciones, los malones, la lucha con
el indio; los peligros de la vida de uno,
siempre lejos de las casas, luchando en
el norte y eir el sur. Y la guitarra es bue­
na compañera porque suaviza los recuerdos
malos; ella me habla secretamente. Y es
así el Martín Fierro, un poema conversado
al son de la guitarra en el cual se re­
cuerdan y comentan las penas y desdichas
de un hombre que se llamó Martín Fierro.
Cuando está de regreso de todo, de revo­
luciones, de levas, de malones, de odios,
de encuentros con la partida, el atardecer,
el gaucho, como el ave solitaria, con su
cantar se consuela. Porque el poeta es el
único ser del mundo que puede hacer del
infierno de su vida el paraíso de su poesia.
Y así vemos como todo se decora al con­
tacto de la palabra concertada. Porque el
canto es la sangre y sólo no tiene voz el
ser que no tiene sangre. Porque desde la
oscura raíz de una pena sube por el árbol
do la vida la esencia necesaria para que
nazca allá arriba una cristalina flor de
poesía. Porque, después de todo, lo único
que queda es el canto en este valle de
estrellas moribundas.

A PROPOSITO DE
DE

AJSTONI O

GRAMSCI

(Ftene de la pág. 9.)
cirnos que no quiere morirse, que no
quiere envejecer, consumiéndose así en
la nada. Sin lucha. Se intuyen sus an­
sias de libertad comprimidas y silen­
ciadas, se siente que no era ese el des­
tino al que hubiese aspirado; el de mo­
rir, tísico, escribiendo cartas a hijos que
apenas conoce y de los que sólo conoce
por fotografías, de elefantes y leones,
de jardines zoológicos y de aventuras.
La última de las cartas da la pauta
de lo que afirmamos. Está dirigida a
su hijo Lelio. Un chico de doce años.
Dice así:
“ Querido D elio: Me siento algo can­
sado y no puedo escribirte mucho. Es­
críbeme tú y siempre, y de todo lo que
te interesa en la escuela. Y o pienso que
la historia ha de gustarte tanto como
me gustaba a mí, al tener tus años, por­
que trata de hombres vivientes, y todo
lo que se refiere a los hombres, a cuan­
tos más hombres posibles, a hombres que
viven en sociedad, que luchan, que tra­
bajan, que progresan, no puede dejar de
gustarte por sobre todas las cosas. ¿ Pero
es a s í? ”
Con esta extraña pregunta se cierra
Lettere del Carcere. Una interrogación
incontestada, que abre dudas como toda
pregunta del género, y quo baña en una
luz nueva todos los rincones obscuros
del libro. “ ¿Pero es a s í? ’ ’ .
II
En una obra literaria es dable consta­
tar a menudo la coexistencia de dos
motivos, de dos fines por los cuales lia
sido creada y por los que vive. El uno
es el acto de voluntad de su artífice,
la m anifestación de lo que intenta ex­
presarnos. El otro es, en cambio, el sig­
n ificado espontáneo y autónomo que esa
misma obra termina por adquirir freute
a los demás. En ello la voluntad de su
creador no entra para nada. Su creación
escapa a las determinaciones que queria
imponerle, trasciende por sobre su v o­
luntad, y se convierte en un fin inde­
pendiente y propio que se identifica con
el real valor que esa misma obra va a
representar ante sus lectores. Habló mu­
cho Pirandello y supo demostrarlo tam­
bién con 9us “ Seis p e r s o n a je s ...” , de
la a veces invencible incomunicatividad
entre el artista y su público. A veces
ese fenómeno no so produce. Ambos f i ­
nes coinciden en forma perfecta; la per­
sonalidad que quiso darle el autor a su
obra es también aquella que conocen y
admiran los terceros. En otros sí, y en­
tonces la obra vive por m otivos que, o
no fueron imaginados siquiera por su
autor o divergen completamente de su
pensamiento. Hacemos estas considera­
ciones porque la obra de Gramsci tiene
mucho de ello. No es, claro está, un
libro que cob ije mensajes trascenden­
tales o misticismos recónditos, pero el
interés que reviste actualmente para
nosotros es completamente inverso al
que Gramsci imaginara. Porque, por lo
que a nuestra interprotacióu se refiere,

ÍSIISL

nin'guna de las doscientas quince cartas
contempla un estado de ánimo libre y
puro. Todas han sido escritas por Gramsei con un fin preconcebido; todas, en
la mente de su autor existían para de­
cirnos algo, para enseñarnos algo. Son
cartas, como lo hemos ya dicho antes,
frías, descarnadas. No son de las co­
munes, con los propósitos habituales de
inform ación o de afectividad. Son car­
tas construidas intelectualmente y ela­
boradas en base a un plano orgánico
racional; son cartas que el autor escri­
bió en pos de un constante m otivo inte­
rior predominante. Para ju stificarlo con­
sideremos el contenido do la carta
Lxxxvii de la recopilación. Se queja de
no recibir noticias; deriva de ello con­
clusiones implacables:
“ . . . Si no se escribe a un preso es
por dos razones: o por indiferencia, o por
falta de im aginación” . Desarrolla ese
concepto y llega después a la conside­
ración para nosotros vital: ‘ ‘ . . .yo no
hablo nunca del aspecto negativo de mi
vida, ante todo, porque no me gusta ser
com padecido; he sido un combatiente
desafortunado en las circunstancias in ­
mediatas y los combatientes, si han com­
batido sin ser constreñidos a ello, sólo
porque lo han querido así, y consciente­
mente, no pueden ni deben ser compa­
decidos” . P or eso sus cartas deben dar­
nos una tipificación neta de lo que debe
ser un perfecto racionalista ante las
adversidades. Como ha de pasar a la
posteridad sin una flaqueza, sin una
incoherencia. Su misión en la cárcel es
la de servir de ejemplo de entereza para
sus correligionarios. Su persona en la
cárcel no interesa ni debe interesar.
¿Dónde están, manes literarios, los
prisioneros de antaño? ¡Dostoievski es­
cribiéndonos en su Casa de los muertos
sin vergüenza, sin falsos rubores, sus
miserias cotidianas, porque ellas eran
su vida, su verdad! Hoy hasta los presos,
dentro de sus celdas, deben olvidarse do
sí y los pensamientos que los dominen
no pueden ser más la expresión de un
humano sentir sino manifestaciones ló­
gicas de un movimiento dialéctico hegeliano.
H ay algo extraño en esta idolatría
hacia lo intelectual que ha hecho gritar
a tantos grandes intelectuales. El hom­
bre que ha arrasado los mitos para ser
libre, termina sepultado bajo la capa
de plomo de los dogmatismos raciona­
listas que no saben de arrepentimien­
tos, ni de piedades, ni de desviaciones.
E l que cree en ellos so funcionaliza. Y
olvida de que las ideas a las que sirve
han salido ellas también de cabezas,
de mentes humanas, y no de un recóndito
dios cerebral, inmanente aúnque laico.
Todo el mundo está enfermo hoy de esa
enfermedad. Gramsci es una ruedilla más
del carro. Pero no ha podido huir de sí
mismo, pertenece a su esencia; es hom­
bre, no concepto. Por eso hemos hablado
a propósito de Lettere del Carcere de
fines queridos o no. El fin que tuvo A n­
tonio Gramsci al escribir Lettere del
Carcere fuó el de darnos un ejemplo do
la homogeneidad integral, de la cohe-

puerta estrecha ,

por Andró Gidc. Traducción de Francisco Madrid. Editorial
Poseidon, Buenos Aires. 248 pgs. a la rústica. $ 8.— m/arg.

REO que Albert Thibaudet fuó el primero en mostrar La puerta estrecha como la
contraparte de El Inmoralista-, resulta simbólico que a la reciente edición en
español do la historia de Michel se suceda, a corto plazo, el relato del renunciamiento
de Alissa. Así tendrán .los lectores de Gide — a quien el premio Nobel habrá dado
esa legión de repentinos interesados por su obra, lectores a quienes Sartre abruma
con sus sospechas en un reciente ensayo, pero entre los cuales habrá una buena cuota
de hombres de buena fe— , una visión más dialéctica del espíritu gidiano, balanceándose
en los extremos ( “ los extremos me tocan’ ’ ) de dos experiencias vitales: la aceptación
y el rechazo. Es de desear que a esa visión dialéctica se suceda el conocimiento de la
síntesis, que creo está en Los monederos falsos; por cierto que se hace sentir la nece­
sidad de su nueva versión castellana, libre de giros vigentes en España pero que aquí
malograrían parcialmente la aprehensión del original — sin que esto sea un reproche
al fino trabajo que entonces cumpliera Julio Gómez de la Sema.
No me creo autorizado para exceder la mera alusión a La puerta estrecha, en la
que nunca he querido (o podido) ver una obra afirmativa, apoyada por la creencia
personal del autor; me sigue pareciendo — en su forma más sutil y corrosiva— una
crítica al renunciamiento, su denuncia y rechazo. Prefiero entonces limitarme a su
valor como construcción estética, señalar la severa victoria de Gide sobre sí mismo
(repetida en La sinfonía pastoral), el logro de una unidad formal, una arquitectura
narrativa que falta en su obra anterior y en mucho de la posterior, donde se la ve
reemplazada voluntariamente por un juego sucesivo y hasta anárquico de los elementos
del relato. Ere El inmoralista, un tono oral deliberado con lo que supone de vaguedad
y aliñado desaliño; en Las cuevas del Vaticano un falso orden desmentido por la
lección de su corrosivo personaje; Los monederos fa ls o s ... pero aquí es mejor re­
mitirse a Jean Hytier, que ha disecado como nadie ese libro en su estudio sobre Gide,
y que lo define como “ una obra que avanza hacia la novela’ ’. Nada de todo eso es
La puerta estrecha; simplísima en la estructura novelesca, su construcción la carga
de otras dificultades más sutiles — no diré más profundas— : entender de veras a
Alissa, a Jéróme, a Juliette, pasar más allá de sus actos (tan pocos), de sus palabras
(tan clásicas, es decir con tanta tendencia a lo universal), de sus destinos (tal vez
tan contrapuestos en el deseo más personal de Gide).
En el diario de Los monederos falsos, Gide afirmó que “ el mal novelista cons­
truye sus personajes, los dirige y los hace hablar; el novelista verdadero los escucha,
los mira actuar’ ’. Nox sé si la historia de Alissa prueba la profunda fidelidad del
novelista Gide; en la sombra — la primera persona del relato es una máscara— él
eseuclia y ve actuar a los seres de su libro; quedará al buen lector (que también sabe
escuchar y ver) preguntarse si el novelista ha sido fiel a su visión, o si la sombra
irónica y despiadada de Lafcadio — tal vez do Menalcas— no estaba allí con él, guián­
dole la pluma.
Julio Cortázar.

C

embargo J u a n vivía , por Alberto
Vanasco. Edición del H.I.G.O. Club,
Buenos Aires. 128 pgs. a la rústica.

S in

Hay reparos que hacer a este libro, pero
me adelanto a presumir que sus deficiencias
son en gran medida las que Alberto Vanasco
superará en su obra sucesiva; no por la raa'nida secuencia del “progreso” literario, sino
porque su no ordinaria inteligencia rechazará
los elementos impuros, intrusos, inútiles, que
impiden al presente libro ser ya un logro to­
tal. El mejor elogio que cabe hacer al novelis­
ta es imaginarlo plenamente consciente de
tales rémoras una vez que el libro se desgaja
de él y asume su temporalidad privada. Va­
nasco ha de advertir ya los frecuentes desali­
ños verbales que enturbian la construcción no
verbal de su novela; las recaídas en el falso
humor, que se oponen a ese humor profundo
que circula bajo el relato y sostiene su traba­
zón dramática; el a veces reprochable desin­
terés con que cumple su tarea creadora, en
una situación que acaso exigía mayor compro­
miso personal de su parte y menos compla­
cencia bedónica.
Por sobre todo esto — a lo que sumo el
prólogo, mucho menos maduro y necesario que
la novela— Sin embargo Juan vivía se ofrece
como una prueba de que en la Argentina em­
pezamos a salir del pozo romántico-realistanaturalista-verista, etc. (No hay varios pozos,
es uno solo y negro). A la labor solitaria de
Borges, de Macedonio Fernández, de Juan Filloy, principia a sumarse — desde sus ángulos
personales— la creación de novelistas y cuen­
tistas jóvenes que, como Vanasco, “ no creen
que algo pueda darse, o ser o hacerse” , pero
parten de esa no creencia para probar sus
fuerzas. Si algunos ven en el surrealismo la
ruta necesaria, Vanasco se planta en un sin­
cretismo donde Ramón, Lewis Carroll. Kafka y
la rué de Grenelle no le impiden jamás ser
él mismo en la síntesis del libro. Una sola
cosa falta en su ebra, y es carga poética; ¿pe­
ro no será un progreso novelesco, no tendrá

rencia y consecuencia implacable que
puede mantener contra todo un hombre
convencido de sus principios, una per­
sona lógica. Lo único que ha conseguido
es aguzar el ingenio de sus lectores has­
ta descubir esa falla, esa debilidad en
su compacta masa, reveladora; de que
ningún barniz puede llegar a modificar
la esencia de lo que recubre. Una sola
frase, su última “ ¿Pero es a s í? ” es
suficiente para revelarnos su íntima de­
bilidad humana frente a todo lo hecho,
tan amarga para su víctima, tan conso­
ladora para nosotros. Y las conclusiones
que de ello podemos derivar son las de
siempre. Que la inteligencia sola no
basta, que una. verdad sola no basta, que
cuando el autor estaba triste no había
principio lógico al mundo que pudiera
alegrarlo, de que ningún hombre por in­
telectual que sea su desarrollo puedo
equivaler a un concepto viviente, y que
detrás de todo silogismo o posición ra­
cional so esconde un acto de fe que
es de un valor esencialmente subjetivo.
No nos preocupemos de los fenómenos
inmediatos que derivan de todo ello.
De las muertes, de los estragos que ideas
creídas han impuesto a los hombres;
más graves que las matanzas de an­
taño, porque éstas se cumplen y segui­
rán cumpliendo fríamente, orgullosamente y sin reconocer más límites que los
que ellos mismos comprenden. Y pen­
semos que lo esencial en la vida no es
seguir ideas blancas, verdes o amarillas
como las de Gramsci, sino que lo esen­
cial de la vida es vivir. Y que para
vivir en su sentido profundo en todas
las ideas hay verdades; y que el fin de
ellas no es de conducir a la muerte a
nadie, sino que son una ayuda, un medio
para la tan cacareada pero esperemos
alcanzable felicidad humana.
III.
¿Lettere del Carcere es un libro que
vale literariamente? La contestación os
dudosa. Según. Como obra de estilo, co­
mo libro rico de creaciones im aginati­
vas, como arte, no. ¿Es un libro inte-

razón el autor al preferir el humor y el puro
juego dialéctico a la incitación sentimental y
lírica? Incluso recuerdo momentos — como el
entero capítulo IX, que me parece perfecto—
donde una poesía de la Inteligencia determina
las situaciones y las conduce con ciega cla­
rividencia (sic).
Sin embargo Juan vivía pone a Vanasco
frente a la exigencia de una obra superior, y
le prueba desde ya que es capaz de dárnosla.
A la inversa de tanto escritor argentino, que
se inicia con su mejor libro para continuar
luego copiándolo con letra cada vez peor, el
contenido virtual de esta novela reclamará de
su autor actualización y desarrollo. V ya que
a Vanasco le agrada sentirse en la línea de
TJlysses, me place decirle que este libro suyo
es también — por analogía—• su retrato del
artista adolescente; lo demás viene después, y
lo está esperando.
J. O.

POESIA INGLESA CONTEMPORANEA, Con los
textos originales, selección y traducción
de William Shand y Alberto Girri. Di­
bujos de Luis Seoane. Nova, Buenos
Aires. 102 pgs. encuadernadas. $. 8.—
m/arg.
La noción de lo contemporáneo se ha visto
tan parcelada en lo que va del siglo ( “ atomi­
zada", diría un contemporáneo bien al día),
que repentinamente se descubren distancias
vertiginosas entro períodos literarios que ape­
nas separa una generación. En esta antología
de poetas ingleses, los cuatro primeros nom­
bres — Owen, Sassoon, Lawrence y Eliot—
parecen pertenecer a una realidad en todo des­
vinculada de la que conviven las obras de los
restantes — Read, Day Lewis, Auden, Spender y MacNeice—-. Así lo han acentuado los
compiladores, guiándose por la cronología y el
doble hito de ambas guerras mundiales; y
aunque la filiación poétictr" (incluso temática)
acerca a todos los incluidos en este libro, no

resante? Sí y de muy grande interés. En
la competición de Viareggio dos libros
centralizaron la atención del jurado. El
uno era la Romana, de Moravia. El
otro el premiado. El libro de Moravia
a pesar de sus méritos, iro representa
para nosotros, aquí en América, ninguna
novedad. Su tema y su contenido son
los de la literatura realista norteameri­
cana, de la que todos tenemos aquí am ­
plios conocimientos. La obra de Gram­
sci no. Es documento. Y Am érica necesi­
ta hoy muchos documentos sobre la
psicología y hechos del v iejo mundo.
P or eso, no obstante de que la obra no
pase de ser intrínsicamente un ensayo,
irregular, con muchos aciertos y algunas
ingenuidades, el libro por premiado ha
salido a la popularidad, y sólo gracias
a ella nosotros hemos podido conocerlo.
Y constatar de “ v is u ” , por primera
vez, la formación p s ico ló g ic a de un
•coherente miembro de las teorías que
bullen tras de la cortina de hierro. Com­
prendemos que en Italia se haya pole­
mizado mucho sobre el particular; es
muy probable que sin la situación ac­
tual do la península ese libro hubiese
quedado limitado a un estrecho círculo
de conocedores. Pero la política lo ha
impuesto y nuestro descarado interés in­
telectual se felicita por ello. Porque nos
permitió reconfirm ar de que no hay nada
de esencialmente nuevo, de que las reac­
ciones humanas disfrazadas bajo cual­
quier color son siempre humanas y que
los esfuerzos volitivos que quieran esca­
par a esa determinación, son estériles,
son vanos, son inútiles.

Librería RODRIGUEZ
El m ejor sitio para Libros
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Inglés y Francés.
Se suscribe a publicaciones
extranjeras.
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Buenos Aires

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las buenas librerías

EDITORIAL

J. E. URlBliRU 1225
T A 44 -4114

es difícil establecer diferencia entre ambos
grupos, diferencia extratemporal y por ello do­
blemente significativa. Es como si los jóvenes
de la segunda guerra fuesen un poco los mis.
mos “ viejos” do 1914, confrontados con una
reiteración de la catástrofe, y reaccionando
ante ella de distinto modo que la primera vez-;
excediendo la mera repulsión, el asco y el can­
sancio. Si Owen, Sassoon o Eliot ven el horror,
la futilidad y la liquidación del mundo 1914-18
(The Hollow Men es su mejor resumen), estos
avalares suyos que se llaman MacNeice o
Read dan un paso adelante, paso que me pare­
ce definitivo para el destino último del hom­
bre; detrás de la vorágine atisban y proponen
la realidad de otro camino que es o puedt
ser salvación. El mundo, para T. S. Eliot, no
termina con un estruendo sino con un plañi­
do; el mundo, para Stephen Spender, puede
estar naciendo y el plañido es ya su veri­
ficación de vida. Así, esta antología empren­
dida inteligentemente por Shand y Girri, es­
labona y articula una continuidad por encima
de las conclusiones individuales de cada poeta,
y aún históricamente vale como permanencia
de valores por sobre las alharacas. Si ambos
grupos se dan la espalda desde un puente de
veinte años, su poesía los excede y los reúne,
alcanza unidad final más allá del hiato de las
generaciones.
Las versiones de esta antología responden a
un exigente deseo de fidelidad. Como ocurre
paradójicamente en tales casos, no siempre
la versión conserva el sentido lato del poema
original, y só que en algún momento estas
obras desconcertarán al lector que no frecuen­
cia o los poetas ingleses. Con todo, es prefe­
rible la severidad un poco seca y a trechos
con^ errores de buena fe, a las versiones donde
la “ personalidad” del traductor cumple la mis­
ma nefasta tarea que el "virtuoso” en la in­
terpretación de la música. Al fin y al cabo,
lo que un libro como éste pretende del lector
es que use las versiones españolas como tram­
polín para sumirse en los textos originales,
que lo esperan fióles en la página de enfrente!
J. C.
El

cam in o

de

E l D orado , por Arturo

Uslar Pietri. Losada, Buenos Aires. 320
Pgs. a la rústica. $ 8.— m /arg.
Si la conquista española de América fue una
gesta donde la acción improvisada por las cir­
cunstancias determinó las hazañas y las catás­
trofes. entonces Arturo Uslar Pietri'acierta con
el tono directo y siempre objetivo de su na­
rración. Con todo, un sumario examen de los
móviles y los individuos, de los imponderables
que subyacen en todo acaecer histórico, tien­
do a probar lo falso do esa concepción y lo
riesgoso do su empleo on el orden literario.
No soy el primero en afirmar que el mag­
nífico fracaso que en su momento representó
Salambo se explica por este voluntario sacri­
ficio de lo oculto a lo superficial, de la razón
al acto. Uslar Pietri sigue (tal vez lo escan­
dalizara la comparación) el método flaubertiano en esta crónica de las andanzas del
tirano Lope de Aguirre. Los hombres se mué'en, luchan, sucumben, traicionan, sin que en
ningún momento se dé al lector la posibilidad
do ahondar en esas corazas y esos petos cas­
tellanos. Una hazaña como la de Aguirre no
se sostiene ni explica con las solas razones
de la codicia y la crueldad. La sublevación del
tirano contra Felipe II, su famosa carta de
desafío, su entrada en el espanto de la selva
y su lóbrego final, exceden los cuadros en
que Uslar Pietri, obstinadamente, ha querido
limitarlos.
Por eso, el escamoteo de lo subjetivo en un
episodio que debió estar tan lleno de sutiles
gradaciones psicológicas, lleva al autor a cier­
tas fijaciones que amenazan con el lugar co­
mún, a frecuentes recetas novelescas que en
rigor son ya insalvablemente anacrónicas. Ci­
taré un caso: casi todos los asesinados (que
jalonan la marcha de Lope de Aguirre) su­
cumben pidiendo confesión a gritos. Si tal co­
sa era reacción natural en la época, Uslar
Pietri se excede al atribuir con tanta regula­
ridad ese deseo final a los moribundos, sobre
todo a aquellos que reciben un cuchillo en la
espalda y el Amazonas sobre la cabeza; pien­
so que ya sabemos algo más sobre lo que
puede esperarse en tal caso do un agonizante.
Estos reparos merecen consignarse, preci­
samente porque El Camino de El Dorado es
una excelente novela en cuanto el talento na­
rrativo do Uslar Pietri logra el difícil equi­
librio entre una tensión que somete irresis­
tiblemente al lector y la reiteración de episo­
dios no muy variados. Es difícil navegar el
entero curso del Marañón sin una fluvial mo­
notonía; el novelista triunfa en base a una
cuidada reconstrucción de ambientes que mu­
chas veces ocupan el lugar que corresponde­
ría a los hombres mismos. Más feliz con el
paisaje que con las almas, Uslar Pietri alza a
primer plano los ríos, las barcas, las sabanas
y las islas; toda la obra está impregnada dq
esa convivencia con lo telúrico que signa la
mejor novelística americana. Y la hazaña es­
pañola — aún monstruosa, como en este caso—
alcanza así una realidad y un relieve que el
tratado histórico le escamotea casi siempre,
cuando no nace de la pluma de un Salvador
de Madariaga o do un Germán Arciniegas.
J. C.
El

h om bre

m as

dinám ico

del

m undo ,

por Damon Runyon. Traducción de Héc­
tor J. Argibay. Ocesa, Buenos Aires.
200 pgs. a la rústica. $ 3.50 m/arg.

A usted le i n t e r e s a or­
ganizar para el nuevo año
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llEFUIinO
Director:

Francisco Arno

CORRIENTES 1133, 2°. B
3 5 -0 8 7 8

Buenos Aires

Harta razón tiene el traductor de estos re­
latos al sorprenderse de que no hayan sido
“ descubiertos” antes por nuestros editores; por
mi parte sostengo desde hace años que los cuen­
tos de Damon Runyon constituyen una obra
maestra del género — género perfectamente de­
limitado por su tema, desarrollo y tratamien­
to, do un rigor poco frecuente en literatura
“ popular” — , y celebro que el lector argenti­
no pueda por fin asomarse a su mundo fasci­
nante, aún con las penosas limitaciones do una
versión casi imposible por los problemas que
planteaba el cspecialísimo lenguaje, la atmós­
fera verbal que nace del sabio empleo del
“ slang” neoyorquino y un super-slaug priva­
tivo de las criaturas do Runyon. El mismo tra­
ductor lo advierte así, con una lealtad que ha­
bla de su meritorio esfuerzo.
So agrupan aquí los mejores cuentos del
autor, y entre ellos Madame La Gimp (de
donde nació aquella película que se llamó
“ Dama por un día” ), “ Caballeros, ¡el R ey!”
(que se malogró en el cine como “ Soldado
profesional” ), LUy, la de Saint Pierre __ que
yo incluiría en cualquier colección de gran­
des cuentos— , y “ Los sabuesos de Broadway” , "Presión arterial” y “ El Cerebro se va
a casa” , que Runyon no sobrepasó jamás. Allí
la delincación do personajes — tan típicos y
diferenciados, tan ellos mismos dentro de la
semejanza que los reúne y explica—, se alía
a un lenguaje d e * na frescura expresiva como
sólo puede darle el habla popular cuando quien
la usa sabe someterla a sus más sutiles fle­
xiones. Si los episodios son ingeniosos como
construcción, no es por ellos que Runyon re­
sulta un gran cuentista: la forma, la resolu­
ción verbal de las situaciones, dan a esos epi­
sodios su eficacia extraordinaria. Los “ tipos”
y las “ pibas” — Princess 0 ‘llara, Harry the
Ilorse, Little Isadore, Big Jule— se fijan en
el recuerdo porque han sido plantados allí con
la misma agresividad y el mismo humor con
que circulan por Broadway y viven sus casi
siempre breves vidas.
De E. C. Bentley. en su prólogo a una an­
tología de Damon Runyon publicada en 1940.
son estas frases: “ No puede usted impedir
que le gusten estos tipos y estas pibas. No
quiero decir que resultara agradable conocer­
los — sobre todo a los tipos— . y menos aún
seguro. Si de mí dependiera, antes preferiría
ir a bañarme en un banco de tiburones, y aún
más rápido que antes (lo siento, pero es im­

posible no caer en el idioma de Runyon cuan,
do so escribe sobre las criaturas de su mon­
te). No quiero decir que usted derramará lá­
grimas cuando Angie the Ox sea enfriado por
Lance McGowan, o cuando Joey Perhaps re­
ciba lo que le está llegando de parte de
Ollie Ortega — que es un cuchillo en la
garganta— . Simplemente señalo que todos
ellos tienen una inquieta, valerosa vitalidad
que le hace agradable tener noticias suyas,
esto es, si usted pertenece al tipo humano
normal, que siempre se ha complacido oyendo
cosas do los desesperados...” Habría que
citar el entero prólogo, verdadera introducción
sistemática al conocimiento de Damon Runyon.
Baste con ello para mostrar al lector que en
esos relatos le espera una realidad a la vez
auténtica e irreal — los términos no se recha­
zan— . poblada por seres dignos de conoci­
miento; sin mencionar la riqueza de humor
que Runyon deja en cada frase, en cada epi­
sodio, en cada presentación de uno de sus ti­
pos, “ que no están en la cárcel simplemente
porque acaban de salir de ella” .
J. C.
L a raíz
M óbili.

por Jorge Enrique
Aires. 92 pgs. a la

verdadera ,

Buenos

rústica.
Con razones, con estados, con climas nega­
tivos y dolientes, Jorge Enrique Móbili cum­
ple obra de poeta al remontarlos a una condi­
ción donde sus limitaciones dan a la luz lo ili­
mitado, donde su pequeñez individual se re­
suelve en infinitud creada y creadora. Todo
es en su libro vastedad gris anochecida
— título de un poema clave— , pero el sostén
poético cumple de nuevo la maravillosa parado­
ja de exigir el dolor para desmentirlo y tras­
cenderlo. Panegírico para un escéptico (que
oreo el mejor poema de este libro) no somete
la visión del hombre que, pasando
con su triste hombría y sn fulgor,
monótonamente so incendia en histórica any pesadamente se espanta y acaece.

[gustia

Eso es existir, pero no es la existencia. En
ol difícil salto do la derrota personal a la
victoria poética — negarse a una poesía do
sola nostalgia— , Móbili entrevé más allá de
esa
criatura que se quema en el tiempo
buscando desnuda un eco que sobreviva a su
[llanto. . .

Existencia
entro el camino de la muerte
sostenida por un rumor, por raíces eternas,
por nos de sangre, por ruidos de metales he[lados,
que so pegan al alma en sus horas de largo
•o
..
.
[extravío.
.rara afirmar, hermosamente:
Valo más este aroma que pasa, esta criatura
sin voz, este rumor de sueño pegado a la tierra
en su impotencia y su larga congoja,
que destrozar el pensamiento esperando la
quo la metafísica buscando lo justo, Refrío*
lo desnutridamente exacto entre la historia’.
La Raíz Verdadera, modestamente subtitu­
lada “ cantos de la adolescencia” , está mucho
más adentro en la edad poética de Jorge En­
rique Móbili. Se advierte en este libro una
voluntad de rigor que a veces enfría el verso,
la elección do materias sin turbio prestigio
estético, la constante vigilancia sobre la ruta;
todo esto es signo do pronta madurez formal;
y si Móbili ha ceñido con demasiada severi­
dad su elocución, cabe decirle que lo creemos
a salvo de todo desfallecimiento futuro: suya
es una poesía que parece esperar viento alto
para henchirse. El se define allí como
una enhiesta soledad, habitando la música.
Tal vez su camino sea ahora el de dejar que
la música habite su soledad enhiesta, darse
a ella sin el temor a lo efusivo — ya no temi­
ble en un cabal poeta como él .—- J. C.

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100 ilustraciones. Por primera vez apa­
rece una edición económica completa,
garantizando sn fidelidad respecto a
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Estas páginas exaltan el valor, el sa­
crificio y el ingenio de los heroicos
gauchos de GUemes, que defendieron
con ardimiento las fronteras de Salta,
en nn momento sombrío de nuestra his­
toria. Sus relatos, por la variedad de
los asuntos y la nobleza del estilo, son
bellos e instructivo *
Con treinta dibujos en color.

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nunciamientos, cuarteladas, fusilamien­
tos y conjuraciones. Batallas, combates
y refriegas. De la introducción: Son
de todos conocidas las gestas de nues­
tros grandes jefes militares; también
las empresas de aquellos civiles, cuyo
patriotismo, con enaltecerlos, glorificó
a la nación entera. Recordarlas es de­
cir la historia de nuestra tierra, pues
nada más cierto que toda figura prócer
es de suyo artífice de un pueblo. Este
pequeño volumen sacará de apuro al
que conozca algo de historia patria.
Ayudará, con suma modestia, asi de­
claro, a quien la haya estudiado con
empeño; y, finalmente, dejará una im­
presión más o menos clara en el ánimo
del ayuno de todo conocimiento.

LAS M ONTAÑAS D E L ORO, por
Leopoldo Lugones ........... $ 6.—
Es la primera obra de Lugones. Extra­
ordinario conjunto do poemas. Conmo­
vió el pacifico ambiente de aquel Bue­
nos Aires de fines del siglo pasado.
Fnó una obra que abrió horizontes nue­
vos a las generaciones de entonces.

FILOSOFÍCULA, por Leopoldo Lu­
gones ...................................... $ 4.50
Ya está visto Lugones como talento
polígrafo: historiador, poeta y educa­
dor. Descuella en todas esas discipli­
nas. Su “ Filosofícula” resulta un con­
junto de sentencias que definen, una
vez más, al genio creador.

La Editorial ofrece estos libros de alto valor literario, compuestos por autores
nacionales y especialmente recomendables para la enseñanza media.
NOTA IM P O R T A N T E : Los señores profesores pueden consultar estas obras
en la biblioteca del establecimiento donde dictan clases, por cuanto hemos
enviado ejemplares a todos los colegios de la República.

Ediciones C E N T U R I O N
BELGRANO 3770
T. A. 45 - 8875

BUENOS AIRES
Rep. Argentina

un brasileño, una serie de estampas y “ man­
chas” vivas, cálidas, ágiles, expuestas con
cariño, comprensión y gran simpatía huma­
na. Sus desconocidos lectores le pidieron en
innumerables recados: “ Vaya, vea y cuente.
Pero describa las ciudades y cosas de tal
manera quo nos deje la impresión de haber
viajado también” .
El reclamo fuó satisfecho con singular ame­
nidad.
Gracioso copista de la realidad, Verissimo
no elude el claroscuro quo puede ofrecer lo
sórdido y desmañado junto a lo limpio y
bueno. De ahí que hablando del suburbio
do una gran ciudad confiese: "Los que aman
la vida aceptando lo que ella tiene de bueno
y do malo encontrarán en este barrio de
Los Angeles los más entretenidos y sugesti­
vos paisajes humanos” . Palpa así, enterne­
cido, estas dos realidades y si bien, no las
capta con hondura logra apresar en cada
caso el dato, la circunstancia o la informa­
ción quo más importa. Do ahí que no sea
necesario en ningún instante apelar a la
voluntad por haberse agotado la atención.
Buen bergsoniano, Verissimo cree en la teo­
ría del cambio incesante entendiendo el tiempo
como algo vivo, lo que significa invención,
creación, de formas, observación continua, ela­

boración. Estamos de acuerdo que todo eso
se halla en Un gato preso en la nieve.
Al promediar las páginas sentimos nostalgia
de reposo. Pero este contemporáneo Simbod
de tierras y mares, ama los renovados ho­
rizontes, las maletas prontas, el continuo va­
gar, el ajetreo por estaciones, aeropuertos,
caminos. Y nosotros, sus insospechados com­
pañeros, lo vamos a la zaga rumbo al capítulo
o nota que se inicia.
Libro de síntesis y urgencia, como los días
quo vivimos, con habituales frases de viaje
y palabras cotidianas. Pero, por eso mismo,
espontáneo, sin tiempo para apelar a pre­
conceptos, de una sinceridad fotográfica y un
humorismo retozón, este Gato preso en la
nievo no es un convite al viaje, sino el viaje
mismo.
De ahí que, con la postrera línea vivamos,
cabal, la sensación de llegar. Nos sacudimos
el polvo del camino, rehacemos nuestra toilette
y no nos sorprendemos cuando el oficial de
inmigración reclama, perentorio, los pasaportes.
Por eso abandono el libro y creo sentir que
me pregunta:
— i Su nombro ?
Maquinalmente respondo:
—NOEMI VERGARA.

gato preso en la nieve , por Erico
A erissimo. Santiago Rueda, Buenos A i­
res. a la rústica. $ 8.— m/arg.

Un

de gentes y cosas, Erico Verissimo, el
brasileño de "Caminos cruzados’
-lusica a lo lejos” , llega ahora a noso
con
Un gato preso en la nieve", agita
en multicolor y brillante caleidoscopio
vida americana.
Figuras o instituciones, hechos y lugares
observaciones profundas y encantadoras na­
derías; una obra que pervive y un almuerzo
o un cocK tail; Thomr.s Mann, Aldoun Huxley
Pearl Buck, Orson Welles o Joan Fontaine’
pero también el Smith o el Thompson d¿
la guía telefónica; ,el ascensorista y el
lustrabotas; o Tommy, el "boy” que cursa
el ' school” y quiere ser inventor; la cele­
bridad y el alma anónima; la tradición y el
presente; ya trópico, ya nieve; Boston Chi­
cago o California; Washington o Nueva York;
ora campo, ora camino, enjambre de mon­
tanas y espejo de mar; lie aquí la esencia
de las notas que integran este libro.
Tri* el "camouflage" de las superficialidad
como para que no amedentren al lector
las 500 páginas— Verissimo. acuciado e in­
fatigable observador, trata de . explicarse y
explicarnos el milagro que cumple y vive
el pueblo norteamericano. Milagro y expe­
riencia que se singularizan por el proverbial
respeto a las instituciones democráticas, el
amor a las 4 libertades; el afán por la prensa
sin trabas, la escuela sin dogmas, la inicia­
tiva privada sin límites, la gran perfección
técnica, la recia capacidad do trabajo, la
fina sensibilidad, la ingenua y retozona ale­
gría y un desconocimiento absoluto del ri­
dículo, al modo latino-americano. Esté últi­
mo aspecto, digno de ser destacado pues que
tanto gravita aún sobre muchas fases de
nuestra vida, en buena parte de los países
sudamericanos, bien se refleja en el pasaje
qu« reproducimos:
Estoy en Chicago — dice Verissimo— .
que en el momento do su relato, atraviesa
una de las céntricas calles nevadas. — Un
chiquillo de cara resplandeciente pasa junto
a nosotros, jinete en su bicicleta.
7— ¡Hey, boy!— grito. — Quiero filmar este
chiquillo que parece una tricromía de tapa
de revista. Imagino la escena dentro de dos
meses en mi casa. Mis hijos, sentados sobre
mis rodillas contemplando la proyección del
film sobre la tela. Y me parece oír:
— '¡Ah! A este niñito lo encontré una
tarde muy fría en C hicago... — El chiquillo
desconocido traba la bicicleta y se acerca;
salto del coche y voy a su encuentro.
Y de súbito — traiciones del hielo del
camino— me resbalo y caigo. Miro al niño
esperando su carcajada. Pero se apresura a
llegar ansioso y me dice.
— Qué pena, sir: i Se ha lastimado!
— No ha sido nada.—
—Me llamo Tommy. Mucho placer en co­
nocerlo . . ”
Este episodio al parecer intrascendente y
menudo muestra Norteamérica de cuerpo en­
tero: y con ella uno de los secretos simples
del porqué de su grandeza.
El estilo netamente periodístico y moderno
del libro le imprime un pulso agitado, (a
veces como de avión a chorro) ; por momen­
tos sentimos que el autor no haya viajado
en la lenta carreta de Azorín por las rutas,
esta vez, de Washington, Longfelow Roosevelt o Whitman; menos anchos, más hondos
los vagares.
Pero, negación o bondad, eso mismo hace
de estas impresiones do América vistas por

POR

RAZO N ES

DE

M EJO R

S E R V IC IO

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tamente sólo los pedidos por correspondencia. Tiene
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�14

ca b a lg a ta
PERSONAJES

Cristina ,
E duardo, .oí marido.
S ebastian, amigo de ambos.

SO años,
más o
menos.

ACCION
JTacc dos o tres meses.
LUGAR
Una isla desierta. Estamos en el pico
más alto, coronado por un palo que sirve
de asta a algunas camisas de colores chi­
llones, que hacen de banderas. El pico da
al mar, un mar muy luminoso en ese claro
mediodía que derrama su luz total sobre
una naturaleza risueña. Unos escalones na­
turales, irregulares pero útiles, permiten
ascender al pico.

a d v e r t e n c ia

Como no es una obra de clima, la di­
rección podrá resolver los problemas es­
cénicos que se le planteen sobre la base
de que lo esencial del ambiente físico es
su incomunicación con el mundo civilizado.
En otras palabras, puede ser una isla tro­
pical, o una isla del Mar Artico.
La indicación de tiempo es puramente
escénica y quiere evitar la ligadura de las
frases que separa. Por silencio &lt;
st enten­
derá una pausa más o menos breve.
Al levantarse el telón Sebastian
está recostado contra el palo, de
perfil al teatro. E duardo, tirado
en el suelo de cara al cielo, una
pierna sobre la otra, mastica una
hierba, y se dirige a Sebastian
al cabo de un instante, sin ad­
vertir que éste se halla muy re­
concentrado en sí mismo.
algo afiebrada.
Cristina. — Estoy bien, querido (Transi­
ción) ¡Qué decías de Sebastián?
E duardo. — Lo encuentro muy mal. ¿ Te
has dado cuenta?
Cristina. — Sí, está mal.
E duardo. — (Le ha tomado las manos en­
contrando algo en ellas) ¿Y esto?
Cristina. — M ira ... encontré estas cuen­
tas cerca del avión. ¿Las recuerdas?
(Se las muestra)
E duardo. .— ¡Qué curioso! Terminaré por
creer que tenemos demasiada suerte.
Me apenó mucho haberlas perdido.
Cristina . — Hay que enhebrarlas.
E duardo. — Toma. (Le da la hierba que
masticaba)
Cristina. — (Se sienta al pie del pico.
Empieza a enhebrarlas. Un silencio,
durante el cual E duardo la mira, lle­
no de amor) Una pregunta, querido.
E duardo.— (Yendo vivamente hacia ella, a
cuyo lado se sienta) ¿Tú me haces
una pregunta? Soy feliz. Di, ¿qué
quieres saber?
Cristina. — (Después de un silencio) ¿Po­
dremos salvarnos?
E duardo. — (Algo en juego, casi a pesar
suyo) ¡Nuestro amor nos condena!
(Intenta abrazarla)
Cristina. — (Lo rechaza suavemente, sin
prestarse al juego) ¿Crees que podre­
mos salir de aquí alguna vez? (Muy
cariñosa, pero seria) Y no vuelvas a
repetirme que estamos en la ruta de
los vapores.
E duardo. — Es la verdad.
Cristina, — No puede ser. No hay ningu­
na ruta de vapores que no dé señales
de vida durante cinco meses.
E duardo. — Te aseguro...
Cristina. — (Lo interrumpe) Ya vas a
mentir, querido. Se te ha movido un
na do tus quince años do amistad fe ­
liz? ¿No podremos encontrar una
solución? .
E duardo. — (Después de un silencio. Con­
movido.) Perdóname.
Cristina . — Salgamos de aquí cuanto an­
tes, Eduardo. ¿Por qué le tendremos
más miedo al mar que a nosotros mis­
mos? Esa balsa. . .
Eduardo. — (La interrumpe.) Sí, la bal­
s a ... Cuanto antes... (Transición.)
Mo has dicho cada cosa ... Tú, Sebas­
tián, y o ... Te quiero tanto, ¿com­
prendes?... Te quiero tanto que to­
do mo hiere si te hiere. (Va hacia ella
y la abraza apasionadamente.) Gra­
cias, mi amor. Tú me llenas de com­
prensión, de paz, y yo nazco cada día
de tus manos. (Tiempo.) Anoche lo
pensé. Vine aquí mismo, subí al pico
y me quedé mirando el mar. Había
una luna muy grande, ¡recuerdas?
El íflindo tenía un aire de fantasma.
Y yo pensaba que del otro lado del
mar, en alguna parte, había gente que
vivía de alguna manera, la misma gen­
te con la cual seguramente nos ha­
bremos encontrado y conversado más
do una vez. Pero yo tengo lo que to­
dos buscan. Un puro amor. Podía pen­
sar que estábamos perdidos en un ex­
tremo del mundo, que nos envolvía una
alta noche lunar, y que detrás de ella
sólo existía la nada. ¡Pero tú eres un
acto de gracia y destruyes la nada,
creas mi razón de vivir, la alegría de
mis pasos, el júbilo feroz de saber que
estoy vivo para siempre! ¿Me quieres?
Cristina . — Sí.
E duardo. — (Jubiloso, casi incrédulo, ba­
jo.) ¿Me quieres?
Cristina . — Sí.
E duardo. — No termino do creerlo. Vuelve
a decirlo, mi amor. Nunca creí que
una sola palabra pudiera ser tan im­
portante. Tú dices “ sí” , pero yo es­
cucho otra cosa.

E duardo. — Mira esa nube. . . tiene la
forma de una cara de nariz ganchu­
da. . . Y ahora se parece a uir mapa
de Portugal. Basta un poco do viento
a mil metros de altura para trans­
formar una cara en un mapa.. .
( Tiempo) ¿Has notado qué raro es
hoy el azul del cielo 1 Así, con esas
nubes transparentes que corren y se
deforman, y con un sol tan fuerte
e inmóvil, parece un cielo de esceno­
grafía. ( Tiempo. Se levanta repenti­
namente) ¡ Mira, mira qué gaviota!
(La sigue ansiosamente con la mi­
rada y hace un gesto de disparar.)
|Ah, si tuviera un f u s i l ! . .. (V a ha­
cia Sebastian .) ¿Te gustaría una
pata de gaviota con ensalada de
algas?
Sebastian. — ¿Si hablaras menos y fue­
ras a encender esa hoguera, que no
funciona? (Un señalado con la cabeza
hacia dentro).
E duardo. — Robinson no me lo perdonará
nunca. (Vuelve a tirarse en el suelo.)
Se me ha ocurrido que si desde algún
barco llegan a ver este palo de mala
muerte con las camisas, y el humo de
la hoguera, pensarán que son signos
propios de una isla habitada, y no el
llamado angustioso de unos náufragos
inexpertos... Deberíamos inventar al­
go más dramático y menos usado. (Un
silencio) Sebastián... (Levanta la
cabeza y la voz, extrañado por el si­
lencio de su amigo) Sebastián. . .
Sebastian. — (A lgo sobresaltado) ¿Qué?
E duardo. — Mediodía. Tengo hambre.
S ebastian. — (Se despereza un poco; de
pronto, algo llama su atención) Se
diría. . . (Se yergue y mira fijamente
hacia un punto lejano del horizonte.
E duardo ha dado dos saltos hacia él,
pues ha notado algo raro en su voz,
y comprende)
E duardo. — ¿Ves algo? (Un silencio ex­
pectante)

Sebastian. — Creo que es una columna
de humo. (Silencio)
E duardo. —- No veo nada.
Sebastian . — Hay bastante bruma del
otro lado. (Silencio) No... no es nada.
(Desalentado) De cualquier modo de­
be servirnos de lección. La hoguera
estaba apagada. (Transición brusca)
¡Cualquiera creería que te gusta estar
perdido en esta isla infame! (Baja
hacia E duardo) ¡ Seis meses sin ver un
barco!
E duardo. — Cinco, no seis.
S ebastian . — ¿Te parece poco? Cinco me­
ses comiendo conservas y frutas, dur­
miendo entre los restos de un avión
destruido, esperando todos los días un
barco que no llega.
E duardo. — Juraría que estamos en la ru­
ta de los vapores.
Sebastian. — Será una vieja ruta pirata,
y ya no hay piratas, maldita sea In ­
glaterra. .. (Tiem po) Pudimos haber
capotado en otros mares. (Pausa. En
un estallido) ¡Y lo peor es tener que
estarse aquí de brazos cruzados, sin
poder hacer nada, esperando y espe­
rando que el buen Dios se acuerde de
nosotros, o que algún capitán borracho
piérda la ruta y pase por estas aguas!
(Pausa)
E duardo. — ¿Vamos a comer?
S ebastian. — ¡No tengo ganas do comer!
E duardo. — ¿ Mal humor ?
Sebastian . — Vuelvo a insistir en la cues­
tión de la hoguera, Eduardo. Esta es
la segunda vez que lo olvidas. Debe
estar encendida día y noche, ¿com­
prendes? (Sonríe, con cierta ironía)
¿No es nuestro lema “ Tres para uno
y uno para tres?” (Con un matiz
amargo y desesperanzado, para si) Y
cada cual para sí.
E duardo, -r- (Que no ha escuchado esto úl­
timo) Admito que no hay muchos mo­
tivos para estar contentos, pero las
cosas pudieron haber salido peor. Pu­
dimos habernos matado en la caída, o

poquito el labio superior. (Tiempo)
Es absolutamente necesario que me
digas la verdad, Eduardo.
E duardo. — (S orpren d id o) ¿A bsolutamente?
Cristina . — Sí. ¿ Qué posibilidades tene­
mos de salir de aquí?
E duardo. — (Se levanta. Fastidiado, des­
pués de cierta vacilación) Sé tanto
como tú. No vale la pena mentir.
(Transición) ¿Por qué tan preocu­
pada?
Cristina . — ¿No podemos intentar nada?
E duardo. — ¿Qué?
Cristina. — La balsa.
E duardo. — ¿Tú también? Hace un ins­
tante me lo volvió a proponer Sebas­
tián. ¿No comprendes que es una aven­
tura sin sentido? ¿Hacer una balsa
con un cuchillo y los dientes para per­
dernos en medio del mar y terminar
comiéndonos unos a otros, o en boca
de algún tiburón? (Silencio.)
Cristina . — ¿No hay nada que hacer?
E duardo. — Esperar. Es lo más sensato.
(Transición) ¿Por qué has querido
saber absolutamente la verdad?
'
Cristina. — Por Sebastián.
E duardo. — (Sorprendido) ¿Por él y no
por nosotros?
Cristina . — P or él, y por nosotros,
Eduardo.
E duardo. — Lo dices de un modo. . .
(Transición) Te comprendo. ¿Crees
que no quisiera estar ya en nuestra
casa, tranquilos, lejos de este lugar
incierto? A veces me siento suspendi­
do sobre el agua, caminando a ciegas,
descorazonado, con ganas de caerme
y terminar de una vez. Entonces, me
sucede que pienso en ti, y siento que
mis piernas se apoyan de nuevo so­
bre la buena tierra y que tú y yo
Cristina. — Sí. (E duardo la abraza.) Yo
también nazco de ti; nazco de tu be­
so de la mañana, de tu fuerte abrazo
nocturno, del amor que me das. (Se
miran muy tiernamente.)
E duardo. — Gracias. Nunca dejes que me
pierda. (Transición.) Voy hasta el
avión. Veré con qué contamos. (Sale.
Ella permanece un instante en silen­
cio, mirando cómo se aleja. Luego,
sube al pico. Advierte las cuentas y
las recoge. Mientras las enhebra can­
ta la 'misma canción, con un tono
preocupado y casi inaudible. Entra Se­
bastian con una red primitiva en la
mano. Camina rápidamente, pero se
detiene al escuchar la voz de Cristi­
na, pues no la ha visto. Un instante
así. Breve lucha en él. Quiere seguir
de largo, pero ya no puede. Lenta­
mente se acerca hacia ella, que no lo
advierte, pues se halla de espaldas al
teatro.)
Sebastian. — (Habla desde abajo; está
■en la base del pico.) Cristina... (Ya
su tono la requiere.)
Cristina. — (Sorprendida.) Mo asustaste.
Sebastian. — ¿Dónde está Eduardo?
Cristina. — Fué hasta el avión.
Sebastian. — ¿Para qué?
Cristina. — Piensa que podría intentarse
la aventura de la balsa, y quiere ver..
Sebastian. — (La interrumpe.)¿Te lo ha
dicho?
Cristina. — Hace un instante.
Sebastian. — Antes de que tú llegaras mo
había dicho lo contrario.
Cristina. — Ha cambiado de opinión.
Sebastian. — ¿Lo convenciste tú? (Ella
calla.) ¡L o convenciste tú?
Cristina. — Sí.
Sebastian. — ¡ Por qué? (Ella calla.)
¿Juegas a hacerte repetir las pre­
guntas, Cristina?
Cristina. — Cuando son tontas, sí. (Baja
hacia él, pero Sebastian se vuelve.
Ella lo advierte y se detiene.) Con

Pablo Palant

ESTA MUJER,
M IA
TRAGEDIA EN UN ACTO

a SIMON W ENCELBLAT

un poco de suerte podremos salir de
aquí. ¿-No quieres ver de nuevo a tu
Isabel? Y o la extraño.
Sebastian. — ¿La encontraré?
Cristina . — ¿Qué dices?
Sebastian. — Cinco meses.. .
Cristina . — Cinco días, Sebastián.
Sebastian. — ¡No, cinco meses! Pueden
cansar, desesperar, crear olvido. ¡Qué
se puede saber? Cinco meses hasta
hoy. ¿Y desde hoy? La balsa no es una
alfombra mágica, Cristina. Apenas un
poco de madera sobre un mar de tor­
menta. Demasiado poco para una ola
caprichosa.
Cristina . —-¿Prefieres quedarte aquí?
Sebastian. — (Rápido) ¡No, no! (F ila s e
sienta sobre uno de los escalones, y
reanuda su labor. Un tiempo.) ¿Qué
haces?
Cristina. — Enhebro las cuentas que me
regaló Eduardo el día de mi cumple­
años, ¡te acuerdas? Creía haberlas
perdido, pero las encontró esta maña­
na al lado del avión. (Un silencio.)
Sebastian. — Fué una linda fiesta.
Cristina . — Esa noche me puse un traje
rojo.
Sebastian. — Isabel también. Me acuerdo,
s í . . . Bailamos mucho. D espués...
(Un silencio. Bajo, con intención.)
¡Verdad que fué una linda noche pa­
ra todos, Cristina? Eramos dos her­
mosas y fuertes parejas que se ama­
ban.
Cristina. — Tú con tu Isabel. Pronto la
tendrás de nuevo.
Sebastian. — ¿Qué quiere decir pronto?
No es lo mismo para todos. Para mí,
cada minuto es un día, y en una se­
mana envejezco un año. No quiero
envejecer así, no me gusta. (Silen­
cio.) ¿Qué quiere decir pronto, Cris­
tina? (Tiempo.) ¿Callas ¡ (Tiempo.)
¡ La palabra pronto es una trampa as­
querosa inventada por los que no tie­
nen apuro! Y y o . . . (Calla. Ella se da

quedarnos sin provisiones, o enfermar­
nos de cualquier c o s a ... Después de
todo, hemos tenido mucha suerte. Sal­
varnos precisamente los tres. Este pe­
llejo que nos aprieta respira por mi­
lagro. ¿ Y si hubiéramos caído en una
isla llena de caníbales?
Sebastian. — (Irritado) ¡Y a no hay caní­
bales! (Desde adentro se oye la voz
de Cristina , quien canta “ Mi desola­
do corazón’ ', de Tschaikowsky. La voz
se acerca) Cristina parece contenta.
(H ay un ligero, casi imperceptible es­
tremecimiento en su voz. Cristina ca­
lla)
E duardo. — Habrá encontrado lindas fru ­
tas. ¿No la notas algo desmejorada?
(Tiem po) ¿No?
Sebastian . — (A lgo turbado) No. (Tran­
sición) Pienso que si no nos encuen­
tran pronto la pasaremos muy mal.
Esto se pone muy feo, Eduardo. Por
mi parte, no tengo ninguna vocación
de Robinson Crusoe...
E duardo. — Yo tampoco. (Tiem po) Ano­
che soñé,con la ciudad. Y o me perdía
en una calle, y luego tú y yo estába­
mos solos eir un coche. Tú guiabas
y me llevabas a unos lugares maravi­
llosos, y y o . ..
S ebastian. — (Lo interrumpe, fastidiado)
¡Y o no sueño nunca!
E duardo. — Yo sueño mucho, pero casi
siempre me olvido (Pausa)
S ebastian. — He vuelto a pensar en la
balsa, Eduardo.
E duardo. — (Con cierta irritación, levan­
tándose) ¿Otra vez? ¡N i que fuésemos
personajes de Salgari! ¿Te sientes al­
mirante de mares de tormenta? ¿Lar­
garnos por unas aguas más o memos
llenas de tiburones como si fuera el
lago del parque? ¡N i siquiera sabe­
mos remar! (Tiem po) Lo mejor es
esperar aquí, Sebastián. Al menos esta­
mos seguros, y nada nos amenaza.
(Silencio. S ebastian vuelve a subir
al pico. Se oye la voz de Cristina .

S ebastian se acuesta, mientras E duar­
do se dirige a un costado y escucha
enamorado la voz de su mujer. Cuan­
do ésta cesa, se vuelve hacia S ebas­
tian . Repentinamente, recuerda algo)
¿Sabes que hoy es quince de enero?
Sebastian
¿Quince d e ... (Sorprendi­
do) ¿Ya?
E duardo.
Quince años que nos conoce­
mos. Recuerdo mucho ese día. Esta ma­
ñana pensé que es casi milagroso que
hayamos podido ser amigos durante
tanto tiempo. Se lo dije a Cristina, y
a ella también le parece casi impo­
sible.
S ebastian. — ¿Te dijo eso?
E duardo. — ¿Verdad que las cosas que du­
ran dan un poco de miedo? (Tiempo)
A veces, pienso que Cristina tiene ce­
los de nuestra amistad. ¿No le pasaba
lo mismo a Isabel?
S ebastian. — Has dicho pasaba. (Un si­
lencio)
E duardo. — La echas do menos. (Tiempo)
Pobre Isabel. .. Pensará que has
muerto. (S ebastian se pone de pie y
se toma del palo. E duardo intenta un
gesto hacia él, pero se detiene. Vuelve
a oírse la voz de Cristina , que se
acerca. Cuando E duardo se vuelve se
encuentra con ella, que entra)
Cristina . — (Con unas frutas en las ma­
nos) ¡Mira qué lindas frutas, Eduar­
do! (A l escuchar la voz de Cristina ,
Sebastian baja rápidamente. Ella le
ofrece una fruta) ¿Quieres?
S ebastian.— (La toma.) Gracias. (A
E duardo.) Voy a encender la ho­
guera. (Sale.)
E duardo. — (Después de un instante, du­
rante el cual ambos miran hacia Se­
bastian ) Le hablé de Isabel. Se ha
puesto muy triste (Tiempo. Fastidia¡»
do) ¡Está cada día de peor humor!
(Transición) ¿Cómo estás, criatura?
(L a abraza) A v e r ... (L e toma la
cabeza entre las manos) ¿Cómo te sien• tes? Anoche me pareció que estabas

estamos juntos, vivos, y que todo es
posible, puesto que nos queremos. (A l
advertir que Cristina se ha quedado
ensimismada) ¿Qué tienes, mi amor?
Te encuentro tan.. . tan preocupada.
(H a vuelto a sentarse al lado de ella
y parece querer protegerla entre sus
brazos).
Cristina . — Estoy muy preocupada. (Si­
lencio.) Estoy muy preocupada a cau­
sa de Sebastián.
E duardo. — (Sorprendido) ¿Otra vez, Se­
bastián? (Silencio.)
Cristina . — (Decidida.) ¿Por qué crees
que está así?
E duardo. — (A lgo
desconcertado.)
Me
parece natural. ¿Acaso n osotros?...
Cristina . — (L o interrumpe.) ¿Te parece
natural que me huya y que encuentre
cien pretextos para alejarse cada vez
más de nuestro lado?
E duardo. — (Idem .) No entiendo.
Cristina . — ¿N o? (Un silencio.) Es muy
seneillo, querido. Hace ciueo meses
que estamos solos en esta isla. Y él
está más solo que tú y yo. (Un silen­
cio.) No tiene mujer.
E duardo. — (Idem .) Claro. . . (Silencio.
Repentinamente.) ¿V te h u y e ... (Ca­
lla y se levanta, muy preocupado.
Cristina advierte su desconcierto y
se levanta hacia su marido a tiempo
que éste la enfrenta secamente.) ¿Te
ha dicho algo?
Cristina . — No
E duardo. —•¿ Cómo puedes estar segura,
entonces?
Cristina . —•Lo adivino. Me mira, y adi­
vino cómo me mira detrás de sus ojos;
comprendo cómo se domina para no
traicionarse; siento que yo soy el ori­
gen de su deseo y de su daño, porque
soy la mujer que necesita, pero mo le

pertenezco. Y a cada instante temo
que no pueda dominarse y me diga
lo que no quisiera escucharle jamás.
E duardo. — (Se pasea nervioso e inquie­
to. Después de un silencio.) ¿Cuánto
hace que lo sabes?
Cristina . — Hará diez días.
E duardo. — No me dijiste nada.
Cristina . — No era fácil. (Tiempo.) Pe­
ro ayer comprendí que esto no puede
continuar. Sebastián me dio pena.
E duardo. — ¿Sólo pena?
Cristina . — ¿Qué más? (Silencio.) ¿Qué
piensas, Eduardo?
E duardo. — Que sólo te dió pena. Yo sien­
to como si su deseo ya te hubiera al­
canzado.
Cristina . — ¿Ya?
E duardo. — No puedo soportar que piense
en ti. (Tiem po.) ¿Qué has pensado
tú?
Cristina . — Tenemos que salir inmediata­
mente de aquí, Eduardo.
E duardo. — ¿ Cómo ?
Cristina . — De cualquier modo.
E duardo. — ¿ Tienes miedo ?
Cristina . — No, pero. ..
E duardo. — (L a interrumpe.) Sebastián
no será capaz de nada.
Cristina . — ¿Te basta con eso? (Tiempo.)
¿Podremos soportar su soledad y sa­
ber que sufre a causa del amor que
nos tiene y del deseo que lo destruye?
¿N o le daremos un poco de paz, no
lo intentaremos, al menos? '
E duardo. — Sí, c la r o ... (Silencio.)
Cristina . — (Tierna, persuasiva.) Hace
diez días que sufro mucho, mi amor.
Hace diez días que quiero creer que
es un error, pero no he podido. Ayú­
dame, estamos a tiempo de salvarlo
todo. ¿N o es Sebastián tu amigo del
alma? ¿N o me hablabas esta maña­

vuelta. Transición, bajo) Perdóname.
Pero tú sa b es... Y o sé que sabes.
(Ella se pone de pie y se aleja) Y
me hace bien hablar.
Cristina . — Será mejor callar, Sebastián.
(Se vuelve hacia él.) Quisiera que pu­
diéramos mirarnos siempre de frente.
Sebastian . — Oh, mirarnos de fr e n te ...
He olvidado bastante todas esas co­
sas . . .
Cristina . -— Yo no.
S ebastian. — Ayer vi cómo te besaba
Eduardo. (Silencio.) A veces, pienso
que no he besado nunca a una mujer,
pero una extraña sabiduría me dice
cómo es, y hasta creo recordarlo. El
corazón tiene dos labios, Cristina, y
yo tengo corazón y espero. ¿Qué mila­
gro espero? ¿No tienes para mí el
mismo rostro de Isabel? (Tiem po.)
¿No tendrás también su sabor?
Cristina . — (Ha palidecido.) ¡N o quiero
escucharte más, Sebastián! (Tiem po.)
S ebastian. — (Urocura dominarse.) Y yo
no quiero volver a hablar. (Silencio.)
Quiero mucho a Eduardo. Es mi me­
jor amigo, y yo lo quiero. Una vez le
salvó la vida. Entonces éramos mu­
chachos, y yo sentía un secreto orgullo
por haberlo hecho, y hasta me conside­
raba su acreedor. (Tiempo, amargo.)
Claro, no soy su acreedor.
Cristina . — Ve a ayudarlo. Cuanto antes
salgamos do aquí, mejor. Piensa en
la alegría de Isabel.
Sebastian . — No tengo alegría. No puedo
pensar en la alegría de nadie.
Cristina . — Yo recuerdo a un Sebastián
que se reía mucho.
Sebastian . — So le murió la risa en un
accidente do aviación. Ahora está en
una isla desierta con Eduardo y Cris­
tina, y le pasan cosas extrañas. ¿Cris­
tina o Isabel? Las conoce muy bien,
pero ya no puede distinguirlas. Las
dos se han vuelto una sola para él.
(Tiem po.) Ayer, cuando Eduardo te

besaba, sentí que el mundo se detenía
y que los tres rodábamos a través de
un espacio interminable. Cerré los ojos.
Pero no podía dejar de ver su boca y
la tuya, ni cómo te rodeaban sus bra­
zos, ni cómo te entregabas. (Silencio.)
No quiero humillarte, Cristina. . . pero
es necesario que yo también te bese.
Cristina . — Tú sabes que quiero a Eduar­
do.
Sebastian . — Lo sé. Por eso te digo que
no quiero humillarte. Pero todo mi ser
mo lleva hacia ti. (Comienza a subir
hacia ella.) El aire de tus palabras
mo inflama, Cristina. Y a no hay paz
que no nazca de ti. Es demasiado tar­
de. Pero no daré un paso atrás. Ca­
mino, pero retrocederé. (Se detie­
ne.) ¿Ves? Me lio detenido. (Transi­
ción.) Ahora veo tu rostro, y sé que
eres Cristina, la mujer de Eduardo, y
él es mi amigo y yo lo quiero y res­
peto. Todavía no daré un paso. Quizá
no sea necesario. (Verdaderamente
desesperado.) ¡E s necesario que no
sea necesario! (Tiem po.) Está ma
que to diga estas cosas, Cristina. Pe
ro tú tienes una boca que besa, y yo|
también. (Tiempo. Avanza.) A uelvOj
a buscarte, ¿ves?
Cristina . — No sigas, Sebastián.
S ebastian . — ¡D ices que me esperas? (Ea
otro paso.)
Cristina . — Digo que te detengas.
S ebastian . — ¿Quieres que me apresuro!
Cristina .— Estoy dispuesta a defenderme
Sebastián; y a ti también. Lo qu&lt;
haces es muy cruel.
Sebastian . — No sabría hacer otra cosa
¿ Crees que he perdido la cabeza ? Nun
ca estuve tan lúcido como ahora. Tam
bién mi cabeza me ordena que dé otn
paso. ¿Ves? (L o ha dado.) Antes fui
mi gran enemiga, ahora es mi gruí
aliada.
Cristina , —•¡T e engaña!

�ca b a lg a ta
Sebastian. —'M e da órdenes que me gus­
tan.
Cristina-----¡Te destruye!
Sebastian. — Prefiero terminar de una
vez.. (En un estallido de desespera­
ción.) ¡Ah, ei yo pudiera ver tu rostro
verdadero! (Ha acercado a ella su
boca ávida.) ¡Si yo pudiera no de­
searte!
Cristina. — (Ha permanecido inmóvil, a
pesar suvo, dominada por vn instante
a causa del fervor e intensidad del
deseo de S ebastian , pero no más de
un instante. Ha jo . reflexiva, casi como
un comentario.) Si yo pudiera no com­
prenderte. . . (P ero cuando (l la va
a besar, ella huye y grita en vos ba ja,
espantada, incapaz de dar ese beso, cu­
ya necesidad comprende, pero oue todo
su ser de amor rechaza.) ¡Eduardo!
(P ero él ha alcanzado a poner su ma­
no sobre ella y le ha desgarrado un
poco la ropa, y también le ha roto el
collar, cuyas cuentas se dispersan.)
S ebastian . — (La sigue y la toma violen­
tamente entre sus brazos.) No juegues
conmigo, Cristina. .
E di' ardo. — ( Desde adentro, gozoso.) Cris­
t in a ... (Un grito largo, prolongado,
que contrasta con el seco nombre de
Cristina que acaba de pronunciar Se­
bastian . Este se detiene al oír la voz
de su amigo y suelta a Cristina , estu­
pefacto al comprobar qué ha hecho.
Sube al pico lentamente, mientras ella
intenta poner un poco de orden en sus
ropas. En ese momento entra E duar­
do, corriendo.) C ristin a... (Pero pa­
lidece y calla súbitamente. Capta todo
en el acto. En un gesto de violencia
instintiva se lleva la mano al corto
puñal que le pende del cinto y da dos
pasos hacia S ebastian , que no lo ve,
pues le da la espalda. Pero Cristina
le cierra el paso y forcejea con él,
breve, pero intensamente. E duardo de­
siste. Ve un botón en e l •suelo y lo
recoge.) So te ha caído un botón, Cris-

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tro cuando me ves, cómo te abrazo y
cómo me estrechas, cómo desaparezco
y cómo te mueres, y qué juntos, ju n ­
tos estamos! (L a abraza breve y es­
trechamente y de pronto se da vuelta
hacia él.) ¡Ladrón! (Pausa larga.)
Cristina. — (B a jo.) No te ha robado
nada, Eduardo.
Eduardo. — Como si lo hubiera hecho. No
es capaz do mirarme.
Cristina. — Tuvo un momento de extra­
vío. Lo lamenta más que nosotros.
Eduardo. — ¿Basta con eso? ¿Debo sopor­
tar que to haya ofendido?
Cristina. — No a mí, Eduardo; no es a
mí a quien quiere, ¿comprendes?
Eduardo. — ¿ Por qué he de comprenderlo ?
(Transición. A S ebastian .) ¿Tienes
algo que decir, Sebastián? ¿Nada?
Sebastian. — (D espués de un corto silenlencio, se vuelve hacia él.) ¿Eres capaz
de escuchar?
Eduardo. — ¡H abla!
Sebastian. — Cristina. . .
Eduardo. — (L o interrumpe.) ¡T u deseo
es infame!
Sebastian. — Mi deseo es inocente.
Eduardo. — ¡ Con inocentes como tú al­
muerza el diablo todos los días!
Sebastian. — (B a ja .) Eduardo, he queri­
do evitar esto con todo mi corazón.
No he podido, no puedo.
Eduardo-----No me importa, Sebastián.
Sebastian. — ¿Es todo lo que tienes que
decir? ¿Que no te importa?
Eduardo. — ¿Debo
alegrarme?
¿Debo
aceptarlo? ¿Debo cruzarme do brazos
y esperar a que vengas a tomar a mi
mujer? (Un silencio.)
Sebastian. — ¿N o tengo ningún derecho?
Eduardo. — (E stu pefacto.) ¿Dices?
Sebastian. — Te pregunto si no tengo nin­
gún derecho, Eduardo.

padre y mi madre, mi corazón nupcial?
¿No sabes aún que yo he nacido para
escuchar la voz más secreta de su
alma, y que puedo adivinar hasta el
► peso de una mirada sobre su cuerpo?
¿No comprendes que hemos fundado
un amor, y que ella y yo somos un
solo ser, un solo designio? (Tiem po.)
¿De qué justicia hablas, Sebastián?
(Pero éste se ha alejado, y calla.)
Cristina . — (Que se lia ido acercando a
él y lo ha tomado amorosamente de
i un brazo mientras habla. Después de
un corto silencio, muy tierna.) ¿No
habíamos hablado de una balsa?
Sebastian. — (S e vuelve hacia ellos, irri­
tado.) ¡N os llevará un millón de años
hacerla!
Eduardo. — (Lleno de desprecio.) ¿Una
balsa con nosotros tres? ¡A llí donde
yo esté me seguirá el deseo asqueroso
du mi am igo!
Cristina. — (Desesperada al advertir la
resolución de los dos hombres.) ¿E n­
tonces? (Silencio. Espera una respues­
ta imposible.) ¿Qué haremos? (Silen­
cio. Incrédula.) ¿Debo decidirlo yo?
Eduardo. — (Sorprendido.) ¿T ú ? ¿Decidir qué?
‘■ bastían. — ¿Y a lo has decidido?

tina. (Se lo da con un gesto rápido.
Ella lo toma lentamente. El habla con
rapidez y en voz baja, contenida.) Mi­
r a . . . y aquí hay más cuentas para
tu collar. (Las toma del suelo y se
las da. Pero las deja caer antes de
que Cristina haga ademán de reco­
gerlas.) Cualquiera diría que te han
roto el co lla r.. . (L o ha dicho en vos
alta, hacia Sebastian .)
Cristina . — (B a jo) Ven, Eduardo. .. sal­
gamos de aquí. (Intenta alejarlo.)
E duardo. — (La rechaza.)¿P or qué? Este
lugar es hermoso. (Habla con ella,
pero siempre hacia Sebastian .) ¡Mira
qué sol, huele qué aire! (A lto.) Un
mundo de fiesta para la fiesta de dos
amigos del alma! ¡Eh, Sebastián!
(Sube hacia él.) ¿Vamos a bebemos
una buena botella de licor?
S ebastian . — (Sin volverse.) No tengo
ganas de beber.
E duardo. — ¿Cómo? ¿No estás contento?
¡Quince años de vemos nuestras lin­
das caras! ¿O prefieres champaña?
¿Recuerdas la botella que gané en la
kermesse? La compartimos. No sé si
te lo dije, Cristina. Siempre nos gustó
compartir las cosas. Cigarrillos, hojas
do afeitar, libros, y hasta el ropero
y el canasto de la ropa sucia en el
club. Dos hermanos, claro. . . Quien
hablaba de Eduardo hablaba de Se­
bastián. Dos a m ig os... Alguno me
hizo una broma tonta cuando supo
que tú y yo nos queríamos, Cristina,
y me costó trabajo explicarle que
hasta la amistad tiene un límite.
(Tiem po.) ¿Verdad que así son las
cosas, Sebastián?
S ebastian . — Así son.
E duardo. — (En un grito.) ¿Lo has olvi­
dado?
Cristina . — ¡ Basta, Eduardo!
E duardo. — (Id em .)¡L o bas olvidado?
(U n silencio. Transición.) De cual­
quier modo, no tenemos licor. No te­
nemos bien alguno en este rincón del

paraíso. ¿O lo tenemos? ¿Tienes tú
alguno, Sebastián? (Casi en el rostro.)
¿Algún noble pensamiento escondido
en lo hondo del cráneo? (Silencio.)
¿Nada? ¡Entonces soy más rico que
tú! ¿Verdad que soy más rico que
él, Cristina? ¿N o eres tú mi bien?
Cristina . — (Lo abraza.) Te lo ruego,
E du a rdo... No sigas. E s tá s...
E duardo. — (La interrumpe.) ¡Contesta!
¿No eres tú todo mi bien?
Cristina . — Sí, mi a m o r... P e r o ...
E duardo. — (En un grito.) ¿Lo oyes?
Cristina . — (Imperativa, cansada.) ¡D é ­
jalo tranquilo, Eduardo!
E duardo. — ¿Has oído, Sebastián? (Tran­
sición.) C ristin a... ¿por qué no repi­
tes lo que me d ices.. . (Calla.)
Cristina . —-(Sin comprender.) ¿Que re­
pita qué?
E duardo. — (Con intención.) Tú sabes
q u é ...
Cristina . — (Pálida, con un hilo de voz.)
¿Te has vuelto loco?
E duardo. — ¿Te has quedado sin voz?
¡Anda, grita para que él te oiga! ¿No
puedes? ¿Tienes pudor? (A S ebas­
tian , en un grito.) ¡M e dice que soy
su dueño y se le escapa el alma en
cada grito, Sebastián! (Ella se ha
tapado los oídos, horrorizada. El conti­
núa, cada vez más herido e incapaz
de dominarse.) \Ella es el eco de mi
propio corazón, y cada uno de sus
gestos es mío, porque yo la he creado,
porque yo he creado todo lo que res­
pira en ella, porque ella vive de mi
amor y me quiere solamente a mí!
¿Qué quieres tú, enano sin fortuna,
actor sin teatro, ladrón sin botín 1
¿Quieres apoderarte de mi bien? ¡No
le interesas, no le interesas! ¡Anda,
Cristina, grítale que sólo bailas con­
migo, que yo tengo la llave de oro
que te enciende! ¡Grítale, mi amor,
grítale para que no lo olvide nunca,
grítale cómo se me encienden los ojos
cuando te miro, cómo te arde el ros-

E duardo. — ¿Cuál? ¿Quién te lo ha dado?
Sebastian . — Ha nacido aquí.
E duardo. — (Con desprecio.) ¡T ú estás
loco!
Sebastian . — ¿Debo decirte que no puedo
continuar así, explicarte por qué?
E duardo. — No quiero escucharte.
S ebastian . — ¿ Tienes miedo ?
E duardo. — ¿Atacas mi amor?
S ebastian . — ¿Es tan frágil?
E duardo. — Es tan entero. (Tiem po.)
Quieres ser persuasivo, Sebastián, pe­
ro te veo. Te hinchas de deseo y de
malos pensamientos. Pierdes el tiempo.
Busca otra mujer. Haz tu dichosa
balsa y sal a buscarla. Mi mujer es
mía. (Tiem po.)
S ebastian . — ¿Ella no tiene nada que
decir?
E duardo. — ¡ Sólo pensarlo es un escán­
dalo contra el amor! ¡N o pongas es­
cándalo, Sebastián!
S ebastian . — (Estalla.) ¡E lijo el escán­
dalo! ¡N o quiero nada de Cristina,
fuera de un poco de paz! ¡N o quiero
su amor, no quiero atacar el tu yo;
no quiero que me grite que soy su
dueño, ni que muera entre mis brazos!
¡Pero soy un hombre, y ahora vivo
humillado, temeroso de verte y de mi­
rarla, acusándome sin motivo! (A
C ristina .) ¿N o tienes nada que de­
cir, Cristina? (Tiem po.) ¿Temes por
tu virtud? (U n silencio.) ¡Contesta!
E duardo. — ¡N o le des órdenes!
S ebastian . ; Contesta! (U n silencio. Cris ­
tina se vuelve hacia él y lo mira, llena
de angustia y desconcierto. S ebastian
cree percibir algo en sus ojos. Anhe­
lante.) ¿Dices? (Casi en un ruego.)
¿Dices que no admites una virtud a
ese precio? ¿Dices que no soy un fan­
tasma, y que no me basta el fantasma

de Isabel? ¿Dices que tu deber es de­
volverme la paz que me quitas? (Tiem­
po.) ¿Vuelves a comprenderme? ¡Haz
ahora que ól te comprenda, Cristina!
(A E duardo, en un grito repentino.)
¡T e digo que ella quiere, Eduardo!
Cristina . — ¡ Mientes!
E duardo. — ¡ Tú quieres!
Sebastian . — ¡ Es más justa que tú! ¡Dile
que hable!
E duardo. —-¡E lla hablará si quiere!

E duardo. — ¡ Debería matarte por esas pa­
labras, Sebastián!
Sebastian . — ¡Díselo, Cristina!
Cristina . — (A E duardo.) ¿Hasta cuándo
seguiremos así, mi amor? Sebastián. . .
E duardo. — (L a interrumpe, asombrado.)
¿Todavía hablas de él?
S ebastian . — ¡Cómo te duele! Tú y Cris­
tina juntos, y lo demás. . .
E duardo. — (L o interrumpe.) ¡Calla, ca­
lla!
S ebastian . — (Im placable.) ¿ Y qué si
callo? ¿Verdad que no podemos seguir
así? ¡E lla misma acaba de decirlo,
Eduardo! No hay silencio contra este
acuerdo. (Tiem po. Muy fríam ente.)
Dos hombres y una mujer quiere decir
una mujer para dos hombres. (Pausa.)
E duardo. — (M uy pálido, bajo. Mientras
ha hablado S ebastian , se ha llevado
la mano inconscientemente al puñal.)
Estás perdido, Sebastián.
Cristina . — (Se precipita hacia él.) ¡N o !
¡N o ! ¡T ú no harás algo tan horrible!
E duardo. — (Sorprendido.) ¿Qué? (V e
que los ojos de Cristina miran su ma­
no sobre el puñal, y hace entonces ade­
mán de sacarlo.)
Cristina . — ( Con la mano apoyada fu er­
temente sobre la mano de él, para im­
pedirle su designio.) ¡N o dejaré que
te pierdas, Eduardo!
S ebastian . — ¡N o temas, Cristina! ¡N o
se atreverá! (L o cree.)
E duardo. — ¿Tú crees? (Silencio.)
S ebastian . — (S e adelanta decididamen­
te.) ¡E lla es mía también!
E duardo. — (Con un grito brutal.) ¿T u ­
ya? ( Y antes de darle tiempo, ya está
encima de S ebastian , quien intenta
detener el golpe, pero no puede. C ris ­
tina ha gritado: “ ¡N o, no. Eduar­
d o . . . esto es un crimeir! ’ ’, y se ha
lanzado tras de su marido, pero
E duardo la rechaza a tiempo que hie­
re mortalmcnte a S ebastian . Todo ha

sido rapidísimo. A l ser rechazada,
Cristina ha caído y sólo se oye el
golpe del cuerpo de S ebastian al caer.
Una pausa larga.)
Cristina . — ¿Qué hemos hecho, mi amor?
(Silencio.)
E duardo. — ¿ Quién podrá decir que no
me he defendido? (Silencio.)
Cristina . — ¿Está muerto? (Silencio. Por
primera vez, E duardo mira el cuerpo
de su amigo. A l verlo muerto, se lle­
va las manos a la cabeza en un gesto
de total desesperación. Ella comprende
el silencio de él y queda desolada. Un
tiem po.) E s t á muerto. (Silencio.
E duardo deja caer el puñal que aun
tiene en la mano y baja hacia Cris ­
tina .) ¿ Y ahora? (Am bos están fren­
te a fren te y se miran, igualmente
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ansioso.) ¿Hablarás? (Un silencio.)
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Cristina . — (B a jo.) Razonemos un poco,
Eduardo. (Un tiempo.)
E duardo. — (Con un hilo de voz.) ¿Has
dicho ?
Sebastian . — (Triunfal.) “ Razonemos un
p oco” ¡Eso mismo ha dicho, Eduar­
do!
E duardo. — ¿He oído bien? ¿Hablabas
de razonar? Y o hablo de amor. ¿Ra­
zonar qué? (Un silencio.) Cristin-a. . .
C ris tin a ... dime que no he oído bien.
Sebastian . — (Cruel.) ¡T e lo ha dicho
con todas las letras!
Cristina . — Será mejor que calles, Se­
bastián.
S ebastian . — ¿Has perdido el valor?
¡Grita ahora para que él te escuche!
¡Grita que eres más justa que él, y
entiendes! ¡Grita que no vengo a po­
ner escándalo, sino justicia!
E duardo. — ¿Justicia? (Tiem po.) ¿Justi­
cia contra el amor? (Tiem po.) Cris­
tina nació de mi corazón- profundo,
y esto es justo. (Tiempo. A S ebas­
tian , acusador.) ¿N o sabes que la
quiero con toda mi alma? ¿N o sabes
aún que ella es mi bien, mi amor, mi

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8—
8.—

E duardo.
A h o r a ... (Mira hacia donde
yace su amigo muerto.) él es nuestro
dueño. (D e pronto, instintivamente,
ambos buscan el refugio el uno en
brazos del otro, pero ya no pueden
tocarse.)
TELON LEN TO

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TEATRO DE NIÑOS, por Leticia Cossettlni * 5.—
PSICOGENESIS DEL RAZONAMIENTO MATEMA­
TICO, por Francisco Vera ....................... $ g.__
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-A GAYA CIENCIA, por Friedrich Nietxsche t 7.__

Esta obra parte de la misma
situación que El amor muerto,
drama del mismo autor, estrega­
do en 1942.
Con lo dirección del autor, E s ­
m u je r , m ía fu e estrenada en
la Casa del Teatro de Buenos
Aires el 20 de octubre de 1947
por Adriana V ern é, Eeynaldo
D ’ Amore y Roberto Durán, quien
creó también la escenografía.

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16
(V iene de la páff. 9.)
muerta en un banquete do bodas. Pero
era cobarde y preferí el fraude.
A los primeros libros leídos, seguían
otros cuyo valor probable dentro do una
escala no demasiado arbitraria era me­
nor. Pasaba por ejemplo de Homero a
Tucídides, y de esto al Antiguo Testa­
mento y luego a Dante y a Goethe o al
Marqués de Sade o al Candide. Seleccio­
nando así la grandeza aceptada y m ejo­
rando otros juicios, el nivel do respon­
sabilidad moral iba descendiendo sensi­
blemente y de pronto me sentía com­
prendido en textos que me identificaban
oon alguna vileza.
Por el momento, no iría más allá del
aspecto literario. No podía decir qué.
pero esperaba confusamente que algo su­
cediera, un indicio, una señal. La barba
del viejo profesor temblaba musitando
•osas que en vano traté de entender pe­
gando mi oído al retrato. Por fin llegó
el aviso. Una noche al volver a mi cuar­
to, presentí que algo había sucedido. An­
sioso, encendí la luz y vi sobre la cama
la fotografía del profesor. Su mirada no
era la que ya conocía: simplemente per­
versa y resentida. Era una mirada alu­
cinada, vidriosa. Instintivamente recorrí
el cuarto buscando el retrato de Rosa
Proelich. Estaba en el piso, en un rineón. Parecía haber sido arrojado con
violencia después de una lueha. A l que­
brarse, el vidrio había raspado con una
de sus puntas la cartulina. Rosa estaba
igual. Tal vez su sonrisa era especial­
mente burlona y provocativa. No esperó
más. Me encajé un sombrero de copa des­
teñido y sucio y pegué a mi rostro una
barba parecida a la del profesor Basura.
Así compuesto, me paseé agitado por el
cuarto entablando con la mujer del re­
trato un diálogo largo de humillación,
amor, odio, resentimiento. Y nuevamente
amor, odio, resentimiento. Un verdadero
delirio cuyas transiciones marcaba desde
su retrato, el profesor. Sólo cuando me
eallé volvió a él la expresión primitiva.
Una cara inteligente sin duda, pero abs­
traída en la imposibilidad de ver la apli­
cación del amor para otra cosa que para
la lucha y la destrucción sórdida. [Ah,
imbécil! Había terminado mi aprendi­
zaje. Y a podía salir en busca de Rosa
Proelich.
Ustedes convendrán en que es muy di­
fícil encontrar una mujer fatal. Los hom­
bres abandonados, disponibles, sin ilu­
siones, que buscan aire fresco en los
bares abanicándose mientras beben cer­
veza, piensan que la mujer fatal es ape­
nas una figura literaria, y que el hom­
bre que so respete, debe dedicarse a bus­
car la llamada mujer importante, especie
aun más rara*. ¿Donde buscar entonces?
Por un momento pensé orientarme hacia
esa infinita castidad cuyo secreto resido
en la minuciosidad descabellada, de la
famosa princesa rusa de nuestra ator­
mentada adolescencia. Este nombre, to­
dos lo hemos oído alguna vez. Y son im­
borrables ciertos episodios como el del
oficial del ejército o el campesino fuerte
nacidos para satisfacer la poderosa, in­
terminable lujuria de la apócrifa prinv
cesa. El oficial o el campesino fuerte,
se aprovechan del momento en que, fa ­
talmente, el poder cede a la naturaleza
y piden recompensas en oro. No me con­
venia. Descansaba mi objeción en la
idea de que la vida no es ni tan trágica
ni tan patética, ni es simplemente pla­
cer sino más desagradable y divertida
que lo previsto. Me decidí por los teatruchos portuarios.
Una explicable contradicción hace que
las llamadas mujeres perdidas tengan un
sentido del orden moral muy particular
y estricto. No me refiero ni me interesan,
las minucias profesionales que sin nin­
gún sentido del matiz, ni de la realidad,
relataron comisarios de policía jubila­
dos. Lo que quiero decir, es que con mi
sucia galera y mi barbita, era yo quien
podría despertar la posibilidad redento­
ra que yo mismo buscaba. Cada una
querrá ser redimida y buena, y querrá
ayudarme a rehacer la vida. Teniendo
en cuenta la admitida venalidad de mi
campo de operaciones, y las continuas
invocaciones a Dios que se oyen a diario
en boca de cualquiera, se justifica que
tratara de hallar la mujer fatal por vías
del escarnio, la humillación y, si la em­
presa fuera exitosa, el agradecimiento
final.
En el pequeño escenario, un grupo de
jóvenes infelices se movían, cantaban y
gesticulaban alrededor del piano. Desde
mi mesa, podía contemplar sus borrosas
y tristísimas caras de fetos, recreando
al mismo tiempo la mitología de la si­
rena auténtica, anunciada en la puerta
para atraer clientes. Esa mitología había
sido asesinada por las ordenanzas muni­
cipales, que exigen para tales casos do­
cumentación en regla. A medida que can­
taban o decían monólogos, me convencí
de que la rubia internacional, cabeza de
esa magia pretenciosa y bárbara con que
la naturaleza se dejaba dominar, era la
necesaria y buscada Rosa Froelich. Amo
los telones sembrados de pavos reales fos­
forescentes. Las damas de largas boqui­
llas y largos vestidos blancos. Las damas
que dos minutos después se presentarán
a escena vestidas de apache y con in­
genua vileza, agitan puñales y sueltan
obscenidades. A l cabo de una hora de
mirar, me paré, hice un gesto imponien­
do silencio y le dije a la rubia: — “ Se
nota que todo lo hace usted con dignidad
y con el fatalismo de los saloncitos no• I.a denominación pertenece al escritor
Manuel Pacaiin, autor asi mismo de dos
frases célebres; la primera dice así: “ K1
mal es una fuerza pero no es sólo la destruc­
ción del gusano” , y la segunda: “ Caballo
•uncido puede pisotear la libertad” .

A; S cordía. Retrato del Dr. Larrauri. 1947.

A . Scordía. Desnudo. 1947.

EL PINTOR ANTONIO SCORDIA
Por ROMUALDO BRUGHETTI

A . Scordía. El Tíber en Roma.
1947.

aventura contemporánea tem­
pla corazones adiestrados para
librar batallas artísticas. ¡ Qué im­
porta todo el anecdotismo ramplón
y pasajero, todo el naturalismo o
realismo poblado más de minuciosos
detalles insustanciales que de arte!
A un costado, delirante de arabescos
y de colores vivientes hasta el paro­
xismo, se s i t ú a el hombre Van
Gogh, poeta de la locura controlada;
en otro costado, traza su ruta el
obstinado Cézanne, en un penetrar
en el color tocado por la forma y
la nostalgia de un arte metafísico
universal. De ambos caminos, en los
tiempos modernos, una de las rutas
conduce al expresionismo y la otra
al cubismo. Pero, ¡qué han de re­
presentar para Italia esas simples
y escuetas denominaciones, qué han
de significar para un país cuya
grandeza pide ajustas y equilibrios,
esas formalidades! Después de la rá­
pida embestida futurista, habrían de
surgir las experiencias de Chirico y
Carrá, en el grado que la pintura
superando el plano físico y polémico
entra en el gran mundo de la su­
gestión y del encantamiento del es­
pacio, del misterio y de la soledad
que va a traducirse en valores for­
males, en valores plásticos. ITn avan­
ce más y se obtiene una pura ex­
presión nacida del color, el mo\ imiento tonal que, en Morandi, y des­
pués en Mafai, Capogrossi, Pirandello y otros artistas de la Escuela
Romana, hallaría el dominio de esen­
cias, subterráneos ardores del alma.
Antonio Scordía sabe hasta oue
punto son válidas esas experiencias
vividas, hasta que punto la abstrac­
ción puede volverse realidad. Des­
pués de una rápida inctfrsión im­
a

L

A . Scordía . La calle Maipú,
Buenos Aires, 1947.

presionista, es atraído por la pintura
de íntimo cromatismo de Bonnard, y
la violenta articulación expresiva de
Kokoschka, o Rouault. Mas, pintor
extremadamente apasionado y culto,
buzo intelectual a la par que domi­
nador de la materia pictórica, por
razones temperamentales logra un
color qiie respira a todo viento y
qub funda sus contrapuntos y acor­
des hondos y estáticos en la entona­
ción afinada del cuadro.
Scordía comprende que la pintura
es antes que nada síntesis de la
forma y del color, transposición de
elementos en el cual ese color debe
mantener sus particularidades de
sabor, brillo, poesía, que debe al­
canzar una vida propia, una vivencia
que sin caer en lo local y por sobre
la abstracción del objeto, se ha de
ver integrado en la densidad emo­
cional, la pasión, la calidad del sen­
timiento del artista que lo quiso
cálido y envolvente.
Por este proceso natural de com­
prensión y realización, nace en el
pintor el sentido de ciertas defor­
maciones, de ciertas rupturas. Pero
él, muy humano — e italiano, aun­
que nacido en la Argentina, en San­
ta Fe, en 1918— en ningún momento
se deja dominar ni por las fantasías
esquemáticas superreales ni por las
abstracciones dogmáticas; su violen­
cia es contenida y las formas se
concentran en la unidad y en la
tonalidad de su pintura. Su obra,
de este modo, comprende paisajes
romanos en que todo vibra bajo
una cálida luz dorada de atardece­
res detenidos en su pura esplendidez,
prontos a descolgarse hacia la noche;
algún desnudo, de pincelar armo­
nioso y finísimo, compuesto reflexi­

vamente ; y figuras o retratos. Scor­
día se encuentra con felicidad a sí
mismo en esas figuras o retratos
— baste observar la serie dedicada
a Valentina, su mujer— puesto que
aquí la presencia del personaje, de
una humanidad real y verdadera, le
hacen obtener el tono necesario a
su arte fuerte, que, como decía Toti
Scialoja, se vuelve estüo, pues sus
rigores humanos, expresivos, figura­
tivos, instalados frente a aconteci­
mientos agradables o desdichados
de los hombres, se tornan cromatis­
mo exaltado y depurados ritmos.
Así el intenso dualismo de con­
trastes y delicadezas, de violencias
y sutiles gamas intermedias, y la
agudeza y libertad del dibujo, un
sentido instintivo de la composición,
las grandes líneas funcionales, los
volúmenes serenos y equilibrados,
aclaran y ubican su expresión.
Ignoro qué puede depararle nues­
tro país a Antonio Scordía. Por de
pronto, una escasa comprensión ha­
cia su obra (sólo gustada por unos
pocos), luego mucha angustia y mu­
cho dolor — que es el pan nuestro
de cada día— , un sentirse aislado
y casi solo en sus siete meses de
Buenos Aires. Mas también — y esto
es ya lo afirmativo— una necesidad
de examinarse

introspectivamente,

un atender a su naturaleza profun­
da y

la

naturaleza

exterior

que

acaba de descubrir, esa otra luz y
ese otro cielo de estirpe criolla, más
cruda, más fría que aquella de Ro­
ma pintada entre 1945 y 1947, y
que se manifiesta en el sintetismo
arquitectural del paisaje de la calle
“ M aipú” .

vecientistas. Y a aparecerá usted mor­
diendo una rosa roja, y un hombre se
arrodillará con una copa de vino en la
mann. Usted será la elegida, la Rosa
Froelich del nuevo profesor Basura. Yo
me arrodillaré’ ’.
Sin comentarios, los del escenario hi­
cieron una reverencia. La rubia volvióse
hacia sus camaradas, un joven acordeo­
nista, una pianista muy gorda y dos mu­
chachas que no parecían tener otra
misión que aplaudir y bostezar sistemá­
ticamente, habló algo y se adelantó.
— “ Parece usted preocupado Señor —
me dijo.
— ;‘ Oh sí, mucho —- contesté. Mien­
tras repasaba mentalmente los diálogo»
que probablemente se sucederían, traté
de ganar tiempo. Quise esnerar pero mi
impaciencia y mi excitación no me de­
jaron y proseguí: -r-“ Aunque le pa­
rezca imperfecto y satisfecho de mí mis­
mo, soy una de las pocas personas que
no se han acostumbrado todavía al uso
de lo maravilloso. Mi única razón, mi
único gas, mi único instrumento, es la
imaginación. Deseo con mi ejemplo in­
citar a enriquecer el mundo real, vivir
muchas vidas. Toda vida está llena de cosas
inútiles. Ron roedores a veces muy agra­
dables y dulzones, pero se suele caer b a jo
su peso. Quiero despojar las vidas de las
cosas inútiles. Ser benéfico. Un riesgo,
un cambio, una diaria aventura he aquí
lo que hay que seguir. Soy capaz de
apreciar en su justo valor lo que cada
cual hace y entender que todo lo que
so hace es corruptible, pero debe cum­
plirse por necesidad y armonía. Todo ve
y todo oye pero no todo respira” .
Nunca se habían escuchado en aquel
lugar palabras tan caóticas y quizás proféticas. Cuando proseguí lo hice intro­
duciendo un elemento un tanto miste­
rioso que sin duda me favorecería: el
crimen.
— “ Esta barba y esta galera se deben
a que en mi destino está mareado y cum­
plido un doble asesinato, cometido en
circunstancias curiosas. Y o era granjero
en una lejana provincia. Una noche, a
raíz de la denuncia de mi madre, sor­
prendí a un hombre cuando entraba en
el cuarto que compartía con mi esposa.
No tuve más remedio que matarlos a los
dos, pero descubrí espantado que mi pre­
sunto rival, no era sino mi madre disfra­
zada, que así pagó con su vida, el odio.
La justicia perdonó el equívoco pero yome sentí muy desanimado. Pasó el'tiem ­
po y como mi espíritu seguía enfermo
opté por tratar de encaminarme, culti­
vando la vanidad de ser profundamente
infeliz, esencia de todo engaño. Héme
ahora, con la vida del profesor Basura
entre mis manos. Esta barba y esta su­
ciedad son símbolos de un gran acto
heroico. Estoy dispuesto a salvarme y
a salvar a otros. Con tales proyectos hoy
vivo esta vida, luego viviré otra. Por eso
y para completar al profesor Basura re­
construido, usted es la pieza que falta.
Usted es la mujer fatal. Rosa Froelich” .
Rosarito Saeromonte, — su nombre ar­
tístico— no me contestó pero mirándome
fijamente, sacó del seno un pañueíito de
encajo, se disculpó por el resfriado quele afectaba desde el día anterior, agitó
el pañuelo delicadamente, y entonó en
mi honor, una canción donde se habla
del corazón olvidado
Me sentí feliz. La atmósfera irreal,
una iconografía confusa de muertos cu­
biertos do lentejuelas, decorando las pa
redes me envolvieron hasta el delirio.
Sin embargo, el tiempo existe. Como
si de pronto se hubiera dado cuenta que
estaba arrinconado, y que sus ataques
habían sido hasta ahora negativos, el
tiempo despertó y ordenó las cosas para
que la ruina y la desolación reinaran.
Trato de salir de la confusión que aún
me domina y contar el final de estas
desgracias.
Cuando terminó su tierna canción, Ro
sarito descendió por una escalera que
había a un costado y echándose sobre los
hombros desnudos — aunque no núbiles.
hermosos— un chal multicolor, so arri­
mó a la máquina de hacer cafó exprese
y empezó a servir. Manejaba las canillas
con sumisión y temor. Una vez llenas
le alcanzaba las tazas al camarero entre
gritos.
Todo murió. Perdióse de mi cuerpo y
alma, la galera, la vida soñada y com
plida a medias, la canción y nuestro diá
logo sobrenatural. La realidad se había
librado de las manos de la magia y la
gracia. El tiempo había retomado sus
derechos. Su agente, lo que nos vencía
a todos, a mí, al profesor Basura, era
esa máquina infernal. Satisfecha, escu­
pía y resoplaba como un animal celoso
Nada fué respetado. El techo y las pa
redes se convirtieron en un inmenso gong
que al sonar despertaría a los soñadores.
Sí, vi que no me hallaba solo, que tam
poco había estado solo antes. Otros ha­
blaban, o miraban silenciosos. Recordó
mi discurso. ¿Era sólo mío, sólo yo lo
había dicho? Sospeché y vi en los demás
la misma angustiosa interrogación. Fue
terriblo. Cada uno de esos hombres había
vivido y soñado lo mismo que yo. Cada
uno creía haber hablado, tan solo él,
con Rosarito. Incluso, descubrí vario
con galera y barba. La tortura llegó a
ser intolerable. Pensé, pensamos todos los
pobrecitos que mirábamos hacia la ma­
quina, y lo deseamos intensamente, que
estábamos en Londres; que un nuevo
fuehrer acudía del cielo con sus aviones:
que tal vez el mal podría salvar nuestros
sueños. Pensamos y deseamos, y lo qu
deseamos sucedió. Una explosión atrom*
el espacio. Fuimos lanzados por un s
cudimiento mortal, pero sin quejas. Cc*f
alivio, con pena.
A bajo, muy abajo, en un pozo neg ó
y cónico un chal multicolor so abrazal ¿
a la maquina humeante.
V 1X

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Siegfired, André&#13;
Torre, Guillermo de&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Saavedra, Juan&#13;
García Lorca, Federico&#13;
Voltaire&#13;
Serrano Plaja, Arturo&#13;
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Graco, Miguel&#13;
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Bayley, Edgar</text>
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ficDACClON

Y ADMI NI S TRACI ON:

Año III
Marzo

Perú 973 - Buenos Aires - Teléf. 34-2384

I "7
1 /

19 4 8
2“ Epoca

Precio del número: S 0.60 moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a l : $ 6.50 mo n . / a r g

CERVANTES,
Y EL

RUBEN DARIO

EXISTENCIALISMO

y el

EN LA

HOMRRE ESPAÑOL

11T E R A T UJR A

Por JEAN CASSOU

Por GUILLERMO DE TORRE
on

i el existencialismo en cuanto cosmovisión
filosófica, y empero contar ya con una lar­
ga historia —puesto que sus raíces se hunden
en Kierkegaard y las próximas lindan con Heidegger—, no había rebasado el ámbito de lo
profesional o profesoral, ha bastado que fuera
exhibido sobre la plataforma espectacular pro­
pia de las doctrinas literarias —como novedad
presunta de la actual trasguerra— para captar
las atenciones más distantes, transformándose
de la noche a la mañana en un suceso perio­
dístico, en un tema del día, suscitador de mil
comentarios ininterrumpidos, sobre el que cada
cual consideraría deshonroso dejar de pronun­
ciarse. Reprueben otros, si gustan, este montaje
escénico, este apoderamiento multitudinario.
Por mi parte, aun valorizando debidamente
la moda —como signo profundo, ineludible,
adscrito a ciertas expresiones típicas de una
época—, mas sin confundir la esent'a con el
accidente, prefiero buscar otras interpretacio­
nes. Prefiero considerar tan clamorosa reper­
cusión como un nuevo testimonio afirmativo
de la valía y la perennidad de las escuelas
literarias, en cuanto son órganos de generacio­
nes diferenciadas.
Porque si la segunda parte, el concepto de
generación, es reciente como método histórico,
la primera, la agrupación de individuos me­
diante afinidades mutuas —desdobladas pa­
rejamente en discrepancias con tos demás—
es muy antigua e ilustre en precedentes. Re­
cuérdese sencillamente que en la literatura de
tradición más unida, menos sujeta a disconti­
nuidades y desniveles, en la literatura francesa,
los espíritus y las tendencias capitales siempre
se manifestaron así, agrupados en escuelas y
movimientos. Desde los días de la Pléyade con
Malherbe, desde las pugnas entre preciosos y
burlescos, hasta los nuestros. Desde los román­
ticos a los simbolistas en el siglo pasado. Se
diría que frente al irreductible individualismo
de las literaturas hispánicas (por algo, y hasta
en la época que pudo ser más coherente, en
el siglo xvn, Lope de Vega hablaba, en La
Dorotea, con intención desdeñosa, de "los poe­
tas en cuadrilla’’), productores y consumidores
en las letras francesas sólo sostienen y aceptan
lo nuevo cuando surge en formación de parada,
bajo una bandera espectacular.

S

Pero la novedad o, más exactamente, la legi­
timidad de buscar otros contenidos y distintas
fórmulas de expresión, ya no es punto de liti­
gio, ni se presta al menor comentario polémico
en abstracto, aunque la literatura existencialista particularmente no deje de suse tarlos.
Dicha escuela aporta en primer término otro
cambio que hasta ahora no fué señalado, mas
que por tratarse de algo genérico merece ante­
ponerse a cualquier consideración específica.
Es cabalmente la muda de género dominante
que lleva aneja: el salto de la poesía a la no­
vela, de la efusión subjetiva al reflejo plural
del mundo.
La alternancia y sucesión de los géneros
—puesto que éstos, contra aquellas añejas teo­
rías de Croce, y frente a la mezcolanza y ato­
mización de sus elementos propios que hayan
podido sufrir, continúan existiendo— es una
ley literaria y artística tan digna de atención
cuanto escasa o nulamente estudiada.
Recuérdese someramente: hubo un momento
de pStp siglo en que la pintura adelantó el paso
sobre las demás artes y logró influjo en las
letras. Le tocó luego la vez a la poesía; bajo
(Continúa en la página .?)

Quijote es prodigiosamente humano, de

D una humanidad española.

Attií.ío Rossi. Las granadas.
(Véase el articulo de Arturo Serrano P laja en la página 16.)

UN ITALIANO BUSC A A SU HIJO
DE AU TO R A N O MIMO
l

fin parto para Roma. La carta circular que Argan nos ha enviado a mí,

a Podestá y a Giulia, decía: "Se nos ha informado por teléfono de que
A
Giorgio está gravemente enfermo: la presencia de su padre es urgente. ’ ’
En cuanto recibimos la noticia telefoneamos desde Lavagna a los Argan,
para tener detalles de la ‘‘enfermedad’’, pero, como era de esperar, nos han
dicho que la llamada telefónica era anónima y que, una vez terminada la
comunicación, habían colgado el receptor.
He partido para Génova a medio­
día y llego a Pissa a las 22 horas. Etapa.
( Continúa en. las páginas centrales.)

Las relaciones que existen entre Don Qui­
jote y Sancho Panza son las relaciones exis­
tentes entre dos españoles. Apelo a los que
leen Don Quijote y hacen de esta lectura un
ejercicio familiar: algunos de los trozos más
conmovedores y logrados son los numerosos ca­
pítulos, que constituyen la trama corporal y
sanguínea del libro, donde aparecen los diá­
logos vivos y sabrosos entre Don Quijote y
Sancho Panza. Son dos voces humanas, per­
tenecientes a dos españoles. Diálogos: no hay
nada más conmovedor que los diálogos. Me­
diante el diálogo se expresa más plena y total­
mente el genio cervantino, que es a la vez un
genio dramático y cómico, un genio que habla
consigo mismo, que se interroga a sí mismo
y que se ríe de sí mismo. En Cervantes siem­
pre se encuentra la pregunta y la respuesta en­
tre dos españoles, y sus relaciones implican una
cortesía y riña moral social basada en la fra­
ternidad. Hay entre estos hombres, señor y es­
cudero, relaciones de verdadera nobleza, y por
consecuencia relaciones democráticas. Son igua­
les en la desgracia y en la aventura, en la
locura y en la prudencia. Entre estos dos hom­
bres hay un entendimiento, una mutua acep­
tación, todo ello logrado gracias a la cortesía
y a la fraternidad: la sabiduría del uno se deja
convertir en locura y la locura del otro per­
mite que se la transforme en sabiduría. Entre
estas dos personas, hay un intercambio de per­
sonalidades, de verdades, de las dos verdades
que encarnan cada uno de ellos; hay un inter­
cambio entre estos dos mundos que se m anifies­
ta en todas las ocasiones. Don Quijote le re­
prende a Sancho su manía de abusar de los
proverbios. Porque Sancho habla mediante pro­
verbios, el pueblo habla en proverbios, y la
sabiduría popular se expresa en los dichos y
proverbios de Sancho. Pues bien, hay momen­
tos en que Don Quijote se expresa con el len­
guaje popular de Sancho. Y entonces es Sancho
(C ontinúa en la págin a i i

La Vida Musical
en CHILE
Por

FRANCISCO CURT LANGE

o se exagera al decir que ha sido Chile el
país latinoamericano que obtuvo los resul­
N
tados más sorprendentes después de veinte años,

' J u a n G ris . H o m b r e a l la d o d e una ventana. 1921.
(Véase el artículo de Ramón Gómez de la Sem a en las páginas centrales.)

de una reforma musical inteligente y obstinada.
Esta evolución está condicionada íntimamente
a una serie de factores dignos de ser tenidos
en cuenta. No obstante fundarse el Conserva­
torio Nacional de Música en 1849 y de haber
sido siempre muy músico el pueblo chileno, la
posición geográfica de ese país, al igual que
la del Perú, llegó a perjudicarle enormemente
hasta producirse la apertura del Canal de Pa­
namá. Por consiguiente, el ritmo de esa insti­
tución musical no pudo ser el de otras, sim ila­
res, ubicadas en capitales más favorecidas por
las rutas marítimas que unen este continente,
a Europa. Alrededor de 1900, por ejem plo, la
influencia y el dominio total de la música ita­
liana tenía que ser la nota descollante en a q u e l
( C ontinúa en la p á g in a S )

�cabalgata

2

Tenemos ya un “ B alzae’s D igest” y uir
“ Rabelais D igest” . Y poco a poco ve­
remos ir apareciendo en “ comprimidos”
a casi todos los autores modernos,- que
ofrezcan interés para el gran público.

S

TKES POEMAS DE TR1STAN TZAIVA *
PARA ANTONIO MAOHADO
velada de los mares coa frente de manantiales
en la palma de tu presencia Collioure
he acariciado la eternidad he creído en ella
y en el vivo silencio de tu viña
he enterrado el recuerdo de la amargura
humo de otoño negro pedregoso,
minuto a minuto coloca su ladrillo
en torno a la mansión del solitario
el viento afila el cuchillo en la montaña
y el invierno le ofroce ya su pecho
que importa en el corazón de la melancolía
se inscribe una rápida vida de lagarto
que importa bajo la sal de la luz
que una sonrisa cual un látigo ilumine los dientes
en las mismas comisuras de la vida serena
toda la tierra de las tierras de Castilla
reposa en tu tierra de graves secretos do amistades
y de olivo tardío hasta el mar siempre joven
se junta la voz de la tierra al orgullo jamás vencido de Castilla
ni siquiera por la misma muerte de la sangre poderosa de una brizna de
[hierba en primavera

EXILIO
el camino ha sacado a la luz la coniza de las miseiias
y los días que he visto y las palabras pasadas
y el sol y yo tiritando de frió en la inconstancia
la jtena más apremiante el amor más oscuro
a la orilla del mundo soy raíz que se extravía
la angustia ha superado el término del viaje
en la "soledad de los pueblos nosotros los de la muerte
emparentados por los hilos visibles e invisibles de la memoria
abrimos sin temor las esclusas en nosotros mismos
v ausentes remontamos^ la corriente asqueada de las grandes praderas
abandonos en el majestuoso silencio de vuestros jergones
es donde yo he aprendido el lenguaje de la sangre fraternal
la sorda indiferencia ha entornado para siempre las puertas deseadas
y los leves vislumbres a cuyas ramas se adherían
ia fe en la propia vida viviendo apenas al borde del camino
y el pudor de nuevo encuentra' su paja maternal
los árboles y las hojas bastan para la ternura
V ninguna palabra es suficientemente pura para la luz
para recortar el diam ante,de su belleza en torno a. nosotros

LA MANO NEGRA
■• ei verano blandía su risa de cabalgata.
las rutas se torcian con. chasquido de fuga
y las abejas cosidas con minúsculas llamas
hogares cantantes de labios
era el tiempo ligero de las horas o desnudez
en que la alegría descubierta en el linde de los colores
coronaba la infancia desmesurada v fina
de la gloria del día con su cristal eterno
mas yo he aprendido el silenció en .su misma fuente
y vo he visto la muerte andando a ciegas
ebrio de muros de lluvia, ebrio de ramas
. que reían a vuelo desplegado
desde entonces una voz siempre la misma roza el árbol de hielo
que soy yo: en medio del opaco aposento
inmóvil soledad grave de los planetas
y .de violenta memoria alzada a flor de fuego
tristeza cuya frente do sombra nacarada
ya es hora de que el grano derrumbe nuestra mansión de olvido
antes de que la noche venga a cubrir la raíz de la tierra
con la furtiva ceniza de las cumbres
árbol de aurora
'
veo despuntar el aire súbito a la paciencia de las fresas
ventanas abiertas sobre el alma entera
«el viento levanta la cábeza
entonces una mano negra se vino a posar delante de mis ojos
me quedé esperando hasta la transparencia de las parábolas
o la caída de los gritos embrujados
el sauce de la tarde y luego nadie
ni siquiera la noche para abrirme la puerta
ni siquiera la duda pequeña risueña

Traducción de A. Serrano Naja
*

Pertenece al libro “ El Signo de .V id a ” .

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Cf í

3

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3

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cc

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«1

El Comité de Redacción de C a b a l g a t a
agradece el envió espontaneo de originales y
estima el aporte de escritores inéditos. A los
que formulan exigencias de publicación in­
mediata y de devolución del original en el
caso de no publicarse; a los que solicitan el
juicio crítico de la revista, el referido Comi­
té advierte que en ningún caso mantiene co­
rrespondencia con los autores de los trabajos
no solicitados; que no emite juicio público
sobre los trabajos no insertos en estas páginas;
y, por último, que no devuelve los originales
que no han sido expresamente pedidos.

E explica que ante la actual crisis que
sufro el libro francés, crisis que tiende
n acentuarse, se trate por parte de todos
de encontrar una explicación a los motivos
principales que la originan. Por ello, al­
gunos periodistas literarios se han dedi­
cado a interrogar a los editores, que son
los más indicados para expresar una opi­
nión competente. Pero, naturalmente, el
juicio de los editores se basa en su propia
experiencia, comercial, y ésta generalmente
ií¡&gt; comprende todos los factores.
Hay dos cuestiones esenciales sobre las
que el criterio de los editores no está siem­
pre de acuerdo: la influencia que la crí­
tica literaria puede tener sobre la venta
do ias obras y la importancia de venta
de uña novela, cuando se representa una
ridicula sacada de ella. Sobre estas dos
cuestiones, Jean Blanzat, director litera­
rio do Bernard Grasset, ha expuesto re­
cientemente su criterio:
“ No exageremos la importancia de la
crítica. Por lo menos en lo que se refiere
a la venta eu librería. Desde Souday, na­
die de nosotros puede pretender haber
hecho él sólo el éxito de un libro. Pér­
dida de prestigio. Pérdida de autoridad.
1 ia crítica tiene que dar cuenta de de­
masiadas obras que no lo merecen. Ade­
más, es raro que hoy día un crítico per­
manezca durante años en uir mismo peíiódico o revista, como Souday en “ Le
Temps” o Edinond Jaloux en “ Les Nou\elles Littéraires ’ ’. Cor otra parte, la
multiplicidad de revistas y periódicos res­
tringí) considerablemente la influencia, el
campo de acción do los críticos. Su elientila se encuentra muy parcelada.
‘ 1El cinema es un maravilloso medio de
propaganda, indudablemente. Desde la pre-,
sentación de la obra de Gande AutantLara hemos vendido 30.000 ejemplares del
“ Diablo au corps” , que no es precisa­
mente, lo quo en librería se llama una
novedad. ’ ’
Por el contrario, hay otros editores que
estiman que nada influye tanto sobre la
venta de un libro como una buena crítica,'
y quo, [&gt;or el contrario, la película no
tiene una influencia sensible sobre el éxito
del libro, porque son públicos completa­
mente diferentes. Como en toda encuesta,
a! final de ella cada uno conserva sus
propios puntos de vista.
* La desvalorización del franco influirá
en lo sucesivo sobre el negocio de librería
francés. Resultando en el extranjero más
barato el libro de producción francesa,
su posibilidad de venta será también ma­
yor y podrá concurrir ventajosamente con
los libros en francés impresos en Bélgica,
Suiza y Canadá. Pero al r -opio tiempo,
Como el precio de costo"'de? libro es cada
día mayor (hay editor que acaba de ele­
var en un 100 % él precie de sus obras)
Ja ventaja creada por la desvalorización
quedará neutValizadá’ 'en -reve, indepen­
dientemente de que la falta ,de papel im­
pida las grandes tiradas y, por consiguien­
te, la exportación.
En cambio, el libro de importación ha
sufrido un duro golpe que se manifestará
en una gran baja de su difusión. El libro
extranjero ha experimentado o experimen­
tará un alza del 80 % , o sea la misma
proporción en que el franco ha sido des­
valorizado. Las ediciones argentinas que
últimamente habían logrado una impor­
tante venta en Francia, verán sensible­
mente disminuida su difusión, por lo me­
nos hasta una adaptación de los lectores
a los nuevos precios.
Los (jue de una manera más inmediata
gozarán los efectos de la desvaloriza­
ción serán los autores que firmen con­
tratos de traducción a otros idiomas. Para
los derechos de autor establecidos en dó­
lares (y de ahora en lo sucesivo los
editores tendrán gran interés en que la
moneda de todos los acuerdos sea el dólar),
se ha autorizado que el importe se ne­
gocie en el mercado libre. O sea, que'
mientras antes, á través de la Oficina
de Cambios el editor y el autor recibían
aproximadamente 118 francos por el dó­
lar, ahora perciben más de 300 francos
por cada dólar.
« 11ace unos meses, y publicada por la
editorial “ Le Scorpion” , se lanzó al mer­
cado librero una novela que llevaba por
título “ J ’irai cracher sur vos tombes”
(“ Iré a escupir a vuestras tumbas’ ’), que
se decía escrita por un negro americano
llamado Vernon Sullivan. La obra, por
su carácter i sádico, mereció el desprecio
y la censura de una parte de la crítica.
Se descubrió poco después que el verda­
dero ‘ ‘ Vernon Sullivan ’ ’ no era otro que
el joven escritor Boris \ ian, del que C
BALOATA ha publicado un cuento en su
número del 1 de enero.
Ahora la misma editorial ‘ 1Le Scor­
pion’ ’ ha publicado una novela, “ inédita
en la casta Irlanda ’ según dice la banda
de reclamo, titulada ‘ ‘ On est toujours trop
l)on avee les femínea’’ y cuya autora se
dico es la señorita Sally Mura. Pero se
ha sabido también que el verdadero autor
de esta nueva farsa es nada menos que
Raymond Queneau, que tiene cierta per­
sonalidad en las letras francesas.
o Con un gran éxito de crítica y de pú­
blico, Pierro Valde y su “ Théfitre du
Temps’ ’ presentan en la Gaíté de Montparnasse ‘ ‘ L a Dama del A lba” ; de Ale­
jandro Casona.
La traducción de la obra es excelente
v la interpretación también. La obra de
Casona ha venido a fortalecer extraordina­
riamente el interés e incluso el prestigio
que la literatura española moderna co­
mienza a tener en Francia. Después de
1‘ La Casa de Bernarda Alba ” y de “ D i­
vinas Palabras’’, la “ La Dama del A lba’ ’
quedará como obra del repertorio teatral
francés.
En la colonia de emigrados españoles,
este éxito -de Casona entre el público fran-

Por JUAN SAAVEDRA
eés ha venido a aumentar la gran simpatía
de que ya gozaba entre todos.
• El Comité Nacional de Escritores Fran­
ceses ha excluido de sus filas a Framjois
Mauriae, que habia sido su presidente de
honor. Esta medida ha sido motivada por
la actitud de dicho escritor favorable ha­
cia ciertos escritores colaboracionistas.

® En la “ Comedie des Ohamps-Elysées’ ’
so lia vuelto a poner on escena “ Le pro'
eés d ’Oscar W ilde” , de Maurice Rostand,
que se había estrenado en 1935.
No puede decirse que djeha obra sea
digna de figurar en una antología y mu­
cho menos err un tratado de moral. Pero
es una manera literaria de intentar jus­
tificar cierto vicio y de que todas las
noches se so den cita en la sala en que
se representa los cultivadores del mismo.

® Las dos exposiciones de pintura que
han ofrecido más interés este mes han ( * En el Museo de Arte Moderno se ha
inaugurado una exposición de las obras
sido las de Jaeques Villon, en la Galería
do Paul Klee, que es apenas conocido en
Carré, y la de Léon Gisehia, en la Ga­
Francia, a pesar de ser uno de los gTairlería Billiet-Caputo.
des artistas de nuestra época. Esta ex­
Villon expone cuadros recientes, en los
posición. juntamente con la de los Mu­
quo se manifiesta de manera concreta una
seos de Viena, son las dos más interesantes
labor de cincuenta años. Hablando de ella,
que se nos han presentado esta temporada
uno de los mejores críticos franceses ha
en París.
dicho: “ La primera época del cubismo
aparece eu sus formas. Todas las obras
• Como vivimos on una época en que los
expuestas constituyen un conjunto de una
escritores manifiestan con frecuencia sus
graciosa belleza, de un refinamiento muy
preferencias políticas, debemos dar cuenta
trabajado y de una probidad absoluta.
de la declaración que han hecho pública
Una pintura que debe ser saboreada poco
- laude Aveline, Jean Cassou, Georges
a poco, a fin do que el espíritu participe
Friedmann, Andró Chamson y Louis Mardo ella tanto como el sentimiento de nues­
.tin-Giauffier, en* la que, manifestándose
tra delectación.’ ’
en principio contra los dos bloques anta­
Las obras que ofrece Gisehia han sido
gónicos (URSS y anglo-amerieanos), to­
pintadas entre 1918 y 1939. Se manifiesta
man posición on el fondo a- favor de la
en ellas una gran fuerza de colorido y
URSS. Se trata del equipo que actual­
confirman la influencia que ha tenido el
mente dirige el Comité Nacional ‘ de Es­
artista en la pintura moderna francesa.
critores.
®En el Teatro Hébertot se ha estrenado
“ Le Maitre de Santiago” , de Montherlant. La acción de la obra se desarrolla
en Castilla, a principios del siglo xvr. Don
Alvaro es caballero de la Orden de San­
tiago. Si se le llama “ le Maitre” es de­
bido a que casi es el único que ha con­
servado en el seno de la Orden las vir­
tudes y la firmeza de corazón que un
cuarto de siglo antes era la característica
de los caballeros. Pero la Orden está a
punto de desaparecer; los caballeros a b a l­
donan España y van a tomar parte en
la conquista de Perú, de Méjico. Lo que
les anima a la aventura es mucho menos
la esperanza y la necesidad de “ superar­
se ’ ’ quo la ambición de enriquecerse. Claro
está, que esto lo disimulan con el hipó­
crita deseo de llevar, la verdadera fe a los
infieles.
Antes de representarse, la obra había
aparecido en volumen. La representación
en ■la escena no hace más que confirmar
el alto valor de la obra y el deleite que
su lectura produce. Mucho más porque
en el teatro es magníficamente repre­
sentada.
• Colette, la autora de las “ Claudinas”
ha cumplido setenta y cinco años de edad.
Con este motivo no ha habido periódico
que no le haya dedicado un artículo de
simpatía, recordando, sobre todo, como se
ha desarrollado su carrera literaria. Ac­
tualmente, cuando eir Francia los juicios
literarios se emiten generalmente teniendo'
en cuenta más las posiciones políticas que
las calidades artísticas, ha sido una excep­
ción el caso de Colette, donde no ha habido
ninguna nota discordante, ni de derecha
ni de izquierda, en el tributo que se' la
ha dispensado.
• La crisis, del cine francés sigue ha­
ciendo correr mucha. tinta y es tema de
multitud de artículos y de sugestiones pa­
ra tratar de resolverla. Como .reacción
contra esta crisis, algunos, inspirados más
por deseos políticos que por verdadero in­
terés artístico, creen que no hay otra
táctica que combatir las películas ameri­
canas. De ahí una cierta campaña para
boicotear toda película americana que se
presente en las salas francesas.
Pero para que esta campaña tuviera
una, verdadera eficacia sería necesario dar
al público una producción cinematográfica
francesa que le permitiera prescindir de
la americana. Y como esto no sucede, el
público sigue llenando las salas donde
se representan producciones americanas.
Así sucede ahora con dos películas que
por primera vez se dan en Francia:
“ Dunibo” y “ Monsieur Verdoux” . Y
toda la crítica lia tenido que rendirse a
la evidencia y reconocer que para salvar
el cinema francés y acabar con la in­
vasión del cinema americano no hay otro
procedimiento que superar la calidad de
las cintas. Mientras tanto, el público se
guiia acudiendo allí donde se le ofrezcan
las mejores obras, sin tener en cuenta
para nada su procedencia nacional.
• También continúa la campaña contra la
llamada literatura ‘ ‘ eondensada ’ Al prin­
cipio se trataba de revistas o publicacio­
nes americanas. Pero cada vez aparecen
mas publicadas por editores franceses.

® Fran^ois Mauriae, del que se lia venido
diciendo últimamente que estaba agotado
como novelista, anuncia en el “ Fígaro
Xiittérairo,” que va a comenzar a escribir
una novela, Pero añade que no se preci­
pitará a publicarla. “ ¿Por qué precipi­
tarse en estos, tiempos en que se inventa
un impuesto sobre la creación? ¿Es quo
los novelistas tienen ganas todavía de ga­
nar dinero para verlo desaparecer en se­
guida en tasas e impuestos?”
Mauriae, con estas palabras, no hace
nías que expresar el verdadero sentimien­
to de todos los literatos franceses, que
ven como el Estado les arrebata una
gran parte de su trabajo en forma de
impuestos.
• Para conmemorar el centenario del na­
cimiento do Joris Karl Huysmans, la
Biblioteca Nacional ha organizado una
exposición en recuerdo del autor, de “ A
rebours ’ ’.
* El Jurado del premio literario de la
“ Guilde du Livre ” , ha declarado que da­
do que se encuentra en la imposibilidad
de designar un manuscrito digno de ob­
tener el premio, deja el concurso abierto
hasta el 1 de septiembre de 1948.
H e aquí el motivo, verdadero de, la cri­
sis del libro francés.

e f i c f a. z
C abalgata establece contactos.
Es el vehículo de enlace de escri­
tores, artistas, editores, libreros
con un público multinacional, he­
terogéneo, culto. Lo confirman las
cartas que a diario llegan a nues­
tra mesa de Redacción desde to­
dos los lugares del país y del exI tranjero. De muy remotos lugares,
i donde estar en contacto con la caí pital es quimera, nos solicitan el
envío de Catálogos, nos encomien­
dan la remisión de libros - pedi­
dos ambos que al instante cuida­
mos de transferir a la “Librería
Postal Mercurius”— y nos anun­
cian la formación de grupos de
“Amigos de C abalgata ” . Gracias
a nuestra campaña confirmamos
temores y esperanzas. Suponíamos
que el servicio de librería estaba
mal atendido en el interior de
nuestro pais y los pedidos de los
lectores amigos atestiguan que en
millares de lugares carecemos de
representación librera.
Ocurre esto mismo en todos los
\ países del continente. Se cumple
J lina de nuestras esperanzas: el
país despierta y el lector reclama
libros. Estos lectores exigirán que
no quede localidad, grande o pe­
queña, desprovista de la biblio­
grafía más elemental y corriente.
Hay que librar la batalla —cru­
zada cultural-— por el libro v pa­
ra el libro.
Los “Amigos de C abalgata ” ha­
rán obra benemérita donde sea
que trabajen en pro de la difu­
sión del libro; por la apertura
de negocios de librería; por la
venta domiciliaria de libros; por
i l&lt;l formación de bibliotecas pú­
blicas y privadas; por el acervo
bibliográfico en escuelas, fábricas.
\ hospitales, balnearios, ministerios,
j clubes; en cuanto lugar de con| centración humana exista.

�T
c a b a lg a ta
antelación al cuadre suele existir
una idea, un motivo o una imagen,
pero aparto de estos propósitos, no liay
nada
concreto que pueda ser punto de
arranque para su ejecución. El artista todo
]o tiene que crear, o bien, materializar.
En el collage sucede lo contrario: una
“ cosa móntale” propiamente plástica sólo
puedo hacerse presente en modo nebuloso,
dándose, en cambio, tos puntos de partida
como heolios consumados en los elementos
materiales: ellos mismos sugieren una ex^
presión y el pintor se guía por sus calida­
des que, incluso, encierran sugerencias que
escapan a su dominio ordenador. Eir esta
sencilla inversión del proceso creador re­
side, quizás, 16 substancial del tema y,
a s i m i s m o , la atracción que los objetos pe­
gados ejercen sobre algunos pintores con­
temporáneos.
No cabe, duda que un collage, antes de
ser una ‘‘ obra de arte” , es un acto ex­
perimental. Con esta reducción de sus f i­
nís, sin embargo, abre algunas puertas
Por HANS PLATSCHEK
que no siempre deben resultar necesaria
mente puertas falsas. Much ■ pintor hay,
ultramoderno en sus obras, que lie se atre
ve a perder un poco de Ja rutina de las
manchas, las superposiciones, las (remen
tinas y los filetes, para tocar elementos
que do pur sí propenden más al riesgo y
a! fracaso que a la conclusión lógica. Si
oo so pierdo de vista la etern-a diferencia
entre una obra y un gesto, señalada de
nuevo por el arto moderno, puede atri­
buirse al collage la condición de ser uno
de los más intensos y temibles — o más
que temibles, temidos— medios de purifi­
K u rt SchwUters. “ Collage” . 1919.
cación. Hasta cabo decir que el collage es
el vehículo más propicio para el gesto,
carezca de poesía pictórica. Su valor plás­
collage es, sin duda, el nirnos apropiado
vertirse en virtudes. Si la entonación pro­
por su total ausencia de técnica y su ca­
tico es, sin duda, diferente del de la pin­
para exteriorizar una primacía de inten
gresiva está vedada, todo “ pintor” de
rencia de aquella continuidad del proceso
tura, pero no menos auténtico cuando se
clones, y no resulta extraño, por consiguien­
collages busca con más escrupulosidad el
pictórico que desenvuelve la obra gradual
tienen en cuenta sus particularidades. Esto
te, quo aquel tipo de collage haya pasado
relacionamiento de las cantidades cromá­
no siempre se ha entendido de modo cabal.
mente. La elocuencia del gesto depende
al campo del “ foto-m ontaje” .
ticas y de las formas lisas en sus elemen­
Todas las composiciones con elementos y
en gran parte de la elaboración precisa
La condición más primordal del collage
tos' dados. En tal sentido pueden origi­
figuras pegadas que han tenido su origen
„ inmediata; cuanto más propio es el me­
es su esencia de calidades extrapictóricas,
narse problemas de composición y de yux­
en
aquella
ala
del
Dadaísmo
quo
nunca
que pueden ser organizadas en modo es­
dio que conduce a fijarlo, menos peligro
taposición, de contrastes y de acordes, que
disimuló su designio moralizador, pronto
pecíficamente plástico. Eso es todo. Lo
exigen mucha más sensibilidad y sabidu­
hay de que su espiritualidad se extravío
tuvieron que notar su insuficiencia ex­
extrapictórico se fundamenta precisamente
ría que en otros procesos de la pintura.
o que se estanque en una realización tra­
presiva en lo que a los valores plásticos
en lo negativo de los medios, en primer
Ahí es, en realidad, donde puede llegarse
bajosa cuyo colofón viene a ser el cuadro
se refiere, y no por la novedad del medio,
lugar, la total imposibilidad de matizar
a la vibración del conjunto mediante dos
acabado, en este caso completamente in­
sino, más bien, por haber querido inter­
los conjuntos, acompañado, naturalmente,
planos y un arabesco sencillo. Ante todo
oportuno.
ferir el gesto con intenciones de repercu­
por la no menos absoluta imposibilidad
con elementos sencillos, pues toda forma
La ausencia del mecanismo técnico na
sión ética, por así decirlo. En la expresión
do graduar tonos en la superficie. Pero
de cierta elaboración y complicación m i­
significa, por otra parte, que el collage
artística, creada por los modernismos el
dichas cualidades negativas pueden con­
tiga la calidad esencial del material .
ont

C

ESTETICA
MINIMA

DEL

COLLAGE

JEAN-PARL SARTRE v
»

(Viene de la primera página)
el signo do la lírica, cou infiltraciones de
este género incluso en los más lejanos
a su esencia, ha vivido gran parte de la
literatura europea de los pasados años,
hasta la guerra. Señaló el caso hace tiem­
po. rspecto a lá literatura española' Pe¡ Uro S alin as; lo ha comprobado también,
en un balance más reciente, Frangois Mauriae por lo que concierne a las letras fran­
cesas; y en cuanto a las inglesas, aunque
el caso fuera menos acusado en profun­
didad, si bien más general en extensión,
no requiere ningún testimonio explícito.
Pues bien, la rosa de los vientos gira y
nos encontramos con que la novela cobra
primacía y dominio. La novela o, si se
prefiere, lo novelesco en un sentido muy
amplio, ya que a sus límites violados se
incorporan otros elementos también dúc­
tiles, de líneas estiradas ahora más que
nunca; ensayismo, filosofism o. Lo fdosófico, por lo demás, deja de ser coto ce­
rrado, se vitaliza; lo problemático del
pensamiento entra a raudales en nuestras
vidas complejas; al centrar en la prime­
ra persona del singular las cuestiones v i­
tales, humanas, permanentes, éstas se colo­
rean de un patetismo metafísieo. Se ha re­
emplazado, por ejemplo, el problema de
“ la muerte” por el de “ yo muero” — se­
gún frase de Uroethuysen, con reminiscen­
cia urrariiuuesca— y, por consiguiente, ya
no admite la escapatoria de lo impersonal
e intemporal. Parejamente, en la ciencia,
ei “ principio de incertidumbre” de Heizenborg parece ser la única realidad a tono
con la atmósfera convulsionada. Y cual­
quier libro que no retiejo este contrapunto,
la interacción do vida e intelectuaiismo,
corre el riesgo de dejariras fríos. De ahí
quo las novelas de Mairaux — no obstante
sus imperfecciones, cierta calígine, la borrosidad psicológica de sus personajes—
hayan marcado tan honda impronta en las
últimas generaciones; de ahí la resonancia
múltiple suscitada por libros — asimismo
técnicamente nada excepcionales— como
los de Arthur Koestler y las polémicas
cu torno a JJarkness at noon donde se
afrontan y ventilan problemas de con
Ciencia sobro un tema tan contradictorio
como los procesos soviéticos.
Aun rehuyendo cautelosamente cualquier
*®ago de profetismo, creo no incurrir en
ningún desafuero al pronosticar desde
ahora que en la literatura do la próxima
década lo novelesco problemático será ine­
luctablemente el género donde se manifies­
ten las obras más representativas.
Ahora bien, lo grave es que el módico
equilibrio auterior de fuerzas conjugadas,
de vida e intelectuaiismo, so ha roto, que
ú alud irracionalista amenaza con arrasar
lodo y que so pretende “ un honor metafísico en sostener la absurdidad, del mun­
do” , según escribe Albert Camus, quien
wga pertenecer a) clan existeuvial, no obs
tunto sus patentes similitudes de concepto
—a través de su libro teórico Le mythe
'le Sixyphc y su novela I.'étrangcr— con
las obras y teorías del portavoz oficial
Joan Paul ¡Sartre.

I

Cuando en el curso del dramático 1937
•parecieron en La Souvelle E true Franlas priinoras novelas cortas de Jeanl'aul Sartre —“ Le mur” , “ Iatim itó” —
fuimos ya algunos quienes sentimos u¡

el

leerlas (confesarlo por mi parte no es in­
currir en profetismo a posteriori, ya que
entonces comuniqué a otros esa impresión)
cierto choque singular, la presencia incues­
tionable do algo cínico, turbador, pode­
roso. Ciertamente no era su nota dominante

EXISTENCIAIISMO m
una crudeza temática sin restricciones, ni
su atmósfera amoral aquello que podía
asombrarnos. No era tampoco su expresión
impúdica, sin veladuras, lo que resultaba
nuevo. Precedentes múltiples en ambas di­
recciones había ya depositado en nuestras

El Humorismo I N V O L U N T A R I O

i)t B A L Z A í*
Por CHARLES MOULIN

P

A U L E L U A R D b a c ía en
u n a o c asió n el p a ra le lo
e n tre la p o e sía in v o lu n ­
ta r ia y la p o e sía in te n c io ­
n a l y, e n tre los ejem plos
quo no s p ro p o n ía , el de
P im p a n ic a ille , p e rd id a en
u n lib ro do M ad ain e de
S e g u r, no s im p re s io n a con
m a y o r p ro fu n d id a d y s u ti­
le z a quo -c u a lq u ie r s e rie de
a le ja n d r in o s m a g is tra le s , r e ­
c o n o cid o s y a d m ira d o s p o r
to d o s.
L e y e n d o re c ie n te m e n te a
B alza c , me b a im p resio n a d o
la re s o n a n c ia q ue a d q u ie re n
h o y a lg u n a s d e su s fra s e s ,
g ra v e s fó rm u la s v e s tid a s
con el re d in g o te b u rg u é s,
o im p e rtin e n c ia s a r is to c r á ti­
c as. A p rio r i, n a d ie nos p a ­
re c e ta n a le ja d o como él d el
d e sp eg o iió n ic o , ^ d e esos
ju e g o s d e fr a s e s m a lig n o s y
a c e ra d o s en lo s que n a y un
fo n d o d e v e rd a d , que ju z ­
g a n a lo s h o m b re s con u n a
b u rla y quo p e ite n e c e n m ás
b ie n a l a n a lis ta frió q u e a l
g en io a p a s io n a d o y c re a d o r.
P o r lo ta n to , un o d u d a u n
poco a n te s d e tr a n s í o rm a r
a B alza c en u n ém ulo de
C h e ¿ te ito n , do u n ir “ L a H is ­
to r ia d e lo s tre c e ” a l “ C lub
d e lo s o ficio s e x tra ñ o s " , o
de c o n f r o n ta r a l d o c to r
B la n cb o n con el h o n o ra b le
m ís te r B ro w n .
S in em b arg o , a lg u n a s de
su s p a la b ra s , de su s p e n ­
sam ien to s, el to n o m ism o do
a lg u n a s do su s d e sc rip c io ­
n e s, a u n q u e e sté n de a c u e r­
do c o n su s is te m a novelesco,
con su v is ió n p o lític a , c o a
su s c o n ce p to s b u m a u o s y so­
c ia les, se im p re g n a n , a pe­
s a r suyo, do u n a fu e iz a
h u m o rís tic a y s a tí r ic a i n ­
n e g ab le, a l o p o n e r s u Hipo­
c re s ía o su e x tra v a g a n c ia ,
a la h ip o c re s ía y e x tra v a ­
g a n c ia d e h o y en d ía . P o r
su m ism a s e rie d a d , se v u e l­
v e n c o n tra q u ie n e s la s p ro ­
n u n c ia n y c o n tra su s sem e­
ja n te s .
P e ro B alzac, a l p a re c e r,
no to m a p a rto en e l ju e g o ;
se m a n tie n e f u e ra d e el;
d e ja q u e su s p e rs o n a je s v i­
v a n p o r sí solos y no in ­
t e n ta n u n c a ju g a r con ellos,
y a se t r a t e d e u n viejo
chocho como el “ p é re R o u ­
g e t” a l quo ta n b ie n d e s ­
p lu m a su E a b o u ille u se , un
tip o g ro te sc o como e l Schum u cko d e l “ P rim o P o n s ” , o
u n o d e eso s h e ro e s d e l v i­
cio, d e la p o lític a o de la s
fin a n z a s como V a u trin , do
M a rsa y y N n c in g en . S in
e m b a rg o , y com o de p a se ,
p ro v o c a c i e r t a s re la c io n e s
e n tre la3 p a la b ra s y e l pens a m ic n t
q u e se d e sta c a n

No, yo p ie n so so b re todo
en a lg u n a s fr a s e s en la s que
se d e fin e to d a u n a p o lític a
d el p e rs o n a je de B alza c , c u ­
y a ló g ic a p r e s e n ta a n u e s ­
tr o s o jo s n o ta b le s c o n tra ­
d ic c io n es, y u n h u m a n ism o
p e rfe c ta m e n te in h u m a n o , he­
cho d e m e z q u in d a d y c ru e l­
d a d ; fr a s e s c a r ic a tu r e s c a s
y, a la vez, c o m p le ta m e n te
sin c e ra s , d e cuyo exceso a b ­
su rd o n a co la s o n ris a a m a r­
g a d e l h u m o rism o .

Honoré de Balzac
p a r a n o s o tro s d el re s to de
la o b ra , c o n v irtié n d o s e en
u n a s á tira , en u n a b u rla
c ru e l de la v id a o d e c ie r­
to s h o m b re s ; no m e re fie ro
a e s ta t a r t a de cr^m a, d ig ­
n a de P e ro g r u llo : “ E l hom ­
b ro es n n b u fó n que b a ila
s o b re u n p re c ip ic io ” , n i de
su s c o n s ta n te s p e ro g ru lla ­
d a s , c o m e n ta d a s p o r el
a m o r: “ Sed d e v u e stro p a r ­
tid o . S o b re to d o , a g re g ó e lla
rie n d o , c u an d o tr iu n fe . A
m í m e im p re s io n a ro n p r o ­
fu n d a m e n te e sa s p a la b ra s ,
cuya
“ p ro fu n d id a d
p o líti­
c a ” se o c u lta b a b a jo e l c a ­
lo r d el a fe c to .” (E l L irio
en e l v a lle .) •
No h a b lo tam p o co d e ese
h u m o rism o v e rb a l £ im p e ­
tu o so d e l e n a m o ra d o que,
“ b e b ía en in fu s ió n la s flo ­
re s que E L L A le h a b la lle ­
v a d o ” (o tro e stu d io de m u ­
j e r ) , n i d e l c u ra que ae
n ie g a a a c o m p a ñ a r h a s ta ol
c a d a lso a u n jo v e n d e su
p a r r o q u i a , e x c la m a n d o :
“ ¡ E so no se le p o d ría e x i­
g ir n i s iq u ie ra a u n a m a d re
y p e n s a d b ie n , s eñ o r, que
h a n a cid o en e l seno de m i
p o b re ig le s ia ! ” (E l C u ra
do a ld e a ) , n i d e l fu n c io n a ­
rio quo, c u a n d o tie u e que
d e c la r a r so b re la s ig u ie n te
d e m a n d a : “ E l s u p lic a n te so­
lic ita la in c in e ra c ió n d e sn
e sp o sa ” , e x c la m a :
“ ¡P e ro
e s a bs u n a c u e s tió n m uy
g ra v e ! M i in fo rm e no puede
e s ta r lis to h a s ta d e n tro de
ocho d ia a l” ( F e r r a g u s ) .

T a s c h e ro n h ijo h a com e- ^
tid o u n c rim e n y h a sido
p o r é l c o n d e n a d o ; to d a la
fa m ilia , fie l a lo s v ie jo s
p rin c ip io s , v a a d e ja r el
p u e b lo ; per® eso es u n a n a ­
c ro n ism o p o rq u e : “ s eg ú n la
n u e v a le y el p a d re no es
y a re s p o n s a b le d el h ijo y el
c rim e n d el p a d re no m a n ­
c h a a la fa m ilia . E n a rm o ­
n ía con la s d ife re n te s e m a n ­
c ip a c io n e s que h a n d e b ilita ­
do do t a l m odo la p o te s ta d
p a te rn a , ese s iste m a b a lo ­
g ra d o el triu n f o d e l in d i­
v id u a lism o que d e v o ra la
so cie d a d m o d e rn a ” . ( E l C u­
r a de a ld e a .)
E l p o lité c n ic o G e ra rd se
e n c u e n tr a en P a r í s d u ra n te
la s tr e s jo rn a d a s g lo rio s a s ;
a l s e r in te rr o g a d o a c e rc a de
los a c o n te c im ie n to s , re s p o n ­
d e : “ H e sac a d o u n a s c o n ­
c lu sio n e s “ m uy tr is te s . —¿ E l
q u é ? - Y a no e x iste el p a ­
trio tism o m ás que d e b ajo
de la s c am isa s s u c ia s . . .
E so es la p é rd id a de F r a n ­
c ia .” (E l C u ra d e a ld e a .)
C oncedem os la p a l a b r a
f in a l a u n ju r i s ta . L a jo­
ven U rs u la M iro u e t, h ija le ­
g ítim a de u n h ijo n a tu r a l,
h a sid o e d u c a d a p o r u n tío
m uy ric o ; los h e re d e ro s d el
tío , in q u ie to s , c o n s u lta n a
su n o ta rio . D e sp u é s de h a ­
b e rle s ex p lic ad o la s re fe
re n c ia s d e i có d ig o , e l n o ta ­
rio le s d ic e : “ E l rig o r de
la le y f r a n c e s a p a r a con los
h ijo s n a jú ra le s , s e r á e je r c i­
do con e sp e c ia l s e v e rid a d
p o rq u e
n o s h a lla m o s en
U N A E P O C A D O N D E SE
H O N R A A L A R E L IG IO N .”
( U r s u la M iro u e t.) L a c a r i­
d a d c r is tia n a a p o y a n d o el
r ig o r d e la s le y e s b á r b a iq s
es p a r a m í u n a d e la s m e­
jo re s im á g e n e s de ese h u ­
m o rism o ta c itu r n o , con el
quo B alzac, d e u n m odo inc o n rc ie n te , re a liz a a veces
la s fr a s e s d e sn3 p e rs o n a je s .
N o m e p ro p o n g o o tr a co­
sa q u e s e ñ a la r e s ta c u rio ­
s id a d de B a lz a c : no d u d o
do q u e el le c to r, en e l c u r­
so d e su s le c tu ra s , d e sc u ­
b r i r á o tro s eje m p lo s, q u iz á
m áa p 2r ti n e n te s . .

la

V esto nos lleva directamente a las ca­
lidades. Convinimos que en un collage no
es posible; matizar, es decir, buscar peque­
ñas diferencias de tono, de tinta, de ap li­
cación de ambos, de tratamiento de la su ­
perficie, que es precisamente lo que marca
,,i diferencia entre un cromo y un cua­
dro. Sin embargo, como señalé arriba, todo
collage depende de las riquezas quo ofrece
la diversidad Je sus elementos. S i bien no
se puedo quebrar una tinta por eso míni­
mo qnc confiere diferencia al plano, cu
el collage hay un cambio do materias que
producen este plano. Dicho en forma más
gráfica, en el collage no se habla de Illan­
co, gris o pardo, sino óe papel de diario,
de trapo da piso, o de tabaco. Del mismo
modo pueden establecerse los tonos: no
bav claro ni oscuro, sino estos mismos
hechos err correlación.
Concluyendo, vuelvo a insistir en la faz
i,i Lamente experimental de los objetos ar­
monizados, en su peculiaridad de gesto.
No obstante esto, el collage tiene, por
estas mismas razones, una singularísim a
necesidad de existencia, pues el pintor ver­
dadero — y perdóneseme el lugar común,
tan insustituible como todos los lugares co­
munes—- nunca deja de serlo pegando pa­
líeles, recortes de tela o tabaco sobre una
su p erficie.. . A esta altura del desarrollo
de la expresión figurativa actual, ya vuel­
ven a abundar los hacedores de presunta*
chef d 'ocurres-, mas, por mucho que ras­
treemos, escasamente hallamos une ocurre
d'un chef, a no ser de tal o cuál chef Xe
cmsine. Frecuentemente, el gesto cede a
ia obra de salón, carente de generosidad
y espíritu .En inteligente pintor y escul­
tor, Alexander Calder, escribió no hace
mucho, ante las imágenes de los habitantes
de las islas oceánicas, algunas frases que
liacomos nuestras pensando en el collage:
“ Yo pienso quo esto es hermoso. Una
muestra como la presente anima a todo
artista. Si se siente tentado a ensayar
algo experimental, pero teme que íro pueda
llevarlo adelante, esto puede darle estímu­
lo ” . De hecho, todos los pintores primi­
tivos fueron pintores de, gestos. ¡R enun­
ciaremos nosotros de experimentar con
nuestros recursos expresivos para seguir
formando fila en la antesala de una pe­
tulante eternidad?

LITERATURA
Por GUILLERMO DE TORRE

riberas la resaca de la anterior trasguerra.
Bastará recordar las novelas de Louis-Ferdinand Céline en Francia, de Ericb Kaestner en Alemania, de Alberto Moravia en
Italia como demostración: do que nuestro
paladar estaba acostumbrado ya a “ deli­
cadezas” semejantes. Y en punto a vio­
lencia de situaciones, a amoralidad de at­
mósfera y ‘ ‘ directismo ’5 expresivo, la ex­
tensión todavía más vasta y el influjo
creciente logrado por el nuevo realismo
de algunos norteamericanos penúltimos
—-Faulkner, Steinbeck, Caldwell, Cain...—
es suficiente ejemplo. Luego la sacudida
del cinismo tenía ya un epicentro lejano,
y esa ola turbia, emproada a mostrar la
vida como “ sound and fu ry ” — como un
cuento absurdo contado por un niño idiota,
parafraseando las palabras de Shakes­
peare—■ se había extendido sin trabas a la
novelística de otros países en años más
recientes. La guerra, en vez de anular con
su violencia real esta corriente, al supe­
rarla cou los hechos, no hizo sino reforzar
paradójicamente sus batientes, inclusive en
la antes innocua literatura inglesa, según
muestra la difusión alcanzada allí durante
los años de la “ blitzkrieg” por las im a­
ginaciones a lo K afka, de Rex Warner y,
particularmente, por cierta novela sádica,
Miss Blandish.
Hasta en la secuestrada España las dos
únicas novelas que alcanzaron renombre
— aludo a irada, de Carmen Laforet y a
La fam ilia de Pascual Duarte, por Camilo
José Cela— , quo la gente de allí ha leído
y celebrado (quizá no tanto por su puro
valor literario, muy relativo en los dos ca­
sos, sino por la protesta subterránea que
marcan contra el oscurantismo y el confor­
mismo teocrático-castrense) trasuntan se­
mejante visión cínica e implacable de la
vida. Una mención más subrayada, tanto
por su valía infinitam ente superior, como
por tocarnos más de cerca en todos senti­
dos, merecen las obras de dos poderosos
novelistas españoles revelados en el des­
tierro. Aludo a Max Aub, cuyos libros
Campo de sangre y Campo cerrado mere­
cían mayores atenciones quo las logradas;
y a Arturo Barea — español en Londres,
desconocido por casi todos sus compatrio­
tas, pero cuya trilogía antobiográfica-novelesea The forgin g o f a rebel ya ha con­
quistado el espaldarazo de varias traduc­
ciones.
Todo ello revela que la guerra y la tras­
guerra podrán haber exacerbado esa ten­
dencia cínica, tremenda, malhablada, pero
queda probado que no sólo en potencia,
sino en actos y obras múltiples, existía ya
desde antes. Cierto es que particularmente
en Francia, ya hace años veníase hablando
de uir.i corriente “ m iserabiiista” ---el
apelativo corresponde a Jean Schlumbergeir— introducida quizá antes que nadie
por los libros ya aludidos, crudos, mal­
hablados do Céline, autor hoy relegado a
la zona de lo innombrable, merced a su
conducta colaboracionista, ya que aquel
cantor de negruras, aquel maniático anti­
semita lógicamente había de sentirse so­
lidario con el antiespíritu nazi. Pero ni
por su contenido ni por su técnica el autor
del Voyagc au bout de la nuil marcaba
otra cosa que una reanudación del realismo
naturalista, llevado a su dislocación cari.-

caturesea y en sus aspectos más sombríos.
Con la aparición de las novelas sartrianas las cosas toman un iruevo sesgo: la
técnica cambia y la intención también. E l
incriminado “ miserabilismo ” no está ta n ­
to en el tema o en los detalles episódicos,
como en el meollo do sus personajes y en
la atmósfera que los baña. De otra parte
el procedimiento zolesco, las construcciones
macizas, son sustituidas por el fragm entarisrno y las visiones superpuestas, cuyo
ejemplo más expresivo puede encontrarse
en la composición de E l aplazam iento.
Mas la crudeza allí mostrada era de ca­
rácter diverso: más sutil y especiosa, co­
mo respondiendo a un preconeepto intelec­
tual, como ejemplos de una eosmovisión
peculiar muy elaborada y meditada. Sin
ser meramente externa, puesto que iba uni­
da al fondo, aquella crudeza tampoco po­
día considerarse esencial: era una resul­
tante mas no un fin. La pareja enclaus­
trada de “ La cám ara” , el personaje en­
tro grandioso, cómico y salaz, ávido de
asombrar al mundo, de “ E róstrato” , el
proceso de corrupción de una falsa per­
sonalidad que describe “ La infancia de
un j e f e ” - — entre otras novelas cortas de
E l muro— impresionan' e interesañ por sn
intención subyacente antes que por su des­
caro verbal.
Su personalidad incipiente quedó ya más
definida cuando en 1938 dió a luz su pri­
mera novelá La náusea. Decir que Antoine
Roquentin, su protagonista, y casi el único
personaje de esta novela tan despoblada
y fantasm al, tan deliberadamente escasa
de peripecias externas como rica en alusio­
nes significantes, es una suerte de esqui­
zofrénico, no explica gran cosa. L a náusea
que experimenta ante el mundo mediocre
quo le rodea no es física, sino m etafísica.
E s el sentimiento de la existencia como
un vacio donde lo vital se aniquila, y don­
de contrariamente las form as inorgánicas
de la materia asumen, al ser contempladas
con frialdad y desprendimiento, una pre­
sencia fascinante. Según explica el mismo
personajo en una página de sus soliloquios,
lo esencial es la contingencia; por d e fin i­
ción, la existencia no es la necesidad; ex is­
tir es estar ahí simplemente ( D ascin : la
fórmula clave de H oidegger) ; los existen
tes aparecen, se dejan encontrar, pero
su m a puede uno deducirlos. Y agrega R o­
quentin' — portavoz noveloseo de Sartre—
que ningún ser necesario puede explicar •
la existencia: la contingencia no es una
apariencia que pueda disiparse; es lo ab ­
soluto. Y, por consiguiente, la gratuidad
perfecta. Gratuidad que equivale a lo A b ­
surdo. “ Yo comprendía que había encon­
trado la clave de la existencia, la clave de
mis náuseas, de mi propia vida. De hecho,
todo lo quo pude captar después se con­
centra err esta absurdidad fun d am en tal.”
H acia la apología sistem ática de lo ab­
surdo, hecha no con ánimo paradójico sino
con meditado vigor, se encamina parale­
lam ente el libro ya aludido, L e m yth e de
Sisyphe, de Albert Camus. ¿Y acaso Heidegger al centrar en la nada el tem a de
sus reflexioues, y pretender que en ella se
hace patento la angustia, no había y a a n ­
ticipado desde 1931 — en su discurso ¿Qué
{C ontinúa en la página J )

1

�cabalgata

4

JEAN PAUL SARTRE
(Tiene de la página 3)
es M etafísica?— los elementos esenciales
de esta conclusión?
Contra lo que parecen creer y afirmar
tantos gacetilleros confusionistas, ni el
existencialismo se produce como una con­
secuencia directa de la güe ra, ni ha sur­
gido súbitamente armado, cual una nueva
Minerva, de la cabeza del Júpiter Sartre.
Su importancia además — sobre todo desdo
nuestro punto de vista— no radica tanto
en su filosofía como en la incorporación,
por vez primera, do ciertos conceptos filo ­
sóficos a la novefa y al teatro. Claro es
que, lamentablemente, no son tales ideas
las que han removido tan plurales curiosi­
dades, sino la envoltura, mejor dicho, la
aludida desenvoltura verbal con que so
presentan, y, sobre todo, el relente peculiar
que desprenden ciertas páginas sartrianas.
Pero cualquier epíteto censorio, al cabo,
no corresponde a Sartre: su destinatario
es el mundo real de donde toma sus mode­
los. Por lo demás, errarán totalmente el
camino quienes se acerquen a sus libros
buscando únicamente páginas libidinosas,
tanto como quienes pretenden identificar­
las con la literatura licenciosa; su entraña
estético-filosófica los sitúa en un plano
muy superior, rigurosamente aparte de las
procacidades vulgares.
En 1940, poco meses antes de la caída
de París, Sartre da L'Im aginaire con el
subtítulo do Psicología fenomenológica de,
la imaginación, tratado donso de aire ri­
gurosamente filosófico, y cuya aridez ex­
positiva le aleja de quienes hubieran acu­
dido a él seducidos por la c.olindancia es­
tética del tema. Y en 1943, bajo la ocupa­
ción alemana, su libro teórico más capital
hasta la fecha, L ’étre et le néant, ensayo
de ontología fenomenológica, libro abrup­
to,rigurosamente técnico, compuesto de 722
páginas, a gran tamaño, deL que todos ha­
blan “ pero que mo han leído cabalmente
una docena de personas ni han compren­
dido más de seis” , según dice un especia­
lista y no cualquier le g o ; lo que se ex­
plica, ya que su fraseología nos ofrece, en
cualquier página donde aisladamente hun­
damos la mirada, la impresión de una tra­
ducción germánica err crudo, dicho esto
con todo respeto.
Aun habiendo militado en las filas de
la resistencia intelectual francesa, Sartre
— primero movilizado, luego prisionero, al
final evadido— fué uno de los no muchos
autores que, por habilidad propia o con­
descendencia ajena, gozó de ciertas fran­
quicias para publicar sus libros y estrenar
sus obras dramáticas durante la ocupación1
nnri Efectivamente, en 1943, dió a la es­
cena su drama en tres actos b es mouches,
vivificación mitológica de Orestes, llena
de alusiones algo sibilinas a la actualidad
de aquel entonces, en su condenación del
tirano criminal; y en 1944 otro, en un
acto, Huís dos. A puerta cerrada es, a mi
ver, la realización escénica de Sartre más
lograda hasta la fecha. El infierno que
nos pinta, una simple habitación de hotel
—donde están condenados a vivir toda la
eternidad los tres únicos personajes— es
más empavoreeedor que pudieron serlo err
la Edad Media las alegorías llameantes.
El infierno real es el de la eternidad sin
puertas, el de la incomunicación absoluta
que padecen esos tres seres —tres escorias
humanas— destinados ‘ ‘ per in aeternum ’ ’
a vomitarse sus recuerdos.
Sobrevenida la liberación su actividad
se multiplica: lanza los dos primeros vo­
lúmenes de una tetralogía novelesca, cuyo
título general es Les chemins de la liberté,
y cuyos dos primeros tomos, únicos apa­
recidos hasta la fecha, se denominan L 'age
de raison y Le sursis, libros removedores,
suscitadores de epítetos negros —amora­
lidad, putrefacción, etc.— que sirven a su
propaganda, a cierta aureola de escándalo
y publicidad, pero que en nada definen
sus intenciones últimas ni revelan su ver­
dadero carácter. La edad de la razón es
una verdadera obra maestra en punto a
crudeza, cinismo, desolación, y deprimente
como ella sola. No por el tema — escabro­
so, pero nada excepcional— , no por la ca­
tadura de algunos personajes y el cariz de
ciertas escenas, sino por la atmósfera ge­
neral envolvente. La crudeza, pues, no está
en los hechos mismos, tampoco en la ma­
nera — bastante objetiva— con que se nos
narran, sino en algo indefinible y deletéreo
que atraviesa todas las páginas. En el mo­
do como aquellos seres reaccionan ante los
acontecimientos, modo visceral pudié.amos
decir, por oposición a todo estilo anímico.
Aparentemento buscan definirse por su li­
bertad do acción1, por su 1‘ disponibilidad ’ ’,
mas en realidad parecen simples esclavos
de sus impulsos más elementales. Pero
cualquier juicio definitivo sobre esta obra,
lo mismo que sobre E l aplazamiento —en
mareada en la época de Munich— resul­
taría prematuro, ya que no está acabada,
y el autor promete que en el tomo cuarto
y último quedará pa.ente su sentido. Es­
trena otras dos obras dramáticas, Morts
sans sepulture — drama de la resistencia—
y La putain respectueuse — quizá su única
pieza moral, pese al titulo descarado—
que renuevan idénticas marejadas con pa­
recida innocuidad, puesto que se trata de
creaciones cuya intención, y cuyos valores
pertenecen a un plano más al.o. Y lanza
la revista mensual L,es iemps mudemes,
publicación que editorialmenio viene a ser
una continuación de la famosa A’ouvelle
Rcvue Frangaise —ya que aparece respal­
dada por el mismo euitor, Uailimara, y
que cu su primer consejo directivo figuran
nombres como el de deán Paulnan, ü.rec­
tor üo aquélla, quien por cierto no quiso
resucitaría en modo alguno eon el mismo
titulo, pues entendía que había quedado
piostituída para siempre merced al direc­
to) quo se incautó de ella, durante la ocu-

CERVANTES, RUBEÑf DARIO
y EL

HOMBKE

ES

P A Ñ

O L

Por JEAN CASSOV
-

/

( Viene de la primera página)
el que reprende. Al final del libro, en ese
momento melancólico en que los dos com­
pañeros regresan a su aldea, una vez ter­
minadas sus aventuras, Don Quijote se
siente invadido por la tristeza de la des­
ilusión; le abruman una especie de debilidadt una inmensa tristeza; ya no es el
caballero heroico de su partida. Y a la en­
trada de la aldea cree ver diversos presa­
gios. Dos muchachos se disputan una jaula
de grillos, y uno de ellos le dice al otro:
“ No la has de ver en todos los días de tu
vida” . Unos lebreles y unos cazadores
persiguen a una liebre. Entonces Don Qui­
jote se pone a meditar y a hablar al estilo
de Sancho. A ver presagios en todos aque
líos hechos. Se pone a pensar según la con
ciencia y la mentalidad del pueblo e incli­
na la cabeza. “ Malum signu-m, malum
signum, liebre huye, galgos la siguen, Dul­
cinea no parece ’ ’ Sancho le reprende con
energía: “ ¿Qué mala señal es ésta, ni qué
mal agüero se puede tomar de ah í?” En
estos momentos, descubrimos un intercam­
bio completo y una completa fraternidad
entre dos seres humanos. Es imposible con­
cebir nada mas poético, conmovedor y puro
que esta fraternidad, que nos lleva a un
reconocimiento sentimental y humano. To­
dos los fundamentos de la moral humana
se resumen en tales momentos. La moral
cristiana y la moral antigua se confunden
en el genio de Cervantes como se confun­
den también el humanismo cristiano y el
humanismo moderno. Todo lo que ha sido
en su época sabiduría, alto ideal, y expe­
riencia, se expresan en la humanidad de
Cervantes.
Esta humanidad aparece de nuevo, y
bajo una forma sublime, en el gesto d?
Maritornes cuando acerca su cántaro de
agua a Sancho que acaba de ser manteado
por los arrieros y que ha caído en un rin­
cón del patio, agotado y sudoroso. Mari­
tornes era una moza de posada que, como
María Magdalena, hacía comercio de sus
encantos, pero conservando a pesar de ello
ciegos rasgos cristianos. Unamuno dice
que Maritornes amó mucho a su manera y
que por eso le serían perdonados sus amo­
res con los arrieros, puesto que. ello sólo
so debía a la ternura de su co"azón. Ter­
nura evangélica, ternura franciscana hay'
en el gesto de esta pecadora que va a bus­
car agua a la fuente y tiende su cántaro a
Sancho. Y la caridad de Cervantes y su
sed de justicia se ponen de manifiesto en
el episodio de los galeotes: — ¿Quienes son
esos hombres que pasan cargados de cade­
nas? — Forzados del rey, le responden.
— Cómo, ¿es posible que el rey haga fuerza
a ninguna gente?
Jamás pillaremos en falta a Cervantes.
Es generoso, pero lúcido. Siempre ve el re­
verso de las cosas. Pues Don Quijote, una
vez que ha liberado a los galeotes, les reune y les dirige un bello discurso reco­
mendándoles que vayan a buscar a Dul­
cinea y le lleven sus cadenas; inmediata­
mente los galeotes se ponen a apedrear a.
Don Quijote. Lo que ha guiado a Don Qui­
jote ha sido solamente un amor puro y
desinteresado por la justicia. Y, sin duda,
Cervantes, que conocía muy bien los bajos
fondos de Sevilla y todas las atrocidades
de la vida social, sabía que Don Quijote
era un loco iluso. La realidad se impone
en forma terrible y bufonesca. Sin embar­
go, Cervantes conserva su fe. Esta digni­
dad, esta fe candorosa, es la forma subli­
me de la justicia.
E l amor a la libertad es expresado en
páginas no menos admirables. Al comien-

pación, Drieu la Rochelle— , mas que lite­
rariamente acusa otras características.
Desde entonces el nombre de Sartre —en
cuya vida externa no hay ningún dato lla­
mativo que apuntar: nacido en París, en
1905, normalista brillante, profesor de f i ­
losofía primero en Lo Havre y luego en el
Lycéo Condocet de París, hombre de ter­
tulia y pandilla en los cafés próximos a
Saint-Germain-des Prés— conoce una boga
publicitaria clamorosa e ininterrumpida.
Es leído, discutido, admirado, o improperiado como pocos. En manos de gacetille­
ros y aficionados el existencialismo corre
el riesgo de trocarse en una moneda des­
lucida. Despectivamente, quienes se jactan
do estar de vuelta de todo, aseguran cada
seis meses que Sartre es un “ b lu ff” , el
existencialismo una moda pasajera y que
dentro de otros seis meses ya nadie se
acordará de ellos. ¿Será c ie r to ... al cabo
do una sesena algo más elástica? Recorde­
mos quo de enterradores espontáneos y
pompiers de corazón están llenas las ciu­
dades literarias. Agreguemos que si en
Sartro sólo hubiera esa crudeza expresiva
tan vituperada ya hace mucho tiempo que
habría sido eclipsado por otros.
Si fuéramos a fijarnos únicamente en
este aspecto del existencialismo —el más
sensacionalista y adjetivo— en el de su
escatología, y aun en el de su cropología,
y como a todo hay quien gane, resultaría
quo la marca sartriana fué superada poco
después al conocerse en francés —pues el
puritanismo yanqui tiene prohibida la cir­
culación de las ediciones originales— las
obras de cierto novelista norteamericano.

I

zo de la “ Gitanilla ” , en un lenguaje vir
giliano, homérico, de una elocuencia des­
lumbradora, Cervantes nos pinta la vida
do los gitanos, que llevan sus canciones,
sus danzas y sus guita-ras a través de los
campos Esto amor a la libertad aparece
también en ‘ ‘ La Ilustre Fregona ’ ’, donde
Cervantes nos muestra dos jóvenes que su
preceptor lleva a la Universidad de Sala­
manca. En cuanto el preceptor da media
vuelta, después de haberles hecho sus re­
comendaciones, los jóvenes huyen a Tole
do donde se colocan en una posada, que
se encuentra aún a espaldas de Zocodover,
y que no ha cambiado nada desde la época
de Cervantes. Y allí esos jóvenes disfrutan
plenamente de la libertad, de la alegría
de vivir en una noche cervantina animada
por las seguidillas. Encuentran la plenitud
de la libertad, el amor producto del azar
o de la suerte. Pero esta suerte y este
azar ya no son cosas de los magos: la

fortuna es humana y el hombre tiene qne
conquistarla en la tierra. El homb-e tiene
ouo ser “ el artesano de su aventura” y
al heroísmo caballeresco sucede otra forma
de heroísmo, que es el heroísmo estoico, el
heroísmo del hombre que se enfrenta con
la realidad. Esta moral es una moral es­
pañola, la moral de Séneca, y Séneca fué
el primero de los españoles. Cervantes, pa­
ra enfrentarse con esa realidad, sin la
ayuda de los dioses ni de los magos, de las
hadas ni de los encantadores que aparecen
en las novelas caballerescas, nos presenta
un nuevo tipo de héroe que es el hombre españorl, el Homo Hispánicas. Por lo tanto,
encarna el hombre moderno en1 un hombre
español y le ofrece como un ejemplo a la
humanidad. Este hombre español anuncia­
do por el Evangelio, según Don Quijote,
es noble y cortés, ingenuo y heroico, im­
buido de una sabiduría melancólica y
fuerte; conoce e imagina; sueña y sonríe;

Páginas de

L U I S R E IIV A II1) I
Por, OSIRIS TROIAM
estas páginas está
todo él, vivo, caliente.
Y está todo su tiempo.
Su tiempo, que en reali­
dad f u é una década.
(Antes de ella era un
muchacho y ahora sólo
es recuerdo.) Década de
pasión. Década de 1ago­
nía. De 1936 a 194J: do
Madrid a Stalingrado.
Cada contraste venía a
alimentar nuestra firme­
za. Eramos siempre los
derrotados. Ese fué nues­
tro orgullo. Dias som­
bríos se precipitaban so­
bre nuestro país y sobre
el mundo. La libertad es­
taba acorralada, pero se
refugiaba en algunos es­
píritus señeros, militan­
tes. Comó el dé Luis Rev
naudi.

la de cerca se marchó al vados del olvido por la
otro mundo.
devoción de su admirable
compañera— nos lo mues­
tran tal como era: sen­
“ L u is R einaudi, un sato y valeroso. Habla
periodista que creía en el de la literatura francesa
hombre” , proclam a la o de los ranchos de San­
carátula de su único li­ tiago del Estero, de nues­
bro. Definición precisa. tras tradiciones históri­
Su rasgo eminente era la cas o de la aterradora
inocencia. Inocencia, no confusión contemporánea,
ingenuidad. Ingenuos son sin: dejarse tentar un ins­
los maliciosos y, como él tante por “ snobismo” al­
solía decir despectivamen­ guno, por ningún alarde
te, los realistas La in ­ estético o político Hon­
genuidad es pasiva, la radamente. Y siempre to­
inocencia desafiante. Te ma partido. Con esto, que
merario, enfrentaba a la es -diáfano, noble, senci­
mentira organizada, al c i­ llo; contra aquello, que
nismo, a la ignorancia, a es turbio, hipócrita, per­
la provocación, con sólo verso. Se daba entero.
su fo en el hombre. Com­ Mientras oyera el canto
batía, sobre todo, por su rítmico de la rotativa, pa­
derecho a seguir creyen­ recía un poseído. Al cie­
do — contra toda eviden­ rre de la quinta edición
* * 4*
cia— en la buena madera volvía a su mundo, a la
del ser humano.
charla cordial, al ocio
La libertad estaba aco­
fructuoso.
■» *
*
rralada, pero ardía en el
» * *
pecho de cada uno de los
derrotados. Intacta y pu­
Más de una vez le ho­
ra. Estas páginas, que rnos reprochado aquella
El libro que mos de­
fueron escritas en pre­ superstición por la letra vuelve momentáneamente
sente —vertiginoso pre­ impresa, tan inusitada en su presencia cumple un
sente— y ahora leemos un periodista. Se resistía fin útil. Convoca a sus
en p retérito , entonces a admitir que el mundo amigos —y todos sus lec­
concitaban la esperanza, rueda sin ayuda de las tores eran también sus
hoy nos colman de nos­ prensas. 1‘ Frente a la amigos— y distribuye en­
talgia. Nostalgia de la metralla sólo vale la me­ tre e l l o s palabras de
lucha. Nostalgia de la de­ t r a l la ” , le decíam os. aliento y de esperanza.
rrota, que no nes impe­ “ Alinear palabras contra Desde que él se ha ido,
dia, por lo menos, ese los hechos es predicar en se han multiplicado las
tenaz ejercicio del ensue el desierto. ’ ’ Pero él con­ dudas, las deserciones, las
ño, en que teníamos a fió hasta su último dia debilidades. “ ¡No des­
Luis Reinaudi por guía en la eficacia de la pa­ mayéis ! ’ ’, viene a decir­
y maestro. E l ensueño labra. Y sólo ahora nos nos. Reconocemos esa voz.
murió con: la victoria. Te­ es dado comprender que, Es la voz de un mucha
nemos ante nosotros una si la fuerza otorga la vic­ cho grande y alegre que
victoria desea, nada, car­ toria, la calidad de la amó la liberiad y amó a
comida por los virus que victoria depende del es­ su patria Y que, absor­
contrajo en la pelea. El píritu.
bido por un oficio que
fué para él una pasión,
apenas si alcanzó a verla
* * *
en el horizonte, alta y
quemó su vida como se
Estos artículos —sa l­ quema un cigarrillo.
luminosa. Y para no ver-

E

n

Aludo, como se sospechará, a Ilenry Mi11er y a su3 novelas Tropic of Cáncer y
Tropic of Capricorn Lo cropológico, no
sólo lo irracional y lo . visceral — sustitu­
yendo a la mente y a los sentidos como
instrumentos para captar el mundo—-, al­
canzan aquí sus límites más desaforados.
Con la diferencia de que en Miller no hay
más que una obsesión libidinosa y un caos
aterrador, mientras que en Sartre —como
en sus colegas, afines o disc pulos: Simone
de Beauvoir, Georges Bataille, Michel Leiris, etc., hay un concepto peculiar del
mundo y un arte muy refinado, aun cuan­
do en ciertos casos intente disfrazarse de
balbuceo o tosquedad.
Resultaría fuera de lugar e inevitable­
mente extenso intentar siquiera exponer
someramente las teorías del existencialismo en el plano filosófico. En el que más
cercanamente nos toca, en el literario, és­
tas se condensan y aclaran cuando sus de­
fensores nos dicen cómo su propósito es
reproducir fielmente el flujo y reflujo de
la vida interior (¿acaso Dostoievski, acaso
Joyce, acaso Kafka, los mismos super ealistas, so habían propuesto otra cosa?)
antes de que el espíritu intervenga para
introducir una lógica que no existía. O
bien cuando afirman que este pensamiento
es como una reacción1 de la filosofía del
hombro contra los excesos de la filosofía
de las ideas y la filosofía de las cosas.

Porque ‘ ‘ mientras el pensamiento abstrac­
to — escribía Kierkegaard— se propone
comp-ender abstractamente lo concreto, el
pensador subjetivo (leamos hoy existencial) tiende, por el contrario, a compren­
der concretamente lo abstracto” . Cierto
es que lo anterior sólo constituye levísima
insinuación de un sistema que se presenta
tan trabado y coherente, pero ello nos ex­
plica por qué, en definitiva, quizá el pen­
samiento existencial se exprese mejor que
en las obras doctrinales en la novela y en
el teatro. “ Si la descripción de la esencia
— corrobora Simone de Beauvoir— perte­
nece a la filosofía propiamente dicha, úni­
camente la novela permitirá evocar, refle­
jar, en su realidad completa, singular,
temporal, el flujo original de la existen­
cia. ’ ’ Luego, en definitiva, quien desee
captar vividamente las tesis existencialistas, antes que a las exposiciones doctri­
nales deberá acudir a las novelas y dramas
do Sartre ya mencionados, lo mismo que
a las de Simone de Beauvoir —L ’invitée,
Le sang des autres, Toas les hommes sont
mortels, más la pieza Les bouches inúti­
les— ya que cada una de ellas viene a
ser la ilustración y corporación de tales
teorías.
(P ró lo g o

a

la

e d ic ió n

de

“ E l m u ro ” ,

da J e a n -P a u l S a rtro , p u b lic a d o p o r la Edi.
torial Losada.)

se burla, pero en sus burlas se incluye a
sí mismo; y esto es une de los indicios más
perfectos de esa inteligencia suprema: la
ironía, el don de burlarse de uno misma
El indicio más perfecto de la perfecta ele­
gancia moral del hombre español y de su
superioridad.
El poeta ibérieo, Rubén Darío, ha can­
tado la Letanía de Nuestro Señor Don
Quijote. Sabéis que Rubén Darío, el gran
poeta americano, aunque de sangre india,
fué un gran poeta español, y una de las
figuras del imperialismo espiritual ibéri­
co, que los españoles llaman ‘ ‘ raza ’ ’, que
no es una unión basada en la sangre, pre­
sunción de superioridad absolutamente ab­
surda y terrible, sino una unidad basada
en un consentimiento espiritual que une a
homb’es tan diferentes como los catalanes
de Barcelona, los vascos de Bilbao, los
portugueses de Lisboa y todas las clases
de hombres que pueblan la América des­
cubierta y conquistada por los héroes de
la época de Cervantes. Así Rubén Darío,
español de sangre india, es el profeta de
la América latina, y el profeta de la lati­
nidad.
Rubén Darío vivió en París, al final del
Simbolismo, y quedó profundamente in­
fluenciado por la poesía de Verlaine, y los
simbolistas franceses, y su poesía ha pro­
ducido en la historia de la lengua espa­
ñola, la misma transformación que ha
producido en la poética francesa Verlaine
y los simbolistas. Y Rubén Darío estaba
enamorado de Francia y de su poesía. Este
poeta de sangre latina no podía menos de
enamorarse de Francia. Uno de sus poe­
mas más conmovedores para nosot-os es el
poema que, con su genio de profeta, en
vísperas de su muerte, en vísperas de 1914,
nos presenta el drama que iba a padecer
Francia, y del cual nos avisa angustiado:
¡Los bárbaros, Francia! ¡Los bárbaros,
cara Lutccia! Pero escuchemos su letanía
de Nuestro Señor Don Quijote:
¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,
Con el alma a tientas, con la fe per dula.
Llenos de congojas y faltos de sol,
Por advenedizas, almas de manga anqlia
Que ridiculizan al ser de la Mancha,
El ser generoso y el ser español!
Ve tantas tristezas, de dolores tantos,
Ve los superhombres de Nietzsche, de
[cantos
Afonos, recetas que firm a un doctor,
Ve las epidemias, de horribles blasfemias,
de las Academias, líbranos Señor.
Los superhombres de Nietzsehe que de­
nuncia el gran profeta latino, los hemos
conocido, los hemos visto actuar. A los
excesos sádicos y pedantes, Rubén Darío
opone el heroísmo cervantino, ese heroís­
mo español que nosotros, los vecinos más
cercanos a España por la geografía y por
el corazón, reconocemos como ideal nues­
tro. Y para terminar, voy a revelaros un
gran secreto y a explicaros un1 misterio
profundo. En este momento, Don Quijote
está desterrado de España, y en su lugar
se encuentra su enemigo, denunciado por
el profeta Rubén Darío. En el lugar del
Don Quijote desterrado se halla el superhomb e de Nietzsche. ¿Sino, por qué des­
de hace diez años todas las potencias se
han unido contra España? Os lo diré. El
mundo tiene miedo de Don Quijote. Tiene
miedo de ver que se realiza la Buena Nue­
va de Cervantes y el Evangelio según Don
Quijote. Tiene miedo de que la especie
humana tome modelo al hombre español,
y de este modo dé un gran paso hacia de­
lante. Tiene miedo de ver que, bajo la
inspiración del hombre esoañol, la especio
humana realice un progreso demasiado te­
rrible. Hay momentos en la historia en
que gracias a una nación, a un pueblo, la
humanidad lleva a cabo una revolución,
impone un elevado ideal moral, se coloca
en un régimen nuevo, avanza hacia la ci­
vilización. Grecia y Francia han sido pa­
ra la humanidad los ejemplos típicos de
los progresos de ese género. El pueblo es­
pañol puede a su vez ser para la humani­
dad la ocasión y el instrumento de un
nuevo salto hacia delante, y esto es lo que
se teme. Porque el pueblo español, inspi­
rado y expresado por Don Quijote, cons­
tituyo una aristocracia entre las nacionesEl pueblo español es de sangre generosa y
noblemente apasionado, capaz de g: andes
hazañas, y poseedor do excepcionales vir­
tudes. Tiene la pasióu, y al mismo tiempo
la inteligencia, la energía y la lucidez, el
sarcasmo y la caridad cálida y fraternal.
La potente dialéctica de Cervantes, se pono de manifiesto en el temperamento del
pueblo español como so pone de manifies­
to en su historia. De suerte que, recorrien­
do toda la gama de las posibilidades hu­
manas, sus divergencias, sus contradiccio­
nes, puedo realizar del modo más completo
y pe.fecto una nueva imagen del hombre.
En un momento de la historia humana no
menos trágico que el actual, hace cuatro­
cientos años, Miguel Je Cervantes fué el
6ublime anunciador de esta imagen.
(T ra d u c id o p o r M. L. M artín ez)

�La Vida
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LA VIDA ARTISTICA EN PARIS

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Por FRANCISCO CI RT LANCE
( Vune de la primera página)

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ambiente, contrariamente a Buenos Aires,
donde ya asomaba un criterio ecléctico,
gracias a la afluencia de compañías lí­
ricas de diversa procedencia y de muclios
virtuosos. Ese estado de cosas se prolongó
en Chile hasta 1920, aproximadamente,
porque traspasar los Andes no fué en ese
entonces muy común en los artistas que
tomaban a Buenos Aires como punto final
de su trayecto. Uno de los músicos de más
talento, que tuvo en sus manes el cetro de
la creación y enseñan-z.a de Chile, ha sido
Enrique Soro (1884). Realizó sus estudioen Milán y a su regreso u Santiago, en
■005, -m influencia i &gt;. el Conservatorio,
como profesor de armonía y contrapunto,
fué muy grande, creciendo aún más cuan­
do se le nombró director del establecimien­
to en 1919.
En ese entonces comenzó en Chile una
especio de reacción musical que torminó
en un renacimiento. Un grupo de profesio
nales y aficionados cultos, que no podía
comulgar con el ritmo y la organización
musical de ese entonces, formaron el nú­
cleo de la oposición. Conocían perfecta­
mente los nuevos vientos que corrían en
Europa y lamentaban el notorio atraso en
que se encontraba la música de su propio
país. Eran estos hombres en su mayoría
universitarios que contaban con un solo
compositor que podía servirles de mode­
lo, por haberse emancipado de los precep­
tos de la escuela de Soro: Humberto
Allendo (1885), que se formó en el Con­
servatorio en 1908. Allende se orientó ha­
cia el nacionalismo musical y se interesó,
por la índole misma de sus especulaciones,
por las corrientes contemporáneas, espe­
cialmente por las francesas. Compositor
muy fecundo hasta hoy, creó las Escena#
campesinas chilenas y La voz de las calles,
empleando material folklórico en la pri­
mera y popular (pregones callejeros), en
ia segunda. Sus famosas Tonadas, para
piano, posteriormente vertidas en formas
más amplias (orquesta; coro; solistas vo­
cales y orquesta), han permitido el em­
pleo más libre de elementos locales. La
presencia de Allende en Chile, y más tarde
en el Conservatorio tenía que ser estimu­
lante para el grupo de inquietos a que me
he referido más arriba. Este grupo estaba
compuesto por universitarios que emprenóie.on otra Carrera por no poder realizar
estudios satisfactorios en música, su voca­
ción: Domingo Santa Cruz (18S9), abo­
gado y diplomático; Próspero Bisquertt
(1881), ingeniero m ilitar; Carlos Isamitt
(1885), pintor; Samuel Negrete (1893),
arquitecto; Héctor Meló G o r i g o y t í a
(1899), ingeniero de minas; Alfonso Leng
(1884), odontólogo, hoy una notabilidad
mundial. Estos profesionales, en su ham­
bre por saber, viajaron por Europa, asi­
milando las nuevas corrientes. Cuando vol­
vieron a Chile, encontrándose ante el mis­
mo panorama do academismo y estanca­
miento, crearon una entidad que fué la
célula revolucionaria: la Sociedad Bach.
Esta institución coral, que agrupaba a
los mejores elementos de la cultura chi­
lena, era el campo enemigo que se en­
dentaba al Conservatorio. Su labor orien­
tada por San Cruz, comenzaba en la calle:
salía a dar audiciones públicas, con pro­
gramas de madrigales y corales de Bach,
luchando incesantemente por la renovación
musical que se buscaba además en el mis­
mo pueblo. Su órgano de publicidad era
una revista muy buena, Marsyas (1927118). l a en 1928, la fuerza de este grujió
nabia crecido de tal manera que se ob­
tuvo la renuncia de Soro del Conservatorio
acional de Música y desde esa fecha en
adelante, Chile tomó el camino de la con­
temporaneidad, no sin grandes dificulta­
des. En ese mismo año de 1928 se creó
la Orquesta Sinfónica Nacional, cuya di­
rección fué confiada a Armando Carvajal
(1893), haciéndose cargo de las clases de
imposición Humberto Allende y de H is­
teria de la Música y Análisis musical
Domingo Santa Cruz. La época no fue
muy propicia, porque la vida política de
Chile acusaba una gran inestabilidad, pe­
ro lo que más animaba a Santa Cruz y
aus amigos era la fuerza viva que los
acompañaba, el sentido generoso de la re­
forma que bascaba beneíiciar a todos y
ÍUe procuraba, como paso fundamental,
slejar do la institución toda influencia
tehusterial, es decir, ia nefasta política,
alocándola al amparo de la Unive.sidad
Autónoma. Universitarios la mayoría de
‘os compositores, tenían el afán de equi­
parar su arte a las llamadas profesiones
(“Dorales y remunerativas, ya que sus re­
presentantes miraban de sosiayo hasta ese
entonces a músicos y compositores.
En fu33, se creó la iu cu liad de Bellas
•ytcs, nombrándose a Domingo Santa
/■ uu su primer decano. La primera grau
"Olalla había sido ganada. ¡Sucesivamen­
te, so impusieron a un ambiente de resis­
tencia, las reformas del Conservatorio, la
oreaciun de los cursos de la Bacultad,
* equiparación de los estudiantes de mú£lca a la enseñanza secundaria y la con­
quista del territorio nacional para lograr
*• expansión de la música y la f.scalización
•obre los frecuentes horrores de una enheñanza privada convencional y comercia­
lizada. La Orquesta ¡Sinfónica Nacional
eomenzó en aquellos años us primeras
Eramies giras por el sur y el nor'e de
®ñle, junto a sus actividades veraniegas

en Viña del Mar. Hubo, por fin, posibi­
lidades para que los compositores cono
cieran sus obras orquestales, para que
los solistas jóvenes hicieran sus primeras
armas, coir apariciones jreriódicas. En esos
años de intensa lucha, una segunda re­
vista musical, Aulos (1932-34), vino a
ser el reflejo de las inquietudes y de lo
ya realizado. En ese mismo tiempo se
instituyó entre otras cosas el Premio anual
de Composición, otro estímulo para los
compositores nacionales.
Afortunadamente, en los períodos su­
cesivos al primer decanato. Santa Cruz
lia sido siempre reelecto y ha jtodido pro­
seguir su gran obra, estructurando las ba­
ses do urr.i vida musical chilena con­
temporánea. Surge entonces una nueva
publicación, la Revista de A rte (1934-39),
órgano que acompaña coilio documentarlo
la evolución de aquel organismo, al que
pertenecen también las artes plásticas. Lo
que preocupaba en aquel entonces a Santa
Cruz era la extensión de los servicios mu­
sicales y su financiación adecuada. E l peso
chileno es moneda muy désvalorizada y
la co n tra ta ció n de artistas extranjeros
conduce rápidamente a cifras abultadas.
En 1940 logró la creación del Instituto
de Extensión Musical, cuya presidencia
lo fué conferida. Esta entidad proporcio­
naba mejores recursos a la Orquesta Sin­
fónica Nacional, permitía la organización
de conciertos de cámara y una mayor
movilidad a través del país. No descansó
Santa Cruz hasta que no vió incorporada
también esta nueva institución al claustro
universitario. Una considerable mejora en
los sueldos, la institución de premios, la
organización permanente de conciertos po
pulares, fueron los primeros resultados.
En 1941 organizó el Concurso para com­
positores nacionales, presidido por un ju ­
rado internacional, y en 1942 se realizó
un festival de obras chilenas, en el que
se estrenaron las obras premiadas un año
antes. Una nueva creación, el Instituto
de Investigaciones del Folklore Musical,
incorporado a la Facultad, ba venido a
completar las conquistas de la misma, or
ganizando no sólo recopilaciones, sino
a la vez actos públicos de trascendencia,
do los cuales citamos el más reciente, la
Semana del Folklore, con motivo del Cen
tenario del Folklore. También recibió im­
pulsos especiales el cuerpo de baile y su
correspondiente Escuela. En la actualidad
se está reformando definitivamente la en­
señanza musical en el ciclo secundario y
otro tanto se proyecta realizar) en la en­
señanza primaria. Todos los conservatorios
particulares de Chile son rigurosamente
inspeccionados por la Facultad de Bellas
Artes, con lo cual se garantiza amplia­
mente el establecimiento de una enseñanza
uniforme.
La nota descollante más reciente que
dió Domingo Santa Cruz, fué la creación
del Instituto de Musicología, dependiente
de la Facultad de Bellas Artes, en la cual
tendrá lugar una sección dedicada al Folk­
lore, o sea, el Instituto de Investigaciones
del Folklore Musical. Debe agregarse que
este notable organizador procura obtener
en breve plazo la independización de las
actividades musicales de la Facultad de
Bellas Artes, de las que comprenden las
artes plásticas y las artes aplicadas. Con
la creación de dos Facultades independien­
tes, la Facultad de Música sería no sola­
mente la primera de la América latina
sino la culminación1 lógica de un largo
esfuerzo durante el cual no pocas veces
las artes plásticas representaban un las
tre para las actividades musicales de la
-Facultad y daban lugar a inconvenientes
de índole varia. Fué designado director
del Instituto de Musicología el musicó­
logo español Salas Viu y secretario del
mismo el compositor Orrego Salas.
La Facultad de Bellas Artes ha logrado
imponer en la opinión universitaria, el
público do Chile y los profesionales del
exterior, un profundo respeto por su la­
bor. Representa una fuerza viva, un con­
trol severo para bien de la música en'
Chile y la defensa de los intereses de sus
representantes. Los directores extranjeros
que han actuado en ese pais, contratados
por su institución oficial, /han tenido que
resignarse ante la imposición categórica
de incluir en sus programas obras de
autores cliilenos, no pocas veces contra su
voluntad.
He aqui, en resumen, lo que ha podido
lograr la voluntad de un hombre como
Santa Cruz, acompañado por una serie
do profesionales sumamente capacitados.
El movimiento logrado se caracteriza por
una pujanza constante y su generoso es­
parcimiento, para beneficio de todos. Su
vocero actual es la Revista Musical Chi­
lena, de aparición mensual (1945), que
ya se encuentra en 18 números editados.
Pasemos ahora revista suscinta a al­
gunos aspectos fundamentales de la vid a.
musical do Chile. En el terreno del folk­
lore el investigador más concienzudo de
la música de los indios araucanos ha sido
Carlos Isamitt. Sus estudios se encuentran
en las revistas ya mencionadas y cn eel
Boletín Latinoamericano do Música. Hum­
berto Allende y Carlos Lavin (1883),
compositor que vivió muchos años en Pa­
rís realizaron incursiones esporádicas que
carecen de sistematización. La Historia
de la Música en Chile fué escrita por
Eugenio Pereira Salas y publicada por
( Continúa en ia columna ó )

11ni

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Lll Ll

Por M A R G A R IT A N E L K E N
V I UCHAs exposiciones. Incluso, demasía
1*1 das. No jiarece sino que, después de
los “ años negros” , de ese vacío terrible
del corte con el resto del mundo, Parir
anhela resarcirse y procura, a toda costa
-—aún a costa- del mínimo de interés, de
originalidad indispensable en cada mani­
festación artística— dar, de nuevo, la
sensación de ser faro y crisol, y aquila
tamiento supremo de "valores.
Sir.- embargo, entre tanta y tanta expo­
sición. individual y colectiva: tanto nom

sin tener ninguno en firme, y sin querer
afincarse en ninguno, porque ha de re­
servar lo definitivo de su existencia para
expresar lo que le bulle en la mente, en
la retina y en el corazón. Por fin, Barce­
lona, puerto y trampolín.
El ex alfarero logra entrar en la E s­
cuela de Bellas Artes, lia logrado esca­
lar la meta cuya ascensión, desde años,
constituía su esperanza y su pesadilla.
Pero, seria demasiado fácil, el poder, así,
le uu brinco, situarse en la cima: Blasco-

Fleutcrio Blasco Ferrer. “ ('aballo” y “ Cabeza de mujer” (Esculturas en hierro).

bre nuevo y tauto y tanto nombre resu­
citado, cuando ya se le creía por siempre
desvanecido, unos cuantos nombres que me­
recen la atención, y hasta la admiración.
En suma, un balance bastante “ recon­
fortante” , para quienes temían un nau­
fragio total. París sigue siendo París, y
la vida artística de París sigue siendo, en
su intensidad fA&gt;ril, la más prometedora,
y la que más ejemplares realizaciones ofre­
ce. A diario, y a granel.
En el cúmulo de exhibiciones que seña­
lan estas primeras semanas del año, des­
taca, muy en primer lugar entre las más
notables, la que presenta, en la coquetoua
Galerie Bosc, Blasco-Ferrer. Pinturas y
esculturas.
Eleuterio Blasco Ferrer es español. Ara­
gonés de pura cepa: natural de Foz Ca-

Ferrer ha do tardar muy poco en com­
prender que “ aquello” no es lo que él
busca. Sus maestros han tardado todavía
menos en advertir que ese alumno es el
garbanzo negro de la olla. Está visto:
Blasco-Ferrer no será nunca un alumno
aprovechado de las fórmulas, trucos y
tradiciones de la sapiencia académica. E s­
capa de la Escuela, con el mismo respiro
con que había escapado de su pueblo para
llegar a entrar en ella. Vuelta a trabajar
en lo que sea y como sea; ahora, ya para
poder, sin trabas materiales infranquea­
bles (hay que- dormir bajo techado; y el
comer todos los días no admite demora)
dedicar lo mejor de su tiempo a dibujar,
a pintar, a modelar, y a doblegar el hie­
rro según le plazca.
Primeras exjvosiciones, en Barcelona y
en Madrid. La guerra. Blasco-Ferrer es
Miliciano de la Cultura. E l exilio. El cam­
po de concentración. Aquí, o se muere uno,
do privaciones o de hastio, o se hace algo
que valga la pena. Blasco-Ferrer, en el
campo de concentración, se hace — defini­
tivamente— dueño de su oficio de pintor
y eseultor.
*

Flcutcrio Blasco Ferrer.
“ El mártir” (H ierro).
lauda, ese pueblo que, a orillas del Guadalopillo, endurecido entro los peñascos del
temple de su puñado de vecinos, produce,
desde tiempos inmemoriales, aceite, vino
y* cántaros y botijos. La ciudad, la “ ca­
p ita l” , allí es Teruel. Zaragoza ya es
algo fabuloso. Barcelona, la tierra de pro­
misión, para el hijo de Foz (¡alamln deci­
dido — es decir, empecinado, a lo arago­
nés— a sobrepasar las lindes ancestrales.
Desde chiquillo, Eleuterio, el de los Blas­
co y los Ferrer alfareros, decidió elevar
el oficio del padre, de los tíos, abuelos, y
bisabuelos, y tatarabuelos, a una categoría
que él sólo sabía cuál había de ser. V
como los demás no tenían por qué en­
tender lo que a él le trotaba en ti magín,
ni tenian j&gt;or qué pensar que esas figuri­
tas que él se entretenía en recortar en
hoja de lata, o en moldear con el barro
de los caminos, pudierair ser algo más que
ganas de perder el tiempo y de no traba
.jar cual le cumplía, tan jrronto creció lo
suficiente jiara que la Guardia Civil no
le devolviera a su casa y a sus botijos,
echó carretera adelante.
Primero, ¡&gt;or todo Aragón, a lo largo
V a lo ancho; luego, por toda Cataluña,
vivió de todos los milagros de que puede
llegar a vivir el que hace todos los oficios

*

*

Su primera exposición en París, durante
la “ Ocupación” , celebróse “ en ausen­
c ia ” : el artista, huelga decirlo, no pudo
asistir a ella. A esta, asisten, él, y toda
la crítica “ que cuenta” , y que, desde el
primer momento, se ha dado cuenta de
que se halla frente a una obra que, real­
mente, tiene algo que decir, y sabe cómo
decirlo.
Pinturas y esculturas. Más de las pri­
meras; pero las segundas son las que se
imponen ante todo. Salvo dos o tres bron­
ces, esculturas en hierro. Desarrollo lógico
de aquellas figuras recortadas en hoja de
lata, con las tijeras robadas a la madre.
¿Estilización? ¿Modernismo? Póngaseles el
marchamo que se quiera: no son sino la
expresión del drama que su autor lleva
dentro. El de todo artista de su raza y
su hora: el de tomar la vida, la que le
ba tocado vivir, dramáticamente.
Algunas de estas figuras son, en ver­
dad, un alarido. Otras, nn1lamento. Incluso
las que, por su intención aparente, podrían
independizarse de la tragedia, retuercen su
alegría hasta la congoja — las Bailaoras
flamencas, tema al cual el artista vuelve
de continuo, como para lavarlo de las fri­
volidades de pandereta de la españolada—
o so encabritan con la energía de una
afirm ación: el Caballo.
Y todas, sin1 excepción, tienen su plena
densidad. Parece imposible que una lá ­
mina. forma sin tercera dimensión, esti­
rada, y doblada, y domeñada, para cons­
truir una presencia sin fondo, ofrezca esta
sensación de bulto que, no ya de lejos,
sino de cerca, permita equipararla a cual­
quier forma modelada. Blasco-Ferrer, siem­
pre que puede, deja intacta (nos gustaría
decir: virgen) la totalidad de su plancha
de hierro. La recorta, la conduce por los
sei/deros de antemano trazados, con líneas
seguras, en el papel, y, con anterioridad,
y con lincas no menos certeras, en su vo­
luntad; pero conformándola al proyecto
inicial de ‘ ‘ figura de una sola pieza ’
Asemejándola, por esta ciencia sin falla
jiara esto indispensable, a las figuras ta­
lladas directamente en granito, por los
artífices de las épocas que no admitían
trampa en el oficio de creador de arte.
Esta necesidad de sinceridad en la rea­

lización material de su obra, en sus pin­
turas se traduce por un afán incontenible
de despojar las figuras de cuanto no sea
estrictamente esencial a la interpretación
de las mismas. Pudiéramos decir (y valga
la definición también para las esculturas)
que a su peso específico.
Al principio hubo, en esta interpreta­
ción pictórica del drama ancestral e idio­
sincrásico de Blasco-Ferrer, la obediencia
a ciertas sugestiones por demás naturales:
Goya. o, más próximo, Gutiérrez-Solana.
Eso pasó en seguida, y el pintor aprendió,
casi en seguida, a despojarse de cuanto
no era de él, al tiempo que despojaba sus
temas de cuanto sobraba a lo que, aquí,
en el París intoxicado de exietencialismo,
califícase de expresividad .
Unos rasgos negros, que cortan como
heridas las tonalidades más sutiles; unas
figuras voluntariamente integradas al mar­
co del paisaje, y éste, casi siempre, una
obsesión de ramas desnudas, que no hair
de distraer la emoción con su pequeña
emoción primaveral; en las figuras, unos
ojos inmensos, abiertos sobre un abismo
patente, y unos gestos elementales, que
ajirietan contra las figuras, como para no
dejar escapar nada de él, el sentido de
las mismas. Y, de pronto, en medio del
drama, el goce de los colores que ‘ ‘ can­
tan ” : un rosa, un gris de una delicadeza
refinadísima, unos azules casi mórbidos:
todo ello, dentro de la línea dura, inexo­
rable, del contorno, frontera, que ni el
pintor, ni el espectador, podrían traspasar.
¿Pintura literaria? Quizá: al modo en
que lo son las de la “ manera negra” de
Goya, o un Van Gogh, o un Picasso. Para
justificar la referencia a Van Gogh, nos
muestra aquí Blasco-Ferrer unos giraso­
les, cuyo esplendor nadie hubiera osado
esperar después de los de aquél; y en
cuanto a Picasso, él ha sido precisamente,
en esto París que puede serle, al artista
novato y extranjero, tan hostil como hos­
pitalario, quien más alientos le ha brinda­
do al artista llegado, a través de su cam­
po de concentración, de su alfarería de nn
pueblecito de Teruel.
Grpn éxito, este de la Exposición actual
de Blasco-Ferrer. Sin duda alguna, el más
notable en las exhibiciones individuales
de estos comienzos de año parisinos, que
proclaman, por la abundancia de sus ma­
nifestaciones artísticas, el retorno de Fran­
cia a sí misma. Y que sea precisamente
un español, un artista “ de afu era” , el
que de tal suerte se imponga, es lo que
mejor dice que París ha vuelto a ser cri­
sol y hogar vivo para el arte de esta vieja
Europa, deshecha, maltrecha, sangrante
por innúmeras heridas sin restañar, pero
todavía, inequivocamente, madre y trans­
misora do inspiraciones para el mundo
todo.
París, febrero.

( Viene de la 2* columna)
la Universidad de Chile en 1941. Obra
importante, abarca la primera etapa. La
segunda, que conduce hasta la era con­
temporánea, se encuentra en elaboración.
Manuel Abascal Brunet publicó un libro
sobre la Zarzuela Grande, género español
muy cultivado en Chile. La Universidad
de Chile realizó una serie de ediciones
musicales, un decenio atrás, que hoy es­
tán agotadas, al igual que los suplementos
musicales de las revistas que menciona­
mos. Diversas obras fueron publicadas
por la Editorial Cooperativa Interamericana de Compositores y en los Suplementos
Musicales del Boletín Latino-Americano
de Música. La Facultad de Bellas Artes
realizó grabaciones de música culta, en
un álbum especial, y otras de folklore
chileno, en igual forma.
En el arte pianístico, Chile tiene gran­
des valoreB, de renombre universal: Clau­
dio Arrau, Rosita Renard, Armando P a ­
lacios y Juan Reyes (este último fallecido
en Buenos A ires). Una generación nueva
ha surgido en los últimos años: Hugo
Fernández, Herminia Raccagni, Elena
W eiss, Tapia Caballero y otros. En el
arte lírico, Blanca Hauser, esposa de Ar­
mando Carvajal, ha tenido actuaciones
internacionales de gran significación y re­
cientemente, Teresa Orrego Salas, que
está estudiando en Estados U nidos de
Norte América. En el arte coral a capella existo un conjunto de verdadera per­
fección, el Coro de Concepción, que fundó
y dirige Arturo Medina. Formado por a f i­
cionados, de composición mixta, posee un
repertorio mayor a 110 obras polifónicas
y ha realizado recientemente una gira por
la Argentina y el Uruguay, causando la
admiración do los auditorios. La actividad
coral en Chile es de grandes proporciones.
Además de Armando Ca vajal, que tuvo
a su cargo la formación de la Orquesta
Sinfónica N acional y estrenó la casi to ­
talidad do la producción sinfónica chi­
lena de los últimos años, ha surgido un
nuevo director, de notables condiciones,
Víctor Tevah, violín spalla de ese con­
junto. La dirección del Conservatorio N a ­
cional de Música, que estuviera en manos
de Carvajal desde 1928, pasó más tarde
a Samuel N egrete (1 8 9 3 ), autor de dos
cua tetos y música sinfónica, y de éste,
recientemente, a Reno Amcngual (1 9 1 1 ),
pianista y compositor, alumno de ALcnde,
que demostró poseer también grandes con­
diciones de organizador.
En la creación musical chilena se des­
taca, en primer término, una orientación
francamente contemporánea, y en segundo
lugar, una diversidad de expresión tal,
que por sí sola habla elocuentemente de
la libe.tad de actuación que ba tenidp
en ese país cada uno de los compositores.
Además del decano de los músicos actuales
de Chile, Humberto Allende (que sigue
trabajando activam ente), debemos nom ­
brar a algunos que iro figuraron en el
( Continúa en la págin a 14)

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Por MARIANO LATORRE
A L hablar do lanchas del Maulé es preciso remontarse a los tiempos coloniales
evocar ;l 080 le-ÍaQ0 ,río Maule- el Maulelfu (río de las nieblas) de los
mdios que habitaron sus orillas y los campos vecinos de la cordillera de la costa.
Ni^ los promaucaes del valle ni los indios pescadores de la costa misma,
ni siquiera los quechuas que los dominaron, tienen mucho que ver con la nave­
gación fluvial.
A lo sumo emplearon, para trasladarse de una margen a otra y aprovechando
las corrientes arremansadas, largos e inseguros troncos de roble que ahuecaban,
mediante piedras puntiagudas, calentadas al rojo.
Centenarios robles, de complicada ramazón, alineaban a ambas orillas del
Maule. sus siluetas verdeoscuras, trepaban por las escarpas de los cerros, do­
minaban las cumbres y descendían, con su cohorte de renuevos, a la ver­
tiente opuesta.
Madera nobilísima, de vigorosa textutiago hacia las playas del mar.
va y rojo corazón, arraigada profunda­
Fué, durante medio siglo, la única vía
mente en el subsuelo pedregoso y por lo
entro el valle central y la costa. La activi­
mismo de fibra más resistente y menos
dad disminuyó al tenderse los rieles del
húmeda que la de los robles d e'los bosferrocarril de Talca a Constitución, pero
núes del sur.
subsisten aún algunas de estas lanchas
para llevar, en pipas veteranas, el vino
canoas, llamadas también bongos,
ribereño. Para los guanayes fué un golpe
de una voz antillana, traída, tal vez, pol­
mortal. Entonces se hicieron marineros.
los españoles, eran sólo fluviales, pues la
Erarf, en su mayoría, campesinos que ba­
barra del río Maulé, como otras de la
jaban al río desde las hijuelas de los ce­
costa de Chile, impetuosa lucha de las
rros y que no retornaron a sus bravios
corrientes cordilleranas y de las mareas
rincones.
del océano, no podían flanquearla em­
Algunos se quedaban entre los pesca­
barcaciones tan débiles y fluctuantes.
dores; otros, se contrataban en las gole­
Hubo astilleros desde el siglo xvu en
tas o vapores. La mayoría tripuló las
las cercanías dol mar y al abrigo de la
lanchas que zarpaban continuamente ha­
ría y de los cerros costeños. Debieron
cia los puertos del norte de Chile y Sur
construirse carabelas y galeras y más ade­
del Perú.
lante bergantines y fragatas con el rico
La lancha maulina es hija del río y del
venero de sus selvas aledañas. Nueva B il­
mar. La madera para su construcción vie­
bao, hoy Constitución, nació precisamente
ne de los cerros; la carga (rodelas de
de estos astilleros que en el siglo xvm
restauraron los jesuítas.
leña, carbón de espino o de talhuén, eochayuyo o pescado seco) era, también, do
No había caminos desde el valle cen­
tral a la costa, pero el Maule y su afluen­
la tierra y los patrones y marineros, en­
ganchados de entre guanayes y monta­
te el Loueomilla, de abundante caudhl en
ñeses en el momento oportuno.
esos tiempos constituía una vía natural
que los jesuítas, grandes agricultores, ex­
Aprovechaban para salir, los instantes
plotaron con hábil intuición terrígena y
de bonanza de la barra. E l práctico había
hecho los sonda jes en el canal. Ya una
conocimiento del hombre que trabajaba
para ellos.
eseuadra de lanchas y lanchones, carga­
dos más arriba de sus bordas, aceitadas
Fué uu comercio lento, pero constante,
las roldanas de sus drizas y escotas, lle­
sobre todo en el verano, al cosecharse los
naban la sabana plateada de la ría, desde
trigos del valle y cuando en las huertas
la Isla hasta la Poza. Espectáculo pri­
maduraban las sandías y melones o en el
mitivo vigorizante.
arenoso terreno se doblaban los tostados
tallos de la lenteja.
Eecuerdo una de estas salidas inespe­
radas, en un mediodía del mes de setiem­
En la ría esperaban las goletas, ber­
bre. ju lio y agosto pusieron un muro de
gantines y lanchas para llevarlas a V al­
lluvia y arena en la barra alborotada. El
paraíso, al Perú y al Ecuador.
vigía anunció esa mañana barra buena.
Como es lógico, en los comienzos de la
colonización jesuítica, fueron las maderas
Frente al astillero de mi abuelo habia
las que se explotaron. Incansables hache­
diez lanchas, fondeadas en el río, pero a
una do ellas, según el código marítimo, le
ros derribaban árboles a lo largo del rio
y cuarteaban tablones y postes. Bajaban
faltaba un tripulante.
Yeo aun a mi abuelo, un francés ner­
en balsas primitivas hacia la boca del río.
vioso y malhumorado, pasearse por la
Los ribereños manejaban hábilmente
acera de la casa del astillero. Se detiene,
esas almadías y con sus frágiles espadillas
de pronto. En el fondo de la calle, un
las hacían cruzar corrientes y remansos.
carbonero maulino vacía la carga de su
Mucho se ha dicho del origen de esos
pequeña carreta serrana. Mi abuelo atra­
hombres del río, que Barroa Arana llama
viesa la calle y le dispara al campesino
huanahues, considerándolos como una tri­
bu local. Debieron ser mestizos de indios
esta pregunta:
— ¿Quieres embarcarte en una lancha
y españoles y son los antecesores de los
actuales guanayes. Las dos palabras, co­
para el norte?
E l montañés lo mira asombrado.
mo se ve, tienen una evidente afinidad
— Pero, patrón, yo soy de Quivolgo, pa
fonética.
En mi concepto, la palabra es de origen
entro, y no he navegado nunca.
quechua y fué traída por los propios je ­
,—Éso no importa.
— ¿Y mi carreta, patrón, y mis bueyesuítas, junto con sus esclavos negros.
Guanay o huanay es el nombro de ese
citos?
cormorán o pato del huano, que vive en
— Te los compro.
las costas y los ríos del Perú y de Chile,
Ignoro qué decidió al carbonero a em­
cuya especie más típica tiene el pecho
barcarse, pero es el caso que no volvió a
blanco y las alas negras. El huanay emi­
sus cerros y fué uno de los más expertos
gra a veces de las islas del huano, siguien­
pilotos de la costa.
do los cardúmenes de anchoas y sardinas
Es primitiva la lancha maulina, pero
que, por fenómenos del mar, se desplazan
conserva su contorno tradicional de navio.
hacia el sur.
No es un balandro ni una goleta. Es algo
Al volar es característico el contraste
regional y único. La compararía con la
de sus alas negras y su pechuga blanca.
carreta de los cerros, su hermana de tierra.
E l guanay del Maule, balsero o remador
Ella es al bergantín de complicada arbo­
de lanchas del río, usó siempre una camisa
ladura, lo que la carreta al coche de re­
de tocuyo que resaltaba sobre su piel oscu­
sortes, tirado por un tronco de caballos.
ra, quemada, por el agua, el viento y el
Y a fin de cuentas, es la evolución ma­
rina de las lanchas planas del río.
sol.
Tiene su misma resistencia y su cons­
Les recordaba a los ribereños el huanay,
trucción es muy semejante. Aquéllas pe
pariente cercano del yeco y del pato lile.
lean con las correntadas pedregosas; és­
Desaparece la balsa al agotarse la ma­
tas, con las incansables mareas del Paci­
dera err las orillas del río y la reemplaza
ficó. Ambas son anónimas y su plantilla
una embarcación más estable, la lancha
no está en un bello plano de ingeniero
plana que es, en el fondo, una especie de
naval sino en la memoria de veinte ge­
balsa evolucionada, con su armazón de cua­
neraciones de calafates y patrones. Y li­
dernas, su alta popa, su minúscula proa,
gada a los robles de gigantescos brazos.
sus grandes remos, su flexible espadilla
Sus rodas, sus codastes, su quilla y su
y el retorcido mástil donde se iza la vela
sobrequilla, sus cuadernas, en fin, bajan
cuadrada, si llega la oportunidad.
desde los bosques al río, a lomo de las
Durante años, su chata conformación,
pequeñas carretas de macizas ruedas. Se­
que recuerda el cuerpo do las palmípedas
manas y meses, pacientes hachadores las
o la mitad de una sandía sin pulpa, dió
labraron a filo de hacha y dientes de
al río Maule su característica fisonomía.
sierra. Clavos y martillos, estopa para las
En su ancha caviddd se amontonaban
junturas do la tablazón, espesas capas de
sandías, sacos de trigo y harina o pipas,
alquitrán, unos ensebados polines, empa­
olientes al mosto de los cerros.
nadas y mosto y la lancha rueda hasta el
En los instantes propicios, izada la vela,
agua del río y rodará, luego, sobre las
navegaba la lancha calmadamente. La lo­
olas del océano.
na, curvada de viento, era redonda como
Hace medio siglo, en los desmantelados
el pecho de una campesina que, en lugar
puertos del salitre y en la costa del Perú
de leche, hubiera cuajado aire del sur.
estas lanchas servían do pontones, para
Si el viento no se extraviaba entre los
recibir la carga de vapores y veleros y
cerros, los lancheros o guanayes movían
llevar el salitre y el cobre a las bodegas
los romos. Sus pies desnudos se apoyaban
de los barcos, fondeados mar afuera.
en los bancales, los brazos distendían1 sus
Al construirse molos y dársenas en los
músculos de bronce y en un ángulo acom­
puertos del norte, las lanchas no fueron
pasado, adelante y atrás, la lancha nave­
ya tan necesarias. Las substituyeron los
gaba deshaciendo el borbotón de la co­
faluchos, menos marinos y menos criollos.
rriente. Drapeaban un instante en el aire
Se acercaban más a una bodega flotante
sus mojadas camisas.
que a un verdadero barco, pero tanto los
Pero si una correntada detenía la lan­
unos como los otros eran solicitados y
cha, los guanayes desembarcaban y con
pagados a precio de oro, porque al eonsun pesado cable al hombro la conducían
t.uirse sus rodas y codastes, de una sola
desde la orilla. Un extraño aullido, casi
pieza, en el tronco de un roble serrano,
animal, regularizaba el esfuerzo, tan he­
estructuraban un casco de rara solidez,
roico como el de los bateleros del Volga,
que resistía los choques con el maderamen
En los veranos, las lanchas planas tras­
de los muelles o con los costados de los
ladaban veraneantes de Talca y de San­

buques o remolcadores, en el vaivén de
las mareas.
No son muy abundantes hoy día estas
lanchas en Constitución. Ahora, se tien­
den quillas de vapores y veleros de alta
mar, pero persiste el recuerdo do sus ha­
zañas marineras y creo que no se borrará
de la historia maritima del Maule.
Las dos manchas blancas, la de vela
cuadra y la del baticulo para el manejo
del timón, es algo que está grabado en
e! mar, aunque las nieblas lo oculten y las
arenas obstruyan la barra.
Y los quo somos del Maule, tampoco
podemos olvidar la fogata de palos de
hualles o de espino, hecha en medio de
la lancha, como en un rincón de la mon­
taña, donde los primitivos navegantes asan
su charqui o preparan las pancutras tra­
dicionales del campesino, del guanay y de!
marinero.
Meses demoraban estas lanchas que
salían hacia el norte para no volver al
puerto donde nacieron. Su destino era na­
vegar y fondearse hasta que una tormenta
las desarmase, arrojándolas a la playa. Y

entonces, sus viejas tablas servían para
levantar ranchos o para alimentar, con­
vertidas en leña, la cocina de un pescador
o de un fletero de cualquier puerto de
la costa del Pacífico.
Numerosas son ‘ las hazañas de estos
navegantes, hermanos de los chiiotes y
tan sufridos como ellos. Muchas veces pa­
saron interminables temporadas en el mar,
arrastrados por vientos contrarios, lejos
de su puerto de destino. Se les consideró
perdidos, pero llegaban, como buques fan ­
tasmas, deshecha su vela, rotas sus falcas
y con su casco blanqueado de sal.
Se liabian hecho parte del mismo mar,
que debió tomarlos por albacoras o ba­
llenas, aburriéndose do golpearlas con el
látigo de sus espumas.
Sólo que a alguna, en una noche negra,
apagadas por el viento sus luces de po­
sición, la partió la proa do un trans­
atlántico y entonces a sus dispersadas ma­
deras y a sus tripulantes muertos se los
tragó el océano, guardando celosamente
el secreto de la catástrofe.

U RENEGADO

Por DANIEL*DEVOTO

hora

soy obrero en una fábrica de alpargatas, que todas las mañanas encuentro

en el arrabal de siempre. He dejado de usar corbata y el “ overol” me libera de
A
las inútiles solapas, del apretón fastidioso de la ropa. Ya estoy acostumbrado al cal­
zado elemental, sin tacos, y lo hallo más cómodo para mis largas caminatas, para
trepar al ómnibus.
ferencias, a las charlas interminables so­
Hace un año vendí todos mis libros a
bre mis materias y preferencias, a las
Helman, sin conservar uno siquiera; ni
ridiculas comunicaciones ante un público
los dedicados perdoné en esta liquidación
de amigos y de obligados colegas, lo
de una larga etapa de la vida. Supuse
entrego ahora al café, donde ablando la
que era el gesto más heroico y difícil
pero finalmente no costó mucho. Ahora
vida jugando al billar o mirando la llu­
via de los atardeceres. Las mujeres tam­
casi no leo otra cosa que no sea el diario,
bién dejaron de ser un problema. Ya
las leyendas en el cine y los aburridos
no necesito ese largo prolegómeno, ese
carteles de propaganda de los subterrá­
neos. Tampoco tengo necesidad de aguar­
arrimar disimulado, que esconde una an­
dar pacientemente un tranvía vacio — sen­
siedad, creyendo o haciendo creer en su
tirme dueño de 'él— para ganar una hora
eternidad. Ahora sé dónde buscarlas, lla­
de lectura o ir pensando y buscando fra­
namente, sin subterfugios; les adhiero
ses. Sin darme cuenta todo lo que pensaba
mi deseo, sin temor de lastimar sobre­
lo hacía en función de la frase y su
estimaciones, sin ofender, con las indis­
presunta publicación. Ahora viajo en co­
pensables palabras. Es cierto que causa
lectivo o en los Omnibus repletos, y
un poco de tristeza la acogida de esos
cuartos mercenarios, pero la carne urgida
cuando voy arracimado con otros de los
pronto acaba con ella. Procuro no reinci­
estribos me resulta más fácil porque toda
dir olvidando cualidades, lo suficiente
la vida se concentra en el cuidado de
como para no contraer hábitos. Y todo
evitar un golpe Conozco, por fin, lo que
se olvida cuando usted se introduce en
es no tener la preoeupac'
constante del
la noche, solo, caminando con la perezosa
especialista que debe estar al tanto de
indolencia de un felino.
la bibliografía, conocer los nuevos estu­
dios, las tantas majaderías publicadas en
En el grupo cuya vida pretendo com­
partir se hacen posibles los sinónimos y
revistas y en ediciones del autor. Un
la primera persona del plural: somos. No
libro traía otro libro y la codicia, la
los quiero idealizar, pero la verdad es
urgencia de leerlos todos me había ganado.
que siento la ausencia de algo que me
Y todo eso suponia, además, el compro­
ahogaba en el círculo de antes: los tilin­
miso, la obligación de vivir, de expresarse
gos. Hay ignorantes, pero esa no es con­
de acuerdo con su condición de lector, de
dición que hace imposible la felicidad; al
universitario, do catedrático, de hombre
contrario, tal vez la facilite.
“ culto” y sensible. S i la verba de la
niñez me recuperaba repentinamente y sol­
Peleo en la calle o donde sea; el dar
taba un “ viejo ” refiriéndome a mi padre
y recibir unos buenos puñetazos ya no
o si decía que algo estaba “ cachuzo” ,
me. causa la vergüenza que antes duraba
recordando el vocabulario de la bolita,
varios días. Sin ir más lejos, hoy al
recibía alguna reprimenda o miradas de
mediodía he castigado a un napolitano,
una escandalizada sorpresa que me per­
algo bebido, que me insultó en un al­
mitían adivinar el comentario en cuanto
macén de la calle Gaona. Le di fuerte
me diera vuelta. Dije una vez en una
hasta dejarlo quieto; algunos comedidos
académica sala de profesores que había
le echaron agua y hasta vino en la cara.
presenciado un partido de fútbol y mis
Y'o me quedó impasible hasta que des­
estimados colegas se quedaron contem­
pertó. Ya recobrado me miró largamente,
plándome como si tuvieran delante a un
sin decir palabra, pero adivino que me
monstruo prehistórico. Y esto me hace
prometió el desquite, de otro modo. Estoy
acordar que Julio Cortázar tenía que
casi seguro que lo hará, no sé dónde ni
tolerar admiraciones semejantes cuando
cuándo, pero lo aguadlo con la extraña
cándidamente manifestaba su gusto por el
convicción de que tal vez no alcance a
mate y el boxeo.
verlo. Lo que escribo ahora, en este cuar­
Aho:a ya no leo. Sé que es inútil. Lo
to del inquilinato ya dormido, abierta la
he comprobado a los treinta y dos años
puerta a la tranquilidad del patio, tiene
de mi vida, luego de veintiséis de lec­
en cierto modo ol carácter de un testa­
turas. Siento que los libros me dieron eru­
mento. Releo y me doy cuenta que com­
diciones, figuras, referencias y que me
parto mis ideas, mis palabras, con muchos
abrieron el camino a muchos problemas.
hombres quo han escrito, pero paciencia,
Antes era uu placer leer un libro bien
esta es mi vida y no estará de más el
escrito y demora; se en un adjetivo pre­
repique de ot a campana. No lo enviaré
ciso como los de Borges. Ya poseo el
a ninguna revista literaria; lo guardaré
convencimiento de que todo éso es inútil;
entre las hojas de mi libreta de enrola­
que es inútil buscarse por las novelas y
miento y si algo me ocurre es posible que
no sentirse único. Por otros caminos hu­
lo encuentren o que lo quemen ceremonial­
biera llegado a ese mismo resultado, sin
mente en el patio de los Tribunales.
amarguras, sin sensibilizarme para que
luego me hiera e l . paso de una mosca.
M ario P onti.
Buscamos adhesiones, simplemente; el de­
fecto compartido, ya pensado —vivido—
N ota: El 28 de febrero de 1946, a las
por otro. Resulta cómodo ser otro del
21 horas, José Imbellota, italiano, apu­
montón.
ñaleó por la espalda a Mario Pouti. Mi
Dejé, naturalmente, la cátedra en el
amigo el juez del crimen......... me hizo
Colegio. Era un fastidio oír a los mucha­
llegar estos papeles del investigador des­
chos de primer año repetir las tonteras
aparecido. Aun cuando lo escrito no está
que uno puede decirles hablando de esto
muy de acuerdo coir las ideas que habi­
o de aquello, colaborando en el proceso
tualmente manifestaba, me decido a en­
do domesticación que la sociedad exige.
viarlo a. . ., considerándolo como un claro
No podía fomentar la rebeldía sino sola­
ejemplo de reniego cultural, como un tes­
padamente. ¡Oh, mis antiguos temores
timonio de nuestra época La fuga de
cuando malvadamente les desprestigiaba
Ponti, bueno es aclararlo, sólo fué ima­
algún héroe o me sonreía del .Aconcagua,
ginaria, porque hasta el momento de su
la montaña más alta del mundo! Con
muerte seguía investigando prolijamente
temores, sin insistir mucho, llegué a de­
sus materias y profesando en el Colegio.
cirles que la historia es un cuento, una
Helman, que lo conocía bien, no recuerda
de sus formas, y que nunca podremos co­
haberle comprado libros en cantidad apre­
nocer la última explicación de la con­
ciable. Tengo para mí que esta fuga, de
ducta de un hombre, contemporáneo —ve­
haberse realizado, hubiera resultado un
cino, hermano—■ o histórico, aunque nos
i^acaso, un imposible, tal como lo re­
deje una autobiografía con ribetes por­
conoce Lawrence, gran admiración de
nográficos. Escondido en esta ropa, si
Ponti. En cuanto a la intuición de la
acaso hallo a alguno de mis ex discípulos
nacionalidad de su asesino desaparece to­
por la calle los engaño y creen que no soy
do misterio al considerar que el 'homicida
yo, sino algún sosias, algún pa iénte que
dió como cierto el conflicto del almacén'
no hace honor a la familia, y no me
— que Ponti sitúa en Gaona— y que ac­
molestan con preguntas.
tuó, como su tierra lo exige, procurando
E l lugar que antes concedía a las con­
su venganza.

MIRADOR

• E n L im a te n d rá lu g a r en fechas del
m es de m arzo un C ongreso de E ditores y
u n a E x p o sic ió n do L ib ro s sobre Pedagogía
A m e ric a n a y D id á c tic a , b a jo la presidencia
de la C ám ara P e ru a n a d el L ibro, Se es­
p e ra que en e s a ocasió n los cougresales
se a b o c a rá n a re s o lv e r a n te la s autorida­
d es d el G obierno d e l P e rú la s dificultades
con quo tro p ie z a el lib ro argentino en el
p a ís h erm a n o d e bido a la re stric c ió n de
d iv isa s a que es som etido el comercio de
lib re ría . E s e v id e n te que si no se allanan
esa s d ific u lta d e s, el re fe rid o Congreso, que
h a d e a b o g a r en p ro de la s relaciones cul­
tu ra le s e n tre p a íse s am igos y hermanos,
p e rd e rá su e fic a cia y, agregaríam os, su
ra z ó n d e ser. H u e lg a n C ongresos y ’ Re­
uniones g re m ia le s si no se h a de ir de­
recho a e lim in a r la s tr a b a s que de todo
g énero se le im ponen a l libro.
• U n a R eu n ió n de e sc rito re s que h a de
c e le b ra rse en C hile h a sido tra sla d ad a
do fe c h a. L os con cep to s que expresan la
n o ta que an te ce d e p u e d en rep etirso lite ­
ra lm e n te a l re fe rirn o s a C hile, país que,
como el P e rú , h a im p u e sto tam b ién a los
lib re ro s el p e rm iso p re v io p a ra la im ­
p o rta c ió n , que no siem p re les es concedido,
c ulm inando u n a serie de re s tric c io n e s que
se vienen su cediendo de dos a tre s anos
a e sta p a rte . S ab id o es q u e la s c u en tas
que los e d ito re s a rg e n tin o s m a n tie n e n con
le s lib re ro s c h ilenos e stá n sin c a n c e la r ha/co m as de u n año p o r c a re n c ia de d iv isa s.
E s de e s p e ra r que los e sc rito re s c h ilenos
y a rg e n tin o s que se re u n irá n íra te rn a lm e n te u n idos p o r lazos de a m is ta d y de a n h e ­
los com unes, a p o y a rá n la s g e stio n e s quo
haco tiem po, in iru c tu o s a m e n te , viene re a li­
zando la u á m a ra A rg e n tin a d el L ib ro y el
grem io chileno de H o rero s, a n te los pode­
re s p ú b lic o s d el p a ís h erm an o .
• E n M ar d el P la ta , en los salo n e s del
C asino, e stá a b ie rta a l p ú b h c o la “ T e rc e ra
E x p o sic ió n y F e ria de o b ra s de a u to re s
a rg e n tin o s ” , c uya o rg a n iz a c ió n asum e la
A sociación de E s c rito re s A rgén _inos. E sa
e x p o sic ió n m erece u n doble encom io, p ues
re ú n e la p a rtic u la rid a d de que los ’liD ro3
se v e n d en a l p ublico, cosa que p o r lo
g e n e ra l no a tie n d e n la s com isiones que
o rg a n iz a n ese tip o de m a n n e sta c io n /js,
c o n stitu y e n d o , en consecuencia, u n a carga
e n g o rro sa p o r c u an to sig n ific a que los
p a rtic ip a n te s , sea n e sto s e d ito re s o au ore s , p ie rd e n el im p o rte de su s envíos. E l
ejem plo d e la A D EA m erece se r im itado.
• E l ilu s tre e s c rito r R óm ulo G allegos difu n d id o a u to r de “D o n a B á r b a r a ” , “ Can a ir n a ', “ .roDre n e g r o " . . . , aca b a de a su ­
m ir la P re s id e n c ia de la R ep ú b lica de
V enezuela, a b rie n d o su g e stiv a s in te rro g a n ,
te s el caso, in só lito , de que u n in te le c tu a l,
en A m érica, sea llevado p o r el im pulso
del su fra g io p o p u la r a re g ir los d e stin o s
de su p a ís. CA BA LGA TA en v ía su re s p e ­
tu oso saludo a l in sig n e n o v e lista y al
m a n d a ta rio d el g ra n p u eblo venezolano.
• E1 a ctivo p in to r a rg e n tin o G ustavo Coc h e t h a c eleb rad o ú ltim a m e n te u n a expo­
sició n de óleos en el saló n de la su c u rsa l
quo el d ia rio b o n a e re n se “ E l Mundo* tien e
en M a r d e l P la ta . D iez vigorosos cuadros
con te m a s h a b itu a le s en e ste m a e stro n a ­
tu ra le z a s m u e rta s y flo res, h a n a firm ad o ,
a n te un m edio poco p ro p ic io p a ra una
m a n ife s ta c ió n a rtís tic a , la s elev ad as d otes
que a d o rn a n esa d e sta c a d a p e rso n alid ad .
• E n el saló n blanco de la In te n d e n c ia
M u n icip al de la c a p ita l fe d e ra l, fu e ro n
p u e sto s en po sesió n d el cargo de con­
s e je ro s en el estu d io d e u n a n te p ro y e cto
de re g u la c ió n u rb a n a de la ciudad, los
a rq u ite c to s J o rg e A. F e r r a r i H a rd o y ,’ J o r ­
ge V ivanco, A n tonio B o n et y M iguel C.
R oca. A n te e sto s co n sejero s, elegidos con
in c u e stio n a b le a cierto , y en p re s e n c ia de
a u to rid a d e s, hab ló el In te n d e n te d o c to r
E m ilio R. S iri, a cuyo d iscu rso c o n te stó
en no m b re de los re fe rid o s c o n sejero s el
a rq u ite c to F e r r a r i H a rd o y .
M erece a p la u so el no m b ra m ie n to d el jo ­
ven p la n te l de in te lig e n te s a rq u ite c to s,
a c re d ita d o s to d o s ellos p o r o b ra s de no­
ta b le e n v e rg a d u ra y de ra c io n a l m o d e rn i­
dad. E s de en co m iar que el doctor S iri
h a y a p u e sto a l serv icio de los a ltos in ­
te re s e s u rb a n ís tic o s de la c a p ita l, m édula
de la R ep ú b lica , el consejo de e sp e c ia lista s
que su rg e n de los e stu d io s que el m undo
a c tu a l re a liz a de c a r a a l fu tu ro desarrollo
de los com pactos n úcleos c iudadanos.
• J o rg e L arco , el n o ta b le p in to r a rg e n ti­
no, p re p a ra u n a im p o rta n te exposición de
com posiciones de in s p ira c ió n española, fr u ­
to y re su m en de su re c ie n te viaje a la
p e n ín su la .

e E co de la c am p añ a que CABALGATA
re a liz a p ro d ifu s ió n d el lib ro a rg e n tin o .
U n d is tin g u id e e sc rito r, b u e n am igo de
e sta s p á g in a s, nos e sc rib e a su regreso
de u n a g ira p o r el p a ís tra s a n d in o :
.E n C hile, u n p a ís ta n cercano en lo
que a n o so tro s re sp e c ta , m ás c e rc a de lo
que m uchos p ie n sa n , e sp iritu a lm e n te , he
o b serv ad o algo estrem ec e d o r. R e c o rrí la s
lib r e r ía s de V a lp a ra íso , de S a n tia g o , y de
V iña d el M ar. S i a q u í en el in fe rio r d el
p a ís, ta n poco se conoce a n u e s tro s es­
c rito re s , ¿q u é p o d ré d e cirle s de a llá ? A llá
n o sólo en la s H b re ría s se c arece de
U bros a rg e n tin o s , pese a que la s s u rte n
la s p rin c ip a le s e d ito ria le s a rg e n tin a s, sino
que en u n a m uy im p o rta n te b ibU oteca no
tie n e n , e n tre su s s e te n ta m il U bros, n u e s ­
tro “M a r tín F ie rr o ” ! ! ”
• E l c o la b o ra d o r d e CA BA LGA TA . J o sé
M o ra G u a rn id o d a a c tu a lm e n te en el M u­
seo P e d a g ó g ic o d e M ontevideo, p o r in i­
c ia tiv a d el C onsejo de E n s e ñ a n z a S ecun­
d a ria d el U ru g u a y , u n cu rso de ocho
c o n fe re n c ia s so b re o tro s ta n to s e sc rito re s:
B alzac, Zola, P r o u s t, D a v id H . L aw rence,
E m erso n , G io v an n i V erga, A ngel G anivet
y B en ito P é re z G ald ó s. L a s ocho con­
fe re n c ia s a p a re c e rá n p ró x im a m e n te b a jo el
sello de u n a e d ito ria l u ru g u a y a y con el
p a tro c in io de la e n tid a d c u ltu ra l que las
h a p re s tig ia d o .
• E n S a n tia g o de C hile te n d rá lu g a r, en
el cu rso d el m es de m arzo a ctu al, la Fe­
r ia d el L ib ro , en la c u al el lib ro argentino
o c u p a rá , p e se a la s d ific u lta d e s im peran­
te s , u n lu g a r d e sta c a d o .
• P r e s id id a p o r el s u b se c re ta rio de In ­
fo rm ac io n e s de la P r e s id e n c ia de la Na­
ció n , se ñ o r E m ilio C ip o lle tti, h a partido
p a ra G in e b ra , d o nde te n d rá lu g a r la Con­
fe re n c ia In te rn a c io n a l so b re Liberta-d de
In fo rm a c ió n c o n v o ca d a p o r la A sam blea
de la U .N ., la d e le g ac ió n a rg e n tin a a la
m ism a, c o m p u e sta a d em ás p o r el m inis.ro
p le n ip o te n c ia rio señ o r R ic ard o J . S iri, en
c a r á c te r do v i c e p r e s i d e n t e consejero
do la d e le g ac ió n p e rm a n e n te a n te la U.N.,
se ñ o r R odolfo M u ñ o z; e l d ire c to r general
d e p re n s a , señ o r R a ú l de Orom í, y el di­
re c to r g e n e ra l de e sp e c tá cu lo s públicos,
s e ñ o r C laudio M a rtín e z P a iv a . Actuará
como s e c re ta rio g e n e ra l el consejero do
e m b a ja d a s e ñ o r E n riq u e F e r r e r V ieyra, y
com o a se s o re s e l d o c to r J o rg e H éctor
V a le y los se ñ o re s J u lio M arcos Reth,
C arlo s V íc to r A n d ré s D o b a rro , Ju lio Cé­
s a r A m ad o r! y A lfred o F ra n c is c o Mercuri.
• E n B u en o s A ires h a fallecido el pintor
R a ú l M a iz a . de n o ta b le in flu en c ia a rtís ­
tic a .

�c a b a lg a t a :

7

El M e n s a j
del

Por DOMINGO PRONSA TO
ENDIDOS en las arenas cálidas de la
playa del Monte Hermoso, frente a la
masa planea del mar austral, escuchamos
el lenguaje sonoro de las rompientes pre­
tendiendo interpretarlo. Son acentos que
podrían revelarnos lo que fué de uir pai­
saje» cuyos rastros visibles descubrimos
en los elementos do un mundo desapare­
cido o que sentimos, vibrantes, dando
sueltas al pensamiento.

T

¡Qué singulares galas ofrecen las on­
da- do este océano de cambiantes tonos!
Pon cambios veloces; son luces reflejas
y quebradas en vastos planos de lucientes
ocres, o de nobles y sedosas tierras ver­
des. Estamos creando aquí, un nuevo sec­
tor de la escala espectroscópica.
Son aguas la de este mar que, sólo
por un raro evento, reflejan los azules
del éter. Hemos contemplado el paisaje
marino en muchas y distintas latitudes; el
mar latino siempre cerúleo y sombrío co­
mo lo cantan los rapsodas de la Egeida
o el romano poeta, el vasto desierto at­
lántico de cobalto espeso y profundo, las
aguas que cubren la tectónica fosa pací­
fica, enorme cicatriz del parto lunar, aguas
que diluyen el humor de los corales, e
imaginamos las frígidas masas oceánicas
de Ross, de Wc-dell y de Draque, panas
de iridescencias deslumbradoras, pero, en
ningún mar hemos observado las tremulantes fulgencias de este bravio océano
costero que nos enternece y nos invita
a meditar. Son fulgencias que semejan las
de la esmeralda, engranadas con las del
heliotropo, polarizadas, a veces, como las
del espato y en repetidas ocasiones ve­
lándose en las tenuidades de un ópalo
santacruceño.
*
Meditemos pues.
Los paisajes yacentes en los fondos
abismales do los grandes océanos están
mudos, como si el peso de la tremenda
masa líquida, mantuviera ahogados los
acentos de un lenguaje que, con todo, ha­
brá de escucharse desde las puertas del
caliginoso Tártaro. Aquí, frente a nos­
otros, se extiende un fondo marino de
cmacterísticas muy distintas: estamos en
presencia de una tierra sumersa; plata­
forma continental submarina ** que fuera
parte otrora de la Patagonia mesozoica.
Tierra sumersa con todo su paisaje intac­
to, con sus terrazas y con sus valles,
sus montañas y sus pampas, poblado el
todo de selvas petrificadas. Allí están im­
ponderables tesoros, que el ondear incesan­
te y las corrientes marinas arrancan de
las rocas madres, para transportarlas y
depositarlas como arenas de hierro mag­
nético, o, en las sircas fueguinqg cual
sedimento de gualdas pepitas.
Podemos imaginar, sin pecar de fan­
tasiosos, que el paisaje submarino que
ahoga el Mar Nereis, iro ha perdido uno
solo de los aspectos que lo hacen igual
al paisaje patagónico, o, a las silentes
Cuando

la

lu n a

se

d e sp re n d ió

de

LA GUERRA GAUCHA
por Leopoldo Lugones
E s te lib ro , h a dich o su a u to r, n o es u n a
h is to ria , a u n q u e sea n h is tó ric o s su s co n cep ­
to s y su fo n d o . L o s e p iso d io s q u e lo fo rm an
d e sc rib e n de m a n e ra m a g is tra l la lu c h a so s­
te n id a p o r los g a u ch o s de G üem es c o n tra
los e jé rc ito s e sp a ñ o le s en el n o rte a rg e n tin o .
E d ic ió n p a ra re g a lo en p a p e l crem ado con ilu s tra c io n e s de A lfre ­
do G uido .................................................#
$ 20.__

Demetrio Vrruchú-a. “ Estudio para un fresco7’. (Monocopia en color.)

LA P A M P A . SU H IS T O R IA .
SU GEOGRAFIA, SU REALIDAD,
SU PORVENIR
por Enrique Stieben

Por ROMUALDO BRUGHETT1

D EMETRIO
pintor de

URRUCHUA es

la calidad
humana del hombre. Tien­
de a “ simbolizar, cantar
y enaltecer la lucha por
la cnal los hombres bus­
can una nueva vid a ” . El
artista aspira a ser ‘ ‘ in­
térprete de la realidad
mundial” ; un tema se
desprende de otro: la
guerra y la revolución,
el heroísmo y el sacrifi­
cio, la mujer y la fra­
ternidad, la esperanza y
la fe. Un patetismo do­
m ina. S eg ú n L incoln

tono hasta obtener de él ri­
gores de sensibilidad y de
funcional correlación den
tro del cuadro. Las fuer­
tes cabezas, las manos
cerradas y voluminosas,
las faldas y las blusas
de las mujeres talladas
en amplios planos, se
acentúan y esclarecen' en
los rostros de fino mo­
delado, en la espirituali­
zación de la pasta cro­
mática y en la humani­
zación del dibujo.
Urruchúa no se limita
a esquemas prefijados.

béseos, pueblan el espa­
cio de las telas y las
rinden deliberadamente a
puros valores formales.
Ultimamente, ha utiliza­
do tonos amarillos de do­
rados y violentos medio­
días y tonos aurórales
que asumen valor simbó­
lico : son preanuncio de
v islu m b rad as auroras.
Aprecia hasta que punto
un tema encarnado en
una fe, una religión — re­
ligar: unir el hombre a
la naturaleza, a la vida,
al todo— , adquiere ca-

S ín te s is a d m ira b le m e n te lo g ra d a , que reu n e en u n solo vo lu m en el m a te ria l d is p e rso
en m u ltitu d do lib ro s y de fo lle to s. E s te
lib ro m ereció u n a d is tin c ió n h o n o rífic a que
p ro c la m a la c a lid a d d e dich o tra b a jo .
E n c u a d e rn a d o en c a rto n é , con 324
p á g in a s, y n u m e ro s a s ilu s tra c io n e s $ 20.—

BIOGRAFIA DE UNA CATEDRAL
por Robert Gordon Anderson
L a h is to ria v iv ie n te d e la m ás h e rm o s a evo­
c ac ió n d el h o m b re , con d e ste llo s , a tra v é s
d e sig lo s, d e la p ro c e sió n que lle g ó h a s ta
N o tre D am e.
TJn e le g a n te vo lu m en d e 5 36 p á g s. S 15.—

EL CABALLERO DEL DESIERTO
por Maxine Shore y M. M. Oblinger
E s te lib ro r e la ta la v id a d e l n iñ o M ac k e n zie
y su s e m p re sa s de h o m b re . L a d ra m a tlc id a d
do los h e ch o s se a c e n tú a con e l c o n o cim ien to
d ire c to de la s b e lla s re g io n e s q u e re c o rrió
aq u el v a le ro so e x p lo ra d o r.
U n v olum en e n c u a d e rn a d o en c a r ­
to n é, de 33 2 p á g in a s .......................
$ 10.—

ORGULLO DE ESTIRPE
por Alice Tisdale Hobart
U n a o b ra p le n a d e h u m a n id a d y d ra m a tis m o
so b re la v id a en M éxico y la s lu c h a s e n tre
te r r a te n ie n te s y c a p ita lis ta s e x tr a n je r o s co n ­
t r a la s re fo rm a s lib e ra le s d e l G o b ie rn o .
U n vo lu m en de 5 6 2 p á g in a s . . . .
$ 12 .—

EL PRISIONERO
por Ernst Lothar
E s la h is to r ia d e u n e s p ir ltu d e fra u d a d o de
su s m á s p u ro s y s in c e ro s id e a le s ; p e rs e g u id o
p o r la G e sta p o , se d e b a te e n u n a lu c h a p a ­
té tic a en d e fe n sa d e la ju s tic ia .
U n v o lu m e n d e 3 78 p á g in a s .
$ 9.—

lu

d&lt;? e8t° hftce u n o s dos miI billones
U.000 m illones) d e años, d e jó un hueco p ro ­
fundo que m ucho m ás ta rd e re lle n a ro n las
aguas del P acífico . P o r efe cto de e ste te rrib le
Parto, la endeb le c o rte z a p rim itiv a te r r e s tr e
configuró u n ún ico c o n tin e n te p rim o rd ia l que,
«&gt;n embargo e ra un com plejo d e b lo q u es d é b il­
mente soldados cuyos c o n to rn o s d ib u ja b a n los
tre s í
COntinente8’ h °y* 100 d is ta n te s enII Apro'Jiraadftm ente, h ace u n o s c in c u e n ta miones de años, el co m p licad o siste m a rom peezas c o n tin e n tal, s ac u d ió su in e rc ia y los
►oques de los a c tu a le s c o n tin e n te s co m e n za ­
ron a V lajar a lft d e riv a Y fu é así. que la
del S u r- c° n su a d h e rid o a p én d ice
A ntártida, se d e sp e g ó del b loque a fric a n o
Para d e riv a r h a c ia el p o n ie n te . Al ig u a l de
o** la p la ta fo rm a s u b m a rin a p a ta g ó n ic a y do
as veleras nav es fe a cias, sin v ig ía y sin ti°n, a p untó su a fila d a n ro a p a ta g ó n ic a h a cia
uk nuevos d e stin o s. E m p ero ,
A m érica del
• 'Ir y A frica m a n tu v ie ro n un c o n ta c to p ó stu m o
asta el p ro m e d ia r d e los tiem p o s te rc ia rio s :
os puentes e s ta b a n te n d id o s ; A rq u e le n is al
norte y A rq u in o tis al S ur.
Este com pren d ía la s tie rr a s a n tá r tic a s y
3®** te n ía su s e strib o s en la s s ie r ra s de
uenos A ires, y en la s m o n ta ñ a s del C abo
® Buena E sp e ra n za . E n el in te rio r de este
antiguo com plejo c o n tin e n ta l se c o n fig u ra b a
*' Océano N ereis. Con el h u n d im ie n to fin a l
e A rquelenis (i s e r ía acaso la A tlá n tid a de
latón?) el O céano N e re is se u n ió con el
f hetys, m a r b o re a l, y de esa u n ió n se orifinó el Océano A tlá n tic o m erid io n a l. A conte*ttnientos todos q u e fo rm a b a n p a rte de la
" tima y g ra n d io s a re v o lu c ió n o ro g é n ic a que.
Por duodécim a vez en la en o rm e e sc a la de
08 tiempos tra n s fo rm a ra el ro s tro de la tie rr a
* P reparara con el a d v en im ien to del hom bre,
los más herm osos v e rg e le s d el m undo.

** El zócalo c o n tin e n ta l s u b m arin o p a ta fónico tien e un an ch o a p ro x im a d o de cien
•rguas y ge e x tie n d e d e sd e el Cabo C o rrien ***• alcanzando la p u n ta e x tre m a su d am e rica hasta co n ec ta rse con la p u n ta n o rte a n tá ruca siendo su s obeliscos v isib le s la s Mal*
las O rondas y S e e tla n d . E s tá fu e ra
sistem a la isla D ecep ció n q u e es el c rá te r
*je un volcán que p e rte n e c e a la g ra n lín e a
frac tu ra del g eo siclin al andino. De lu me"ota sum ersa fo rm ad a p o r m ú ltip las te rra z a s
^Ue ascienden cad a vez m ás jia c ia el o e ste
Para d a r lu g a r luego al esc a lo n a m ien to p a ­
tagónico em erso nos h a b la n los e stu d io s de
^ordensjiold y W in d h a u se n . E líseo R eclus
P°r ^otra p a r t », re c u erd
•as islas M alvinas son u n a c u lm in a ció n de la
alta m eseta s u b m arin a que la s u n e a la P a ­
tagonia, y en ciclo p ed istas ¡n eleses y el m ism o
Delavand en su g ra n E n c ic lo p e d ia d e sc rib e
•a» c ara c te rístic a s del p eld añ o su b m arin o , de
ta tru c tu ra s e d im en ta ria , a n álo g a a la s ro c a s
del aur a rg e n tin o .

Oem cirio Urruchúa. “ El sueño y la bestia” . (Oleo.)

Kirstein, el salvajismo re­
presentado en sus cua­
dros ha superado por pri­
mera vez las caricaturas
que hasta la fecha se
han h e c h o de H itle r
(1943). Los monotipos de
Urruchúa son acogidos
en los Estados Unidos
con evidente efusión.
Su crítica social, su
anhelo reivindicador, sus
convicciones le obligan a
esta a se v e r a c ió n : Soy
— dice el pintor— un
convencido que llegará el
día —jno está lejano—
que reinará un sentido
universal en la vida de
los pueblos siir razas ni
nacionalidades. El artista
ama y trabaja. La suya
es ‘ ‘ fe en la vida y en
el hombre” . Asi ciencia
y artesanía se unen en
el combate de) arte.
Se ha insistido en f i­
liar a este pintor como
muralista, dada la sim­
plificación y elementalidad de sus formas. Em­
pero, realiza hoy valora­
ciones en la tela y en la
tabla que indican de que
modo ha penetrado err la
materia expresiva, con
que rigor efectúa gra­
daciones de grises y to­
nos delicados (grises, ro­
sados pálidos.) Establece
suaves claroscuros, intro­
duce arabescos, modula un

Incorpora a sus telas un
apasionado sentimiento:
parte de la naturaleza y
de la vida haciendo in­
tervenir p osteriorm en te
sobre la realidad la ima
ginacióir. He visto junto
a sus telas dilatadas, pe­
queños óleos y la serie
de los estudios y bocetos
para los Obispos de Es­
paña. En estas pinturas,
el artista escucha la voz.
de una materia valorada
en tonos que abarcan los
rojos, los amarillos, los
grises, los blancos y los
negros. Pinte el dolor o
la alegría, el horror o
la expectación, la liber­
tad o la opresión, la tra­
gedia o el renacer, aforra
el climax apropiado a sus
trabajos que emergen en­
tre picudos h orizon tes.
Mediante reglas composi­
tivas estrictas obtiene la
tereera dimensión en es­
pacios que establecen la
hondura de las telas. El
color se vuelve tono y el
tono nace de una potente
ley no óptica, claro es,
sino pictórica, exclusiva
del esgrimir de una pa­
leta capaz de combinacio­
nes eolorísticas y toques
de entonados claroscuros,
nada pesados y sí diná­
m icam en te dram áticos.
Plasma en sus cielos f i­
guras y elementos plás­
ticos que, a modo de ara-

racteres que han de pre­
dominar en un Mundo
Nuevo. Ve la armonía
universal futura, y actúa
bajo el impulso de un
fervor que el oficio dies­
tro y la fineza aguzada
en el drama aproximan
airosamente. Pintor na­
da localista, cultiva vas­
tos espacios y pinta ho­
rizontes b a jo s que n'o
pueden ser, sin embargo,
sino los espacios y los
h o rizo n tes de n uestra
pampa. Modo indirecto,
si se quiere, de la medi­
en &gt;»mo ei paisaje se
adentró f.t. íl alma del
artista y se manifiesta
en los niareados rasgos
tipificadores. Sus figuras
y símbolos son universa­
les, pero emergen de la
tierra, bajo los cielos de
un país libre. ¿Es el
nuestro este país, esta
patria que nosotros soña­
mos sin fronteras? Lo
indudable es que telas y
tablas testimonian el ori­
gen americano de este
artista nacido en los cam­
pos del Oeste. E l mo­
vimiento de las figuras
por él concebidas antici­
pan enormes multitudes
avanzando sobre una tie­
rra liberada.
(F ra g m e n to de u n a m ono­
g r a f ía d e l a r t i s t a en p re n s a
en

la

E d ito r ia l

P o s e id o n .)

landas de la soledad antartica. Es que en
épocas remotamente pretéritas, Patagonia,
meseta submarina y Antártida formaban
nn solo bloque continental sólidamente
unido al Gondwana esplendoroso. Tierras
hermarras, desde el altiplano has'a el hiper­
bóreo Erebos, tierras unidas por una v i­
gorosa dorsal Gondwanida, cuyas culmi­
naciones aparecen hoy en la montaña-isla
de Ventana, en el “ horst” de Malvinas
y en el estupendo arco insular que une
las tierras polares con las del Fuego.
El destino ha resuelto que todas estas
costas de continentes-islas y archipiélagos
permanezcan bañadas por un mar carac­
terístico diferente de todos y que ese re­
siduo del Océano Nereis, mar playo, es­
meraldino, al que nosotros, no sin orgullo,
quisiéramos denominar Mar Argentino.
Hemos detenido por un instante el vue­
lo de la fantasía, para fija r un concepto
que explica, en la ciencia, la destrucción
y construcción de los bloques continentales
y de las cuencas oceánicas.
¡Cuán lejanos están los tiempos en que
los rayos solares y las luces de todos los
astros del cielo austral alumb_aban las
“ decumanas” ondas del Mar N ereis!
Mar Nereis, cuyos rastros visibles es­
tán hoy etí” las ajjuas que enfrentamos,
en las que bañan todas las senosidades
de la Patagonia y se extienden más allá
del estrecho de Le Maire, hasta alcanzar
la frígida tierra de Sobral. N os place
denominar así, a la tierra que no fuera
inhóspita, durante dos largos inviernos,
al valiente marino argentino que acompa
ñó a Otto Nordensjiold.

E n los pliegues de las montañas que
resguardan la bahía de Esperanza, Sobral
y los sabios de la fam osa expedición d es­
cubrieron los restos fósiles del ‘ ‘ glosopter is ” , el mismo helécho gondwánieo que
se presenta en los pliegues mesozoicos
de la preeordillera, en la P atagon ia y
en las islas gem elas. . . ¡E ste es el m ensaje
que flota en las saladas aguas de este
antiguo mar y que rubrica, cual sello in ­
discutible, las hijuelas de propiedad de
estas tierras, hermanas!
Bien claro lo dice la impronta fósil
del helécho característico.

Cuenta la antigua tragedia que, enr vue­
lo, llegaron hasta la cumbre del monte
Cáucaso, las hijas de Océano Llevaban
un mensaje de amor al ilustre Encadenado
que enseñara a los hombres todas las
artes y a los mortales develara el secreto
del fuego.
Todos los mares de la Tierra tienen
sus oceánidas y éstas son siempre las por­
tadoras de un m ensaje.
Hemos soñado en la soledad de la playa
Montehermosense y remontado que hubi­
mos por alturas in fin itas, quisimos en ­
contrar la zona en donde el ensueño y
la últim a realidad se confunden, para
explicar al hombre dentro de lo in te lig i­
ble, los arcanos m isterios qne encierran
los paisajes.
Depdo la proa del mundo, firm es en
( ’j j truiOvd v¡ uí) vnuituoQ )

�8

i

ca b a lg a ta

c a b a lg a ta
de virtud que se contradicen en la
obra de arte y se nota ese debate en
sus cuadros.
¿Pecaba? ¿Hacía el bien? En la
penitencia del trabajo, del dar vuel­
ta a las tablas, de clavetearlas me­
jor, de hacer tiralineados planos pa­
ra el hogar del ansia artística, bus­
caba la penitencia contra la duda.
Quería anclar la seguridad de vi­
vir ante la certeza de lo contempla­
do y no escatimó ningún procedi­
miento para llegar a la saciedad de
lo real visto en el centro mismo de
su hospedaje, la casa de huéspedes
de la calle de la Madera aunque es­
tuviese situada en París.
Formó en el grupo de los que no
querían el servilismo de la pintura,
sino la altivez de la pintura. ¡ Pelu­
queros, no!

*
H ACE algún tiempo escribí sobre
* Juan Gris, pero ahora voy a
completar mi estudio para fijar su
figura, que es un mito pictórico que
cobra actualidad constantemente.
Español de origen —madrileñopasaba por las calles de mi adoles­
cencia y le vi desmelenado y febril
intentar el triunfo artístico en un
medio oscuro, negado, de lento
marchar.
Pero Juan Gris desapareció un
día de sus cafés habituales. ¿Qué
había pasado?
La guerra de Marruecos, cruenta,
sorpresiva, con su cubismo de des­
cuartizam ientos y mutilaciones
—unos miembros metidos dondp no
debían estar— se llevó en realidad
a París a aquel joven con ideales de
arte.
Deja al gran tapete de flores bor­
dadas de su comedor madrileño y
se desgarra de ese mimo de one go­
zaba. en su casa y en las tertulias.
Siemnre se notaba en el este des­
garrón del Madrid querido y nativo.
Nada le curará de ese abandono y
por eso toda la obra de Juan Gris
está hecha con melancolía derretida
no pudiendo triunfar de eso ni sus
mavores nrovectismos ni sus atrevi­
mientos de color.
Al lado de lo que va a encontrar
en París eran ino-prmas sus andan­
zas por aouel Madríd —sol y som­
bra— en nue no le llamaban artista
al pasar sino poeta.
A todo: al llegar a salir en la
portarla de una revista o al recibir
mención honorífica había que po­
nerle un siglo de tregua, ¡pero se
contaba con ese siglo para vivir esneranzado y sin acabar de perder la
inocencia!
Los enamorados de Esnaña sólo
* salen de ella ñor huida, buida de sus
levas para la guerra, huida de lo
que han hecho, huida del hambre,
pero su tragedia es oue les queda
todo el enamoramiento dentro.
Picasso, ya muy hecho al estar
fuera v con suerte en el extraniero,
es el gran consolador y le consuela a
Juan Gris, en auien recuerda los
amigos de su juventud, llenos de
ilusiones españolas, que son las de
más tamaño.
Están equivocando la idea de este
pintor oue tiene algo de esos prín­
cipes herederos de Esnaña en los
que se ahogaba un latente Hamlet.
Los franceses acentaban su pintu­
ra. acontaron al mnehaohote que se
alegraba y se entristecía con todo
—mitad v mitad— v los esnañoles
oue le habían abandonado en la Tnclnsa de París, sólo alguna vez le
veían y le reconocían entusiastas.
W

J u a n G ris . E l c u c h illo .

viendo en él un triunfo snobístico
y raro.
Yo sabía de qué Madrid y de qué
momento de Madrid había salido y
admiraba su titánico denuedo, su
escabrosa meditación, su querer ser
por otro camino diametralmente
opuesto lo que podría haber sido
por el camino velazqueño.
Por eso se hace necesario fijar de­
finitivamente sus contornos antes
que se pierda su morena figura.
Ultimamente leí que atribuían a
Diego Rivera unas opiniones sobre
Gris que no puedo creer que las ha­
ya dicho el gran pintor mejicano,
pues llega a afirmar que era negroi­
de y que se pintaba las uñas para
que no se lo notasen.
Español verdadero, pintado al car­
bón pero blahco, era como un Julio
Antonio prometedor de madureces
y vejeces recias y fecundas.
Quería mostrar en la superficie
plana y sin engañosas perspectivas
todos los lados y planos en que ha­
bía que descomponer lo visible para
que se integrase en la concepción
del espectador.
Despiezar, psicoanalizar las cosas

1926.

para que se recompusiesen en una
geometría del espacio que las aña­
diese las líneas de puntos de su re­
verso y de los lados insuponibles,
dotando al todo con el tesoro lla­
mado “ pintura” .
Juan Gris es ya una entelequia
indescifrable, pues la muerte ha he­
cho algo trascendental con el arte
que menos ha contado con ella, que
aún vivía en la inocencia de igno­
rarla.
No diré que sus cuadros se hayan
enlutado, pero sí hay sombras aoresponadas en su extravagante conjun­
to que por la magia de la muerte ya
es menos extravagante, ya es otra
cosa, ya es vidriera de color en la
catedral del tiempo.
El osezno de Madrid lanzó hondos
suspiros en su hora de artífice con
insomnios de reformador.
Esos suspiros están en el empeño
de otra cosa qué hay en estos cua­
dros que ya estarán contados y ca­
talogados para la venta calificada a
través del tiempo, con sus alzas y
bajas hasta la estabilización final.
No he visto a nadie tan pasmado
y serio como Juan Gris, con el labo-

UN I T A L I A N O

( Viene de la primera página)

pero no podrá contestarme hasta el lunes,
es decir, pasado mañana.

í de marzo.
Partí de PÍBa a las 5 y 20. He llegado
a Florencia al mediodía. Voy al hotel Excelsior: hav un lugar libre en uir coche que
sale para Roma mañana, a las 8 Duermo
on el hotel del Sol, donde hemos pasado
la Navidad de 1941 con Giorgio.
S de marzo.

5 da marzo.
Entrevista con Jesi. Está muy preocu­
pado por Giorgio y por otros amigos suyos
de los que no sabe nada; pero no logro
sacarle nada positivo. Si está detenido en
V ia Tasso ** me dice, como lo suponemos,
hay que renunciar a saber nada. Telefo­
neo a don Toaiari: en el fuerte Boceen
no hay noticias de él.
Convencido de que hago algo inútil,
pero para calmar mi angustia, llego a ad­
mitir la hipótesis de que tal vez se encuen­
tro realmente enfermo y recorro todos los
hospitales, S. Spirito, el Policlínico; pero
sin resultado.

Partimos a las 9. Desayunamos en Perusa. Voy a casa de Bertini Calosso; me
da una carta para Salvatorelli, quien tal
vez pueda serme útil. Llego a Roma a las
cinco. Telefoneo a los Argan, desde la pla­
za Flaminio. Esperan ansiosamente mi lle­
gada: en su casa hay siempre un sitio para
mí. Pasamos toda la velada haciendo con­
G1de marzo.
jeturas y planes para el día siguiente.
Voy al Vaticano, a ver al señor Baradel, hermano del contable. Me recibe afec­
4 de marzo.
tuosamente, ordena que se hagan averigua­
Voy en seguida al “ Ordinariato ” * mi­
ciones y me repite lo que me había dicho
litar, a ver al señor Romersi, para el que el señor Romersi. Rara vez se saben noti­
llevo una carta de presentación de Baradel. cias do los prisioneros do los alemanes.
Después de haber escuchado mi historia, Busco a C. Va a decirle a su esposa que
me dice: “ Si está en manos de los italia­ le pida noticias al prefecto de policía de
nos, podremos saber qué ha sido de él, y Roma. La única persona que puede decir
hasta hacer algo por salvarle. Pero si le algo en la Via Tasso es el intérprete Wie­
tienen preso los alemanes, no se puede ha­
der.
cer nada” . Luego me da una recomenilación del obispo de los limosneros para 7 de marzo.
don Toaiari, capellán del fuerte Boceea
Jesi me dirige al abogado Angcjucci, que
donde están detenidos muchos presos po­
líticos, y para M. B., capellán de Regina eouoco a fondo la polítiA y que debe sa­
OoelL He ido ante todo a ver a don Toaia­ ber algo do la detención de Giorgio y do
ri, quien hará averiguaciones mañana pol­ su posición. Está dispuesto a encargarse
la mañana. Por la tarde busqué a M. B. de su defensa y el partido comunista le ha
y acabó por encontrarle en S. María degli encargado de ella. Voy a verle. Evidente­
Angelí, donde predica. Él va a hacer tam­ mente, sabe algo, pero no me dice casi
bién ave: iguaciones, y si es posible tratará nada, aparte de que Giorgio está compro­
(le obtener informes en la “ tercera sec­ metido, aunque no irremediablemente. Los
ción ” administrada por el mando alemán, abogados pueden defender a los detenidos,

pero sólo por medio de una memoria es­
crita. De todos modos, no puede hacer n a d a
sík autorización expresa de la fa m ilia que,
como es natural, yo le concedo
Telefoneo a C .; en la prefectura no se
sabe nada de Giorgio. Por la noche voy
a ver a B. No ha podido averiguar nada,
porque durante el día ha tenido que asis­
tir a seis condenados a muerte.
8 de marzo.
Voy al Viminale ***, en busca de un vie
jo ujier que aprecia mucho a Travaglio.
E l ujier consigue ponerme en relación con
su sucesor, subjefe de la policía. lia m i­
rado en los archivos del ministerio del In ­
terior, pero hasta ahora sin resultado.
Pruebo todos los medios. lie buscado a
Santangelo, pero él tampoco sabe nada o
to me dice lo que sabe. Por la noche voy
a ver a B , quien me asegura, con satisfac­
ción, quo Giorgio 110 está en Regina Coeli.
Más tarde recibo una llamada telefónica
de Lavagna. Les digo la verdad: que to­
davía no sé nada.
,9 de marzo.
Hoy, en los diarios del mediodía, he
visto la noticia que buscaba. Diez presos
han sido fusilados en Roma por un acto
de violencia. Otros diez terroristas fusi­
lados. Es el tercero: Labo, Giorgio, siu
domicilio fijo. Trato de irqaginarme que es
un homónimo, pero no lo consigo. Falta
el acento sobre la “ o ” , pero sé que es
él. Mo hallaba en la Piazza Termini y
tengo quo agarrarme a una farola para
no caer al suelo. Estupefacto y mortifi­
cado, me doy cuenta do que no estaba
en absoluto preparado para esta even­
tualidad. Doy la vuelta a la plaza como
un idiota. Después, mi primera reacción
* Sedo de los c a p e lla n e s m ilita ro s.
** Sede do la d e s ta p o en Roma.
* ** M in iste rio del In te rio r.

J CAN
ratorio siempre alrededor, con el
cuaderno abierto y el lápiz pronto
y presto a dibujar almas de cristal,
primero el alma cristalina que ya
vendría después el ponerla cuerpo
de color, la opacidad abrumadora
con la que tanto luchó.
Primero el esquema como el apun­
te y recuerdo de un niño muerto
y después la transformación inaudi­
ta, la superposición con biombos que
encubriesen la fragilidad del apun­
te del niño muerto que estaba de­
bajo de sus cosas.
Sus “ mesas revueltas” no denun­
ciaban la futilidad de sus compo­
nentes de antaño, una hoja de alma­
naque, una caja de cerillas, un nai­
pe, todo con aire de día de santo,
pues generalm ente se regalaban
aprovechando un onomástico. Sus
“ mesas revueltas” se sublimaban y
hasta perdían su aire decorativo,
venciendo lo espectral a lo ramplón.
Picasso es el cubista malagueño
pasado por Madrid y pasado por
Barcelona, con su mezcla italiana
en el alma.
Juan Gris va a ser una especie
nueva: el puro madrileño cubista,
dramático al entrar en esa defor­
mación, como si sufriese tormento
en medio de todo.
Se le ve sufrir enormemente en
la operación — ¡ Cloroformo! ¡ Clo­
roformo!—, pero se presta a ella
abnegadamente porque se dice para
sus adentros: “ ¡Es lo que hay que
hacer!”
Ya ve la gloria pictórica más cer­
ca —desde luego, mucho menos de
un siglo— y en la callo y en los ca­
fés en vez de “ el poeta” ven dis­
tintamente en él al “ artista” , pero
aquella luz clara de Madrid, en la
que hay inmortalidad desinteresada &gt;
y en polvo, ¡ a y !, aquello sólo está
allá lejos.
Lo velazqueño que hay en él se va
a medir con el cubismo, va a ver lo
que saca de él honradamente, le va
a buscar las vueltas caseras, amoro­
sas, de reintegramiento en la desin­
tegración.
La cirugía estética del cubismo
va a tener sus gritos patéticos, su
sombrío arrepentimiento, el profun­
do deseo de quedarse bien con Dios.
Juan Gris es el que se plantea el
caso de que no vaya a ser una cosa
lueiferiana lo que están haciendo y
procura que el deterioro de labora­
torio, las operaciones rejuvenecedoras en su taller de Fausto no sean
tan aberradas y conmuevan de no­
vedad sin desfigurar demasiado a
la víctima.
Ese es el conflicto que trata de
resolver Juan Gris con tembloroso
espíritu, viendo de lograr que se vea
el alma de los seres y de las cosas
bajo la máscara de la nueva ontología.
Tomó tan gravemente como un
confesor la idea de pecado y la idea

delos y sus carotas descompuestas,
pero como aun quedaba en él el hon­
rado madrileño, en el desbaraten de
la mujer retratada dejaba para que
se reconociese su sexo un pendiente
colgando de la oreja.
Fijó esa cosa de libro abierto que
tienen los rostros y pintó a sus per­
sonajes en la sobremesa —el mantel
medio levantado—, esa sobremesa
que en París se graba tanto en la
mente.
Pero, sobre todo, le interesa el calaverario de la naturaleza muerta,
movida en trapajundia sonriente, ti­
tulándola de pronto “ Celos” —una
persiana, la sombra de una pierna y
no se sabe por qué, un número de
“ Le Socialiste des Pyrénees Orien­
tales”— desenvolviendo el sifón con
perfil de polichinela, pintando flo­
res más allá de su apariencia super­
ficial flotando en distintos planos,
dedicándose al eompotero libre vién­
dose lo que de recién nacido tiene la
fruta en la cuna del frutero, procu­
rando colocar un vaso en el centro
del cuadro como el vértice eoníferocubista, como un agujero en el aire
y en calidad de definitivo marcha­
mo el cerillero francés que era lo
que más chocaba en el París de en­
tonces, siempre puesto sobre los ve­
ladores y las mesas de los cafés,
pronto a dar cerillas gratis —¡qué
magnanimidad!—, un cono de por­
celana cubierto de raspador para los
fósforos amorfos que olían a azufre
y la peana luciente de blancura porcelanesca.
¡ Cuántos días grises en que Gris
vivía entre bastidores pintando da­
meros como un entretenim iento
afro-parisién, mientras esperaba
que los árboles completamente ne­
gras echasen hojas completamente
verdes al llegar la primavera! ¡El
renovado milagro de París!
Ya prueba Juan Gris —primer
aparecido cubista atravesando las
paredes del otro mundo— cómo va
a quedar ese arte en los desvanes
del tiempo.
Se ve con cierto pánico el trasie­
go, la vida tránsfuga de los cuadras
de Gris que guardan sus poseedores
como oro en paño.
Vuelven ya del más allá, acusan
y proclaman, quedan como radio­
grafías de una época, están traspa­
sados por rayos X que les entran
por detrás.
Picasso los mira tembloroso, pues
son ya las imágenes que se llevó al
fondo del mar el primer náufrago
y que son devueltas a la playa.
— ¡Gris! ¡Grijs! ¿Qué hiciste,
Gris?
—Hice lo que me mandó mi pa­
dre en la terraza del castillo.

Al que quería sólo lo identificaIble, le daba el jeroglífico y los co­
lores cruzados como palabras cru-adas.
P icasso se dejaba llevar por lo fe­
nomenal y por el color. Gris por la
estructura y pintaba la manta que
está debajo de la colcha.
Gris quiere siete espacios y una
baraja de cosas para representarlos,
proyectándose las sombras de las co­
sas como en un recuerdo trigonomé­
trico. (6 comidas en las restauran­
tes: un cuadro).
Por eso sus paisajes superpuestos,
sus estampas mezcladas al conjun|to,-y-subre todo sus papeles revelan­
do otras vanos entre el más acá y el
más allá, el papel imitando madera,
el papel imitando mármol o .senci­
llamente el papel de flores, rollos y

Por RAMON GOMEZ DE LA SERNA

J u a n G ris . E n U »esa, 1925.

rollos que daban a su estudio-come­
dor el aire de la casa del papelista
llena de papirus.
En Madrid nadie se interesaba
por sus obras y aquí ya hay extran­
jeros que se acercan a él y mujeres
de no mal ver —elegantes con boi­
na— que se muestran apasionadas
por lo que hace.
El grandullón se deja querer, se
ruboriza, ataca el trabajo con ím­
petu, pero en cuanto se pierde la
luz de las cinco de la tarde piensa
que en esas admiraciones que le ro­
dean puede estar ya la venta de su
alma al diablo.
Esa dualidad es lo que tuerce el
árbol interior de Gris, la que da su
tono único a su obra dramática más
que especulativa.
— ¡ Déjame algo de mi humanidad
en el trastueque fatal del arte
nuevo!
—Asomará tu ojo en medio de lo
que sea sentencia y gloria de tu mo­
nótona humanidad.
Era como un cantador de flamen­
co — ¡qué buenos cuadros de esper­
pento y guitarra hubiese pintado si
hubiese continuado en España!—
que quería cantar cante jondo en
París y que al tenerlo que hacer a
la manera cubista no dejaba de em­
plear el Cante Grande como fondo
de su pintura.
El gitano —el gitanazo— pintaba
sus buzos del arte nuevo como si tu­
viesen algo de encapuchados de pro­
cesión y los objetos tenían un mani­
festarse y acoplarse como de objetos
del culto en un cuarto trastero de
sacristía.
Sí, sí, su procedimiento era cubis­
ta, pero ahí estaba todo haciendo
penitencia, simbolizando como en
los cuadros en que se pintan los sím­
bolos de la pasión, los peces del mi­
lagro, los objetos de las postrime­
rías.
Juan Gris tenía piedad de los se­
res y las cosas y al mismo tiempo
cumplía su obligación de pintor de
los seresvnuevas.
Se compraban y se buscaban sus
cuadros porque el Eeee Homo esta­
ba visible, hacía su mueca de dolor
en el sacrificio, se le oían unas últi­
mas palabras antes de ascender a
los cíelas del arte.
—Ese es un Juan Gris— se oía
decir en las exposiciones, y el espec­
tador se ponía serio porque se veía
el forcejeo, el no querer ceder del
pintor de raza y de escuela española
y al mismo tiempo se le veía encon­
trando una fórmula que compagina­
ba la conciencia y la renovación del
arte.
La cortina negra estaba corrida,
pero hacia su onda agarrada por el
alzapaños, sin querer desaparecer,
como una honestidad presente aun
en su plegadura.
Cuando llega a esa transforma­
ción, él sabe explicarla.

G ris . G u ita r r a

y

d ia r io .

1925.

'' El espíritu comienza siempre
por una descripción, es decir, por
un análisis, una clasificación —es­
cribía, en 1925, en el “ Bulletin de la
Vie artistique”—. Antes de que
existiera la física como ciencia, los
fenómenos físicos han sido descritos
y clasificados. Y, al principio, el cu­
bismo era un análisis, que no fue
pintura, tal como la descripción de
los fenómenos físicos no era física.
El cubismo, en sus comienzos no fué
sino un nuevo modo de representa­
ción del mundo. Justamente por re­
acción contra los elementos fugiti­
vos empleados por los impresionis­
tas en sus representaciones, se quiso
buscar en los objetos destinados a
ser representados elementos menos
inestables. Y se eligió esa categoría
de elementos que queden en el es­
píritu por el conocimiento y que no
se modifican a todas horas. A la ilu­
minación momentánea de los obje­
tos se sustituyó, por ejemplo, lo que
se supuso ser su color local. A la
apariencia visual de una forma, se
sustituyó lo que se consideró la ca­
lidad misma de esta forma. Pero eso
conducía a una representación pu­

ramente descriptiva y analítica,
pues sólo existían ya relaciones de
comprensión del pintor con los ob­
jetos, pero nunca relaciones entre
los objetos mismos.”
Su insistencia de gitano supersti­
cioso le hizo pintar muchas veces
guitarristas, más bien guitarreros.
La guitarra que en Picasso se ha­
bía elementizado como una guitarra
de niño, vuelve a recobrar su gran­
deza en Gris, aunque pesa en las fi­
guras y se vuelve féretro de sus
almas.
Vive en prisión de guitarra —las
cuerdas son su reja— y marca sus
hombros y sus caderas, el depósito
de arriba para las notas ligeras, el
de abajo para las profundas.
Es guitarrista, “ guitarrero” , y
por eso del violín sólo le quedan las
f f sueltas.
Como oscila entre lo cuadrado y
lo redondo —pipa redonda; pipa
cuadrada—, la guitarra sufre la
misma alternativa y a veces es gui­
tarra cuadrada con agujero cuadra­
do y otras veces de curvas pulidas
y el agujero como un O que canta.
Ve los bocios invisibles de los mo­

BUSCA
3 ir a ver a B., en Regina Coeli. En
cuanto le veo no puedo menos de gritar:
“ Monseñor, era uto de los diez y usted
no ha hecho nada para asegurarse. No le
ha llevado el saludo de su padre. ’ ’■Él se
aterra y no sabe qué hacer para servir■me. Me dirige entonces a don Antonio
Soranno, en el Ospizio dei Cento Preti,
que está al lado. Don Antonio es el ca­
pellán que asiste a las ejecuciones. Cuan­
do lo explico quién soy, saca una libreta
de su bolsillo y me hace leer:
“ Labo Giorgio, de Mario, nacido en M6dena, el 29 de mayo de 1919. Estudiante
de arquitectura. Ir a ver al profesor Argan, via Giacinto Carini 66, Mont.cverde.
Trolleybus 129.
R o g a le que anuncie la muerte a la.
familia, con la mayor serenidad.’ ’
Así era como él quería que nos lo di­
jeran.
Después, don Antonio me cuenta lo
siguiente: “ Anteayer, por la tarde, vino
a buscarme un coche para conducirme al
fuerte Bravetta. El caso era sorprendente
norrme las ejecuciones tienen siempre lu­
gar por la mañana. Aquello significaba
que había habido una decisión urgente e
imprevista, (el diario de hoy dice que el
día 5, tres soldados alemanes han sido
muertos en la plaza dei M irti). Mien­
tras quo yo bajaba de mi coche, en el
fuerte, llegó el camión qne conducía a
los diez jóvenes, preparados ya, con las
mantos atadas a la espalda, y al mismo
tiempo, el furgón con los diez ataúdes.
Otro hecho insólito: el pelotón estaba
compuesto de S8 alemanes, en vez de
soldados italianos, do policías o de ca­
misas negras, como de costumbre. Me
acerqué enseguida a los jóvenes, mientras,
el oficial quo mandaba el pelotón me pe­
día quo me diera prisa, porque no dis­
ponía de mucho tiempo. Yo le dije a su

ASU HIJO
hijo: “ En buen lío te has metido, hijo
mío, sin pensar en lo que van a sufrir
tus padres*’. El me respondió, sonrien­
do: “ Ahora, padre mío, ya no se puede
cambiar nada. Haga el favor de escribir­
me una cosa” , y me dictó la nota que
le he mostrado. Todos ellos han muerto
valerosamente y su hijo estaba aún más
tranquilo que los demás. Sé que procedía
de • la Via Tasso y que los llevaron al
Verano ’ ’.
Ha muerto con una gran serenidad. El
era así. Sin lloriqueos. Pero su conduc­
ta es también una advertencia. La pre­
cisión con que ha dado los menores de­
talles de la dirección de Argan, quiere
decir: “ Yo he cumplido ya con mi pa­
pel; ahora os toca a vosotros cumplir con
el vuestro” .
Desde el Ospizio telefoneo a los Argan.
Anna María me contesta y me pide que
vaya a su casa. Cario quiere verme en
seguida y, sin saber porqué, le cito delanto de Regina Coeli. . . Cuando llega,
no me canso de repetirles: “ ¡ Qué lás­
tima! ¡Qué lástim a!” Es mi obsesión.
La lástima que me causa la destrucción
de un organismo joven, su actividad in­
terrumpida, domina hasta la angustia del
desgarramiento.
Pero, luego, como estaba decidido a
hacer averiguaciones en Via Tasso, cuan­
do todos me suplicaban quo renunciara
a ellas, me digo que que ahora ya puedo
ir allí. La casa (que tiene los números
135 y 147, aunque el primero está com
donado) es un inmueble banal. Las ven­
tanas de los pisos superiores están ta­
piadas. Para entrar en conversación me
sirvo del informe que me ha dado C. y
pregunta por Wieder. El centinela, cu­
bierto do galones y cartuchos, me dice
que no está. El despliegue de fuerzas, de
autos, do camiones, de autobuses y de

máquinas guerreras, con las iniciales de
las SS, me intimida un poco. Toda la
calle es un cuerpo de guardia, una base.
Insisto, pero nadie quiere recibirme; na
die quiere perder el tiempo conmigo.
En compañía de Cario, que me espera
ba al término de la calle, vuelvo al ce­
menterio del Verano. Al menos quiero
saber dónde y cómo ha sido enterrado.
Me asusta la fosa común, con los cadá­
veres amontonados los unns sobre Iob otros.
Pero el director del cementerio ha salido
y no volverá ya. Finalmente, volvemos a
casa, tomando en la plaza Sonnino el tro
lleybús 129, según sus indicaciones.
10 de marzo.
Vuelvo a Via Tasso. Pregunto otra vez
por Wieder, quien por lo visto, se ha
mudado. Un mecánico del garage se acer­
ca humanamente a mí y, después de ha­
berme escuchado, trata de introducirme.
Me confía a un joven alemán que sube
y vuelve, diciendo: “ No tienen tiempo.
Vuelva mañana” .
Voy al Verano. El director viene y me
dico que el 7 de marzo llegaron diez
ataúdes, procedentes del fuerte Bravetta,
y que los ataúdes llevaban la inscripción
de costumbre: “ Desconocidos fusilados” .
Antes de enterrarlos, el buen hombre ha
hecho redactar un proceso verbal, en el
que figura una descripción sucinta, pero
exacta, de los cadáveres. Cuando me habla
de un sobretodo oscuro, de un pull-over
verde y de unos zapatos con suela de go­
ma, comprendo que se trata de él. (Le
había oído hablar ya de ese sobretodo:
Lattuada se lo regaló.) Pero la descripción
habla también de unos bigotes castaños.
En uira ocasión se había querido dejar el
bigote pero, descontento, se lo había vuelto
a afeitar. jS e habría decidido por fin a
( Continúa en la página 1S)

�cnha tüata

10
i

C E A DE O C Q D E N IE
M E S N ím
PRESENTA

JOSE ORTEGA Y GASSET

OBRAS COMPLETAS
L a p rim e r a e d ic ió n de toda la obro do O rtega.
D esd e el p rim e r a rtíc u lo que d a a la p re n sa
en 19 0 2 , a lo s d ie c in u ev e años, se incluyen
m u ltitu d d e a rtíc u lo s y e n sa y o s, in s e rto s en
p e rió d ic o s y r e v is ta s y no pu b lic a d o s h a s ta
a h o ra en lib ro s , pró lo g o s, b rin d is y o tra s
p ro d u c c io n e s q u e n u n c a se h a b ía n reco g id o , a d em ás de la to ta lid a d de sus lib ro s.

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ROMANO, de R. von Ihering. Por Fernando Vela
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i

Algunas Consideraciones Sobre
t i

fí A P U T T"
de Curzio Malaparte
Por ANDREA MARI A NI

Malaparte o Curzio Malaparte
Schuckert es un personaje ya bien
conocido en el mundo de las letras Su
fama, cimentada en la tan discutida ‘ ‘ Téc­
nica del Golpe de Estado ’ ’ nace en las
postrimerías inmediatas de 1918. Autor
novel, Malaparte, supo, entonces, desper­
tar en el continente europeo el interés y
la curiosidad por lo que los golpes de
estado en su esencia eran, y cual era,
expresada en forma, diríamos casi des­
caradamente didáctica, el modo más prác­
tico para adueñarse del control de una
entera nación con el solo empleo de una
fuerza minoritaria pero organizada. Nadie
comprendió, ^entonces el valor que ese
libro adquiría ante la situación que se
iba produciendo en el mundo. En efecto,
al exponer Malaparte, con nítida clari­
videncia, lo sencillo de la técnica de los
golpes do estado y su facilidad para con
trolar los resortes del poder en naciones
pacíficas y democráticas, presagiaba para
las mismas un' dramático y mortal destino.
Hoy, Malaparte, en una nueva post­
guerra. trae ante la opinión pública otra
obra, do carácter igualmente sensacional
y que tiene como la anterior el alcance
de un dramático pronóstico y de un diag­
nosis profundo. Se trata de “ K aputt” .
Ese libro ha tenido amplisima resonancia
eu Italia y en el exterior. Y es un men­
saje para el mundo, sea desde c-1 punto
de vista artístico como el histórico, que
nos permito saber mucho de lo reciente
mente sucedido, y que nos ofrece una de
las claves de los infinitos imponderables
que gravitan hoy sobre la política eu­
ropea.
‘ ‘ Kaputt ’ ’ es una descripción a través
do visiones episódicas de lo que fué Eu
ropa bajo la ocupación alemana, para
el que escribe, en el espacio limitado por
la tan mentada ‘ ‘ Fortaleza Europea ’ ’.
Estilísticamente presenta el aspecto de uu
conjunto de vivencias autobiográficas, lle­
vadas a la pluma con habilidad poco co­
mún y con una riqueza de colorido que
por instantes nos evoca a D ’Annunzio
de los tiempos mejores. Como en toda post­
guerra so han escrito en ésta, sobre los
acontecimientos pasados libros do toda
índole. A veces exageradamente lejanos
de la realidad cotidiana que quisiera co­

C

urzio

nocer el lector, a veces exageradamente
e inútilmente mezoninos m r su intimidad.
Malaxarte es — en cambio— ñora este
fin lo nue los ioa-leses definen “ the right
man for the rio-ht place” . Re trata en
pfppto de un hombre de posición lo su­
ficientemente encumbrada como o a-a sa­
ber la médula de muchos acontecimiputes.
y lo bastante modesta como ñora haber
sufrido “ de cornore” los efectos reales
oue pueblos e individuos sufren a menu­
do por los actos de sus iluminados ít0bernantes. Por ello ha suscitado en Italia
las más violentas polémicas v detracciones.
Ru personalidad de ciudadano se confunde
demasiado con la del artista y p o c o s le
perdonan de haber dado a la luz de la
opinión pública circunstan-cias p o r las nue
había pasado todo un mundo. Malaparte
inclusive, y no indiferentemente. Pues a
pesar de que hoy. como muchos intelec­
tuales democratizados por las armas alia­
das trate de desmentir actuaciones, los
hechos tienen siempre una realidad más
tangible que las palabras, y para los
demás, ha sido corresponsal de guerra
adscripto al eiército alemán, ha es'ado
con la Wehrmacht contra la' TTR S R., has­
ta que. coincidiendo con Rtalingrado v
otras favorables contingencias, se referió
en- Suecia de la que volvió a Italia,
derribado el régimen fascista.
Por su carácter de libro autobiográfico
“ K ap u tt’ ’ es un libro cruel. Con todo el
mundo, sin distinción de amigos ni de
enemigos, encarando las cosas en el modo
que al autor le parecen más sinceras.
Es crueldad y sinceridad, no perdonando
a nadie. N i a él mismo. Y por el modo
de autocalificarse que el autor tiene en
ciertos párrafos rayanos en su crudeza
hasta la grosería, la obra presenta carac­
teres de un interminable ‘ ‘ Mea Culpa ’ ’.
Ese ‘ ‘ Mea Culpa ’ ’ dé alguien que fué ac­
tor de lo relatado no cr.-isa indudablemente
buena impresión. El lector, eompletamen
te ajeno a lo acaecido encuentra dificul­
tades para discernir entre los móviles del
libro, los que son sentimientos dictados
por las circunstancias y los que son de­
beres de arte y de verdad.
Pero la moralidad del libro no nos in­
teresa. Evidentemen'te ‘ ‘ Kaputt ’ ’ es un
libro cínico. Del mismo modo que las
memorias de Galeazzo Ciano, y de otros

vencidos, este tipo de obra, trata única­
mente de demostrarnos como el autor, que
durante el día comía y bebía y partici­
paba de un conjunto dp situaciones que
en su alma aborrecía, sabia, al acostarse,
en la íntima soledad de sus habitaciones
expresar su rebeldía, su sed de justicia,
su indignación, en el secreto de inviolables
páginas, celosamente custodiadas. Son las
miserias que la historia impone a muchos
de los que so creen sus artífices. Pero eso
no nos interesa ahora. Estudiamos “ Ka­
p u tt’’ porque es un libro bien logrado
y porque la atmósfera en que sabe ha­
cernos vivir es interesante, si no como
documento histórico, por lo menos como
instrumento interpretativo de una época.
Y alejados ya un poco del plano inmediato
de nuestros días es una confirmación más
para los que quieran saber al modo de
Foscolo; de cuánta sang-e y lágrimas
están manchados los laureles de los pro­
hombres de la historia y, según el decir
de aquel príncipe germano “ quam parva
sapientia regitur mundus’ ’. Con que poca
seriedad, sabiduría y rectitud es regido
el mundo por aquellos que por ser sus
rectores debieran ser también los mejores.
II
Toda Europa desfila ante nuestros ojos
en “ K aputt’ ’. Hay que recurrir a las
artes plásticas, al cinematógrafo en par­
ticular, para hallar un elemento con el
que medir la vivacidad y variedad de esa
descripción. Frente a nosotros pasan, vi­
vientes, inmediatos, casi palpables hombres
de todas las naciones. Principes moldavos
vestidos impecablemente según las rígidas
estilizaciones de la vieja corte hasbúrgica,
arrogantes y sublimemente indiferentes a
la miseria que los rodea, añorando tiempos
idos Conquistadores germanos, oue rigen
desde los palacios de los vencidos a in­
finitos pueblos ocupados, entre los fastos
de una pompa, con una discrecionalidad
tan total y conscientemente honesta en
su razón de ser, que son evocadores de
panoramas históricos que dábamos ya por
desaparecidos: Y tras de todo ese con­
junto, otros personajes, nunca citados pe­
ro cuya presencia flota y llena todo el
libro desde la primera hasta la última
página. El ansia de vivir, la Vida, y el
Miedo. Detrás del miedo la muerte.
En las heladas llanuras de Finlandia,
en los prados verdes de Rumania, en Varsovia, en la misma cara fria y bonachona
del Poglavniclc Ante Pavelitch, la muerte
incumbe, constantemente, despiadadamente.
Los hombres acuciados por la muerte se
achican; el Miedo domina a todos sus
actos. La vida se reduce a cosas siempre
más pequeñas, más reducidas, más escasas
pero por eso más imprescindibles. Pocos
escritores en ocasiones parecidas han sabi­
do interpretar artísticamente, con tanta
vivacidad la vida de un conglomerado
humano arrollado por una de esas épocas
que, desgraciadamente para nosotros, son
“ históricas” . Los seres que se agitan en
este escenario son extraños. Casi todos
pueden englobarse bajo un mismo deno­
minador: cobardía, hipocresía y hedonis­
mo. Dan por momentos una falsa impre­
sión de valentía por el riesgo constante
entre el cual desenvuelven su existencia,
pero en su esencia son coba-des, porque
la arriesgan para seguir viviendo; porque
le tienen menos miedo a la muerte que
les pueda sobrevenir por manos enemigas
que no a la que pueda derivarles de su
deserción. En todos ellos puede observarse
algo así como una general deshumaniza­
ción. En el fondo es una inmensa huma­
nidad de fantoches que se mueve, impul­
sada por un motor extraño e inaccesible,
lejano, en forma de pirámide, sobre cuya
cúspide un imp nativo sistemático coordina
y dirige todos los movimientos: mata si
es necesario pero vive.
Malaparte es, como todos, en ese mundo,
un adaptado. En el palacio real de \ arsovia, en un banquete celebrado por el
Gobernador Franck, el escritor, colocado
en un ambiente de alegría ficticia, mien­
tras afuera un mundo siempre más hosco
rodea a los conquistadores germanos, siem­
pre más desconfiados y trágicos, bebe con
ellos dulce Tokay, come exquisitos vena­
dos, disimula toda reacción, pensando só­
lo en ser el más obsecuente de los cor­
tesanos.
Europa está enferma. Según Malaparte
el odio y el miedo se han enseñoreado
de todo el continente. Brillan por todas
las miradas. Todo lo que ha hecho Mala
parte en su vida se ha desarrollado bajo
el signo del “ tempismo” , expresión ita
liana típica en la vida del periodismo y
que tiene el alcance de “ vivir en su de­
bido tiem po” . Nada más tempista que
“ K aputt” . El valor de esa palabra re
basa los limites de su simple significación.
No quiere decir sólo “ R oto” , “ Destruí
d o ” . “ El Acabóse” de ur mundo Quiere
significar también la ruina de las con­
ciencias Es el poema de una muchedum­
bre humana, aterrorizada por el miedo,
que es. por ello mismo, canez de renun­
ciarlo todo. El espíritu individualista, al­
tivo, heroico de los europeos ha muerto.
Aho-a no son nada más que una masa
humana, oue salvo el caso de excepciones,
soporta el drama de las dos inmensas
moles de acero que en las estepas de
Rusia, aplastan y destrozan sin contem­
placiones, la pequeña y despreciable vida
de los homb-es. Malaparte nos reíala a ese
propósito un episodio de su peregrinación
periodística en Finlandia. Está en Petsamo. Cérea del círculo ártico. Dos ejér­
citos, aislados casi del mundo, entre in­
mensos bosques y alces, acampan y com­
baten. Guiados por una brújula raleadas
hileras de blancos combatientes se espar
cen para buscar a otras hileras de otros
hombres y matarlos. De noche, finlandeses
y germanos, aliados, se reúnen en sus
acantonamientos y se emborrachan. Debido
a una vioja tradición finlandesa el rechazo

HABLA el poeta

- GOIMIEM
1

H ijo de padre español y m adre p o r­
tuguesa, el po eta argentino González
C arbalho re p re sen ta , en las últim as
generaciones lite ra ria s n u estras, a
uno d e los m ás prolíficos escritores
a l p a r que in d iscutido valor c u y \
o b ra y3 h a sido avalada más allá
de n u e s tra s fro n te ra s.
D esdo la a p aric ió n de su prim er li­
broi de verso s en 1922 — “ Cam panas
en la ta r d e ” — h a sta el últim o —
“C anciones de la p rim era noche” ,
e ditado en 1947 p o r L osada— una
in te n sa y m e rito ria labor jalonan &amp;
su v id a de c re ad o r al servicio de la
poesía.

LL

EMPIEZO A SENTIR LA NECESIDAD DE
SER. LEIDO Y CREO EN I.A POPULARIDAD
Sobre sus poesías y cuentos de la
infancia.
Seleccionado por Alberti. prolo­
gado por Neruda.
Eo necesario ser más humanos.
oeta

de fuste, periodista ágil, cuyas

crónicas son realmente justipreciadas
P
en las páginas de nuestra prensa, comen­
tarista bibliográfico, camarada incondi­
cional de las grandes voces líricas uni­
versales como León Felipe, Pablo Neruda,
Nicolás Guillen, etc., González Carbalho
desarrolla una actividad intensa como es­
critor, y es con tales motivos que le abor­
damos para Cabalgata, a fin de adelantar
a nuestros lectores sus próximas tareas.
— ¿Qué está preparando actualmente?
—le interrogamos.
— Entre los poetas de mi generación,
creo que soy, sino de los que han escrito
mejor, al menos uno de los que han es­
crito más. Diez nutridos volúmenes de
poemas, aparto de otros en prosa, kin
embargo, persisto, proyecto, preparo. Por
lo pronto, una antología. Saldrá después
de cumplir mi cuarto de siglo de publi­
cista. Los poetas soñamos con la antolo­
gía propia, tal como el modesto funcio­
nario con la casa propia. En' mi caso, sale
eu sociedad con Rafael Alberti; yo pongo
los versos y él hace la selección.
—Confiemos en la selección.
—Confieso que, elegidos por el grande
y querido poeta español, mis versos me
parecieron excelentes. La antología irá
prologada por Pablo Neruda y la editará
“ Continental” .
— Teníamos entendido que prepara algo
err prosa, González Carbalho.
— Es cierto. Esperan forma de libro
algunos libros de cuentos. El primero se
caracteriza por la diversidad de temas y
la uniformidad de atmósfera lírica.
— ¿Y los restantes ?
— Están dedicados a revelar el mundo
do la infancia. Ya objetivos o poéticos,
ya reflejando la realidad o irrealidad del
niño, el clima que lo rodea o la intimidad
por él creada, su evasión o su afán de
arraigar en un ámbito tierno u hostil a
su naturaleza; siempre, en todos ellos,
está presente el alma asombrada, su solodad o curiosidad, su desazón- o su alegría.
—-¿En qué ambiente desarrolla usted
estos cuentos?
— En estas breves historias se anota con
especial preferencia el medio — la casa o
el barrio— por lo cual la infancia quo
presento es siempre una infancia porteña.
No ocurría así en los cuentos anteriores
de ‘ ‘ Historias de niños” y “ La ventana
entreabierta” , en que la fuerza del relato
gravitaba exclusivamente en la cerrada in­
timidad del niño.
— ¿Siente la necesidad de ser leído por
nuestro público ?
— Antes me enorgullecía de ser uno de
los autores menos leídos de mi país. Entre
los errores de mi generación, ocupaba un
primer término el vanagloriamos de ser
desconocidos. Necesitábamos de la incom­
prensión como acicate. Empiezo a sentir
la necesidad de ser leído y creo en la
popularidad.
— ¿Le interesaría conquistarla?
de una copa de licor es signo de violenta
enemistad. “ Cuidado, beba —le dice a
Malaparte poco dispuesto a ingerirlo otro
pintoresco personaje latino— . ¡Beba, que
si no son capaces de matarlo! ’ ’ Eviden­
temente Malaparte bebe. Todo en ese
mundo es posible y concebible. El perio­
dista mira a los puñales que '11061! los
finlandeses en rus cinturones y bebe. Bebe
y se emborracha como los otros, n asta
que todo pase.
Un gigantesco poema de muerte flota
en el libro. Muerte de hombres, de cosas,
de animales; la espléndida descripción
de los caballos muertos en el lago Ladoga,
a quienes la muerte llegada del norte
so-prendió cristalizándolos en blancas es­
tatuas de nieve; los caballos muertos de
Jassy incendiada que llenan de su hedor
dulzón las narices del más remoto de sus
lectores. A veces el cuadro parece salido
do la fantasía y sin asidero en la realidad.
Pero todo nos confirma hoy que bajo el
fervor artístico de Malaparte vive una
triste verdad. ¿Es posible, entonces, extra­
ñarse por lo demás? ¿Es posible valorar
los actos de los sobrevivientes, fríamente,
cerebralmente? ¿Se les puede achacar su
cinismo, su indiferencia hacia el prójimo,

— No me propongo escribir para con­
quistarla, ni renunciaré jamás a princi­
pios estéticos que son una voluntad indominable; peto sí reconozco que es necesa­
rio ser, a tiempo que más puros cada vez,
cada vez más claros. Y, por sobre todo,
más humanos. En los cuentos de niños a
que me refiero, quizás haya conseguido
en parte una mayor comunicabilidad con
el lector. Los temas y el medio en que
están situados, son un campo fecundo, en
donde la labor del escritor se vuelve fluida
y de aparente sencillez.
— ¿Y en lo que respecta a su labor
poética?
— Así lo querría también en el verso.
Siempre he dado cabida en- ellos a una
corriente humana, que es posiblemente lo
más profundo que contienen. No es una
vulgaridad, como muchas veces se consi­
dera, el pretender que la literatura dé
la medida del hombre. Primeramente se
busca que el lector se reconozca en cada
trabajo, después que reconozca el mundo.
Y lo que está fuera del mundo.
— ¿Postula por una actitud humanista,
en verdad?
—-Seguiré pensando que un arte que no
hunde su raíz en el corazón no deja de
ser un arte mezquino y transitorio. La
verdad es que si volvemos la mirada a la
historia de la literatura, vemos que las
obras que perduran lo consiguen por esa
razón tan sencilla de ser como el hombre.
Claro que ser como el hombre, no signi­
fica lo que para el pintor ‘ 'fotografiar”
un paisaje.
— ¿Es más bien desentrañarlo, no?
— Sí. Llegar a su secreto, y componerlo
con esos materiales conquistadas a su mis­
terio. Y eso no es todo aún, porque se
requiere relacionarlo a su origen y devol­
verlo a su destino.
— ¿Lo ha logrado en su producción li­
teraria?
—Nada de esto es lo que he conseguido
hacer; es más bien lo que hubiera que­
rido y lo que seguiré intentando. Claro
que si lo consiguiera, no faltará algún
comentarista voluntario, que nos diga:
— Muy bonitos sus versos. Qué musica­
le s ...
- i- ..*
—En todo escritor que escribe como
llevado por una voluntad mística, existirá
sin duda este descorazonamiento ante la
falta de comprensión y el constante des­
apercibimiento de la verdad esencial de
su obra, esa que nada tiene que ver con
las escuelas y que las palabras, las imá­
genes, los sueños —todo lo que es carne
y sangre de la poesía— trata en vano de
mostrar nítidamente.
— Pero. . .
— . . . se oye el río y no se mira hacia
las aguas, hacia su hondura. Y el poeta
sufre esa desazón que ahonda su soledad.
Y, sin embargo, signe escribiendo, dice
que para sí mismo, en un rasgo de amor
propio herido; pero es para los demás,
aunque no se le comprenda.
Nuestra conversación ha terminado y
el poeta vuelve a su mesa de trabajo, ga­
nado por sus cuentos, poemas, notas pe­
riodísticas y comentarios bibliográficos
que debe entregar a la voracidad de nues­
tro público, ávido por gustar la produc­
ción de uno de nuestros más firmes valores
líricos del momento.

o. n.

su bestial egoísmo? ¿Es posible que en
Roma se siga jugando al “ g o lf” mientras
en Zagreb, Ante Pavelitch recibe de sus
fieles ustachis cestas de ojos humanos
arrancados a los servios y que, dice Malaparte, parecen “ ostras” ? Sí, todo eso es
posible y dadas las premisas, aceptable
y veridico Cuando la muerte se vuelve
algo tair fácil y rutinario no es posible
exigir a los hombres que piensen en algo
más que en la vida. La vida s; reduce
a cosas pequeñas, a aspiraciones pequeñas.
Es la cuenta corriente en Suiza, la intriga
para desplazar a otro, para ser más, para
poder más. Es el puesto en el extranjero
que hay que conseguir cueste lo que cueste.
Es el instinto de conservación, llevado a
sus últimas consecuencias que no perdona
nada ni nadie.
III
Acabada la obra y leídas sus seiscientas
páginas se prueba un gran cansancio.
Repulsión y amargura. Por la existencia
de hechos tan tristes en algo que creíamos
era la ‘ ‘ humanidad ’ ’ ; por la existencia
(Continúa en la página 12)

�f

cab algata
técnicos de todos los paí­
ses.
La sección polaca com­
prendía datos generales
sobre la habitación en
Polonia, y la presenta­
ción do l o s diferentes
planteamientos.
Suecia, con sus casas
prefabricadas, exponía el
tipo de viviendas que do­
nó a Normandía, y que
tuvieron el mayor éxito
en el Calvados, que las
recibió, así como en el
interior de la exposición.
Una sección documental
las completaba.
A pesar del muy corto
plazo que se le habla da­
do, Suiza no dejó de ofre­
cer una participación in­
teresante con la presen­
tación de diversos tipos
de habitación construidos
recientemente, y do un
departamento para fami­
lia modesta, equipado con
muebles de setie. Este
mobiliario, con el de las
casas suecas, constituia
A maneto Williams y Delfina G. de Williams. Viviendas en el espacio,
una perfecta demostra­
cada una con su jardín, para Buenos Aires.
ción de calidad y de
gusto.
Bestaquemos todavía la
presencia de Checoeslo­
vaquia, cuyo esfuerzo
consistía en la exposición
de un plan general de dis­
posición nacional desti­
nado a elevar el nivel de
vida de la población, y
la de la Unión Sudafri­
cana, son una maquette
de la Ciudad de El Cabo,
Por ANDRÉ BLOC cuyo proyecto de urbani­
zación pone en valor los
tiF-tJ
terrenos expuestos al
mar.
Finalmente, damos un
da. Entre las grandes ciu­ Pero ocurre aún que di­
n el centro mismo de
París, en el Grand dades a reconstruirse, el ficultades actuales de or­ lugar aparte a la sección
Palais incendiado por los sitio más importante se den material han estorba­ argentina, que fué muv
alemanes y ya restaurado, había dado a E l Havre, do el impulso de la cons­ notada gracias a un im­
y alrededor de este pala­ Tolón, Brest, Maubeuge, trucción en sí misma, y portante envío del arqui­
cio, acaba de tener lugar Orléans. Al lado de es­ que proyectos que testi­ tecto Amancio Williams,
una exposición de gran tos planes de urbanismo moniaban comprensión de cuyas audaces búsquedas
alcance. Esta manifesta­ se habían realizado en las tan complejas necesi­ se conocen. Williams pre­
ción no interesaba a Eu­ volumen, y equipado com­ dades de la vida comunal sentaba especialmente su
ropa y a los países de­ pletamente, departamen­ han debido sufrir modi­ notable estudio para un
vastados solamente, por­ tos-tipo que respondían ficaciones.
aeropuerto situado sobre
Para instalar estos alo­ el río. La idea esbozada
que el mundo entero su­ a las especificaciones del
fre una crisis aguda de Ministerio de la Recons­ jamientos se llamó a los por Le Corbusier ha sido
mejores técnicos de cada vuelta a tomar y desarro­
la vivienda. Los proble­ trucción.
La famosa Unidad de categoría, y los conjuntos llada. El proyecto no es
mas de urbanismo, liga
dos a los del alojamiento, Habitación de Le Corbu- presentan una nota de co­ utópico. Se presenta, al
se plantean en todos los sier para Marsella, cuya modidad con un inmenso contrario, como una so­
construcción está por fin progreso sobre el estado lución razonable y prác­
países.
L a A rgentina se pre­ decidida, se hallaba re actual de la habitación, tica digna de ser retenida
por las autoridades.
Junto con este proyec­
to se veía una casa para
un compositor de música.
Esta casa que acaba de
construirse es una curio­
sa habitación. Plantada
perpendicular a un arro­
jo , lo franquea por me­
dio de un puente de hor­
migón armado de un sólo
arco. La realización téc­
nica es perfecta. Cada
detalle de equipamiento
ha sido minuciosamente
estudiado.
Chjle envió algunas
obras muy interesantes
del arquitecto MarchantLyon.
Una gran parte de la
Exposición estaba reser­
vada a la prefabricación.
Amancio Williams. “ Sala de Conciertos” . Proyecto basado en los estudios Francia participaba con
acústicos realizados por el arquitecto argentino en 1942-43 y que han resuelto técnicos que ya antes de
el problema del máximum de equilibrio del sonido en un ambiente cerrado. la guerra tenian en su
activo realizaciones, co­
mo el industrial Joan
ocupa particularmente de presentada por una exce­ especialmente en las ca­ Prouvé cuyas series están
estas cu estion es. Bebe lente maquette. La belle­ pas modestas de la p o­ volviendo a aparecer. La
descongestionar su capi­ za plástica de esta obra blación.
casa de Pingusson cuya
Las secciones extranje­ distinción y agrado inte­
tal y sus grandes ciuda­ le valió un gran éxito de
des, crear habitaciones admiración, a pesar de ras manifestaban la mis­ rior pueden verse aquí,
para sus trabajadores, y todas las controversias ma preocupación de po­ los trabajos de Novello,
favorecer el desarrollo de suscitadas en Francia en ner al alcance de la po­ de Eries, y de numero­
construcciones destinadas el medio arquitectónico blación viviendas sanas y sas casas especializadas.
a todas las clases sociales. por esta solución audaz adaptadas a las condicio­
Un grupo especial es­
del problema de la ha­ nes de la vida moderna. taba consagrado a la in­
Numerosos países res
Bélgica centralizó su es- formación y a*la organi­
pondie.on al llamado de bitación.
Una habitación mínima fue zo sobre el difícil es­ zación del intercambio
Prancia, cuyo fin1 era es­
timular el celo de los téc­ tipo, de un sistema muy tudio de la disminución internacional concernien­
nicos, interesar al públi­ económico estudiado por del costo por medio de te a las cuestiones de
co en estos asuntos de los Paul Nelson en colabora­ técnicas apropiadas.
Urbanismo y de Habi­
Binamarca aportó en tación.
que los que demasiado a ción con Gilbert y Sébil
menudo se encuentra ale­ lote, evidenciaba un se­ este sentido el testimonio
En efecto, es de desear
jado, y, en fin, a poner rio esfuerzo para conse­ de sus constructores con que puedan tener lugar
ejemplos
do
edificios
de
en común el resultado de guir utilizar el espacio
comunicaciones seguidas
años enteros do trabajo en la mejor forma: ven­ habitación subvenciona­ entre todos aquellos que
preciso y fructuoso. Sin tanas que abren al exte­ dos por el Estado, da­ concurren a resolver los
embargo, hubo que la­ rior, chimenea central sin tando de estos últimos innumerables problemas
mentar la ausencia de desperdicio de calorías, años. Se puede observar de la construcción en
g r a n d e s p a ís e s : lo s ninguna superficie perdi­ que el 83 % de las vi­ nuestra época.
EE. UU., Inglaterra y la da en circulaciones. El viendas construidas entre
La documentación im­
L'.KS.S. Por el contra­ equipo mobiliario estu­ 1930 y 1940 para un al­ presa y filmada que se
rio, Italia, Bélgica, Sui­ diado por Charlotte Per- quiler correspondiente al puso a la disposición de
za, hicieron un considera­ riand realiza en forma 12 ó 15 % del salario los especialistas trataba
ble esfuerzo. En cuanto elegante y económica un obrero, ofrecen instala­ de dar un vistazo de lo
a Prancia, que debía ha­ marco de vida práctico ciones de calefacción cen­ que podría ser una co­
cer honor a sus huéspe­ para una fa m ilia mo­ tral, de agua caliente, a ordinación de los esfuer­
más de las comodidades zos de diferentes países
des, creó para acogerlos desta.
un marco de espíritu mo­
en esta materia Coordi­
Para cada una de las ya usuales. Caños de ba
derno en el que ocupaba grandes ciudades que be jada de evacuación, Invá­ nación que formaba el
evidentemente un amplio mos citado, pianes - tipo delos mecánicos y balco­ primordial centro de in­
lugar.
demostraron la posibili­ nes bien construidos están terés de esta Exposición,
El principal interés de dad de crear, en las su­ generalmente comprendi­ y que F ran cia (cuyas
la participación france­ perficies mínimas adjudi­ dos en este precio do ruinas no han sido aún
sa residía en la presen­ cadas a los arquitectos costo.
relevadas), ha ereido de­
tación1dedos grandes pla­ por el Ministerio de la
Italia quiso acentuar be:- ofrecer, en las horas
nes de urbanismo para las Reconstrucción, espacios la documentación técnica críticas que atravesamos,
ciudades destruidas, y en en los que puede inserí
económica, social y jurí­ a todas las naciones que
el avanzado estudio du birse, coir todas sus acti­ dica, que crea un punto desean vivir en la paz
los problemas de vivien­ vidades, la vida familiar. de encuentro entre loa duramente ganada.

11

La E xp o sició n In tern acion al
DEL URBANISMO Y LA
HABITACION EN PARIS

E

EL

MENSAJE DEL
OCEANO NEREIS

( Viene de la
página 7)

la cofa del pino maestro, queremos atia­
bar más allá de los horizontes, de donde
vienen los vientos d e l, sur, cual es la
tierra que guarda el nuevo encadenado
que espera su redención.
En los espesos sedimentos que aprisio­
nan las energías en poteneia de las selvas
jurásicas, el fuego del sol se hizo lepidodendro; en la larga escala del tiempo,
éste se convi. tió en combustible fósil y,
finalmente, este novel Prometeo aguarda

la hora para entregar nuevamente el fue­
go a los mortales.
En los pliegues escondidos de los Antartandes o en las cuencas sinclinales está
ese fuego potencial encadenado, y, desde
allí, el Gigante milenario, que aguarda
su liberación, nos envía todos los años
mensajes do esperanza. Son 6us portado­
ras las modernas oceánidas, las avutardas
de disciplinado vuelo y abigarrado plu­
maje.
Las formaciones de estas aves marinas
diseñan en el éter la “ V ” . Cuando dos
escuadrillas se aproximan la letra que
aparece es la uncial del nombre de las
islas que nos esperan.

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1 EDITORIAL P0SEID0N
O

P E R Ú

BUENOS

la
9 7 3

AIRES

�ca b alga ta

12

H A C E veinticinco años
murió T
Por A L E X A N D R A PECKER
exactamente un cuarto de siplo, el
9 de enero de 1923, Katliorine Mansfield se extinguía en Fontainebleau, dea
pués do una larga y torturadora enfer­
medad.
Por su personalidad doloroso y atrae
tiva, por su obra clara y sincera, fu i una
de las literatas más apasionantes y origi
nales de la literatura inglesa, lo que no es
poco decir, porque dicha literatura, enca­
bezada por Ernily Bronte, es una de las
más brillantes del mundo.
Empleo a propósito la palabra “ litera
t a ” . en vez de “ novelista” , cuando hablo
de Katliorine Mansfield.
No era precisamente una novelista. Se
había especializado en el arte particular de
la novela corta y lo había renqvado por
completo, lo que constituye uira de sus ori­
ginalidades
Se ha pensado muchas veces —aunque
sin razón— que los cuentos y las novelas
cortas eran los parientes pobres de la no­
vela. TJn gran editor me decía un d ía :
— Después do Maupassant, yo no conozco
un solo casa donde una colección1 de cuen­
tos —por buenos que sean— haya tenido
el mismo éxito de venta que una novelo
-—aunque sea peor— del mismo autor. Sí,
quizá haya un caso: el de Henri Duvernois. . . pero tampoco estoy muy seguro
de ello.
K: therine Mansfield ha hecho toda su
carrera, carrera magnífica, ha adquirido
reputaci &gt;, una reputación excepcional, sin
haber publ'cado nada más que novelas
cortas.
a.c e

H

Katherine Man.,1 eld nació en Nueva Ze­
landa, en Wellingtou, el 14 de octubre
de 18S8.
Eso origen lejano y el recuerdo del her­
moso país donde pasó las horas adorables
de su infancia y adolescencia, ejercieron
una gran influencia sobre su personalidad
v, por lo tanto, sobre su obra. Muchas de
las cosas que escribió cuando estaba en
Europa, particularmente en Londres, acu­
san esa nostalgia, su ardiente deseo de
volver a ver Nueva Zelanda. Katherine
Mansfield se sentía perdida en la inmensa
metrópolis, húmeda y brumosa.
Pero, sin embargo, cuando a los dieci­
ocho años volvió a Wellington, después
de haber terminado sus estudios en el
“ Queon’s College” de Londres, no tuvo
otra ilusión ni otro deseo que el de volver
a la capital lejana. Londres era el centro
intelectual y artístico que atraía a todos
los jóvenes que tenían algo que decir, que
se sentían capaces de dejar huellas do su
paso por la tierra. Allí era donde la aguar­
daba su carrera. Era allí donde debía vivir.
Y fuó allí donde vivió.
¡Mas con cuánta modestia! Hija de una
fam ilia que tenía cinco hijos y no mucho
dinero, tuvo que contentarse con una mi­
núscula pensión que le dieron sus padres.
Pero, en aquella época, la vida era rela­
tivamente cara en Londres. Katherine
Mansfield (cuyo verdadero nombre era
Katherine Beauchamp) conoció la vida in­
cierta y con frecuencia penosa de los mú­
sicos y escritores que empiezan, de los ac­
tores que hacen papeles pequeños eu com­
pañías ambulantes. En van-o proponía sus
manuscritos a los editores.
Al fin, el director de “ New A g e ” re-

conoció la calidad y las cualidades de K a­
therine Mansfield. Desde 1909 a 1911 cola
boro en “ New A g e ” . Por aquella época
reunió en un volumen todas las novelas
cortas aparecidas en la revista. El libro
tuvo bastante éxito, poro la desgracia se
encarnizaba con ella: el editor quebró y la
escritora tuvo que empezar de nuevo.
En el mes de diciembre de aquel año, la
dicha la sonrió: un día quo se encontraba
do visita en casa del novelista W. L. George, conoció en ella a un estudiante de Ox­
ford, John Middleton Murry, que dirigía
con Michael Sadler una nueva revista li
t.eraria, ‘ ‘ Rythm ’ ’.
A John Middleton Murry le entusiasma
ron la mujer y la escritora. Editó las obras
y se casó con su autora.
De 1911 a 1913. Katherine Mansfield
escribió regularmente para “ Bvthm ” , pi­
ro cuando desapareció la revista no en
contró otro lugar donde publicar sus no
velas cortas. Su silencio forzado la deses
peraba, pero continuó escribiendo valero­
samente, como si sus obras se fueran a
publicar al día siguiente. En 1918 logró,
por fin — o mejor dicho, lo logró su ma­
rido— , publicar “ The Hogartli P ress” y,
en el mismo año, “ No hablo francés” ,
publicado por su esposo y su cuñado. En
1919 publicó tres novelas cortas: “ F eli­
citó” , “ Cuadros” y “ El hombre sin tem
peramento ’ ’.
Los enfermos que no aman la vida son
los mejores colaboradores de la muerte.
Los que no tienen voluntad de curar son
siempre enfermos incurables. Cardíaca y
tísica, Katherine Mansfield, pensó siem­
pre que moriría de un ataque al corazón.
Finalmente murió de una crisis de tos
que la provocó una violenta hemoptisis.
Su muerte tuvo lugar el 9 de enero
de 1923, en Fontainebleau, adonde había
ido para curarse, de Suiza, cuya altura
no podía soportar.
Conservó su lucidez hasta el último mo­
mento. Como se sabia perdida, llamó jun­
to a ella a su marido. Por última vez,
él se apresuró a reunirse con su esposa
y llegó a Fontainebleau en las primeras
horas de la tarde. A las diez y media de
la noche, Katherine Mansfield murió.
Lo que más nos llama la atención enesta Vida de enferma, que fué un largo
calvario, es el valor con que Katherine
Mansfield soportaba sus sufrimientos.
Describía los lugares extraños adonde
la conducía su enfermedad: “ Hay que
escribir una historia acerca de la sala de
espera de un médico” ; y nos transcribe
la siguiente conversación:
— ¿Entonces, usted no cree que mi caso
es desesperado í
— ¿Quiere saber realmente la verdad?
— Sí, desde luego. ¡Oh, puede hablarme
con toda franqueza!
— Entonces, sí, es desesperado.
Como otros escritores, al hacer sus re­
portajes sobre temas diversos, visitan pri­
siones, manicomios, prostíbulos, los lugares
donde la miseria y la degradación huma
na se ponen más de manifiesto, Katherine
Mansfield hacía el reportaje de su propio
dolor, de su enfermedad, de su muerte.
Se veía sufrir, se veía morir y nos des­
cribía su propia miseria.

Un Prólogo a la

“NOVELA

DE L A E T E R N A ”
Por MACEDOTSIO VEliíSATSDEZ

A IX) S CRITICOS
El suicidio ha hecho escritores y glorio
sos a muchos insignificantes; no he de ne­
cesitarlo yo para llegar a una segunda
edición. Pero más precauciones he tomado
contra el verdadero suicidio que es el vivir
dospués de fracasar. Seré el autor de una
carta a los críticos, en lugar de la carta
al comisario.
CARTA A LOS CRITICOS '
Soy el uno que os comprendió, el primero
quo aferró vuestra definición esencial: Sois
los eternos esperadores de la Perfección,
y los cotidianamente reducidos a elogiadores de la encuadernación, obligados por
la frustación uno tras otro, dia a día,
del poema, la novela, el libro; sois los
únicos que amáis y concebís la Perfección;
los escritores nada de esto, publicadores
de borradores, libros do apuro, de oportu­
nismo, do rumbeo; la Perfección vendrá
algún día en un libro, tal como con razón
la esperabais y concebíais: hasta ahora
no se ha visto perfección sino en la gracia
y poder moral de algunos hombres y mu­
jeres que todos llegamos a conocer alguna
ves y que nunca arribarán a la publicidad
histórica ni cotidiana.
Pero estáis bien en esperar y estoy
seguro de que el día que aparezca en
Libro la aplaudiréis todos unánimes, in­
mensamente agradecidos.
Los escritores, los que no acabamos de

entender que ha tiempo debiéramos ha­
bernos acogido a la actitud de críticos
sabiendo qué terrible fatiga es construir
un libro en estrictez de arte y qué mínima
la probabilidad de acertar, no sólo sufri­
mos, sino que nos marchitamos, pues no
hacemos el Libro y eu espera de hacerlo
perdemos totalmente la simpatía de es­
perar encontrarla en las tentativas de
otros.
Yo n-o logré una ejecución hábil de mi
teoría artística. Mi novela es fallida, pero
quisiera que se me reconociera que soy
el primero que ha usado el prodigioso
instrumento de conmoción conciencial que
es el personaje de novela en su verdadera
eficiencia y virtud, que es ésa, la de con­
moción total de la conciencia, y no la de
la ocupación trivial de la conciencia eu
un tópico particular, efímero, precario de
ella, y que con ello y algunos otros pen­
samientos que van formulados en el con­
junto del libro, encamino, hago más Re­
gadora a esa Perfección que vosotros es­
peráis, purificando, y ejemplificando algo
también, una severa doctrina del arte
literario.
Si me equivoco, no seré el primero ni
el último. Podéis sentenciarlo con todo
rigor.
Yo bien comprendo que mi obra os de­
jará esperando la Perfección, quizá más
agudamente.. Si más agudamente, mi libro
sirvió.
Soy el alguno que adivinó que sabéis
lo que no es la Perfección.

Busca a su Hijo

A 1‘ II T T"
( Viene de la página 10)

(Viene de la página 9)

de una tan íntima debilidad de carácter
en los hombres quo más presumen de arro
gancia y fuerza con los débiles. Cuando
u» día y con paciencia exenta de las
¿rasiones del momento se analice el dra­
ma de la ocupación europea por los ejér­
citos alemanes, se dudará si lodo fué
fuerza de la ambiciosa y wagneriana Ale
inania o si gran parte de ello fué debi­
lidad eongénita de Europa. Lo más inme­
diatamente tangible en la lucha librada
por los dos colosos en la estepa es la
ausencia de los europeos. “ Finis Polonia ”
dijo un día Kosciusko. ‘ ‘ Finís animarEuropae” parece querer decirnos Malaparte. Pero el libro no es sólo una cons­
tatación. Es un legado a los demás pue­
blos del mundo. A fin de que comprendan
a qué 'grado de relajamiento y anulamiento pueden conducirnos el miedo a la lucha
y el pacifismo extemporáneo. Los hombres
buenos y rectos deben ser valientes. Si
no, ¡guay de ellos! El “ Vae victis” de
la historia incumbe a todos por igual.
E l libro de Malaparte ha evocado en
mí dos recuerdos literarios. Muy lejanos
entro sí, sea por su cronología como por
el contenido. El uno es “ L ’Úomo é for­
t e ” , de Corrado Alvaro. Existe en “ Kap u tt” , como en el “ L ’Uomo é forte” , la
misma sensación de encierro, de sofoca­
miento del individuo por un poderío ex­
terior agobiador e irresistible que Alvaro
supo tan bien: describir en su obra. El
otro, no se extrañe el lector, es el- de
una obra ¿terdida en los siglos pero que
muchos indirectamente conocen por el uso
que do ella hizo Sienckiewicz con su
“ Quo vadis” . Es la primera novela, qui­
zá con el “ Asno de Oro” , de Apuleyo,
de la antigüedad romana. El ‘ ‘ Satyricon ’ ‘
de Petronio. No por su tragicidad. El
¿laralelismo entre las dos obras hay que
buscarlo en la descripción sarcástica y
cruel que tanto Petronio como Malaparte
supieron hacer de una época y del servi­
lismo de sus hombres. Sólo en Petronio
pueden hallarse personajes que sean tan
poco hombres, tan viciosos, tan inconsis­
tentes. Como en “ K aputt” . . . Y en ello
está la raíz de todos los males, la mora­
leja final de la obra. El drama de Euro­
pa es el do su ruina espiritual. Es el
de la catástrofe de un conglomerado hu­
mano, civilizado, educado, culto, que arro­
llado súbitamente por un torbellino de
violencia mecanizada, se transforma en un
mundo de arribistas, de cansados, de ven­
cidos. Y con ese propósito nos da Malaparte la razón de ser de su obra. Hay que
arrancar — dice— del corazón de los hom­
bres el miedo, hay quo sacarles de la

dejárselo? Hago una petición, aunque sin
esperar que me la concedan: quiero verle.
Mas no insisto: el director me ruega que
espere al domiugo, por si acaso alguna
otra familia expresa también el mismo de­
seo. Voy a ver dónde les han enterrado:
en el campo 147, avenida 9. Las tumbas
están- recién abiertas y no se diferencian
cutre sí, porque no hay ningún signo que
las distinga.

MANIAS, MIEDOS
y SUPERSTICIONES
H A K E S P E A R E h u b ie ra p re fe rid o m o­
r i r a n te s que te n e r un g a to en su casa.
R ousseau creyó siem pre que u n fa n ta sm a
lo p erseg u ía.
A le ja n d ro D am as no poilín e s c rib ir u n a
n ovela m ás que en p a p el azul, u n a poesía
en p a p el am arillo y un a rtíc u lo en pupel
rosa.
C h arlie C haplin c onserva como m ascota
su 8 p rim ero s zapatos, y no h a y p elícu la
en que no se los p o nga p o r lo m enos úna
vez, po rq u e e3tirna quo le dan buena
su erte.
E l M arq u és D ’A ntonelle, e sc rito r p o líti­
co del siglo X IX , cuando e sc rib ía te n ía a
su lado u n a p ila de p la to s. Los colocaba
su ce siv am en te en su cuello desn u d o y los
c am b iab a a m edida que se c a le n ta b a n p o r­
que c re ía a sí re fr e s c a r “ los v a p o re s hirv ie n te s de su c ereb ro ” .
C o rn eliu s V a n d e rb llt, p rim e r m illonario
de la d in a stía , p o n ía cad a noche c u a tro
p la to s llenos de sal a l lado de los pies
de bu cam a, c o n el f i n de a le ja r los m alos
e sp íritu s .

S

mirada el espanto. Sólo así reconstruiréDios el alma de Europa, madre, cerebro
y corazón del mundo.
Nada puede mantener enhiestos espi­
ritualmente a aquellos cuya carne es tan
duramente probada. Flaqueada la carne,
cede el espíritu. E l mundo no está for­
mado generalmente por héroes ni por
candidatos al heroísmo, sino por gente,
que en su gran mayoría, es sencilla, quiere
vivir, y por vivir puede sacrificar lo mucho,
lo que queda. Hay que borrar pues del
mundo el espíritu de la violencia. Porque
si este influjo maligno se desata, pocos
hombres, pocas minorías arrastran al res­
to. Los decididos triunfan de los débiles
y éstos no harán más que ceder y obede­
cer. Y los resultados de todo ello los
vivimos.
Si la historia es fundamentalmente una
gran ejem plificados, de causas y efectos,
“ K aputt” , para nosotros, es un gran
trozo de historia vivida.

LA MEDIDA
DEL H O M B R E
E

L B ra s il no se p a re c e a
n in g ú n o tro p a ís y, p a ­
r a ju z g a rlo , h a y que clv id a r n u e s tro s p u n to s de
v is ta e uropeos. L a im p re ­
s ió n d o m in a n te es que la s
re la c io n e s d el h o m b re con
la N a tu ra le z a
(pongam os
u n a m a y ú sc u la ) son com ­
p le ta m e n te d is tin ta s que en
n u e s tro s p a í s e s d e clim a
te m p la d o , en n u e s tr a v ie ja
E u ro p a , e x p lo ta d a y c iv ili­
z a d a d e s d e h a c e s ig lo s .
C uando el sofisma P ro tág o r a s d e cía que “ el h o m b re es
la m e d id a de la s c o sa s” , ex ­
p re s a b a u n a v e rd a d m e d ite ­
r r á n e a , p e ro e s ta v e rd a d se
c o n v ie rto en el N uevo M un­
do en n n e r ro r m a n ifie sto ,
so b re to d o en la A m érica
d e l S u r, en d o nde el ho m ­
b re p ie rd e to d o sen tid o de
p ro p o rc ió n con u n C o n ti­
n e n te dem asiad o g ra n d e p a ­
r a él. L a s m e d id a s b r a s i­
le ñ a s d e sa lie n ta n in clu so la
im a g in a c ió n d e l N o rte a l
S u r, o b ie n , d el E s te al
O este. E l B ra s il tie n e c u a tro
m il k iló m e tro s ; su s u p e r fi­
cie a lc a n z a c a s i n u e v e m i­
llo n e s de k iló m e tro s c u a ­
d ra d o s ; F r a n c ia o c u p a ría
t r e s veces uno de los E s ­
ta d o s, p o r ejem plo, e l de
P a r a o el A m azonas, quo
en sum a no son sino dos
d e los v e in tiú n E s ta d o s del
B ra sil.
E s ta n a tu ra le z a — no con­
c e b id a p a ra n u e s tr a e sc a ­
la — , a p la s ta a l h o m b re por
su p o te n c ia : h a b la n d o p ro ­
p ia m e n te , es in h u m a n a . Se
lo a d m ira , p e ro el s e n ti­
m ien to in s tin tiv o es de te ­
m or, y no se tie n e con ella
a fin id a d e s. E l clim a de los
tró p ic o s te rm in a p o r d e s­
c o n c e rta r a l europeo, que
que no reconoce el ritm o
de la s e sta c io n e s, p orque,
en re a lid a d , no la s h a y :
a lo m ás u n a e sta c ió n sec a
y u n a de llu v ia s que se
su ced en c a s i sin tra n s ic ió n .
C uando el sol b r illa todos
los d ía s con u n a zu l g a ­
ra n tiz a d o , o b ie n cuando el
cielo d e ja c a e r u n aguacero
d ilu v ia n o , se p ie rd e e l sen ­
tid o d el tie m p o bajo itun
cielo que no se re n u e v a.
M ás fu e rte to d a v ía es osa
se n s a c ió n de p o te n c ia p e li­
grosa, de la n a tu ra le z a c u a n ­
do uno se e n c u e n tra con
la selva. L a selva, e n tre
n o so tro s, se h a vuelto u n
s e r débil, que h a y que p ro ­
te g e r, p o rq u e d e s a p a re c e ría
se g u ra m e n te si no fu e ra ob­
je to d e u n a a te n c ió n de to ­
dos los in s ta n te s , c o n fia d a
a u n c uerpo de fu n c io n a rio s
esp e c ia liza d o s. L a v a lo ra ­
c ió n d e l suelo, es d e cir, en

POR
ANDRÉ
SIEGFRED

su m a la c iv iliz a ció n , e s tá p e lig ro es el exceso de f a ­
h e c h a a sus e x p en sa s. A quí, cilid a d .
al c o n tra rio , no e s tá sino
P e ro , en sen tid o opuesto,
a p e n a s c o n q u ista d a ; a la
se tro p ie z a con u n p elig ro
m en o r in a d v e rte n c ia se v e ­ c o n tra rio : es de u n a m asa
r ía q u e g a n ó s o b r e e lla . de n a tu ra le z a im p e n e tra b le ,
E s te c a lo r húm edo y co n s­ im po sib le de v e n ce r. L a i n ­
ta n te , g e n e ra d o r de u n a v i­ m e n sid ad , que p ro p o rc io n a ­
d a b u lle n te e in v a so ra , no b a u n a b a se m a g n ific a a la
es b en év o la p a ra el hom bre. c o n fia n z a, se vuelve e n to n ­
P o r lo m ism o, la s riq u e z a s ces u n a fu e n te de d e sa lie n ­
in m e n sa s n a tu ra le s d e l C on­ to . Y de u u lado como del
tin e n te ib e ro a m e ric an o d e­ o tro , a n te la s fu e rz a s n a tu ­
ja n u n a doble y c o n tra d ic ­ ra le s, le fa lta al h o m b re ese
to ria im p re s ió n : en p rim e r sen tid o d e la p ro p o rció n ,
lu g a r, la ju s tific a d a con­ g e n e ra d o r de d is c ip lin a que,
fia n z a que e sta s riq u e z a s m ás que c u a lq u ie r o tro r a s ­
son ilim ita d a s , in a g o ta b le s : go, c a ra c te riz a in d u d a b le ­
y luego, a l m ism o tie m p o , m e n te el esfu erzo económ i­
la c o n cien c ia que, a d e sp e ­ co se c u la r de E u ro p a.
cho d e la s a p a rie n c ia s , su
A sí, el su d am e rica n o es
e x p lo ta c ió n e s d i f í c i l , y p o r m om entos u n v encedor,
que, en d e fin itiv a , su con­ y en o tro s u n vencido, p e­
q u i s t a p e r m a n e c e s ie n d o ro m ás ra ra m e n te u n co­
p re c a ria .
la b o ra d o r re g u la r de la n a ­
tu ra le z a . L a v id a e conóm i­
R e s u lta b a n ú tile s e sta s ca a p arec e en to n c es como
o b serv ac io n e s p o rq u e ilu s ­ u n a su ce sió n de te n ta tiv a s ,
t r a n la s c o ndiciones de la a lg u n a s de la s cuales o b ­
v id a económ ica, s u b ra y a n d o tie n e n u n triu n fo b rilla n te ,
la n e ce sid a d de ra z o n a r en y o tra s u n d e sc a la b ro d es­
fo rm a d is tin ta que en los p u é s de u n b re v e é x ito :
v ie jo s p a íse s e u ro p e o s. . . to d a s n e ce sita n , a l cabo de
E l c am pesino fra n c é s co la ­ c ie rto tiem po, a lg u n a reno­
b o ra con la n a tu ra le z a , con v a c ió n — y a sea porq u e el
la s e sta c io n e s y, de e sta co­ suelo se h a agotado tem p o ­
la b o ra c ió n nació u n vínculo ra lm e n te , y a sea porq u e los
com plejo que es como la su ­ g rá fic o s de e x p o rta c ió n d is ­
m a d el in te ré s , d el s e n ti­ m in u y e n y f a lta el b u e n
m iento, c a si de la a tra c c ió n m ercado re m u n e ra d o r.
físic a . L o s p ro d u c to s d*I
D e a h í, sin d u d a , e sto s
suelo no son d ad o s, pero, choques, su b id a s y b a ja d a s
d e sp u é s de todo, el r e s u lta ­ en la v id a de los negocios:
do e s tá re la c io n ad o con el c ris is c a ta s tró f ic a s que se
tra b a jo p ro p o rcio n ad o , de suceden a l o s
v io le n to s
t a l m a n e ra que el c u ltiv a ­ b o o m s : de a h í ta m b ié n la
d o r lle g a a a m a r su e s fu e r­ n e ce sid a d de c a m b ia r de
zo, lo que es el fu n d a m e n to cuando eu c u an d o el p ro d u c ­
de u n a m o ra lid a d , la fu e n te to que s irv e de b a se f u n d a ­
y o rig e n d e u n a n o rm a do m e n ta l a la p ro s p e rid a d . E l
c o n d u cta.
a z ú c a r, e l oro, el caucho, el
E l suelo d el B raM l — ca- café fu e ro n su ce siv am en te
si v irg e n — no exige d el los a c ic a te s d e la p ro s p e ri­
p la n ta d o r u n a la b o r a n á ­ d a d económ ica b ra s ile ñ a ;
loga.
a h o ra es el alg o d ó n y, n u e ­
V a rio s c u ltiv o s, so b re to ­ v a m e n te, el que se a p a ra el
do en el N o rte, se asem ejan e q u ilib rio n e ce sario que ella
a la re c o le cc ió n de los f r u ­ supone, no m odifica en su ­
to s, C uando la tie r r a d a m a la p ro fu n d a e s tr u c tu ra
sig n o s de cansancio, no hay do ese ex cep cio n al com plejo.
m ás que c a m b ia r de sitio,
A n o so tro s el c o m p re n d e r
y so v a u n poco m ás lejos, que ese d e sa rro llo en cohe­
p o rq u e el espacio es in fin i­ te s sucesivos, con fa s e s a l­
to . E n la s e x p lo ta cio n e s de te rn a d a s de e x a lta c ió n e s ­
im p o rta n c ia c a s i fa b u lo sa, p lé n d id a y de d e p re sió n ,
como lo son a lg u n a s fazen- re sp o n d e a c o ndiciones n a ­
d a s, se e n c u e n tra n a m e n u ­ tu ra le s , que c o n stitu y e n ju s ­
do, a l lado de la s p la n ta ­ ta m e n te la p ro fu n d a p e rso ­
ciones a c tu a le s la s a n tig u a s n a lid a d de u n C o n tin e n te y
p la n ta c io n e s a b a n d o n a d a s y n e c e s ita n , p a ra su poblac ad u c a s. L a c o lonización se m í'n :o y su v a lo ra c ió n , u n a
h a ce en p a rte p o r e sa t r a s ­ ■política e sp e c ia l que con­
la c ió n y m u d an za, d eja n d o c e r n e ría la co lo n izació n si,
d e trá s d e e lla m enos t ie ­ p o r u n a s u e rte p a rtic u la r,
r r a s c o n q u ista d a s, so b re las el B ra s il no p roced e ra a
c u ales so a p o y a u n nuevo e s ta c o n q u ista en su p ropio
avance, que esp a c io s te m ­ te rrito rio en donde la n a ­
p o ra lm e n te u sad o s, v o lv ie n ­ tu ra le z a , i n d e f i n i d a m e n t e
do h a s ta n u e v a o rd e n a l p ró d ig a , no se c a n s a n u n c a
b a rb e ch o . E n e ste caso el de a b a s te c e r.

Ahora, como es natural, nadie se niega
a hablar, .iesi me lo cuenta todo. Cuando
nos sc¿mramos en Poggio Mirteto, en el
mes de octubre, Giorgio se unió a loa pa
triotas italianos, ingleses y norteamerica
nos y vivió con: ellos en pleno campo, en
las casas de los campesinos. Pero aquello
no le bastaba, no le interesaba. Do cuan
do en cuando iba a Poggio, donde tenía
varios amigos. (Ya lo sabíamos, uno de
ellos era E . . . ) . Estas idas y venidas aca­
baron por inquietar a sus compañeros quie­
nes tal vez no le ocultaron su inquietud.
Por eso es por lo que vino a Roma, para
buscar documentos, la garantía de que al­
guien respondería por él. Jesi le presentó
a quien podía dársela. Pero algunos días
más tarde le volvió a encontrar en Roma.
„Ya no me marcho, le dijo, he encontrado
un empleo aquí.” Había empezado a tra­
bajar con e! “ G A P” *. Se había encon­
trado con Gian Franco Mattei, ayudante
de Natta, profesor de química industrial
en el Politécnico de Milán. El profesor.de
química y el sargento de minadores se
completaban el uno al otro. Su nombre de
guerra era Lamberto.
Cuando ocurrió el atentado del hotel
Plora (el 18 de diciembre), y se ofreció
una prima de 300.000 liras (los carteles
están aún pegados en las paredes y yo
mismo los he leído) Giorgio le dijo a la
señora Jesi:
“ 300.000 liras son mucho dinero; al­
guien nos venderá” . Ese alguien fué uir
tal Amidei, o al menos un tipo que se ha­
cía llamar asi y que desapareció en segui­
da. Como consecuencia de su denuncia, dos
compañeros de Giorgio fueron detenidos:
uno de ellos habló en cuanto le pegaron
y les dió la dirección del laboratorio. Gian
Franco y Giorgio fueron detenidos en él
y llevados desde allí a la Yia Tasso. Gian
Franco que temía no poder resistir ql
interrogatorio’’, se suicidó, colgándose
con los tirantes.
Giorgio resistió valerosamente y no
abrió la boca. Su mejor amigo y jefe di­
recto, Antonello Trombadori, se dejó de­
tener por lo mucho que le quería. Inquieto
por su ausencia, fué al laboratorio, le
llamó silbándole y entonces lo detuvieron.
Pero pilló la sarna cuando le llevaban a
Tasso y tuvieron que llevarle a la enfer­
mería de Regina Coeli. Esperan que se
salvará, porque es muy hábil y muy inte­
ligente. Su prometida, la intrépida Fulvia,
me ha hablado también. La señora Jesi
me cuenta que Giorgio le decía a Fulvia:
“ Tú crees que he nacido para esta vida,
pero en realidad no pienso más que en la
arquitectura. Y, sin embargo, hoy hago
lo que debo hacer” . Los periódicos de es­
ta noche anuncian que se han lanzado
bombas de mano sobre un cortejo repu­
blicano en memoria de Nazzini: Es la res­
puesta a las ejecuciones del fuerte Bravetta.
Vuelvo por tercera vez a la via Tasso.
Un jorobadito me precede y entra antes
que yo. El italiano del garage, me confía
a un soldado que sale con dos cubos, des­
pués de explicarle mi situación. El soldado
me hace seña de que espere y me muestra
un ángulo del descansillo, del que no debo
moverme; luego repite las órdenes que me
ha dado al centinela, para que me vigile.
Al fin me acompaña ai primer piso y me
confía al triste muchacho del día antes.
Este me hace seguirle a lo largo de un
corredor, entra en un despacho y vuelve i
salir, diciendo, “ que tienen que hacer”
To le pregunto si les ha dicho que he
venido ya dos veces. E l me asegura que
sí, me dice que vuelva el lunes o martes
y me deja. Espero a que se aleje y entro
en la habitación. Un civil está sentado
detrás de un “ bureau” y, cerca de él, un
soldado escribe a máquina Enfrente hay
uir oficial sentado ante otro “ bureau” :
el jorobadito, que también está allí, debe
de haber terminado su “ servicio” . Mez­
clando el italiano y el alemán dice que
aquella es la tercera vez que voy y que
“ ich kann niclit mehr hier bleiben” . En
seguida, el civil que habla muy bien el
italiano, me pregunta:
“ ¿De dónde viene, si no vive en Ro­
m a?’ ’
A mí me da la sensación de haber caído
en urea trampa, pero le contesto:
“ Vengo de Poggio Mirteto.”
“ ¿Cuándo llegó?”
“ E l viernes por la noche.”
“ ¿Cómo se llam a?”
“ Labo.”
E l civil se vuelve hacia el oficial: “ Er
ist der vater des ersehossenen Labo.”
Despiden al jorobadito y me hacen sentar
en su sitio, cerca del oficial. Después, el
intérprete me dice: “ Buen pillo le salió
el h ijo.” A mi me entran inmediatamente
tentaciones de contestarle que cómo le sa­
lieron1 los hijos a su padre; pero pienso
en Enrica y le contesto solamente: “ No
he venido aquí para oír apreciaciones de
la conducta de mi hijo.” Se vuelve hacia
el oficial y comenta: “ Er will nicht davon reden.”
Y yo prosigo: ‘ ‘ Sino solamente para
retirar un recuerdo suyo, si es posible ”
Consulta al oficial y luego le habla
a un soldado, que sale: yo saco en con­
clusión que han decidido darme urea satis
facción y que han ido a buscar lo que
pido.
Yo lo digo:
“ Por otra parte, si quiere darme deta­
lles de lo que hacía, le quedaré muy agra­
decido, porque yo no sé nada.”
“ ¿Quiere saber lo que hacía? Era un
SA-BC-TBA-DOR. Fabricaba máquinas mortí­
feras, bombas explosivas.”
“ ¿Pero estáu seguros de que era él
quien las fabricaba!”
“ Completamente seguios, porque le he*

G ru p o s do a cc ió n p a trió tic a .

�ca b alga ta
H AB LA

ANI1H1D HllSlIZ
REPRESENTANTE DE

SAL VA T EDITORES S. A.
Jo v en , dinám ico y eficaz p ro p u lso r
do la in d u s tria e d ito ria l, A ntonio
M uñoz — de o rig en español— es el
r e p r e s e n ta r te y d is trib u id o r ge n eral
p a ra A m érica de la firm a S a lv a t
E d ito re s S. A., con sede en la c iudad
d e B u en cs A ires.
Su so lv en cia com ercial y su dom inio
del p ro b lem a do la c ita d a in d u s tria
nos h a llevado a e n tre v is ta rle a fin
de o fre c e r a n u e stro s lecto res su
a u to riz a d a p a la b ra .

SOLO SUFRE QUEBRANTO EN SU VENTA
AQUEL LIBRO DE VIDA EFIMERA
Inconveniente en Colombia.
Un comienzo poco auspicioso.
• Acerca de la ley de ayuda.

U

N cúmulo de facturas, correspondencia
a contestar, empleados que solicitan ór­
denes, obreros que traen y llevan paque| tes. forman el marco ordinario en que
Antonio Muñoz desarrolla sus actividades
diarias en la sede de Salvat Editores S. A.
Pero cuando su secretaria le anuncia que
e! cronista de Cabalgata desea inquirirle
acerca del momento editorial, suelta su
cigarrillo y, tras eludir escritorios y mam­
paras que obstaculizan nuestro encuentro,
pronto sella con un rudo apretón de manos
mía naciente amistad.
Nervioso, sólo atina a decirnos — con
indudable modestia,— que poco pueden in­
teresar sus palabras; pero, a poco que
hurgueteamos, nuestra tarea se torna fácil.
—¿Cuál es su opinión sobre el momento
editorial, señor Muñoz? — inquirimos.
— Un pesimismo me domina al intentar
responderle, amigo cronista.
—¿A qué obedece ello?
—Es que la situación del mercado exte­
rior —me refiero, claro está, a Sudamérica— tiende a empeorar. Veamos, en Chile,
para comenzar: allí los libreros no reciben
nuevos cupos, que sólo se les oto-gan por
cuentagotas; en Colombia, se nos piden
requisitos muy difíciles de llenar, por cuan­
to ellos requieren grandes desembolsos para
cada factura; en los demás países, la si­
tuación és idéntica a la del año anterior.. .
En £in, el tiempo dirá; yo sólo les pinto
el momento a la entrada del añ o. . .
—Quiere decir, en resumen. ..
—Que no comienza mejor que 1947, sino
peor, pues ahí tienen1 ustedes como ejem­
plo el inconveniente que surge en Colom­
bia, para citarla sólo como ejemplo. Pero,
entre tanto, resulta simpático señalar
a Venezuela, país que cumple con una re­
gularidad ejemplar.
—¿Acerca de esa ayuda oficial ?. . .
—Ella no deja de ser una ayuda, y en
medio do la crítica situación de las edito| ríales, entiendo que en algo las aliviará.
—¿Cree usted que el libro español es un
competidor del nuestro?
—No, no lo es. En períodos anteriores,
existía una concurrencia mayor de libros
peninsulares en estos mercados. Ocurre que
algún editor local creerá que al venderse
un libro español, la venta de sus propios
libros disminuirá. Si son buenos, se ven­
derán los dos libros. Quien se preocupa de
brindar buenos temas, esmerada presenta­
ción, autores seleccionados, nada debe te­
mer, pues, nuestro público responde a la
calidad.
—¿Tiene alguna experiencia que rela­
tarnos acerca del ambiente local?
—En él se está sufriendo un descenso
de la venta; ello repercute en el librero
' exportado.- y en el que no lo es, pues éste
encuentra que el mercado no le responde
(Viene de la página 12)
toos detenido en el mismo local donde las
bacía. ’’
“ ¿Y saben si esas bombas han sido
™&gt;pleailas? ’ ’

"Desde luego. Nos han costado la pérdida de muchísimos coches blindados de
bis fuerzas armadas alem anas.”
Mientras habla, ha sacado un1paquete de
fotografías y se las ha ent egado al o fi­
cial, quién me las va dando, una a una.
Son unas fo t03 perfectas, a la alemana.
Una pequeña caja rectangular, de la
loe salen dos clavitos, en forma de ba­
cila. Una cubierta de un grueso libro
•otiguo, que recubre una caja de cigarribos Una clavija de palastro y otros ob­
jetos de diversas formas. Al fin1, una gran
®esa, cubierta de bombas grandes y pe­
ceñas, colocadas las unas junto a las
0,1as. Mientras las contemplo y digo que
tan perfectas que cualquiera las creer*a fabricadas por un obrero muy hábil,
®o dice?
‘ Usted mismo comprenderá que no po
“ amos dejar vivo a sem ejante individuo.”
Euego, dejando las fotos, continúa el
•aterrogatorio:
íPor qué no se ha presentado cuando
* detuvieron?”
“ Porque iro sabía nada.”
¿Cuándo se enteró?”
El mié coles pasado. ‘ *
"¿Cómo?”
Por una llamada telefónica de un des­
nocido oue se decía amigo suyo, y don­
an me decía que estaba muy enferm o.”

como acontecía dos años atrás. Ello no se
debe a la disminución de la capacidad lec­
tora del pueblo, pues se lee tanto o más
que antes, sino que ha sufrido un que­
branto la capacidad adquisitiva.
—i Algunas razones de ella ?. . .
—La enormidad de problemas diarios
que acucian al hombre, y que parecen ha­
berse agudizado en nuestra era moderna,
la inquietud del ser que vive atento a la
hora política o económica o social, que le
obliga a la lectu -a repetida del periódico,
la prisa del siglo, e tc .. . .
— Pero. ..
— Déjeme terminar. . . Recalquemos que
en esta baja de venta, quien más sufre es
el libro de vida efímera, y ahórreseme se­
ñalarlos, amigo cronista,
— Entendido.
— Lo he podido observar en la vida co­
tidiana de Buenos Aires, especialmente en
mis viajes ciudadanos; hasta hace poco
tiempo, el lector común portaba bajo el
brazo algún libro que distrajera su ocio
cotidiano, rasgo característico que hoy se
torna más difícil de observar. Y ello nos
dice, seguramente, que quien no sufre ma­
yores altibajos en la venta es el libro que
responde a consultas, los tratados, o en­
sayos medulares. . .
— ¿Qué novedades tiene para el año en
curso la firma que usted representa?
— En primer término, aparte de las con­
sabidas novedades de importancia médica
que constituyen nuestro fuerte, lanzaremos
el ‘ ‘ Breviario de la Historia del Mundo
y do la Humanidad” , debido a la autori­
zada pluma del escritor José Pijoan, en
dos volúmenes. Esta obra, por su ameni­
dad y la entidad reconocida del autor, lle­
gará a constituir un éxito editorial poco
común.
— ¿Otros títu lo s ? ...
— En nuestra conocida colección ‘ ‘ Sur­
co ’ ’, lanzaremos tres tomos más, que irán
a agregarse a los 16 ya editados; titúlanse
‘ ‘ La Locura” , ‘ ‘ La Vida en los Mares”
e ‘ ‘ Historia de Oceanía” . Por último,
puede poner también que, dentro de dos
meses a más tardar, estará en venta el
segundo tomo de la tercera edición de la
‘ ‘ Historia del Arte ’ ’, la ya conocida obra
de José Pijoan.
Pocos minutos más y nuestra entrevista
cordial ha terminado, pues Muñoz -—con
su sonrisa nerviosa, pero framcachona—
debe reintegrarse al ritmo de su editorial,
donde se oye el agitar continuado de pa­
quetes de libros.
Millares de obras prestas a iniciar el
viaje para el anhelado encuentro con el
lector, nos dicen de la actividad desplegada
por Muñoz en aquella iluminada oficina
de la calle Lavalle y Reconquista.
O. 11.

(Espero con terror a que me pregunte
donde he recibido esa llamada telefónica,
pero él no me pregunta nada.)
‘ ‘ ¿Cuándo ha llegado a Roma?”
‘ ‘ El miércoles pasado. ’ ’
‘ ‘ ¿Y desconocía la hermosa labor que
su hijo estaba realizando en Roma?”
‘ ‘ Nos había dicho que se había inscrito
eir la Universidad para preparar sus exá­
menes y que había conseguido la docu­
mentación necesaria.” (Veo que el oficial
debe comprender el italiano, porque él y
el otro cambian una mirada de aproba­
ción.)
‘ ‘ ¿No sostenía correspondencia con é l? ”
‘ ‘ Muy irregularmente, porque el correo
entre Roma y Génova funciona muy m al.”
Me doy cuenta de que acabo de cometer
una torpeza, porque él me pregunta:
‘ ‘ ¿Gómo? ¿Génova?”
‘ ‘ Sí, Génova, Milán, Bolonia, toda la
Italia del Norte. Nosotros dirigíamos nues­
tras cartas a la lista de Correos (pero no
estoy muy seguro de que la corresponden­
cia de esa clase está perm itida); le es­
cribía cuando encontraba medio de ha­
cerlo.” El soldado ha vuelto con un
saquito que coloca delante del intérprete,
en el ‘‘ bureau” . Me levanto y me acerco
a él. El saco lleva los nombres de Mattei
Labo y otro nombre que no logro leer.
El intérprete lo abre y saca de él su cor­
bata verde con rayas rojas; después dos
estilográficas, dos pares de anteojos. Y o .
|t voy reconociendo y separando las cosas de
mi hijo. Después pido una bufanda roja
que llevaba siempre. (M afai la quiere co­
mo recuerdo.) E l intérprete me dice:

‘ ‘Aquí no hay más que lo que llevaba,
porque le hemos detenido en la calle y
no hemos conseguido averiguar donde vi­
v ía .” Lo dice con rencor y yo le con­
testo: ‘ ‘ N i yo tampoco.”
Me muestran su tarjeta de identidad
para la lista de Correos, su carnet de abo­
no de los tranvías y ferrocarriles. Es una
identidad sucinta. No se menciona en ella
ni a su madre ni a Génova. Tomo las dos
tarjetas, pero el soldado me las quita y
el intérprete me dice: ‘ ‘ No devolvemos
los documentos.”
‘ ‘ Al menos, deme las fotografías. ’ ’
Las despegan con cierta habilidad y me
las entregan. Son diferentes. Yo conozco
una de ellas; en la otra aparece coir el
bigotito recortado que se ha dejado por
fin. El oficial tiende la mano, pidiéndo­
melas Yo le doy la prime"a y él me mira,
esbozando una sonrisa de simpatía. Casi
diría que está conmovido, si eso fuera
posible.
Luego aparece la tarjeta de abono de
Gian Franco. Yo miro la foto por curio­
sidad. El intérprete me dice: ‘ ‘ Ese es
el hombre que ha perdido a su hijo ’ ’, y,
al cabo de una pausa: ‘ ‘ Se ahorcó en la
cárcel, poco después de qué lo detuvieran. ’ ’
Finalmente, sale la cartera que llevaba
con é l: mi famosa cantera de imitación1
de cocodrilo. El soldado ha sacado el
dinero y cuando encuentra en ella un bi­
llete de mil liras, exclama asombrado, casi
indignado: ‘ ‘Ach, tausend lire.”
Mientras cuenta el dinero, yo vuelvo a
mirar en la cartera y no encuentro más
quo nuestras dos fotografías. Se las mues­
tro, sobre todo la mía, como prueba de
mi identidad (hasta ahora no me había
dado cuen-ta de que no me había pedido
ningún papel), pero el oficial y el civil
me dan a entender que no necesitan prue­
ba alguna.
Todos deseamos ahora terminar cuanto
antes El soldado ha anotado en una hoja
de papel la lista de los objetos reunidos
en la mesa y me pide una dirección. Yo
lo respondo para desviar su atención cons­
tante sobre Génova: ‘‘ Bolonia, via Independenza, 125.”
Añade la dirección a su lista y me
hace firmar un recibo. Reúno las cosas y,
después de un saludo rápido, salgo mucho
más aliviado.
En seguida voy al Verano, donde el
director me da inst-ueciones para que me
entienda con Sallustri, mañana por la
mañana.
I
12 de marzo.
Cario me acompaña al Verano. Me han
hablado tanto de los cadáveres desfigura­
dos por las balas, que le digo que mire
él primero. Después me dirá si yo también
puedo mirar. Cuando el funcionario abre
el ataúd, viene y me toma del brazo: ‘ ‘ Tú
también puedes iui-ar. ” Le miro. E3tá
muy bello. La serenidad que tenía antes
de morir no ha desaparecido aún de su
rostro. Duerme, con los ojos semicerrados,
pero con un sueño grave, lleno de calma
y de pensamientos. Y no tiene solamente
bigote sino también una barba espesa,
sombría, en forma de collar. Seguramente
tuvo que dejársela porque le prohibían
afeita'se. No tiene más que una herida:
en el pómulo derecho hay un pequeño ori­
ficio de donde han salido sangre y pus
que, cuando le extendieron sobre el ataúd,
hair corrido sobre la mejilla, dejando una
pequeña huella.
El ataúd está hecho de cajones. Las ta­
blas están tan mal unidas, sobre todo las
do la tapa, que la tierra ha entrado dentro
de él y cubre parcialmente el cuerpo. Se
ve claramente que al bajarle al ataúd, su
zapato derecho, falto de co'dones, se ha
caído: es uno de los famosos ‘ ‘ Alexanders ’ ’ de Folglino, que tanto le gustaban.
Alguien, impacientado, lo ha tirado den­
tro del ataúd, y el zapato ha caído sobre
el pecho de Giorgio Ahora, volvemos a
colocárselo, estirando el calcetín violeta,
muy gastado, por-euya punta asoman1 los
dedos del pie.
Por la noche, vuelven a telefonear de
Lavagna: y yo contesto de nuevo que
sigo con mis averiguaciones.
13 de marzo.
Quiero que los demás puedan verle tam­
bién tal y cómo ha quedado. He con­
seguido que Santangelo me p estara una
máquina fotográfica y le he rogado a Mafa i que venga conmigo para hacer un
dibujo. La señora Antonietta, Jesi y su
mujer, vienen con nosotros. Volvemos a
descubrirle, bajo un sol claro y limpio.
La máquina es excelente (pero de meca­
nismo nuevo para mí y yo no me siento
con ánimos de estudiarlo). ¡ Si hubiera
podido encontrar a Lattuadal Mas nin­
guno sabe decirme donde vive. Muchos
alemanes pasan continuamente hacia su
cementerio, que está cerca de aquí, pero
afortunadamente, ninguno de ellos mira
hacia nuestro lado.
He citado también al plomero, al que
he encargado un ataúd de plomo. Cuando
ve el ataúd abierto, dice: ‘‘ Cualquiera
diría que es un mártir” , y, espontánea­
mente, me hace una rebaja del precio con­
venido. La señora Jesi, que se ha apartado
un poco para llorar, me cuenta que un
día, preocupada por los peligros a que
se exponía Gkrgio, le ha dicho: ‘‘ Haz lo
que quieras, pero piensa en tu madre.”
Y él la contestó, poniéndole la mano en
el brazo: ‘ ‘ Señora, no me hable de mi
madre, no toque nunca esa cuerda.”
14 de marzo.
En un pequeño café de la plaza Flaminio, Jesi me ha presentado a un amigo
do Giorgio que, desde el mes de noviembre,
compartía su habitación con otro camara­
da. Nosotros habíamos creído que, verda­
deramente, es.aba ‘ ‘ sin domicilio fijo ’ ’,
porque nos daba siempre direcciones dis­
tintas de casas de sus amigos, y nos es­

15

LAS NOVELAS
DEL E X i S T E N C I A L I S M O
Según los propios cultivadores de esta tendencia filo­
sófica, el existencialismo, en cuanto a concepto del
m undo, adquiere su más viva plasmación en la novela,
al personificarse en series y situaciones concretas, mejor
que en ningún otro género.
La Editorial Losada ha contratado con derechos e x ­
clusivos la traducción castellana de toda la obra litera­
ria. novela, teatro, ensayos de J ean -P aul Sartre.
ACARAN D E

PU B L IC A R S E ­

LA NAUSEA .................................................. § 6-~
E1 libro que reveló a Sartre y que condensa novelesca­
mente una experiencia literario-metafísica del más su
bido interés.
EL MURO ...................................................... $ 9 Cinco novelas cortas, rebosantes de fuerza y novedad.
Prólogo por Guillermo de Torre. Ilustraciones y vi­
ñetas de Luis Seoane. Un volumen encuadernado de
“La Pajarita de Papel’’.
EN

P R E N S A :

Los C aminos de la L ibertad
I. LA EDAD DE LA RAZON
II. EL APLAZAMIENTO
T eatro : LAS MOSCAS. A PUERTA CERRADA.

MUERTOS SIN SEPULTURA. LA PR O STITU ­
TA RESPETUOSA, (un volumen).

EDITOHIAL LOSADA s . a .
ALSINA 1131
Montevideo1

Lima

cribía con tanta prudencia y precaución
oue, muchas veces, le hemos acusado de
hacerse el misterioso con la vanidad pro­
pia de un conspirador principiante. No
lo hacía por vanidad, sino porque pensaba
en nosotros, porque no quería unirnos a
su destino. Pero tenía una casa, una casa
decente. La noticia me consuela. Su amigo,
un hombre muy alto, se nos presenta bajo
el nombre de ‘‘ Colas” , excusándose por
no poder darnos su nombre verdadero.
Me habla coir respeto, como a un padre
y un padre en mi estado. Me dice que
Giorgio era el centro de la actividad de
todo su grupo. Recuerda que dos veces,
Giorgio le hizo leer o le leyó varios pa­
sajes de nuestras cartas, para que apren­
diera a conocemos. Una de ellas, de
Enrica, le decía: ‘ ‘Haz lo que quieras,
pero piensa en tu madre.” (La misma ad­
vertencia que le hacía la señora Jesi.)
La otra era mía y le decía en ella: ‘ ‘ Ha­
gas lo que hagas en Roma, tú sabes muy
bien que si volvieras, no te impediríamos
que lo siguieras habiendo aquí; y po­
drías hacerlo mejor y con mucha más
libe'tad” (son las palabras de un in­
sensato o, al menos, de lo que yo era,
de un ignorante).
Colas, querido Colas, espero con toda
mi alma que algún día volveremos a
vemos.
Esta noche vuelven a telefonear desde
Lavagna. Después de asegurarme de quo
Gigi está sólo al otro extremo del hilo,
le digo, cruda, brutalmente, la verdad.
Me ha parecido que le veía palidecer Me
recomienda que vuelva cuanto1antes, por­
que Enrica no puede más. Me he acos­
tumbrado a hablarle todos los días, pero
esta vez le dejo eir seguida. Mañana iré
al Continental, a pedir un billete para
Florencia.
15 de marzo.
Esta mañana hemos vuelto a llevarle al
depósito de cadáveres, para que el plomero
pueda colocarle en el ataúd de plomo.
Le hemos sacado, hemos vaciado la tura­
ba. Le he lavado, le he peinado y, horro­
rizado, he descubierto un gran hematoma
que tenía detrás del oído derecho. Le he
ajustado bien el sobretodo, dándole en lo
posible ese aspecto o. denado que tanto le
gustaba, y le he besado por última vez.
Todo esto bajo un intenso bombardeo, en
medio de loeas corridas hacia el abrigo

BUENOS AIRES
Santiago de Chile
de las catacumbas franciscanas. No he
podido encontrar al plomero en la tienda,
en su casa ni en el cementerio. Pienso
que voy a dejar a Jesi encargado de los
últimos cuidados Desayuno con Santan­
gelo en el ‘ ‘ B uco” , donde los dos solían
ir juntos. El restaurante está lleno de
alemanes, como siempre. Hábilmente, easi en sus mismas narices, le devuelvo el
aparato fotográfico prohibido.
Para demostrarme lo prudente que ha­
bitualmente era Giorgio, Antonio me cuen
ta que un día, él, Jesi y otros más Ínter
vinieron en una disputa entre desconocidos,
provocada por un oficial italiano; y que.
cuando al fin salieron del restaurante,
Giorgio protestó y dijo que ‘ ‘cuando no
so tiene razón, al menos hay que saber
callar.” (Yo recuerdo las veces que me
ha dicho que si quería comprometerme,
lo hiciera por algo serio, no por el gusto
de contar chistes en el autobús.) Me ha
bla de las discusiones acerca de la arqni
tectura moderna, quo solían mantener, y
de cómo había querido mostrarle a Gior­
gio los peligros de esa clase de arquiteo
tura. 1 ero Giorgio la defendía, se mos
traba intransigente eir ese punto y llegaba
muchas veces a embarazarle. Para él, la
arquitectura activa no podía ser más que
simple arquitectura, es decir, arquitectura
moderna. Me cuenta que una vez lo llamó
Giorgetto, para distinguirlo de un amigo
del mismo nombre. Aquello no lo gustó,
se lo dijo a Jesi y tuvieron una explica­
ción. Pero yo le digo que, ni aún de niño,
Giorgio no consintió minea que le llamaran
Giorgetto.
Vuelvo al pequeño café de ln -daza Fiaminio, para encontrarme con Jesi. Guttuso
le acompaña. Me pregunta, en nombre de
sus camaradas, ciertos detalles biográficos,
y me pide unas fotografías, para sacar
de ellas unos dibujos. Yo le digo que
hemos sentido mucho que no nos acom­
pañara el otro día.
Vamos luego a casa de Jesi, donde me
esperan sus papeles y efectos, ordenados
con1 todo amor por Colas y Fulvia y lle­
vados allí por su casera. La señora María
me haco dos confidencias: habían decidido
que, en cuanto los aliados llegaran a
Roma, Giorgio se pondría de acuerdo con
ellos y les pediría lo necesario para caer
con paracaídas detrás de las nuevas líneas
( Termina en la página 1 8 )

�c a ü ia lg a ía

14

Dice el autor de

“L A

PUERTA

Q

Ñ usted le in t e re s a ur
íanizar para el nuevo año
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UÉ es L a P u e rta G ra n d e ? ¿N ovela? ¿R e
tr a to de u n a g ra n c iu d a d ? ¿ E sc e n a s e n g a r­
z ad a s p e r un secreto hilo c o n d u cto r? ¿Q ué es?
T o d as e sta s p re g u n ta s, d ire c ta s o s o sla y a ­
d as, la s he escuchado a tra v é s d e a lg u n a s
n o ta s so b re e ste d iscu tid o l i b r o . . . e sc rito por
mí. A cabo de d e cir esto y sien to que debo
re c tific a rm e . U n lib ro m u ltitu d in a rio como La
P u e r ta G ra n d e , p a rece m ás b ie n e sc rito por
la g e n te , p o r la m u ltitu d que p o r a u to r alguno.
A h o n d a r la o b je tiv id a d en el re la to , p e n e tra r
a! p e rso n a je sin d e ja rse a r r a s tr a r p o r él, con
s e rv a r esa p e rs p e c tiv a que nos g u a rd a de to d a
in te rfe re n c ia d a ñ in a , to d o eso c o n trib u y e a
d e ja r flu ir, en e sp o n tá n e a n a tu ra lid a d , la vida
de u n a c iu d a d m o n stru o sa y d e sp a re ja como
es B u en o s A ire s. C iudad en fo rm ació n , con
algo de m ercado y algo de cárcel, d o nde los
h o m b res d eb en fre c u e n te m e n te m á ta r a l F r a n ­
cisco do A sís que pueden lle v a r encim a p a ra
a b r ir p aso a l A l C apone que ta m b ié n se e s­
conde en c u a lq u ie ra de n o so tro s; c iudad fe s ­
tiv a , ciu d a d c allad a , B uenos A ires, que por
m o m en to s nos d a la s e n sa ció n de c o n s titu ir
Ir. a rg a m a sa defo rm e de c in c u e n ta o cien a l­
d e as s u p e rp u e s ta s, no puedo a d m itir sino u n
lib ro tu m u ltu o so y e x tra ñ o , p a ra s e r re p re sen
ta d a . ¿ L a T é c n ic a? Yo no sé n a d a de eso:
u n a n o v ela me h ie rv e a d e n tro y debo e s c rib ir­
la . Y a sa le con su té c n ic a y sus p a la b ra s,
como u n polluelo que ig n o ra el proceso de su
fo rm ac ió n . S e n tía y siento a ú n a B uenos
A ire s, como u n te rrib le peso d el c u al debo li­
b e ra rm e . P a r a esto no me q u e d a o tro rem edio
q u e o b serv arlo , e sc u d riñ a rlo y d e sc rib irlo . Si
no me m o riría , como u n toxicóm ano a «quien
so le p riv a de su a lcaloide o u n ho m b re ro
b u sto q u e no p u edo c u m p lir con fu n c io n e s f i ­
sio ló g icas elem en tales. Y a los “ p o rq u é ” y ios
“ cóm o” , en c u an to a la e s tr ic ta vocación de
e sc rib ir, creo h a b e rlo s su p e ra d o en u n v asto
y p ro fu n d o “ p a ra q u ié n e sc rib o ” , que es p r e ­
c isa m e n te lo que a h o ra me p re o c u p a. L a Ar
g e n tin a v ive m om entos de s in g u la r s ig n ific a ­
c ió n social, con el ad v en im ien to de la m a sa
en el e sc e n ario d el p a ís, y no creo que yo,
como n o v e lis ta d e b a d e d ic arm e a la a s tro n o ­
m ía en vez de a b r ir b ie n los ojos so b re e sta
re a lid a d n u e stra , ta n ric a , ta n fe rv o ro sa , ta n
d e sm e s u ra d a y c a ó tic a . E s to y en el com ienzo
de u n la rg o — qu izás la rg u ísim o v ia je : u n ciclo.
V oy p o r la seg u n d a e ta p a , con el segundo
v o lu m en de la s erie — debo a c o stu m b ra rm e a
e s ta p a la b ra odiosa que tr a e re m in isc en c ia s
n e g a tiv a s .
Yo s ien to a m i p a ís en fu n c ió n de h u m a n i­
d ad , como u n cu erp o y u n e sp íritu , y a sí
deseo e x p re sa rlo . H a ce ra to que d e b í d e s­
e m b a ra za rm e d el p ru r ito a u to b io g rá fic o que
ta n to d añ o h a p ro d u c id o a m uchos e sc rito re s
le ta le n to .
E s to y a tiem p o p a ra salv a rm e d el pelig ro .
Pues ¿ q u é im p o rta n c ia tie n e la n o v e la — me
jre g u n to — , s i su a m p litu d de h o riz o n te s s i
;us e sc e n a rio s m óviles, si su fle x ib ilid a d his;ó riea no e s tá n a l serv icio d e la b ú s q u e d a
¡sp e ra n za d a y lú c id a de la re a lid a d ? Se me
)c u rre q u e u n h o m b re que lle g u e a s e n tirs e
¡enm ovido p o r c u a lq u ie r suceso que no sea
,1 s o cia l: la a n éc d o ta , el c o n flic to d ra m á tic o
¡te. p u e d e lu c ir su c a p a c id a d d e n tro de los
im ite s e s tric to s d e l te a tro o d e c u a lq u ie r o tro
Género. No c o m prendo a la n o v e la sino '»&gt;mo
ín m éto d o a rtís tic o in ig u a la b le p a r a m o s tra r
il d e sn u d o la s lla g a s y p u ru le n c ia s d e u n a
¡ociedad q u e se p re c ip ita h a c ia su abism o y
.as n u e v a s fu e rz a s p o s itiv a s lla m a d as a s u ­
p e ra rla . E n e ste sen tid o , es obvio que no puedo
■reer en el “ a p o litic ism o ” d e l e s c rito r; es un
sngaño como el p ro p io in d iv id u a lism o que lo
alim en ta o u n a f a r s a In g e n u a que a n a d ie y a
puede e m b a u c a r. Sólo la s c o sa s in a n im a d a s
pueden e sc a p a r a la in flu e n c ia de lo p o lítico,
pero los h o m b re s — a u n c uando e s c rib a n o ta l
irez p o r eso p re c isa m e n te — , e s tá n in m e rso s,
an u n m u ndo que go lp e a c o n sta n te m e n te sus
a arn es y su e s p íritu , p a ra e x ig irle s u n a posi- í A ti

nnn.

rP sn ilP R t.a.

M e in te re s a p ro fu n d a m e n te la c rític a . Con
e sto no q u ie ro d e c ir que sólo p u edo e s ta r de
acu e rd o con q u ie n m e a la b e ; eso s e r ía d e m a ­
siad o in g e n u o . Q uiero d e cir que, seg ú n m i
p a re c e r, lo s m ovim ien to s de la lite r a tu r a como
c o rrie n te s c a m b ia n te s d e n tro d e la e s tr u c tu ra
so cia l su p o n en fe n ó m e n o s c o n ju n to s y com ple­
jo s. A te d a c re a c ió n c o rre s p o n d e siem p re u n a

GRANDE

c rític a . Y u n a y o tra se c o rre sp o n d en re c íp ro ­
cam ente en u n juego de in te ra c c ió n continuo.
H e oído, m ás de u n a voz, e s ta p re g u n ta s u ­
p e rfic ia l: “ ¿ P o r qué hay ta n to s sin v erg ú en
zas en La P u e rta G ra n d e ? ” No es ocioso re
p e tir que porque se tr a ta de u n a novela r ig u ­
ro sa m en te o b je tiv a . L a fa scin a c ió n y el rechazo
de B uenos A ires, con su juego diabólico de
asp ecto s opuestos, me tu v ie ro n p reso d u ra n te
m uchos años. Me s e n tía u n hom bre de B uenos
A ires, como tod o s los que h a b ita n esta ciu d a d
org u lío sa m e n te re p rim id a ; y viv í su vida como
u n enam orado la de su m u je r am ada. Todo
lo que h a c ía v ib ra r su s e n tra ñ a s lleg ab a ta m ­
bién a sacu d irm e con p a re jo te m b lo r; re c o rrí
to d o s los a m b ie n tes, a lg u n a s veces con m i
lib r e ta de en ro la m ie n to o el c a r n e t del in tru so
en la m ano; o tra s, h a s ta cam biando el nom ­
bre, d isfra z án d o m e, po rq u e especialm ente me
in te re s a b a el subsuelo de e s ta ciu d a d con
cielo y suelo ta n inclem entes.
B uenos A ire s es u n g ra n e sc a p a ra te lu jo ­
s o . . . , con un s ó tan o de c o n tra b a n d is ta d o n ­
de la s m e rc a d e ría s se fa ls ific a n y se roban.
P e ro h a y o tro B uenos A ires — p o r que hay
m il— , que es el que tr a b a ja y su fre . A ese
re c ié n esto y llegando. N e ce sita b a p rim ero d e s­
in fe c ta r m is n a ric e s y lim p ia r m i g a rg a n ta ,
p a ra no lle v a r h a s ta é l la s em anaciones pú
trid a s d el B uenos A ire s llam ativ o . D ebajo
de e sa a p a re n te d e sp reo c u p a ció n y fr iv o lid a d :
fú tb o l, c a rre ra s , t r a j e s . . . se esconde, como
los carb o n ero s en la s c ald eras de un buque.

Miguel Angel Speroni
el vig o r y la p u ja n z a de u n pueblo o p tim is ta
y re b e ld e que sab e tr a b a ja r . A ése e sto y lie
gando. Y sin él m e s e n tir ía f r u s tr a d o en m i
v o c ac ió n d e e sc rito r, au n q u e ya p u d ie se q u e d a r
sa tisfe c h a , con L a P tie rta G ran d e, a lg u n a
in é d ita a fic ió n m ía de entom ólogo o do co­
le c cio n ista .
J u a n J a c o b o B a ja rlía , u no do los pocos c r í­
tic o s lú c id o s con que contam os, vió, según
m i o p in ió n , ese p e rs o n a je m o n stru o so y a b s ­
tra c to , B u en o s A ires, que se n u tr e como u n
g ig a n te e in s a c ia b le M oloch de to d a s sus v íc ­
tim a s . B a ja r lía p u n tu a liz ó eso que él lla m a
“ in v e n c io n ism o ” y que no m e d e sa g ra d a r e ­
p e tirlo , p o rq u e la in v e n c ió n , en el co n te n id o
— c u an d o se t r a t a d e n ovela social— , es el
em b u sto y la tra ic ió n , p e ro en c u an to a la
fo rm a, q u iz á s e a u n a de la s m ás v a le d e ra s
c u a lid a d e s de u n a o b ra . Y so b re todo, desde
H om ero acá, la ley siem p re es la m ism a: a
c a d a e sc rito r, me p a re ce , se nos te n d rá que
ju z g a r y m e d ir c o n fo rm e a l co efic ien te de
re n o v a ció n , de “ in v e n c ió n ” que h ay am o s a p o r­
ta d o a l p ro g reso a sc e n d e n te d el a rte y a la
le a lta d y fid e lid a d en c u an to a l c o ntenido.
L a s fo rm as c a m b ia n y los c o n te n id o s ta m ­
b ié n , p o rq u e si no. ¿ q u é nos q u e d a ría p o r
h a c e r a n o so tro s, d e sp u é s d e la s p irá m id e s
y c o rd ille ra s d e l g ordo B alzac?
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BUENOS AIRES

(Viene de la página 5)
grupo citado más arriba y otros que for
man la segunda generación. Otra, más re
cíente, escapa a nuestro comentario, pero
ya apunta hacia una nueva e importante
etapa. María Luisa Sepúlveda (1893), ha
orientado gran parte de su producción
hacia el folklore; Acario Cotapos (1889),
vivió muchos años fuera del país, estudió
con Bloch en Estados Unidos y dió a
conocer sus obras eir Madrid, Barcelona
y París. Durante la guerra civil combatió
en las trincheras de la capital de España.
Sus Cuatro Preludios para orquesta y
sus Voces de Gesta, para voces solistas,
coro y orquesta, se distinguen por su
audacia en la estructuración armónica.
Jorge Urrutia Bloudel (1905) como otros
do su generación, comenzó a escribir tarde
para orquesta, por no existir en Chile
oportunidades para ol estreno de esta cla­
se do obras. Posee un fino humor, una
tendencia poética y ciertos recursos ravelianos. Sus Estam pas de Chile, su Jlo-mcnaje a Eavel y su ballet, Ea guitarra del
Diablo, hablan de su gran talento. Alfonso Leng (1884), músico de expresión dra­
mática, un neorromántico, muy desviado
do la creacióu por sus actividades profe­
sionales (actualmente es Decano de la
l'acultad de Odontología), es muy apre­
ciado por su Fantasía para piano y or­
questa, ohra bastante-rocíente. Bisquertt
(1881) ha cultivado una tendencia emi­
nentemente francesa, con ribetes italianos,
Bené Ameugual, pianista muy hábil y com­
positor muy fino, dedicó gran parte de
su producción al piairo. Sus obras mas
recientos están representadas por un Pre­
ludio para orquesta, un Concierto para
piano y orquesta, y Vaso, para voz y
orquesta. Su Sonatina (1935), acaba de
ser publicada por la Editorial Cooperati­
va In teram orican a do C om positores
(E C IC ). Alfonso Lotelier Liona (1912),
es otro temperamento fino, si bien más
dramático que Amengual. Ha escrito una
Fantasía para piano y orquesta sobre te­
mas nacionales, Cuatro canciones de cuna
para voz de m ujer y orquesta de cámara
(publicadas en la ECIC), Sonetos de la

Muerte (texto de Gabriela M istral), para
voz y orquesta y ha orquestado reciente­
mente su Suite grotesca, obra de juventud
originalmente escrita para piano. En la
actualidad está en España, gozando de
una beca.
Juan Orrego Salas, el más joven de
los creadores chilenas, acaba de regresar
de los Estados Unidos, donde estrenó re­
cientemente su Cantata de Navidad IIoward Hanson, el director de la Eastman
Scliool en Kochester. Carlos Isam itt.
(1885), escribe en un lenguaje sumamente
original, quo incluye la rítmica y meló­
dica araucanos y que procura, en otros
momentos, lo abstracto, coir incursiones
a la técnica en los 12 tonos. Muy pro­
ductivo, es autor de las siguientes crea­
ciones recientes: E l Pozo de Oro, ballet
sobre asunto araucano, Suite; Siete m oti­
vos poéticos; Jardín, zoológico, todos para
orquesta y do un Concierto para violín
y orquesta. Por último, debemos citar aquí
al máximo exponente do la música con­
temporánea en Chile, Domingo Santa
Cruz. No obstante sus actividades extra­
ordinarias en el campo de la educación
y Organización, ha tenido tiempo para es­
cribir obras de enorme significación. Co­
nocedor profundo de la polifonía, es un
neoclasicista de lincamientos muy puros
quo iro ha ineursionado en el folklore na­
cional. Citamos sus Cinco movimientos pa­
ra orquesta de cuerdas; de lenguaje dra­
mático y humano; su Cantata de los Eíos
de Chile, ciclópea obra para coros y gran
orquesta; sus Variaciones para piano y
orquesta, la Sinfonía, la Sinfonía con­
certante para flauta y orquesta de. cá­
mara y los Preludios dramáticos. Con ello
hemos dado una visión aproximada de
la vida musical chilena. En lo que res­
pecta a la ereacióir, propiamente, debemos
dejar constancia de la producción de cuar­
tetos por todos los citados, así como de
obras vocales y corales, muy numerosas.
La actividad pública del Instituto de
Extensión Musical acusa en el primer
quinquenio las siguientes cifras; 3S3 con­
ciertos sinfónicos y 186 de cámara. De
éstos, sólo 141 conciertos fueron corrien­
tes, con entradas habituales. El resto ha
sido destinado a conciertos populares. El

"EN E8I18 AÑOS”, n libm;
ARGENTINO M A S EUROPEO
Por S. HOROVITZ
para reflejar en las páginas de mv libro las preocupaciones (le la vida y sus
problemas, revela en su autor una sensibilidad exquisita, una inquietud social
plausible y no frecuente en nuestro medio literario. Porque es una modalidad europea
—y norteamericana— la de estudiar el mundo en que se vive, al compás del reloj diario.
Es esto lo que primero se piensa al leer “ En esos años’ *, de Bernardo Verbitsky.
Llegando a la conclusión de que, en todos los sentidos, es la obra argentina más
europea que se ha escrito. Primera objeción que se nos presenta, al ir enjuiciando sus
páginas. Se fundamenta tal objeción en que, el reflejo de vida que pasa como hálito
fundamental en casi todo su transcurso, es el de los acontecimientos europeos, vistos,
sentidos y pensados con ojos, oídos y cerebro europeos. Es un* error capital, pues de
esta manera se ignora la realidad en que se vive —que es la nuestra— para exclusivizarse en el eco del huracán continental.

E

scribir

U n e sc rito r consciente, no puede c e r ra r los
ojos a lo que ve con su s pro p io s sentidos,
p a ra p re o c u p arse do aco n tecim ien to s e x te rio ­
re s, fu n d a m e n ta les, g ra v ita n te s, y do los c u a ­
les n o so tro s vam os a rem olque, p e ro que no
son los únicos que nos preocupan. L a lite r a ­
tu r a no puede ni d eb e se r n a cio n alista , en su
concepción e stre c h a y poten cialm en te a g re ­
siva, pero h a de to c a r a Anteo, p a ra que s u b ­
s is ta con v alo res reales. E stam os do acuerdo
en que lo fu n d a m e n ta l p a ra el c urso d e la
civ iliz a ció n — ¿o b a rb a rie ? — europea y m u n ­
d ia l fu é la su ce sió n do e n tre g a s y apacigua
m ie n to s &lt;pio p re c e d ie ro n a la explosión de la
ú ltim a g u e rra . M as, lo n acional, que tuvo
que m a rc h a r con el ritm o im puesto p o r esa
re a lid a d y ese tra s c e n d e r, tie n e tam bién vida
a u tó c to n a y g ra v ita c ió n re a l. T an re a l que
la podem os- p a lp a r y s e n tir en c arn e pro p ia.
A unque e sta re a lid a d , con e l onfoque propio
a u n a id io s in c ra sia especial, av an za al u n i­
sono (a veces pensam os que a paso re ta rd a d o )
con los p ro b le m a s g e n erales, son n u e stro s
p ro b le m a s, y p a ra los que vivim os en el c en tro
de e ste volcán ru g ie n te , los acontecim iento»
que tem em os, juzgam os o esperam os, nos fco
tuc a á y nos quem an m ás de cerca. No podem os
a c e p ta r, pues, de b u en g rad o , quo en u n a ob ra
que in te n ta to m a r el p u lso a e sto s años g r á ­
vid o s de fu n d a m e n ta le s d ecisiones, se nos deje
ta n d e lado.
Im p o n e r v o lu n ta ria m e n te u n a - fecha de con­
c lu sió n a la obra, que es y a p re té rita p a ra
u n m undo que g ira con ritm o de n o tic ia rio
c in e m ato g ráfic o — 1942— con d icio n a n u e s tra
seg u n d a o b jeción. P o rq u e n i lo que tra n s c u ­
r r ía en E u ro p a tuvo conclusión, n i n a d a en
el m undo so d etuvo, y tam poco aquí, n o s ­
otro s, tu vim os p á g in a s en blanco. Y lo s u ­
cedido desp u és de esto ai*bitrario h ito, com ­
p le m e n ta y fu n d a m e n ta lo a n te rio r. E s d e ja r
tru n c a u n a la b o r im p e rd o n a b le m e n te sin ló ­
gica, s e a n cu ales fu e sen la s ra z o n es p a ra este
c erce n a m ie n to .
Y la te rc e ra o b jeción, y a no tr a ta c u es­
tio n e s de fondo, sino de c a lific ac ió n g e n é ric a :
en p u rid a d no es u n a novela, como in d ic a su
a u to r, sino u n ensayo, o m ás bien, u n re la to
de situ a c io n e s in d ividuales,, u n id a s con un
nexo a p a re n te . E s en re a lid a d d ifíc il d is tin ­
g u ir qué es lo que debe c a ra c te riz a r a una
o b ra p a ra e n c u a d ra rs e en ta l género, y no
es lo m ás im p o rta n te , p u e s sea o no ex ac ta
su den o m in ació n , a p o rta a l le c to r u ñ a serie
c u a n tio sa de conocim ientos, de elem entos c u l­
tú ra le s y h um anos quo s o b re p a s a todo lo que
p u e d e e sp e ra rs e de u n a o b ra lite ra ria .
—fundam enA p a rte d « e sta s objeciones
ta le s pero que de n in g u n a m a n e ra in v a lid a n
la c a lid a d y su p e n sa m ie n to g e n e ra d o r y co n ­
d u c to r— co n cep tu am o s a ‘‘E n esos a ños co­
m o a u n a o b ra d e e x tra o rd in a rio s m é rito s,
al h a b e r sab id o d a r v id a a u té n tic a a p e r s o ­
n a je s, que son sím bolos de in d iv id u a lid a d e s
que a b a rc a n u n g ra n se c to r del p e n sa m ie n to .
D ijo su a u to r en CA BA LGA TA que in t
ta b a h a c e r la c ró n ic a &lt;le e sta d o s de finimos in ­
d iv id u a le s y colectivos. E ste p ro p o sito so ha
lo g ra d o co m p letam en te. E n ellos nos re c o n o ­
cem os todos los que hem os e sta d o v iviendo
esos años. “ V iv ien d o ” , no v e g etan d o . E sto es,
p e n sa n d o , ra z o n an d o , am ando, o diando los
a co n tec im ie n to s u n iv e rs a le s . E ste es el obje
tivo c e n tra l del lib ro : tra s la d a r , en b a se a
u n g ru p o h e te ro g é n eo de p e rs o n a s , e l co n ju n to
d e re accio n es p e rso n a le s, in d iv id u a le s, a n te e
su ce d e r del m undo. L a m a y o ría do ellos son
p e rio d is ta s, y tie n e n su ra z ó n de preem m en
c ia en c a lid a d de s e r re c e p to re s inm ediato»
de todo c u an to sucede. L len a n su m undo con
a u te n tic id a d y ve ro s im il it ud. D escom ponién­
dose en to d o la gam a de m a tic es y to n a lid a ­
d es de que e stá co m p u esta la h u m a n id a u :
d e m o c rá tico s unos, re a cc io n a rio s, to ta lita rio s
o tro s, v d e n tro de ellos, en sus m as am plios
asp e c to s, c a d a uno es in te g ra l y veraz.
T om ando c a d a uno do su s p e rs o n a je s , que
y a d ijim o s e ra n sim bólicos, vem os eje m p lares
In te re s a n te s . P o r ejem plo, E n riq u e G oldberg.
p ro to tip o de la ju v e n tu d ju d ía , a le ja d a de
la m ís tic a re lig io sa y d el tra d ic io n a lism o a n ti­
cuado, es la p e rso n a in q u ie ta «ante su sino,
ra z o n a d o r y co n sc ie n te de su d e b e r de hom
b re y do in te g ra n te do la sociedad, quo vive
on d e sc o n c ie rto a n te sus c u o tid ia n a s reaccio
lies como hom bre, como ideólogo y como judío,
n n te los a co n tec im ie n to s u n iv e rsales, en los
cu ales los suyos h a n d e bido p a g a r un precio
enorm e p a ra c o n se g u ir el derecho siq u ie ra ,
a la m u e rto le n ta y h o rre n d a . Y toda su a c ­
tu a c ió n no es m ás que la tra d u c c ió n de ese
de sc o n c ie rto , d el que lo salv a u n a sola c o s a .
la fe in d e stru c tib le en la c o n stru cc ió n de un
m undo nuevo, que él h a de ver. y en el que
ese “ d e sc o n c ie rto ” no te n d rá lu g a r para
e x is tir.
S a lin a s, es e l esp añ o l re p u b lic a n o , m ú ltip le
y honesto consigo m ism o, con su p a tr ia y con
la sociedad, que o fre n d a su tiem po, su com o­
d id a d y su d in e ro , on la a y u d a, a re ta g u a r ­
dia, de su s id e a les que son los d e su p a tria .
P ie z a m onolítica, do u n solo m atiz, p ues sólo
p a ra esa id e a v iv e y e sp e ra . E s p e ra n z a qui­
no m uere, pese a todo el e n g ra n a je d isp u esto
p a ra que no se cum pla, p o rq u e la e sp e ra n /.i
es la ese n c ia d e la vida.
M anlio es u n p ro d u c to típ ic o d e Bueno*
A ires. E s el re a cc io n a rio , p e ro p o r so b re toda la s cosas, el “ a r r ib i s ta ” que, com enzando a
a c tu a r en m edios a fin e s con su s “ id e a s” es
llevado, p o r c irc u n s ta n c ia s ló g icas, a ú n c ontra,
su v o lu n ta d , a l.as n a p a s m ás v e rg o n z an tes
d el re a cc io n a rism o , p o rq u e e stá y a e n c a d e n a ­
do a los in te re s e s , c re ad o s p o r él. Y tie n e
que d e ja rso lle v a r p o r la c o rrie n te .
• P e d ro L ascano, el p ro ta g o n is ta v e rd a d ero ,
e n ca rg a d o do a g lu tin a r la s re a cc io n e s in d i­
v id u a le s d is p e rsa s a lo la rg o del libro, es
ta m b ié n u n p ro d u c to lógico y conocido de
B uenos A ire^ y de tod o s los c e n tro s in te le c ­
tu a le s. L a sca n o es el “ in te le c tu a l” p o r ex ce­
lencia, que si b ie n reconoce, en te o ría , la n e ­
c esid a d de la fu s ió n d el h o m b re con el a r tis ta
y do v e r en el h o m b re a l c o m b a tie n te social,
vive en la p rá c tic a , a d o rm ila d o p o r la “ dudi.
filo só fica e in te le c tu a l” e n tre c u y a s brum a*
no a lc a n z a a d is tin g u ir la v e rd a d de la men
tira , lo fu n d a m e n ta l de lo in tra s c e n d e n te . E s tu

d u d a in te le ctu al, le im pide a c tu a r con la n a ­
tu ra lid a d del hom bre lib re, lo a ta a prejuicio
d e pequeño b u rg u é s, que lo m a ntienen cir
c u n sc rip to a la ó rb ita del in te le cto pu ro y le
im piden te n e r esa “ fe ” en el hom bre, que es
la quo ,1o salv a a G oldberg. In su fic ie n c ia de
la cual el m ism o a u to r se d a cuenta, pues lo
m enciona re p e tid a m en te, m as no e n cu en tra
solución. P ues ella ra d ic a en e ch a r p o r lu
b o rd a todas la s a ta d u ra s esp ecu lativ as, par.i
la n z arse en la c o rrie n te filosófica de la vida\ ida y de los hom bres-hom bres, sin com pli­
caciones in ú tile s. L ascano am a la v id a y quiere
v iv irla in te n sam e n te , p e ro el resto de indin ¡dualism o excesivo que aún p e rsiste en su
e sp íritu , Vio le p e rm ito o te a r el co n ju n to d •
«árboles vitales, como aquel que situ ad o en la
copa de los árboles; ve el c onjunto y con
él a ctú a.
T p o r últim o, o tro de los p e rso n aje s m ás
c a ra c te riz a d o s es Diego F id an za, m a g is tra l­
m e n te estu d iad o . E s el espécim en de h is to ­
ria d o r de g a b in e te, sabio de h o ja ra sc a s y a n ti­
g u allas, pleno de c u ltu ra m a rc h ita , porque se
h allaH enam orado de la, Ar
h is to ria ,fosilizada,
vi
..........
”
•
¿ ( c u j a larga
noche conoce cad a in s ta n te y cada hecho. °v
que sólo e n c u e n tra explicación p a ra los hechos
a ctu ale s, en la re p e tic ió n de lo sucedido en
aquel entonces. In te re s a n te ejem plo este, p ara
d e m o stra r el g ra d o de a p erg am in am ien to del
e s p ír itu a que conduce a le ja rse de la vida,
p a ra v iv irla a tra v é s de los p a p iro s enm ohe­
cidos en las b ib lio te c a s y m useos. E m pequeñe­
c im iento de la c la rid a d d el enten d im ien to , que
lleva «a la form ación de cereb ro s m ecanizados
que no d istin g u e n la d ife re n c ia del to ta lita ­
rism o a la v e rd a d e ra dem ocracia social, porquo en la E dad M edia no e x istía n . Y a n te la ,
a p a ric ió n de u n a fu e rz a re n o v a d o ra , que en
n a d a tien e p re c ed e n te s p ues m ira h a cia a d e ­
la n te . b a rrie n d o con lo re tró g ra d o , se a su sta
ta n to , se ofusca de ta l m anera, que ex p resa
“ do dos m ales p re fie ro el m e n o r” y se zam ­
bulle de cabeza en el nazism o.
D e sfilan m uchos o tro s p e rso n aje s, todos in ­
te re sa n te s . M artín , el que se in c o rp o ra a las
R ea le s F u e rz a s A éreas, po rq u e no q uiere ser
e sp e c ta d o r sino a cto r. V itale, el etern o b u r­
lón, que a todo s a tiriz a . L as sem p itern as f i­
g u ra s m ediocres, in e lu d ib le s en todos los am ­
bien tes, que sólo viven p a ra v eg etar. Y aún
h a lla c ab id a la figur.a de D enis de Rougem ont, explicando u n a posición que c o n fig u ra
en su te o ría , todo el e r ro r en que viven la
m a y o ría de los in te le ctu ale s.
D e n tro de todos estos personaje*; y de la
línea de p re o c u p ac ió n c e n tra l, m uchos són los
p roblem as so b re los cu ales V e rb its k y hace
lla m a r la a te n ció n .
Uno de los m ás categ ó rico s e im p o rtan te s
(ju icio p e rs o n a l) es el de la u b ic a ció n del
in te le c tu a l, te m a viejo, m as siem p re p re sen te
en -toda d iscu sió n a ce rc a del H om bre, del
A rtis ta , del A rte y del M undo, y a l que se
ha q u e rid o d e s te r r a r de p rim e ra lín e a por
aquellos que viv en e n ca stilla d o s en to rre s de
m a rfil. El in te le c tu a l debe a c tu a r como y con
el hom bre, en po,s de la vida, y n u n c a por
encim a de ella, en p e d e s ta l m arfileño. E l in te ­
le c tu al es re sp o n sa b le a n te el m undo de su
o b ra p o rq u e d eb e s e r el re fle c to r de su c ul­
tu ra , y no el a rte sa n o de la belleza fr ía y sin
alm a. E sto s ú ltim o s son unos de los irre s p o n ­
s ab le s que d en u n cia A rc h ib a ld M cL eish. El in­
te le c tu a l debe s e r un e n g ra n a je d e n tro del ba­
ta lló n de d e fe n sa de la c u ltu ra , porque form a
p a r te de su a v an z a d a . No es un s e r p riv ile g ia ­
do, un in tocable, sino la e n ca rn a c ió n d el hom ­
b re consciente, lúcido y co m b atien te. Com ba­
tie n te de u n ideal. Q ue es el de la J u stic ia
y de la V erd ad .
E s ta p osición, que es la a u té n tica , está
d e ta llu d a y a n a liz a d a a la luz de la sum a y
re s ta de conceptos, a c e rta d o s unos, erró n eo s
o tro s, de m ala fe m uchos, que tr a ta n de riv a ­
liz a r con lo s. v e rd a d ero s, y que re ú n e n a la
in te le c tu a lid a d a rg e n tin a y europea, en una
m a g is tra l p re te n d id a T a b la R edonda, ro d e a n ­
do a D e n is de R ou g em o n t so b re el tem a “ Los
I r re s p o n s a b le s ” de A rc h ib a ld M cL eish.
M uchos o tro s p ro b le m a s h a lla n su reflejo
en el libro, a lg u n o s do los cu ales ya h a n sido
*exam inados, au n q u e m ás no se a s u m aria m en te
en n u e stro co m en tario , ta le s com o: el dolor
do los ju d ío s d e stru id o s, sap o n ific ad o s, en
no m b re do un con cep to de a ria n ism o 'inhu­
m ano y a n tic ie n tífic o , y en re a lid a d víctim a»
p ro p ic ia to ria s p o r s e r los m ás fá c ile s de tocal(y que en re a lid a d tu v ie ro n s u cu lp a p o r in c li­
n a rs e a n te ellos y q u e re r c a p e a r t i tem p o ral
p e n sa n d o en que el vecino de la o tra calle
s e r ía la v íc tim a y no n in g u n o d e los h a b i­
ta n te s d e e sa c u a d ra ) ; el p ro b lem a in so lu b le
de la E s p a ñ a e te rn a , la E s p a ñ a del pueblo,
que vive su d o lo r la c e ra n te y oculto, a n te la
c o m p re n sió n y a lie n to del m undo, in c a p a c i­
tado como ellos do a c u d ir en su a y u d a ; el
m undo in te rn o del perio d ism o . Y la tra g e d ia
de los e s c rito re s noveles, que no h a lla n p u e r­
ta s a b ie rta s p a ra su s o b ra s p rim ig en ia s.
E n re su m en , " E n esos a ñ o s ” , tra s p a s a la
c a lid a d de la n o v e la o “ n iv o la ” unaanuneses.
L s ei docum ento de u n a p a sió n s a n g ra n te en
u n m undo co n v u lsio n ad o . E s lu re s p u e s ta im­
p líc ita a tod o s los in te le c tu a le s que h a n ocul­
ta d o la cab e z a en la a re n a d e los m useos de
a n tig ü e d a d e s , p a r a no e n te ra rs e de la re a li­
d a d ta n g ib le , o a los que no les ha in teresad o
i en a b so lu to . E s el m e n tís ro tu n d o u los que
nos tild u n d e in s e n s ib le s a l do lo r hum ano.
E s to d o esto, y m ucho m ás. P e ro queda d i­
cho — y lo m a n te n em o s en pie— ei defecto
c a p ita l quo hem os e n c o n tra d o : su e x tr a te r r i­
to ria lid a d a b so lu ta . L a a u se n c ia del enfoque
n acional, en todo aquello que bulle, y se agiia
b a jo la s u p e rfic ie d e u n lago de ace ite sobie
u n m a r te m p e stu o so .
E s ta es la im p re sió n re c o g id a al le e r “ En
esos a ñ o s ” y que hem os q u e rid o comunica»
con p le n a s in c e rid a d , p a ra que sea la opinzon
in te g ra l, a b so lu ta , como se m erece un libr®
que a b u rc a la p u ls a c ió n de u n m om ento tras
c e u d e n te en la c u ltu ra y en la civilización
m u n d ia l, la m e n tan d o ú n ic a m e n te que en ese
m om ento, nos hallem os n o so tro s fu e ra del
c u a d ro .
E n el lib ro , m as no en la vida.

Ballet del Instituto sólo en 1945 tuvo
18 funciones con teatro vendido con una
semana de anticipación.
Esta breve exposición do hechos bas­
tará para hacer ver al lector la tras­
cendencia quo tuvo para Chile y América
entera el movimiento que inició la So­

ciedad Barh y quo culminó, gracias a la
habilidad y el talento excepcionales de
un hombre, en la formación de un gran
movimiento de creación y en una orga­
nización musical que puede sor tildada
do modelo entre las instituciones de este
hemisferio.

.

�c a b a lg a ta

,os de Seldwyla, por Gottfried Keller. Traducción de Pedro Von llaselberg. Ocesa,
Bvtvos Aires. 224 púgg. u la rústica. $ 4 m/arg.
a versión de estas historias de gentes — sn título original es “ La Gente de Seld*
u wyla’
viene :t Henar entre nosotros un sensible hiato en la apreciación de la
literatura alemana del siglo pasado. De Gottfried Keller no conocemos aún Der Griint
'{rinrich (Enrique el "Verde) ni las bichen J.cgenden (Siete Leyendas), obras que
señalan aspectos significativos del romanticismo de 1850, así como el libro que' nos
cupa se coloca entre los más altos exponentes de la literatura regional europea. En
j.ueblecito, cuya fisonomía esboza incomparablemente el prólogo, donde “ todos viven
alegremente y de buen humor, considerando a la holganza como su arte particular” ,
rs la patria de estos dramas menudos, concebidos y trabajados con la misma delicadeza
ie los relojes que llevan* por el mundo el nombre de la tierra de Keller. Entre sus
rentes —el artesano, la burguesa, los soñadores, los grotescos— ocurren los mínimos
incidentes, las inmensas desgracias ignoradas, las ejemplares imágenes de libro añejo.
No nos interesa ya el relato inicial, falsamente romántico y apenas feliz en la
descripción de la infancia del héroe. De los siguientes, Doña R /gula de Amrain y sn

I

is

esa e n c a m a c ió n de lo h um ano en su m o m en ­
to m ás a lto , y d el que u no de ellos d ir á ;
“ No h ace m ás que la n z a m o s y se va sin que
n a d ie Re dé c u e n ta .” Y c u an d o el v ig ila n te
ve s o b re s a lte a n te ta n e x tr a ñ a concepción de
la je f a tu r a , h a b rá n d e e x p lic a rle : “ No es ta re a
fá c il la do d irig ir h o m b re s. E m p u ja rlo s, y a es
o tr a c o sa .”
*
Como en E l c a r te ro d el R ey — que ta m b ié n
a so c ia en n u e stro re c u e rd o su p o e sía a la de
su s g ra n d e s tra d u c to re s — . T a g o re lo g ra en
e ste Ciclo d e la P r im a v e r a u n lirism o ve­
h e m e n te con la m áxim a econom ía d e re c u rso s.
S u é n fa sis es n a tu r a l p o rq u e es e l d e los
n iñ o s y no el d e los d e c la m a d o re s : su g ra c ia
n ace d e u n c o n ta c to s n til con los a sp e c to s
m enos a te n d ib le s (y a te n d id o s) de las cosas
y la s im ág en es. Como lo dicen los m uchachos
f r e n te al ju g la r ciego, “ p a re c e que le golpean
la f r e n te no sé qué m e n sa je s. P a re c e q u e su
c u erp o d iv is a a a lg u n o que vien e de m uy le
jos. P a re c e que tie n e ojos e n la s p u n ta s de
los d e d o s.” — J . C.

XII PUEBLO EN LA IIORA ALEMANA, por JoíinLouis Bory. Traducción do Joan Oliver.
E ditorial Sudamericana-, Buenos Aires.
416 págs. a la rústica. $ 6 m/arg.

L a tra d u c c ió n a n u e stro idiom a d e la novela
de B ory, a ju s ta d o sím bolo en su m om ento del
clim a d e la re s is te n c ia ru r a l fra n c e sa , me
in d u c e a r e p e tir c asi te x tu a lm e n te lo que es­
c rib ie ra en o tra s c olum nas &amp;1 p r e s e n ta r er
194f&gt; la e d ic ió n o rig in a l. Con u n a sim p le n o ta
p r e lim in a r: creo que la c rític a fra n c e s a ha
caído en g ra v o in ju s tic ia ( p o r ra z o n es b i­
z a n tin a s , s iem p re la s p e o re s) a l s u b e s tim a r
como lo h a hecho fre c u e n te m e n te el m é rito
d e M on V illa g e á 1‘H e u re A lle m a n d e; creo»
que, en g ra n m edida, u n lib ro ta n coñm ove«loram ento le a l al e s p ír itu d e su te m a es el
que m e jo r re p re s e n ta la so rd a p a lp ita c ió n de
I* ra n c ia so m etid a p e ro in su m isa, a g o ta d a pero
in a g o ta b le.
L a s p rim e ra s p á g in a s de e s ta no v e la de
s u frim ie n to y re b e lió n — d ije en to n c es— , com ­
p o rta n u n a s o rp re s a que el tu le n to n a rra tiv o
do B o ry c o n v ie rte p ro n to en p la c e r in te le c tu a l.
R e n u n c ia n d o a l e n fo q u e c o n tin u o d e p e rs o ­
n a je s y sucosos, a la u n ila te ra lid a d d el que
n i:ra de fr e n te el cu ad ro , y re ite ra n d o la té c ­
n ic a qne V irg in ia VVoolf h ic ie ra fa m o sa en
T he W aw es, el n o v e lis ta cede la p a la b ra , en
rá p id o m onólogo, a los h a b ita n te s d el pueblecito d e J u m a in v ille ; q u ie re que conozcam os
d ire c ta m e n te , d e sd e el f lu ir d el p e n sa m ie n to ,
su s s e n tire s a n te la o c u p ac ió n n azi, la t r a i ­
ción, la e sp e ra n z a y el d e rro tism o . Y no sólo
los hom b res, p o rq u e ta m b ié n h a b la n la s co­
sas, los elem entos, la ra íz m ism a de la tie rr a .
C ada ta n ta s p á g in a s es el m ism o Ju m a in v ille
q u ie n to m a la p a la b ra p a ra d e s c rib ir sus s e n ­
s ac io n e s de u n a noche, la r a r a com ezón que
lia v e nido s in tie n d o h a cia el lado de su p a ­
n a d e ría , o cóm o e x tra ñ a en la p ie l d e su s
c alles el a n tig u o roce de los n e u m á tico s, ta n
esc a so s en el p u e b lo y que sólo l06 a u to s de
la G e sta p o e ch a n y a a r o d a r . . .
D u ro , á sp e ro , sin co n cesio n es c n an d o se
t r a ta do m a ld e c ir o de a c u s a r, B o ry h a c re ad o
en e s ta h e rm o sa n ovela c a r a c te re s como el
d&lt;* G ó rm am e la c a n tin e r a — in v e n to ra d e in ­
v ia je ro s fu e ra del tie m p o ; su itin e ra rio p ru e b a
su lto s fa b u lo so s que h a b rá n sido la to r tu r a
la o jic a c ia d e u n m ir a r sag a z a p lic á n d o se a lo
del tra d u c to r— . y M lle. V rin, la v ie ja s e ñ o rita
a m e ric an o , el v a lo r de u n le n g u a je sin retó que e sp ía p o r la s noches. Nó p o d rá n o lv id a rs e
r i c a - v q u e p re fie re d e s c rib ir a com poner. — ,■ e p iso d io s como el del c astig o de un c o la b o ra ­
J . C.
—
c io n ista , el c o n c ie rto d el te n ie n te S ie g frie d
B ach m an n , el serm ó n del m a l a b a te V arém es.
Muriu como una dama, por Cárter DickJ u m a in v ille , tro c ito d e F ra n c ia , lia sab id o d e ­
volver m al p o r b ie n ; su “ h o ra a le m a n a ” e n tró
son. Traducción de Eva liábame. Espacomo la llam a en un o de su s h ijo s m a r tir iz a ­
sa-Calpe Argentina. Buenos Aires. 224
dos, p a ra h a c e r del h o m b re J e a n -L o u is B ory
págs. a la rústica. $ 3.50 m/arg.
u n g ra n d e , u n conm ovedor n o v e lis ta dol p u e ­
blo. — J . C.
E n T h e P e a c o c k F e a th e r M u rd e rs, diez ta z a s
d e té a g u a rd a b a n a la p o lic ía como m udos te s ­
E l e s p í r i t u d e l a f il o s o f í a m o d e r n a ,
tim o n io s d e u n a s e s in a to im p o sib le : en The
J u d a s W indow , el c a d á v e r de A vory H urne se
por Josiali Royce. Traducción do V i­
o frec ió a la tro n a n te esp e c u la ció n d e s ir H e n ry
cente Quintero. E ditorial Nova, Buenos
M e rriv a le en la sim p lic id a d do u n c u a rto d o n ­
Aires, 1947.
de n a d ie p o d ía h a b e r com etido el crim en, salvo
u n h o m b re q u e e ra in o c e n te ; la e n d ia b la d a
p e rv e rs id a d do la s cosas (se g ú n d ile c ta e x p re ­
A lgunos c o n sid e ra n a R oyce como al m ás
s ió n de H . M .) p u so en N ine a n d D c a th m akes
e m in e n te o al único filó so fo que h a p ro d u c id o
T en la s o m b ría im a g e n de un asesin o im p a l­
E s ta d o s U nid o s. E s u n elogio y, a la vez, un
p a b le . d e u n n o m b re in c o rp ó re o . A h o ra viene
de sm e d ro p a ra o tro s p e n sa d o re s e s ta d o u n id e n ­
e ste nuevo re la to del n o v e lis ta in g lé s — inglés
ses que han p re te n d id o h a c e r filo so fía. El
p o r d erech o d e e stilo — a m o s tra rn o s un doble
p a ra n g ó n d e siste m a s y la e x p re sió n de d e te r ­
s u icid io en el q u e s ú b ita m e n te sé re c ela un
m in a d a s p re fe re n c ia s in d ic a n , en la m a y o ría
doble a s e s in a to ; m as h e aq u í que el a se s in a to
do los casos, m ás que c o nocim iento p ro fu n d o
p a re c e a b su rd o y p o r eso. oh T e rtu lia n o , d o ­
del té rm in o a d v e rso en la co m p a ra ció n , sim ­
b le m e n te p o sib le . S ir H e n ry M erriv a le d is tr i­
p a tía s y c o n fo rm id ad con el p e n sa m ie n to e s ­
b u ir á im p a rc ia lin e n te las m a ldiciones, los g r u ­
tu d ia d o . P e ro R oyce, en to d o caso, o c u p a un
ñ idos, la s im p rec a cio n e s y la s qu ejas, a tie m ­
lu g a r señ e ro en la e v o lución - filo só fic a de
po q u e su v io le n ta in te lig e n c ia d e sm o n ta la
E s ta d o s U nid o s. E s tá en la lín e a de la t r a ­
m á q u in a del e n g añ o p a ra re p o n e r c ad a p ie z a
d ic ió n id e a lista , m uy a n tig u a en el p a ís, que
en &lt;»1 ju s to lu g a r — ese lu g a r que e s ta b a a n te
él re c tific a , m o d e rn iz a y e n riq u e c e con la
lo s ojo s del le c to r p a r a su co n fu sió n y r e s e n ­
fa m ilia rid a d qne h a b ía lo grado, en la m e d i­
tim ie n to .
ta c ió n y c o n ta c to d o c trin a l, con los g ra n d e s
Ya que em pleo la p a la b ra , y aludo al in­
p e n sa d o re s a le m an e s e in g le ses del siglo X IX ,
n eg ab le, d e licio so re s e n tim ie n to q u e nos de ja
p re fe re n te m e n te los que p re e n u n c ia n su p r o ­
to d a b u e n a n o v e la p olicial, esp ejo p a r a to n to s
p io pe n sa m ie n to .
d o n d e no s asomamos* re in c id e n te s u n a vez p o r
P e ro R oyce no s e ría filó so fo s i' se lim ita ra
sem ana, m u rm u ra ré aq u í que C á r te r D ickson
a r e f le ja r lo leído. Como nos dic e él m ism o,
co n d u ce sin fa lla a lg u n a su bien p la n e ad o
to d a filo so fía es la s in c e ra e x p re sió n , c o ti­
m is te rio , p e ro que a la té c n ic a d e slu m b ra n te
d ia n a m e n te a q u ila ta d a en el e stu d io y en la
d e u n V a n D iñ e, am igo de p o n e rn o s a n te las
re fle x ió n , de n u e s tr a v isió n del m undo y los
n a ric e s al c u lp a b le, p a sa rlo y re p a sa rlo d e ­
p ro b le m a s que e sta v isió n nos provoca. Y a sí
la n te n u e stro en c ad a c ap ítu lo , el a u to r de
so n los lib ro s d e e ste p e n s a d o r: ad m iram o s
M u rió como u n a d a m a o p ta p o r u n a esfum a
la a m p litu d y p ro fu n d id a d de conocim ientos.
d u ra ta l vez re p re n s ib le ; no p o r ra z o n es de
F iló so fo a lo griego, c u rio se a en tod o s los
lógica, q u e en eso n a d ie h a rá bla n c o en él,
cam pos d el s a b e r: c ien cias n a tu ra le s , h is to ria ,
sin o q u iz á p o r ra z o n e s d e . . . ética.
d is c ip lin a s del e s p íritu . No p re te n d e s e r e s ­
H . M., m a je stu o so como en su s m e jo re s días,
p e c ia lis ta en to d a s, sin o c a p ta r aquellos p r in ­
p a se a p o r e ste b u en lib ro su im agen n e ro n ia n a
c ip io s o leyes que le fa c ilite n la a sc e n sió n a
y su s fra s e s d ig n a s de la m e jo r tra d ic ió n de
los g ra v e s p ro b le m a s m etafÍ8Ícos. A sí bien
la n o v e lís tic a in g le s a ; escojo é s ta en su h o ­
p e rtre c h a d o , p u e d e la rg a rs e a la a v e n tu ra del
m e n a je : “ Amo a los a n im a les como S an F r a n ­
a n á lis is y c rític a d e los siste m n s que le p r e ­
cisco, m a ld ito s s e a n .” — J . C.
c ed iero n . Y luego, q u in tie s e n c ia d a , ex p o n er su
v isió n d el m undo.
C ic l o d e l a p r i m a v e r a , por Rabindranath
E n el lib m que re c a b a a h o ra n u e stro co­
Tagore. Traducción de Zenobia Camm e n ta rio notam os, en fo rm a p a rtic u la rm e n te
prubí de Jiménez. E ditorial Losad-a S.
n o ta b le , la s c u a lid a d e s c ita d a s . C o n serv a to d a
la fr e s c u ra y la fo rm a d e c o n fe re n c ia s ; pero
A ., Buenos Aires. 112 págs. a la rústica.
re p o sa d a s, re le íd a s y a te n ta m e n te c o rre g id a s.
$ 2.50 m /arg.
Su p e n sa m ie n to flo reco m a d u ro , d e sp u é s d e
— No, R e y ; lo s p o e ta s no esc rib im o s p a ra
h a b e r seguido, en u n e stu d io a n a lític o , el p ro ­
ceso de s is te m a s . a n te rio re s . L a c o n fe re n cia
q u e se no s e n tie n d a .
p rim e ra tie n e el c a r á c te r de in tro d u c to ria . E s
— E n to n c e s, ¿ p a r a q u é?
el filó so fo que q u ie re ju s tif ic a r el cam ino qne
— Sólo p o r la m elodía.
Y T a g o re p o n e en boca de su p o e ta el g rito
v a a e m p re n d e r, y d a rn o s , en rá p id o s a n tic i­
m ism o do la e x iste n c ia , el s a lto de la ro s a
pos, su s p re te n sio n e s . Luego sig u e u n a e x te n sa
p rim e ra p a rte . M ás que e x p o sic ió n d e siste m a s,
v iv a q u e se re c o n o ce y se c e le b r a ; p ues e sta
vem os el b u c e a r de u n e n te n d im ie n to v ig ila n te
fé e rie de e n c a n ta d o ra g ra c ia no tie n e o tro
signo, no b u sca o tra cosa, no alc an z a o tro fin.
que q u ie re e x tr a e r la s jo y a s que co n tien en ,
A sí es q u e u n b an d o de m u ch ach o s sale
p a ra e n g a rz a rla s en el c o lla r d e su p ro p ia re ­
a d a r caza al V iejo , y ese V iejo es la im agen
fle x ió n in d e p e n d ie n te . Se m ueve en la h o n ­
in a sib le do todo lo que su ju v e n tu d re c h a z a
d u ra de la v id a in te rio r, de sd e S p in o za a
K a n t; y luego, F ic h te , H egel. S ch o p e n h au e r.
in s tin tiv a m e n te , con el gesto del á rb o l re c h a ­
zan d o el vacío p a ra a b rig a r su v e rd e in te rio r
No le in te re s a n m a y o rm e n te la s o posiciones de
d e c au to s. Y la a le g re c ac e ría , e n ca b e z ad a por
los siste m a s, sin o los hallazg o s. Y luego el fin a l,
o seg u n d a p a rte . A hí R oyce, y a en riq u e c id o ,
u n D io n iso s a te za d o que se Huma C h a n d ra y
feliz h e re d ero d e p re v ia s y p ro fu n d a s r e fle ­
b rin c a con el im pulso de su lib e rta d e je rc i­
xiones, p ro ced e a e x p o n e r su v isió n del u n i­
tá n d o se , llev a a los m uchachos de ris a en risa ,
verso. Nos re s e rv a su d o c trin a . E s tam b ién
d e diálo g o en diálogo, h a s ta el fin a l d o n d e los
id e a lista , a d u n a n d o el Ix&gt;gos a b so lu to om nicaz a d o re s se a tra p a n a sí m ism os en la g ra n
c o m prensivo d e H e g e l con la V o lu n ta d S u ­
re v e la c ió n d e su e x istir, de su p re s e n c ia en
p e rio r de S ch o p e n h au e r. A dem ás, al fin y al
lo re a l.
H e rm o sa fig u ra la del J e f e de los jó venes.
cabo n o rte a m e ric a n o , no p o d ía p re s c in d ir del
elem en to relig io so . E l yo a b so lu to es u n a
p e rs o n a lid a d co n sc ie n te y v o litiv a : de ella
p a rtic ip a m o s n o so tro s, en la m e d id a en que
som os s eres e sp iritu a le s , c u an d o pe n sa m o s y
querem os. Y todo e sto llev a a re fle x io n e s de
o rd e n m oral y e sp iritu a l.
En c u a n to a iojf m é rito s &lt;V1 lib ro en sí.
d iríam o s que su le c tu ra p u e d e s e r a lta m e n te
pro v e c h o sa p a ra aquellos que se in ic ia n en
la re fle x ió n filo só fica . R oyce eu to d o s su s
lib ro s, pero p a rtic u la rm e n te e n éste, e v ita los
tecn icism o s d ifíc ile s ; p ro c u ra a n te to d o la
c la rid a d , no o b s ta n te la n e c e s a ria o s c u rid ad
de los tóp ico s. Si el m om ento lo re q u ie re ,
p u e s expone u n a d o c trin a que es ru c o n ­
vicción, se d e ja a r r e b a ta r p o r un e n tu siasm o
que tie n e m ucho d e m ístico . L a v e rs ió n es
b u e n a, p o r h a b e r sido re a liz a d a p o r un joven
e in te lig e n te e sc rito r, y a fa m ilia riz a d o con
la s o b ra s de e s te filó so fo n o rte a m e ric a n o .

)ijo menor tiene la eficacia directa y áspera de una talla donde los caracteres se
,icusan con nudoso vigor. Es. a su manera, la historia de una educación sentimental
v moral; es también el espejo
un matriarcado que suena ya inconcebiblemente dis­
ta n te . Mucho más inmediata nos l l e g a la tragicomedia de Los tres peineros ju stos,
relato sorprendente por la ironía y el humor negro, con esa acida presencia de lo gro­
tesco eu lo conmovedor que es privilegio de los novelistas germanos. La lucha de los
tres peineros por el corazón* de la estupenda Susi Bunzlin, la carrera que deberá decidir
,4 premio, y los interiores de Seldwyla (con la maravillosa descripción del contenido
leí cajoncito de laca de Susi), muestran en Keller una artesanía plástica que salta
,0bre el tiempo y sobre esta traducción —demasiado dura a vecos, sobre todo en los
Iiálogoa-- . donde el “ vos” y el “ usted” se mezclan culpablemente.
Dejo de lado E l g a tito E spejo — un fino capricho, trastienda, burlona de lo demo­
níaco— para volver al relato que supera el entero volumen, se levanta solo e impar
?omo uno do los momeirtos más altos de la narrativa moderna: Horneo y Julieta en la
*¡dea. Sé de pocos cuentos donde la belleza dé lo trágico se alcance con tan soberana
oerfección; habría qye pensar en La muerte en V&lt; necia, o L a suerte de lioaring Caín ;
habría que acercarse al Long Island do Lino Novás Calvo. Alzándola a la música, Fre
leric.k Delius hizo de la desgarradora historia de Sali y Verónica una ópera cuyos
.ntermedios pueden quizá sugerir la atmósfera de pura poesía del relato. Pero hay
I que dejarse llevar por Keller, ir por esa primera mitad agreste y despiadada, -con los
kÜos de fam ilia ascendiendo en su sorda savia oculta, y entrar después como en un
anco —porque él exige y logra eso, arrancar de sí mismo al lector, ponerlo en Seld
jrvla, volverlo Seldwyla— , entrar como en urr trance en las páginas finales, la marcha
j j¿ los amantes hacia la final posesión que incluye a la. muerte como rescate. Y qué
I itroz hermosura de poesía la coincidencia del destino de Sali y Verónica con. la gracia
I ildeana, do la romería, el violín diabólico del Jardín del Pai^uso y las rondas de puiI anos en la noche. . .
Geneviéve Bianquis se adelantó a decirlo: Gottfried Keller está muy por encima
leí Jíevmatluvst banal, y a través de un profundo instinto lírico se alza y se avecina
la p re s e n c ia d el p a sa d o en los re d u c to s fin a le s
más
grandes
tiempo.
1Mlos
OCION
ARIO
DE LA. escritores
MITOLOGIA,dep osu
r M
. R ll
de la tie r r a y el h o m b reJulio
. S us Cortázar
fin a s p á g in a s
bio Egusquiza. Librería del Colegio, Bue­
aco g en o tr a vez la p re s e n c ia m e la n có lica del
nos Aires. 220 págs. a la rústica. $ 8
indio, “ q u izá la p ie d ra c o n v e rtid a en c a rn e ” .
A sí los ve el a u to r d e e sta p e q u e ñ a g u ía p a ra
m/arg.
La m itología g re c o la tin a m o ra ta n hondam enen la m em oria c o le ctiv a de O ccid en te, q u e el
•cuento de su s a v a ta r e 8 s e r ía te m a p a r a u n a
onografía al m odo e ru d ito . A p a rte de la s r a ­
ines p ro fu n d as d e su p e rs is te n c ia ( “ au com
encement é ta it la fa b le ” , h a dich o lú cid aente V a l é T y ) y la s d e sim p lific a c ió n y tip icación que h a n e stu d ia d o el m ism o V a lé ry y
arguerite Y o u rc e n a r, el m ero h echo lite ra rio
• su sup erv iv en cia y u tiliz a c ió n c o n s ta n te baspara in c ita r a la re fle x ió n . E n e ste p lan o
¿elusivamente e sté tic o , m e re c e ría a n a liz a rs e
i fisonomía en e l p e río d o re n a c e n tis ta y en
neoclásico, el re p lie g u e de la m ito lo g ía raeterránea a n te la e sc a n d in a v a q u e se p re c ip ita
•n ímpetu de v ík in g d e sd e la s s a g a s d e O ssian' acpherson a la tu rb a m u lta ro m á n tic a , y su
‘aparición (s e re n a , m a rm ó re a y a b u rrid a ) en
Parnaso de L e c o n te de L isie y Ile re d ia .
3ra ceñirse luego a u n a s p o cas im ág en es esen.ales y e n ra re c id a s con la p o é tic a d e M allarné y los s im b o listas. S u b rin c o a A m érica y
* etapas p a ra le la s — el c u lte ra n ism o , la re tó ica dieciochesca, R u b én el m itó fo ro , Ja m e s
reyre, L ugones— s e ría n itin e ra rio a sistem azar algún día. P a r a c o n c lu ir con la p re s e n c ia
e lo m itológico en el v o c a b u la rio e sté tic o de
ajil V aléry, el te a tr a l de J e a n G ira u d o u x . el
ientífico de S ieg m u n d F r e u d ; cu lm in a n d o , de
oererlo así, con la m ito lo g ía en el ex isten ialismo — L es M ouches de J e a n -P a u l S a rtr e .
Por eso, si es c ie rto q u e en n u e s tro s d ía s
n lector no p re c isa , como el e sc o la r del s i ­
lo X V III, s a b e r in fa lib le m e n te qué le p a só a
•oda con el cisn e, a q u é ju g a b a N a u sic a a en la
•laya, y por q u é se la s tom ó T u rn o con P a ­
ute, toda e x cu rsió n lite r a r ia de a lg u n a la titu d
tantea dudas m ito ló g ica s q u e u n lib ro como
l de M. R ubio E g u sq u iz a c o n trib u ir á a dospear Sin esfuerzo. E l a u to r se a p re s u r a a a d v e r­
tir que su. tra b a jo no es u n a m ito lo g ía sin o un
'imple diccionario, un esbozo d e o rd e n en el
uegro caos teo g ó n ico . D e u n a o b ra ta n e sc u e ­
ta en su p ro p ó sito , no se p u e d e e s p e r a r la d e ­
licia que to d av ía p ro p o rcio n a n , lib ro s como la
vetusta m itología de B u lfin c h ; es sólo un in s ­
trumento de c o n su lta in m e d ia ta , ceñ id o al p r o ­
pósito de e n se ñ a rn o s r á p id a y o b je tiv a m e n te
que Eufeme e ra la n o d riz a de la s m u sas, que
Argentino p u e d e ta m b ié n s e r u n h ijo de Esculano. que la d io sa de lo s h e c h ic e ro s se lla ­
maba G ratéis, y q u e Z eus en co m en d ó la e d u c a ­
ción de D ionisos — con re s u lta d o s d e p lo ra b le s
de que da c u en ta la re fe re n c ia c o rre s p o n d ie n ­
te— a la n in fa C oronis.
Por todo eso; -y p o r ' el b u en c rite rio de su
trabajo. M. R ubio E g u sq u iz a m e re c erá la a la ­
banza de ese le c to r q u e no a d m ite e n ig m as en
los autores qu e lee, y q u e se p la n ta como el
hijo de Layo (v e r a rtíc u lo E d ip o ) a n te la es
finge provocadora. — J . C.

Miscélanka a n t ig u a , por José Alfredo
Hernández. Ediciones “ Revista 3 ” , L i­
ma. 104 págs. a la rústica.
Para los am e ric an o s a u stra le s , el P e rú p r e ­
colombino y la h a za ñ a c o n q u ista d o ra s e ián
ñompre el c e n tro y el fa n a l de esa h is to ria
fpicn que u n a c u ltu ra lle v a consigo como u n i­
dad de m edida, como á p ic e p a ra la im a g in a ció n
de l'j gesta. Al m odo que la a n tig ü e d a d m e­
dite rránea a c e rc a b a sus h é ro e s n la ta b la h o ­
mérica — v a lie n te cpmq e l.P e li d a . m ás su til
que Ulises, m enos, fe ro z -qué D ium ede*— p a ra
*irar luego en, el d e slu m b ra m ie n to de A le ja n ­
dro o Julio C ésar, a s í no s es dado e sta b le c e r
Pianos de g e sta p a rtie n d o de la lín e a q u e en
arenaR de la isla d el G allo tr a z a r a el p u ­
ntal do F ran cisco P iz a rro en el in s ta n te m em o­
rable de ju g a rse su d e stin o . Cómo no re c o r­
dar por siem p re — y so b re to d o si la liemos
bido al sa lir d e la in fa n c ia , con m a ra v illa d a
avidez— la n a rra c ió n de P ro sc o tt. y aq u ella
*u exclam ación: “l Qué se p o d rá e n c o n tra r en
,a* leyendas de la c a b a lle ría que s o b re p u je a
esto?” Más que el A m adís p a ra rur tiem pos, el
espectáculo de la c iv iliz a ció n in c a ic a y su c aíd a
frecen al sureño ese p e rm a n e n te aso m b ro que
ermina el pa.RO d e la h is to ria a la m itolo•. del hecho a la o b ra e s té tic a in d eleb le.
José A lfredo H e rn á n d e z es a te n to le c to r
de cronistas, v a n d a d o r d e ru in a s y a ltip la n o s.
s u breve m iscelán ea nos a ce rc a al tra to y la
‘‘«ntemploción de los In c a s, “ con su c o ro n a
*n 1» cabeza y a l cuello u n c o lla r de e sm e ra l­
da* grandes” como loa vió E ste te . la o rg a n i­
zación y el ritm o — a la vez g ra v e y liv ian o —
de la vida p e ru a n a. Se in te re s a luego p o r la
deinonología. y en el cap ítu lo m ás in te re s a n te
ds la obra catalo g a a m u ltitu d de lim eñ as e l
Partas en ensalm os, filtro s y falsos é x ta s is : su
retrato de A ngela C arra n za y la o la de lo cu ra
^ fe rn a l que d e s a ta ra aq u ella m o n ja a g u stin a
dada al diablo, ilu m in a asp ecto s re v e la d o re s
(por eso ta n bien o cu lto s) del tiem po colonial.
Por los valles, el alto espejo del T itic a c a y
*•* ferias indias, v a H e rn á n d ez eco tu n d o el de*slle sutil, el ritm o de los poema.- p o p u lares.

L u is

F&amp; rré.

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E s ta h is to ria in te re s a no só lo al a rtis ta ,
al c rític o y a l a fic io n a d o , sin o tu m b ié n al
sabio, al h o m b re d e le tra s y a l le c to r com ún,
p ues e n c ie r ra la m ás ric a , s u g e r e n te y f e ­
c u n d a h is to ria , no y a del a rte , sin o del
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PERU

9 73

BUENOS AIRES

�’

c a b a lg a ta

16
{V iene de to página 1S)
y proseguir allí su trabajo. Recuerda que
una vez, olla lo dijo: “ Un buen día vol­
veremos a encontrarnos en G énova'’, y él
la con'tosté: “ Usted, sí, pero no es muy
fácil que yo vuolva a verme en Génova. ’ ’
Mo llevo sus papeles: hacemos con ellos
dos grandes paquetes, que sus mismos ami
gos me llevaran al Continental. T nos
separamos. Entre los papeles que acom
pañan a dos de nuestras cartas encuentro
otras dos fotografías suyas, con los bi­
gotes que nosotros no lo conocíamos. (H a ­
bía tres, pero Mariotta me ha pedido una
y yo no he podido negársela.) Parece una
persona distinta, envejecido, con una gra­
vedad nueva, cargado de nuevas preocupa­
ciones y responsabilidades. Encuentro no­
tas cortas, pero de valor. Pasamos la ve­
lada con Cario y Anna Maria, leyéndolas
y comentándolas.
76' de marzo.
El auto me espera a las ocho, frente
a la casa de los Argan. Me entristece el
separarme de esta casa fraternal. Ahora,
por primera voz, mo parece que mo separo
verdaderamente de él. Cario baja conmigo y mo acompaña. Desayunamos en
Oa8tiglione del Lago; no puedo soportar
el desgarramiento quo me produce el pen­
sar en él, en Enrica, en nuestro Galeazzo
Vlessi. Llegamos a Florencia a eso de las
cinco de la tarde.
En la ostación de Rifredi, do donde sa­
len1 los trenes, deshago los paquetes, y
arreglo las cosas en dos sacos montañeros,
el mío y el sayo, de cuando era soldado,
y que me han entregado con su ropa in ­
terior.
Hemos viajado toda la noche. A las cua­
tro de la tarde, con mis dos sacos a la es­
palda, llamo a la puerta de la casa de mi
hermana, en Lavagna, donde me espera
Knrica.
r i»
e

las últimas exposiciones de

Rossi en Buenos Aires me queda
D
un recuerdo de diversas telas con
parques porteños, quintas, mejor, de
tupido boscaje y ventanas con corti­
nas voladas por el viento; de tal
cual paisaje urbano y bonaerense;
de playas de este lado de acá del
Atlántico. Recuerdo, en suma, que
si de alguna manera puedo calificar
sería diciendo que toda esa pintura
estaba como teñida de cierto roman­
ticismo que por entonces caracteriza­
ba lo más general y acusado en la
pintura de Rossi. No ignoro que ha­
bía ya en ella otros matices y aun
que tales matices podrían llevar a
contradecir en parte lo anotado. Pe­
ro globalmente, por el tema y, más
aún, por cierta como nostalgia en la
manera de realizar sus temas, por
cierto como viso o deje de abandono
que latía en aquella pintura, si de al­
guna manera, repito, pudiera carac­
terizarse, sería, creo, encuadrándola
dentro de un cierto romanticismo
que vive y palpita en nuestros días.
Hoy, Rossi, vuelto a Buenos Ai­
res tras una estancia de casi dos
años en su país, siendo el mismo
pintor que salió de aquí y a juzgar
por lo poco que aun conocemos de
su nueva labor, ha recorrido etapa
grande en su pintura.
Fijémonos primero en Las Grana­
das. En este tema de naturaleza
muerta, que ya había tocado Rossi
antes con bastante fortuna —re­
cuerdo particularmente unas man­
zanas sobre un paño, pintadas aca­
so el año 45—, el elemento que sirve
de mejor puente entre el Rossi de
hace tres años y el de ahora, acaso
sea ese otro paño sobre el cual apare­
cen las granadas y la jarra; pero en
todo el lienzo se manifiesta como un
deseo de mayor severidad el cual
se expresa no sólo en su mayor con­
creción formal, sino en una como
sobriedad ceñida del dibujo y en esa
especie de concentración de sus di­
versos elementos y calidades pictó­
ricas. Si en los jardines que Rossi
pintaba anteriormente quedaba al­
gún elemento impresionista, sus
pinceles ahora buscan no sólo la luz
de los objetos, no sólo su color, sino
su plástico volumen, su maciza si­
tuación en el espacio bien delimita­
do que cada objeto ocupa.
Esa tendencia hacia una mayor
recuperación de su geometría parti­
cular, aparece ya manifiesta y ex­
plícita en otra tela del año 47, por­
que aquí la lección geométrica que
el pintor se da a sí mismo, apareee
hasta en su temática formal. Do­
decaedro amarillo se titu la este
lienzo y tanto por el título, por los
elementos que contiene, como por
las principales líneas de su compo­
sición —líneas que casi son una geo­
métrica triangulación del espacio
que el pintor ha llenado con su pin­
tura—, sirven de expresión a esa
geometría aludida. A primera vista
más de apariencia que otra cosa, ya

A t t il io R o s s i .

R

O

S

Mujeres en la playa.

S

I

DE NUEVO EN BUENOS AIRES
Por ARTURO SERRANO PLAJA
pareciera, efectivam ente, que el
pintor corre con frenesí en busca de
una disciplina y de un rigor que
castiguen y contengan todo impulso
y todo vuelo. Pero a primera vista
nada más. Porque el encanto poéti­
co que este cuadro respira no podía
caber en el único espacio delimitado
y hasta recortado por las rígidas
formas geométricas. Un solo ele­
mento de otra naturaleza hay junto
a esa pirámide, junto a ese dodecae­
dro, junto a esos como bastones, ce­
tros o cilindros que se sitúan ante
un rectángulo oscuro, pero ese ele­
mento, esa palmatoria con el cabo
de vela a punto de agotarse, viene
a subrayar muy particularmente la

R E G IS T R O T&gt;E
IN T E L E C T U A L

I M P R E N T A
P « rú 565

•

PROPIEDAD
N*

25 4 4 2 6

CH IL E
B a n o i A lrti

intención pictórica que a primera
vista, decíamos, sorprende en este
lienzo. Parece como si el espacio,
tan austeramente definido, quedase
descarnado y como irreal sin ese
otro elemento que subraya en el
lienzo su relación con el espectador:
el tiempo al que ese cabo de vela, a
punto de consumirse, alude miste­
riosa y poéticamente dando al con­
junto su jugosidad de instante de­
terminado y concreto: aquél, preci­
samente, en que el artista ha sentido
la eternidad de un momento, de uno
cualquiera de los tantos que trans­
curren incesantemente y a los que el
hombre trata siempre de eternizar.
Por la fecha que lleva este lienzo, el

año 47, me hace recordar, (por más
que en su manera o peculiar estilo
poca o ninguna relación tengan con
la pintura que ahora comento) cier­
tos cuadros de Picasso en los que
también hay palmatorias y cabos de
vela; pero en los que recuerdo no es­
tán junto a formas geométricas es­
pecíficas, sino —en uno muy pecu­
liar, sobre todo— junto a un espejo.
Acaso por encima de la mera coin­
cidencia de forma haya algo más y
más importante como podría ser la
búsqueda, en la actual expresión es­
tética, de una mayor manifestación
temporal en la pintura. Que la pa­
radoja que eso encierra acaso sea

A t t il io R o s si . Dodecaedro amarillo.
FRANQUEO

FAOA

C o n c e s iv a N i 3 2 0 5

U F A

REDUCIDA

o n ocslón N i 3799

que verdadera intemporalidad d
las artes plásticas acaso sólo la h
habido en la pintura que, por m-J
chas y muy hondas razones, ha cr
batido estos últimos años en un
y cerrado frente de abstracción m.
o menos absoluta.
Abandonando las reflexiones a qe
«se tema pudiera llevar, con el liei
zo de Rossi que lleva el título (
Mujeres en la playa, vemos qel pintor, si ha sentido la angust
de la forma y la del tiempo en i
momento dado de su pintura, de el
ha salido, quizá empalmando con
pintor anterior, el de su época i
Buenas Aires, pero robustecido
afirmado en todas sus calidades. Ii
vitado a la xxiv expasición que r
brica el prestigioso título de B
nale d i 1 enezia, Rossi con cu n
a ella con esta obra entre ot:-a
Hecho, en sí mismo — me refiere ;
de figurar en tal exposición— q ,
ja constituye todo un comentar
halagüeño para un pintor, pero &lt;p
me complazco en subrayar aquí ■
notar el reposado vigor, la invisib
energía que sin manifestarse de u
modo espectacular, palpita en cs&lt;
lienzo sosegado y pleno.
La composición de las figuras qu
integran este cuadro, el ritmo de s
movimiento flúido y suave —nóte?
sobre todo la figura en pie con 1
sábana al hombro— la delicaoa m
ñera de aludir, sin describir iem
siado; sugiriendo, sobre todo, fo&gt;
mas, volúmenes y luces, que hace
de los escorzos de mujer aquí trati
dos una de las obras más acabad?
de Rossi y en la cual aparece ?a .
plena posesión de sus mejores* dote
Como se ve, en ninguno de 1c
tres cuadros de Rossi que se come*
tan queda ya vestigio de abstracció
propiamente tal. Por el contrario, i
estos tres lienzos son representat
vos del pintor —falta por ver un
exposición general de la obra qu
Rossi haya realizado en estos año
pasados en Italia, bajo la influei
cia de Cario Carrá— más parece
acusar una tendencia hacia una coi
ereción plástica. Concreción, por 1
demás, que ni ignora ni desdeña ’
aportación que ha significado pai
la pintura todo el continuado an
liSis de abstracción de estos últime
años en su persecución de forma
más o menos puras; en busca df
color o de la composición en sí mií
ma. Claro está que al decir “ análi
sis” ni pretendo ni creo que ñadí
pensará que quiero inducir a alg
así como reducir a una experienci
de laboratorio todo lo hechu po
Juan Gris, Braque o Picasso, po
ejemplo. Pero dejando de ado t
valor profundo que esos tres non
bres —por no citar otros— ene;
rran, también creo evidente que
su pintura, y esto lejos de ser u
defecto es también una virtud ha
mucho de experiencia, de exponer
cia grande, la propia y cabal del ai
tista grande, que no por ser exp.
rienda y análisis desvirtúa su últ
mo contenido. Hecha esa aclarado!
repito que Rossi ha sabido muy bie
sacar ya ciertas consecuencias de t;
análisis. En primer lugar porque i
mismo no ha sido ajeno a ella; en s&lt;
gundo, porque la mejor maneja d
recoger experiencia de los dei ás e
conquistarla, merecerla, y e.i etDodecaedro amarillo hay, aunqi
ya en concreto, hay, repito, mi
cho de lo bueno que el cubismo suj
ver y hasta inventar. Pero aquí i
diferencia es que ya no está, ni aca
so fuera necesario, aparente, con ui
sentido escolar y de disciplina ;
dogma, sino realizado el cuadro cc
mo “ a partir de” . . .
Para terminar estas líneas q
más que un comentario crítico so
un saludo amistoso, un gest' de r&lt;
encuentro con el artista que firm
esos cuadros, creo que cuanto aqv
se apunta necesita y espera una c
rroboración en la misma piráura (
Rossi, pero vista más en g-siide
más directa; es decir, media. “
exposición en la que el público
Buenas Aires pueda apreciar e
conjunto cuanto hay de cambio
superación en Rossi. Las anterior
líneas podrán entonces tener la cor’'
firmación de lo que se ha apuntad
hasta aquí como característica má
acusada a través de sólo tres obra
Esperamos que dicha exposición n
se haga esperar demasiado.

�</text>
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                <text>Torre, Guillermo de&#13;
Cassou, Jean&#13;
Curt Lange, Francisco&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Platschek, Hans&#13;
Moulin, Charles&#13;
Troiani, Osiris&#13;
Nelken, Margarita&#13;
Latorre, Mariano&#13;
Devoto, Daniel&#13;
Pronsato, Domingo&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Gómez de la Serna, Ramón&#13;
González Carbalho&#13;
Mariani, Andrea&#13;
Bloc, André&#13;
Pecker, Alexandra&#13;
Siegfred, André&#13;
Fernández, Macedonio&#13;
Horovitz, S.&#13;
Serrano Plaja, Arturo</text>
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                    <text>REV

numero

R E D A C C I ON

Y

A I) M I N I S T R A C I O N:

Afín III
Febrero

Perú 973 - Buenos Aires - Telef. 34-2384

1 0
J1

10 4 8
2a-Epoca

Precio del número: ¡5 Ü.6U moneda argentina
S u se r i p c i ó n a ii u a I: $ (i.50 m o n. /a r &lt;*

=

P

I

C

A

S

S

O
Por ANTONIO DE UNDURRAGA

" U n a idea nueva es sólo ri­
dicula para los im béciles.’ ’

( Continúa en la página 1C

k

gran creación poética de Vicente Huidobro responde a un apasionado goticis­
mo intelectual, que se genera en el caótico
mundo de la primera postguerra mundial,
con motivo de la quiebra del arquetipo men­
tado “ hombre clásico” y la desaparición de
un orbe que tenía, aparentemente, sólidos
atributos de estabilidad.
En efecto, el hombre prim itivo (salvaje,
bárbaro, nóm ade), pretende sohrejTonerse a
la caprichosidad del mundo externo que le
infunde pavor, por un arte a base de sím­
bolos, figuras geométricas y abstractas, por
excelencia. Para ello, utiliza fórmulas mági­
cas, santos y señas, etc. El arte es un con­
ju ro y, además, como medida protectora hace,
tabú su cuerpo jjor medio del tatuaje. Para
él hay un dualismo, una separación absoluta
entre el hombre y el mundo, siendo la d ivi­
nidad una potencia oscura, hostil, que mora
tras las cosas, a la cual — identificada con
el rayo u otros fenómenos físicos— hay que
conjurar, a fin de protegerse de sus hoscos
designios.
Para el hombre clásico (Fidias, Aristóte­
les, Sandro Boticelli. M iguel A ngel, Goethe,
' Ingres) el arte ya no es, de ningún modo,
con ju ro; por el contrario, es jocunda repre­
sentación ideal de la vida, es sublimación
de la misma. Esta, se bace más hermosa y
alegre, pero pierde en profundidad, gran­
deza y angustia. El hombre, en su creciente
sabiduría, se proclama la medida de todas
las cosas y asimila el mundo a su mezquina
individu alidad; desaparece el mencionado
dualismo. De idéntico modo, la divinidad se
torna mundana, se incorpora al universo de
nuestra tierra. Lo divino ya no es una re­
presentación trascendental, sino que está en­
carnado en el mundo mismo. L a religión,
sustituida por la ciencia, se convierte en un
lujo del alma, sin carácter utilitario inme­
diato. El arte, en idéntica form a — insisti­
mos en ello— pierde su calidad de con juro,
de tabú, su calidad trascendental y supra­
sensible y — como en el mundo de los dioses
griegos— se convierte en naturalidad idea­
lizada.
Pero hay otro arquetipo humano, menos
com plejo que el hombre gótico y es el hom­
bre oriental. E n éste, la cultura se basa en
un conocimiento, en un saber instintivo so­
bre el mundo externo. Y si ante el velo de
la Maya, el hombre prim itivo permanecía
aterrado, el oriental, p or el contrario, ha
penetrado tras ese velo y sus ojos han p er­
cibido el inflexible dualismo de todo ser.
Su sabiduría arraigada en el instinto — sub­
rayamos— conoce la incertidum bre de todo
fenómeno y el insondable enigma de toda
realidad. P or ello, en su ánima, no hay
hueco para una ingenua fe en los valores
humanos y mundanos, que tanta ventura
dispensa al hombre clásico, llámese renacen­
tista o burgués contem poráneo. Pero este
dualismo, que consta de la percepción sen­
sible, imagen cósmica, de un lado, y del
otro los conocimientos esjúrituales que su­
giere esta percepción en cuanto a saber:
¿ qué somos?, ¿de dónde venim os?, ¿adonde
vamos?, no tortura ni angustia el ánimo de
Oriente, por cuanto el reino de las almas
orientales ha permanecido aislado de todo
contacto con el progreso del conocim iento
espiritual (la filosofía de K ant, verbigracia ).
lie aquí la analogía del hombre oriental
eon el jirimitivo y su consecuencia: el arte
oriental, como el prim itivo, es rigurosam en­
te abstracto, atenido a la imagen, la fábula, el
mito, el símbolo en literatura; y a la línea rí­
gida y su correlativo, el plano, en pintura y
arquitectura, pero supera con mucho el arte
primitivo por la riqueza de sus form aciones
y tonalidades. La creación elemental, para
a

L

D euussy .

\ la serie de compositores estadounidenses
nacidas a comienzos del siglo, que apa­
recen después de George Antheil, Ruth
Crawford, Marc Blitztein y Aaron Copland,
y que en atención a razones estéticas y téc­
nicas más que a una mera cronología, deben
ser agrupados en sitio aparte, pertenecen
los nombres de Nicolai Berezowsky, Ernest
Brooks, Colin Me Pee, H unter Johnson,
Ross Lee Finey, Norman Lockwood, Paul
Crestón, E lliot Cárter, Rav Green, Gerald
Strang, John Brown, W illiam Schuman,
Ilenry Brant, V ivían Fine, George Tremblav, Norman Cazden, Spencer Norton, John
Becker. J. M. Beyer, Robert Me Bride, Paul
F. Bowles, Conlon Nancarrow, A. Lehman
Engel, W illiam Russell, H arold G. Davidson y otros más.
De entre todos ellos destacan G erald
Strang, Paul Crestón, Ray Green. Ilen ry
Brant, Ross Lee Finey, W illiam Schuman y
George Tremblay. Su posicióii estética los
aleja de los compositores del grujió aun lla­
mado radical por algunos comentaristas po­
co enteradas o de, ju icio ligero y yue cuL
Tii i na -en R oy I larris, R oger Sessu.vi . Hjenry
Cowell. herederos directos de las escuelas eu­
ropeas, así como W allin gford Riegger. W a lter Pistón, A aron Copland o V irgil Thom­
son, ya que todos ellos son producto de
conservatorios y de maestros del viejo con­
tinente — a excepción de H . Cowell— , ha­
biéndose form ado la casi totalidad de los
que les siguen en los Estados Unidos. De ahí
una diferencia, si no precisamente una ori­
ginalidad — salvo en algunos de los “ nuevos
jóvenes” — en el enfoque de los problemas
y en la manera de resolverlos, partiendo de
actitudes concretas y de ideas claras y de­
terminantes, tanto en el plano estético, como
en el de la ética y de la especulación.
En los compositores que form an el vértice
agudo de las generaciones estadounidenses
precedentes, el problema cajútal fué siemjire
—excepción hecha del caso experimental ab­
soluto encarnado en E dgar Várese— , la ex­
presión obtenida a través de procedimientos
nuevos en cuanto ello fuera posible, pero
siempre dirigidos hacia esa finalidad exclusi­
va. ya se tratase de Charles Ivés, Cari R u g­
id es Uarrison K err, Richard Donovan, W a ll­
ingford Riegger. En el nuevo grupo a que nos
referimos, cuya producción comienza alrede­
dor de 1930. el enfoque inicial parece ser. an­
tes que otra cosa, una notoria disconform idad
con el estado de realidad musical logrado
luego de sumados esfuerzos y de la confluen­
cia y contribución de tantas y tan diversas
personalidades creadoras: y ese estado de
descontento se manifiesta en una producción
específicamente experimental en la mayoría
de los casos, con la persecución de tina me­
lódica áspera y angulosa, fragmentaria a
veces, v de violentas oposiciones dinámicas
o desplazamientos hacia los registros de so­
noridad más opuestos — que rompe decidi­
damente con el criterio rom ántico y discur­
sivo. de contenido expiatorio o confesional,
a lo Copland, H arris o Sessions— , o una
rítmica incisiva, a cuyo imperio suelen do­
blegarse los elementos restantes. ITay que
tener en cuenta que estos nuevos com posito­
res se form aron en el período difícil, dis­
conforme y angustioso de la primera pos­
guerra. en cuya iniciación, y al día siguiente
de 7. ’ TTistoire du Soldat y del Rag-timr strawinskianos, se llegó a admitir y a practicar
el ritmo como elemento dominante, asignán­
dosele una im portancia secundaria a la ar­
monía o a la temística como vehículos de ex­
presión. El extremo a que llegó esa actitud es­
tética fué en parte la confección de obras es­
critas para percusión sola. R ay Green, Thrcr
Inventions o f Casen J on es: Ilarold G. David-

POETA GOTICO

SlllEN MAESTRO IIE LA LIBERTAD

Por JUAN CARLOS PAZ

aquí,
PicAsso,
nombro.

yo te veo y te

Conozco tu rostro hace ya mu­
cho tiempo, le veo rápidamente y
con lentitud.
Tu rostro pertenece a mi fami­
lia, a la gran familia compuesta
de mis mejores amigos, amigos fiel
día y de la noche, todos ellos bue­

nos, pero diferentes entre sí.
Son buenas gentes, amigos ver­
daderos, siempre prestos a hacer
amistad, como el oso está dispuesto
a extender su pata hacia el panal
de miel.
Pero eres tú, Picasso, a quien se
dirigen primero, pues te buscan co­
mo norma de su comportamiento.
( Continúa en los páginas centrales)

Por CURZIO MAL APARTE
x el invierno de 1941, para huir de la guerra y los hombres, para curarme de ese
mal innoble que la guerra hace nacer en el corazón de los hombres, me refugié en
Pisa, en una casa muerta al final de una de las calles más bellas y muertas de aque­
lla hermosa villa muerta. Tenía conmigo a Febo, a mi perro Febo, que había reco­
gido muerto de hambre en la jdaya de M arina Corta, en la isla de Lípari, que había
cuidado, educado, y nutrido en mi callada casa de Lípari, y que había sido mi único
compañero en los solitarios años de mi destierro en aquella isla tan triste y tan que­
rida de mi corazón.
Nunca he amado a una mujer, a un hermano o a un amigo tanto como a Febo.
Era un perro como yo. Para él he escrito las páginas afectuosas de Un perro como yo.
Era un ser noble, la criatura más noble que he encontrado en mi vida. Pertenecía aesa rara y delicada raza de lebreles llegados de Asia con las primeras migraciones
jónicas y que los pastores de Lípari llam an cerneghi. Son los perros que los esculto­
res griegas esculpían en sus estelas funerarias. “ Ahuyentan la m uerte” , dicen los pas­
tores de Lípari. Tenía un manto de color de luna, rosa
y dorado, del color de la luna sobre el mar, del color de ( Continúa en las páginas centrales)

E

( Continúa &lt;n la página 4)

/

�-----------

cabalgata

A L A B A N Z A DOBLE
DEL CA B A L L O Y LA BÜS A
Ya en tu marfil, nocturna,

C om o e l Caballo, hermosa
está la Rosa.

crece en alta marea
taciturna

C om o e l fin o Caballo
adolescente,
definitivam ente
prim orosa.
Graciosa,
más q u e la pura Rosa,
la alta fren te.
E n los juegos d el aire
contenida,9
la Rosa,
malherida
d el o jo d el Caballo,
d u lcem en te
en sí se mira ardida . . .
ya en la mirada ardiente
consumida.

tu recogida som bra
desvelada.
¡O h Rosa apaciguada!,
cierra tu dulce casa
recatada,
y en tu lenguaje oscuro,
um bral d el acto puro,
i

e l pétalo r e co jo

„

ya maduro.
P o r tu acendrado logro,
m i sapiencia
seca su mucha lágrima

P or la gem ela rosa
voluptuosa,
q u e copia e l b reve tiem po
d e la oreja,
cautelosa
la Rosa
levanta en dos su queja,
ya berm eja
y en dos cum plido el cielo
d e su abeja.

!

en los p od eres dulces

;

de la ausencia.

í

A rdida en tu decencia,
le nace al alma un habla
d e inocencia.
D e puro esperanzada,
la Esperanza
m uere en tus barandales.
Tu delicada guerra
d e cristales
levanta su alabanza

A labad a la Rosa
varona y delicada.
A labad a la Rosa
inmaculada.

a nuestro d ob le anhelo

¡O h Señora y M ay ora
y Pescadora!
¡O h Rosa O rdenadora!
B a jo tu red d e olvido
inolvidado
sobre e l záfiro frío
d e este p resen te mío
ensimismado,
ju n to a M artín d el A ire
sube Martín d el R ío
enam orado.

La con d ición d el vu elo

encadenada:
T ú p or siem pre sin Tierra.
Y o sin C ielo.
traicionada.
T iem pos d e mal con tento
y de pavura.
M i sangre en ti depura
su en derezado aliento.
Un m adruguero viento
de amargura
b ajo mi sien despliega
tu estandarte,

A labad a la Rosa
prim orosa,
com o el Caballo hermosa.
Y alabad al Caballo
p o r la Rosa.

q u e a fuerza d e negarte,
m e m ueve a amarte, Rosa,
e l adm irarte. . .
t

T u caracola herida,
¡o h Rosa fabulosa!,
b ajo la ley del aire
anochecida,
trocando M u erte en Vida
m i soledad reposa . . .
y a adorable batalla
m e convida.

V encida y victoriosa,
alabad a la Form a
prim orosa . . .
H erm osa,
herm osa,
hermosa.
C om o e l Caballo, herm osa
está la Rosa.

• Una gran parto de los escritores fran­
ceses han iniciado la guerra a la llamada
"literatura condensada’ campaña en la
quo son secundados por la prensa litera­
ria. Aparte do lo que pueda haber en
esta cuestión de aspecto político (la ‘‘‘ li­
teratura condensada ’ ’ viene do los Es­
tados Unidos, y todo lo americano es
nefasto para algunos), existe un sano
propósito de reservar las normas do la
pureza artística.
Sin embargo, este tipo de ediciones
realiza progresos en Francia y en len­
gua francesa. Han comenzado a publi­
carse dos nuevas colecciones de libros
" condensados ” a la manera americana:
Succés, que ha insertado novelas de Marcel Sauvage, Marie Le Hardouin, Mauriee
Tosca, y el Omnibook frangais, que pu­
blica sólo novelas anglo-sajonas, pero en
lengua francesa. En los dos casos se trata
de autores contemporáneos que han dado
su autorización. Debido a haber concedi­
do esta autorización se dice que Marie
Le Hardouiir no ha obtenido ni el pre­
mio Goneourt, ni el Renaudot por su
novela " L ’ Etoile Absinthe” , do la cual
ha dado permiso para publicar un " con­
densarlo’ ’ de treinta páginas.
Poro otro caso ha impresionado aún
más a ciertos escritores. El editor Arthéme Fayard ha publicado un " conden­
ando’ ’ de "M a n on Leseaut” , prologado
por H e n r i T r o y a t , y otro de los
"C houairs” , prologado por Miomandre.
Ante ello, Gérard Bauer, presidente de
la Société des Gens de Lettres ha pu­
blicado un artículo en " L e s Nouvclles
Littéraires ’ ’ en el que plantea el pro­
blema en estos términos:
" E s t a práctica es un abuso y esta de­
formación es condenable dado quo el au­
tor no la ha autorizado mediante una
aceptación o un escrito. . . 4Es que vamos,
por ejemplo, en el futuro, a dejar que
Hugo sea sometido a todas las conden­
saciones? La Société des Gens do Lettres
plantea da cuestión a todos los escritores.
Está decidida la Société a hacer que so
precise este derecho, aunque sea en un
proceso, que aunque se pierda o se gane
tendrá el mérito por lo menos de fija r por
un acto oficial los deberes del Estado
hacia las obras del e s p ír it u ...’ ’
• La intervención de los escritores e in­
telectuales franceses en el dominio polí­
tico se desarrolla más cada día. La últi­
ma manifestación de este género es el
manifiesto que un grupo de ellos acaba
de dirigir a "t o d a s las fuerzas demo­
cráticas y sociales del mundo’ ’ para pe­
dirles el "reagruparse y recoger, por en­
cima de sus divisiones y de esos nacio­
nalismos exasperados que disimulan mal
la acción oculta de las potencias extran­
jeras, la tradición internacional que debe
ser inseparable del Socialismo y que es
el único medio de asegurar la paz ’ ’ .
Firman este manifiesto, que está inspi­
rado por Sartre, todo ei( equipo do
"T e m p s M odeníes’ ’ , con Sonono Beauvoir y M erleau-Ponty; el equipo de la
revista " E s p r it ” , con Emmanuel Mounier a la cabeza; Claude Bourdet, director
del diario ‘ ‘ Combat ’ ’, Albert Camus,
George Altman, director de "F ra n c-T ireur ’ ’, David Rousset y otros varios es­
critores e intelectuales conocidos.
• El Premio Goneourt de 1947 le ha
sido atribuido, en tercera votación, lo
que quiere decir que ha sido muy discu­
tido, a Jean-Louis Curtis. Este obtuvo
seis votos, contra dos a favor de Jacques Perret. En las dos primeras vota­
ciones obtuvieren también votos Daniéle
Roland, Roger Peyrefitte y Marcel Sau­
vage.
Curtis ha obtenido el premio por su
tercer novela, ‘ ‘ Les Foréts de la nuit ’ ’ .
Anteriormente había publicado " L e s Jeunes hommes ” y " Siegfried ’ ’ . Curtis, cu­
yo verdadero nombre es L affite, es pro­
fesor de lengua inglesa en un Liceo de
París.
• El Premio Renaudot ha sido adjudi­
cado este año a Jean Cayrol, que es esen­
cialmente un jjo e ta . Deportado en Alema­
nia, escribió al regreso sus admirables
"P oém es de la nuit et du brouillard’ ’ .
Debutó en la novela con una obra en tres
volúmenes. El Jurado Renaudot ha pre­
miado los dos primeros tomos, ‘ ‘ On vous
parle’ ’ y " L e s Premieres jou rs’ ’, que
acaban de aparecer.
• En la Biblioteca Nacional se ha cele­
brado una Exposición Marcel Proust, en
la que se presentaban manuscritos del
célebre escritor y documentos biográficos
emocionantes. Vale la pena de reproducir
las siguientes respuestas del joven Marcel
a un cuestionario psicológico de un ál­
bum de salón:
‘ ‘ El principal rasgo de mi carácter:
la necesidad de ser amado, y, para preci­
sar, más bien la necesidad de ser acari­
ciado y mimado que la necesidad de ser
admirado.

Por JUAN SAAVEDRA
" L a cualidad que yo prefiero en los
hombres: encantos femeninos.
" L a cualidad que yo prefiero en las
mujeres: virtudes do hombre.
‘ ‘ Mi principal defecto: no saber, no
poder querer.
" M i ocupación preferida: amar.
" L o que quisiera ser: y o .’ ’
Nada mejor que estas respuestas re
velan el verdadero carácter de Marcel
Proust.
e " E s al día siguiente de los crímenes
cuando uno se siente m ejor. . . Así ocurre
con los pueblos” Con estas palabras lan­
za Jean Paullian una nueva revista inter­
nacional, "O ccid e n t” , que, con sus tres
ediciones francesa, inglesa y española,
quiere mostrar al mundo el valor de esta
civilización " m o r t a l” . Lujosamente pre­
sentada, ornada con tres buenas ilustra­
ciones y fotografías, el primer número
reúne las firmas de V. Garcia Calderón,
Montherlant, Nijinski, Eliz-Bow en, etc.
La elección de artículos sobre el ‘ ‘ ballet ’ ’
ruso, el Hotel Ritz, Cocteau, la isla de
Balí, el pintor Balthus, etc., marcan, a
la vez, el eclecticismo y la calidad de
esta revista internacional.
Y hablando de Jean Paulhan diremos que
desde la Liberación de Francia el sema­
nario literario y comunista " L e s Lettres
Francaises ’ ’ publicaba en su cabecera la
siguiente línea: "Fundadores Jacques Decour y Jean Paulhan” . En el último nú­
mero, ha desaparecido el nombre de Jean
Paulhan.
• La prensa francesa se ha emocionado
con la noticia llegada de Buenos Aires,
según la cual el alcalde de la ciudad,
doctor Emilio Siri, ha ordenado el se­
cuestro de todos los ejemplares de la
obra de Honoro de Balzac, **La physiologie du m ariage” , debido al carácter in­
moral de esta obra.
• B ajo la presidencia del hispanista Georges Pillement acaba de constituirse en
París la "A sociación Profesional de Tra­
ductores literarios y científicos” , que tie­
ne por objeto "d efen d er los intereses mo­
rales y materiales de los traductores e
intensificar los contactos literarios en el
dominio literario” .
e Con motivo del 150 aniversario del
nacimiento de Alfred de Vigny, la B i­
blioteca Nacional nos ofrece una expo­
sición de las mejores ediciones de la épo­
ca, de manuscritos de obras, de autógra­
fos, de cartas diversas. Entre estas últimas
hay una curiosa carta de De V igny a un
obrero, Fran§ois D . . . , 37 años, rué de
Cléry, en la que dice:
" T r o s jóvenes obteroe han pasado a ó
lado. Uno de ellos ha dicho en alta vo
" E s o es Alfred de V ign y” . Me he vuelto
en seguida. El iba deprisa y no he podido
verle. Si se hubiera parado, le hubiera
dado las gracias por esa exclamación y le
hubiera estrechado la m ano. . . ”
e También se ha celebrado recientemente
el 50 aniversario de la muerte de Alfonso
Daudet.
• Con motivo del último Premio Goncourt so ventila actualmente un pleito,
no sólo literario, sino también judicial.
Es sabido que entre los miembros de la
Academia Goneourt figuraban Sacha Guitrv y Penó Benjamín, con los cuales sus
camaradas de Academia han roto, desde
la Liberación, todo contacto.
Pero Guitry y Benjamin no se resignan
a su postergación. Al día siguiente de
hacerse pública la designación del Pre­
mio Goneourt a Curtis, una nota en los
periódicos hacía saber que Guitry y Ben­
jam ín habían acordado, por su cuenta,
adjudicar el Premio Goneourt a Kleber
Haedens por su oüfa " S a u t au Kentueky” . El editor de esta obra, Robert
L affon t, se aprovechó de ello para re­
dactar una banda del libro, en la que
se decía: " E l Goneourt de Sacha Guitry
y René Benjam in.”
Estimando que en esto existe una ma­
niobra de concurrencia desleal, la A ca­
demia Goncouít lia decidido llevar a los
tribunales a " M . Robert L affon t y sus
co-responsables” . Un proceso, "m u y pa­
risién” en perspectiva.
• Después de " E l Proceso’ ’ , de Kafka,
otro gran éxito puede apuntarse JeanLouis Barrault con la presentación del
"A m p h itry on ” de Moliere. En primer lu­
gar, Barrault ha tenido el acierto do ele­
gir el compositor quo mejor convenía a
la obra: Francis Poulenc. Además, ha
sabido colocar la música en los lugares
adecuados de la obra. Toda la represen­
tación y realización es una muestra más

Carlos Rodríguez - Pintos
Dibujo de A M A L IA N IETO

( Viene de la página S)
acuerdo que en la época en que se discutía
en París el valor artístico de la estatua
que Rodiu había hecho de Balzac, yo pen­
saba que sólo un inmenso bloque de gra­
nito natural podía evocar al autor de " L a
Comedia Humana ’ ’ .
Zweig no es un vencido, sino un com­
batiente que renuncia a la lucha, asqueado
por los adversarios que debe com batir:
la época en que vive. Decido irse después
de hab«T comprobado que en este mundo
ya no hay un lugar para un soñador
como él y que el ideal que se había fo r ­
ja do de la Humanidad no encuadraba con
esa misma humanidad.
Para definirme el mal que lo roía mo
d ijo que experimentaba como un desplome
moral. Otra vez mo d ijo : " H e llegado

D O S P R O C E S O S L IT E R A R IO S E N F R A N C I A

al límite; la más pequeña gota hará des­
bordar el vaso ’ ’ . Pero la calma con que
me dijo estas fatídicas palabras les quitó,
de momento, todo lo que tenían de alar­
mantes. Para él, la muerte no era un
accidente, sino la secuela lógica de toda
existencia. Un día, ante mí, lo dijo a su
m ujer:
— Entramos en la vida a pesar nues­
tro, gritando y llorando, y sólo mediante
la dignidad de nuestra salida podemos
neutralizar el ridículo de nuestra entrada.
El motivo que impulsó a Zweig al sui­
cidio no reside en un hecho preciso, sino
en gran número do pequeños motivos que
su sensibilidad desquiciada am plifica y
multiplica hasta el punto de privarle de
la fuerza de vivir, después de haberle
privado do la alegría de vivir.

EL SEUDO SUICIDIO DE BAUDELAIBE y l o s
AMOBES ESCABBOSÜS d e l a CONDESA LOU
su momento informamos a los lec­
tores de CABALGATA del “ affaire”
¡Eouaujt. Este gran artista francés
hace dos años persiguió ante los tribu­
nales a los herederos de la Galería Cu­
rró, que pretendían lanzar al mercado to­
las que el pintor había renegado de ellas
y que había dejado en casa del comerciante
de cuadros sólo por amistad. Eouault ga­
nó el-pleito.
Actualmente dos asuntos análogos apa­
sionan los medios literarios francesos. Se
trata, como en el caso de Eouault, de
determinar si las gentes de pluma tienen
también el derecho de prevalerse de la

N

E

propiedad artística opuesta a la propiedad
jurídica.
El primer asunto afecta a Baudelaite,
Sartre, Paulhan, etc. Como el “ affaire”
Eouault, la cuestión quedará ventilada an­
te los tribunales. El objeto del delito es
una carta testamentaria de Baudelaire di­
rigida hace unos cien años a su notario.
Esta carta, secreta hasta ahora, ha sido
divulgada por Sartre el año pasado en
un ensayo consagrado al padre prestigioso
do “ Las flores del mal” .
La revelación de la carta estalló como
una bomba en los medios literarios. Es

( Continúa en la página 13)

del formidable talento artístico de este
gran actor.
• Resuelto el pleito que le impedía trabajar en la Opera, escenario de sus grandes éxitos pasados, presentes y futuros,
fóergo Lifar ha debutado con " L e s mirages , obra magnífica que ha merecido
los elogios más entusiastas de la crítica
y del público.
• Nunca han figurado en los carteles de
los espectáculos de París tantos artistas
españoles e hispanoamericanos como eir
la actualidad. Pero no sólo en los musiclialls, sino también en un arte más elevado.
José Iturbi ha dado un magnífico re­
cital, principalmente a base de obras de
Liszt y Ravel. Rafael Arroyo ha dado
otro de composiciones de Albéniz.
• Ha empezado a representarse la pelicula
de Jean-Paul Sartre, " L e s jeux sont
fa its” . Amigos y enemigos del maestro
del existencialismo están de acuerdo en
decir que no es una película lograda.
• El talento artístico de Matisse es in­
agotable. Esto se pone a prueba una
vez más con las ilustraciones hechas por
él para " J a z z ” , un libro prodigioso edi­
tado por Teriade y que se expone actual­
mente en una exposición de arte.
Después de haber recubierto con tonos
puros y violentos hojas de papel, Matisse
ha cortado diversas formas que en se­
guida ha pegado sobre un soporte de
papel, para componer así una obra ar­
tística auténtica. Es decir, ha dibujado
con tijeras y pintado con pedazos de pa­
pel, tallando en vivo en el color de un
modo quo recuerda la talla directa do
los escultores. Esto da la aparente es­
pontaneidad, la libertad, la frescura cre­
ciente de sus imágenes, que él llama
"improvisaciones eromátieps! y rima­
das ’ ’ .
• El Premio Literario del Ayunta­
miento de París le ha sido concedido a
André Suarés, que tiene actualmente
ochenta años de edad.
• El semanario "C a rre fo u r” , ha pu­
blicado una estadística de las obras, por
orden, más vendidas durante el año 1947:
La obra que se ha vendido más ha
sido, indudablemente, " J ’ai choisi la
libertó” , de Kravchenko, que ha tenido
muchas ediciones y que frecuentemente
está agotada en librería. Siguen a ésta,
en las obras que no son novelas, “ Les
secrets de la guerre” , de Cartier, las
obras de Remy, "Souvenirs d ’une Ambassade” , de Poncet, "Stendhal romancier ’ ’, de Bardeche y ‘ ‘ Existentialisme
ehrétien” , de Marcel. Entre las novelas
figura en primer lugar " L a Peste” , de
Camus, y después las obras de Cronin,
" L e Caporal Epingle” , de Perret, " F a mille Boussardel” , de Hériat y " L e
Troisieme Jou r” , de La Varende.
Pero se trata de una encuesta parti­
cular de los redactores de "C a rrefou r” ,
sobre cuya exactitud hay bastantes mo;vos para dudar. La recojo sólo a tíulo de referencia.
.
v

MI S I ON
En el en trevero de los meses
más difíciles para la vida librera
l y editorial de nuestro país — sa­
bido es que el trim estre inicial del
año, verano continental, es poco
p rop icio para la lectura y el re­
cogim iento, siéndolo más para el
viaje, la playa y el sport— Ca ­
b a l g a t a , con la presencia de sus
páginas — toda presencia es una
\afirm ación— recoge un casi unáj nim e sentir. Las cartas que a diaj rio llegan a nuestra Redacción, la
m ayor parte y, también, diríamos,
la más calurosa, de pueblos del
interior del país, confirma la ver­
dad d el presentim iento que nos
indujo a reaparecer y a perseve­
rar en el esfuerzo. Existe un pú­
blico que estaba a mitad de ca­
m in o; de ahí que C aba lga ta , va­
le d ecir sus colaboradores, y ese
público, el pueblo, se hayan en­
contrado con suma facilidad. Exis­
te en efe cto una legión de lectores
adentrados en nuestro vastísimo
país q u e esperan que se escriba
y se pu b liq u e para ellos: que de­
sean que e l escritor y el artista
pongan su obra en comunicación
con ellos.
C a b a l g a t a es, y no ahorrará es­
fuerzos para serlo cada día mas
cabalm ente, un papel intelectualizante popular, una hoja difusora
de letras y artes, un periódico ar­
gentino d e resonancia universal
de amplias y generosas proyeccio
nes. C a b a l g a t a es un periódica
mensual de letras y artes, objetiv
cualitativo, ecléctico y hateros
neo, en e l que escriben much'
para que lean todos.
Llám ese a ese enunciado, si se
quiere, una divisa. Con esa divisa,
\ofrecida a los escritores y artistas
d el país, de todas las tendencias
y prom ociones, este periódico, C a­
b a l g a t a , con el apoyo popular y
profesional, proseguirá su misión
de enlace en ios meses del ano
que acaba de em pezar.

|
:

t
1
*

�cabalgata

5

EMCflM
El, VENDEDOR DE CABALLOS

L

digo .como voy a decir que “ Michael
S iKohlhas
” ,*la novela de Heinrich von
Kleist que trata de un tratante de caba­
llos. es más la novela de la tumultuosa
sangre do Heinrich von Kleist que'de los
dos caballos negros y sobreestimados de
Michael Kohlhas, me será en seguida muy
difícil, lo sé, trasmitir algo de esos gol­
pes de sangre de genio obscuro y marti­
lleante que no cesé de escuchar durante
EL SALTO
toda la lectura de la novela.
Puedo contar el argumento, eficaz co­
El niño estaba empinado sobre uno de
mo eí rayo, la fulgurante epopeya del ven­
los ladrillos que bordeaban- el cantero del
dedor de caballos pero casi nada respecto
claro y sencillo jardín. “ Miren — exclamó
a ese otro galope ciego, denso, frío y crehaciendo que todos nos callásemos y mi­
.ciente, perseguido y perseguidor que latía
rásemos hacia él— . Miren qué hermoso
página tras página.
salto voy a dar” . Y se bajó dei ladrillo.
Escasamente sabemos del escritor en sí.
“ Tuvo amigos — se nos advierte— que
JOYCE Y V IR G IN IA WOOLF
siempre.se interesaron por él, que le ayu­
daron y admiraron pero él los abandonó
Impera aún en nosotros, y aunque últi­
i y los dejó preocupados” . Sólo una her­
mamente el pensar en ella, en su reitera­
mana, Ulrike von Kleist le comprendía
ción novelística — El cuarto de Jacobo, Los
| y sabía escuchar el recorrido de su sanAños, Entreacto— nos sume en ciertas ca¡ gro imparable pero amortiguada, como si
vilaciorres, siempre acabamos por volver con
f siempre fueso de noche en las venas del
profunda admiración a esta gran mujer
L pobre hermano poeta.
“ intelectual, deliberadamente snob, y sin
I A lo: veinticuatro años Heinrich von
Kleist quería escribir mejor que Goethe ¿hipocresía” como dice su reciente biógrafo,
David Daiches, en uno de esos libritos quo
y que Schiller, así tenia que quemar casi’
disemina ‘ ‘ Poetrv ’ ’ de Londres, que eotodo lo que escribía y si de sus manos
manda un indio, Tambimuttu, fluctuante
de incendiario alguna vez se escapaba
y misterioso como un ópalo.
una obra de teatro, no se representaba
nunca o su representación resultaba un
Hubo en el primer mun-do ensimismado
fracaso y cuando Heine en su “ Primera
de Virginia W oolf esos elementos fantas­
Carta de Berlín” en los “ Cuadros de
males ♦-primera esposa del padre, marido
Viaje” hace como que se mete en un
anterior de la madre— que ya no atañen
café, el Café Boyal, para recoger la ac­
al matrimonio vivo, pero que suelen ser
tualidad pimpante que comunica a su
vistos (de pie, tras una de las sillas a la
destinatario, los sucesos y las reposiciones
hora de levantarse de la mesa, o en-re las
teatrales y los estrenos de esa semana
dunas, durante la caminata playera) por
berlinesa de Enero do 1822, y dice: “ Julio
el hijo que, a la luz de la lámpara, se re­
de Voss ha escrito una obra que se llama
trasa en el corredor embalsamando bichos
E Mercado Nuevo. Su comedia Quintín
o sellos de correo o por la bija que va y
lletsys se pondrá en escena la semana pró­
viene a orillas del mar, cerca de la casa
jima. No se dará El Príncipe de Hamdon-de toda la familia, remendada como
iurgo de Heinrich von K leist” se siente
una barca pasa las vacaciones.
que es esta última noticia y no otra la
Su madre, la riente Julia Princep Jackque da la naturalidad necesaria al fin ­
son Duckworth, tenía hijos de su anterior
gido Café, vida a sus mesas, respiración
matrimonio cuando se casó con el padre,
a los que entran y salen del espléndido
sir Leslie Stephen, viudo a su vez, de una
lugar.
primera esposa, de la que le quedó una
Vivió poco, fué durante algún tiempo
niña, y que era nada menos que hija de
esa alma contrita y en contradicción que
Thackeray, el ídolo gordo, y maliciosamen­
es un alemán en París. Estuvo en la
te mirón, de Charlotte Bron-té.
cárcel por patriota y fué librero o estuvo
Magnetizaba la mezcla de hermanos y
en una librería en Dresde, y como Dosmedio hermanos y hermanastros, cada uno
toievski fué el quo se prepara para morir
con sus fantasías y sus nerviosismos, la
al alba y recibe, a la salida del sol, la
figura del padre, crítico y lector, imbuido
noticia del indulto.
de clasicismo y lo que es más decisivo, de­
Había nacido en Francfort en 1777 y
nodadamente agnóstico. Así hasta la hora
va en 1808 cuando escribe Michael Kohldo su muerte en que el hete"ogéneo grupo
li&lt;w había perdido la partida, poeta dis­
se dispersa, y Virginia y su hermana Vafrazado de vendedor de caballos que corre
nessa se van a vivir a Bloomsbury con- sus
desalado, incendiando castillos y establos
dos hermanos y comienzan una selección
—fábricas de sus manuscritos.
aún mayor, de sus silencios, de amigos,
“ El hombre — decía— no debe soportar
o de sensaciones, de las visitas.
todos los embates; el que Dios señala, de­
be hundirse. ’ ’
Vanessa se casa y pinta “ panneaux” y
Todavía esperó hasta 1811 y ese año
cuadros con alargamientos de azucena. Vir­
lecide quitarse la vida junto con Enriqueginia también se casa y comienza a escri­
iVogel, una mujer que le amaba, fijando
bir novelas que son como las novelas que
jn suicidio romántico tan contagioso, quo
se escribían antes de (no todavía, no anoace pocos años hasta pensó en él Stefan
Zweig cuando preparó el suyo con su
esposa de manos afectuosas y a las que el
cianuro pálido respetó el último gesto, do­
méstico y tierno.
Un simple suceso, el mal trato que el
señor del Castillo, Wenzel von Tronke hace
dar a dos caballos negros de Michael Kohlbas, que hubo de dejarle en prenda para
que le fuese permitido atravesar sus tie­
rras, desencadena el alma del vendedor de
caballos.
leinte días después él debía recuperar
sus dos hermosos animales. Veinte días desraés ve regresar al criado que dejó al
uidado de ellos. En el Castillo sólo quedan
Leopoldo Stcrn tuvo el triste privile­
ros sombras de caballos envilecidas por las
gio de hallarse entre los últimos que
tarcas agrícolas a que fueron sometidos
vieron con vida a Stefan Zweig y el
y por el miserable lugar donde se les dió
primero en verlo muerto. En el pre­
1 eobijo.
sente artículo relata los motivos que
Michael Kohlhas cura a su criado y se
impulsaron a Zweig a la muerte.
encamina al Castillo en busca de sus dos
caballos negros, los que dejó, pero vuelve
e telefonean que Stefan Zweig y su
solo. Al recibirle y mirarle a los ojos, su
esposa so han suicidado y cubro de un
mujer decide prosternarse ante el Soberasalto la distancia que media entre mi casa
uo&gt; repartidor de justicia en la ciudad con
y la del autor de Amóle.
verjas y lanzas: atropellada y herida, re­
Me aproximo a la ventana que da al
pesa y muere. Entonces Michael Kohlhas
gabinete de trabajo de Zweig: dos camas
paga ricas exequias, manda a los hijos más
gemelas, pero Zweig y su esposa ocupan
allá de las fronteras, allí donde no pueda
una sola. Él está apenas un poco más
alcanzarles la Justicia que a él se le ladea,
pálido que de costumbre; yace boca arriba
ycude sus tierras y posesiones y se hunde
y parece dormir. El cuerpo de su esposa
en el abismo de la venganza” .
se halla estrechamente enlazado al suyo.
Corre, saquea, mata, incendia. A sus
Sobre la mesita de luz de cada uno de
Cancos se alistan gentes electrizadas que
ellos se encuentra una botella de agua
barruntan lo pavorosamente diferente que
mineral y un vaso vacío. En esos vasos
i es lo justo de lo injusto, y Michael Kohlbebieron la muerte, pues el diagnóstico es
“as vuela detrás de Wenzel von Tronke y
claro: veneno.
nenzcl von Tronke, pueblo tras pueblo,
En el escritorio, pegado a la ventana,
abadía tras convento, granja tras cobertihay un paquete de cartas. Al lado, una
®°&gt; buve do Michael Kohlhas en tanto que
hoja de papel de gran formato cubierto
I snbe la pila de documentos del Proceso
por la escritura de Zweig, que el magis­
que por vía legal sigue el vendedor de ca­
trado, llegado mientras tanto, me pide le
ballos al señor del Castillo.
traduzca:
El número do legajos llega a ser inHe aquí su contenido:
vcrosímil y el de asesinatos también.
Un día, a la hora de las sombras, el doeDeclaración:
jur Martín Lutero manda llamar a Michael
“ Antes de quitarme la vida por mi
Kohlhas e intenta plantearle el problema
propia voluntad y en posesión de mis
®°bro quién es el que ha de manipular la
facultades mentales, me siento impul­
Justicia aquí abajo, pero el tratante do
sado a cumplir un último deber: agra­
ruballos no quiere oír. El sólo pide sus dos
decer profundamente a este admirable
laballos, los que dejó eir el Castillo, sanos
país, el Brasil, el que nos haya dado
y tensos, no escuálidos y esclavos. Cuando
a mí y a mi trabajo una hospitalidad
final, entre resplandecientes villorrios en
tan amable y acogedora.
,Jnas y montañas de papel de oficio se le
“ Cada día he aprendido a amar más
justicia y Michael Kohlhas sube, tran­
y más a este país y en parte alguna
c o , al cadalso donde ha de pagar todos
me hubiera gustado más reconstruir
crímenes, so le ve sonreír a sus dos
radicalmente mi existencia, desde que
jabalíos negros y reivindicados, a esas enel mundo de mi propia lengua ha nau­
telequias en yunta satinada y vibrante que
fragado para mí y que mí patria es­
*uelta y ya legenc¡aria, corría por ¡os campiritual, Europa, se destruye a sí
P°s atónitos de Sajonia.
misma.
Creo que el último que en nuestros íiem“ Pero, pasada la sesentena, hubiera
P°s los volvió a ver, uebulíticos, vertigi­
precisado nuevas er ergios para reco­
nosos. partiendo siempre y nunca rayando
menzar v\\ vida enteramente. T mis
horizontes, fué el literato Franz Kafka.

E

D

A

Por LU ISA S O F O V IC H

Virginia W oolf

tes de Virginia W oolf, sino antes de Mar­
cel Proust y de James Joyce).
Las fechas son terminantes. Desde 1912
hasta 1919 la gran escritora había publi­
cado dos novelas: El Viaje de Ida y No­
che y Día. En 1919 la “ Little Review”
inicia la publicación en folletín de la no­
vela TJlises del irlandés James Joyce. i Co­
incide la aparición de TJlises con su sen­
timiento de rebeldía hacia las formas nove­
lescas que ella misma había acatado hasta
entonces, o es ülises el que prende en ella
esa rebeldía! Los críticos ya lo han di­
lucidado.
Se ha escrito mucho y bieir sutilmente
sobre Virginia W oolf y para nosotros ella
será siempre la inmortal autora de Las
Olas (y la que elaboró la biografía perfec­
ta que es Flush), la única mujer con pei­
nado siempre de mujer, la que supo escu­
char como gime el mar de las ideas, la
sensible, la inmolada por la inteligencia.
Pero unas palabras dichas precisamente
por ella misma son las que nos han per­
turbado, las que nos hacen mirar más
repetidamente sus retratos y descubrir que
sus ojos no corresponden a su boca. Sus
ojos amaban la muerte, la verdad; su boca
es indescifrable.
Se trata de que cuando apareció su, di­
rectamente influida por TJlises, Mrs. DaXloway (1925) que, como se sabe, es la
descripción de nn día de la vida de una
mujer a lo largo de un día de Londres,
“ ülises — d ijo Virginia W oolf— fué una
catástrofe memorable, audacia de gigante,
terrible desastre. Mrs. Dalloway, libro no
menos osado, fué una victoria. ’
¿Cuánto de alarde de autor o cuánto
de en-gullimiento — un saturnismo al re­
vés— del creador primero hubo en esta
frase !
Todo, naturalmente, en Mrs. Dalloway,
infinitamente menos audaz que TJlises, es­
taba organizado — dentro de las consabi­
das reacciones, en literatura, a cualquier
innovación— para el triu nfo: la mujer in­
glesa de pelo declinante y al mismo tiem­
po siempre un poco fina muchacha de pecho
aplastado y que compra flores para la re­
unión que va a dar esa misma noche y
que piensa en el pasado y en los refrescos
de su fiesta, y su pasado es bastante
“ bien ” aun con sus indecisiones, borrosas
como mujeres desnudas que pasan al fondo
de una habitación poco iluminada.

James Joyce

Hay también mucha talle de Londres
(que no es el limitado y punzante Dublin) y mucho parque, gentes que van y
vienen y se paran y siguen andando y hay
mucho Big Ben y alguno que snfre y
quiere quitarse la vida y se la quita, pero

ES EL VI ANIVERSARIO

EN T O R N O
AL SUICIDIO DE STEFAN ZWEIG

M

P or
fuerzas, como consecuencia de largos
años de peregrinación sin patria, se
han agotado
“ Estimo, pues, que vale más con­
cluir a tiempo, y en pie, una vida para
la que el trabajo espiritual ha sido
siempre la máxima alegría, y la li­
bertad personal el mayor de los bienes
sobre la tierra.
“ Digo adiós a todos mis amigos.
Que les sea dado el ver la aurora tras
la interminable noche. Yo, más impa­
ciente, tomo la delantera.
STEFAN ZW EIG
Petrópolis 22-2-1942” .

(

Stefan Zweig

La conciencia de ser un refugiado co­
mo los demás, él, a quien Jules Romains
había llamado ‘ ‘ gran •europeo ’ ’ y que se
sentía por su espíritu un ciudadano del

LEOPOLDO

STER1S

Universo, le resultaba particularmente
insoportable:
— Ni siquiera soy un refugiado — me
decía— , pues por mi débil resistencia f í ­
sica soy a lo sumo un aprendiz de refugia­
do y siento que lo seguiré siendo siempre.
¿N o tiene usted la impresión de que la
palabra “ refugiado” tiene algo de her­
mético que evoca las palabras de Nietzsche: ‘ ‘ Todo está vacío, todo es lo mismo,
todo ha pasado” !
Stefan Zweig tenia sesenta años y es­
taba convencido de ser muy viejo. A me­
nudo tuve la impresión de que la vejez
le daba miedo.
— ¿Qué puedo esperar ya de la vida?—
me preguntó muchas veces— . A los sesenta
años se puede esperar vivir hasta los se­
tenta y cinco o los ochenta, pero ¿para
qué, desde el momento en que se está
ya demasiado fatigado para hacer cosas
útiles y que, las más de las veces, m&gt; se
hace sino neutralizar las buenas que ha­
yan podido hacerse antaño?
No obstante, procuraba adaptarse al
nuevo ambiente que la guerra ha creado
en el mundo, pero cada lina de sus ten­
tativas 8ÓJo lograba convencerle de que
era demasiado tarde para volver a em­
pezar. Cuanto más se empeña en recons­
truir un futuro más se pierde eir el pa­
sado que, sin embargo, se ha desprendido
de él. Cada vez más, la idea de vivir sin
patria y sin fam ilia se le hace insopor­
table. El mundo nuevo que la guerra
estaba formando — o mejor deformando—
le inspira terror.
— Desde haee muchos años — me confe­
saba— por donde quiera que voy soy nada
más que un extranjero. Sin embargo son
infinitamente buenos para conmigo, pero
esa bondad no consigue recomponer lo
que hay en mí de irremediablemente roto.
Como el hombre que ha perdido su som­
bra, yo soy el hombre que ha perdido su
pasado, y su ausencia me impide respirar.
Lo mismo ocurre con mi literatura; soy
por todas partes un autor extranjero del
cual se aprecia, a veces, el talento, pero
que no enriquece con su nombre el patri­
monio nacional.

■

con discreción. Esto es, a la ligera, la
trama — pradera do la imaginación y al­
fombrilla para delante de la chimenea—
urdida por Virginia W oolf con los hilos
del Tiempo, el Estilo, el Fluir del Pen­
samiento, la Luz, y un poco de rosa san­
guíneo de mejilla humana, pero descarna­
da. Por el contrario el ülises es presen­
tación de los sesos de nn cerebro. Es una
gran sesada que, extendida sobre el helado
mostrador de mármol de una carnicería,
lograría asustar hasta al propio hombre
del cuchillo con mango de madera.
Joyce se sacrificó por ülises y en cierto
extremado sentido sacrificó también al
Arte.
Joyce cantaba ba jo la lluvia como un
cartero loco; pero no estaba loco.
Los hombres impasibles le asaetaron y
todo el triunfo de después no pudo res­
tañarle de las ofensas que sufrió.
Hablemos del capítulo llamado “ Valpurgis ’
Sobrepasa todos los cánones, todas las
suposiciones de lo imaginativo parlante,
balbuceante. Es como esas sumas (que no
acabo de saber si existen) en que unos
escasos granos de trigo ascienden rápida­
mente, se multiplican q cientos de miles,
a millones, a billones, pudiendo llegarse,
si no se detiene a tiempo la operación, a
inundar el terráqueo, pero mayor catás­
trofe sería si cada grano de trigo se trans­
formase, a su vez, en una paloma, dura,
glotona; tiesa paloma de madera gris, re­
pugnante, odiosa, sensual.
Es una literatura fetal, prenatal, de
óvulo literario mal colocado en el claus­
tro materno y que se lo pasa enhebrando
metáforas en la oscuridad líquida y espe­
rando un resquicio de luz amarilla por
donde algún día, tal vez, quien sabe, se
liberará.
Se lo ve a Joyce artista adulto y civi­
lizado que se encoge, disminuye, loco de
realidad circundante, hasta volver a in­
troducirse en su cavidad de no existente,
y quo desde allí vomita la bella venganza
de la vida.
Mrs. Dalloway es la señora a la que
observamos como se abrocha el botón per­
la de uno de sus guantes, mientras estamos
bajando en el ascensor de una tienda cén­
trica e importante. Creemos conocerla y'*
casi la conocemos, ülises es todo el lado
de la carne y del tenebroso espíritu del
hombre que desconocemos y que se des­
conoce a sí mismo y también de la mujer,
de la propia Mrs. Dalloway, que nunca
quiso errfrentar Virginia W oolf. Pero bas­
ta ya, porque no quisiéramos rozarla ni
con una palabra más.
Que no se agite, que no oscile su úl­
tima forma, la blanca corola quo cierto
día quedó flotante en el río, cerca de su
casa de campo, y que únicamente ella hu­
biera sabido rescatar, palpar levemente,
examinarla, jugar con ella y con la cam­
biante luz hasta reintegrarla y devolverle
su condición: primera de una demudada
dama que aquel día, por su voluntad, so
cavó al agua, y que se llamaba Virginia
W oolf.

Una cosa que le resultaba particular­
mente dolorosa: era el no poder hablar
el alemán vienés, la única lengua que
poseía a fondo.
— Desde siempre he escrito y hablado
mi lengua; sólo ella expresa exactamente
los matices de mi pensamiento y para
un escritor, la posibilidad de entregar
eir palabras su vida interior es la cosa
más necesaria, la más cara de todas, pero
desde que empezó la guerra está prohi­
bido hablar el alemán; por lo demá9, aquí
nadie lo habla.
‘ ‘ Me ocurre a menudo, cuando hablo
una lengua extranjera, que no encuentro
la palabra exacta para expresar mi pen­
samiento, y entonces mi tortura es inde­
cible. Mientras me hablan, yo, en vez de
escuchar, busco afanosamente las pala­
bras de mi respuesta lo que, con frecuen­
cia, me haee perder el hilo do la conver­
sación. Desde hace muchos años, esto in­
menso recurso de hablar sin esfuerzo me
está prohibido. Las lenguas que hablo no
son mías, y el esfuerzo de tener que tra­
ducir continuamente mi pensamiento me
fatigan, y el temor de expresarme mal me
absorbe hasta el punto do obligarme a
desnaturalizar mi pensamiento y decir lo
que puedo decir en lugar de lo, que quiero
decir.
“ ¿Guardar el propio pensamiento pri­
sionero y no poderlo comunicar a los otros
normalmente no es una anticipación de
la muerte!
En una carta, dirigida a uno de sus
amigos, decía:
‘ ‘ Bien sabe usted cuan agotado me
hallaba por la duración de mi tortura,
de mi vida nómade. Cuando sonó mi se­
sentena de años, fué como una llam ada:
Descansa, ya que no puedes concluir lo
que fué tu verdadera tarea, el gran
Balzac.
‘ ‘ Es típico el que todos aquellos quo
quisieron tomar la medida de ese gigante
tuvieran que retroceder en sus trabajos
relativos a este héroe del trabajo. Después
de adoptar mi decisión fin al me siente
muy dichoso, por primera vez desde es¡
jornada de setiembre quo ha destruido m
universo. ¡V alor! Usted es joven y todavií
verá retirarse la ola ’
Stefan Zweig se va sin una queja, sin
un reproche. Un solo pesar, el de no haber
podido terminar su libro sobre Balzac,
que dejó en el estado de “ esqueleto” .
— Balzac siempre me ha impresionado—
me d ijo un dia— . Mucho antes de «onooer
su vida ya admiraba al hombre a través
de su obra, y cuanto más lo leía, más me
daba cuenta hasta qué puirto había aepirado, asimilado y sentido la vida. Me
( Continúa en la página 3)

�cabalgata

4

VICENTE 1 l i l i l í
(V iene ile la primera página)
el indostánico, birmano, japonés, árabe
o chino, so torna conjunto complejo y cui­
dadísimo.
En consecuencia, dondequiera quo la
línea abstracta, el símbolo, la metáfora,
la fábula, es elemento osemúal de la vo­
luntad de forma, allí el arte es trascen­
dental y está condicionado por exigencias
de salvación. Elemento de salvación que
para el primitivo — ya lo analizamos—
so traduce en conjuro, tabú que le salva
del capricho de los fenómenos físicos y
de los dioses ocultos tras esos fenómenos.
Para el oriental, esa salvación reside eir
su instintivo quietismo, su estática fe de
identificarse con la divinidad. Mas, ¡onns
tatad, cómo el fabulista, ofrece soluciones
de salvación, ora trascendentales —que
dicen relación con la divinidad, con el
hermético misterio de nuestra existencia—
o simplemente, claves, normas para eludir
los males, las meras malas acechanzas de
los hombres en un orden social, humano!
Para el hombre gótico, la voluntad
creadora expresada en la obra de arte,
también es abstracta, porque el funda­
mento psíquico sobre el que se asienta el
fenómeno del arte gótico, es la necesidad
de salvación, y ésta consiste en una vida
eterna, según los cánones cristianos. Pero
es distinta de la necesidad de la misma
índole que experimentan el primitivo y el
oriental, porque mientras éstos llegan a
límites extremos de la expresión artística
en su afán de salvación, y para librarse
de la torturante eapriehosidad en que flo ­
ta el mundo vivo de los fenómenos, se
entregan a la contemplación de valores
muertos e inexpresivos, la obra de arte
gótica, a la inversa, está rebosando ex­
presión y vida. Frente al fatalismo y
quietismo orientales, aparece aquí una
movilidad afanosa, una tortura, un as­
censo sin descanso.
He aquí el hombre gótico que hay en
este poeta, poeta abstracto por excelencia
que acumula imágenes sobre imágenes, in­
fatigablemente. Hombre gótico surgido
— volvemos a insistir en ello— con moti­
vo de la postguerra de 1914 y como una
consecuencia de la quiebra del hombre
clásico, del alegre y despreocupado buen
burgués de la preguerra. T en el caso
de Huidobro, este arquetipo gótico se da
aún con mayor intensidad, por ser un
ex católico surgido de familias fuerte­
mente feudales, de un feudalismo cris­
tiano que ha sido en ellas una tradición
viva.
Eir tal virtud, constata el poeta en su
espíritu un dualismo que es como una res­
quebrajadura que le parte el ser en dos
mitades:
Tíay que sallar del corazón- al mundo
Tíay que crear un poro de infinito
[para el hombre 1
expresa. En su gran poema “ Canción de
la Muervida” , t'tulo andrógino hecho a
base de “ muerte” y de “ vida” , hay
un testimonio más de esa dualidad g ó­
tica suya: de un lado está el misterio de
lo cósmico, su acendrado espiritualismo
sustentado por infinitas y creadoras imá­
genes; y del otro, la tierra que tam­
bién le ata con todas sus voluptuosidades
y transitorios halagos. Por ello, simbóli­
camente — utilizando medios de expresión
abstractos— en este poema nos dice con
tanta propiedad: mi mano derecha es
una golondrina, mi mano izquierda es un
ciprés. En Huidobro se da el gótico seirtido de la fe y espera en un mundo más
alto, más espiritual, que consistirá, ora
en la posesión de la eternidad:
Pasan los días
La eternidad no llega ni el milagro 2
Cerremos nuestros ojos por un minu[1o de eternidad 3
i
ora en la posesión de la justicia social,
en el predicamento de suprimir las ser­
vidumbres que envilecen la condición hu­
mana :
Trescientos sesenta y cinco pájaros
[tiene el cielo
Estos pájaros serán banderas el día
[del gran triunfo
Cuando *los hombres oigan cantar la
[hora del hombre
Cuando nadie viva del esfuerzo na[cido en otros pechos
Cuando nadie se nutra de la carne
[ajena
N i respire por pulmones extraños
N i se ate los pantalones con las tri­
pas esclavas. 4
En el artista gótico también existió
esta actitud y el inundo a que aspiraba
era de confraternidad humana en esta vi­
da terrestre, y eir la ultraterrena, de bea­
titud eterna. En consecuencia, aunque
Huidobro no tenga fe en un perdurable
más allá, en ambos hay desgarramiento,
tortura por el sentido del tiempo, como
eternidad o mero curso, producida por
esta esliera, por esta actitud entrañable­
mente salvadora y espiritual.
Finalmente, escuchad cómo se expresa
en Huidobro, ante la vida y lo cósmico,
el hombre gótico que hay en él, que por
gótico tiene algo de hombre oriental y
primitivo:
La vida es misterio que sorprende
Soy vuestro ciego amargo
La vida se descifra por su terror de
[antaño
Y su gran canto de futuro lleno de
signos luminosos ó

(Damos término en el presente
número, a esta interesante entre
vista, repitiendo el último párrafo
de la primera parte publicada en
el número anterior.)

Le digo que para él va a ser doloroso
ver a Francia en las condiciones actuales
y comparar con los años anteriores a la
guerra.
— Y a lo sé y me preocupa mucho. Voy
a pasar dos meses infernales. Vamos a
vivir en un hotelito muy cerca de mi villa
en la Riviera. La villa está destruida. Eos
árboles quemados, los muebles los roba­
ron, pero confío en restaurarla pronto.
Haré llevar árboles ya crecidos. No quiero
nada joven que yo no pueda ver crecer
del todo. Después, unos meses a Eondres,
y luego, vuelta a la Riviera. Acaso en la
primavera próxima vuelva a Nueva York.
He mandado mis libros y papeles en va­
rios baúles a Eondres a lo que resta de mi
piso, también destruido por una bomba
incendiaria. Mi automóvil en la Villa se
lo llevó un General italiano. No sé cómo
me las arreglaré para ir de una parto a
otra. Me llevo allá el mínimo de equipaje.
Ropa tropical. El resto do trajes de ves­
tir y de noche a Londres. . .
Habla volublemente, y le enciende la
cara un fuego de excitación más ardiente
que el propio sol que nos baña la cabeza.
Ee examino mientras habla. La cara es
de facciones talladas con limpidez, fina­
mente cinceladas. Tiene un encaje de arru
gas eir toda la faz que llegan a formar
una puntilla junto a los ojos. La marca
del monóculo en la carne es cruel y ro
tunda. La cara tiene una sutil veladura de
oro o de cobre, a veces un resplandor
oliváceo. Los ojos fueron un día azules,
ahora son de un color que ya no es tal,
sino solamente un recuerdo del color, con
una gasa blanquecina sobre ellos. Los la­
bios resecos le tiemblan levemente con el
tartamudeo constante que acompaña sus
palabras. El labio superior está adornado
por uno de esos bigotes británicos que son
como la etapa final en la vida de un
cepillo do dientes. Las manos que reposan
en sus rodillas, pues no las usa para ha­
blar —solamente para escribir—-, son pe­
queñas, fuertes, bien cuidadas, con una
discretísima manicura.
— Por supuesto — prosigue— que no
culpo a nadie de los estragos hechos en
mi Villa. Se habla mucho hoy de la mala
conducta del soldado americano en Fran­
cia y Alemania. Es lo mismo con cada
soldado en cada país y eir cada guerra.
Se le enseña al hombre a obedecer y a
destruir y se quiere que solamente lo haga
cuando se le ordena. Además — agrega a
una observación mía— , tiene usted razón.
Esa conducta del soldado es, probablemen­
te, la liberación psicológica de sus comple­
jos de obediencia, y representa la salida
de ese fondo instintivo y destructor del
hombre en todas las épocas.
El taxi, dejando atrás Columbus Circle
y Central Park South, eirfila Broadivay
y después abandona la chabacanería diurna
de la Gran Vía Blanca, que en las horas
de sol es como una artista vieja y pinta­
rrajeada que durante el día no puede ocul­
tar sus ojeras ni su artificialidad, y se
lanza por la honrada suciedad de la Oc­
tava Avenida, donde la vida es tan natural
que no hacen falta los sueños de purpurina
de Broadway.
— Usted vivirá para ver la guerra ató
mica; yo ya habré muerto y me alegro de
ello — me dice— . Se habla hoy de la nueva
guerra biológica. Ello representa eliminar
toda norma de humanidad hasta para con
las poblaciones civiles.
Le explico mi creencia de en lo que con­
siste el arma biológica y me pregunta
sobre mis recuerdos de la guerra de Es­
paña. La explicación que le doy, interrum­
pida por sus hábiles preguntas, nos ocupa
hasta Abingdon Square y la esquina de
Bank y Bleecker, donde se halla el JaiAlai. Somerset Maugham es un oyente
magnífico. Jamás interrumpe más que para
una pregunta aclaratoria o formular un
acertado comentario. Jamás hace repetir
una sola palabra y su cara refleja un es­
tado de excepcional atención mental. Me
pregunto qué cantidad de resortes aními­
cos está disparando mi relato, qué de
evocaciones o ideas le sugieren mis pala­
bras. De conversaciones al azar han salido
los mejores cuentos del maestro, reprodu­
cidos luego fotográficamente por su pluma,
pero con una profundidad radiográfica
que no tuvieron cuando se le contaron por
vez primera.
V I .-U n Almuerzo Literario
Tras la vieja fachada, con una vejez
muy Greenwich Village, donde la melan­
colía se tiñe de jovialidad, el interior
penumbroso del Jai-Alai. El bar ruidoso
con un pajarera y la sala de delante, si­
lenciosa como si hasta las conversaciones
estuvieran bajo el influjo de la siesta.
Pasamos a la sala de atrás. A pesar de
que me llevó quince minutos dar instruc­
ciones por teléfono ( “ ... L a mesa del
En suma, Vicente Huidobro es uno de
los primeros grandes poetas chilenos que
vive la atmósfera mundial de postguerra
de 1914, y que inicia una profunda re­
volución estética en la poesía hispana,

Una Paella
c «11

en Nueva

SO M E R S E T

York

M A U G H A M
Por FELIX MARTÍ IB4ÑEZ

rincón junto a la ventana en la sala de
a trá s... que nadie se acerque a saludar­
l e . . . que el arroz esté para la una cua­
renta y cinco en p u n t o ...” ), nadie se
arrima a enseñarnos el camino hacia la
mesa. En la sala la habitual concurrencia
parlanchína y glotona, ante la mirada so­
bria y despectiva de los tremendos vascos
pintados en los muros, que desde hace
veinticinco o cincuenta años están levan­
tando la misma piedra, cortando el mismo
tronco o conduciendo los bueyes solemnes,
en el marco todo verdores húmedos de sus
montañas. Unos camareros, desgreñados,
desaliñados y desangelados, atienden a
los clientes tardíos. Se huele a cocido y
a tabaco habano y las espirales azuladas
de los cigarros se mezclan con el humillo
blanco de los restos de los platos recién
salidos del horno.
— i Manzanilla1? — le ofrezco.
— ¡Oh, manzanilla!— . Su calma britá­
nica se inyecta de alegría mediterránea.
— Magnífico. Hace años que ando buscan­
do. sin encontrarla, manzanilla en Londres
y en Nueva York. Cuando viví en Sevilla
bebía mucha y muy buena, con camaroives. Bonita imagen — dice, aludiendo al
símbolo que le recuerdo de la trinidad vi­

nícola de los jereces: “ El jerez caballero,
el amontillado filósofo y la manzanilla. . .
esa mocita bailarina y sandunguera. . . ”
— Parece manzanilla de veras— y levanta
la copa donde se cayó un bloque de oro
solar.
— / Cheerio! — dice.
Nos traen una fuente de jamóir serrano,
con aceitunas aliñadas. Lo pincha con el
tenedor y después lo deja, se pone el mo­
nóculo, lo mira, sonríe, deja caer el mo­
nóculo y coge el jamón con los dedos. Yo,
¡jara no ser menos, dejo el tenedor tam­
bién.
En España so puede comer muy bierr v
muy mal — sigue diciéndose— . Y a sé que
usted, en un artículo, criticó duramente
mis comentarios en mi Don Fernando so­
bro la mala cocina española. Pero es que
hay que diferenciar. En las capitales yo
he comido muy bien. En las provincias
muy mal. Hay que saber la especialidad
de cada capital y dedicarse a ella sin mie­
do. Mi buen estómago me ha permitido
hacerlo hasta con la comida mexicana. En
Vigo comí maravillosamente. El marisco
es magnífico. En Barcelona y Valencia
comí suculentamente, pero sin grandes
alardes culinarios. En Madrid he comido

unos 1echones asados que mataban ¡a los
91 días de nacidos!—\ Se ríe y pica otra
aceituna con sus dedos ágiles. Nada más
incongruente que el “ gentleman” britá­
nico con el monóculo bamboleándose como
una campana al extremo de la cinta de
seda negra, que está comiendo aceitunas y
jamón serrano y discutiiredo la cocina es­
pañola. — Los vinos — prosigue— son ex­
celentes, incomparables. No, no pida Riscal
— replica— ; sigamos con la manzanilla
toda la comida. Por cierto que en la finca
de mis editores, Doubleday, en South Ca­
rolina, tuve la idea de organizar una pae­
lla. El cocinero negro se encargó. Le
compré todos los ingredientes. Todos ab­
solutamente. Hasta el azafrán. Pero el
resultado fué un desastre. Le llevó casi
media hora hacerla y nadie pudo probar la
pasta resultante.
Le explico algo de los secretos culinarios
de la paella, de la lírica poesía de la pae­
lla al aire libre, del ritual que representa,
de la Valcucia lejana y querida y me es­
cucha atentamente sin dejar de devorar el
jamón y beber manzanilla.
— Simpático este lugar — me dice, ha­
ciendo una pausa melancólica al acabarse
( Continúa en la pág. siguiente)

Por N. MOLINS I FÁBREGA

Víctor Scrge, poco antes de su fallecimiento.
pasado mes de noviembre murió en
México el conocido escritor francoruso Víctor Serge.
Es un eslabón más de la generación de
escritores avanzados europeos que desapa­
rece, como si un hado quisiera que hom­
bres que tanto hicieron para el alumbra­
miento de una nueva etapa de la civili­
zación humana, ahora que el mundo se
halla en una encrucijada de la que puede
surgir la sociedad por la cual lucharon,
pocos de ellos pudieran verlo. El inevitable
dolor del parto de nuevas formas de orga­
nización social en que se debate la hu­
manidad, uo podía dejar de herir de
muerte a los que contribuyeron' a darle
forma con su pensamiento y su acción.
Víctor Serge era uno de ellos y muere
cuando la batalla es más dura, pero tam­
bién, por serlo, es más prometedora.
Serge nació en Bruselas de la familia
Kibalchiclie, comprometida en el atentado
que costó la vida al Zar Alejandro II.
Uño de sus tíos, Nikolai Ivanovicli Kibalchiehe, murió en la horca junto con los
Hombres del Primero de Marzo. La po­
licía lo arrestó en la casa del abuelo del
compositor Shostakovieh donde se hallaba
escondido. El padre de Serge, condenado
a trabajos forzados, pudo pasar a Oc­
cidente.
Los años de su primera juventud los
jiasó en París, en donde era considerado
como uno de los mejores jóvenes intelec­
tuales del movimiento libertario. Deteni­
do, con motivo del mundialmente conocido
asunto Bomrot, fué condenado a cinco
años de trabajos forzados como inspira­
dor intelectual de los actos de terrorismo
anarquista de la época en Francia. Al
cumplir la condena pasó a España, en
donde encontró un clima favorable a sus
ideales de entonces. Al lado de los sindi­
calistas catalanes, entre ellos Salvador
Seguí — conocido por el “ Noi del Su­
cre” — participa en las jornadas de la
semana revolucionaria de 1917 en Bar­
celona. Vuelve a Francia, en donde, de­
bido a la revolución rusa que acaba de
estallar, es puesto en un campo de con­
centración con otros emigrados rusos de
distintas ideologías revolucionarias. En el
año 1918, con otros de los prisioneros, es
canjeado por los generales y coroneles de
la misión militar francesa, retenidos en
Rusja. Formaba parte de la ola de revo­
lucionarios esparcidos por la Tierra que
llegaban a Rusia con la ilusión de parti­
cipar en la formación de un mundo nuevo.
Pocos son los supervivientes de aquel
éxodo hacia una Patria que se había des­
embarazado del zarismo.
Víctor Serge, como muchos do ellos,
aunque no era bolchevique, se unió a los
dirigentes de la revolución. Eran momen­
tos en que las miradas de los obreros de
todas partes se hallaban fijas en la epo­
peya que realizaban hombres proscritos
de la víspera que tomaron en sus manos
el más vasto imperio de Europa.

E

l

Tai muerte de Leniír y, más tarde el des­
tierro de Trotsky, produjo un cambio to­
tal en el nuevo régimen ruso. Hombres
como Víctor Serge, para quienes la re­
volución significaba la dignificación del
hombre, en vez de su sometimiento, no po­
dían por menos que pagar su tributo. En
1928, era detenido por primera vez por
la policía política de Stalin. Libertado,
era encarcelado nuevamente en 1929, más
tarde en 1931 y, finalmente, en 1932, des­
terrado al Turkestán ruso.
En 1936, un viraje político de los diri­
gentes soviéticos, que querían captarse las
simpatías del movimiento intelectual libe­
ral de occidente, hizo que, debido a la
presión de intelectuales de fama mundial
como Gide, Malraux, Wells y centenares
más de otros países, el gobierno de Moscú
permitiera a Víctor Serge volver del des­
tierro y salir de Rusia para el Occidente.
Al estallar la guerra, Víctor Serge se
hallaba en París, en plena actividad de
escritor, incorporado de nuevo a la lite­
ratura occidental, ya coir una gran madu­
rez intelectual. Seguía los rumbos que
inició en 1928 con ‘ ‘ Los hombres en la
cárcel” , y la publicación en 1931 del
“ Nacimiento de Nuestra Fuerza” — obra
er: la que nos da una visión íntima de las
jornadas del 17 en Barcelona— y “ El
Primer Año ’ ’, en el que expone la epo­
peya do la Revolución rusa, y que le
incorporaron a la literatura europea. Otras
obras de su pluma, elaboradas en el dolor
de tantas ilusiones perdidas y con la vida
y la libertad en peligro, quedaron en los
archivos do la GPU, repletos de libros de
todo género de escritores y pensadores.
Los principales de que tenemos conoci­
miento son: “ El Año II de la Revolu­
ción Rusa” y “ Los Hombres Perdidos” .
Una de sus primeras obras extensas en
Francia es “ De Lenin a Stalin’ ’, seguido
por “ El Asunto Tulaief ” , inédito, a punto
de aparecer en el Canadá en lengua fran­
cesa en la cual expone — con el conoci­
miento de quien sabe de los métodos del
sistema— los móviles y la forma de pro­
ducirse de perseguidores y de persegui­
dos en los célebres procesos de Moscú,
que acabaron con la muerte de los prin­
cipales colaboradores de Lenin.
Le siguen la novela “ La Media Noche
del S iglo” , “ Retrato de Stalin” y de
Hitler a Stalin ' y, antes de la derrota
francesa, sus poemas Eesistance. La mis­
ma derrota francesa y el terrible éxodo
que le lleva a través de Francia, en huida
ante las hordas de Hitler, — en aquel en­
tonces aliado de Stalin— le da tema para
su novela “ Los Ultimos Tiem pos” , pu­
blicada en francés en el Canadá, más tarde
en inglés, en Estados Unidos, y proirta
a aparecer en castellano en la Argentina.
Al morir en México, — a donde llegó des­
pués del largo peregrinaje a través de
Francia, los campos de concentración de
la Martinica, y Triscornia de Cuba— deja

*

t -,
también inédita su novela “ Los-Añosvsin
Perdón” , sus memorias e infinidad de
notas para nuevas obras, entre las que des­
collaba, por la preferencia que sentía por
ella, una novela que, con el entusiasmo
y el optimismo que le eran característicos,
pensaba llamar ‘ ‘ Liberación ’ ’ .
Pocas semanas antes de su muerte, ter­
minaba la biografía de León Trotsky, en
colaboración con la viuda de éste, Na­
talia Sedov.
La evolución literaria de Víctor Serge
ha sido la de todos los escritores que en
el tiempo fueron primero luchadores que
literatos. De la actividad política y la
producción de literatura casi estrictamente
ideológica, de una manera casi impercep­
tible, pasa al campo de la producción más
estrictamente literaria, que se manifiesta
ya en “ El Nacimiento de Nuestra Fuer­
z a ” y toma más solidez en el “ Primer
A ñ o ” . Sin embargo — y esta es la carac-'
terístiea principal que le distingue de
otros autores que no saben mostrarse in­
conformes con los hombres y sus proce­
dimientos sin renegar de los ideales que
antes los unieron a ellos— Víctor Serge,
aun en sus novelas, muestra gran firmeza
en sus ideas y solidez de pensador. No
crea para divertir sino para exponer.
Esta ha sido la principal causa de su
condenación al silencio durante los últi­
mos años, hasta el final de la guerra.
Francia, el elemento natural de su obra,
sojuzgada por los alemanes, le estaba ce­
rrada. El resto del mundo, en especial
Norte América y también el Canadá, le
estuvieron cerrados por ser hombre no
grato al aliado soviético. En momentos
en que millonarios como Davies podían
producir obras como el ‘ ‘ Proceso de Mos­
c ú ” , pasada después a la pantalla, y li­
bro y película difundidos por el mundo
gracias a los millones de la propaganda
norteamericana, no hubo lugar para es­
critores como Víctor Serge, que nunca es­
cribió para agradar a los fuertes de turno.
Su muerte es una clara condenación de
los métodos de nuestra época. La guerra,
lo tuvo alejado del único lugar del mundo
que quedaba libre, que era un marco ade
cuado a sus actividades literarias y el
que más convenía a su salud: Norte Amé­
rica. La paz no le fué más favorable, y
su corazón enfermo no pudo resistir por
más tiempo la gran altitud de México;
el país que le abrió generoso sus puertas
cuando las de todo el mundo se cerraban
para este eterno proscripto.
Víctor Serge, ha dado su vida por la
fidelidad a un pensamiento y su g&gt;'an
ideal de servir a una humanidad que bus­
ca un camino. Nunca dudó de que Ios
hombres acabarían encontrando esta vía
para un futuro mejor, este futuro mejor
que parece cerrarse a cada paso.
Con la muerte de Víctor Serge el mun­
do ha perdido un magnífico, denso y so­
lido escritor.

�5

cabalgata
el jamón—. Hasta coir música — aludiendo
il chorrito do armonía que gotea sobre
nuestras cabezas desde un altavoz.
__Muy española, como puedo usted ver
_]c digo refiriéndome al “ Oh, Susana” ,
;» mús castiza música del viejo Oeste ame­
ricano, que es lo que tocan.
Enciende un cigarrillo que extrae de una
pitillera negra, grande, de cuero con su
eterno, monograma contra el mal de ojo
bordado en escarlata que ilustra todas las
cubiertas de sus libros, sus pañuelos, sus
cartapacios y carteras. Fuma “ Virginia
Jiounds” porque todo el tabaco nortéame
ricano le sabe igual y éste por lo menos
es suave, aunque en España fumaba el
tabaco amargo y fuerte de los cigarros
puros y le agradaba mucho.
Saca unos papeles del bolsillo que pone
sobre la mesa, mientras el camarero que
la suerte nos deparó y que es el más zafio
del restaurante, nos sacude las migajas
del mantel sobre los pantalones.
— Tengo aquí — me dice— las notas que
usted me ha mandado sobro mi novela
Catalina. Ha sido usted gentilísimo con­
migo. Se ha tomado un trabajo y un in
terés extraordinarios. Sus notas son valio­
sísimas. Las ho aceptado casi todas, pero
¡deseo que ahora las discutamos una por
una juntos.
Hojea nerviosamente mis notas — cinco
páginas a máquina— , y va posando un
dedo menudo y ágil, dorado por la nico­
tina, sobre las cuartillas,
í — Mucho me agradaría poder, como us­
ted indica, agregar algo más sobre el as­
pecto de las calles en la España de Felipe
ni, pero no sé lo bastante sobre ellas, y,
además, por su colorido, distraerían del
tema principal de la novela. Por la misma
razón, apenas si puedo mencionar a Lope
de Vega, Teresa de Jesús y al teatro de
Lope de Rueda sin describir los escenarios
t las funciones. Todo eso es muy intere­
sante, pero uro es mi novela. He escrito un
libro para contar un cuento y debo evitar
que el fondo excesivamente rico en deta­
lles ahogue la historia. Por la misma ra­
zón. no puedo usar palabras en español,
que hubiera que explicar al lector, ni tam­
poco detenerme en describir lugares o re­
cargar arquitectónicamente la novela. Us­
ted —contiirúa— es un hombre de ciencia
y como tal, amigo del detalle preciso; pero
fíjese bien lo que voy a recomendarle si
vale la presunción de este consejo de un
novelista profesional.
Dejo a medio camino la aceituna que iba
a comerme y la devuelvo al plato. William
Somerset Maugham va a aconsejarme a
mí, personalmente, aquí en este rincón de
un restaurancito español, aislados de los
siete millones de personas de Nueva York,
algo que puede tener gran valor para me­
jorar mi formación literaria.
—1 besecch you — comienza diciendo, co­
mo podría hacerlo un personaje de una
de sus novelas, pero sus palabras mueren
en la nube olorosa de dos cazuelas llenas
de mariscos hervidos que acaban de traer
a la mesa.
Vil. - Consejos y la Paella
Somerset Maugham so interrumpe, se
pone el monóculo, mira con aire de apro­
bación la cazuela envuelta en un delicado
vapor verdoso, se quita el monóculo y co­
mienza a devorar almejas y a comer la
salsa a cucharadas grandes. Le recomiendo
hacerlo al estilo de mi tierra, usando la
almeja vacía como cuchara, y muy grave­
mente se lanza a hacerlo, relamiéndose de
gusto. El monóculo pende de su negro cor­
dón como una campana dormida. Cuando
ya las almejas han casi desaparecido y el
tufillo de marisco y ajo flota como un halo
en tomo a su cabeza gris, reanuda la con­
versación.
—Le estaba recomendando — continúa—
que cuando escriba algo no deje que el
hombre de ciencia domine al novelista.
Pienso siempre en que el lector, al verse
snto la página impresa, tiene una tenden­
cia natural a escaparse mentalmente del
tema del libro. El hilo de la narración
debe ser lo más tenso y directo posible,
ííada de explicarle al lector las cosas, n ay
que sugerirlas o mencionarlas y nada más.
bada de intercalar palabras o tipos que
requieran explicación. La explicación de­
be ir contenida en el mismo texto de la
uovela y no debe dársele como incisos
aparto al lector. Ello no haría sino desviar
!u atención, lanzarle por otros senderos
lejanos a la página impresa. Lo que se
explique deben decirlo los personajes o
ser sugerido por la misma acción, pero si
&lt;%«, refiriéndome a una corrida de toros
un lonco y agrego, that is lo say, a pass,
destruyo toda la atmósfera de la página.
Si al citar a Lope de Vega aludo a su vida
Pintoresca, dejo al lector curioso y dis­
traído con ella por varias páginas. ¡No,
. ®o. Es muy difícil cautivar al lector y
B0 podemos nosotros mismos distraerlo con
Uoda que lo lleve fuera de la página im­
presa. Pero sus sugestiones son excelentes,
bracias a usted sé que en Alcalá de Henat*® no se estudiaba Derecho, sino solamen
o una asignatura de leyes civiles, y tamlen be corregido mis errores en nombres,
tugares, personajes, escenas de la Inquisi¡ uión, rituales religiosos, costumbres y psi­
cología española. En donde yt&gt; indicaba
!u° la madre está de noche “ preparando
*°pa de zanahorias” , mo olvidé de
T*c, como usted me ha indicado, no se
nacían de noche entonces comidas calientes
c-spaña, pero como lo que yo quería dar
•■tender era quo la madre seguía con
*areas si" atender a la historia de la
"■•a, lo que haré será indicar que habipt®**®ento cenaban, como usted lia dicho
sus notas, pair, queso y cebollas o ajos,
&lt;lUe aquella noche, por haber estado
°&lt;lo el día cn ¡a procesión, esta! an cenan0 la primera comida caliente del día.
‘ •a charla sobre las notas a su libro siM®® enhebrada cn copas de manzanilla,
t
Recuerde siempre — mo dice, mirándo( Continúa en lo pág. 7)

Por JUA!S JACOBO B4JARL1A

C

tTAXno se hable de la invención de es­

te nuevo período en que vive la hu­
manidad, el arte abstracto — y especial­
mente la pintura que se canaliza en sus
vértebras — ocupará un lugar preponde­
rante. Y este nuevo período, este nuevo
reverdecer de las artes hará posibles los
anticipos teóricos que durante el Renaci­
miento formularon artistas como Leonardo
da Vinci y Miguel Angel. Del primero,
cuyo Tratado de la pintura y otros códi­
ces, han llegado a nuestros días, sabemos
cuáles eran sus ideas respecto de este duro
oficio de pintar. “ La pintura” — decía
y desde entonces se ha repetido mucho,—
“ es cosa mental” . Algo similar, incluyen­
do la cerebración, afirmaba Miguel Angel.
Mas no pasaron de anticipos teóricos,
aunque el mismo Da Vinci hubiera practi­
cado una especie de expresionismo en al­
gunos casos, o el propio Rafael reaccio­
nara contra lo imitativo eir sus arabescos
de las Loggias. (D e Goya, andando el
tiempo, se podrá decir otro tanto).
Existía, pues, la genialidad premonito­
ria. Pero faltaba el impulso y la voluntad
de abrir un nuevo cauce a esas ideas por
las quo el arte mental y cerebral, lejos
do perderse en una inspiración ciega, sin
norte, refluyera por caminos objetivos, lim­
pios de todo azar y de toda anécdota
representativa. Y esta lucha del Renaci­
miento caracterizadá por el desacuerdo
entre la teoría y la práctica, resurge en
épocas posteriores. Pintores y poetas ha­
blan ya de un arte puro. Ruskin enseña
en Inglaterra que una cosa es la natura­
leza y otra el motivo de la tela. Sin em­
bargo cae en el juego de palabras. Lo
quo afirma no está eir relación con los
ejemplos que da. Lo mismo acontece con
Rhelley en poesía. Por una parte el llo­
riqueo. Por otra, la virilidad. So lamenta
cuando poetiza. Pretendo enseñar cuando
teoriza. Es el caso de Holdcrlin, Milozs,
Elliot y otros poetas metafísicos de nuestro
tiempo en cuya poesía discursiva no hay
imágenes ni conceptos inventados con rela­
ción1a lo estrictamente poético porque giran
en derredor del objeto o del símbolo como
forma sensible de una cosa ya dada pre­
viamente, no creada por el mismo poeta.
Y podrían seguir los ejemplos. Pero lo
interesante es que este divorcio entre teo­

Manuel O. Espinosa, “ Pintura” .

ría y práctica va preparando — en la pin­
tura— la ruta de Oézarme y el adveni­
miento do los cubistas. Y el concepto de
arte mental se va corporizando en bene­
ficio de un nuevo realismo: la bidimensionalidad. Es decir: la integración de los
valores plásticos en la estructura natural
do una superficie que si tiene dos dimen­
siones no puede menospreciarse con una
tercera creando cierta ilusión de profun­
didad quo no existe. Esta tercera dimen­
sión vendría a ser, en el estado actual de
la pintura, el elemento discursivo, litera­
rio, ajeno a las relaciones de color y al
campo en que ellas se manifiestan. O en
otros términos: la tridimeirsionalidad se­
ría la retórica en pintura. Lo antiartís­
tico.
Las ‘ ‘ formas aparienciales ’ ’, decía
Paul Klee ( Über die modera Kunst.
Berna, 1945) no tienen nada que ver con
el proceso creador en la pintura moderna.
Están en oposición.
Pero sigamos historiando. Larionov, en
1910, disuelve las cosas en rayos lumino­
sos. Malevitch, en 1913, adopta ya el planismo y apunta hacia una estricta bidimensionalidad. Aparece, entonces, el suprematismo y se polifurca la línea del
arte abstracto con figuras procéricas co­
mo Rodchenko, Lissitzky, Tatlin, Mondrian, Van Doesburg, Walter Gropius y
Moholy Nagy. Y todo esto coronado en
1921 con la Baubaus. Ahora ya puede
hablarse, por consiguiente, de una rea­
lidad pictórica en perfecto acuerdo con su
teoría. No obstante, el arte abstracto tie­
ne todavía sus detractores. Contra éstos,
León Degand intentó, no hace mucho, una
defensa ( Les Lettres Frangaises, .V? 119)
que vamos a transcribir casi literalmente
sin comentario alguno:
“ Argum ento: El arte abstracto es in­
comprensible. Respuesta: ¿Es preciso ar­
gumentar por la existencia de los ciegos
la inexistencia de la luz?
“ Argumento: El arte abstracto no es
humano; es puramente cerebral. Respues­
ta: ¿Lo que es cerebral no es humano?
“ Argum ento: Todas las obras abstrac­
tas so parecen. Respuesta: Es lo que yo
pensaba de los negros cuando era niño.
“ Argumento: La pintura y la escul­

tura son realistas por destino. Respuesta:
Son realistas por costumbre” .
En la Argentina la pintura y la escul­
tura abstractas están representadas por
Juan del Pretc, Eugenia Crenovich (Y en ­
te ), Tomás Maldonado, Carmelo Ardén
Quin, Martín Blasko, Alfredo Hlito, Jorge
Souza, Manuel O. Espinosa, Juan Mele,
Gregorio Vardánega y otros. Y en todos
ellos hay un tremendo esfuerzo de estruc­
turación en el que se cumple el imperati­
vo del nuevo realismo. La superficie del
cuadro mantiene en las obras su dimen­
sión estética, y se integra, a su vez, eir
esa totalidad que debe surgir de la con­
junción o síntesis de esta misma superfi­
cie con las zonas cromáticas inscriptas en
ella.
Del Prete, uno de los mejores pintores
de la Argentina, formó parte con Hans
Arp y otros del movimiento europeo de
Abstraetion Création A rt Non Figuratif,
allá por el año de 1931. No era tan con­
creto como ahora porque estructuraba
con cierta dejadez intuitiva. Y hasta era
un poquito expresionista. Mas toda esta
etapa quedó maravillosamente superada
en la exposición de K raft (1947) y en
las últimas pinturas en las cuales el planismo se objetiva en composiciones donde
las formas y los colores hallan su máximo
equilibrio. Estas estructuras soir paradig­
ma, por otra parte, de los conceptos que
hemos desarrollado en cuanto a ese an­
helo cerebral que previeron los renacen­
tistas pero que no pudieron aislar, decan­
tar, por falta de un enfoque integral,
imposible de existir porque no se habían
dado todavía las condiciones históricas pa­
ra que las nuevas formas — ya anticipa­
das— so desarrollaran con exclusión de
los materiales discursivos.
Con Del Prete cabe mencionar a Tente
cuya última exposición, entre nosotros, da­
ta de 1946. Es una pintora original con
cierta calidad primitivista que nos recuer­
da la época de los totems, esa época en
que la figuración participaba de lo fan­
tástico y del terror metafísieo resueltos
en objetos en los cuales la naturaleza
so mezclaba con la abstracción1. Sin em­
bargo, no es esta pintura, la del año 46,
la última etapa do Tente. Su nueva mo­
dalidad ha penetrado ya en la objetiva-

Tomás Maldonado, “ Construcción 122” .

eión de formas estrictamente abstractas.
sin reminiscencias simbólicas. Ha concre­
tado su estilo.
Y en esta linea de abstracción — de
abstracción de las formas imitativas
que es come, decir de concreción de los
valores plásticos, debemos continuar con
Maldonado, Ardén Quin y Martín Blasko.
El primero organiza el color cn estrecha
correspondencia con el campo. Estructu­
ra las zonas teniendo en cuenta que la su­
perficie — el campo— es también una
parte del suceso plástico desarrollado en
la totalidad de la obra. Y aprovecha para
dio experiencias suprematistas y neoplasticistas que podrían1 enriquecer una ori­
ginalidad en relación con la pintura, de
nuestro siglo. En Arden Quin, en cambio,
el campo y la zona cromática no van se­
parados. Están integrados. Forman un
todo dispuesto en elementos que se orga­
nizan para estructurar un tema lúdico,
huizinguiano, do calidad abstracta y as­
pecto sagital en cuya composición no fal­
ta ni la áureo proportio ni la sección de
Fibonacci. Lo mismo acontece, en cuanto
a zona y campo, con Martín Blasko. Obje­
tiva el suceso plástico yuxtaponiendo los
planos, y obtiene síntesis plásticas con pre­
dominio do colores binarios. Constituye
con Ardén Quin uno de los fuertes valo­
res de Madí y tiene en su favor la cir-'
cunstancia de haber reaccionado positiva­
mente contra la pintura de Marc Chagall
de quien fué discípulo en París allá por
1939.
Igual ponderación merecen otros artis­
tas abstractos de los que hablaré cn su
momento. Ahora agregaré solamente que
en materia de escultura Jorge Souza está
canalizando su estilo en objetos donde se
combinan los ritmos direceionales y las
masas, huyendo de esta manera de toda
figuración naturalista.
lie aquí, pura, por qué podemos hablar
de un arte abstracto en la Argentina. De
un arte abstracto original, comprometido,
jubiloso, capaz de enfrentarse con los
maestros de Europa y hasta de rivalizar
en la invención de formas atrevidas que
sólo es posible cuando el cerebro sabe
organizarse en fuertes estructuras men­
tales. Porque en este arte, en este arte
concreto, irada permanece en la viscosidad
de la inspiración. A mayor organización
mental mayor estructuración en la compo­
sición. Y a mayor composición mayor in­
vención. De donde se infiere que todos
aquellos postulados del Renacimiento, es­
tán hallando, en nuestro siglo, las condi­
ciones imprescindibles de invención para
poder objetivarse en formas cuya riqueza
sobrepasa las ya puestas por la natura­
leza. Por otra parte, esta nueva etapa
del arte, esto nuevo Renacimiento, procla­
ma de una vez por todas que es la auto­
nomía y no la mimesis aristotélica la que
debe privar en las manifestaciones esté­
ticas del individuo. Porque sólo así se
llega a la liberación. A la creación. Y lo
quo decimos para la pintura también que­
da dicho para la poesía que ya etimoló­
gicamente significa inventar.

LA
PEQUEÑA ANECDOTA
as

humoradas de Bernard Shaw tie­

nen un ritmo aproximado de una por
Lsemana.
Algunas son algo más que

humoradas. He aquí la última:
“ El valor consjste en no ceder al
propio miedo, la razón en saber reco­
nocer su locura y la sabiduría en no
admirar las propias estupideces” .
• A su retorno a Europa, Maurice
Maeterlinck no ocultaba su escepticis­
mo respecto al destino de la humani­
dad. Su huésped, el escritor belga Eugéne Bale, le d ijo:
— Si tanto desespera usted del fu ­
turo, ¿por qué en sus obras últimas
no habla más que del porvenir?
— Chitón — dijo Maeterlinck son­
riendo— ; espero vivir tranquilo el resto
de mis días.
• Un pseudo-literato no muy inteli­
gente insinuó a Alfonso Reyes, el
gran escritor mexicano, algo así como
falta de patriotismo.
— No hay que confundir — dijo
Reyes indulgente— ; el patriotismo mal
entendido es más ridículo que una cor­
bata verde y amarilla.
• Jacques de Lacretelle hablaba un
día del tacto del escritor. Y como se
le pidiera una definición, declaró:
- El tacto es la habilidad consistente
en describir a las gentes como ellas se
creen que son.
• Marcel Schwob tenía la singular
costumbre de usar plumas despuntadas.
Jules Renard, que lo sabía, le pre­
guntó por qué.
Porque — respondióle— una pluma
estropeada obliga a pensar antes de
escribir. 1
• En París conseguir no ya un de­
partamento sino una habitación es un
verdadero problema. No es por tanto
imposiblo que haya sucedido que una
pareja de jovenes enamorados ocupe
todas las noches dos butacones de pri­
mera fila de a 300 francos, y quo
aproveche la penumbra y el recogi­
miento ambiente para arrullarse con
efusiva pasión. A l cabo de una larga
tanda de esas veladas amorosas, el pri­
mer actor suspendió la escena y sa­
cando el cuerpo sobre la luz de la
candileja, pregunta muy finamente a
los absortos amantes:
— Perdón. . . ¡es para saber lo que
la señora y el señor quieren mañana
para desayunarse!

s

�cabalgata

6

HABLA

HABLA

JESUA LD0

ENRIQUE LARRETA
Su afición
ciencias.

por

las

La experiencia de
su vida en su obra.

a

amplia mansión señorial del barrio

L de Belgrano donde reside lmbitualnien
te el escritor Enrique barreta constituye

el obligado escenario de sus actividades
literarias, y es allí, en medio de una pro
fusión de piezas patinadas por el tiempo
— como viejos cascos militares, raídas ban­
deras que fueron testimonios de rudos y
pasados combates, y avejentados perga
minos de hondo sabor tradicional— , don­
de, protegido por la soberbia arquitee
tura de la casona colonial de la calle
Juramento, él produce temporalmente sus
originales donde recoge algo del palpitar
de nuestra tierra, o, como en el caso de
La Gloria de I)on Ramiro, el aliento de
la madre patria.
Mientras, displicente, barreta nos va
exhibiendo las variadas ediciones de lujo
y aun populares que se han hecho de sus
libros, le interrogamos.
— ¿Por qué no hay aún una literatura?
Sus ojillos se cierran interrogadores, y
con su característico gesto señorial, que
deja entrever un dejo de ironía, nos dice:
— Creo que corresponde preguntar como
hay todavía gente que escribe.
— Compadezco a los que escriben', en un
ambiente donde todo es adverso, donde
todo se troca en envidia.
— ¿ Ha recogido Ud. alguna experiencia
de su obra?
— No, por ei contrario es mi experien­
cia de la vida la que ha sido reflejada
en mi obra.
Al pronunciar Larreta estas palabras
vuelven a nuestra mente las páginas de
su última pieza literaria, La Xaranja,
donde puede corroborarse la verdad de
esta respuesta del celebrado autor de Zogoibi; cada una do esas páginas cons­
tituyen viejas o recientes reminiscencias
de aeonteceres diarios, a través de los
cuales él deja escapar una concepción pro­
pia de índole filosófica o revisiones de
.nuestro pasado histórico, como la que
aventurara con el gaucho.
Nada extrañe al lector la devoción de
Larreta por nuestro pasado, pues, des­
cendiente él mismo de Oribe, el discutido
personaje de la historia uruguaya y ehn
parentado a otras familias de abolengo
del Río de la Plata, las alternativas de
su vida han estado ligadas espiritualmente
al recuerdo de sus mayores, de recia, estir­
pe criolla.
De ese ambiente de refinada educación,
heredó Larreta su pasión por las letras y
las bellas artes, pues es necesario divulgar cuan profundamente siente la plás­
tica ; de ello son buenos testimonios su
amistad con los grandes de la escultura
y la pintura de principios de siglo, soste­
nida durante su estancia en París como
ministro argentino, y, últimamente, su
adiestramiento en la pintura. Mientras
despaciosamente su índice nos lleva a ob­
servar una tela, barreta apunta:
— Ese óleo que ve ahí lo he pintado,
hace poco, durante mis vacaciones en Cór­
doba. Es que no puedo escribir a vuela
pluma, no tengo facilidad para producir
mis obras. . . anhelo escribir con pureza
de len gu aje... y, en estos momentos es­
toy como la naran ja.. . sólo cuando tengo
el tema me siento a escribir y entonces
me exijo mucho.
El reguste de cada palabra, el modelar
de los párrafos constituye la preocupación
de barreta, de ahí que pueda confesar:
*‘ Cuatro, cinco, seis siglos, ¡ que se yo 1
se han necesitado para que pudiera for­
marse uno de estos árboles magníficos... ’ ’
al referirse a los algarrobos; es decir,
decantación, decantación y decantación.
ITe ahí el secreto de la gloria literaria
de Larreta: *el pulido de sus obras, a tra­
vés do horas meditadas en las sierras cor­
dobesas, en las largas jornadas invernales
de París, o el silencio colonial que rodea
su casona de Belgrano.
— Mi afición1por la Ciencia — nos dice—
fué profesada con antelación a las letras.
Ya de niño me deslumbró la Natura­
leza, por lo que no debe sorprenderle,
amigo, que eir buena parte de mi obra
cobre vigor este estado primario y tras­
luzca mi producción mi antiguo amor por
nuestra tierra. . .
— Y he servido a mi patria en todo
momento. La he servido a mi manera, tra­
bajando a veces como un condenado, sin
necesidad ni obligación.
Las frías y espesas paredes de la caso­
na recogen las palabras do Larreta y las
devuelven con un eco sonoro que presta
aún más interés a sus tajantes afirm a­
ciones; unos segundos más tarde V *.a
nuestros pasos ligeros nos han devuelto a
la marea de la Avenida Cabildo interrum­
piendo nuestras disquisiciones mantenidas
‘ ‘ in mente ’ ’ con uno de los más cotizados
literatos argentinos de nuestro tiempo.
O. H.

Descendiente del
discutido Oribe.

Pocas figuras contemporáneas de la
literatura argentina han alcanzado el
prestigio universal que tiene conquis
tado, hace de ello ya buen tiempo,
el escritor nacional Enrique Larrot &gt;
con sus novelas y ensayos estéticos.
Citar los nombres de sus obras. La
Gloria de Don Ramiro, Zogoihi, Las
Dos Fundaciones de Buenos Aires, y
últimamente, La Naranja, es traer a
la memoria libros que en el instante
de su aparición venían a constituir
hitos definitivos de la producción de
un auténtico escritor.
Y el éxito reciente de La Naranja
así lo termina de refirmar a través
de sus varias ediciones a poco de
aparecer.

S

L U C IIEEN

O

Nacido en la tierra que fué cuna de
figuras de relieve en las bellas artes
y las letras, la actitud creadora de
.Josualdo en la poesía, el ensayo his­
tórico, la pedagogía o el relato no­
velado con aristas sociales, viene a
sumarse a la que realizaran aquellos
valores que, en su hora, otorgaran
jerarquía al espíritu do un pueblo
joven y pujante como lo es el uru­
guayo.
Sinfonía de la Danzarina, pieza poé­
tica premiada, Vida de un Maestro y
Fuera de la Escuela, así como su
continuada labor pedagógica realiza­
da en su tierra natal o en México,
y sus tareas en el Ministerio de Ins­
trucción Pública del Uruguay, van ja­
lonando la trayectoria creadora de Jo­
sualdo, uno de los valores intelectua­
les más jóvenes y promisorios de
América

B

R

• El momento litera­
rio del Uruguay.
• La expresión
creadora del niño.
° Poemas de tipo
volcánico.

E

LEVY- BRUHL
Por GREGORIO WEI1SBERG

Lévy - Bruhl, una (le las figuras
más representativas de los movimientos
filosóficos y sociológicos contemporáneos,
nació en París en 1857; falleció en 1939.
Profesor de filosofía a los 22 años, en
1879 egresa de la Escuela Normal, perte­
neciendo a la generación de Jaurés, Berg
soi?, Lanson y Reinacli. En 1884 se doctoró
en letras con una tesis sobresaliente sobre
La idea de responsabilidad y otra latina,
Quid de Deo Seneca senscrit. Casi inme­
diatamente fué designado profesor en el
liceo Louis le Grand; eir 1895 ‘ *maitre
de conferences” en la Escuela Normal
de que egresara, y cuatro años más tarde
ya lo es en la Sorbona. Reemplaza a Boutroux en la cátedra de historia de la f i ­
losofía moderna, de la que es designado
titular en 1908. A esta escueta y harto
significativa enumeración, restaría agregar
otros dos hechos sobresalientes: sucede a
V. Delbos en el Instituto, y a T. Ribot
en la dirección de la universalmente pres­
tigiosa ltevue Philosophique.
La vasta obra de este insigne represen­
tante del espíritu francés, equilibrada y
profunda, era hasta la edición de La Men­
talidad Primitiva, casi desconocida para
el gran público de habla castellana, a
pesar de haberse divulgado a través de
expositores, no siempre autorizados, mu­
chos de los aspectos sobresalientes de sus
doctrinas. Ha dicho Essertier, y con so­
brada razón, que, “ si la importancia de
una teoría se mide por el movimiento
de ideas que provoca, las teorías de LévyBruhl ocupan un lugar de primer plano
en el pensamiento contemporáneo” .
Orientado en sus comienzos hacia los
estudios de historia de la filosofía, bajo
la influencia de Durkheim, y a través de
éste la de Comte, se inclina hacia la vigo­
rosa corriente conocida como la Escuela
Sociológica Francesa, de la que fuera uno
do sus más ilustres maestros, alcanzando
un extraordinario éxito coir la publicación
de La morale et la science des moeurs
en 1903 que merece apasionados y erudi­
tos debates, aun no acallados. Su tesis,
puede resumirse diciendo que: “ no hay
ni puede haber una moral teórica; las di­
versas morales teóricas no son más que
sistematizaciones, más o menos felices, de
las prácticas morales existentes y la in­
vestigación científica consistiría, no en
fundar la moral, sino en analizar la reali­
dad moral implicada en esas prácticas” .
Critica a su vez a “ ciertos filósofos, y en
particular a Wundt, quienes lian propuesto
colocar la moral en el número de las
‘ ‘ ciencias normativas ’ Pero la cuestión
es saber si estos dos términos son compa­
tibles entre sí, y si existeir realmente cien­
cias normativas. . . ” Poco más adelante
agrega: “ Mientras que la concepción con­
fusa de una moral “ teórica” está desti­
nada a desaparecer, otra concepción, clara
y positiva, comienza a formarse. Esta
consiste en considerar las reglas morales,
obligaciones, derechos, y en general el
contenido de la conciencia moral, como
una realidad dada, como un conjunto do
hechos, en una palabra, como un objeto
de ciencia, que es necesario estudiar con
el mismo espíritu y mediante el mismo
método quo el resto de los hechos so­
ciales ’ ’ .
En pocas palabras, Lévy - Bruhl consi­
dera a 1p moral como relativa, y variando
do acuerdo a las diversas situaciones his­
tóricas y a las fuerzas que actúan en cada
una de ellas. No puede hablarse, pues,
do valores éticos intemporales, ya que éstos
corresponden a una realidad concreta en
un momento dado; su conocimiento y fundamentación corresponden a una rama
determinada de la sociología y no a la
metafísica.
Ahora bien, quizá el estudio compara­
tivo de sociedades do muy diverso grado
de desarrollo ilustre y aclare muchos as­
pectos oscuros y no del todo dilucidados
do los hábitos mentales. En efecto, esta es
u c i e .v

L

• Para satisfacer el amable requerimiento
de la dirección de CABALGATA, hemos extraí­
do algunos de los pasajes más importantes de
nuestro prólogo a la edición castellana de
La Mentalidad Primitiva, los que, ligeramente
modificados, constituyen la presente nota.

Luden Lévy-Bruhl

la ímproba tarea que se propuso LévyBruhl y le insumió 30 años de su vida
fecunda, no cejando nunca en sus esfuer­
zos por determinar, mediante un método
rigurosamente científico, las diferencias
esenciales que, según él, separan los há­
bitos de muestras sociedades de las que
en forma genérica ha dado en llamarse
‘ ‘ primitivas ’
Era preciso, como tarea preliminar,
abordar, con habilidad y sagacidad poco
comunes, las crónicas de los primeros via­
jeros, misioneros y exploradores que se
acercaron a los indígenas, bajo las más
diversas circunstancias y guiados por los
intereses más encontrados; era necesario
cotejar la enorme y dispersa documenta­
ción recogida en todos los tiempos y lu­
gares, desechar lo circunstancial, los erro­
res interpretativos con que están impreg­
nados hasta los estudios aparentemente
más objetivos, separar los prejuicios con
que se contempla y describen sus costum­
bres, y a veces, la malevolencia o piedad,
ya que ambas, aunque en distinto grado
y diversa forma, desnaturalizan la reali­
dad.
El primer fruto de esta ciclópea labor
apareció en 1910: Les fonctions mentales
dans les sociétés inférieures ; insiste aquí
sobre “ la ley de la participación, consi­
derada en sus relaciones con el principio
de identidad, y sobre el hecho de que el
espíritu de los primitivos es poco sensible
a la contradicción ” , En 1922, como com­
plemento y superación del anterior aparece
La mentalité primitive, que significó en
su hora un verdadero acontecimiento, y
como para desmentir la aseveración de
que toda obra maestra pasa inadvertida
al principio, fué calurosamente acogida,
mereciendo una reunión especial de la
Sociedad Francesa do Filosofía, la que
tuvo lugar en febrero de 1923, disanto
la cual Mauss y Weber formularon in­
teresantes objeciones. En este nuevo libro
aborda, entre otros, los problemas de la
causalidad, tiempo, espacio, y orientación
de esta mentalidad.
No satisfecho aún, prosigue Lévy-Bruhl
insistiendo en la búsqueda de nuevos datos
que confirmen o rectifiquen, total o par­
cialmente, su posición frente al problema
planteado; así aparecen sucesivamente:
en 1927, L'ám e primitive-, en 1931, Le
suma turel et la naturc dans la pensée
primitive-, y en 1938, L ’ expérience mystique et les symboles diez les primitifs;
esto, sin tomar en cuenta numerosos tra­
bajos menores, publicados sobre otros as­
pectos del mismo tema, eir las más presti­
giosas publicaciones especializadas.
Considera Lévy - Bruhl, que la “ men­
talidad primitiva” difiere de la nuestra,
no simplemente por un mayor o menor
grado do desarrollo, sino porque es cua­
litativamente distinta, y está orientada
en forma diametralmente opuesta. Con­
trapone a la nuestra, lógica, la de los
“ primitivos” , como prelógica-, si nos­
otros buscamos las causas mediatas de
los sucesos, ellos se d a » por satisfechos
atribuyéndolas de inmediato y directa­

abordar :i Jesualdo - - a 'fin de co­
nocer sus futuras inquietudes— nada
mejor que buscarlo en las improvisadas
tertulias literarias del tradicional cafó
montevideano “ Tupí Xambá” , donde
hueíga algunos instantes, ¡os pocos que
lo permite su intensa labor literaria, para
compartir discusiones y comentarios con
sus amigos. Es allí donde, rodeado de pin­
tores, escultores, novelistas, interrumpi­
mos a Jesualdo para interrogarlo acerca 1
de la actualidad intelectual del Uruguay.
—-En verdad, — nos dice— es pobre. El
Uruguay, eulturalmeiite, paga alto tribu­
to a su cercanía con Buenos Ai:es. Prensa,
literatura, etc. argentinas, a ia par que nos
acercan fuentes que dp otro modo las des­
conoceríamos, inhiben (no se si ese es
el término exacto) la producción nuestra,
quo tampoco es fecunda. Los intelectua
les uruguayos eu general producen poco...
— No es ose su easo.
— Es también un poco. ¿ Por qué se me
dice siempre que soy un gran trabajador?
¿Es quo acaso, aun el más trabajador de
los intelectuales de nuestra época, se pue­
de comparar con un Balzac, por ejemplo?
Y no nombro una excepción. Revisemos
un poco nuestra producción intelectual.
Novelas, ¿cuántas se producen al año? ¿de
que calidad, donde están nuestros nove­
listas en el cabal sentido de la palabra?
Ensayos, ¿qué producción verdaderamente
seria, con cierto ritmo existe? Poesía mis­
ma, ¿dónde está ia que se produce si es
que se produce? ¿En dónde hay un poe­
ta como en Europa que publica su libro o
su par de libros al año? El fenómeuo de
la poesía eu el Uruguay da que pensar.
A menudo brotan, como los volcanes en
México, expresiones poéticas estremeeedoras en el Uruguay. Son así, exactamente,
de tipo volcánico: por la conmoción que
producen, por la sorpresa, a menudo has­
ta por los estragos. Sale un libro, a veces
dos, y ¿después? Se van apagando, repi­
tiendo, mediocrizando, exhaustos.
—Pero no olvide que de vez eu cuando
aparece un Rodó, una Delmira, un Floren­
cio Sánchez, y barren con toda una genera­
ción en América entera — le interrogamos.
— Exacto, convengamos que estos pre­
ludios, estas pausas, estos largos y dolo­
rosos reposos, estas intermitencias ■celes­
tiales, nos deben preparar para mejores
destinos.
— ¿Es ésta una explicación racional?
— No lo creo. Pienso sin embargo quo
las razones más hondas — las de orden ma­
terial, político, social, etc., que son las
que debemos utilizar para explicar el fe­
nómeuo— uo lian sido debidamente va­
lorizadas. No dudo de que hay una ex­
presión de calidad indudable, de origina­
lidad y tuerza creadora que define el per­
fil intelectual do nuestro país. Pero tam­
poco dudo que pasamos por uua etapa
sino do decadencia en cuanto a valores
culturales (eu poesía y literatura, funda­
mentalmente) de franco descenso en rela­
ción con generaciones pasadas. O esto es
cierto, o somos mucho más exigentes de
lo que fueron nuestros antecesores.. .
— En cuanto a eso de ‘ ‘ descenso ’ ’ pro­
ductivo, ¿hay algún índice serio?
— Cito un solo dato. En las remunera­
ciones literarias de 1947, por ejemplo,
hubo de declararse desierto el primer pre­
mio do literatura por ausencia de un valor
estimable. ¿N o le parece demasiado reve­
lador este detalle?
— ...fa lta r ía saber si entre los presen­
tes estaban las consideradas primeras f i
guras. . .
— Había gente seria. Por otra parte, las
“ primeras figuras” cuando producen so
piesentan. Ei no hacerlo es índice de
•‘ año ’ ’ sino ‘ ‘ en blanco ’ ’, de prepara­
ción larga. . .
ara

mente a las potencias místicas; si la ex­
periencia sirve en nuestras sociedades, a
veces, para modificar un procedimiento
o una conducta, en cambio los indígenas
parecen permanecer impermeables a la
experiencia. Sus espíritus no se represen­
tan, como los nuestros, el espacio como
un quantum uniforme e indiferente; por
el contrario, se les aparece cargado de
cualidades, teniendo cada una de sus re­
giones virtudes propias. Otro tanto ocurre
con el tiempo, que sólo aparece como nn
quantum homogéneo en un momento avan­
zado del desarrollo social, cuando ya ha
comenzado a prestarse la suficiente aten­
ción a las relaciones de las causas me­
diatas, y se debilitan las prerrelaciones
místicas que ya tienden a disociarse.
En 1929, con motivo de la aparición
de L ’áme primitive, tuvo lugar una re­
unión en la ¡áociedad Francesa de Filosolía, (.similar a la ya mencionada en
1923) ia que glosamos sumariamente,
tanto por la importancia de las tesis sos­
tenidas, como por la significación de las
personalidades que intervinieron durante
ia misma.’ ~ .uuegu ue uauer expuesto Eévy*
Bruñí, sucinta y o rulante menee, ios puntos
que consideraba más importantes de su
doctrina, hizo uso de la palacra Frauz
Boas, eminente antropólogo de la Univer­
sidad de Goiumuia, caya orna con la sola
excepción de una — Cuestiones Pundamentales de Antropología cultural—- es casi
por completo meuita en nuestro idioma. En
diversas oportunidades, en conversaciones
privadas e intercambio epistolar, Boas ya
üabia señalado a Bevy - Bruñí algunas
discrepancias que reiteró públicamente duíante la mencionada sesión. Sostiene que
la mentalidad llamada primitiva no es
cualitativamente distinta, y quo tampoco
es la expresión de un psiquismo especi­
fico, ya que podemos comprobarlo nos­
otros mismos cada vez que nos ahoga una
emoción intensa; “ . . . en los momentos
de emoción intensa la disposición a acep­
tar la tradición se halla enormemente
acrecentada” . (Ub. cit., pag. 1 1 3 )— “ Si
Bévy - Bruhl ha llegado a la tesis que
deiiende es por haber seguido el método
equivocado de derivar una psicología del
simple estudio de las creencias tradicio­
nales. Esas creencias tienen en gran parte
origen histórico, y no deben ser conside­
radas como un producto directo de las
mentalidades primitivas.” El planteo es
correcto, pero, a nuestro parecer, Boas
yerra cuando en vez de recomendar una
proíunuización en el estudio de los fa c­
tores sociales determinantes, cree ver la
solución en ei conocimiento de la psicolo­
gía individual de los indígenas. ‘ •Farece
entonces necesario estudiar ia reacción dei
hombre primitivo desde este punto de vista.
Puesto quo, cuando se dedican a ocupa­
ciones ordinarias, cotidianas, persiguiendo
un fin práctico, vemos al hombre primi­
tivo pensar tan lógicamente como nos­
otros. Guando, no obstante, su vida emo­
tiva entra en juego, la tradición, aceptada
sin crítica, determina sus pensamientos. ’ ’
( Ibid., pág. 113)— Y un puco más adelan­
te agrega que no estamos trente a un “ fe ­
nómeno simple, sino que una gran diver­
sidad de condiciones pueden concurrir a
explicar ios pasos, y que la fuente de esos
pasos es necesario buscarla en un cierto
rasgo general de la naturaleza humana:
el hombre está hecho de manera que, en
los momentos de emoción intensa, el pen­
samiento lógico zozobra, y son las formas
tradicionales del pensamiento las que ocu­
pan su lugar.” (Ibid., págs. 1 1 4 -1 1 5 ).
El Dr. Rivet observó la falta de dis­
tinción entre lo natural y lo sobrenatural,
mencionando el caso de una tribu indígena
que fabrica dos clases de objetos, unos
sencillos para el uso diario, y otros deco­
rados que son los que se colocan en las
tumbas de los muertos, lo que aparente­
mente contradice lo que afirma el autor
de La Mentalidad Primitiva de que este
( Continúa en la página 14)
** BuUetin de la Société Tranfalso do
Philosophie, Compto Rendn des Séances (Se­
sión del 1 de junio de 1929).

— \ olvainos a usted y sus trabaj os.
Es más fácil hablar de los demás.
Yo creo que los intelectuales de mi país
sufren los mismos efectos que nuestro
puoblo entero. Por cierta tranquilidad
económica, pequeña pero segurita, para
vivir que hace el secreto de sus vidas, por
ese burocratismo condescendieuto quo les
lleva al presupuesto a menudo obligada y
fácilmente y ahí quedarse sometidos al
engrauaje ue eua seguridad futura (la
previsión tan bien organizada del Uru­
guay a través de sus jubilaciones, segu­
ios, etc) ; por todo eso nuestro íntelectualismo, lo m ism o,que nuestro pueblo en
general, ha perdido un poco el sentido
del riesgo, el riesgo de la aventura, esa
posible peripecia que hace un destino (o
lo deshace) pero no acepta medianías. Nos
estamos engordando, buroeratizando, mu­
riendo de un bienestar cilio (que no es '1
verdadero bienestar) engañándonos con
lo superfluo y malviviendo lo esencial¿Hacemos eso eu nombre de la libertad
individual? Mo gustarla alcanzar a des­
cifrar estos secretos psicológicos; tal vez I
algún día lo haga. . .
— ¿Tiene algo eu prensa o preparación?,
Jesualdo, volviendo a sus cosas. . .
— Sí, tengo. Termina de aparecer en
Buenos Aires la tercera edición de nú
1 ida de un Maestro, aquel libro del es­
cándalo y mi definitiva orientación. Lo
editó “ Losada” , con algunos agregados
que no pudieron salir en el texto primi­
tivo. Es uu libro q u e , siempre tiene lee-

�cabalgata
tores. así por lo menos me engañan geserosa mente los libreros.
— ¿Otras n o v e d a d e s .
— El libro cn el que confío, en el que
he trabajado muchos años con pasión, es
en
expresión creadora del niño. un
libro sobre la teoría (le mi experiencia
con los materiales infantiles, que verá la
luz este año bajo el sello de la editorial
“ Po8eidonMi libro de exposición doctri­
naria es al mismo tiempo de polémica.
Sé que efc original en muchos aspectos,
estando respaldado por muchos años de
experiencia, la que — día a día— se ve
mejor ratificada por las novedades de la
escuela uruguaya. La expresión infantil,
que como tal no ha sido considerada más
que muy limitadamente (y siempre en
función de algo) en la pedagogía del
mundo, ya tiene un sitio en los programas
normales de mi país.
— Sabemos que tiene preparado un tra­
bajo histórico. . .
— En efecto, es el primer tomo de mi
Historia de la Escuela en* la Conquista
y en la Colonia, los Precursores en Amé­
rica, que es la primera parto del último
(17 educadores, Los Constructores, y Los
¡Reformadores) ya aparecida en Monte­
video.
• — ¿Está usted conformo con su labor?
— No señor. En absoluto. Eso del bu­
rocratismo que le decía, a mí también
me pesa. Los intelectuales, en esta socie­
dad por lo menos, todavía no podemos
vivir de lo que producimos. Y debemos
caer en la trampa del empleo público o la
docencia, quo como no se la puede hacer
función creadora (y si no que lo diga el
autor do Vida de un Maestro) es tan
dolorosa y pesada como un empleo pú­
blico. De manera que vaya viendo usted
un poco el secreto aquel de la decaden­
cia que le decía. Si he trabajado honra-

ODO resumen implica una injusticia por
omisión. De un año, unos centenares de pe­
lículas y unos cuantos problemas, hay que
tomar su línea esencial y trazar con ella el
escorzo vivo. Todo lo demá- queda en la nada:
ho aquí el inevitable e ilícito sacrificio.
Consumado éste.el año 1947 tiene una de­
finición precisa: el año del cinema italiano,
como el 1946 fué el del cine inglés. Se anun­
cia dignamente con El bandido, de Alberto
Latinada, melodrama con una primera parte
de espléndido realismo, y Un yanqui en Italia,
de Luigi Zampa, -comedia blanca, fina, digna
de las mejores. Luego, la gran revelación:
Roma, ciudad abierto, de Roberto Rossellini.
Hecha en 1945, con toda clase de penurias,
qne llegan hasta el sacrificio económico del
director, obtiene en el mundo entero un in­
menso triunfo de crítica y público. Trae dos
poderosos soplos mágicos, capaz de animar la
dura estatua del éxito: veracidad y pasión.
En un cine falso y aséptico, conservado en
fórmulas y moralina. esta vida auténtica, su­
cia, triste, angustiada, trágica y cómica, mi­
núscula y poética, vulgar y heroica, que se
abalanza hacia el espectador desde la panta­
lla de Roma, ciudad mbierta es, sencillamente,
el redescubrimiento del mundo. Un público
pt*so, desde hace más de diez años, en un
ñoño cinema engañador, consolador y angélico
-según la fórmula del puritano Will H. Hays.
ei-zar del cine— , se encuentra de pronto en
la calle, en una calle de verdad, donde pasa
la vida de verdad. Por eso, porque trae la
verdad de la vida y su pasión, el cine italiano
trae también realismo, violencia, y poesía
a la temática cinematográfica. Y a la forma
incorpora el gusto y la fragancia del aire
libre, del bello paisaje auténtico, y la calle
desolada donde el viento acumula las hojas
y los papeles errabundos; y la. sencillez de
L". imagen fílmica, sin traición arla, sin per­
derla en el diálogo imVñl del teatro fotogra­
fiado, sino dándole todo el realeo de ese
asalto al camión de presos, de esa tortura
do la “ Gestapo” germana, de ese fusilamiento
del cura sobre el fondo lejano de la Roma
eterna, y sobre todo, de ese registro en la
ca«a de vecindad v Ta muerte, eu voltereta
trágica sobre el asfalto, de la mujer embara­
zada, derribada de un tiro, aislado y lejano,
desde el camión que parte. . . Sin la significión que entonces tuvo aquella — el hombre
social, el montaje como lenguaje del cine— ,
esta película tiene la misma fuerza temática
y maestría artística que El acorazado Potemkin. de S. M. Eisenstein.
El ctro gran éxito italiano del año en la
Argentina.. Vivir en paz, de Luigi Zamoa.
(1946). trae eso mismo, pero sobre un pneblecito perdido en el gran paisaje maravilloso
de cualquier montaña de Itolia. Y la tragedia
va siendo lentamente absorbida ñor la man­
sedumbre sin fondo de la naturaleza en paz.
Todo adquiere inevitablemente un aire risue­
ño. y hasta la muerte de un hombre, por nn
lado, y de nn amor, por otro, cierran el film
cor. 1?. sencillez de la gran absolución cósmica.
Üua bella película.
Eneramos ver Paisa, de Rosellini, y Sciuseia.
do Vittorio de Sica, elogiadas por la crítica
internacional como obras maestras.
El cine británico se reafirma con unos cuan­
tos films magistrales. Lo que no fué, de David
hcan, en primer lugar, porque está hecho con
pada. para conseguirlo todo; la sencillez, la
insinuación, lo no visto sino sugerido, ganan
mú su batalla cinematográfica. Al caer la
noche, película de cuentos sobrenaturales; Larm es ]n noche, film extenso, denso, pictórico,
sobre la persecución de un terrorista irlandés
durante una noche; Lns grandes ilusiones, bella
reconstrucción de Dickens en melodrama. . .
Erancia ha traído a la Argentina unas po^ de las grandes películas que tiene. La de
^ alta jerarquía artística es, sin duda. La
Eufonía pastoral, de Delannoy. sobre la breve
J ®agistr?l novela de André Gide. El fuerte
oel cine francés sigue siendo la creación del
clima” , ese imponderable en que radica el
tt&amp;yor misterio de toda obra de arte: ¿cómo
y con qué está hecho? — Miguel Angel, el
coloso, rompía los croquis de sus obras para
Do revelar su esfuerzo y su secreto— . Y esta
ohra maestra del cine e'ríá hecha con “ clima” ,
onde el drama crece lento, callado, oscuro.
Per° si nna obra maestra está “ construida”
c°n la maestría de todo*» sus elementos, este
“ lm es la prueba. Del mismo director. El etern° retomo, sobre argumento de Coctean, con
Qna primera mitad magnífica. De Rcné CléLa batalla del riel, sobre la resistencia
°e tos ferroviarios franceses a la ocupación
Jtonana; Papá Martín (Le p*re tranquille).
tombién sobre la resistencia. Dos films exce­
ptos que consagran al nuevo director, hasta
cotonees dedicado a. documentales. Repique de
gloria (Boule de suif), sobre cuentos de Man^cssant. de Jaque; Traie de novia (Falbalas),
.Tacques Becker. Y falta ver aquí. . . todo:
«esde Los chicos del paraíso, do Carné, hasta
P"ertaK de la noche, del mismo realiza!*0r¡ Farrebrique: La bella y la bestia, de
Coctean: El silencio es oro, de René
Lir; El diablo en el cuerpo, de C. AntantUra: Muelle de los orfebres, de G. Clonzot. .
ctoe ruso: Ivan el Terrible, colosal obra
Maestra de eso hombre genial que es Sergio
. • Eisenstein. La Leyenda y el Héroe hechos
quizás las más formidables imágenes
cinema hasta hoy. Plástica ante todo. El
*hm fué hecho para rehabilitar la figura de
tirano loco que fué Ivan IV, y debía
de tres películas como esta; pero por
sumar el gobierno soviético qne en la separte no se conseguía esta rehabilita­

damente, si he dado lo mejor de mí mis
mo para la lucha por la dignificación
de! hombre en todos sus aspectos, si he
estado y estoy cn primera fila en todas
las trincheras que defienden a una siem­
pre amenazada cultura, no estoy ni me­
dianamente conforme con mi labor.
— ¿Su producción e s c r ita ...?
— Conceptúo mi obra frustrada en general, en relación con mis ansias, y qui­
zás con mis posibilidades. Muy pocos de
los varios libros que he publicado han
respondido totalmente a mis preocupa­
ciones y traducen mi alegría o ar.-gustia
creadora. Lo demás que he hecho es de
‘ ‘ encargo ’ que si bien no dejan de res­
ponder a algún principio que defiendo,
no han servido para decir en ellos todo
lo que de creador pueda existir en mí.
— ¿Cuál es su preocupación actual?
— Morirme de pronto, sin haber podido
escribir dos o tres cosas que tengo pía
Tiradas y soñadas, eir esas muy pequeñas
pausas que me quedan en este zarandeado
vivir que me ha tocado. N o culpo a na
die. más que a la Historia misma. Pertenezco a una generación de sacrificados;
tal vez los grandes cantores o los orfe­
bres vendrán detrás. Por momentos, ape­
nas si me parece que somos la generación
que tiene que realizar los trabajos de
Ilércule?, a menudo iri siquiera más que
algunos de ellos, como por ejemplo la
limpieza de los establos de Augías.
La discusión sobre un poema neo-rea­
lista, sostenida encarnizadamente en una
mesa vecina a la nuestra, cobra el milagro
de hacer desaparecer de nuestra vera a
Jesualdo, quien lleva a ella el calor y ve­
hemencia característicos de su recio tem
peramento varonil, mientras nuestra libre­
ta recoge y anota sus últimas palabras.
O. 71.
Montevideo, enero de 1948.

ELIO VITTORINI
UN N O V E L I S T A I T A L I A N O
er o s fenómenos en verdad, socialmente

P hablando, parecen hoy tair significativos
— y aun demostrativos— como el de la
Italia actual. Tras un prolongado silencio
— de veintidós años— tras un silencio que
sólo conseguían romper ciertas voces con­
formadas con anterioridad al mutismo que
pesó sobre Italia cn tan largo período, ta­
les como las de ('roes, Chirico o Silone, la
Italia &lt;le hoy, con cuantas limitaciones se
quiera, por medio de tanteos, invocando ar­
gumentos a veees discutibles en su mo­
tivación, vuelve a entrar en diálogo con
todo el mundo.
Han bastado apenas dos años de li­
bertad para que se deshaga el equívoco
originado en un régimen — el fascismo—
que había llegado a gravitar sobre un
pueblo: el italiano. Porque hoy, en Italia,
no es que haya una o varias figuras in­
dividuales de gran prestigio, lo cual siem­
pre es posible y bajo cualquier régimen,
a titulo excepcional, sino que Italia se
hace presente en todos los dominios del
pensamiento y de la creación mediante
una actividad general cuya manifestación
más aparento y visual — nunca m ejor em­
pleada la expresión— sería ese cine ita­
liano el cual, sin tradición — ya se puede
hablar de una tradición cinematográfi­
ca— , sin ostentosos medios de produe-

T

i

__o no— ciiando.se dice el “ eslilo
En Vittorini elVestilo me parece ser la
resultante d e d o s pioeediinientos emplea­
dos no sólo alternativamente *n o que
casi pedí);* decirse simultáneamente: la
sugerencia poética, por mqinéirtos casi
abstracta, para significar reflexión, pen­
samiento!; vuelo, y junto a ella, la reitera­
ción. la muy reiterada reiteración de un
procedimiento (♦ialogal que siendo de ori­
gen extremadamente realista
lo cual
PorARTURO
SERRANO
no quiere'
decir grosería en* el. lenguaje,
como parece que se ha llegado a no en­
9
tender tal vocablo— por esa reiteraron*
ción, ha logrado colocarse, si no en pri­
aludida concluye por ser un elemento que
mer lugar, cuando menos en primera fila
casi^se podría decir poético pijf'o. Para
en el orden de esa actividad. Lo mismo
que m ejor se comprenda, voy a dar un
podría decirse, globalmente hablando, de
ejemplo de foian se concreta, por repe­
otras manifestaciones espirituales en las
tición alternada de la misma frase inte­
que si acaso es prematuro abrir juicio
rrogativa y afirmativamente, esa manera
acerca del valor absoluto de sus represen­
en Vittorini. Cualquier personaje, en una
tantes más destacados, relativamente, en
determinada situación se manifiesta pro­
cambio, esos comq índices resultan (le un
nunciando una frase cualquiera, una fra- ^
interés extraordinario. Tal es el caso de
se que puede denotar la realización de
Elio Vittorini con relación a la novela.
En primer término — aunque sea co­
un hecho usual, cotidiano, sin im portan­
menzar por el final— deseo referirme a
cia ninguna, pero el cual subrayado de
la declaración con que Vittorini epiloga
esa manera que digo y reiteradlo a tra­
una (1o sus novelas *, acaso la más in­
vés de todo el libro, haee que cualquier
teresante, por lo mismo que en dichas
hecho enunciado asi, adquiera un* perfil
manifestaciones se produce este novelista
no solo no usual, no corriente ni vulgar
con gran sinceridad dentro (le un con­
sino que la misma vulgaridad se torne
flicto que actualmente tiene vigeneia muy
m isteriosa:
acusada para muchos escritores.
“ X, (un personaje) d ijo :
Alude Vittorini a la divergencia o,
— Vamos a salir.
al menos paralelismo, entre sus convic­
— ¿Vam os a salir?
ciones políticas que, como él declara, co­
— Sí. Vamos a sa lir’ ’.
noce todo el que a Vittoriqi conozca, y
Y así con cualquier alusión a cual­
el mundo de su novela. Paralelismo ese
quier hecho: “ Ayer no pude verla en
que quizá parezca trivial a muchos, quie­
el parque. — ¿N o pudiste? — X o. X o
nes vean en la política, mera acción de
pu de” .
oportunidad, hecho circunstancial, corti­
Esbozado :isí, de un modo mecánico y
cal, con respecto a la conciencia profun­
ajeno a la situación creada previamente
da del hombre, pero que deja de ser tal
por el novelista, bien puede parecer- re­
si por política se entiende la última con­
curso pobre, mecánico y, sobre todo, re­
secuencia, la más externa de toda una
curso. Pero eu relación con todo el pro­
concepción de la vida: o dicho de otra
ceso novelístico, en relación con la prosa,
manera si por política se entiende la
por momentos muy levantada y aérea que
actividad externa de una actitud interna,
emplea Vittorini, el recurso deja de ser
con raíz y fundamento en la conciencia
tal y “ d a ” , como Jir a un pintor, toda
misma del hombre.
una profundidad plástica, toda una se­
Vittorini, consciente de ese conflicto,
rie de puntos de apoyo y aplicación pa­
no le elude sino que planteándole con
ra el elástico lesorte que permite la v i­
toda claridad y evidencia se declara, mo­
bración poética.
mentáneamente al menos, incapaz de re­
X o sé yo que permanencia ni siquiera
solver la contradicción, y así. su novela,
que importancia conseguirá tener la obra
no es la que acaso hubiese querido es­
do Vittorini en un futuro próximo. Par
cribir sino la que ha podido componer.
de pronto, como hecho actual, su nombre
Lo cual, por la sinceridad que manifiesta,
en París suena mucho y suena sobre todo
por la lealtad que para consigo mismo
pronunciado por escritores de gran auto­
significa, no deja de resultar dramá­
ridad. Lo cual si puede ser hecho se­
tico y emocionante como actitud humana.
cundario eou relación al valor últim o
Por lo demás, en la novela misma, de­
de un escritor, para su verdadera im por­
jando de lado la temática — ¿hay un te­
tancia en el tiempo, en principio tiene
ma propiamente dicho en la gran novela?
cierta significación, al menos, con res­
¿hay un tema en Don Q uijote?— lo
pecto a su prestigio. Y por otra parte,
mas acusado en Vittorini es ia técnica
en tanto que novelista, aun cuando no
de su libro — ; Quiéu (lijo que... conocer
fuera más que por la innovación inten­
la técnica de una cosa es conocer ia cosa
tada — y a la cual se alude aquí sólo
misma?— la manera de producirse, el
en sus elementos más aparentes— en la
modo de lograr sus efectos, la form a de
form a de la novela, V ittorin i aparece,
sugerirnos su mundo poético y, en una
creo quo indudablemente, com o uno de
palabra, a eso que se suele entender
los escritores actuales de verdadero in ­
terés. A los editores de Buenos Aires
Que yo sepa Vittorini, ha publicado tres
— pese a la crisis del libro-—- les brin do la
novelas. Conversaciones en Sicilia. Uomini
e no (Hombres y no hombres) y II Sempione
sugerencia convencido de que no habrían
Strizza l’ Occhio al Frejus.
de faltar lectores para sus libros.

UNA PAELLA EN NUEVA YORK
Una de las más emotivas escenas de La Sinfonía Pastoral, film francés con
Miehelle Morgan y Pierre Blancliar, basado en la novela del mismo título
de André Gide.

CINE 1947

Por MANUEL VILLEGAS LOPEZ

ción, fué prohibida., y con ello se pierde una
obra maestra del cinema.
Norteamérica acentúa su decadencia, que
señaló en los primeros números de CABALGA­
TA. Sus dos grandes éxitos de es^e año son
dos films deleznables, dedicados a “ estimular”
a los que han vuelto mutilados de la guerra.
En toda obra de Capra había un conjunto gra­
cioso, logrado, y trozos ramplones: en ¡Qué
bello es vivir! la proporción se invierte.. Todo
es sencillamente infantil. Los mejores años de
nuestra vida, de William Wyler, tiene más
categoría. El film ha sido prohibido última­
mente en los Estados Unidos, porque en él
un banquero niega un crédito monetario al
mutilado de la guerra que brata de capitalizar
su tragedia. Lo mismo da que se lo conce­
diese. Tan irreverente para el hombre es el
ofrecer una heladera, cnando se vuelva de la
guerra, como el ir a reclamarla cuando se
vuelvo sin las dos manos. Se lucha y muere
por ideas, por ideales, o no se lucha. Y entre
los centenares de otros films, de toda clase,
uno “ independiente” : El espectro de la rosa,
do Ben Hecht, film modesto y excelente, ins­
pirado en la vida de Nijinsky.
P a r e c e ser que Suecia. Checoeslovaquia.
Hungría, Austria. Dinamarca, hacen algunas
obras interesantes. El film danés Dies Trae.
(1940), devuelve al cine al gran realizador,
perdido en años de olvido y locura. Cari T.
Dreyer, el director do La pasión de Juana d«&gt;
Arco y La extraña aventura de David Gray.
El cine español hace muchos films, pero los
aquí llegados son antieruos y modestos. España
pudo hacer, debió hacer, el cine que ahora
inicia Italia; sin embargo, allí está, soterrado
como tantas otras cosas.
El cine argentino resurge vigorosamente,
después de la artificial crisis provocada por
la falta de película virgen. Resurge con una
fnerto tendencia hacia la comercialización,
salvo brillantes excepciones: Como fú lo so­
ñaste. de Lucas Demare. por ejemplo.
México. De aquella -barabúnda de películas
mediocres, que en un momento se tomó por el
negocio cinematográfico ideal, no queda nada:
unas cincuenta películas sin poderse siquiera
estrenar, por falta de calidad, y una gran
industria paralizada. Y, naturalmente, el arte

que salvará el negocio: los magníficos films
de Emilio Fernández, cinematografiados por
Gabriel Figueroa, María Candelaria, La Perla,
laureados en certámenes internacionales y acla­
mados en todos los países.
Y de estas películas capitales del año. se
deducen las líneas más generales de aporta­
ciones y problemas: el panorama esencial del
momento.
Surgen una serie de cuestiones adyacentes,
de menor cuantía, pero de actualidad operante.
La vuelta de los “ exteriores” , de la natura­
leza auténtica y fragante; hay que acabar
con el industrial paisaje pintado o proyectado,
con el árbol de cartón y la niebla de pulve­
rizador; es la contribución inmediata del cine
italiano, y los norteamericanos, creadores de
esas falsificaciones, lo adoptan ya. La muerte
de la fórmula comercial: la película con es­
trellas famosas, decorados enormes, vestuario
lujoso, música y canciones agradables, argu­
mento banal, ambiente elegante, publicidad
estrepitosa. . . todo lo que crea la fácil noción
del gran espectáculo. Los films ingleses, ita­
lianos y franceses han logrado triunfos enor­
mes sin nada de esto; con todo lo contrario.
Y de la estereotipada fórmula del “ éxito co­
mercial” , el año que viene no quedará nada.
Tendencia a la veracidad, al realismo, al con­
tenido; la vida tal como es también tiene
interés. Etc. Pero éstos y muchos más pro­
blemas se deducen de otros capitales, que a
partir de este año tienden
a configurar el
cine.
Er. primer lugar, la forma cinematográfica
está variando: hay un cambio de ritmo en
el cinema. Ritmo, como juego entre la dura­
ción de la escena — y por tanto su metraje— ,
el sonido, el silencio y la imagen, incluyendo
er. esta última el trabajo de los actores. El
cine so ha hecho pausado. Que no es la len­
titud: falta de velocidad en lo que debe te­
nerlo, prolongación inútil de lo breve, insis­
tencia en lo sabido, etc. Es reposo: justa
proporción de los elementos artísticos del film,
parr. obtener una descripción detenida, una
expresión profunda y alquitarada de los hom­
brea y do las situaciones. Sutileza, elipsis.
No más tipos y situaciones elementales, pin­
tados en dos rasgos gruesos y resueltos con

con SOMERSET M AU G H AM
(V iene de la página 4)
mo con su o jo penetrante y alerta— que
en la novela histórica (y yo leo muy pocas
porque mo aburren; ni siquiera Captain
from Castille he leído) al lector no le in­
teresa quo usted le aburra, como hacen
tantos autores, con hechos, hechos, hechos,
datos, fechas. Si usted investiga el fondo
histórico de su novela, y yo lo he hecho
para mi Catalina con toda minuciosidad,
el lector debe ignorar esa investigación.
Debo tener la impresión de que usted está
inventando, y sólo la minoría culta o crí­
tica debe poder descubrir que detrás de
la trama está el cañamazo de una sólida
investigación? histórica sobre la que se bor­
dó el argumento. La mayoría de las nove­
las históricas de hoy son tomos enormes y
fastidiosos, porque el autor exhibe su ri­
queza de investigación. Los alemanes son
maestros en ello (y hace un comentario
irónico sobre Thonias M ann) y por eso sus
novelas cansan, porque leerlas es un es­
fuerzo. En cambio, Dumas supo escribir

otros dos; no más la insistencia burda y
estertórea de decir siete veces lo que no es
preciso decir ninguna. Indicar, sugerir, abrir
perspectivas a lo inexpresable, en cada hecho
y en cada situación: Lo que no fué es. sobre
todo, esto. Qne es el instrumento para abordar
y presentar cuestiones más hondas y acendra­
das en la pantalla. Porque es que el cine ha
ganado en profundidad artística.
Y este es el segundo problema capital de
fondo. Hace años, el productor francés Louis
Aubert, decía: “ El cinema es muy sencillo;
veréis. Dos cajones, uno para los ingresos y
otro para los gastos; y una pequeña, caja mis­
teriosa donde clasifico las fichas de los films,
con lo que cada nna ha costado y con lo que
da. Soy un comerciante y he aquí todo” . Pero
hoy, Joseph Arthur Bank, el magnate del cine
inglés, que llega a crear en su país una in­
dustria cinematográfica capaz de hacer tem­
blar a Hollywood, cnando los productores nor­
teamericanos le preguntan el secreto de su
éxito, dice: “ Dar en cada film la mayor inter­
vención posible al autor, al director. . . ” Di­
gámoslo con la palabra, que quizás Ranck no
se atreva a emplear: al artista.
El cine es nn arte, tras el que está una
industria; nnnea al revés. Y un arte lo crean
los artistas: el argumentista, el director, el
actor. . . Las películas de más éxito de este
año, en el mnndo, son obras de arte. Y con
una dimensión en profundidad que las distin­
gue — salvo la eterna excepción— de las de
antes de la guerra.
Es decir, queda establecido un nuevo ritmo
cinematográfico, en la forma. Se logra un su­
perior estado artístico, de profundidad y su­
tileza, en los temas. Un paso más hacia el
gran arte de la pantalla. Buen balance.
Y Europa qne, hoy, marca el rumbo.

tremendas mentiras históricas sin investi­
gación alguna, pero sus novelas son inm or­
tales por su gracia y lo bien contadas.
En la duda, prefiero lo segundo, aunque
mi ideal es aprender lo más que pueda
sobro el escenario y época de mi novela y
no dejar quo el lector se entere de ello.
M ira m elancólicamente la últim a a l­
m eja en su plato y sorbo un so la jito de
oro de su copa.
Con la llegada de la paella, polícrom a
y olorosa, toda esmaltes y porcelana, j o ­
yería ineustrada de los pim ientos y m aris­
cos sobre el alm ohadón de arroz am ari­
llento, M augham suspira y sin protestar
por la sobreabundancia do su ración, ataca
la pirám ide arom ática que le depositan eir
su plato.
La conversación sigue m ariposeando en
torno a su Catalina. Le explico m i crítica
de que haga aparecer cn ella la fig u ra de
Don Q uijote do la M ancha, al fin a l de la
novela, cuya aparición distrae sin a g reg a r
nada a la narración.
— Acaso tenga usted razón, pero ten ga
en cuenta que se trata de un fa ir y ta le,
donde todo está perm itido. Sí, ya he leíd o
su objeción y es la de que al aparecer el
Q uijote el lector cree que tod o lo an terior
era una brom a giga n tesca y que nada h ay
de serio ni de exacto en m i in vestigación
histórica. A caso tenga razón, pero creí que
sería una nota original. Adem ás, discrepo
de su idea de que el lector a n g losa jón va
a m ofarse de la fig u r a del Q u ijote. A ca s o
muchos hay que ignoran aún tod o el patho.s
y la grandeza del Q u ijote, pero c o n fio que
los lectores inteligentes lo apreciarán en
su valor. De todos m odos, voy a c o lo ca r
com o subtítulo a mi lib ro A F a ir y T ale
en vez de A N ov el com o puse al com ienzo.
¡A h ! ¡ Y su idea de usar pa ra la p orta d a
el cuadro “ L a Virgen M a r ía ” , del G reco,
es excelente! Y a he escrito a mis editores
sobre ello. E l lib ro no aparecerá hasta
dentro de uiro o dos años, probablem ente.
Antes publicaré un tom o de cuentos. P ero
Catalina es mi últim o lib ro y cierra m i
ciclo literario en 1947 o 1948.
L e explico mis preferen cias sobre c ie r ­
tos libros suyos. Tlie N arrow C órner — le
d ig o — , tiene para mí un encanto m ed ite­
rráneo y está lleno de arom as salinos y de
claridades de sol y de azul de mar. P ero
com o técnica y argum ento, m i fa v o r ita es
Calces and A le. Me responde que aunque la
( Continúa tn la página 1 1 )

i

�cabalgata

8

—

NO TIC IA SOBRE
FELI SBERTO
H E R N A N D E Z
P or

JOSE

MORA

(Viene de la primera página)

G U A R N ID O

!ú les haces que se sientan huí
esta esfera de llagas y corcovas, dotit
hombres.
7 ú les enseñas que es bueno ,i
sueños infantiles de asuetos sin fin, (
comprenderlo y verlo todo, el valor A
a las apariencias mortales.
Un buen día reirán de haber tet
con cuanta frecuencia se han nutrida
Picasso, tu rostro refleja sus pre&amp;
refleja el rostro de la mujer amada.

l

En sus dos obras primerizas, que sin
embargo ofrecen una sorprendente ter­
minación de madurez, Felisberto Hernán­
dez se sumerge en su recuerdo y de él
va extrayendo, como a brazadas, los epi­
sodios de un naufragado pretérito. X o es
extraño que eir cada brazada se abarquen
las cosas en cierta forma incongruente,
entremezcladas, confusas, con las tintas
corridas y los perfiles desdibujados, o cho­
rreando un agua enturbiada con lechada
grumosa y un leve toque de añil.
En este rescato tan intencionalmente al
descuido de los recuerdos, se advierte
siempre una media türta, una bruma de
ensueño, quo lo distingue — en substancia
y en intención— de la aventura obstina­
da, integralmente recuperadora, de Mar­
cel Proust. Hernández no trata de re­
hacer y dar nueva vida a sus recuerdos,
corriendo el riesgo de convertirlos en una
forma disecada y enteriza bajo la protec­
ción de vidrio do una vitrina. Trata sen­
cillamente de volverlos a contemplar, sin
extraerlos del todo, a través de todas
las capas de variable transparencia con
que el tiempo los ha cubierto y que no
quiere atravesar ni desgarrar. Más bien
construye con esos recuerdos, sin despla­
zarlos, como un mundo de sueño, al que,
si hemos de buscarle parecido, por tener
algo con que contrastarlo, podremos com­
parar solamente con el mundo de sueños
de Franz Kafka (al que Hernández con­
fiesa no ha leído) y con menos seguridad
con el mundo do sueños del propio Supervielle — La niña de alta mar, La descono­
cida del Sena— , que Hernández ya c o ­
nocía y que tiene con sus relatos muy
poca semejanza.
Por los tiempos de Clemente Colling, c
la evocación del viejo maestro de música
de Hernández, un gran organista francés,
ciego y miserable, que terminó en Monte­
video una vida llena de altos y bajos,
liquidada al fin entro sufrimientos y ve­
jaciones. El caballo perdido. es otra evo­
cación, la do la señorita Celina, su pri­
mera maestra de solfeo y piano, que
tenía “ la cara muy blanca, los ojos muy
negros, la frente muy blanca y el pelo
muy negro, formando un peinado redondo
como el do una reina quo había visto en
unas monedas y que parecía un gran
budín quemado’ ’. Los dos relatos estáir
por tanto llenos de sutiles sugestiones
musicales. Pero son también los dos una
evocación emocionada y condolida del
Montevideo viejo, señorial, ceremonioso,
el de las grandes quintas con palacetes
7 glorietas, que había llegado a tener
cierta pátina de ciudad antigua v procer
especialmente en sus barrios apartados y
lujosos, acometidos de pronto por un ma­
niático progresismo edilicio. Cuando el
niño estudiante do solfeo o el adolescente
que ya aprendía composición y contra­
punto, seguía el camino de las casas de
sus maestros, se distraía en un fantástico
dialogo con los accidentes, las cosas y
las gentes que encontraba. Todo ello fo r ­
maba las imágenes recuperadas de sus
relatos de ahora: “ A una grair quinta
señorial un remate le ha dado un caprichoso mordisco, un pequeño tarascón cuadrado en uno de sus lados y la ha dejado
dolorosamente incomprensible. El nuevo
dueño se ha encargado de que aquel pe­
queño cuadrado parezca un remiendo chi&lt;
( Continúa en la página 15)

l

C Al

llegar Julio Supervielle a París, de
regreso do una larga y obligada re­
sidencia — da guerra— en Montevideo,
una de las primeras cosas que ha hecho
ha sido la entusiasta presentación en aquel
medio literario del cuentista uruguayo
Felisbern» Hernández. Es éste un escritor
joven, de personalidad original y curiosa.
formada muy lentamente. En sus pr¡.... ros
tiempos, y hasta hace muy poco, se le
conocía y estimaba más bien como músico
(rara afinidad voeacional con García Loi­
ca) y hasta ha actuado mucho tiempo,
arrastrando una lánguida vida do modesto
concertista de piano, en Montevideo y ea
pítales del interior del Uruguay, en al
ganas provincias argentinas y acaso cn
Buenos Aires mismo. Después, empezó a
escribir unos breves relatos que leía pri
vadameuto a sus amigos, entre ellos a su
primer y más fervoroso animador el pro
fesor Carlos Vaz Ferreira. Con la ayuda
de aquellos amigos, imprimía sus relatos
en cuadernillos do diminuto formato y
los regalaba. Con el tiempo, los relatos
fueron creciendo eir extensión y profun­
didad.
El hasta ahora más conocido de ellos,
Por los tiempos de Clemente Colling
(1942), llenaba ya un folleto de corea
da cien páginas. Se imprimió por sus
cripción do un grupo de amigos que so
cotizaron para ello, según reza la adver­
tencia preliminar del libro, “ en recono­
cimiento por la labor que este alto es­
píritu ha realizado en nuestro país coi?
su obra fecunda y de calidad como com­
positor. concertista y escritor’ ’ . Poco des­
pués de su aparición. Julio Superviollo
escribía espontáneamente a Hernández
comunicándole su placer en “ llegar a
conocer a un escritor realmente nuevo,
que alcanza la belleza y aun la grandeza
a fuerza do humildad ante el asunto’ ’.
Al año siguiente, aparecía un segundo
relato, aproximadamente de la misma ex
tensión: El caballo perdido.

A

—

' 2 ¡

Tú vives para tu trabajo. Jone#
ojos al desnudo, y en dar vida a lo qni
De este modo estás armado conii
de la carne, contra la negligencia y
3
Que se diga de ti que eres un fj
pintor mediocre— un pintor, como
bre, sin tener en cuenta su oficio.
Que se diga de ti que has trabei
reza, tu trabajo será un honor.

P ic a s s o . C e n ta u r o y b a c a n te .

por CURZIO MALAPARTE

( Viene de la primera página)
la luna sobre las hojas sombrías de los
limoneros y los naranjos, o sobre las es
camas de esos peces muertos que el mar,
después de las tempestades, dejaba en la
orilla, frente a la puerta de mi casa. Te­
nía el color de la luna sobre el mar griego
de Lípari, do ia luna en los versos de
la Odisea, de la luna sobre ese mar sal­
vaje por el que bogó Ülises para llegar
a las solitarias riberas de Lípari. Del co­
lor de luna moribunda, poco antes del
alba. Y o le llamaba el “ Perro-Luna’ ’.
X'unca se alejaba de mí ni un solo
paso. Me seguía como un perro. Sí, digo
bien, me seguía como un perro. Su pre­
sencia en mi pobre casa de Lípari, azo­
tada sin cesar por el viento y el mar,
era una presencia maravillosa. Por la
noche, la tibia claridad de sus ojos lu­
nares iluminaba mi desnuda habitación.
Tenía los ojos de un azul pálido que re­
cordaba el color del mar al ponerse la
luna. Y o sentía su presencia como la
presencia de uira sombra, de mi sombra.
Era el reflejo de mi espíritu. Su sola
presencia me ayudaba a recuperar ese
desprecio de los hombres que es la pri­
mera condición de la serenidad y la sa­
biduría. Me daba cuenta de que se parecía
a mí, de que no era otra cosa que la
imagen do mi conciencia, de mi vida se­
creta. El retrato de mí mismo, de lo qui

hay de más profundo, de más íntimo, de
más particular en m í: mi subconsciente,
mi espectro, por decirlo así.
Él, más que los hombres, que su cul­
tura y su vanidad, me enseñó que la mo­
ral es gratuita, que ni siquiera se pro­
pone salvar al mumlo (¡ oh, iio, ni siquie
ra salvar al m undo!), sino simplemente
crear nuevos pretextos para su desin­
terés, para su libre juego. El encuentro
de un hombre y un perro es siempre el
encuentro de dos espíritus libres, de dos
formas de dignidad, de dos morales gra­
tuitas. El más romántico y libre de los
encuentros, iluminado por el pálido es­
plendor de la muerte, semejante al color
de la luna muerta sobre el mar, bajo el
cielo verde del alba.
Y o reconocía en Febo mis movimientos
más misteriosos, mis instintos más in­
ciertos, mis dudas, mis espantos, mis es­
peranzas. Su dignidad frente a los hom­
bres era la mía, lo mismo que su valor
y su orgullo frente a la vida y su des­
precio de los sentimientos fáciles. Pero
era más sensible que yo a los oscuros
presagios de la Naturaleza, a la presen­
cia invisible de la muerte que ronda
constantemente en torno a los hombres,
taciturna y desconfiada. Sentía venir des
de lejos, en el aire nocturno, las tristes
larvas de los sueños, parecidas a esos
insectos muertos que el viento trae Dios

P ic a s s o . D os d e s n u d o s .

sabe de donde. Algunas noches, acostado
a mis pies en mi desnudo dormitorio de
Lípari, seguía con los ojos una presencia
invisible quo se acercaba, se alejaba y
me vigilaba durante largas horas detrás
de los vidrios de la ventana. De cuando
en cuando, si la misteriosa presencia so
me acercaba, me rozaba la frente, Febo
lanzaba un gruñido amenazador, se le
erizaban los pelos del lomo y yo oía un
grito doloroso que se alejaba e iba a
morir en la noche.
Era ‘ el más querido de mis hermanos,
mi verdadero hermano, el que no traicio­
na ná humilla. El hermano que ama, que
ayuda, que comprende y que perdona. Sólo
el que lia sufrido largos años de exilio
en una isla salvaje y que al volver de
nuevo entre los hombres se ve tratado co­
mo un leproso por todos aquellos que,
una vez muerto el tirano, se convertirán
en héroes de la libertad, sólo esa per­
sona sabe lo que un perro puede signi­
ficar para un ser humano. En la afec­
tuosa mirada de Febo había a veces uir
reprocho noble y triste. Yo experimenta­
ba entonces una vergüenza extraña, algo
así como un remordimiento de mi triste­
za, una especie de pudor de su presencia.
Comprendía que, en aquellos momentos,
Febo me despreciaba. Con dolor, con
afecto tierno, pero de todos modos, había
en su mirada una sombra de piedad y,
también, de desprecio. X'o era solamente mi

Escribo para tus amigos. So
ellos.
Por lo tanto yo escribo al borde l
sólo me aparta el trabajo. Escribo con
con un arado y una antorcha encendí
ración. Yo te escribo desde un lecho\
Tú has sabido triunfar de la pf
casa, encender el fuego, partir el pej
hijos, servir a tus amigos - y no has J
que los hombres son rivales.
5
Tú te niegas a entrar en el refu¡
pre el contorno abrumador de las fo
mientos precipitados, de las razones
del corazón y del cerebro. El cuerj.
centro y por sus alas.
Tú te niegas a entrar en el ju&lt;
antemano. Esos se han parado para
y están cansados y son cobardes. Se
ausentes y absurdos.
Pero tú vas por la calle, lleno d
se amalgama con la idea que recibe di
sorrjos fieles y numerosos.
Fuera de las prisiones, en la
mejantes.
O semejante mío o adversario n\
y se reúne.
6

¿Somos amigos modelos? Sí, si
amigos.
7
Tus ojos son como yunques, y t
tus manos, en los umbrales del conoch
mojado en vino.
}' tus ojos son la forja, y tu man
Justa como un hacha que divioi
luz, del otro el tiempo. Un hacha qut\
y eso no significa un desierto de dia\
y el presente.
En la ventana de enfrente una nii
recién nacido. Como tú, tiene con ehíl
8
Tú no les dejas paso a las sombren
vida de tus manos y tus ojos.
Tu bandera ondea a impulsos &lt;l|
tiendo.
Yo conozco tu combate, pero no t
y sin embargo tú eres accesible, i(i
dable. Hasta el momento en que la si\
fundos, creyendo tener derechos sol*
buen amigo.
El porvenir depende de que tu P
gos y de su causa. Su causa es justa
y tú eres justo.
9 ’J
Tu obra es el cántaro lleno de &lt;\
la cabeza. La muchacha se afirma c¡ i\
y desarrolla sus movimientos, su in i
afina los tobillos, alza sus senos.
A la luz de tu obra se exaltan la*,
de los trigales.
T u deseo de saber te arrastra le]t(
En este mundo monótono eres c(\
cada día. Cada día juegas en un can\
qué hombre te convertirás?
Porque tú has dejado atrás las
tros, i ’ en su memoria de esclavos se^
dolores moribundos.

]

�cabalgata
im

s s O

y
¡\
/)

V tffe ff

Por P .4 1L EL UA RD
,tildes u orgullosos en medio de
lt los hombres se rozan con los
l aceptar la utopia dichosa, los
t&gt;ero también les das el ansia de
otidiano de no querer someterse
ádo hambre y sed, reirán al ver
i de ellos mismos.
rupaciones y sus penas, como las

o viejo te afanas en poner tus
tellos ven.
t la muerte, contra la amargura
[ arrepentimiento.
ntor —no un gran pintor, ni un
próximamente se dirá, un hora­
do. Un día, junto a la santa pe&gt;K

Iegión y yo escribo para todos
P ic a s s o . L a c e n ta u r r s a .

n un abismo sin fondo, del cual
ladrillos, y armazones de hierro,
ü, con la energía de la desespehollado por la muerte,
ia. Yo te he visto construir tu
t, amar a una mujer, engendrar
nunca el juego infame en

o idiota. Tú vas siguiendo siemm vagas, el cordón de los nacinprevistas, la corona del cuerpo,
t humano se te impone por su
p de los que están vencidos de
¡ntemplar un paisaje pasado ya,
ieen sublimes, cuando sólo son
confianza. Sabes que el hombre
los otros. Y que sólo al aire libre
Imósfera ligera de nuestros se0, a lo lejos el mundo se divide

que los hombres deben ser

uista igual que el horizonte. Y
1. ento, es igual que un bizcocho
o una madre. Es justa,
t al mundo; de un lado está la
no abate el árbol sino el bosque,
mtes, sino un hormiguero vivo
«jer tiene en sus brazos un niño
¡la otra mitad del mundo.

hermano, sino mi juez. Era el guardián
do mi dignidad y, al mismo tiempo, mi
doruphorcma, para emplear la antigua
palabra griega.
Era un perro triste, de ojos graves.
Todas las noches pasábamos largas horas
en el alto umbral de la casa, batido por
los vientos, contemplando el mar. ¡Oh,
el mar griego de Sicilia! ¡ Oh, el rojo
escollo de Escila frente a Caribdis, la ne­
vada cima del Aspromonte y el hombro
blanco del Etna, el Olimpo siciliano!
Realmente, como canta Teócrito, no hay
en el mundo nada más bello que con­
templar el mar de Sicilia desde lo alto
de un ribazo. Las hogueras de los pas­
tores se encendían en la montaña, las
barcas salían al encuentro de la luna y
el son plañidero de las caracolas marinas
con que los pescadores se llaman entre
sí, se perdía en la plateada niebla lunar.
La luna se levantaba sobro el escollo
de Escila y el Stromboli, el volcán alto
a inaccesible que surge en medio del mar,
flameaba como una hoguera solitaria
en el profundo bosque azul de la noche.
Mirábamos el mar, respirábamos el olor
amargo de la sal, el perfume fuerte y
embriagador de los bosques de naran­
jos, el aroma de la leche de cabra, de
las ramas de enebro que ardían eir las
hogueras, y ese olor cálido y profundo
como de mujer, que es el olor de la no­
che siciliana cuando las primeras estre­
llas, pálidas aún, aparecen en el hori­
zonte.
Después, un día, me condujeron con
las manos esposadas a otra isla y de
allí, luego de largos meses, a la Toseana.
Febo me seguía de lejos, ocultándose en­
tro los barriles de anchoas y los rollos
de cuerdas sobre el puente de la Santa
Marina, el vaporcito que va de Lípari a
Nápoles, y más tarde entre los cestos
de pescado y los cajones de tomates de
la lancha a motor que hace el servicio en­
tre Nápoles, Ischia y Ponza. Con ese
valor de los cobardes, único título a la
libertad que tienen los siervos, las gentes
se detenían para mirarme con ojos llenos
de reprocho y desprecio, mascullando in­
jurias entre dientes. Sólo los “ lazzaroiri” , tumbados al sol en el puerto de
Nápoles, mo sonrieron a escondidas y

&gt;,tú no deseas limitar la vida - la

escupieron entre los zapatos de los cara­
bineros. De cuando en cuando, yo me
volvía para mirar si Febo me seguía, y
le veía pegado a la pared, con el rabo
entre piernas, seguirme a través de las
calles de Nápoles, con una maravillosa
tristeza en sus ojos claros.
Cnando, con" las manos esposadas, pa­
saba entre dos carabineros por la calle
I’artonope, dos damas se acercaron a mí,
sonriendo. Eran la señora de Iíenedetto
Croce y Minnie, la esposa de mi querido
Gasard Casella. Me saludaron eon la
gentileza maternal de las mujeres ita­
lianas, colocaron unas flores en mis es­
posas y la señora de Croce rogó a los
carabineros que me dieran algo de co­
mer. Hacía dos días que no había comi­
do nada. ‘ ‘ Por lo menos, háganle marchar
por la sombra ’ ’, les pidió. Era el mes de
junio y el sol me hería en la cabeza con
la fuerza de un martillo. “ Gracias, la
dije, no necesito nada, pero querría que
le diera de beber a mi perro ’ ’ .
Febo se -había detenido a unos cuantos
pasos de distancia y fija b a en- el rostro
de la señora Croce una mirada de una
intensidad casi dolorosa. Era la primera
vez que veía el rostro de la bondad hu­
mana, de la piedad y la cortesía feme­
ninas. Antes de beber, olfateó largo ra­
to el agua.
Varios meses después me trasladaron a
L u cca; me encerraron en la cárcel y
allí permanecí mucho tiempo. Cuando
salí entre dos policías para ser conduci­
do a un nuevo lugar de deportación,
Febo me aguardaba a la puerta de la
cárcel, delgado y cubierto de barro. Sus
ojos claros brillaban con una horrible
dulzura.
Mi destierro duró aún dos años más
y durante esos dos años vivimos en una
casita situada en el fondo de un bosque.
Febo y yo habitábamos una de las piezas
y la otra los carabineros que me vigi­
laban. Al fin recobré la libertad, o lo
que se entendía por libertad en esos
tiempos; para mí fué como salir de una
pieza sin ventanas para entrar en una
habitación sin muros. Nos fuimos a vi­
vir a Roma ; pero Febo estaba triste. Se
habría dicho que el espectáculo de mi
libertad le humillaba. Sabía que la li

P ic a s s o . Desnudo sentado.

el viento. Y tú avanzas combaonozco tu fatiga.
'aeno y respetuoso, dulce y agrawibra desciende de los ojos proTe ti, mi salvaje orgulloso, mi
■denlas responsable de tus ami-

que una muchacha lleva en
n centro de gravedad, contiene
llMdad le alarga el cuello, le
tempestad y el estremecimiento
31 de ti y nunca te repites.
un niño que crece, y cambia
distinto. Niño querido, ¿en

bertad no es humana, que los hombres no
pueden, quizá no, saben ser libres, y que
la libertad, en Italia y en Europa, hiede
como la esclavitud.
Durante todo el tiempo que estuvimos
en Pisa, casi no salimos de la casa; so­
lamente al mediodía, íbamos a pasearnos
a lo largo del hermoso río pisano, el Arno
de color de plata, por sus muelles, claros
y fríos; luego, íbamos a la plaza de las
Maravillas, donde se encuentra la torre
inclinada. Subíamos a la torre y contem­
plábamos la llanura pisana hasta Livorna,
hasta Massa, los bosques y la mar lejana
y brillante, y los Alpes Apuanos, blancos
de nieve y mármol. Era mi país, mi país
toscano, mis bosques y mi mar, erair mis
villas, era mi río.
Por la noche, solíamos sentarnos en
el parapeto del Arno, ese estrecho para­
peto de piedra sobre el que, durante su
exilio pisano, galopaba lord Byron todas
las mañanas, entro los gritos de susto de
los pacíficos h abita n tes... y mirábamos
cómo corría el río arrastrando en su
clara corriente las hojas quemadas por
el invierno y las nubes de plata del cielo
de Pisa.
Febo pasaba largas horas acostado a
mis pies. De cuando err cuando se le­
vantaba, se acercaba a la puerta y me
miraba. Y o iba y le abría la puerta.
Febo salía y volvía al cabo de una o dos
horas, jadeante, con el pelo alisado por
e! viento y los ojos brillantes por el frío
del invierno. Por la noche, levantaba la
cabeza para escuchar la voz del río, la
voz de la lluvia sobre e! río. Y yo, al
despertarme, sentía su mirada tibia y
ligera posada sobre mí, su presencia a fec­
tuosa y viva en mi habitación oscura, y
íu
tristeza, su frío presentimiento de la
muerte.
Un día salió para no volver más. Le
esperé hasta el anochecer y, cuando se
hizo de noche, recorrí las calles llamán­
dole por su nombre. Volví a casa bien
entrada la noche y me tiré en la cama,
con la cara vuelta hacia la puerta entre­
abierta. De cuando en cuando, me aso­
maba a la ventana y le llamaba a gran­
des gritos, (hmirdo comenzó a alborear,
recorrí de nuevo las calles desiertas, en­
tre las fachadas mudas de las casas que,

ba ¡o el ciclo lívido, parecían hechas de
papel sucio.
En cuanto se hizo de día corrí a la
¡terrera municipal. Entré en una pieza
gris donde cien perros gemían en fétidas
jaulas, marcadas aún sus gargantas por
la señal del lazo que les había atrapado.
El guardián me d ijo quo mi perro debía
haber sido atropellado por un automó­
vil, que me lo habrían robado o que una
banda de pilludos me lo habría tirado al
río. Me aconsejó que recorriera bien las
perreras; ¡quién sabe si Febo no se
encontraba en la tienda de un vendedor
de perros! Toda la mañana corri d e-p o­
rrera en perrera, hasta que al -fin, eai
una tiendecita de la plaza de los Cavalieri, un esquilador de perros me pregun­
tó si no había ido a la clínica veterina­
ria de la Universidad, donde los ladro­
nes de perros venden por unos cuantos
centavos los animales destinados a ex­
perimentos clínicos. Corrí a la Universi­
dad, pero eran ya más de las doce y la
clínica veterinaria estaba cerrada. Volví
a casa: sentía cn las cuencas de los ojos
un no sé qué duro, frío y liso, que me
daba la impresión de tener los ojos de
vidrio.
Ror la tarde, volví a la Universidad
r entré en la clínica veterinaria. Mi co­
razón latía locamente; casi no podía
andar porque mi debilidad era mucha
y la angustia me agobiaba. Pregunté por
el médico do guardia, dando mi nom­
bre. El médico, uir joven rubio, miope,
de sonrisa cansada, me recibió cort(«men­
te, me miró largo rato y respondió que
haría lo posible por ayudarme.
Entramos en una gran pieza brillante,
resplandeciente, con el ‘ ‘ parquet ’ ’ cu­
bierto por un linóleo verde. Alineados a
lo largo de los muros, como las camas do
una clínica de niños, se veían unus ex­
trañas cunas en forma de violoncelos y,
cn cada una de ellas había un perro ten­
dido boca arriba, con el vientre abierto,
el cráneo hendido o el pecho desgarrado.
Unos delgados hilos de acero, enrollados
en torno a unas clavijas como las qne
tensan la6 cuerdas de los instrumentos
musicales, mantenían abiertos los labios
de esas horribles heridas: se veía latir
el corazón, los pulmones — con las veni­
llas de los bronquios que parecen las ra­
mas de un árbol— se hinchaban igual
que el folla je al soplo del viento, el hí­
gado rojo y brillante se contraía lenta­
mente, ligeros estremecimientos corrían
como sobre un espejo, sobre la pulpa
blanca y rosa del cerebro, los intestinos
so desenroscaban perezosamente, como
un montón de serpientes que salen de
su letargo. Pero ni un gemido se e sca p a !»
de los labios entreabiertos de esos pe­
rros crucificados.
A nuestra entrada, todos los perros ha­
bían vuelto sus o jos hacia nosotros, con
una mirada a la vez implorante y llena
de un terror atroz; seguían con los ojos
todos nuestros gestos, espiando nuestros
labios, temblorosos. Inmóvil, en medio
do la pieza, yo sentía subir a mis miem­
bros una sangre helada, que me iba con­
virtiendo en piedra. N o podía abrir la
boca, no podía dar un paso. E l médico
me puso la mano en el brazo y me d ijo :
“ ¡V a lo r !” La palabra fundió el hiolo
de mis huesos, me incliné sobre la p ri­
mera cuna, la sangre acudió a m i rostro
y recuperé la esperanza. Entonces, de re­
líente, vi a Febo.
Estaba tendido boca arriba, con el
vientre abierto y una sonda metida en
el hígado. Me miraba fijam ente y tenía
los ojos llenos de lágrimas. Su mirada
tenía una dulzura maravillosa. N o ex­
halaba ni una queja, pero respiraba li­
geramente, con la boca entreabierta, sa­
cudido por uir terrible temblor. “ F e b o ” ,
le llamé en voz baja. Y Febo me miró
tiernamente a los ojos. Y o vi en él a
Cristo, vi a Cristo en mi perro cru cifica ­
do, a Cristo que me miraba con ojos lle­
nos de una maravillosa dulzura. ‘ ‘ Febo ’ ’ ,
lo llamé en voz baja, inclinándome sobre
él y acariciándole la frente; y Febo me
besó la mano sin lanzar ni un gemido.
El médico se acercó a mí y me tocó
err el b razo:
Nos está prohibido interrumpir un
experimento — mo d ijo— , pero por us­
t e d .. . voy a ponerle una inyección. N o
sufrirá más. ^
Tomé en las mías la mano del m édico
y le dije, con la cara inundada de lágri mas:
— Júreme que no sufrirá.
— Se dormirá para siempre — me d ijo
el médico— ; yo querría tener una muer­
te tan dulce como la suya.
^— v oy a cerrar los ojos, — le dije__ .
No quiero verle morir. ¡P ero dése prisa,
dése prisa!
— íío os más que un instante, — mo
d ijo el médico.
Se alejó sinr ruido, como deslizándose
sobre el flexible linóleo. Fué al fon do
de la pieza y abrió un armario.
Y o permanecí en pió ju n to a Febo,
temblando de un modo horrible, con la
cara surcada por las lágrimas. Febo me
miraba fijam en te: ni un gem ido salía
do su boca: me m iraba fijam en te, con
una maravillosa dulzura en los ojos. Los
otros perros, extendidos sobre las cunas,
me miraban también. Todos tenían oí!
los o jos una dulzura maravillosa y ni un
gemido salía de sus bocas.
De repente, un grito de espanto se
escapó de mi pecho:
— ¡P o r qué ese silen cio!, — grité__
¡Q ué sign ifica ese silen ciof
Era un silencio horrible. Un silencio
inmenso, glacial, muerto, un silencio de
nieve.
El médico se acercó a mí, llevando
en la mano una jeringa.
— Antes de operurlos — me d ijo — lee
cortamos las cuerdas vocales.

J

ris

'npiternas promesas de los maes°Je el llanto de todos los viejos

Traducido por
lj&gt; :—

Sí. L.

M A R T IN E Z

c . ii-•&gt;-&gt;&gt;•

■

�cabalgata

10

musica

m u iiin

he v a m m i i m
Por JUAN CARLOS PAZ

(V ien e de la primera página)
son. Auto A acide n t; Doris Humphrey.
Dance Rhythms; William Russell, Fugue
for Eight Pereussion Instruments; J. M.
Rover. “ I V ” ; Gerald Strang, Percus.tio-it M usic; John Cage, Consiruccions;
sin olvidar a Edgar, Jonisation; han con
tribuido en forma notable con curiosas y
eficaces tentativas que por ahora deberán
ser consideradas, quizás, como aisladas ex
perieneias, al modo de los primeros apor­
tes microtonales de comienzos de siglo,
pero que pueden significar, al igual que
ellos, y del punto de vista de la posibili­
dad, un capital acumulado que aguarda su
oportunidad para producir un máximo in­
terés.
Pero volviendo, aun, al plano de los
sonidos de nuestra escala temperada, es
fácil hallar en estos compositores forma­
dos en su país, y algunos de ellos de ma­
nera autodidáctica, como Paul Crestón,
un sentido musical distinto, no conformis­
ta. y más dirigido por la reflexión cons­
ciente, aun a riesgo de resultar frío, ás­
pero y hasta antipático e impersonal mu­
chas veces, a consecuencia de la búsqueda
de fórmulas o de procedimientos escuetos,
descarnados, limpios de toda sensiblería
postromántica así como de nuances im­
presionistas, o do otras trampas o lazos
para cazar al oyente habitual, desintere­
sado o ingenuo.
De todo ese grupo, Paul Crestón, Ross
Lee Finey, William Schuman y George
Tremblay, responden a una concepción
menos arriesgada en sus métodos y propó-

Hitos, y por lo mismo, de menor aleanve
y significación, al menos en el aspecto
experimental y de posibles proyecciones,
quo Gerald Strang, ITenry Brant, Ray
Green o John Cage; pero en rigor ni unos
ni otros aparecen como ascriptos a los vie­
jos moldes, convencionales a fuerza de
gastados o de repetidos, y poseen una
técnica que aparte lo áspera o forzada
que pueda parecer a las almas sensibles,
muestra un deseo de l ( hacer distinto” ,
circunstancia que en algunos casos involu­
cra toda una estética o al menos un im­
pulso que conduce hacia el logro de es­
tructuras desprovistas de todo morbo sen­
timental y divagatorio, aspirando a una
música como arte del sonido, con valor
autónomo y desnuda de intenciones ex­
tramusicales; concepción purista, cuyo
máximo compromiso en lo que respecta
a colaboración con otras artes, no pasa
de préstamos a la danza en forma de
esquemas a cargo do conjuntos para per­
cusión sola, como los de William Russell
en sus Three Dance Movem-ents, o los de
la danzarina Doris Humphrey, con sus
Dance Rhythms, anotados por Wallingford Riegger.
La proyección de los compositores de
este grupo hacia una música de concep­
ción distinta a la de sus antecesores in­
mediatos, se desliza con una considerable
ventaja en los que como Gerald Strang,
IíenTy Brant o John Cage — así como
sucede con Ruth Crawford, de la misma
generación— no se encuentran trabados
por los conflictos de técnica y expresión

Dice el autor de

IOS

ROBINSONES

que a menudo son demasiado evidentes
incluso en algunos maestros, que exhiben
en sus obras una forzada aleación entre
ambos términos, o mejor dicho, una cons­
tante lucha, y ésta en primor plano, en
tro una sensibilidad arraigada en la tra­
dición — Se8sions, ilarris, Pistón, Co­
pland— , y un lenguaje técnico penosa­
mente elaborado y de. apariencia avanza­
da, pero en realidad más de acuerdo con
las influencias directas de las estéticas
y las técnicas europeas — como :1 polito
nalismo, los retornos a pe iodos conclu­
sos y remotos, etc.— que portadoras de un
mensaje de amplias proyecciones, expresa­
do en un verbo consecuente.
En una palabra, la nueva falange de
compositores rechaza, en las obras de sus
mejores exponentes, el tono patético, lite­
rario, sentimental y verboso, y reafirma
su renuncia a los famosos climax obtenidos
luego de agudas tensiones de infalible
efecto emocional. Esto trae aparejados un
virtual abandono del desarrollo temático
y de todo proceso modulante. De hecho,
nos hallamos en el campo de las posibi­
lidades desarrolladas a raíz de las con­

D ia r io

de

quistas del atonalismo, si no como apli­
cación directa o estricta de sus principios
armónicos, al menos como concepción apro­
ximada de los valores que él preconiza
en el orden estructural y formal, así como
en la interpretación espacial de la música.
Esto afecta en general a los c.omposito.res estadounidenses más avanzados de los
que ya alcanzan la cuarta década. George
Tremblay, con sus Sonatas op. 8, parece
situarse en el centro de la cuestión: mú­
sica atonal y música espacial; y por ende,
cultora brillante de un estilo que podría­
mos calificar de magnífico. Paul Cres­
tón-, con sus Seven Theses y los ensayos
de contrapunto y métrica progresiva que
las constituyen, adopta una actitud, no
precisamente similar, aunque si correspon­
diente. Las piezas para percusión sola de
Gerald Strang y de Ray Green, o las
anotaciones rítmicas de Doris Humphrey,
aportan a tales enfoques diversos y des­
usados, ensayos de unidad rítmica e ins­
trumental a base de repetición, incondi­
cional o condicionada, según los casos,
de principios o de proposiciones rítmicas
cristalizadas, que indudablemente respon­

den más a un concepto de espacio sonoro
que de desenvolvimiento en el tiempo.
John Cage parece pronunciar la última
palabra sobre el particular, con su ‘ 'piano
acondicionado” y sus instrumentos eléc­
tricos.
De esta manera penetramos en los do­
minios de las tendencias que conforman
la actual música estadounidense. La téc­
nica utilizada por los nuevos jóvenes es,
por regla general, más firme, más depu­
rada, más determinada; los valores esté­
ticos son mejor dirigidos y organizados;
las influencias extraterritoriales dismi­
nuidas al punto de ser irreconocibles casi
siempre, y el acierto de no vaciar en los
moldes seculares los múltiples aspectos de
la sensibilidad actual puede ser eviden­
ciado a través de muchos y eficaces
ejemplos.
Los nombres de Ben Weber, George
Ferie, Merton Brown, Lou Harrison, Mi­
riam Gideon, John Cage, Alan- Hovaness
forman el ángulo más avanzado de la
joven música estadounidense; pero ellos
merecen ser tratados con amplitud, y por
lo tanto, en capítulo aparte.

A l in a R e y e s

12 d e e n e r o .
Anoche fué otra vez, yo tan- cansada
do pulseras y farándulas, de pink cham­
pagne y la cara de Renato Viñes, oh
esa cara de foca balbuceante, de retra­
to de Dorian Gray a lo último — . Me acos­
té con gusto a bombón de menta, al Boogie del Banco Rojo, a mamá bostezada
y cenicienta (como queda ella a la vuelta
de las fiestas, cenicienta y durmiéndo­
se, pescado enormísimo y tan no ella — ) .
Nora que dice dormirse con- luz, con
bulla, entre las urgidas crónicas de su
hermana a medio desvestir. Qué felices
son, yo apago las luces y las manos, me
desnudo a gritos de lo diurno y movien­
te, quiero dormir y soy una horrible cam­
pana resonando, una ola, la cadena qne
Rex arrastra toda la noche contra los
ligustros. Now I lay me doten to sleep ..
Tengo que repetir versos, o el sistema de
buscar palabras con a, después coiv a y e,
con las cinco vocales, con cuatro. Con

nuestros escritores actuales, confieso qne po­
seo la originalidad de que no me interesa
Borges, aunque me llene de asombro su Ima­
ginación y sn talento intelectual. Leer su
obra me produce la terrorífica impresión de
estar asistiendo a la degollación de los ino­
centes: los inocentes son en este caso los
elementos realmente serios de su personalidad.
mt.ro los que podría haber surgido el Mesías.
Ciertamente, este hombre sacrifica el genio
en nombro del ingenio. También confieso que
me he pasado la vida necesitando admirar a
alguien que viva, en mi tierra y en mi época,
admitiendo que la admiración no es sólo
reconocimiento del talento aieno sino además
un modo de la gratitud. En este sentido, soy
culpable de haber postergado esta satisfac­
I último Jibro. Los Robinsones, es en
ción ñor negligencia, pues sólo hace tres me­
realidad el primero. Es cierno qne be
ses he leído Radiografía de la Pampa, oue
'’ scHto una serie de monografías y tex­
me parece, después de Fae-nde — aj ene
tos de divulgación sobre pintura, pero debo
supera en belleza v profundidad— el libro
confesar que c.r.mo critico sov un critico do­
más imnortaute nnblicado en nuestra tierra.
minguero. v que esta, adyacente afición ron
Creo (me este libro, ene resiste basta lo°
&gt;■** pnrmití^o también parar K olla con el
disentimientos
más radíalos, nnede ser el
encargo editorial o el periodismo eventual.
f n n d a m o - t e de una cosible literatura, nacien-l
Cosa que me parece rauv respetable ñero de
de envergadura. Para elle, su parte concep­
la que roe habría abstenido s* fuera millona­
tual deberá sufrir la. crítica V el análisis V
rio. ñor la única ra^ón de 07^ el día. tieno
las.
parciales impugnaciones que le s-r-n roveintiuna tro horas. Y la lig a t u r a necesitaría
so-vada.s. con lo Cual leios de d e b ilit a s e s
veinticinco.
dolará más a.l. desnndo sn parte inconmovible
Por supuesto, la literatura de cad.a. cual.
de perdurabilidad. Todo lo contraríe por eiemEn este caso la. raía, aun es I« novela, aun­
nio. do Jo one ocurrirá con Mall-a, que me
que he hecho alguna pieza de teatro o^e rae
interesa,
profundamente como nn hombre nue
ha. gustado roncho.
creo croe la -novóla sea
acaba, de escribir sn primer lib-o. pero abso­
un género aírotado. sino al n'vés: incirden^e.
lutamente nada come nn hombre o” e cree
Oreo que sov nn realista clásioo
Pj fondo,
estar escribiendo el. último. A p a r t e de este,
r-i ñor &lt;»sto
entiende ene lo ú^ico rátere^aneren que bav actualmente un movimiento in­
to de la novoi -5 es la novela micma. las cosa';
teresante de escritores nueves que irrumpen
fino ocM,*rpr» dentro v fuera de los nersonaics
en la literatura.
— r»e&gt;. d e " * r o rr *“iiq r " . d
au*O r. T )e a n u í oo
Creo que el problema de nuestra cultura
deduce oue no rae preoenna roncho la. originali.dad u «■'•sonal en la, ara ni tintura del tema
resnonde a las dos líneas tradicionales de
nuestra historia, la reaceionoria clerical y fi­
sino lnc. tánicos eternos oue se encierran en
el sirat)l« hecho de perTr&gt;p*ipCer sobre la tie­
lipina, mnv amiga hoy de Prance qne orevó
matar Sarmiento v a quien nuede decírsele
rra. motivo ñor e&gt; cú»l el estilo no es ot’-a
eos?, oue
-r«nde de da1* sensaciones de r e a l­
aquello de los muertos one ves matásteis. v
dad. tr*rcrnitjendo la vibración p articular de
la otra, progresista v democrática, entronca­
las cosas v Jas personas en su a«tn de nreda lmv de muchos modos a la irrnnción del
seucia vivo De donde nuede d‘Uncirse o^s
socialismo en la escena de las luchas histé­
ricas. Creo que sí algo podría bou unir real­
formalmente soy absolutamente moderno, núes
1-, o.^op-Ar» d« este PstUn no termina n n "^
mente a los escritores sin trampas ni eenív registra siempre el último minuto, y aun
vocos a Pesar de toda, diferencia ideológica
r tros nn« petán desnués. Paro edm4t.o oue
es cada uno de estos dos frentes, cada, uno
por sn lado, entendiendo bien ene ambos son
/-&lt; exageración de este pronósito es neligrosa.
L a captación obstinada, de presencia&lt;; viv^s
inconciliables y qne soslayarlos va. indica. Je
lntP*d« en la nivela afretar el acelerador de
por sí una ambigüedad sospechosa. Por mi
Ja acción v \o, lectura se hace entonces lerta.
parte estoy con la corriente progresista v
Y al revés.
acción ac°lerads. irnuide d°r
democrática, v me parece qne la caracteri­
rrofnnrfidad vital a las n^concia? vivas, oue
zación de todos los problemas de nuestra,
rcoiid-d vi-cnlades a. e-te asnnci-o es de suma
es lo qne ocurre en los folletines. Lo primero,
sin onibargo. rae ocurrió en Los Rohiusmnrgencía.. En este sentido, afirme ene nues­
tra realidad ofrece temas intelectuales o lí*eese libro qne me parece importante ñero oue
rae habría gustado más corto v de nna acción
ra.—
lee de una compleüdad y una. riqueza dra­
más apasionante. Pasa como cnando se va en
mática capaces de conferirles ciertamente un
tren. A mayor velocidad, menor nitidez en. las
interés humano universal, v que en ellos radica,n motives une. captados en nrofundidad.
cosas cine se ven desde la venta,rrJIa. v al
colmarían sobradamente los apetites de aque­
revés. Pareciera que la cosa es dilemática
llos oue anhelarían para sus novelas o sus
v que no hay más alternativa que elegir.
V pin embargo, no es así. Hav nn instante
ensavos la comniaíidad del alma francesa o
en que ambas cosas se concillan y este ins­
de la Rusia dostoíevsHana. Creo, en suma,
tante no es más qne un problema de estilo.
one vivimos algo semeiante a la etapa de
Conseguirlo, es parte importante de mi ideal
Estados Unidos en el último tercio del siglo
pasado, y que cuanto antes nos demes plena­
artístico.
mente cuenta de ello será raeior. Ue donde
En lo que respecta al problema de la reali­
puede deducirse qne creo posible el une pe
dad nacional, cieo que, como muchos, me he
dos y una consonante (ala, ola ), con
damos ya aspirar a la gloría v a ganar el
rasado muchos añes pensando absolutamente
tres consonantes y una vocal (tras, gris)
suficiente
dinero
como
para,
podes
decir
‘
'sov
t&gt;i vano. El hecho de que somos un país con­
y otra vez versos, la luna bajó a la fra ­
escritor” , sin tapadnos fugazmente la cara
denado por su estructura, etc., a una se­
y mirar para otro lado.
gua con su polisón de nardos, el niño
cunda,riedad fatal, confieso que me pareció
siempre una excusa de mal perdedor. Pero
En cuanto a la literatura extranjera. creo
la mira mira, el niño la está mirando.
también confieso qne he tenido mis tiradas
qne no hav hov n®da. realmente importante.
Con tres y tres alternadas, cábala, lagu­
de bronca y mis naturales indignaciones pe­
■ffiiTlev está agotado. Fautkner es una avis­
na, animal; Ülises, ráfaga, reposo.
riódicas contra el hecho de que la Argentina
pa encerrada en el hueco de nna mano. Sartre
no exceño otros niveles de su país que son
ro haya tenido nunca, un Balzac o un Stendhal
Así paso horas: de cuatro, de tres y
v no tenga hoy un Faulkner. Hoy he adver­
tan. importantes como él (v los de le, gene-a­
dos, y más tardo palíndromas. Los fá ­
ción pasada le son snne-íores). Rusia (a urotido quo es preciso arriesgarse, aunque hava
ciles, salta Leniir el atlas; amigo, no g i­
pósito de la cual nadie, desde Andró Gide
oue entablar una desigual batalla- Hace mucho
m a; les más difíciles y hermosos, átale,
a Hugo Wast. ha logrado convencerme de
tiempo dije o escribí que la literatura — y
0 ” e no sea cierto que está construyendo el
el arte— e« nn tute al que hay que tirarse
demoníaco Caín, o me delata; Anas usó
socialismo) vive una noste-gaclán motivada,
a más. Rectificaría ahora esto en el sentido
tu auto, Susana. O los preciosos ana­
en urgencias inmediatas, y España. Is, pobre,
de que hay que tirarse honradamente a más
gramas: Salvador Dalí, Avida Dollars;
está secuest-ada por nn carcelero que pone
o a menos — en ambos casos se gana.— en
Alina Reyes, es la reina y . . . Tan hermo­
presos o expulsa a todos los Larras nue po­
relación rigurosa con el juego que se tenga.
drían darle la conciencia de sn realidad:
X»o qne llevaría implícito el reconocimiento,
so, éste, porque abre un camino, porque
Enrona, en suma, por razones notorias, está
tan necesario en nuestro medio, del valor
no concluye. Porque la reina y . . .
inválida. Y llama a América, e- su reemplazo
positivo del escritor de segundo orden, cuan­
No, horrible. Horrible porque abre ca­
ahora, en colaboración de Igual a Igual, des­
do lo es auténticamente y a conciencia.
pués. ¿Y cómo podrán los e-c-itc-es de Amé­
mino a ésta que no es la reina, y que
Por mi parto, confieso inmodestamente que
rica asumir la resnonsahilidad de continuar
otra vez odio do noche. A ésa que es A li­
tengo buen juego y quo me estoy tirando a
este, cultora magnifica en el ulano universal
más. Y que Los Robinsones es una buena
na Reyes pero no la reina del anagrama:
y
en
la
auténtica
fnersa
one
la
nut-e.
si
no
carta, aunque me parece que no lo han leído
que será cualquier cosa, mendiga en Bu­
es permaneciendo implacablemente fieles, co­
más que algunos escritores, para los cuales
mo supieron hacerle aquellos hombres, a sn
dapest, pupila de mala casa en Jujuy o
precisamente no fué escrito, pues cándida­
propio
idealartístico,
a
la,
conciencia
pro­
mente debo decir que dirijo mi obra al lector,
sirvienta en Quetzaltenango, cualquier
funda
y
obstinada
de
su
propia
verdad?
Sin
a quien por otra parte (con permiso de
lado lejos y no reina. Pero sí Alina Reyes
esto,
no
hav
nada.
Y
esto,
qne
debe
estar
Stendhal, a quien creo que robo la, frase)
antes que ninguna ot-a cosa extraJiteraría
y por eso anoche fuú otra vez, sentirla v
ro me interesa seducir con medios facticios.
—lo interesado, por dinero o cargos, o lo
el odio.
Porque sé que conseguirlo con medios auténdesinteresado, por políticas circunstanciales,
riona es una seducción más profunda y du­
20 d e e n e r o .
lo mismo da— debemos confesarlo, es le qne
radera, aunque más lenta. Medios facticios le
ocurre entre nosotros de modo demasiado es­
A veces sé que tiene frío, que sufre,
llamo ye. por ejemplo, a lo que hace Borges
caso. Esto es lo qne nos hace falta.. Fidelidad
c*&gt;n los temas de arrabal o de cualquiera o':ra
que le pegan. Puedo solamente odiarla tan­
al propio ideal artístico, y más aún, su des­
clase en el plano del talento literario, y los
arrollo en profundidad.
to, aborrecer las manos que la tiran al sue­
saineteros y los escritores de radio en el de
lo y también a ella, a ella todavía más
EOGER PLA
la literatura barata. En lo que respecta a

Por JULIO CORTAZAR
D ib u jo s d e J. B A T L L E - P L A N A S
j J U Í VJVAU

ax-

J-

--J

J

-a-

X

gan. Ah, no me desespera tanto cuando es­
toy durmiendo o corto un vestido o son
las horas de recibo de mamá y yo sirvo
ci té a la señora de Regules o al chico
ue los Rivas. Entonces me importa menos,
es un poco cosa personal, yo conm igo; la
siento más dueña de su infortunio, lejos
y sola pero dueña. Que sufra, que se hiele;
lejana, no la quieren. Es la parte que no
quieren y cómo no me va a desgarrar por

dentro sentir que me pegan o la nieve me
entra por los zapatos cuando Luis María
baila conmigo y su mano en la cintura
me va subiendo como un calor a mediodía,
uir sabor a naranjas fuertes o tacuaras
chicoteadas, y a ella le pegan y es impo­
sible resistir y entonces tengo que decirle
a Luis María que no estoy bien, qué es
la humedad, humedad entre esa nieve que
no siento, que no siento y me está entran­
do por los zapatos.

25 de enero.
Claro, vino Nora a verme y fué la es­
cena. ‘ ‘ M ’hijita, la última vez que te
pido que me acompañes al piano. Hicimos
un papelón” . Qué sabía yo de papelones,
la acompañé como pude, mo acuerdo que
la oía con sordina. Votre ame est un paysage choisi. . . pero me veía ¡as manos
entre las teclas y parecía que tocaban
bien, que acompañaban honestamente a
Nora. Luis María también me miró las
manos, el pobrecito, yo creo que era por­
que no se animaba a mirarme la cara. De­
bo ponerme tan rara.
Pobre Norita, que la acompañe otra.
(Esto parece cada vez más un castigo,
ahora sólo me conozco allá cuando voy a
ser feliz, cuando soy feliz, cuando Nora
canta Fauré me conozco allá y no queda
más que el o d io — ).

M

N och e.
A veee3 es ternura, una súbita y nece­
saria ternura hacia la que no es reina y
anda por ahí. Me gustaría mandarle nn
telegrama, encomiendas, saber que sus
hijos están bien o que no tiene hijos
— porque yo creo que allá no tengo hi­
jos— y necesita confortación, lástima,
caramelos. Anoche me dormí confabulan­
do mensajes, puntos de reunión. Estaré
jueves stop espérame puente. ¿Qué puen­
te? Idea que vuelve como vuelve Buda­
pest, creer cn la mendiga de Budapest
donde habrá tanto puente y nieve que
rezuma. Entonces me enderecé rígida en
la cama y casi aúllo, casi corro a des­
pertar a mamá, a morderla para que se
despertara. Nada más que. por pensar —
Todavía no es fácil decirlo. Nada más
que por pensar que yo podría irme ahora
mismo a Budapest, si realmente se me an­
tojara. O a Jujuy, o a Quetzaltenango.
(Volví a buscar estos nombres páginas
atrás. No valen, igual sería decir Tres
Arroyos, Kobe, Florida al cuatrocientos.
Sólo queda Budapest porque allí es el
frío, allí me pegan y me ultrajan. Allí
(lo he soñado, no es más que un sueño
pero cómo adhiere y se insinúa hacia la
vigilia) hay alguien que se llama Rod
— o Erod, o Rodo— y él me pega y yo lo
amo, no sé si lo amo pero me dejo pegar,
eso vuelvo de día en dia, entonces es se­
guro que allá lo amo.
yo aguanto desde aquí, y creo que entonces
la ayudo un poco. Como hacer vendas para
un soldado que todavía no ha sido herido
y sentir eso de grato, que se lo está ali­
viando desde antes, previsoramente.
Que sufra. Le doy un beso a la señora
de Regules, el té al chico de los Rivas,
y me reservo para resistir por dentro. Me
digo: ‘ ‘ Ahora estoy cruzando un puente
helado, ahora la nieve me entra por los
zapatos rotos” . No es que sienta nada.
Se solamente que es así, que en algún
lado cruzo un puente en el instante mismo
(pero no sé si es cn el instante mismo)
en que el chico de los Rivas me acepta
el té y pone su mejor cara da tarado.. Y
aguanto bien porque estoy sola entre eS)s
gentes sin sentido, y no me desespera tan­
to. Nora se quedó anoche como tonta, di­
jo : ‘ ‘ ¿Pe o qué te p a sa?” Le pasaba a
aquélla, a mi tan lejos. Algo horrible de­
bió pasarle, le pegaban o se sentía en­
ferma y justamente cuando Nora iba a
cantar Fauró y yo en el piano, mirándolo
tan feliz a Luis María acodado en la cola
que le hacía como un marco, él mirándome
contento con cara de perrito, esperando
oír los arpegios, los dos tan cerca y tan
queriéndonos. Así es peor, cuando conozco
algo nuevo sobre ella y justo estoy bailan­
do con? Luis María, besándolo o solamente
cerca de Luis María. Porque a mí, a la

Más tarde.
Mentira. Soñé a Rod o lo hice con una
imagen cualquiera de sueño, ya usada y
a tiro., No hay Rod, a mí me han de cas­
tigar allá pero quién sabe si es un hom­
bre, una madre furiosa, una soledad.
Ir a buscarme. Decirle a Luis María:
‘ ‘ Casémonos y me llevas a Budapest, a un
puente donde hay nieve y alguien” . Y o
d ig o: ¿y si estoy? (Porque todo lo pienso
con la secreta ventaja de no querer creer­
lo a fondo. ¿ Y si estoy?) Bueno, si es­
t o y — Pero solamente loca, solam ente...
¡ Qué luna de miel 1

28 d e en ero.
Pensé una cosa curiosa. Hace tres días
que no me viene nada de la lejana. Tal
vez ahora no le pegan, o pudo conseguir
abrigo. Mandarle un telegrama, unas me­
dias. . . Pensé una cosa curiosa. Llega­
ba a la terrible ciudad y era de tarde,
tarde verdosa y ácuea como no son nunca
las tardes si no se las ayuda pensándolas.
Por el lado do la Dobrina Stana, en la
perspectiva Skorda, caballos erizados de
estalagmitas y polizontes rígidos, hogazas
y flecos de viento ensoberbeciendo las
ventanas. Andar por la Dobrina con paso
de turista, el mapa en el bolsillo de mi

�cabalgata
Una Paella en Nueva \ ork
con SOMERSET MAUGHAM
(Viene de la página 7)
gcnto prefiere Of Human Bondage, su no­
vela favorita es y ha sido siempre Calces
and Ale. Para él es una sorpresa placen­
tera saber que un español prefiere esa obra
suya tan típicamente inglesa.
VIII - Filosofía y Postres
La conversación sigue saltando de uno s
otro tema. Y, naturalmente, surge el que
hoy obsesioira al maestro: la inmortalidad
y el sentido de la vida.
— Me pregunto, amigo mío — dice, sor
hiendo el café español, negro como la tin­

sastre azul (con ese frío y dejarme el
abrigo en el Burglos), hasta una plaza
contra el río, casi encima del río tronante
de hielos rotos y barcazas y algún martín
pescador que allá se llamará sbunáia tjéno
o algo peor.
Después de la plaza supuse que venía
el puente. Lo pensé y no quise seguir. Era
la tarde del concierto de Elsa Piaggio de
Tarelli en el Odeón, me vestí siir ganas
sospechando que después me esperaría el
insomnio. Este pensar de noche, tan de no­
che. . . Quién sabe si no me perdería. Una
inventa nombres al viajar pensando, los
recuerda en el momento: Dobriira Stana,
sbunáia tjéno, Burglos. Pero no sé el
nombre de la plaza, es un poco como si
de veras hubiese llegado a una plaza de
Budapest y estuviera perdida por no sa­
ber su nombre; ahí donde un nombre es
nna plaza.
Ya voy, mamá. Llegaremos bien a tu
Bach y a tu Brahms. Es un camino tan
simple. Sin plaza, siir Burglos. Aquí nos­
otras, allá Elsa Piaggio. Qué triste ha
berme interrumpido, saber que estoy en
una plaza (pero esto ya no es cierto, so­
lamente lo pienso y eso es menos que nada).
Y que al final de la plaza empieza el
puente.

ta, y cuyo aroma se mezcla armoniosamen­
te con el de los cigarrillos— , cuál es el
sentido de la vida, de la evolución del in
dividuo, y la Humanidad. Y, francamente,
no le encuentro sentido alguno. íP'ara qué,
para qué — tartamudea como siempre que
se excita por algo— todo esto, la com­
pleja maquinaria de la evolución biológica,
del progreso humano? ¡N o hay sentido, no
hay finalidad aparente! Por eso me he
acercado estos años a las filosofías indias,
que, a mi juicio, se acercan más que el
Cristianismo a las filosofías humanitarias.
Pero ni aún ahí encuentro el sentido de
la vida, mi preocupación actual. Acaso me
obsesiona tanto por mi edad. ¡ Me queda

conmigo. No sabe lo que se echa encima.
O debajo, como dice Nora que posa de
emancipada intelectual.

31 de enero.
Iremos allá. Estuvo tan de acuerdo que
casi grito. Sentí miedo, me pareció que
él entra demasiado fácilmente en este jue­
go. Y no sabe nada, es como el peoncito
de dama que remata la partida sin sos­
pecharlo. Peoncito Luis María, al lado
de su reina. De la reina y —

7 de febrero.
A curarse. No escribiré el final de lo
que había pensado eir el concierto. Ano­
che la sentí sufrir otra vez. Sé que allá
me estarán pegando de nuevo. No puedo
evitar saberlo, pero basta de crónica.
Si me hubiese limitado a dejar constancia
de eso por gusto, por desahogo.. . Era
peor, un deseo de conocer al ir releyendo;
de encontrar claves en cada palabra ti­
rada al papel después de esas noches. Co­
mo cuando pensé la plaza, el río roto

tan poco va que recorrer! ; V la soledad
que he pasado en Nueva York! Esta es la
ciudad más solitaria de! mundo. En mis
primeros diez años de escritor profesional
gané ."On dólares solamente. Hoy dicen que
soy rico, y no obstante todo lo que tengo,
ahora es un cuarto en un hotel y el ali­
ciente de cuatro he-as diarias de trabajo.
¡Este no es mi ambiente! ¡F r a n c ia ...
España!... ¡Cuánto daría por volver a Es­
paña y escribir un ensayo sobre Zurbarán!
Las colillas van amontonándose en el
cenicero. lia mente de Maugham es ágil y
cambiante como nn cuadro de “ ballet” .
La voz cascada con leve tartamudeo con­
tinúa:
— Pero estábamos hablando del sentido
de la vida. No lo he penetrado aún. Re­
cuerdo un fin de semana que pasé en la
casa de los .lames, después de morir el
maestro. La viuda y el cuñado aguarda­
ban ansiosos el milagro, la comunicación
espiritista que no llegó. Eso no es, aunque
hubiera pasado algo, la explicación. {Para
qué existimos? Se me cree un cínico, cuan

—era rápida y curiosa— anduvo por
veinte lad &gt;s buscando vagamente algo,
pero siir proponérselo demasiado, dejando
que el deseo escogiera y se expresara con
bruscos arranques que la llevaban de una
vidriera a otra, cambiando aceras y es­
caparates.
^
Llegó al puente y lo cruzó hasta el
centro, andando ahora con trabajo porque
la nieve se oponía y del Danubio crece un
viento de abajo, difícil, que engancha y
driblea. Mentía cómo la pollera se le pe­
gaba a los muslos (no estaba bieir abriga­
da) y de pronto un deseo de dar vuelta,
de volverse a la ciudad conocida. En el
centro del puente desolado la harapienta
mujer de pelo negro y lacio esperaba con
algo fijo y necesario en la cara sinuosa,
en el pliegue de las manos un. poco cerra­
das pero ya tendiéndose. Alina estuvo
junto a ella repitiendo, ahora lo sabía,
gestos y distancias como después de un
ensayo general. Sin temor, liberándose al
fin —lo creía con un salto terrible de
júbilo y frío— estuvo junto a ella y

IX - L ’Envoi
Mo despedí de Somerset Maugham a las
tres y media de la tarde en el Hotel Plaza.
Eu el taxi, de vuelta, le agradecí que por
mí hubiera renunciado a esa siesta que ha
dormido desde hace cincuenta años en bar
eos, trenes y aviones con regularidad bri
tánica.
— Le escribiré desde la Costa Azul — me
promete.
Estrecho la mano que tair brillantes pá­
ginas escribió en una obra que abarca
cincuenta años de labor, veintidós novelas,
veinticuatro obras teatrales, noventa cuen­
tos, seis tomos de ensayos y viajes, una
autobiografía filosófica.
Dos días después, el mismo día de su
salida para Francia, recibí una cajita de
Cartier ’s con unos preciosos gemelos de oro
y zafiros. Con la cajita, una tarjeta en
inglés, de puño y letra del maestro: “ Al
Doctor Martí Ibáñez, con la gratitud y
simpatía del autor de Catalina y en re­
cuerdo de una memorable comida españo!a ” , y la firma y rúbrica ya inmortales:
W. Somerset Maugham.

Somerset Maugham, en su mesa de trabajo.

m an

Habla para CAB AL GA T A

RAFAEL MAIJLEON
CASTILLO
Director de los cuadernos de América
“ Brigadas Líricas*\ Director de la
Biblioteca Pública y Museo de Bellas
Artes de San B a fa elt M endoza.
L poder, como escritor de tierra adentro,
decir unas palabras, y esta vez por nn
conducto tan digno como CABALGATA,
es cosa que no podía desaprovechar. Apresado
en estas lejanías andinas, poco se nos oye,
poco se nos recuerda, y para que decir, que
casi nada se nos publica. Sin embargo, mu­
chos saben — en lo que a mí respecta— con­
que pasión, entusiasmo y emoción, trato de
que se conozcan todos aquellos valores jó ­
venes, a los que a veces se los regatea unas
líneas para su obra, casi siempre desapercibida
para el escritor y el crítico, que se ha hecho
una posición y un nombre, olvidándose que él
también comenzó como éstos.
Este año pasado de 1947, desde las mo­
destas columnas de “ El Comercio” , he co­
mentado más de cien libros de escritores ame­
ricanos — preferentemente argentinos— . En
mi correspondencia con ca¿i un centenar de
escritores de América, trato de que se vincu­
len, se conozcan y se canjeen sus libros y
formemos este círculo magnífico que a la
postre está resultando, “ Brigadas Líricas” .
Felizmente, esta obra deja grandes satis­
facciones, y una de las más honrosas es la
que acaba de ofrecerme la SADE, al hacerme
llegar palabras do solidaridad y afecto de su
presidente, don Leónidas Barletta.
No obstante carecer de medios, en virtud
do tener un grupo de adictos que financian
los cuadernos, podremos intensificar la apa­
rición de ellos, y así es que en 19-18, ofre­
ceré a los amigos de “ Brigadas Líricas” , Pre
sencia do la rosa (poemas) del poeta Franklin Miesfes Burgos, de Santo Domingo, y
un cuaderno de la poetisa panameña María
Esther Oses de Aranda.

E

Noche.
Empieza, sigue. Entre el final del con­
cierto y el primer bis hallé su nombre y
el camino. La plaza Viadas, el puente de
los Mercados. Por la plaza Viudas seguí
hasta el nacimiento del puente, un poco
andando y queriendo a veces quedarme en
casas o vitrinas, en chicos abrigadísimos
y fuentes con altos héroes de emblanque­
cidas pelerinas, Tadeo Alanko y Vladislas
Nérov, bebedores de tokay y cimbalistasS
Yo veía saludar a Elsa Piaggio entre un
Chopin y otro Chopin, pobrecita, y de mi
platea se salía abiertamente a la plaza,
con la entrada del puente entre vastísi­
mas columnas. Pero esto yo lo pensaba,
• ojo, lo mismo que anagramar es la reina
V' ■■ en vez de Alina Reyes, o imaginarme ¡
a mamá en casa do los Suárez y no a mi
lado. Es bueno no caer en la zoncera: eso
era cosa mía, nada más que dárseme la
gana, la real gana. Real porque Alina,
vamos— No lo otro, no el sentirla tener
frío o que la maltratan. Esto se me anto­
ja y lo sigo por gusto, por saber adonde
va, para entrenarme si Luis María me lle­
va a Budapest, si nos casamos y le pido
que me lleve a Budapest. Más fácil salir
a buscar ese puente, salir en busca mía
y encontrarme como ahora, porque ya he
andado la mitad del puente entre gritos y
aplausos, entre “ ¡Albéniz! ” y más aplau8os y “ ¡La polonesa!” , como si esto
tuviera sentido entre la niéve arriscada
que me empuja con el viento por la es­
palda, manos de toalla de esponja lle­
vándome por la cintura hacia el medio del
puente.
(Es más cómodo hablar en presente.
Esto era a las ocho, cuando Elsa Piaggio
tocaba el tercer bis, creo que Julián Aguiwo o ('arlos Guastavino, algo con pasto y
Pajaritos). Pero me lie vuelto canalla con
d tiempo, ya no le tengo respeto. Me
acuerdo que un día pensé: ‘ 1Allá me pe­
gan, allá la nieve me entra por los za­
patos y esto lo sé en el momento, cuando
tte está ocurriendo allá yo lo sé al mismo
tiempo. 4Pero por qué al mismo tiempo?
A lo mejor me llega tarde, a lo mejor
Bo ha ocurrido todavía. A lo mejor le
y los ruidos, y después.. . Pero no lo
Pegaran dentro de catorce años, o va es
ana cruz y una cifra en el cementerio de
escribo, no lo escribiré ya nunca.
*|*nta 1 rsula ’ ’ . Y me parecía bonito, poIr allá y convencerme de que la solte­
*|ble, tan idiota. Porque detrás de eso una
ría me dañaba, nada más que eso, tener
sempro cae en el tiempo parejo. Si real­
veintisiete años y sin hombre. Ahora es
mente ella estuviera ahora entrando en el
tara mi cachorro, mi bobo, basta de pen­
Puente, sé que lo sentiría ya mismo y
sar y a ser. a ser al fin y para bien.
desde aquí. Me acuerdo que me paré a
Y’ sin embargo, ya que cerraré este dia­
mirar el río que estaba como mayonesa
rio, porque una o se casa o escribe un dia­
rio, las dos cosas iro marchan juntas — Y;
batiendo contra los pilares, enfuahora no me gusta salirme de él sin decir
recidisimo y sonando y chicoteando. (Esto
esto con alegría de esperanv.n, con espe­
Jo lo pensaba). Valía asomarse al pararanza de alegría. Abamos allá pero no
P®to del puente y sentir en las orejas la
ha de ser como lo pensé la noche del con­
rotura del hielo allí aliajo. Valía quedarse
cierto. (L o escribo, y basta de diario
~ poco por la vista, un poco por el mie­
para bien m ío). En el puente la hallaré y
do que me venía de adentro — o era el
nos miraremos. La noche del concierto yo
desabrigo, la nevisca deshecha y mi tapa­
sentía en las orejas la rotura del hielo
do en el hotel— . Y' después que yo soy
ahí abajo. Y será la victoria de la reina
modesta, sov un» chica sin humos, pero
sobro esa adherencia maligna, esa usurpa­
Tongan a decirme de otra que le haya
ción indebida y sorda. Se doblegará si
Pasado lo mismo, que viaje a Hungría
realmente soy yo, se sumará a mi zona
*®. pleno Odeón. Eso le da frío a cualiluminada, más bella y cierta; con sólo
fluiera, ché, aquí o en Francia.
ir a su lado y apoyarle una mano en el
Pero mamá me tironeaba la manga, ya
hombro.
***i no había gente en la platea. Escribo
hasta ahí, sin ganas de seguir aeordánAlina Reyes de Aráoz y su esposo lle­
ome lo quo pensé. Me va a hacer mal si
garon a Budapest el 6 de abril y se alo­
acordándome. Pero es cierto, cierto;
jaron en el Ritz. Esto era dos meses antes
Ponsé una cosa curiosa.
de su divorcio. En la tarde del segundo
30 de enero.
día Alina salió a conocer la ciudad y el
deshielo. Como le gustaba caminar sola
Pobre Lu
María, qué idiota casarse

do sólo soy un realista. Si escribiera de
estas cosas se me criticaría. Y me obse­
siona- saber. La vida es fría si se llega a
mi edad sin tener respondida esta pregun­
ta. No se comprende que un inglés “ fr ío ”
esté preocupado por esto. Mas yo lo estoy.
He cumplido mi ciclo literario. Y al final
de él quedo yo con la gran pregunta:
{para qué? Y nadie me la contesta. .

R E V I S T A
a

seducción

avasallante

DE
que

sobre

hombres de letras ejerce la
Lpoesíanuestros
lírica, hoy atendida por innumera­

alargó también las manos, negándose a
pensar, y la mujer del puente se apretó
contra su pecho y las dos se abrazaron
rígidas y calladas en el puente, con el
río t ' izado golpeando en los pilares.
A Alina le dolió el cierre de la cartera
que la fuerza del abrazo le clavaba entre
los senos con una laceración dulce, sostenible. Ceñía :: la mujer delgadísima,
sintiéndola entera y absoluta dentro do
su abrazo, con un crecer de felicidad igual
a un himno, a un soltarse de palomas, al
río cantando. Cerró los ojos en la fusión
total, rehuyendo las sensaciones de fue~a,
I:. lar, crepuscular; repentinamente tan
cun ada, pero segura de su victoria, sin
celebrarlo por tan suyo y por fin.
Le pajeció que dulcemente una de las
dos lloraba. Debía ser ella porque sintió
mojadas las mejillas, y el pómulo mismo
doliéndole como si tuviera allí un golpe.
También el cuello, V de pronto los hombros,
agobiados por fatigas incontables. Al
abrir los ojos (tal vez gritaba ya) rió
qne se habían separado. Ahora sí gritó.
I)o frío, porque la nieve ¡e estaba entran­
do por los zapatos rotos, porque yéndose
camino de la plaza iba Alina Reyes lindí­
sima en su sastre gris, el pelo un poeo
suelto contra el viento, sin dar vuelta la
cara y vendóse.
Fi x

bles adeptos engendra cuantiosos y temi­
bles regalos” . Con estas palabras, con­
formadas exhaustivamente a la realidad
de las letras argentinas, comienza ‘ ‘ L i­
rismo y facilidad” , ensayo que en “ Clinamen” , N1? 3, de Montevideo, firma
Carlos Mastronardi, líiieo que permanece
en la actualidad poética unido a Lugones
y Enrique Banchs, a despecho de las cons­
tantes ediciones de los Fernández More­
no, Luis Cañé y tantos otros que tiene
presentes, ahora, nuestro afán periodístico
más que literario.
Analiza Mastronardi, con singular y
definitiva síntesis, los elementos que de­
terminan la proliferación de estos poetas,
el proceso anímico que los mueve y el
pensamiento rector en que persisten: “ Un
estremecimiento vale más que una idea;
el más trivial de los sonetos, si confiesa
una perturbación del ánimo, reduce y des­
morona a Samuel Johnson, a Sainte-Beuve,
a Groussac, y otros gélidos prosistas” .
Es la estética de la “ sobreestimación
de las potencias sentimentales” , de la ca­
rencia “ de problemática y fervores enno­
blecidos por la espera” , mientras que
‘ ‘ todo se resuelve en acción, en intensi­
dad aplicada, en rendimientos” .
Más que páginas escritas contra los que
incurran en tanta mediocridad, son éstas
verdadera clave para una actitud hacia la
poesía. Clave que evitaría la ‘ ‘ abundan­
cia de libros que no son malos, sino previ
sibles. Las más veces alcanzan cierto ni­
vel, pero sus milagros son accesibles y co­
tidianos. Ni gravitan sobre la evolución
ue la cultura, ni trasuntan la intención de
i ebasar las formas hechas ’
Observaciones tan decisivas sobre la fa
cilidad y la falta de responsabilidad se
complementan, necesariamente, con aque­

Mientras tanto, voy realizando mi obra v
escribo versos, cuentos, novelas.
Otra manera de no asfixiarse en la vida
cafeteril, es ésta de organizar conferencias,
exposiciones, recitales, conciertos de los que
no siempre queda satisfecho el respetable.
Por ejemplo, hace unos días logré la visita
do Pablo de Rocka, quien ofreció una mag­
nífica conferencia. Sin embargo, ahora resulta
quo muchos de los oyentes, podrían haber
dicho lo mismo que este extraordinario poeta
chileno. ¡Haberlo dicho antes!
Pero, como la monotonía es una zarzamora
muy espesa para mí, me ocupo ahora de te­
ner listo para el mes de febrero próximo el
nuevo edificio de la Biblioteca Pública y el
Museo de Bellas Artes de San Rafael, y creo
que esto puede ser más importante, intere­
sante y valedero que lo que yo escribo y los
libros que preparo. Reincidiré con Raíz y ala
(poemas) al decir de mis familiares y ami­
gos — algo oscuros— . Una luna para los dos
(novela). Claro que trato de que aparezcan
en 1948 y espero que se difundan más que
mis libros anteriores.
Y para aprovechar el pequeño espacio de
papel que me queda, diré lo que hace mucho
vengo pregonando: Si cada escritor que llega*
so ocupara de los otros escritores como se
ocupa de sí mismo, habríamos ido muy lejos
dentro de un área idiomática que es la se­
gunda o tercera del mundo y que debe contar
con millones de lectores.

R E V I S T A S
llos conceptos sobre la labor del creador
que vertiera- Y’ aléry a propósito de Mallarmé, y que volvemos a encontrar en el
fervor necesario de Mastronardi, cuando
manifiesta que dicha labor o artesanía
“ se la consubstancia con la busca de pre­
ciosas rimas y demás encantos exteriores.
Hay una artesanía profunda que define
las proyecciones más íntimas del poeta y
que replantea todo el problema de la ex­
presión. Sólo ella supera el modo de las
aproximaciones, elimina lo superfluo, so­
mete los medios a los fin es” .
Re haee necesario, dada la cantidad de
poetas que nada dicen, dejar especial cons­
tancia del corolario que el ensayo de Mas­
tronardi ostenta: “ ¿Cómo admirar la
aventura sin riesgo, el prodigio hecho cos­
tumbre, ia hazaña in dolora?” .

La cuestión del idioma americano, o d©
los idiomas americanos, ha sido más de
una vez motivo de polémica entre los es­
critores de este continente. Y, si bien, aún
no se ha ubicado con precisión las proyec­
ciones que tienen, como tampoco el mo­
mento en que se independizan del idioma
madre, ya no es posible negar su exis­
tencia.
Encarando este tema con imaginación
y pasión, Germán Arciniegas nos presenta
una vivida semblanza del ‘ ‘ Destino do las
palabras’ ’, título del discurso que pro­
nunciara como recipiendario en la Aca­
demia Colombiana de la Lengua, y que
reproduce “ Revista de Am érica” , publi­
cación de’ “ El Tiem po” do Bogotá, en el
número correspondiente a septiembre de
1947.
Destaca el escritor colombiano la magia
fundamental de las palabras desde que
tienen nacimiento — “ Nació como un ha( Continúa en la página lg )

�cabalgata

12
A

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G

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e

PREMIO NOIIEL DE LITERATURA 1047

GRAN ÉXITO DE LIBRERIA

ü

'

LA SIN FO N IA P A S T O R A L es tul vez,
dentro de la maravillosa producción de
A n dré Gide, el m ejor ejem p lo de su ex ­
cepcional facultad d e d ecir, sugerir y ha­
cer sentir más cosas con las menos palabras
posibles. Es un poem a engrandecido por
la em oción, la poesía y e l humanismo.

LA

el autor algunas palabras del mismo Novás
Calvo al respecto, en carta que lo enviara:
‘ ‘ Me falta una misión; la misión que da
el estar identificado con algún sector hu
mano en marcha, con un propósito y contra
algún estorb o... Esto no es, ni mucho
menos, todo lo que importa, pero es im­
portante ’ ’ .
Es en este momento’ con toda seguri­
dad, que adquiere relieve la importancia
de Lino Novás Calvo en la literatura ame­
ricana. Superando la crisis de la misma
a través de la unidad de los elementos
utilizables do las dos corrientes, señala
el camino a seguir a partir de esta etapa.
Claro que, el camino es arduo. Más aúir
si, como el mismo cuentista confiesa, nos
falta nna tradición. Pero ya Henríquez
TTreña al explicar este problema, cita
Portuondo, decía: ‘ ‘ Los inquietos de aho­
ra se quejan ce que los antepasados hayan
vivido atentos a Enro ja, nutriéndose de
imitación, sin ojos para el mundo que
los rodeaba: olvidan que en- cada gene­
ración se renuevan, desde hace cien años,
el descontento y la promesa ’ Y agregaba
a continuación que frente a este problema
“ el ansia de perfección es la única norma.
Contentándonos coir usar el ajeno hallaz­
go, del extranjero o del compatriota, nunca
comunicaremos la revelación íntima: con­
tentándonos con la tibia y confusa enun-

EN TORNO A UNA
J O V E N
G ENERA CION
P o r M IG U E L G R A C O

LA P U E R T A E ST R E C H A es la historia
d e una m u jer q u e destruye su felicid ad y
su vida y la dicha d el h om bre que ama
con su inm oderada virtu d ; d e un alma
apasionada de “ gloria celestiaV' q u e al­
canza e l gozo m ístico p or e l renunciam ien­
to suprem o.

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cuentra en este volum en antológico, que
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EDITORIAL POSEIDON
R E V I S T A

DE

( Viene de la página 11)
llazgo cuando se quiso nombrar una cosa
nueva que en el mundo estaba como si
dijéramos sin bautismo.” — , hasta su mul­
tiplicación en distintas lenguas, en dife­
rentes emociones, hasta en diversos sig­
nificados.
“ Acercarse a una palabra — manifiesta
Arciniegas— para saber por qué ha sobre­
vivido y aún conservado su frescura, como
si fuera invento de ayer y no de siglos
ha, es aventura emocionante” ; y ofrece la
pauta de esa aventura cuando agrega:
“ Así el escritor o el hablador se encuen­
tra en medio de este mundo de palabras
que cambian de sonido — quizás por eso
Be las llama voces— de rostro — y se les
dice “ expresiones” — , que se apagan1 por
siglos, que renacen, qne se cubren y des­
cubren. Se apasionan los curiosos siguien­
do sus rastros, averiguando sus historias
y leyendas, mirando cómo juegan en las
frases, en las canciones, en el recuerdo
de los viejos, en el atrevimiento de los
jóvenes. Cómo pasan del aire al libro y
del libro al aire. Cómo las llevan los sol­
dados a manera de pólvora o metralla en
sus morrales. Cómo en la picaresca le
doblan el sentido. Cómo en la mística se
lo arrebatan y elevan” .
Y , lógicamente, de esta comprensión del
nacimiento constante de las palabras, un
americano no puede memos que dejar cons­
tancia — cosa que hace Arciniegas— de
las aventuras que conformaron el caste­
llano conocido por nuestros colonizadores,
su heterogeneidad complementatoria, para
dar fe de un nuevo nacimiento: “ Creo
que, en lo general, eir América la fonética
tiende a restarle cierta teatralidad que
imprimió el español a su idioma en tiem­
pos relativamente modernos” ; y termina
diciendo: “ la deuda antigua con el grie­
go, el latín, el púnico, el hebreo, o el árabe,
que deuda se dice, pero que es conquista
ahora se multiplica con lo azteca y lo
maya y lo chibeha y lo quechua y lo
ajanará y lo guaraní, para ostentar una
variedad de matices que ningún: otro idio­
ma de Europa puede ofrecer ’ ’.
Pero en la actualidad el destino de las
palabras, en uno de sus tantos órdenes, es
el de las idejs. La unidad entre unas y
otras es tan indiscutible que cuando Ger­
mán Arciniegas afirma que: “ El tema
de nuestro tiempo es la libertad ’ ’ , debo
necesariamente terminar su exposición,
mientras se dirige a sus colegas de la
Academia Colombiana de la Lengua, con
estas palabras, fervientemente destinadas:
&lt;4Lo menos que se os puede pedir es emo­
ción, pasión, amor sin límites, para que
esas palabras nunca pierdan la fortaleza
do sus alas, porque jamás en nuestra
tierra, carezcan do aire libre para el vue­
l o ” . Palabras rebeldes en una Academia.

Bueno**

A ir e s

R E V I S T A S
En el número correspondiente a Sep­
tiembre-Octubre de “ Cuadernas America­
nos” , publicación mexicana cuyo secreta­
riado ejerce Juan Larrea, aparece un in­
teresante ensayo del crítico cuban» José
Antonio Portuondo sobre su compatriota,
el cuentista Lino Novás Calvo y las rela­
ciones de éste con el cuento hispanoame­
ricano.
Según Portuondo, el cueirto en América
Latina ha seguido dos corrientes a partir
do Horacio Quiroga, quien ha dado fun­
damento a ambas. La eriollista o impresio­
nista, y la psicológica o expresionista.
Señala Portuondo en dicho ensayo las in­
fluencias europeas y norteamericanas que
intervinieron en la conformación de estas
dos escuelas, su desarrollo y los hombres
que las representan. En este pasaje rápido,
ubica también el autor las exageraciones
y extremismos en que ambas corrientes
incurrieron, y que motivó la crisis poste­
rior, actual, del cuento hispanoamericano.
Según el ensayista, la corriente criollista so transformó muchas veces en panfletaria o cn descripción pura, mientras que
la psicológica “ en el soliloquio más o me­
nos filosófico — como sucede con frecuen­
cia en narraciones de Eduardo Mallea y
de Jorge Luis Borges— ” , o en el poema
lírico en prosa. De esta crisis surgió el
cuento policial, como una forma de solu­
ción, que más bien parece de evasión.
Pero Lino Novás Calvo buceó más hondo,
ya que fué “ su empeño aprovechar los
aportes válidos do las dos corrientes antes
mencionadas, tomando en la eriollista el
realismo que se apoya en la propia cir­
cunstancia — paisaje, hombres, lengua po­
pular— , y de la expresionista el propósito
de desnudar, en el personaje local, la más
honda esencia humana, universal. De este
modo, sus cuentos son característicamente
cubanos por su fidelidad a la propia cir­
cunstancia, y universales por su feliz ahon­
damiento en la común entraña humana ’ .
Misión ésta que, en la Argentina, cumple
Roberto Arlt.
Pero aunque Lino Novás Calvo elaboró
magníficos cuentos uniendo a la realidad
americana angustiados personajes, desecperados y solos, quo hasta ese momento
parecían girar en un círculo vicioso y gra­
tuito, Portuondo agrega que “ es imposiblo persistir en esta visión del mundo — el
individuo aislado, acechado por la angus­
tia y por la muerte— sin caer en la mo­
notonía del acento moirocorde, en la re­
petición, hasta 'el cansancio, de una misma
nota ejecutada por diversos instrumentos.
Y es que, además, dicha visión del mundo
no es sino la carencia y el anhelo de una
concepción del mismo quo sea, a la vez,
razón y acicate, clavo de su sentido y
estímulo para la acción ’ ’. Cita entonces

S ya nn lugar común en el ambiente
literario argentino señalar que éste se
encuentra abocado a una profunda
crisis de valores y de generaciones, para
agregar de inmediato que a partir del mo­
vimiento llamado “ Martín Fierro” , y de
la existencia de sus contemporáneos no
enrolados en el mismo, nada digno de
mención ha sucedido en la Argentina.
Otro lugar común es afirmar la in­
existencia de grupo alguno de jóvenes
valores literarios, y la adjudicación a les
mismos de la culpabilidad de este hecho.
Decimos esto a raíz de las palabras re­
ferentes al mismo tema que pronunciara
Vicente Barbieri en el homenaje que se
le tributó por la distinción adjudicada a
su libro “Anillo de Sal” . Palabras que
constituyen una verdadera manifestación
de fe en los jóvenes. Fe ubicada en su
justo lugar.
Decía Barbieri:
. .Y dura época es
esta para el poeta, tal y como lo es para
todos los hombres del mundo. Por eso
vemos (algunos con sorpresa, otros con
temerosa desconfianza, y los demás, que
no son pocos, con esperanzado anhelo),
vemos — decía— como se levantan voces im­
pacientes para decir cosas hasta hace po­
co incomprensibles. Parece haber en el
mundo una urgencia, una ardiente urgen­
cia que viene quizá de la raíz de la san­
gre. Y así, vemos una juventud que ha
comenzado a cantar, y que canta serios
sortilegios, tan tempranamente como cua­
dra a la época que vivimos. Es muy posi­
ble que muchos no comprendan esa urgen­
cia, tal vez no adviertan signos terribles
en ese ardor, en esa sabiduría apresura­
da de los jóvenes, y es porque esos sig­
nos y esa urgencia no son precisamente
amables como una fiesta de declamación,
sino dramáticos, como si estas generacio­
nes trajeran en la frente el signo trá­
gico de realizaciones futuras que no se
alcanzan a presentir aún” .
Es en esta forma que también creemos
en la juventud. No por nacimiento es­
pontáneo aparecen los valores, como quie­
ren creer los que se desentienden por
completo de todo lo que es joven. Y, si
bien en la crisis actual intervienen fac­
tores tanto de orden nacional como uni­
versal, no es menos cierto que ya en la
misma “ Martín Fierro” , elevada siempre
como fantasma ejemplificador, se fueron
creando elementos que contribuirían a es­
ta crisis. Porque, si no es posible ni ne­
cesario negar el valor de la actitud asu­
mida por los artistas de esa época, ni el
valor individual de gran parte de los mis­
mos, no fueron ellos, en ningún momento,
promotores de bases fundamentales dentro
de la cultura nacional. No establecieron,
en los comienzos de sn actuación ni en
la actividad posterior que desarrollaron,
orientaciones definitivas, ni crearon con­
diciones para, eu la medida de lo posi­
ble, evitar la repetición de una situación
que ellos quisieron superar. No crearon
dichos artistas, que ocupan ahora todo el
panorama intelectual del país, los funda­
mentos de una crítica literaria nacional,
ni órganos de expresión que cumplieran
una misión rectora y no la misión de
satisfacer anímicamente a grupos escogidos
con fervor claustral.
Actualmente los jóvenes escritores no
pueden partir desdo ninguno de los he­
chos que la “ Martín Fierro” o sus con­
temporáneos creyeron establecer en for­
ma definitiva. Más bien, la relación entre
los que llegan y sus predecesores no ha
variado en absoluto, existiendo únicamen­
te el peligro de ver establecerse la lucha
por conquistar posiciones, y no la coraplementación dentro de muchos problemas
que son comunes. Es el discutido camino
do la salvación personal, de la búsqueda
del tema original que aparentemente tien­
da a eso, en un país que aún no cuenta
con una tradición cultural que lo permita
en la forma que se practica.
Es así que los jóvenes escritores se
encuentran, como so encontraron a su vez
los que ahora los desconocen, con la au­
sencia de quienes en cambio de exigir
soluciones, permitan el desarrollo de las
preguntas urgentes que formula toda ge­
neración que adviene, y que suponen im­
prescindible el choque de las generacio­
nes. Esto no sería otra cosa que girar
en un círculo vicioso. Son los mismos,
por último, quo en su relación con los
jóvenes crean el vacío y el resentimiento,
y añoran los tiempos de “ Martín Fierro”
como lo único valioso en la vida nacio­
nal, recordando de la misma* su liturgia
más que la labor creadora estipulada en
sus manifiestos.
Volvemos a repetir entonces, como sín­
tesis de estas observaciones cn torno a
las trascendentes palabras de Vicente Bar­
bieri, observaciones quo no abarcan ni
agotan el problema, que no es una obra
cumplida lo que debe exigirse a una jo­
ven generación, ni una banal y ridicula
pleitesía, sino una calidad renovadora en
las preguntas que formula.
Y no dudamos que el apoyo crítico y
polémico quo los jóvenes reclaman con su
sola presencia, seria uno de los pasos más
eficaces y saludables a esto respecto.

dación &lt;lc nuestras intuiciones, las des­
virtuaremos ante el oyente y le parecerán
cosa vulgar. Pero cuando se lia alcanzado
la expresión firme de una intuición artís­
tica, va en ella, no sólo el sentido uni­
versal, sino la esencia del espíritu que la

poseyó y el sabox de la tierra de que Be
lia nutrido” .
“ Qne es cabalmente lo que ocurre con
Novás Calvo ’
termina afirmando José
Antonio Portuondo en su estudio.
M. G.

E l TIEM PO Y SUS LIBROS
de la espera , por Alberto Girri. Ediciones “ Botella al Mar’ ’, Buenos
Aires. 32 pgs. a la rústica. Portada de Luis Seoane,

CORONACION

A esta altura de su obra — aludo a Playa Sola y Crónica del Héroe— , Alberto
Girri ha de medir sin engaño lo duro de su camino, la escasa aptitud para el eco
que caracteriza su voz. Pienso — creo que con él— que tanta áspera soledad es el
precio de un rigor casi sin parangón en nuestra poesía, el comprensible hiato entre
una corriente de literatura que tiene por lo común los atributos de lo vegetal (verdor,
fragancia, susurro) y esta obra creciendo al borde del huerto con rasgos minerales—
fijos, ceñidos, despiadados.
Tal diferencia, que tiene como imagen el valor y la limitación de lo analógico, se
ahinca y perfecciona en estos poemas que prosiguen la excavación del túnel iniciada
en Playa Sola, e ingresan sin rodeos retóricos en la central donde se opera la toma
poética de realidad. Muchos son los túneles para un solo contacto esencial, y Girri
está horadando el suyo por el lado más rebelde de la montaña; cabe preguntarse
ante
la belleza sobrecogedora de muchos poemas de Coronación de la Espera— si la em­
presa total de la poesía no está condicionada por la forma de descenso; si, en esta
realidad de suspensas certidumbres, el camino de piedra es el que lleva más abajo
o más arriba, como en las montañas místicas de las iluminaciones medievales.
Una lectura insistente vencerá el pudor que hace a Alberto Girri avaro de efu­
siones y siempro pronto al perfil o la mano cerrada. Quisiera tener espacio para aludir
desde la suya a una poesía gnómica, una poesía que se propone siempre como ansiedad de
fijación óntica — términos ambos que reclamo libres de literatura— , y que surge tan
cerca ya de la meta propuesta que Girri no puede sino formularla con un verbo
esencial, etimológico casi, que sólo nuestro vicio metafórico ha de considerar oscuro.
Probaría allí que la aseveración continua de los poemas de Playa Sola y Corona­
ción de la Espera, la presencia inusitada del juicio en un momento en que se pre­
fiere la enumeración sin otro compromiso que el estético, encubre y manifiesta el
acceso a un conocimiento apenas entrevisto y cuyas etapas de autorrevelaeión cons­
tituyen la labor presente del poeta; encubriéndolo, en cuanto el juicio como tal no
tiene validez poética alguna, lo que desconcertará a quienes todavía buscan “ verdades”
en los versos; y manifestándolo como presencia analógica de un rico, incesante fluir de
intuiciones que el atento abandonarse a los poemas irá cediendo lentamente, como
si viéramos a Girri abrir poco a poco el puño, girar al fin la cabeza para dejarse
mirar.
En Sazones de Pereza, un poema revelador en muchos sentidos, Girri aseguró que
el orden, orden de lo que sea
¡a y !, me está vedada.
Tal vez por eso, Coronación de la Espera renuncia a toda ordenación, salta temática
y verbalmente con bruscas embestidas y repliegues, presumiendo una cárcel en la mera
sombra del árbol en el suelo. Pero tras de la resistencia al orden que persiste en el
poeta, la poesía de Alberto Girri parece estar urdiendo despaciosa la ordenación de
un mundo lleno de sobresaltadas hermosuras, acercando su presencia a un sistema de
la realidad donde se continúe siendo libre y creciendo en ser.
No te rindas a las sombras,
Que sean otros los que mueran y perezcan,
es casi órficamente el resumen de un mensaje que habrá de ser oído porque el tiempo
requiere a este poeta a veces cruel y siempre duro, a este poeta necesario.
Julio Cortázar.
KIERKEGAARD Y LA FILOSOFIA EXISTENCIAL,

por León Chestov. Traducción de José
Ferrater Mora. Editorial Sudamericana,
Buenos Aires. 332 págs. a la rústica.
$ 7.50 m/arg.
Para quien avance en este libro aferrándose
obstinado al esquema que el promedio de la
cultura occidental propone y cimenta como
explicación de la realidad y del puesto que
el hombro ocupa en ella, la lectura del es­
tudio de Chestov tendrá esa consistencia in­
decible de las pesadillas en las qne toda
relación, toda jerarquía, todo canon acepta­
do en la vigilia, se deshacen o alteran mons­
truosamente (y sin embargo nada es mons­
truoso en una pesadilla, la calificación la
ponemos al despertar). De modo que será
inútil defender una actitud de vigilia —pro­
longo la comparación— si se quiere asumir,
aún cuando sólo desde lejos y precariamente,
el salto teológico de Soren Kierkegaard. Apli­
cado a mostramos los avances, las irrupcio­
nes y los aterrados retrocesos de esa intui­
ción rebelde a toda categoría, a toda razón
especulativa, León Chestov proporciona a
nuestra urgencia de aprehensión existencial
un itinerario paciente y reiterado por el ca­
mino solitario del danés quo “ clamaba y cla­
mará en el desierto” .' Sólo la vanidad o la
cobardía pueden negar que la voz de Kier­
kegaard está sola porque casi nadie es capaz
de creer en ella y con ella. Nos ata la adhe­
sión milenaria a lo mediterráneo, a los pres­
tigios de una filosofía, un conocimiento orde­
nado por esas virtudes que alcanzan su filó­
sofo en Aristóteles y su poeta en Valéry.
Nadie oye sin horror a Kierkegaard procla­
mando el pecado del conocimiento, la mentira
de la razón; nadie aceptará sin desmayo que
la nada nos agobie precisamente porque he­
mos elegido el árbol de la ciencia, y porque
la libertad ha muerto con el amanecer de la
razón.
A nuestra necesidad do lucidez, Kierke­
gaard responde con el grito irracional de la
fe. con la demanda de la suspensión de todo
orden. El creo porque es absurdo se levanta en­
tre clamores (con Job, que exige la repe­
tición y la restitución de lo perdido; con
Abraham que alza el cuchillo sobre Isaac,
porque la ética — otra máscara de la nada—
está abolida en él y por él). Y a las es­
tructuras que la razón defiende y la filosofía
jerarquiza, se contesta con las deducciones
de la pasión, “ las únicas seguras, las únicas
convincentes” .
Que esta imperfecta y vana caracteriza­
ción del pensamiento ( ? ) de Kierkegaard no
lleve a suponerlo conectado con la mística;
Chestov, siempre alerta para recortar a sn
“ caballero de la fe” de todo malentendido,
ilustra su encono contra el místico, que so
refugia siempre en un conocimiento, por inefa­
ble quo sea, y está por ello tan en error como
el filósofo, desde que todo conocer es caer. . .
Huelga aquí el elogio de la tenaz, ahincada
labor de León Chestov frente a esa nube
cambiante, esa sombra que se agita en todas
direcciones, ese razonar incesante contra la
razón. El problema para el lector de Kier­
kegaard es y será siempre abrirse paso en
su ramaje dialéctico para intuir la intuición
que esconde. Bien se mide allí la agonía de
ese hombre tratando de precisar iluminacio­
nes que su propio espanto rechazaba. Ches­
tov libra a su lado la batalla, y nos entrega
de la realidad kierkegaardiana una visión
donde
lo anecdótico ha sido aplazado y lo
esencial puesto en primer plano; el que ten­
ga su valor, que allí se adentre. — J. C.
ucranios , por Nicolás Gogol.
Traducción de León Mirlas. EspasaCalpe Argentina, S. A., Buenos Aires.
176 págs. a la rústica. $ 2.25 m/arg.

Cuentos

En su biografía de Alejandro Pushkin,
Henrí Troyat describe la fascinada atención
y el silencioso fervor con que el joven Nicolás
Gogol — feo, magro, tímido— se acercaba al
poeta de Borls Godunov para beber sus en­
señanzas en una silenciosa actitud discipular.
Pero la bala de Jorge d’Anthés aguardaba

ya a Pushkin, y habría de ser Gogol quien
alzara de entre la nieve y la sangré del duelo
trágico su imperiosa consigna de seguir ade­
lante. Pushkin le legaba una magnífica y ar­
dua herencia: su creación de la lengua lite­
raria nacional. Dado a lo narrativo. Gogol
habría de perfeccionar una técnica que, ex­
presándolo con infinita sutileza, lles’ó a con­
vertirlo en el padre de la novela rusa moderna.
Estos cuentos ucranios, de los cuales el
más célebre es La. feria de Sorochin. re
presentan la alianza no siempre cumplida
del realismo clásico y el romanticismo hiper­
bólico que el genio eslavo había producido
en Pushkin. Gogol parece ir a las leyendas
oue motivan los cuentos con un marcado de­
leite romántico al modo alemán, pero su tra­
tamiento no cede a los prestigios de magia y
ensueño de los temas, busca reducirlos a un
relato donde el equilibrio entre la luz y las
brumas deje al lector la impresión profunda
del claroscuro. Así La noche de mayo, o la
ahogada, muestra la alternación del uintoresouismo bullicioso y socarrón de la fiesta
popular rusa, con el misterio de lo sobre­
natural que corre por las baladas d*1 Lenau,
Ubland. y los relatos de Charles Nodier.
Terrible venganza es quizá el cuento más
desigual e inalcanzable de esta serie, ñero la
grandeza del talento de Gogol. su adhesión
a los balbuceos del alma pormiar, su sentido
del color narrativo oue hace inmortal a Tarás
Bulba, convierten el relato en espejo donde
se resume el eco de los demás, la multitud
de los héroes anónimos con sus batallas v
sus travesuras, la luz de ese pueblo donde
cada upo lleva un mundo en sí mismo —para
decirlo con Rainer María Rilke. — J. C.
dfl paraíso , por Vicente Aleixandre. Edil oriol Losada, é». A . Buenos
Aires. 192 págs. a la rústien. $ 6 m/arg:

S ombra

De vuelta está Aleixandre, de vuelta con
poemas que inclinan aquella primera balanza
— “ La Destrucción o el Amor”— hacia el
puro adorar fluyente y fresco. Aleixandre,
i y los poemas de antes. Noche sinfónica. Ma­
ñana no viviré. Tristeza o pájaro, Soy el
destino? Aleixandre, ¿ v la violencia surrealis­
ta ? Nada, la balanza se ha inclinado, y a la
enumeración de las ruinas sucede el salto
cenital. De su anterior, inolvidable libro, per­
duran los poemas de la angustia y el com­
bate; éste de ahora tendrá para el recuerdo
la imagen de la mujer amada ardiendo blan­
damente en la arena del sol.
Hace años, Pedro Salinas mostró en un
fino estudio el romanticismo perceptible en
Aleixandre, su aptitud lírica para la geo­
grafía poética, el paisaje, la enumeración
siempre inédita. Si esa clara inclinación a la
delicia se cortaba furiosamente a cada verso,
si a la maravilla de Triunfo del amor sucedía
una mano del tamaño del c ñ o
un continente donde circulan venas,
donde aún quedaron, huellas de 'unos
(dientes,
la necesidad imperiosa de elogiar excedía ya
en Aleixandre los números de la ira o ue
la angustia. Ahora las puertas del paraíso
están abiertas, y su poesía parece inclinarse
en la actitud agradecida luego de tan dulce
recompensa:
Oh río que como luz hoy veo,
que como brazo hoy veo de amor que a
(mí me llama!
Su obra busca así “ encerrar en sus pá­
ginas un destello de sol” , y tal vez por eso
se inicia aconsejando al lector lo que el poeta
de Les Nourritures Terrestres aconsejaba a
Nathanael: tirar el libro, irse a mirar la ln*
cara a cara. Consejo falaz, que brinda el de­
leite do no seguirlo, de mirar la mejor lur
en muchas de sus páginas.
Pero, y ésto es un precio a pagar en la
poesía, la gracia acrecida y exaltada de Som­
bra del Paraíso se alcanza con la perceptible
pérdida do la hondura nocturna que había
en Vicente Aleixandre solo frente a un amor
atormentado, a una precaria posesión. No sé
que en este volumen haya un poema compara-

( Continúa en la página 1$)

�cabalgata
ble al mundo infinito de El Escarabajo. Hn.v
en cambio un perceptible, aljro insólito soplo
una permanente maestría eloeutira. y el resumen gozoso de un edén de poem que él y nosotros contemplamos

SOBRE EL CANDENTE PROBLEMA

eernudiano,

DE LA IN D U S T R IA E D IT O R IA L
HABLA

como se contempla la tarde que colmada-

(mente termina.

JOAN
MERLI

Los papeles de A spekn , por Henry James.
Traducción de María Antonia Oyuela.

Emecé Editores, S. A.f Buenos Aires.
176 pú¿s. a la rústica. $ 3.75 m/arg.
En un breve ensayo sobre Henrv James,
relata un encuentro cn
j Boston con el novelista, y la agitación casi
' frené tica de éste ante las posibilidades de
I muerte, mutilación o aplastamiento que podía
¡ correr su visitante en el acto de ascender al
j ¿mnibus de vuelta. “ Le aseguré que estaba
perfectamente habituado a subir ni ómnibus”
cuenta Somerset Maugham, “ a lo que me re
plicó que no era ése el caso tratándose d.un ómnibus americano; a éstos los distinguía
un salvajismo, una inhumanidad, una violen
cia que excedía lo concebible. Me sentí tan
’ contagiado por su ansiedad, que cuando el
coche se detuvo y salté a él, tuve casi la
¡ sensación de que había escapado milagrosa, mente de una horrible m u e rte...”
Si la anécdota muestra a un James tenso
| y azorado ante una situación cotidiana como
| la, narrada, vale simbólicamente para record »r
hasta qué punto la tensión interna de su
| labor creadora se propaga y contagia del mis­
mo modo ni lector menos dispuesto, le trans­
fiere con implacable insistencia las valoracio­
nes especialísimas del narrador, la presencia
en primer plano do elementos en apariencia
menores, la esfumadura de las lineas capita­
les, la creación o descubrimiento de cierta
realidad donde las cosas y las instancias
echan a valer de nuevo, de otra manera,
siempre con una calidad propia y escondida
que la mayéutica de James busca y expon»*.
i Si Los papeles de Aspera carecen de la
corrosiva desintegración de lo real — palabra
más que nunca provisoria— que hace de
Tho Tura of the Screw una experiencia poro
igualada en la literatura, su acción discurre
en cambio paralela al perfil de ciertos hechos,
ciertas cosas y actitudes que están ya corroí­
das y desintegradas, sin necesidad de que el
novelista vaya más allá de la contemplación
y la crónica. En una Venecia con color de
pergamino y olores marchitos, la triste y trá­
gica persecución de las cartas de amor del
poeta Aspera será, alegóricamente, la triste
y trágica obstinación en un ideal que sucum• bió con un momento de cultura, con un ago­
tado estilo de vida cuya última llama fué el
talento y la obra de Ilenry James,
í Por eso Tina, la indefensa, conmovedora
heroína casi burlesca a fuerza de ternura mal
«locada y ansiedad anacrónica, aparece en el
relato con los atributos más sutiles de su
creador: ella es Henry James como Madame
Bovary fué Flaubert. En el ensayo antes ci­
tado. Somerset Maugham sentencia que James
“no llegó a ser un gran escritor porque su
experiencia era inadecuada y sus simpatías
imperfectas” . Así, exactamente así, es Tina cn
sn profunda casa de Venecia; de esas sim­
patías y experiencias incompletas nace siem­
pre lo mejor de la literatura — que es an­
siedad infinita por completarlas y volverlas
perfectas. — J. C.
Somerset Maugham

Miguel de M an a r a , Misterio en seis cua[ dros, por O. \Y. de Lubicz Milosz. Tra­
ducción de Lisandro Z. T). Galtier.'Pró­
logo de Ramón Gómez de la Serna.
Ilustraciones de Raúl Veroni. Emecé
[ Editores, S. A ., Buenos Aires. 118 págs.
[ encuadernado. $ 9 m/arg. .
Justo es iniciar esta reseña de tina obra
de Mijosz con el elogio de Lisandro Z. D.
Galtier, que desde hace años cumple entre
nosotros la tarea generosa de acercarnos a un
gran poeta, acaso el último de los poetas ro­
mánticos. Milosz, sensitivo y misterioso, no
quedará entre los hombres por sus estudios
de lingüística ni sus revelaciones teosóficas;
un puñado de poemas lo sostiene fuera del
tiempo, un poco como él cuando vivía, en
incesante exilio físico y espiritual, poeta d.^
paso en un existir precario, de una intensidad
‘interior que toda su obra testimonia.
Armand Godoy ha señalado las circunstan­
cias quo llevaron a Milosz a recoger la his­
toria de don Miguel de Mañara, ese “ Don
Juan posible” como le llama Ramón Gómez
de la Serna. Ahincando en el proceso moral
de Mañara su propia concepción del Amor.
)í|b»sz entrevio que ‘ ‘el donjuanismo ideal
tí un modo erróneo y frenético de satisfacer
«na necesidad primordial de Ser” . Así el se­
ductor busca de mujer en mujer el huvente
tantasma, “ el amor inmenso, tenebroso y dul­
ce". En su sombrío pero encendido desarrollo,
íl “misterio” va siguiendo los momentos crí­
ticos de la vida de Miguel de Mañara, al
«nodo que los pintores primitivos desarrollan
l»s vidas de santos. Las imágenes se fijan cn
oda cuadro con una tan clara belleza, que
el lector deberá hacer un esfuerzo para arran­
carse de una situación e ingresar en la si­
miente. Al magnífico proemio blasfematorio
-con el monólogo de don Miguel donde alien­
ta ya el entero desarrollo de su destino— ,
•cguirán las imágenes de la pasión de Masu renuncia y su ingreso a la vida mottí*tica. donde el prior habrá de decirle:
“Aquí, la vida es algo más que una sonrisa
mtre afeites o una lágrima de mujer, caída so­
be el vidrio, aquí las piedras están llenas de
una paciencia que espera y de una espera que
•wucha." Tumultuoso y ardiente, el quinto cua­
dro tiene más que los otros el tono medieval
me Milosz debió buscar al margen del tiemhistórico, para concluir en la paz del
berto monacal, donde la muerte viene a don
Miguel con la voz del corazón de la Tierra,
la paz para su cansado caminar.
Este &gt;oema, que precede en Milosz al salto
¡mtafísioo de donde nacerían el Cantique de
ta Connaissanco y La Confession de Lemuel,
n°s llega en una edición digna de su texto,
’ m una versión de Galtier que revela, como
m todas las ya conocidas, su filial adhesión
4 D&amp;a poesía que sólo por convivencia alcanza
4 d&amp;rse y a florecer. — J. C.
^

esia

brasileña

contem poránea ,

por

bastón Figueira. Instituto de Culturo
r y Aguayo - Brasileño. Montevideo. 144
Paginas.
Del infatigable escritor uruguayo gustamos
*a cuidada entrega de los poetas brasileContemporáneos (1920-1946) efectuada con
fíente sentido de su ubicación y merced
una paciente tarea de traducción. Ya en
ES®tas de América habíamos leído a los poeque Pigueira acercaba en su plan de sana
Jiii *ac'&lt;)n’ y 9ue “ hora en forma amplia y
Klf*2n‘ na,l » amplifican el eco del presente
•ile^* rl*
Va*orMC*” n de la poesía brai ®4 contemporánea ubica sobriamente el
i 4» l&lt;*°
una Puesta que se desplaza dentro
cía Qn cl4n»a que juzga excelente para la crea¡ ^ n' . 4 opulencia del folklore, el sentido de
ión, el nativismo. la inconfundible
U^DaÜzacion de la brasilidad. el americaIflq P» 1® universalidad, y el movimiento mod«l pv*’ *’ &amp;uran en el análisis introductivo
.. r° y 8011 utilizados como fundamentos
B L .** construcción que ofrece el panorama
r,r° '• la poesía
La poesía contemporánea del Brasil, ya

( Continúa en la página 14)

•
9
•

Sus iniciativas.
Sus proyectos.
A cerca clel libro extranjero.

ITN'A vigorosa tela de Juan del Prete,
i -1 innumerables volúmenes eir francés,
italiano, inglés y alemán, sobre temas es­
téticos, reproducciones de telas o grabados
ya famosos, conforman el marco donde
Merli rinde a la cultura artística del país
de América, su diario grano de arena
Interrumpiendo su labor de Director Ge­
rente de la Editorial Poseidon, nos res­
ponde rápidamente al ineludible interro­
gatorio periodístico sobre la industria edi­
torial,
¿Qué puede decirnos acerca de la ac­
tual situación?
fot-muía una pregunta aparente
mente fácil de contestar, pero en reali­
dad muv compleja. En primer lugar, ¿qué
se entiende por “ actual situación” cuan­
do nos referimos a la crisis que viene
sufriendo la industria argentina del li­
bro? Esa situación comprende: A. La ma­
yoría de países de Sudamérica, clientes
del libro de producción argentina, carecen
de divisas para pagar nuestras cuentas,
bablo eu términos generales. Algunos han
establecido cuotas restrictivas de impor­
tación, y solicitud de permisos previos de
importación que en la mayoría de casos
no son concedidos. En síntesis, han adop­
tado fórmulas desde restrictivas hasta
prohibitivas, pasando por otros varios pe­
ríodos conducentes todos a originar pro­
blemas. México acaba de imponer dere­
chos aduaneros a la entrada de libros.
Iodo el mundo habla de franquicias, de
abolición de fronteras para el libro, ve­
hículo de cultura y de amistad, ¿no? La
i éplica a estos unánimes deseos son aduaEL SEUUO SUICIDIO

UE BAUDELAIHE...
( Viene de la página 2)
que en dicha misiva Eaudelaire anunciar
ba a su notario que iba a suicidarse. Ha­
ce algunos meses se supo que el libro de
Sartre, “ Ecrits intimes de Baud elaire’ ’ ,
había sido recogido por la policía y pro­
hibido por el juzgado. La acción se había
llevado a cabo a consecuencia de una que­
rella presentada por un Sr. Ancelle, que
afirma que le habían “ robado” la carta.
Y el Sr. Ancelle pide trescientos mil fran­
cos de daños e intereses al editor ( “ Editions du Poiut du Jour” ).
Ancelle. nieto del notario de Baudelaire, mostró cierto dia la carta fatal a uno
de sus amigos, el escritor Ives Le Dantec,
baudeleriano apasionado. Le Dantec con­
siguió quo la prestaran la carta, se la
llevó a Paulhan, que la transmitió a Sar­
tre. Esto la publicó eu su libro.
— Nunca he autorizado a Sartre a pu­
blicar esta carta, — alega el Sr. Ancelle.
Es el propio derecho de propiedad lo que
está eu litigio.
Al hablar el Sr. Ancelle de propiedad
jurídica, la ‘ literatura” replica:
— Hay en la obra de todo genio crea­
dor una parte que no puede ser objeto
de la propiedad jurídica. . . La corres­
pondencia de Baudelaire forma parte in­
tegrante de su obra, y a este título la
“ carta del suicidio” no le pertenece a us­
ted, Sr. Ancelle. Pertenece a la litera­
tura. Usted no tiene derecho a frustrar
esta obra maestra.
Lo que hay todavía de más divertido
en el “ affaire” Ancelle es que el “ sui­
cidio de Baudelaire” parece ,que fué en su
época una alegre farsa. Se hace obser­
var, en efecto, que las cartas que Bau­
delaire escribió en la misma época reve­
lan un gran optimismo. Se trata de fran­
cachelas y no de funestos deseos. Para
desentenderse de una favorita demasiado
impertinente, el poeta tuvo necesidad de
hacer creer en el suicidio durante cerca
de una semana. . . Ka pasado un siglo y
todavía se cree en ello, lo que debe asom­
brar en su tumba a Baudelaire, que es­
cribió en dicha famosa carta:
— “ Me mato porque sé que soy inmor­
tal” .
El otro acontecimiento literario en que
so pone de manifiesto un litigio análo­
go, es la publicacién de la corresponden­
cia amorosa de Apollinaire. Son unas se­
tenta cartas-poemas guardadas hasta aho­
ra secretas por su destinataria, la con­
desa Louise de Coligny.
Sumas importantes le ofrecieron a la
Sra. condesa Louise de Coligny, más co­
nocida entre los íntimos de Apollinaire ba­
jo el diminutivo de Lou. Pero hasta este
año, la condesa, que tiene actualmente
sesenta años y que todavía so pasea por
las playas de moda vestida de manera muy
deportiva, cerró la puerta a todos los
solicitantes.
El editor a quien la condesa acaba de
conceder ahora el derecho de imprimirlas,
es un suizo amigo suyo. Todo se expli­
ca: los excesos líricos han sido púdica­
mente substituidos por puntos suspensi­
vos. Lo que ha desencadenado el furor de
los cenáculos de París.
La cuestión de la propiedad artística
se había planteado ya hace mucho tiem­
po a propósito de esta poesía clandestina.
Un joven, que pasaba la noche en casa
de la condesa, se levantó cuando la casa
estaba a oscuras, fué al “ secretaire” que
contenía las cartas y copió hasta ¡a ma­
drugada los setenta poemas.
Este joven audaz fracasó en su deseo
de hacer fortuna. La señora viuda de
Apollinaire. heredera de su marido, auto­
rizó la publicación de las cartas. Pero
la condesa hizo que todo fracasase. Hizo
valer ei derecho de propiedad y el mundo
esta vez no logró saber nada de los
gritos de amor que Apollinaire habla lan­
zado desde el fondo de las trincheras
en otoño de 10?4.
u

Escritor, periodista y editor, Joan
Merli condiciona en su joven per­
sonalidad los requisitos indispensa­
bles para que una editorial marche
hacia el camino de los grandes éxi­
tos.
Como un fehaciente testimonio de
esta verdad, la culta ciudad de Bue­
nos Aires cuenta desd.e hace pocos
años con una empresa editora que
ha ganado millares de lectores para
los temas artísticos; nos referimos
a la Editorial Pooeidon, cuyo sellq.
ya es una garantía cultural y co­
mercial.
Español de origen, autor de medula­
res estudios sobre Picasso, cuya re­
edición ampliada está próxima a apa­
recer. y sobre Juan del Prete. Joan
Merli —que fuera Secretario General
de la Junta de Exposiciones do Arte
de Cataluña- - posee, por encima de
estas cualidades, un fino espíritu de
artista.

na, cuota restrictiva, permiso previo, falta
de divisas. B. La industria argentina del
libro en la actualidad carece de morcados.
El país, la Argentina, consume un por­
centaje insignificante de la producción.
Hay quo crear un consumo interno, pero
para esto es necesario que antes se abran
librerías en el interior y que contemos
con un ejército de vendedores de libros.
Besumon: carecemos de consumo exterior
y no existe, casi, consumo interior. C. La
producción, la distribución, la venta, etc.
ha de sistematizarse, complejo problema
éste.
¿Qué opina usted que debería ha­
cerse?
— En primer lugar publicar menos, mu­
chísimo menos, ¿entiende?, porque uno
de los males que sufrimos es también el
de saturación. En segundo lugar, es ne­
cesario seleccionar. Seleccionar o perecer.
Es un error creer que todo libro impreso
se vende. Sólo se venden, y a veces in­
justamente menos de lo que merecen, los
buenos libros, los libros que son un real
aporte, los libros literarios, técnicos o
científicos que el lector y el estudioso
necesitan. El editor ha de satisfacer la
necesidad de capacitación o de deleite
del público, con espíritu selectivo y ele­
vado; el editor no es, no ha de ser,
un mero fabricante de entregas de papel
impreso.
— ¿ Y la competencia del libro extran­
jero?
El libro extranjero no es la causa
de nuestra actual situación. Naturalmen­
te que los libros franceses e italiarros
constituyen en estos momentos una ten­
tadora novedad. El libro español es un
contrincante de consideración, pero no
lo podemos culpar de que un libro salido
de Buenos Aires tarde a llegar a México
dos meses más que el libro embarcado en
Barcelona. La Argén-tina sufre un pro­
blema de transporte que hace dos años
empezó a trastornar a nuestra industria:
este problema lo ha de resolver el Es­
tado. Si España y la Argentina compran
derechos para todos los países de lengua
castellana, no existiría otra situación de
competencia que las que surjan de la
calidad tipográfica,' del cuidado de las
traducciones, de los precios de costo. ..
competencia perfectamente lícita.
— ¿El libro argentino es más económi­
co que el libro español?
— Ligeramente. Corremos el riesgo de
que pronto quedemos en inferioridad. La
mano de obra argentina se eleva a la
par que se nos cierran los mercados con­
sumidores. España, que ha sido desplaza­
da por la Argentina en el mercado librero
de Sudamérica, está protegiendo a la ex­
portación, al instante mismo eir que al
editor argentino so le están creando a
diario nuevas trabas y dificultades.
— ¿Se habla con insistencia de una pro­
bable ayuda del Estade a la industria
del libro?
— En efecto, se viene gestionando una
colaboración económica. La última legis­
latura ha votado una Ley, no de sub­
sidio, no de protección, no de subvención,
como ha resuelto hacerlo el Gobierno es­
pañol para reconquistar mercados para su
prestigio editorial, como lo ha hecho el
Gobierno francés entregando a sus edi­
tores papel a bajo precio para vitalizar
su industria del lib r o .. . La ley argentina
autoriza al Banco Central a prestar di­
nero a los editores, con pago de intereses
y obligación do devolverlo. . . No tengo
noticia do que esté en ejecución esa ley
que mereció unánime aplauso, con la cual
y gracias a la comprensión de un agudo
problema por parte de los legisladores de
ambas cámaras y la del Poder Ejecutivo,
puede aliviarse una situación que pronto
ha de afectar a los obreros gráficos.
— ¿Qué opina usted de la ayuda del
Estado a la economía privada?
— Esta es la pregunta más difícil que
usted me ha hecho. C.eo que la mayoría
de los ciudadanos que trabajan, especial­
mente los creadores, no esperan nada de
de la ayuda estatal. Pero, entiendo, el
Estado tiene el deber de acudir en ayuda,
apoyo o auxilio, de quien lo necesita. El
listado no debe dejar perecer una in­
dustria, un bien común, que honra al
país y que lo acredita en el extranjero.
En los airaqueles y vidrieras de las libre­
rías de Sudamérica el nombre de Buenos
Aires y Argentina está permanentemente
expuesto al público, a un público que ad­
quiere y lleva a su casa como elemento
de trabajo, de estudio o de placer esa
bandera intelectual argentina. Esto, que
a usted como buen ciudadano argentino
le emocionaría, está a punto de sucumbir
bajo el peso de ingentes dificultades.
— ¿Para incrementar la venta cn el
interior del país propondría algún medio?
— Ningún pueblo, rri aun el inás ale­
jado y pequeño del país, debe carecer de

Ricardo Rojas: A RCH IPIÉLAG O
(T IE R R A DEL FUEGO)
Con este volumen se inicia la publicación sistemática de las Obras Completas
de Ricardo Rojas, según ordenación del propio autor.
En Archipiélago, cuya primera edición estaba agotada hace tiempo, el autor
destruye la ‘ leyenda negra” de Tierra del Fuego..................................... $ 9.—

León Felipe: A N T O L O G ÍA R O T A
Los mejores poemas, las páginas más vibrantes y expresivas de este lírico
cuya voz resuena con acento patético y vindicativo. Epílogo por Guillermo
de Torre. Ilustraciones de doce artistas españoles y americanos. Un volumen
$ 12.—
de la Colección Mirto, encuadernado en tela blanca .......................

Arturo Capdevila: A D V EN IM IEN TO
“ Todo en la novela interesa, sugiere, deleita. Las descripciones sobrias y de
rara plasticidad, la estilización de un folklore sabroso, los retratos físicos y psico­
lógicos, las inquisiciones filosóficas, la acción viva y sabiamente r e c o r t a d a ....”
De La Prensa, 21 de diciembre de 1947...................................................... $ 7.—

Helene Deustch: PSICOLOGÍA DE LA MUJER
El primer estudio profundo de psicología de la prepubertad y de la psicología
femenina en general, hecho por una gran especialista, sobre bases psicoanalíticas.
Un volumen encuadernado en tela ..............................................................
$ 22.—

Ernesto L. Castro: DESDE EL FONDO
DE LA T IE R R A
Vivo todavía el éxito logrado por su anterior novela “ Los Isleros” , actualmente
en filmación, Ernesto L. Castro nos da una nueva ficción de escenarios y de
personajes netamente argentinos.........................................................................
$ 8.—

Arturo Uslar Pietri: EL C AM IN O DE EL D O R A D O
Centrada en torno a la figura tremenda y legendaria del tirano Lope de Aguirre,
este libro mezcla lo novelesco y lo histórico constituyendo un deslumbrante
cuadro de la conquista americana..................................................................... $ 8.—

Vicente Aleixandre: SOMBRA DEL PARAÍSO
Un libro ya famoso merced a su primera edición española, rápidamente agotada,
que consagra a un poeta de extraordinaria novedad y perfección........... $ 6.—

Jules Romains: LOS HOMBRES
DE BUENA V O L U N T A D
Tomo VIII. PROVINCIA .............................................................................
% 7.—
Tomo
IX. MAREA DE PELIGROS ..........................................................
$ 8.—
En estos dos nuevos volúmenes de la gran novela cíclica de Jules Romains, el
lector restablecerá su contacto con personajes y medios ya conocidos en los
anteriores tomos, entrando en relación asimismo con otros nuevos no menos
interesantes

EDITOIIIAL LOSADAsa.
BUENOS AIRES
Montevideo_____________ Lima
Santiago de Chile
un negocio, modesto o grande, que tenga
en existencia lo esencial de la producción
argentina. Y o sugerí en una ocasión un
bibliobús, con vivienda acoplada, que re­
correría todo el país, que celebraría ferias
relámpagos y establecería pequeños de­
pósitos, representaciones, conexiones per­
manentes. . . En los hoteles, balnearios,
cuarteles, grandes fábricas, estaciones,
confiterías, deben ponerse puestos de
venta de libros. En los Estados Unidos,
usted puede comprar un libro en la fa r­
macia, en el bazar, en la ferretería, en
todas partes y en todo el país. Esto habla
de un grado de cultura.
— ¿Qué prepara su editorial para la
temporada que empieza ?
— Tenemos en prensa la Historia del
arte contemporáneo (ó tom os), dirigida
por Kené Huyghe, en colaboración con
destacados críticos de fama mundial, con
un capítulo final de arte americano que
ha escrito Julio E. Payró. Además, E sté­
tica de las proporciones en la naturaleza
y en las artes, de Matila C. Ghyka, del
cual también editaremos, en dos tomos,
El número de oro.
— ¿Otras novedades dé interés?
— De Eugéne Chevreul ofreceremos Ley
del contraste simultáneo de los colores;
de A. Philip Me Mahon Arte de gozar
riel arte, y de Lionello Venturi Historia
de la crítica de arte.

EXPRESIONES DE
TRISTAN BERNARD
De Tristón Bernard, cuyo fallecimienfo ha ocurrido hace ])oco,
damos a continuación una breve
muestra de su agudo humor.
• Un actor casado, muy conocido co­
mo cornudo, hablaba entusiasmado del
niño que había tenido su mujer.
— Dice ya papá — agregó el actor.
— Es joven y no sabe lo que se dice
— comentó Tristón.
• De una actriz que se vanagloriaba
de hacer “ hablar las tablas” , dijo
Tristón:
— Debiera hacer hablar su cam a; se­
ria más interesante.
• En cierta ocasión se expresó en es­
tos términos:

— ¿Sobre artistas nacionales?
— Prosiguiendo nuestra ya muy com­
pleta Biblioteca Argentina de Arte ediIaremos, entre otras, las m onografías:
Baquel Forner, por C. Córdova Iturburu;
Demetrio Urruchua, por E. Brughetti, y
Victorica, por Julio Binaldini, además
de un libro de ensayos de Dardo Cúneo.
— ¿Qué tendremos en materia literaria?
— Proseguiremos ofreciendo novedades
en la colección “ La Carabela en el B ío ” ,
las primeras de las cuales serán La escue­
la de las mujeres y Los monederos falsos,
de André Gide; A propósito de Dolores,
de H. G. W ells; Los últimos tiempos, de
Víctor Serge; y ahora agregue dos etc.,etc.
— ¿Alguna otra novedad?
— Iniciaremos una colección sobre urbairismo, con dos volúmenes: el primero
de ellos, debido a la pluma del arquitecto
francés Le Corbusier, con el título de
Cuando las catedrales eran blancas, y, el
otro 1.a ciudad, del cual es autor Eliel
Saarinen.
Mientras un cúmulo de originales, des­
parramados sobre su mesa de trabajo,
esperan el visto bueno, Joan Merli — g lo ­
sador medular del arte moderno v reve­
rente difusor editorial del arte de todos
los tiempos— sella con un cordial apretón
do manos el optimismo quo él anhela y
desea para el próximo año editorial.
O. II.
— No estoy conforme conque se im­
pongan multas tan fuertes a los tra­
ficantes del mercado negro. Me he
dado cuenta de que cada vez quo im ­
ponen una multa a mi sastre, éste au­
menta el precio de los trajes.
• So le reprochaba que fumara tan­
tos pitillos.
— Es verdad; pero los cigarros son
muy caros.
• A propósito de los demagogos ex­
clamaba:
— Pobre pueblo; sin sus amigos hace
tiempo que sería ya feliz.
• Fiándose sólo de su desinterés apa­
rente, malas lenguas comenzaron a ha­
blar de la pereza de Tristón Bernard.
E irónicamente, éste respondió:
— ¿Qué es un perezoso? Un hombre
que no da muestras de trabajar.

�cabalgata

14

MI RADOR
• “ Esta generación perdida” , difundida
novela del escritor argentino Max Dickman, ha sido traducida y publicada cn
portugués y considerada el mejor libro del
mes por el Club del Libro del Brasil. La
misma obra ha sido publicada por una
prominente editora sueca y del propio
autor editará el Book Club checoslovaco
su novela anterior a la citada, “ Madre
América” .
• La SADE insta a sus asociados que
se nieguen a publicar critica literaria sin
firmar, en diarios y revistas. La Cámara
Argentina del Libro se ha dirigido en va­
rias ocasiones a los principales rotativos
pidiendo que las notas sobre libros se pu­
bliquen amparadas por una firma respon­
sable. En el reciente Congreso de Editores
celebrado en nuestra capital, la Cámara
referida logró la aprobación de un acuerdo
informado con el mismo espíritu. Hasta
el momento poco o uada se ha logrado en
favor de tan plausible propósito. La nota
firmada cumple un fin de doble mérito:
jerarquiza el juicio que su autor expresa
y evita la banalidad y la dulzona bene­
volencia que con frecuencia ampara a la
nota que ve la luz en forma anónima.
• La censura literaria fué tema del
Congreso de Editores, el cual se pronunció
a favor de la supresión, y es tema obli­
gado en los países en que ese medio de
cercenamiento de la libertad de expresarse
por medio de la letra impresa se utiliza
discrecionalmente. El uso de la censura es
una manera más que se utiliza para pro­
hibir y prohíben los que tienen el usu­
fructo de la facultad de ejercer cualquier
prohibición. Esa facultad debería quitársele
a todo ser pensante, por lo que tiene de
enemiga del pensamiento, por lo que tiene
de humillante, por lo que tiene de castra­
dora, por lo abusiva que es generalmente.
¿Cuál será el primer gobernante que pro­
hibirá en su país, como ejemplo para los
demás, todo ejercicio de censura, procla­
mando que el derecho de expresarse por
medio de la letra impresa es inalienable?
La patria de ese gobernante ganaría en
poder de creación y el propio gobernante
eludiría una grave preocupación; porque el
uso de la censura indudablemente acarrea
muchas preocupaciones a quien la ejerce.
• El cable ha transmitido, muy lacónica­
mente, la noticia. Ha fallecido en Barce­
lona, a los 65 años de edad, el escultor
catalán Enrique Casanovas. Su obra, poco
abundante, es prácticamente desconocida
en nuestro continente. No era ur» artista
esnect^cnlar. Su arte, muy contenido, arte
del mediterráneo, se afirma silenciosamen­
te, a lo largo de una existencia a ratos
heroica, en obras que su cincel talló so­
bre bloques de marmol. Casanovas traba­
jaba directamente sobre la dura materia
y ésta se lo agradecía. Las cabezas de mu­
jer, y los desnudos de muchachas, adqui­
rían transparencias carnales de un difícil,
lírico realismo; los pómulos de esas cabe­
zas sonríen, con sonrisa vital. Enrique Ca­
sanovas. fué un gran artista. Su obra le
sobrevivirá.
• Se rumorea que la temporada artística
del presente año se inaugurará con menos
galerías que las que hubo hasta ahora.
Buenos Aires, gran capital, que ya inex­
plicablemente carece de “ marchands” , no
responde a inquietud artística alguna. No
más que una sola de las galerías que fun­
cionaron el último año se mantenga cerrada
esta temporada, y se hará un grave daño al
arte y a la cultura del país. Es hora de
que alguien se dé cuenta que los artistas
nacionales necesitan espacios donde poder
ofrecer al público su obra; que se ha de
recoger la inquietud de la hora artística
universal, trayendo la plástica de otros
países y enviando la nacional a los gran­
des mercados del arte. Es lamentable ver
cómo muchos esfuerzos se malogran, cómo
muchas esperanzas se desvanecen... y
cómo esta gran capital desaprovecha la
oportunidad de figurar en el tablero de
los centros artísticamente neurálgicos.
• La censura literaria está muy activa.
¿Se está cumpliendo un acuerdo del Con­
greso de editores de América latina, Es­
paña y Portugal, celebrado en Bnenos
Aires el año pasado? No. En el referido
Gongreso, con el solo voto de España en
contra, se pronunció por la abolición de la
censura a la literatura. ¿Los acuerdos congresales no tienen entonces ningún valor?
No, no lo tienen. Se propugna la represión
do la piratería editorial, es decir, de las
ediciones que se hPc°r« robándoselas a los
autores o a los propietarios legítimos, y
los editores piratas multiplican su activi­
dad. Se vota por la supresión de la censura
y entre nosotros se secuestra la luíosa edt.
ción de “Memorias de una doncella” , de
Mirbeau, y el meritorio e j e r z o de Rueda,
su edición del “ Ülises” , de James Joyce.
España censura un libro tras otro; se en­
saña con la edición argentina. La noticia
más reciente es que han prohibido la venta
de “ Prisionera” , de Alian Seager, que aca­
ba de ver la luz en francés; “ Psicogénesis
del Razonamiento matemático” , del profe­
sor Francisco Vera; “ Solitario* del Arte” ,
de Hellmuth Bachmann y “ Memorias de
una doncella” . El inventarío llenaría co­
lumnas y m*s columnas. ¿Censura moral,
censura política? Aquí, al parecer, priva
la trímera calificación; en España más que
política, diríamos que la censura es de
orden comercial, porque los libros que se
editan en la Argentina y que España pro­
híbe, en su mayoría no tienen carácter po­
lítico, y, cuando lo tienen, por lo general
no se ocupan del caso peninsular. Es cen­
sura económica, en una palabra. Donde se
publica el “ Jéróme” . de Bedel. “ Las am­
biciones defraudadas” , de Moraría, la “ ¡Re­
beca!” , do Ramón Gómez de la Serna, se
debo poder leer “ Prisionera” o “ Ülises” .
Ninguno de estos libros es inmoral, ninguno
do ellos es demasiado fuerte; ¿por qué,
entonces, los quo se imprimen en España
so pueden leer allá y aquí, y los que
salen do prensas argentinas son puestos en
el Indice aquí y allá?
• De regreso de Francia, está entre nos­
otros el escritor y poeta español Arturo
Serrano Plaja, colaborador de estas páginas.
• Acaba de llegar, con el propósito de
reintegrarse a la actividad editorial de
nuestro país, el artista pintor italiano
Attilio Rossi, vinculado con la Editorial
Losada y la Imprenta López. Rossi ha re­
sidido dos años en su patria, estos dos
años últimos de recuperación difícil del
pueblo italiano, pintando al lado de su
gran amigo Cario Carrá.
• Ha fallecido en Suiza, don Gilberto
Knaak Peuser, causando su prematura des­
aparición un general pesar. En el número
anterior dábamos cuenta del homenaje que
se le había rendido a su destacada figura,
vigorosamente joven, con motivo de haber
asumido la Presidencia de la gran empresa
impresora y editora Peuser. La industria
gráfica argentina ha perdido a una perso­
nalidad de singular relieve.
• Gilíes de La Tourette, escritor francés
do arte, bien conocido aquí donde residió
un tiempo y pronunció ciclos de conferen­
cias sobre la pintura contemporánea, ha
fallecido en París en el mes de noviembre.

EL TIEMPO Y SUS LIBROS
(Viene de la página 13)
refleje el colorido jugoso de su Naturaleza,
ya nos lleve a zonas de fino emotivismo, ya
evoque mitos y leyendas o avizore la lumi­
nosidad de un porvenir mejor, se caracteriza
por su acento humano, observa el autor, que
agrega: Es, en muchos casos, una poesía de
carácter nacionalista. Pero ese nacionalismo
no se encierra en fronteras sino que busca
sendas de fraternidad continental y universal.
Cincuanta y tres poetas forman la antolo­
gía, reunidos a través de poemas traducidos
con serena preocupación. La obra de cada
uno de ellos está señalada en una reseña ini­
cial, así también como el sentido de su poesía.
Surgen así las voces do M. Bandeira y Ma­
rio de Andrade reaccionando contra la lírica
imperante en su tiempo; el intenso sabor de
Jorge de Lima; O. de Andrade: la amplia
voz de F. d’Oliveira; la expresión sutil de
C. Drummond de Andrade; el personal Murilo
Mendez; el poderoso acento de Angusto F.
Schmidt a quien conocimos especialmente por
sus poemas aparecidos en revistas de poesía
argentinas; Cecilia Meireles de quien el mis­
mo Figueira brindara una antología (otoño
de 1947); el lirismo de Ribeiro Couto; G.
de Almeida; Mario Quitana; G. Machado; A.
Nerv; R. Bopp; Murillo Araujo; el denso Vinicius de Moraes; el moderno R. Mora; J.
C. de Meló Neto; el joven Ledo Ivo; R. Camargo Guarnieri; H. Nicolussi; y muchos
otros.
Con la presente antología propende el autor
a un conocimiento inteligente de la poesía
brasileña actual, pues partiendo de poetas
quo han realizado una obra considerable, llega
hasta las voces que perfilan una intención
definida aportando nuevas savias al movi­
miento. En este sentido el libro que nos ocupa
puedo señalarse como uno de los más felices
que han aparecido entre los lectores de habla
castellana.
Osvaldo Svanascini.
de l a filosofía , por Emilio
Gouiran. Editorial Centurión, Buenos
Aires, 728 páginas, encuadernado en
tela. $ 50 m/arg.

H istoria

En un tomo denso analiza E. Gouiran, a
través de los pensadores de occidente y de
sus escuelas, la trayectoria fundamental de la
filosofía. Planteado con claridad, el libro se­
para los filósofos para tratarlos objetivamen­
te, amplificando de esa manera la consistencia
panorámica del tema pues les infunde una
práctica solución ubicativa. No hay Humani­
dades sin cultura, — observa en la introduc­
ción— pero puede haber culturas sin humamanidades. Solamente la Metafísica será capaz
de elevar las culturas hasta las Humanidades.
Y más adelante: Una vez más alcanzamos
esa exigencia clara que define a las Huma­
nidades: lo humano y lo divino mezclados en
una trama Indescifrable. Penetra l” e~o en la
filosofía clásica griega desde Tales hasta
Aristóteles con un desembocar en las ciencias
prácticas y teoréticas. Después el sentido de
la filosofía helenística y romana con estudios
sobre Plotino, el estoicismo, Santo Tomás, Bacón, y otros. De la Filosofía moderna incide
el autor en los que dieron a las escuelas una
independencia de pensamiento a la manera
de Descartes a quien estudia con especial sig­
nificación, dando a la sabiduría cartesiana un
especial lugar dentro del desarrollo de la obra.
Continúa la exposición del pensamiento de
Spinoza, Locke, Leibniz, Berkeley, Vico. Hu­
me, Rousseau, el amplio y severo estudio de
Kant, todo el idealismo alemán, Hegel, Schopenhauer y su problema de la muerte desem­
bocando al final de la primera parte en la
filosofía contemporánea, que termina con su
estudio del discutido Heidegger.
Es más bien en la segunda parte en la que
el autor trasciende la función histórica para
establecer las relaciones analíticas y los fun­
damentos básicos de las escuelas. Las posicio­
nes del pensamiento con los problemas plan­
teados por el dualismo, el idealismo, proble­
mas de inducción, la actitud del entendimien­
to racional, la concepción del ser, su multi­
plicidad, la naturaleza de la encarnación, rea­
lidad de la sustancia, etc., van amplificando
esta significativa valoración de modos del ra­
zonamiento, antecedentes filosóficos y corres­
pondencias entre la inteligencia y la lógica.
En la parte final del libro, Fracaso necesa­
rio de la filosofía, el autor insiste en la pre­
gunta de todos los tiempos y supera su tema
no sin detenerse en la teología. Es un libro
de gran utilidad, pues los problemas surgen
en limpia disposición y con amplio sentido
didáctico. Un apéndice final con el detalle
de las obras correspondientes a los principales
autores y bibliografía sobre los mismos, de
más de 150 páginas, completan esta cuidada
edición.
O S.
P o em as del origen , por Ernesto B. R o­
dríguez. Ediciones Cosmorama, Buenos
A ires . 96 páginas.
En esta búsqueda decisiva por trascender
todo un interior poblado por indetenidas ma­
reas poéticas, el libro que nos ocupa cumple
la tarea de intensificar el vínculo entre el
misterio de la poesía y su profunda perma­
nencia. El poeta observa su meditada soledad,
pues de la pregunta primera, parte eu conti­
nuo sumergimiento, y procede a tamizar con
sus dedos la sustancia que nutre su respuesta.
En su poesía existe el soplo de esta nueva
experiencia poética con acento propio, que se
desplaza aprisionada por aquella realidad de
su afirmación dentro de la magia de lo exis­
tente en el mundo de la vivencia. Es el sen­
tido do una continuidad corporizada rnetafísicamente y fija en la distancia del poema.
Así El Origen (primer poema), queda atra­
vesado por un destino preocupado por la per­
manencia de un enlace con el futuro: Porque
era Igual a la noche que viene de la muer;e.
Similar intención rodea a su poema IV : luego
el sutil encanto que nace en el recuerdo de
la cercanía, la frase que busca madurar el
sentido de una ausencia, en los poemas XII
y XIII, en donde se advierte un crecimiento
de la piel, siempre en pugna por diseñar los
años que fueron desplazando un dolor celoso
del tiempo.
En los poemas de Ernesto B. Rodríguez se
advierte un sumergimiento espacial, una fi­
jación indeterminante, que se busca a si misma
para lograr finalmente una huida hacia la
reminiscencia. Pero esta reminiscencia goza
con su dolor sofocado, con su necesidad de
profundizar la facultad de la vida. Yo estoy
aquí como la sombra suelta del que suena:
encendido por la angustia de una solución
que le corre por las manos. Pero la fuerza
del equilibrio hace que su tensión se nutra
por símbolos temporales en los que se aúna
la intención del aliento poético y el sentido
del que madura pacientemente su vigilia.
Desprendidos de límites, dentro de una sa­
piente sobriedad, los poemas mueven su infe­
rencia mágica, preocupados por la transición
da un devenir urgente. Es la formulación de
un» distancia poética en la que se alza un
estmeio de medida unidad por el que navegan
imágenes de hermoso contenido: En t^r^o del
sueño está el Origen como un aire pensando.
Lento como fantasma entreteje en las almas
—las ficciones que borra despacio.
O. S.
P aisan o

Becco.

por Horacio Jorge
Editorial Sed, Buenos Aires.

en el tie m p o ,

Difícil oa el mundo dei poeta quo ama la
intensidad de su tierra con una nueva dimen-

SOBRE LUCIEN L E V Y - B R U H L
(V iene de la página 6)
o menos, en tal grupo o en tal individuo’ '.
(Ibid., pág. 130).
mundo y el otro no son para los primitivos
Para Ch. Blondel, ‘ ‘ la mentalidad que
más quo uno solo. (Ibid , pág. 11G).
llamamos ‘ ‘ primitiva” aunque sólo lo sea
La más importante de las interveirciones
relativamente, no se opone tanto como
fué, a nuestro juicio, la del conocido so­
parece a nuestro pensamiento ‘ ‘ lóg ico”
ciólogo M. Mauss, quien señaló amable­
o ‘ ‘ positivo” : encierra los elementos per­
mente a Lévy-Bruhl que no debió ‘ ‘ dete­
manentes y esenciales, aún aquellos que
nerse únicamente en la descripción de los
parecen desconocer el conocimiento exclu­
mitos; hay quo buscar además cuáles son
sivamente nocional ’ ’ .
sus fundamentos sociales; no sólo la le­
Lévy-Bruhl podría ser caracterizado co­
yenda del alma, sino también la causa
mo un neopositivista, con marcadas inclido la leyenda.” Y al abordar el espinoso
iraciones sociológicas, las que evidencia al
problema del alma y el nombre, dice:
abordar tanto problemas filosóficos como
‘ ‘ Pretendemos encontrar el fundamento
gnoseológicos; se opone tenazmente a todo
real de ese mito de la identidad del alma
intento metafísico de fundamentar la mo­
y del nombre de la o'ganización social.”
ral, y considera los hábitos mentales con­
(Ibid., pág. 124). Lévy-Brulil reconoce la
dicionados históricamente (salva así las
legitimidad del reproche, y agrega citando
dificultades del relativismo). La moderna
oportunamente a Hume: ‘ ‘ mi sonda no es
tendencia que se orienta hacia la socio­
lo suficientemente larga como para alcan­
logía del conocimiento, rama novísima y
zar esas profundidades.” (Ibid., pág.
127).
prometedora, le debe inapreciables aportes.
Es uno de los pensadores que se opu­
El historiador Raymond Lcnoir conside­
sieron con fervor y conciencia a las co­
ra que ‘ ‘ las dos orientaciones del espíritu
rrientes que sostienen el irracionalismo,
se dan al mismo tiempo en todas las
el intuitivismo, o el ingenuo realismo me­
épocas, y se reparten el dominio del pen­
tafísico. Ante el evidente fracaso de estas
samiento en proporción desigual según el
últimas, reivindicar su figura implica ya
momento de la historia. (Ibid., pág. 129).
una definición, y una vez salvadas ciertas
A lo quo responde Lévy-Bruhl: ‘ ‘ Es el
limitaciones, una posible y fecunda orien­
conjunto de condiciones sociales lo que
tación.
_________
hace que ésta o aquélla predomine más

NOTA

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GRAN PREMIO HE LA CAM ARA A R G . R EI IIR R O
PROPOSITOS

Y

CARACTERISTICAS

En su deseo de que las obras de escri­
tores argentinos, principalmente noveles,
sean cada vez mejor conocidas y aprecia­
das por el público y la crítica, la Cámara
Argentina del Libro ha resuelto celebrar
un concurso anual según se detalla a con­
tinuación.
Sumándose a la labor de sus socios edi­
tores, y dando a este concurso lincamien­
tos tales que en forma alguna constituya
una competencia con la actividad editorial
argentina, la Cámara aspira a cumplir una
alta finalidad de cultura, abriendo hori­
zontes a los jóvenes escritores nacionales,
estimulando las vocaciones y ofreciendo a
la masa lectora de habla española la pro­
ducción del espíritu argert’no en sus for­
mas más nuevas y promisoras.
Para llevar a la práctica j-ales intencio­
nes, la Cámara declara abierto este Con­
curso, del que podrán participar todos los
escritores que se ajusten al Reglamento que
se da a conocer más adelante.
Un Jurado, constituido por representan­
tes de altas entidades culturales y la Cá­
mara patrocinante, premiará hasta veinte
obras anuales, dentro de los cuatro géne­
ros que establece el Reglamento.
El premio, en todos los casos, consisti­
rá. en La edición de la obra, el pago de
los derechos de autor correspondientes, y
la distribución de la obra en y fuera del
país.
Una vez agotada la edición, el autor que­
dará en libertad de contratar con el editor
quo estime más convenienia las sucesivas
ediciones de su obra.
FINANCIACION DEL PLAN
Con el aporte voluntario de sus socios,
la Cámara Argentina del Libro creará un
fondo anual destinado a la financiación
do las ediciones de aquellas obras que re­
sultaran agraciadas por el fallo del Jurado.
Desde el momento que la Cámara no
persigue en absoluto un fin de lucro, la
utilidad quo puedan arrojar las ediciones
so destinará en primer término a la de*
volución del fondo constituido por los
aportes voluntarios, y luego a la repo­
sición y aumento indefinido del fondo ini­
cial
Estas ediciones serán distribuidas por
Distribuidores, entendiéndose por tale3 a
los que hagan de. esta función específica
su actividad principal.
REGLAMENTO
1?) Se establecen cuatro categorías de
obras a editarse, a saber: a) Poe­
sía; b) Novela; c) Cuentos; d)
Ensayos; crítica literaria, social v
de costumbres; pudiendo editar­
se hasta un máximo de cinco obras
anuales por categoría.
29) Sólo se aceptarán originales en
idioma castellano.
39) Pueden presentarse obras en co­
laboración siempre que cada uno
de los autores se encuentre dentro
de las condiciones exigidas por
el presente Reglamento.
49) Cuando ninguna de las obras pre­
sentadas a una de las categorías
alcance, a criterio del Jurado, la
calidad suficiente para ser elegi­
da, el concurso podrá ser decla­
rado desierto en esa categoría.
59) Todo autor de una obra editada
por la Cámara de acuerdo al pre­
sente Plan no podrá ser elegido
en futuros concursos de la Cá­
mara con obras que pertenezcan
a la misma categoría de la pre­
miada.
69) El autor presentará dos copias de
su obra, escritas a máquina de
un solo lado de la hoja y a do­
ble espacio, así como el compro­
bante de haber efectuado el depósito en el Rprist o Nacional de
la Propiedad Intelectual en ca­
rácter de “Obra inédita en cus­
todia” .
79) Los concurrentes deberán ser ar­
gentinos nativos o nacionalizados.
8?) Sólo podrán presentarse los au­
tores que no tengan publicados con
anterioridad más de dos (2) li­
bros del mismo género de la cate­
goría correspondiente, editados y
financiados por empresas edito­
ras, sea en el país o en el ex­
tranjero. No se computarán, por
consiguiente, las obras que el au­
sión poética. Así Horacio J. B-ecco mueve su
destino luchando contra todas aquellas for­
mas que dieron cuerpo a un pesado canto del
campo en el que se advertía la completa falta
do un caudal poético. Pai'ano en el tiempo
enfrenta la densidad abierta do una tierra
con hombres enlazados en músculos tempora­
les y gravitando dentro de un paisaje viril
y continuante. Es el hombre silencioso que
envejece en la foto pampeana, amplio y libre,
cobijado por el viento incnlculado de la lla­
nura abierta. Es su silencio y su destino en
el que se mueven las formas de una l’ chu
desigual y angustiada: A él nunca lo entendie­
ron su búsqueda de pájaros.
De esa manera la búsqueda de B^cco tiende
a promover una distinta visión del hombre
de la tierra, con amplia saturación poética,
en clara visión de una estética moderna por
la que viajan elementos integrados mágica­
mente por un interior poblado de palomas y
charcos detenidos. Marea de imágenes volca­
das en la formación de nn paisaje que parece
fotografiado por Man Ray o diseñado por
Miró. Es el intento de una dimensión nueva.

99)

109)

119)

129)

139)
149)

159)
169)

179)

189)

199)

209)
219)

tor ha editado por su cuenta o
mediante premios que hayan con­
sistido en la edición de la obra
premiada. Tampoco se computarán
los libros en colaboración y las
selecciones o antologías.
Los originales no deberán constar
de más de 100.000 palabras, con
un margen prudencial de tole­
rancia que quedará a juicio del
Jurado.
El Jurado estará integrado por
dos representantes designados por
cada una de las siguientes enti
dades: Sociedad Argentina de Es­
critores, Comisión Nacional de
Cultura, Círculo de la Prensa y
Cámara Argentina del Libro. Di­
chas entidades nombrarán simul­
táneamente
representantes
suplentes para el caso de cualqúier
impedimento que haga imposible
la actuación de los titulares.
Los miembros del Jurado serán
renovados anualmente en sus fun­
ciones y no podrán ser recusados
por los participantes en el con­
curso.
Los votos do los miembros del
Jurado se computarán individual­
mente y no por entidades. Las
obras serán elegidas por simple
mayoría de votos.
Los jurados fundarán sus votos
por escritos y firmados.
El Jurado podrá declarar desierta
cualquier categoría si las obras
a ella presentadas no fueran, a su
juicio, acreedoras al premio.
El Jurado deberá expedirse den­
tro de los 90 días de cerrada la
inscripción.
El Jurado será presidido por el
Presidente de la Cámara Argenti­
na del Libro o por el miembro
del C. D. que éste designe, y
con voto en caso de empate.
Los concurrentes cuyas obras re­
sulten elegidas, recibirán un di­
ploma otorgado por la Cámara Ar­
gentina del Libro en el que cons­
te la distinción alcanzada. Dichos
diplomas se entregarán en acto
público, al que serán invitados
los miembros del Jurado y las
entidades que estos representen,
así ccmo las instituciones y per­
sonas vinculadas a las activida­
des culturales del país.
Las condiciones de edición de las
obras elegidas serán las que fi­
guran en el contrato-tipo apro­
bado por convenio de fecha 13
de agosto de 1947 entre la So­
ciedad Argentina de Escritores y
la Cámara Argentina del Libro.
La presentación al Concurso se
hará ante la Secretaría de la
Cámara Argentina del Libro, Sar­
miento 528, Buenos Aires, cuyas
oficinas estarán abiertas de 8 a 12.
La inscripción se realizará entre
el 19 de enero y el 28 de febrero
de 1948.
Los originales no premiados se­
rán devueltos hasta dos meses des­
pués de producido el fallo dél
Jurado, debiendo reclamarse en la
sede de la Cámara Argentina tlel
Libro.

INFORMACION PARA CONCURSANTES
DEL INTERIOR
La Cámara Argentina del Libro no ad­
mitirá obras que no vengan acompañadas
de la boleta que certifique su inscripción,
como “ Obra Inédita en Custodia” , en el
Registro Nacional de la Propiedad Inte­
lectual.
El Registro (Talcahuano, 612, Buenos
Aires) y la Cámara, enviarán a quienes
las pidan una solicitud para inscribir la
obra en dicho Registro.
Llenada la solicitud, y certificada la
firma por la autoridad policial corres­
pondiente, se la remitirá al Registro, jun­
to con un ejemplar de la obra en sobce
cerrado, y un bono postal por la suma
de DOS PESOS m|n.
El Registro contestará enviando la bo­
leta de inscripción de Obra Inédita en
Custodia, y ésta deberá ser adjuntada
a los dos ejemplares que fija el Regla­
mento, y remitida a la Secretaría de la
Cámara, quien procederá a inscribir la
obra en el Concurso.
tendiente a percibir lo básico de la tierra
dentro de una clara visión poética: Recorre
la zona con el polvo de una leyenda; — no
puedo explicarla. La memoria de una cruz —
la borraría. O el despertar de una imagen
que crece a la vera da los caminos: Charcos
inmensos, recortados y limpios — donde se
pasan películas de cielos. . .
Lo fundamental de este libro, es su preocu­
pación por definir sutilmente una moderna lí­
rica, un tiempo sin descanso y un campo des­
nudo, dentro de las ilimitadas conquistas de
una estética personal. Así los poemas surgen
dibujados, tocados por una fuerza viva y como
por una sustancia evocativa que los envuelve.
Existo un campo invadido por la soledad,
otro perfilado por un color opaco; el que nos
adelanta este poeta es un campo en el que
cada objeto, figura o personaje cobran vida
independiente. Subo entonces un rumor de
lejanías y de mjn'eas vegetales anudadas a
un interior que viye también la extensión de
su permanencia: Te ven mis paisanos y yo
te veo — con el campo que guardo dentro.
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DEL LIBRO
Director: Francisco Arno

CORRIENTES 1135, 2°. B
33-0878

Rúenos Aires

I A dignidad del almuerzo se
^ realizaba ante el decorativo
mural coloreado, de Gori Muñoz.
La gracia del pintor volcada en
ese mapa gastronómico era co­
mo la sal de esa comida que
ellos hacían. El comer no era un
acto grosero, era un modo de
saborear la vida y los dibujos
aludían al refinamiento del gus­
to regional, a la sabiduría del
pueblo para alimentarse.
El oso cocinero abriendo nn
gran caldero — “ el cocí” decía la
leyenda— ubicaba a Madrid. Unos
pescados, que saltaban, dando un
coletazo, a la lata de conservas
señalaban Galicia.
— Pero este mapa dice entre
otras cosas que no hay un plato
nacional. Es la diversidad en
la pequeña superficie. Aquí no
sería posible añorar un plato de
Rosario, por ejemplo.
— Este mapa me recuerda—
dijo Salinas— esa descripción
de Alfonso el Sabio, en la Pri­
mera Crónica General. ¿La co­
noces?
— No.
— ¿No la conoces? Escucha,
que es primorosa.
“ España es ahondada de mieses, deleitosa de fructas, viciosa
de pescados, sabrosa de leche et
de todas las cosas que se della
facen; lena de venados et de
caza, cubierta de ganados, loza­
na de caballos, provechosa de
mulos, segura et bastida de castielos, alegre por buenos vinos,
folgada de ahondamiento de pan;
rica do m eta les;... dulce de
miel et de azúcar, alumbrada de
cera, complida de olio, alegre de
azafrán.”
Pedro repetía acentuando los
adjetivos: ahondada de mieses,
deleitosas de fructas, lozana de
caballos, provechosa de mulos,
bastida de castielos. . . Y los sa­
boreaba, los paladeaba estreme­
cido por tanta castellana belleza
de idioma. Pero después de un
silencio sólo dijo:
—Me imagino que no sabrás
de memoria las Partidas.
—No, hombre, no embromes.
¿No te gusta esa descripción?
El examen de la lista orienta­
ba la conversación. Pedro des­
pués de vacilar buen rato se de­
cidió por el arroz, y Salinas lo
aprobó:
— Es en cierto modo la espe­
cialidad de la casa. Afrontémosla.
En Buenos Aires existen apenas
casas de comida especializadas
en determinados platos, aunque en
todas se prepara bien la carne
asada. En España, el regionalis­
mo culinario hace inteligente pe­
dir arroz en Valencia, o bacalao
en Bilbao, o corderito en Segovia,
— ¿De ese que se corta con el
plato, de puro tierno, como me
has contado?
— Do ése. En Madrid podían
traerse platos típicos. Servicios
especiales, envíos por tren desde
cada parte. Y en la ciudad mis­
ma abundaban los lugares con
una especialidad determinada.
Recordó un lugar de Valencia
donde había estado: el Palacio
des Fesols. No era el caso de
pedir allí carne o pescado. Poro­
tos como esos, no los volvió a
probar iguales en parte alguna.
Pedro le pasó la lista. Incluía
el arroz pero bajo media docena
de designaciones. La paella te­
nía una diversidad insospechada.
Salinas se decidió por un arroz
a la marinera, que iban a traer­
les, como previno el mozo, quince
o veinte minutos más tarde pues
era especialmente preparado pa­
ra cada pedido. Decidieron comer
antes otra cosa.
— Es día de calor. ¿Qué te pa­
rece si probamos el gazpacho?
Mira. Vamos a hacer un día de
estos una pequeña cena para la
que prepararé gazpacho especial­
mente.
— ¿Sabes hacerlo?
—Y muy bien.
—Me gustaría verte de coci­
nero. ¿Da mucho trabajo?
— No, nada. ¿Quieres las indi­
caciones?
— ¿Por qué no? Así mi mujer
te lo prepara cuando me visites
en la nueva casa. Aunque voy
a olvidarlas.
— Pues será un gazpacho argen­
tino. Pero no importa. Mira: lo
primero, necesitas un dormillo.
— ¿Un dormillo? ¿Y qué es
eso?
— ¿No lo sabes? Un dormillo,
un cuenco de madera. Un morte­
ro. Con su madera ya curada al
aceite. Claro, cuanto más usado
mejor está. Bueno, pero antes de
hacerlo, esto requiere una expli­
cación más general.
—¿Vas a exponerme la teoría
del gazpacho?
— O cosa así. El gazpacho tie­
ne unos elementos básicos y otros
accesorios. Los elementos bási­
cos son: ajo, cebollas, tomates,
pimiento, aceite, sal, vinagre y
agua. Los accesorios son cominos,
almendras, yema de huevo, pan
y yerba buena. Estos últimos son
los que contribuyen a dar densi­
dad al caldo, sin agregar sabores
fuertes, simplemente afinando los
primeros. Bien. Pues tomas el
dormillo o el mortero si lo pre­
fieres . . .
— No, si me parece bien lo
del dormillo. Tiene sabor la pa­
labrita, y ha de comunicarlo al
gazpacho.
— Pones en el fondo una pe­
queña cantidad de cominos y uno
o dos ajos — ello depende de que
se desee que el ajo sobresalga o
no— so deshace suavemente en
las paredes dei dormillo, agre­
gando sal, y una cantidad de al­
mendras peladas, suavizan y es­
pesan el caldo; su sabor no es
fuerte y pueden ponerse en ma­
yor o menor cantidad. Se cortan
un pimiento y una cebolla en
trozos y se machacan lo más po­
sible. Con la misma finalidad que
las almendras puede agregarse
una yema cocida de huevo. Se
pisan también uno o dos toma­
tes, maduros y pelados. Se agre­
ga una miga de pan, que debe
humedecerse previamente. Es pre­
ferible pan duro y de miga abun­
dante; se echa en agua y laego
se escurre y se rocía con vinagre.
Machacado todo y mezclado bien,
va poniéndose e. aceite, sin ce­

sar de machacar y batir. Toda la
ciencia del gazpacho consiste en
que esa masa trague el aceite, de
forma que luego no se vea. Lo­
grado esto se agrega el agua
deshaciéndolo todo en ella. Si la
has enfriado antes, no necesita­
rás luego refrescar el gazpacho
con hielo, que al disolverse, al­
tera el punto. Se prueba y se
agrega la sal y el vinagre nece­
sarios para dejarlo justo. Enton­
ces, se espolvorea con yerba bue­
na seca y pulverizada. Se com­
pleta echando en el caldo pepino
muy picado, tomate igualmente
picado y, si se desea, pimiento
y cebolla, a los que se agregan
trozos de pan.
Pero al servirles el gazpacho
les trajeron aparte, en platitos,
tomates, pepino, cebolla y pan,
cortados en trocitos.
— Ya ves; se hace de distinto
modo en las diferentes partes de
España. También así. Agregas el
caldo todo, y lo mezclas, si te
gusta así, o pones únicamente lo
quo to agrada.
Pedro escuchaba con interés y
no sin tristeza a Salinas cuya
nostalgia de España vestía ahora
gorro de cocinero.
Luego les trajeron una fuente
con el arroz del color de la salsa
del tomate que lo impregnaba,
adornado de filetes rojos de mo­
rrones, trozos pequeños de pes­
cado, camarones que salvaban, ba­
jo la salsa más fuerte, su tinte
rosado, almejas, berberechos. Sa­
linas llenó los pla;os. Raspó lue­
go la tostadura pegada al fondo.
—Los valencianos —dijo— lo
llaman socarrad. Es muy sabroso.
Comían despacio, sintiéndose
ambos dispuestos a charlas. Pe­
dro tomó la lista y después de
examinarla, preguntó:
— ¿Qué es este arroz a lo
pobre?
— Sencillamente con verduras,
como una paella puramente ve­
getal. De ahí el nombre. Cuesta
poco, claro está.
— Pues ¿cómo es el arroz po­
bre, a lo rico?
— Igual que el otro en la apa­
riencia, pero el arroz se ha her­
vido en un caldo que lleva un
buen trozo de jamón, por ejem­
plo. Es el mismo plato pero dis­
frazado, enriquecido. ¿Sabes có­
mo se prepara el arroz pobre en
Valencia? Se hierve y se sirve
con una cabeza entera de ajo,
con todos sus dientes. Se hierve
así con la cáscara; claro, sería
de otro modo demasiado fuerte.
Pues, a esa cabeza la llaman “ la
perdiz” .
Salinas le precisó después la
diferencia entre el puchero por­
teño y el cocido madrileño, dos
platos distintos, en realidad, aun­
que comúnmente se les asimila. Su
madre lo preparaba muy bien.
En una mesa próxima trajeron
una fuente de barro cocido y Pe­
dro comentó el “ carácter” que
tenía esa vajilla, que parecía es­
timular el apetito.
Le gustaban los cacharros—
buscó alguno con la vista en el
mapa de Gori Muñoz— que le
sugestionaban con su arcilla tos­
ca como un símbolo de artesanía,
de vida rústica y sana. La con­
versación de Salinas tenía para
él ese mismo encanio; conjugaba
en sus evocaciones lo doméstico
y lo poético aunque sólo se ha­
blara de comidas.
—Había en Madrid — dijo Sa­
linas— nn restaurante Botín, don­
de se conservaba renovándola,
claro está, una vajilla que tenía
no años, sino siglos. El local te­
nía un aire de vetustez auténtica,
prolongado desde el año lejaní­
simo de su fundación. Los platos
eran todos al horno, servidos en
esa vajilla característica. Besugo
al horno, sopa al horno, tostón.
Y luego, frutas de sartén: bar­
tolillos y auroras.
Salinas hizo unr. disgresión:
. . —No la vejez, sino la madu­
rez es lo que distingue Europa
de América. Me expongo a que
no me entiendas, pero lo que yo
noto acá, en la Argentina, y en
toda América, es la precipitación,
lo no sedimentado. Algo que no
termina de madurar porque no se
le da tiempo, so improvisa en me­
dio del apuro. Puedo darte un
ejemplo. Cuando Ardau, precisa­
mente, publicó su primer libro,
sus amigos resolvimos agasajarle.
Se planeó una comida en la que,
además, íbamos a entregarle un
ejemplar de su obra, muy bien
encuadernado. Fui yo a un tallercito que conocía y pedí cuero
de Rusia y otros refinamientos
en la materia. Era un pequeño
taller en un sotanillo de la calis
Mayor. Me atendió un vejete de
lentes, el encuadernador, patrón
y artesano; pidió doscier+*&gt;- ^4r&gt;cuenta pesetas, que ya está bien,
y quedó en que estaría nato cn
veinte días. Para entonces fija­
mos la fiesta. Pero ocurrió que
Ardau debió salir para Valencia
unos días antes y pensamos ade­
lantarla. Yo fui a ver al encua­
dernador, pidiéndole que antici­
para la entrega del volumen. Vie­
ras la mirada de desprecio del
vejete por mi pretensión: ¿Pero
usted creo que esto puede cum­
plirse en menos tiempo del que
le he dicho? Esta tapa tiene que
caer como una puerta, así de
exacta y ajustada. Fíjate bien:
caer ccmo una puerta. Y esto sólo
se consigue con tiempo, siguió el
viejo. La encuadernación lo exi­
ge para secarse lo justo y pre­
ciso. Me fui admirado del ve­
jete y de su artesanía cumplida
a tanta conciencia. Esa lentitud,
es lo que no tenéis vosotros. Hi­
cimos la fiesta antes pero el li­
bro se lo enviamos a Valencia.
No había guerra en el mundo.
Y un Madrid sin ruinas ni es­
combros en el que milagrosamente
se inmovilizaba una realidad gra­
ta a su corazón, había sido res­
catado en medio de esa charla
y de esos recuerdos. Pero todo
había pasado y ya ni quedaban
esperanzas.
Salinas habló luego de lugares
típicos de Madrid. El Arco de los
Cuchilleros. Encantaba ese nom­
bre espléndido, de una de las en­
tradas a esa Plaza Mayor que
Salinas le describía con palabras
y hasta con dibujos para que
Lascano concibiera mejor ese re­

cinto singular. El Rastro, lugar ex­
traordinario, cambalache de cam­
balaches, esencia y apoteosis de
montepíos, donde se encontraban
las cosas más raras e inhallables.
— ¿Concibes que en alguna
parte se encuentre un único za­
pato, uno de un par? ¡Allí está!
Un solo gemelo. Trenzas de mu­
jer muerta. Libros, mil curiosi­
dades diversas, insospechables, in­
creíbles.
— ¿Pero tú no comes por ha­
blar? — dijo Pedro, españolizando
conscientemente el habla. Siempre
era así: Salinas comía muy poco
a pesar de su vocación aparente
de Brillat Savarin español; si­
guió :
— Por allí cerca, recuerdo, íba­
mos a tomar un vaso de recuelo
con una bola de diez centímetros.
—Pero ¿qué es el recuelo?
— ¿El recuelo? ¿No lo sabes?
Pues café ya usado en los cafés
grandes, la borra, quo se vuelve
a cocer hasta extraerle el último
jugo. La bola es una pasta con
grasa. Todo por diez céntimos. En
España el café es caro, artículo de
lujo, al contrarío de lo que pasa
entre vosotros. Puos el recuelo
tiene al menos nna reminiscencia
del café. Es lo que queda en el
colador, vuelto a usar. A la gente
pobre no le sienta mal, aunque
yo decía que el que trasegaba
ese líquido y esa bola, mostraba
resistencia invencible, capaz de
afrontar cualquier prueba. Lo in­
teresante era ver esos cafetuch03,
que nos descubría por lo común
Sánchez Alonso.
— Bueno, ¿y cuánto valia el ca­
fé, nuestro “ express” , en Madrid?
— Allí se toma un vaso de cafó
con leche. Vale una peseta. ¿Oye,
quieres cognac, con el café? Pero
no, tomaremos anís. Ayer he be­
bido uno que debes probarlo. Me
había acostumbrado a tomar acá
ese de los “ ocho hermanos” y
sostenía que estaba bien y que
era pura tontería recordar los de
España, y hacer cuestión de pa­
triotismo en materia de anís. Pero
ayer pasé por acá, y Barrachina
quo tenía una botella recién lle­
gada, me propuso gustarlo. Pues
chico, cuando destapó, del solo
perfumo casi me echo a llorar.
Llamaron a Barrachina, quien
se acercó a la mesa luciendo su
vago parecido a Rafael Alberti.
Llevaba una im pecable blusa
blanca y negligentemente sobre
los hombros un estupendo sobre­
todo marrón de una gruesa tela
afelpada. Así andaba de entre
ca^a el hombre, con ese aire de
médico y tenor de ópera. Les
hizo traer el anís y lo paladea­
ron y lo comentaron. Habló Sa­
linas:
— Esos pueblos de Sierra Mo­
rona y de Sierra Nevada, alto3,
como colgados de la montaña, de
clima seco. La fabricación es
sencilla, pero allí tienen sus plan­
tas de anís y el agua de nieves
de la sierra. Toda esta combina­
ción de elementos impersonales
al parecer, clima, tierra, agua,
logra una calidad única. Es como
te he dicho: algunos productos se
dan de modo incomparable en de­
terminados lugares. No tenemos
un vino que pueda competir con
el Borgoña, y aún en general
con los vinos de Francia, salvo
alguno que otro. O en otro orden,
con los quesos de Italia. Lo dis­
cutí?. hace poco con alguien que
mo dijo que la preferencia por
los vinos franceses se debía a la
preeminente situación de Francia
en el mundo con respecto a Es­
paña. Pues yo le contesté que no
se n&lt;~taba la influencia de la pre­
eminencia internacional sobre el
prestigio del Jerez.
Lascano so rió.
— Es como discutir la calidad
del asado en Buenos Aires—agre­
gó Salinas.
Este habló luego de postres,
do las especialidades de Andalu­
cía. Dijo a Pedro que había des­
cubierto un chocolate a la espa­
ñola en un negocio, cuya direc­
ción tenía anotada. Sostenía que
el chocolate argentino tenía un
gusto menos personal, como todos
sus productos de confitería en
los que predominaba lo dulce so­
bre cualquier otro matiz. Atribuía
toda la finura y el sabor de la
confitería española a la heren­
cia árabe y judía. Ese refina­
miento era oriental, decía.
— He visto — siguió— que un
compatriota está fabricando aquí
mantecados de Antequera, al mo­
do do Antequera, por supuesto.
Todo depende del molido de la
harina. ¿No los has probado? Los
buscaremos un día de estos. Es
ur. polvorón más fino.
— ¿Mantecados de Anteqnera?
— Así se llama el lugar. Muy
bonito pueblo, precioso pueblo.
¿No te acuerdas del romaneo de
los pelegrinitos, popularizado por
Lorca?:
Le ha preguntado el Papa
do dóndo eran.
Ella dico de Cabra
él de Antequera.
Luego, aun hizo un comentario
cuando vió que Lascano tomaba
el cafó sin azúcar:
—Está muy bien así. Ya sabes
que el café hay que tomarlo con
sus cuatro letras.
— ¿Cómo es eso?
— Caliente, amargo, fuerte y
escaso.
Pedro celebró la ingeniosa fór­
mula.
Hablaron de los cafés madri­
leños. Salinas — asiduo de La
Granja— enumeró o.tos , todos
raá3 lujosos y espectaculares que
los porteños, lugares de estar có­
modos por muchas horas. Se refi­
rió al público común, a ciertas
peñas de artistas, y no pasó por
alto el espíritu de la concurren­
cia y su forma de aglomeración,
distintos en Madrid y Buenos
Aires.
— ¿Y las terrazas? — dijo in­
terrogativamente Salinas— . Porquo las terrazas de los cafés de
Madrid —siguió— son un mundo.
— ¿A quó llamas terraza?
— Pues llamamos terraza a la
vereda ocupada por las mesas y
los parroquianos. Al modo de la
Avenida aquí, la más española de
vuestras calles. Pues aquello to­
ma un aire de feria, de zoco, un
mercado orienta.. Vendedores de
todas clases ofreciendo mojamas,

Acaba de Aparecer

VERBITSKY

billetes de lotería, camarones. Hay
ciegos que te cantan la canción
o el último cnplé de moda.Tam­
bién cantan las ciegas y allí es­
tán, con el vientre hasta la bar­
billa — todas están embaraza­
das— , dale que dale al último
cuplé picaresco. Horrorosas, con
la barriga en punta: “ Yo soy la
maja moderna de Goya” . ¿Qué te
parece? El abigarramiento, y exu­
berancia de esa masa, tiene mu­
cho de africano, de morisco.
Pedro se distrajo imaginando
el vivo cuadro que le describía.
Oyó decir a Salinas:
— La muchacha que en “ Mala
yerba” , de Baroja, quiere bailar,
es la Chelito.
— ¿La Chelito? Vas a perdonar
mi ignorancia ¿pero quién es?
No preguntó a cuenta de qué
la citaba para no confesar que se
había distraído.
— Pues es, o ha sido la ve­
dette más famosa del género pi­
caresco en España. Picaresco y
pornográfico también, que hacia
con mucho salero. Tenia una lin­
dísima cara y un tipo de inge­
nua. Yo la he visto ya vieja.
Pues, a los cincuenta años, tenia
unos pechos de niña de quince
“ caídos” hacia arriba. “ Sácave la
izquierda” , berreaban desde el pa­
raíso. “ Ahora la derecha” . Luego
gritaban: “ las dos” . Y ella los
mostraba y con delicada gracia, si
quieres. Era el número. Se hizo
rica. Era suyo el teatro en que
trabajaba, y la parte de airás,
donde había un frontón. Y tenía
casas. Estará en Madrid. Seguro
que se habrá hecho falangista,
y habrá ingresado en nna co­
fradía.
Recayó la conversación sobre
los romances de ciegos, llevándo­
lo esto a referirse a Valle Inclán, una de cuyas obras se es­
taba representando en Buenos
Aires.
— Este Valle Inclán — dijo Lascano— es el que me gusta; no
el de las sonatas, sino el de los
esperpentos, el del teatro. Tiene
la genialidad do un Shakespeare
extravagante, y muy español. Es
fantástico, practica un realismo
de realidad y de esencias. Me
parece que a través de la defor­
mación o exageración de figuras
populares logra en la literatura
algo parecido quizá a lo que el
Greco hizo en pintura con sus
alargados caballeros, aunque en
conjunto, es más Goya que Greco.
Sus mendigas, sus idiotas, sus
titiriteros, y toda esa laya de
golfantes que como él los llama
son un negativo de España que
a pesar de todo nos da el cáracter del país. ¿No te parece? Es
una nueva picaresca, llena de
fuerza, alucinada. En el fondo,
eso ha de ser on el futuro un
documento de protesta.
Salinas lo miró, aprobando.
— Tal vez tengas razón. Me
gusta en Valle Inclán lo que di­
ces, y creo que su verdadera im­
portancia no está bien apreciada.
Se presta mayor atención a sus
anécdotas. Hemos convivido con
él y aún no está lo bastante le­
jos. ¿Por qué no escribes algo
sobro él?
Hubo un silencio.
— ¿Sabes en lo que estoy pen­
sando? — dijo Salinas— . Has
nombrado al Greco. Siempre he
creído interesante el hecho de
que un pintor tan fuera de lo
común, discutible si se quiere,
y que aún necesita de explicacio­
nes — ya sabes todo eso de su
supuesto astigmatismo y demás
historias— fuera apreciado am­
pliamente por sus contemporá­
neos. ¿No habla eso del nivel ar­
tístico de la época? No era un
incomprendido y esto también
justifica aquello del Siglo de
Oro: ¿no lo crees así?
— Es una observación acertada,
me parece. No se me había ocu­
rrido. ¿Y cuál es tu opinión so­
bro el Greco?
— Es un pintor que aturde.
Cuando alguna vez viajes a Es­
paña verás sus cuadros. De na­
die da menos idea una reproduc­
ción.
Muchas veces aludía Salinas
a esa posibilidad de trasladarse a
Europa, y esto siempre le parecía
remoto a Lascano. Pero el hecho:
en España estaban los cuadros de
Greco y allí podían verse, por
irreal que eso pareciese.
— A propósito del Greco — di­
jo Salinas, complacido con un re­
cuerdo— verás lo que me ocurrió
leyendo a Gautier. A medida que
avanzaba en la lectura de su libro
sobre España, se me hacía mayor
mi ansiedad. Por lo que te conta­
ré. Fue un verdadero sufrimiento,
en torno a las andanzas de Gau­
tier. Esto es, en cierto modo,
un descubridor del Greco, se­
pultado en el olvido en aquellos
años del siglo XIX. Gautier lle­
ga a Toledo y ve los cuadros.
Comprende que se encuentra ante
un pintor genial y aunque le
desconcierta y le confunde, y no
se atreve a decir que hay allí
un gran maestro — sobre nuestros
juicios influye mucho la fama.—
lo admira con gran instinto. Pues
mi sufrimiento nacía del hecho
de que nadie llevara a Gau.ier
a ver el Entierro del Conde de
Orgaz. Pero en aquel tiempo no
hubo quien lo condujera a la
Iglesia de Santo Tomé, iglesia
que ningún valor tiene aparte de
servir de marco del tremendo cua­
dro, ante el cual yo había sen­
tido una emoción, admirada y
agobiante que no llegó a desper­
tarme cuadro alguno. El Entie­
rro del Conde de Orgaz es el
cuadro mejor o más terrible del
mundo, el más imponente, el más
genial. Pero su fama es un redescubrimiento de nuestros días
y Gautier se va de Toledo sin
conocer el lienzo. A medida quo
iba leyendo comprendía que esto
iba a ser así, y aún sabiéndolo
inevitable — la cosa no deja de
tener gracia— me causaba una
angustia creciente. ¿Qué te pa­
rece?
Pedro sólo atinó a sonreírse
en medio de la emoción que le
dejaban sus palabras. ¿Quó le pa­
recía? Que Salinas era admira­
ble, un español completo, una
especio de Antonio Machado de la
vida, un hombre que por todos
sus poros manaba España.

LA
GAYA CIEN CIA
Y POESI AS
$ 7.—
Volumen V de las Obras Completas
de

F R IE D R IC H

N IE T Z S C H E

Anteriormente publicados:
VI.

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA
$

IX.

6.—

LA VOLUNTAD DE PODER

$ 7.—
En prensa:
I.

el

o r ig e n

de

la

TRAGEDIA

Y OTROS TEXTOS

En todas las librerías
o contrarrecmbolso a la

Editorial P0SEID0N
P E RÚ 973

BUENOS AIRES

NO TICIA SOBRE
FELISBERTO HERNANDEZ
( Viene de la página S)
llón, con una casita moderna que despida
a los ojos desproporciones antipáticas,
pesadas y pretensiosas” . . . No abundan
estas lamentaciones evocadoras en la lite­
ratura americana. En la prosa uruguaya
no hay otro precedente: el Uruguay ‘ ‘ qui­
za, en este continente, el país que posee
una más densa y continua tradición poé­
tica ” — Guillermo de Torre— , no ha te­
nido prosistas en la misma densidad, y
Montevideo, una capital ya madura, está
completamente huérfana de narradores,
glosadores, novelistas. Sus calles, su pai­
saje, la vida compleja, interesante, varia
e intensa de sus habitantes no ha in
rado aún ninguna gran novela. Los
listas uruguayos — excepción de M
de Castro con su Pequeño Función
han buscado sus temas en el eampi
las ciudades del interior, desdeñan
justamente la rica vena que la .
les ofrece. Sin que sea, desde lúe,
principal preocupación de sus cut
Hernández la interpreta, la siente a
vés de su campo visual infantil, o de
primeras meditaciones — con pretens
trascendente— de adulto, y siguiendo si
natu ales preferencias hacia lo ya lograde
asimilado y sin resalte, prefiere aquel
Montevideo de comien-zos de siglo, con sus
casas de una sola planta y terraza, sus
quintas de revoque gris, envueltas en cor­
pulentos magnolios, y delante una escali­
nata de mármol blanco que ‘ ‘ se abría
como cola de novia” .
Sin duda, después de los dos relatos
aparecidos con rigor cronológico (194243), Felisberto Hernández no ha dejado
de escribir y aunque su producción siga
siendo lenta y poco abundante, ha de
tener nuevas ob 'as, siempre en la misma
modalidad de enfoque retrospectivo y buceador, quo Supervielle conoce y que han
confirmado su catalogación de Hernán­
dez como gran escritor. Sería muy intere­
sante conocer esa obra inédita y faeilit, *
su publicación antes de que — como es
intención de Supervielle— nos llegue de
Francia traducida y calificada. No está
tan abundante el ambiente de valores ori­
ginales eomo para que se mire con indi­
ferencia el albur de que uno de ellos
emigre eir forma inédita (com o si dijé­
semos nonata), después de ser aquilatado,
garantía suficiente de su calidad, por un
tan cauto cazador de novedades como el
poeta de Dcbarcadéres.
Que la obra de Felisberto Hernández
llegase al Río de la Plata envuelta en el
brillante disfraz de un idioma extranjero,
alcanzaría proporciones de inaceptable
pa adoja.

COM O H A T E R M I N A D O ...
( Viene de la página 16)
Conjuntamente con el aspecto artístico fio
la cuestión, la justicia ha tenido que ocuparse
también del lado financiero. Los Vermeer y
los Pieter de Hooch han costado a los com­
pradores 7.164.000 florines, o sean 322 mi­
llones de francos a la cotización oficial. Re­
clamaban la devolución. 5.180.000 fueron re­
cibidos por "Van Meegeren, y el resto, cerca
do 90 millones de francos, por intermediarios.
Estos han declarado ante el tribunal. Nada
permite dudar de su buena fe, y según su
abogado no se les puede obligar a devolver
su comisión. Uno de ellos la ha restituido
voluntariamente: el señor Hoogendijk, uno
de los principales comerciantes de cuadros de
Amsterdam (650.000 florines). Otro, el señor
Kok, ex funcionario de las Indias Orientales
y amigo de Van Meegeren, y el único que
desconfió, no había recibido de su comisión
(168.000 florines) más que 10.000 y había
dejado el resto a la señora Van Meegere7i.
Y como final de todo este “ affaire” , el fisco
ha intervenido para reclamar su participa­
ción, que será considerable.
Van Meegeren no asistirá a la terminación
de este sensacional asunto. El cable ha trans­
mitido la noticia de su muerte, ocurrida en
los días últimos del año 1947.

�16

cabalgata

'j

‘La silla barroca”

L
F

O

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U C l O

T

A

N

A

O

LA VISION INFLAMADA Y DINAMICA
DEL O D J E T O
Por JULIO RINALDINI
la- atención, en primer tér­
mino, en el arte de Lucio Fonana, la soltura con que la obra es
dada. Surge de la materia sin es­
fuerzo aparente, como presencia
viva a la que nada estorba. La últi­
ma vez’ que expuso tuvo que aclarar,
ante las “ razones” que uno de los
miembros del jurado le dió para
ju stificar la negativa del premio
que obviamente le correspondía a su
Aqidles, que él no hace nada ju ­
gando. Pese a su experiencia p ro ­
fesional. aquel jurado no supo ver
que la obra de nuestro escultor tie­
ne la soltura que le confieren una
conciencia artística lúcida y un
dominio bien conquistado de los
medios. Sea que ciña la form a en
la pura tensión de la línea y en la
fluidez de planos y volúmenes, o
quiebre los perfiles y las superficies
y en las bruscas transiciones del
modelado busque una visión pictó­
rica, inflamada y dinámica del ob­
jeto, el suyo es un arte sin vaci' lociones. Y en uno y otro caso actúa
con la misma obediencia de las le­
yes de la escultura. Fontana no im­
provisa. l i a llegado por etapas y a
través de una educación cultural y
técnica minuciosas al dominio de su
expresión. Aun en aquellas escultu­
ras en que la form a se abre en la
impetuosidad del gesto y en la si­
nuosidad contrastada de los perfiles
y los planos, la obra conserva el
equilibrio estático de la arquitectu­
ra inscripta en ella. E jem plo carac­
terístico de esta manera es La silla
barroca. E l título define la tenden­
cia estilística de la obra, pero el ba­
rroco tiene en Fontana la particu­
laridad de no salirse de la noción
clásica de proporción. E l efecto es
pictórico, los rasgos entrecortados
del dibujo rom pen la tensión del
contorno, pero las form as no se ex­
tienden, como en el barroco histó­
rico, en desarrollos prácticamente
ilimitados. Una dimensión espacial
definúla las circunscribe y un con­
cepto de masa se desprende aun de
aquellas de d ib u jo más agitado. En
Fontana lo barroco es un modo de
lam a

intensidad, de vibración que afecta
a los caracteres de las form as pero
no altera el rigor de las estructuras.
Uno de los aspectos más sutiles de
la obra de este artista de muchas
finezas es la manera en que en ella
se concilian el dinamismo de la ex­
presión y la necesidad de medida,
de ord en ; el m odo en que sus fo r ­
mas “ deshechas” se equilibran. Más
que una noción concreta su arqui­
tectura parece que fuera una rela­
ción que trasciende del gesto que de­
fine a las figuras, del movimiento
que confiere fisonom ía a los objetos.
La m ujer de Lot, tiene, en este sen­
tido, el valor de un símbolo. Como
en la leyenda, la imagen ha sido
detenida en el acto que le otorga
form a, vibrante todavía del tránsi­
to y definitiva en la naturaleza del
cambio. La acuidad de la visión, la
intuición sensible del rasgo sign ifi­
cativo, permiten a Fontana esta
cristalización del acto en forma, la
captación del punto activo en que
la obra se cumple. Puede m anejar
con libertad la materia porque sabe
en qué momento adquiere realidad
de imagen y valor de hecho artís­
tico.
Tres condiciones sirven de funda­
mento a su o b r a : la intuición vocacional, el conocim iento y la respon­
sabilidad. De ellas deriva su liber­
tad de acción. Entre nosotros, esa
libertad le ha traído inconvenientes.
Para obviarlos, fué, probablemente,
que Fontana realizó obras como el
H om bre del B ella. E n ella ha de­
mostrado hasta qué punto es capaz
de poner en valor el contenido fo r ­
mal de las estructuras anatómica­
mente fieles; pero su sensibilidad
exige algo más. Y a en Muchacho
del Paraná, otra figu ra tomada del
natural de esa singular población
anfibia del litoral santafesino, la
sensibilidad que antes sirvió para
fija r rasgos típicos, se mueve en
procura de una expresión más vital
e intensa. L a pura definición fo r ­
mal no le basta; necesita emplear
las form as como materia activa, re­
crearlas com o lenguaje. Tam poco astá en su temperamento atarse a una

consigna, ni está en él pensar que
sea función del arte la demostración
de proposiciones teóricas. Frente a
la variedad de estéticas que in for­
man el arte contemporáneo, o que
le sirven directamente de tema, F on ­
tana va al encuentro de su propia
ley o de las soluciones que se dan
como sustancia cuando la obra de
arte llega a ser tal. Regida por una
noción de orden, el punto de equili­
brio de su obra es, sin embargo, eje
flexible que le permite una gran
amplitud de movimientos. Del mis­
mo modo ocurre que en los estados
de dinamismo más expansivo su es­
cultura tiene gravedad, peso, mo­
dalidad estática. El equilibrio se
cumple siempre. Se cumple como en
los hechos naturales. E l placer es­
tético que proporciona la obra de
Fontana proviene, en gran parte,
de la felicidad de su nacimiento, de
su condición de hecho vivo, anima­
do, en sus cualidades, por puras
intuiciones sensibles. Los conceptos
no son extraños a la cultura del ar­
tista, pero Fontana prefiere librarse
a uná intuición enriquecida por la
experiencia y fortalecida por el es­
tudio, que lo lleva cada vez más ha­
cia las raíces del hecho artístico, que
lo libra al poder expansivo de las
formas. P or eso lo vemos viajar en
el tiempo hacia los prim itivos perío­
dos de creación, traernos reminis­
cencias de Creta y de Mieenas, de
los h ititas; acudir al policrom ado,
descubrir un elemento expresivo
más en las superficies rugosas de
los bronces arqueológicos, o entre­
garse a la expansión vibrátil de un
barroco esencial. Elementos ni oca­
sionales ni extrínsecos, sino fuerzas
primordiales que encuentran su re­
lación de sentido en las raíces u ni­
versales del arte. Inútilm ente bus­
caremos en este rosarino ningún lo ­
calismo o cualquier designación in­
telectual histórica. Fontana es un
artista puro que necesita, para ma­
nifestarse, una total libertad de ini­
ciativa, controlado únicamente por
su profu nda intuición estética y por
el sentido de responsabilidad de la
tarea que tiene por delante. Todo
esto es lo que probablemente ha des­
concertado a sus compatriotas, y
lo ha puesto a él en la necesidad de
tom ar otra vez contacto con las

COMO HA TERMINADO EL MAS
SENSACIONAL 1AFFAIRE" DE
FALSIFICACION DE CUADROS
Hace dos años surgió el más sensacional
de los “ affaires” de falsificación de cuadros
de los grandes maestros de la pintura. En
1937 se había “ descubierto" el cuadro Los
peregrinos de Emmaüs. de Vermeer, que fué
adquirido por el Museo Boymans, de Rotterdaim, donde entró con toda clase de honores.
De 1940 a 1943 aparecieron otros cinco Vermeers, cuya autenticidad nadie puso en duda.
En 1945, dos museos (el Rijksmuseum, de
Amsterdam, y el Boymans, de Rotterdam) y
dos grandes mecenas poseían los cinco pri­
meros cuadros. El sexto, que había sido com­
prado por Goering, y secuestrado al final de
la guerra, pertenecía al Estado holandés.
Ex 1945, en el mes de agosto, van Meege­
ren se declaró autor de estos cuadros. Pintor
mediocre de figuras y de retratos, se reveló
a los cincuenta y seis años, como un notable
falsificador. Cuando estaba a punto de ter­
minar su carrera, logró adquirir renombre me
diante el escándalo. Fué detenido y procesado.
El asunto parecía muy simple. El falsifica­
dor había declarado todo. Explicó con una
refinada complacencia como había engañado
hasta a los más expertos. Se había asimilado
el estilo de Vermeer, había reconstituido sus
colores, imitado su factura; había pintado so­
bre cuadros antiguos para utilizar los fon­
dos; había mezclado a la pintura una resina
que la hacía muy resistente. El tribunal, ante
semejantes pruebas, no tenía más que con­
denarle.
Sin embargo, el proceso ha durado dos
años. Los jueces invitaron al procesado a
que probara su culpabilidad; le pidieron que
ejecutara, bajo la vigilancia de peritos, Los
peregrinos de Emmaüs. Para deslumbrarles,
Meegeren propuso realizar en el plazo de dos
meses un tema nuevo. De esta manera surgió
el séptimo Vermeer, Jesús entre los doctores.
Se entregó al pintor un cuadro anónimo del
siglo XVII (150 x 200), sobre el cual debía
operar. Se le proveyó de los productos nece­
sarios, entre ellos lapislázuli, que entra en
los azules extraños de Vermeer. Al padecer,
la ilusión producida por la tela era perfecta
en cuanto a los tonos y a la materia. Sin
embargo, evidenciaba una decadencia que *e

tesis. A medida que las sim plifica,
advertimos que sus form as se enri­
quecen con n u evos a p o rte s, ga­
nan en intensidad, en poder de mo­
dulación, son más d ire cta m e n te
sensibles. E l don natural de Fonta­
na, visible en todo momento en la
soltura con que su obra es dada,
se manifiesta en sus creaciones más
personales con una firmeza que tie­
ne toda la apariencia de un proceso
espontáneo. Es una manera de abre­
viación, de reducción de la expre­
sión a términos que únicamente
pueden darse, no sólo por el d o­
minio de los medios, sino por el
rigor de la visión artística. La
obra de Fontana define a un ar­
tista de poderes o rig in a le s que
gradualmente son ejercidos sobre
la materia por una manera de pre­
sión para que rinda la intención
concreta del creador. Si com para­
mos sus primeras creaciones abs­
tractas, de construcción cerrada y
de planos escuetos, con sus obras
más recientes de form as sueltas, ve­

cuadromanÍfeStad0 ^

3 P3r,Ír dcl soSundo

Esto no tenía nada de extraño. El artista
hab.a consagrado siete meses a Los per'g rl
nos de Emmaüs; siete meses de t „ i • ■
tenso en ia soledad y el , “creta
solamente de encontrar la manera de Ve”r°
meer, sino también el impregnarse de su es’
píritu. Según el. durante una semana había
estudiado con sus manos, ante un espejo d
gesto de Cristo rompiendo el pan, para alian
zar la “ devoción" necesaria. Impulsado por
Cl éxito, su aplicación disminuyó en seguida
y aumentó, en cambio, su audacia. Llegó con
su Jesús entre los doctores a una verdadera
apuesta. Agrupó, sin la ayuda de un proto­
tipo. siete personajes; se concedió un plazo
demasiado corto, durante el cual él estuvo "en
escena” , porque seis delegados de la justicia
le rodeaban y recibía las visitas autorizadascríticos, reporteros, fotógra fos... Los defec­
tos, latentes en Los peregrinos de Emmaüs
y que aumentan a cada nueva tela, se acusan
en el séptimo Vermeer; la nulidad de la com­
posición, la debilidad del dibujo, el vacío de
la inspiración.
Los expertos nombrados por la justicia, tros
técnicos de alta competencia, comprobaron que,
a pesar de sus diferencias de calidad, los
siete Vermeer formaban una cadena indisolu­
ble. Jvo demostraron ante el tribunal el 29
de octubre, con ayuda de proyecciones. El
Jurado respondió unánimemente sobre las dos
preguntas formuladas: 1 ) Estos nueve cua­
dros (había también dos falsificaciones de
Pieter de Hooch) no son del siglo XVII;
2) son de Van Meegeren.
De la manera minuciosa como se han llenJl(io a cabo todas las investigaciones puede
deducirse que había una cierta- resistencia a
admitir que los cuadros fueran falsos. Hubie­
ra sido una gran tranquilidad, para todos si
Van Meegeren hubiera mentido. De esta raa
ñera el crédito y la autoridad de los eru­
ditos, el crédito de los negociantes de cu
dros hubiera quedado intacto; de esta forma
las enormes sumas pagadas por los cuadros
no se hubieran perdido.
( Continúa en la página 13)

remos que una misma vibración sen­
sible trasciende de unas y otras. V i­
bración que en su intensidad lleva
como im plícita una medida, un rit­
mo, una necesidad de armonía, de
línea melódica que conduzca ,el can­
to que va tomando ánimo en el ar­
tista. Este aliento interior es el que
gobierna el movimiento y la econo­
mía de sus formas. Fontana es un
intérprete libre de los métodos de
la escultura porque necesita que las
formas sean reguladas por su vo­
luntad de expresión, por la acción
vital que las va elaborando. Antes
qne un intérprete caprichoso es un
creador libre. Y es posible que el
proceso que lo ha conducido gra­
dualmente a e.sta libertad no defina
únicamente la personalidad de Pan­
t a n a ; es p ro b a b le que despu és
de estar sometida a uná disciplina
en la que quiso recobrar la noción
de ciertas normas, la escultura vuel­
va a ser un arte flexible y un me­
dio a disposición de la intuición
creadora del artista.

‘‘La mujer de L ot’ ’

“ Aquiles”

tierras en que se educó, pobladas
por el espíritu y las obras de los
grandes creadores.
Habría sido tarea relativamente
sencilla reconocer el valor del arte
de Fontana si se hubiese juzgado su
obra en sí, en virtu d de lo que tie­
ne de creación original. La relación
entre el propósito y las formas que
lo ilustran es perfectamente clara.
Fontana va en procura de una ex­
presión personal, que un sentimien­
to lírico alienta, pero de n ingún
modo lo aparta del sentimiento
de la form a, más riguroso en él de
lo que deja suponer su libertad de
tratamiento. Donde se ha querido
ver una desarticulación difusa obra
una voluntad de concreción, de sin­

PKAKQUEO PAGADO
CoiicsiUa SI S20A

ERCiSTRO DE PROPIEDAD
. STELECTUAL Nú 33AA26

I A K I - A ¡ SE DUC I DA
CoactUdu N* 3799

I MPRENT A
Perú i t i •

CHI LE
*ñ*u

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                <text>Paz, Juan Carlos&#13;
Eluard, Paul&#13;
Undurraga, Antonio de&#13;
Malaparte, Curzio&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Sofovich, Luisa&#13;
Stern, Leopoldo&#13;
Martí Ibañez, Félix&#13;
Mólins i Fábrega, M.&#13;
Bajarlía, Juan Jacobo&#13;
Larreta, Enrique&#13;
Jesualdo&#13;
Weinberg, Gregorio&#13;
Serrano Plaja, Arturo&#13;
Villegas López, Manuel&#13;
Maugham, Somerset&#13;
Mora Guarnido, José&#13;
Malaparte, Curzio&#13;
Eluard, Paul&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Batlle Planas, Juan&#13;
Cortázar, Julio&#13;
Mauleon Castillo, Rafael&#13;
Graco, Miguel&#13;
Merli, Joan&#13;
Svanascini, Osvaldo&#13;
Verbitsky, Bernardo&#13;
Rinaldini, Julio</text>
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                    <text>Exprese sus Augurios de Felicidad para el Año 1948 Regalando Libros

REDACCION

Y

ADMINISTRACION:

Perú 973 - Buenos Aires - Telet. 34-2384

Año III

1 í) 4 a

E n ero

2“ Epoca

Precio del número: $ O.bl) moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a l : S b.5U mo n . / a r g

nmim

Una novela corta
de BORIS VIAN

US M IG A S

de

NOVELA
á x im o

llegado esta mañana y no n o«
han recibido bien, ya que no Labia
nadie sobre la playa, excepto montones
do tipos muertos o montones de pedazos
de tipos, tanques y camiones destrozados.
Venían balas de todas partes y no me
gusta ese desorden porque si. Saltamos
al agua, pero estaba más hondo de lo
que parecía y resbalé sobre una lata de
conservas. El tipo que estaba detrás de
mí so le llevó los t r e í cuartos de la cara
un pepino que llegó en aquel momento y
yo me he guardado la lata de conservas
como recuerdo. He metido los pedazos d«
su cara en mi casco y se los he dado;
el tipo fué a hacerse curar, pero tengo
la impresión de que ha seguido un mal
camino porque ha marchado hacia aden­
tro hasta ser cubierto por las aguas y n o
creo que vea lo suficiente en el fondo
como para no perderse.
En seguida corrí eir la buena dirección y
llegué a tiempo para recibir una pierna
en plena cara. Me dispuse a insultar al
tipo, pero la mina, al estallar, no Labia
dejado de él más que unos pedazos nada
prácticos do manipular; entonces, he ig ­
norado su gesto .y he continuado.
Diez metros más allá, me ,he reunido'
con otros tres muchachos que 'estaban de­
trás de un bloque de cemento y qup tiraban
sobre un. rincón del muro, más arriba.
Eslabón andamio y empapados de agua y
yo debía estar como ellos; entonces me
arrodillé y tiré también. Volvió el teniente,
tenía la cabeza entre las manos y una
cosa roja le corría de su boca. No tenía
el aire de estar satisfecho y pronto quedó
tendido sobre la arena con la boca abierta
y jos brazos hacia adelante. Ha debido
ensuciar bastante la arena. Era uno de
los pocos rincones que estaban limpios.
Desdo allí, nuestro buque naufragado
presentaba un aspecto completamente idio­
ta; luego no tuvo ni siquiera el aspecto
de un barco cuando le cayeron encima los
dos proyectiles. No me alegré porque había
todavia en el bareo dos amigos, heridos
antes, que iban: a lanzarse al agua. He
golpeado la espalda de tres que disparaban
conmigo y les he dicho: ‘ ‘ ] Vamos! ’ ’ Por
supuesto, les he hecho pasar delante, lo
cual ha sido una buena idea porque el
primero y el segundo fueron inmediata­
mente abatidos por los dos sujetos que
nos daban caza, y sólo quedó un tipo
ante mí. El pobre tampoco ha tenido suerte
porque apenas se había desembarazado de
uno de los tipos de enfrente, el otro lo
ha derribado, antes de que yo me lo car­
gara a él también.
Los dos puercos de detrás del muro, te­
nían una ametralladora y montones de
cartuchos. He dado vuelta a la máquina,
( Continúa en la pág. 12)
em os

p o r D A R D O CUNEO
Arango acababa de decirles:

—Cada uno de nosotros tiene algo
M
propio que, sin embargo, nos pertenece
a todos. Es el bien de nuestra comuni­
dad de desilusionados. Es lo que nos
hace sentirnos apenas fraternales. Se
llama nuestro fracaso. Ellos y nosotros
somos fracasados porque el país no nos
deja ser, y algo peor aún, no nos deja
esperanzarnos, no nos permite sostener­
nos con una gran ilusión, que es como
decir que nos lo niega todo. Nuestro
bien común es la enorme cuenta a co­
brar que no cobramos. Es nuestro dé­
ficit.
Julio se empeñó en comprender todo
el amargo significado de esas palabras.
“ Nos une la desesperanza” , pensó. “ Por
lo menos, algo nos une. Mucho peor
seria, acaso, que anduviéramos codicián­
donos un lote de júbilo. Tal vez la an­
gustia tenga mayor fuerza organizadora
que la alegría. Nos sentimos más her­
manos en el desamparo que en la fiesta,
más en la derrota que en el reparto.
Ganamos en sentimiento solidario, en
capacidad para vivir en común lo que
S a l v a d o r D a l í . D estete d e l m u e b le a lim en ticio . 1934. Colección Jocelyn W alker.
hemos perdido en esperanza” . Sintió
una inquietud temerosa. ‘‘Perder en es­
peranza, ganar en solidaridad” . Siempre
J-iUara creído —y en verdad era lo
it»' s/guiría creyendo— que la espe'rs'B'm, &lt;
era e l' más enérgico .motivo de enteS-Oimiento, que solamente alrededor de
las grandes ilusiones se podrían consti­
tuir las grandes asociaciones de los
por R AM O N GOMEZ DE LA SERNA
hombres. Que la comunidad era obra de
esperanzados, que la historia era la
cruzada del que espera, del que ansia,
del que se siente conmovido por una
papeles unido como por un cordón umbilical, que salía
a r a mí el artista perfectamente renovador y el que
gran ilusión. ‘ ‘Una gran ilusión” , se
de
entre sus flores y arabescos metidos en el cristal,
señala
con
plenitud
la
nueva
hora
es
Dalí,
el
de­
dijo para sí.
a un pájaro extraño y flaco que no se sabe si recibía
tractor de las espinacas que se pegan a los dientes.
Máximo Arango seguía hablando. Sus
ralabras estaban empañadas de regular
o daba vida a esa flora inextrincable del pisapapeles,
Sólo encuentro mal que entre las letras de Dalí
margura. Máximo Arango descreía de
cuando al día siguiente vi en las vitrinas del Banco
no
haya
una
hache.
todo o de casi todo a fuer de querer
Municipal de Préstamos un pisapapeles con un hongo
Claro
que
él
me
replicaría:
creer. A veces, solía recordar a Lamas,
hundido en el macizo cristal que se relacionaba de
—La hache la llevo en el corazón.
el poeta suicida, diciendo: ‘ ‘Todas sus
incidencias, todas sus negaciones estaban
He creído en Dalí desde el primer momento en que algún modo con mi sueño y yo que nunca había visto
hechas de ardientes deseos de amar, de
apareció y para mí fué un niño que comenzaba a ju­ pisapapeles en esa subasta ni nunca había hecho pro­
imar a sus compatriotas, de amar a
gar con las mismas cosas que yo había jugado; mu­ posiciones bajo sobre utilicé esa opción y hoy está
su país. Todas sus inconsecuencias en
en mi poder ese talismán que me está dando suerte.
ñecas
de cera, material plástico pedagógico, jaulas
política no formaron sino la ruta zig­
zagueante de su búsqueda del amor.
Comprendo sus enigmas ya dados a la publicidad,
vacías, etc., etc., añadiendo nuevos y prodigiosos ju­
Lamas se suicidó por haber fracasado
las insistentes mesillas de noche —mesitas de luz—
guetes que él ha inventado, como mitos sin mito.
d esa búsqueda ’ ’. Arango era rotundo
de sus cuadros, y yo bien sé que son los confesionarios
Siempre le defiendo y por eso cuando últimamente
cuando afirmaba que el país no se de­
más importantes de la vida española, lo que alcanza
oí que decían que se había mercantilizado respondí:
jaba amar, que los argentinos no están
a tocar por último la mano agonizante.
constituidos para el amor, sino para
—No es verdad... Lo que ha pasado es que los
el odio. ‘‘Váyase en procura de los
A mí me han obsesionado en las posadas españolas
mercaderes
y
los
mercachifles
se
han
dalificado.
testimonios de nuestra literatura. Ahí
como
la renovación del crimen gracias al retazo de
Estamos
en
tan
pareja
actitud
frente
a
la
vida
que
zainos a encontrar riñas v asesinatos.
tenemos las mismas ideas políticas y religiosas acep­ diario que forra su cajón y aun recuerdo una noche
( Continúa en la pág. 4)

LOS ENIGMAS DE SALVADOR DALÍ

P

i¡|pÍE

■

. -

mm

&lt;yr'

R a í l S oldi. M u je r b a ñ a n d o a su h ijo .

tadas por el mismo camino en Yecla cuando me encon­
tré un revólver olvidado en
le independencia.
Por todo eso cuando él ha sus adentros y en la madru­
aceptado desde Nueva York gada oí insistentes golpes en
que hagamos un libro en co­ la puerta y cuando creí que
laboración para lo que irá iba a tener que ejercer el
enviando a nuestro editor los arma oí que me la exigían
dibujos más arbitrarios que porque el que la había extra­
se le ocurran, yo bauticé ese viado la reclamaba en un
libro con el único título que telegrama que se acababa de
recibir.
le corresponde: Enigmas.
Comprendo los grandes
Comprendo y amo los enig­
mas dalinianos y sé como de­ horquillones que sostienen las
be saber él que las galletas narices o las excrecencias de
de agua que nos comimos de sus personajes y que él por
niños son otras tantas almas ironía dice que las pone en
de que nos alimentamos, pues sus cuadros como “ sostenes
las galletas son más ese acon­ de la aristocracia” , pero en
tecimiento que galletas; que las que yo veo una fantasía
el contacto con la mano fría a la manera de Callot o un
de la muerte; que hay ob­ sostén para las largas espa­
jetos crepusculares como los das como aquellas de que ha­
elefantes hechos en ébano y bla Scarron y de las que no
que todo es misterio menos se hubiera podido servir dies­
las hojas secas que caen en tramente el espadachín sin
esa horquilla, aunque en de­
el otoño.
Yo también creo como él finitiva yo creo que sirven
para apositar las grandes or­
en los talismanes.
Ahora tengo uno impor­ quitis de la vida.
Como Dalí supera a los
tantísimo.
Resulta que hace poco yo pintores con su “ imagen dohabía soñado con un pisa- _ j
(Continúa en la pág. 3)

J uan

del

P rete . Cabeza en amarillo.

�cabalgata

2

Canto a la Eternidad Insaciable
Cuando a uno le crecen bajo la piel sudorosas lámpara»
y el tiempo es una clámide que solloza eir la luz
i Cómo evitar que los ángeles no se devoren el musgo r el polvo,
que no aúllen y clamen sin medida ante el incendio,
ante el gusano que les plasma y muerde las alasl

Yo voy con ini sombra gritando y enlutando los más sabios número»,
izando en mi cuerpo desnudo a los pelícanos más puros,
voy lanzando cuerdas y flechas en las llagas,
voy rehaciendo mis labios despedazados por las hormigas y el viento,
voy tallando mi sed en una tierra púber e infinita,
hasta salvar la uña y el ojo que en las puertas
ensangrentadas ilumina y llora.
Yo sé que a vuestras tibias de oro y estiércol,
yo sé que a la lenta espuma de vuestros muerto*
sepultados en medio de sabias alas de mármol
e inundados por la sinfonía de las falenas victoriosas,
debéis añadir el llanto, las plumas y la dieta do las águila».
En mi sangre hay luces y en ella flotan majestuoso»
rostros argonautas;
he aventado y he puesto noche en las espigas que repudiaron sus flecha»,
y las tinieblas y los alados dientes de una eternidad insaciablo,
ardida de primavera, ya para siempre, amanece en mi máscara.
Duro es el sol en la mejilla de los dioses y de las amapolas
y mi rostro, cubierto de avispas y de banderas sagradas
canta, llora y sangra por su jirón de clámide,
por su estatua de plumas peregrinas,
por su cuenco de arenas enlutadas y sedientas.

•
Andró Gide no ha podido a sistir a la
cerem onia oficial en que los prem ios Nobel
de cada año son consagrados por la Academia
sueca, con la asisten cia de las más altas y
reales personalidades del país. Los m édicos,
sus fam iliares y am igos han estim ado que su
estado de salud actual no le perm itía este
desplazam iento. Gide tiene seten ta y ocho años
y estos últim os días su salud inspiraba algún
cuidado. Se encuentra ahora en Suiza en casa
de su hija.
U n periódico ha publicado la noticia de
que Jean Lambert, joven n ovelista, yerno
de Andró Gide, había hecho gestiones para
conocer que parte recogería el fisco del im
porte del Prem io N obel. Gide debe percibir
140.000 coronas suecas, que al cambio oficial
equivalen a más de 4 .6 0 0 .0 0 0 francos fran ­
ceses. Al parecer, de esta suma corresponden
ai fisco, “como aum ento de b en eficio” , cerca
de 2.50 0 .0 0 0 francos.
La n oticia ha producido una gran im presión
en los m edios literarios y cultos. A lgunos in s­
pectores de contribuciones letrados se lian
dirigido a los periódicos aduciendo textos le ­
gales dem ostrativos de que un ingreso do esa
naturaleza está exento de todo im puesto. D e s­
pués de esto se estim a que Gide será excep ­
tuado de dicho gravam en.
Y en relación con Gide, recogerem os el
rumor de que algunos m iem bros do la A cade­
m ia Francesa realizan gestion es para hacerle
entrar en e l Olimpo de la Coupole. Sería la
form a de tratar de consagrar nacionalm ente
al autor de “La Sin fonía pastoral” después de
haber
sido consagrado
internacionalm ente.
iG ide académico I
•
E l p resid en te del gobierno francés, señor
Schuman, ha prohibido indefinidam ente las
charlas radiotelefón icas sem anales de “Temps
m odernes”, que dirigía y organizaba J. P. Sarfcre. D esdo la prim era em isión, todas ellas
habían dado ocasión a violentas protestas de
uno u otro do los sectores y de lo» periódicos
p olíticos. La independencia política do Sartre
le perm itía atacar ind istintam en te a todos
sin pronunciarse particularm ente por ninguno.
La prim era desató los ataques enfurecidos de
los partidarios de D e G aulle; la segunda,
las iras de los com unistas.
E n medio de la agitación social de todo
el país en que iba a tener lugar su cuarta
em isión, el señor Schuman ha considerado
que los^ ju icios o críticas sartrianas podían
ser un incentivo para increm entar el m alestar.

i Cómo destruir tantas lámparas creadas para mi rostro argonauta,
cómo azotar mi cuerpo y mi sangre con sólo muñones negros,
con sólo herrumbrosas y ortopédicas alas de ángeles?

•
La prensa en general ha tributado un
cariñoso recuerdo a la memoria de Y ictor
Serge, recientem en te fallecido en M éxico. Con
e ste m otivo se ha hecho destacar que en
breve se publicará su últim a obra. “Los ú lti­
m os tiem p os”, que hasta ahora se había pu­
blicad o en francés sólo en Canadá, debido
a lo cual no ha podido difund irse en Francia.
B ernard G rasset se dispone a editar todas las
obras de V íctor Serge.

No he de ser la torre, ni la avispa desvanecida por las nubes;
mo he de ser el reloj cuya sangre fué evaporada por el tiempo;
ni besadora de liuacos, ni veleta que se alimenta de lluvias;
ni aguja miope, ni estatua que suda y
crece;
ni barco con la veste de las suplicantes, ni jirafa que dialoga
con la más alta rama del sicomoro;
he de agitar el incendio de mi sangre y de mi clámide,
ha de lanzar al viento la ceniza de los dioses.

•
R efiriéndose a la crisis actual de la edi­
ción francesa, el editor R oger Julliard ha
dicho lo sig u ien te en el diario “Combat” :
“Todo m archará m ejor seguram ente cuando
los editores que sobran hayan abandonado la
p artid a.” Y a contin uación citaba la célebre
fr a se del general F och : “La victoria será
del que se m antenga un cuarto de hora m ás.”
A lo que se le puede responder que lo peor
del caso es que todos los editores franceses
nu evos (unos m il seisc ie n to s) esperan lo m is
mo tam bién desde hace cuatro año».

Antonio de llndurrar!"

Rosa Buenos Aires
(Fragmento)
Ylerou al aire ávido y a la planicie virgen de relinchos y domas
qne descendía las barrancas rápidas para rogar al río:
una nave del mar,
una voz musical de la montaña,
una tenaz paciencia de la nieve. . .
Vieron, aquellos hombres místicos y hambrunos,
cómo era bueno el mundo con sus árboles lacios inclinados de espera,
cómo era manso el ojo de la tierra yemada.
Rodó el yelmo de plata y el ademán de cera de la mano servil. ..
Dijo su prez asceta el amor a la sombra
y entre bravos rumores de cueros y ballestas,
de voces sagitarias con recuerdos de horcas,
los guturales gritos de conquista iniciaron un ámbito infinito,
¿Para quién,
para cuándo. . . ?
Rosa que abrió sus vientos de esperanza indomable,
eran tuyos los páramos del Sur,
en él fueron dispersos como polvo maldito
el nombre alucinante y los delirios de la avidez Cruzada;
de la crueldad cetrina ungida con herrajes de liturgias,
presa y mortal
sobre la gran llanura.

9 H ablando de eó ores T díhos que la edi­
tor;"’ Pío»» ha
o
. centenario. Pión
fu á ©í editor de V íctor H ugo, Caran d ’Ache,

E X P O S IC IO N E S DE
A R T E EN M E X IC O
p o r R . M olías i Fábrega

C

ON m otivo de la reunión de la UNESCO
en M éxico se han celebrado gran número
de m an ifestacion es a rtísticas.
Los llam ados tres grandes de la pintura
m exican a: J osé C lem ente Orozco, D iego R ivera
y D avid A lfaro Siqueiros, aprovecharon la ocasió n para presentar sus obras a las d elega­
ciones extranjeras.
E l In stitu to N acional do B ellas A rtes p re­
sen tó una exp osición com pleta de la obra de
Orozco, en la que pudo observarse que este
p in tor es, de los tres, el m ás genuinam ente
artista. Sim ultáneam ente, el Colegio N acional
exp u so un conjunto de telas del m ism o pintor,
en el cual se paten tizó que no es el m ismo
Orozco genial de los m urales.
D iego R ivera p resentó sus cuadros en las
G alerías M exican as; y el fresco que term ina de
realizar en los salones del nuevo H o tel Prado.
P arece un signo fatal de los m u ralistas m exi­
can os: tam bién R ivera es de una calidad in ­
ferior en sus telas que en sus frescos. En el
fresco del H otel Prado vem os un retorno al
e sp íritu y calidad de sus prim eras realizacio­
nes m urales de Chapingo y de la E scuela S e ­
cundaria, que no so refleja en modo alguno
en los frescos que desde hace unos tres años
está realizando en el P alacio N acional, que
tien en m ás de ilu stración h istórica — exp resa­
dos con su m anera peculiar de interpretar la
h istoria— que no de verdadera obra de arte.
E l tercero, Siqueiros, tam bién ha querido
presentar su s telas — valga la palabra— por-

Ensayo de Gauguin
a Juan del Prete.
Los corales soñaban con tu polo
y las canoas
tostaban sus edades a la luz de la luna,
cuando la luna
era tu isla hallada entre los fuegos bostezantes
de los días samoas;
cuando tu primer nieve deliraba entre playas finales
(lánguido gris apuñaleando al amarillo
ante un circo de perlas y de naipes.)
Todo fué indigno y celestial entre veloces negativas
del alcohol desolado,
lejos de tu agonía.
Aquel día sin muros recibiste inmutable
tu grillete do gloria.
La ilusión,
—verdosa muerte tuya informe y multiforme—,
tendió su imán de cobras sobre todo color
y dijo para el mundo: “ He perdido el respeto por tu sombra.’’
(a pesar de que el mundo cabía en tu locura)
Se digitaron estallantes islas
junto al tam-tam bretón de los recuerdos
y el cristal desafiante vertebrador de sueños,
descendió sus pelucas para dioses
sobre el sexo frutal de las n ativas... Todo era así
para que la inocencia lustrara sus rodillas espectrales;
para que los malditos
mataran sus opacas semejanzas
al pie de tu abstracta arboladura,
de tu mancha vital y matemática sobre un sol que envenena,
desalmado y perfecto.
Pero hoy,
van y gogh te esperaría.

Juan Carlos A. de La Madrid

“ El Conquistador’’, por Vlady.
que realiza sus obras de caballete con los
m ism os procedim ientos con que hace sus m u­
rales y sobre m asonite. La prim era im presión
es de em otividad, pero al prestar m ayor a ten ­
ción a su s obras, esta prim era im presión d e s­
aparece h asta convertirse en un cierto m al­
estar. Quizá tenga la culpa de ello las m aterias
que u tiliz a : piroxilin a, con exclu sión com pleta
del óleo, gouache y demás m ateriales de uso
corriente. E sto form a parte de la teoría de
Siq ueiros. El d ice que el m aterial es lo de
m enos, pero estudiando a fondo tanto su ca­
rácter como su obra, se llega a la conclusión
que se trata sólo de com odidad. Siqueiros
gu sta de los efectos teatrales y no quiere
su jetarse a la discip lin a de la pintura al óleo
que ex ig e al a rtista m ayor cuidado, grandes
conocim ientos y una labor pecientísim a. Para
obten er la profundidad y gruesos — a los que
es tan aficionado— prefiere usar la piroxi-

encuentra en la literatura extranjera lo que
no encuentra en la francesa.

por JU A N SA AVE D R A
B arrés, Clem enceau y tan tos otros.
A ctualm ente son tres las ed itoriales fran­
cesas cen tenarias: L arousse, H ach ette y Pión.
•
N adie tanto como L éon-Paul Fargue, que
acaba de morir, merecía el título de “poeta
de P a rís” , como se le conocía en los m edios
literarios de la capital. N ingún secreto de la
vida literaria y bohem ia de París le era des­
conocido y había intervenido en todos los
acontecim ientos literarios y a rtísticos parisinos
de e ste siglo. D esde hacía años no podía aban­
donar sh hogar a consecuencia de una cruel
y dolorosa enferm edad. Pu blicó sus primeros
escritos en el “M ercure de France" e in ter ­
vino tam bién en la fu ndación de la “N ouvelle
R evue F ran caise” .
•
T res volúm enes de J. P. Sartre son anun­
ciados por la NRF, los tres bajo el título g e­
neral de S ltu ation s. E l prim ero comprenderá
estudios sobre ciertos escritores, de J. Renard
a F au lkner; el segundo, será político, y el
tercero con sistirá del estudio “¿Qué es la li­
teratura?” , que ya se ha publicado en varios
núm eros de “Tem ps m odernes” .
•
En el P e tit P alais de P arís sigue abierta
la E xposición de los tesoros de los M useos
de V iena. H eredero de los duques de Burgoña,
señor feudal de Flandes, de Lombardía. de
V enecia, la Casa do A ustria ha reinado sobre
casi toda la Europa central y oriental. Esto
explica la riqueza artística de estos museos.
En esta E xposición pueden contem plarse los
prim itivos flam encos de m ás alta calidad: Van
E yck, Van der W eiden, Hugo Van der Goes,
Juan de Flandes, y algunos prim itivos fra n ­
ceses. Se exhibe tam bién un bello conjunto
do pintura alem ana del siglo X V I: Durero,
H olbein, Cranach, A ltdorfer, Schongauer, ju n­
tam ente con obras de R ubens. Rembrandt.
R uysdael, P ieter de Hooch, V erm eer. Figurjj
igualm ente Caravaggio con sus discípulos. La
escuela italiana está bien representada con Antonello da M esina, Lotto, Sebastiano del Piombo. Palma. V eronés, T iziano, T intoretto. Bassano y otros. E n una sala especial está
V elázquez.

•
Por otra parte, señalem os que la “litera­
tura en com prim idos” , a la manera norte­
am ericana, se desarrolla rápidam ente en Fran­
cia. E s lo que se llama “el imperialismo
cultural yanqui” . No hablem os ya de la gran
cantidad do "R eaderis” de todas clases y co­
lores, que inundan los quioscos de París.
Tengo encim a de mi m esa una nueva publi­
cación titu lad a “Omnibook” , que se vende
a cuarenta francos, o sea menos que un carnet
de " tick ets” del M etro. Se insertan, en com­
prim idos, tres grandes novelas: “El Pabellón
de M ujeres” , de Pearl B u c k ;“Cass Timberlan e”, do Sin clair L ew is y “Arco de Triunfo”
do Remarque.
•
La obra del poeta H enri Piehette, “Les
E piph anies”, que se ha estrenado en el Théátre des N octam bules, ha de dar ocasión a nu­
m erosos ju icios contradictorios, a controversias
A ntes de rep resen tarse ya se había comentado
bastante. H abían comenzado los ensayos en el
T héátre Edouard V II , cuando repentinamente
el em presario descubrió que la obra era “in­
m oral” y quiso que se representara otra en
su lugar. M aría Casares y Gérard Philipe se
negaron a ello, y han encontrado la sala de
los N octam bules, donde Georges V italy ha
presentado la obra.
Se trata de una pieza de las llam adas de
“vanguardia”, pero al propio tiempo extra­
ordinariam ente teatral y de una belleza mag­
nífica.
•
Con m otivo de la pu blicación de un nuevo
libro de Francis Careo, “M ontm aríre vécu par
U trillo ”, ilustrado con vein titrés litografías
originales en color, las G alerías P étrid és ha
organizado una exp osición de treinta y siete
cuadros del m aestro, el más antiguo fechado
en 1905 y el más recien te de 1936. Esta
exhibición de uno de los más grandes paisa­
jista s de la escuela moderna, ofrece un con­
junto verdaderam ente notable para poder e stu ­
diar mejor su arte y su evolución.
•
El Prem io Fem ina ha sido adjudicado este
año a la novelista canadiense Gabrielle Roy,
por su obra “B onheur d ’occasion” . Aspiraba
tam bién a este honor Jean-L ouis Curtís, con
su novela “Les F orets de la N uit” .
•
La exposición de obras de la niña Baya,
pintora árabe de quince años de edad, es
una verdadera revelación. Como ha escrito
André B retón en el prólogo del • catálogo.

“ Boceto de composición mural” , por Korlerto Perdía. Este destacado artista
uruguayo, que pasara una larga temporada en México, obtuvo recientemente, por
concurso, en Montevideo, la decoración de la Facultad de Arquitectura muro de
13 metros por 5, cuyo proyecto se reproduce. Este pintor expondrá el año próximo
sus obras en Buenos Aires.
P uede decirse que desde hace muchos años
no 6e ha presentado en P arís un conjunto,
al m ism o tiem po tan completo y variado, de
todos los grandes m aestros de la pintura.
•
X/a crisis actual de la novela francesa sigue
preocupando a la crítica. D espu és de los ar­
tícu los escritos sobre el tema por críticos
literarios de la autoridad de Robert. Kemp,
Jean B lanzat, M aurice Nadeau, Armand Hoog,
L ouis Parrot, el profesor R ené Lalou ha an ali­
zado tam bién la llam ada “crisis de la novela” .
Según él, esta crisis tiene su explicación
en que hay un gran desin terés del público
por las novelas francesas y, por reacción na­
tural, un m ayor interés por las traducciones.
E sto se explica por el hecho de que el lector

lin a que se seca rápidam ente y que perm ite
m ezclar la pintura con virutas de celotex e
incluso trapos. A sí obtien e gruesos tanto en
sus cuadros como en sus muros que no alcan­
zaría jam ás con el óleo. Pero la mala im pre­
sión que a la larga causan sus pinturas no
proviene propiam ente de la materia, sino del
esp íritu del artista que amando mucho la dram atización no puede evitar caer en el sim ple
melodrama.
V isto s así, a corta d istan cia en el tiempo
y en el espacio, los “tres grandes” pueden
ser clasificad os del sigu ien te m odo: Orozco,
quizá el m enos dotado, tiene realm ente genio.
D iego R ivera no tiene nada de genial, pero
es el más pin tor de los tres. Y D avid Alfaro
Siqueiros, por lo menos actualm ente, resulta
ser un gran com ediante.
E sta s d iferencias se expresan tam bién en
la vid a pública de los tres artistas que gozan
de una in flu en cia y autoridad ind iscutibles,
nublando toda la vida artística de M éxico.
Orozco es un hom bre que trabaja y produce
y no es nada amante de los escándalos p ú bli­
cos a que se entregan diariam ente los otros
dos. D iego R ivera afirm a que un artista debe
hacer hablar de él, sen como sea, en bien o
en m al: todo es publicidad. P o r esto, con m o­
tivo de un accidente que tuvo en estos días
con un chófer de óm nibus, en que se afirm a
que el pin tor le enjarretó un tiro de p istola
porque le cerraba el tránsito, está corriendo
e l riesgo de ir a la cárcel y se ha paseado
por las calles de M éxico con un letrero en
el que proclam a su inocencia. Tam bién usa sus
cursos de conferencias sobre arte como propa­
ganda. E sta vez añadió un m itin en plena Plaza
de la R epública, frente al P alacio P residencial,
en el que habló largo y tendido sobre la in ­
trom isión de los E stados U nidos en M éxico
con datos proporcionados por el Partido Co­
m unista. que después se ha comprobado eran
falsos. En sus conferencias habla do todo m e­
nos de arte. A nte un público ya acostum brado
a sus exabruptos y alguno que otro extran ­
jero ingenuo, hace propaganda p olítica y la
suya personal.
Siqueiros tam poco podía dejar pasar su ex­
p osición sin el consabido escándalo. E sta vez
se lo ha servido en bandeja el artista fo tó ­
grafo colom biano Leo M artíz, que le ha pre­
sen tado una querella por plagio. Leo ha p u ­
blicado fotografías realizad as por él, junto con
reproducciones de cuadros de Siqueiros y, en
honor a la verdad, hay que reconocer que
unos son copias de las otras, en el detalle y en
el espíritu.
Siqueiros se defiend e diciendo que el pin tor
tien e derecho a u sar de las fotografías. Matiz
replica que hizo las fotos por encargo de 8iqueiros para ayudarle a hacer el boceto de
un mural, pero no para hacer cuadros que
fu eran la reproducción fie l de so s fotos.
M uchas otras han sido las exp osicion es que
se han presentado con m otivo de las sesiones
de la UNESCO. M erece m ención esp ecial la
del pin tor catalán Joan Junyer. Presentada
por el In stitu to de B ellas A rtes, bajo el pntrenato de la A sociación de Arte M oderno de
N ueva York, Jun yer exhibe proyectos esceno­
gráficos que son una revelación. Ha logrado
introducir un dinam ism o en la decoración de
la obra escenográfica que dtrdo otros h a­
yan logrado antes. En otros m edios menos
acaparados por el nacionalism o artístico, la
obra de Joan Ju n yer hubiera sido de conse-

(Continúa en la pág. 4)

‘m antiene y reanima el ramo de oro. cuya
m isión consiste en recargar de sentido las
bellas palabras n ostálgicas: Arabia fe liz ” Sus
acuarelas y esculturas ofrecen una abundancia
en la invención de las líneas y de las
am plitud lírica, un formato que V*stán
por encim a de las habituales posibilida­
des in fan tiles.
Según juicio de un crítico, “su arte nos
anuncia una nueva era en que el hombre,
reconciliado con sus sueños, podrá vivir am is­
tosam ente con la naturaleza, consigo m ismo”.
•
Se celebra actualm ente, en el Pabellón
M arsan, e l V II I Salón de la Estam pería, pre­
sentado este año bajo el patronato de la Unión
C entral de A rtes D ecorativas. La Sala de E s­
tam pería atestigua, desgraciadam ente, de una
gran falta de personalidad en la mayor parte
do los expositores, influenciados unos por Coutaud, otros por Lur^at, M alclés o Hétreau.

LIBROS
Hemos puesto el presente núme­
ro bajo el amparo de una divisa
que es la expresión de deseos de
muchos, diríamos de un país que,
como la Argentina, está en franca
evolución y desarrollo cultural,
que cuenta hoy día con una muy
capacitada industria del libro, que
! le honran autores nacionales de
ya reconocido prestigio y que abas­
tece un mercado de gran área que
a todo trance ha de defender. Esa
divisa es: Compre libros: compre
más libros: regale libros a sus fa­
miliares y amigos.
El libro ha de dejar de ser el
objeto avaramente poseído y re­
tenido por el lector vocacional y
apasionado, o mirado con desdén
y hasta ignorado por un muy ele­
vado número de ciudadanos cul­
tos (sic). El libro además de ser
el insustituible instrum ento de
educación científica y literaria, y
el medio más eficaz de recrear el
espíritu, ha de ser tenido como
objeto de alta distinción, para pre­
mios y regalos: como una noble
y generosa ofrenda.
La bibliografía argentina es rica
en matices y temas, en autores y
materias: ninguna disciplina lite­
raria estética o científica le es ex­
traña. En la actualidad, en los
anaqueles de nuestras librerías y
en los catálogos de nuestras casas
editoras, existe un tan vasto y se­
lecto programa de lectura y estu­
dio que pocas culturas superan.
Lector am igo: regala libros: lee
más. Haz tuya la divisa de Ca­
balgata .

�cabalgata
(Viene de la primera página)
b l e ” ee p u e d e n s u p o n e r p o r lo m e n o s d o s
cosas a n te c a d a u n o d e s u s c u a d r o s y s u s
h o r m ig a s so n e l p la c e r en a b u n d a n c ia qu e
hace p e rd er la s a lu d , e l h o r m ig u e r o s u e lto
de lo c er e b r a l e x c e d id o y s i s e la s a p lic a
a lo s q u e s ig n if i c a n e n s u e ñ o s q u ie r e n
d ecir q u e h a y q u e c u id a r la s a r tic u la c io n e s .
E l a r te e s u n a n u e v a m a n e r a d e d is ­
p a r a ta r v e n c ie n d o la m o n o to n ía s e a co m o
sea p ero e n fo r m a o r ig in a l y lo g r a d a .
Som os p r o d u c to r e s d e d iv e r s ió n p a r a
los d e m á s p o r q u e n o le s b a s t a n la s q u e
g a tis fa c ie r o n a s u s a n te p a s a d o s .
L a b r o m a d e l a r to s ie m p r e r e c o m ie n z a .
E n te r a o s d e c u a l e s la n u e v a b r o m a d el
a r te y a d o p ta d la , p o r q u e s i n o o s q u e ­
daréis d e tr á s .

Contra el A rte moder­
no africano.
Contra la F ilosofía.
Contra la M edicina.
Contra la s M ontañas.
Contra los Fantasm as.
Contra las M ujeres.
Contra los Hom bres.
Contra el Tiempo.
Contra
mo.

el

Por el A rte del R ena­
cim iento.
Por la R eligión.
Por la Magia.
P or la Costa.
Por los E spectros.
Por Gala.
P or Mi.
P or los R elojes blandoB.
E scep ticis­ Por la Fe.

Dalí encuentra con más conciencia que
nadie ese mundo marginal que necesitaba
nacer como para que pudiésemos despo­
jarnos de todo lo monstruoso vehiculado
gracias al espejismo de montañas y per­
sonas. ¡Fuera los objetos malos!

BES •

Salvador Dalí. “ Los placeres iluminados9
Colección Sidney Janis, Nueva York.
El arte no es ver como uno hace una
granujada mayor que otro.
Es muy fácil involucrar las cosas, pero
el artista tiene que saberlas involucrar
y desinTolucrar. Eso es tomar el pulso
a lo absurdo y darle realidad.
Todo parece posiblemente igual en el
absurdismo y sin embargo no es así y si
erramos nos amenaza con la decapitación
el ángel fulgente de lo inadmisible.
Hay que lograr el acuerdo de la verdad
con la irrealidad.
El que está preparado para el dalinismo
tiene que saber hacer preguntas como ésta:
—¿El radar servirá para subir directa­
mente al Paraíso?
Las asociaciones del daliísta deben ser
explicadas en último término porque son
algo más que la “ adiásíora” que no tiene
más significado que el que se le asigne
ya que carece de sentido.
Así si se nos plantea la asociación de
regadera y reloj tenemos que pensar que
por la regadera salen los minutos del agua,
en vez de rechazar la explicación aplican-*,
ño ál arto la grosería y la ordinariez de
la incomprensión agresiva.
Ya esa ambición de materializar las
imágenes de la irracionalidad concreta de
manera que puedan ser tan objetivamente
evidentes como los mismos fenómenos
reales del mundo exterior, estaba en el
barroco, cuando no era dragón cardo o
voluta lo que se materializaba en sus rocas
trepadoras.
Dalí quiero ser entre muchas otras co­
sas —un superbarroco y un superchurriguero, sobrepasando el rococó con más
complicación, sacando liqúenes y agujeros
inquietantes de la gruta del inconsciente
irracional y escupiendo frente al monstruo
alegórico el león freudiano.
Prepara ventanas asimétricas, huevos
duros y liornacinas con camafeos que van
más allá que los signos heráldicos de los
monótonos escudos nobiliarios.
Hay que problematizarlo y desproblematizarlo todo, ver como se transforman unas
cosas en otras, como cambia y se forma
la forma. Morfar morfología.
Eso que hace Dalí no debe asombrar a
nadie porque es la fantasía, pero la fan­
tasía genial y germinal, pues Dios nos
libre de la fantasía de los que no tienen
fantasía.
Hay que saber ver los mundos de los
otros y más cuando son pacíficos aunque
diferentes. Comprendo que se reaccione
contra los mundos que amenazan violen­
cia y deshollamiemto; pero no contra es­
tos mundos supuestos o suponibles que
añaden cultura vital.
El credo de Salvador Dalí está sinteti­
zado en esta letanía que él encabeza con
la frase batalladora de:
M I LUCHA.
Contra
Contra
dad.
Contra
mo.
Contra
Contra
Contra
Contra
Contra
Contra
Contra
Contra
Contra
mo.
■&gt;ntra
ntra
jntra

la Sim plicidad Por la Complejidad.
la Uniíormi- Por la D iv ersifica ció n .
el Igualitaris- Por la Jerarquización.

Por lo Individual.
Por la M etafísica.
Por la Arquitectura.
Por la E stética.
Por la Perennidad.
Por el Sueño.
Por lo Concreto.
Por la M adurez.
Por el Fanatism o Ma­
quiavélico.
la Espinaca,
Por los Caracoles.
el Cine.
Por el Teatro.
Por el M arqués de
Buda.
Sade.
Contra el Oriente.
Por el O ccidente.
Contra el Sol.
P or la Luna.
Contra la R evolución. Por la T radición.
Contra Miguel Angel. Por R afael.
Contra Rembrandt.
Por V erm eer.
Contra los Objetos sa l­ Por los ultracivilizavajes.
dos. Objetos 1900.
lo Colectivo,
la Política,
la Música,
la Naturaleza,
el Progreso,
el Maquinismo.
la Abstracción,
la Juventud,
el Oportunis-

1929.

Es por eso el hombre más limpio y desembarazado que existe, pues expulsó to­
das las aberraciones y todas las cosas de
difícil memoria y puede pasearse refres­
cado y ligero ante sus cuadros.
Comprender mejor las cosas no nos
traerá más que bien pues hostigando a
muchas cosas que podríamos comprender
se crea el alimañismo.
Es absurdo que cuando no se entiende
un cuadro se le achaque falta de sentido
sin que pase por la cabeza del espectador
que él puedo ser el que carezca de enten­
dimiento.

5

LOS E N IG M A S
DE SALVADOR DALI
Ya sé que es fuerte el arte de Dalí,
pero también es fuerte el psicoanálisis y
sin embargo ya nadie puede dejar de tener
en cuenta sus descaradas tesis y antítesis.
Dalí anatomiza la realidad y fué el
primero que ante el arte parado de P i­
casso hizo efectivos todos los complejos y
todos los deseos insatisfechos.
Por eso Freud le recibió con gusto
y después de encontrar en Dalí un gran
fanático español, dijo:
—En la pintura clásica busco lo sub­
consciente ; en la pintura surrealista lo
consciente.
El arte es uno contra todos si todos
no lo ven y a lo heeho pecho.
El arte siempre está más arriba en lo
alto o en lo bajo.
El arto es la mentira que es superior
a la verdad y la verdad que es superior
a la mentira.
Dalí cuando no hace mucho, en Nueva
York, rompió la vidriera del escaparate
de la exhibición de sus cosas —por lo
mal que estaban colocadas— y fué a la
cárcel, escribió un manifiesto titulado:
‘ ‘ Declaración do la independencia de la
imaginación y los derechos del hombre a
la locura” .
Sus últimas y definitivas ideas básicas
están en estos párrafos que aparecen en
su maravillosa autobiografía:
‘‘No puede haber grandeza intelectual
fuera del sentimiento trágico y trascen­
dental de la vida: la religión. Karl Marx
escribió: ‘ ‘La religión es el opio del
pueblo” . Pero la historia iba a demostrar
que su materialismo sería el veneno del
‘ ‘ odio concentrado ’ ’ con el que el pueblo
reventaría realmente, sofocado en las sór­
didas, hediondas y bombardeadas vías sub­
terráneas de la vida moderna. ¡Mientras
que ‘‘la ilusión religiosa” había heeho
estremecerse a los contemporáneos de
Leonardo, de Rafael y de Mozart, bajo
la perfección de las arquitectónicas y di­
vinas cúpulas del alma humana! ”
‘‘El mío no era un caso de la periódica,
imitativa y desalentada “ vuelta a la tra­
dición” —el neoclasicismo, el neotomismo
de que so oía hablar en todas partes, y
que surgía sintomáticamente de la fatiga
y de la náusea causada por los ‘ ‘ ismos ’ ’.
Por el contrario, era la combativa afir­
mación de toda mi experiencia con el es­
píritu de síntesis de la “ conquista de

M A R CEL

lo irracional” .
Valiente como él solo, defiende nada
menos que desde Norteamérica la idea
de la categoría sobre la arrasación, porquo su Cosmogonía “ no es reacción ni
revolución sino Renacimiento jerarquizado

i

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■

.•

'N
*//
,

m

y exclusivo conocimiento de todo” .
“ La Europa de postguerra nabía estado
comiendo constantemente “ ismos” y re­
volución. Sus excrementos serían en ade­
lante guerra y muerte. Los sufrimientos
colectivos de la guerra de 1914 habían
conducido a la pueril ilusión del “ bien­
estar colectivo” basado en-la abolición re­
volucionaria de toda restricción. Lo que
se había olvidado era la verdad morfo-

PHOUST
Por R o g er S tep h a n e

sario de la muerte de Mareel Proust
la misma semana en que Andró Gide
ha obtenido el Premio Nobel. Andró
Gide no se ha perdonado nunca el primer
juicio que formuló sobre “ Du cóté de
chez Swan” . Mientras que Mareel Proust
había descubierto la calidad del joven
equipo de la “ Nouvelle Revue Fran§aise” y deseaba ser apreciado por él,
el autor de las “ Caves du V atiean” ,
impresionado por la procedencia social
de Mareel Proust, por su colaboración
en el periódico conformista que era
“ Le Fígaro” , no se había tomado el
trabajo de leer la novela de este “ cro­
nista mundano” . Pero es sabido también
con qué honradez y apresuramiento se
arrepintió, solicitó de Mareel Proust el
honor de publicar la continuación de
su obra e hizo negociar por Jaeques
Riviére la compra de los derechos de
“ Du eótó de chez Swan” , publicado
por Grasset y que no había obtenido
éxito alguno.
La rectificación me parece haber jus­
tificado plenamente las dos actitudes de
Andró Gide. Sí, la obra de Proust es
una obra mundana. El medio de los Guer­
reantes y de los Verdurin es irrisorio,
no ofrece ningún interés. Si Proust ha
sabido perfectamente descubrir lo ri­
dículo, la sequedad de corazón y la
tontería profunda de la mayor parte de
sus modelos, no cabe duda que ha sido
parcialmente engañado.
Este universo constituye el marco de
1¡^ mayor parte de las obras de Paul
Bourget. Es aquí donde el genio inter­
viene. Apasionadamente adherido a los

CARTA

DE

La L ibrería A lbert Skira, de Ginebra,
acaba de lanzar una edición de 500
ejem plares con cuatro cartas de Marcel P ro u st a s u s porteros. E stas
cartas agradarán a los adm iradores
del escritor y perm itirá a los otros
com probar que no abandonaba fá c il­
m ente el fam oso estilo de "A la b u s­
ca del tiem po perdido” .
R eproducim os algunos párrafos:

Antoine: Por consejo de M. V .......
he hecho pedir a M. H .. . . si no se
podría aguardar al mes de julio para
hacer las obras.
Siento decirle que he experimentado
estupefacción e indignación cuando he
sabido que me hacía decir por O. . .
que usted estaba “ furioso” porque yo
hubiera hecho una gestión tan naturaL
No ha habido nunca trabajos en la casa
sin que yo haya pedido si no podían
aplazarse hasta julio. Para éstos, como
eran breves, me he resignado. Pero'
habiéndome dicho M. V .. .. “ ¿Por qué
se fatiga usted por el ruido, cuando se
puede hacer cuando usted no esté aquí?”

ritos, ha sabido percibir como una jus­
tificación: la explicación humana. Creo
que sólo son grandes escritores los ena­
morados del hombre. Los personajes de
Mareel Proust no presentarían ningún
interés si nos los hubiera transfigurado.
Pero el personaje principal de la obra
de Proust es el Tiempo. Por primera

Mareel Proust

PROUST

A

SU

y habiéndome ofrecido ir a buscar al
gerente, he aceptado. Ciertamente, si
habia una persona a quien yo no podía
creer que esto le molestaría era u sted .. .
Yo hubiera temido molestar a mi tía
no hablándola o a M. C. . . Pero yo es­
taba enfermo, eran las dos de la mañana,
M. V .. . . tenia que tomar el, tren y yo
no tenía otro medio. Estaba tan cansado
que ni siquiera he escrito a M. H .. . .
para no fatigarme y le he dado el en­
cargo de viva voz. Evidentemente, si
yo hubiera supuesto que usted me for­
zaría a escribirle ocho páginas, esto me
fatiga todavía más. En todo caso, si
usted no cree que yo tengo los mismos
derechos que M. X .. . . o M. I&gt; .... de
hablar al gerente, y si usted está furioso
de que yo me permita, estando enfermo,
pedir si se pueden aplazar para julio
las obras, usted hubiera podido tener la
amabilidad de escribírmelo (que usted
estaba furioso) o pedir verme sin hacér­
melo decir por O ... . Aunque usted no
esté enfermo, yo he tenido más distin­

m

'

Salvador Dalí. “ Figura con gavetas” . 1937.
Colección Alfonso González. Nueva York.

MURIO HACE VEINTICINCO ANOS
bastante significativo que se haya
E sconmemorado
el veinticinco aniver­

lógica que es la condición misma del bien­
estar el cual sólo puede ser ultraindividualista y construido sobro el rigor de leyes
y restricciones biperindividualistas, capa­
ces de producir una “ forma de reacción”
original y peculiar a cada espíritu. ¡Oh,

vez un escritor profundamente influen­
ciado por la noción' bergsoniana del
Tiempo ha heeho entrar en su obra
literaria una profunda reflexión sobre
un motivo que hasta entonces parecía
reservado a los filósofos de profesión.
El otro personaje esencial es el pro­
pio Proust. Aparece en todas sus crea­
ciones, en todas sus criaturas.
Esta enorme novela es también una
reflexión sobre la obra de arte y su
significación. Está compuesta a pesar
del buen sentido: como “ Don Quijote” ,
como las “ Memorias” de Saint-Simon,
como “ Lucien Leuwen” y “ La Guerra
y la P a z” .
Parece, de creer una reciente encues­
ta, que los jóvenes no le leen ya. En­
tonces, J qué leen? Es eierto que J'eanPaul Sartre pretende que sólo es vale­
dera “ la literatura de grandes circuns­
tancias” , y que la guerra de 1914 y el
“ Affairo Dreyfus” no tuvieron más que
un papel secundario en la “ Busca del
tiempo perdido” . Porque para Proust
el objeto principal, ya lo hemos dicho,
es lo que es eterno: el hombre y el arte.
Y el hombre no percibe esta eternidad
más que por mediación de la obra de
arte. Se revela al artista gracias a esos
“ momentos privilegiados” que jalonan
toda la obra.
Es justo que Moliére haya muerto
en escena; Rezt a dos pasos de la Bas­
tilla; Tolstoi en una pobre granja; es
justo, del mismo modo, que Proust
haya muerto agotado por sus crisis de
asma, por sus faltas de respiración, en
un cuarto donde se ahogaba y donde
los medicamentos inempleados mancha­
ban los manuscritos apenas terminados.

PORTERO
ciones para usted, y cuando he estado
furioso contra usted no se lo he dicho
a través de otro; yo mismo se lo he
escrito o dicho. Además, la mañana en
que M. V ___ ha ido, he pedido a D . . .
que le rogara subir. Pero usted no ha­
bía entrado todavía; mi reloj se ade­
lantaba un poco y estas noches yo he
llamado sólo a las doce, a excepción de
la noche en que yo he pedido a O. . .
que le buscara. Pero usted estaba acos­
tado (10 y media). Por otra parte, no
creo que usted haya supuesto que yo
quería ocultarle esta gestión cerca de
M. H . . . y que usted haya visto en
esto una falta de confianza por una
tontería semejante como estas obras,
cuando sobre cuestiones más serias yo
le he dado pruebas de confianza todavía
no hace un mes. Lo lamento hoy porque
veo que usted responde con los más
malos procedimientos, mostrando falta de
confianza en mí, no permitiendo utilizar
el más simple derecho de inquilino. . .
Mareel Proust

pobreza espiritual de la era de postguerra,
pobreza de lo amorfo individual tragado
por lo amorfo de las masas! ¡Pobreza
de una civilización que, destruyendo de­
claradamente toda clase de restricciones,
se convierte en esclavo del escepticismo
de su nueva libertad, obligada a las ne­
cesidades más prácticas y bajas, las de
tipo mecánico e industrial! ¡Pobreza de un
período que substituye el divino lujo de
la arquitectura, la más alta cristalización
de la libertad material de la inteligencia,
por la ‘ ‘ ingeniería ’ ’, el más degradante
producto do la necesidad! ¡Pobreza de un
período que reemplazó la libertad de la
fe por la tiranía de las utopías moneta­
rias! . . . La responsabilidad de la guerra
que iba a estallar estribaría solamente
en la pobreza ideológica, el hambre espi­
ritual de este período de postguerra, que
había hipotecado toda s,. esperanza en
ruinosas especulaciones materialistas y
mecánicas. ’ ’
En el futuro se buscará un Dalí como
so busca uir Patinir entre cuadros de
más o menos renombre.
Porque sólo un seráfico pudo pintar co­
mo él y escribir:
“ Y 4qué es el cielo? í Dónde se en­
cuentra? ¡El cielo se encuentra, ni arriba
ni abajo, ni a la derecha ni a la izquierda,
el cielo so halla exactamente en el centro
del pecho del hombre que tiene f e ! ”
Mientras, él triunfa en “ la tierra pro­
metida” que es Norteamérica, vende ca­
da cuadro por urr mínimum de 15.000 dó­
lares y así como Picasso se divorcia de
su mujer por no comprarle un automóvil
Hispano-Suiza, Dalí regala a Gala sin
previo aviso un Cadillac y mantiene con
ella eso idilio en que a veces exclama:
“ ¡Dios mío, que suerte que no seamos
Rodin ni tú ni y o ! ”

t

r

• . . .no se te ocurra pintar jama»
si quieres vivir tranquilo. Corot.
• Hay dos cosas que nos ensaña la
experiencia: la primera, que es necesa­
rio corregir mucho; la segunda, que
no conviene corregir demasiado. Delacroix.
• La obra vale más que el hombre.
Delacroix.
• Un éxito prematuro es general­
mente causa de decadencia para *n
poeta, para cualquier artista. Apollinaire.
• La exactitud no es la verdad.
Henri Matisse.
• Siempre que comienzo un cuadro
siento que hay alguien que trabaja
conmigo. Hacia el final tengo la im­
presión de que he trabajado Bolo, sin
colaborador. Picasso.
• El mundo es el abismo del alma.
M anifiesto Surrealista.
• No se pintan los cuadros sola­
mente con doctrinas. Claude Monet.
• Yo soy el pintor de vuestra gene­
ración más bien que de la mía. Cíe
zanne.
• 4Qué es dibujar? 4Cómo se consi­
gue esto? Van Gogh.
• La opinión de los viejos en ma­
teria de Arte no tiene ningún mérito.
Oscar Wilde.

�cabalgata
( Viene de la primera página)

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LOS

PRIMEROS

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HOMBRE. J. Haldane 5 3.—
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BIOS Y LAS ENFERMEDA­
DES, John Drew . . . . $ 3.—
¿POR QUE SE DESINTE­
GRAN LOS ATOMOS?, A. K.
Solomon ...................... $ 3.—
OPERA. Edward Dent $ 3.—
ARTE PRIMITIVO, Leonhard Adam ................ 5 3.—
BALLET, A. Haskell $ 3.—
URBANISMO. T. Sharp $ 3,.—
PLASTICOS, V. E. Yarsley
y E. G. Couzens . . . . ? 3.—
LOS METALES AL SERVI­
CIO D EL HOM BRE. A.
Street y W. Alexander S 3.—
EXPLOSIVOS. J. Read $ 3.—
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LITERATURA IN G L E SA ,
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Shelley ......................... § 2.50
DAISY MILLER Y LOS PA­
PELES DE ASPERN, Henry James .................. $ 2.50
N O V E L IST A S ANTERIO­
RES A CERVANTES, Auto­
res Varios ................ S 3.—
N O V E L IS T A S INMEDIA­
TOS A CERVANTES, Auto­
res Varios ................ $ 2.50
SIR W A L T E R RALEG H,
PIRATA Y CABALLERO,
Eric Ecclestone . . . . $ 2.—
CUENTOS DE LA SELVA
(para los niños), Horacio
Quiroga ...................... S 3.—
E D I T O R I A L

LAUTARO
J.

E.

URIBURU

B U E N O S

1225

A I R E S

1*1

en el próximo número de

c a b a lg a ta
LEJANA,

cuento de Julio Cortázar.
MUSICA ESTADOUNIDENSE
DE VANGUARDIA,
por Juan Carlos Paz.
entre otros muchos trabajos
de gran interés.

José
E. Rodó

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Cap. 8 400.000
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il

{Qué nos lefiere el Martín Fierro! De­
tengámonos a contar las muertes y riñas
que hay en el poema. {Qué nos ha refe, rido Hudson cuando deja a nuestros
animales para decir de nuestros hom­
bres! Muertes de cuchillos. Nosotros
no fuimos hechos para el amor’ ’. Todas
sus reflexiones contenían ese dolor que
le asaltaba y lo turbaba al hablar de
nuestras cosas. No en vano recordaba
a Lamas, por cuya obra no se scntia,
en verdad, ya atraído. Le preocupaba,
en cambio, su ejemplo como la mejor
definición de lo que llamaba el fracaso
argentino. En Lamas, en su desesperar
y en su muerte misma, estaba un poco
él. Pero, Lamas había ofrecido el es­
pectáculo de una copiosa energía, que
buscaba, constantemente, lugar donde
acampar y donde librar, inmediatamente,
batalla. Por eso, desde las actitudes
más extremistas de su socialismo juve­
nil había recorrido un itinerario de vio­
lentas y ct ntradictorias estaciones. Dan­
do la impresión de un inadaptado, nin­
gún campamento lo conformaba y nin­
guna batalla terminaba para él, pues
antes de su término ya había ido en
busca de campamento diferente donde
esperar nueva batalla. No se podía
decir que fuera un desertor, porque, sin
duda, era sincero. No era posible supo­
nerlo un excursionista, porque en cada
batalla dejaba las señas de su sangre
derramada. Era combatiente íntegro. Des­
de cualquier frente que combatiera, siem­
pre lo hacía arriesgándose en la van­
guardia. Pero, ningún frente lo retenía.
Ni la izquierda, ni la derecha. El centro
le repugnaba. Máximo Arango, en cam­
bio, había penetrado con mayor deci­
sión en el examen de las cosas argen­
tinas, pero se había restado a toda lucha,
a toda aventura colectiva. No estaba
conformado para combatiente, no des­
plegaba en forma alguna la energía exu­
berante de Lamas. Arango no gastaba
vida. Tenía con respecto a Lamas una
ventaja. Lamas había gustado ser es­
pectacular, como había gustado en serlo
su generación. Arango, por su parte, no
hubiera conseguido nunca estudiarse un
discurso. Sus discursos eran completas
experiencias de espontaneidad. En la
tribuna era un espectáculo, precisamente,
porque no se lo había propuesto ser.
De habérselo propuesto, no hubiera des­
empeñado correctamente el papel como
Lamas y los de su generación lo habían
desempeñado. Estos habían resultado
excelentes actores. La anécdota dannunziana los había conmovido al punto de
procurarle réplica colonial. {Quien de
ellos no había acudido a algún recurso
artificioso para componer sus vidas y
sus siluetas! La vida para ellos era
una aventura en escena. Nunca se no­
ticiaban de que el telón podía haberse
corrido. Lamas había sido, posiblemente,
el menos teatral de ellos. En los últimos
tiempos había renunciado a la prosa
espesa de sus antiguos éxitos y al versó
modernista con que se inició. Era, acaso,
el más sensible y, ciertamente, el más
dramático. Sin embargo, no confesó fra­
caso. Máximo Arango, en cambio, era
confesor voluntario. Ahora les estaba
diciendo: “ Somos poco, muy poco. No
servimos para m ás” . Las causas de la
incapacidad radicaban en la incapacidad
dol país. “ Los que pensamos — decía,—,
los que sentimos en profundidad, 103
que nos hemos hecho cargo de un ideal
estético, somos extranjeros en nuestro
propio país” . Arango desesperaba en
el curso de sus reflexiones y reflejaba
en sus palabras la desazón de una gran
y común impotencia que nos compren­
día a todos los argentinos. Se sentía,
por haber sido el que más lejos había
llegado en el análisis de nuestra reali­
dad, algo así como el barómetro de la
imposibilidad argentina. Su deseo de
creer resultaba vencido a cada hora por
su comprobación pesimista do todas las
circunstancias. “ Me fastidia” , se dijo
Julio mientras Arango hacía ejercicio
de pesimismo. “ Terminaré por despre­
ciarle, por odiarle” . Pero, en Arango
había un muro, un muro frágil como
su fe, frágil' como su mismo físico, que
impedía llegar hasta él con sentimientos
adversarios, con el más mínimo encono.
Dalberg los sorprendió con su voz
apasionada. El profesor había perma­
necido silencioso, siguiendo las palabras
de sus amigos hasta en el movimiento
do sus labios. Cuando comenzó a hablar
se acomodó como para dar paso a sen­
timientos que se guardan mucho y no se
dicen siempre.
—Yo me fui a Europa —comenzó di­
ciendo— con el propósito de hacerme
un europeo, un buen europeo. Ese era
el ideal de vida que ambicionaba. De
mi país no creía poder esperar ni recibir
nada. Europa me haría a su medida, a
su antigua imagen universal. Siendo
europeo estaría más cerca de todo, en­
traría en posesión de todas las claves,
me adueñaría de todos los secretos de
la civilización, me alcanzarían todas las
sensaciones* de la cultura. Europa era
la gran escena y el aprendiz debía, ne­
cesariamente, acercarse a ella para mirar
con ojos de vigilia constante, con ojos
de sorpresa bárbara, el milagro cons­
truido por todos los tiempos. Yo tenía
17 años cuando viajé a Europa. Viví
en las ciudades universitarias y viejos
maestros me ganaron el cariño ense­
ñándome toda su ciencia, mostrándome
el milagro. ¡Qué preciso, qué exacto,
qué perfecto el milagro de las lecciones
de los ilustres maestros de Viena y
do París! ¡Qué milagro ordenado, fun­
cional! Las leyes del milagro se nos
aparecían perfectamente claras, necesa­
riamente justas. Habrían de cumplirse
con creadora regularidad. Tenían fuerza
determinádora. No podían errar. El error
estaba fuera de las zonas de aquelia

UNA

PAELLA

EN NUEVA YORK
con
SOMERSEMAUGHAM
por F E L IX

t - Preludio en el Salón del Hotel Plaza
— Helio! ¿Mr. Somerset Maugham?
—Helio! Yes, Dr. Marti Ibáñez? I will be
riglit doten,
A la una menos cinco de la tarde
telefoneé a Somerset Maugham desde el
“ lobby” del Hotel Plaza. El Plaza, en el
cruce do la Quinta Avenida y Calle 59, es
un Nueva York deshidratado. Sentarse en
uiro de los divanes dulcemente anacrónicos
de las anchurosas naves de espera, a la
hora del almuerzo, es seguir estando en
la Quinta Avenida, pero con la gente sen­
tada. En los diez minutos de espera —pa­
ra ser más británico que él en la puntua­
lidad— repasé mentalmente los incidentes
de nuestro primer encuentro, cuando por
una confusión de lugares le tuve aguar­
dando una hora en el mismo salón de
espera donde ahora me hallaba, y pagué
después mi descortesía teniendo que —para
no descubrir mi involuntaria incorrección—ingerir en su compañía un segundo al­
muerzo, “ cocktails” y todo, después del
que yo acababa de tomar en soledad.
Del Oak Boom Bar llegaba un suave
murmullo de conversaciones. La oleada de
perfume que dejaban las damas floridas
y primaverales al entrar se mezclaba con
el suave vaho a ginebra y ron que dejaban
en el aire los caballeros al salir del bar.
En los escaparates del “ hall” del hotel
corbatas más ricas en color que las flores
de mayo. Diríase que esperaría uno olerías
al hacerso el nudo coir ellas. Camareros y
mozos de uniforme atareados como solda­
dos en una recepción de gala, y el inevi­
table tránsito de elegancias en todas di­
recciones. Nada de maletas ni de indicios
de gente que llega o se va. Nadie viene
ni nadie se va del Plaza. De dónde sale
la muchedumbre que lo llena a todas horas
y que come, bebe, baila, espera, lee, discute
negocios y ama en sus salones y cuartos,
es un misterio impenetrable. El Plaza es
grande, pomposo y eterno como una vieja
catedral, y como ella tiene un aire de eter­
nidad que impide la temporalidad de via­
jeros o transeúntes. Mientras espero, uso
estos minutos para recordar...

Pacífico, Malasia, India y China, escenario
de muchos do sus más famosos cuentos.
Eit la presento guerra, escapó de la
Riviera y, abandonando su fastuoso pala
ció, vino a Nueva York con otras 500 per­
sonas en un barco de cabida sólo para 38.
Al desembarcar en tierra norteamericana
tenía en el bolsillo 35 centavos solamente.
Sin vacilar, so fué a un bar y pidió un
“ cocktail” bien frío: uir “ Oíd Fashioned ’ ’.
I I I - "Calces, Ale, Percebes y Manzanilla"
Tengo ciertos motivos para recordar mi
primer encuentro con el nombre de Somer­
set Maugham. En la tarde del 10 de mayo
de 1938, y en un lugar de Levante, de
cuyo nombre no quiero acordarme, una
bala perdida me explotó en el brazo dere­
cho y la cabeza. En el bolsillo de mi gue­
rrera llevaba un tomito manoseado y gra-

Somerset Maugham

Somerset Maugham nació en París el 25
de enero de 1874, y aprendió a hablar el
francés antes que el inglés. Su familia
tenía una gloriosa tradición en el campo
do la abogacía, y su hermano mayor es
hoy Par en Inglaterra. A los ocho años
de edad perdió a su encantadora madre,
que murió do tuberculosis, y dos años más
tardo falleció su padre. Fuó a vivir con
un tío suyo, clérigo en Inglaterra. De su
rígido e hipócrita tío y de su época es­
colar en Canterbury, atormentada por su
timidez y la tartamudez que aún le aqueja,
brotaría años más tarde su obra autobio­
gráfica cumbre Of Human Bondage, cuyo
manuscrito —valorado en 50.000 dólares
regaló recientemente a la Biblioteca del
Congreso de los Estados Unidos. Al enfer­
marse de los pulmones, retornó a curarse
a Francia, pasando después dos años en
Inglaterra y en Heidelberg y comenzando
luego a estudiar en la Facultad de Medi­
cina del Hospital St. Thomas en Londres,
de donde salió a los seis años hecho mé­
dico y con bastante conocimiento del dolor
humano para escribir a los 24 años su
novela Liza o f Lambetli, que fué un fra­
caso económico pero le inició en la carrera
literaria. En los 18 años siguientes viajó
por España, escribiendo dos libros de im­
presiones y un puñado de obras teatrales,
alcanzando por fin el triunfo con su Lady
Frederick y llegando a tener cuatro obras
a la vez en los teatros de Londres. Su The
Circle está considerado hoy como una obra
do técnica perfecta, un modelo digno de
estudiarse por todo comediógrafo.
En 1915 publicó —ya como escritor pro­
fesional— su Of Human Bondage, y en la
guerra estuvo en una ambulancia quirúr­
gica, y como agente secreto británico en
Suiza y Rusia, vía Japón. Fracasada su
misión y enfermo de tuberculosis pulmo­
nar, pasó dos años en un sanatorio de
Escocia. Ya curado, viajó por todo el

siento que hallé en el jardín de una finca
abandonada, allá en las afueras de Torre
del Español, un pueblecito que cambió de
ocupantes varias veces en la campaña dol
Sur Ebro. Guardé como recuerdo el uni­
forme ensangrentado y el libro —impreso
en Sudamérica— con una pésima traduc­
ción, que sólo ojeé, de cuentos de un autor
inglés. Un tal Somerset Maugham.
Él exilio me deparó la oportunidad de
zambullirme en las aguas límpidas de la
literatura inglesa. El español literario es
un estanque cubierto de flores, lirios y
anémonas. El inglés es una alberca de
aguas cristalinas y fondo visible. A veces,
como en Stevenson, Chesterton o Huxley,
la prosa inglesa adquiere claras tonalida­
des de cristal inmaculado. Cuando comen­
cé a leer a fondo la obra de Maugham,
me absorbió en primer lugar la vividez
de la anécdota y el fino humorismo que
calaba la prosa parca y enjuta. Solamente
después de releer las obras varias veces,
me di cuenta de que lo admirable no era
solamente el edificio, sino las herramientas
y la técnica del arquitecto. El saber contar
con algo con esa ‘ ‘ difícil sencillez ’ ’ de
que hablaba Cervantes.
En Calces and Ale, Maugham diseca el
ambiente literario del Londres ochocentis­
ta, todo tertulias intelectuales, tazas de
té, 11cricket ’ ’ y miriñaques, con la robusta
silueta del patriarca literario al fondo,
fumando su pipa y pellizcando a las ru­
bias camareras en las tabernas de un pue­
blecito marinero en la costa inglesa. The
Narrow Comer lleva la nave literaria de
Maugham a los mares del Sur, entre nubes
do opio, aroma do sales y yodos, donde el
brillo de la luna sobre viejas ruinas ho­
landesas ilumina una tragedia de pasión
y odios. En The Painted Veil asoma el
Oriente amenazador y milenario de una
princesa asiática. Según los críticos, Of
Human Bondage, la autobiografía de un
muchacho pálido y soñador, con un pie
zambo, que estudia medicina y es la víc­
tima del terrorismo sensual de una moza
londinense, es la obra maestra del autor,

ciencia de preguerra, de principio do
siglo veinte. Mientras ponía en mi es­
píritu aquella certidumbre científica,
aquella seguridad de la ciencia y su
ley, me llegaban cartas de mi madre.
“ Vieras —me decía— cómo ha flore­
cido la quinta, qué generosidad la de
las plantas que tú cuidabas. Este año
han querido recordar al ausente bro­
tando con prisa y violencia. La quinta
se ha llenado de colores” . Qué extrañas,
pensarán ustedes, habrían de resultar
aquellas noticias del lejano jardín al
estudiante de las universidades euro­
peas. Acaso, la primer noticia de mis
plantas me pareció extraña. Pero debí
acostumbrarme a ellas. En las cartas de
mi madre nunca faltarían aquellos re­
cuerdos. “ Acabamos de venir de la
estancia” , me escribía. “ Si supiera de­
cirte cómo oscureció sobre el campo,
cómo se incendiaron por un momento
los pastos y cómo quedaron quietos y
olvidados cuando desapareció, por fin,
el sol. Todo Jo vi desde la ventana
del viejo comedor. Matilde, la hija de
don Isidro, cantaba una tonadita que
aprendió en la fiesta del domingo” .
Entre las lecciones de mi maestro Bru-

hen, los recuerdos que me traían las
cartas me volvían al país. Los recuerdos
me tomaban todos los sentidos. La quin­
ta con sus flores lejanas. La estancia
y sus campos sembrados o desiertos,
mi madre en la ventana y ¡a chica Ma­
tilde cantando en la galería. Un día,
regresando de una clase, caminando con
mis recuerdos, olí algo extraño. La sor­
presa no me desorientó. Yo supe lo que
olía. Estaba oliendo los pastos de mi
patria. Y todos mis días do estudiante
europeo, de aprendiz de sabio, pensé en
esta Argentina de la espera, de la es­
peranza. Con todos los sentidos me la
fui recreando y me fui advirtiendo do
sus posibles milagros. En Europa apren­
dí a ser argentino.
La confesión de Dalberg conmovió
suficientemente. Dalberg sabía contar
y en sus palabras ponía afirmaciones.
—Cuando regresé después de cinco
años de residencia europea —agregó—,
mi madre me recibió en el puerto con
estas palabras: “ {Qué deseas hacer,
ahora, h ijo !” Y yo le contesté: “ Llé­
vame al campo” . Quería encontrarme
con el olor de los pastos que había ido
a buscarme a París.

I I - Un Minuto de Biografía

M A R T Í IBAÑEZ

en lo que no coucuerdo. París y Haití
unidos en la vida atormentada de Gauguin
forman el escenario tan policromo de The
Moon and Sicrpence-, y París, Norteamérica y la India son los tapices donde se
borda la fibra sutil de su obra The Eazor's
Edge. A éstas agrega el autor unas cinco
o seis novelas más de teatro, espionaje
guerra y amor, un centenar de cuentos y’
novelitas cortas, con el planeta entero como
escenario y el alma humana incandescente
en sus pasiones como protagonista. ¡Ah
y unos libros estupendos de viajes por eí
Asia y por España! ¡Andalucía: donde
este inglés seco y cínico, callado y burlón
se sienta en una taberna de la calle de las
Sierpes, a sorber su manzanilla y comer
sus percebes, calentito de sol andaluz, co­
mo un castizo más!
Después de realizar una peregrinación
por la frondosa selva literaria de la que es
jardinero Maugham, debo decir que si tu­
viera que coronar al príncipe de los nove­
listas modernos, ceñiría la corona sin va­
cilar sobre las sienes de este inglés univer­
sal, de los ojos entornados y la sonrisa
cínica. {Por qué razón! No hay en Somer­
set Maugham argumentos apasionantes,
porque no tiene imaginación suficiente pa­
ra inventarlos; no hay imágenes o símbo­
los brillantes que eluden, como el frío las
rosas, su mente de un suave gris nórdico;
no hay retórica variopinta; ni ritmo poé­
tico en su prosa; ni sorpresas en sus des­
enlaces. Pero este inglés del bigote en
cepillo de dientes y la cara de “ poker”
sabe contar una historia. Nada más y nada
menos. Toda la gracia de los viejos narra­
dores árabes, de los juglares castellanos,
do los rapsodas aragoneses y catalanes de
la corte de Juan II, de los “ paroleiros”
gallegos y los contadores de fábulas anda­
luces, la posee el atildado “ gentleman”
británico de la mueca irónica y el pensar
escéptico.
Y no es baldío usar estos símiles para
su técnica de contar un cuento. Que en
tierra española se contó la más grande
historia de todos los tiempos, con una rica
sencillez de lenguaje y una sobriedad de
relato que sólo agrandaron la figura del
Ingenioso Hidalgo. Y hoy, en otro género
literario, reaparece en las obras de Maugham, idéntica economía de lenguaje, sim­
plicidad de frase y claridad de concepto
que antaño hicieron grandes ciertas obras
maestras de lo novelesco.
IV - Somerset Maugham en un Mesón Se­
villano
Hace muchos años que Somerset Mau­
gham habitó en España. Ha descrito su
visita en dos libros, uno de los cuales,
Don Fernando, está repleto de errores de­
liciosos. Gustaba Maugham de ir a Sevilla
a la taberna de Don Fernando en la calle
Guzmán el Bueno. Atrás quedaba el bu­
llicio de la calle las Sierpes. En la taber­
na, entre chatitos de manzanilla, el atil­
dado y pulcro “ gentleman” británico,
sentado entre barriles de amontillado y
bajo guirnaldas de ajos, cebollas, chorizos
y jamones, descubrió un tomito encuader­
nado en pergamino, impreso en Madrid en
1856 que compró junto con una talla de
San Antonio del siglo x v i i por unas pese­
tas. En aquel libro —los “ Ejercicios Es­
pirituales de San Ignacio do Loyola” —
comenzó a comprender el alma atormen­
tada de la España medioeval.
Después sus peregrinaciones le llevan
en pos de la huella del capitán de los
jesuítas, a Pamplona con la “ iglesia más
fea que vió jamás” . De allí va a Azpei( Continúa en la pág. 5)

(Viene de la pág. 3)
secuencias b enefactoras para los artistas del
país.
En estos m ism os días se ha presentado un
joven pin tor que hizo su prim era exposición
pública en el In stitu to F rancés de América
Latina, que — caso extraordinario— . ha con­
seguido que toda la crítica se ocupara de él
o incluso, sin buscarlo, tam bién ha producido
su pequeño escándalo. Se trata del joven pin­
tor franco-ruso Y lady.
En los medios artísticos de M éxico, donde
se conceptúa el dibujo como un arte menor y
algo ajeno a la pintura, V lady era considerado
como uno de los m ejores dibujantes del mo­
mento en el país. T odos ignoraban, y algunos
querían ignorar, que Y lady es tam bién pintor;
uno do los jóvenes pintores que, de seguir su
camino sin graves tropiezos, lia de dar mucho
que hablar en el futuro.
_
E nrique F. Gual, en “U ltim as N oticias',
entre otras m uchas cosas, al hablar de él, dice:
“Por lo visto este muchacho ha esperado sen­
tirse firm e para presentarse en público.: sen­
tir arraigar en su esp íritu la absoluta segu­
ridad de! éxito. S i en lo que a técnica se re­
fiere es notable, su obra no lo es menos^ en
cuanto a su contenido esp iritual, y de ahí la
tan referida sorpresa’’.
En “E xcelsior” , Jorge Crespo de la Serna,
acaba su artículo d icien d o : “Se trata de un
hombre do sen sib ilidad , de una mano diestra,
de un ojo que sab e captar bien el ambiente
— esta vez de nu estra tierra— del cual se
puede esperar obra original y de mucho gusto
si so decido a ser fie l a su propio yo” .
Pero todos estos elogios, a los que podríamos
unir los de ocho o nueve críticos más, no van
sin reservas ni reparos. Es lo interesante para
e ste joven artista. En un ambiente artístico
que no se conm ueve m ás que por los tres
grandes, y más aun por los escándalos y la
batahola “p atriótica” do Diego Rivera y Siqueiros, Y lady ha logrado lo que desde hace
m uchos años no logró ningún pintor joven, T
monos siendo extranjero. Conmover, hacer ha­
blar a todos los críticos y, lo que es más signi­
ficativo, p elearse entre sí a las juventudes
a rtísticas del país, entre las cuales unos le
niegan toda capacidad do pintor — jamás do
dibujante— y otros,* por oposición, lo exaltan
sin mesura y lo ponen en las nubes. Las dis­
cusiones llegaron al extrem o que en el co­
nocido cafó P arís, en donde se reúnen grupos
do artistas y escritores, los dos bandos vi­
nieron casi a las manos.
M éxico, D. F. diciembre 1947.

-

�cabalgata

8

S OMERS ET MA U G H A M
(Viene de la pág. 4)
tia, Loyola y Manresa, se extasía ante la
catedral de Santiago de Compostela, "de
piedra gris. . . amarillenta de liquen” ,
"amenazadora contra las nubes oscuras y
de un color de miel contra el cielo azul' ’.
Vacila si escribir sobre Ponce de León,
trazar una vida de Agustín de Rojas, el
actor-autor de El Viaje Entretenido, o
elegir como héroe a un joven católico es­
cocés en la corte de Felipe ni, cuando Lope
de Vega era ídolo del teatro español, un
tal Cervantes escribía el Quijote y en To­
ledo, empapando sus pinceles en el zumo
de su alma apasionada, pintaba el Greco.
Finalmente, Maugham renuncia a tales
proyectos y escribe el libro que comenta­
mos con un espíritu encantadorameirte
británico.

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CIPIOS DE SOCIOLOGIA
(Próxima a salir)
M E Í Á DE O C O B M E A M N IIN A

Ugarteche 2898

72-7401

Bs. As.

En Avila —la gema amurallada, cuyos
huertecitos perfumados y piedras doradas
contemplaron el paso de Teresa—- se hiela
de frío, quejándose de que en el desayuno
le dan leche de cabra y manteca rancia.
Ello le conduce a enjuiciar las comidas
españolas, cuya frugalidad histórica elo­
gia. (Una comida española digna de un
rey es "pan- moreno, olivas, anchoas y
queso do cabra” ) Califica de "basta,
dura e insípida” a la merluza española
( ! ) , estimando que el mejor plato español
es la sopa de "tres cuartos de hora”
(que confieso desconocer). De Alicante
dice que es "una ciudad donde no hay
nada que ver ” ( !) y de Valencia, que es
"aburrida y ruidosa” ( ! ) , la tierra del
arroz a la valenciana "que en Andalucía
llaman paella” (1). Por fortuna, en Ta­
rragona (que describe con uir realismo ma­
gistral) le sirvieron un buen arroz, en
Madrid un excelente leehoncito, en Sevilla
jamón serrano con aceitunas de la tierra,
pescadilla frita y amontillado, y en Vigo
el "mejor marisco” de Europa. ¡Vamos,
"oíd boy” , éso ya es algo! Más animado,
ajusta su monóculo mental y recorre el
resto de España, dejándonos un cuadro
soberbio de Lope de Vega y Santa Teresa,
del Quijote y Don Juan. Y aunque hace
afirmaciones como la de que España "no
ha aportado casi nada al pensamiento
mundial” , que nuestra poesía "es de ori­
gen italiano” , y " la mística es germá­
nica” , finaliza su obra diciendo que "en
sus hombres está el secreto de la grandeza
de España” . Ellos son su filosofía, su
pintura y poesía. Los españoles de la Edad
de Oro —dice— "sintieron e hicieron” ,
no pensaron. Buscaron y hallaron la vida.
Sembraron pasión y la cosecharon en flo­
res. España —afirma— agotó toda su
energía en crear lo que es más grande que
el arte: hombres.

sobre psicología. Me replicó en cartas de
puño y letra, elogiándolos inmerecidamen­
te y criticando sagazmente algunas opinio­
nes. Se entabló una amistad por corres­
pondencia entre nosotros. Me hizo el honor
do enviarme, el manuscrito inédito de la
que será su última novela (posterior a la
recientemente publicada: Then and Note,
un tablean a lo Bocaccio sobre las andan­
zas amorosas de Maquiavelo) para que
yo " lo corrigiese y asesorase” (I ), pues
la novela es un cuento de milagros en la
España de los Felipes. Al venir a Nueva
York, me telefoneó para invitarme a al­
morzar. La muchacha que recibió la llama­
da casi se desmayó de la emoción, pues
Maugham es el autor más popular en esta
nación entre la clase media. Acordé verle
en el Hotel Plaza para almorzar juntos
y conversar sobre su libro, y mis divaga­
ciones y recuerdos terminan aquí porque
ya era la hora de la cita.
A la una en punto, Somerset Maugham
sale del ascensor y viene a mi encuentro
con uira pálida sonrisa en sus labios pá­
lidos. Viste de azul marino, con una ca­
misa mal planchada, azul a ravitas blancas
y una corbata azul y blanca, que lleva en
cada línea el sello barato de Broadway.
Me da una mano todavía enérgica y en­
dereza su menuda estatura. Del cuello
pende de una cinta negra el monóculo y
alrededor del ojo derecho se ve un surco
profundo como si fuera el molde donde
se fabricó el monóculo. Le digo que si
le parece bien ir a almorzar en un restau­
rante español, el Jai-Alai. Me escucha
gravemente y me dice que le parece muy
bien, aunque sé que el nombre del restau­
rante le es tan ajeno como a mí el color
de sus tirantes. A mi lado, pequeño y
arrogante, echa a andar hacia la primavera
que restalla en sol al otro lado de las
puertas del Hotel. Frente a nosotros, Cen­
tral Park es una promesa de verdores ama­
bles, pájaros y música de radios portátiles.
El cielo parece arrancado de una cubierta
do revista de viajes. Montamos en un taxi
con techo descubierto. Por su claraboya
una barra de oro solar bruñe su cabello
fino y gris.

León Chestov. — KIERKEGAARD Y LA FILOSOFIA
EXISTENCIA!.. El gran escritor ruso que supo producir
el análisis más penetrante de la obra de Dostoievski en
su libro "Las revelaciones de la muerte”, nos ofrece ahora
un revelador estudio de la filosofía de Kierkegaard* deno»
minada por su autor —en oposición a la filosofía especu­
lativa— filosofía existencial, es decir, la que proporciona
al hombre, no la "comprensión”, sino la vida. Un volumen
de 332 páginas .............................................................
$ 7.
Jean-Louis Bory, — MI PUEBLO EN LA HORA ALE­
MANA. Con esta novela originalísima por su técnica, JeanLouis Bory conquistó en 1945 el Premio Goneourt y se
aseguró un puesto de primera fila entre los grandes nove­
listas contemporáneos. Obra singular que ha de perdurar
como expresión acabada de arte que traduce de. modo
inimitable el drama vivido por un país en los tremendos
días de la ocupación por su enemigo tradicional. Un volu­
men de la “Colección Horizonte” de 416 páginas .. $ 6.—
Harold Lam . — NUR MAHAL. El autor de “La marcha
de los bárbaros” y de la hermosa biografía de Omar
Khayyam, traza en esta novela el retrato de una mujer
singular que hace tres siglos gobernó a la India desde el
aposento íntimo de uno de los herederos de Genghis Khan,
basando su relato en documentos auténticos que ha tenido
en sus manos. Un volumen encuadernado, de 312 pági­
nas .................................................................................
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REEDICION
Dale Carnegie. - COMO GANAR AMIGOS E IN FLU IR
SOBRE LAS PERSONAS. Obra que comprende un con­
junto de reglas prácticas para despertar simpatías, de la
que se han vendido sólo en Norte América más de cinco
millones de ejemplares. Un volumen de 336 páginas (14*
edición) ............................................................................ $ 5.—

—Ando estos días atareadísimo —me
dice—. Ya no escribo nada. No sabía lo
EDICIONES HERMES
difícil que era salir de este país; mucho
más difícil que entrar en él. Visitas a la
Distribuidas por la Editorial Sudamericana
emigración, a la aduana, entrevistas con
los agentes del Income Tax, y mil detalles
NOVEDAD
de pasaporte y pasajes. Nos vamos, mi
\
secretario, Mr. Searle, y yo, el jueves pró­
Vicki B aum . — VIDA HIPOTECADA. De dinámico relato
ximo en el Dixie Lee. Unos diez días de
al estilo orsonwellesiano, esta nueva novela —cuya trama
travesía hasta Marsella. Hemos tenido la
gira alrededor de un interesantísimo caso de transferencia
suerte de conseguir una diminuta cabina
de personalidad, con problemas colaterales de distinta inten
para los dos. Es pequeña, pero al menos
sidad y colorido— está llamada a constituir un éxito más
tendremos soledad. No será algo tan ates­
en la serie jalonada por “Uli, el enano”, “Hotel Berlín”,
Mas observad lo notable del caso, Sotado como cuando hace cuatro años vine
“Marión” y “El Bosque 'que llora”. Un volumen de 280
merset Maugham quedó influenciado en
a Nueva York.
páginas..........•.................... ............................................... $ g.__
toda su vida y en su estilo por este viaje
Le digo que para él va a ser doloroso
a España. Le tocó el corazón la sobriedad
en el decir, la magia en el contar, la pro- . ver a Francia en las condiciones actuales
y comparar con los años anteriores a la
De venta en todas las buenas librerías
fundidad en el sufrir y la ironía en el
guerra.
juzgar de los españoles. En la letra y el
alma do España fraguó, sin Saberlo Mau­
(E l exceso de original n os im pide
gham, su futura técnica novelística. A
dar com pleta en el presente número
quien desee aprender a contar algo, le
A L S I N A 5 00
esta in teresan te conversación, que
B U E N O S AIRES
recomiendo que estudie las primeras veinte
contiene tan preciosos rasgos bio­
páginas de Calces and Ale, que son- un mo­
gráficos, la cual term inará en la
delo de realismo, ironía y técnica literaria.
próxim a e n treg a ).
No es lo que se cuenta, sino cómo se cuen­
ta. Se nos antoja verle sentado en una
tertulia de Pombo, ante un ‘ ‘ café con
inedia” y prestar la magia de su toque
humorístico a cuanto dice. Maugham es
médico y aunque no llegó a ejercer, le ha
quedado dentro la visión- radiográfica del
alma humana, de lo que anima el manojo
Los lectores que conocen la
no os m ováis. (C ierra la puerta
cionado otras dos solu cion es . . . una segu rid ad m ayor. Como no
de nervios y músculos, huesos y órganos
versión castellana del libro de
con llave y v u elve al lado de
T IT O R E L L I. — Son las ú n icas tie n e nada m ás que h acer, pido
K afka que hace algún tiem po p u ­
que forman la marioneta que baila en el
José K .) M il perdones. E sta s n i­
de que puede t r a t a r s e . .. ¿P ero p erm iso al tr ib u n a l y qu ed a on
blicó la E ditorial Losada, nos
retablo teatral de la vida. Este inglés se
no quiere q u itarse la chaqueta lib ertad .
ñ as tam bién pertenecen a la ju s­
agradecerán esa breve escena do
ticia.
a n tes do que abordem os la c u e s­
JO SE K . — ¿ Y qu ed a «n l i ­
electrizó en España, durante los años mo­
la adaptación dram ática que han
JO SE K. — ¿Cómo?
tió n ?
b ertad ?
presentado al público francés dos
zos en que se embriagó de la luz del cielo
T IT O R E LL I. — No h ay nada
JO SE K . — Con m ucho gu sto .
T IT O R E L L I. — S í, pero e n tié n ­
figuras preem inentes: el escritor
que releve de la j u s t i c i a . .. U s­
andaluz, y comunica electricidad a cuanto
(S e le v a n ta ). Y a que me in v ita d ase que só lo e n a p a rien cia , o s i
André Gide y el actor Jean-L ouis
ted
no
parece
conocerla
aun.
Pero
a
e
llo
.
.
.
(S
e
qu
ita
la
c
h
a
q
u
eta
).
lo
d esea, p r o v isio n a lm en te . P u e s
toca. Sus dedos huesudos, prestan una
B arrault.
no tien e n ecesidad de ello, pues,
L A S N IÑ A S . — ¡Oh! ¡S e está tod os e sto s ju ec e s de que lo h a ­
eléctrica vibración a un militar, una ca­
El que sigu e es un fragm ento
por lo que dice, es inocente. S al­
desnudan do! (S e em pujan para b lo, ju ec e s su b a lter n o s, no tie n e n
de la obra, en el m om ento en
drá del paso sin que nadie le
marera anciana, un plantador holandés,
v e r ).
e l d erech o de p ro n u n cia r la a b ­
que José K. ha ido a pedir ayuda
ayude.
JO SE K . — ¿Cómo llam a a las so lu c ió n d e fin itiv a ; e s e derech o
un tendero cuarentón, una peripatética
ni pintor T itorelli, esp ecia lista en
JO SE K . — Pero, en su opinión,
otras dos solu cio n es?
corresp on d e a l tr ib u n a l su p rem o,
retratos de ju eces.
descolorida o un artista fracasado. Sus
¿qué es lo que se debe hacer?
T IT O R E L L I. — A b solu ción apa­ al cu al no p u ed e lle g a r n i u ste d
¿Qué procedim iento puede segu ir­
ren te y aplazam ien to ilim ita d o . Yo n i n a d ie. S ó lo la a b s o lu c ió n d e­
personajes están manejados con la técnica
JO SE K. — Escuche, M onsieur
se? Por lo que me acaba de de­
puedo ayudarlo en am bos casos. fin itiv a acab a con to d o e l m a­
elemental de un Cervantes o un MaupasT itorelli; seguram ente usted co­
cir, deduzco que la ju sticia no
U ste d es qu ien tie n e que elegir. te r ia l d e l p r o c eso ; n i v is to , n i
sant —seres reales en situaciones noveles­
noce la ju sticia m ejor que yo;
adm ite ni reconoce las pruebas.
L a a b solu ción ap aren te requiere en te n d id o ; no qu ed a nad a.
yo sólo la conozco de oídas. Pero
T IT O R E LL I. — ( L e v a n t a n d o
un esfuerzo v iolen to, pero m om en­
cas— y tienen algo en su vivir de la línea
JO S E K . — M ie n tr a s que oon
todo el mundo está de acuerdo
el ín d ic e ). C ierto que no pueden
tá n eo ; el aplazam ien to ilim itad o la a b so lu c ió n a p a r e n te . . .
de un Lope de Vega o de un Chejov, o
en que una acusación jam ás se
p resen tarse pruebas ante el tr i­
un pequeño esfu erzo crón ico. Sin
T IT O R E L L I. — N o se p ierd o
sea el aparecer y desaparecer, sin un
hace a la ligera, y que una vez
bunal; pero, m ediante interm edia­
em bargo, hab lem os de la p rim e­ n ad a y la ju s tic ia n o o lv id a ja ­
lanzada la acusación el tribunal
rios, se envían pruebas o cosas
ra; si es eso lo que d e s e a . .
m ás. E l a c ta de acusación , n o h a
principio ni un fin en sus acciones. La
perm anece firm em ente convencido
quo hacen las veces de ello.
JO SE K . — (q u e tra ta de s e ­ p erd id o vig o r y cu a lq u ie r juea
carencia de tesis moral y la ausencia de
de la culpabilidad del acusado. Me
JO SE K. — E nton ces, ¿qué me
g u ir le ). ¿L a ab so lu ció n aparente? p u ed e saca rla a r elu cir en e l m o­
Dios, prestan a la obra de Maugham un
han dicho que es m uy d ifíc il que­
aconseja?
T IT O R E L L I. — (c o n tin u a n d o ). m ento que quiera.
brantar esa convicción.
T IT O R E LL I. — E so depende de
. . .y o v o y a e scrib irle, en debid a
JO S E K . — ¿Y e n to n c e s?
gigantesco sentido demoníaco muy espa­
TITO R ELLI. — ¿ D i f í c i l ? . . .
la clase de absolución que desee.
form
a, una d eclaración de in o c e n ­
T IT O R E L L I.
— E n to n c e s
se
ñol. Como en el Quijote o en la obra de
M ejor sería decir qne im posible.
H a y tres cla ses: absolución real,
cia. In atacab le. P r o v isto de esta p ro ced e a u n a n u ev a d e te n c ió n . E l
Coya, Dios está ausente de las páginas de
Y si yo p in tase aquí a todos los
absolución aparente p aplazam ien­
d eclaración , y o v is ita r é a tod os p roceso se rean u d a. H a y que v o l­
ju eces y usted se defen d iese ante
to ilim itado.
lo s ju eces que conozco para que ver a reu n ir la s h u e s te s p ara
Maugham. Amor fati. Cada personaje es
la tela, seguram ente tend ría más
JO SE K. — ¡A h!
mo la firm en ; em pezaré por p re­ procurar un a n u ev a a b so lu c ió n
como un español fiel a su sino de sima o
T IT O R E L L I. — L a absolución
probabilidades de é xito que en el
sen ta rle esta noche a l ju ez que a p a ren te. N o se d e b e r en u n c ia r
empíreo y el autor, con una sonrisa cáus­
tribunal.
e sto y retratan d o, salien d o fiad or nu nca. (S ile n c io . J o s é K . b aja la
real, pura y sim ple, es in co n tes­
tab
lem
en
te
lo
m
ejor:
pero
me
de
sn in ocen cia. E so m e atrae, c a b e z a ). ¿ L a a b s o lu c ió n a p a ren te
CORO
DE
N
IÑ
A
S
,
(d
etrás
de
tica, pero llena de comprensión humanista,
apresuro a añadir, que yo no
con ta l quo el ju ez m e c r e a . . . no le agrad a? Q u izás p r e fie r a el
la puerta) T i t o . . . ¿ e s que no
les acompaña hasta su triunfo o su ani­
a p la z a m ien to ilim ita d o . ¿ Q u iere
ten go nin guna in flu en cia en lo
va a irse pronto?
JO SE K . — C reerle, s í; pero,
quilamiento. Esta actitud es muy españo­
que concierne a esta solu ción ; y
de tod as m aneras, ¿no m e a b so l­ que le e x p liq u e en qué c o n s is te ?
TIT O R E LL I. — ¡C allad! ¿No
JO S E K . — S i no es a b u sa r de
por lo que yo sé, nadie. D iré m ás:
verá r ea lm e n te ? . . .
v e is que estam os hablando?
la, muy quijotesca y fatalista.
desde mi in fa n cia he asistid o a
U N A N IÑ A . — ¿V as a hacer su
T IT O R E L L I. — E s lo que yo su am ab alid ad . . .
T IT O R E L L I. — E l a p la z a m ien ­
tod
as
la
s
grandes
sesion
es
del
tr
i­
retrato?.
.
.
No
lo
hagas.
E
s
muy
le
decía.
U
n
a
vez
que
la
declara­
Somerset Maugham es, a mi juicio, el
bunal, y he seguido un número
c ió n te n g a un núm ero su fic ie n te to ilim ita d o , com o su n om b re «In­
feo.
mejor novelista "puro” (¡el arte por el
dica,
m a n tie n e in d e fin id a m e n te e l
in
fin
ito
de
procesos,
sin
encon­
de
firm
as,
el
a
su
n
to
p
u
ed
e
m
ar­
(E l pintor va a la pu erta y la
arte, sin tesis moral alguna!) del siglo
trar nnnea una absolución real.
char con b a sta n te rap id ez; p u es p roceso en su p rim era fa s e . E x ig e
en tr e a b r e).
nn
c
o
n
ta c to c o n s ta n te con la ju s ­
llegad o a e ste pu nto no su elen
JO SE K. — E nton ces, es in ú til
TITO R ELLI. — Si no os que­
XX: Un Stendhal por su sobriedad es­
encon trarse o b stácu los. E s e l p e ­ tic ia .
quo hablem os de ella. D ejem os la
dáis quietas, os hecho escaleras
tilística, un Balzac por su visión amplia
ríodo donde el acusado m a n ifie sta
absolución real. U sted ha m en­
abajo. Sentaos en los escalones y
de la Comedia Humana, con algo de ese
humorismo burlón de Cervantes. Un inglés
universal, que con su caña de Montilla en la
L E A
mano, miró en una tarde de mocedad
pasar a las mocitas toreras de tobillo fir­
en e l p r ó x im o n ú m e r o d e
mo y olor a nardos por las calles sevilla­
nas. Y que hubiera dado todo el imperio
C A B A L G A T A
británico por saber decirles un piropo
“ E l e t e r n o f a n a t is m o ” ,
flamenco, ¡sin acento de Oxford! y _s¡n
p or J u le s R o m a in s
que lo llamaran "patoso” y "ésaborío” .

EDITORIAL SUDAMERICANA

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L ib ro s

A d q u ie ra u n e je m piar al p re cio d e

V - Primer Plano del Hombre
^
* *

“L u c io
s ió n

_
Hace cosa de un aña escribí dos articulitos sobre Maugham y se los envié a Ho­
llywood. Me replicó cariñosamente y, alen­
tado, le mandé varios de mis trabajos

Fontana

o

la

v i­

INFLAMADA Y DINAMICA
DEL OBJETO”,

G rabad os

SANTA FE 2033

T . A. 44 -3 8 6 7

p or J u lio R in a ld in i

m

�cabalgata

6

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H I S T O R I A

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V. LAS ARTES PLASTI­
CAS CONTEMPORA­
NEAS.

E sta C olección
abarca panorám ica­
m ente

el

LA O B R A
M AESTRA D E S­
CONOCIDA, por Ho-

itinerario

de la literatu ra que se
h a dado en llam ar “mo­
derna” , teniend o gran in te ­
rés para la sen sib ilid ad actual,

noré de B alzac . . $ 3.—
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3.—
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Sarfatti ............................................................................. S 22 —
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$

I lirx n n i X

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ra u re

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E sta h isto ria in te re sa no sólo al a rtista ,
al critico y al aficionado, sino tam bién al
sabi0&gt; al hom bre i e letras y al lector común,
ues encierra la m ás rica, sugerente y fecunda historia, no ya del arte, sm o del

PICASSO: El artista y la obra de nuestro tiempo,
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&gt;»
_
» 33 -—
» 3S ~
» 38 •—

EDITORIAL POSEIDOS

PERU 9 7 5
BUENOS AIRES

�cabalgata
IJE SSE es casi tan pintor como
Í I poeta. Hay en algunos de
sus tomos de poesía reproduc­
ciones de acuarelas, complemen­
tos plásticos del sentido de los
versos. Estas ilustraciones cer­
tifican una adaptabilidad casi
infantil. Pero el conjunto —poe­
sía y estampa— está saturado
do los hálitos de la naturaleza
y revela una comunión tan ín­
tima, tan completa con el mun­
do v is ite , que ninguna per­
turbación anímica hallaría asi­
dero en este puro unísono. En
fin, la creación de un artista.
Andró Gide.
e entre los poemas que Hermann Hesse
D
me enviara como saludo para comienzos
de este año, ho extraído el siguiente, fe­

Pacioli:LA DIVINA PROPORCIÓN

Lúea

chado en febrero de 1946:
W t t W n ® U ha tenido5 sob rT el arte r e : n a c e n t í : “ bre
d u lc e n
en esp ecial. Traducido directam ente de U e d W ó n ° ” f X cción de R icardo B eata,
facsim ilar de loa grabados. P rólogo de Aldo M icU.
a d u ch o
Juan Carlos
Soneto de E a fa e l A lberti. R ev isió n de la parte m aterna»
en Jo u t e .

Entra, mistral, la noche pálida.
La lima hacia el follaje riela.
¿Qué miedo, entonces, en la cálida
noche me impulsa a estar en vela?

“

o

tG r i “

Durmiendo estuve y he soñado.
¿Qué me llamó en la noche y me
causó tal miedo que pensé
que algo importante hube olvidado?
H uir de casa me será
mejor, y del país entero,
hacia el llamado, el hechicero,
lejos, al mundo, y más allá.

I otograbados

Arga
SOC. RESP. LTDA.
Cap. mSn. 60.000:-

MEXI CO
449
T. A. 33-4218 34-3555
B u e n o s Ai res

¡m il

A [LEGAR!

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B

e

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y Raim undo Inda y dirigid a

% r r3 i r T 40g inEa03: Sgran form ato, Idiosam ente encuadernado^ « U U

blan ca .........................................................................................................

Leonardo da Vinci: IRATADO DE LA PINTURA

HERM ANN H ESSE,
Por

EL P E R E G R IN O
WERNER

ROCK

( Dibujos originales de Hermann Hesse)

(T ra d u cció n de C arlos T . G rieben.)

F

V

Nuestro poeta, que el 2 de julio de 1947
entró en los setenta años, se evidencia en
estos versos como un peregrino eterno
a lo largo de toda su vida. Su continua
peregrinación lo llevó hasta la India, el
país natal de su madre. Retorna conven­
cido de quo todos los caminos tienen una
sola meta: el propio corazón. Y ahora,
¿adonde quiero ir el anciano Hesse, ahora
quo el camino de su vida llena de alter­
nativas ya toca a su fin? “ Lejos, al
mundo, y más allá” . Esta última confe­
sión conmueve hondamente. No se ha can­
sado aún de peregrinar. No obstante haber
medido la tierra en todos los sentidos,
este anheloso quiero todavía ir “ más allá
del mundo” , tras un sendero marcado por
las estrellas.
‘ ‘ Ninguna meta alcanzada fué urra meta.
Todo camino fué un rodeo, y todo des­
canso creó nuevos ardores” . Así concluye
Hesse su libro: Peregrinación, publicado
en el año 1920. De él me escribió hace
poco: Peregrinación ha sido uno de mis
libros favoritos. Ya hace años que no
existe. Ha pasado mucho tiempo desde
que fueron destruidos los clisés y la com­
posición de éste y de todos mis libros
editados en Berlín, conjuntamente con la
casa editora. Ya no espero ver una nueva
edición en vida” .
Por fortuna, poseo uno de los ejem­
plares que se han hecho más raros, y
agradezco la amabilidad de Hesse al poder
presentar a los lectores dos dibujos con
quo el autor, que también es un extra­
ordinario pintor y dibujante, ha adornado
sus notas.
¿Qué impulsa a Hesse a viajar? Ante
todo el deseo de superar las fronteras.

ser mejor de lo que es. Sabe, como poeta
y pintor, que en la imagen del verdadero
hombre so mezclan la luz y las sombras.
Se siente “ vagabundo y artista” , y debe
convenir honradamente en que no se puede
ser además de esto un “ burgués armó­
nico” , y en que es preciso aceptar con
un sí intenso la sordidez de esta tierra,
incluso la suciedad y el asco. *‘ Quien se
niega a sí mismo no puede afirmar a
Dios” . Esto no se logra siempre. Se dan
de tanto en tanto olas de pesadumbre que
sin embargo son necesarias para el hombre
creador, casi tanto como las de exuberan­
cia y exaltación. Todo le parece bien a
Hesse, excepto aquel “ estado intermedio
entre el bien y el mal, tibio y soportable.
No, es preferible exagerar una vez más
la curva, aumentar la tortura y en re­
compensa enriquecer aún más el esplendor
de los instantes felices” .
¿Encuentra Hesse, el peregrino, aquellos
instantes felices, aun en la comunidad con
un alma amada, de la que en la juventud
no hubiera creído poder prescindir? No;
ha superado esa situación, ya no necesita
un compañero de viaje. Cuando encuentra
una amada, ésta no lo ata por mucho
tiempo. El peregrino desconoce lo seden­
tario en el amor. “ Una novia en cada
pueblo” , dice una canción alemana. El
verdadero peregrino disuelve el erotismo
y lo transforma. Lo reparte entre la aldea
y la montaña, el mar y el valle, entre
los niños y los mendigos al borde del ca­
mino, los animales en los prados y en el
aire. ‘ ‘ Desprendemos el amor del objeto.
El amor nos basta por sí mismo, así como
al peregrinar viajamos sin meta, por el
simple placer de viajar, de estar en ca­
mino” .

Prim era edición integra en idiom a « 'P ^ o l, QU« co&gt;nprende los
sombra, de la lar. y de la perspectiva, cuidadosam ente revisada y .cow jaa
tod as la s ediciones publicadas h asta la fecha, ilu strad a con \? o rjianchas fu era
dib ujos geom étricos, tom ados da los m a n u m it e s o r igin ales y " p ” a^ r0 La
do texto en negro y en colores, de las princip ales obras de £
com pletan una advertencia b ib liográfica, la b iografía de Leonardo e sc r ita P
V asar!, nn estudio do P au l V aléry y uu apéndice ^ « reproduce por prim era v e s
91 fragm entos de lo s m anuscritos de L eonardo, h a sta ahora perdidos en
códices, que com pletan sus estu d io s sobre la s proporciones del cue p
&amp; n t vo3lum?na 9 dee l5l 8 atp ^ n a s encuadernado en brln blanco con aplicaciones
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OTRAS O B R A S

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L L E G A D A S:

L’HISTOIRE GENERALE
DES RELIGIONS
T anto por su m a ra v illo sa p r e ­
sen ta ció n como por su elevado
valor in te le c tu a l y m oral, e ste
m onum ento del p en sam ien to h u ­
m ano debe te n e r su lu g a r en la
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DE LA LANGUE FRANCATSE
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co rrectam en te.” T res volú m en es
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DICTIONNAIRE
ENCYCLOPEDIQUE
QUILLET
E l m ás ex tra o rd in a rio d iccio n a rio
de n u estro tiem p o. Su pera todas
las dem ás obras de su género
conocidas h a sta hoy.

ATLAS UNIVERSEL
QUILLET

“ El desprecio por las fronteras, propio
de la gente de mi especie, las convierte
en los hitos del futuro. Si existieran mu­
chos hombres en los que este desprecio
viviera como en mí, no existirían las gue­
rras ni los bloqueos. No hay nada más
odioso ni nada más estúpido que las fron­
teras” . Hesse escribió estas líneas en Sui­
za, el clásico país de la hermandad de los
pueblos, y en el que conviven apacible­
mente dentro de los mismos límites cuatro
pueblos separados por sus lenguas.
En todos sus viajes este ciudadano del
mundo lleva conscientemente consigo un
trozo de su patria. “ El hombre perfecto
tal como lo concibo, el peregrino puro,
no debería reconocer la nostalgia por su
tierra. Yo la siento, yo no soy perfecto,
ni quisiera serlo. Quiero libar mi nostalgia
como libo mis alegrías.” Esta confesión
retrata enteramente a Hesse. No desea

El eros del paisaje flecha al poeta en
medio del corazón. La así llamada “ reali­
dad” nada le dice, olvida el trajín de
la torturada humanidad, uncido, como es­
tá, al mundo propio de su imaginación.
Huye de la realidad como todos los gran­
des solitarios, como Beethoven, Nietzsche,
y se vuelve a los árboles soledosos. 1 ‘ Ellos
son más sabios que los hombres, no pre­
tenden ser sino lo que son” . Tienen un
solo deber: ‘' configurar y mostrar lo eter­
no con lo que fuera expresado en ellos
por una sola vez” .
El eterno anhelo, el anhelo por lo eterno,
llevan al poeta y al peregrino Hermann
Hesse de un año a otro, de un lugar a
otro, sin hallar nunca una satisfacción,
ni aun en la riqueza de su propia alma.
Y así, el septuagenario anhela todavía
otros milagros, anhela ir “ lejos, al mun­
do, y más allá” .

E conom ique. P o litiq u e. P h v siq u e.
“L ’A tla s du M onde pour T o u t
le M onde.”
La gu ía p ráctica m ás com pleta
de la activ id a d fra n cesa . Com­
p leta m en te p u esta al día.

SO LICITE FO LLETO S ILÜ STEADOS, S I N COMPEOMISO.

E IIIT ülim ARGENTINA

A. U U ILLET S .A .
Corrientes 1650

T . A. 35-6679

Grasset, el editor que hace
cuarenta años montara en París lo
que los franceses llaman “ fábrica de
glorias literarias” retorna a la existencia
después de un largo proceso de “ depu­
ración” , retorna a la literatura. Esta vez
como literato. El Director de Dominio?
ha dado la autorización para que “ lTs
Ediciones Bernard Grasset publiquen, con

B

ernard

tiraje limitado, un ensayo de Bernard
Grasset: “ Amenagement de la solitude”
(Organización de la soledad) con un
prefacio de Frangois Mauriac.
La editorial Grasset está por el mo­
mento bajo secuestro, pero no se cree
imposible quo le sea devuelta a su pro­
pietario. Las autoridades declaran que

de

7—

lujo.

U n volum en de 270 p ágin as, encuadernación dé lujo.

CARLOS VEGA: Panorama de la música popular argen­
tina .............................................................................................. $ I®U n volum en de 361 págin as, con 150 m elodías, 8 lám inas y 6 m apas.
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M ontevideo

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de G eorges H u ism a n , directo r g e ­
n eral de B ella s A rtes de F ra n cia .
A barca to d o s lo s tiem p o s, todos
los p u eb lo s, to d a s la s edades.

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Editorial LOSADA

HI S TCRI A
GENERAL
DE L A R T E

_

V

Lima

Bernard Grasset no es culpable del delito
de traición; que no ha colaborado con
los alemanes.
Ante esto, algunos diarios y revistas
protestan enérgicamente. Algunos llegan
incluso a decir 11 absuelto o uo, Bernard
Grasset seguirá siendo una de las figuras
más repugnantes de la traición. Estuvo
al servicio de Alemania de una manera
total; sus cartas, sus artículos, sus ac­
tividades do editor proporcionan abun­
dantes pruebas” . Algunas de estas prue­
bas las ofrece al público lector la revista
“ Les Lettres Franqaises” .
Otras publicaciones, en cambio, se li­
mitan a trazar la biografía retrospectiva
de Bernard Grasset, el autor-editor. Re­
cuerdan al hombre de acción que puso
en marcha la editorial más importante
de toda Francia. Y al autor de “ Remar­
ques sur l ’aetion” , “ La chose literaire” ,
“ Psicologie de l ’immortalité” , “ Les Chemins de l ’ecriture” . ..
“ Samedi-Soir” dice al respecto: “ Ber­
nard Grasset está a punto de operar
en la literatura un retorno con tiraje
limitado lo que, en lenguaje editorial
quiere decir “ a pasos contados” . Los
caminos de la escritura, que sirvieron de
título a uno de sus más célebres ensayos,
son todavía inciertos. Grasset está pro­
visto de un pasaporte en regla que le
entrega el Comité Nacional de Depuración
y avanza prudentemente. Su paso de re­
greso se llama “ Amenagement de la so­
litude” , con prefacio de Fran^ois Mauriac.
Pero Mauriac no empece la soledad; no
es un compañero; es un ángel guardián.
Por supuesto, no so sabe cuál de ellos
tiene más que perdonar al otro, si el
ángel o el penitente. Bernard Grasset to­
davía no ha llegado a la calle de SaintsPéres, en donde su casa —una verdadera
fábrica de glorias literarias— sigue fun­
cionando desde hace tres años por persona
interpósita, bajo el velo del secuestro.
Ha hecho escala en su domicilio privado
do escritor en donde escribe febrilmente.
Pero, de pronto, algo desvanece la im­
presión de serenidad de su rostro. Bernard
Grasset se levanta: este gigante de la
erudición es pequeño. Y se adivina detrás
del eremita al hombre de acción que di­
fícilmente logra contenerse. Grasset puede
hacer el elogio de la soledad, pero jamás
ha estado sedo” .

0

i.

b, A .

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�G iorgio

de

C hirico . N a tu r a le z a m u e rta .

REVISION DE LA
P I N T U R A DE CHIRICO
p o r E D U A RD O W E ST E R D H A L
reacción1 de algunas importantes f i ­

20 de febrero de 1909—, ya había esta­
guras, que han desempeñado un papel
llado el movimiento futurista en el propio
L principal
en territorios del espíritu, deser París, donde se venía a decir: “ Museos:
a

tando en estos momentos críticos de los
esenciales principios de su obra, negándola
o estableciendo retornos, debe obligarnos
a una sólida actitud de defensa, después
de todq^ aquel sistema lógico y normativo,
que, iniciado a fines del siglo XIX, trata
de expresar los fenómeiros de nuestra
época, proyectando en una labor construc­
tiva los auténticos cimientos, o la tierra
estable, para el normal desenvolvimiento
del hombre.
Nos r e f e r i m o s concretamente a los
“ neos” o “ renacimientos” y, con más
claridad aún, a la figura de un pintor que
hoy se encuentra en el patíbulo de las
artes: Giorgio de Chirico.
Primeramente es necesario hablar del
movimiento o clima, dentro de cuyas teo­
rías estéticas produjo Chirico su obra prin­
cipal, o sea, la que se estimó como repre­
sentativa de su personalidad, y que ha
merecido una de las más extensas biblio­
grafías de la pintura moderna. NTo hay
que olvidar que ya en 19H marcha a París,
y que dos años antes Picasso exponía sus
casas de Iíortn. Es decir, Chirico se in­
corpora a una poderosa inquietud, y a
partir de 1912 empezamos a conocer su
“ Meditación matinal” , con los elementos
que más tarde habría de desarrollar: ar­
quitectura, sombra y silencio: sus princi­
pios metafísicos.
Nacía el cubismo. Picasso era el porta­
voz de un poderoso estado de descompo­
sición. La naturaleza visible sólo le servía
en sus partes para una labor de construc­
ción, dondo se reconocía, en principio, los
límites del cuadro, en sus dos reales di­
mensiones. Negación de la perspectiva re­
nacentista, llamada a la invención, al
lirismo: reconocimiento del hombre. “ El
cubismo —ha escrito Guillermo de Torre—
es una de las pocas escuelas de pintura
que han elaborado todo un cuerpo de
doctrina propio. No se trataba solamente
de una modalidad plástica, sino de un
sistema de conocimento, con aplicación ex­
tensiva a otras artes y, en primer término,
a la poesía. Era, oír suma, toda una es­
tética que proponía un nuevo medio de
mirar, de conocer el mundo sensible” .
Pero Chirico no ve estos problemas y
toma el camino contrario. Continuó reali­
zando la fuga lineal valiéndose de la ar­
quitectura. Así insistió nuevamente en el
superado iiusionismo del Renacimiento.
Llenó el cuadro de misterio a base de
claroscuro. Pero carecía de los valores de
Jíembraudt. So valió de elementos geomé­
tricos de orden, y su mitología culminó
en el bélico “ II Trionfatore” con sus
célebres guerreros y caballos.
Dos años antes de marchar a París —el

cementerios... Museos: dormitorios públi­
cos. . . ” Picasso y sus casas do Horta no
eran un punto de arranque, no era cuestión
de genialidad y personalismo este cuerpo
a cuerpo con la realidad. Picasso sería el
portavoz extraordinario, pero la verdad era
que nos encontrábamos en ese borde fes­
toneado de aurora que tiene toda crisis.
Como consecuencia del movimiento futu­
rista, en 1916 estalla en Zurich el dadaís­
mo. Entre los dadaístas estaban Arp,
Ernst y Man Ray. Chirico y Klee fueron
importaciones, bienes adquiridos. Como lo
fuó Picasso. El movimiento dadaísta era
contra esto y aquello, licencioso, desprecia­
tivo de todo valor convenido. Era, como
se ha dicho, un modo de vida. Ya hemos
visto en qué grado el cubismo era un sis­
tema de conocimiento. El arte trabajaba
sobre un hombre reversible para darnos
una mueva humanidad.
Chirico y Carra gestaban en esta época
la tendencia de su pintura metafísica. “ La
Musa inquietante” , “ Interior metafísico”
y su célebre “ Naturaleza muerta evangé­
lica” , son producciones de 1916. En esta
última obra, en una construcción de los
más puros valores geométricos, de sobrio
fondo en el tendido do sus rectas, coloca,
con el habitual cinismo dadaísta, sus co­
nocidas galletas, logrando el sabido trompe
l ’oeil de la Gioconda-Dadá. Había, pues,
en estos cuadros mucha técnica cubista,
en los años de las postrimerías cubistas.
Picasso preparaba el retrato de su mujer,
anunciado después por la crítica como la
vuelta a Ingres de la pintura.
Y ahora, en esta encrucijada y descon­
cierto, es cuando Chirico trata de salvar
los valores de orden del cubismo unidos
a la tradición de los pintores italianos. La
pintura metafísica fue una aventura his­
tórica. Se trataba do conciliar a Dadá con
el Giotto. Por todo ello sabemos hoy que
el cubismo fuó en grado extraordinario
un movimiento pictórico. De lo que ha
venido a ser la pintura metafísica ya nos
lo dicen críticos chauvinistas como Cario
Belli, exaltador de la italianidad: ‘ ‘ En un
cuadro de Gris —dice Belli— hay siempre
pintura, pero en los cuadros metafísicos
la pintura como pintura falta. E l hombre,
la naturaleza es puesta en duda, en verdad;
pero para crear un nuevo mundo fenornenológieo, supernaturalista o naturalista,
sut generis.” “ La emoción ante un cua­
dro metafísico —continúa Belli— no es,
en efecto, de orden pictórico: se atiende
al significado do una extraña narración:
la pintura no importa lo que sea. Parece
que el objetivo de este arto sea sólo pro­
vocar el estupor, pero un estupor literario
antes que pictórico” .
Recordemos que todos estos cables que

se lanzaban al pasado, de retorno al clasi­
cismo, por parte de la pintura metafísica
fueron bautizados como “ italianismo ar­
tístico” y “ principio italiano” . Las admi­
raciones de Chirico ya nos la dice Cario
Belli: Giotto, Masolino, Masaccio, Orcagna, Gozzoli, Da Fabriano. Y uno de sus
grandes panegiristas actuales, el crítico*
italiano Lo Duca, para justificar su po­
sición, nos habla de posibles influencias ,
do Masaccio (en su arquitectura), de Boc- .
klin (en su fantasía), de Ucello o Della 1
Francesca (en el volumen del primer pe­
ríodo), do von Marees (sustitución de la
relación sentimental en el segundo perio­
do) y de su admirado Courbet (cu sus
luchadores). “ Así ha llegado —dice Lo
Duca, comentando su última obra—, iro
a la madurez viciada de un Itubens, sino
a la madurez vigilante de un Lorenzo Lot
to. El cree hoy —continúa—, después de
tanto pensar, quo la pintura no puede ser
en su baso más que una obra honesta: un
acto de fe unido a uir acto de conocimien­
to. El ha añadido que el primer factor que
da a la obra el mínimo de requisitos para
permanecer sobro el tiempo es una reali­
zación pictórica do primor orden” . Cito
hasta aquí las palabras de uno de sus
exaltados biógrafos. De todo lo expuesto
so desprende claramente que a Chirico no
lo ha interesado ni lo interesa trabajar
por la captación de la luz viva del fenó­
meno, al servicio del hombre de su tiempo,
siiro en honor del Museo y de su historia
cadavérica, en lo que tiene de pasado y
futuro.
Chirico no ha sido nunca un pintor de
nuestro tiempo, un contemporáneo nues­
tro, un hombre que expresara por su cuen­
ta el espíritu do la época. Para Marco
F rancesco M e ssin a . Muchacho marinero. Bronce.
Valsecchi, otro de sus críticos, era un
Colección Roque Freire, Buenos Aires.
precursor, un resucitador de antiguos mi­
tos. Su ansia es una nostalgia cultural.
“ Esta protesta —dice— es más de natu­
de la italianidad en la pintura metafísica
do todo lo expuesto, que Chirico, en su
raleza ética que artística” . Cocteau, escri­ y al del más vulgar sentido bélico en su
actitud actual no puede constituir sorpresa
obra reciente.
tor de su ejército, nos lo ha dicho con
para nadie que viera y meditara su obra
En lo artístico ya todos parecen ponerse
anterioridad en su “ Ensayo de crítica in­
de conjunto. Es el constante neoclásico
de acuerdo. Desde Belli a Valsecchi. Pero
directa ” : “ Uno de los méritos de Chirico
retardatario que padecen todas las cultu­
la cuestión no queda aquí. Existen las de­
es haber tenido en cuenta, en pleno período
ras. Es el hombre “ camuflado” , el que
rivaciones de su labor. Otros dos movimien­
plástico, más la moral que los problemas
lleva la bomba a las mejores construccio­
tos en los que ha visto comprometida su
visuales que desembocan fatalmente en la
nes del espíritu de cualquier tiempo. Su
pintura. El surrealismo y la tendencia de
preciosidad” . Bien, emplacemos su obra
actitud, como la do Salvador Dalí, que
en estos términos. En lo ético su mito­ los “ Valori Plastici” . El primero, el gran
en justicia hay que revisar como la del
movimiento antiplástico y el segundo, el
logía ha venido a la exaltación del belicis­
movimiento surrealista, sólo nos delata lo
mo con sus guerreros y caballos espanta­ negador de todo valor esencialmente espi­
que junto a la vigilia constructiva del
ritual. Pero ya esto es tema de mayor
dos. Sus cuadros son siempre las variantes
hombre
de nuestro tiempo existe de mise­
amplitud que no se presta a las dimen­
de una “ Heroica” . La reacción moral de
ria, de arribismo, de reacción, de im­
siones de este trabajo.
Dadá, disolvente y negativa de todo pa­
potencia y de Museo.
trimonio ético, ha venido a la exaltación
Solamente queremos destacar, resumien-

por RO M U ALD O B R U G H E T T I
objeto pintado
UNmodelo
como, un

debe parecerse al
avión se parece a
un pájaro.” Sí, Joaquín Torres-García, la
aventura de la edad contemporánea so
concreta en esta forma inventada, pero
¡ cuántos peligros!
Todo gran artista parte en busca de una
forma, forma capaz de construir un mun­
do, un universo artístico; apunta hacia
altas directivas, hacia el redescubrimiento
expresivo o abstracto de esa forma en­
tendida como culminación de un acontecer
histórico. Una inmensidad de caminos
abren las esclusas a la inspiración de los
tiempos nuevos, y el artista penetra en
las culturas primitivas y en las concre­
ciones donde el sentimiento plástico pri­
mordial impera.
Pero, ¿alguien supone que el pensamien­
to pictórico moderno ha fracasado? Resulta
harto grave que pintores de nuestros días
puedan creer que el arte viviente ha su­
cumbido. Quienes han caído en el olvido
son las tendencias imitadoras de la faci­
lidad, técnicas que llevan en sí lo pere­
cedero sin raíz humana ni imaginativa,
sin fundamento arraigado en el corazón
del hombre. Quienes piensan en la vuelta
al pasado a secas, olvidan que la expre­
sión y el arte de la contemporaneidad des­
cansan, al menos teóricamente, en la lec­
ción más austera y digna de todos los
tiempos. Hemos aludido a las épocas pri­
mitivas, y podemos recalcar que, sobre la
base que conduce al clasicismo, la sabia
geometría, el plañó, el volumen, y la am­
plia bandera del color o la gama de I03
sentimientos y las emociones desde lo na­
tural a lo metafísico, son líneas esenciales
incorporadas definitivamente al movimien­
to actual de la pintura. Si con estos
elementos se construyo la obra, partiendo
del ejemplo do los maestros y no de la
copia o repetición de sus hallazgos, la obra
ha do venir.

Esto joven pintor sabe hasta qué punto su
oficio vanguardista se hace, en la justeza
de la forma, expresivo y denso.
II
Portinari irrumpe en- Buenos Aires a
todo viento. La diversidad de sus proce­
dimientos y valores lo señalan ásperamen­
te, pero el despedazamiento de la forma
o el fragmentarismo polémico infieren a
su pintura serias heridas. Fiel a una ex­
presión de alcance social, su arte fuerte
deberá buscar los naturales equilibrios de
su sangre de pintor.
Por los caminos del nuevo realismo, Berni va en busca de una pintura de sólido
dibujo, de proyección representativa. El
esfuerzo del artista halla compensaciones
felices en pequeñas cabezas y figuras jó­
venes. Otro pintor, Enrique Policastro,
temperamento dramático en el desborde
contenido de su alma sincera, lo asisto el
vigor de un patetismo que establece la
humana condición desoladora de criaturas
do la campaña y barriadas porteñas. ¿Dra­
matismo? Sí, legítimo dramatismo. Y un
gran pintor de España —Gutiérrez Sola­
na— en algunas de sus obras halla la raíz
de una devoción tensa hacia una pura lo­
cura ensimismada. Así lo maravilloso
poético prueba que las formas conceptua­
les hallan su función vitalizadora cuando
fluye en el artista una ahincada potencia

interior, la cual hace del hombre un fan­
tasma y un ser vivo a un tiempo mismo,
el delirio enciende la paleta y una inteli­
gencia controlada por un espíritu no me­
ramente teórico se adentra en las tinieblas
lúcidas. La pintura de este español es por
excelencia anti-verbal, anti-discursiva, (lo
verbal y lo discursivo son males que des­
fervorizan el arte para tentar justificacio­
nes mediante ideas o ideologías que poco
o nada deben a la pintura). Pues la forma
debe nacer de la vida y no ya, superada
la polémica, de la fórmula desesperada
—digamos— del paraguas, la máquina de
coser y la mesa de disección del sombrío
Conde de Lautréamont. El sentir del ins­
tante y la múltiple experiencia, bajo la
presencia de sucesivas revoluciones, han de
dar unidad a la persona humana desam­
parada y por tanto agita la posibilidad de
un arte necesario dentro do un cabal re­
nacimiento por la libertad. De este modo,
puesto que nuestra época no dispone aún
do un estilo, este estilo surgirá de la suma
do las expresiones diferentes de cada gru­
po de artistas de toda comunidad nacional,
yendo de lo regional a lo universal.
III
En esta encrucijada salvadora, pintores
de la hondura de Raquel Forner, Spilimbergo, Giambiagi, Daneri, Castagnino,
Pronsato, Norah Borges, Moreau, Paeen-

I
¿Giorgio de Chirico vuelca ahora sus
ojos hacia temas románticos y setecientistas, y naturalezas muertas o bodegones
de este italiano no excluyen el lugar co­
mún? Esto hecho es sólo uno de los cono­
cidos fenómenos que permite ensayar ex­
presiones do la personalidad caótica de los
tiempos que corren. Bien supo elegir Cario
Carrá, al atenerse a valores profundamente
plásticos, o Campigli, en su juicioso ar­
caísmo, Casorati, o De Pisis, músculo de
la pintura. Y no se equivoca el escultor
Messina cuando trae a la Argentina bron­
ces que resumen el espíritu tradicional de
Italia en formas precisas y no obstante
cálidas y humanas. ¿Y Antonio Scordía?

E nriq ue P olicastro . N o c tu r n o ,

�cabalgata

C ésar L ópez Claro . E s tu d io p a ra fa m ilia
C arlos U riarte . L a roca n eg ra .

M ario D arío G randi . Mujeres.

¿Por qué el premio Palanza fué puesto
en manos de R. Forner y no de Victorica
o Pettoruti? A mi entender, Raquel ha
sabido avanzar sobre cuchillos, y al puro
instinto cromático o a las puras búsquedas
en superficies planas afinadas, incorpora
una dimensión que participa del signo de
la tragedia, y, tanto en literatura como en
pintura, pintar dramas humanos siempre
será tentativa mayor que encerrarse en el
taller concluso de un razonar o un soltarse
hacia los gozos de la sensibilidad o de la
inteligencia. El camino surge al comienzo
de la aventura y la llama debe ser libre
y poética, mas los resultados conducen a
la plasmación de un arte en el cual si

» . Miraglia, Uñarte, Fariña, López Claro,
I Azzoni, Carybé, comprendidos el veterano
F. Brugliotti y el novel M. D. Grandi, sa­
ben de la aventura de la tierra nacional.
Conocen el drama de la pintura, drama
que al articularse por conducto de la foru¡a y del color, funda la entidad plástica
espiritual. Y el profundo avance está seña­
lado —en la Argentina— por esta inequí¡ TOca comprensión. Sea el desastre de la
i guerra o el caos, la selva misionera o el
] pdramo, la serenidad de las quintas o la
tensa convocación do las tintas, la calidad
¿el trazo o las leves manchas de color, el
arte emerge de una realidad visible para
alcanzar las alturas de la creación.

al hombre le es permitido soñar, a la vez
cabe verlo sentir la angustia, el tormento,
o, en la fatalidad, la esperanza de los
trigos maduros y los cielos azules. Natu­
ralmente, compartimos el milagro de las
sencillas formas y colores, participamos
de la esotérica búsqueda de lo superrreal,
de las masas que se organizan en el
volumen, o la gracia que convoca líricas
emociones (Del Prete, Batlle Planas, Urrucliúa, Soldi). Entendemos, esto sí, en otro
plano, que el hombre Cézanne, que ha pin­
tado figuras, paisajes, flores y frutas en
Aix, tiende a un sentido menor de la gran­
deza al situarse airte el hombre Giotto o

Miguel Angel. . . La contemporaneidad se
depura y se afirma, y el gran complejo
universal del arte y de la vida, del mundo
físico y del orbe sobrenatural, se estructu­
ran invariablemente dentro de la diversi­
dad, en la implacable convocación de mano
y de espíritu, de visión y realización, pues
detrás de la pintura hemos de estar tú
y yo, lector, no sólo ante un cuadro bien
pintado, sino, más certeramente y por
extensión, ante una nueva concepción del
mundo.
IV
¿Nuestro año artístico de 1947? Un mu­
cho penar y discutir, y otro tanto esperar

y entusiasmarse y, por momentos, creer.
El arte do un pais so hace en el curso de
los años, de los siglos. Nosotros comenta­
mos a reflexionar sobre nuestras virtudes
y limitaciones, desesperanzas y fervores.
El artista argentino no ignora el entre­
visto orden del espíritu. He aquí la evi­
dencia.

V . notas en CABALGATA (N os. 13 y 1 4 ) y
"Pintura argentina joven", E ditorial Ollantay.
Los nombres de los creadores citados en esta
artículo corresponden a artistas e x p o sito re s
dol presente año.

T

, 17 g PO SIBLE cantar al amor cuando
C ¡0do ha pasado, cuando la desdicha
y el.tiempo han trocado el color de los
lechos? ¿Es posible ser veraz en los re­
cuerdos? ¡Oh!
' Hueve en el campo. Desde m i casa, en
t\ fin del suburbio, veo cómo se acerca la
tormenta. Se sobrecoge mi corazón presin­
tiendo un peligro o una pena.
¡Es posible cantar al amor desde este
triste refugio que nunca supo recoger ale­
grías?
¡Qué arrogantes eran los rosales de la
quinta! ¡Que buena eras, M argarita querí¿a! ¡Qué buenos tus besos, qué tiernas
tw manos!
los tres hombres se detuvieron arrie el
zanjón de desagüe y estudiaron la manera
de sortear el barro. Las negras ropas do
los forasteros se agitaban con el viento
acentuando la magra tiesura de sus cuer­
pos. Aquellos hombres parecían tres esta­
cas mal hundidas en la tierra y tenían una
sospechosa inquietud, urr aire de felonía.
Descubrieron un carcomido tablón que
hacía las veces de puente y allí se diri­
gieron.
—De uno en fondo —dijo el primero
gravemente—. Conservemos el clásico or­
den prescripto por la fatalidad.
Sonó una extraña risotada. El tercero de
los forasteros dió tres palmadas.
—¡Bah! ¡Aunque alteres el orden do
los hechos, aunque deformes o silencies los
sucesos, en su corazón, siempre darán tres
campanadas!
Nuevamente soltó la risotada.
Uno tras otro cruzaron el tablón. Se
, detuvieron ante la puerta de la casa.
—¡Extraño caserón!
—¡Maldita ruina!
—Tiene ese color abandonado que dan
los desastres sucesivos.
El primero dió con el puño en la puerta,
7 como nadie respondió, tocó la gastada
falleba y empujó cautelosamente. Hizo un
gesto imperativo y se internó en el corre­
dor. Los zapatones enlodados de los fo ­
rasteros dejaron su sello inmundo en el
umbral.
Eu el amplio y sombrío despacho, un
hombro escribía exageradamente caído so­
bre la mesa, como si su labor fuera tan
dolorosa que lo llevara a descansar el
«¡razón.
Los intrusos so colaron sigilosamente y

UN CUENTO DE ENRIQUE WERNICKE

C A N T O
i

-

permanecieron contra la pared, inmóviles,
las manos en los bolsillos y los sombreros
encasquetados. En la quietud, al amparo
del viento, sus negras ropas colgaron blan­
damente y los tres hombres cobraron una
apariencia de fantasmas.
El dueño de casa llevó la pluma al tin­
tero y recitó tristemente:

D E

A M O R

— ¡Ha elegido usted una residencia bien
alejada del mundo, señor mío! ¿Es de in­
tento o es casualidad?
—En esta casa nacieron mis padres.
—¿Y es usted feliz en este páramo? —

preguntó de pronto el segundo, que hasta
entonces no había hablado. Y abandonan­
do la cortesía almibarada de sus primeras
palabras, comenzó a recitar burlonamente:
— Los trenes huyen despavoridos por la

— ¿Es posible cantar al amor en la des­
dicha? ¿Es permitido alabar la belleza, la
gracia, cuando uno se sabe destrozado?

llanura. Llueve en el campo.
Mi más dulce sueño anda perdido en la
tormenta.
¡Corre! ¡Corre!
¡Aquí estoy de pie, llamándote!
Llueve, el tren huye pitando.

Sonó una risotada.
El que escribía se volvió con brusquedad
y, al ver a los intrusos, se incorporó alar­
mado. Con la mano derecha, sin quitar la
vista de aquellas figuras, reunió torpe­
mente los papeles dispersos. Cayó la lapi­
cera al suelo. El hombre movía los labios
sin articular palabra.
—Sentémonos, caballeros —dijo el pri­
mero—. Con su permiso. . .
Ruidosamente ahora, como si gozaran
interrumpiendo el bondadoso silencio del
recinto, los intrusos buscaron asiento y se
acomodaron en fila. El dueño de casa se
alisaba los cabellos y resguardaba su fra­
gilidad tras el alto respaldo del sillón.
—¡ Federico Efraín Barasof 1 —exclamé
declamatoriamente el tercero, el de las ri­
sotadas.
— ¡El mismo, señores, para servirlos!
¡Qué humilde, qué honda, qué santa era
su voz!
— ¡E l mismo! —remedó groseramente el
que hubo hablado. —¿El mismo? ¡Ja!
¡Ja!
—Soy el dueño de casa, señor.
Los intrusos se miran entre si guardando
una estudiada y maligna reserva. Se puede
escuchar el viento en la palmera del patio.
Al cabo de unos segundos, el tercero se in­
clina ceremoniosamente y dice en tono con­
vencional :

El dueño de casa se llevó la mano al
corazón y dió un paso hacia sus visitas.
Ahora se veía cuán joven era: no debía
pasar de los treinta años. Pero había en
su rostro un tiempo de dolor, una añeja
desesperanza que no se desvanecía al mirar
sus ojos infantiles y asombrados.
— Llueve en el campo —repitió idiota­
mente el intruso. Tuvo como un espasmo y
continuó luego paladeando sus palabras.
— ¡Llueve en la fosa abierta que espera
a Margarita! ¡Lloverá sobre su traje
blanco!
El dueño de casa no demostró haber
oído. Al cabo de unos segundos cerró len­
tamente los ojos y permaneció inmóvil.
Los intrusos aguardaron impacientes, es­
peraron su queja, su llanto. Pero el hom­
bre se negó a mirarlos.
—E lla ... —comenzó a decir el de las
risotadas— ¡ tenía amores con Pedro! ¡ Era
una ramera!
El primero lo detuvo con un gesto y ha­
ciendo un guiño malévolo, exclamó:
—El señor conoce do sobra esos detalles.
Pero, en cambio, ignora los pormenores de
su muerte, de su horrorosa muertq.
El dueño de casa abrió los ojos.
—¿Verdad?— El primero se acariciaba
las manos. —¿Sabe usted?... ¡Nadie quiso
acompañarla! ¡Exhalaba una fetidez im­
posible. ..!

La tierra argentina, p or PABLO
CURATELLA M.ANES

PABLO CURATELLA MANES,
E scultor y D iplom ático
A b a n d o n a P arís

El dueño do casa movió los labios. Todos
callaban.
■
—¿Lloraba? —preguntó.
—S í. . . lloraba —respondió el verdugo.
— ¡Y también lloraban los rufianes que
pecaron con ella! —agregó el segundo,
enardecido. — ¡Lloraban por su carne po­
drida!
Otra vez el dueño de casa se amparó en
el silencio. Conservaba todo el cuerpo er­
guido y dominaba las lágrimas que pug­
naban por llenarle los ojos. Su voz, cuando
habló, sonó lejana, como dicha por otro.
— ¡Qué hermosa era su juventud! ¡Qué
dulces las tardes do la quinta! ¡Sus rosas
el r ío ...!
Y los intrusos se estremecieron.
•— ¡En la quinta so amó con Pedro! —
dijo el primero.
— ¡Mientras usted aguardaba! —dijo el
segundo.
— ¡Y escribía sus versos! —dijo el ter­
cero soltando la risotada.
El dueño de casa dió unos pasos hacia
ellos.
— ¡Fuera! —gritó con una voz terri­
ble—. ¡ Fuera! ¡ Fuera!
Los intrusos retrocedieron hacia la puer­
ta y abandonaron el salón. Quedó el aire
lleno de gritos. Los papeles habían caído
al suelo y daban tumbos descompuestos ba­
jo los muebles.
Una vez solo, el hombre abrió la venta­
na. Allí, en la calle, estaban los intrusos.
Lo observaban y el viento les sacudía las
ropas con chasquidos de látigo.
— ¡Ella viene hacia ti! —gritó el pri­
mero.
— ¡Ella viene hacia ti en el tren de la
tarde! —agregó el segundo.
— ¡Ella viene muerta! ¡Viene podrida!
—terminó el tercero y soltó una risotada
El dueño de casa se llevó la mano ai
corazón. Pareció que iba a caer. Sus ojos
so aferraron a la lejanía. Se apaciguó su
rostro. Y, do lo más hondo del pecho brotó
su voz angustiada:
. . — Se alegra mi corazón recordando tus
rosales, Margarita, mientras tú vienes ha­
cia mí en la triste pero dulce fatiga de la
ta rd e ...
Los intrusos quedaron absortos y luego,
con pasos descalabrados, cruzaron’ de uno'
en fondo aquel tablón que servía de puente.
D el libro "El señor cisn e” , publicado en
la colección de Lautaro “El viento en el
mundo”, que dirige Enrique Amorim. 168 páginas. $ 5.— .

Con e ste m ism o títu lo , el gran critico
fran cés de arte, L éon D egand, ha
publicado el sigu ien te a r tíc u lo :
N 1920, un joven argentino — que había
recorrido Europa en todos los sentidos
buscando grandes valores a rtístico s— se esta ­
blecía d efin itivam en te en P arís. Trabajó con
B ourdelle. “Yo no soy feliz en presencia del
m odelo, lo dijo al m aestro. No me gustan los
d e ta lle s” . B ourdelle le respon dió: ‘‘En lugar
de considerar el m odelo como una mujer, con­
sid érelo usted como un puente, bajo el ángulo
de la construcción , de la arquitectura. Los
d eta lles desaparecerán” .
H acia 1924, nuestro joven estab leció una
gran am istad con Juan Gris y M aurice R aynal.
G ris edificab a en ese mom ento, en cartón, f i ­
guras que se expresaban por planos rigurosos.
El tam bién estaba enam orado de la construc­
ción y sen tía horror por los detalles.
A lentado .p or estas dos lecciones, nuestro
héroe se entregó al trabajo, consciente de
bu ruta. E xpuso en los Independien tes de 1924
un G uitarrista, de esp íritu sin tético, que fué
notable. Pero enton ces la A rgen tina le llam ó,
i Cómo segu ir en P arís? B ourdelle, siem pre
entregado a su discípulo, obtuvo para él, del
p resid en te A lvear, del que precisam ente hacía
el busto, el pu esto de canciller en la Embajada
argen tina de P arís. Y es a sí cóm o Pablo O.
M anes, escultor do vocación, entró en la d ip lo­
m acia para contin uar en la capital de las artes
p lásticas.
M anes quería cum plir sus nuevas o b lig a ­
cion es con escrúpulo. A prendió su o ficio im ­
provisto. No escatim aba su tiem po; hizo ca­
rrera. Todavía hace algunos días era secretario

E

(Continua en ki pág. 14)
M ariette L yd is . P in tu r a .

C l em en t M oreau . Carnaval en Humahuaca.

j

�1 0 ___________

cabalgata

____________
— —

LOS CUADERNOS

H abla p a ra C A B A L G A T A

LEONIDAS

DE

BARLETTA1

GEORGES RRAQUE
p o r CLAUDE RO G ER[M ARX
odos

los grandes artistas son modernos

los alienados están desorientados
Ten(sólo
el tiempo). Pero hay innumerables gra­
dos en la cualidad moderna de una obra
plástica... T, ante todo, el placer que da
una obra moderna no tiene relación con
el placer que dan las obras de la moda.
La moda sorprende primero; después tien­
de a crear la costumbre. Pero una obra
moderna añade yo no só qué extrañeza
a la certidumbre propia de nuestra orien­
tación, y produce un efecto complejo de
sorpresa y de evidencia. Menos que des­
cubrir nuestro tiempo, experimentamos esta
clase de conocimiento y esta clase de asom­
bro que son los de una excursión eir el
pasado y en el porvenir. Dar la sensación
de lo moderno es precisamente sobrepasar
el porvenir. Es la razón por la cual nos­
otros tomamos también a ‘ 1Braque por
patrón” , adhiriéndonos plenamente a la
opinión de Jean Paulhan para el cual
Braque es el que “ da de la pintura la
idea más aguda a la vez que la más nu­
tritiva ’ ’.
Por otra parte, si el gran pintor es tam­
bién el artista que, llegado a la madurez,
so renueva sin engaño, hay que convenir
que Georges Braque es el más extraordina­
rio creador plástico de su generación.
En su taller de la calle Douanier, Bra­
que, grande, de hombros caídos, con la
espalda encorvada, trabaja con la pacieircia de un obrero que ama su oficio, vuelvo
a coger un cuadro, lo retoca. Su único
descanso es anotar las observaciones que
le inspira su arte... y quizá también las
obras de algunos de sus colegas. Estas
observaciones las reúne actualmente en un
libro que él mismo publicará y que adorna
con dibujos sobrios y poderosos. Constitui­
rán los “ Cuadernos Georges Braque” .
Hemos tenido la suerte de leerlos y la

George Braque, “ Naturaleza muerta”
autorización de anotar algunas que so­
metemos a las reflexiones de nuestros
lectores:
El espacio
El espacio
E l espacio
entre sí.
El espacio
objetos.
e je m pl o

visual.
táctil.
visual separa

los objetos

táctil nossepara

de los

el turista mira la

v isu a l :

perspectiva.
e j e m p l o t a c t i l : el artillero hace blan­
co {la trayectoria es la prolongación del
brazo).
Unidades de medida táctiles: el pie, el
codo, el dedo.
*

Una naturaleza muerta deja de ser una
naturaleza muerta cuando no está ya al
alcance de la mano.
*

Construir, es ensamblar elementos homo­
géneos.
Edificar, es ensamblar elementos hete­
rogéneos.
*

Un limón al lado de una naranja deja
de ser un limón y la naranja una naranja
para ser un fruto. Los matemáticos siguen
esta ley. Nosotros también.
*

La verdad existe.
Se inventa la mentira.
*

El pintor piensa en formas y en colores.
El objeto es la poética.

Fundador del T eatro del Pueblo, y la
revista literaria “Conducta” , cuen­
tis ta recientem ente agraciado con una
alta d istin ción extranjera por uno do
sus rolatos, ensayista m edular de te ­
mas filo só fico s, la figu ra literaria de
L eónidas B arletta ha alcanzado su
m ayor d istin ción honoraria al ser de­
signado por sus com pañeros de letras
presid en te de la Sociedad A rgentina
de E scritores.

E S C R IB O POR N E C E S ID A D DE
C O M U N I C A R ’M E CON EL P R O J I M O
• El eterno problema de la mujer.
• Crear una pasión literaria.
• Su método de trabajo de escritor.
NO de los primeros libros que he de
U
publicar es “ Historia de perros” —
nos dice Barletta.
Empero, el insistente murmullo del pú­
blico que aún comenta en el hall del teatro
las duras polémicas que terminan de ser
ventiladas bajo la guía del comentado
autor, impide que recojamos claramente
sus palabras, y Barletta insiste en sus
declaraciones.
—He dicho “ Historia de perros” . .. Es
una obra en la que creo haber dado con
la fórmula expresiva que he buscado des­
esperadamente durante muchos años. . .
Sencillez, ficción acabada de la naturali­
dad, profundidad, en adecuada propor­
ción. ..
—¿Logra usted con desenvoltura sus
obras?
‘— El esfuerzo por desenmarañar el pen­
samiento, haciéndolo accesible a los más,
la emotividad literaria —que por distintas
vías lleva a las mismas conclusiones que
la razón— me permiten actualmente una
más directa comunicación de mis ideales
y angustias.
—¿Quó lo mueve a Ud. a escribir?
—Tengo algo que decir y lo voy di­
ciendo en sucesivas obras que alcanzan ya
a veintitantos volúmenes, algunos agota­
dos, que me gustaría conociesen las nue­
vas generaciones, como la novela “ Vidas
perdidas ’ ’.
—¿Eg usted el crítico de su misma obra?
—El ritmo de trabajo que me he im­
puesto me impide volver, con la frecuencia
necesaria, los ojos hacia atrás. Cuando
alguna vez releo algunas páginas de mis
primeros libros, lo hago con renovada sor­
presa, como si yo no los hubiese escrito.
—¿Qué método utiliza Ud. para su tra­
bajo literario?
—Trabajo con método particular que no
puedo recomendar a nadie. Cada escritor
tiene el suyo. Primero llevo largo tiempo
el asunto en la cabeza y voy resumiendo
datos y haciendo desordenadas y hasta dis­
paratadas notas. Después, algún día me de­
cido y empiezo a escribir, a veces con gran
celeridad.
—¿Trabaja en una o varias obras a la
vez?
.—En varias. Es para mí una forma de
descanso. De pronto, al seguir el desarrollo
de una novela, me atasco, acaso porque mi
experiencia de un conflicto al que me ha
conducido la lógica del relato, no es sufi­
ciente. Entonces no insisto. Dejo ese asunto
y tomo otro, de muy distinto carácter.
—¿En qué obra le ha ocurrido tal pro­
blema?
—En “ Los destinos humildes” , por
ejemplo. Esto me sirvió para descansar­
me de “ La ciudad de un hombre” y quizá
para ahondar más en el espíritu de Bue­
nos Aires.
—¿Qué problemas afronta en su obra,
actualmente?
—Estoy escribiendo varias a la vez. Tra­
bajo en mi novela “ La miljer humillada”
que he madurado largos años por la res­
ponsabilidad que el tema comporta. Quiero
analizar en ella el problema de la mujer
frente al mundo abstracto, el que para
ellas mismas han creado los poetas, y, el
mundo real que deben afrontar.
—¿Qué surge, Barletta, de esta con­
frontación de realidades?
—De este permanente conflicto surge
una suerte de humillación irremediable. Y

*

No soy un pintor revolucionario. No
busco la exaltación. El fervor me es su­
ficiente.
*

Amo la regla que corrige la emoción.
*
Algunos, como el naturalista, empajan
creyendo hacerla inmortal.
*

Es lo precario de la obra lo que coloca
al artista en postura heroica,
*

La naturaleza no da el gusto de la per­
fección. No se la concibe ni mejor ni peor.
*
No pudiendo adaptar un vocabulario ca­
ducado, la critica condena.
*

E l pintor conoce las cosas de vista',
el escritor, que las conoce de nombre, goza
el beneficio de un prejuicio favorable.
*
El vocabulario es un testigo seguro de
una época.

El razonamiento es un camino para el
espíritu y un tumulto para el alma.
*

Con la edad, el arte y la vida son
todo uno.
#
La libertad no es accesible a todo el
mundo. Para muchos se coloca entre la
prohibición y el permiso.
*
Descubrir una cosa es ponerla a lo vivo.
*
No tendremos nunca descanso. El pre­
sente es perpetuo.
Todas estas verdades, Braque las ha ex­
presado en sus cuadros. Pero está bien
que sean reunidas e impresas para uso de
los jóvenes pintores, a los cuales permiti­
rán el encontrar, o volver a encontrar, su
personalidad, sometida actualmente a las
influencias de la moda. ..

al mismo tiempo, cada vez que me encuen­
tro frente a una encrucijada, dejo ese
tema y retoco “ Historia de perros” .
— ¿Cómo trabaja habitualmente?
—Frente a una gran ventana, en un 6?
piso. Levanto los ojos y veo un gran re­
tazo de cielo y la techumbre de las casas
vecinas donde agitan sus pasiones parte
de aquéllos a quienes desearía tener por
interlocutores. Se oyen atenuadas pitadas
de trenes y vapores trayendo y llevando
seres que aman, sufren, viven o duran.
—¿Qué método de lectura sigue?
—Leo casi siempre de noche, casi siem­
pre en la cama. Necesito mucha abstrac­

el
Co m o

TIEMPO
q u ie n

ción y paciencia para la lectura pesada
i que ahora necesito. Leo, además de los
( libros en que estudio, a los novelistas,
' cuentistas y poetas que quiero. Los leo
y releo. Leo todos los libros que me envían
y a muchos sin esperar que me lleguen,
i, —¿Practica Ud. la poesía?
—Sí, pero no publico mis versos sino
excepcionalmente. No soy poeta. Soy no­
velista, cuentista. . . , me gusta el ensayo...
De todos modos cumplo con sencillez mi
profesión de escritor... No quiero ser un
especialista. . . Sino un hombre que es­
cribe. ..
—¿Qué otra producción lo inquieta, ac­
tualmente?
—Preparo una “ Vida de Moliére” , un
‘ ‘ Manual de teatro ’ y me he quedado sin
poder resolver una apasionada y humana
novela policial. De un momento a otro
publicaré “ Hombres sin ruta” , novela en
la que el problema social y político de
nuestro tiempo cobra un primer plano.
■
—¿Podría dejar de escribir, Barletta?
—Escribo por necesidad de comunicarme
con el prójimo. No podría dejar de ha­
cerlo aunque mi obra no interesase. Claro
está que en este caso escribiría pero no
me publicarían.
—Vemos que el público lo reclama, pero
antes conteste nuestra última pregunta.
—De acuerdo.
—¿Qué debe hacer el escritor para de­
fender su obra del olvido y proyectarla
en el orden social?
—Crear en el pueblo una pasión lite­
raria.
Unos minutos más y el ágil autor de
“ Vidas perdidas” retorna al bullicio de
ese pedazo de vida suya que es el “ Teatro
del Pueblo” , donde debe atender el mo­
vimiento de partiquines, electricistas, de­
coradores, actores. . . y al mismo público
asistente.
O. H.

esper a

el

alba,

por

Cernuda. Editorial Losada, Buenos A i­
res. 112 pgs. a la rústica. $ 4.&gt;— m/arg.
Haca ya años, Luis Cernuda admitió en
un poema que no sabía otra cosa que su
llanto, ajeno tal vez a que en eso estaba
el simple secreto de su obra; la exacta
conciencia del llanto era también su va­
leroso sostén, su rechazo de todo consuelo
ortodoxo, su continuación por un camino
de insalvable soledad.
A los siete libros de La Bealidad y el
Deseo se agrega hoy esta octava parte,
en la que el poeta busca cerrar un prolon­
gado itinerario con poemas que resumen
en gran medida las instancias precedentes
y acercan a Cernuda a ese silencio que
parece siempre la meta última del lírico,
y que el don poético burla hasta el final
con sus iteraciones necesarias. Creo justo
decir aquí que Como quien espera el alba
continúa —sin superarla— la desnuda
grandeza de Donde habite el olvido e In­
vocaciones a las gracias del mundo; y
que también aquí se dan en ocasiones esas
bruscas (para mí inexplicables) caídas en
lo falso, en el traspié rítmico, en el hiato
que rompe un perfil purísimo, un vuelo
de ala, un dibujo de viento. Aludo a poe­
mas como “ Góngora” , en un todo in­
digno de integrar un volumen donde figu­
ran otros como “ Apología pro vita sua”
y “ A un poeta futuro” . Este altibajar
de Cernuda prueba quizá en él la honesta
decisión de ofrecer sin retaceo todo verso
que le nazca con una igual autenticidad.
Creo por mi parte que él es el poeta de
la rememoración y del pasado, contra la
línea de presente y futuro que signan Alberti, Salinas y Aleixandre; creo que es
el poeta de la pasión y del fracaso —de
una pasión que es siempre un fracaso— ;
por eso los poemas que exceden o caen
por debajo do su triste y admirable tarea
de eternizar las ruinas del tiempo y los
amores, son los menos suyos, los ínsita­
mente falsos. Como algún otro —pienso
en “ Aplauso humano” — en que Cernuda
condesciende a replicar a los ataques y
las excomuniones. Para qué, poeta, si lo
tuyo está ya a salvo del tiempo, como la
obra entera de tu filiación, con Virgilio,
Garcilaso, Holderlin, John Keats, y ahora
Gil-Albert y quizá otros.
En la poesía española de este tiempo,
Guillén me parece el único poeta cercano
a Cernuda en cuanto ambición de fijar lo
instantáneo sin quitarle el temblor, el alen­
tar y las luces. Más diomsíaco, más rebelde
a los prestigios de la palabra, Cernuda
corporiza la realidad en cada poema, por
sobre el puente del verso nos precipita una
marea de cuerpos, tulipanes amarillos, do­
lidos andares, regustos y estatuas. Si Pe­
dro Salinas es el poeta del deseo colmado,
Cernuda es el deseo en un mundo que le
negará la saciedad, el puro desear que se
resuelvo y renueva en la oscura sustitución
del poema. Y es aquí que el poeta define
su grandeza, en la hora en' que las imá­
genes reclaman satisfacción; es aquí que,
rehusándose amargamente a la facilidad
lírica, los cantos de Cernuda se van dando
desnudos y lisos, a veces como estatuas
mutiladas, ápteras, ciegas; sólo el oído
fiel podrá completar las músicas, sólo el
mirar hermano advertirá la presencia ca­
liente del músculo bajo el duro torso.
Así se resume una obra movida desde
su principio por la negación fáustica del
tiempo,
el sufrir por lo bello que envejece.
Jardín cerrado al cual se retorna con
delicia, los poemas de Como quien espera
el alba prolongan hoy el ardiente y con­
tenido recinto da su antiguo templo, el
sacrificio de guirnaldas y libaciones. In­
clinado sobre su imagen —siempre fiel
y restante cuando la vida se lleva lo de­
más— Cernuda es hoy como ayer el poeta

•

SU

•

SU L U JO

CO N TEN ID O

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L a obra total de los genios
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unas 2.0 0 0 páginas tamaño
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sicos (m ás de 50 volúm enes
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tiem pos y p aíses (m ás de 200
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de la luz, de la afirmación contra la muer­
te, de un amor que en él osa decir su
nombre. — Julio Cortázar.

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V uelta a la tierra , por Mary Webb.

Traducción de Théo Verbrughe de Villeneuve. Editorial Sudamericana, Buenos
Aires. 392 pgs. a la rústica. $ 6.— m/arg.
editor
Charcas 1566 44-9111
B uenos A ires

E l sombrío, rem oto, trasm undo del alm a c é l­
tica puebla^ las noches y los sueños donde halla
su su stan cia im ponderable lo mejor de V uelta
a la tierra. Aquí, como en toda novela de aura
poética, lo m ucho que no se dice, que se so s­
laya e insinúa, da a la prosa de Mary W ebb un
contenido casi inform ulable, donde los valores
dram áticos nacen de sesgos sutiles, de no re­
huir jam ás la solicitación del m isterio.
A sí logra esta n ovelista com unicar la atm ós­
fera encendida y trágica en que se m ueve la
silv estre soledad de H azel. el hosco acom eter
de R eddin, la estéril abnegación del pastor
Jjidward. Como sus criaturas, M arv W ebb ad­
hiere a la tierra con violencia pánica, y las
descripcion es de los bosques y los días galenses, la in extricab le fu sión del m ito y el fenóuneno en las conciencias lugareñas, resulta en
ella particip ación directa, que nos es alcanzada
; ecu/® ? 8 ^ terarios de sobria belleza. SorT “ í.e' p o r , ejem plo, la dialogante
n S t 6 de bu? our y lirism o que sostiene
m.rn Xf
de 18 ° bra: 18 m ás bella V
^ ebb resu elve «sí» choque de sus*a ®
d isím iles con gradaciones narrativas de
"" ™ “ stism o adm irable, h asta que su tempe(m uchas ,v eces digno de «na Charlotte
B ron té) supera el equilibrio estético v lanza

Sírvase rem itirm e gratis los catálogos
de las C olecciones OBRAS ETER­
N A S, JOYA y CRISOL.

NOMBRE
PROFESION

M I R A D O R
•
E l día 17 de diciem bre fu e agasajado
con una concurrida com ida de homenaje
en el P laza H otel, el señor Gilberto Knaak
Peuser, con m otivo de su elevación a la
P residencia del D irectorio de la Casa
P euser. E l acto, al cual se hicieron pre­
sen tes las más b rillan tes figuras de nuestro
mundo literario, artístico y científico, al
que concurrieron asim ism o autoridades y
personalidades rectoras de las artes grá­
fica s y de la ind ustria del libro, revistió
caracteres do solem nidad dados los motivos
que inspiraron a los organizadores de la
dem ostración a un director de tan elevado
relieve.

áueU h a h ? ínÁe
° br£ P° r Ia P o d ie n te 'tr á g ic a
íin a lh b * de despeñar a H «zel en la página
c„e°r7‘0SA meon,te; el« pri nc¡pio de esta novela re.
®n ®rda L a S in fon ía P a storal de Gide, en la
m edida en que enfrenta a H azel. salvaje y
E d ^ : J í0V
am0r esp iritualizado del pastor
? dT ard-, N.° “ en es curiosam ente, el fin al para­
frasea el de L a mujer vu elta zorra, de D avid
G arnett. Con tan ilu stres resonan cias — que
hahi„Par? -fIoglar y no en procura de impro.
bables in flu en cia s— , V u elta a la tierra es
originalísim a por su ansiedad casi onírica de
m ovim iento vuelo, contacto con las cosaspuestn en la m ejor lín ea del realism o inglés
realidndS1St. en deí ar al lector &lt;iue escoja una
al
m uchas otras posibles, nos llega
a ! vrP,1fi 1 l a m e n t e traducida por V erbrughe
fas d! e -,euve' fid elísim o en las im ágenes, en
las d ifíc iles secuencias d escriptivas.
J. C.

•
D esp u és de una ausencia que se ha pro­
longado por espacio de medio año, durante
cuyo transcurso han visitad o los países
europeos devastados por la guerra, han re­
gresado a B uenos A ires los poetas Oliverio
Girondo y N orah Lange.

•

•
A m ediados del m es de diciem bre ha
m uerto en P arís el prolífico autor fe s­
tivo francés T ristan Bernard, conocido universalm ente de m anera esp ecial por sn
traducida, adaptada y etc., etc., comedia
“Petit-C afó” . D urante m uchos años alternó
su vocación literaria con la D irección del
“V er d’H iver” , en el cual fu era visitado
e inm ortalizado en efig ie por ToulouseL autrec.

M orir es nacer , por Werner Bock. Edi­

torial Américalee, Buenos Aires 120 pgs
a la rústica. $ 6.— m/arg.
p8netrí nta sen tim iento de pasado llena
oL ? n
f/ agDl entos y confesiones do este
libro. Con todo, si la búsqueda y fijación del
pasado es en gran m edida la razón m isma de
'a p p e s ía , y l«s “letras", sólo alcanzan real
grandeza las obras donde esa cacería se cums ió n

en

1U“ P r r f

•
Causa fundada alarm a el propósito que
se atribuye a ciertos editores de países
extranjeros de habla no castellana, de
editar en e l curso del año próxim o ciertos
lib ros en nuestro idiom a, y de difundirlos
en el m ercado sudam ericano. A e ste res­
pecto cabe recordar que la A rgen tina en
m ateria ed itorial ha defendido siem pre el
libro intercam bio entre los p aíses de nues­
tra área idiom ática; que no aplica impuesto
aduanero n i pone traba alguna a la en­
trada al país de lib ros de cualquier pro­
ced en cia; . . . q u e ha m anifestado en ante­
riores ocasion es su d isgu sto por las trabas
quo algunos p aíses ponen a la adm isión del
libro argentino, así como por el intento
de editar en castellan o para el consumo
de los p a íses de hab la h ispan a en países
de idiom a d istin to . L a A rgentina en la
ocasión presente, s i se confirm a la suposi­
ción referid a, reclam ará de nuevo recipro­
cidad y respeto.

8' e n h o n d n y « a b a l ¡m u e r-

Par» 1
,
ldad Sue el escritor convive.
un M a r L r r? C aí ° : 81 f.1 pasad° que recobró
un M arcel P roust era fin isecu lar, su actitud
“
V ' - r r 16 defin ida por las lín eas e s­
p iritu ales de la segu nda década del siglo de
? ° " d oJ f a recuperación se hacía lúcidam ente
c?n i i u - i uera’ desde otro punt0' mirando
c a z 'a d 6 b ,d a p e r sp ec tiv a ). Mucho m enos efiftern F
tanto. ,a Postura del poeta que p re­
fiere el anacronism o esp iritual al sen tim iento
W a / ° ,d6 8 ? osta's&gt;» 1 Que se queda deliberadam ente en el pasado, y lo celebra con una
voz desucortie al sen tido y al estilo de su tiem
po físico de vida. No es un secreto que numeestán en° 1 8 9 0 8 v ab!“n hoy de 1890 por&lt;lue
t a le fc a fo s 18!9^ ? ^ C° m° resu lta in evitab le en
a execrar8*
®S Parece una m onstruosidad
S in que esta extrem a p osición sea la de
W erner Bock, M orir es nacer refleja en todas
sus páginas la conciencia de un profundo di-

•
D esde N enchátel, donde está tratando
de reponer su quebrantada salud, a los

(Continua en la ‘p ágina 11)
ALBERTI - FELIPE

POETAS

&lt;
n&gt;
ÍL

- GUILLEN

LIBRES

D E LA

E S P A Ñ A
EN

O

w
02

- JIMENEZ - SALINAS

P E R E G R I N A
AMERICA

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(A N TO LO G IA ) POR

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-

ALTOLAGUIRRE

-

REJANO

W
H
co

-

VARELA

W
u
o
02

�cabalgata

II

H a b la p a r a ,C A B A L G A T A

JORGE LUIS BORGES
A rgentino de origen, porteño para
ser más categórico, Jorge L uis Borges v ió la luz en la C apital F ederal
en 1899. Em parentado por lazos fa ­
m iliares con apellidos tradicion ales
en el Río de la Plata como los H aedo
y M elián L afinur en el U ruguay,
continuó la tradición hogareña a fic io ­
nándose desde m uy joven por las
letras. D e ahí su prim er libro a los
24 años de edad: Fervor de Buenos
A ires, donde dió a conocer su vo­
cación poética que se contin uaría l i ­
terariam ente hasta su próxim o E n ­
sayos sobre L iteratura y F ilosofía,
a aparecer el año próxim o.

LEYENDAS GUARANIES
por Ernesto Morales.
H erm oso libro quo recrea las
m ejores ley en d a s, ilu stra d a s con
x ilo g r a fía s do Ana M aría Moacalvo. P or prim era vez en la
A rgen tina se im prim e a cuatro
colores un libro con los tacos
o r ig in a les de la a rtista , trabajo
que se realizó en los talleres
del m aestro Gino F ogli. E dición
de lujo ............................ $ 2 0 . —

COLECCION EL HILO DE ARIADNA
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A . Serrano Plaja. E scuela ca ta la ­
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Juan C. P o le tti. D esde el siglo
X IV al X V II . ..................... $ 5 . —
LA P IN T U R A E N IT A L IA , por M a­
ría In é s R ivera. D e Cimabue a
G hirlandaio ............................ $ 5 . —
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R oger P lá . Siglo X V II I . N acim ien­
to y desarrollo del arte h olan ­
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X V II al X IX ....................... $ 8 . —
LA P IN T U R A E N E SP A Ñ A I I, por
Jorge L arco. S ig lo s X IX al X X .
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LA P IN T U R A E N IT A L IA IV , por
Leonardo E sta n c o . D el B arroco al
Im presionism o. S ig lo s
X V II al
X IX ............................................ $ 8 . —

SOBRE EL MUNDO DE LO FANTASTICO
Y LO G A U C H E S C O
e

Una labor crítica.
Una tarea creadora.
Tres opiniones.

j^SCRIBIEi'íDO desde su juventud, por­
que para él no existe otro destino, Jor­
ge Luis Borges desarrolla en la joven cul­
tura argentina una intensa y responsable
labor, quo va, desde el ejercicio medular
do la crítica, hasta la ejecución de sus ya
populares cuentos fantásticos que lo ele­
van a la categoría de cultor número uno
de este género en el Río de la Plata, de su
puesto eir la redacción de la revista Sur
5 .—
a la dirección de colecciones en la Edi­
torial Emecé.
Ello no obsta para que, mientras hojea
la última novela aparecida en nuestro mer­
cado editorial, en la pequeña salita de Sur,
responda a nuestro requerimiento.
—¿Qué prepara, Borges, en estos mo­
mentos ?
—Aun tengo sin título un volumeir do
cuentos fantásticos, que publicará la Edi­
torial Losada,donde abordo el tema de lo
fantástico, pero no irresponsable. . . no
superrealista. . .
‘ ‘ En cada uno de estos cuentos hay una
sola idea fantástica, tratada con el má­
ximo rigor sin limitar por ello la creación.
i— Mientras estos cuentos suyos van a
la imprenta, su labor crítica. . .
En todas las librerías
—Sin prisa; vayamos por partes. . . He
recopilado mi labor de estos últimos diez
años, donde abordo la literatura y filoso­
fía nuestra, así como la europea, en un
libro que aparecerá con el sello de la
;
■
.• . ' ' • • : Í;V / •
Editorial Sudamericana, ordenando así
tanto material disperso por numerosas pu­
blicaciones locales.
JU JU Y 731/35
T . A . 4 6-1330
—Recordamos su labor conjunta con
B U E N OS
A I R E S
Adolfo Bioy Casares en más de una oca­
sión. ¿Continúa, Borges, esa colaboración
literaria?
—Fruto de ello serán las novedades que
78 años. Andró Gide, ha enviado a l diario
sueco “Svenska D a g b la d et” , una n ota titu ­
lo citaré: un libreto cinematográfico, una
lada “R econocim iento” , en la cual e l autor
antología del cielo y del infierno y una
de “La puerta estrech a ” , dice:
historia y antología de la poesía gauchesca.
i! “Jamás he buscado lo s hom en ajes; y sin
—En verdad, vuestra comprensión es
embargo, desde m i m ás tiern a edad, he

EDITORIAL FUTURO

tenido una a lta preocu p ación por la gloria.
Mis libros, durante m ucho tiem po, no tuj vieron éxito alguno y ello no me afectab a
gran cosa, pu es no dudaba, m e d ije, que
merecerían ser l e í d o s . . . años d espués. La
gloria que yo soñaba era la de K eats, Baudelaire, N ietzsche, K ierk eg a a rd y tan tos
j otros cuya voz fu é escuchada, a mayor
o menor distan cia de su m uerte. L a emi¡ nente distin ción que me acaba de conceder
I Suecia me da a entend er que yo había
j contado mal; y tam bién que tam poco im a­
ginaba v iv ir tan to.
Acepto el prem io N obel con em oción,
a la manera de un niño que recibe una
recompensa; su a legría no sería ta n grande
si no pensara hab erla m erecido. ¿E s de­
mostrar mucho orgullo? S en cilla m en te lo
( creo así, como que e l jurado m e lo ha
concedido teniendo en cu en ta m i labor li­
teraria y tam bién el esp íritu que la anim a
al igual que quien me nom bró doctor en
! Oxford. Era muy joven aún cuando escrib í:
“Vivimos para rep resen tar” . S i verd ad era­
mente he representado algun a cosa, creo
í Quo es el esp íritu del lib re exam en, de
independencia e inclu so de insu b ord in ación ,
de protesta contra lo que e l corazón y la
razón me niegan que apruebe. Creo firm e| mente que e ste esp íritu de exam en es el
origen de nuestra cultura. E s e ste esp íritu
j Que intentan reducir y am ordazar lo s re­
gímenes llam ados to ta lita rio s y como sus
doctrinas se van h aciendo am enazadoras,
a la derecha y a la izquierda, como re­
curren sin escrúpulo a tod os lo s m edios,
fuerza brutal y pérfida, para im ponerse,
considero que nu estra cultu ra que llena
nuestro corazón y por lo cual v ivim os y
Que todo cuanto daba valor a la vida, está
cu el grave peligro de desaparecer.
No se trata aquí de c u estio n es g eo ­
gráficas o p olíticas de razas n i de patrias.
Suecia, en el balcón de E uropa, no tie n e
cuenta de eso y, la s co n cesio n es d el p re­
mio no oel me tranq uilizan; lo que im porto
^ u í, es la protección, la salvagu ard ia de
este espíritu “sa l de la tie r r a ” que aún
puede salvar al mundo; la elecció n de a l­
gunos que han luchado lo m ejor que han
sabido por su triun fo y para que esta
lucha se convierta propiam ente en la razón
ue ser; lucha m ás áspera, m ás d ifíc il quo
nunca y más d ecisiv a tam bién, me im a­
gino. Es la de un reducido núm ero contra
ja masa; 7tÁ-' de la lib erta d contra toda
forma de dictadura; de lo s derechos del
hombre y del in d ivid u o, contra la am e­
nazadora opresión, la s con sign as, lo s ju i­
cios dictados y la s opin iones im p u esta s;
lucha de la cultu ra contra la b a rb a rie.”
• Don Gonzalo Losada, P r esid en te de la
I ®~J*&gt;ora
su mismo nom bre, y a ctu al P r e ­
mente de la Cámara A rg en tin a del Libro,
fia Pasado una breve tem porada en Lim a
j J Santiago de C hile, atraído por asuntos
¡ ?? las sucursales de su casa, y por lo s proI
4UC» relacionados con la carencia de
. J[r8as y la fija ció n de cupos de im porración de libros, afectan la s relacion es que
í * fudustria argen tina del libro m antiene
«on Chile y Perú.
• ‘‘Prisionera” , titu lo de la ed ició n que
m Editorial Poscidon h iciera de “E q u in o s” ,
| e . aut°r norteam ericano A lian Seager,
kii siendo traducido al francés y será
Publicado en brove. U n libro m ás entre
s muchos que causan la preocupación de
utores y editores fra n ceses que en otro
ugar de e ste número se refiere.

Magnífica selección de arle presentada por Editorial
Amaltea, S. A., con distribución exclusiva de Editoria­
les Reunidas, S. A. Argentina.

EL

amplia, pues comprende géneros dispares;
pero, comience por decirnos qué aborda ese
guión cinematográfico de que nos hablara
recién.
—Hemos tomado un cuento mío titulado
“ Hombre de la esquina rosada” (Cuento
de malevos) para realizar dicho libreto,
quo pondrá en el celuloide la Cinematogra­
fía “ A lfar” .
—Sugestivo el nombre, Borges...
—En ella habrá guitarras, malevos, pu­
ñales y hasta truco. La acción se desarrolla
en nuestro Buenos Aires de fines del siglo
pasado; puntualizando: en 1895.
— ¿Y, eso del cielo y del infierno?...
— Tomando textos, meras citas, poesías,
relatos, referentes al cielo y al infierno,
desdo la primitiva mitología hasta las mor­
daces alusiones del irlandés Bernard Shaw,
recopilamos en- un volumen cuanto se ha
escrito sobre el tema. Desfilarán por estas
páginas trozos do libros sagrados, musul­
manes, poemas, alusiones de León Bloy,
Kafka, etc., con el pie editorial de Cla­
ridad.
—A lo que sumarán la antología de la
poesía gauchesca...
—Sí. Comenzando por Bartolomé Hi­
dalgo, incluyendo a Hernández, Ascasubi,
etc., entregaremos para Fondo de Cultura
Económica de México esta antología e
historia de la poesía gauchesca que pre­
paro en estos momentos con Bioy Ca­
sares.
Eludiendo su labor creadora, abordamos
rápidamente a Borges como crítico y le
soltamos tres preguntas difíciles que él
no elude.
—En las generaciones nuevas apareci­
das en el campo literario, ¿qué valores
señalaría en nuestra poesía?
—Silvina Ocampo.
—¿Entre los cuentistas?...
—Marcel Peyrou.
—¿En los cultores de la novela?
—Ulises Petit de Murat.
Con el filo de su albo cortapapel, Jorge
Luis Borges termina de abrir las últimas
hojas de aquella novela, cuya lectura in-

T I E M P O

( Viene de la página 10)
vorcio con nu estro m undo. Sólo el paisaje
— en las b ella s págin as cordobesas del fin a l—
lo alcanza ucrónicam ente, como p resen cia ete r ­
na de la gracia. P or ese paisaje discurre un
hom bre bueno, sen sitivo, traum atizado por m e­
dio sig lo de am argas exp erien cias, y en el que
c ierta in a d a p ta ción estru ctural lleva a perpe­
tu ar m odalidades — inclu so e stética s— que po­
co se adecúan a e ste duro y batallado tiem po
que nos inclu ye.
E l lo d ice en E ncuentro y despedida, po­
n ién d o se en un ángu lo ventajoso, pero que
denu ncia igualm ente el p asatism o: “Me cuento
entre los excén tricos para los que las seten ta
y ta n ta s p u lsa cio n es del corazón de ese m ilagro
que so llam a hom bre, inspiran un respeto m u­
cho m ás profundo que los m illares y m illares
de revolu cion es del m otor.” Aquí y allá, conde­
naciones in ap elab les — como la del jazz, que
era ca si de esperar— delin ean en W erner B ock
un hum anism o al modo neoclásico, que sus fr e ­
c u en tes y fin a s rem isiones a G oethe y los
ilu m in ista s alem anes m uestran en su cabal
filia ció n . Y b ien pudo G oethe ser el autor de
esta herm osa verdad, quo era tam bién la de
llilk e y que no todos su s n ecrofílicos d iscíp u ­
lo s a c e p ta n : “L a m uerte propia que boy m u­
chos con sid eran como el más elevado ideal hu­
mano, só lo la podrá su frir aquel que en cada
in sta n te v iv a una vid a realm ente propia.”
A sí, al m argen de una esen cial discrepancia
con la postura “tem poral” de B ock, y su in ­
ju stifica d o abuso del autorretrato, adhiero en
m uchos in sta n tes de su obra a la ansiedad tan
hum ana do perm anencia que trasunta, a su
so ste n id a fe en la p reservación fin a l de
valores por los cuales el hom bre se reconoce
y sobrevive.
J . C.

Cadáver en el viento , por R. Portner

Koehler. Traducción de A. P. Rosende.
Espasa-Calpe Argentina, Buenas Aires.
224 pgs. a la rústica. $ 3.50 m/arg.
P a ra que el lector no se fa tig u e con la
in c e sa n te presencia de un d etectiv e desm ade­
jando un asesin ato, se requiere de aquél una
p erso n a lid a d capaz de superar el creciente te ­
dio de las v isita s, los interrogatorios y las
d ecep cio n es de un m isterio m ediocre. P or d e s­
gracia, L es Iv ey no alcanza a interesarnos co ­
mo lo logran el doctor G ideon F ell, P e te r Duluth o N ick Charles. H ace cuanto puede por
parecerse a e ste últim o, rep itiend o la cín ica
y despreocup ada actitu d de los héroes de Dash ie ll H am m ett, pero la verdad es que n i
siquiera alcanza a beber en cantid ad parecida
a la de N ick de T he T hin M an. Lo cual lo
d e sca lific a seriam ente en e ste rankin g riguroso
que ex ig e la escu ela am ericana de la novela
p o licia l.
.
Cadáver en el vien to tien e un m e n tó in d i­
recto : nos paga dos horas de turism o en un
pueblo californian o que — ¡c la r o !— se llam a
Cartago. No es poco conocer el ritm o de vida,
la s gen tes, los h orizontes de u n am ericano del
o este, y si a ratos cedo en el lector la ansiedad
del epílogo, del “¿quién fu e ” ?, las figu ras de
lo s in d u stria les, las m uchachas, los policías de
ese lejano m undo vecino, proporcionan atisb os
p in torescos, en treten im ien to fin isem an al.
J . O.

Y

SUS

T ÍT U L O S PU B L IC A D O S:

A. CLRLCI PELLICER: La Pintura Francesa
del Siglo XIX .............. ............. mSn. 5 .—
— El renacimiento de Francia................... ^ •
— El Barroquismo. .. ................................... **•
— La Pintura Inglesa. R............... .............. 5.
— Pintura y Escultura Edad Antigua. R. 5.
J. F. RÁFOLS: Arquitectura de la Edad An­
tigua. R...................................... ................
— Arquitectura de las Edades Moderna y Con­
temporánea. ..............................................
— Arquitectura de la Edad M ed ia .......... 5.
JOSE SELVA: El Arte en España Durante los
Borbones. .. ...............................................
— El Arte Español en Tiempos de los Reyes
Católicos. ................................................. 8.‘"—
— El Arte en España Durante los Austrias.
..............................................................; . • • • • • 5 —

— Artes Aplicadas de la Edad Antigua. R.
— Artes Aplicadas de la Edad Media. R.
— La Pintura Holandesa............................
— La Pintura Alemana del Siglo XIX . . .
— El Renacimiento en Alemania ..........

EDITORIALES REUNIDAS
S O C IE D A D A N O N IM A A R G E N T IN A

COCELXBAMBA 158 - T. A. 33 - 5393 - BUENOS AIRES

terrumpiera nuestro afán de entrevistarlo
para CABALGATA. Absorto ya en su
contenido, el escritor no alcanza a percibir
nuestro gesto de despedida que lo reinte­
gra al mundo de lo fantástico. . .
O. H.

L I B R O S

n a u s e a , por Jean-Paul Sartre. Tra­
ducción de Aurora Bernárdez. Editorial
Losada, Buenos Aires. 264 pgs. a la
rústica. $ 6.— m/arg.

La

H oy que sólo las form as aberrantes de la
reacción y la cobardía pueden continuar sub­
estim ando la trem enda presen tación del ex ie ­
tencialism o en la escen a de esta postguerra,
y su influ en cia sobre la generación en plena
activid ad creadora, la v ersión al español de la
prim era novela de Sartre mostrará a m u ltitud
de d escon certados y ansiosos lectores la in i­
ciación hacia lo que el autor llam ó p osterior­
m ente “los cam inos de la lib ertad ” ; cam inos
que liquidan vertigin osam en te todas las form as
provisorias de la libertad, y que ponen al hom ­
bre com prom etido existen cialm en te en la dura
y esp lén dida tarea de renacer, si es capaz,

GIRE

5.
5.
5.
55.

sobre la cen iza de su yo histórico, su yo con­
form ado, su yo conform ista.
L im itándose a lo que La N áu sea ofrece como
novela (aunque esta e scisión es fa lsa y sólo
acep table en una rápida r ese ñ a ), no se tardará
en advertir la m aestría de Jean-P aul Sartre
en el manejo de una narración que comporta
incesan tem ente las más su tile s intuiciones, los
d escensos más abisales al centro de esa rev e­
lación que con stitu ye el m artirio y la ex a l­
tación de A ntoine R oquentin: el hallazgo del
e x istir como pura contigencia, como absurdo al
cual se debe dar — si se puede— un sen tido.
Las página^ en que R oquentin se sien te ex ce­
dido por la náusea, signo objetivo de la des­
trucción de las form as hasta enton ces acep ta­
das y vivid as, y avanza de vértigo en vértigo
hasta la escena terrible del jardín botánico
(d onde la revelación tiene ese mismo balbuceo
que vu elve inconfund ible el lenguaje de los

SE

m ís tic o s ), entran ya en la literatu ra como uno
de los m ás adm irables esfu erzos del hom bre.
La e x isten cia no es algo que se deja pensar
de le jo s: es preciso que n os in v a d a b ru sca­
m ente, que se d eten ga sobre n osotros, que p ese
sobre n u estro corazón como una gran b e s tia
in m ó v il. . ., murmura R oquentin. Y ante ese
existir que no se d eja pensar, m ide uno la
eficacia de un verbo como e l de Sartre, capas
de crear paralelam ente en el lector la p e­
n etran te sospecha de una revelación p erson al,
de un hallazgo que se adentre en é l como en
el torturado pelirrojo de la novela.
Y si “todo lo que e x iste nace sin razón, se
prolonga por debilidad y m uere por c a su a li­
dad”, si R oquentin am bula con su náu sea por
la ciudad de B ouville, y va hu ndiénd ose en sí
m ism o al descu brir la in c o n siste n c ia del “or­
den” que c o n vivía — pero a la voz salién d ose
en un am argo esfuerzo por reh uir el solip sism o,
el suicidio, la piedad— , los ú ltim os in sta n te s
de la obra lo m ostrarán interrogando la p o s i­
bilidad de trascend er el m ero e x istir para in ­
gresar en el ser; libre, solo, angu stiado, pero
a salvo del absurdo, y en algún sen tid o de la
contin gen cia y la arbitrariedad. La pu blicación
de las obras p o steriores de Sartre perm itirá
segu ir entre nosotros el itin erario que tan
dolorosam ente pero con tanto valor inicia
en La N áusea, esta im agen del hom bro en
pleno siglo, en plen a incertidu m bre fren te a
la renovada c u estió n do su destino.
A urora B ernárdez vertió el d ifíc il len gu aje
de la obra con una exacta noción del ritm o
sartrian o; en cada p ágin a hay pruebas de su
esfuerzo y su eficacia.
j. c.

( Continúa en la página 13)

EXPLICA
p o r C LAU D E J . M A H I A S

A ndré Gide me recibe en su
b ib lioteca, sentado ante una mes ita que hay junto a una ventana,
que da sobre los jardin es del ho­
te l M atignon. E l gran escritorio
que hay al otro extrem o de la
h ab itación parece abandonado. En
esto rincón, entre un piano y
unas estan terías llen as de libros,
trabaja e l M aestro.
— ¿U sted querría quo yo le h a­
b lase de m is N ourritures? — me
dice— . No sé qué podría decirle
aparte de la im p acien cia que me
producen las rep etid as ten tativas
de encerrarm e en ese libro. E s
como si p reten d iese juzgar a Barrés por su L’IIomm e L ibre. Se
habla del narcisism o de Gide, del
culto de m í m ism o. ¿Qué se diría
de B arrés si se le ju zgase por sus
prim eros lib ros?
— ¿A dm ite como ciertas algunas
fr a ses que se le atribu yen ? D u­
rante una d iscu sión en la cual
algu ien d ecía que su in flu en cia
podía ir al encuentro de la de
B arrés, y fin alm en te oponerse a
ella, se afirm a que u sted dijo:
“E spero que él haya term inado
para em pezar y o ” .
— P osiblem en te. En a q u e l l a
época yo era aun m uy joven.
— No puede im pedir — insinú o
y o — que en sus N ourritures se
descubra una esp ecie de clave de
so l sobro la cual parece descansar
tod a su obra.
— No lo niego. Pero hab ría que
entend er bien. A lgunos no saben
ver en ese libro m ás que la
g lorificación del deseo y de los
in stin to s. Para mí, lo confieso, es
m ás bien una ap ología del d es­
en volvim ien to que yo encuentro en

e lla y por lo tan to estim o que mi
contribu ción ha sido esp ecialm en­
te una d efen sa de la cultura, del
pensam iento lib re y del esp íritu
crítico. D e tod as form as se puede
com enzar por ese sen sualism o que
se me reprocha, con la condición
do sublim arlo. Yo creo haber se ­
guid o,el primero, el consejo que
doy a m is lectores: Que m i libro
te enseñe a in teresarte por ti m is­
mo an tes que por él, y por los
dem ás antes que por ti.
— L os jóven es, s i se tom an en
cuenta los testim on ios publicados
por la “G azette des L ettres” con
ocasión del quincuagésim o aniver­
sario do las N ourritures, parecen
m enos sen sib les que sus m ayores.
— L as cartas que yo recibo no
m e lo dem uestran. Pero quizás
aquellos jó v en es no tu viesen ne­
cesidad de un m aestro de eva­
sión ; al m enos, ellos lo creen.
¿Son realm ente “evadidos” ? De
tod as form as, yo estaría m enos
inq uieto s i esos jóven es dijesen:
“Yo no entiendo a “P alu d ets” .
Tome por ejem plo e l extranjero,
los E stad os U nid os, A lem ania:
para esos países, yo soy el autor
de La Puerta E strecha, de Las
C uevas del V aticano, y, esp ec ia l­
m ente, de Los M onederos F alsos.
L as N ourritures es e l m enos tra­
ducido de m is lib ros; el haber
sido declarado “in c la sific a b le ” ha
hecho que lo rechacen los ed ito ­
res. Pero yo no creo que en ese
libro sea m ejor com prendido (A n ­
dró Gide, s o n r íe ): al m enos en
Inglaterra, el país civilizado don­
de he estado últim am ente. Me han
dicho que en una r ev ista in g lesa
va a publicarso un artículo titu ­

lado “L a vejez de A ndré G ide” . adm iración literaria. P ero en efe c ­
E stá bien, pero como yo no he to, su ética me es totalm en te ex ­
estado en Londres n i en la ju ven ­ traña. Por ello me he guardado
tud n i en la madurez, uno se do atraerlo, esforzánd om e en per­
pregunta qué es lo que lo s in g le ­ m anecería fie l. Sin duda ahí he
ses pueden pensar de m i “v ejez” . ido m ás allá de lo que esperaba,
— F recuentem ente se h a dicho pues h ay m uchos que n i siquiera
que las N ourritures no eran tó n i­ reconocen mi contribu ción. Y ade­
cas m ás que para los fu ertes, que m ás me asom bra e l que h aya ca­
sólo forta lecía n a los tr iu n fa ­ tó lico s a qu ien es le s g u sta un
dores..
proceso en el cual la ju sticia d i­
— Quizás eso tam poco sea ju sto. vin a se descu id a de tal modo.
Cuando yo escrib ía ese libro v a ­ Pero, ind udab lem en te, ven los
cilaba
ya. H e recibido m uchas desastrosos e fecto s quo el pecado
cartas de enferm os graves que me original tien e sobre un alm a que
daban
las gracias por hab erles no ha sido lavad a por el bau­
in vitad o a vivir plenam ente lo tism o.
— ¿P u ed o preguntarlo en qué
quo le s restab a de vida, y a com ­
trabaja?
prender la im p ortancia de ello.
(A ndré Gide me m u estra las
— A ntes de abandonar el tem a
do las N ourritures T errestres yo hojas que tie n e esp arcid as ante
querría hacerle una nu eva pre­ é l) .
E s un p rólogo que he prom e­
gunta:
al escribir las N ouvelles
N ourritures ¿quería com plem entar tid o a la r ev ista “P résen ce A fricain
e”
, de A lioun e D iop. Y e de­
o corregir las prim eras?
seo vivam en te que esta p u b lica­
— No me g u sta mucho hablar
ción, quo perm itirá que se m an i­
de ese libro. A ndré M alraux, en
fie s te n los escritores negros, nos
el tiem po en que aun ten ía un traiga lo que esperam os de ella:
pió en M oscú, me d ecía acerca de es decir, mucho.
m is dos lib ros sobre la U .R .S .S .:
— U n a últim a pregu n ta: ¿qué
“Mo explico el prim ero; pero los proyectos tien e?
R etouches es la obra de un hom­
(A ndré Gide sonríe* ir ó n ic a ­
bre en colerizado” . Sin duda ten ia m e n te).
razón. No h ay que retocar lo que
— M is p royectos: irm e de P a rís,
se ha hecho, aun no estando en­
trabajar. T engo necesid ad de c al­
colerizado: uno se fu erza siem pre
ma.
U sted me com placería m ucho
un poco.
s i y a me con sid erase au sen te.
— S i en Londres es ca si desco­
Comprendo la in d irecta y me
nocido, en P a rís muchos le con­ despido. A ndró Gide me acom ­
sideran como e l autor del P rocés. paña h asta la pu erta.
N adie se extraña que h aya e le g i­
— U sted no me h a dicho lo que
do para adaptar a la escena un p ien sa do m is N ourritures — m e
autor cuya filo so fía es tan contra­ d ice, y los ojos l e b rillan m alicio­
ria a la suya.
sam ente— . Claro es que esta vez
— Yo tengo por K afk a un a gran e s u sted el que interviu a.

�A*

c o 'v

■ts la &gt;
cuerda

floja
B IB L IO T E C A D E L f Y ^ v i ' R T m O S
dos

autores

mas

d iv e r t id o s

LA S OBR A S MAS ALEG R ES
C arlos V . W arnes: EL
TO V IV O D E C ESAR BR UTO.
Ilu stra cio n es do OskL
E l disloqu e m áxim o en u n libro
donde el disparate cam pea desde
la prim era h a sta la últim a página.
P recio ....................................... ^ ° •
Cham ico: C U ENTOS D E CABECERA
Ilu stra cio n es de M uñiz.
N u estras costum bres a través de
la gracia de un reputado hum o­
rista . Precio ......................... $ 3 •—
Jbhn P h ilip Sousa I I I : ¡Q U E F A ­
M IL IA LA M IA ! Ilu stra cio n es de
Sherm und.
D isp a ra ta d o s aventuras de una fa ­
m ilia como no hay dos. P rec. $ 3.—
R am ón Gómez do la Serna: TRAM ­
PA N T O JO S. Ilu stra cio n es del autor.
U na descon certante m uestra del
ingenio de R am ón. P recio $ 3 . 5 0
D onald Cow ie:
IND ISC R E C IO N E S
D E U N NIÑO D E PECHO. I lu s ­
tra cio n es de Cao.
Las inesperad as revelacion es de un
lactante, contadas por él m ism o.
P recio ...................................... $ 3 . 5 0
John P h ilip Sousa I I I : LA PE R R A
C H IFL A D A . Ilu stra cio n es de S h er­
mund.
L as alegres aventu ras de una de­
licio sa perrita que su fre de com ­
p lejo s p sicológicos. P recio $ 2 . —
César B ruto: LO QUE ME G U ST A ­
R IA SE R A M I S I NO FU E R A
LO QUE YO SOY. Portad a de
O ski. Las inefab les m editaciones
del popularísim o e ilu strado “an­
a lfa b eto ”, d eleite de chicos y g ra n ­
des. P recio ............................ $ 3 . —
H éctor V elarde: EL HOM BRE QUE
PE R D IO EL TACTO. Ilu stra cio n es
de Landrú.
U n libro de gracia chispeante, con
un jugoso prólogo de F lorencio
Escardó. Precio .................. $ 2 . 5 0
S t e p h e n L e a c o c k : G E O M E T R IA
D E LA CASA DE P E N SIO N .
Ilu stra cio n es de Taggino.
La gracia inusitada de un autor
de gran éxito que lia entretenido
a m illones de lectores. Prec. $ 3.50
Isa b el S co tt R orick: E L M A TR I­
MONIO CUGAT.
E ste libro hizo reír a m illares de
norteam ericanos y se traduce por
1® vez en nuestro idiom a. $ 3 . —

P r ó x i m am e n t e :
A rcadlo A verchenko: LA B U R L A
D E M ECENAS.
Damon R anyon: E L HOM BRE MAS
DINAM ICO D E L MUNDO.
E rn st H eim eran: FULANO D E TAL
PR O PIE T A R IO .
Florencio E scardó: GENTE E N LA
AZOTEA.

S A
Or/enísrión Cultural. Editores S. fl.
M ontevideo 9 é8

T. A. 42 - 6640

ir r n r n r
pa r a r e g a l o
ll r n r ti r
OBRAS LUJOSAU l IIU U I.
II ENTE E N C U A ­
D E R N A D A S E D IT A D A S EN IDIO
MA RUSO, UCRANIANO, ID IS H .
ARM ENIO Y OTROS. ED IC IO N ES
D E LOS CLASICOS R U SOS Y DE
OTROS
E S C R IT O R E S D E
LA
U. R. S. S.
I m p o r ta n t e s u r tid o
de libros en español:
F. P an ferov: LA LU CH A
POR LA PAZ ....................... $ 4 —
Golubov: BAGRATION ............. 5.—
M ijailov: LA FU ER ZA DE
R U SIA .............................. .. . „ 2.—
Autores varios: L E N IN A L­
BU M . ........................................... 3.50
J. Stalin : E L M ARXISM O
Y LA C UESTION NACIO­
NAL .............................................. 0.9O
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BOLCHEVIQUE ............... „ 3.—
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A. T olstoi: IV A N EL T E ­
R R IB L E ...................................... 6. 1
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RRA ............................................ 10.—
L enin: M ARX, ÉN G ELS Y
EL M ARXISM O ..................... 6.—
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A L IA 1941 - T. A. 48. Pasco 19/6
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G A L ER IA S PACIFICO
L ocal C 15
B uenos A ires

LO S PROBLEMAS
DEL LIBRO
EN
LENGUA FRANCESA*
C L rasgo más destacado de la actual crisis
del libro editado en F rancia es la dism in u ­
ció n de su exportación, com parada ésta entre
1 9 3 9 y 19 46.
Según las cifras oficia les de la estad ística
de A duanas (ex clu id o s los paquetes p o sta le s),
en 1939 las e x p o r t a c i o n e s representaron
3 4 .0 9 8 q u in tales de lib ros en lengua francesa.
1.8 7 8 en lenguas extranjeras o m uertas, 294
de cartas g eográficas y 553 de ediciones m u si­
cales, o sea un total de 36.82.3 quintales. En
1946, la s exportaciones se elevaron solo a
2 8 .3 2 0 qu intales en lengua francesa, 76 en
lenguas extranjeras o m uertas, 209 de cartas
g eográficas y 813 ediciones m usicales, o sean
3 0 .0 6 8 qu intales. La baja es, por tanto, del
18 por 100, lo que supone una dism inución
sen sib le de la exp a n sió n del libro francés en
el extranjero.
D el exam en de la situ ación llevado a cabo
por lo s rep resen tan tes de los P od eres públicos
y de la ind ustria editorial francesa, se deduce
que en esta baja se acum ulan causas acciden­
ta les y perm anentes. Las causas accidentales
está n en su conjunto relacionadas con las
consecuencias de la g u e r r a : el agotam iento do
los fon dos de ed ición francesa, producción
in su ficien te, usura del m aterial, precio de pro­
du cción dem asiado elevado, perturbación de
la s corrientes com erciales tradicion ales, d ifi­
cu lta d es del transporte, com plicaciones adua­
neras y m onetarias. A estos m ales evidentes
ex isten p o sib les rem edios, a condición de que
el G obierno coopere eficazm ente en los e s ­
fu erzos de los profesionales.
L as causas duraderas son mucho más graves
porque en parte escap an a una acción directa
y están basadas en una evolución general del
m undo más que en un a p o lític a particular.
E sta s son la baja del p restig io de Francia en
el mundo, la reducción del em pleo de la le n ­
gua francesa, la aparición de una concurrencia
organizada en los p a íses extranjeros, la in ter ­
vención en el terreno cultural de p aíses más
poderosos, como los E stados U nidos, In g la te ­
rra y R usia, h asta ahora in d iferen tes a esta
c la se de im perialism o.
La prim era necesidad para contrarrestar esta
situ a ció n es la reconstrucción de los fondos
de com ercio y la producción de nuevos libros,
es decir, que los editores puedan fabricar en
condicion es de rapidez, de calidad, de ren tab i­
lidad y de precios que perm itan el acceso a
lo s m ercados extranjeros. P ara ello se precisa
que el Gobierno ayude al entretenim ien to y
ren ovación de las im prentas e ind ustrias grá­
fica s, a la o b ten ción de m aterial de im presión
y de clichés, a una buena p olítica de pap el y,
fin alm en te, a una p olítica de obten ción de
créditos a m edio y largo plazo.
La guerra ha revolucionado el m apa del
mundo, en perjuicio de F rancia. H e aquí al­
gun as cifras sobre las exportaciones del libro
francés, p a ís por p aís y en qu intales m étricos:
Gran B retañ a . . . .
I ta lia .............................
P a íse s B ajos .............
S u iz a .......................... . .
B élg ica ......................... . . .
Canadá ..........................___
U . S. A ....................... . . .
Indochin a ...................
A rgelia ......................... . . .
M a r r u e c o s ..................
S i r i a ..............................

1946
889
318
846
8. 974
873
2.097
153
2. 753
857

1939
956
955
1. 140
4. 741
1 3 .1 7 4
503
3 .8 0 1
422
2. 230
5 18
534

D e esta s cifras se desprenden tres nuevas
ten d en cia s: 1) ciertos países, arruinados o
em pobrecidos, han restrin gid o su s cam bios;
2 ) otros se han equipado por su cuenta para
producir (S u iz a y C an ad á); 3 ) otros p resen ­
tan m ejores p ersp ectivas (A frica del N orte y
S ir ia ). P or otra parte, conviene señ alar que
só lo en 6eis m eses han entrado en Francia
lib ros norteam ericanos por valor de 600 m i­
llon es de francos
E sta situ a ción plan tea a los editores fra n ­
ceses la necesid ad de luchar contra la invasión
de la cultura extranjera, lo que es el problem a
m ás delicado, y en cuyo dom inio es im posible
o bten er resultados m uy p ositivos. U n editor
francés h a escrito recientem en te lo sigu ien te:
"D e una parte, m uchos p a íses de lengua
francesa, tradicion alm ente im portadores, se han
equipado y se esfuerzan ahora por concurrir
con nosotros en todos los m ercados de lengua
francesa. A nte e ste p eligroso hecho nuevo, el
G obierno no está d esp rovisto de m edios. Es
conveniente saber que todo estos p aíses — S u i­
za, B élgica, Canadá— son incapaces, reducidos
a su mercado interior, de llegar a cifras rem uneradoras de tirada. L es es n ecesario buscar
en F rancia el com plem ento de ven tas in d is­
p en sa b les a su eq u ilib rio; problem a de contig e n te s a resolver, en la m edida de lo p osible
sobre la b ase de las relacion es anteriores a
la guerra. Se debe, sobre todo, proscribir toda
m edida que favorezca el paso hacia esos países
concurrentes de las a ctivid ad es m onopolizadas
h a sta ahora por F rancia. P or ésto, la in s titu ­
ció n del dom inio pú blico m ediante pago te n ­
dría por efecto inm ediato rep rim ir toda re­
im p resión de obras clásicas en F rancia y fa ­
vorecer, en cambio, a los ed itores extranjeros
en lengua francesa. P or el contrario, h ay in ­
terés en fom en tar toda te n ta tiv a de los fra n ­
ceses por crear en el extranjero filia le s que
se propongan traraucir en len gu as extranjeras
la s grandes obras fran cesas, y así extender
la in flu en cia cultu ral fran cesa ni m ism o tie m ­
po que se rem uneran los c ap itales y los ser v i­
cios franceses.
” En segundo lugar, la in vasión cultu ral e x ­
tranjera 8e ha m an ifestado por la creación de
am plios organism os para pú blicos ta les como
el U. S. I. B . A. en los E stados U nid os y
el B ritish Council en Gran B retaña, que se
esfuerzan por colonizar sistem áticam en te los
prin cip ales p aíses extranjeros. V arias resp u es­
tas son p osibles a esta ofen siva. No creem os
mucho en la efic a c ia del “dum ping" com er­
cial. E stim am os que sería m ás conveniente
com binar, segú n los p aíses, los m edios sig u ie n ­
te s : Para lo s p a íses cuya salud económ ica es
buena, alentar las e x p osicion es colectivas o
privadas de lib ros fran ceses y crear casas fra n ­
cesa s de lib rería bien surtidas y bien situadas
que se comprom etan a vender libros franceses
a un precio m uy m oderado rf cam bio, en caso
n ecesario, de una su b ven ción destinad a a re­
ducir sus gastos. P ara los p a íses econ óm ica­
m ente déb iles, renovar la p olítica inaugurada
por la ley del 18 de agosto de 1936 y que el
G obierno francés ofrezca gratuitam ente obras
do alto valor cie n tífico o literario a in s titu ­
ciones de enseñ anza o b ib liotecas p ú b licas.”
E sta s m edidas son, prácticam ente, nada más
que p a lia tiv os, que no resolverán el grave
problem a del libro francés, que p ierde cada
d ía m ayor terreno en el mundo, como conse­
cuencia de la d ism in ución de la in fluencia
de la p o lítica fran cesa y de su poder.
* D am os cabida a esta inform ación del e s ­
tado actual de la ind ustria y el com ercio del
libro fran cés, porque los problem as que p re­
sen ta guardan tan ta sim ilitud con los que
v ien e sufriendo la in d u stria argentina del libro,
que m erece la pena sean considerados tanto
por las autorid ades grem iales como por las
del E stado.

Un cuento de BORIS VIAN

LAS

H0 R M I G A S
cemos patrulla sobre patrulla. Oreo que
hemos avanzado demasiado rápidamente y
tenemos dificultad eir mantener contacto
con el abastecimiento. Nos han reventado
por lo menos nueve tanques esta mañana
y ha ocurrido una cosa curiosa: la bazooka de un tipo ha salido disparada
con el proyectil y él siguió detrás, en­
ganchado al arma por el tirante. Esperó
estar a cuarenta metros para descender
sin paracaídas. Creo que vamos a tener
que pedir refuerzos porque acabo do oír
como un gran ruido de podadera; nos han
debido de cortar la retirada...

( Viene de la primera página)
orientándola en sentido inverso y comencé
a tirar; pero me paré pronto porque el
ruido me rompía los oídos y además porque
se encasquilló. Estas ametralladoras deben
estar arregladas para no disparar en la
mala dirección.
Allí yo estaba casi tranquilo. De lo alto
de la playa se podía gozar de las vistas.
Sobre el mar humeaba por todas partes
y el agua saltaba muy alto. Se veía tam­
bién los relámpagos de las salvas de los
grandes acorazados y sus obuses pasaban
por encima de la cabeza con un curioso
ruido sordo.
Llegó el capitán. Quedábamos once exac­
tamente. Dijo que no era mucho pero que
nos arreglaríamos así. Más tarde se nos
completó. Por el momento nos hizo cavar
unos agujeros, para dormir, pensé yo, pero
no, hubo que meterse en ellos y seguir
tirando.
Por suerte, la cosa se aclaraba. Ahora
desembarcaban1 grandes hornadas de los
barcos, pero los peces se les escurrían
entre las piernas para vengarse de tanto
remolino y la mayor parto caían al agua,
levantándose dando gritos de agonía como
unos perdidos. Algunos no se levantaban
más y se iban flotando sobre las aguas
y el capitán nos dijo en seguida que neu­
tralizásemos el nido de ametralladoras que
acababa de recomenzar, progresando de­
trás del tanque.
Nos pusimos detrás del tanque. Yo el
último, no me fío mucho de los frenos de
estas máquinas. De todos modos es más
cómodo marchar detrás de un tanque por­
que no hay necesidad de enredarse con los
alambres de púa y las estacas caen solas.
Pero no me gustaba la forma en que
espachurraba los cadáveres con una especie
do ruido del que no ma acuerdo con exac­
titud, pero que es bastante característico.
Al cabo do tres minutos saltó sobre una
mina y so puso a arder. Dos de los tipos
no pudieron salir, el tercero pudo pero
so dejó un pie en el tanque y no sé si se
dió cuenta de eso antes de morir. En fin,
dos obuses cayeron sobre el nido de ame­
tralladoras reventando a los buenazos que
la servían. Los que desembarcaban han
encontrado una mejora, pero entonces
una batería antitanque se ha puesto a
escupir a su vez y por lo menos otros vein­
te han caído en el agua. Yo me he tum­
bado boca abajo. Desde mi lugar los veía
tirar incorporándome un poco. El esque­
leto del tanque, todavía ardiendo me pro­
tegía un poco y he apuntado cuidadosa­
mente. El apuntador ha caído retorcién­
dose desmesuradamente; hubiera debido
apuntar un poco más abajo, pero no he
podido rematarlo. Además, primero tenía
que liquidar a los otros tres. He pasado
un mal rato. Felizmente el ruido del tanque
me ha impedido oírlos aullar, pues al
tercero también lo dejé mal herido. Por
lo demás la cosa comenzaba a arder y a
saltar por todas partes. Me he frotado
los ojos un poco para ver mejor, porque
el sudor me nublaba la vista y el capitán
ha vuelto. Sólo se servía del brazo iz­
quierdo: “ ¿Puede Ud. vendarme el brazo
derecho muy apretado al cuerpo?” Dije
que sí y comeneé a empaquetarlo con las
vendas y en seguida se ha levantado por
los aires y ha caído sobre mí porque le
ha estallado una granada a su espalda.
Se ha quedado rígido en seguida; parece
que esto sucede cuando se muere muy
fatigado. En todo caso era más cómodo
para quitármelo de encima. Luego, he de­
bido dormirme y, cuando me he desper­
tado, el ruido venía de más lejos y uno
de esos tipos con cruces rojas sobre el
casco me daba una taza de café.

Ya lo creo que se preparaba algo. Cua­
tro tanques enemigos han llegado casi has­
ta aquí. He visto al primero al salir;
se ha parado en seguida. Una granada
había roto una de sus cadenas, que se
ha desplomado de golpe con un espantoso
ruido de chatarra, pero el cañón del tan­
que no se ha preocupado por tan poca
cosa. Hemos tomado un lanzallamas, lo
cual es molesto, pues con este sistema
hay que partir la cúpula del tanque antes
de servirse del lanzallamas, pues sin hacer
eso estalla (como las castañas al fuego)
y los tipos del interior quedan mal asados.
Hemos partido la torreta entre tres con
una sierra para metales, pero como llega­
ban otros dos tanques hemos tenido que
volar éste sin abrirlo. Un segundo tanque
ha saltado igualmente y el tercero ha dado
media vuelta; pero era una finta porque
había llegado marcha atrás. Como regalo
de aniversario nos ha enviado doce proyec­
tiles del 88; tendremos que reconstruir
la casa si queremos servirnos de ella, pero
será más práctico ocupar otra. Hemos
terminado por desembarazarnos de ese ter­
cer carro cargando una bazooka con pól­
vora de estornudar y los del interior se
han dado tales cabezazos contra el blin­
daje que sólo hemos sacado cadáveres.
Solamente el conductor vivía aún, pero
tenía la cabeza enganchada en el volante
de tal manera que no se lo podía sacar.
Entonces, antes de estropear el tanque,
que estaba intacto, hemos cortado la cabeza
del tipo. Detrás del carro unos motoijiclistas con fusiles ametralladoras se las
arreglaron para armar un lío de todos los
diablos pero hemos logrado concluir el
asunto gracias a una vieja segadora. Du­
rante este tiempo nos caían también sobre
la cabeza algunas bombas e incluso un
avión que nuestra DCA derribó sin querer,
pues en principio estaba tirando sobre
los tanques. Hemos perdido en la com­
pañía a Simón, Morton, Buck y P. C.
y nos quedan los otros y un brazo de
Slim.

II

V

Luego, hemos partido hacia el interior
y so ha tratado de poner en práctica los
consejos de los instructores y las cosas
aprendidas en las maniobras. El “ jeep’ ’
do Mike ha vuelto en seguida. Conducía
Fred y Mike estaba en dos pedazos; con
Miko habían encontrado un hilo do alam­
bre tendido sobre la carretera. Se va a
equipar a los coches con una cuchilla de
acero delante para que corte los hilos
de alambre, pues hace mucho calor y se
viaja con los parabrisas bajados.
Se escupe fuego por todas partes y ha-

Seguimos cercados. Llueve sin inte­
rrupción desde hace dos días. El techo
no tiene más que nna teja de cada dos
pero las gotas caen donde deben y no
estamos realmente mojados. No sabemos
en absoluto cuánto tiempo va a durar
esto. Siempre patrullando, pero es bastante
difícil mirar en un periscopio sin entre­
namiento y es fatigoso estar con el lodo
por encima de la coronilla más de un
cuarto de hora. Ayer nos hemos encon­
trado con otra patrulla. No sabemos si
eran los nuestros o los de enfrente, pero
bajo el lodo no se corre ningún peligro
en tirar porque es imposible herirse; los
fusiles estallan en seguida. Se ha intentado
todo para desembarazarnos de este lodo:
hemos derramado esencia encima, al arder,
seca, pero después nos cocíamos los pies
al pasar por encima. La verdadera solu­
ción consiste en cavar hasta la tierra
firme, pero es todavía más difícil patrullar
en la tierra firme que en el lodo. Termi­
naremos por adaptarnos como sea. Lo ma­
lo es que hay tanta que Se producen ma­
reas de barro. Actualmente, está bien, el
lodo está contenido por las barreras, pero
pronto ascenderá de nivel y esto es des­
agradable.

ORIS V ían tie n e 30 años. E s ingeniero y
toca la trom peta, interpretand o m úsica de
ja z z . . . Pero no es lo prim ero ni, m enos aún,
lo segnndo lo que conviene evocar para atraer
la aten ción de los lectores sobre e l cuento
que ofrecem os en e ste número.
So deben a la plum a do E oris V ian, escri­
tor, num erosas obras, entro ellas “Lo V ercoquin” y “L e P lan cton ” con las que se ha­
b ía puesto de r elieve el talento origlnalísim o
do V ían. M as, súbitam ente, su fam a alcanzó
proporciones fab u losas merced a la adaptación
do la escand alosa novela norteam ericana de
V ernon S u llivan, “Iré a escup ir sobre v u es­
tr a s tu m bas” . Fam a que espera confirm ar con
la adap tación de nna nueva obra del m ismo
autor.
E ste tip o de literatu ra — curiosa secreción
de la recien te guerra— es apenas conocida
en nuestro país. Do ah í que el cuento que
publicam os de B o r is V ia n esté destinado
a causar sorp resa a algunos, repugnar a
otros y a estim ular reflexion es p esim istas
en los de m ás allá. H ay algo sucio, brutal,
violento y h a sta repugnante en é l; exac­
tam en te como sucede en la vid a m isma.
Sobra, pues, decir, que se tra ta do un cuento
do n eto corto e x isten cia lista . E sta corriente
literaria (y filo só fic a ) podrá ser aceptada o
no. Podrá ser acogida entre alaridos de entu­
siasm o como la autén tica R evelación , com bati­
da como nna exp resión del m al gusto en el
arte o desechada como una exp resión in eq u í­
voca de lo inm oral. D e cualquier forma, sólo
nna cosa no puedo hacerse: ignorarla. La lite ­
ratura e x isten cia lista e x iste, es, y no h a y mo­
do de negarla y tod avía es prem aturo aven­
turar s i se tra ta de nna sim ple m oda pasajera,
destin ad a dentro de unos años al olvido y a
la sonrisa in d u lgen te o si es la expresión
angu stiada del e sp íritu de una época que
parece navegar entre la N áusea y *la Nada.

B

III
...E sto me recuerda hace seis meses
cuando nos habían cortado la retirada.
Ahora debemos estar completamente cerca­
dos, pero ya ha pasado el verano. Feliz­
mente tenemos qué comer y hay municio­
nes. Es preciso relevarse cada dos horas
para montar la guardia, lo cual es fati­
gante. Los de enfrente toman los uniformes
de los tipos nuestros que hacen prisioneros
y se visten como nosotros, así que hay que
desconfiar. Con todo esto no hay ninguna
luz eléctrica y so reciben los obuses en
plena cara por los cuatro costados. Por
el momento, tratamos de tomar contacto
con la retaguardia; es preciso que nos
manden aviones y comenzamos a carecer
de cigarrillos. Hay ruido afuera, debe pre­
pararse algo; no le dejan1 a uno ni el
tiempo de quitarse el casco.
/
IV

LA ULTIMA
O B R A DE

WERNER

¡MORIR
ES NACER
premiado por Ricardo Baeza. A. J.
B attistessa, Jorge L uis Borges. V i­
cente Fatone, E. M artínez Estrada
y Enrique Amorim, como “EL LIBRO
DEL M ES” , obtiene un gran éxito
literario. H an opinado sobre el libro:
ENRIQUE LA RRETA: “ ...h e r m o s ís im o
libro de gran pensador, gran pintor,
gran poeta.”
JOSE L U IS ROMERO: “Admiro la in ­
tensidad de la emoción y la form a
poem ática.”
L U IS EMILIO SOTO: “ Morir es nacer
seduce por la unidad del tono evocativo y de la experien cia vivid a que
colorea tan rico m osaico.”
LA NACION: “H e aquí un libro, escrito
en prosa, en el que un poeta nos tran s­
mite el hondo m ensaje de su sen sib i­
lidad.
L a PR E N SA : “ W erner Bock es dueño
de una personalidad d efin ida y en todo
cuanto ve y dice deja una íntim a v i­
bración esp iritu al.”
LA RAZON: “Un libro de trascendente
poesía, de fin ísim as sign ificacion es en
que refléjase la sugestión de un esp í­
ritu atento a la más alta belleza.”
CRITICA: “P alp ita en estas páginas nna
juventud m aravillosa y m aravillada, la
única, la im perecedera: la juventud
esp iritual que W erner Bock posee en
alto grado.”
EL MUNDO: “En “Morir e3 nacer” hay
la suma de una sen sib ilidad que en­
cuentra en el paisaje, en recuerdos, en
descripciones y en m otivos estéticos
y m orales, form as de m an ifestarse con
penetrante gracia.”

Precio: Pesos 6 .— m/n.
Encuadernado y numerado, con la fir­
ma del autor: Pesos 10.— m/n.
En venta en todas las librerías

EIII T II li I A L

AMERICALEE
T ucum án 3 5 3

LIBROS

pe "se veintén setos"
CURSO RACIONAL DE ING LES B A ­
SICO. P or el P rof. L eo Glimnor Rause.
(5^ edición corregida y aum entada.) El
éxito de esta obra, que perm ite el apren­
dizaje de la lengua inglesa, sin profesor,
en el térm ino de tres m eses, se evidencia
por el hecho de haberse vendido desde
su aparición, en 1945, vmás de veinte
m il ejem plares ................................. $ 8 . —
D E LA FA U N A PORTEÑA. Por Rodolfo
M. Taboada. Un d esfile ameno y re­
gocijante de los más pin torescos “tip os”
que dan color a B s. A ires. D esopilantes
caricaturas de D ivito y Seguí. . . $ 4.—

H IPO T E C N IA . M ejora y E xplotación do
las princip ales razas caballares. Por
E m ilio Solanet. (2^ edición, profusam en­
te ilu strad a.) El tratado más práctico y
com pleto sobre la m ateria. En tela $ 15.—
En rústica ........................................... $ 12.—
GUERRA EN EL E ST E . Por Grigore Gafencu. Un libro inquietante, que aporta
revelaciones asom brosas sobre los pre­
lim inares de la últim a guerra . . $ 10.—
D escu en tos de práctica
a lo s señores libreros.

f. mim CODES. E d ito r
HDD. DE MAYO 862

*

BUENOS AIRES

L i b r e r í a

CONCENTRA
Viamonte 641
¿V . j Entrada a lo R aim a Pacífica)

h

-

VI
Esta mañana me ha sucedido una cochina
aventura. Estaba bajo el hangar, detrás
de la barraca, preparándole una buena
broma a los dos tipos que se ven perfec­
tamente con los gemelos intentando loca­
lizarnos. Yo tenía un morterito del 81
y lo colocaba en un cochecito de niño y
Johnny debía disfrazarse do campesina
para empujarlo, pero antes el mortero
me lia caído sobre un pie; esto no es sino
una do las cosas que me suceden a. cada
momento en estos tiempos, y en seguida,
el tiro ha salido mientras que yo retiraba
mi pie y el proyectil lia ido a estallar
(Continúa en pág. 14)

DOCK

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e d i c i o n e s d e lu jo
ediciones num eradas
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CONCENTRA!
Vinmonte 641 - Buenos Aires
y .;.'

?&gt;-

�abalgata
Habla para C A B A LG A T A

F^ r ^ r = ir ^ r ^ r ^ r ^ r ^ i^ i^ r ^ r = J ? = Jr==Jr=Jr=Jr=ir==ir==

ARTURO CANCELA
al r f g a l a r u n l

Periodista, cu en tista, n ovelista y au ­
tor teatral, Arturo Cancela alcanzó
sus prim eros éx ito s literarios con
T res relatos porteños, en cuyas p á ­
ginas algún crítico hubo de hallar
la ironía y su tileza de E$a de Queiroz encerrada en la idiosin crasia del
profesor H errlin, o, Julio N arciso
D ilon el satirizado personaje de U na
sem ana de holgorio.
E nsayista de filo so fía en libros p os­
teriores, n ovelista encontrado en H is ­
toria funam bulesca del profesor Landormy, su m ás reciento producción
es la pieza teatral A londra que — en
colaboración con P ilar de Lusarreta—
estrenara en el Teatro N acional Cer­
vantes de esta capital.

bro

PR E O C Ú PE SE T A M B IÉ N
DEL C O N T E N ID O :

EL FONDO DE CULTURA
ECONOMICA LE OFRECE
LAS DE MAS ALTO
PRESTIGIO UNIVERSAL
Algunos títulos:
LOS ID E A L E S D E L A C ULTOR A G R IEG A — P a id eia — por
W . Jeager. 3 to m o s .. $ 4 0 . 5 0
L A C IV IL IZ A C IO N M AYA, por
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de la F rancia contem poránea.
E ncuadernado ............. $ 2 7 . —
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versió n com p leta de la obra
del “ m ayor filó so fo de la s e ­
gunda m itad del sig lo X IX ’’,
al decir de O rtega y G asset.
R úst. $ 8 8 . — ; E ne. $ 1 2 0 .—
H IST O R IA D E LOS P A P A S , por
L. von R anke. Ilu stra d a $ 2 2 .—
UNA E X C U R S IO N A LOS I N ­
DIO S R A N Q U E L E S, por L . V .
Man silla . La ed ició n m ás pro­
lijam ente efectu a d a , con p ró ­
logo y notas de J u lio C ailletB ois. E s el cuarto tom o de
la nueva B ib lio tec a A m ericana
recien tem en te iniciad a. E n cu a ­
dernada ........................... $ 1 0 . 5 0
TEMAS D E A M ER IC A , por los
escritores m ás p r e stig io so s del
C ontinente: seleccio n e entre los
32 tom os aparecidos en la gran
C olección T ierra Firm e, h er­
m osam ente p r e s e n t a d o s , c o n
obras sobre el p en sam ien to, la
literatura, la h istoria, lo s h é­
roes, la política, de cada uno
de los p a íses de A m érica.

En las buenas librerías o en

Fondo de Cultura
Económica
Independencia

802 Bs.

A s.

V

EDICIONES
DEL AUTOR
DIRECCION GRAFICA
IM I’.R E S I O N E S
P U B L I C I D A D
A D M IN IS T R A C IO N

CAMPAÑAS DE PRENSA
- BOLETINES

CATALOGOS - FOLLETOS
CIRCULARES - VOLANTES

OFICINA TECNICA
DEL L IBRO
Director: Francisco Arnó

C í) R R I E N T E S
35 - 0878

--

3 5 , 2»

® Próximos estrenos teatrales.
• Acerca de I^a E.S.C.O.B.A.
• La literatura en función social.
, í j x sorbo más de café, a m ig o ...?
¿ El —Como mo, Cancela.
E! leve ruido do pasos fugitivos por las
habitaciones vecinas hace que el autor de
Tres relatos porteños acelere las pipadas,
mientras una ráfaga de aire fresco inunda
la amplia biblioteca que sirve de escenario
a nuestra conversación.
Fuó en 1925 —contiirúa su interrum­
pida charla—, cuando realicé los primeros
bocetos de esta novela que ven aquí, La
Estatua de Sal, pronta para marchar a
la imprenta en 1948 bajo el pie de EspasaCalpe Argentina S. A.
— ¿Cuál es su tra m a ...?
—Transcurre en Palestina, allá por el
año 1989, con la aventura inicial de un
angloargentiiro en la guerra anterior, an­
danzas que continuará su nieto, también
en Palestina, en una nueva civilización en
la cuenca del Mar Negro totalmente dese­
cado, donde han sido reconstruidas las
ciudades bíblicas.
—¿Sodoma. . . ?
—Sí, es una de ellas, donde todos los
habitantes son abogados, lo que no quiere
decir que todos los abogados sean sodo­
mitas . . . la narración termina con la des­
trucción de las cinco ciudades al par que
el Mar Muerto ve llenar sus cuencas de
nuevo.
—Los legendarios lugares utilizados y
el tiempo futuro que Ud. utiliza, Cancela,
nos permiten augurar una obra de inte­
rés, como Historia funambulesca. ¿Ver­
d a d ...?
—Guíese, si prefiere, por el subtitulo
que le he puesto a la novela. Ella dice
así: “ Novela apocalíptica, a la vez que
eugenésiea, biotipológica y de medicina
social” .
—Toda una definición. ¿Siente usted la
necesidad de escribir estas historias o
novelas propiamente d ich as...?
-—Claro que sí. Si me halagara el éxito
literario fácil, me hubiera acogido a los
laureles recogidos con Tres relatos por­
teños; insistiendo en este módulo, pero
—haciendo una autocrítica seria a mi
labor escrita— entiendo que sólo en la
novela es posible estructurar problemas de
ambientes, psicologías, costumbres, etc.,
llegando a desarrollarlos en toda su exten­
sión; en tanto que el cuento o el relato
corto sólo permite la pincelada.
—E igual correspondencia debe hallar
en el teatro. . .
—Ya quo Ud. ha tocado este tópico, le

B

Buenos A IR E S

adelantaré dos de las piezas que, en co­
laboración con Pilar de Lusarreta, espero
estrenar en el próximo año. Sobre una
irovela picaresca del siglo de oro denomi­
nada La niña de los embustes hemos con­
feccionado una comedia que tendría como
intérpretes a Malisa Zini y Picrina Dealessi en el Teatro Municipal.
—¿En cuanto a la otra pieza?
—Es, también, una comedia pero satí­
rica, como se lo sugerirá su título: La
E.S.C.O.B.A.
—Como sugestivo, es evidente que lo
es. . . ¿Con esta escoba, barrerá con todos
los éxitos teatrales habidos y por haber,
Cancela ?
—¿Qué ha dicho, escoba? Si sólo so
trata de la sigla de Empresa Subterránea
Colonia Buenos Aires, donde se narra la
la historia de un noble hispanoargentino
que financia la construcción de un subte
entre estas dos ciudades.
—¿Busca Ud. la crítica popular a su
obra?
—Sí. El público le enseña a uno cuando
se equivoca; dándole el diapasón al autor
para el tono de la obra. Cuando más po­
pular es el público que asiste a las re­
presentaciones, y ello lo lie aquilatado con
Alondra en el Nacional Cervantes, con
mayor intensidad capta los matices más
finos de la pieza, cosa que no han logrado
los críticos. Si no se tratara de una co­
media puesta en una entidad oficial, me
refiero claro está a Alondra, con motivo
del centenar de representaciones hubiera
dado una charla acerca de “ Crítica de
críticas ’
—¿Cree que la literatura no tiene más
función que la meramente literaria?
—No. Entiendo que ella, y con ella to­
das las artes creadoras, tienen una im­
portante función social a cumplir que
día a día se acrecienta y que toca límites
nacionales. Recordemos que los creadores
de la tradición son los escritores y si
París nos llega trovada por los poetas,
también Buenos Aires puede tener una
tradición a menos que nos lo propongamos.
Como una prueba al canto, ahí está la
obra creada por Arturo Cancela que, en
cada ocasión en que da a luz una pieza
literaria, recoge en ella algo del Buenos
Aires mordiente, irónico, inquieto, en pá­
ginas que, como Tres relatos porteños,
dicen de nuestro espíritu multiciudadano,
o, en La E.S.C.O.B.A., trasuntan episodios
reales de nuestra ciudad no exentos de
esa mordacidad que alguien parangonara
con la de E&lt;$a de Queiroz.

e l á § k ® § d e Eai t o ñ s t o i r ñ a
e m edü&lt;£5©ini©§ auráprnsuuiíai
Por su cuidadosa presentación: volúmenes elegantemente en­
cuadernados en tela, en papel obra, con artística sobrecubierta
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Por constituir una verdadera historia universal realizada por
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H U M A N ID A D PREHIS­
TORICA.
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tem a realizada por el m ás em inente
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LOS ANTIG UO S PUE­
BLOS DE ORIENTE.
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A siria, P ersia, India, China. $ 16.—

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PUEBLO DE ISRAEL.
Obra con la cual el ge n ia l h istoria­
dor francés revolucionó el estudio
de la historia. Se com pleta con la
sig u ie n te ........................................ 8 15.—

E. Renán: HISTORIA DE
LOS O RIGENES DEL
CRISTIANISMO.
Comprende las sigu ien tes partes:
V ida de Jesú s, los A p óstoles, San
Pablo, E l A n ticristo, L os E vangelios,
La I g le s ia C ristiana, M arco A urelio.
2 tom os ...................................... $ 26 .—

• V. Duruy: HISTORIA DE
GRECIA.
•••
E sta fam osa h isto r ia abarca desde
los tiem p os prim itivos de la H ólade
h a sta la dom inación rom ana. $ 17.—

• J. Michelet y V. Duruy:
HISTORIA DE ROMA.
A M ich elet corresponde la historia
del período corresp ondiente a la R e­
pú b lica y a D uruy e l corresp ondien­
te al Im p erio............................ $ 12.—

• William H. Prescott: H IS­
TORIA D E L R E IN A D O
DE LOS REYES CATO­
LICOS.
Comprendo tod os lo s acontecim ien­
tos de ese período cum bre de la
h isto r ia de E sp aña: Guerras de Gra­
nada, V iajes de Colón, E xp u lsió n
de lo s Judíos de E spaña, C reación
del T ribunal de la In q u isición , Gue­
rras de Ita lia . Con num erosas anota­
cion es fuera de te x to . 2 grandes
tom os ......................................... $ s 2 ‘—

• J. Michelet: H IST O R IA
DE LA REVO LU CIO N
FRANCESA.
L a h isto r ia m ás ser la y docum entada
sobre ese período cru cial de la h is ­
to r ia de la hum anidad. 3 grandes
tom os ........................................... í 45 .—

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EDITORIAL!ARGONAUTA S.R .L.
BRASIL 1766

•

T. A. 23- 7432

•

BUENOS AIRES

i ^ í = J f = j f = ^ r = ^ p = j r = J f = J r = J r = i f = i P = = J P = J r = » r = = J t= ir = ir = = if = I i

/

I mpr e nt a
LOPEZ

O. II.

El a r t e y la té c n ic a de la

EL

TIEMPO

Y

( Viene de la página 11)
L a habitada, por Carmen R. L. de Gán­
dara. Emecé Editores, B'ucnos Aires. 60
pgs. a la rústica. $ 2.— m/arg.

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EDITORIAL
REVISTAS

EL PUBLICO ENSENA AL AUTOR CUANDO
EL SE EQUIVOCA EN SU OBRA

a la

E sta es la h isto r ia .de u n retorno a la tie ­
rra, del descu b rim ien to de una vocación , b
e l tem a asom a frecu en tem en te en nuestro tiemno si es la razón de obras tan resonan tes
como D oña B árbara, M a laisie y The Plum ed
Serpent, no h ay que ind agar dem asiado p a ia
descu brir tra s de su in siste n c ia una de las
m uchas v a ria cio n es que la n o sta lg ia de la A
ca d ia asum e en nuestra saturada literatu ra de
ciudad y ciudad anos. E l eco p astoril alcanza
aún a escu ch arse en la saga del San tos Luzardo do G allegos o el R olain de Fauconm er.
y ahora v ien e e ste bello relato de Carmen K.
L de G ándara a probar su p resen cia en el
e stilo de vida de un argen tino de ciudad, do­
m inado técn icam en te por los
¿u r¿ “¡
nos pero en quien su b yace la aptitud dU
esta n ciero , del criollo atenid o a su pam pa. U na
fá b u la p ercep tib lem en te r o m á n tic a — e l mensa
jo póstum o de un a abuela, que F elip e R eyna
lee en una tarde de la e s t a n c a — exp lica el
d esa ta rse de esa aptitud y el reconocim iento
de un deber v un d estin o m ás legítim os que la
ciega su m isió n a la “cu ltu ra cromad^ donde
F e lip e hab ía querido ordenar su existen cia
El relato ex ced e felizm en te la lim ita ció n do
e sta anécdota (alu do a la lim ita ció n de su
a p lica b ilid a d en nu estro m edio, de su resonanc ;a d o cen te) y tien d e un fin o ram aje poético
drmdo quedan apresad os lo s valores m ás s u ti­
le s de la h isto ria , los in sta n te s y los sonidos,
la s arboledas y la s lagun as. E s por esa f.jación do va lo res que Carmen R . L. de Gándara
da a e ste cuento un horizonte que no e n cu en tio
en la situ a c ió n en sí — válid a a lo sum o como
reso lu ció n person al de una conducta ar„en
tin a — , v agrega un perdurable exam en de
n u estro ¿ a isa jo físic o y moral. I-as PÓK'nas de
la abuela son un bello poem a de so st-m d a
gracia, que la autora nos alcanza para d esm en­
tir con lo s hechos, la dura afirm ación de su
p r o ta g o n ista : “Cuando un p aís no tien e lite ­
ratura que refle je su vid a no es un país, sino
un conju nto do m ojones hum anos. I Cómo 'O y
a saber yo qué g e n te vive en e sa s casas si
no mo lo ha dicho nin guna n o v e l a . . . !
Para d ecirn o s esto han creado su obra Guira ld es Arlt. E duardo M allea y Juan Goyan a rte; la autora de La H ab itad a prueba boy
sus títu lo s para sum arse a ellos.
J. C.

SUS

LIBROS

I M P R E N T A

en c o n ju n c ió n m a r a v illo s a

por Leopoldo Lugones.
Con treinta dibujos de Amilcar Mendo­
za. Ediciones Centurión, Buenos Aires.
304 pgs. a la rústica. $ 4.50 m/arg.

L a guerra g a u c h a ,

H acía falta una edición a bajo precio del
libro do L ugones, para llevar a m ú ltiples m a­
nos una obra que tan plenam en te refleja una
época de nu estra literatu ra, con lo m ejor de
su am bición y tal vez de su lím ite. Los relatos
quo se agolpan precipitad os y ardientes para
co n stitu ir la h istoria y la m itología de la
m ontonera de G üem es en lucha con los rea­
lista s. nacen en su m ayoría del clim a e sp iri­
tual quo determ inara las obras m enos durade­
ras de L ugones: saturación, exceso, confu sión ,
caos form al a veces insalvable. Pero el talento
del poeta inclu ía esas tend en cias como parte
m otora de su creación, y asom bra advertir la
b elleza con que en muchos relatos se saca par­
tido de ellos, se los exacerba y extrem a h asta
lograr del idiom a un sinfon ism o que trasciende
su tem a: cierto que perjudicándolo por contra­
golpes, creando un sen sib le d eseq uilib rio entro
la seca, casi ascética guerra gaucha, y el ab i­
garram iento desm esurado del lenguaje que la
cuenta.
M ucho do esto libro ha envejecido, porque
careco de la econom ía y la verdad interior que
sostien en , por ejem plo, la herm osura livian a
de E l libro de lo s p aisajes. E sp ecie de an tolo­
gía de lo peor y lo mejor de Leopoldo L ugo­
nes. digam os de lo últim o que relatos como
Al rastro. Jarana, B a ile y V ivac sign ifica n , en
el m om ento en que se escribieron, postulación
do lo que podría ser una literatu ra sudam eri­
cana, seco toque de atención después de los
alertas de Facundo y M artín Fierro. Que ese
toque ha sido escuchado, lo prueba el cam ino
que viene desde 1 9 0 5 ; y tam bién, en gran
medida, quo L ugones no se asim iló ni fu é a s i­
m ilado dentro de la corriente esp iritual que
parece ya d efin irse en la A rgentina. T odavía
lo vem os como un enorme árbol aislado en
plena llanura, do donde salen alternadam ente
los pájaros y los huracanes. La Guerra Gaucha
tiene, como todo lo suyo, ese confu so resonar
de cosa cósm ica, de aguas aún no sep arad as;
y es al mismo tiem po — con otra paradoja
lugon iana— esfuerzo de artesano por henchir
el idioma, qu itarle la tend en cia a la pérdida
do voces y giros, agregar nuevos tubos al ó r­
gano de los him nos.
U na loable tarea editorial nos alcanza este
nunca olvidado libro, en un volum en de pulcra
y cuidadosa p resen tación .
J. 0 .

L O P E Z

r e a liz a n el m ila g ro d e p r o d u ­
c ir las m ás b e llas y c u id a d a s
ed icio n es, t a n t o d e lu jo com o
p o p u la re s , a p recio s c o n v e ­
n ie n te s , p u e s su e sp e c ia liz a ció n le p e rm ite d a r c a lid a d
sin a u m e n ta r el costo.

IMPRENTA LOPEZ
A l Ser v i c i o del L i b r o
P E R U

6 6 6

B U E N O S A IR E S

�cabalgata

14

M.

Buenos Aires tiene
un público l ect or
que sigue al autor

A rturo C apdevila es u n hom bre que
y a tie n e ganado en nu estras letras
n acion ales un pu esto de jerarquía
m erced a su veteran a labor, que abar­
ca desd e la poesía, e l ensayo, la
novela, h a sta su activid ad como rector
de esp íritu s ju ven iles en e l p rofeso­
rado y como integrante de la A ca­
dem ia de la L engua. “M elpóm ene” ,
"Sim bad”, “Córdoba del recuerdo” ,
y su reciente novela “A rbaces, m aes­
tro de amor” , se cuentan entre sus
producciones de enjundia, a los que
agrega “A dvenim ien to” .

• Recomenzando su labor literaria.
• La vida de San Martín para los
niños.

H abla p ara C A B A LG A T A

ARTURO

CAPDEVILA

José Enrique Rodó en “ Motivos

de Proteo” —nos va narrando Arturo
CCapdevila,
en su silenciosa residencia de
uenta

la calle Juncal y Canning— que la incli­
nación del ser humano so asemeja a bar­
cas que, raudas, pueden desaparecer de
nuestra vista y tocar innumerables puer­
tos; pero, tarde o temprano, volveríin a
aparecer ante nuestros ojos atraídos por al­
guna ola movediza. Eso se da en mi vida.
Inquietos por conocer el porqué de la
parábola traída a cuento, interrogamos al
conocido poeta acerca de la cita.
—Es que estoy viviendo una renovación
en mi obra. Casi niño, a los catorce años
de edad, liabia escrito una novela, e ima­
gínese la burla de mis mayores al cono­
cer el hecho, lo que motivó su posterior
destrucción, al par que durante años no leí
una novela, a causa de un verdadero trau­
ma moral.
— Tal vez debió ser usted novelista, Cap­
devila.
—En realidad, sí. Al retornar en mi ser
aquella primitiva inclinación de novelista,
he recomenzado mi labor literaria entusias­
mado con la creación de novelas, siendo así
como en 1946 publiqué “ Arbaces, maestro
de amor ’ ’ y ahora doy mi segunda novela,
editada por Losada, titulada “ Adveni­
miento ’ ’.
—¿Puede decirnos algo sobre ella?
—Lleva como subtítulo “ Novela de teó­
sofos, de iluminados, de amigos de Dios” ,
desarrollándose en Chile, en los tiempos
actuales, y evidenciando la inquietud re­
ligiosa de nuestros tiempos. Todo el asunto
está estructurado en base a apuntes toma­
dos durante un viaje al país hermano, don­
de comienza la acción, para luego finalizar
en Buenos Aires en oportunidad del último
Congreso Eucarístico.

—¿Qué experiencias ha recogido en esta
nueva etapa novelística?
—En primer término, entiendo que la
novela debe abarcar un gran asunto, como
el amor —no tomado como una simple
historia— o una inquietud espiritual, como
la inquietud religiosa que abordo en “ Ad­
venimiento ’ ’.
—¿Qué otras actividades ensaya actual­
mente ?
—La novela para los niños. Creo que no
se ha escrito la novela dedicada al niño, y
por ello he redactado la vida del Gran
Capitán, comenzando con la de Remedios

EL GRECO
“ San Jerónimo” . (35 x 31 cm.) $ 35.—

de Escalada, su compañera, a los que
agregaré “ La infanta mendocina” , “ El
niño poeta ” , y “ El abuelo inmortal ’ ’. Mi
fervor por el prócer me ha empujado a
divulgar su vida —él, que fué maestro de
su hija—, pues aspiro a que haya tantas
infantas como sea posible. ..
— ¿Acerca de su labor poética?, pues
creemos que no la abandonará ahora que
es novelista...
— En absoluto. La editorial Kraft edi­
tará, entrado el año 1948, un volumen mío
titulado “ El libro del bosque” (versos de
meditación), ilustrado por el artista Alfre­
do Guido.
— ¿Tiene usted alguna experiencia del
contacto de su obra con el lector?
—Cómo no. Al publicarse mi primera
novela, “ Arbaces, maestro de amor” , mu­
chas lectoras creyeron que yo debía ser un
nuevo Arbaces y me planteaban en nume­
rosa correspondencia sus ilimitados proble­
mas de amor para que yo les diera solu­
ción. Ello significa que hay un público
lector que se nutre de nuestras obras y une
en su mente a los personajes por nosotros
imaginados, con el autor mismo.. .
—¿Entonces, usted cree que Buenos Ai­
res ya cuenta con un público lector?
—No hay duda. Y aun más. Puedo afir­
marle que, a más de contar nuestra ciudad
con un público lector firme, existe un pú­
blico que lee y sigue toda la producción
creadora de un escritor.
— ¿Busca usted sus temas en la realidad
0 en la ficción?
—Indiferentemente, según lo exija mi
labor, aun cuando gusto del apunte direc­
to. Como una prueba al canto, le he ha­
blado ya de “ Arbaces, maestro de amor ’ ’,
cuyos motivos los he captado directamente
en Chile.
— ¿Puede usted referirnos alguna otra
novedad de su actividad literaria?
— Si le parece, puede usted ir anotando
esta novedad editorial. Estoy ante el hecho
de que, simultáneamente, dos editoriales
argentinas ponen a la venta una obra mía.
Una de ellas es Losada, y la otra, el
1‘ Círculo Literario ’ ’, siendo el primer en­
sayo de este tipo que se realiza en Buenos
Aires.
—Efectivamente; no teníamos noticias
de algún precedente en el género.
—Asi es. Pero en los Estados Unidos
de Norte América es corriente, aun cuando
les aclaro que el “ Circulo Literario” sólo
venderá a los suscritores, en tanto la

FRANCISCO DE GOTA
“ Don, Manuel Osorio de Zuñiga” . (35x31) $ 35.—

venta de Losada será en librerías.
Mientras esta última novedad pone fin
a nuestra misión, que nos llevara a rom­
per la intimidad del poeta de “ Córdoba
del recuerdo” , ñus levanta el ánimo el
hecho feliz de que un escritor argentino
logrado, como lo es Arturo Capdevila, recomienco su carrera buscando hallarse en
otro aspecto técnico: en este caso particu­
lar, la novela, constituyéndose en un ali­
ciente para la juventud dedicada a la
creación.
O. II.
( Viene de la pág. 12)
en el segundo piso, justamente en el piano
del capitán que estaba interpretando “ Ja­
da” . Ha sido un ruido de infierno. El
piano destruido, pero, lo más desagradable
es que el capitán no tenía nada, en todo
caso, nada suficiente para impedirle gol­
pear de firme. Por fortuna, en seguida
ha llegado un 88 a la misma habitación.
El capitán no ha pensado que el enemigo
se orientó por el humo y me ha dado las
gracias dieiéndome que le había salvado
la vida al obligarlo a bajar; para mí, el
asunto no tenía el menor interés después
de haberme roto dos dientes; además por­
que todas sus botellas estaban sobre el
piano.
Estamos cada vez más cercados, nos caen
cosas encima sin parar. Felizmente el
tiempo comienza a despejar: no llueve
más que nueve horas de cada doce y de
aquí a un mes podemos contar con refuer­
zos por avión. Nos quedan tres días de
víveres.
V II
Los aviones comienzan a lanzarnos bul­
tos con paracaídas. He sufrido una decep­
ción al abrir el primero; había adentro
un montón de medicamentos. Se los he
cambiado al doctor por dos barras de
chocolate con nuez, del bueno, no de esa
porquería de raciones, y una media botella
de coñac, pero se ha cobrado arreglán­
dome el pie reventado. He tenido que de­
volverle el coñac porque sino a la hora
actual sólo tendria un pie. Nuevamente
roncan por ahí arriba; hay una pequeña
escampada y envían más paracaídas, pero
esta vez parece que son tipos.
VIII
Eran tipos, sin duda. Hay dos de ellos
muy divertidos. Parece que han ocupado

GIOVANNI BATTISTA TIEPOLO
“ La Madona del jilguero” . (36 x 31 cm.) $ 35.—

todo el trayecto en hacerse llaves de juc
darse sopapos y a darse patadas. Saltar
del aparató al mismo tiempo e inclu. •
intentaron cortarse las cuerdas de sus
paracaídas con cuchillos. Desgraciadamente
el viento los ha separado y entonces se
han visto obligados a continuar la disputa
( Continúa en la pág. ló)

PABLO CURATELLA MANES,
escultor y diplom ático, aban­
d o n a París
( Viene de la pág. 9)
de em bajada en P arís. Y he aquí que acaba
de ser nom brado cón su l general de la Argén
tina en Oslo.
En el m om ento en que Pablo C. Mane3
abandona P a rís por N oruega, tengo que olvi
dar los servicios que ha rendido a las reía
ciones cultu rales entre argen tinos y franceses
y la sólid a y sincera am istad que e ste hombre
encantador, fin o y culto, ha sabido inspirar.
Quiero ocuparm e sólo de su obra esculpida
que desde su establecim iento en P arís no ha
dejado de p rosegu ir como un a rtista auténtico
La obra de Pablo C. M anes se divide entre
dos tend en cias fundam entales que se desarro­
llan paralelam ente: de una parte, los efectoi
de m asa pesada y recogida: por otra parte,
una esp ecie de conquieta del espacio aéreo
En la prim era, las- form as se apoyan con todo
su peso sobre el suelo. En. la segunda, se ele
van y juegan con los vacíos, que ellas circuns­
criben y a las cuales confieren significaciónplásticas.
M anes se abstiene de m ezclar estas dconcepciones de la escultura. R esponden a d a
polos esen ciales de su tem peram ento. Se agr.i
pan, sin embargo, en las obras por carácter *
com unes: una m usculatura, vigorosa sin ev
ceso y siem pre monum ental, una potenQia cc
cisa pero d esp rovista de ascetism o, una ci
lidad desdeñosa de las soluciones fáciles.
En la gran querella de la abstracción y
la figu ración , M anes no ha tomado ningu •.«
p osición exclusiva. Su escultura “aérea” le
d ispon e a la abstracción . Su escultura “pesa­
da” a la figu ración pero una figu ración tra­
tada como un medio de m anifestar, con to-ia
la lib ertad deseada, el juego soberano de las
fu erzas p lásticas.
E xcesivam ente m odesto, y no teniendo otra
am bición artística que perfeccionar su ob.s,
M anes no ha querido nunca m ás que exponer
en algunos salones y, en últim o lugar, en los
Independien tes. H á llegado el momento de que
una exp osición p articular le conceda el puesto
a que tiene derecho y que tod avía no se sos­
pecha. Será una revelación.

AMEDEO MODIGLIANI
“ Busto de mujer joven” . (35 x 32 cm.) $ 35.—

SU ME J OR REGALO
MERCURIILS,

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envía, libres de porte, contrarreembolso, a cualquier lugar
del país, las láminas que aquí se reproducen, con sus respec­
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le remitirá a vuelta de correo, contrarreembolso, libres de
porte, los libros anunciados en este número de C abalgata,
o pertenecientes al Catálogo de las respectivas casas editoras.
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11- jfc»—

buen

libro

Buenos Aires
PABLO PICASSO

VINCENT VAN GOGH

�cabalgata
rico en contenid o y en in cita cio n es fecund as
o in sp ira d a s; D ilth ey es una v ie ja adm iración
m ía y creo hab er sido de los prim eros en
d ifu n d irlo en n u estro idiom a, pu es lo he ex ­
p u esto d esd e 1 9 2 8 en cu rsos, con feren cias y
a rtícu lo s. Otros e n sa yos del libro estu d ian a
T heodor L essin g como crítico del O ccidente,
y a Som bart, e l in sig n e h istoriad or del capi­
ta lism o , en un aspecto suyo m uy desconocido,
com o autor do una in terp retación com pleta y
s istem á tic a del hom bre, obra pu blicada poco
a n tes de su m uerte. E l ensayo “H ip ó te sis so­
bro la s cu ltu ra s” en tra en e l marco de la
faen a que ahora me ocupa más, y que espero
dé pronto como resultado un lib ro sobre la
ín d o le de la cu ltu ra occid en tal, sus rasgos d i­
fe r en cia les fr en te a las dem ás cultu ras, su
a ctu a l trastorno y su p revisib le d estin o. Los

San
F r a n c is c o d e Asís

PALMAS
las más bellas palabras del
Poverello, reunidas en una
primorosa edición por Ro­
mán Viñoly Bárrelo. Ilus­
traciones a todo color de
Amalia N ieto........$ 17..

En las principales Librerías

Dice el autor de

‘El S e ñ o r C i s n e ’
A esta altu ra de la vida, como d iría el
"P adre Orozco” , nno ya no cree en los elogios
de lo s am igos. Pero en cam bio, cree en los
lectores. “E l Señor C isne” tie n e un os cuantos
lectores, esos lectores anónim os, desconocidos,
con los que sueñan los verdaderos escritores.
Y con fieso que para mí, no h a y prem io, ni
fa ja de N eruda, que me brinde m ayor sa tis­
facción .
¿M e gu stan lo s cuentos de “E l Señor Cis­
ne"? Alguno que otro: “La C abalgata” , por
ejem plo. O “ Canto de Amor” . L os demás p o­
drían hab erse mejorado b astan te. E n la pró­
xim a encarn ación serem os m ás cuidadosos.

/;

Distribuye
O lí t ll l

( Viene d-e la pág. 14)
a tiros. Rara vez he visto tan buenos ti­
radores. En este momento vamos a ente­
rrarlos porque han caído de un poco alto.
IX
Ya no estamos cercados. Nuestros tan­
ques han vuelto y los otros no han aguan­
tado la tarascada. Yo no he podido batirme
seriamente a eausa de mi pie pero he
animado a los compañeros. Era muy exci­
tante. Desde la ventana lo veía todo muy
bien y los paracaidistas llegados ayer se
desenvolvían como diablos. Ahora tengo
un echarpe de seda de paracaídas, amarillo
y verde sobre fondo marrón que hace
juego con el color de mi barba pero, ma­
ñana, voy a afeitarme por el permiso de
convalecencia. Estaba tan excitado que
le he tirado un ladrillo a la cabeza a
.Tohnny porque erró el tiro contra un tipo
y actualmente tengo dos dientes de menos.
Esta guerra es catastrófica para los dien­
tes.
X

k.

Soc. Resp. Ltd.i.
Cap. $ 400.000
EDICIONES HISPANOAMERICANAS
BOLIVAR 2 6 0 - T. A. 3 3 -9 0 7 9
' .

PARTITURAS DE BOLSILLO
MÚSICA ARGENTINA
LIBROS DE MÚSICA
'1 Corrientes 1681

T.A. 35-0541

EL A U T O R
frente a su obra
Dice el autor de

Filósofos y Problemas’
Sin ponermo a ello de in ten to , e l volum en
Filósofos y problem as ha r esu lta d o u n a esp ecie
le muestrario o ín d ice de m is p reo cu p a cio n es
¡éntrales, aunque no to d a s. E l tra b a jo sobre
Farona,.notable filó so fo de Ib ero a m érica y uno
le los patriarcas de n u e str a com ún cultu ra,
econoce como in cen tiv o m i a p a sio n a d a curioidad por el p en sa m ien to am ericano, uno de
nyos fundadores fué ese ilu str e hijo de Cuba.
, 3n las páginas co n sa g ra d a s a D ilth e y hago la
ecapitulacíón de a lg u n o s de lo s p u n to s de v is1 a esenciales de un filó s o fo que e s para mí,
ntre todos lo s con tem p orán eos, a caso e l m ás

dos tra b a jo s fin a le s encaran cu estio n es a tin en ­
te s al problem a — in excu sab le en n u estros
d ía s— de la s r ela cion es entre e l pensam iento
filo só fic o y la vid a.
A unque d irijo la “B ib lio tec a F ilo só fic a ” de
la E d ito ria l L osad a, he preferido que e ste libro
no v a y a en ella , sino — como otro anterior,
F ilo so fía de la person a— en la “ C olección
C ontem poránea” , d estin a d a a m ás ancho círcu­
lo do le y e n te s. H a sido a sí porque creo que
h a y un va sto , un p a lp ita n te in ter é s por la
filo so fía , y con vien e acercarle m aterial para la
in fo rm a ció n y la m ed itación , pu blicando en las
se r ie s que fr e cu en ta todo lector culto y quo
so encuentran en to d a s partes, y no sólo en
la s co leccio n es cuyo títu lo parece de antem ano
en d ereza rla s a lo s e sp e c ia lista s y a lo s lectores
do form ación e stric ta o de vocación m uy p ola­
rizada. L os e n sa y o s recogid os en e ste volum en
p reten d en ser a c ce sib le s a to d a p erson a con
g u sto por la s id e a s y a todo e l que se sien ta
atraíd o por aqu ellos problem as contem poráneos
quo, aunque p lan tead os en e l terreno filo só fico ,
su elen desem bocar en la v id a, porque atañen
m uchas v eces a la com prensión d e l hom bre y
a la d isc u sió n de un a cu ltu ra cu ya actu al con­
m oción n o s preocupa a tod os. P recisam en te el
punto de p a rtid a para la s d elib eracion es en
u n a r eu n ió n de filó so fo s convocada hace poco
por la TJnesco, y a la que tu ve el honor de
ser in v ita d o , era la com probación de que en
e sta c r isis, m ucho m ás que en cualqu iera otra
a nterior, son m uchos lo s que con scien tem en te
la abarcan, r eflex io n an sobre ella y se in terro­
gan con a n g u stia por e l porvenir. E n esta con­
v ic c ió n se in serta n y articu lan la s m ed itacio­
n e s sobre la c o n ex ió n entre e l pensam iento
te ó r ic o y la v id a e fe c tiv a que exam inan dos
tra b a jo s del libro, el uno en térm in os m uy gen e­
ra les, el otro analizan do las r elacion es entre
la teo ría filo s ó fic a y c ie n tífic a y el program a
p o lític o del nazism o, d esd e un punto de v ista
que me parece m an tener su actualidad.
FR A N C ISC O ROMERO

S í, señor. S í, señora. S eguiré escribiendo
cu en tos tod a m i v id a. C uentos fa n tá stic o s, en
cierto modo. Con fan tasm as, por supuesto. Con
jardin eros, con perros peludos que hablan y
sen ten cian sobre la vida.
H e term inado un nu evo lib ro. M ás raro que
é ste tod avía. P en sab a publicarlo en seguida.
Lo p ostergo para el año que vien e. ¡O h! ¡No
es de cu en tos! E s un solo cuento disparatado.
L as m áxim as am biciones de m i vid a: vivir
sin trabajar; pu blicar cuentos en EE. U U . y
que me paguen 100 dólares por colaboración.
T en er un invernáculo con 100 p lan tas de or­
qu ídeas. T ener una casa a 2 00 k ilóm etros de
B uenos A ires. Y que Lautaro sig a publicando
m is lib ros. T odas esta s am biciones han flore­
cido con “E l Señor C isne” .
E l peor enem igo de m is lib ros: m i hum oris­
mo. No puedo escrib ir sin hacerm e ch istes. No
puedo tom arm e m i literatu ra en serio. ¿M i li­
teratura? ¡M i vid a! ¡N o puedo tom ar nada de­
m asiado en serio!
M e g u sta la alegría. Y me g u sta la tr iste z a
do la gen te alegre. Q uisiera escrib ir cuentos
a legres que hagan llorar. E s d if íc il. . .
A yer el vien to volteó un aromo de m i jar­
dín. E scrib i un cuento. M añana vendrá un
com pañero para hablar de las cosas de m i
partid o. E scrib iré otro cuento. P asado m añana
me acordaré de una an tigu a novia. Y escribiré
otro cuento. E n d e fin itiv a : vivo en fu n ción de
cuento. Y a no es un p lacer n i una postura. E s
un a m an era de vivir.
U na cosa que extrañ o: la s cartas de los le c ­
to r e s. ¿P or qué, en e ste país, no escriben los
le c to r es? ¡S er ía tan lin do publicar un libro y
recib ir cien c artas! U no podría, enton ces, in ­
ven tarse un estilo ep istolar. Y ten er corres­
p on dencia fichad a.
N o se m e ocurre nada m ás, nin gún ch iste,
n in gu n a frase. M e v o y a pasear en m i m oto­
cic leta . ¡P u m , pum , ratapum ! ¡P U M , PU M !
E N R IQ U E W E R N IC K E

La costumbre embota las emociones. He
dicho esto a Iluguette —ellas tienen nom­
bres así— bailando en el Centro de la
Cruz Roja, y ella ha respondido: “ Vd. es
un héroe” , pero no he tenido el tiempo
de buscar una respuesta fina porque Mae
me ha dado un golpecito en la espalda y
entonces he debido dejar a mi pareja.
Las otras hablaban mal y esta orquesta
tocaba muy deprisa. Mi pie me molesta
todavía un poco, pero en quince días se
acabó, vuelvo a marchar al frente. He caí­
do sobre una chica compatriota; pero la
tela del uniforme es muy gruesa y «so
embota también las emociones. Hay mu­
chas chicas aquí, ellas comprenden de to­
dos modos lo que uno les dice; eso me
ha hecho ponerme colorado; pero no hay
mucho que hacer con ellas. He salido y
me he relacionado con otras, no del mismo
género, más comprensivas, pero son qui­
nientos francos como mínimo, y eso porque
soy un herido. Es curioso, éstas tienen
el acento alemán.
Después he perdido a Mae y he bebido
mucho coñac. Esta mañana tengo un horri­
ble dolor de cabeza en el lugar en donde
me ha golpeado el M. P.* No tengo ya
un centavo porque al final he comprado
cigarrillos franceses a un oficial in glés...
Acabo de tirarlos, os un caso repugnante,
el oficial ha hecho bien en deshacerse de
ellos.
XI
Cuando uno sale de los almacenes de
la Cruz Roja con un cartón para meter
los cigarrillos, el jabón, los dulces y los
diarios hay ojos que os siguen en las ca­
lles y no comprendo por qué, ya que ellos
venden sin duda su coñac bastante caro
como para poder comprar también estas
coses y sus mujeres no son regaladas tam­
* P o licía
ricano.

M ilitar

del

ejército

norteam e­

LES ÉDITIONS

MEDITERRANÉENNES
New York

Juan-les-Pins

presentan

AUDUBON
F ils

PT

de

F rance

d’A mérique

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ARC DE TRIOMPHE
por E. M. Remarque
MON YILLAGE U.S.A.
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PONTS SUR LE RHIN
(Mémoire
aux Américains)
por Ernst Erich Noth
DISTRIBUIDOS POR

LIBRERIA

«DON

QUIJOTE”

Arenales 1198 - T. A. 44-0707
poco. Mi pie está casi curado. No creo
que permanezca mucho tiempo aquí. He
vendido los cigarrillos para poder salir un
poco y en seguida he tratado de mangar
a Mac, pero Mac no suelta nada así como
así. Comienzo a aburrirme. Esta tarde voy
al oine 'con Jacqueline, con la que me en­
contró ayer en el club, pero creo que no
es inteligente porque me quita la mano
cada vez y no se mueve nada al bailar.
Estos soldados de aquí me horripilan, son
excesivamente desaliñados y no hay do*
que lleven el mismo uniforme. En fin, no
hay nada que hacer sino esperar a esta
noche.
X II
De nuevo aquí. De cualquier forma uno
se aburría menos en la ciudad. Se avanza
muy lentamente. Cada vez que se ha ter­
minado la preparación de artillería, se en­
vía una patrulla, y cada vez, uno de los
tipos de la patrulla vuelve estropeado por
algún tirador aislado. Entonces vuelve a
comenzar la preparación de artillería, ss
envía a los aviones, lo arrasan todo, y dos
minutos después los tiradores aislados
vuelven a tirar. En este momento regresan
(Continúa en pág. 16)

k

Cuatro Obras Geniales de Leopoldo Lugones
e&gt;

publicadas por ED ICIO N ES C E N TU R IO N
LA G U E R R A
GAUCHA
Estas páginas exaltan el valor, el sa­
crificio y el ingenio de los heroicos
gauchos de Giiemes, que defendieron
con ardimiento las fronteras de Salta,
en un momento sombrío de nuestra
historia.
Sus relatos, por la variedad de los
asuntos y la nobleza del estilo, son
bellos e instructivos. Su lectura de­
leita la imaginación y vigoriza el
sentimiento del amor a la patria.
Con treinta dibujos en color.
Edición* en papel pluma . . $ 4 . 5 0
Edición en papel offset . . . $ 6 . 5 0

FIL0S0FÍCU LA

EF P A Y A D O R

Ya está visto Lugones como talento
polígrafo: historiador, poeta y edu­
cador. Descuella en todas esas disci­
plinas. Su F ilo so fíc u la , resulta un
conjunto de sentencias que definen,
una vez más, al genio creador.

Fundamentación crítica del valor li­
terario y representativo del M artín
F ierro . Analiza el suelo, la raza y el
arte gauchescos.
Edición en gran formato impresa a
dos colores, con 54 ilustraciones g ra n ­
des por Alberto A. Güiraldes y 21
ejemplos musicales completos.

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d ib u jo s o r ig in a le s de
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señalada del 001 al 800 .. $ 7 .—

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del 201 al 3100, el ejem­
plar ................................. $ 2 5.—■
Los ejemplares señalados
del 51 al 200, el ejemplar $ 5 0 .—
Los ejemplares señalados
del VI al L, con un di­
bujo original, el ejemplar $ 150.—
Formato: 18 x g8 ctms.

LAS MONTAÑAS
DEL ORO
ps la primera obra de Lugones. Extra­
ordinario conjunto de poemas.
Conmovió el pacífico ambiente de
aquel Buenos Aires de fines del siglo
/pasado.
Fué una obra que abrió horizontes
nuevos a las generaciones de enton­
ces. Sus páginas concretaron la in­
mensa labor renovadora cuyo sentido
preocupó al mundo literario de aque­
llos años.
Edición muy cuidada, papel
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�16

cabalgata

(Viene de la pág. 15)
los aviones; cuento setenta y dos. No »ott
aviones muy p-andes, pero el poblado ei
pequeño. Desdo aquí se ve caer a las bom­
bas en espiral lo que provoca un ruido algo
sordo con hermosas columnas de polvo. Se
va a reanudar el ataque, pero antes hay
que enviar una patrulla. Estoy de vena, me
toca ir. Hay, aproximadamente, un kiló­
metro y medio a recorrer y a mi no me
gusta caminar tanto, pero ere esta guerra
jamás se nos deja elegir nada. Nos ocul­
tamos detrás de los cascajos de las pri­
meras casas y creo que de un extremo al
otro del pueblo no ha quedado una sola
en pie. Tampoco parece que hayan que­
dado muchos habitantes y los que vemos
presentan un oxtrafio rostro, aquellos que
han logrado conservarlo. Pero deberían
comprender que no podemos arriesgar el
perder nuestros hombres por salvarles sus
casas. La mayor parte soir casas viejas
sin ningún interós. Y además, es el único
medio para ellos de deshacerse de los
otros. Esto, por supuesto, ellos lo com­
prenden en general, aunque algunos pien­
san quo no es el único procedimiento.
Despuós de todo, esto es cosa suya y ellos
sentían quizá apego por sus casas, pero
ahora sentirán menc-s apego hacia ellas
visto el estado en que se encuentran.
Continúo mi patrulla. Sigo siendo el
último, es más prudente, y el primero
acaba de caer en el agujero de una bomba
lleno de agua. Ha salido con el casco
choüeando agua y también con un pez
gordo, un tipo todo aturdido. En el ca­
mino de regreso Mac le ha errseñado a
ser amable; no le gusta al tipo el chewing
gum.
X III

Siempre los mi„ . a pueblos completamente
destruirlos, lo . ;al desanima. Hemos en­
contrado una r ;ío completamente nueva
Están probándola, pero no sé realmente
si so puede sub:-n¡ &gt;ir una lámpara por un
pedazo do bujía ' -reo quo s í: oigo toc„
el “ Chattanoog
bailé con Jacqu.
bne un poco antes •!.
riir de allí. Piense
quo voy a contesta: ;; ;. o tiempo. Aho­
ra, tocan 1¡ S o
J enes ’ También me
gusta esta inésh-: y quisió
biese terminado para jifaie
corbata civil a :'nvas azul® y nariüas
XIV
En marcha otra vez. Nuevamente esta­
mos muy cerca del frente y los proyecti­
les de artillería caen de nuevo. Llueve, pero
no hace mucho frío. Vamos a bajar par',
continuar a pie.
Parece que se comienza a presentir el
final. Yo no sé los demás qué piensan pero
yo quisiera intentar librarme con la ma
yor comodidad posible. Hay todavía riu
cones en donde se pegan duro. Es imposi­
ble prever como va a ser la cuestión ests
que comenzamos ahora. Dentro de quine,
días tendré otro permiso y le he dicho
Jacqueline que me espere. Tal vez m
equivoque al hacer esto, no hay que d
jarse atrapar.
XV
Sigo de pie sobro la mina. Habíamepartido esta mañana en patrulla y yo
marchaba el último, como de costumbre;
han pasado todos por el lado, pero yo ho
sentido el clic de la mina bajo mi pie y
me he parado en seco. He arrojado a los
otros lo que tenía en los bolsillos y les lu
dicho que continúen. Estoy solo. Debería
esperar a que vuelvan, pero les he dichoque no vuelvan, y podría intentar echarme
boca abajo, pero me horroriza la idea de
vivir sin piernas. No me he quedado más
que con el carnet y el lápiz. Voy a echarlos
antes de cambiar de pierna, y es absolu­
tamente necesario que lo haga porque ya
estoy harto de guerra y porque me sube-,
hormigas por la pierna.

\ abe de recibir una carta de Jacque
line; eha ha debido confiarla a otro tipo
para echarla al correo, pues estaba metida
en uno de nuestros sobres. Verdaderamen
te, es una chica rara; pero probablemente
todas las muchachas tienen ideas poco or­
dinarias. Hemos retrocedido un poco desde
ayer, pero mañana avanzaremos de nuevo.

N orah B orges. E l concierto (Homenaje a BachL Óleo, 1944.
ya no pocos años —hablo de
1930— escribí algo así como un
ensayo acerca de la pintura de Norali Borges de Torre. Traté de ex­
plicar entonces las razones de mi
devoción por su obra. La artista,
desde aquella época, lia trabajado
largamente y casi me atrevería a
decir que es mucho lo que se ha
enriquecido su arte en lo que po­
dríamos llamar sus aspectos técni­
cos, los recursos de su instrumental
expresivo. Sus últimas exposiciones
D de este año de 1947 sobra
i
- permiten advertir la presen­
cia de un proceso regular de su ca­
pacidad plástica comunicativa. La
gracia de su linea se hace cada vez
más dúctil, más eneantadoramentc
reveladora de las formas, su com­
posición acentúa ese sentido suyo
innato de la armonía musical con
que agrupa los elementos de sus
cuadros, su color adquiere mayor
intensidad, su empaste camina ha­
cia suntuosidades en que no claudi­
ca esa delicadeza que está en la
substancia de su espiritualidad.
Pero, haciendo abstracción de estas
particularidades cuya importancia,
no desconozco, la verdad es que
poco podría agregar a lo que en
aquella oportunidad afirmé. La obra
actual de Norah Borges de Torre
nada agrega, substancialmente, al
mensaje que está empeñada en co­
municarnos la artista desde enton­
ces. Y sea dicho esto no a título de
reproche sino en son de elogio suyo.
Cuando abrió los ojos a la realidad
del arte lo hizo, evidentemente, bajo
la premiosa urgencia de decirnos
algo, un algo que balbuceó en sus
primeros dibujos, en sus grabados
iniciales y que no ha terminado
aún de contarnos. Como el sereno
pulso de una sangre que late sin
sobresaltos bajo la piel transparente
de su pintura, ese algo fluye sin
intermitencias ni prisas comunicán­
dole ese encanto poético que deter­
mina- el puro perfil artístico y hu­
mano de sus realizaciones.
Yo confieso de manera categórica
que la pintura de Norah Borges de
Torre me conmueve. Necesitado de
utilizar símiles comunicativos de­
claro que la miro como quien escu­
cha un poema de tono menor o una
música leve de ámbito recoleto. Y
si considero mis reacciones frente
a sus cuadras y las contrasto con
la realidad artística que las suscita,
advierto, sin dificultades, la causa
de esas reacciones. Las formas y los
colores no son, en esta pintura, sino
el vocabulario de una realidad poé­
tica subyacente que pugna por ex­
teriorizarse. La simplicidad de sus
medios, una pura síntesis alusiva,
casi metafórica, de líneas, de formas
y de modelados sumarios, no es la
expresión de una precariedad exprea.c e

H

EL MUNDO POETICO
DE LA P E N T E R A

NORAH BORGES

de

DE

TORRE

Por C O RD O VA IT U R B U R V

siva sino el único idioma susceptible
de levantar hasta el mundo de una
realidad plástica la inasible realidad
de su particular mundo poético.
Hay una pintura cuyo sentido no
se advierte s i ' no se piensa en el
espíritu que anima la gracia y la
fuerza de las cosas. Hay una pin­
tara cuyo destino liberador reside
en la capacidad creadora, inventora,
del espíritu del hombre. Hay una
pintura que nombra los seres y las
cosas para crear con esas alusiones
sutiles el mundo donde el espíritu
descansa de sus búsquedas de la

paz, de la dicha y de la placidez
armoniosas. A esta pintura perte­
nece esta trartquila música que es
la obra de Norah Borges de Torre.
Desde que por primera vez su lápiz
se movió sobre el papel no ha hecho
otra cosa, en realidad, que dibujar
sus sueños. Hay algo de mediumnidad en estos dibujos, estos temples,
estas acuarelas, estos óleos. Se siente,
detrás de ellos, la presencia de una
inspirada de ojos transparentes
encerrada dentro de la torre de cris­
tales de sus inquietudes inexpresa­
bles para el idioma de todos los

días, de sus difusos anhelos de be­
lleza, de su armoniosa necesidad de
dicha.
Cuando se contempla las tablas
de ciertos prerrenacentistas italianos
o flamencos —una anunciación del
Beato Angélico o los ángeles o los
músicos cantores de Van Eyck— no
es posible eludir la emoción que
fluye de esa placidez de dichoso
ámbito sobrenatural, infinitamente
pacífico, que los envuelve. Hay una
pintura, evidentemente, que tras­
ciende de manera irresistible la su­
gestión de los sueños que la animan.

N orah B orges. El cuarto de música. Óleo, 1947.

REGISTRO d e
INTELECTUAL

p r o p ie d a d

N°

254426

I M P R E N T A
C HI L E
Pertí 565
Buenos Aires

i

Nadie pensará, espero, que cometo
la irreverencia de establecer analo­
gías con esos deliciosos maestros si
afirmo que el sentimiento de una
paz de expresión difícil, la paz de
un mundo plácido de atardecer, me
domina cuando miro estas serenan
estampas de Norah Borges de Torre.
Si he citado a esos maestros ha sido,
sólo, para aclarar la índole de mis
impresiones mediante una referencia
a impresiones que seguramente todo
el mundo ha experimentado.
Cierta vez, en una conversación
privada, Norah Borges de Torre
afirmó que ella no puede pintar
sino lo que ve. Es posible que este
afirmación parezca desconcertante
a más de una persona. Y desvincu­
lada de la verdad. Para mí es esclarecedora. Los ojos de los artistas no
son, afortunadamente, los ojos del
común de las gentes. Un artista no
es, como podrían muchos suponer,
el espejo de la realidad del mundo
sino exactamente lo contrario. En
trance de formular definiciones yo
aseguraría que, en rigor de verdad
el mundo exterior es el espejo de
la realidad del artista. El artista no
ve fuera de sí mismo sino su propia
realidad y a esto obedece la multi
plicidad infinita que el mundo ofre
ce a través de la infinita variedad
del arte. El artista, no es un pene­
trador v un descubridor de lo ex­
terno sino un descubridor y ni
penetrador de sí mismo. Y esto no
es poco decir. Sócrates hacía residir
la máxima sabiduría en el conoci
miento de uno mismo. Cuando No­
rah Borges de Torre pinta un pai
saje de infinita paz, de recogida,
íntima y comunicativa placidez, no
pinta sino el mundo de sus sueños,
esto es, su propio mundo. “ Estamos
hechos —exclama ITamlet— de la
madera de nuestros propios sue­
ños” . Y con esa madera, habría
que agregar, es con la que cons­
truimos nuestras obras.
El mundo de Norah Borges de
Torre es plácido, feliz y puro. Sus
ámbitos son transparentes y felices,
sus personajes son claros e inocen­
tes como niños o como adolescente'
desprevenidos. En su territorio e'
aire no se mueve. Una defensa d
pureza impenetrable defiende a esas
criaturas suyas en cuyos ojos y en
cuyas actitudes se advierte la dicha
de vivir en la suave nostalgia de la
patria celeste. Ese mundo, esa pía
cidez, esa pureza, esa dichosa y me­
lancólica nostalgia, es, en suma, el
mundo de sus sueños, el transpa­
rente mundo al que quiere condu
eirnos con la palabra de colores y
formas de su mensaje.
O
oS «
*3
®
o

franqueo

pagado

Conces-5n N? 3205

tarifa

reducida

Coao«BÍ6n N» 3799

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                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
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                <text>Cuneo, Dardo&#13;
Gómez de la Serna, Ramón&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Molins i Fábrega, R.&#13;
Stephane, Roger&#13;
Martí Ibañez, Félix&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Bock, Werner&#13;
Westerdhal, Eduado&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Wernicke, Enrique&#13;
Rogermarx, Claude&#13;
Barletta, Leónidas&#13;
Borges, Jorge Luis&#13;
Mahías, Claude J.&#13;
Cancela, Arturo&#13;
Capdevila, Arturo&#13;
Córdova Iturburu, Cayetano </text>
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                    <text>RED A CC I ON

V

A 1) M I N I S T R A C 1 O N:

Año II
Diciembre

Perú 97:3 - Rueños Aires - Teléf. .84-2:384

TEORIA DEL ZAPATO
y OTRAS C O S A S

Prerio del número: $ 0.60 moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a l : $ 6.50 m o n./ar j|.

19 4 7
2a- Epoca

UNA

SUPERCHERIA

ICONOGRAFICA:
de

Por R A M O N GOMEZ DE LA SERNA

LOS

RETRATOS

CERVANTES
Por GUILLERMO DE TORRE

habido interpretadores del zapato pero sin acabar de dar en los
alrededores de la escatología con la fórmula que es sencillísima
y que yo resumo a sí:

H

a

Z

apato

=

m u je r

La zapatofolía o la zapatofilia sólo fué vengada por aquel criminal
de París al que perdió conservar los zapatos de las víctimas, sus sín­
tesis supremas.
Para que se vea que m i teoría no brota de lo burroeonsciente ni
revela una manía fetichista con un oscuro sentido pornográfico, sino
una representación surrealista, voy a dar dos imágenes dibujadas tosca­
mente por mí que han de aclarar mi hallazgo.
A sí se verá también que no he dicho una cosa despectiva como sería
el suponer que la m ujer es una chancleta.
E n el zapato mujer descubro un secreto atractivo y
además el secreto del porqué las mujeres compran para re­
novarse, para multiplicarse y para narcisizarse tantos zapa­
tos y. cuando presentan los últimos al hombre, éste los mira
sonriente como comprobando el parecido con ellas como si
fuesen su nueva imagen virginizada como una miniatura
de ellas mismas.
Veamos el esquema de una zapato (figura 1) y nos da­
remos cuenta que es como el tronco cercenado de una mujer
— cercen que no le importa al deseo porque fácilmente su­
pone el resto— pero si no acabamos de ver esa sugerencia
observemos la figura 2, quedará todo aclarado y emdente
y ya no se nos despintará, esa silueta mórbida apoyada e n .
brazo acoiíauo en el diván • uptut ¿0? dándonos cuenta
que la M a ja de Goya se podría titular “ zapato desnudo” .
Años de espera me ha costado esa imagen, pero ya
* ahí.
Ahora que los surrealistas me la admitan en las futuras
ñones de sus diccionarios.
Y o en realidad puedo ofrecerles muchas definiciones
lapeletas de académico vagabundo— pero ellos son muy
dos en la aceptación.
Como muestra fuera de concurso ahí van unas euantas
oíbles:
coral — esponja de sangre muerta
sombrilla — redondel de tela sostenido por un palillo
clavado en el corazón
apuntador — el eco antes de la palabra
•ciervo — hijo del árbol y del
rayo
catálogo — recuerdo de lo 'que
se olvidará
olivo — espejo del alba
esternón — camafeo del esque­
leto
violeta — actriz retirada
ajos — dientes de bruja
monóculo — llavero de las mi­
radas
botella — sarcófago del vino
córnea — esfera del reloj del ojo
termos — bala pacífica
gong — platillo viudo
m o s q u it e r o — h ad a de los
sueños
plom ada — ra ta muerta sus­
pendida por el rabo
ancla — inicial del pañuelo del
mar
nata — mejilla de la leche
musgo — peluquín de las pie'
dras
errata — herrata
beso — hambre y sed de in­
mortalidad
o m b lig o — h u ella d el botón
perdido
nido de hornero — calavera de
un solo ojo
Es un vocabulario en otra di­
mensión, en otro espacio.
El surrealismo se escapa a sí mis® ° y en vez de una doctrina es
ya una realidad que marcha hacia
adelante como el conquistador en
as tierras apenas descubiertas, sin
saber lo que hay delante de sus pa808 y sin embargo avanzando y to­
mando notas de lo que conquista.
( Continúa en la pág. 5)

posteridad iconográfica de Cervantes, las vicisitudes de sus su­
puestos retratos, revelan quizá mejor que ningún otro aspecto
de su vida, lo que ésta fué en puridad: es decir cuán oscura y
sigilosa impronta marcaron sus pasos materiales sobre nuestro planeta,
en contraste con la clamorosa repercusión que habría de alcanzar su
obra. Cervantes, — “ un tal Cervantes” , id est: un “ pobre diablo” —
fué un desconocido en vida. Y esto, aparte de los datos raleados y los
escuetos documentos que, al cabo de buscas y de años, han podido
sacar a luz pacientes investigadores, nos lo revela plenamente la ausen­
cia absoluta de un cuadro o grabado, el cual, en forma inequívoca y
concluyente, pueda considerarse como su verídico retrato.
¿ C ó m o . . . ? ¿ Y el famoso cuadro de Jáuregui, del que pululan
miles de reproducciones -— aumentadas todavía más en este año centurial— con la alta frente, la nariz corva, los largos bigotes
caídos sobre la barba cenicienta y aquella espléndida gola
escarolada que le ciñe estatuariamente el cuello?— preguntará
el lector desprevenido. ¿Acaso tal cuadro no condice pare­
jamente con el retrato que el autor de las Novelas ejemplares
trazó de sí mismo en el prólogo de aquéllas, en 1613, sólo
tres años antes de morir, y que empieza: E ste que veis aquí,
de rostro aguileno, de cabello castaño, de frente lisa y desem­
barazada, de alegres ojos y de nariz c o r v a ..., terminando:
E ste, digo, que es el rostro del autor de ” Galatea” y “ Don Qui­
jote de la Mancha” , y del que hizo el “ Viaje al Parnaso” . . .
Llámase comúnmente Miguel d e-C ervan tes Saavedra.
S íh cmhargo, la eedad resuda muy distinta, ese parecido
entre los rasgos* literarios y les pictóricos pudiera haberse
encontrado asimismo en otros retratos de la época, y el cuadro
de Jáuregui no pasa de ser una superchería iconográfica,
amañada sin gran firmeza y a la cual se ha dejado prosperar
por convencionalismo académico de los unos y vaga supers­
tición popular de los más. Pero la historia de tal usurpación
es sabrosa y merece ser contada con algún detalle, conforme

L

a

( Continúa en la pág. S)

DOS P R O L O G O í&gt; DE L A

N O V E L A DE L A E T E R N A "
Por MACEDONÍO FERNANDEZ
GULA A LOS PROLOGOS. (Prólogo Indicador.)

E l “ último” Cervantes, descubierto en 1943.

“La tertulia de P om bo” , famoso cuadro de José G utiórrez S olana , donado por Ramón Gómez de la
Serna (en pie, centro de la tertulia) al Museo de Arte Moderno, de Madrid.

habilitando comodidades y
un nuevo capítulo para esce­
nas y personas sobrevenidas, a las
que debo improvisar acomodo, pá­
ginas, hechos y redacción. Pues mis
personajes son todos ligerísimos:
en el instante en que dejo de escri­
bir dejan ellos de hacer; como no
trabaje yo, queda todo parado; ahí
está Juancito “ en el aire sin piso
del espacio” — es una lírica que
surge en mí como un respiro libe­
rador en la gravedad de los pró­
logos que aún me faltan a medio
caer de un balcón, porque yo paré
ayer de escribir, como escritor a
conciencia, para desocupar el suelo
(y preparar su descripción) que
ocuparía su porrazo; no le cuesta
nada seguir la acción de la grave­
dad ¡ pues no lo hace! Otra vez me
buscaron a lo largo de la Novela
porque había dejado a don Luciano
metiendo un brazo en la manga del
sobretodo y ya no resistía los ca­
lambres de esta postura. Mas no se
quejó el Presidente, pues interrum­
pí redactarlo cuando iba a soplar el
fósforo con que acababa de encen­
der su cigarrillo y ha pasado la
tarde sin fumar y quemándose. Esto
parece mentira. E n toda hora hay
en mi novela alguien con sólo un
botín puesto, un joven con una sola
novia o los novios que iban a que­
dar solos y yo no acabé de retirar
a la mamá o hacer cabecear a la
tía. También don Luciano fué de­
jado por mí de escribir en mo­
mentos en que se calzaba una nue­
va Moral y se me encontró lejos

E

stoy

(Continúa en la pág. J )

�cabalgata

2

Carta de Francia
Por JUAN SAAVEDRA

SU LLANTO POR LAS COSAS
H ijo Pródigo:
¿Quién escucha tu canto, quién oye tu alabanza
cuando el fuego del mar quema tus labios
y lloras en el viento bajo las furias de tu
corazón?
¡Oh lejanías! Más puros que la muerte
se levantan los altos sofismas de la noche,
el lánguido y solemne conjuro do la luna
temblando, susurrando eir oídos de aguas.
Pero tu alma es un coro de ambición y violencia,
el sueño de una roja alameda en otoño, que despliega
en el fondo,
entro la lejanía de sus hojas, el tierno adiós
materno:
esa tela que ondea y sonríe llorairdo,
esa bandera muerta, ese éxtasis de polvo,
y la memoria, el brillo de la lumbre de antaño,
mientras tiñes tu alma con una llama impura
y abandonas tus días al amparo de una pluma de
pájaro.
Ahora canta en la niebla
la celeste serpiente de la noche:
roza el opio lechoso de la lámpara,
las casas aferradas a la costa,
la calva de unos hombres melancólicos
saboreando sus sopas,
miserables placeres y codicias
entre las telarañas del hastío.
¡Oh vagabundo coronado de harapos! Nada te
pertenece.
Sólo los labios crueles del amor,
sólo la profecía de las olas en el tatuado maderamen
de un puerto.
¡Pródigo! Infiel como el deseo,
más allá de las losas grasicntas del asilo
en donde la paciencia arde en silencio
como un fuego infestado,
encima de unos muertos en altos taburetes,
y sobre las techumbres, con trapos, humos,
alientos de cubiles que remontan
desde las ultrajadas callejuelas.

DE

OLAS

Las nubes amarillas en el viento,
y estas casas viciosas, estos gritos
de una playa de hembras
•i grasicntos peinados ante el mar,
con obscenas plegarias encima de las tumbas
cuyos muertos sonríen y repican
■i- blao
'Cecilios y s is ríe.'-—».
¡Un canto de lujurias! (Esos brazos
untados de canela te reclaman
al pie de estos altares labrados por el ocio.)
Deidades codiciosas, con sus redes de plata
tendidas en sonrisas y lascivias,
damas pintarrajeadas ñor el sueño,
perras del mar. ¡Oh diosas de carne
tentadora! Celestes criaturas cuyas flautas
exaltan el desprecio y el ;.-gullo.
¡Príncipes vagabundos!
He aquí unaq fogatas al abrigo del grito de la
muerte.
He aquí, caballeros, como un ángel hambriento
latiendo en los baldíos espacios de la tierra,
una reunión de llamas y mujeres
cantando, sollozando
bajo las grandes hojas de un país.

ENRIQUE

cabalgata

EL PR Ó X IM O N Ú M ER O DE

será
ESPECIAL
y
APA REC ERÁ

el día 23 de diciembre

con el fin de
iue los lectores que decidan
REGALAR LIBROS
a sus
FAMILIARES
y
AMIGOS
en las próximas fiestas de
NAVIDAD,
PRIMERO DE ANO
y REYES,
conozcan los avisos extra¡ ordinarios de la producción
bibliográfica argentina que
insertarán estas páginas y
puedan elegir este año un
buen regalo:
UN LIBRO,
MUCHOS LIBROS

MOLI NA

Es necesario destacar que la prensa francesa, y no segura­
mente sólo por razones de patriotismo, se ha congratulado casi
unánimemente de esta elección de la Academia sueca. Unica­
mente algunos católicos han discrepado y también “ L ’Humanité ’ ', que no puede perdonar a Andró Gide sus dos libros
sobre la U.R.S.S. El órgano del partido comunista ha calificado
la designación de “ Premio Nobel de la servidumbre” . Aunque
no se comprende muy bien lo que esto quiere decir, se deduce
que alude a que Gide es “ un agente de los trusts americanos” .

• En la Sala Pleyel, hace unas noches
dió Sacha Guitry una conferencia dedicada
a sus admiradores, y también, aprovechando
el ambiente político, para tratar do justi­
ficar sus veleidades durante la ocupación
alemana. En realidad, más que un público
literario el que asistió era un público intetegrado por todos los antiguos colabora­
dores. Así se explica la gran ovación con
que fué saludada la primera frase de su
charla: ‘ ‘ Cuando entré en la cárcel ” . . .
No se ha producido gran cambio en
Sacha. Su presunción aumenta con los
años. Tratando de justificar su familia­
ridad con Goering y Abetz, aludió al pre­
cedente histórico de Goethe acogiendo a
Napoleón en Erfurt.
• Con arreglo a la última ley de am­
nistía promulgada en Francia, el proceso
intentado contra el escritor norteamericano
Henry Miller, por pornografía literaria,
ha sido sobreseído. Esto ha sido debido a
las protestas que en la casi totalidad de
los escritores había dado lugar semejante
acción judicial. Pero ahora se ha hecho
público que en Suiza va a abrirse el pro­
ceso contra las ‘ ‘ Editions du Chéne ’ ’,
culpables de haber difundido los ‘ ‘ Trópi­
cos” en el territorio federal.
• El Premio Stendhal, por un valor de
cien mil francos, ha sido concedido a
Miehel Bataille, por su obra “ Patriek” .
El presidente del Jurado es Jean Schlumberger y los jueces tuvieron que elegir
entre la obra premiada y “ Martha du
prisonnier” , de Alain Gual.

• La Unión Nacional de Intelectuales ha contribuido con in­
terés a celebrar el centenario de Cervantes. El día 14 de
noviembre se ha inaugurado la exposición organizada principal­
mente por Julien Cain, Jaujard y Jean Cassou. Figuran en ella
ediciones raras de carácter cervantino y obras de arte inspiradas
por los escritos de Cervantes.
El día 15 se ha celebrado en el Teatro Francés una función
poética consagrada a Cervantes, y cuyo programa ha sido re­
transmitido por la Radiodifusión nacional. El 24, Jean Cassou
ha pronunciado una importante conferencia en el Teatro des
Mathurins sobre la obra inmortal del autor de “ Don Q uijote” .
Otros actos hay previstos, principalmente el 7 de diciembre, en
que se celebrará una gran fiesta popular en el palacio de Chaillot.
Del Comité de Iniciativa Cervantes forman parte un número
importante de personalidades francesas y españolas, entre ellas:
Madeleine Renaud, Nacgelen, Pierre Bourd»’', Julien Caín Pau
Casals, Aragón, G. Pillement. Mati- e, Corbusier, Bataillon,
Louis Parrot, Picasso, P-nrano Híaja, J. L. Barrault y Paul
Eluard.
Dos emisiones radiofónicas, el 8 y el 22 de diciembre, per­
m itía n oír a los franceses páginas de Cervantes y un concierto
du ooras inspiradas por sus libros a Richard Strauss y a Maurice Ravel.
y’~

Ahí estalla tn súplica.
¡ Oh melodía!
Sentencias, fulgores sin piedad,
llanto inmortal y verde del mar, oye ese llanto,
como una tentadora melopea,
como un tierno gemido, profundo y redentor
que corona el relámpago.

TEMA

• Como me permití anunciar en mi anterior ‘ ‘ Carta ’ ’ , el
Premio Nobel de Literatura de este año ha sido concedido al
gran maestro de las letras francesas Andró Gide. Con este ga­
lardón internacional concedido a un francés, Francia supera
la marca de todos los premios Nobel concedidos a otras naciones
desdo principios del siglo.
En efecto, Gide es el séptimo laureado francés coronado por
la Academia sueca. Sus predecesores fueron: Sully Prudhomme
(1901), el primero que obtuvo el nuevo premio: Fredcric Mistral
(1904), Eomain Rollamd (1915), Anatole France (1921), Henri
Bergson (1927) y Roger Martin du Gard (1937). En cambio,
Inglaterra cuenta sólo con cuatro laureados: Kipling, Bcrnard
Shaw, Galsworthy y Yeats. Los americanos han obtenido sólo
tres premios Nobel: Sinclair Lewis, Eugen O ’Neill y Pearl
S. Buck.
No pretenderé yo dar a conocer la gran significación de
Andró Gide, lo que no habrá ya dejado de hacer la prensa
diaria argentina. Andró Gide, a los setenta y ocho años sigue
siendo considerado por todos como la principal personalidad
literaria francesa, aunque nadie en el pasado, e incluso en el
presente, ha sido más discutido que él. Para marcar su evolución,
nada mejor que copiar estas líneas que le ha consagrado, con
motivo del Premio, el eminente crítico literario Robert Kemp:
“ L ’ enfant prodigue ha errado mucho. Frecuentemente ha
sido herido. No ha vuelto a la casa paterna porque se ahogaba.
Pero ha terminado por construirse una casa tranquila; hay
orden e incluso decencia. Ha saboreado, después de una vida
de tempestades, su bello crepúsculo, y va a sonreír a su gloria,
con un poco do escepticismo, naturalmente. .. La obra es sólida.
Puede estar orgulloso de no haber escrito — es el elogio que
prefiere— una línea insignificante.”

se disponia a cambiar el programa, cuando
súbitamente la obra conoció un gran éxito.
El triunfo fué tan total que llegó a las
cuatrocientas representaciones, y en 1936
la Comedio Frar.vjaise inscribió “ Canción
de Cuna ” en su repertorio.

(li)

• Un nuevo pleito literario de interés ha merecido el comen­
tario de la prensa francesa. Podría titularse este pleito “ Los
herederos abusivos” .
Hace seis meses las “ Editions du Point du J o u t ” publicaron
un volumen con una selección de cartas de Baudelaire, entre
las que figuraban las más significativas. Una sola de estas
cartas no había sido publicada en volumen integramente. Cinco
líneas escogidas por el señor Crepet habían aparecido hace mu­
cho tiempo. (Aclaremos que el señor Crepet se dedica desde
hace cuarenta años al estudio exclusivo de Baudelaire.)
Esta carta, dirigida por el autor de “ Las flores del m al”
al señor Ancelle, su consejero judicial de entonces, es nada me­
nos que su testamento (el único que se conoce), puesto que
establece sus disposiciones a favor de Jeanme Lemer, al mismo
tiempo que declara su intención de suicidarse. Suplica al señor
Ancelle que comprenda y haga respetar sus últimas voluntades.
Dicho documento tiene una importancia excepcional para co­
nocer a Baudelaire, porque no llevó a cabo sus intenciones de
suicidio, pero tampoco renegó de sus disposiciones con respecto
a Jeanne Lemer.
Pero he aquí que el biznieto del señor Ancelle, actual poseedor
de esta carta, se ha manifestado contra su publicación, ha hecho
recoger todos los volúmenes donde ella figura y ha llevado al
editor a los tribunales, reclamando 250.000 francos de daños
y perjuicios. Pretexto de esta actitud: la carta es de su propiedad

y se opone a su publicación “ porque la
juzga ofensiva para la memoria de Bau­
delaire ’ ’ .
• No es frecuente que un nuevo aca­
démico reúna el asentimiento de todo el
mundo. Sin embargo, puede decirse que
la entrada de Henri Mondor en la Coupole
ha tenido la mejor prensa que haya podido
tener en muchos años un nuevo académico.
Gran cirujano, profesor de la Facultad
de Medicina, Henri Mondor es también
un extraordinario historiador literario. Su
obra, centrada principalmente sobre Mallarmé, comprendo obras sobre Dupuytren
y sobre Pasteur, asi como también un
“ Verlaine” y un “ V aléry” . Un verda­
dero humanista-médico. Su presentación
ante la Academia fué hecha por Georges
Duhamel, médico-humanista a su vez.
En cambio, los elogios lio han sido tan1
unánimes para otro académico reciente­
mente elegido: Maurice Genevoix. Es un
escritor rural, que sucede en la Coupolei
a otro escritor rural, Joseph de Pesquidoux.
• Sobre la muerte de Saint-Exupéry
siempre se han emitido diversas versiones
y juicios. Ultimamente, Mareel Sauvage,
autor de “ Les Solitudes” y “ Gardiens
de la parole ’ ’, da una nueva versión, que
tiene gran importancia porque era íntimo
amigo del gran escritor piloto.
Según Sauvage, tres días antes de par­
tir para su último vuelo, Saint-Exupéry se
expresó en estos términos con él:
“ Estoy decepcionado por todo lo que
veo y o ig o . .. Una vez más es la gran
ilusión y el mundo está perdido. .. En to­
do caso, las gentes de nuestra clase no
tienen irada que hacer aquí. . . Vengo a
despedirme de t i . . . Preveo que es la úl­

tima vez que te veo; sé que no te volveré
a ver.”
• Según expresión de Roland Dorgelés,
los Jurados de los grandes premios lite­
rarios franceses están condenados de aquí
a primeros de diciembre a “ lecturas
forzadas” . Efectivamente, así es porque
nada menos que ochenta candidatos se
disputan los premios que serán adjudicados
a fines de año. El hecho so complica por­
que entre los aspirantes hay autores de
novelas de ochocientas páginas.
Para el Premio Goncourt se habla de
“ Plannéte sans visa” , de Jean Malaquais, que ha obtenido un gran éxito de
crítica, y que es la obra que yo eligiría.
Pero, sin embargo, parece que las obras
quo tienen más posibilidades son ‘ ‘ Caporal
épinglé” , de Jacques Perret, y “ Les Soli­
tudes” , de Mareel Sauvage.
Para el Premio Reuaudot, el gran fa ­
vorito es Georges Govy, por su novela
“ Les jours maigres” , seguido muy de
cerca de Maria Le Hardouin ( “ Les Foréts de la n uit” ). Se habla también de
“ On vous parle” , de Jean Cayrol, y de
“ Pomme verte” , de Paul Vincent.
Para el Femina la pugna está entablada
entro la novelista canadiense Gabrielle
Roy ( “ Bonheur d ’oceasion” ), Maurice
Tocsca ( “ Les Scorpionnes” ) y Luc Estaug ( “ Ternps d ’amour” ).
e Con motivo de la muerte de Martínez
Sierra, un semanario francés ha recordado
que su obra “ Canción de cuna” se re­
presentó por primera vez en París en una
pequeña sala que acababa de construirse:
el Studio des Champs Elvsées. Algunas
noches después del estreno apenas había
una docena de espectadores. El director

Micho! Bataille, interrogado por los
periodistas al conocerse la decisión del
Jurado, ha dicho: “ No, yo no amo a
Stendhal. No, yo no sé por qué. No, yo
no sé lo que amo. No, yo no soy escritor
yo soy arquitecto ’ ’ .
o A través de la Radio, se lia celebrado
el cincuentenario do la publicación de
“ Nourritures Terrestres” , de Andró Gide
Esta emisión literaria corrió a cargo de
Maro Bcrnard, Roger Grenier y Andouard
El propio André Gide leyó párrafos de
su obra.
• Con el título de “ La América degrada
el espiritu ” , el diario comunista “ L ’Humanitó” ha publicado una página espe­
cial dedicada exclusivamente a combatir la
literatura norteamericana.
En dicha página se decía, entre muchas
otras cosas, las siguientes:
“ No compréis los enterradores ameri­
canos de la cultura. No compréis las revis­
tas americanas. Difundid la literatura
sana. En el país de Rabelais, de Montaig­
ne, de Voltaire, de Moliére, de Rimbaud,
de Eluard y de Aragón, una propaganda
de rebajamiento del espíritu no debe en­
contrar apoyo.”
• El Jurado del “ Premio de los Lec­
tores” (mil lectores que han pagado 500
francos para poder votar su obra preferida
entre las publicadas en el año) ha demos­
trado un cierto buen criterio en su elec­
ción.
El premio ha sido concedido a la señora
Framjoise d ’Eaubonne por su novela ‘ ‘ Comme un vol de gerfauts” y a Gilbert Cesbron por su “ Tradition Forrtquernie” . La
primera ha percibido 400.000 francos y el
segundo 100.000.

Picasso, Bey

próximo 15 de diciembre, Pierre
Blanchar representará en el teatro
de los Campos Elíseos de París
“ Edipo R ey ” . Y los decorados corren
a cargo de Picasso. Por cierto que al
principio la interesante asociación estuvo
a punto de romperse: Picasso presentó
un pequeño telón con una diminuta barca
pintada en el centro: “ Este debía ser el
único decorado de la obra” , le dijo a
Blanchar. Pero el actor no estuvo de
acuerdo.
“ Estos actores no saben nada de nada
— comentó más tarde Picasso— . La barca
simboliza el Destino y el Destino es el
único decorado que necesita esta maravi­
llosa tragedia. ’ ’
No obstante, Blanchar no quiso ceder,
quizás porque la nueva traducción del
“ Edipo R ey” se deba a la pluma de un
profesor de la Sorbona, P. Mazón.
“ Edipo R ey ” — explica Blanchar a
sus amigos — es la quintaesencia de la
tragedia universal; es, simultáneamente,
el más hermoso drama policíaco y el
drama de la fatalidad más angustiante
de todos los tiempos. Es admirable su
construcción sinfónica, el ritmo de la obra,
matizado por el movimiento del coro, esos
andantes y esos allegros, ritos religiosos
olvidados sobre un ritmo humano eterno. ’ ’
Por supuesto, Pierre Blanchar ha re­
chazado la versión de Edipo hecha por
Delacroix por considerar quo falsea el
drama de Sófocles.
“ La obra griega — añade— está frus­
trada por el romanticismo de la época.
Se precisaba toda la estatura y la voz
de Moiuret-Sully, el máximo trágico mo­
derno, para disimular el “ pompierismo” .
Hoy, nadie podría representar esa Adap­
tación. ’ ’
Desde luego, la obra promete ser una
recreación. En ella, unas veces Apolo y
Diana parecen personajes ficticios y otras
Artemisa y Febo parecen dioses reales,
personajes potentes y familiares. Tanto
que durante los ensayos los maquinistas
y tramoyistas del teatro han quedado sus­
pensos de emoción.
‘ ‘ Evidentemente — precisa Blanchar—
no podemos recrear a Sófocles, ni la re­
ligión, el teatro y la música griegas. No
aspiramos a eso. El mejor medio de con­
mover a nuestros contemporáneos es res­
petar en gran medida la pureza de la
vieja tragedia helénica v a través de sus
intenciones religiosas devolverle su con­
tenido humano .más íntimo. El propio
texto incita a un decorado geométrico,
lineal que, do creer a los eruditos, no se
aleja mucho de la “ mise en scéne ’ ’
griega. ’ ’
En cuanto al decorado, Blanchar ma­
nifiesta :
“ Los que no conocen a Picasso más
que a través de una falsa publicidad se
quedarán muy sorprendidos. Bien docu­

E

l

mentado sobre temas antiguos, Jicasso
ha respetado en un todo el arcaí no co­
rrespondiente a los comienzos d
siglo
v antes de Cristo en Atenas. Er. uanto
a los colores no me atrevo a d• -r que
serán neutros; pero me limitaré a cordar
la observación de una joven cret e que
desembarcó en Provenza: “ ¡Oh jamás
había advertido en mi tierra que 1
olivos
fueran verdes! ’ ’

lin/VCIA!
No es en cumplimiento a
’tna
rutina que estampamos aquí
tra palabra de agradecimiento a
cuantos nos han hecho llegc sus
plácemes. Dicta esa humilde fra­
se la fe puesta en estas páginas,
correspondida, con adhesión que
nos emociona, por nuestros lecto­
res, por nuestros antiguos y nue­
vos colaboradores, por nuestros
avisadores. . . Tan pronto como
nuestro número anterior hubo to­
mado contacto con la calle, sen­
timos a nuestro alrededor la pre­
sencia del público que queremos
como amigo. A este público le
decimos hoy que aspiramos a ha­
cer de C abalgata el periódico de
letras y artes que él desea.
C ab alg ata es un periód ico
ecléctico y heterogéneo: aspira a
ser un órgano selecto de gran di­
fusión. Colaborarán en estas pá­
ginas — están invitados a hacer­
lo— los escritores, poetas, artis­
tas, críticos del país de todas las
tendencias y p r o m o c io n e s . Es
nuestro propósito ofrecer al lec­
tor la más amplia panorámica del
arte y la literatura nacionales.
Con idéntico espíritu recogerán
estas columnas las manifestacio­
nes plásticas y literarias de los
países hermanos y de los de ha­
bla distinta a la nuestra.
E l número anterior, con el que
i hemos iniciado la segunda época
; de C abalgata , se agotó rápida­
mente, privándonos de atender los
pedidos que llegaron con poste­
rioridad al día de salida. Roga­
mos disculpas a cuantos no hemos
podido atender por este motivo.

�cabalgata

5

UNA SUPERCHERIA
ICONOGRAFICA:

LOS I1ETIIAT0S
DE

Primera imagen de Cervantes
recibiendo la inspiración.
(Yicpe de la primera página)
de hacerlo muy amena y docu­
mentalmente * un cervantista emérito y un
excelente prosador.
Ya la primera anomalía que siempre ha­
bía suscitado nuestro asombro es que el
mencionado retrato hubiera sido descu­
bierto e impuesto oficialmente en fecha
reciente, descartándose el que hasta enton­
ces se tenia por auténtico. Pero he aquí
que un buen día, en junio de 1911, apa­
rece — el verbo de aire mágico no puede
ser aquí más exacto, ya que nunca se
supo claramente su verdadero origen—
cierta pintura sobre tabla en cuya parte
superior leíase esa inscripción: D. Mi­
guel de Cervantes Saavedra, y en la in­
ferior, esta otra: leían de laurigm . Pinnf. Año 1600. El cuadro pasó inmedia­
tamente — por donación de un profesor
le dibujo y restaurador de cuadros anui­
mos, último poseedor de él, quien nunca
aplicó satisfactoriamente cómo había llo­
rado a sus manos— a la entonces Peal
Academia Española. Esta, sin mayores
iveriguaeiones técnicas, fiada solamente
■n la convicción difusa de sus honorables
niembros, y resolviendo expeditivamente
malquier perplejidad, decretó que dicha
abla era el retrato auténtico del creador
leí Qnijote, y como tal se apresuró a pro­
palarlo e imponerlo, multiplicando sus re­
producciones. Que aquellos acartonados y
pxtraa-rtísticos varones no advirtieran, co­
no podía advertir cualquier aficionado picórico — aun sin llegar al grado d© histoiador..diserto, de chamarilero sabio o de
‘ pes o en Bellas A rtes” *--, la esca°'\
ralájodel lienzo en cuanto obra &lt;le arte,
m¡añac"repararan en el denso tu fo.d e cosa
tabla ala que trasciende — al ca.bo, una
de la t nfigua algo repintada, con la frente
dejar’ ’igura ensanchada hacia arriba, para
las ina “ lisa y desembarazada” , y con
tas— seripciones recientemente superpue­
sto l nada tiene de extraño. . . puesto que
obrer o ve cualquiera, sobre todo cuando
del ,-a la reproducción con los colores
original. Mas que los eminentes vesi del idioma, entre los cuales se conn a la sazón gentes muy duchas en
•histórico y minucias cronológicas, no
tieran que si la tabla fué pintada,
:eza la inscripción, en 1600, Cervantes
entonces cincuenta y tres años — y
iarsonaje del retrato parece bastante
más viejo— , ni tampoco que Jáuregui
sólo contaba entonces diez y seis; que no
les isombrara ese Pon pegadizo que nunca
osó Miguel de Cervantes, con el cual no
lo ¡ratificó ningún contemporáneo suyo
y tampoco figura en documento alguno
de los siglos xvi y xvrr; ni que fin al­
mente repararan cómo el modo potencial
y dubitativo con que Cervantes se refiere
en las primeras líneas de su prólogo al
retrato de Jáuregui quedaba así convertido
en tiempo presente y hasta profético, ya
er Sosa más extraña.
acaban

Ahora bien, la sospecha, y aun la cer­
tidumbre del error de la Academia de la
Lengua, cometido por ligereza o soberbia,
adquiere aún mayor base cuándo repasando
lis páginas del mentado e ilustrativo vo­
lumen, advertimos que no es éste el primer
díñate perpetrado sobre tal materia por
la “ docta corporación*” . (¡E s a inefable
A'ademia Española que ha mucho perdió
basta la sombra de prestigio, si es que
dguna vez lo tuvo cabal; que ni siquiera
ajorce ya la influencia social de “ buen
tono” lograda en los días de Valera y
Menéndez Pelayo; esa Academia de la
Lengua, engendradora de hispanófobos
lingüísticos en la América española, pues
«ólo aquí, en este continente, se le atribuye
con credulidad un monopolio regulador y
despótico -sobre el idioma común que en
España misma nunca felizmente alcanzó
y que de hecho pertenece a los buenos
osentores y a las gentes cultas; esa
Academia que con im p a g a b le “ celo
histórico” mantuvo secuestradas durante
decenios las cartas reveladoras de Lope
jl® Vega al Duque de Sessa, estimando
8ensatamente” que el conocimiento de
ian extraordinaria fuente documental me­
noscabaría la memoria del F én ix; esa
Academia, en suma, con la cual sería el
cuento de nunca acabar, si fuésemos a
historiar todos sus desaciertos y medroedades, pues ella misma no acaba jamás
o® acrecer sus deudas en tal punto, según
•onfirma cierta hoja servil antepuesta a
última edición de su Diccionario. . . ! )
¡A Historia gráfica de Cervantes y del Quie, por Juan Givanel Más y Gaziel. Editorial
Ultra, Madrid, 19-16.

Dos años después, en una edición de
1707, Cervantes utiliza sin dificultad
su mano estropeada.
En efecto, ya algunos años antes, en
1870, se habia equivocado con la misma
desenvoltura al considerar como auténtico
cierto supuesto retrato de Cervantes atribui­
do a Alonso del Arco, y que fué durante
más de un siglo el primer ‘ ‘ Cervantes o fi­
cial o de la Real Academia ’ ’ . Lo más grave
es que en la lámina que sobre él se di­
bujó — incluyéndola como frontispicio en
Versión señorial: Un “ Cervantes”
dibujado por Kent y grabado por
Vertue para urna edición inglesa
de 1738.

UNIDA»

la famosa edición de Ibarra— ni siquiera
so buscaba o se respetaba ya el menor
parecido con el autorretrato literario de
Cervantes; venía 3 ser así, del modo más
ingenuo, una imagen perfectamente aca­
démica — por convencional y sin base
efectiva— , enmarcada lapidariamente en
un medallón barroco por su recargamiento,
pero qgoclásieo en la factura. Se trataba,
en suma, de una interpretación más, de
una variante libre sobre el retrato com­
pletamente imaginario, dibujado por Kent
y grabado por Vertue, quo acompañaba
a una magnífica edición inglesa del Qui­
jote, en su texto español, publicada en
Londres, en 1738, y precedida del primer
estudio biográfico, el de don Gregorio
Mayans y Sisear. Representa aquélla, sin
sombra de verosimilitud, sin el menor es­
crúpulo histórico, al hombre azacaneado
y pobretón que fué Miguel de Cervantes,
nada menos que instalado en un palacio
y, al fondo, un gran salón de ventanas
ojivales por donde cruza un caballero, su­
puesto don Quijote, completamente embu­
tido en una armadura de museo cual nunca
la poseyó el hidalgo m anehego...
Pero estas representaciones convenciona­
les y engrandecedoras — todas ellas imagi­
narias, puesto que nunca, insistimos, se
ha encontrado el menor trazo o bosquejo
do ningún verdadero retrato cervantino—
arrancan de más atrás, se remontan* ori­
ginariamente a la edición que en 1705
publicó un librero de Amsterdam con la
traducción francesa de las Novelas ejem ­
plares. Aparece allí un grabado con cierto
caballero, vestido a usanza del siglo xvm ,
y no del siglo de Cervantes, sentado ante
una mesa y en* trance de recibir la ins­
piración. Esta asume las formas de un
genio alado, sobre mullida nube, entregán­
dole una pluma, que el supuesto Cervantes
recibe con la mano derecha abierta. Lo
curioso es que dos años después, en otro
grabado — también do una edición hecha
en Amsterdam— la imagen aparece vuelta
del otro lado, y Cervantes ase ahora la
pluma, que el angelote le tiende, con su
mano izquierda, perfectamente hábil, ol­
vidando cuán estropeada le quedó por el

Versión caprichosa del “ Manco de
Lepanto’ ’ en su primer fase.
arcabuzazo que recibiera “ en la más alta
ocasión que vieron los siglos ’ ’. Mas este
asunto del “ manco de Lepanto” ha lo­
grado aún, a lo largo de su accidentada
iconografía, imágenes más chuscas. En
ocasiones se le dió una representación*
discreta, atenuada, según muestra un gra­
bado de Kent - Vertue, publicado en La
Haya, en 1739. En otras, cierto dibujante
también inglés, un tal Hulett, calcó el
antedicho retrato y le cercenó la mano
izquierda, de un ta jo ; con* razón dicen los.
Versión académica: el supuesto re­
trato de Cervantes atribuido a Juan
Je Jáuregui.

id e

Supondría demasiado espacio ir siguien­
do paso tras paso, retrato a retrato, las
vicisitudes sufridas por la representación
artística de Cervantes a lo largo de tres
siglos. El curioso lector podrá encontrar
un historial bastante completo en el libro
de Givanel Más y Gaziel, tan curioso, que
venimos parafraseando. La conclusión in­
mediata derivada del cotejo ante el desfile
de tan caprichosas y contradictorias imá­
genes cervantinas es ésta: cada siglo, cada
época, do la cultura y de los estilos artís­
ticos ha tenido “ su ” Cervantes: tendió
a representarse al humilde y genial alfialaíno siguiendo más que las características
propias del tiempo cervantino, las caracte­
rísticas y gustos peculiares de la época
vital de cada intérprete g rá fico; y lo
mismo acontece con los múltiples ilus­
tradores del Quijote.
Repasando esas páginas se advierte así
como hubo un Cervantes al gusto neo­
clásico, un Cervantes romántico de per­
geño francés 1840, un Cervantes britanizado y puritano, otro shakespeariano, un
Cervantes aburguesado, culto, liberal, de
tipo español 1800 — cual es el de Madrazo
- -, un Cervantes español, romántico ima­
ginado ba jo la influencia del Don Alvaro,
de Rivas, y del Don J.uan Zórrilleseo, un
Cervantes eonstitueionalista de 1876. Lue­
go, a fines del siglo xlx, enasdo se empieza
a entrever que no todo es jácara en Han
Quijote, cuando se insinúa la ‘ ‘ melanco­
lía ” del gran libro, brota un Cervantes
ensimismado.

1

i

» DAN

1
jL

1

las plantas que le hacen dudar
protesta a menudo contra
de
la inteligencia de Maeterlinck;
los que pretenden encerrarlo
y ese Gide, espectador violenta­
en alguno de sus libros, y de que
mente imparcial del mundo, que
Les nourritures terrestres sea la
apunta las faltas gramaticales de
prisión preferida por tales simplisus colegas, colecciona recortes de
ficadores apresurados. Frecuente­
periódicos, toma notas sobre mé­
mente vuelven en su Diario afir­
trica y prosodia y transcribe lo
maciones como ésta: “ Si yo mu­
que dicen los chicos del jardinero
riera ahora, sólo dejaría de mí
es el mismo Gide que, con una
un rostro tuerto, o sin ojos” y
técnica
netamente folletinesca, ela­
quejas contra la dura fatalidad de
bora
las
más portentosas novelas
la composición, que impone un or­
contemporáneas y nos presenta la
den sucesivo a obras de génesis y
teoría del acto gratuito al mismo
necesidad contemporáneas.
Andró Gide
tiempo
que emprende la revisión
E s curioso apuntar cómo en dos
Premio Nobel de Literatura, 1947
de ciertos procesos judiciales o
de las más magníficas cabezas de
políticos.
la literatura francesa contemporá­
Gide
realiza
la
paradoja
de una conducta única,
nea, Gide y Benda, se da el mismo fenómeno en dos
literaria y humana, unida al respeto por el adversa­
sentidos distintos. Benda, orden, lógica, claridad des­
rio: paradoja tanto más paradójica porque su ad­
piadada, que marcha de la novela a la filosofía y
versario
se encarna en él mismo y es su inteligencia
busca cada vez más su propia integración, conoce su
sin par la que le hace ver todos los lados de una cues­
dualidad fundam ental: bien puede remontarse en ar­
tión al mismo tiempo y bajo una misma luz. Su tra­
gumentaciones implacables, negarse a ciertas músicas,
yectoria
— en la que no ha sido difícil ver contra­
abrazarse a la razón desnuda. La poesía lo reclamará
dicciones que sólo lo son en apariencia— es rectilínea;
siempre desde su propio pecho; para nuestra radian­
y su conducta y la continua progresión de su pensa­
te maravilla, tendrá que penar sobre cada línea hasta
miento no han podido menos que conquistarle ene­
que las palabras respondan a la armonía — y no al
mistades e ininteligencias, tales
que no se puede
puro sentido— de la idea. Aunque abandone su pro­
dejar de estar con él cuando se ve quiénes lo atacan” ,
pia imagen y pretenda escribir con una pluma del
como escribió Montherlant hace ya veinte años. Un
ala de Uriel, Benda — y es su grandeza mejor— no
hombre que ha sacrificado constantemente su tran­
dejará de ser un hombre: no una pura mente sino
quilidad exterior a su imprescindible necesidad de
un hombre, a la vez luminoso y ciego, como todos
ser veraz hasta con él mismo, para quien elegir es
los hombres.
sacrificar el resto — o sea no ser ya el mismo— V que
Gide, en cambio, recobra su figura por la suma
puede decir al cabo de una larga carrera que “ su
de todos sus rostros diferentes. E l cantor del agua
arte es la cosa que considera más importante para
de los jardines africanos es el mismo viajero que re­
é l” , merece las nobles palabras que le dirige uno
torna de Tchad con su valija llena de protestas; el
de sus opositores, Franqois M auriae: ‘ ‘ Quiero decirle
sutil comentador de Dostoievski es el sutil traductor
que si continuamos queriéndolo mucho y a pesar de
de W illiam Blake, su propio pastor y su inmoralista,
nuestras diferencias, es porque toda su vida ha sido
y los demonios que se agitan alrededor de su Saúl
alguien que se ha ofrecido. Nos ha servido a todos
son el mismo ángel con que lucha, como Jacob, uno
para conocernos m ejor.” Y el alto premio que acaba
de sus personajes. Gide es el mismo — y eso es lo
de recibir no es sólo la máxima distinción otorgada
asombroso— desde los tiempos en que el simbolismo
a un artista sino la señal visible, universal, casi co­
pretendía guardarlo del contacto de la realidad has­
lectiva y tan necesaria hoy, de la confianza de to­
ta hoy en que el color de unos ojos es para él un
dos en el ser humano y sus potencias espirituales.
rasgo sagrado e intocable. Es el Gide propietario
E l triunfo de Andró Gide es una de las victorias
rural el que dicta a Gide su sagaz refutación de
del hombre.
Barres y sus observaciones sobre la inteligencia de

G

autores Jel libro citado que “ el grabador
Hulett era más temible que los arcabu­
ceros turcos” . . .

Y a última hora, en 1943, dentro de
esa misma corriente, ha surgido un nuevo
Cervantes, seguramente también apócrifo,
sobre el cual ya nadie se atreve a dar
ninguna garantía de autenticidad -—ni
siquiera la Academ ia— , pero que en* re­
sumidas cuentas es el que más se le parece
espiritualmente. Nos referimos a cierto
lienzo, también vagamente atribuido a
Jáuregui — pues ahora nadie osó pintar
unas letras encima, ni simular una firm a— ,
pero superior, en cuanto obra artística,
a todos los conocidos. Representa a un
caballero anciano, de unos sesenta y cinco
años, cuyas características faciales coin ­
ciden también con el autorretrato literario
de las Novelas ejemplares. Es un rostro
quo trasciende inteligencia, bondadosa iro­
nía, recatada dign idad: en suma, aquellas
cualidades con que a través de la dedi­
catoria del Persiles vemos espiritualmente
a Cervantes en sus días postreros.
Dejando a un lado m ofas y sátiras con­
tra las Academias ( “ ¡de las Academ ias
— y de laa blasfemias— , líbranos, Se­
ñor! ” ), contra los embaucadores ingenuos
o maliciosos, llevando la cuestión a un
plano más alto y general ¿qué otra cosa
demuestran estas peripecias infligidas a
un escritor glorioso en busca de su retrato
sino la necesidad que sienten las gentes
de concretar siempre e » una imagen m ate­
rial el sujeto de su devoción? No se re­
signan a imaginárselo por su cu en ta;
quieren ver una figura real detrás de la
obra. Quieren — queremos, pues, en este*
afán todos comulgamos— resarcirle con
esta reencarnación g rá fica de lo invisible
que pasó entre sus coetáneos.
Porque el hecho categórico resultante
es que ninguno de los artistas que convi­
vió con Cervantes le otorgó jerarquía o
consideración como para preocuparse de
fija r sus rasgos mortales. Cervantes p ro­
bablemente hubo de amistar con Pacheco,
cuando residió en Sevilla, y sin em bargo
su efigie no aparece en El libro de retratos,
que grabó el suegro de Velázquez, y donde
figuran otros ingenios del tiempo, más
famosos entonces y hoy olvidados. Cer­
vantes no tuvo la fortuna icon og ráfica
do un Erasmo al ser retratado triplemente
por Holbein, Durero y Quintín M atsys;
no halló en su camino a un Velázquez
como Góngora, ni a un G iotto como Dante,
ni a un R afael como Castiglione, ni a un
Tiziano como ArioBto y Aretin*o, ni a un
Lucos Cranach como Melanchton, ni a
un Greco como Paravieino, ni a un Murillo como Quevedo, ni a un Frana Hale
como Descartes, ni a un Philippe de Ohampaigne como Pascal, etc., etc., en esa
serie de grandes correspondencias icon o­
g rá fico! iterarías que fuera muy largo ha­
cer medianamente completa, pues reque­
riría agrupar decenas y decenas de nom ­
bres perdurables.

�cabalgata

4

escritor auténtico crea su propio
mundo, y, a pesar del excelente adagio
“ Escribe sólo acerca de lo que conoces” ,
el mundo que crea no es siempre exactatamente parecido al que tiene cada día
ante sus ojos. Porque el realismo (como
verdadero realismo artístico) sólo así pue­
de llegar lejos De otra manera, el escritor
no pasa de agregar novela tras novela,
como si se tratara de coleccionar auto­
móviles Ford. A veces son libros admira­
bles. ricos en asuntos candentes; pero su
vitalidad es sólo pasajera: tratan, por lo
general, a plena luz del día. de los pro­
blemas del casamiento y del divorcio o
enuncian, por ejemplo, los de la industria
del pescado seco, hasta agotar el tema;
hacen esto y otras cosas más, pero no
interesan a nadie unos años después. Mas
parece que ello no tuviera importancia, por­
que siempre se publican1 nuevas novelas del
mismo género. Mientras tanto, sólo conta­
das creaciones de la imaginación logran
vivir perdurablemente.
Quizá la mejor prueba de la calidad
artística de Robert Xatlian consiste en que
las novelas que publicó hace va mucho más
de una década conservan toda la frescura
del primer día. ¡D e cuántos novelistas
contemporáneos se puede decir algo pa­
recido? Y cuando se dice, muchas veces
resulta impropio. Lo cierto es oue. en este
caso, mientras el campo literario de Esta­
dos Unidos se ve cada semana inundado,
devastado, por novelas que avanzan a paso
firme — guiños de anuncios luminosos y
voz de radiodifusoras— hacia el olvido
inevitable, los personajes creados por Ro­
bert Xathan — el señor Aristóteles y el
Papa Jonás, la señora Heavenstreet v el
perrillo Musket, la adolescente Jennie v
Eben, el pintor— siguen siendo lo que
fueron al nacer: criaturas vivientes que
respiran y se agitan. Estas criaturas no
pretendieron jamás otra cosa, y la vida que
las anima sigue intacta. Las calles que
rodean la plaza han cambiado de aspecto,
en cierta forma, pero la luz del crespúsculo
sigue proyectándose en forma de barras
amarillentas, empolvadas, y la tragedia
del señor Aristóteles sigue siendo una tra­
gedia, aunque esté representada por un
muñeco. La gran pelea del gallo Barto­
lomé contra el mestizo malaycVsigue siendo
tan emocionante como antes, y la estación
primaveral en Barlv no ha cambiado. Esto
es lo que interesa, ante todo, en una no­
vela. Así es como una obra resulta dura­
dera y se anima de nueva vida.
Es muy ilustrativo volver la vista hacia
los comienzos. Los modelos que seguían los
jóvenes novelistas de principios de este
siglo formaban una especie de “ novela
colegial” y cambiaban dé una generación
a otra. Los había en gran número y pro­
venían de las universidades de Yale, Har­
vard, Princetoir, Chicago y otras de la
misma importancia. En todo caso, el héroe,
un poco desilusionado de la vida, tomaba
su camino armándose de ironía y de pie­
dad. Entre estos héroes hubo uno que
apareció con el nombre de P eter Kindred.
X o fué un libro de éxito, a pesar de que
tenía dos cosas excepcionales: grave so­
briedad de estilo y notable ausencia de
adjetivos sonoros. Pero, en lo que se re­
fiere al conjunto, en general seguía ex­
hibiendo las tres características del modelo
establecido: adolescencia, vida estudiantil
y amores primerizos. A simple vista, esta
obra daba la clave de la dirección que
debía tomar el autor.
Como Xathan nació en Xueva York, era
natural que su segunda obra fuera un
estudio sesudo sobre Manhattan y su nueva
generación; un estudio que podría permi­
tirse hasta ligeras excursiones a Long
Island, por ejemplo ...P e r o no fué así.
El libro esperado fué una pastoral llamada
Otoño. Giraba alrededor del tema de un
maestro de aldea y estaba relacionado

T

Oscar Domínguez. “ Composición” .

Problemas de la Pintura Contemporánea

OSCAR

DOMI NGUEZ
Por EDUARDO WESTERDAHL

unos diez años, con motivo de una
exposición de objetos superrealistas en
la Galería Charles Ratton, de París, yo
escribía sobre el pintor Domínguez estas
breves palabras, trazando un puente entre
su figura y la de Hans Arp, como cargas
polares del movimiento superrealista.
“ Oscar Domínguez — decía— entra en
la vida plástica del superrealismo insu­
flado de academia, de literatura y de
los valores poéticos que representa Sal­
vador Dalí. Arp representa la polaridad
del movimiento en tiempo y tendencia
concreta. Domínguez polariza también en
el movimiento el tiempo y la tendencia
propia de realidades que pertenecen al
mundo onírico. Sus últimas obras se se­
paran de la academia que amenaza a
Dalí, afiliándose a la aventura de un pro­
cedimiento más directo, en su relación,
con su mundo subconsciente y con las
revelaciones de su persona. En Domínguez
puede descansar el necesario despertar
constructivo. Sus últimos objetos atesti­
guan que aún la realidad ofrece un vasto
campo experimental, partiendo, desde lue­
go, de una introversión del sistema sepu’i do: que lor objetos no son lo que
-. n -'-,-’' ,n, sino cosa distinta deson ’ ’ .
Este desdoblamiento morfológico, pre­
visto entonces en su obra plástica, se ha
acentuado en los últimos años, especial­
mente en sus llamadas esculturas móviles,
que adquieren un peculiar desdoblamiento.
Das esculturas móviles de Domínguez, pe­
queñas piezas talladas en caoba, se com­
ponen de cuerpos grávidos e independien­
tes que forman una suma plástica de
expresiones variables. Las piezas se en­
samblan y cambian sus valores creando
cuerpos que son derivaciones de objetos
sin clara representación, pero que al fin
concretan unas realidades tan inteligibles
como los personajes de Joan Miró.
Oscar Domínguez establece así una co­
nexión con el 900 y aparece como un
heredero de la tradición poéticoutilitaria
que difundió en occidente el neobarroquismo denominado “ Jugend mistyl” . Ahora
bien, esta herencia es mecanicista, pero
nada tiene que ver con la morfología de
este estilo, tan grata por otra parte a
Salvador Dalí, quien la impuso al mo­
vimiento superrealista influyendo en Bre­
tón, hasta el punto de poder yo atestiguar
la impresión que a este je fe de grupo le
causó ver una torpe reproducción1 en yeso
policromado de estos “ bibelots” comer­
ciales, calificado como m agnífico ejem­
plar de escultura delirante.
El “ Biedermeier” fué un movimiento
expansivo del objeto que vino a parar,
por su dinámica lineal y el campo vegetal
donde desarrollaba preferentemente sus
operaciones, en un movimiento ornamental
o decorativo. El objeto poéticoutilitario
o la doble finalidad del objeto artístico
tuvo caracteres de creacióir. X o necesi­
tamos detenernos en la descripción de bra­
zos o cabellos de tal forma enlazados que
formaban búcaros, de tallos estilizados
cuyas flores eran perchas o de ingentes

H

ace

troncos o montañas floréales que eran
casas (G audí).
Pero desde Arcimboldo a Dalí, pasando
por el Boseo, por Huys, por Larmessin
y Grandville, sin olvidar a Leonardo, ni
a los contemporáneos como Picasso y
Ernst, el arte ha tenido un sentido de
catacresis, mediante el cual la obra trata
de vibrar orgánicamente. Esta preocupa­
ción entró en el arte con el Barroco, con su
dinámica, en la que ya se puede apreciar
la doble intención reflejada en la genial
receta de W olfflin : “ en distinto sentido
que de los retratos clásicos hay que decir
de los retratos barrocos: su contenido es,
no los labios, sino el lenguaje; no los
ojos, sino la mirada’ ’ .
En un plano objetivo el impresionismo,
lo mismo que años más tarde el futuris­
mo, trata de captar la vibración, la re­
verberación, el movimiento del objeto grá­
vido al ser disuelto por la luz, por el
aire, por la atmósfera o por el movimiento.
El expresionismo, más dentro de los mó­
viles espirituales del Barroco, centrado
en la persona y su vacilación, en su an­
gustia, capta los valores demoníacos y
las líneas de contención de la figura; y
1«= representaciones del color tenidas por
'radnional. o científicas son abandona­
das por cielos amarillos y rostros azules;
o como en la pintura absoluta de Kandinskv por líneas o colores que lleven en sí
autonomía, que se comporten de manera
universal como individualidades de deter­
minadas radiaciones emocionales.
Quiere decir todo ello que la doble
intención, catacresis, imagen o represen­
tación, es una cualidad ingénita del arte,
y que una manzana nada tiene que hacer
en el cuadro si su intención es la de
ser simplemente una manzana.
Así vemos estos objetos de Osear Do­
mínguez, cuyo polimorfismo tiene algún
parentesco con las esculturas del inglés
Henri Moore. Pero este parentesco lo ob­
servamos también en Pablo Picasso con
sus ajustes, ensambles y sincronismos, con
sus metamorfosis, como una línea general
de conducta a la que parece adaptarse
parte del arte contemporáneo.
De la crisis en que parece sumido el
movimiento superrealista, pintores como
Piccaso, Dalí y Domínguez tienden a re­
valorizar el cuadro, a hacer un inventario
de sus buscas o encuentros. Así para
Picasso será una suma de destrucciones,
para Dalí, la vuelta a Rafael, (véase su
Vida Secreta,) para O. Domínguez la ne­
gación del tema y el trabajo dentro de
los límites del cuadro: materia, color, lí­
nea, etc.
La obra de Oscar Domínguez posee una
riqueza y variedad extraordinarias. De­
jando atrás la obra de los años anteriores
a la última guerra, la producción de los
últimos años tiende hacia un sintetismo
dramático sirr huir de la preocupación nor­
mal picassiana: la persona y su drama.
De 1937 a 1941 Domínguez trabaja sus
cuadros cósmicos, paisajes de una lujosa
trabazón corpórea, de celestial anatomía,
a la que parecía destinado por muestras
de su obra anterior. Estos lienzos son

Oscar Domínguez. “ Escultura móvil en caoba” .

odo

extraordinariamente vitales, con formas
inventadas, concretas y dramáticas.
En ese mismo año 1941 hace sus incur­
siones en el cuadro “ vitral” con sus
óleos “ Minotauro” , “ Alio Cleopatra” ,
“ Crepúsculo” y “ Composición” , algunos
de los cnales anticipan sus esculturas
móviles del siguiente año y sus cuadros
Tadiales jlel 1944.
En 1943, logra su célebre “ El revólver
y el teléfono” , expuesto con gran éxito
en Bruselas; de técnica radial, y sus ba­
ñistas, figuras lineales y “ fauvistas” .
En 1944 entra de lleno en su obra
radial o vitralista, de gran trabazón1 ló­
gica, donde trata de sincronizar todos
los valores plásticos de objeto y fondo,
estableciendo una unidad de construcción
V creando el cuadro orgánico, dotado de
las mejores adquisiciones logradas por la
pintura, es decir, composición o arquitec­
tura, color, formas exactas, conclusas, ce­
rradas en sí mismas, pero móviles, gráciles
y dinámicas, cierto humor dramático, pla­
nificación y concreción humana.
Sus últimas obras presentan problemas
bidimensionales, sintéticos, por los que
su pintura parece buscar una salida hacia
el reposo de la arquitectura.
De él ha dicho Georges Hugnet: “ sus
invenciones llevan una inquietud y un
tormento fuera de toda medida. Uno se
pregunta si este canario, embovedado, des­
tilando oscuros recuerdos, no sería el de­
positario de los secretos de un universo
desaparecido, y si él no nos propone un
mundo de autómatas con funcionamiento
perdido, a la manera olvidada, un mundo
de héroes sin nombres, travémlonos a las
orillas de una leyenda fantasm a” .

con las tendencias y modas literarias de
su tiempo, en la misma forma que los
Songs o f Inocence (Canciones de Inocen­
cia ), de Blake, lo estaban1 con el suyo.
En este caso se podría observar que
muchos novelistas habrían sido capaces de
escribir cualquiera de las novelas de se­
gundo orden que abundan entre nosotros;
pero sólo Robert Xathan podía — mejor
dicho, pudo— escribir Otoño.
Y lo cierto es que se trata de una obra,
con algo que ninguna otra de su tiempo
posee: un estilo a la vez delicado, austero
e inquebrantable, lo bastante afilado para
cortar, pero sin rencor; un estilo claro
como el agua o el aire. Y junto con esto,
la ironía graciosa y la imaginación deli­
cada, además de una sensibilidad amorosa
de la vida y un odio profundo contra todo
lo que puede mutilar o desnaturalizar, con
cualquier fin, este amor, y que quizá no
ha sido suficientemente observado por los
críticos de Xathan. Pues este autor escribe
bien, claro está, pero sin acaramelamientos. Y el horror de Metabei en la iglesia
es un horror auténtico.
Por otro lado, hay también melancolía
— que no tiene nada del manto negro, sino
de la sombra de una nube de verano— y
humor que ilumina sin destruir. El ángel,
en La mujer del obispo vive tiempos di-

jamás mi salvación a costa de tener que
escupir sobre mi propio pueblo. {Cree
usted que amo demasiado a los judíos?
{Cómo podría decírselo cuando yo soy uno
de ellos? Pero, en todo caso, le confieso
oue estoy harto de los que odian a los
judíos, porque estoy harto de odio. Lo que
ahora necesita el mundo es un poco más
de cordialidad, y que las gentes se estre­
chen las manos y se saluden cariñosa­
mente. {Cree usted, acaso, que es agradable
permanecer al margen de t o d o ? . .. ”
Estas palabras fueron escritas en 1928.
La permanente actualidad de la obra de
Robert Xathan hace ane sea posible apli­
carlas también en estos momentos. {Cuál
es la virtud aue le da esta característica
de permanencia? Y o desearía conocerla.
De los libros a oue. hago referencia en
este artículo, dos desarrollan su argumento
en una aldea, dos en la ciudad de Xueva
York y una en el cielo. Los principales
personajes son: un perrillo, un ángel, una
actriz famosa, un obispo, un artista pintor,
un gallo de pelea, utr hombrecillo verde y un
leñador. En ellos hay amores felices y
amores desgraciados: grandes y pequeños
dolores del cuerno y del espíritu: juventud,
vejez y decepciones de la edad. Son. por
otra parte, libros que sólo tratan de la
naturaleza humana, y no son ni presun­
tuosos ni oscuros. Además, están- escritos
con dulzura.
Pero, a pesar de estos “ defectos” , uno
los lee y los recuerda, y vuelve a releerlos.
Veamos, por ejemplo, al violinista de
Barlv cuando acaba de ser despedido a
•causa de su ociosidad, por el reverendo y
sonriente presbítero Flood:

;
j
j
-

“ Cuando se quedó solo, el violinista
contempló la figura del doctor Flood, que
se retiraba sonriente.

Bobert Fatlian
fíciles en este mundo, y el señor LewisLevy, en Hay otro cielo también tiene sus
dificultades en el paraíso protestante al
que lo han enviado. El mismo Musket, el
perrillo inteligente, no encuentra todas las
cosas arregladas a su gusto, a pesar de
su reputación artística. Sin embargo, todos
viven con un entusiasmo mezclado dé sor­
presa. Y pueden sufrir caídas, pero poseen
la aptitud de levantarse. V oy a hacer una
cita para dar idea de la calidad:
El
amor del hombre y la mujer es una cosa
muy diferente; está lleno de pena y de
sed humana; es un infinito desierto deternidad, es una ilusión de coinoó.ues un miraje de consuelo. Además, el
amor es también un impulso irresistible
de naturaleza puramente animal. Y o no sé
nada de esto por experiencia propia; pero
he estudiado bastante a los poetas ” .
Así habla Jorge Germán Wutheridge,
profesor de lenguas semíticas, uno de los
personajes de La mujer del obispo. Todo
esto es muy fácil de leer; pero es muy
difícil de escribir en su mismo tono de
humildad. Porque el lector no espera re­
cibir exactamente lo que pensaba, y, en
virtud de la última sentencia, uno se ve
obligado a dar imprevistamente un paso
atrás. Esto constituye una parte del mé­
todo de Robert Xathan, si es que el arte
de escribir bien puede llamarse método.
Esta mezcla de imaginación y de rea­
lidad (de realidad contemplada en la
im aginaciónjconcede a este autor un pues­
to excepcional en nuestras letras. Porque,
a pesar de que sus historias son casi siem­
pre fábulas, jamás pierden su nexo con
la humanidad. Observad la extraordinaria
descripción de los niños, desde Amy May
n olly en La muñeca maestra y la prota­
gonista de Eetrato de Jennie, hasta los
dos muchachos llamados simplemente Potter y Johnson, en La mujer del obispo.
Todos ellos son niños reales, con la pe­
queña barbarie y la gracia emocionante
de la infancia; son crueles, absorbentes
y al mismo tiempo encantadores. Viven en
su propio mundo y, parcialmente, también
en el nuestro. Xadie ha podido hacerlos
mejores de lo que son, en nuestro tiempo.
He aquí un ligero incidente en una fiesta
de Xavidad:
“ El rostro de Julieta se puso a temblar.
Aproximándose con la cabeza inclinada,
abrazó a su madre por las rodillas y
exclamó con voz lastimosa: — X o tengo
ningún payaso. Y o quiero un payaso. Tú
le diste el mío a Potter. Este árbol de
Xavidad me pertenece. Tú le diste mi lindo
payaso. . . ”
“ Y eehando a llorar prosiguió: — X o
tengo ningún vestido de fie s ta .. X o tengo
ningún vestidito nuevo de fiesta. . . ”
“ Potter no le prestaba atención, y, lan­
zando un muñeco al aire, exclamaba a su
vez: — Aquí estoy saltando. . . Y caigo de
n u evo.. . ;B u m !. . . ”
Estas sólo son algunas frases, pero en
sus palabras so levanta el espíritu de mil
criaturas. Xathan tampoco es menos acu­
cioso cuando afronta problemas más pro­
fundos. Leamos lo que hace decir, por
ejemplo, al millonario Cohén, cuando se
encuentra anto Miguel, el arcángel diá­
cono, y le da sus razones personales para
seguir siendo judío;
“ — X o, amigo m ío; si no me he hecho
cristiano, como muchos otros, no es por
las prácticas religiosas, sino porque no
quiero que mis nietos odien a los judíos.
En el mundo actual existe demasiado odio,
y en nuestro país crece como la cizaña.
Aquí, hasta los poetas se odian entre sí.
Y o sigo siendo ju d ío; no quiero ir a fo r ­
mar parte do los que odian. X o compraré

“ Ven — se dijo a sí mismo— , siempre
habrá un dueño de casa v un huésped,
dondequiera que vavas. Algunas perso­
nas no quieren ser huéspedes; sólo son
felices cuando son dueños de casa. Les
gusta permanecer en su hogar, y con ese
objeto hacen allí toda clase de arreglos.
Bien. bien, mi querido compañero, ven
conmigo. Aquí tenemos una lira y público
para escuchar. Cuando estabas lleno de
vida, '■más me diste ninguna preocupa­
ción. A r ra me toca atenderte como es
debido _
no hay vino, y las mtiéres
lucen alas en vez de piernas. X o tienes
que esforzarle para ser feliz y " r de
manera inteligente” .
mbíín
i5artes de
lea:
‘ 1 brió los ojos una vez má
ue
aquello era más viril. Pero lo
que e: ontró su mirada fueron sv
pit
armados de brillantes
pee .p as v agudas, curvadas o
tar; s— Esto es la muerte, no
— o -usó— , y levantó las pata:
puéotra, para mirarlas.’
Pero ya se trate de una u ot
jóvenes amantes perdidos entre
bas de una pradera veraniega &lt;el encantador Petrato de Jeun hombre perplejo en las oJordán, de un perro o un grili
ángel o de criaturas menos divina
más nos impresiona es su vitalidí
vitalidad coloreada de bella fantr
gei a como el contacto de una h o j, y,
mismo tiempo, inolvidable. Hemos tenide
a nuestro lado un alegre y sabio obser­
vador. Es verdad que no sabe el w n ejo
de todos los instrumentos de una orp.esta;
pero la nota que da es auténtica, natural
e inquieta — bastante rara, ciertai irte—
y permanece en nuestro recuerdo.
¡Quiénes fueron los maestros ¿e Xa­
than ? Quizá Anatole France, al con ’eirzo;
pero posteriormente se le nota la i.-l'uencia de Hans Cristian Andersen, r^- un
lado, y de Xathaniel Hawthorne, por otro.
El puritano horror de este últii o está
ausente en su obra, y su espíritu es más
gentil: sobre todo, más amablemente irónico. Pero fuera de los Twice Told Tales,
de Hawthorne, es difícil encontrar otra
obra norteamericana equiparable a ia de
Xathan. 1 repito que no conozco nii guna
obra contemporánea que se- parezca a la
suya.
Lo cierto es que esta obra integór ma
ha logrado conquistar un amplio pu ico,
sin recurrir a complacencias de guste nís
o menos vulgar, sólo eir virtud de que el
novelista escribe, con maestría y comj ensión, exclusivamente de las cosas que íás
le agradan.

i
1
]
\

1
II
I
i

j
]

Pero, mejor que hablar de los buenos
libros es leerlos. Hace ya un- buen nú- í
mero de años que encontré por primera
vez a Jane Demonstration y escuché a
Amy May Ilolly decir: “ ¡Defiende tu
verdad! ” A lo largo de este período han
ocurrido muchas cosas y han pasado mu- j
chas modas, pero esto no afecta a los
personajes de Xathan. El violinista sigue
tocando en Barlv, la señora Sebold conti- 1
núa prodigando su amabilidad, Metabei
consuma su sacrificio y el señor LcwisLevy cruza las frías aguas del Jordán.
Y estoy seguro de encontrarlos en la mis- j
ma forma, de aquí a muchos años. Dudo
de que el paso del tiempo les haga daño.
Y envidio a quienes van a conocerlos por
primera vez.*
* De Robert Xathan se ha publicado en
careliano Retrata de Jennie. Próximamente
aparecerán La mujer del obispo, La orquídea,
El violinista de Barly, Hay otro cielo y Fas­
cinación de altura, en la colección "La_ Rosa
de los Vientos" de Ediciones Siglo Veinte,
traducidas por Armando Bazán.

�“Novela de la Eterna”
(V iene de la primera página.)
su análisis sereno de la vida y de las cosas.
Vuelve a ser el paisajista de Buenos-Aires
en la luz distinta de “ El paso a nivel”
o ‘ ‘ La terraza ’ ’ . Cada pincelada lleva
en sí una carga emocional. En ‘ ‘ La lec­
ción ’ ’ controla sus contenidos desbordes
anímicos, y en “ La costura” halla su
estilo. Un leve claroscuro lo aparta de
cuando me buscaron para devolverle cierta
Virtud. Otra peor, pero de provechosa
consecuencia: todo un público de inaugu­
ración del nombre nuevo de una calle, que
contaba dormirse tan pronto se levantara
el Ministro a aburrir oratoria. Dejé a éste
erguirse y en el momento en que iba yo
a redactar dormido al público, me llama­
ron por un rulo no acallado de redondear
o un solo lado afeitado de una cara; como
el público era el personaje de mi novela
y el Ministro no, éste dijo todos sus indis­
pensables conceptos y el publico escuchó
tobo, lo que jamás ha principiado a ocu­
rrir en ninguna inauguración, aniversario,
día de premios del colegio o de estatua
que estrenan. Los públicos de mi novela
no volverán a abrir la boca por apellidos
de calles. En fin, los editores me previenen
que si ceso de redactar al comprador de
mi novela en el delicado instante de la
instable decisión de empezar a comprar la
proximidad de un ejemplar, seré indigno
de los mil pesos gastados en pegar en las
paredes seguridades sobre la “ M ejor no­
vela del mundo desde su principio y el
de ella” .
se va, y en este prólogo se
despide de la novela, de ella.
Más triste que malhumorada, Nicolasa
y su corpulento volumen se aleja de la
novela, dunisionante, eomo ya se sabe, y
pasa frente al vigilantecito que, como buen
amigo, la interroga sorprendido:
— ¿Cómo le parece que marchará la
novela f
— Ic o nada sé. Pero usted, que es hombre
de buen apetito, se figurara que podrá
resultar una novela sin cocinera: una no­
vela de ayunadores.
La novela la siente mucho y tiene que
añadir de ella que cuando todas las mue­
blerías de Buenos Aires supieron que es­
taba vacante Nicolasa, se disputaron em­
plearla, por sus l i d kilos, en probar de
resistencia las sillas y las camas. La silla
o cama que la hubiera resistido quedaba
como sellada por la aplicación de aquella
parte del cuerpo de Nicolasa, y este sello
importaba una garantía por diez años.
Le esta ocupación, que le dió mucho
dinero, se cansó pronto, quizá por nostalgia
de su puesto en la novela; y vino a esta­
blecer una Empanadena próxima a la
estación ferroviaria que lindaba con ‘ ‘ La
N ovela” . E l caso es que el aroma de las
deliciosas empanadas era de tan poderoso
encanto que no sólo estuvo a punto de
dejar sin lectores a la novela, porque
todos los que acudían eran desviados del
camino hacia la Empanadería, sino que en
la estación se detenían las locomotoras,
como hechizadas. Esto le valió una distin­
ción de la Municipalidad, beneficiada por­
que ya no había trenes de pasar de largo,
lo que era de muchas ventajas para el
público viajero del pueblo.
Aunque voluminosa, muy sensible, N i­
colasa mortificaba viendo que podía privar
de lectores a la novela, abandonó toda
esta situación envidiable y trabajó única­
mente en invierno, en las grandes avenidas
de Buenos Aires, para atajar el viento y
el frío a los transeúntes, que se refugia­
ban al amparo de su persona hasta agotar
las localidades.
Todavía puede añadirse que las imágenes
(gustativo-olfativo-visuales) de la última
empanada que comimos, nos hacían inca­
paces de atender a lo que se nos conver­
sara y era universal en el mundo-aldea de
Verónica el membrete de “ estar pensando
en empanadas” lanzado al distraído oyen­
te, o el dicho “ quien piensa en empanadas
no es malo en lo que piensa ’ ’. Por eso las
citas a tratar negocios, o por labores
exigentes, eran fijadas “ para cualquier
hora antes de empanadas” , y el trato
concluido, como también el apostar em­
panadas, se celebra en la empanadería.
Lo “ empanada y media” , una unidad
gastronómica de invención de doña N ico­
lasa, era frecuente premio de apuesta:
apostar una docena de “ empanadas y
media” era a menudo el apacible final
de disputas y pronósticos. Un antiguo
veroniquense era reconocible en el modo
hábil, sin destrozos, de descorrer una
“ empanada y media” ; se las “ desco­
rría ” ; las palabras trozar, cortar, no se
usaban con ellas.
La empanada y media fué unidad que
tuvo momentos de moneda local; no era
raro leer u oír en estipulaciones escritas
o verbales, esta cláusula: “ Contra reem­
bolso en dinero o empanadas y media” .
Otras veces se escuchaba: — Qué temporal
se ve venir, amigo. — Sí, no lo paran ni
empanadas.
Pero en resolución, ya dijimos que N i­
colasa, que quería tanto a esta novela, se
mudó a otra parte para no quitarle a ella
icolasa

N

H éctor Basaldúa. “ Naturaleza muerta’

Itinerarios Pictóricos

*

M. ANGELES 0RTIZ Y HECTOR BASALDUA
Por ROMUALDO BRUGHETTI
a

aventura quiere ser una cabal aventu­

ra, y siendo el aventurero audacia y
Lmedida,
esta audacia y esta medida es

reivindicada por el creador, por el pintor
poeta.
¡Vedlo a Manuel Angeles Ortiz! La
sombra negra de España lo trae al nuevo
mundo, y la estrella del Plata lo vuelve
pura luz redescubierta, ensimismado hur­
gador do las sutiles formas de nuestra
tierra. Son sus “ construcciones” del Sui7
e\ sueño de las maderas y las piedras de
los lagos patagónicos en sus estructuras
abstractas, alisadas -y penetrantes, que nos
traen el mensaje de los bosques y de las
cumbres nevadas. Y, sus litografías, que
vienen también del Sur, de una zona de
abruptos silencios, de ásperos y hondos
murmullos aquietados. Toda la remansada
quietud de las sierras de Córdoba llega
después en sus “ lápices” , sin que falte
en la convocación el Río de la Plata y sus
costas y la extraña floración de sus bos­
ques y de sus aguas, sus barrancas de
Mar de Solís y sus anilladas plantas, ju n ­
cos y hierbas, renacidas en la pureza del
dibujo. ¿Y sus óleos? Con un linaje per­
sonalismo hecho de realidad y abstrac­
ción, de espacios vigilados, de tiempos mu­
sicales, Manolo Angeles controla la apa­
rente discontinuidad de sus experiencias
estéticas.
Vedlo ahora regresar a la dulzura me­
lancólica de su España, acogerse a esa
presencia fantasmal de claveles, abanicos,
frutas, paños, en finos contrapuntos de
grises, o el verde cantando en oposición
al rojo, y las modulaciones de la riqueza
de sus tonos y la línea que apura ara­
bescos. Ortiz, en la serie “ Naturaleza
muerta española” y otros óleos similares
de “ naturaleza argentina” , gradúa el
motivo de sus “ botellas” — etapa cum­
plida— y desemboca airosamente en estas
suevas armonías filigranadas. Y el espacio
nve en, la realidad de las cosas, en la
densidad envolvente que prefigura el en­
cantamiento de los espejos. Otro sector
de su obra abarca un finísimo retrato;
luego penetra la forma y la destruye,
0 la geonietrización se reconcentra en el
«olor puro do sus recientes investigaciones
«•mistas, y hay un momento en que se

allega al límite de la pintura para res­
catar su misterio. Es cuando aborda “ Ja ­
rra de vidrio en la cima de una montaña
y flores sobre el cielo” .
¿Queréis una definición más poética?
Mas, dibujante agudísimo, Manuel Ange­
les Ortiz aporta a la par la belleza de
sus trazos ea dos diseños magistrales.
Pertenecen a una villa de nuestros con­
tornos, hacia la costa norte del Río, y la
pluma tocada por el color elabora una
naturaleza de exquisitos matices, linajuda
condición que Arturo Serrano P laja de­
nominaría “ fatalidad de los sentidos” .
De esta “ fatalidad de los sentidos” y
“ no sensualidad de la vista” , que nutre
el arte de este español dulcificado en
tierra de América.
Héctor Basaldúa se atiene a la gran
aventura pictórica de nuestro siglo. En
París integra el núcleo de los artistas
argentinos que van a hacer su aprendizaje
fundamental. Son sus amigos de la pri­
mera hora y de siempre, Aquiles Badi y
Horacio Butler, mas él habría pronto de
hallar su tema inspirador en cierto raro
clima espiritual de la Argentina, grato
a las expresiones de antiguas luces repe­
tidas y nostálgicas pasiones de distancias
u olvido. Con un espíritu zahori tocado
por libres invenciones, se yergue más tar­
de, único, renovador de la escenografía
en nuestro país La maciza o etérea di­
námica poética teatral en Basaldúa logra
depurada existencia y viviente presencia
plástica.
¿En tanto? El pintor crece en una ex­
presión do tonos frescos y sólidos, en una
región de suaves penumbras, en un intimismo en que la sola forma y el color,
preferentemente el color, adquiere confe­
siones de una intensidad grata al alma
de quien sueña con tonos grises y azulados,
acentuadamente nocturnales, que permiten,
empero, elevarse la sinfónica llamarada de
los rojos. Basaldúa aprehende calidades en
contrastes, actuando casi a la sordina.
Toda la pintura de este argentino posee
de esta manera la dimensión constructiva
de una voz sostenida por la vivencia de
sus tonos y volúmenes, una factura ri-

Manuel Angeles Ortiz. “ Naturaleza muerta española. 1947.

gurosa y vigorosa que busca la vida co­
tidiana, sin desplantes, apoyada en se­
cretas armonías interiores.
¿Lo hubiéramos preferido más fuerte,
o audaz? Héctor Basaldúa se rinde a los
valores de su órbita cerrada, a su mundo
concluso, mas a su expresión defiéndela
esa sutil visión do mirar afinado, de im­
ponderable energía pictórica, lógica y
coherente y no obstante plena de proyec­
ciones sentimentales.
¿Acaso el pintor no ha escuchado en
los lentos atardeceres porteños la canción
de las primeras estrellas soltadas hacia
el nocturno cielo?

A U R O R A D I PIETR O y
C A TU LO G. D E L C A S T IL L O :
Danzas Argentinas
Los autores estudian veintiuna danzas en
su origen, en su evolución rítmica y en su
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F L O R ID A 205, F L O R ID A 750 y SU CU RSALES

lectores que pasaban para “ La N ovela” .
Es un ejemplo nunca mentado de adhesión
a algo.
Deseamos que ella sepa que este recuerdo
le dedica la novela.
Pero de persona tan simpática no nos
despidamos tan pronto, digamos cualquier
cosa más. Por ejemplo, la teoría meta­
física de Nicolasa.
So centraba su doctrina en este princi­
p io : dos son los poderes máximos de la
realidad; el Tizne y la Electricidad; pero
la Variedad en el mundo es tal que a estas
potencias máximas las detiene: al Tizne
una endeble hoja de papel, y a la Luz y
al Bayo un lámina de vidrio, de madera,
de goma. Así que hay que llevar nuestra
conducta entre el temor a esas potencias
y el constante recordar que el mundo da
ilimitados modos de frustrarlas.
Pero aparte de su doctrina metafísica,
Nicolasa tenía también de antiguo cierta
tirria a los geómetras, por algún episodio
de su vida. Lo seguro es que les cumplió
venganza invitándolos melosamente a un
banquete por ella preparado. Hizo los
manjares tan perfectamente esféricos en
su presentación, particularmente el prime­
ro, que no sabiendo los geómetras en su
escrúpulo por dónde empezarlo (hallándose
ante un infinito sin comienzo, que debían
respetar), no probaron de aquél, y no ha­
biendo empezado el banquete por el prin­
cipio, se abstuvieron de empezarlo por lo
demás, lo que dobló su mortificación,
pues los manjares siguientes no revestían
impedimentos geométricos a su muy de­
seable gustación.
/
Y ahora ya si es hora de dejar a N i­
colasa en su paz.

Teoría del Zapato
y

Otras Cosas ...

(V ien e ae la primera página.)
¡ Qué hermoso leer lo que no se sabe
qué es! ¡Qué descanso y qué gloria en
el otro mundo, en el mundo de lo absoluta­
mente descabalado!
¡Qué tensión y gran conducta moral
y espiritual se necesita para encontrar
estas cosas con el desinterés religioso y
en el desinterés de los premios literarios!
Erío de abandono, de estar perdido, de
no ver ni poderse entender más que con
muy pocos, con nadie quizá, es la sen­
sación que produce el estar dedicado al
encuentro puro ¡pero su estado de fra n ­
queza inefable enriquece la vida como
ninguna otra riqueza im aginable!
Es estar echado de todas las cárceles,
de todos los asilos, de todas las institu­
ciones, de todos los manicom ios y de todos
los cementerios. ¡E stado perfecto!
Rico en puntos de partida el surrealis­
mo nos deja en libertad de acción, roto
el cerco do la razón, sin mucha estética
ni muchas advertencias.
Soluciona la necesidad de luz interior
como la solucionó el autor del rompiente
de la catedral de Toledo, abriendo una
brecha a un costado en la nave parca
en ventanales.
No hay que hacer caso del rótulo sino
darse cuenta do que es un más allá con
nuevos permisos en el concentrisnio del
tiempo.
En la insinceridad de la pretensa sin(Continúa en la página C)

�T

cabalgata

6

( L A UDEL

ULTIMAS NOVEDADES
DE NUESTRA SECCION

CONTRA

BELLAS ARTES

Andró Gide
Pero esta rebeldía es un aspecto cris­
tiano. Todo eso iro tiene nada de inaudito.
Es perfectamente claro. Lo inaudito es
que él lleva de un golpe a la perfección
su sistema verbal; instaura un canon nue­
vo de la prosa. Es lo que le distingue de
sus imitadores, que no tienen ni sintaxis
ni oído. Sus búsquedas están desprovistas
de todo valor.
— El subconsciente...
— El subconsciente, el subconsciente.
Primero deja de serlo si es conquistado.
Conquistado. . . Salgamos de esos zar­
zales.
— ¿Si usted no aprecia el esfuerzo de
los herederos de Rimbaud quizás se in­
terese usted por otros jóvenes escritores?
Principalmente cual es vuestra actitud
ante aquellos que en un universo privado
de esperanzas reconstruyen sobre el hom­
bre sólo un sistema de valores morales?
— Los valores morales son los manda­
mientos de Dios y de la Iglesia. Fuera
de esto no hay nir _ún valor moral ui
espiritual. Lo que vuestros escritores des­
cubren me pa rece irrisorio.
— Su tragedia y su lealtad a. . .
-—Eso no me importa. Que se las arre­
glen como puedan.

La expresión musical de América Central y del Sur.
(Incluye un diccionario de música, instrumentos y danzas)
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de América Latina que se haya publicado en este continente. Un tomo ilus­
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al estudio de su literatura y de sus otras t'aauifestaciones culturales.
Un tomo ilustrado, encuadernado . . . .
26 ___
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” 15' —
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instrumentos musicales.
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S algo. . . Me empapo de aire. T0v
saber d ó n d e ...
Surgjdo de mi estupor más que de mi
memoria, un verso gira en mi espíritu
un verso simple, solemne, resplandeciente’
un verso de Paul Claudel, obstinado tomo una explicación:
Habito de un viejo imperio el escombro
principal.

(V iene de la 1 ’ página)

L A M Ú SIC A DE. A M É R IC A L A T IN A

CÓMO RECO N OCER E L E STILO
U N A OBRA M U SIC A L

— Pero eso es inexacto. Tiene tantas
p á g in a s ... ¿Y “ Si le grain ne meurt” ?
¿Pero es que entiende el que no quiere
entender?
— Yo combato esta influencia con todas
las armas que tengo. Qué queréis, se es
“ s í” o “ n o ” .
— ¿ Y cuándo se es “ s í” y “ n o ” ?
— No comprendo.

i

R I M B A UD:
El ANGEL
y el DE
(V iene de la 1» página)
virse. Había caminado hasta entonces guia­
do por una secreta luz encendida en su
alma, como un vidente; ahora iba a re­
correr por la vida de todos, por el mundo
que él palpaba para sí como una fruta
madura, casi a tientas, cansado, a ciegas,
ebrio, con la fatiga de haber creado y
perdido una vida y la violenta ansiedad
angustiada de visiones y a la vez enloque­
cida de integrarse, de reintegrarse otra
vez a todo, a ser y desaparecer en todas
las cosas. Su poesía “ El Barco E b rio’ ’
es aplaudida y negada: pero hasta los
grandes talentos conocen ya su ext aña
existencia. Verlaine le llama el Shakes­
peare niño. Paris le aburre; mientras es­
cribe, parte hacia Bretaña, Londres, Bru­
selas; quiere escapar de sí mismo. Por

M i aspecto asombrado le incita a la
dulzura.
— Soy como un pavo que no comprende
nada do un pato. Comprender no es mi
papel de viejo buen hombre. La incom­
prensión forma parte de mis atributos.
— Sin embargo, esta busca de una moral
que no vaya más allá del hombre es
también el objetivo de uno de vuestros
contemporáneos, de André Gide.
— ¡Oh! Me horroriza ése.
—

???

— No le reconozco ningún talento.
— ¿Qué decir?
— Su inquietud, o más bien, como usted
diría, su in-quietud. . .
— ¿No cree usted que todo eso es men­
tira?
“ ¡!
.
,
— Lo incomprensible para mi es su in­
fluencia. Desde el punto de vista artístico,
desde el punto de vista intelectual, Gide
no es nada. Su influencia es uno de los
misterios que me rodean.
— Usted ha dicho con motivo ide é l: “ El
mal no compone” . E l confiesa en su
“ D iario” que no comprende muy bien
el sentido de esta “ proforation” .
— Pero según la teología, el mal no
existe. Es un elemento destructivo que es
sólo negación. El mal es sólo interesante
por medio del sufrimiento. Desde este
punto de vista es un indudable elemento
creador. Gide se abandona a las tentacio­
nes fáciles, a necesidades llamadas natu­
rales, en lugar de crear un medio viviente
para su alma. El cristianismo es una es­
cuela de energía que nos enseña el he­
roísmo.
— Si Gide no se ha convertido. ..
— Es que no tenía guía. Gide da un
espantoso ejemplo de cobardía, de debi­
lidad.
* — El tendría horror que se le defienda...
Sin embargo, ¿ignora usted el valor de
sus adhesiones contradictorias, su probi­
dad?
Ríe. Una risa de calmoso desprecio.
— Bueno; os dejo la “ probidad-1’ para
contentaros.
Me considera con indulgencia.
— No creáis que hay mala voluntad por
mi parte. Pero usted me hace preguntas
inesperadas. No he tenido tiempo de re­
flexionar.
-—Es posible.
— No quiero polemizar. He frecuentado
mucho a Gide cuando le creía profunda­
mente cristiano, y cuando yo ignoraba su
defecto abominable-. .
Se vuelve púdicamente.
— Sí, hasta el momento en que he co­
nocido esta. . . falla. Hay una policía ne­
cesaria contra los envenenadores. Es un
envenenador; no lo diso por decir. ¿Cuán­
tas cartas no he recibido de jóvenes des­
carriados? A la partida de su camino ha­
cia el mal, hay siempre Gide.
— ¿Terminan siempre en usted?
— Al cabo de cierto tiempo se dan cuen­
ta de que el mal no compone. Entonces
se dirigen a mí.
— Gide nos ha enseñado, a todos, el
valor do la probidad hacia sí y de la
lucidez en cuanto a las causas de nuestros
actos.
— ¿Usted cree que él dice verdadera­
mente las causas de sus actos? Gide está
fascinado por los espejos. Su “ D iario”
es sólo una serio de posturas ante él
mismo. Desde luego, cuando uno se mira
se adopta siempre una postura. Su “ D ia­
r io ” , es desde este punto de vista un
monumento de insinceridad.
— Algunas páginas traducen esta in­
quietud. Recuerdo una frase, o aproxi­
madamente: “ Si he dejado durante al­
gún tiempo de escribir este “ D iario”
es porque el hecho do escribirlo le hacia
menos sincero” . Era ya una advertencia
literaria.
— Se limr&gt;ia el polvo con una pluma
de colibrí. Del drama cardinal de su exis­
tencia, no habla ya.
Bastante para que el lector sepa que
este drama es cardinal.
En cuanto a su defecto más grave,
el más. . . natural, apenas le roza.

Arthur Rimbaud
bares y por docks, en una bohemia de
ajenjo, Rimbaud tiene que ir más lejos
todavía; más lejos de sí mismo; no sabe
adonde. Verlaine desesperado le dispara
dos balazos hiriéndolo. Pero él renuncia
a la literatura; hace un auto de fe — como
Platón— con sus últimos poemas hechos
con la substancia del genio. Tiene 18 años;
es descargador en Milán, vendedor am­
bulante en Hamburgo, mendigo en Amberes; se ilustra mientras tanto en cien­
cias; estudia italiano, ruso, griego, ho­
landés. Para estudiar sin molestias lo
hace encerrado en un armario. Más tarde
encerrado elJ*
se engancha en el ejército holandés; lle­
ga a Java; una vez allí deserta. Y des­
pués, el hombre de las suelas de viento
— como le llamó Verlaine— fue je fe de
canteras en Chipre; vivió entre merce­
narios árabes, malteses. sirios. Recorre los
puertos del Mar R o jo ; llega a Aden;
se instala en Harrar con una factoría en
donde cambia baratijas por marfil, oro,
perfume, incienso, pieles; tiene el mal del
trópico; la fiebre de llegar más allá.
Y mientras trafica y explora envía sus
informes a la Sociedad Geográfica que
los echa al canasto. Lleva veinte años
do anda? y luchar con sed de riquezas.
A lgo como un impulso maldito lo arrastra.
Decide vender fusiles a Menelik. el futuro
rey de Abisina. Cincuenta dias de marcha
por desiertos encendidos, sorteando be­
duinos, tribus nómades y guerreras. Llega
por fin al campamento del monarca y lo
entusiasma con los juguetes mecánicos,
con las sedas, los brocados, las sombrillas.
Pero no se salvó. Explorador de imá­
genes y mundos volvió vencido él también.
“ Procuré inventar nuevas flores — dice— ,
nuevos astros, nuevas lenguas. Creí poseer
poderes sobrenaturales... Ahora debo en­
terrar mi imaginación y mi recuerdo.
Una bella gloria de artista y de narrador
me lia sido arrebatada, puedo decir tanto
tanto al irme como al regresar; me han
devuelto a la tierra. ¡A mi! A mí que me
soñé mago o ángel.”
La vida de Rimbaud es un problema
del ser y su tiempo, del tiempo lacerado,
del ser desgarrado, del drama de vivir,
de comprender. Fué su infinito anhelo
de expresar todas sus vivencias que le
llevó a su tragedia. La conciencia de la
limitación 1 en el tiempo y en el espacio
producía en su ser un choque doloroso, por
gravitación del cual vivió siempre en ar­
dorosa vigilia. Esta tragedia interior hizo
dimanar do él precozmente tres llamas
que trabajaron el barro de su espíritu
modelándolo al igual que un vaso de
cerámica. Esas tres llamas inexorablemen­
te unidas fueron la pasión, la angustia y
Ia rebeldía. ¿Por qué dejó de escribir
Rimbaud? Él dejó de escribir por una
sencilla razóir. Él, como Kierkegaard y

Pascal, al encontrarse de pronto ante el
abismo, se preguntó ¿para qué? Y esta
pregunta obsédante lo eurariza para la
expresión, pero no para la vivencia. Como
Pascal. Rimbaud sobrepasa el fin te-restTe
y trasciende su ser absorto al plana de
lo intemporal, de lo externo. Trascendido
allí, formula la extrema y dramática pre­
gunta sirr respuesta posible. La tragedia
de Rimbaud estaba constituida de dos
elementos esenciales, soledad y limitación.
El tiempo es la tardanza de lo que está
por venir, dice Martín Fierro. Rimbaud
no puede esperar la limitación ni la tar­
danza; tiene una dimensión sideral, es­
téticamente estructurada; el ser allí puede
adquirir virtudes sorprendentes de comu­
nicabilidad, de perennidad. Pero como en
el retrato de Fantin-Latour: ¡Verlaine
mira su vaso y Rimbaud mira a lo lejos!
¡Soledad y limitación! ¡Dios nos libre
de sentir alguna vez la angustia de la
soledad y la limitación que experimentó
Rimbaud! Porque entonces uno es capaz
de ir a vender armas a Menelik, de em­
plearse de fogonero en un barco qne Ta
a Punta A g u ja s; de sentir la embriaguez
de las olas atraídas por la luna y des­
esperarse porque nos sentimos de pronto
como un árbol prisionero en el atardecer.
Él vivió como nadie su tiempo y su ser.
“ Soy de la raza que cantaba en el su­
plicio — dice— . No comprendo las leyes;
no tengo sentido moral. S í; tengo los ojos
cerrados a vuestra luz. ’ ’ Dentro de las
leyes hallábase exento de sentido moral
El sentido moral, como el sentido esté­
tico, como el sentido religioso sólo pueden
manifestarse con autenticidad y alcanzar
plenitud y fertilidad en un campo sin
limitaciones de la libertad. Él sintió la
libertad como una llama que fuera por
encima del mar, de los bosquqs. de las
montañas, por encima de los templos, que
se detuviera sobre la cabeza de los após­
toles, que anduviera, como los fuegos
fatuos sobre la soledad desolada de bu
noches eternas. ¿Por qué dejó de eseflíit
Rimbaud? M i vida está terminada — dice—
ya volveremos a ella. ¿Podrá volver? Lle­
va casi dos años de andar y de luchar
con sed de riquezas; algo como un im­
pulso maldito lo arrastra. Decide venderle
fusiles a Menelik. Su factoría de Harrar
ha prosperado. Pero uir tumor a la ro­
dilla lo mantiene atado, en angustia cons­
tante. Hizo trescientos kilómetros en anga­
rillas ba jo soles y lluvias infernales; llegó
a Zeilah, partió para Aden, cruzó el mar
R ojo en una inmunda nave. En Marsella
sufrió un horrible mal a los huesos que
lo imposibilita en nna cama de hospital.
Quiso partir al trópico. Pero murió pen­
sando en una mujer de bronce que le
esperaba — según él— impasible frente s
la tienda de Harrar. Murió el 10 de no­
viembre de 1S91. Tenía 37 años y apenas
1S de permanencia en la poesía. Pero en
ese poco tiempo ya está para siempre en
sus poemas de bronce y oro. He aquí que
un niño nos ha revelado lo inconsciente.
A él no le importó la razón, al contrario,
1g atrajeron la sombra y la penumbra que
flotan alrededor de la razón. ¿Y cómo e»
posible que encontremos razón a su silen­
cio? El incoercible aburrimiento no es
más — según él— que una respuesta &gt;1
racionalismo que jamás pudo dar razón
de nada. ¿P or qué dejó de escribir M®baud ? Él en la poesía tenía uu mensaje
y no un oficio. Cumplió con su deber ?
pasó de largo. Eso fué todo.

B A L G A T A , cumpliendo
ipósito, que inicia en este
ro, de asomar el lector a
etividades e inquietudes
t llora presente crea a ed¡escritores e intelectuales
lestro país, publicará en
ros sucesivos breves entrecon
ARA M.AGLIONE DE JORGE,

¡rectora-gerente
orial Lautaro.
orce

de Edi*

Luis B orges. escri-

□r, poeta, publicista.
uan

O scar

P onfe * eADA’

scritor, dramaturgo.
.EÓMDAS BARLETTA, DO'Cista, hombre de teatro.
rILBERTO KNAAK P£ l" _
erente de la Casa P ® .
Arturo C apdevila, es
or, poeta, ensayistaEnrique Larreta, e
[ramaturgo.

oe.

«*•- « “ . t a i

ente general de L

�cabalgata

7

El Autor Frente

A S I O

B R A*

Dice el autor de
"GRAN C H A C O ”

El plan primitivo de Gran Chaco era dis­
tinto del que resultó. El gringo Valenti debía
ser el personaje principal, pero creo que el
paisano Villalba gana con su presencia un
lugar más predominante.
Elegí Gran Chaco como titulo porque me
I pareció lindo y además porque, se me ocurre,
atrae al lector. En la sugerencia del título
¡ tuvieron que ver el director de cine Navarro
y Pablo Palant.
Claro que este título ha confundido a algunos
comentaristas inclinados a rotular, a poner
casilleros, qyienes objetaron que no doy todo
el Chace. Jamás tuve esa pretensión. Y me
causan gracia los que andan pidiendo la no­
vel? de Buenos Aires, la novela del frigorífico,
i la novela de Tucumán, etc. Sólo por comodi­
dad se puede definir así. Todos los temas
admiten infinitas novelas, desde el momento
! quc incluso una misma anécdota se ve dis­
tinta según el creador que la narre.
Mo alegra, no obstante, haber acercado a
mis compatriotas una imagen del lejano te­
rritorio. Y me siento compensado en mi tra­
bajo cuando recibo cartas de lectores anóni­
mos que me cuentan sus impresiones. Muchos
me dicen que me he quedado corto, lo cual
par?, mí significa que la novela se deja leer.
No fui al tema chaqueño deliberadamente,
sino que el tema vino hacia mí. Pero muchas
peripecia'- cruzaron antes de que legrara com­
ponerlo. De intento dejé de lado 1&lt;Tfolklórico
cuy? abundancia da material para rellenar to­
das las novelas que se quieran escribir sobre
. «i Chaco. Ninguno de los personajes de mi
novela tiene trascendencia histórica, supuesto
que son ficticios.
Acostumbrado a la autocrítica, sé bien los
méritos y cojeras de mi novela. Pero prefiero
que me señalen más los primeros. Un libro
es como un hijo. ¿Y a qué padre le halaga
hablar de los defectos y vicios de su prole?
Pero 1?. autocrítica sirve a veces para algo.
Y trataré de aplicarla cuando termine de es­
cribir mi nueva novela cuyo título provisional
e? La infancia recobrada, pero que también
podrii ser Vigilia en el calabozo.

L os R ojos R fdmayne , por Edén Phillpotts. Traducción de Marta Acosta Van
Praet. Emecé Editores, Buenos Aires.
348 pgs. a la rústica. $ 6.— m/arg.
En alguna medida, esta novela policial
señala un curioso acontecimiento dentro
del género, puesto que entraña implaca­
blemente la derrota de un detective a quien
acompañaba la simpatía y la esperanza
del lector a lo largo de una serie de tene­
brosos crímenes. No porque en la parte
final intervenga un segundo investigador
— concesión necesaria para detener en úl­
tima instancia la hábil progresión criminal
de los culpables— deja de sorprendernos
el tono tan distinto de que se ha valido
Phillpotts en procura de una novedad pro­
vechosa.
Este libro gustará a los que, rechazan­
do la novela policial confinada en las di­
mensiones de una habitación y un diálogo,
prefieren que la investigación se cumpla
paralela a los sucesos, para adelantarse
luego y dominar el terreno en el epílogo.
Phillpotts nos lleva de Dartmoor a la
costa de Dartmouth, y de allí — por el
puente de un tercer asesinato—- a los lagos
italianos; este turismo y paisajismo lite­
rario, que repite felizmente los ya admi­
rados en obras como La Torre y la Muerte
(Innes) y La Maldición de los Dain
(Ham mett), quita sequedad a las situa­
ciones del enigma, sin privarlas del rigor
que continúa siendo condición ineludible
del género. Tal vez Phillpotts se excede
en el encubrimiento de uno de los culpa­
bles, y cae en alguna deslealtad; se hace
perdonar en cuanto todo lector avisado
advertirá prontamente que es capaz de
leer entre líneas (tal vez fué ésa la cordial
intención del autor) y burlarse de su tram­
pa o su descuido.
Ei., los últimos años, la novela policial
ha llegado a una perfección formal que,

de sufrir, por ejemplo, obsesiones sexuales,
vivan predominantemente un sencillo amor y
un afán de solidaridad — los problemas inte­
lectuales y estéticos que se dilucidan en mi
novela no son sino formas de ese afán— no
reduco lo novelesco ni lo humano de “ En
esos años” .
BERNARDO VERBITSKY

Dice el autor de
"DICCIONARIO
DE LA ACTUALIDAD
MUNDIAL”

!

,

BAUL

LARRA

Dice el autor de
"EN E S O S A Ñ O S ”

Si el autor no es el más indicado para opinar
sobre los méritos de realización de su obra,
es lógicamente quien mejor puede aclarar sus
Propósitos, que conviene conocer si se desean
medir los resultados que ha obtenido.
Loe personajes de ‘‘En esos años” aman
a vida y desean cumplir la propia armoniosa,ent®- en Ia Plenitud de su sensibilidad, en
orden individual, y en la plenitud de sus
piracionce fraternales en un sentido social.
*v"° y Mariana — la pareja protagónica—
tra^a*1 &amp; v?vir- simplemente, y parte de su
v? .rcsi(*e en su mayor conocimiento de
enr 0"si'acnl°8* próximos o remotos, que se
mn 1&gt;fn ? *a realización de su anhelo. El que
nerita*
*0s Personajes de mi novela sean
_ . lstas- explica también la amplitud del
gistro de sus preocupaciones. Por lo demás,
Cftm-mentalidad “ Periodística” es cada vez más
om»U1f' «1 desarrollo de los medios mecánicos
. Iacilitan las comunicaciones — diarios,
* o. noticiosos— incorporan al horizonte
rp!&gt;ua
hombre de hoy un mayor sector de
Dar»0 a mun^ ^ - Lo que estaba lejos es hoy
te de su emoción. Su conciencia abarca
v°r número de hechos y sabe y siente que
tamo *S°n ajenos- no que su vida está direcQn ntft conectada a ellos. Si los fenómenos en
0T se ®anifiesta lo social y lo político — cuya
P eslon más llamativa y terrible ec la guc
pos
Pedieron confundirse en pasados tiemson if** COn *os fenómenos de la Naturaleza,
comprendidos en sus causas y sus
sona°Sv
indudable que infinidad de perviv ° •n vivido y padecido desde 1936 como
velaPt* sufr.en algunos personajes de mi no­
el t&gt; • soc?al y 1° político se confunde con
lnnineRtÍn°' *&gt;ero si éste siempre se aparecía
y enigmático en la tragedia griega.
cargfas
8Us apariencias pueden hoy explid ' ’ y a eso se encaminó parte de mi esfuerzo
genH°Ve^Sta' some'iéndome. por cierto a exie as de los mismos personajes, adelantados
extert COnocimiento de la trama de la realidad
erón&lt; ’
&lt;lue cn **®n esos años” no hay
lca 0 simPle mención de acontecimientos,
lio* Crónica de estados de ánimo que aque­
ta" ?rovocaron. de los temores y las anguscitar 148 &lt;*ePresi°nes y las esperanzas que susQüp ° f ^ °r CS0 me Pern&gt;it0 creer también
** c el hecho de que sus personajes en lugar
^ltimnmente aparecidos: Gran Chaco, por
Raúl Larra. (Editorial Futuro) $ 4: En
esos años, por Bernardo Verbitsky (Edi­
torial Futuro) $ 1 0 : Diccionario de la
actualidad mundial. por Córdova Iturburu
(Editorial Atlántida) $ 20 .

No me asombra que mi “ Diccionario de la
Actualidad Mundial” , salido de las prensas
hace menos de un mes, se esté vendiendo en
forma satisfactoria. Me ha costado mucho
trabajo ponerlo al día, organizar su material
—tan vasto y complicado— y escribirlo. Pero
creo que, finalmente, ha resultado un libro
útil. No sé si está bien o mal escrito.. Ni qué
pensarán de él muchos colegas míos de la
República de las Letras. Pero no creo que
so me niegue su utilidad positiva. Ni su ob­
jetividad. Como no se trata de un libro polémi­
co ni de batalla, como no se trata de un libro
que aspire a demostrar esto o aquello, como
se trata — en suma— de un libro que sólo
tiende a proporcionar un máximo de informa­
ción sobre la realidad de nuestro tiempo, en
un mínimo de espacio, he hecho lo indecible
— y creo haberlo logrado— por mantenerme
al escribirlo en un plano de la mayor im­
parcialidad. Se convendrá conmigo que la
tarea no era fácil y estaba erizada de graves
dificultades. Es muy difícil mirar con sereni­
dad. el espectáculo actual del mundo, lo que
ocurro en las naciones, sus corrientes polí­
ticas, sociales y económicas, los sucesos, las
instituciones y los personajes actuantes. Es
muy difícil contemplar todo eso sin ceder a
las inclinaciones del propio espíritu, a las
sugestiones de la convicción, a las incitaciones
premiosas de la pasión ineludible del bien
público que anima en todo corazón que no
es indiferente. Pero yo, al emprender esta tarea
compleja y ardua, comprendí qne la excelencia
de mi libro, que su mérito como tal, estaría
en razón directa de la imparcialidad, de la
serenidad y la objetividad con que lo hiciera.
Me metí en el bolsillo, por eso, mis puntos
de vista personales apenas me senté frente
a mi máquina y pensé en el lector a quien
estaba destinada la obra, esto es, en el señor
desprevenido y confiado que apremiado por
la curiosidad acudiría a mi “Diccionario” en
busca de datos, de nociones, de información,
en una palabra, acerca del tema o la cuestión
que le interesa. ¿En qué consistía mi deber?
Lo vi claro desde el primer instante. En no
defraudarlo, esto es, en proporcionarle, sólo,
información a fin de que las conclusiones no
fueran mías sino suyas, exclusivamente suyas.
Considero, por otra parte — como lo dicen
los editores en el Prólogo generoso con que
lo han encabezado— que mi libro es una es­
pecie de historia del mundo en estos últimos
cincuenta años, ordenada en un vocabulario.
Creo quo nada importante ocurrido en los
órdenes político, social y económico en lo que
va de! siglo está fuera de sus páginas. ¿Qué
no está todo, absolutamente todo? Desde luego.
Para quo lo estuviera hubiera sido necesario
licuar no un volumen de cuatrocientas y pico
do páginas sino varios; muchos, mejor. Pero,
do todas maneras, a pesar de sus limitaciones,
do alguno que otro error — que seguramente
los tiene y que agradecería a los lectores
que me los señalaran— pienso que es un libro
útil para quienes desean orientarse
sobre
la marcha de los acontecimientos— en la
realidad política, social y económica de nues­
tro tiempo.
CORDOVA ITURBURU

paradójicamente, la amenaza seriamente;
lo que constituía lectura sedativa V de
fin de semana, se torna difícil y com­
prometida tarea cuando se acude a autores
de la talla de Dickson Carr, Black, Ham­
mett (éste, además, por sutiles razones
casi patológicas), Quentin, Innes y Agatha Christie. De ahí un claro deslinde
entre la nivela detectivesea de corte tra­
dicional (Stanley Gardner, por ejem plo),
y las de los autores citados, donde im­
plicaciones de alta cultura, retóricas muy
finas y ambientes nada accesibles las re­
ducen a un círculo decreciente de lectores.
Los Rojos Redmayne puede ser incluida
en el primer grupo; no señala ninguna
fecha capital err el género, pero tiene
la claridad de todas las obras de Phill­
potts, su continuado interés, su final co­
herente y satisfactorio. — J. C.
S pinola, el de l a s l a n z a s ( y otros
retratos históricos), por la Condesa de
Yebcs. Esposa - Culpe, Buenos Aires,
160 pgs. a la rústica. $ 2.25 m / arg.
La condesa de Yebes es un curioso caso
de anacronismo literario. Esta excelente
escritora se expresa (como idea y como
form a) en pleno siglo xix, con un roman­
ticismo más atemperado del que fué común
en la España romántica. Y, como corres­
ponde a tal actitud, se orienta hacia la re­
surrección de un pasado que su perceptible
conocimiento histórico le vuelve claro, tran­
sitable y hasta (por ahí es de veras ro­
mántica) apetecible.
Pinta, pues, — diríamos casi: ilumina—
imágenes que tienen como ella la discre­
ción del segundo plano y la penumbra.
Spinola, un guerrero; Ana de Austria, una
pobre reina; Luisa Sigea, una bas - bleu
renacentista. Todo eso es simple, casi como
crónica de m onja; pero hacia el final nos
trae la condesa a Rosmithal de Blatna,
aquel noble de Bohemia que en píen» siglo
xv se animó a inventar el turismo hacia
el oeste y vino a España con una escolta,
una inagotable ingenuidad y un valor
digno de recuerdo épico. El barón que
pasea (espada atenta) y el secretario y
el canónigo que van hilando la viva crónica
del paseo, satisfacen en la autora el deseo
de mostrar una visión extranjera (y, por
ende, escrutadora y directa) de la realidad
medieval española. Llena de encantadores
detalles, episodios dramáticos y costum­
bristas, la ruta del barón de Rosmithal lo
lleva por fin a Santiago — meta de todo
buen caballero, fin de este bonito libro
sin enjpaque. — J. C.
Yo, e l B e y , por Hermamv Kesten Tra­
ducción de María Inés Rivera. Editorial
Poseidon, Buenos Aires. 548 pgs. a la
rústica. $ 10 m /arg.
Extraña y fascinante novela ésta, donde
la figura del rey Felipe I I — Yo y el
tiempo— ha sido exhumada con infinita
paciencia y dificultad, puesta en el centro
do un mundo tan1 múltiple, abigarrado,
espléndido y miserable como el mundo de
la Contrarreforma, encarnada aqui en el
sigpo despótico del soberano español.
Kesten, para quien la novela histórica
vale antes como sucesión de imágenes
plásticas quo como relato ordenado y con­
tinuo, ha encontrado en Felipe el mirador
desde donde atalayar el panorama europeo
del siglo xvi. Con rápidas mutaciones,
montajes y enfoques ingeniosos — a veces
demasiado ingeniosos, o no bien afirmados
en la comprobación, pero invariablemente
fieles a la realidad psicológica de la
obra— , Yo, el Rey es un gigantesco diario
de tiranía, una seca y amarga crónica de
decadencia, donde un Felipe nada conven­
cional, lleiio de vida desdichada y ansiosa,
mira su mundo y sus marionetas: María
Tudor, Antonio Pérez, la de Eboli, Gui­
llermo de Orange, los inquisidores, Egmont
el ajusticiado, Carlos el infante loco. . .
Novela extraña y fascinante, como ese
tiempo del que estamos tan lejos, en plena
cercanía. — J. C.
L a danza , por Sergio Lifar. Traducción
de Juan Carlos Foix. Ediciones Siglo
Veinte, Buenos Aires. 296 pgs., encua­
dernadas. $ 16.— m /arg.
“ El sueño de Icaro, tan propio de la
naturaleza del hombre, en parte alguna
se resuelve tan bien como en el arte al
cual sirvo ’ ’, dice Sergio L ifar en el texto
de su célebre conferencia de 1937 en la
Sorbona, cuando el bailarín ascendió a la
cátedra para fundamentar estéticamente
su brillante lección: plástica en la Opera
de París y defender, en páginas memora­
bles, al coreautor, al hombre que crea la
danza y la echa a girar por el mundo.
Lifar conoce como ninguno el exacto
territorio del ballet moderno, y lia que­
rido concluir con los incesantes malenten­
didos que dividen al público frente a la
daiiv.a en dos sectores sin término m edio:
los apasionados y los indiferentes. A los
primeros les recuerda el error de conectar
inexactamente el ballet con la música,
con el gesto expresivo ( “ mímica de semá­
fo r o ” ), con la poesía y la pintura; a los
segundos les enseña que en el comienzo
era el Ritmo. Ordenado, prudente, el coreautor de Icaro pone a cada arte en su
justa dependencia (que es entonces in­
dependencia bien entendida), y aunque se
excede en profecías — la muerte del ‘ 1 arte
de la palabra” , por ejemplo, que sólo ve
con ojos de amateur— deslinda finamente
la función de la pintura y sobre todo de
la música con relación a la danza, y re­
clama para el coreautor la libertad de
crear sin deformante sujeción a textos y
partituras que en nada se conectan con
la esencia rítmica y anímica del ballet.
( Conitnúa en la pág. 10)

JEAN - PAUL SARTRE : La

náusea

S

' 6. -

Respondiendo a la enorme curiosidad que en todo el mundo
han despertado las doctrinas del existeneialismo y enten­
diendo, según sus mismos expositores, que éstas qtiedan mejor
expresadas en las obras de ficción que en las filosóficas, la
Editorial Losada ha contratado con derechos exclusivos para
su versión española toda la obra literaria — novelas y tea­
tro— de Jean - Paul Sartre. Acaba de aparecer La náusea,
novela -originalísima de poderoso interés humano y filosófico.

PRIM ER PREM IO N A CIO N AL
EN CIENCIAS SOCIALES, PO LITICA S Y JU RID ICAS

CARLOS COSSIO:

La teoría egolágica del de­
recho y el concepto jurídico de libertad

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FRANCISCO ROMERO: Filósofos y
problemas .................................................
EDUARDO MALLEA: El sayal y la
pú rp u ra ................................................... .
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ciudad sin Laura. El b u q u e ...................
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VICENTE ALEIXANDRE: Sombra del
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LUIS CERNUDA: Como quien espera
el alba
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BUENOS AIRES
Santiago de Chile

Editorial L O S A D A S. A. Montevideo
UN

Lima
PINTOR

JOAQUIN

DE

AMERICA

TORRES

( Viene de la página 16)
al artista. Luego, la razón sublevada por
ese torbellino, reaccionó manifestándose en
simplificaciones y estructuraciones más rí­
gidas y pronunciadas; a su vez reehazazaban los sentidos el dictado racionalista
y se expresaban en violencias de color,
de empaste y de factura. A esa altura
de su evolución, Torres García fué a P a­
rís, donde se decidió el destino de su arte.
Contra el nuevo instinfivismo desenfrena­
do de la post-guerra, hacia 1925 se alza­
ban ya consejos y ejemplos de mesura.
Ozenfant, Yan Doesburg, Mondrian, los
hombres de L ’Esprit Nouveau y de Abstraction-Création realizaban esfuerzos co­
incidentes con los de Torres García, en
quien de nuevo resonaba — después del
paréntesis neoyorquino— la sabia voz que
diez años atrás le decía: ‘ ‘ Queremos
que la obra sea universal, grande, eterna,
y esto no es posible sino cuando en el
arte domina la idea a lo sensual, la es­
tructura a la apariencia” .
En París, el pintor uruguayo realizó,
combinando la hermosa disciplina de la
sección áurea con la independencia cromá­
tica y técnica de la “ pintura-pintura ’ ’,
obras que preanuncian su Constructivismo
americano. América, por otra parte, lo
llamaba y a ; y la lección preeolombiana
empezaba a inspirarlo. Su nuevo estilo
se elaboró y definió cuando por fin re­
gresó a su patria, en 1934, e instalado
en Montevideo fundó la escuela de Arte
Constructivo de la cual brotó el próspero
Taller Torres García, integrado en la
actualidad por un centenar de discípulos
suyos.
En 1938 consagró noblemente el artista
su doctrina en el monumento de piedra
del Parque Rodó en que, como en nume­
rosas pinturas realizadas hasta la fecha,
muestra cómo es posible restablecer el
contaeto con el arte de la América no
conquistada sin eludir — rasgo esencial—
la condición del hombre del siglo xx. Su
teoría del Constructivismo se prestaba,
por otra parte, a una feliz renovación de
las artes menores: el reloj, el aparato de
radio, el mueble, el cacharro contemporá­
neo pueden adornarse bellamente según1
los mismos principios que rigen la creación
de una pintura constructivista. Y la re­
sonancia americana se escucha, sobre todo,
en bordados y tejidos realizados en el
Taller Torres García que, sin falsificar
lo calchaquí o lo incaico, abrazan1 más
estrechamente la tradición precolombiana
que cualquier otra pieza decorativa pro­
ducida hasta hoy en América. Conservan,
a la vez, un pronunciado acento moderno,
lo cual demuestra su vigencia.
En cierto momento, el arte constructivo

GARCIA

de Torres Garcia aceptó el predominio de
la línea, mientras el color ocupaba un:
lugar subalterno, reducido a gamas fin í­
simas y variadas del orden de los grises.
Más adelante, el maestro compensó la po­
tente estructuración lineal mediante el co­
lorido fuerte y — movido por una de sus
intensas reacciones extremistas— substitu­
yó bruscamente la paleta neutra por el
sonoro quinteto de los colores puros: rojo,
azul, amarillo, blanco y negro. Una pin­
tura mural de espíritu y proporciones mo­
numentales fué el resultado de esa sín­
tesis: hizo sus pruebas, originalísimas y
cargadas de promesas, en el Pabellón Mar- •
tirené, del Hospital Saint-Bois, cerca de
Montevideo, cuya decoración constituye sin
duda alguna — con sus muchas virtudes
y sus pequeños defectos— la más sensa­
cional realización del modernismo en1 todo
el continente americano. Para decorar esas
paredes en que trazaron 27 composiciones
sobre los más diversos temas, Torres Gar­
cía y sus colaboradores del Taller que
lleva su nombre no s e ‘ encerraron en ese
simbolismo acumulativo que presidió du­
rante largo tiempo las realizaciones del
Arte Constructivo *** sino tque supieron 1
alcanzar la meta superior de describir
vividamente, dentro de un estilo muy plás­
tico y disciplinado, una amplia realidad
terrestre. Allí, b a jo un cielo cuajado de
signos trascendentes, una activa humani­
dad deseripta en rasgos sintéticos que la
unlversalizan, vive y trab aja en paisajes
urbanos que nos son familiares.
No ha concluido por esto, ni con esto,
la evolución creadora de Joaquín Torres
García, inventor incomparablemente des­
pierto e impaciente, que jamás ha podido
someterse a fórmulas sin elasticidad ni
obstinarse en la repetición autom ática de
un procedimiento. L a reciente (¡trig é s im a
q u in ta !) exposición 1 de su Taller revelaba
ya facetas inéditas de su enseñanza. Si en
su pintura, siempre pura, siempre honesta
y sincera, se producen periódicas altera­
ciones, es porque su propia condición de
ser viviente lo lleva a dudar, corregir,
cambiar, perfeccionar, transform ar la “ en­
v oltu ra” externa de su obra, como si su
pensamiento estético describiera una di­
námica espiral constante en torno del eje
invariable de una certeza que es el fu n ­
damento mismo de su arte. E l 11 v ie jito ’ r
Don Joaquín, con sus setenta y dos años;
sigue siendo el más juvenil de los pin ­
tores americanos.
* * * El cuadro constructivo se compone, a
grandes rasgos, de un trazado alveolar geo­
métrico, estructurado, con ricas variaciones,
según la “ divina proporción11, y animado por
signos individuales yuxtapuestos ----el pe 2, el
sol, el reloj, el ancla, etc.— cuya suma formu­
la la alegoría total.

�i—
—

9

cabía ninguna pena de vivir. El supo de ese
tránsito de honradez que le establece a uno
un cielo propio y sintió lástima y tuvo ges­
tos de protección para los actores de la hon­
radez falsificada. Por eso los hace bailar, les
extiende escobas, les pone máscaras, los si­
gue en sus falsedades, en su prostitución, en
sus blasfemias, y los ve como se retuercen v
ruegan haciéndolos vivir en un infierno don­
de incluso no falta la mesa servida.
Entró en las obscuras capas de la existen­
cia, supo de los fenómenos que se establecen
en el juego de la vida y consiguió sobrepo­
nerse a la muerte cumpliendo con el real
dictado de su pensamiento.
Ojalá no desaparezcan nunca, que nunca
se pierdan los pasos, los gritos, el alma toda,
de este atormentado en las salas del Museo
Nacional de Bellas Artes.
Que de este misterioso se incrusten los
signos, en las salas y en los cuadros, en las
ventanas, en los marcos, en el traje de los
asistentes, en las casas y en la vida toda de
las gentes, que no se pierdan los dramas que
él sublimó y convirtió en obra de arte, que
como un fantasma recorra largo y tendido
el cerebro y el corazón de los espectadores,
los fertilice con sus gritos, los oprima y los
ubique en el justo lugar y los enfrente a ese
desierto que solamente se puebla con uno
mismo, con las voces y los crímenes de uno
mismo.
Así este feriante del Dolor, salta de la es­
coba a la bruja, del perdón al milagro, de la
hoguera a la plácida atmósfera de ocres y
negros; del infierno menos pestilente, pero
más lógico, de sus obscuridades, al infierno
rojo de los beatos pueriles. Salta y gira, se
reconcentra y se anuncia en una procesión,

G utiérrez Solana . Proctn de Semana Santa.

en un esqueleto, en un atormen­
tado Cristo conducido, en más­
caras y en ornamentos, en vie­
jos que intentaron un día me­
jorar a la sociedad con sus obras,
con su conducta y con sus con­
ceptos; pero que todas esas vir­
tudes, eran la savia de las enfer­
medades que no curarían nunca
por ser específicas.
Hay una única razón y ella
ha de entrar fuerte y sin perdón.
No se determina el fenómeno
artístico en el hombre, por las
razones o la justificación de un
oficio o experiencia conseguido
en los años fuertes, sino que el
arte es, ante todo, la defensa de
cortantes instrumentos que han
de señalar el real estado del
pensamiento. Porque ese impe­
rativo que nace en determinado
momento en la vida de un su­
jeto escapa a todos los límites
de las experiencias. Gutiérrez
Solana supo de esa verdad y la
vivió.
“La misma ley para el león
y el buey es opresión” — ha di­
cho William Blake. Por eso es
extraña la ley de este león, de
este rey de comarcas, del ocre
y negro pintor embrujador de
colores, que destierra la gran
paleta-muleta de los oficiales de
la pintura. Porque éstos nunca
supieron nada del hombre y por
lo tanto nada del artista y se
arrastraron en lo fatuo y en el

G utiérrez S olana . “ El Lechuga" . Colección Roque Freire, Buenos Aires

G utiérrez S olana . L os caídos. Pertenece al Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.

en la obra de este maestro, que

El supo como pocos sorpren­
es precisamente entrar en una de las der a los ciudadanos en su cama
Esangres
más frías de la pintura contemporá­
ntrar

nea. no es fácil. En Gutiérrez Solana hay
que entrar sabiendo no solamente que las
puertas están cerradas, sino que éstas se
cierran tras uno. La habitación donde se
lo encuentra no es la cómoda vivienda don­
de un especulador o malabarista se entrega
a espectáculos de formas y colores. Su ha­
bitación es un cuerpo geométrico en donde
lo dramático cobra una intensidad de una
naturaleza tal, que la geometría pasa a ser
la mágica estructura de un alma. Es en esa
habitación donde un día este artista pintó
Los Caídos. Este cuadro (y no tratamos de
establecer por qué razón) es para nosotros
como un resumen de la simbología de to­
das sus obsesionantes imágenes. ¿Qué juego
nos entrega ese cinco de oros, ese dos de
bastos, ese tres de espadas o ese tres de bas­
tos, al lado de esas cuatro mujeres, de esos
dos sujetos, de esa cortina, de ese mechero,
de esa guitarra, de esos vasos y de esa bote­
lla? sino el juego de la muerte. De una muer­
te que solamente será salvada por un gato
(siete vidas) y por una cama refugio de los
“ Caídos’’ o por un hombre: Gutiérrez So­
lana. Porqué esa diagonal obedecía precisa­
mente a lo que él era. El maestro fué eso:
un gato y una cama. Una cama refugio de
los sueños que él leía y sublimaba de las llu­
vias, de los perezosos, de los disfrazados, de
las rameras, de los busca coches, de los asóla
pados retorcidos que estiran la mano de la
avaricia (la amistad), de los rezagados, de
las brujas, de las escobas, de la muerte, de
los íncubos, de los profanadores, de los negadores del mismo infierno, de los bobos Velázquez, de los puros, resucitados por el per­
dón de Dios, de Dios mismo crucificado,
perseguido incluso por los que lo llevan en
falsas procesiones. (Pocos pintores han ex­
presado tan patéticamente la imagen de Cris­
to llevado y observado por los hombres en
procesión y que con más crueldad haya sepa­
rado la figura de Cristo de los humanos) .

y revelar su comportamiento
mediante la valorización del
verdadero sueño, él pintó la ca­
ma común, autoritaria y verda­
dera en la que viven y resumen
sus tormentos los ciudadanos.
El convirtió en obra de arte su
confesión castigando a los glotones de sue­
ños, que se baten despiadadamente en com­
bates para las glorias de sus guarda-muebles,
(el cerebro) falsificando su comportamiento
para no revelar la justa y veraz historia de
su vida, esos que empuñando la Rama Do­
rada, se abaten entre sí frecuentando ideo­
logías, religiones, hogares o estúpidas colec­
ciones de estampillas. El los vió acogotados,
vivientes, en la doble cama, la del comporta­
miento común y la del falso comportamien­
to. Pero supo como pocos, dictarse la real
posición y la auténtica desgracia. Sus sabias
medicinas lo curaron y optó por esa diago­
nal que, enfrentando la cama, lo convirtió
en un gato; solamente así, le fueron permiti­
dos tantos ojos, tantas pupilas, tanto poder
ver en la obscuridad. Era en las tinieblas que
ese gato pintor se acurrucaba hasta tocarse
con los dedos de sus manos extra pictóricas,
los dedos de sus pies extra caminantes, pro­
porcionándose el líquido aceitoso que le
permitiría después de largas caminatas por
el misterio, fijar en la tela las heridas colo­
readas de su alma.
Así encontró, Dios sabe por qué lo destinó,
la técnica pupila que se agranda en la obs­
curidad, procedimiento por medio del cual,
le iba a caber en suerte mostrarnos la noche
que él era. No titubeó en su confesión y usó
para ello la única verdad: enceguecer la
pintura, y dar vida al Tema.
Vestido con las mejores galas de sus tor­
mentos, no penó de vivir en la tierra, entre
cuatro paredes, señalando el destino a relo­
jes, a muñecos, a fantasmas, a la sangre.
¡Qué alegría saberse tan fríamente represen­
tado!, tan especulado y demostrar que no le

J¡ IATLIE T I M A S
G utiérrez S olana . La peinadoi Colección A lfred o G on zález
Garaño, But os Aires.

G utiérrez Solana. t l¡n ¡Li munj 0

juego de las preferencias. Pero
mientras él es, los otros corren.
El es, de negros colores a ne­
gros perdones, él se muestra y
gira, y aquí está el alma, el pen­
samiento, el espíritu y la cara
del hombre que no tiene una
misma ley: Gutiérrez Solana.
Están escritos los favores de
su bondad en esta expiación personal que
él vivió y penó de los humanos. Acaso a
pesar de arrastrar los evidentes pecados co­
metidos por otros supo depurar las falsas
conductas (los penitentes observando espec­
táculos) y sorprender a los cómodos que
identificados con las trágicas leyes no les
hubiera costado nada tomar las posturas, los
gestos o las anécdotas de sus obras. El usó
un apartamiento, un terror, una calle, para
separar a los que eran tan iguales, tan uno
mismo, tan parecidos a ciertos sueños, ami­
gos, cosas que se escucharon en la casa, o
aquello que algunas veces le pasa a uno. . .
Nació en una de las partes de la tierra,
donde el genio y la arrogancia han adquiri­
do siempre estados sublimes. Es que preci­
samente en esa parte de la tierra todavía se
lucha en extraños designios, en extraños
misterios y en extraños destierros. En esa
tierra el debate es la muerte, expedida co­
mo tal, hidalga, sin humor, la muerte he­
cha imperio.
Por eso un día, un hombre, un griego, un
pintor, un alma, obscureció el cielo de los
santos con sus Santos. Allí se lucha trágica­
mente por la solución de la vida, la muerte
y sus secretos evidenciados por el alcance
logrado en sus sueños y terrores y por la
existencia de hombres de un destino trági­
co y alucinado que buscan en la historia su
condición de individuo creando héroes po­
sesos, que le permitirán la total recobración
del espíritu.
Allí han nacido, por ventura, cuatro de
los más grandes trágicos que ha dado la pin­
tura contemporánea: Salvador Dalí, José
Gutiérrez Solana, Joan Miró, Pablo Picasso,

humbres puros que no han temido mostrar­
se tal como son, confesando a cada instante
el dictado de sus psiquis. Ellos han dado al
arte la presencia de una dignidad y de una
solvencia como pocas veces se han dado en
el arte, enfrentándose a esta época, subli­
mando sus tormentos, que, en suma, son
las únicas verdades que nos dejara la histo­
ria por encima de todos los contratos sociales
que los hombres establezcan en la voluntad
de gobernarse. Es de estos confesos el equi­
librio alcanzado entre la inteligencia y la
vida.
Estos hermetistas elevándose por encima
de los diablos, investigando en el auto­
matismo, atentos a los dictados de la noche,
han escrito la nueva historia de la pintura.
Iluminados enfrentan a las fuerzas del mal
en el momento en que éstas enseñoreadas se
pasean con sus banderas negras. Ellos han
dado vida a un Tema, a un color y a una
forma que nace en lo más misterioso del
hombre. “El arte —ha escrito el conde de
Lautreamont— es el encuentro fortuito de
una máquina de coser y de un paraguas so­
bre una mesa de disección.” Hay que entrar
en esa caja, no importa estas imágenes, no
importa este delirio, de la sublimación de
los objetos se llegará al verdadero idioma.
Estos hombres lo hablan. Así Gutiérrez So­
lana lo vivió y sublimó.
Así iluminó con su luz los obscuros re­
sortes del alma. No fué el temor del tiempo
el que lo lleva a su matrimonio con las ho­
ras, los relojes, los péndulos. Fué la fiereza
de los temas y las conductas que él quería
fijar y por eso sus horas, sus minutos y se­
gundos son la vida de la historia. Son los
hombres y los mitos, los brazos descamados
donde el juego de músculos, venas y nervios
son un imperativo; donde un torero es his­
toria de un país, y una procesión es un jue­
go, y un hombre látigo, y una mujer sueño,
y un señor, un artista, es una cama, es un
gato, es Gutiérrez Solana.

�cahaígaia

10
EL TIEMPO

Habla para

Y SUS LIBROS

CABALGATA

(V iene de la pág. 7)

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T . A . 3 3 - 0 8 7 8 - Bs. AIRES

LIBROS
DE
Novedades
E L A L M A DE HUM AHUACA,
por Evaristo L. González Arena.

La segunda parte de la obra — en la
que hay excelentes fotografías de Lifar,
Nijinsky, von Swaine e Isadora Duncan—
tiene el alto interés de un estudio de la
evolución del ballet vista por un bailarín
que es al mismo tiempo investigador y
analista de primer orden. La violenta re­
belión de L ifar contra las tendencias des­
naturalizantes de la danza, y sus audaces
innovaciones en Jcaro, Alejandro Magno
y El Cantar de los Cantares, son reseña­
das coir sincera voluntad de proselitismo
y una enorme confianza en un futuro más
libro para el ballet, un tiempo a venir
en el que la danza brote íntegra y original
del impulso del eoreautor y el bailarín,
en vez de mantenerse en la mera réplica
a incitaciones exteriores que la condicionan
y la humillan. — J. C.
T emor y temblor, por Sóren Kicrkegaard.
Traducción de Jaime Grinberg. Edito­
rial Losada, S. A., Buenos Aires. 160
pgs. a la rústica, $ 4.— m /arg.
La extraña historia de Abraham, que
alzó el cuchillo sobre su hijo para cumplir
con un mandato de Jehovah, es el símbolo
en torno al cual se mueve, densa y enmara­
ñada, la sustancia de esta obra del pen­
sador danés que se agrega valiosamente
a la bibliografía filosófica en español.
“ Comprender a Hegel debe ser muy
difícil ’
observa con ironía el autor.
“ ¡Pero qué bagatela comprender a Abvaham ! Superar a Hegel es un prodigio;
; pero qué cosa fácil es superar a Abra­
ham! ” Y porque no sabemos mirar, y
porque pasamos de largo ante los espec­
táculos más significativos, entre los cuales
se halla este episodio de incalculable sa­
crificio — junto al cual palidecen los de
Ifigenia y Bruto— , Kierkegaard alza una
a una las cortiiras de un meditar pro­
gresivo, donde el acto de Abraham vale
por “ la prueba del hombre’ ’ en su más
hondo sentido, donde la trascendencia de
los valores allí jugados plantean (tal vez
resuelven) la pregunta del hombre por sí
mismo.
“ Lo que falta a nuestra época no es
la reflexión sino la pasión” , dice dura­
mente Kierkegaard. Así, apasionado, in&gt;daga él las implicaciones y explicaciones
del símbolo de Abraham e Isaac; creo
que las páginas finales del “ segundo
problema ’ ’ — Si hay un deber absoluto
hacia Dios— , en las que se distingue
entre el héroe trágico y el “ caballero de
la f e ” , son de las más reveladoras que
haya escrito. “ El héroe trágico exprésalo
general y se sacrifica a ello” , enseña
Kierkegaard. “ Por el contrario, el caba­
llero de la fe es la paradoja, es el In ­
dividuo, absoluta y únicamente el indivi­
duo . .. E ií la soledad del universo, jamás
oye una voz humana; va solo, con su terri­
ble responsabilidad.”
Obra difícil, con frecuencia desconcer­
tante por la multitud de sentidos que sub­
yacen en el aparato expositivo, “ Temor
y Tem blor” es otra etapa capital para
medir el mensaje de Sóren K ierkegaard:
Jaime Grinberg da de ella una versión
de clara eficacia discursiva, que alienta
al lector en tan sinuoso y despojado ca­
mino. — J. C.

R ú s t ic a ...................................... $ 2.50
El autor de esta serie de cuentos
cortos penetra en las fibras íntimas
del indígena del pasado para dar­
nos los paisajes espirituales y ob­
jetivos que sorprendió en las áspe­
ras altiplanicies.

DE

GINEBRA A L A

DEFENSA

CONTINENTAL, por F. Iturraide
Chinel. Rústica ..................... $ 8.—
Importante análisis de los aconteci­
mientos y negociaciones diplomáti­
cas que en el intervalo de dos
grandes guerras tuvieron como fin
asegurar la paz entre las naciones.

E L COMPLOT COLONIAL,
por Exequiel César Ortega.
Rústica

...................................

$ 8.—

El pintoresco Buenos Aires de fines
del siglo XVIII, tanto en lo espiri­
tual como en lo físico, a la luz de
sus paisajes y ambientes humanos.

Reedi c i ones
CIUDAD EN L A M ONTANA,
por Upton Sinclair.
Rústica c/sobrecubierta

. . . $ 6.—

Un joven de la más ínfima clase so­
cial que, conducido por su audacia
y su carencia de escrúpulos, escala
las más altas cimas de la riqueza
y la sociedad, da tema a esta obra
del gran novelista americano.

LJL Y

SHANE,

por Louis Brorn-

field. Rústica c/sobrecubierta $ 6.Argumento y estilo, personajes y
medio, lo social y lo individual, se
en tre la za n admirablemente para
brindar un conjunto de interés fun­
damental, revelativo de una etapa
de la vida americana y dando al
libro un valor perdurable, como to­
do lo qué surge de la pluma de este
genial escritor.

EDI TORI AL

AYACUGHO

SANTA FE 2224

s. r l.

BUENOS AIRES

E l laberinto, por Martín Alberto Boneo.
El Ateneo, Buenos Aires. 64 pgs. a la
rústica.
Todo libro de sonetos se presenta de
algúir modo plásticamente, supone una ar­
quitectura poética donde el rigor y la
libertad empeñan la fraternal y continua
batalla del ve:so. En un período en el
que el soneto se ha transformado en una
de las formas más fáciles y andadas,
parece como si esta supervivencia de­
pendiera ya más de una retirada al buen
hermetismo que de una simplificación cre­
ciente de sus tópicos.
No ha de creerlo así Martin Alberto
Boneo, porque sus sonetos se resuelven en
claras, continuas imágenes (muchas veces
la imagen es el soneto íntegro, y entre
estos encuentro los más bellos), partiendo
de una perceptible eliminación de pres­
tigios formales para buscar — al modo
de Garcilaso— el discurso coherente y sirfricción dentro de la severa vía que le
va fijando el código del verso. Así llega
Boneo a un soneto contrapuesto a la co­
rriente más favorecida — la lírica isabelina y gongorista, el soneto del simbolismo,
el de Ricardo Molinari— y escoge una
sencillez humilde para decir del amor y
de la muerte, sesgando el compromiso tras­
cendente para darnos, con' fidelidad, su
imagen de hombre que adora, vacila, teme
— en sombra leve y esperanza poca— , sin
renunciar a la secreta seguridad de que
todo eso se está recobrando y salvando
p or, su poesia. — J. C.
L a piiosofia perenne, por Aldous IIuxley. Traducción de C. A. Jordana. Edi­
torial Sudamericana, Buenos Aires. 432
págs. a la rústica. $ 7 50 m/arg.
El joven Huxley prefería referir su
asombroso acopio de información a las
opii.iones, teorías y conductas de per­
sonajes que vicai iamente lo representaban
en sus novelas; nos dió así obras que
— combatidas furiosamente, pero como
combate el viento las banderas— señalan
los ápices intelectuales de nuestras cuatro
primeras décadas: Contrapunto, Un Mun­
do Feliz, Con los Esclavos en la Noria.
Ei.' plena madurez, la inteligencia de
Huxley parece preferir la manifestación
directa, el ingreso a los órdenes funda­
mentales del conocimiento del hombre por
vía de intuición y meditación. Todo su

ROBERTO
C ASTR O M AN
® Sobre el problema de los
autores nacionales
• Incremento de la crítica
periodística.
• Relaciones
y editor.

entre

autor

!Y! 5 ¡1 A n n it
Gerente general de la Edi­
torial “ Hobby", Presidente
de la Sociedad Argentina de
Editores, Roberto Castromán
es un hombre fogueado en
las lides del ramo al que
viene dedicando su diaria ac­
tividad desde hace ya 25 años.
Como una prueba do ello, ca­
be señalar que es fundador
de la casa citada, constituida
en una de las principales fir­
mas dedicadas a especialida­
des técnicas en nuestro país.

La Ley 13.049 No Es Una Dádiva
Ni Subsidio a las Editoriales
n

el cordial ambiente que ofrece la

sede de la editorial de la cual es
E
gerente, don Roberto Castromán nos dice
cuán interesante es la tarea en que se
halla ocupada CABALGATA al recoger
en sus páginas opiniones sobre los pro­
blemas editoriales provenientes de los sec­
tores más diversos. Por ello, su palabra
no espera mayores requerimientos, y, al
pun'to nos dice:
— Nuestro panorama editorial puede ser
apreciado desde diversos puntos de vista,
y respecto a cada uno de ellos podremos
concretar opiniones. En el aspecto de la
irradiación cultural a nadie escapa que
es mucho lo realizado, cualesquiera fueran
las circunstancias que lo favorecieron. El
hecho de que hoy se observe retraimiento,
como fenómeno general en la compra de
libros, íro nos debe alarmar.
Argentina posee jerarquía honrosa como
país productor y sus libros han penetrado
en América, que le brindó la mejor acogida.
Esta adhesión, que no debemos permitir
decline, en lo que a nosotros compete,
obliga a corresponder con realizaciones que
afiancen este prestigio.
— ¿Qué pudo oponerse al desenvolvi­
miento editorial argentino?
— A nadie escapa la gravitación con
que incidieron los trastornos referentes a
la irregularidad de transportes y los cada
día más graves que emergen de la res­
tricción de divisas, en la mayoría de los
países americanos. Felizmente los despa­
chos al exterior — localmente— por vía
postal, ya han- dejado de ser un obstáculo;
por el contrario, se agudiza el problema
de las divisas que traba la libre remesa
de fondos.
— ¿ Qué proyecciones económicas tiene la
reciente Ley de ayuda y fomento ?
— Debo dejar aclarado, en primer tér­
mino — la Ley lo dice sin lugar a dudas— ,
que no se trata de un subsidio o dádiva
otorgado a las editoriales, sino que de­
fínese, claramente, como un fondo per­
manente para préstamos y que, quienes
usen de él, por aplicación de ese ins­
trumento legal oblarán el interés esta­
blecido, que es del 5 por ciento. Debe pues
desvirtuarse cierta atmósfera que hace
aparecer a las editoriales como beneficia­
rías de una gracia, cuando en realidad
sólo existe un préstamo que lo diferencia
de los corrientes, por hacer extensivo su
plazo a 5 años, en cuyo lapso debe ser
amortizado.
t— En otro ordeiv, ¿qué puede decirnos
acerca de la estimación de autores nues­
tros?
— Involucra otro de los aspectos no me­
nos complejos. Lo es por la diversidad de
factores que podrían quedar al margen
en su consideración y que influyen como
imponderables para tachar Me parcialidad

saber busca comunicarse sin rodeos ni
máscaras, en un mensaje donde la espe­
ranza combate y se apoya err la angustia:
así se lia generado esta su nueva obra,
La Filosofía Perenne, itinerario de despojamiento espiritual, de ascenso severo
y claro al mismo tiempo, nueva ruta dan­
tesca a un paraíso de lucidez interior y
posesión del ser.
Esta vasta antología de fragmentos me­
morables — que van desde los textos hin­
dúes y chinos a la metafísica y ética
modernas, pasando por místicos y santos
medievales— se articula y fusiona en las
distintas partes de la obra mediante en­
laces escritos por el mismo Huxley. En la
medida en que citar es citarse, el autor ha
expuesto su actual concepción del hombre
y sus ideales (también de sus logros) a
través de textos de una hondura y una
belleza que exceden la calificación. Artis­
ta siempre, el filósofo Aldous Huxley se
propuso evitar lo más conocido para ofre­
cer imágenes, modos de pensamiento, rit­
mos de culturas arcaicas y modernas que
hacen de esta obra un nuevo espejo donde
el hombre verá su propia imagen bajo
una luz distinta, y donde acaso descubra
que también la imagen es otra y más
cierta. — J. C.

E l H ombre P erdido, por Ramón Gómez
do la Serna. Editorial Póseidon, Bue­
nos Aires. 332 páginas. $ 7.— m/arg.
No se puedo decir, en casos como el de
Ramón Gómez de la Serna, que éste inicie
un?, aventura, sino que continúa su aveirtura y que continuándola se mete en un
ámbito distinto. Ese ámbito forma parte
desde luego y como siempre del gran
mundo de la “ greguería” . Ramón es Ta
greguería, más ancha, más estrecha, más
alargada, más corta, más impalpable o
más plástica. . . siempre la greguería. Pero
lo maravilloso es estar andando siempre
por eso campo sin tropezarse con los fan­
tasmas, en constante acecho, del agota­
miento o de la repetición y esto es lo

a las conclusiones a que se pueda arribar.
— Veamos sus razones, Castrom án...
— Sí. Todos ' los editores, por lógica,
deben presentar libros de éxito; dan brillo
al sello editorial y producen utilidades.
Ese éxito es una consecuencia de la bondad
de la obra y de la acogida que le da el
lector. Entonces, el editor juega un papel
ciertamente cómodo; así, también, en todos
los casos en que el autor aporta el pres­
tigio de su nombradla, P ero. . .
— t Cuando se trata de autores noveles?
— A eso iba a arribar. Entonces, sobre
el concepto de los editores se cierne una
nube de ira tras el descontento de algunos
autores que se sobreestiman y -desconocen
la experiencia (que alguna tienen los edi­
tores) sobre los gustos y modalidades del
público. Ejemplos en contrario de lo que
digo, lo hay y habrá.
-—¿Puedo adelantarnos algunas solucio­
nes que TJd. estime lógicas?
— Como solución parcial, creo que, indu­
dablemente, mucho pueden hacer en be­
neficio de los autores noveles las mismas
instituciones que los reúne a fin de im­
pulsar las obras inéditas, procurando ma­
yor contacto entre ellos y los editores.
— ¿Alguna medida concreta que Ud.
vería factible. . . ?
— Deberían los escritores mantener a
las editoriales al tanto de su producción,
mediante gacetillas informativas, que se
cristalizaría en oferta y demanda, cosa
que hasta el presente no se ha hecho.
— Esto en lo que se refiere a obras li­
terarias o imaginativas, ¿en cuanto a las
de carácter técnico?
— Aqui el problema varía fundamental­
mente. Quizá se desconozca que el 90 o|o
de las obras de medicina editadas en el
país pertenecen a firmas nacionales, en
derecho el 80 o|o, en textos escolares el
100 o|o, en la enseñanza inedia el SO ojo,
y en manuales técnicos, artesanía y di­
vulgación, el 90 o lo.
— Las cifras que nos proporciona son
halagadoras, Castromán.
— Si libros de autores noveles perma­
necen en los anaqueles de librerías aquie­
tados (y esta circunstancia hace cautos
a los editores que no ignoran lo que in­
sumo el centímetro publicitario) esta si­
tuación cambiaría si la crónica bibliográ­
fica, firmada, por los críticos consagrados
a quienes les está encomendada, ocupase
el lugar que merece en los grandes diarios
lo que despertaría el interés del público.
Poniendo fin a sus opiniones sobre el
problema editorial, Castromán nos despide
recordándonos que éste y muchos otros
tópicos contemplará la Ley de fondo de
la producción del ramo, a cuya considera­
ción se abocará el Honorable Congreso
Nacional próximamente. — O. H.

quo consigue Ramón perfectamente y hace
de él el escritor de imaginación de posi­
bilidades más incalculables que hay ac­
tualmente no sólo en lengua castellana.
E l Hombre Perdido es el normal creci­
miento de una greguería — célula, como
el hombro fisiológico es el crecimiento
de una célula fisiológica. Y de la misma
manera que no hay en la fisiología nada
que no pueda ser, tampoco lo hay en el
campo imaginado de la greguería crecida
y crecida hasta convertirse en la aven­
tura de un hombre en, los aledaños de lo
real, de lo superreal, de lo extrarreal, pero
no imposible. El que sepa leer a Ramón, lo
puede seguir sin temor de perderse; el
que no lo sepa, es inútil que busque una
guí?, o itinerario. Ramón es una de esas
selvas en las que hay que meterse y andar
sin guía y saber mirar y ver y no temer
al extravío. ¡ Adelante! . . . Y el que sea
de ésos que quieren saber cómo se llama
ese pájaro, cuál es la característica botá­
nica de esa planta, en qué forma se re­
produce esa mariposa o dónde deja sus
huevos ese pez, que no se meta en la
selva, pues no andará por ella dos pascY.
Hay que entrar y seguir y seguir escu­
chando su murmullo y ver sus cosas sin
explicación ni clasificación.
¿Hasta dónde? Sin prisa ni destino fijo,
esa lectura no lleva a ninguna parte, ni
tiene su por qué, ni su para qué, sino
muy hondo y muy en el misterio de las
puras satisfacciones estéticas. Nadie puede
limitar hasta dónde lleva contemplar los
Caprichos de Goya, o escuchar una sinfo­
nía. Hasta dónde se quiere ir, y-cada cual
puede alzar la expiyisión de su propio
espíritu.
Ramón es inagotable y tiene en su caja
de sorpresas una constante provisión de
cosas nuevas, no vistas antes o vistas coir
una proyección original. De estas cosas
nuevas está lleno su nuevo libro, en el
quo se anuncia el ciclo de las Novelas de
la Nebulosa, con una prolongada órbita
de incalculables maravillas poéticas en
giro perpetuo. — Mora Guarnido

• Con su reciente exposición en los salo­
nes do los Amigos del Arte, en Monte­
video, J. Baclle-Planas, el prolífico, activo
y vario pintor, reedita el cúmulo de difi­
cultades, dilaciones, expedienteos y cien
cosas más, con que tropieza el artista ar­
gentino que llevando y trayendo su obra
do una orilla a la otra del Río de la Plata
trata de contribuir al acercamiento de los
dos países hermanos, y de hacer el bien
que los buenos artistas pueden hacer y
hacen ofreciendo generosamente al público
el espectáculo de su obra de creación.
Sería deseable que las entidades plás­
ticas recabaran el apoyo y la comprensión
de las autoridades competentes para que
de una vez cesaran las trabas que en la
actualidad se oponen a los artistas plás­
ticos do uno y otro país que van o vienen
a exhibir su propia producción, con lo
cual se lograría más, mucho más que con
la “ naturaleza muerta” de ampulosos con­
venios de buena vecindad.
• Julio E. Payró ha traducido para la
Editorial Poseidon, el libro de Le Corbusier “ Cuando eran blancas las catedra­
les” , agotadísimo. y esperado, libro del
gran arquitecto francés que junto con
“ La Ciudad (Su nacimiento. Su decadencia.
Su futuro) de Eliel Saarinen, (trad. Ro­
berto A. Champión). iniciará una colec­
ción do urbanismo y arquitectura a cargo
de la Editorial aludida.
9 Gustavo Cochet, a pocas fechas de su
exposición de pinturas celebrada con no­
table éxito en el Salón Peuser, entre otras
exposiciones foráneas y una excursión a
las sierras cordobesas do donde ha traído
unn provisión de paisajes, ha tenido en
exhibición en las Galerías Argentinas, de
nuestra capital, un conjunto de grabados,
especialidad en la que el artista rosarino
es notable maestro.
En edición de autor, realizada en las
prensas de la Editorial Castellví de Santa
Fe, Cochet, distinguido escritor v trata­
dista — su monografía sobre Daumier y
su historia y técnica de “ El grabado” __
acaba de publicar “ Entre el llano y la
sierra” , un suculento libro de breves pro­
sas, ilustradas con magníficos grabados
tallados en madera.

• Luis Seoane, acto seguido de su cele­
brada exposición de óleos en la Hebraica
Argentina, ha ofrecido al público que visitr, el salón de la Librería Viau* una
colección de acuarelas de fuerte colorido
pertenecientes a la serie “ Amadís de Gau1?. , completada con dos paisajes urbanos
expresados con un notable dramatismo
formal.
Paralelamente, en vitrina, presentó para
lectores exigentes y coleccionistas de li­
bros en edición limitada, una serie de
cuadernos impresos en la Imprenta López,
bajo el signo un tanto nostálgico de “ La
Botella en el Mar” , Se destacaban “El
perro andaluz” , de Buñuel y Dalí, con
dibujes de Dalí; “ La voz humana” , de
Jean Cocteau, con dibujos del autor; y
“ Anfión” , de Paul Valéry; “ Catalina’ de
Houlihan” . de Yeats. y “ El ceñidor de
Venus desceñido” , de Rafael Albcrti, ilus­
trados por el expositor.
• Dentro de la Colección El Hilo de
Ariadna que para Editorial Futuro dirige
Julio E. Payró, el distinguido pintor ar­
gentino Jorge Larco — quien hace algún
tiempo nos diera un magnífico estudio so­
bro Piero Della Francesca— acaba de
publicar una breve reseña de la histórica
pintura española de los siglos XIX y XX.
Las lagunas que en este fervoroso estudio
puedan observarse no afectan el notable
esfuerzo del comentarista, quien en su mue­
vo trabajo literario alcanza momentos de
expresiva forma.
• En la calle Nazca 2546, ha quedado
abierta al público “ Trastienda” muestra
de arte, generosamente instituida, que ofre­
ce en su presentación al público grabados
de Adolfo Bellocq, esculturas de Horacio
Juárez y pinturas de Antonio Berni, Ro­
drigo Bonome, Juan C. Castagnino y Ma­
nuel Eichelbaum.
• La Exposición de Arte Español Con­
temporáneo, que ha ocupado totalmente el
edificio del Museo Nacional de Bellas Ar­
tes de nuestra capital durante los dos
últimos meses, ha cosechado una bien es­
casa crítica periodística. No analizaremos
aquí la causa, una de las cuales, vale la
pena subrayarla, podría ser la falta de
espacio, de publicaciones por decir mejor,
en las que entre nosotros se cultiva la
crítica artística. Se le han hecho reproches
a la organización, algunos de los cuales
omitimos citarlos por razones obvias. Se
le reprocha que en ella falten nombres
ilustres, entre otros el más descollante,
Picasso. Y Miró. Y tantísimos oíros. Que
esté tan mal representado Dalí y el otro
catalán insigne. Joaquín Sunyer. Pero por
qué buscarle explicación a lo que habla
por sí mismo. Estos dos últimos, pre­
sumiblemente no han sido consultados; se
les ha hecho figurar simplemente. Otros
no fueron invitados. Otros no hubieran
ido do todas maneras. Esta exposición es
parcial y parcial, pues. Le sobran nombres,
esto so nota. Hay grandes nuevos valores,
afirmados últimamente: Sisquella, Serra,
Prieto, Palencia. No faltan los jóvenes,
de aquella juventud, que se han perdido
por completo: Pedro de Valencia. Genaro
Lahuerta. ¡ Descollante, rotundo. Gutiérrez
Solana!
• Merece aplauso la iniciativa hecha pú­
blica por la Editorial Kapelusz, en adhe­
sión. a la “ Semana del Libro Infantil” que
acaba do celebrarse con brillantes actos,
Ir. cual consiste en un Concurso de Cuentos
para niños, dotado de la respetable suma
de 10.000 pesos. Respaldan el Concurso
tres nobles divisas, una de las cuales sub­
rayamos: “ Dotar a la infancia de más y
mejores libros que coadyuven a su for
mación moral y a su elevación espiritual ’
o
No nos lo comunica el cable, dema­
siado atareado en transmitir noticias por
siempre jamás perecederas. Es la- carta de
un amigo la que, con un retraso de unos
pocos días, nos trae la noticia. En México,
abatido por un ataque cardiaco, como tan­
tos otros intelectuales exilados, ha muerto
el ciudadano Víctor Kibalchiche. vale de­
cir el escritor de larga obra Víctor Serge.
de quien dijo Panait Istrati, que vinculó
“ su destino individual al destino de todos” .
Víctor Serge será recordado en la litera­
tura de los tiempos presentes, de “Los
últimos tiempos” por decirlo con las pa­
labras literales de su última novela conoci­
da en francés e inglés, pronta a aparecer
en castellano.
• La Escuela Nacional Industrial de Ce­
rámica tiene abierta en la Galería Müller.
su séptimo salón, en el cual, como lo han
venido haciendo todos los años, exhibe la
producción de sus aventajados discípulos.
Fernando Arranz, director de la Insti­
tución aludida, demuestra con esta comple­
tísima muestra, cuantas y cuan elevadas
son las posibilidades que el arte ceramístico tieno en nuestro país. Existe primera
materia: la ha sabido encontrar el escla­
recido técnico. Existe entusiasmo y voca­
ción de artesanía. La escuela-taller está
en funcionamiento. Quien sabe si le falta
algo, no obstante. Quizá le falta al mag­
nífico hallazgo, lo que sólo el Estado pue­
de darle; una más amplia dotación para
que los anhelos de quien está al frente
de la Escuela y de cuantos lo secundan,
puedan cumplirse para honor del país en
más colmada medida.

�LADY MACBETH

d el

DISTRITO

NOVELA DE NICOLAS LESCOV
( Continuación del número 1S de
Cabalgata ).

ULTIMOS TITULOS

IX

COLECCION
PINGÜINO
S IR W A L T E R R A L E I G H .
PIRATA Y CABALLERO,
por Eric Ecclestone . .

$ 2.—

BALLET,
por Arnold Haskell . .
f r a n k e n s t e in

$ 3.—

,

por Mary Shclley .,.. .

$ 2.50

¿POR QUE SE DESINTE.OKAN LOS A T O M O S?,
por A . K. Solomon . . .

$ 3.—

NOVELISTAS A N T E R IO R E S
A. C E R V AN TES,
por Autores Varios . .
n o v e l is t a s

$ 3.—

in m e d ia t o s

A CER V AN TES,
por Autores Varios . .

$ 2.50

¡en v e n t a e n to d as
LAS BUENAS L IB R E R IA S!

E D I T O R I A L

LAUTARO
J J .

U R I B Ü R U

B U E N O S

12 2 5

A I R E S

Serguey tenía el cuello envuelto en una
bufanda colorada y se quejaba de mal
do garganta. Mientras, antes de que las
marcas dejadas en la garganta por los
dientes de Zinoviy Borissitch estuviesen
curadas, se advirtió la desaparición del
marido de Katherina Lvovna. El propio
Serguey habló a menudo de esto con los
demás. A veces, cuando anochecía, se sen­
taba con los muchachos sobre el banco,
ante la empalizada y repetía: “ De todas
maneras es incomprensible que el patrón
no baya regresado todavía7’ .
Los empleados se asombraban también
de ello.
Tin día llegó del molino la noticia de
que el patrón había alquilado unos caba­
llos y había partido hacia ¿asa hacía
mucho tiempo. El postillón que lo llevó
d ijo que Zinoviy Borissitch estaba depri­
mido y que le había ordenado regresar
de una manera rara: unos tres kilómetros
antes de llegar a la población descendió
do la carreta, cerca del convento, cogió
un saco de viaje y se marchó a pie. Ante
esto, todo el mundo se extrañó aún más.
Zinoviy Borissitch había desaparecido.
Se iniciaron las investigaciones, pero
no llevaron a conclusión alguna. Según
los informes del postillón lo único que
estaba claro es que sobre el río, a la al­
tura del convento, el comerciante había
seguido el viaje a pie. El asunto no se
esclarecía y entre tanto, Katherina Lvov­
na, aprovechándose de su situación de
viuda, vivía con Serguey en plena li­
bertad. Se inventaba que Zinoviy BorisBitch aparecía hoy aquí y mañana “ allá,
poro el comerciante seguía sin regresar
y Katherina Lvovna sabía mejor que nadie
que no volvería.
Así pasó un mes, otro y un tercero.
Katherina Lvovna se sintió embarazada.
T-a fortuna será para nosotros, Serojetcha; tengo un heredero — le dijo a
Serguey, y fué a pedir al consejo comu­
nal que, sintiéndose encinta y estando los
negocios de la casa en pleno marasmo, se
la autorizase a ocuparse de todo.
De cualquier forma no era necesario
que la empresa comercial se derrumbara.
Katherina Lvovna era la esposa legítima;
no había deuda alguna.... En consecuen­
cia se la podía autorizar. Y se la autorizó.
Katherina Lvovna vivía a su guisa, rei­
nando sobre todos y, a causa de ella, todo
el mundo buscaba la amistad de Serguey.
Pero era demasiado fá cil: una nueva ca­
lamidad sobrevino. El alcalde recibió de
la ciudad de Livni una carta comuni­

TERMINAN ASÍ

• El potente grito de la locomotora
vibró en la noche. El tren abandonaba
h el Territorio. Un cartel agobiado por
¡
3°nibras, mantenía su pregón: CO­
LONICE EL CHACO. . . (Oran Chaco,
de Raúl Larra. F u t u r o .)
• Ina abierta y alegre sonrisa se
mujo en los labios de su compañera,
I J’ rec°giendo levemente su falda con
s mano izquierda, Gradiva Rediviva
,0c ®ertSang, envuelta por las mira|
as soñadoras de Ilanold, atravesó la
I
e, a pleno sol, por la vereda de
I iT \ .COn su Paso flexible y sereno.
I L ra ' V a ’
Wilhelm Jensen. P o s e i -

*. ' a través del oriente de
soma que bañaba todavía su i
«
en e* éxtasis de su dii
&lt;m pastoral sentada al bo
■meses futuras, y más allá
la 1 US ven'deras &gt;’ a pesar de
, r M10* ,ic la vida ovangélii
cave P° r el gran « s e r ió t e de

Ozerón % 6‘ -díg“° señor c"

de P.

{ t l sen°r cura de
ancis Jammes. E m k e .)

(

J a iie 'le T 8’ -S'n esperar el t:
tren . . anzo hacia París — h¡
conin 8¡".a G|nebra— , corriendo
(I p, , tuv,era que salvar la
1914 ■v n
Losada!.)d

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L autaro.) Sexo, d

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Lo,
* rp"ové en el de

*»• ^ S tl-sT &gt; ’e.eltranqUÍ,,Zad0Sconvov reant

DIBUJOS DE J. BATLLE - PLANAS
sociedad mercantil. Insistía una y otra
vez diciendo que si ella diera a "luz un
hijo en los nueve meses siguientes a la
muerte de su marido, toda la fortuna les
pertenecería, y entonces la felicidad de
ambos no tendría fin.

X
Luego, repentinamente, Serguey dejó
de hablar del heredero. Y desde que cesa­
ron los discursos eir los labios de Serguey,
Fedia Liamine se implantó en los pensa­
mientos y el corazón de Katherina Lvovna.
Se tornó pensativa e incluso menos tierna
para con Serguey. Duerma, salga para dar
órdenes o se disponga a rezar, siempre
es la misma cosa la que danza en su
espíritu:
¿Cómo es esto? ¡P o r qué, en efecto,
me va a privar de mi fortuna? He sufrido
ta n t o ... he arrojado tantos pecados so­
bre mi alma y él sin tomarse la menor mo­
lestia, llega y me d esp oja .. . Todavía paso
si fuera un hombre, pero no, un mucha­
cho, un niño. . . ”
Afuera habían comenzado las primeras
heladas. Como es lógico no se recibía nin­
guna noticia de Zinoviy Borissitch. Kathe­
rina Lvovna aumentaba de talle y no de­
jaba de estar pensativa. En el pueblo la
murmuración trataba de saber cómo era
eso que la joven Ismailova, que siempre
había sido estéril y no hacía sino adel­
gazar y languidecer, engordaba tan re­
pentinamente. Durante este tiempo, el j o ­
ven coheredero, Fedia Liamine, se paseaba
por el patio, vestido con un liviano casaquín, y rompía el hielo de los charcos.
— ¡Vamos, Fedor Ignatitch! ¡Vamos,

— Porque, por amor hacia ti, Katherina
Lvovna, yo hubiera querido verte conver­
tida en una verdadera dama y no en lo
que has sido hasta hoy — replicó Serguey
Filipitch— . Pero ahora se hace evidente
que en comparación con los medios anti­
guos tendremos que vivir todavía más
modestamente que antes.
— ¿Y qué puede importarnos eso?
— Es cierto, Katherina Lvovna, que tú
ni siquiera te preocupas, pero en cuanto
a mí, que te honro y frente a las miradas
cobardes y envidiosas; esto resultará muy
penoso. Para ti, será como tú le inter­
pretas, pero yo comprendo que así, en
estas condiciones, jamás seré feliz.
Y siguió machacando sobre Katherina
Lvovna que por culpa de Fedia Liamine
él so había convertido en el hombre más
desdichado del mundo, privado de la po­
sibilidad de realzarla a ella y de cubrirla
de opulencia ante las narices de toda la

M A R Y

VUELTA

E

camino, furtivamente, como ladrones
en la noche. (Ladrones en la noche;
de Arthur Koestler. A bril.)
» El vehículo siguió un trecho por
la avenida Wagram y dobló en la plaza
do L ’Etoile. En parte alguna se veía
luz. La plaza era todo obscuridad. Es
taba tan obscuro que no se podía dis­
tinguir siquiera el Arco de Triunfo.
(A rco de Triunfo, de Erich María
Remarque. Castelar .)
• Habría yo querido llorar, pero me
sentía el corazón más árido que el
desierto. (L a Sinfonía Pastoral de
André Gide. P oseidon).

un cargo discreto pero bien remunerado
en el ministerio de Dominios pero es dejado
cesante como consecuencia de la publica­
ción de su primera obra: ‘ ‘ Hechos me­
nudos en la vida de los obispos” . Hasta
los treinta años no ha escrito una sola
línea. Y en el alborear de su carrera li­
teraria un artículo mal interpretado le
vale la más tenaz hostilidad de la iz­
quierda literaria. E 11 aquel entonces las
posiciones políticas están ya fijadas: hay
que ser conservador, religioso y eslavófilo
o liberal, curopeísta y materialista. Leskov
parece no definirse y vacilar entre ambos
extremos. Tolstoi le hará justicia un día
escribiendo de él: “ Leskov ha sido el
primero que haya mostrado en la novela
el peligro que amenaza a la libertad y al
ideal, el primero que se haya desviado
del progreso estrictamente materialista” .
En verdad no hay contradicción alguna
en la actitud de Leskov. Mielielson hace
notar justamente: ‘ ‘ Por sus orígenes, Les­
kov pertenecía a un medio militante or­
tod oxo.. . Religión y equidad son las dos
ideas motoras que dan cuenta de su iti­
nerario intelectual. . . Para satisfacer una
exigencia ética Leskov fué un abolicionista
ferviente, se acogió, en sus comienzos a
la bandera liberal y se hizo amigo del
revolucionario Arthur Benni; que más se
interese en los tentativas de evaneelización de lord Redstock y que sea seducido
por el tolstoianismo, es muy natural. Pero
como ante todo y sobre todo era un or­
todoxo convencido y conservador por tem­
peramento. hizo su carrera bajo la ésrida
de los partidos de derecha, se unió a Sersre
Aksakov y sufrió, hacia el fin de su vida,
la influencia de Soloviev” .
En verdad, si se le juzga por su obra
es un hombre con menos prejuicios que
instinto,- un instinto profundo, y tiene
menos gusto por los debates doctrinales
que por una determinada actitud religiosa
ante la vida. Es más sensible y atento que
razonador; creo más en su experiencia
íntima que en las teorías políticas e inte­
lectuales. Más que un soñador es un
hombre con fe.
Y como es sólo su- obra lo que verdade­
ra mentó interesa, puede afirmarse de Les­
kov que no hay ningún escritor ruso en
el que lo irreal y el sueño, lo cotidiano
y lo maravilloso, el acontecimiento y lo
irracional estén más íntimamente confun­
didos. Sencillez, veracidad y ausencia
completa de todo ornamento retórico son
sus calidades esenciales. Imposible expre­
sar mayor elogio.

W E B B

A

JUAN

LA

FIERRA

PABLO

ECHAGOE

PARADOJAS MORALES E INMORALES
En estos diálogos vivaces y amenos, el fino escritor y crítico, miembro
de la Academia Argentina de Letras, persigue algo de esa intención moralizadora que impulsó al escritor y al poeta satírico a practicar el exa­
men de conciencia de la sociedad de su tiempo. Un volumen de la
“ Colección Ensayos Breves” , de 176 páginas ........... ................. $ 3.00

JOSE

0 EL ARTE POR LA SENCILLEZ
el recio panorama de la literatura
rusa falta destacar en sus justas
proporciones a un hombre naeido en
1831. Es Nicolás Leskov, cuyo nombre
merece figurar junto a los grandes nove­
listas de Rusia y que es punto menos
que desconocido; a tal extremo que en
muestro país la primera traducción que
de él se ofrece es la presentada por CA­
B A L G A T A : “ Lady Macbeth del distrito
de M’zensk” .
Debo decirse, sin embargo, que el ta­
lento de Leskov no alcanza la profundidad
apasionada del genio de Dostoievski ni
la pujanza soberana del de Tolstoi. Pero
su obra está caracterizada por una especie
de serenidad y una sencillez aclaratoria
que nos revela a Rusia quizás mejor que
cualquier análisis angustiado de uno o
diversos tipos excepcionales. Los perso­
najes de Leskov son seres sencillos, sea
cual fuere el rango en que los haya situado
el Destino. No son intelectuales ni teóri­
cos, sino gentes semejantes a otros mi­
llones de gentes.
La biografía de Nicolás Leskov no tiene
nada de extraordinario Nace en Gorokh off, provincia de Orel, en 1831. Tiene
13 años menos que Turguenev, 10 menos
que Dostoievski y tres menos que Tolstoi.
Su padre es un clérigo y la familia de
su madre es noble; sin embargo, su edu­
cación deja bastante que desear: su fa ­
milia no so ocupa a penas más que de
enseñarle a leer y escribir. A los 16 años
entra en la administración judicial local.
Dos años más tarde va a Kiev en donde
completa su ilustración durante sus horas
libres; se apasiona por la literatura. Fun­
cionario del gobierno consigue efectuar
diversos viajes a través de Europa. Ocupa
n

hijo de comerciante! le gritaba a veces la
cocinera Axinia al atravesar el patio apre­
suradamente. ¡E s adecuado que un hijo
de comerciantes chapotee en los charcos?
Pero el coheredero que perturbaba a
Katherina Lvovna trotaba como un cabritillo despreocupado y dormía más des­
preocupadamente, sin comprender que se
había cruzado en el camino de alguien y
que había disminuido la felicidad de quien
fuese.
Finalmente, Fedia atrapó una viruela,
complicada con un enfriamiento del pecho,
y el niño hubo de guardar cama. Se le
cuidó primero con infusiones y hierbas;
después se mandó por el médico.
El doctor hizo algunas visitas, prescri­
bió unas pociones y se las hicieron tomar
al muchacho cada hora. Unas veces era su
vieja abuela la que se las suministraba,
otras, ésta rogaba a Katherina Lvovna que
lo hiciera.
— Tómate esa molestia — le decía—
Katerinuchka; tú misma estás encinta y
esperas también el juicio de D ios; tómate
esa molestia.
Katherina Lvovna no se negaba. Sea
que la vieja fuese a las vísperas a rogar
‘ ‘ por el adolescente acostado en su lecho
de dolor” , sea porque iba a la misa ma­
tutina a conseguirle una partícula de la
hostia sagrada, Katherina se sentaba fre­
cuentemente a la cabecera del enfermito
y le daba de beber cuando tenía sed y le
hacía tomar los medicamentos a su hora.
Así, la vieja partió para asistir a las
vísperas de la Presentación err el Templo
(Pasa a la página 12)

De la autora de “ Siete para un secreto” , cuyas obras son de un
7igor y una reciedumbre tales como difícilmente se encontrará paran­
gón, es esta coyela cuya acción tiene por fondo el paisaje galés de
montañas y valles, tan íértúl en vegetación natural como en bellas y
conmovedoras leyendas. Un volumen de la “ Colección Horizonte”
de 392 páginas ............... ................................ ..................................
$ 6.—

NICOLASLESCOV

• Resuelto y grave, afinaba cuida­
doso un venablo de madera de plátano.
(Radmiento de la Odisea, de Jean
Giono. Argos.)
• Ciñó su talle con los brazos y la
atrajo hacia sí; ella le puso las ma­
los como unas algas alrededor de su
cara, a la que aproximó la suya. Así
3e compenetraron sus miradas, pro­
funda y dichosamente; así se tocaron
sus cuerpos en caricia perfecta. Clau­
dia bajó los párpados y los labios se
anieron en un beso. ( Claudia, de Arnold Zweig. A r g o n a u t a .)

cándole que Boris Timofeyévitch no co­
merciaba sólo con su propio capital, sino
también con el de su sobrino, menor de
edad, Fedor Zaharovitch Liamine y que
era preciso arreglar el caso y no confiar
el negocio solamente a Katherina Lvovna.
A l recibir la noticia el alcalde se en­
trevistó con Katherina Lvovna y una se­
mana después llegó de Livni una viejecita
con un muchacho.
— Soy — explicó— la prima del difunto
Boris Timoféyevitch y éste es mi niete­
cito Fedor Liamine.
Katherina Lvovna los recibió.
Contemplando desde el patio esta visita
y la acogida dispensada a los recién lle­
gados por Katherina Lvovna, Serguey se
puso blanco como la pared.
— ¡CJué to ocurre? — le preguntó la
patrona al apercibirse de su mortal pa­
lidez, cuando entró detrás de los recién
llegados y se detuvo en el vestíbulo a exa­
minarlos.
— Nada — replicó, girando sobre sus
talones para irse. Pienso solamente que
Livni es una ciudad muy curiosa, — con­
cluyó, con un suspiro, antes de cerrar la
puerta tras de sí.
— Bueno, ¡ y ahora qué haremos? —pre­
guntó Serguey Filipitch a Katherina
Lvovna, sentados durante la noche ante
un samovar— . Al presente, todo nuestro
negocio ha quedado reducido a polvo.
— ¿Por qué, Sereja?
— Porque a partir de este momento todo
irá a medias. Y estaremos al frente de
un negocio insignificante.
— ¿Te resulta poco?
— No se trata de mí, pero la felicidad
ya no será la misma.
— ¡Cómo! ¿ Y por qué, Sereja, no he­
mos de ser dichosos?

MZENSK

de

F ERRAT ER

MORA

EL SENTIDO DE LA MUERTE
Magnífico ensayo del autor de “ Variaciones sobre el espíritu” que com­
prende una ontología general de la realidad, una metafísica de lo orgá­
nico y una filosofía de la persona —bases sin las cuales el problema
de la muerte resultaría ininteligible— completándose con un ataque a
fondo del problema de la inmortalidad y la supervivencia. Un volumen
de la “ Colección Filosofía” , de 356 páginas ................... ................. $ 7.50

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LOS

STANDEN

INSECTOS

INVASORES

Presentada en forma amena y pintoresca, esta obra es en realidad nn
pequeño tratado de entomología aplicada. Su lectura, tan atractiva, basta
para demostrar que no es preciso ser amigo de los insectos para bailar
interesante su estudio, ni aún para hacer a los demás participes de ese
interés. Un volumen de la “ Colección Ciencia y Cultura” , de 256 pági­
nas, con ilustraciones fuera de texto ................................................ g g.00

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La pluma de este gran autor dramático nos hace seguir las alternativas
de la vida de Julia Lambert, actriz consagrada, cuya exaltación artística
llega hasta el punto de que ella misma ignore donde termina la realidad
y donde principia la ficción en su propia existencia. Un volumen de
la “ Colección Horizonte” , de 331 páginas (4á edición) ............... $ 5.00

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Ensayo del eminente polígrafo español, dividido en dos series de estu­
dios: en la primera se analiza la actitud de Cervantes para con el
Quijote y los libros de caballerías; en la segunda se aclara de modo
magistral el matiz psicológico de personajes grandes y chicos d© la obra
inmortal. Un volumen de la “ Colección Ensayos Breves” , de 231 nabi­
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BUENOS AIRES

�cabalgata

12

LADY

EL A T E N E O

(Tiene de la pág. anterior)

Presenta sus

de la Santa Virgen y rogó a Katherinuchka que cuidara a Fediuchka. En ese
momento el niño comenzaba a restable­
cerse.
Khaterina Lvovna entró en la habitación
do Eedia. Estaba sentado en la cama,
con su casaquín de petit-gris sobre los
hombros, leyendo la Vida de los santos.
-—¿Qué estás leyendo, Fedia? — le pre­
guntó Khaterina Lvovna, sentándose en
el sillón.
— Estoy leyendo la Vida de los San­
tos, tía.
— ¿Interesante?
— Muy interesante, tía.
Katherina Lvovna apoyó el mentón en
la palma de la mano y observó a Fedia
que movía los labios al leer y, súbitamente,
fué como si una horda de demonios se
hubiera desencadenado en ella, viéndose
invadida por los pensamientos de costum­
bre acerca del daño que le hacia este niño
y cómo todo hubiera marchado bien si
él no existiese.
“ Después de todo — pensaba Kathe­
rina Lvovna, — después de todo está en­
fermo . . . se le dan medicamentos. . ■ na­
die sabe nunca en qué para una enferme­
dad. . . Todo lo que puede decirse es que
el médico no ha recetado las medicinas
adecuadas ’ ’.
— ¿Es la hora de tu medicamento,
Fedia?
— Sí, tía . . Es muy divertido lo que
cuentan los santos varones, — dijo des­
pués de haberse tomado la cucharada.
— Bueno, sigue leyendo — dijo Kathe­
rina Lvovna, y tras recorrer con mirada
fría toda la habitación, sus ojos se detu­
vieron sobre la ventana congelada— . Hay
que cerrar los postigos — d ijo ; salió al
salón, de ahí a la escalera y penetró en
su habitación. Se sentó.
Cinco minutos más tarde Serguey se
reunía con ella, en silencio, vestido con
una casaca con cuello de castor.
— ¿Cerremos los postigos? — le pre­
guntó Katherina Lvovna.
— Sí — respondió Serguey, con voz
brusca. Despabiló la bujía y se colocó
cerca de la estufa.
Se hizo el silencio.
— ¿Las vísperas de hoy son largas? —
preguntó Katherina Lvovna.

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M. BRENET: Diccionario de la música, histórico y técnico. Un
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LIBRERIA El Ateneo

M A CBET H

Habla para CABALGATA

SARA MAGLI0NE
DE J O R G E
SOBRE PROBLEMAS EDITORIALES
Argentina de origen, iniciada en la
labo* editorial hace cinco años, la se­
ñora Sara Maglione de Jorge — con
su labor responsable como DirectoraGerente de la Editorial Lautaro—
viene bregando por la difusión de
obras de real calidad, propulsando
así la obra de cultura efectuada por
los libros nacionales en el continente.
Actualmente es consejera titular de
la Cámara Argentina del Libro.

£lu™ A&lt;3rí?
•
•
•

Crear un mercado interno.
Incrementar la obra de autor nacional.
Perspectivas de ediciones para 1948.

prueba
U na
alcanzado

del alto grado de desarrollo
por la industria editorial
argentina lo constituye el hecho simpático
do que una de las empresas populares como
la Editorial Lautaro tenga como guía a
una mujer, la señora Sara Maglione de
Jorge, circunstancia que evidencia las enor­
mes posibilidades que ofrece el campo edi­
torial, no sólo para el hombre — cotidiano
monopolizador de las tareas ciudadanas—
sino también para la mujer, conquista­
dora constante de nuevos derechos Preo­
cupada, al igual que el hombre, por los
problemas que acucian a la industria, la
señora de Jorge gira constantemente en
torno a su escritorio mientras repasa men­
talmente las respuestas a nuestro interro­
gatorio.

Por primera v e z en el país, una gran
organización de librería postal al ser­
vicio de los lectores exigentes.

— ¿Cómo ve, señora, el momento edito­
rial?
— Saldremos del paso. Hemos estado, y
estamos, pasando por una situación seria
para nuestra industria, pero debemos reco­
nocer que la actual crisis nos deja como
saldo favorable una serie de enseñanzas
que repercutirán en beneficio de las edi­
toriales.

Los libros de las editoriales
PEUSER, K A P E L U S Z , L O S A D A , A Y A C U C H O .
L A U T A R O , S U D A M E R IC A N A , EL A T E N E O ,
A B R IL , IB E R O -A M E R IC A N A . A L B A T R O S , A R ­
G O N A U T A , P E R L A D O y PO SE ID O N anunciado?
en este número de C abalgata que a usted le inte­
resen, los remitimos a vuelta de correo, contrarreembolso, libres de porte. Solicítelos boy mismo.

50, 10 0, 200 . . . ¿Con cuántos libros de­
sea comenzar a form ar su biblioteca?
Escríbanos y le indicaremos gustosos cuáles son
las grandes obras del pensamiento universal que
no deben faltar en ningún bogar.

MERCORIUS. Librería Postal
al serv icio del buen libro
Independencia 360

Buenos Aires

— Sí. Mañana es una gran fiesta; los
oficios son largos — replicó Serguey.
Otra pausa.
— Debo ir a la habitación de F edia:
está solo — dijo, levantándose.
— ¿Solo? — preguntó Serguey con una
mirada huidiza.
— Solo — le contestó ella con un susu­
rro— . ¿Por qué?
Y la idea pasó de uno a otro a través
de sus miradas como un fluido magné­
tico; pero ninguno de ambos dijo nada.
Katherina Lvovna volvió a bajar y dió
una vuelta por las habitaciones desiertas:
todo estaba en silencio. Las lamparillas,
ante los iconos, alumbraban tenuemente;
sobre los muros corría la sombra que
ella misma proyectaba; las ventanas con
los postigos cerrados comenzaron a des­
helarse y se pusieron a lagrimear. Fedia
estaba sentado, leyendo. A l ver a Khate­
rina se limitó a decir:
— Tía, coloca, por favor, este libro en
el estante y pásame el que está bajo los
iconos.
v
Katherina Lvovna ejecutó el ruego del
sobrino y le dió el libro pedido.
— Debías dormir un poco, Fedia.
— No, tía; voy a esperar a la abuelita.
■
— ¿Qué necesidad tienes de esperarla?
— Me ha prometido traer pan bendito
do las vísperas.
Katherina Lvovna palideció súbitamen­
te: su propio hijo acababa de dar seña­
les de vida por primera vez bajo su
corazón y le hizo experimentar una sen­
sación de frío en el pecho. Permaneció
un momento en la habitación y salió, res­
tregándose las manos, que se le enfriaban.
— ¡Vam os! — musitó al llegar a su dor­
mitorio y erreontrar a Serguey en la misma
posición en que lo dejara, cerca de la
estufa.
--‘-¿Qué 1 — inquirió Serguey, con voz
confusa, atragantado de saliva.
— Está solo.
Serguey frunció el entrecejo y respiró
penosamente.
— ¡A nda! — exclamó Katherina Lvovna
volviéndose hacia la puerta con un movi­
miento brusco.
Serguey se quitó las botas rápidamente
y preguntó:
— ¿Qué debo llevar?
— Nada — contestó ella coir un suspiro,
y lo condujo de la mano silenciosamente.

1

— ¿A cuál de ellas puede referirse?
— Vivíamos confiados en nuestra labor
comercial con el Continente; pero, la contigencia de la última guerra, con sus pro­
blemas posteriores, nos puso ante una
realidad que debimos afrontar sin estar
preparados para ello. Una de las enseñan­
zas fundamentales que esta crisis nos pone
a la vista es la necesidad de crear un mer­
cado argentino, capaz de absorber por sí
mismo buena parto de nuestra producción.
— ¿Qué medidas adoptaría Ud. para ir
salvando estos escollos?...
— Y a las hemos a d op ta d o... Viajamos
a menudo al interior del país, desde la
Dirección de la Editorial hasta el más mo­
desto do los corredores, a fin de profun­
dizar en la realidad argentina, bregando
por la descentralización do Buenos Aires,
con miras a que cada localidad impor­
tante del interior posea librerías donde el
habitual lector nuestro encuentre en el
mostrador la última novedad sin necesidad

do molestarse en correspondencias con las
Editoriales.
— Corresponde sondear las necesidades
espirituales del lector del interior. ..
— A eso íbamos; en el grado en que se
incremente el poder adquisitivo del inte­
rior, surge la evidencia de acentuar la
producción de autores nacionales, y de ahí
quo nos hallamos frente a otra de las en­
señanzas auspiciosas que nos deja esta
crisis editorial: el auge del libro de autor
argentino, en un futuro próximo.
— Su optimismo es alentador, señ ora ...
— Naturalmente. Normalizada la situa­
ción, miraremos a América; pero, no ya
como un gigante con pies de barro, sino
asentados sobre bases firmes. Como prue­
ba de esa confianza puedo adelantarle algo
do nuestra labor próxima.
— ¿Algunas colecciones nuevas del sello
Lautaro ?
— Usted lo ha dicho. Dirigido por ex­
pertos, bajo el rubro de Colección “ Bealidades Argentinas” , publicaremos volúme­
nes donde se analizan problemas locales
(sociales, económicos, etc., por regiones),
problemas generales atingentes a nuestro
país, y, finalmente, problemas específicos
como la tierra, el agua, la educación, la
langosta, siempre en relación a esta reali­
dad argentina.
■
— ¿Otras producciones?
— Conjuntamente con la ya difundida
colección “ Viento en el M undo” , irán
apareciendo otras obras como los 1 ‘ Docu­
mentos y estudios para la historia de la
cultura de la Argentina” , bajo la guía
do Gregorio Weinberg, ‘ ‘ Historia de la
diplomacia” , de Potemkin (obra en seis
tomos, que comprendo hasta la diplomacia
del año 1939), los tomos de la colección
Pingüino, los “ Tratados Fundamenta
les” , “ El pensamiento argentino” , etc.
Un llamado telefónico pone fin a nues­
tra entrevista. La primera mujer editora
con responsabilidades directrices, nos tien­
do su mano, y, con gesto femenino, nos
devuelve al trajín monótono do la calle,
donde montones de libros, apilados tras
los escaparates, nos recordarán a cada
trecho su labor en pro de nuestra cultura
O. H.

XI
El niño enfermo se sobresaltó y dejó
caer el libro sobre las rodillas cuando
entró Katherina Lvovna por tercera vez
— ¿Quó te pasa, Fedia?
— ¡Oh, tía, tengo miedo de no sé qué!__
contestó sonriendo con ansiedad y arre­
bujándose en el rinvón de la cama.
— ¿De quó tienes miedo?
— ¿Quién estaba contigo, tía?
— ¿Conmigo? Nadie, querido.
El muchachito se inclinó hacia los pie*
do su cama y, entrecerrando los ojos
miró hacia la puerta por la que acababa
de entrar su tía, y se tranquilizó.
— Debe ser idea mia — dijo.
Katherina Lvovna se acodó en la cabe­
cera de su sobrino. Fedia la miró y ¡o
hizo notar quo estaba muy pálida. Como
respuesta, Katherina Lvovna tosió expre­
samente y miró, atenta, hacia la puerta
del salón. Se escuchó crujir una tabla
del piso.
— Estoy leyendo la vida de mi santo
patrón, el bienaventurado Fedor Stratilato, tía. Ese sí que sabía complacer a
Dios.
Katherina Lvovna seguía silenciosa.
— Si quieres, tía, siéntate y te leeré
algo — dijo el niño cariñosamente.
-—Espera, vuelvo en seguida; voy a des­
pabilar las lamparillas del salón — con­
testó Katherina Lvovna, saliendo con1 paso
apresurado.
En el salón se percibió un cuchicheo
apenas perceptible, pero que, en el silen­
cio general, no dejó de llegar a oídos del
niño.
— Pero tía ¿qué sucede? ¿Con quién
estás hablando? — gritó el muchacho, cod
lágrimas en la voz—». Ven, tengo miedo—
llamó con una voz más llorosa todavía
y le pareció oír que Kathe ina Lvovna
decía “ ¡V a m os!” en la pieza contigua.
— ¿Do qué tienes miedo? — le preguntó
Katherina Lvovna con una voz algo ronca,
al tiempo que entraba con paso decidido
y se detenía junto al lecho de maner?
que la puerta del salón quedaba oculta
por su cuerpo— . Acuéstate en seguida.
— No quiero, tía.
— Pero, Fedia, tienes que obedecer.
A cuéstate.. . ya es h o ra ... acuéstate.. . —
repitió Katherina Lvovna.
— ¡A y tía, pero si no tengo sueño!
— ¡Anda, acuéstate! — dijo de nuevo
Khaterina Lvovna con la voz alterada,
aunque sin firmeza y, cogiendo al niño
por las axilas, lo acostó sobre la almo­
hada.
En ese instante Fedia emitió nn grito
’ c- -ocabab de ver a Serguey que
entraba, pálido, con los pies desnudos •..
Katherina Lvovna cubrió con su mano
la boca del niño, abierta de espanto, y
d ijo:
— ¡Vamos, rápido; sujétalo bien para
que no se debata!
Serguey sujetó a Fedia por los pies y
las manos, mientras que con un solo mo­
vimiento Katherina Lvovna cubría, con
una gran almohada, el rostro del niño
mártir, arrojándose sobre ella con todo
el peso de su pecho opulento.
Por espacio de unos cuatro minutos
reinó en la habitación un silencio se­
pulcral.
__Y a está — murmuró Katherina Lvovna— . Pero apenas se había reincorporado
para ponerlo todo en orden, cuando las
paredes de la casa silenciosa que tantos
crímenes ocultaba, se vieron sacudidas
por golpes atronadores: los vidrios tem­
blaban, las planchas crujían, las cadeni­
llas de las lámparas encendidas ante los
iconos temblaban y sobre los muros co­
rrían sombras fantásticas.
Serguey se estremeció de pies a cabeza
y se lanzó hacia afuera a todo correr;
Katherina Lvovna se precipitó en su per­
secución. Fueron seguidos por los ruidos
y los gritos. Parecía que fuerzas que no
eran de este mundo sacudían hasta los
cimientos la casa del pecado.
Katherina Lvovna temía que Serguey,
acosado por el miedo, saliese al patio y
se traicionase en su terror. Pero él se fué
derecho haeia la torrecilla. Llegado a lo
alto de la escalera, se acurrucó en la obs­
curidad, con la frente contra la puerta
entreabierta, y se desplomó, con un ge­
mido, enloquecido por un terror supers­
ticioso.
— Zinoviy Borissitcli, Zinoviy Borissitch — farfullaba arrastrando hacia la
habitación a Katherina Lvovna.
— ¿Dónde? — lo preguntó ella.
— Aquí está otra vez, encima de nos­
otros; acaba de pasar con una hoja da
hierro blanco. Y a está aquí de nuevo...
¡A y ! ¡A y ! — gritaba Serguey. — ¡Ya
ruge, ya ruge nuevamente!
En ese momento estaba más que claro
que una multitud de manos golpeaba en
todas las ventanas que daban a la calle
y quo alguien intentaba derribar la puer­
ta de entrada.
— ¡Im bécil, levántate! ¡Im bécil! — gritó
Katherina Lvovna y, con estas palabras,
saltó hacia el cuarto de Fedia, colocó su
muerta cabeza en posición de durmiente,
de las más naturales, y con mano firme
abrió la puerta en la que golpeaba una
muchedumbre.
»
El espectáculo era pavoroso. Kathe­
rina Lvovna miró por encima de los hom­
bres que estaban en primera fila y rió
una multitud de desconocidos que salta­
ban al patio por encima del alto muro,
mientras que la calle se hallaba inundada
por los gemidos de una masa innume­
rable.
Antes de quo Katherina Lvovna pu­
diera comprender nada, fué barrida y re­
chazada hacia el interior de la casa.
( Continúa en la página 1S)

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EN LO N D RES
E l INSTITUTO

Novedades
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SEXO Y TEMPERAMENTO
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l, monótono mirlo de los transeúnte» al
desfilar por la rumorosa palle "Flo­
rida oblig-a a nuestro interlocutor a elevar
su fin o timbre de voz de tintes enanos,
ñero — dominando la situación— el pro­
fesor Coulthard nos afirm a:
— L a obra trae enmnlirá el Instituto
“ Guillermo Enrique H udson” en Gran
Bretaña ha de significar nna mavor comnrensión de vuestra literatura, historia v
bellas artes, por cuanto — es preciso se­
ñalarlo con precisión1—- vuestra condición
espiritual es poco conocida en Londres,
donde admiramos en mayor escala vuestra
potencialidad económica, sin que ello sea
obstáculo para que el Martín Fierra y
El Ombú. circulen en versiones inglesas.
Claro está que en proporciones reducidas,
que este Instituto tiende a ampliar en lo
posible.
(U n golpeteo a sus dedos y el profesor
ba tirado la colilla sobre el asfalto mien­
tras sus ojos van devorando las vitrina»
do las librerías, ahitas de volúmenes oue
él anhela para la lejana biblioteca lon­
dinense. . . )
-—Sabíamos que el buen amigo nuestro,
el Dr. M illington D ra k e .. .
— Sí. Ha sido el Dr. Eugenio M illing­
ton Drake, ya conocido vuest-o ñor su
actividad como diplomático en el Uruguav
y en el Consejo Británico de Buenos Ai­
res quien, entendiendo la urgente necesidad
•de_éstrechar relaciones espirituales .entre
el Río de la Plata v Gran Bretaña, tomó
la iniciativa de fundar este Instituto pues­
to b a jo la tutela de uno de los nombres
más altos de la lengua castellana, don
Guillermo E. Hudson, también vinculado
a las letras inglesas en que vieran la luz
sus obras.
(Las inolvidables páginas de El Ombú
ponen un paréntesis a nuestro diálogo,
con el recuerdo de la pampa árida, el
gorgojeo de nuestros pájaros en El Go­
rrión. el panteísmo de nuestro suelo en
La Tierra Purpúrea, cantados en millares
de ejemplares de lengua inglesa que tu­
vieron la virtud de acercar, por primera
vez, la idiosincrasia del criollo a la ne­
blinosa ciudad lo n d in e n s e ...)
— Y bien, veamos, ¿qué piensan realizar,
concretamente, amigo Coulthard?
— Como primer paso, reunir en Lon­
dres a los amigos del Río de la Plata;
don Eugenio Millington Drake adquirió
para ello de su peculio una mansión —
situada en 8 Montagu Square— destinada
a ser el hogar común de argentinos e
ingleses; el edificio cuenta con dos salas
destinadas a bibliotecas, dormitorios para
socios, nna sala de conferencias donde ya
so llevan; realizados varios ciclos a cargo
de hispanistas de Gran Bretaña y presti­
giosas figuras argentinas.
— Suponemos que la función del Insti­
tuto no se limitará a estos tóp icos. ..
— Por supuesto que no. Tenemos en pro­
yecto auspiciar ante las Universidades de
Gran Bretaña una firm e colaboración con
nuestro Instituto a fin de ampliar los
conocimientos del estudiante sobre la vida
del Río de la Plata, el idioma castellano,
la historia, literatura y bellas artes rioplatenses.

¿QUE ES "CIEN CIA

Y SOCIEDAD"?
El análisis, desde el punto
de vista sociológico y filo ­
sófico, del significado de
nuestros tiempos y de la
profunda crisis del hombre
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E

EL MIEDO A LA LIBERTAD

Ven t u d

Egresado de la Universidad de Ox­
ford como profesor de castellano y
francés, ejerciendo en la Universidad
d e . Cambridge, autor de numerosos
ensayos sobre nuestra literatura, Di­
rector cultural y Bibliotecario del
Instituto “ Guillermo E. Hudson” ,
George Robert Coulthard es el en­
viado especial que Gran Bretaña nos
manda con fines de acercamiento
espiritual.

y s o c ie d a d

He aquí cómo se produjo la alerta;
En las vísperas de una gran fiesta cele­
brada en las iglesias de la población don­
de vivía Katherina Lvovna :— pueblo que
sin ser cabeza de partido no por eso de­
ja ba de ser importante y comercial — el
número de fieles era siempre considera­
ble. Y todavía lo es más durante la fiesta
de la patrona del lugar, pues en tal oca­
sión si se deja caer una aguja desde el
techo no llegaría al suelo, y no sólo en
la misma iglesia sino incluso en el recinto
exterior. Habitualmento canta una masa
coral integrada por aficionados, reclu­
tados entre la juventud mercantil y diri­
gida por un maestro de capilla, elegido
igualmente entre los amantes del arte
vocal.
Nuestro pueblo es piadoso; está anima­
do por un hermoso celo hacia la iglesia
do Dios y además posee un sentimiento
artístico en su género: los ritos suntuo­
sos y los cantos armoniosos y plenos
constituyen para él uno de los goces más
elevados' y puros. Allá donde hay un
chantre se concentra casi la mitad del
pueblo, especialmente la juventud mercan­
til: empleados, muchachos, obreros de f á ­
brica e incluso los propios patronos con
sus mitades. Y todo el mundo se agolpa
en una misma iglesia: cada cual quiere
estar aunque sea en el atrio o sobre una
ventana, haga un calor tórrido o un frío
do helarse, para escuchar al octavo hacer
fiorituras de órgano y al tenor perderse
en sabios fiatos.
En la iglesia parroquial de la casa do
los Ismailov, iglesia consagrada a la Pre­
sentación de la Santísima Virgen, era al

— ¿Existe alguna medida concreta en
este plan de colaboración?
— Hemos puesto a disposición de las
citadas casas de estudios la biblioteca en
formación del Instituto, salvando de esta
forma la escasez bibliográfica en vuestro
idioma así como la falta de buenas y
numerosas traducciones.
— Nos alegra enormemente, Coulthard,
ej interés que — a través de sus palabras
evidencian en Gran Bretaña por nues­
tra actividad espiritual.
— A ello obedece mi viaje, amigo cro­
nista, pues el Dr. Millington Drake .me
ha enviado con el propósito de obtener
bibliografía sobre los tópicos menciona­
dos, habiendo logrado ya la colaboración
de editoriales, escritores, etc. que me han
concedido generosamente numerosos volú­
menes, estando en plan de ejecución una
donación importante del Gobierno nacional,
y la Cámara Argentina del Libro.
— La labor está cumplida, pues, pro­
fesor.
— A úir no. Es idea del Dr. Millington
Drake enviar periódicamente a la Argen­
tina grupos de estudiantes que palpen,

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Sir E. Millington Drake
mano a mano, esta realidad que dice de
la grandeza de estos países jóvenes y pu­
jantes, para indagar de raíz todo aquello
que la falta de traductores, la ausencia
de material de consulta, aleja cruelmente
de nuestra ansia de fra tern iza r...
(D ejando resbalar raudamente sus me­
ticulosas y meditadas palabras pronun­
ciadas en un correcto castellano nos dice
cuán profundo es el afecto que por la
Argentina sienten los ingleses en estos
momentos. Su paso, a instantes apresura­
do, se ha ido reduciendo, y, cuando sus
ojos trasparentes descubren nuestra tu­
multuosa Avenida de Mayo, una honda
alegría surge de sus labios al tener —
palpitando en sus manos— , esa realidad
argentina que tantos compatriotas suyos
añoran conocer. . . )
Como dato de interés agregamos que
integran el Comité Directivo del Instituto
“ Hudson” , T. S. Elliot, Charles Morgan,
Stephen Spender, y el Comité de la B i­
blioteca, Sir Henry Tilomas, del Museo
de Arte Británico, y Robín Humphreys,
junto a otras personalidades de no menor
relieve. 0 . H.

día siguiente la fiesta de la Patrona. Así
la noche previa, momentos antes de los
hechos que acabamos de describir, la ju ­
ventud de todo el pueblo se hallaba en
esta iglesia y se dispersaba bulliciosa, co­
mentando los méritos del tenor, localmen­
te célebre y los verros accidentales del
no menos célebre bajo.
Pero no todo el mundo estaba preocu­
pado con estas cuestiones vocales: había
en la muchedumbre gente que se intere­
saba también por otros temas.
— Digan", muchachos, es bastante cu­
rioso lo que se cuenta de la joven Israailova — dijo aproximándose a la casa
de los Ismailov un joven maquinista que
un comerciante del lugar había traído do
San Petersburgo para su molino a vapor.
Se pretende que tiene de amante a un
empleado. . .
— Todo el mundo lo sabe — replicó una
pelliza do piel de carnero, recubierta de
mahón azul— . Esta noche no lia venido
a la iglesia.
— ¿A la iglesia? Esa sucia hembra se
ha encanallado hasta tal punto que ya
no teme a Dios, a su conciencia ni a la
vista y paciencia de todo el mundo.
— ¡ M ira! Hay luz en sus ventanas
— d ijo el maquinista designando una ra­
ya de luz entre los postigos de la casa.
— F íjate un poco por la rendija para
ver lo que ocurre — dijeron simultánea­
mente varias voces.
El maquinista se elevó apoyándose en
los hombros de dos camaradas y apenas
hubo pegado el ojo a la hendidura de
los postigos, aulló:
— ¡Compañeros! ¡A m igos! ¡Están es­
trangulando a alguien!
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HRAS1L 1766

T. A. 25 - 7452

te con los puños en la ventana. Una de­
cena de hombres siguieron su ejemplo y
saltando sobre las ventanas dieron tra
ba jo a sus puños. La multitud se arre­
molinó en torno a la casa y así se pro­
dujo el asedio que ya conocemos.
— ¡L o he visto con mis propios ojos!
— testimoniaba el maquinista, junto al ca­
dáver de Tedia— . El niño estaba acos­
tado, derribado sobre la cama, y ellos dos
lo estrangulaban.
La misma noche fué llevado Serguey
a la comisaría y se encerró a Katherina
Lvovna err su habitación, colocando ante
la puerta dos centinelas.
En la casa de los Ismailov, el frío era
insoportable: no habían encendido las es­
tufas y la puerta estaba abierta: una
muchedumbre do curiosos cedía su lugar
a otra. Todo el mundo venía para ver
a Fedia en su ataúd, así como otro gran
ataúd, cubierto por un lienzo. En la frente
do Fedia habían puesto una corona de
moiré que ocultaba la huella dejada por
la autopsia del cráneo, por la cual se
había establecido que Fedia había muerto
estrangulado. Serguev fué conducido ante
el cadáver y desde las primeras palabras
del sacerdote respecto al Juicio Final y
al castigo de los “impenitentes, se deshizo
en lágrimas y contó con absoluta sinceri­
dad no sólo el asesinato de Fedia sino
que rogó también que desenterrasen a
Zinoviy Borissiteh. al que le había dado
tierra sin sacramentos El cadáver del
marido de Katherina Lvovna, enterrado
entre arena seca, no se había descompuesto
totalmente: se le sacó y encerró en un
ataúd. Para mayor horror de todos, Serguey designó como cómplice de todos sus
crímenes a su ioven patrona. A todas
las preguntas, Katherina Lvovna respon­
día: “ No sé nada de todo esto y no me
he enterado hasta ahora” . Se obligó a
Serguey a confundirla con un careo. Desnués do haber escuchado su confesión,
Katherina Lvovna lo contempló con mudo
asombro, pero sin cólera, y dijo con in­
diferencia :
— Desde el momento que él tiene deseos
de decirlo, no tengo por qué recusarme:
sí, he matado.
.— Pero ¿por qué? — le preguntaron.
— Por él — contestó ella, designando a
Serguev, que dejó caer la cabeza sobre
el pecho.
El terrible suceso que había suscitado
la atención y la indignación generales tu­
vo una conclusión rápida. A finales del
mes de febrero se anunció en la audiencia
a Serguey y a la viuda del negociante
de tercera clase Katherina Lvovna que
se les condenaba a ser azotados en la
plaza del mercado del pueblo y en seguida
serían enviados a sufrir trabajos forza­
dos a perpetuidad. A comienzos de marzo,
una fría mañana helada, el verdugo contó
el número previsto de cicatrices azulpúrpura sobre la desnuda espalda blanca
de Katherina Lvovna, y en seguida contó
la ración correspondiente paTa Serguey y
mareó tres veces con uir hierro candente
su hermoso rostro.
Durante todo este tiempo, no se sabe
por qué, Serguey había provocado mucha
más compasión que Katherina Lvovna.
Maculado y sangrante, cayó al descender
del catafalco negro, mientras que Katherina Lvovna b a jó dulcemente evitando sólo
que la rugosa camisa y el grosero sobre­
todo de presidiaría no martirizasen' su
espalda desollada.
Incluso en la enfermería de la cárcel
cuando le presentaron a su h ijo se con­
form ó con decir: “ |Para qné lo quiero
a h ora !” y, volviéndose contra la pared,
sin emitir ningún gemido, se abatió sobre
el pecho la dura colchoneta carcelaria.
X III
E l convoy de presidiarios en'ruta hacia
Siberia, del que formaron parte Serguey
y Katherina Lvovna, partió cuando la
primavera estaba en puerta, pero sólo se­
gún el calendario, mientras que para ser
fieles a la verdad, diremos que hacía un
sol bastante claro pero que apenas ca­
lentaba.
Habían confiado el h ijo de Katherina
Lvovna a la vieja hermana de Boris Timofeyévitch, pues considerado como hijo le­
gítimo del difunto esposo de la criminal,
el niño se convertía en el único heredero
de toda la fortuna de los Ismailov. Kathe­
rina Lvovna estaba muy satisfecha y re­
nunció al niño con indiferencia. Como
ocurre a la mayoría de las mujeres apa­
sionadas, su amor por el padre no englo­
baba en parte alguna al hijo.
Desde luego, para ella no existían ni
luz, ni obscuridad, ni mal, ni bien, ni
aburrimiento ni alegrías. Ella no compren­
día nada, no amaba a nadie y no se
quería a sí misma tampoco. Unicamente
aguardaba con impaciencia el momento
de la partida del convoy porque así es­
peraba ver durante el trayecto a su Seroietchka. Un cuanto al hijo se olvidó de
pensar en él.
Las esperanzas de Katherina Lvovna
no la engañaron: fuertemente encadenado,
Serguey abandonó la prisión en el mismo
grupo que ella. El hombre se habitúa a
toda situación innoble y, en la medida
do lo posible, igualmente, conserva en
cualquier situación la facultad de prose­
guir sus miserables regocijos. Pero Kathe­
rina Lvovna ni siquiera tenía necesidad
de adaptarse a nada: veía de nuevo a
Serguey y junto a él la ruta del presidio
florecía de dicha.
Era bien poca cosa lo que Katherina
Lvovna se llevó consigo en lo que a ob­
jetos de valor se refiere y menos aún en
cuanto a dinero líquido. Pero todo eso,
mucho antes de llegar a Nijni-Novgorod,
lo distribuyó entre los suboficiales de
etapa a cambio de la posibilidad de mar­
char junto a Serguey y de permanecer
enlazada a él durante una hora de negra

noche en un rincón estrecho del corredor
de la prisión de etapa.
Pero el marcado amigo de Katherina
Lvovna so había tornado bastante poco
amablo para con ella; todo lo que lo
decía era semejante a una coz. Ni siquiera
apreciaba ya las citas secretas para asis­
tir a las cuales ella, negándose a comer
y a beber, daba los últimos centavos de
su bolsa, que tanto necesitaba. Más do
una vez él le d ijo :
— En lugar de venir a pegarte a mí
en los rincones del corredor mejor hubiera
sido que me hubieses permitido disponer
del dinero que has dado al suboficial.
— No le he dado más que veinticinco
kopecks, Serojetehka — se justificaba K a­
therina Lvovna,
— ¿Acaso veinticinco kopecks no es
también dinero? ¿Durante el cambio te
has encontrado por el suelo muchas piezas
do esas? Y sin embargo, las has ido des­
pilfarrando por ahí.
— Pero gracias a eso hemos podido vernos, Sereja.
— ¡Qué gran dicha el vernos después
do estas torturas! Se desea maldecir la
existencia y no ir de citas.
— Para mí, Sereja, todo es lo mismo
con tal de verte.
— ¡Estupideces! — respondía Serguey.
Había días en que Katherina Lvovna

so mordía los labios hasta hacérselos san­
grar ante respuestas semejantes; otros,
en sus ojos poco inclinados al llanto, sur­
gían lágrimas de cólera y despecho al
amparo de la obscuridad de las citas
nocturnas. Pero ella lo soportaba todo,
se callaba y quería engañarse a sí misma.
Así, con estas relaciones tan distintas,
se aproximaron a Nijni-Novgorod, en don­
de su convoy se fusionó con otro de pre­
sos que venían por la ruta de Moscú.
En ese gran convoy, entre una infinidad
de gentes de todas clases, en la sección
de mujeres se hallaban dos personas muy
interesantes. Una, la mujer de un sol­
dado de Yaroslav, Fiona, mujer maravi­
llosa, espléndida, de gran estatura, espesa
cabellera negra y negrosi ojos lánguidos
sombreados por espesas pestañas. La otra
era una rubiecita de diecisiete años, de
rostro vivaracho, la piel de un color rosa
tierno, minúscula la boca, con hoyuelo^
sobre las mejillas y los cabellos de un
rojo áureo, que se escapaban caprichosa­
mente del pañuelo reglamentario atado a
la cabeza. Esta muchachita so la conocía
en el convoy por el nombre de Sonetka.
La hermosa Fiona era de carácter dulce
y perezoso. En su convoy la conocían to­
dos y ningún hombre se jactaba de ob­
tener sus favores exclusivamente.
— La tía Fiona es una gran m ujer; no
humilla a nadie — decían los presidiarios
bromeando.
Pero Sonetka era de una especie muy
distinta. Se decía de ella:
— Es una peonza: gira al alcance de
la mano pero no se deja atrapar.
Sonetka tenía gusto y sabía elegir, in­
cluso tal vez tuviera un gusto muy severo.
Ella quería que se le entregara pasión,
pero no con la vehemencia corriente sino
con una salsa sazonada de sufrimientos
y sacrificios. Fiona era de uira simplici­
dad específicamente rusa y demasiado pe­
rezosa para decirle a nadie: “ V ete” y
sólo sabía una cosa: que era una hembra.
Mujeres semejantes son muy estimadas
entre las bandas de malhechores, los con­
voyes de presidiarios y en las comunas
social-democráticas de San Petersburgo.
L a aparición de estas dos mujeres en
el convoy fusionado del que formaban
parte Serguey y Katherina Lvovna tuvo
para esta última una significación trágica.

X IY
Desde los primeros días de la marcha
de las columnas unificadas, de NijniNovgorod a Kazán, Serguey comenzó a
buscar visiblemente los favores de Fiona
y no sufrió en vano. La lánguida belleza
no lo dejó penar, pues en su bondad no
dejaba-su frir a nadie. En la tercera o
cuarta etapa Katherina Lvovna se las
arregló, por medio de algunos vasos de
vino, para entrevistarse con Serojetehka.
Permaneció en su celda sin dormir. Aguar­
da que de un momento a otro venga el
suboficial do servicio, que la empuje sua­
vemente y le diga al oído: “ Corre. ¡De
p r is a !” Se abrió la puerta y una mujer
se deslizó por el corredor; se abrió una
segunda puerta y otra prisionera se es­
currió por entre las colchonetas super­
puestas y desapareció igualmente tras el
guía.
Katherina Lvovna se levantó rápida­
mente de su camastro de madera, pulida
por las costillas de muchas gentes, arrojó
sobre sus hombros el sobretodo y siguió
al guardián.
Cuando Katherina Lvovna pasaba por
el corredor iluminado débilmente sólo en
un punto, tropezó con dos o tres parejas
que era imposible distinguir de antemano.
Al paso de Katherina Lvovna por la sala

de los hombres, creyó escuchar a través
de la mirilla una carcajada ahogada.
— Se divierten — gruñó el guía de K a­
therina Lvovna y, deteniéndola por los
hombros, la impulsó hacia un rincón y se
alejó.
Katherina Lvovna, a palpas, percibió
un sobretodo de presidiario y una barba;
con la otra mano tropezó con un rostro
de mujer que ardía.
— ¿Quién está ahí? -—preguntó a media
voz Serguey.
— ¿Qué haces aquí? ¿Con quién estás?
Katherina Lvovna arrancó, en plena
obscuridad, el pañuelo que su rival llevaba
en la cabeza. La otra se deslizó de cos­
tado, echó a correr y tropezando con
alguien tendido en el suelo del corredor,
se desplomó. En la sala de los detenidos
estalló una risotada general.
— ¡P illo! — murmuró Katherina Lvov­
na azotando el rostro de Serguey con el
pañuelo recién arrancado de la cabeza
de su nueva amiga.
Serguey levantó la mano amenazante,
pero Katherina Lvovna se escurrió rápi­
damente por el corredor y penetró en la
sala. Las risas en la habitación vecina
se repitieron con tal fuerza que el cen­
tinela, que montaba la guardia apática­
mente frente a una luz anémica, escupió
sobre la punta de sus botas, levantó la
cabeza y rugió:
— ¡Peste!
Katherina Lvovna se acostó en silencio
y permaneció inmóvil hasta el alba. De­
seaba decirse “ ya no lo quiero” , pero
se daba cuenta de que lo amaba con más
fuerza, con mayor calor todavía. Y ante
sus ojos se dibujaba la mano de su amigo,
trémula bajo la cabeza de la otra, mien­
tras que con la otra mano enlazaba sus
espaldas cálidas.
La pobre mujer lloró y añoró a su pe­
sar que esa misma mano no estuviera en
aquel momento bajo su cabeza y que la
otra no rodease sus hombros, presos ahora
de convulsiones histéricas.
— Por lo menos devuélveme el pañuelo
— le dijo por la mañana Fiona.
— ¡ Ah! , ¿entonces eres tú?
— Devuélvemelo, por favor.
— ¿ Y por qué nos separas?
— ¿Pero en qué os separo? ¿Es acaso
amor esto, para enojarse así?
Katherina Lvovna reflexionó un segun­

do. En seguida sacó de la almohada e
pañuelo y arrojándoselo a Fiona se volví
cara a la pared.
Se sentía aliviada.
“ Uf, se dijo, ¿voy realmente a pe,
nertne celosa do esa marmota pintam
jeada? Incluso me daría vergüenza com­
pararme con ella. ’ ’
— Oyeme bien, Katherina Lvovna, lo
quo voy a decirte — le dijo Serguey al
día siguiente, ya de camino— ; métete
en la cabeza que, ante todo, yo no soy .
un Zinoviy Borissiteh y que, en segundo
término, hoy día no eres una gran dama.
Entonces hazme el favor de no inflarte.
Los cuernos de cabra no son entre nos­
otros objeto de comercio.
Katherina Lvovna no contestó nada y
siguió marchando durante una semana
junto a Serguey sin decir ni una palabra.
Ofendida, se mantenía firme y no quería
dar el primer paso para reconciliarse des
pues de su primer disgusto con Serguey
Entre tanto, mientras Katherina Lvovna seguía reñida con Serguey, este co
menzaba a cortejar a la pequeña Sonetka,
la de la piel blanca. Unas veces la salu
daba de pasada, otras le sonreía o bien,
al tropezarse con ella trataba de estre­
charla contra su pecho. Katherina Lvovna
veía todo eso y sólo conseguía hacer arder
su corazón más aún.
— ¿No sería mejor que me reconciliase?
—se interrogaba Katherina Lvovna titu- •
beando, casi sin ver el suedo bajo sus pie-,
Pero acercarse v reconciliarse a inicia­
tiva de ella era imposible y hoy menos
que nunca. Su orgullo se lo im oedía. . .
Y sin embargo, Serguey estrechaba el
cerco en torno a Sonetka y todo el mundo;
comenzaba a percibir que la. inaccesible
Sonetka, que sólo giraba sin dejarse atra
par, iba a ser atrapada.
— Ves. te enoiaste conmino una vez
—dijo un día Fiona a Katherina Lvov­
na— . ¿Y qué te había vo hecho? Tuve
mi día. pero eso ya pasó. Harías mejor
en vigilar a Sonetka.
“ Aunque muera mi orgullo, hoy voy
a reconciliarme” , decidió Katherina Lvov­
na, no pensando ya más que en la forma
de buscar la reconciliación hábilmente.
Pero fué el propio Serguey el que la
sacó de esta dificultad:
__¡Eh. Lvovna! — llamó él, durante un
alto en la marcha— Ven a verme esta
noche. Tengo que hablarte.
Katherina Lvovna no contestó.
— ¿Qué pasa? ¿Estás todavía enfadada?
¿No vendrás?
Ella mantuvo silencio.
Pero en cuanto Serguey y todos los
demás detenidos yieron nróxima la pri­
sión de etapa, Katherina Lvovna comenzóa rondar en torno al suboficial, al que
le deslizó diecisiete kopecks, producto de
la caridad ajena.
~
— Cuando recoja algo más agregaré
otros dos kopecks.
El suboficial dejó caer el dinero en
el revés de su manga y d ijo:
— Está bien.
Hacia el fin de la entrevista. Serguey
rrodujo un chasquido con la lengua y le
miñó un ojo a Sorretka.
’ — ¡Ah, mi Katherina Lvovna! —diio
lerguev pasando el brazo por el talle de
a mujer, al entrar en la prisión de
,ta m — En comparación con esta mujer,
.migos, no hay otra igual en el mundo
Katherina Lvovna enrojeció, asfixiánlose de felicidad. Por la noche, apenas
io entreabrió la puerta, saltó para ir a
¡n encuentro. Con mano temblorosa bus:ó a Serguey en el negro corredor.
— ¡M i K atia! — exclamó Serguey tonándola entre sus brazos.
— ¡Ah, mi granuja querido! — responh a
T V - , 1 - i T-vovua cutre lágrimas.
escupía, se detenía y reanudaba la mar
cha. Detrás de la puerta, los detenidos,
cansados, roncaban; una rata roía una
pluma; los gritos se comunicaban entre
sí. Katherina Lvovna estaba sumida en
la beatitud.
Pero los transportes se apaciguaron y
la prosa inevitable se dejó escuchar.
— Es horrible lo que esto duele; desde
el tobillo hasta la rodilla los huesos me
duelen terriblemente — se quejaba Serguey sentado sobre el suelo con Kathe­
rina Lvovna en un rincón del corredor.
— ¿ Y qué podríamos hacer, Serojetchka? — preguntó ella arrebujándose.
— A no ser que pida entrar en el hos­
pital de Kazán.
— ¡Pero, Seroja!
— ¿ Y qué otra cosa puedo hacer si no
quiero morir?
— Pero entonces tú te quedarías y a
mí me llevarían lejos de ti.
— Qué le vamos a hacer. Esto me due'
tanto que te aseguro tengo la impresió
de que las cadenas están sobre el hueso.
¡S i tuviera unas medias de lana! — ex­
clamó Serguey unos minutos más tarde
— ¿Medias? Todavía tengo, Sereja. Ten
go un par completamente nuevo, el último.
Sin decir urna palabra, Katherina L v o
na entró en la sala, deshizo su mochi n
y reapareció junto a Serguey con t
par de gruesos calcetines de lana, con
unas fleehitas de color claro a los costado
— Así ya no sentiré el dolor — d jo
Serguey, separándose de Katherina Lv,
na y aceptando el último par de medí",
de la mujer.
Feliz, Katherina Lvovna regresó a ’-u
camastro y se durmió profundamente. Xo
oyó que minutos después Sonetka salía
al corredor y no regresaba hasta el
amanecer.
Esto ocurrió a sólo dos etapas de Kazán.
XV
Un día frío, de viento borrascoso I
lluvia mezclada con nieve, la colun -&gt;a
emergió de la sofocante cárcel de tránsito.
Katherina Lvo#na salió bastante alegre­
mente pero, apenas se había colocado en

�cabalgata

—¡ . . . y cincuenta! — contó una voz que
0 era duicil reconocer como la de Serguey.
1 ios visitantes nocturnos desaparecieron
as la puerta.
Katlierma Lvovna se libertó de las ro­
tas y se puso en pie de un salto. l ra
¿o había nadie. Sólo, unos camastros
¡as allá, una presa se ahogaba de risa
¡«rversa. Katherina Lvovna reconoció la
•¡sa de Sonetka.
La ofensa sobrepasaba toda medida y
¡impoco había medida para ei sentimiento
.o cólera que hervía en el alma de Kateriiia Lvovna. En pleno desvarío se
anzó hacia adelante, y cayó en los braos de Piona.
Sobro el pecho opulento que tan recia­
mente había colmado la voluptuosidad del
idúltero, infiel amante de Katherina Lvova, lloró ahora su pena incontenible,
¡aechándose contra su rival tonta y
blanda, como un niño se aprieta contra
seno de su madre. En la actualidad
daban en un pie de igualdad: las dos
redaban reducidas a lo mismo e igualJ ente abandonadas.
IEran; iguales! ¡ Fiona sumisa desde el
rimer momento y Katherina Lvovna sairdotisa dei drama del amor!

I

Desde luego, nada podía ya herir a
latlierina Lvovna. Después de haber 11oodo todas sus lágrimas se quedó petricada: y con una calma de madera se
¡spuso a salir para reanudar la marcha.
Eedobla el tambor: plan, rataplán, pilan;
i el patio se desparraman detenidos con
sin cadenas, y .Serguey, y Eiona, y Sofia, y Katherina Lvovna, y el disidente
j ticadenado junto a un ju d ío ; y un po, veo encadenado con un tártaro. Todo
mundo se apelotona, después se alinea
mo puede y la columna se forma.
Es un cuadro sin alegría: un puñado
¡'i hombres arrancados a la vida y pri­
mos de toda sombra de esperanza en
i porvenir mejor, chapotea sobre el lodo
io de un camino inclemente. En su de. edor, todo es feo hasta el espanto: lodo
barro sin fin, un cielo gris, árboles
a hojas chorreando agua y, en una rama,
grazna un cuervo. El viento unas veces gime, otras se enfada, en ocasiones aúlla, a
omentos se transforma en colérico torellhio.
Entre estos sones de infierno que, des­
mando el alma, completan todo el cua'0, resuenan los consejos de la mujer
-o Job: “ Maldice el día de tu nacimien’v y muere’ ’.
Quien no quiere prestar oídos a estas
'labras, el que no afronta la idea de
la muerte ni siquiera en este triste esdo, sino que le espanta morir, ése debe
• aliar esas voces ululantes por medio de
go más inmundo todavía. El hombre
vplo lo comprende perfectamente: deja
doñees en libertad toda su simplicidad
ftial, comienza a sentirse animal, a bur' se de sí mismo, de las gentes y de todo
que le rodea. Y a no muy tierno por
; luraleza, se torna doblemente malvado.
—¿Qué tal, comerciante? ¿Está su graen buena salud? — preguntó con in' encia Serguey en cuanto la columna
¡ 'Uo perdido de vista, tras un montículo
medo, el pueblo en donde había per’ !lrtado.
. l es*as Pulabras, se dirigió hacia So' *ta, la cubrió con la punta de su cae y cantó con voz de falsete:
~n

sombra de Ja ventana aparece
[una cabeza rubia.
Tu no duermes, mi tormento, tú no
'•
[duermes, pícam ela!
o te cubriré con mi capa y nadie te
[verá.
Y Serguey tomó a Sonetka entro sus
'tazos y ia besó ardientemente ante to1,1 el convoy.
katherina Lvovna veía y no veía todo
"O: avanzaba ya sin vida. I.e daban con
. c°do para que observase cómo Serguey
P'gaba coi? Sonetka. Se convirtió en blan150 de todas las burlas.

Í

— ¡N o seáis así — intercedía Piona,
cuando trataban de burlarse de Katheri­
na Lvovna, que a cada paso parecía per
der el equilibrio y caer— . ¿N o veis, banda
de diablos, que la pobre mujer está en­
ferm a!
— Seguramente se habrá mojado los piececitos — ironizó un joven presidiario.
— Se explica, es de familia de comer­
ciantes, de educación delicada — apostilla­
ba Serguey.
— Evidentemente, si llevase unas medias
abrigadas, sería menos duro — agregó.
Katherina Lvovna pareció despertar:
— ¡V íbora asquerosa! ¡— le dijo, sin po­
derse contener más— . ¡Búrlate! ¡B úr­
late!
— Pero no, comercianta. No es que me
burle. Lo que digo es que precisamente
Sonetka tiene para vender un excelente
par de medias de lana. Entonces yo me
no preguntado si nuestra comercianta no
las compraría.

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Risotadas. Katherina Lvovna marchaba
como un autómata.
E l tiempo empeoraba cada vez más.
Las nubes grises que cubrían el cielo co­
menzaban a verter nieve en copos hú­
medos que se fundían al tocar tierra y
aumentaban el lodo inextricable, Fmalmente apareció una ancha banda de plomo
cuya otra orilla no se alcanzaba a divisar.
Esa banda era el Volga. Por encima del
Volga soplaba un viento violento que le­
vantaba en todas direcciones olas som­
brías de rostro disforme.

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tD IC IO N completa en cuatro grandes tomos, con más de 3 .0 0 0

La columna de detenidos — mojados y
transidos— se aproximó leutamente hacia
el lugar de cruce y esperó al lanchón.
Chorreando agua por todas partes, llegó
la barcaza sombría. Los barqueros co­
menzaron a distribuir a los detenidos.

páginas.

Textos

latinos y

griegos traducidos, índices, notas e

inclusión de valiosos documentos al cuidado del profesor Félix F.
Corso.

— Se dice que en la barca alguien vende
vodka — dijo uno de los deten-idos cuando
largó amarras el lanchón y comenzó a
danzar sobre las olas del agitado río.

Obra de valor extraordinario jubilosamente recibida por

el público y la crítica.
PRECIO D E L A O B R A M A G N IF IC A M E N T E E N C U A D E R N A D A

— Sería realmente bueno meterse unas
gotas tras la corbata — d ijo Serguey, y
persiguiendo a Katherina Lvovna, para
que se divirtiera Sonetka, agregó: Dime,
comercianta, por nuestra vieja amistad,
¿no me ofrecerías un vasito de vodka?
¡N o seas avara! Acuérdate, so descari­
ñada, de nuestro viejo amor, cuando nos
abrazábamos eir las largas noches de oto­
ño, despachando a tu fam ilia hacia el
reposo eterno sin necesidad de popes ni
diáconos.

5^

O U » “

PUEDE ADQUIRIRSE
A PLAZOS Y A SOLA FIRMA
* 1-

la fila, se puso verde y comcuzó a tem­
blar. Sus ojos ¡je velaron; todas sus ar­
ticulaciones le dolieron y desfallecieron,
¿jite Katherina Lvovna estaba Sonetka
-on sus medias áe lana con flechitas
•laras que ella conocía demasiado bien.
Katherina Lvovna se puso en camino
a As muerta que viva. Solamente sus ojos
■ontemplaban con mirada terrible a Ser,rUey, sin parpadear.
En el primer alto, se aproximó tranjuilamente hasta Serguey, murmuró “ caíalla” y, repentinamente, le escupió en
los ojos.
Serguey quiso lanzarse contra ella, pero
lo sujetaron.
__¡Aguarda un pocoj -—amenazó él.
t _l)e cualquier forma no le falta valor
la muchacha — decían los detenidos bur¡ándoso de Serguey. Y más alegremente
ue todos reía Sonetka, con su risa so­
nora. La intriga a la que ella se había
orestado, so desarrollaba absolutamente
, ogún sus gustos.
— ¡Esto no quedará así! — amenazaba
■erguey.
Agotada por el mal tiempo y la ca­
lina ta, Katherina Lvovna dormía ansioamente sobre un camastro de la cárcel
o etapa y no oyó que dos hombres en­
caban en la sala do mujeres. Entonces
lOnt-tka se levantó e indicó en silencio
.•1 lugar on que dorada Katherina Lvovna
y se volvió a acostar.
Ea seguida, Katherina Lvovna quedó
-ajeta por su sobretodo, y por su espalda,
¿lo cuoierta por una áspera camisa, se
¡,aseó con toda su fuerza una mano
masculina, armada de una cuerda trenzada.
Katherina Lvovna lanzó un grito, pero
su voz se ahogó bajo la gruesa capa que
s cubría la cabeza. Hizo uu movimiento
ñolento, pero sin éx ito: un recio pre­
sidiario, sentado aobre ella, le sujetaba
las manos.

15

Librería PERLADO

Katherina Lvovna tembló de frío. Y
además del frío que la transía hasta los
huesos ba jo sus ropas empapadas, su cuer­
po hervía. La cabeza le quemaba como si
fuese fu ego; sus pupilas estaban dilatadas
y animadas por un brillo errante y agudo,
pero como fija s en las olas.

E

D

I T

O

R

RIVADAVIA 1731
38 4321

E

S

-CORRIENTES 1545

-

35

-

4314

— Por lo que respecta al vodka yo
también lo bebería; no puedo más — ex­
clamó Sonetka.
— ¡ E h !, comercianta.
— insistió Serguey.

1Obsequíanos!

— ¡Qué hombre! — dijo Piona, movien­
do la cabeza con reproche.
-— No te haces mucho honor con todo
esto — manifestó el pequeño detenido Gorduchka.
— Si no por ella, al menos contente
por un poco de respeto hacia los den^s.
— ¡Dime, botella al alcance de todos!
— gritó Serguey a Piona— . ¿De qué ten­
go que contenerme? ¡Quién te dice que
yo la haya amado jamás! En todo caso
en la actualidad. . . mira, la sandalia des­
trozada de Sonetka me es más querida
que esa jeta de gata arañada. ¿Qué me
dices a eso ? Que se enamore de Gorduelika, el de la boca torcida, o bien (se volvió
hacia un individuo que pasaba a caballo
con kepis militar y capote-impermeable
y agregó) o bien, que se restregué con
ése: al menos estará seca bajo el capote.
— Y todo el mundo la llamaría la mu­
jer del oficial — añadió Sonetka.
— Y de esa manera podría comprarse
unas buenas medias -—concluyó Serguey.
Katherina Lvovna no se defendía: mi­
raba más y más atentamente las olas del
río y movía los labios. A través de los
discursos innobles de Serguey seguía es­
cuchando los gemidos y el murmullo del
oleaje. Y he aquí que de repente, tras la
cresta de una ola vió la cabeza azulada
de Boris Tim ofeyévitch; detrás de otra
apareció su marido, balanceándose. Tenía
en sus brazos a Pedia cuya cabeza pendía
sobre un costado. Katherina Lvovna quie­
re acordarse do las palabras de la oración
y mueve sus labios, pero sus labios mur­
muran: “ Como pasábamos los dos las
largas noches de otoño enviando a las
gentes al otro mundo en medio de un-a
muerte cruel,’ ’
Katherina Lvovna temblaba. Su mirada
se concentraba y se convertía en mirar
do demente. Sus brazos se tendieron dos
veces hacia el espacio y volvieron a aba­
tirse a lo largo de su cuerpo. Un minuto
después, osciló, sin quitar la vista de
una ola sombría, se agachó, agarró a
Sonetka por las piernas y de un solo im­
pulso so dejó caer con ella al río.
Todos se quedaron petrificados por la
sorpresa.
Katherina Lvovna apareció en la cum­
bre do una ola. Otra hizo surgir a Sonetka.
— ¡Un bichero! — dijo alguien— ¡A lar­
gadles un bichero!
Un bichero pesado, atado por su ex­
tremo a una larga cuerda, hendió el aire.
Nuevamente dejó de verse a Sonetka. Dos
segundos después, arrastrada por la co­
rriente, Sonetka levantó los brazos; pero
en el mismo instante otra ola hizo emer­
ger hasta la cintura el cuerpo de Kathe­
rina Lvovna. Esta, como un lucio rapaz,
se lanzó contra Sonetka y las dos des­
aparecieron definitivamente.
P IN

LA
—
=
r—

SIN FO N IA

P A ST O R A L

T '! SINFONIA PASTOS A L es tal vez, dentro de la maravillosa producción de André Gide,
el mejor ejemplo de su excepcional facultad de decir, sugerir y hacer sentir más cosas
con las menos palabras posibles.

==

EN PRENSA, DEL MISMO AUTOR;

==

LA

PU E STA

ESTSECHA

LA ESCUELA DE LAS MUJESES

LOS MONEDEEOS FALSOS

por KLAUS MANN
Ene. en tela: $ 13.—
El libro de Klaus Mann es desde ahora indispensable para el conocimiento de André Gide. Esta historia íntima de
Gide hombre y escritor, en estrecha fusión, es una acabada prueba de que el ensayo crítico puede ser una obra
de arte cuando lo realiza un hombre de la fina sensibilidad de Klaus Mann

André Gide

Friedrich Nietzsche

TROZOS ESCOGIDOS

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA

$ 7.—

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La lúcida inteligencia de André Gide encuentra en este
volumen antológico, que incluye fragmentos de ensayos
y largos trozos de algunas de sus novelas más famosas,
la expresión más completa de su monumental obra.

Maisie Ward

GILBERT KEITH CHESTERTON
$ 15 —
Maisie TTard nos ofrece en una síntesis magistral, la
ciclópea personalidad de Chesterton y la historia viviente
de la cultura de nuestro siglo.

6 .—

Una nueva versión del más popular de los libros del
genial escritor germano, en el que comprobamos lo que
hay de perenne en la prédica de aquel filósofo.

LA VOLUNTAD DE PODER
$

7

—

Este libro contiene una exposición sistemática de la doc­
trina filosófica nietzscheana, según se fu e manifestando
a través de sus libros, ensayos, etc., siendo ésta su
obra cumbre.

l’ ida estos libros a las buenas librerías o contrareembolso a la

Editorial

POSEIDOS

II 7 3
BUENOS AI RES

I1 E II U

�N

asirías, sumerjas, escitas, griegas arcaicas, etruscas, y
o es, ciertamente, Joaquín Torres García pintor
bucearon en la prehistoria de Francia y ilspaña en
que pinte “ como el pajarillo canta” , según el
el arte d( los africanos, los polinesios, los khmers y
concepto instintivista tan abundantemente ejemplifi­
cado en el arte del siglo x ix y, en particular, de los
— aunque en reducida escala— los aborígenes ameri­
canos, en busca de principios fundamentales y eternos
impresionistas. 8u pintura — huyendo de esa ameni­
que pudieran aplicarse a una expresión de la*fase em­
dad que muchos reclaman al cuadro como si éste de­
brionaria de este “ mundo mecánico” en formación
biera proporcionar obligatoriamente algo así como el
rato de esparcimiento que se busca en un teatro de
Joaquín Torres García, de ascendencia catalana, mar­
revistas— , es y ha sido siempre conceptual y se halla
cadamente “ mediterráneo” , instalado en Cataluña
dominada por una razón que se expresa en términos
donde hizo sus estudios y redondeó el primer período de
de rigor matemático ,y responde a una teoría estética
su carrera, percibía sin esfuerzo los antiguos secretos
personal, elaborada por el artista en largos años de
murmurados por los vientos que recorren las costas
estudio, meditación y experimento, y volcada en abun­
del mar que fué cuna de civilizaciones. Pero es ameri­
dantes publicaciones en libros * y en gran número
cano : con relación a los europeos gozaba del privilegio
de artículos, guiones y manifiestos de diversas épocas.
inapreciable de una gran independencia de todo pre­
Difícilmente se encontraría en América a otro pintor
juicio académico y, por instinto, escuchaba las voces
(sobre todo capaz de practicar con maestría lo que
de las viejas culturas de América. En su personalidad
enuncia teóricamente) que haya dedicado tantos y tan
misma, como bien puede juzgarse ante cualquiera de
serios afanes a la teoría de su ai-te y difundido su
sus obras, pero más aún si se toma contacto directo
pensamiento, en similar profusión, mediante la im­
con él, juega con vigor poco común el eterno conflicto
prenta. Más difícilmente aún se encontraría en Am é­
de la razón y del instinto, que en última instancia
rica a un artista que, como este maestro uruguayo,
determina el contraste entre lo panteísta americano
haya hurgado tan a fondo en las tradiciones prey lo racionalista mediterráneo. Equilibrar lo sensual
colombianas del continente para extraer de ellas una
con lo intelectual fué, desde sus comienzos, el objetivo
doctrina estética: no arqueológica y difunta, sino ac­
estético (y moral) de Torres García. “ Para el artista
tual o viviente, o por lo menos viable en nuestro mundo
— decía ya en 1917— la realidad es un caos; a él,
del siglo x x y ajustada a las características de la
más que a otro, toca ordenarlo. E l arte también es
sociedad moderna a la vez que a los principios en
lógica” : “ lo bello que un artista encuentra en la
que se fundó el arte admirable de los aborígenes.
naturaleza es pura coincidencia del espíritu con la
Lo que hasta hojr se ha entendido generalmente por
realidad” . Tal propósito determinó la línea general H
la “ vuelta a la tradición americana” ha sido una abe­
de su arte, que siempre fué antirrealista — si se ex­
rración productora de monstruosos híbridos artísticos,
ceptúan sus primeros y excelentes trabajos de estu­
tan artificiales como inertes: con los pretextos de la
diante, del 1890— tanto cuando tomó el rumbo figu­
escuela limeña, cuzqueña o lo que fuere (que en re­
rativo como cuando practicó los diversos grados de la
sumidas cuentas no dieron mucho más que degenera­
abstracción, pero siempre estuvo también sólidamente
ciones de lo español importado) se fomentó un retorno
apoyado en la realidad **.
al barroquismo hispano; con los pretextos de lo incaico,
A l principio, no estuvo tan marcado en Torres Gar­
lo calchaquí y demás, se favoreció una exhumación
cía como en estos últimos tiempos el vínculo con lo
de motivos decorativos con que se pretendía poner
americano. Sus primeras obras importantes responden
como un reguero de salsita americana a muy ordi
a una orientación helénica que, según propia admisión
narios cocidos europeos. Sin embargo, la tradición
del artista, se debió a la influencia de Puvis de Chaartística de América, potente, gran­
vannes. Pero su helenismo difería
J. T o r r es G a r c ía , Retrato de Don Miguel de Unamuno.
diosa, merece producir algo distinto,
del practicado por el decorador
Colección Garmendia, Buenos Aires.
más enjundioso y más auténtico.
francés, por tres aspectos principa­
Puede ser; fecunda, debe serlo. E l
les: hay en el uruguayo una mayor
arte americano precolombiano ex­
sencillez de ejecución, un mayor ri­
presaba cierta organización social,
gor geométrico ( “ Pensar — dice—
cierto sistema político, cierta cien­
es geometrizar” ) y, simultáneamen­
cia, cierta fe, cierta concepción del
te, una vibración íntima, un calor,
mundo que eran sui generis y que,
una vitalidad nunca alcanzados por
téngase bien en cuenta, no pudieron
el pintor de Santa Genoveva.
convivir ni un siglo, ni un decenio,
A l cabo de unos años, Torres Gar­
ni un lustro siquiera con la organi­
cía empezó a desentenderse de evo­
zación, el sistema, la ciencia, la fe
caciones de una Antigüedad más o
y la concepción que del Viejo M un­
menos adaptada a la verdad con­
do trajeron los conquistadores, y
temporánea de la vida campesina
que a su vez habían configurado
catalana, para interesarse por una
allí un arte europeo: el del Renaci­
realidad más actual: la del esfuerzo
miento. Tratar de aprovechar los
técnico del hombre moderno. Vino
materiales derivados de las reliquias
entonces un período de transición
del arte americano para embutirlos
en que el artista intentó aplicar las
en una concepción europeizante y
formas de su helenismo a la repre­
renacentista de la pintura (o la es­
sentación de la actividad humana en
cultura o la arquitectura) era inten­
la fábrica, la oficina, el riel, el puer­
tar a cuatro o más siglos de distan­
to. Sin embargo, la vida tumultuosa
cia una reconciliación que había si­
del presente sólo puso su sello deci­
do imposible desde la primera hora.
sivo en la obra del uruguayo desde
Cuánto puede dar de sí el arte pre­
el momento en que de la relativa­
colombiano no será nunca el ejemplo
mente bucólica España se trasladó
de una realización total (como, ver­
a Nueva York. Esta ciudad “ tentabigracia, la obra de un Miguel A n ­
cular” , como decía Yerhaeren, lo
gel, cúspide de una pirámide de len­
puso de golpe al diapasón del siglo
tos esfuerzos y perfeccionamientos)
x x . Su pintura se tornó agitada,
sino una ley básica: el principio in­
inquieta, vehemente: describía la vo­
volucrado en él. Pero ese principio
rágine de un mundo exterior que
no podía servir a quienes llegaban
producía alucinaciones vertiginosas
(Continúa en la pág. 7)
ya provistos de su propio principio,
ni a quienes siguieron aplicando éste
durante unas cuantas centurias.
* Tales como Notes sobre art (1918),
Diálegs (1915). El descubrimiento de sí mis­
E l principio americano puede, en
mo (1917), Estructura (1935), La tradición
del hombre abstracto (1938), Metafísica de
cambio, ser poderoso guía par a. . .
H oracio T orres (del Taller Torres G arcía). Pintura mural del Pabellón Martirene. M ontevideo, 1944
la prehistoria sudamericana (1939) y Uni­
•principiantes. No usamos la palabra
versalismo Constructivo (1942).
con su habitual sugestión despecti­
** Aun en las producciones más puritana*
que le dictó su propia experiencia:
tal comodidad o tal deleite que con
readores, de los inventores admíra­
de su período constructivista encontramos la
va : todo artista realmente moderno
“
volver
al
caballito
de
madera
de
quien abrió el camino a la posibili­
referencia clara al hombre, al animal, al ve­
les cuyas creaciones y cuyos inven­
es hoy principiante de una nueva
getal, a la máquina, o bien una alusión muy
la infancia” , Simbólicamente, en el
dad de realización de lo cómodo o
directa a creaciones humanas representada*
ís
—
acaso
imperfectos—
luego
perera del arte, en el mismo sentido en
terreno artístico, ese caballito re­
en fragmento o en totalidad: un mecanismo,
deleitable: cierto es que aplaude más
eccionan maestros que jamás inuna estructura arquitectónica, etc. El placer
que Giotto fué el magnífico prin­
presenta las artes primitivas. Y ,
a Stevenson que a Papin, más a Ra­
mayor
o menor del espectador (placer mental
entan y pocas veces crean, pero ad­
cipiante de la pintura del Renaci­
y físico) ante las más abstractas de sus obras
efectivamente, desde fines del siglo
fael que a Duccio di Buoninsegna.
depende
únicamente de la sensibilidad y la
orablemente saben pulir y adapmiento. Son precisamente tales prin­
pasado y durante los brillantes pri­
Lo cual no impide que los precurso­
imaginación más o menos grandes de ese esir.
Cierto
es»
que
el
público
se
enectador: tal como ocurre con la música de
cipiantes quienes cobran en la his­
meros decenios del actual, los artis­
res siempre merezcan el sitial más
ach' que, según quien la escuche puede no
indila más con aquel que le brindó
toria la alta estatura de los grandes
despertar sensación alguna o exalta como
tas creadores estudiaron con apasio­
alto. Característica del artista inven-

Un Pintor de América

JOAGUIIM TORRES GARCIA

m a c nilP llí).rl;i. Pll

J. T orres G arcía. Puerto de Barcelona. 1918.

otros inventores que, como él, bus­
caron lo esencial en el-punto de par­
tida. Joaquín Torres García, pintor
principiante del siglo x x , no escapa
a esa ley general: de ahí que haya
tenido éxito donde otros no lo al­
canzaron, en la aplicación de princi­
pios precolombianos.
Cuando Cézanne, renovador de la
pintura occidental, confiesa “ Soy el
primitivo de la senda que he descu­
bierto” no pronuncia la mera excusa
de un tímido y un modesto, sino que
habla con genial intuición de lo
que vendrá. Cuando Gauguin dice:
“ Vuestra civilización es vuestra en­
fermedad; mi barbarie es mi resta­
blecimiento” , formula una adver­
tencia que ningún artista contempo­
ráneo debiera ignorar- Y el pintor
de Bretaña y Tahití ofrece al mis­
mo tiempo el medio eficaz para re­
juvenecer el arte y abrirle nuevas
perspectivas, cuando recomienda lo

nado entusiasmo las obras egipcias,

la contemplación de un universo perfecto e*
movimiento.

■i
i

J. T orres G arcía . Infinito. 1943.
O
REGISTRO DE PROPIEDAD
INTELECTUAL N° 254-Í26
IMPRENTA
CHILE
Perú 565
Buenos Aires

Wf*
C3W

«
CS
U
+»
O

O

FRANQUEO PAGA
Concesión N? 3799

DO

TARIFA REDUCID
Concesión N? 3205

A

�</text>
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                <text>Gómez de la Serna, Ramón&#13;
Torre, Guillermo de&#13;
Fernández, Macedonio&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Devoto, Daniel&#13;
Benét, Stephen Vincent&#13;
Westerdahl, Eduardo&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Batlle Planas, Juan&#13;
Leskov, Nicolás&#13;
Maglione de Jorge, Sara&#13;
Payró, Julio E.</text>
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                    <text>REDACCION

V

Año II
Noviembre

A D M I N I S T R A C I 0 N:

Perú 973 - Buenos Aires - Telé!. 34-2384

19 47
2a Epoca

RIMBAUD:

EL ANGEL

v el

Precio del número: S 0.60 moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a 1: $ 6.50 m o n. /a r g.

CLA UDEL,
CONTRA A N D R E GIDE

DEMONIO

Por PABLO ROJAS PAZ
la expresión directa de la experiencia íntima — dice
el autor de Das Erlebnis und die Dichlung— que los
virtuosos de la misma, los grandes poetas y religiosos, han
encontrado, podemos agotar el contenido total de la vivencia.
¡Cuán pobre sería nuestro conocimiento psicológico de1 los
sentimientos sin los graneles poetas que han expresado toda
la diversidad de afectos y con frecuencia.han hecho resaltar
de manera sorprendente las relaciones estructurales en el
universo de los sentim ientos!” ¿Hacia qué plano del enten­
dimiento debemos dirigir nuestras observaciones en el' caso
de Rimbaud ? Llamamos comprender al proceso mediante el
cual conocemos lo psíquico a través de signos sensibles dados :
que constituyen su exteriorizacióji. E n la vida anímica, la
vivencia y la comprensión se engranan mutuamente; pues
sólo la comprensión abarca el horizonte entero de lo psíquico
y sólo la vivencia ilumina profundidades que únicamente
de este modo son accesibles luego a la comprensión. Esta
historia de un alma que trata de entenderse y de expresarse
después de haber vuelto de las profundidades de las viven­
cias, de las intuiciones, se llama poesía. Porque si la natura­
leza tiene ciencia, el hombre tiene historia. Y el arte es una
forma de esa historia. ¡Q ué lejos estamos de K ant quien en
su Crítica del Juicio nos dice que arte bello es arte en cuanto
al mismo tiempo parece ser naturaleza. Existen, pues, tres
estados (vivencia, expresión, comprensión) que forman el
mundo ontológico. H a y gente que “ vive” una cosa; y esto
hasta para existir. .Y o puedo vivir una "nube, un día, una
¿tatúa, una bandera, "un atardecer, u., azpor: puedo vivir
una rosa,un perfum e,-un odio, un rencor; puedo disolverme *
en la esencia misma de una cosa y regresar de *ella. Esto
basta para vivir; para existir. Pero no basta para expresarse,
para ser artista. E l arte comienza en el beso, en el' incendio
de una ciudad, en el ángelus matinal y divino que disuelven
ingenuas campanas provincianas, o en ese conversar del agua
con el viento o en el alarido de fuego que hay en un relám­
pago. Porque esta poesía de Rilke, como la de Rimbaud, se
entronca en el existencialismo como la de Mallarmé se en­
tronca en el intuicionismo de Bergson. ¡ Dichosa de aquella
poesía que encuentra su filó sofo ! Para escribir un solo verso
— dice— es necesario haber visto las señas que hacen las florecillas por la mañana y la sonrisa de despedida que hay en
un moribundo. Es decir, echarse sobre el mundo, medirlo con
nuestros pasos. Pero falta aún la aptitud en los demás de
comprender a los que viven y se expresan. Es difícil com­
prender a Rim baud; no lo entiende nadie; ni Thibaudet,
quien ante la imposibilidad de escribir L ’A prés midi d ’un
faune por segunda vez, se dedicó a clasificar, como los sabios
fracasados que se convierten en coleccionistas. Les es muy
fácil a los intelectuales, es de­
cir, a los que 'creen en el impe­
rio de la razón por encima de
todas las cosas del espíritu, decir
que Verlaine fué el fauno, M a­
llarmé el místico, Rimbaud el
uiño, Corbiére el primitivo,
Lautréamont el loco. Son como
los médicos que creen que cu­
ran cuando han encontrado un
nombre a una enfermedad. Pe­
ro, la naturaleza engendra cien­
cia y la humanidad historia; y
nadie tiene historia vivida y ex­
presada para ser comprendida
como los poetas.

E

Por DOMINIOUE ARBAN

n

“ Mi jornada ya está hecha;
me voy de Europa. E l aire ma­
rino me quemará los pulm ones;
los climas perdidos me curti­
rán. . . volveré con los músculos
de hierro, la piel mate, la mi­
rada furiosa; por mi cara me
juzgarán de una raza fuerte.
Tendré oro. Me hallaré mez­
clado a los negocios políticos;
r-e. habré salvado” . Pero al fin
de la proeza observa: ‘ ‘ Yo es­
peraba baños de so l; paseos iufi•núos, reposos, viajes, aventu­
ras. ¡Nada! ¡ Nada! E s la mucrte ’• El poeta es un ladrón de
fuego; él quemó toda su vida
en ese fuego que se robó a sí
mmmo. A los veinte años el
gran poeta comenzó a sobrevi

(Confínlía en la pág. 6)

habitación verde pastel. Vanos de cielo y de tul. Bellas
lámparas translúcidas. Privilegio de paz.
Paul Claudel acerca dos sillas, se sienta y escucha. Decan­
tado por los años, ya no tiene el aspecto de un “ martillopilón” , ni de un “ ciclón congelado” . Menos sangre, menos
pasión; escun viejo canoso, repleto y vivo.
Algunas réplicas corteses y ya estamos dentro de nuestro
propósito.

U

— ¡-Rimbaud! Deseo mejor no hablar de ello. ¡S e le ha
maltratado tanto! Estoy descorazonado de cómo se le ha
utilizado. Es triste ver pisotear una obra tal. Es como un
bello lugar turístico descubierto: se encuentran en seguida
detritus, latas 'de sardinas. Y deja de ser freeuentable.
— i Sardinas ? Comprendo: los surrealistas.
— Se ’ han publicado las obras completas de Rimbaud.
Pero las cuatro quintas partes de esta obra no debieran
haberse publicado.. Lo que se ha descubierto no añade nada
ni a su gloria, ni a su conocimiento. Merecía haber quedado
donde estaba, en la nada.
— ¿E n un caso tan oscuro que excita a psicólogos, fisió­
logos, patólogos, no es todo indispensable a . . . ?
— No encuentro oscuro el caso de Rimbaud. Para un
católico este caso no tiene nada de extraordinario. Rimbaud
sólo tiene de extraordinario su juventud, su frescura y su
belleza.
( Continúa en la páfi.

Y

DEL

(Pintura de

D a u n iie r )

DISTRITO

DE

M ZENSK

Novela de NICOLAS LESKOV
a veces que entre nosotros se tropieza uno con tales
caracteres que, sea cual fuere el número de años trans­
curridos desde que los conocisteis, no se los puede evocar sin
un estremecimiento del alma. A este tipo pertenece la esposa
del comerciante, Katherina Lvovna Izmailova, que fué otrora
actriz de un drama terrible, después del cual nuestra socie­
dad la llamó, haciéndose eco de una frase feliz, la Lady
Macbeth del distrito de Mzensk.

O

“ E l m a n to ele p i e d r a (1947). ó le o d e R a q u e l
F o r n e r , del conjunto presentado al P r e m io Pa-

lanza, otorgado a la notable pintora argentina.

Por la manchega llanura
.

na

se vuelve a ver

de Don Quijote pasar...

curre

Katherina Lvovna no era de belleza extraordinaria, pero
resultaba una mujer de aspecto muy agradable. Tenía vein­
ticuatro años. No era muy alta, pero sí esbelta; su garganta
parecía tallada en mármol, los
hombros eran redondeados, el
pecho firme, la nariz derecha y
fina, los ojos negros y vivos, la
frente blanca y despejada y los
cabellos negros, de un negro
azulado. La habían casado con
un c o m e r c ia n te d e l pueblo,
Ismailov, originario de Tuskari,
en la provincia de Kursk, no
por amor u otro motivo cual­
quiera, sino porque Ismailov
había hecho pedir su mano y
ella era una muchacha pobre
que no estaba en condiciones de
desdeñar pretendientes.
La casa de los Ismailov no
era de las últimas del pueblo:
los Ismailov comerciaban con
cereales y emendaban en el distrito u n gran molino, poseían
una huerta floreciente en las
afueras de la población y, en el
pueblo, una hermosa casa. En
una palabra: eran negociantes
acomodados. Además, la familia
no era numerosa: el suegro, Boris Timofeyevitch Ismailov, que
frisaba ya los ochenta, viudo
desde hacía tiem po; su hijo Zinoviy B o r is s itc h , mazado de
Katherina Lvovna, ya de unos
cincuenta años, y la propia K a ­
la figura
therina. Eso era todo. Ezz los
cinco años de matrimonio ezztre
Katherina
Lvovna y Zizzoviy
L e ó n F e l ip e
( Continúa en la pág. 12)

�cabalgata

2

Car ta de
Francia
por

Juan

Saayedra

• La temporada literaria pasada terminó
eon varias exposiciones relacionadas con
el libro: exposición del libro en lengua
inglesa, del libro suizo, del libro de arte,
etc.. Esta comienza tambión con una
exhibición similar, la que acaba de inau­
gurarse en la Galería Mazarine de la
Biblioteca Nacional y que se titula ‘ ‘ Cien
años de edición francesa” .
En realidad, es una exposición de la
evolución del arte del libro francós. Se
exponen obras de lujo, libros raros, ma­
nuscritos preciosos, anuncios, retratos,
autógrafos. Los organizadores han reco­
gido documentos oue reflejan exacta­
mente el carácter de cada autor, anun­
cios que evocan toda una época, tipogra­
fías cuya técnica armoniza admirable­
mente con el sentido de la obra. Figuran
también cuartillas de la propia mano do
los autores más célebres, a través de las
cuales hasta podemos averiguar su tem­
peramento y sus manías.
Sin embargo, esta Exposición ha dado
lugar también a algunas críticas sobre
la concepción de lo oue debiera ser una
exposición de la edición francesa. ‘ ‘ Carrefou r” resume acertadamente el punto
de vista Justo:
‘ ‘ El libro es la culminación del tra­
ba jo del editor. ¿Pero cómo lo ha llevado
éste a cabo? -Todo libro tiene su historia
de edición. Y o no he visto j*ue el lado
humaren del papel del editor haya sido
intensamente presentado en la Galería
Mazarine. Se hubiera debido, con la pre­
sentación de fotografías, demostrar que
los más importantes de nuestros editores
de hoy día comenzaron en un cuarto
bajo, en el fondo de un patio de un
barrio obrero. Se hubiera debido dar a
conocer, con cartas en la mano como
pruebas, los fenomenales errores en que
incurrieron algunos editores de los más
importantes. ¡Oh, si se hubiera expuesto
la carta de negativa de tres editores a
Margarett Mitchel que proponía la pu­
blicación de ‘ ‘ Lo que el viento se lle­
v ó ” ! No se han expuesto las de un
Grasset o un Artheme Fayard, que han
renovado la profesión introduciendo fó r ­
mulas audaces para su época. Y estoy
*o de que debe haber una do Gastón
’ ■—‘lirondo o™ —té Al ha mnn-

K afka, falta en ella, indiscutiblemente,
lo que es lo mejor de la novela: la fiebre,
la angustia, el temblor del misterio. Para
explicar esto algunos críticos han aduci-,
do que Gide es un gran artista literario,
pero no lo que generalmente se entiende
por un novelista y menos un dramaturgo.
La obra, pues, según estos críticos ado­
lece de la falta de cualidades escénicas.
v Sin embargo, y para contradecir este
juicio, nosotros podemos decir que la ver­
sión es ‘ ‘ muy teatral” , que el interés
no decae y que. el espectador se siente
en todo momento arrastrado por la suce­
sión de lo que ocurre en el escenario.
Pero el éxito de ■‘ El Proceso ’ ’ es sobre
todo un triunfo personal de Barrault, co­
mo actor, autor y director de escena.
• Con gran pompa y reclame se ha
inaugurado en París la ‘ ‘ Casa del Pen­
samiento francés” hogar de la Unión Na­
cional de Intelectuales, del Comité de Es
critores y de otros organismos artísticos
más o menos influenciados por una co­
rriente política. A l acto inaugural asis­
tieron el presidente de la República, el
ministro do Juventud, Artes y Letras y el
ministro de Hacienda.
Se trata de un bello hotel, situado en

trices franceses se encargaron de la venta
de las obras y las bailarinas de la Opera
Cómica sirvieron el restaurante.
• Dos grandes exposiciones retrospecti­
vas se han inaugurado esta semana ep
P arís: la retrospectiva Pierre Bonnara,
organizada por la dirección de los Museos
Nacionales en la Orangerie de las Tullerías: la retrospectiva K. X. Roussel, orga­
nizada en la Galerie Cliarpentier ba jo el
patronato del ministro de la Juventud,
Letras y Artes, y bajo la égida de un
comité de honor que le da el carácter
de una manifestación oficial.
Esta coincidencia de las dos exposi­
ciones no parece fortuita. Bonnard y.
Roussel fueron dos excelentes amigos.
Durante mucho tiempo no se citaba al
uno sin nombrar al otro.
• Para tratar de neutralizar en parte
la emoción y sorpresa producida en los
medios artísticos y literarios por los
recientes y reiterados ataques de la pren­
sa rusa contra Picasso, Matisse y su arte,
Louis Aragón se ha creído obligado a
insertar un reciente artículo publicado
por Ilya Ehreirbourg en ‘ ‘ Litteratour-

siglo X I X ha sido el fin del apoca­
lipsis revolucionario, la aparición de
una nueva ideología, que es la ideología
liberal; los derechos políticos para todos,
la existencia de una élite basada en el
trabajo, el progreso y el ahorro. En ese
momento, en lugar de estar de acuerdo
eon una clase que sube y que liquida la
ideología de los viejos opresores, el escri­
tor está en desacuerdo con la clase que
lo produce; está en oposición con esa ideo­
logía; al mismo tiempo se halla sin rela­
ción alguna con el proletariado, que lo
ignora y, no pudiendo suministrar ideas
a una clase que es la suya y que tiene
una ideología estable y constituida, se
ve rechazado a la contemplación de los
valores puros, es decir, precisamente a un
llamamiento estéril a la libertad.
Acudir a la libertad sin que ello sea
por cambiar, simplemente porque la li­
bertad goce un momento de sí misma en
presencia de una bella obra, eso se llama
hacer el arte por el arte. Esa manera de
recurrir a la libertad creadora contra lo
útil, contra el progreso de lás máquinas,
contra la clase, es una forma de estar, a
la vez, contra la burguesía y ligado a
ella.
Así el arte por el arte resulta de la
verificación del escritor de que no estando
de acuerdo ni con su clase ni con ninguna
otra, no puede ayudar a nadie.
H oy la situación es por completo d ife­
rente porque hay, ante todo, el hundi­
miento de la irresponsabilidad del arte
por el arte. La ocupación, por ejemplo,
lia demostrado a muchas gentes que hoy
día la literatura está ligada a la demo­
cracia. Si el escritor no puede escribir
libremente dirigiéndose a hombres libres,
no puede escribir, simplemente. L a acti­
tud de escritor exige una determinada
sociedad humana. El escritor no puede
existir en determinadas sociedades; en
una sociedad de opresión, de dictadura,
la literatura no existe. No es una casua­
lidad que la literatura alemana nazi o
Ja literatura fascista italiana fueran tan
jjl

‘ ‘ La redacción encuentra injusto que
el camarada Ehrenbourg haya silenciado
1?. cuestión del formalismo decadente que
se afirma en las obras de Picasso y
Matisse” .
• Con motivo del centenario de Cer­
vantes no ha habido periódico francés
que haya dejado de consagrar un ar­
tículo al autor de ‘ ‘ El Q uijote” y su
obra. Esto ha servido para poner de re­
lieve que el número de hispanistas fran­
ceses compenetrados con la literatura
clásica española es cada día mayor.
‘ ‘ Les Nouvelles Littéraires” , nos han
recordado en esta ocasión dos hechos re­
lacionados eon Cervantes. Primero, qne
el último descendiente conocido de Cer­
vantes, por lo menos en línea directa, era
don Pedro de Cervantes y de los Ríos,
oue vivía en Cannes hace una quincena
de años y escribía al mismo tiempo ver­
sos franceses y sabios tratados de tau­
romaquia. Segundo, que en 1929 un eru­
dito fascista quiso apropiarse para Italia
al autor del ‘ ‘ Q uijote” . Según él, Cer­
vantes se llamó, en realidad, Cervantini
y había nacido en Romagna, como Mussolini. Como premio por su ‘ ‘ descubri­
miento ’ ’ recibió veinte mil liras del
propio Duce.
• Noticias de Estocolmo dejan vis­
lumbrar la posibilidad de que el Premio
Nobel de Literatura de este año le sea
concedido a André Gide.
• En su obra ‘ ‘ Defensa del Trópico
dé Cáncer ’ ’, que acaba de aparecer, Micliel Fraenkel nos da a conocer aspectos
de la biografía de Henry Miller, que has­
ta ahora ignorábamos. Generalmente, po­
cos saben que fué en Montparnasse, en
1931, donde Miller escribió su ‘ ‘ Trópico
de Cáncer” . Tenía entonces cuarenta
años, dormía en los asilos de noche, en
las puertas-cocheras o bajo los puentes
del Sena. Después de haber tenido una
existencia desordenada en los Estados
Unidos haciendo de criado de granja, do
atleta, de periodista, de enterrador, de
vagabundo, vino a París a probar su
suerte. Fué aquí donde escribió su obra
actualmente famosa.

rodea_
itelamau!,
íoquecide ppr el é,
jado rápi.o de*‘ ‘ Sin novedad i
nte” , que
estuvo a punió de hacer quebrar la casa
Stock.”
• La empresa llevada a cabo por JeanLouis Barrault en el Teatro Marigny,
eon la representación de la versión de
‘ ‘ El Proceso” de Kafka, revela en este
gran aetor francés condiciones artísticas
completas y un gran talento. El propósito
no era fácil de conseguir, y a pesar de
las críticas que los espíritus más exigen­
tes puedan formular, la obra que Ba­
rrault ha teatralizado con el concurso de
André Gide, expresa la propia esencia
de la obra original eon una rigurosa f i ­
delidad.
Evidentemente, por mucho escrúpulo
que en la versión teatral han puesto Gide
y Barrault en respetar las intenciones de

gran libertad de expresión en el domi­
nio literario y artístico. Pero ‘ ‘ L ’Intran1sigeant’.’ le ha demostrado, aportando el
número de la revista, que%l ex-surrealista había omitido que al final del ar­
tículo había la siguiente ‘ ‘ nota de re­
dacción ’ ’ :

‘ ‘ El g a llo” , uno de los notables •uadros que el
ha expuesto últimamente en las
uno de los sitios más elegantes de París,
26 avenue Gabriel, que ha sido adquirido
para dicho fin y por una impértante su­
ma, por Louis Aragón. Se había hecho
coincidir la inauguración con la venta
anual de libros dedicados por los propios
autores, fiesta que desde 1945 organiza
todos los años el Comité Nacional de Es­
critores. Los más conocidos actores y ac-

t español José Palmeiro
. ias Müller.

naia Gnzeta” , de Moscú. En él, el es­
critor soviético manifiesta que Matisse
y Picasso no son artistas podridos; f i ­
guran entre los amigos de la U.R.S.S.:
‘ * é o que muere, no es la cultura bur­
guesa, es la clase que deja de producir
valores literarios” .
Con la inserción de este artículo, Ara­
gón deducía que en la U.R.S.S. hay una

EL E S C R I T O R
Y EL P U B L I C O
Por JEAN PAUL SARTRE

El escritor existencialista Jcan Paul Sartre en medio de dos festivos interlocutores.
pésimas, o mejor dicho, no fueran. Y to­
davía hay otros ejemplos.
El escritor de hoy ha salido de la clase
burguesa o, en todo caso, es leído por la
clase burguesa. Si las palabras ‘ ‘ clase
burguesa” importunan porque tienen un
acento político, digamos, si gustáis: por
las capas sociales dirigentes, por los hom­
bres que ejercen profesiones liberales, por
lo que se llama élite ilustrada. Habla de
médicos, de abogados, de maestros, de ar­
quitectos, de funcionarios. .. Pero estas
capas sociales asisten hoy justamente a la
liquidación de su ideología. Y nos las te­
nemos que haber con una situación para­
dójica.
En el siglo X V I I I el escritor hablaba
para la clase que subía, que, por sí misma,
criticaba los abusos y los prejuicios. En
el siglo X I X el escritor so encuentra ex­

cluido a la vez de un proletariado que
ignoraba y de una clase burguesa que
tenía una ideología muy firme y que no
le pedía nada sino belleza.
Hoy, los que van al escritor, los que
escriben todos los días a todos los escri­
tores del mundo para pedirles consejo,
ayuda, una ideología, siguen siendo bur­
gueses do buena voluntad, intelectuales,
gentes de profesiones liberales que asisten
a la liquidación de la ideología burguesa,
que saben que el liberalismo ha caducado,
que ven la doctrina del laissez-faire, laissez passer reemplazada totalmente por el
planificacionismo, y el individualismo por
la intervención de estado, que ya no tienen
la misma tranquilidad en lo que concierne
a sus propiedades y que, por supuesto, la
mayor parte de ellos han perdido también
1:, mayor parte de sus bienes.

\

• Después de haber visto estos días
‘ ‘ Paisa” , y de recordar que el director
de esta película es el mismo de ‘ ‘ Roma,
ciudad abierta” no se puede por menos
de llegar a la conclusión que el director
de ambas, Roselliiri, aporta una nueva
concepción al cine y que se coloca en el
primer plano de los cineastas de todos los
países. A pesar de que no se desarrolla
un argumento único, sino que la película
está integrada por seis episodios dife­
rentes, en los que las preferencias son
admisibles, pero sobre los cuales yo no
podría establecer cuál es el mejor, la obra
tiene fuerza de interés, urr verismo y una
humanidad de que generalmente están
exentas las demás producciones. El pú­
blico, que últimamente da muestras de
demasiado cansancio por tantas películas
sobre la guerra y la lucha contra el in­
vasor, descubre en ésta aspectos nuevos
de un sentido más trágico, pero también
más amoroso de la vida.
• ‘ ‘ Quai des Orfevres” , el film de
Georges Clouzot, está eir pleno éxito. Es
una buena obra. Digamos para los leeEstas gentes, que son de buena volun­
tad, aeuden a los escritores, pero siguen
siendo burgueses. Forman el público y co­
locan al escritor, quiéralo o no, en la
obligación de rehacer una ideología para
tina clase todavía dirigente, pero que está
en trance de liquidar la suya.
Por otra parte, no alcanza — hoy me­
nos que nunca— la parte más importante
do las comunidades nacionales, campesinos
y obreros. No la alcanza por las mismas
razones que no lograba alcanzar la bur­
guesía en el siglo X I X ; no los alcanza
porque ’ os más activos, los más ilustra­
dos de vntre ellos tienen una ideología
de combate: determinismo, materialismo.
El escritor, en la medida en que, por
su función, postula y exige la libertad,
no puede proporcionar ideología a la clase
dirigente o a cualquier otra clase, salvo
la ideología que exige la libertad de las
gentes que todavía están oprimidas. Y,
por otro lado, no puede dirigirse a aqué­
llos cuya libertad anhela, a menos que
no entre en un partido y actúe a título
do miembro de ese partido, transformán­
dose en propagandista y aceptando que
su arte se convierta en propaganda; sea
reclamando la muerte de la literatura y
dejando de ser escritor.
De cualquier forma, no es posible que
el escritor acepte hablar sólo a la burgue­
sía. Tiene que hablar a los demás; es
preciso que hable ‘ ‘ por ellos” y que se
dirija ‘ ‘ a ellos” . Pero no puede hacerlo.
Es responsable en tanto que escritor pues
tiene que reclamar la liberación de ellos;
se siente culpable en tanto que miembro
salido o ligado a las clases dirigentes y,
no obtsante, no tiene otro auditorio que
los hombres de buena voluntad en la clase
que va a desaparecer, que todavía dirige y
que tiene conciencia de ser clase opresora.
Pero a los que desearía hablar ante todo,
no lo escuchan.
{Fragm ento de una conferencia dada
por J. P, Sartre en la Sorbona de
París.)

tores argentinos, que el quai des orfevres
es el sitio donde están instalados en
París los locales de la policía judicial.
Con esto se comprenderá que se trata de
una obra policíaca, pero de las buenas
y con notas del ambiente popular en quo
son maestros los directores franceses. Es
también un' éxito do interpretación, por­
que en esta película se superan, si esto
es posible, en relación con sus anteriores
Louis Jouvet y Suzy Delair.
• Y hablando de cinema diremos que
Racha Guitry ha comenzado a filmar, el
16 de octubre, una producción consagra­
da a su padre, ‘ ‘ Lucien Guitry” .
Siguiendo el ejemplo de Barrault que
ha llevado al teatro ‘ ‘ El Proceso” je
Kafka, el gran director Marcel Carné se
propone adaptar a la pantalla ‘ ‘ El
Castillo” , también de Kafka. Pero toda­
vía no es segura que pueda llevarlo a
cabo. No habiendo podido establecer con­
tacto 'con Max Brod, actualmente blo­
queado en Palestina, y que dispone de
los derechos de autor de Kafka, Carné
va a partir para Italia para examinar
eon los productores italianos si debe re­
nunciar a este proyecto.
• Marc Chagall acaba de regresar a
Francia, e inmediatamente ha inaugura­
do en el Museo de Arte Moderno una
Exposición de sus obras. El cuadro de
más interés que expone es ‘ ‘ Le coq rouge
dans la nuit ’ ’, pintado en 1944.
• En el Parque de Exposiciones de la
Puerta de Versalles se celebra actual­
mente la 14» Exposición de los Superindependientes. Las características princi­
pales de este Salón son: ausencia de
Jurado, adhesión1 a esta única manifes"fación colectiva (exceptuados los gru­
pos) y liberalismo total, es decir acceso
libre a toda tendencia. Puede decirse que
dicha Exposición constituye un éxito,
por el número de cuadros expuestos y po.
la exteriorización de tendencias tan di­
versas, que dan una verdadera impresión
de conjunto de la riqueza de las actuales
escuelas pictóricas francesas.
Dominan, naturalmente, los cuadros
surrealistas, algunos de cuyos autores han
llevado a la máxima extravagancia los
títulos de los mismos. He aquí varios
ejemplos ‘ ‘ Objeo homo-heterosexual po­
sado en el césped ” , " Huevo pasado por
agua asistiendo a una tragedia de Ha­
cine” , El matrimonio definitivo del alto
con el b a jo ” , ‘ ‘ En la ca m a ... por la
noche” , ‘ ‘ La germinación de la nada” ,
‘ ‘ El senador púber” , y así otres muchos.
• El ‘ ‘ affaire Serge L ifa r ” sigue sin
resolverse, y la Opera sigue privada de
ballets. Considerado como colaborador de
los alemanes durante la guerra y residen­
ciado por haber trabajado en festivales
organizados por éstos, los obreros de te­
lares de la Opera se declararon en huega
para impedir que Lifar volviera a apa­
recer en escena. A su vez, los componentes
del cuerpo de baile se han negado a tra­
bajar si no son' dirigidos por él, por es­
timar que es el único capaz de dirigir
artísticamente el cuerpo de baile. Como
no se ha encontrado todavía una solución
al conflicto, en" la Opera no se presentan
más que espectáculos que no tienen co­
reografía.

NOTICIA
C a b a l g a t a reaparece, o, si se
quiere, renace. Lo cierto es que
vuelve a la vida. El tiempo co­
rrido desde su primera — y hasta
ahora única— desaparición, ha
ilustrado a los editores de estas
páginas. Sin esa suspensión, que
siempre se creyó y se quiso fuese
tem poral, no habríase podido
mensurar el grado de interés que
una tan breve existencia supo
inspirar en un sector considera­
ble de lectores de nuestro país
y de los pueblos de nuestra ha­
bla. C a b a l g a t a regresa, a peti­
ción — valga el símil tan caro a
las carteleras de teatro— , o peti­
ción de muchos, muchísimos lec­
tores, y de no pocos escritores y
artistas.

Estas palabras, que de ninguna
manera quieren ser una declara­
ción ni un compromiso, se las
debía C a b a l g a t a a sus fieles ami­
gos. A éstos, les ofrecemos, a ma­
nera de homenaje, nuestro nuevo
esfuerzo. C a b a l g a t a aspira a la
popularidad; quiere, en alas de
sus páginas, difundir, de uno a
otro extrem o del continente, las
letras que imprimen prensas ar­
gentinas y la plástica que confi­
guran pinceles nacionales. C abal ­
g a t a reflejará la actualidad artístico-literaria mundial, en rápi­
das ojeadas, o en ensayos avalados
por conocidas firmas.
C a b a l g a t a sale de nuevo al en­
cuentro del lector, del estudioso,
del artista. Formula, a la luz de
su segunda primavera, vehementes
votos para que el encuentro, en
palabras de compenetración, sea
recíproco.

�cabalgata

Palabras de Monelle
Por
NEIJ-e me encontró en la llanura, por
donde yo andaba errante, y me tomó
de la mano:
—No te sorprendas — d ijo— , soy yo y
no soy yo. Me volverás a encontrar y me
perderás.
Una vez más volveré entre vosotros;
pues pocos hombres me han visto y nin­
guno me ha comprendido.
Y me olvidarás y me reconocerás y me
volverás a olvidar.
Y añadió Monelle: Y o te hablaré de
las pequeñas rameras, y tú sabrás el co­
mienzo.
Cuando Bonaparte el asesino tenía dieci­
ocho años, halló ba jo las puertas de hie­
rro del Palacio Real a una pequeña pros­
tituta. Tema la tez pálida y tiritaba de
frío. Pero “ era necesario vivir’ ’, le dijo
ella. N i tú ni yo sabemos el nombre de
esa pequeña a quien Bonaparte llevó, una
noche do noviembre, a su cuarto del hotel
de Cherburgo. Era de Nantes, en Bretaña.
Estaba débil y cansada, y su amante
acababa do abandonarla. Era sencilla y
buena: su voz sonaba muy dulcemente.
Bonaparte recordó todo esto. Y creo que,
más tarde, el recuerdo del sonido de su
voz lo emocionó hasta las lágrimas y la
buscó largo tiempo, durante las noches de
'•nvierno, sin volverla a encontrar nunca
nás.

M

Has de saber quo ellap lanzan un grito
de compasión por vosotros y os acarician
la mano con la suya descarnada. No os
comprenden sino cuando sois desgraciados;
lloran con vosotros y os consuelan. La
pequeña Nelly salió de su infame casa
para ir a ver al forzado Dostoievsky y,
agonizando de fiebre, lo miró largamente
con sus grandes y temblorosos ojos ne­
gros. La pequeña Sonia (ella existió, como
todas las demás) abrazó al asesino Rodión
después de confesarle éste su crimen.
“ ¡Está usted p e r d id o !’ ’ , le dijo con
acento desesperado. Y levantándose súbi­
tamente, se arrojó a su cuello y lo abra­
zó... “ ¡N o, en este momento no hay
sobre la tierra un hombre más desdichado
que t ú !” , exclamó en un impulso de pie­
dad; y de pronto estalló en sollozos.
Como Ana y como aquella muchacha sin
nombre que encontró el joven y triste
Bonaparte, la pequeña Nelly se sumergió
en la bruma. Dostoievsky no d ijo qué fué
de la pequeña Sonia, pálida y demacrada.
Ni tú ni yo sabemos si pudo ayudar a
Raskolnikof hasta el término de su ex­
piación. No lo creo. Se apagó suavemente
en sus brazos, después de haber sufrido
y amado en exceso.
Callóse Monelle y me lairzó una mirada:
He salido de la noche — dijo— y vol­
veré a la noche. Pues yo también soy una
pequeña ramera.
Y Monelle dijo después:
—Tengo piedad de ti, tengo piedad de
ti, mi amado.
Sin embargo, volveré al seno de la no­
che; pues es necesario que me pierdas,
antes de volverme a encontrar. Y si me
meuentras, huiré de ti nuevamente.
Pues yo soy la que está sola.
Y dijo luego M onelle:
—Porque estoy sola tú me darás el nome de Monelle. Pero no olvidarás que
sigo todos los otros nombres.
Y yo soy ésta y aquélla y la que no
;eue nombre.
Y te conduciré entre mis hermanas, que
sen yo misma, y semejantes a rameras
sin inteligencia.
Y tú las verás atormentadas por el
egoísmo, la voluptuosidad, la crueldad, el
orgullo, la paciencia y la piedad, sin ha­
berse encontrado todavía a sí mismas.
Y las verás irse a lo lejos, para bus­
carse a sí mismas.
Y tú mismo me encontrarás y yo yne
encontraré a mí misma; y me perderás
7 yo te perderé.
Porque soy la que se pierde tan pronto
como se la encuentra.
Y añadió Monelle:
—Ese día, una mujercita tocará tu
mano y huirá.
Porque todas las cosas son fu gaces; pero
Monelle es la más fugaz.
Y, antes quo me encuentres nuevamente,
t® instruiré en esta llanura y tú escribirás
el libro de Monelle.

Y Monelle dijo luego: Te hablaré de
'a destrucción.
He aquí la palabra: Destruye, destruye.
Destruye en ti mismo, destruye a tu al­
rededor. Haz lugar para tu alma y para
tes otras almas.
Destruyo todo bien y todo mal. Los
escombros son similares.
Destruyo las antiguas moradas de los
hombres y las antiguas moradas de las
simas; las cosas muertas son espejos que
deforman.
^ Destruye, pues toda creación proviene
e la destrucción.
Para lograr la bondad superior hay
1Ue aniquilar la bondad inferior. Y así
el nuevo bien parece saturado de mal.
Para imaginar un nuevo arte hay que
estrozar el arto viejo. Y así el nuevo
arte parece una especio de iconoclasia.
^ues toda construcción está hecha de
hnnas y nada hay nuevo en este mundo
srno las formas. Pero hay que destruir
formas.
Y agregó Monelle: Te hablaré de la
formación.

MARCEL

SCHWOB

E l mismo deseo de lo nuevo no es más
quo la apetencia del alma que desea fo r ­
marse.
Y las almas desechan las formas an­
tiguas, así como las serpientes sus viejas
pieles.
Y los pacientes coleccionistas de viejas
pieles de serpiente entristecen a las ser­
pientes jóvenes porque tienen sobre ellas
un poder mágico.
Pues aquél que posee las viejas pieles
de serpiente impide la transformación de
las serpientes jóvenes.
He aquí por qué las serpientes des­
nudan su cuerpo en el verde sendero de
una espesura profunda; y una vez al año,
las jóvenes se reúnen en círculo para que­
mar las viejas pieles.
Sé, pues, semejante a las estaciones
destructoras y formadoras.
Construye tu propia casa y quémala
con tus manos.
No arrojes escombros detrás de ti; que
cada uno se sirva de sus propias ruinas.
No construyas en la noche pasada. Deja
que tus obras huyan a la deriva.
Piensa en levantar construcciones nue­
vas a los menores impulsos de tu alma.
Para todo deseo nuevo, crea dioses nue­
vos.

Y siguió diciendo Monelle: Te hablaré
de los dioses.
Deja que mueran los antiguos dioses;
no te quedes sentado, junto a sus tumbas,
semejante a una plañidera;
Pues los antiguos dioses escapan de
sus sepulcros;
Y no protejas a los dioses jóvenes ro­
deándolos de ligaduras;
Que todo dios vuele, tan pronto como
se lo haya creado;
Que toda creación perezca, tan pronto
como se la haya concebido;
Que el antiguo dios ofrezca su creación
al joven dios, a fin de que éste la reduzca
a p olv o;
Que todo dios sea dios del momento.
Y dijo luego Monelle: Te hablaré de
las cosas muertas.
Quema cuidadosamente a los muertos y
expando sus cenizas a los cuatro vientos
del cielo.
Quema cuidadosamente las acciones pa­
sadas y aplasta las cenizas: pues el fénix
que renacería de ellas sería el mismo.
No juegues con los muertos ni acaricies
su rostro. No te rías ni llores sobre ellos;
olvídalos.
No confíes en las cosas pasadas No te
ocupes de construir bellos ataúdes para
los momentos pasados: piensa en matar
los momentos que vendrán.
Desconfía de todos los cadáveres.
No abraces a los muertos; porque ellos
ahogan a los vivos.
Ten hacia las cosas muertas el respeto
que se debe a las piedras destinadas a
construir.
No ensucies tus manos en los cauces

gastados. Purifica tus dedos en las aguas
nuevas. Aspira tu propio, soplo y no los
hálitos muertos.
No contemples las vidas pasadas más
que tu propia vida pasada. No coleccio­
nes sobres vacíos.
No lleves en ti el cementerio. Los muer­
tos producen pestilencia.
Y Monelle siguió diciendo: Te hablaré
de tus acciones.
Que toda copa do arcilla transmitida
se pulverice en tus manos. Quiebra toda
cepa en la que hayas bebido.
Sopla la lámpara de vida que te tiende
el trotamundos. — Pues toda lámpara an­
tigua desprende humo.
No le logues nada a ti mismo: ni placer
ni dolor.
No seas esclavo de ropaje alguno: ni
del alma ni del cuerpo.
Nunca golpees con el mismo lado de la
mano.
No te contemples en la muerte; deja
que tu imagen sea llevada por las aguas
que corren.
Huye de las ruinas y no llores entre
ellas.
Cuando dejes tus ropas por la noche,
despójate de tu alma diurna; desnúdate
en todos los momentos.
Toda satisfacción te parecerá mortal.
Fustígate de antemano.
No digieras los días pasados. Nútrete
de las cosas futuras.
No confieses las cosas pasadas, pues
están muertas; confiesa ante ti mismo
las cosas futuras.
No bajes a recoger las flores que cre­
cen a lo largo del camino.

“ Naturaleza muerta” , óleo de Lino E. Spilimbergo, notable pintor argentino, quien, invitado por el Rey Faruk, pasará
una larga temporada en Egipto.

Los "Porqué" de la Influencia
de la Literatura Anglosajona
. JJS beneficiosa o es nefasta la influencia de la literatura norteamericana
en el mundo latino!
Pregunta frecuentemente planteada que
en sí no ofrece interés alguno, pues fer­
tilizante o nociva, esta influencia existe
y ahí reside la importancia de la cuestión.
Es una influencia real y profunda que
quizá no sea tan brusca ni tan reciente
como so cree. Y ba jo su aspecto actual
constituye uno do los caracteres impor­
tantes de la vida intelectual del Occidente.
Como tal, merece un atento examen.
Entro las causas que han favorecido
esta influencia las hay exteriores, de so­
bra conocidas. La opinión general es que
las grandes corrientes literarias determi­
nan las revoluciones políticas y sociales
(aquí, inevitablemente se cita a Voltaire
y a Rousseau como motores de la Revolu­
ción Francesa de 1779). En realidad su­
cede al contrario. Las perturbaciones, el
malestar o la esperanza de los pueblos
se expresan mediante las grandes voces
que les dan form a y las expanden. Y así,
como a pesar de todos los esfuerzos, la
literatura y el cine ruso de hoy día no
han logrado prender en los pueblos occi­
dentales (porque todo lo que ha lanzado
la URSS en los últimos años no aporta
nada nuevo, participa de una estética an­
ticuada y débil y que por ir acompañado
de una propaganda pueril resultaba, desde
el punto do vista artístico, una cosa muer­
ta ), el aporto norteamericano ha resulta­
do distinto. Auxiliada por circunstancias
extra-literarias, su éxito proviene esencial­
mente de que responde a necesidades lite­
rarias profundas. La literatura norte­
americana, o mejor dicho la-- literatura
anglosajona, no es más que el reflejo,
el más verdadero, el más completo, el más
diverso de la vida. O, más aún, es la
multiplicidad de esos reflejos a través de
un juego de espejos. La distancia entre
los espejos, la luz, cambian, siendo unos
más brillantes, más verdaderos que los
otros. Pero es la posición del espejo lo
quo constituye la aportación- del autor,
es decir, el arte. La cosa reflejada, la vi­
da es la misma en todos ellos. No puede
ser diferente porque sencillamente es. Pa­
ra algunos, entre ellos Albert Camus, es
una literatura elemental, una literatura
de repórter. Literatura de repórter si el
espejo está dispuesto de forma que re-y foje una cierta realidad: la realidad del
repórter; entonces tendremos a Bromfield.
Pero al lado de los Bromfield están Faulkner, Caldwell y Dos Passos; los espejos

ya no están inclinados siguiendo el mismo
ángulo, la luz cambia y, a veces, des­
lumbra.
No se trata de plantear un problema
y tratar de resolverlo. ¿Qué problema pue­
de plantearse aún al espíritu humano que
los acontecimientos no lo superen y aplas­
ten? Se trata, simplemente, de aferrar­
nos al único bien que nos ha sido acor­
dado provisionalmente y que es tanto más
precioso porque está amenazado: La vida.
La vida, rica, amarga, cruel que no se
debe juzgar “ desde arriba” , sino mez­
clándose en ella. Estamos, pues, lejos de
la literatura de gabinete, de la creación
desde la torre de marfil. Extrae los
elementos de las fuentes mismas de la
vida, en lo cotidiano como en lo raro y
lo extremo y constituye, con todos sus
defectos, algo realmente nuevo con res­
pecto a lo que somos y a lo que hacemos.
No es que sea siempre superior, -ni mucho
menos. Es que es, en- todo caso, otra cosa.
Y es probable que se gane conociendo lo
que no se nos semeja.
Hay un género en el que la influencia
norteamericana es a la vez muy pronun­
ciada y muy explicable: la novela. Quizá
porque es de todos los géneros el1que, por
sus contornos más indefiiridos, se aproxi­
ma más a la vida misma, tal y como ad­
quirimos conciencia de ella: algo enorme,
temible, desconocido que siempre y por
doquier desborda al individuo. Pero, sin
duda también, porque es precisamente en
este género donde los norteamericanos han
hecho descubrimientos sorprendentes y,
valga la redundancia, nuevos.
So cometo un error al hablar exclusiva­
mente de Estados Unidos cuando se trata
este tema. Así como Dostoievski decía
que “ todos hemos nacido de G ogol” , casi
toda la literatura contemporánea norte­
americana, al menos en sus elementos más
originales, ha nacido del “ Ulises” . En
la propia Inglaterra, Virginia W oolf y
algunos otros, han mostrado, por la concordan-cia de sus búsquedas con las de
los norteamericanos, que serta más justo
hablar de una literatura anglosajona que
de “ las letras norteamericanas” .
Pero estas cuestiones de fuente y cro­
nología sólo tienen importancia limitada.
¿N o so pretende incluso que Joyce, ho­
jeando en París un libro de un autor
francés olvidado vió la prefiguración- del
monólogo interior? ¿Quién se ocupa de
ello? La realidad es que ese francés
naufragó en el olvido, mientras que las

doscientas últimas páginas del Ulises
siguen siendo como un faro de la litera­
tura moderna. ¡ Qué importa en donde
so haya inspirado! ¡ Qué más da si pro­
cede del ejemplo de ese olvidado francés
o de los amargos monólogos de Segis­
mundo, en La vida es sueño del españolísimo Calderón!
Lo que importa es no equivocarse en
lo esencial. Y esencial es afirmar que
no se trata de una sencilla cuestión de
modas, de un deslumbramiento pasajero
ni de un truco del oficio. A medida que
lo que se tiene que decir cambia, cambia
también la forma de decirlo. Proust lo
ha comprendido y se ha forjado una len­
gua personal, porque no podía expresarse
con otra. El monólogo interior, por su
extraordinaria riqueza, el sondeo a que
puede llegar en los más profundos abis­
mos del ser, la ductilidad y la verdad de
su juego, era necesario para quienes no
se conforman con describir a los humanos
en su mero comportamiento social ( ¡ J a ­
más escribiré: “ La marquesa salió a las
cinco! ’ ’ — decía Valéry) sino en su terri­
ble desn-udez confusa y solitaria de la
semiconciencia. La escritura simultánea,
por su ubicuidad, su rapidez y su pre­
cisión es un arma tan segura y eficaz
como peligrosa para aquellos que la ma­
nejan sin precaución. La pintura del es­
tado de ánimo por el paisaje y la atmós­
fera, en substitución del fastidioso “ pensó
que” , “ consideró que” de la literatura
tradicional, medianto anotaciones exterio­
res, pujantes y nuevas, ha permitido tor­
nar perceptibles para el lector muchas
cosas que hasta ahora no lo eran porque
precisamente escapan al pensamiento y al
juicio. Esos ya son por sí mismos des­
cubrimientos importantes; un enriqueci­
miento profundo que ningún novelista de
nuestros días puede descon-ocer ni des­
deñar.
Sin duda este enriquecimiento versa
sobre todo lo que escapa a la conciencia,
a la vida organizada del espíritu o del
corazón. Como tal se halla bastante ale­
jado de esto que se ha dado en llamar
‘ ‘ genio latino ’ ’, con su claridad, su or­
den y sü amor por construir. Pero la lite­
ratura actual busca hoy su camino por
otros parajes. Y debe buscarlo porque esas
construcciones armoniosas, ese orden y esa
claridad ya no se encuentran ni en nososotros ni en nuestro derredor. El im­
presionismo literario de Mrs. Dalloway, la
crueldad de Santuario y de Luz de agosto

Conténtate con toda apariencia. Pero
abandona la apariencia y no te des vuelta.
No te vuelvas jam ás: detrás de ti acu­
den jadeantes las llamas de Sodoma, y
podrías convertirte en estatua de lágrimas
petrificadas.
No mires detrás de ti. No mires dema­
siado delante de ti. Si miras en tu inte­
rior, que todo sea blanco.
No te asombres de nada por la compa­
ración del recuerdo; asómbrate de todo
por la novedad de la ignorancia.
Asómbrate de todas las cosas; pues
todas las cosas son diferentes en la vida
y semejantes en la muerte.
Construyo en las diferencias; destruye
en las similitudes.
No te dirijas a las permanencias; no
están n-i sobre la tierra ni en el cielo.
La razón era permanente; ahora tú la
destruirás y dejarás cambiar tu sensibi­
lidad.
No temas contradecirte; no hay con­
tradicción en el momento.
No ames tu dolor, puesto que no ha
de durar.
Reflexiona acerca de tus uñas que cre­
cen y de las pequeñas escamas que se
desprenden de tu piel.
Sé olvidadizo de todas las cosas.
Con un punzón acerado ocúpate de ma­
tar pacientemente tus recuerdos, así como
el antiguo emperador mataba las moscas.
No hagas durar la dicha del recuerdo
hasta el porvenir.
No recuerdes ni preveas.
No digas: Trabajo para adquirir; tra­
ba jo para olvidar. Sé olvidadizo de la
adquisición y del trabajo.
Rebélate contra todo trab ajo; contra
toda actividad quo trascienda el momento,
rebélate.
Quo tu marcha no se dirija de un ex­
tremo a otro, pues no hay tal cosa; pero
que cada uno de tus pasos sea' una pro­
yección rectificada.
Borrarás con el pie izquierdo la huella
de tu pie derecho.
La mano derecha debe ignorar lo que
acaba de hacer la mano derecha.
No te conozcas a ti mismo.
No te preocupes de tu libertad: olví­
date de ti mismo.
Y Monelle añadió: te hablaré de mis
palabras.
Las palabras son tales mientras se las
pronuncia.
Las palabras conservadas están muer­
tas y engendran la pestilencia.
Escucha mis palabras habladas y no
actúes según mis palabras escritas.
Habiendo hablado así en la llanura, M o­
nelle quedó callada y triste; pues debía
regresar al seno de la noche.
Y me d ijo desde lejos:
Olvídame y te seré devuelta.
Y al mirar a través de la llanura, *
levantarse a las hqrmanas de MonelJr

TILDES
EN ROJO
• La historia ha ca m b ia d o... Y
el crimen y el odio han crecido en el
mundo. León Felipe.
• No hay truco ni artificio, arte ni
reoeta mediante el cual uno pueda
poner en su labor escrita lo que no
lleva en sí. W alt Whitman.
• Soñar, es dormir con láminas in­
tercaladas en el texto. Eugenio d ’Ors.
• La excesiva movilidad estorba a
la suprema dignidad. L o primero que
hay que hacer para presidir, es estar
sentado. Eugenio d ’ Ors.
• La gran masa de los hombres
lleva una vida de desesperación ca­
llada. Henry David Thoreau.
• Alimentamos nuestro rico cuerpo
a expensas de nuestra pobre alma,
hasta que aquél haya devorado toda
la sustancia de ésta. Henri David
Thoreau.
• Todo esfuerzo destinado a ser
coronado por el éxito debe basarse en
la fuerza copulativa y engendradora
del amor. Henry David Thoreau.
• Sólo al beber agua sabemos algo
de la verdad de lo que miramos. R a­
món Gómez de la Serna.
• No comprendo, no puedo com­
prender por qué los fabricantes de
asientos de retrete no colocan bombas
secretas en el compartimiento del agua
para que estallen en el momento en
que ciertos políticos tiren de la ca­
dena. Salvador Dalí.
• En cada alma que alienta sobre la
tierra se entraña un vacío de desespe­
ranza, una sed de inmortalidad que
a todos nos aqueja. Arthur Koestler.
• La tristeza es una complicación
André Gide.

nos penetran profundamente tanto por
lo que expresan como por su manera de
expresarlo. La sensibilidad de los hombres
no es estática, sino dinámica, puede a fir ­
marse o retrogradarse y, sencillamente,
puede convertirse en algo nuevo, evolu­
cionar. ¿Quién piensa hoy en escribir mú­
sica como Beethoven o Bach? Cuando se
quiero conservar demasiado se pierde de­
masiado. En la medida en que el empleo
de técnicas nuevas responde en un escritor,
sea cual fuere su formación, a una ne­
cesidad interior profunda, es útil y re­
comendable. Y los escritores anglosajones
contemporáneos, aunque sólo sea a este
título, habrán demostrado una vez más
que las grandes corrientes del pensamien­
to no pueden detenerse en las fronteras.

�cabalgata
LA P I N T U R A
en la Dimensión
Imaginativa *
por

R om ualdo

B rughetti

La aventura pictórica
Acaba

de

Aparecer

Pintar recreando: la gran lección' de
las vanguardias. El recreador puede lla­
marse Cézanne, Renoir, Van Gogh, o
Picasso, cifra y linaje de la humana
aventura pictórica en el siglo X X . Mas
siempre un problema y otro, y otros cien,
a la salida del ancho mar, de! abigarrado
bosque, de la tumultuosa ciudad.
Arriba, el cielo invariable, áspero o
alegre; abajo la mano del hombre, ha­
cedora del viaje imposible.
‘ ‘ Fauves ’ ’ , cubistas, expresionistas,
stiperrealistas. ¡Qué importa la cotidiana
realidad, qué importa este mundo duro,
de tremendas heridas, lacerado v colé­
rico! Hay que vivir más, más alto, os­
cura búsqueda, hacia el otro lado de la
estrella.
Y comienza el peregrinar por los ca­
minos de los hombres, medio camino de
P íos; eterno imaginar viviendo, soñar
dudando— , canción de la agónica espera.
¿Se desgajan nuevos abismos, o surge
la partida integradora?
Un cuadro se compone y descompone,
se forma y deforma; la imaginación v
el quehacer lúcido le traen y le llevan.
Pero él vuelve a nacer, ¡ rescatada vida!
La mancha' de color se agita y sorbe
un vaso de agua fresca para que el pulso
no le tiemble El dibujo se torna linea,
arabesco, dimensión orgánica, elemento
estático y dinámico, presencia y figura
de la secreta geometría que funda espa­
cios y abro heroicamente la avanzada
para el canto. Y el color empina su acen­
to y afirma la calidad en la paleta, mis­
teriosamente, con el fuerte tono de la
fiesta o el requiebro de la danza; y la
simplificación alcanza la figura y el pai­
saje, y e s ‘París 9 puede ser Galicia, y
es un vaso de cristal, una flor o una
fruta que la luz define, señala y aplaca
al objeto y lo exalta. Esencia, lógica
pura, plástica viviente, reconstruida idea­
lidad musical de la pintura.
¿Lo adivináis? Recreador de perdidas
y reencontradas unidades, español uni­
versal, asi es José Palmeiro.

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reposo, en el alma serena de esa honda

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“ Mujer frente al mar’ ’, óleo del pintor gallego Luis Seoane, que figuró en su
exposición de la Sociedad Hebraica Argentina.
retratada que sabe del arduo mundo de
la poesía. El pintor ensaya la síntesis,
pintando una calle o un arroyo, y no
se evade de la delicadeza de su oficio,
de sus tonos rosados, azules, violetas,
verdes, grises y perlas. Su intimismo es
sano y austero, sabe vibrar y armonizar
sus graves contrapuntos. Y le viene una
limpia claridad que desborda, una pas­
tosa plasticidad envolvente, una presen­
cia de sierras y arenas, de orillas y es­
pumas, y sus toques se ajustan a valores.
El viento, el gran viento de la costa del
Este, mueve las olas de la poesía en el
espacio inmemorial, bajo el eterno fluir
del cielo.
Constructor de afinados acordes, lo
local es dimensión de la controlada emo­
tividad, es altura esclarecedora: En la
batalla estética del hombre, el espíritu
lo depura, vive junto al mar del Uru­
guay, y acaso en hermandad con el
insondable, único mar. . . ¿Y Carmelo de
Arzadun? Su intrépido dominador do­
minado.

La sensible humanidad
Y ahora la sensible humanidad anima
entidades pictóricas totales. Son esos
densos matices que elevan la puntería, y
el granHsileneio se enciende en el diálogo
que nace entre rocas y muchachas, del
lado del mar y de las peñas. La luz del
día vibra en su voluntad de dulzura
aquietada en redondeces, en emotivas
efusiones de una lírica ansiedad que, en

el color de ancho respiro, invariablemente
fresco y sonoro, eorporiza existencias y
aclara la delicadeza de un rostro o la
áspera nobleza de una figura de la tierra
gallega.
Es la pura presencia de lo carnal ya
trocado en cadencia ardiente, ' ere expre­
sión de ritmos lentos, plenos de vibra­
ciones, de una naturaleza humana que
parte de la realidad del recuerdo, o sea,
de la realidad que 110 muere y- se libra
do oropeles o desmayos. Esa realidad
imaginativa respira, tiene boca y manos,
corazón y ojos. ¿Lo pintoresco? Huye,
huye expulsado por esa medida mítica;
esconde la cabeza y desaparece.
Y la nostalgia ya es acontecer que se
sostiene V afina en el artista, en el mo­
rador ensimismado de la Torre de Hér­
cules, de donde extrae su viviente llama,
su bien salvada aspereza, un mirar lim­
pio en los elementos natuiales-.de la geuuina pintura que luz terrena y resplan­
dor sobrenatural es y a la par latido
imperecedero de grandeza.
El pintor ha convocado en un clima do
leyenda y no obstante real, a esos seres
carnales, a esas cosas que tienen acento
vitalísimo: el mar y el hombre, la roca
y el árbol, el color y el trazo certero.
Y la vida, sí, la espaciosa vida clama en
la directa poesía pictural de Luis Seoane.
* De las Exposiciones del mes: José
Palmeiro (Galería Müller), Carmelo de Ar
zadun (Salón Peuser) y Luis Seoane (So­
ciedad Hebraica Argentina), señalan aspectos
reales de esta teoría.

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Gómez de la Serna, ha de satisfacer a toda persona culta que en esta
apresurad?, época del automóvil y del avión se lamenta de no frecuentar,
por falta de tiempo, su millar y pico de páginas. Un volumen de 440
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EDITORIAL SUDAMERICANA
A LS I NA 500

BUENOS AIRES

3
3

B

pero no se ha hecho oficial. Mauricio
Dekobra piensa efectuar un viaje por la
América del Sur y permanecer algunos
días en Buenos Aires. Pocos, por supuesto,
pues el autor de La madona de los coches-cama es incapaz de arraigar en parte
alguna.
Hace apenas cuatro meses oue llegó a
París procedente de Estados Unidos des­
pués de haber legado mediante testamento
sus bienes más preciosos (libros que no
ba escrito él) a la ciudad de Pápeete
(T a b ití). De su larga permanencia en
los Estados Unidos ha extraído un libro
pintoresco, y a momentos serio, que titu­
la : Siete años entre los hombres libres.
Es, en realidad un diario que va de
1939 a 1946 y- que habla de casi todo:
del amor y de la guerra, de los huelguistas
y de las estrellas de Hollvwood. del pre­
sidente Roosevelt y del Club de las D a­
mas Azotadas, de Sioux City, en Dakotn
del Sur, eomo puede suponerse. A través
del diario se sigue viendo al Maurice de
siempre, al hombre que no -puede detenerse
y cuya llecada a cualquier luear no es
sino el prefacio de un nuevo viaje.
Alguien ha dicho que para entrevistar
a Dekobra hay que consultar el Fahrplan alemán, el “ indieateur” francés, el
A.B.C. inglés, la guía de los “ ferrovieri”
italiana y la de los Coches-Cama espa­
ñoles. Se" deduce la hora de los grandes
expresos del cuarto menguante de la luna,
se multiplica por tres y se obtiene una
posibilidad contra sieto de encontrarlo.
El gusto por los viajes de Mauricio
Dekobra es tan intenso que su departa­
mento de Paris, en el que a lo sumo pasa
algunos día s-por año, parece totalmente
concebido para inspirar el deseo de par­
tir. Esto departamento está compuesto por
una cabina de submarino, un vagón Pull­
man. un templo hindú y un* bar.
Su correspondencia cotidiana basta y
sobra para agotar, desde el comienzo has­
ta la jubilación a una docena de carteros
maratonistas. Todas las mañanas llegan
racimos de cartas selladas ere Bar-le-Duc,
Sydney, Viena, Chicago o Arequipa, con
tiernas fotografías. Estos millares de car­
tas duermen en un mueble bautizado por
Dekobra con el nombre de “ la tumba de
la mujer desconocida ’ ’ .
Dekobra, célibe solitario, sin familia y
sin puerto de llegada, ha dado tres veces
la vuelta al mundo (aunque sin ese “ ter­
cer o j o ’ ’ de que hablaba Nietzsche). De
todos los continentes visitados por él es
Asia el lugar de sus recuerdos más pro­
fundos. Ha recorrido el Oriente desde el
Canal do Suez hasta los últimos confines
del Japón. Su pasión por Oriente despertó
en él durante la guerra del 14 cuando fué
oficial de enlace en el ejército de las
Indias.

¿Mauricio Dekobra
en Buenos A ires?
Vivió un año entero en el Palacio del
Maharajá de Patiala. Luego abandonó la
lujosa residencia para vivir como un fa ­
kir, rodeado de ascetas y de yoguis con
taparrabos, sobre la ruta de Radjpura. Es
uno de los pocos europeos admitidos en
el reino de Nepal, en donde vivió recluido
en un monasterio budista; salía a pasear
en una vieja carroza tirada por seis ca­
ballos. Dos lacayos — brazos cruzados so­
bre el pecho— se mantenían: de pie en la
trasera de la carroza y un corredor mar­
chaba delante gritando: ¡A brid paso al
coche!
Las tribus rebeldes lo aeogierou amis­
tosamente, le mostraron una granja en
donde se fabricaban armas de contrabando
y le ofrecieron un té hecho con el agua
.de un pantareo en donde se descomponían
todos los bueyes muertos de la región.
En el instante de partir, un príncipe
hindú le regaló un cocodrilo vivo. Dekobra
contestó con un sentido telegrama:
“ Querido príncipe: Conmovido magní­
fico regalo, pero cocodrilo indeseable Cam­
pos Elíseos. Conservaré solamente ure dien­
ta como mascota’ ’ .

Se llevó, además del diente algunas lá­
grimas de cocodrilo y unas botellitas llenas
de agua del río Ganges, el Indo y el YangTsé. Lo cual le provocó una complicidad
con los aduaneros que pensáron se trataba
del contrabando de algún alcohol miste­
rioso.
Entre dos guerras mundiales el nove­
lista-vagabundo recorrió incansablemente
Asia, Africa, Suiza, Noruega e Inglaterra.
Era la época en que sus personajes, tan
nómadas como él, descubrían el amor en
el corazón de los palacios internacionales
y perseguían sus deseos en las noches de
los casinos. Es la época de la aventura
‘ ‘ moderna ’
llena de lujo, de exotismo
y de fulgurantes encuentros. Lbs libros
de esta época repanden para una consi­
derable masa de público un perfume vene­
noso y ofrecen una imagen superficial
de la “ gran vida’ ’ en los expresos con­
tinentales.
Hoy, sin embargo, Dekobra se siente
triste y nostálgico. El porvenir de la li­
teratura le inquieta ( ¡ a é l!). Hace poco
confiaba a un amigo suyo lo siguiente:
“ Los escritores de 1980 escribirán en
serie para una sociedad standardizada en
la que tanto los cerebros como los cuerpos
estarán vestidos con el overall igualitario.
Profecía inquietante formulada en un
momento en que el stajanovismo literario
parece querer abrirse paso.

�cabalgata
Miller, ‘ ‘ al renunciar a todo, salvo a ser
61 mismo” , renuncia también1, en parte
a ser “ él mismo” , sin dejar de ser autén­
tico.
LITERATURA DE LA

( ‘ Figura ' 7

( Naturaleza muerta”

Dos de las notables obras de Jo$c Palmeiro que figuraron en su exposición de la
Galería Müller

HENRY
EL ESCRITOR PROHIBIDO
Por ANGEL LABRE
m i l l e r es u n escritor corteamericp.no. Sus libros están prohibidos en
Estados Unidos e Inglaterra; en nume­
rosos países no hay quien se atreva a
editarlos, sencillamente. Incluso en1 la pro­
pia Francia, en donde la libertad de ex­
presión es incontestable (bastaría con re­
cordar a Celine) so ha prolongado la
persecución de este escritor. El Sr. Da­
niel Parker, portavoz de un cartel de
acción moral y social, ha denunciado los
libros de Henry Miller como pornográficos
“ y atentatorios contra las buenas cos­
tumbres ’ ’ .
La denuncia de Daniel Parker ha te­
nido como resultado (aparte de multipli­
car la venta de las obras de M iller) una
enérgica reacción de los escritores fran­
ceses. Bajo la iniciativa de dos grandes
críticos, la señora Claude-Edmonde Magny
y del Sr. Maurice Nadeau, se constituyó
un comité de defensa de Miller, al que
se adhirieron nombres tan prestigiosos
como los de Andró Gide y Jean Cassou,
sin faltar católicos eminentes como Albert
Béguin, autor do La plegaria, Emmanuel
llounier, director de Espíritu e incluso
el propio Francois Mauriac.
iCuál es la realidad del caso Miller I

tjen ry

MILLER

RE N U N CIA

A

TODO

SALVO

A

SER

EL M IS M O

En Francia se editaron recientemente,
casi en forma simultánea, tres obras de
Miller; Trópico de Cáncer, Trópico de
Capricornio y Primavera Negra. Poco des­
pués apareció Max y los fagocitos. Los
dos primeros constituyen ya que no dos
novelas, sí dos relatos de un solo tenor,

el tercero es algo así como una recolección
de pequeñas novelas; el cuarto una serie
do fragmentos autobiográficos Y a en el
prefacio de uno de ellos se dice que el
destino de la obra de Miller “ es el de
ser comprendida por algunos y de fasti­
diar a todos los demás” .
Los que afirman comprenderlo llegan
incluso a afirmar, como Henry Fluchére,
que Miller ‘ 1es dócil al análisis como
Proust, vigoroso como un Joyce que hu­
biera olvidado su erudición, amplio como
un Balzac y brutal como un Shakespeare” .
Y el editor de Trópico de Capricornio no
so muerde la lengua para decir: 11 No se
11ata de literatura, sino de una revelación
comparable a la de la B iblia” .
Para muchos otros, Miller es simple­
mente un escritor pornográfico, estridente,
descarnado coir una excelente dosis de
grosería y mal gusto.
Desde luego, hay obscenidad en los li­
bros do Miller. La crudeza de los existeneialistas no es nada comparada con Tró­
pico de Cáncer y Trópico de Capricornio.
La crudeza de Miller y sus incursiones
obscenas dejan pálidos a los más audaces;
Mirabeau y Celine se quedan cortos a su
lado.
Es que Miller ha descubierto la pre­
tendida obligación de decirlo' todo; todo
cuanto pertenece al hombre procede de
la expresión y para él el mayor de todos
los males consiste en abdicar — aunque
sea una parte mínima— de sí mismo. De
ahí que esta resolución de abandonarlo
todo a su naturaleza no sea concebible
más que en el repudio de toda moral, lo
que conduce, en fin de cuentas, a la des­
esperación pascaliana del hombre sin Dios.

f

f

'■ - \ V *

/ -

i

‘ La ola blanca” y “ R eflejos” , óleos del pintor uruguayo Carmelo de Arzadun,
exhibidos últimamente en el Salón Peuser

DESESPERACIÓN

Miller, que ha ejercido veinte profesio­
nes en América y Europa relata sus ex­
periencias en los dos continentes en los
dos “ trópicos” , y también en Primavera
Negra. De dar fe a su testimonio sería
obligado concluir que América está po­
blada exclusivamente de frenéticos sin
seso, mientras que Europa, Francia es­
pecialmente, viene a ser como un inmenso
bosque de rameras. Nada espera de este
mundo — y nadie debe esperar nada— ,
abocado a la demencia total y destructora,
A momentos parece que la labor de M il­
ler consiste en despojar a los hombres
do sus últimas ilusiones.
Quien se sitúe objetivamente entre los
dos bandos (milleristas y antimilleristas)
y enfoque el “ caso M iller” serenamente,
quizás pudiera llegar a esta conclusión:
Henry Miller no es un ,escritor de gran
clase ni tampoco un brillante artista de
las letras. Sus libros son terriblemente
desiguales, a veces aburridos, en ocasiones
indigestos, en casi cualquier momento in­
formes, sin pies ni cabeza. Ni el arte ni
la literatura tienen nada que ver con Mil­
ler, quien quizás figuro un día en la
Historia de la Literatura como también
figuran otros lejanamente emparentados
con este arte.
¿Entonces, se preguntará el lector, a
qué viene todo este estrépito en torno a
Miller?
La explicación sólo puede ser una: lo
que cuenta, a través de estos libros des­
ordenados, inclasificables, abrumadores,
versa sobre la vida misma, sobre un mundo
absurdo y sobre el hombre que es cada
uno de nosotros (sobre el hombre que ha
hecho de nosotros una civilización mons­
truosa) y aporta el testimonio que todos
esperaban, un testimonio sin reservas, sin
precauciones oratorias, sin pretensiones de
estilo. Así, Miller, de una manera ni eleganto ni atractiva dice lo que todos lle­
vábamos sobre el corazón, nuestros pen­
samientos más intimos, nuestro asco, nues­
tras esperanzas decepcionadas, incluso
nuestra misma alegría, con una sinceridad
y una pasión desusadas.
‘ ‘ Confusión es la palabra que hemos
inventado para designar el orden cuando
m&gt; lo comprendemos” , dice en Trópico
de Capricornio.
“ Sólo hay en el mundo una sola aven­
tura: la marcha hacia sí mismo, hacia
adentro, en donde el espacio, el tiempo
y los actos pierden toda importancia” .
Junto a esta angustia, la obscenidad de
Miller se transforma en otra cosa. ‘ ‘ ¿ Obs­
cenidad? — dice uno de sus admiradores— .
Sea Ud. honesto consigo mismo y hágase
el censo de sus recuerdos, de sus deseos,
de sus actos. . . Busque eir su memoria
la larga teoría de pensamientos obscenos
que han cruzado por e lla ” .
El rasgo dominante de Miller es una
pasión ardiente por la vida, una pasión
que engloba y acepta la desesperación y
la revuelta destructora, la inutilidad, el
absurdo mismo de la existencia, sin bus­
carle vanos justificativos pseudometafísicos. Miller dice siempre “ s í” a la vida
y acepta también la muerte, el supremo
absurdo; es que “ la muerte es también
una cosa maravillosa después que se ha
dejado de vivir” . Todo lo que odia Mil­
ler, por todo cuanto siente náuseas es la
muerte en vida. “ El androide que regula
el mundo de la actividad” , la muerte»
‘ ‘ que aisla a los hombres, que los torna
amargos, miedosos y solitarios, que les
imprime una energía estéril y los llena de
una voluntad que no sabe decir “ n o” .
La muerte, que inventa por impotencia
de vivir, las doctrinas filosóficas, mo­
rales y políticas. ‘ ‘ Ser, simplemente, es
maravilloso porque no tiene fin y porque
nc exige ninguna demostración. Ser es
una música, una profanación del silencio
para el mayor provecho del silencio; ser
es algo que se sitúa por encima del bien
y del m al” .
Ahí está, pues, precisamente, el men­
saje de Miller y la lección que ofrece
su vida tal y como la cuenta, en pleno
“ desorden” . Sus libros están, como la
vida misma ‘ ‘ llena de ruido y de furor .
Por lógica, el conjunto de la obra do
Miller resulta de un nihilismo capaz de
confundir a cualquiera y se explica la
reacción de muchos al arremeter contra
é1. En su desborde verbal, en su incohe­
rencia frecuente, amasa los recuerdos de
su vida aventurera, sus reflexiones sobre
la existencia, su anticonformismo ingénito,
con reminiscencias de Joyce, de Dadá, de
los su realistas y hasta un breve estudio
sobre Matisse, jalonado todo ello por in­
numerables aventuras sexuales, mezclado
con un lenguaje brutal De allí que en
diversas oportunidades Miller solo de la
impresión do ser un desesperado frenético
(tipo Celine) que se revuelen entre las
inmundicias de su desesperación, como un
poderoso fuera do ley que, no obstante,
conservará su lugar en el infierno de las
bibliotecas.
Poro a través de su frenesí se tiene
una impresión aparentemente real: parece
que nuestro mundo haya adquirido una
lucidez inquieta y estéril de viejo, ador­
meciéndose con remedios estúpidos, en un
intento de retardar la operación, quizás
fatal, que los médicos ensayaron p:imero
en Bikini.
Miller siente eso. Lo ha presentido desde
hace tiempo. Y a esta bancarrota de nues­
tro mundo Miller opone su carcajada pil­
ante do hombre que se niega a entrar
en el juego, quo se desolidariza, de una
vez por todas. . . Probablemente do un
hombre libre. Quizas sea la risotada —
equilibrada o demente, imposible decirlo—
del último de los hombres libres.

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�cabalgata

6

CLA UDEL

ULTIMAS IVOVEUADES

CONTRA

DE NUESTRA SECCION

André Gide

BELLAS ABTES

Pero esta rebeldía es un aspecto cris­
tiano. Todo eso m&gt; tiene nada de inaudito.
Es perfectamente claro. Lo inaudito es
que él lleva de un golpe a la perfección
su sistema verbal; instaura un canon nue­
vo de la prosa. Es lo que le distingue de
sus imitadores, que no tienen ni sintaxis
ni oído. Sus búsquedas están desprovistas
de todo valor.
— El subconsciente. •.
— El subconsciente, el subconsciente.
Primero deja de serlo si es conquistado.
Conquistado. . . Salgamos de esos zar­
zales.
— ¿ Si usted no aprecia el esfuerzo de
los herederos de Rimbaud quizás se in­
terese usted por otros jóvenes escritores?
Principalmente cual es vuestra actitud
ante aquellos que en un universo privado
de esperanzas reconstruyen sobre el hom­
bre sólo un sistema de valores morales?
— Los valores morales son los manda­
mientos de Dios y de la Iglesia. Fuera
do esto no hay nir ;ún valor moral ui
espiritual. Lo que vuestros escritores des­
cubren me pa teco irrisorio.
— Su tragedia y su lealtad a . . .
— Eso no me importa. Que se las arre­
glen como puedan.

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S a lg o ... Me empapo de aire Vov
saber dónde. . .
• 8m
Surgido de mi estupor más que de nr
memoria, un verso gira en mi espíritu1
un verso simple, solemne, resplandeciente’
un verso de Paul Claudel, obstinado co­
mo una explicación:
Habito de un viejo imperio el escombro
principal.

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„ 100 .—
M. BRENET": Diccionar de la música, histórico y técnico. Un
tomo ilustrado, encuadernado ................................................................ „ 80.—

— Pero eso es inexacto. Tiene tan-tas
p á g in a s... ¿Y “ Si le grain ne meurt” ?
¿Pero es que entiende el que no quiere
entender?
— Y o combato esta influencia con todas
las armas que tengo. Qué queréis, se es
“ s í” o “ n o ” .
— ¿ Y cuándo so es “ s í” y “ n o” ?
— No comprendo.

Mi aspecto asombrado le incita a la
dulzura.
— Soy como un pavo que no comprende
nada do un pato. Comprender no es mi
papel de viejo buen hombre. La incom­
prensión forma parte de mis atributos.
— Sin embargo, esta busca de una moral
que no vaya más allá del hombre es
también el objetivo de uno de vuestros
contemporáneos, de André Gide.
— ¡Oh! Me horroriza ése.
—
???
— No le reconozco ningún talento.
— ¿Qué decir?
— Su inquietud, o más bien, como usted
diría, su in qu ietud. ..
— ¿No cree usted que todo eso es men­
tira?
— |!
— Lo incomprensible para mí es su in­
fluencia. Desde el punto de vista artístico,
desde el punto de vista intelectual, Gide
no es nada. Su influencia es uno de los
misterios que me rodean.
— Usted ha dicho con motivo (de é l: “ El
mal no compone” . E l confiesa en su
“ D iario” que no comprende muy bien
el sentido de esta “ proforation ” .
— Pero según la teología, el mal no
existe. Es un elemento destructivo que es
sólo negación. El mal es sólo interesante
por medio del sufrimiento. Desde este
punto de vista es un indudable elemento
creador. Gido se abandona a las tentacio­
nes fáciles, a necesidades llamadas natu­
rales, en lugar de crear un medio viviente
para su alma. E l cristianismo es una es­
cuela de energía que nos enseña el he­
roísmo.
— Si Gide no se ha convertido. . .
— Es que no tenía guía. Gide da un
espantoso ejemplo de cobardía, de debi­
lidad.
* — El tendría horror que se le defienda...
Sin embargo, ¿ignora usted el valor de
sus adhesiones contradictorias, su probi­
dad?
Ríe. Una risa de calmoso desprecio.
— Bueno; os dejo la “ probidad-*’ para
contentaros.
Me considera con indulgencia.
— No creáis que hay mala voluntad por
mi parte. Pero usted me hace preguntas
inesperadas. No he tenido tiempo de re­
flexionar.
— Es posible.
— No quiero polemizar. He frecuentado
mucho a Gide cuando le creía profunda­
mente cristiano, y cuando yo ignoraba su
defecto abom inable.. .
Se vuelve púdicamente.
— Sí, hasta el momento en que he co­
nocido e s ta .. . falla. Hay una policía ne­
cesaria contra los envenenadores. Es un
envenenador; no lo digojpor decir. ¿Cuán­
tas cartas n'O he recibido de jóvenes des­
carriados? A la partida do su camino ha­
cia el mal, hay siempre Gide.
— ¿Terminan siempre en usted?
— Al cabo de cierto tiempo se dan cuen­
ta de que el mal no compone. Entonces
se dirigen a mí.
— Gido nos ha enseñado, a. todos, el
valor do la probidad hacia sí y de la
lucidez ea cuanto a las causas de nuestros
actos.
— ¿Usted creo que él dice verdadera­
mente las causas de sus actos? Gide está
fascinado por los espejos. Su “ D iario”
es sólo una serie de posturas ante él
mismo. Desdo luego, cuando uno se mira
se adopta siempre una postura. Su “ Dia­
r io ” , es desde este punto de vista un
monumento de insinceridad.
— Algunas páginas traducen esta in­
quietud. Recuerdo una frase, o aproxi­
madamente: “ Si he dejado duran-te al­
gún tiempo de escribir este “ D iario”
es porque el hecho de escribirlo le hacía
menos sincero” . Era ya una advertencia
literaria.
— Se limnia el polvo con una pluma
de colibrí. Del drama cardinal de su exis­
tencia, no habla ya.

R I M B A U D:
El ANGEL y el DEMONIO
( Viene de la 1* página)
virso. Había caminado hasta entonces guia­
do por una secreta luz encendida en su
alma, como un vidente; ahora iba a re­
correr por la vida de todos, por el mundo
que él palpaba para sí como una fruta
madura, casi a tientas, cansado, a ciegas,
ebrio, con- la fatiga de haber creado y
perdido una vida y la violenta ansiedad
angustiada de visiones y a la vez enloque­
cida de integrarse, de reintegrarse otra
vez a todo, a ser y desaparecer en todas
las cosas. Su poesía " E l Barco Ebrio’ ’
es aplaudida y negada; pero hasta los
grandes talentos conocen ya su ext aña
existencia. Verlaine le llama el Shakes­
peare niño. París le aburre; mientras es­
cribe, parte hacia Bretaña, Londres, Bru­
selas; quiere escapar de sí mismo. Por

i

— Bastante para que el lector sepa que
este drama es cardinal.
— En cuanto a su defecto más grave,
el m á s ... natural, apenas le roza.

Arthur Rimbaud
bares y por docks, en una bohemia de
ajenjo, Rimbaud tiene que ir más lejos
todavía; más lejos de sí mismo; no sabe
adonde. Verlaine desesperado le dispara
dos balazos hiriéndolo. Pero él renuncia
a la literatura; hace un auto de fe — como
Platón— qon sus últimos poemas hechos
con la substancia del genio. Tiene 18 años;
es descargador en Milán-, vendedor am­
bulante en Hamburgo, mendigo en Amberes; se ilustra mientras tanto en cien­
cias; estudia italiano, ruso, griego, ho­
landés. Para estudiar sin molestias lo
hace encerrado en un armario. Más tarde
encerrado elJ?
se engancha en- el ejército holandés; lle­
ga a Java; una vez allí deserta. Y des­
pués, el hombre de las suelas de viento
— como le llamó Verlaine— fné je fe de
canteras en Chipre; vivió entre merce­
narios árabes, malteses, sirios. Recorre los
puertos del Mar R o jo ; llega a Aden;
se instala en Harrar con una factoría en
donde cambia baratijas por marfil, oro,
perfume, incienso, pieles; tien-e el mal del
trópico; la fiebre de llegar más allá.
Y mientras trafica y explora envía sus
informes a la Sociedad Geográfica que
los echa al canasto. Lleva veinte años
do andar y luchar con sed de riquezas.
Algo como un impulso maldito lo arrastra.
Decide vender fusiles a Menelilt, el futuro
rey de Abisina. Cincuenta días de marcha
por desiertos encendidos, sorteando be­
duinos, tribus nómades y guerreras. Llega
por fin al campamento del monarca y lo
entusiasma con los juguetes mecánicos,
con las sedas, los brocados, las sombrillas.
Poro no so salvó. Explorador de imá­
genes y mundos volvió vencido él también.
“ Procuré inventar nuevas flores — dice— ,
nuevos astros, nuevas lenguas. Creí poseer
poderes sobrenaturales. . . Ahora debo en­
terrar mi imaginación y mi recuerdo.
Una bella gloria de artista y de narrador
me ha sido arrebatada, puedo decir tanto
tanto al irme como al regresar; me han
devuelto a la tierra. ¡A mí! A mí que me
soñé mago o ángel.”
La vida de Rimbaud es un problema
del ser y su tiempo, del tiempo lacerado,
del ser desgarrado, del drama de vivir,
de comprender. Fué su infinito anhelo
do expresar todas sus vivencias que le
llevó a su tragedia. La conciencia de la
limitación en el tiempo y en el espacio
producía en su ser un choque doloroso, por
gravitación del cual vivió siempre en ar­
dorosa vigilia. Esta tragedia interior hizo
dimanar do él precozmente tres llamas
que trabajaron el barro de su espíritu
modelándolo al igual que un vaso do
cerámica. Esas tres llamas inexorablemen­
te unidas fueron la pasión, la angustia y
la rebeldía. ¿Por qué dejó de escribir
Rimbaud? Él dejó de escribir por una
sencilla razón. Él, como Kierkegaard y

Pascal, al encontrarse de pronto ante el
abismo, se preguntó ¿para qué? Y esta
pregunta obsédante lo curariza para la
expresión, pero no para la vivencia. Como
rasca], Rimbaud sobrepasa el fin te-restre
y trasciende su ser absorto al plano de
lo intemporal, de lo externo. Trascendido
allí, formula la extrema y dramática pre­
gunta sin respuesta posible. La tragedia
de Rimbaud estaba constituida de dos
elementos esenciales, soledad y limitación.
El tiempo es la tardanza de lo que está
por venir, dice Martín Fierro. Rimbaud
no puede esperar la limitación ni la tar­
danza; tiene una dimensión sideral, es­
téticamente estructurada; el ser allí puedo
adquirir virtudes sorprendentes de comu­
nicabilidad, de perennidad. Pero como en
el retrato do Fantin-Latour: ¡Verlaine
mira su vaso y Rimbaud mira a lo lejos!
¡ Soledad y limitación 1 ¡ Dios nos libre
do sentir alguna vez la angustia de la
soledad y la limitación que experimentó
Rimbaud! Porque entonces uno es capaz
de ir a vender armas a Menelik, de em­
plearse de fogonero en un barco que va
a Punta Agujas; de sentir la embriaguez
de las olas atraídas por la luna y des­
esperarse porque nos sentimos de pronto
como un árbol prisionero en el atardecer.
Él vivió como nadie su tiempo y su ser.
“ Soy de la raza que cantaba en el su­
plicio — dice— . No comprendo las leyes;
no tengo sentido moral. S í; tengo los ojos
cerrados a vuestra luz.” Dentro de las
leves hallábase exento de sentido moral.
El sentido moral, como el sentido esté­
tico, como el sentido religioso sólo pueden
manifestarse con autenticidad y alcanzar
plenitud y fertilidad en un campo sin
limitaciones de la libertad. Él sintió la
libertad como una llama que fuera por
encima del mar, de los bosques, de las
montañas, por encima de los templos, que
se detuviera sobro la cabeza de los após­
toles, que anduviera, como los fuegos
fatuos sobre la soledad desolada de las
noches eternas. ¿Por qué dejó de escribir
Rimbaud? Mi vida está terminada — dice—
ya volveremos a ella. ¿Podrá volver? Lle­
va casi dos años de andar y de luchar
con sed de riquezas; algo como un im­
pulso maldito lo arrastra. Decide venderle
fusiles a Menelik. Su factoría de Harrar
ha prosperado. Pero un- tumor a la ro­
dilla lo mantiene atado, en angustia cons­
tante. Hizo trescientos kilómetros en anga­
rillas bajo soles y lluvias infernales; llegó
a Zeilah, partió para Aden, cruzó el mar
R ojo en una inmunda nave. En Marsella
sufrió un horrible mal a los huesos que
lo imposibilita en una cama de hospital.
Quiso partir al trópico. Pero murió pen­
sando en una mujer de bronce que lo
esperaba — según él— impasible frente a
la tienda de Harrar. Murió el 10 de no­
viembre de 1891. Tenía 37 años y apenas
18 de permanencia en la poesía. Pero en
ese poco tiempo ya está para siempre en
sus poemas de bron-ce y oro. He aquí que
un niño nos ha revelado lo inconsciente.
A él no le importó la razón, al contrario,
lo atrajeron la sombra y la penumbra que
flotan alrededor de la razón. ¿Y cómo es
posible que encontremos razón a su silen­
cio? El incoercible aburrimiento no es
más — según él—- que una respuesta al
racionalismo quo jamás pudo dar razón
de nada. ¿Por qué dejó de escribir Rim­
baud? Él en la poesía tenía un mensaje
y no un oficio. Cumplió con su deber y
pasó de largo. Eso fué todo.

C A B A L G A T A , cumpliendo

el pi’opósito, que inicia en este
número, de asomar el lector a
las actividades e inquietudes
que la llora presente crea a edi­
tores, escritores e intelectuales
de nuestro país, publicará en
números sucesivos breves entre­
vistas con
Sara M aguóme de J orge,
directora-gerente de Edi­
torial Lautaro.

Jorge L uis B orges, escri­
tor, poeta, publicista.
Juan Oscar P onferrada,
escritor, dramaturgo.

L eónidas B arletta, nove­
lista, hombre de teatro.
G ilberto K naak P euser,
gerente de la Casa Peuser.
A rturo Capdevila, escri­
tor, poeta, ensayista.
E nrique L arreta, escritor,
dramaturgo.
Joan Merli, director y ge‘
rente general de Editorial
Poseidon.

�cabalgata

7

OPINIONES DE

SOBRE LA ACTUALIDAD
EDITORIAL
• Sus planes de trabajo.
• Sus comentarios sobre ¡a crisis
&lt;f A responsabilidad que su sello editorial
tiene panada en el Continente, otorgan
singular importancia a las declaraciones
que, sobre el actual problema que afecta
a toda la industria, nos ha formulado el
señor Gonzalo Losada.
Mientras medita en su sobrio escritorio
de la calle Alsina acerca del plan a des­
arrollar en el próximo año, un evidente
optimismo surge de su sonrisa cordial y
significativa, al par que, con un gesto
amable, nos invita a tomar asiento en un
confortable sillón.
Ello indica que nuestra, intención de re­
portearlo ha tenido éxito y la pregunta
brota de inmediato.
— ¿Cómo ve la actual situación edito­
rial ?
— Difícil, por los varios elementos ad­
versos que conspiran contra la edición y
la distribución del libro.
—¿Puede señalarnos algunos?
—Estos factores son tan conocidos que
resulta inútil enumerarlos; pero, los voy

a detallar para que una vez más queden
fijados en letras’ de molde.
Tiene usted la palabra, señor Losada.
— Son ellos: la carestía del papel, telas
y demás materiales que dan vida física al
libro. . .
¿Existen también otros factores, no
es a s í? .. .
— Agreguémosle: la lentitud en los
trasportes maritimos, todavía no normali­
zados, a pesar del tiempo que hace que
terminó la guerra; la crisis económica en
casi todos los países americanos de nues­
tro idioma y en España, que son los mer­
cados naturales de nuestros libros. Por
último, la falta trágica de divisas — eon-

“ E1 pastor” , uno de los óleos más logrados del conjunto presentado
por Luis Seoane en La Hebraica.

— Gracias, señor Losada, por sus pa­
labras de aliento.
La repentina aparición de su secretaria,
quo deposita sobre la mesa de trabajo un
cúmulo de correspondencia, nos advierte
que hemos restado a don Gonzalo Losada
buena parte del tiempo de sus actividades
diarias, y, con sus palabras en nuestras
cuartillas, nos despedimos seguros de que
ellas reflejan gran parte de la verdad
sobre el actual momento editorial.
O. H.

ir.WSHIIÍMACION DE la novela policial
INDUSTRIA

novela policial, como pedía Tilomas
Narcejac, deja de ser una simple adi­
vinanza para convertí se en verdadera
“tocia. Sólo asi escapa el género a una
muerto cieria y a un modesto enlierro.
Hasta ahora, en tanto se presentaba
nomo una suerte de cuento mágico o bajo
b apariencia de un jeroglífico, la novela
Policial se asemejaba a un juego y. c"
consecuencia, contaba con una base de par“ &lt;ia- inatacable: el que acepta el juego
accpla ipso fació las reglas del juego y
Ilor ende el valor (la significación) ab­
solutamente convencional de los elementos
tjl,e componen el juego.
Eutonces el lector no se asombraba al
verse transpo lado bruscamente a un uni­
verso coherente en donde todo parece esr para favorecer el lento e implacable
isarrollo do un mecanismo siniestro, de
j* trampa en que el asesino, finalmente
como exige el juego— queda atrapado.
SR DICE
gu staban

‘ ‘ ME
las

G U ST A N '” ,

novelas

SIN O

‘ ‘ ME

p o l ic ia l e s ”

bo que parecía legítimo, lo que era
j ®dido con naturalidad, ofreció blanco
y ,as críticas, o al menos al examen,
a monotonía casi tranquilizadora que
a t0das las obras policiales algo asi
0 un aire de familia, provocó ya el
vansancio entre los lectores.
audc-Edmonde Magny declaraba, sin
L Un*® He “ humour” aunque si con mclicial la’ t*UC &lt; ^ustar He las novelas po03 es un verbo que se conjuga casi
cuam*1c'"fCn Pasa^ ° ” (y a veces en pius­

SE

C ONV I E RT E

L a situación de la novela policial es
peligrosa; eir esta encrucijada en que se
halla es posible preguntar si seguirá plan­
teando inevitablemente un problema con
una sequedad y una seguridad absoluta­
mente matemáticas o se decidirá — para
merecer con justicia el título de novela —
a valer no tanto por su iirt iga, por su
estructura específicamente policial, cuan­
to por la calidad de los elementos extra­
ños, superpuestos, tales como el humor,
la sátira social o la psicología. ¿Podrá
superar esta crisis del crecimiento? Y en
tal caso, ¿cuál será su destino?
EL GENERO LITERARIO DEL PORVENIR

Para Claude-Edmonde Magny, la cosa
está clara:
‘ ‘ Pienso que la novela policial será el
góne-o literario del futuro. Pero a con­
dición de experimentar profundas trans­
formaciones. Algunos libros de Graham
(¡recree (E l A gente secreto; Asesino a
sueldo, etc.) permiten entrever algunas
de estas transformaciones. Igualmente Dorolby Saycrs, con fíaudy Niglh y Pas­
man’ s Honcymoon, prueba lo que podría
ser la novela policial psicológica, y bien
escrita, en la que la int iga policial, aun­
que muy bien estudiada y resuelta, se
encuentra relegada a un segundo plarro
precisamente por la excelencia de los ele­
mentos no policíacos.
Por el momento hay que convenir en
que los logros de este tipo son escasos.
Tal perspectiva quizá provoque entre los
amantes del género “ clásico” vivo des­
contento. “ Dejarán de ser novelas poli­
ciales para transformarse en mera lite­

El porvenir de cada uno - su
felicidad - depende de que rea­
lice su vocación , es decir, que
trabaje en lo que m ejor convie­
ne a sus particularidades físicas
y espirituales.
D iagnosticar vocaciones - a ve­
ces insospechadas por el m ism o
in teresa d o- es h oy una ciencia
perfectam ente constituida, cuyos fundamentos, técnica y apli­
caciones sft exponen en el ‘ ‘ M a­
nual de Orientación Profesional” escrito pjor el profesor E m ilio
Mira y López, autoridad de prestigio mundial en la materia.

cretamente, dólares— en todas partes, sal­
vo muv contadas excepciones.
— ¿Está a consideración de los indus­
triales algún plan para paliar este duro
momento editorial?
— Sólo una estimación muy severa de la
situación y de la política editorial que las
circunstancias aconsejan seguir, la unión
inteligente y cordial de los editores y el
apoyo serio y generoso de las autoridades
nacionales, podrán salvarnos o aminorar
los graves perjuicios representados por la
conjunción de los factores adversos que he
detallado.
— ¿Qué está preparando para la próxi­
ma temporada editorial de su firma?
— Nuestro plan se mantiene invariable
en cuanto al carácter do los libros, su encuadramiento en colecciones, etc., si bien
atemperado a la realidad de las circuns­
tancias presentes.
— ¿Puedo adelantarnos algo de este
plan ?
— Entre los libros más destacados do
próxima aparición, creo que vale la pena
señalar: España en su historia (cristianos,
moros y judíos), por Américo Castro, las
obras completas del poeta chileno Pablo
Neruda, y, tres obras que iniciarán una
nueva colección de nuestro catálogo. Esta
se titula ‘ ‘ Psicología, psicoanálisis y psiquiatría” , donde verán la luz: Psicología
de la mujer, de ITelen Deutsch; Psico­
análisis criminal, do Luis Jiménez de
Asúa, y Pascando la salud mental, de
Andrew Shirra Gibb.
— ¿Qué novedades tendrá en materia
literaria propiamente dicha?
— Jean-Paul Sortre, con sus novelas
completas.
— Tendremos existencialismo, y nos ima­
ginamos el interés que despertarán' estas
piezas que ya revolucionaran París. ¿ Pue­
de darnos algunos de estos títulos?
— Comenzaremos con La Náusea, prose­
guiremos con El muro, y, luego, la serie
de Los caminós de la libertad.
— Son éstas, tres obras esperadas por
nuestro público, señor Losada.
— En efecto, amigo. Y a h o r a deseo
aprovechar esta oportunidad que me brin­
da la Dirección de CABALG ATA para
expresar mi satisfacción por su reapari­
ción, porque considero que nuestra ciudad
necesita una revista donde puedan expre­
sar su pensamiento nuestros hombres de
letras y con la que pueden contar los
editores y libreros para dar a conocer con
dignidad y gracia, a todo el mundo, los
libros que van publicando, así como sus
planes próximos do trabajo. Sea bienveni­
da, pues, CABALGATA, y que logre la
vida próspera y larga que su noble misión
merece.

UNA

¿QUE
CAMINO
ELEGIR?

Director de una de las firmas edi­
toriales más acreditadas en plaza,
don Gonzalo Losada tiene conquista­
do ya, en el terreno de la cultura,
un puesto de primera fila.
Dosde so labor responsable de pula
de la Editorial Losada, su visién
de hombre de nepocios ha elevado
a un rnnpo de primer plano la ci­
tada firma, acción que se ve com­
pletada por la honda misión espiri­
tual que sus libros desarrollan en
América, abarcando obras ya eonsapradas como La divina proporción, de
Loca Paeeioli, y volúmenes de neto
corto polémico, como Guía política de
nuestro tiempo, de Bernard Shaw.

D. GONZALO LOSADA

EN

ARTE

ratura” dirán desdeñosamente entre gri­
tos do “ ¡Traición! ¡T ra ició n !” Y no
seria sorprendente que algunos afirmaran
que los precursores de la novela policial
evolucionada son Crimen y Castigo e in­
cluso la obra de Kafka, de la que sólo
recordarán la atmósfera angustiante
Una exageración tan manifiesta tendrá
por lo menos la ventaja de demostrar cla­
ramente lo difícil que le resultará a ía
novela policial mantenerse, con seguridad
y elasticidad, sobre esta línea de equili­
brio sin la cual perdería sus caracterís­
ticas esenciales. Porque tan grave es ver
vacilar ni género como advertir que se
lanza a todo galope po- campos ajep.os
sembrados de obstáculos, y que para es­
capar a un peligro caiga en otro. Que
renuncie a ser un*a obra esquemática, una
fastidiosa enumeración de los hechos, un
conjunto arbitrario de coincidencias, de
deducciones que se despliegan en abanico
para que la imagen, voluntariamente difu­
sa al comienzo se nos aparezca clara
y distinta al final, es cosa que desean
ardientemente gran número de lectores.
Pe o que esto no sea para llegar a un
tipo novelístico en el que la intriga poli­
cíaca quede escamoteada.
EN

POS

DE

LA

AVENTURA

Por lo demás, los autores no parecen
decididos a detenerse. En su conjunto es­
tán decididos a emprender la aventura,
impulsados por numerosas razones
Por otra pa te, algunos de entre ellos
ya han demostrado que poseen un estilo,
una vena cómica o satírica y una penetra­
ción psicológica que, desdichadamente, no

SÍNTESIS

DEL C O N T E N I D O : I.¿Q u é es la orientación profesional? — II. ¿Quién ha de realizarla? — III. Los problemas de la orientación
profesional. — IV. Factores que precisa, integrar en toda orientación pro­
fesional. — V. Datos imprescindibles para formular el consejo orientador.
— VI. Fases o ciclos del proceso orientador. — VII. Nociones de análisis
profesioprráfico. — VIII. Características psicofisiotécnicas de los trabajos
profesionales principales entre los analizados por el Instituto Psicotécnico
de Cataluña. — IX. Normas para la clasificación de los trabajos profesio­
nales según sus requerimientos y aptitudes. — X. Nociones generales de
estadística aplicada a la orientación profesional. — XI. Teoría general de
los "tests” psicoorientadores. — XII. Datos deducibles del examen médico
(fisiopatológico). — XIII. Exploración de las aptitudes sensitivas. — XIV.
Exploración de la afectividad y del temperamento. — XV. Exploración de
las aptitudes conativas y psicomotrices (carácter). — XVI. Exploración
del rendimiento intelectual. — XVII. Exploración de aptitudes especiales.
— XVIII. La profesión a elegir. — XIX. El problema de la "personali­
dad". — XX. Interpretación de los datos obtenidos. — XXI. La orien»tación profesional todavía es más necesaria en el mundo de postguerra.
Encuadernado en cuerina. con sobrecubierta en colores, 478 pá­
ginas con ilustraciones y gráficos .................................... S 25.—

k

★

★

Esta obra es el tom o I de la

BIBLIOTECA DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
dirigida por el Dr. A lfredo D. Calcagno
Esta Biblioteca - dice su director - aspira a ser una biblio­
teca americana de orientación pedagógica. Al crearla,
pretendem os servir al m ism o tiem po los intereses de la
educación nacional y cum plir una obra de irradiación
continental, trabajando, en cuando nos sea dado, por el
m ejoram iento de la educación de los pueblos del Nuevo
M undo.
TÍTULOS
I. — MANUAL DE ORIENTACIÓN PROFESIONAL, por Emilio Mira
y López ........................ .............................................................. $ 25.—
II. — PSICOLOGÍA DE LA ADOLESCENCIA, por Fowler D. Brooks,
(en prensa).
III. — LOS TESTS. Manual de pruebas psicométricas de inteligencia y
aptitudes, por Belal.Szé}cely[................................................. S 28.—
EN PREPARACIÓN
ENSEÑANZA DE LA FÍSICA,
por Enrique Loedel Palumbo.
ENSEÑANZA DE LA QUIMICA.
por Eutimio D’Ovidio.

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ENSEÑANZA DE LAS MATEMA­
TICAS. por Fausto I. Toranzos.
EL INSTINTO Y LA EDUCA­
CIÓN, por Raúl Osegueda P.

en las buenas librerías

EDITORIAL KAPELUSZ
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:"

A. ■ :

■'

&amp; CÍA.
v

MORENO 372 - BUENOS AIRES

TIEMPO

E l se Sor cisn e , por Enrique Wernicke.
Lautaro, Pucnos Aires. 168 págs. a la
rústica. $ 5 m/arg.
Un escritor capaz de lograr un relato
como ‘ ‘ Canto de A m or” es ya un cuen­
tista cabal. Saludo a ese esc itor, con el
júbilo de quien cree en el porvenir de uir
genero aúu tan joven y disponible como
el cuento, y lo ve esgrimido aquí por una
mano repetidamente certera.
Algunos relatos de palpable intención
alegórica (aunque sea una alegoría gra­
tuita y liviana), y otros reducidos sin res­
cate a una condición entre el poema en
prosa y el apólogo, no alcanzan a entur­
biar la claridad de este libro cuyos logros
más altos sou acaso — con el ya nombra­
do—- ‘ ‘ Maravillas ” , “ Los jardines de
Diácido” , ‘ ‘ En la tormenta” , ‘ ‘ Gracias a
Dios” y ‘ ‘ La Mudanza” . En una fina
presentación niarginal, Pablo Neruda alude
a la juventud de Enrique Wernicke; y
eso, que en tantos libros reclama una
siempre pueden emplear. Esos, en con­
secuencia, se sienten encerrados en una
jaula herrumbrosa, ya que el rigor mate­
mático de la intriga les parece una des­
preciable compensación. Un caso flagrante
es el do Vera Caspary que, después de ha­
ber obtenido un éxito resonante con Laura,
renuncia resueltamente al género policial
er. el que, afirma, ‘ ‘ no se siente a sus
anchas” . Quizá le sucede eso porque el
genero, tal como está codificado por la
tradición, no ofrece efectivamente a los
escritores más que un campo de acción
demasiado estrecho y estéril.
Lo cual permite a Berkeley agregar,
concretando así los puntos de vista de
críticos y ensayistas: ‘ ‘ La novela policial
está en camino de convertirse en novela
do interés policial o criminal, reteniendo
al lector menos por medio de lazos ma­
temáticos quo por los psicológicos” . El
elemento enigma, precisa el autor de El
caso de los bombones envenenados, obra
maestra de la intriga policial, persistirá
sin duda, pero se convertirá en un enig­
ma del carácter más que un enigma del
tiempo, lugar, motivo y oportunidad.

y

sus

LIBROS

indulgencia cordial, se propone aquí co­
mo un desafío lleno de belleza, que con­
cluyo casi en cada página con una vic­
to lia. — J. C.
N uevo asedio a D on J u a n , por Gui­
llermo Díaz-Plaja. Editorial Sudamerica­
na, Puenos Aires. 144 págs. a la rústica.
$ 3 m/arg.
Elogiar en D íaz-Plaja la extensión y
seguridad do sus criterios literarios, o la
sagacidad intuitiva que le permite ubi­
car y ubicarse con tan certero pulso,
sería reiterar conceptos que su larga la­
bor erudita y docente ha merecido a la
más alta crítica. Mas parece importante
poner el acento eir un aspecto poco ma­
nifiesto en la obra de los investigadores
españoles: la liviandad y la gracia sos­
teniendo la hondura y la verdad. Esto,
que se advertía ya en un libro tan ‘ ‘ es­
colar” como La poesía lírica española,
brota a plena luz en Nuevo asedio a
Don Juan, donde los cáteos de Tirso,
Moliere, Zorrilla y Unamuno son ope­
rados sin aparente esfuerzo, luego que
Díaz-Plaja nos dispensa cordialmente de
muchas notas y fichas (que se adivinan
con admiración) para dejarnos, en una
lápida prosa, la sustancia misma de su
búsqueda
Así, el Don Juan español — ‘ ‘ cruce
donde se encuentran el mundo espectral
céltico y el mundo sensual del Medite­
rráneo” — , y el de Moliere — cartesiano
y racionalista— , se completan con el
Tenorio romántico y el angustiado Don
Juan unamunesco: cuatro avatares de una
arcaica encarnación mítica, que DíazPlaja rastrea en el último capítulo de su
breve libro para fija r sus varios oríge­
nes y sus persistentes andanzas. — J. C.
E l alba del a l h e l í , por Kafael Alberti. Losada S. A., Puenos Aires. 128
págs. a la rústica. $ 2.50 m/arg.
Ahora que Alberti está en el filo pen­
sativo desde donde ve llegarle la madurez
como un gran viento sosegado, la edición
argentina do esta Alba de sus veinte

(Continúa en la pág. 10)

�9

8
=
todo ello no es más que un punto de

nada que valga en arte se improvisa.
Y la noción de que siempre hay algo

partida y la misma energía de su ex­

más que alcanzar basta para que su

posición no justifica que el artista se
desentienda de otros cuidados. Puestos

obra adquiera una relación de unidad.

a juzgar la pintura de Berni por los

Quiero suponer que la selección que

ejemplos expuestos ahora y en la ocasión

se impone de hecho para optar al Pre­

recordada, sus cualidades de color y de

mio Palanza es también una manera de

forma, sus soluciones de los problemas

recapitulación, donde las condiciones en

de perspectiva y

que se lleva el trabajo de creación se

necesarios a su “ doctrina” — , poco nos

presentan por sí solos al análisis del

queda por donde podamos sacar algún

artista. En todo caso es lo que vamos

mérito que responda a la promesa que

buscando instintivamente en el cotejo
de los conjuntos expuestos en este pri­

tuvimos siempre presente en él. No po­

mer concurso. Los diez artistas admiti­

demos, por cierto, reprocharle a Berni
continuidad, unidad de propósito, pero

dos este año son, por orden alfabético,

sí nos preguntamos si la dirección que

Héctor Basaldúa, Antonio Berni, Italo

lleva no expone demasiado las cualida­

Botti, Juan Carlos Castagnino, Eugenio

des que haríamos mal en regatearle.

Daneri, Raquel Forner, Emilio Petto-

Basaldúa y Berni son los dos artistas

ruti, Domingo Pronsato, Raúl Soldi y

H éctor B asaldúa. La guitarra. Oleo.

en quienes — por muy diferentes razo­

Miguel C. Yictorica.

nes—

grado. Yictorica pudo, por cierto, pre­

una labor que los define en su perso­

sentar un conjunto ampliamente más

su talento.

Si no ;¡on de

homogéneo, pero el pintor que hay en

méritos equivalentes podríamos conside­

él está de tal modo presente en cual­

rarlos, para el caso, de la misma im­

quiera de las obras enviadas que la ob­

portancia. Y siendo así lo que queda

jeción tendríamos que dirigirla al ca­

por ver es el paso que llevan. A unos

rácter

el cotejo los favorece; a otros, por lo

realizada

tenido el arte de Basaldúa nos autoriza
obras expuestas, su pintura ha perdido,

bía la duda. La duda ha existido y la
decisión del jurado debemos aceptarla

una pintura fiada a las finezas del color.

como una definición del carácter par­

Sería impropio decir que Basaldúa es

ticular de este premio. Y es difícil ob­

que otros de los con­

jetar la decisión del jurado. Los méri­

R aquel F orner. Aunecer. Oleo.

conducida y la progresión ascendente de

complicada. Y a su exposición individual

su obra de los últimos años. Así como

realizada últimamente en esas mismas

se ha definido su personalidad, han ad­

salas de Witcomb, invitaba a revisar el

quirido categoría y firmeza las formas

juicio que teníamos hecho de su talento.

U

ha venido a poner en juego la atención

lo. artistas plásticos. No sabemos si a
estimularlos en su espíritu de vigilancia;

espíritu; pero ahora estamos a la vista

ejemplar que nos han ofrecido en el arte

de un artista imbuido de una doctrina

aunque quizá sea en este aspecto donde el

contemporáneo algunas personalidades en

nuevo premio instituido tenga alguna con­

aparente estado de cambio, no debe confun­

Frente a la obra de Daneri, de Soldi,
de Castagnino,

dirnos. Aquí también la diversidad de las

formales de su obra o de las valoracio­
nes plásticas de toda obra. E l tema,

cinco obras elegidas de su producción de los

condición del espíritu, de una visión o un

Llegados a este punto sólo podemos con­

así como la doctrina que informa su

últimos diez años. Se supone, de este modo,

concepto, de un estilo o de formas de inter­

criterio

que cada cual ofrece la medida de su labor

pretación particulares. E l sentimiento de la

más en él. La calidad de los valores for­

de

la

representación

obra podemos advertirlo en la continuidad

males, la categoría de la obra como crea­

mente largo como para seguirla en su con­

de ciertos caracteres dominantes. O en la

ción plástica parece importarle menos.

línea de tensión que crea el esfuerzo por al­

Sería torpe negarle talento, ni tampoco

creación del artista puede variar de aspec­

canzar el dominio de las diferentes realiza­

conocimientos. Sería igualmente un error

to, de intención y de manera, sin que por esto

ciones. Las dificultades de los problemas de

desestimar el sentido de su orientación.

pierda unidad de sentido, sin que sus dife­

la representación son de por sí suficientes

Lo que no podemos admitir e.^que sea de
por sí suficiente. En buenos términos

siderar' categorías de valor de la per­

tenderse como tal el enrolamiento en una

estado siempre “ en lo m ism o” . Reduzcamos

sonalidad y

determinada forma

la objeción a su intención inmediata.

el talento de cada uno.

Condición que no puede de ningún mo­

pueden

durante un período de tiempo suficiente­

de Pronsato, la obra

de Raquel Forner no les cede en firmez -

de la atención de los valores puramente

expresiones concurre a la definición de una

para crear en el artista el sentido de qué

han ido ajustando con rigor de método.

respecto del arte que lo va apartando

curso, los artistas admitidos deben presentar

rentes formas dejen de encontrarse en algún

bujo, el régimen de su composición se

tada hacia un realismo de forma y de

secuencia. De acuerdo a las bases del con­

tinuidad, sino en su voluntad orgánica. La

de su expresión. Su coloración, su di­

Hace tiempo que su pintura está orien­

de la verdad de las realizaciones se pierda
el sentimiento de “ la obra” . E l espectáculo

tos de Raquel Forner son evidentes. Son
evidentes la disciplina con que ha sido

En cuanto a Berni su situación es más

punto. En otras palabras, sin que a través

podido

conjunto de los trabajos presentados ca­

sión ; condiciones sobre todo exigibles en

nuevo concurso, el Premio Palanza,

habría

Abierto el juicio sobre .1a bondad del

en los últimos tiempos, fuerza y preci­

n

difícilmente

disputársele el premio de este concurso.

a decir que, por el testimonio de las

currentes; su poca vigilancia lo ha co­
locado por debajo de otros competidores.

la

por la categoría de méritos de la obra

cia. La estima en que siempre hemos

“ menos pintor”

antes que a los poderes y

disciplina del artista. Puestos a juzgar

menos espero que les sirva de adverten­

Oleo.

se advierte una disminución de

Todos ellos tienen el antecedente de
nalidad y

Juan Carlos Castágnino. Naturaleza muerta.

de atmósfera — tan

E milio P ettoruti Postre. Oleo

COTEJO

No

puede

decirse

generalizada
que

de

arte.

es “ cubista”

pe­

lo olvidarse, aunque tampoco sirva para

se a la manera de presentar sus imágenes;

Lo obsesión de la tendencia o el aspecto fo r ­

hacer la elección más sencilla.

la suya no es una pintura “ abstracta” , aun­

mal de su pintura no deja ver su variedad,

No he nombrado a Pettoruti. No es

que construya con superficies planas. En

la riqueza, precisamente, de ideas pictóricas

olvido. No participo de ningún modo

ciertos aspectos es realista y figurativo; en

que hay en ella. Si Pettoruti tiene un método

de la ya deliberada actitud de los jura­

otros — pero a que seguir; en todos es, sim­

de creación es porque, además de necesario,

dos respecto de este artista. Lo pongo

plemente, un pintor frente a su problema.

responde a una intuición personal o a una

al final para considerar su situación

Esto último nadie se atreve a negárselo.

necesidad imperativa de su temperamento.

con más

es el

Nadie le niega la honradez, ni la calidad de

Tiene algo m ás: rigor de método. D e ahí la

más homogéneo y el de mayor unidad

su pintura; pero si se le niega el derecho de

solidez de su pintura, y la importancia que

de méritos. A simple vista es el más

pintar como pinta. Se le niega en razón de

sólido. Pero, también a simple vista,

esa supuesta tendencia que al principio no

surge la objeción previa. Esa objeción

le aceptaron por la carga subversiva que

previa es la “ tendencia” de Pettoruti.

traía; que ahora no le aceptan porque está. . .

cuidado. Su conjunto

asume en nuestro medio su obra de sentido
tan particular.
Si el Premio Palanza ha de traer algo
más que un nuevo motivo de agrias compe­

No puede ser otra la razón que se opone

fuera de tiempo. Si se consigue persuadirles

para regatearle sistemáticamente acceso

que no hay tal tendencia, entonces sucede

a este artista a las recompensas tan ge­

que Pettoruti “ siempre está en lo mismo” .

nerosamente

nuestros

Prescindamos del valor general del argumen­

arrollar el sentido de disciplina y de método

certámenes. Lo curioso es que en Pet­

to y pasemos por alto el hecho notorio de

en los artistas nacionales, tan inclinados a

toruti no hay tendencia, si ha de en­

que no hubo artista que valga que no haya

la improvisación.

distribuidas

en

tencias en la ya frondosa lista de recompen­
sas para los artistas, será porque puede des­

ARTIiTI

IHEZ PH TORES
Argentinos Concurren
al Pr emi P a l a n z a
P1
E ugenio D aneri. Naturaleza muerta. Oleo.

M iguel C. Y ictorica. La modelo mirándose.

Oleo.

JULI O l O U n i N I

Lo

que quiere decirse es que Pettoruti se repite.

D omingo P ronsato. Valle encantado.

Oleo.

I talo B otti. Mañana luminosa.

Oleo.

�cabalgata

10

SOBRE LA ACTUALIDAD EDITORIAL

Habla para 66CABALGATA99

Don Antonio López Llausás, hijo
nieto de editores y libreros espafioles, nctúa como Director-Gerente dé
la Editorial Sudamericana desde el
instante en que pisara tierra argen­
tina hace cerca de diez años.
Siente hondo amor por su profesión
al par que conoce do raiz todos
los problemas que giran en torno al
libro. Su labor al frente do la Sud­
americana, cuyo prestigio y prospe­
ridad económica soti unánimemente
reconocidas, constituye un elocuente
testimonio de ello.

A. LOPEZ I I A I S A S
• Sobreproducción de libros.
• Acerca de la ayuda oficial.
• Movilización de créditos bloqueados.

LOS VIAJES DE
MARCO POLO

APARTANDO despaciosamente de delan­
te suyo el cúmulo de papeles que llenan
su mesa de trabajo en la gerencia de la
Sudamericana, don Antonio López Llausás
— este español ganado definitivamente pa­
ra la Argentina, que nos interroga con sus
ojillos penetrantes ante el anuncio de un
reportaje para CABALGATA— contesta
pausada pero seguramente a nuestras pre­
guntas sobre la actualidad editorial.
— ¿Cómo ve usted el panorama editorial
argentino?

La interesantísima descripción de los viajes de
Marco Polo por el Asia ejerció una innegable
atracción durante la Edad Media y fue fuente
de inspiración para los grandes viajeros como
Cristóbal Colón. Es un libro clásico de la lite­
ratura narrativa ...................................
8 8

LA MUJER QUE HUYÓ
DE SODOMA
por José Geraldo Vicira
Vividos cuadros de la vida en las fazendas, de
lugares Henos de belleza natural; de una gran
ciudad, como Río, con sus miserias enormes, fren­
te a los fulgores de poderosas fortunas S 12 .

— No tengo por qué negarle que el pró­
ximo lo veo algo sombrío. El público lec­
tor, no sólo aquí, sino en toda América,
está retraído.

EL HOMBRE QUE CONOCIÓ
A COOLIDGE P °r Sinclair Lewis
Con chispeantes monólogos se caracteriza a un
hombre charlatán que dice haber conocido al
Presidente Coolidge, aunque verdaderamente
coa quien conversó fue con el Secretario de
a*«él ........................................................
3 8' - '

EL VOLO A ^
AL YUKON por Daniel Henderson
desde

He aquí un libro que, en forma amena, nos
describe los titánicos esfuerzos realizados por
los rusos en el siglo XIX hasta ocupar, momen­
táneamente, Alaska y California . . . .
S 1 0 .—

LA VIDA DEL POETA
H. CH. ANDER5EN
por Frederick Book
Andersen, e! poeta que más bellamente supo
idealizar la vida y recrear con emocionado re­
gocijo las mentes infantiles, llevó en su misma
existencia el fundamento filosófico de los encan­
$ 10—
tados castillos de sus cuentos ..........

ANDANZA PCRTEÑA
DE SIMÓN BADAJO

— ¿A qué causas obedece este retrai­
miento?
— Una es la sobreproducción de libros,
que alcanza límites insospechados. No sólo
se lia producido en demasía en nuestro
país, sino en México y en España. Ade­
más, se produce en menor escala que en
los países mencionados, pero en mayor
cantidad que antes en Chile, Colombia,
Perú, Cuba y Uruguay. Hay que tener en
cuenta que hace 10 años era sólo España
la que editaba en lengua castellana; en
la actualidad, son 10 ó 12 países, y,
algunos, como los dos citados en primer
término, con alto nivel de producción.
— ¿Mientras tanto, la reacción del pú­
blico?. . .

— Las causas citadas son las que afectan
en sus cimientos, por así ¿decirlo, la crisis
que pasa la industria editora. Pero hay
otras, llamémoslas circunstanciales — aun
cuando puedan ser circunstancialmente
muy largas y difíciles de resolver— como
la falta de divisas en los países tributarios
de la Argentina en materia editorial. El
dilema actual es el siguiente: continuar
remilnendo libros a Chile, Perú, Bolivia,
etc., con pocas esperanzas de cobrarlos, o,
ir abandonando mercados que, con relati­
vamente poco esfuerzo, pudieron conquis­
tarse.

— Esta avalancha de libros el público no
la resiste y los editores no la resistirán
tampoco. Prueba de ello son los avisos de
ventas con descuentos del 40 y 50 % ,
hecho que va en desprestigio del editor y
el libro.

— Pero sabemos que el Gobierno de la
Nación contribuirá con su ayuda econó­
mica a paliar estos males .
— Dándose cuenta, amigo cronista, de
la gran importancia que tiene para la
Argentina el mantenimiento de la industria

E L

( Viene de la pág. 7)

por Martín A . Noel

años nos lo afirma en esa juventud in­
cesante contra la cual nada pueden las
cronologías. Voz más alta, más de fiesta
y marimorena, la de estos versos no es
menos la voz que poco más tarde nos
daría el puro milagro de Sobre los án­
geles y la sorda profecía de Sermones
y moradas.
Así este canto que retorna hoy desde
el fondo de un alto destino lírico, es
alegre y liviano amanecer a una vida to­
davía no marcada por el fuego que la
esperaba para acerarla. Voz de poeta a
pleno sol, a plena luna, que se gasta en
moneda y su verso para regalarlos
en cosas que son del viento:
un peine, una redecilla
y un moño de terciopelo.
J. C.

Un buceo del Buenos Aires contemporáneo y
de su hombre realizado con pasión americana.
Uaa crítica valiente, leal y profunda de aspectos
político sociales de nuestro ambiente
$ 8.—

D on Q uijote be la M an c h a . Reduc­
ción de Ramón Gómez de la Serna. Edi­
torial Mermes, México. 440 págs. a la
rústica. $ 8 m/arg.
Todo epítome, florilegio o “ versión
abreviada” suele poner en guardia al
lector adulto — si no lo es sólo en años— ,
y reducirse a las conveniencias del niño
y el estudiante. Nada de eso ocurre aquí
por la simple razón de que Gómez de la
Serna es quien ha tomado entre tijeras
la labor de acercarnos el Quijote a la
intimidad de una lectura continua y re­
petida.
“ Sin variar una palabra de su texto” ,
advierte el subtítulo a lo que agrega
Ramón: “ No me atrevería a decir que
sobrase nada en la gloriosa obra, pero
había la necesidad perentoria de con­
vertirla en una asequible novela de cua­
trocientas páginas. Probablemente su in; mortal autor me perdonará porque ahora
\ van a poder leer su Quijote muchos que
: no tenían ni tiempo ni paciencia para trasj poner sus mil y pico de páginas.” Y
3 luego: ‘ ‘ He suprimido las disgresiones,
é las repeticiones, el insistente ofrecimiento
; de nuevas aventuras, los discursos exce: sivos a Sancho, las erudiciones sobre los
libros do caballerías, las remanserías de
. lo eglógico y lo pastoril, los solos de
5 flauta, las novelitas añadidas a una no, vela ya de por sí larga. . . ”
Esto, que el reductor nos dice con li­
viana modestia, significa una difícil y
1 comprometida tarea, que sólo podia tener
&lt; buen éxito en manos tan españolas, tan
i convincentes con la realidad cervantina.
&lt; Para sosiego de escrupulosos, la obra
incluye un sistema de referencias que
permiten precisar los fragmentos desglo­
sados y los puentes que facilitan la
■ fluencia del relato. Una edición de sen­
cilla dignidad gráfica — tan adecuada a
la dignidad sin empaque de quien cabal. ga por sus páginas— se agrega a este
esfuerzo de acercamiento cordial para
ayudar al lector y seguir la ruta del
manchego siempre en marcha. — J. C.

▲ M ORRORTU
LUCA 2 2 3 7, BUENOS AIRES

— ¿Qué otros factores inciden en el
lecto r?...
— Otra de las causas que, a mi en­
tender, influyen en el retraimiento de los
compradores, es el alto precio de venta a
quo tiene que entregarse el libro al pú­
blico.
— Aceptemos que el libro es una nece­
sidad hondamente espiritual........
— En efecto; pero se torna indispensa­
ble cuando se trata de libros de enseñanza,
técnicos y científicos. Es un lujo, en
cierto modo, en las obras de ficción, lite­
rarias, biográficas, etc., cuando debe abo­
narse $ 8 ó 10 para gustar una novela de
400 páginas... El aficionado a la lectura
medita la adquisición varias veces a me­
nos que sea un potentado. ..
— Pero, no sólo estos factores afectan la
problema editorial.

T. A. 61-2041, 8446 y 8534

L a sin fo n ía pastoral , por André
Gide. Editorial Poseidón, Buenos Aires.
156 págs. a la rústica. $ 5 m/arg.
Agotado — si puede hablarse de ago­
tamiento en este Anteo siempre pronto a
tocar tierra y a alzarse con nueva sa­
via— el período “ artista” de su obra
{Paludos, Les Nourritures Terrestres,

T I E M P O

Y

SUS

L I B R O S
L ’Immoraliste, Les Caves dn Yatican),
quiso Gide prolongar la severa, ascética
resonancia de La Porte Etroite con esta
Sinfonía Pastoral que estudia almas pa­
recidas, frustraciones análogas, y acaso
salvaciones por el camino del renuncia­
miento. Alissa había escogido “ la puer­
ta estrecha” , en un gesto en apariencia
tan poco gidiano que el eco de su deci­
sión resuena todavía en la crítica fran­
cesa; diez años después, Gertrudis esco­
gerá la muerte para abolir en la nada
una sorda confusión de sentimientos y
realidades. El relato de su pasión, na­
rrado con una admirable prosa de severo
rigor formal, contiene esa virtud que
Gide, en todos los momentos y los te­
rrenos de su obra (aludo también a Les
Faux Monnayeurs) ha fundido con la
belleza hasta hacer de ambas una sola
razón de vida: la valentía moral.
Arturo Serrano Plaja, de cuya inteli­
gencia y sensibilidad dan sobrada mues­
tra sus obras personales, salva la muy
difícil prueba de esta versión con una
pulcritud incesante, con un ejemplar res­
peto. — J. C.
N ueve

dramas

de

E ugene

O ’ N eill .

Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
2 vols. en rústica de 548 y 624 págs.
$ 20 m/arg.
Hacia 1934, el teatro de Eugene
O ’Neill conoció un período de marcada
popularidad en nuestro medio más por
la versión impresa de algunos de sus dra­
mas que por las aisladas y meritorias re­
presentaciones que se intentaron. El cine
(ese mal intérprete de O ’ Neill) vino
luego a afirmar su nombre, pero faltaba
en todo momento una edición castellana
donde el no fácil lenguaje del dramatur­
go hallara correspondencia formal y aní­
mica. León Mirlas llena ese hiato con
su experiencia de traductor teatral, y un
magnífico esfuerzo de los editores con­
densa, en 2 volúmenes y más de 1000
páginas, las obras capitales del “ Esquilo
moderno ’
Están ahí — mostrando cronológica­
mente la evolución del genio de O ’Neill—
El Emperador Jones, El mono velludo,
Todos los hijos de Dios tienen alas, El
deseo bajo los olmos, Los millones de
Marco Polo, El gran dios Brown, Lá­
zaro reía, Extraño Interludio y Electro.
Su lectura sucesiva es la experiencia trá­
gica más alta que pueda alcanzar un
hombre después de conocer a los griegos
y los isabelinos. Como probando en el
hombre contemporáneo la permanencia de
las fuerzas madres que lo gobiernan y lo
desgobiernan pese a la razón y a la téc­
nica, el teatro de Eugene O ’ Neill ter­
mina por exceder la estética y la litera­
tura, irrumpe — con Lázaro reía y Elec­
tro— en la dimensión más abismal y
mas auténtica del hombre que se angus­

editorial, el Gobierno ha sido extremada­
mente — excesivamente, me atrevería a de­
cir— generoso con su contribución para
salvar' la industria. Los $ 25.000.000 para
auxiliar a nuestra industria, votados por
las Cámaras, es un gesto de agradecer y
no creo ofrezca parangón en otros países.
— ¿Salvará esto a la industria editorial?
— Con sinceridad, debo decirle que no lo
creo. Es más; según1 cómo se administre
esta ayuda, contribuirá no a su mante­
nimiento, sino a la de algunos editores
que no son precisamente los que mayor
honor hacen a nuestra profesión. ¡Ojalá
me equivoque, pero así lo pienso y así ten­
go que decirlo!
— ¿Ve Ud. la factibilidad de otras me­
didas que alivien el panorama?
— La supresión de impuestos a las ven­
tas, el descuento y la movilización de los
créditos bloqueados en los países faltos de
divisas, y, otras en ese sentido. No hablo
de tomar medida alguna para rebajar el
costo de la producción, porque no se me
escapa que sería difícil; pero temo mucho
que la buena disposición hacia la industria
editorial que ha demostrado el Gobierno
y las Cámaras no consiga aliviar la angus­
tia de los editores, que no son únicamente
la falta de capital para hacer libros si
luego tienen que ofrecerlos a mitad de
precio. El futuro está ya condicionado por
factores que no pueden preveerse.
Un cordial apretón de manos tiene el
don de reintegrar al señor López Llausás a
sus tareas en la gerencia de la Editorial
Sudamericana, do donde transitoriamente
lo habíamos alejado para poder brindar
a los lectores de CABALGATA esta visión
panorámica del momento editorial a través
de su medular análisis.
O. H.

tia por no ser más y no ser menos que
un hombre. Bien lo ha visto Joseph Wood
Krutch cuando dice en la introducción
a las tragedias: “ Nuevamente tenemos
aquí un gran drama que no pretende
“ decir algo” , en el sentido en que se
lo proponían usualmente los dramas de
Ibsen o de Shaw o Galsworthy, sino que
pretende decir, por el contrario, lo mis­
mo que “ Edipo” y “ Hamlet” y “ Aíacbeth” : esto es, que los seres humanos
son criaturas grandes y ,terribles apresa­
das por poderosas pasiones, y que su es­
pectáculo no sólo es apasionante, simo
también, y a un tiempo, horrible y purificador. ” — J. C.
E l incongruente , por Ramón Gómez
de la Serna. Losada, S. A., Buenos Ai ­
res. 196 págs. a la rústica. $ 3 m/arg.
Bien hace Ramón, al prologar este
libro, en recordarnos que es un “ primer
grito de evasión en la literatura novelesca
al uso” . Escrito en 1922, El Incongruen­
te conserva con redonda juventud sus va­
lores de creación pura, de demiurgia ju­
bilosa y sin fronteras, en un clima que el
surrealismo llenaría pronto de consignas y
duros espejos. Esta indefinible novela,
donde capítulos cerrados y abiertos a la
vez como caracoles participan del cuento,
el poema y la biografía, admite ser leída
en cualquier punto de su t anscurso, no
termina jamás y está empezando a cada
página, saltando de un mundo a otro
mundo, de un tiempo a otro tiempo, mien­
tras el liviano y algo triste Gustavo—
dolido de incongruencia mágica— con­
funde cuadros con espejos (y sospecha es­
pejos en los cuadros), descubre playas
llenas de pisapapeles y mujeres enamo­
radas, y vive una vida de involuntario
poeta para quien la poesia irrumpe en
las cosas antes que en los versos. — J. C.
S istem a de las artes (Arquitectura,
Escultura, Pintura y Música), por G. E.
Hegel. Espasa-Culpe Argentina, S. A.
176 págs. a la rústica. $ 2,25 m/arg.

Este volumen continúa el titulado “ De
lo bello y sus formas” y resume, en
selección de su traductor Manuel Granell, el pensamiento fundamental de llegel
aplicado a las artes, las formas particu­
lares en que lo bello se realiza a través
del hombre.
Como los elementos que componen un
vitral, cada instancia de lo bello se orde­
na en torno del eje donde reposa el gi­
gantesco sistema del idealismo hegeliauo.
Si el sistema en sí es hoy un ilustre tú­
mulo (junto con tantos otros), y la filo­
sofía se adscribo a la problematicidad
localizada antes que a las síntesis tota­
les, el genio del pensador de Stuttgart
brilla sostenido en sus intuiciones (¡tan­
tas veces henchidas de pura poesía!)
acerca de la escultura, la música, la pin­
tura, afirmando esa concepción estética
de hondo sentido humano con el anda­
miaje dialéctico de una de las mayores
inteligencias de la humanidad. — JP oesía . Ezequiel Martínez Estrada.
Argos, Buenos Aires. 334 págs. a i»
rústica. $ 9 m/arg.
Hoy, en que nadie que no sea nadie

�gj

cabalgata
duda do que Ezequiel Martínez Estrada
eg uno de los más altos, continuos y ne­
cesarios maestros do la esencia argentina,
la aparición en un volumen del total de
su obra poética será saludada jubilosa­
mente por una esparcida, inquieta y es­
peranzada legión de discípulos y camaradas.
En los últimos años, la presencia su­
cesiva de obras como La cabeza de Goliat
t Sarmiento, perfiló para muchos (sobre
todo los más jóvenes) la figura de un
Martínez Estrada solamente sociólogo,
inclinado sobre la raiz del hecho iraeional, denunciando sin sosiego la casi con­
tinua falsedad de sus “ verdades” y la
falsificación que las fué instaurando y
sosteniendo. D ifícil era rescatar de bi­
bliotecas y librerías los volúmenes de una
continua y paralela marcha poética —
Oro y Piedra, Nefelibal, Motivos del
Cielo, Argentina, Títeres de Pies Ligeros,
Humoresca— en la que este hombre de
tan lúcida inteligencia se deja cantar
como si reposara; pero sin reposo, que
tal podria ser la divisa de -su obra entera.
Al acoger este espléndido volumen que
lo resuma como artista, se comprende
hasta qué punto su obra poética reivin­
dica entro nosotros la insultada noción
de clasicismo, y la propone al modo de
Goethe como ese lado de la columna domlc
sobre un mismo mármol se posa el júbilo
del sol.. — J. C.

El Autor de “La Carreta”
Habla para CABALGATA
Coterráneo del gran Horacio Quiroga,
es decir, oriundo del Salto uruguayo
que ha dado más de un artista a
dicho país, Knrique Amorim se cuen­
ta entro los escritores sudamericanos
que más ha sido traducido a diferen­
tes idiomas. Desde La Carreta, ver­
tida al alemán hasta El caballo y
su sombra, traducido al italiano, sus
novelas tienen lectores en todas las
latitudes.

• Imágenes, novelas, poemas, cuen­
tos policiales, a través de las
actividades de Enrique Amorim.

Cervantes , por Jean Babelon. I-osada

S. A., Buenos Aires. 256 págs. a la rús­
tica. $ 7 m/arg.
No en vano se sostiene que un alto
mérito del investigador francés consiste
en comunicar su erudición sin que la
misma se adelante, invada el tema y agote
al lector que no es precisamente un es­
pecialista. Mérito en el que está conte­
nido un duro sacrificio: la renuncia a la
satisfacción de volcar el fárrago de da­
tos, pormenores, y su ardua sintesis con
una prosa donde cada elemento se torne
vivo, so inserte en la corriente del tema,
y en alguna medida se desplace do lo
científico a lo poético. Es precisamente
lo que alcanza Jean Babelon en su Cer­
rantes, donde el discurso — de liviana
hondura— busca yuxtaponer el tiempo,
el hombre y la obra en una situación
total, un ambiente histórico y literario
que Cervantes conoció y padeció, pero
que raras veces se anima para nosotros
con tan inmediata verdad.
La juventud, la guerra, el cautiverio,
las prisiones — donde la de Sevilla está
evocada en una página maestra— , las
obras incontables, la m u erte... Y fijanones tan lúcidas como ésta: “ Pocos
escritores han experimentado como Cer­
vantes el agudo sentimiento del camino,
I de esa escapada hacia un porvenir múl­
tiple. .. al gran azar de los vientos del
cielo y las nubes que se acumulan.”
Libro para hombres, este Cervantes es
también el libro que un maestro o un pa­
dre, deseosos de crear una conciencia
cervantina, habrán de poner en las manos
aún dubitativas del adolescente y el es­
tudiante. — J. C.
El Crim en y el Castigo , por Fedor
Dostoievsky. Traducción de Pedro Pedra­
da y Páez. Editoriales Reunidas, S. A.,
Hítenos Aires. 304 páginas. $ 6.50 m/arg.
Según confesión de los editores, la “ Co­
lección de obras selectas” a las que acaba
de agregarse el famosísimo título de Dos­
toievsky se propone publicar, especial­
mente para la Argentina, los textos que
más éxito de público alcanzaron en la
‘ Biblioteca de Grandes Novelas” que la
Editorial Bamón Sopeña diera a luz, en
Barcelona, en el primer cuarto del pre­
sente siglo.
Eué característica de esos libros espa­
ñoles, como se recordará, la fidelidad de
bs traducciones y el cuidado de la impre­
sión, dentro de las exigencias propias de
b edición económica. Ahora se hace una
selección en la copiosa lista de novelas
entonces publicadas y se reproducen con
mayor esmero tipográfico y más categoría
en la presentación. Obras todas ellas que,
Por encima de las escuelas literarias y
de las modas fugaces, se mantienen in­
conmovibles en la estimación popular, su
selección ha sido hecha prácticamente por
el mismo público lector, que es quien dió
en fallo, a lo largo de varios lustros y
en un área geográfica que abarca todos
08 Pa*ses de habla castellana, sobre la
Pre ercnc-ia que le merecieron determína­
les producciones.
Por mUy divulgada que haya sido la
ove a de Dostoievsky — incluso mediante
entro y la pantalla— siempre conserva
• 'oleres apasionante, para nuevos y viej 8 eetores, que admiran no sólo la honra psicológica del estudio del alma de
^ olrrikov en su doble faz de precrit_ ,. 7 He
expiación por el dolor, sino
Den t°n
v*£or épico con que el autor
T ,' ra y descubre, a través de miserias
j &lt;? í’ra.e*as&gt; (le místicos fervores y calladi. ter.o!sm°s,
temple singular, mezcla
j j ” O'eismo y de ardorosa fe, del alma
ael Pueblo ruso. — R. E.
Filosofía del Siglo X X , por Guido
Bo va^10r°' Producción de Adriana T.
v á n ;„lt°rial Abrü’ Buenos Aires. 296
$ 9 m/arg.
¿o
Guido de Ruggiero dió a luz
'Ó mi]0,° ia contemPoránea. que le coloespíriti' ^r°.nt0 entve los filósofos y los
Menino *1 Cntícos mí*s ilustres de nuestro
B¡¡oío« 4 1 ra alcanzó varias ediciones,
el Drpef"1*•^
X X , publicada por
y qu„ , 10S0 Profesor italiano en 1933
Ulioma U-•1ra **a 8' 1*0 Tert¡da a nuestro
aqUei , J len“ a sor la continuación de
Pnlcs p„»r° C° n c* cuadro de las prineirientes filosóficas aparecidas en

algún ilustre hombre de letras o
artista de relieve se allega a nuestras
tierras, fácil tarea resulta descubrirlo en
su traginar diario por nuestra metrópolis
por cuanto es inevitable que Amorim se
convierta en grato introductor del mismo
erc nuestro ambiente cultural. Haciendo un
alto en sus múltiples tareas de novelista,
poeta, ensayista, crítico plástico, hombre
de negocios, y amable “ causeur” , cúpole a
Enrique Amorim la grata tarea de acer­
carnos a Federico Garcia I.orca, Nicolás
Guillen, Cándido Portinari, Pablo Neruda&gt;
Sherwood Anderson, etc., hasta rasgar lo
más recóndito de sus respectivas intimi­
dades. De ahí el secreto de su simpatía,
de su contagiosa simpatía, que no halla
reparos en brindar a CABALGATA la
primicia de toda su actividad: la actual
y la futura, pues Amorim es hombre abier­
to a todos los mares, de insospechada pro­
ducción y firme éxito editorial.
— ¿Qué nos anticipa de sus trabajos li­
terarios?. . .
— Tengo listo un libro de cuentos, cuyo
título le anticipo: Después del Temporal.
El primer cuento se titula: “ Después del
temporal, la explicación” . Le siguen una
serie de grotescos; se trata de historias
brevísimas, que tienen por escenario un
pueblo fuera del m apa: Colinas. Pienso
dar un libro de cuentos inéditos.
— ¿Insistiendo sobre el tema?
— Efectivamente; entiendo que si el
gran público lo da un tanto la espalda a
este género literario tan maravilloso, se
debe exclusivamente a que los libros de
cuentos son — por lo general— recopila­
ciones, vieja cosecha. . .
— Lo que correspondería, entonces, es
interesar al lector, Am orim .. .
— Por eso es que nos preocupa, eonjuirtamente con A dolfo Bioy Casares, Jorge
Luis Borges, Mujiea Láinez, Eandi, y
otros cuentistas, la idea de fundar el
“ Club de los cuentistas” y alentamos la
esperanza de lanzar a la circulación una
avalancha de cuentos.
ruando

el mundo desde los comienzos de la pri­
mera guerra mundial. Si el citado en
primer término tenía una estructura más
sistemática y un acentuado tono polémi­
co, el que ahora comentamos consta de
un conjunto de ensayos, en cierto modo
independientes entre si y de carácter am­
pliamente expositivo. El autor explica así
esa diferencia: “ Uno corresponde — es­
cribe— a la primera fase del resurgi­
miento idealista y expresa no sólo el fer­
vor y la exuberancia, sino también no
pocas de las ingenuidades propias de ta­
les períodos de despertar. El otro, nacido
en una época de revisión crítica del
idealismo, tiene el tono mesurado y a
un tiempo vigilante y atento a las voces
del mundo, que es el más adecuado para
tal trabajo.”
En exposiciones de gran claridad es­
peculativa Guido de Buggiero describe
los sistemas de los principales filósofos
de los mencionados veinte años, hace una
lúcida crítica de los mismos y analiza
sus puntos de contacto y de divergencia
con las teorías anteriores del pensamien­
to. Desde el realismo inglés de Alexander
y Whitehead al historicismo y pseudohistoricismo alemán, desde la crítica del
darwinismo a la filosofía del existencialismo, encontraron en estas páginas un
panorama luminoso, metódico y honesto,
do la evolución filosófica en la riquísima
y a menudo contradictoria variedad pro­
pia de nuestro tiempo. — R. E.
R icardo W agner y su obra , por P.
Walter Jacob. Traducción de Gabriela
Moner. Ediciones Peuser, Buenos Aires.
636 págs. y un anexo de 400 ejemplos
musicales. $ 15 m/arg.
El “ caso” Wagner, para usar de la
conocida expresión nietzscheana, ha mo­
tivado una de las bibliografías más ex­
tensas del mundo en todos los idiomas
de cultura; forma verdaderas montañas
da papel escrito y de pentagramas mu­
sicales. El coloso de Bayreuth, ensalzado
y combatido, dentro y fuera de su país,
con igual encarnizamiento, pero muy mal
comprendido en general, sólo conoció en
vida — como sucede casi siempre a los
genios innovadores— una mínima parte
de la gloria que le reservaba la posteri­

— Yernos que Ud. deposita enorme fe en
nuestros cuentistas. . .
— Estoy seguro que en el idioma español
no existe nada superior al cuento ríoplatense. La España actual — que tan poco da
a la literatura— no tiene un solo cuen­
tista do categoría. En cambio, en América
Latina es el género que se cultiva con más
seguridad.
— Falta el éxito editorial, tal vez— _
.— El “ Club do los cuentistas” va a
intentarlo. Veremos si nos ayudan las du­
ras circunstancias actuales.
— ¿Y su labor como novelista?
— Preparo con lentitud una novela cuyo
marco es la pampa del salitre, esa región
áspera, ruda, tan llena de dolor y espe­
ranza que atravesé el año pasado.
— ¿Qué desarrollará en ella?
— Sigue el curso natural de una obra de
tal naturaleza. Espero no defraudar a
aquellos que me vieron en1 la pampa con
el ojo atento, el oído purísimo y la curio­
sidad ardiente, en meses de inolvidable
recuerdo. Nunca viví tan intensamente
como al lado de esos seres que me acom­
pañan en la realización de mi trabajo.
— Recordamos que Horacio Quiroga afir­
maba cierta vez que........
— A propósito del gran Horacio Quiro­
ga, deseamos que no se pierda la urna que
para sus cenizas tallara Estephan Erzia.
Erzia se va a Europa. La urna, su urna,
reposa en un humilde panteón en mi pue­
blo — el Salto oriental— , donde lucho para
que esa joya del arte de Erzia vaya a un
“ Museo Horacio Quiroga” , donde se le
venero como merece. Quiroga no mereció
el apoyo oficial y no es justo que ahora se
especule con sus cenizas. Quiroga es nues­
tro, es del pueblo y al pueblo tiene que
volver, él y cuanto atañe a su gloria.
-—Nos había hablado de otros proyec­
tos . . .
Sí. Preparo un film casi mudo — 3 ó 4
escenas habladas, nada más— sobre la
base de mi novela El caballo y su sombra.
Es la lucha entre uno y otro medio de
explotar la tierra. Un film cuyo único
antecedente es “ Extasis” . Creo que este
film supera a cuanto se lia hecho para
revolucionar el cine.
— ¿Nos habló de un cine mudo?. . .
— . . .se ha olvidado la imagen para dar
lugar a la palabra. Y . . . yo creo que ese
olvido está matando al cine auténtico. Una
imagen expresa más que un discurso, aun­
que esté en boca del más grande a c to r .. .
Imágenes, poemas, novelas, cuentos poli­
ciales; lio aquí, en apretada síntesis, la
actividad diaria de Enrique Amorim, con­
secuente amigo de viajeros, y, a la vez, in­
fatigable viajero hacia “ Las nubes” , la
pampa del salitre, Paris o Zurieh, en pos
de una nueva amistad, un congreso litera­
rio o una conferencia sobre don Pedro
Figari.
O. H.

11

T s

de

U

U

M

T

iT

O

T S

n

-I W O

CERVANTES

Una gran biografía
• JEAN BABELON:
C e r v a n t e s .............. $ 7.—
Ni caprichosamente novelesca, ni seca­
mente documental, esta nueva biografía
de Cervantes se recomienda por su serie­
dad histórica, por el acierto con que el
autor traza un cuadro completo de la
vida y la obra del Príncipe de los In­
genios. Además, hace claros para el lec­
tor en general los puntos de vista que
ha impuesto en los últimos años la crí­
tica cervantina especializada. Con ilus­
traciones.

OTROS

LI BROS

I MP O R T A N T E S

• GEORGE V E R N A D SK Y : Historia de Rusia ................................... $ 12.—
Desde los orígenes del pueblo ruso en la época de los escitas hasta la segunda
guerra mundial. Tal es el vastísimo contenido de esta gran historia nutrida de datos
precisos y escrita con absoluta objetividad.

• SOREN K IE R K E G A A R D : Temor y te m b lo r ................................... $

4.—

“ Nuestra época organiza una verdadera liquidación en el orden de las ideas” escribe, al
comenzar el prólogo, el famoso filósofo danés, verdadero precursor del existencialismo.

• PABLO NERU D A: Tercera residencia ...........................................

$

5.—

El esperado tercer volumen de Residencia en la tierra. Contiene íntegramente España
en el corazón y poemas inéditos.

• ESTEBAN SA LA ZA R CH A PELA: Perico en Londres ..............

$

7.—

La vida pintoresca y nostálgica de los españoles exilados en la capital inglesa,
tras la guerra española, con agudas reflexiones sobre los choques y afinidades de
psicologías, se refleja magistralmente en esta novela de firme interés argumental
y escrita con amenidad e ingenio.

• M AXIM TLIAN BECK: Psicología (Esencia y realidad del alma) $ 10.—
Procedente de las más nuevas corrientes filosóficas, el autor ha sabido trasladar
sus preocupaciones al campo psicológico, trazando así el más actual tratado
de la materia.

• RODOLFO MONDOLFO: Tres filósofos del Renacimiento (Bru­
no, Galileo, Campanella) ............................................................................. 3

5.—

La visión do los tres mayores filósofos del Renacimiento, renovada por el mejor
conocedor actual de la materia.

• RAMON GOMEZ DE L A SERNA: El incongruente. Bca. Con­
temporánea N&lt;? 195 ....................................................................................... 3

3.—

Una de las novelas más curiosas, extrañas y personales del inventor de las greguerías.

• R A F A E L A LB E R TI: El alba del alhelí. Bca. Contemporánea
N? 196 .............................................................................................................. 3

2.50

Perteneciente a la primera época de Alberti, es éste uno de sus libros más puros
y fragantes. Agotado hace años se reimprime ahora por vez primera en la Bi­
blioteca Contemporánea.

• FRANCISCO ROMERO: Filósofos y problemas. Bca. Contem­
poránea N p 197 ............................................................................................. 3

3.—

Una nueva colección de ensayos críticos y estudios cuya diversidad de temas
— Varona, Sombart, Lessing, Dilthey, etc.— muestra la unidad esencial del pen­
samiento filosófico del autor.

Editorial L O S A D A S. A. - Siire!
Montevideo

Lima

Santiago de Chile

I m p r e n t a

LOPEZ

dad. El siglo X X ha sido el de la ver­
dadera difusión de la obra wagneriana
fuera do las fronteras de Alemania y
el de la valoración comprensiva de la
misma.
El libro de P. Walter Jacob no es uno
más que se añade a la inmensa mole
bibliográfica de Wagner. Viene a cum­
plir — quizás con más amplitud, con cri­
terio más equilibrado y con mejor mé­
todo que ninguno de los textos conoci­
dos— , la misión de guiar al lector, y en
especial al oyente de las obras dramá­
tico-musicales de Wagner, a través de
todos los elementos expresivos de que se
valió este verdadero mago del teatro
moderno (poesía, música, mímica, deco­
rado, indumento, luces, armonías y contras­
tes supremos) para la realización de sus
concepciones. El autor logra eficazmente su
objetivo de hacernos penetrar así hasta
la raíz de aquellas creaciones que colo­
can a Wagner — cerrado ya el ciclo des­
concertante de la polémica y dicha la
última palabra— en la cúspide de la
época romántica, como su encarnación
máxima que lanza solitariamente, deste­
llos inmortales.
Cerca de quinientas páginas del libro
están dedicadas al análisis minucioso—
dramático-musical— de las obras teatrales
de W agner: labor didáctica y de síntesis,
realmente insuperable. Presenta la edi­
ción, con atinadas palabras, el Mtro.
Fritz Busch. — R. E.
A urelien , por Louis Aragón. Traduc­
ción de Arturo Serrano P'laja. 2 tomos,
312/312 págs. Editorial Lautaro, Buenos
Aires. $ 12 los 2 tomos m/arg.
Louis Aragón es uno de los grandes
escritores “ de guerra” que ha producido
la Francia de la Resistencia y de los
maquis. Puso su numen de poeta y su
pluma de cronista al servicio de la pa­
tria y de la libertad. Y su verbo, siempre
inflamado y noble, consiguió convencer
y conmover a sus compatriotas. Aurelien
es su primera novela de postguerra que
se da a conocer vertida a nuestro idioma.
La traducción de Serrano Plaja revela
con magnificencia el ubérrimo colorido
del original. — R. E.

C

El

arte

y

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B U E N O S A IR E S

A

�■

i

1cabalgata

12

LADY
NOVELA

MACBETH
D E N I C O L A S LES COV

(Viene de la 1* página)
Borissiteh, no habían tenido hijos. Zinoviy Borissiteh no los tuvo tampoco de su
primera mujer con la que había vivido
una veintena de años antes do enviudar
y casarse con Katherina Lvovna. El ha­
bía pensado y esperado que Dios 1- daría
de su segundo matrimonio por lo menos
un heredero de su nombre y de su capital,
pero una vez más no tuvo suerte con
Kat herí ira Lvovna.
Esta esterilidad afligía mucho a Zinoviv Borissiteh así como al viejo Bo is
Timofeyevitch y a Katlierina Lvovna. El
aburrimiento era desmesurado en esta casa
de comerciantes de alta empalizada y pe­
n es feroces vagando por el patio, y su­
mía a la joven en una amargura que
llegaba a veces hasta el embrutecimiento;
sólo Dios sabe en qué medida hubiera sido
dichosa de alumbrar un hijo. Sin contar
que los reproches la abrumaban. “ ¡Para
qué te has casado! ¿Por qué has trabado
el destino de urr hombre, mujer estéril ? ’ ’
Como si ella hubiera efectivamente come­
tido un crimen tanto a los ojos de su
esposo como a los de su suegro y también
de toda la raza mercantil.
Pese a la holgura de la casa, la exis­
tencia de Katherina Lvovna era cada vez
más fastidiosa. Hacía pocas visitas y, en­
cima, cuando salía no era sino para acom­
pañar al marido en sus visitas de negocios,
lo auo no tenía irada de distraído. El
círculo era severo: se la observaba al
sentarse, al andar, al levantarse. Mas
ocurría que el carácter de Katlierina
Lvovna era ardiente y, habiendo conocido
de joven la miseria, estaba habituada a
la sencillez y la libertad: correr hacia
el río con los cubos, bañarse en camisa
en el desembarcadero o arrojar a la cabe­
za de un transeúnte cortezas de semilla
de girasol. Aquí todo era distinto. El
suegro y el marido se levantaban tem­
prano, bebían su té a las seis de la ma­
ñana y se iban a sus quehaceres, y a ella
no le quedaba sino vagar de habitación
en habitación. Todo estaba limpio, si­
lencioso, vacío. Las lamparillas parpadea­
ban ante los iconos y en ningún1 lugar
de la casa se escuchaba ni sonido viviente
ni voz humana.
Caminaba un poco a través de las ha­
bitaciones desiertas, comenzaba a bostezar
a fuerza do aburrimiento y trepaba, por
une escalera pina, hasta su dormitorio,
instalado en un pequeño entresuelo en
forma de torrecilla. También allí — se
sentaba a observar a los obreros que se
afanaban en torno a los cobertizos sus­
pendiendo el cáñamo o almacenando el
trigo—• volvía a bostezar de nuevo. Ella
no pedía otra cosa; dormiría durante
una o dos horas y, al despertar, sentiría
nuevamente el mismo tedio, el tedio ruso,
el tedio de la casa de comerciante de la
cual se escapa con alegría, según dicen,
ahorcándose. Katherina Lvovna no gus­
taba de la lectura y por lo demás no ha­
bía en la casa otro libro que el salterio
de Kiev.
Era una existencia aburrida la que lle­
vaba Katherina Lvovna desde hacía cinco
años en la rica vivienda de su suegro,
con un marido sin ternura; pero, según
la costumbre, ella no prestaba la menor
atención a su aburrimiento.

II
En la sexta primavera del casamiento
de Katherina Lvovna se produjo una bre­
cha en el dique del molino de los Ismailov
Como de propósito, pues no faltaba tra­
bajo en el molino, pero la brecha era gran­
de y resultaba imposible taparla suma­
riamente. Zinoviy Borossicht reunió en el
molino a todos los hombres del distrito
y se quedó allí permanentemente. Sólo el
viejo dirigía los asuntos en la población,
mientras Katherina Lvovna languidecía
sólita jornadas enteras. Al principio, con
la ausencia del marido, se aburría más
aún, pero al fin se adaptó y descubrió
incluso que era mejor así: gozaba de ma­
yor libertad. Jamás estuvo su corazón ex­
cesivamente inclinado hacia su esposo y,
él ausente, era de cualquier forma un hom­
bre menos a mandar sobre ella.
Un día, Katherina Lvovna estaba sen­
tada frente a la ventana de su habitación
del entresuelo bostezando a las cornejas,
sin pensar en nada de particular, cuando,
finalmente, sintió vergüenza de sus bos­
tezos. Ahora bien, hacía un tiempo es­
pléndido, un dulce día claro y alegre y
a través de la empalizada del jardín, pin
tada de verde, veía volar ágilmente de
rama en rama a los pájaros.
“ ¿A qué tanto bostezar?’ ’ so dijo Katheriira Lvovna. “ Si al menos me levan­
tase y diera una vuelta por el patio o el
ja rd ín . . . ”
Katherina Lvovna se puso sobre los
hombros una vieja pelliza y salió.
Afuera todo era luminoso y se respi­
raba alegremente. Sobre la galería que
rodeaba los cobertizos restallaban risas
jubilosas.
— ¿De qué os reís así? — preguntó K a­
therina Lvovna al empleado de su suegro.
— Acabamos de colgar, señora, a una
cerda viviente — le replicó un viejo em­
pleado.
— ¿Qué c e r d a ? ..........................................
— La cerda Axinia, que ha traído al
mundo un hijo, Vassiliy y omitió el in­
vitarnos al bautizo — respondió con ale­

4

DEL DISTRITO DE MZENSK
D I B U J O S D E J. B A T L L E - P L A N A S

gre desenfado un mocetón joven, de rostro
insolente y hermoso, encuadrado por rizos
negros como la brea y de una barba in­
cipiente.
Do un barril do harina, suspendido de
la balanza colgante, emergió la gruesa
cara de la cocinera Axinia, la de las me­
jillas siempre encarnadas.
— ¡Satanás del diablo! — juraba la co­
cinera tratando de alcanzar la palanca de
hierro y salir de la barrica que se balan­
ceaba en el aire.
— Pesa alrededor do ochenta kilos antes
de comer, pero si se tragase su comedero
lleno de heno, no habría medida en la
balanza para pesarla — agregó el hermoso

Katherina Lvovna, elevando sus codos de­
licados.
Serguey abrazó a la joven patrona y
estrechó sus pechos rollizos contra su ca­
misa roja. Katherina Lvovna apenas tuvo
tiempo de encogerse de hombros y ya Ser­
guey la levantaba del suelo; la tuvo un
momento en el aire, la volvió a estrechar
contra sí y la depositó dulcemente sobre
un montón de trigo.
Katherina Lvovna no tuvo ni siquiera
tiempo de hacer uso de su tan cacareada
fuerza. Encarnada como una amapola, se
volvió a poner la pelliza que se había des­
lizado de los hombros y salió lentamente
del cobertizo.

mozo y, volcando el barril, dejó caer a
la cocinera sobre los sacos amontonados
en el rincón.
Jurando de buen humor, la mujer se
puso a arreglar su tocado deshecho.
— ¿ Y cuánto peso yo? — exclamó bro­
meando Katherina Lvovna que empuñó
los cordajes y se izó sobre el platillo.
— Cuarenta y ocho kilos -—replicó el mo­
zalbete lindo de antes, llamado Serguey —
¡E s asombroso!
— ¿Qué te sorprende tanto?
— E l quo peséis solo cuarentiocho kilos,
Katherina Lvovna. Pienso que se os debe­
ría llevar todo el día en brazos, sin fa ti­
garse, sólo por propio placer.
— ¿Acaso no soy un ser humano? No
vayas a creerte, también te fatigarías
— contestó, enrojeciendo un poco, Kaherina
Lvovna que no estaba ya acostumbrada a
semejantes discursos y que experimentaba
un brusco deseo de charlar y emborrachar­
se de palabras amables y alegres.
— ¡N o, por Dios! Y o os llevaría cómoda­
mente hasta la Arabia Feliz — dijo Ser­
guey en respuesta a su observación.
— Razonas mal, compañero — dijo uno
de los hombres que estaba derramando el
grano. — ¿De dónde viene nuestro peso?
¿Tú crees que es nuestro cuerpo el que
pesa? Nuestro cuerpo, mi amigo, no in­
fluye nada en la balanza. ¡Es nuestra
fuerza, y solamente ella, la que pesa y no
el cuerpo!
,— Cuando yo era jovencita, es terrible lo
fuerte que era — dijo Katherina Lvovna
sin poder contenerse nuevamente.— In­
cluso eran pocos los hombres que fueran
capaces de vencerme en la lucha.
— Demo su mano, a ver si es cierto. —
Katherina Lvovna so turbó, pero extendió
el brazo.
— ¡A y, suéltame, que me lastimas! —
gritó Katherina Lvovna cuando Serguey le
apretó la mano, y con su mano libre le
dió un empellón en el pecho.
El mocetón soltó la mano de la patrona
y retrocedió dos pasos a consecuencia del
empujón do ella.
— ¡Vaya una mujer! — so asombró el
hombre del granero.
— No, permítame probar a brazo parti­
do — insistió Serguey sacudiendo los rizos
de su cabellera.
— Está bien, anda — replicó satisfecha

¡Qué granuja ese maldito Serejka! —
contaba la cocinera Axinia caminando de­
trás de Katherina Lvovna.— Lo tiene to­
do, el muy pillo: estatura, rostro, hermo­
sura. Es capaz de seducir a cualquier mu­
jer y de empujarla al pecado. ¡Y además
e3 inconstante, el muy canalla!
— ¿ Y tú, A x in ia ... qué t a l ? ... — co­
menzó la joven patrona.— ¿Tu niño si­
gue bien?
— ¡Y cómo, madreeita! ¿Qué puede ocurrirle? Allá donde no son necesarios estáir
bien.
— ¿ Y de quién lo has tenido?
— De un locuelo, señora, de un locuelo.
¡Una vive entre las gentes y qué sabe
una!
— ¿Hace mucho que ese buen mozo tra­
baja aquí?
— ¿Quién, Serguey?
— Sí.
— Va a hacer un mes. Trabajaba antes
en casa de los Kontchonov, pero el pa­
trón lo echó— . Axinia bajó la voz y con­
cluyó: — se dice que sedujo a la propia
p a tron a ... ¡Es muy audaz; tres veces
anatema para su alma!

III
Un dulce crepúsculo lechoso se extendía
sobre el pueblo. Zinoviy Borissiteh toda­
vía no había regresado del molino. El
suegro, Boris Timofeyevitch tampoco es­
taba en la casa: se hallaba en casa de
un viejo amigo para festejar su aniver­
sario y había recomendado quo no lo es­
perasen a cenar. Sin nada que hacer, K a­
therina Lvovna cenó temprano, abrió la
ventana de su torrecilla y, apoyada en la
barandilla, se entretenía comiendo semillas
do girasol. El personal acababa de cenar
en la cocina y se dispersaba por el patio
para ir a dormir: unos en las cocheras,
otros en los cobertizos, los restantes en el
henil. Serguey salió el último. Paseó por
el patio, soltó a los perros, se puso a silbar
y, al pasar bajo la ventana de Katheriña
Lvovna, la miró, saludándola profunda­
mente.
— Buenos noches — le dijo en voz baja
Katherina Lvovna desde lo alto de la to­
rrecilla. El patio estaba silencioso como
un desierto.
— ¡Señora! — dijo alguien dos minutos

después junto a la puerta del dormitorio
do Katherina Lvovna.
-—¿Quién es? — preguntó, estremecida,
Katherina Lvovna.
— No temáis: soy yo, Serguey. -—dijo
la voz.
— ¿ Qué quieres, Serguey ?
— Tengo algo que deciros, Katherina
Lvovna; deseo pediros un favor. Permi­
tidme entrar un minuto.
Katherina Lvovna hizo girar la llave
y dió paso a Serguey.
— ¿Qué necesitas? — inquirió ella retro­
cediendo hacia la ventana.
— He venido a preguntaros si no ten­
dríais un libro para leer. No puedo más,
de aburrido que estoy.
— No tengo libros, Serguey; yo no leo
— contestó Katherina Lvovna.
— ¡Es terrible lo que uno se aburre! —
so qpejó Serguey.
— ¿Cómo es posible que tú te aburras?
— Pero cómo no aburrirse; soy joven, vi­
vimos como en un convento y me veo lan­
guidecer así en la soledad hasta la hora
de mi muerte. Hay días en que me deses­
pero.
— Pero, ¿por qué no te casas?
— Eso es fácil de decir. ¿Con quién po­
dría casarme por aquí? Soy un hombre
sin posición: una hija do patronos no se
casaría conmigo. Por otra paite, entre los
pobres, usted lo sabe bien, Katherina
Lvovna, no hay más que gentes incultas.
¿ Y pueden ellas comprender el amor como
es debido? Desde luego, ya ve usted mismo
el entendimiento de muchos ricos. Por
ejemplo, el caso de usted; se podría decir
que hubieráis sido un consuelo para cual­
quier otro hombre que se respetase, sin
embargo, os tienen como un canario en­
jaulado.
— Sí, me aburro— dejó escapar Kathe­
rina Lvovna.
— ¡Como para no aburrirse con una vida
así, señora! Incluso suponiendo que Ud.
tuviera una cosita al lado, como es el caso
de todas las demás, no podría tampoco
dejar de aburrirse.
— En eso te equivocas. Si yo pudiera
tener un niño me parece que sería dichosa.
t— Está en un error. . . Permitame que
la haga notar que los hijos nacen de algo
y no vienen por si solos. ¿Creéis que a
fuerza de vivir en casa de patronos dife­
rentes y observar la vida de, los negocian­
tes, no me doy cuenta de las cosas? Y a
dice la canción que “ sin un amante ver­
dadero la melancolía me ha invadido’ ’ ;
y esa melancolía, permitidme que os lo diga,
Katherina Lvovna, también la siente mi
corazón hasta el punto de que me siento
tentado de empuñar una navaja, abrirme
el pecho, arrancarme el corazón y arrojar­
lo a vuestros pies. Así me sentiría cien
veces aliviado.
La voz de Serguey temblaba.
— ¿Qué me estás contando de tu cora­
zón? No necesito saber todas esas cosa s.. .
Yete a d o rm ir...
— No. Permitidme, señ ora ... -—dijo
Serguey, con un estremecimiento de todo
su cuerpo y dando un paso hacia Kathe­
rina Lvovna.—1 Yo sé, yo veo y yo com­
prendo muy bien que vuestra vida no es
más alegre que la mia. Sólo que en estos
instantes — hablaba con un soplo de voz—
en estos instantes todo está en vuestras
manos y de usted depende todo.
— ¿Qué te pasa? ¿Por qué has venido
a mi habitación? Voy a saltar por la ven­
tana — decía Katherina Lvovna, sintiéndo­
se presa de un miedo indescriptible y afe­
rrándose a la barandilla del ventanal.
— ¡ Mi vida incomparable! ¿ Por qué
arrojarte por la ventana? — susurró Ser­
guey con desenfado y, arrancando a la
joven patrona del ventanal, la estrechó con
fuerza entre sus brazos.
— ¡O h!, déjame — gemía dulcemente K a­
therina Lvovna, debilitándose bajo los be­
sos quemantes de Serguey y eiñéndose, a
pesar suyo, contra el cuerpo recio dol
mozo.
Serguey alzó del suelo a la patrona co­
mo a un niño y la llevó hasta un obscuro
rincón.
En la habitación se hizo un silencio
sólo interrumpido por el tic-tac regular
del reloj de bolsillo de su marido, que
pendía sobre la cabecera de la cama: pero
ese tic-tac no impedía nada.
-Vete — decía Katherina Lvovna me­
dia hora más tarde, sin mirar cara a cara
a Serguey y arreglándose los cabellos des­
ordenados, frente a un pequeño espejo.
¿Por qué voy a irme ahora de aqui?
le replicó Serguey con una voz dichosa.
Mi suegro va a cerrar la puerta con
llave.
— ¡A y , alma mía, alma mía! ¿Con qué
clase do hombres has tratado hasta ahora
que no conocen1 más entrada para la ha­
bitación do una mujer que la puerta? En
cuanto a mí, tanto para entrar como para
salir de aquí, tengo puertas de sobra —
dijo Se.guey mostrándole las columnas
quo sostenían la galería.

IV
Zinoviy Borissiteh siguió ausente otra
semana más y cada noche su mujer so
solazaba con Serguey hasta la madrugada.
En el transcurso de esas noches, en la
habitación de Zinoviy Borissiteh se vacia­
ron muchas botellas de vino de la bodega
del suegro, se comieron muchos dulces^y

hubo muchos besos sobre los labios azu­
carados do la patrona y mucho jugueteo
con los negros rizos sobre la blanda al­
mohada. Pero el camino no siempre es
tan baño como una mesa; se tropieza a
veces con un pedrusco.
Boris Timofeyevitch sufría de insom­
nio : el viejo vagaba en camisa de sarga
a lunares a través de la casona silenciosa
Se aproxima a una ventana; se asoma a
otra. Mira, y he aquí que vé descender
silenciosamente por la columna de la ven­
tana de su nuera la camisa roja de Ser­
guey. ¡Vaya una noticia! Boris Timofe­
yevitch sale afuera y atrapa al mocetón,
sujetándolo por las piernas. El otro le­
vanta la mano para derribar do un puñe­
tazo al patrón, pero se detiene ante la
idea del escándalo que provocaria.
— ¡Dime dónde has estado, ladrón! —
dice Boris Timofeyevitch.
— Adonde he estado ya no estoy — con­
testa Serguey.
— ¿Has pasado la noche con mi nuera?
— Sé muy bien donde he pasado la no­
che, patrón. Y escucha un poco lo que
voy a decirte: lo hecho, hecho está y es
imposible borrarlo; por lo menos, no ha­
gas caer la deshonra sobre su casa. Aho­
ra, dime lo que quieres. ¿Qué satisfac­
ción deseas?
— Quiero, ¡víbora!, darte quinientos la­
tigazos — replicó Boris Timofeyevitch.
— Me entrego a ti, pues soy culpable —
accedió el mocetón.— Dime adonde debo
seguirte y diviértete, bebe mi sangre.
Boris Timofeyevitch condujo a Serguey
a la bodega y le azotó con1 un látigo has­
ta quo quedó sin fuerzas para golpear.
Serguey no emitió un gemido, aun cuan­
do desgarró a dentelladas la manga de
su camisa.
Boris Timofeyevitch abandonó a Ser­
guey en la bodega hasta que su espalda
martirizada cicatrizase. Le dejó un pote
con agua, puso un grueso candado sobre
la puerta y envió a buscar a su hijo.
Pero en la actualidad todavía no se re­
corren rápidamente cien kilómetros a tra­
vés de los caminos vecinales. Y Katherina
Lvovna no sabía pasar una hora sin su
Serguey. Desplegó súbitamente las ener­
gías de su naturaleza, ahora despierta, y
so tornó tan decidida que fué imposible
domarla ya jamás. Se enteró del lugar en
que se encontraba Serguey, le habló a
través de la puerta bardada de hierro, y
so lanzó a la busca de las llaves.
— Padre, suelta a Serguey. —le dijo a
su suegro.
El viejo se puso verde. No esperaba en
modo alguno una insolencia tan cínica
por parte de la pecadora que había sido
hasta ahora una nuera sumisa.
— ¿N o íienes vergüenza, arrastrada?...
— comenzó a decir.
— Suéltalo. Te juro por mi honor que
hasta ahora no ha pasado entre nosotros
nada grave.
— ¡Que no ha pasado nada grave! —
respondió el viejo rechinando los dientes.
¿Y en qué os entreteníais por las noches!
¿Cardábais la lana de las almohadas di
tu esposo?
Pero la otra no cedía: suéltalo, suél­
talo.
— Pues bien, ya que así lo quieres —con­
cluyó Boris Timofeyevitch— escucha esto:
cuando vuelva tu marido, te azotaremos
en la cuadra y a ese canalla lo enviaré a
la cárcel mañana mismo.
Así lo decidió Boris Timofeyevitch, pero
su decisión no llegó a ejecutarse.

V
Antes de acostarse, Boris Timofeyevitch
cenó unas setas con alforfón y comenzó a
sentir acidez. En seguida experimentó um
calambre en el estómago, siguieron unos
vómitos y hacia la madrugada moría exac­
tamente como mueren en los cobertizos
las ratas para las cuales Katherina Lvovna
tenía la costumbre de preparar una pas­
ta, mezclada con unos polvos blancos es­
peciales confiados a su custodia.
Katherina Lvovna libertó a Serguey de
la bodega de su suegro y, sin preocuparse
del qué dirán, lo acostó en la cama de
su esposo para curarlo de los azotes re­
cibidos. Sin que nadie recelara nada, se
enterró al abuelo según1 las normas cris­
tianas; había muerto, sin más, después
de haber comido unas setas, exactamente
como les ocurre a otros muchos. Se le
enterró apresuradamente sin esperar si­
quiera el retorno del hijo porque el tiem­
po era caluroso y el mensajero enviado
a buscarlo no lo había hallado en el mo­
lino. Cayó en el momento en que el patrón
había ido cien kilómet os más allá a com­
prar unas maderas a buen precio; y había
partido sin comunicar a nadie el lugar
exacto adonde iba.
Después del entierro, Katherina Lvovna
83 creció en forma inconcebible. Jamas
había sido una mujer miedosa, pero ahora
nadie podía comprender qué pasaba por
su espí itu: circulaba como una reina, di­
rigía todo en la casa y no dejaba alejarse
a Serguey más de un palmo Hubo sor
presa en el patio, pero Katherina Lvovna
supo concillarse a cada cual gracias a su
mano generosa y todos estos asombros
desaparecieron como por encanto. “ La pa
trona tieno un capricho con Serguey —ra
zonaban las gentes.— Después de to o,
es cosa suya, como cosa suya se a respon
der de eso cuando llegue el caso .

�cabalgata
Mientras, Sergucy curó, volvió a disten­
der sus espaldas, resucitó el mocetón de
siempre, se puso a revolotear como un
halcón en torno a Katherina Lvovna y la
vida siguió su curso. Pero el tiempo no
pasaba para ellos solos: tras una larga
ausencia, el marido ultrajado se apresu­
raba a volver.
VI

— ¿E l qué, madrecita?
— He visto a un gato que se restregaba
contra mí. Y no era un sueño; habría ju ­
rado que se trataba de una realidad.
— ¡Vam os!
— Sí, de veras.
Katherina Lvovna le contó lo ocurrido.
— Pero, ¿qué necesidad tenías de aca­
riciarlo?
— Ahí tienes; yo misma no me lo ex­
plico.
— ¡Es verdaderamente curioso! — excla­
mó la cocinera.
— Yo misma no salgo del asombro.
— Eso no puede significar más que al­
guien caerá sobre tí o que va a pasar algo.
— Pero, ¿qué va a pasar exactamente?
— Nadie podrá d e c i r t e lo q u e será
E X A C TA M E N TE , amiga, pero algo suce­
derá.
— Hace días que sueño con una luna en
cuarto creciente y ahora aparece ese gato
— prosiguió Katherina Lvovna.
— La creciente significa un hijo.
Katherina Lvovna enrojeció.
— ¿N o sería conveniente traer aquí a
Serguey? — preguntó Axinia, que quería
imponerse como confidente.
— Después de todo, ¿por qué no? Envía­
melo, le daré una taza de té.
— Es lo que yo digo — concluyó Axinia
y se fué hacia la entrada del jardín con­
toneándose.
Katherina Lvovna habló también del
gato a Serguey.
— Eso no son más que fantasías — dijo
éste.
— Entonces, Sereja, ¿por qué no he te­
nido esas fantasías hasta ahora?
— Esa no es una razón; antes también
sucedía que yo apenas osaba mirarte de
reojo, y ahora. . . poseo tu cuerpo entero.
Serguey tomó a Katherina Lvovna en­
tre sus brazos y la arrojó, jugando, sobre
la blanda alfombra.
— ¡U f! La cabeza me da vueltas — dijo
Katherina Lvovna,— Sereja, acércate,
siéntate ahí, a mi lado — le dijo ella con
zalamería, estirándose en forma volup­
tuosa.
El hombre se agachó, entró por debajo
de las ramas del manzano y se sentó sobre
la alfombra a los pies de Katherina Lovona.
— ¿Has languidecido por mí, Sereja?
— ¡Y de qué manera!
— ¿Cómo me deseabas? Dímelo.
-—¿En qué forma se podría decir tal
cosa? ¿Es que se puede explicar cómo se
desea? Sentía una profunda melancolía.
— Pero, Sereja, ¿por qué yo no he no­
tado que tú penabas por mí? Se dice que
eso es algo que la mujer adivina.
Serguey no respondió.
— ¿L por qué cantabas si sufrías por

__

Afuera, después de la comida, el día
era tórrido y las moscas insoportables.
Katherina Lvovna cerró los postigos de la
habitación, colgó sobre la vcntaira un chal
de lana y se acostó con Serguey en la
cama alta. Katherina Lvovna duerme y no
duerme, pero tiene tanto calor que su ros­
tro se inunda de sudor y su respiración
es cálida y penosa. Katherina Lvovna sien­
te que va es tiempo de despertar, que
sería el momento de ir a tomar el té al
jardín, pero le faltan fuerzas para levan­
tarse. Finalmente la cocinera se aproxi­
ma a la puerta y llama: “ El samovar se
apaga ba jo el manzano” , advierte. K a­
therina Lvovna se arranca del sueño penosamento y se pone a acariciar a un gato.
£1 gato se restriega entre ella y Serguey.
Es hermoso, gris, grande y graso, graso. . .
v sus bigotes son como los de un burgo­
maestre de pueblo. Katherina Lvovna huirde su mano en su pelaje sedoso y el gato
restriega su hocico contra los senos duros,
canturreando dulcemente una- canción, co­
mo si le contara su amor. “ ¿Cómo se ha
introducido aquí este g a to ? ” , piensa K a­
therina Lvovna. “ He puesto crema en la
ventana y el muy canalla no dejará de
comérmela; hay que echarlo” , decidió y
quiso coger al gato y arrojarlo fuera, pero
se le escurrió entre los dedos como si fuera
un jirón de niebla. “ Desde cuándo tene­
mos un gato en la ca sa ?” , reflexionó K a ­
therina Lvovna. Una aprehensión la in­
vadió repentinamente y disipó el sueño.
Katherina Lvovna miró la Habitación: no
había gato alguno. Sólo el hermoso Ser­
guey estaba acostado junto a ella y con
su mano poderosa estrechaba un seno de
la joven contra su rostro encendido.
Katherina Lvovna se levantó, sentóse
luego sobre la cama, cubrió de besos y
caricias a su amigo, arregló el edredón
y fué a beber té al jardín. El sol ya es­
taba por ocultarse y un atardecer maravi­
lloso, encantador, descendía sobre la tie­
rra caliginosa.
—He dormido demasiado — d ijo Kathe­
rina Lvovna a Axinia, sentándose sobre
una alfombra, b a jo -el manzano en flor,
para tomar el té.— ¿Qué podría signi­
ficar eso, Axiniuchka? -—preguntó a la
cocinera que limpiaba una taza con un
repasador.

15

mi causa, eh? Porque yo oía muy bien
cómo cantabas en la galería — siguió in­
terrogando Katherina Lvovna, tornándose
más lasciva.
— ¿Y qué tiene? El mosquito can-ta toda
su vida y no precisamente porque esté
alegre — contestó Serguey secamente.
Hubo una pausa. Katherina Lvovna se
hallaba transportada hasta las cumbres
del éxtasis ante estas confesiones de Ser­
guey.
Ella tenía deseos de hablar, pero Ser­
guey se ponía ceñudo y callaba.
— ¡Mira, Sereja, qué paraíso! — exclamó
Katherina Lvovna mirando, a través de
las ramas espesas del manzano, el cielo
puro y azul en el que navegaba la luna
llena.
El claro de luna, abriéndose paso a tra­
vés do las hojas y las flores del manzano
se derramaba en manchas caprichosas y
claras sobre el rostro y el cuerpo de K a­
therina Lvovna, tendida boca arriba. El
aire estaba calmo. Solamente un oculto
viento tibio agitaba ligeramente las ho­
jas dormidas y repartía el aroma fino
do las hierbas y los árboles en flor. Se
respiraba algo lánguido, que disponía al
abandono, a la ternura y a los deseos obs­
curos.
Al no recibir respuesta, Katherina Lvovn.-. se calló de nuevo; no dejaba de com­
templar el cielo a través de las flores
rosa-pálido del manzano. Serguey, con
las rodillas sujetas entre los brazos, con­
templaba fijamente la punta de sus botas.
¡Noche de oro! Silencio, luz, perfume
y tibieza bienhechora, vivificante. Lejos,
más allá del barranco, detrás del jardín,
alguien cantaba. Sobre la empalizada, en­
tro los groselleros, un ruiseñor lanzó un
trino que se repandió en la noche. En una
jaula, en la punta de una alta percha,
una codorniz enorme se hizo oír y un
grueso caballo suspiró lánguidamente de­
trás del muro de la cuadra. Tras la cerca
del jardín cruzó un alboroto de perros
alegres quo desapareció entre los sombras
negras y deformes de los viejos almace-'
nes de sal, medio derruidos.
Katherina Lvovna se incorporó sobro el
codo y miró las hierbas altas del jardín;
las hierbas que jugaban con los reflejos
de la luna, que se tornaban gris sobre
las flores y las hojas de los árboles K a ­
therina Lvovna aparecía dorada bajo el
beso de las manchitas lunares, caprichosas
y claras, que se estremecían sobre ella eonto vivas mariposas de fuego o como si
toda las hierba de debajo los árboles se
hallara prisionera en una red lunar y
fuera y viniera en todas direcciones.
— ¡ Oh, querido, qué encanto! — mani­
festó Katherina Lvovna mirando a su al
rededor.

Serguey miró con indiferencia.
— ¿Por qué eres tan poco alegre. Sere­
ja ? ¿O es que también te fatiga mi amor?
— ¿Por qué dices tonterías — replicó,
seco, Serguey; e inclinándose, besó pere­
zosamente a Katherina Lvovna.
— ¡Qué infiel eres! — prosiguió ella.—
¡Qué inconstante!
— No me doy por aludido — replicó él

calmosamente.
— Entonces, ¿por qué me besas así?
Serguey no contestó.
— Unicamente so besan así marido y
mujer — continuó Katherina Lvovira ju ­
gando con los rizos de su amante.— Bé­
same de 'tal forma que caigan sobre nos­
otros las flores del manzano que nos ocul­
ta. ¡Así, así! — murmuraba Katherina
Lvovna enlazando a su amante con todo
su cuerpo y besándolo en un arrebato pa.sicn-al.
— Oyeme, Sereja, lo que voy a decirte
— comenzó Katherina Lvovna después de
unos instantes.— ¿Por qué todo el mundo
dice de tí, como un solo hombre, que eres
inconstante.
— ; Quién necesita chismorrear a mis
expensas?
— La gente lo dice.
— Bien puede ocurrir qué yo haya trai­
cionado a aquellas que nada valían.
— Pero, ¿por qué, imbécil, te habías lia­
do antes con' ellas? No hay que entregar
el amor a aquellas que no valen la pena.
— Hablar es fácil. ¡P ero es que en estas
cuestiones se razona? Sólo impulsa la ten­
tación Basta que tú te pases de raya, con
toda sencillez, sin ninguna intención, pa­
ra que en seguida se te cuelguen al cue­
llo. ¡Y ya está el amor!
— Escucha, entonces, Sereja. Por lo que
a las otras se refiere nada .sé ni nada
quiero saber. Pero por lo que toca a nues­
tro amor actual, en el que yo he sido
seducida por tí y que tú muy bien sabes
que he aceptado tanto por mi voluntad
como por tu astucia, te advierto, Sereja,
que si me engañas y me reemplazas por
otra, sea la que fuere, que no me separa­
ré de tí con vida.
Serguey so irguió.
— Pero, veamos, Katherina Lvovna, ¡luz
de mis ojos! Tú misma puedes ver cuál
es nuestra situación. Adviertes que hoy
estoy pensativo; pero no comprendes que
no puedo dejar de estarlo. Mi corazón se
inunda de sangre.
-—Cuéntame tus penas, Sereja.
-—No hay mucho que hablar. Primero,
con la gracia de Dios, llegará tu marido,
y entonces, mi buen Serguey Filippiteh,
vete al patio de los comunes, entre los
músicos, y contempla desde abajo cómo
en la habitación de Katherina Lvovna
arde la bujía, cómo ella ablanda el edre-

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A D M IN IS T R A C IO N

OFICINA TECNICA
DEL LIBRO
Director: Francisco Amó

CORRI E NT ES 1135, 2» B
T. A. 3 5 -0 8 7 8 - Bs. AIRES

in s u m í it
io s i n i m i o s

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por Marcelino Mcnéndez y Pelayo

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P E D I C I O N c o m p le ta en c u a t r o grandes tem os,

D IC E
Don A N G E L V A L B U E N A P R A T :

“ La serenidad espiritual, clá­
sica, del polígrafo se mani­
fiesta en la

con m ás de 3 . 0 0 0

páginas. T e x to s latin os y

1— g r ie g o s t r a d u c id o s , ín d ic e s , n o ta s e in clu sión de valiosos d ocu m en tos al cu id a d o del n r n .
fe s o r F é lix F. C o rs o .
”

O b r a de v a lo r e x t r a o r d in a r io ju b ilo sam en te

recibida por el p ú b lico y la crítica .

H is t o r ia d e l o s

H eterodoxos.

Esta

obra

principal de su época de hu­
manista filósofo, lleva en sí

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FIRMA

una crítica de lo presente y
una

regeneración
por venir.

para

lo

LIBRERIA PERLABO
E D

T O R E S

R1VADAV1A 1731
38

-

4321

CORRIENTES 1345
35

-

4314

�cabalgata

14

u

U F A R
C ergio Lifar, notable bailarín, y
^creador de coreografías y ba­
llets, expone en este libro los
principios fundamentales del arte
de la danza. Un concepto moder­
no y dinámico, un ideal de be­
lleza plástico y depurado, orientan
a Lifar en la expresión de sus
inquietudes creadoras.
1 volumen de gran formato, papel

dón y se acuesta con su legítimo Zinoviy
Borissitch.
— Eso no ocurrirá — dijo alegremente
Katherina Lvovna.
¡Cómo quieres que no ocurra! Y lo
comprendo, tú no podrás evitarlo. Pero,
Katherina Lvovna, yo también tengo un
corazón y puedo prever mi tormento.
— Bueno, no hablemos de eso.
Esta manifestación de los celos de Serguey resultaba grata a Katherina Lvovna
y, tras una serie de carcajadas, reanudó
sus besuqueos.
— En segundo lugar, — prosiguió Serguey, desprendiendo suavemente su cabeza
do los brazos de Katherina Lvovna, des­
nudos hasta los hombros— , en segundo lu­
gar hay que decir que mi situación in­
significante me obliga a reflexionar no
una, sino diez veces. Si yo fuera, supon­
gamos, un igual a tí, si yo fuera un señor
cualquiera, jamás en la vida, Katherina
Lvovna, me separaría de tí. Pero, razó­
nalo tú misma. ¿Qué hombre soy frente
a tí? A l ver cómo tu marido te agarra
por tus blancos brazos y te arrastra hacia
su habitación, yo tendré que soportarlo
todo en mi corazón y, quizás, convertirme
por ello en un hombre despreciable ante
mis propios ojos para el resto de mis días.
¡Katherina Lvovna! Yo no soy como los
otros que sólo esperan placer de una mu­
jer. Yo siento el amor, tal como es, que
muerdo en mi corazón como una serpiente
negra. . .
— ¿Por qué me dices todo eso? — inte­
rrumpió Katherina Lvovna.
Sintió piedad por Serguey.
— ¡Katherina Lvovna! ¿Cómo no ha­
blarte de esto? ¿Cómo no decírtelo? Cuan­

ocultaba tras el techo puntiagudo de los
grandes cobertizos y contemplaba a la
tierra de soslayo, de una manera tierna.
Sobre el tejado de la cocina se escuchaba
un estridente dúo- de gatos, un maullido
furioso después, tras lo cual dos o tres
felinos se escurrieron por las perchas apo­
yadas contra el techo.
— Vámonos a dormir -—dijo Katherina
Lvovna, levantándose lentamente de la al­
fombra, como si se sintiera quebrantada,
y tal como estaba tendida, eir camisa y
refajo blancos, atravesó el patio silencio­
so, como muerta. Serguey la siguió con la
alfombra y la blusa que se había quitado
jugando.
V II
Apenas Katherina Lvovna apagó la bu­
jía y se hubo tendido, completamente
desnuda sobre el mullido cubrecama, el
sueño nubló su cabeza. Katherina Lvovna
so durmió después de haber jugado y
gozado, y se durmió tan intensamente que
todo en ella dormía, hasta sus brazos
y sus piernas. Pero, de mievo, ella oye
a través del sueño quo la puerta se ha
entreabierto y que el gato de antes cae
sobre el lecho como un pesado paquete.
“ — Al final resulta un castigo este
gato! — razona Katherina Lvovna fati­
gada—■. Esta vez yo he cerrado expresa­
mente la puerta con mis manos, y hélo
ahí otra vez. Voy a echarlo afuera” .
Katherina Lvovna se dispone a levan­
tarse, pero sus brazos y sus piernas dor­
midos no la obedecen. Y el gato se pa­
sea por todo su cuerpo y ronronea de una
manera tan curiosa que parece pronunciar
palabras humanas. Katherina Lvovna sin­

a la galería, y rodeó con sus piernas la
columna que ya le había servido otras
veces para descender de la habitación de
sus am os.. .
— ¡No, no te vayas. Tiéndete ahí y no
te alejes — murmuró Katherina Lvovna,
y le arrojó los vestidos y las botas. Tras
lo cual ella se acostó bajo el embozo y
esperó.
Serguey obedeció a Katherina Lvovna:
no so deslizó a la largo de la columna,
sino que se acurrucó en la galería.
Mientras, Katherina Lvovna oye que suj
marido se aproxima a la puerta y que,
reteniendo el aliento, escucha. Incluso oye
batir con latidos precipitados su corazón
celoso; sin embargo, no es la piedad, sino
una risa malvada la que agita a Kathe­
rina Lvovna.
“ — Puedes buscar el día de ayer” , se
dice ella suspirando y riendo como un niño
inocente.
Esto duró unos diez minutos; finalmente
Zinoviy Borissiteh se cansa de estar detrás
de la puerta escuchando dormir a su
mujer: llama.
— ¿Quién es? — inquirió Katherina
Lvovna, al cabo de un tiempo y con la
voz dormida.
— ¡Alguien de la casa! — dijo Zinoviy
Borissitch.
— ¡Ah, eres tú, Zinoviy Borissitch!
— ¡Claro! Parece que estuvieras sorda.
Katherina Lvovna salió de la cama, tal
como se había acostado, en camisa, dejó
entrar a su marido en el dormitorio y se
volvió a acostar.
— Al amanecer hace fresco — exclamó,
tapándose bien.
Zinoviy Borissitch entró, miró a su al­

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de que él esté no a gran distancia de aquí,
sino que desde mañana no quede ni un
soplo de Serguey en este patio.
— No, no hables más, Sereja. No puede
suceder, por nada del mundo, que yo me
quede sin tí — lo&gt; tranquilizaba Katherina
Lvovna prosiguiendo sus caricias— . Lle­
gado ese trance, o él o yo dejaremos de
vivir; pero tú seguirás conmigo.
-—Eso es imposible, Katherina Lvovna
— replicó Serguey, moviendo la cabeza con
desaliento— . He llegado a detestar mi
vida a causa de este amor ¡S i pudiese
amar y satisfacerme con lo que no vale
más que yo! ¿Eres tú la que yo podría
conservar junto a mí en un amor cons­
tante? ¿Es un honor para tí ser mi aman­
te? Y o hubiese querido ser tu esposo ante
el altar sagrado de la eternidad: entonces,
aunque más joven que tú, al menos hubiera
podido manifestar públicamente el méri­
to do mi respeto hacia mi m u je r ...
Katherina Lvovna se sintió transportada
por estas palabras de Serguey, por estos
celos, por este deseo de casarse con ella,
deseo siempre agradable para una mujer,
sea cual fuere el grado de su intimidad
con el hombre antes del matrimonio. A c­
tualmente, Katherina Lvovna estaba dis­
puesta a soportar el fuego, el agua, la
cárcel y la cruz por Serguey. La enamoró
a tal punto que ya no había medida posi­
ble para estimar su amor hacia él. Estaba
loca do dicha; su sangre hervía y no pudo
escuchar más. Cerró rápidamente con su
mano la boca de Serguey y estrechando
la cabeza del amante contra su pecho
exclamó:
— ¡Vamos, no te preocupes! Y o sé có­
mo hacer de tí un comerciante y cómo
vivir contigo como Dios manda. Sólo que
no debes entristecerte por nada antes de
quo llegue el momento.
Y nuevamente fueron los besos y las
caricias.
El viejo empleado quo dormía en la co­
chera escuchó a través de su profundo
sueño tantos susurros, cortados por risas
ahogadas, como si unos niños traviesos
estuvieran celebrando consejo sobre la ma­
nera de burlarse con la mayor maldad po­
sible de la vejez débil; a veces eran risas
sonoras, como si dos ninfas licenciosas se
persiguiesen. Es que, al claro de luna, K a­
therina Lvovna se divertía con el joven
empleado do su esposo. Las flores del man­
zano caían sobre ellos. Entre tanto, la
breve noche estival, pasaba, la luna se

tió como si millares de hormigas corrieran
sobre su piel.
“ — No, se dijo, no hay nada que hacer;
desde mañana habrá que rociar el lecho
con agua bendita, porque es un gato ex­
traño el que ha tomado la costumbre de
venir a esta habitación” .
Y he aquí que, ronrón-marramau, el
gato se inclina sobre su oreja y le dice:
‘"‘ ¿Qué gato soy? ¿ Y por qué motivo?
Tú razonas muy bien, Katherina Lvovna,
ya que rro soy de ningún modo un gato,
sino el reputado comerciante Boris Tirnofeyevitch. No soy un gato mimado, por­
que todas mis tripas se han agrietado a
causa del regalo de mi nuera. Por eso,
ronrón-marramiau, me he empequeñecido
y aparezco bajo el aspeeto de un gato
a todo aquel que no comprende lo que
soy en realidad. Bueno, ¿y cómo estás
ahora, Katherina Lvovna? ¿Cómo observas
tu ley? Vengo expresamente del cemen­
terio para ver cómo calentáis tú y Serguey
Filippitch la cama de tu marido. De to­
das formas, ronrón-marramiau, yo no he
visto nada. No me temas: tu regalo hizo
saltar mis ojos de sus órbitas. ¡Mírame
en los ojos, amiga, no tem as!”
Katherina Lvovna miró y gritó desafo­
radamente. Entro ella y Serguey se ha­
llaba acostada, no el gato, sino la cabeza
de Boris Timofeyevitch, del mismo ta­
maño que tenía al morir y en el lugar
de los ojos, dos círculos de fuego giraban
en todas direcciones.
Serguey so despertó, tranquilizó a K a­
therina Lvovna y se durmió de nuevo;
pero ella había perdido el sueño.. • y
para bien suyo.
Permanece acostada con los grandes
ojos abiertos y oye que alguien en el
patio salta por encima de la puerta co­
chera. Los perros se lanzan contra al­
guien, pero se calman; sin duda se han
hecho amigos. Pasa otro minuto y el pes­
tillo do hierro de la puerta se mueve y
la puerta se abre. “ O bien estoy soñando
o bien Zinoviy Borissitch ha regresado,
pues sólo él tieire llave” , pensó Katherina
Lvovna, apresurándose a despertar a
Serguey.
— ¡Escucha, Seroja! — exclamó, incor­
porándose sobre un codo y aguzando el
oído.
Lentamente, levantando un pie y luego
otro, alguien ascendía efectivamente y so
aproximaba a la puerta de la habitación.
Katherina Lvovna se echó de la cama
rápidamente y abrió la ventana. En el
mismo instante Serguey saltó, descalzo,

rededor, oró ante los iconos, encendió la
bujía y volvió a mirar.
— ¿Cómo estás? — le preguntó a su
esposa.
— Bien — contestó Katherina Lvovna
. que, incorporándose, comenzó a ponerse
la blusa. ¿Sin duda habrá que poner a
calentar el samovar? — preguntó.
— Llama a Aixinia y que lo haga ella.
Katherina Lvovna metió los pies des­
nudos en las sandalias y salió. Estuvo
ausente casi media hora. En todo este
tiempo encendió el samovar y se deslizó
hasta la galería para hablar con Serguey.
— Quédate aquí — le susurró.
— ¿Hasta cuándo? — preguntó Seroja
también en voz baja.
— ¡N o seas estúpido! Quédate aquí
hasta que yo te diga.
Y Katherina Lvovna lo volvió a sentar
donde estaba.
Desde su escondrijo, Seguey oye todo
lo que ocurre en la- habitación. Oye que
alguien llama a la puerta y que entra
Katherina. Oye cada palabra.
— ¿Qué has hecho durante todo este
tiempo? — pregunta Zinoviy Borissitch a
su mujer.
— He estado encendiendo el samovar —
contesta ella con calma.
Una pausa. Serguey oye como Zinoviy
Borissitch cuelga su abrigo en el perchero.
So lava, bufa y salpica de agua todo.
Pide algo para secarse. Otra vez las
voces.
— ¿Y cómo habéis enterrado a papá?
inquiere el marido.
— ¡Ah, sí! — dice la mujer— ; murió y
lo enterramos.
— ¡Cosa sorprendente!
— Dios lo sabe — dijo Katherina Lvovna
haciendo tintinear las tazas.
Zinoviy Borissitch, triste, se pasea por
la habitación.
— ¿ Y con qué has entretenido tu tiem­
po? — volvió a preguntar.
— Nuestras diversiones todo el mundo
las conoce: no vamos a los bailes ni tam­
poco a los teatros.
— Pero cualquiera diría que no experi­
mentas mucha alegría al ver a tu esposo—
dijo Zinoviy Borissitch con una mirada
oblicua.
— Es que tampoco somos jóvenes para
perder la cabeza al volvernos a reunir.
¿ Y cómo quieres que me regocije? Y a lo
ves, me afano y corro para tu satisfacción.
Katherina Lvovna corrió nuevamente
para traer el samovar y volvió a pasar

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ante Serguey, diciéndole: ‘ ‘ Estate atento,
S eroja” .
Serguey no sabía de qué se trataba
exactamente pero se mantuvo alerta.
Katherina Lvovna regresó, mientras que
Zinoviy Borissitch, arrodillado en la ca­
ma, colgaba de la pared su reloj de plata.
— ¿Por qué, Katherina lvovna, estando
sola, habías preparado la cama para dos?—
preguntó bruscamente a su mujer con una
voz extraña.
— Te esperaba — replicó Katherina
Lvovna, mirándolo con calma.
— Gracias, aunque sólo sea por eso. . .
¿ Y cómo ha venido esto a parar aquí?
Zinoviy Borissitch sacó de entre el em­
bozo el cinturón de lana de Serguey y
lo mantuvo en alto ante los ojos de su
mujer.
Katherina Lvovna no se turbó en ab­
soluto :
— Lo lio encontrado en el jardín y me
até con él el refajo.
— ¡S í! — exclamó Zinoviy Borissitch con
un acento particular; — yo también he
sabido algo acerca de tus refajos.
— ¿Qué has sabido?
— Todas tus acciones, las buenas.
-— No recuerdo ninguna de mis acciones.
— Y a veremos eso; ya lo veremos to­
do — dijo Zinoviy Borissitch tendiéndole
a su mujer la taza vacía.

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Katherina Lvovna no contestó.
' Pondremos en claro todas sus acciones,
Katherina Lvovna — declaró Zinoviy B o­
rissitch, enarcando las cejas.
— No es muy miedosa tu Katherina
Lvovna. En realidad no teme nada —rrespomlió ella.
¡Cómo! ¡C óm o! —exclamó iZnoviy
Borissitch levantando la voz.
— Nada — contestó la mujer.
— ¡Ten cuidado! Se diría que ea mi
ausencia te has vuelto demasiado char­
latana.
¿^ por qué he de callarme?
— M ejor sería que te cuidaras un poco
más.
— No tengo nada de qué cuidarme. N a
voy a soportar que me insultes porque
algún lengua larga me haya cargado co­
sas a mi cuenta. ¡V aya una cosa!
— No se trata de lenguas largas sino
de tus amorios aquí, que se conocen.
— ¿Qué amoríos? — gritó Katheriira
Lvovna, enrojeciendo.
— Y o bien lo sé.
— Si lo sabes, entonces habla con cla­
ridad.
Zinoviy Borissitch no contestó y pre­
sentó nuevamente su taza vacía.
~ S e ve que no tienes nada que decir —
dijo Katherina Lvovna desdeñosamente,
arrojando, colérica, la cuchara sobre la
taza de su marido— . Entonces, dime, para
que se vea que te lo han contado todo,
¿quién es mi amante?
‘
sabrás, no tengas tanta prisa.
— Te han chismorreado a propósito de
Serguey ?
— Y a se sabrá, ya se Habrá, Katherina
Lvovna. Nadie ha abrogado mi autoridad
sobre tí y nadie podrá quitármela. . . Tú
misma h ablarás...
(Jij .ib ji, j ü No puedo soportarlo—
exclamó Katherina Lvovna rechinando los
dientes. Y pálida como un muerto, saltó
súbitamente hacia la puerta.
Bueno, aquí lo tienes -—d ijo uiros
segundos más tarde introduciendo a Ser­
guey de una mano— . Interrógale así
como a mí sobre lo que sabes. ¡Quizás te
enteres de cosas de lo que deseas saber!
Zinoviy Borissitch quedó desconcertado.
Miraba alternativamente a Serguey, que
se mantenía apoyado contra el marco de
la puerta y a ella, que estaba sentada
tranquilamente, cruzados los brazos, en
el borde de la cama, y mo podía compreirder adonde quería ir a parar su
mujer.
— ¿Qué haces, víbora? — dijo reuniendo
con dificultad todas sus fuerzas para ha­
blar, pero sin moverse del sillón.
— Interroga sobre eso que sabes tan
bien — replicó Katherina lvovna con in­
solencia. — Has querido asustarme con la
amenaza de malos tratos — prosiguió en­
trecerrando los ojo s ; — pero sepas que
eso no ocurrirá jamás, An-tes ae que me
amenazaras ya s a b ía lo lo que'debía hacer ,
contigo, y lo haré.
— ¡Pero qué es esto! ¡ Fuera de aquí!—
gritó Zinoviy Borissitch dirigiéndose a
Serguey.
— ¡De ningún modo! — le dijo burlo­
namente Katherina Lvovna, que cerró rá­
pida la puerta, se metió la llave en el
bolsillo y volvió a sentarse en la cama— .
Vamos Serojetcha — prosiguió, — acércate,
querido mío.
Serguey sacudió su cabellera y se senté
audazmente al lado de su patrona.
— ¡Dios de los Cielos! ¿Qué se puede
decir a esto? ¿Qué estáis haciendo, bár­
baros? — exclamó Zinoviy Borissitch, arre­
bolado, levantándose de su sillón.
— ¿Cómo? ¿N o te agrada esto? ¡F íjate
en mi hermoso halcón, que bello es!
Katherina Lvovna estalló en risas y besó
apasionadamente a Serguey en presencia
de su marido.
En ese instante una sonora bofetada
inflamó su m ejilla y Zinoviy Borissitch
se lanzó hacia la ventana abierta.
V III
— ¡Con que esas tememos! Entonces,
querido amigo, muchas gracias; no espe­
raba otra cosa — exclamó Katherina Lvov­
na—-. En este caso no será según tú ni
Begún yo.
Con un movimiento brusco rechazó a
Serguey, se lanzó sobre su marido y antes
de que Zinoviy Borissitch llegase a la
ventana, lo alcanzó por atrás, clavó sus
dedos finos en la garganta del fugitivo
y lo arrojó a tierra como un haz de hierba
húmedo.
Derrumbándose pesadamente y con la
nuca contra el piso, Zinoviy Borissitch
perdió completamente la razón. No se es­
peraba un desenlace tan rápido. La pri­
mera violencia a que había recurrido su
mujer le demostró que estaba deeicida a
todo para desembarazarse de él y que su
situación presente era extremadamente
critica. Comprendió todo esto en un abrir
y cerrar de ojos en el momento de su
caída y no lanzó un grito, sabiendo que
su voz no llegaría a ningún oído y no
haria sino precipitar el desenlace. En si­
lencio, detuvo su mirada con una expre­
sión de cólera, de reproche y de sufri­
miento en su mujer, cuyos finos dedos
seguían apretando fuertemente su gar­
ganta.
Zinoviy Borissitch no se defendía, sus
brazos, con los puños cerrados, yacían a

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lo largo del cuerpo, temblando convulsiva­
mente. Un brazo estaba completamente li­
bre, el otro se hallaba aprisionado bajo
la rodilla de Katherina Lvovna.
— Sujétalo un poco — le d ijo con indi­
ferencia a Serguey, mientras seguía mi­
rando a su marido.
Serguey se sentó sobre el patrón, aplas­
tó sus dos manos con las rodillas y quiso,
a su vez, ponerle las manos en la gar­
ganta, pero en ese instante,‘ lanzó un grito.
A la vista de su ofensor, un deseo san­
guinario do venganza estimuló las últimas
fuerzas de Zinoviy Borissitch, hizo un
movimiento violento, arrancó Míe debajo
de las rodillas de Serguey sus manos
aplastadas y agarrando los negros rizos
del mocetón, lo mordió en la garganta
como una fiera. Pero no por mucho tiem­
po: Zinoviy Borissitch gimió, doblándose
su cabeza.
Katherina Lvovna, pálida, apenas res­
piraba, en pie junto a su amante y su
esposo. Tenía en la mano derecha un
pesado candelabro do hierro fundido. Lo
sujetaba por el extremo más liviano, con
la parte más pesada hacia abajo. Por la
sien y el codo de Zinoviy Borissitch se des­
lizaba un hilillo de sangre.
— Un pastor. . . — gimió sordamente Zi­
noviy Borissitch, apartándose con esfuer­
zo, en la medida de lo posible de Serguey,
quo seguía sentado sobre él— . Confe­
s ió n ... — dijo con voz todavía más in­
distinta, poniéndose a temblar y mirando
de reojo la sangre cálida que comenzaba
a coagularse en sus cabellos.
— Serás bastante bueno tal cual, para
ir al Cielo — dijo Katherina Lvovna,
sibilante— . Hay que terminar con él —
dijo dirigiéndose a Serguey; — apriétale
bien la garganta.
Zinoviy Borissitch se debatió angus­
tiado.
Katherina Lvovna se agachó, estrechó
con sus manos las de Serguey que tenían
la garganta de su marido y pegó su oído
al pecho del agonizante. Tras cinco minu­
tos de silencio, se levantó y d ijo : “ Y a
tiene bastante” .
Serguey se incorporó igualmente y re­
sopló. Zinoviy Borissitch yacía muerto,
con la garganta magullada y la sien frac­
turada. B ajo su cabeza, del lado izquierdo,
se extendía una manehita de sangre, que
ya no fluía de la pequeña herida a la
que se habían pegado los cabellos.
Serguey se llevó a Zinoviy Borissitch
a la bodega, donde hacía poco lo había
encerrado el difunto Boris Timofeyevitch
y regresó a la torrecilla. En ese momento
Katherina Lvovna, con las mangas de su
blusa remangadas, lavaba con un trapo
y jabón la sangre dejada por su marido
sobre el piso de la habitación. Todavía
estaba caliente el agua en el samovar
con el que Zinoviy Borissitch había ca­
lentado su alma de patrón. La mancha
de sangre desapareció sin dejar rastro.
Katherina Lvovna tomó la jofa in a de
cobre y el trapo enjabonado:
— Ven y alúmbrame — dijo dirigiéndose
hacia la puerta— . Más bajo, más bajo, —
decía examinando el piso atentamente, por
allá donde Serguey pasó con el cadáver
al llevarlo a la bodega.
Sólo en dos sitios encontró dos minúscu­
las manchas de sangre del tamaño de una
cereza. Katherina Lvovna las frotó con el
trapo, haciéndolas desaparecer.
-—Esto te enseñará a deslizarte en casa
de tu mujer como un ladrón y a espiar—
exclamó ella al levantarse y mirando ha­
cia el lado de la bodega.
-—Por el momento, basta — dijo Ser­
guey, estremeciéndose al escuchar su pro­
pia voz.
Cuando regresaron a la habitación, una
fina banda rosada anunciaba el alba por
Levante que, dorando los manzanos ves­
tidos de flores, miraba a través de las
zarzas del jardín en el dormitorio de
Katherina Lvovna.
Atrevesando el patio, con un casaquin
al hombro, el viejo empleado caminaba
del cobertizo a la cocina.
Katherina Lvovna cerró nuevamente el
postigo y miró atentamente a Serguey
como si quisiera leer en su alma.
— Y a eres comerciante — le d ijo ella,
colocando sus blancas manos sobre las
espaldas del mozo.
Serguey no respondió. Sus labios tem­
blaban y parecía tener fiebre. Katherina
Lvovna sólo tenía los labios fríos.
Dos días más tarde Serguey tenía en
las manos dos grandes llagas provocadas
por la pala y el pico. Por el contrario,
Zinoviy Borissitch estaba tan bien ins­
talado en su bodega que sin la ayuda
de su viuda o de su amante, nadie hu­
biera podido descubrirlo hasta el Juicio
Final.

L E A en el próxim o número

de

el final de
L A D Y M A C B E T H del D IS ­
T R IT O de MZBJVSK.
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resquismo. (Exactamente igual que
la España de pandereta hacía las
veces, ‘ ‘ de fronteras afuera” , de
la verdadera España).

M

Con demasiada frecuencia, la ad­
hesión resulta, en su superficialidad
turística, ofensa: cual si fuese la
s'gnificación real de México la re­
producción de figuras con traje chi­
llonamente típico. Es inevitable.
Como lo es el que el desdibujo tor­
pe se tome por intencionada habili­
dad ; lo que no llega, por lo que
sobrepasa. Y lie aquí la fuerza de
la obra de Rodríguez Lozano: el
haberse remontado por encima de
lo inevitable. Algunas de sus figu­
ra;:, casi monocromas a fuer de so­
brias, casi inmóviles en su deliberaüo propósito de no gesticular, y cu­
yo rostro apenas se adivina, se pre­
servan como la más elocuente expre­
só
v-i m .' ; q ,1&lt;j ]os mexicanos,
cual se halla jus+r&gt; r'' M* antb '
. ( las del de los tunar
.¿p
los que sienten al pu
^ m eji­
cano, no en «us aspectos transito­
rios, sino en la avanzada de las des­
esperanzas y las rebeldías. '
Estas pinturas de Rodríguez Lo­
zano, podrían llevar, por título ge­
nérico: ‘ ‘ Dolor” . Dolor de siglos.
Dolor del silencio que, a fuerza de
ser impuesto, se ha convertido en
hábito de dignidad, y en complacen­
cia de orgullo. Silencio en las voces
y en los gestos.
Unas figuras: nada más. y na­
da menos. Y , cuidado: figuras no
quiere decir rostros. Ya hemos apun­
tado que, en algunas, para mayor
expresión, la apariencia de la ex­
presión queda esbozada; cuando no
oculta. Desde luego, entre todas, las
figuras de Rodríguez Lozano, de
rostro cubierto, son las más elocuen­
tes. No porque se las adivine: por­
que se las vé. Porque se las siente.
Como son, desde aquel pozo de si­
glos en que se han ido modelando
las actitudes, de los indios. Puede
e 1 espectador ‘ ‘ rellenarlas ” c o n
cuanto él mismo les aporte de com­
prensión, de capacidad de identifi­
carse con ellas: desgarro por ausen­
cias definitivas; congoja del vacío
total. Figuras sueltas o agrupadas.
Trenzadas, pudiérase decir. /.Lite­
ratura ? No lo creáis: para lograr
esta complejidad (y otra vez aten­
ción: no decimos complicación, sino
complejidad) en la sencillez, v has­
ta nos gustaría decir en la desnu­
dez, el pintor tiene, ante todo, que
ser pintor. Dueño de su oficio, has­
ta el extremo de aparentar despo­
jarse de el. Que, añadir, lo mismo
al escribir que al pintar, es fácil.
y nada lo es tanto como la insisten­
cia. Mas, para suprimir, es preciso
conocer lo esencial, y valorarlo. A
lo largo de toda su obra, Rodríguez
Lozano no ha hecho sino suprimir.
/ C u á n t o s a ñ o s d e empeñado
aprendizaje han sido necesarios pa-

I M P R E N T A

C H I L E

Perú 565 - Buenos Aires

R odríguez L ozano. Piedad.

R odríguez L ozano . Dolor

LA P I N T U R A M E X I C A N A
DE- R O D R I G U E Z

LOZANO
P or M A R G A R I T A N E L K E H

ra lograr esta desnudez? Todos los
quo llevan del ingenuo escamoteo
de una dificultad, disfrazado de
modernismo, a esta seguridad en el
dibujo de unos pies; en las propor­
ciones de una silueta; en el aleja­
miento de una perspectiva. E l he­
cho es, cual diría un francés, con
giro intraducibie, que “ ca y est” .

Los años de primer aprendizaje, en
talleres más o menos académicos de
M éxico; los años siguientes, de libre
aprendizaje en un París todavía
neoimpresionista, y hechizado por
intentos cubistas, y un ambiente
— mareli antes y esnobismo— que
creía descubrir Picassos y Aduane­
ros Rousseau en cada “ fa presto”

R odríguez Lozano . Incendio.

de bohemio; los años del regreso,
con la embriaguez de lo traído ‘ ‘ de
allá” , y la tentación de utilizarlo
sin mayo resfuerzo: Rodríguez Lo­
zano los fue soltando como lastre.
Y en este voluntario, empecinado y
arduo despojarse, fué penetrando
en los aspectos externos, pintoresca­
mente seductores, de su pueblo, tras­

pasándolos con esa visión “ y-a de
vuelta” , y, como lastre también, y
éste, el más difícil de soltar de to­
dos, apartándolos, para alcanzar su
cima.
/S erá por ello tan humana, tan
fraterna con la naturaleza, y con
los hombres, esta obra de Rodrigue/
Lozano? Sus figuras parecen decir
así sufrimos, así nos doblamos sob^e
nuestras hambres, nuestras muen
nuestras soledades. Así cubrir to
nuestros rostros, para guardar nos
otras nuestras angustias, que no son
“ MexicSn curious” para turistas.
Si no temiéramos torcidas inter­
pretaciones, diríamos que se trata
aquí de una obra religiosa. En los
años inmediatamente posteriores a
la otra guerra, inicióse, en el París
de los snobismos desenfrenados, una
resurrección de arte religioso. Era
como un afán de equilibrio, frente
a las producciones — ojeras de los
retratos de Van Dongen, y estili­
zaciones excesivamente fáciles de un
Domergue— que reflejaban con de­
masiada fidelidad los desequilibrios,
estela de los cuatro años de ••anor­
malidad en la vida del país. *
Un hecho se hizo patente: la
emoción religiosa, en arte, ni es pro­
ducida por el tema, ni se circuns­
cribe a éste. Y ahí tenemos la “ Pietá ” de Rodríguez Lozano.
¿ Le llama siquiera así, a su fresco
de la Penitenciaría de México?
Quizá, ni se haya detenido en ello.
Pero, lo cierto es que, al igual que
el “ Cristo” de Carriére, del que se
ha podido decir que, siendo obra de
un ateo, era la única obra realmente
cristiana de su tiempo, ésta se nos
presenta como una de las creaciones
artísticas más profundamente reli­
giosas que nos haya sido dado ver
en mucho tiempo. Infinitamente
más religiosa, en la más rigurosa
acepción del término, que las adoce­
nadas imágenes que, en los “ Talle­
res para las Indias” , de la Sevilla
del s. X V I I , fabricábanse al por ma­
yor, según modelos establecidos por
grandes artistas, mas que, a fuerza
de repetirse, acababan por no abri­
gar ni un ápice de la llama de ins­
piración de sus primeros creadores,
y que pueblan las iglesias y conven­
tos del Nuevo Mundo.
Lo cierto es que no creemos exis­
ta, ni en el México de hoy, vanguar­
dia en el movimiento artístico ame­
ricano, ni en país alguno suscepti­
ble de desarrollar una Escuela con
características nacionales, obra tan
"hondamente religiosa, y, a la vez,
tan profundamente humana, y tan
lograda desde el punto de vista téc­
nico, como este fresco y, amplifi­
cándolo, como las figuras que le
acompañan en la producción de su
autor. Rodríguez Lozano, que, de
sus largos años de formación euro­
pea, ha sabido traerse el acuciamien
to de una creación genuinamente
mexicana, tenía, por fuerza, en las
obras de su madurez, que sentirse
sumido en esa tristeza, en ese pozo
de tragedia, anterior y superior a
todas las transformaciones externa

REGISTRO DE PROPIEDAD
INTELECTUAL N° 216894

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                <text>Rojas Paz, Pablo&#13;
Arban, Dominique&#13;
Leskov, Nicolás&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Satre, Jean Paul&#13;
Schwob, Marcel&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Fabre, Ángel&#13;
Rinaldini, Julio&#13;
Batlle Planas, Juan&#13;
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                    <text>CABALGATA
QUINC ENARIO
P O P U L A R DE
L E TRAS, A R T E S
C I E N C I A S

ESPECTACULOS

LAUTRÉA M O N T Y
LEÓN BLOY, por María
Teresa León.
1N T I M O ,
VALERY,
por Ki ku Y o m a t a .

;ID A LA RUBIA
(Cuanto policial),
por Charlas A d t m t .
C O ME N T A R I O SOBRE
SPILIMBERGO,
por Julio Ri nal di ni .

LA CRISIS DEL FILM
FRANCÉS, por Gas t en
Deforge.
J. BATLLE PLANAS Y
EL A U T O M A T I S M O ,
por Romualdo Brughetti.

VITALIDAD DELTEATRO
N ORT E A ME R I C A NO ,
po r L e ó n M i r l a s .
CRITICA L I T E R A R I A ,
por Gomóles Carbalho.

s f lr
AÑO II

N® 12

25 M ARZO 1947
Precio: $ 0.40
UNA PROHIBICION, SEGUIDA POR CONSIDERABLE EXPECTATIVA, REVELA UNA NUEVA ESTRELLA
EN LA CONSTELACION DEL SEPTIMO ARTE. HE AQUI A JAN E R U SSELL EN UNA YA FAMOSA
ESCENA DE "EL PROSCRITO". (Foto Artistas Unidos).

�(ABAIGATA -2
'

PíH i un O H I del TIEMPO
VDIE sabe qu é es e l tiem po,
pero todo el m undo sabe que
el tiem po d eja sos huellas. T o ­
d o lo d e nuestro m undo, pasado y
presente, tod o lo q u e abarca el c o n o ­
cim ien to hum ano, está m arcado por
las huellas del tiem po. Nada escapa
a esta revisión in exora b le con que
algo tan im palpable y volátil co m o
es el tiem po se com p lace en señalar
con su sello fe t a l. . . Hasta las obras
d e m ás acabada belleza — de la na­
turaleza o del arte— , las qu e des­
pertaron el entusiasm o y estim ularon
la ilusión d e los hom bres, llevan el
signo im borrable d e una fech a o de
una época que las v u elve m architas
o caducas para sus contem poráneos
y qu e las archiva y cataloga para la
posteridad.
¿C óm o podría escapar a esta ley

N

d e l o rb e el eterno fem enino, siempre
cam biante y renovado, siem pre re­
naciente, cada vez m ás herm oso y
seductor, d e entre sus cenizas?
A q u í tenem os dos estampas que
con cretan dos specimen de belleza
fem enina y qu e resumen dos épocas:
un pasado inm ediato a nosotros y
un presente que, en estos preludios
otoñales, ya puede considerarse pa­
sado.
En te m u jer elegante las huellas
d el tiem po se destacan, aún más que
en su físico, en la evolu ción d e las
m odas. Se d ice q u e la m u jer es es­
cla v a d e la m oda, qu e es una manera
d e d e cir que es victim a de tes hue­
llas d e l tiem po.
M ackm oiselle Falconetti, recien te­
mente fallecida, ataviada co n tes ga­
las prim averales propias de la ter­

cera década de este siglo,
es e l em blem a de la mu­
je r artista, que con oce el
v a lo r d el atavío y sabe
auxiliar co n los secretos
d el arte los dones de que
la d otó espléndidam ente
la naturaleza. La otra es­
tampa es el últim o grito
de la m oda playera. Es
la a p r o x i m a c i ó n más
perfecta posible a la pu­
ra linea fem enina, tal
com o la esculpió el su­
p rem o artista que creó
las montañas, las flores
y tos p á ja r o s . . . P e r o
tam bién ella pasa, pasa,
corno otra huella del
tiem po, d eján don os la
esperanza de su reapari­
ción , con nuevos e in­
sospechados e n c a n t o s ,
c u a n d o florezca una
nueva prim avera.

AJbert Camus ha respondido a '* «ascuesta abierta per el diario “C o m b a t" sobre
la literatura am ericana. Su Juicio ha sido
bastante severo sobre ésta. •'Los americanos
— ha dicho Camus— están asombrados de!
éxito de sus autores en Europa. (Caldwell
se vende dlex veces más en París que en
N ueva Y ork .) Esto no m e asombra. La téc­
nica novelesca americana es una técnica
de tacUldad; per0 si se compara un Steín beck a un lfe v ille . se da uno cuenta de que
a literatura americana del siglo X I X , cuya
grandeza es universal, ha sido sustituida
per u n » literatura de “ m agazine"
A la pregunta que se le íorm ula de cómo
explicar la influencia que esta literatura
americana ejerce sobre el lector francés,
Camus contestó: “ Veo dos explicaciones,
¡a una evidente, 1* otra más p e rs o n a l.. . La
primera es el gusto por la eficacia y la
velocidad, gusto m u y general, que y c no
desprecio, pero que se introduce ahora en
las técnicas de narración. El relato silencia
todo aquello que constituía hasta ahora el
m otivo propio de la literatura, es decir, la
vida Interior. El hombre es descrito, pero
nunca explicado ni interpretado. El resul­
tado es que hoy se puede escribir im a no­
vela recurriendo únicamente a la memoria
y a ios píos. L o demás, experiencia interior,
m editación, conocimiento del hombre y del
m undo, no es necesario. La novela está asi
al a canee de todos. Si usted sabe ver usted
sabe escribir; y como todo el mundo sabe
ver, todo el m undo sabe escribir, etc.
“En cuanto a la segunda explicación, la
doy sólo con prudencia. Es la siguiente:
nos engallamos sobre las novelas am erica­
nas cuando las leemos en francés, porque
nosotros tenemos 1 . tradición (y e l gusto)
del resumen, de: sobreentendido, de la alltote, y prestamos a esta técnica, que no
dice jam ás nada Importante, la Intención
de decir una porción de cosos que quizá
nunca ha querido decir. Leem os " O f mice
and m e n " con el m ism o espíritu con que
leemos “ La princesse de Cíe v e s " Pero los
hombres de la novela americana al contra­
rio del principe de Cleves, son realmente
seres elem entales. S i el prln d p e de Cleves
no dice na da, es que su do or es tan agudo
que acabará por morir. SI el George de
Steinbeck no dice nada, es que n o tiene
nada que decir, sino m eramente un gran
sentimiento confuso,
poderoso, que no en­
c o n t r a r á n u n c a la
verdad del lenguaje “
fin a lm e n te , emite
un juicio m ás severo
sobre la última no­
vela de Hem ingway.
"P o r quién d o b l a n
las cam panas", que
o tííe n e en Francia
un gran éxito, y que
al propio tiem po da
lugar a juicios diver.
‘ o s: "S u libro sobre
España (el de He­
m ingw ay) es tm li­
bro de niño al lado
de • 'L 'E s p o i r ” , de
M a lr a u x . N a d a m e

parece m á» engañoso que esa
amor al estilo de Metro-Goldwyn-líayer.
Introducida en la prodigiosa aventura e pañola. Hollywood y Guemica no pueden
Ir ju n tos."
• El “Prem io A rcadiu*" es u»
«erario de un nuevo tipo. Ha sido estable­
cido por los cronistas literarios, y consúu
en la designación por éstos del peor
literario del año. En la segunda varita oe
la votación recayó el acuerdo de deslgnsr
como el peor jurado literario de fVancja
al del Premio Goncourt. El acuerdo *
adoptó por siete votos contra
manifestaron a favor del Jurado Femlna
Terminada la votación, se organizó
dlatamente una suscripción para recompsv
sar .1 fe iz laureado, lo que permitió r*»;
ger la cantidad de trece t r a n c o s , at
enviaron por giro postal al Presídeme « j
Jurado premiado. Los cronistas U**™1
han demostrado asi su buen juicio y
buen humor.
• El Diccionario de la Academá francesa
avanza lentamente. La primera eíhaonap*
re d ó en 1® *, la séptima en 1*78. la o c ts «
en 1S3S Los inmortales francesestrabaj
actualmente en la novena edincc. o*
aguarda para su edición cincuenta y
años, periodo que transcurrió entre l» r
tima y a octava, la próxima edición no
publicará hasta 1992.
• Itargueritte Audoux, pastora de Sotog*
y Prem io Femlna de 1910, murió en
o sea hace diez años. Se ha celebrado'
recuerdo una exposición de libros, autofr*
fos y fotografías de la autora de “
C laire" Entre los recuerdos reunido» nao»
un cuadro de Charles-Louls phihp*,rRl,bu
paisaje de Sologne que el autor de “Bu
de M ontp am asse" había ofr^dMo a s»
amiga— un dibujo de Alain Foumier y
carnets de modista de Marguerttte.
• Ha Sido lanzada por algunos e * * 1* ? ^
a idea de construir u» monu™?l¿0w snm .m o ria de Saint-Exupery, que &amp;r* * “ *¡u
tado frente al mar, en la costa *fr*®“ ~ &lt;.
donde él partió para su último vni~ ,
Societé &lt;jes Gens de Lettres ha
poner el imperte de uno de s“ * JPt t "
premios U t B * r U * ‘
disposición d e l C ^
mlté que ha toms^
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e
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�3- CABALGATA

LAUTREAMOJÍT

y LEON ELOY
Por

MARIA

TERESA

LEON

.
OR qué la lectura del gran “ alabador” León B loy nos recuerda las páginas del inmenri \-* so blasfem o Lantréam ont? El ángel y el d iablo buscan en el lenguaje de la ira lo qne
pneda asom brar a aquellos que los leyeren. L es dos se saben con destino d e flagelad o­
res, los dos tienen el puñal de la miseria asesinándoles.
¿Hasta qué punto hoy las páginas de León B loy pueden con m ov er? ¿Hasta que hondura
nos llegan las del conde de Lantréam ont? Después de la h orrible peripecia atravesada, ¿qu é
gritos o qué blasfem ias son capaces ya de conm overnos? ¡Cuánto d o lo r d e buen energúm eno
en Lantréam ont! ¡Cuánta bilis de santo rebelde y de hom bre ham briento en L eón Blo y ! ¿N o
recordáis cóm o resuelven ambos la m uerte de la in ocen cia? En el canto prim ero, e l estupen­
do conde nos hace asistir a la injusticia divina. Un h ijo m uere. “ Un grito inm enso de ironía
se levanta en el aire” . Lanza Lantréam ont sus pelladas de barro hacia el cielo. L eón B loy, en
una de sus Historias Descorteses, tam bién nos lleva de la casa h orrible donde muere el h ijo.
Tam bién a llí un poder extraño, una presencia sin nom bre achicharra de presentim ientos. Se
espera lo abom inable y sucede. P ero no sucede p or voluntad de Dios, sino p or abandono de los
hom bres que han dejado en las entrañas de una casa h orrible a una fam ilia m iserable. A qu í
se bifurcan las inculpaciones: Lantréamont a Dios, B loy a la sociedad descristianizada.
P ero estos dos seres padecen la persecución de lo invisible. Luchan cada uno con sus armas,
tienen diferentes ironías. El u no quiere quemar parisienses porque no van a misa, y el otro
que durante toda la eternidad Dios pida perdón al hom bre. La Incha de estos dos terribles

V»

ángeles es incruenta. Sus cuentas pendientes se resuelven en palabras
atroces. Son dos reaccionarios en el sentido d irecto de la palabra, dos
negadores, des inadaptados. Siendo p rodu ctos sensibles de la sociedad
burguesa son antiburgueses, pues qu e nacieron en una sociedad que
los devoró. L os atenazó de miseria. ¿Q u é hubiera sido de L eón B loy
sin la pobreza “ lustral” sobre sus hom bres? ¿Q ué de Lautréam ont
con el dinero del m arqués de Sade? L es d o s son creyentes. “ Rechazad
la incredulidad, venís me fértz plaisir", suplica el desconcertante conde.
Eso que ha .venido a descom pon er el
cuadro tranquilo d e su ép oca: “ Y o
hice un pacto co n la prostitución a
fin de sem brar el desorden en las
familias” . Ese pacto tam bién lo ha
hecho León B loy, pero con la D ivin i­
dad. Siem bra el desorden a b ra zo y
a voleo, echa agua bendita a los o jo s
de los qu e v iv en del agua bendita
para que les escueza, em pleando pa­
ra tratar a las feligresas el d iccion a ­
rio de los carreteros. Unicam ente la
miseria lo enternece — se enternece
ante su p ropio destino— ; lo demás,
con su religión de con fitería y c o m ­
promiso, le da náuseas. ¡Q ué actual
resulta todo esto! ¡C óm o se regocija
Bloy el día d el castigo cuando el fu e ­
go consum e «1 Bazar d e la Caridad,
de París, d on de blasfem aban de la
pobreza con sus galas mundanas las
señeras d e la B eneficencia! Toda la
pasión adolescente d e Isidore Ducasse, conde de Lautréamont, p o r sem ­
brar la con fu sión entre las fam ilias
orgullosas — ¡oh, Rim baud, niño p ro­
digioso, tú supiste a lgo de esto!— ;
todo su orgu llo — “ N o lloréis en pú­
blico”— se le va *n llantos y cru ji­
dos 'i León Bloy. Y ataca a la gran
familia católica, descatolizada co n el
inmenso am or de un insensato. Pare­
cer. una fuente de dos caras, de dos
bocas, que la una vom itase al cielo
y la otra a la tierra.
León B k y con su mucha fe y Lau­
tréamont con el signo cam biado de
su fe — “ Y o no achnito a nadie, ni si­
quiera a Elohim, el dudar de m i sin­
ceridad” — nos d icen dem asiado de
la perplejidad del hom bre sob re la
tierra. En ambos casos, ¡qué despre­
cio hacia el d en de la vida! ¡Y qué
amor! León B loy es el pebre con un
palo que pega, pega fuerte en los nu­
dillos. Hace pensar que eq u ivocó la
fecha de su nacim iento, pues hubie­
se podido situarse entre los santos
vociferadcres. Pero llegaba en un si­
glo triste Sus patadas a la sociedad
horrible estaban docum entadas por
escritores que habian encontrado to­
PAUL VALERY
rios las vueltas d el ataque. Se había
descubierto a los falsos cristianos, a
los burgueses gordos, a los ven deNCONTRE a V aléry por prim era vez en París, en 1923, en
patries, a les vendedioses, a las da­
el salón de ana dama co y a única ocupación eran sus remas c:ritativas sin caridad. El ju icio
cepcicnes. L os dom ingos, la rean ión era brillante, mundana
de la sociedad burguesa estaba he­
y más o m enos cerrada. L os días de semana — pues ella recibía
cho, las teorías para reemplazarla
todos los dias a partir de las seis de la tarde— , la reanión era
habían o parecido. Era el tiem po del
más intima V aléry, qne vivía a un paso de .allí, acudía todos
Naturalismo despiadado. Del socia­
los días y encontraba en aquella casa un m edio consagrado a
lismo. León B lcy , “ h ijo de la ira” ,
sn gloria- “ Buen día, el prim ero entre sos pares” , lo saludaba
no hacía más que m achacar -sn la
Anua de Noailles.
llaga con un nueve m artillo. LauEn ana de aquellas tardes de semana, Paul V aléry me sor­
tréament con su m artillo golpea
prendió en casa de madama Lucien M nhlfetd (rin d a del nove­
más alto.
lista M nhlfeld y cañada de Paul A d a m ), cuando estaba com p o­
— ¡Oh, si hubieran podido encon­
niendo un ram illete de crisantem os según la escnela de Entrarse frente a frente! El gran D e­
shuryu. Se interesó en m i trabajo y m e d ijo : “ Usted debiera
fensor se hubiera lanzado a los pies
escribir nn lib ro sobre este arte de los ram os e ilastrarlo con
del gran D etractor para suplicarle:
estampas” . C onservé diez años en mi corazón aqnel consejo.
V aléry m urió antes de ver m i m anuscrito. P ero en 1924 leyó
(Continúa en la página i)
mis traducciones de t a n k a s japonesas y a propósito de

VALERY

E

IN T IM O
Por K 1 K U
YA M A T A

ellas m e envió una carta, -de la que
extraigo estas frases:
“ Las civilizaciones que se refinan
se producen en form as poéticas m uy
breves. A pren dieron q u e los largos
poemas se quiebran y se d ilu yen es­
pontáneamente en sus f r a g m e n t o s
más p reciosos. Un largo poem a con ­
tiene siem pre algo más qu e poesía.
“ Las pequeñas com posicion es que
usted nos ofrece son d e l tamaño de
un pensamiento. A veces el pensa­
m iento se reduce tan graciosam ente
a una expresión d e una sen cillez ab­
soluta, qu e puede confundirse con
cierto estrem ecim iento, co n un m u r­
m ullo, co n el paso de un perfu m e en
el viento. L os poetas d e l E xtrem o
Oriente parecen haberse graduado en
el arte d e redu cir a su esencia el
placer infinito d e sentirse e m ocio­
nado. Les basta una palabra para
arrojar el alma al éxtasis. C onfiése­
le qu e ignoraba (entre tantas cosas)
que ya en el sig lo V IH estaban en
condiciones d e hacer gustar estos fru ­
tos deliciosos. En tiem pos d e K ojik i y d e aquella tierna con fesión d e
am or que la em peratriz Y akam i ha­
ce al em perador Sukuna, nosotros
estábamos, si no m e eq u ivoco, b a jo
P epin o y m u y lejos d e la delica­
deza.”
A partir de aquel día, V aléry se
con virtió en m i padrino literario.
L e y ó cada uno de m is libros y m e
d ió su parecer. D edicóm e los suyos,
a veces con la hum orada un tanto
grotesca que le gustaba: “ El padri­
no se hace e l h arakiri ante K ik u .”
C ontinué vién d olo co n frecuencia
en les salones, en donde ciertas da­
mas francesas favorecen e l encuen­
tro de las personalidades más d iv er­
sas. V aléry se declaraba harto de
aquellas reuniones, p ero llam ado,
solicitado para q u e com pareciese,
com o u m estrella cu ya ausencia hu­
biese p ro v o ca d o las tinieblas, ter­
minaba p o r acudir. V e s t i d o e l e ­
gantemente y ju gan d o con su m o­
n óculo, le gustaba entonces eje r­
cer sobre sus oyentes el m ecanism o
de su p rep io espíritu. Enunciaba una
idea, recogía la objeción , la lanzaba
al aire y terminaba p or n o m irar a
los interlocutores, p ero seguía el ju e ­
go &lt;k su pensam iento, haciendo sal­
tar chispas d el yunque a cada golpe.
Solía servirle yo una taza d e té o,
le que prefería, da ch ocolate.
D ejábase robar su tiem po, sus
fuerzas y su resplandor, p ero quizá
necesitaba de aquella atm ósfera d e
(Continúa en te gágina 23)

�(ABáLWIA -4
E arreglé la chaqueta y el
som brero, estiré la corbata y
entré. Era un cabaret de
a m bien te tu rbio y estaba repleto. Es­
p e ré hasta enfrentar la «lira d a del
ca m a rero p rin cipal. Se ap rox im ó y
m e co n d u jo a una m esa c o n e l cartel
“ R eservada” .
T odas las noches, p er casi una se­
mana, había dado una propina al ca­
m arero. Esta n oche la redoblé. M e
d ió las gracias discretam ente y dis­
cretam ente se a lejó.
U n m o ro se a cercó a recib ir ó r­
denes. C uando se retiró dirigí una
lenta m irada alred ed or del salón.
H abía allí m uchas m uchachas, y al­
gunas d e ella s eran rubias. P ero la
rubia que y o aguardaba aun n o ha­
bía llegado. P ero tenía un presenti­
m iento seguro d e qu e iba a aparecer.
P o r lo tanto, no estaba preocupado.
R im ini estaba a llí y no m e sor­
p ren dió v e r lo . . . ya había estado la
n och e anterior. Esta noche estaba
otra v ez solo, en una mesa d el rin­
cón . Una v ez nuestras miradas se
cruzaron y la de él p a reció inqui­
riente. Desde ese m em ento n o v o lv í
a m ira r su cara blanda y gorda.
M iré la pista d e baile. Una orques­
ta tocaba jazz estrepitosam ente y al­
gunas lindas m uchachas danzaban y
cantaban rápidam ente.
Era el m e jo r espectáculo d e la ciu ­
dad. P e ro y o n o p odía prestarle
atención. P o r lo m en os, n o esta no­
ch e. . .
A l term inar el n úm ero apareció la
rubia. Estaba s o la . . . ; nunca llevaba
escolta. H izo su entrada acostum bra­
da, entre inclinaciones d e los m ozos
y m iradas d e todo el p ú b lico , m ien ­
tras e l du eñ o del cabaret la acom ­
pañaba hasta' la -m ejor mesa.
Esta ru bia era una m uchacha m uy
notable. N o podía tener más d e veinticin oo años: era una belleza m od er­
na. Esta n o ch e sus labios estaban

M

Un diálogo frecuente con un final
que muy pocos conocen.
—El libro argentino es caro. La no­
vela que años atrás podía comprarse
por un peso o dos ahora no cuesta me­
nos de cinco a siete pesos.
—Eso es cierto.
— A ese paso pronto no podremos leer.
—Esto no ocurrirá. Usted hoy tiene
un poder adquisitivo muy superior al
que tenia en :os tiempos de que está
hablando. Usted hoy no puede prescin­
dir de la lectura.
— Pero loe precios...
—Usted no quiere tener en cuenta que
en la época a que se refiere la industria
del libro no se habla desarrollado; que
no existía respeto por lo6 derechos del
autor y, por tanto, por regla general,
si éste era extranjero no percibía re­
galía ninguna, y si era nacional... tam­
poco. Muchas traducciones eran toma­
das de ediciones españoles. . . Para qué
voy a seguir enumerándole. . . Sepa que
hoy día el autor percibe la parte que
le corresponde; que la edición argen­
tina cada vez es más cuidada, porque
la honestidad de los editores profesio­
nales y el refinamiento del público así
lo exige. El papel ha subido astronómi­
camente, los sueldos usted no ignora que
también han suBldo. En una palabra,
el libro argentino no es caro y está bien
hecho.
—No obstante...
—No me interrumpa, por favor. Lea.
Si es buen lector, lea más. Regale libros.
Contribuya al esfuerzo que están reali­
zando nuestros editores propagando el
nombre de la Argentina en toda Amé­
rica, de punta a punta. Los anaqueles
y vidrieras de todas las librerías de Sud
América proclaman millones de veces el
nombre de Buenos Aires Impreso en las
tapas de cada ejemplar editado en nues­
tro país. Procure, esto sí, que el libro

S E G U ID

a

CUENTO POLICIAL

la

R U B IA

Por C H A R L E S A D A M S

cargados d e ro jo , y sus o jo s parecían
más verdes qu e nunca. L levaba un
vestido q u e y o no le había visto aún:
un traje apretado, de gran deseóte,
de seda roja. A l sentarse relam pa­
gu earon los anilles de sus dedos, el
co lla r qu e siem pre llevaba se m ovió
en su c u e llo . . . ; parecía un herm oso
cuadro, y todos la m iraron.
El collar era d e platino y diam an­
tes. Era precioso. M inski calculaba
que debí-a costar unos treinta m il d ó ­
lares, y M inski entendía d e estas co ­
sas.
Jamás había visto q u e la rubia
miraría a nadie. Esta noche tam po­
co lo hizo. C om ía lenta y pulcra­
m ente. P id ió cham paña, pero no be­
b ió m ucho. Cuando finalm ente se
retiró d el cabaret y o consulté mi
reloj. Eran las d oce y cuarto.
R im ini se levantó y salió- Y o es­
peré un m inuto o dos. Entonces p e­
gué mi cuenta, recog í m i sobretodo
y m i som brero y rápidam ente salí
a la acera.
La rubia no estaba a la vista.
R u ffo m anejaba. M inski ocupaba
el asiento trasero. M e senté ju n to a
M inski.
— ¿T od o bien? — pregunté.
— T od o bien — d ijo M inski— . A l
fin . . .
Partim os.
R u ffo sabía lo qu e esperábamos
de él. T odos habíam os hecho pla­
nes: sabíam os m uy bien lo qu e de­
bíam os hacer aquella noche. Había
m ucho trá fico y R u ffo n o se arries­
gaba.
— Apresúrate — dije.

— ¿ Y las l u c e s r o j a s ? — d ijo
R uffo.
— O lvídate de ellas. Adelante.
R u ffo se apresuró. C orríam os ha­
cia el Este. N os deslizam os entre el
tráfico co m o si no existiera. A tra­
vesamos la Quinta A venida. Dim os
la vuelta y m archam os hacia el
N orte. Una vez un p o licía nos gritó.
No le prestam os ninguna atención.
Ibam os a la casa de departam en­
tos donde vivía ia rubia y n o qu e­
ríam os tener ninguna interrupción
esta noche.
La rubia vivía a llí sola. Y todas
las coch es, durante una semana,
había exh ib id o el co lla r en e l caba­
r e t . . . Y todas las noches y o había
estado a ll í. . . mientras M inski y
R u ffo esperaban afuera.
A l pasar la calle D ieciséis v o la ­
m os p o r la avenida. En la calle Die­
cin u eve volv im os hacia el Este. Nos
detuvim os frente a la casa de la
rubia.
— Dobla en la esquina y espera
— d ije.
— Está bien, patrón — contestó
R uffo.
M inski y y o descendim os. Entra­
m os en la casa de departam entos.
El vestíbulo estaba vacío. La puer­
ta del ascensor estaba cerrada. T o ­
qué el tim bre para llam arlo. M ien­
tras esperábamos, la cara dura de
M inski parecía más som bría que
nunca, y sus o jo s fríos y oscuros pa­
recían dos tajos. Estaba nervioso y
y o también lo estaba.
El ascensor descendió y se detu­
v o. Se abrió la puerta. M inski y yo

“G r it a m ás. Voy a
mostrarles a los ca­
tólicos su falta de fe.
SI vives, si no has
sido lapidado ya, si
no ha s a lid o nadie
en defensa de Dios,
es que nadie merece
(Viene de la
ese Dios en quien yo
creo, porque permite
con tu vida la prueba de su existencia” .
Y muchas « * a s m á s... Lautréamont,
como “ el principio de los cultos es el
orgullo”, lo hubiese ignorado como a un
pobre hombre. "¿Por qué te asombro?
'Las palabras que nombran el mal es­
tán destinadas a tomar significaciones
útiles”. Y se hubiesen callado las voces
de los dos testlmoniadores, las voces de
los que están más allá de la ponderación.
Hace unos años se juraba por el nom­
bre de Lautréamont. Sus permanentes
valores poéticos, la revelación de su es­
tilo, su impulso apo­
calíptico, la crisis to­
tal que re p re se n ta
con lo antes conoci­
LEON BLOY,
do hicieron de Isi­
doro Ducasse el Jefe
de la escuela poética
más avanzada. Creo
que toda esta aterra­
dora rebeldía se ha
i visto relegada por la
gran c a t á s t r o fe a
que íué sometido el
Hombre. El caos del
pensamiento univer­
sal se asienta sobre
bases demasiado deso rd e n a d a s para no
Intentar un remien­
do de buena volun­
tad. A lg u ie n (Malraux) piensa que en
esta almoneda brutal
no6 queda únicamen­
te el H om bre. ¿No
estarla pensando en

L a u t r é a m o n t: "El
hombre no es menos
Inmortal que el al­
ma"? Da miedo pen­
sar que el Hombre
no sea más que un
lugar común legado
por los siglos. ¿Qué
página 3)
h a ría m os rodeados
de explosiones retar­
dadas como estamos? Pax huic domui
et ómnibus habitantibus en ea. ¿Cuán­
do habrá paz en la casa del hombre?
¿Quién será capaz de exorcizar a los
fantasm as? ¿Seguirá n e c e s ita n d o el
hombre que lo flagelen y lo escupan
para darse cuenta de que es el Hombre?
¿Seremos únicamente la trabazón soña­
da de nuestro orgullo? Parece como si
voces más fuertes nos dijesen que la
literatura de la agonía y la desespera­
ción es incompatible con la esperanza.
Y estamos hambrientos de esperanza.
Parece que nos han
vaciado el corazón y
necesitásemos comer
Para v iv ir. ¿Queda
por Rouault.
a lg o que co m e r en
estos dos escritores
Ilustres? Depende de
los dientes. £3 alma
en los dientes puede
llorar mucho ante el
mundo de León Bloy
y ante el trasmundo
del co n d e de Lau­
tréamont. Pero ¿no es
momento de estar —
en Dios o en el Hom­
bre— con otro signo
de afirmación? ¿Dón­
de hallarem os esta
nueva flor de la ma­
ravilla? No6 Importa
mucho la con testa­
ción, porque tenemos
miedo de no habernos
p o d id o aún libertar
de todas las tinieblas.

LAITREAMOXT
yLEONBLOY

nos deslizam os dentro. Ambos vatíam os traje de etiqueta. El asarso rista no hizo ninguna pregunta.
— Quinto piso — dije.
El a s c e n s o r subió, se detuvo
M inski y y e salimos. Caminamos
hasta el departamento C. Saqué no
llavero d e mi bolsillo, encontré li
llave que c o r r e s p o n d ía y abrí la
puerta. Entramos en el departa­
mento. No encontramos a nadie.
— N o tendremos que esperar mu­
ch o ; ella llagará pronto —dije.
Minski agregó:
— A com odém onos.
Era un lindo departamento de tres
habitaciones, amueblado cen el tipo
d e m u ebles que pueden gustar a um
m uchacha rica. Atravesamos la safe
y llegam os al dormitorio. Allí ha­
bía un cuarto de baño, detrás dé
dorm itorio. Minski y yo entramos
allí y cerram os la puerta.
El cuarto estaba a oscuras ya
llí
aguardam os, en la oscuridad.
D espués de un rato creí que alguien se m ovía en la sale. Después
un zum bido. Minski me tocó en el
hom bro. Y o tanteé baje el brazo y
m e preparé. Comprendí que Minsk:
tam bién se preparaba.
N o hicim os el menor movimfento
hasta que la muchacha gritó. Enton­
ces salim os rápidamente.
Encontram os lo que esperábamos
R im ini estaba a llí. . . había seguí*
a la rubia. Acababa de apoderar»
d el colla r cuando aparecimos nos­
otros, con los revólveres.
Cuando nos vió quedó petrificado
su inexpresiva y pálida cara no in­
d icaba nada; no dijo una palabra.
— Som os policías — dijo Minski—.
dos endiablados policías.
— Y le muchacha — añadí y o - «
la señorita G oldie Gleason. Una po­
licía m uy hábil. ¿Entiende, señor
R im ini?
,
Y m e parece que lo entendió.

noticia
Jules Romains acaba de ptaier P®*
final a una tarea literaria que M „
vado a c a b o valerosamente
quince años: acaba de publicar las
timas páginas de su * * » * * » ,
“Les hotnmes de bonne volOBt*

tualmente en curso de publicad
_
la Editorial Losada). Este libro
cular, donde se agitan más de mu ,
sonajes, comenzó a aparecer
voló'
mavera’ de 1932. Los tres últimos
menes, que acaban de aparec^ i UMt
llevan por título: "Francisca”,
^^
mágico” y “El 7 de octubre".
octubre es el de 1933. Ehtre el P
y el último volumen transcurren
tícinco años, es decir, veinticinco
de historia contemporánea.
no se encarezca. Existe la
^
evitarlo. Que no se le creen du
a la Industria, que se la Prote'L _gfl»,
arriba, como hace actualmente
que trata muy activamente d* ^
quístar el lugar que en.el1
^
ocupa la Argentina. ¿6e da va.

�L

O qu e p revalece en el espíritu
del brasileño, al m orir el Car­
naval, es siem pre el rem ord i­
miento. R em ordim iento por haber
bebida dem asiado. R em ordim iento
por haber gastado demasiado. R em ordim iento p or no haberse diverti­
do demasiado. El carnavalero — tipo
eminentem ente nacional— , es una
espacie de perpetuo reprim ido en
busca de expansión. Quiere navegar
en la alta mar de la alegría^ y. no
tsnier.do, a veces, un centavo en el
bolsillo, se pone unas ropas viejas,
arranca la seda de un im perm eable,
se ata al pulso un despertador y sale

m

que ni bola de Navidad, hasta el
v ie jo más v ie jo , que apenas si se
sostiene sobre las piernas, pero que
se em briaga con prudencia a la puer­
ta de su casa d e zinc, que se está
ca yen d o a pedazos. La lavandera
usa los restos d e los disfraces de
las niñas para las cuates lava du­
rante el año; el m arinero sube, más
em briagado que d e costum bre, la
falda del “ m o rro " en busca d e su
com pañera de fiestas, inclinándosele
el cu erpo co m o si estuviera a punto
ds ca er, y alzando el rostro en busca
d e amor. El" ladrón tiene más acen­
tuada la alegría en los ojos, pues
irá, sin máscara, a forza r las fá ci­
les ventanas y saltará c o n toda ca l­
ma las cercas, sin tener que rasgar
los pantalones; las casas y las quin­
tas están absolutam ente desiertas.
Pero sn los barrios más ricos el
disfraz se manifiesta de manera más
elegante. Un “ niño b ien ” se viste,
modestamente, de cargador, d e por­
tugués d e grandes b ig o te s,. tirando
de un carrito y llam ándose, h um il­
demente, “ b u rrito-sin -rabo". O t r o
se enfunda en ton pijam a de seda
blanca que sólo se quita cuando los
calurosos dias d e feb rero y marzo
term inan definitivam ente. La moza
más jo v e n de la casa aprovecha la
distracción general para estar días y
noches enteros en los brazos del
enam orado; las arenas de las plaen realidad, la única m anifestación
colectiva, d e alegría que él co n oció
en el m undo entero. T o d o el p u eblo
baila, canta y se em briaga de per­
fum es de éter durante tres días.
Nada h a y que pueda ser com parado
a este danzar y cantar qu e no tiene
fin. Sin ser político, su contenido es
más profundo que el de cualquier
m jn ifesta ción de masas q u e se p u e­
da presenciar. Y sin ser agresivo ni
guerrero, tiene algo de p rim itivo y
de guste a sangre. Puede decirse
q u e es la fiesta de las turbas, de la
masa, del p u eb lo; del gran pueblo,
del subpueblo, d el p u eb lo m inúscu­
lo e indiviso de los días com unes.
¿C óm o se reúne tanto gentío? Nadie
sabe. ¿C óm o despiertan sus almas?
Nadie sabe tam poco. L o que se ve
y lo que se siente es que el carnaval
es s u ocasión, su única ocasión. El

a las c a lle s .. . Cuando no puede
Comprar el brillante satín para un
“ pierrot” , rom pe los calzones d el an­
terior y coloca un cóm ico fon d illo de
percal en los pantalones de otro dis­
fraz c#si nuevo. P refiere el rem iendo
a la repetición.
La “ comparsa” que llena las pen­
siones del Catete, en R ío, es más
paciente, más m etódico; se prepara
durante el año, econom iza, proyecta
y ensaya con los compararos los v e r­
ses que ha de cantar y los disfraces
que ha de vestir en los días de car­
naval. Hay m uchachos em pleados de
comercio que gastan en un disfraz
la paga de diez meses. El satén tiene
que ser el más caro, las lentejuelas,
qus cuestan una fortuna, son usadas
abundantemente. El lamé (¡ah, el
lamé!), se usa profusamente en tes
modestas pensiones de la calle del
Catete. Es un disfraz de riqueza bri­
llante, de pompa real, lo que obliga
a esta m ortificación de la carne d u ­
rante meses para lograr ese efím ero
esplendor de los tres días grandes.
En los cerros, el carnaval toma
los aspectos más diversos: recorre
todos los matices de la fácil em o­
tividad. Va desde el perro vagabun­
do, que en estos días lleva el rabo
tan adornado con papeles de oolor

yas, p or la mañana, tienen la huella
que deja el peso de los cuerpos, gra­
cias a la libertad relativa que da la
indiferencia policial en los tres días
de diversión.
La dueña de casa tam bién ap ro­
vecha la gritería general para o lv i­
darse d e los m uebles. P or las venta­
nas abandonadas se ven las escale­
ras polvorientas, alfom bras oscilan­
do, toallas manchadas y un m ontón
de ropa sucia. L a dueña de casa dice
que sólo aprovecha las noches, los
días están consagrados a la lim ­
pieza.
En el mismo corazón de C opacabana, las filas insistentes d e los auto­
m óviles indican, con sus maletas,
que “ la gran sociedad” abandona
paulatinamente el carnaval en bus­
ca de un clim a m ejor. Y es lógico,
porque el “ gran m undo” tiene todo
el año libre para expansionarse, y
no necesita Estos míseros y breves
días grandes para hacer ostensibles
sus miserias y sus grandezas. El po­
bre clama p or un carnaval más lar­
go, y el rico abandona las fiestas
populares en busca de un p oco de
paz, que le dura exactam ente 72
horas.
Oí decir a un grave hom bre de
ciencia que si carnaval carioca es,

p u eblo se aferra a su alegría co m o
sn las guerras les soldados se ate­
rran a sus jefes. La única consigna
es divertirse, divertirse hasta m orir,
•brío de colores, de canciones y de
alegrías.
Drcen los cronistas experim en ta­
dos qu e el carnaval de R ío está des­
apareciendo. D icen tam bién que, f i ­
nalmente, la civilización matará el
carnaval. Es cierto que d icen tod o
esto. P ero el cronista hace su c r ó ­
nica m etid o en un d om in ó sin anti­
faz, y el h om bre civilizad o, m ientras
observa la m uerte d e la civilización ,
pinta su cu erp o pacientem ente, de
“ u ru oú ” rojo, se p on e piedritas de
indio en la cintura y co rre a la ave­
nida c o n pulseras y brazaletes a fri­
canos . . .

DE CUARESMA EN
m

m

Por NEWTON FREITAS

�CABALGATA -6

im­
portan­
V te n o ­
vedad acaba
de aparecer
e d it a d a par
C o lo m b ia
n a cio n a l:
" L o s p in o s
de Roma" de
R e sp lg b i,
grabada par
la Orquesta Sinfónica de Pilad elfia ba­
jo la dirección de Eugenio Ormaody
(un álbum de tres discos, 6 faces de
30 centímetros, C-196).
Desde los tiempos algo heroicos de
las grabaciones de Molajoll al frente de
la Orquesta Sinfónica de Milán, conta­
minada por la luminosidad y trascen­
dencia de los cielos Italianos, viejas gra­
baciones que nos dieron a conocer al­
gunas de las producciones más signifi­
cativas de la música europea, esta obra
no habla sido registrada sino por Plero
Cóppola, otro director meritorio, apa­
cible y musical, con la tan europea or­
questa del Conservatorio de París.
A pesar de ellas, “Los pinos de Rama”
exigía una grabación moderna que acer­
tara tanto por la calidad de la repro­
ducción, cuanto por la excelencia de
la orquesta, a registrar la magia sono­
ra. a veces intrincada y siempre difi­
cultosa, que es uno de los verdaderos
encantos de la obra de Resplgbi. Ormandy y la-Sinfónica de Püadelíia, en
algún .estudio de América del Norte,
bien preparado para evitar ruidos de
bocinas y gritos agitados, han llevado
al disco con cuidadosa expresión la an­
churosa y Urica modalidad del lengua­
je del maestro italiano sin abogar en
momento alguna la minucia y el de­
talle, la calidad de miniaturista orques­
tal que caracterisa las mejores produc­
ciones del autor.
En efecto, pocos directores en la ac­
tualidad poseen tan desarrollado c o c o
Ormandy, ese doble sentido de la pro­
porción que admite la unión del frag­
mento en la línea general de la obra
con Inusitada desenvoltura, sin perder
ni disminuir su Importancia ni aún su
relevante Intención. Ese eterno y minu­
cioso problema de ajuste y articulación
entre lo menudo y pequeño y lo prin­
cipal o definido, que es una de las ma­
yores dificultades de todos loo intérpre­
tes y muy en especial del director de
orquesta, se nos muestra solucionado
con lógica y hasta sorpresiva naturali­
dad en esta versión. Entre los pinos
de Villa Borghese, de la Via Appla o
del Monte Janiculo, wihiKtw y carga­
dos de nobleza, magistralmente trazados
por Respighl, a veces hay un destello
de luz o de sombra que los personaliza
y define. Esos fragmentos de luz, Or­
mandy nos lo muestra con exactitud
admirable.
La, grabación es buena y los técnicos
de Columbia, con perspicacia notoria,
han preferido disminuir el brillo para,
ganar luminosidad y hondura.
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y LAYA1Ü 371 Distribuido*: Antonio MuA#i |S.UBÜ
;¡rransí remitirme un íolleto explicativo 4a

Nombre..
Domicilio
Localidad

t*r Escribe” , CABALGATA |Mbllemrá las «Artas | » reciba
Ae las Iceteles j ,a e . a ja ld e
Ae U D ireed én . seaa Ae la ­
tería j i a t r s l .

Buenos Aires, 2S de fe­
brero de 1947. — Señor
director de CABALGATA,
Capital, estimado señor:
Siendo un asiduo lector
de su interesante revista
es que me perm ito, en
condición de tal, hacerle
llegar una observación,
mejor dicho, una rectifi­
cación al contenido de un
articulo aparecido en su
publicación —N* 19, del 25
de febrero de 1947, pági­
na 7— que Ueva por ti­
tulo “Los seten ta años
heroicos de Pablo Cosáis
escrito por Mario Aguilas.
Dicho articulo me pare­
ce, en su conjunto, muy
acertado, ya que rinde
justiciero homenaje a uno
de los más grandes artis­
tas de nuestra época. Te­
niendo el alto honor de
conocer a Cosáis perso­
nalmente y habiendo pa­
sado unos cuantos años
de mi existencia en Sui­
za, me creo calificado pa­
ra hacer ¡a observación
que va a continuación.
En un párrafo de dicho
articulo leo lo siguiente:
" „ t /n día lo llamaron des­

de Suiza pa­
ra dar unos
c o n d e rtos
que podían
s a lv a r su
eco n o m i a,
pero bu autoridades hel­
véticas le exigieron el pa­
saporte oficial, el de Fran­
co, y él se negó a cumplir
agüella formalidad apa­
rentemente administrati­
va, en tí toado ac&amp;tamienmiento &amp; una autoridad
usurpadora, y no fué a
Suiza”. Aparte del hecho
sabido que Suiza es un
país cuya democracia es
un ejemplo para el mundo
donde dicho acatamiento
a una autoridad usurpa­
dora no existe —por lo
meaos moralmente — ya
que odiaron tanto a los
nazis como a los fascistas,
cosa que me consta per­
sonalmente, —en lo que a
Cosáis se refiere, trátase
de un error grave. Cosáis
es muy querido y admira­
do en Suiza —tal vez más
que en ningún pait del
mundo — tanto por sus
condiciones de genial mú­
sico, como por su credo
tan limpiamente democrá
tico, por lo que fué ano
de los pocos países donde
ha actuado casi cada año,
aun durante la guerra
(años 1940. 41. 43) y re­
cién otra vez en 1946-47.
Según sus propias m a­
nifestaciones, Suiza es uno
de sus preferidos lugares
de actuación por múlti­
ples razones. AHÍ posee

una propiedad, pasa a
menudo los veranos, y
cuando más joven salía a
hacer alpinismo regular­
mente. Cosáis manifestó
en diversas oportunidades
que Suiza era una isla, un
oasis en este mundo con­
vulsionado y consideraba
su forma de gobierno co­
mo de lo más perfecto.
Para mayores detalles so­
bre su actuación (de Co­
sáis) en Suiza, le reco­
miendo tí siguiente libro
aparecido en Zurich (Sui­
za) en tí año 1945: “Pa­
blo Cosáis", de Rudolf
von Toliel (es un violon­
celista suizo aficionado
que recopiló ideas, senten­
cias, pensamientos musi­
cales y filosóficos, mani­
festados por Cosáis du­
rante tres veranos que es­
te admirador tuvo tí alto
placer de pasar junto al
gran maestro). El libro
susodicho está escrito en
alemán, pero por las fo­
tografías que contiene —
donde figuran las fechas
y tugares de actuación—
usted podrá cerciorarse de
la exactitud de mis ma­
nifestaciones. El resto lo
sé por propia experiencia,
y por comunicaciones de
amistades que poseo en
Suiza.
Esperando haber mo­
destamente contribuido a
adorar un error que con­
sideré una injusticia tan­
to para Cosáis como para
tí “gran" país que es Sui­
za, ruégela se sirva Hacer

*

*

*

Víctor publicó este mes nnn de i*s
mejores grabaciones de piano de los úl­
timos tiempos, en la que tanto el aspec­
to de fidelidad como la perfección del
registro concurren por igual para seña­
larla como modelo de técnica. Es la
Oran Polonesa en mi bemol op. 33 pre­
cedida por el Andante splanato, de Cho-

la adoración correspon­
diente en la forma que le
parezca más adecuada.
Agradeciéndole de an­

ptn, en una versión de Wladlmir Homwitz. (Dos discos N9 9043 y 44, tres faces
de 30 centímetros. La cuarta faz conde
ne el “Vals mi la menor*’ op. 34 N” 1).
Es muy posible que la primera audi­
ción de este disco sorprenda al aficio­
nada No concuerda la interpretadóo de
Horowitz con lo aceptado como autén­
tico en esta obra, o por lo menos como
tradicional. El enfoque se aparta de kz
cánones para señalar, con perceptible
evidencia, el carácter de alto virtuosis­
mo de esta Gran Polonesa.
Con un ajuste rítmico de escasas di­
laciones, la obra se desarrolla como m
torbellino de precisión en el que Hotowitz, gracias al mágico mecanismo téc­
nico que posee, luce esa particularidad
suya que hace pensar con mucha fre­
cuencia en lo que se tiene historiado
de la interpretación de Paganini &amp;
efecto, algo de diabólico encierra su aposición, tan precisa y ajena a convendónales o legítimos efectos de respal­
dón. Aquí la linea melódica se define,
más que por la ondulación del trato J
el claroscuro del dibujo, por la obsti­
nada y aguda decisión con que la obra
toda ha sido comprendida.

Federico Chopin

El “Andante splanato” es, a mi Juj*
do, mucho menos feliz como interpre­
tación y el vals que complementé »
cuarta faz, uno de los más
por Chapín, ha sido traducido sin m*i
res virtudes a señalar. El regtétroD*®
deda más arriba, es de Períec~ ~ l1_
fidelidad admirables, muy ^
por derto, de la calidad corriente en
discos de edldón nacional.

Por último, como acontecimiento meo
sual, cabe destacar la publicación
obertura de Rosslnl “H signor BxW“
no” y el "Passo a sie”, danza «
ópera del mismo autor “Guillermo
•
Estos discos fueron originariAmen»
zados al mercado por 1* Víctor
álbum de oberturas de Rossll?í:
sas sobre el nuevo material
alta fidelidad. Las verdones corroí p»
cuenta de Arturo Toscaninl 7
questa de la N.B.C., y el P^m^o
de estas dirás, aparentemente m _ _
verdaderos prodigios de g**®* ^ «-¡dddad (un disco, dos faces de » ^
metros, N9 9069). En la
^
es dable advertir el famoso eí
^
grado por la percusión de las
^
lo6 violines que ocasionó a Rossim. ^
oportunidad de su estreno. U£L®1.
memorables y más excitantes
de las muchas que glorificaron vt
rrera. El registro es de buena

temano su gentileza, y si»
otro particular, me per­
mito saludarlo coa mi
mayor consideración. —

�ramBARES
NTES de la guerra se había
hecho un lugar com ún — que
venía m uy pintiparado -para
los burgueses caseros— el declarar
que París era un com puesto de vein ­
te provincias — sus respectivos dis­
tritos— y que cualquier vecin o de
una circunscripción se sentía vaga­
mente desarraigado cuando traspo­
nía las fronteras de su barrio. Indu­
dablemente, era m uy raro que un
vecino del barrio latino se aventu­
rase p or parajes para él tan excén ­
tricos com o Ménilmontant o C ourbeveie. Pero los -parisienses que ha­
cen París — escritores, pintores, ac­
tores, gente mundana— , aunque
confesaban gustosamente sus prefe­
rencias p or tal o cual rincón d el
viejo o del nuevo París, ponían, sin
embargo, su puntillo de honra en
reunirse, para el aperitivo, el té o
la cena en algún punto cualquiera
de la ciudad. El barrio de los ma­
taderos, por ejem plo, tenía en varios
de sus restaurantes algunas de las
cocinas más refinadas de París; pe­

A

se dice: C octeau -es el PaJais-Royal;
Jouvet, el ca fé Francis; Picasso, el
Catalán; Sartre, el F iore; Van Caulaert, M arguerite M oreno y Charpini, e l Tonton; Mac Orlan, la Mere
L ooise; Roubé-Jansky, Les Cloches
de Pétrograd; Joseph Kessel, el Nov y ; Kisling sigue fiel a la Conpole;
Dekofera se queda en el b a r subma­
rino de su casa de Passy. Y es así
com e se va esbozando todo un nue­
v o itinerario d el verdadero París,
del que está dom inado p o r otros va­
lores que no son los del dinero.
JEAN COCTEAU EN
EL P A L A IS -R O Y A L
Ya dije que Jean C octeau es el
Palais-Royal. Com parte le gloria de
aquella m orada con Oclette y Mireille. Estableció su cuartel general
simplemente en su casa, pues no le
gustan m ucho el desorden y el rui­
d o de los bares. Su departamento,
situado en el entresuelo de una de
las casas del Palais-Royal, es uno

7 - M \m \
ENTRAN EN LA

HISTORIA

nom bre, en el barrio d e la M adeleine, en donde cena con frecuencia a
la salida d el teatro. Este Athénée,
que está frente a la sede parisiense
del “ New Y ork Tim s” y d e la “ Intem a tk n a l News Service” , es un
v iejo ca fé del 1900, pintado p o r fu e­
ra d e gris y adornado en su interior
con grandes espejes de gastada luna.
L o frecuentan periodistas n o r t e americanos y algunos actores. L os
m ozos son corteses — v iejo estilo— ,
com placientes y rápidos. C om o al
café no is interesan las apariencias,
se va libre de los m ercaderes, los
cuales prefieren los bares cubiertos
d : dorados blasones de la calle Caumartin. Y de esta manera, también,
Jouvet escapa a la curiosidad que
nunca deja de despertar en un lugar
pú blico y que le inspira mem orables
y pintorescas cóleras.
PICASSO EN EL CATALAN
En la orilla izquierda, en un res­
taurante llamado Le Catalan, podre­
m os sorprender a Picasso. El local

MENUDA DE

entonces la hora de retirarse, pues
sus despertares son a veces terrib les.
K I S L I N G , EL ULTIMO
F IE L A MONTPARNASSE
K islicg, que acaba d e regresar de
A m érica, tras una ausencia de seis
años, encontró ya su cuartel general:
M ontpam asse, y, en M ontpam asse,
La Coupole. Es el ú nico pintor d el
antiguo equipo d e aquel barrio que
le sigue siendo fie l (quizá porque
después d e tanto tiem po lo que allí
busca sobre tod o son recu erdos). Su
espigada silueta y su sonrisa reani­
man, sin qu e lo sepa, la fascinación
un tanto m archite de aquella C oup ols en la que algunos burgueses han
reem plazado la afiebrada bohem ia
del período qu e va entre una y otra
guerra. El rum or de su regreso se
extendió p or París com o un regue­
ro de p ólvora, y en cuanto entra en
el ca fé hay am igos que se p recip i­
tan en sus brazos. Actualm ente es­
tá viviendo un p eríod o d e funciones
de bienvenida: espectáculos q u e p or
veces nc carecen de fantasía. Es un
p oco del París perdido q u e resucita.
JEAN-PAUL SARTRE EN
EL C A F E DE F L O R E
Jean-Paul Sartre, un recién lle­
gado a la gloria de esta ciudad, h i­
zo d el Café de Flore el prim er café
literario de París. A p o co qu e uno
sea o esté vinculado una pizca con
“ gente d e la plum a” , sobre todo si
es principiante, no d ebe tom ar el
aperitivo en otro sitio qu e no sea
aquel ca fé, convertid© h oy en el
tem plo d el existencialism o. H oy es
el F lore el lugar de reunión de les
intelectuales de todos los matices,
cuya gloria com en zó a flo re ce r des­
pués d e la liberación.

ro los mism os com ensales que se
daban cita en aquellas liturgias del
paladar, habían tom ado el té cerca
de la Cité, el aperitivo en los Cam ­
pos Elíseos y terminaban la noche
en Montmartre. El mapa m undano
de París ofrecía cien puntos en d on ­
de ere costum bre qu e toda la gente
que no tenia com prom iso se diese
cita. La historia menuda de París
se iba form ando así en torno de al­
gunos sitios privilegiados — en ver­
dad bastante num erosos— que po­
dían enorgullecerse de haber alla­
nado el cam ino a tal “ flir t” p rin ci­
pesco (el Florence, por e je m p lo ),
de haber visto el nacim iento de tal
escuela de pintura (el La pin á G ilí),
o d e h a b e r a l b e r g a d o en sus
discretos salones más de una con ­
versación diplom ática (m e refiero,
desde luego, al Lapérouse de la
Tercera R epública).
NUEVOS ITINERARIOS
Hoy, la escasez de coches parti­
culares y la incom odidad d e los te­
xis y la insolencia de 'los nuevos
ricos, con sus caras todavía no lim ­
pias del p olv o de sus tiendas, ter­
minaron por expulsar a los parisien­
ses de buena calidad d e los sitios
consagrados antes de la guerra, y
de esta suerte se va perfilando un
nuevo mapa de París. Ahora ya no
se dice: “ Podem os ir a Montparnasse, de seis a echo, con la seguridad
de que encontrarem os a alguien” , o
“ No vale la pena llegar antes de las
dos de la mañana a M ontmartre” ,
ni tampoco “ Nos citarem os antes
del almuerzo en la Opera” . Ahora

d e los más pequeños d e París, p ero
todo París desfila por él. El visi­
tante espera q u e lo reciban en una
antecám ara-biblioteca, en la qu e en
vano se buscaría lugar para d ispo­
ner una silla. Su despacho y su
cuarto están llenos de fotos, de d i­
b u jos, de “bibetots” , de m anuscri­
tos. Rincones encantadores y pre­
ciosos, que preside con llaneza, lo ­
cuaz, brillante, atareado, vivaz co ­
m o la pólvora y portador de un
mundo m aravilloso de m onstruos,
de hadas y de leyendas.
Nos contará la historia d e su qu e­
rido Palais-Royal, del que con oce
todos sus vecinos y todos sus secre­
tos. En pleno París, nos sentirem os
huéspedes de una com arca que, por
la gracia d el poete que la habita,
participa de los encantamientos ge­
neralmente reservados a los países
imaginarios. El cuartel general de
C octeau es un punto d e París, el
Palais-Royal, pero es tam bién una
creación de su espíritu que nos con ­
vida a visitar.

está decorado en estilo catalán. A llí
encontró Picasso un aparador de
madera obscura, el cual le llam ó
tanto la atención que lo tom ó ccm o
punto de partida para una d e sus
telas, pintadas a fines de la oculta­
ción , y que tituló Le Buffet Catalan.
C usndo Picasso se halla en París,
podem os estar casi seguros de en­
contrarlo allí; a la hora d e la com i­
da, admiradoras y curiosos se apre­
tujan en la pequeña sala de man­
teles d e colores. Con mirada terri­
ble, P i c a s s o pasa, desdeñoso d e
aquella gloria en la cual — lo sabe
m u y bien— entra tan p o co el am or
p or la pintura.
JOSEPH KESSEL ROMPE VASOS

Si ustedes qu ieren saber có m o
J o s e p h K e s s e l rcm pe los vasos
— después de beberlos— y mastica
los trozos, hay que hacer desde el
cen tro d e París un v ia je bastante
largo hasta Passy, a eso de las once
d e la noche. Entonces verán uste­
des a aquel H ércules d e cabellos
ensortijados en el oentro de una
LOUIS JOUVET, DE LA P L A Z A
“ beite” rusa llamada N ovy, rodeado
DE A L M A A L A M A G D A LEN A
d e una corte a veces p o co firm e y
vacilante, alternando el champaña
De regreso a París, Jouvet vaciló
con e l vodka y, finalmente, pidien­
entre dos bares: el Francis, en la
d o a los gitanos d e la orquesta sus
plaza de ‘A lma, qu e fué antes de la
melodías más salvajes. Soñando en­
guerra su sitio de reunión con Jean
tonces con nuevos
Giraudoux y q u e
libretos y n u e v a s
fué uno de los inol­
novelas, le s u e l e
Por
vidables decorados
ocurrir al querido
de La Folie de ChaiG E O R G E S IN C L A IR
Joseph Kessel que
Uot, y él b a r de
se eche a dorm itar
L ’Athénée, cerca del
(A . T. ?.)
suavemente. L l e g ó
teatro del m i s m o

DEKOBRA ENTRE LOS RUSOS
Dekobra, qu e tam bién está d e re­
greso en París, no ha tenido aún
tiem po d e elegir — dejando d e lado
su casa co n su céleb re bar subm a­
rino— un lugar p ú b lico personal
para sus citas. P ero uno de sus am i­
gos, la escritora A lexan dra R oubejansky, se encargó p o r é l d e tal c o ­
sa. Y com o A lexandra n o concibe
una buena velada sin am biente ra ­
se, lo arrastró a Les Cloches de Pé­
trograd, entre la Estrella y el P ar­
que M cnceau, una "b o ite ” específi­
camente rusa q u e adoptó para sí el
d ó cil y encantador au tor d e La Madona des Sleepings. C om o D ekobra
apenas bebe, puede vérselo obser­
vando co n mirada bastante sorpren­
dida las evoluciones de los clientes
de aquella “ b oite” , los qu e, p or re­
gla general, no sienten ninguna in­
clin ación p or la sobriedad. Sonríe
con indulgencia. R ecordando que
perten eció al C onservatorio d e M os­
cú, A lexandra R oubejansk y canta.
Eva Bush, otra parroquiana de las
C loches, se riega a canter, p ero se
pene a p racticar el raso, la últim a
de I e s siete lenguas que aprendió.
Nacen en París nuevos lu gares de
moda, qu e algún día quizá serán lu ­
gares históricos. T odos aquellos sitios
fueron descubiertos, lanzados y seña­
lados p o r parisienses célebres. Y el
prim ero q u e haya sido llam ado a
recibir la con sagración de una fam a
qu e desborda el círcu lo de los am i­
gos y adm iradores del h om b re que
lo encontró, es, cosa curiosa, e l más
m odesto de los bares y cafetines: el
Café du Cadran, en la esquina de la
avenida d e la Opera y de la calle
Daunou, que fué apeadero del llo­
rado P ierre Bénard, el fam oso je fe
de redacción d e Le Canard Enchainé. A llí va a rodarse una p elícu la
qu e se llam ará — insigne h o n o r—
Le Café da Cadran.

�(ABALÍATA -6
muerto

Sir H ALFO RD M A C K I M

la edad de ochenta y seis años aca­
ba de morir en Inglaterra este sa­
bio geógrafo que tanto dió que ha­
blar en estos últimos años a los teori­
zantes geopollticos. Su obra fundamen­
tal, un librito de trescientas páginas es­
casas, ilustrado con unos esquemas tan
faltos de pretensiones que ni asomo de
mapas parecen, vió la luz por primera
vez en 1919, recién salido el mundo de
una terrible conflagración, y lleva por
t i t u lo Democratic Ideáis and Reality.
Por unos años permaneció en el olvido
hasta que Karl Haushofer, el creador
del término geopolítica, se declaró dis­
cípulo de Macldnder y dedicó grandes
elogios al libro en cuestión y a otros
escritos suyos. “Nunca he visto nada más
grande que estas pocas páginas de una
obra maestra de geopolítica”, ha decla­
rado Haushofer refiriéndose a una con­
ferencia del geógrafo sajón. Si nos in­
teresara en este momento establecer un
contraste entre los sabios a la teutona
y los sabios ,a la sajona, hubiera sido
relativamente fácil partiendo de estas
dos figuras, la del Her General Profesor
Karl Haushofer, creador y sumo sacer­
dote de la geopolítica, quien puso la geo­
grafía, con sus infinitos recursos, al ser­
vicio de la vesania expansionista de los
nazis y de su propaganda del lebengraurn, y este sir Halíord Macldnder, en
un tiempo lector —nada más— de geo­
grafía en la Universidad de Oxford y
por muchos años c o n s e je r o de varias
empresas navieras y de otra Índole. Has­
ta que Haushofer, con los bombos y
platillos de su revista Geopolitik levantó
la voz tanto o más que por sincera ad­
miración, por achacar a los demás el
origen de sus excesos ideológicos, muy
pocos tenían idea de quién Macldnder
pudiera ser. Ya comenzada la guerra, los
norteamericanos reeditaron el librito que
tanta admiración había despertado en
Alemania, y ahora los lectores que de­
seen echarle un vistazo pueden valerse
de una edición económica de la colec­
ción Penguin, recién llegada a las li­
brerías bonaerenses.
No pretendemos en esta breve noticia
resumir las ideas de Macldnder, pero sí
diremos que, para quien haya leído sus
libros, y en especial Democratic Ideáis
and Reality, la actual conferencia de
Cancilleres que se celebra en Moscú, y
donde, entre otras cosas, se va a discutir
el futuro de Alemania y de otros países
de la Europa oriental, cobrará una nue­
va luz. Y es que uno de los dichos de
Macldnder que más se han cementado
es el siguiente: "Quien domine la Euro­
pa oriental domina el corazón continen­
tal o Heartland —palabra cre a d a por
Macldnder como las dos que siguen— quien domine el Heartland, domina la
isla mundial, World Island, y, finalmen­
te, quien domine la World Island, do­
mina el mundo”.

A

EL

L

OJO

DE

LAS

LECHUZAS

AS lechuzas son aves crepusculares y nocturnas que prestan
grandes servicios por el número de roedores, grillos, langostas y
otros animales dañinos que devoran. Pero, ¿cómo se las arreglan para
ver durante la noche y poder capturar sus presas favoritas?
Este problema ha preocupado desde hace tiempo a los ornitólogos y
fisiólogos. Se ha creído que la retina del ojo contiene un pigmento
especial, sensible a ciertos rayos, que la retina humana no acusa por
carecer de éL Sin embargo, esta hipótesis parece hoy desechada. Es­
tudios recientes ponen de manifiesto en primer lugar el desarrollo dél
ojo de las lechuzas. Una de las más corrientes, la Strix aluco sylvatica
de los bosques europeos, tiene el globo del ojo de tamaño igual (si no
mayor) al de un hombre. Como consecuencia de este desarrollo, el
globo del ojo apenas cabe en la órbita y se halla de tal modo compri­
mido contra los huesos del cráneo, que carece de movilidad en abso­
luto. Este sería un inconveniente muy grave, sobre todo en un animal
de presa, pero queda compensado con la extraordinaria movilidad de
la cabeza. Esta puede girar, tanto hacia la derecha como hacia la iz­
quierda, un ángulo de tres cuartos de círculo, o sea 270 grados.
Esta movilidad de la cabeza permite a la lechuza explorar todo el
horizonte desde la horquilla de un árbol o desde cualquier otro apos­
tadero, y sobre todo mantener enfocado un objeto cualquiera mientras
éste se desplaza. Además, para este fin, de fundamental importancia
en las aves de presa en general, cuenta la lechuza con un músculo
tortísimo, el músculo de Crampton, que le permite aplastar la córnea
todo lo necesario para acomodar la curvatura del glóbulo ocular y sus
lentes a la distancia de la presa, con lo cual la imagen de ésta se forma
siempre sobre la retina, y no delante ni detrás. Y para que la presión
de este músculo no llegue a desgarrar los tejidos, el glóbulo lleva una
protección de placas óseas, los llamados huesecillos esclerales. Así, por
muy rápidamente que el músculo actúe, su presión se distribuye sobre
una superficie mayor y no daña la esclerótica en que se inserta.
Muchas otras particularidades ofrece el ojo de estas aves, pero son
impropias de una revista de índole popular.

Por Heartland o n ú cle o continental
entiende Macldnder una vasta zon »eu roasiática que desde la cuenca del Da­
nubio (poco más o menos) en el oeste,
y los mares Negro, Caspio y de Aral por
el sur, se extiende por el este hasta los
desiertos del Asia central y por el norte
hasta los hielos siberianos. De esta re­
gión partió siempre el hombre estepario,
el hombre del caballo, para destrozar las
estructuras político-culturales erigidas
en las zonas periféricas y al mismo tiem­
po renovar sus posibilidades creadoras
Ya en 1919 Macldnder consideró como
uno de los hechos más importantes de
los tiempos actuales la colonización y
explotación agrícola e industrial de las
regiones situadas en tomo al Caspio y
al Aral, y lindantes con la India por el
oriente, con Persia y Afganistán por el
sur. Provista de ferrocarriles y de avio­
nes (en vez del antiguo caballo y del
camello) y con un potencial humano en
constante cre cim ie n to , estas regiones
constituyen la base para la creación de
un poderío terrestre capaz de amenazar

el precario poderío marítimo de Ingla­
terra, apoyado, como es notorio, sobre
las regiones periféricas y posibilitado per
la debilidad política de los núcleos in­
teriores.
Es la Isla Mundial de Mackinder, la
World Island, la suma de los dos con­
tinentes que constituyen el mundo an­
tiguo: Eurasia y Africa, a los que apenas
separa la escotadura del mar Rojo y del
Mediterráneo. El sueño del estado mayor
alemán en estos últimos tiempos ha sido
la unión de la Europa central, por él
ro¿&lt;¡ o menos controlada, con el este
africano, emplazamiento de sus antiguas
colonias y el corte consiguiente del cor­
dón umbilical —el de Suez— del poderlo
marítimo inglés. Los primeros en trata:
de gninrar estas dos zonas fueron los
árabes primero y los turcos después. Pe­
ro a la sazón esta empresa era imposible
por la carencia de medios de transporte
y lo exiguo de la población esteparia en
contraste con la de las tierras periféricas.
A todas luces el Heartland constituye

Uno de los esquemas del libro i* Mockinder, "Democratic ideáis and ReoJity &lt;
donde aparece la ISLA MUNDIAL dW*da en seis regiones natoroles. (Proyeeen*
en "áreas ¡guoles" ) •

hoy una amenaza para el poderío ma­
rítimo al que sir Halíord Macldnder tra­
tó de aleccionar durante su larga rída.
Sus temores estuvieron referidos hasta
hace poco, muy poco, al poderío terrestre alemán, pero al fin de sus dias pud
ver la aparición de un poderío todavía
m&amp;s fuerte, más centrado en el HMr'
latid, tan consciente de si mismo como
el anterior, si no más, y puesto a prue­
ba en la contienda más terrible que la
historia registra. ¿Cuáles habrán sido
sus últimas meditaciones sobre este
hecho?
Hoy tenemos frente a frente en Moscu
los dos poderes antagónicos de ls bis»
ria, tal como Macldnder la interpre
el poder terrestre, representado por B®
sia y’-los pueblos de la Europa orien
y el poder marítimo de Inglaterra y
tados Unidos. Cuando, terminada la P
mera guerra mundial, se reunieron
hombres de estado para indicar las con
diciones de paz a los vencidos, M a c s ®
der dijo que ojalá un querubín susurra
se en sus oidos: "Quien domine la
ropa oriental dominará el Heartla ■
quien dominare el Heartland, domin
la World Island, y quien domine
World Island dominará el mundo . ®
estas palabras son archiconocidas de
asesores de Mr. Bevin y del geo
Marshall; el querubín sobra, pues. Y
Halíord Mackinder, fiel servidor del po­
der marítimo de su patria, acaso embar
gado de presagios nada consoladores,
cierra los ojos mientras sobre el tapeto
de Moscú se echan las cartas para Ju
gar una de las partidas del poder, bue
bien puede ser una de las más imP°r
tantes de la Historia -permítase la
mayúscula

�9- (ABAMTA

H om ilías K U R IL E S

E

N en llamado Jardín d e Los D io­
ses (C olorado, EE. U U .), vive
una especie de horm iga, con varias
subesp&gt;ecies y variedades en o t r o s
puntos del continente norteam erica­
no, que bien m erece le dediquem os
unas líneas, aunque sólo sea para
ver hasta dónde se com plica la tra­
ma de la vida. Esta especie denom í­
nase Myrmecocystus horti - de orom ,
es noctivaga y hace sus horm igueros
entre las rocas y asperezas del Jar­
dín de los Dioses. (Y conste que na­
da más lejos de nuestro ánimo que
abusar de la paradoja).
Durante el verano, en
tiernos de una especie d e
orna el Jardín — por más
roble Quercns ondúlala—

Repletes

de

hwti deorum

la

especie

los tallos
rob le que
detalles el
se form an

“ M yrm ecocystus

e s y s s el s ^ to s w ls y o oec—

►«americano W i l l i a m

M orton

W heefer.

unas agallas a manera de boton ciUos cónicos o esféricos producidas
por la picadura d e un cín ife co n o ­
cido en el cam po de la entom ología
con la denom inación Holcaspis per­
niciosos. Estas agallas ofrecen la par­
ticularidad de s e g r e g a r desde la
puesta del sol en adelante — o sea
desde el m om ento en que el Jardín
de los Dioses empieza a ser soporta­
ble para los m ortales— unas gotículas de jugos azucarados. Nuestras
hormigas, en cuanto el día está a
punto de expirar, salen en sigilosas
hileras de sus hormigueros, trepan
por los robles y con avidez rellenan
sus buches del ju g o d e las agallas,
y por el mismo cam ino vuelven a
sus hormigueros, cuyas entradas cus­
todian con sus robustas mandíbulas
otras obreras de la misma colonia,
para evitar intrusos.
— Pero, ¿y ahora? — se habrán
preguntado hace tal vez m illones de
años las primeras hormigas que tu­
vieron la ocurrencia d e reunir el
mencionado alimento— . Porque la
secreción sólo se presenta durante

V

REPLETES

el verano y las necesidades alimen­
ticias de las colonias, aunque redu­
cidas al m ínim o en el invierno, son
continuas. La solución hubiera sido
que a una de las horm igas más inte­
ligentes se le ocurriese la id ee de
fabricar un panal donde alm acenar
esta especie d e m iel; aunque al c o ­
m ienzo fuese rudimentario, tiempo
habría de perfeccionarlo hasta co n ­
vertirlo en un verdadero prim or con
el correr de los m ilenios. C laro está;
es más fá cil decirlo que hacerlo. Un
panal es un invento m uy com plicado
com o para que se le ocurra a cual­
quiera, aunque «e trate de una h or­
miga, que es el insecto más inteli­
gente a ju icio d e la m ayoría de los
entom ólogos. Pero el caso tam poco
sería único, pues otras horm igas hay
que, en efecto, inventaron el panal.
Las Myrmecocystus horti-deorum,
acaso ante la terrible alternativa de
ser o no ser — “ to be o r no to be,
that is the question” — , adoptaron
una solución heroica, algo q u e de
sólo pensarlo, pone lo s pelos de pun­
ta: con vertir a un cierto núm ero de
obreras en tinajas, barriles o reple­
tes. Toda hormiga qu e llega al h or­
m iguero con el b u che atiborrado de
esa especie d e ‘li c o r celestial” , que
diría, regocijado, Baltasar de A lcá ­
zar, lo desem bucha en el de una de
esas tinajas vivientes, qu e en ciertos
horm igueros llegan a trescientos. Y
la operación se repite tantas veces
que la pobre replete “ se hincha y se
trabaja” co m o la rana d e la fábula,
hasta m ultiplicar una y otra vez el
volum en de las obreras normales.
Antes de llegar a explotar, sin em­
bargo, ayudada p o r sus compañeras,
trepa p oco a p oco p or las paredes
de la galería y con patas y m andí­
bulas se sujeta en la bóveda de la
misma, donde permanece inm óvil o
casi inm óvil todo el invierno.

A la Memoria de Mr. Herbert G. Pontiug
(Autor de un hermoso libro, titulado “The Great White South)
1VT O sabemos si Mr. Ponting vive o no a estas alturas. Pero viva o
' no viva, nos es grato rendir aquí un mínimo homenaje a su me­
moria. Acompañó a Scott en su segunda expedición a la Antártida
(1910-13) como fotógrafo, e hizo honor en todo momento^en sus escritos
al héroe caído —juntamente con Wilson, Evans, Bowers y Oates— al
regreso del Polo. Sus fotografías, hechas con una cámara y irnos ac­
cesorios que harían reír hoy a cualquier aficionado al cine, no han
sido superadas hasta la fecha y han contribuido mucho a dar a conocer
al mundo los portentos del continente antártico. Suya es esta fotogra­
fía. Mientras papá pingüino sale a llenar el buche de crustáceos con
que saciarles el apetito, la mamá se desvive por hacerles la espera
más llevadera a los dos vástagos: con sus remos extendidos —sería
impropio llamarles alas— trata de librarlos de las inclemencias del sol
de medianoche. Allí donde la lucha por la vida es más patética, el
sacrificio por la prole parece exacerbarse a veces hasta lo inverosímil

Cuando una d e las dem ás h orm i­
gas se siente desfallecer de hambre,
trepa al techo de la m orada, da unos
golpeertos afectuosos a una cual­
quiera de las tinajas com o para que
vuelva en si y la reconozca, y es­
pera a que le regurgite unas gotitas
de ambrosía, cosa que no tarda en
suceder.
¿Qué pensar, lector, de todo esto?
Si es un sacrificio, ¿a nom bre de
qué se hace? Peno aun dejan do de
lado toda proclividad metafísica, te­
nemos ante nosotros un caso de in­
terdependencia e x tr a o r d in a r io . Un
roble, un cín ife y una especie d e
hormigas, de los cuales sólo el p ri­
m ero es el sacrificado; e l cín ife depende d el ro ­
ble, y la espe­
Entft lo* hielos de la Antártida el
cie mirmecina
volcán Erebo alza su penacho de hu­
de roble y c í­
mo, indiferente a soles y huracanes.
n ife , aparte
Es el único volcán activo conocido en
dicho continente, y fue descubierto
del sa crificio ,
por la expodición do John Roas,
o lo que sea,
quien penetró por primera vez en el
de un c i e r t o
mar que lleva su nombre en 1840,
núm ero de in­
y exploró las tierras contiguas. El
d i v i d u o s por
nombre del volcán es el mismo de
horm iguero.
uno do los barcos ol mondo de Ron.

�to del Comité—. Por añadidura,
el pequeño productor tendrá que
pagar tanto como antes por las
facilidades que en lo sucesivo se
le suministren”.
La única medida que allí se
aprobaba, entre las varias adop­
tadas por el gobierno, era la del
encarecimiento de las localidades
en los salones de proyección de
películas.
LA FRUSTRACION
DEL GRAN MERCADO
Me trasladé también hasta el
piso en que vive el vicepresidente
de Gaumont.
M. Comiglien-Molinier, hombre
joven aún y que hasta hace poco
fué general de las fuerzas aéreas,
se expresó así: “Hay algunos as­
pectos que deben ser puntualiza­
dos. Se dice que el cinema fran­
cés se halla en situación desven­
tajosa frente al que se produce en
lengua inglesa a causa de las in­
mensas posibilidades del mercado
de que este último dispone
‘T ero no debe olvidarse que las
posibilidades del cinema francés
en Francia no han sido totalmen­
te explotadas. Los 4.800 salones
de cine franceses representan so­
lamente un promedio de una bu­
taca por cada 20 personas en

M¡chele M ergo» y Fierre Bloncherd en “ Le Sintonía Portera!".

C1NEM \ EUROPEO: I

LA CRISIS

P

ARIS. — La industria cine­
matográfica fra n ce sa debe
tomar sin tardanza una de­
cisión acerca del rumbo que ha­
brá de seguir de inmediato. En­
frentada con la creciente y ya
abrumadora competencia extran­
jera, ha de pronunciarse urgen­
temente sobre su destino.
Nadie sabe esto mejor que M.
Fourré-Conneray, director gene­
ral del cine en el Ministerio Fran­
cés de Información. Me hizo el
honor de recibirme en su oficina,
a sólo un tiro de piedra de los
Campos Elíseos, y que, sin embar­
go, parece como perdida en el re­
moto sosiego de una ciudad pro­
vinciana.
—Como usted sabe —me dijo—,
|el cinema francés se inició como
! industria en pequeña escalada y
i ha quedado relegado en tal posií ción. D e ahí la eterna frescura y
! la originalidad que caracterizan
¡sus producciones.
’T o r consiguiente, nuestro proIblema no consiste en tener que re! huir la uniformidad de la produc&gt;ción en serie que, como ocurre en
Hollywood, es el riesgo propio de
la concentración en gran escala de
la industria, sino más bien en lo
Icontrario: en suministrar al pro1ductor independiente las ventajas
m a teria les inherentes a la gran
concentración industrial sin des­
pojarlo de su autonomía artística

DEL FILM FRANCES

APORTACION DEL GOBIERNO
"Francia —según siguió expli­
cándome M. Fourré-Cormeray—
lanza de 80 a 90 films por año y,
sin embargo, el número de los
productores independientes y re­
gistrados como tales llega a 110.
Los más de ellos no filman más
que una película cada dos o tres
años. En la actualidad es muy di­
fícil conseguir créditos para una
realización de este tipo. Para cada
una de sus obras el productor se
ve precisado a alquilar estudios y
laboratorios y a contratar los téc­
nicos que necesite. El enorme en­
carecimiento que esto significa —
y cuando tales estudios y labora­
torios pueden ser a lq u ila d o s—
amenaza determinar la desapari­
ción del productor privado. Esto
significaría, en definitiva, la des­
aparición del buen cine francés.
’T o r eso el gobierno ha resuelto
proveer a los productores de es­
tudios y equipos que fecu n d en
con su concurso material las ini­
ciativas de aquéllos. Estos estu­
dios y equipos proceden en parte
de antiguas casas alemanas (Tobis y UFA) y en parte son pro­
piedad de Gaumont, con cuya fir­
ma se ha llegado a un acuerdo.
"Esperamos asimismo —conclu­
yó el director general— que un
espíritu de cooperación entre los
productores mismos venga a ayu­

f-

damos a salvar la industria cine­
matográfica francesa.
PERO EN EL C O M ITE DE
ORGANIZACION DEL C IN E ...
Mas eran bien diferentes de es­
tas ideas las que sustentaban en
las oficinas cercanas del Comité
de Organización del Cine, institu­
ción que acaba de ser disuelta por
el gobierno. Allí no se creía en la
eficacia de los proyectos guberna­
mentales.
“ Una tentativa de nacionaliza­
ción y nada más —fué eí veredic-

Francia. El promedio en Norte
América es de una butaca por ca­
da once potenciales espectadores,
y, en Gran Bretaña, una butaca
por cada nueve”.
Dicho de otro modo, dos terce­
ras partes de la población ^ranc^
sa permanecen aún inmunes
hábito del cine. No obstante, K»
400.000. 000 de localidades vendi­
das anualmente rinden cerca e
8.000.
000.000 de francos. El Estado,
por supuesto, se lleva su buen cin­
cuenta por ciento de estas u
dades en bruto. Y llegan a '*'•
las personas que han de ganar

-Jim ™
fe

'?&gt;£% -vi»- ■•••

�Jean Marais, tras la móscaro, en su per­
sonificación de "La Befe", en el film d*
Jean Cocteau "L a Bdle et la Befe".

El gran Fernandel en "L a Hijo del Pocero", discutido film,' en el que también in­
terviene el recientemente fallecido ftaimu

Jeon-Loois Barrouft con Renée St. Cyr,
em un momento del film "La Sinfonía
Fantástica".

vidas con cargo al remanente, con
el cual también deben ser paga­
dos los gastos que irroga la pro­
ducción.
“Con la excepción del período
1941-1942 (temporada que trans­
currió bajo la ocupación alemana)
el cinema francés ha perdido di­
nero crónicamente. En 1938 las
pérdidas se elevaron a 60.000.000
de francos y en 1945 a 380.000.000.
“De consiguiente, existe el pe­
ligro de que la producción caiga
en un punto muerto. Todos los
requerimientos de renovación de
materiales se han e n c a r e c id o
en orm em en te. Los salarios del
personal técnico se han multipli­
cado por 4,75; los de los artistas,
por 3,55; los alquileres de los es­
tudios, por 4,50, y así sucesiva­
mente. Y, además, a causa de lo
gastado y deteriorado del equipo
no renovado y de las dificultades
existentes para conseguir mano de
obra, se ha doblado el tiempo que
se necesitaba normalmente antes
para rematar un film.
MONTAJES Y ESTRELLAS
“ Se ha calculado que las 80 pe­
lículas filmadas durante el año
en curso (1946) vendrán a costar
2.000 millones de francos. Sus ex­
portaciones ren d irá n 500.000.000
de francos y las utilidades a obte-

¿LUCRO

BELLEZA?

nerse e n Francia ascenderán a
540.000.000; es decir, que produ­
cirán una suma total aproximada
al 50 % de lo que costaron.
—¿Y cuál es el posible remedio
que ve usted para esta situación?
—En mi opinión, el mero au­
mento del precio de las localida­
des ix&gt; pasa de ser un paliativo.
Los remedios reales estribarían en
la inauguración de más cinemas,
la renovación del equipo, la pro­
ducción de 180 films por año y,
sobre todo, la constitución de una
sociedad nacional de coproduc­
ción destinada a la provisión de
los necesarios acuerdos financie­
ros.
Explicando cómo habría de
operar tal sociedad, M. Comiglien-M olinier p ro s ig u ió : “ Un
montaje en la Costa Azul, por
ejemplo, puede costar 4.000.000 de
francos. Pero quizá con sólo algu­
nas modificaciones pudiera utili­
zarse para im p resion a r cuatro
films distintos. Un técnico que no
trabaja más que esporádicamente
cobra en proporción casi el doble
que su colega empleado con regu­
laridad. Lanzar una estrella cues­
ta un sentido; ¿por qué no utili­
zar esta estrella para diversas
producciones de distintas casas?
"Además, cabría hacer las pe­
lículas casi simultáneamente en

francés e inglés, con lo que ven­
drían a resultar inmediatamente
exportables, sin necesidad de ul­
terior montaje” .
¿ARTE O COMERCIO?
Tal es el aspecto técnico y eco­
nómico del grave problema que se
le plantea al cine francés. Pero,
a pesar de todas las alarmas, de
los déficits, del equipo cuyas pie­
zas han de mantenerse u n id a s
mediante alambres, Francia sigue
haciendo películas.
Entre los directores, apenas si
han cambiado los nombres que
nos son conocidos. Carné, cuyo
“Enfants du Paradis” va a darse
en doblaje en Gran Bretaña, está
terminando ahora “Les Portes de
la Nuit” ; Jean Cocteau, el poeta
que vino a corroborar la fama de
su nombre en el plano de la pan­
talla con “ L’Etemel Retour” , ha
concluido y estrenado “La Belle
y la Béte” , con Jean Marais; Jacques Feyder, con su esposa Fran£oise Rosay, está dándonos “Ma­
cadam” ; Calef acaba de lanzar
“ Jericho” , que versa so b re los
bombardeos británicos en tierra
francesa; Renée Clair trabaja en
un film acerca de los días inicia­
les dek cinema, con Maurice Chevalier. Su título será “Le Silence
est d’Or” .

Aun cuando no puede hablarse
de una escuela francesa, es indu­
dable que existe una definida ten­
dencia francesa en cinematogra­
fía. “Matie in Paris” es una frase
que significa Arte, así, con A
mayúscula.
Se ha admitido en diversas es­
feras que, en cine, o se hace arte
o se hace dinero: pero nunca ar­
te y dinero simultáneamente. Sin
embargo, “ L ’Etemel Retour” , o
“ Les Visiteurs du Soir” , o “La Be­
lle y la Béte” , descollantes ejem­
plos de films artísticos y de los
que se creían que estaban por en­
cima del nivel medio de compren­
sión del público, se han estado
proyectando con llenos manteni­
dos. Bien es verdad que se des­
plegó para ellos una propaganda
inteligente y sagaz y se excitó el
snobismo; pero estos factores no
alcanzan a explicar exhaustiva­
mente el fenómeno.
Para resumir: en tanto que en
Gran Bretaña y en Norteamérica
son dirección e interpretación los
factores que contribuyen a deter­
minar la calidad de un film, en
Francia ha de subrayarse, además,
el factor imponderable que lla­
mamos Arte o Poesía. Es cierto
que éste se resuelve a veces en
fa stid ioso a b u r rim ie n to ; pero
otras veces escala la belleza.

LEA EX EL P R O X I M O NUMER O : SUECIA, PLANTEL DE ESTRELLAS

�CABALGATA -12

LINO E. SPILIMBERGO. -

Revelación.

ORRESPONDE en primer término hablar de su personalidadTrasciende, en lo principal, de su apellido, del físico del artista
—alto, rubio y de ojos claros— y de ciertos rasgos estilísticos
inequívocos de su pintura. Por la línea paterna Spilimbergo desden*
de de italianos, del veneto, de donde podemos suponerle remotas raí
ces longobardas. Ya en sus primeras obras es dado reconocer la fu­
sión de dos modos estilísticos distintos: la rígida precisión del ar
de los pueblos germanos y la sintética plasticidad italiana. Rasgos

C

antiguos los dos. Es característica de la pintura de Spilimbergo 13
reminiscencia de los siglos renacentistas, acento peculiar que no n^
cubierto las inflexiones impuestas a su dibujo p or una experiencia
visual tan distante de lugar y de tiempo, su nacimiento argentino y
su formación en contacto con el suburbio porteño. Este pintor que eü
sus maneras y en las cadencias de su lenguaje c0.nse'e
LINO E. s p il im v a t ^ n v í a dejos de muchachón de barrio, cuando
bergo . Cabezo
manifiesta en la plenitud de su espíritu da a enten
de mujer.
que pertenece a determinada generación europea e

�13- (ABAIUTA
siglo XV. Se diría que su con­
ciencia artística arranca de aquel
momento y aquel lugar del norte
de Italia,sitio de encrucijada de
vastas migraciones de pueblos que
vió nacer las formas prolijas y
plenas a la vez del arte de un
Mantegna. Allí tuvo también sus
fronteras el imperio de Justiniano
y por ese conducto la austeridad
del genio local fué penetrado con
matices de la fantasía imaginativa
de los pueblos de Oriente.
Cómo estos resabios aparecen
en la obra de un pintor argentino
de nuestro tiempo es uno de los
tantos interrogantes que la idio­
sincrasia del país propone a la hi­
potética meditación de los diogmáticos del nacionalismo. Nos­
otros nos limitaremos a compro­
bar, por el momento, que surgen
inevitablemente a la superficie
del espíritu inquieto de un pintor
nativo y que amalgaman con el
reflejo de sentimientos que tie­
nen su origen en una experiencia
eminentemente local y contempo­
ránea. Cuando más apura su ex­
presión más evidentes aparecen
en Spilimbergo su concepción
formal ingénita y los rasgos anti­
guos que confieren carácter a la
línea de su dibujo. La moderni­
dad de su acento, la inspiración
del hecho nuevo calzan sin re­
medio dentro de un régimen; for­
mal predeterminado. Antes que
la acción del asunto otorga carác­
ter a su pintura la visión particu­
lar de las formas. O, para ser más
exactos, el tema es siempre en él
un planteo formal en el que se
funden, por necesidad, los elemen­
tos originales de observación. Spi­
limbergo no podría ser nunca un
pintor descriptivo. No podría ser­
lo, en todo caso, sin riesgo de la
autenticidad de su obra. Necesita
definir cada forma como tal y ais­
larla, por lo tanto, de lo contin­
gente. En su obra las formas ce­
ñidas se presentan como elemen­
tos individuales conclusos y con­
certados entre sí por la dimensión
espacial y el movimiento. Por eso
Spilimbergo está imbuido de me­
didas, ordenamientos y proporcio­
nes, y cultiva la sección dorada.

11

AJI
Por
R

J

u l i o

i n a l d i n i

LINO

E. SPILIMBERGO
Composición.

�(ABAIGATA - Vi
en su esquema formal incluye al­
gún elemento adventicio de ob­
servación, o cuando quiere darle
al color otro empleo que la deno­
minación o exaltación del objeto.
Su personalidad manda
Esta dependencia no es de nin­
gún modo una limitación; es una
condición distintiva, una idiosin­
crasia que tiene su radio de ac­
ción propio en el arte de la pintu­
ra. Es una tendencia típica ya
inscripta dentro de los modernos
sistemas de clasificación de la
“ ciencia del arte” . Corresponde a
lo “lineal” en oposición a lo “pic­
tórico”, a lo “ táctil” en oposición
a lo “ óptico” , a las formas cerra­
das en oposición a las formas
abiertas. Woelfflin ha pretendido
otorgarle a esta clasificación cate­
goría de hecho sistemático que
vendría a ordenar la historia del
arte en ciclos regulares en evolu­
ción. La teoría es harto discutible,
pero la presencia de estas tenden­
cias individualizadas es una rea­
lidad comprobable en todo mo­
mento. Aun en la hora actual en
que los pintores se esfuerzan en
ceñirse a modos de expresión co­
rrespondientes al espíritu difuso
de la época, en que se empeñan
en desmentir a Woelfflin con la
constante distorsión de los méto­
dos y las formas, son discernióles,
entre irnos y otros, los signos de
estas inclinaciones temperamen­
tales divisorias. Por lo mismo no
podemos dejar de tenerlas en

LINO

UNO t

SPILIMBERGO. -

No creo que haya que atribuirle
a la sección dorada virtudes má­
gicas ni conferirle poder especial
sobre la originalidad o la solidez
de la obra de nuestro artista, p e ­
ro el empleo de esta ecuación es
un testimonio más de sus afinida­
des remotas. Spilimbergo es un
pintor de formas que pudo ser lo
que hoy llamamos un pintor abs­
tracto. No lo ha sido —no lo es,
q n irá s— por los sentimientos que
gobiernan su espíritu, por la car­
ga de humanidad que hay en él,
porque necesita de imágenes vi­
vas que expresen su visión del

Lo ¡tono*

( 1 9 3 1 ) . Col. Lacio Copdopoot 3o BoHor.

mundo o de los conflictos huma­
nos. Aquí es donde reside el do­
ble carácter de su obra y donde
está el riesgo de una falsa in­
terpretación de su personalidad
a r t ís t ic a Esta n o c ió n de la
r e a lid a d viva , la interpreta­
ción de hechos reales de trascen­
dencia moral o la liquidación de
aspectos del medio ambiente, son
dependientes, y no pueden dejar
de serlo sin riesgo del rigor for­
mal y del método de representa­
ción que gobierna su obra Den-*
tro de su régimen pueden ser
acento, tensión espiritual que im­

prime carácter a las formas, pe­
ro no elementos determinantes.
Spilimbergo no es un pintor abs­
tracto según el uso que hoy le da­
mos al término, pero sí es un pin­
tor de formas abstractas, de sín­
tesis formales libremente concebi­
das y concertadas. En él los temas
reales tienden a resolverse espon­
táneamente en alegorías o en sím­
bolos, es decir, a situarse siempre
en un campo de libre determina­
ción de las formas. Cuando quiere
limitarse a la exposición de un
hecho su obra pierde claridad y
poder. Lo mismo ocurre cuando

E.

SPILIMBERGO.

�i5 -

cuenta. En primer término para
evitamos el método comparativo,
seguramente el más impertinente
de los métodos críticos. Ya se ha
visto, frente a la exposición si­
multánea de la obra de Spilimbergo y de Victorica, realizada a
fines del año pasado en la galería
Peuser, los resultados que puede
dar. Esas condiciones no determi­
nan categorías de valor. Distin­
guen personalidades y no catego­
rías. Tan artista puede ser en su
campo el que se distingue por el
sentido de lo táctil como el de
temperamento pictórico. La dis­
tinción también interesa al artis­
ta. Las condiciones típicas que
ilustran el esquema de Woelfflin
no son irreconciliables y bien pue­
de coincidir en una misma perso­
nalidad la percepción de valores
de las dos especies; pero sí son
preponderantes y como tales im­
ponen orientaciones distintas, di­
ferentes regímenes, diferentes tér­
minos de expresión y desarrollo.
Así como el artista no puede des­
prenderse de su p erson a lid a d ,
tampoco puede renunciar a la
“tendencia” que la ilustra. En
ella ha de encontrarse y por ella
ha de manifestarse en lo que le
es propio y lo que pertenece al
mundo de su experiencia, es. de­
cir, al mundo actual, al “ espíritu
de la época”. Esto es lo que im­
porta considerar, por sobre las
consignas, tanto a la crítica como
al propio artista.

Ha reabierto sus puertas el Museo Nacional de Bellas
Artes. El visitante podrá admirar ricas coleccion es de
obras de pintura y escultura. La Sala Renacentista, de
reciente form ación, ostenta telas valiosas, originales o
de escuela: Ribera, G iorgio Vasari, Salvator Rosa, una
tabla anónima florentina. La Sala Italiana posee pintu­
ras de Mancini, Carrá, M odigliani, Casorati. M odernos,
de otras nacionalidades, telas de Kisling, Seiler, G regoriev, L eo Putz. Las Salas Románticas y Post-rom ánticas,

M
INEOMmm de BELLASARTES

LUCIO FONTANA

Italia el prestigioso
escultor a r g e n t i n o L ucio
Fentana. ¿Es que un artista de calidad no puede vivir
en nuestro país? L o cierto es que «1 cam ino de Europa,
una y otra vez, es etapa obligada para tod o auténtico
creador. ¿ P a r t e Fontana
en busca de su “tiem po
perdido” ? Artista innova­
dor, p r o fu n d a m e n te in­
quieto a la p a r qu e cons­
tructor, vuelve a Europa
a centros vivientes — Pa­
rís, M ilán— en donde su
arte es valorado en un
alto grado.

m

m

\

obras de C crot, M illet, Charles Cottet, D elacroix, R ibct, Fentin-Latour, Carriére. La Sala Im presionista es
d e las más valiosas: Manet, Monet, S isley, Re no ir,
Pisarro, Toulouse-Lautrec, Gauguin. L a Sala Española:
G reco, G oya, G utiérrez-Solana, J. Mir, Zuloaga, A n glada y otros. Notable, el salón d e tapices y pintura
d el siglo X V m , en la planta alta. L os artistas argen­
tinos se hallan representados desde los orígenes hasta
nuestros dias; abarcan los nom bres más prom inentes.
Puede verse, también, una Sala d e A utorretratos y de
Pintura Sudam ericana (Pcrtinari, T orres-G arcía, D iego
R ivera). En la m agnífica Sala d e Escultura: Rodin,
B ourdelle, M. Rosso, aparecen ju n to a nuestros plásti­
cos calificados. Una novedad interesante constituye la
habilitación del depósito d el Museo, donde se hallan
en exh ibición todas las telas restantes, q u e son patri­
m onio de nuestra primera pinacoteca y pueden ser
visitadas por los profesores de arte, críticos y estudiosos
en general. La ordenación d e las salas es obra de)
actual director, D. Juan Zocch i.

viaAa a

P AI F R IA
Lr A U L K 1 A

HoH de entrado ai 6* Salón de Arte d* Mor U Mata,
cuya antelación esteva a corso óei pintar Emilio Pittenrti.

M Í TI I F R
T llL L L K

Importante galería de arte inaugura su temporada de
exposiciones en la segunda quincena de abril, en Florida 946.
Siete salas podrán disponer nuestros artistas. Se activarán
los trabajo6 de habilitación de las mismas para evitar cualquier inconveniente imprevisto.

PRIMERAS

EXPOSICIONES

f1

Jf siguientes a ris­
tas: Salas I y II, el pintor palestino Rico
Blass; sala m , el escultor y dibujante colom­
biano Guillermo Botero; en la sala IV se exhiben trabajos de varios pintores de Tucuznár

LEA EN EL PROXIMO NUMERO DE (ABAldATA
QUE
LUCIO FONTANA,
"L * majar de La»".

lT

B R E V E S

OTIC IAS
DE

ARTE

S A L D R A

EL

M A R T E S

S

DE

A B R I L :

LUCIO FONTANA, por Julio RinaUtíni
UN PINTOR DE AMERICA: J. TORRES-GARCIA,
por Julio E. Paryró.
ENTREVISTA CON ANTONIO BERNI, por
Romualdo BrughettL

[

�CABALGATA -16

J. BATLLE PLANAS. El Apóstol. 1946. (Oleo1.

I. CONTRA EL DETERMINISMO
Y LO SIMBOLICO

J. BATLLE PLANAS. Imagen persistente de un antepasado. 1946.

'Oleo)

J. SITUE PLIViS
Y EL AUTOMATISMO
A critica dispone de la presencia viva de la obra de nuestros creadores plás­
ticos: pro y contra surgen en el nítido juego de los valores. Ahora, nos ha
sido dada la palabra de un pintor apto para vislumbrar mundos del arte e
itinerarios del pensamiento. Queremos que se comprenda claramente el significado
de esta colaboración integrada, este testimonio de especificas virtudes.

L

¿J. Batlle Planas? Hombre joven, de probada inquietud dentro de la gran co­
rriente abstracta, se ciñe a una dimensión misteriosa y envolvente, de raíz poética.
La situación trágica del artista de nuestros dias en nada le es ajena. Una bús­
queda permanente de la imagen en su forma plástica y expresiva y también al
plano de lo espiritual, se ajusta a una vibración de contenido fantástico, lírico y
dramático, en quien la imaginación halla su contrapartida en un oficio sensible
y delicdo. Desde.su lucha con la materia vital de "Radiografías paranoicas" hasta
“ El Destino" o "La Hermanita de los Pobres” , en que lo humano siempre acude
en intensa y nocturnal presencia, Batlle Planas esgrime su calidad de artista en
quien masas y volúmenes, planos de color, blancos y negros, y la fina esencialidad
de sus temples o la densidad de sus pequeños óleos de hondo acento telúrico, de
marcado tono superreal. lo señalan agudamente. La realidad entra por momentos
en su pintura (Exposición MüUer, 1946), mas la raíz infinita e inquisidora de lo abs­
tracto, con sus aristas geométricas y sus planos de color atormentados, irrumpen
y lo atenazan.
Las expresiones escritas, resumen fidelidad a experiencias vividas. Son distintos
problemas en cuyo desarrollo no necesita el lector del interrogante para una or­
denada y cabal captación. J. Batlle Planas expone sus devociones. Fijamos, po •
tanto, su itinerario complementador en un compás reflexivo y respetuoso.
R. BRUGHETTI

En la introducción que Sir A. S.
Eddington hace en su libro “ La
naturaleza del m u n d o f í s i c o ” ,
enumera la existencia de dos me­
sas: sustancial una y exenta de
sustancia la otra. Creemos que no
se puede dar una definición de

posición más exacta que ésta. La
primera mesa, es decir, la sustan­
cial, es la mesa de todos, es la
mesa de la inconducta, es la mesa
de la costumbre, es la mesa de la
historia. La segunda es la insus­
tancial, es la mesa de la conduc­
ta, que está fuera de la costum­
bre, es la mesa antihistórica, es
la mesa en la que el estudioso, en

J. BATLLE PLANAS. La hermanita de ios pobres. 1945. ‘ Oleo)

�17- CABALGATA

|

plena libertad de cosas, se entre­
gará a sus investigaciones.
Queda, entonces, para lo sus­
tancial el juego de la sentimien­
tos, de las pasiones, de las sectas,
de la historia y el desenfreno del
individuo en la conquista de la
Rama Dorada.
Fijamos, pu es, decididamente
nuestra voluntad hacia lo insus­
tancial, hacia la investigación. . .
Respetuosos de la historia como
cosa sucedida, antihistóricos por
los mecanismos de su sociedad, de
su moral y de su creación, den­
tro de la visión real o de delirio
con que la fijaron sus hombres.
Nuestra actitud, repetimos, está
llena de respeto, de un respeto
analítico. F u e r o n sus hombres
jueces jerárquicos de esas obras,
enceguecidos de enseñanza, vivi­
ficadores de infiernos, buscado­
res desesperados de la historia de
sus padres.
Lentamente se entregaron al
determinismo. Nosotros, identifi­
cados con el hombre y su ventu­
ra, sostenemos el antideterminismo. Nos interesa la búsqueda del
equilibrio entre la presencia del
ser y su relación con lo existen­
te. El determinismo ha llevado al
hombre hacia la regresión. El hizo
que no comprendiera el valor de
la materia de que estamos cons­
tituidos. Estiró los brazos al atra­
so y, regresivo, minó las más hu­
manas actitudes, las más avanza­
das conquistas d e l espíritu, las
más evolucionadas ideologías. Con
esa actitud fijó una historia.
Investigadores d el automatis­
mo, hemos optado per lo insus­
tancial. Contra el determinismo,
por la verdad a conocer; contra
la costumbre, por el privilegio del
razonamiento.
Seguros de la intimidad de con­
ciencia, nos apartamos de todo lo
simbólico. Nuestra posición de ar­
tista ha quedado de lado. De la
obra anterior nos interesa su aná­
lisis y su estudio. Ella abrió el
camino. Fuimos respetuosos cuan­
do anduvimos por él. Esa es la in­
timidad de nuestra conciencia.
¿Se podría dudar de esta nueva
lucha, de esta nueva intimidad?
IL NUEVO R E N A C I M I E N T O :
EL AUTOMATISMO
Al automatismo, de a c u e r d o
al psiquis del actor, a los medios
de expresión que le son conse­
cuentes, a la evolución de ellos, a
la riqueza que se le establece en­
tre el orden de su automatismo
y un orden universal, le cabe el
enorme distingo entre una época
ida y este nuevo renacimiento.

J : B A T LLE PLAN AS. El Destino. 1 346.

Las características de este mo­
mento, tan señaladas c o m o de
transición, las desvirtuamos con
esta posición: un Nuevo Renaci­
miento. El grado de lucha de la
ciencia, de la investigación, del
arte, de la moral alcanzados por
algunos de sus representantes, son
evidentemente análogos a la men­
talidad del Renacimiento. Los me­
dios r e g r e s i v o s manifestados en
común y por muchos, son la men­
talidad política del Renacimiento.

lOleo'

III. EXPERIENCIA AUTOMA­
TICA:
‘ RADIOGRAFIAS
PARANOICAS”
Fué en el año 1935 que inicia­
mos abiertamente nuestra expe­
riencia automática. Muy jóvenes
habíamos conocido el automatis­
mo físico. Nuestros primeros en­
sayos culminaron en la serie de
Radiografías Paranoicas del año
1936. Lo anedóetico tenía un pa­
pel fundamental propio de nues­
tra psiquis. Los medios de ex­

presión eran ya agresivos, con­
quista de grafismo o de color, ya
tranquilos, búsquedas de objetos
y formas humanas. Esa dualidad
fué manteniéndose a lo largo de
nuestra labor. Contestando a la
agresión de formas y colores, su­
blimadas en abstracción, nacían
imágenes tenues, puras, sencillas:
“La hermanita de los pobres”,
por ejemplo. Estos dos campos
evidentes hicieron q u e un día
nuestra razón los diferenciara.

*

�CABALGATA -18

i . BATLLE PLANAS. Rodiofrafío paranoica. 1936. (Tompie)

Fueron los aparatos fijos o mó­
viles y la orientación de figuras
y composiciones mediante puntos
iniciales lo que nos llevó decidi­
damente al análisis, al raciocinio
y a la definición.
IV. CONTENIDO T E M A T IC O
P O R L A A N G U S T I A : “ EL
DESTINO”
Había un p a r a l e l o entre la
anécdota, los medios de expre­
sión, la técnica y el color. Una an­
gustia señalaba el contenido te­
mático. “ El Destino”, como títu­
lo, se alargaba de continuo. Eran
figuras que se enfrentaban con
la soled a d . Hombres barbados,
solemnes, chicos o chicas solos en
medio de vegetaciones tristes, fi­
guras de mujer en tránsito, todos
ellos envueltos en atmósferas os­
curas donde aparecían, eso sí,
fragmentos de tierras o cielos lu­
minosos, esperanzados. Era el fa­
talismo sublimado en un mundo
donde las figuras vivían en la re­
dención. Eramos nosotros mismos
colocados en un inconsciente co­
lectivo, en una voluntad por una
moral, p o r una ideología, por
nuestros sentimientos, por la ra­
zón y el privilegio de nuestra
bondad. Nos fué difícil el per­
der. .. nos ha sido difícil.. Los
sentimientos lucharon contra las
razones de esta situación pero nos
debíamos a la investigación. Es­
taba demasiado señalada en nues­
tra labor esa dualidad que un día
nos dispusimos a definir.
V. EL CUBISMO PRODUCTO
AUTOMATISMO: PICASSO

DEL

&gt;

Es de los surrealistas que es­
peramos la c o n s i d e r a c i ó n de

nuestra experiencia. La obra de
ellos está llena de elementos que
nos hacen más fija nuestra ac­
titud.
Fué Pablo Picasso quien, me­
diante el automatismo, encontró
un mecanismo de labor, falsa­
mente llamado “ cubismo” ; en las
sucesivas etapas ele la obra de
este maestro, hemos visto cómo
ese grafismo evolucionado le ha
servido para la sublimación de su
imaginería, llevándolo a crear la
más solvente estética de nuestros
días. El ha continuado en ese gra­
fismo la evolución lógica de su
automatismo iniciaL Picasso, te­
naz en su investigación, se ha en­
riquecido en medios de expresión
como ningún otro pintor en la
historia. Su color, consecuente de •
la dinámica gráfica, ha llegado a
lo insospechable y su imaginería
es la superación de la inteligen­
cia creadora con relación a la in­
teligencia determinada. El cubis­
mo le fué a él un medio de ex­
presión producido por el automa­
tismo.

1 BATLLE PLANAS. Las Hermanas. 1944. (Cero en colorí

J. BATLLE PLANAS. D CompUjo da Edipo. 1941. (Tompia)

Ya se ha visto a los que psíqui­
camente dominados por la crea­
ción de este maestro, no compren­
diendo los mecanismos de su
obra, ignorantes de su provenien­
cia automática, a los resultados
que han llegado. Se debaten en
un mundo insalvable, pues su psiquis no ha tenido la liberación
por cuanto esos medios les eran
desconocidos y corren simulado­
res y desesperados.
VL NACIMIENTOS DE PUNTOS
INICIALES. “ PUNTOS-FUEGO”
Con el nacimiento de puntos
iniciales comienza un nuevo con­
cepto general de cosas. El ritmo
y la voluntad de ritmo con que
el grafismo se enriquece, la rela­
ción que tienen esos puntos cen­
trales hacia los puntos más ale­
jados, las imágenes que de ellos
resultan, causaron en nosotros
asombro. Esta trama inicial pa­
recía la previa construcción de
un orden cósmico en relación 8
la imagen de surgir.
E s cu rio so qu e un reciente ar­
tíc u lo p u b lica d o precisam ente por
la rev ista C A B A L G A T A el P“ j*
to r su rrealista Jacques He^o .
q u e titu la “ P un tos-fu ego” , dice
e n d esb ord a n te poesía: “ Siendo
crista l u na fo rm a del porvenir
la fo rm a y d e la materia, la P
tu ra d e b e alcanzar la cnstailT "
c ió n d e l o b je to . Principalmente,
el cu e rp o hum ano, es una co
tela ción d e puntos-fuego de 0
d e irra d ia n los cristales.
p r o c la m a : “ Es preciso ser v

te, hacerse vidente.”
En el mismo número y
Mabille, para nosotros uno de
más claros cerebros de nu

�19- CABALGATA

Nuevo Renacimiento, dice refi­
riéndose a Jacques Herold: “Veo
en estas formas, aparecidas en la
tela del pintor, las de los polie­
dros que, antaño, preocuparon a
Durero, Leonardo y numerosos
otros hermetistas p r o f u n d o s y
que, debajo de la piel, sostienen
los flexibles movimientos de cur­
vas por los cuales la vida exte­
rior se afianza en una fiel dialéc­
tica con el empuje interno.”

Aquí en la Argentina, en este
clima £nérgicc, eléctrico, inicia­
mos nuestras experiencias. Ama­
mos todas las latitudes y todos los
climas. En uno estamos. En él
trabajamos por la confianza en
los hembres, en el arte y en la
ventura.

VIL ABTE NACIONAL. SAR­
MIENTO. “ CLIMA ENERGICO,
ELECTRICO”

Debemos al automatismo el
favor de esta experiencia. Es a
él, a la fidelidad para con él, que
debemos esa entrada en lo insus­
tancial Paso a paso, identificados
con su mecanismo, confesándo­
nos, actuando en la creación por
reflejo, hemos llegado a la crea­
ción por naturaleza. Es la libera­
ción psíquica, y, más aún, es la
liberación de relación a la mate­
ria con que estamos constituidos.
Nuestra identificación con lo in­
terior y nuestra relación con lo
exterior han encontrado su cau­
ce. Estamos en un medio. La so­
lución será el resultado de estas
dos verdades: el interior y el ex­
terior. No aceptando la matemá­
tica de los hombres de que dos
y dos son cuatro sino precisa­
mente entrando en la ley para la
cual el dos y dos son cuatro es la
sublimación de heridas.
Estamos en esta experiencia.
La seguridad de los saltos da­
dos desde el año 1935 a 1946 nos
ha otorgado la firmeza necesaria:
no nos asusta la cuerda floja.
Constantemente el automatismo
nos ha acercado a la verdad.

V I I I. S A L V A C I O N P O R EL
AU TO M ATISM O . ETAPA
1935 1946

Es S a r m i e n t o quien nos ha
dado, precisamente, la espléndida
visión de un arte nacional. To­
mamos sus palabras con algunas
reservas. Pero hay tal seguridad
de cl ima, tal identificación de
medios, que son, en definitiva,
profundas y b el las . Es en su
“Facundo” donde las hallamos.
Citamos algunas de ellas: “ Exis­
te, pues, un fondo de poesía que
nace de los accidentes naturales
del país y de las costumbres ex­
cepcionales q u e e ngendr a. La
p o e s í a para d e s p e r t a r s e ,
porque la poesía es, como el sen­
timiento religioso, una facultad
del espíritu humano, necesita el
espectáculo de lo bello, del pdder
terrible, de la inmensidad de la
extensión, de lo vago, de lo in­
comprensible, porque sólo donde
acaba lo palpable y vulgar em­
piezan las mentiras de la imagi­
nación, el mundo ideaL” “ Añáda­
se que, si es cierto que el flúido
eléctrico entra en la economía de
J. l A T U i PLANAS. Hiitoria de dos personajes automáticos. 1943. (Temple)
i . BATI.LE PIAÑAS. Gcoeerá. 1943.

J. BATLLE PLANAS. Génesis. 1946. (Temple)

(Templa)

la vida humana y es el mismo que
llaman flúido nervioso, el cual
excitado subleva las pasiones y
encieníde el entusiasmo, muchas
disposiciones debe tener para los
trabajos de la imaginación el pue­
blo que habita bajo una atmósfe­
ra recargada de electricidad has­
ta el punto que la ropa frotada
chisporrotea como el pelo contra­
riado del gato.”
¿Qué agregar en cuanto a una
definición? Sus palabras nos han
llegado y repercutido. Nos lo di­
ce Sarmiento: “ ¿Qué impresiones
ha de dejar en el habitante de
la República Argentina el simple
acto de clavar los ojos y ver. . .
no ver nada?”
¿Cuántas p i n t u r a s nuestras
han comenzado así? En ese ver...
no ver nada. Colocados en medio
de una pampa, un hombre, una
mujer o un chico fijos o en trán­
sito hacia el destino, peligrosos
para los que dudan de la bondad,
venganza en la conciencia de los
inmorales. . .

�a

(ABMATA -20

VITALIDAD
E

N plena temporada 1947, el
teatro norteamericano cobra
nuevos bríos y toma aliento para
librar una nueva batalla por el
predominio en el plano de la es­
cena universal. Cada año, sus
aportes crecen en significación y
acusan, por lo demás, un singular
equilibrio entre lo artístico y lo
comercial y una bien meditada
estructuración en los planes de
sus compañías.
El núcleo de autores que afir­
man la vitalidad del teatro norte­
americano es de los que presti­
giarían a cualquier d r a m át ic a:
Eugene O’Neill, Maxwell Ander­
son, Robert E. Sherwood, Sidney
Kingsley, Clifford Odets, S. H.
Behrman, William Saroyan, Irving Shaw, Thornton V’ ilder, Lillian Hellman, Philip Barry. Co­
mo puede verse, van de la mano
aquí el número y la calidad. Ade­
más, se codean todos los géneros
teatrales y estilos l i t e r a r i o s : el
sentimiento trágico de la vida de
O’Neill y Anderson con el acen­
drado amor por la libertad de
Sherwood, el tono gorkiano de
Kingsley y el cbejoviano de Odets
con el “ h u m o u r ” británico de
Behrman, la melancólica sonrisa
de Saroyan y la diatriba de Irving Shaw con los métodos revo­
lucionarios de Thornton Wilder,
el áspero realismo de Lillian Hell­
man con la delicadeza de Barry.
Por otra parte, no olvidemos las
incursiones al terreno dramático
de hombres de la significación de
Erskine Caldwell con “ El camino
del tabaco”, de John Steinbeck
con “ De los ratones y los hom­
bres” y “ Tortilla Fiat” , y de Sin­
clair Lewis con “No puede suce­
der aquí” .
Por lo demás, la riqueza del
teatro norteamericano se justifica
ampliamente por la suma de ele­
mentos que han concurrido a su
formación, que le han dado im­
pulso, dinamismo, brillo. Un gran
número de teatros experimenta­
les, muchos de ellos de auténtica
jerarquía, han lanzado a autores,
actores, escenógrafos. Recuérdese
que de uno de ellos, el de los Provincetown Players, surgió nada
menos que O’Neill. Un organismo
importante y antaño poderoso co­
mo lo fué el Teatro Federal, contribuyó también a renovar el pa­

DEL

TEATRO

norama teatral, presentando en­
tre otras cosas el periódico o no­
ticiario teatral, documento vivo y
caleidoscopio de la época. Luego,
la creación del Teatro Guild dió
impulso definitivo a la dramática
n a c i on a l con una s uces ió n de
grandes obras y espectáculos ex-

NORTEAMERICANO

tual del teatro norteamericano,
que, a tono con la exuberante po­
tencialidad del país en todos los
órdenes, es un reflejo fiel de la
U. S. A., tanto en sus apretadas
vivencias urbanas como en los
múltiples problemas del agro, que
sus autores reflejan con cruda e

implacable sinceridad. En punto a
mise-en-scéne, a directores, a acto­
res y escenógrafos, el teatro nor­
teamericano nada tiene que envi­
diarles a los mejores del mundo y
la madurez de sus concepciones
encuentra una realización perfec­
ta m erced a la madurez de su

LA MARCHA DEL
En el teatro L uxiembourg
de P a r í s
se d i ó a
conocer, con escaso éxito, la pieza
"T ou rb illon ", de B em ard Zimmer,
autor de prestigio que ha vuelto a
estrenar después de diez años de
silencio.

TEATRO

E elenco del Estudio des ChampsElysées ha dado por terminadas sus
representaciones de “La casa de
Bernarda A lb a” , de Lorca, y se ha
trasladado a Praga para estrenar
alli la pieza de Steve Passeur “ El
vino del recuerdo” .

Laurence Olivier, obligado ñor
sus compromisos en Hollywood, ha
abandonado a la compañía del Oíd
Víc. que integraba en el doble ca­
rácter de primer actor y director.
¿Podrá llenar tan sensib e vacio
el clásico y reputado elenco, fam o­
so por la homogeneidad de sus
componentes?

•

“ Les nuits de la colere”. el drama
de Arm and Salacrou que acaba de
dar a conocerle' teatro Marigny de
París que dirige Jean-Louis Barrault ha suscitado grandes elogios
por su vigor y perfección teatral
siendo considerado por la critica
parisiense en general un documen­
to vivo de la resistencia, un tes­
timonio auténtico de ese momento
de la vida de Francia

Ingrid Bergmon en "Juana de Loreno",

a

de Maxwell Anderson.

El conocido comediógrafo fran­
cés Michel Duran, autor de muchas
comedias de género boulevardier
de éxito, ha estrenado "Bonne
chance, D enis".

traordinarios, en su mayoría Pre­
mios Pulitzer. Numerosos produc­
tores aislados, dotados de audacia
y clara visión teatral, abordaron
montajes difíciles y costosos con
gran éxito, acrecentando los ya
vastos sectores de público. En este
sentido, el camino fué trazado por
Belasco, gran productor, director
de escena y maestro de actores
quien tanto debió el teatro norte­
americano en sus orígenes, a pe­
sar de haber trabajado en gran
parte con adaptaciones de obras
extranjeras. Y la obra fué com­
pletada por la abundante flora­
ción de teatros universitarios, que
provocaron la formación de nue­
vos elementos, estimularon voca­
ciones y señalaron rutas, y por las
cátedras universitarias de arte es­
cénico, algunas del prestigio del
famoso Taller Dramático 47 del
profesor Baker, donde estudió y
dió sus primeros pasos O’Neill.
Todo esto, naturalmente, justi­
fica con amplitud la situación ac­

Eva Le Golliene, la gloria mot puto
teatro

norteamericano,

en

«1 P«P**

EUc RenHieim, del "Juan Gabriel Borkm oa", de Ibten, presentada par d Ame­
rican Repertory Theatre.

“Lo que toda m ujer cabe”, la
amable comedia de Barrie. ha sido
bien acogida por el público neoyorkino al ser representada por el
American Repertory Theatre.

por el príncipe regente en noviem­
bre de 1945, prepara “ El barbero
de Sevilla” , “ Otelo” y “ Ondina”
de Giraudoux. y asimismo se prol
pone extender su ación a las zonas
rurales, aldehuelas y escue'as le­
janas, en cuyo plan se incluirán
obras de Moliere, Musset, Chéjov
y otros autores.

•

_ El prestigioso escritor ¡nglés J
B. Prlestley, con-iderado por m u­
chos el sucesor de Dickens a causa
de su libro "T h e Good Companicns
acaba de estrenar con la
compañía del Oíd Vic su nueva
comedia “ Un inspector calis” (Un
inspector hace su visita).

Anita Loos ha escrito con “Fe
cumpleaños" una comedia super
cial pero entretenida, cuyo éxi
en Brcadway se debe en gran pa
te a a labor de Helen Hay es.

•
En Bruselas se estrenó la pie
I^ s Mouches", del profeta d
b ^ ten ria lism o Jean-Paul Sarti
lu,?ar. a Us mismas acal
radas polémicas que provocan t
das sus obras.
evocan i
Se estrenó en París la con
m i des í ,eiger • ol?ra Pósí
del malogrado autor Robert B&lt;
pieza interesante con ciertos
9 U“ Ue fantasía y una evlc
influencia de Anoullh.

técnica.
Este año, decimos, se dispone a
librar una nueva batalla para re­
afirmar su vitalidad. Y la batalla
comienza bien y las líneas están
tendidas promisoriamente. Por lo
pronto, la temporada comienza
con tres impactos de primera
magnitud: “The Iceman Cometh
de O’Neill, del cual nos ocupare­
mos detenidamente en el próximo
número; “Juana de Lorena’ de
Maxwell Anderson, en que Ingrid
Bergman se acerca al público de
Broadway ostentando una fasci­
nación triunfal, y “Otro lugar del
bosque”, de Lillian Hellman, con­
tinuación de “Los Zorritos”, o me­
jor dicho su prólogo, ya que Pre_
senta a los misjnos personajes ^0
años antes.
Además, agreguem os que la or­
gan ización nueva bautizada con

el n om bre de Am erican Reperto­
ry Theatre, dirigida por tres mu-

�21- CABALGATA
jeres famosas: Margaret Webster,
Eva Le Galliene y Cheryl Crawford, ha iniciado una serie de
grandes espectáculos con “Juan
Gabriel Borkman” , “ Androcles y
el León” y “ Enrique VIH” , y que
el Theatre Incorporated ha pre­
sentado “El Bufón del Mundo Oc­
cidental” (The Playboy of the
Western World” ), la b e l lí s im a
tragicomedia de Synge, de tantos
valores y tan poco representada.

“La debilidad fatal” de George
Kelly, un triunfo personal de Ina
Claire, y “Feliz cumpleaños” , otro
vehículo de lucimiento para la
veterana actriz Helen Hayes, co­
mo también el fastuoso y alegre
espectáculo m us i ca l de I r v i n g
Berlín “Annie Get Your Gun” , en
que se destaca con gracia irresis­
tible la popular vedette Ethel
Merman, y el nuevo gran éxito extranjero, la pieza francesa de

P

Por L E O N
R O S C E N IO
M IR L A S

HUR GA NDO EN
LOS CAMARINES
DE LA

HISTORIA

Curiosa caricatura de las tres mujeres que
orientan los destinos de la flamante orga­
nización teatral norteamericana, American
Reportory Theatre: Margaret Webster, Eva
La Galliene y Cheryl Crawford, tales como
ios ha visto el lápiz del dibujante norte­
americano Dan Sattler.

con la actuación del excelente ac­
tor Burgess Meredith, de Mildred
Natwick y de una nueva y deli­
ciosa actriz i rl andesa, Eithne
Dunne. Tampoco faltó un produc­
tor independiente que presentó la
“Lisistrata” de Aristófanes, pues­
ta en escena por el reputado di­
rector de escena James Light e
interpretada por negros, y hasta
se ha representado el célebre me­
lodrama isabe lino de Webster “ La
duquesa de Amalfi”. Eso, para no
mencionar la r e e l a b o r a c i ó n del
drama de Elmer Rice “La calle”
(Street Scenes), en una nueva
versión con versos de Langston
Hughes y música de Kurt Weill;
“Casousel” , una adaptación musi­
cal del “Liliom” de Molnar; “Na­
cido ayer” de Garson Kanin, de
prolongado éxito, y comedias li­
geras de gran aceptación como

L A OPUL E N C IA
DE SH A W

Bern a r d
.Shaw, en respuesta a una carta en
que su amigo Frank Harris le pe­
día 500 libras en 1923. hubo de
contestarle negativamente y agregó
este sabroso comentario ilustrativo:
"P o r lo demás, soy multimillo­
nario. En Viena, mi cuenta ban­
cada (y no he retirado un cuarto
de penique desde la guerra) ascien­
de a 30.090.000 coronas. En Berlín,
tengo montones de marcos que no
valen nada. En Moscú, tengo un
par de millones de rublos, aunque
no pueden mandármelos porque no
alcanzan para pagar un giro. En
Londres, mis obras producen en­
tradas que nadie, habría previsto
antes de la guerra’, ni siquiera tra­
tándose de una obra popular: pero
los gastos de' teatro han subido al
doble, dejándome sin más ganan­
cias que las que me producen las
compañías que van en jira a las
provincias. El resultado es que.
desde la guerra, cada vez que he
tenido que pagar mis impuestos a
fin de semestre, me he visto obli­
gado a estrujarme un poco para
evitar el embargo. Hasta he tenido
que escribir más de una vez en los
periódicos de Hearst para salvar la
situación. En suma, soy un ser
afortunado: m e siento seguro y uso
dos automóviles. Pero no me sobra
un solo penique.”

Arribo: Escenario principal, o la luz de la luna, de la comedia de Elmer Rice "Street
Scenes", estrenada aquí con el nombre de "La Calle", que lleva ahora versos de
way en una nueva versión musical, con decorados de Jo Mielziner, versos de Langston
Hughes y partitura de Kurt Weill. Abajo: Interesante esquema preparado por el reputado
escenógrafo norteamericano Jo Mielziner, pora uso del director de escena Charles
Friedmon, de la nueva versión música! 1947 de la comedia de Elmer Rice "Street
Scenes", estrenada aquí co nel nombre de "L a CaRe", que lleva ahora versos de
Langston Hughes y partitura de Kurt Weill.

GOGOL Y L A CENSURA
El famoso autor de "E l inspector"
emprendió en la última etapa de
su vida una comedia satírica lamada "E l Vladim íro de tercera
clase", que debía ser una acabada
autopsia de la burocracia zarista.
Pero, apenas iniciada, comprendió
que jam ás le permitirían estrenará,
y abandonó el proyecto para siem ­
pre. Así fué como la existencia de
la censura del Zar malogró una
nueva obra de Gógol, que prome­
tía ser una joya digna de su admi­
rable talento satírico.
U N A E X C U S A O PO RTUNA
Cuando Moliére presentó a su
compañía, recién llegada de pro­
vincias, ante el rey, para optar a
una pensión, representó una tra­
gedia cuyo protagonista encam ó él
mismo, ya que se creía nacido para
el género trágico. Naturalmente, la
representación, la labor de Moliére
y la de todos sus camaradas resultó
un fracaso. A l advertirlo, el come­
diógrafo se presentó en el proscenio
apenas terminada la representación
y le pidió licencia al rey para re­
presentar de inmediato una farsa
ligera de que era autor, llamada
"L e médecin volant” , que su com ­
pañía había representado con m u­
cho éxito en provincias. Aunque
se trataba de una comedia algo ele­
menta: en sug recursos, "L e m é­
decin vo lan t" tenía ya la típica
gracia molieresca e hizo reír de
buena gana al rey, salvando la si­
tuación de la compañía con este
oportuno viraje, ya que el rey le
concedió la pensión y un teatro
donde trabajar en forma estable.

Jean-Paul Sartre, “ H uís Clos”,
dada a conocer en Nueva York
triunfalmente con el título de “No
Exit” (Sin salida).
Como puede verse, el teatro
norteamericano r i v a l i z a con el
francés, que está en pleno resur­
gimiento, en punto a cantidad y
calidad. Se abordan todos los gé­
neros, y, lo que es más importan­
te aún, existe un público para to­
dos los géneros. El éxito de las
obras populares no impide el éx to de una obra de O’Neill que du­
ra cuatro horas y media y que
tiene escaso movimiento escénico.
Este panorama es altamente pro­
misorio y habla bien a las claras
de la vitalidad de un teatro que
apenas si cuenta tres décadas de
edad y ya ha alcanzado la ma­
dure?.
L E O N

M I R L A S

IN O L V ID A B L E S 1
SQUIER. — Lo malo es que yo per­
tenezco a una rata que desaparece.
Soy un intelectual.
GABBY. — Eso significa que usted
tiene sesos. Bien veo que si.
SQUIER. — Sí . . Sesos sin finali­
dad. Ruido sin sonido. Forma sin subs­
tancia. ¿Ha leído usted "E l hombre
vacío"? No lo lea. Es algo desalen­
tador. Se refiere a los intelectuales
que creyeron dominar a la naturaleza.
La encerraron en represas y usaron
sus aguas para regar sus eriales.
Constituyeron monstruos aerodinámi­
cos para perforar sus resistencias. La
envolvieron en celofán y la vendie­
ron a las farmacias. Estaban tan se­
guros de haberla dominado... ¿Y
a h o ra ?... ¿Sabe cuál es la causa del
caos mundial? Ss la réplica de la na­
turaleza. No con las armas de anatño,
las inundamlones, las plagas, las he­
catombes. La naturaleza replica con
unos extraños instrumentos llamados
neurosis. Está acongojando delibera­
damente a la humanidad con desaso­
siego. Nos prueba que no puede ser
vencida. . . al menos por seres como
nosotros. Les está arrebatando el mun­
do a los Intelectuales para dárselo
a los gorilas. ..
EOBERT E. ftHERWOOD
(El bosque petrificado)
—Sí Alguien dijo que en nuestra
juventud reunimos materiales para
construir un puente a la luna; pero
que en nuestra vejez usamos esos ma­
teriales para contrulr una cabaña.
dJF F O S D ODETS
(Un cohete a *a tona)

�(ABAK.ATA -2 2

fRITIH Limillll
Por GO \ ZA L -EZ-C \B B 1 L H0
M U E R T E DEL ADOLESCENTE,
po «

OBRA

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POR

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EL C L U B

"EL

LIBRO

DEL

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recuerda a los lectores de habla hispana que W ald 0 Frank, adem ás de ensayista
em inente, es un gran novelista de pujante personalidad.

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m o consagración acaba de elegirse m iem bro de a Academ ia Francesa.

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político-social de Cuba desde la guerra de .'a independencia hasta cumplirse
los treinta primeros años de vida republicana.

M a« ía G ramata . - E ditorial

w

Desentrañar lo esencial, iluminar líricamente lo humano,
es el destino de esta poesía. María Granata muestra un«
hermandad secreta con las cosas, atenta siempre a la
hermosura del instante y las hechos, transformados en duradera emoción estética.
Parecería intensificar esa clara emoción basta un grado en que resplandece y duele
Dijimos que apresa lo esencial, desempeñándose con seguridad tan espontánea que
en ocasiones resulta clarividencia. Es el don poético de saber ver —instintivo— pu-a
el solo advertir propósitos de radiografiar el mundo que la rodea, restarla a sus
estrofas, a la sobria condición de su canto, su innata frescura relacionada a co­
rrientes subterráneas. Acerquemos el oido a su verso y escucharemos un rumor es­
condido de marea, trasmitido de la vena física del poeta a la vena ideal de las
palabras. La hondura de esta poesía tiene también calor fecundo de tierra abierta;
a veces se piensa en el terrón grávido, porque invariablemente, lo que'florece y lo
que vuela, es en el verso de Muda Granata una vinculación a ese ñondar destinado
a fermento de vida y reintegración de muerte. Como ideas obsesivas anotamos en
ella las del nacer y el morir; pero de una a otra, fugas parábola del tránsito, su
mirada alcanza a vislumbrar lo eterno, en sucesión de dias y renacer constante de
estaciones. Asi, su canto se configura dentro de un jubiloso y desgarrador adivinar
del milagro, que, igualmente, señada en la me teórica pupila del caballo, en la
alucinada tonalidad del crepúsculo o en el patético signo del hombre, en su ansie­
dad de existir, o en su palpar sombras de muerte, fijada ya en lo invisible su
invariable actitud. Hablar de madurez en un poeta de la edad de María Granata
resultaría quizás inadecuado. Cabría, si, reconocerlo comparativamente, considerando
el plano general de nuestra producción lírica. Hoy, en esta hora suya, su individua­
lidad madura en relación a los otros escritores de su tisrnpo, preséntasenos en etapa
de evolución positiva, caudalosa en cuanto a realidad poética. Madurez se nos ocu­
rre ya el estacionamiento del modo expresivo y la inspiración. Creemos que en
María Granata todo nace recién; su voz representa las cosas y el «ima de las cosas,
y despierta inesperada a cada acontecer, elevándose de pronto en el impulso del
pájaro o inclinándose, también en movimiento insospechado y como impuesta de
inexorable silencio, al constatar la inmovilidad, la desintegración, lo inerte.
Es ya un argumento crítico la espectativa que nos causa su preferencia por temas
de elocuente grandeza natural, vistos desde el ángulo de la simple contemplación
cotidiana; y asimismo, la trascendente sencillez substancial con que canta su
recogida vocación del mundo. La palabra obedece cAti/ia y justa, con sugestiones
de prisma, tanto en la emoción sutilizada, casi inaprensible, como en el patetismo
de ciertos motivos que requieren riguroso contenido plástico. En ambas, opuestas
formas, consigue trasmitimos la embriaguez lírica, sin recurrir a otros re­
cursos que los de una recia honradez, graves, sin más audacia que la verdad mira­
da cara a cara, aun la aparentemente invisible.
Si la generación a que pertenece la autora de ‘Muerte de un adolescente" se
ha caractrizado por su eficiencia expresiva y el dominio de una técnica —here­
dada— que define el momento da su aparición, ella se ai Ría en su propia voz;
y el caudal intensivo que sostiene su verso, en nada se eanDomina de corrientes
literarias, sino que es necesario cavar irír hondo, llegar a una conciencia ele­
mental de la tierra, piara dar con su origen, piara encontramos con la límpida
fuente de su canto.
EL HOMBRE QUE SABIA DEMASIADO, roa Gnantl KmB
CHXSTKKTOir - EDITOftIAL NOVA (CoLECCIÓH ESPEJO DEL MüKDOh

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desarrollo de los estudios sociológicos en el país. N otas de A niba: Ponce.

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interesantísim a

de

lo

que

debe

ser el

futuro

de

la

metafísica.

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AMERICA ESPAÑOLA DURANTE EL PERIODO COLONIAL . . . .
Un

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del Derecho Español en indias.

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Lima

'

354

PÁGINAS.

En la literatura inglesa de nuestros dias, se destaca, per
virtud de influencia y por fuerza d.i personalidad, el espíritu
y perfil netamente Inglés del autor de “El candor del Padre
Brown”, por no citar sino uno de su centenar de libree, quizas
el más difundido en castellano. Este ceñudo ensayista católico
(a pesar de su sonrisa), enamorado de la novela policial, pre­
senta el espectáculo intelectual quizás más complicado y hasta difícilmente com­
prensible para el latino, por su extraordinaria amplitud y su lógica Un clara que
parece arbitraria; si bien la lectura de sus obras, facilitada por su inteligente
“humour", conquista de inmediato, resulta en todo sentido amable, entren, nc
aunque perturba en lo intimo— y puede contarse entre el núcleo de escritores
amenos que dejan un sedimento singular. “El hombre que sabia demasiado' es un»
de los grandes libros de Chesterton por presentar las características de su estiló­
halla aquí el pensador en plan de organizar un mundo paradójico, en el 4°*
desenvuelve, con la responsabilidad de quien debe infundir soplo perdurable d®
vida a la farsa, su inacabable ingenio, burlón pero no tanto como para que se
resienta la puntual estructura de ese mundo. Nada se adivina y todo se preve,
sin embargo. Se prevé la paradoja, se espera la sorpresa; pero tan minuciosa 1
sólida es la composición que ignoramos dónde y cuándo la sorpresa se produce
Compréndese que sin el Chesterton adiestrado en las especulaciones filosóficas, do
existiría, al menos en su totalidad de creador, este Chesterton de la amenidadtransparente y engorrosa a la vez, de sus novelas policiales. ¿Pero —nos pre­
guntamos— “El hombre que sabia demasiado’’ es una novela policial o es un
trabajo de medida filosófica encarado dentro de un género fácil al lector? ¿No
es una forma descreída, la suya, de Imponemos sus dudas pese a su fe y * &amp;
catolicismo?

se

Estas y otras preguntas surgen al enfrentar el relato fundamental de este libro,
onde, organizando con mecánica precisión un mundo vivo, se deduce la hopoencía de llegar a descifrar el enigmo dei mundo, el avance regresivo de este ^áb®1
demasiado” , en que el autor desemboca en la conclusión de que nada se conoce.
Emoción de anécdota y pasión de escritor trascienden de la calculada intriga,
cuyos resortes de atención han sido estudiados fríamente para interesar y « * '
sionar El misterio, preocupación del escritor, habituado a debatir problemas in­
sondables en un ámbito de claridad meridiana, es el nudo de su relato, cuyo hilo
t f C^ 1í f n® ** acaba nunca &lt;1® desenredar. Su invención Fisher, héroe verdadero
rít, 21 ,^°“ bre 5*ue sabía demasiado”, acaso materialización de la inquietud filo­
sófica de Chesterton, E8 uno de sus per­
sonajes de más vasta sugestión y, casi
(Continúa en la página H l

�I
VALERY

INTIMO

LIBROS DE RECIENTE PUBLICACION
Por Kiku Yamata

_________________________(Viene de la página 3) -----------------------------------------Invernadero, él, que, despierto desde el
alba y solitario, dejaba primiro germi­
nar en él su simiente.
Me parece también que Valéry, pe­
queño burgués por su nacimiento, pero
principe por su espíritu y aristócrata
por su personalidad, no detestaba aque­
llos salones atestados de hermosas mu­
jeres, de personajes influyentes, de seres
originales por su talento.
La señora de Paul Valéry —m adame
Teste— sorprendía por su aire apacible,
su lenguaje muy lento y su modestia
caá temerosa. Habla ádo la compañera
fiel, indispensable, de los años oscuros
del poeta. Con dignidad, pero eclipsán­
dose voluntariamente, participaba en su
gloria. Lo acompañaba en ocasiones a
aquellos brillantes salones y ella recibía
también en su casa a una sociedad ín­
tima. En ella se servia té, golosinas y
se charlaba. Pero Valéry no se hacía
presente.
La señorita G o b illa rd , hermana de
madame Valéry, vivía con ellos. Tenía
talento de pintor, de la casta de Manet
y de Berthe Morisot, según hemos de
ver. Era delgada, con una cabeza pe­
queña y fea, pero original, de ojos bri­
llantes. Ella era la pintura y madame
Valéry la música. Ambas, sobrinas de
Berthe Morisot, parten tas de Manet.
prolongaban en tom o de Valéry aquella
atmósfera de burguesía inteligente y ori­
ginal, favorable a la ecloáón del talento.
El departamento en que vivían estaba
cerca de la avenida del Benque de Bo­
lonia, en donde Paul Valéry se paseaba
a menudo. La boiserie era blanca. Ha­
bía algunos cuadros y muchos recuer­
dos de familia.
Una vez que su mujer estaba enferma,
me dijo: ,rVaya a verla, que bien se lo
merece” . Obedecí y llevé a la convale­
ciente un kimono violeta que le serviría
de bata.
En una sala de conferencias encontré
un dia muy preocupado a Valéry. Habla
perdido a madame Teste. Le costaba vi­
vir sin ella.
Valéry, buen marido a pesar de 106 di­
chos picantes que le gustaba lanzar, era
también buen padre. Su hija Agata lo
adoraba. Linda, sosegada, fina, de tanto
en tanto venia a un salón para escu­
charlo ella también, para verlo. Era ba­
jita y tenía unos hermosos ojos azules,
claros y pensativos. Se casó con un jo ­
ven. "Estos muchachos —me dijo Valé­
ry— se aman desde los veinte años; no
se puede prohibirles que se casen”.
Fila tuvo una nena, una criatura es­
tupenda. Abuelo, V a lé ry a d m i r ó los
miembros m futíras y regordetes de la
niña, su rostro grave, un poco obstinado,
de ojos inmensos y azules. Le llamaba
la bestia, pues para él su nieta era la
personificación del ser humano suites del
despertar del espíritu. Encontraba con­
movedor el espectáculo de aquel abuelo,
el de las estrofas de espíritu puro, fren­
te sil hermoso fruto de la carne de su
carne.
Valéry renta también dos hijos. Uno
de ellos, de sobrenombre Cloclo, gus­
taba de la literatura, pero levantaba los
brazos al cielo diciendo: "¿Qué hacer
cuando uno Deva el apellido Valéry? A
mi me hubiera gustado escribir” , t e
interesaban los negocios de Bolsa y se
casó con u n a linda mujer de origen ruso.
El hijo menor era pelirrojo y muy es­
teta. Alto, blanco, un' poco lento como
su madre. Se htm músico. No sé qué hizo
la guerra de aquella familia criada a la
sombra de la gloria paterna.
Un admirador apasionado compartía
la intimidad intelectual de Valéry: el
señor Moaod, que merodeaba a su alre­
dedor, como la rata merodea en el gra­
nero. Manod recogía las palabras, ios
trozos de papel, las fotos instantáneas,
todo aquello que el gran hombre deja­
ba caer al cesto. Le servia de secretario,
de hombre de negocios, de intermediario.
Km un pedigüeño del recuerdo más in­

significante de su Ídolo, por ejemplo,
aquella fotografía que en un 1* de mayo
mi marido le tomó a Valéry en el andén
de una estación y en la que el poeta
aparecía teniendo entre sus dedos el
muguete que yo le habla traído; tanto
se dejó estar entre los suyos que tuvo
que tomar el tren en marcha.
En vida de Valéry, Monod había crea­
do el Museo Valéry, en el que estoy se­
guro que deben faltar, muy a su pesar
todas las traducciones que en el Japón
se hicieron del poeta y todos los artícu­
los de sus admiradores Japoneses.
Valéry tuvo admiradores en el mundo
entero, pero ninguno tan fervoroso como
el profesor Grenier de Bagnéres-de-Blgorres, en los Pirineos. Este bibliófilo
poseía en su modesta biblioteca todas las
obras de Valéry y aquellas raras edicio­
nes del poeta que hoy son tan buscadas.
Las tenia todas dedicadas, pues viajó
expresamente a París con su mujer —su
madame Teste— para encontrarse con
el poeta. Se cambiaron sus impresiones
de intelectuales puros y sus opiniones
domésticas durante un almuerzo mara­
villoso en un restaurante de París. El
señor Grenier, gran ábarita, desde en­
tonces nunca dejó de mandar todos los
años a Valéry, desde su provincia, una
pavita jara Navidad, con castañas de
Blgorre.
Recuerdan todavía los parisienses las
creaciones de Valéry en la Opera. En
ella, y ante una sala deslúmbrente, se
dió su ballet Amptiion. La múáca de Honegger sostenía el tona, como el mar (el
que el poeta hablaba como un nacido
en el Mediterráneo) las olas. Ida Rublnstein personificaba a Amphion. Era
bello aquel llamado a la materia, a la
organización de los elementos, a la for­
ma. Jamás olvidaré, después del sordo
preludio que asemejaba al ruido de los
insectos andando por el bosque, el largo
y melodioso llamado de Amphion, el
creador.
Es una de las visiones cuyo sortilegio
renueva mi memoria. Cuando quiáera
volver a escuchar también la voz a ve­
ces sorda, otras precipitada y como a
trompicones de Valéry, no tendría más
aue poner el disco en que Valéry regis­
tró su palabra en una faz y Anna de
NoaiUes en la otra.
Sólo una vez me regañó, pero íué vio­
lentamente y por teléfono. Se habla que­
jado delante de mi de que le faltaban
sus propios libros; compré tres o cua­
tro ejemplares y se los llevé a -u casa.
Cuando Valéry los encontró, montó en
cólera y me llamó pea: teléfono. ¡Com­
prar sus libros para regalárselos!... Yo
lo había humillado.
No k&gt; dijo aá, pero al punto compren­
d í Entonces, fingiendo asombro, le res­
pondí sencillamente: “Como usted decía
que eran Inhallables. . . Me sentí orgullosa de haberlos conseguido” . El rezon­
gó: “ En fin, bueno; el editor va a creer
que esto se vende como el pan” .
A Valéry también le gustaba dibujar
o grabar. En el castillo de Montmlrail,
que íué de Louvois, mientras conversa­
ba, Valéry dibujaba a la dueña de casa.
Amaba a las duquesas, como habría
amado a las damas del Renacimiento,
lo mismo que Dante. Poeta y demasiado
intelectual, como éste, temía a la selva
y a sus grandes árboles, favorables para
una senábilidad más Ingenua. Su anhelo
de paisaje se satisfacía con contemplar
desde el gran salón que visitó Luis n v
el espejo de agua dibujado par Le Nótre.
Aquel estanque redondo, sencillo y puro
captaba la luz como la luna. Derramaba
por el parque un reflejo de misterio y el
frío de un agua tranquila. Aquel estan­
que simboliza en mi recuerdo el alma
de Paul Valéry. Y el canto del surtidor
que se eleva de aquella forma esencial,
es la poesía de aquel ser, solitario por
el genio, delicado por el corazón.
(Szav ic io w A. F. P.)

.

. . .. ...

...

'

.

&lt;YMGGINS: VIDA Y TIEMPO, por
Eugenio Orrego Vicnúa. Editorial Losa­
da, Buenos Aires. 4M páginas, t 12 mo­
neda argentina. — La biografía de una
figura gigantesca hecha con aliento de
escritor épico y con espíritu de investiga­
ción histórica. Eugenio Orrego Vicuña
ocupa un lugar de excepción en las le­
tras chilenas como historiador y drama­
turgo. Sus dramas más im p o r t a n t e s :
“San Martin", “Carrera", "O ’Híggíns” ,
"El reino sin término” , no son sino la
teatralización sincera de vibrantes pá­
ginas de la historia. La personalidad del
héroe más grande de su patria había de
atraer forzosamente las dotes del pre­
claro estudioso, quien las puso a contri­
bución en una labor tenaz, de documen­
tación y exégesis, que le llevó más de
tres años, aparte de los muchos que de­
dicara anteriormente al estudio de as­
pectos diversos del Libertador para las
obras parciales que sobre él escribió.
Vicuña Mackenna —como nos recuer­
da el doctor Arturo Alessandrt en el
prólogo de la obra que comentamos—
fué quien mejor conoció y estudió a
O’Higgins en el siglo pasado. Debemos
ahora a su nieto la obra definitiva sobre
el Director Supremo del Estado. Eii un
estilo vigoroso, preciso, elegante, no sólo
hace revivir la figura del general y del
gobernante en toda su grandeza moral,
sino que nos muestra la génesis de la
epopeya de la liberación chilena, el am­
biente poli tico-social en que se desarro­
lló la vida del fundador de la nación
libre de Chile y su contribución ines­
timable a la emancipación de los pue­
blos sudamericanos en la gesta inmor­
tal, al lado de lord Cochrane, San Mar­
tín y Bolívar.
lib ro verídico, hondo, humano, que
acierta a pintarnos simultáneamente
una gran época y un gran hombre, que
en el ostracismo pudo escribir sin jac­
tancia: “Conservo sólo mi honra, la me­
moria del bien que alcancé a hacer, y
no me agita pasión alguna; antes de
vencer a mis enemigos aprendí a ven­
cerme a mi miaño”. — Ftaurix A u n i
CUMBRES Y LAMAS, por Marco PaUis. Traducción de Mariano de Alarcón.
Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
5SS páginas, t 16 m/arg. — Esta obra es
mucho más que el relato de dos nota­
bles expediciones al Himalaya realizadas,
en 1933 y 1936, por el escalador de mon­
tañas Marco Pal lis. En ia abundante li­
teratura tibetana florecida en las últi­
mas décadas esta obra constituye un
aporte de inapreciable valor. No se li­
mita a la descripción de los paisajes
maravíUcsos, de las dificultades de una
ascensión que llegó a la cumbre del
Central Satopantli, a 22900 pies de al­
titud. de la fauna, la vegetación y el
clima, de los pobladas, hábitos y modo
de vivir en aquellas misteriosas regiones;
el autor penetra profundamente en el
alma de los moradores del Tibet y, con
perseverancia y amor dignos de un neó­
fito, concreta una admirable sintesis del
budismo tibe taño, a la luz de las doc­
trinas que le inculcaron cuatro lamas
—el abad ermitaño de Lachhen, el lama
Dawa, tesorero de Spltuk; el lama pin­
tor Korichhog Gyaltsan, de P'Hlyang, y
el lama Wangyal, de Drepung (Lhasa) —
al enseñarle los tesoros espirituales de
aquella Tradición, que es el camino per
el cual los peregrinos marchan a las
cumbres de la Sabiduría.
Unos capítulos dedicados al arte tíbetano y a sus relaciones con la doctrina
budista ayudan a comprender la reali­
dad y el simbolismo de unos pueblos
cuyas vidas, influidas rarlaimente por
el sentimiento religioso, ejercen atrac­
ción irresistible. Sobre el filósofo occi­
dental.
Marco PalHs nos presenta asi un pa­
norama integral, aprehendido luminosa­
mente en el trato cotidiano con los la­
mas, del Tibet y sus pobladores. Nume­
rosas fotografías fuera de texto com­
pletan de una manera plástica el fruta

.:

de tan interesante narración. — J. A_
N iv rn o
SUEVA HISTORIA DE SOLIVIA, por
Enrique Finot. Ediciones de ¡a “ Funda­
ción Universitaria Patitio". Imprenta
López, Buenos Aires. 364 páginas. — Po­
cas veces podrá decirse con mayor ver­
dad que este libro del ilustre historiador,
parlamentarlo y diplomático boliviano
doctor Enrique Finot viene a llenar un
vacio. "Al publicar este libro —dice el
autor— realizamos una aspiración ali­
mentada largo tiempo: la de ofrecer al
público una Historia de Bolivia breve
pero completa, que, abarcando todo el
proceso de la vida nacional, desde sus
orígenes, en un volumen manejable, per­
mita formar una idea sintética y racio­
nal del pasado de nuestro pueblo” . Asi,
esta "Nueva Historia de Bolivia (Ensayo
de interpretación sociológica) ” contri­
buirá eficazmente al conocimiento “de
un país mal conocido y mal apreciado,
aun por sus propios hijos, a causa de ¡a
forma en que se ha escrito su historia”.
El trabajo de Enrique Finot no sólo
tiende á sistematizar lo escrito ante­
riormente sobre la materia, esclarecién­
dolo a la luz de testimonios fehacientes,
sino que, yendo más allá de la enun(Continúa en la página 24)

PROXIMAS
PUBLICACIONES

VICKI BAUM

ULI, EL ENANO
La u t o n i a a o f f i r u i a

CHRISTINE WESTON

INDIGO
C U f t i a n o s ea Sa b á l * .
Bota narria a i c s t n « l j i » p i i a
laa a i s h i t e r m * l « i a a te e e ie a tas de las em fU rtM rarfid as
« a al aatfcral i a la imiapen-

ROBERT WILDER

ESCRITO EN
EL V I E N T O
i l i e r t s i e ana ie e a i e n Ua
fam iliar Berna i a eplsaiftas aaiaaaa. Ea esto m t « U WiMer ra­
peta cBplW sdw qaa la s it i a s en
prim era fila entre las esertu tes
n f it e e a e ili ansí

V. S. PRITCHETT

NADA COMO
EL C U E R O
b te U g a a te • b i e s s e , el Baetre
«eeabar aas i a «si «ata narria
s s traaa p&gt;Ipil s ata i a r ié a sa«ial fasstaaa.

EDITORIAL

HERMES
D IstrftB M a ra e z r b i&gt; v « &lt; f u »
* » P » t t v , C h ite y C n i u j r :

EDITORIAL

SU D A M ER IC A N A
A L S O ÍA M

-

i A lie s

�r"
L IB R O S DE R E C IE N T E PUBLICACION
(Viene de la página 23)

LA IM PRENTA LOPEZ
\

es la primera organización creada en HispanoAm énca dedicada exclusivamente a la impresión
de libros. Su participación en la creación de la indu stria editorial argentina ha sido decisiva. Su nombre
como impresores, unido al de los editores, marca una
etapa culminante en la historia del libro argentino.
E l arte y la técnica de la I M P R E M I A LO PE Z
en conjunción maravillosa realizan el milagro de
producir las más bellas y cuidadas edicio­
nes, tanto de lujo como populares,
a

precios

convenientes, pues

su especialización le per­
m ite dar ca lid a d
sin aumentar
el costo.

IMPRENTA LOPEZ
A l servicio del libro
P E R U 666

Crítica

•

Literaria

(Viene de la página 22)
podría asegurarse— su filiación detectivesca
le sitúa entre los grandes obsedidos que
interrogan al misterio.
L a senda c a u d a , por Nyda Cuniberti,
Cuadernos de Saeta. Bs. Aires, 46 pági­
nas. — Com o en su anterior presentación
— "L u n a b reve"— . Nyda Cuniberti aparece
en "L a senda c á 'id a " en decidida condición
de promesa. Inclinada hacia as formas clá­
sicas del verso, su expresión es sencilla y
grave, y su tone acentuadamente meditativo.
En esta poesia sin artificio, su naturalidad
es ya un com prom iso de ajustamiento, de
vibración, de vuelo, para que el poeta m e ­
rezca el nombre de tal en su trascendente
sentido. Nyda Cuniberti es un poeta en
fcrm ación. Tcdo apunta en ella como para
prs fijar le un lugar d estacado en nuestra
literatura femenina. Pero su aparente sol­
tura en el soneto está aún lejos de la forma
impecable. N o basta el respeto a la pre.

B U E N O S AIRES

ceptiva. -a propiedad de las ofice silabas y
la rima inobjetable: es necesario, además y
por sobre todo, trasvasar a la forma creada
esencias que le infundan vida.
Poique creemos estar ante un tempera­
mento estimable, ante una vocación artís­
tica capacitada para la obra pura, es que
nos detenemos a siñalar las características
de su momento actual, eligiendo especial­
mente, como base efectiva para su elogio,
su actitud de poeta. Actitud que denuncia
el honrado fervor de quien encara sagrada­
mente la existencia. Asi su voz. apagada en
la in'inuación confidencia, prefiere la frase
simple con depuraciones convenientes al
verso. Sus temas se atienen a idéntica mo­
dalidad. reflejando la zona intima del indi­
viduo, su dimensión relacionada a lo eter­
no: aunque no siempre, de este propósito
e tético encomlable. se produzca la obra
lograda en confluencia de precisión y alien,
to. Tal, en síntesis, nuestra impresión sobre
"L a senda cá.ida" y su autora, promesa
aun, repetimos, con pruebas evidente: de
la integridad futura, su trascendencia que
alcanzará a corto plazo — deseamos no equi­
vocam os— e limite ¡d ial en que se hará
visible su destino.

elación de los hechos, “es una manera
de ver y de comprender” la historia del
país hermano, es decir, “una interpre­
tación, un propósito de análisis como
medio de enjuiciamiento".
La obra comprende desde la prehisto­
ria boliviana, con los primeros habitan­
tes del altiplano, hasta la reciente gue­
rra del Chaco. Imposible destacar en
una breve nota los altísimos méritos del
investigador y del escritor, el enorme
acopio de documentación auténtica, la
serenidad de juicio, las galas de una
prosa siem pre fluida e interesante.
Cuantos quieran profundizar en el es­
tudio de esta porción de Hispanoamé­
rica cuya evolución tanto ha tenido que
luchar con un destino adverso, tendrán
que recurrir a este libro en que palpita
el alma de un verdadero sabio, a la ves
literato y patriota. — J . A . N avarro
LA TRAMPA HUMA­
NA, por Sinclair Lewis. Traducción de Pe­
dro de Olazábal. Edi­
torial Castelar, Buenos
Aires. 2S0 páginas.
$ 6S0 m/argentina.
— Una nueva novela
de Sinclair Lewis es siempre, a la vez,
un deleite literario y para la imagina­
ción. El reputado escritor. Premio Nóbel, dirige la linterna de su observación
a los ambientes más dispares y se com­
place en situar allí a sus personajes
para expiar sus reacciones y contárnos­
las con aquel fino espíritu, tan peculiar,
que es a un tiempo satírico y emotivo.
Ahora nos pinta las peripecias de un
abogado neoyorquino que tiene aficiones
de explorador y, provisto de un flaman­
te y formidable equipo para la caza, la
pesca y la vida selvática, se lanza en
una canoa en busca de los rápidos del
Mantrap (Trampa humana), una espe­
cie de carretera real, la gran carretera
de los bosques del alto Canadá.
Hay un fondo de satisfacción inge­
nua, casi infantil, en esta nueva vida
que se impone Ralph Prescott a través
de los ríos y bosques, en la compañía
de los lnfaltables indios, conocedores de
aquellas regiones vírgenes o apenas fre­
cuentadas. Y a cada memento, en las
inesperadas escenas que surgen en esa
zona terrestre —y, sobre todo, espiritual
— que está en las fronteras de la civi­
lización y de la selva, asoma el humo­
rismo burlón y humanísimo de fflneioi.Lewis para acusar los perfiles de los in­
dividuos y de las almas. Y esta oscila­
ción entre dos mundos presta punzante
interés al relato. — F er m ín A lenza
LA ULTIMA TENTATIVA, por Birger
Dahlerus. Traducción de Pedro de Ibarzábal. Editorial Sudamericana, Buenos
Aires. 164 páginas. $ 4 m/n. — Birger
Dahlerus no es un político, ni un diplo­
mático. ni un periodista, ni un escritor
profesional. Es un ingeniero sueco, cuya
descollante posición económica al frente
de importantes compañías le vinculó a
hombres de negocios, políticos y gober­
nantes de su país, Inglaterra, Alemania,
Francia, Holanda y otras naciones dé
Europa. Ante la inminencia de la segun­
da guerra mundial, ya inevitable, surgió
el deseo, en un núcleo de personalidades
del medio industrial europeo, de intentar
una última tentativa para detener la ca­
tástrofe. Birger Dahlerus íué el principal
instigador y actor de este conato al­
truista y pacifista, destinado al fracaso.
Las páginas sobrias y sencillas de este
Ubro —verdadero documento histórico,
insospechado hasta el presente— descri­
ben las febriles idas y venidas, entre­
vistas y conferencias de Birger Dahlerus
,v de sus auxiliares en los días que pre­
cedieron al estallido de la guerra. Goenng\ Hitler, Chamberlaín, Henderson,
Ríbbentrop, Halifax, Cadogan y otros
personajes que desempeñaron papeles de
importancia en el drama que tenia lugar

entre bastidores antes de iniciarse ls
tragedia de la conflagración mundial,
desfilan con sus palabras y can sus ges­
tos, retratados con minuciosa realidad.
Goering y Hitler, principalmente, apa­
recen en el desempeño de su triste ;
fatal misión, en escenas de un rigor
verídico extraordinario que ayudan a
esclarecer aquellos acontecimientos, gra­
vísimos para la historia humana, que se
desarrollaron en Berlín y Londres en los
últimos días de agosto y primeros de
septiembre del año 1939.
— Ramón Escama
CABALGA CONMIGO, por Thomas B.
Costain. Traducción de María Luisa
Martínez Almorí. Ediciones Peuser, Bue­
nos Aires. 643 páginas. 1 12 m/arg. —Un
nuevo friso de la campaña napoleónica,
todavía cautivadora y alucinante. Pero
esta vez no para destacar los rasgos épi­
cos de la historia, sino para labrar mi­
nuciosamente la vida de dos valientes
que, a pesar de su anónima modestia,
revelan el temple de los verdaderos
héroes.
Una amistad indestructible, forjada en
la camaradería de las batallas y en la
pasión por la libertad y por la patria,
une a Robert Thomas Wilson, el sóida-^
do que tuvo que combatir a Bonaparte'
en Francia y Bélgica, en Austria y Prusia, en Rusia y Portugal, y a Francis
Ellery, el periodista que recorre incan­
sable los campos de combate tras la es­
trella de Wellington, como corresponsal
del mejor diario de Londres. Uno y otro
pdfeeen la energía indomable de la res­
ponsabilidad en el cumplimiento de su
deber y una generosa comprensión para
las debilidades ajenas. Uno y otro llegan
a la madurez y al primer declive hada
la AnHftniHaH con la satisfacción moral
de las almas nobles, exentas de baja
ambición, y con un irónico desdén hada
la falta de memoria de los poderosos.
Thomas B. Costain ha trazado un re­
lato lleno de sugestión humana, cuyos
personajes ficticios, pero empapados de
realismo, entonan admirablemente con
el ambiente histórico, por cuyo fondo
desfilan las figuras inmortales de We­
llington, Dumouriez, Home Tooke, Kutuzov, Walter Scott, los Lavalettes, Michael Bruce, etc.
Ramón Escairí
PAUL ET VIRGINIE, por Bemarii*
de Samt-Pierre. Texto francis. Veinte
ilustraciones de Ñorah Borges. Editorial
Poseidón, Buenos Aires. 224 páginas
S 25 m/arg. — La Colección Aurea, que,
en los pocos volúmenes apsirecidos hasta
ahora, ha reunido méritos suficientes
para acreditarse entre los bibliófilos, b3
exornado el Ingenuo y sugestivo relato
de Bemardin de Saint-Plerre, manantial
primario de todo un caudaloso afluente
del romanticismo, con ilustraciones he­
chas ex profeso por Norah Borges. la
notable pintora argentina En esa vein­
tena de interpretaciones plásticas de
momentos de la difundida novela —unas
en suave grisado y otras a varias tin­
tas— la artista ha realizado una primérosa obra de adaptación, de simplicidad
y de belleza plástica. Con esa sencillez
de lineas y dulzura de tonalidades que
a menudo tiene el encanto de los Pri‘
mitivos italianos y que da singular Va '
sonalidad a Norah Borges en las moder­
nas tendencias del arte nacional, ha sa­
bido presentar los principales pasajes de
“Paul et Virginle” en una forma llena
de espiritualidad y de gracia que no des­
deña el simbolismo y conserva la emo­
ción de las tiernas figuras del relato.
Todos los detalles de presentación
volumen, papel, caracteres de imprenta
grabado, encuademación, acusan el buen
gusto y la cuidada prolijidad con que ls
Editorial Poseidón ofrece los libros de
la colección ya citada, impresos en los
Talleres Gráficos de Sebastián de Amorrortu e Hijos, que son un regalo par*
los ojos y un honor para las artes grá­
ficas de nuestra patria. — Jorge A. Cas­
tellanos

i

�25- CABALGATA

ASABAN de APARECER

,

LAS

FOGATAS

y del de todos los niños d el mundo
nacidos en situación sem ejante a la
suya y que pueden lleg a r a co n v e r­
tirse en gente siem pre disconform e.
Aquella con ocida frase' de Strind­
berg — “ una naturaleza q u e vegeta
en 1a timidez y el ham bre” — resu­
me su dram a. . . y e l de m uchos.
Varias obras d el autor sacudieron
a la sociedad de la época. Strindberg
conm ovió a Suecia tanto co m o R ous­
seau a Francia. Siguió los principios
de este otro niño sufriente, y, com o
él, preconizó el retom o a la natura­
leza para m ejorar al hom bre. El
h o m b r e nace fundam entalm ente
bueno y sólo lo con vierten en m alo

■

-

•• -

D E SAN J U A N

¡ EN UNA P E L I C U L A A R G E N T I N A
i

por LUCINDA DE AGRAMONTE

las desigualdades sociales. Esta p o ­
sición ideológica fu é una etapa d e su
fluctuants vida. De h om bre de sen­
tim ientos prim arios se transform ó
luego en un aristócrata de la inteli­
gencia, hasta llegar después al m isti­
cism o, pues de sus dram as históricos
se desprende la idea d e que el m u n ­
do está gobernado p or fuerzas supra­
sensibles. Y al iniciar esta tercera
etapa escribió, en 1888, “ La señori­
ta Julia” . Y a no sentía, entonces, el
doler candente d e su con d ición ori­
ginaria y la obra fu é co m o una su­
peración de sus años infantiles. P ero
al idearla in virtió el orden de los
factores y en “ La señorita Julia” es
un inferior, el sirviente, quien sedu­
ce a la dama d e buena posición. Q ui­
zás esta pieza sea el resultado d e una
elaboración subconsciente de los
sueños d e superioridad d el p ropio
Strindberg, pues el autor no alcan­
zó nunca esa paz espiritual que es
necesaria para ser m edianam ente
feliz. Nletzscheano en su con cep ción
del m atrim onio, buscó tranquilidad
en la unión co n una m u je r. . . p ero
se casó tres veces y otras tantas re­
solvió separarse. Y m u rió en angus­
tiosa soledad el 14 de m ayo d e 1912.
*

Amalia Banca y Altarte Clota», an mi
interpretación i t "L a «añofita Julia".

.

8

*

»

‘

Este es el com p le jo autor cuya
obra dramática más con ocida será
llevada al celu loid e en nuestro país.
L os directores-adaptadores han re­
estructurado un lib ro de los llam a­
dos “ d ifíciles” , ya qu e se v ieron en
el riesgo d e m anejar todos los ele­
mentos que constituyen el proceso
p sicológico de “ La señorita Julia” . Y
ante la máquina m ueven a los perso­
najes, unas veces en interiores, otras
en exteriores d e m u y com plicada
disposición. Tam bién han m ateriali­
zado los sueños d e la protagonista.
Y el descenso psíquico de Julia — la
dame seducida p o r el sirviente— se
desarrolla en un pantano: allí, sobre
el agua cenagosa, bailan las hadas de
la leyenda sueca y a llí se sumerge
Julia hasta m o rir. . .
La acción ha sido localizada en
un pu eblo del norte d e Suecia, d on ­
de la aurora boreal llega una vez al
año. Y llega, casualmente, el día de
San Juan, día sin noche. Y el pueblo,
para celebrar al santo y a la na­
turaleza, rodea las fogatas y lo s m ú ­
sicos tocan sus instrum entos y la
gente aplaude acom pasadam ente y
las parejas más entusiastas bailan
alrededor de un palo que luce cintas
m ulticolores.

L os directores han dispuesto de un
escenario de dos manzanas d e te­
rreno, d on de se reconstruye el pue­
blo. En prim er plano, y a la derecha
de la cámara, están las casas del lu ­
gar, en cuyas puertas y ventanas se
agolpen lo s m oradores. A la izquier­
da, un grupo num eroso d e aldeanos
aguarda la llegada de los m úsicos,
que se instalarán en un tablado. Una
empalizada, co n portón d e acceso,
separa al p u eb lo de una gran plaza.
A llí, al fon d o, está reunida la m u ­
chedum bre. Chicos, grandes y v ie jos
bailan tom ados d e la m ano, alrede­
d or de tres fogatas. Estas son atiza­
das p or los aldeanos, que en su ale­
gría infantil quieren más ca lo r y
más luz. L os m úsicos recorren la
plaza tooando sus instrum entos y se­
guidos p o r la gente más entusiasta.
A traviesan el portón y mientras se *
instalan en la tarima, se sum an a la
m ultitud los aldeanos que esperaban
im pacientes la llegada d e los m úsi­
cos. Entonces las parejas se organ i­
zan para danzar al son de aires p o­
pulares suecos.
M over trescientos extras en pla­
nos de tan am plia perspectiva, no es
tarea fácil. A las dificu ltades p ro­
pias d e esta clase de obras se agrega
el variado en foqu e d e las hogueras,
de llam as tan caprichosas q u e en un
instante podían am ortecerse. Pero
los directores han sabido preparar
bien la escena y ensayar sin descan­
so a les extras inexpertos y m o v e r la
lente cuantas veces ha sido necesa­
rio para que ningún detalle plásti­
co se pierda. Después de dos horas
d e trabajo p re v io , a las 24 d e una
cálida noche de fe b re ro realizaron*
la prim era tom a. Y entonces el cro-^
nista pudo advertir qu e les d irecto­
res habían trabajado co n un equipo
consciente y 'bien disciplinado, he­
ch o a cu m p lir estrictam ente las ór­
denes recibidas.
¿C uál será el resultado final que
se logre con “ El p eca d o d e Ju lia?”
Nadie, ni los p rop ios directores, p o­
drían adelantarlo. T odavía falta el
encuadre últim o, qu e dará ritm o a
la p elícula en con ju n to. P ero ju sto
es consignar que no se ha om itid o
ni esfuerzo ni gasto y q u e los reali­
zadores han puesto su talento y su
energía al serv icio de la obra de un
gran escritor escandinavo. C om o que
de los escandinavos, ex clu id o Ibsen,
nadie aventajó a Strindberg en la
atención que el p ú b lico cu lto le dis­
pensó, tanto en E uropa c o m o en
A m érica, a fines d el siglo pasado.

LEONARDO
DA
V l N C I
Por ANTONIO R. ROMERA
Encuadernado: $ 10.—
Se concreta en este libro ana
silueta vigorosísima del porten­
toso Leonardo, en lo espiritual
y en lo plástico. Su alma pri­
vilegiada es e v o c a d a en la
inaudita variedad de sus activi­
dades, como físico, matemáti­
co, h u m a n is ta , director de
construcciones militares, y co­
mo pintor que dió arrollador
impulso al arte de su época. Y
en una nítida sucesión de lá­
minas en negro y ?. todo color
r e p r o d ú c e n s e fielmente los
principales ó l e o s , dibajos y
pintaras murales que van se­
ñalando la trayectoria del ar­
tista. Con 57 g r a b a d o s en
negro y 4 en color.

P A P A Y DESCEN­
DIENTE GLORIOSO
Por PARDEE LOWE
* 7.—
Ejemplar interesante del sin­
gular humorismo de Pardee
Lowe. Es la novela de un nor­
teamericano oriundo de C h in a
y educado en su infancia en
este país, pero que desarrolló
su madurez y sus negocios en
la tierra del dólar. DESCEN­
DIENTE G L O R I O S O es el
nombre del hijo mayor, a la
usanza china. El contraste de
la doble formación espiritual
de esa familia da lugar a un
análisis «psicológico de cauti­
vante atractivo, expuesto con
delicada finura, no exenta de
ironía, y que nos permite pe­
netrar en las costumbres de
las multitudes chinas radicadas
en Norteamérica.
Pertenece a la Colección "L A
C A R A B E L A EN EL RIO” ,
en la que últimamente apa­
recieron:
EL P A V O R E A L
BLANCO, por D. H.
Lawrence .................... $
EN LUCHA INCIER­
TA, por John Steinb«&lt;* ................................ „
EL NOVELISTA, por
Ramón Gómez de la
Serna .............................. „
PAN Y VINO, por Ignazio Silone ................ „
EL HOMBRE PERDI­
DO, por Ramón Gó­
mez de la S e m a ............ .

8.—

6—
6.—
7.—

7.—

P ID A E ST O S L IB R O S A LA S
B U EN A S L IB R E R IA S O A LA

EDITORIAL

P O SE ID O N
PERU 973

Buenos Aires

%

wm w m u w m m

ARIO S offici y T ulio D em ichelle están -film an d o “ L a seño­
rita Julia” , de Strindberg, en
Estudios San M iguel. L os directores
han preparado la adaptación de la
obra más celebrada y m ás discutida
del autor sueco. Ciertam ente, es ta­
rea difícil urdir una película con tan
amargo asunto y d e un autor, adem á s , dolorosam ente atorm entado,
pero S offici y D ítnichelle son d e los
directores más- indicados para reali­
zarla, ya que en “ C elos” dem ostra­
ron su pericia en e l desarrollo cihematográfico de un tema pasional.
El asunto de la nueva película,
cuyo tiulo será “ El pecado d e Ju­
lia” , se puede sintetizar en pocas,
poquísimas palabras: se trata de una
muchacha de cierta posición social
que se enamora de su m u c a m o . . .
Dicho así, todo p arece m uy sencillo
y casi sin hondo interés hum ano.
Pero si pensamos que el autor de la
obra fué Strindberg, no podem os m e­
nos de recordar que nació d e la
unión de una m edre, sirvienta, con
un padre, arm ador d é barcos.
Strindberg, niño, d ebió v iv ir y su­
frir en una sociedad profundam en­
te dividida en clases. Ese am biente
le fué hostil y de ahí q u e él resul­
tara un inadaptado. En esa pena ín­
tima se inspirarán varias d e sus
obras. De 1886, en efecto, data una
novela autobiográfica: “ El h ijo de
la sirvienta” , expresión d e su d o lo r

M

�(ABAMTA -26

Burladero
Por El Hondero Irónico

AJEDREZ
CO M BINACIONES T

ERRORES

INM ORTALES
S A N REM O (1330)

“Un adulto —ha dicho alguien— es un
hombre que ha dejado de crecer por los
extremos y ha comenzado a crecer por
el centro.”
*

*

*

*

*

Súbitamente, el campesino que tomaba
el fresco a la puerta de su casa se vió
interrogado por un corpulento mozaneón que se cubría la cabeza con una
gorra galoneada:
—Soy uno de los celadores del cercano
manicomio y voy en persecución de un
loco que se ha escapado. ¿ le ha visto
por aquí?
El interrogado, tras un corto instante
de reflexión, preguntó:
— ¿Qué aspecto tiene?
—Es muy bajito —expresó el celador—,
muy delgado y pesa unos ciento veinte
kilos.
El labriego abrió lo6 ojos de par en
par y exclamó:
—¿Cómo puede ser tan bajito y delga­
do y pesar ciento veinte kilos?
— ¡No sé a qué viene ese asombro! —
replicó furioso el celador—, ¡Ya le dije
que está loco!

su Dama. Para qué un tugar tan lejano
se verá.
R7T
Si 1 . . . RSC se gana en seguida la Gama
negra con 2 .A 3 C j .

Negras: Monitcelll

2.
3.
4.

*

C u a n d o —hace ya de esto m u ch os
años— don Mariano de Vedia dirigía el
árgano oficial “ Tribuna”, se veía conti­
nuamente asaltado por incansables pe­
ticionarios, que acudían como moscas en
procura de un puesto tan poco trabajoso
como bien rentado. Pese a todas las ór­
denes del bueno de don Mariano, siem­
pre se colaba alguno de los amansados,
capaces de cazar a la espera al mismí­
simo Job, cuya paciencia superaban y
con cuya p a c i e n c i a eran capaces de
acabar.
Cierto día que el director bajaba ya
las escaleras, con dirección a la calle,
vió llegársele un desconocido, que, des­
pués de saludarle cumplidamente, le pre­
guntó con la mayor amabilidad:
— ¿Está el sefior don M a ria n o de
Vedia?
—Va bajando —contestó f i l o s ó f i c a ­
mente el aludido.
—¿Bajando? —inquirió el recién lle­
gado, quien descendió lo subido volvién­
dose hasta la puerta de la calle, donde,
al no ver a nadie, preguntó de nuevo al
informante:
—¿Dónde está?...
— ¡Se fué! —terminó don Mariano,
yéndose...

Por
Francisco BenkÓ

D7T j .
D6CR J .ü
A8CÜ

R mueve
R mueve
.........

Esta es la clave. La Dama no tiene más
que una jugada:
4 .........
5 . ASA1I

D2R

¡Mate a la dama!

i

* * *
—Fijaos —le señaló un adulador a
Cromwell —cuán grande es la multitud
que ha acudido a gozarse en vuestro
triunfo.
—La misma —replicó el austero pro­
tector— que hubiera venido a verme
ahorcar.

( Viene de la página 2)

es difícil situarle. "Y o estimo —ha dichoque la pintura de Grcmaire exige que se
la mire dos veces. Y con esto es un elogio
lo que hago de Gromaire."
a Inaugurada sedentemente, la Galerie Di­
na V ie m y se ha apuntado ya un gran éxito
con su exposición de cbras de Mailol La
antigua modelo del gran maestro ha reuni­
do obras de gran ínteres.
a El semanario "L a Batailie” ha organizado
una exposición de cuadros y dibujos de
su- caricaturistas e ilustradores. Entie los
expositores han
figurado Don, Aldebert, Dubout,
Peynet. Sennep,
Sen. Touchgues.
etcétera.

Un final tan difícil como instructivo y
bonito.

a "Editions des
Portes de Fnnce"
acaba de publicar
'•Polyoephale“, d:
Ramón Gómez de
la Sema.

PROBLEM AS T FIN ALES
PROBLEM A NV 16
H. Johner
Blancas: E. Bogoljubov

SCH W EIZER ILXUSTRIERTE (1941)
B l a n c a s : R3TD, T5TR, A2AD, A8TR,
P4CD (3).

JU EG AN L A S N EGRAS
En esta posición, en la cual el ataque de
las Negras parece detenerse por el rechazo
de un Caballo, las Negral encontraron una
form a m uy bonita para rematar la partida.
i...
2TxC
3,R x T
« R IA

C7R J .ü
T8AJ.H
DST j .
CSC m a te »

¡M A T E A L A D A M A !
Presentamos hoy un bonito fina: del com­
positor d t finales H. W lekowlak, quien con
un poco de injusticia es poco conocido, a
pesar de varias obras de arte que ha com­
puesto. Veamos el final siguiente:
B . Wlekowlak
DEN KEN UND R ATEN (1334)

F IN A L N» 8
A . A . Trottzky
SC H AC H M AT N Y LISTO K (1923)
Blancas: R1AR. C3D, P6AD (3).

Juegan las Blancas y ranas
El único camino para ganar parece ser, a
primera vista .dar mate a su Majestad, el
R ey Negro Sin embargo, todas las tenta­
tivas serán infructuosas. Hay que ganar
primero la dama: pero, ¿cómo?
1.D4RÜ

.........

Esta jugada es incomprensible, si uno no
la entiende en su conjunto. Las Blancas
buscan ganar con jaque la casilla 8CR para

Ramón Gómez de la
Serna
libro de Leopold S tem
fan Z w e ig " y la última
lista. “ El Br ai l. tierra

a Con motivo
del aniversario de
la muerte de Stefan Zweig, el es­
critor L*o Poldes
ha presentado en
el 'Taubourg" el
‘X a muerte de Stecbra del gran novedel porvenir".

a Fundado por "France-Soir” y las Edi- ¡
tions de la jeune Parque, en recuerdo del
gran reportero Claude Blanchard el premio
Ciaude B anchard será atribuido este ano el
miércoles 30 de abril. Este premio, de un
valor de 80.000 francos, es concedido a un
joven novelista francés por una encuesta o
un reportaje publicado en la preñ a (pero
nc en librería) o todavía en manuscrito.

* * *

Visto y oido en el Casino de Mar del
Plata, sección “ recreos” .
Un obstinado caballero, de largo mos­
tacho blanco y pulquérrimo atuendo, se
empeña en apostar a punto frente a una
bella Jovendta que no hace más que dar
banca tras banca. Al décimo pase, el
anciano cabañero, agotados los cuarenta
mil pesos que constituían su resto del
día, se incorporó con una graciosa son­
risa pora su bella contrincante e inició
la retirada, cuando una dama, testigo
de todo tí lance, no pudo menos que
decirle:
—Cuántas emociones™, ¿no es verdad?
—Señora —sonrió tí hidalgo—, a los
ochenta y tres años de edad ya no se
sienten emociones, ni de éstas ni de las
otras...
— ¡Pero perder tanto din ero!...
—Plata ajena, señora..,
—¿A jen a?...
—Sí, de mis herederos...

CARTA de FRANCIA

Negras: R6TR, CID. P6TD. P5AR, P7TR (5).
Juegan las Blancas y hacen tablas

a Puede decirse que actualmente en Fran­
cia el partidismo político lo invade todo un
poco, incluso los dominios del arte. Un nue­
ve caso lo ha confirmado asi con ocasión
de ‘a adjudicación del Premio Louis Delluc.
de cinematografía, que es considerado aquí
como el "Goncourt del Cinema”.
E 'te premio s» diferencia de los literarios
en que las deliberaciones son públicas y
pueden asistir los periodistas a ellas. La
reunión de este año comenzó ya mal, abo­
feteándose do- periodistas: Henri Jeamon,
miembro del jurado y uno de los principa­
les animadores
del cine francés,
Jean Queval. A
juicio del jurado
se sometían prin­
cipalmente las si­
guientes obras:
"L a Bella et 1*
Bete", "Le*
tes de la nurt .

"Farrebique ,

"U n revenaBt",
"Le pere tranquiIle". l e
pay*
sans étoBes”
Pero la P«na
quedó en seguid*
reducida a L*
Bolle et la Bete_,
Jean Cocteau
de Jean Cortean .
y "Les portes de
la nufi” - de Carné, siendo fina mente ele­
gida la primera por once votos contra neje
Pero las opiniones se dividieron más bim
de acuerdo con las opiniones polltWs dei
jurado, que sobre el verdadero valor cine­
matográfico y artístico de la obra. Los B¡®‘
derados votaron por Cocteau, los radicales
por Carné.
,
. . _
"L es porte; de la nuit" habla dado y*
lugar a algunas manifestaciones hostiles
rante su exhibición en una sala de os Lam­
pos Elíseos. Carné ha exagerado un P°&lt;®
la interpretación del tema. E¡ una pehcuj
de un cierto carácter social donde se
renta con la más viv» simpatía a toaosi **
trabajadores, al mismo tiempo que a tolo»
los otros per onajes se les muestra bajo
aspectos más siniestros. Es esto lo que
influido sobre algunos Para pronunetane
en contra de "Les portes de t nina,
pesar de su verdadero valor artístico.
a En Toulouse, organizado por el M. UC N. T ., se ha celebrado una esposio»
de arte español. En realidad, no ba
’
en muy buen lugar éste rj se exceptúan
cuadros de Picasso y Juan Gris. Casi too
los demás expositores no entraban en
cualidad de pintores, sino de aficionan
Sin embargo, estaban ausentes artistas
pañoles de la categoría de D o m ín g u e z . *
res, Rebull y a gunos m is que tienen J
una gran personalidad.
a Han -ido, finalmente declarados
tes el dieciséis sillón de la Academia
cesa, que ocupaba Charles Usurrss. T
dieciocho que ocupaba el mariscal r e
Es todavía prematuro opinar sobre qui
ocuparán eso: puestos.

■

• Les Editions Universítaire* d« J i m *
oreparan un "Panorama general
Francaises” (Anuario 1947-1948). &lt;Pj* des
publicado bajo el patronato de Societe
Gens de Lettre*.

É

�27 - (ABARATA

Por El Hondero Irónico
•

__ . . . . . __________ ____

Cierto día, un músico joven recién in­
gresado en la BBC se sorprendió al com­
probar que Toscanini era casi comple­
tamente ciego.
—¿Cómo es posible que djrtja asi, sien­
do
corto de vista? —le preguntó a
un compañero, viejo músico harto de
ver glorias y soportarlas.
__Eso es, amigo —le contestó el inter­
pelado—, porque hay dos clases de di­
rectores: los que tienen la partitura en
la Qtthpgg y los que tienen la cabeza en
la partitura... Toscanini es de loe pri­
meros.

1

*

j

— . . . Y (hora, muchacho*, ao4a de charin y o trobojor, qu el señor mieitfro píen** llevarte *g ú « recuerdito de tu visita.

iK kiio per Oski.)

f
í
I

*

*

En el vestíbulo del Egypüan Theater
de Hollywood hay un famoso pozo en­
cantado al que puede confiarse cualquier
clase de anhelos. Todo aquel que quiere
usar de sus mágicas virtudes no tiene
mág que arrojar un centavito en su in­
terior y expresar en voz alta o baja —
eso depende, como es natural, de la ín­
dole de lo que se va a decir— su deseo.
No hace mucho, uno de los espectado­
res, al salir del teatro, se acercó al bro­
cal del mágico pozo y, tras de arrojar
su óbolo, expresó en- el tono más fer­
voroso:
— ¡ Desearía. . . no haber visto esta
película 1
*

*

*

Y, tratándose de cines en los que se
ve, no lo que se quiere, sino lo que le
dan a uno, recordemos aquel anuncio
de un sincero empresario neoyorquino,
quien puso sobre la boletería el siguien­
te aviso: “Como siempre, dos películas:
una interesante y la otra para dormirse".
*

*

*

y, como Índice de lo que es una ca­
rrera cinematográfica, aquí tenemos es­
ta confesión de Bob Hope: “Me parece
que no voy demasiado bien, pues los
productores, cada vez que me felicitan
golpeándome en el hombro, desde hace
algún tiempo a esta parte lo hacen más
fuerte y más abajo.. . ”
*

*

*

“ Un propagandista —dijo un filóso­
fo— es una persona dotada de un gran
sentido del ru m or...”
*

*

*

El visitante al viejo mayordomo:
—Parker, ¿hace mucho que sirve a la
familia?...
—Si, milord. . . En este momento me
hallo al servicio de la tercera degene­
ración...
* * *
El arte de vender puede alcanzar los
más exquisitos matices. Véase lbs sutiles
consejos de un comerciante de óptica
neoyorquino a su aun ingenuo vástago:
—Hijo —silabeó el astuto papá—, en
cuanto hayas preparado las gafas y sa­
tisfecho los deseos del cliente y éste te
pregunte el precio, le dirás: “El precio
son diez p esos...” , haciendo una ligera
pausa para ver si parpadea. Si no par­
padea, añades: “Por la armadura. Las
lentes valen diez pesos...” . Aquí harás
otra brevísima pausa y, si tampoco par­
padea, añades ya firmemente: “Cada
una” .. .
★ * *
Whisüer, el famoso pintor norteame­
ricano, se despachaba cierto día con la
más terrible sañq contra el no menos
famoso crítico John Ruskin, por quien
sentía una animosidad tan grande que
lindaba con lo patológico. Uno de los
presentes no pudo menos que interrum­
pir al maldiciente con las siguí en ta» pa­
labras:
— ¿Por qué ensañarse asi con un po­
bre anciano que tiene un pie en la se­
pultura?
— ¡No es ese pie el que me molesta! —
contestó el Implacable fusügador.

��29- (ABARATA

Balendaga: Corto bolero y
falda drapeada a un costado
en lana celeste humo, acom­
pañadas de blusa de crepé moa­
ré negro.

laumcmdreu: "Tailleur" d© corte sencillo en "lainage", con gran bolsillo y "paño manchón" en
"renard" negro. Sombrero de topé negro con
plumas hacia un costado.
Martin: Modelo de traje de tarde en crepé azul
Francia, con recortes que forman capa y ter­
minan en "c o r s a g e ”. Una banda que cae y
ciñe la cintura se desliza en caídas plegadas
hacia el costado.
Puños y "basque’' plegada de astra­
cán negro en un dos piezas de lana verde.
B ru y ére:

Chaumont: Original corte simulando
"écharpe" y continuándose sobre las
anchas m an gas en un m o d e lo para
'cocktail" en crepé gris rosado.
Worth: Lanilla beige y marrón en este mo­
delo de cortes oblicuos en el "corsage" y
sobre la cadera; botones dorados.
Madeleine Decié: T a p a d o de e le g a n te
corte en vicuña beige, con botones de
pana marrón,
Agnés Drecoll: "Tailleur" de gabardina de
lana azul; tapas dobles en los bolsillos; m *
botones plateados y blusa roja.

�ARNEGIE H all” es una
película d e extraordina rio v a lo r m usical que
Artistas U nidos ofrecerá en bre­
ve, en Buenos A ires, com o prim i­
cia m undial. Será estrenada, si­
m ultáneam ente qu e en nuestra
ciudad, en París, Londres y otras
4 4

I

desfile d e u n conjunto
deslumbrante de celebri­
dades del mundo de lo!
sonidos en la hora actual,
tales com o Leopoldo Stokowski, Walter DamroschBruno W a lter, Charla
Previa, Arturo RodzlusB.
el co ro del Vaticano, Jascha Heifetz, Lily P»»
A rturo Rubinstein, J 8B
Peerce, Ezio Pinza, Gngor Piatigorski, Rise Sfevens, el quinteto de Jo*1®
Corigliano, la orquesta de
Vaughn Monroe y °toa£'

CARNEGIE
grandes capitales.
El film , qu e ha sido d irigido
p or E dgar G . U lm er, presenta, a
través d el relato d e une m ujer
hum ilde, encargada d e la lim pie­
za d el “ C arnegie H all” , la histo­
ria artísiea de esta fam osa sala

Brasa Walter, dirigiendo al Preiedio da
"Lee M m h N Castores", de W agsar.

Presta más interés al
film el hecho de haber ®
do rodado en*la P1^
sala “ Carnegie Hall J
mediante un sistema de
sonido esterofónico,
retransmite perfecta®en-e
la incomparable acústica
de dicha sala.

�1 2 3 4

5 6 7 8

9 10 11

PALABRAS M D A S : Problema N; 12

UBAMTl -31
v e r t ic a l e s :

l. — Pez acant o p t e r i g i o co­
mestible de 3
m. de la rgo.
E q u i p o . 2. —
Diosa fenicia. 6?.
3. — C o n t r a c ­
ción de preposi­
ción y artículo.
Emperador ro­
mano. Naciones
Unidas. 4. —
C onsonante. 1.
Real Fuerza Aé­
rea. 100. Nada.
5. — Cien. Pre­
posición. Punto
fijo desde el que
se inicia el cóm­
puto de los años.
Cinco. 8. — In­
dividuo de raza
persa asentado
en la India. In­
clinar la proa
hacia la parte
de donde viene
el viento. 7. —
U ltim a letra.
P r im e r a letra.
Guisó. 50. 8. —
Consonante. In­
cógnita. Olfatee.
V000. 100. 9.—
L a t i e r r a del

Pairo López Lagar

mago. Conjunto de partículas de piedra. Contracción de prepo­
sición y artículo. 10. — Dios de la guerra. Mes. U. — Airea.
Limpje.. HORIZONTALES: I. — Enlazar una cosa con otra.
Consonante. Frasquito. II. — Uno, impersonal. Huella del rio.
Emperador, m . — Uno. 1. Consonante. 10. Nota musical IV. —
Famoso pianista Para agarrar. Amarra. V. — Rio de
Cataluña. 1. Rece. VI. — Desgasta. Adelante. VH. — Estado de euforia y equllifario mental entre los griegos. VIH. — Primera parte de una ezpresión familiar
que denota tiento y contemporización. IX . — Dejo de ser. Cien Postrer signo del
alfabeto. MU. Asi. X . — Atolón del Pacifico. Valle. Labre. X I. - Simio. Erre. El
amor de Daínls.

(ABALÍATA
Registro de Propiedad Intelectual N9 218.894
Secretoria d a Hadaedóor-Garaata: JQAJf MSBU
Redacción. Dirección.
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INDEPE N D EN CIA 390, BUENOS AIRES
REPUBLICA A R G E N T IN A
u ék m ctU m de C A B A L G A T A na se Lace
&gt;e«poasable de las opiniones que ae expre­
san en las colaboraciones firmadas- No de­
vuelve os o r i g i n a l e s no solicitados, ni
JKnntieB* correspondencia con los colabora­
dores espontáneos.
Se publica el segundo y cuarto martes
de cada me?.
Precio del ejem plar: S 0.40 m /arg.
S U S C R I P C I O N
Argentina: Un afio .............. $ 8.20 m /arg.
Seis meses ........ 4.30 m /arg.
Extranjero: Un afio . . . . Dólares U.S-A. 3-50

e n m u u . &lt;B)

CORREO

ARGENTINO

D I S T R I B U I D O R E S
Capital: Silvano Machi, Independencia 2877
Interior y exterior:
Distribuidora Triunfo S. R. L.
Rosario 201
FRANQUEO

PAGADO¡

CONCESION H* 3799
TARIFA

REDUCIDA^

C O -C E « C *

1Z0S

BOLETIN DE S U S C R IP C IO N

Selariél al Colearse:
“ Ojo, cabalgateños”
N! 10
La composición gráfica estaba com­
puesta con recortes de las láminas su­
plementarias en color: “San Jerónimo”,
de El Greco, y “Danzarinas” , de Edgar
Degas, Incluidas en los números 5 y 6
de CABALGATA, respectivamente. De
este concurso hemos recibido gran nú­
mero de soluciones, que denotan la
buena memoria de nuestros lectores. El
primer premio, de $ 20.— m /n , corres­
pondió a la señorita M. Cristina Carre­
ras, Necochea 1790, Avellaneda, P. C. S.
Los seis segundos premios, que consis­
ten en una suscripción a cada uno a
C abalgata por seis meses, corresponden
a Juana Elida Anea, Independencia 2788,
Capital; Leonor Garay Castro, 61 N? 387,
dto. A., La Plata, P. C. S.; Ida A. de
Albertazzi, Av. Julio María Sosa 2337,
Montevideo (Uruguay); Beatriz C. de
Morando, Pasco 221, T&gt; C., Capital; María
del Carmen Larralde, Bdo. de Irigoyen 1556, Capital, y Adela P. de Coni,
Salta 1188, Capital

PALABRAS C R U Z A D A S
S o lu ci ó n al p r o bl e m a
1

2 3 4 5 4 7 8 9 1 0

11
II

8 te n o r ............................................
(EN LETRA

DE

IM PR EN TA)

Dirección ..........................................

se inscribe o CABALGATA por el
periodo de un año * seis meses y
ai efecto acompaña el importe de
* *#&gt;, * 4JO. Dólares 3Ó0 O. S. A.
■j¡
cheque, bono postal a su orden.

• Tachar la condición qu e no Be utilíce.

¿Cómic» e trófico?. . . ¿Actor teatral o cmemetogrófice?,. .
U «otadéa m i **&gt;H &lt;f&gt;t

�*

■

OLIVIA DE HA Vi LLANO., ponedero dol premio Oseor por w «fcrt t " U t r m o s do
(Foto

-¡■-i f
J. 8ATLLE PLANAS, RedioproKe porteo ico.

^

v- -

*■

(Témpero)

nrni i •
'-*■*£

1936.

rmoK
-

-

■ «

LIZABETH SCOTT, gron reveloción en el film
Panmosnt "El extraño amor de Martho Iver»

LINO E. SPILIMBERGO.
Cein (Temple) 1931

LECTOR:

Reclame con este número la lámina su¡dementaría en color Huerto florido” , de Van Gogh.

. ¿e?.. •,.»

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                <text>Saavedra, Juan&#13;
León, María Teresa&#13;
Yamata, Kiku&#13;
Adams, Charles&#13;
Freitas, Newton&#13;
D'Urbano, Jorge&#13;
Sinclair, George&#13;
Mackinder, Halford&#13;
Otero Espasandín, José&#13;
De Farge, Gastón&#13;
Rinaldini, Julio&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Mirlas, León&#13;
González Carbalho&#13;
Yamata, Kiku&#13;
Agramonte, Lucinda de</text>
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                    <text>�2
creído, de 1940 a 1944, “ au-dessus
de la m elée” .
C on el título da “ No habrá m,
“ affaire” R om ain R o l l a n d” , i0s
m iem bros del Com ité Nacional de
Escritores, m ejor dicho, su Comité
D irector, han publicado un comuni­
cado en defensa de la memoria de
Rom ain R olland y protestando por
los con ceptos vertidos por J e a n
Paulhan. El docum ento está suscri­
to por Cassou, Martir.-Chauffier
V ildrac, Fum et, Queneau, Aragcn,
Jean-R ichard B loch, Ivonne Desvig-

El viento de lo libertod soplo también en Indochino. Le República de Vietnom, bajo la dirección del doctor Ho Chin Mmh, lucha
por hacerse independiente de Francia. He oqui d mercado de Klongkong, la antiguo ciudad rea!, donde puede admirarse la
interesante mujer vietnamesa.

N unas declaraciones
hechas al sem anario
"L e L itteraire” , con
m otiv o d e su separación
d el C om ité N acional de
Escritores, Jean P a u l h a n
h abría d ich o lo siguiente:
“ R om ain R ollan d tra icio­
nó, en 1914, la causa de
Francia, de la m ism a m a­
nera qu e su am igo y dis­
cíp u lo, C hateaubriand iba
a h acerlo en 1940: h u y ó a
Suiza” .
Esta d ecla ra ción p r o ­
d u jo asom b ro e indigna­
ció n al p ro p io tiem po, en­
tre los num erosos escri­
tores fran ceses am igos de
R om ain R ollan d. L a v iu ­
da del gran escritor se
en cargó de con testar a estas a firm a­
cion es, en e l m ism o "L e L itteraire” :
“ R om ain R olla n d no h u y ó a Suiza en
1914. C uan do la guerra estalló se en­
con traba y a allí, a d on d e su salud
le ob lig a b a cada año a trasladarse.
Iba a cu m p lir los cuarenta y nueve
años y n o era m ov iliza b le. N o hay
nada en “ A u-dessus d e la m elée”
qu e haya p od id o traicion ar la causa
d e F rancia, s i n o al c o n tr a r io . . .
Chateauibriant no era el “ d iscíp u lo”
d e R om ain R ollan d ; é l m ism o lo d i­
ce en su lib r o “ L es Pas on t ch anté” ,
en e l ca p ítu lo q u e con sagra a sus
recu erd os sobre R om ain R ollan d y
q u e termina h ab la n d o d el abism o
qu e le separa d e su a m ig o . . . ”
D e n u evo desd e las colum nas de
“ L e L itteraire” v o lv ió Jean Paulhan
a e x p o n e r su ju icio , que, aunque

NO " a f f a i r e
rom ain

r o lla n d

rectificaba en parte, en el fon d o v e­
nía a ser una ratificación de lo que
prim eram ente había d ich o a través
d e un cronista literario: “ A l p rin ci­
p io de esta guerra de treinta años,
en qu e m és de una v ez hem os esta­
do a punto de p erd er la libertad y
la vida, R om ain R olland nos ha sig­
n ificado m uy claram ente, d e s d e

Suiza, que entre Francia y su agre­
sor él se negaba a escoger. Añadía,
además, que “ todos” los jefes de
Estado eran en aquellas circunstan­
cias igualm ente c r im in a les. . . No
me parece injusto escribir qu e R o­
ma in R ollan d traicionaba, haciendo
esto, la causa d e Francia, co m o la ha
traicionado cualquiera que se haya

nes, Eluard, Mme. Lahy-Hollelxcque, Henri M alherbe, Claude Mor­
gan, M oussinac, Edith Thomas, Elsa
T riolet y V ercors. El escrito termi­
na así: “ Es a causa de la misma es­
tima' que han tenido siempre por
Jean Paulhan, por lo que los miem­
bros del Com ité D irector del C. N. E.
le adjuran a m edir la gravedad de
una acusación tan p oco fundada, lan­
zada sobre la m em oria de un hom­
bre que encarnó durante una gene­
ración los más altos valores de la
conciencia y del am or d e los hom­
bres. Calum nia tanto m enos tolera­
ble cu arto que tiene p or ob jeto sem­
brar en los espíritus la confusión, en
ben eficio de otros hom bres a los que
reprocham os su cobardía o su in­
fam ia” .
La falta de p eriód icos a conse­
cuencia de la huelga ha impedido
que esta polém ica se prosiga. Pero
es de suponer qu e no ha terminado.

Mohotma Ghandi — hablando con tu tecretorio, an al Comité del Congreso P a n h in d ú , de Bornbay- — y junto o ellos el Pandit
Jawahrlol Nehru. El apóstol y el diplomático de este enorme movimiento de independencia de le India, que, como todas lar
grandes causas, tiene sus místicos y sus ejecutores.

�3 -CABALGATA

EMPRESA y AVENTURA l a

JUVENTUD

Y EL CABALLETE DE PI NTOR

P or P A B L O

ROJAS

PAZ

OMO los creyentes de ciertas religiones, que antes de entrar en el templo se
purifican, nosotros, querido lector, antes de ponernos a discurrir acerca de
empresa y aventura, debemos purificar las palabras, quitarle todo el lodo que
el vulgo le ha arrojado a través de los siglos. Chocará la palabra aventurero, pero
yo tengo un alto sentido de la misma. Parecerá demasiado tremenda la palabra
empresa, pero ya se verá cómo puede organizarse una perspectiva de comprensión.
Hay dos sentidos —uno curvilíneo y otro rectilíneo— para los términos: uno, que
va derecho, como una flecha, al corazón del concepto, y otro, que proyecta una tra­
yectoria de bumerang que vuelve hacia quien lo arroja. Hay dos maneras de refe­
rirse a las cosas, aludiéndolas o nombrándolas. El que no sabe hablar o, para mejor
decir, el que no tiene la palabra precisa para denominar una cosa o determinar un
concepto, gesticula, mueve las manos,
hace figuras retóricas, formula símiles,
compara; se queda con todo. Pero ya
Emerson decía que la riqueza permite
elegir de lo mucho lo mejor, es decir.
Que el que tiene la palabra precisa des­
deña todo lo demás, lo que es aproximativo Porque el único ser de la tierra que.
no tiene derecho a ser literato, a ser retó­
rico, es el escritor, quien, en vez de vestir,
debe desnudar de palabras a las ideas.
EAN-PAUL Sartre es el escritor
Veamos si por los meandros de la tidel momento en ese París que
mología podemos llegar hasta las am­
vuelve a ser ya —a pesar de
plias avenidas del entendimiento. Inter­
sus semitinieblas— el cerebro del
nemos nuestro discurrir en los conceptos
mundo. Con tres obras de teatro
de empresa y aventura. Empresa es todo
acaba de triunfar en los escenarios
intento o designio de acción ardua y di­
del bulevar. Un triunfo erizado de
fícil que valerosamente se realiza. Lle­
polémicas, panegíricos y diatribas,
vado a algo más concreto, es la asocia­
claro está. Los traductores se dispu­
ción de varios individuos para la ejecu­
tan sus piezas, con todas las difi­
ción de obras materiales. Y más aún, en
cultades que supone vertir del fran­
un sentido más cabal, era, en otras épo­
cés el diálogo de Sartre. El primer
cas, el signo exterior que el caballero
escollo hay que sortearlo ya en cier­
llevaba hasta cumplir el compromiso que
to título ruidoso: “La putain reshabía hecho por juramento; constituía
pectueuse” . . . ¿Cómo eludir el es­
un emblema que el caballero hacia pin­
cabroso vocablo? Los traductores
tar en su escudo, bordar en su vestón o
esquivan el bajo fondo y apelan al
grabar en la armadura. Todo esto iba
lenguaje castizo, al clásico arqueo­
acompañado, casi siempre, de una sim­
lógico, al neologismo, a cualquier
bólica divisa de sentido cabalístico que
tabla de salvación. ¿Será mejor me­
la dama y su caballero la entendían. Por
retriz, ramera, horizontal, cortesana,
eso, en el "Don Quijote” se lee en el
buscona, prostituta, bagasa, mun­
capítulo 31 de la segunda parte: “A buen
dana, trotona, o habrá que expri­
seguro que la hallaste ensartando perlas
mir nuevos eufemismos adecuados
o bordando alguna empresa de oro con
a n u estra época supercivilizada?
canutillo para este su cautivo caballero” .
Inmeditamente que nos refiramos a em­
presa, brinca la palabra valor, que quie­
re decir lo que se estima, la conciencia
— ¡El libro argentino es carísimo!
del peligro, la conciencia del peligro que
¡Pronto no podremos leer! Esta no­
encierra lo que se quiere hacer. El valor
vela, que en otro tiempo no valía
es el sacrificio, el riesgo consciente. De
modo tal que la más alta forma del va­
lor humano es indudablemente la inte­
ligencia, porque, envuelta en su propia
claridad, avanza hacia un abismo o ha-

C

Coló* dctombeicando en los Indias.

cia una estrella. Pero en cuanto hable­
mos de aventura debemos referimos a
coraje, que etimológicamente quiere de­
cir valentía del corazón, el improntu, el
volunto. Porque aventura —de advenir—
está equiparado a suceso, lance extraño,
contingencia, peligro inopinado. Esta­
mos, pues, en que la aventura es aquello
que se hace a la buena de Dios, a lo que
salga, tentando la suerte, a ver qué pasa.
Podemos ejemplicar con algo que com­
prende la evolución de todo un conti­
nente, con todo lo que significa el pro­
ceso formaüvo de las naciones de Amé­
rica. El nacimiento y evolución de los
Estados Unidos del Norte, como país li­
bre, es el resultado de una empresa; en
tanto que la del resto de los países libres
de América de origen hispano es el re­
sultado de una aventura. Es una aven­
tura Colón; lo es Magallanes, Solís, Cor­
tés, el descubrimiento y la conquista. Y
en esto se ve al genio latino; cada vez
que se lanza hacia lo desconocido, debía
exclamar con el César: Alea Jacta est.
Pero la fundación de los Estados Uni­
dos —en su origen primigenio de colonia
inglesa— es ya una empresa con desig­
nios precisos. Los hombres que la aco­
meten son los primeros inmigrantes, los
que fundan Nueva Inglaterra, que llegan
a América buscando en estos nuevos cie­
los un aire de libertad que no hay en el

P or

ENID

ZEITLYN

AS exposiciones de pinturas de niños despiertan vivo interés en todo el mundo.
Durante la guerra española, el profesor Iso Brante llevó a Copenhague una
selección de no menos de trescientos dibujos ejecutados por niños de los gru­
pos escolares de Barcelona, Quizá fuera una de las primeras la “ Escola de Mar' de
la capital catalana en dar impulso a la facultad innata del niño a dibujar o pintar
lo gue ve, lo que intuye p lo que sueña. Son notables los trabajos de Aldous Huxley
y Herbert Read sobre el “arte’’ de los niños. Es conocida entre nosotros la labor
educadora de Olga Ccssettini y de Jesualdo, argentina y uruguayo, respectivamente,
cuya docencia está por entero consagrada a estudiar y alentar el sentido plástico
que posee el niño. En tan alto grado interesa aquí el “arte infantil” —recordamos
las exposiciones de la Galería Witcomb y de Harrod’s, los libros del fino poeta Vi­
llafafie ilustrados por niños— que no du­
damos que el articulo que sigue, debido
a la escritora y comentarista británica
Enid Zeitlyn, será leído con gusto por
nuestros lectores y celebradas las ilus­
traciones que lo acompañan. (N. de la R.)

L

de cuatro pesos, ahora me ha
costado siete.
—Oye. Este traje, que antes valia
ciento veinte pesos, ahora me ha
costado doscientos cincuenta.
— ¡No me lo digas! Estos zapatos,
que antes valían dieciocho, ahora
los pagué a cuarenta.
—¿Y estos otros libros que traes?
—Uno está editado en Francia y
el otro en España.
—¿Son muy baratos?
—Verás: el francés me costó doce
pesos y el español quince.
—Verdaderamente, tienes razón:
¡es muy caro el libro argentino!

Presentación.
—El señor Irigoitaberrijauregulormachea.
—Tanto gusto, señor Irigoitaberrijaureguiormachea.
—El señor As.
—Lo mismo digo.
—Pero le cuesta a usted menos.

otro lado del océano. Será ardua la vida,
pero todos aquellos hombres tienen un
designio, como lo tendrían más tarde,
cuando se reunieron en el Congreso de
Filadelíia y proclamaron a la faz del
mundo el advenimiento de un nuevo
pueblo nacido para la historia.
Lo que acaece en la América Austral
es bien distinto a aquéllos. Santiago, Ca­
racas, Quito y Buenos Aires tienen la
miaña manera de proceder en busca de
la libertad. Se tiran un lance, para de­
cirlo con una frase vulgar. No se creen
estos pueblos lo suficientemente pode­
rosos como para emprender una lucha
de frente; deben ocuicar sus verdaderos
designios; hablan de autonomía transi­
toria en vez de libertad. No se enfren­
tan con la realidad sino que la eluden;
no se sienten lo suficientemnte fuertes
para combatir con los obstáculos y tra­
tan de colarse subrepticiamente en la
historia de los pueblos libres. Pero es
que este sentido de la empresa y la
aventura ya aparece en el umbral de la
vida de estos pueblos. En Estados Unidos
todo comienza como una empresa. No
de otra manera se d e n o m in ó cuando
Walter Raleigh envió dos barcos para
apoderarse de Carolina del Norte. Pero,
como no se habían hecho las cosas con
(Continúa en la página 25)

El arte infantil cuenta con un público
internacional en que no solamente ve­
mos a m a n tes del arte, sino también
maestros de escuelas interesados en la
educación de los niños, y psicólogos que
estudian el d e s e n v o lv im ie n to de las
mentes jóvenes. Más allá del descubri­
miento del arte infantil se aprecia una
revolución en la enseñanza del arte. Los
nuevos métodos de enseñanza puestos en
práctica en la Gran Bretaña e inspira­
dos en las teorías del profesor de arte
austríaco Cizek, se deben en gran parte
a la labor realizada por Marión Richardson, antiguamente inspector de arte del
London County Council y uno de los
primeros en dedicarse a estas activida­
des hace veinte años. Éstos nuevos pro­
cedimientos han sido aplicados y des­
arrollados desde entonces en toda clase
de centros docentes, comprendiendo por
igual famosos colegios británicos como el
Eton, Charterhouse y Etowe, y las es­
cuelas primarías situadas en las zonas
industríales más pobres.
AYUDA A LOS MAESTROS
La Society of Education in Art se fun­
dó en el año 1940 con objeto de ayudar
a los maestros consagrados a la tarea
de enseñar el arte a través de los mo­
dernos conceptos, y también insistir en
la participación del arte en el sistema
docente.
Como fundamento del nuevo método
de enseñanza del arte y formas de con­
siderar el arte infantil, se encuentra el
principio de que todos los niños, incluso
los más pequeños, tienen una personali­
dad y ven y aprecian con arreglo a su
edad, sentido de percepción y el am­
biente que les rodea. El famoso críti­
co de arte inglés, Herbert Read, ha es( Continúa en la página siguiente)

Un viajo minare y su perro, per Malcora
Duxaay. 15 años.

�(ABAU.ATA - 4
fViene de la página anterior)
oríto sobre el particular: “El niño tiende
por naturaleza a expresar su propia per­
sonalidad, la personalidad del ser que ve
y percibe, pero no la del que piensa y
concibe ideas... Los defectos de los mé­
todos antiguos residían en este falso
concepto. Se pedia al niño que usara
facultades de observación y análisis ex­
trañas por completo al grado de des­
arrollo mental propio de su edad”.
En cuanto a los métodos antiguos, Ma­
rión Richardson los ha descrito de la
siguiente manera: “Nosotros acostum­
brábamos a enseñar a los niños la forma
de copiar objetos colocados a su vista:
botellas, cajas, palmatorias con la vela
y, a veces, flores y ramas de árboles. El
concepto que presidía este sistema era
que el arte consistía en gran parte en
conseguir un parecido con el objeto real,
y que los niños debían comenzar por
observar y reproducir artículos sencillos
y avanzar paulatinamente hacia otros
más complicados” . O, lo que es lo miaño,
el criterio de aquellos días era obtener
dibujos exactos.
EL IMPULSO CREADOR

Catadas uivajc*, por A. Boy. 8 año*.

La diferencia de los nuevos métodos
se observan en las pinturas de los niños.
Es cierto que hay cuadros de naturaleza
muerta, pero los motivos han sido ele­
gidos por los ñiños mismos. Podemos ver
una abundancia de pinturas que repre­
sentan escenas de la calle, grupos de
familia y retratos. El nino puede elegir
libremente el asunto que quiera para di­
bujar o pintar. Esto nos conduce a otro
principio fundamental del moderno con­
cepto de la enseñanza del arte, y es que
todos los niños son artistas, es decir, que
todos ellos poseen, en un grado mayor o
menor, un impulso de creación, y que a
fin de que éste se desarrolle al máximo,
debemos dejar a los niños en completa
libertad para expresarse por si mismos.
Asi vemos que la enseñanza de la pers­
pectiva no figura en ningún programa,
y únicamente se facilita cuando el niño
pide consejo sobre el particular. Algunos
artistas reúnen condiciones innatas de
realismo y visualidad. Otros, en cam­
bio, se concentran en el color y en el
modelo, sin que las reglas de la perspec­
tiva surjan con la misma espontaneidad
y propiedad que en aquéllos.
El profesor de arte del colegio Oharterhouse, A. Barclay Russell, al expresar
su opinión sobre la enseñanza de la
perspectiva, dice: ‘Torzar el concepto de
las tres dimensiones en aquellos cuya
expresión natural será siempre de dos
dimensiones, es un delito, y jamás me
atrevería yo a enseñarles la perspectiva
de dos dimensiones". El arte oriental,
señala el profesor, es de dos dimensio­
nes. ¿Por qué debe asumirse que todos
los europeos lo conciban en tres dimen­
siones?
Los niños son criaturas dadas a la
imitación y pronto asimilan las carac­
terísticas de sus profesores. El profesor
moderno tiende a borrar su propia per­
sonalidad de pintor, a fin de que el niñn
pueda crear algo como resultado de sus
propias ideas y percepción, en lugar de
limitarse a reproducir el estilo, los gus­
tos y las aversiones de su maestro. Esto
no quiere decir que no se deba ayudar
al niño en la ejecución de un cuadro,
enseñándole a adquirir el sentido de
modelos en general, y a observar los
efectos de la luz y de la sombra, como
tampoco excluye la apreciación e inter­
pretación, entre niños mayores, de las
obras de los grandes maestros de la
pintura.
PINTURA DE CARTELES
Hoy en día se facilita a los niños
aquellos materiales que están más en ar­
monía con su capacidad y que, por tan­
to, les proporciona un mayor placel y
diversión en su trabajo. Los niños pe­
queños tienden a hacer trazos y carac-

�s - (ABARATA

1Arriba, izquierda) : El cedro, per WhitHo. 17 año».

Músico*, por John Roper. 14 años.

Arboles de Navidad, Lluvia y Nieve, per Patricia Gery. 4 año».

Naturaleza muerta con limones, por Nigei Copping. 11 años.

■

teres grandes y se desenvuelven mejor
con hojas grandes de papel. Un espacio
reducido requiere una habilidad mayor,
que, por regla general, no tiene el niño
más pequeño. Se ha demostrado que los
carteles y pinturas en polvo —ambos
económicas— son mucho mejor para los
niños que los materiales requeridos pa­
ra acuarelas y pinturas al óleo, difíciles
éstos de manejar y utilizar. Asi vemos
que los niños disfrutan siempre con los
colores brillantes de las pinturas de car­
teles, con pliegos grandes y con pinceles
grandes.
Está teniendo lugar en estos días en
Londres, una exposición de pinturas rea­
lizadas por pinceles infantiles, que ofre­
ce un gran interés como una manifes­
tación de actividades terapéuticas y co­
mo una guía para los psicólogos con re­
lación a la mentalidad de los niños. Los
cuadros han sido hechos al pincel y al
lápiz por niños de una escuela de Surrey, y en ellos vemos diferentes moti­
vos tal y como han sido concebidos
por sus autores. El diablo, escenas en
que se dan azotes, muertes en la horca,
caras de malvados, etc., son entre otros
los asuntos elegidos. Estos cuadros cons­
tituyen en realidad un catártico y un
mapa de la mente.
El arte, tal y como se enseña hoy, es
un magnifico campo para el desarrollo
de los poderes de la imaginación hacia
la madurez. Los profesores de arte en
la Gran Bretaña, al estimular los impul­
sos artísticos de cada niño, intentan ha­
cer del arte, la práctica y el placer de
todos y no el de una minoría selecta

�(ABALGATA - 6

El Instrumental de la Abeja
la misma reina son hijas de padre y
madre, como las convenciones exigen,
los zánganos, símbolo del desmaño, de
la pereza, de la desidia, con unos ojos

rorros entomólogos minuciosos han
llegado a discutir hasta veintidós
instrumentos distintos en las seis
patas de la abeja doméstica, con los
cuales, al parecer sin equivocarse, sin
armarse esos líos que las personas sole­
mos armarnos en cuanto nos vemos con
dos o tres cosas distintas en las manos,
realizan múltiples operaciones. He aquí
el inventario de dicho instrumental con­
venientemente enumerado y, por sim­
plicidad, reducido a un solo lado:
I. Rastrillo para reunir el polen dise­
minado en las anteras de las flores; n .
ü n primoroso cepillito para limpiarse los
ojos cuando el polen o cualquier otra
cosa molesta se le mete en ellos; III.
Cepillo para sacudir y reunir el polen
adherido a las cerdas del propio cuerpo;
IV. Un peinecillo para atusarse las an­
tenas; V. Una especie de corvejón para
apretar la antena contra el peine y asi
asegurar el éxito de la operación pre­
cedente; VI. Cepillo para limpiar el pe­
len de las restantes patas; v n . Espolón
para despegar las escamillas de cera de
las placas donde se forman a medida
que son segregadas; VIII. Un peine po­
línico cuya función es eliminar el polen
del tórax y de las patas; IX. Un peclen
—otro género de peine— para sacudir
el polen del peine precedente; X. Una
especie de prensa para comprimir el po­
len y forman con él una esferilla, y,
XI. Un canastillo en el cual transporta
la esferilla de polen desde la flor a la
colmena.

A S T A hace muy p oco tiem po
constituía uno d e l o s m u ­
chos enigm as d e la ciencia el
por qué el lem m ing escandinavo, un
roedor de la misma fam ilia Muridae
a que pertenecen ratones, ratas, m u­
sarañas, etc., desciende d e pronto
de las montañas y de la tundra en
incontable núm ero y avanza en m a­
sas compactas, b ien hacia las costas
del Mar del Norte o del g olfo de
Botnia, atropellándose unos indivi-

H

Esta espléndida ilustración da un libra
publicado en 1625 y titulado "Apiarum"
es, que se sepa, el primer dibuja de un
insecto — la abeja doméstico— hecho
con el auxilie de uno lente de aumento.

grandísimos para localizar en la copa
azul de los cielos primaverales la curva
arrebatada de una reina virgen y poder
conquistarla en buena lid, carecen de
padre. Cuando los gérmenes masculinos
de la espermateca de la reina se agotan,
ésta empieza a poner huevos sin fecun­
dar, de los cuales, como por una (diocante ironía, nacen los proveedores de
espermatozoos, los insociales zánganos.
Tan insociables, tan zánganos, que, ter­
minada su eventual tarea —no todos
tienen la fortuna de conquistar prin­
cesa— hay que liquidarlos de cualquier
manera: la más socorrida, arrojándolos
a la intemperie a morir de frío.

HUOS SIN PADRE
Todos estamos acostumbrados a pen­
sar que a cada hijo corresponde un par
de progenitores: un padre y una madre.
Pero para todo hay excepciones. Y si no
que lo diga el zángano de la colmena,
sin ir más lejos. Mientras las obreras y

La

M ás

C

pw

Gr ande

i e

n

c

J .O m O

de

i a

las

Harlow Shapley, director del observatorio
de la Universidad de Harvard desde 1921,
presidente de la “ American Assocration for
the Advoncemenf of Science" y uno de los
astrónomos más notables del mundo, cuyo
libro "Galaxias" acaba de ser publicado
en lengua castellana.

FLORES
N

o siempre el tamaño está de
acuerdo con la excelencia de las
cosas. Y esto sucede también con
la más grande de las flores. La planta
que la produce, la Rafflesia Arnoldi,
natural de las selvas de 'Java, Suma­
tra y demás islas vecinas, es parásita
de otras plantas y se desarrolla en el
interior de sus tejidos. Las flores, ge­
neralmente solitarias, emergen de las
raíces al descubierto de la planta paraitiza da u hostera, y dan la impre­
sión de pertenecer a ella. El diámetro
de estas flores puede alcanzar y hasta
superar el metro. Tienen un color de
un rojo sanguíneo, con trozos amari­
llentos y desprenden im olor a carro­
ña. No sabemos si los javaneses tie­
nen alguna leyenda que explique esta
última particularidad, pero si aciertan
a ser los antiguos griegos los habi­
tantes de las islas —y a conservar, no
obstante, sus cualidades imaginativas,
cosa bastante aventurada— es seguro
que en su rico repertorio de cuen­
tos chinos habría uno que rezaría así:
Hubo un tiempo en que la flor de la Rafflesia
olía como ninguna otra flor, y a su lado acudían las
ninfas en tropel para danzar en tom o suyo mien­
tras lentamente giraban las puertas de la Aurora
para dejar paso a los caballos piafantes de Apolo.
Tantos elogios le dispensaban, dioses y poetas que
un día, engreida de su hermosura, osó desafiar a la
misma Afrodita a ver cuál de las dos era más her­
mosa. Vencida por la diosa, convocó Zeuz a los in­
mortales, quienes acordaron, para vengar tal inso­
lencia, transformar sus entrañas, hasta entonces ¡
fragantes, en vil carroña que ni los buitres quieren. I

ducs a los otros, desplomándose rv,
los precipicios, cruzando rios
,
gos y llegados a la orilla del m
precipitándose en él hasta ahogad
Materialmente, estas criaturas, cua
do abandonan en masa sus guaH
das, convierten el suelo por donde
pasan en una alfombra palpitan^
fugitiva. Su solo afán parece ser co
rrer más y más, como si huyeran
del fuego, com o si en pos suyo vi
nieran jaurías de zorros y aves de
rapiña; nada de cuanto puedan en
contrar por delante les amedrenta
les hace retroceder, ni siquiera cam­
biar el rumbo de un modo sensible
No importa el morir, pues de hecho
mueren a millones y por encima de
sus cadáveres pasan los que vienen
detrás sin intimidarse. Un día y otro
día, mes tras mes avanzan los lemming en dirección oeste o este, impelides por un extraño Ímpetu, sobre un frente de unos treinta y tan­
tos kilóm etros a veces, hasta que
al fin, se ahogan en los ríos, lagos'
ciénagas y rápidos y cascadas, se
m ueren agotados o por otra causa
o son devorados por sus enemigos
naturales: zorros, gulos, armiños,
martas, aves de presa, etc.
Tienen de largo unos doce o tre­
ce centím etros, apenas se puede de­
cir qu e tengan cola; las orejas son
cortas y redondas y su piel es de
un color amarillo-marrón, con una
lista más oscura por encima, de ca­
beza a cola. Naturalmente, trátase de
seres inofensivos que excavan gale­
rías en las que viven aletargados
mientras las nieves árticas amortajan los liqúenes y musgos de que
se alimentan. Pero cuando de tarde
en tarde se apodera de ellos el furor
m igratorio — más propio sería de­
cir la locura suicida— nadie se atre­
ve a interferir con ellos, pues aco­
meten con denuedo a todo el mun­
do que se les ponga por delante.
Claro está; si con frecuencia se
sintiesen acometidos por esta manía,
la especie hubiera desaparecido ha­
ce mucho. P or fortuna para ella, sd-

La Gran Nube Mogoltónico,
cercana al Polo Sur y visible sin neces»00
de instrumentos ópticos cuondo tos' c0*
dkiones son favorables, fotografío®0
la esfación de Arequipa del °h»,r '
torio de lo Universidad de Hervor

�- CABALGATA

*

¿Influye la Luna en los Seres Vivos?
EL CASO DEL PALOLO

le de unos doce en doce años los in­
vade este frenesí y, por tratarse de
una raza prolífica, se salvan siempre
bastantes individuos para restaurar
el equilibrio de la balanza.
P ero ¿por qué abandonan de este
m odo su habitat y se encaminan a
su propia ruina?
Para contestar a esta pregunta se
acudió desde hace tiem po a varias
hipótesis, todas ellas, com o siempre,
con sus pro y sus contra, y todas in­
suficientes, si no descabelladas. Mas,
por fin, parece que los biólogos en­
contraron el hilo del misterio. ¿R a­
yos cósm icos? ¿A uroras boreales?
¿ V ir u s ? ... Nada de eso: ¡V itam i­
nas! . . . ¿C ó m o ? . . . Sí, señor. Las

otros horizontes m á s am plios —
Es seguro que al lector le bullirán
en la cabeza m uchas preguntas d ic­
tadas per una buena lógica. ¿P or
qué la dirección este-oeste o v ice­
versa de la m archa? ¿P or qué esa
coincidencia de m illones de seres en
la fecha de partida? ¿P or qué no
acontece lo m ism o con el reno, que
tamfbién se alimenta de liqúenes? . . .
Pero dejem os el tema, p or el m o ­
mento, en espora de m ayores acla­
raciones o de que, en vez de nues­
tros presentes m isterios, nos pongan
misterios nuevos, pues tal parece ser
el trajín cie n tífico . . . Y que no nos
falten m isterios, pues sin ellos ¿qué
íbam os a hacer con la cabeza?

aquí un tema delicado. ¿Influye
la luna en las plantas y animales
como creen los campesinos de mu­
chos lugares del mundo? No vamos a
tratar el asunto pea- extenso. Sólo vamos
a referimos a un caso curioso que pare-

H

e

He aquí un dibujo del "p ololo" (Eunice
viridis!, gusano m arino, lu n á t ic o y
basto apetitoso para los sa m oa n o*.

vitaminas que se encuentran en los
liqúenes qu e sirven al lem m ing de
alimento producen un efecto cum ulativo en ciertas glándulas del ani­
mal, y, llegado un m om ento, las h o r ­
monas segregadas en la sangre p or
dichas glándulas hacen sentir sus
efectos en form a de superabundante
ímpetu sexual. A su vez, esta incre­
mentada sexualidad d el roedor aca­
ba por elim inar el instinto de co n ­
servación y por em pu jarlo hacia

Dibujo del primitivo observatorio do la
Universidad de Harvard fundado o me­
diados del pe sodo siglo por suscripción
de los ciudadanos de Boston, Salem, New
Bedford y Nontucket, y boy una institu­
ción científica mundial de primer orden.

Colaboraciones!
' ESPONTANEAS!
U Y señor m ío : R eleyen do
hace unos días un ensayo
de Unamuno — uno d e los
m á s extraordinarios españoles y
hom bres universales que ha p ro ­
du cido la Península— m e en con-

M

ce dar una respuesta afirmativa al asun­
to. Trátase del pololo (Eunice viridis),
un gusano marino de las islas de coral
del Pacífico, entre ellas Samos (con es­
pecies afines en Florida, estrecho de
Malaca, etc.)
Estos gusanos viven en madrigueras
de coral de las que asoma la cabeza en
circunstancias ordinarias. Pero unos días
antes o después de la primera luna lle­
na de octubre o noviembre —según los
lugares— el pololo, que es el nombre
que los samoanos y los habitantes de
otras islas dan al nereido en cuestión,
cambia de postura: introduce la cabeza
en la madriguera y asoma la cola hacia
afuera. Estas dos partes, cabeza y cola,
que se distinguen en su cuerpo (com­
puesto por centenares de anillos) son
muy distintas en apariencia; la primera

quince años, el susodicho teorem a.
E m pecé p o r record a r el enuncia­
d o: Cuadrado de lado igual a la hi­
potenusa de un triángulo rectángu­
lo, equivalente suma de los cuadra­
dos de lados respectivamente igua­

B
He aquí lo primera nebulosa espiral des­
cubierta por el conde Ross, en ! 845, con
un reflector de seis pies instalado en su
castillo de Parsonstown, en el norte de
Irlanda. Esta nebulosa, conocida como
Messier 51, se baila cerco de lo conste­
lación "Perros de Caso", y fue fotogra­
fiado can el reflector de 100 pulgadas
da! observatorio del M on te W ils o n .

tré c o n aquel pesaje d on de dice,
p o co m ás c m enos, qu e “ d e nada
aprovecha saber el teorem a d e Pitágoras al que valiéndose d e él no
acierta a construir, pon gam os por
caso, un cuadrado triple de o tro ” .
P icado d e la curiosidad saqué ei
lápiz d el b olsillo y m e puse, en el
margen de la página, a ver si e fe c­
tivam ente me aprovechaba aún el
haber estudiado, hatee de esto unos

les a los catetos de dicho triángulo.
O b ervé entonces qu e si el trián­
g u lo rectángulo en cuestión es isós­
celes o d e catetos iguales, el cua­
drado d e la hipotenusa es equ iva­
lente al doble del con stru ido sobre
un cateto. Pero entonces surgió la
d ificu ltad unam unesca:
¿C óm o con stru ir el cuadrado tri­
ple, cád ru p le, quíntuple, etc. de
u n o dado?

está formada por anillas más gruesos,
más robustos y de color rojizo, que es
color normal del pololo durante el res­
to del año; la segunda, o sea la llamada
convencionalmente cola, está formada
de anillos más angostos y de color azu­
lenco, y con unos puntos-ojos a los la­
dos, además su longitud es alrededor da
las dos terceras partes del total.
No bien cambia cada palolo de postu­
ra, la cabeza se sujeta al coral y la cola
empieza a agitarse con furia y a frag­
mentarse, como si se tratara de cola de
lagartijas apresadas por la parte delan­
tera. Estos fragmentos, compuestos de
anillos que contienen huevos listos para
ser fecundados o espermatozoos fecun­
dantes, según pertenezcan a un gusano
macho o hembra, salen a la superficie
de las aguas en cantidades tan fantás­
ticas que dan la impresión de una sopa
de fideos, y desprenden huevos o esper­
matozoos en una orgía erótica de pro­
porciones dantescas.
Los samoanos esperan este aconteci­
miento con una impaciencia única en
el año, porque, aunque parezca menti­
ra. el palolo constituye una exquisitez,
una golosina para ellos, y se dan enton­
ces unos banquetes memorables. Con sus
piraguas echándose al mar en el justo
momento en que el cuarto correspon­
diente a la luna llena toca a su fin y
llenan sus canastillas de hojas una y
otra vez de anillos o grupos de anillos
de Eunice viridis. Muchos de estos ca­
nastos rebosantes son enviados al inte­
rior de las islas como presentes a pa­
rientes y personajes de categoría y tam­
bién los habitantes de tierra adentro
acuden en dicha ocasión a la costa, por­
que a lo largo del año no volverá a pre­
sentarse. Además, asegurada la repro­
ducción y consiguiente perpetuación de
la especie, los anillos reproductores mue­
ren y desaparecen en el fondo del mar.
Esta coincidencia entre las fases de la
luna y la emergencia y dispersión del
palolo ha dado que pensar a los natu­
ralistas. ¿No puede suceder que los ci­
clos de la luna influyan en el ciclo vi­
tal de los seres vivos, como creen cam­
pesinos y marineros de muchos países,
y que esas burlas jactanciosas de los sa­
bios a medias no hayan sido más que
necedades y hasta irreverencias para con
el más auténtico espíritu científico?
El tiempo dirá. Desde luego para cier­
tas tribus de Micronesia el año empie­
za con el cuarto menguante de la luna,
en coincidencia con la aparición de esta
especie de maná en torno a los atolones.

M odestia aparte, n o tarde en dar
co n el q u id , cosa que, sin envane­
cerm e, m e satisfizo, p orqu e la v ic ­
toria, si la h ay, n c m e corresp on ­
de a m í solo, sino tam bién a un
ja rd ire ro que, siendo y o m ucha­
ch o, m e enseñó co n su cu erda y
unas estacas m u ch o m ás que tod os
los p ro fe so re s d e m atem áticas en
cuyas m anes di.
D ado qu e a U nam uno lo leen m u ­
cho — aunque no tod os los que de­
bieran — sobre to d o desde q u e sus
libros andan p or ahí en ed iciones
econ óm icas y n c d el tod o desagra­
dables — aunque sí, ¡ay!, plagadas
de erratas— , se m e ocu rrió, com o
le cto r asiduo d e C A B A L G A T A ,
m andarle a V . la solución p o r si
pudiera serle últil, sobre tod o alen­
tán dolos a h acer lo qu e y o en ca­
sos sem ejantes, a d ich os lectores.
El cuadrado d e la izquierda, de
lad o A B , con stituye el d e partida;
los lados A C , CD, DE, EF, d e los
sucesivos triángulos rectángulos en
A , en C, en D, en E, son iguales al
A B , y las hipotenusas A C , BD, BE,
BF, son los lados d e lo s cuadrados
de área d oble, triple, cu ádruple,
quíntuple, del cuadrado p rim itivo.
A . C O U R T IE R

�CABALGATA - »

EL PRIMER

ESPAÑOL
QUE ESCRI BI O
UN L I BRO DE

CI E N C I A
Por FRANCISCO VERA
p r im e r tratadista español de
quien se tienen noticias es Cayo
Julio Hygino, liberto de Augusto y
discípulo del gramático griego Comelio
Alejandrino.
Por las notas biográficas de Suetonlo:
De ülustribus Grarrimaticis, X X , p. 352
del ejemplar de la Biblioteca Nacional
de Madrid, Colección Usoz, N* 10303,
sin portada ni colofón, se sabe, además,
que fue prefecto de la Biblioteca pala­
tina, y se dedicó a la enseñanza, que
tuvo gran amistad con Ovidio y que
Julio Modesto fué liberto suyo; pero
nada puede conjeturarse acerca de la
fecha de su nacimiento, ni de su muer­
te, ni del lugar en que acaecieron estos
accidentes.
En el Chronicon de Eusebio de Cesá­
rea, traducido y comentado por San Je­
rónimo, xonsta qye Hygino floreció en el
año IV He la olimpíada CXCII, X X X V
del Imperio de Augusto, comenzando a
«Hitar desde el DCCXI de Roma, es
decir; el DCCXLVI de esta época, que
coincide con el VIH antes de J. C., y
con un año de diferencia lo cita Vasaeo
en su Chronicon, cap. XII, p. 612, in­
serto en el t. I de H is p a n if illvstrate,
pp. 572-727, Franfort, Mamius y Aubrii, 163.
Respecto dq^feu muerte sólo se sabe
que murió pobre, cosa que no es de ex­
trañar en un erudito, “gente por lo co­
mún más empleada en adquirir caudal
de noticias que de dineros”, como dicen
los PP. Mohedanos en su Historia lite­
raria de España, t. V, p. 74, Madrid,
IbfUTa, debiendo el sustento durante sus
últimos dias a la liberalidad del cónsul
Cayo Licinio.
Por lo que toca al punto de su naci­
miento, el único autor que, según los
PP.-Mohedanos, asegura que no fué es­
pañol, sino de Alejandría, es Juan Al­
berto Pabricio, contra la opinión de
Suetonio, que desmiente tal creencia.
La autoridad del escritor latino debe
diputarse fidedigna porque 6e trata de
un historiador veraz que vivió en la
época de Trajano, próxima a la de Au­
gusto, cuando todavía se conservaban]
muchos escritos que después desapare­
cieron con la invasión de los bárbaros.
Además, si Hygino hubiera nacido en
Grecia, parece Inverosímil que hubiese
despreciado su lengua materna hasta el
punto de escribir todas sus obras en la­
tín y ninguna en griego.
Apoyan esta opinión, entre otros, Am­
brosio de Morales: Crónica General de
España, t. I, lib. III, cap. LX, Alcalá,
Lequerica, 1574; el antes citado Juan
Vasaeo; Alfonso García Matamoros; De
asserenda Hispanorum eruditone, p. 16,
Madrid, Diez Nabarro, 1736; Bernardo
Alderete: Del origen y principio de la
lengva castellana, fol. 24 v„ Madrid,
Sánchez, 1674, y Nicolás Antonio; Vetus,
lib. V, cap. núm. 4, llegando algunos
biógrafos no sólo a afirmar la nacio­
nalidad española de Hygino, sino a se­
ñalar taxativamente el punto de su na­
cimiento, como Vives, cuyas son estas
palabras: Caius Iulius Higínus coterraneus meus commentaria in eum (Virgilium) scripsi qui fuit elus pene aequalis” , Opera: Praelectio in Geogica
Virgílii, t. I, p. 680, Basilea, Episcopio,
1555, frase- que comenta Xlm eno: Escri­
tores del Reyno de Valencia, t. I, p. 4,
Valencia, Dolz, 1747, diciendo que “la

E

l

| ENTREVISTA
CON

GUILLERMO le TORRE

Por E S T E L A CAJSTO
» l ver a Guillermo de Torre, una
A de las personalidades más múl*■ tiples y tal vez la más atenta
a las nuevas corrientes literarias y
filosóficas, siento su inmediata cola­
boración espontánea. Mucho se pue­
de hablar con el autor de “La aven­
tura y el orden” : la fina percepción
de Guillermo de Torre y su agudo
instinto moderno pueden decimos
cosas muy concretas, porque el inte­
rés y la erudición de este escritor no
se han limitado jamás a un solo sec­
tor. Para iniciar la conversación le
pido que me diga cuál es, en su opi­
nión, la función del crítico. Sin el
menos esfuerzo, como siguiendo el
hilo de sus pensamientos íntimos, de
Torre me dice:
—Para mí el crítico es el zapador,
el descubridor. Ve más lejos no qui­
zá porque tenga mejor vista, sino
porque está delante de los demás.
Su misión es valorar lo actual, anti­
ciparse a la posteridad, redescubrir
el pasado, que también viene a ser
una forma de crear el futuro. ¿No
es esto una obra de creación? Lo
digo para quienes siguen creyendo
que la crítica es accesoria o ancilar.
No importan las excepciones histó­
ricas en contra, ni tampoco las bro­
mas que entre ellos mismos se gasten
los del gremio critico. Son divertidas,
por ejemplo, las de Jean Paulhan en
sus Fleurs de Torbes, con referencia
únicamente a la critica francesa, y
mostrando en un capítulo de ese originalísimo libro, como Nlsard arre­
metió contra Víctor Hugo, SainteBeuve contra Balzac y Baudelaire,
Brunetlére contra Sthendal y Flaubert; son divertidos esos ejemplos,
pero no convincentes. Mayor fuerza
probatoria en contra, sin ir más le­
jos, tiene acaso el mismo Paulhan,
quien en realidad ha dirigido —des­
de una coterie si se quiere, pero ¿por
qué no han de existir las capillas,
cuando en ellas vienen a comulgar
gran parte de los mejores?— la li­
teratura francesa de estos últimos

años. Y eso que Paulhan practica
una crítica alusiva, por no decir tan­
gencial. Por mi parte yo prefiero un
sistema más directo. Porque la críti­
ca no es inhibición o soslayamiento,
sino compromiso integro “engagement” , por decirlo con la palabra del
momento existencialista. . .
Al escuchar esto recuerdo las di­
ficultades que he tenido en otras en­
trevistas para enterarme qué es el
zarandeado existencia lismo. Pienso
que por fin mi curiosidad quedará
satisfecha, y de la mejor manera,
puesto que de Torre ha sido agudo
intérprete de los movimientos de la
otra postguerra. Recordando esto y
para quedar enterada de una vez, le
pregunto cuáles son, aparte del existencialismo, las demás escuelas nue­
vas que ha producido esta guerra.
—Ninguna —« « t e s ta rápidamen­
te—. Ya existían desde antes. Ha pa­
sado lo mismo que en 1918. La gue­
rra no produce nunca nada intelec­
tualmente. Hay que desinflar ese ton­
to lugar común. Las guerras y sus
matrices, las dictaduras, detienen,
retrasan, desvían, pero no engendran.
“No nacen las ideas de los puños” ,
escribió Antonio Machado con refe­
rencia a la primera guerra mundial
de este siglo. Vea usted: el cubismo
ya existía desde 1908; públicamente
hizo su primera parada en 1911. Ca­
si tan lej06 se remonta al dadaísmo,
aunque sólo se manifieste en 1916,
en Zurich, y precisamente como re­
acción contra la atmósfera aniquila­
dora de la guerra. El superrealismo
—incluso con el nombre— estaba ya
implícito en Apollinaire desde 1918.
¿Qué vemos ahora? ¿Algo radical­
mente nuevo? No; en las artes plás­
ticas, prolongaciones del cubismo y
de la pintura abstracta, picassismo
al alcance de todas las fortunas;
en poesía, por un lado, de culmi­
nación de los rataplans marcia­
les, y, por otro lado, la incoherencia
( Continúa en la página 14)

palabra conterráneos, aunque latamente
puede entenderse por español, como l0
era Vives, parece que explica más y
que atendida la propiedad con que Vi­
ves hablaba el Idioma latino, quiso decir
paisano”, es decir: que según Vives y
Ximeno, Hygino era valenciano, mien­
tras que Ruano: Historia general de
Córdoba, p. 383, Córdoba, Villalón, 1758
lo hace cordobés, de modo que lo'únicó
que puede afirmarse es que era es­
pañol.
Las obras de Hygino han sido objeto
de largas e intrincadas controversias
especialmente por lo que se refiere a la’
autenticidad de algunas de ellas, pero
compulsando los autores citados, pueden
atribuírsele las siguientes: Commentaria
ir Virgilium; Cincinae Ptoperticum
Grammaticis líber, De limitibus, Fabu'.
lorum, Exempla, De vita rebusque illustrium Virorum, Historiae, De Urbibus
De Urbibus Italicis, De situ Urbium Italiccium, De Familiis Troianis, De Penatibus, De Propietatubus Deorum, De
Agricultura, De Apibus, De animaíibus,
De re Militan y Poeticum Astronomieum, las cinco primeras de las cuales
podemos clasificar como literarias, las
seis siguientes son históricas, las otras
dos tienen carácter filosófico y las cinco
últimas son científicas.
Esta lista demuestra que Hygino fué
un escritor enciclopédico, lo que le valió
el calificativo de polyhstor con que lo
distingue Suetonio, y en todas ellas la­
te el ideal pitagórico en la forma gnósttca que tanto había de influir en al­
gunos antiguos ingenios españoles, co­
mo Moderato de Cádiz, que establece
tres unidades: el ser, la Idea y el alma;
Pomponio M ela, que acepta íntegra­
mente la cosmología del filósofo de Sa­
naos; Severo, que distingue tres natu­
ralezas: la de Dios, la de los espíritus
y la d e l o s
cuerpos seme­
jantes a Dios;
Oslo, que man­
da traducir a
C a l c l d i o el
Timeo de Pla­
tó n , y Otros
varios, p a r e ­
ciendo Justifi­
ca r s e el su­
p u e s to viaje
de A p o lo n io
de Tyana a la
Península ibé­
rica, en la que
enseñó una fi­
lo s o f ía pita­
*-y
g ó r ic a m ez­
c l a n d o las
ideas orienta­
Cifras usadas por los
les con las de
tr a d u c to r e s de las
P la tó n , y si
obras matemáticas en
aquél e stu v o
la Escuela de Toledo.
en Andalucía,
como cree Menéndez y Pelayo, a principios del siglo I,
tal viaje pudo ser provechoso para Hy­
gino.
Amador de los R íos: Historia critica
de la literatura española, 1.1, p. 39, Ma­
drid, Rodríguez, 1861, sólo cita entre las
obras científicas de Hygino el tratado
De Agricultura, del que se valieron: Pllnio para su Naturalis Historia y Columela para su De re Rustica; y Menéndez y Pelayo incluye en el inventario
bibliográfico de la ciencia española el
Poeticum Astronomicum, intitulado De
Astronomía y De ratione Sphaerae, to­
mado principalmente de Eratóstenes y
de Arato.
El Poeticum Astronomicum, que es la
única obra que interesa a este artículo,
está dividida en cuatro libros: I. De
mundi et sphaerae ae utriusque partium
declaratione; TI. De signorum coelestium historie; III. De descriptionibus
formarum coelestium, y IV. De quinqué
eirculorum ínter corpora coelestia notatlone et Planetis.
Esta división no es la de los mss.
originales como advierten Schefíer y
Muncker en las notas a la edición Staveren y el mismo Hygino en el prefado
y en el lib. IV, cap. X X I, en donde a»
(Continúe en la página 14)

�9 - (ABALO,\TA
Y EL

E

N las postrimerías del ochocientos, la hlpersensibilidad musical emanada del Ro­
manticismo llega a la disolución de su
propio estilo en los países germanos, a la vez
que en Francia se inicia una renovación cuyo
máxkno representante es Debussy. La concep­
ción del universo sonoro que aporta este artista
exquisito y sorprendente es el Impresionismo.
Debussy y Skríabin marchan paralelamente
por la nueva senda, y sólo un cuarto de siglo
más tarde de la iniciación de este movimiento
transmutador de los valores musicales —hacia
1915— los factores técnicos y sensibles pe­
netran en un nuevo campo de investigación,
aue íué definido con el vocablo impreciso de
A-tonalidad. La estética de Debussy, que tuvo
origen en la literatura simbolista y en la pin­
tura impresionista y prerraíaelista, según es
sabido se revela en una actitud bifronte: re­
acción contra el naturalismo, a la vez que 11miidación total del romanticismo. La base del
S i o n i s m o es la negación del objeto, de la
materia como realidad, y su fuente de luz há­
llase fuera de la percepción de los sentidos,
tendiendo hacia un plano metafísico. Los con­
tornos de los objetos se disuelven, las concep­
ciones estatales respecto de la forma, el des­
arrollo y la sonoridad desaparecen, y la lógica
y la estructuración sufren una aguda e inten­
sa metamorfosis.
En su lugar surgen nuevas relaciones inter­
nas La vaguedad, lo inmaterial se toma en
esencia; desaparece la plasticidad de los con­
tornos determinados. El concepto de la melo­
día ampliamente desarrollada y de la armonía
básica ceden ante la fragmentación
temática y la sonoridad evocativa. La
música tiende a lo abstracto. El Im­
presionismo de Debussy es una má­
xima pasividad, una concepción orien­
tal del mundo, explayada en el tempo
lento en que el maestro del Impresio­
nismo obtiene sus más legítimos triun­
fos: Prélude á l’aprés midi d’un /auné,
Nuages, Sirénes, La demoiselle élue.
E 8 DE
Asi como el Impresionismo nace en
año
Francia, el Expresionismo surge en
6 0 3,
Austria y Alemania. Y asi como De­
en que Lubussy se sentía inspirado por los pin­
d o v lc o Viatores impresionistas, Arnold Schondana utilizó
berg, creador de las obras decisivas
por primera
del Expresionismo musical, entra en
vez la pala­
contacto directo con la pintura ex­
bra concertó
presionista. Gran admirador de Kopara d e sig ­
koscbka, Schonberg d e d ic ó v a rios
nar una múaños de su vida a una actividad pu­
sica compuesta para voces y órgano y
ramente pictórica, que desenvolvió
con lo cual, posiblemente, deseaba ex­
dentro de una concepción expresio­
presar la necesidad de armonía entre las
nista realizada con elementos abs­
partes para que juntas formaran un to­
tractos. Asimismo, al encaminarse de
do, hasta 1947, el concierto ha pasado
nuevo hacia la música, dióse de lleno
por muchas etapas y sufrido evoluciones
a la búsqueda de idéntico estilo, tras­
y revoluciones. En el sentido moderno,
plantado ahora al plano de los sonidos.
un concierto es una partitura musical
El Expresionismo pretende expri­
escrita para un instrumento y un con­
mir la verdad subjetiva de los senti­
junto instrumental, estableciéndose en­
mientos, aun a costa de los antiguos
tre ellos una s im p á tic a corriente de
ideales estéticos; considera el sonido
compañerismo que los lleva a establecer
en función de su potencialidad emo­
dilatados diálogos, en los que, unas ve­
cional, y acondiciona todos los valo­
ces, es la orquesta la que ofrece el tema
res al clima poético de una composi­
a discutir y el instrumento el que co­
ción; destruye la oposición entre con­
menta; otras, en que ambos, orquesta e
sonancia y disonancia, estableciendo
instrumento, participan en forma desen­
una tesis dinámica, una tensión con­
vuelta en la consideración de un tema,
tinua, sin puntos de apoyo casi y sin
y por fin, y esto es lo común, la orquesta
resolución posible. Es la fuga de la
sirve de marco majestuoso y de compla­
realidad —sonido, idea— hacia lo suciente auditorio para las disquisiciones
praterrestre, lo fantástico y lo remo­
(variaciones) del in stru m en to solista,
to. El ángulo de tensión aguda y.
que muestra asi, y gracias a la mayor o
constante en que se apoya la diná­
menor habilidad del compositor, los re­
mica expresionista, encama la nega­
cursos y limitaciones que le son propios.
ción de lo estatal, del reposo y de la
La forma concierto adquirió solidez y
consonancia; parecería ser la conse­
desenvoltura con Mozart y especialmen­
cuencia de inquietudes espirituales
te con Beethoven. Todos los composito­
sin posibles etapas de conformidad y
res románticos usaron con particular in­
de solución, con su realismo subjeti­
terés del c o n c ie r to , y es el siglo xix
vo, o mejor dicho, deformado por la
cuando la literatura de esta forma ad­
visión interior, que tiende a lo eso­
quiere extensión y prodigalidad. Nada
térico. Esa visión es la del hombre
sorprendente resulta esta predisposición
. solo en el mundo: observador, Juez e
por el concierto en el siglo que vió nacer
intérprete sensorial y mental del uni­
al virtuoso y al que erigió en supremo
verso. En oposición al Impresionismo,
hacedor de la música. En la actualidad
con sus contornos inciertos y su ac­
puede afirmarse que el concierto es, de
titud de pasividad espiritual y esté­
todas las formas musicales, la más po­
tica, el compositor expresionista pro­
pularizada, y a esto, como a muchos
cura organizar los fragmentos melóotros accidentes, debe buscarse la expli-

D ■

E x p r e s io n is m o S o n o r o
Por JUAN CARLOS PAZ
dlcos o armónicos, asi como los motivos con­
trastantes, partiendo de una voluntad estruc­
turad ora. Dp esa tarea ha resultado una total
transformación del material sonoro, con valo­
rización extremada de cada detalle, concen­
tración o dislocación de la melodía, y anulación
de los conceptos tradicionales de tonalidad,
forma, armonía, desenvolvimiento y sonoridad.
Asimismo, Schonberg declara la relatividad
de la escala llamada natural, torna indepen­
diente cada uno de los doce sonidos conce­
diéndoles valor autónomo, y aboliendo los con­
ceptos tradicionales de consonancia-disonancia,
sienta sobre esa base el lenguaje sonoro lla­
mado a-tonal. El Expresionismo musical, que es
su lógica expresión y consecuencia, está repre­
sentado en primer lugar por la Escuela vienesa,
cuyo nder espiritual fué Schonberg, y que es­
tuvo integrada por el p rim e r grupo de sus
alumnos: Aiban Berg, Antón Webem, Egon
Wellesz, Erwin Stein, Paul Pisk, y luego Emst
Krenek, Hermán Heiss, Arthur Schnabel. Los
estadounidenses Walllngíord Riegger, Adolph
Weiss, Ben Weber, G e o rg e Perle, H arrison
Kerr, Max Brand, se sumaron al A-tonallsmo,
asi como H. J Koellreutter, Claudio Santoro y
C. Guerra Peixe en el Brasil, Esteban Eitler y
el que suscribe, en la Argentina, y Domingo
Santa Cruz en Chile.
Schonberg significa decadencia y
reconstrucción. Es el legítimo gran
revolucionario de la música de nues­
tra época; destruyó cuanto era con­
siderado como el fundamento de la
música tonal, creando luego un nue­
vo lenguaje sonoro y nuevos princi­
pios formales. Su música tiene sus
orígenes en el neorromanticismo, en
cación en el cine, que es el medio de
el verbo wagneriano, que planea so­
difusión más estimulante y peligroso de
bre sus primeras obras. En ellas,
la edad contemporánea.
Schonberg trabaja con el material
La edición fonográfica de conciertos
expresivo de sus maestros y antece­
(especialmente para piano y orquesta)
sores, si bien pueden ahora rastrearse
está pasando por un momento de des­
diversos aspectos de su evolución pos­
lumbrante actividad. Todos los meses,
terior en el éxtasis de su línea meló­
uno o varios conciertos para piano y
dica —Noche transfigurada—, en las
orquesta son entregados al ansia de m:
nuevas formaciones rítmicas y en la
público favorablemente predispuesto por
técnica diferente en la conducción de
las últimas películas del género. Y ya
las voces —Pelléas y Mélisande, Cuar­
muchas personas, demostrando su vasta
teto en Re. Dentro de estas obras, y
ilustración en la materia, hablan de''el
también en la gigantesca totalidad
concierto para piano y orquesta de Bee­
de los Gurre lieder, respiramos toda­
thoven”, como hace unos meses, y a raíz
vía un clima de tradición. La expre­
de una película sangrienta, se hablaba
sión musical neorromántica llevada
de ‘la polonesa de Chopin”, olvidando
al límite extremo, en la obra inicial
en uno y otro caso que Beethoven escri­
de Schonberg, y en la propia Historia
bió cinco conciertos para piano y Cho­
de la Música, culmina en los Gurrepin dieciséis polonesas. (Haga usted la
lieder, composición apocalíptica, su­
experiencia de solicitar en una casa do
pe rfónica, con cinco cantantes solis­
discos “la polonesa". Cien veces conira
tas, speaker, tres coros masculinos a
ninguna, el vendedor, hombre habituado
cuatro voces, coro mixto a ocho voces
a la psicología colectiva, le alcanzará la
y una orquesta monumental. Con es­
op. 53 en la bemol mayor.)
ta obra concluye la expresión román­
Esta alentadora introducción me llevo
tica y con ella las posibilidades del
a comentar la novedad que Víctor nacio­
lenguaje tonal.
nal ha publicado últimamente: el con­
cierto N’ 1 op. 15 en do mayor para
El segundo periodo de la produc­
piano y orquesta, de Beethoven, grabado
ción de Schonberg culmina en las
Cinco piezas orquestales, el monodrapor Arturo Toscanini, dirigiendo la sin­
fónica de la NBC, y Ania Dorímann
ma Espera y el melodrama Pierrot
como solista (D.M. 1036, 4 faces de 30
lunaire, para canto hablado —o reci­
centímetros). La primera consideración
tación cantada— y pequeño conjunto
que se impone al oyente de esta versión
instrumental mixto. Todo cuanto era
es la típica concepción que Toscanini
considerado básico en la música en­
aporta con señalada energfa, a la inter­
tró entonces en decadencia, comple­
pretación de cualquier concierto. Hace
tando Schonberg definitivamente lo
de ellos (con muy buen criterio en la
que Debussy había anunciado: la di­
mayoría de los casos) "conciertos para
solución de las funciones armónicas,
un instrumento y orouesta”. v no como
da
la cadencia y del antiguo concepto
ínuchos directores, conciértdS pahTTin
eiflhícTúral.
instrumento acompañado de orquesta.
Así como el Impresionismo tiende
Vale decir, que aquí la orquesta toma
al colorido puro, a la esencia del so­
un papel activo y principal. No es me­
nido, el Expresionismo de Schonberg
ramente un adorno que sirva de luci­
miento al solista, sino elemento de igual
remarca los contornos y tiende a la
nivel e importancia. (Recuérdese su ver­
melódica pura. Como Debussy, que se
sión del concierto para violín y orquesta
o rie n ta hacia una nueva armonía
N? 2, de Beethoven, con Jascha Heifetz.)
elemental, Schonberg se encamina
/Continúa en la página 14/
(Continúa en la página 14)

�(ABALGATA - 1 0

y

L S a ¿ ¡z &amp; &lt; &lt; z S .

—Habéis perdido gran parte de vues­
tra vida.
Sobrevino en esto un accidente a la
lanchita y el barquero le preguntó al
sabio:
—Señor, ¿sabéis nadar? —y, al con­
testarle el sabio que no, el barquero co­
mentó, tirándose al agua— : Habéis per­
dido vuestra v id a ...
El señor Wells quiso prevenirse de la
ingenuidad del sabio del cuento y lanzó
esta adivinanza: “ Si desde un barco
vierais ahogándose a un sabio y a un
poeta y no tuvierais más que un salva­
vidas, ¿a cuál de ellos se lo arrojaríais
y a cuál sacrificaríais?” . Un critico tea­
tral, Alfred Kerr, tuvo la respuesta que
más había de satisfacer al ilustre no­
velista:
—Siendo Wells uno de los náufragos,
la elección sería muy sencilla, porque él
es al mismo tiempo sabio y poeta.
(Descontado, por otra parte, que el
autor de “La guerra de los mundos” era
con toda seguridad un excelente na­
dador.)
EL “ ENCANTO” DE LAS ACADEMIAS
Hablar con desprecio de la Academia
es una de las enfermedades caracterís-

Jeon Cossou

Por J . Mora Guarnido

EL PELIGRO DE LAS ENCUESTAS
r y i O hay nada que parezca más in|\^ ofensivo y que dé mayores faci' ” lidades para salir del paso a los
Interesados activos y pasivos de su reali­
zación. Teniendo el suficiente ingenio y
la suficiente simpatía, se puede organi­
zar una encuesta sobre cualquier cosa,
con la seguridad de que la persona a la
que se acuda contestará sin mayor pre­
ocupación cualquier co s a ... Pero ¡cui­
dado! Las encuestas, una vez publica­
das, son un pecado o un pecadillo que
se podrá borrar de la conciencia del que
lo cometió, pero que cuando menos se
espera puede ser recordado, y aun pu­
blicado de nuevo, p o r ' el lector desco­
nocido e insidioso.
Por ejemplo, en 1926, dos periodistas
franceses hicieron una encuesta sobre la
juventud literaria ante la política. Todos
los jóvenes de entonces, viejos o muer­
tos de hoy, desfilaron y dijeron su cual­
quier cosa con la irresponsabilidad y el
tan largo me lo fiáis con que Don Juan
Tenorio cometía sus feohorias sin temor
ni al Dios ni sil Diablo de la conciencia
pública. Se desentierra ahora aquella
encuesta, ¡y en qué aprietos han sido
puestos no pocos de los opinantes!
Entre otros, Jean Cassou, que dijo:
“Insisto en que el escritor no tiene por
qué mezclarse con su época. Y, sobre
todo, no debe pedir Jamás socorro al
Estado. Si el Estado se ocupa de arte,
es espantoso. Si, lo que no quiera Dios,
yo fuera algún dia dictador, empezaría
por prenderle fuego a la Escuela de
Bellas A r te s ..." Lo malo es que en la
actualidad Jean Cassou es conservador
del Museo de Arte Moderno, y hay que
imaginarse la cara de indignación que
pondría si ahora nos acercáramos a su
despacho y muy amablemente la rega­
lásemos una lata de petróleo y una
caja de fósforos...
EL SEÑOR WELLS PRECAVIDO
Hay un cuentecillo, muy conocido, del
sabio y el barquero que atraviesan un
lago en una lanchita y, mientras el bar­
quero rem a , el
s a b i o le p r e ­
gunta:
—B a rq u ero,
¿sabéis m e ta fí­
s ic a ? ... ¿Sabéis
matemáticas?...
¿ S a b é is esto o
lo otro?
E ba rq u ero
H. G. Wells
contestaba a to­
do que no, y el
sabio comentaba con una conmisera­
ción desdeñosa cada vez:

ticas de la infancia literaria, como el
sarampión o como la muela del juicio.
Pero los Jóvenes escritores se curan en
la madurez de esta dolencia y lo más
frecuente es que les entre en la conva­
lecencia de su academofobia juvenil una
academiofilia álgida irresistible. Recor­
demos, sin Ir más lejos, los desplantes
de nuestro implacable malhumorado don
Pió Baroja contra la Academia y Jos
académicos y su satisfecha entrada cre­
puscular... en la Academia.
Se podría escribir una preciosa antolo­
gía de academismos y antiacademismos.
A la cabeza podría colocarse la satisfe­
cha frase de Fontenelle el día de su
recepción en la Academia Francesa, la
que, como es sabido, tiene exactamente
cuarenta miembros: “Ya no hay en el
mundo sino treinta y nueve personas
con más talento que yo” , O estos versos
del mismo Fontenelle, que reflejan la
posición espiritual de los escritores an­
tes y después de la elección para llenar
una vacante:
Sommes-nous trente-neuf, on est a nos
' [genoux.
Et sommes-nous quarante, on se moque
[de nous!
Lo que quiere decir, traducido a la
diable: “Cuando somos treinta y nueve,
todos de rodillas implorándonos: cuan­
do somos cuarenta, todos burlándose de
nosotros. . .
No está mal determinado
el límite preciso de la supuesta inde­
pendencia de los escritores.
LA DECADENCIA DE LA INVENCION
Una caricatura de una revista presen­
ta el salonciHo de una gran empresa
filmad ora. Las paredes están llenas de
c a r t e le s a n u n c ia n d o obras literarias
adaptadas a películas. Alrededor de una
mesa, directores, empresarios, producto­
res, actores y actrices discuten qué obra
adaptar. Uno de ellos dice: “Todas las
obras están tomadas. Ya sólo quedan
libres el “Discurso del Método" y los
“ Pensamientos” de Pascal.
¿Es que ha llegado a ese extremo la
crisis de la invención en los ingenios
tan ardorosamente dedicados al cine y
tan generosamente retribuidos por el
cine q u e no se vea a n u e s tr o al­
rededor grandes amores auténticos, para
aue sea necesario falsificar fotogénica­
mente los amores de George Sand con
Ctaopin o Musset?
Ese medio extraordinario de expresión
artística que es la pantalla pasa, sin du­
da, por un período en que la red dq las

consideraciones comerciales y financie­
ras traba constantemente la libre inven­
tiva y la origi­
nalidad. Pero no
h ay que asu s­
tarse: de cuan­
do en cuando se
filtra entre esos
obstáculos el fe­
n óm en o mara­
v illo s o de una
c r e a c ió n origiGeorge Scnd
nal y afortuna­
da. Y entonces
detrás de ella se precipita una larga cola
de aprovechadas imitaciones.
MAS SOBRE LA ACADEMIA
Hace poco murió el escritor belga
Georges Virrés, cuya obra está casi se
puede decir desconocida entre nosotros
v que, además de buen escritor, era un
hombre de conducta enterisima y de
frases llenas de dignidad y gallardía,
pues en nuestros tiempos y en esa pobre
Europa tan martirizada por sus ilustres
dirigentes y gobernantes, el escritor ha
debido soportar pruebas como hombre,
de las que no siempre, por desgracia, ha
sabido salir con honor y decencia de
hombre. Tanto en la guerra de 1914 co­
mo en la última, Virrés conoció la de­
portación, los campos de concentración,
etcétera, y se portó admirablemente.
Siempre llevaba calado su monóculo,
hasta el punto de qúe sus carceleros ale­
manes le pusieron de apodo Monoclo. Un
día, un oficial, con perfecta gracia de
Franz de viñeta, le preguntó:
—¿Para qué se pone usted el monóculo?
—Para leer mejor en vuestra alma —
le contestó sencillamente Virrés.
Y este escritor de tan magnífica con­
ducta ante la vida entró a la Academia

real belga y cuando alguien le preguntó
si se sentía gratamente en la docta ins­
titución, contestó:
—Pertenecer a la Academia no es una
tara, siempre que no se convierta uno
en académ ico...
EL DESTINO DE LOS RETRATOS
¿No ha pensado alguien en lo triste
que resulta encontrar de pronto un re­
trato querido ec
algún sitio in­
noble? La belle­
za irresistible de
la actriz famoss
reproducida en
un periódico y
mancillada tor­
pem ente en el
paquete del mer­
Mollormé, por Picasso cado que envuel­
ve unas aromá­
ticas pescadíllas, se presta a las medita­
ciones más decepción suites y melancólicas
La respetable señora Gérard dHouville, presidenta de la Academia Mallarmé de París, ha pasado recientemente
por una prueba que sin duda le ha su­
gerido pensamientos aproximadamente
iguales a los que anteceden. Dicha seño­
ra viajaba por una provincia francesa;
entró de visita en una granja y se ma­
ravilló al encontrarse colgado en el lu­
gar de honor de la sala un hermoso re­
trato de Mallarmé. No hay que decir
que la excelente dama se sintió en su
elemento. Con la mejor y más com­
prensiva de sus sonrisas, felicitó al gran­
jero por su buen gusto, y el granjero le
contestó halagado, pero modesto:
—¡Ah, señora! ¡Es usted muy amable!
¡Encontré ese retrato en un baratillo de
Cambra i y lo compré porque se parece a
papá de un modo tan extraordinario!..•

L ' :J

£ ;

�ii-CABALGATA
En Lucha Incierta

nos Mvenms
ilel sello PEISEK

Por JOHN STEINBECK
(F ragmento del libro
DEL MISMO TITULO)

E

L sendero desembocaba en un an­
cho claro, alumbrado por las lla­
mas fluctuantes de una pequeña
hoguera. Al otro lado de ésta había tres
sucias tiendas blancas, y en una de ellas
ardía una luz, y (normes figuras negras
se movían sobre la lona. En el claro ha­
bía quizá unos cincuenta hombres, al­
gunos durmiendo en el suelo arrollados
en sus mantas, mientras otros se halla­
ban sentados alredidor de la hoguera
en el espacio Hano y despejado. Al salir
Jim y Mac de la maleza, oyeron una
exclamación breve, aguda, reprimida al
punto, qu: salía de la tienda alumbrada.
Inmediatamente las grandes sombras se
movieron nerviosamente en la lona.
—Alguien está enfermo —dijo Mac sn
voz baja—. Aun no oímos nada. Con­
viene no parecer entrometido.
Avanzaron hacia el fuego, a cuyo al­
rededor un círculo ds hombres abrazaba
sus rodillas.
—¿Se puede entrar en este club? —

\ ¡k ik i

Un aspieto de las cam ­

: a m ig &gt;

pañas napoleónicas v is ­
to a través de la actua­
ción de dos valientes:
un soldado y un perio­
dista, que luchan sólo
porque aman de verdad
a su patria. UNA H IS­

C

A

B

A

L

C

O

N

M

G

A

I G

O

T O R IA DE A M O R
DE HEROISM O.

Y

Por TH OM AS B. COSTAIN

Jñwtpa

John Steinbeck, por Stjornttrom.

EDICIONES

C A ST E L A R

L a nueva obra de Sin­
preguntó Mac—. ¿O hay que ponerlo a
votación?
Los rostros se alzaron hacia él, rostros
sin afeitar, con ojos en que brillaba la
luz del fuego. Uno de los hombres se
movió hacia un lado para dejar sitio.
—La tierra se da de balde, buen hom­
bre.
Mac soltó una breve risa.
—No en el lugar de donde vengo.
Un rostro delgado, iluminado, hablo
desde el otro lado de la hoguera.
—A buen sitio vienes, compañero. To­
do se da de balde aquí: comida, bebida,
automóviles, casas. Entra no más y sién­
tate a comer pavo.
Mac se agazapó e invitó a Jim a sen­
tarse a su lado. Sacó su bolsa de tabaco
e hizo con gran atención un excelente
cigarrillo; luego, como si se le ocurriese
de pronto:
—¿Alguno de esos capitalistas querría
fumar?
Se alargaron varias manos. La beIsa
pasó de una en otra.
—¿Recién venido? —pr:guntó el del
rostro delgado.
—Ahora mismo. Pienso coger unas
manzanitas y retirarme a vivir de renta.
El del rostro delgado estalló airada­
mente.
—¿Sab:s lo que pagan, compañero?
iQuince centavos, quince cochinos cen­
tavos!
—Pues ¿qué q u ie re s ? —p r e g u n tó
Mac—. ¡Por Dios, hombre! ¡No me ven­
gas a decir que tien:s la pretensión de
/'Continúa en la página 14)

clair L e w i s , P r e m i o
Nobel de L it e r a t u r a ,
satírico burlón de los
hom bres de su país, d e­
leita y em ociona con las
a v e n t u r a s d e R a lp b

EDITORIAL CASTELAR

Prescott, un serio abo­
gado n eoyorquin o.

LA T R A M P A
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“ N apoleón III es el úni­
co dirigente p olítico del
siglo X I X cu y o pensa­
m iento aún podría ser­
v ir com o guia en la
actualidad", afirm a A lbert G uérard, historia­
d or y crítico fran coam ericano, p rofesor de
literatura de la Stanford U niversity y caba­
llero de la L egión de
H onor, al con clu ir este
libro, en el cual ha tm pledo treinta años.
5 9—

H um phrey B o g a r t y
Laureen Bacall llev a ­
rán a la pantalla los
personajes de esta recia
novela. L arry, un in ves­
tigador de bacterias, y
Flease, la jo v e n de pan ­
talones ajustados, sien­
ten una entraña atrac­
ción que los aleja por
m i e d o de sí mismos.
Hasta que la m uerte les
trae la revelación del
subconsciente c a r i ñ o
que se regaron a re­
con ocer.

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L O N G S T R E E T

LOS RIVALES
S T E P H E N

�CABALGATA-12

L

GRECIA: La Acrópolis

Por CONRADO P SONDEREGUER

GRECIA:

O hum ano es inmanente de la
arquitectura, y no sólo, como
en toda obra humana por ser
ella su creación (dentro de le rela­
tivo de nuestra creación) sino por"
que, además de ser hecha por el
hom bre, es — lo que resulta mucho
más im portante— hecha para el
hom bre. A plicación, goce y utiliza­
ción que puede no interesar a otras
artes. Poesía, por ejem plo. Al poeta
no le interesa o puede no interesarle
com o creador, un tercer elementó
qu e use o goce su creación. Su obra
no es, forzosam ente, transitiva. La
arquitectura, en cam bio, debe serlo
siem pre, no es posible para ella ol­
vid ar al usuario, el uso no es, como
en todas las artes, una cosa exterior
un m ero goce sin posesión, sino qué
se la usa, se la gusta en la más ma­
terial d e las acepciones.
C ualquier ctra obra puede desen­
tenderse d el h om bre com o tercera
persona. Basta para su existencia el
h om bre co m o creador. La arquitec­
tura, m ientras no existe éste como
ocupante, co m o tercer elemento, no
tiene c no adquiere verdadero valor,
no está cerra d o el ciclo. Será, qui­
zás, apenas escultura. El hombre,
co m o tercera persona, debe estar
presente durante la concepción, y
después, m ientras exista lo creado
y para qu e exista.
P ero e l hacer por y para el hom­
bre no basta. Es fundamental que
la obra debe hacerse también con
el h om bre, teniendo en cuenta su
vida y su m ovim iento. Y aunque

El estadio

de Ddfos.

algo d e esto se refiere al con cep to arqu itectónico de escala humans.
supuesto que tode obra debe ser con ceb id a y ejecutada con esa escala,
no es suficiente q u e las cosas todas sean pensadas contando con el
h om bre co m o elem ento p asivo, sin m ovim ien to, casi diría sin vida.
C om o si esas cosas pudieran existir, tener razón d e ser con o sin él.
T en er en cuenta su vida r*c quiere d ecir sólo satisfacer necesidades
inm ediatas, lo p rim a rio d e l fu n cion alism o.
N o se trata ¡tampoco d el h om bre com o espectador, condición co­
m ú n a todas las artes o d e l aspecto c con cep to musical de su movi­
m iento cu a n d o a n te un con ju n to dem asiado grande (la Acrópolis,
p or e je m p lo ), se m ueve e x p e rim e r ta rd o em ociones sucesivas. Se tra­
ta de él m ism o. El m ov im ien to q u e interesa es el d e su vida, el suyo
co m o actor, de tal m od o que h om b re y obra form en un todo armó­
n ico susceptibe d e ser observado por otro hombre
co m o espectador.
Es p reciso h acer arquitectura usando al ser humanc no co m o punto d e referencia, si no considerándofk an cla : Un castillo
i0 co m o elem ento activo, bu scan do una coordinación
íb Sulty - s u r - L oira.
en tre sus m ovim ien tos y e l espacio creado. La que

�i 3 - CABALGATA

existía entre Luis X IV , su corte y Versalles, o entre un señor m edieval
y su castillo, o entre la multitud, ios jugadores y un estadio, y que no
existe entre una de nuestras casas “ estilo exposición de París 1937” y
sus habitantes.
La arquitectura debe ser humana. D ebe ser arquitectura Humana, que
es algo más que una arquitectura de taller, aunque se haga a escala hu­
mana. O quizás una escala humana de acuerdo con la dim ensión interior
del hombre, d e acuerdo no sólo co n el lar­
go de sus brazos, el ancho de su cuerpo
o la altura de sus ojos, sino, vuelta la m i­
rada hacia adentro, con la Escala Interior
del Hombre. Llám ese esto, si se quiere,
costumbres, creencias, filosofía, tradición,
etcétera.
La arquitectura debe unirse a la tie­
rra a través del hom bre, y para nosotros
a esta tierra.
Es preciso contar con el hom bre com o
elemento plástico, com o ocupante y ade­
más com o actor. (Cuya psicología se debe
tener en cuenta y aceptar). La obra debe
concebirse en razón de sus m ovim ientos
dentro de ella, de tal manera que se adap­
te a su vida, que viva en él, que se den
vida recíprocam ente.
Descartado y superado lo funcional, d e­
be lograrse, entre ocupante y arquitectu­
ra, ese ju egb que existe o debe existir
entre actor y escenario. Sólo que aquí el
juego es la vida, su argum ento el m odo
de es3 vida, su fon d o la concepción del
mundo en el mom ento histórico en que se
realiza. La arquitectura debe refleja r esa
concepción y la relación que existe entre
el hom bre y ella.
Se trata de encarar el papel del hom bre
no sólo com o usuario, com o determinante
de la función, sino también com o parte
de la com posición al m overse, al actuar.
Es preciso considerar su aspecto exterior,
su espíritu y su m ovim iento al crear. Es
preciso com poner con el hom bre.

BUENOS AIRES: El tttid io d* R ¡* « Píate. Arquitecto» Aslen y Escurra.

Bibiío eca Municipal de Vilpurí. Arquitecto Alvar Aolto. En a t e abra, cumplida» toda»
las exigencias de su función, se ha logrado, ademó» de belleza en su exterior, en escala
con el paisaje (plástica de masas), y una verdadera escala humana en su interior
(plástica de especio).

�(A B A R A T A -i*
ARNOLD SCHONBERG Y EL EXPRESIONISM O...
(Viene de la página 9)

retrógrada, inversa, bifurcada en varias
vocee, en canon, segmentada en acor­
h a c ia una n u e v a melodía elemental,
des. etcétera— la unidad y las relacio­
hada una polifonía absoluta de contor­
nes formales.
nos netos y característicos. El material
Con este último período de la crea­
sonraro tómase cada vez más fragmen­
ción schonbeigiana, que abarca desde
tario; la tonalidad, el prindpio de las
las Piezas para piano, op. 23, hasta su
secuencias, repeticiones, corresponden­
reciente Concierto para piano y orques­
cias y desenvolvimiento desaparecen; la
ta, op. 42, iniciase una nueva fase evo­
música tómase atonal y las cadencias
lutiva en la expresión musical. Ella tien­
son anuladas. En ese instante de deca­
de a una virtual codificación que con­
dencia extrema de la construcción y la
dense, desde el ángulo de los valores
forma musicales, la actuación de Schon­
permanentes, una multitud de proble­
berg toma contornos históricos al crear
mas enfocados hasta hoy desde criterios
una nueva concepción estructural lla­
netamente individuales. Las conclusiones
mada técnica de los doce sonidos. Con
y las prácticas a que se ha arribado re­
ella Schonberg establece un nuevo or­
basan ya, en parte, la concepción es­
den armónico y formal, dando estruc­
tricta del docetonalismo schonbergnlatura y organización al nuevo verbo mu­
no; pero ellas demuestran, de rechazo,
sical que es el A-tonallsmo. La antigua
la sorprendente vitalidad de esos prin­
escala es sustituida por una serie de do- - cipios establecidos, sustentados y des­
ce sonidos cromáticos independientes,
arrollados por el Maestro, desde el co­
creada por el autor para cada obra. Esta
mienzo de la era A-tonal hasta hoy, en
serie, empleada horizontal o verticalque es ya imprescindible la ampliación
mente como base de una composición,
y, a la vez, el abandono del criterio
doce tonal ortodoxo.
garantiza con sus variantes —en forma

EL PRIMER ESPAÑOL...
(Viene de la página 8)
a entender que constaba de un solo vo­
lumen.
En el 11b. I admite expresamente los
antípodos (cap. IV) y el movimiento
del Sol (cap. X H I ), sin mencionar el de
la Tierra, pues no encuentra solución a
este dilema: o el Sol tiene movimiento
propio o se mueve con el general de la
esfera, “lo cual —dice— es imposible,
porque entonces el Sol saldría y se pon­
dría por el mismo punto, resultando per­
fectamente iguales los días y las noches”.
La obra está, desde luego, incompleta,
bien porque no la acabó Hygino, bien
porque no se ha transcrito entera de los
mss. originales, pues todas las ediciones
impresas terminan con estas palabras:
“Quod ad quinqué stellas attinet, huc
usque satis arbitramur, nunc autem demonstrabimus quibus de causis menses
intercalentur.. . ” , y, como se ve, corres­
ponde al estado científico de la época,
teniendo, sobre todo, el interés histórico
de ser la primera obra escrita por un
español.
_____ j

2 M &amp; CGÓDO'. pOtfCfC X Vfifi-ZHO

(Viene de la pág, 9)
Y el in stru m en to
solista debe aportar
todas sus p osib ili­
dades para no desaparecer ante el coloso
que le sirve de compañía. Esta concep­
ción, por otra parte, es el lógico corolario
del enfoque lúcido que Toscanini tiene
del arte, un arte que es antivirtuoso y
antiexhibicionista y en el que no tienen
cabida las expresiones de interpretacio­
nes caprichosas.
Ania Dorímann, de la que carecemos
de noticias en Buenos Aires, tiene, desde
luego, el prestigio que le otorga la elec­
ción de Toscanini, pero, de acuerdo con
la audición de estos discos, ese prestigio
es el mayor. En ningún momento se
advierten las razones musicales que pue­
dan haber impulsado al genial director
a grabar este concierto con ella. El des­
equilibrio entre la interpretación de uno
y otro es tan evidente como desconcer­
tante. Por supuesto, Ania Dorímann tie­
ne muy buenos dedos, excelentes se po­
dría decir, y conoce a la perfección el
aspecto mecánico de la obra. Sin em­
bargo, se le escapan los relieves. Su eje­
cución es irla, brillante sin convicción,
carente de estilo y de personalidad. El
fraseo no tiene profundidad ni intención,
y aparenta confundir ritmo con rigidez.
Ella tenia predecesores ilustres en la

ÜN E D I T O R
QU E NO
R E C T IF IC A SUS DECISIONES
(D ibujo de B a te m a n .
del "London Opinión” )

grabación de esta obra: Schnabel (Víc­
tor) y Gieseking (Columbia), ambos im­
pecables y que ofrecen dos profundas y
maduradas concep­
ciones de este con­
cierto. Su v e r sió n
no a g re g a nada,
pues, a la calidad
de la d is c o g r a íia
b e e th o v e n ia n a .
Queda T o sca n in i,
que por cierto no es
poco decir, pero es­
te es un concierto
para p ia n o y or­
questa y, a pesar de
su d e se m p e ñ o , la
obra no está logra­
da por r e s is tir s e
uno de los términos de la ecuación.
Desde el punto de vista fonográfico, la
reproducción es buena, aunque por mo­

mentos el exceso de sonoridad ahogue si
timbre de algunos instrumentos. He es­
cuchado la grabación de origen y es sen­
siblemente superior.
E ile e n Joyce ha
grabado para Colum bia (C. 17T708,
dos fa c e s de 30
cm .), que la ha re­
editado en edición
nacional, la Toccata de Debussy y el
vals op. 34, N? 1 de
M oszk ow sk i. Las
versiones son bue­
nas, pero no se al­
canza a compren­
der qué misteriosa
c ir c u n s ta n cia ha
enlazado estas dos obras en un disco,
porque el vals de MoszkowsJrí es de una
vulgaridad y ram plonería manifiestas.

CONVERSANDO CON GU IL L ER M O DE TORRE
( v ie n e ae ia pagin a S)
ingenua; en materia de
novela, la reviviscencia de
cierto realismo, aunque
adobado con nuevas espe­
cias e intenciones trascen­
dentes. Y respecto al existenclallsmo. . . Hasta los
más legos no ignoran
que tiene sus ralees en
Kierkegaard —dentro de
pocos años se cumplirá ¿1
centenario de su muerte—
y su desarrollo en Jaspers
y en Heidegger, cuyo ser
y tiempo •¡s de 1917. En Francia men­
cionan, además, los antecesores inme­
diatos de Sartre: Jean Wahl y Gabriel
Marcel. Pero lo que hasta ahora no se
ha dicho es que a un lector de nuestro
idioma las teorías del exis* enclalismo
no le suenan a nada fundamentalmen­
te nuevo: yo encuentro en ellas más
d un eco —directo o indirecto— de
Unamuno; su “hombre de carne y hue­
so” ¿no anticipa ya el predominio de
la existencia sobre la esencia? Del mis­
mo modo pueden advertirse conecciones con teorías de Ortega y Gasset.
El hombre “preso en el mundo”, el
hombre “que no es más que lo que él
se hace" —según escribe Sartre— , re­
cuerda muy cercanamente al ortegula no “hombre y su circunstancia” y ai
sentido de la vida como proyecto y
quehacer...
—Luego ¿cree usted que las aporta­
ciones del exisfenciallsmo son de :scaso valor?
—Me guardaría muoho de anticipar
tal conclusión Tendía únicamente a
señalar que esa escuela no puede con­

siderarse como una nove­
dad de postguerra o m gendrada por la guerra.
Aunque muy curiosamente
haya sido durante la ocu­
pación nazi cuando se
desarrollaron en Francia
los gérmenes de la filoso­
fía del absurdo, de la an­
gustia y del desamparo,
tan llena de reflejos ger­
mánicos. Hay que anotar­
lo: el enemigo muere, pqro antes deja clavado el aguijón con
su veneno. Que me perdonen los pro­
fesionales de la filosofía si me excedo
al señalar esa relación del existencialismo con «1 nazismo. ¿No es signi­
ficativo que, tendiendo a levantarse
este sambenito flotante en el aire, ya
en uno de los primeros números de
Temps Stodem.es, Sartre y los suyos
hayan trabado de rehabilitar a Hei­
degger insinuando que este filósofo fué
sólo nazi bajo las circunstancias? Piro
esto, al cabo, resulta secundarlo. Pues
la importancia de Sartre y sus afines,
no radica en su filosofía, sino en la
incorporación de ciertos conceptos fi­
losóficos a la novela y al teatro. Indi­
ca finalmente —y el fenómeno se ad­
vierte no sólo en Francia, sino en to­
da la más reciente literatura europea—
que en el movimiento d ; rotación de
los géneros la poesía retrocede y la no­
vela, con el ensayismo, pasa a primer
plano. Muchos temas se insinúan, p:ro
la entrevista toca a su fin. Lamentán­
dolo, nos separamos de Guillermo de
Torre, hasta una próxima entrevista.

(Viene de la página 1 1 )
. „ ,
----- “ J“ . n-unuas man­
zanas I —Endurecióse su ton o-, Sunor
gamos que no se cogen.
El del rostro dlgado exclamó—No tenemos más remedio que coger
las. Para llegar aqui gastamos el úitLñ
centavo.
Mac repitió en voz baja:
— ¡Tan lindas manzanas! Si no las co­
gemos, se pudrirán.
—Si no las cogemos nosotros, otro las
cogerá.
—Y, ¿si no le dejamos? —dijo Mac
Creció la tensión entre los hombres
que rodeaban la hoguera.
—¿Quieres d ecir... huelga? —pregun­
tó el del rostro delgado.
Mac se echó a reír.
—No quiero decir nada.
Un hombre bajo, que apoyaba su bar­
billa entre sus rodillas, dijo:
—Cuando London supo lo que paga­
ban, poco faltó para que le diese un
ataque. —Se volvió hacia el que estaba
a su lado—. Tú le viste, Joe. ¿No estuvo
a punto de que le diese?
—Se puso verde —dijo Joe—, Allí es­
taba, y se puso verde. Cogió un palo y
lo hizo añicos entre sus manos.
La bolsa de tabaco volvió a su punto
de partida, pero poco quedaba en ella
Mac la palpó y se la metió en el bolsillo
— ¿Quién es London? —pr:guntó.
Contestó el del rostro delgado.
—London es un buen tipo..., un gran
tipo. Viajamos con él. Es un gran tipo.
—El Jefe, ¿no?
—No, nada de Jefe; pero es un buen
tipo. Viajamos con él. Tendrías que oírte
hablar a un poli. É l...
Volvió a sonar el grito, más largo esta
vez. Les hambres volvieron el rostro ha­
d a la tienda; luego, volvieron a mirar
apáticamente el fuego.
—¿Alguien enfermo? —preguntó Mac

EN LUCHA INCIERTA
—La nuera de London. Está de parto.
Mac dijo:
—Mal sitio éste para parir. ¿Tienen
médico?
— ¡Qué diablos! ¿De dónde quieres que
lo saquen?
— ¿Por qué no la llevan al hospital
del condado?
ET delgado rostro expresó burla.
—No quieren obreros ambulantes en
el hospital del condado. ¿No lo sabias?
No hay cama. Todas ocupadas siempre.
—Ya lo sé —dijo Mac—. Quería saber
si le sabias.
Jim se estremeció, y tomando un ñon­
qui to de mimbre introdujo entre las as­
cuas su extremo, que se abrasó en lla­
mas. La ma.no de Mac surgió de la os­
curidad y oprimió su brazo.
Mac preguntó:
— ¿Tlen;n ahi a alguien que sepa algo
de esto?
—Hay una vieja —dijo el del rostro
delgado. Bajo el Interrogatorio, asomó
la suspicacia en sus ojos—. Oye, ¿qué
te importa a ti?
—Tengo cierta práctica —explicó Mac
con indiferencia—. Entiendo algo de es­
to. Pensé que quizá pudiera ayudarles.
—Diselo a London. —El del rostro del­
gado rehuyó la responsabilidad—. No es
asunto nuestro el responder a preguntas
sobre él.
Mac fingió no haber advertido ningu­
na sospecha.
—Esto voy a hacer. —Se puso en pie—.
Ven, Jim. ¿Está London en esa tienda
iluminada?
—Sí. Esa es la suya.
Un círculo de rostros iluminados miró
como Mac y Jim se alejaban, y luego
las cabezas volviéronse de nuevo hacia
el fuego. Los dos hombres cruzaron cui­
dadosamente el claro, evifando los far­
dos de ropa que eran hombres que dor­
mían.
Mac murmuró:
— ¡Qué oportunidad! Si salgo bien de
esto, estamos en marcha.
—¿Qué quieres decir? Mac, no sabía
que tuvieses práctica médica.
('Continúa en la página 26)

�15 —

Autorretrato. _ 1 888.

CABALGATA

Aldeano. - 1888.

EXPOSICION

de

EN

VAN GOGH
PARIS

En París, en el Museo de l’Orangerie, se inauguró recien­
temente una importante exposición de obras de Van Gogji.
En el semanario “ Arts” , el conocido crítico Raymond Cogniat,
evocando el drama de la arrebatada existencia del gran artis­
ta holandés, escribe:
“La importancia de Van Gogh en los tiempos presentes está

ampliamente justificada. Su vida tiene el valor de un símbolo.
”Van Gogh es una de las más puras expresiones del hom­
bre; pero su vida demuestra que nuestra sociedad, cuya base
debe ser el individuo, es incapaz de ayudar y hasta de prote­
ger a éste, y se ve tanto más desarmada cuanto más excepcio­
nal es la personalidad del individuo; llega, en esos casos, a

Lo Artesiana. - 1888.

El Director del A*ilo de Soint-Rémy. - 1889.

crear r e b e ld e s involuntarios
por el sólo hecho de que éstos
se empeñan en vivir conforme
a su propia naturaleza.
"Extraña lección y mal ejem­
plo: Van Gogh toma aspecto
de personaje insociable cuando
no h a bía en él m ás que be­
lleza y generosidad. Parece un
inadaptado en su tiempo por­
que no se le puede clasificar
en una categoría prevista. Ese
mundo que preconiza las cua­
lidades individuales, que se en­
vanece con las palabras liber­
tad y\ fraternidad, es impotente
para ayudarle, no por mala vo­
luntad ni por desprecio, sino
porque el caso individual es el
más difícil de prever en los re­
glamentos administrativos.”
t

�(ABALGATA -1 6

/

�-m y O acepto la muerte, no la comprende, pero me
_ |Xj obsesiona... Por eso la pinto.
-1- ' “ El drama” —diez años de existencia pictó­
rica— fulge sobre lo perecible. ¿No es ésta, acaso, la
historia de un a ma que vive per la pintura y convoca
figuras abruptas gentes desmesuradas en la tragedia,
aiooi;s desollados, p edras y también el mar, la pampa
o el cielo que integran la vida del universo en su fiso­
nomía trágica, y no obstante fija en la linea de un des­
tino tremendo?
—Los temas de mis cuadros no los pienso, los siento.
M:- atengo a formas y colores y los ordeno según las
necesidades expresivas. Entiendo crear así una realidad
plástica independiente de la realidad de la naturaleza
en su estructure cien y leyes propias.
Mas la realidad y la naturaleza intervienen y la acu­
cian. “ S o le d a d ” , de 1928, es presencia de mujer de

suburbio, clamante y dolorida, o aquella escena que
evcca la pintura en un cuadro destruido en el que se
' reia, en el claro de un bosque de piernas humanas,
desfilando indiferentemente, hacia el fondo, una men­
diga Vienen luego los años de Europa, los tiempos de
las influencias y del mirar y ver por tierras de Francia,
de España, de Italia, y la lección de las vanguardias
asimilada (figuras mitológicas y marinas, de encendidos
teños, de intensa expresión formal). Y la estación de la
tragedia desatada sobre el mundo se acerca, y el cose­
char de terribles espantos y profundas tempestades que
sublevan a las conciencias, y la pintura trocada en fuer­
za conceptual, en expresión-testimonio.
Cruzan momentos en que la libre imaginación des­
pierta en contacto con los objetos y las criaturas; otros,
en que procede de una razón de raza —ancestral, cós­
mica—, no mero folklore. Raquel Fom er tiene raíces en

1

«

�CABALGATA -

ib

�19—(ABALCATA
España —la España trágica del
Greco, de Valdés Leal, de Goya,
de Gu tiérrez-Solana—, y son esas
raíces que la llevan a ser lo que
ella actualmente es. Viene la gue­
rra, y la pintora se pone a pintar­
le el rostro a la muerte.
__¿Cómo concebir esta negación
de vida? Una rebeldía interior la
hacen en mí incomprensible.
Troncos y ramas vueltas, for­
mas vivas, serpientes y mons­
truos, blancas estatuas y alima­
ñas que cercan mutiladas figuras
y quiebran el paisaje, y claman.
Los troncos secos arrancan desde
la tierra rocosa, estéril. ¿Y aque­
lla niña con el pájaro muerto? ¿Y
la misma muerte descolgada en­
tre ruinas? Paredes derruidas,
manos fantasmales que se alzan,
o una flor roja en estado eruptivo
emergiendo violentamente entre
dedos incorruptos. “ Exodo”, “Ni
ver ni oír” , “Retablo de dolor"
(moderna Verónica), “ El manto
rojo” , “ Desolación”, “ El puente
roto”, “La lucha”, “Amanecer” ;
amargura volcada en óleos de fi­
dedigno pavor. Mas también la
mujer de las mieses y las espigas,
brotando de miembros humanos
sobre campos fértiles al trabajo
del hombre. Hay en Raquel Forner fragmentos de belleza plás­
tica potente, aspectos de paisajes
(formas, planos, color), figuras y
mantos, y nubes ccn sus veteados
inconfundibles, alargadas, hacia
espacios abiertos dentro de la
complejidad de la composición y,
en contraposición, con' los salien­
tes y descriptivos primeros pelda­
ños del cuadro. La mujer, arro­
dillada, del “Exodo” cabe en un
expresionismo denso de calidades
pictóricas: el dibujo, por debajo,
urge a una materia fluyente y la
luz fila el contraste de los cla­
roscuros.
i
—De la irrealidad monstruosa
que es para mí la guerra estoy
tratando de crear una realidad
plástica. Es mi protesta.
Junto a esa irrealidad, la natu­
raleza vuelve a transfigurarse en
los cuadros recientes de la pin­
tora; los de la costa atlántica de
Miramar. Antes, troncos típicos y
ramas de los bosques y lagos del
sur patagónico; ahora, otra natu­
raleza, que confluye en el caudal
artístico de “El juicio” . Los moti­
vos se enlazan en una serie de te­
mas, conectándose en el amplio
friso de los óleos. Aquí los estu­
dios aducen persistencia en una
pintura que se libera un tanto de
la forma representativa —su pe­
ligro— y se afina creativamente
(“El hambre” ). La emoción pic­
tórica rebosa en lo que ella tiene
de camino hallado, en una sínte­
sis de forma-color, y se eleva por
encima de su clima dominante.
En esta evolución “ El juicio” se
liga a “Excdo”, y ambas telas
acogen el planteo clásico de Ra­
quel Forner, que no olvida la es­
tructuración cubista ni la narra­
ción episódica de los primitivos
plasmadores de im ágen es plás­
ticas.

RAQUEL FORNER. - El Pumt* Roto. - (Oleo) 1946.

—Para el artista, crear es reali­
zarse. Y no debe limitarse su ex­
presión con teorías preconcebidas:
tener la valentía de ser sincero
consigo mismo. La sed de infinito
que todo artista lleva en sí lo
guía subconcientemnte.
¿Su forma? Ajustados volúme­
nes y planos de color que se tra­
ducen en ritmos. El barroquismo
entra en la compcsición y ostenta
la multiplicidad de sus elemen­
tos, mas un soplo de hirviente
vitalidad — ¿ r o m a n t i c i s m o ? —
irrumpe con su estallante rigor.
¿Su color? Gamas ricas en vi­

braciones emocionales c, dentro
de lo conceptual de la representa­
ción, aplicadas en aguda elabo­
ración, insistentes.
¿Composición? Los planos se
agolpan y líneas secretas (eje
central y diagonales) sustentan
el clima irreal en sus formas y
figuraciones.
¿Peligros? Que lo ilustrativo
predomine sobre lo plástico, y el
color pierda sus vibraciones sen­
sibles, y la composición quiebre
los espacios necesarics.
Alerta, vigila y denuncia la pin­
tora su visión real e imaginaria:

—Contra la muerte, contra la
opresión y la tiranía, contra el
dominio de la fuerza, que signi­
fican la muerte del espíritu. Con­
tra la desesperanza lucha el artis­
ta al crear su obha consciente
o inconscientemente, p o r q u e el
arte es belleza y es eternidad.
Raquel Forner permanece leal
a su canto. Y el grande ojo surreal suelto en una de sus telas
donde la alegoría de la muerte,
de frente huesosa y de l aure l
adornada, asume imperiosa exis­
tencia, centra el drama —y, del
mundo, los dramas.

�(ABALOATA - 2 0
NTONIO CUNILL Cábanellas es
un hombre harto prestigioso pa­
ra necesitar presentación. A tra­
vés de la inolvidable temporada del
Odeón en que montó comedias como
“Mirandolina” y "Carina" y de sus cin­
co años en la dirección del Teatro Na­
cional de Comedlas, ha acreditado ya
sobradamente sus cualidades de metteur
de categoría universal, de excepcional
cultura, finísima sensibilidad y sentido
plástico, con una comprensión cabal del
ritmo y del ensamble general de todos
los elementos capaces de hacer armonio­
sa y perfecta una mise-en-scéne. Pero
con ser tan importantes estas virtudes
de Cunill, lo es más aún su capacidad
de asimilarse a fondo el espíritu d: una
obra y de interpretarlo con la máxima
fuerza de convicción, sean cuales fue­
ren la tesitura y el acsnto de aquélla.
Esta capacidad de captación, que sólo
puede poseer una inteligencia muy cul­
tivada, le ha permitido montar come­
dias tan dispares como “En familia”
de Sánchez y “Cyrano de Bergerac" de
Rostand, “Locos de verano” de Laferrere y “Carina” de Crommelynck, con la
misma compenetración y el mismo bri­
llo. Además —y esta no es la menor
da sus dotes— Cunill es un notable
maestro de actores, de quienes logra el
máximo aprovechamiento en punto a
voz, plástica y expresividad en general.
La autoridad de su palabra en materia
teatral es evidente.

A

Hablan los Directores

LO CLASICO Y LO NUEVO

—¿Qué tipos o tendencias del Vatro
le interesan más?
—Me gustan Shakespeare, Calderón
Esquilo. Y además, el último autor J e
ha aparecido: en estos momentos, por
ejemplo, me interesa Jean-Paul Sartre
Por la simple razón de que el último au
tor aparecido, cuando vale algo es una
nueva esperanza, la posibilidad de una
renovación, del surgimiento de algo irédito en el terreno del arte.
—¿Hay algo que lo apasione particu­
larmente :n estos momentos?
—Ser maestro de actores. Desde mi
puesto de vicedirector del Conservatorio
Nacional d: Música y Declamación, y
director de la sección de Arte Escéni­
co, me dedico en estos momentos, con
verdadero entusiasmo, a esa labor díormar intérpretes, que espero serán los
grandes actores de mañana en :ste tan
querido teatro nuestro, al que todos
aportamos nuestras energías en la me­
dida de lo posible.

EL TRONCO Y LA RAMA
—¿Qué opina, Cunill, frente al inci­
dente Stanislawsky-Meyírhold? ¿Cuál es
su posición como director frente la di­
ferencia de principios que.motivó la se­
paración de ambos?
—En realidad no hubo tal incidente.
Creo que la separación de ambos íué
causada más que nada por el deseo de
Meyerhold de independizarse y montar
obras por su cuenta y a su gusto. A
Stanislawsky lo movía sobre todo el desso de formar actores extraordinarios,
a semejanza de Salvini, a quien admi­
raba. Quería tener una compañía de
Salvinis. Era un naturalista y en cier­
to modo un representante de la tradi­
ción teatral. Meyerhold, por el contra­
rio, representaba el punto de confluen­
cia de diversas tendencias y corrientes
estéticas de la época, del simbolismo, di
las concepciones escenográficas de Bakst
y -d e las coreográficas de Diaghilev y
tantas otras. Era, pues, una resultante.
Y, al mismo tiempo, una rama. Una ra­
ma del poderoso tronco que era S tan is­
la wsky. Una rama solicitada por los
fuertes vientos de la época. Y, simple­
mente, se desgajó.
— ¿De modo que no hubo en el fondo
una cuestión de disparidad de prin­
cipios?
—Entiendo que no. Es cierto que, por
lo general, se considera que Meyerhold
se separó de Stanislawsky porque no
concordaban las posiciones de ambos,
el respeto de Stanislawsky por el actor
y la obra, con la voluntad de Meyerhold
de imponer su personalidad de director
transformando la obra a su paladar.
Pero considero que esta cuestión de
principie* surgió a posterior!, a raíz de
la separación, que obligó en cierto mo­
do a Meyerhold a crear una teoría pro­
pia. Concorde, naturalmente, con su
temperamento renovador.
IMPORTANCIA DEL ACTOR
—¿Y usted, como director?.. .
—Estoy con Stanislawsky. Stanislaws­
ky, al mismo tiempo que punto de par­
tida fundamental y maestro de direc­
tores, representa a mi entender la po­
sición más sana y lógica que puede adop­
tar un hombre de teatro: respeto por el
autor, voluntad de perfeccionar al má­
ximo ,los recursos expresivos del co­
mediante, ánimo de montar la obra con
todos los recursos qué brinda la ilusión
escénica sin necesidad de apelar a exa­
geraciones. Además, para Stanislawsky
el actor es la esencia misma del esce­
nario. Como para Gordon Cralg.

ur la personalidad del IntéroretT »
que lo hace, es un mal director p L ®
el actor nunca rendirá el máximo T *
da de si lo que lleva dentro A l °
bien: lo que si puede suceder
0T
director quiera imprimir determiJA
tonalidad a tal o cual pieza, p ^ J *
derar que así subraya su sentido v T
tonces todos los actores quedan de
cho afectados por esa tonalidad
aquí el director no se ha propuesto J
poner su personalidad a nadie, y sí u
sólo acentuar ciertos valores o
de la obra.

^ em sa s

HURGANDO EN
LOS CAMARINES
DE LA HISTORIA

OPINA

que

el

A C T O R

es la REALIDAD ESENCIAL del TEATRO

—Un gran renovador a veces mal in­
terpretado. ..
—Efectivamente. Se habla de la “su­
pe rmarioneta profetizada por Craig, co­
mo si se tratara de un autómata. Nada
de eso. Al predecir que el futuro intér­
prete del drama será la supermarioneta, Cralg no se refirió a un autómata,
sino al superactor, al actor extraordina­
rio del mañana. Asi como Eleonora Duse había dicho paradojalmente reaccio­
nando contra el ambiente mediocre en
que se movía y donde no hallaba com­
pañeros de trabajo de su talla, “El tea­
tro nacerá con la muerte del último ac­
tor", asi Gordon Craig, colocándose en
la antípoda, declaró aproximadamente:
“El teatro nacerá con la aparición de
la primera supermarioneta”, refiriéndose
al primer superactor.
—Creo que la base del teatro es la
formación continua de grandes intér­

pretes, capaces de destacar los valo­
res eternos del drama, el sentido de
las grandes obras.
¿EL DIRECTOR, ENEMIGO
DEL ACTOR?
—¿No cree usted que el director-actor,
esto es, el que le marca el papel al
actor interpretándolo él mismo, pue­
de deformar a veces la personalidad del
actor al imponerle la suya?
—Jamás. Desde luego, el director-ac­
tor, si queremos llamarlo así, es el úni­
co director auténtico posible. El intelec­
tual o esteta puro está demás en el es­
cenario, por r:spetable que pueda ser su
opinión desde la platea. El director mar­
ca los papeles señalándole al actor el
modo de usar la voz, de mover el cuer­
po, ds accionar los músculos del rostro,

FALLO
DE F I N I T I V O
La silbatina más rotunda que
se conoce fué probablemente la
que acogió el estreno de una co­
media de un autor cuyo nombre
no se conserva, a mediados del
siglo XVIII en un escenario de
París. El autor tuvo el disgusto
de ver entre los que silbaban en­
tre el público... ¡a su propio
padre! Después de esto retiró la
comedia del cartel y se retiró él
del teatro... y cabe suponer que
todos salieron ganando.
AMOE POR EL REALISMO
Bellecourt, un actor francés de
la primera mitad del siglo XVHI
que intentaron en vano oponer
al gran Lekain, ya que nunca
pasó de un segundo plano, sintió
gran entusiasmo por el teatro
desde su juventud, resistiéndose
a estudiar pintura como lo pre­
tendía su padre, conocido retra­
tista. Cuando abandonó la paleta
para presentarse con una com­
pañía de Besan?on, sólo tenia
una levita negra y unes calzones
de terciopelo que le había rega­
lado la actriz Mil:. Clalron. No
teniendo otra ropa, trabajó con
ésta en el drama “Zaire”, y en
plena representación se arrodilló
con tanto apasionamiento y rea­
lismo ante otro personaje, que
les calzones no resistieron a es­
ta prueba de respeto y se abrie­
ron hasta la cintura.
En esta oportunidad, Belle­
court no le mostró solamente
su talento al público.

�21-

JEAN ANOUILH,
el Heredero de Sarment
estas horas Jean Anouilh debe haber
estrenado ya, en París, su nueva comedia “ R om éo et Jeannette” , que los
que la conocen consideran un sólido testi­
monio de madurez intelectual.
La labor de este autor francés es real­
mente sorprendente. En plena juventud, en
los pocos años de su parábola teatral, ha
estrenado ya numerosas comedias, y todas
de iprimer orden, todas de tal éxito, qus se
pe sean gallardamente por las carteleras del
mundo, tedas de un lirismo suave y tran­
sido de preocupación por la suerte del alma
humana, por la necesidad de elevar el es­
píritu por sobre la materialidad de lo coti­
diano.
“ Mandarine” , “ El viajero sin equipaje” ,
“ La salvaje” , “ Había un prisionero” , “ El
baile de los ladrones” , “ La cita de Senlis” ,
“ Eurídice” , “ Antígona” , jalonan una tra­
yectoria ascendente, pero exhiben todas la
misma tónica. Lo que más le interesa a
Anouilh es la creación de atmósferas poéti­
cas, es encontrar belleza en las cosas más
menudas y en la intimidad de las relacio­
nes aparentemente más absurdas e ideoló­
gicas. En este sentido su sensibilidad y don
de adivinación son exquisitos, de verdadero
poeta.
Anouilh puede considerarse el heredero
de Sarment, del m ejor Sarment, el de “ El
pescador de sombras” y “ Las bodas de
Hamlet” . Pero lo supera en densidad, en
finura, sino en elegancia. Sarment había
creado una tradición en el teatro francés
moderno, dejado un legado, y ese legado no
había «podido recogerlo Marcel Achard a
pesar de la deliciosa levedad de “ D om inó”
y “ Jean de la Lune” , porque ello le estaba
reservado p or razones temperamentales a
Anouilh, vigoroso y sutil a un tiempo, más
variado y profundo en la elección de temas,
más significativo en el conjunto de su labor.
Nosotros conocim os dos de sus m ejores
piezas: ‘íLeCcadia” y “La salvaje” . La pri­
mera, sobre todo, en una brillante puesta
en escena de Luis Mottura y co n un fino
trabajo de Mecha Ortiz, fu é una revelación
para los que no conocían aún- a Anouilh.
A pesar de la evidente influencia de “ El
pescador de som bras” , de Sarment, había
allí una personalidad de dramaturgo y una
sensibilidad d e peeta capaces de recrear la
áspera y desolada realidad, de obtener ma­
teria lírica de cualquier cosa, de extraer
esccrzos funambulescos d e la aparente con ­
gruencia cotidiana. P róxim o, por m om en­
tos, a Giraudoux en su construcción de un
mundo «propio y en la concisión quintaesen­
ciada de la frase, Anouilh era, sin embargo,
personal y distinto d e todos sus com pañe­
ros de generación.
Y es esta diferenciación, quizás, la que les
permite complementarse a los m iem bros de
la brillante pléyade de dramaturgos fran-

PBOSfE\I0

por L E O N
MIRLAS

.
\

Sir Cedric Hardwickc y Katharine Cornel! en lo
versión norteamericano de ''A n tig on i'' de Anouilh.

“El gusano es el único rey en mate­
ria de comida: nosotros cebamos a
todos los demás animales para engor­
damos con su carne y nos :ngordamos .
para cebar a los gusanos. El obeso rey
y el escuálido mendigo son sencilla­
mente servicios distintos, dos platos de
una misma mesa: en esto es en lo que
se viene a parar".
&lt;Shakespeare (Hamlet)
* * *
“ ¡Nada! ¡Sentir nuestra vida apaga­
da como la llama de un fósforo bara­
to !... ¡Quedamos dormidos y saber
que nunca, nunca, volverán a llamar­
nos para desempeñar el oficio de vivir” .
O'NeiU (ES gran Dios Brown)

ceses que se alternan- ahora en las cartele­
ras de París: Salacrou, Aricuilh, A chard,
Cocteau, Sartre, Puget, Peyret-Chspuis. Es
la nueva generación que ha proseguido la
obr3 de Lenorm and, Gantillcn, Jean-Jacques Bernard, Sarment, Pellarin, V ildrac,
Natanson. Ceda uno de los nuevos tiene
su acertó personal. A nouilh su densidad
poética; Salacrou su vez descam ada y casi
brutal; Achard sus deliciosas piruetas a la
Musset; C octel u su am or p or las pasiones
desenfrenadas, al g a lop e; Sartre su m or­
bosidad casi granguiñolesca; Puget su se­
ducción ju ven il llena de sol; Peyret-Chapuis
su amargo cinism o. En conjunto, form an un
panorama lleno d e matices qu e preserva la
vitalidad del teatro francés con el estím ulo
de animadores com o Dullin, Baty, JeanLouis Barrault.
Cabe esperar ahora, de Jean Anouilh,
una obra definitiva, ya qu e ha madurado
plenamente «para ello. Tiene toda la pres­
ciencia del poeta y todas las virtudes del
hom bre d e teatro armoniosamente fu n d i­
das. L o más p robable es que, para el crí­
tico de mañana, sea el portaestandarte de
su generación.

LA M A R C H A
DEL T E A T R O

I

A esta altura debe haberse estrenado
ya en París el tan esperado drama de
Armand Salacrou “Nuits de la colére”,
anunciado en el Narigny bajo la direc­
ción de Jean-Louis Barrault.
*

Vivicn Leigh, en la protagonista de la obra da Thornton
Wildar “ La piel da nuestras dientas” , repuesta en Londres.

PA L A B R A S
INOLVIDABLES

(ABALOATA

Escenario de Olivar Smitli para la nueva
versión de ''La ópera de las mendigos''.

*

•

Obtiene gran éxito el “Rey Lear” del
notable actor inglés Laurence Olivier,
al frente del elenco del OMVic Theatre,
de visita en París.
• • «
Se estrenó en Broadway “Juana de
Lorena”, la nueva versión del mito de
Juana de Arco, del reputado dramatur­
go Maxwell Anderson,, obteniendo un
brillante triunfo en el rol protagónico
la actriz Ingrid Bergman.
* • •
Se anuncia una nueva versión mu­
sical, este vez con escenografía de Jo
Mielziner, versos de Langston Hugh:s
y partitura de Kurt Weill, del drama de
Elmer Rice “Street Seenes” , estrenado
hace años en Buenos Aires con el nom­
bre de “La calle” .
• * *
S ; ha repuesto en París una obra de
los tiempos heroicos del teatro moder­
no: el “LTbu Rol”, del poeta surrealis­
ta Alfred Jarry. Las grandes dificulta­
des de montaje d: sus veintidós cua­
dros no parecen haber sido superadas
victoriosamente y la lentitud de la re­
presentación y chatura d= la música
de acompañamiento conspiraron contra
el éxito.
* • •
En su nuevo drama “Otra parte del
bosque”, la laureada escritora Lillian
Helbnan, muestra a los personaj.s de
su pieza “Los zorrítos” veinte años antes.
• • •
Se ha montado en Broadway una
nueva versión de la famosa “Opera de
los mendigos” de John Gay, reelabora­
da por Berthold Brecht-Kurt Weill con
el nombre de “Opera de los tres cen­
tavos” . Esta vez, Duke Ellington ha
aportado la música y John Latouche el
libreto y los versos.
• * •
Ha obtenido éxito en Londres la ver­
sión inglesa ds “El águila bicéfala” de
Jean Cocteau, siendo muy elogiada la
interpretación de la joven actriz Eileen
Herlle, anunciándose la misma obra en
Broadway con Tallulah Bankhead.
•

•

*

Ha sido repuesta con muy buena aco­
gida del público londinense la original
pieza de Thornton Wilder “La piel d:
nuestros dientes”, montada por Lauren­
ce Olivier.

�(ABARATA - 2 2

CRITIO LITERARIA
Por GONZ A L E Z C A R B A L H O
escocidas , por Jorge Carrera Andrade. Ediciones
Suma. Caracas ( Venezuela).

P oesías

sus trabajos particular filiación, en que
la inquietud y el ímpetu participan ac­
tivamente. En el planteo analítico de
And rson Imbert, que entiende ser se­
reno de razonamiento por apego a la
verdad, irrumpe de pronto ese brío hu­
mano de que hablábamos, tomándolo
verazmente errón: o —como en su opi­
nión sobre Oscar Wllde— y es allí cuan­
do apunta paradójicamente y con ma­
yor fuerza, la promesa de una persona­
lidad crítica, imponiéndose, para com­
batir la cómoda aceptación d :l lugar
común. Queremos aclarar, en este pun­
to, por si las líneas anteriores parecie-

En es*a selección de la obra poética de Carrera Andrade,
se respira una ciencia: vivir. Clara avidez de paisajís, de
descubrimientos, caracteriza su peesia límpida, viviente, como puede llegar a serlo
el latido y la sangre. Pero en su grávida
sencillez alienta siempre lo maravilloso.
El poeta ecuatoriano ha sabido trasva­
sar su asombro ante el mundo y las co­
sas. a una poesía que tiene también su
virtud de asombrar metafóricam:nte.
Las presentes fotografías nos dan una idea de la reciente exposición,
Per ella su verso adquiere perfil persorealizada en Lisboa, de libros escritos por mujeres, sn diversos países. En- 1
nalísimo, estableciendo, inesperadamen­
tre los retratos que decoraban la exposición, vemos los de Gabriela Mistral,
te, v rtiginosa medida de altura dentro
Victoria Ocampo, Juana de Ibarbourou y O:cilla Meireles. Asi, la mujer
de un mismo poema. Esta elevación re­
de América, está representada por sus más prestigiosos valares literarios.
pentina la experlmen*a el lector, trans­
El aporte de la mujer, en todos los tiempos, a la cultura, ha sido desta­
portado en el vuelo lírico, sorprendente,
cado n la hermosa exposición portuguesa. (Inter-Prensa).
desde una planicie de esencia sentimen­
tal a ¡a cumbre misma del aire, p&gt;or
obra de la mitáfora, que no es en él
un juego de creador, sino arrebatada y
sostenida embriaguez lírica.
Voz grave, profunda, irremediable­
mente humana, que com í' nza cantando
al medio familiar y pueblerino, para ir
- V ^ j j
ampliando su radio de acción hacia una
totalidad de mundo. Señalamos un ver­
so de Carrera Andrade, alrededor d:l
cual gira una poesía: “Nací en el siglo
Gfmfielt*C^/0 mo
/.n
’i
Cítemeí£mt&lt;cde la defunción de la r o s a ...”
------------ 1
•
S
T
"’
‘
;
Su desencanto, que es en verdad el
umbral de una realidad inédita, parece
FRANCA
proporcionarnos el punto en que se apo­
ya su personalidad poética. El hubiera
amado, amaba sin duda, el ti rapo lla­
mado a desaparecer, cuyas exequias es­
cribirá al correr de su tiempo de hom­
.* •
bre, atento a la drama ticidad de los
sueños nacientes. Por ello descubrimos
en sus páginas melancolía y júbilo en­
tremezclados. Por eso su voz despierta
en nosotros una sensación amarga y na­
¿a
tural, certidumbre de que estamos oyen­
do a un hombre que ama lo terreno, su
misteriosa y cotidiana belleza.
Preséntense en "Poesías escogidas”
composiciones de siete libros, que for­
man la obra integra de Carrera Andra­
de. Podemos seguir1. en su evolución,
en su perfeccionamiento, sin que en nin­
gún instante desmienta la linea esti­
pulada en su libro d: adolescencia. Se
amplia, robusteciéndose y afinándose,
en volumen de voz y ajuste expresivo.
Llega a ideales síntesis, como el poe­
ma “ OctUore” , de factura precisa y re­
cia y delicada a la vez, que denotan su
magistral ejercicio .n la palabra. Inten­
so siempre, tiene la honradez y la cor­
dialidad del diálogo de hermano a her­
mano. Se huele tierra y fruto .n su poe­
sía. Establece con el lector una fami­
liaridad confiada, induciéndole a pensar
que su verso es también un aconteci­
miento t:rreno.
Posta no tan difundido come a la im­
portancia de su obra correspondería, Ca­
rrera And:ade está entre los primeros
—entre los tres o cuatro primeros—
p o e t a s contemporáneos de América.

P

ir

E n sayos , per Enrique Anderson Imbert.

Tucumán, 126 páginas.
La brevedad de estos ensayos define
una característica clara en ellos: ur­
gencia de 1 ctor —o espectador— por
■llevar al terreno polémico sus deduccio­
nes, ya frente a las ideas o les hechos.
Anderson Imbert vive probándose n ese
sentido. Hay en él una lucidez actuan­
te, erguida de cara a lo Intelectual y lo
humano. Vérnosle Inducido, tocado cons­
tan tement. en su escepticismo o en sus
entusiasmos: con traste evidenciado en
la aparente incomprensión del héroe
—renglones iniciales d : su ensayo sobre
Marti— que en el epilogo se transforma
en admiración, considerando la obra li­
teraria del personaje cubano. Tal apa­
sionamiento, dominado ;n párte por la
especulación intelectual, proporciona a

m

ran negativas —que no lo son— el tn
terés creciente con que se lee esta obra
de modesta envoltura editorial no ta
sólo en las páginas citada», ’sin0
otras, como las que dedica a Amérlco A
Cas* ro, por ejemplo, de una rívacirteí
de estilo qu: pudiera ser —perdón ív»
el lugar común— calificadas de anta
gónicas. Anderson Imbert es un escriS'
en formación. Entendamos: hay enA
aparte de su expresión legrada Jf'
aport s de oportuna ironía, corrienuü
aparentemente irreconciliables que ^
peran su fusión, para que el Juicio^
reconozca, uno, a través de todas
intervenciones, medida de mentalid^
madura. Señalamos, además tal o , ,
intromisión de Upo didáctico, que
traria la condición literaria del Ubr '
nos afirma en el concepto de que ° 1
“Ensayos’ son un trance en la
clon de Anderson I m b e r t escrito
todos los olvidos, por Blanca
Prado. Córdoba. 76 páginas.

En

He aquí un minucioso, íntimo monó.
logo. Crece en él, transparente el ¡¡lien
ció pl no de sonidos, de recuerdos v
sueños. Soledad de un alma segura con
forme, atenta. Sorprende en Blanca d¿
Prado su vocación de escuchar y mirar
de agudizar —diríamos— sus sentidos
para percibir hasta -1 más leve runw
Así se confunden, en su ámbito de ta­
mizada claridad, voces de la naturaleza
y de su alma, cuidadosa del pasado Se
explica. La escritora nació en Perú en
una ciudad de paredes encaladas, de
dichosa existencia. Vive ahora entre nos
otros, en Córdoba. La nos*algia d= su
niñez alienta su insaciable deseo de pureza. Y en la luz de sus días, en el
curso de la primavera y del agua mi­
rando al air =, simplemente, vive revi­
ve aquella edad veloz que dejó en su
espíritu una insatisfacción que la lleva
a renovarla, minuto a minuto, en sus
visiones. P r o s a recatada, silenciosa,
monjil. Blanca drí Prado adelgaza su
palabra hasta infundirle la consistencia
del suspiro. Es necesario poseer oido fi­
no para descubrir en la remansada mú­
sica de sus frases esa secreta elocuen­
cia del alma que las sustenta. “En todos
los olvidos” podría ser el conjunto de
páginas de un diario, donde se registran
P asamientos fugaces, rememoraciones,
anhelos. Es, acaso —para buscar una
sensación objetiva— como el cabrilleo
del agua que crea, instantáneamente,
contrastes de verdes profundos y azuks
aéreos, según copie la fronda o el cielo.
Aun cuando sus temas lleguen a refe­
rirse a la angustia, consigue superar su
congoja, vencer la crisis de su sensibi­
lidad, para mantener ese ademán tran­
quilo de su prosa, en su voluntad de
ser cortés y amable.
En la literatura femenina, Blanca del
Prado, aislada" en su refugio de Córdo­
b a deja de tanto en tanto oír su voz
lenta y leve de pájaro. Está al margen
de todo movimiento, de toda militancia,
distraída de publicidades y arrebatos. Y
sin embargo, qué actuante y efectivo
nos resulta su mensaje, que nos Invita
a los caminos de su corazón para mos­
trarnos árboles y fuentes que son suyos;
porque -n Blanca del Prado se produce
una primavera propia y nos demuestra
que ella está allí, divagando entre sus
colores, recogiendo en su latir y en su
palpitar los hechos y las cosas d:l mun.
do. Voz, de intento, menor, que nos de­
nuncia la existencia de un alma encen­
dida en el duro y enamorado oficio de
s ntir místicamente.

Bajo la fábrica de CRITICA
LITERARIA' a cargo del escritor

y porta González CarbaBte, • á

LIBROS DE RECIENTE PUBLICA
CION, en la qne colaboran distin­
guido i scritores y comentaristas,
se recensu narán, a medida de lo
p isible, de acuerdo con el espacio
y con el criterio de los encartados
de las steci nes, con independen­
cia y probidad absolutas los libros
que se reciban en la Redacción
dz CABALGATA

�—B

23— CABALGATA
ESS

III11II11 II1IM III11 II11T T B

LIBROS DE RECIENTE PUBLICACION
A rtes

y

EUROPA

artistas de
Y

AM ERICA,

por Julio E. Payró.
358 páginas, 19
ilustraciones, $ 9.-.
Editorial Fut uro,
S. R. L. Bs. Aires.
Las páginas de este libro señalan la
trayectoria de uno de los espíritus más
nobles, cultivados y finos que haya pro­
ducido en la América Latina la crítica
de arte. Cctn:ntartos, biografías, ensa­
yos y polémicas sobre las artes plásti­
cas, que salieron de la pluma bien tem­
plada de Julio E, Payró entre 1924 y
1944, se han recogido en ;ste libro, que
es una prueba contundente de lo que ya
sospechaban todos los admiradores de
la labor literaria de Payró: que sus cró­
nicas y críticas d: arte son vencedoras
del momento, la actualidad y el tema
ocasional que las inspiraron, y se elevan
con frecuencia a la categoría de ense­
ñanza perdurable, de doctrina estética
expuesta con la profundidad de concep­
to y la sencillez de forma que revelan
al verdadero maestro.
La solida formación intelectual del
autor le convierte en guia admirable, a
través de exposiciones, certámenes y
personalidades relevantes del arte plás­
tico, histórico y contemporáneo, en Fran­
cia Bélgica, Holanda, Gran Bretaña,
España, Argentina, Chile, Uruguay y
Estados Unidos, y si de todos los ca­
pítulos rebosan juicios fundamentados
ron serenidad y altura, la personalidad
s ñera del autor revélase sobre todo en
eses amplios frisos de sus ideas estéti­
cas y de su gran experiencia de historia­
dor de arte, en las treinta páginas del
acápite “D.rrotero estético”, donde agru­
pa tres magníficos ensayos fechados en
1928, 1933 y 1939.
Para todo amante de las inquietudes
artísticas, el libro de Julic E. Payró re­
sulta un confidente sagaz y docum enta­
do qu:, lejos de abrum am os con su eru ­
dición, nos muestra bellamente las pers­
pectivas que ofrece el arte m undial en
el pasado y el pres.nte.

Ramón Escarrá.
El

grax desafio,

por Louis Fisher. 480

páginas, $ 8.—. Editorial
Méjico.

Hermes.

La democracia hállase en grave pe­
ligro por falta de dinam ism o, p o r haber
perdido de vista los altos ideales de an­
taño y no procurar una vida estable, un
alto nivel de vida, unas garantías econ ó­
micas y otras ventajas similares a i m a­
yor número de personas. Sus enemigos
d; derecha y de izquierda la acosan
constantemente y a duras penas ha p o­
dido sobrevivir a sus ataques. P ara h a ­
cer frente al gran desafio de las fuerzas
de derecha y d i izquierda, la dem ocra­
cia o las dem ocracias deben afrontar
con valentía los problem as que h oy tie­
nen planteados el m u n do: la libertad de
las colonias, 1 ham bre, la enferm edad,
la incertidumbre, la inicua explotación
de la inmensa m ayoría de la población
mundial, etc. Sólo asi podrá estabili­
zarse, cobrar alientos nuevos y rechazar
a cuantos de un lado o del opuesto le
echan en cara su ineptitud, su innata
incapacidad para hacer frente a un fu ­
turo lleno de riesgos.
Tal parece ser y tal pretende ser la
consecuencia de este libro. M u chos d a ­
tos, unos im portantes y otros triviales,
abundantes elem entos de ju icio, gran ­
el s arranques de sinceridad e im perdo­
nables concesiones o cegueras, llenan las
páginas de este libro, siempre anim ado,
movido, interesante, a pesar d : tedo.
Otro mérito tiene, y es e l d e estar tra­
ducido —por M iguel Ulía— con rigor,
con elegancia.
„ .
M.

o.

A.

Lawrekce, por Vyvyan Richards. 164 pá­

ginas. Precio t 3.—. Editorial Nova,
Buenos Aires.
Acaso, retrospecüvando en busca de
una figura que resuma la em oción de la

aventura a través de contornos artísti­
cos, surja la pe sonalidad de T. E. Lawrence, con su singularísimo contenido
humane. Es Vysyan Richards ahora,
quien en forma sintética analiza obje­
tivamente aquella figura. Su brillantez
en el relato, y más bi:n trazando un
panorama que ofrece una ubicación for­
mal, el libro ipersigue el criterio de es­
tablecer aqu lia personalidad, conten­
tándose con señalar su vida y sus lu­
chas, que dan por si mismas propor­
ción a un libro.
De las anticipaciones literarias de
Lawrence que conociéramos gracias a
“Sur” , V. Richards se limita a conden­
sar el sabor, .1 eco, la critica y la fac­
tura tipográfica. Es interesante señalar
este estudio, sin embargo, como proposi­
ción de una colección destinada a brin­
dar a les lectores una Imagen gsneval de
las vidas que sobresalieron universalmente. De esa manera la existencia de
Lawr nce es detallada desde su infan­
cia, y a través de sus estudios, su pa­
sión por los árabes, su constitución es­
pecial para la lucha en el desierto, las
conquistas dentro de un territorio ex­
traño, su inclinación artística, y prin­
cipalmente aqu :11a camaradería que lo
convertía en un hombre muy admirado.
Anotamos, como principal acierto del
autor, una veracidad en las citas y en
el contenido de la existencia de Lawrence, que individualizan un sentido de
probidad narrativa.
El libro, que pertenece a la colección
“Grandes Vidas”, íué traducido al cas­
tellano directamente de su versión in­
glesa, por Teba Bronstein y Alberto
Horovitz.
Osvaldo Svanascini.
Ft

Edtcin Walter K em m erer — ORO Y PATRON ORO.
Un magistral tratado sobre el oro y el patrón oro en el vasto
campo de las experiencias monetarias. Positivo aporte a la
empresa de los estadistas, ios expertos monetarios y, sobre
todo, los pueblos han de consumar para dar fin a la confu­
sión reinante y afianzar la paz y la prosperidad en la^ comu­
nidad de las naciones del mundo. Un volumon de la Biblio­
teca de Orientación Económica” , encuadernado en tela, de
264 páginas— ..........*................................................... $ f.OO
Evelyn Waugh — j . . . MAS BANDERAS! El humor acre
de Evelyn Waugh, servido como siempre por una aguda in­
teligencia, se explaya en esta nueva novela de ta Colección
“ Horizonte” . En episodios muy divertidos, la acción se des­
arrolla en Inglaterra durante ese período inicial del último
conflicto que los franceses denominaban “ dróh; de guerre .
Un volumen de 356 páginas...................................... $ 3.00
Joseph Wood K rutrh — SAMUEL JOHNSON. Este
comfeotísimo estudio de la vida del gran “ dictador literario”
de la Inglaterra del siglo XVIII ha cle\¿ido a su autor a la
categoría de los grandes biógrafos. !&gt;a figura de Johnson,
con su rudeza, su sinceridad y su inteligente “ sentido co­
mún” , resalta poderosamente en un cuadro históri«x&gt; extra­
ordinariamente interesante. Un volumen de la Cole&lt;xáón
“ Biografías” , encuadernado en lela, de 7(M) páginas. $ 13.00

REEDICIONES

supremo dictados

Nina FcH orom — LA E A MI 1, 1A. I^i vida accidentada de

(Biografía de José
Gaspar de Fran­
cia), por Julio Cé­
sar Chaves. 432 pá­
ginas, 1 ilustración,
t 6.-. Edit. Ayacucho. Buenos Aires.
La segunda edición de este libro —
que vió la luz originalmente en 1942—,
es testimonio del éxito alcanzado por la
primera. Su autor figura con bien acre­
ditados títulos entre los historiadores
más preclaros, no sólo de su patria, Pa­
raguay, sino de América entera. Porque
su visión se eleva siempre por encima
de las fronteras terrestres y hasta por
encima de los mares, y sabe escudriñar
las causas de los grandes acontecimien­
tos y las leyes que van ligando los des­
tinos de distintos países, como facetas
de la marcha progresiva de la humani­
dad. José Gaspar de Francia, llamado
Supremo Dictador Perpetuo de la Repú­
blica del Paraguay, es una de aquellas
figuras, tocadas de indiscutible grande­
za, que pasan por la historia envueltas en
el doble halo de la veneración y del
odio de sus connacional :s. Como dice
su magistral biógrafo: “El juicio sobre
su vida y su obra separó a la naciona­
lidad paraguaya en dos bandos irreduc­
tibles”. Y esto durante muchas décadas
después del fallecimiento del dictador
(1840).
Era por demás difidl hacer la bio­
grafía auténtica d: un hombre de quien
se ha dicho con verdad: "Nadie como él
apasionó ni apasiona tanto ’. Pero Julio
César Chaves posee excepcionales dotes
para emprender la tarea y la nevó a
cabo con admirable competencia e im­
parcialidad. En ella trabajó durante tres
años. Puso a contribución, además de los
documentes oficíales qu:, por la índole
de la dictadura, anulaban casi por com­
pleto las otras fuentes de información,
todos los testimonios susceptibles de es­
tudio. Y el resultado ha ¿d o una “vi­
da” palpitante d: humanidad, en que el
hombre y el estadista surgen en su pro­
pio ambiente, sin paliativos y sin tin­
tas sobrecargadas per el partidismo.
Ramón Escarrá.

)u autora le lia proporcionado el inati'rwl [M ir a esta encanta­
dora novela en que las guerras y revoluciones convierten en
“ refugiados” a millones de seres que se del mi ten entre la
nudaneolía del recuerdo y la ¡ncertidiimhre de la lucha por
la vida. Un volumen de la Colección “ Horizonte” de 409 pá­
ginas. (3“ edición).......... \ .............................................. % 5.00
Afargare! K ennetly — LA NINKA CONSTANTE. Rena­
ce en este libro la Itoheniia de Murgcr, mediante un relato
tan vivaz y de tanto interés, que ha merecido ser llevado a
la pantalla en dos oportunidades, conquistando en amlras ei
más consagrador éxito de público y crítica. Un volumen de
la Colección “ Horizonte;” de 408 páginas. (6* edición). $ 5.00
U n Yutan/e — ENTRE LAGRIMAS Y RISAS. Apoya­
do en Confucio y l-aotsé, el autor pide el retorno a la espi­
ritualidad como única fórmula capaz de salvar el mundo
de la catástrofe definitiva. Un volumen de 348 páginas.
(6* edición).................................................................... $ 5.00
U n Yutang — CON LANZAS POR ALMOHADA, A LA
ESPERA DEL ALBA. El famoso escritor chino, nos da, en
la víspera de la victoria, este libro revelador de la actual
realidad interior de su patria. Su título sugiere la inquietud
y la esperanza que preceden a la batalla lina!. La llegada
del alba hace todavía más interesante la velada de medita­
ción con lanzas por almohada. Un volumen de 420 pgs. %

EDITORIAL “ HERMES”
Distribuida

por la

Editorial

Sudamericana

«

N O V E D A D E S
Fierre Mnilland — LA MANERA INGLESA. Libro es­
crito por un francés que ha vivido más de catorce años en
Inglaterra. Sus sagaces observaciones constituyen un admira­
ble análisis del modo de ser de aquel gran pueblo, en el que
la critica más severa alterna con la viva simpatía nacida del
conocimiento. Un volumen de 384 p á g in a s....----- $ 7.00
Margaret Carpenter — EXPERIMENTO PELIGROSO.
Del mundo infrahumano de las enfermedades psicológicas
“ por carencia” surge esta novela intensa, humana, apasio­
nante: una de las más vigorosas que sobre tan delicado tema
se hayan escrito últimamente. Un volumen de 324 pgs. $ 5.50
*&lt;
»

De vento en todas fas buenas fíbnrías y en fa:

EDITORIAL SUDAMERICANA
ALSINA

500

BUENOS

AI RES

B z m z z z z z r

«

�CABALGATA -

24
— — --------------------------------- -— &gt;—

LIBROS DE RELIENTE APARICION
Fortamara, por Ignazio Silone; traduc­
ción de Guido Saveüi. Editorial Poseidón, Buenos Aires. 176 páginas.
S 2.— m/arg.
Es esta la novela que, instantánea­
mente, dio celebridad a Ignazio Silone,
cuyo verdadero nom­
bre es S e c u n d in o
Tranquilli. Era estu­
diante cuando Mussoüni impuso su dic­
tadura-ai puebla ita­
liano; de inmediato
formó en las filas de
la juventud socialis­
ta y arriesgó diaria­
mente las iras de los fascistas hasta que,
por el estado de su salud, vióse obligado
á ^ iv ir en Suiza. Radicado en Zurich,
escribió “Pontamara” en el año 1930,
cuando contaba treinta años de edad. El
titulo y el seudónimo del autor pronto
dieron la vuelta al mundo.
“Fontamara", nombre de un caserío
de Marsica, al norte del lago desecado
del Fucino, es el cuadro viviente de los
miserables “cafoni”, 106 explotados cam­
pesinos pobres del mediodía de Italia.
No basta decir que es una novela rea­
lista: es la verdad brutal, arrancada a
girones de unas vidas sumidas en el
oprobio y la desesperación.
Es un libro que tiene el valor de un
documento social sin que ofrezca nada
parecido a alegatos o disquisiciones so­
ciológicas. En él todo es directo, vivo,
palpitante, admirable de sobriedad, re­
vestido de un estilo propio, inimitable,
que en su rudeza y en sus reiteraciones
pinta magistralmente un medio rural
batido ignominiosamente por las últimas
y más alejadas olas del régimen que se
entronizó en Roma durante un cuarto
de siglo.
Si los históricos momentos de un pue­
blo —en la grandeza o en la abyec­
ción— tienen su escritor, Ignazio Silone
es el intérprete por antonomasia del
drama del pueblo italiano en los mo­
mentos más tristes de su existencia.
•'Fontamara’’ —como “Pan y vino’’, es­
crito posteriormente—, es un relato que
no sólo impresiona y conmueve profun­
damente, sino que hace meditar a cuan­
tos sienten los lazos de la solidaridad
humana.
Heriberto Laríbal

( V i e n e de la
pág. anterior)

robles, magnolias, limoneros y plátanos,
como invitando a un viaje di ensueño.
Sucesivas crisis económicas amenazan
con el derrumbe del trabajo y la rique­
za de varias generaciones, pero el temple
moral de los principales personajes, que
se aferran tenazmente al hogar de sus
mayores, legra triunfar de tanta adver­
sidad a través de la codicia de los ines­
crupulosos, de las intrigas políticas y de
algunos romances sentimentales que
completan el interés humanísimo de la
narración.
Esta presenta un vigor y colorido tan
acusados que revelan el minucioso cui­
dado de la autora en el reflejo de la
vida cotidiana. Las costumbres de esas
residencias de agricultores,- las fiestas
familiares, los detalles del cultivo y de
la recolección de la caña, la elaboración
del azúcar, los hábitos de los negros de
la plantación, sus canciones y spirituals
del mediodía, las historias y leyendas
propias de la región y la evolución que
las estancias y quintas van experimen­
tando a lo largo del tiempo, están des­
critos con veracidad y exquisito arte.
Heriberto Laribal
por Rodolfo Mo­
reno. Editorial Sudamericana, Buenos
Aires. 312 páginas, t 6.— m/arg.

M ás allá del O rie nte ,

“Más allá del Ortente” es un espejo
fiel del Japón de nuestro tiempo, espe­
jo manejado con sa­
gacidad y sencillez
para ofrecemos las
imágenes más cauti­
vadoras y significa­
tivas da un pueblo
que siempre consti­
tuirá algo enigmático
para los occidentales.
El doctor Rodolfo
Moreno tuvo dos largas permanencias
en ;1 Japón, la segunda en calidad de
embajador de la República Argentina.
Nos presenta en este libro el fruto de su
observación directa, acotada con las
indispensables nociones sobre las bases
humanas, religiosas, morales, políticas y
sociales de la civilización nipona, sin las
cuales el relato sería ininteligible.
El autor destaca principalmente —va­
liosísima contribución al estudio del te­
rrible momento histórico que atraviesa
el Imperio del Sol— la evolución expe­
rimentada por el país al influjo siniestro
C amino del río , p or Francés Parkinson
del militarismo nazi. La dualidad entre
K eyes; traducción de Josefina Martí­
aquel pueblo, delicado y sencillo, pacien­
nez Alinari. Ediciones Peuser, Buenos
te y resignado, amable y acogedor, lleno
Aires. 948 páginas, t 1S.— m/arg.
de atrayentes y poéticas tradiciones, y
:1 virus belicoso, xenófobo y brutal que
Es la historia de una familia de plan­
le inyectó la casta aristocrática y mili­
tadores de Luisiana, con todas las ale­
tar para lanzarlo a la guerra contra
grías y adversidades que experimenta
China y después —ya constituido el
en el periodo calamitoso que comprende
Eje— a la agresión contra Estados Uni­
las dos guerras mundial; s. La acción
dos, es una buena lección para todos los
principal transcurre en la heredad de
gobernantes y todas las naciones.
Belle Heloise, una de las centenares de
El .Japón ha despertado de su sueño
plantación :s de azúcar que extienden
de dominación asiática y mundial en
sus campos de esmeralda y sus elegantes
una quiebra catastrófica que sa cu d e
residencias a ambas orillas del Mississihasta los cimientos de sus costumbres
pi, entre Baton Rouge y Nueva Orleans.
milenarias. El futuro del imperio sigue
Paralelo al curso de agua, y a poca dis­
siendo un inigma. No hay que fiarse
tancia de él, se tiende la blanca cinta
mucho de la sinceridad de sus muta­
del “The River Road’’, el ‘‘Camino del
ciones. Este libro ayuda eficazmente a
Río’ , entre la verds ribera y los incon­
meditar y a precaverse ante el pro­
tables setos de jardines y praderas, vi­
blema nipón.
llas y quintas, cultivos de caña de azú­
Fermín Alema
car y algodón» salpicados de grupos de

¿Nos encontraremos en los comienzos de una nueva cien­
cia: la “Poéticoterapia"? Lucie Guillet, profesora de la
escuela de psicología, acaba de publicar una obra titulada
“ Poeticotherapie". En ella expone sus investigaciones y
nos explica cómo ha curado enfermos, no por infusiones,
pero si por transfusiones de poesía. Naturalmente, no se trata de curar por este sistema
las heridas, sino meramente los males del alma, las depresiones nerviosas, las melancolías
y las hipersensibilidades.
L u c ís Guillet ha podido estudiar la cuestión de cerca. Ha partido del principio de que
el fluido poético puede considerarse como la sintesis de tres poderes: el ritmo, el sonido
y el pensamiento, y re co rd a »^
hacia, ya de-la música el auxiliar de la
medicina, se ha esforzado por determinar las ruaffdades sónorav que «sW n-«n eoncordancia con las leyes armónicas del organismo a curar.

Noticia

A

J E

D

R

E

Z 1

Por Francisco B e n k o I

Un G ran L ib ro de
RAMON GOMEZ
r\ r-«

r

i

f i n n tvt *

i

P

RESENTAMOS hoy una partida i u??da
por correspondencia en los Estados Um
dos. El interés especial de la partida
reside en el hecho de que t i conductor de
,as Negra'. A. J. Bradley. no habla perdido
ni una partida por correspondencia en
ocho años de juego y rólo en esta partida
sucumbe a un juego extraordinario de su
adversario.
Partida N* 12
LIGA DE AJEDREZ POR CORRESPON­
DENCIA DE AMERICA
FINAL DE LA CATEGORIA “ A "
B lancas:

N. RUSS

—

Negras:
A. J. BRADLEY

RUY LOPEZ
P4R
1.F4R
C3AD
2.C3AR
P3TD
3.A5C
C3A
4.A4T
CxP
5.0-0
P4CD
6.P4D
P4D
7.A3C
A3R
8.PxP
A2R
9.P3A
0 —0
10.CD2D
P4A
11.A2A
CxP (3A)
12.PxP a p
13.C5C
Hasta ahora todo es familiar. Aquí indi­
ca Modem Chess Openings- que 13.CSC
A5CR! es más débil oue I3.C3C para las
Blancas. El Caballo en 5C está probablemen­
te mal colocado y conducirá a dificultades.
13........
A5CR
14.P3A
AlA
15.
T1R
-----

POSICION DESPUES DE LA JUGADA 15
DE LAS BLANCAS
Alekhine sugirió 15.D1R D3D 16.P4AR en
sus comentarios a la partida Yates-Thomas,
Hastings 1922 (partida que continuó con
15.C3C P3T 16.D3D?).
Inmediatamente 1 5 .... D3D (para preve­
nir C6R) perece preferible. Una buena con­
tinuación para las Blancas en este caso no
es visible, por ejemplo: 16.D2R T1R! 17.D3D
C4R! 18.TxC!? DxT 19.CxP A4ARÜ 20.DxA
A4A j. con mate en pocas jugadas: o tam­
bién 18.D4D P3T I9.C3T (TxC DxT! 20.DxD
A4A j . ) y las Negras tienen mejores pers­
pectivas.
15.............
A4A j."
16.
R1T
D3D
17.
C3C
La amenaza CxA seguido por C6R asegu­
rándose los dos Alfiles contra dos Caballos
gana un tiempo.
1 7 ...
A3C
18.
C4D
AxC
Después de esta jugada, el juego de las
N.gTas es cada vez más inferior. 18... CxC
es mejor, por ejemplo, 19.PxC P3T 20.C3T
AxC 21 .PxA Las Blancas tienen buenas
chances de ataque, pero la de truída for­
mación de los Peones de las Blancas les da
a las Negras contrachances, si alcanza el
final.
19.
PxA
P3T
20.
C3T
C4TR
Ahora 20. . AxC es arriesgado Para el
medio ju-go, mientras en el final la fuerza
d '■ lo- dos Alfiles contra les dos Caballos
en una posición abierta equilibra los Peo­
nes débiles.
21.P4CR
22.C1C
23. AxC
24.D3D
25.T8R j.
26.TD1R

D3A
C5A
DxA
T3A
R2A
P3c
Las Negras se reíi .oden bien, pero las
B’ ancas han jugado excelentemente para
cjeroer gran presión Si 2 6 ... A2C 27.D2R
gana fácilmente.
27.A3C
A2C

(Continúa en la página 26.)

EL HOMBRE PERDIDO
Han pasado los años en que Ramón
Gómez de la Seras disertaba ante el i
"tcut-Paris” desde un trapecio del cir­
co Medí-ano, o se presentaba al público &lt;
de Buenos Aires portador de una ma- i
leta de prestidigitador, de la cual emer­
gían, en desconcertante magia, objetos
de pesadilla y objetos de ensueño. En
efecto, ya se han marchitado para él
como para el mundo, los tiempos de la
extravagancia f á c i l , pero permanece
siempre lozana, siempre pujante, la
esencia del "ramonismo". que es la ex­
presión más original del genio de la
España contemporánea, acaso porque la
alimenta secretamente una pizca de la
picaresca de la España inmortal.
Y he aqui que esa substancia anima­
dora, vertida a través de los lustros en
el cuentagotas de las "greguerías-, vuélcase abora con fecundidad portentosa
en la más portentosa ncvela que verosí­
milmente pueda escribirse Los sesudos
tratadistas acuerdan al género una “ex.
tensión” que no admite ningún otr0 dé
la literatura, pero el brujo de la poesía
que es “Ramón” , ri inconfundible y
retunde "Ramón", lo renueva ahora, lo
remoza, lo recrea —hasta el doble sen­
tido del verbo—, asignándole una "in­
tención" desconocida, todo fanta-la y
un poco de capricho. Es muy difícil ca­
lificar por es0 a “El hombre perdido",
pues no hay canon que pueda encerrar
tan pródigo desborde imaginativo: pero
puestos en el trance de hacerlo, diria­
mos que es la "greguería” elevada a la
condición de epopeya.
¿Argumento? ¿Lo tiene acaso el mis­
terio onírico? ¿Personales? ¿Qué pue­
den contar ante la potencialidad ¡rrefra- i
gable ck'l talento que leí dió vida? "Ramón", sólo "Ramón” es lo que importa. '
es lo que impera en esta sinfonía deli- I
rante y delicada, hermosísima y mons- j
truosa Visión ecuménica enfocada con
agudeza zahori, es deslumbrante hasta
lo enceguecedor; pero contiene a la vez.
pa'ado el ofuscamiento inicial centena­
res y cent: naies de sugestiones sobre i
este mundo y el otro sebre la carne y
el alma, sobre la materia y el milagro. .
que pueden darnos un nuevo sentido de ,
la realidad, un “ existencia]ismo" Urico j
que ilumina la conciencia y enriquece
el corazón.
E; la obra maestra de un renovador
de la estética, o, cuando menos, su obra ■
dé más aliento. El gran Improvisador,
desperdigado en la cotidiana slmbra
de la frase ingeniosa, brinda aqui su
máxima cosecha Poco adicto, por au- I
tenticldad de talento vital a la defini­
ción preceptista, no pu-de menos de
enunciarla ahora, pues lo asiste la sa­
tisfacción de ver concretada en el libro
magnifico la concepción artística audaz.
¿Qué persigue? Busca "lo subconsciente
de la vida, que no es lo subconsd'nte
del hombre” , o sea "la quinta dimen­
sión. que es lo que quedó por presentir
y per d e c ir ...” : o bien “ una realidad
que no e- surrealidad ni realidad sub­
real, sino una realidad lateral...".
Su arto tendió siempre a eso. De él
dijo un escritor hispano que "ha creado
la máxima tentación, la de substituir
este mundo pcP uno x' mediante que *1
tiene construido y d a d o ...” : de él sen­
tenció n u e s t r o Macedcnio Frmández
que- "es el mayor realista del mundo
como no e ' . . . ” . Vale esto por el creador
de una “ realidad” personal y única: vale
est0 P®r 1 creador de un “mundo"
nueve Se ha dicho más de una vez que
cada gran porta que nace trae un mun­
do que comienza, y hasta la etimología
del vocablo acude en sostén del aserto.
; "Remón" lo corfi-ma cfino peeos, y su
“hombro perdido” pedria asi llamarse
también el "hombre encontrado”.
V
s-rZ “ La .Nación” , Buenos Aires.)
(De

�z s - CABALGATA
esta obra colaboran también Duhamel,
Eluard, Maritata, Cassou, Paulhan, Avelin, Vercors, etcétera.

Empresa y Aventura
( Viene de la página 3)
verdadera sensatez, en época de Jaco­
bo x debieron tomarse los asuntos muy
en serio, organizando dos compañías de
explotación para los nuevos territorios.
Estas empresas fueron las de London y
la de Plymouth, que se adjudicaron Vir­
ginia y Nueva In g la te r r a respectiva­
mente. Después todo se desarrolló de
acuerdo con principios axiales. La de­
claración de la independencia —fenó­
meno económico— es el resultado de la
falencia de una empresa.
Pero ahondemos más en las raíces de
los conceptos. España ha sido siempre
la aventura e Inglaterra ha sido siem­
pre la empresa. España ha vivido la
contingencia, el riesgo, el peligro. Y por
eso ha sido siempre primero España.
Primera para defender a Dios, primera
para defender la libertad del hombre,
primera para descubrir un continente,
primera para pelear contra los moros.
Porque el descubrimiento de América,
como ya lo dijimos, fué una aventura
y fué una aventura la lucha contra la
dominación árabe desde el 711 a 1492.
Es una aventura la lucha contra Na­
poleón. En un momento determinado
el espíritu de aventura que hay en lo
español, se encrespa en la palabra de
Pelipe II cuando exclama: “Yo mandé
a mi escuadra a luchar contra los hom­
bres y no contra los elementos” . Y el
“Don Quijote" —el libro máximo— es
la historia de aventuras acometidas por
un caballero enloquecido de tanta lec­
tura. En un momento determinado, el
espíritu de empresa choca violentamen(Continúa en la página 28)

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Secretario de Redacción-Gerente: JOAN KERLI
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san en las colaboraciones firmadas. No de­
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dores espontáneos.
Se publica el segundo y cuarto martes
de cada mes.
Precio del ejemplar: $ 6.40 m/argS U S C R I P C I O N
Argentina: Un año ............. $8.20 m/arg.
,v
Seis meses ........ 4.30 m/arg.
Extranjero: Un a ñ o ---- Dólares U S A. 3.50
D I S T R I B U I D O R E S
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Interior y exterior:
DiTtribuidora Triunfo S- R. L.
Rosario 201

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1 5

NQUEO PAGADO\
8 FRA
CONCESION
N9 379«
a
i TARIFA REDUCIDA í
8

j B O L E T IN

|

CONCESION Ift M0S

DE

• En el Tribunal Civil del Sena se ha
visto un nuevo pleito en relación con lo
que pudiéramos llamar los limites del
derecho de crítica. El litigante era el
propietario de una conocida galería de
arte parisina, LouLs Carré, que se habla
querellado contra Michel Florisoone,
profesor de la escuela del Louvrs.
Con motivo del Salón de mayo de
1945, Michel Florisoone había ístigmati­
zado, en un artículo del semanario
“Arts”, los procedimientos de ciertos
“marchannds de tableaux”, que, habien­
do tratado con pintores comprándoles el
conjunto de su producción artística, les
"secuestran" y les prohíben toda parti­
cipación en las exposiciones particulares.
Especialista de los pintores de van­
guardia tales como Esteve, Bazaine y
Lapicque, a ios cutíes se refería el ar­
ticulo de Florisoone, Louis Carré se
querelló solicitando 100.000 francos de
daños y perjuicios, alegando que en este
caso el critico habla tratado de deni­
grarle comercialmente. Por otra parte,
Florisoone, apoyado por el Sindicato de
la Prensa artística, ha alegado que los
derechos de libre discusión no hablan
íidc sobrepasados en su artículo,
• Desde la liberación de Francia, la
Academia Goncourt cuenta sólo con sie­
te miembros qus asisten a las reuniones.
Sacha Guitry, René Benjamín y Jean
AJtíbert, repudiados como colaboradores
del enemigo, no asistían a las reunio­
nes, pero conservaban su cualidad de
miembros. La compañía de los Diez no
puede, según su reglamento, excluir a
ninguno de sus miembros más que en
virtud de una mayoría de ocho votos.
Recientemente fallecido Jean Ajalbert,
se va a proceder a la elección del oc­
tavo miembro, indicándose como candi­
dato a Alexandre Araoux. Entonces la
Academia Goncourt estará ya en condi­
ciones reglamentarías para pronunciar­
se sobre el caso de sus miembros cola­
boradores del enemigo.
• Ha sido emprendido un proceso con­
tra Jean d’HaUuin, director de la edi­
torial Le Scorpion por haber publicado
la novela americana titulada “ Iré a es­
cupir vuestras tumbas", de la que es
autor Vemon Sullivan. La denuncia ha
sido presentada también, como en el caso
de Henry Miller, por el “Cartel de ac­
ción social y moral”, que considera que

dicha obra tiene un carácter pornográ­
fico, que es un ultraje a las buenas
costumbres y que puede conducir a los
adolesorntes a actos de libertinaje y de
sadismo. Para su defensa, el editor dice
que sólo ha querido poner de manifiesto
los peligros de la persecución contra los
negros :n los Estados Unidos.
• También ha pasado de nuevo ante
el Tribunal otro interesante pleito:
“L'Affaire Rouault-Vollard" El asun­
to había sido Juzgado hace ya siete me­
ses en primera
instancia. El ar­
tista había re­
clamado la dev o l u c i ó n de
ochocientos die­
cinueve cuadros
inacabados que
le habla co m ­
prado Ambroiae
Vollard. La sen­
tencia dei Tri­
bunal fué ter­
minante: el ar­
tista es dueño
Doa m u jeres, por
soberano de su
George* Rouault.
obra y el único
competente para Juzgarla o no termi­
nada. Mientras no haya firmado sus
telas, puede todavía disponer de ellas,
incluso si las ha vendido. La jurispru­
dencia confirma esta sentencia de acuer­
do con casos ya resueltos en los que
fueron parte Rodin, Camota y Whitsler.
Los abogados de los herederos de Vo­
llard han sostenido la tesis ds que, si
bien el artista es dueño de su obra, pier­
de todo derecho moral sobre ella en el
memento en que acepta el entregarla;
no existe una moral especial para los
artistas. Los abogados de Rouault han
sostenido que la propiedad artística es
diferente de la propiedad material, que
es relativa tí derecho de la persona.
• “Es casi siempre a los escritores a
los qus se felicita por el valor que han
demostrado colaborando en la Prensa
y en las ediciones clandestinas... Sin
embargo, todo el peligro ha sido para
los impresores, patronos y obreros.”
Con estas palabras comienza su ar­
tículo Francois Mauriac en una obra
titulada "Pruebas en la sombra” , edita­
da a la memoria de los impresores pari­
sienses fusilados, muertos en los campos
de concentración o desaparecidos. En

j

El señor ............................................

i

(EN LETRA DE IMPRENTA)

,

| se suscribe a CABALGATA por el
período de un año * seis meses y
? al efecto acompaña el importe de
| f *20, t 4JO. Dólares 3JO ü. S. A. }
en cheque, bono postal a su orden, i

t • Tachar la condición que no se utilice.

• Cuadros del Ecuador, de Haití y del
Perú qu: no habían llegado a tiempo
paja figurar en el Museo Nacional de
Arte Moderno, son expuestos actualmen­
te en la casa de la UNESCO de la ave­
nida Kléber, -.n París.
• Es sabido que Beethoven, que era
sordo, corespondía con sus visitas por
medio de cuadernos en los que anotaba
las preguntas y las respuestas. Estos
“ cuad:mos de conversación” acaban de
publicarse en francés. Son de un gran
interés histórico, porque reconstruyen
detalladamente toda la vida del gran
compositor alemán, desde 1819 hasta su
muerte, en 1827.
• En la Galería de Francia, André
Lhote ha presentado una Exposición
llamada "Influencia de Cézanne”, que
agrupa obras de B raqu e, D a la u n a y , D e r a in ,
Duíy, G leizes,
Juan Gris, H :rbln. La Fresnaye, Léger, Marquet, M a tisse ,
M e tzin g e r, Pi­
casso, Vlamtack,
ejecutados, res­
p ectiv a m en te,
entre los años
Calvinoc, por André
1900 y 1911.
Lhote.
• Se han producido nuevas protestas
en la Comedia Francesa contra la ma­
nera como es representada la "Bereníce", de Racine. Gastón Baty, director
de la representación escénica, ha justi­
ficado en entrevistas de Prensa el por
qué ha estimado necesario modernizar
la realización de esta obra.
• Se anuncia ya que H-snry de Montherland va a reaparecer en librería con
una Obra titulada “Le Maitre de San­
tiago”, cuya aceito se desarrolla en
Castilla en el siglo XVT. Esta s;rá la
primera obra suya que aparece en Fran­
cia después de la Liberación; pero en
Suiza se han editado otras.
Jules Superviene ha dado lectura, en
la sala del Museo del Hombre, a sus
últimas obras. Son poemas escritos du­
rante los cinco años de guerra, pasados
en el Uruguay, pensando en Francia y
en sus h ija s
Franqolse y Denise.
• En io s . me­
dios teatrales se
cre e g e n e r a l­
mente que será
d e s ig n a d o co­
mo director de
la C o m e d i a
F ra n ce s a el
gran actor JeanJean-Louis Barrault,
Louis Barrault,
•n "Las enfants du
que hace algu­
parodia"
nos meses ha­
bía dejado de pertenecer a ella por dis­
crepancias con la dirección.

j

S U S C R IP C IO N

1 Dirección ..........................................

!

e Teda la prensa literaria francesa ha
señalado, con gran simpatía, la presen­
cia en París del escritor mejicano Al­
fonso Reyes, que no había visitado la
capital francesa desde 1926, en que era
embajador. Actualmente es jefe de la
delegación mejicana en la UNESCO.

• Algunos críticos musicales han des­
tacado el hecho de que el cumplido
veinticinco aniversario de la muerte del
gran compositor francés Saint-Saens ha­
ya pasado casi totalmente desapercibido.
Todo se ha reducido a una manifesta­
ción local en Dieppe.

1

‘or favor, quieta un momento.

• Andre Gide ha terminado un libro
sobre Paul Vtíéry, que aparecerá en
breve en las Editions Demat, acompa­
ñado de varias cartas inéditas.

�(ABALGATA - 26
Empresa y Aventura
( Viene de la página 25)

te contra el espíritu de aventura: y es
cuando están frente a frente Inglaterra
y España. Porque para la primera de
estas naciones todo es empresa, aun
aquello que pareciese aventura como la
de los corsarios que asolaron los mares
ñor cuenta de la reina Isaoel. Para los
anglosajones hasta ser hombre de bien
se convierte en una empresa material;
porque tal es el caso del ilustre Franklln, que hacía entrenamiento de moral
llevando anotadas sus fallas cotidianas
para corregírselas, al igual que los re­
meros y los rugbiers.
• La historia de las empresas no tiene
ninguna magia; es algo arduo que se
cumple valerosamente: nada más. Al
contrario, los arrestos individuales, las
bellas a c t it u d e s , los relampagueantes
sacrificios, más que decorarla, indica­
rían únicamente una falla de organiza­
ción. Hacer el canal del Panamá fué,
sin duda, un esfuerzo titánico. Pero to­
do había sido sopesado antes de que se
hubiese dado el primer golpe de pala
en la tierra-Pero haber buscado un pa­
so que uniese ei Atlántico con el Pací-

2
UNA CANCION
ENTRADAS

los seres nuníanos. Es que muchas cosas
maravillosas, altas, que el hombre ha
sabido cumplir, la creación de religio­
nes, los grandes poemas, han quedado
fuera de la historia, la que se ha en­
quistado en algo políticomilitar, el as­
pecto menos importante de la vida de
la humanidad. Según Drieu La Rccheile —la historia es un delicado equili­
brio entre la barbarie y la civilización.
Pero se equivocó; la historia en sí no
es el sute del pasado ni el arte de su
reconstrucción. Los cronistas de todas
las edades y tiempos, de todas las na­
ciones y eras han experimentado una
infinita delectación en exaltar esa bar­
barie con virtiéndola en el núcleo axial
de la historia de la humanidad. Y por
eso la aventura humana se ha conver­
tido para el historiador en algo catas­
trófico al exaltar el poder como base de
la sociedad humana. Debemos, pues, al
hacer un ensayo sobre la aventura, de­
tenemos de primera intención en la
aventura guerrera, que es la más fre­
cuente, la más usada, la más abusada
por el hombre. Los anglosajones, con
un acendrado espíritu de empresa, no
pueden acercarse a los sueños sin tener
en cuenta el poder. Por eso de Disraeli,
que creó el Imperio Británico, se dice

A N E C D O T A S
QUE

DA

BUENAS

Un dia del año 1836, tres jóvenes se
presentaron ep casa de un editor de
música. Señalando a sus compañeros
uno de eUcs d ijo:
—Venimos a proponerle la venta de
una canción de la cual este señor ha
hecho los versos, este otro la música
y que yo cantaré porque soy el único
de los tres que tengo un poco de voz.
—Veamos —d ijo el editor.
El joven cantó.
—No está mal, no está mal —d ijQ el
editor— Mañana, justamente, necesito
una canción para un café-concert que
se inaugura. Les doy quince francos
por vuestra canción.
— lAceptado! —dijeron al unísono los
tres amigos que no esperaban sacar
tanto.
El cantor se llamaba Duprez, el músi­
co Monpon y el poeta Alfred de Musset.
En cuanto a la canción, se llamaba
" L ’Andalouse", y comienza, com o sabéis,
con estos dos versos:

fleo, durante un siglo, hasta que se die
ra con el golfo de Darien, ya es ilusión
de aventurero que dice la frase que pue­
den hacer suya todos los que se enfren­
tan con algo desconocido o inesperado:
“Gracias sean dadas, Señor, por haber­
me permitido contemplar algo nuevo” .
Porque en esto se concreta el ansia del
aventurero: en lo que deviene, en lo
que puede suceder, en lo que puede
traerle el dia. El emprendedor, muy al
contrario, no quiera sorpresas que no es­
tén de acuerdo con su conducta, que
modifiquen sus planes. Toda empresa
está desprovista de lo inesperado; ca­
rece de lo pintoresco; no es como la
aventura, que puede ofrecemos episo­
dios como el del Cid ganando batallas
después de muerto; Guzmán el Bueno
arrojando el cuchillo por encima del cer­
co para que los enemigos sacrifiquen
al hijo en rehén. Es Cortés quemando
las naves y es la reina Isabel dando sus
joyas. El aventurero —quitemos al tér­
mino la máscara degenerativa que le
ha puesto el mal hablar— piensa y ha­
bla con el corazón; es el hijo del coraje.
Cuando el aventurero se echa a anear
nadie lo detiene ya. Está por encima
del mundo; camina mirando una estre­
lla. Todo esto es el sentido de la aven­
tura en la realidad del tiempo y del es­
pacio, escenarios exiguos en que se des­
arrollan las obras de los hombres cuan­
do no tienen otros incentivos que los
bienes materiales. Y esto es lo que da
emoción y valor a la historia como obra
literaria, como novela, al narrar el in­
finito trabajo de la humanidad en su
lucha por el oro, por el trigo, por el
suelo, por el mar, por un río, por
ciudad; a veces por el honor y en otras
tan sólo para satisfacer el odio sangui­
nario que late en el seno profundo de

¿Connaissez-vous dans Barcelone
une andalouse au sein bruni?
(¿Conoce usted en Barcelona
a una andaluza de pecho moreno?)
La canción produjo 40.000 francos al
editor. 40.000 francos oro, naturalmente.
EL “ SINGE
LEVERT

ROUGE”

DE

JACQUES
*

Jacquei Levert acaba de obtener el
Prrmio du Quai des Orfevres (otorgado
a la m ejor novela policiaca) por su obra
intitulada el “ Singe Rouge".
Interrogado per un periodista. Jacques
Levert contesta con su amplia y simpá­
tica sonrisa
—¿Le gustan a usted las novelas po­
liciacas?
—¿Que si me gustan? Desde luego.
Su lectura me descansa un poco de mi
trabajo d ia rio ... y es tan diferente.
—¿Qué oficio tiene usted?
—Comisario de policía en una gran
ciudad del sude"te —contesta amable­
mente Jacques Levert.

que amó el poder y los sueños. La crea­
ción de la más grande entidad imperial
es el resultado de una empresa; en nin­
gún momento de un conjunto de aven- turas. Muy al contrario, la formación
del Imperio Español es el resultado de
una aventura esencial: el descubrimien­
to de América. Inglaterra, pobre, pe­
queña, limitada a la inviolada isla de la
libertad (the inviolatíd island o f te lí­
ber ty) como dice Byron, no ve su sal­
vación en otra cosa que el mar. Chesterton decía de Dickens que su ambi­
ción de chico fué siempre tener la llave
de la calle; no la llave de la puerta de
casa, sino la llave de la calle. Ingla­
terra no quiere las puertas de la tierra;
quiere lo que está más allá de las puer­
tas, lo que es tránsito, lo que es calle,
quiere ser dueña de las calles de! mun­
do, es decir, de las rutas del mar. Esas
llaves se llaman Singapur, Glbraltar,
Canal de Suez, Malvinas.
Debe ser terrible tener plena concien­
cia de lo que se sueña; para ello es ne­
cesario ambicionar algo concreto y ma­
terial. Don Quijote sueña en Dulcinea;
es decir, primero la cr:a y después la
sueña. El ambicioso, el soñador que une
el poder a los sueños, tienes sueños de
posesión. Es decir, hay gente que tiene
sueños, que acaricia los sueños por los
sueños mismos; en tanto que hay otros
que sueñan porque los sueños no son
otra cosa que el resplandor de la volun­
tad, el halo de la ambición. Podemos
decir que hay sueños impuros. ¿Qué di­
ferencia hay entre soñar con una casa
propia o con algo delicioso e inalcan­
zable? La misma cosa que soñar o creer
en Dios o en una estatuita de coral.
Shakespeare ha dicho que estamos he­
cho de la madera de nuestros propios
sueños.

ajedrez

Vieiu de 1%
página 24.)

Tac Negras dejan el P ión , porque no
pued° sír defendido de ninguna man:ra
Si 27
D3D 28.D4R y ganan, porque i
2 8 ... A3R 29.TxA ! PxD (o TxT 30.DxP)
ÓO.TxD j . . mientra? a 2 8 ... T3R 29.AxP
RxT 30-AxT
28. T(8)4R
Pero ;as Blancas ni quieren el Peón: a
pesar d: que 28 A xP j . R2C 29.TxT AxT
30 D3A mantiene la presión con un Pión
más. las Blancas buscan sacar todavía mas
partida de la posición.
28 ..
D3D
29. T5R!
CID!
30. P5C
PxP
31. C3T
R2C
32. CXP
C2A
33. CxC
----No siempre la im pliíicación significa sal
vrción 3C.T7R ;s más complicado, pero no
tan fuerte

33.. .

RxC

34. D4R
........
Amenazando en apariencia a! Peón Da­
ma, pero en r.alidad es una maniobra para
un ataque decisivo contra el flanco Rey.
La amenaza es D4T.
34.. .
T1T
Previniéndose de dicha amenaza Pero
ahora las Blancas presionan sutilmente.
35. D4C
P3A
36. A2A
A1A
Ya n0 hay defensa. Si 3 8 ... T1CR (para
jugar 3 7 ... A1A) 37.D4T tB decisivo. Con
una fina com binación coronan las Blancas
ahora su juego magistral.
P5T
47.P6T
37.T7R j .
DxT
A2T
48.P3T
TxA
A4A
49.R2C
R3A
A2T
RxT
50.R3C
A7A
51.R4C
A3R
TZh
52.D5R
P4T
42. DxT
A2T
53.D2T
43. P4TI T3A
T2A
54.R5C
44. D7C j . T2A
T2A
55 .D3T j R3D
45. DSC j . R2D
56.D8A
Abandonan
A4A
46. P5T
(Comentarlos de B. Seidman en
“ The Chess Corréspondent” )
PROBLEMA NV 15
G. Heatheote
EAST CENTRAL TIMES (1889)
Primer premio
B l a n c a s : R2AR. D1TR, T6CR. A1AD.
A7TR. C7AR. P4AD. P3CR (8).

En L u c h a Incierta
/Viene di la página 14)
-H a y un lote de gente qUe no lo sal»
—dijo Mac.
Acercáronse a la tierda, donde las a.
gras figuras s movían en la loca
llegó a la tienda y llamó;
**
—London.
Casi instantáneamente se hinchó 1
lona de la portezuela, y apareció nn
hombre corpulento. Sus hombros era
inmensos. Su rígido :ab lio negro crM»
en torno a una tonsura, dejando la Vn
ronilla completamente calva Tenía i
rostro encordado de arrugas mus’ular»,
y sus ojos oscuras eran fieros y ro¡ í
como los de un gorila. La fu rza de 1
autoridad desprendíase de aquel hombn?
Podíase sentir que acaudillaba conT ’
misma natu alidad con que respiraba
Con una gruesa mano mantenía c rrt
da tras de sí la abertura de la tieirt,"
—¿Qué queréis?
“ nds—Acábames de llegar —explicó Mac­
u cos tipos de esos que están Junto a ¡a
hogu ra dicen que hay aquí una chica
que va de parto.
—Bueno; ¿y qué?
— Pensé que podría ayudaros, no te
Hiendo m édico.

London separó la lona y un haz de luz
cayó en el rostro de Mac.
—¿Cómo piensas poder ayudarnos?
—H: trabajado en hospitales - d j j 0
Mac— , He hecho esto antes. No es pru­
dente arriesgarse, London.
La voz del hombre corpulento bajó de
tono.
Entra —dijo—. Ten mos aquí a una
vieja, pero me parece que está chiflada
Entra a dar un vistazo.
Dentro, estaba atestado y hacia mu­
cho calor. Ardía una vela en un plato
( Continúa en la página 27)

Sabe usted...

N e g r a s : R4AR, C7CR.
P7TR (5).
Mate eñ 2 jugadas.

P6AD.

P2CR

SOLUCIONES DEL NV 8 DE “ CABALG ATA”
(Por un error de imprenta' los diagramas
co corresponden a los respectivos proble­
mas. Los lectores nos disculparán)
PROBLEMA N9 11
C. Manifield
THE OBSERVER (1936 (Versión)
Blancas: R1TD. D8CR, T5TD, T4D, A2TD
A8TR, P2CD, P3AD (8)
Negras: R4AR. T2AR, T3AR, C4R, P4CR '5).
Mate en 2 jugadas.
1.P4C
PROBLEMA N9 12
F. Palatz
NEUE HAMBURGER ZETTUNG (1915)
Blancas: R7CR. D2R. T8TR, P4R, P4TR.
P7TR (6).
Negras: R6TR (1).
Mate en 3 jugadas.
1.T8T! R5C 2.P8D R5A 3.D8CD mate.
FINAL NO 6
H. M Lommer
L'ITALIA SCACCHISTICA (1932)
(Dedicado a Rosselli del Turco)
B'ancas: R7TD, T8TD, A8AD (3).
Negras: R7TD. T8TR, P7R (3)
Juegan las Blancas y hac n tabla1.R8C j . ! R7C 2.T7T1! P8R (D ) 3.T7CD j.
R6A 4.T7AD j . R5D 5.T7D j. y tablas por
jaque perpetuo, ya que las Negras no pue­
den cruzar la columna Rey: tampoco por
3R de las Negras, por jaque descubierto
en 1AD, ganando la Dama negra y tablas,
porque la Torre negra no puede ganar con­
tra el Alfil blanco.
A pesar de la dificultad que representaba
el cambio de diagramas, nes llegó la "elu­
ción del señor Rogelio Fernández (Bánfield), a quien felicitamos.

.. .que el último libro de Vcronoíf, titulado “Del cretino al ge­
nio” , (Editorial Poseidon), en la
edición francesa tiene un prólogo
de Maurice Maiterhnck, que no
puede ser más conciso. Consta só­
lo de seis lineas, pero es de un
entusiasmo desbordante. Dice el
autor d ? la “Vida de las abejas”:
“ Con libros así se forman las nue­
vas b ib lia s de la humanidad”.
Algunos han señalado que este
entusiasmo es quizá el tributo de
un c lie n t e r conocido, porque
Maeterlinck está actualmente más
joven que nunca.
...q u e Arthur K oestler que
* ccn su obra “Zero et llnílni” ha
conocido en F ra n cia el mayor
éxito de venta desde la libera­
ción, ha comenzado a publicar en
la revista “La Neí” , dirigida o
bajo la inspiración de André Gide, otra novela titulada “Cruzada
sin cruz”. Se anuncia también
para muy en breve la idición en
francés de su obra “Yogui y el
Comisario” y una nueva edición
de “Testamento español".
...q u e la prensa literaria ele­
va prct stas indignadas por la
adaptación cinematográfica que
9e realiza en los Estados Unidos
de algunas obras maestras de la
literatura francesa. Hace ya unos
meses estas protestas se nfirieron principalmente a novelas de
Balzac adaptadas de una macera
caprichosa en H ollyw ood. La
campaña se ha reanudado ahora
con motivo de que se anuncian
nuevas adaptaciones, en're ellas:
“La Cartuja de Parma” y “Roí0
y negro”, de Stendhal, “Los Chuanes” , de Balzac, “Manón Lescaut” y hasta “Le Grand Meaulnes”, de Foumier.

�2 7 - CABALGATA
En Lucha In cierta
( Viene de la página 26)
En medio d: la tienda había una estufa
hecha con una lata de kerosene, y junto
a «-'la sentada, una amigada vieja. Un
muchacho, muy pálido, se hallaba de pie
en un rincón de la tl.nda. En la parte
posterior había un viejo colchón tendido
en el suelo, y en él estaba acostada una
joven, pálido y manchado de polvo el
rostro, pegado :1 cabello. Los ojos de los
tres se volvieron hacia Mac y Jim. La
vieja alzó un momento los ojos, luego
bajó la mirada a la ardiente estufa. Se
rascaba el dorso de una mano con las
uñas de la otra.
London se ac:rcó al colchón y se arro­
dilló. La niña arrancó de Mac los asus­
tados ojos y miró a London. Éste dijo:
—Ahora tenemos aquí a un médico.
Ya no has de asustarte.
Mac la miró y le hizo un guiño. El
rostro de la muchacha estaba rígido de
miedo. El muchacho salió de su rincón
para acercarse a Mac y sobarle el hom­
bro.
—¿Va a salir bien, doctor?
—Claro, está muy bien.
Mac se dirigió a la vieja.
—¿Es usted comadrona?
La vieja se rascó las arrugadas manos
y le miró sin expresión, pero no con­
testó.
—Le pregunto si es usted comadrona
—gritó Mac.
—N o..., pero he sacado más de un
niño en mi vida.
Mac alargó la mano, tomó una de las
de la vieja y acercó la vela. Las uñas
eran largas y quebradas, y las manos
tenían un color azul grisáceo.
—Pues sacó algunos muertos —dijo—.
¿Qué paños iba a usar?
La vieja señaló un mentón de perió­
dicos.
—Lisa no tuvo más que dos dolores
—gimoteó—. Tenemos diarios para reco­
ger la porquería.
London se inclinaba adelante, leve­
mente abierta la boca en su atención,
buscando sus ojos les de Mac. La ton­
sura brillaba a la luz de la vela. Corro­
boró lo dicho por la vieja.
—Lisa ha tenido dos dolores. Ahora
mismo terminó el segundo.
Mac hizo un pequeño gesto hacia el
exterior con la cabeza. Salió, y London
y -Tic1, le siguieron,
—Oye —dijo a London—, ya viste esas
manos. El crío quizá viva si le cogen
con esas manos, pero la chica no ten­
dría remedio. Mejor echas a la vieja.

Amella Bence

Dos brillantes escenas, en los que en dis­
tintos "estodos" descuella el gran actor
inglés Laurence Olivier, "Advenfure for
tw o", que aquí veremos con el titulo de
"Casi un paraíso".

Uno escena de "Flores de Piedra ', realizada por Putchko, en
deslumbrante tecnicolor, de cuyas excelencias en estas páginas se
dió una primicia en cálido comentario.

Anthony _ AsqiKth. h ijo de un e s primer

minrstr&lt;r~de Gran* Bretaña, reátiíadar'det
film de grato recuerdo "Pigmalion", ha
dirigido la producción inglesa a la cual
pertenecen las escenas de arriba.

PAM PA

F IL M i

PRESEN TA

E P E

A

A R I A S

Zufly Moreno, en uno expresión emotivo de inteligente expresión
anímica, en su mos reciente creación, "Nunca te diré adiós",
en cuya parte estelar la acompoña el galán Angel Magaña.

en
M

U

J

E

R

HONESTA
M U N D O "
Dirección: Leopoldo Torree R íos

—¿Tú te encargas de ello, pues? —
preguntó London.
Mac permaneció callado un momento.
—Claro que me encargo. Jim me ayu­
dará un poco; pero necesito más ayuda,
mucha más.
—Yo te ayudaré —dijo London.
—No hay bastante. ¿Querrá ayudar­
nos alguno de esos tipos?
London lanzó una risa breve.
—Pardiez, tendrán que querer si yo
se lo digo.
—Pues díselo —dijo Mac—. D is e lo
ahora.
Abrió la marcha hacia la pequeña ho­
guera, a cuyo alrededor se hallaba to­
davía el círculo de hombres sentados. Al­
isaron la vista al acercarse los tres hom¡bres.

—Hola, London —dijo el del rostro
delgado.
London habló con voz fuerte:
—Quiero que atiendan a lo que ¡es
diga el doctor.
Otros hombres se habían acercado, y
aguardaban. Parecían indiferentes; pero
acudían a la voz de la autoridad.
Mac se limpió la garganta.
—La nuera de London está de parto.
Quiso llevarla al hospital del condado,
pero no la admitieron. Todas las camas
están ocupadas, y además nosotros so­
mos una pandilla de cochinos obreros.
Bueno, pues. No quieren ayudamos. Te­
nemos que hacerlo nosotros mismos.
Pareció que los hombres se ponían
más tiesos, se agrupaban. La apatía em(Continúa en la página 30.)

Mirtha Legrond, ía otrora ingenua, la bosta su último película
afortunada picaresco, troto de completarse, presentándose en es­
cenas de gran dramaticidad en "Como tú lo soñaste".

�(ABALCATA - 2 8

m m rn m G E S T O sm

u MODA m imiiut

EL DETALLE EN LA FALDA. — Robert Piquet: Falda envolvente y de corte recto
detallada con botones. Lucien Lelong:
Falda también envolvente y drapeándose
desde un costado al centro de la cadera.

HOMBROS CUBIERTOS. — Charles Montaigne.
HOMBROS "TOMBANTES". — En tapados y tailleurs. Molineux y Lelong son los autores de estas
dos novedades.

DOS LINEAS DE SÓEREE. — Para muje­
res muy altas la línea "tigev, que se
amplía de las rodillas hacia abajo. - La
muy juvenil línea corola, siempre en bo­
ga. - El modelo Calenina, en que la falda,
a mp l ís i ma , llega hasta los tobillos.

H e aquí lo que se ha notado en las colecciones: Entes que
nada, gastos nuevos, gestos de m ujeres, que abandonan, ccn
sus vestidos de hijitas falsas, el género travieso o cándido.
Las m ujeres han visto todo, nada puede extrañarlas. Y pasan
lentamente en la vida, alejadas, hastiadas, un algo desdeñosas.,
m uy atractivas.
La espalda un tanto redonda y el busto ahondado, muestran
las espaldas caídas que las aberturas de los vestidos, muy an­
chas, parecen colocarlas aún más bajas. Como si se tratara de
una capa. M ajestuosam ente se envuelven en mar.tos cuya al­
tura. m uy amplia, va dism inuyendo hacia abajo para llegar a
cerrar estrechamente las rodillas: y a menudo, con un gesto de
enfade o fastidio, rechazan hacia trás sus pesados cuellos de
pieles, mostrando un cu ello delgadito y altivo que el vestido
colgadizo y subido las cu bre m uy por arriba. Las mujeres eli­
gen para vestido de la mañana telas del mismo tejido que su
manto, de grueso twieed o jerseys gruesos con botonaduras muy
aparentes, y prefieren los colores discretos o sutilizados, como
el verde alm endra pasado, el m alva, f l gris, el beige.
Después del m ediodía, son vestidos negros elevándose hasta
al m ism o cu ello, co n talles aplanados y flexibles, con manchas
largas y apretadas hacia el puño, faldas hasta media rodilla
delgadas y colgantes que se extienden a menudo sobre una ca­
dera. Estos vestidos se llevan bajo boleros, paletots, flexibles
y arreglados con el m ism o tejido, o con pieles. Las pieles que
parecen estar más en voga son la marmota y la pantera.
Rere la m ayor novedad para después de comer al mediodía
consiste en recubrir un vestido negro de buen talle con un
manto de c o lo r m uy viv o. Y es con aplom o y audacia que las
m ujeres irán a tom ar e l té o jugar al bridge, en amarillo ca­
nario, en verde vivo, en azul real, o en rojo deslumbrante...
Hay también para la mañana, com e para después del mediodía,
trajas sastres abotonados hasta el talle y cuyos faldón de levita
redondeado, más cortos que en el invierno pasado, sumergen
en la espalda. Trajes m uy strict. Estos faldones largos y es­
trechos les obligan a andar a pequeñas pasos y los mantos sin
abotonadura Les obligan a abandonar la idea de llevar ellas
mismas sus m últiples paquetes. Esto no es práctico. . . pero
es m uy elegante. Todas las m ujeres quieren olvidar que hubo
un tiem po en qu e — pobres locas— se apretujaren en los subtes
y con d u jeron bicicletas, cuando verdaderam ente lo más senci­
llo es utilizar el p ropio coche.
En las sastrerías alaban estos m aravillosos coches que les
perm iten no s ó k hacer grandes vestidos de tarde, para presti­
gio d e la clase fem enina y propia, sino que también se ha
hecho ur.a necesidad.
P or la tarde, las m u jeres serán excesivas: cubiertas dramá­
ticam ente o espléndidam ente descubiertas, talle esbelto y esti­
lizado o corolas volum inosas. Y son pesados satins, telas de
seda cru jid o ras que cubren talles y se extienden y abren en
amplias faldas con colas, desplegando toda una gama de co­
lores "suaves: verdes pálidos, malva, rosados y mucho gris.
Y más aún, terciopelos profundos y sombríos, que ajustan
sobre el cu erpo d e alto abajo y hacen de la m ujer una miste­
riosa sirena, un ju n co delgadito y flexible.
M uy a menudo bordados de paja, e l guarnecido de pieles como
los grandes vestidos dejan casi siem pre las espaldas completam ent: al descubierto. P ero para las que se consideran muy
prudentes hay m uchos vestidos com pletos y para ios caprichos
' del cu ello descubierto asim étricam ente no dejando aparecer
sino ur.a sola espalda.
En fin, para las m ujeres m u y jóven es y m uy frágiles, la más
bonita sorpresa para el invierno: el
vestido a hebillas o clavijas, hecho
m uy a m enudo de tul vaporoso, he­
cho verdaderam ente para el baile.
Y puesto que se trata de salir a
la calle y no quedar en su casa, to­
dos estos vestidos serán recubiertos
para franquear el espacio de una
puerta de coch e o una escalera de
honor, de grandiosos mantos am­
plios o capas teatrales.
Para coronar sus pequeñas alti­
vas cabezas, las mujeres eligiráentre los sombreros ccn grandes
bordes y cu y o casquete aprieta bien
la form a del cráneo, y los múltiples
bonets o boinas en jersy o fieltro
m uy suave que toman olas de cas­
quetes de paño, o aún los gorros
adornados con plumas inmensas y
extravagantes.
P or la tarde, las mujeres volve­
rán a encontrar los grandes som­
breros de terciopelo guarnecidos de
avestruz, los tocados hechos de un
per.acho enrolado sobre un moño o
d irigid : m uy hacia arribe con im­
pertinencia.
'FRANCISCO

J A U U AN DR£V

�29-

HOMBROS DESNUDOS Y HOMBROS SEMICUBIERTOS
Molineux y Jacques Fath.

Las m ujeres son adm irablem ente
servidas por las coleccion es nue­
vas. Las tendencias otoñales son
m uy variadas para satisfacer a to­
das las siluetas y a cada persona­
lidad, sin, p or eso, alejarse de los
cánones de la moda actual y de los
detalles qu e van a regir la “ saisor.” .
ITna m u jer alta y jo v e n gustará

SACONES DE COLORES
Sobre faldas rectas y to­
da clase de vestidos. Es­
ta creación pertenece
a Jean B a i l l i e .

(ABAKATA

para sí, mucho, el
modelo de Germaine
Leconte, u na muy
bonita robe de ves­
tir realizada en sa­
tín negro rayada, en
pailletté brillante. Y
es que están presen­
tes, en esta creación,
l a s principales ca­
racterísticas de la
moda actual: drapeados sobre la cad e r a , cayendo en
gracioso “ poní” a un
costado, c o r s a g e
simple y gran es­
cote.
La casaca creada
p o r Charles Mon­
taigne, larga, pinzada, adaptándose al
talle, es el tipio mis­
mo de la vestimenta
práctica y fácil de
llevar. La idea de
abotonadura en bies,
el cuello alto y an­
cho en piel de rata
americana, constitu­
yen, asimismo, de­
talles n u e v o s . El
“ paletot” , un poco
largo, bien cerrado
hasta abajo, ha sido
en cambio maravi­
llosamente t r a t a d o
pior Jean Patón. Es
p a r a realizarse en
lanilla negra, con un
enorm e cuello
écharpie y p u ñ o s
e n o r m e s , com o
m a n c h ó n en “ re­
nard” argenteé.

�CABALGATA-so
EN

LUCHA

INCIERTA

(Viene de la págijia 27)
pezó a abandonarlos. Se acercaron „
fuego. Mac continuó:
“

— ...y

este Gumevong »óto regresa cuando tiene respuesta paga.

—Mi padre y mi madre son primos
hermanos —explicaba el niño sábelotodo— y esa es la causa de que yo me
parezca tanto a ellos...

pítales, de modo que puedo ayudar a°l'
partera, pero necesito que me
ustedís. ¡Qué diablo! No podemos abaT
donar a los nuestros. Nadie los ayudar*
si no lo hacemos nosotros.
El del rostro delgado se puso en m
—Está bien, compañero —dijo— .¿¡7
hay que hacer?
' *v‘at
A la luz del fu:go, el rostro de Ma­
naostró una sonrisa de placer y triunt'
—¡Espléndido! —dijo—. Veo qUe y
béls trabajar juntos. Primero se necedu
agua hirviente. Cuando hierva, nos he
mos de procurar paños blancos y hac--‘
que hiervan. No me importa de dónde
saquen el lienzo ni cómo lo consigan
Señaló a tres hombres.
—Tú y tú y tú: prepárense a hacer
un buen fuego. Y tú trienos un r*.
de cazuelas grandes. Habrá por aquí
algunas latas de cinco galones Loe ae.
más que busquen ropa blanca; lo nUe
sea, pañuelos, camisas viejas, cualqmer
cosa mientras sea blanco. Cuando hier.
va el agua metan los paños dentro y
manténganla hirviendo durante media
hora. Necesito un pequeño tarro de agua
caliénte tan pronto como sea podóle
Los hombres empezaban a inquietar,
se. Mac dijo:
—Esperen. Otra cosa. Necesito una
lámpara. Una que sea buena. A ver ¡¡
(Dibujo de Oski)
me traen una. Si nadie se la da, hfiitenia. Necesito luz.
El ambiente cambiaba. Ya no habla
apatía en aquellas hombres. Se despertó a los que dormían y, una vez infor—Pese a todo, soy completamente op­
mados, se añadieron al grupo. Una co­
timista respecto al porvenir.. .
rriente de excitación llenó el bosque,
—Si nosotros —suspiró Warburg— tu­
pero la excitación era gozosa. Formóviéramos una marina y un ejército como
ronse hogueras. Cuatro grandes latas de
el de ustedes, seriamos optimistas res­
agua pusiéronse a hervir; y luego em.
pecto al presente.
pezaron a aparecer los pañes. Todos pa­
recían tener algo que agregar a la püa
Volvía el viejo juez, ya entrada la noche, de regreso
Uno se sacó la camiseta y la echó en á
a su casa, cuando advirtió sorprendido a un soldado
agua, y volvió a ponerse la camisa. Los
que se arrastraba lentamente ante los escalones de
hombres parecían sentirse súbitamente
la entrada:
felices. Reian a coro mientras quebraban
—¿Que hace ahí, soldado?
ramas muertas de álamo para la ho­
—Busco un dólar que se me ha perdido.
guera.
—¿Aqui?
Jim estaba al lado de Mac, observan­
—No, dos cuadras más abajo. . . Pero como aquí hay
do aquella actividad.
mejor lu z...
— ¿Qué voy a hacer yo? —preguntó.
—Ven conmigo. Puedes ayudarme en
Llegó Alfredo de Musset a la portería de la Acade­
la tienda.
mia Francesa y preguntó:
En aquel momento sonó un grito en
—¿Está Victor Hugo?
ella. Mac dijo rápidamente.
—No señor, pero si quiere pasar están ...
Tráeme una lata de agua caliente
—Es inútil, —respondió el autor de Fantasio—, si no
en cuanto puedas, Jim.
está Victor Hugo,'no hay nadie.
—Toma —dijo pasándole un írasquito— . Pon cuatro tabletas de éstas en
Decía Henry James:
cada una de las latas grandes. Tréeme
“El hombre que quiere comprender a las mujeres es
el frasco cuando vengas con el agua.
un mal educado... Y el que las comprende, un
Se íué apresuradamente a la tienda.
inm oral.. . ”
Jim echó las tabletas en las latas j
luego llenó un tarro grande en una de
Años ha, hallándose al frente de la gobernación de
ellas y siguió a Mac a la tienda La vie­
Santiago del Estero, el doctor Dámaso E. Palacios,
ja estaba agazapada en un rincón donde
nombró para el Ministerio de Hacienda al doctor Ma­
no estorbase. Se rascaba las manos j
nuel Argañarás, uno de cuyos hermanos, Uladislao de
miraba suspicazmente, mientras Mac
nombre, era un conocido estanciero. Al enterarse éste
echaba dos tabletas en el agua caliente
del nombramiento de su hermano, no pudo menos de
y sumergía las manos en ella.
exclamar, contrariado ante las injusticias de este
—Mejor andar con manos limpias mundo:
dijo.
— ¡Lo que hay que v:r! ¡Nombrar para ese puesto
— ¿Qué ss el frasco?
a mi hermano, que no sabe más que de leyes, sin
—Bicloruro de mercurio. Siempre lo
acordarse que el único que sabe de “hacienda” , de
llevo conmigo. Lávate las manos, Jim,
toda la familia, soy y o !. . .
y luego trae agua limpia.
Era tan parco el peculio, atuendo y ajuar de Mark
Fuera de la tienda, una voz dijo:
—Aquí están sus lámparas, doctor.
Twain en sus años mozos, que cierto día que cruzaba
Mac se acercó a la abertura y volvió
una calle con una caja d i cigarros debajo del brazo
con las luces: una lámpara Rochester
y alguien le reprochara que fumaba demasiado, el
de redonda mecha y una potents lin­
humorista le contestó, medio en Serio medio en
broma:
terna de gasolina.
— A lg ú n pobre diablo tendré que or­
—No crea, no fumo ta n to ... Es que estoy de mu­
deñar a oscuras —dijo a Jim.
danza...
Accionó e' pistón para aumentó:
presión en la lámpara de gasolina j— ¡Maestro! —conminó a Apeles Mestres un poetazo
cuando la encendió, el manguito cun­
tronitonante conocido por sus vociferaciones y fe­
tió una dura luz blanca y el silbido «
cundidad en toda Barcelona— . ¡Maestro, dadme un
la linterna llenó la ti:nda. De aijets
nombre para mi último volum:n de poemas! ¡Poemas
venia un crepitar de leña y un rui
fuertes, vigorosos, terribles! Nada de suspiríllos líricos
de voces.
ni rimas nebulosas... ¡Fuerza, vigor, energía!
Mac colocó le linterna en el suelo, jun­
—Puedes titularle —le aconsejó el gran dibujante y
to al colchón.
poeta— “Aullidos y bramidos", “ Rebuznos y relinchos” ,
—Todo irá bien. Lisa —dijo.
“ Rugidos y mugidos” , algo afín con tu manera de ser...

Burladero

Por El Hondero Irónico

No siempre las páginas de álbum son
de una amable insulsez. Véase estas li­
neas escritas por Enrique Heine en el álbum de su tio, el opulento
banquero y Júpiter de la familia, Salomón Heine de Düsseldorí:
“Querido tío Salomón. Préstame 100.000 taleros y olvídate para
siempre de tu sobrino que te quiere
Enrique.’
Visitaba el desaparecido Félix Warburg, hace algunos años, la hoy
rebelde Palestina. Entre las muchas entrevistas que celebró, mantuvo
una prolongada conversación con el alto comisionado, quien le afirmó:

— ¡Por favor, no juego» con lo merca derío!
(D ibujo de D ick W ingert)

�s i - (ABAK.ATA
Intentó «íy-ar suavemente el simio co­
bertor que cubría a la niña. London y
el muchacho pálido le observaban. Li­
sa se asía al cobertor en su asustadi­
zo recato .
_Vamos, Lisa, tengo que prepararte
—dijo Mac p:rsuasivamente. Pero ella
no saltaba el cobertor.
London se acercó a la cama.
_T.i&lt;m —dijo— haz lo que te dicen.
Los asustados ojos miraron a London,
y luego, a pesar suyo, la joven soltó
el cobertor. Mac lo dobló sobre el pe­
dio de la muchacha y desabrochó su
ropa interior.
—Jim —dijo—, tráeme unos paños y
un poco de jabón. Cuando Jim volvió
con un paño humeante y un trozo de
jabón, delgado y duro, Mac limpió las
piernas, muslos y vientre. Lo hizo con
tal suavidad que una parte del temor
dejó el rostro de Lisa.
Los hombres traían los escaldados pa­
ños. Los dolores venían más rápido.
Era el alba cuando se Inició el parto.
Una vez la tienda sufrió una sacudida
violenta. Mac miró por encima del hom­
bro.
—London, se desmayó tu niño —di­
jo—. Mejor lo sacas al aire libre.
Con un aire de turbación profunda,
London se echó al hombro al delicado
muchacho y lo Hevó afuera.
Apareció la cabeza de la criatura.
Mac la sostenía con las manos y, en­
tre débiles gemidos de Lisa, se comple­
tó el nacimiento. Mac cortó el cordón
con un cortaplumas desinfectado.
El sol brillaba en la lona, y la linter­
na continuaba silbando. Jim escurría
los paños calientes y los pasaba a Mac,
mientras éste limpiaba al encogido niñlto. Y Jim lavó y restregó las manos
de la vieja, antes de que Mac le dejase
tomar al niño. Una hora más tarde sa­
lió la placenta, y Mac volvió a lavar
cuidadosamente a Lisa.
—Ahora echa fuera toda esa porque­
ría —dijo a London—. Quema todos
los trapos.
London preguntó:
—¿También los paños que no usaste?
—Si. Quémalo todo. No sirven. —di­
jo Mac—. Su fatiga se mostraba en sus
ojos. Echó una última ojeada a la tien­
da. La vieja sostenía a. la envuelta cria­
tura en sus brazos. Lisa tenía cerrados
los ojos y inspiraba tranquilamente en
su colchón. —Ven, Jim. Vamos a dor­
mir un poco.
En el claro del bosque dormían de
nuevo los hombres. El sol brillaba en
lo alto de las mimbreras. Mac y Jim
ge deslizaron en un pequeño hueco, en­
tre ia maleza, y se acostaron uno al
lado de otro.
_ Jim dijo:
—Parece que tengo arena en los ojos.
Estoy cansado. No sabia que hubieses
trabajado en un hospital, Mac.
Mac cruzó sus manos bajo su cabeza.
—No hice nunca tal cosa.
—¿Dónde te doctoraste en partos?
—Esta noche. No habla presenciado
ninguno. Lo único que sabia era que
no dañaba ia limpieza. ¡Qué suerte la
mía en que todo marchase bien! Si hu­
biese ocurrido algo, me habría hundido.
Esa vieja sabia mucho más que yo. Y
creo que se daba cuenta.
—Lo has hecho con gran seguridad —
dije Jim..
—¡Santo Dios, qué remedio! Tene­
mos que echar mano de lo que se pre­
senta. Fué una buena oportunidad. Te­
níamos que asirla. Claro que fué bueno
eso de ayudar a la muchacha, pero, ¡qué
diablos!, aunque hubiera muerto... he­
mos de aprovechar todas las ocasiones.
Se colocó de lado y apoyó la cabeza
en el almohadón de su brazo. Estoy ren­
dido, pero me siento bien. Trabajando
una noche hemos ganado la confianza
de esos hombres y la de London. Y
aun más, hemos hecho que esos hom­
bres trabajasen para si mismos, en su
propia defensa, colectivamente. Para es­
to estamos aquí, para enseñarlos a lu­
char en grupo. Un alza de salarios no
es todo lo que buscamos. Ya sabes tú
eso,
(Copyright by Editorial Poseidon,
Buenos Aires, 1946)

1

2

3

4

PALABRAS

5

6

DE

8

9

10

CRUZADAS:

VERTICALES: 1. Tela de seda
lustrosa; Concavidad semicircu­
lar que se hace en un palo para
ajustar o empalmar otro cilin­
drico. 2, Consonante; Postula­
ción; 50. 3. inquirir con curiosi­
dad lo que hacen otros; Viento;
Espuerta grande, y generalmente
sin asas. 4, Géner0 de canción
coral gallega; Blanquecinos. 5,
Lemosín; Aires; Río de Italia.
6, Nota musical; Lista o catálo­
go; Creencia basada en el tes­
timonio ajeno. 7, Quiá; Pesares;
Dios egipcio que simboliza el sol.
8. Reverencia; Lugares subterrá­
neos profundos y oscuros. 9. Es
único en su especie; 5; Acción
y efecto de reír. 10, Nada; Paí­
ses que caen a la parte oriental
del Mediterráneo; Ultima letra.
11. Ensenada pequefia; Poeta an­
tiguo del Norte.

SOLUCION

7

11

11

HORIZONTALES: I# Hueco que
hay entre las moléculas de los
cuerpos; Ocasión; II, Consonan­
te; Aprovechado; 100. III. Sos­
tiene provisionalmente; C o n s o ­
nante; Vasija redonda de barro o
metal y boca ancha. IV. Insensi­
ble a los ruegos, consejos o avi­
sos; Parte de la embarcación más
cercana a Ja proa. V, Dativo y
acusativo del pronombre de se­
gunda persona en género mascu­
lino o femenino y número plu­
ral; Atavío; Se dirige. VT, In­
fusión aremática; En el gnosti­
cismo. cada una de las inteligen­
cias eternas; Regala. VII. Nomi­
nativo del pronombre personal
de segunda persona; O c u l t a s ;
Contracción de nada. VIH, Nom­
bres femeninos, plural; Bajío de
arena. IX, Provincia de Espafia;
Consonante; Canción p b p u l a r
alemana; X
Alteza; Personas
que venden ropa hecha; cero.
XI. Desfallecido; Muy.

DEL

“C A B A L G A T A ”

CONCURSO
NUMERO

P A L A B R A S
CRUZADAS: 10
S O L U C I O N

9

¿POR QUE ES FAM OSO ESTE SEÑOR?
Incendiarlo del templo de Diana, en Efeso; Autor del célebre ma­
drigal: "O jos claros, seren os..."; Descubridor del oro en California;
Pedro El Ermitaño (Primera Cruzada); Su famosa carrera a través
de Estados Unidos; Por su oración cuando fué fusilado por los es­
pañoles; Por su acto heroico junto al Libertador; Por su cometa;
Por la Ley Seca; Por su arrojo el 2 de mayo de 1808; Por asesinar
al presidente Sad¡ Carnot; por las islas que llevan su nombre, que
dieron origen a la leyenda de Robínsón Crusoe; por matar a Marat;
Por efímero auge político en la Francia del siglo X IX ; Por su fa­
moso "afíaire"; Por el asesinato del archiduque Femando, que dió
origen a la primera guerra mundial; Por haber gritado " ¡TierraF*
en el primer viaje de Colón; Por su carrera para anunciar la victoria
de Maratón; por su traición en las Termópilas; Por su declaración
de guerra a Napoleón I en 1808; Por su búsqueda del explorador
Livingstone. primera expedición cuyo reportaje tuvo repercusión
mundial; Por su vuelo sin final; Por haber asesinado a Enrique IV
de Francia; For ser el jefe de los Comuneros de Segovia; Por ase­
sinar a Cánovas del Castillo; Por ser, por su estancia solitaria en
las Islas de Juan Fernández, el modelo de Robín són Crusoe.
Los premios de este concurso de CABALGATA han correspondido:
IV; S 20.—, a Rubén Cetrángolo, Entre Ríos 2025, Capital; 2 segundas
premios, de subscripciones a CABALGATA, por seis meses a: Esther
Schvctz, 12 de Octubre 500, Avellaneda; Ramón Martin, Argerich 3044,
Capital Los demás concursantes no han alcanzado el porcentaje m í­
nimo exigido para hacerse acreedor a premio.

C O N C U R S O
“H A C I A
EL
L E N G U A J E 1N T E R N A C I O N A L ”
Aqui tienen, amigos lectores, un ramillete de palabras incorporadas,
por diversas causas, al acervo común universal. Pertenecen a los
más diversos idiomas y han surgido espontáneamente debidas a múl­
tiples causas. Aquel de los lectores que señale el mayor número de
aquéllos o de éstas y de su equivalente en castellano, se hará acree­
dor al premio en las condiciones acostumbradas de este concurso;
Coventryzar; Requeté; Heimatlos; Bushido; Wamp; Sofrosine; Ra­
dar; Tovarich; Bazooka; Dum-dum; Gudari; Soviet; Estaj anovista;
Fermata; Anchluss; Cachet; Tótem; Flic; Gang; Junker; Breecbes;
Robot; Pogrom; Jondo; Quintacolumnista; Maqui; Samurai; S.S.;
Gestapo; Geisha; Tarbush; Gángster; Chetnik; Nargilee; Ukase; Gla­
mour; Mikado; Caogulard; Falange; Knikerboker; Tabú.

(Dibujo ile Steinberg)

�s?

EL JUICIO, pintura al óleo por Raquel Forner

Acompaña al presente número una lámina
suplementaria en colores de R E M B R A N D T

LEA
EN EL PROXIMO NUMERO
el PRIMER artículo de
una S E R IE sobre el

CIN E EUROPEO

NÚM. 11 - 11 MARZO 1 9 4 7 - PRECIO 0 . 4 0

en la que se estudia
el cine de
FRAN CIA - SUECIA - ESPAÑA
IT A L IA - AUSTRIA
A L E M A N I A - INGLATERRA

�</text>
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                    <text>Buenos Aires, 25 Febrero 1947
Año n - N* 10 - Precio $ 0.40

Colaboraciones
esp eciales de:

S ir

R I CHA RD

G R E G O R Y
JUAN DE LA ENCINA
R. GONZALEZ TUÑON

k

ALBERT DUNN
FERNANDO DIEZ DE
MEDINA
MARIO AGUILAS
L U IS MARI O
JEAN TEDESCO
JULIO RINALDINI
WELUAM C. FORD
etcétera.

libros, cine, teatro, ajedre», modas, n o t ic ia s ,
ciencias,

e n t r e v is t a s ,
humor.

NATIVOS DE CUZCO - PERU
rote V IC T O R CHASiBI

QUINCENARIO POPULAR
DE L E T R A S ,

ARTES,

CIENCIAS, ESPECTACULOS

�¡cab alg ata

Ludmila Tcherino, bailarina y "vedette" de " U n revenont", film en que reaparece
Jouvet. Las crónicas «ficen que Is bailarina es "ado rab le" y que el gran actor completa
en el cine el relam o Triunfal a Francia, iniciado con una exitosa temporada teatral.

Una de los últimas fotografías de Paco Aguilar, el extraordinario laudista esp*ñ«l
recientemente fallecido en Córdoba. En homenaje a su memoria se preparan diver­
sos actos. C A B A L G A T A reflejará en sus páginas el sentimiento causado por sa muerte.

"L o s ojos artificiales de material plástico son más livianos, menos rompibles y más durables que los de vidrio". Este escalofriante párrafo que se sustento en varios
consumados, nos hace pensar en un ser imperfecto ideal que, al acostarse, guardara en estuches prefabricados una pierna, un ojo un brazo la dentaduro y lo peluca; » »
*e»lo sólidamente confeccionado en el moderno y tan conveniente material plástico, ton en boga en estos últimos tiempos, "m ás liviano, menos rompible y más durobw ■

P A R A UN A L B U M DEL T I E M P O
-

�3

H. G. WELLS, FI GURA CUMBRE DE LA L I T E R A T U R A
I N GL E S A C O N T E M P O R A N E A Por sir r i c h a r d g r e g o r y
AS ideas creadoras, y la influencia
ejercida por su expresión, constituyen la medida del progreso ma­
terial e intelectual reflejado en las obras
de la ciencia y de la literatura. Hoy se
considera generalmente a la Ciencia co­
mo una filosofía natural sistematizada
y formulada. Pero ligadas con los ade­
lantos logrados en estas formas del en­
tendimiento humano se hallan fuerzas
morales y sociales que, aunque no re­
vistan carácter físico, pueden observarse
en sus efectos y son susceptibles de ser
analizadas y juzgadas racionalmente.
Tal es el dominio de lo que H. G.
Wells, el gran escritor inglés reciente­
mente fallecido, llamaba la ecología hu­
mana; y todas sus obras —novelas, fan­
tasías y libros sobre problemas sociales,
religiosos o políticos— se refieren, di­
recta o indirectamente, a factores indi­
viduales y sociales que integran un todo
biológico. Como filosofía de la materia,
de la vida y de la inteligencia, y de sus
relaciones recíprocas, puede decirse que
Wells expresó independientemente prin­
cipios evolucionistas muy similares, en
muchos de sus aspectos, a los enunciados
por el general Smuts en su “ Religión y
evolución”, publicado en 1926. Valores no
sólo materiales, sino también morales
integran su nuevo humanismo, y su
adaptación a condiciones de vida dignas
crea de continuo nuevos problemas que
las sociedades civilizadas deben afrontar
y resolver, dentro de una complejidad
cada vez mayor, que aumenta constan­
temente la dificultad de los reajustes.
Era esta la actitud que siempre adop­
taba Wells hacia el pensamiento y la
acción humanos. En una conferencia que
pronunciara en 1902 ante una entidad
científica sobre el “Descubrimiento del
futuro”, defendió la tesis de que “la hu­
manidad se halla en los albores de una
gran transición, entre el principio de
que la vida debe ser considerada como
una serie de consecuencias, y la teoría
de que la vida debe ser resultado del
esfuerzo constructivo... Debemos sentir­
nos cada vez menos atados por los com­
promisos del pasado, y tener un sentido
cada vez mayor de responsabilidad por
el efecto creativo de nuestros propios
actos”. No afirmó que pudiera predecirse
el futuro, pero sí que podían anticiparse
las condiciones que reinarían en el fu­
turo.
Treinta y cuatro años más tarde, en
una nueva conferencia ante la misma
institución (la Royal Institution), Wells
expresó n u e v a m e n te un pensamiento
que siempre ejerció sobre él una in­
fluencia dominante: relacionar los efec­
tos y las causas como elemento de ge­
neralización y de síntesis. Su tempera­
mento y su esfuerzo fueron siempre los
de un investigador científico de las ex­
periencias individuales y de sus relacio­
nes colectivas; y en esta segunda con­
ferencia Wells trató, con su acostumbra­
da autoridad e independencia, el tema
de "Una enciclopedia mundial” que fue­
ra compendio de todos los conocimientos
humanos.
l a idea de una empresa tan vasta se
halla ya en germen en su "Esquema de
la historia”, en “La ciencia de la vida”
—escrita en colaboración con su hijo,
mayor G. P. Wells, y Julián Huxley— y
en “El trabajo, la riqueza y la felicidad
de la humanidad", obras aparecidas su­
cesivamente entre 1920 y 1932. El “Es­
quema” relata la historia de la tierra
como residencia del hombre desde su
primera aparición sobre el planeta has­
ta la paz de Versátiles; la “ Ciencia de
la Vida” estudia las estructuras biológi­
cas y sociales; y en la tercera de las
obras mencionadas se estudian las formas en que la humanidad se asegura el
sustento.
Su primer fantasía científica del tipo
mencionado fué "La Máquina del Tiem ­
po", cuya versión primitiva apareció en

I

la “ Revista de la Escuela de Ciencias”
criando Wells contaba sólo 21 años. H a­
bía adquirido ya los conocimientos de
astronomía necesarios para describir con
seguridad las cambiantes fases de la bó­
veda celeste que se presentaban ante el
viajero a través del tiempo. l a luna pa­
sa en un instante a través de todas sus
fases, el sol se transformaba en una
franja ígnea, y se balanceaba de arriba
hacia abajo, de solsticio a solsticio, en
menos de un minuto, y la primavera y
el invierno se amalgamaban como por
arte de magia, y en esta obra tenemos
ya en síntesis las admirables cualidades
narrativas y de apreciación científica
que distinguen a la totalidad de su vas­
ta producción literaria.
Luego vino la “ Guerra de los mun­
dos", precursora de toda una serle de
fantasías imaginativas en las cuales los
factores físicos y biológicos eran apro­
vechados con gran habilidad e inteligen­
cia. El libro de Lowell sobre Marte, y
sus afirmaciones de que los llamados
canales habían sido construidos por se­
res dotados de inteligencia había apa­
recido sólo tres años antes, de manera
que Wells contaba con una buena base
científica para su novela. Con “Los pri­
meros hombres en la Luna", publicado
en 1901, comprobamos una vez más su
genial habilidad para ofrecer mía na­
rración plena de interés humano sin por
ello herir las sensibilidades del espíritu
crítico de las mentalidades científicas.
Esta obra constituye, sin duda, un gran
adelanto sobre la similar de Julio Verne, que se hallaba plagada de errores
científicos. Por otra parte, los viajeros
de Vente no llegaron a la Luna, mien­
tras los de Wells descendieron en ella
y encontraron allí seres con pensamien­
tos y sentimientos capaces de estable­
cer contacto con los corazones humanos.
En "El Mundo de Libertad” el autor
nos describe las transformaciones efec­
tuadas en el mundo por una guerra
mundial, y aún cuando apareció en 1914,
en vísperas de la primera guerra, su ba­
se espiritual y material se halla más
cercana a la reciente conflagración uni­
versal. El libro fué dedicado a la obra
del profesor Soddy “ Interpretación del
Radium” , que vió la luz en 1909, y su
trama se base en la desintegración del
átomo y en el empleo de bombas ató­
micas y de millares de aviones en la
guerra moderna. Al describir el descu­
brimiento y el empleo de la energía na­
tural como complemento de la fuerza
animal del hombre, el primer capítulo
nos ofrece una explicación científica de
claridad realmente extraordinaria, bos­
quejando la conquista de la energía ex­
terior a través de la aplicación indus­
trial del fuego, del vapor, la electricidad,
y nuevos elementos químicos, hasta lle­
gar al radium y a la liberación de la
energía encerrada en los átomos, desti­
nada a ser utilizada primeramente, con
efectos catastróficos, en lo que el autor
llamaba “ La última guerra” , y luego a
partir de 1956, para liberar a la huma­
nidad de las obsesiones y complicacio­
nes que impiden su progreso moral y
material.
Otras obras en las cuales Wells pre­
decía el futuro de la humanidad fueron
“El Durmiente Despierta”, “Anticipacio­
nes” (publicadas en 1899 y 1901 respec­
tivamente) , “ El Alimento de los Dioses”
(1904) y “Una Utopía Moderna” (1905).
"Anticipaciones” , sobre todo, mereció el
elogio no sólo de muchos críticos lite­
rarios, sino de figuras destacadas de la
política, la ciencia y la sociología. Wells
se inició en la vida como estudiante de
ciencias, y al ingresar en la literatura
debió abandonar una carrera para la
cual había demostrado poseer grandes
condiciones, pero pese a ello siguió sien­
do considerado un gran educador cien­
tífico, y su espíritu inquieto y empren­

dedor lo mantenían en constante con­
tacto con todos los adelantos y nuevas
teorías científicas.
En "Anticipaciones” Wells proyectó el
presente en el futuro desde el puesto
de observación de la ciencia moderna.
Atacaba a muchas costumbres y pre­
juicios, predecía importantes cambios
sociales, y describía adelantos científi­
cos y mecánicos con una visión del fu­
turo realmente proíética. Los automó­
viles y las autovías, los tanques, los
trenes blindados, los paracaídas, todo
desfila por esta obra como si al autor
le hubiese sido dado presenciar los acon­
tecimientos que habrían de tener lugar
cuarenta años más tarde.
Su fe en una biología social racional
es traducida con ingenio y espíritu pro­
fundamente humanos en “Una Utopía
Moderna” , que nos presenta a una so­
ciedad con reminiscencias de la Repú­
blica de Platón, pero dando preeminen­
cia a las libertades individuales y a la
tolerancia. Un espíritu parecido, pro­
fundamente comprensivo y lleno de fe
en el porvenir de la humanidad, es el
que trasciende de “ Hombres como Dio­
ses” (1923), en que Wells nos habla del
nacimiento de una nueva raza, dotada
de grandes cualidades físicas y de gran
nobleza de pensamiento y 'd e corazón.
Al proyectarse en el futuro del hom­
bre y de la sociedad, Wells no se limita
a hacer sátira como Swiít en “ Los via­
jes de Gulliver", ni a ofrecer a sus lec­
tores parodias científicas, tan comunes
dentro de la literatura de nuestros tiem­
pos, sino que se adentra dentro de lo
más profundo del espíritu humano para
estudiar las vastas posibilidades del pro­
greso a través de su mentalidad estu­

diosa y científica. Siguiendo métodos
científicos, Wells (¿servaba la vida que
lo rodeaba, deduciendo de sus observa­
ciones los principios básicos que sirven
de tema a sus obras. “ El Amor y Mr.
Lewisham", “Kipps” . “Mr. Polly” y “ Las
Ruedas de la Fortuna” son todos tra­
suntos de su propia vida, y muchos fue­
ron los críticos que lamentaron que se
dedicara luego por un tiempo a la fan­
tasía científica, pese a su indudable
maestría dentro de dicho estilo. Pero
Wells no abandonó en ninguna época
de su vida el estudio y la expresión de
las cualidades y flaquezas humanas, sea
en el individuo o en la sociedad, y así,
fuera de las obras ya citadas, nos fué
dando “El Mundo de William Clissold”
(Tres tomos, aparecido en 1926), “El
Camino del Mundo” (1928), “ La Cons­
piración” (1930), “ Después de la De­
mocracia” (1933), “A n a t o m ía de la
Frustración” (1936), “El Nacimiento de
una Estrella” (1937), en la cual se es­
tudia la posibilidad de que los rayos
cósmicos dirigidos hacia la tierra pue­
dan producir la mutación de los núcleos
humanos, “El Porvenir de Homo Sa­
piens” (1939), “El Nuevo Orden Mun­
dial” (1940), “La Conquista del Tiem po”
y “Fénix” (1942), “ 1942, 1943 y 1944” ,
suplemento de su famosa autobiografía,
obras todas en las cuales se sintetiza el
concepto del autor de que el mundo debe
evolucionar hacia una sociedad donde
reine la buena voluntad y el espíritu
de cooperación, libre de prejuicios y sec­
tarismos, para que asi el hombre pueda
avanzar hacia formas más avanzadas y
más puras de la existencia humana,
aprovechando plenamente los recursos
que la naturaleza le ofrece.

�c a lta Itídta

□

E N L O S I N I C I O S DEL
ARTE AMERICANO...
I ’o

r

J

U

A

N

DE

L A

POEMAS
Por R A U L G O N Z A L E Z T U ÑON

E N C I N A

(E S P E C IA L P A R A “ CA B A LG A TA .” )

(E S P E C IA L P A R A “ C A B A L G A T A ”)

otear hoy y desde aquí, des­
de esta bulliciosa y heteróclita
ciudad de México, el panorama
artístico, no ya universal, sino mera­
mente americano? Nunca íué el mun­
do más discorde y nunca ha estado m a­
terialmente más unido. Las distancias
se han acortado monstruosamente. La
velocidad, la rapidez, la vertiginosidad,
imperan. ¿Cómo sentar nada sobre na­
da en este imperio fantásticamente mu­
dable de lo veloz, de lo vertiginoso?
¿Padece el arte también de la gran
dolencia del mundo? Es seguro, si el
arte, como se ha dicho, es el mejor
manómetro que marca la presión de la
atmósfera espiritual, el m ejor termóme­
tro que marca la temperatura, el índice
más seguro del estado espiritual de un
momento o de una época históricos? La
distancia material se reduce, se estre­
cha, parece casi a punto de aniquilarse
en la velocidad. ¿Sucederá lo mismo
con la distancia, o distancias, espiritua­
les?
Si atendemos al arte, entran gran­
dísimas dudas. Por un lado, parece que
el arte europeo ha dominado desde ha­
ce algunas décadas el planeta en su
parte civilizada y culta. Quien dice ar­
te europeo moderno, dice particular­
mente arte francés. Sin embargo, asis­
timos en ese campo a un fenómeno
parecido al del Renacimiento. El R e­
nacimiento es genuin amente Renaci­
miento italiano. Italia impera en el ar
te al compás que se desmorona y abate
políticamente. Mas toda Europa, y una
parte fce América, en virtud de la obra
española, conocen y practican concien
rudamente el espíritu general que al
arte dió el Renacimiento Italiano. ¿Re
medaba, imitaba, repetía Europa el arte
renacentista italiano? Sí y no a la par.
Dentro de una área común, el arte re­
nacentista se descomponía en facetas
nacionales. El nacionalismo, el senti­
miento de la comunidad nacional, to ­
mó también vuelo en aquellas horas,
que no dejan ds tener algún parecido
doloroso con las nuestras, aunque de
muy distinta y más profunda magia.
Se ha dicho, v. g r„ —y se ha dicho
bien a la ligera, con precipitación e in­
comprensión— que España no tuvo Re­
nacimiento. Cerrados debió tener los
ojos, los de la carne desde luego, y aca­
so en parte también los del entendi­
miento, quien tal dijo. Lo que hay es
que el Renacimiento español, aunque en
parte basado en él, es distinto del ita­
liano, que sirve de arquetipo. Pero lo
mismo acontece con el Renacimiento
en Francia, en Alemania, en los Países
Bajos, en Austria, etc. El Renacimiento
es vario, m u lt if o r m e , nacional. Cada
nacionalidad, en la época, tiene el suyo.
¿En qué fo rm a o en qué formas, pues,
el arte moderno, producto arquetípico
en gran parte francés, y más que fran­
ójco

cés, parisiense, se manifiesta fuera de
Francia? ¿Ha podido alcanzar en otros
lugares tantos quilates como consiguió
durante el siglo X I X y lo que va corrido
del X X en la ciudad de Santa Geno­
veva? N o parece que asi sea. Pocas ve­
ces se pueden alegar, en arte moderno,
fuera de Francia p e r s o n a lid a d e s tan
señeras como las de Francia misma. El
tono del arte moderno, el tono y la más
aPa calidad, su más alta significación,
son franceses, o mejor dicho, han sido
hasta aquí franceses, porque del por­
venir nada sabemos: duerme en las ro­
dillas de los dioses.
Como un gran río que se sale de ma­
dre, en imponente y hermosa avenida,
así el arte moderno francés se ha ex­
tendido por el mundo. H a tomado —in­
dudablemente— la coloración de los di­
versos cielos, de los diversos climas, de
las diversas sociedades y gentes. De ahí
su variedad. Pero este arte, tal vez por
producirse en una época en que el sen­
timiento de las artes del dibujo y del
color ha venido de una manera tan
alarmante a menos, dejando de ser una
poderosa faceta de la vida social, no ha
tenido aquella fuerza portentosa de
creación que tuvo el del Renacimiento
en Italia y, en cierto modo, no menos,
fuera de ella.
De esta manera, resulta que si se
contempla un poco a vista de pájaro
el panorama general de ese arte, te­
niendo en cuenta sus diversos avatares
desda el Romanticismo al Suprarrealis­
mo, hallamos en ocasiones, fuera de
éstas o las otras eminencias que apa­
recen de raro en raro en muy diversos
lugares, una monotonía de pampa ar­
gentina o de llanura castellana que no
deja de producir en los espíritus ávidos
y exigentes algún fastidio, cuando no
alguna desolación. Los viajes y sobre
todo las revistas han llevado los ava­
lares del arte producido principalmen­
te en París a los rincones más aparta­
dos, y en ocasiones inhóspitos, del pla­
neta. Todo el mundo se puso a hacer
arte a la manera de Francia. Mas lo
curioso es que ese arte, si bien se m ira
es producto de lo que pudiérase llamar
en justicia una decadencia, es decir, del
término de un largo proceso histórico
en su punto de descomposición, ha sido
adoptado muy gentilmente por los ar­
tistas de muchos y diversos p u e b lo s
harto lejanos en carácter, cultura y sa­
biduría del francés, produciéndose así
una especie de esperanto artístico. Pro­
ductos de una cultura archirrefinada, en
vías, ya que no de aniquilamiento, como
creen muchos, al menos, en momentos
de crisis tremenda y de transformación
radical, fueron y son adoptados con
entusiasmo, que tantas veces es ficticio
y de autosugestión, por gentes, o mejor
dicho, por artistas, que pertenecen a
otros mundos espirituales y .a otros es­
tados de cultura. De ahí que tantas ve­
ces sintamos que, fuera de su crisol, ese
arte asume caracteres y tonos que se
nos antojan excesivamente artificiosos,
enteramente falsos.
Y o no sé a ciencia cierta si éste es
uno de los problemas del arte ameri­
cano, considerado sin distinción de na­
cionalidades, aunque tengo alguna sos­
pecha de que algo de esto debe acon­
tecer dentro de su recinto de Un as
vagas, muy fluctuantes. Se puede desde
luego hacer una pregunta, y más de
una vez me la han hecho: ¿Existe en
realidad un arte americano? Nadie ig ­
nora que existen —principalmente en
Méjico, la Argentina y Brasil— artistas
de relevantes méritos. T al vez el arte
de estos artistas — el de algunos de los
mejores— no deje de sorprender extra­
ñamente al ojo y al gusto europeos, no

CANTO DE L A TRACCION A SANGRE

J

tuno al río de barcos callados
han muerto ios Grandes Caballos.

, Junto a los silos blanqueados
han muerto los Grandes Caballee

Hombres, venid, vale la pena
ver esa muerte por la arena.

A l estirar las largas patas
espantaron fugaces ratas.

Junto a los vagones pintados
han muerto ¡os Grandes Caballos.

Junto a las tumbas de los carros
han muerto los Grandes Caballos.

El relincho de la agonía
rompió los ríeles del tranvía.

N i rebenque ni pasto, ¡Nada!
se pudre la Gran Caballada.

Junto al carbón del fuego helado
han muerto los Grandes Caballos.
Sus enormes cabezas negras
s: clavaron en la honda tierra.

Venid, dorados cargadores,
a ver la sangre colorada
que han derramado en la alborada
les Caballos Trabajadores.

VISITA A L A FREIDURIA DEL PUERTO
en la sartén la sardina de plata,
el vino de la Costa desborda en anchas pipas.
C rujir de leña joven, sabor de aceite en lata.
Fugaces mariposas mueren en las tulipas.

E

stalla

Ranas de los pantanos, anguilas de las charcas,
pejerreyes de oro del Paraná fecundo;
un rumor de acordeones que viene de las barcas
y el viento en la plazuela del arrabal fecundo.
Fuera la enredadera trepa el antiguo muro.
Un marinero cose su camiseta rota.
Suena el piano automático en el mesón oscuro.
De súbito entra el río, vestido de gaviota.

CANTO DEL NACIMIENTO DEL PUENTE

A

la ciudad que corta el R ío
un puente nuevo le ha nacido.

Su nacimiento ha iluminado
la Luna de Cemento Armado.
Canto los puentes, los Grandes Puentes,
macizos, alados y fuertes.
A la ciudad del pez y el trigo
un puente nuevo le ha nacido.
Canto los Puentes Sonoros
faltando acaso alguna que otra ocasión
en que lle g u e n a escandalizarlo. Es
cu-stión de gusto, de sensibilidad. Pero
a pesar de todo esto, y de esas distin­
guidas personalidades en particular, es
probable que sea por el momento cosa
que postula no pocas reservas el afirmar
que positivamente existe un arte ame­
ricano con inequivoco carácter de tal.
Que pueda existir en un tiempo no le­
jano, es ya otra cuestión. A los que lo
sientan así, no ha de faltarles segura­
mente buena copia de argumentos. Es­
toy entre ellos.
La producción de un arte genuino es
cosa tan extraña y misteriosa, tan ar­
cana, como cuanto nos rodea en la vida
y lo es la nuestra propia, por humilde
que sea. Todas las explicaciones, más
o menos históricas y sociológicas, que se
han dado al fenómeno del arte, por in­
geniosas y profundas que fueren, valen
poco, pues poco o nada explican con
certidumbre cabalmente. Aquellas razo­
nes de clima, de raza, de geografía, de
circunstancias históricas, de momento,
de costumbres, etc., de las que usó y
abusó con tanta elocuencia y lógica de
h ierro... que nada prueba, H ip ó lit o
Talne, y con él toda la segunda mitad
del siglo décimonono, si, efectivamente,
no dejan de tener su influjo en el fe ­
nómeno artístico, no por eso son sufi­
cientes, nimucho menos, para explicarlo.
Son indudablemente factores en la pro­
ducción artística; pero en qué forma y

tendidos en el alba de oro.
Los grandes pusntes ciudadanos,
desam ables como mecanos.
A la ciudad del Toro Herido
un puente nuevo le ha nacido.
Canto a los puentes cuyas raíces
soliviantan aceras grises.
Los grandes, los Inmensos Puentes,
que cruean las pálidas gentes.

en qué medida actúan, cómo se teje to­
do ello, es lo misterioso, lo que está por
aclarar y acaso nunca se aclare. No se
tiene, por otro lado, arte porque sí,
porque a un grupo de hombres bien in­
tencionados y admirables se les antoje
tenerlo, porque crean que su país lo ne­
cesita. No creemos que en la historia
se haya producido nunca un arte de
esta manera, por pina volición, o puro
capricho bien intencionado, o por mero
entusiasmo de un grupo. No. El arte,
ya lo dijo mi buen amigo Perogrullo, es,
en primer lugar, producto del genio, y
lu ego..., luego, acaso de las circunstan­
cias y coyunturas históricas y sociales.
Aunque tanto se haya perorado y es­
crito en nuestra época sobre materia
artística —en muchos casos todo ello no
pasa de ser mediocres ejercicios de mala
retórica o negocios “ marchante"—, para
un espíritu exigente y bien formado de
nuestros días es faena ardua encontrar
en nuestra época bárbara y calamitosa,
con sus horizontes tenebrosos, pura an­
gustia, hombres de genio en las artes.
Talentos hay muchos, algunos origina­
les, encantadores, rara vez profundos.
De ahí, triste es decirio, aunque lo que
hay no sea grano de anis, no se pasa,
mal que pese a los estentóreos prego­
neros de la mercancía.
El arte americano, tomado en bloque,
sufre en modo aún mucho más intenso
de la dolencia general. Su origen es
(Continúa en la página Z I )

�^
-inclusive los domingos, a fin de te­
ner el panel terminado para la fe­
cha indicada.
En la obra de marquetería hay
varios procesos complicados. Dicho
o explicado en forma breve, primero
se toma un calco del dibujo y se
marca cuidadosamente con una agu­
ja fina a fin de tener un diseño lla­
ve. Esto es luego trabajado de ma­
nera de poder disponer de un diseñe
sobre el cual realizar la obra; ha­
cen falta docenas de dibujos para
que cada pieza pueda ser cortada
separadamente y adaptada a la ma­
dera adecuada, la cual es luego cor­
tada y teñida.
El panel de Chaucer cuenta con
miles de piezas. Sería difícil afir­
mar a qué cantidad alcanzan; pero
puedo decir que en el dibujo se ven
veintisiete caballos y jinetes, y los
caballos m á s pequeños contienen
doscientas cincuenta piezas. Cada
pieza de madera tiene el espesor de
más o menos 16 avo de pulgada.
Este no fué mi único trabajo pa­
ra el Queen Elizabeth; también pre­
paré otros ocho paneles para el
“ lounge” , aunque mucho más pe­
queños en tamaño. Estos son llama­
dos los paneles de la “ baraja” , por­
que representan las cabezas de los
reyes y las reinas de los cuatro pa­
los de un mazo de cartas.
Actualmente cuento más de sesen­
ta años de edad. Cuando salí de la
escuela entré como aprendiz en una
casa de fabricantes de sillas; pero la
vez que vi un trabajo de marquete­
ría me sentí tan fascinado, tan en­

..'.Ty'.'iKi

tusiasmado, que manifesté a mi pa­
dre el deseo de aprender ese arte.
El me dijo entonces que me enca­
minase ai Londres. A llí entré en una
empresa de marqueteros pertene­
ciente a un francés, hombre habili­
doso que m6 enseñó mucho del arte.
A l final de ocho años establecí mi
propio negocio y tomé un local en
Londres, donde instalé el taller. Con
el pasar de los años me di cuenta
de que era uno de los pocos hom­
bres que quedaban en Gran Bre­
taña, capaces de practicar el arte
de la marquetería tal como fué
practicado por los grandes artífices
de otros tiempos. Adquirí reputa­
ción; pero cuando vino la segunda
guerra mundial, lo mismo que mu­
chos otros ingleses, dejé mi arte y
me fui a una fábrica de aeroplanos,
donde fabriqué herramientas. Ahora
me siento feliz de poder decir que
ha reasumido nuevamente las tareas
propias de mi oficio; pero en la ac­
tualidad e s t o y concentrando mi
atención en una rama especial del
mismo: el de la restauración. Se me
envían actualmente raras y magnífi­
cas muestras de marquetería antigua
a fin de que yo les “ devuelva la sa­
lud” , es decir, que las restaure, de­
bido a que sufrieron mucho durante
los ataques aéreos enemigos duran­
te la guerra.
Como no dispongo de taller he
convertido una habitación de los fon­
dos de mi casa en taller temporario;
allí, mi hijo y yo, estamos atarea­
dos, esforzándonos por devolver la
perdida belleza a piezas antiguas que
han sufrido deterioros.

El hermoso ponel que represento una eseeno de los famosos "Cuentos de Canterbury ,
instola do en lo pared principal del "Icu n g e" del nuevo horco británico Queen Elixobeth.

VII A R T E DE LA
VI A R O U E T E R I A
Por A L B E R T
L día en que e l nuevo barco de
pasajeros de G ran Bretaña, el
Queen Elizabeth, partió en su
viaje inaugural a través del A tlá n ­
tico, rumbo a N u eva Y o r k , y o m e
sentí lleno de gran orgu llo. M i tra ­
bajo de toda la vid a com o fab rican ­
te de decoraciones y m uebles de
marquetería (hace más de m ed io si­
glo que me inicié en ese arte, com o
aprendiz), había sido coronado. Un
ejem plo de m i trb a jo estaba en el
“ lounge” del Queen Elizbeth, para
que pudiese v e rlo todo e l mundo.
Se trata d el panel de la pared
principal, de vein te pies de altura
y dieciocho de anche, que he presen­
ta una escena de uno d e los fam osos
“ Cuentes de C an terbu ry’’, d e l poeta
inglés Chaucer. E l señor G ecrge
Ramón, el artista que diseñó e l pa­
nel, realizó 400 bocetos antes de en­
tregarm e tsl diseño d efin itiv o .
Y o me trasladé inm ediatam ente a
un taller tem porario, en Lon dres
— pues había abandonado m i taller

E

DUNN

cuando estalló la segunda guerra
m undial— , y em pecé a reu n ir las
m aderas necesrias para la obra. N e ­
cesitaba ob ten er alrededor de 70 es­
pecies distintas, abarcando desde el
alm endro hasta el p alo áloe. H abía
m adera da un plátano de Londres,
m eple de Canadá, alm endro de A u s­
tralia, teca de la India, lig n ito de
encina d e Irlan da y un pedazo de
enredadera de V irg in ia , d e unos 120
añcs de edad, proven ien te d e Ham ptom Court. Estas fueron tan sólo
unas pocas d e las innum erables m a­
deras usadas; algunas de las m ejo ­
res que u tilizam os en la m arquete­
ría de época vien en de O rien te y
de las Indias Occidentales.

MILES DE PIEZAS
H abiendo ocleccionado mis m ade­
ras m e puse a trabajar, con la ayu ­
da de m i h ijo (q u ien sigue los pasos
del padre en m ateria de m arquete­
ría ) y dos ayudantes. Durante ocho
meses trabajé trece horas p o r día,

El hermoso ponei de los “ Cuento, de Canterbury", instalodo en el "lo u n g e "
de! Queen El.xobeth, esto hecho sobre dibujo de George Ramón, por Albert Dunn.

�UN N O V E L I S T A

KOLLA

RAUL B O T E L H O GOSALVEZ Y SU NOVELA
“ ALTIPLANO” , V I G O R O S A E X P R E S I O N
D E LA M E S E T A A N D I N A Y SU P O B L A D O R
Per FERNANDO DIEZ DE MEDINA
L indio es una esfinge. Habita un
orfce hermético, inaccesible al blan­
co y al mestizo. No comprendemos
sus formas de vida ni su mecanismo
mental. El sociólogo y el narrador no
alcanzan a modelar la materia viva:
divagan. El indio tal como lo entiende
Tam ayo —por ejemplo— es un indio
ideal: no existe. T al como lo ve A rguedas en “ Raza de bronce" es puro
cromatismo: pintura sin volúmenes. H a­
blamos del indio como factor-masa de
la nacionalidad; en verdad le ignoramos
por desconocer su psique individual y
su drama colectivo. El indio vive. El in­
dio actúa y produce. El indio no se deja
entender, no desea comunicación Hos­
co. silencioso, in m u ta b le , habita un
mundo cerrado. El indio es un enigma.
Pero quien lea “ Altiplano”, vigorosa
novela de Raúl Botelho Gosálvez, pen­
sará en forma distinta. No hay tal enig­
ma ni esfinge tan adusta. El indio es
un ser humano, tal vez un tanto ele­
mental en sus reacciones emotivas, tal
vez algo retrasado, primitivo en sus há­
bitos; ser humano al fin, susceptible de
m ejora o empeoramiento según le tra­
ten los demás. Su apego a la tierra, su
estoicismo en el infortunio, su callar
ante el blanco, su sometimiento al mes­
tizo, su sentimiento de solidaridad so­
cial en la lucha por la vida, dicen a
gritos lo que no queremos entender: el
drama indio requiere una siembra de
«m or y una pedagogía agraria. Dadle
afecto, dadle tierra, aseguradle una vida
pacifica de dueño y señor de su par­

E

cela, y el indio no tardará —dos, tres
generaciones— en incorporarse a la grao
masa civil. Cuando el indio sea propie­
tario real e indespojable de su suelo, el
día que ni el gamonal ni el tinterillo
puedan arrebatarle su heredad o sus
animales, estará ganada la primera ba­
talla por su redención económica y so­
cial. La sociedad moderna descansa en
el principio de propiedad; y el indio
sólo será ciudadano si le dejamos ser
propietario efectivo de lo suyo. Bien leí­
do. este libro no es sólo un recio alega­
to social, sino un clarinazo de verdad:
enseña.
Sobrepasando los anteriores bocetos
narrativos del autor, “ Altiplano” tiene
va la anchura de la novela; una estruc­
tura sólida, un revestimiento armonioso,
un equilibrio justo de tema y expresión.
Botelho ha leído mucho, supo asimilar,
más no se hundió en la poza de las in­
fluencias. Rivera, Gallegos, Gülraldes,
Rey les. Azuela, Lynch, le son familiares.
Conoce las escuelas insurreccionales del
Perú y del Ecuador. Admira a Méjico y
a Rusia. Venera a Dostolewski. Acaso
sueña componer un ciclo gigantesco al
modo de “ Los campesinos” , de Reymont.
Lee Conrad, Lawrence, Klpling. Pero
éstos son simples hitos de formación
literaria. En el fondo sólo le interesan
sus gentes y paisajes nativos: lo boli­
viano. Descubrir, interpretar la realidad
ambiente, con esa tercera vista estética
que, más a llí de la sociología y de la
historia, poema tiza el relato de las v i­
das y la descripción de las cosas. No sé

por qué, hablando de Botelho he re­
cordado a D'Orbigny, insigne geógrafo
y naturalista francés, que nos enseñó
a conocer a Solivia montaña por mon­
taña, rio por rio, aldea por aldea, en
un periplo de amor y de Investigación
que io captaba y lo encendía todo con
su emoción viajera. Botelho es un an­
sioso explorador de nuestro territorio
físico y humano, que recorrió y estudió
coa pasión de sabio, con fervor de poeta,
con intiudón de artista. “ Altiplano" es,
pues, un doble regalo literario; por su
valor documental y por su jerarquía ar­
tística. Enseña, deleita, eleva. Y a quien
objetare que “El mundo es ancho y aje­
no” , la famosa novela del peruano Ciro
Alegría, es más novela en extensión y
técnica narrativa, podemos replicarle:
pero el Indio de “ Altiplano” es mác f i­
dedigno, y el paisaje está sentido con
mavor potencia lírioa.
Botelho nos transmite la dramática
hondura del problema indígena su vir­
tud radica en que, alejándonos del plan­
teamiento político, económico, o simple­
mente estético, nos sitúa en el núcleo
mismo del asunto: el hecho humano, que
nos hiere a todos y a todos nos obliga.
“ Altiplano” es el drama indio en toda
su hondura y su pavura. Su valor ético,
testimonial, no tiene precio. Es la verdad
significante de lo real, captada con be­
lleza y precisión. Es el indio vivo, con
su miseria y su estoicismo, con su fo r­
taleza y su misterio, con su ancestralia
mágica y telúrica, con su esperanza mu­
da. Inquebrantable. Y por ese realismo
intrépido que le da vida y movimiento,
el ayOn de Jatun-Kolla -Adonde trans­
curre la novela— pertenece ya a la geo­
grafía literaria de América.
El libro está sólidamente construido.
Tiene unidad de fondo y forma. El rema
entrañable; la vida indígena. Técnica
ráDida y certera en la distribución de
masas, en la trama bien llevada, en el
juego vivaz de los contrastes. Botelho
aplica — consciente o inconscientemen­
te— el mecanismo intem o del buen na­
rrador; comenzar con vigor, dejar caer
el relato, volver a suspenderlo a la m i­
tad, dejarlo caer otra vez y terminar
con un remonte final Es la “ W ” que
todo autor persigue. El estilo sobrio, sin­
tético, denota la zarpa koüa; fluye con
facilidad en las descripciones, dialoga
con soltura y veracidad. Desde un pun­
to de apreciación estilística, “Raza de
bronce” es la loma chata y desigual.
“Altiplano" tiene la energía y la belleza
de una pirámide de nieve. El sentimien­
to estético del paisaje en este joven no­
velista es de linaje esquQiano: concep­
ción brusca y fuerte de las líneas esen­
ciales, vuelo atrevido en las metáforas,
exaltación pauteísta de la naturaleza El
Ande alienta con toda su grandeza y
pesadumbre en esta prosa m ¡L^i:inPi
eléctrica, que lleva andar de puma. ¿Los
defectos? Se pierden en la multitud de
excelencias del libro, de este libro ma­
tinal que anuncia un escritor de garra.

Botelho conoce y ama Solivia con pa­
sión devota. Su intrépida juventud dis­
currió en la selva virgen, en los anchos
ríos, en el yunga tropical, en los valles
templados, en la meseta andina. Tiene
un concepto geográfico, realista, territo­
rial y humano de la nación. Su visión de
la comunidad de Jatun-Kolla es, pues,
visión directa, como lo son los brochazos
magistrales con que describe la aldea
mestiza, el trópico yungueño, la vida en
las altas minas; cuadros cálidos, vibran­
tes, captados de la sustancia nacional
He aquí un libro típicamente boliviano,
de contenido y continente hondamente
nuestro, que todo boliviano debe conocer
para reconocerse en su mensaje de fe;
porque es mensaje de fe el que traen
sus páginas estremecidas de emoción na­
tiva, de pasión terruñera, enraizadas en
el subsuelo del ancestro y de la autoc­
tonía, que claman por la superación del
caos geográfico y del desorden social en
que vivimos. Este joven maestro de la
percepción folklórica relata las faenas
agrícolas, las bodas, fiestas y danzas na­
tivas, las costumbres todas del indígena,
con el primor y el fervor de un visio­
nario del Milquinientos. El éxodo deter­
minado por la sequía, aunque no se mo­
vilicen grandes multitudes como en “La
buena tierra", de Pearl Buck. tiene un
patetismo trágico que desafía los mejo­
res modelos en el género. La expulsión
de los perros es un pasaje imborrable.
Y el capítulo de la sequía de una tal
fuerza plástica que aterra. Novela des­
criptiva, costumbrista y Urica a un tiem­
po mismo, “ Altiplano” es un friso vio­
lento donde alternan figuras dinámicas
y formas e s t á t ic a s del viejo mundo
andino.
¿Qué decir de los personajes? Aquí es
donde se estrellan exégetas y denosta­
dores de lo indio. Pero aqui es, justa­
mente, donde se impone la verdad del
novelista. Con mirada zahori, Botelho
penetra y adivina la casi impersonal
psicología del indigena. El capitulo “El
signo escalonado” vale por un tratado
de sociología india. Los orgullosos Villca,
el Drudente Paulo Huaraca, el infortu­
nado Condori, expresan con admirable
fidelidad los tipos sociales de la comu­
nidad de Jatun-K olla; sus rasgos y sus
actos podrían retratar a los comuneros
de cualquier caserío andino. Son la ma­
teria humana, la materia viva de 1*
América india. Y estos indios fueron
calados con tal veracidad por el narra­
dor que a través de su hermetismo y su
hurañía sopla un aire de ternura co­
municativa, hablan para todos los hom­
bres libres del mundo con la voz honda
y doliente de la verdad, de la humildad,
de la desdicha. Si no hay un gran pers o n a je -c la v e . acaso es porque JatunKolla no lo tiene. El artista se sometió
a su tema y, en vez de inventar, retra­
tó can m a n o experta. Botelho ve 1**
clases medias con pupila Irónica y des( Continúa en la página 30.)

i

i

�LOS SETENTA ANOS HEROICOS DE

PABLO CASALS
ESPECIAL

U

PARA

C A B A LG A TA

Por M A R I O

NA casita que lleva el nombre
de “Villa Colette” , en el pue­
blo de Prades, pueblo del Rosellón, tierra catalana de Francia,
el día 29 de diciembre se llenó de
flores y de cartas y de telegramas,
firmados por los nombres más ruti­
lantes del mundo y por los más hu­
mildes Pablo Pau Casals cumplía
setenta añcs y les cumplía en esa
casita, donde ha pasado los siete
años_ angustiosos de la emigración
española y de la guerra. Cuar.do la
República sea restablecida en Espa­
ña, esa villa tendrá que ser declara­
da monumento nacional, demandan­
do al gobierno francés, para ella y
gl:ria de Casals, una espiritual ex­
traterriterialidad.
Cuando en febrero de 1939, el to­
sente humano, penetró en Francia,
Por las colladas de los Pirineos ca­
talanes, Pablo Casals dió a sus ami­
gos fugitivos, a dieciocho amigos,
su hospitalidad, y mientras en Es­
paña le eran secuestrados sus bieoos, él enviaba a los campos de con­
centración franceses, que oprimían a
trescientos mil españoles, sus reser­
vas metálicas, hasta agotarlas, y co­
mo las cartas seguían llegándole y
ya no podía concretar su fraternidad
fo un donativo, escribía a un amigo:
situación es lamentable y tengo
que hacer equilibrios para vivir y

AGUILAR

que vivan les que me acompaña». Ei
alma se me rompe, recibiendo las
cartas d i los campos, a las que ya no
puedo atender. ¿A quién puedo ayu­
dar yo, si ya no puedo ayudarme a
mí mismo?” . Si da conciertos, son
de beneficencia para socorrer a los
prisioneros franceses y a la Cruz
Roja. Agotados los tres millones de
francos que tenía en la Banca de
Prades, tuvo que vivir con 1.500
francos mensuales y fué cuando un
día se le presentó un fraile tentador,
que venía a ofrecerle, si reconocía
a Franco y entraba en España, la
devolución de sus bienes y el retor­
no a todas las preeminencias. Pablo
Casals se negó y el fraile le pregun­
tó asombrado:
— Pero, ¿qué hace usted aquí?
— Hago de cristiano — respondióle.
Des años más tarde, al visitar la
Gestapo, su casa, le preguntaron, se­
ñe lando al viclencelo:
— ¿Y quiere hacernos creer que
con esto vive usted?
— Con esto vivo yo y han vivido
muchos, y seguiré viviendo y haré
vivir.
El alemán no comprendió, como
no había comprendido el fraile, co­
mo no han comprendido muchos,
quizá porque no han querido enten­
der desda los alcantarillados políti­
cos, que en Pablo Casals se ha hecho

carne la dignidad humana y que el
alma de Beethoven ha transmigrado
a su alma.
Si se hiciera un paralelo entre
Beethoven y Casals, hallaríamos la
misma obsesión para la verdad —
porque también existe una mentira
musical— , idéntica integridad moral,
análogo apasionamiento por la liber­
tad. Beethoven era toda la pasión
enfe cad a en el pentágrama y Ca­
sals es todo arco. Con lo que Beetho­
ven despreciaba podrían nutrirse
cien músicos, y con lo que deja Ca­
sals en las rectificaciones, durante
el estudio, cien violoncelistas. A ser
contemporáneos, se hubiera presen­
ciado la milagrosa unidad de la
música, por el exacto acoplamiento
del creador y del intérprete, creador
también. Beethoven sería Casals y
Gasals Beethoven, que en cada ye­
ma de los dedos de Beethoven habla
un alma, como la hay en las de Ca­
sals. Por eso, oyéndole las “ Sona­
tas” y la “ Novena Sinfonía” , uno
tiene la certeza de que Beethoven lo
llama y Casals sale a su encuentro.
Son hermanos, y la predestinación
de su hermandad tan completa, que
el hercismo los ensambla en el arte
y en la vida.
La pasión de Casals, aplicada a
la vida, no tiene la dramática exhuberancia de la de Beethoven. Pa­
sión honda que odia lo espectacu­
lar, algo así como un San Francisco,
con indignación íntima. ¡Pero qué
pasión! Pablo Casals es, nada me­
nos, que el primer resistente de
Europa. Cuando Hitler persiguió a
los judíos, Casals decidió no volver
a tocar en Alemania, y no volvió.
Cuando Mussolini expatrió a Toscanini, antifascista, Casals se Impuso
no volver a Italia, y no ha vuelto.
Siente que una grave desarmonía
se extiende por el mundo, y la nota
falsa irrita su conciencia como Árrita
sus oidos. Pierde dinero, amigos,
tierras donde su presencia produci­
ría siempre resonancias de fama y
de utilidad. No imperta. Dios, es de­
cir, su conciencia, lo manda. Beetho­
ven hubiera hecho lo mismo.
Todas las águilas, la prusiana, la
de Roma, la bicéfala, grabada en los
palacios espñoles de la época aus­
tríaca, se echaron sobre España, y
Casals dijo entonces: “ La vida se ha
parado y todo se há vuelto lúgubre” .
Todo menos él. En medio de la san­
gre y del fraticidio su arte nos ofre­
ció un remanso. Mientras los jóve­
nes, aquel verano de llamas y de
sangre de 1936, iban a la batalla,
Casals, con sus sesenta añcs, abría
el Liceo, el teatro de la Opera, pa­
ra sus conciertos orquestales, y los
atbría entre alertas. Se hizo republi­
cano, carne y alma republicana. El,
católico, repetía con Severine, una
cristiana al revés: “ Con el pueblo
siempre ,a pesar de sus errores, a

N

O

T

I

U N A O FIC IN A IO NO SFERICA
Un decreto publicado en el “Diario
Oficial” acaba de dotar a Francia de
un nuevo organismo, denominado “ O fi­
cina Ionoesférica Francssa", dependien­
te del MinisVrio de Correos y Telégra­
fos. Los estudios sobre la popagación de
las ondas radioeléctricas demostraron
que ldá transmisiones a grandes distan­
cias eran tributarias del estado de cier­
tas regiones de la alta atmósfera, en­
globadas bajo el nombre de ionoesíera,
porque los gases rarificados que se en­
cumbran allí están ionizados.
La atmósfera desempeña, para las on­
das radioteléctricas, el papel de varios
espejos superpestos en altitudes que va­
rían de 100 a 400 kilómetros. Son las
r: flexiones sucesivas entre el suelo y
esos diversos espejos los que permiten
la comunicación por radio alrededor de
la tierra.
Las propiedades reflexivas de esos es­
pejos están lejos de ser constantes; pe-

pesar de sus faltas, a pesar de sus
desmanes” . El hombre rico no pre­
fería el patrimonio a la patria, y
decía: “El pleito de la guerra es
también Cataluña, y la república es
la libertad de Cataluña” .
Resisten-te -por óbediencia a su
espíritu, frente a H itler y frente a
Mussolini. Resistente, también, y
hace siete años, en el destierro, fren­
te a Franco. Recogido en el puebleciUo de Prades, hemos dicho que de
él no salía más que para dar con­
ciertes de beneficencia a pesar de
cercarle la penuria. Un día lo lla­
maron desde Suiza para dar unos
conciertos que podían salvar su eco­
nomía, pero las autoridades helvéti­
cas le exigieron el pasaporte oficial,
el de Franco, y él se negó a cumplir
aquella formalidad aparentemente
administrativa, en el fondo acata­
miento a una autoridad usurpadora.
Y no fué a Suiza: Pero llegada la
liberación, fué a Londres, a Buckingham Palace, en el que se reunió
la médula de Inglaterra, incluso sus
majestades británicas, y c u a n d o ,
después de Londres, renevaron las
pretéritas ovaciones Oxford y Birmingham y Manchester, Pablo Ca­
sals, con una sencilla firmeza anun­
ció: “ Y o no volveré a dar ningún
cor cierto a Inglaterra mientras In­
glaterra mantenga su apoyo a Fran­
co” . Y no ha vuelto a Inglaterra. Le
ofrecieron después contratos en los
Estados Unidos, y otra vez, con ab­
negada terquedad, c o n d ic io n ó la
aceptación: “ Dejen de a p o y a r a
Franco y aceptaré tedas sus propo­
siciones” . Y no ha ido a los Estados
Uridos. Ahora mismo, hace irnos
días, la U.NJ5.S.C.O lo llamó para
dar unos conciertos en París, y Ca­
sals, nuevamente, ha respondido:
“ Hegan ustedes, previamente, una
declaración antifranquista” .
— Así — he dicho a Pablo Casals—
va cerrándose el mundo para dar
ccnciertos.
— No importa. Tocaré ante uste­
des, los- emigrantes españoles que,
como yo, amen a Beethoven.
No se piense en un hombre duro,
o fatuo, o intolerante. Pablo Casals
toma estas decisiones y dice estas
cosas con una vez tenue, fregándose
las macos abaciales, sin perder nun­
ca su dulzura ni su aire monacal. No
ha querido nunca, tampoco, seguir
les caminos de un Paderewski, con
singularizaciones políticas. Su vio­
loncelo y su conciencia, su arte y su
cristianismo. Todo el.resto puede ser
simulación o vanidad, y lo aparta.
Cuando Pablo.Casals muera y los
dieses alarguen su vida, lo enterra­
remos en el monasterio de Pcblet,
el Escorial de Cataluña, donde están
los cenotafios de los antiguos reyes
catalanes, en medio de las solem­
nes soledades de los campes tarra­
conenses, cerca de Vendrell, donde

C

I

A

S

ro se conocen actualmente, en forma
suficiente, las leyes de evolución, para
poder calcular de antemano cuáles serán
las posibilidades de tráfico de un punto
a otro de la tierra, en una estación, fe ­
cha y hora determinadas.
La Oficina Ionesíérica francesa se ha
creado, precisamente, para elaborar esas
previsiones y comunicarlas a los direc­
tores de las estaciones de radio.
UNA T E LA DE VOUET (1590-1649)
ALCANZO LA SUM A DE 400.000 F R A N ­
COS EN EL H O TEL D R O U O T DE
P A R IS
En una venta de cuadros antiguos, en
el hotel Drouot, ‘un aficicmado pagó
400.000 francos por una tela de Vouet:
“L a Sagrada Fam ilia".
Una pintura de Reynolds, “Hércules
Niño” , alcanzó los 100.000 francos. El
retrato de Lady Poel, atribuido a Lawrence, llegó a 152 000 francos.

�Mas con ser tan extraño y tan asom­
brosamente real el picaflor, un Impetu
tan coherente y a la vez tan diferen­
ciado, tan rico en facetas, hay algo que
produce aún más asombro, si cabe; algo
que conmueve y perturba y m aravilla el
ánimo en medida mayor o, por lo menos,
igual, y es el nido del picaflor. H e tenido
ocasión de descubrir uno hace dias. Es­
tábamos sentados bajo un gran cedro,
en una isla del tigre; mi m ujer y yo
leíamos; nuestra hija seguía los pasos
acompasados y un tanto solemnes de un
hornero a la busca de caracoles y otras
presas sobre el césped. Súbitamente,
sentimos encima de nosotros, por entre
las ramas del árbol que nos daba som­
bra, las alas del picaflor y, al levantar
la vista, lo vimos zigzaguear en la pe­
numbra de la copa. A l cabo de unos
segundos, se posó y desde el punto en
que yo me hallaba sólo se advertía su
pico rojo. Extrañado de la duración de
su descanso, dejé el libro; con mucho
sigilo me moví unos pasos a un lado y,
fijándom e mucho, pude ver pico y cola
sobresalir por lados opuestos de un nido
increíblemente chico y parecido por su
aspecto extem o a una mancha de liqúe­
nes de los mismos que cubren tronco y

MANCHAS
-j N cable de W ellington (Nueva ZeI landia) nos inform a de que, seV- 7 gún observaciones del observatorio
Cárter, gran cantidad de manchas sola­
res cubren la mayor parte del disco
solar, lo que suele tomarse como anti­
cipo de serios trastornos en las comu­
nicaciones inalámbricas. Alrededor de
estas manchas obsérvanse además, se­
gún el mismo cable, colosales prominen­
cias o surtidores de hidrógeno y helio
incandescentes.
Desde su descubrimiento por Galileo
en 1610 —los chinos las conocían desde
mucho antes— , no se dió un paso en el
estudio de las manchas hasta que, en
1843, un boticario alemán, astrónomo de
afición, llamado Schwabe, tras pacientes
observaciones, anunció la recurrencia cí­
clica de dichas manchas, siendo el pe­
ríodo de irnos once años. Así, pues, du­
rante ellos el número de manchas au­
menta gradualmente a partir de un cier­
to nivel o mínimo hasta alcanzar un
determinado máximo, y torna a decrecer
otra vez. Desde entonces acá, con los
métodos modernos de observación y de
medida, el estudio de las manchas ha
t

G rabado en m adera de un picaflor hecho por el artista inglés C. F. Tunnycliffe,
para el libro " A book of birds", de M ory Priestley. Víctor Goiloncz Ltd. London, 1937.

OBSERVANDO AL PICAFLOR
“ ...a s í, al com prender que es m ila­
groso c u a n t o nos s u ce d e , se nos
muestran, a su luz más clara, los en
especial llamados milagros."
M ig u e l

de

U n amono

N el acto de observar a un pájaro
—y acaso a toda criatura particu­
larm ente esquiva— hay una emo­
ción particularísima, a la vez tensa, go­
zosa y, sobre todo, penetrada de un acu­
sado tem or de que el ser observado des­
aparezca en un abrir y cerrar de ojos.
Es este gozo un tanto áspero y primario
el que lleva a los niños a destruir nidos
y a m atar pájaros. Sin ese dominio de
si mismos de las personas mayores, se
lanzan por el atajo dando muerte al
pájaro, si es posible, para contemplarlo,
siquiera sea muerto, a sus anchas. Los
niños no pueden cortar la respiración
por un esfuerzo de voluntad y perma­
necer inmóviles mientras el pájaro o
pájaros, ignorando su presencia, incuban
sus huevos, construyen sus nidos, se h a­
cen la corte, picotean las bayas o el
légamo. Aun para una persona mayor
no avezada, resulta d ifícil esta casi to­
tal inhibición.
Ningún pájaro de cuantos he tenido
ocasión de observar m e ha m aravillado
tanto como el picaflor (1 ). Los primeros
que pasaron ante m i me dejaron per­
plejo por no saber de qué se trataba;
su rapidez, la brusquedad de su vuelo
—lo único que pude advertir a medias
mientras dejaba errar la mirada— y esa
trayectoria que parece burlar el impe­
rativo de la inercia, pues se curva, como
el vuelo del moscardón, al parecer con
una docilidad total, pese a la mucho

E

(1 ) M e r t fis r o a m n a d e las especies
más comunes d el T ig r e o delta d e l R io
de la Plata

mayor rapidez del pájaro que la traza,
eran cosas que no podía asimilar a nada
conocido. Su voz, el restallar de sus alas
en ciertos momentos, sus reflejos m etá­
licos y su total opacidad en ciertos casos,
el torbellino de sus alas mientras el pá­
jaro gira como un cohete en tom o a una
flor, o mientras, inmóvil, su pico cachea
can una delicadeza suma los menores
repliegues de los pétalos y los sépalos de
las flores de enredadera; ese don de vo­
lar hacia atrás, de lado, de frente; un
levísimo despegue de sus patitas y su
rápido recogimiento cuando la explora­
ción de una flo r se prolonga más de la
cuenta; ese al parecer ciego albedrío que
lo impele con la rapidez de un proyectil
y lo frena casi instantáneamente, es al­
go que nadie podrá olvidar jamás.
A l picaflor es vano tratar de seguirlo
con la mirada por entre los chopos, las
enredaderas, los sauces llorones, los fru ­
tales. Lo m ejor es colocarse cómodo e
inmóvil al lado de las flores y, con todos
los sentidos alertas, esperar con la m a­
yor serenidad. De pronto, aparece y des­
aparece como una centella con un chas­
quido que no sé si lo produce con la
garganta o con un especial movimiento
de sus alas; pero no tarda en hacer
acto de presencia de nuevo frente a un
m anojo de flores, a lo m ejor a un me­
tro escaso de vuestra cabeza. Si perma­
necéis inmóviles, es muy probable que
podáis observarlo durante unos largos
segundos, seguir las hábiles maniobras
de su pico de lezna, oír el sordo zumbido
de sus alas, ver espejear el verde esme­
ralda de su lomo y hasta sus ojillos d i­
minutos. Pero, sin daros tiempo a pen­
sarlo, aquel inm óvil o casi inm óvil tor­
bellino de vida y luz parte en la direc­
ción menos pensada, y el más leve con­
traste de luz y sombra parece borrarlo,
diluirlo por completo.

ramas añejas del cedro. De un salto me
encaramé al árbol y empecé a seguir la
ram a asido a otra paralela situada en­
cima; al cabo de unos metros a partir
del tronco, apoyado en una horquilla di­
minuta, tenía el nido ante mis ojos, con
un hueveclto color verde pálido y alar­
gado en el fondo. La esterilla del nido
parecía haber sido cortada por un plano
un tanto por encima del centro. La
oquedad o cuenco estaba rodeado por un
anillo perfectamente circular y era hon­
do, esférico, suave como un vellón. Me
quedé contemplando aquella maravilla
por un breve instante con la sensación
de tener ante mi algo sagrado, algo que
no tenía derecho a ver y menos a tocar.
Para ver aquel nido, para sorprender
aquella intimidad, aquella absoluta ino­
cencia y penetrar aquel misterio, me
pareció que se necesitaba la total ino­
cencia de los ángeles o del mismo pi­
caflor. Poco a poco, como arrepentido,
salté del árbol. Y si entonces la espada
de Jehová resplandeciese airada sobre
mi cabeza y me arrojara de allí, como,
según el Génesis, arrojó a Adán y a Eva
del Paraíso, no me hubiera extrañado.
J. O. E.

SOLARES
hecho grandes progresos. Pero, por el
momento al menos, no podemos entrar
a fondo en el tema. Gracias a la pila
termoeléctrica, por ejemplo, sabemos qu^
la parte más oscura de una mancha es­
tá form ada por gases a la temperatura
de irnos 4000 grados centígrados, supe­
rior a la de fusión del tungsteno —que
es de 3400 grados— , metal de que esté
hecho el filam ento de las lámparas de
incandescencia. ¿A qué, pues, se debe la
oscuridad? A un mero contraste entre
la temperatura de la umbra o parte más
oscura de dicha mancha y la de la fo­
tosfera circundante, 2000 grados centí­
grados más elevada. Si, en vez de ser de
6000 grados, la temperatura de la super­
ficie que la rodea fuese de 3000 ó 2000
grados solamente, la mancha se conver­
tiría en la parte más brillante y el resto
del disco sería la mancha. Este enfria­
miento de partes de la superficie solar,
a veces de un tamaño igual al 1 % de
la superficie del sol — en una sola man­
cha pueden caber varias Tierras—, dé­
bese a la formación de grandes remo­
linos de gases (de que el astro que nos
alumbra está por entero constituido),

Fotogrofio del disco soler tomada el l 2 de agosto de 1917 con el telescopio de 40 pulgodos del observatorio Y erkes i E. U U . ) . En el án gulo inferior derecho aparece el taasono relativo de la Tierra representado por un c ¡r e t ir o blanca pora poder ¡asger al
tamaño de los m onchas solares.

�con la consiguiente dilatación de éstos.
En esta dilatación se consume una asom­
brosa cantidad de energía térmica, y
este consumo se acusa en el descenso
de la temperatura de la umbra.
Cuando en el centro del disco solar
aparecen manchas de grandes propor­
ciones se p re s e n ta n las tempestades

magnéticas, que hacen oscilar la brújula
a uno y otro lado de su posición nor­
mal hasta dos grados y más, hacen sus
despliegues fantasmales las auroras y,
como consecuencia de súbitos cambios
en la ionosfera, las ondas herzianas ex­
perimentan imprevistas anomalías en su
propagación.

EDISON, CON QUI S TADO R
DEL M L N D O

Tomos

Alvo

Edison

(1 8 4 7

1931 ).

E cumplen hoy cien años del naci­
miento de Tomás Alva Edison (n. el
11 de febrero de 1847, m. el 18 de
octubre de 1931), sin duda el más fiel
representante del gran pueblo norte­
americano. Las gentes sencillas, en el
fondo más admiradoras de la magia que
de la ciencia, le han llamado el Mago
de Menlo Park, y la inmensa mayoría
de los periodistas emplea con esta oca­
sión una versión más pretenciosa y ac­
tual de la misma palabra: genio. Si en­
tendemos por mago el ser para quien las
leyes naturales no cuentan, el que por
un acto de su voluntad hace que las pie­
dras se eleven o permanezcan en el es­
pacio en vez de caer a tierra, que se
yergan castillos de la nada en cualquier
parte, que las materias se transmuten
en un abrir y cerrar de ojos, etcétera, es
patente el absurdo que la palabra en­
cierra con respecto a Edison; si enten­
demos por genio el hombre con el don
de intuir de un modo inmediato rela­
ciones más o menos insospechadas entre
hechos, sonidos, palabras, colores, etcé­
tera, y de hacerlas patentes a los demás,
tampoco el término conviene a Tomás
Alva y acaso no convenga a mortal al­
guno. En cambio, si como grado excep­
cional ciertas dotes p a r t ic u la r e s y a
quien las circunstancias de toda índole
permiten en mayor o menor medida
ejercitarlas para que den frutos, Edison
fue un genio con todas las de la ley.
¿Qué dotes se dieron en él en medida
sobresaliente? La respuesta no es fácil,
porque el hombre no es una yuxtaposi­
ción de cualidades separables, de ele­
mentos físicos o psíquicos, sino una to­
talidad, un individuo o indivisible; pero
no cabe duda de que la imaginación
~~~csa cualidad en virtud de la cual las
cosas más corrientes, más familiares, se
nos aparecen como nuevas, como recién
nacidas cada vez que posamos en ellas
nuestros ojos y prontas a entrar en re­
lación con las demás, a servirlas y a
®elJ lrSe de ellas para engendrar reali­
dades nuevas— ha sido uno de sus dones
niás sobresalientes. Era esta imaginación
que no daba punto de reposo a sus
manos, la que le arrancaba del lado de
su esposa el mismo día de la boda — si
i ii ^ exageración en la anécdota— y
llevaba a su taller; la que, al oír n n »

S

simple palabra, trocaba el rumbo total
sus acciones y pensamientos y le lan­
zaba a la exploración de nuevas posi­
bilidades y coyunturas. Pero, aun asi,
seria necio suponer que la imaginación
es algo dado de una vez, algo con que
el hombre nace o puede nacer en estado
de plenitud. No; la imaginación, como
la inteligencia y otras dotes humanas,
adquiere plenitud con el ejercicio y es
estimulada por el éxito y acaso también,
en ocasiones excepcionales, por el fra ­
caso; si bien no todos los mortales na­
cen iguales a este respecto, sino que ca­
da uno viene al mundo con posibilidades
propias, depende de las ocasiones que se
le ofrezcan y de su oportuno aprove­
chamiento que la medida de dichas po­
sibilidades sea colmada o no lo sea.
Edison tuvo la inmensa ventaja de
nacer en un momento histórico y en un
país ideales para dar cauce a su im agi­
nación y a sus dotes de hombre de
ciencia. Pues, aun con ser tantas sus
dotes imaginativas, sus inventos no le
salieron de las manos como Atenea de
la cabeza de Zeus; por el contrario, su
imaginación hubiera pasado desaperci­
bida para el mundo si no fuese secun­
dada por ese tesón, por esa fe en las
cosas que lleva al hombre de ciencia a
repetir una y m il veces el mismo ex­
perimento, a corregirse una vez tras
otra y hasta en ocasiones a bucear en
el abismo sin una clara noción de lo que
pueda aparecer. Otro tanto le hubiera
ocurrido si naciera en una época o en
un país muy distintos. El pueblo norte­
americano empezaba a hacerse cargo de
sus inmensos recursos naturales y de las

necesidades de todo orden que se le pre­
sentaban. Para domeñar el inmenso ám ­
bito geográfico, que se extiende del A t­
lántico al Pacífico y desde el golfo de
M éjico al San Lorenzo, se requerían
telégrafos, teléfonos, ferrocarriles, vapo­
res, generadores eléctricos cada vez más
perfectos y poderosos, es decir, talentos,
hombres, fuese cual fuere su extracción
social; lo que importaba era que, bien
por ambición o por satisfacer exigencias
imaginativas o vocaciones, tuviesen la
audacia necesaria para abrirse paso a
través de los mayores obstáculos. Con
Edison nacieron las grandes fortunas, la
aristocracia del dólar, esas ambiciones
que obraron el prodigio de la unidad
norteamericana y cimentaron su pre­
sente grandeza. Por ello hemos dicho al
comienzo que Tomás Alva Edison es uno
de los más fieles representantes del pue­
blo norteamericano. Nació en un país
en período de febril crecimiento, y en
tanta o mayor medida que contribuyó a
secundar este desarrollo, fué llevado a
la cumbre de sus posibilidades por la
corriente, por la presión de los aconte­
cimientos globales de su país y de su
época. Nadie como él simboliza la epo­
peya del engrandecimiento del país ami­
go, el tesón, la capacidad de trabajo, la
entrega total a un propósito y hasta ese
golpe de imaginación audaz que lleva a
hombres y pueblos a superarse, a antlparse al presente, a desentrañar las ocul­
tas posibilidades del momento y conver­
tirlas en hechos.
¿Ha llegado a su cénit la estrella de
Estados Unidos al cumplirse el primer
centenario de Edison, o sigue ascendien­
do todavía? No nos cabe duda: hombres
como Edison nace ntodos los dias. dentro
y fuera de Estados Unidos, sin que tra­
temos de eclipsar sus glorias bien gana­
das y merecidas. Si estos hombres en­
cuentran en tom o suyo el sano afán
creador que él encontró, el mismo deseo
de superación, el mismo amor al trabajo
pacífico, la misma disposición para re­
compensar al que vale y al que crea, es­
tos genios en potencia saldrán a relucir
y beneficiarán a la humanidad entera,
como lo hizo Edison. En caso contrarío,
para mal de todos, la estrella de Esta­
dos Unidos, sea cual fuere el oro acu-

CIENCIAS: a cargo de
José

Ot er o

Espasa ndín

mulado en sus bancos y su potencia m i­
litar — que tanto adulan sus falsos am i­
gos, los que tratan de amparar con ella
sus particulares intereses— iniciará su
descenso. Edison conquistó el mundo en­
tero sin armas y sin oro, y sus conquis­
tas hicieron posible un grado de felici­
dad desconocido hasta entonces y echa­
ron tag bases de una felicidad todavía
mayor para todos si sabemos aprovechar
sus enseñanzas y ni armas ni oro nos
deslumbran.
Modestamente, sin el menor asomo de
petulancia, C A B A L G A T A rinde tributo
a la memoria del ciudadano del mundo
Tomás A lva Edison y al pueblo que le
brindó ludias y triunfos.

ACLARACION
Por falta de espacio en nuestro
número precedente no pudimos pore r unas someras apostillas si tra­
bajo de nuestro colaborador Sixto
Pórtela titulado “ ¿La bacteria del
petróleo?” , cosa que, pese a la inte­
rrogante que lo encabeza, nos cree­
mos obligados a h a c e r h o y p o r
honestidad informativa.
En primer término, la bacteria en
cuestión fué descubierta en 1943 por
el oceanógrafo doctor Claude E. ZoBell; su denominación es d e s u lfo v ib ric h a lo h id ro c a rb o n o c lá s tic o (lig e ­
ramente romarceada), y su acción
no consiste en p ro d u c ir petróleo,
sino en d e s a lo ja rlo de las rocas y
tierras porosas que lo embeben. Por
multiplicación de su número y por
la presión del anhídrido carbónico
resultante de sus procesos vitales
principalmente, el petrólo que im­
pregna rocas calizas porosas y cier­
tas tierras contiguas a los depósitos
petrolíferos se aglutina en gotas de
creciente tamaño que se depositan
en lugares de donde puede ser re­
cuperado. La esperanza puesta en
este descubrimiento por los propie­
tarios de pozos d e p e t r ó l e o ya
exhaustos o a punto de estarlo, se
fundan en la posibilidad de reju ve­
necerlos mediante una infección en
gran escala de los estratos con esta
bacteria, y así aprovechar ur.os re­
siduos valiosísimos que, de otra ma­
nera, acaso se pierdan para siempre.

A q u . te n e m o s o p o rtu n id a d de o p r e s o r un d ,b u ,o de lo p rim e ro planta de energio Eléctrico construido por Tornbs A lb o Edil
los "och en tos" del siglo posado para alumbrar los colles de lo ciudad de Nuevo York. ( Propiedad del N e w York Edison Co

�MITO Y EXPERIENCIA
Por R O M U A L D O B R U G H U T T I
. I -i N artista nueve! No es el insI tinto, la pasión o el desborde
I
que le guían a trazar pincela­
das, a cubrir superficies con líneas,
planos de color, volúmenes, ciñen­
do el signo plástico que va a con­
vertirse en símbolo representativo
y quizá a suscitar emoción en el
espectador afinado de la entidad
pictórica creada. Este nuevo artista
cuya cifra de intensidad tiende a
dominar el “ espacio” es sometido a
infinitos planteos; aun la geometría
de los valores táctiles y naturalistas
se ve substituida por otra menos
experimental y más lógica, surgida
de atenazadas investigaciones con­
temporáneas; e irrumpen, en etapas
previamente delimitadas, problemas
de estructura, y se coordinan los ele­
mentos bajo la presencia de un es­
píritu ordenante, al punto que esta
ordenación descompone a aquellas
unidades apuntadas de modo está­
tico, en potencias vivientes y diná­
micas. Atiende razonadamente nues­
tro artista multiplicados estudios:
de color (vibración, calidad, estruc­
tura, perspectiva), de forma, acordes
de planos, de líneas, de volúmenes,
de luces y, sobre un trazado lineal,
configura poliedros e incorpora sa­
lientes en donde son inscriptas figu ­
ras y paisajes: el “ hecho plástico”
construido emerge tajante.
No es exhaustivo, empero, este
minucioso pensar y repensar las le­
yes del oficio. Escribió Lao Tsé, el
filósofo chino (una existencia que
rememora treinta y cinco siglos):
“ Paredes, puertas y ventanas consti­
tuyen la casa, pero es lo inaprehensible quien contiene su construcción.
Así, en general: da lo inmaterial de­
penden las formas; de lo inmaterial
que se produzcan” .
En convocada circunstancia, se ar­
ticula el nombre reverenté y agu­
zado de Ideal Sánchez. Ideal conci­
be la pintura como problema filo ­
sófico o de concepción del mundo
y, simultáneamente, cuanto atañe a
los valores mensurables.
PR ESEN CIA DE UN P IN T O R
Un paisaje de clima dramático,
una figura desnuda, un ambiente
criollo (grupo orión, 1940); el óleo
“ La nube” y grabados, naturalezas
y búsquedas abstractas (1947). El
misterio vive y se yergue, y el pintor
observa y es visto: Salón Nacional,
Acuarelistas, Mar del Plata. Y pare­
des surgen, y las pinturas murales
del Club Hurucán — dos paneles— :
“ El origen del foot-ball” y “ Epcca
de sus primeras leyes” . (Ahora lo
aguarda la aventura de una pared
de 10,46 mts., por 3,80: “ La simbo­
lización del triunfo” ).
Nos ha sido d 2 do en la Argentina
— tierra de imprevistos fenómenos
culturales— la facultad de asistir al

nacimiento de un arte decorativo de
proyección colectiva: La Cúpula de
las Galerías Pacífico ( “ Cabalgata”,
N? 1). Sánchez, pausado adalid, pro­
yecta sus avanzadas. En “ El origen
del foot-ball” lo abstracto concebido
preside la composición y planos de
color, hacia el fondo, crean atmós­
fera movida y viviente. El color lo­
cal, dentro de lo figurativo, en las
figuras de los muchachos criollos,
absorbe actitudes e indumentarias.
La escena es inscripta en luz cálida,
el espacio poblado con minuciosos
detalles, más si peligro ilustrativo
desentona los afanes del pintor.
De cómo es aprendizaje en el ofi­
cio y en la expresión, podría defi­
nirse el primer panel; en el segun­
do, las búsquedas se ?centúan y el
color local desaparece, y el coordi­
nador de espacios incluye su exce­
lente consistencia. El dinamismo de
los personajes, volúmenes sólidos y
lina as funcionales, acucian superfi­
cies planas. Un rincón del panel alu­
de a la medida sindicadora de la pin­
tura decorativa de Ideal Sánchez, en
el grado necesario a la expresión for­
mal y al carácter de lo representa­
do: La simplificación se adelanta y
se individualizan hombres y muje­
res jóvenes (éstas hacia los extre­
mos) en la compensadora acción de
fuerza del movimiento y de los volú­
menes estáticos. El color (de las mu­
jeres: una, dominante en verde, y
otras des en rojo y azul) ahondado,
y siempre el espacio que acosa y le­
vanta los fantasmas de lo real en
atendidas plasticidades. Buen aporte:
la columna real del edificio y la co­
lumna m óvil — f i g u r a— pintada
(costado derecho que divide el pa­
nel)..
IN V E N C IO N Y LIBERTAD
He visto en el taller de Ldeal
Sánchez —^Sánchez: discípulo de Li­
no Spilimbsrgo en 1936, tres años
previos de Academia Nacional— la
pintura de dos o tres óleos y no es­
casas monccopias que intuyen di­
mensiones espirituales. La entidad
plástica estalla y nada huye al con­
trolado mirar. Este equilibrio inno­
vador lo desearíamos como antece­
dente predominante en su trabajo
mayar futuro del Club Huracán. To­
da la invención en libertad q u ele
sea acordada a este riguroso soñad o r ; no limitaciones figurativas.
(Buen síntoma: las autoridades del
Club auspician pinturas murales de
un artista joven; signo fecundo ha
de s.r acordarle independencia en
la concepción y realización de las
ebras). Invención y libertad: volver
el símbelo del “ triunfo” en izado
símbolo de victoria artística. Mito y
experiencia, convergentes, pues:
“ de lo material dependen las formas;
de lo inmaterial que se produzcan .

EXPOSICION DE 650 MEDALLAS QUE EVOCAN
LA R E V O L U C I O N F R A N C E S A DE 1879
P A R IS . — El señor Schuman inau­
guró en el hotel de Monedas, de ésta,
una exposición retrospectiva de m eda­
llas y monedas de oro, plata y papel,
emitidas o acuñadas durante la R evo­
lución P r a n c e s a . Se encuentran re­
unidas en ocho vitrinas 650 medallas y
monedas, también numerosos billetes de
Banco y asignados, fastos de la historia
de Francia.
El artista, con una mano hábil, trazó
en algunos centímetros de bronce o es­
taño, los remolinos gigantescos que
acompañaron a la reunión de los Esta­
dos Generales en 1789. Los menores de­
talles aparecen grabados con un realis­
mo sorprendente. L a toma de la Basti­
lla está evocada en medallas de inspi­

ración popular. Unas quince de ellas
ilustran los combates y la destrucción
de 1su fortaleza
U na de esas medallas fué grabada en
un cerrojo de la prisión y su autor, el
ciudadano Palots, sacó una impresión en
metal. Otra medalla muestra la cabeza
de Bcilly, primer alcalde de P arís, otra
m agnífica medalla evoca la n och e d
4 de agosto.
Vemos también, rodeado de una nu­
merosa escolta, al rey Luis XVT, ha
riendo su entrada en París. D an ton . e
el momento de ser guillotinado, Cabria
dicho al verdugo: " M o s t r a r á s mi cabeza
al pueblo” , un grabador se Inspiró en
esta leyenda para realizar una plaque

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A jL ' / t o í-VtffT“Vv«A-' ^ i x X u - A j U - ^ ,
A lm afuerte. En el dorso de la fo tografía, lo siguiente dedicatoria: " A mi gran amigo
Elíseo Csigena, su om igo, Pedro B. Palacios. M ercedes. Enero 5 de 1880.

A utógrafo de A lm afu erte que aparece publicado en
el libro " A p o s t r o fe ", en la edición de H. A . Tommasi.

A L M A F U E R T E , el ge

de la m a l t i t u d
EL PO ETA

Y EL HOMBRE

día de este m iañ o mes de fe ­
brero, el último, y hace treinta
años, se apagó en La Plata la voz
más resonante — sin olvidam os de W alt
W hitm an— que poeta alguno haya le­
vantado en Am érica: la voz de Alm afuerte.
* Este recuerdo periodístico no significa,
en m odo alguno, un hom enaje a esa fe ­
cha y a su memoria. Porque el mejor
hom enaje que la vida y la muerte del
gran poeta nos reclama es la profunda,
extensa, acendrada, minuciosa y altísi­
m a penetración de su obra, lo que no
podría lograrse, por mucho que se de­
seara y condensara, dentro del espacio
reducido de las cinco o seis cuartillas
periodísticas reglamentarias.
Es vasta, extraña y notablemente va­
liosa la obra de Pedro B. Palacios, del
cual tanto se ignora que hasta sus pro­
pios biógrafos disienten sobre el conte­
nido de esa misteriosa inicial intermedia
de su nombre, pues para unos precede a
B onifacio y para otros Benjamín.

Ü

N

Don Antonio Herrero, su más devoto
panegirista, opta por lo primero, y sus
razones tendrá, pues sin duda es el suyo
el más ardiente y empecinado tránsito

a lo largo y a lo alto de la vida y la
obra de Alm afuerte.
Tropezando desde el comienzo en aquel
equívoco escalón de esa inicial, hemos
hallado tantos subsiguientes equívocos
que no consideramos osado afirm ar que
todo está por hacerse aún en tom o a la
personalidad originalísima del gran pa­
yador profético-, que todo está por re­
correrse siguiendo el itinerario de su
gigantesco y atormentado vivir.
Desde genio me ta i isleo hasta versifi­
cador iletrado, desde la exaltación más
laudatoria hasta la negación más oscu­
ra y más sórdida, todo es noble deseo o
bajo recurso en la d ifícil valorización
del poeta. ¿D ifícil? Sí, puesto que el ju i­
cio, favorable o adverso, no ha sido
aceotado, y no lo será durante mucho
tiempo, como definitivo.
Sergio Bagú, en sus notas prelim ina­
res a los "Discursos com plete»” supone
que “ la improvisación y la violencia de
la controversia han conducido a lapidar
su vida y su obra con el veredicto de
lo d efin itivo” .
P ero no. nada hay defin itivo respecto
de Alm afuerte, fuera de su propia obra.
Y esa obra se ignora en Argentina, en
América, en España, en el mundo en­
tero, pese a que, dentro de los ámbitos

P

o

r

a ns
L

U

regionales, merecieron los cantos, los
apostrofes y las rebeldías rítmicas y en­
cendidas del poeta justa y exitosa po­
pularidad. Porque conocer a Alm afuerte
fragmentariátnente, como se lo conoce,
es desconocerlo para la valorización in ­
tegral.
Hace unos años, mediante un proyecto
del concejal municipal, sin duda almafuertista, el Concejo Deliberante de la
ciudad de La Plata dictó y sancionó una
ordenanza para convertir una manzana
de tierra de Berisso en plaza pública y
levantar allí una estatua del poeta. Al
año siguiente, como contribución para
la obra monumental, se editaban en los
talleres oficiales diez m il ejemplares de
“ El misionero".
P ero la obra plena, la obra minuciosa,
la recopilación estricta y total de sus
discursos, artículos, cartas y poemas no
está hecha. Don Antonio Herrero, que
ha puesto toda su energía y su fervor
para realizar ese trabajo de recopila­
ción, se sumerge en profundas m edita­
ciones cuando se le interroga por qué
no se ha podido llevar adelante la edi­
ción completa de las obras de Alm afuerte. Y no responde con palabras ha­
cia el exterior, pero sin duda se da
reflexiones precisas y concretas para
sí mismo.

I

S

M

A

R

I

O

Nosotros no vamos a callar lo que
don Antonio calla: nosotros vamos a
establecer, al paso, pero sin
ce^!
teramente, las razones porque vivlm
ignorando, en su más perfecta homoge
neidad, la obra y la vida de nuestro
arquetipo pampeano y racial. Para e
respuesta nos ayuda el propio Almaíuerte. Nos ayuda todo lo que de su obra
conoce, y que se puede espigar, al azar,
sin elecciones expresas.
Y o repudié al feliz, al potentado,
al honesto, al armónico y al fuerte...
¡P orqu e pensé que les toco la suerte
com o a cualquier tahúr afortunado!
Repudia al feliz y levanta el
de su gran milonga clásica P^ra __ .
tarle a su “ chusmaje querido c
.
flúida y refrescada voz de una
pam peana:
Aquí me pongo a cantar
con cualquiera que se ponga,
la m ejor, la gran milonga
que se habrá de perpetuar.
Y voy a cantarte a ti,
¡oh, mi chusmaje querido!

�porque lo vil y caído
me llena de amor a mi.
“Sólo el que siente en si mismo una
cosa se explica sobre de ella con elo­
cuencia. y la entrega, tal como es, a la
expectación de los demás’’. Lo dice así
en un versículo de su evangélica cuarta.
Lo dice, lo siente y lo saca de sus pro­
pias entrañas:
Yo miro al Universo pasar adelante,
como a pelusa tonta, sin que me
[ asombre;
soy profeta, soy alma, soy como el Dante,
¡yo no siento más vida que la del
[H om bre!
Por eso voy perdiendo todo m i jugo
y al estómago ajeno voy por momento»,

sin querer de ella adulaciones. La inci­
taba a la custodia de las mejores tra­
diciones morales. La llamaba a la acción
y al repudio del caudillaje y del caudillo
concupiscente y ambicioso. En el año
1910, un g r u í» de admiradores y amigos
de Almaíuerte, estudiantes todos, ha­
bían presentado a la Cámara de Dipu­
tados una solicitud para que las “ La­
mentaciones" fuesen adquiridas, en una
cantidad importante de ejemplares, en
forma oficial.
Iba a ser aceptada la sugestión cuan­
do un cura, politiquero y cazurro, se
opuso, pretendiendo que las mentes in­
fantiles serían envenenadas por aquellas
beregías si la edición llegaba a difun­
dirse en las escuelas. La sesión camaral
terminó en ruidoso escándalo y los es­
tudiantes organizaron un homenaje en­
tusiasta que tendió sus ecos más allá de
nuestras fronteras, para repercutir en
toda América.

¡mientras pasan el plato de la colecta!...

En aquella oportunidad, Almaíuerte
pronunció uno de sus grandes discursos,
tremante y fogoso, no de virutas orato­
rias, sino de pasión patriótica y humana.
“ Seremos indispensables como nación —
dijo a los jóvenes— , no solamente a las
necesidades materiales de la vida civi­
lizada universal, sino también a los an­
helos y tentativas, a los esfuerzos y a
la evolución incesante del espíritu del
hombre, evolución que no sabremos nun­
ca, en seco, en qué instante de la eter­
nidad hará su punto final, abrirá su flor
augusta y cuajará su último fruto".

[Por eso tengo arranques desesperados

EL A N T IC R IS T O

corto el agua de tod o s , como un
[mendrugo
que cayese en el patio de los
[hambrientos.
Por eso los que ordeñan mi chusma
[amiga
llamándola la virgen y la perfecta,
le dicen ai oido que me maldiga,

que me llenan de sombras y cicatrices!..
¡Por eso me repudian los potentados
y me besan las manos los infelices!
¿De dónde saca ese acento bravio?
¿De dónde le sale ese flamígero aletear
de verdades que tanto repele al esteticista, como al demagogo, al reaccionario
y al falso profeta?
De su bondad, que le desborda; de su
sentido austero de la vida, de su amor
a la justicia, de su probidad, de su in­
menso y extraordinario humanismo.
ALM AFU ERTE Y LA JU V E N TU D
Nunca fué espectador, sino actor de su
propio drama y del vasto drama univer­
sal que percibía, no como las vibraciones
de un necio ruido, sino como un gemir
de gemidos que le traspaba las carnes
como una espada.
Amaba a la juventud, sin adularla y

Lo que en lenguaje corriente se ha da­
do en llamar oligarquía repudia, en ver­
dad, al gran poeta nacional y universal
que es Almaíuerte.
El dogma religioso hace de él el más
cristianó de los seres, un satánico anti­
cristo. Y las manos de los abates.

Dibujo de época, por Hofmana.
Portado dé uno dé lo* primera» ediciones.

¿v:

llenas de donaire,
de tez cándida y pulida

O B R A S DE

que no hicieron en la vida
más que cruces en el a ire ...
se alzan anatematizantes contra aquel
Prometeo trágico y viril que arrastra y
levanta en sus hombros todos los dolo­
res del mundo, ante Dios y más allá
de Dios todavía;

f ALMAFUERTE
T ^ I O

Yo te soñé la Madre y el Abuelo,

£L üliS im g »

yo te soñé más próvido que el sol;
yo te pensé m e jo r... ¡Vete a tu cielo!
¡N o mereces ser Dios!
Aquí está mi pecado más funesto;
aquí está de mis lacras, la peor;
aquí estoy ante t i . . . ¡N i un solo gesto!
¡Págame mi dolor!
M U E R T E C IV IL
Hace treinta años, en tarde de febrero
como ésta, Almaíuerte lloró su última
lágrima y penetró para siempre en “la
nada de las nadas” .

Fachada de lo casa de A lm o fu e rte .

Tenía cincuenta y siete años. Quizás
los contara por siglos.
¡M ucho barro hay que batir
en la via del sepulcro:
no hay oficio menos pulcro
que el oficio de vivir!
Sereno, como un dios del Olimpo, con­
fió al más íntimo de sus amigos sus de­
cisiones p o s tr e r a s , después le dijo:
“ Ahora déjame solo, que voy a morir” .

Donde

escribió

sus

últimas

versos.

Y murió así, como había vivido, solo,
viril y cuerdamente solo, el gran soli­
tario que tuvo y tendrá por los siglos
de los siglos, las más grandes muche­
dumbres en tomo suyo, en tom o de su
voz proíética y resonante.

^
_

— lISíw-

H. A . TOMMAS1
BUENOS AIRES

s
■‘ * í
'*-/&lt;&amp;* ** '

�der algo distinto en el teatro? Seria ab­
surdo. ..
—¿Cree usted que la misión del direc­
tor puede equipararse a la del actor co­
mo medios de expresión del autor?
—No. La diferencia estriba en que el
actor se dirige solamente a un público:
el director se dirige a un pueblo. Por
lo tanto, debe tener en cuenta cuestio­
nes de idiosincrasia, de modalidad pe­
cuniaria. Asi, su obra será sólida y arrai­
gará mejor. Pero, naturalmente, cuidan­
do de ser fiel a la obra. Su mayor honor
será ser tan perfecto, en su carácter de
medio expresivo, como lo es el creador
en sus dominios. Tomemos, por ejemplo,
a un Picasso. Dibuja admirablemente y
pinta mejor. P ero... ¿por qué causan
admiración muchas de sus creaciones?
Porque las realiza él: porque Picasso
realiza a Picasso. Si no poseyera ese
instrumento expresivo extraordinario...
Cuando ocurre ésto se dan esas imita­
ciones que andan por ahí, en que está
el mensaje desvirtuado: Picasso sin P i­
casso. Pues bien; la aspiración del diiector debe ser esa: equipararse en per-

fecdón al autor, pero dentro de su es­
fera de acción.
—¿Cree usted en la obra de los tea­
tros experimentales?
—Sí. Sobre todo, me parecen impor­
tantes porque aportan nuevos contin­
gentes de público al teatro, porque ex­
tienden y acrecientan el fervor por el
teatro. En suma, van ganando adeptos
para la labor en que todos estamos em­
peñados. Pero creo, en cambio, que algu­
nos de ellos se equivocan al elegir para
su repertorio obras oscuras y de un tin­
te acentuadamente intelectual y anti­
teatral, lo cual les hace suponer a los
espectadores que el teatro de arte debe
ser forzosamente aburrido. Cuando la
verdad es todo lo contrario...
—¿Qué proyectos tiene para este año,
Discépolo?
—Nada concreto. Pero no tengo prisa.
Hago una pausa para mirar el camino
andado, que no es escaso, y miro con
serenidad el futuro, con absoluta con­
fianza en la vitalidad de nuestro teatro
y en la capacidad de los hombres que
en él trabajan por su grandeza.

El Regreso de LUDMILA
TTDMiLiA Pitoefí ha vuelto a París.
Esta escueta noticia implica un
- * aporte vitalizador en momentos en
que el teatro francés parece cobrar nue­
vos bríos con las obras de Anouilh, de Salacrou, de Jean-Paul Sartre, de Achard
Ludmila Pitoeff vuelve al escenario
de sus grandes triunfos. Es la misma de
siempre. A pesar de sus cincuenta años,
de sus numerosos hijos, de la muerte de
su inolvidable Georges, que la abandonó
en 1939, su figura menuda y sus ojos
brillantes y vivaces traen los mismos
bríos de antaño, de ayer, de siempre.
Porque Ludmila es un mensaje lírico,
una llama que se consume a sí misma,

I

Escena de "L a nueva colonia", de Pirondello, en la que intervienen Rosa Cató,
CáHos Perelli y Eduardo Cuitiño, uno de los mejores trabajos de Armando Discépolo.

la pasión misma del teatro. Es la actriz
de los grandes papeles y de las grandes
obras. Al hablar de ella, se evoca in­
mediatamente a Nora, a la Doncella de
Orléans, a Fedra, se recuerda “El anun­
cio hecho a María”, “El pan duro”,
“ Oríeo” .
Ludmila ha pasado por trances duros
y angustiosos y no lo oculta. En el exi­
lio, sin el camarada cuya labor parecía
un complemento natural de la suya, tra­
bajando ante públicos fríos, incompren­
sivos y difíciles, los años se alargaron
de una manera penosa e interminable.
Estaba desarraigada, lejos de su medio
natural, de su público de París, de w

HABLAN LOS DIRECTORES

Para ARMANDO DISCEPOLO, lo único
que cuenta en el teatro es el creador
Discépolo es ya, a través de
sus treinta y seis años de teatro,
una figura incorporada con relieves
personales y con una obra maciza, he­
cha sin tregua y con amorosa ternura
de artista, a la historia de nuestro tea­
tro. Como autor, con sus grotescos “Ma­
teo” , “ Mustafá” y “Babilonia” , abrió
picadas vírgenes. Como director, a tra­
vés de numerosas temporadas de sin­
gular jerarquía, dió a conocer grandes
comedias, formó intérpretes, trazó rutas
de superación. Muchos de los mejores
actores y aún directores que actúan en
nuestro medio salieron de sus manos.
El hombre que ha puesto en escena
“ Esta noche se recita impiovisando” y
“ La nueva colonia" de Pirandello, “ In ­
vitación al viaje” , de Jean Jaoques Bernard; “La fierecilla domada” , de Sha­
kespeare; “Fábrica de Juventud”, de
Alexis Tolstoi, y en el acervo de lo
nuestro, "Un guapo del 900” , de Eichelbaum; “Mientraiga”, de Payró; "Altoalegre” , de Zavala Muñiz, tiene sobrada
autoridad para hablar de teatro.
—¿Cuál es su posición como director

A

K it ando

frente a la obra?
—l a única que me parece posible: el

respeto total al creador. En teatro, co­
mo en todas las latitudes del arte, lo que
cuenta es el creador. El director y el
actor colaboran con él y son quienes
se encargan de que su mensaje llegue
con claridad al espectador. Pero cuando
el director pretende dominar en la obra,
la desvirtúa. Su actitud es un abuso.
Podrá montar un espectáculo, hasta un
espectáculo bello, pero esto no será ya
la obra montada. Será... simplemente,
otra cosa.
—¿Cree usted que una misma obra
puede ser interpretada de diversas ma­
neras?
—No. Una pieza realista debe tener
una entonación realista en todos los as­
pectos de la mise-en-scéne. ¿Acaso po­
dría concebirse una comedia de Niccodemi con decorados cubistas? El clima
es fundamental y cada pieza tiene su
clima. Alterar éste, es alterar el pensa­
miento mismo de la obra. Además, pen­
semos un poco en lo ocurre en la mú­
sica. Una obra de Liszt, por ejemplo, es
algo claro, nítido, que tiene un cauce
definido. No puede ni debe ser inter­
pretada sino de una sola manera, la
única concebible. ¿Por qué ha de suce­

La presente nota gráfica muestra uno escena de conjunto de "L o

nuevo colonio

�Embao de "Fófcrico de juventud", de Alexis Tob:oi, ta lo que aparecen' Berta Sin germen, Foust Rocha, Amilano, Caviglio, Enrique Discépoio,

Inolvidable productor Jacques Hébertot,
aliado cordial y sagaz de gran parte de
sus triunfos. Después de Suiza, Vinieron
Sitados Unidos, donde su arte no inte­
resó, y Canadá, donde pretendieron pro­
hibir “Casa de muñecas”, alegando que
con semejante ejemplo “las esposas de
Montreal se marcharían de sus casas
si no se ponían de acuerdo con sus
maridos” .
El m aterialism o norteamericano le
arranca risueños gemidos. ¡Ah, el vér­
tigo del hombre que quiere hacer dinero!
Y Ludmila asegura que, en una broadr
castlng de Hollywood oyó una síntesis
de "Madame Bovary” en media hora,
donde todo el patetismo de Flaubert se
reducía a esta confesión de su heroína:
,!¡Yo quiero ir a París!” .
Y ahora vuelve. Vuelve a arraigar en
París, donde llevó siempre una vida tan
ejemplar dividida entre el arte y el ho­
gar que pareció increíble que una mujer
tan burguesa en su vida privada pudie­
ra encamar a heroínas tan trepidantes
de ritmo interior. París la ha recuperado
v acogido con júbilo, con los brazos
abiertos. No la olvida y la necesita más
que nunca. En estos momentos hay
bien pocas actrices de su jerarquía en
los escenarios parisienses. Quizá sola­
mente Marguerite Jamois. Y los auto­
res de la nueva generación reclaman
intérpretes de su sutileza, de su fer­
vor, de su sensibilidad.
Ludmila Pitoefí es un modelo de lí­
nea artística inflexible. Jamás ha cedi­
do a las solicitaciones del éxito fácil ni
menoscabado la dignidad de su reper­
torio ni descendido hasta el público,
nrocurando, por el contrarío, elevarlo
hasta el nivel de las grandes creaciones
del teatro. Es en París lo que Eva Le
Galliene en Nueva York, lo que Marga­
rita Xirgu en todas partes: una vestal
del teatro que mantiene siempre encen­
dida la llama.
Se ha presentado con “ L ’Echange” , de
Claudel, alternando seguramente esta
pieza con una de sus creaciones, la “No­
va”, de Tbsen. Singular cotejo de uno
de los autores modernos más audaces
con el padre del teatro psicológico y de
Ideas. Una vez más, Ludmila probará la
dúctil flexibilidad de su temperamento,
Que vuelve a enriquecer al teatro fran­
cés, en pleno reverdecer de energías
después de un breve marasmo.

HURGANDO EN LOS
CAMARINES DE
LA HISTORIA

LOS SALTIM BANQ UIS
VERSUS
LA COMEDIA FRANCESA
A principios del siglo xvn, en la fa­
mosa feria de Saint Germain florecie­
ron los teatros de saltimbanquis, lle­
gando a funcionar hasta siete simultá­
neamente. Los saltimbanquis no sólo
trabajaban p e rs o n a lm e n te , sino que
también presentaban títeres y animales
salvajes. El mono que más se distinguió,
Fagotin, fué muerto de una estocada,
según es fama, por Cyrano de Bergerac,
que se creyó insultado por él.
Más tarde, los saltimbanquis empeza­
ron a representar comedias elementales
y luego, al ser suprimido el elenco de
cómicos italianos del hotel de Bourgogne
por orden real, aquéllos mejoraron su
repertorio y sus actores y la competen­
cia empezó a inquietar a la Comedia
Francesa. Esta inició un proceso y con­
siguió en 1707 que a los teatros de las
ferias les prohibieran el uso del diálogo.
Pero los actores de la feria no se die­
ron por vencidos y adoptaron lo que
llamaron “El arte de hablar solo, in­
ventado por la Comedia Francesa” . T a
que no podían dialogar, monologaron.
Una comedia era una sucesión de mo­
nólogos y, por lo general, cuando apa­
recía un actor, el otro volvía a ocultar­
se entre bastidores.
Hubo nuevas quejas de la compañía
privilegiada de la Comedia Francesa. La
justicia hizo demoler los teatros de la
feria y quemar sus decorados. Pero a

los ocho días los teatros estaban recons­
truidos lo mejor posible y se habían
vuelto a pintar los decorados.
Entonces, el rey prohibió, a pedido de
la Comedla Francesa, que los actores de
las ferias pudieran hablar en escena.
Pero los intrépidos saltimbanquis qúe
querían ser actores apelaron a un nue­
vo recurso: cada actor llevaba en el bol­
sillo derecho su papel escrito con gran­
des letras en rollos de papel que le mos­
traba al público cuando lo exigía la si­
tuación y que volvía a guardarse en el
bolsillo izquierdo cuando lo habla usado.
El público alentó a estos actores con su
aplauso en la desigual lucha.

La Marcha del Teatro
En el teatro Montpamasse de París
se estrenará en la versión francesa la
trilogía de O’Neill "Electra” . Marguerite
Jamois encarnará a la protagonista
Lavinia.
*

*

*

Joseph Squinquel interpretará en Pa­
rís “ El mercader de Venecia” .
*

*

*

ESn Hollywood se prepara una película
de grandes proporciones sobre la vida
de Sarah Bernhardt. No se sabe con se­
guridad quién hará el papel. Bette Davis,
comprometida para hacerlo, no puede
por la poderosa razón de que espera un
bebé. Las candidatas son Greta Garbo,
Ingrid Bergman y Greer Garson. Eba
cualquiera de los casos, puede esperarse
una creación excepcional. De todos mo­
dos, Lysiane Bernhardt, nieta de la cé­
lebre actriz trágica, ha declarado que
si el libro cinematográfico del reputado
dramaturgo y cineasta Ben Hecht, cuyo
talento reconoce, se aparta demasiado
de la vida de la inmortal Sarah, ella y
su hermana harán todo lo posible por
evitar que se filme una biografía extra­
vagante de la diva.

Sección de
Teatro a cargo de León Mirlas

Pirovono y

otros.

El destacado escritor Pierre Emmanuel, cuyo drama claudeliano “ El lepro­
so” provocó hace poco encontrados co­
mentarios en París, acaba de dar térmi­
no a una nueva obra, que se considera
muy superior a la anterior.

¡Que viene el vapor!
Se le atribuye por lo general a Thomas
D. Rice la creación de los minstrels, o
sean los actores cómicos de Estados Uni­
dos que se pintan la caira fingiendo ser
negros. Según una versión, Rice empezó
a hacer ésto en Cincinnati, donde le to­
mó en préstamo a un cochero negro su
indumentaria y su canción y salió a
escena cantando:
Doy vuelta por aquí y por allá y siempre
[que lo hago
me encuentro con Jim Crow.
Como el público festejaba ruidosa­
mente la canción, el actor no oyó que
el negro casi desnudo, entre bastidores,
le reclamaba su ropa porque iba a llegar
el vapor. Y , finalmente, el cochero llegó
a tal grado de excitación que salió a
escena tal 'como estaba, gritando:
— ¡Señorito Rice, señorito Rice! ¡De­
vuélvame el sombrero del n egro..., la
levita del n egro..., los zapatos del ne­
gro! ¡Que viene el vapor, señorito Rice!

PALABRAS
INOLVIDABLES
— ¡Basta! ¡Que me van a quitar los
deseos de tener marido!
—No hay peligro. Esos deseos sólo se
quitan con el matrimonio.
L u ig g i C h ía s e l l i

("L a máscara y el rostro”)
•

PROSCENIO:

llde

*

*

*

—No me gusta nada el romanticismo.
&amp; la tristeza organizada como espec­
táculo p ú b lic o : llantos desmelenados,
venenos, adulterios y músicos tubercu­
losos. No me gusta.
A lk jaw d k o Ca so » a

( “Nuestra N atochar)

0

��LOS J I N E T E S DE L PARTENON
Por

JULIO

R 1 N A L D 1 JSI

ACE aproximadamente dos mil
cuatrocientos años que vienen
galopando los jinetes de la ca­
balgata inmortal. Rompieron oficial­
ícente la marcha el mes de Hecatombeón (julio para nosotros) del
año 438 anterior a Cristo. El día 28
la procesión ritual de las celebracio***’ de las Grandes Panateneas as­
cendió, como lo hacía cada cuatro
años, la colina del Acrópolis de Atenas, para ofrendar a la diosa tutelar
ñe la ciudad el peplo tejido por las
doncellas y la corona de oro de las
victorias. Pero esta vez la ceremonia
revestía doble solemnidad. Atenas
es*aba alojada en su nueva casa,
mandada levantar por la devoción
ciudadana, y que Ictino y Fidias ha­
ll dado forma. Sobre la colina
recosa el Partenón erguía su silue• La teoría llegó hasta los pórticos
y seguramente debió sorprenderle
que en lo alto de los muros interio­
res del recinto del nuevo templo es­
tuviera grabada en relieve su imagen. Fidias había tenido la ocurren­

H

cia inusitada de representar a lo v i­
vo, en aquel friso, el espectáculo de
la procesión en marcha. Como los
veía desfilar el pueblo por las ca­
lles de la ciudad, allí estaban los
magistrados que ehcabezaban la co­
lumna, las doncellas que llevaban
los vasos sagrados, los oficiantes que
llevaban las víctimas destinadas al
sacrificio, los carros que habían to­
mado parte en los juegos atléticos
y, en filas apretadas, los jinetes.
Siglos después, los arqueólogos
discutirían sobre esta transgresión a
los cánones de la arquitectura doria
y a las figuraciones rituales de la
decoración de los templos. Aquel
friso ccn relieves en un ordenamien­
to dorio, y aquellas figuras huma­
nas junto a la asamblea de los dioses
inmortales, han dado mucho que de­
cir a las plumas eruditas. ¿Cómo y
por qué se permitió Fidias semejan­
te libertad? Las soluciones propues­
tas son varias, pero, probablemente,
sea la más sensata la que supone que
en la mente del artista el friso de

Especial para "‘Cabalga!a"
las Panateneas fué, también, una
ofrenda en la que debía quedar fija­
da para siempre la devoción del
pueblo ateniense para su diosa. Si
así fué, no se equivocó. En el curso
de los siglos el Partenón debía pa­
sar toda suerte de vicisitudes: sa­
queos, cambios de destino y destruc­
ción final por la mano del hombre.
Iglesia cristiana durante un tiempo,
mezquita otomana después, plaza
fuerte y polvorín más tarde; lo que
no pudo el tiempo, lo realizó en 1687
una granada de ls tropas de Venecia en guerra contra el infiel. La
magnífica fábrica quedó desintegra­
da para siempre. Las losas del friso,
que resistieron a la catástrofe, poco
más de un siglo después fueren
arrancadas de su sitio; pero la teo­
ría sigue desfilando por las calles
imaginarias de una Atenas perdida
en la historia, y la cabalgata inmor­
tal mantiene el ritmo cadencioso de
un galope corto. Como lo quiso Fi­
dias, el testimonio de la devoción
del pueblo ateniense perdura. En tie­

rra extranjera les jinetes que retrató
tan a lo vivo mantienen el garbo
marcial o la soltura de sus gestos de
caballeros bien sentados. De todas
las figuras se diría que fué en estas
donde Fidias se detuvo con más so­
licitud. No omitió detalle de la ac­
ción o aspecto de los personajes que
pudiera valerle para infundirles no­
bleza y gracia. Como su compatriota
Jenofonte, también él a d m ira b a
seguramente el ¡espectáculo de una
tropa de caballería, “cuando no se
oye más que un paso cadencioso, un
soplo y un relincho colectivo” . Com­
partía seguramente el gusto de la
gente de su país por la figura del
hombre a caballo, documentado una
y otra vez en la obra de los cera­
mistas.
Pero Fidias iba a darle al tema
su máxima amplitud. A l lado suyo,
sus antecesores asirios son tímidos
realizadores y todos los creadores
de figuras ecuestres que habrían de
sucederle en el tiempo, no han su­
perado la riqueza y el sabio ordena-

�miento de sus composiciones. De
composiciones se trata, en efecto.
Composición de conjunto en el des­
arrollo de los grupos y composición
siempre variada por la acción del
caballo y el movimiento del caba­
llero en las figuras singulares. El
detalle die las vestiduras usuales

también es puesto a contribución: el
petaso y la chalina del viajero, el
casco empenachado y la coraza del
soldado, el bonete tracio de piel de
zorro, la clámide echada al viento
sobre el cuerpo desnudo. Ordena los
diferentes elementos en un reperto­
rio de figuras ecuestres donde todas

l 2 s posibilidades del tema parecen
haber sido consideradas. Los grie­
gos montaban sin silla ni estribos,
y “en pelo” la caballería de los ejér­
citos entraba en combate. En el
ejercicio de los efebos, en los cam­
pos de adiestramiento, Fidias podía
controlar las relaciones de los cuer­
pos atléticos semidesnudos, con la
silueta fina, de pescuezo ancho y ca­
beza nerviosa del caballo de guerra:
la figura ecuestre pura, sin adita­
mentos de monturas y jaeces. Mien­
tras ss mantuvo la continuidad de
la cultura helénica y durante el pe­
ríodo helenístico, estos jinetes del
Partenón sirvieron sin d u d a de
ejtemplo. Con las variantes impues­
tas por el episodio, el grupo de A le­
jandro cazando, que exorna el gran
sarcófago de Sidón, parece arran­
cado de una de las losas del friso
de las Panateneas. Y tampoco es ex­
traño a este antecedente la estatua
Ecuestre, también de Alejandro, de
época muy posterior, del Museo de
Nápoles.
La tradición se cortó con el correr
del tiempo. El Renacimiento no co­
noció la obra de Fidias, como no
conoció ningún original del arte he­
lénico. Habían cambiado, el espíritu
de los tiempos y los elementos de

uso. El caballo de guerra que cono­
cieron Donatello y Vterrccchio era
de formas más pesdas y voluminosas
que el de la caballería griega, que
Jenofonte describe y Fidias reprodu­
ce. Armaduras, sillas y jaeces com­
plicados cambiaban el aspecto del
jinete y la cabalgadura. La figura
ecuestre adquirió otra fisonomía,
curiosamente más próxima de las fi­
guraciones asirías que de la tradi­
ción griega. Sólo Leonardo ensayó,
en sus dibujos y bocetos (te la esta­
tua de Francisco Sforza, la asocia­
ción de los cuerpos libres de arreos.
Los jinetes del Partenón no volve­
rían a imponer su prestancia a la
atención pública hasta principios
del siglo X IX , cuando Lord Elgin
devastó en lo que pudo los restos del
Partenón y llevó a Londres cincuen­
ta y seis losas del friso del recinto.
En 1816 estos caballeros, que siglos
atrás habían partido al galope ocrto
del Cerámico exterior de la Atenas
de Pericles, recibieron alojamiento
en el Museo Británico. Otros fueron
a dar al Louvre, al Museo del Acró­
polis. A llí permanecen, jinetes ejem­
plares y primicia indudable, en las
representaciones del artse, del trata­
miento genial de la figura ecuestre.
•

li

�“Plumas y Palabras”
Po r J.

MORA

Sin embargo, hay que reconocer que
las cosas han cambiado, no diremos si
para bien o para mal. Antes, no sola­
mente no se le temía al cagot, sino que
se le provocaba gallardamente; ahora,
aduciendo respetables razonamientos le­
guleyos, se le evita. Los escritores libres
van poniéndose r a z o n a b le s ... ¡Malo,
m a lo !...

Feto reciente de Jean Jacques Gcutier,
premie Concourt 1946. En hi misma apa­
rece firmando ejemplares de su últi­
mo libro, "Asesinos de agua dulce".

A Acadm ia francesa tenía desde
hace más de año y medio dos si­
llones vacantes. Cuando se sepa
quiénes habían dejado tales vacantes, se
comprenderá por qué d u r a n te tanto
tiempo no se ha prestado nadie a lle­
narlos. Uno de esos sillones lo ocupaba
(ararles Maurras; el otro, el mariscal
Petain...
Por lo general, nadie ha abandonado
Jamás su sillón académico, sino por la
ancha puerta de la muerte. Allá por los
albores de la Academia hubo un caso
de académico expulsado por estafa, cuya
mención u omisión dio mucho que pen­
sar al abate d’Olivet, académico y autor
de la primera “Historia de la Academia
y de los académicos". Pero desde enton­
ces tenemos la idea de que la cosa no
había vuelto a suceder. La “ evolución”
académica tenía sus etapas previstas:
s:r inmortal, dormitar en les cómodos
sillones, intrigar subterráneamente para
proveer las nuevas vacantes con los ami­
gos. morirse camalmente y oír desde la
gloria el retórico elogio d ; su sucesor.
No estaba, al parecer, previsto qué se
hace cuando el inmortal sale de la Aca­
demia sin el bell enterrement del caso
y se dirige por sus propios pies a la
cárcel.
¿Y qué hace el que llena su vacante?
¿Qué “elogio de su antecesor” se larga
en el discurso de recepción?
Esto es lo que ha motivado que du­
rante más de año y medio los sillones
de Maurras y de Petain hayan sido
considerados “tabú". Por último, el es­
critor Jean Rivain (un valiente) se ha
presentado solicitando el sillón de Mau­
rras. El de Petain continúa “ tabú’..

L

AUTOCENSURA
Hasta ahora, cuando en un libro, en
un periódico o en una revista nos en­
contrábamos con algunos claros en blan­
co, nuestro pensamiento iba siempre a
una oficina misteriosa, a Jin atrabiliario
funcionario ignorante y solemne, a un
fatídico lápiz rojo, en una palabra, a
toda la escenografía melodramática de
la censura gubernativa, sin la cual no
nos explicábamos ese claro, y a la que
creíamos capaz de todas las barraba­
sadas posibles.
Pero el último libro de Raymond Guérin, “Apprenti”, nos ha dado la sorpresa
de un caso único hasta ahora en que
el censor y el censurado se unen en la
misma persona. Guérin escribió su libro,
lo presentó a un editor, el editor lo
aceptó, se siguió toda la laboriosa ma­
nufactura —corrección de pruebas, pa­
ginación, foliación, etc.— y cuando el
libro estaba ya para Imprimirse hubo
cierto miedo, se pidió consejo a un abo­
gado y de acuerdo con el crjterio del
abogado el editor pidió y el autor con­
cedió les cortes correspondientes.
Los “cagots” (la palabra es tan bonita
que no podemos resistirnos el deseo de
dejarla en su idioma original), los nun­
ca bien alabados y servidos cagots, se
han quedado en esta ocasión sin su pre­
sa. No se podrán dar el gusto de escan­
dalizarse y escandalizar a su piara.

LA M A N IA DE S IS T E M A T IZ A R
Hay hombres en los que la manía de
sistematizar y reducir a cifras previsi­
bles y aleccionadoras los más delicados
actos de la vida los lleva a convertirse
en perfectos personajes de ese grari Mo­
liere del siglo x x que tanta falta nos
está haciendo y que no aparece por nin­
guna parte.
El profesor Emest Burgen, de la Uni­
versidad de Chicago, es uno de esos
hombres. Durante si; te años ha exami­
nado metódicamente el comportamiento
de 526 matrimonios (no sabemos nada
de los instrumentos ad hoc que haya
empleado en su interesantísima p;squisa), y al final ha reunido sus conclu­
siones en un hermoso volumen apare­
cido con el título d; “ Código del per­
fecto amor conyugal".
A la única persona a la que este libro
podrá ser de alguna utilidad es a su
propio autor, el honorable profesor de
la Universidad de Chicago, Mr. Emest
Burgen, pu;s aunque su obra no alcance
gran venta, le ha servido al menos co­
mo personal experiencia y se ha queda­
do soltero —de modo que entre sus “ fi­
chas” operatorias la única que no ha
llenado es la propia.
Por lo demás, tal vez esté recibiendo
infinidad de felicitaciones de solterones
y solteronas de todas las latitudes, con
lo cual, dentro de otros siete años de
sesudos estudios y con la ayuda de otro
fichero automático, confeccionará otro
libro “ Código del perfecto solterón”, y
se casará (para pagarlas todas juntas)
con alguna de sus admiradoras.
EL LA B E R IN T O G EO G RAFIC O
CO NTEM PO RANEO
Ser profesor o estudiante de geografía
en nuestros tiempos es un verdadero su­
plicio. Resulta que de todo el continente
europeo, s o la m e n te España, Portugal,
Suiza, Suecia, Noruega y, con ciertas re­
servas, olanda han conservado sus fron­
teras invariables. En los demás países
del anciano continente (que a pesar de
su ancianidad no ha llegado todavía a
sentar la cabeza) las fronteras han cam­
biado nada menos que ciento cincuenta
veces sn un periodo de veintioho años.
Lo malo es que generalmente los lími­
tes geográficos de las distintas naciones
se aprenden en la geografía elemental
y en la infancia por un fatal proceso
mnemotécnico del que muy difícilmente
se desprende la mente madura. Y cada
vez que se habla, se piensa o se escribe
sobre cuestiones que afretan a una a
otra región, el espectro del tembladeral
geográfico, de la incertiumbre jurisdic­
cional, contiene y obliga a innumerables
consultas. Antes se resolvía esto muy
fácilmente acudiendo al párrafo de la
geografía elemental, fijado en la memo­
ria con sello indeleble. Ahora se pierde
cualquiera entre anuarios, tratados in­
ternacionales, publicaciones de la difun­
ta sociedad de G inebra..., y muchas
veces concluye per no saber ni siquiera
en qué país ni bajo qué jurisdicción vive.
Y a que se hacen tantos libritos sin­
téticos sobre disciplinas que no son sus­
ceptibles de síntesis, ¿por qué no hay
una “ guia breve de las fronteras de los
diversos países” para uso de las escuelas
públicas y de los comentaristas de suce­
sos internacionales?
Muy difícil debe ser hacer esa guía
cuando no ha habido ningún genio de
la iniciativa que se atreva a lanzarla.
O tal vez se esté esperando tener cierta
seguridad en las fronteras actualmente

G UA R N I D 0
existentes, o se tiene miedo de que haya
un nuevo cambio el mismo día que la
“ guia” aparezca.
TODO ES SEG UN EL C O L O R ...
Como ahora se habla con tanta fre­
cuencia de la carestía de los libros, y es­
te articulo d; primera necesidad espiri­
tual se está poniendo por las nubes en
casi todas partes, a un periodista se le
ha ocurrido preguntarle a Roland Dorgelés:
— ¿Qué opina usted de la carestía de
los libres?
El autor de “ Cruces de palo” ha con­
testado con la solemnidad que le carac­
teriza;
—Un buen libro no tieEe precio; sola­
mente los malos libros cuestan d masiado caros.
La frase es muy buena. Pero quisié­
ramos saber lo que el señor Dorgelés

J

cree de sus propias libros. ¿Caros? ¿Ba­
ratos?... Pues quién sabe si una obra
d; Rabelais se puede tener por unos
pocos francos y en cambio un libro del
señor Dorgelés cuesta el sueldo de tm
mes de un funcionario de ministerio.
EL FAMOSO "D IA R IO "
Todo el mundo conoce, aunque sea de
oídas, el famoso “ Diario” de los Goncourt; algunos han leído I06 nueve volú­
menes da la edición Charpentler, en los
que es’á la parte de “verdad agradable”
que Edmond d i Goncourt juzgó se po­
dría publicar estando él vivo. El resto,
esto es, lo que Goncourt el superviviente
considera “verdad desagradable” (esto
es, la que tal vez los demás considera­
ríamos la más “ agradable” ) permanece
inédito y en les anaqueles de la Biblio­
teca Nacional francesa.
De cuando en cuando se halda de pu­
blicar es; resto del “Diario” y se hacen
cálculos acerca de su extensión. Por lo
general se ha considerado hasta hace
poco que la obra quedaría completa
agregándole unos tres vclúmen:* más.
Un editor “ de la casa” J.-H. Rosny conf Continúa en la página 30.)

»

-

LA IMPRENTA LOPEZ
es la primera organización creada en Hispano-"
Am érica dedicada exclusivamente a la impresión
de libros. Su participación en la creación de la indus­
tria editorial argentina ha sido decisiva. Su nombre

como impresores, unido a l de los editores, marca una
etapa culminante en la historia del libro argentino.

El

arte y la técnica de la I M P R E M I ' A L O P E Z

en conjunción maravillosa realizan el milagro de
producir las más bellas y cuidadas edicio­
nes, tanto de lujo como populares,
a

precios

convenientes,

pues

su especialización le per­
mite dar c a lid a d
sin aumentar

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costo.

IMPRENTA LOPEZ
A l servicio de l libro
PERU 666

•

B U E N O S AIRES

�'

CRITICA
Por

LITERARIA

G O N Z A L E Z

P a h u a del c a m p o , por Horacio

C A R B A L H O

Rega M olina; Editorial GuiU.rmo Graft Ltda.;

Buenos Aires; 130 páginas.
Pueblo patriarcal; solar envuelto en luces esenciales donde el labradaro, su bí­
blica presencia, se as me ja a un símbolo. Acontecimientos y cosas responden á
un ritmo remansado y aparecen en el verso con su condición de estampas de
melancólico recuerdo. Esta “ Patria del campo” tim e su clara ubicación en la
nostalgia. Es un aferrarse al t í mpo apresurado; es un querer aminorar la distan­
cia, corroborada a ratcs con el presente, sin que :1 cnto desnaturalice su aliento
rememorativo. El paso de las estaciones — a veces un soio día y su claridad deter­
minada— avivan en el corazón d ;l hambre esos ríos secretos, su agua vegetal,
inacabable. Nace así ese conjunto de poemas evocativo6 en que la realidad me
claramente animada por savias sin edad. R g a Molina desenvuelve límpidamente
su inspiración, tocada de un tenue soplo virgüiano que la infunde tonalidad ar­
caica. Su verso, superado en pureza, prolonga la estética conocida. Tanto el lenguaje
como los recursos de su técnica, están demasiado afianzados en él como para que
admitan discusión. Ayer, en sus libros primeros, pudieron anotarse influencias.
Hoy, en su madurez, le son tan propias esas influencias, que muestran la natura­
lidad del movimiento, del gesto. Acaso algunos de sus procedimientos estéticos
induzcan al reparo desde el punto de vista teórico, pero en la afinada música del
poema la fraternidad de espíritu y forma es tan cabal y fluida, que el lector
siente la necesidad de abandonarse a su música. Piel a metros y rimas, Rega
Medina logra independizarse d : toda ley o sujeción, y se deslizan sus estrofas
en una felicidad o fatalidad de expresarse frisca y espontánea. He aquí, estipulado,
el ajustamiento ideal d ; un oficio.
En decidida madurez, dominando sus elementos, el poeta aparece emanando el
agua de su canto.

D. H. Law rence
E L P A V O R E A L BLANCO
Una joven de notable cultura y fina sensibilidad, se niega a
afrontar abiertamente los impulsos del sexo y con eüo causa
ruina-de su propia existencia y desquicia la de los suyos.

R am ón G óm ez de la Serna
E L H O M B R E P E R D ID O
$ 7.—
D ice el autor: “Quiero que aparezca en esta novela todo lo
que la aprensión cree encontrar en la vida actual y sus alre­
dedores. Asi puíde resultar de este libro la compensación del
inccmpensado, del hombre perdido” .

'\M

John Steinbeck
E N L U C H A IN C IE R T A
S «—
Poema de unas almas muy distintas, impelidas por una causa
común buscando los alicientes de una existencia más tranqui­
la e iluminada por el lenitivo de la esperanza.

Ram ón G óm ez de la Serna
EL NOV ELISTA
* 6 .J jos ambientes más dispares, los conflictos más originales
rodean a los innúmeros personajes de ese inagotable retablo
humano, compuesto con prim or de maestro por uno i e los
escritores que más entienden de vidas y de novelas.

Ignazio S ilone
P A N Y V IN O
$ 7—
Un relato pleno de realismo rural, perenne, de Italia, en el
que describe el autor de “ Fontamara”, con intensidad dra­
mática, la evolución operada en la educación de las masas
populares después de la primera guerra mundial

Pida

estos libros a

las b u e n a s l i b r e r í a s

La imagen alcanza :n este libro un destino funcional. Ella equilibra, arquitec­
tura más bien, en su sencillez de viñetas distribuidas eficazmente por las estrofas,
el orden d;l poema. Y cada imagen decide matices, infunde sugestiones, acelera,
con su pulsación, la vital corriente poética.
Hallamos en “ Patria del campo" la encumbración de un lirismo impulsado pan
la nostalgia del lugar donde se nació y vivió. Savia de recuerdo, tradición de la
auténtica poesía, transportada luego por la voz de todo aquello por donde el
poeta difunde la mirada. Mundo mínimo, pero de tan rezumante emoción, que
se tom a amplio y numeroso, como que basta el árbol y la corriente menor para la
henchida grandeza del paisaje y la abismante entonación del agua. Cualesquiera
sean los metros que afronte, o los motivos que le inducen, Rega Molina acredita
la vena sensible y humana de su inspiración.
M a s t ín F ie r r o , por José Hernández; edición critica de Carlos Alberto Leumann;
Estrada, editores; Buenos Aires; 606 páginas.

No estamos ante un investigador más. Leumann es, entre tantos que se aven­
turaron por la inmortalidad del “ Martín Pirro” , uno de los capacitados para la
noble y difícil tarea. En esta edición critica que comentamos, utiliza el difundido
método de Lachmann, peligrosa herramienta en manos irresponsables, no asi en
las suyas de hombre familiarizado, en largas experiencias, con el lenguaje de
Hernández y su inspiración, tanto ilimitada como particular. Traiconado *1 texto
orginal, primero por distracción o desconocimiento del oficio de corrector de
pruebas en el autor; segundo por la irreverencia d i ediciones hechas a la ligera,
dentro del marco primario de nuestras publicsiciones baratas, urgía, como dice
Leumann, "hallar el arquetipo d : nuestro poema nacional”, correspondiendo para
ello la investigación filológica, realizada no solamente con paciencia y devoción,
sino con conocimiento del medio y del Individuo en su verdad profunda. L=umann aplica a su trabajo crítico normas de rigor probado, estudiando la múltiple
documentación existente acerca del poema, su criador y su época, efectuando
enmiendas, a veces con la única medida de la lógica; otras, después de pene­
traciones minuciosas, en idioma y estilo gauchos e interpretando el criterio artís­
tico de José Hernández.
Por lo expuesto, abarcamos en parte las dificultades y trascendencia de la
labor, que determina de por sí una etapa fundamental hacia la recuperación
y total conocimiento de esta obra, columna impar de nuestra literatura clásica,
que esperaba, como ocurrió con “ El cantar de M ío Cid” , el “Poema de los Nibelungos”, la "Canción de Rolando” y otros que se citan en las páginas prológales del
libro, ser salvada de versiones anárquicas que restaban pureza a la espléndida
verdad poética. Lcumman expone y discrimina lealmente, a la vista del lector
—presentándole uno por uno los períodos que nos devuelven a la prístina forma
de los cantos— descubriendo las razones que, a su juicio, motivaron su desna­
turalización. Transcribe luego, independientemente, las notas, el poema ya “restituído a su verdad arquetípica” ; para concluir con una «numeración metódica
de los versos enmendados. Ilustran el volumen diversas pruebas facsimilares ael
manuscrito, convenientes para fundar las correcciones. Libra Leumann sus capí­
tulos de oscuridades técnicas, enigmáticas a menudo para el lector profano en
este género de disciplinas, por lo cual la comprsnsión es absoluta. Sus referencias
a la gramática hemandiana, la ubicación del poema en el terreno de la pnta
i creación estética y sus convincentes dsducciones acerca de la americanización
del castellano, demuestran su ejemplar desempeño en el tema, la profundidad
dr sus consideraciones y la alta significación de su trabajo, tendiente a clarificar,
frente al tiempo qus lo reclamaba, la monumental obra de Hernández.

L

I

B

R

O

S

L a p a z por m e d io del D erecho , p e r Hans

Kelsen

Costorda.

Editorial

Losada,

Buenos Aires, 1946. 238 páginas.
El Instituto Argentino de Filosofía
Jurídica y Social, consecuente con su
modalidad kelsenista y sus afanes de
difusión de la misma, ha hecho tradu­

cir una colección de artículos publica
dos por Kelsen y que éste presenta en­
garzados en un libro bajo el título q
encabeza estas lineas.
En su nuEva publicación, Kelsen af
ma que tarea mucho más importante
que la de decidir entre la democracia
y la autocracia o el capitalismo y e
socialismo, es la de asegurar la P“"
mundial, lo qe se ha da lograr esenel mente con la creación de una or®an',
zación internacional mediante la cu

�se evitará-, efectivamente, la guerra en­
tre las naciones de la tierra. Dicha tesis
no sólo revela una vez más el form a­
lismo jurídico de Kelsen, derivado de un
positivismo jurídico, sino también que
aquél considera los problemas de la paz
como algo exclusivamente jurídico, con
Independencia de ciertos presupuestos
fundamentales para la misma. Ahora
bi:n, el problema de la paz no reside
la existencia de una organización, en
el mantenimiento de una entidad inter­
nacional aseguradora de aquélla, sino
en lo que, previam nte a esa organiza­
ción, exis'a como consecuencia de una
nueva estructura del mundo. Si éste no
cambia, y esto no se logrará mientras
no se resuvivan, de una u otra manera,
¡as cuestiones que Kelsen viene a conáderar como accesorias y que para nos­
otros son principales, de nada servirá
crear, como una simplv superposición,
una flamante organización mundial que
no satemos tampoco en dónde podrá
hallar su fuerza jurídica piara resolver
las cuestiones que un constante anta­
gonismo entre los factores señalados,
le presentará constantemente. No en
vano algunos de los teólogos españoles
señaló ya el a ror de crear organizacio­
nes polínicas mientras la naturaleza
humana, ypor tanto las condiciones pre­
vias de vida, no hayan sido modiifcadas. (P. de V itoria).

ii
!
ii

i
}

1
í
i
i

I
i
j

\

Con lo dicho no nos oponemos a la
existencia de organizaciones como la
desaparecida S. de N. o las actuales
Naciones Unidas, pero si creemos que
ninguna de ellas podrá cumplir debida­
mente con su misión si previamente no
se resuelven esas cuestiones extra jurí­
dicas a las que tan escasa atención de­
dica Kvisen, consecuente en esto a su
famosa, y para nosotros rechazable,
teoría pura del Derechc.

Por JEAN JAURES
I. La Asamblea Cons­
tituyente.
II. La obra de la Asam­
blea Constituyente.
III. La Asamblea Legis­
lativa.
IV. La República.

Dentro ya de esa concepción kelsenista, el libro representa un apr: dable
apere para una posible estructura in­
ternacional, la cual sólo es posible tras
una evolución de los conceptos de sobe­
ranía, nacionalismo, etc. Señala Kelsen
la imposibilidad actual de un estado fe ­
deral mundial, que él estima Irrealiza­
ble, y nosotros también. A n u e s tro
parecer, lo que interesa hoy día no es
postular esa imposibilidad, sino, más
prácticamente, aquellas transformacio­
nes predas, muchas de índole nacional,
que son necesarias para llegar a crear
otra nueva mentalidad, la única que
puede permitir en su dia llegar, no a
ese estado federal, sino a una organi­
zación mundial que tenga la autoridad
y capacidad de Imposición que actual­
mente no se puede lograr en ninguna
forma. Para nosotros, las cuestiones ju­
rídicas de esa organizacón dependen de
esas otras extrajurídicas, ya que, en su­
ma, aquéllas son simple manifestación
de un ordenamiento de vida. Conse­
cuentemente, en tanto no reformemos
ésta, nada o muy peco hemos dé lograr
con estructuras que descansan en con­
cepción :s formalistas que, p»r otra par­
te y dentro de una estricta filosofía
Jurídica, son más que discutidas.
Trata también Kelsen de algunas
cuestiones atinentes a la criminalidad
de guerra, todo ello d=ntro de ese su
formalismo jurídico que no responde a
ias exigencias de la obra actual. Su
afirmación de que la disciplina es posi­
ble únicamente en bas3 a la obedien­
cia incondicional, la estimamos dema­
siado absoluta y ello, pese a que la
“ dsma no excluye la responsabilidad en
que puede incurrir el superior que dió
la orden.
En suma, el libro contiene una ser
de aportación s interesantes dentro c
es: formalismo jurídico que estimami
debe ser superado. Sinceramen*e, creí
mos que el “descubrimento” e Íntegrí
ción d:l kelsenismo, que en alguni
países de América ha logrado gra
acePtación, lejos de ser beneficioso pai
una evolución de la filosofía jurídica e
cuando menos, retardatario de aquéll
Nadie pued: dudar de la gran obra qi
se halla realizando el Instituto Argenrii
e Filosofía Jurídica, pero bueno ser

Historia Socialista de la
R evolución F rancesa
V. La R e v o l u c i ó n en
Europa.
VI. La Gironda.
V IL La Montaña.
Vin. El Gobierno Revolu
cionario.

PRECIO DE LOS OCHO V O LU M E N E S

$ 70.----

H IST O R IA D E LO S E ST A D O S U N ID O S
Por JAMES TRUSLOW ADAMS
I. S u r g i m i e n t o de la
U n ió n .
_

II. De la guerra civil a
potencia mundial.

PRECIO DE LOS DOS V O LU M E N E S $ 22.___

Hi s t or i a de la
' América Latina
Por DAVID R. MOORE
ENC.

I
I

EN

CARTONE

$ 2 5 .-

E1 autor pone de relieve los
acontecimientos más importan
tes, desde su descubrim iento
hasta la segunda guerra man
dial, de los países im ericanos
de origen ibérico} moldeados
en los postulados de la R evo­
lución Francesa.

i

Pida estos libros a las buenas librerías.

E d it o r ia l P oseídos

P E R U

9 7 3

BUENOS AIRES

�EORGIA O’ Keefe se encuen­
tra entre los más notables ex­
ponentes del arte moderno en
los Estados Unidos. La crítica la ca­
lifica de panteísta, oculista, perfec­
cionista, mística y purista; pero to­
dos recon-ccen en sus obras una ori­
ginalidad completa, una limpidez
gráfica, un espíritu lírico y gran eco­
nomía y pureza de ejecución. Su la­
bor artística se ha extendido desde
sus primeras acuarelas y dibujos ai
carboncillo, expresiones abstractas
compuestas de líneas, masas y espa­
cios, a través de los gigantescos pe­
ro exquisitos óleos de flores que han
sido tan imitados y que han traído a
esta artista su mayor fama; hasta la
época presente en que reproduce el
sudoeste de los Estados Unidos en
términos de montes azules, iglesias
de 2 dobe, huesos blanqueados por el
sol y dunas que se extienden hasta
el horizonte.
La señora O’Keefe nació hace 59
años en Sun Premie, en el estado de
Wisconsin, región agrícola que infun­
dió en ella el amor al cempo que
ha retenido toda su vida. A la edad
de diez años, mientras dibujaba ro­
ses y pensamientos, confió seriamen­
te a una amiga el propósito de dedi­
car su vida al arte. En el convento
donde recibió su primera lección de
dibujo la sentaron a copiar el yeso
de una mano de niña. Hizo un dibu­
jo tan minucioso y minúsculo que la
maestre al verlo la regañó por ha­
berlo hecho tan pequeño. Entonces
decidió nunca más dibujar rada en
escala menor.
Sus primeros estudios formales los
cursó en el Instituto de Arte de
Chicago. De allí fué a la Liga de Es­
tudiantes de A rte en Nueva York.
Después de pasar todo un invierno

G

GEORGIA O ' K E E F E
Por D E N I S CADOGAN
pintando con la técnica tradicional
llegó a creer que nunca llegaría a
ser -una verdadera artista. Se dedicó
entonces brevemente al arte comer­
cial. Pasó a estudiar diseño en la
Universidad de Virginia, y por fin
regresó a Nueva York a estudiar en
la Universidad de Columbia bajo el
profesor Arthur Dow. Fué éste quien
la enseñó a experimentar con su ar­
te, a “ buscar formas nuevas para

Tres

exp resa r la b elleza d e una id ea ” .
“ E l arte lle g a a la d ecaden cia” , le d i­
jo , “ cuando diseñadores y pintores
pierden e l poder in ven tivo y se con ­
fo rm a n con m eram en te im ita r la na­
tu raleza y las . creaciones de los
dem ás” .
“ E l diseño abstracto” , continuó el
p ro feso r D ow , “ es la c a rtilla de los
pintores. E l p rim er paso en la p in ­
tu ra es e l d ib u jo de las líneas aue

I nangu rac iones

P arís . — Se realizó en la galería Van
Riele, Boulevard Malesherbes, la inaugu­
ración privada de las obras recientes del
pintor F. Maíllaud.
Nacido en Mouhet (Indre) en 1863,
Maillaud, a la edad de 83 años, con­
serva una seguridad en su mano, un ca­
lor en el colorido y, sobre todo, una fe
en su arte, que admiran. No se dice de
un paisaje del maestro: "H e aquí todo
lo que pintaba en su buena época” . No
podría decirse, en realidad, pues ningún
artista ha sido y continúa siendo más
igual a sí mismo que Fem and Maillaud.
El conjunto que presenta no hace más
que confirmar las cualidades que ya se
le conocían: un trabajo realizado al ser­
vicio de una sensibilidad refinada.
Conjuntamente con el pintor Carzou,

Privadas

cuyas obras se exponen en privado en
la Galería Drouant-David, entramos ple­
namente en el sobrerrealismo. Un so­
brerrealismo que no tiene nada de agre­
sivo. Nada de escuelas, ni capillas. Garzou "trabaja” el azul verde con una rara
intensidad de expresión.
Sus flores, especialmente, no son del
todo flores .sino lo que la imaginación
y el talento del artista han querido que
fueran.
Finalmente, en la Galería Bruno, ca­
lle del Sena, se realizó la inauguración,
en privado, de las obras de Baboulet,
joven pintor de Toulouse, de gran por­
venir. Sus paisajes del Sud-Oeste, y de
Provenza, en particular, han sido trata­
dos en la más pura tradición clásica

crinan e l contorno de los objetos,
in la creación de estas líneas e
irtista tiene, una oportunidad fo m lable para capturar la belleza
as proporciones y establecer un
iue fu erte y v iv o ” . También le
licó que en e l arte oriental -i I“
ne tem a es utilizado una y_ ®
'ez, pero siem pre con nueva bel** •
:on d iferen tes cualidades y acomp
lam ientos com p lejos” .
En 1916, bajo el influencia de
Dow, G eo rgia O ’K e e fe decidió P
ar en e l futuro solamente a gusw
tropio. Desde e l oeste del Pal^
le estaba trabajando en esa epo .
lan d o un núm ero de dibujos a
im igo en N ueva Y ork , con la
lición de que “ nc se 1°®.ens®
i nadie” . El am igo inmediat?ment
e los enseñó a A lfre d o StiegldL
¡ran m aestro de la fotografía
,.
lerna, quien al verlos ex.cIan\,
¡P o r fin , una m u jer que Pinl f
rerd a d !” . P oco después presento e
u fam osa G alería 291 )jn?.
g¡a
lición d e los cuadros de tj?c
D'Keefe, y más todavía, logro co
rencerla que debía dedicarse ‘ .
Untura al óleo. Ocho anos despu«
sta amistad culm inó en lss
le estos dos grandes artistas.
El arte de G eorgia O K e; fe des
lierta em ociones intensas
las en form as de cristalina P . ’
In todas sus obras se refleja, P
am ente expresado, su amor P
lo a la naturaleza que ella un*
lefinió com o algo “ brillante,
Q
c y apacible todo a una v e •
1 curso de los últim os ve *nt® • Jes_
o años, \z señora O ’K e e fe b
te
rro lla d o más y más com pl-t;
u personalidad artística. Sus
e m antisnen a un tiem po sensual»
ascéticas, em otivas, limpi

�0

G

RIMLOCK: era sólo espectador del
proceso. Habla venido únicamente
por placer; porque odiaba a Be­
doff. Además, deseaba saber qué le ocu­
rriría a Menlis, a quien se sospechaba
asesino. Más bien simpatizaba con Men—
lis, limitadamente, claro está, porque
Menlis era una persona limitada. Cum­
plía órdenes y por esta razón lo había
utilizado Grimlock, y también porque
Menlis no tenia escrúpulos. Pero Menlis
no tenía condiciones de jeíe. Grimlock
lo había utilizado, como a los otros, lo
menos posible. Creía que no era conve­
niente que demasiadas personas cono­
cieran intimamente sus asuntos.
En el gran salón, el viejo juez, senta­
do en el banco, con sus ropas flotantes,
parecía una figura muy decorativa. En
estos procesos se ponía mucha pompa,
y esto impresionaba al público. Como si
no existieran todas aquellas complica­
ciones detrás. Grimlock podía complicar
las cosas como los mejores. Este era su
fuerte, o uno de sus fuertes. Por eso es­
taba aquí

el médico descansando y hablando tráíia¡lilamente— es un tumor, del tamaño
de una nuez, que se presenta en el so­
baco. Esto es lo primero que debe aten­
derse. Se percibe al tacto. Se desarrolla
ocho días después del contagio. Después
de su desarrollo nada puede salvar al
paciente.
— Adelante, doctor —animó eí acu­
sador.
—Poco después de la aparición del tu­
mor —siguió diciendo el testigo— , sur­
gen náuseas, con sudor, fiebre y opresión
en la garganta.
—Adelante, doctor —d ijo el acusador
otra vez.
— En pocas horas hay un agudo dolor
en el vientre, acompañado de hinchazón
en la cara y en el cuello. Las facciones
se desfiguran, como por estrangulación.
Poco después sobrevienen un síncope y
la muerte.
— ¿Cree usted posible —preguntó el
acusador, y hablaba ahora muy lenta­
mente y miraba al magistrado— que el
muerto haya c o n t r a íd o la peste en
Egipto?
—No sólo creo que es posible, sino que
estoy seguro — dijo el médico— . Todos
los síntomas eran los de la peste. Supi­
mos que el barco se detuve? una hora en
El Cairo. Habría necesitado Solamente
tocar con las manos descubiertas la piel
de un enfermo y la peste habría sido
transmitida. El contacto personal, jun­
to coa atraer el rostro a suficiente dis­
tancia como para recibir su aliento, bas­
tan para contagiar.
El acusador hablaba lentamente.
— ¿Ha tomado usted, naturalmente,
todas las precauciones para evitar el
contagio al público? .
El médico añadió:
— Claro está que tomamos todas las
precauciones. Todo fué desinfectado y
la cabina cerrada. Por tratarse de la
temperada de turismo no lo hemos he­
cho público aún, puesto que todo peligro
ha pasado ya. Esto fué por orden del
gobierno. Han transcurrido ocho días
desde la muerte. Si alguien hubiera con­
traído la enfermedad, los sintomas apa­
recerían ahora. Sin embargo, creemos
que nadie estuvo en contacto con el
muerto. No creemos esos cuentos sobre
una persona dejando la cabina...
— ¿ Y cuál es su conclusión, d o cto r? __
preguntó sonriendo el acusador.
—Que murió por la peste, y que nadie
debe ser acusado de su muerte —dijo el
testigo enfáticamente.

Nada demasiado malo podía suceder
al joven Menlis. Grimlock tenía esto
previsto. Ya se encargarían de alguna
manera del asunto. Pero cómo, Grimlock
lo ignoraba aún. Generalmente dejaba
detalles de esta índole en manos de sus
bien pagados secuaces. Se divertía escu­
chando el proceso.
Bedoff había muerto súbitamente. Es­
taba a bordo. En el gran “Balkania” , que
había anclado en la zona este del puerto,
donde Grimlock era poderoso. Tantas
cosas ocurrieron mientras aquel gran
barco ancló. Guerra o paz. Iba a de­
cidirse.
Tal vez Bedoff se habría inclinado por
la paz, pero la paz no era exactamente
lo que deseaba Grimlock en aquel mo­
mento. Por lo menos, no hasta que se
vendieran aquellos armamentos. Y Grim ­
lock detestaba a Bedoff. Todos sabían
ésto. Y todos sabían también que nada
detenía a Grimlock cuando estaba enadado. ¿Por qué aquel idiota de Bedoff
&gt; se había mantenido aparte, en lugar
e parapetarse con su dinero? Bueno;
caro le había costado. Y ahora Bedoff
estaba muerto. Asesinado, decían. Y
murmuraban unas y otras cosas de los
agentes de Grimlock. Sospechaban. No
mucho, pero había murmuraciones por
doquier. Y apretaban al joven Menlis
más que a nadie. Esto era, probablemen­
te, porque se trataba de uno de los alle­
gados a Grimlock, y también porque la
descripción del hombre que salió de la
habitación de Bedoff coincidía con Men­
lis. como coincidía coa las sillas de aquel
salón. Menlis estaba allí sentado, calmo,
tranquilo, confiado.
Las pruebas prosiguieron, digna, len­
tamente. Habían encontrado a Bedoff
muerto en su buque, después de atracar.
Tenía marcas en el cuello, como si hu­
biera sido estrangulado.
l a descripción del hombre que dejó
la cabina de Bedoff era tan indefinida
que podía aplicarse a cualquiera. Este
era un punto a favor de Grimlock. Pro­
seguía el testimonio.
El joven Menlis tenia cosas en su con­
tra. Grimlock bien lo sabía. Su coartada.
Por ejemplo. Parecía un punto descui­
dado, muy descuidado, y tenia fallas.
Hubiera sido tan fácil preverlo todo por
anticipado. Grimlock frunció el ceño y,
cuando lo hizo, la Honorable Corte, y el
acusador, el médico y todos se sintieron
incómodos.
El testimonio aumentaba. El médico
legal ocupó el banquillo. Había, exami­
nado el cadáver, sí. Sí, había hecho la
autopsia. Sí, el cuello estaba hinchado...
y la cara. Sí, era una muerte violenta.
Sí, por estrangulación. Perfecto.
Grimlock frunció el ceño otra vez. El
médico prosiguió :
—Pero1—dijo— todos estos síntomas
significan otra cosa.
Grimlock se tranquilizó. Sus mucha­
chos se habían encargado del asunto.
Fuera lo que fuese, ya Iba a enterarse.
—Prosiga —dijo el juez.

c a b a lg a t a

—Puede usted retirarse —dijo el acu­
sador, y se inclinó ante la Corte.
En. justicia, no debo interrogar más
—dijo.

CUENTO

POLI CI AL

SOSPECHA DE ASESINATO
Por

WILLIAM

El testigo continuó, en forma pausada:
—C o m ú n m e n te — dijo— , habríamos
supuesto que se trataba de un asesinato
por estrangulación.
Miró a Menlis y lanzó una mirada de
reojo a Grimlock. Comenzaba a diver­
tirse con su papel.
—Pero —repitió— no llegamos a esa
conclusión. Habíamos recibido un comu­
nicado muy inquietante de El Cairo —
prosiguió— exactamente antes de ir a
la cabina. Como se trataba de plena
temporada de turismo, las noticias se
callaron. Pero como el barco habla salido
de El Cairo sólo ocho dias antes y a
causa de un gran peligro..., nos habían
informado a nosotros... confidencial­
mente, claro está.

C

FORD

— Adelante —dijo el acusador. Y tam­
bién dirigió una mirada a Grimlock.
Muy hábil, pensó. Y verdadero también,
lo que lo volvía aun más hábil. Tal vez
aquí lo atraparan. Se inclinó para res­
ponder.
El médico se irguió y se compuso el
pecho.
—La peste habla estallado en El Cai­
ro —dijo— ; exactamente el período de
inoculación de ocho días había trans­
currido desde la partida del “Balkania” .
Esto hizo cambiar nuestra opinión...
Grimlock se Inclinó de nuevo.
— ¿Cómo se desarrolla esa peste —in­
terrogó el acusador.
—La primera indicación del mal —dijo

Grimlock estaba libre. Nadie en con­
tacto con éL nadie, ni remotamente, po­
día ser acusado ahora. Se habla termi­
nado con Bedoff.
La guerra se acercaba. Es cierto que
Bedoff hubiera muerto de cualquier ma­
nera, y terriblemente. Pero todo estaba
en paz, pensó Grimlock, encogiéndose de
hombros.
Nada. Nunca la cara de Grimlock ha­
bía mostrado sus sentimientos, nunca
en su vida. Nunca mostraría nada.
Nada. Asi. Apenas vió la inclinación
del médico y el digno saludo del juez.
ADenas sintió que devolvía el saludo.
Nada. No mostrar nada. Había gana­
do ahora, como siem pre... Se apresuró
empujando a la multitud. ¿Se sorpren­
dían acaso de su prisa? Lentamente,
Marchó hacia la puerta sonriente...,
con una sonrisa rígida en la cara.
Y . una vez en el corredor, rápidamen­
te. deslizó la mano debajo de la cha­
queta para tocar el sobaco.
El tumor estaba alli.

�P A R T ID A

N i 11

Torneo Internacional del Círculo de A jed rez
(Buenos Aires, 1939)
BLANCAS
F. B E NK O

N E G RA S
R. G R AU

Defensa Caro - Kann
Variante Panov
1.
2.
3.
4.
5.
6.

P4R
P4D
PxP
P4AD
C3AD
A5C

P3AD
P4D
PxP
C3AR
C3A

Esta jugada, que em pleó Botw innik en su
match contra Flohr. es considerada la llave
d el sistema. Las Blancas amenazan ganar
un Peón. Hay varias defensas, pero en casi
todas ellas las Blancas quedan con m ejor
ju ego Veam os:
a ) 6. . . . P x P ; 7. P5D, C4TD (si 7. ...
C4R; 8. D4D); 8. C3A, P3R; 9. C5R!. P x P :
10. D 4 T j„ C3A: 11. O— O— O, con gran su­
perioridad de desarrollo.
b ) 6. . .. P3R; 7. C3A, A2R (7. . .. P x P
es menos peligroso); 8. T IA , O— O; 9. P5A!.
C5R; 10. A x A , D x A ; 11. A2R. A2D; 12.
P3TD, P 4A ; 13. A5 C ! con m ejor juego para
las Blancas (B otw in nik - Konstantin&lt;^olski.
Svendlovsk, 1943)
c ) 6. . . . A3R; J C3A. D2D (no 7. . . .
P xP ; 8. AxC, P R x A ; 9. P 5D ); 8. P5A, con
m e jo r juego para las Blancas.
d ) 6. . . . D3C; 7. P xP , D xPC (si 7. ...
C D xP; 8. C R 2R !); 8. T IA , y las Blancas
están muy superior. (Botwinnik-Spielm ann.
Moscú, 1935).
e) 6. . .. D 4T!; 7. D2D! P x P (m ejor, 7. . . .
A 4 A !); 8. A x P , P4R; 9. PSD, C5D; 10.
P4A !. con m e jo r juego para las Blancas
(K eres-C zem iak , Buenos Aires, 1939. Torneo
Internacional del Círculo de A je d rez)
f ) 6. . . . A5C, aplicada en la presente
partida.
6.............
A5C
Esta jugada, d el argentino Damián Reca.
ha sido tratada con inexplicable indiferen­
cia p or los teóricos internacionales.
7.

P3A

.........

Otras posibilidades:
a ) 7. D2D. P x P ; 8. P5D, C4TD; 9. D4D.
D3C!; 10. AxC, P C x A : m ejor las Negras
Si 11. D x A D x P
b ) 7. D4T. C2D!; 8. P x P (si 8. C xP, C3C:
9.
D5C, A2D; o si 8. P5A, P3CR. e t c ':
8.
. .. C3C; 9. D5C, P3TD; 10. D5A. C2T;
11. P6D D xP; 12. DxD. con juego igual
c ) 7. A2 R I (en mi opinión, la m ejor res­
puesta): 7 . . . A x A ; 8. CR xA, P x P ; 9.
P5D, C4R; 10. 0-0, y el desarrollo de las
Blancas es muy superior.

Otra interesante continuación es 8. P5A;
por ejem p lo: 8 . . . P3CR; 9. A5C. A2C;
10.
CR2R, 0-0; 11. D2D, con buen juego
para las Blancas.
8.........
9.C4A

P xP

N c 9. A xC , P R x A ; 10. P SD a causa de
10.
. .. C5C!; 11. C4A (si 11. P x A ? se p er­
dería la D am a); 11. . . . A4AR, etc.
9. . . .
10-CxA
11.A x P !

CxP
CxC

Benkó explota la debilidad d el flanco
Dama enemigo, para crear amenazas de
mate. E l A lf il blanco de 5CR disfrutará
por algún tiem po de protección ''in visi­
ble".
11.........

AJEDREZ
la? Blancas fácilmente re c u p e r a r ía n su
Peón, quedando con mucho m ejor juego.
La única defensa consiste en jugar 12. ...
CID ; por ejem plo: 13. C5C. T IA . etc.
12........
13.R2A

La solución empieza con

Por FRANCISCO B E N KÓ
muestra una vez más los peligros que en­
cara un R ey "sin aire” .
C A M P E O N A T O A U S T R A L IA N O
Negras: LO U G H R A N

Tam poco ahora se podía capturar el A l­
fil: 13. ... C xA?; 14. A5C j.. C2D: 15. TxC.
T x T : 16. T1D.

DxD
CxD

Y, completando el encierro de la Dama,
se juega
4. P7C!
DxP
Unica y tablas por ahogo del Flanco.
Un final precioso.

A.

C ID
P3R
R2R
C2D

Y

F I N A L E S

P R O B L E M A
NO
14
G. TH O RÉN ( “ Svenska Dagbladet”,
1927).
Blancas: R7TR, D4CR, T3AR. P2TR (4).

Si 18- . .. P3CD; 19. C5C. C3A. 20. C x P !;
CxC; 21. A x P C y ganan.
^

C3AD
C(2)4R
P4A

19. A x P T
20. A3R
21. A2R
22. P3TD

L o m ejor. Pasando un P eón lib re en el
flanco Dama, las Blancas se aseguran el
triunfo.
C2D
C ID

22........
23.A4AD
24.P4CD

Tam bién 24. A 5 C j., C3A; 25 CxP, CxC:
26. T1R, era suficiente.
P3T
P4CR

24........
25.P4TD
26.A4D
¿Para qué? M ejo r
26. P5T, etc.
26. . .
27.A3A
28.P5T

seguir

con

el • plan:

P4R
C3AD

En lugar de ésta. 28- A6R ganaba en el
acto.
2 8 ....
29.P5C
30.A4C J.
31.P6T
32.C5D j.
33. A x C
34. A x P
35.A x A
36.T1CD
37. T6C j .
38.A5D
39.A6R
40.R2R
41.
A5A
42.
A3D

Blancas: H AR R IS O N
Juegan las Blancas
Las blancas jugaron
1. D8TR
a lo que siguió
P4T??
Esta &gt;ugada natural y aparentemente sa­
tisfactoria, es un error, después del cual
el final está irrem isiblem ente perdido para
las Negras. Cierto que en la partida, las
Blancas fallaron en encontrar el camino de
la victoria —sumamente profundo e intrin­
cado— . y por eso perdieron el juego, pero
análisis posteriores mo-traron una manio­
bra en extrem o interesante y peculiar pa­
ra ganar:
2.

A2C
C5D
R3A
C3C
C xc
CxPC
A1A
TxA
C2T
R2C
T1D
P5A
T5D
T5T
abandonan.

(Com entarios de M iguel Czem iak
de su libro "T o rn eo Internacional
del Círculo de A je d rez", Buenos
Aires, octubre le 1939).
C O M B IN A C IO N E S Y ERRORES
IN | M O R T A L E S
K A R L O V E V A R Y (Karlsbad, 1*11)
Negras: E COHN

D6A!

La misma maniobra en la partida viva,
como en el final de K. A . L. KubbeL de
nuestro concurso de soluciones (C A B A L ­
G A T A N? 3); esto demuestra una v e z más
la importancia de ocuparse también de los
finales compuestos, porque ellos tratan en
potencia de todas las estratagemas y suti­
lezas que pueden producirse en cada mo­
mento en la partida viva.
D6T
Evidentemente, las Negras no pueden ju ­
gar DxD, n i p erm itir que las Blancas le
cambien la Dama en la casilla 4AR de las
Nsgras. P o r eso la alternativa sería: 2........
D5A. con una variante m uy interesante:
3. R2C, P5D; 4. D xP. P5C: 5. D6A j.. D4C;
6. P4A!, D xD; 7. PxD , P6D; 8 P7A
P7D; 9. P 8 A (D ), P 8 D (D ): 10. D6A, mate.
3. D7A1!

P5D

Las Negras no tienen m ejor jugada.
4.

D8AÜ

Si esto fuera Un estudio compuesto, el
compositor podría estar orgulloso de cada
jugada.
P6D
Después le 4. . . . D4A, 5. DxD. P x D co­
rona el Peón blanco mientras el Peón ne­
gro sería detenido por el R ey blanco.
5 . D4CJ.
6 . D7R

P5C
malte.

(Notas parcialmente de J. Míeses
de ;u libro "Instructive Positions
írom Master Ches;",.

D xD j.

V E N T A J A DE D A M A Y DOS C A B A LLO S ;
R E S U LT A D O : T A B L A S !!
A. O. Herbstmann, el famoso compositor
de finales ruso, es uno de los magos del
tablero, que sabe m anejar los trebejos a su
gusto y producir las ideas más inverosí­
miles. A continuación publicamos una de
sus joyas, que por cierto provoca en nos­
otros el deseo dé conocer más obras de su
cosecha-

12,TxD

A. O. H E R B S T M A N N (¿Fu ente?)

Juegan las Blancas
En esta posición ganaron las Blancas con
un brillante sacrificio de las dos Torres.
1. T x P j . ü
2. D7R j .
3.78CR j .
4 .T xC j . !!

La posición de las N egras no es. por
cierto m u y atractiva. N o pueden seguir 12.
.. C ÍA por 13. CSC. N i 12. . . . C x A (o 12.
. .. C 4A) por 13. A5C. j. Tam poco pueden
p erm itir el cambio en 6R pues en tal caso.

P 8 T (D )!!
T7TDÜ

(Se publicarán los nombres de los solucio­
nista que manden soluciones correctas
dentro de los primeros quince días después
de la aparición de este número).

Ahora el ala de la Dama, desguarnecida
quedara a merced del adversario. P ero ya
no había nada mejor. Si 14. . .. C xA?; 15.
T xT . y si 14. . . . T3A, 15. A (4 )x C , pero
no 15. A5C, CxA, etc.
15. T x T
16.C5C
17.C7A j.
18.A3R

2.
3.

P R O B L E M A S

TxT

A 11. . . . C x A habría seguido 12. D 4 T j„
C2D: 13. 0-0-0, P3TD ; 14. TxC , D x T ; 15A5C.

Pcsiclón después de la Jugada 12 de las
Blancas

1916

T1D?
T3D

14.TR1R

1. T x P j !
DXT
Si 1. ... R xT; 2. P8T(D )j., y son las
Negras, quienes tienen que buscar ias ta­
blas.

R xT
R3C
R4A

Este sacrificio de la calidad demuestra
el objeto del sacrificio precedente. Ahora
las Blancas ganan la Dama, pues después
de 4. . .. P x T sigue 5 .D 7 D j., y después
de 4. . .. R x T ; 5. D7CR j., R4T; 6. D7TR j
Abandonan.
El ejem plo que sigue es un fin al de
Damas sumamente instructivo, porque nos

Negras: B8CR, A7CR (2).
M ate en 3 jugadas.
...............F I N A L N 9 7
K U R T EUCKEN (Original).
Blancas: R1CR, A7AR, C2D. C5AR, P ®
P4TR (6 ).

m

ii S

m m 1
SS3

B
ma ■L,
m &gt;r”■ ?&gt;I
m B mm m
■ m B it
a mm □

i

■

Negras: R1TD, T4R. A1AR. C8AR. ClTB
(5 ).
Juegan las Blancas y hacen tablas.

SOLUCIONES DEL N» 6 DE CABALGATA
P R O B L E M A NO 9:
A. E LLE R M A N N (Original).
Blancas: R1TR. D1AR, T7TD, T8D, AID.
A8TR. C8AD, C8AR (8).
Negras: R2AR. T7CD. T2TR. A2CD. C8AB,
O C R ; P4CD. P3TR, P7TR (9).
M ate en 2 jugadas:
1. D2C
P R O B LE M A NO 10:
A.

K R A E M E R ("Deutsche Schachzeitun* .
1936).
Blancas: R IA D , D3AR, T7CD, A3D. P4AR.
P7TR (6 ).
Negras: R1TR (1).
Mate en 3 jugadas:
1. T IC !, R2C; 2. D7C J.
N A L NO 5:
J. V A N C U R A (1917, ¿dónde?)
Blancas: R7TR, T6CR. C6CD (3 )•
Negras: R6R. C1CD. C7H. P2AD^5&gt;.
Juegan las Blancas y hacen t*0135
1. TIC , C8C; 2. T4C!.
‘ t x CJ-T IC tablas); 3. T4TD!. C6T. 4. 7
xT; 5. C4A j . tablas.
Soluciones correctas roandaron PRoeeü&lt;&gt;
oblemas 9 y 10 y para el fin a l,
irnández. Bánfield, T ''Puefnes&lt;pablo Ca­
para los problemas 9 y 1®- , puuer
era, Montevideo, y Bruno Lu
asnos A ires.
#inai. jorg«
PaTa el problema N? 10 y el fi
Galtié, Ituzaingó.

�Orquestas Sinfónicas Rurales en los EE. LE.
Por J.

E

x

los Estados Unidos hay muchos
pueblos y ciudades que carecen de
los recursos necesarios para soste­
ner una orquesta sinfónica. Sin embar­
go, de la unión de los talentos musica­
les que se encuentran en varios pueblos
y aldeas vecinas, se pueden obtener a
veces resultados sorprendentes. El des­
envolvimiento de-orquestas de esta ín­
dole ha sido muySiatural y no se debe
juzgar como fenómeno aislado propio
solamente de una región, excepcionalmente favorecida. Es un desarrollo que
se ha repetido, una y otra vez, en di­
versos puntos de la nación. El resultado
ha sido que las orquestas sinfónicas, in­
tegradas por aficionados, que se han
desarrollado en grandes centros indus­
triales, tales como la ciudad de Detroit,
tienen como rivales conjuntos similares
en muchos pueblos del país.
Creo que este desarrollo se puede
ilustrar mejor citando un ejemplo par­
ticular, y por eso relataré el progreso
musical habido en el condado de Tus­
carawas, en el sureste del estado de Ohio.
Como casi toda comunidad en esta
época intranquila, Tuscarawas ha te­
nido que lidlár con el problema de la
delincuencia de menores, y ha tomado
medidas positivas para remediar esa si­
tuación. Al mismo tiempo, el provecho
que ha sabido sacar a los centros de
conservación de recursos naturales, crea­
dos por el gobierno durante los años de
la depresión, ha servido de ejemplo a
otras localidades en circunstancias se­
mejantes.
En los pueblos y aldeas se inició, hace
afios, la industrialización del condado.
Debido a la proximidad de yacimientos
de arcilla refractaria y de carbón, la in­
dustrialización se extendió a la manu­
factura de cañerías para cloacas. Una
vía férrea principal que atraviesa el
condado ha atraído a muchos jóvenes
de la región; asimismo, la industria si-

DORSEY

CALLAGHAN

denirgicá se difundió aprovechándose de
la abundancia de yacimientos de car­
bón que se encuentran en los alrede­
dores. Pero, en cuanto a la música, fue­
ra de la radio y de los pianos en una que
otra casa, sólo existían los órganos de
las iglesias que en este condado, por lo
general, están situadas en los cruces de
caminos.
Esta era la situación hasta que llegó
al condado, hace diez años, un músico
joven, Gilbert Roehm de nombre, quien
había cursado estudios musicales en el
Conservatorio de Cincinnati. Llegó a
Tuscarawas con una idea fija, y anima­
do del entusiasmo necesario para lle­
varla a término. Quería, simplemente,
organizar una orquesta sinfónica en la
que se aprovechasen los conocimientos
adquiridos en los excelentes cursos mu­
sicales de las escuelas públicas del con­
dado, a fin de que la juventud de Tus­
carawas, al concluir sus estudios, no se
viese obligada, por razones económicas,
a abandonar su interés en la música.
Encontró unes cuantos simpatizantes
que no sólo aprobaron sus aspiraciones,
sino que se convirtieron en partidarios
activos de su labor. Con ese apoyo se
fundó la Sociedad Filarmónica del Con­
dado de Tuscarawas. Basándose en la
creencia de que en todo pueblo y aldea
existen almas amantes de la música, los

organizadores se dedicaron a propagar
sus intenciones por todo el condado, y
en corto tiempo pudieron reunir un nú­
mero suficiente de aficionados para or­
ganizar una orquesta de setenta músicos,
dirigida por el señor Roehm.
La idea tuvo un desarrollo sorpren­
dente. Cada villa y cada aldea empezó
a enorgullecerse de sus artistas locales.
Por ejemplo, cuando se corrió la voz en
la estación de ferrocarril del pueblo de
Dennison que “ Janst Lacey y Floyd
Stine iban a tocar con la orquesta sin­
fónica el próximo sábado” , sus compa­
ñeros de trabajo acudieron en masa pa­
ra averiguar qué era eso de “sinfonía”.
Lo mismo sucedió e nlos otros pueblos,
y de esta manera se fué creando pú­
blico hasta llegar al punto en que el
auditorio de la escuela superior de la
sede del condado, en donde se celebra­
ban los conciertos, no tuvo cabida para
alojar al público que deseaba oírlos.
Después, la orquesta emprendió una
gira por el condado, presentando, casi
en cada pueblo, a un solista nativo del
lugar. Y la calidad de la música fué
mejorando a la par que el interés del
público.
Hoy día, la orquesta puede recurrir a
un máximo de quinientos músicos, entre
los que se encuentran desde adolescentes
hasta septuagenarios de barba blanca.

CALENDARIO RETROSPECTIVO
FEBRE
11 1893. Se estrena en el Teatro Regio
de Turín la ópera de Puecini Mancm
Lesean.t. La obra del Abate Prévost
fué puesta en música varias veces;
1*1 ballet en 3 actos, de Halévy, en
la Opera, 3 de mayo de 1830 ; 2“ )
una Opsra-comique de Auber, con li­
breto de Eugenio Scribe, Opéra-

RO

Comique, febrero 23 de 1856 ; 3*) la
ópera de Massenet, libreto de M eilhao y Gille, enero 19 de 1884. OpéraComiqüe; 4*) esta de Puccini, sobre
libreto anónimo.
2) 1843. Federico Augusto de Sajonia
nombra, por real decreto, segundo
director de la orquesta de la Opera

de D r e s d e n a Ricardo Wagner.
3) 1904. Nace, en Pisa, el compositor
-Luigi Dallapiccola.
4) 1728. Se estrena en el Teatro Sant’
Angelo de Venecia, como última
ópera del carnaval, G l'odj delusi dal
sangre. Baldassare Galuppi compu­
so el primer y tercer actos; Giovanni Battista Pescetti el segundo.
5) 1887. Estreno del Otello de Verdi
en la Scalá de Milán. "¿Todavía
Otello en la S cala?!!! Después de
la masacre que hicieron con él la
última vez, esperaba que no se ha­
blara de Otello en la Scala por lo
menos por un decenio— Repito;
Otello ha sido mal presentado en la
Scala, y ahora darán una audición
de duetos, arias, etc., para consuelo
de los adeptos de la música del por­
venir, que continuarán gritando qüe
el drama musical, el gran drama, el
verdadero drama, sólo se encuen­
tra en Alemania y en Francia, ¡A le­
grémonos, a le g r é m o n o s ! Amén.”
(Carta de Verdi al editor Ricordi,
sin fecha; anterior a la reposición
a la cual esta carta se refiere y que
tuvo lugar el 15 de febrero de 1882).
6) 1600. Fecha de la dedicatoria de la
Euridice de Perl, p r im e r a ópera
conservada, a María de Médicis. La
obra fué compuesta para los feste­
jos de las bodas de María de M é­
dicis con Enrique IV, de Francia.
7) 1533. Muere, en Nuremberg, el polifonista K a s p a r Othmayr, autor
del Epithaphium D. M a rtin Lu theri, a cuatro voces.
8) 1934. Estreno de la ópera Four
Saints in Three Acts (Cuatro santos
en tres actos) de Virgil Thomson,
en la Sociedad de amigos y enemi­
gos de la músico moderna, de Hart­
ford, Connecticut.
9) 1337. “De Nos Don Pedro (IV , el
Ceremonioso), por la gracia de Dios
Rey de Aragón, etc., al fiel suo Jus­
ticia de Exativa salut et gracia. Co­
mo nos hayamos menester á Halezigua, moro juglar tocador de rabén,
por esto vos enbiamos de?ir et man­
dar que vistas las presentes nos lo
alarguedes por alguna manera. D a­
da en Valencia Jus nuestro tertio
nonas febroarii a n n o quo supra
(1337).”
10) 1127. Muere Guillermo, séptimo con­
de de Poitiers, noveno duque de
Aquitania, primero de los trobadores provenzales. “ .. .et saup ben trobar e cantar; et anet lonc tems per
lo mon per enganar las domnas”
( “supo trovar y cantar bien, y an­
duvo mucho tiempo por el mundo
engañando mujeres” : biografía anó­
nima, siglo X III.)
11) 1741. Nace, en Lieja, André-EmestModeste Grétry. Su maestro roma­
no, Casal!, lo recomendó a un co­
lega de Ginebra con estas palabras:
“ Le mando uno de mis alumnos,
que en música es un verdadero bu­
rro y no sabe nada de nada, pero
es un excelente muchacho y de bue­
nas costumbres.”
12) 1924. Estreno de la Rhapsody in '
blue de Gershwin, por Paul W hlte­
man, con el autor al piano, en el
Aeolian Hall, Nueva York.
13) 1933. Muere, en Mont de Marsan,
Suiza, el compositor Henri Duparc,
al que una enfermedad nerviosa im­
pidió trabajar desde 1885, cuando
tenía treinta y siete años. “ Sallamos
de una reunión en casa del editor
Baudox, en el Bulevar Haussman.
Teníamos que atravesar el bulevar
para llegar a la Rué Taltbout. De
pronto se aferró a mi brazo: «Por
favor, ayúdeme a bajar de la ace­
ra. Tengo miedo, no puedo dar ese
paso». Su voz tem blaba...’' (Gustave Doret, Temps et contretemps.)
14) 1867. John Strauss (el Joven) estre­
na su Danubio azul, naturalmente,
en Viena.
15. 1637. Asciende al trono el emperador
Fem ando III, y Johann Jakob Froberger es nombrado organista de la
corte de Viena

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Z

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V tí (I

VERTICALES
1.
2.
3.
4.

5.
6.

7.
8.

9.
10.

11.

SU U U / &amp;

— Raspa. Parte de un rio que sufre el
in flu jo d e las mareas.
— Especie de aguardiente. Divide pira
vender.
— Enferm edad incipiente o poco deter­
minada. Consonante. Cerda de jabalr
— Composición poética de gran elevación
y arrebato. Hacerse cargo de lo a.ue
hablan. Locución adverbial
— Dom ingo. Gancho para pescar. Sur
— N om b re genérico de ciertos animales
de plumas cuya m ayor parte vuelan.
N om bre femenino, griego.
— Abas. Espantas la caza. 100.
—Cada una de las ondas o prominencias
que forman la superficie agriada de
las aguas- A rte. Nave.
— Cuidado, vigilancia. Primero. Coloca.
— P ied ra dura y transparente Sufri­
mientos.
— M etal precioso y pesado, el más dúctil
de todos los que se conocen. Voz ex­
presiva d el sonido de un golpe o del
golp e mismo.

HORIZONTALES
¿cuál de los dos es Lord Derby? (D ibu jo de Sieimbcrg, exclusivo poro C A B A L G A T A ).

BURLADERO
Siendo Presidente don Faustino Do­
mingo Sarmiento, vio un día invadido su
despacho por una nutrida comisión de
matronas porteñas que, en nombre de
las “ Damas de qué-sé-yo” , pretendía al­
go de la comprensión de Su Excelencia.
Una vez hecha la presentación de las
directivas por el secretario, se hizo un
silencio que decía bien a las claras que
no se había tratado de antenano quién
de las susodichas era la que debía llevar
la voz cantante.
El propio Sarmiento rompió el inusi­
tado silencio diciendo:
— ¿De qué se tra ta ? ... Que hable la
m a y o r...
Y , ante el gélido silencio que siguió a
semejante insinuación, el cazurro de don
Faustino terminó versallescamente:
—-Es la costumbre en todas partes,
aunque yo, como innovador en tantas
cosas, le cedo el uso de la palabra a la
m en o r...
L a algarabía que estalló íué, como
pueden suponerse, formidable.

Tulie Mazarino, el gran cardenal ita­
liano y político francés, de quien esta­
mos tan bien informados gracias a los
buenos oficios de Alejandro Dumas, El
Grande, era, según dicen, hombre de
gran ingenio. Cierto día, refiriéndose a
nn juez extremadamente severo, dijo:
— Es tjari grande su afán de castigar
que lo que siente es no poder condenar
a las dos partes.

Furiosísimo el Gran Mariscal de Aya-

Por EL HONDERO IRONICO

cucho, don Antonio José de Srucre, sor­
prendió a uno de sus más estimados
oficiales en posesión de una monumental
borrachera.
— ¡Borracho! — le gritó el vencedor de
Pichincha— . ¿Sabes la pena que tienes?
— ¿P en a ?... ¡Ninguna, mi general! ¡Si
lo que tengo es una alegría grandísima!

Es casi un apólogo, casi una ingenua
leyenda arrancada de las páginas de un
misal ilum inado... Era allá, en una re­
catada aldea, al pie de una montaña,
junto a un río rumoroso. La moza más
bella de todas las mozas apacentaba sus
ovejuelas por riscos y laderas, entre can­
dorosos balidos y místicas esquilas. Y un
d ía ... Una mañana, m ejor dicho, por
haberse alejado demasiado del reparo
familiar, se encontró de pronto frente a
un viejo, viejísimo de destrozado sayal
y luengas barbas, tan blancas como la
lana de las euearísticas ovejuelas de la
pastorcilla:
— ¿Quién sois? —preguntó la mozuela
al anciano.
—Soy un ermitaño que sabe que se
aproxima el fin de su vida.
— ¿ Y habéis v i v i d o aquí s ie m p re ?
¿Nunca habéis sentido deseos de nada?
— T e diré la verd ad ... Aunque te pa­
rezca locura, y para que veas que no soy
tan ajeno a las cosas del mundo, como
pareciera... Antes de morirme, querría
ver dos cosas...
— ¿Qué cosas?...
—Querría ver una locomotora y una
mujer desnuda...
Huyó la pastora, roja ante la preten­

sión del anciano, acompañada por un
clamoreo e s q u ilo n e o desexorcizador...
¿Sería el diablo?... Pero n o ... Y pare­
cía tan anciano... Y si iba a m orirse:..
¿No serla una obra de caridad?... Y,
para cumplirla, despojóse de sus ropas
y se mostró, bella y castísima, ante el
anciano, quien, todo regocijado, escuchó
las palabras de la moza: '
—Aquí me tenéis, buen erm itaño...
De los dos desees vuestros, uno se ha
cumplido.
Y el ermitaño gritó con su voz casca­
da, entre un aleluya de balidos m ila­
greros:
— ¡Gracias, gracias y m il veces gra­
c ia s !... ¡Ahora no me queda por ver
más que una mujer desnuda!

1.
2.
3.
4.

5.

6.
7.
8.

9.

10.
11.

—Provecho. Ansar.
— Crecida. Cito—A lergia. P r e fijo negativo. Percha para
cazar perdices.
— R epetición del sonido. Sufijo que ca­
racteriza las fracciones de unidadN om bre alemán.
—Nada. T ern illa que el animal tiene en
ambos lalos de la cabeza y le sirve
para que se introduzca por ella el so­
n ido que percibe por e l oído- Alteza.
—-Descanse en paz. Bupto fijo desde
donde em pieza el cóSptito de los aáos.
— 50. Gastas. Consonante.
— Cubrecabezas m ilitar. Pronombre P&amp;’
sonal N om bre de la última clase de
vertebrados.
—Se usa para hacer distinción de ar­
tículos o capítulos. Este. La9 ires ^e
la tarde para los romanos.
— Poetas antiguos. Ciudad de Apulia— R io de Suiza. Conjunto de una clase
de vocales.

Sción. del Problema. N. 9
1

Y , ya en las fronteras de la hagiogra­
fía, oigan este juicio de un capitán de
industria estadounidense, que resumía
asi su lectura de las “ Confesiones” , de
San Agustín:
— Cuando comencé a leer, Dios se me
apareció como un anciano de venerables
barbas e infinitamente sabio, bueno y
poderoso, cuya esencia le hacia estar
presente con sus tres virtudes en todas,
partes donde hacia falta o era requerida
su presencia... Luego, cuando avancé
en la lectura, fueron desapareciendo,
primero la barba, luego el enciano—
¡L o que quedó, eso es D io s !...

Aquel literato que empeñó sus escasos
ahorros en un negocio de comercio, en
todo ajeno a cualquiera de sus dotes e

i i 4' « &lt; i

*» i r í o .j p _aa _
—
inclinaciones, colgó, el último óia ^
cierre definitivo, este letrero a la Pue“ “ ;
t.nn pocas veces pisada: “ Abierto
equivocación” .

— Mamá —preguntó la niña de ojos

�— ¡S i! ¡Creo que esto me va a servir
de lección para el resto de mi vida!
*

*

*

Bontempelli y Ceseri se encuentran en
las calles de Roma. Ceseri, antes de ini­
ciar el saludo, ordena autoritario:
— ¡Máximo, dame un cigarrillo!
— ¡Hugo, lo sie n to !... ¡He decidido no
comprar más cigarrillos!
— ¿No com prar?... ¿Por qu é?...
—Para quitarte del vicio, H u g o ...
*

*

*

Hace ya algunos años, cuando H olly­
wood era Hollywood, el entonces famoso
novelista Louis Bromfield vióse fabulo­
samente contratado por Samuel G oldwyn, de la M. G. M. M agnífico despacho,
bellísima s e c re ta ria , salario impresio­
nante y . .. nada que hacer. Pasaron m e­
ses y meses, y nuestro novelista comenzó
a cansarse de aquella mantenértela, has­
ta el punto de que un buen día entró
en el despacho del gran Mr. Samuel y
le espetó terminantemente:
— ¡Mr. GoMwyn! ¡Vengo a romper el
contrato! Me paga muy bien, pero yo no
hago nada por ganarme ese salario...
Y para m í es imposible seguir aqu i...
— ¡N o diga eso! —exclamó conciliador
el bueno del jefe— . Usted nos ha pagado
concreces... Si nosotros lo que contra­
tamos fué su nombre, Mr. B ro m fk ld ...
*

grandes, acostumbrada a oír historias de
maravilla— , ¿todos los cuentos fantás­
ticos empiezan siempre “ Erase una
vez...” ?
—No, h ija ... —murmuró la mamá
escépticamente— . Hay otros cuentos mu­
cho más fa n t á s t ic o s que empiezan:

“ Queridita, hoy no llegaré hasta tarde,
porque hay mucho trabajo atrasado en
la o ficin a .. . ” .
*

*

*

— ¿Tenéis algo que decir? —preguntó
el verdugo al reo que iba a decapitar.

*

S O L U C IO N AL C O N C U R S O
“U N A L I S T A C U R I O S A ”

*

— ¿Ha vivido usted aqui toda su vida?
—preguntó cierto curioso viajero a un
viejo montañés que se hallaba plácida­
mente sentado, fumándose una pipa, an­
te una humilde cabaña perdida en las
fragosidades de no recuerdo qué cor­
dillera.
—Todavía n o ... — fué la respuesta del
anciano, que prosiguió lanzando sosega­
das bocanadas de azulado humo.

CONCURS O ¡OJO, C A B A L G A T E N O S !
Aquí tienen un baturrillo al que hay que ordenar, conforme a ciertos ejemplos que deben serles gran­
demente familiares. ¿Es a sí? ... No es demasiado complicado el acertijo y creemos que lo resolverán
rápidamente. El premio grande y los demás, en las condiciones de rigor... ¿Más sencillo?

Poé, Ib sen. Lessing. Balzac, A zorín . M aeterlink. Lessing. Tolstoy, Valera, Gálvez.
Musset, Vertí i. Gamma rano, Schiller. Julien
Green. Los Goncourt, V a le ry Larbaud. G o r­
fei, Donizzetti, W a lter Scott, ZoLa. Dickens,
Galdós. Fóscolo, Pushkin, Galdós Soler.
Pereda, Deledda, D 'Annunzio, G arcía Gu­
tiérrez. Ibsen. M arryatt, M a n y a tt, H er­
nández, M erim ée, Stem e, Puccini. Forzano,
Dante. Unamuno, Gogol, Ibsen, G arcía G u ­
tiérrez. Rostand, A n d reiev. A zorín , Turguenev. M oliére, S c o tt Dumas, Elliot.
Los prem ios de este concurso de C A ­
B A L G A T A . han correspondido: 1? $ 20.— a
Elsa Coni Paz, Salta 1188, 29 B. Capital:
6 segundos premios, de suscripciones a C A ­
B A L G A T A por seis meses, a : H. Catalá Z Vicuña M ackenna 239, Santiago de Chile;
Eduardo Hugo. Lacar 3907, Capital: H ugo
R. T ap ia Gómez, conesa 2035, Capital; D elfina L. d e Chaneton, G u tiérrez 3915, Ca­
p ital: Paula Maresca, San M artin 219, San
Martín, F C C A ; Dolores A . d e Lu qu e L e grand. Piedras 264, 6c C. Capital.

En los I n i c i o s del
Arte A m e r i c a n o - - .
(Viene de la página 4.)
europeo en su mayor parte. América ha
seguido a la letra, aún harto más que en
espíritu, el proceso del arte m o d e r n o
europeo —sin acertar del todo a aco­
modarlo a sí misma— , y en las últimas
décadas se ha contagiado como nunca
de las Inquietudes azarosas de una evi­
dente decadencia que no es suya. Arte
en fárfara, en víais de formación, sin
germinas e inequivocas tradiciones, quie­
ro decir, tradiciones que le sean verda­
deramente propias, hijas legitimas del
terruño y la sociedad americana, sin
que el aliento popular y nacional combee vigorosamente sus velas, se entrega,
o mejor dicho, se entregaba totalmente
hasta hace poco, a todos los vientos de
todos los cuadrantes. En esa form a no
podía nacer un arte americano: s ó lo
reflejos de reflejos. Pero quien atenta­
mente ausculte estos fenómenos artís­
ticos de la América española ll e g a r á
acaso a la conclusión de que las cosas
están variando rápida y considerable­
mente. Hay en todas partes un pode­
roso anhelo de afirmación artística na­
cional, un vehemente deseo de realizar
un arte propio, que no tenga sus raíces
más o menos febles allá en París, sino
que eche otras vigorosas en la misma
sociedad y en les problemas espirituales
de América. América quiere tener un
arte que la represente, que la retrate,
que la exprese en lo más señero y
único de si misma.
Que lo haya realizado, o lo esté rea­
lizando, es otro asunto, que la falta de
espacio nos veda tocar en este articulo.
Por el memento, basta con señalar el
síntoma, síntoma halagüeño y esperan­
zados El cumplimiento cabal de lo que
él denuncia vendrá o no vendrá. En el
estado actual del mundo, en cualquiera
de sus partes, nadie puede siquiera vis­
lumbrar de la manera más vaga y equí­
voca el porvenir del arte. Pueda quedar
como planta petrificada, por la que ya
no corre la savia; puede convertirse en
producto de otras culturas, extemporá­
neo en la que está a punto por venir;
puede, en fin es difícil matar este deseo,
aunque los nuncios sean atroces, que
qua sufra un nuevo y nunca visto flore­
cimiento. Sea como fuere, los artistas
americanos están en el deber de hacer
un arte tal. No con palabras, como tan­
tas veces es uso — las palabras, dice el
pueblo español, se las lleva el viento—
sino con obras originales y genuinas. La
tarea es ardua. Pero lo que cuesta es lo
que vale.

�PARA ESTAR EN CASA
1 &gt; B lu sa b la n ca rib etead a en negro, a ncho cin tu ró n drapeado en satín
verde co o rra , y p an taló n de la n illa n egra, ha elegido Evelyn Keyes.

2 ) L iz a b e th S co tt se decide por un deshab illé de grueso crepe tiza con
bordados en oro y p la ta y largo fle co de seda en el tono del vestido.

3 ) Con blusa c o n f e c c io n a d a en v iy e lla beige, la e x q u i s i t a Adele
Jerg en s com bino p an taló n gris a z u la d o y ch a leco color verde fuerte.

MODAS

JAUMANDREt

�pttllfflFflB

1

A N T I C I P O S I)E LA
MODA I N V E R N A L
ARIS, a pesar de las dificultades de
todo ord:n que le paralizan, hace
un inmenso esfuerzo por reencon­
trar 5u razón de ser: su vida deslum­
brante, su lujo.

P

L’C^era ha inaugurado sus "soirées
habillées”, las cenas elegantes se mul­
tiplican; París se moviliza en favor de
ese “sprit” y gusto que asombraron siem­
pre al mundo entero. Y aunque parez­
ca paradojal, el lujo de las fiestas, el
brillo de los atavíos, es fuerza recono­
cer que toda esa cabalgata de belleza
es para los franceses tan necesaria co­
mo un deber nacional. Según eHos, los
extranjeros no deben encontrar nada
más bello que su subyugante “ciudad
luz". Sobre este punto no podsmos te­
ner más que una política: la de la
grandiosidad. Y debemos decir que la
costura francesa la ha comprendido.
Si en ciertas colecciones enontramos
todavía el estilo juvenil y deportivo, es
bien cierto que se ha pasado ya la fron­
tera del género “ petite filie” , y que
reinan ahora las deslumbrantes toilettes
de lineas envolventes y rebuscadas, y
los personallsimos peinados de gala. Es­
tamos ante una feria de belleza que
no podemos copiar, como no podríamos
copiar una calle de París; pero a pesar
de ello quizás podamos resumir en cier­
tas frases las tendencias que nos traerá
la meda para este año:
—EUa nos impone alargar las fal­
das; adornar los cabellos.
—Nos tienta con los tapados orlados
de pieles: de astrakán, de zorros azude “renards argentées” .
—Nos aconseja guantes dr&amp;peados y
bordados; pequeños abrigos en rasos y
aatines brillantes, para acompañar soirées espectaculares.
—Nos trae sombreros para todas las
boras: gorros de pieles, boinas de pa­
tio, tocas de “pellletes’’, tocados de “ aigrettes” .
La moda, en fin, va hacia su destino,
?Ue es sorprender al mundo, aprove­

chando el brillo de una lentejuela o la
profunda belleza d: un terciopelo.
Molineux se vuelve hacía su línea de
1927, linea estrecha y simple, paletots,
sacone- cortos bois de rose o rosa ama­
rillento, sobrs vestidos simples en gris
oscuro. En su colección actual, la rique­
za de bordados, sobre todo en los tapa­
dos de vestir; sus modelos para la no­
che, de faldas amplias de tipo bailarí­
na, nos recuerdan la otra guerra.

PARA LOS PRIMEROS DIAS FRESCOS
Soco bes cuartos en gabardina de lana gris, de corte modernísimo y del»Hado

I)

con un gran bolsillo de línea sumamente original; es una creación de mucho prccticidad

21

acompañar

cualquier

vestido

sencillo

y

en

cualquier

hora

y

ocasión.

Dos piezas de lineo muy moderna, para la tarde; ha sido confeccionado en la­

nilla

3)

pora

de

color

celeste

pastel

y

se

puede

llevar sobre

b lu s a

de

cre p e

n e gro .

Vemos aquí este modelo en gros de color gris rosado paro un conjento de gran

vestir,

can

blusa

de

encaje

y

puños

con

ademos

plegados

de

este

material.

Gres pone su atención en el corte de
los hombros y el talle; femeninas y ar­
moniosas. sus robes son cortadas mis­
teriosamente en lanillas de telas de co­
lores neutros: grises, azul-s, baiges pa­
ra sport.

4)

Jacqv.es Heím no ha olvidado el en­
canto del cuadrillé y de los escoceses en
los vestidos para todo momento, y sus
“ robes de soir” son d= faldas amplísi­
mas, en tules y taíettas de colores pastel.

está hecho en el mismo material en rojo, y la falda tubular en crepe de lona, negro.

Jeanne Lafunrie ha compuesto una
muy eilegante colección: tailleurs lar­
gos, da cadera aumentada con pliegues
y recortes, faldas alargadas y estrechas.
Sus robes de tarde y de cena nos traen,
generalmente en géneros negros, drap ados raímente imprevistos.
Madeleine Vramant ha tomado para si
un estilo único y muy femenino: las
túnicas amplias sobre las faldas tubu­
lares. Ella no emplea casi nada el ne­
gro, pero los beiges, los lilas, los rosas,
gozan de sus preferencias.
Jacqves Costet presenta redingotes de
tonos vivos, bordeados de loutre y am­
plios tapados de manga kimono En su
colección, la paqueña robe y el tailleur
son de linea estrecha. El lanza los gran­
des sombreros para la noche, acompa­
ñando los tapados de paño.
Para Gastón, a la mañana los ta'pados claros, rectos, forrados en telas chi­
llonas o pieles chatas; a la tarde, las
líneas finas y que envolviéndose alrede­
dor del cuerpo, se amplían en las ca­
deras. El elige también grises y beiges,
colores que, decididamente, reinarán so­
bre los otros, este año.

Aquí tenemos un bonito bolera y falda confeccionados en cuadrillé rojo, blanco

y gris que forma un bonito conjunto con lo blusa de jersey de lana en gris cloro.

51 Juvenil blusa confeccionada en jersey blanco, el cinturón, con bolsillo colgante,

�V,

(VIENE DE LA PÁGINA 6)

pectiva. Curas, alcaldes, subprefectos,
mayordomos, tinterillos, cruzan la no­
vela fustigados por un látigo satírico.
Duele reconocer que tamaña miseria
subsista. Un risueño humorismo esmalta
estos brotes de sátira social, que a ve­
ces pecan de ingenuidad, pero casi
siempre aciertan en el asunto.
Allpacamasca — tierra animada— lla­
ma el indio al ser humano. Y es este
concepto de pura teluricidad, en esta
mística relación del suelo con su pobla­
dor, donde el novelista ha proyectado su
relato. No comprende al habitante quien
no capta el sentido de su tierra. No en­
tenderá la tierra quien no capte al po­
blador. Por eso en "Altiplano", a des­
pecho de los -personajes fidedignos, los
dos grandes protagonistas dominantes
del relato, los que se fijan en la mente
del lector con personería trascendente,
son en realidad la tierra madre, la tie­
rra antigua y sabia, la Pachamama del
ancestro, encamada en la alta y rojiza
peñería de Ja tu n -K olla ; y la comunidad
indígena, el ayllu milenario, el centro
nuclear y protector que agrupa la vida
social del indio, y de cuyo funciona­
miento depende la existencia de cada
uno de sus componentes.
“Altiplano” : sí, Bolivia. O una mitad
de Bolivia que debe hacer pensar a la
otra mitad. Mientras legisladores ilusos
devanean la doctorización del autóctono,
un hombre joven, un hombre de fe, un
artista intuitivo, nos dice: “ He aquí el
indio; he aquí su vida; he aquí el nudo
intacto de nuestro drama nacional".

La mayor virtud de este novelista kolla
es su entusiasmo, su capacidad de ar­
der por el objeto que contempla. Ese
fervor místico sacude sus mejores pá­
ginas. Su mayor defecto, el peligro del
que debe cuidarse, es la facilidad. Al
escritor de talento, de pronta y rica ins­
piración, lo traiciona inadvertidamente
su propia rapidez constructiva. Una ima­
ginación potente, una plenitud eufórica
de dotes narrativas, deben desconfiar de
un* marcha muy pronta en la elabora­
ción artística. No hay que olvidar que
el pulimento, los toques finales, consti­
tuyen buena parte en el secreto de es­
cribir bien.
Raúl Botelho Gos&amp;lvez, que hasta ayer
fuera el benjamín de nuestras letras, es
hov un escritor de jerarquía, seguro de
su vocación y de su técnica juvenil. El
nos dará la visión de la selva indómita,
la vida chola, el proceso de la urbe. Y
acaso un día, cuando su genio novelís­
tico madure hasta la magnitud del te­
ma, la gran novela andina que América
esriera todavía: la soledad del hombre
en la quieta majestad de las montañas.
Que los manes del ancestro levanten
el vuelo de esta pluma kolla. Ella es
digna de las más altas victorias.
Es posible que suscite discrepancias la
apreciación de la descarga cósmica y
humana de “ Altiplano” . Es posible. Nun­
ca las buenas novelas fueron mensaje­
ras de unanimidad. Pero quien lea, entre
nosotros, las páginas de este libro her­
moso y fuerte, sentirá con hondura en­
trañable el dolor y el orgullo de lla­
marse boliviano.

SHAKESPEARE EN CINE
os productores norteamericanos de
películas han mostrado siempre especial respeto hacia las obras de
Shakespeare; las versiones cinematográ­
ficas hechas de algunas de ellas, se han
ajustado con toda fidelidad al texto, ca­
racterización de los personajes y am­
bientes originales, utilizando los mejores
artistas, diseñadores, técnicos, etc., como
lo prueban “ El sueño de una noche de
verano” , "Rom eo y Julieta” y “ Enri­
que Y H I ” .
Una de las más recientes y valiosas
aportaciones a la cinematograíría shakesperiana es la realizada con la film a­
ción de "Macbeth” por un grupo de ar­
tistas “ amateur” , en Winnetka, suburbio
de Chicago, Illinois. Estimulados por la
crítica favorable, el ex sargento del ejér­
cito estadounidense D a v id Bradley y
unos cuantos jóvenes compañeros suyos
tienen el propósito de llevar a la panta­
lla obras como “ Ham let” y “Julio César” .
"Macbeth” es una película sonora de
16 milímetros, de no menos de 900 me­
tros de longitud, que dura 73 minutos.
No es un film comercial, habiendo sido
en principio bosquejado para ser exhi-

Í

PLUM AS Y PALABRAS
( Viene de la página 19.)
sideraba seriamente que la publicación
quedaría completa agregándole un vo­
lumen más.
Pero ahora risulta, según el dictamen
de un archivero paleógrafo, M. Pognon,
que la agregación del texto suprimido
solamente al primer volumen de la edi­
ción Oharpentler haría doce grandis vo­
lúmenes y el total de la publicación (al­
rededor de 16.000 páginas) daría nada
menos que cincuenta volúmenes.
De est: dictamen paleográíico surgen
dos conclusiones; primero, que es muy
probable que la Academia Goncourt no
se resuelva nunca a la edición completa;
segundo, que el ilustre escritor y goncourtiano entusiasta J.-H. Rosny, que
consideraba la parte inédita del “ Dia­
rio” susceptible de ser contenida en un
volumen más, no había leído siquiera el
“ D iario” . ..

bido en centros escolares, pero debido a
su excelente dirección y nítida fotogra­
fía artística, sus directores e intérpretes
han sido objeto de ofertas varias para
film ar una película comercial.
El productor Bradley posee gran ex­
periencia en películas no comerciales.
Sus estudios en el Todd School y en la
Universidad del Noroeste, en Illinois, se
encauzaron siempre hacia el teatro y
el cine. Durante la pasada guerra y sir­
viendo en el ejército en Alemania, Aus­
tria, Bélgica e Inglaterra, Bradley man­
tuvo latente su sueño más querido: fil­
mar “Macbeth” . Llevado de esta inspi­
ración investigó en museos y bibliotecas
europeas, trabó conocimiento con miem­
bros de la Oíd Vic Company de Lon­
dres y efectuó en París trabajos al res­
pecto.
A l ser licenciado, en abril de 1946, se
lanzó de lleno a su empresa de produc­
tor. Compró cámaras, proyectores y re­
flectores; formó una compañía de Jó­
venes que alegremente reunieron sus
ahorros y frecuentaron lugares de ven­
tas, en busca de gangas, mientras en el
sótano de la casa de Bradley, conver­
tido en taller, se confeccionaban vesti­
dos, escenarios, armas y todo género de
aditamentos teatrales.
La filmación de la película tuvo lugar
entre el 15 de junio y el 15 de septiem­
bre de 1946. Winnetks y sus pintorescos
alrEOfedores sirvieron de escenario ¡jara
muchas escenas de la gran obra. La fa ­
mosa batalla de Bim am Wodd fué des­
arrollada en Crow Island, al oeste de
Winnetka. Unos 100 extras — estudian­
tes de escuelas vecinas— llevando yel­
mos, lanzas, espadas y hachas de com­
bate, libraron una feroz batalla (super­
visada cuidadosamente por un universi­
tario experto en historia m edieval). Se
contó con un foso para proporcionar
fondo adecuado a las escenas del so­
námbulo que camino daga en mano. Una
cantera de piedra cerca de Racine sirvió
para las escenas de brujas, e incluso
hubo hasta un castillo ) moderno, pero
ajustado a la vieja arquitectura euro­
pea) donde se filmaron las escenas del
banquete, la coronación y las habita­
ciones de Lady Macbeth.

Froncsise Rosoy en "M acodam ”

CRONICA CINEMATOGRAFICA
-&gt; n t r e los “ films” franceses que triun­

h

fan en el periodo de fiestas para
J tender el puente entre 1946 y 1947,
dos obras de calidad retienen la aten­
ción: "L e visiteur” y “ Martin Roumagnac”. El primero, realizado por Jean
Dréville, de un escenario de Jean-Bernard Luc, está interpretado por Fierre
Fresnay; el segundo, realizado por Georges Lacombe, sobre una novela de Pie-

rre René Wolí, reúne a Jean
Marlene Dietrich. Ni el uno ni
maestib
ciertamente, demuestran gran
en la realización y, desde este punto ^
vista, "Le visiteur" es seguramente •
más débil.
irtnrií
“Le visiteur” nos cuento una “ tsw
bien simple, limitada a una &lt; 3 ™ ^ .
antecedentes no son más que evocan
Un abogado de negocios poco limp**

UMAG

Jeon Gobin en "M artin Roumognac".

�tamente. Le bista una mirada en un
espejo, mientras borra las manchas de
su sangre de sus puños, para hacemos
penetrar en los abismos de una concien­
cia turbia e inquieta. Le basta una son­
risa para comunicamos su emoción en­
ternecida por la confianza y la admira­
ción que le prodigan los niños. No se
puede más que deplorar que el noble
temperamento de Pierre Fresnay sea
traicionado por los papeles que le repar­
ten. En “Filie du Diable” tiene también
un rol de bandido, simpático por evolu­
ción: los “malos muchachos” no se des­
cartan de su carrera cinematográfica.
¿Para cuándo el bello y justo papel pa­
ra el cual le llama su noble carácter?
“Martin Roumagnac” es una novela
provinciana que pone en escena a un
buen muchacho, una aventurera, un di­
plomático enamorado, un petardista sin
escrúpulos y algunos personajes episó­
dicos mucho menos convencionales. La
aventurera es, naturalmente, Marlene
Diettich, aunque su prestigio internacio­
nal sobrepasa un poco un papel conce­
bido para una personalidad más modes­
ta. La variedad de sus “ toilettes'’ mag­
nificas desentonan visiblemente en el
cuadro de una acción que se desarrolla
en una pequeña ciudad francesa, entre
las canciones de un albañil y la partida
de billar en el café. Se ha querido jus­
tificar su acento de Europa Central y
no han encontrado nada mejor que ha­
cerla nacer en Australia, sin duda espe­
rando que su estada en América deno­
taría su acento. El buen muchacho es
Jean Gabin. Siempre realista en los pa­
peles populares y excelente artista; si
no un perfecto albañil, en cambio se
muestra un amante sincero. El “ film ”
nos cuenta cómo él se entrega a esta
aventura con una chica que le atrae
sobremanera y que llena sus deseos; sus
antecedentes no le inquietan en manera
alguna y, sordo a las habladurías, le

destrozado por sus ráfagas de celos y
advertido, al fin, por el rumor público,
desencadenará su pasión estrangulán­
dola La desdichada no tendrá tiempo
para ponerle en conocimiento de su ge­
nerosa decisión y ;1 asesino, al compa­
recer ante el tribunal, se enterará, de­
masiado tarde, que su rival iba a ser
detenido. Sobre esta trama un poco bur­
da, el adaptador, Pierre Véry, y el direc­
tor, han sabido crear situaciones por en­
cima del tema; les roles secundarios son
reales y bien representados, en particular
por Marcel André y por Daniel Gélin,
joven debutante destinado con esperan­
za a interpretar tímidos atormentados.
El amor de M artin Roumagnac por la
bella aventurera es esencialmente car­
nal; Jean Gabin nos traduce su deseo,
cuando ve desvestir a su amiga ;n la
habitación de un hotel, con una m i­
rada salvaje que no puede equivocamos.
La atracción física que esos dos seres
experimentan por igual está con fuerza
y decoro tal, que hace honor a la maes­
tría de los actores y a Georges Lacombe.
Jean Gabin se muestra en todos los mo­
mentos con gran naturalidad; sus vul­
garidades de hombre de pueblo, sus im ­
pulsos amorosos, sus dificultades, sus ce­
los y el fatal estallido de su brutalidad,
son tratados con una gran sinceridad.
Como Pierre Fresnay, del cual se dife­
rencia por su formación pinamente ci­
nematográfica, Jean Gabin puede ser él
mismo en todos los papeles que se le
confíen. No tiene necesidad de compo­
ner un personaje: le basta la seguridad
íntima de serlo al representarlo inten­
samente en la escena.

Registro de Propiedad Intelectual W 216.894
Redacción. Dirección.
Administración, P u b licid ad :
IN D E P E N D E N C IA 360, BU ENO S A IR E S
R E P U B L IC A

Marlene Dietrich en "Martin Roumagnac".

E l r it m o de la poesíK de N ic o l á s G u i ­
l l e n ANDA SUELTO POR CUBA, por JeSUaldO.
C a n c ió n de los hombres perdidos , por
Nicolás Guillen. L a fuga de E ddxe M a r ­
t i n , por Maurice Grashin. P asteur , por
el profesor doctor Henri Mondar. P ierre
B onnard , por Raymond Cogniat. L a p e ­
n ic il in a DE AYER Y DE HOY, pOT José LUÍS
M. Anthonisen. E l ho rm ig ó n armado y
LA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA, pOT
Conrado P. Sonderéguer. F o u j it a 1947.
U n pin to r puede hacer p in t u r a de guerra
por patrio tism o , pero nada t ie n e que ver
eso con sus deseos , por Kikou Yamata.
Baleen H er lie , la no ve l actriz trágica
británica , por Frank Lambe. C o n v e r san ­
do con L eónidas B arletta , por Estela
Canto. P lu m a s y palabras , por José
Mora Guarnido. L a trágica m uerte de
don D io n ig i E rba , por Daniel Devoto.
H am let , el personaje in f i n i t o , por León
Mirlas. C ie n c ia s , a cargo de José Otero
Espansandin. Dos pág in as de modas , por
Jaumandreu. A jedrez, por el profesor
Francisco Benko. E x po sic io n e s y notas
de arte , por Romualdo Brughetti. C r ít ic a
literaria , por González Carbalho. Discos,
por Jorge D ’Urbano. C orrespondencia de
F r an c ia . M ú s ic a , T eatro , C r ó nicas , H u ­
mor , C aricaturas , N otas , N o t ic ia s , etc .

Este número incluye, impresa aparte, la
lá m in a n ° 9, que representa el cuadro
de Amedeo M o d i g l i a n i “ B u s to de
m ujer

JOVEN",

N o se devuelven los originales no lolicitados.
La Dirección de C A B A L G A T A no se hace
responsabe de las opinicnes que se expre­
san en las colaboraciones firmadas.
Se publica el segundo y cuarto martes
de cada mes.
Precio del ejem plar: S 0.40 m/arg.
S U S C R I P C I O N
Argentina: Un año ............ $8.20 m/arg.
Seis meses ......... 4.30 m/arg.
E xtranjero: Un a ñ o ---- Dólares U S A 3.50
D I S T R I B U I D O R E S
Capital: Silvano Machi, independencia 2877
In terior y exterior:
Distribuidora T riu n fo S. R. L.
Rosario 201
| CENTRAL (B) |

SU M A R IO DEL flí° 9

tas por los niños que ven en su Ídolo
el personaje que se les ha descrito, un
célebre abogado de grandes causas. Ese
héroe involuntario se muestra bastante
nervioso y más bien dispuesto a utilizar
a los niños entregados a su custodia pa­
ra despistar a la policía. Se los lleva a
París y aprovecha este paseo — en el
cual es el vigilante vigilado— para po­
nerse en relación con una mujer que
puede ayudarle a tomar el tren de Bru­
selas. Pero el proyecto de fuga se con­
vierte pronto en enredo y, traicionado
por esa falsa amiga, el “visitante” se
encuentra muy pronto acorralado. Los
niños pudieran darle el medio de esca­
parse, pero al enterarse de que ellos de­
berían pagar esa complicidad en una
correcional para menores, el criminal
prefiere entregarse obteniendo del fun­
cionario que simule un error judicial y
deje a los generosos niños la ilusión de
la leyenda con la cual le habían au­
reolado.
Se concibe que este escenario, fácil
de realizar y que no comporta más que
una interpretación de niños y de algu­
nos comparsas, haya tentado a los pro­
ductores, permitiéndoles el lujo de una
primera figura sensacional. Por su lado,
Pierre Fresnay, muy absorbido por el
teatro, encuentra en “ Le visiteur” una
ocasión de entregarse un poco al cine­
ma sin demasiadas fatigas. Ha cumplido
su papel con su infinita conciencia pro­
fesional, aportando toda su ciencia y,
sobre todo, esa extraordinaria presencia
real que es el sello de los grandes acto­
res. No se puede decir que su personaje
de abogado de negocios turbios esté ama­
nerado, pues nada modifica en la silueta
del papel el aspecto habitual ds Fres­
nay. Asi sucede en todos los papeles de
Mr. Fresnay en el cinema: si el actor
ha juzgado que conviene ante todo pen­
sar el personaje para imponerlo al pú­
blico, lo consigue, una vez más, perfec­

ARGENTINO
CORREO

ha cometido un crimen: busca un refu­
gio en la escuela donde estuvo interna­
do y cuyo director ha conservado por él
un ferviente recuerdo y una admiración
ciega, que ha sabido comunicar a todos
sus pequeños pensionistas. “La visita”
del asesino fugitivo es recibida con fies-

A R G E N T IN A

L a Dirección de C A B A L G A T A no mantiene
correspondencia con los colaboradores es­
pontáneos, excepto en aquellos casos en que
acuerde publicar los originales.

FRANQUEO

PAGADO

CONCESION N« 3799

TARIFA

REDUCIDA

CONCESION N« 3205

B O L E T IN

DE

S U S C R IP C IO N

El señor ....................................i . . .
(E N

LETRA

DE IM P R E N T A )

Dirección ........................... ............

Pepe Arias en "La mujer más honesta del
mundo", coproducción Pampa Film - A.
Z. Wilson, que se estrenará en breve.
construye una pequeña y hermosa casa
donde abrigar sus amores. Pero la her­
mosa está explotada por un falso padre,
que la destina a un diplomático gene­
roso y cínico, que Marcel. Herrand en­
cama con una indiferencia olímpica.
Cuando Marlene se decide a optar por
el simpático albañil que le gusta, éste,

se suscribe a C A B A LG A TA por el
periodo de un año * seis meses y
al efecto acompaña el im porte de
$ 8¿0, $ 4¿Q. Dólares 3¿0 U. S. A.
en cheque, bono postal a su orden.

• Tachar la condición q'je no se utilice.

�-

Exija con este ejemplar la lámina corresr,' pendiente:

“ La Madona del

Jilguera” ,

por Tiepolo.

balgafa
FEBREKO DE 1947 — Precio: $ 0.40

“GATO EN LA VENTANA”
Acaso el menos doméstico de los ani­
males domésticos, y, ciertamente, el de
m is independencia, el m i i solitario, va (abundo y rebelde, el (ato ha sido óblete
de cuantos mimos puede hacer b einsanJHitamente porque en esta loto s o en­
contramos la duhtonerla ten que «telen
tratar el tema los aficionados, encontramos
en ella, con sn miñosa ventana de .‘onde,
la belleza que suele falcar &amp; ios “ retratos
de cates de cajas dt bembones” .
Esta hermosa fotefrafia linea la firma
de tieorfes bcBeffer.

B B B Em m

�</text>
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                <text>Gregory, Richard&#13;
De La Encina, Juan&#13;
González Tuñón, Raúl&#13;
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Diez de Medina, Fernando&#13;
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Tedesco, Jean</text>
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18, 17 y 18)

Colaboraciones
especiales de:

N IC O LA S

G U IL L E N

JESU A LD O
JOEGE DTTRBANO
L E O N M IR L A S
D A N IE L D E VOTO
K IK O U Y A M A T E
HENRY MONDOR
C O G N IA T
M O R A G U A R N ID O
ESTELA C A N T O

OTERO E S P A S A N D IN
MAURICE G R A S H IN

*, cine, te a tro , ajemodas, noticias, cienhum or, entrevistas.

v ' -■'I-

I QUINCENARIO P O P U L A R
| de l e t r a s , a r t e s ,
A IE N T IA S

F s p jr j: v f T T T r&gt; c. ,

FOUJITA.

(Foro

femada

dorante &gt;u v¡«it* a M é jic o ).

�M U SIC A Y CINE. — Desde los tiempos del cine modo — ya remotos y sin embarga ton entro noblemente vires en nuestra a m e n o — la músico be formado parte del repiten
ert*. Esclava, como el guión, o lo fotografía, o el octor, d d sentido total g oe la dirección da el film, osomo, sin emborge, cor» personelidod dommonte cuando la interpreta,
« » * orpneste y un director de calidad excepcionales. En U presente sota gráfico, Leopoldo Stokowski dirigiendo uno orgueste sinfón.ce en un estudio cnemotogrofit».

[ ( X PITOCFF. — Una ¿«milis q * e em todo una mstftocióo. Un «peludo eue está
mdiasluli‘ i ■ n t r unido « la historio del teatro contemporáneo. En la (oto, Ludmilo
Pftoeft, em el centro, con su* hijo» Sacha y Bárbaro, es ose de tos piei.es de Claudei.

PRIMER PREMIO. — En el fr o a festival cinemoloprofico de Conne» obtuvo al P " » “
premio e¡ film "L a sinfonía postoral". Prototonisfa: M khefe Morgan. Ea esta M»
apetece lo o r in a duraste U Filmación de m e escena de le mesetesad» pehcáa.

PARA UN ALBUM DEL TIEMPO

j

�O cabalgata

C A N C I O N DE LOS
HO MB R E S P E R D I D O S
I’or NICOLAS GUILLEN
ON las ojeras excavadas,
rojos les ojos como rábanos,
vamos por las calles calladas.

C

La tripa impertinente hipa,
puntual lo mismo que un casero,
pero nada hay para la tripa.
No hay aguardiente ni tabaco,
ni un mal trozo de carne dura:
sólo las pulgas bajo el saco.
Así andamos por la ciudad,
como fierros abandonados
en medio de una tempestad.

Eí Ritmo de la Poesía de NICOLAS
GUILLEN Anda Suelto por Cuba
Por

J ES U A L D O

a Nicolás Guillén en su pro­
pia salsa, como quien dice, allá en
la Cuba del negro y del son, del
calor y del ron. Allá en donde la rumba
y la conga andan sueltas por el aire de
la ciudad, mezcladas con el pregón que
muerde las esquinas con el desenfado
de su tono alegre y campanero. Nicolás,
que por sobre sus muchas virtudes, des­
de luego sin excluir esa de su particula­
rísima y entrañable poética tan moder­
na, es un extraordinario amigo cuya
compañía ennoblece al compañero, lle­
va de paseo una ancha cara asen­
sual y una sonrisa abierta, amplia, pi­
caresca y sabrosa. Todo nuestro intento
de ser agradables a su lado fué desbor­
dado de inmediato por su simpatía. T o ­
mados del brazo, como su poesía nos
toma en seguida del corazón, al paso,
oliendo las penetrantes sales yodadas y
los mariscos del Caribe, que expanden
su vaho isla adentro, a menudo ama­
necíamos en los malecones, las avenidas
arboladas, los puertos tan llenos de trá­
fago de trasmundo, los bodegones, los
muelles de pescadores en donde divagá­
bamos, entre chanzas, frente a los vive­
ros que del mar traían los pirisioneros
vivos para el exigente ictiófago; y, so­
bre todo, por aquella alta barriada ama­
necida, blanca y tamborilera, Casablanca.
en alguna de cuyas tabernas con mesas
y mostradores de estaño ■—allí todavía
el estaño tendría su tango— , apurába­
mos la penúltima copa de un "matusa­
lén” insobornable entre cantos y sones
de músicos populares. La presencia del
“chévere del navajazo, que se vuelve
navaja él mismo” ; o de algún Papá
Montero, “bebedor de largo trago, gar­
guero de hoja de lata” , que por enton­
ces, un poco escéptico de como anda el
mundo era Chacumbele, el “que mis­
mito se mató", impregnaba de vivencia
y autoridad la Cuba trasíonda. Esa
Cuba en la que los habaneros, como
"mobila” parecían no "drumi” nunca
en ‘su ’trasnochismo cálido como de
felpa. .
Por entre las venas de estas noches
calientes, venas de rápido latido, íba­
mos a menudo con Nicoljs Guillén, de
cu;rpo fuerte y piernas firmes, como
enraizadas en su suelo tropical, y por
las que parecen correr azúcares extra­
ños, concentradas nicotinas y toda clase
de jugos vitales. Yo. abismado, oía ho­
onocí

C

ras enteras la mezcla de la realidad de
sus poemas, dichos sin alarde, y ese
ritmo que en Cuba vive suspenso en el
aire mezclado con el olor y el color. A
veces me detenia la audacia de sus
maceracíones acústicas, ya como de ma­
dera que se lamenta en tono menor:
“repique, repique, pique;
repique, repique, p ol” ;
otras como ahuecadas voces, salidas de
bóvedas enormes:
“mama tamba, serembe, cuserembá...
Congo, solongo del Songo. ",
que quedaban en el aire como flotantes
truenos que sonaran lejanamente; y
muchas, creadoras de la imagen estre­
mecida de los grandes lotos, las aguas
con caimanes y las lunas rojas emer­
giendo entre la maraña del trópico.
Porque el ritmo de la poesía de Nico­
lás Guillén, recogido en esencia, subli­
mado de la canela más sabrosa de su
pueblo, y no como la recolección de ma­
zorcas de los hermanos Grimm, dije al­
guna otra vez sobre este mismo tema;
ti ritmo de su poesía está derramado
en bruto, en Cuba entera. Se palpa casi
su “ sóngoro cosongo” , especie de latido
o voz, de sordo tambor que llama y
canta, que canta y sufre y llora y ríe
con grandes mandíbulas de viento blan­
co, rojo o nsgro Ese ritmo “sóngoro co­
songo” —que algún aficionado de nues­
tro Uruguay tamborilero quiso traducir
de las maderas y lonjas templadas por
boracotó, borccotó, chas chas— , salta
luego a las cuerdas de las guitarras o
se mete debajo de la piel de los chivos
qus despiertan alucinados y “rompen
tambor". Pero cernido el ritmo, quedan
como pimientas las grandes angustias
de un pueblo que viene triturando su
afán de liberación por decena de años,
desdi los reinos negros de la Africa de
infamantes cacerías, hasta las rebelio­
nes de los ingenios o las recientes huel­
gas de las minas de cobre de Matahambre.
Mi encuentro con Cuba no se hubiera
realizado totalmente, si no lo hubiera
side, al mismo tiempo, con Nicolás Gui­
llén. Y o le vi en mi llegada, cuando
sentí la fraternidad de sus brazos ceñi­
dos, como a un antiguo "compañero y
señor mió” , como le llamó el hosco Unamuno Vi que hacia mi venía, como

El sol nos tuesta en su candela,
pero por la noche la luna
de un escupitajo nos hiela.
Somos asmáticos, diabéticos,,
herpéticos y sifilíticos,
mas sin regímenes dietéticos.
Nos come el hambre día a día,
y van cavándonos los dientes
charcos bermejos en la encía.
Así andamos por la ciudad,
como perros abandonados
en medio de una tempestad.
¿Quién es quien sabe nuestros
.
[nombres?
Nadie los sabe ni ios mienta.

“ Caimán” , “ El M a c h o ” , “ Perro
[V iudo” ,
son nuestros nombres en la vida,
y cada nombre es un escudo.
Así andamos por la ciudad,
como perros abandonados
en medio de una tempestad.
¿Qué más da ser ladrón o Papa?
El caldero siempre es el mismo:
lo que le cambia es la tapa.
Y hay quien podrido está en k&gt;
[hondo;
cuanto el pellejo más perfuma
más el espíritu es hediondo.
Nosotros vamos descubiertos;
el pus al sol, la mugre al aire
y con los ojos bien despiertos.
Así andamos por la ciudad,
como perros abandonados
en medio de una tempestad.
Secos estamos como piedra.
Largos y flacos como cañas.
Mano-pezuña, barba-hiedra.
Mas no tembléis si crece el ham[bre:
presto el gorila maromero
se estrellará desde su alambre.

Somos las sombras de otros hom[bres.

¡Animo, amigos! ¡Piernas sueltas,
diente afilado, hocico duro,
y no marearse con dar vueltas!

Y si es que* hablar necesitamos
unos con otros, ya sabemos
de qué manera nos llamamos.

¡Saltemos sobre la ciudad,
como perros abandonados
en medio de una tempestad!

siempre llegaba, llega, con “ el fuego so­
bre la noche... y el cinturón del tró­
pico y espíritu limpio” . De lejos oí su
grito: "¡Eh, compañeros, aquí estamos!” ,
y desperté. Su risa, en verdad, era la
de quien había madrugado sobre los ríos
y los pájaros.
Allí, mi oído sobre su voz, comprendí
totalmente el concepto de Antonio M a­
chado sobre el más exacto sentido del
folklore: barro santo, "cultura viva y
creadora de un pueblo de quien habla
mucho que aprendsr.. . ” . De ese “ saber
vivo” —tal vez también peces vivos fue­
ra del agua, como quería el gran espa­
ñol escarnecido— , de ese barro santo
que se deposita a través del tiempo en
el fondo de los filtros, está hecha toda
la poesía de Nicolás Guillén: poesía pa­
ra gritarla como pregón o para cantarla
con instrumento; poesía para reír o llo­
rar, como para enternecer y enseñar.
Poesía que el pueblo le dice tan sutil­
mente a su elegido, en el oído, cuánto
es él dt fervoroso para recogerla.
Su poesía así es emoción, es lengua y
es drama; en una palabra, sangre, mé­
dula y acción de su pueblo, y como tal,
profética, verdadera poesía, si es que hay
alguna que pu£da no ser verdadera. La
advertencia en el peeta es privativo de

su esencia creadora. Y en Nicolás G ui­
llén esa advertencia suele ser la revolu­
ción misma, la que, en algunos sones,
como en el N? 6 del yoruba de Cuba,
anuncia un “son de todos”, que una ve*
que empÍEce, todos juntos, "todo mez­
clado, San Berenlto, Santa María, San­
ta María, San Be re ni to” , ¡ya no va a
parar más!
Y o sé que traje de Cuba, con el pri­
mer adelanto de su Son Entero y mi
devocionada admiración a expresión tan
original y poderosa, el mensaje de N i­
colás Guillén para mi pueblo de blancos
y negres. Emocionado mensaje que su­
bió conmigo a! barco, junto a su ya im­
borrable presencia, una tarde cálida en
la que el fuerte olor salobre mezclado
con El de tabacos y roms, me hicieron
más dura y nostálgica la partida. Toda­
vía tengo vivo su lejano ademán — quie­
ro pensar que por alguna vez también
m elancólico...— que me entró al ca­
marote, junto con aquel su ritmo final
de barco en marcha y de triste ausencia:
Tambor!
costas sordas, cielos sordos.
Tíimbor!
Las islas van navegando,
navegando, navegando,
van navegando encendidas.. . ”

�. r ^ D D IE Martin había huido!
p
Aullaron las sirenas de la
l J cá rce l.. les agentes registra­
ron meticulosamente los alrededo­
res. . . toda la policía del país entró
en acción.
¡Apresad a Eddie Martin!
Entretanto, el fa m o s o criminal
viajaba debajo del camión de cons­
trucción que lo había sacado de la
prisión por la puerta del este.
Con manos y pies se agarró al
fondo d-el camión, sacudido por bar­
quinazos, hasta que el chófer lo
guardó, por la noche, en e l local de
la compañía. Sólo al oscurecer se
atrevió a desentumecerse.
Se arrastró hasta el vestuario de
chóferes y rápidamente cambió su
uniforme de presidiario por ropas de
trabajo. Se echó la gorra sobre los
ojos, empuñó una pesada barra de
acero y se preparó a viajar.
Por unas callejuelas llegó a los
confines de la ciudad. Evitó el ca­
mino principal y marchó atravesan­
do las colinas. A la medianoche en­
contró un riacho y lo vadeó. Nunca
darían con él ahora. Casi corrió la
última milla hasta llegar a la cabaña
abandonada donde se refugiaría.
Mientras m archaba apresurada­
mente, recordó cuántas veces se ha­
bía refugiado allí. Cuando era mu­
chacho y su fa m ilia habitaba el
rancho, él y su hermano mayor, Dan,
jugaban a “ policías y ladrones” . Ya
en aquel entonces había insistido él
en ser ladrón. Dan se contentaba con
ser policía. Por mucho tiempo ha­

Í

bía utilizado la choza, en el fondo de
la granja, como escondrijo, y Dan
no podía dar con él. Hasta que un
día, finalmente, Dan descubrió el
escondrijo y se terminó el juego.
Pero esto ocurrió cuando tenia
diez años y sola mente "jugaba a ser
el hombre malo. Ahora lo era de
verdad. El gobierno ofreció cinco
mil dólares de recompensa por su
captura después de su última opera­
ción bancaria. Ahora doblarían Ja
suma.
Se sintió orgulloso; había andado
mucho desde que jugara a los la­
drones.
A corta distancia de la choza se
detuvo y escuchó. Ninguno le ga­
naba en astucia. Convencido de que
estaba solo se dirigió a la choza.
La puerta estaba cerrada, las ven­
tanas tenían tablas, como cuando las
dejó. Con su barra de hierro forzó
la puerta en sus chirriantes goznes.
Los ratones huyeron al campo, al­
gunos pájaros volaron desesperada­
mente en los rificones. C e r r ó la
puerta y avanzó hacia el centro de
La habitación. Arrodillándose, impa­
cientemente, apartó las telarañas del
piso y arrancó varias tablas. Se in­
clinó en el hueco, cogió la manija
de un pequeño baúl y lo sacó de su
escondrijo.
Primero se apoderó de una lin­
terna e iluminó con ella el escon­
drijo. Se rió fuerte, triunfalmente.
Todo estaba en orden; exactamente
como lo preparara hacía tres meses.
A llí estaba el cajón con los diez m il

dólares. A llí estaba su revólver, en
un estuche de felpa. A llí había car­
tuchos e ingredientes para limpiar
el revólver si se hubiera enmoheci­
do. Y allí había también una muda
de ropa completa.
No podía equivocarse. ¡Tenia ta­
lento! Por esta razón, cuando ganó
veinticinco mil dólares en el último
atraco, intentó huir llevando sola­
mente quince mil, y guardó el resto
en el baúl, con el revólver y otras
cosas. Decidió esconder este dinero
para el caso de que sus planes fra­
casaran y no pudiera huir del país.
Y sus planes salieron mal. Había
confiado en un individuo y le había
dado dinero para que lo ayudara a
escapar. El “ camarada” no sólo ha­
bía recibido su din-ero sino que lo
había chantageado y, después, había
cobrado también la recompensa. Pe­
ro esto era el nasado; ahora estaba
en el mismo sitio, con el dinero, y
esta vez no podía fracasar porque
no había confiado en nadie.
Solo en la oscuridad, se puse a
pensar y, como era oscuro y estaba
solo, se puso a pensar en su madre.
Q u;ría a su madre, no porque lo
fuera, sino por las muchas cosas qua
había hechc por él. Recordó cómo
peleaba con el vecindario para li­
brarlo de una paliza. Siempre ha­
bía deseado su bien.
Sí señor, su madre era una gran
persona.
Se estiró y cayó en un pacífico
sueño. Despertó dos horas más tar­
de sobresaltado. Tem bló de miedo

mientras sí apoderaba del revólver.
Una v o z lla m a b a apresurada­
mente:
— ¡Eddie! ¡Eddie!
Era su hermano. No contestó. Dan
gritó de nuevo:
— Eddie, ¡necesito verte!
Eddie lo dejó entrar, después, de
un portazo, volvió a cerrar la p^er.
ta. Oprimió el revólver contra las
costillas de su hermano:
— Todavía estás jugando a “vigi­
lantes y ladrones” . Pero no vivirás
para cobrar la recompensa.
Dan lo- miró con frialdad:
— Mamá te quiere ver.
La salvaje tensión desapareció del
rostro de Eddie.
— ¿No bromeas? ¿Después de to­
das los cosas que han publicado so­
bre mí?
— Ella no sabe nada —repuso
Dan— . Hace seis años que no pue­
de leer. Y o inventaba historias en
Lugar de leerle.
— Gracias, Dan, me gustaría verla. Pero ahora es imposible.
— Está muy enferma.
— ¡No!
— Es la última oportunidad de
que la veas viva.
— Voy.
Rápidamente se puso buena ropa.
M etió el revólver y los cartuchos en
los bolsillos y colccó la bolsa con el
dinero debajo del brazo. En la puer­
ta se detuvo.
— Escucha, Dan, aunque seamos
hermanos, jamás nos hemos querido.
Si ést3 es una treta tuya te aseguro
que me las pagarás, aunque sea la
última cosa que haga.
Dan sacudió la cabeza compasiva­
mente:
— ¿No confías en nadie?
— Sólo en m í. . . y en mamá. Va­
mos.
En el auto de Dan se encamina­
ron a la casa. A la mitad del camino
estalló una tormenta. L a lluvia
manchaba el parabrisas más rápido
que «1 limpiador. Rugían los true­
nos y los relámpagos iluminaban
el campe.
L a tormenta estaba en su apogeo
cuando se detuvieron delante de una
casita blanca. Dan saltó del cocha y
tocó el timbre. Eddie lo siguió. A la
luz de un relámpago Eddie se vol­
vió y alcanzó a ver un coche poli­
cial doblando la curva.
Eddie empujó a Dan y cerró la
puerta. Sacó el revólver y apuntó a
su hermano.
— ¡Te d ije que me las pagarías!
— Pero Eddie — suplicó Dan— yo
no h e . ..
Los truenes apagaron el ruido de
los disparos. Dan cayó, muerto.
Los policías estaban afuera, Eddk
era un rata en una trampa. Abrió la
puerta. V ió a su madre en la cama.
— Edusrdo, Eduardo — dijo débil­
mente.
Eddie miró por la ventana: estaba
bloqueada per policías. No podía
huir. Escondió el revólver detrás
suyo.
— Hola, mamá — dijo.
— ¡Me alegro tanto de verte! —di­
jo ella— • ¿Estás bien?
— Sí, mamá, estoy muy bien.
Ella dió un suspiro de alivio.
— Tenía el horribla presentimien­
to de que estábais en peligro —di­
jo— . ¡Hasta telefoneé a la policía
para que os protegiera!

�5

A' S T E
POR

*

EL

PROFESOR DR. HENRI MONDOR °&gt;
de la Academia Francesa

fuerzas las ofreció
T ODAS
a la ciencia. Cuando murió, el

plejidad y el de ampliar, hasta
el delirio, una cuestión de la que
los demás sólo habían visto los
límites.

sus

28 de septiembre de 1895, a los 73
años de edad, acababa de decir a
los suyos con una especie de ex­
cusa sublime: “ Y a no puedo más” .
Su obra fué una serie ininte­
rrumpida de trabajos admirables.
Modestamente, llamaba entusias­
mo a su energía.
Su sensibilidad fué siempre la
misma que en la época en que le
llamaban “ el artista” , en la que
se complacía con la- lectura decla­
mada de Lamartine, de Auguste
Barbier, o pintaba bellos retratos
trazados con amor. Quiso tierna­
mente a sus muertos; escribió un
artículo admirable sobre el libro
de Claude Bernard al enterarse
de la enfermedad de éste; maldijo
valerosamente al enemigo en 1870.
Después de la derrota, se prome­
tió la venganza patriótica de so­
brepasar en adelante a todos los
sabios alemanes.
Temblaba de ansiedad en víspe­
ras de sus innovaciones terapéu­
ticas y se negó siempre a ciertas
vivisecciones. F i n a l m e n t e , en
1892, en el gran anfiteatro de la
Sorbona, donde su patria, en fastos
excepcionales, se honraba h o n ­
rándolo, hizo oír este exquisito
dictado, con su voz debilitada: “ A
través de este brillo, mi primer
pensamiento va con melancolía
hacia el recuerdo de tantos hom­
bres de ciencia que sólo conocie­
ron dificultades” .
Los honores no habían cambia­
do su orgullo en v a n i da d , ni
disminuido sus esfuerzos, ni a flo ­
jado su i nt en sa perplejidad de
creador. Los vivas de millares de
personas en Edimburgo, la gracia
familiar de dos reinas venidas a
su encuentro en Copenhague, la
acogida deferente de las Socieda­
des Sabias, las felicitaciones de
Renán al recibir’o en la Acade­
mia Francesa, saludando en él al
hombre de genio, la presencia en
la Sorbona y el abrazo de Lister, bajo una aclamación tan larga
que pareció la señal del agradeci­

«

miento de los siglos, nada en­
turbió sus al t as p r e f e r e n c i a s .
*

*

*

Permanecerá como un ejemplo
extraordinario, porque se armo­
nizaron en él, para beneficios pro­
digiosos, los sentimientos puros,
la profundidad del pensamiento,
el lirismo en la creación, el impul­
so de los más grandes designios.
Cuando evocaba un día el noble
placer y la utilidad de medir “ La
parte del corazón en el progreso
de las ciencias” , habríale bastado
con hablar de sí mismo.
Pero el prodigio fué su espíritu.
La invención lo enriquecía sin
cesar de proyectos; su inteligen­
cia fascinadora y su ingenio le
sugerían bellas experiencias; su
rigor y su probidad hacían que
las llevase a cabo. Ninguna prisa
en concluir y ninguna jactancia
en cuanto a su infalibilidad. En
las cuestiones ar du as , parecía
aclarar bruscamente lo que todos
encontraban oscuro, y, algunas

veces, veía tan dé prisa que hacía
creer en la adivinación. En reali­
dad, ¡qué cantidad de interroga­
ciones, de análisis, de delibera­
ciones, qué “ incesante devanar”
daban origen a aquellos relámpa­
gos de transparencia o de intui­
ción!
No le faltaba nada a aquel ce­
rebro; ni siquiera los más ricos
contrastes: la vivacidad y la fe­
cundidad; el flujo de las hipótesis
inspiradoras y el culto severo de
la experiencia irrebatible; la in­
vención y la nitidez del criterio;
la minucia de los tanteos, de las
verificaciones, y la cascada de
deducciones prácticas; la silencio­
sa confrontación de los argumen­
tos y la paciencia demostrativa
inclinada hacia la vulgarización;
la coquetería del número de ideas
directrices y la disciplina de una
lógica con fuertes articulaciones;
el culto secreto de la abstracción
y la embriaguez evidente de las
actividades constructivas; el arte
de circunscribir una amplia com­

*

*

En el momento de resumirlo
con una palabra, invoquemos la
colaboración d-a su propio crite­
rio. Ganaremos con oírlo en uno
de sus mejores días y también,
sin duda, definiéndolo a su gusto:
“ Entre los hombres superiores, de­
cía, los hay que, aislándose en sus
estudios, tienen para el tumulto
de las ideas una piedad desdeñosa
y una indulgente ironía. Sin in­
quietarse de la opinión general
— que en su espíritu demasiado
delicado confunden f á c i l m e n t e
con la opinión del vulgo— sólo
se proponen ejercer una influen­
cia directa en un círculo de pri­
vilegiados. Si esta élite les esca­
pase, encontrarían en la actividad
y el espectáculo de su inteligen­
cia un interés vivo y prolongado.
” Otrcs, al contrario, g u i a d o s
por la necesidad de hacer triun­
far sus ideas, se arrojan en las
batallas de la vida pública.
"Finalmente, hay una pequeña
cantidad de hombres hechos tanto
para el trabajo silencioso como
para los debates de las grandes
asambleas. Fuera de los estudios
personales que les aseguran un
lugar aparte ante la posteridad,
tienen el espíritu atento a todas
las ideas generales, y el corazón
abierto a todos los sentimientos
generosos. Esos hombres son los
espíritus tutelares de una nación” .
Así, Louis Pasteur, en plena
gloria, hablando con agradeci­
miento y veneración de uno de
sus primeros maestros, nos de­
signó discretamente su p r o p i o
lugar entre los genios tutelares
de Francia y de todo el mundo.
(1) Del 18 al 24 de noviembre se conme­
moró en París, con importantes ceremonias
y con un congreso científico al que asintie­
ron delegaciones de todos los países del
mundo, el cincuentenario de la muerte de
Pasteur. Con e^te motivo, el profesor H.
Mondor ha escrito el presente artículo.

�"P ie rrt Bm h m M "

(1 9 4 2 )

PIERRE
Por

B OIS

RAY MOND

año el Salón de Otoño ha ren­
dido homenaje a Pierre Bonnard.
Este pintor es, sin disputa, una de
las cimas de la pintura francesa con­
temporánea. La admiración que rodea a
su obra es casi unánime y procede tan­
to de los artistas como del público. Con
Matisse y Picasso, Bonnard está a la
cabeza del arte de hoy. Sin embargo,
en tanto que los dos primeros tienen
numerosos imitadores y su influencia
se revela fácilmente en toda la joven
pintura, parece que el arte de Bonnard,
aunque provoque los mismos entusias­
mos, no provoca análogos ecos y conti­
núa desarrollándose en su serena sole­
dad sin crear adeptos. Hay en esto un
fenómeno que puede parecer sorpren­
dente y que merece se busquen sus ra­
zones. Sin duda se debe a que la obra
de Bcnnard refleja un mundo feliz que
no se conforma a los tiempos revueltos
en que vivimos; sin duda se debe, tam ­

E

ste

ISA R D

C O GNI A T

bién, a que esa obra ha sido realizada
al margen de doctrinas, porque no res­
ponde a ninguna teoría, sino a una ma­
nera de sentir y mirar que son intransm is itl: s, puesto que sólo existen en fun­
ción de la sensibilidad del autor.
I
Ciertamente, las creaciones de Bon­
nard pueden prestarse a razonamientos
y justificar sutiles comentarios, pete
éstos tienen que tomar como punto áe
partida a la obra, en tentó que en mu­
chos otros casos las teorías la condicio­
nan. Así, un cuadro de Bonnard parece
siempre nacido espontáneamente. Sis
embargo, si se mira de cerca, vése Que
tal logro, ten perfecta armonía, han sido
premeditadas antes de cumplirse.
El milagro reside en esto, en perma­
necer dueño de sí y de su técnica
punto de conservar en cada cuadro
frescura de la inspiración inicial la emoción directa, casi ingenua, de los descu­
brimientos imprevistos. Pues cada «u

i

�" Autorretrato"

una exquisi ta modestia, que no sólo se
advi ríe en sus actos a lo largo d i una
existencia sin altibajos, sino en su mis­
mo sentido del color, en el tacto, la sua­
ve sobriedad de sus cuadros. F ie r r e
Bonnard era un poco el náufrago inevi­
table tn el violento remolino de las esmetas contemporáneas, voceadoras, agre­
sivas, inventoras.
En sus óleos, en sus apuntes, en sus
carteles, en sus panneaux decorativos,
encontramos hoy un testimonio solita­
rio de los pocos espíritus que conserva­
ron una imagen risueña, leve, billa, en
los días más turbulentos, en las épocas
más desgarradas. Dos grandes guerras
y una serie de luchas cruentas no bas­
taron para apagar la sonrisa de Bon­
nard. para ensombrecer su p a lito car­
gada de tenues colores, frescos y ligeros,
como temblorosas llores que eternizaran

ese momento indícible en que te mues­
tran coronadas de un rod o primaveral.
Violetas, amarillos, lilas, azules, todos
ellos contenidos por una sinsibilidad a
la que debían causar horror los con­
trastes. las aventuras, las crudezas, des­
filan hoy ant nosotros con un color de
época que. siendo su limitación, es, sin
embargo, su gloria y su premio. Pues
aunque su vida se adentra en nuestro
siglo hasta este año avanzado, los te­
mas, los colores, la sensibilidad de Bon­
nard, par een haberse entregado fiel­
mente a aquellos años que sirven de
puente entre los dos siglos. Todo ello
sin envejecer, sin que, como los dague­
rrotipos, ;sa calidad de época esté be­
sada en cierta marchites conocida per
todos los que hayan hojeado viejos ál­
bumes de fotografías.
Decía de él hfaurice Denis, uno de

de Bonnard es un nuevo acorde perfecto,
una obra compuesta de elementos y de
sentimientos en apariencia inconcilia­
bles: •¿mídez y modestia se aviene con
las certidumbres y las afirmaciones de
intransigencia: la originalidad de los
acordes, de la disposición de los obje­
tos o de los planos en el espacio, la
audacia extrema, no contradicen la in­
clinación a no escandalizar. Asi, el me­
nor tema se enriquece de esplendores
inesperados: una tela blanca, una bañe,
ra. se irisan de reflejos nacarados y se
recrean en una materia suntuosa y re­
finada. A pesar de toda esa elegancia
y esplendor, el conjunto conserva una
extrema sencillez, con sus resonancias
apagadas como una silenciosa melodía.
ün arte en apariencia tan sencillo, se
mantiene, Inevitablemente, al margen
de las batallas estéticas que agitan al
mundo artístico desde hace casi un si­
glo. El oficio que atestigua, es un medio
de expresarse mejer y no un pretexto
de virtuosismo gratuito. El propio ca­
rácter de Bonnard no se presta a las
discusiones teóricas.
Por la tranquila alegría de vivir que
emana de esa pintura, par el brillante___
esplendor de los colores que la caracte­
rizan, la obra de Bonnard puede ligarse
al impresionismo sin, en modo alguno,
imitarlo, sino más bien prolongándolo
en nuestra época, a la que se tiene ten­
dencia a creer exclusivamente preocu­
pada de austera intelectualidad. La pre­
sencia de Bonnard está en contradicción
con la dominante opresión de los siste­
mas, contradicción extrañamente suges­
tiva, cuyo poder y seducción tienen tan­
ta más fuerza de convicción cuanto que
se imponen con una gran discreción, pe­
ro también con ineludible y suave te­
nacidad.
H arte de Bonnard, con ser excepcio­
nal no es. sin embargo, pasado de moda.
Si las atmósferas, las tiernas intimida­
des que representa, evocan un tiempo
ya pasado, los medios que emplea y las
obras que crea son asombrosamente jó­
venes y vivientes. Poseen la frescura y
actualidad que se encuentra en las di­
ferentes épocas del arte francés en sus
más prestigiosas encamaciones, espe­
cialmente en el siglo X V III. Aunque no
puedan compararse los temasUe Bonnard
con los de Watteau, ni tampoco la téc­
nica de ambos, sin embargo, hay entre
ellos un paralelismo de sensibilidad y
analogías más fáciles de experimentar
que de definir. A s i aun en los momen­
tos más originales y excepcionales, el
arte de Bonnard se entronca intima­
mente con la m is pura tradición fran­
cesa, a la que él prolonga renovándola.
«

•

a

.V. de la R. — Muy en silencio, como
era de espirar luego de una vida apar­
tada del estruendo, ha pasado la recien­
te noticia de ¡a muerte de Fierre Bon­
nard, uno de los más delicados pintores
franceses de los últimos tiempos.
S\f vida y su obra. Inseparablemente
unidas, una misma cosa, transcurren,
desde finales del pasado siglo hasta
nuestros dias. Quizá el principio del si­
glo que corre señala la fecha de su
mayor resonancia y de su madurez. De
"U
í

cahime* 4e tafette"

(1912)

sus más fervientes admiradores: “ Sien­
do camarada supo desde IM t. en la Academie Jullian, conozco bien la edad de
Bonnard Pero me ocurre dudar que
haya transcurrido desdi entonces más
de medio siglo, tan joven permanece tu
pintura y tan fiel al espíritu juvenil de
rus comienzos (lo cual no quiere decir
que en se largo periodo nc haya alcan­
zado su pltno desarrollo y tenido varias
maneras).
Con él desaparece, acaso, el ulttm o
pintor de la intimidad benévola, no
exenta le una galantería sencilla, a lime. de buen gusto. Vena de ternura
de sentimiento poético.
El articulo que aquí publicamos, del
prestigioso critico R. Cogniat, fue es­
crito con motivo de sus muestras en el
últim o Salón de Otoño celebrado en
París, peces meses untes de su muerte.

y

�riles. Los adelantos técnicos son extra
ordinarios, y para dar idea de ellos di"
remos que en algunas fábricas se logra
reducir a polvo el líquido mediante con
gelación en el vacío, utilizando una tem"
peratura menor de 50° C. bajo cero y ur'
vacio de 0.01 mm. de mercurio, con lo
que si hielo se vaporiza sin pasar ñor «i
estado líquido.
La penicilina de los primeros tiempos
tenia una escasa actividad: unas 15o a
300 unidades por miligramo, lo que sig­
nificaba que su pureza solamente alcan­
zaba a un 10 ó 20 % ; en la actualidad"
contiene alrededor de 1.400 unidades por
miligramo, o sea que su pureza llega a
un 80-90 % , e incluso se obtiene la pe.
nicilina absolutamente paira, que es uñ
polvo blanco como la nieve con un loo %
de pureza y 1.666 unidades por miligra­
mo. Aquellas penicilinas había que dar­
las poco concentradas, pues de lo con­
trario resultaban muy dolorosas. Por lo
general, las dosis eran de 15.000 ó 20.000
unidades en 5-10 c.c.; las actuales pue­
den darse, incluso, a las dosis concentra­
dísimas de 200.000 ó 500.000 unidades en
2-4 c.c. Este proceder es el llamado de
las “ dosis masivas” , que parece que está
destinado a revolucionar la técnica de
administración.
Pora producir penicilina en cantidad ero precito multiplicar el número de tráteos. He aqui una sección de uno fábrica, produciéndoles.

La aplicación clínica de la penicilina
tropezó con el grave inconveniente de
que se eliminaba con extraordinaria ra­
pidez, y para que fuera eficaz era preciso
alcanzar y mantener determinados nive­
les de la droga en sangre. Era —según
Florey— tanto como querer llenar de
agua una bañera con el desagüe, abierto.
Esto obligaba a administrar la droga de
una manera casi continua, y como re­
sultaba tan dolorosa, muchos enfermos
pensaban que era peor el remedio que
la enfermedad. Psu-a vencer ese obstácu­
lo se ha aguzado el ingenio, y los inves­
tigadores pensaron en “ tapar la bañera"
bloqueando el riñón mediante la inyec­
ción de algunas sustancias que se eli­
minan por esa vía más lentamente, pero
ha tenido más éxito la inyección de la
penicilina en sustancias de gran den­
sidad — aceite y cera de abejas—, con
lo que se forma una especie de “depó­
sito” en el organismo, del que va des­
prendiéndose lentamente la penicilina,
consiguiéndose mantener asi niveles úti­
les durante 12 ó 24 horas. La actual ten­
dencia a las dosis masivas podria des­
cribirse como un intento de solucionar

Frosca de cultivo del moho "Penicillium aotatum " al cobo de varios dias de incubación. En el medio esterilizado se inoculan las es­
poras del hongo. La boca del frasco deio paso al aire ni través de gasas y algodones que filtran las gérmenes qua aquél pueda con­
tener a fin de mantener puro el cultivo. Esta ara la manera primitiva de obtener la penicilina.

LA PENICILINA DE AYER Y DE HOY
Por José Luis M. Anthonisen
ya lejano el año 1929 en el que
Fleming, de una manera casual, hi­
zo el descubrimiento de la penicilina.
El hecho ha sido relatado muchas ve­
ces: una placa de un cultivo de estafi­
lococos (uno de los gérmenes más co­
munes de las infecciones) que había
quidado destapada en su laboratorio fué
contaminada a ccid en ta lm en te por un
hongo del aire (.penicillium nota.tv,m) y
en tom o a la colonia de ese hongo se
dibujó un círculo que quedó libre de
gérmenes. Luego allí había una sustan­
cia que los atacaba y destruía. Así na­
ció lo que es considerado por muchos el
descubrimiento médico más grande del
siglo. (Casi siempre en los descubrimien­
tos hay un factor casual, pero para no
alentar demasiado a aquellos lectores
que puedan pensar que entonces no hay
como dejarse estar y esperar a que las
cosas caigan llovidas d=l cielo, conviene
recordar que esas casualidades, por lo
general, sólo suelen percibirlas quienes
por haber dedicado muchos años de su
vida al estt'.-’ io y a la investigación tie­
nen una gran capacidad de observación;

E

stá

los demás pueden presenciarlas cientos
de veces “sin verlas" o sin darse cuenta
de su trascendencia).
También ha quedado muy rezagado el
año 1941 en el que Florey y sus cola­
boradores ds Oxford, lograron producir
y aislar después de innumerables es­
fuerzos, unas pequeñas cantidades de
aquella delicada sustancia antiséptica
que, cosa curiosa, se destruía a la me­
nor contaminación, y aplicarla con re­
sultados excelentes a medía docena de
enfermos decahuciados.
Desde isas fechas hasta la actualidad
se han realizado progresos extraordina­
rios, debidos tanto a la capacidad, de
los hombres de ciencia ingleses y norte­
americanos, como al espíritu emprende­
dor de los fabricantes que no titubearon
en invertir grandes sumas de dinero en
montar enormes plantas de producción
de la penicilina en momentos en los que
el descubrimiento de la estructura quí­
mica de la misma hubiera significado
su preparación sintética y el cierre de
todas aquellas costosas instalaciones.
De :sos extraordinarios progresos va­

mos a intentar dar una breve visión.
L a penicilina se obtenía al principio
sembrando el esporo del moho — tan pe­
queño que caben cómodamente 1.000 en
fila sobre la cabeza de un alfiler— en
botellas que contenían el medio de cul­
tivo. Este era el llamado “ cultivo en su­
perficie” . El rendimiento era escaso: en
los primeros tiempos, entre 4.000 y 12.000
unidades por frasco; más adelante, has­
ta 50.000 unidades. Los fabricantes acu­
mulaban cientos de miles de botellas en
enormes salas estériles (hasta 300.000
llegaron a tener los Laboratorios Glaxo,
de In gla terra ). No hace falta señalar los
prodigios de habilidad y técnica que se
precisaban para evitar la contaminación
de esos miles de frascos a lo largo de las
diversas manipulaciones de siembra, cul­
tivo y cosecha. En la actualidad se uti­
liza el procedimiento llamado de “ culti­
vo en profundidad". Las botellas han
cedido el puesto a enormes tanques de
más de 7 metros de altura y 22.000 litros
de capacidad, donde todas las operacio­
nes de siembra y extracción se realizan
en forma automática por tuberías esté­

Experimento» con penicilina. Sobre un pla­
to da cultivo de "Stophylaeaccuj aureui"
*e colocan uno» cilindro» de vidrio o por­
celana barnizada en cuyo interior se vier­
te la penicilina, la cual té difunde poco e
poco por el medio de cultivo. En el plato
última — derecho— *e obtervo un círculo
en torno a cada cilindro, que señala la lo­
na de inhibición del desarrollo del e»tofilococco.

�el problema, metiendo en la bañera mu­
cha más agua de la que puede salir de
ella.
Conviene señalar aquí que la adminis­
tración de penicilina, si bien no tiene
inconvenientes, no debe hacerse indis­
criminadamente. La aplcación a dosis
insuficientes o en forma incorrecta pue­
de hacer que los gérmenes se tornen
resistentes a la droga, y aunque el pro­
blema no Uene en este caso la impor­
tancia que con las sulías, puede signifi­
car un grave inconveniente cuando se
trata de resolver un momento crítico.
Por eso su aplicación debe estar en las
manos exclusivas del médico.
La penicilina se medía al principio en
Unidades Oxford o Florey, nombres da­
dos en honor del grupo de investigadores
y del autor, a quienes más debemos en
este aspecto, pero en la actualidad rige
ya la Unidad Internacional que equivale
a la actividad específica de 0.6 microgramos de la sal sódica de penicili­
na H (G ).
Desde el comienzo se dedicaron gran­
des esfuerzos para descubrir la estructu­
ra química de la penicilina. Esos estudios
han revelado que existen varias penici­
linas químicamente diferentes, habién­
dose aislado hasta ahora cuatro, a las
que se han designado J, II, I I I y IV en
Gran Bretaña, de acuerdo con el orden
de su descubrimiento, y P, G, X y K en
los Estados Unidos. Lo importante es
que difieren en cuanto a su eficacia,
siendo la más desventajosa, desde el
punto de vista clínico, la K , por lo que
los fabricantes tienen buen cuidado de
descartarla de sus productos.
Hoy en día, aunque se llegara a la
preparación sintética de la penicilina, es
tal el adelanto y la perfección a la que
se ha llegado en la industria de la pre­
paración natural de la misma, que su
producción no resultaría más económica,
por la que el hombre seguirá valiéndose
de ese modesto hongo de la Naturaleza
para fabricar ese maravilloso medica­
mento al que se debe ya la salvación de
miles y miles de vidas que sin él se
hubieran perdido.

mismo. Primero el hombre logró con la
escritura perpetuar su pensamiento en
una lucha de siglos y hasta milenios.
Con el advenimiento de la imprenta el
pensamiento pudo ser difundido hasta
el último rincón de la Tierra. En lo que
va d: siglo se ha conseguido hacer lle­
gar, no ya el pensamiento cifrado, sino
la palabra viva, con todas sus cuali­
dades, con su fuego, con su fascinación,
al medio de los mares, a las montañas,
a los desiertos, a las selvas, y ello en el
plazo de unas fracciones de Segundo. Y
por fin ya no es la palabra descamada,

Desde hace tiempo, hombres de ciencia y
artistas vienen intentando recomponer la
fisonomía de nuestros remotos antepasa­
dos. Esto figura corresponde, según J. H.
MacGregor, al "pitheconthropus", cuyos
restos encontró en Jova el médico holan­
dés Dubois, a comienzos del siglo actual

despacho de Londres acaba de in­
formarnos de un hecho que bien
puede hacer época: la primera
conferencia televisada. Desde los estu­
dios de la BBC, en el célebre Alexandra
Palace hotel ( i ) , el profesor Thomas
Edward Allibone, discípulo de Emest
Rutherford en el laboratorio Cavendish
de la Universidad de Cambridge, dió
una conferencia sobre física anatómica,
ilustrada con esquemas, películas al ra­
lead y hasta con experimentos, patro­
cinada por el Instituto Británico de
Ingenieros Electricistas. El profesor A lli­
bone tuvo a su cargo investigaciones de
suma importancia relacionadas con la
bomba atómica durante la guerra y por
ello está especialmente indicado para
una labor como la llevada a cabo desde
los estudios del Alexandra Palace Hotel.
Sin salir del lado de sus chimeneas, los
londinenses provistos de un receptor de
televisión, han podido escuchar las pa­
labras del sabio investigador, presenciar
sus bien estudiados y preparados expe­
rimentos y seguir cual si estuviesen an­
te d i, sus gestos y sus ademanes. El
parte nos informa que la conferencia
fué televisada con pleno éxito.

Ü

sona humana distante la que llega a
nosotros cargada de saber, de experien­
cia, de misterio. Los muros universita­
rios no se han derrumbado. Si así lo
queremos en nuestra mano está o poco
menos, la universidad para todos y a
domicilio. Y quien dice la universidad
dice las mejores orquestas, los grandes
laboratorios, el paraninfo de un hospi­
tal, un observatorio astronómico...
( i ) Véase la Página
NV 6 de C AB ALG ATA.

Científica del

El artisto belga Mátete, bajo la dirección
del profesor A . Rulot, nos ofrece este pro­
bable recomposición del llamodo "hom bre
de Heidelberg", o bien "H o m o heidelbergensis", el primer testimonio "p len a­
m en te" humano de que se tenga noticia,
s e g ú n lo opinión más generalizada.

EL ESLABON PERDIDO
D

que la teoría de la evolución
fué aceptada por los hombres de
ciencia, existe una particular an­
siedad por hallar eslabones perdidos, fo r­
mas de transición entre unas y otras
especies, entre un género y otro género,
entre órdenes y familias afines, etc. Sin
esde

LA C A T E D R A
DEL M A Ñ A N A

sin fisonomía ni ademán, sino la per­

que sea del todo racional, se ha venido a
imaginar las distintas estirpes filogenétícas como una cadena de numerosos
eslabones y casi siempre rota por una o
varias partes, falta de algunos eslabones
supuestos fundamentales.
De todos estos eslabones han cobrado

n

Más que detenernos a analizar las
posibilidades que este primer experi­
mento pone delante de nosotros, nos
gustarla que lo hiciese el lector por si

¿La Bacteria del Petróleo?
de muchos rompederos de
cabeza los químicos han descubier­
to la manera de fabricar por vía
sintética el oro negro. El petróleo, rareza
hacia 1850, y mayor rareza aún cuando
los sumerios utilizaban algunos de sus
productos para pegar ladrillos y hasta las
partes metálicas a las no metálicas de
algunas ds sus obras de arte, (hacia
finales del IV milenio a. de C .), es hoy
una materia prima importantísima. Por
supuesto, se acreditó y aún conserva su
crédito como combustible, como la san­
gre de Ares, el dios de la guerra, pero
hoy no faltan quienes se lamenten de
este empleo, quienes se duelan de su com­
bustión pensando sobre todo en el cau­
cho, en las sustancias colorantes, en las
fibras sintéticas y en miles de cosas
más que los químicos pueden sacar de
sus cadenas interminables de átomos de
carbono e hidrógeno anudándolas y des­
anudándolas con las de otros productos
no menos toscos y grasicntos. Nada tie-

D

espués

ne de extraño que c, petróleo sea más
codiciado cada día y que con petróleo
se compren y vendan muchas concien­
cias. Pero aún asi los geólogos no saben
bien cómo y quién ha hecho a los mag­
nates este don maravilloso, d o r m id o
durante millones de años en las entre­
telas de la corteza terrestre. ¿Es de ori­
gen inorgánico u orgánico? ¿Qué con­
diciones presidieron o determinaron su
formación? ¿Temperaturas? ¿Presiones?
¿Fermentaciones? ¿Humedad o seque­
d a d ?... Estos problemas no podían ser
tratados a la ligera cuando sólo en per­
foraciones s* gastan anualmente alre­
dedor de 88.000.000 de libras esterlinas.
Además, y si el día de mañana las re­
servas acaparadas a costa de muchas
trampas, sobornos, intrigas, asesinatos
Incluso, se agotan ¿qué va a ser del
poderío de ciertos países y de las ac­
ciones de tantos millonarios? Por eso
desde hace tiempo empresas y gobiernos
gastan muchos millones — aunque no

G I E N C I A S : A cargo de
J.

Otero

Espasandín

especial interés los de la cadena huma­
na. Sobre la pista de los mismos andan
los anatomistas, los prehistoriadores, los
geólogos, los antropólogos.
Los busca­
dores de tesoros n o sa b en que unos
dientes, una mandíbula, un frontal o
cualquier otro residuo humano encon­
trado a suficiente profundidad bajo alu­
viones o depósitos de otra naturaleza
bien pudieran valerle una fortuna, por­
que ¡qué no daría un Museo norteame­
ricano por unos huesos pertenecientes a
un sub o superhombre de los albores
de la humanidad!
Ahora mismo acabamos de leer un
parte fechado en Nairobi sobre el esla­
bón perdido de la cadena de la evolu­
ción humana. (L o de la cadena también
pertenece al parte en cuestión). Poco
antes de la guerra unos hombres de
ciencia sudafricanos e n c o n tra ro n un
cráneo en Kenya, y una autoridad en
la materia le asignó la categoría de
eslabón. Ahora un sabio del epartamento
de de anatomía de la Universidad de
Oxford, el profesor Le Gros Clark, aca­
ba de someterlo a un estudio minucio­
sísimo, del cual parece resultar — la cau­
tela nunca está de más, aún tratándose
de opiniones de sabios— que las ideas vigEntes sobre la evolución humana van
a sufrir un vuelco tremendo. Hace cosa
de 250.000 años, la región donde se
encontró este cráneo parece que estuvo
habitada por hombres-monos, seres cu­
ya capacidad craneal era la cuarte par­
te de la nuestra, no obstante lo cual
vivían en grandes comunidades, cami­
naban erguidos, tenían caracteres hu­
manos, sobre todo en lo que se refiere
a dentadura y miembros. Pero su as­
pecto, para quien no los viese con los
lentes de un profesor de anatomía, era
de mono. He aquí, pues, un nombre más
que añadir — mientras no se demuestre
lo contrario— a la lista, nada grande
por cierto, del hombre u hombres o
semihombres del pasado: el de Kenya,
el de Java, el de Pekín, el de R odesia...

tantos como en perforaciones— en el
sostenimiento de laboratorios, donde tra­
bajan eminentes biólogos, geólogos, quí­
micos. Y así fué cómo uno de estos
hombres de ciencia atrapó, al cabo de
indecibles desvelos y fracasos, la piedra
filosofal del petróleo o al menos* según
sus declaraciones, una de las piedras
filosofales posibles, pues tiene la mara­
villosa propiedad de convertir tierras
secas en sangre de Marte, en oro negro,
en algo tan codiciado como lo fueron
las especias durante la Edad Media y
comienzos de la Edad Moderna, como el
oro, como las perlas de Oíir. Claude E
Zoberl, del Instituto Scripps de la U ni­
versidad de California, es el feliz mor­
tal que parece haber hallado la pista
de esta bruja, desconocida hasta ayer,
y bautizada con el nombre cabalístico
de "Desulfovibrio Halchydr ocar bono B elasticus", si hemos de dar crédito a las
agencias noticiosas. Pero, ¿es posible?
— se preguntarán millones de incrédu­
los. Una planta microscópica extraída
de depósitos submarinos de petróleo es
capaz de obrar el milagro diabólico de
convertir determinadas sustancias de las
más corrientes en esa mezcla prodigio­
sa de hidr ocar bonos, de donde el hom­
bre saca los combustibles que impelen
las alas de los aviones sobre los hielos
d ; la» Antártida, sobre las cumbres más
altas, sobre los mares, asi como las f i ­
bras que enloquecen desde los escapa­
rates a nuestras esposas e hijas, y cien­
tos de cosas a cual más tentadora. La
verdad es que cuesta creerlo. Pero si
bien se mira, cosas por el estilo se ven
a diario. ¡Quién sabe si el día menos
pensado no surge la idea de erigir una
estatua a la bacteria en la cima del
Empire State Buildingl
S I X T O P O R T E LA .
Comodoro Rivadavía, enero de 1947.

�10
resplandecen. La línea y el plano crean
el movimiento sorpresivo, quitan a lo
folklórico sus plumas de indio, y surge
entonces la dimensión del volumen, el
hecho plástico viviente. En América, lo
real se confunde con lo imaginario, en
busca de personajes primitivos que vie­
nen de un mundo remoto y que ostentan
las virtudes y caracteres de una cobriza
raza milenaria. ¿Que lo chino, la japo­
nés, lo persa, o sea, lo oriental, entra
con sus duras aristas y el peligro disgregador del color desaparece en fun­
ción de la forma? Claro, en el Altiplano,
la línea y el volumen, una vez más, son
el austero mensaje de una tierra cuyos
ojos viven enclavados en un diálogo de
naturaleza eterna, la cual, a partir del
Ecuador, se entrega al riesgo del hombre
y el paisaje desaparece atacado por las
indumentarias.
LA

ESTELLE MANDEL
OMO no han de tener d ifi­
cultades, especialmente eco­
nómicas, lo s a r t is t a s en
nuestro tiempo? Mas en los Estados
Unidos, la entidad Artistas Am eri­
canos Asociados trabaja desde hace
doce años en una tarea que tiende
a salvar esos inconvenientes. Colocar
obras de pintores, escultores y gra­
badores, interesar a los compradores
particulares y a grandes compa­
ñías, desarrollar una intensa cam­
paña de propaganda mediante pu­
blicaciones, folletos, etc.
Esta asociación dispone de gale­
rías de arte en Nueva York, Chica­
go. California y otras c a p ita le s .
Probablemente ha de disponer de
un departamento nuevo, el de Am é­
rica I/atina. en Buenos Aires,; el
centro más importante del conti­
nente sur. Estelle Mandel, vicepre­
sidenta de la “ Associated American
Artists” , en gira por estos países,
propondrá, sin duda, esta iniciativa
a su regreso a Nueva York, y ella
ha de contribuir, de modo sobresa­
liente, para establecer lazos cultura­
les entre los creadores americanos.

Nuestros artistas tendrán una orga­
nización viable para la colocación
de sus obras.
La señorita Mandel presentará,
además, un informe a la asociación
que representa y al Departamento
Cultural de la Unión Panamericana
sobre la situación de los cultores del
arte en Sudamérica. Propondrá a la
“Unesco” una exención de derechos
aduaneros para la circulación de
obras entre las naciones del mundo,
a semejanza de los Estados Unidos,
que aplican esta disposición harto
simpática para to d o s los artistas
contemporáneos vivientes.
Estelle Mandel pertenece a la re­
vista “ A rt News” , a la que envía
correspondencias. Su paso por la
Argentina ha sido breve, pero no
obstante le ha. servido para visitar
museos y galerías, artistas y críti­
cos argentinos. Su viaje actual abar­
ca Venezuela, Brasil, Uruguay, A r­
gentina, Chile, Perú, Ecuador y Co­
lombia. Estará de regreso en Bue­
nos Aires seguramente en el invier­
no próximo.

AMERICA Y EL ARTE
D i á lo g o con la p i n t o r a G e r t r u d i s

Chale

Por ROMUALDO BRUGHETTI
de Bolivia, de Perú, de Ecua­
dor, donde el horizonte quiebra el
paisaje y lo arrastra a una geo­
métrica infinitud. Agolpadas montañas
cuyas líneas y planos de color miden
la fuerza del espacio. Vientos de duras
soledades, estableciendo por silos las ar­
ticuladas columnas que descienden de
las laderas de los cerros en escurridos
^

altes

sistemas circulatorios de origen mineral.
Pienso en un B r u e g e l de convocadas
escenas populares, en Gauguin de fuer­
tes tipos raciales, en los japoneses con
su pura linea y arabescos.
Todo impresionismo yace abandonado
toda línea se simplifica y circunda a
seres humanos y objetos: lo abstracto
y lo real, por tanto, se ensamblan y

P IN T O R A

G E R T R U D IS

CH ALE

La penetrante pintora Gertrudis Chale
cursó durante 18 meses la roqueña pla­
nicie americana. Después de años trans­
curridos en Buenos Aires y suburbios,
la Pampa, la Patagonia y en el intuir
desbordado de imágenes que ascienden
hacia la Quiaca, inicia en abril de 1945,
la avanzada de su pintura que la con­
duciría hasta el Altiplano. Acuarelas de
Juan Carlos Castagnino, grabados de
Clément Moreau y fotos originales de
los huacos del Museo de La Plata de
Horacio Cóppola, acrecentaron su em­
bajada cultural. Son, Juan Carlos Dávaíos en Salta y Cecilio Guzmán de
Rojas, en La Paz; Julia Codesido, José
Sabogal y Moisés Puentes Ibáñez, en
lim a ; los poetas Cardón y Jorge Gue­
rrero, en Ecuador, y tantos otros artis­
tas y escritores, quienes le abren los
valles de los tesoros artísticos de sus
seductoras ciudades y la aproximan a
la ruta de América Expuso en Salta,
Lima y La Paz. Con nosotros, ahora:
croquis, temperas, óleos, fotos, apuntes
y anotaciones para una exposición y un
libro; con nosotros su incesante destino
artístico y su testimonio humano.
EL PA IS A JE A M E R IC A N O
— Existe un fragmento de Elle Faure
en que atribuye, en comparación con
Francia, color vulgar a los paisajes y
atmósferas de América. ¿Qué responde
a esta objeción, Gertrudis?
— Si por vulgar entiende la ausencia
de atmósfera vaporosa que matiza la
luz y los colores, el crítico francés está
enormemente equivocado. Si se refiere
al Altiplano, es aún más injusto; éste
está situado en gran parte sobre los
trópicos y tiene atmósferas vaporosas
con irisaciones y matices de luz de in­
verosímil variación y delicadeza. El pai­
saje americano en su expresión sintética
se halla cercano a los conceptos de la
pintura actual más que de los de Fran­
cia, pues se acerca a nuestras exigen­
cias de líneas, ritmos y planos. Esto en

los parajes más desérticos, más yermos,
en los páramos. Si observamos ias Pu
ñas de Sal (S3n Antonio de los Cobrea
Uvuni, e t c ) veremos los más hermosos
efectos de luz, sin ser ellos, por cierto
impresionistas.
P IN T U R A AM ERICANA
—¿Con estos elementos integradores
es posible entonces la creación de una
pintura americana?
—He tenidc oportunidad de comparar
el arte occidental con el arte autóctono
antiguo y c o n te m p o r á n e o de nuestro
continente. He llegado a ia jonciusón
de que el arte americano puede ser úni­
camente de inspiración americana. Aá
le paso a los mejicanos, que han creado
una corriente nacional (escuela), siendo
ella una temática (inspiración) autóc­
tona realizada según los cánones y cri­
terio del arte europeo, y con los medios
tecni.os europeos.
¿EL C U B ISM O . DE ORIGEN
A M E R IC A N O ?
— ¿Mas el cubismo, como alegan cier­
tos críticos, habría sido inventado des­
pués de las primeras fotos de Machu
Picchu?
— Un viaje por les países índoamericanos, en contacto con sus realidades y
Museos, me aportó la convicción de que
eJ arte universal contiene un sinnúmero
de factores cuyo lugar de origen bien
uuede haber sido nuestra América, Sus
paisajes, tan a menudo colmados de as­
pectos metafísicos y abstractos, y tanto
más verdaderos cuanto más se le sueña
y recrea, es decir, se vuelven poesía
pura, son fundamento mismo del código
del arte contemporáneo. Luego, el hom­
bre que anima estos paisajes, su vesti­
menta, sus actitudes y su expresión, es
pura plástica. He asistido a muchas fe­
rias, concurrí a muchos mercados en
donde el movimiento de las masas, la
repetición de formas y colores, se con­
vierten en los más hermosos pretextos
nara la pir tura abstracta Y en los mu­
seos de arte indigenista, al examinar los
bordados en los mantos reales de dinas­
tías preincaicas, uno se convence de
pronto que ya se ha dicho la última
palabra en arte Ubre de teda convención
millares de años antes de Picasso.
A R B IT R A R IE D A D Y CREACION
— ¿Entonces, la estética moderna, se­
gún su experiencia, pudo abrevarse en
estas expresiones artísticas?
— Los bordados de los tejidos maravi­
llosos de la cesta del Perú muestran
una estilización del cuerpo humano de
1» más extraordinaria arbitrariedad. El
cuerpo humane entra en rectángulos o
triángulos, arreglado y descompuesto
aquél según la necesidad de llenar estos
espacios. Asi se ven figuras, en hileras
de cinco o seis cabezss en la espalda,
una cantidad de piernas y brazos de

�diversas proporciones, el todo dentro de
atrevidas interpretaciones, y en un or­
den plástico de gran belleza de ritmo
lineal y color. ¿No es esto contempo­
raneidad?
PICASSO Y LA C IV IL IZ A C IO N
AM ER IC A N A
— ¿Halló usted antecedentes de las
innovaciones picassianas en el Perú?
—Si hacemos un salto y analizamos
en qué consisten las innovaciones más
extravagantes de Picasso, nos encontra­
mos que ellas están ligadas a estas ar­
caicas representaciones. ¿No es, acaso
' una de ias características sobresalientes
; c obras del malagueño la recreación
libre y arbitraria de elementos y cosas
conocidas y familiares, según un código
personal y subjetivo, la conjugación de
elementos plásticos hasta lo exhaustivo
de sus posibilidades expresivas?

en principio al estilo de sus profesores.
A esta regla escapan, por supuesto, los
que han podido alcanzar Buenos Aires,
Méjico, Estados Unidos o Europa, Cuan­
do no existe este contacto, lo folklórico
predomina, y es lamentable porque se
pierden aptitudes muy verdaderas.
Q U IT O . LA ROM A DE A M ER IC A
DEL SUR
— ¿Es Quito una ciudad excepcional
por sus tesoros artísticos?
—Una especie de Roma de América
del Sur, brindando, en el conjunto de las
bellezas naturales, extraordinarios teso­
ros coloniales que favorecen la expan­
sión y el culto del arte. Además, está
casi terminada la Casa de Cultura, que
ha de ser una Meca para todos los ar­
tistas, una cita entre Norte y S u r...,
el Ecuador de las Artes.
A R T IS T A S AM ERIC AN O S

M A TISSE. D R A M A T IC ID A D DE
LA LIN EA
—Pensamos en las inscripciones linea­
les de Matisse. ¿Pueden estar ellas tam­
bién fundadas en tales testimonios ame­
ricanos?
—Efectivamente, los mismos rasgos
enérgicos y oscuros a modo de contorno
como se ve en todas las representacio­
nes gráficas de origen americano, pre­
incaico e incaico (incluso arte rupestre,
azteca, maya) inciden en el modo de
inscripción europea moderna en muchos
artistas, como Matisse. En estas ins­
cripciones en que se da dramaticidad a
la línea, el drama visible y anecdótico
está ausente. Nada enteramente nuevo
se ha intentado hoy, pero también es
prueba de que los artistas europeos sa­
ben mirar y v e r... Sin embargo, ¿no
es cruel y absurdo que el artista ame­
ricano pueda llegar a la conciencia de
lo suyo por arriba de la enseñanza
europea?
LA ENSEÑANZA A R T IS T IC A
—Entendemos que existe en la ense­
ñanza artística de Bolivia, Perú y Euador una evidente falta de medios para
ayudar al artista a encauzar su visión
y aprender un sólido oficio. ¿Esto es
verdad?
—De modo impresionante. La casi to­
tal ausencia de material gráfico, la po­
breza incomprensible de las escuelas de
bellas artes, que funcionan a veces en
edificios medio derruidos, sufriendo la
carencia hasta de papeles, colores, etc.,
y. por último, una falta de contacto ver­
daderamente alarmante con otros am­
bientes. Esta falta produce un curioso
fenómeno: existe pasión, hambre, por
saber qué se produce afuera, ver cua­
dros originales y de categoría para el
conocimiento técnico, modalidades, etc.
Es un hecho que tanto en Bolivia como
en Perú los jóvenes artistas se aferran

— ¿Ha conocido usted artistas del A l­
tiplano?
— Tengo un hondo recuerdo por Guz‘ mán de Rojas, por José Sabogal, hom­
bre de intensa personalidad, que fué mi
guia en Perú y por cuya penetración el
arte cuzqueño se me hizo inteligible y
viviente. En la obra de Julia Codesido
tuve una notable revelación, pues vi
cómo un artista puede aprovechar la
maravillosa fuente de inspiración que
ofrecen estos países indoamerícanos. En
Buenos Aires he de exponer este año
una colección pequeña de grabados so­
bre madera que me han confiado Sa­
bogal y el renombrado pintor ecuato­
riano Jorge Kingman.
F E R R O C A R R ILE S A CINCO M IL
M E TR O S DE A LT U R A
— ¿Y lo inmediato de estos pueblos?
—Que adelantan a pasos de gigante.
Los he recorrido en todas direcciones
y mediante todos los medios de locomo­
ción, aun los más primitivos. Pero es­
tán provistos de excelentes carreteras,
tienen ferrocarriles que suben a cinco
mil metros, existen confortables hoteles
y los precios son bastante civiles.. Y
las gentes son nobles, muy cordiales y
estimuladoras.
UN PU Ñ A D O DE M A I Z . ..
¿Cómo seguir a Gertrudis Chale en
su itinerario de realidad y sueño ex­
tenso y buido? Ha entrado ella delibe­
radamente en el continente sudamerica­
no, en el más austero y desnudo clima,
el que pocos saben amar.
Al dejarla en su casa de Bella Vista,
rodeada de sus experiencias e imágenes,
regustamos aún palabras suyas: “ Siento
oue América me conquistó y debo, a mi
vez, conquistarla. . . Un puñado de maíz,
un puñado de arena me bastan como
máximo tesoro".

�El H o r m i g ó n A rm a do y la
Arquitectura Contemporánea
Po r

j, hormigón armado no ha logrado
aun su sistema constructivo. Se
entiende que su uso debía dar ori­
gen a una técnica y plástica propias,
creando formas orgánicas y caracterís­
ticas, y en general se siguen usando sis­
temas constructivos creados piara otros
materiales. Sólo se han ampliado o per­
vertidos viejos modos de construir, pro­
pios del hierro, la piedra o la madera.
Son escasas las obras (Estadio de F lo­
rencia, Hangares de Orly, o Puentes
contrapesados de la Avenida General
P a z ), que no hubieran podido ejecutarse
sin conocerlo, y esta pobreza es quizás
culpa der los arquitectos contemporá­
neos, ajenos al valor tectónico del H o r­
m igón Armado.
Se le ha empleado abusando de su
resistencia, pero sin llegar a lo más in ­
teresante de ella. Se le negó primero
calidad ornamental y se lo escondió ba­
jo la máscara de algún “ estilo” ; luego,
los más honestos, intentaron mostrarlo,
sacarlo al exterior, pero, sin vida pro­
pia, sólo se mostró su textura, supedi­
tada a lo form al conocido. Y aun cuan­
do no se im itara ya lo ornamental de
las formas anteriores, “ las nuevas fo r­
mas” no fueron tales, apenas se reacon­

E

Torre de Einstein en Potsman, por Erich Mendelsohn.

Conrado P. Sonderégu.er
dicionaron viejos ornamentos y con el
nuevo m aterial se siguió imitando lo
más importante de esas formas: su es­
píritu, lo que les daba vida: sus estruc­
turas. Por .eso quizás pocas obras de las
llamadas “ modernas" han resistido el
paso de los años (apenas algunas de los
m(L«i grandes creadores: Le Corbusíer,
Frank Lloyd W rigth o Gropius). Na­
cieron muertas, sin espíritu. Recordemos
en cambio las obras del “ art nouveau”,
que pueden no gustar, su forma pa­
recer arcaica o hacemos sonreír, pero
existen, están vivas, verbigracia, nuestra
Avenida de Mayo.
N o se trata ya, pues, de mostrar el
hormigón, sino de crear nuevas estruc­
turas propias de él. No es cuestión de
Verdad solamente, sino de Creación.
— Hasta hoy los intentos de creación
realizados —s a lv o excepciones— sólo
han atendido a su plasticidad, o a su
resistencia, olvidando que su valor con­
siste en que es un material cuya con­
textura la condicionamos nosotros. Poco
o nada se ha creado usando esa gran
resistencia, o su plasticidad. Buscar lo
esencial, el espíritu de un material no
es crear con él formas arbitrarias sino
conocerlo, saber qué circunstancias lo

�n
afectan para evitarlas, cuáles lo favo­
recen para buscarlas. Es fácil ser plás­
tico olvidando esto, usando caprichosa­
mente los materiales. Fácil y peligroso.
Fs el camino de Mendelshon o de Gaudí.
Interesantes como intento, menos que
mediocres en sus resultados.
Esa plasticidad —ajena a la verdadera
razón del material— , es la de la arcilla
o la madera, salvo algún caso aislado
en que se ha intentado usar un enco­
frado plástico o de goma.
Lo extraordinario y lo realmente im ­
portante del hormigón armado es que
es un material creado por el hombre.
No se trata simplemente de la unión de
dos materiales (piedra más hierro) que
teniendo condiciones de trabajo distin­
tas (compresión más tracción) se com­
pensan y dan por resultado un mate­
rial dúctil y un ingenioso sistema cons­
tructivo. Considerándolo como la suma
de las condiciones de sus componentes
sólo se logrará usarlo en fosólas cono­
cidas aunque sea con mayor economía
e ingenio. Es preciso comprender que el
hormigón armado debe ser, es en rea­
lidad, la multiplicación e integración de
las condiciones de aquellos con nuevas
propiedades y con vida y uso caracte­
rístico. Creamos su constitución ubican­
do a voluntad sus fibras resistentes. Sus
caracteres íisico-mecánicos, su textura,
su organización interna pueden ser de­
terminados a priori según el dosaje, la
cantidad de hierro, el manipuleo, etc.;
y es esa maravillosa condición la que
rara vez se ha explotado.
El conocimiento que tenemos de sus
orígenes y de les procedimientos de in­
tegración nos permiten intervenir en su
génesis dando por primera vez quizás,
posibilidad al hombre de crear un ma­
terial que responda totalmente a su vo­
luntad. Su vida, su estructura, son mo­
delados por el hombre, su voluntad está
en él o es la suya. Creamos su manera
de reaccionar y lo podemos hacer capaz
de resistir a todas las fuerzas posibles,
exactamente allí donde esa reacción es
necesaria, con la más estricta economía
de medios (técnicos y plásticos).
Y esa posibilidad de integración total,
el monolitismo que se puede lograr, per­
mite la concepción de estructuras orgá­
nicas absolutamente solidarias con la
obra, expresión de la vida misma, fiel

reflejo de la voluntad humana con la
certeza de una unidad total entre lo
plástico y lo tectónico. No es ya un ma­
terial (hierro, piedra, m adera), que es
preciso respetar y a cuya naturaleza se
deben subordinar en mayor o menor
grado las concepciones plásticas, sino
que creamos el material que permite
realizar esas concepciones.
El espíritu, la grandeza del hormigón
armado, surge, pues, no de su malea­
bilidad, sino de su libertad estructural,
y sin restar valor a aquélla es más im ­
portante ésta. (Superioridad del Estadio
de Florencia, sobre el Observatorio de
Einstein construido por Mendelshon).
Es preciso unir a sus condiciones de
ductilidad, el vigor, la verdad de un sis­
tema constructivo adecuado a sus con­
diciones de resistencia, a sus posibilida­
des estructurales.
N i Le Corbusier ha podido escapar a
la influencia de sistemas constructivos
anteriores. El plan libre, hazaña de li­
bertad estructural, la libertad por la ra­
zón — tal como se ha concebido hasta
hoy— no ha tenido en cuenta las ca­
racterísticas del monolitismo e integra­
ción total del hormigón armado. La es­
tructura en él es algo, sino accesorio,
independiente del plano en sus tres di­
mensiones. Estructura, planta y espa­
cio han sido casi siempre tres elemen­
tos ajenos entre sí. El juego acorde sólo
se ha realizado parcialmente: plantaespacio o estructura-espacio o en sec­
tores de la obra.
El concepto de una estructura mo­
dulada y regular se origina en la cons­
trucción en hierro. En ella los elemen­
tos, de dimensiones y perfiles "stan­
dard” justifican y aun exigen en razón
de la economía (práctica, técnica y plás­
tica) una estructura planificada, pero
es ajeno al espíritu de hormigón armado
cuyas características ¿
maleabilidad,
solidaridad y resisteí- ,a triple (tensión,
compresión y flexión) y condicionable
piden una estructura libre.
No denuncio el plan libre pero creo
aue debe nacer de una estructura igual­
mente libre, orgánica, y el espacio se
expresará entonces en el total de la
obra,, como en lo gótico, donde plan y
estructura son uno y mismo canto al
espacio.
Tal el papel del hormigón armado.

Arcos del Mercado Son Cristóbal. - Buenos Aires.
Arquitectos Sanche* Eiía, Peralta Ramos y Agosfm i.

Puente sobre el arroyo Leyes. - Provincia de Santa Fe. _ República Argentina.

I

�14

HAMLET,
El Personaje Infinito
( i \ / O no querría hacer un Hamlet
| romántico —declaró hace poco
el notable actor francés JeanLouis Barrault, en vísperas de abordar
el papel en la versión de André Gíde del
"H am let” presentada en el teatro Marígny— . Creo que en “ Ham let" hay más
tristeza que amargura, mucha ternura,
mucho amor no saciado. Pero es un ser
muy viril, un ser que habría podido vi­
vir normalmente...
Probablemente, esta c o n c e p c ió n del
personaje shakesperiano tuvo por objeto
dar una limpidez gala a una psicología
tradicionalmente sinuosa, por oposición
a la interpretación de Pitoéfí, que den­
tro de la línea clásica destacó la tortura
metafísica.
Lo indudable es que en la vasta gale­
ría de Hamlets creados en la historia
del teatro cada actor le ha aportado sus
características personales y ha subra­
yado facetas distintas. El creador del
papel íué el actor inglés Richard Burbage (1567-1619), y más tarde Thomas
Betterton, a quien el difundido cronista
Pepys elogió diciendo que su Hamlet era
“ el mejor papel jamáis encamado por
hombre alguno” , inauguró la serie de
grandes Hamlets que va de Burbage a
Gielgud. Luego se suceden los grandes
intérpretes: John Philip Kemble, Garrick, Junius Brutus Booth, E. L. Davenport, Edwin Booth, Edmund Kean,
cuya naturalidad en la linea interpreta­
tiva eclipsó el eníatismo de Kemble, tra­
zando el camino para los Hamlets del
futuro: sir Henry Irving, que al hacer
el “ Hamlet” en 1874 estableció un re­
cord de doscientas representaciones que
nadie ha igualado; Alejandro Moissi y
John Barrymore. Y , finalmente, el me­
jor Hamlet de la historia del teatro, John
Gielgud, que al interpretar la obra de
Shakespeare, en 1934-35, hizo peligrar el
record de Irving.

Además, el papel de “ Hamlet” es el
“ travestí” más famoso del teatro y ha
tentado a no pocas actrices. Lo aborda­
ron, con su brillo y sutileza habituales,
Sarah Bemhardf. Asta Nielsen y M ar­
garita Xirgu.
¿Por qué tienta este papel a todos los
grandes actores?
,
Por lo pronto, desde luego, porque re­
sume y condensa toda la angustia me­
tafísica del hombre, todo el drama de!
individuo condenado a debatirse en los
sueños y a frustrarse en la acción. In ­
terpretar a Hamlet es penetrar en la
esfera lacerante de los deseos abortados
y de la pasión de ser contenida y hu­
millada: es, en suma, penetrar en los
secretos mismos de la personalidad fren­
te a la vida. Pero, además, el papel de
Hamlet tienta y subyuga porque no es
un lecho de Procusto al cual deba amol­
darse el actor con rigidez inexorable. Es
otra cosa. Es un abismo, un océano en
el cual se sumergen los grandes intér­
pretes y que les ciñe el cuerpo, pero al
mismo tiempo les permite libertad de
movimientos. Cada actor ve a Hamlet a
su modo, y lo curioso es que todos tienen
razón, porque este Jan os multifacéTico,
este agonista de las mil caras, es un
mundo y lo contiene todo.
Felicitémonos por las inquietudes y
bríos de los animadores del teatro fran­
cés que permiten que, en una misma
temporada, se representen dos “ Hamlet”
en los escenarios parisienses, el de JeanLouis Barrault en la versión de Gide y
el de Pierre Blanchard en la versión de
Pagnol, y aun que se anuncie un ter­
cero a cargo de Gérard Philippe. Esta
vida imperecedera de Hamlet y otros
entes shakespearianos es el más rotando
mentís a los que hablan de la crisis del
teatro, su mejor afirmación de vitalidad,
ya que los personajes de Shakespeare,
como los de Moliere, son el teatro mis­

mo en su expresión más quintaesencia­
da, y al sobrevivir a todos los azares
de la sociedad moderna y a los progresos
de la técnica, al defenderse airosamente
de la terrible competencia del cinema­
tógrafo, de la radiotelefonía —y, esta­
mos seguros de ello, de la televisión—
dan fe de que el teatro es eterno como
el drama mismo del hombre, de que

Y ccmo los milagros no se reD¡.
ten a cada momento. . .
^ '
*

»

*

En un reportaje concedido a un
grupo de periodistas neoyorkinos
Eugene O ’Neill tuvo que afrentar
esta ingenua pregunta de un joven­
zuelo:
— ¿Cómo se hace para escribir un
drama?
Y la respuesta del gran drama­
turgo fué:
— Teme unas tablas... un poco
de lienzo, clavos, pintura, luces
lo que haga falta. Construya im
teatro, un escenario. Trabaje con
él, sobre él. Cuando lo haya hecho
sabrá cómo se escribe un drama ’
¡quizá!
Y un cronista norteamericano
aludiendo a la entrevista, comentó
con razón:
“ La fórmula no es mala. Puede
correr pareja con la famosa defini­
ción que data de la España de Lope
de Vega. El teatro puede hacerse
con “ dos bastidores, cuatro tablas y
una pasión” .
*

HURGANDO EN
los camarines

DE LA HISTORIA
LA
DE

El notable actor M aurke Evans en
su nueva versión de "H am let” .

alimenta pródigamente a todas las de­
más artes de la imagen móvil visual o
sonora y aun le sobra carnadura, de que
vivirá y nos .causará estremecimientos
mientras existan el sexo y el dolor y
el hambre y el peligro, de que el cre­
púsculo del teatro vislumbrado por Lenormand no pasa de ser un relámpago
de melancolía en un opaco cielo de des­
aliento.

P R IM E R A H U E LG A
ESPECTADORES

Cuando el actor inglés John Philip
Kemble tomó a su cargo en 1809 el tea­
tro Covent Garden, dedicado entonces a
la comedia y que acababa de ser recons­
truido después de un Incendio, tomó en
préstamo diez mil libras para iniciar la
temporada, y para salir de apuros elevó
los precios de las localidades.
El público se indignó, y a pesar de que
Kemble y su hermana, la famosa actriz
Sarah Siddons, que encabezaban el car­
tel, eran muy populares, inició los famo­
sos Tumultos del Viejo Precio. Los es­
pectadores bailaron durante tres meses
la Danza del Viejo Precio, pataleando,
cantando e Impidiendo en toda forma
que se oyera a los actores, acusando a
Kemble y la Siddons de ganar sueldos
exorbitantes mirntras los pobres tenían
que pagar la reconstrucción de su tea­
tro. Finalmente, el público venció, con
una transacción: se rebajó el precio de
las plateas, conservándose el aumento
de los palcos.

U N R IV A L D E L O P E DE VEGA

LA MARCHA
DEL TEATRO
La comedia “L ife with father” (V i­
vir con papá), de Russel Crouse y
Howerd Lindsay, al entrar en su
octavo año de representaciones con­
secutivas ha superado e l r e c o r d
mundial que tenía hasta ahora “ Tobaco Road” , de Erskine Caldwell.
*

M i'es Molleson, actor procedente del famoso elenco del
Oíd Vic, en un interesante Polonio del "H a m le t" de Evans.

*

*

A l empezar su aventura artística,
hoy sólida realidad, hace un cuarto
de siglo, el Teatro Guild tenía en
sus arcas diecinueve dólares con
cincuenta centavos. El American Repertory Theatre, una nueva organizacióndram ática encabezada con
altos fines artísticos por Eva L e Galline, Cheryl Crawford y Margaret
Webster, comienza con 350.000 dó­
lares. i Se acabaron las aventuras!
Hcy, los números cuentan.
Y ccn razón. Porque el Guild, al
iniciarse, debutó con un fracaso. Y
de no haber aparecido milagrosa­
mente en ese momento un sólido
éxito de público con la pieza “ John
Gerguson” , de St. John Ervine, és­
ta es La hera en que no existiría. ..

Sin duda, el Fénix de los Ingenios
abruma, no sólo por la magnitud de su
genio, sino también por las proporcio­
nes numéricas de su obra.
Pero tuvo un digno rival en Francia
en punto a fecundidad, si no en genio.
El autor francés Alexander Hardy (15601631), que fué virtualmente el fundador
del teatro francés, por cuanto influyó
sobre Rotrou y así ejerció influencia in­
directamente sobre los dramaturgos pos­
teriores, Comeille, Racine y Moliere. Es­
cribió la friolera de 1.200 comedias y
abasteció el teatro parisiense durante
cuarenta años.

PALABRAS
INOLVIDABLES
No hables mal de las mujeres:
la más humilde, te digo
que es digna de estimación,
porque, al fin. dellas nacimos.
C alderón

de la

Bascí.

(E l alcalde de Zalamea)
— ¡Pero, niña! ¿Una boda, qué es? U®8
boda es esto y nada más. ¿Son los dul­
ces? ¿Son los ramos de flores? No. Es
una cama relumbrante y un hombre y
una mujer.
(Bodas de sangre) G arcía Lorca

�laboración que tienda a eliminar, des­
virtuar o agregar situaciones o escenas
a la obra. Tanto durante mi labor como
actor con Ruggiero Ruggieri y Emma
Grammatica como durante mis cinco
años de aprendizaje del oficio de direc­
tor teatral, de la técnica propiamente
dicha del montaje escénico, junto al ex­
celente m etteur Scharov, director de la
compañía de Elsa Merlini, pude llegar
a esa convicción.
— ¿Qué opina de tentativas como la
de Gordon Craig de presentar “ Hamlet”
de frac?
— Vi casualmente el espectáculo hace
muchos años en Milán, durante una gi­
ra por Italia de la compañía londinense
del Oíd Vic. Se trataba de un elenco
magnífico, formado sobre el principio
que debiera imperar en todos los elen­
cos: todos al servicio de la obra, todos
primeros actores dispuestos a jugar el
papel de un criado en una comedia y a
ser protagonistas en la siguiente. Gra­
cias a esto la armonía y equilibrio de
la compañía eran extraordinarios, como
en el caso del K am em y Teatr de Tairov.
Baste con decir que el papel de Hamlet
lo encarnaba un joven actor de 25 años,
y por cierto que lo hacia de una manera
extraordinaria. Pues b ien ... El hecho
de que Hamlet y otros personajes vistie­
ran ropa moderna estilizada y de que
Laertes luciera un traje de sport al en­
trar blandiendo la espada, no mermó en
nada la jerarquía y seriedad del espec­
táculo ni desnaturalizó la obra. Todo
porque la realización de Gordon Craig
estaba presidida por un profundo res­
peto por la obra y por una gran com­
prensión del espíritu de ésta. Y la me­
jo r prueba de la armonía y equilibrio del
elenco es que, en las tres oportunidades
en que fui a ver el “ Hamlet” del Oíd
Vic, vi dos Hamlets y tres Ofelias dis­
tintos, y todos igualmente brillantes.
— ¿Le parece .útil la función de los
teatros experimentales?
— Si los integran aficionados, no. N a ­
da aportan entonces al arte escénico. Se
requieren actores y la presencia vigilan­
te de un director experto, como también
un repertorio de obras de vanguardia
de las que no hallan fácil acceso al tea­
tro comercial. Sólo en esos casos se jus-

HABLAIS LOS DIRECTORES

Mottura, con Irma Córdoba, M a l»»» Zb*í
y Daniel Bellueelo, en un interrolo de
"A ltitu d 3 2 0 0 ", uno de »us e*j&gt;e«táeuios que h a n sido m ás e l o g i a d o » ,

tifican los teatros experimentales.
—Hemos oído hablar de su futura
temporada en el O d eán ...
— Eso es. Dirigiré un elenco encabeza­
do por López Lagar, que estrenará la
versión c a s t e lla n a de la comedla de
Jean-Paul Sartre “ Huís Clos” , probable­
mente con el nombre de “ A puerta ce­
rrada” . Se trate de una pieza excepcio­
nal por su vigor y pureza, al mismo
tiempo que por lo descamada y sincera.
Sartre no adopte posición alguna desde
el punto de vista teológico, pero cree en
un más allá y la prueba es que concibe
a su manera un in fiem o donde se tor­
turan tres terribles pecadores con el ar­
ma punzante y dolorosa de la verdad.
Creo que este estreno constituirá una
nota artística de relieve.
— ¿Proyecta estrenar algo más, des­
pués de " H u ís Clos” ?
—Tanto yo como López Lagar quisié­
ramos estrenar luego alguna comedia de
autor argentino que tenga verdadera Je­
rarquía. Todavía no nos ha llegado nada,
pero quizá aparezca aún. Sería para
nosotros un verdadero placer cerrar con
esa nota nuestra breve temporada de
tres m eses...

Luis Mottura considera que
el único divo debe ser la obra
uis Mottura, que ha triunfado am­
pliamente entre nosotros como di­
rector teatral y cinematográfico,
tiene acreditada una personalidad de ar­
tista en que se amalgaman un fino sen­
tido de la plástica y del ritm o con un
buen gusto que habla bien a las claras
de la excelente escuela dramática en que
se ha formado, como actor y como m etteur-en-scéne. Una serie de brillantes
espectáculos, “ L i ó l a ” , “ Altitud 3200” ,
“Días felices” , “ Soñé con el paraíso” ,
“Leocadia” , “ La orquídea” , han probado
su versatilidad. Per eso nos hemos diri­
gido a él para conocer su opinión sobre
algunos temas de interés teatral perma­
nente.
—¿Qué opina usted, como d ir e c t o r ,
frente al conocido conflicto entre Stanislavsky, con su respeto por el autor,
y Mryerhold, ccn su defensa de la li­
bertad total del director de transformar
la obra y recrearla a su arbitrio?
—Creo que la base de toda mise-enscéne debe ser el más profundo de los
respetos por la obra. La obra es el ver­
dadero y único divo de todo espectáculo.
Si para darle mayor realce y eficacia
teatral se hace necesario desvirtuarla,
es preferible no representarla. No puedo
aceptar la posición de directores como
Max Reinhardt o Baty, en cuyas miseen-scéne se advierte ante que nada la

L

presencia del director, que gravita con
tanta fuerza que aplasta a los intérpre­
tes y a la obra misma. La presencia del
director debe advertirse en la armonía
del conjunto, en la fidelidad con que
se traduce en plástica, color y ritm o el
pensamiento del autor y no en el brillo
de un espectáculo disociado de la obra,
por brillante que sea. Personalmente,
siempre he procurado respetar al m áxi­
mo todas las piezas que he montado y
sólo me he limitado a acentuar en oca­
siones algunos de sus aspectos, dema­
siado sutiles o extraños a la compren­
sión de nuestro público. Asi, por ejem­
plo, al poner en escena “Leocadia", de
Anouilh, autor demasiado sintético y
poco explicativo en sus acotaciones, he
tratado de acensuar la atmósfera poética
de la comedia, en vez de insistir en el
aspecto irónico de algunos personajes o
situaciones como lo hizo la compañía de
Fem and Ledoux, porque consideré que
ello permitiría acercar mejor la obra a
la psicología de nuestro público, menos
sofisticada que la del parisiense. Al mon­
tar una comedia, el director debe tener
en cuenta el público al cual va dirigida,
y puede y debe destacar algunos ele­
mentes de preferencia a otros para la
mejor comprensión de la obra. Así, co­
labora con el autor; es su única colabo­
ración legítima. Pero rechazo toda co­

PROSCENIO:

Sección de

Teatro a cargo de León Mirlas

Delia Garcés, en uno escena de "D ías felices", con Vilm a Vidal e Irma Córdoba.

�F O U J IT A 1947.

puede hacer
o b r a de g uerr a p o r p a t r i o t i s m o , p e r o
nada tiene que ver eso con sus deseos ”
La historia de las crueldades germanojaponesas no había logrado endurecer­
nos tanto que la noticia de la muerte de
Foujita no nos causara cierta melancolía.
En aquellos momentos, coincidía con la
explosión de las primeras bombas ató­
micas, el nombre de Foujita era para
nosotros algo asi como un abanico ama­
rillento por el tiempo, pero cuyo raro
aroma, cuyo lejano y vaporoso prestigio,
siguieran todavía teniendo la capacidad
de emocionarnos, o la de hacer revivir
en nosotros los recuerdos de una época,
lejana y cercana a la vez, aún inm e­
diata, presente aún no sólo en la me­
moria poética sino en alguna extraña
calle, en algún hotel, en algún dorm i­
torio, en las palabras que designaban
ciertas flores en labios de una amiga
que prolongaba exhausta su belleza de
prim er cuarto de siglo.
Algo deliciosamente infantil, y vapo­
rosamente distante, oriental y parisién,
refinado y superficial, algo como el leve
roce de una hoja de té en el desusado
vestido de tul de una tía que fué muy
hermosa y cuya historia está prohibida
en la fam ilia: algo asi va unido siempre
al nombre de Foujita. Un nombre que
nos huye, que no nos dice nada defi­
nitivamente duradero, pero que, como
una burbuja, sobresale de vez en cuan­
do entre nuestros recuerdos.
Recordamos uno de tantos intrascen­
dentes y agradables dibujos de Foujita,
una de esas diversiones sensibles y li­
geras a que nos tiene acostumbrados su
talento decorativo. En él, F oujita se ha­
ce su autorretrato: nada de dolor, ni
de poderío, ni de penetración ni de ca­
rácter. Nada de nada. Apenas el n oti­
ciario de un día foujitense: por aquí,
F ou jita haciendo el tomar; por allá,
desayunando; en otra parte, con unos
pinceles, tan peinadores, que parece que
es con ellos como se hace el conocido
flequ illo que le cae sobre la frente co­
mo un rastrillo jardinero y burlón.
Supo darle a Europa lo que aquella
Eurcpa esperaba de O riente: una distin­
ción apagada, ensimismada, sin com ple­
jidades. Un sedante. Biombos, kimonos,
Hai-Kais. Y llevarse de Europa lo que
su O riente quería: el m im o, el blando y
enfebrecido aplauso de postguerra, ese
fluido que para un temperamento así,
tan de convaleciente, gracioso, tiene la
apariencia de ser lo internacional, lo co­
mún a todos los grupos sociales flota n ­
tes, desenraizados. Desenraizados como
él mismo, acaso. Ya recordáis, sin duda,
aquellas acusaciones que contra él lan­
zara el japonesismo im perial. Y , más
evidente aún, las palabras de su propio
padre en aquella época, durante su es­
tada en Estados Unidos, y que el cronis­
ta Y amata nos transcribe en su artículo:
j ¿

O U J IT A murió en Nagasaki víctima de la bomba atómica". Y
los periódicos del mundo con­
sagraron al artista japonés artículos ne­
crológicos.
En las antiguas afueras de Tokio, en­
cuadradas hoy en la m etrópoli destrui­
da, la casa en que habita Foujita se
parece a la quinta de un pequeño ren­
tista en Meuton. El sol resbala suave­
mente sobre los cristales de su taller.
Sobre la puerta, un nombre dos veces
respetado: en caracteres chinos, sobre
una pancarta en am arillo y azul (los
colores empleados por el ejército ame­
ricano para la circu lación ): Foujita.
El mismo abre la puerta. Chaleco azul,
pantalón oscuro, los cabellos de plata r
la mirada tranquila: es el mismo hom IH

cQU¡i*«t

"¿Es todavía japonés?” .
Pero al parecer, naturalmente, algo
de japonés había en él. No sólo lo bueno,
su blanco del Japón, su dibujo delgado,
muy delgado, exangüe y gracioso, sus
escándalos de gheisa. su paciente y sua­
ve pincel. Desde la época de los lucha­
dores, que nos recuerda hoy Yamata, y,
más concretamente, desde su regreso al
Japón, estaba decidido Foujita a ser el
pintor fuerte que exigía él imperio.
Más detalles nos los dará la crónica
que hoy publicamos. Sólo nos interesa
el contraste entre la melancolía que sen­
timos cuando se nos dio la falsa noticia
de su muerte, y las palbras de Yamata
a propósito de la reacción de Foujita al
hablar de la bomba atómica, que creyó
el mundo habia sido la causa de su
muerte. “ La historia de la bomba le di­
vierte y le envanece: Pensó..., la bomba
atóm ica. . algo muy grande... Foujita”.
Sin embargo, y justamente por lo di­
cho, Foujita Tío habrá de ser visto nun­
ca como un colaboracionista. En el sen­
tido que nosotros los occidentales hemos
dado en dar a esa palabra. Foujita es
capaz de colaborar sin el menor deseo,
com o un menester más de los bajos qué
hay que hacer en este mundo. Como co­
laboraría con un régimen democrático
si las circunstancias lo exigieran: sin
mayores ganas, sin que eso tuviera nada
que ver con sus deseos, como él mismo
dice al cronista.
Le trae sin cuidado este mundo; cuan­
to le rodea está bien sin o le molesta o no
le desagrada, y muy bien si se pone a
su servicio ,al servicio de Foujita. En
realidad, estuvo s ie m p r e solo, en su
mundo, divirtiéndose con sus espirales,
con el borde de los humos amables, con
el dragón que se le volvió línea para
no asustarse a si mismo.
Paz para él, en su ancianidad, con
sus cabellos plateados, con sus nostal­
gias de París, con los graciosos arabes­
cos que todavía ofrecerá acaso a los
mismos "marchands’’, y el retrato en se­
da de otra rubia, la rubia final, con que
se irá lentamente borrando, esfumándo­
se hasta alcanzar la paz definitiva.
Nada hay que pueda ser mayor cas­
tigo para un espíritu sensible que haber
sufrido ya la cercanía de dos guerras,
sin que ninguna de ellas tocara su alma
más que para desconcertarle su mundo.
Esa frase, idiota aplicada a los artis­
tas en general, cursi y ramplona si se
piensa en los héroes de la historia del
arte, esa frase que tantas veces nos ha
repugnado o ir: "N o hay que juzgar al
artista; es como una flor” , esa frase in­
noble, nos parece que en el caso de
F o u jita cobra de pronto sentido moral
y lo salva.
N. de la R.
bre de siempre, con su distinción y en­
canto silencioso.
La historia de la bomba le divierte y
le envanece: “ Se pensó: la bomba ató­
m i c a . . , algo muy grande... ¡Foujita!"
Con la mano señala ios muros del pe­
queño salón europeo en el cual nos he­
mos sentado sobre edredones blancos,
en tom o a un brasero japonés: dos
desnudos de Rodín, un pequeño erayon
de Cézanne, un minúsculo paisaje de
Renoír, dos croquis de Puvis. Tiende a
que yo cite las obras que lo rodean, asi
como las instaladas en otras piezas: un
M odigliani, un Picasso, un Rafael Collin.
Habiendo evacuado con tiempo su es­
tudio Ao Tokio, no ha perdido x.is teso­
ros :i&gt; sus propias obras.
•
Evocamos juntos todas las épocas de

,

1

�su vida. Algunos datos son suficientes,
marcados con agujas sobre este mapa
del mundo que se dibuja en nuestra
imaginación. Las escen as que hemos
evocado despiertan nuestra imaginación:
—¿Y el baile de la noche de Shanghai?
Usted se había disfrazado de salvaje de
Formosa, el torso desnudo y el talle ro­
deado de cabezas cortadas. Se gritó:
“ ¡Foujita!” . Todos subieron a las mesas.
Yo me había envuelto en un tul. Un
mantón japonés había transformado a
mi novia en una extranjera del Hono­
rable Partido del Campo.
Aquella tarde lejana, Foujita resplan­
decía entre las aclamaciones. Recuerda
todavía un almuerzo, por cierto bien
serio, en el Instituto de Cooperación
Intelectual, donde, al verle arreglarse
sus cinturones en público, tuve que de­
cirle: “ ¡Aquí no, Foujita!'’.
El recuerda la escena y madame Fou­
jita nos contempla con su mirada asom­
brada. La joven péñora, muy bonita, pa­
rece muy alta con su vestido del tiempo
de la guerra. Nos ha dejado por un

momento y regresa trayéndonos café.
¿Qué gran marchand se hubiera atre­
vido a decir en París, hace veinte años,
que Foujita terminaría alrededor de un
brasero japonés, con una mujer japone­
sa? “ La amo —me decía un día el ar­
tista— . Naturalmente, es una japonesa".
Los tres nos pusimos a recapitular:
Tokio, la escuela de Bellas Artes, sección
japonesa. Después, París, desde 1913 a
1929. Durante la guerra de 1914, Foujita
no recibía dinero del Japón. Comía co­
liflor cruda.
Los primeros éxitos llegan con los cua­
dros que él mismo llamó los primitivos.
Representan escenas religiosas. Encuen­
tra su camino con los dibujos de desnu­
dos y los cuadros de mujeres, de una
pasta limpia, blanca y mate como una
clara de huevo. Es la época en que el
pintor vive en Montparnasse. Cerca de él,
una sólida figura de mujer: Fernanda.
La celebridad fija entonces los rasgos
y el personaje Foujita. Se divierte, se
pone un pendiente de oro en una de sus
orejas, se tatúa un anillo en un dedo

He visto de esa época una cabeza de
mujer muy bien lograda: el retrato de
Susana Bertrllon, pintado sobre seda.
Pronto alquila un departamento bur­
gués en Passy.
Es la época dorada. La bella Yuki, ru­
bia y blanca flamenca, está a su lado.
La representa en todos sus cuadros, es­
pecialmente en aquella gran “ Neige”, en
la que el cuerpo ondula sobre un hori­
zonte sombrío. En 1925 recibe la Legión
de Honor. En casa de Bemheim ha ex­
puesto grandes murales decorativos con
personajes sobre el puente de un navio.
Uno de sus colegas nipones dirá: “Fou­
jita ha expuesto diez metros cuadrados
de pinturas". Decora la Casa del Japón
en la Ciudad Universitaria. Renuncian­
do al modelo femenino, quiere hacer al­
go más grande, más viril, y con la mis­
ma técnica pinta luchadores.
Se traslada a un pequeño hotel par­
ticular de Montsouris, con su cocinero
Japonés y su cocinera francesa. En la
calle, Foujita se detiene conmigo ante
una vitrina y, mirando un grabado ro­

Perros sabios'

mántico, un ramo, me dice: “No sabes
lo hermoso que es” .
Después, la huida a América, donde
permanece tres meses, y al Japón, donde
yo le he seguido. Estamos en 1929. El
padre de Foujita, inquieto por la larga
ausencia de su hijo y por los rumores
que circulan, me pregunta si es todavía
japonés.
Cuando le pregunté qué retratos había
hecho en América, cita el de la gran
duquesa María, pero rehúsa dar otros
nombres. No quiere pasar por un pintor
mundano.
A su regreso al Japón, la pareja Fou­
jita-Yuki se ha separado. El le escribe:
“He nacido para el trabajo y la pobreza” .
A l volver a partir lo hará con M ag­
dalena, de hermosa cabellera, cuvas can­
ciones alegraban la embajada de Fran­
cia. En ruta, se detiene en M élico y en
la Argentina. Permanecerá dos anuo en
Méjico, pintando, desde 1931 a 1933, in­
dígenas y niños.
En 1939 regresa a París. Ha perdido a
Magdalena, muerta en Tokio. Su esposa

�Foujita. Sobre su cabeza, las previstas flores de ios cerezos.

japonesa, que le acompaña, encontrará
un París que no podía ni presentir, por­
que ella es de formación japonesa clá­
sica. Viven en Montmartre hasta 1940.
Y Foujita, desde su ventana, pinta París,
Pintor japonés, Foujita no había con­
seguido el mismo renombre en su propio
país. Oficialmente se le consideraba
hasta con desconfianza, pero en 1941, al
fin, hace la conquista del Japón; se le
nombra miembro de la Academia Im ­
perial.
Estalla la guerra. Foujita es integra­
mente japonés y está por entero al ser­
vicio del Ministerio de la Guerr*. Se
niega a repetir su charla sobre arte en
la Casa franco-japonesa. “ Hasta ese
momento .— declara— yo no he hecho
nada” . Su arte comienza entonces. P in ­
ta los combates de Nomohan y el últi­
mo ataque a la isla Attu. Esta tela, de
grandes dimensiones, desarrolla en to­
nos sombríos escenas de cuerpo a cuer­
po. Como le reproché el hecho de que
no se viera nada en ella me contestó:
‘los combates tenían lugar casi siempre
por la noche” .
Durante la guerra, esta obra bélica
íué reproducida en América bajo el tí­
tulo: “ Lo que le pasa a un país sin
ciencia” . Fué trasladada al palacio im ­
perial para que Su Majestad la viera.
Y o estaba entonces en la cárcel y los
inspectores me lo notificaron, pero in­
sistiendo acerca del contraste de nues­
tras situaciones respectivas, con el fin
de que ello me sirviera de lección.
Foujita había evacuado su taller a Fujine, junto a una ribera, con un grupo
de amigos de París: la cantante Yoshfko, Sato, Inokuma, Oguis. No fueron
bombardeados. “ ¿ Y ha pintado usted?” .
“ No —respondió— . la s ideas me daban
vueltas en la cabeza y me impedían
pintar".
En 1945, después de la capitulación,
Foujita publicó en los periódicos un ma­
nifiesto. Declaraba en el mismo que un
pintor puede hacer obra de guerra por
patriotismo, pero nada tiene que ver
eso con sus deseos.

Mientras tanto, en esta época de de­
puración, mantenido un poco al margen,
Foujita ilustró muchas revistas femeni­
nas. Entregó muchos dibujos para la
novela “Tokyo Romance” , publicada en
Tokio por un periodista americano. No
se reconoce en nada al Foujita de París,
en esos dibujos en los que una hada se
parece a una “ star” del cinema japonés.
La bomba atómica no ha matado a
Foujita, pero lo ha echado a la zona del
limbo. Conmovido por la detonación, es­
tá todavía aturdido.
Ha dicho que no participará en los
Salones antes de un año. Su estudio está
en perfecto orden. Nada falta. No he
visto en él obra empezada o en prepa­
ración. Sólo una gran tela, en la cual,
sobre un paisaje sin luz, tres mujeres
desnudas, en rosa, se miran en silencio,
separadas por un lirio y una adormide­
ra. La gloria de los museos, por la cual
el tiempo recompensa al artista y pone
su obra al abrigo de las vicisitudes del
mundo, acompaña a Foujita.
“ ¿Regresará a París?” . “ Seguramente”
—responde.
Y regresará a los desnudos, sil tubo
blanco, a ese arte puro y decorativo que
le ha valido la reputación.
Hojea en sus fotos, pero no me mues­
tra ninguna reproducción de sus traba­
jos de guerra. Prefiere mostrarme una
maqueta nueva o una cobertura roja pa­
ra la cama. “ Es un juguete”, me dice.
“ Tengo que construir todavía todos los
accesorios” . Su bicicleta está ahí, como
para ayudarle a trasladarse a la próxi­
ma estación. “No olvide hablar de mi
bicicleta” — añade.
Un arco iris cae sob re su rostro
a través de la ventana iluminada por
el sol, como una caricia de esa gloria'
que tanto ha amado, como un efecto de
paleta. "Adiós, querido” —me dice toda­
vía, y esas dos palabras, "juguete” y
"querido” , dichas en francés, tienen un
acento íntimo, pero nostálgico.
Le deseo que regrese a París.
( Especial de A. F. P. para
C abalgata.!

�El LEEN HERL1E,
ACTRIZ
Por

TRAGICA
F R A N K

I uno se decidiera a creer como si
fuesen los evangelios, todos y cada
uno de los elogios que los críticos
teatrales británicos sin excepción han
venido tributando a Eileen Herlie, ha­
bría de esperarse que. al encontrarse
con ella por primera Vez, viésemos sus
hombros decorados y guarnecidos por el
manto, hace muchos años vacante, que
dejara caer, al morir, la misma Sarah
Bemhardt.
,
Y, no obstante, la primera vez que se
apareció ante mis ojos, anhelantes esta
júnior Madame Bemhardfj sus hombros
no estaban cmados por tal preciado
manto ni por velatura otra alguna. Por­
que lo primero que yo vi fué su desnuda
espalda, cuando la actriz descendía del
tejado de su casa por una claraboya.
Desc.ndía, digo, de tomar un baño de
sol en la azotea; y a la par de repasar
su papel en preparación a su próxima
interpretación de “ Salomé” . En antici­
pada encamación de tal, había estado
apostrofando a las chimeneas circun­
vecinas, oteando sobre los caballetes de
los altos tejados sobre que aquellas se
yerguen y, en fin, poniéndose en modo
para asumir su primera gran interven­
ción :n una película.
En el breve vuelo de cuatro mal con­
tados años, Eileen, que no era sino
toqui-meca en Glasgow, y que no gana­
ba más que dos miseras libras semana­
les, ha ascendido al pináculo ds la con­
sagración, y a sus pies se han ofrendado
los más unánimes y cerrados aplausos
que se hayan rendido a actriz alguna
en el Londres de todo el pasado medio
siglo. Y todo eso con la sola referencia
a su portentosa encamación de la R ei­
na trágica en 1» obra francesa de deán
Cocteau, “El Aguila tiene dos cabezas” .
La cosa comenzó cuando Murray Mac
Donald, miembro de la exclusiva y originalísima Compañía d= los Cuatro, co­
fradía que se dedica a poner en escena
obras de empaque ideológico en el parduzco y reducido Lyric Theatre londi­

S

la

novel

RRITANICA
L A M B E

nense que se alza en el suburbio de
Hammersmith, dió en el pensamiento
de que no seria mala idea la de roturar
terreno virgen mediante la presentación
por vez primera en Inglaterra del nuevo
melodrama de que es autor Jean Coc­
teau.
CO CTEAU T E M IA QUE NO FUERA A
HABER N A D IE C A PA Z DE IN C O R P O ­
R A R SU C R EA C IO N
La dificultad a vencer en un principio
fué la de que Cocteau mismo no quería
persuadirse de que pudiera haber nadie
que, ni en Inglaterra ni en Francia,
fuese capaz de dar vida al papel de la
protagonista, papel altamente emocio­
nal, el de la trágica Reina en su obra
maestra que discurre sombríía bajo un
gótico abovedamiento.
La obra en si es henchida, con pasajes
purpúreamente cruentos, e incidental­
mente heroico-poética. Ssrpentinescos
zig-zagueos, a través de los cuales on­
dula la línea del argumento, vienen a
complicar antes que a desvelar el ba­
rroco cuento sin gusto. Lo que emerge
y se salva de todo este cocktail-Coteau,
agitada mixtura de concupiscencia cor­
tesana, contra-conspiración y profusión
de cadáveres, es precisamente la exc:lsa
actuación de Eileen Herlie. En el seco
armazón de esqueleto de este árido
melodrama, es ella quisn acierta a in­
suflar y avivar fuego y pasión de vida
que redimen la obra, levantándola a un
plano que ni el argumento ni la técnica
en que se desarrolla alcanzan a merecer.
Su pape! de Reina es realmente ago­
tador; el primer acto se resuelva casi
en un monólogo: en un discurso de 1.000
palabras, ella acierta a recorrer toda la
escala ascendente y descendente de las
emociones humanas, desde la feliz y
abandonada alegría a la desesperación

anegada en lágrimas; un v e r d a d e r o
teñir de forcé de declamadora elocución,
colmado de complejas armonías retó­
ricas.
El coro de loas que su interpretación
legró arrancar a los refractarios críticos
londinense s, prueba irrefragable m e n te
que ha sido algo más que voluble pala­
brería del mundillo teatral lo que ha
llevado a asociar el nombre de esta fla ­
mante actriz con los e s c la re c id o s de
Mrs. Patrik Campbell, Sarah Bemhardt
y Sarah Siddons. ¡Hemos asistido al
nacimiento de una gran actriz trágica!,
fué el fallo pronunciado por el habitual­
mente brusco y desdeñoso Noel Coward,
asombrado hasta verse precisado a pro­
rrumpir en solemne sinceridad.
LA MUCHACHA D EB U TO EN UNA
C O M PA Ñ IA DE A F IC IO N A D O S
He aqui los antecedentes del éxito de
Eileen Herlie, la muchacha que “ desea­
ba ser actriz porque sentía que entra­
ñaba la facultad de serlo” . Comenzó,
como innumerables otras con m en os
suerte lo hicieron, desempeñando pape­
les en una compañía local de aficiona­
dos. Cuando la Diosa Casualidad se dió
a escribir por anticipado la biografía de
Eileen, reservó expresamente un papel
para otra Diosa, la Diosa Fortuna, con­
certando el que ésta hubiera de hacer
su entrada disfrazada de director de
teatro radiofónico de la BBC, en sazón
en que Eileen representaba la protago­
nista en la obra titulada “ Sweet Aloes”
( Dulces Acibares) ante un público de
indulgentes parroquianos de la humilde
compañía en que actuaba.
Luego, a través de la radio, su es­
pléndida voz, en trance de declamar
versos de Shakespeare, vino a ser escu­
chada por un Peter Glenville, director,
escénico recién designado para la com­
pañía del “ Oíd Vic” (especie de compa­
ñía Clásica Nacional B ritánica), por ese
entonces en Liverpool. Y aconteció que
Eileen pasó a ser la primera dama de
esta última compañía durante sus ac­
tuaciones a través de doce meses en
Liverpool. Entonces, Tyrone Guthrie,
otro de los miembros de la cabalística
Compañía de los Cuatro, y también di­
rector del “Oíd Vic”, se la trajo a Hammersmith.
A través de una serie de diversos pa­

peles, la actriz vino a acreditarse como
una cantante c# ópera en una camarilla
de colegiala; lo pletórico de su torrente
emotivo quedaba como crucificado en
obras de diálogo fluidamente trenzado
con otras intervenciones; los demás per­
sonajes se toman insípidos y marchitos
ante el impetuoso impulso de su arte.
Eileen Herlie necesitaba un papel de
femenina plenitud, encamar un carác­
ter que pudiera llenar por sí solo la
escena durante horas sin fin, papel tan
dilatado como el de Hamlet de Shakes­
peare, o el de la Santa Juana d ; Arco
de Bemard Shaw; papel que la habili­
tara para ascender a bogar en las al­
turas de su propia exuberante vitalidad.
Y precisamente “ El Aguila tiene dos
cabezas” , a pesar de todas sus graves
fallas, vino a ofrendarla tal papel.
NO A B A N D O N A R A LA ESCENA P&amp; R
LA P A N T A L L A
Acaba de anunciarse que sir Alexander Korda ha contratado a Eileen para
la encamación de la protagonista en
una serie de películas, y, entre ellas, la
primera versión en cine de la “ Salomé”
de Oscar W ilde. Cómo va a hacerse
posible el trasladar a la pantalla la
joyante historia poética y macabra de
Wilde, es, por ahora, un misterio que
acaso nos vayan a descifrar efectiva­
mente. L o que sí es seguro por antici­
pado es que Eileen se desenvolverá con
toda holgura como la voluptuosa baila­
rina bíblica de los siete velos, que derrite
el empedernido corazón del Rey Herodes
Al fir m ar su contrato para el cine,
Eileen descubrió otra faceta' de su personalísimo carácter: puso como condi­
ción el estipular que no habría de hacer
más que una sola película cada 12 meses
y qué habría de permitírsela el proseguir
su carrera dramática en la escena. A n ­
te lo cual, y avanzándola un cheque por
la respetable suma de 60.000 libras es­
terlinas, sir Alexander Korda se limi*ó
a responder; “ ¡Y e s !” .
,
“ — Por favor, ha de especificarse que
no tengo intención alguna de desertar
de la escena por la pantalla — dijo— . El
teatro sigue siendo mi real, primero y
último amor” . Escuchándola, la sombra
de Sarah Bem hardt debió incorporarse,
para inclinarse luego en a d e m á n de
aprobación.

C O N V E R S A N D O

C ON

LEONIDAS BARLETTA
Por

ESTELA

un entreacto^ mientras unas se­
ñoras esperan que les dedique un
libro, mientras sus ayudantes en­
tran y salen consultándolo, Leónidas
Barletta, presidente de la Sociedad A r­
gentina de Escritores, nos concede una
entrevista. Tememos, dadas las circuns­
tancias, que nuestra conversación deba

E

n

E N T R E V I S T A S

CANTO

abreviarse. Pero no es asi; Barletta es­
tá dispuesto a robarse su propio tiempo
para hablar de su Teatro del Pueblo.
Casi sin indicación nuestra, desdeñan­
do referirse a su labor personal de es­
critor, nos habla:
—El Teatro del Pueblo se fundó en
1936 — nos dice— ; en aquel año, un
grupo de artistas se sentía profunda­
mente humillado por el mal teatro que
se hacía en Buenos Aires. Fué un acto
de protesta y de solidaridad. Esta soli­
daridad se extendía también al público.
Se trataba de educar a actores y a es­
pectadores. Esta es la verdadera fun­
ción del teatro: entretener y educar.
Sus palabras qag llevan a preguntarle
algo sobre sus modernas teorías con
respecto al teatro y al cine. Barletta
medita un momento y nos dice:
—Creo que la habilidad no tiene nada
que ver con el arte. Por eso, prefiero un
actor sincero a un actor fogueado en
todas las triquiñuelas del oficio. Es una
teoría bien sencilla, tal vez en ello con­
siste su originalidad y su modernidad.
Lo cierto es que prefiero formar artistas
compenetrados de esta teoría antes que
triunfar con la fama de los actores co­
merciales.
— —Podría decimas algo más sobre su
credo artístico?
—M i credo artístico se sintetiza en el
esfuerzo realizado para equilibrar los
( Continúa en la página 25)

�dríamos decir retrospectivos. Uno de sus
aciertos ha sido el retrato de una deli­
ciosa y fresca jovenclta que atraía las
miradas de las damas y caballeros asis­
tentes a la exposición de sus obras. La
modelo: Mary Plckíord. Respetables y
popularísimas estrellas de la edad silen­
ciosa de la pantalla se han contagiado
ante el inesperado resplandor juvenil
de su rival y amiga y se han apresurado
a exhibir ante el afortunado retratista
sus poses arqueológicas, y a firmarle
cheques contra las cajas de ahorros que
quedaron repletas en sus buenos tiem­
pos. Un excelente negocio.
Pero eso, se dirá, ocurre en todas par­
tes. Efectivamente, pero en todas partes
no hay un friso de veteranas como en
Hollywood, con depósitos importantes en
los bancos y un resto activo de ilusión
en el alma, que se quedó como un poco
frustrada al no poder expresarse sino a
medias en la mutilada pantalla m uda...

Evolución casi Revolución

¡4.700.000 volúmenes! Esta es la impresionante cantidad de libros
que guarda en sus estantes la Biblioteca Pública de Nueva York.
Cuenta dicha Biblioteca con imprenta y taller de encuadernación
propios. En la foto, un detalle de la labor de los encuadernadores.
4 4

Plumas y Palabras”
l'or JOSE MORA GUARNI DO

Abaratamiento de la lectura
O NSIDERANDO la lectura un vicio
barato, se hace cada vez más fuer­
te la tendencia a explotarla co­
mercialmente, en gran escala y con pre­
cios al alcance de todas las posibilidades.
Las empresas de alquiler de libros han
alcanzado ya en muchos países, incluso
en el nuestro, desenvolvimiento consi­
derable No hay nada nuevo en ello;
desde que existen los libros, hay quienes
ofrecen libros en alquiler y quienes los
toman. Pero ahora la cosa adquiere
vuelos de empresa. Capitalismo moder­
no, tendencia monopolista y rapaz.
En Inglaterra, según leemos en una
revista, hay empresas de libros de al­
quiler que tienen en circulación un mi­
llón de volúmenes, b a s empresas tie­
nen, por lo general, (M itro categorías de
clientes y cuatro tarifas. Por un precio
moderado se ofrecen todos los libros que
no sean novedades y obras científicas
de alto precio; ppr cuotas gradualmente
más altas se van suprimiendo las reduc­
ciones hasta llegar a la cuota más ele­
vada. que ya no limita la calidad o im ­
portancia del ejemplar que se presta. El
abonado a una de esas empresas sólo
encontrará al régimen un defecto, si en
realidad es amante de los libros; que
las libros no son suyos.

C

Sí, este régimen de alquiler de libros
acercará al lector el libro en forma ba­
rata y ordenada eficientemente, pero no
le dará el libro, no dará satisfacción,
sino a medias, a su amor al libro, es
decir, lo dejará siempre descontento,
hasta que, si es verdaderamente amante

del libro, desista de su condición de
arrendatario y lo compre.
Porque el libro, si no es nuestro, si no
está encajado para siempre en los ana­
queles de nuestra biblioteca, nos parece­
rá siempre un desdichadillo {Tasajero cgn
el que no conviene encariñarse en exce­
so, para no sufrir tanto cuando se vaya.

Ya no hay “ Mecenas”
Un pintor famoso — cuyo nombre re­
servamos por razones especiales— regre­
sa de Estados Unidos y habla con unos
compañeros de las condiciones económi­
cas en que el arte de la pintura se des­
envuelve por allá. Si alguno de los ami­
gos había pensado ir a Norteamérica a
ganarse la vida con su arte, las palabras
del compañero que regresa han debido
ser para él como una granizada de de­
cepciones.
En América hay demasiados artistas,
demasiados jóvenes y demasiados talen­
tos. Pero no hay — ¡a y !— Mecenas ar­
tísticos capaces de evocar y reproducir
las glorias del Renacimiento. Las Lu­
crecia Borgia o las Gioconda de nues­
tros días se hacen magníficas fotogra­
fías en tecnicolor y se quedan conten­
tísimas de legar a la posteridad ese tes­
timonio gráfico —y barato— de sus en­
cantos.
Un ejemplo de las cosas que por allá
ocurren lo ofrece el pintor francorruso
Verboíí, cuyo éxito en Hollywood ha si­
do, al parecer, muy grande. Verboff se
ha dedicado a hacer retratos a las ve­
teranas artistas de la pantalla muda,
pero unos retratos especialísimos y po­

Francia, el país de la guerra cuyo es­
píritu de postguerra ha comenzado a
manifestarse antes, trata de investigar
ahora, entre otras cosas, los efectos de
las guerras en el teatro, y al hablar de
guerras nos referimos a las dos que
Francia ha sufrido últimamente. En la
de 1918, el efecto fué de medianos al­
cances; el teatro, que hasta entonces se
había orientado hacia la aristocracia y
la alta burguesía estable y casi tradicio­
nal, tuvo que descender un escalón y
tratar de interesar a la alta burguesía
provisional de los nuevos ricos — aquellos
nuevos ricos de aquella primera guerra
mundial, tan orgullosos, tan insolentes,
tan engreídos en su riqueza.
El efecto de la última guerra mundial
ha sido mucho más vasto y profundo.
El teatro ha tenido que descender —o
ascender, según el punto de mira— a)
pueblo entero. La apetencia del público
teatral ha ido cambiando como su in­
dumentaria, En 1918 todavía se iba al
teatro en traje de etiqueta y la obra
teatral —aun la más audaz— tenia que
hablar a caballeros con pedieras res­
plandecientes y damas descotadas; aho­
ra, el pueblo va al teatro con lo que
tiene ¡rara ponerse, y en su mayor parte
alimentado por las escuetas comidas que
le permiten su tarjeta de racionamien­
to; y si alguno va más repleto por al­
gún relleno suplementario obtenido en
la bolsa negra, en lugar de ostentarlo,
trata de llevarlo con disimulo. A un
público como éste no se le puede ilu­
sionar, ni convencer, ni entusiasmar, ni
hacerle pensar, con los mismos temas y
las mismas soluciones.
El teatro, por tanto, evoluciona radi­
calmente en Francia, y todavía cuando
se dice Francia se dice proyección se­
gura en el resto del mundo. Y es ésta
una evolución a marchas forzadas, que­
mando etapas, sin retrocesos, en busca
del alma de una multitud estremecida
y arisca, que todavía no ha concretado
su expresión decisiva. Una evolución que
es más bien una revolución; no se asus­
ten ustedes: se trata de revolución li­
teraria, aunque las cosas ahora se tra­
ban de tal manera que una arrastra a
la otra, o la anuncia, o es un síntoma
de e lla ... ¿Quién sabe?

Las aficiones desbordadas
El señor Ingres tenia un violin, lo
tocaba con mucho entusiasmo, lo que
no quiere i ecir, sin embargo, que fuera
tan violinista como pintor. También fué
aficionado al violin Jacques-Philippe Le
Bas, el famoso grabador del siglo XVTTI.
Esto justifica sobradamente que los mú­
sicos sientan a veces veleidades de pin­
tores y hasta Que, reunidos corporati­
vamente, expe gan sus obras en una
famosa galería parisiense. Si los pinto­
res hacen mú ica, los músicos tienen
derecho a hac r pintura, ¿no es asi?
Pero los músicos que han organizado

han acudido para hacerse U p r o í S *
da a un recurso de mala ley n *r? '
conciertos en el salón de la e x p o r to
y, como son mejores músicos quVnlniT
res, la gente no tendrá más remedé
contemplar los cuadros y no criticará
demasiado. (Si, pintan muy mal II®
tocan tan b ie n !...)
’ lPero
Es una competencia desleal ;c&gt;u&lt;s o
pensaría si los pintores aficionados I
música organizaran una orquesta m,
mala y atrajeran oyentes haciéndnS
retratos a lápiz en los intermedios?
’

Haynd, el humanizador
_ ,
------muy seno —»i
Daily Telegraph— invita a la h u i W
dad contemporánea a humanizarse «
cuchando n u eva m en te las obras ri»
Haynd. Oir a Haynd constituiría « J »
dicho periódico, algo así como darsTuí
baño de frescura y de reposo.
La razón en que se apoya tan curiosa
como respetable exhortación está finT
mente expresada en unas palabras dei
propio músico, que se transcriben:
•Muy pocos hay sobre la tierra dichosos y satisfechos, muchos abrumados por
las tribulaciones y las preocupacionespuede ser que tu obra sea alguna vez l¿
fontana en la que el hombre derrumba
do por la inquietud y el fracaso encuen"
tre la frescura y el reposo”.
Hay otras muchas razones, partiendo
de la primera y fundamental de que
toda música, no sólo la de Haynd sino
toda gran música, desliza en el alma
preocupada sedantes y alivios inexpre­
sables y valiosos La música de Haynd
es “ como un vino claro". La música de
Havnd es “ menos nerviosa y menos bri­
llante que la de Mozart”, pero su “buen
humor fluye constantemente...”.
De modo que la receta vale la pena
de ser ensayada. Oigamos a Haynd, hu­
manicémonos todo lo más posible en la
fontana de vino claro de Haynd... y
si Haynd no está a nuestro alcance, no
importa; busquemos en la buena música
sedantes y adormecimientos, en vez de
aturdimos con las estridencias de la ba­
tería y el saxofón...

Algo que consuela
Damos a continuación la traducción
de la exposición de motivos de una ley
que la Asamblea Constituyente francesa
aprobó por unanimidad el pasado 12 de
septiembre:
“En los períodos reaccionarios de nues­
tra historia han sido objeto de persecu­
ciones, con el pretexto de ultrajes a las
buenas costumbres, obras que honran a
las letras francesas. Por ejemplo, bajo
el Segundo Imperio, “Las flores del mal”
fueron s e c u e s tra d a s inmediatamente
después de su publicación y, por sen­
tencia del tribunal correccional, seis
poemas de la colección fueron suprimi­
dos y Baudelaire y sus editores conde­
nados a pagar una multa.
“ Siendo el farisaísmo una de las for­
mas de la persecución del pensamiento,
debe ser denunciado y combatido, sobre
todo cuando amenaza perjudicar nuestro
patrimonio literario de tesoros auténti­
cos. Para reservar el beneficio de la re­
visión a las únicas obras que han en­
riquecido nuestra literatura y que el
juicio de las personas cultas ha rehabi­
litado ya, proponemos que la revisión
de una condena por ultraje a las buenas
costumbres cometido por la via del libro,
pueda ser demandada veinte años des­
pués de que el juicio se haya convertido
en definitivo. Estt plazo basta para que
se desprendan las cuálidades profundas
v el valor duradero de una obra. La Société des Gens de Lettres de France,
que posee personalidad jurídica y es re­
conocida de utilidad pública, estará ha­
bilitada para pedir tal revisión."

�COLECCION
_____
j / I &gt;* V
A L 1

COLECCION

PERSEO

peruto

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PELIGRO ...................................... 6.—
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SU H O N O R ....................................6.—
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NICOLAS ......................................6.—
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BALCANES .................... ..............
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MAL ............................................. 6.—
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Dr. WASSELL ................................ 5.—

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OdLon Redon - SOBRE LA VIDA, EL ARTE Y LOS ARTISTAS
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Hilaire BeUoc - ¡CUIDADO! NOS OBSERVAN ....................... 5.50
Paul Gauguin - ANTES Y DESPUES ......................................... 5^50
Ninon de Léñelos - CARTAS AL MARQUES DE SEVIGNE___ ’ 5.50
Wilhelm Jensen - GRADIVA .................................................. g

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Pablo Rojas Paz - CADA CUAL Y SU MUNDO ................... »,
Thcmas Mann - FREUD, GOETHE, WAGNER, TOLSTOI.......... .
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ES

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Arquitecto de la P a z )........................ $ 10.—
Francisco Madrid:
LA VIDA ALTIVA DE VALLE-INCLAN „

LA

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EN LUCHA IN C IER TA................................6—

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Pardee Lowe:
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Matthew Josephson:
ZOLA Y SU E P O C A ................................ ,15.—
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Martín Gumpert:
DUNANT (La Historia de la Cruz Roja) „ 13.—

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G L O R I O S O „ 7.—
Ram ón Góm ez d e l a
Sema:
EL H O M ­
BRE PER­
DIDO .... $ 7.—

V• A t. -.
vi

7.—
S-—
6.—
7.—

�cabalgata

CRITICA
P o r
C ró nica

del héroe ,

LITERARIA

G O N Z A L E Z

C A R B A L H O

por Alberto G irri. Editorial Nova

82 páginas. Buenos Aires.

Provenientes de una generación más sentimental que intelectual — acerca de
cuyas virtudes y vicisitudes podríamos h a b la r a lg u n a vez— experimentamos
uteerés decidido p o r la actitud e s t é t ic a q u e a d o p ta , en su ya sólida labor,
Alberto G im , escritor en la más ostentosa de las mocedades, que cuenta en su
haber con dos libros: “ Playa sola” , poemas, y "Crónica del héroe” , relatos. En
ambos evidénciase una conciencia directiva, un claro antecedente creador y firmes
propósitos de presentar, en temas y soluciones, fases nuevas de lo eterno. No hay
improvisación en su literatura. A la intuición poco le es permitido de su ciega o
lúcida voluntad. Alberto G irri deja a la razón amanecer desde su honda raíz,
y entonces ordena y simplifica su fulgcr recóndito, para dejamos su más limpia
y desnuda llama en alto.
Sus ocho personajes, fantasmales a fuerza de esencializados, nos abren pers­
pectivas ilimitadas; podrían ser, en sí mismo, cada uno una viva novela, acaso
cabría afirm ar que son ocho estilos distintos de la angustia. En ello estriba la
importancia del libro.
Su detrimento nos llevaría a buscar consecuencias infaustas de esa afirmación.
Porque, leyéndole, en ocasiones querríamos ver irrumpir, despreocupada, la co­
rriente impetuosa para que los personajes fueran, en extensión y vehemencia,
aquello que pudieron s e r...
En la edad literaria de Girri, “ Crónica del héroe” es la seguridad de íntegras
realizaciones futuras, cuando sobreponga a su ingenio de narrador la captación
emocional del mundo. De esa conmoción sin la cual la obra escrita, horra de san­
gre, lim ita su repercusión y permanencia, surgirán las páginas totales que Girri
nos está pronosticando con desusada elocuencia.
Sus relatos de hoy son una prueba de dominio técnico, un ejercicio de capa­
cidad. Pese a ello señalamos, para su adecuada valorización, la actitud noble de
su inteligencia, su imaginación liberada de delirios, elaborando entre ambas la
realidad de sus ficciones con propiedad indudable. Se nos ocurre achacarle algún
prejuicio, por ejemplo, su descreimiento de cierta sencillez o simplicadad que a
menudo es confundda con lo fácil. El teme a lo fácil. Puede decírsenos que su
sensibilidad despierta solamente en contacto con determinados mundos mentales
en que se desenvuelve con soltura. Sin duda. Pero la verdad es que su libro, rico
de personajes, deja deslucida, por momentos, la personalidad. Recordamos, en
algunos aspectos, al Borges de los cuentos. Más en Girri, inventor de historias,
se entrevé el sadismo de proponer episodios para que sus héroes padezcan una
existencia en que el autor hace las veces de castigo y fatalidad. Si fueran fan ­
tasmas de sus propias vigilias, cabría asignarle al joven escritor un deseo ascético
de rigor y disciplina. Dejamos esbozada esta sugestión en que obra la subconcien­
cia, comprendiendo que el libro de G irri adquiere una proporción ilimitada. No
pasaremos por alto el depurado y sobrio lenguaje en que el autor de "Crónica
del héroe” denota su señorío de prosista.
d e - sal , por Vicente Barbieri. Colección Paloma. Editorial Nova. Buenos
Aires. 188 páginas.

A n il l o

Luz de anunciación, de vísperas, cae sobre la voz del poeta e iguala, con envol­
vente palidez de relámpago, el rostro transido de sus palabras. Barbieri levanta
su perfil hacia remotas soledades y le vemos descansar la frente sobre almohadas
de aire, escuchando, como quien recoge la plegaria del tiempo, rumores transpi­
rados de infinito.
Nos atrae en él este aferrarse y salir del mundo por su canto En su poesía, de
materiales elaborados, sentimos la cercanía de lo inapresable, la precisión de lo
indefinible. Le vemos puestos los ojos en claridades donde se adivina una cruz.
Porque la esencia misma de su lirismo —ya reflexivo, ya dirigdo a recuerdos,
seres o pasajes— parece alimentada por secretas heridas de padecimiento y pa­
sión cristiana, de desentrañada ansiedad mística.
Logra Barbieri, en ese sentido, la más pura y trascendente de las expresiones.
Ella no se configura en temas, sino en dirección y encendimiento.
Mantiene su libro unidad de voz, con un mismo lenguaje crucificado para to­
das las cosas..Se transfigura en su canto, disolviéndose el m otivo inspirador, to­
mando forma el cuerpo todo alas de su lirismo, que asciende hacia zonas de
luz imperturbable. Desde esas zonas — su intimidad abstraída— se entrega a su
misión redentora de poeta, dejando que los acontecimientos desemboquen en
su corazón — como rumorosos ríos— devolviéndolos después dotados de nueva
vida, a su destino de corriente.
Estamos en presencia de una sensibilidad fecunda, entregada al verso por pre­
destinación y voluntad de cantar. Es el poeta que ama la palabra, a veces con
deleitación excesiva. Deriva per momentos en elocuencia. Hay en él una sensa­
ción de trasvasarse y fijarse, también con impulso místico, a la existencia física
del vocablo. Comunicarse espiritualmente con los mundos invisibles de otros espí­
ritus es en Barbieri una necesidad vital, como asimismo la de exteriorizar ese
universo suyo, tan numeroso como escondido.
Aun fraternizando con los demás poemas del libro, sus “ Epístolas rioplatenses” ,
que figuran como epílogo de "A n illo de sal” , le muestran en una faz vegetal sobre
lo anterior vegetativo. El poeta recibe de la tierra la savia de su verso. La tierra
le devuelve — substancias vivas— aquello sucedido que corresponde tener pre­
sente para mirar nuestro paisaje. Eli “Aquel de la larga fam a” , toma la apostura
del payador. Y la cruz que ve en la claridad, le demarca los puntos cardinales en
"Campo austral” . Vicente Barbieri determina en sus actuales poemas la etapa
de su madurez lírica, hecho digno de documentarse en el proceso de su generación.
C uentos

de

N ochebuena , por Augusto M ario Delfino. Editorial Losada, S. A. 134

páginas. Buenos Aires.
Dice bien Delfino que sus “ Cuentos de Nochebuena" son más nostalgia de la
fiesta que la fiesta en si. No era indispensable, tampoco, para responder al título,
que el libro se ciñera a los aspectos tradicionales. H ay aproximaciones, sensaciones
del ánimo, que dicen también — con exactitud,de alegría y dolor— de la antigua
celebración cristiana. Bástanos la inconfundible luminosidad del aire, el mensaje
de la estación, para que adivinemos la presencia del mes sagrado. Y en nosotros,
el registro cronométrico del pulso, va delatando, a puro presentimiento, los grandes
aniversarios de la humanidad. En algunos de los sujetos que Delfino nos presenta,
existe esta intución de la fecha. Los más desgraciados temen más y presienten
más claramente las horas en que se debería ser dichoso. He aquí, pues, anotada,
la substancia humana de estos seres sencillos, asomados a los días en que su sen­
sibilidad se acrecienta.
D elfin o posee la honda sabiduría de engrandecer los pequeños sucesos, de vita­

lizar episodios aparentemente intrascendentes y adivinar, en la intimidad de sus
héroes, el menudo dolor central, suficiente a decidir el drama psicológico. Vidas sin
lucimiento, esperanzas anónimas, vicisitudes grises como las existencias. Aquilátase
el impar suplicio del alma al penetrar en las calles silenciosas de estos seres de
nombre desvaído, clave y ejemplo del hombre. Sería un lugar común decir que nos
hallamos representados en nuestras experiencias personales, en nuestras observa­
ciones. Con frecuencia se confunde el lugar común con el acierto veraz. Delfino
es siempre veraz, pues aún cuando imagina, lo hace bajo el imperio de evocaciones
y comprobaciones directas. Sus cuentos subyugan humana y artísticamente al
lector, porque la anécdota aparece desmenuzada con piadosa y poética unción,
tiernamente si nos devuelve a la infancia, con desgarramiento si a territorios de
congoja y melancolía. Sus ambientes demarcan una ciudad —nuestra ciudad— ■
las criaturas que perfila, se detienen a mirarnos, nos desnudan sus almas, confi
dentes y familiares. Las hemos visto, tenemos la costumbre de su voz.
Delfino equipara su maestría de narrador, tanto en la rápida determinación dt
un carácter, como en la fijación de un ambiente, sin omitir su don de lo indeter
minado, en que alcanza el vigor de sugerir atmósferas agobiantes que son a vece:
el drama mismo.

L

I

B

R

El huésped y la m e lanco lía , por Ricardo
E. Molinari. Editorial Emecé, Buenos
Aires. í 430. 113 páginas.
¿Es bastante ante este libro, “ El hués­
ped y la melancolía” , repetir que Ricardo
E. Molinari es un gran poeta? En él
viven, admirablemente hermanados, la
mejor tradición y el talento. Fuentes
antiguas le brotan con la facilidad con
que el manadero de la perfecta poesía
corre sin tregua y sin cansancio. Para
valorizar la obra, ya muy completa, de
Molinari, para elogiarlo como sería nues­
tra inclinación, sería preciso precindir
de limitaciones de espacio, cosa que
ahoga en medidas restringidas las me­
jores intenciones críticas.
En el caso de este libro deploramos
que los críticos, o mejor, que una crí­
tica grande, vigorosa, levantada, no lo
tome por su cuenta diciéndole cuánto
se merece. Entre la producción poética
argentina “ El huésped y la melancolía”
está en el primer escalón.
El método y el hábito críticos no es
el lado más firme, ni mejor orientado
de nuestra producción literaria. Casi
podríamos decir que está ausente, tal
vez por cobardía, por instinto juvenil de
conservación. Pero la Argentina no se
establecerá entre los países productores
de literatura mientras unos cuantos de
los más seguidos escritores no se deci­
dan a opinar en voz alta. Las jerarquías,
las categorías, las clasificaciones han de
quedar hechas para que cada generación
sepa lo que da y lo que recibe y en qué
proporción cada escritor sirve a la for­
mación de la empresa tradicional del
arte.
El elogio al poeta por parte o por su
obra total afirmaría muchos períodos de
madurez poética indecisas. Es triste can­
tar sin eco. Casi podría escribirse una
trágica narración, como la de Chamisso,
del que vivió sin sombra.
Para llenar en la Argentina esa deja­
dez, bueno fuera que los escritores ilus­
tres se decidiesen a leer a sus contem­
poráneos. Y , por ejemplo, que este li­
bro de Ricardo Molinari mereciese, por
su generoso alerta, la devoción y el des­
cubrimiento a un sector de apasionados
de la poesia, de la silenciosa y retirada
personalidad de este poeta, tal vez el
más universal de la poesía argentina.
Las fuentes clásicas, el manejo feliz
del castellano, cierta sublimidad apa­
sionada, una suma feliz de dependen­
cias directas entre la emoción y la ima­
gen, dan elementos al libro “ El hués­
ped y la melancolía” para que su equi­
librio nos lleve a la admiración por la
presencia del verdadero arte.
M aría Teresa León
va el género h u m a n o ?, por D e­
siderio Papp. Editorial Pleamar, Bue­
nos Aires, 198 páginas, t 6 m/arg.

¿A dúnde

Acaso fuése más exacto preguntar
adonde es llevado el género humano, por
cuanto este libro, sustrayéndose a las
preocupaciones (que muchos consideran
más apremiantes) del inmediato porve­
nir histórico, considera nuestro destino
desde el punto de vista del astrónomo,
del físico y del biólogo. No son cosas de
nuestro albedrío los problemas de la paz

O

S

y de la guerra ,el cuerpo lacerado de la
sociedad de nuestros días, los constan­
tes tira y afloja de los intereses y an­
tagonismos del poderío de las superpotencias el tema de estas disquisiciones
del escritor austríaco. También en su
libro se habla de cataclismos, de tras­
tornos ante los cuales nuestros explosi­
vos más poderosos desaparecen literal­
mente de la escena. Pero en este caso
los plazos probabls son suficientemente
tranquilizadores, y así podemos dejar
nuestra imaginación a rienda suelta por
entre las galaxias, por encima de los
inmensos vacíos interestelares, al tra­
vés de los eonios que median entre los
primeros períodos y edades del planeta
y les momentos actuales, un mero abrir
y cerrar de ojos con relación a los pe­
ríodos de integración y desintegración f
de los soles y las nebulosas.
Consta este libro de dos partes: Por.
venir y Posibles e imaginarios cataclis­
mos. A su vez, la primera comprende
cuatro capítulos: 1 - Señales desde el
espacio cósmico; I I - El drama de la
t ida sobre la Tierra; I I I - ¿Cuánto tiem­
po puede durar aún la vida sobre la
Tierra?; IV - El porvenir del hombre. Y
la segunda, cinco capítulos, cuyos res­
pectivos epigrafes son: V - El globo y
el destino de la humanidad; VI - ¿Eos
amenazan peligres desde el espacio cós­
m ico?; V il - El crepúsculo del género
humano; V I I I - Los dueños de la Tierra
después de la desaparición de la Huma­
nidad, y I X - Fin del planeta terrestre.
Sin embargo los epigrafes poco sugie­
ren de la riqueza de detalles, hechos, ci­
fras, sugestiones, divagaciones, hipótesis
y conjeturas que el libro atesora para
quien se sienta inclinado por este gé­
nero de obras de tan amplia aceptación
en este momento. El autor da muestras
en todo momento de una amplia cul­
tura cientiíica y de amplias dotes de
exposición. Tanto los temas astrofísicos
ccmo los biológicos y hasta psicológicos
cobran una peculiar animación, y los
sucesos remotos y poco probables se
nos presentan como verosímiles y hasta
reales. Así, pues, para curamos, o al
menos olvidamos por unas horas del
asedio de los problemas inmediatos, nsda mejor que la lectura de este libro,
donde el hombre y el planeta en que
habita, vistos desde una lejanía de parsecs y de hasta centenares de años Ira
quedan reducidos a proporciones insig­
nificantes. Siempre hemos creído que
si los políticos, los consejeros, los testa­
ferros de los estados mayores, los agita­
dores políticos, los agentes de las gran­
des empresas, los banqueros y demás
personajes que todos padecemos, tañe­
sen tiempo y humor para echar un ñstazo al universo de vez en cuando y pa­
ra leer libros como el que ahora comen­
tamos, muchos de nuestros males que­
darían muy aliviados por la sencilla ra­
zón de que unos palmos de frontera, una
roca estratégica, una fuente de mate­
rias primas, y no se diga los puntillis­
mos del honor nacional y necedades por
el estilo no podrían ser tomados en se­
rio, o al menos tan a pecho como para
llevar a los hambres al borde del ex­
terminio.
Otero Espasandin

)

�c a bal gata
l a vida del genio , por Morris
Bishop, Ed. Mermes, Méjico.

P ascal -

Pascal es una de las figuras más
complejas y contradictorias de la histo­
ria dfl pensamiento. Quienes se hayan
preocupado alguna vez por estudiar la
génesis de una idea, de una concep­
ción o de una teoría, con su lento pro­
ceso de maduración y desarrollo, con
una evolución que en sus grandes ras­
gos podemos seguir sin sobresaltos, que­
darán asombrados ante la abismal dis­
continuidad, la sorpresiva insolitez de
sus geniales intuiciones en campos que,
como el científico y el religioso, aparen­
temente se excluyen.
Mente poderosamente analítica y sin­
tética, ya desde los umbrales de su ado­
lescencia da solución a intrincados pro­
blemas matemáticos que habían preocu­
pado durante siglos a decenas de cere­
bros privilegiados. Asombra realmente la
diáfana claridad de sus planteamientos
y la pasmosa sencilez de sus demostra­
ciones; entre otras geniales anticipa­
ciones merece señalarse el estudio de
las secciones cónicas y lo que más tar­
de se transformaría en el cálculo de
probabilidades.
Mas abandona los seguros caminos de
la meditación científica para internar­
se por las oscuras sendas del misticismo.
Arduo y difícil seria intentar siquiera
dar una idea del doloroso proceso de su
conversión. Su espíritu, sobrecogido y
poseído, se conmueve hasta sus fibras
más íntimas: "El silencio eterno de esos
espacios infinitos me aterra” , escribe en
forma lapidaría y definidora.
Desde un punto de vista literario y
humano más que "el prodigio” ; que “ el
inventor” ; “ el convertido": “el físico” ;
“el matemático” ; “ el hombre de mun-

N

O

T

I

El restaurante Drouan conoció, una
vez más, su animación tradicional. En
la antecámara del primer piso se em­
pujaban periodistas, editores y amigos
de las letras esperando la llegada de
los jurados Goncourt y Renaudot. En
este ambiente, las viejas amistades se
renuevan y las enemistades se perdo­
nan. Colette llegó la primera, seguida
por André Billv, Roland Dorgeles, Léo
Larguier, Luden Descaves, J. H. Rosny
(hijo) y Francis Careo, que no parecía
muy contento.
A las doce y treinta, Andrés Bílly sale
del despacho particular transformado
para la ocasión en sala de deliberación.
Anuncia que Jacques Gautier es el lau­
reado por su novela “ La historia de un
suceso". Ganó en la tercera vuelta del
escrutinio por cuatro votos contra tres
a Serge Groussard, que p re s e n ta b a
“Crepúscule des vivants” (Crepúsculo
de los vivos). Zoé Oldenburg obtuvo al­
gunos votos por “Argüe” (A rcilla), así
como Maurice Toesca por “ Soleü N oir”
(Sol negro). Jean-Jacques Gautier es­
cogió por tema un drama de la calle:
Lucíen Cappel, ex obrero, después de
algunas aventuras matrimoniales y sen­
timentales vino del norte de Francia a
instalarse en París, donde muy rápida­
mente íué engañado por su última con­
quista. El, muy enamorado de ella, la
degüella con una navaja. Fué M. Jac­
ques Isomi quien facilitó el tema _al_
joven escritor, y Jean Jacques Gautier
le dedicó la obra.
Algunos instantes después, Pierre Des­
caves vino a anunciar que el premio
Théophrasíe Renaudot acababa de ser
adjudicado a Jules Roy por su novela
“La vallée heureuse” (El valle fe liz ),
por siete votos contra tres, a Georges
Govy, autor de “ Sang russe” (Sangre
rusa), El laureado es comandante de
aviación. Ostenta la D i s t i n g u i s h e d
Flying Crcss, la Cruz de Guerra, y es
miembro de la Legión de Honor. Nació
en 1907 en Argelia, es descendiente di­
recto de los primeros píonners de la

do” : “ el enamorado” ; “ el místico"; “ el
penitente” ; “ el filósofo” , o el santo” , nos
interesa “ el polemista” .
Sus “ Cartas provinciales” , nacidas al
calor de una polémica apasionada y
violenta como pocas recuerda la histo­
ria, siguen siendo un ejemplo insupe­
rado de habilidad y dialéctica, de pre­
cisión literaria, de agudeza y de inge­
nio; no hace muchos años todavía los
liceos franceses tenían el privilegio de
utilizar esas "Cartas” como modelo de
lengua francesa. Su ataque a los je­
suítas y a lo que ellos significaban ha
sido el motivo directo que les dio ori­
gen, pero las provinciales estimularon
también una abierta lucha contra la
autoridad, es decir, la Iglesia y sus je­
rarquías, la escolástica y su deformación
mental asestaron un golpe al código mo­
ral y al sistema ético, contribuyendo, a
pesar de él, a secularizar la moral, las
costumbres y Is ideas. Nota curiosa y
reveladora, se supone, y muy verosimümente, que los inmortales personajes de
Moliére, Tartufo y el Misántropo, han
sido inspirados por algunos caracteres
pintados en las “ cartas” . Su influencia,
y éste es el mejor comentario que pue­
da hacérsele, no ha dejado de sentirse;
a sabiendas o no, desde Voltalre hasta
el último librepensador de provincias
han Empleado y siguen empleando ios
ingeniosos argumentos, ios diestros en­
foques de Pascal.
M il veces y nunca enamorado; mil
veces y nunca satisfecho, mil veces y
siempre angustiado, tal es la imagen
que del exacto, infinito y limitado mapa
de su intelecto nos hemos forjado; un
rayo de luz inquisidora cegado y oscu­
recido cuando era fruto y semilla, pre­
cursor y culminación al mismo tiempo.

U L T I MO S

EXITOS

A. J. Cronin. - G R A N C A N A R IA . Con el mismo
vigor que han hecho famosas sus anteriores novelas,
A. J. Cronin narra &lt;n esta obra una atrayente his­
toria que deja huella profunda y duradera en el
espíritu del lector. Un volumen de 380 págs., $ 6.—
Louis Fischer. - EL G R A N D ESAFIO. El destacado
periodista y autor de varios libros sobre relaciones
internacionales, corresponsal durante largos años en
Alemania y Rusia, hace un análisis detallado de. la
pclitica exterior soviética y de las condiciones im­
perantes en Rusia, sin escatimar tampoco sus cri­
ticas al imperialismo inglés y a la política de su
misma patria. Un volumen de 540 páginas, $ 8.

Aparecerán

Próximamente

Robert Wilder. - ESCRITO EN EL V IE N TO . En es­
tilo tan brillante como inteligente, W ilder nos da en
su nueva novela la historia de una decadencia fami­
liar llena de episodios audaces.
Pierre Maillaud. - L A M A N E R A IN G L E S A . ¿Cómo
son y cómo actúan los ingleses? Con gran sagacidad
y una simpatía no exenta de severidad cuando la
ocasión lo requiere, este agudo francés nos lo dice
cu una obra amenísima.
Christine Weston. - IN D IG O . He aquí una novela
sobre la India cuyo elevado interés literario podría
prescindir del que, naturalmente, despierta la ac­
tualidad del tema.

H éctor Pacheco Pringles

CI AS

Vicki Baum. - ULI, EL E N A N O . La amenidad usual
en las novelas de esta autora está aquí bordada so­
bre el gran fondo trágico de la tremenda “soledad”
del protagonista.

selva africana; le gusta la aventura que
le hizo entrar en la aviaci6n en 1938.
“L a vallée heureuse” (El valle feliz)
cuenta las peripecias de los treinta y
siete vuelos que efectuó sobre Alemania.

EDITORIAL HERMES
IG N A C IO M A R IS C A L 41

M E X IC O D . F.

Distribuidores exclusivos para Argentina, Chile jr Uruguay:

EDITORIAL

La Sociedad de Hombres de Letras
de Francia adjudicará próximamente el
premio Halpérine-Kaminsky, de un va­
lor de veinticinco mil francos, destinado
a recompensar la mejor traducción al
francés del año.
•

#

SUDAMERICANA

A L S I N A 500

B U E N O S A IR E S

•

La Academia de Inscripciones y Be­
llas Letras procedió, el 6 de diciembre,
a la elección de un miembro ordinario
para llenar lá vacante dejada por el
fallecimiento de Paul Collart. En la ter­
cera vuelta del escrutinio, el señor Ro­
ben Fawtier fué electo por 15 votos
contra 13, que obtuvo el señor Robert y
una al señor Dherme.
El nuevo académico nació en Bóne
(Argelia) en 1865. Es antiguo alumno de
la Escuela de Roma “ agregué” de la
Universidad, doctor en Letras, fué con­
servador de los manuscritos de la John
Ryland’s Library de Manchsster. Es ac­
tualmente director en la sección de In ­
vestigaciones Científicas, especialista de
la edad media, publicó varias obras co­
mo “ Europa Occidental de 1280 a 1328”
y “Los Capstos y Francia” .
Arrestado bajo la ocupación, fué con­
denado a trabajor forzados a perpetui­
dad por los alemanes.
El señor Ch Picardúlió cuenta de una
misión realizada por á 'e n Marruecos en
los meses de marzo y abril pasados.
Sus observaciones .recayeron princi­
palmente sobre los centros arqueológi­
cos de Volubilis y Valentia-Banasa.
Comentó los descubrimientos de los
bustos encontrados por el señor Thouvenet y presentó algunas hipótesis so­
bre su origen y su fecha.

EL PRO FESO R BEN HAMOU
El profesor Ben Hamou, de la Facul­
tad de Medicina de Argelia, a quien se
debe la organización de las transfusio­
nes sanguíneas que prestaron notables
servicios a los ejércitos aliados durante
las campañas de Africa del Norte y de
Italia, se encuentra actualmente en P a­
rís. Asistió, el 6 de diciembre, al casa­
miento de su hija, Janine Ben Hamou,
ccn el señor Claude Losry, auditor del
Consejo de Estado.
Estaban presentes en la recepción que
siguió a la ceremonia nupcial, numero­
sas personalidades parisienses y argelinas
EN

LA

AC AD EM IA

DE

C IE N C IA S

Inaugurando el 2 de diciembre las se­
siones de la Academia de Ciencias, el
presidente dió la bienvenida a los tres
sabios extranjeros que, respondiendo a
su Invitación, tomaron asiento entre los
miembros de la Academia: señor Lípschuts, profesor de Santiago de Chile;
Maratón Mose, profesor del Instituto de
Estudios Superiores de Princeton (New
Jersey, U. S. A .) y Michel Heidelberg,
de la Universidad Columbia de Nueva
York.
L a Academia eligió corresponsal al
señor The mas Wallace, en Bristol, y co­
mo miembro, en la sección de las apli­
caciones de la ciencia en la industria,
al señor Georges Darrius.

Licenciado en ciencias físicas, inge­
niero en artes y manufacturas, el nue­
vo académico hizo toda su carrera en
grandes compañías industriales, traba­
jando, desde el punto de vista científi­
co, en el sector mecánico y eléctrico.
La Academia eligió vicepresidente pa­
ra el año 1947 al señor Villat, miembro
de la Compañía desde 1932.
L a Academia otorgó, luego, diversos
premios y recompensas.
CONGRESO DE IN G E N IE R O S
AG RO NO M O S
En la mañana del 4 de diciembre, los
ex alumnos del Instituto Nacional Agro­
nómico recibieron, en la sede de su Aso­
ciación en París, a los delegados ex­
tranjeros y la prensa.
El presidente del Congreso y el de la
Asociación dieron la bienvenida a ios
miembros de las delegaciones de Bél­
gica, Dinamarca, Finlanida, Gran Bre­
taña, Holanda, Líbano, Polonia y Suiza.
Por la tarde, el señor de Fslcourt,
presidente del Congreso, abrió la sesión
ante numerosa concurrencia, en la que
se encontraban representantes de los
Ministerios, de las Sociedades de sabios
y personalidades de la Ciencia. Expresó
la necesidad de la doble formación téc­
nica y biológica de los ingenieros agró­
nomos y su adaptación a las condiciones
económicas y sociales presentes.

t

�P

R

E

M

í

o

s

c o r r e s p o n d i e n t e s a l concurso
planteado en el número siete d
CABALG ATA.
“ J U A N IT O E N E L MUSEO”
Con el primer premio de $ 20 José i ,,
Madariaga. Montevideo 1780, CapitaL r *
una suscripción por seis meses a CABAT
T A : Carlos E. CassineUi. Larrea 92.
Emilio Gentili. Bolívar 160. Ralaela (F o
c A &gt;:„ c - A - Burone. Bulnes 1774, Capital
Mario R Borsani, España 171, Florencio W
reía (F C .S .); M. Aranguren, J. E Uris-V
ru 1368. Capital: María Lydia Rodr¿?¿'
José Bonifacio 2647, Capital.

S O L U C I O N
Rembrandt: “Autorretrato con Saslr;,„
Galería de Dresde. Tlziano. "Al
,
que es del César". Galería de Dresde Mem
ling: 'Cristo con los ángeles canto-es"
Mu eo Real de Amberes. Van Eyck: '' rw.¡:!
de El Canónigo Van der Paele presentado a1
la Virgen por San Jorge" Museo Comuna*
de Brujas. Veronés: "La Sagrada Familia"
Galería de los Oficios, Florencia. Veliz
quez: "Bufón Don Diego de Acedo El Pn
mo”. Museo del Prado. Madrid. Holbeto
(El Joven): "Retrato de un hombre de edad
madura". Museo Real de Berlín. Rubenv
"Rapto de las hijas de Leucipo por los Dióscuro'/'. Pinacoteca Antigua de Munich Allegrí (C orreggio): "Cristo y la Magdalena o
Noli me Tangere”, Museo del Prado, Ma­
drid. Rafael: "L a Madonna del Gran Duque. Palacio Pitti. Florencia. Van Orlev
' El Calvario", Schmitt Collection, ParU
Memllng: "Retrato de Martín Van Nieuwenhove. Hospital de San Juan, Brujas
Delacroix: "L a matanza de Scío”, Museo dei
Louvre. Del Sarto: “La Sagrada Familia"
Museo del Louvre. Velázquez: "El bufón Don
Juan de Austria". Museo del Prado. Ma­
drid. Pintura pompeyana: "Concierto pá­
nico”. Museo Nacional de Ñipóles. Rem­
brandt: "Retrato de un noble". Museo Enni
.tage, Len Ingrado.

Venimos de porte del director del Museo de Ciencias Naturales, pora saber cuándo

tendrá lista su estatua.

(DIBUJO EXCLUSIVO PARA CABALGATA DE OSKI )

B URL ADERO
Cierto día en el Ministerio de la Go­
bernación de Madrid — alié por los tiem­
pos de Alfonso X I I I — , se recibió el si­
guiente inefable telegrama, firmado por
el gobernador, de la situación, en San
Sebastián:
‘'Anunciase extraño fenómeno, llama­
do Aurora boreal. ¿Qué hago?” .
La respuesta del entonces ministro,
Sánchez Guerra, íué auténticamente es­
partana: “Por lo pronto, dim itir” .
*

*

★

Mrs. L. M., de Los Angeles, obtuvo
sentencia de divorcio en cuanto le in­
formó al juez que su esposo no la había
hablado más que tres veces desde el día
de su boda. Asimismo le fué confiada
la custodia de sus tres hijos.
*

*

*

— ¡Teniente! ¡Está usted temblando!
—le gritó indignado su jefe a un jovencito recién incorporado, en lo más duro
de un terrible combate.
— ¡Sí, m i coronel! — contestó el subal­
terno— . ¡P ero estoy!
*

*

*

Vargas, el legendario jefe de alguaci­
les del Madrid de Felipe n , fué un dia
interrogado por un curioso cortesano so­
bre la muerte del secretario Escobedo,
m otivo de tanta cébala y fantasía his­
tórica desde entonces:
' — Vargas, vos que lo sabéis to d o ...
¿Quién mató a Escobedo?
— ¿Su excelencia sabe guardar un se­
creto? — contestó el cauto golilla.
— ¡Sí¡ — afirm ó el interesado pala­
ciego.
—Pues yo también — terminó el mis­
terioso alcalde de corte, con respuesta
en todo acorde con su fam a de pruden­
te. sagaz y cauto funcionario.
*

*

*

En el hall de uno de los más famosos

rrer lleno de ilusión; MATRIMONIO, es
el escotillón donde todo —AMOR y
AM AN TE — desaparece de golpe.

Por El Hondero Irónico

hoteles de Nueva York, luce este cartel:
“ S I NO TIE N E NAD A QUE HACER,
NO LO H A G A A Q U I” .
*

*

*

El domador de perros se presentó f i­
nalmente ante el empresario con su
magnífico par de San Bernardo. Antes
de que le hubiera podido dar los buenos
días, el atónito empresario oyó como
uno de los perros le decía al otro:
¡Por fin nos ha recibido este buen
señor!
Y el otro — ¡oh, prodigio! le contestó:
— ¡Más vale tarde que nunca!
—Pero es posible —gritó el estupefac­
to empresario— , ¿estos perros conver­
san?
—No, no conversan, señor... —replicó
el propietario, un poco mohíno— . ¡P a ­
rece que conversan, pero la verdad es
que ese, el más grande, ¡ss ventrílocuo!
*

*

*

En un bar del puerto de Argel, un
viejo lobo de mar presenta al atónito
auditorio un prodigioso loro que respon­
de a toda clase de preguntas:
— ¿Cuál es la fecha del descubirimento
de América?
— 12 de octubre de 1492.
— ¿Qué altura tiene el Mont Blanc?
— 4.810 metros.
Un inglés compra el loro, pagando por
él una enorme cantidad de buenas li­
bras esterlinas.

Días más tarde, se presenta indignado
ante el viejo marino: aquello es un en­
gaño; el loro no contesta nada.
Confuso el viejo levantino, devuelve
el dinero y le pregunta a su loro:
— ¿Por qué no le contestaste al señor?
— ¿Cómo le voy a contestar? —res­
ponde el loro no menos enfadado— .
¿Crees que se puede aprender el inglés
en quince días?
Siempre Bemard Shaw:
Inglaterra y Norteamérica son dos
países separados por el mismo idioma.
*

*

★

— ¿En qué estoy pensando? —respon­
dió cierto dia Víctor Hugo a su más que
amigo Sairit-Beuve, que le preguntó el
motivo de su preocupación— . Pues pien­
so en qué le diré a Dios cuando me
encuentre ante El.
— ¡Si es eso tan sólo, no te preocu­
pes! ¡Y a sé qué le d irá s!...
— ¿Qué?
— ¿Cómo andamos, querido colega?
*

*

El general Lamadrid, cuya pobreza es
ya histórica, vióse en determinado mo­
mento —pese a lo escaso de sus medies
pecuniarios— obligado a encargarse un
traje de buen género y corte. Fué, pues,
al establecimiento de un renombrado
sastre y, una vez tomadas las medidas,
regateó tesoneramente el importe hasta
dejarlo reducido a su “más mínima ex­
presión” .
Entregada la prenda, el general se ol-‘
vidó de pagar al “ tailleur” , que, cansado
al fin, interpeló al general con malísimos
modos:
— ¡Pero mi general! Si no pensaba pa­
garme, ¿por qué me pidió tantísima re­
baja?
— ¡Para que no perdiera tanto, gran­
dísimo tonto! —le contestó el general lo
más campante.

P A L A B RA S

CRUZADAS

*

C I N I S M O :
B IG A M IA , es tener una mujer de
más; M O N O G A M IA ... es lo mismo.
M A TR IM O N IO , es una novela en la
que el héroe muere en el primer capitulo.
M A TR IM O N IO , no es una palabra, si­
no una sentencia.
AMOR, es un largo corredor a reco­

C O N C U R S O
¿POR QUÉ ES FAM O SO ESTE SEÑOR? ¿Héroe de un dia, de una hora
o autor de una sola obra? Basta añadir a su nombre el hecho, obra o
recuerdo a que debe su fama para ganar el premio.
Erostrato, Gutierre de Cetina, Marshall, Gualterin de Penniles, Paul
Revere, Plácido el Mulato, sargento Cabral, Halley, Volstead, Malasaña,
Caserío, Juan Fernández, Carlota Corday, Boulanger, Dreyfus, Cavrilo
Prindp, Rodrigo Triana, Filípides, Efialtes, Andrés Torrejón, Stanley
Mermo*, Ravaillac, Juan Bravo, Angiolillo, Alejandro Selkirk.

HORIZONTALES
1.—Géneros fuertes que se utilizan pa»
protección, velas, etc. Utiles de madau
y forma apropiada que emplea «1 m4r,‘
no para impelir su embarcación.
2 —Uno. Consonante. 1.000. Nada-

�0

CORRESPO N D E N CIA
La querella presentada por el “Cartel de
acción m oral y social'’ contra los editores
de las obras de Henry Miller. litigio al
que ya nos referimos en una corresponden­
cia anterior, había despertado cierta alarma
en los medios literarios y artísticos por lo
que tiene de intento le limitar la libertad
de expresión de las manifestaciones ar­
tísticas. Es de suponer que cuando el asun­
to se vea ante el Tribunal del Sena, la
polémica volverá a reproducirse en térmi­
nos de mayor pasión aún. El tema vale
la pena. La propia sentencia ha de pro­
ducir jurisprudencia sobre la materia y ha
de establecer si la expresión artística tiene
un limite en su forma, y, en caso afirmati­
vo. cuál es éste,
*

*

*

Entre tanto, un nuevo hecho se ha pro­
ducido que también es interpretado por la
prensa como un atentado contra la libertad
crítica y contra los periodistas indepen­
dientes. Actualmente se representa en el
Teatro de los Embajadores una obra de
Henry Bemstein titulada “Secreto”. El crí­
tico teatral de un diario ha cementado la
obra en términos duros para el autor, aun­
que bastante justos desde el punto de vista
literario. Bemstein, que es demasiado cono­
cido por su altivez, además de autor dra­
mático es actualmente director de teatro,
lo que le da mayores facilidades j&gt;ara re­
presentar sus obras, cuya concepción res­
ponde más a una época pasada, la de co­
mienzos de siglo, que a la presente.
Tomando como pretexto dicha c r í t i c a ,
conjuntamente el Sindicato de Directores
de Teatro y la Sociedad de Autores, no
solo han adoptado la sanción de privar al
crítico independiente de su butaca gratui­
ta para asistir a los estrenos, sino que
llegan incluso a anunciar que., si el caso
se repite, emprenderán una acción judi­
cial “por actividad perjudicial a la indus­
tria del espectáculo”. Por si esta amenaza
fuera aún poco, dichas entidades expresan
también su propósito de ejercer, amparán­
dose en la ley, el "derecho de respuesta".
Es decir, que si una crítica no es del agra­
do del Sindicato de Directores de Teatros

3—Erre. Dignidad eclesiástica. La primera
4.—Cada uno de los golpes de mar que
azotan sucesivamente las costas o Pla­
yas. Primero. Mayúscula Rio de Rusia.
5—Abreviatura que sirve para suplir al
nombre propio que no se quiere expre­
sar. Uno de los signos del Zodíaco. Gui­
so. Prefijo negativo o privativo,
g —100. Nada. Consonante.
1.—Doble suena muy fuerte. Nombre de un
cierto eslabón de cadena. Parte d i l río
hasta donde llegan las mareas. Cero.
3 _Pronombre demostrativo. Quinta conso­
nante. Conjunción c o p u la t iv a
Her- mana.
9 —Algunas vigas tienen su forma. Poetas
primitivos. Séptima letra.
10.—Conjunción disyuntiva. 50. Solo. Pun­
to cardinal.
U —Moverse dando vueltas alrededor del eje.
Ciudad siria.

— ¿Y esto es un moralista? . . .

heterogéneos elementos que concurren
en un espectáculo.
— ¿Cuál es, concretamente, la función
1. — Mamífero muy semejante al ratón. Pre­ de un director?
ceptor y profesor romano.
—Un director debe orientar todo un
2. — Oeste. Cinco veces diez. Lo que hace movimiento artístico y no responsabili­
el borracho. Cero.
zarse fragmentariamente por la puesta
3. — Norte, poeta griego. Quinientos.
en escena de una obra. Creo que esto
4. —Altar. Este. Sur. Parte de Un edificio. es indispensable para la consecución de
5. — Opuesto al norte. Prefijo griego refe­
unidad, para la disciplina del elenco, pa­
rente a la vida. F. Décimasexta con­
sonante.
ra que cada artista sienta y viva seria­
6. — Alias. Cero. 50
mente la obra que representa. Debe ha­
7. — Consonante. Astilla o raja de pino u ber colaboración entre director e intér­
otra madera resinosa destinada al alum­
pretes; esta colaboración efectiva, basa­
brado. Convicto. Alteza.
da en la amista, en el mutuo respeto y
8. —M. San. Primero. Río de Galicia.
en la comprensión, no puede obtenerla
9. — Monsieur. Regalas. Segunda vocal.
el director que recién conoce a su elen­
10.— Nada. Nada- Nada. Pe.
co e ignora la personalidad de cada uno
11.— Bellaquería. Hijo de Apolo y Caliope.
de los intérpretes.
— El Teatro del Pueblo: ¿ha mostrado
alguna predilección especial por un gé­
nero determinado?

(Dibujo exclusivo para CABALGATA de Steinberg.)

—El Teatro del Pueblo ha encarado el
montaje de géneros muy distintos. Por
ejemplo; mientras a d ie s t r a b a actores
para el teatro de cámara, tenia que re­
presentar teatro clásico, apenas conoci­
do por las muestras esporádicas de las
compañías extranjeras. Así, más de 200
obras, primicias absolutas para el pú­
blico de Buenos Aires, fueron estrena­
das por este grupo entusiasta.
— Creemos que la labor del Teatro del
Pueblo no se ha limitado solamente al
repertorio del teatro clásico, sino que
también ha ayudado empeñosamente a
autores argentinos de valor.
— Sí, poetas argentinos de dos genera­
ciones enfrentaron al público desde el
Teatro del Pueblo Hemos representado
obras de Eduardo González Lanuza,
Amado Villar, Roberto Arlt, Ezequiel
Martínez Estrada, Luis Cañé, Horacio
Rega Molina,. Roberto Mariani, Roberto
Ledesma, Alvaro Yunque, Raúl Gonzá­
lez Tuñón, Nicolás Olivari y muchos
otro, que escribieron especialmente para
el Teatro del Pueblo.
— ¿Qué autores del teatro clásico han
sido representados? Recordamos haber
visto, hace años, en el antiguo y primi­
tivo local del Teatro del Pueblo, una
versión de “ El sueño de una noche de
verano” , que nos impresionó vivamente.

FRANCI A

o de la Sociedad de Autores, éstos van a
exigir el derecho de replicar a las objec­
io n e s que desde el punto de vista crítico
pueda inspirar una obra teatral.
Es justo decir que el problema no es
nuevo y que se repite de vez en cuando.
Los directores de teatro, e incluso algunos
autores, estiman que un billete gratuito
para el crítico de un diario obliga a éste a
cierta benevolencia hacia la obra que se
estrena Contra semejante opinión, la crí­
tica independiente se ha alzado siempre
que la cuestión ha sido planteada. Los
teatros y los autores pueden hacerse su
reclamo eh las páginas de publicidad, que
no prejuzgan la opinión del crítico; pero
éste no puede, en ninguna circunstancia,
permitir que se menoscabe su indepen­
dencia.
En este caso concreto, el problema se ha
complicado por ser Bemstein el promotor
del incidente, cuyas, pretensiones constantes
no responden ciertamente a la calidad de
su producción artística.

Guy Chastel, miembro del Comité de la
"Societé de Gens de Lettres" ha presentado
la dimisión de la comisión consultiva ins­
tituida en el ministerio de Justicia y en­
cargada ds pronunciarse sobre la moralidad
de los libros contra los cuales se presenten
denuncias ante la justicia.
Guy Chastel figuraba en esta comisión,
compuesta en su mayoría por magistrados,
en calidad de único representante de la
“Socité de Gens de Lettres" A consecuen­
cia de la publicación en Francia de las
obras del autor norteamericano Henry Mi11er, fué presentada una denuncia. Llam a­
da a dar sil opinión, la comisión unánime­
mente declaró que dichas obras son con­
trarias a la moral. De acuerdo con el pro­
cedimiento ordinario, se emprendió una ac­
ción judicial contra el traductor y el editor
francés de “Trópico de Capricornio” y
“Trópico de Cáncer”.
La “Societé de Gens de Lettres” se im­
presionó ante este acuerdo y h * resuelto
retirar de la Comisión a su representante.

CONVERSANDO CON , , ,
VER TICALES

cabalgata

(V iene de la página 19)

Barletta parece recordar aquella épo­
ca. El m ontaje de "El sueño de una no­
che de verano” es tarea difícilísima, que
requiere a la vez gran sentido poético y
pericia escenográfica. El T e a t r o del
Pueblo es el único conjunto argentino
que montó esa obra y salió, además,
airosamente de la prueba.
—Además de Shakespeare hemos re­
presentado a Plauto, Sófocles, Moliere,
Cervantes, Lope de Vega, Tirso de M o­
lina, Marlowe, Goldoni. Y tampoco he­
mos descuidado a los cultores más atre­
vidos del arte dramático moderno, co­
m o: O N eill, Elmer Rice, Lenormand,
Saroyan, Thom ton W ild e r , Pellerin,
Etrainoff, Meano, etc.
— ¿Podría hablamos de otras activida­
des del Teatro del Pueblo?
— Sí Por ejemplo, a veces actúa en
función de seminario.
— ¿Cómo es eso?
— Inaugurando en Buenos Aires una
modalidad ofiginalisim a: dos veces por
semana, en debate público, que yo diri­
jo, se pone en discusión obra, interpre­
tación y dirección. A llí se defienden
apasionadamente nuestros p u n to s de
vista. Por otra parte damos también
conciertos de música de vanguardia y
secciones de danza; tenemos exposicio­
nes de pintores jóvenes y conferencias
de escritores, todo esto como base de
nuestro empeño para difundir la cultu­
ra. Actualmente estoy formando una
compañía de adolescentes, con su co­
rrespondiente director. Acaban de estre­
nar “ Pelo de zanahoria” , de Renard; "El
oso” , de Chejov, y “Feliz viaje” , de
Thom ton Wilder.
Y al despedirnos, Barletta hace un
examen de la labor realizada y nos dice;
— Estoy satisfecho de los actores y
creo que ellos lo están también por la
labor realizada, que nos ha mantenido
siempre unidos, pese a todas las d ifi­
cultades. F o rm a m o s , posiblemente, el
único elenco estable en Buenos Aires, y
también el único que no admite aplau­
sos del auditorio, en el que no existen
primeras figuras y con una disciplina
de equipo propia del vanguardismo que
sostenemos.

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ESA FAMOSA PEQUEÑA ROBE
Par l’invention, tingéniosité, et la technique que demande leur creation, les
“petites robes” sont de "grandes robe” .

A Q U IN : lanilla a cuadros en
una creación de maravillosa
línea, en la que graciosos desfle­
cados rodean el escote, los hom­
bros y los originales bolsillos que
caen del cinturón.
* PIE R R E B A L M A S IN : pliegues

que se recogen sobre la cadera
en un pequeño moño y donde ter­
mina el corte que atraviesa el
corsage, cerrándose en pequeños
betones hasta el cuello.
JEAN DESSES:- cortes irregu­
lares partiendo desde los hom­
bros, forman sobre el busto y las
caderas grandes bolsillos y se pro­
longan luego en la falda remar­

cando, a ambos costados, movi­
mientos de tableados que enan­
gostan la misma hacia abajo.
JAU M AN D R EU : medias túni­
cas que, partiendo de las costu­
ras de los costados de la falda, se
reúnen en graciosos drapeados
hacia adelante, dejando ver la
falda tubular en un modelo en
“ crepé” de lana, una de cuyas

EL D E T A L L E
EN EL CORSAGE

nos encontramos una banda bordada
como broderie que, naciendo de las
sisas, atraviesa el corsage formando
medio recuadro.

ALGO MAS SOBRE EL

P

r p A N TO como la falda o las
J mangad, el corsage puede ser
el lugar dond: reside el detalle
original de un modelo, con el agre­
gado que el tipo de mujer de nues­
tro país acepta que así sea, evitan­
do muchas veces los detalles que
en los hombros( mangas o faldas,
tienden a mostrar disminuido el
largo talle y, consiguiente, la ele­
gancia de la silueta.
En un encantador modelo de Jeannie de Lafaurie, en crepé blanco,

En otro modelo veraniego, esta
vez de Madelaine de Rauch, un gra­
cioso corte que trae los pliegues de
la blusa, se continúa en dos cordo­
nes gruesos y oscuros que, tras de
rodear la cintura, se anudan en
grandes borlas a ambos costados.
Y por último, una creación de
Jaumandreu, de falda en gris es­
curo y blusa blanca, des tirantes
en el género de la falda se unen
sobre la misma en un bordado simu­
lando escudo, en gruesos cordones
rojo sangre.

soirée no es ya solamente la crea­
ción más o menos bella y siempre
siguiendo una tendencia en boga,
con que los modistos famosos cierran su
más o menos profusa colección de cada
temporada. No es tampoco la robe que
cada elegante acepta sin vacilaciones,
porque sólo una linea reina sobre las
demás; hoy, como nunca, se pueden ele­
gir líneas, tendencias e ideas y se puede
reflexionar sobre tal o cual tipo a elegir;
tal es la diversidad de estilizaciones que
impera entre los couturiers, que la elec­
ción se hace difícil.
Sin embargo, nosotros podemos deslin­
dar, en la moda, tres principales ten­
dencias: primero, las amplias faldas, que
parecen verdaderamente envíos de val­
ses, fruncidas, drapeadas, reunidos sus
pliegues en cascadas o pu/s y qu exigen

E

l

anchas solapas lleva ribete y oja­
les en cabritilla de plata, mate­
rial de que se han forrado las
dos hebillas del cinturón.
R A P H A E L : un corte en el cor­
sage se continúa verticalmente en
la falda, recogiendo pliegues en
la misma; el cuello formado por
bandas que, plegadas, simulan un
gran meño.
A T A V IO

D E

NOCHE

metros y metros de tissus. Para contras­
tar con ellas, imponentes y voluminosas,
los corsages serán siempre estrechos y
simples. La segunda tendencia en boga
es, quizás, sólo privilegio de las figuras
esbeltas y armoniosas: es el modelo de
noche que sigue una línea recta y an­
gosta; los géneros se adaptan magní­
ficamente al cuerpo, drapeados perfectos
marcan las caderas, cayendo luego en
suaves pliegues hasta el suelo, dejando
apenas ver las coquetas sandalias pla­
teadas o doradas. Y, junto a esas dos
tendencias de la moda en trajes de no­
che, nos encontramos con la que en algo
coordina a ambas: la de las amplias
sobrepolleras en tul, o aun en el género
del vestito, que llegando sólo a la rodilla
dejan luego aparecer la estrecha falda
tubular.
En lo que a escotes se refiere, trae
también la moda graciosas variaciones
que van desde el amplio y profundo descotado, que deja al descubierto los hom­
bros y el nacimiento del cuello, hasta
los clásicos escotes en pico o menos ba­
jo. pero que exigen siempre hombros en
el modelo, pasando por el escote que,
dejando completamnte al descubierto un
hombro, cubre el otro, trayendo remi­
niscencias de clásicas túnicas griegas.
En cuanto a adornos y tocados, vuel­
ven a imperar, acompañando creaciones
de gran gala, los aigrettes colocados en
no mucha profusión; los pinches de ían.
tasía, detallando peinados de época: las
pequeñas mantillas de encaje: los an­
chos collares y cadenas adornando el
cuello.
Y , para abrigo de noche, las capas
largas, de alto cuello, que tienen el en­
canto de guardar hasta el último mo­
mento el secreto de las toilettes, impe­
ran sobre los demás tipos de abrigos y
acompañan m agníficam ente cualquier
estilo de vestido y cualquier tipo de tela;
los satines profundos y calmos, color de
luna o de plata vieja; los frescos voiles,
los cambiantes tafetanes, los tules gri­
ses, verdes, rosados, de tonos degradées,
géneros en los cuales los creadores tie­
nen magnificas aliados para sus sor­
prendentes modelos para fiestas noc­
turnas.

�MODELOS

AMERICANOS

Evelyn Keyes, de lo Columbio, nos muestra, en "Aventura en Brasil", este conjun­
to de falda en lanilla negra y casaca en gris rosado; ribetes de lo tela de la falda.

De Lizobeth Scolt es este modelo veraniego, confeccionado en tusor a rayes azu­
les y blancas, acompañado por ancho cinturón y sandalias en cabritilla dorado

En la foto podemos apreciar un sencillo modelo de vestido y túnica en "im p rim ée"
negro y celeste que, con gran sombrero, luce Evelyn Keyes en el citado film.

Práctico tailleur de sport a royas en gris y blanco con blusa de jersey rojo sangre y
"b e re t" de terciopelo al tona. También pertenece al vestuorio de Elizabeth Scott.

MODAS A CARGO DE JAUMANDREU

�LA TRAGI CA M U E R T E
DE DON D I O N I G i ERBA
Por

DANIEL

A Dora Berdichevsky

O Y se recuerda a Don Dionigi Erba, compositor ecle­
siástico y profano y redactor de
un librito sobre la r e s o n a n c i a
múltiple de las campanas, sola­
mente como al presunto autor de
un “ M agníficat” para doble coro
saqueado abundantemente por J.
Federico Haendel en varias par­
tes de su oratorio “ Israel en Egip­
to” . Don Dionigi, con su numero­
sa producción y su vida disoluta,
fué, a pesar del olvido que ha
caído sobre él, una de las más
notables figuras de su época. Her­
mano del cardenal Benedetto Er­
ba, dejó con él Milán, su ciudad
natal, para entrar en un semina­
rio en Roma donde aprendió la
música y recibió las órdenes. El
papa Inocencio X I le dió grandes

H

DEVOTO
muestras de favor, y se dice que
respondía a los rumores que le
llegaban sobre la vida desorde­
nada de su protegido, diciendo:
“ Es la música, y no las mujeres,
la que le hará perder la cabeza” .
(L a música, che non le donne, li
fará perdere la testa). Alejandro
Vin, sucesor del papa Inocencio,
fué más severo con el joven pre­
lado, retirándole de su círculo do­
méstico y despejándolo de su pre­
positura cardenalicia; Don Dioni­
gi se consolaría cantando en su
laúd los aires españoles que es­
candalizaban a Su Santidad, y
preparando otro escándalo mayor,
al que tuve que poner término el
papa Inocencio X II. Dionigi Erba
estrenó en 1696 su ópera “ Arión” ,
fruto de un largo estudio, e in­
terpretando el papel protagónico

tuvo la audacia de aparecer, en
medio del teatro, cantando des­
nudo sobre un delfín mecánico.
La corte pontificia no compartió
el entusiasmo de las damas roma­
nas, y Don Dionigi fué expulsado
a Milán, prohibiéndosele so pena
de excomunión mayer tomar par­
te alguna en representaciones y
vedándosele hasta el ejercicio de
la música eclesiástica. Los buenos
ofit^/s del cardenal B e n e d e t t o
consiguieron atenuarle la pena y
hacer que se le concediera el
puesto de maestro de capilla en
la iglesia de San Francesco, con
la obligación de no salir de Milán
en toda su vida. Grandes polifonistas — Viadana, Nascimbeni —
habían sido cantores de San Fran­
cisco, y los archivos de la iglesia
guardaban riquísimos manuscri­
tos; sus órganos eran también cé­
lebres en Milán, pero lo que más
solicitó la atención de Don Dio­
nigi fueron las campanas, rivales
de los grandes carillones del Duomo. Dejando su puesto en el coro,
junto al órganc, Dionigi solía su­
bir al campanario para observar

CALENDARIO
16
17

NARCISO IBAÑEZ MENTAl

18

19

20
21

El fam oso libro de Edmundo De Amicis vertido ahora
a la pantalla argentino en un esfuerzo cinematográfico
sin precedentes! , con las estrellas juveniles

22

Juan Carlos Barbieri
Salvador L o tito - Luis Zaballa
Félix G il - Enrique Lerós
Alberto Contró - Oscar W alter Derbes
y un gran reparto

23
M agistral realización de

GRAN

EXI TO ^

SEGUNDA

SEM AN A

CARLOS BORCOSQUE

OPeRa i

C0BR1TNTES 860 • U T 35 1335 6619 • C 10C0C0 S A

24

nores, controlar sus arm' %
que variaban según se
descifrar sus inJirineiont tansra&gt;
Laudo Deum ^ ^ 2 “ '
voco.. . ninbum f UgC d’p f m
p lo ro ,

P a s ó m u c fc ^

escribiendo, en los años en ! ***&gt;
peste asolaba a Milán aiK qUe la
a fines de 1712,
pas francesas que ahana ,
la ciudad P a re á L
to gesto de un soldado que
nocía dem asiado bien u £ 0 C0‘
tirarse precipitadamente d2° *
mez, enredándose fuertemente^:
la soga; lo cierto es que h «
pana se desprendió de su h L ¿ “ '
deteriorado y cayó sobre éhte °f
pitándolo de un solo ! £ * £
leyenda cuenta que la cabTza de
Orfeo bajo cantando por
bros hasta el mar; la de r w '
Erba rodo hasta ai pleV T |
calera, donde ía encontraron cat
da, sucia de polvo y de s a W
con la lengua partida por los cW
tes y un cjo reventado.
D A N I E L

DEVOTO

RETROSPECTIVO

ENERO
1905. Nace el compositor español Er­
nesto Halífter.
1919. Ignacio Juan Paderewsky, com­
positor, pianista y patriota, es ele­
gido presidente de la República de
Polonia.
1835. Nace, en Vilna, César Cui. “ Cui
usa su talento ecléctico, pero no ro­
busto, en óperas de tipo ultrarromántico, con todo su horrible corte­
jo de paisajes bajo la luna, puñales
teñidos de sangre, gritos de vengan­
za, copas de veneno, y el resto.” ( R o ­
s a N e w m a r c h , The Russian Opera.)
1884. Estreno de “Manon” , de Massenet, en la Opéra-Comique de P a ­
rís. “Massenet. parece haber sido la
víctima del juego de abanico de su
bello auditorio, cuyo aleteo palpitó
tanto tiempo en su homenaje. Su
influencia sobre la música contem­
poránea es tan manifiesta como ineoníesada por algunos que, debién­
dole mucho, lo niegan con hipocre­
sía, lo que es bien bajo.” (C lavde
D ebussy, M. Croché, antidilettante.)
1894. Nace el compositor norteame­
ricano W alter Pistón.
1912. Estreno del ballet “Ma mere
l'oye” , de Ravel, en el Théátre des
Arts, París. “ Los que no han visto
este ballet pueril en uno de esos es­
pectáculos mixtos en que lo acompa­
ñaban “ Fantasio” , de Musset, y “ Le
festín de l'araignée” , de Albert Roussel, ignoran lo más delicioso que el
teatro podía ofrecer en las bellas
veladas de una época fe liz ... La
coreografía, de Jane Hugard, no era
más rigurosa que la intriga, e hizo
las delicias de Nijinsky, que dijo a
Ravel: “ Así es domo se baila en fa ­
m ilia”. ( R olakd-M anuel , A la gloire
de Ravel.)
1655. Estreno de “Le triomphe de
l'amour sur des bergers et bergéres” ,
libro de Charles de Beys, música de
Michel de la Guerre, primera come­
dia francesa en música, anterior a
la “ Pastorale” , de Perrin y Cambert,
y primer antecedente de la ópera en
Francia.
1528. Data de la más antigua publi­
cación fechada de Pierre Attaingnant, el más célebre editor francés
de danzas y canciones del Renaci­
miento.
1705. Nace, en Nápoles, Cario Broschi detto Farinelli, sopranista. "Du­
rante los diez años que pasó en la
corte de España —para distraer la

melancolía de Felipe V - tuvo j.
obligación de cantar al rey todas
las noches, cuatro romanzas,
eran siempre las mismas, y que Pa.
rinelli, en estos diez años, cantó tres
mil seiscientas veces.” (Grao Mon ald i , Cantanti evirati celebri)
25 1858. Se celebra en la capilla d#]
palacio real de Saint James la txxfc
de Federico HI. rey de Prusia y em­
perador de Alemania, con la priacesa Victoria, hija de la reina Viotorta de Inglaterra. En la ceremonia
se tocó la Marcha Nupcial del “Sue- ño de una noche de verano”, de
Mendelssohn, por primera vez en
unas bodas.
26 1790. Se estrena en el Burgtheate
de Vlena la ópera de Mozart "Coa
ían tutte, o sia la scuola degli aman,
ti” , un día antes de cumplir su auto
los treinta y cuatro años. “El 21 de
enero, primer ensayo de orquesta, en
el teatro, con Haydn; el 26 el es­
treno, sobre el que no sabemos na­
da.” «R obert P itbou, La vie de Mozart.)
27 1901. Muere en Milán Giuseppe Verdi, a las 2 horas 50 de la madrugada.
“ Seamos simples y lógicos. No pi­
damos a un gran artista las cuali­
dades que le faltan y sepamos dis­
frutar las que posee. Cuando na
temperamento apasionado, violento,
hasta brutal: cuando un Veril en­
riquece el arte con una obra fuste
y vital, amasada con oro, fango, hiel
y sangre, no vayamos a decirle temente: "¡Ah, querido señor: esto
carece de buen gusto, esto no es dis­
tinguido!” ¿Distinguido? ¿Acaso Mi­
guel Angel, Homero, Dante, Shakest peare, Beethoven, Cervantes y Re­
beláis son distinguidos?” (G. Best,
hacia 1872.)
28 1898. Nace el compositor italiano
Vittorio Rieti.
29 1849. "En cuanto a Chopin, sus su­
frimientos le Impiden interesarse «
nada, y menos aun en el trabajo
i D elackoix , Journal.)
30 1925. Estreno de “Le mariage de
Monsieur le Trouhadec", de Jules
Romains. en la Comédie des Champe
Elysées, París. Música de escena *
Georges Auric.
31 1601. Casan Jacques Champion, tuv
de la Chapelle, y Anne Chatriot, pa­
dres de Jacques Champion de Chainbonniéres, nacido en 1602, prime-de los grandes clavecinlstas france­
ses del siglo xvn.

�e e

T R I U N F O
DE L
CINE NACIONAL

CI NE A R G E N T I N O
CORAZON: Produ cción F ilm A n des
y Pyada. D irigid a por C arlos BorAdaptación del lib ro ho­
mónimo de Edm undo de A m icis.
Interpretada p or N arciso Ibáñez
&gt;lenta. Juan B a rb ieri, S a lva d or
lotito, Luis Zaballa, Y a y a Suárez
Corbo, F é lix G il, etc.
La dificu ltad de adaptar una ñovela a la pantalla es bien conocida.
Generalmente una buena adaptación
oarece patrim onio ex clu s ivo d e las
malas novelas; de las buenas es d i­
fícil recordar una que no haya fr a ­
casado, aun en e l caso de haberse
logrado uc buen film . L a adapta­
ción de “ C orazón ” era sum am ente
difícil por tratarse de una novela
f o r m a d a por varios episodios o re la ­
tos aisladas, contados por un niño
en el curso del año escolar. A lgu n os
de estos episodios bastarían para
argumento de un film . L a película
“Corazón” ha quarido a b a r c a r lo s
todos con el afán de u tiliza r e l con ­
cosque.

c h o s niños de nuestro recuerdo se
ven convertidos aquí en m ozalbetes
sentimentales, y las lágrim as son
una especie de fon d o en todas las
escenas de la película.
Sin embargo, no sabemos por qué
razón se ha evitad o e l m ejor de los
cuentos, “ E l tam borcillo sardo” .
Pero las películas deben juzgarse
por sí mismas. En este sentido po­
demos d ecir de “ C orazón” que cuen­
ta con buenos intérpretes. Bien ios
trajes y decorados de época. — H. S.
R O M A N C E M U S IC A L : Producción
Estudios San M iguel. A rgu m en to
de Sixto Pondai R íos y Carlos
O liva n . D i r e c c i ó n d e Ernesto
Arancibia. Interpretada por L i ­
bertad Lam arque. J u a n Carlos
Mígtieo, Ernesto Raquen. Enrique
de Rosas, Bertha Moss, etc.
El em oto origen d e las com edias
sofisticadas de enredos habría que
. icario, tal vez, en O scar W ild e ;
es verdad que ahora estamos — nos­
otros jamás tuvim os ningún contac­
to, ni siquiera rem oto— más lejos
que nunca de la In gla terra victoria na y wildeana, p ero la c o m e d ia
absurda llegó desde H o lly w o o d , d ió
resultado económ ico y, sin pensarlo
más, fué adoptada.
“ Romance m usical” tien e a lgo de
esto, con mucha música de ja z z y
muchas canciones.

SUMIO DEL L S
M úsica f ñ el adié, p or G. Bemard Show.
¿Se ha encontrado el “ h k b k a h O " dkl
"M uchacho A z u l " de G a ix s b o s o u g h ?,

por George Sinclair. A i i M. R erry , por
Patricio Canto. R espo nsabilid ad y r e s is ­
tencia. E scritores europeos sacrificados ,

por Guillermo de Torre. A lg u n as
CONSTANTES

DEL ES PÍR ITU

n o t as

C IE N TIFIC O , pOT

Julien Benda. P aul C laudel habla del
A pocalipsis , por Paul Guth. A ijtled St ie GLITZ, DECANO DC LA FOTOGRAFÍA KM ESTA­
DOS U nidos, por James ThraU Soby. U n
ooto mendocino , por Daniel Devoto. E l
bandido de los cerdos, per Dee Róndale.
José A lonso , por Lorenzo Varela. P l u ­
mas y palabras, por J. Mora Guam ico.
Jeak P aul Sartre, el ú ltim o escándalo
de P arís, por J. L. Dámete!. S omzeszt
Maügham t el teatro inglés , por León
Mirlas. A lgunas escenas de f ilm ac ió n se
“El filo de la, navaja ". D os páginas de
ciencias a cargo de José Otero Esposandin. Dos páginas de modas, por Jaumandreu. A jedrez, por el profesor Francisco
Bencko. Exposiciones y notas de arte,
por Romualdo Bryghetti. Crítica lit e ­
raria, por Gomóle?. Carbalho. Corres­

C h il e . M úsica , T eatro, C i be, Crónicas , H umor , C aricaturas , etc .
Este número incluiré, impresa aparte, la
lámina h* g, que reproduce el cuadro de
Fierre-Auguste Rencir “ O rillas k l lago".
pondencia de

mm

Escena de "C ora zó n ", con Juan Carlos Berbierí y Carmen Uembi.

E l film cobra m a y o r in terés al
aparecer el cafetín . Sú bitam ente el
film se eleva de tono. El m ila gro es
sencillo, lo produce L ib erta d L am arque con su acento de barrio,
ccn su m elena tanguera, con sus
gestos sentim entales y bravos. T ie n e
personalidad, es auténtica, y esto,
por sí sole, da a lien to a la película.
L ib erta d canta com o en los cines

DISCOS

Por

Victor argentina ha publicado una gra­
bación del cuento musical de S. Prokofieff
“Pedro y el lobo*' (álbum D.M. 1103. 6 faces
de 30 cms.), que ha sido totalmente reali­
zada en el país con la colaboración de la
Orquesta Sinfónica de la empresa dirigida
por George Andreani, Narciso Ibáñez Menta
como narrador y un grupo de instrumen­
tistas lócale?- Ha sido sin duda un esfuerzo
pcnderable y necesario La gracia y belleza
de este cuento musical tiene eficacia para
la imaginación infantil a condición de que
los niños puedan entender las palabras del
comentarista. Hasta el momento las versio­
nes conocidas estaban impresas en idioma
inglés y por esto los niños de habla española
podrán, por primera vez. acercarse a esta
obra que es el más feliz intento para cauti­
varlos musicalmente ofreciéndoles una ex­
presión concreta de imágenes sonoras con
la palabra conductora.
Prokofieff pertenece a un país y a un
estado que se interesa profundamente por
los niños. En Rusia la educación infantil
es preocupación de primer plano y se apoya
en la mú'ica cantada. La canción es. por
cierto, la fórmula más eficaz para educar
el oido y desarrollar el gusto artístico. Pero
en la canción el interés del niño se mantie­
ne en cuanto él mismo pueda ser intérpre­
te. En el cuento musical el niño es espec­
tador. se libera de la necesidad de partici­
pación activa y e~to le permite lanzar a
vuelo toda su imaginación y acercarlo a la
actitud crítica.
“Pedro y el lobo" se estrenó en Moscú
en el año 1936 dirigido por su autor en un
gran festival dedicado a los niños de la
U.R.S-S- veintidós años después de la com­
posición de otra obra dedicada a caracteri­
zar anímale - y que se llama ‘El pequeño
patito feo”. “Pedro y el lobo” conquistó
de inmediato a ios públicos europeos y
americanos, mereciendo los honores de mu­
chas grabaciones y la participación en ellas
de los mejores artista' del momento. Incluso
se puso en escena un “ballet” con coreogra­
fía de Adolph Bolm en Chicago, se publi­
có en Boston una edición de lujo y Walt
Disney lo captó para comentarlo cinemato­
gráficamente
Las grabaciones de que tengo noticias se
iniciaron con ia que Víctor realizó con el
ccncur o de la Orquesta Sinfónica de Bos­
ton bajo la dirección del dinámico e inquie­
to Serge Kcussevítzky. Desde el punto de
vista musical es. sin duda, la mejor Bri­
llante. sonora, alegremente decidida, se vió
realzada por la intervención de algunos
solistas de la orque ta que hicieron prodi­
gios de técnica y musicalidad en la carac­
terización señora de los diversos personajes
del cuento. El fagote y el clarinete son de
calidad extraordinaria. La d i r e c c ió n de
Kou? evitzky. campeón de Prokofieff en el
mundo occidental y que tiene el privilegio
de estrenar todas sus obras tacaba de dar
a conocer la Quinta Sinfonía), es precisa J
tan ajustada al espíritu de la obra, que crea
simultáneamente el estilo y el modelo. Por
desfracia el narrador Richard Hale extrema
su celo dramático y crea un clima donde
palabras temblorosas y enfáticas exceden
la natural lógica del relato- En este sentido
el oue se lleva las palmas por su magnifica
realización es Basii Rathbone, que en inglés

de barrio, com o en B alcarce y Gara y , com o en Bcedo, com o en R i v a ­
cia v ía al 9000. y por su sola gracia
hace qu e recordem os con agrado
“ R o m a rc e m u sical” .
A l salir, la recordam os a ella con
sus tangos, sus m ilon gas y hasta sus
rumbas, ya que, exigen cias argu ­
m éntales, la lleva n a actu ar en un
teatro cubano. — H. S.

JORGE

El cine argentino acaba de obtener un
nuevo y señalado triunfo en el extran­
jero. Esta vez es en la República de Cu­
ba. punto de confluencia y competencia
de los cines argentino y mejicano, don­
de nuestra cinematografía ha sido con­
siderada como la m ejor de habla espa­
ñola. La Asociación de Cronistas Cine­
matográficos y Teatrales de Cuba ha
elegido todas películas argentinas como
las mejores en español de las proyec­
tadas allí durante el año 1946.
En primer puesto, con mayor número
de sufragios y como vencedora absoluta,
la película "La amada inmóvil”, dirigida
por Luis Bayón Herrera, argumento ori­
ginal de Manuel Villegas López, inter­
pretada por la promisoria estrella G lo­
ria Berna! y el gran actor Santiago
Gómez Cou, que triunfa como el mejor
intérprete de lengua española por su en­
camación de Amado Ñervo en este film.
“ La amada inmóvil” fué, hace poco,
amplia y efusivamente elogiada por la
critica norteamericana, al ser estrenada
en Nueva York, y ahora proporciona a!
cine argentino otro nuevo y resonante
triunfo en el continente americano, al
obtener la máxima distinción de la cri­
tica cubana.
Siguieron en orden de votación “ Ce­
los", “ El c a n to del c is n e ” , en la que
Mecha Ortlz obtiene el primer premio
para actrices; “ Una mujer sin importan­
cia” y “ La señora de Pérez se divorcia".

D ’ U R B AN 0

impecable conduce el cuento en la graba­
ción de la Orque ta AU America Youth que
Stokcwsky dirigió para la Columbia. Lo ha­
ce con tal equilibrio y naturalidad, que de
por sí se erige en el centro de interés de la
obra. Es a la vez una hermosa lección de
dicción y de inteligencia dramática y un
verdadero placer para los aficicnados a los
idiomas pronunciados con gran estilo. Stokowsky. bastante moderado contra su cos­
tumbre, secunda muy bien la acción de
Rathbone y su interpretación del cuento es
a la vez simple y certera. El disco es bueno
pero carece de cierta profundidad sonora
que en la versión de Kcussevítzky se ha
logrado como complemento un poco mágico
de la acción.
Por útimo, también e x it e 0tra versión im­
presa esta vez por Decca con la participa­
ción de la Decca Simphony Orchestra diri­
gida por Alender Smallens y narrada por
un especialista en audiciones radiales in­
fantiles llamado Frank Luther (mal nombre
para contar cuentos de niños). Es la menofeliz de las tres, pues le falta por momen­
tos ia cohesión necesaria y desde el punto
de vista fonográfico carece de lucimiento
técnico.
Cada una de estas versiones comprende
6 faces de 30 centímetros.
En la grabación argentina la labor de
Ibáñez Menta es muy correcta y digna de
elogio- Su voz. que regi'tra con exactitud,
posee inflexiones acertadas y convincentes.
El desempeño de la orquesta ofrece aspec­
tos de calidad realzados por la labor de
algunos instrumentistas que se distinguen
particularmente, entre ellos Alfredo Montanaro (flauta), Pedro di Gregorio (oboe).
Luis Carbcne (clarinete) y Antonio Yepes
(timbal). La dirección de G. Andreani no
se aparta de una corrección estimable aun­
que se pueden objetar con éxito los movi­
mientos de alguno*; temas. Lcs técnicos de
la Victor han sorteado con habilidad mal
nifiesta los múltiples problemas que susci­
ta la grabación de obras de este género.
La voz de Ibáñez Menta se oye claramente
en ca~i todas sus intervenciones con la
orquesta (el modele de grabación en este
aspecto es la de Basil Rathbone). Falta,
eso si. la profundidad y perspectiva sonora
(ej. los timbales en la escena de los caza­
dores), indispensable para el éxito de la
versión tan lograda, como ha quedado dicho,
en
grabación de Koussevitzky.
Columbia del país ha publicado en edi­
ción nacional un buen disco que contiene
la “Danza de las doncella^* de €E1 prínci­
pe Igor’\ de Borodin. y eí “Cópale”. de
Moussorgsky. en la excelente transcripción
orquestal de Liadow Ejecuta la Filarmónica
de Londres conducida por Walter Goher
(C. 264580 - 2 faces de 30 an s.). La danza,
sin ser tan conocida como las llamada'
“polctvsianas” de la misma ópera, contiene
alguno' elementos «Ttmicos de tradición folk­
lórica y que cuentan entre los más intere­
sante- de la obra. La versión es de primer
orden, con el ímpetu y lirismo precisos pe­
ro sin acentuar en exceso el carácter apa­
sionado de Borodin que algunos directores
cultivan sin freno. La orquesta suena ciaramente y el di co recoge matices (pedales
de las cuerdas en “Gopak“ &gt; en proporciones
poco frecuentes-

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Rosario 201

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FRANQUEO

P A G A D O

CONCESION N? 2799

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K Ui

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R E D U C ID A

CONCESION N* 3205

B O L E T I N 'D E S U S C R I P C I O N
El señor ....................................
(EN L E T R A DE IM P R E N T A )

Dirección

se suscribe a C A B A L G A T A por el
periodo de un año * seis meses y
al efecto acompaña el im porte de
i SJ0.
4JO. Dólares i JO U. S. A.
en ch que, bono postal a su orden.

t

* Tachar la condición que no se utilice

�¿xija con este ejemplar la lámina corres•
pendiente: 44Busto de mujer joven” , por
Am aleo Modigliani.

Núm . 9

Este es el nombre que el pueblo «m etí
rano, ¡tan campechano siempre!, h » dado
a U famosa estatua de la Libertad, per
la cual, aunque ao se vieran los grandes
rascacielos, r e c o n o c e r í a m o s siempre a
Nu eva Vork en las películas.
Llena de gente que se le m etió en la
cabes*. el rostro de la andada Diosa per­
manece impasible a tanto abuso; como
siempre.
¿Cuando lo » visitantes se resirenf caca­
huetes. chicles, nombres grabados con 14plces de labios, restos de merienda; todo
un triste trasiego humano que pasé por
allí sin la antigua reverencia al mito.
En fio , teda una o f r e n d a mo d e r n a ,
“ existencia ILta*.

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
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                <text>Guillén, Nicolás&#13;
Jesualdo&#13;
Grashin, Maurice&#13;
Mondor, Henri&#13;
Cogniat, Raymond&#13;
Anthonisen, José Luis M.&#13;
Otero Espasandín, J.&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Sonderéguer, Conrado P.&#13;
Kikou, Yamata&#13;
Lambe, Frank&#13;
Canto, Estela&#13;
Mora Guarnido, José&#13;
González Carbalho&#13;
Devoto, Daniel&#13;
D'Urbano, Jorge</text>
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                    <text>abaléala

ASO

D

-

N» I

-

P R E C IO

$

Colaboraciones
especiales de:
G. BERNARD SHAW
JULIEN BENDA
GUILLERMO DE TORRE
PATRICIO CANTO
LEON MIRLAS
JAMES THRALL SOBY
DANIEL DEVOTO
GONZALEZ CARBALHO
etcétera.

Una entrevista con
PAUL CLAUDEL

Un cuento policial, por
DEE RANDALE

Libros, cine, teatro, aje­
drez, modas, noticias,
ciencias, humor.

QUINCENARIO POPULAR
^ L E T R A S . ARTES.
IENCriíS. ESPECTACULOS

M «

BUENOS AIRES, 2* ENERO IS47

TRUDI SCHOOD
. --

�E E lS B S 3 3 jL 2

DETRAS DEL E S C A N D A L O . — Fotografía de la m adre de J eon -P au l Sortre, tom ado
cuando lo j periodistas acuden a la casa en busca del discutido autor d e " L a putain
r e sp e tu e u se ", últim a piedra de escándalo del teórico del exrstenciolrsmo, lanzada
en pleno corazón d e N uevo Y ork en la presente tem porad a teafraL (Foto A . F. P .l .

L A B E R G M A N . — Ingrid Bcrgm an es, codo vez m á s, " l a B e r g m a n ", pora m uch os;
con eso adm irativa intención con que se ha dicho en los grandes días, y aún se
d ice, "4 a D u s e ", " l a G a r b o ", " l a P a u W o " . A q u í la vem os durante un ensayo, en
su popel de Juana de A rco, uno de los grandes éxitos teatrales del presente año.

PARA

DOS C A B E Z A S . —

La reducido a fu e g o pertenece a un jíbaro anónimo. Lo otra ti

del explorador y etnógrafo BeK tand de Flornoy, que' emprendió nueva excursión el
A m o z c n c s ,o

la

busca

de

vestigios

de

primitivas

c iv iliz a c io n e s

desaparecidas.

V U E L V E N LOS A R T IS T A S DE V A R IE D A D E S . —
Pero, al parecer, ad ecen ta*
¡ a y ! Los C om ités M ora lizad ores han ganado la batalla, y lo vieja picaresco
in cc e n 'e por d e b ajo d e su m áscara libertina, desapareció. En la presente foto
r
a J. R osom ond Johnson, T od d D uncan, Etta M o te n , e tc ., en la obro "P orgy * n&lt;*

UNA L B U M DEL TIE

�MUSICA EN EL AIRE
A música de la radio ha cambiado
al mundo inglés. Cuando me ga­
naba la vida como crítico en los
conciertos y en la ópera, en Londres,
cincuenta años atrás, me era dado es­
cuchar una sinfonía de Beethoven sólo
en ocasionas muy señaladas, en el viejo
Sí. James's Hall o el Crystal Palace,
integrando un grupo de unas mil per­
sonas que estaban en condiciones de
pagar sus localidades y que casualmen­
te tenían gustos musical; s. Mi familia­
ridad con los clásicos musicales derivó
de ejecutar arreglos de los mismos, en
dúos de piano, con mi hermana. En lo
que respecta a la Novena Sinfonía, sus
ejecuciones eran acontecimientos extra­
ordinarios, separados por años.
Hoy día, con los aparatos de radío
tan popularizados como los relojes de
cocina, la Heroica, la Séptima, la No­
vena, son tan familiares a Mengano,
Fulano y Zutano, como lo era la can­
ción "Nancy le e ” cuando la tocaban
todos los organillos callejeros. Lo mis­
mo ocurre con las tres más grandes sin­
fonías de Mozart. Haydn, ahora fuera
del olvido, vive nuevamente. La música
erudita está en todas partes, tan audi­
ble en los barrios bajos como en las
plazas. Y todo esto se debe a la radio.
Hago esta afirmación porque voy a
criticar a la BB.C. y no se me debe
señalar como un filisteo inconsciente
de la revolución hecha por la radio. Sólo
aquellos que, como yo, son suficiente­
mente viejos como para recordar el
Londres pre-radio, pueden comprender
cuánto le debemos.

L

LA MUSICA DE LA RADIO NECESITA
CRITICA
Pero esto no significa que la música
que se trasmite por radio necesite me­
nos de la critica que los ejecuciones del
siglo XIX. Al -contrario, tal crítica se
ha convertido en un asunto de enorme
importancia. Por ello me siento inducido
a retornar por un momento a mi anti­
guo oficio y señalar algunos puntos res­
pecto a los cuales la B .B .C . suele equi­
vocarse.
Sus peores concesiones al mal gusto
popular, real o imaginario, son horri­
bles. En tales ocasiones apago mi radio
tan rápidamente que apenas estoy cali­
ficado para condenarlas Pero protesto
contra el criterio según el cual, sólo
Porqu: existen gentes vulgares con gus­
tos tan bajos, los instrumentos orques­
tales de viento deben ser degradados con
sordina para complacerlos, y la música
de la radio debe condescender con una
propaganda de obsc;nidad musical, en
lugar de buscar la belleza musical.
Puedo llegar hasta el origen de este
nial porque cuando fui miembro ex -officio del Consejo de la B .B .C . insistí
tn que debía prestarse una atención
crítica extremada a los programas que
llamaban “de music-hall” . El Consejo
se mostró horrorizado. Y o habla pro­
puesto que sus miembros estableciesen
contacto amistoso con la baja clase de
personas de dond; provienen nuestros
cómicos de rojas narices y los tañedores
de instrumentos abigarrados.
Nada podía hacer yo contra este sno­
bismo. Dentro de sus limitaciones, el
Consejo era uno d ; los mejores; pero,
antes que nada, se trataba de damas y
caballeros y no querían mezclarse, bajo
ningún pretexto, con los personajes que
divierten a lavanderas y verduleros.
LA ENTONACION Y EL RITMO, SE­
CRETOS DEL BUEN EXITO
Pero más adelante si se mezclaron.
Los más viejos miembros, que habían
sucumbido a los encantos de cantantes
de music-hall como Marie Lloyd, Bés­
ale Bíllwood y Vesta Tilley, trataron de

Por G. BERNARD SHAW

(Especial para CABALGATA)
hacerlas revivir mediante la trasmisión
de sus canciones. Pero éstas, con sus
charlas interpoladas, no solo resultaban
vulgares sino tontas, que apenas podían
entenderse. Y la B .B .C . cometió el atroz
error de creer que el secreto de su po­
pularidad radicaba en su vulgaridad,
aunque bastaba un momento de refle­
xión para comprender que las mucha­
chas vulgares y tontas pueden ser re­
cogidas de cualquier calle pobre por unos
pocos chelines semanales.
El verdadero secreto estaba en que la
entonación y el ritmo de aquellas can­
tantes eran tan perfectos, gue resulta­
ban irresistibles. Cuando Marie Lloyd
cantaba: "/O h , mister P orteril! ¿Qué
puedo yo hacer? Quise ir a Birmingham
y me llevaren a C r e v e ...", a nadie le
importaba un bledo Birmingham o Crewe; pero todos querían bailar el exqui­
sito ritmo de Marie y encontraron de­
liciosa esta sensación. La charla de Bessie Bellwood, asegurándonos con atroz
prosodia que "no iría al escínario a be­
sar a su empresario" . . no reportaba ni
seis peniques de ganancia. Pero ella
también podía cantar con tono y com­
pás perfectos.
,
Las supuestas Martes y Bessies hicie­
ron todo lo posible, sin gran éxito, para
ser vulgares al estilo “cockney” y con­
sideraron como aceptable su mediocre

entonación. Este renacimiento constitu­
yó un vergonzoso fracaso.
POCOS PUEDBN ENTONAR SIN
ACOMPAÑAMIENTO
Vayamos ahora a los clásicos con los
que estos destinos eran también apa­
rentes. ¿Qué significa cantar o tocar en
tono? La mayoría de las personas que
cantan o tocan pueden entonar en for­
ma regular si un piano o una orquesta
los mantiene en el punto adecuado. Pe­
ro de aquí a estar en el centro exacto
de la nota hay un mundo de diferencia.
Los experimentos de física han de­
mostrado que si dos instrumentos son
puestos en el mismo tono y uno de ellos
comienza a desafinar gradualmente o a
agudizar, los auditores no se dan cuenta
de la diferencia de inmediato y, cuando
lo hacen, difieren en el momento en que
lo descubren. El efecto de esta diferen­
cia es que cuando un coro de personas
que sólo entonan regularmente no son
mantenidas en el punto por un órgano
o una orquesta, y se les hace cantar
motetes, canciones pastorales o jocosas,
producen un ruido muy desagradable
porque todas cantan en distintas claves.
El hecho de que las diferencias sean
menores que un semitono, aumenta la
discordancia. Sin embargo, probados en

forma individual, todos pueden entonar
y se les s:lecciona, aún a edades avan­
zadas y con voces pobres, a causa de
que leen bien y son buenos iniciadores.
Y per poco musicales que sean sus eje­
cuciones son soportadas porqu; se su­
pone que si la música es vieja posee
belleza arcaica.
LA B .B .C . NO LO SABE
La B .B .C . parece ignorar todo esto.
causa de que su coro puede cantar
himnos y antífonas en forma aceptable
con el acompañamiento de un órgano,
la B .B .C . cree que es igualmente capaz
de cantar motetes de Byrd y de Orlandus Lassus. Se necesitan años de prac­
tica para enseñar a un grupo de bue­
nos lectores a cantar en tono, no sólo
en forma aproximada sino exacta y en
la misma escala. Desde que hace medio
siglo recibimos la visita del maravilloso
coro holandés de De Lange no he oído,
ejecutadas en forma agradable, los te­
soros de la música d :l siglo X V . ta s
ejecuciones orquestales de Vaughan W i­
lliams, de obras de Byrd y Tallis. son
deliciosamente armoniosas. ¿Quién pue­
de decir otro tanto del coro de la B .B .C .
que libra una desesperada batalla para
poder leer la obra original de estos com ­
positores?
Cantar en tono no es la única con­
sideración en radío. El micrófono trai­
ciona todos los secretos de los cantantes
y ejecutantes: el arroyo del cual pue­
den haber salido, los cocktails y las de­
masiado frecuentes comidas que pueden
haber ingerido, sus edades, etc. Cuando
s= reparten libretos de teatro para ser
interpretados por autores invisibles, de­
be tenerse en cuenta que los contrastes
de soprano, contralto, tenor y bajo son
indispensables para un resultado agra­
dable e inteligible. Un reparto en el
cual todas las voces tienen el mismo
punto y tiempo es tan desastroso como
lo sería en una ópera.
A

OBRAS MAESTRAS DESDEÑADAS
Al hablar de la ópera en la radio, en
general, me permitiré señalar que un
acto ejecutado por completo, sin cortes,
constituye un entretenimiento superior
a los arrebatos producidos por fragmen­
tos de la obra. Por ejemplo, tomemos
las óperas de Meyerbeer que para ia
B .B .C . parecen hab;r desaparecido.
"Los Hugonotes”, una ópera verdadera­
mente grande en su género, acerca de
la cual Goethe, Balzac y hasta Wagner,
en su juventud, expresaron su admira­
ción, es tan larga que después de su
primera ejecución en París íué conver­
tida en trozos y desde entonces no fué
oída en forma completa. Cada acto cons­
tituye por sí mismo una pieza entera,
con números que reclaman la intimidad
propia de las audiciones por radio y
que no corresponden a la escala de la
gran Opera de París. Debería trasmi­
tirse de ella un acto por vez, cuidado­
samente estudiado y en forma completa.
¿Y por qué obras maestras como “La
fiera domada" de Gostz, cuya melodía
recuerda a Mozart. y el ‘‘Barbero de
Bagdad" d; Peter Comelius, con su de­
licioso "Salaam aleikum” del final, y
con un papel de gran basso profundo,
han de ser sustituidas por óperas de
Rcssini que nuestros vocalistas no pue­
den cantar?
Podría hacer otras preguntas; pero
por esta vez basta con esto. Tenemos
conciertos diarios, una orquesta para la
cual la orquestación de Wagner y Berlioz es un juego de niños, varios direc­
tores nacionales de primera fila, y es­
cucharlos cómodamente en casa cuesta
dos tercios de penique: ¿existe algún
límite para estas posibilidad ;s?
Ellas provocan vértigos a m i anti­
cuada imaginación.

�can a

ANA

M. B E R R Y

Por PATRICIO CANTO
O es fácil hablar de un amigo que
acaba de morir. Tenemos que ha­
cer una semblanza para todo el
mundo de una persona que hemos co­
nocido en una situación particular que
s^lo para nosotros tiene valor: pero
cuando la existencia ds ese amigo nues­
tro tiene significado para todos, nos
vemos forzados a imaginar la actitud
de ese público desconocido, para poner­
nos en contacto con él. Prefiero no es­
forzarme en imaginar esta actitud, y
escribir otra sobre Anita Berry en for­
ma sumaria, pero desde el punto de
vista único que tuve para apreciar su
personalidad.
Anita Berry pasó los últimos quince
años de su vida en Buenos Aires. La
precedían veinte años de activa vida
intelectual en Londres, donde encontró
las direcciones que habría de seguir su
actividad: la critica de arte, la litera­
tura infantil, el servicio social y la crí­
tica de problemas sociales y políticos en
cuanto se relacionan con la mora!. Las
circunstancias la obligaron a salir de
Europa cuando ya estaba muy arrai­
gada; el trasplante fué brusco y la acli­
matación penosa por momentos, pero
una vez que hubo recuperado el domi­
nio del castellano y que se rodeó de un
grupo de amigos, su producción intelecmeses antes de su muerte.
Anita había nacido en Valparaíso, de
padre inglés y madre chilena. Su cora­
zón estuvo siempre con la patria de su
padre, con su cultura, su energía y su
concepto austero de la vida. Nacida en
un hogar bilingüe, hablaba por igual el
inglés y el castellano. Aunque no por
igual: el inglés era el idioma en que
había recibido su cultura y el idioma
que amaba. Los libros que influyeron
sobre su espíritu en forma decisiva eran
Ingleses o traducidos al inglés. Y a en
su mcdo de hablar los dos idiomas re­
velaba lo que cada uno representaba
para :11a: su español era desmadejado,
impulsivo, interjectivo: era el idioma
en que daba rienda suelta a los movi­
mientos de su emoción, sin discriminar.
Elegía el inglés en los momentos de
paz interior y d ; sosiego significativo:
cuandc hablaba inglés se situaba en un
terreno venerado y amistoso. La tenue
británica y la soltura chilena estaban
en Anita delimitadas en parte por los
dos idiomas en que s; manifestaban.
Por elección era británica, y en la
dirección rectilínea de su vida, en su
candor, su perseverancia, su energía, era
efectivamente inglesa. Esto era lo que
ella quería ser. Una vez me preguntó:
—¿Qué le parezco a usted: inglesa o
suramericana?
—Suramericana.
Se sonrió y me dijo que ese era tam­
bién su parecer.
En Anita había una movilidad y exu­
berancia de temperamento muy trasan­
dina, y su generosidad impulsiva, sus
violentas simpatías y antipatías tras­
cendían continuam :nte los límites que
se ha impuesto la estricta Europa. Creía
en la eficacia de los ataques directos
contra sistemas o actitudes que ella juz­
gaba inmorales, y ello se manií stó a
menudo en perturbadoras trepidaciones
de las salas a donde llevaba sus bate­
rías. Las ambigüedades del Vaticano, las
consignas indiscutidas de Moscú, las
turbiedades de nuestra política la lan­
zaban a campañas fulminantes a través
de urbanos cocktail-partíes porteños, en
donde su encendido temperamento pro­
vocaba la consternación o la admira­
ción más decididas. Algunas de sus víc­
timas percibieron la inoc nci? esm cial
de su espíritu, y hasta la gracia de sus
actitudes. Pero en un pais clerical des­
confiado, que no aprueba a las mujeres
independient s, un carácter com o el de
Anita no podía comprenderse fácilm en­
te. Su modo espontáneo de actividad
era un ejercicio desinteresado de la

N

¿SE HA E N C O N T R A D O EL
“ H E R M A N O ” DEL “ MUCHACHO
AZUL” DE GAINSBOROUGH?
Por GEORGE SIN C
LA

CORRESPONDENCIA

PERDIDA

H

' ce poco más de un año, el señor
M. V. fué a cierta provincia a ver
a sus hijos, a quienes tenía en un
pensionado campestre desde la muerte
de su esposa, acaecida durante la gue­
rra. La pérdida casual de cierta corres­
pondencia ferroviaria le obligó a perma­
necer algunas horas en una pequeña
población del centro de Francia, donde
no conocía a nadie. Vagó por las calles,
hasta que después, al ver la tienda de
un anticuario, entró en ella para matar
el tiempo. Era un viejo tenducho de
chamarilero más que una verdadera
tienda de antigüedades. Bajo una espesa
capa de polvo dormían, en revoltijo,
muebles rotos, porcelanas desportiladas.
bustos, candelabros, tapices, telas. La
escasa luz no permitía ver gran cosa. El
mismo comerciante no era nada amable.
Pero antes que afrontar de nuevo las
monótonas calles, M. V. prefirió rebus­
car en aquel cajón de sastre. Y su aten­
ción quedó muy pronto captada, por lo
menos tanto como la luz lo permitía,
por una tela de alrededor de 1 m. de
alto por 75 cm. de ancho, cuya compo­
sición le pareció rebosante de encanto.
EL HIJO PRODIGO
Veíase rodeado por por un fragoroso,
rojizo, paisaje, cuyos árboles se recorta­
ban sobre un tempestuoso cielo, un muchahito vestido a la antigua, apoyado
sobre un cayado o bordón y que parecía

-r i n

sumido en tristes ensoñaciones, mientras
que a sus pies, en una rojiza penumbra,
se entremezclaban cabras y cerdos sal­
vajes. Nuestro viajero, le preguntó al
marchante de quién era aquel cuadro y
qué significaba. El anticuario le respon­
dió, al descuido, que lo había adquiri­
do en un remate, antes de la guerra, y
que representaba, según una inscrip­
ción en inglés del dorso, descifrable aún,
el "H ijo pródigo” . Ignoraba su autor.
Por lo demás, semejante cuadro le m o­
lestaba, porque ocupaba mucho lugar y
nc le gustaba a nadie de por allí. El via­
jero ofreció comprarlo y la venta quedó
cerrada en un cuarto de hora.
De regreso a París, M. V. colgó la te­
la en su salón, se la mostró a muchos
expertos y, durante las pausas que le
permitía su trabajo, se puso a estudiar
por su cuenta, y poco a poco la certeza,
basada en un m inucioso análisis de la
tela, iluminó su mente: estaba frente a
un auténtico Gainsborough, y el mucha­
cho que había posado para este “ Hijo
pródigo” , era, al parecer, el mismo mode­
lo del "M uchacho azul” , uno de los más
célebres retratos del famoso pintor.
El propietario del "Elijo pródigo” , es­
tá enamorado de su tela y tiene respues­
ta para todas las objeciones.
Lejos de las curiosas miradas, en un
saloncito de un departamento del Par­
que Monceau, luce el último de los
Gainsborough conocidos, para goce de
un aficionado que tuvo la suerte de per­
der un dia el tren.

conciencia. No era católica, ni siquier»
cristiana, pero sí intensamente religicsa.
Sus convicciones en este sentido estaban dentro de lo que Aldous Huxlej
llama la phttosophia perennis, y a estas
convicciones murió fiel. Cierta vez ha­
blamos de religión y a mí me tocé
defender al cristianismo. Anita sentís
horror por la crueldad y el derrama­
miento da sangre, y los sufrimientos fí­
sicos no Is inspiraban el deseo de com­
partirlos, sino de ponerles fin. Una re­
dención basada en la sangre de un
hombre-dios no ejercía atracción sobre
su naturaleza poco afecta a los drama­
tismos. Y o le ¿ j e que tal vez sus firmes
principios morales provenían de ese mis­
mo cristianismo, eran heredados, y no
com o creía ella, aprendidos en los Upanishads, a los cuales yo atribula una
influencia menos profunda. Contestó
que me equivocaba, y más tarde le he
dado la razón.
Para ella la acción social consistía en
favorecer la creación de los artistas y
los intelectuales: su dedicación y ab­
negación en este sentido eran admira­
bles. Deleitó a los niños con su imagi­
nación, buscó ayuda para los artistas
(sobre todo en Inglaterra, cuando tra­
bajaba en The Art’s League of Service)
y ayudó a interpretar las obras maes­
tras del arte. En los dos primeros libros
publicados en Europa, Art /cr children
y Animáis in Art, emplea ya el proce­
dimiento que consiste en presentar re­
producciones de cuadros de origen y de
épocas diferentes y (fomentar rápida­
mente sus características más notables.
Un procedimiento análogo utilizó para
los tres tomos de La vida de Jesús a
través del arte, publicados en Buenos
Aires, donde compara dos pinturas por
vez, que a pesar de pertenecer a escue­
las diversas tienen algunos paralelismos
llamativos sn su construcción.
Su gusto se inclinaba hacia las obras
marcadamente estilizadas: bizantinos,
persas, la escuela de Siena, primitivos
rusos, El Greco, chines y japoneses. En
sus colecciones se notaba su desafecto
por ssos estilos que alcanzan a dar for­
ma a la pasión y a los desordenados
movimientos humanos. Prefería el arte
egipcio al griego, y las formas absTactas a las naturales: todo lo que habla
de una espiritualización ya realizada,
que nos lleva a un sublime mundo d;
acordes establecidos y perfectos, donde
no existe la lucha, sólo lo eterna bien­
aventuranza. El misticismo de Anita, su
gusto por la tenuidad, la elevación, la
inocencia del paraíso espiritual, se com­
placían en estas formas de arte que
apelan más al espíritu que a los sen­
tidos. De ahí su admiración por el arte
oriental, que establece de entrada su
independencia de la naturaleza por me­
dio de un sistema de equivalencias, y
donde la falta de perspectiva acentúa
la sensación general de irrealidad.
Este mundo de armonía y belleza que
ella encontraba en el arte y quería rea­
lizar en la política, en la amistad, en la
filosofía, le llevaba a veces a ser impa­
ciente con todo lo que se ponía en el
camino y que ella consideraba un es­
torbo. Sus ataques defendían un ideal
combatido cuya realización ella drseaba
inminente.
Nunca abandonó su esperanza, su con­
vicción de que entrábamos a una nuev
era histórica y que nuestro deber ere
despojarnos de nuestro viejo mcdo ae
ser y permitir un cambio revolucionarte
de nuestra actitud ante la vida. Fue
esperanza más firme, que no se vio d *
bilitada por todas las miserias de
dias que corren. Admitía que estábame*
pasando por las primeras fases lugreta*
de un cambio fundamental, y que P°
un largo tiempo no se manifestarían
más que los peores aspectos de es
(Continúa en k¡ página 3t)

�O cabaitrdfa

RESPONSABILIDAD Y RESISTENCIA
ESCRITORES E U R O P E O S SACRI FI CADOS
lugares comunes que empero su radical fal­
sedad se resisten a desaparecer. Así el de la
irresponsabilidad de los escritores. Como un can­
to rodado han ido empujándolo con sus pies —no
digamos con las cabezas, pues el uso de éstas es más
raro de lo que parece— cuantos articulistas reflejos
lo encontraron en su camino. Ese camino empedrado
de las peores intenciones, en form a de tópicos mos­
trencos, que constituye la via real de tantos escribas
perezosos. Durante estos últimos años los repetidores
de ecos, incapaces de emitir voces propias, los sec­
tarios fáciles, prontos a todos los contagios y confu­
siones, han abrumado al lector con la cantilena de
la irresponsabilidad intelectual, sin advertir que la
realidad les daba un mentís constante, doloroso y
aun trágico.
Ni siquiera, por lo ccmún, llegaron a deslindar exac­
tamente la significación y el alcance de los términos
barajados en el entrevero polémico. Traducían asi
erróneamente por deserción llana y simple de la vida
y del tiempo el concepto de la "trahison des rieres” ,
sin reparar —ofensa imperdonable para el autor del
mismo, para ouien como Julien Benda escribe con una
lógica tan articulada, con una lengua diamantina—
que la traición del intelectual, del que se guia por
principios abstractos y normas intemporales, no está
en mezclarse a la temporal ni en sustraerse a ello;
reside en poner los intereses del espíritu al servicio de
las causas antiespirituales, en supeditarse a las pasio­
nes políticas cuando éstas no tienen su raíz en la
justicia y en la verdad, cuando no alcanzan el plano
de cierta mística que sólo puede darse en la izquierda.
Extendían asimismo de forma abusiva la imputación
de irresponsabilidad, propalada tan clamorosamente
tras el libro de Archibald MacLeish, a todos los escri­
tores de los distintos grupos, sin advertir que el poeta
norteamericano había condenado en particular —pero
con razonamientos confusos, con argumentación poco
rigurosa, más proDia del lírico que del ensayista— la
división entre “ scholars” y artistas, disociadora a su
7ez del sentido de responsabilidad frente a las fuerzas
oscurantistas enemigas de ambos y enemigas del es­
píritu y del mundo libres en primer término. En otros
casos, comentaristas que ni siquiera habían entrevisto
el fondo de esta cuestión, con más desparpajo y ana­
cronismo, pero no m ejor intención, puesto que res­
pondían a consignas puramente políticas, esto es, an,tiespiritual es, a desteñidos “ slogans” —cuando no a
inverosímiles rezagos de las increíbles inepcias de
Tolstoi en su masoquista monserga de ¿Qué es el arte?

H

at

M A X JACOB,

(Fofo

A . F . P .í .

por G u i l l e r m o d e t o r r e
tración o apresados como los primeros rehenes de las
fuerzas resistentes.
¿Que este destino hubieron de sufrirlo asimismo m i­
llares de sus semejantes en tantos países de Europa?
Sin duda, y calamitosamente, pero el escritor lo su­
fría no sólo en cuanto ciudadano de uno u otro país,
en cuanto militante de este o el otro bando, o en
cuanto patriota sin banderías, sino muy particular­
mente en cuanto escritor, en su condición de no ser
sujeto por lo habitual —contra lo que puede creerse—
a mayores privilegios u honores que los demás, pero
sí a más crudos riesgos, a más ineludibles respon­
sabilidades.
En efecto, es obvio que el escritor —a partir de
cierto grado de notoriedad y a semejanza del hombre
público— vive “marcado” . Su firma lo singulariza co­
m o un letrero luminoso, le hace visible como un blan­
co, como una presa fácil en cuanto los enemigos de
la inteligencia — que son los de la libertad— empuñan
las riendas. No entiendo, ni mucho menos, que la
condición de intelectualismo lleve aneja la de heroís­
mo —inclusive pueden alejarse polarmente sin men­
gua ni de una ni de otra—, pero sí que al intelectual
le resulta más difícil, menes hacedero íntimamente,
disimularse o retractarse que a otros hombres —y la
historia reciente nos da muchos ejemplos de este
aserto— , pues el espíritu no es la máscara sino el
rostro: es inocultable en ultima instancia. De suerte
que llegado el momento, desencadenado el riesgo, el
intelectual paga, y no con capital ajeno, sino con su
propia e incanjeable existencia. Y en este punto so­
bra toda disgresión teórica. También la historia re­
ciente nos brinda ejemplos múltiples, escritos con
nombre y sangre humanos.
*

— resolvían el problema muy expeditivamente, recha­
zando de plano todo arte, todo intelectualismo no re­
sueltamente tendencioso, y colgando el sambenito de
“ puros” , “ burgueses” , “ decadentes” , etc., a quienes no
acataran tal simplismo.
•

•

Pero atajemos este conato de indignación. Seria superíluo cualquier arrebato. El destino de ciertas gentes
es no enterarse .Sólo así se explica que se reincidiera
en tales desafueros y bellaquerías, ya desencadenada
la guerra, mientras los hechos reales pronunciaban
una tremenda réplica; mientras los escritores hablan
comenzado a sufrir en carne viva su discutida "res­
ponsabilidad”, encerrados en los campos de concen­

*

»

Desde el dia siguiente a la liberación europea han
venido trazándose recuentos y apologías de los escri­
tores sacrificados. Ninguna nómina más completa, nin­
gún repertorio documental tan amplio y emocionado
a la par —bien que abarque un solo pais, Francia—
como el publicado por Louis Parrot bajo el título de
L’intelligence en guerre (La Jeune Parque, París 1946).
Aún más explícito es el subtitulo: Panorama de la
pensée frangaise dans la clandestinité. Resulta, por
consiguiente, una crónica completa de cuanto hizo la
famosa resistencia en el plano intelectual.
Porque si, escépticos señores de la retaguardia, fá ­
ciles burlones instalados en los últimos escaños del
(Continúa en la página 15)

NOTAS CONSTANTES DEL ESPIRITU CIENTIFICO
Por J UL T E N
cación del saber, el hundimiento de la
3
le hago ninguna revelación al lec­
creencia en una realidad exterior a nos­
tor si le digo que una de las tesis
otros, la admisión exclusiva de un mun­
más difundidas en la actualidad,
do que el sabio inventa para sus propias
consiste en declarar que los elementos
conveniencias especulativas, en una pa­
que se creían más esencialmente consti­
labra, la negación de todo lo que el hom ­
tutivos, y por consiguiente invariables,
bre consideraba definidor en cuanto a
del espíritu humano, exactamente del
la ciencia, aquello que constituía una
espíritu científico, deben renunciar a es­
identidad para él mismo en este terreno.
ta pretensión; que, en este como en otros
terrenos, todo está en devenir, en per­
Digámosle, pues, al lector —que, como
petuo cambio, én incesante movilidad.
no acude a las fuentes, está 'entregado,
atado de pies y manos, al vulgarizador—
Quisiera mostrar que esta afirmación,
que esta interpretación de la nueva fí­
en su absolutismo, es muy contraria a
la verdad; que existen, en el espíritu
sica es cosa de literatos y de filósofos
(incluyo a muchos de éstos entre los li­
científico, ciertos caracteres que, por
teratos) y que los grandes representan­
detrás de los cambios de sus modalida­
tes de esta ciencia no autorizan, en m o­
des, permanecen idénticos a si mismos
do alguno, semejante pánico: que un
en natura y constituyen la propia defi­
Louis de Broglie, un Langevin, un Einsnición de aquél, es decir, son y perma­
rein, han declarado muchas veces que
necen tales como eran cuando se tiene
la nueva física descansa en la lógica
ese espíritu y que no se tiene si no se ¡es
clásica, que no se distingue de ella sino
“ ene; en una palabra, que son cons­
tantes.
per un uso infinitamente más prudente
y más diferenciado de sus recursos, pero
Los perdonavidas de toda estabilidad
no por la naturaleza esencial.
de la ciencia, creen poder invocar hoy
En este mismo orden intelectual cita­
una alta autoridad: la nueva física. Esta
■“ dicen a los cuatro vientos— anuncia
ré aun ctra constante cuya existencia se
niega a favor de un equívoco: la idea
la quiebra de los principios racionales,
la ruina del determinismo, la destruc­
de verdad. Nos dicen corrientemente que
ción de las nociones de tiempo y de es­
todas las verdades se hunden una tras
pacio, en tanto que fundamentos del co­
otra, que lo que se creía verdadero hace
sólo unos años, es hoy falso, que en este
nocimiento; proclama el valor científico
campo, como en toda.1 partes, no se en­
de lo particular únicamente, pronuncia
cuentra más que inestabilidad. Conce­
la condena de todo esfuerzo de unifi­

BENDA

dámosle aún cuando haya ciertas ver­
dades, por ejemplo en el orden astro­
nómico, que no han sido melladas de
ninguna manera por la ciencia moder­
na, y otras que fueron simplemente
completadas, lo que no significa lo mis­
m o que destruidas. Se olvida que aún
ahí, detrás de las cosas que cambian,
hay una cosa que no cambia, la idea de
verdad, si llamamos así a la idea por la
cual se dice una verdadera afirmación
en cuanto sea o parezca conforme a la
realidad.
Siempre en el orden actual, se conoce
la doctrina que declara que la razón no
tiene nada parecido a si misma a tra­
vés del tiempo, que está determinada
por la experiencia y varía —sobre todo,
variará— c o n e l l a . Es la tesis de
Brunschvieg, en las Edades de la In te­
ligencia. Nos parece insostenible, ya que,
si bien es casi cierto que, en el período
de formación de la inteligencia huma­
na, la razón nace de la experiencia, 103
papeles, una vez constituida la razón, se
invierten, de modo que es la razón, la
preexistente a la experiencia, la que
ahora domina a ésta. “ Los principios ra­
cionales —declara Kant— no salen ya
de la experiencia; es ésta, por el con­
trario, la que, hoy, se interpreta de
acuerdo con ellos” .

Mayerson confirm a: “La experiencia
no es útil al hombre sino en cuanto es
capaz de razonar” y Albrecht Lange, en
su admirable Historia del Materialismo
(que, por lo demás, no es m aterialista):
“ La experiencia no tiene valor cientí­
fico sino para un espíritu hecho de tal
manera que liga el sujeto a un atributo
y la idea de causa a la idea de efecto” .
Pero estos elementos son constitutivos
del espíritu científico. Se puede, por
otra parte, admitir que esta constitu­
ción le hace inhábil para comprender
ciertas cosas, por ejemplo los hechos
biológicos, dice Bergson, los fenómenos
intra-atómicos, dice Louis de Broglie,
que llega hasta a preguntarse si el hom ­
bre no se encontrará próximamente an­
te hechos de una naturaleza tal que,
con su actual constitución IntelectuaL
no podrá comprender. C oa todo, sigue
en pie la afirmación de que esta consti­
tución es un principio del espíritu hu­
mano para la comprensión del mundo;
que este principio cambia por la suti­
leza de sus aplicaciones, pero de nin­
gún modo en cuanto a su naturaleza,
y que evocar otra constitución del es­
píritu cientifico, un " n u e v o espíritu
científico” —dice Bachelard— no tiene
sino un valor de aspiración, no exenta
por otra parte, de patetismo, pero en la
que no se percibe el menor rudimento
de realización en la actividad del sabio.

�pSTE espectáculo de los insectos
¡j luminosos es una grave tentación
p3ra quedarse hasta tarde en la
azotea estas calurosas noches de ve­
rano y haraganear más de la cuenta.
Echarse en una tumbona casi hori­
zontal, dejar volar libremente la
fantasía por entre constelaciones, ne­
bulosas y enjambres de estrellas
mientras una leve brisa — ¡ay, dema­
siado leve en la mayoría de los ca­
sos!— susurra en las copas de los
árboles y de vez en cuando seguir
los rítmicos parpadeos de una de
estas criaturas por unes segundos,
es algo para tener en cuenta cuan­
do uno se sienta abocado a hacer un
balance de lo bueno y lo malo de
esta existencia que nos cupo en
suerte.
No sabemos bien con qué objeto,
pero el hecho es que el Creador de­
rrochó la luz a manos llenas, o al
menos así nos lo parece a nosotros,
pues son múltiples los seres vivos —
tanto vegetales como animales— do­
tados de recursos propios para abrir­
se peso en las tinieblas. Entre los
insectos hay especies luminosas en
las familias Lampyridae y Elateridae- A la primera pertence la lu­
ciérnaga común de Europa (Lampyris noctiluca, Linn), cuyas hembras
hacen gala de un resplandor verdo­
so en las noches tibias del mes de
julio, así como la especie Phosphaenus hemipterus, menos ostensible por
su género de vida diurna. Pero es en
las regiones tropicales y subtropica­
les donde las especies fosforescen­
tes abundan. En Norteamérica hay

E

Este oerodinómico coleóptero de lo Am érica tropical y subtropical, "Pyrophorus p e llu ce n s",
llevo en ei protórax unos faros fosforescentes de extraordinario poder para su tam año,
y m ientras vuela, en sus escarceos nocturnos, traxo en las tinieblas curvas luminosas
cuyo sentido biológico es, por ahora, un enigm a. El cucuyo pertenece al m ism o grupo.

INSECTOS LUMI NOSOS
dos géneros (principalmente) de fireflies, el Photinus y el Photuris, y
un.a de las especies notables es la
denominada Photnrus pensylvanicus,
cuyos aparatos fetógenos se hallan
en la parte ventral y posterior. Ma­
chos y hembras son fotogénicos. En
América Central y Sudamérica las
especies son más abundantes, pero
sobre todo se destacan las de la se­
gunda familia citada, Elateridae, cu ­
y o género Pyrophoros contiene 112

especies. El cucubano — sin duda en
colaboración con el cucuyo— de las
Indias Occidentales (P.luminosa) que
mide de largo más de 25 milímetros,
ha jugado una mala pasada a dos
ilustres piratas ingleses, Sir Rcbert
Dudley y Sir Thomas Cavendish, en
el año de gracia de 1634, cuando
se disponían a efectuar un desem­
barco en aquellas costas en detri­
mento, claro está, de los intereses
de su Majestad Católica de España.

L

A migración de las aves es, y tal
vez siga siendo por muchos años,
uno de los grandes enigmas de
la naturaleza del cual tendremos rei­
terada ocasión de hablar a los lec­
tores de CABALGATA. Por hoy nos
limitamos a transcribir unas líneas
del libro — que recomendamos viva­
mente a todos— “ M o d e r n B ird
Study, de que es autor Ludlow
Griscom, presidente del Comité de
la National Audubon Society (Har­
vard University Press, Cambridge,
Massachusetts, 1945).
“ Finalmente tenemos la picotijera
de pico esbelto o delgado, el famoso
pájaro-carnero de Australia (1 ), un
próxim o pariente de nuestra pico
tijera hollinienta (sooty shearwater),
que anida en la Isla Verde del es­
treche de Bass, entre Suraustralia y
Tasmania, así com o en la Isla Phi­
llips, en frente de las costas de Vic­
toria. El bando de estas picotijeras,
al aproximaarse a sus criaderos en
la Isla Verde en el año de 1839, fué
estimado por J o h n G o u l d en
150.000.000 de individuos. Este arri­
bo a los parajes donde crían es uno
de los espectáculos más grandiosos
del campo de la historia natural. Su­
pongamos que es lunes de una cier­
ta semana de noviembre; tres o cua­
tro pájaros-carnero hacen acto de

R. A . M IL L IK A N , decano de los físicos nor­
team ericanos, nacido en 1 8 6 8 y en plena
actividad aún. Se destacó por sus medidas
de precisión sobre la carga del electrón y
sobre el efecto fotoeléctrico, explicado por
Einstein teóricam ente m ediante la hipótesis
de los " f o t o n e s " o "c u a n t o s " de lux en
1 9 0 5 , pero sin confirm ación experimental
hasta entonces ( 1 9 1 6 ) . Fué laureado con
el premio N obel de fisica en 1 9 2 3 y desde
1 9 2 1 dirige el Instituto de T ecnología de
C alifornio. En una de los m ayores auto­
ridades en lo relativo a rayos cósm icos.

J. J. T H O M S O N ( 1 8 5 6 - 1 9 4 0 ) , eminente
físico inglés, interesado desde su juventud
en la conducción de la electricidad a tra­
vés de los gases, descubrió el electrón en
1 8 9 7 y en 1 9 0 6 fué laureado con el pre­
mio N obel de física. M aestro e inspirador
de m uchos hombres de ciencia durante su
larga y fecunda vida, murió casi » la vis­
ta dei sensacional descubrimiento de la
energía nucieor y en pleno apogeo de lo
que hoy se conoce con el nombre de la
"e le c tr ó n ic a ", derivoda de sus múltiples
y

a

la

vex

provechosas

investigaciones.

UN CASO DE P U N T U A L I D A D
MIGRACION
presencia en la Isla Verde; otros
cuantos más llegan el martes; acaso
unos ckntos de ellos lleguen el miér­
coles. Pero este mismo día, a las echo
de la tarde, llegan los millones res­

DE LAS AVES
tantes. Esta migración es tan preci­
sa, tan definida, que la población
que cría en la Isla Phillips, fren­
te a la costa de Victoria, llegará
a las ocho cuarenta y cinco de la

Su conciencia no les intimidaba gran
cosa — ¡tendría gracia— , pero el te­
m or de lo que pudiera pasarles ki
rondaba sin duda, pues bastaron las1
linternas de los cucubanos para ha­
cerlos desistir del empeño por to­
marlas por señales luminosas de los
españoles. Otro notable representan­
te de este género es el cocuyo o cu­
cuyo — en realidad dos especies el
Pyrophorus noctilucus Linn. y P.
phosphorescens, C astlen an — , que
tanta maravilla ha causado a viaje­
ros y conquistadores p&gt;or igual. Bas­
ta colocar uno o más cucuyos en
un vaso sobre la mesa de noche pa­
ra ahorrarse la luz y poder mirar el
reloj a cualquier hora. Esta luz de
los insectos tiene además la ventaja
sobre la de las lámparas más per­
fectas, de ser fría, de carecer de eses
radiaciones térmicas contra las que
los ingenieros y técnicos del alum­
brado vienen luchando con singular
ahinco. Un hombre de ciencia, Dubois, ha comprobado que las “lám­
paras” del cucuyo desprenden por
debajo de 400 veces el calor de un
mechero de Bur.sen de la misma pa­
tencia lumínica, y otro sabio ento­
mólogo ha recomendado la confec­
ción de píldoras de cucuína, la sus­
tancia fotógena del cucuyo, par3 uso
de eruditos: de este modo — argüía—
no necesitarán l u z para p o d e r
leer sus polvorientos mamotretos.
Ctemo se ve, también entre los sa-,
bios hay sus píldoras de humor,
aunque a veces estén rancias.
Tucumán, diciembre de 1946.
E. MARTOS

tarde del 23 á ¿ noviembre, y los pá­
jaros que anidan en la Isla Verde, lo
harán a las oche de la tarde del día
siguiente, 24.
Pese al hecho de que las crías son
e m p le a d a s comercialmente por la
carne y la grasa, y a que un cuar­
to de millón de las mismas son cap­
turadas en ambas islas anualmente,
no se ha registrado disminución en
su número desde 1839 a 1910. Es­
tas picotijeras extiéndense por todo
el Pacífico norte; pasada la ép&gt;cca
de la cría cierto número de ellas apa­
rece frente a las costas del Japón y
del oeste de Estados Unidos, y al­
gunas hasta llegan a Alaska y a las
Aleutianas; pero no importa el nu­
mero de miles de millas que reco­
rran o divaguen durante el curso
del año pxara que lleguen a las islas
donde crían la misma semana, in­
cluso el mismo día y hasta el mis­
mo cuarto de hora. Esto es de por
sí bastante espjectacular, si bien oo
sea cierta la creencia pwpular de que
que llegan el mismo día del mes to­
dos los años y poneo sus huevos en
el mismo día también.
(1) El péj aro-cam ero del Estrecho de
Bass es la especie Puf fin us tenulr ostris, y
no debe confundirse con el runtton-hlrd de
Nueva Zelandia (P . trise us), ni con el de
Kerguelen (Pteródromx iessoni).

�QUIEN ES QUIEN DENTRO DEL ATOM O
• t:

L átomo, una audaz hipótesis para
un reducido grupo de pensadores
griego del siglo V a. de C , se h «
convertido hoy en uno de los temas más
universales. “Sólo hay átomos y vacío” ,
dijo Demócrito. Y estos átomos, estos
Indivisibles, existían, según los filósofos
de esta escuela, desde siempre, sin posi­
ble principio ni fin. Eran “fuertes en
su sólida individualidad’’, varios en su
forma y tamaño, pero idénticos en sus­
tancia, y su diversidad de propiedades
era atribuida entonces a su diversidad
de forma, tamaño y posición. A expen­
sas de esta única hipótesis, los filósofos
Jonlos, que la formularon por vez pri­
mera (llevando a las últimas consecuen­
cias la tendencia de sus predecesores a
reducir la infinita variedad de formas
y apariencias del universo a cierto nú­
mero de principios o elemento*), trata­
ban de explicarlo todo: el mundo ma­
terial, el hombre, la conciencia, los dio­
ses. Esta actitud, cuya fecundidad cien­
tífica no es necesario encarecer para el
el hombre de hoy, íué desacreditada por
Platón y Aristóteles hasta el punto de
que no consiguió levantar cabeza hasta
comienzos del pasado siglo. Dn historia­
dor actual de la ciencia, declara: “Sea
cual fuere su valor en filosofía, la h i­
pótesis atómica de Demócrito se halla,
en ciencia, más cerca de los puntos de
vista actuales que cualquiera de los sis­
temas que la precedieron o la reempla­
zaron, y su virtual supresión bajo la
crítica destructora de Platón y Aristó­
teles debe, desde el punto de vista cien­
tífico, ser anotada como un verdadero
infortunio". Y a renglón seguido, añade:
“Platón íué un gran filósofo, pero en la

E

O que vamos a decirles a nuestras
lectores es d e m a s i a d o para ser
creído, lo confesamos lisa y llana­
mente. Pero como en la naturaleza no
cuentan nuestras credulidades e incre­
dulidades, que el lector adopte la acti­
tud que le parezca; nosotros nos lava­
mos las manos, que es lo más cómodo, y
le remitimos a la fuente de donde el
dato procede, en la imposibilidad de en­
trar en más averiguaciones. Si algún
curioso mexicano lee estas lineas y tiene
a bien corroborar, denegar o lo que al
caso proceda, tanto mejor para todos. Y
se acabó de preámbulos.
Este pez que aquí ven es oriundo de

r

EL

ELECTRON

historia de la ciencia experimental cons­
tituye |un desastre” . Este desastre se
traduce en un estancamiento del pro­
greso científico de más de veinte siglos,
pues el prestigio combinado de Platón
y su discípulo Aristóteles eclipsó, en épo­
cas posteriores, toda otra actitud ante
la realidad física.
Pero dejemos de lado ahora el malha­
dado reaccionarismo platónico, fruto de
muchas y muy complejas circunstancias,
históricas y personales, y pensemos en
el átomo tal como se nos fué revelando
desde comienzos del siglo X IX hasta
nuestros dias, y sobre todo tratemos de
perfilar la semblanza de este mago de
los magos que llamamos electrón, el
primer personaje que los físicos logra­
ron individualizar en el torbellino de
esa sustancial homogeneidad democrita­
na que, Juntamente con el vacio, expli­
caba la total realidad, el universo, des­
de la más tenue de las estrellas hasta
las vacilaciones de la conciencia moral
de los mortales.
La ciencia no avanza en fila india o
como avanzan las hormigas por un senderito entre las hierbas de una pradera.
Necesidad y curiosidad acucian al hom­
bre a buscar solución a los múltiples
problemas que la realidad le plantea y
cada hombre de ciencia y cada pensa­

CIENCIAS
J O S E

a

dor investiga, juega, curiosea, urga por
su lado, a veces con una noción clara
de lo que busca! pero siempre en la más
completa ignorancia de lo que puede
resultar. Una vez facilitada la comuni­
cación entre les hombres, los problemas
perdieron, en gran medida, su carácter
individual; su solución fué interesando
a un creciente número de personas, se
socializó; com o consecuencia, los resul­
tados y experiencias logrados por unos
pudieron ser puestos a disposición de
los demás, y gracias a ello, aunados los
empeños, sumadas y potenciadas las invsstigaciones, pudo la ciencia dar pasos
gigantescos en plazos relativamente cor­
tos. Uno de los muchos problemas que
inquietaron a los físicos fué el de por
qué la corriente eléctrica, que de un
modo tan fácil y apacible fluye por un
hilo de cobre y de otros metales, sólo
pasa al través del aire de un modo
tempestuoso, y ésto una vez que la ten­
sión o potencial eléctrico entre dos pun­
tos alcanza valores elevadisimos. Hacia
1853, un olvidado físico francés, llamado
Masson, logró producir una descarga
e’.éc’ rica al través de un tubo de vidrio
parcialmente evacuado de aire. Poco
después, un soplador de vidrio de Tubingia, H. Geissler, empezó a poner en
circulación irnos tubos de vidrio, de su

A

O T E R O

CARGO

E S

P A S A N

DE
D I N

¿USTEDES LO C R E E N?
México; su nombre vernáculo lo Igno­
ramos, pero los sajones lo llaman Swordtail fish o sea, literalmente, pez de cola
en espada; su nombre científico, para
más detalles, es Xiphorus helleri. El ma­
cho tiene el lóbulo inferior de la cola
tan exagerado que da la impresión de
una hoja de espada, pero la hembra,
más pacifista y modosa, dicho sea en
honor del sexo débil, lleva una cola
elegante, sí, pero nada más. Los espíri­
tus distinguidos no proceden de otra

manera. Pero esto no tiene nada de
particular.
Un tanto más notable es que la hembre eche sus hijos al mundo vivitos y
coleando, cosa poco frecuente entre los
peces. Bien mirado, sin embargo, esto
tampoco choca; es una excepción más
a la regla.
Lo asombroso es que, como cansada
de dar hijos al mundo mientras el ma­
cho se contonea y luce su cola marcial,
con Ídem fanfarronería, la hembra se

invención, en cuyos extremos llevaban
soldados los extremos de un conductor
metálico y de los que el aire habla sido
extraído en la medida de lo posible, a
la sazón. Pronto una legión de físicos
empezó a interesarse por estos tubos,
destacándose entre ellos Hittorf, quien
logró perfeccionar los medies de apurar
el vacío en 1869, y Crookes, a quien ss
debe la hipótesis de un cuarto estado
de la materia, además de los aceptados
has*» entonces (el sólido, e1 liquido y
el gaseoso) , sugerido por unos rayos en
extremo tenues y. misteriosos, a la sa­
zón, que atravesaban los tubos de Geissier cuando a los terminales se aplicaba
una cierta diferencia de potencial y se
habla reducido la presión del aire dentro
del tubo, a una fracción pequeñísima
de una atmósfera. Per desprenderse del
cátodo o terminal negativo, estos rayos,
susceptibles de proyectar la sombra de
una pantalla metálica interpuesto den­
tro del tubo y hasta de poner en mo­
vimiento una especie de molinete con­
venientemente montado —como demos­
tró Crookes—, se llamaron rayes cató(Sigue en la página 27)1
2
(1) La dina, unidad de fuerza en ei sis­
tema cEntímetro-graroo-segundo o sistema
cegesimal, es aproximadamente S81 v ces
menor que la. fuerza con que la Tierra
atrae a ua gramo de masa. o. lo que es
igual, el peso de un gramo equivale, de
un modo aprox mado, a 981 dinas.
(2 ) La masa de la Tierra viene expre­
sada en gramo- por la cifra 5.97 x 10,27,
o sea: 5 970.000 000.000.000.000.000 toneladas
métricas, de donde resulta que la masa del
gramo con respecto a la del e ectrón todav a es bastante mayor que la de la Tierra
con relación a l gramo.

cansa a veces de serlo y se pasa al
moro, es decir, ¡se transforma en ma­
cho!, y no en un macho vacilante, aco­
quinado, inseguro de su papel. ¡Qulá! En
un macho bizarro como el que más y
dispuesto a tajar corazones con su es­
pada descomunal desarrollada al efecto.
¿Qué no? Allá usted. Consulte la pá­
gina V n del libro “ Big Fish and Little
Fish", prologado por el eminente Ictió­
logo británico E G. Boulanger y del que
es autor el Dr. P. Unger (George Routledge ts Son, Ltd., London), y luego haga
lo que estime mejor. Por nuestra parte
agradecemos al autor y al editor noticie
y fotografía, y... ni una palabra más

�y.tta

PAUL CLAUDEL
HABLA

del

APOCALIPSIS

M

E acuerdo de una página de
Positions et Prepositions, en la
que habla usted de “esta landa
llena de ruinas y de excavaciones que
es la literatura del siglo X I X “ , y me
acuerdo también que habla usted, a
propósito de los libres de hoy, de “una
experiencia pagana que hemos reco­
mendado una vez más” .
—No es cosa de exagerar. Me gustan
Bauchlaire, Verlaine, Rimbaud, Balzac.
Incluso he hecho justicia a Hugo, que es
admirable en sus dibujos y en sus no­
velas por su lado de visionario hosco.
Hasta es, a veces, un gran poeta que
se salva por el verbo, pero no un poeta
supremo: Shakespeare. Dante, Virgilio.
A veces parece idiota:
Que dit Sennachérib, roí plus granel
[que le sortt
Le roí Sennachérib dict ceci, qu’il est
■
ímort.
(¿Qué dice el rey Sennachérib, rey más
[grande que la suerte?
El rey Sennachérib dice esto, que está
[muerto.)

* 't « » ( M t i i

iim ttt* del Aftm U f h " , grabado de Darara

C I U D A D

SITIADA

“ SOY OPTIMISTA Y PESIMISTA
AL

DOS

”En cuanto a la literatura de hoy, la
conozco mal. La mayoría de los escrito­
res actuales no saben el francés. Sin
embargo, me gusta m ucho Aragón. Es
uno de los últimos que saben ¡a lengua.
Maurice Poubere, también. Tiene un po­
co de inspiración de Verlaine, más sana,
o de Francis Jammes. ¿Es profesor en
París? Deberían dejarlo en provincias.
Siente la provincia.
. Paul Claudel me habla del paganismo
de la literatura actual, no ya del paga­
nismo de Anatole France, que era la
dulzura de vivir, sino el de los trágicos
griegos, que era horrible y negro. El
Cristo trajo la alegría. En cuanto
C r i s t o se va, la alegría m u e r e .

—Hace tres años que usted trabaja
sobre el Apocalipsis. ¿Acaso el poeta ins­
pirado que es usted, halló ahí corres­
pondencias con nuestros tiempos ame­
nazados, respuestas a las sordas apren­
siones del momento?
—Las figuras del Apocalipsis se apli­
can a todas las épocas. La M ujer Escar­
lata representa la civilización material.
El llamamiento del mar, de la tierra,
corresponde a todos los tiempos. Es un
lenguaje cifrado, com o el que yo tradu­
cía en mis funciones diplomáticas. Por
eso, las representaciones que del Apoca­
lipsis hicieron los artistas son pueriles.
La bestia que tiene siete cabezas y diez
diadem as... ¿Dónde pondría usted las
diez diademas? La bestia que tiene diez
cabezas y una boca. Es incómodo para
los pintores.

M I S M O

T I E M P O ”

—Algunos tiemblan hoy ante la idea
de una guerra devastadora de la hu­
manidad, ante la guerra del Este y del
Oeste, ante la ruina de la civilización
y de la cultura.
— ¡Oh, eso no es ya literatura, sino
alta diplomacia! A los setenta y ocho
años, uno se contenta con lo que existe.
Verá usted. Sin embargo, en mi infan­
cia, cuando yo estudiaba geografía, el
mundo era un traje de Arlequín con sus
cuadrados a m a r i l l o s , azules, pegados
uno a otro. Un juego de rompecabezas.
Las islas huirán, dice el Apocalipsis. Las
islas son esos cuadrados. Están huyen­

4a fib é l* fra— A

U N A

— ¿No tiene usted la impresión de que
la Iglesia, que fué "una ciudad sitiada",
triunfa actualmente?
— ¿Una ciudadela sitiada? Espero que
continuará siéndolo. La persecución es
una de las promesas de Jesucristo. No,
no creo en el triunfo temporal de la
Iglesia. En las épocas en que se acercó
a este triunfo, durante el siglo XVH, en
Francia, durante el siglo X IX, en Aus­
tria, las almas dormían. El Bien Ama­
do ha engordado, dice el Deuteronomlo.
—Sin embargo, el catolicismo tuvo al­
gún triunfo en la literatura de nuestra
é p o ca ...
—Desde el punto de vista intelectual
y moral, sí, ha triunfado. Pero esto pro­
viene de la debilidad de las objeciones
que se le oponen. Cuando una cosa es
falsa, absurda, se descompone por sí
misma. Vea en qué terminó la moral
independiente. Lea a Sartre, que tiene,
por otra parte, mucho talento. Pero es
horrible. He ahí el infierno. El de Dan­
te no es nada a su lado. ¿Cómo se puede
vivir en esta atmósfera de café, de bo­
rrachera, de pederastía?
"Evidentemente, en mi tiempo había
pocos escritores católicos. Hoy parece
que hay muchos. Me complace saludar
a mi amigo Mauriac. Me gustan sus no­
velas, sobre todo cuando describe la
región de Burdeos, y es un gran perio­
dista, de una cortesía terrible. Tiene el
aguijón de esos insectos de que habla
Fabre, que atacan justamente la glán­
dula sensible, de una manera fulminante.
— ¿Cuáles son los otros escritores ca­
tólicos que le gustan a usted?
— ¿Hay otros? Antes los conocía; Péguy era más joven que yo. Francis Jam­
mes murió. Me han dicho que había
escritores católicos vivos. Pero no conoz­
co a muchos, ni a escritores a secas.

EL S E N T I D O E T E R N O
DEL
A P O C A L I P S I S

PAUL CLAU D EL.

do y a La humanidad está en vías de
reunión general. Los conflictos no son
sino fases particulares de una transfor­
mación total. Las estrellas os caerán
sobre la cabeza, dice también el Apoca­
lipsis; esas estrellas son las verdades
científicas que se tenían por fijas, el
evolucionismo, el cientificismo de Talne,
de Renán. Han perecido siete mil. Esos
siete mil son les nombres de hombres de
ciencia cuyas teorías no valen nada ya
"Soy optimista y pesimista al mismo
tiempo —prosigue Claudel— , como todo
católico. Creo en el bien general de la
humanidad por el sufrimiento. Los su­
frimientos que nos han distribuido tan
abundantemente entre las dos guerras,
han de generar gozo. Entre los andrajos
de una incineración de Auschwítz se
han encontrado, escritas en un pedazo
de papel, estas palabras: ¡Alegría, ale­
gría, alegria! A través de los horrores,
de D i o s c o n t i n ú a .
la o b r a

GRANDES

ALMAS

— ¿Puede hablarse de Péguy como de
un verdadero convertido, cuando se sa­
be que nunca iba a misa?
—No sé que se pueda imaginar nada
más cristiano que é l . .. Romain RoUand
ha escrito un libro muy hermoso sobre
Péguy, páginas espléndidas sobre a*
medios intelectuales de los años de
—Corre el rumor de que Romain Rolland murió recitando el "Je vous salue,
Marie", y esto gracias a usted.
—No gracias a mi, sino a sus propias
reflexiones. Era un alma de buena fe
que merecía el respeto de todos.

�DECANO DE LA FOTOGRAFIA EN ESTADOS UNIDOS

THRALL SOBY
(SINDICO DEL MUSEO DE ARTE MODERNO DE NUEVA YORK)
L 13 de julio de 1946 falleció en
Nueva York Alfred StiegUtz, figura
legendaria por sus hazañas extra­
ordinarias y hombre que, no obstante
los frecuentes aprietos a que se vió ex­
puesto, jamás llegó a intimidarse, Fué
uno de los pocos eminentes fotógrafos
en la breve historia de es*e medio de
reproducción de las imágenes. Esto es
posible afirmarlo, sin riesgo a la con­
tradicción de parte de persona alguna
autorizada en la materia, pues, si bien

E

no se han visto muchas de sus foto­
grafías en cantidad apreciable durante
varios años, y aunque sus actividades
de fotógrafo comenzaron en 1880 y lle­
garon no hace mucho a su término, su
posición, sin embargo, parece estar com­
pletamente asegurada. Sus pruebas po­
sitivas corroboran esta aserción. Repre­
sentan casi todas las tendencias discer­
nióles en la fotografía desde principios
del siglo veinte; compendian la mayor
parte de ellas e inauguraron también su

1887

mayoría. Son de excelente calidad. La
vista había obrado de acuerdo, y todos
los demás elementos contribuyeron al
éxito y excelencia de la obra. Es de
suponer que StiegUtz tuviera tan perfec­
to dominio de la técnica como cualquier
otra persona; pero nunca permitió que
ésta lo relegara a la categoría de mero
artesano o lo hiciera caer en la repe­
tición monótona. Poseía profundo cono­
cimiento de este medio de expresión y
tenia un sin fin de cosas que expresar

por Alfred

Sfieglif*.

"D ía s de n o v ie m b re ", fotografía to­
m ada en 1 8 8 4 por Alfred Stieglits.

con el mismo. En una profesión que
hasta tal puntó depende de la técnica,
trabajó espléndidamente con v a r i a d a
elocuencia, y en un sentido auténtico de
revelación visual.
StiegUtz luchó toda su vida a fin de
establecer la fotografía como un arte al
propio nivel de la pintura, la escultura
y, más razonablemente, las artes gráfi­
cas. Tal vez se aproximará más al éxito
en sus propias fotografías; creo que tan
sólo un purista le disputaría el derecho
de exhibirlas entre los mejores ejemplos
de aguafuertes y litografías de nuestro
respecto; pero me gustaría que su his­
toria completa pudiera relatarse algún
ti mjx&gt;. Pero, además del fotógrafo Stiegütz, existía el StiegUtz luchador y teó­
rico. Empezó su carrera cuando la fo­
tografía se hallaba en su menguante, y
cuando por doquier se veían los fotó­
grafos tratando de imitar a los pintores,
recurriendo a toda clase de artimañas
para desvirtuar la máquina y la química
con las que la fotografía se encuentra
inextricablemente relacionada. StiegUtz
fué uno de los primeros, e indiscutible­
mente el más persuasivo, de todos aque­
llos que insistían en que la fotografía
reconociera su verdadera naturaleza y
limitaciones, y se reconciliara a trabajar
sinceramente con ellas.
Y a hace mucho que ganó la batalla,
no sólo para mi, sino para todos los
fotógrafos serios. Es cin to, no obstan­
te, que en su esfuerzo de. hacer que la
fotografía fuese par, más bien que es­
clavo, de las artes, StiegUtz se vió a
veces obligado a negar ciertos funda­
mentos de la fotografía. Asi, por ejem­
plo, insistía en que a menudo no es
posible obtener más que una prueba
completamente s a t i s f a c t o r i a de cada
negativo, dando con ello el mismo ca­
rácter de excelencia e irreparabiUdad
que corresponde a cualquier obra de ar­
te. Su aseveración contradice el hecho
histórico de que desde que se descartó
el daguerrotipo en favor de la técnica
actual fundada en la imagen positiva y
negativa, la fotografía ha sido esencial­
mente un medio múltiple. StiegUtz, sin
embargo, no trató de defender sus con­
vicciones en la práctica. "Pero entonces
—escribió— aparece de improviso una
prueba que, fuerza es admitir, contiene
un algo sutil y fugaz, un algo que, sin
dejar de ser lo que es, cuando se com­
para con otras mil pruebas obtenidas de
un modo mecánico, revela cierta cuali­
dad que les falta a las otras. ¿Qué es
lo que se observa en esta prueba? Cier­
tamente es algo que no se basa en la
artimaña. Bs algo que manó del espíritu,
el cual es intangible, mientras que lo
mecánico es lo opuesto". Este argumento
se refuta plenamente por el hecho de
que un técnico experto puede obtener
al menos tres o cuatro pruebas exacta­
mente Iguales al clisé. Sin embargo, es
preciso reconocer la indiscutible venta­
ja que para la fotografía tuvo la insis(Continúa en la página 25)

�c a b a l g a t a Q¡)
labor ha des­
arrollado este año el coro del C i­
clo Básico del Conservatorio de M ú­
sica y Arte Escénico dependiente de la
Universidad Nacional de Cuyo. No bas­
ta enunciar escuetamente el crecido nú­
m ero de sus presentaciones —once— si­
n o que debe también considerarse la
naturaleza especial de este coro, único
en nuestro país, y elem ento funcional
del Conservatorio.
El Conservatorio de Música y D ecla­
m ación, cuyo director es el maestro Ju­
lio Perceval, está dividido en dos ciclos:
el C iclo Básico y el Profesional. El B á­
sico se subdivide a su vez en el Pre­
paratorio, cuyo límite de ingreso son
los 13 años de edad y que comprende
dos de estudios, y el Ciclo Básico M e­
dio, con tres años de estudio, cuyo coro
admite alumnas hasta los diecisiete
años.
El Ciclo Básico Preparatorio com pren­
de el aprendizaje de un Instrumento,
solfeo, teoría y coro; el M edio suma a
éstos, tres cursos de Historia Universal,
tres de Castellano y tres de Geografía.
Los alumnos que han cum plido el Ciclo
Básico pasan al Ciclo Profesional con
un plan de estudios m ucho más desarro­
llado —para alumnos que no cumplen
educación secundaria— y obligación de
asistir al C oro mixto de adultos.
Los coros del C iclo Básico están bajo
la dirección de la experta profesora se­
ñorita Blanca Cattoí. El del Ciclo Ele­
mental está compuesto por treinta alum­
nos que han iniciado su preparación a
finales del mes de ju n io de 1946, lue­
go de un período de form ación teórica;
las clases de coro tienen una duración
semanal de hora y medía, y la alumna
Hilda Reynoso acom pañó en el piano
la presentación del coro. El Coro del C i­
clo Básico está compuesto solamente por
niñas, en la actualidad unas cincuenta;

E

x t r a o r d in a r ia

A lu m n o s del coro del Ciclo Básico M ed io en el patio del
Conservatorio de la Universidad N acional de Cuyo.

UN CORO MENDOCINO
Por

Da n i e l

en el último concierto del año, la par­
te de piano en las obras que comportan
acompañamiento estuvo a cargo de la
alumna María Antonieta Sacchi. Los va­
rones de 11 a 17 años están dispensados
de asistir a los coros, y el profesor de
Foniatría del Conservatorio, doctor R o ­
dríguez, de acuerdo con la profesora
titular del Coro, examina a cada alumno

D e v o t o

antes de su ingreso, en form a rigurosa.
El Coro del Ciclo Básico —sus dos co­
ros parciales actúan muchas veces uni­
dos —tiene, pues, un valor eminentemen­
te funcional: preparar al futuro músi­
co, desde su Ingreso al Instituto, en to­
do lo concerniente a seguridad, discipli­
na de conjunto, afinación, vocalización
correcta, articulación, presentación en

1 15S5. G iovanni Gabrieli se hace
cargo de su puesto de organista en San
M arcos en V : necia.

CALENDARIO RETROSPECTIVO

2 1837. Nace en N ijni-N ogvorod M i­
li Alexievieh Balakirev. “ Le obedecía­
m os sin discusión, porque el encanto
de su personalidad era verdaderamente
un in canto mágico. Joven, con unos ojos
admirables, llenos de fuego, extraordina­
riamente móviles; con barba y bigote,
de lenguaje cortante, autoritario, sin
cortedad alguna, siempre listo para sen­
tarse al piano e improvisar con una ra­
ra p :ríección musical, tocando de me­
moria, reteniendo entera una obra ape­
nas oída, ejercía evidentemente una se­
ducción única y emanaba de él una
fuerza realmente m agnética” (RimskyKorsakov, D iario). 3
4

ENERO

3 1698. Nace en Rom a Pie tro Antonio
D om enico Bonaventura Metastasio, "p oe­
ta C .sareo", el libretista más afamado
de todos los tiempos. “ El dom ingo pa­
sado subió a escena mi Dem etrio con
tanta felicidad que, según me aseguran
los viejos de aquí (V iena), no se re­
cu-rda éxito similar. Los espectadores
lloraron en la escena del adiós. Mi Au­
gustísimo Patrón no fué Indiferente, y
no obstante el respeto por la presencia
del Cesáreo Patrón, en muchos recita­
tivos el teatro no supo contenerse y dió
muestras de su aprobación. Los que
eran mis enemigos se han convertido
en mis apóstoles. Y o mismo no puedo
explicaros mi sorpresa, ya que se trata
de una ópera enteramente delicada y
sin esas pinceladas fuertes que hieren
violentam ente y no esperaba que se
adaptase a esta Nación. Todos muestran
comprenderla e introducen trozos de ella
en sus conversaciones, com o si estuviera
escrita en alemán.
"En cuanto a la música, es de las
mfe&lt;; modernas que ha escrito Caldara,
pero no hace gran fortuna en este mun­
do incontentable” . (Carta a Mariana
Benti Bulgarini. detta la Rom anlna, no­
viembre 10 de 1731).
4 1843. Se estrena en París, en el
Théatre des Italíens, la ópera Don Pasquale, de Donizettl.

5 1523. “ Arm anno Verecone detto
Maestro M athias fiam m ingo” (Hermann
Mathias Werrecore o Verecore, p oliíonista flam enco) fué electo maestro de
la Capilla del Duom o de Milán, la que
reorganizó, con un sueldo mensual de
doce liras. (Muonl, M aestri di capella
del Duom o di M ilano).
6 1755. Estreno de M cntezum a de
Cari Heinrich Graun, en el Real Tea­
tro de Berlín. 1932: extreno de M aximilitn de Milhaud en la Opera de París.
7 1933. Estreno de Ths Emperor Jo­
nes, ópera de Luis Gruenberg sobre la
pieza de O'Neill, en el Metropolitan de
Nueva York.
8 1830. Nace en Dresden, Hans von
Bülow. "T u corazón, tu amistad, tu pa­
ciencia, tu prudencia, tu simpatía, tu
aliento, tus consejos, y por sobre todo
tu presencia, tu mirada, tus palabras,
formaban la base misma de mi vida. La
pérdida de esos bienes preciosos —cu­
yo valor reconozco sólo después de ha­
berlos perdido— me arruina moralmen­
te, y com o artista me deja ver que es­
toy totalmente en quiebra. No creas que
esta queja encierre alguna ironía o tra­
te de herirte: sufro tanto que puedo
permitírmela, pero a nadie acuso sino
a mí mismo. Has preferido dedicar tu
vida, los tesoros de tu inteligencia y
corazón a un ser que es en todo supe­
rior. y, lejos de condenar tu conducta,
te doy razón desde todo punto de vis­
ta. Te lo juro: el único pensamiento
consolador que por mementos atraviesa
mis tinieblas y calma mis tormentos,
es que Cóslma, por lo menos, es feliz” .
(Carta a su esposa, Cósima Liszt, devol­
viéndole la libertad para que pueda
unirse a Ricardo W agner).

10 1921. Muere en Madrid el Padre Luis
Vlllalba, de una clara familia de mú­
sicos y religiosos, compositor y editor de
música española antigua.
10 1872. Nace en Moscú Alexandir
Scriabin. “ El drama lo atraía fuerte­
mente en sus primeros a ñ o s ... Hasta
escribió tragedias enteras en prosa y
verso. Como otro ilustre compositor,
Wagner, en su apretado deseo de llegar
a la quintaesencia de lo dramático, fre­
cuentemente ya había matado a todos
sus personajes al llegar al tercer acto” .
“ ¿Qué hago, tilta? —se cuenta que di­
jo una vez— ¡ya no me quedan perso­
najes para poder seguir!” . (A. Eaglefield
Hull: A G reat R u s s ia n T on e-P oet:
S criabin).
11 1519. Muerte del emperador M a­
ximiliano; Ludwig Senil, su Kapellmeister, compone su elegía sobre las pala­
bras Quis dabit oculis nostris fontem lacrimarum.
12 1907. Primera audición de las Histoires naturelles de Ravel sobre textos
de Jules Renard, por Jane Bathori con
el autor al plano, en la Société Nationale de Musique de París. "El estreno nos
valió bastantes pullas y silb id os... Ha­
bíamos cantado con toda exactitud:
Can’a pos mordu ce soir". (Jane Bathori,
Souvenir, en el homenaje a Ravel de
la "Revue Muslcale” . Agreguemos otra
anécdota de la intérprete: Al salir en
Buenos Aires de un concierto de Amigos
del Arte, en 1945, un conocido critico sa­
ludó a Jane Bathori y le preguntó el
año de la creación de las Histoires na­
turelles. Bathori le respondió: “Fué en
1907... pero olvídeselo inmediatamen­
te” ) .

público, memoria — el coro actúa siem­
pre de memoria— y, por sobre todo, vin­
cularlo con la música, obtener desde el
comienzo la calidad y la coordinación
expresiva del sonido. Los programas,
además, deben responder a una seria
afirm ación de lo musical y contribuir a
la form ación del intérprete futuro en to­
dos los sentidos. Es sumamente difícil
encontrar en nuestro país quién supe­
re a la profesora Blanca Cattoi en ca­
pacidad para esta difícil tarea. No es
corriente, en verdad, que se canten las
partes movibles de la misa en grego­
riano, a Cappella, como lo ha realizado
Blanca Cattoi el 8 de diciembre últi­
m o en la Basílica de San Francisco
(siguiendo una tradición del Conserva­
torio) , con niños hasta de diez años de
edad que cursan su primer año de estu­
dios musicales. Junto a varias compo­
siciones eclesiásticas y del repertorio
clásico, j u n t o a o b r a s de autores
nacionales (Williams, López Buchardo,
Juravsky, Rossi, Siciliani, Perceval, E.
Hobert y suyas propias) la directora del
Coro, señorita Cattoi, inscribe en sus
programas y ejecuta por primera vez en
nuestro país obras de Juan de! Encina,
de compositores anónimos del Cancio­
nero de los siglos X V y XVI, drl Cancio­
nero de Uppsala, del de renos castella­
nos de la Biblioteca Medinaceli; obras
de Mateo Romero, Blas de la Lasema y,
últimamente, de polifonistas italianos
del renacim iento: Steííano Landi, Orazlo dell’Arpa, Lulggi Rossi, cantados, na­
turalmente, en su idioma original.
Buenos Aires, por donde han pasado
hace poco coros de la importancia del
de Concepción, tiene la obligación de :scuchar el de Blanca Cattoi y sus alum­
nos. Escuchar, nada más. Nuestro pú­
blico, al que no es fácil engañar, juz­
gará solo.
DANIEL DEVOTO

13 1590. Muere en Salamanca, Fran­
cisco Salinas, catedrático de la Univer­
sidad, a qui n Fray Luis de León diri­
gió una de sus más bellas odas. "Vi (en
Salamanca) al Abad Salinas, el ciego, el
más docto varón en música especulati­
va que ha conocido la antigüedad, no
solamente en el género diatónico y cro­
mático, sino también en el armónico,
de quien tan poca noticia se tiene boy,
a quien después sucedió en el mismo
lugar Bernardo Clavijo, doctísimo en
entender y obrar, hoy organista de F lipe Tercero". (Vicente Espinel. Vida de
Marcos de Obregón, Relación primera,
descanso u ndécim o).
14 "Se ignora la fecha exacta de su
tránsito definitivo. Lo más prudente es
situarla hacia fines de 1529 o comienzos
de 1530. En un documento del H de
enero de este último año se alude a la
presentación "del testamento del prior
Juan del Enzina, que haya gloria1'. d n"
traducción de Angel J. Battistessa a las
Canciones de Juan del Enzina).
15 1918. Presentación del grupo de los
“ Six” . "U na tarde —el martes 15 de
enero de 1918— en el Vieux Colombier,
todas esas músicas jóvenes restallan exgullosamente. Después de una charla de
René Chalupt se da la Sonatine poar
cordes de Germaine Tailleíerre, luego
Jane Bathori, acompañada por Andree
Vaurabourg, canta, por primera vez en
público, los seis poemas de Alcools (d*
Honegger. poemas de Apollinaire) cü®"
pletos. Luego viene Gaspard et Zoé de
Auric, por Marcelle Meyer y los Sep
poémes de Perse de Roland-Manuel
se transformarán más tarde en Farizade
au sourire de r o s e ). Marcelle Meyer to­
ca con Auric los Carrillons de Dure?,
en fin la Rapsodie négre de Poulenc cie­
rra la marcha y logra un éxito extraor­
dinario; se diría una fuente fresca cu­
yo rumor, de repente, se eleva y extasía.
El joven Poulenc es adoptado con en­
tusiasmo por Satie”. (André George, árthur H onegger) .
D. O.

�til c a b a l g a id

EL I X S A L O N DE
LA P L A T A
L “IX Salón de Arte de Bue­
nos Aires” , de La Plata?
Claro, si el nivel de nues­
tros salones nacionales es superlatu cimente bajo, ¿cómo iba a ser su­
perior éste no muy cumplido de la
Cipital provincial?
Cuando en 1932 La Plata conme­
moró el cincuentenario de su fun­
dación, un conjunto notabilísimo de
valores argentinos dió en aquella hora categoría a la exhibición. Desde
cotonees hasta nuestros días aque­
llos artistas fueron alejándose. ¿Cau­
sas? ¡Muchas!
El Salón de La Plata no acuerda
premios (a diferencia de Rosario,
Santa Fe, Córdoba); las adquisicio­
nes con destino al Museo favorecen
sólo a aficionados o estudiantes, pues
las sumas pagadas son irrisorias tra­
tándose de una obra de arte. Luego
el Salón se ve sometido a una mues­
tra de intenciones frustradas.
Por tanto, cuanto más, es defendi­
ble el esfuerzo de jóvenes, a los que
acompañan uno que otro creador au­
téntico. En este plano se sitúan obras,
estudios, notas y apuntes que hacen
vislumbrar alguna posibilidad futu­
ra... Obras y estudios: de Oscar Ba­
rde, Juan C. Castagnino, Ludmilla
Fioravanti, Vicente Forte, César Ló­
pez Claro, Juan C. Miraglia, Orlan­
do Pierri, Roberto Rossi, Iván Vasileff. Todos ellos traían de salvar a
este salón local y su juvenil espí­
ritu operante en la nueva presenta­
ción. Y lo hacen en distinto grado,
con ardor de búsqueda y de análi­
sis de complejos elementos pictóricoplásticos. Otros, Félix Murga y José
A. Triano, de Bahía Blanca, envían
notas nobles; del mismo modo, Julio
Rebole, de Quilmes, y Renato Rosetti, de Lanús. Los apuntes remar­

E

cables pertenecen a Eduardo Cabella
y José Speranza, de Chivilcoy, a Ma­
ría Eguilegor, de La Blata, Ideal
Sánchez, etc.
Es tiempo que las autoridades del
Salón animen la oportunidad de re­
habilitarlo y de fundarlo en atendi­
bles calidades. Unicamente pueden
participar “ les artistas nacidos en la
provincia de Buenos Aires, aunque
residentes fuera de la misma, como
también aquellos con más de dos
años de residencia en la misma” ;
pese a esta limitación y sin alar­
des, factibles son de evocar valo­
res sobresalientes, iniciando las invi­
taciones a artistas prestigiosos indi­
vidualmente o en calificados núcleos.
(El inteligente jurado de selección
es, en el caso que comentamos, in­
suficiente: ¿Qué va a seleccionar?)
Urgen resoluciones, esto sí, que avi­
ven el interés del Salón, que lo ele­
ven en jerarquía.
Apuntan sugestiones: Acrecenta­
miento del valor cultural (uno o más
artistas de labor intensa, nativos o
residentes, invitados de honor con
obras de conjunto); mayor rigor en
las adquisiciones para el Museo;
premies; tareas, también de tipo cul­
tural (conferencias sobre temas de
arte, conciertos, etc. con la dedica­
ción de escritores, críticos e intér­
pretes de la provincia: podríamos
señalar a más de uno, varios. ¿Se
los ignora? He aquí otro signo gra­
ve y harto criticable). Idéntico he­
cho ocurre en el denominado “ Sa­
lón de Arte” (muestra nacional).
Queden estas posibilidades reivin­
dicatorías de una bella promesa, al
menos como esperanza,
.ROMUALDO BRUGHETTI

Odondo Pierri y Minerva Boltoe, en &gt;u taller.

O R L A N D O PI ERRI
VA A PARI S
En vísperas de su partida para Francia
Orlando Pierri ha reunido una muestra de
sus obras en la Sociedad Argentina de
Artistas Plásticos.
Hemos vi to sus óleos más recientes de
la costa del río y del norte, cuyo estilo ciñe
el dibujo en el uso del volumen y el color
coordinado en superficies de acentuaciones
sen sibes.
En sus grabados, invariablemente, lo dis­
tingue una dramatización acentuada de
ferma que se „ estruyen a sí mismas para
renacer y ordenarse en imágenes densas:
"L a B ruja”, "F in ” , "L a espera", temas que
otean hacia lo espiritual. Las notas de co­
lor. pintadas del natural en Jujuy. Santiago.
Humahuaca. ostentan una materia variada
de contrastados tonos.

"M in e r v a ", por Orlando Pierri.

Hay en Pierri un riguroso y noble pintor
que está alcanzando &lt;1 ajuste de su oficio,
la ordenación afinada de sus elementos ex­
presivos y representativos. Su viaje a París,
a donde va por un año becado por el go­
bierno francés, llega en circunstancia pro­
picia.
¿Qué hará el pintor en la capital de
Francia?
Nos lo dice él mirmo:
— He de visitar los museos y estudiar los
maestros, aun copiándolos minuciosamante
para ahondar técnica y arte. En el Louvre
y en el Luxemburgo me detendré en esta
tarea edificante. Luego, o simultáneamente,
me pondré en relación directa con lo ar­
tistas modernos, visitando sus talleres y
auscultando sus mensajes plásticos. No de­
jaré de hurgar en cuantas obras de va or.
clásicas o contemporáneas, en las que tanto
he pensado y que en parte conocí en mi
primer viaje a Francia con Barragán y
Monclú", en 1938. Aquella fué una aven­
tura ju v e n il... Ahora vuelvo en condiciones
más favorables y artísticamente más m a­
d u r o ... También las famosas catedrales
francesas tendrán en mí un visitante fer­
voroso.

U

Orlando Pierri viaja a Europa en compa­
ñía de su señora espesa, la pintora Minerva
Daltoé. Han de residir, preferentemente,
en la Ciudad U n i v e r s i t a r i a d e Parí;.

E.

FERNANDEZ
CHELO

Enrique Fernández Chelo, grabador, par­
ticipa de una dimensión poética que define
su calidad de buen artesano.

'Valporoíto", d¡buj0 a pluma por E. Fernández Chelo.

''M ú sico c ie g o ", aguafuerte pot E. Fc n ó i de » CTieéa

En aguafuertes como "M úsico ciego” es­
tablece un clima de tragedia: hondos grises,
circunscriben matices envolventes de dolor.
En "Campesina” no:- da una estampa de
la tierra, y en "Europa” una minuciosa
visión desgarradora. E n
la s xilografía"P aisaje santafecino” , sobre lo eglógico fija
una dimensión moral, y no desdeña el vo­
lumen o el misterioco claroscuro en "N iñ os
jugando” . La luz fluye sin violencias ni
arrebatos. De sus monocopias. color da y
luminosa en u repentismo es "P aisaje de
Saavedra” . En los dibujos procede por li­
neas de trazos puros, tal "Valparaíso” .
Fernández Chelo evoca aspectos de ca­
lles. parques y rincones porteños Lo de­
finen las ilu traciones para el libro de
Gastón Federico Tobal, donde el recuerdo
y la ncstalgia o el toque de "h u m o r " tras­
cienden hacia trazos delicados y caracterizadores de un tiempo vivido. (Exposición.
Galería ‘El Grillo” ).
r . 3.

�..4*5?

EL BANDIDO DE LOS CERDOS
CUENTO POLICIAL
OSEY Collins, como sabéis,
es el Egoísta Número Uno de
la época. También Napoleón me­
reció una vez tal títu lo. Pero
aquello ocurrió en el siglo dieci­
siete, dieciocho o en cu a lq u ie r
otro. Y ahora nadie se preocupa
ya de él. Exceptuando aquellos a
quienes agrada excavar e indagar
en polvorientos libros de histeria.
Napoleón tenía tan solo un im­
perio que conquistar. El territorio
de Nosey se limitaba a una ofi­
cina de periódico y a una siempre
enamorada Tillie.
Verdad es que este e d ific io
egoísta resultaba caro. Pero, sin
importarle el precio que pagaba,
Nosey era aclamado como hombre
que ha hecho carrera por sus pro­
pios méritos. Uno de los mejores
hombres de “ La gaceta diaria”.
Además de Tillie y de la oficina
—es nuestro deber reconocerlo—
Nosey tenía otro amor. Este amor
yace ahora cómodamente en su
retiro privado... el cajón derecho
del escritorio de Nosey.
Se alzó un apacible runruneo
al acariciar Nosey la suave y su­
cia piel blanca del cuello de Dermie. Dermie era el a p od o de
Hipodérmica. Nombre convenien­
te a la enorme gata, porque real­
mente era necesario clavarle una
aguja para hacerla mover.
Sólo otra cosa animaba a esta
pensativa felina: el olor a embu­
tidos o a hígado, aunque provi­
niera del más remoto rincón de
la habitación.

N

P o r D E E RANDALE
Su anterior morada era el res­
taurante de la esquina, donde s»
esperaba que espantara a los ra­
tones y que, en general, se hiciera
útil. Desde allí llegó a encontrar
refugio en el cómodo cajón vacío
del escritorio de Nosey. El ruido
de platos y el zumbido de un res­
taurante repleto habían resultado
demasiado para sus sensibles ner­
vios.
Nosey interrumpió sus tiernas
caricias. Esto enojó infinitamente
a Dermie. Levantando la cabeza
con más energía que de costum­
bre, lanzó una rápida mirada.
—Dermie —dijo Nosey seria ­
mente—, si lográramos acertar en
este caso del Bandido de los Cer­
dos, seguramente descubriríamos
algo importante.
La respuesta de Dermie fué un
runruneo aquiescente.
—Siete carnicerías en siete días
—prosiguió Nosey— constituyen
un record para cualquier crimi­
nal. Y es peligroso. Siempre avisa
antes de atacar. Tiene desorienta­
dos a los agentes. Debe ser un
bandido fantasma.
Aquí Nosey rió burlcnamente
ante la idea de un fantasma sa­
queando la caja registradora y
clavando un cuchillo de carnear
en la espalda de un hombre.
—Lo que me sorprende —dijo
Nosey continuando con su conver­
sación unilateral— es como entra
y saca la caja delante de todo el
mtindo. ¿Y por qué elije siempre
carnicerías en las que se vende

cerdo? Siempre lo mismo. Si a£ü*
vináramos esto, seguramente lle­
garíamos a algo importante.
Ei aburrimiento de Dermie era
evidente. Volvió a reclinarse en
el cómodo almohadón que le ha­
bían puesto. Pero antes dirigió
una mirada al plato vacío. Poco
después roncaba pacíficamente.
Sabía que el plato iba a llenarse
más tarde.
Nosey leyó y releyó una nota
sin firma colocada sobre su escri­
torio. “Tal vez esto me proporcio­
ne alguna pista”, reflexionó. Un
carnicero había recibido una nota
diciendo que su carnicería seria
la próxima. Venía a hablar con
el director del diario. Pero el di­
rector, fastidiado, puso el asunto
en manos de Nosey. Raras veces
se presentaban las noticias por su
propia cuenta en la oficina de un
p: riódico. Avisos que llegaban por
correo podían ser considerados
avisos falsos. Generalmente pro­
venían de algún charlatán que
buscaba publicidad.
Fuerte determinación se dibu­
jaba en las facciones de Nosey. El
director confiaba en él. Llegaría
al fondo de este asunto. Como
Egoísta Número Uno estaba se­
guro de triunfar.
El público, indignado, se enfu­
recía en sus vehementes solicitu­
des para saber algo de este Ban­
dido de los Cerdos, que mataba y
asesinaba periódicamente. El di­
rector había dicho que entregaría
un bono o algo igualmente satis-

�( D cabalga
factorio desde el punto de vista
financiero, al muchacho que con­
siguiera el hilo de esta historia.
Sería muy oportuno, pensaba Nosey. El y Tillie se casaban el mes
próximo.
Una chispa de felicidad iluminó
sus ojos, habitualmente tranqui­
los. Casarse con Tillie era entrar
en el paraíso. La querida Tillie,
con sus dorados rizos y su precio­
sa figura. Además, ¡cocinaba tan
bien! La boca de Nosey se hacía
agua anticipando las comidas dia­
rias, iguales a las que ya probara
en el departamento de Tillie.
Dermie abrió unos ojos somnolientos y miró pensativamente el
plato todavía vacío. Dió un mau­
llido y, levantándose, se alejó in­
dignada; no estaba acostumbrada
a estos malos tratos.
Nosey no tuvo tie m p o para
preocuparse de la querella que
representaba el indignado aleja­
miento de Dermie. Lo cierto es
,que Dermie regresó a los pocos
minutos y comenzó a restregar la
cara contra los pantalones de No­
sey, recordándole su hambre. Ha­
cía dos horas que no la alimen­
taban.
Nosey no prestó atención a las
súplicas. Esperaba al desconocido
que vendría a visitarlo Exacta­
mente a las tres en punto, según
decía la nota, se presentó un hom­
bre alto, pobremente vestido. Su
pelo oscuro estaba cuidadosamen­
te alisado pero, aparte de esto, no
podía considerársele un dechado
de elegancia.
—¿El señor Collins? Usted re­
cibió una nota mía.
Nosey percibió que la mano del
desconocido temblaba n erv iosa ­
mente al acercar una silla. Tomó
el papel que el hombre le tendía.
—Soy gerente de la tienda si­
tuada en la calle 60. Recibí esta
nota hoy temprano. Dejé la tien­
da y he venido aquí lo más rápi­
damente posible. No tuve tiempo
para cambiar de ropa —miró ccmo
disculpándose.
“Su tienda será la próxima.
Esta tarde” , decía la nota. Estaba
firmada por el “Bandido de los
Cerdos”.
Nosey examinó cuidadosamente
la misiva. Nada había en ella que
pudiera dar una pista.
¿Ha visto a la policía?
—No señor. Preferí hablar pri­
mero con usted. La policía pa­
rece no hacer nada —se rió ruda­
mente—. Ya sabe usted que ha
habido una nota antes de cada
crimen— añadió, recordándoselo
a Nosey. Nosey, distraído, acari­
ciaba el cuello de Dermie. La gata
se movió, miró lánguidamente al
visitante y retomó a su modorra.
Nosey hizo varias p regu n ta s.
El visitante parecía ansioso per
suministrar todos los detalles po­
sibles.
—Me halaga que tenga usted
tanta confianza en nosotros —dijo
Nosey—. Disculpe un m om ento
mientras tomo mi cuaderno. De­

seo anotar las informaciones que
me dará.
Nosey jamás se había propues­
to tener un cuaderno. Cualquier
trozo de papel servía para tomar
nota de los detalles más intere­
santes.
Saliendo de la habitación, No­
sey se dirigió a una cabina de
teléfonos. Hizo una llamada, cogió
un cuaderno que estaba sobre la
mesa de una azorada mecanógra­
fa y volvió a su nervioso visitante.
Escribió las frases meticulosa­
mente, asegurándose de que po­
ma todos los puntos sobre las “i”
y todas las rayas en las “ t” . Para
cualquier observador, era eviden­
te que Nosey procuraba ganar
tiempo.
Pocos minutos tardaron en lle­
gar los rudos policías. Estos apli­
caron las esposas a las muñecas
del tartamudeante clie n te , que
ahora preguntaba qué significaba
aquello.
—Este muchacho —dijo Nosey
dirigiéndose a los policías— es el
“Bandido de los Cerdos” . Pronun­
ció con fruición el apodo como
sólo un verdadero egoísta sabe
hacerlo.
Súbitamente, el hombre dejó de
ofrecer resistencia.
—¿Cómo lo sa be?—preguntó.
—Verá usted —dijo Nosey, y su
elevada estatura se balanceó mag­
níficamente—, dijo usted que aca­
baba de llegar de su carnicería.
Cuando Dermie se despertó e in­
mediatamente volvió a dormirse,
comprendí que usted mentía. Si
hubiera dicho usted la verdad, la
gata habría comenzado a olfatear
sus pantalones y a lamer las pier­
nas y hasta es probable que le
hubiera dado un mordisco. Ya ha­
ce rato que pasó la hora de al­
morzar —sonrió afectuosamente a
Dermie, que se había movido al
oír su nombre y miraba ansiosa­
mente el plato vacío.
Nosey prosiguió diciendo:
—Después me dió usted algunos
detalles que la policía ha oculta­
do cuidadosamente al p ú b lico .
Sólo el propio “Bandido de los
Cerdos” podía saberlos.
El hombre meneó la cabeza con
desesperación.
—Yo era dueño de la mitad de
las carnicerías —dijo amargamen­
te— hasta que mi socio me estafó.
Este era el único ca m in o que
descubrí para recobrar lo que
realmente me pertenecía.
Por un momento la mirada de
Nosey se fijó compasivamente en
la espalda del hombre cuando los
policías lo llevaban. Después vol­
vió a mirar a Dermie.
—Paciencia, chiquita—. Acari­
ció la cabeza de la gata.
Más tarde hubo un almohadón
más en el cajón que era domici­
lio de Dermie, y también un plato
flamante. El plato tenía pintados
dos ratones que constituyeron la
gran sorpresa de Dermie, pues
nunca los pude atrapar, teniéndo­
los tan a su alcance.

�cabalgata

UN RELATO IMPRESIONANTE

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O
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LECTURAS I NFANTI LES
MUJERCITAS, por
Alcott L................ $ 6.—
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LOS HOMBRECITOS DE JO, por
A*
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Alcott L................ „ O.—

” oG,CO

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U N R A M O DE­
CUENTOS, por
Andersen H. Ch. „ 6.—
'&lt;*.

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En “ Por t i e r r as
de indios” , Sekelj
narra, en su estilo
periodístico siem­
pre sencillo pero
ágil y vibrante,
las emociones vi­
vidas durante su
TIBO R SEKELJ
¡xploración hecha
por regiones salviajes del Mato Grosso. El autor, siempre acompañado por
su esposa, la exploradora argentina Mary Reznik de
Sekelj, convive con diversas tribus de indios y aprende
su lengua, llegando a penetrar en sus rituales^ secretos,
observa a buscadores de diamantes y se hace “ cazador
de orquídeas; corre peligro de ser asesinado por los fero­
ces indios chavantes; llega a conclusiones referentes al
explorador británico coronel Fawcett, demostrando valentía y entereza en todo momento de la extraordinaria
aventura, que describe con la soltura del que cuenta
^

sus emociones en rueda de amigos.

LOS VERDES ANOS

por j.a . cronin

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IVANHOE, per Scott W ....................................... „ 6.—
HEIDI, por Spyri J.............................................. „ 6.—
MANCHA Y GATO CUENTAN SUS AVEN­
TURAS, por Tschiffely A ................................. „ 6.—
EL CHICO DE LAS DUNAS, por Way Teale „ 6.—
m . m im im m w *

�O
anfiteatro mundial: la resistencia no es
un mito, lo que se comprueba cuando
va dejándose de hablar de ella a título
de actualidad; ha existido con sus gestas
y miserias de toda Índole, con sus fru ­
tos literarios brillantes y sus crónicas
anónimas, con sus mártires silenciosos
y sus “vedettes” espectaculares. La re­
sistencia ha existido.,. junto con el
desembarco aliado en N o r m a n d í a ,
en 1944; de otra suerte, aquel m ovi­
miento, pese a todas sus hazañas, pese
a las Editions de Minuit, y a tantas
otras valerosas publicaciones clandesti­
nas, apenas hubiera pasado de tener un
valor simbólico.
Pero en cualquier caso pecaríamos de
mezquinos si no rindiéramos un sincero
y emocionado homenaje a los héroes de
la resistencia Intelectual francesa contra
el nazismo, que tanto hicieron por sal­
var la dignidad de su país y del m undo
durante cuatro años de ignominia. En
el interesante libro de Louis Parrot fi­
guran escritores de toda suerte y con ­
dición, tanto los militantes declarados
como los escritores a quienes equivoca­
damente seguirá llamándose puros, con
acento peyorativo, olvidando que la m o­
ral está más allá de las sectas, y que
además en los trances de prueba el ene­
migo no distingue de estéticas, sino de
éticas.
¿Quién hubiera de otra suerte im agi­
nado que una de las primeras víctimas,
en junio de 1940, sería un poeta tan
apartado, un raro superviviente del sim­
bolismo como Saint-Pol-R oux, a quien
sus contemporáneos finiseculares deno­
minaron “el M agnífico” , por la m agni­
ficencia de algunas metáforas inolvida­
bles, y a quien su condición de valetu­
dinario, retirado en una granja de Bre­
taña, no le libró de ser golpeado hasta
la muerte por la soldadesca invasora?
A continuación en la lista van apare­
ciendo nombres famosos com o los de
Benjamín Crémieux y Max Jacob, otros
olvidados como el de Louis M andin y
un gran lote de jóvenes: Jacques D ecour, Valentín Feldman, Mathias Liibect Benjamín Fondane, Robert D es­
nos, Jean Desbordes —lanzado a la noto­
riedad hace años por Cocteau y luego
desaparecido literariamente— , Georges
Politzer, Vidlé, Jacques Salomón y R olland-Simon, que fué uno de los primeros
traductores de García Lorca al francés;
sin olvidar los que murieron en campo
abierto, con las armas en la mano, com o
Jean Prévost, a quien también las letras
de nuestro idioma deben gratitud, por
haber vertido —junto con su mujer,
Marcelle Auclair— , Bodas de sangre
Ahora bien; entre todos quiero des­
tacar particularmente ciertos nombres,
los de aquellos escritores a cuyo horne­
ó l e puedo aportar algún recuerdo per­
sonal. Sea en primer término el de B en­
jamín Fondane, a quien también otros
escritores de la Argentina tuvieron oca­
sión de tratar y querer, pues estuvo dos
veces en Buenos Aires. La primera fué,
si no yerro, en 1929. Estaba en su auge
el cinema de vanguardia o experimen­
tal —ese género que no debiera haber
sucumbido ante el embate del otro, del
comercial o mayoritario, pues sin él el
séptimo arte corre el riesgo de repetirse
y esterilizarse, como esté sucediendo en
buena parte— . Benjamín Fondane, por
sugerencia de Victoria Ocampo, y con
el apoyo de Amigos del Arte, nos trajo
algunos de los más representativos films
v a n g u a r d i s t a s : Le chien andalón,
Entr'acte, Le perle, etc., dando algunas
conferencias sóbre su estética. Volvió en
1936 para dirigir un film con los her­
manos Aguilar, sobre el Bolero de Ravel,
que por causas extrañas no ha llegado
a proyectarse nunca. Pero su pasión
central no era ésa, sino la filosofía. Le
acuerdo en su casa de París, allá en
la rué Monge —a la que se accedía tras
un laberinto de escaleras, com o en la
Kasbah argelina— , vital y desbordante
de teorías, repitiendo ciertas palabras e
ideas de abolengo superrealista y de ca­
rácter preexistencial: “ir ra tio n a lis m e ” ,
cruajité” , “cynisme” . Por lo demás, en
castellano, y antes que en francés —en

Responsabilidad y Resistencia
(V iene

de

la página

las páginas de “ Sur"— quedan muestras
de tales anticipaciones, que le han va­
lido ahora con justicia ser calificado de
“ decouvreur avant la lettre de l’existentlalisme” y que luego se articularon
en las páginas de sus libros Rimbaud
le voyou, La conscience malheureuse y
Faux traité d’esthétique, sin olvidar los
poemas de Ulysse. Murió — engañando a
sus compañeros, pero sin engañarse él—
consciente de su fin.
Fué “ seleccionado” con otros judíos y
m etido en un cam ión con rumbo desco­
nocido, ba jo la indicación de que iban a
libertarle. Fondane sabia que su destino
era un h o m o de cremación.
Tam bién Benjamín Crémieux estuvo
en Buenos Aires, en 1930, y dejó aquí,
igualmente, entre quienes le tratamos,
admiraciones y simpatías. Nos dió a co­
nocer, en una serie de conferencias de
Amigos del Arte, las primicias del que
iba a ser su m ejor libro: Inquiétude et
reconstruction, y que constituye uno de
los cuadros más felices de las ideas y
las tendencias literarias dominantes en
la otra postguerra. Crémieux —intro­
ductor en Francia de Pirandello— era
esencialmente un crítico. Tenía gran
cultura, buen gusto, sensibilidad y más
juventud de la que aparentaba su im ­
ponente barba negra y sus lentes de
profesor. Los nazis vieron en él, para
apresarle y conducirle a un campo de
concentración de Weimar —donde murió
de agotamiento físico y moral— , quizás
antes que nada al escritor intem aciona­
lista, al hombre que desde su secretaría
del P Ü H . Club francés había defendido
siempre los fueros de la libertad y de
la dignidad intelectuales.
De Max Jacob mis imágenes persona­
les son más lejanas. Datan de la prima­
vera de 1925 en Madrid, en una sala de
la Residencia de Estudiantes, adonde el
poeta había ido para dar una conferen­
cia. Yo, que pocos años antes había osade una traducción de su libro más ori­
ginal, El cubilete de dados, que había
estado en frecuente relación epistolar
con él, no acertaba al pronto a relacio­
nar exactamente su figura de joven viejo
o viejo joven con la estampa casi legen­
daria del precursor cubista, del com pa­
ñero inicial de Apollinaíre y de Picasso.
Pero pronto, al advertir su ingenio bur­
lón, doblado de exquisita cortesía, que­
dó establecida la identidad. Retirado
desde hacía años, tras su conversión al
catolicismo, a la sombra del monaste­
rio de Salnt-Benoit-sur Loire, entregado
a sus libros, a sus dibujos, a su copiosa
correspondencia, hasta aquel aparta­
miento fué a buscarle la Gestapo. Mu­
rió de enfermedad y malos tratos a los
pocos días, en un cam po de concentra­
ción. Sus últimas cartas son emocio­
nantes.
Robert Desnos había sido uno de los
primeros superreallstas. En la época de
la “ poesía autom ática” y de los “ sueños
en vigilia” , aquel m uchacho de ojos co­
lor de agua, sobresalía con tales im ­
provisaciones, recitando al modo de un
sonámbulo, con una parte indudable de
inspiración y otra improbada de super­
chería. Después, el periodismo radial le
absorbió: le recuerdo así un mediodía
de diciembre en el restaurante Gaillon
de París, abriéndose paso rápidamente
para abalanzarse al m icrófono, instala­
do en un pasillo, y dar cuenta del nom ­
bre del Premio Goncourt que los Diez
acababan de otorgar. Pero antes, más
clara y tranquilamente, evoco al autor
de La liberté ou l’amour en una noche
estival de Madrid, junto con Amparo
Mom, De lia del Carril, Federico García
Lorca, Pablo Neruda y toda una alegre
banda, más Youki, la m ujer de Desnos,
algo japonizada, y no sólo en el nom ­
bre, por haber sido antes la compañera
de Foujita. Desnos murió en un campo
de concentración de Checoslovaquia en '
ju lio de 1945.

5.)

Y ahora, finalmente, aunque n o fi­
gure en el libro de mi amigo Parrot, ya
que éste limita su censo únicamente a
los escritores franceses, quiero registrar
en estas rápidas evocaciones otra ima­
gen afecta: la del escritor holandés
Johan Brouwer. Personificaba plena­
mente este amigo al hispanista, a ese
personaje que de pronto un día nos lle­
gaba a España, desde Upsala, desde
Francfort, desde Groninga, desde D ublin, locamente enamorado de todo lo
español, hablando nuestro idioma con
un gramaticalismo asombroso, con un
acento purísimo —pero el suyo, el de su
lengua nativa— , ávido de zambullirse
plenamente en la vida típica, en los li­
bros viejos, en las ciudades milenarias.
Con ese estado de espíritu Brouwer sa­
lía todas las vacaciones veraniegas des­
de su ciudad nativa, La Haya, y no de­
jaba m a t i z hispánico por descubrir.
Nuestra cultura le debe dos libros fun­
damentales, no tan conocidos como de­
bieran ser, por la limitación del idioma
holandés: una Psicología de la mística
esvañola y un libro de erudición histó­
rica sobre Hernán Cortés y Moctezuma.
¿Qué tropelías no presenciarían sus ojos
azules para lanzarse, desde su retiro de
estudioso, a la lucha abierta contra el
nazi, hasta ser fusilado el 1 de julio de
1943? Imposible para m í desprender del
recuerdo de Brouwer tantas, imágenes
gratas de mis semanas holandesas, diez
años antes, en el verano de 1933; cuan­

cabalgata

do junto a él y al profesor Geers, me
cupo participar com o conferenciante en
un curso español que organizaron en
La Haya. Imposible concebirle de otra
suerte que en su tranquila casita de la
Tomatenstraat, bloqueado de jardines
por fuera, por dentro de libros españo­
les, efusivo, sonriente, ocultando tras su
dulzura de niño su tenacidad de pa­
triota.

* • •

Muy clara es la lección que despren­
den los ejemplos de estos escritores sa­
crificados para que nadie intente apos­
tillarla interesada e irrespetuosamente.
Y hoy que tanto vuelve a hablarse de
la literatura “ comprometida” como ac­
titud total del espíritu ante el mundo,
actitud que trasciende más allá de la
obra escrita, se comprenderá cóm o es
imposible hacer distingos teóricos sec­
tarios entre escritores cuando en ellos
priva el decoro, el sentido de la digni­
dad insobornable. No importa que entre
los mencionados unos murieran por una
causa, otros por la "pureza espiritual del
hombre” . Esta última frase es de Vercors,
el autor de Le silence de la mer, que
en el curso de una nobilísima diserta­
ción, establecía estos dos campos, mas
sin oponerlos, unificándolos en un pla­
no superior: “ el de los hombres que
estiman que todo debe ser sometido al
fin último, comprendiendo el pensa­
miento, que el pensamiento debe ponerse
al servicio de la lucha y sacrificar su
primacía; y el de aquellos para quienes
los derechos del pensamiento siguen
siendo imprescriptibles, p a r a quienes
la causa defendida se identifica con la
pureza espiritual del hombre” .

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Cap. t

3X ÓMJ0

BCXJLOGNE SUR MER 465 - RUEMOS AIRES

�c¿i haiga la ©

J O S E
. r j OR qué, generalmente, es
(i Y -'

tan aburrida la escultura?
Creo que era Baudelaire el
que, casi con estas mismas palabras,
se hacia tan inquietante pregunta,
que, por cierto, sigue interrogándo­
nos com o un problema vivo de la
sensibilidad moderna.
No es que en las otras artes falte
aburrimiento; alguna vez hemos ha­
blado, por ejem plo, del hastío que
nos cae desde 1a cima de algunas de
las grandes novelas contemporáneas:
hastío secreto, inconfesado, porque
los perseguidos de antes ocupan aho­
ra, con nuestra aprobación oficial,
el peder. Invisible, invencible poder
el que ejercen sobre nuestro espíritu
aquellos dioses a quienes les conce­
dimos una vez nuestra veneración,
porque su divinidad coincidía con
nuestros errores y era, acaso, la más
elevada expresión de los mismos.
Pero en escultura, no sé por qué,
esto es más evidente, y, al parecer,
viene de más lejos. No se por qué,
o sí, com o se saben estas cosas, un
tanto vagamente, o, mejor, tímida­
mente, y con ciertas ganas de no sa­
berlo, de puro miedo a quedarse uno
com o desamparado, o com o si renun­
ciara, por falta de aprecio, a algo
tan importante com o un brazo, o
más, com o si renunciara a ese árbol
que recordamos, en cuya figura se

A

L

O

N

S

cifraba — se cifra, de pronto, en la
memoria— , el genio de la creación.
Alguna vez, nuestra implacable
necesidad de mitos, de padres si
queréis, de algo que remedie nuestra
orfandad, en fin, nos hizo confiar
nuestro equipaje, nuestra misma ru­
ta, a falsos dioses, a los que hemos
abrumado con nuestra confianza.
¡Pobres sacrificados por nuestra
ardiente, inaplazable voluntad de en­
contrar mensajeros!
En este sentido, algunos escrito­
res, artistas, filósofos contem porá­
neos, de gran talento, de lumbre ini­
cial, me recuerdan extrañamente a
aquellos muchachos que elegían los
antiguos mejicanos com o represen­
tantes de la divinidad en la tierra
por un tiempo. Y com o a tal se les
trataba, brindándoles los más sabro­
sos alimentos, las más raras y exqui­
sitas bebidas, las más hermosas don­
cellas, todo cuanto se ofrecería al
Dios mismo, hasta que, llegada a tér­
mino su misión, se les sacrificaba
muy despiadada y sacerdotalmente,
en holocausto a las divinidades de
verdad.
No sé qué condiciones personales
exigían los sacerdotes mejicanos en
el elegido. No importa. Sabemos, sí,
las que nosotros exigim os en tal no­
velista, escultor o poeta.
r Grito o mesura, bonanza o cinis­

O

Por Lorenzo Várela

mo- — descontado el talento— , quere­
mos que reme contra la corriente, y,
bien entendido, a veces se rema con ­
tra la corriente, en este mundo que
nos hemos desfigurado cada uno a
su manera, precisamente cuanto más
a favor de la corriente se reme. P or­
que suele suceder que por debajo, y
muy, pero muy cerca de la superfi­
cie, las aguas llevan otra dirección
y todo el que ficta com o puede, lo
sabe aunque no lo sepa.
Además, aunque hay muchas co­
rrientes en el espíritu de una época,
siempre se parecen en algo. M uy co ­
múnmente, este parecido es com o el
de una gota de agua a otra. Por lo
tanto, el que está en una, en la co ­
rriente falsa, por ejemplo, de algún
modo está en todas. O, m ejor dicho,
parece estarlo, y de ahí que lo crea­
mos dotado de universalidad.
Tal el caso, para hablar de algo
reciente, de la literatura de JeanPaul S3rtre. No hablamos del pen­
samiento de su movimiento existencialista, porque somos de los que,
provisionalmente al menos, no esta­
mos enterados de la novedad. Pri­
mero sus cuentes, ahora su “ putain
respetueuse” , tiene, además des pres­
tigio francés, de esa facilidad que
tiene todo francés inteligente para
hacernos suponer que cualquier des­
enfadada podredumbre es del altísi­

mo linaje de “ Lss flcres del mal” o
de “ Las amistades peligrosas” o de
“ Bola de sebo” , para poner otros
géneros de posible confusión, el
acierto de mostrar a flor de tierra,
cierta afiebrada, pesadillesca impu­
reza, cierta porquería que ya casi se
atreve a confesar Mme. Toutlemcnde.
Cierta basura de buen tono hoy,
que, repetimos, muestra Sartre a sus
adeptos con gran eficacia. Así, las
fealdades del mundo, como en otro
tiempo las bellezas, incluido en ellas
lo “ fe o ” can espíritu, vuelven, tras
el ocaso del surrealismo, cuyo vérti­
go de buzc lo libra del sartrismo posi­
ble, a estar más descocadamente que
nunca en pleno y desbordante éxito.
La enorme experiencia surrealista
tuve dos clases de triunfos: uno, del
que participan el mayordomo y la
señora, que creyeron ver en él pres­
tigiada su fealdad vacía, torpe, in­
comunicable, personal. Su dedo en
la nariz o su regüeldo, o sus sueños
“ atormentados” , vergonzosos, exhi­
bidos de repente com o una bandera,
cem o la bandera de la genialidad.
Vieron, pues, en el surrealismo, el
brillante berniz que daba lustre y
señorío a su pobretería, a sus mise­
rias morales, pequeñas, como lo es
un estornudo con respecto a un pe­
cado, pero que constituyen su infier­
ne. su sórdido y frío infierno, su

�(J ) c .i t i .i l u a t a

infierno doméstico, su inevitable y
desesperante echarpe emporcado; el
infierno del vacío hueco, del abu­
rrimiento sin sentida.
Que alguien consérve la gracia o
la encuentre en medio de tan híbrido
triunfo, triunfo ostentoso, obstinado,
lleno del encono y de la triste supe­
rioridad dé tal infiernillo, y la ex­
prese, la haga volar amorosamente
a los cuatro vientos, es una hazaña
de las que por sí solas, ccm o ejem ­
plo, puede esperarse la salvación.
Salvación de la flor, y la raíz, y de
la zarpé prodigiosa de la inocencia
feliz, nc de la boberta que llaman
inocencia, señora, ro , de la grande,
de la que asusta, la de los arcángeles
y la dé Ese soldado con ojos de perro
y manazas de buey, y palabras que
son como tumbos de grandes árbo­
les, y corazón en el que caben tan
sóle un pan de centeno, de color
apenado, y un sentimiento del mun­
do que vale per una catedral viva.
Ese soldado, ¡oh inteligente!, ¡oh
muy burlona Madame de Beauvoir!,
ese hombre, señora, que derribó sie­
te tanques en una tarda de combate,
jugando con ellos ocn menos res­
peto qua al tero, en nombre de eso
que acostumbramos a llamar, con
mucha “lucidez” , con mucha ironía
repetida, resobada, con mucha- co­
rrupción, un “ ideal” . Salvación en
la que va implícita, ocn gran con­
tento de ese mismo soldado, el infiírno de les grandes; el cerebro
abrasado, las sedientas almas, la
inteligencia que construye sus nor­
mas rigurosas y risueñas, claras y
profundas, sj costa de quemar a fue­
go lento, a congcjas y quebrantos
sin fin, la sufrida leña del cuérpo,
de les intestinos, de los huesos. Sa­
grada copa, recinto que ha de mere­
cer el espíritu (que han de merecerse
mutuamente), existiendo una y ctro
por la unidad en el camino entero
y nc por demorarse, morosamente,
hociqueando en la primera flor o en
la primera carroña que se presente
ante su debilidad como el betín des­
lumbrante, por inesperados, y per no
merecido.
Y este escultor, Alonso, es de los
que guardan un profundo respeto,
un sabio esperar, un paciente y he­
roico trabajar, justamente porque
en algún instante de su vida sincera,
a b n e g a d a , comprendió cuarto
apresurada y torpemente acabamos
de decir.
Tal es su certeza que resiste, in­
cluso, les errores del gran maestro
de la escultura moderna. Errores de
un grande, con una migaja de los
cuales se considerarían ahitos de
gloria, cebados de eternidad, m illo­
nes de minúsculos y enfatuados se­
res. Y es muy importante hacer re­
ferencia a este error del maestro,
porque alguna vez hemes oído ha­
blar de la escultura de Alonso y de
algún otro escultor moderno oemo
si su hechizo estuviera sostenido,
recibiese el aliento, la certidumbre,
la capacidad de emoción que des­
piertan en nosotros, de su fealdad.
Fealdad que en el ánimo de ciertas
gentes compensaría el hecho de que
no pase nada en una obra. Esto es,
como si las salientes de una obra de
arte, aunque sean indignas, con­
trapesaran el exceso de vacío, el
engendro aburrido da la misma, con
cumbres de chatura.
Hay artistas que trabajan per ma­
tér el tiempo, como hsy gentes sin
oficio con;cido que aman o leen o
viajan por lo mismo. Y claro que
lo matar.; su obra, su vida c su cul­
tura, lleven una visible carga de
horas y da años muertos que todo
lo corroen. Aun en los fugaces ins­
tantes en que una chispa de intui­
ción o de sentimientos verdaderos
pugnan por forjar el gran incendio,
pronto se ven apagados, atados de
píes y manos. Tanta es la ceniza y
el gusanarío que los envuelven.
Y hay otros artistas que trabajan,

ccm o Alonso, con la fatal adoración
a su obra, a sus criaturas, viendo en
su trabajo y en ellas, no un instru­
mento, un garfio para atrapar el
botín, sino un humilde acercamiento
a los terrenos más libres, enteres,
gozosos, del hombre; una manifes­
tación de su genio puesta en evi­
dencia por las manos propias, pero
que en ese momento se mueven,
calculan, sienten, por todas las ma­
nos de la especie, y aun per todas
las misteriosas inclinaciones de las
cosas de este mundo. Recordad, ccm o
ejemplo siempre vivo, piadoso, ter­
minante, los pucheros de Santa Te­
resa, única cosa de la mística doc­
tora que entienden las beatas con­
tumaces.
Es cierto que en relación con lo
que se nos ha enseñado acerca del
arte en las escuelas, superiores o no.
el arte moderno, y no sólo el mo­
derno, naturalmente, pero él espe­
cialmente, es cierto, decimos, que ha
entrado a formar parte muy esen­
cial del mismo, aquello que se nos
enseñó a llamar fealdad. O, más
bien, lo que estaba excluido de toda
definición de belleza y que era todo
cuanto hay en el mundo poco más
o menos. Se enferma uno de tener
que repetir estas cosas tan insisten­
temente dichas ya, y algunas veces
con una claridad de mediodía que
haría suponer que es superfluc vol­
verlas a zarandear por otro lado.
En Alonso también aparece tal “ feal­
dad” , desde luego, aunque no re­
nuncia a ese sector de la belleza
que la gente admite más fácilmente
porque ignora que no es de alma­
naque. Y es que Alonso, come poeta
que tiene un buen cancionero legí­
timo, no renuncia a nade. A nada
que tenga espíritu, carácter, vida
verdadera. Sus cabezas tienen, sin
ser máscaras, por nc serlo, expre­
sión; 1a que les viene de los aden­
tros y desde hace mucho, de su
historia, y hacia el futuro, en mar­
cha leal hacia la realización de su
destino. Nc porque c r e a Alonso,
siguiendo el error del gran Rodin,
a que nos referimos más arriba, que
“ le que frecuentemente se considera
feo en la naturaleza, presenta a me­
nudo más carácter que lo que se
considera bello, porque en la crispación de una fisonomía enfermiza,
c en la desencajada expresión de
u 'a máscara de vicioso, en toda de­
formación, en toda podredumbre, la
verdad interior estalla más fácil­
mente que sobre los rasgos norma­
les y sanos” .
Pero más embarazoso es descu­
brir el último sentido que estas pa­
labras tenían en Rodin, cuando sigue:
“Y com o solamente la potencia del
carácter es lo que hace la belleza del
f rte, acontece a menudo que cuan­
to más feo es un ser en la Natura­
leza, más hermoso resulta en el arte” .
Si es verdad que es más fácil
descubrir el carácter de lo feo, esa
facilidad no implica que lo feo ten­
ga más carácter que lo bello. En
último caso ese carácter, no en Ro­
din, clare, no sería más que la rigi­
dez de lo feo, que generalmente
adopta, a pesar de su extorsión,
quietismo de máscara. Y siempre
nes ha extrañado que el gran escul­
tor francés, tan preocupado por el
“ movimiento” , no advirtiera que si
espiritualmente lo feo es señal de
falta de carácter, siempre tendrá,
per faltarle carácter precisamente
— por no tener espíritu en último
término, animación, alma— la rigi­
dez de los cadáveres, la quietud de
lo muerto. De lo muerto da naci­
miento, pues nadie se atrevería a
negar que ios cadáveres de las co­
jas que tuvieron vida alguna vez
presentan, a quienes los observan
sin supercherías, las huellas indele­
bles de la vida en reposo, que no
en vacía, vana cris pación.
Pero que nc nos lleve la preocupa­
ción de encontrar la vida en el arte

�a! extreme de desear, o de ver
en una obra satisfechos los sen­
tidos, la rscesidad de vida con la
tibieza de un torso, la ternura de
una mane cálida, la suavidad palpi­
tante de una mejilla. Por este ca­
mino, fatalmente, caeríamos en el
error dal feísmo vitalista que, natu­
ralmente, tiende a “ imitar” la vida,
justamente en lo que ésta tiene de
fealdad. Mientras le bailo, qua no
renuncia a sus galas, a su eternidad,
no halaga tanto la facilidad que
pueda ser imitado. ¿No es éste el
mismo problema, al que alguna vez
nos hemos referido, del bien y del
mal? Es más difícil siempre, justa­
mente porque vive, y en qué supe­
riores regiones cuando no es estu­
pidez, fealdad disfrazada de lindeza,
expresar la belleza o el bien, que la
fealdad o el mal. No amamos, quizá,
al mal o a la fealdad, pero nos con ­
mueven tal vez más pronto, aunque
siempre p rovision a lm en te. Quizá
porque con las fuerzas malignas es­
tablecemos cómodamente, sin riesgo
aparente, una complicidad que nos
exalta, nos da una estatura superior
a la real, es decir, fingida, un poder
y una fuerza que, circunstancial­
mente, salvo en el plano heroico o
en el del amor, o en el religioso, no
tienen nunca las fuerzas del bien.
Con las furzas del mal, la fealdad,
la falta de alma, por ejemplo, es
fácil establecer un pacto, perqué
con este solo hecho quedamos libe­
rados de todos los oempromisos, no
sólo de los grandes, les que consti­
tuyen para nosotros la carga más
pesada, sino también de los peque­
ños, ridículos necesariamente por su
pequenez, pero molestos porque se
nos enredan, en nombre de los ma­
yores, y nos traban los apetites que

a nosotros nos parecen más natura­
les. Y naturales son, pero ¿de qué
naturaleza?, de una que no ha lle­
gado todavía al estado de nebulosa.
Llena de légañas, ojerosa de no ver,
de no haber visto nunca, de no te­
ner el sentido que nos manda ver.
Y, claro asta, da no verse, y esto es
lo peor.
Alonso es, por lo tanto, un escul­
tor que busca con obstinación de ima­
ginero la belleza. Con sus pucheros,
com o la mística santa, pero la be­
lleza, el instante del alma que le­
vanta un destino, que revela una
vida entera y verdadera. Sus in­
quietudes por la personalidad, y más
per la física, de los indios, ¿no serán
señal de que anda buscando en ellos,
ya que es tan imposible, tan penoso
encontrarlo en los blancos, ese ins­
tante en que las caras, la mirada, el
torso, el espíritu, encontraron su
comunión con la tierra, con los pu­
cheros de que t a n t o nos hemos
alejado y a los cuales no volvemos
— Sartre siempre— más que para
buscar en ellos los restos del festín,
del triste festín?
Por esc hay huecos, y sombras, y
esguinces, que siguen las líneas vi­
tales del modele, pero el modelado,
esa faena con fórmula que se injerta
al aprendiz en la academia, es en él
tan gracioso, tan lleno de súplica en
las manos y de atención y amor en
los ojos, como en esos santos de ma­
dera que nos dejaron les grandes
anónimos medioevales.
Y por eso, por la aventura que to­
do eso representa, por la sencilla y
ejemplar alma que les envuelve, sus
criaturas, su escultura, no son abu­
rridas. Ni ta m p o c o divertidas, a
Dios gracias.

Fotografías de esculturas de José A lo n s o recibidos de nuestra corresponsalía en Estados Unidos especióles paro C A B A L G A T A .

�¿i h a l d a t a

rr

Plumas

y Palabras

Por J Mora Guarnido

LUIS X V I Y L A P R O P I E D A D
L I T E R A R I A EN F R A N C I A
UIS XVI, el p o b r e r e y q ue
pagó en la guillotina errores e
intrigas de muchos que se me­
recían el cadalso más que él y no
lo tuvieron, fué el monarca que hizo
consagrar solemnemente en la le­
gislación de su país el derecho de
propiedad literaria, propiedad que
llamó un jurista de la época “ de
derecho divino” y otro “ la propie­
dad más propia de todas las propie­
dades”. En carta a uno de sus mi­
nistros (del 6 de septiembre de 1776)
el rey insta a que se ocupen lo antes
posible de resolver sobre las memo­
rias de los libreros de París y de
provincias acerca de la propiedad
de las obras y la duración de los
privilegios, pues se trata de un asun­
to de importancia que interesa “a
gran número de mis súbditos, dignos
por todo de mi protección” .
Considera el prudente y desdicha­
do rey que los privilegios de librería
son justos desde el punto de vista
del autor como pago de su trabajo,
y del editor como garantía per sus
adelantos; pero piensa que, por la
diferente importancia de cada cual,
el autor debe prevalecer, y así se lo
comunica a su consejo.
Y casi al año justo de escribirse
esta carta, el consejo publicaba un
edicto (30 de agosto de 1777) cuyo
artículo fundamental dispone: “T o­
do autor que obtenga en su nombre
el privilegio de una obra, tendrá el
derecho de venderla en su casa y
gozará de ese privilegio per sí y sus
herederos a perpetuidad, a menos
que lo haya traspasado a un librero” .
Es, tal vez, uno de los primeros tex­
tos consagratorios de la propiedad
literaria, y nc sabemos hasta q ué
punto los escritores franceses se lo
han agradecido al rey guillotinado.

L

CON LA “ M O R A L ” H EM O S
TOPADO,
AMIGO
SANCHO
Todavía nc conocemos las obras
de Henry Miller (y hay que ver las
ganas que tenemos de leerlas, con
k propaganda que se les está ha­
ciende); pero el caso es que no han
hecho más que aparecer en Francia
las traducciones de sus n o v e l a s
Tropique du Capricorne” y “ Printemps noire” y han producido ver­
daderas oleadas de púdicas protes­
tas en nombre de la moral. (Como
«n el caso de las obras de Lawrence,
de Jcycs, de tantos otros).
El llamado “ Cartel d ’action soet moralí” (conservamos el
título en francés porque suena me­
jor) se ha dirigido al procurador de
w ” ephblica reclamando que esas
obras sean retiradas lo antes posible

de la circulación. ¿Per qué? Pues
porque son, al parecer, un poco cru­
das, claro está que tan crudas com o
Rebeláis, o como Petronio, un poco
menos, un poce más acaso.
Los periódicos franceses se ex­
presan sobre la cuestión en disinto
tono, según el campo desde el que
miran. Se realizan encuestas entre
los escritores y hay opiniones para
todos los gustes. Entretanto, el pro­
curador de la República estudia el
asunto sin prisa, y cuando haya sen­
tencia, si la h a y . .. las ediciones se
habrán agotado.
Aunque no sea este el caso, pues
afirman escritores responsable que
la obra de Miller es de un auténtico
valor literario, no hay com o empe­
zar a sacar al viento los alarmados
pendones de la moral para que un
libro tenga a s e g u r a d a la venta.
UN H O M B R E

Y

UNA

Educación, el de Hacienda, las aso­
ciaciones profesionales de escritores
y el sindicato de editores.
PROFESIONALES Y AMATEURS
Cuando oía a los gobernadores
civiles o a los ministros de gober­
nación atribuir despectivamente las
huelgas, boicots y otros fenómenos
sociales a la obra de “ agitadores
profesionales” , don Miguel de Unamuno se ponía furioso y gritaba:
— ¡Naturalmente que profesiona­
les! El que no es profesional de una
cosa no la puede hacer b i e n . . . ¡Sí,
profesionales!. ..
No era un capricho del ilustre
maestro. Va a llegar pronto el tiem­
po de ponerse a pensar seriamente
en la definición y limitación de los

campos profesional y amateur. P o i­
que el profesional se juega en k»
partida mucho, y el amateur no se
Juega nada o casi nada, y eso no es
equitativo.
Como iniciación para ese estudio,
nos parecen muy adecuadas las pa­
labras que, con respecto al amateur
en el teatro, ha pronunciedo r.o hace
poco Noel Vincení, joven y diná­
mico director teatral francés de van­
guardia:
“ Creo que es un error estimular
el teatro de los amateurs. Estos no
pueden hacer teatro, pues el teatro
es un oficio, una vocación. Nos estor­
ban a los profesionales y creo que
es censurable ayudarlos, pues tienen
una influencia nefasta y le quitan al
público el gusto por el teatro. Soy
categórico: hay que amar lo bastan­
te al teatro para entregarse a él por
entere, y es preferible que no haya
espectáculos a que haya espectácu­
los montados por no profesionales” .
Valdría la pena meditar si estas
manifestaciones se pueden extender,
t 3 t i categóricamente, a las demás
artes.

FRASE

Volviendo a hablar de Miller, el
novelista sentado en el banquillo
del escándalo. Su editor M. Girodías,
director de las “ Editions du Chéne” ,
defiende al escritor diciendo de él
lo que traducimos sin quitar ni po­
ner nada:
“ Miller, al que conocí antes de la
guerra, es un tipo asombroso, de un
candor total y un completo desinte­
rés. Un editor americano le ha ofre­
cido un puente de oro por editar
sus obras una vez suavizadas. Se ha
negado. Arrastra su miseria, vive
cargado de deudas, mantiene a una
multitud de pobres. Utia vez puso
un anuncio en les periódicos pidien­
do que le enviasen alguna ropa, y
coma recibió demasiadas cosas, puso
otro ayiso ofreciéndoselas a los es­
critores necesitados” .
Tal es el hombre al que se acusa
de haber escrito una obra “ porno­
gráfica” , le ofrecen mucho dinero
porque la “ suavice” , se niega y tie­
ne que pedir trajes usados por in­
termedio de la prensa.
En la inevitable encuesta que so­
bre el “asunto Miller” ha hecho un
periódico francés, lo más bello, bre­
ve, exacto y digno es lo que ha dicho
Jean Cccteau, quien al preguntarle
qué le parecía el pleito suscitado
por la moral ultrajada, contestó al­
zando los brazos: “ Esas son cuestio­
nes de la Edad Media, de las que yo
no entiendo nada” .

_ ¡®
LA IMPRENTA LOPEZ
es la primera organización creada en HispanoAmérica dedicada exclusivamente a la impresión
de libros. Su participación en la creación de la indu stna editorial argentina ha sido decisiva. Su nombre

,

como impresores, unido al de los editores marca una
etapa culminante en la historia del libro argentino.

E l arte y la técnica de la I M P R E N T A L O P E Z
en conjunción maravillosa realizan el milagro de
producir las más bellas y cuidadas edicio­

UNA
L O S

‘ ‘ C A J A ’ ’ P A R A
E S C R I T O R E S

La Asamblea Constituyente votó
sin debate, en el pasado septiembre,
un proyecto de ley creando la “ Caja
Nacional de las Letras” . Tiene esta
institución com o finalidad “ sostener
y estimular la actividad literaria de
los escritores franceses por medio de
bolsas de trabajo y estudio, présta­
mos honorarios, subvenciones, ad­
quisiciones de libros y otros medios
que permitan recompensar la reali­
zación o facilitar la elaboración de
una obra literaria escrita” .
puesto anual de 0.50 de franco por
ciento, sobre sus negocios, a las em­
presas editoras con sede en Francia,
y cuya cifra de negocios sea supe­
rior a los dos millones de francos.
Además, un impuesto de 0.50 de
franco por ciento a los escritores so­
bre sus derechos de autor.
La caja será administrada por un
comité en el que estarán representa­
das las academias, el Ministerio de

nes, tanto de lujo como populares,
a

precios

convenientes,

pues

su especialización le per­
m ite dar c a lid a d
sin aumentar
el costo.

IMPRENTA LOPEZ
Al servicio del libro
P E R U 666

•

B U E N O S AIRES

�.20

Jean Paul Sartre, el último
escándalo de París Por J. L. Darnetal
C o r r e s p o n d e n c i a de F r a n c e -P r e s s e
E special

para

C aralgata

PARIS, diciembre. — París tiene un
nuevo escándalo. Un escándalo teatral.
H escándalo de Jean-Paul Sartre, es­
critor y filósofo aquejado de estrabismo
divergente y jefe de la escuela existencialista.
El escándalo ha sido provocado por
dos obras teatrales de Sartre: "M uirtos
sin sepultura” y "L o meretriz respetuo­
sa” . En la primera, se ven escenas de
tortura, com o en las piezas de gran
guignol; en la segunda, el autor critica
de manera virulenta el racismo en los
Estados Unidos.
Noche tras noche, las perfumadas es­
pectadoras se desmayan o abandonan la
platea llorando en accesos histéricos.
E3 Jefe de la escuela existencíalista

Sobre el Teatro
de J. P. Sartre
\

Es, ciertamente, indudable que la pre­
sencia de Jean-Paul Sartre ha consti­
tuido un drástico reactivo para el am­
biente teatral francés. Aclamado por
unos como renovador, negado con ve­
hemencia por otros, discutido por la
mayoría, su presencia significa de todos
modos un aporte saludable y vitalizador,
ya que aporta ideas, un valioso bagaje
de ideas e inquisiciones, ya sea que se
las involucre en el bagaje del existen­
dalism o o com o quiera que se las rotule.
"M uertos sin sepultura", obra que mo­
tivó ya graves incidentes al estrenarse
en Copenhague antes de darse a cono­
cer en París, gira en tom o de las tor­
turas sufridas por un grupo de comba­
tientes de la resistencia francesa cap­
turados por los milicianos y sometidos
a un interrogatorio para conocer el pa­
rad :ro de su jefe. Se trata de una pieza
algo despareja, con excelente material
trágico y fuerte interés teatral. Las re­
acciones psicológicas de los torturados
van jalonando cada proceso intimo y
aparece la diversa actitud de cada cau­
tivo frente al dolor. No todos podrán
soportar hasta el mismo limite la tor­
tura y ello los define en escenas lace­
rantes. Uno de ellos, está seguro de po­
der resistir; otro, duda de si mismo; un
niño de quince años, amenaza con ha­
bla*,- haciendo peligrar así a sesenta
camaradas, y uno de los prisioneros,
para evitarlo, estrangula al niño.

está desorientado y dado el escándalo
del bulevar Saint-Germain, se ha visto
obligado a cortar ciertas escenas y has­
ta ha abandonado la calle del Sena
donde vivía para volver a la casa de su
madre, como las muchachas pudorosas
e inmaculadas y las esposas desenga­
ñadas. Pero por lo visto, en la orilla iz­
quierda del Sena, hay gran número de
esposas desengañadas y de muchachas
que distan de ser inmaculadas. Y todas
ellas, asedian literalmente el departa­
mento de la señora Sartre, que se ve
obligada a defender a su Pablo de estos
furiosos arrebatos de admiración.
Allí, en la calle Bonaparte 42, Sartre
ha recobrado la atmósfera burguesa. To­
das las mañanas, una anciana sirvienta
le cepilla y limpia la ropa y sus zapatos
jamás han brillado tanto. Y a las siete

de la mañana, la señora Sartre despierta
a su hijo con un copioso desayuno. Para
ella, su hijo, hace poco desconocido, hoy
célebre, no ha cambiado. Y resume asi
su opinión: “Mi Jean-Paul es siempre
amable, aunque suele tener malas ideas” .
E3 aburguesamiento de Sartre ha sor­
prendido a sus discípulos, que habían
abandonado a sus familias —o, de acuer­
do con la jerga existencialista, se ha­
blan liberado— para Irse a vivir al Ho­
tel de la Louisiane, donde vivía Sartre
y cuyos pasillos recorrían vestidos con
sucios piyamas —la lavandera cobra
mucho y el agua en invierno es dema­
siado fría— en busca de su papá.
Ese hotel no es solamente un lugar
de peregrinación, sino algo asi como un
vivac, donde hay que lucir una indu­
mentaria descuidada y un aire ausente.

reparo su serie de instantáneas de un
realismo estricto y sin belleza. Y otros,
como Marcel Thlebaut, consideran que
en Sartre existe una irreprimible ten­
dencia a cierto repulsivo sadismo, reco­
nociendo empero que “ Muertos sin se­
pultura” , i&gt;ese a ser a ratos una obra
malograda y desagradable, tiene momen­
tos espléndidos y un constante interés
teatral.
En cuanto a “ La meretriz respetuosa” ,
estrenada en un mismo espectáculo con

" M uertos sin sepultura” , ha sido mejor
acogida y algunos críticos han hallado
una fuerza shawiana en su tono turbu­
lento. cinico. personal, lo cual natural­
mente es su mejor elogio. Se trata de
una diatriba contra el racismo negro en
les Ehtados Unidos. Una mujer galante
que no se aviene a firmar un falso tes­
timonio contra un negro acusado de
violación y se muesfra insobornable, ce­
de por fin cuando se esgrimen ante ella
algunos convencionalismos h i p ó c r i t a -

LA M A R C H A DEL

mente utilizados. Al margen de la tesis
sustentada, se trata de una obra de recia
humanidad, de seres vives y no de en­
tidades abstractas como en "Muertos sin
sepultura" y ello ha motivado sin duda
su mayor éxito.
Pero la obra que ha consagrado como
dramaturgo a Jean-Paul Sartre, susci­
tando igualmente ecos de escándalo, ss
su pieza “ Huís Cíes”, cuyos protagonis( Continúa en la página siguiente).

TEATRO

occidental), obra maestra del autor
de “ Jinetes hacia el mar” , que se
exhuma rarísimas veces.

• • •
En el teatro Ethel Barrymore no
obtuvo el éxito previsto el clásico
melodrama isa be lino "'La duquesa
de Amalfi” , de Webster, con un no­
table reparto encabezado por Elizabeth Bergner, Cañada Lee (actor
negro creador de “ Native Son” ,
estrenada entre nosotros con el nom­
bre de “ Sangre negra” ) y John
Carradine.,
Internante escenario do R»lp Alsw ong
paro la reposición da " U s i « tra to ", de A ris­
tófan es, por un (lonco totalm ente negro.

El Theatre Incorporated, de Nue­
va York, presentó la comedia de
Synge “The Playboy o í the Wes­
tern World” (El bufón del mundo

• o o

Se repuso en Broadway “ Lisistrata” , la siempre fresca comedia
de Aristófanes, con un elenco for­
mado íntegramente por artistas ne­
gros encabezados por Etta Moten y
Rex Ingram, siendo la mise en scene
del destacado director James Light,
que se creara una reputación al

Estas y otras escenas crudas y vio­
lentas, con un sádico torturador obran­
do en escena, intentan materializar dos
ideas centrales que animan esta obra de
Sartre: que la tortura crea cierto es­
tado de insensibilidad en que interviene
el orgullo y que, también, a modo de
bautismo, la tortura crea entre los so­
metidos a ella una suerte de solidaridad
casi mística que les franquea la entrada
a un mundo nuevo.
La manera de llevar a escena este
asunto, con su estilo descamado y rea­
lista, da la tónica del teatro de JeanPaul Sartre y explica las vehementes y
encontradas opiniones de los críticos pa­
risienses, que difieren en alto grado.
Gabriel Marcel, prestigioso filósofo y
dramaturgo, considera que "Muertos sin
sepultura" obra a modo de excitante, lo
cual, a su entender, tenga o no el ca­
rácter de un afrodisíaco, traiciona una
exigencia imprescriptible del arte. Otros
críticos, como Robert Kemp, reconocen
que la pieza supera con mucho al mero
guignol o los dramas revolucionarios de
un Sardou, pero anotan como un serio

Hay que frecuentar también el Café de
Plore (refugio de los neófitos). Luego,
cuando se afirma el éxito, se pasa al
Montana, contiguo al Flore. Para este
traslado, basta por lo general un año.
Luego, se pasa al Bar Vert y finalmente,
ya en el apogeo de la gloria, al Bar du
Pont Roya!, donde el elevado costo de
las consumiciones se debe a la presen­
cia permanente de Jean-Paul Sartre y
de Simone de B e a u v o i r , apodada la
Grande Sartreusi.
A pesar de todo, Sartre ha conservado
su cuarto del Louisiane, donde ha es­
crito "La meretriz respetuosa” y conoci­
do a Simone de Beauvoir, entre muebles
polvorientos y articulos inconclusos. Fué
allí donde el maestro del existendalismo
estuvo enfermo de paperas y donde, per­
mití: ndo la violación de una rigurosa
consigna, recibió por primera vez a
Marie Olivier, una misteriosa muchachita que trastornó al hotel al aparecer
per primera vez. Marie cuidó tan bien
a Jean-Paul durante su enfermedad,
que en agradecimiento el escritor le ad­
judicó el único papel femenino de su
pieza “ Muertos sin sipultura” . Marie
Olivier, fuera de Sartre, es una de las
pocas personas que saben qué es el
existendalismo.

M ILDRED N A T W I C K , en el popel de le
Viuda Q uin, de lo comedia de Synge El
bufón del m undo occid e n to l", primer es­
pectáculo de lo temporada del Th estro
Incorpora fed.

fren te de los P rovin cen tow n Pla­
yera, v in cu la d o s co n los éxitos ini­
ciales d e O ’N eill.

• • •

Uno escena de lo obra de Jecn -P oul Seetre "H u í* C í o * ", tol como lo representaron sus
intérpretes ingleses A le e Guinnés», Beatrnc Léhmonn y Betfy Ann Davies, con el título
ó • "V k i o t i i c lrc le ".

T am bién en el Canadá se reavive
el in terés p o r las grandes reposicio­
nes. E lteatro m ás popu lar de Mcntreal, e l d e L es Com pagnons, anun­
cia un e x celen te plan de acción
p a ra la tem perada próxim a, en que
sólo asom a una gran com edia m o­
derna. La presen tación tendrá luga*co n “ L es R om an esq u es” , de Rostand,
y lu ego se su cederán “ Las preciosas
r id icu la s” y “ El m éd ico a palos ,
de Mc l i e r e ; “ L eoca d ia ” , de Musset,
y “ E l R ey C ie rv o ” , d e C ario Gozzi.

�(Viene de la página anterior)
tas son tres anormales: un sádico que
ha atormentado a su esposa, una les­
biana que ha destruido felicidades aje­
nas y una mujer que ha llegado hasta
el infanticidio. La concepción del in­
fierno de Sartre es igualmente original:
consiste en verse encerrado en un cuar­
to casi sin muebhs, sin ventanas, de
empapelado rojo, en compañía de dos
personas que saben de uno lo peor y
sobre quienes uno sabe también lo peor.
Después de su gran éxito en París, la
pieza de Sartre ha sido traducida al
inglés y estrenada en Londres con el
título de "Vicious tírele", siendo inter­
pretada per Alee Guinness, Bsatrix Lehi :ann y Betty Ann Davies. Se prepara
en Broadway una versión norteameri­
cana de la misma titulada "No Exit” , en
una nueva traducción y con música de
Paul Bowles. A pesar de las discusiones
provocadas por " H uís Clos”, los críticos
coinciden en reconocer su gran interés
teatral su constante “suspenso” y su ex­
celencia para el lucimiento interpreta­
tivo. Por lo d:más, se da por seguro su
estreno entre nosotros en el Odeón. a
principios de esta temporada, por una
compañía encabezada por el primer ac­
tor Pedro López Lagar y dirigida por
Luis Mottura.
L. M

Hurgando en
los Camarines
de la Historia
Sins abores de Goethe
Carolina Jagemann, cantante, actriz y
amante del duque de Weímar, Carlos
Augusto, gozaba de gran influencia y ¡e
causaba constantes disgustos con sus ca­
prichos y extravagancias a Goethe, d i­
rector del teatro de Weimar, que re­
nunció en 1808, sin que la renuncia le
fuera aceptada. Pero la situación hizo
crisis en 1817, en que Carolina, aprove­
chando la circunstancia de que el poeta
se había ausentado de la ciudad, estrenó
en su teatro una comedia llamada “ El
perro de Montargis”, cuyo protagonista
era un can. Al volver, Goethe, indignado,
renunció y esta vez el duque no tuvo
más remedio que aceptarle la renuncia.

Un Muerto A u t é n t i c o
Cuenta Juvenal que, en ocasiones,
el papel de Lauréolo en la pieza
“El histrión fugitivo” , del autor ro­
mano Lutacio Cátulo, cuyo final era
la crucifixión, solía ser desempeñado
por un verdadero criminal, que m o­
ría realmente en la agonía de la
cruz. Esto tenía por objeto satisfa­
cer a los espectadores, en quienes
los combates de los gladiadores ha­
bían despertado el deleite ante los
espectáculos sangrientos.

Palabras Inolvidables
Es lo que hacen todos los poetas: ha­
blan en voz alta consigo mismos, y el
mundo, cuando quiere prestarles aten­
ción, les oye. Pero es muy triste no poder
hablar, de vez en cuando, con alguien
más.
B exnard Shaw i “ Cándida”)
Los bufones son siempre tristes. La
risa es la gran enterradora. Se llora por
lo que aún vive, por lo que aún duele,
Por lo que aún se recuerda: cuando se
ríe de algo, amor, creencia, ilusión o me­
moria, es porque está bien muerto.
J acinto B en aven t e

(“La noche del sábado” )

SOMERSET MAUGHAM Y
EL TEATRO INGLES ,,,
~A Li teatro i n g l é s o f r e c e tr es
í tendencia perfeetsmente d i f e J renci£das: e l t e a t r o s o c i a l ,
dialéctico, de ideas y a veces de
tisis, que tan acabadamente repre­
sentan, en sus d i v e r s a s facetas,
Shaw, Sean O’Casey y Galsworthy;
el de costumbres, con Wilde y Pi­
nero, y el pcéticc, con Synge, Yeats
y Dunsany.
Somerset Maugham p e r t e n e c e
claramente a la segunda tendencia
y desciende del brillante linaje de
comediógrafos costu m b ristas que
arranca de W ycherley, Congreve y
Sheridan, chispeantes flageladores
de vicios y corrupciones que lo hi­
cieron con galana sonrisa gaélica y
v.c ccn ceñudo empaque de mora­
listas.
Maugham proviene de Pinero,
pero le sobran todo el ingenio y
esprit que le faltan al mediocre
autor de “La segunda señora de
Tanqueray” , que cumplió con su
misión de precursor sin revelar de­
masiado talento; y tiene más bien
puntos de contacto con Wilde por
la causticidad de su lenguaje, sus
paradejas, su atmósfera caballeresca
de “ fair play” , donde las situaciones
se resuelven sin demasiada v id e n ­
cia y, por lo pronto, sin violencias
chillonas. Sin la frecuente superfi­
cialidad de Noel Coward, el teatro
de Maugham tiene características
que lo acercan al de un colega de
ultramar, S. N. Behrman, otro cos­
tumbrista elegante que manipula
las ideas con la misma facilidad que
las palabras.
“ El círculo” , “ Lo imposible” , “La
espesa constante” , son netos especí­
menes de la comedia brillante que
cala hondo, sin limitarse a los deva­
neos verbales de los malabaristas de
la paradoja por la paradoja. Mau­
gham es un observador agudo y sa­
gaz que conoce profundamente la
naturaleza humana, que ha sondea­
do más que nada sus flaquezas y
sus ambiciones, que es indulgente
ante los deseos del hombre y con­
templa, con un dejo mundano y
triste cinismo, la comedia cotidiana.
Es, temperalmente, un narrador, •
com o lo prueba su magnífica novela
“ Del cautiverio humano” ( “ El cau­
tivo del deseo” , en la versión cine­
matográfica), su vi4a de StricklandGauguin y tantas otras novelas y
cuentos que jalonan su pródiga ca­
rrera. Pero todas esas narraciones,
siempre apasionantes, contienen un
poderoso suspenso, un sentido insu­
perable del interés y revelan a cada
paso en su trama, en la concatena­
ción de sus incidencias y en su rit­
mo, que en Maugham predomina
siempre el dramaturgo, que concibe
sus narraciones en función de dra­
ma, que siente el arte como un es­
pectáculo .
De ahí la frecuencia con que se
han teatralizado y filmado sus no­
velas y cuentos con invariable éxito.
Y ahora, acabamos de ver en el
Astral una de sus teatralizaciones
más felices, la de su novela “Llu­
via” , que si bien se estrenó hace
muchos años en el Argéntico por la
compañía de Armando Discépolo,
fué dada en una versión francesa
inferior a esta versión norteameri­
cana de Col ton y Rar.dolph que nos
llega ahora, muy hábil y muy tea­
tral, con un máximo aprovechamien­
to de 1 3 S situaciones y una plausible
sobriedad que lima lo detonante.

t

Duícino de M oraes

Somerset

M au g h am

,rLluvia” nc es una pieza repre­
sentativa del teatro de Maugham.
Este tipo de asuntos ha sido usado
por si escritor preferentemente en
sus novelas, de un ambiente exótico
asimilado en sus largos viajes, com o
en “ El velo pintado” , “ La carta” ,
“ A l este de Suez” . Significa, por el
contrario, una nota original y dis­
tinta en su teatro de salón, de co­
media brillante, de esgrima verbal.
Ser trata de una pieza de las llama­
das de “clim a” (y esto no es, por
cierto, un fácil “ calembour” con el
título). Las fuerzas telúricas desem­
peñan en “Lluvia” un papel domi­
nante, com o en “Le simoun” , de
Lenormand, y tantas otras. La ago­
biante lluvia de Pago Pago, con su
ritmo taladrante e inacabable, que
hostiga los nervios y los crispa hasta
empujarlos al frenesí del grito, del

estallido inevitable, gravita directa­
mente sobre las almas de los prota­
gonistas, incide sobre su capacidad
para el mal y él bien, sobre sus
impulsos y sus p a s i o n e s . Sadie
Thompson, la pécadora varada en
uns tierra de nadie, entre dos mun­
dos, es un tipo pintoresco y triste
que resume, seguramente, muchas
experiencias del autor en sus an­
danzas. Parece frívola, ligera, cínica,
despreocupada; y con tanto m ayor
motivo, nes sorprende su repentina
pero lógica conversión, e l m i l a ­
gro que ilumina de pronto su con­
ciencia y hace aflorar en ella los
impulses místicos ahogados por un
prolongado e n v i l e c im i e n t o de la
carne. La metamorfosis nos evoca
la aguda observación de Lenormand,
por boca de Luc de Bronte, en “ El
hombre y sus fantasmas” : “ Agotado
ciña de Moraes, que se presentaba
el mundo de la materia, el mundo
de las formas se apodera del hom­
bre” . Nadie mas propenso a una
conversión, en efecto, que la peca­
dora que ha agotado la gama de la
í ventura hasta el punto de despre­
ciar al hombre y de gritar ese des­
precio. Y su desilusión ulterior, que
la devuelve a la vida galante, es el
corolario lógico de la caída del re­
verendo Davidson ,el único hombre
que le ha inspirado respeto.
“ Lluvia” es una pieza perfecta­
mente ambientada. Su en er v an te
a ¿biosfera de rincón del Pacífico
donde la vida se desliza perezosa­
mente hasta que aparece la mujer
de gesto provocativo y pasado más
que dudoso, así com o su desfile de
pintorescos personajes nativos y de
pase, tuvo sugestión dentro del co ­
lorido marco de la escenografía de
Saulo Bsnavente con que se pre­
sentó la obra en el Astral. Pero lo
que le dió particular color y brillo
fué la notable actriz brasileña Dulpor primera vez entre nosotros ac­
tuando en castellano y que reveló
un singular señorío de la escena,
gran prestancia y simpatía y el do­
minio de todos los tonos y matices
propios de una primerísima actriz,
que ya cabía prever en una intér­
prete que ha hecho comedias de la
jerarquía de “ Sarda Juana” , “ A n fi­
trión 38” y “ Pigmalión” . Su Sadie
Thompson fué un retrato psicológi­
co acabado del personaje.
A l mismo tiempo, Dulcina de M o­
raes se reveló excelente directora
con su montaje de la pieza, que lle­
gó al público con agilidad y fuerza.
Junto a la protagonista, Santiago
Arrieta, en el papel del reverendo
Davidson, luchó con un personaje
difícil e ingrato, acertando por m o­
mentos, y Angeles Martínez, encar­
nando a su mujer, evidenció una
plástica impecable, pero estuvo a
menudo fuera de tono.

PROSCENIO:

Sección de

Teatro a Cargo de León Mirlas

�Una Colección de Manuales

CRITICA
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SI USTED PADECE DE...
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DE LA VESÍCULA BILIAR
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EDITORIAL
PERU

973

—

U. T.

POSEIDON

3 4 - 2384

—

BUENOS

AIRES

GONZALEZ

CARBALHO

del B o s q u e , per María Luisa Rubertino. Ediciones Laurel, Buenos Aires.
IOS páginas.
Desatendamos el problema de form as en este denso libro, ya que su pasión, sus
obstinadas vigilias, el irreflexivo arrebato, la memoria — levantándose del subconciente, de ese invencible bosque de la carne— predominan por sobre toda imposi­
ción estética. Cantos de mujer, plenitud juvenil. Canto desnudo, perturbador, simple,
natural. Mana Luisa Rubertino recoge el ardiente mensaje que sustentaran voces
—hoy calladas— de la poesía femenina de América. Vuelve a rumorear ese manan­
tial. expuesto a perderse, si bien el lenguaje que emplea es distinto por indirecto.
Acumula imágenes y símbolos, entregándose a la característica retórica de su tiem­
po, en su verso ílúlda e iluminada. Yérguese sofocada y sofocándonos por la vio­
lencia de su latido; deja vivir sus bosques, correr sus ríos, alzarse los infinitos
rumores de su corazón en celo. Sin duda alguna, en esta inconsciencia adolescente
de su voz asoma, magníficamente dotada, una de las más henchidas de su genera­
ción. Soneto o verso libre figuran en sus cantos. Su irregularidad formal, en oca­
siones inexperiencia técnica, le infunde transparencia y salud de raíz joven. Todo
aquí es incontenible: su ternura, su inocencia y el impúdico y casi ritual desafio de
su sinceridad. Temas indeterminados: el amor se confunde con la urgencia de abre­
varse —suerte de místico anhelo— en la inmensidad de un paisaje. Diríamos: avidez.
Pero existe al mismo tiempo un tono de esencial distinción, una marca de estilo,
que mide las actitudes tom ándolas estatuarias. Los pies desnudos armonizan en­
tonces sus movimientos y se piensa en ordenaciones musicales e insinuaciones de
danza. ‘'Memoria del bosque” , en su actualidad inmadura, anuncia claramente la
inspiración pletórica de mañana. Poesia defínidamente femenina. Con labios y se­
nos. Frecuentemente, en altas voces de mujer, se nos escamotea indebidamente la
mujer. En la voz de María Luisa Rubertino hallamos la envolvente sugestión, tan­
tas veces reclamada, de la desnudez casta, que canta aladamente, desanudando sus
secretos. Sus sensaciones de paisaje y de amor, si bien encubiertas por la intelectualización de la imagen, están recogidas de zonas ciegas en que los impulsos amplios
se originan. Alabamos hoy su actitud impremeditada y grácil, capaz de rememo­
ramos, en su envoltura estética, etapas de liberación distantes y reveladoras. De
ahí que el libro, de franca condición vegetal, nos mueva a abandonamos, delei­
tosamente, a su ráfaga perfumada de bosque mental y latido humano, palpitante.

M e m o r ia

de H o y . Reportaje al campo, por Orlando D’Aniello. Editorial Schapire,
Buenos Aires. 157 páginas.

G auchos

Elementos novelescos, recogidos y presentados en clima de aventura, sostienen
esta sustanciosa crónica, este reportaje al campo, asomado a los caminos, dando
carácter a los pueblos y poniendo en la grísura de la existencia quieta un matiz
trashumante y pintoresco. Justo es reconocer, por medio de la lectura de “Gauchos
de hoy” , la trascendencia de la crónica, frecuentemente desprestigiada, en el azar
diario, por la dudosa categoría del cronista. Exige, a través de Orlando D’Aniello,
su consideración en la literatura, y no por razones de estilo —ella determina visi­
blemente el propio— , sino por la riqueza y condición de materiales que presenta.
A la visión panorámica de ese mundo ambulante; agréguese el detalle de los ca­
racteres, resueltos a veces en una frase, en una confesión autobiográfica, o en tra­
zos objetivos de intencionada malicia y de rápido e inconfundible sabor. Transpor­
tando al libro escenas de la realidad, D ’Aniello se acerca a un tipo novelístico con­
temporáneo, concomitante con la objetividad del cine. Sin embargo —y denuncia
aquí su elementalidad— , narra simplemente. Refiere . Con el lenguaje sobrador del
porteño, dueño de un modo titu lan te y desaprensivo de irrumpir en el campo, y
afirmando, en esta condición cabal, el antecedente máximo para definir lo nove­
doso y permanente de la crónica, en su intento de filiación literaria. Sin duda que
“ Gauchos de hoy” espantaría a un académico. La literatura, se ha dicho ya mil
veces, comienza a interesar cuando se independiza de normas sofocantes. No sería
ello suficiente para justificar el elogio de un libro. En este que comentamos, lo vital
anda a sus anchas y respiramos total despreocupación. La trama asaínetada, el
desarrollo circunstancial, las observaciones sin medidas mayormente profundas, li*
mitarían el mérito del trabajo; pero de todo ello, envuelto en la particular expre­
sión, trasciende un definido aire que nos es familiar, una modalidad estrictamente
nuestra que no hallaríamos en obras de más rigurosa factura. Señalamos esta acer­
tada direcfción que sitúa a “ Gauchos de h oy” como libro de interés rotundo. En él
se documenta la confluencia del periodismo y la literatura, infundiéndole una vida
gozosa que, sin duda, afianzándose en más sólidos temas y realizaciones, puede re­
presentar aportes saludables para nuestras letras. D ’Aniello ha utilizado, con inten­
ción manifiesta, expresiones y modismos acordados a la esencia de su trabajo, y
su libro posee la virtud de abrim os puertas y ventanas hacía posibilidades ilimitadas.
U n I d il io B o b o ,

¿Qué es la hipertensión? ¿Cuáles con sus síntomas? ¿Cuál es la causa?
¿Cuáles son las formas de tratamiento aceptadas? Este libro contesta estas
preguntas y muchas otras que cada paciente de hipertensión se puede
plantear. Y cualquiera que sea el tratamiento que su doctor le prescriba
— dieta, repeso, medicamentos, cirugía— este libro le ayudará a comprznderlo. a seguirlo y a obedecerlo.
•
Un volumen ene.: $ 3

LITERARI A

por Angel F. Rojas. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito. 219 pág

lificación de maestría. Angel F. Rojas es un narrador de vigor sostenido, que sorlificación de maestría Angel F. Rojas es un narrador de vigor sostenido, que sor­
prende apenas iniciada la lectura por su ajuste, por su fuerza, por la profundidad
con que resuelve, lúcidamente, el perfil de un personaje o la proyección de un am­
biente. Desde Ecuador nos llega el libro, editado por la “ Casa de la Cultura Ecua­
toriana” , que tan digna y vasta tarea lleva realizada. Teníamos noticias del escritor
por su novela “ Banca” , pero esta colección de relatos nos permite valorizarle en la
síntesis, en la sobriedad, en la poderosa trascendencia de su instrumento literario,
que le coloca en situación de privilegio entre los maestros del género. Representan­
te de su tiempo, Rojas se acondiciona, sin embargo, a normas de proporción neta­
mente clásicas en lo que respecta a arquitecturación y desarrollo de la trama. Entra
en ella, segura y brillantemente, absorbiendo de inmediato la atención del lector,
que se sabe ante un escritor agilizado en el juego de la sensibilidad, poseedor de un
sinnúmero de sorpresas. La sorpresa aflora, no como broche consabido —recurso por
demás usado— , sino a cada instante, en una observación, en un episodio accesorio,
en el atisbo de un carácter. Rico en materiales candentes, rico en idioma, para
transmitir cualquier temperatura y expresar los más escondidos recovecos del alma
humana, se adentra con preferencia en el elemento pueblo, y cada uno de sus casos
alcanza la dimensión de esa alma compleja, con sus más oscuras reacciones, hun­
diéndose valientemente hasta el móvil de ellas. Anecdótico y climático a la vez, crea
en ambos aspectos el suceso vivo, dramatizándolo, para culminar en epílogos cuya
grandeza consiste, a menudo, en lo simple cotidiano. Escritor sin recetas, palpamos
en los relatos de Rojas la inspiración que orienta, decidida y airosamente, el des­
envolvimiento episódico. Desde “Un idilio bobo” —primer relato del volumen— a
“ Viento grande" y “ Las sirenas de las islas Galápagos” , existen diferencias funda­
mentales en temática y técnica, y en este triángulo demostrativo podríamos desta­
car, por igual, su maestría.

�LI BROS
El Novelista, p or Ramón Gómez de la
Serna. Editorial Poseidón, Buenos Ai­
res, 272 páginas. ($ 6 m/argj.
Cuando Ramón Gómez de la Sem a se
dispuso a la aventura de su novela “ El
novelista" —verdadera aventura en to­
dos los sentidos—, Madrid sentía la an­
gustiosa necesidad de un novelista. Es­
taba entonces Madrid en un momento
de plenitud y de Interés que ninguno de
los novelistas profesionales del mundo
literario madrileño había percibido. Don
Benito Pérez Galdós ya no existía y Pío
Baroja íué siempre en Madrid un nove­
lista un poco forastero —por lo demás,
do ocultó nunca que miraba a Madrid
con criterio, espíritu y condescendiente
incomprensión de vasco—. Y más vale
no hablar de los otros. Pero era tan
angustiosa la necesidad de un novelista
que tenía Madrid, y Ramón, el único en
comprender la necesidad en todo su al­
cance, se rió tan acuciado por ella, que
acometió la tarea de satisfacerla con
una prisa y una gula terribles. "El no­
velista” quiso ser, de pronto, no una no­
vela de Madrid, sino todas las novelas
posibles de Madrid que en un momento
dado circulasen por la mente de un la­
borioso novelista hipotético.
Solamente Ramón era capaz de con­
cebirlo y realizarlo. “ El novelista” es
como si dijéramos el fichero de todos los
bocetos de novela posibles, de todos los
personajes y de todos los ambientes de
novela imaginables en Madrid. Novelas
que no ha habido tiempo de concluir en
esa avalancha de novelas que se han
caido encima del novelista al intentar
empezar su obra; novelas de las que se
logra coger el desenlace de una, el mo­
mento crítico de otra, la escena boba de
la romántica, la definitiva y decepcio­
nante de la sentimental; personajes que
aparecen brevemente como pantallazo
cinematográfico, con una intensa fuga­
cidad de grito o de im precación ... En
definitiva, una novela de una densidad
tan extraordinaria que todavía, puede
decirse, no ha llegado a ser penetrada
completamente por un mundo de lecto­
res que será cada dia más nutrido.
Acierto grande ha sido el de la Edito­
rial Poseidón el reeditar esta gran no­
vela de Gómez de la Sema, hoy tan Ju­
gosa e interesante como cuando se editó
por primera vez, uno de esos libros que
no envejecen ni se enrancian y que
siempre son nuevos, sobre todo para el
lector que lleva dentro el sentimiento y
la delicada c o m p r e n s i ó n de lo nue­
vo. — J. M ora G uarnido

Usted y

la

Herencia, por Amram Schein-

fieli. Editorial Sudamericana Buenos
Aires. 536 páginas, (t 14 m ¡arg.).
El autor de este libro no es un pro­
fesional de la biología como médico, pro­
fesor, investigador, etcétera, sino un es­
critor que estudió los problemas de la
herencia para hacerlos llegar al público
lego, al lector de periódicos y revistas,
al que tiene suficiente capacidad para
discurrir sobre problemas muy varios,
pero rehuye entrar en la literatura des­
tinada a las aulas por carecer de la ne­
cesaria familiaridad con los términos
técnicos. Esto en sí puede ser un mal,
un inconveniente o puede ser un acierto;
todo depende de la honestidad del au­
tor. Pero en el caso que nos ocupa es
de justicia declarar que el empeño íué
realizado, más que con honradez, con
acierto, con talento. El lector capaz de
pensar, de seguir con agilidad el curso
de un razonamiento y de hacer algunos
cálculos y esquemas, puede, mediante
este libro, alcanzar una visión cabal,
objetiva, matizada, de este campo m o­
derno de la biología que denominamos
herencia, tal como hoy se conoce. Este
libro está calificado de bueno y muy
bueno por una autoridad mundial en los
temas de que trata, el profesor J. B. S.
Haldane, en un breve prólogo para la
edición inglesa, lo cual constituye la
mejor garantía de que el autor no ha
digerido a medías un asunto para oíre-

cérselo al lector con el adobo de los
efectos literarios, sino que ha calado
hasta la base de los problemas y ha
emergido de ellos con la misma frescura
con que inició el descenso, con la misma
resolución de exponerlos fielmente en
lenguaje llano, ordinario, hasta el limi­
te de lo posible.
l a genética, como la química, es una
ciencia reciente, más aún que la segun­
da. Los primeros atisbos realmente cer­
teros fueron los de Mendel, quien en
1866 publicó en las Actas de la Sociedad
de Histeria Natural de Brunn sus resul­
tados sobre los cruces de guisantes en el
huerto del convento de los Agustinos de
dicha ciudad. Nadie prestó atención a
sus conclusiones hasta que, treinta y
cinco años después, o sea a comienzos
del presente siglo, tres investigadores,
uno holandés, otro alemán y el tercero
austríaco, las redescubrieron de un mo­
do independiente. Es legítimo afirmar,
pues, que la ciencia de la herencia, de
importancia tan capital para el hombre,
tanto desde el punto de vista teórico co­
mo práctico, comienza con el siglo pre­
sente y en lo que va del mismo alcanza
resultados comparables a los de la quí­
mica y la física.
En el libro que nos ocupa, el curioso
tiene ocasión de comprobar por sí mis­
mo el alcance científico, económico, so­
cial, artístico, pedagógico, etc., de la ge­
nética, pues su autor no perdió de vista
el propósito que le llevó a enfrascarse
en la combinatoria de los cromosomas:
decir al gran público lo que le interesa
con el enfoque y el lenguaje del perio­
dista, del hombre que vive la vida en
medio de la corriente, y no en el reman­
so de un laboratorio o, lo que es peor
aún, de una torre de marfil. He aqui al
azar, algunos de los títulos de los capí­
tulos o apartados en que la materia del
libro aparece dividida, pues ellos sugeri­
rán m ejor que nada su índole a la vez
científica y popular: II La vida parte
del cero; III El eterno plasma germinal;
IV Lo que no heredamos; VII El peli­
groso camino hacia el nacim iento; VIH
¿Varón o m ujer?; X V I ¿Qué aspecto
tendrá nuestro h ijo ?; X X Los genes
“ negros"; X X I X El éxito: ¿herencia o
suerte? X X X III De la aptitud al genio,
X X X V I Comportamiento sexual; etc.
Uno de los méritos no pequeños, de
este libro es el de sortear los escollos
del especialista que sólo sabe ver el mun­
do por el ojo de su especialidad y exclu­
ye dogmáticamente de la escena cuanto
parezca comprometer las conclusiones
últimas de sus colegas y cuanto ignora
de los demás. ¿Hasta qué punto están
predeterminados nuestros pasos, nues­
tros éxitos y fracasos, por los genes de
nuestros antepasados? ¿Hasta qué pun­
to influye y determina nuestra perso­
nalidad el medio ambiente en que nos
form am os? ¿Defienden nuestras enfer­
medades del legado biológico de la he­
rencia? ¿Hay factores que ponen una
cota ineludible a la duración de nuestra
vida con independencia de un nivel de
vida por encima de una cierta tasa m í­
nim a?. ..El autor expone, sin tomar
partido, los resultados de la investiga­
ción, y en los casos litigiosos deja al lec­
tor el cuidado de formarse su propia
composición de lugar.

Gráficos, láminas, esquemas, mapas,
etc., contribuyen a facilitar la compren­
sión de este libro, que recomendamos
con toda simpatía; además, lleva una
bibliografía muy bien seleccionada sobre
cada uno de los problemas fundamen­
tales. — J. Otero Espasandín.
La R aza A mericana, per Daniel G. Brinton. Editorial Nova, Buenos
361 páginas. ($ 12 m/arg.).

Aires.

Sería temerario aplicar el calificativo
de clásico a cualquier estudio que verse
sobre un tema tan constantemente dis­
cutido y afinado a consecuencia de rei­
n a d a s investigaciones y de hallazgos
nás o menos fortuitos como es el de
la raza americana o, mejor dicho, el del
hombre de América. Sin embargo, la
obra de Brinton se acerca bastante a
dicho ideal, y como declara su prolo­
guista, doctor Enrique Palavecino, "lle­

P R EM IO DEL CLUB " E L L I B R O D E L M E S "
E N S U S E L E C C I Ó N DE D I C I E M B R E :
EL LIBRO DEL M ES:

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: La estación total, con las Cancio­
nes de la nueva l u z .......................................................... $ 5.—
Un libro rigurosamente inédito que contará entre los más repre­
sentativos del porta españcl.
LIBRO

R ECO M EN D AD O

POR

LA

SO CIED AD

A R G E N T IN A

DE

ESCRI­

T O RES:

AUGUSTO MARIO DELFINO: Cuentos de Nochebuena $

4.—

Toda la atmósfera peculiar de intimidades y evocaciones familiares,
toda la magia poética y novelesca de la Navidad, aparece expresada
bellamente en estos relatos.

EUGENIO ORREGO VICUÑA: O ’ H i g g i n s (Vida y tiem­
po) ............................................................................ .......... $ 12.—
Escrita sobre una documentación de primera mano, es ésta una
interpretación de O’Higgins distinta a todas las conocidas, y que lo
sitúa exactam ente en el marco de su época.

JOSÉ INGENIEROS: Principios de P s ico lo g ía ............... $ 10.—
Una de las obras fundamentales del gran maestro argentino, re­
presentante máximo del positivismo y figura de renombre continental.

HARLOW SHAPLEY: Galaxias .......................................

$

7.—

La información más amplia y reciente sobre las estrellas, los cúmu­
los de estrellas y sobre esas remotas galaxias que, en su contenido y
estructura, se asemejan a la vía láctea.

ANTOLOGÍA ALEMANA: Martín Lutero ..................... $

2.—

Fascículo 20 de la "Antología Alemana” editada por el Instituto de
Estudios Germánicos de la Facultad de Filosofía y Letras.

EDITORIAL LOSADA S. A.
A LSIN A 1131. BUENOS AIRES
Huaneavelica 2 8 8

Son A ntonio 9 9 esq. M oneda

Lima

Santiago de Chile

vará sin duda al público una visión de
la América indígena mucho más ajus­
tada a la realidad que aquella nebulosa,
fragmentaria y, a menudo, fantástica
que el periódico o el libro semidocto
todavía difunde” . Cierto que desde la
fecha de su aparición hasta ahora se han
llevado a cábo muchos estudios de im nortancia, sobre todo en el orden lin­
güístico, pero aun así el mérito de la

NOTICIAS
En París, en la rué Lamarck, ha
abierto sus puertas una “ casa del
poeta” , donde se puede pasar la jo r­
nada bastante confortablemente y
donde todos los servicios son gratui­
tos. Los poetas parisinos cuentan ya
con un hegar donde recogerse.
0

0

9

El Gran Premio Literario de la
Ciudad de París, por un importe de
100.000 francos (cantidad nominal,
porque el fiscc se apodera de 26.000,
después de lo cual el autor recibe
sólo 74.000 francos), ha sido adju­
dicado a Lcon-Paul Fargue.

obra subsiste en sus lineas generales y
fundamentales.
Pertenece este título a la Biblioteca
Americanista que viene publicando Nova
bajo la dirección inmediata del profesor
Luis Aznar, y esta edición cumple todos
les requisitos que puedan exigirse de
un libro de estudio en nuestros dias:
mapas, láminas, índices, etc, — J. Otero
Ss p a s a n d ín .

F

R

A

N

C

I

A

Bohemio impenitente, Fargue ha
escrito obras, principalmente sobre
París, cuyos secretos él conoce com o
pocos. Actualmente tiene seten ta
años de edad, se encuentra enfermo
y tiene una pierna y un brazo paralizados_ que le impiden, desde hace
tres años, abandonar su piso del
boulevard du Montparnasse.
0

9

0

Maurice Bedel ha sido nombrado
presidente de los “ Amis des Lettres” ,
entidad que tiene por función defen-’
der los intereses morales y materia­
les de los e s c r i t o r e s franceses.

�A J E D R E Z

Béancas: R IT O . D8CR, T5TD, T4D. A2TD
A8TR. P2CD, P 3AD (8).
N egras: R4AR. T2AR. T3AR. C4R, P4CR (5)

Por F R A N C l SCO B E N K 0

EL ' L E G A D O '

DE ALEK H IN E

AC E poco fué editado en Madrid un li­
bro llamado
¡Legado!” . de Alejandro
Alekhine, que constituye todo un acon­
tecimiento para los ajedrecistas. Contiene
todas las partidas de match de revancha
por el título d^ campeón mundial con Euwe
en el año 1937. todas las partidas del match
entre Reshevskv y Kathdan por el campeo­
nato de los Estados Unidos de 1943 y el
“ Curso a Arturo Pomar” , con muchos ejem ­
plos sumamente instructivos. De todo k&gt;
que escribió A ekhine en su vida, éste su
último libre es probab em ente el más pro*
fundo y el que más enseñanzas deja. Es
como si A ekhint presintiera su muerte y
quisiera dejar d cho todo lo que le preocu­
paba en el orden ajedrecístico. En fin. un
magn fico libro.
Para mayor aprecio de lo antedicho, trans­
cribimos del libro el capítulo IX de su
"Curso a Arturo Pom ar” .

H

CO NSIDERACIONES SOBRE L A PA R T ID A
CATALANA
Pomar cree conocer — y comprender sufi­
cientemente— e Gam bito de Dama. Esta
seguridad en sí mismo es una gran ventaja
y es precisamente por esta razón por lo
que no he querido desilusionarlo. S n em ­
bargo, m e he permitido llamarle la aten­
ción sobre las grandes posibilidades de ucha que ofrece la salida catalana en sus
aspectos diferentes y sobre el complejo pro­
blema de la ucha en la diagonal 1TR-8TD.
Actualmente no parece interesarse por esos
problemas, porque, según él están despro­
vistos de finalidad determinada; dicho en
otros términos porque son demasiado comp icados. Por mí parte tengo la convicción
de que la experiencia le convencerá de las
grandes posibilidades que brinda esta línea
de juego. Las dos partidas que le he m os­
trado son características: 1) Hrabar pierde
la part.da porque pretende a toda costa
resolver el prob ema del A D con rapidez,
lo que le cuesta demasiado tiempo. 2) Bo­
go lju boff resulta víctima de sus deseos de
simplificar a todo trance; y menos m al que
se hal a en buena compañía, pues Fine per­
dió conmigo por emplear la misma estra­
tegia en nuestra partida de 1937 en Kemeri.
Partida N* S
Apertura Catalana
Torneo de Munich (1942)
HRABAR

Dr. A L E K H IN E
1.
2
3.
4.
5
6.
7.

P4D
P 4AD
P3CR
A2CR
D4TD j.
D xP A
C3AR

C3AR
P3R
P4D
PxP
A2D
A3AD
A4D

M ás eficaz es 7 ..* . C2D 8. C3A C3C 9.
D3D A5C jugadas en la partida JungeDr. Alekhine, del mismo torneo.
8. D3D
9. C3AD
Si 9 ........
11. 0-0 con

P4AD
A 3A D

Posición

después de la jugada 18
de las Negras.
18. CxP
Una bonita combinación que conduce a
un final con la ventaja de un Peón.
RxC
La a l t e r n a t i v a era 19......... C(4A )5R
20 P4CD! DxP (o bien 2 0 . . . . EUR 21 A 4A R .
eventualmente seguido de CSTR) 21. C5TR
con la ventaja de una posición decisiva.
20. A4D !
Esto — y no 20 A 6T j.— constituye el
comienzo del sacrificio. A 20___ C2D, con­
testan &gt;ac B ancas con 21 A 3 A D seguido
de 22. TxC. etc.
C5R
21. D xC
D4AR
22. D xD
Las Blancas no tienen por qué evitar el
cambio de las Damas, pues con el juego
que sigue se gana fácilmente.
P xD
2a T D 1AD
TR1R
24 T 7 A D !
TXPR
25. TxPC
R3CR
26. A xC
R xA
27. T6D j.l
Si 2 7 . . . . R2C, entonces 28 T (6 )7 D T1AR
29. R3AR T7AD 30. T 7A D T7D 31. R3R, etc.
con ganancia rápida.
Abandonan.
Partida N t 9
Apertura Catalana
Partida de Exhibición en Varsovia (1943)
Dr. A L E K H IN E
E. BOGOLJUBOFF
1 P4D
P4D
2. P4AD
P3R
3. C3AR
C3AR
4. P3CR
PxP
5. D4TD j.
D2D
El cambio de Damas que las Negras van
a forzar con esta maniobra es da m uy po­
cas ventafas, porque no soluciona el prin­
cipal problema, que es el desarrollo del
Alfil Dama.
6. D xP A
D3AD
7. CD2D
DxD
8 CxD
A5CD j
9. A2D
A x A j. '
10. C 4A xA
Preferible a 10 C 3A x A con lo que tras
1 0 ) ... C3AD 11. C3AR CSCD! hubiera brin­
dado a las Negras algunas probabilidades.
A pesar de la simplificación quedan las
Negras ante un prob ema difcil de resolver:
si se ven obligadas a ju g a r ... P 3AD . ¿qué
porvenir le queda al A lfil? Bogoljuboff to­
ma una medida radical: con el fin de pro­
teger lo? puntos prepara e' enroque largo.
A continuación se verá la parte flaca de
esta estrategia.
C3AD
11 A2CR
A2D

12. 0 0

0-0 0

13. T D 1A D
TR1R
14. C4AD
Va de si que las Blancas no permitirán
...P 4 R
T2R
15 P3TD
A IR
16. TR1D
C4D
17. P4CD
C3CD

PxP, entonces 10. C xA DxC
a recia amenaza 12. CxP.

20. 0 0
11. TR1D
12. CxP
13 R xA
14. D 3AR !

CD2D
PxP
A xA
A2R

Golpe duro para las Negras.
D3CD
Esta plausible defensa se revela insufi­
ciente. M ejor era todavía, aunque relativa­
mente, 14___ D1CD, con lo cual las Blancas
hubieran llevado a cabo su desarrollo ven­
tajosamente con 15. P3CD 0-0 16. A2CD, etc.
15.

A3R !

Con el fin de replicar a 15----- C4R con
10.C(4D)5C! y a 1 5 ... . DxPC con lfl.C (3A )5c
con ventaja decisiva en ambos casos.

0-0
16. C5AR
17. C4TD
18 C xA

A 4A D
D4TD
CxC

Posición

después de la jugada
de las Negras.

17

18. P5CD1
Jugada importante, que obliga a retirar
el Caba lo y permite el bloqueo del A la de
la Dama Porque si 1 8 ... CxC entonces
19. PxC C xP 20. PxP j RxP 21. C5R jR1A 22. C6AD A xC 23 A x A T3D 24. T 3A D
seguido de 25 T 1TD y ganan.
C1CD
19. CxC j.
P T xC
20. P4TD
P3AR
21. A3TR
Am enazando avanzar el P tó n Dama
•
A 2D
Según parece las Negras van por fin a
desahogarse con 2 2 . . . . P4R.
\
22. C2DH
Decisiva porque a 2 2 . . . .
P4R sigue
23. C4AD con la» amenaza 24. C xP m ate
Lo que sigue ahora, prácticamente, es todo
forzado.
T1AR
23 A2CR !
23.
C4AD todavia p e r m i t i r l a j u g a r
2 3 ... R1D seguido de . . . A 1A D .
P3AD
24. C4AD
R 2AD
25. P4R
PxP
Desesperación, ya que no les queda defen­
sa para impedir el avance del Peón Dama.
26 P xP
A xP
27. P5D !
M ás acertado que 27. C3TD j . A 3A D
28. PSD. tras lo que as Negras no se hubie­
ran visto en la o b lig a d la de cambiar los
Peones.
PxP
27. C3TD j
A 3A D
7~»n
29. PxP
30. C5CD j
R1D
31 P x A
PxP
32. C ID !
Todavia gana un Peón.
_
Abandonan.
Partida instructiva en el aspecto estra­
tégico
(Comentarios de A Alekhine
de su últim o ibro "L e g a d o ".)
“L A

Mate en dos Jugadas.
Problema N f 12
F. P A L A T Z
Neue Hamburger Zeitung (1915)
Blancas: R7CR, D2R. T8TR, P4R, P4TR.
P7TR (6).
Negras: R6TR (1).

C A L E S IT A ”

¿Ustedes, amables lectores, pueden im a­
ginarse que un compositor de finales se pro­
ponga hacer marchar un Caballo desde un
rincón alrededor de todo el tablero y dar
el golpe final precistrmente con la vuelta
del mismo Caballo al m ism o rincón? Parece
increibe que se pueda conseguir este efecto
con las piezas de ajedrez, v má 3 todavia
con una igualdad de fuerzas entre las Blan­
cas y las Negras, cuando ya parece difícil
una victoria. Veam os la siguiente jo y a :
S.
M K AM Ih’ ER
F U EN TE?

Mate en tres JugadasFinal N f $
H . M . LOMMER
L i t a lia Sea echis tica (1932)
(Dedicado a Rosselli de' Turco.)
Blancas: R7TD, T8TD, ASAD (3).
N egras: R7TD, T8TR, P7R (3)

Juegan las Blancas y ganan
El Caballo en cuestión es el de 1TR. Em ­
pieza la "C a ba lga ta" con
1. C3C j.
R4R!
Si R5A gana 2. A6D j. en seguida la Da­
ma y la partida. En este ca o hay que
apreciar la posición de mate en que se
encuentra el Rey negro.
2. A7C j.
R5A1Í
La posición de mate se transformó en
posición de ahogo, por si las Blancas to­
man 3. A xD
3. C5T j.
Sigue la marcha hípica.
R5R
4. C6A j
R5A
5 C5D J.
R5R
6 C3A j.
La Dama negra sigue “ inv;o!able”
R5A
7. R2AÜ
Ahora sí que amenaza 8 C2R j. ganando
la Dama. ¿Qué otra jugada 1c queda a ésta
que la del texto?
DRTR!
8. C2R j.
R5R
9. C3C J
R5A
10. CxD ganando
Estamos de vuelta dice este Cabal ito re­
linchando alegremente.
PR O BLEM AS Y FIN ALES
(Recordamos que los nombres de los solu­
cionistas se publicarán ju c to con las souciones.)
—
Problema N f 11
C. M A N SFIE LD
The Observer (1936) Versión.

Juegan las Blancas y hacen tablas.
SOLUCIONES DE LOS NUMEROS J Y 4
DE “ C A B A L G A T A "
Final N» 1 — (K u rt Eucken. Original.)
Blancas: R7TR, A8TR, C2D Negras: rtsCR.
P5D, P7R. Juegan las Blancas y ganan.
R5A
1. C3R J.
R6R
2. C1R
R7D
3. A 6 A
4 A 4T
P6D
R6A
5. R6C
6. A 8 D !
R7D
R6R
7. A 5T j.
P7D
8 R5A
9. A3C mate
Final N? 2 — (K . A L. Kubbel. Schachm atny Listok, 1931.) Blancas: R3A, DiB.
P2AD, P6AD . N egras: R8TO, D3TD, P4TD,
P 2AD , P3R, P2AR . Juegan las Blancas y
ganan.
rsc
1. D 4TD j.
R8A
2. D3C j
R8D
3 D2C j
R7R
4 D1C j.
5. D7C !! y ganan.
Problema N t S —
(Francisco Benko,
39 m enc. hon. Denken und Raten, 1932.)
Blancas: R5TD, D8D T5CR, A8CD. A1CD,
C5R. C7AR- N egras: R3R.. T7CR. A6TR.
C IA D . P6AD, P6AR . Mate en dos jugadas.
1. C6T
Problem a N» 6 — (Ca Tañe Good Compaalon, 1918) Blancas: RITO, D3AD, T7TD.
T7TR. A2T D , C5R. P5CD. P7CD, P7D, P7AR.
P4CR. P6CR. Negras: R3D D1CR. T1TD.
T1D, CLAD. C1R. Mate en dos jugadas
1.C4A i.

�©

MFRED

ST1

(V ien e ’ e la página 9)

u k en el supremo esfuerzo que StieSudedlcó a un medio de expresión
feralmente poco utilizado. T tal vez
«nudo apreciar realmente diferencias
“ ^uebas obtenidas de un mismo clisé,
“ ‘ pasan desapercibidas a ojos menos
.rezados que los suyos. Como quiera que
’ea no seria ésta la primera vez que la
htterodoxia ha conducido a la m ejora,
r nadie se atrevería a negar lo m ucho
ae la fotografía debe a Sthglitz. A él,
como teórico y maestro le debe una
pjite de su recientemente adquirida dig­
nidad a él pueden ístar agradecidos los
fotógrafos por haber logrado que su arte
ks un arte profesional y no un arte
popular, que es capaz de gran indivi­
dualidad de ex^'esión y de la mayor
Integridad en el uso.
Süeglitz, que pertenecía a una fam ilia
de moderados medies de fortuna, recibió
su educación superior en Alemania. D es­
pués de ngresar a América en 1890, em ­
pezó a exhibir sus obras por todos los
países, conquistando un número increí­
ble de medallas. No podría clasificarse
como un fotógrafo frustrado, anhelante
de una fama que adquirieron m uchos de
pastante msnor habilidad. Por el con ­
trario, no tardó en llegar a ser el fo tó ­
grafo más conocido del mundo; su pres­
tigio fué enorme, sus recompensas in ­
cesantes. Pero, por convicción im perso­
nal, estaba resucito a reformar la co­
rrupción de la fotografía y, com o era
natural, se convirtió, sucesivamente, en
editor de tres revistas diferentes: El A fi­
cionado Fotógrafo (1891-96); Netas de
¡a Fotografía (1897-1902) y Trabajo Fo­
tográfico (1902-17). Los cincuenta nú­
meros que han sido publicados de la
última de las mencionadas revistas, son
clásicos en su ramo; Jamás se han visto
en ninguna otra parte reproducciones
fotográficas tan excelentes, y la m a­
yoría de los fotógrafos eminentes de
aquella misma época han tenido acogida
en sus páginas, Junto a otros anteriores
si bien olvidados maestros. A d e m á s ,
Trabajo Fotográfico publicó ilustracio­
nes de los pintores y escultores rebeldes
europeos y americanos que en su arte,
con la mayor tenacidad, iban destruyen­
do gradualmente la oposición académ i­
ca. Mas ser exclusivamente fotógrafo
no era suficiente para la energía de
Süeglitz, como tampoco lo era la publi­
cación de sus varias revistas y fué así
como, en 1905, inauguró su famosa “ G A ­
LERIA 291" como lugar de reunión de
los más avanzados pintores y fotógra­
fos. A esta galería sucedió la “ IN T I­
MATE GALLERY" (1925-29) y "AN
AMERICAN PLACE", i n a u g u r a d a en
1930 y en la que Süeglitz pasó los postr ros y débiles años de su vida.
Nos queda por examinar todavía el
tercer Süeglitz, el Stleglitz "negociante
en obras de arte” . Se emplean las co­
millas porqu: Süeglitz siempre se con ­
sideró a si mismo come un protector de
# artistas más bien que su agente, y sen­
tía cierto desprecio por el mercantilis­
mo en el intercambio artístico, y esto lo
i mostró siempre del modo más violen­
to y apasionado. Antes de comenzar a
relatar la extraordinaria aportación de
sus galerías al arte moderno sería con ­
veniente, quizás, hacer varias observa­
ciones sobre sus id as acerca del co­
mercio de cuadros. Sostenía Stieglltz la
teoría de que el arte carece de precio y
que sólo debi ran disfrutar de las obras
aquellos que puedan apreciarlas en su
justo valor. Esta actitud fué la reacción
natural a un modo de pensar, muy co­
mún entre los norteamericanos de aquel
tiempo, qu; creían que todo podría com ­
prarse a un precio más o menos elevado.
En las galerías de Süeglitz no era po­
sible adquirir obra alguna de arte a
menos que el Client:, por virtud de su

cabalgata

evidente afición y amor a la pintura,
dem ostrara un derecho justificado a po­
seerla. El precio que se m arcaba a cada
obra artística n o guardaba la menor
relación con las cotizaciones del mer­
cado, y variaba en proporción a los me­
dios de fortuna del que trataba de ad­
quirirla, así com o del valor o mérito que
atribuyera el vendedor a sus pinturas.
Es muy de suponer que el anterior pro­
cedim iento n o dejaba de ser efectivo,
si se tiene en cuenta el número consi­
derable de artistas que con su ayuda
estableciere® una reputación verdade­
ramente envidiable. De un m odo o de
o*ro parecía servirles del apoyo indis­
pensable facilitando, al propio tiempo,
la venta de sus cuadros. Pero, por otra
parte, una gran proporción también de
coleccionistas y conservadores de museos
lo encontraban irritante en extrem o y,
por mi parte, aún no he podido per­
suadirme de que a la larga favoreciera
sn m ucho a los artistas o al arte. Por­
que el verdadero arte jam ás se mancilla
con el precio. Antes bien se transmite
inmaculado, después de haber pasado
per las manos más sucias y encontrado,
ai fin. su valor verdadero dignificado,
antas que perjudicado, después de sus
alternativas en el mercado. Soy de opi­
nión que los artistas contemporáneos
tendrían m ayor probabilidad de vendfr
sus obras y recibirían gran estimulo si
sus cuadros se ofrecieran a un precio
determinado y conocido. No hay que ne­
gar que vivimos ahora en tiempos en
que el arte se aprecia más que en los
am argos días de la “ GALERIA 291", y
si los pintores patrocinados por Stieglltz
se encontraban conform es con el expre­
sado sistema, esto debía ser lo principal.
Es bien sabido que todos ellos, sin nin­
guna excepción, sintieron una adoración
profunda por aquel hombre.
StiegUéz, el traficante, fué, en un
principio, persona que se distinguió por
la diversidad de sus intereses en el arte
y, más tarde, por la constante fidelidad
que demostró a los pocos pintores ame­
ricanos de su circulo íntim o y, espe­
cialmente, a Marín, O 'K eefe y Deve. Los
primeros años de la “ GALERIA 291" se
dedicaron a las exposiciones de fotogra­
fías pertenecientes al grupo secesionista;
pero en 1908 dió comienzo a la serie de
exhibiciones que prepararon el camino
para la “ A RM O RY SHOW ” de 1913. R odin, Matisse, Alfred Maurer, Marín, A rthur Dove, Marsden Hartley, ToulouseLautrec, Max Weber, Henry Rousseau,
Cézanne, Picasso, los dibujos de los n i­
ños — todos ellos se exhibieron antes del
1913, y poco después de Brancusi, se
incluyó a O ’K eefe y la escultura de los
negros.
Queda aún por mencionar la perso­
nalidad magnética de Stieglltz, que le
atrajo a muchos de los artistas creado­
res de primera magnitud de este país,
a quienes estimuló y demostró siempre
el más profundo afecto. No le conocí lo
bastante para poder hablar de él a este
respecto; pero me gustaría que su his­
toria completa pudiera relatarse algún
día La narración la comenzaron en
1934. un grupo de sus discípulos cuando
publicaron el libro que lleva el título de
“ América y Alfredo StUglitz". Este vo­
lumen constituye la más valiosa obra de
consulta sobre Sti-glitz, pudiéndose allí
apreciar la grandeza de aquel hombre.
Pero, por lo general, el tono de la obra
es un tanto afectado; su estilo adolece
de la adoración profunda dtl sonámbu­
lo. Su protagonista fué, en verdad, una
persona extraordinaria. O jalá que pron­
to podamos disponer de un libro escrito
concienzudamente sobre él que nos dé la
verdadera talla de Stleglitz com o artista
y com o hombre.

(A «/&gt;
O U!

z _
co &lt;

1 2 1 Gtan C olecc¡ón

.

en
K

o

Ramón Gómez de la Serna
EL HOMBRE PERDIDO
$ 7—
D ice el autor: " Quiero que aparezca en esta novela todo lo
que la aprensión cree encontrar en la oida actual y sus alre­
dedores. Asi puede resultar de este libro la compensación del
incompensado, del hombre perdido".

Ignazio S ilon e
PAN Y VINO
$ 7,
Un relato pleno de realismo rural, perenne, de Italia, en el
que describe el autor de “ Fontamara", con intensidad dra•
m ática, la evolución operada en la educación de las masas
es después de la primera guerra mundial.

D. Ii. Latcrence
EL PAVO REAL BLANCO
$ 8,
Une joven de notable cultura y fina sensibilidad, se niega a
afrontar abiertamente los impulsos del sexo y con ello causa
la ruina de su propia existencia y desquicia la de los suyos.

John S tein b eck
EN LUCHA INCIERTA
5 6—
Poema de unos almas muy distintas, impelidas por una causa
común buscando los alicientes de una existencia más tranqui­
la e iluminada por el lenitivo de la esperanza.

Ram ón G ó m ez de la Serna
EL N O V E L I S T A
8 6 .Los am bientes más dispares, los conflictos más originales
rodean a los innúmeros personajes de ese inagotable retablo
humano, compuesto con primor de maestro por uno de los
escritores que más entienden de vidas y de novelas. -

P ardee Lotee
PAPA Y DESCENDIENTE GLORIOSO
$ 7—
El contraste de la doble formación espiritual da lugar a un
análisis psicológico original isimo, que el autor expone con
singular humorismo a flor de piel, no exen to de profundas
enseñanzas.

Pida

estos lib r o s a

las b u e n a s li b r e r ía s

�c a b a l g a t a (£)
Una tarde, hace ya muchos años, c a ­
minaba Florencia Madero, Florida abajo,
cuando atraído por irreprimible ¡nudo­
sidad aplastó la nariz contra los vidrios
de un coche, tras de los cuales se divi­
saba una faz enormemente redonda, re­
mate de un cuerpo aun más redonda­
mente colosal. Molesto el ocupante, bajó
violentamente uno de los vidrios y le
preguntó al "m irón” con tono de de­
safio:
— ¿Quiere a lg o ? ...
— ¡No, señor! —le contestó Madero,
señalándole los cristales del coche— .
¡Creí que eran de a u m en to!...

• • •
Daba comienzo la gran recepción y el
arzobispo de Malinas y el barón de
Rothschild se hedían mutuamente el paso
en una pugna cortés, hasta que Enrique
Heine, allí presente, aconsejó:
—Pasad, barón . . . Pasad sin vacila­
ción alguna. . . Seria injusto que el Nue­
vo Testamento se-adelantara al V ie jo -

Cierto día, Alejandro Dumas (hijo)
advirtió que su padre andaba triste y
silencioso. Esto ocurría cuando el gran
novelista dictaba los últimos capítulos
de “ El vizconde de Bragelonne” .
—Papá, ¿qué te pasa? —le preguntó
el futuro autor de “La dama de las ca­
melias”— . ¿Por qué estás triste?...
—Porque acabo de matar a P orth os...

Pidió Rusiñol un buen lomo con en­
salada en aquel restaurante de moda
donde todo se iba en música y dem ier
cri, pero llegada la hora de la verdad,
pudo comprobar el gran paisajista que
todo eran verdinas de las eras en tom o
de un punto menos que minúsculo pedacito de asado.
— ¡Por favor, camarero! —aclaró el
aspirante a gourmand— . ¡Le agradezco
m ucho su delicado homenaje, pero, por
favor, preferiría más desnudo y menos
p a is a je !...

Pese a todos los pesares — ¡y qué pe­
sares!— , el buen pueblo madrileño con­
serva el buen humor. Vean qué moderno
letrerito ostentaba u ostenta todavia
una modesta taberna de los barrios ba­
jos: “ On parle Francaise - English Spoken, pero muy p o k e n "...

En la época que Máximo Bontempelll
era un humorista de vanguardia y todo
lo demás —antes de aquellos polvos que
trajeron estos lodos— , el escritor italia­
no gozó de los placeres y amarguras de
la popularidad. Dentro de estas segun­
das, vióse un dia obligado a oír una

BURLADERO
novela de una novel a la que por algu­
na razón quería agradar el autor, en­
tonces de moda. La joveAcita comenzó
con voz trémula:
—Historia sencilla y conmovedora de
dos jóvenes que se amaban con intenso
amor p la tón ico...
— Uno de los cuales se aburría bárbame n t e . .. —concluyó el escéptico juez.

• • •
Paseando por una de las calles de
París, encontró Voltaire a un rico y an­
ciano amigo suyo, quien acababa de ca­
sarse con una jovencita, casi una ado­
lescente, de pobre condición.
—Espero ser feliz —le dijo su amigo—,
pero temo que no vengan los hijos.
—Todo lo contrario —dijo Voltaire— .
Lo que debes temer es que vengan.

• • •
Jugaban Tayllerand y Jacob von Roths­
child, el riquísimo financiero de princi­
pios del siglo X IX , una modesta partida
de ecarté, cuando se le cayó a Roths­
child una moneda de un franco al sue­
lo. El financiero se arrodilló sobre la
alfombra y durante un buen rato buscó
hasta encontrarla.
— ¡Hum! —sonrió Tayllerand— . ¡No
hay duda de que la casa Rothschild está
construida con millones de monedas co­
mo esa!
— ¡P or eso la busco! —le replicó Ja­
cob— , ¿Quién me dice que esa moneda
n o es la piedra clave de todo el edificio?

• • •

Por EL HONDERO IRONICO

y “joven” quien mira ¡o que está pa­
sando.

• • •

•

• • •
SOBRE LA EDAD

“ M e d ita c ió n ",

dibujo

por

Sfeimborg.

(Especial para C A B A L G A T A )

No hay viejo ni joven; los años no
cuentan para e so . . . Decía no sé quién
que “ viejo” es quien mira lo que pasó,

•

•

SOBRE EL ORGULLO PATERNO
SIGNO DE LOS TIEMPOS
—Es inútil que se esfuerce en hablar
a los demás de su hijito —decía don
Herold— , pues unos tienen el suyo y
otros no tienen.

SOBRE EL CHANTAJE
Cornelius Vanderbilt, supermultimillo.
nario de principios de siglo —y algo c o ­
lea todavia— , le escribió estas lacónicas
líneas al periodista de escándalo Arthur
H. Smith, que habla iniciado una terri­
ble campaña contra su persona:
“Dear Sir: No le presentaré querella
por calumnia porque la acción de la
Justicia es muy lenta. Le arruinaré. Sin­
ceramente suyo — Cornelius V anderm t."

Texto de un anónimo recibido por la
policía militar de Víena: "Herr Multar
es un miserable que debe ser arrestado
y juzgado con todo el rigor de la ley.
Cuando ayer forcé su caja fuerte me la
encontré repleta de cartas de raciona­
m iento falsificadas” .

• • •
¡ESTOS ÑIÑOS!
El caballero que ha llamado a la puer­
ta, al niño m odelo de modosidad que le
h a abierto:
— ¿Está tu mamá?
—Sí, se ñ o r... Pero como si no estu­
viera, porque está mi p a p á ...

• • •
SOBRE LA POPULARIDAD
Einstein, al ser presentado en una re­
cepción a Mary Pickíord, hace ya unos
cuantos añitos, claro está:
—Perdone, señora, pero usted es una
famosa pintora, ¿verdad?

COSAS DE ALLA
Uno de los carceleros del famoso presi­
dio de Sing-Sing (E S A .) acaba de ser
dado de baja del cuerpo de celadores
“por exceso de familiaridad con los pe­
nados” . Se le acusa de llamarles por lo®
dos primeros números nada más.

La entonces famosa actriz, furiosísi­
ma, a un conocido:
— ¡Estos ministros de Hitler son todos
de una ignorancia irritante!

SOBRE EL ABOLENGO
— ¡No sé por qué eres tan arrogante!
—le decía en cierta ocasión un humilde
deshollinador inglés a su hermano, ge­
neral y baronet pagadisimo de su título,
que le negaba siempre el saludo— . ¡Ni
tampoco comprendo por qué estás tan
orgulloso de tu apellido! ¡Yo, en cambio,
sí que tengo motivos para mirarte por
encima del hombro! ¡M i hermano es
general y conde! Pero el tuyo ¿qué es?
¡Un pobre deshollinador!

cruelmente a su asno, le apaciguó Boc­
e a d o con una sola palabra:
— ¡C aín!

SOBRE EL TRABAJO Y LOS
TRABAJADORES
El hombre que sabe cóm o se hace, es
un trabajador. El hombre que sabe por
qué se hace esa misma cosa, es un
patrón.

• • «

Entre un espantoso clamor de bocinas,
claxons y vociferaciones, la joven auto­
movilista avanzaba a contramano por
una de las avenidas más recargadas de
Nueva York. Súbitamente, el motorista
de la policía se plantó ante ella gritán­
dole con voz inapelable:
— ¡Muéstreme su permiso!
—¡N o sea tonto! —le reprochó la au­
daz conductora— . ¿Quién cree que seria
capaz de darme permiso para esto?.—

• • •

SOBRE LA DEMOCRACIA
Hay dos democracias. La falsa dice:
"Yo soy igual a ti”. La verdadera dice"
“Tú eres igual a mí” .

Al bárbaro l a b r i e g o

LOGICA FEMENINA

que fustigaba

CRUELDAD
Mistress X , en el momento de conse­
guir su veredicto de divorcio ante el
tribunal de Los Angeles, estuvo a punto
de com eter una locura cuando vió que
la M esa le negaba el derecho a ver a
su T ití —un foxterrier— , dos veces por
semana.

�o

UnaLista ”

Concurso “

CORRES PONDENCI A

Aquí tienen una lista de nombres y apellidos de lo más curiosa. No solamente
jlcbos nombres no pertenecen a seres reales, sino que son, al mismo tiempo, el
¡¡talode famosas novelas, obras teatrales, poesías, etcétera. Coloque al lado de cada
aoobre el del autor o los autores, y aquel que más acierte, conforme a las acos­
tumbradas condiciones de nuestros concursos, se hará acreedor al premio.
Annabel Lee
tdtía Gabler
biblia Ga otti
Eugenia Grandet
liarla Fontán
Horma Vanna
lima de Bamhelm
Asa Karenina
Pepita Jiménez
Sacia Regules
liiml Pinson
Luisa Miüer
Adriana Mesurat
Renata Mauperin
femina Márquez
Vírenla Olesova
Luda de Lam erm oor

Teresa Raquin
David Cooperfield
Angel Guerra
Jacobo Ortiz
Eugenio Onieguin
Pedro M inio
Antón C abá lero
Marco-, Villari
Pedro Sánchez
Elias Portolú •
G iovannl Episcopo
Juan Lorenzo
Peer G ynt
Newton Foster
Pedro Sim ple
Martin Fierro

CHI LE
• A m ig o s y adm iradores del jo v e n pintor
chileno José Venturelli han organizado una
exposición retrospectiva de su obra. En
V enturel 1 de taca de preferencia la sensi­
bilidad y lo em otivo. Venturelli se halla
en un punto m u y avanzado de la p ástica.
siente el dram a hum ano y pone en aquella
tintes som bríos y un determ inado anhelo
de solidaridad. Ei pintor osci a así entre lo
social y lo puram ente plástico y ve el m un­
do " a la trem en d a". Los per onajes son
una perpetua protesta; las m anos vind ica­
tivas se transform an en garras, os m ie m ­
bros son haces m úsculo-os, desnudos y ven ­
gadores. D esde el punto de vista de la
creación pictórica. Venturelli toma su fu er­
za en el expresionism o. Estiliza sus figurapara que el m ovim iento y e plano interior
surjan con m ayor plenitud. S u sentimiento
íntim o es tan com pleto que en algunas de
sus obras se nota el aleteo de un m i ticism o hecho de ritm os lineales y de m asas cro­
máticas.

M ateo Falcone
Tristán Shandy
Gianni Schicchi
A b el Sánchez
Taras Bulba
Juan Gabriel Borkm ann
Sim ón Boeanegra
Cyrano de Bergerac
Sacha Y egulev
Tom ás Rueda
Dim itri Rudín
Jorge Dandin
Quintín Durward
A n g el Pitou
Silas M a m er

Solución al Concurso “ Ellos de Ellas"
Shakespeare — Bécquer — Carlos II — Rubens — Pedro de Portugal — Nelson - Espronceda — Liszt — Puvis de Chavannes — Hitler — Herrera — V oltalre — Beethoven — Lope — Petrarca — Heíne — Talllen — G oya — Felipe n —
Carlos V — D'Annunzio — Napoleón I — T icia n o — W ágner — Leonardo — Cer­
rantes — Marco Antonio — Cortés — Francisco I — Miguel Angel — Bonaparte —
Dante — Luis XV — Alejandro — San M artín — R afael — B otticelli — Chopin
- Boccaccio — Francisco María Arouet — Rubén — W ágner — Benjam ín Cons­
tad — Goithe — Luis X V I — Sócrates — Hum berto I — Mussolini — Larra —
Hnrthorne — Baudelaire — Rem brandt — Rubens.
Así como el Interés de las musas parece ser grande, el de los musos n o tiene, al
parecer, éxito. Todos los que han concurrido al concurso lo han h echo tan alejados
de la verdad histórica o legendaria que nce es Imposible conceder el premio a nadie.
Los hombres no Interesan, por muy genios que sean. No volveremos a insistir.

• Ha tenido cierto eco en la prensa diaria
y revistas de la capital chilena e supuesto
hallazgo de un cuadro de Leonardo. El pin­
tor Enrique M ossella y e restaurador cata­
lán Santiago M eléndez han advertido en
una vieja tela caracterl'ticas que ellos esti­
m an suficientes para achacarla a glorioso
maestro renacentista. El señor Mossella. en
una entrevista concedida a la prensa, ha
declarado que el lienzo presenta, después
de ru restauración, m ás de trescientas sim iitudes con las obras de Leonardo. Se trata

tacoafiar'

Dibufo

tomó ram o:

Sielmberg1

p recaucione!,

Elena.

¡T u

m on d o

podrió

llegar

(Especial para C A B A L G A T A )

o

de un busto de m ujer que resalta vaga­
m ente de las nieblas fuliginosas del fondo.
Las m enos, que surgen más nítl a~ son
m uy características. El m ovim iento de la
cabeza y la atm ósfera genera . asi com o la
viveza de ciertas m anchas crimáticas. hacen
pensar que la tela es más m oderna de lo
que se pretende.
• D ictó una conferencia en el aula m agna
de la U niversidad Central el poeta cubano
Nico ás G ulllén. El tem a de esta diserta­
ción fué "U n poeta esclavo. Juan Francisco
M an zan o". El catedrático peruano doctor
César A . G uardia M ayorga dió en la Sala
de Conferencias de a Universidad un ciclo
de conferencias sobre "A sp e c to s filo sóficos".
• El D epartam ento de Inform aciones y
Cultura ha declarado que enviará por cuen­
ta del Estado a un grupo de pintores para
que recojan a lo largo de todo el país os
aspectos más sobresalientes y bellos y dar
a conocer asi, en form a viva, las caracte­
rísticas del paisaje chi eno. A l m im io tiem ­
po ha sido nom brado jefe de la sección de
Bellas Artes de dicho departam ento el co­
nocido pintor Isaías Cabezón. El señor C a­
bezón ba m anifestado su deseo de dar gran
im p u l'o al fom en to de as bellas artes.
• U n grupo de intelectuales españoles pre­
para un curso de conferencias sobre C er­
vantes con m otivo del cuarto centenario
del escritor. T om an parte José Ferrater M o ­
ra. Eleazar Huerta. Sa as Víu, A ntonio R.
R om era y los escroitores chilenos Augusto
d ’Halm ar, M ariano L a t o r r e y Ricardo
Latcham .

Quién es Quién Dentro del Atomo
( V i e n e d e la p á g i n a 7 )
dicos. En 1895. un físico francés de do­
tes eminentes, Jean Perrln, puso de m a­
nifiesto que el supuesto cuarto estado
de la materia, lal com o se evidenciaba
en los rayos catódicos, era en realidad
una copiosa corriente de partículas car­
gadas de electricidad negativa, por
cuanto si se acercaba al tubo de Geissler un Imán o un conductor cualquiera,
los rayos se desviaban de la linea recta
de acuerdo con las leyes electromagné­
ticas conocidas desd; los tiempos de
Dersted y de Faraday. Pero estas par­
tículas ¿eran todas iguales en masa y
en carga eléctrica? Y en caso afirm ati­
vo ¿cuál era el valor de dicha masa y
el de dicha carga?
Estos probhm as fueron acometidos
por uno de los físicos más notables de
fines del siglo pasado y comienzos del
presente, José Juan Thom son (director
a la sazón del célebre laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambrid­
ge) , con la colaboración de otros hom ­
bres de ciencia. Concentrando las par­
tículas mediante dispositivos apropiados
hasta form ar con ellas un delgado pincel
de rayos catódicos que luego proyecta­
ba sobre pantallas fluorescentes, y apli­
cando campos eléctricos y magnéticos
de diversa intensidad a dicho pincel,
consiguió establecer la velocidad de estas
partículas, la relación o cociente de su
carga a su masa, y, finalm ente, en 1898,
pudo establecer la carga media de cada
una. Estos experimentos fueron repeti­
dos una y otra vez y se idearon otros
nuevos, entre los que ocuparon un pues­
to de honor los llevados a cabo por R o­
berto Andrés Millikan, a partir de 1906,
ccn gotas de aceite ionizadas. Gracias
a ellos se m idió la carga de gotas indi­
viduales y se eliminó la incertidumbre
de los valores medios de la carga, esta­
bleciéndose asi. sin lugar a dudas, la
universalidad de la carga elemental de
electricidad negativa o electrón y el va­
lor de su masa. Según es*o, un electrón
puede definirse com o una partícula
constituida por la asociación Indisolu­
ble de una carga eléctrica negativa
e ____ 4,802 x 10-10 unidades electrostá­
ticas
y de una masa o peso
m - 9,11 v 10-28 gramos o ssa 0,000.000.000.000.000.000.000 000.000.911 grs

— Serio aiejoc que

cabalgata

Para el lector que no lo recuerde o no
lo sepa, diremos que por unidad elec­

trostática de carga se entiende aquella
(carga) que, colocada a un centím etro
de distancia en el aire, de otra igual, la
repela con la fuerza de una dina ( 1).
Pero si chica es la carga del electrón,
más lo es la masa. Grosso modo, el gra­
m o ocupa un lugar intermedio entre el
peso del electrón y el de la Tierra (2),
es decir: en un gram o Entran, aproxi­
madamente, tantos electrones com o en­
tran gramos en nuetro planeta. Es, pues,
para sentir vértigo, cuando uno se aso­
ma a la consideración de estas partícu­
las de que están form ados los átomos,
piedras angulares, a su vez, de nuestro
organism o y de cuanto nos envuelve.
Pero lo asombroso es que, aún tra­
tándose de entes inconcebiblem ente pe­
queños, los electrones, debidamente go­
bernados por el hombre, están obrando
los mayores prodigios en la vida diaria.
Su m archa desenfrenada por los cables
constituye la corriente eléctrica — de
tantas aplicaciones— y sus fugas y con ­
trafugas en los tubos de vacío, prom o­
vidas por las ondas electromagnéticas de
todas las frecuencias —caloríficas, lu­
minosas, etc.—, nos permiten oir a nues­
tros antípodas, ver una escena callejera
o una función de teatro sin salir de un
rincón del despacho, oír hablar a los
personajes de ficción de la pantalla, po­
n em os en guardia contra el ratero que
salta la tapia del jardín y miles de co­
sas por el estilo. Por su poco peso y su
carga eléctrica relativamente elevada,
los electrones están llamados a ser los
servidores Ideales del hombre. A su la­
do las hadas, los duendes, los gnomos,
la lámpara de Aladino y cuanto la im a­
ginación de millones de generaciones
humanas ha podido tejer, es algo tosco,
torpe, caprichoso. Y cuando se trata de
servidores, el capricho es nuestro ene­
m igo núm ero uno. Además, si los áto­
mos se com binan en tíre sí para form ar
edificios tan fantásticos com o las molé­
culas de clorofila, de hem oglobina y de
cientos de miles de otras especies quí­
micas entre cuyas mallas fluyen incan­
sables la vida y el pensamiento, se lo
debemos a lo selectrones también. La
luz es provocada por la caída de los
electrones periféricos d ; los átomos ha­
cía las regiones profundas, y en los h i­
los de esta luz el pensamiento hum ano
explora los confines del universo, a m i­
les d : millones de años-luz, entre
polvaredas de estrellas y nebulosas.

�cabalgata

' "v '

•

BLACKI E VISTE ASI
I) Solrée muy suntuosa en grueso crepé marino, de línea estilizada lograda
mediante- las anchas mangas de tipo dolman y la larga “ traine” de la faldaLos puños de esta creación de Jaumar.dreu han sido bordados en pedrerfc

II) Para estar en casa: pantalón de lana en color bordeaux, que se toman
sobre los tobillos imitando las clásicas bombachas, y blusa de taya natu­
ral al tono. Pulseras y collares de plata antigua completan el modelo

III) De linea 1850 es este otro modelo confeccionado en “ raso tapiceríe
color crema, en el que se destacan los “ rouches” que acentúan la amplitud
de la falda. Sobre la misma, un ramo de rosas rejas da realce y distinción-

JAL 1T X .T X

&gt; n í T

i f j u

�"NOUVELLES”
1947

del encaje. Para la tarde, los ensembles
en dentelle de tuna, en estilo redingote
y aun tailleur, sobre visos en ciré o raso.
Para la noche, nos encontramos con
soirées en encaje blanco, en los que de­
talles de flores en la cintura o los hom -

bros ponen una nota alegre y simpática.
Grandes capas cortas con capuchón en
chantilly negro acompañando trajes de
noche en tonos claros, o creaciones de
línea simple en Malinos negro sobre
dessons de lamé oro o plata.

»

En los tapados veraniegos , la moda
va del redingote al paletot. El uno
es el dem ier cri; el otro, el dernier ba­
tean. Los dos triunfan; son encantadores
esos sencillos paletots, que pueden reali­
zarse en beige natural, en cuadrillé, en
lisos y tusores, en lanillas o gabardinas,
en tonos claros siempre, y que com ple­
tan tan Dien la sencilla sobre chemisier
de fantasía, como el vestido de lanilla
o el modelo blanco de pleno verano.
Claro que es también muy bonito un
redingote bien ajustado al talle, cerrado
un poco bajo por una hilera de lindos
botones de fantasía. Para la tarde, el
redingote de pros grain negro, de linea
simple, de raso, es una de las más lindas
t-ovvaiUes del momento. Pocas prendas
como ésta permiten una variedad tan
grande en el tipo de bolsillos y de bor­
dados o detalles, que, personalizándolos,
los convierten en verdaderas creaciones.
El

rfsprgim iento

próxima

temporada

del

La
auge

Por CLAIRE VENDOME
Gastón Costet acaba de inaugurar una
tienda de sombreros en el sótano de su
casa de moda, situada en la Rué de la P aix;
su esposa, hermosa y elegantísima joven,
lleva m uy a m enudo las nuevas creaciones
de la temporada. Por e jem p lo: el turbante
ha sido adoptado por a señora de Costet
y presentado por ella junto con un traje
de lana color turquesa, adornado de borda­
dos acolchados que subrayaban la gracia
de un de antal. El turbante en si está hecho
con uno de los nuevos cuadrados de seda
natural, creados por Rodier. y estampados
con m otivos blancos negros y grises sobre
fondo turquesa Se arma sobre un "b u rle te ”
r gido y se drapea según la inspiración del
momento. Debe cubrir en parte las orejas
y lusgo anudar debajo de m entón. Es un
turbante sím bolo de la moda del m om ento
y que trata de traer de vuelta al som brero
sostenido por un barbijo, otro éxito que
están tratando de resucitar.
Jacques Heim nos ofrece un sombrero
estilo "c a p o tita ". otra novedad del princi­
pio de estación en Parts. E m odelo no lleva
bridas, pues más bien se trata de echarpes
que form an parte del m ism o sombrero, y.
puestas en una form a de este estilo, le q ui­
tarían parte de su aspecto juvenil. Este
modelo se hace en seda o paja negra y no
lleva m ás adorno que un velo "re d e cil a ” ,
sum am ente elegante y favorecedor. Ha sido
presentado con una redingote de seda oscu­
ra. adem ada con m otivos de pasamanería
en el delantero.

PARA QUE SU GUARDARROPA DE
VERANO SEA A LA VEZ SUMARIO
Y V A RI A DO üd. D E B E T E N E R . . .
. . . por lo menos dos conjuntes pla­
yeros cuyas prendas puedan alter­
narse entre sí; los que Jéuxnandreu
presenta aquí sen: uno en piqué
blanco, de gran cu sllo-vok do bor­
dado, come broderie, en rojo, y otro
er. shantung a lunares negros sobre
blanco ccn original bretel y cintura
en rojo.
. . .dos vestidos de todo andar, uno
de ellos de hechura chemisier clási­
ca que puede ser a rayas o cuadritos,
en Viyella liviana, y otro, más fresco,
en tusor con alguna fantasía de vi­
vos en otro color y botones.

encaje .

marcará

el

SO MB RE RO S
EN P A R I S

E

STE año ningún color reina sobre
los otros; todos los tonos están de
moda. El i m p e r i o de c a d a uno
cambia de una maison a otra, de M olineux a AlLx, de Balenciaga a “ Chez Paquín”. Por un mom ento pudimos creer
que el amarillo, en toda su gama, lle­
gando hasta el anaranjado y el brick,
seria el gran triunfador y que dominaría
sobre los otros. Viendo, luego, las dis­
tintas colecciones nos encontramos con
que el rosa, en todas sus bonitas varia­
ciones, contaba con las preferencias de
grandes couturiers-, en otros desfiles, n o­
tas clarísimas, grises casi blancos, beige
rosados, celestes muy esfumados, po­
nían una nota de suave distinción, con­
trastando con fantasías logradas con
tonos muy opuestos, a que son tan afec­
tos algunos famosos creadores; capas y
redingotes en tonos de turquesa sobre
vestidos estivales en violeta y blanco,
chaquetas oro acompañando faldas en
gris, sacones verde fuerte sobre sencillos
modeütos a rayas y lunares. Maggy
Ronf, por ejemplo, que parece desear
imponer el reinado del chal y del echar­
pe, pone uno en rojo y otro blanco sobre
un modelo de soirée de linea egipcia;
Jean Patou, por su parte, impone, sobre
un modelo rosa, drapeado adelante, un
tapado de noche, de línea clásica, abo­
tonado con botones dorados, en satin
marino. Chez Paquin, una sobre blanca,
bordada en perlas en el corsage, de man­
gas japonesas, se acompaña con una
gran capa vert cru.

LOS

. . .para preparar en pocos minutos

un “ arreglo” para fiestas, una am­
plia falda er. imprimée, o, com o la
del modelo, en rayas desiguales, que
se podrá usar ecn dos “ ccrsages”
distintos, uno oscuro, de originalisima idea, en faya o gros, cuyo es­
cote redondo deja aparecer la parte
;lta do una hlusa de organza; o una
simple idea de “ brotelles” anchos
drapeados en su cruce.
. . . y . . . por último, no olvide sus
pantalones largos que pueden hacer
juego con el no menos necesario sa­
cón corto, de amplias mangas y que,
por cierto, la sacará de apuros en
las tardes frescas, sobre los “shorts” o
cualquiera de sus vestidos de “ sport” .

Som brero de Jacques H e im : ttoa toca,
cuyo aspecto cambia, pues apoya casi en
la nuca. Se hace de paja flexib e. m ezclan­
do varios tonos de marrón, amarillo y b lan ­
co o tam bién con plum as pequeñas, aplicadas en form a de vincha, sobre un fondo
de seda marrón. Los dos "c u c h illo s " que
adornan esta form a deben ser e egidos en
el tono dom inante, dejando para uno de
ellos un matiz en contraste.
Un m odelo de Schiaparelli: Sobre una
copa color turquesa se colocan ap icaciones
de piel marrón, dispuestas de manera que
imiten las líneas inspiradas en los tocados
de algunos paisanos asiáticos. Recordamos
que los m odelos de este esti o están desti­
nados al invierno de Francia, pero las lí­
neas pueden ser mantenidas, con aplicacio­
nes de flores planas, en lugar de os varios
trozas de piel. El m odelo fué exhibido con
un tailleur de lana c o o r turquesa, el color
de gran aceptación y al cual todas dan la
preferencia. El traje creado por Schiaparelli
levaba vasquitas cortas y en la chaqueta
botones marrón realzados con pm titas do­
radas. Los bolsillos van, generalm ente, am ­
plios y m uy en vista Para acom pañar los
trajes sastre destinados a la noche, Schiaparel i hace tocas de tu l dispuestas en for­
ma de aureola y hechas de varios espesores,
de distintos colores, superpuestos, y dejando
dominar de vez en cuando una o dos tona­
lidades. De ahí que veam os armón as de
rosado celeste y azul marino, anaranjado,
amarillo y negro, blanco verde y vio eta,
en pleno auge. Hay. entre el som brero de
piel y las tocar vaporosas, m il variedades
de fieltro, crin, paja. seda, terciope o y cin­
tas de taffetas.
( A . r. p .)

�UN F I L M

D E 20t h C E N T U R Y

AS de cus tro millones de d ó ­
lares ha costado la realización
de este film. Con esa cifra
imposible, un argumento adaptado
de una novela de Scmerset Maugham, un director com o Edmucd
Goulding y un reporto en el que fi­
guran Tyrone Power, Gene Tierney,
John Payne, Anne Baxter, Clifton
W íbb y Herbsrt Marshall, h=y moti­
vos para no ser del todo pesimista
con respecte a los resultados finales
de la aventura que es toda película.
Vemos en estas fotografías distin­
tas fases de la realización del film
“ El filo de la navaja” , producción
extraordinaria de Darryl F. Zanuck
para 20th. Century Fox. En ellas
observará el lector todo cuanto hay
en un film de trabajo, de esfuerzo
penoso, de atención sostenida para
cumplir el plan trazado por el di­
rector. Y también detalles tiernos
com o el del repostero, que en un
descanso de la filmación, un tanto
forzado y con resignación evidente,
presencia cómo la actriz prueba el
inútil pastel, “ real” , “ de verdad” ,
que en la película es el pastel de
bodas, que nadie come, de Gene
Tierney.

M

FOX

com o tal p&gt;aste1 pera nada en la pe­
lícula? Es decoración, ambiente, ob­
jeto necesario para sugerir la “reali­
dad” de la boda, pero pastel, lo que
se dice pestel, sólo es cuando Gene
lo pruebe per compromiso, porque
la publicidad le exige. Y eso en este
caso. En otros, los obreros retiran el
pastel al mismo tiempx&gt; que las sillas
y los cubiertos y la habitación en
que tuvo lugar la escena. Sin que
nadie haya probado el pastel.
“Fábrica de sueñes” , ha llamado
al cine americano un gran escritor.
En la intención de! mismo había
mucho de desp&gt;ectivo. Y no se equi­
vocaba. Pero en el supuesto de que
esos sueñes estén bien fundados, y
en algunos films lo están, es justa­
mente la fabricación — inevitable
uso dé la máquina y de la mecá­
nica del ingenio— de sueños, el
objeto de la filmación. Y la realidad
del cine, com o la realidad del arte
en general, no tiene nada que ver
con la fabricación del pastel, sino
con la otra fabricación, la del sueño,
la de la mentira que no es mentira.
Naturalmente, esta breve disquisi­
ción no se refiere en absoluto a la
justamente vituperada p&gt;cr Ehremburg fábrica de sueños. Porque los
sueños de que habla el autor ruso,
son en realidad las pesadillas, los
sueños en falso, los que sin darnos
ninguna esperanza ni confirmación
en cuanto a la realidad de un orden
superior, tampoco encajan en nues­
tra vida regular, com o elemento
efectivo y práctico para fortalecer­
nos en ella. En fin, los sueños mal
fabricados de las pjeliculas corrientes.

Para los amantes de un realismo
mal entendido debe ser esta fotogra­
fía un embate difícil de soportar.
¿Sabrá el cocinero, a juzgar p&gt;or la
expresión del rostro parece que no
está muy seguro, que su p&gt;astel, a no
dudar delicioso a p&gt;esar del p&gt;oco in­
terés que hacia él demuestra la ac­
triz, es lo único real del film? ¿Y
que acaso por eso mismo no sirve

A l g u n a s e s c e n a s de la f i l m a c i ó n de

EL FILO DE LA NA VAJA

*

�a l m a n a q u e
En vías de Iniciarse el año cinem a­
tográfico no está demás mirar, aunque
sea a la ligera, los primeros proyectos
que nos hace llegar la propaganda de
las distribuidoras. La propaganda no
logra casi nunca salvar una película,
pero puede distraer e interesar a m i­
les de cineastas más o menos aficio­
nados.
Argentina Sono Film nos comunica
1 que estrenará el día 28 una biografía
de ALBENIZ, con Pedro López Lagar
como protagonista, y Luis César Ama
dori como director. El género biográ­
fico suele ceñirse a convenciones ci­
nematográficas muy estrictas, por ejem ­
plo, la de elegir un actor de la misma
nacionalidad que el biografiado. Esfo
nos ha dado —en el cine extranjero—
un Napoleón tan poco Napoleón como
Charles Boyer, y un Nelson tan escasa­
mente Nelson como Lawrence Olivier.
Es de esperar que la pericia de direc­
tor e intérprete impidan esta vez que
la cinematografía local cometa el mis­
mo pecado.
Producciones Asociadas anuncia “ C o­
razón”, basada en el libro de Edmun­
do de Amicis. Quien recuerde la noble­
za de Garrone, la inteligencia de D e­
roso, los sufrimientos de Precusa y la
emoción del relato “ El tamborcillo sar­
do" ir a ver el film con curiosidad,
y esperamos que no quede defraudado.
Dirige Borcosque en uno de los temas
que le son gratos.
Producción Asociados anuncia también
“El misterio del cuarto amarillo” , que
es, indudablemente, una novela que ha
atraído en épocas no muy lejanas a!
•ínematógrafo de otros países. Cómo

Aclaración Importante
Las criticas de las películas nacio­
nales “ El ángel desnudo” y “ Adiós,
pampa mía” , aparecidas sin firma en
nuestro número anterior, pertenecen
a Estela Canto, a cargo de la cual,
exclusivamente, está toda crítica y
juicio sobre el cine argentino.
También sin firma — en ambos
casos per error de imprenta— , apa­
reció moa nota sobre el film soviéti­
co “ Flores de piedra” crítica que fué
realizada por Olga de Wolkonsky.

Sumario del IV

7

Prosa y L enguaje , por Jean-Paul Sartre. L a A ventura M estiza , por Dardo
Cúneo. Los P in o s , por Juvenal Ortiz
Saralegui. E l Arte en la Escuela, por
Delia Etcheverry. A rte y T écnica, por
Rom ualdo Brughetti. E l A rte En L o n ­
dres, por Eric Newtcn. C onocimiento
de B uenos A ires , por Julio Rinaldini.
E l J arrón R obado, por Thomas Allston Colé. P untos - F uego, por Jacques
Herold. J acques H erold, por Pierre
Mabille. Lo T ectónico en la A rqui ­
tectura, por Conrado P, Sondireguer.
E ntre SQ mbras anda el J uego, por Lo­
renzo Varela. L a E stirpe de E sganarel, por León Mirlas. E l B allet en
G ran Bretaña, por Gizi Blore. E l C en ­
tenario de " L a C ondenación de F aus ­
to” , por René Dumesnil. E strenos ,
por Villegas López. F lores de P ie ­
dra, por Olga de Wolconsky. A diós ,
P ampa M ía , por Estela Canto. U na P á­
gina de C iencias , a cargo de José O te­
ro Espasandín. U na P agana de M odas,
por Jaumandreu. A jedrez, por el pro­

fesor Francisco Bencko. D isc°s, por
Jorge D'Urbano. E xposiciones de A r ­
te, por Rom ualdo Brughetti. C rítica
L uxraria , por González Carbalho. M ú ­
sica. T eatro. C in e . C rónicas . H umor .
Caricaturas. C orrespondencia de F ran ­
cia, C hile , etc. Este número incluye,
impresa aparte, la L ámina n ? 7, que

reproduce el cuadro de Joaquín Sunyer,
“ P rimavera” .

Charles Laughton, intérprete principal de
"R e m b r o n d t ", film que Guaranted P ietu r e s
h»
de p re se n ta r
e ste
oño.

Escena de “ Lo a m azon a c a p ric h o s a ", con
Bárbora
Sfanwyek,
Patricio
Knowks
y
Robert C u m i n g s .
Fihn
Param ount.

resultará este “ cuarto amarillo” argen­
tino es aun un misterio. Comprobamos,
eso sí, que los temas policiales y de sus­
penso siguen contando con increíble nú­
mero de adeptos.

muestra en varias oportunidades el pa­
pel flo r : ado de las habitaciones. . . Es­
te pormenor resta eficacia a las esce­
nas finales, cuando Mme. Bovary su­
fre verdad ramente: mira entonces a
un cru cifijo y sus ojos se detienen ante
el otro doliente, aquel que se sacrificó
por la humanidad. En ese momento trá­
gico, el director nos muestra, complaci­
damente, el empapelado de la habita­
ción, y apenas pasa el foco ante el
dolor de Jesús.
¿Los actores? Pues M echa Ortiz f u é . ..
Mecha Ortiz. La actriz ds la voz cáli­
da no piensa en que está representan­
do un nuevo papel y en que debe rea­
lizar una interpr; tá cito distinta de las
anteriores. No, ella piensa en repeto
la imagen de la mujer fatal, y allí se
exhibe con su gesto displicente ante los
torbellinos pasionales que desata en el
celuloide. Roberto Escalada ha compues­
to un personaje de época, aunque sin
fuerza persuasiva. Enrique Diosdado,
bien en su tipo. Alb.Tto Bello encam ó
un Bovary bastante cercano del burgués
que habíamos visto a través de la lec­
tura. Alejandro Maximino y Angelina
Pagano, especialmente el primero, se
desempeñaron con esa cómoda soltura
que da el conocimiento a fondo del
teatro.
.Las escenas con las que comienza la
película, aquellas del debatí sobre la
supuesta inmoralidad de la novela, son
de una pobreza tal que el decorado de
fondo no disimula la ficción. Es decir,
la sensación de realidad ss hurta al
público. Y en esos estrados de cartón
se mueven deplorablemente unos jueces
apenas disfrazados y :1 mismo Flaubert
aparece tan sin autoridad, que el es­
pectador exclama: ¡Pebre: su genio de
novelista no merecía ésto que acaba de
ocurrirle Entre nosotros!
MIC,

Creemos que en la misma cuerda, por­
que no hemos leído la novela, anuncia
EMELCO el film “ Siete para un se­
creto”, dirigida por Borcosque. El cine
se rodea de secretos y d i misterios.
Argentina Sono Film demuestra su
inquietud con películas de nombres —
y suponemos asuntos— igualmente di­
versos: “Una mujer sin cabeza” , con Nini Marshall hace prever las maravillosas
tílinguerías de Carita, quien, realmente,
tiene cabeza —peco aprovechada o me­
jor dicho desaprov :chada en el cine­
matógrafo.
“ Martin Fierro” , probablemente en la
línea de “Prisioneros ds la tierra” y “La
guerra gaucha” , para demostrar —aun­
que sea con una sola película— el ca­
mino que dsbe seguir la pantalla local,
no localista, ni nacionalista.
“La gata”. "N acha Regules” y “Dios
se lo pague”, con el laudable propósito
de explotar la brlleza de Zully Moreno.
Dos temas de tipo popular y con ­
movedor:
"Cándida vuelve al terruño. Niní Mar­
shall en un papel de relieves cómicos y
humanos, y “La que murió en París,
donde Alberto Castillo insistirá en el
tango que, al parecer, no cantó con de­
masiada fricuencia en "Adiós, pampa
mía” .
“Escándalo en palacio” , en el ambien­
te de principios de siglo, drama de in­
triga y pasión, para completar el cuadro.

MADAMEBOVARY A N A
Siguiendo la costumbre de brindar pri­
micias cinematográficas a los verán antes marplatenses, Estudios San Miguel
ha ofrecido el 17 de enero en el Cine
Opera “ Madame Bovary” .
El público —por lo menos una parte
de él— fué doblemente atraído al es­
treno por el recuerdo de la novela leí­
da años atrás y por tratarse d ; una
Super Producción Extraordinaria. Claro
está que al pensar en la obra de Flaubert hizo el cálculo de ir a la sala, fu n ­
damentalmente, para apreciar el traba­
jo de filmación y casi :n segundo tér­
mino para valorar el libro cinematográ­
fico. Es muy difícil, en efec*o, acercarse
a una obra maestra, y ese público se ha­
bría contentado con que la traslación
quedase ajustada a un auténtico ritmo
cin:m atográfico y servida mediante un
bien inspirado diálogo. Por desgracia,
nada de esto encontramos en la recien­
te película.
E! director, Carlos Schliepper, ha com ­
puesto una versión lenta, con Excesivo
uso de planos americanos. Quizá ha que­
rido imitar esa lentitud con que algu­
nos directores trasmiten ciertos procesos
psicológicos, pero ha olvidado que para
legrar tal finalidad hay qu= mover la
cámara y tomar enfoques desde distin­
tos ángulos, a fin de agilizar la versión.
En su afán de presentar interiores, nos

M.

B E R R Y

(Continuación de la página 4)
transformación. No creía que pudiera
surgir nada valioso de la gran masa de
la humanidad, y su atención se dirigía
hacia las minorías que vela formarse
nunca muy satisfactorias para sus ele­
vadas exigencias.
,
En sus amigos, y en todo el mundo.
1? interesaba lo que podía salvarlos, lo
que hacían y lo que podían hacer. No
atendía a las peculiaridades o acciden­
tes de hombres o mujeres, sino a su
dirección espiritual, sus valores y su
trabajo. Era muy sensible a lo qu? ella
llamaba manners, y en este sentido no
estaba muy de acuerdo con la brusque­
dad de las nuevas generaciones. A su
modo, Anita también era brusca, pero
era su modo casto de no entrar en
excesivas condescendencias con la vida
material.
— ¿No cree usted que algo nuevo se
viene al mundo?
Naturalmente, la gente sonreía. No
han faltado catástrofes en los últimos
años que se encargaban de dar una
respuesta tremenda —e inmediata— a
•sa pregunta, que en realidad era de
largo alcance. Su seguridad de que algo
nueve, es decir, una nueva cultura del
espíritu y una civilización correspon­
diente terminaría por llegar, era tan

profunda e Inextricable que inspiraba
crédito por su sola fuerza, contra todas
las evidencias contrarias. No es mi de­
seo comentar profecías, pero esta fe de
Anita me parece más honda que las
fáciles ironías que soiíames oponerle.
Pues ella no descansaba en sus es­
fuerzos por favorecer ese advenimiento
soñado. Su espíritu sediento de unidad
le hacía encontrar nuevos medios de
influir sobre el espíritu de los niños.
Ideó un género de cuentos infantiles en
donde el relato era acompañado de pro­
yecciones luminosas de diversas obras
de arte que ilustraban la acción; en
Celendtn trató de hacer participar a la
fauna argentina en los tradicionales
episodios de la leyenda europea, y asi
preparaba al espíritu infantil para la
apreciación placentera de la belleza. En
sus cuentos y en sus libros de arte
qu ría educar los espíritus para la apre­
ciación de la armonía, prepararlos para
ese nuevo mundo realizado en la tierra,
que constituía el núcleo de sus pre­
ocupaciones.
,
La vida de Ana M. Berry tuvo la
unidad que ella buscaba en el sirte y
hacía amar a quienes la trataban. Ayu­
dó a sus amigos por el simple hecho de
ser ella lo que era, por hacem os sentir
vivos los valores únicos que represen­
taba. Los que quedamos estimulados y
fortificados por el ejem plo de su ncble
humanidad. Fué un ser dotado de gra­
cia y de bondad. Tuvo una gracia espi­
ritual que nos h ac; recordarla con la
sonrisa involuntaria con que se quiere
agradecer un don que nos conmueve
demasiado para hablar de él, y qué pre­
ferimos conservar en nuestro interior,
secreto y vivaz. — PATRICIO CANTO.

Registro de Propiedad Intelectual N9 216 894
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Rosario 201

O
o
S s
u P -J
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FRANQUEO
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B O L E T I N DE S U S C R I P C I O N
El señor ........................................
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• Tachar la condición que no se utilice.

�INGRID
LEA en las páginas interiores:

EN

Colaboraciones de G. B ER NAR D SHAW , JUL1EN
B E N D A , G U IL L E R M O DE TORRE, JAM ES
THRALL SOBY, etc.
Y las secciones acostumbradas de Artes, Ciencias,
Letras, Ajedrez, Cine, Modas, Teatro. Música, etc.

cabalgata
Núm. 8

28 DE ENERO DE 1947

B ER GMA N

Precio: $ 0.40

“ TUYO

ES

MI

CORAZON”
(Foto R. K. O.)

Sn Interpretación en “ Juana de Arco”
le da. ' egún U critica, ano de loi mi*
altos puestos entre las fraude* actrices
dramáticas contemporánea*.
En plena Juventud, Ingrid Bergman aca­
ba, asi, de dar muestras de una madurez
excepcional,' de un talento dramático que,
en las escenas de “ Juana de Arco” , se ba
manifestado ampliamente.
La hermosa actriz sueca, que ya nos
habla conmovido en la pantalla, prueba
con éxito ahora, en el escenario del tea­
tro, sus extraordinarias condiciones, qne
han salido airosas en los m is distintos
papeles cinematográficos.

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
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                <text>Shaw, George Bernard&#13;
Canto, Patricio&#13;
Sinclair, George&#13;
Torre, Guillermo de&#13;
Benda, Julien&#13;
Guth, Paul&#13;
Thrallsoby, James&#13;
Devoto, Daniel&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Randale, Dee&#13;
Varela, Lorenzo&#13;
Mora Guarnido, José&#13;
Darnetal, J. L.&#13;
Mirlas, León&#13;
González Carbalho&#13;
Jaumandreu, Francisco&#13;
Vendome, Claire&#13;
Berry, Ana M.</text>
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                    <text>ANO II Nl’M. 7 PRECIO $0,401
BUENOS AIRES, 14 ENERO 1947

PROSA Y
LEíN GUAJE
JEAN-PAUL SARTRE

�cabalgata Q

FRANCIA
E! mos do diciembre os siempre el
do la adjudicación do los grandes pre­
mios literarios franceses, comenzando por
el más importante de todos, el Premio
Goncourt, y terminando por el "In­
teraliado”.
Es imposible para un jurado obtener
la aprobación abso'uta por su fallo. La
interpretación de la calidad de una obra
literaria o artística está siempre sometí
da a juicios subjetivos, en que es difí­
cil obtener el acuerdo total. Sin embar­
go, este año la resolución del jurado
del Premio Goncourt lia sido objeto
de mayores críticas que en veces ante­
riores, e incluso por muchos se llega* a
estimar que existe una grave crisis en
el propio jurado, en el cual Francis
Parco es el elemento más descontento.
Las influencias externas a una verdade­
ra independencia de criterio, ejercen
fuerte presión sobre los componentes del
jurado, y las editoriales aciertan cor.
éxito a coaccionar a sus miembros Re
puede decir que este año han sido sobre­
pasados los 1 mites de la discreción de
algunos editores.
Todos los miembros del Jurado G~ i
court son escritores, como es sabido. En
cierto grado están ligados moral y eco
nómicamente a süs editores. Es lógico,
y hasta humano, que cada escritor tenga
un cierto interés en favorecer a su edi­
tor, sobre todo actualmente en que co­
mienza a manifestarse en Francia una
grave crisis editorial como consecuencia
del criterio, un tanto caótico, que desde
la Liberación ha presidido la selección
de publicaciones.

SUMARIO DEL NUMERO 6
J aurf.s y i,a R evolución F rance­
sa , por José Luis Romero. Mis úl ­
timos DÍAS DE CANDIDATO, por JeaUJaeques. U n humorista brasileño,
por Gabriel Lacombe. E ntrevista
con María Rosa Oliyer, por Estela
Canto. E n P a ssy , en la casa que
habitó B alzac, por Roehat-Cenise.
E l azar o una partida de pócker
HASTA EL AMANECER, por Fran$OÍS
Varetz. L a estatua ecuestre de
S an Martín , por Jorge Romero
Brest. L as tres caras del arte
contemporáneo , por Ravmond Cog
niat. Cinco ciudades que traba
JAN PARA el MUNDO, por Char­
les King. E l alma de los per
sa s , por Ana M. Berrv. N uevos
pintores, por Romualdo Brughetti.
P aul Claudel urbanista , por Lean
dro Vaillat. Guardia vieja , por
Luis Mario. E l problema actual
del cáncer, por E. V. Cowdrv. U n
PRECURSOR OLVIDADO: ANTONIO ALLEgretti, por Daniel Devoto. D mitri
S hostakovich, por Simone Boisecq.
A nne B rowjí en P arís , por Paul
Chenneviére. P aul E luard, por J.
L. Darnetal. L a B elle et la B éte,
por Jean Tédeseo. Concfpros per­
manentes de dirección, por Esteban
Serrador. T odos los hijos de D ios
tienen alas , por León Mirlas. E x ­
posiciones de arte, por Romualdo
Brughetti. U na página de ciencias ,

a cargo de José Otero Espasandín.
E strenos , por Manuel Villegas Ló­
pez. U na página de modas, por Jaumandreu. A jedrez, por Francisco
Benko. Crítica literaria, por Gon­
zález Carbalho. Música . T eatro.
Crónicas. H umor.
rrespondencia de
y E stados U nidos,

C aricaturas. Co­
F rancia, Chiif .

etc.

Este número incluye, impresa apar­
te, la L ámina X p 6, que representa
el cuadro de E dgar D egas, "Danza-

nnas”.

CORRESPONDENCIA

cencias e ignorancias irritantes. Había
sin embargo, elementos de un interés
positivo: objetos popularos chilenos. f0.
tografías impresionantes de la Argentina
del Sur y sobre todo dos obras del graii
pintor uruguayo Torres-García, en el
mal los recuerdos indios encuentran una
encarnación moderna. Pero estas obras
e\plos:vas estaban prudeutetoente rele­
gadas, una encima de una puerta v otra
debajo de una chimenea. Afortunada­
mente. la ga'ería Pierre nos anuncia uña
exposición próxima de Torres-García v
de «u grupo.”

literaria, a través de la cual ha -xplicado
los problemas y sentimientos de núes
tra época. Una explicación de sus prin­
cipales obras: "Nadie me ama” "Buenas
noches, Teresa”, "Caballo b 'a n c o ” y "L os
amigos de Avignon” la conduce a la con
clusión de estimar que sus obras no pue­
den situarse en el dominio de! "-irte por
*,
el arte” y que son una aportación a las
luchas humanas presentes.
El redactor de "Les Lettres Franca i
ses” que ha recogido las opiniones «le
■ Se anuncia que la famosa comisión
Elsa Triolet, c identifica con su criterio
encargada
«le preparar la ley sobre la
y manifiesta su desacuerdo con Pierre
propie«tal
intelectual
francesa, va a dar
Hervé, cuyos ataques estima que son
por
terminado,
finalmente,
su prolijo
una tentativa de liquidar toda una ala
trabajo.
Su
presidente
es
un
especialista
de la literatura francesa, sin que estn
«le estas cuestiones, Monsieur Escarra
pueda aprovechar a nadie.
profesor de derecho.
Por otra parte, y en el mismo número
de "Lettres Francaises”, Roger Garau­
day, que con su articulo de "Arts de
CHILE
France” dió lugar a la discusión, trata
*** Se ha inaugurado en el Palacio de
de restablecer la serenidad, un tanto al­
Bellas Artes el 3er. Salón de la Asocia­
terada por la intervención de Hervé, y
ción de Pintores y Escultores. La críti­
de armonizar las opiniones que se han ex­
ca se ha referido a dicho certamen:
presado, definiendo los conceptos de li­
" . . . Se percibe un intenso afán de e”bertad, formalismo y realismo. "El for­
cauzar decididamente nuestra pintura
malismo es reaccionario en el sentido más
(no consideramos la escultura, dado que
completo de la palabra; expresa el de
su representación esta vez es muy esca
seo de ir contra la corriente de la his
sa) por una definida orientación de
to ria ... El realismo traduce al hombre
ante una época con sus necesidades, ante
una clase con sus intereses, su ideal y
su misión histórica.”
Muchos comentarios ha suscitado en
todos los campos literarios esta polémica,
que no puede decirse que esté ya cerrada.
El teórico del partido socialista en pro­
blemas literarios, Jean Texcier, ha ter­
Registro de Propiedad Intelectual N° 216.894
ciado también en el debate, desde las
Redacción. Dirección.
columnas del semanario literario socia­
Administración. Publicidad
lista "Gavroche”, que él dirige. Para
IN D E P E N D E N C IA 360. BUENOS AIRES
Texier, este debate sobre el comunismo v
REPÚBLICA ARGENTINA
la estética no data de hoy: "La mejor
Direcc ón de C
no mantione coilustración de esto, fué quizás la peque­ La
riespont’encía c;n los co.abo adores espontánea,
ña farsa en que se vio a Pablo Picasso,
excepto en aquellos caros en que acuerde pubüa:
los o ig nales.
convertido al comunismo, recibido con
No se devue'ven los o ginales no solicitadla.
gran pompa en los locales de L ’HumaLa Dirección de « C
no se hace res­
n itc y saludado con una alocución de
ponsable de las op n:ones que se cxp.esanen u
colaboraciones f .m-das.
Mareel Cachin, celebrando la obra re­
volucionaria de este Fregoli de 3a pin­
Se publica el segundo y cuarto martes de
tura.”
cada mes.
Precio
del
ejemplar:
$ 0.40 m./arg.
"Carrefour”, semanario literario de de­
SUSCRIPCIÓN
recha, anuncia que comenzrrá la próxi­
Argentina: Un año .
. . .
$ 8.21 m. u¡
ma semana una encuesta sobre "el arte
&gt;
Seis meses . .
. S 4.30 ra.'arj
dirigido”. Motivando la conveniencia de
Extranjero: Un año . . . Dólares U.S.A. jJC
*** La polémica entablada en torno a’
esta encuesta, dice la redacción de "Car­
DISTRIBUIDORES
comunismo y la estética entre Louis Ara­ refour’ : "Está en causa el porvenir de
Capital: S i l v a n o M a c h i , Independencia 2877
gón, Pierre Hervé y Rcger Garauday. ha
la cultura. Si so sometiera ai control de
Interior y exterior:
dado también lugar a una int rvunción
una autoridad superior, el artista se con
D i s t r i b u i d o r a T r i u n f o S. R. L.
Rosario 201
de Elsa Triolet, esposa de Louis Aragón
vertiría necesariamente en el servidor
y eminente escritora. Pierre Hervé, re­ de una ideolog a. Por tanto, es necesa­
O ^
conocido unánimemente como uno de los
rio escoger entre una cultura que sv ela­
P A G A D O
^
7 (n F R A N Q U E O
O ±z &gt;3
más brillantes polemistas francos^
bore libremente y una cultura dirigida.”
Concesión No 3799
iL lh - J
a: z
&lt;
tuales, en su réplica a Louis Aragón, y
tc u j í
tirando por elevación, había formuiunO
*** La Exposición de "Ars Americana”,
O O 2
T A R I F A
R E D U C I D A
CJ re tu
reservas y críticas sobre el género Hteha suscitado el siguiente juicio del crí­
CONCESION
No 3205
&lt;
u
rario que cultiva Elsa Trio’et Esta se
tico de arte del semanario "La Bataille” :
ha creído obligada a responder, a trave­ "Ilav muchos modos de organizar expo­
de una interviú que ha publicado "Le
siciones de artistas extranjeros. Pueden
Lettres Fran^aises”.
ser manifestaciones diplomáticas, corte­
BOLETIN DE SUSCRIPCION
En primer lugar, Elsa Triolet dec’ara
ses, convencionales, o exposiciones de
que no siendo militante del par'ido co­ arte. Las dos coinciden algunas veces;
munista como su marido, las críticas di­ no siempre. Asi en esta exposición do
El señor .................................
rigidas contra ella, como si lo fuera, no
arte americano, el lado diplomático
(E N LE T R A D E IM PRENTA)
tienen valor. Sin embargo, trata de rei­ triunfa demasiado visiblemente con todo
Dirección
vindicar el fondo social de su producción
lo que esto puede suponer de compla­

El Premio Gonroult ha sido eom-odi lo
a Jean-Jacqaes GartUr por su novela
"Histoire ifun fait divers”. editada por
Julliard, que viene superando la marca
como editor de casi todos los premios
literarios. "Histoire d’un fait divers” es
simplemente una novela policíaca, p ’i o
do buena calidad literaria. Al igual que
hizo en el pasado Stendhal, "el Goncourt”
de este año ha ido a buscar su argu­
mento en la crónica de tribunales, y lia
logrado realizar una novela agradable,
pero no puede decirse que acreedora a
tan alta distinción.
El Premio Fémina ha sido adjudicado
también a una obra editada por Jul­
liard: "Le temps de la longue patience”,
de Michel Robida, autor que desde la
Liberación se había dado ya a conocer
por otras dos obras: "Botemry” y "Les
Trenandour”. La obra premiada con el
"Fémina” es la historia d* una familia
de la buena burguesía francesa durante
la guerra. La crítica, en general, no se
ha mostrado muy deferente al juzgarla.
El Jurado del Premio Renaudot. otra
de l»s grandes distinciones literarias
francesas, había esperado conocer la de­
cisión del Goncourt para rendir su fa ­
llo : si éste no se pronunciaba a favorde "La vallée heureuese” de Jules Roy,
esta obra sería agraciada con el "Re­
naudot”, como así ha sido. Jules Roy
fué durante la guerra bombardero de la
RAF. Aviador de profesión, se alistó
voluntariamente por afinidad ideológica.
Días tras días estuvo encargado de bom
bardear los altos hornos y todas las ins
talaciones industriales del Ruhr, o sea lo
que él llama "el valle feliz”. La obra
está compuesta de seis magníficos rela­
tos, llenos de esp ritu de aventura, de
emoción humana y de sentimiento so­
cial.
El Premio Interaliado, destinado a un
periodista por uña novela pub'icada «n
el año en curso, ha sido concedido a
Jecques X e ls , por "Poussiére du temps”.
El- Jurado ha preferido esta obra a
"Xous reviendrons”, de Louis Parrot,
que tenía el favor de una gran parte
de la critica.
Queda todavía pov adjudicar el "Gran
Premio de la Ciudad de París”, por un
valor de cien mil francos.

abalgata

abalgata

suscribe a C A B A L G A T A por el
periodo de un año* seis meses y al efede
acompaña el importe de $ 8.20, S 4.30
Dólares 3,50 U. S. A. en cheque, bonc
postal a su orden.

se

El nuevo form ato de CABALGATA
Xos hemos visto obligarlos, i- mo advierte el lector, a cambiar el formato de nues­
tra revista, que tanto éxito, y tan cordial y calurosa acogida mereciera, en su fo r­
mato inicial, en la Argentina y en toda América. Las existencias de papel de &lt;/tu­
piolíamos disponer nos obligan a ello. En lo esencial, como puede observarse en
el presente número, la revista mantendrá sus características anteriores. Pero
procuraremos aprovechar las exigencias del nuevo formato para mejorar en lo po­
sible todas sus secciones, y corresponder así al creciente fervor con qui se nos
anima por parte de todos.

* 1 achar la condición que no se utilice.

IMPRESO EN ARGENTINA

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»

�LA AVENTURA MESTIZA
mestizo. ¿En qué medida se re­
que el mestizo se querrá —siempre— a
parten sus sangres? ¿En qué zonas
imagen del padre. Entonces, después y
de su vida se desplazan el padre euro­ahora. Cayetano, el mestizo de la novela
peo v la madre americana? El problema
reciente de Lidia Besouchet ( 1), recori'
ya estaba radicado en las tristezas de
el circuito de esa contradicción que vie­
¿Parcilaso Inca, hijo de capitán conquis­ nen recorriendo, desde hace cuatro siglos,
tador y de ñusta incásica, en el que se los mestizos de América. Cayetano es hi­
agolpaban los asombros y las violencias
jo de amor accidental de mujer de car­
del encuentro de dos mundos diferentes.
nes pobres y morenas y hombre blanco y
Su infancia tiene un paisaje cuzqueño
propietario. Es el mestizo. Es decir, es
de impresiones opuestas. Los abuelos
nuestra América. El muchacho entriste­
cerá en la contemplación de la madre fa­
maternos lloran el imperio que se les
fué de las manos. Los camaradas del pa­ tigada en labores de casi esclava y en el
ofrecimiento de hijos que la miseria se
dre riñen por el dominio del rico mundo
hallado. ¿Llorará con sus abuelos o gue­ lleva. Sólo él ha crecido fuerte, vigoro­
rreara entre los hombres de la tropa pa­ so, arrojado, diferente, porque él tiene,
como no tenían sus hermanos, sangre
terna? El mestizo mozo se advierte que
en sus venas alardea la sangre del pa­ de padre blanco. Lo que nos dice, que
América sobrevive en el mestizo, que la
dre triunfador. Camino de España, Garcilaso Inca se querrá a imagen del ca­ posibilidad de existencia es en América
mestiza. Las tristezas de Cayetano para
pitán de la conquista, no del Inca de ’a
su madre se harán desprecio y olvido.
derrota. El mestizo renuncia a América.
"Era un objeto que desde criatura vió
Pero, España no le da derechos totales
rodar
por la casa, por el patio, por el
al que tiene sangres confundidas. Y en
arroyo, por el camino.” "¿Qué tenía él
las tristezas españolas del mestizo GarCayetano, de común con esa mujer?”
cilaso se recobra el mundo envejecido
de los abuelos Incas. Y se hace cronista
del pasado que vive —que desvive— en
una parte de su sangre, en una zona de
su vida. Pero, queda en España. Y es*

E

l

*** En el Instituto Chileno-Británico de
Cultura ha expuesto el pintor ruso Georges Nordman. Nordman es un artista
sencillo y humilde que busca en la pin­
tura la posibilidad de dar forma plás­
tica a su emoción. El pintor no hace,
en efecto, otra cosa que transferir a lo
figurativo lo que es propio del lenguaje
hablado. Por eso sus paisajes de París
rehuyen en cierta medida la objetividad
del paisaje urbano y son, más que aspec­
tos tangibles de una ciudad, testimonios
fehacientes de un estado de espíritu.
*** Organizada por el Pen Club dió una
conferencia sobre el "Ulises” de James
Joyce el representante en Chile del Britis
Concil, Malcon Welland. La discutida
obra del escritor irlandés fué minucio­
samente analizada por el conferenciante,
estableciendo un paralelo entre las obras
clásicas de la literatura universal y el
"Uises”. Finalmente trató del proceso
generativo de esta obra, determinado por
el exilio moral y físico del autor.
*** La Orquesta Sinfónica Nacional ha
celebrado un concierto de homenaje a
Manuel de Falla. Se interpretaron las
obras "El amor brujo”, "Noches en Jos
jardines de España” y tres danzas de
"El sombrero de tres picos”. Actuaron
como solistas la contralto Marta Rose y
el pianista Alfonso Montecino. Este con­
cierto pone fin a las actividades musi­
cales del año.

PO R

DARDO CUNEO

Alboroto de sangres paternales. Supre­
macía del blanco que 'convive en é’. En
el mestizo Cayetano se hace voluntad el
anhelo de partir. Y es que las del mes­
tizo son sangres en camino, algo en mar­
cha provisoria. Garcilaso había partido.
América mestiza siempre está a partir.
Cayetano parte hacia la ciudad. "Se
iría lejos de aquellas mujeres negras,
que le oscurecían la vista con su presen­
cia. ¡Partiría!” La abuela acaso lo com­
prendía todo cuando le pasaba su mano
antigua por la cabeza. "Cabello rizado,
casi lacio...” Cayetano era diferente.
La aventura del mestizo tendrá en la
novela de Lidia Besouchet irregulares
itinerarios de ascensión. Se gana Ca­
yetano la ciudad, pero siempre es un
barrio dentro de ella. No hay victoria
total. La ciudad, la vida, el mundo, las
mujeres son, constantemente, certidum­
bres fragmentadas, y la copiosa energa
que resuena en su cuerpo se quedará sin
íntegra utilización. Siempre sobre el mes­
tizo. Por esa ruta de irregular, de par­
cial ascensión llega hasta el padre. ¿ Es

LOS PINOS

constante superación y renovación, re­
chazando todo hibridismo que pudiera
entrabar una más libre expresión.” En
el certamen ha habido la magnífica re­
velación de Carlos Pedraza con unas
obras de la más alta expresión estética.
Se ha realizado la retrospectiva, en una
de las salas, de Luis Herrera Guevara.
El mundo aparencial de este pintor "adá­
nico” era indeclinablemente suyo. Fué
insobornable a la evolución de gustos
y preferencias. Pintaba ayuno de expe­
riencias, absorto ante las formas y los
volúmenes, ajeno a contactos y escuelas
artísticas; desdeñoso de estéticas. Luis
Herrera Guevara encontró la máxima
consagración de su vida al ser colgados
en los muros del Museo de Nueva York
dos de sus más características telas.

p o r

JUVENAL ORTIZ SARALEGUI
i
P i x o s del mar. Bajo ellos
pasea mi corazón
por sus verdes rumores.
Dialogan mi voz y su silencio,
urna de pinos en el mar ardiendo.
Al caer de la tarde
levántome en sus troncos
como un humilde barco,
en el menudo polvo padeciendo.

II
Todo el verde del mar los pinos tienen,
todo el verde del mar.
Y todo el amarillo de la tarde caída,
alfombrando su altar.

III
Verde oscuro nocturno.

Las estrellas

sobre los pinos que detienen el mar.
Orión tiene un pino nuevo
para su verde amor de eternidad.

IV
Calles de pinos, altas calles
con sólo márgenes de almas.
Un pino enfrente, otro atrás,

la meta? El padre pone en el hijo sus
afectos demorados. En la aventura de
Cayetano, el reencuentro llega a la hora
en que el padre muere. Y con esa muerte,
el mestizo deviene ep propietario. La
fazenda es suya. Suyo el caballo y el
camino. Ascensión definitiva. Pero, en
ese momento de su vida las sangres di­
ferentes no han dejado —nunca dejarán
en el mestizo— de chocar y disputarse.
La madre morena, hecha recuerdo, re­
aparece desde las zonas de la posterga­
ción y del olvido, para reclamarle con
su torpe voz anochecida. El mestizo de­
cide ir a su encuentro. Es en las últi­
mas páginas del libro de Lidia. Sin
duda, las mejores entre trescientas pági­
nas excelentes. "Satisfecho, describió con
la vista un inmenso círculo, hasta que
sus ojos ansiosos se posaron en un punto
lejano: la casa de la madre. Se detuvo.
Las riendas quedaron sueltas y el cora­
zón indiferente. Los sitios de su infan­
cia volvían a despertar su resentimiento:
una nube tenue cubrió sus ojos y ter­
minó por ver el paisaje como a través
de un velo fino. Estaba separado de la
realidad, de la verdadera realidad.” En
él se había desarrollado otra realidad,
distante, diferente. La abuela se lo hu­
biera explicado. "Cabello rizado, casi
lac io ...” Otra realidad. "Lamentó ha­
ber vuelto.” Habitante de un paisaje mi­
serable, personaje de otra edad, detrás
de las paredes abandonadas estaría la
madre desviviendo su vida de morena ca­
si esclava. "Tendría las carnes más secas,
la piel más negra, los ojos más apaga­
dos. Infatigable, hacharía leña, con esa
ferocidad que le vió la mañana de su
partida. Infatigable, lavaría la mugrien­
ta ropa en el arroyo, con la mota pe­
gada a la cabeza. Infatigable, estaría
revolviendo la olla de barro o colando
café ordinario.” Y "algún día, con ese
mismo aire cansado con que empezó a
parir hijos, a hachar leña, a lavar ropa,
cerrar'a los ojos para morir, pasando de
una muerte a otra muerte con idéntica
resignación animal”. ¿Volvería a su ma­
dre? El mestizo es camino sin regreso.
No regresan las sangres. Cayetano se
aleja —definitivamente— del rancho,
del sertón, de la madre. "Driscend’ó a1
ga’ope la cuesta, sin m'rar hacia atrás.”
En el Cayetano de Lidia Besouchet
desesperaba —desespera— de su suerte
—de su conf’icto— la América mestiza.

y yo, otro pino que anda,
sin ojos y sin palabras.

(') E t m e s t i z o , por Lidia Besouchet. Traduc­
ción de Raúl Wararro. Colección El Varío. Enteré.

�cabalgata O

EL ART E

EN
por

LA

DELIA ETCHEVERRY
( Especial para Cabalgata.)
*

En la escuda "D r. Gabriel Carrasco” de
Rosario, que dirige Olga Cossellini, ¡os niños
han encontrado su Escuela de la Expresión.

x 1935 el "Instituto Social de la Universidad del
Litoral’’ dedicó uno de sus cuadernillos a difundir
E
el trabajo titulado

Sobre un ensayo de escuela serena
en la Provincia de Sania Fe. Én ese folleto, Olga Cossettini resum a su labor de varios años en la Escuela
Normal Rural de Rafaela (Sta. Fe). Conocedora de
las experiencias que Lombardo Radice realizaba en
Italia y de la filosofía idealista de Gentile, buscó su
adaptación inteligente a nuestro medio y logró mos­
trar de qué modo "la escuela renovada’’ era una rea­
lidad concreta. Los maestros argentinos, ansiosos de
liberar al niño, acogieron con alborozo esta experien­
Interpretación del ballet humorístico "Las maravi­ cia y fijaron su atención en quien así oxigenaba el
llosas aventuras de Tom”, inspirado en el "Tom ambiente educativo del país.
Sawyer” de Mark Ttcain. por Armando SarrabarPoco tiempo después de aparecer aquella publica­
rouse. de 10 años, 5“ grado.
ción, el entonces Director de Escuelas de Santa Fe,
doctor Pío Pandolfo, refrendaba un decreto por el
cual se confió la dirección de la Escuela Experimental
"Doctor Gabriel Carrasco", de Rosario, a la gran maes­
tra Olga Cossettini. Desde entonces el impulso crea­
dor de esta educadora ni se ha detenido ni ha cris­
talizado en imitación servil de modelos extraños a
nuestra modalidad. Sin apartarse del plan de todas las
escuelas primarias, con el personal docente que le
designaron, sin otra selección que aquella producida
por la afinidad del magisterio consciente de su tras­
cendental tarea, la escuela de Olga Cossettini —como
se le llama en homenaje indirecto a su creadora— se
ha impuesto por prestigio bien conquistado. Nume­
rosas conferencias, dos obras fundamentales —El ni­
ño y su expresión y La escuela viva—, las "misiones
de divulgación cultural” realizadas por sus alumnos,
la exposición de dibujos y acuarelas infantiles que
asombraron a los críticos de arte, son la muestra pal­
pitante de que en tal escuela los niños se han encon­
trado a sí mismos. Seiscientos escolares de ambos
sexos, de seis a catorce años, hallan cada uno, en un
barrio extremo de Rosario, el lugar propicio para
desenvolver sus personales aptitudes, sin coacción de
ninguna especie. Las actividades de distinta índole
—estéticas, manuales, sociales, domésticas e higiéni­
cas, intelectuales del aula e intelectuales al aire libre—
ponen en juego los resortes de la "escuela activa”,
pero no significan que allí reine determinado método.
Es el ambiente cargado de sugestiones, es el maestro,
camarada de sus niños; es la libertad de movimien­
tos y de acciones —la que se encauza gracias al con­
vivir armónico— lo que realiza el milagro. "Dejar
vivir y vivir con ellos”, dicen los maestros. Los muros
Interpretación del ballet "Las maravillosas aventuras de la escuela se han abierto y entra el hálito exterior:
de Tom”, por Clara Ferrero, de 12 años, 59 grado. la vida del barrio, de la provincia, de la nación y del
mundo. Esos niños conocen los árboles, los insectos
y los pájaros que habitan ese rincón; se informan
personalmente del movimiento comercial del puerto
de Rosario; sus excursiones los llevan hasta la chacra
de la campiña santafesina y toman contacto con el
problema social del agricultor. Un buen día surge
el coro de pájaros —voces y silbidos de niños con
facilidad de imitación— ; después, el romance esceni­
ficado, el teatrito de títeres manejado por ellos mis­
mos, y Juan Ramón es tan familiar para ellos como
su inmortal Platero. Y entran y salen de la Biblio­
teca del colegio, y cultivan su huerto escolar, y escu­
driñan, gracias al microscopio que manejan con des­
treza, los misterios de la célula vegetal. La coopera­
tiva de la escuela está en sus manos y allí aplican
las matemáticas que están aprendiendo. La geografía
que estudian en equipo, con el jefe de grupo, los
lleva desde la teoría de la formación del planeta hasta
el problema de la distribución del hombre en el globo.
Y aprenden las canciones y los bailes como medios
expresivos de lejanos habitantes de otras tierras. El
horizonte mental y espiritual del niño se ha enri­
quecido con los lazos que ata la solidaridad. El es­
colar, consciente de su personalidad individual, co­
Interpretación de "Las maravillosas aventuras de mienza a sentir que vive en sociedad y reconoce de­
Tom”, por Armando Sarrabayrouse.
beres y reclama sus derechos. ¡Qué lejos de !a escuela

I

\

■^9
dogmática! Es que estamos ante el secreto de la
disciplina por autodeterminación.
Entre ese personal docente que aña tras año afina
su comprensión del ser a quien debe guiar, está una
artista singular: Leticia Cossettini. Su grado mues­
tra a través de cuadernos, trabajos prácticos, y pre­
paración de material para las "misiones culturales’’
que se realizan en la plaza del barrio, que la infor­
mación es completa y los elementos instructivos riquisimos. &gt;11 observador percibe la nota artística que
esta maestra ha descubierto en sus alumnos: allí es­
tán las ilustraciones de los poemas, luego los poemas
teatralizados, las rondas de plasticidad admirable.
Asiste a la fiesta escolar de clausura de cursos v .&gt;1
espectáculo supera cuanto conoce hasta entonces. . El
proceso realizado para lograr tal maravilla nos lo
revelará muy pronto el volumen que bajo el vítulo
de Teatro de niños* ha escrito Leticia Cossettini v
está en prensa, próximo a aparecer. Este hecho cobra
doble significación porque, hasta ahora, la escuela
primaria no había procurado ni logrado que las re­
presentaciones teatrales tuvieran el sello de la crea­
ción infantil. Los grabados que se reproducen y donde
los niños han fijado las escenas del último balletteatro que dirigió Leticia Cossettini, y las fotografías
de romances teatralizados, pueden dar idea de la sen­
sibilidad depurada de esta maestra. Es la artista que
ha encontrado el secreto de que sus niños creen el
poema, mimen la danza, exalten en un coro sin aca­
demismo alguno la rica gama de sus sentimientos.
En su libro recuerda la afirmación de Sprnnger en
Psicología de la edad juvenil: "El teatro ofrece so­
bre la novela la ventaja de la representación sensible,
inmediata, de la acción comprimida en situaciones
patéticas. La significación del teatro para el desarro­
llo espiritual reside en que da participación en for­
mas de existencia que nunca entrarían realmente en
su esfera estrechamente limitada.” En ese despertar •!
de la vida —agrega la autora— que florece entre los j
doce y catorce años, los niños viven con las figuras.
de las novelas y los dramas como si fuesen reales ¡r
revelan preferencias por la poes a. Y para mostrar
cómo respeta la personalidad del niño y sólo insinúa
delicada sugestión, detalla la escena en que maestra
y discípulos dan forma a la teatralización de un poe­
ma. Cierta alumna de sexto grado, de trece años,
escribe un día tres bellas poesías que titula: Lo*
a y ... de la Tierra, Los eh. . . de la Lunp, Los y...
del Mar. "Son para el teatro —aclara la niña—:
un poema es distinto del otro. Los e h ... de la lusa
me los inspiró mi gato danzando en la noche clara.
En cuanto Los y . . . del Mar es dulce. Lo escribí
después de mirar el cielo: arriba estaba sereno, pero
de pronto hacia abajo cruzó el relámpago el cielo.
Eso para mí fué como la tromba que barrió a las
sirenas. Los a y . .. de la Tierra lo escribí en un loto
momento y corrió el lápiz por el papel.” Señala Le­
ticia que mientras la autora los lee, subraya extra­
ñamente los ay, los he, y los y . .. de sus poemas. I
Esta repetición insistente no sólo les comunica ca- j
rácter esencial, los llena con su propia voz. "Yo dan­
zaría mis poemas; escribiéndolos, las palabras dan­
zaban.” Bajo la influencia de la libertad la belleza
surge. Irma opina que en Los a y ... de la Tierra hay
súplica y ternura. Es como la voz de la sombra.
Haydée cree ver en. Lo*- e h ... de la Luna un juego
de preguntas y respuestas lejanas como si fuesen su­
biendo por secretas esferas. José María oye en Lo*
y . . . del Mar la furia agria de la# ondas. Un grupo
de ocho niñas entre los doce y catorce años va di­
ciendo el poema. Los cuerpos encuentran el ritmo de
un pájaro herido para el primer poema. En los mo­
vimientos voluntarios y libres está la expresión de
su tono emocional. Los eh. . . de la Lunaf preguntas
y respuestas advertidas por Haydée, sugieren el juego
del eco vibrante, distante, replegado en caracola —eí'
presa Leticia—. Los cuerpos musicalmente se distien­
den en blandura que a veces parecen desintegrarse
Movimiento, gesto, expresividad toda del cuerpo; jamás
la pose estática que es la muerte del movimiento.
* Editorial Poscidón, Buenos Aires.

�i Qué ha hecho, pues, esta maga de los niños?:
ha utilizado los elementos del .juego —cantarcillos,
rondas— sublimándolos, embelleciéndolos poéticamen­
te. Ha captado las improvisaciones, los poemas de
los niños —concebidos en ámbito de libertad, de sol
)'
gracia—, ha vivificado los romances —danzas,
coros, poesía oral— ; los cuentos, las leyendas pobla­
das de ensueño o saturadas de comicidad, que ^ s
niños traducen en danza; las palabras, imágenes plás­
ticas o sonidos, hilan su malla.
Leticia Cossettini ha sabido interpretar la afirma­
ción de Dalcroze: "El gran mérito del educador r'S
saber sugerir.” Y ella, que ha vibrado al conjuro del
"ballet Jooss” piensa en sus niños y un buen día
surgen Los siete héroes. Cuenta de qué modo, al aire
libre, bajo los árboles, sobre la tierra y el césped en
las mañanas tibias, realizan movimientos básicos: an­
dar, correr, saltar, girar. No son ejercicios arbitra­
rios. Estos movimientos fundamentales de la loco­
moción se van suavizando armónicamente, mientras
exploran todas sus variaciones posibles en dirección,
dimensión y tiempo. Páginas de sutil atisbo escribe
la autora de Teatro de niños, narrando cómo condujo
el grupo hasta que surgió la l’nea artística lograda
por el mismo niño, sin copia servil de ningún modelo:
ha bastado "señalar el tono cálido de una cabeza, de
una mano, de un pie, que ha encontrado su lenguaje
original. Estimularlos en la búsqueda de otras voces
y de otros ritmos; detenerlos en la curva de un mo­
vimiento carente de espontaneidad, hacer que se ob­
serven y ejerzan un sentido autocrítico y, sobre todas
las cosas, que cada cual sea él mismo en su capacidad
expresiva de traducir emociones y sensaciones”.
Pero la más reciente prueba de su talento la acaba
de dar Leticia Cossettini al escenificar Las maravi­
llosas aventuras de Tom, inspirado en la obra de Mark
Twain, trazado sobre Petrouchka, de Stravinsky y El
flautista increíble, de Walter Pistón. Siete estam­
pas: 1) Es la hora de la siesta. Tom sueña que pasará
una tarde deliciosa vagando por los campos... cuan­
do tía Polly... 2) Becky cual aparición celestial ex­
tasía a Tom ... cuando un forastero llega al pueblo.
3) Escalando la cerca. Plan genial de Tom para rendir
a sus adversarios. 4) Fiesta campestre. Risa, ale­
gría y un buen susto al final. 5) Tom y Becky per­
didos en las grutas. ¡Oh! ¡las sombras!. .. L'na extra­
ña ave gris y azul. 6) En el pueblo buscan a los niños
perdidos. ¡Ah, Tom querido! —llora la tía Polly—.
¡El más bueno de los niños! . . . 7) El regreso triunfal
de Tom y . . . una nueva travesura. El pincel de los
niños que han presenciado el ballet-teatro traza ágil­
mente las figuras y las escenas que encantaron sus
ojos. Queda el documento gráfico como otro medio
expresivo que esa escuela brinda al niño desde que
ingresa. Sin maestro de dibujo, todos garabatean y
borronean el papel de acuerdo con su intención y su
capacidad creadora. Nadie copia: la ilustración per­
sigue, a veces, aclarar un concepto, un dato científico;
otras, hallar la imagen fugitiva que la fantasía del
niño aprisiona en un gesto lleno de color, movimiento,
gracia.
En el ballet-teatro aludido intervienen más de treinta
niños; de ellos sólo dos saben música, ninguno danza
ni arte escénico. Su autora considera que en esta
obra está el rezumo de toda la gracia y el júbilo lle­
vados al plano de cántico a la alegría. Se ha dispuesto
que el espectáculo se haga sobre una tarima desnuda,
a la sombra de los árboles, sin telones, ni cortinajes.
Los trajes son de papel. Los niños actúan no nólo
sobre la tarima, sino en torno a ella. El niño, ¡siem­
pre actor, y el público —de adultos y de niños— se
siente envuelto, casi partícipe de ese ámbito jubiloso
y esa dinámica plena de vida. Se estilizan los juegos
callejeros —bolitas, trompos, arco, rango, billarda—
que, nacidos acres en la calle, en planos escalonados
se embellecen. No se descuida el elemento psicoló­
gico: el niño disputa, olvida, torna a jugar, torna a la
disputa y a la risa como un río cambiante que refleja
el arco iris de la vida. Todo ello —recuerda la auto­
ra— sublimado por el artista que depura la forma
y el gesto sin que pierdan frescura: es el niño tal cual

y

Escenificación del poema "Adivina, adivina: ¿Cómo se llama esta f l o r ? . . . ”, original
de Ramón Peralta, de 14 años.

es. La fiesta campestre traduce una pastoral donde
los elementos seculares del folklore se aprovechan
sutilmente —juego de la mancha, las rondas, la ga­
llina ciega, el martín pescador, la cinchada, el mantantirulirulá, el pelele— trenzados con armonía en
cambiantes figuras. Los niños están ahí ligados con
los espectadores por una especie de hálito poético.
A veces, el gesto no es suficiente y surge la palabra:
órdenes breves, en sordina. En la estampa en que ne
busca a los niños, la escena adquiere patetismo: la
bullanguera bandada se desplaza lenta, acongojada.
Surge, después del espectáculo, la convicción pro­
funda: para llegar a esto es preciso ser Leticia Cos­
settini. Evidentemente. No admitiremos que el arte

Interpretación de "Las maravillosas aventuras de
Tom”, por Enrique Furlani, de 12 años.

pueda nacer de otra manera que al conjuro de ese
taumaturgo que es el artista. No se nos ocurriría que
el conjunto de danzarines, o el coro polifónico o la
masa orquestal, fueran dirigidos por cualquiera. El ni­
ño, además, es un puñado de misterios: tampoco cual­
quiera puede ser educador. Por eso, ante esta maes­
tra nos inclinamos reverentes para decirle: "Maestra
artista: guíe usted los pasos de los niños argentinos
y muestre a otras maestras artistas el camino luminoso
que usted ha recorrido. Bien es verdad que usted halló
el "clima” propicio en el ambiente de libertad en que
se desenvuelve la escuela Doctor Gabriel Carrasco.”
Y henos aquí, de nuevo, frente al problema eterno:
Sólo en la libertad hay creación.

Coreografía trazada sobre poemas,
de Beatriz Piestra, de 13 años, 69 grado.

�cabalgarais

¿QUIEN FUE
EL DODO?
on

hoy muy pocos los que han oído

hablar del dodo, y sin embargo hace
S
siglos, en fechas en que el mundo se

o

aireaba como consecuencia de los nuevos
mundos y las nuevas rutas descubiertos
por españoles y portugueses, este per­
sonaje tuvo una rara popularidad como
la rareza de las rarezas, como el pájaro
bobo de moda. Esta criatura hizo su
aparición en las islas del Océano Indico,
Mauricio y otras, al irrumpir en ellas
los portugueses a comienzos del siglo
xvi. Estas islas eran una especie de
museo de antigüedades biológicas; no
era el dodo el único ser anacrónico que
allí moraba, pues también había tortu­
gas colosales y más viejas que Matu­
salén.
Pero el pobre dodo, el pobre doudo
o bobo, carecía de la coraza de los ga­
lápagos y tenía en cambio ese candor
de los seres bienaventurados que nunca
han tenido que habérselas ebn el hombre
civilizado.
Esta ave eta pariente de las palomas,
pero de un tamaño mayor todavía que
el del pavo. Por añadidura no sabía ni
podía volar, de modo que los marinos
cansados de mascar galleta y carne sa­
lada que abordaban las islas no podían
menos de considerar al dodo como un
presente celestial, una recompensa divina
a sus muchos sufrimientos globo abajo
hacia el Cabo das Tormentas de Barto­
lomé Díaz y globo arriba otra vez hacia
el delirio de Ormuz, hacia las especias,
hacia el marfil, el oro y mil cosas más,
soñadas antes de partir de Lisboa o de
Sagres, don^e también rumiaba sueños
el fenicio Dn. Enrique.
Cosa parecida pasó con la gran alca
'de Terranova y los pescadores de ba­
calao.
De Mauricio pasó el dodo a Lisboa y
a otras cortes europeas, donde se puso
de moda. En libros, abanicos, quitaso­
les, álbumes, tapas de cajas de perfu­
m es... aparec'a el dodo, mezcla de án­
gel y payaso, con sus plumas rizadas,
cortas, sus ojos un tanto pasmados, su
pico ganchudo y descomunal.
Llegado un momento los portugueses
introdujeron el cerdo en la isla, cuando
ya los dodos habían quedado reducidos
a un número insignificante. ¡Adiós dodo!: el cerdo no perdonó a los huevos
ni a las crías, mientras la frivolidad
cortesana, tan aficionada a lo deforme
y a lo raro, seguía aun celebrando sus
gracias en abanicos y estampas.
Hoy sólo quedan del ave unos huesos
en la Smithsonian Institution y en otros

Tres figuras íntimamente relacionadas con la teoría de la evolución: Carlos Darxcin, Hugo de fríes (holandés) v
Hermán J. Muller (estadounidense)» El primero publicó su obra fundamental, El 0rigen de las hspecies, cn 1839,
después de unos veinte años de compulsa de los datos acumulados y de reiteradas recomendaciones de sabios amigo,
suyos, entre ellos Alfredo W alia ce y Carlos Lyell. De Vries descubrió las mutaciones a comienzos de siglo, esin.
diando la primavera Oenothera Lamarckiana, es decir: los repentinos cambios de los seres vivos por causas mal deter
minadas aún, pero sin duda de origen externo. Según él no es la evolución lenta, continua, la causa de la evolución,
sino estas mutaciones, estos saltos o discontinuidades de los caracteres hereditarios de los seres vivos. Muller acaba
de recibir el Premio Nobel por haber probado, hace cosa de dos décadas, que hajo la acción de los rayos X se acre­
cienta el número de mutaciones en la mosca de la fruta. Esta comprobación, al igual que^ la de \ ries, vino a
confirmar en lo fundamental el proceso evolutivo enunciado por Darwin. Pero además abrió horizontes de incal­
culable alcance a la biología, pues aunque Muller estima que casi todas las mutaciones son malas para el indi­
viduo y para la especie que las experimentan, cabe la posibilidad de encauzar la evolución de las especies en la
dirección que el hombre estime más conveniente, en vez de hallarse como hasta hace poco, a merced del azar.

nos del esplendor de la Nueva Era que
se anunciaba con exultante júbilo— , la
Academia Real de Estocolmo otorgó el
premio Nobel a Otto Hahn.
Tras muchas dilaciones —el premio
ara el coleccionista de rarezas y pa­
es
el correspondiente a 1944— el sabio
ra el que necesite corroborar que
así
honrado pudo comparecer al fin ante
los -tiempos cambian —no importa en
qué sentido, si.hacia atrás o hacia ade­ sus colegas suecos y recibir la medalla
lante, para mejor o para peor— no de­ acuñada al efeeto de manos de Su Ma­
jará de tener interés la última ceremo­ jestad el Rey de Suecia. Pero a nin­
nia de entrega de los premios Nobel de
guno de los concurrentes le pasó inad­
Física, Química y Medicina. Esta cere­ vertida la presencia de una especie de
monia fué parecida a cualquier otra,
Eminencia Gris, una figura que nos­
salvo el detalle que uno de los agracia­ otros nos imaginamos discretísima, le­
dos con la alta recompensa, Otto Hahn,
vemente —muy levemente— irónica y
iba acompañado de un almirante inglés.
siempre al tanto, como marino avezado,
El sabio —Otto Hahn, no el almi­ de las más sutiles oscilaciones y evolu­
rante— fué quien, con un grupo de co­ ciones del ambiente y de las más recón­
laboradores, entre los que figuraban
ditas intenciones del químico teutón.
Strassman y Luisa Meitner, descubrió
Terminada la ceremonia nuestro gentque bajo la acción de los neutrones el
leinan
habrá estrechado de todo corazón
átomo de uranio se descompone en otros
la
mano
de su acompañado, mientras la
dos átomos de elementos muy alejados
concurrencia
aplaudía a éste más que a
del primitivo en la serie periódica de
los demás sabios presentes (según es
Mendelejeff. No se trataba ahora del
notorio), no por más sabio sino por el
simple desplazamiento de un lugar o dos
en dicha serie, como ocurre con los áto­ hecho de hallarse especialmente acom­
mos desintegrados por procesos radiacti­ pañado.
vos, sino de algo nuevo en la historia
de la Física, como si dijéramos de la
TRIFISION 0 TRITURA­
formación de dos trajes de niño de casi
igual tamaño con la tela del traje del
CION DEL ATOMO
papá. Por este descubrimiento, gracias
al cual los habitantes de Hiroshima y
l eminente físico francés F'rederic
Nagasaki pasaron en masa a mejor vida
Jolliot, esposo de Irene Curie, con
para hacer honor al nacimiento de la
la
cual
compartió el Premio Nobel de
Edad Atómica —fueron barridos de en
Química
en 1935 por el descubrimiento
medio según otros pareceres como indigde la radiactividad artificial o indu­
cida, acaba de anunciar a la Sorbona la
tripartición del átomo de uranio. Como
museos (muy pocos), y algunos dibujos
es sabido, la bomba atómica, cuyo se­
de sus días de gloria. Con el siglo xvn
creto
guarda celosamente Estados Uni­
pasó el dodo a la historia, como el im­
dos,
tiene
por fundamento la fisión o
perio portugués, como tantas glorias
bipartición del átomo del isótopo 235
m ás.. .
de dicho elemento por la acción de las
Gracias a los dibujos y a los huesos
partículas
denominadas neutrones. Los
el dodo fué reconstruido, a veces con
dos
átomos
resultantes de esta catástro­
huesos falsos vendidos a buen precio
como verdaderos. Esta reproducción pro­ fe, de esta tempestad (no ya en un
vaso de agua, sino en el seno de un ente
cede del American Museum o f Natural
material que, con relación al vaso de
History.

UN PREM IO NOBEL
Prisionero de guerra

P

E

agua, es algo así como éste con reía- *
c-ión al sol que nos alumbra), son gene-j
raímente de yodo e iterbio, y la «km
de sus masas es menor en 0,1 % que Ui
masa del átomo primitivo. Esta fraeeiói ¡
de masa, tan pequeña, es la que se con- i
vierte en radiación, en energía, y la can- ¡
sante del desaguisado. ; Qué fracción i j
masa se convierte en radiación en k
trisección, trituración o trifisión —cok:
dice el parte de la agencia— del átono i
de uranio? O dicho de otro modo: ¡tú’»
sería la potencia destructiva de ra»
bomba atómica cuyos átomos de ura¿: I
experimentasen este cataclismo?... E
ideal de los estados mayores sería &lt;¡k
del átomo primitivo no quedasen ni la
rabos en forma de materia o masa, qt&gt;
la transformación de masa en radiada
fuese total, categórica como una fefemia cuartelaria. Pero el sabio francés
piensa de otra manera. Al anuncian!
descubrimiento a la docta Sorbona qui­
so señalar al mundo un camino olvida­
do ; el verdadero camino de la cicstii
y de la superación humana, que es é
de la publicidad de las conquistas logra
das, y no el secreteo con miras al poda
militar, político y, en fin de cuenta
económico, que tanto se les reprocho s
los sabios alemanes y que hoy emula
los países vencedores con arrogancia j»
más conocida. F. Jolliot hace honor s
la ciencia de su país y a la Ciencia «
mayúscula en este momento crítico. L1
conquistas del pensamiento no puedei
pertenecer más que a la humanidad, í
todos los pueblos, a todas las razas. As
lo enseñó ayer María Skladowsha, h
descubridora del radio y del polonio í
sobre todo espejo de almas, y así lo R
piten sus hijos hoy para ejemplo ^
mundo entero. — M. S. AInformación científica
(púgs. 6 y 7 ), a cargo de
JOSE OTERO ESPASA.ND1N.

�l

L

os años de guerra han supuesto un
los ojos de muchas personas las hor­ de la piel obró prodigios gracias a los
j período de paz para los cetáceos.
migas son los seres más belicosos, suculentos manjares del hormiguero. Ha­
Con
excepción de una mina, de una (.ir­
pertinaces y diabólicos. Y sin embargo
cia mediados de mayo este feliz persona­
entre las hormigas, como entre las per­ je, a la sazón de un color rosa pálido, se ga de profundidad o de una bomba o
sonas, hay de todo, bueno y malo, y hasta
sujeta a una almohadilla de seda, que torpedo, nada ha perturbado su tranqmlo que ahora y aquí es malo puede ser
ella misma segrega, adherida al techo lidad. La humanidad estaba demasiado
comprometida en sus luchas intestinas
allá y antes o después bueno. El sim­ de la galería que le sirvió de morada
para
volver su atención a estos pacíficos
plismo y*el hablar por hab’ar, en cam­ durante el invierno, y se transforma en
moradores
de los mares. Y' no porque
bio, es siempre malo. Y para que nues­ crisálida en el plazo de una semana.
no
necesitase
sus grasas y demas pro­
tros lectores juzguen las cosas por sí Pero no tarda en dejarse caer al suelo,
ductos,
más
importantes
que nunca para
mismos, vamos a mencionar un caso, un
donde permanece en apariencia inactiva,
alimentar
a
la
población
desnutrida,
ago­
botón de muestra, tomado del espléndido
pero de hecho metamorfoseándose en atada,
v
para
fabricar
municiones
y
fer­
libro Butterflies de que es autor E. B.
riposa.
tilizantes,
sino
simplemente
porque
no
Ford (Collins, London, 1945), si bien
Al cabo de unas semanas (tres para
se
podían
distraer
barcos
y
hombres,
y
el hecho fué estudiado por F. W. Froser más precisos), la criatura de alas
porque,
aunque
pudiera
distraerlos,
el
hawk y por E. R. Purefoy por prime­ azules inmaculadas sale de su copo de
seda y busca la puerta del hormiguero enemigo no iba a permitir así como asi
ra vez.
en pos de los temblorosos rayos de sol, que la captura transcurriese apacib.eLa mariposa azul (larga), Maculinea
,
de los destellos del rocío, de los perfu­ mente.
arion, pone sus huevos en los brotes del
Ahora las naciones preparan el des­
tomillo silvestre en el mes de junio, y mes primaverales, de aquel sueño de
amor soñado tal vez en las sombrías quite. Son varias las expediciones pes­
al cabo de unos diez días salen de ellos
galerías del hormiguero. Ya sobre un queras en camino hacia los mares an
las larvas con un hambre devoradora,
tárticos. Algunas van provistas de radar
tallo de tomillo o de otra planta —y no
que sacian a expensas de las flores del
y
de otros dispositivos de localización,
hasta
entonces,
para
facilitar
la
evasión
tomillo —a las que se asemejan de un
inventados
o perfeccionados durante la
modo sorprendente— y de sus semejan­ del hormiguero— la mariposa despliega
guerra.
De
este
modo el rendimiento será
la gloria de sus alas azules y se lanza
tes, las demás larvas que se descuiden,
mavor,
v
el
país
que cuente con mejor
a la aventura en busca del príncipe (o
sobre todo de las que se hallan en trance
equipo
saldrá
más
beneficiado, en igual­
de mudar la piel para ensancharse. Co­ de la princesa) soñado.
dad
de
las
demás
circunstancias,
de esta
Sus hosteras (Myrmica sacabrinoides
mo el lector puede ver tampoco las ma­
batida
en
escala
mundial
contra
estos
riposas, incluso las que, como ésta, tie­ o M. laevenoides) la verán partir, acaso
seres
indefensos,
gigantescos,
prodigio­
nen alas que parecen de ángeles, son sin reconocerla ni saber que entre ella
todas angelitos. A la segunda muda de y la larva con que pueden toparse unas sos. Japón, Inglaterra, Noruega, Esta­
dos Unidos, Rusia al parecer, ete., par­
semanas más tarde pueda haber relación
la larva de esta mariposa aparece una
ticipan
en esta matanza. Los hombres
alguna
de
parentesco,
ni
siquiera
que
de
glándula en el séptimo segmento abdo­
están
hambrientos
por su mala cabeza
las
atenciones
dispensadas
por
ellas
a
minal, el décimo a contar de la cabeza,
o
por
sus
peores
cabecillas,
y necesitan
las
tales
larvas
depende
por
entero
la
que segrega unas gotículas de un jugo
que para las hormigas debe ser una am­ vida de la mariposa de la especie Macu- grasas con urgencia; las tierras, muchas
de ellas humeantes de pólvora todavía,
linea arion. Pero así es la vida, ciega,
brosía, pues no bien topan con una larva
le prodigan todas las atenciones imagi­ fascinadora, loca, hermosa como los án­ con minas perdidas en su seno, necesi­
tan brazos fuertes, necesitan abonos,
geles y . . . ni buena ni mala.
nables y en cuanto exuda una gotícula
buenas semillas, riegos, propicias HuO. E.
la lamen con los ojos en blanco, y ei
tarda demasiado en exudar otra, con las
patas delanteras y con las antenas, las
hormigas le dan golpecitos delicados y
persuasivos para inducirla a que lo ha­
ga. Es de notar, en honor de las hor­
migas, que la primera que encuentra la
presa puede beneficiarse del hallazgo a
sus anchas, pues aunque luego lleguen
otras al lugar, se mantienen a pruden­
cial distancia, aunque para sus adentros
se relaman de envidia y no tengan fuer­
UANDO la teoría de la evolución se paterna o por línea materna”. También
za de voluntad para alejarse.
hallaba en sus batallas iniciales y dejamos al cuidado del lector el imagi­
Pero al cabo de una hora o más la
el ilustre Darwin se veía acosado por narse el regocijo con que la ingeniosa
larva as; cuidada por la hormiga sufre
toda laya de personajes ilustres, un interrogante episcopal fué acogida en
un cambio notable de apariencia: sus
segmentos torácicos empiezan a dilatar­ obispo inglés, cuyo nombre callamos, los medios hostiles a la nueva doctrina.
se, en tanto los abdominales permanecen preguntó al sabio con la piadosa inten­ Pero entonces, y acaso más que hoy,
invariables. Entonces la hormiga, como ción que el lector puede imaginar, "si había hombres de suficiente talla moral
si recibiese una orden, toma la larva en su descendencia del mono era por línea e intelectual para hacer frente a la befa
sus mandíbulas con sumo cuidado y em­
prende la marcha hacia el hormiguero
con la preciosa carga. Llegada a él in­
troduce a su protegida en una de las
cámaras subterráneas y le permite ali­
mentarse a sus anchas de larvas tiernecitas de sus hermanas hormigas por un
período de unas seis semanas. Natural­
mente, la larva de mariposa crece que
es un primor, se hace rechoncha y man­
tecosa como una abadesa, y ya ahita se
dispone a dormir hasta la siguiente pri­
mavera, mientras a su lado las obreras
hormigas atienden con su habitual soli­
citud a las larvas de sus futuras her­
manas.
En cuanto los efluvios primaverales
inundan el hormiguero, la mariposa se
despereza de su sueño profundo, largo,
feliz, y, ya despierta del todo, torna a
comer larvas de hormiga con el pleno
consentimiento de las autoridades del
hormiguero. Desde que abandonó las
flores olorosas del tomillo su piel se
dilató desde los 3,2 milímetros de largo
hasta las 14,8 milímetros. No hubo mu­ Joliot Curie durante su conferencia en ocasión del cincuentenario del descu­
da, sin embargo, sino que la elasticidad
brimiento de la radiactividad.

UNA P U L LA E P ISC O P A L
Y LA E V O L U C IO N
C

cabalgata 1

GUERRA CONTRA LOS
CETACEOS

CURIOSA ASOCIACION ENTRE
HORMIGAS Y MARIPOSAS
A

;

vias y nieves y soles. En cambio el mar
brinda sus cosechas espontáneas al pri­
mero que llega; nada pide en cambio
de su generosidad. He ahí el arenque,
el bacalao, el atún, la sardina, estas co­
losales criaturas, algunas de 30 metros
de longitud, de más de cien toneladas
de peso, de cientos de barriles de aceite.
El mar no pone límites a la necesidad,
ni siquiera a la codicia humanas. Pero
no falta quien se los ponga. Estos ce­
táceos han ido desapareciendo de un
mar tras otro ante el acoso humano. Con
la invención del arpón explosivo, con el
radar, con el avión explorador y con
muchas cosas más por el estilo, llegará
la fecha —y acaso no tarde— en que
también los mares antarticos se queden
despoblados de rorcuales, de ballenas
propiamente dichas, de cachalotes, del­
fines... Y entonces los biólogos ento­
narán elegías a estos colosales mamí­
feros, los más grandes de cuantos existen o hayan existido. Y’ como siempre
unos condenarán la codicia humana v
otros la estupidez de las víctimas poV
no haber sabido adaptarse a las nuevas
condiciones de vida, por no haber inven­
tado el radar y la bomba atómica tam­
bién.

y para comprender que la grandeza del
Creador, sea cual fuere su definición,
en nada queda mermada por el hecho
de que las especies, por saltos súbitos
o lentos, grandes o chicos, se transfor­
men en otras, y de ellas sobrevivan y
evolucionen a su vez las más aptas para
hacer frente a las condiciones de todo
orden que se les ofrezcan.
En nuestros días, nadie tiene valor
para rebatir la teoría de la evolución
en sí si exceptuamos algún que otro
padre de familia demasiado celoso de los
sacros principios de la institución que
lleva a cuestas. Pero los que están ne­
gros con la evolución, y no porque la
pongan en duda, sino por todo lo con­
trario, son los cultivadores de frutas de
California. Los endemoniados insectos
mueren a millones cuando por primera
vez se les administran ciertos insectici­
das elaborados a costa de lentas y cos­
tosas investigaciones y onerosos en la
manera de aplicarlos además; pero pa­
sados unos pocos años insectos de las
mismas especies se niegan en creciente
número a sucumbir a la acción de los
mismos desinfectantes y, como si allí
no hubiera pasado nada, devoran las
hojas, los brotes, los zumos y demás ex­
quisiteces de los naranjos, los limone­
ros, las vides, etc., con ese apetito que
tan bien saben aguijonear las frescas
brisas del Pacífico. Creyeron los culti­
vadores al comienzo que se trataba de
algún defecto en la preparación o en
la administración del insecticida, pero
los hombres de ciencia del Ministerio
de Agricultura y de las Universidades
les abrieron los ojos. "Los insectos —les
dijeron— evolucionan; entre ellos apa­
recen líneas o estirpes inmunes a los
insecticidas bajo cuyos efectos morían
a millones sus inmediatos antepasados.
Hay que empezar de nuevo, si quere­
mos salvar los frutales, si queremos ga­
nar la batalla.” "Pero ¿no nos suce­
derá otro tanto con los nuevos insectici­
das que inventemos?” —preguntan los
agricultores. ""Naturalmente” —contes­
tan los sabios. Y' entonces aquéllos, a
punto de desfallecer, no pueden con­
tener un: "¡Así Dios confunda la evo­
lución”. — Ing. Juan Valiñas.

�gata

f " Una Colección de Manuales
para que Ud. se conozca mejor
y defienda su salud

PROSA Y LENGUAJ E
(Viene de página 1.)

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perú

973

U. T. 34-2384

BUENOS AIRES v&gt;8

conversación política corriente. Se dirá
que hubo un tiempo en que no tenía
sentido. Pero esto no es exacto: siempre
lo tuvo, hace medio siglo hubiese es­
tado cargada de significaciones posibles.
Vayamos más lejos, forjemos incluso
alianzas de palabras contradictorias, co­
mo "círculo cuadrado” o "dulce-amargo”
o "joven-viejo” o "alegría-triste”, en se­
guida surge un sentido: tan pronto se
tratará de un ideal imposible como de
un matiz muy sutil de nuestros senti­
mientos o de nuestros rostros. Y la mis­
ma escritura automática, lejos de apun­
tar a la destrucción del lenguaje, es
la afirmación optimista de que todo lo
que se dice tiene un sentido, hasta las
asociaciones debidas a la casualidad. Si
entráis una vez en el imperio de las
significaciones, nada podréis hacer para
salir.
Déjese que las palabras se organicen
en libertad, y formarán frases. Y’ cada
frase contiene el lenguaje entero y alu­
de al mundo total. Hablar es estar en
situación en el mundo, y sobrepasar esta
situación por un proyecto particular.
Con sólo nombrarle esta mesa a mi ve­
cino, la hago salir de la sombra y la ha­
go existir en él; contribuyo por mi par­
te a hacer existir en acto la sociedad hu­
mana, porque la evoco en un hombre,
en nombre de las convenciones que admi­
timos uno y otro, porque le muestro un
aspecto del mundo, porque echo las ba­
ses de un acuerdo inicial entre nosotros.
El gravo error de los estilistas puros con­
siste en creer que la palabra es un cé­
firo que corre ligeramente sobre la su­
perficie de las cosas, que las roza sin
alterarlas y que el hablante es un puro
testigo que resume por medio de una
palabra su contemplación inofensiva.
Hablar es actuar: toda cosa que se nom­
bra deja de ser exactamente la misma
que era, ha perdido su inocencia. Si
nombráis la conducta de un individuo, se
la reveláis: se ve a sí mismo. Y como
se la nombráis al mismo tiempo a to­
dos los demás, el que es objeto de esta
nominación se sabe visto v n el momento
en que se ve; su gesto furtivo, del que
se olvidaba al hacerlo, comienza a exis­
tir enormemente, a existir para todos, se
integra en el espíritu objetivo, toma di­
mensiones nuevas. ¿Después de esto, có­
mo pretender que actúe de la misma ma­
nera? O bien perseverará en su conducta
por obstinación y a sabiendas o bien
la abandonará. Así, al hablar, yo desvelo
la situación por medio de mi proyecto
de cambiarla; la alcanzo en pleno cora­
zón, la traspaso y la fijo bajo mi mi­
rada; ahora dispongo de ella, a cada
palabra que digo me "comprometo” un
poco más, puesto que la sobrepaso hacia
el porvenir. l)e ahí que el prosista sea
un hombre que escogió cierto medio de
acción que podr amos llamar la acción
por desvelamiento. Es, pues, legítimo

plantear esta cuestión de principio: ¿qué
aspecto del mundo quieres desvelar; qué
cambio quieres aportar al mundo por
medio de este desvelamiento? El escritor
"comprometido” sabe que la palabra es
acción: sabe que desvelar es cambiar v
que no puede desvelar sino proyectando v
cambiar. Abandonó el sueño imposible
e inmoral de hacer una ¿tintura impar­
cial de la sociedad y de la coiulieión hu­
mana. El hombre es el ser ante el cual
ningún ser puede conservar la imparcia­
lidad, ni siquiera Dios. Porque si Dios
existiese, sería, como lo han visto ciertos
místicos, en situación (actitud) con res­
pecto al hombre. Y es también el ser
que no puede siquiera ver una situación
•sin cambiarla, pues su mirada fija, des­
truye, o esculpe o, como hace la eterni­
dad, cambia el objeto mismo. El hombre
y el mundo se revelan en su verdad, por
el amor, el odio, la cólera, el miedo, ’a
alegría, la indignación, la admiración,
la esperanza, la desesperación. Sin duda,
el escritor comprometido puede serrnr*diocre, puede tener incluso conciencia
de serlo, pero como no se podría escri­
bir sin el proyecto de tener éxito, la mo­
destia con la que contempla su obra,
no debe apartarlo de obrar como si de­
biera tener una gran resonancia. No dice
jamás: "¡Rah, apenas si tendré tres
mil lectores!”, sino, "¿qué sucedería si
todo el mundo leyese lo que escribo?”
Se recuerda la frase de Mosca ante ’a
berlina que llevaba* a Fabricio y Sanseverina: "Si la palabra Amor llega a
"surgir” entre ellos, estoy perdido.” Sabe
que no es el hombre quien nombra lo
que no ha sido aun nombrado o lo que
no se atreve a decir su nombre, sabe
que hace "surgir” la palabra de amor
y la palabra de odio y con ellos el amor
y el odio entre hombres que no se habían
pronunciado aún acerca de sus senti­
mientos. Sabe que las palabras, como
dice Brice Parain, son "pistolas carga­
das”. Si habla, tira. Puede callarse, pero
puesto que escogió tirar es preciso que
tire como hombre, apuntando a blancos
y no como los niños, al azar, cerrando
los ojos y por el placer de escuchar las
detonaciones. Todo esto no impide que
haya maneras de escribir. Xo se es es­
critor por haber elegido la manera de
decir. Y’ el estilo, sin duda, hace valer
la prosa. Pero debe pasar inadvertido.
Puesto que las palabras son transpa­
rentes y la mirada las atraviesa, sem
absurdo meter entre ellas cristales es­
merilados. La belleza no es aquí sino
una fuerza dulce e insensible. En un
cuadro, estalla a primera vista: en un
libro, se oculta, actúa por persuasión
conto el encanto de una voz o de un
rostro; no constriñe, inclina sin darse
cuenta y se cree ceder a los argumentos j
cuando uno ha sido solicitado por un
encanto que no ve. La característica de ■
la misa no es la fe; lo que hace es dis­
poner la armoira de las palabras; sube- ¡
lleza, el equilibrio de las frases, dispo­
nen las pasiones del lector sin que él
se dé cuenta, las ordenan como la misa. :
como la música, como una danza. Si
las considera por ellas mismas, pierden
el sentido; no quedan sino balances :
aburridos. En la prosa, el placer estético
no es puro si no viene como complemen­
to. Da vergüenza recordar ideas tan
sencillas, pero parece que hoy están ol­
vidadas. Pero si no las decimos, procla­
marán que meditamos el asesinato de ’a
literatura, o, más sencillamente, que el
"comprometerla” perjudica al arte de
escribir. Si la contaminación de cierta
¿irosa ¿&gt;or la poesía no hubiese embro- ¡
(Continúa página 3:.)

�Q cabalgata

del músico más discutido de todos
los tiem pos!

Y SU OBRA
p o r P . W alter Jacob
Numerosa es la bibliografía que sobre el músico
alemán se ha escrito desde hace mucho tiempo.
Esta de P. Walter Jacob, sin embargo, las inclu­
ye y las supera. Guiado por el profundo cono­
cimiento del tema de que hace gala el autor, el
erudito y el aficionado podrán transitar cómoda­
mente por los caminos tan poéticos unas veces y
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�cabalgata {JO

ARTE Y
TECNICA
p o r

ROMUALDO

O s ir a r t c .

técnica del azulejo, que alcanzó en
Portugal notable desarrollo al punto
Ide fundar
en Brasil una tradición nobilí­
a

«

BRUGHETTI

tórico: La suma de sabiduría en el hacor y la suma de perfecciones en el
soñar.

_j

Paulo Rossi Osir. Naturaleza Muerta.

IM»

Paulo Rossi Osir. Copacabana. Colección Benedict.

Paulo Rossi Osir.

María J. Pérez. Estudio.

sima en el transcurso de la época colo­
nial. ha soltado un nuevo brote, brioso y
halagador, sostenido por la conducta ar­
tística de Paulo Claudio Rossi Osir.
Inspirándose en el folklore de su país,
Rossi ha reunido junto a sí, desde 1940.
el esfuerzo de cuatro pintores: Volpi,
Zanini, Hilde Weber, María Wochnick.
El grupo osirartc, de San Paulo, que
incluye óleos y gouaches, llega ahora a
Buenos Aires y se instala en el "Salón
Peuser”.
Pista Exposición, nutrida de nume­
rosos trabajos, coordina las lineas ge­
nerales de una simpática aventura: la
de aplicar en el azulejo de técnica an­
tigua —opina el crítico Sergio Milliet,
presentador de los brasileños—, el diseño
y el colorido modernos.
Pintor y arquitecto, Rossi Osir ha vi­
vido por años en Italia. Los cinco óleos
que exhibe lo sindican en sus variacio­
nes de calidad. "Canteras” (194(i), es
denso de color y "Paisaje de S. Vicen­
te” luce sostenidos detalles (la casa rosa)
y masas de eolor (verdes). El "Retrato
del pintor Pettoruti” (1929), ha sido
logrado con un delicado sentido del di;
bujo y un color sobrio, y el retratado
visto de modo directo, hoprada y noble­
mente. De enfoque original: "Naturaleza
muerta”. I'n tanto pintoresco y frío, el
"Paisaje de Río de Janeiro” ; su ejecu­
ción cuidadosa evoca empero algún frag­
mento del Aduanero. Usa el pintor paulistano técnicas distintas: interesante
sería valorarlo en un conjunto mayor.
Mario Zanini aloja en una serie de
paisajes sumarios sus vibraciones colorísticas. como en "Casas”, y una mate­
ria densa en "Lavanderas” y "Tres mu­
jeres”. Alfredo Volpi mueve su pintura
entre la construcción ingenua de "Pai­
saje”. el acentuado expresionismo de "S.
Francisco” y la arcaica factura de "Cris­
to en Cruz”.
Mas, i y los azulejos? De técnica per­
fecta, sus colores claros nos hacen gozar
de una naturaleza brasileña (como leve
y multiplicada acuarela). Sólo que una
herida grave le infieren ql apego exce­
sivo a lo pintoresco y el abandono de lo
estrictamente plástico; las combinacio­
nes de color no son siempre ajustadas
y seleccionadas, y, en vez de los planos
cromáticos se recurre por momentos, har­
to peligrosos, al claroscuro, lo cual obs­
taculiza este tipo de experiencia. En
más de un azulejo gústese empero unos
dulces trazos, una noble intención en el
decorado, un aire de claridad en cuyo
desarrollo Osirarte ha de cultivar con
más ahondamiento en su bien ganada
artesanía. Porque, evidentemente, la téc­
nica es la base manual pero el arte es
la suma de las posibilidades humanas y
estéticas en el gozo del buen decir pic­

Etapas.

Cecilia Marcovich.

palabras de Cézannc: "Una inteli_j gene ¡a que organiza poderosamente
es la colaboradora más preciosa de la sen­
sibilidad para la realización de una obra
de arte”, presiden la presencia del "Ta­
ller Escuela de Artes Plásticas”, diri­
gido por la escultora Cecilia Marcovich
artista afinada y culta.
En tres etapas de estudio los discípu­
los parten de la realidad para transponer
a ésta de manera plástica y hallar el
dominio de una técnica viable para la
expresión artística.
En el origen de estos estudios vive
la enseñanza cubista: los estudiantes te
ciñen a una disciplina que se acerca y
se parece, desde luego, entre sí, en el
cuidado de la forma; en esta saliente
principal, aclaran las pinturas del "Ta­
ller” un evidente aire de familia.
La variedad deriva del temperamento
de cada cual: su sentido individual del
color, de los matices, bajo el idéntico
árbol del planteo plástico riguroso. La
formación del pintor se cumple así agudamente en función de realidades obje­
tivas, interviniendo factores intelectua­
les y humanos.
Quedamos a la espera de la figura
ideal capaz de elevar este sencillo ins­
trumental a la categoría de arte: Nues­
tra meta.

I

as

NOTICIAS
DE EXPOSICIONES
La VI Exposición de los trabajos
efectuados en el corriente año, presentó
la Dirección de la Escuela Nacional de
Cerámica. Invariablemente diversa y ri­
ca de expresiones, la muestra se realizó
en la Galería Müller.
Jeanne Gil-Marchex, expuso un con­
junto de finos óleos con motivos flo­
rales, alguna figura y paisajes, que re­
afirman una vez más las calidades de
esta pintora francesa que de años reside
en Buenos Aires. (Witcomb.)
El arte es ante todo y después de
todo —ha sido dicho— regional. Así
debieran entenderlo los pintores, escul­
tores y grabadores, que, en forma muy
considerable exponen actualmente sus
obras en salones colectivos de la pro­
vincia de Buenos Aires: La Plata y
Tandil.
Enrique Fernández Chelo, exhibe un
cuidado número de grabados —agua
fuertes, xilografías, litografías, mono
copias, dibujos e ilustraciones— en
Grillo”. Ellos prueban sus depuradai
frecuentaciones en el uso del blanco y
negro.

�© cabalgata

EL ARTE EN LONDRES
p o r

ERIC

NEWTON

(Exclusivo para Cabalgata.)

Julieta V. (le Teneoni. E'tudio.

Ella I. Rubio. E lu d ió .

que la pausa estival lia tocado
.a su fin y las galerías de arte están
empezando a reasumir sus exposiciones
individuales, o sea, de obras de un solo
artista, la crítica debe ser selectiva. Hay
demasiadas exposiciones en Londres, en
la actualidad, como para ser descritas
en un breve artículo. Por eso, antes de
referirnos a todas ellas, he decidido
escoger cuatro de las más interesantes.
hora

A

En la Adams Gallerv, Vera Cunningham está exhibiendo pinturas de tres
clases: paisajes, desnudos y retratos. La
señorita Cunningham ha sido una pro­
minente expositora en las exhibiciones
anuales de grupo realizadas en Londres
durante muchos años; pero aquí tene­
mos la oportunidad de juzgar su tra­
bajo en conjunto, y esto es particular­
mente oportuno ya que esta artista ha
estado, evidentemente, cambiando e in­
tensificando su visión durante el año o
los dos años pasados. Sus paisajes mon­
tañosos son pequeños, pero en ellos ha
acumulado mucho de observación y de
comprensión de la naturaleza. Estos pai­
sajes no son, de ninguna manera, topo­
gráficos. Lagos de aguas arremolinadas,
agitadas, aprisionadas por fieras y po­
derosas formaciones de roca, constituyen

su tema principal, y en él ha tratado de
expresar la eterna lucha entre los dos
elementos. El resultado es una serie de
cuadros que son cósmicos, como lo era
Turner, antes que específicos, como lo
fué Constable.
Sus desnudos reflejan el mismo es­
píritu. No son estudios de anatomía hu­
mana, sino ensayos de la construcción
de formas voluminosas, en las que la
figura humana es usada únicamente co­
mo punto de partida. Ellos tienen un
impresionante peso y grandeza. Lo mis­
mo se aplica a sus retratos. Estos to­
man, nuevamente, al modelo más como
punto de partida que como tal; pero,
contrariamente a lo que ocurre con los
desnudos, la artista aquí ha destacado
el carácter antes que la forma. Estos
son cuadros "dif'ciles”. Son furiosamen­
te individuales. No pertenecen a ningu­
na escuela. No tienen encanto superfi­
cial; pero son serios e importantes.
En la Leger Gallerv, las acuarelas del
Rowland Suddaby, de esa parte de In­
glaterra conocida como East Anglia, son
más fáciles de mirar y de entender.
Suddaby pertenecía a la escuela de Cons­
table. Es un brillante éxponente de la
'dase de pintura que pueda captar el
"aspecto” de las cosas, pero aunque se
ocupa de reflejar la superficie de las
cosas, él no es superficial de ningún
modo. Ha sabido sugerir, como lo supo
Constable, los cielos tormentosos, el sen­
tido de una lluvia inminente o de una
que termina, el movedizo follaje, los
repentinos fulgores de luz en un prado
distante o en la torre de una iglesia, el
tiempo caprichoso de la campiña baja
de Suffolk y Essex. Donde falla en la
comparación con Constable, es en su in­
capacidad para organizar sus cuadros
en torno a un solo punto focal. En con­
secuencia sus acuarelas son inquietas.
Contienen demasiado movimiento, dema­
siadas luces resplandecientes, demasia­
dos detalles interesantes. A pesar de to­
do su brillo, les falta unidad.
En la Mathiesen Gallery hay una gran
exposición recordatoria de la obra de
Gwen John, quien murió en 1939. Fué
hermana de Augustus John, pero sus
virtudes como pintora son casi opuestas
a las de él. Su arte es la apoteosis de
la quietud y la sujeción. La mayor par­
te de la vida de esta pintora transcurrió
en Francia, y vendió sus cuadros rara­
mente y de mala gana, siendo su repu­
tación en Inglaterra mucho menor de lo
que merece ser.
La actual exposición de más de dos­
cientas pinturas y diseños es una reve­
lación para quienes pueden disfrutar de
la media luz y de los medios tonos. Su
campo de acción es estrecho. En reali­
dad resultaría difícil pensar en un ar­
tista más limitado en su visión, en sus
argumentos y en su manera de encarar­
los. Las tres cuartas partes de sus pin­
turas terminadas representan a una
figura sencilla, sentada, una tímida, pa­
ciente muchacha delgada, en un ambiente
que no tiene nada de particular, sin

expresión facial especial, como no sea
la de resignación. Su colorido es 6ereno,
su contraste de tonos más sereno aún,
su manejo de la pintura confiado; pero
no tiene audacia ni brillo. La menor
sugestión de bravura debió haberle re­
sultado repugnante.
Nada podría ser menos promisorio, y
sin embargo cada una de estas pequeñas
y modestas telas está llena de vida. Y
aun cuando el tema y el espíritu que
lo anima están repetidos una y otra
vez, nunca llegan a hacerse cansadores,
porque la autora sentíase fascinada por
ellos. Cada estudio parece un esfuerzo
nuevo y concentrado por penetrar el se­
creto de le enigmática y pequeña mo­
delo.
Finalmente, hay una exposición en la
Tate Gallery, la Galería Nacional de
Arte Moderno de Gran Bretaña, de
cuadros adquiridos, durante los últimos
treinta años, por la Sociedad de Arte
Contemporáneo de Gran Bretaña. Estos
han sido donados por la misma a varias
colecciones públicas de toda Inglaterra,
y ahora son reunidos a fin de dar al
público de Londres una idea de la ex­
celente obra .realizada por la Sociedad
desde su fundación.
La Sociedad de Arte Contemporáneo
debe ser objeto de algunas explicacio­
nes. Es una institución típicamente in­
glesa, ya que es característico de Ingla­
terra el que el entusiasmo particular de
unos pocos hombres hiciese la obra des­
cuidada por el gobierno. Sin embargo,
en el pasado el gobierno de Gran Bre­
taña ha proporcionado fondos generosos
para la compra de Antiguos Maestros
y para el mantenimiento de la National
Gallery. Hacia la Tate Gallery, el Mu­
seo Nacional de Arte Moderno, ha sido
menos generoso. En efecto, antes de la
pasada guerra mundial no hubo fondos
públicos a disposición para la adquisi­
ción de modernas pinturas británicas

Vanessa Bell.

Florero.

para la nación. Las galerías de arte de
las provincias estaban financieramente
en situación mejor, pero a menudo re­
sultaban insuficientemente animosas co­
mo para sostener o apoyar a los más
experimentales de los artistas creadores
británicos. En tales circunstancias, na­
ció la Sociedad de Arte Contemporáneo
para el doble propósito de apoyar a
artistas que de otro modo podían que­
dar sin estímulo por el descuido, o de
obsequiar a las galerías de arte con cua­
dros que las mismas habrían sido dema­
siado tímidas o muy pobres para adqui­
rirlos.
Este métedo de adquisición es inte­
resante en sí mismo. La comisión de la
Sociedad consiste de un cuerpo de co­
nocedores, uno de los cuales es nombrado
todos los años para elegir cuadros y com­
prarlos. Así el gusto personal de cada
miembro tiene oportunidad de manifes­
tarse, y la tímida política de compro­
miso que depende de la decisión de una
comisión es evitada.
La política en el arte está plenamente
justificada por esta exposición, que con­
siste no sólo de pinturas y dibujos, mas
también de esculturas, alfarer'a y libros.
Y, como sucede con tanta frecuencia,
el gobierno británico, estimulado ante
el espectáculo de unos ciudadanos, ha
decidido ser un poco más generoso en
su actitud con respecto al arte moderno.
No por eso la Sociedad de Arte Con­
temporáneo es hoy menos útil y nece­
saria de lo que fué en el pasado; se
espera que esta exposición tendrá por
resultado el efecto de duplicar el nú­
mero de sus miembros. Porque hoy el
objeto de las actividades de la Sociedad
no consiste tanto en proporcionar dinero
para la adquisición de obras de arte,
como en establecer un nivel animoso e
iluminado de gusto artístico, y en esti­
mular a lo mejor de la joven generación
de artistas mediante su protección.

Gtcen John. Dibujo.

�cabalgata
i conocimiento de Buenos Aires se
extiende a las horas del día y de
la noche. Por extraño que parezca no
le sucede lo mismo a todo el mundo. F.u
Buenos Aires hasta los niños suelen tras­
nochar, pero salir de noche no es lo mis­
mo que haber vivido la noche. El que
sale de noche lleva un propósito deter­
minado; va en busca de entretenimiento
y lo ocupa la diversión. Utiliza las horas
de la noche. No pasa por ella como a
través de la vida; no la afronta como
afrontamos cada d ía; no se ha encon­
trado en ella, viviendo en ella, sensible
a cuanto rueda en su seno. No ha
visto la ciudad bajo la acción de la
noche.
Como el transeúnte que va a sus ta­
reas se mueve dentro de una ciudad que
da por sabida. Llegado el caso podrá
darnos noticias del episodio que lo tuvo
por testigo, del encuentro fortuito, del
accidente; pero de la ciudad misma es
probable que no tenga nada que decir­
nos. Estoy seguro de que sorprendería­

M

mos a muchos vecinos de Buenos Aires
mostrándoles detalles de los sitios por
donde pasan todos los d as que hasta
ahora no han visto, aspectos en los que
nunca han reparado. Para muchos la
ciudad es tan sólo un obstáculo que ven­
cer, un lugar donde se congestiona el
tránsito donde el tranvía tarda en lle­
gar, donde el colectivo viene repleto,
donde no se sabe cómo estacionar el co­
che; masa de edificación compacta sobre
la linea rígida de calles con poco es­
pacio.
Siento tener que decir que estos ve­
cinos tienen de la ciudad un concepto
rudimentario. Para ellos la ciudad sigue
siendo lo que fueron en su origen las
poblaciones urbanas: mercados, sitios de
concentración del tránsito de una zona,
lugares donde vender y comprar y di­
rimir pleitos: lonja y agora. Los pri­
meros vecinos de las primitivas ciudades
modernas fueron mercaderes, artesanos
y leguleyos. Se necesitó tiempo y com­
pulsión para que vinieran a vivir en

Si me pidieran una definición de esta
ellas gentes que no tenían nada concreto
que hacer. A estos ociosos, amigos de ciudad en que he pasado mi vida me
pondrían en un grave aprieto. Siempre
la buena sociedad, les debemos en gran
habrá algo en mal que decir de ella, pero
parte la creación de la ciudad de hoy:
sitio de mercar, de trasegar, de traji­ siempre tendremos que reconocerle una
generosidad que nos obliga a perdonarle
nar, pero, también, sitio de residencia
sus defectos.
del hombre. La ciudad no es una masa
estática de casas y una masa móvil de
Ardua y generosa, Buenos Aires es
transeúntes y vehículos. Es un organis­ una ciudad imprevisible en virtud de si
mo vivo, sensible a la acción del tiempo
acción multitudinaria, de sus germina- *
y del espíritu, sensible a las alternativas
ciones repentinas y de su clima torna­
del día y de la noche.
dizo. Ya podemos quejarnos del clima
A la ciudad nunca hay que darla por
de Buenos Aires. ¡Qué otra ciudad nos
sabida. A una ciudad nunca se concluye reserva un registro tan abundante de
de conocerla. Yo que he vivido la mía
luces, desde los d'as con transparencias
durante las horas del día y de la noche,
de cristal y brisas de sal marina, hasta
que la he visto crecer, que la he andado
las masas convulsionadas de tonos par­
y la he visto desde mil metros de al­ dos de sus tormentas intempestivas; des­
tura y desde cien ángulos distintos, que de la gama de azules mediterráneos, has­
la he recorrido en consulta con jueces
ta los grises que nos trae de Par's o de
forasteros, puedo asegurar que siempre Londres? Ciudad de clima de altura y
queda algo por descubrir en ella. En­ de tierras bajas, por el privilegio de
trar a Buenos Aires por el camino de sus luces por momentos parece transpor­
tada, soliviantada y mantenida en sus­
regreso de una vacación o de un viaje
largo reserva siempre alguna sorpresa. penso en alguna vaga región del mundo.

CONOCIMIENTO de BUENOS AIRES
po r

JULIO

R IN A L D IN I

(fr***

para Cabalgata.)

Fotografías de GRETE STERN

�En el cielo de Buenos Aires el que quie­
ra darse el trabajo puede revisar la su­
ma de los cielos en que proyectaron sus
imágenes los primitivos maestros italia­
nos, los venecianos, los flamencos, los
holandeses, El Greco en su vista de To­
ledo y los impresionistas franceses. En
la atmósfera de Buenos Aires el que
esté atento puede mecer sin dificultad
su nostalgia de otros paisajes.
Buenos Aires es una ciudad de toda3
las horas. Es una ciudad en rotación de
vida. Para conocerla hay que dejarse
tomar por su acción vital. Hay que verla pasar por todos sus momentos, estar
en ella y verla definirse en el tránsito
de sus días. Más que su aspecto físico
la define su respiración conjunta. Más
que su masa, su movimiento. Su fiso­
nomía cambia según el ángulo en que
nos situemos, según el estado de ánimo
a que nos provoca y según la hora que
nos deja libre para verla. La cara que
le ofrece al peatón con los ojos puestos
a la altura de su nariz es muy distinta
de la que presenta al que tiene la cu­
riosidad de verla extenderse y hormi­
guear desde otras alturas. Su fisonomía
cambia para el trasnochador y para el
que le sale al encuentro de madrugada.
Yer amanecer no es lo mismo que salir
de madrugada. El que sale de madru­
gada ve a la ciudad iluminada por las
primeras luces el día; el que amanece
trasnochado la ve surgir de las últimas
sombras de la noche: aparición gradual
de formas desiguales que se van desnu­
dando lentamente de la cabeza a los
pies, masas todavía inertes, herméticas,
de donde la vida saldrá a volcarse den­
tro de un momento por las calles húme­
das. En esos instantes se abren lentos
los espacios por donde correrá la acción
del día nuevo. Poco a poco la ciudad se
entrega otra vez a su gente. En el corto
intervalo se alija para un nuevo es­
pectáculo. Se apronta para las horas
del gran despliegue. La urbe abre sus
tentáculos jóvenes y se deja inundar
a grandes tragos por sus fuerzas ac­
tivas.
Pero todavía quedará en ella lugar
para el transeúnte que quiera verla.
Siempre hay que detenerse a verla. Si
dejamos pasar por alto el día de hoy
quizás se nos escape un rasgo que ne­
cesitamos para completar su fisonom'a.
Buenos Aires no está únicamente en la
novedad de lo que va poniendo y qui­
tando en su dimensión elástica la indus­
tria de sus habitantes; también está en
lo que van dando la fermentación de
su naturaleza joven y su pulsación de
ciudad grande. Hay que verla siempre y
estar en todo. Viéndola, manteniéndola
bajo nuestra vigilancia, la vamos crean­
do. Como toda ciudad, también es crea­
ción del espíritu del hombre. Si la de­
jamos estar, si no la vemos vivir, si no
controlamos el ritmo de su acción simul­
tánea, su atmósfera se apaga, sus casas
emergen del suelo reseco como cosas
marchitas y la ciudad regresa insensi­
blemente a su estado primitivo de lonja,
de plaza de mercaderes, de sitio donde
comprar y vender, de traficantes, de tra ­
jinantes y leguleyos.

�aba

ita ©

CUENTO POLICIAL

EL JARRON ROBADO
THOMAS ALLSTON COLE
E despertó el timbre del teléfono:

—Soy yo, D urand... Asher Durand. Vístete en cinco minutos y aga­
rra lo más indispensable que salimos
para Minerva inmediatamente. Pasaré
a recogerte con el coche. Te vas a di­
vertir.
No pude contestarle porque cortó in­
mediatamente. La esfera luminosa del
despertador señalaba las 4.35 de la ma­
ñana. ¿Son horas éstas de despertar a
la gente?. . .
Ahora era él en persona quien me
zarandeaba sin contemplaciones:
— Vamos de prisa! ¿No te dije que
estaría aquí en cinco minutos?
Protesté indignado:
—Pero yo no le dije que iría con us­
ted.
Me miró asombrado:
—¿Qué no quieres venir conmigo? ¡Es­
tás loco! ¡Con lo que te vas a divertir!
Me tuteaba como a todo el mundo.
Era imposible resistirse a semejante
fuerza de la naturaleza:
—Pero, por lo menos, me dirá qué ha
pasado.
—Ya hablaremos en el coche. Tene­
mos que estar en Minerva lo antes po­
sible.
Mientras me lavaba un poco Ja cara
le pregunté:
—Minerva ¿dónde está eso?
—Aquí cerca. .. En cuatro o cinco
horas estaremos allí. ¿ Has oído hab’ar
de Albert Bierstadt?
—No. ¿Y usted ha oído hablar de
Bing Crosby?
— ¡Claro! ¿Por qué me lo preguntas?
—Porque peguntarme a mí si he
o'do hablar de Bierstadt es algo por el
estilo. ¿No sabe que yo fui quien le or­
ganicé la colección?
—Por eso he venido a buscarte. Creo
que ha pasado algo allá abajo.
—¿ Muerte?
—No, nada trágico. Un robo o cosa
así. ¿Recuerdas algún bibelot o algo así
muy raro? Parece que se lo han robado.
—¿Un bibelot?
—Sí algo así. ¡Vámonos! ¡Creo que
es algo carísimo!
*

Ya en la calle me empujó dentro del
coche y partió como una flecha perse­
guido por las sirenas de los guardias y
las sirenas de las motocicletas destina­
das a multar a los contraventores por ex­
ceso de velocidad.
—Me encanta correrles. ¿Ves? Llegan
hasta cerquita y cuando ya nos van a
echar mano ven la matrícula policial y
se retiran con la sirena entre las piernas.
Era verdad: como por encanto cesaba
la persecución hasta que nos encontrá­
bamos con otro motorista con el que
volvía a repetirse la escena.
—¿No es divertido?... Pues como
te iba diciendo. Le han robado una co­
sa rarísima, algo único, y como al pa­
sarme el informe te mencionaban, no
pude menos de recogerte de pasada.
—¿Me mencionaban a m í?...
—Sí; sácame un papel que tengo en
el bolsillo izquierdo y léelo: ahí viene
todo lo que me dijeron por teléfono.
Tomé el papel —una hoja de bloc
garrapateada con letra apresurada aun­
que bastante legible—. Era indudable­
mente de la mano del propio Asher:
—Si ves bien, léelo, por favor en
voz alta: así me enteraré yo también
mejor. ..
Lo que leí me hizo lanzar una car­
cajada.
—¿De qué te ríes?
—¿Pero usted ha leído esto? ¡Fíje­
se! : "Hoy, cuando a las once de esta
mañana se iba a proceder al traslado
de la última pieza de la colección Bier­
stadt desde su depósito provisional al
nuevo edificio donado, por él filántro­
po a ha Municipalidad de Minerva para
Museo local, destinado a albergarla, so
advirtió que algún hábil ratero la había
sustraído durante la noche. Trátase del
famoso jarrón de porcelana de Sévres,
conocido como "Jarrón Murat”, regalo
de bodas del Emperador Napoleón 1"
al entonces Rey de Nápoles, considera­
do como pieza única en el mundo y la
más valiosa en su género. No hay el
menor indicio de los sustractores y tan­
to las puertas como las ventanas del
edificio hallábanse cerradas sin la me­

nor señal de violencia. Le esperamos:
traiga con usted a su amigo Innes, el
conocido perito en asuntos artísticos y
asesor que fué del difunto donante Al­
bert Bierstadt.”
Cuando terminé la lectura no pude
menos de lanzar otra carcajada impre­
sionante.
— ¡Pero Asher! ¿Qué paparrucha es
ésta ?
—¡Cómo paparrucha! ¿No es acaso
algo valiosísimo?
— ¡Hombre, eso s í ! ... ¡Como valor
—su precio actual se entiende—, valdrá
unos 250.000 ó 275.000 dólares!
Asher lanzó un silbido y apretó el
acelerador:
— ¡Un cuarto de millón! ¿Era eso lo
que te causó risa?
—Lo que me ha hecho reír es lo de
que "un hábil ratero lo sustrajo durante
la noche” . . . ¡Como no haya sido en
combinación con la "American Crane and
Freighter Limited” ! . . . ¡Y" sin dejar
huellas!... ¡Un bibelot de cerca de
2.000 kilos! . . .
Asher frenó en seco:
i—¡Dos toneladas!... ¿Es que me
quiere tomar el pelo?
Aquel cambio de! tú al usted me hizo
gracia: era seguro que había consegui­
do impresionarle:
—Sí, Asher, dos toneladas poco más
o menos. ¿Usted no se figura lo que
pesa un jarrón de porcelana de 3,30 m.
de alto y de 1,20 de base y copa. Pre­
gúnteselo a los de la "American Crane
and Freighter Limited” que fueron quie­
nes lo llevaron, con un seguro de cerca
de 300.000 dólares...
— ¡Tres metros treinta por uno vein­
te, dos mil kilos y 250.000 dólares! ¡Y
yo que creí que era un bibelot de esos
prehistóricos tan feos y que valen tan­
to! ¿Y cómo se han podido llevar eso?
—Eso mismo es lo que me pregunto
yo hace media hora. Mire, Asher, ¿por
qué no llama por teléfono desde la pri­
mera estación de Policía para que nos
adelanten detalles y así llegaremos con
una cierta composición de lugar?

—Es que no sé dónde estamos... ¿La
próxima estación debe caer por...?
—No lo piense más. Deje que le de­
tenga este m otorista... Así...-.¿Ve
qué fácil? Buenos días, agente.
Cuando iba a empezar, Asher le cor­
tó en seco:
— ¡Vamos, agente!... ¿No me co­
noce? Soy el Inspector Asher de la Ofi­
cina Central... ¡Llévenos rápido a su
estación!. ..
Precedidos por la sirena del moto­
rista llegamos en unos momentos a la
estación policial. A los diez minutos
estábamos hablando con el sheriff de
Minerva. La conversación que mantuvo
Asher y que yo oí por un auricular su­
pletorio fué así:
"—¿Es el sheriff? Buenas tardes.
Le habla Asher, Durand Asher, del De­
partamento Central de Investigacio­
n e s... Sr, de la Policía Federal...
¿Que qué quiero?... Le hablo por el
asunto del jarrón le la Colección Bier­
sta d t... ¿Que se lo llevaron?... ¡Pues
por eso pregunto!... ¿Que no sabe
dónde e s tá ? ...”
Me era imposible tenerme de risa v
Asher, mientras, furiosísimo sudaba la
gota gorda.
"—Mire, sh eriff... Queríamos decirle
que si podría decirnos algo... Algo
m ás... ¿Que nadie sabe nada?... Pues
precisamente vamos nosotros ahí para
eso ... Para averiguar lo que sea posi­
b le ... ¿Que ya hablaremos cuando lle­
guemos?... ¡No, n o !... ¡Sheriff, un
momento!. .. ¿No hay indicio algunoL.
¿Las puertas cerradas y las ventanas sirr
señal de violencia?...”
—Pregúntele si dentro del edificio
donde estaba el jarrón había algo de
particular —le apunté en voz baja.
"— ¡O ig a!... ¡O iga!... Mire, she­
r i f f ... ¿Me oye?... Dentro del edificio
¿había algo de particular?... ¿El ja­
rrón ?. . .
¿Nada más que el jarrón?...”
—Pregunte si tiene ferrocarril o mu­
cho tránsito de camiones.
"—Oiga, oiga, por favor!... ¡Tiene»
ferrocarril?... ¡Bueno, no se ofenda!

�•Ha cortado! . . . Buena la hiciste con tu
preguntita ... ¡Se ofendió! .. .
—•Qué le contestó?. . .
—Que tienen el ramal más antiguo
del estado, con parada todos los viernes
v lunes, y cinco camiones de carga.
—¿A qué estamos hoy?
—Domingo, no sé cuántos de febre­
ro ...
—Está bien... ¿Nos vamos?
Asher estaba fuera de sí:
—Le hubiera aplastado el cráneo...
¡Nada hay que me ataque tanto los ner­
vios como tener que tratar con policías
de segunda!. . .
—¿Usted de qué clase es?...
—¿Yo? ¡De primerísima extra!... Pe­
ro ¿qué le pasa que está tan bromis­
ta ? ... ¿Averiguó algo?...
—¿Cree que soy brujo?... No, no,
A sher... Puede seguir tuteándome...
Todavía no he averiguado nada... Si es
que hay algo que averiguar...
—Mire usted... O m ira... ¡O demo­
n io s!... Estas cosas así de misteriosas
nunca me han gustado. Jamás se puede
sacar nada de ellas. Si salen, era natu­
ral que salieran y si no salen, hay cuento
para ra to ... ¡Cuando le dije que nos
íbamos a divertir!. ..
—Yo me estoy divirtiendo muchísi­
mo. ..
_¡Claro!... ¡Como a usted ni le va
ui le viene!... ¡También me divertiría
yo si fuera de tu rista !...
—Oiga, A sher... Yo no le pedí, me
parece, que me despertara a las tres y
media de la madrugada para pasarme
medio día en automóvil por carreteras
de tierra... ¡Que no crea que no sé
dónde está M inerva!... ¡Lo que pasa
es que cuando usted me sacó de la ca­
ma estaba todavía medio dormido y no
podía reflexionar!... Así, que si quiere
me quedo en el próximo pueblo y santas
pascuas. . .
—Usted viene conmigo a requeri­
miento de la justicia que pidió la com­
parecencia de George Innes...
—¿En calidad de detenido?...
—¡En calidad de demonios!... ¡Por
favor no me ataque más los nervios! . ..
¡Ríase allí todo lo que tenga que reír­
s e !...
—Bueno, pensaré...
En lo que duró el resto del viaje
—cosa de cinco horas largas—, apenas
si crueé la palabra con Asher. Inicié
mi silencio por broma, pero luego lo se­
guí ocupando mi pensamiento en la ex­
traña "habilidad de aquellos rateros”
capaces de robar un jarrón de aquel vo­
lumen y peso sin dejar huellas de su
paso. Recordé perfectamente la roton­
da del museo —depósito mejor dicho—,
donde por cerca de un lustro se ofreció
a las embobadas miradas de los inge­
nuos minervinos la estupenda pieza de
alfarería y cerámica, regalo de un te­
niente que llegó a emperador a un mo­
zo de muías que llegó a rey. Recordé
el trabajo que había costado colocarlo
sobre su pedestal y no veía posibilidad
de realizar todo aquel trabajo en el tér­
mino de una jornada. Por más que pen­
saba y más vueltas que le daba no le
veía la cola a aquel g a to ... ¿Lo ha­

brían roto?... ¡Sería demasiado vul­
g a r!... Luego, cansado de darle vuel­
tas al magín, me quedé dormido y soñé
el más extraño sueño que darse puede:
En él se me apareció Asher Durand tu­
teándole a Napoleón vestido de vaquero
con la estrella de sheriff sobre el pe­
cho; Asher estaba furiosísimo y harto de
todo se metia dentro del gran jarrón don­
de se encontraba con Betty Grabble que
resultaba que estaba enamorada de Murat, que era y o ... ¡Pero los sueños, sue­
ños son, y cuando me desperté a quien
tenía a mi lado era el inevitable Asher
en persona, cubierta la frente de sudor,
fatigado y con una barba que se diría
que no se había afeitado en una semana.
—Buenos d'as —me dijo irónica­
mente.
—No tan buenos... ¡Si supiera us­
ted a quién acabo de dejar por volver
con usted! . . .
— ¡A Betty Grabble por lo menos!.. .
Su intuición me dejó anonadado y du­
rante lo menos diez minutos me dediqué
a pensar en los misterios de la trasmi­
sión del pensamiento. Luego, dando un
profundo suspiro, no pude menos de
afirmar:
—Eres grande, Asher.
—¿Usted cree?
«
—Sí. A sher... Eres grande, grandí­
sim o... Mira, sólo faltan cinco kilóme­
tro s... ¡No hay nada como viajar en
vagón cam a!... Por la derecha; ahora
a la izquierda; seguido hasta donde está
aquel grupo de gente... ¡Mira, Asher!...
Esos que están reunidos ahí componen la
totalidad de la población de Minerva,

avanzada agropecuaria del poder econó­
mico de los Estados Unidos. Fíjate bien
en ellos, porque entre ellos tiene qu^ es­
tar, ese "hábil ratero”, capaz como
Hércules de agarrar y llevarse un jarrón
de 2.000 kilos con la misma facilidad
que tú te metes un paquete de cigarri­
llos en el bolsillo.. . Toca la sirena: así.
¡La policía Federal se acerca! ¡Tem­
blad rateros! . . .
—¿Quién es el que habló por telé­
fono?
Era el sheriff. Un sheriff de revis­
ta de Billv Rose; camisa a cuadros;
sombrero de vaquero; gran revólver; es­
trella federal; barba corta; y ... media
botella de whisky entre pecho y espalda.
—Yo hablé. Inspector federal Asher
Durand; este señor es mi amigo George
Innes, el perito en cuestiones de arte;
le ruego que me comunique inmediata­
mente sus informaciones...
Rodeados por un corro de ojos curio­
sos, en el que formaba la totalidad de
la población, subimos los dos escalones
que llevaban hasta e l. vacío vestíbulo
circular donde hasta ayer, sobre un pe­
destal ahora vacío, estuvo el gran "ja­
rrón Murat”, desaparecido como por ar­
te de encantamiento. Antes de entrar
una sola ojeada me había bastado para
observar que no había sido sacado por
la escalera: oí la voz de Asher:
—¿Qué hace aquí esa cabria?
—Es la que se iba a utilizar para el
traslado al nuevo edificio —aclaró una
voz suave—. ¿Cómo está usted, señor
Innes?
—Muy bien y usted, señor Bierstadt.

Asher, éste es el señor Bierstadt, here­
dero del donante de esta colección al
pueblo de Minerva. Señor Bierstadt, el
inspector Asher.
v
—Mucho gusto, señor... ¡Pero esto
es ya otra cosa! . .. Ahora sí que es po­
sible que los rateros, usando de los me­
dios preparados para el traslado se hi­
cieran con semejante mole... ¡Mire,
Innes!... Palancas, tablones, rodillos,
una cabria... No tenían más que cargarlo e irse...
—Tiene usted razón, Asher... "Te­
nían”, pero nada de esto: palancas, ro­
dillos ni tablones, ha sido utilizado. La
puerta estaba cerrada...
—Sí. y sin violencia alguna. . .
—Por una ventana sé quién sería ca­
paz de atreverse a manejar tamaño ca­
charro. . . No, Asher, no me interrum­
pa. . . Me parece que hemos perdido el
viaje... Por favor ¿me aúpan sobre el
pedestal. ¿Me parezco al jarrón?...
—Tnnes, basta de bromas... ¿Quiere
dejarnos trabajar en paz?
—Como n o .. . Uno de ustedes, por fa­
vor... ¡Alargúeme el gancho de la ca­
bria! Sí, sí, bájelo del todo; a sí... ¿Es­
tamos?... Mire, Asher: ahora lo voy a
enganchar en esta argolla del pedes­
ta l... ¿Cree usted en la magia blan­
c a? ... Ayúdeme a b a ja r... ¡Tiren, ti­
ren con fuerza! . . .
El silencio en que se hallaban sumi­
dos la totalidad de los habitantes de Mi­
nerva sólo fué roto por el grito de asom­
bro de Bierstadt, el sheriff y Asher;
rápidamente izado el pedestal, de fuer­
tes tablones, apareció en su interior,
nuevo, rutilante y flamante el "Jarrón
Murat” oculto hasta entonces a las mi­
radas, de los minervistas.
—Y ahora podemos irnos...
—Pero...
—No pregunte, Asher... Seguramen­
te, cuando dejaron el jarrón en tierra,
el pedestal se cayó tapándole, lo que
dió motivo a creer que lo habían robado.
Buenas noches a todos y a ver si lo
trasladan con cuidado... ¡Vámonos!. . .
No sé ni cómo conseguí meterle en
el coche. Apenas habíamos andado unos
kilómetros, Asher paró en seco:
—¿Oiga, Innes? ¿Qué cuento es ese
del pedestal que sube y el jarrón que
baja? Aquí ha habido gato encerrado. ..
—Es posible, Asher... Pero ¿no ha
pensado usted nunca para qué demonios
pueden querer un museo en un pueblecito que ni siquiera tiene aguas corrien­
tes? ¿No se fijó en la cara de los ve­
cinos? Allí estaban todos de acuerdo y
no necesitaban más que un pretexto pa­
ra lo que mañana harán sin pretexto al­
guno... ¡El "Jarrón Murat” ! .. ¡El
"Jarrón Murat” en Minerva por volun-*»
tad de un minervino maniático de las
antigüedades!. . .
—Pero ¿cómo sabía que estaba allí?
—Pero, hombre... Cuando no se han
llevado una cosa ¿dónde está siempre?
Pues en su sitio ... Y si está en su
sitio y no se la ve es porque está guar­
dada . . . ¡ Más claro no puede estar!. . .
Y ahora, despacito y buena letra, que
quiero volver a soñar con Betty Grab­
ble. ..

�cabalgata®

pintores de cerebrocomercio, porque hay pintores de
cerebro-pasta-dentífrica, porque hay
otros que la quitan con el sombrero.
Y el cerebro-cerebro, ¡ qué diablos!
Entonces, terminada la masturbación
de los pinceles, tumbados, aplastados
sobre el vientre ante nuestros cua­
dros, nos dejaríamos invadir por la
p regunta:

P

ORQUE hay

"¿Por qué hice esto?”
De vez en cuando, es necesario haeer confidencias. X o tengo muchos
amigos, y los imperativos geográficos
nos alejan. Así, pues, me detengo
ante un vaso y me hablo en desco­
nocido. Y, ¿qué importa si este des­
conocido eres tú?
Por una calle de mucho tránsito
desemboca a una importante avenida,
a toda marcha, una motocicleta. -La
chaqueta y el pantalón del conductor
son de cuero. En el cruce, choca con
un taxi. Se levanta, aparentemente
intacto y se apresura a tranquilizar
a los peatones que le preguntan por
su estado: parece que su caída no le
ha causado ninguna herida. En el
mismo instante, a través de su traje,
perforado por numerosos agujerillos,
surge la sangre. De pie, en medio de

"L’étre et ses reflets”.

"L’eolienne”.

P U N T O S -F U E G O
PO R

JACQUES
la calle, donde la circulación no ha
cesado, el motociclista se nos apa­
rece como una fuente monumental, de
la que brotan finos surtidores de
sangre.
En una calle de una gran ciudad
descarrila un tranvía y choca contra
el muro de una casa. Al remover los
restos d el v e h í c u l o , encontraron,
aplastado como un cartel en el muro
del edificio, a un joven panadero,
salpicado de hojaldres que se habían
incrustado en su carne.
La empleada de un almacén, en lo
alto de una escalera de mano, está
limpiando la luna de un escaparate.
Su cara es de Una belleza excepcio­
nal. La escalera resbala en la acera,
cae la chica, y, al levantarse, la piel

H EROLD
de su cara está erizada de espirales,
como virutas, y los músculos al des­
cubierto, intactos, sin una gota de
sangre.
C i e r t a s representaciones directas
del inconsciente me impelían a repre­
sentar pictóricamente unos persona­
jes total o parcialmente despelleja­
dos. El aspecto inquietante de tal
particularidad me incitó a investigar
las causas de la misma.
Tocios sabemos que los recuerdos
de la niñez desempeñan un papel
predominante en el subconsciente, y
en las manifestaciones de éste en el
ser adulto. En ellos he podido» en­
contrar la raíz de esta obsesión. Los
accidentes que acabo de narrar bre­
vemente, son algunos de los más ca­

racterísticos entre aquellos cuya des­
lumbradora crueldad de s pe rt ó mi
imaginación infantil. Ellos explican
la constante presencia de personajes
despellejados en mis primeras bús­
quedas pictóricas.
Mis preocupaciones me llevaron
luego a la representación en movi­
miento tanto de los objetos como de
los personajes y de la atmósfera que
los rodea. Para traducir mis pre­
ocupaciones de una manera concreta,
he tenido que dotar necesariamente
a cada cosa de una estructura mus­
cular, única que a mis ojos podía
expresar el movimiento. Entonces
realicé un desgarramiento sistemático
de los personajes, de los objetos, del
paisaje. H asta arrancar la piel del
cielo.
Mi decisión de dirigir mis bús­
quedas a la representación cada ver
más acentuada de la materia y de la
forma, me llevó como consecuencia s
su sublimación mantal. Los seres, los /
objetos, todo lo que existe, produce,
ante la influencia del calor, la pre­
sión, el tiempo, una cristalización. \
el cristal siempre se ofreció, a los
ojos de quienes pensaron el mundo
como la expresión perfecta de la rea-

�liriad concreta, como su forma supe­
rior, más pura y más exacta a la
vez. Todo me hace pensar que en
cada cosa existe, potencialmente, la
maravillosa estructura del cristal. "Es

JACQUES HEROLD
por

preciso ser vidente, hacerse vidente."
Es preciso que el ojo del pintor ejer­
cite sobre el porvenir de la materia
su poder de penetración.
A través de la ventana de un tren
en marcha se me aparece la cara
cristalizada de la agonía. Cara de
una anciana cuyas arrugas dibujan
con más y más profundidad en la
carne, las líneas geométricas cortan­
tes del futuro cristal. Símbolo de
muerte, el cristal lanza ya, desde su
frialdad, todos los fuegos del por­
venir. Siendo el cristal una forma
del porvenir de la forma y de la ma­
teria, la pintura debe alcanzar la
cristalización del objeto. Principal­
mente, el cuerpo humano, es una
constelación de puntos-fuego de don­
de irradian los cristales. Constituyen
éstos la substancia de los objetos, la
fuerza de la gravitación los arranca
a la atmósfera. Es necesario, pues,
que las cosas pintadas, para ser ver­
daderas, sean rectas. Y puesto que
el viento las atraviesa, las flagela, y
contribuye a su ruptura, es necesario
pintar el viento.

PIERRE MABILLE

x un paisaje de escombros, entre
los aullidos de los sordos y de
los ciegos, gesticulando en vano su
angustia, Iierold sigue fiel en su
puesto; quiero decir, en la vanguar­
dia del combate que nos habíamos
obligado a sostener. La contraseña
era. y subsiste: descubrir, por medio
de técnicas indefinidamente renova­
das, gracias a la exacerbación sen­
sible cuidadosamente entretenida, Ja
realidad todavía inadvertida de un
mundo donde el hombre sea total­
mente integrado. Esta realidad, todo
lo confirma hoy, que es singular­
mente más compleja que la repre­
sentación tradicional que tenemos de
ella por el juicio común, por el buen
sentido conformista u s u r p a n d o el
nombre de razón. Sabemos demasia­
do porque, por todos lados, se insiste
en limitar nuestra mirada inquisi­
dora, para calmar nuestra impacien­
cia exigente; se trata, únicamente, de
remachar cadenas cada día más rigu­
rosas y sórdidas.

E

"Liseuse d,aigle,\

La exploración sincera emprendida
con el concurso del ser entero, por
las armas de la conciencia y por los
medios más auténticamente surrealis­
tas, conduce a Herold hacia el do­
minio del cristal. Cristales de sal,
del árbol fósil, de la cabeza desecada,
de la célula observada con el más
potente aumento, cristal del casco de
ojo. Veo en estas formas, aparecidas
en la tela del pintor, las de los polie­
dros que, antaño, preocuparon a
Durero, Leonardo y numerosos otros
hermetistas profundos y que, debajo
de la piel, sostienen los flexibles mo­
vimientos de las curvas por las cua­
les la vida exterior se afianza en
una fiel dialéctica con el empuje in­
terno; ellos son quienes al fin del
gran drama dan el testimonio, por
sus líneas abstractas, de la realidad
mineral, suprema matemática natu­
ral. Una vez más, la inspiración libre
ha conducido al artista a unas solu­
ciones idénticas a las soluciones pro­
puestas por la razón trascendente.

En el mensaje de Herold, ninguna
traza de habladuría emocionada a
propósito de la actualidad, ninguna
piedra periodística, ninguna propa­
ganda; sin embargo, nadie estaba
menos que él al abrigo del peligro.
Simplemente era de los que no ha­
bían esperado un decreto de inicia­
ción de hostilidades, o los truenos de
explosivos, para sentir en su carne la
barbarie del racismo, para leer en los
ojos del policía, en la sonrisa del
denunciador, las insondables profun­
didades de crueldades siempre posi­
bles, siempre presentes en el hombre,
para oír en las voces totalitarias las
resonancias de los llamamientos que
tienen su entera sonoridad entre los
alambres de espinos de los campos.
Era, como nosotros, de aquellos para
los cuales el estado de guerra empezó
con el despertar del sí consciente, y
quizás antes. Y no puede haber fin,
mientras la opresión reaparezca con
formas renovadas.
La resistencia de Herold a todas
las fuerzas que convergen hacia la
más miserable degradación humana,
su persistencia en un esfuerzo hacia
una lucidez mayor, fuera, incluso, de
todas las razones estéticas, sin em­
bargo ya suficientes, dan a su obra
un interés excepcional.

"L’incendiére”.

�cabalgata®

LA TECTONICA
EN LA ARQUITECTURA
por

CONRADO P. SONDEREGUER

propias de toda creación (intento de evadirse, deseo
L*sj decaracterísticas
libertad) son también las de la arquitectura. En ella los factores
materiales que limitan su libertad —la estática y el fin útil—, son en cierto
modo su estímulo. Consciente o inconscientemente el hombre quiere olvidar
esos hechos exteriores, formales, ajenos a él que condicionan su soñar
y su creación. Factores que siendo imposible eludir es preciso dominar
o superar. Esa presencia y esa superación generan lo tectónico.
Tectónico es aquello que se refiere a la construcción: estructuras y ma­
teriales. No sólo en el aspecto técnicopráctico de su resistencia y dura­
ción, sometidos a leyes físicas más o menos mensurables y siempre pre­
sentes e inevitables, sino también en un aspecto más general, más
trascendente, subordinado a la voluntad de forma, a la realización de
conceptos plásticos, a la expresión de tendencias inmanentes en la ar­
quitectura.
Lo tectónico es, en última instancia, el resultado de la tensión entre

(Especial para Cabalgata.)

la voluntad humana de construir (de permanecer) y la gravedad. La
lucha entre la necesidad plástica y los materiales, el deseo de ductilidad
y su resistencia.
Hay en el hombre el deseo de olvidar la gravedad al construir, de
disimularla. Hacia eso tienden en su evolución todas las arquitecturas.
Así se logra considerar como cosa principal el espacio. Una arquitec­
tura ha llegado a su máximo desarrollo cuandq eso se halla más próximo
a ser logrado, cuando parece haber sido conseguido.
Las formas de la arquitectura (aparte de otros varios factores que
concurren a su modelación), se hallan determinadas por el uso de los
materiales, teniendo en cuenta su resistencia su vida, que es preciso ven­
cer y dominar, su íntima estructura, que es necesario rehacer. Cada ma­
terial da origen a un sistema constructivo típico y determinado y, aun­
que
uso comience imitando formas propias de otros, tiende a lograr
la suya. De los primeros intentos resultan, en general, formas estructn-

Exterior de la catedral de Notre-Dame.

�@ cabalgata
Las fuerzas ya no son simplemente equilibradas, sino que dominadas
se hace uso de ellas y se las dirige; no son fácilmente determinab'.es y
de un sentido vertical (lo más fácil), sino que domina toda la fábrica
una tensión distinta capaz, en apariencia, de poner en movimiento la
obra. La gravedad y las reacciones que determina, de algo exterior y
forzoso que traba la composición o la condiciona rígidamente, pasan a ser
un elemento orgánico utilizable plásticamente; y son este organicismo
y son esas estructuras orgánicas los que al hacer de la obra algo vivo,
permiten una concepción plástica del espacio. Permiten modelarlo, crear­
lo, dominarlo.
Veremos la diferencia, si comparamos un templo griego dórico arcaico
(Selinonte) con otro de la época helenística. En los últimos, aunque ’a
estructura no es aún orgánica la forma es viva, se ve jugar la luz entre
sus curvas, se siente vibrar la obra. O si recordamos las pirámides (es­
cultura pura) eternas, inmóviles, inconmovibles, inanimadas y las compa­
ramos con una catedral gótica.
Así las estructuras siempre, y el uso de cada material en particular,
van en su evolución de lo geométrico a lo orgánico; de lo muerto (está­
tico) a lo vivo (dinámico); de lo simplemente equilibrado a lo rítmico.
Esta tendencia de lo tectónico a organizarse incorporado a la forma
dándole esbeltez y elegancia, está determinada en parte por la necesidad
de lograr una máxima econom'a de medios y se da en todas las épocas.
Y al unirse biológicamente lo formal y lo constructivo, al quedar re­
ducida la materia a un recurso, a un medio sin valor en sí mismo, se
logra la modulación del espacio, ambiente del hombre, última y verda­
dera razón de la arquitectura.

rales rítmicas, orgánicas (orgánicas porque vivas).
Así la piedra, inicia su uso v.i la cueva, como masa; pasa luego a la
forma geométrica del adintelado y se desarrolla hasta llegar a la mara­
villa de lo gótico.
El hierro comienza imitando estructuras de la madera (armaduras),
aunque usando su mayor resistencia se exageren sus proporciones (quizás
la torre Eiffel no es más que eso, una exageración, gracias a la resis­
tencia del hierro, de estructuras propias de la madera y la piedra: arcos
v armaduras), y logra su forma particular en las estructuras colgantes,
en la tensistructura.
"El hierro —ha dicho Vogue— ha llegado a ser artístico por que se han
buscado sus medios de expresión en su propia naturaleza, en su fuerza,
su ligereza, su elasticidad...”
En las estructuras finales: gótica, armaduras, tensistructuras —pro­
pias de cada material—, las fuerzas accionan y reaccionan de maneras
encontradas, haciendo vibrar, dando vida a las formas. Son éstas las es­
tructuras orgánicas. Y el uso de todo material tiende a lograr esas
estructuras orgánicas en el deseo de olvidar la gravedad. El organicismo
al lograr una obra viva se acerca a ese ideal. Las obras en que el ma­
terial v ella misma son dominados por una sensación de pesadez, son
superadas por aquellas en que el peso parece no existir, en que sometido
v dirigido por el hombre, se han transformado en fuerzas que juegan j
vibran. De un apoyo simple, una línea rígida que sostiene (columna y
dintel) se pasa a una dispersión y compensación de esfuerzos que parecen
fluir por toda la obra en líneas quebradas y aparentemente dispersas
(nervaduras, arbotantes).

Columnas del Partenón en la Acrópolis de Atenas.

r

Egipto.

La esfinge.

En el fondo la más pequeña de las tres pirámides
de Giveli.

�cabalgata©

ENTRE SOMBRAS ANDA EL JUEGO
por

Divagación
de las sombras de las cosas ape­
nas si se habla. De ese leve y
no obstante casi corpóreo resplandor,
oscuro y frío, que nos acompaña a
todas partes, fiel a nuestro propio
impulso^ esclavo de nuestro destino,
sombra de la sombra que somos.
¡Qué triste temor nos embarga a la
hora de atravesar, y más si es adre­
de, este disparatado m isterio! Puede
que quizá no haya aventura de más
riesgo y premio, no obstante, que la
que sign ifica em prender viaje, y a
toda vela, sin resguardos, por tan
sombríos, encadenados mares.

Y

LORENZO VARELA

— ¡P onga un sello a mi sombra,
que yo no la llevo de contrabando!
— Lie conviene hacerse el distraído,
y dejar que lo siga a usted. Pero en
silencio.
Con este breve y definitivo diá­
logo han comenzado el viaje más im­
portante y único de la vida algunas
personas que yo conozco. Y van y
vienen distraídos, temiendo que su
traicionada sombra, por cuya existen­
cia caminan mohínos y avergonzados,
alce un día la silenciosa voz, y pro­
nuncie el helado discurso de despe­
dida.
Pero es más espantoso todavía,
lector, cuando se pierde la sombra

hasta tal punto que ya no queda ni
el vano afán de encontrarla. Cuando
nunca sé tuvo sombra.
Qué pregunta embarazosa — mas
cuántos m a l e n t e n d i d o s evitaría— :
"¿ Y qué tal su sombra ?” H abría,
desde l u e g o , quienes contestarían,
muy pacífica e inocuam ente: "Ya ve
usted, la estoy paseando. Se aburre
tanto la pobre.” Y muchos otros, aca­
so los m á s: "Descanse én paz mi
sombra, amigo. Era tan traviesa que
la ahogué en un pozo de unos tíos
míos, para hacerme sim pático a los
vecinos.”
Sólo una legión, diezmada y heroi­
ca, sabe que cada uno tiene su som­

bra, intransferible e inevitable, como
su muerte, y como cada uno tiene sus
m isteriosas ramas en las manos.
Podréis imitar una voz, un gesto,
hasta un discurso, incluso un acto
— y va causa escalofríos reconoce*,
esto— , pero intentad imitar una som­
bra.. Es nuestro único imperio ínte­
gro. A lgo habríamos de tener en re­
com pensa a tanto desamparo.

La sombra de la niña
L’n coronel de la Guardia Imperial
descansa, acodado--en la única ^mesa
de la taberna "La A ieja Bruja —en
el camino de Ostende, ya sabéis—

�mientras Teresa, la niña del taber­
nero, camina muy despacio, primoro­
samente despacio, trayéndole un gran
jarro de vino fresco. Un candil en la
mesa del fatigado militar, otro en la
recueva que en socavones de luz y
sombra parece conformarse hacia el
interior de la vivienda.
Llegan la niña y el jarro. El pelo,
suelto en bucles grandes y suaves,
tiene, junto al candil, destellos de
cuento dorado. Las dos manos de la
inocente abrazan tiernas y tímidas el
jarro oloroso.
— Vuestro vino, caballero.
La voz de la niña confirma los sue­
ños profundos del guerrero, que, en
ese instante, recuerda cierto roble en
las posesiones de su madre y un ma­
nantial que al acercarse a las raicps
del árbol, parecía volverse nieve que
se deslíe en clara y ligera corriente.
Tan vencido está del sueño el c»-&gt;allero, que las palabras de Teresa Le­
erán a su memoria con el sonido de
fas campanillas alegres de los mona­
guillos en aquellas mañanas de infan­
cia, cuando la misa de alba dejaba
en el cuerpo todo el día un entusiasta
v sonoro cascabeleo de cristal.
Acércase .la niña y toca muy sua ­

vemente el hombro del joven corone!.
—Despertaos, caballero.
La mira el caballero, entornados
los párpados, sostenida y largamente,
como reconociendo la eternidad de
tan encantadora visión. Muy lejos
están los afanes de la guerra, las ar­
dientes victorias, los locos amores, las
canciones en marcha.
Mas, sobre un ángulo de la mesa
v cayendo de ésta al suelo terroso
del lugar, entre los desvarios del can­
dil, percibe su sombra, trágicamente
doblada, vencida, horrible. Alza el
rostro y mira, ya despierto, a la ni­
ña. A un costado de ésta, a lo largo
del piso, la sombra de Teresa se
muestra al caballero, alta, erguida,
elástica con toda la gracia de un
junco milagroso.
Apura a grandes tragos el jarro
de buen vino, y luego lo echa ruido­
samente sobre la mesa. Del fondo
oscuro de la taberna sale el padre
de la niña, un tanto atribulado.
Una bolsa de oro, que arroja el
coronel, le da en el pecho y cae al
piso, con un sonido seco, amortajado,
metálico.
— Esa bolsa, y otra que te haré
llegar, por la sombra de tu hija.
— Señor, la sombra es cosa de na­
die, si no es de Dios.
— ¡Ea, perro! ¡Trato hecho! Y
quede contigo la mía, a ver si se la
llevan los demonios.
Al ponerse en pie el coronel de la
guardia, la sombra de éste sigue sin
moverse, doblada, vencida, horrible,
tal como la había visto al despertar.
De un empellón derriba la gran mesa.
Rueda el candil apagándose. Y sigue
allí la sombra atroz, desfigurada, so­
bre el aire. El caballero, enfurecido
y torpe, tocado ya por el frío del
terror, pero desafiante, abalánzase
sobre la sombra de la niña. Xo se
explica cómo unos dedos iargos, fríos,
descarnados, poderosos, le traban el
andar sujetándole de los tobillos en
el mismo instante en que desenvai­
naba la espada para separar la som­

bra de la niña. Cae de su mano la
espada V queda vertical, extraña­
mente clavada en tierra por la em­
puñadura. Quebrado el ímpetu tan
repentinamente, se va de bruces con­

tra la espada. En lo oscuro del re­
cinto, el grito del valiente coronel de
la Guardia Imperial, ronco y breve,
jadeante, sólo tiene una respuesta en
la voz del tabernero:

— ¡ Hi j a mía! ¿E stás bien?

El loco de la sombra
Le llamaban "el loco de la som­
bra”. Xo hace tantos años, pasé toda

�una tarde junto a él. Pero no tan
cerca que no guardase un respeto dis­
tante. En fin, si conocéis el puerto

de Colón, podréis saber cuán lejos
estaba yo de perturbar su aparente
ensimismamiento. R e c o r d a r é i s , sin

duda, el terrible incendio de la ciu­
dad, que tanta impresión causara en
el mundo todo. Y ya sabéis cuán
diligentemente las organizaciones be­
néficas internacionales acudieron en
socorro de aquel desgraciado pueblo.
Sobre las cenizas de la vieja villa
alzáronse bien pronto centenares de
carpas y tiendas de campaña, que
mitigaron en cierto modo la penuria
de las gentes más pobres y desampa­
radas. en aquel instante casi la po­
blación entera.
El clima caluroso facilitaba bas­
tante la acción de los Comités de
Socorro. Salvo las lluvias, constantes,
monótonas, espesas, y el sol, feroz
como una manada de leonas, nada ha­
bía que temer.
Cuando llegué a Colón, en la bor­
da de un mercante frutero cuyo solo
recuerdo me estremece aún, tan torpe
y desabrida era la tripulación, tan
nauseabunda la pitanza, y tan im po­
sible y borracho el capitán, quedaban
en Colón centenares de aquellas car­
pas y tiendas de los días trágicos. Y

♦

el humo violento del incendio había
marcado para siempre el alma misma
de la ciudad, dándole al conjunto un
aspecto de galpón ennegrecido, como
el que tienen ciertos depósitos de los
grandes puertos del mundo. Para
evitar el hacinamiento en lo posible,
aquéllas estaban distribuidas de modo
que formaban calles, manzanas, ave­
nidas. En una de las encrucijadas un
grupo de viviendas, más anárquicas (
que las otras, quizá por ser de las
primeras que se habían alzado, cons­
tituía una extraña plazoleta, con lo­
nas y tenderetes y ropas y gentes de
colores tan dispares, que sólo porque
en el aire todavía era visible el res­
plandor del incendio y el humo final,
podían soportarlos los ojos. Pintarra­
jeada con minio sobre una basta
cruz de madera alquitranada, podía
leerse: "Plaza de mi negro Raúl”.
Unas mujeres harapientas, casi todas
de color, iban y venían acarreando
agua en cuanta clase de recipientes
podáis imaginaros.
Pero, en fin, dejando a un lado

�@ cabalgata
otras cosas más que de ese inolvida­
ble lugar podría contaros, en una dé
aquellas carpas estaba yo, procurando
empeñar al prestamista que la ocu­
paba, la última cosa de valor que me
quedaba: un viejo y hermoso Roskopp Patente, de doradas manecillas
y claros y hermosos números. No ne­
cesito decir que era recuerdo de fa ­
milia. Y en la carpa vecina, como a
unos tantos metros, vi un hombre de
largas y enmarañadas barbas casi
amarillas, apoyado en un poco regu­
lar palo negro, atizonado. Era "el
loco de la sombra”.
De día, si hacía sol, colocábase
al aire de modo que su sombra le
precediera. Si llovía o era de no­
che, encerrábase en la carpa y en­
cendía fuego hasta que la llama
hiciese posible la aparición de su
sombra. Y la sombra siempre de­
lante. El aire del pobre personaje,
era como de quien está pasmado mi­
rando a un punto fijo delante de sí.
Encorvado, olvidado, ido. Al pare­
cer no hacía un año entonces que "el
loco de la sombra” era uno de los
mejores marinos del Pacífico. Capi­
tán de un carguero yanqui "muy ma­
rinero”, del que ya me habían con­
tado curiosas peripecias en el puerto
de San Francisco.
Un amanecer le vieron, con un ha­
tillo de grumete al hombro, y sin la
gorra de mando — no era necesario
que llevara dorados, era igualmente
la gorra de mando— , bajar lenta­
mente la pasarela, con gran pesa­
dumbre, v mirando lenta e inquieta­
mente hacia atrás a cada paso que
daba. No volvieron a encontrarse con
él hasta unos meses después. Había
recorrido en tan corto tiempo infi­
nidad de mares y países. Se dice que
huvendo de su sombra. Escapando
siempre. De pronto subía a un palo
mayor con la agilidad de un gato sal­
vaje. Pronto dejó de articular pala­
bras. De vez en cuando, a través de
sus afiebrados labios, salitrosos ya,
escapábase algo que podía ser un
hondo lamento o un rugido de ani­
mal acorralado. Siempre en marcha,
hasta que la fatiga y el sueño lle­
gaban a vencerlo. Y otra vez en
marcha.
El diez de agosto de 1 9 3 . . fondeó
en Colón un petrolero. A bordo, "el
loco de la sombra” recorría agitadamente, y dando grandes brazadas en
el aire la pequeña cubierta del bu­
que. Tropezaba, ya casi ciego. Los
qui aquel día estaban en el desem­
barcadero vieron cómo un marinero
de corpachón impresionante aun para
gentes de su oficio, bajaba del brazo
con "el loco de la sombra”, casi le­
vantándolo en vilo. Aquel marinero
fué al parecer quien lo dejó en Co­
lón, aposentado en la tienda de la
"Plaza de mi negro Raúl".
El mismo marinero fué quien contó
que "era loco todavía, pero que ya
estaba curado”. Que si le habían
visto dar tan grandes brazadas, era
de la impaciencia que tenía por bajar
a tierra y "echarse a estar quieto”.
Pues su sombra ya no le perseguía
desde que la tenía siempre delante
de sí.

�C R I T I C A L I T E R AR IA
por

GONZALEZ

CARBALHO

P aseo sentimental , por J. R. Wileock. Editorial Sudamericana, Buenos Aires,

R am ón G óm ez de la Serna
EL HOMBRE PERDIDO

$ 7.—
Dice el atitor: "Q uiero que aparezca
en esta noticia todo lo que la apren­
sión cree encontrar en la vida actual
y su s alrededores. A s í puede resultar
de este libro la com pensación del incompcnsado, del hombre perdido."

Ignasio Silone
PAN Y VINO

$ 7.—
I n relato pleno de realismo rural,
perenne, de Italia, en el que describe
el autor de "F ontam ara”, con in ten ­
sidad dram ática, la evolución operada
en la educación de las masas popu­
lares después de la primera guerra
mundial.

D. H. Latcrence
EL PAVO REAL BLANCO
$ 8. —
L na joven
sensibilidad,
tam ente los
ello causa
existencia y

de notable cultura y fina
se -riega a a frontar abier­
impulsos del sexo y con
la ruina de su propia
desquicia la de los suyos.

John S tein beck
EN LUCHA INCIERTA
%

6—

Poema de unas almas m u y distintas,
im pelidas por una causa com ún bus­
cando los alicientes de una existencia
más tranquila c ilum inada por el leni­
tivo de la esperanza.

R am ón G óm ez de la Serna
EL NOVELISTA
$ 6.—
L os am bientes m ás dispares, los con­
flicto s m ás originales rodean a los
innúm eros personajes de ese inagota­
ble retablo hum ano, compuesto con
prim or de maestro por uno de los
escritores que más entienden de vidas
y de novelas.

163 páginas.
Estamos en presencia de un poeta sobradamente probado en su auténtica con­
dición, como para no sentirnos en la necesidad de juzgarle con rigurosa cordura.
Fácil —y cómodo— es adoptar el juicio establecido o, por fidelidad al nuestro
—en ocasión de poemas anteriores— incurrir en error frente al libro presente.
Wilcock, no sólo se lia tolerado sus flaquezas, sino que, en "Paseo Sentimental”,
las acrecienta con la despreocupada actitud de quien se siente seguro de sí mismo.
Señalaremos en él, primeramente, una base de cultura parcial pero firme, si bien,
para su aplicación efectiva en el trance creador, exigiría del poeta una más pro­
funda responsabilidad, una más grave y fervorosa devoción por la empresa ar­
tística.
Orientado hacia un romanticismo inconsistente, Wilcock se avecina al sentimen­
talismo retórico de Acuña. Parecerá irreverente nuestro modo de apreciar a uu
poeta distinguido por óptimas clasificaciones; varias de las piezas del volumen
tienden a desmentirnos también, pues nos referimos sólo a preferencias suyas, evi­
denciadas con abundancia de ejemplos, que se entremezclan a expresiones de nitida
autenticidad. En estas, sí, cabe señalar a un poeta de vena noble y generosa,
fusionada a una lírica sin tiempo y designada claramente por su límpida espiri­
tualidad clásica. Sin duda, una equivocada espontaneidad, el empeño en atraer
hacia lo cotidiano el clima huyente de la poesía puesto en el lenguaje usual, lle­
van a Wilcock a su fracasada intención de amalgamar la antigua y perdurable
gracia, su enaltecida desesperanza, a los hechos.y cosas de todos los días, llamados
por sus nombres comunes y sentidos desmañadamente. Es en este aspecto donde
reconocemos la falta de un estilo, donde nos confunde el desplante de quien Be
cree dueño y señor de un mundo tan impersonal y libre.
De más está decir que nuestro juicio equivale a una pérdida de paciencia, com­
probando la perturbación de materiales tan puros y sensibilidad tan atenta. Su
"Hero v Leandro”, especialmente en el Proemio, sostiene un acento transido y le­
vantado, que el verso estructura con rezumante fluidez. Sin embargo, en el Poe­
ma N? 1 de dicha sección, la grandeza expresiva decae lamentablemente, siendo la
decoración del canto absurdamente teatral. Sirva este contraste de valores para
otras zonas del volumen, así las "Canciones de dos provincias” y otros diversos
motivos, que exigirían para su enumeración y análisis mayor espacio del que dis­
ponemos. Solamente queremos dejar constancia de nuestro desacuerdo con el autor,
poeta de clara ascendencia, que tiende a malograr, por suficiencia o por desgano,
el alto destino de su obra.
A guafuertes del altiplano , por Josermo Murillo Vacareza (Bolivia), Cuentos.

Imprenta López, Buenos Aires, 223 páginas.
Narraciones que interesan por su dramática veracidad, revelándonos el pasado
histórico y desentrañando la honda y dolorida raíz del indio.
Pero no solamente el hombre v los hechos, también su paisaje, lo que el hombre
mira, imperturbable, y respira desde hace siglos y, asimismo, lo que sueña y ama.
Y, por sobre todo, lo que sufre.
Escenas, descripciones, recuerdos. En verdad, se trata de una apasionada evo­
cación por la que Murillo Vacareza intenta recobrar el mundo perdido, devol­
viéndose a su infancia y a etapas de su juventud, que reconstruye, cálidamente.
Quizás, a muchas de estas páginas resulte inadecuada 4a definición formal que le
destina su autor. Y no por su estructura, distante del cuento, aun por el tono de
la prosa, de simple descripción, o acercándose, con frecuencia, a intentos de pura
apreciación psicológica. En el orden de valores, debemos destacar primeramente
la significación del medio, ese altiplano que conoce y siente en su sangre y que nos
va delineando con variable fortuna literaria. Si abunda el conocimiento del tema,
oeurre distintamente con el procedimiento artístico, que contribuiría a la perdura­
ción del trabajo. No obstante, y eéhando a un lado objeciones que resultarían
duras aunque atinadas, el material humano que maneja Murillo Vacareza absorbe
^.plenamente al lector, domina su sensibilidad. Sin declararle novedoso, el mundo a
que nos transporta reserva a la literatura inmensas posibilidades de exploración.
Hay mucho por decirse en el transcurso de esta nueva conquista, que no sería de
destrucción, sino de recuperación total.
"Aguafuertes del Altiplano” señala el camino de las alturas fabulosas, donde en
cielos alucinados, en leyendas y costumbres remotas y en tierras de incansable
producir —sólo holladas impíamente por el extraño— , ambula desoída la verdad
esencial del hombre de América.
Garibaldi en A mérica, por Newton Freitas.

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EDITORIAL POSEIDON
Perú 973

■

Buenos Aires

Colección Mar Dulce; Editorial
Nova, 71 páginas.
En la brevedad de estos gratos volúmenes de la colección Mar Dulce, caben tra ­
bajos de apretada totalidad, relatados amenamente, que convierten el documento
biográfico en entretenimiento ilustrativo. Entendido así por Newton Freitas,
escritor avezado en la divulgación folklórica de su país, pero que ampl'a genero­
samente su campo de acción hacia otras corrientes literarias, nos ha compuesto
este hermoso compendio garibaldino, en que la romántica figura del héroe, y la
no menos atrayente de Anita, su compañera, alcanzan extraordinario realce. Am­
bos, arquetipos de la libertad, viven en el libro sus fechas trascendentales, siendo
analizados en los aspectos básicos de sus caracteres. Se ha considerado, especial­
mente, las etapas americanas del cabecilla italiano, sus andanzas por Brasil, Ar­
gentina y Uruguay, itinerario del destierro, en el que se torna obsesivo su ideal
de la nueva Italia. Existencia aventurera, no tardaría en sumarse a episodios que,
ajenos a él por su condición de extranjero, despertarían las cuerdas más vehe­
mentes de su fervor humano. El interés del trabajo de Newton Freitas estriba en
determinar autorizadamente esta parte de la historia garibaldina, conocida parcial­
mente o con deformaciones; agregándosele la particular emoción de las páginas
dedicadas a Anita, indominable figura de amante y colaboradora. Freitas cumple
sus propósitos con la justa sobriedad en él reconocidas, afirmando su prestigio de
investigador y escritor.

NOTAS
R iesgo t promesa de la ciencia, por

Norman Beechdale. Editorial Atlánuda
1946. 240 páginas. Precio: $ 10.
’
Todas las increíbles maravillas que
los hombres de ciencia de los distintos
países han logrado extraer en los úl'imos años del insondable misterio de lo
que aun permanece desconocido (c el
Universo, son presentadas al público cul­
to en este libro de Norman Beechdale
de una manera atractiva y amena. En
él se describen los prolongados estu­
dios, tanteos y ensayos que han llevado
finalmente a la materialización de con­
quistas tales como la de los aviones a
chorro, las sustancias plásticas, la te­
levisión, el cine sonoro, la telefotogra­
fía. el microscopio electrónico, la penicilina, la bomba atómica, etc. etc
que hace unos pocos años hubieran pa­
recido locas quimeras propias de las
cabezas de los más fantásticos soña­
dores.
Señala cómo muchos de esos descu­
brimientos se han visto impulsados por
la guerra, pues la necesidad de ganar
en el pasado conflicto ha hecho que los
gobiernos no vacilaran en destinar a es­
tudios e investigaciones sumas ingentes
que en tiempos de paz suelen mostrar­
se remisos en destinar a esos fines y
que prestaran a los hombres de cien­
cia una desacostumbrada atención es­
perando, naturalmente, que les proveye­
sen de armas, drogas o dispositivos que
les colocaran en situación de franca su­
perioridad sobre el enemigo, y señala
también, por ejemplo, la aprensión de
los sabios que ven cómo en la actuali­
dad —no disipados aún los recelos na­
cidos de la mentalidad combativa for­
jada durante los años de lucha— existe
una cierta resistencia a olvidar el uso
belicoso del más grande de esos descu­
brimientos —la energía atómica— v a
aprovechar sus inmensas aplicaciones
pacíficas que no debían hacerse esperar.
Su lectura da una visión de lo que
podrá ser el mundo el día en que cu
tiempos de paz se dé a la inteligencia
el mismo apoyo que se le otorga en
tiempos de guerra y en que se gasten
con fines creadores y pacíficos los mi­
les de millones que no se vacila en gas­
tar con fines destructivos, y el día, en
fin, en que se utilicen de inmediato, en
beneficio de todos los seres humanos,
las conquistas que aquélla alcanza.
En resumen, un libro interesante e
instructivo, escrito en forma clara y
concisa, que debe leer todo aquel que
pretenda tener una idea cabal del mun­
do en que vivimos y de los grandes ade­
lantos científicos que prometen variar
su fisonomía tradicional. — José Luis
M. Anthonisen.
La mirada en el tiempo, por Arturo
Marasso. Editorial Nueva, Buenos Ai­
res. 302 páginas. Precio: $ 6.
Existe un instante penetrado de in­
sinuaciones en que el poeta se sienta
a la vera del mundo para deshilvanar
aquella agonía del recuerdo de la in­
fancia. Es cuando a través de un cris­
tal errante, los astros vienen a beber
en la cuenca de la mano y el poeta suel­
ta la intimidad de su esperanza y 1»
enlaza a la retrospectivación de su mun­
do perdido.
~
Atravesado por un fervor ávido de
naturaleza, los cap tulos del libro desarrollan un fresco y profundo sentido
de la vida. Arturo Marasso, utilizando
un lenguaje depurado, rico además en
palabras y expresiones, penetra en aque
lugar recóndito cruzado por la pn-P1

�© cabalgata
del libro pareée que han colocado su
oído sobre la tierra nueva del universo
para traducir todo aquel mensaje con­
centrado dentro de la latitud del alma.
— Osvaldo Evanascini.

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FONDO DE
CULTURA ECONOMICA
INDEPENDENCIA 802

BUM0S AIRES

tación de la piedra, del agua, del ani­

mal y de la planta. Entonces el canto
se convierte en expresión universal y
plena de insinuaciones que dan solidez
a un principio basado en un ascetismo
moral definido.
Sobresale en "La mirada en el tiem­
po»^ la exaltación de la égloga a tra­
vés de "Las quebradas y los valles” ;
el descubrimiento poético del mito y la
palabra nueva en "Memoria” ; la cali­
dez imborrable que penetra en las ve­
nas, en "Los muros de la casa” ; la
angustia misteriosa del elemento via­
jero en "El viento” ; el pavoroso senti­
miento del misterio natural en "Temo­
res”; los descubrimientos de la hoja, el
ravo de luz y las formas naturales, en
"Andanzas”; todo el color y la fuerza
de la naciente artesanía en "Colores y
oficios”; la sencilla espontaneidad de
los lenguajes adheridos al pasado, en
"Tradición” ; la transición humana en
el s'mbolo de "Don Manuel” ; la fervo­
rosa arrogancia universal que nace des­
de todas las tierras y todas las distan­
cias, en "La Bandera” ; la exaltación
indefinida en "Lejanías” ; y una pro­
posición de triste reminiscencia en "En­
señanza”. Pero es quizás en "El um­
bral tusculano” donde se advierte de­
finitivamente todo el contenido de una
madurez precisa y equilibrada. Allí se
citan el fervor de la naturaleza y la
identificaáón del mensaje filosófico;
el trasuntar líricamente adelgazado y
la permanencia de una perdurabilidad
incesante.
Los ojos se han cerrado por un largo
instante y a través de las cuencas el
mundo y la naturaleza han sido resti­
tuidos. Forjados con nobleza austera,
alejados de toda insinuación que no
determine un sumergimiento en el poé­
tico trascender del tiempo, los capítulos

E l humorismo , por Luis Pirandello.

Prólogo de José M. Monner Sans. Ver­
sión castellana de Enzo Aloisi. Edito­
rial El Libro, Buenos Aires, 1946. Pre­
cio: $ 6.

i Humorismo o humoristas? Pirande­
llo se aplica a perfilar los caracteres
del humorismo, término confuso para
muchos que ni admiten pueda definirse.
Así han sido considerados humoristas,
en sentido amplísimo, muchos escrito­
res que son en verdad burlescos o iró­
nicos o satíricos o cómicos. Toda la
primera parte de esta obra —más de
un centenar de páginas— está dedicada
a acotar la materia artística sobre la
que trabaja el humorista. Al analizar
el humorismo cervantino prueba que "la
verdadera razón de la obra está en el
permanente contraste que se produce en
nosotros entre las tendencias poéticas
y las tendencias prosaicas de la natu­
raleza humana; entre las ilusiones de
la generosidad y del heroísmo y las du­
ras experiencias de la realidad”. En­
tonces | puede admitirse aquello aseve­
rado por tantos autores de que el hu­
morismo es un fenómeno exclusivamen­
te moderno y casi una prerrogativa de
los pueblos anglogermánicos? La afir­
mación y la demostración de Pirande­
llo en estas lecciones de 1908 son con­
cluyentes: ni debe confundirse el es­
píritu cómico, la ironía, la sátira o el
"humour inglés” con el humorismo, ni
puede negarse el carácter universal y
permanente de tal estado de ánimo, "fe­
nómeno de desdoblamiento en el acto
de la concepción”. Pero es a través de
la segunda parte donde puede seguirse
la génesis de ese especial proceso psí­
quico. Pirandello muestra el vigor de
su pensamiento filosófico al desmenu­
zar nuestra dolorosa posición humana
que genera el sentimiento del contraste.
Mientras el escritor cómico o el satí­
rico queda en la superficie, el humo­
rista penetra en lo más hondo de 3a
•vida y "ríe sin indignarse”, cuando tras
las solemnes o virtuosas apariencias de
los hechos y las personas aparece la
conveniencia o el puro cálculo. A ve­
ces, riendo y compadeciendo, "el autor
llega también a reírse amargamente de
esta nuestra pobre, naturaleza humana
aquejada por tantas debilidades”. El
humorista percibe la contradicción. La
lógica, esa maquinita infernal, ha fija­
do, mediante el concepto, ese fluir con­
tinuo que es la vida. Y el hombre, el
artista, que se mira vivir y mira vivir
a los demás, crea la obra humorística
de doble faz simultánea: la grave y
la cómica. Esto es el humorismo: "el
sentimiento de lo contrario, suscitado
por la especial actividad de la refle­
xión que no se oculta, que no se con­
vierte —según ordinariamente ocurre en
el arte— en una forma del sentimien­
to, sino en su opuesto, aun siguiendo
paso a paso ese sentimiento como la
sombra sigue al cuerpo”.
El prólogo que firma José Ma. Mon­
ner Sans —profundo conocedor de la
obra pirandeliana, a la cual dedicó su
libro "Teatro de Pirandello”, Premio
Municipal de 1936— es apretada sínte­
sis de la personalidad de Pirandello y
de su labor de comediógrafo tan vincu­
lada a la teoría, materia de este libro
que nos ocupa. La excelente traducción
de Enzo Aloisi, ya conocido como autor
de "Los afincaos” y de "Nada de Pi­
randello, por favor”, reactualiza el pro­
blema de la importancia de las buenas
traducciones. — Delia Etcheverry.

N ovedades
WALDO FRANK: Ya viene el a m a d o .................S

12.—

Pocos libros ofrecen como éste tan rica y cernida materia novelesca por
el fuerte trazo de sus personajes y los problemás capitales que en él se
debaten. Esta obra recuerda a los lectores de habla hispana que Waldo
Franlc, además de ensayista eminente, es un gran novelista de pujante
personalidad.

WILHELM PIIVDER: El problema de las generaciones en la
Historia del arte de E u r o p a ..................................S 9.—
La articulación de las generaciones sucesivas como nuevo principio orde­
nador de la Historia del Arte, es la célebre tesis, tan discutida en Estética
como en Sociología.

LEON BLOY: Páginas escogidas ..............................S

6.—

Este libro revela de modo cabal el singular y violento espíritu de León
Bloy cuya obra ejerce cada día mayor influencia.

A. HERNANDEZ CATA: Los frutos ácidos . . .

S

2,5 0

La obra maestra del escritor cubano. Tres novelas cortas de extraordi­
nario vigor narrativo, de fondo patético, de gran perfección estilística.

RABINDRANATH

TAGORE:

El

rey del salóii
S

oscuro
2.—

Un hermoso poema dramático del exquisito autor de E l J ardinero.

JULES ROMAINS: Los soberbios ...........................$

6.—

Tomo vi de la gran serie LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD,
obra maestra de la novela contemporánea.

AUGUSTO

MARIO

DELFINO:

Cuentos de Nochebuena

*

S

4 .—

Toda la atmósfera peculiar de intimidades y evocaciones familiares, toda
la magia poética y novelesca de la Navidad, aparecen expresadas be­
llamente en estos relatos premiados por la Sociedad Argentina de Escri­
tores.

t

GONZALEZ CARBALHO: Canciones de la primera noche
S 4—
Un nuevo libro donde se reafirman las personales virtudes líricas de este
poeta argentino.

HANS KELSEN: La paz por medio del derecho .

S

5.—

¿La paz mediante la fuerza o mediante el derecho? ¿Estado mundial o
confederación de estados? He aquí algunos de los temas más importantes
que encara este libro del famoso filósofo del Derecho.

H. S. JENNINGS, C. R . BERGER, S . J., DOM TH. VERNER MORE, A. HEDLICKA, R. H. LOWIE, O . KLINEBERG. Aspectos científicos del problema racial S 7.—
Renombrados investigadores, desde su particular posición científica,
abordan este problema de palpitante actualidad.

DESIDERIO PAPP: ¿Adonde va el género humano? S 6.—
Narración fascinante de lo que será el mundo en los años futuros. Cómo
será el hombre del porvenir y cuáles serán sus herederos en el dominio
de la tierra.

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�3!E U 5Q E r2í¡j

LA ESTIRPE DE SGANAREL
PO R

L E O N MI R L AS
tapándose los oídos, se niega resuelta­
fascinantes de la historia del tea­ mente a creer.
tro, es la evolución del personaje del ma­
Pero esta solución imprevista y transi­
rido engañado, del clásico "cocu” molie- toria, no puede eliminar el problema. El
resco. ¡Qué trayectoria de Sganarel
drama, candente, subsiste y cobra más
Bruno, del simplismo cómico al caniba­ vuelo que nunca cuando Crommelvnck
lismo de la pasión! Caben en ella todos
descubre que Bruno de "El estupendo
los matices, y la farsa inicial se trans­ cornudo” estaba agazapado en Otelo y
forma al cabo del ciclo en un grito
en Sganarel.
desesperado y ávido, el mismo grito im­
Y Bruno es una síntesis, un mundo.
potente del protagonista de "El Hombre
Desde que pierde el equilibrio que le da
y sus Fantasmas” de Lenormand al mo­ su confianza en Stella al leer el deseo en
rir: "S a b er...”
los ojos de Petrus, siente un deleite ?naEl personaje es de antigua data. Aso­ soquista al atormentarse. Su duda es in­
soluble, irremediable, como la de Hamma ya en farsas medievales como "Maitre Pierre Pathelin” y en la farsa ita­ let. Jamás hallará una certeza a que
aferrarse. Porque, a su entender, la evi­
liana "II cornuto per opinione”, que sirve
dencia es engañosa. La evidencia, ma­
de borrador a "Sganarelle, ou le cocu
imaginaire” en 1660, eso sin contar sus
nejada por una mujer artera, puede des­
múltiples y regocijantes apariciones ex­ orientar al más sagaz y alerta de los
trateatrales en los cuentos boccaccescos,
maridos. Es imposible obtener la prueba
eanevás de tantas comedias de la galan­ definitiva, categórica. Siempre hay otro
tería contemporánea. Quizá el hecho de amante. El desmesurado amor de Bruno,
que aspira a la posesión total y exclu­
haberlo precedido Otelo le da a Sganarel
la carnadura que pudo faltarle. Moliere siva del alma de Stella, más que de su
toma a un personaje digno de la come­ cuerpo, lo tornará eternamente receloso
dia del arte y convierte a un Pantalón en y desdichado.
el primer "cocu” auténticamente gro­
Aquí, el personaje excede ya la esfera
tesco, esto es, crea la tragicomedia de
del mero marido burlado como entre fi­
los celos infundados.
siológico para adquirir un sentido he­
Obsérvese el fundamental aporte de roico. Bruno es capaz de permitir que lo
Moliere, su genial intuición. Le cocu hagan cornudo cien veces con tal de
imaginaire! Decir esto, equivale al pri­ encontrar el medio de no serlo, esto es,
mer paso del cerebralismo. La fuerza
con tal de hallar la certeza absoluta, el
dilacerante del pensamiento se abre paso
verdadero amante. ¡Qué lejos estamos
y ya el drama ha de refugiarse exclusi­ aquí del "cocu” molieresco; del guardián
vamente en el ámbito del espíritu. Ya
tesonero del lecho conyugal! Nos halla­
no será necesario que el marido sea en­ mos ya en pleno cerebralismo. Todo el
gañado. Bastará con que crea serlo. El
drama se incuba y se consuma en el es­
pensamiento lo devastará.
píritu del "cocu”. Lo que sucede al mar­
gen, en ese mísero y sospechoso escenario
Calcúlese lo que significa en potencia
este descubrimiento en 1660, si se tiene que es la realidad cotidiana, no pasa de
en cuenta que debemos llegar al siglo xx
ser un comentario de ese drama.
para que Andréiev nos pinte en un dra­
Bruno es la sublimación del marido
ma, en su plenitud, la fuerza explosiva
burlado: Dardamelle, su fanfarrona os­
del pensamiento, que termina por aniqui­ tentación. El Dardamelle de Mazaud ya
larse a sí mismo.
no rehuye ni se aterra ante la perspecti­
Sganarel, al irrumpir en la comedia
va de la cornificación. Por el contrario:
con todo el bagaje de dudas y sospechas
ello lo halaga hasta un cierto punto. Le
de Otelo, lleva en sí el germen de Bruno
cuesta digerir la amarga píldora de la
y de Dardamelle. Georges Dandin, gra­ verdad, pero, ya habituado a la idea de
cioso y ridículo, no es más que una reedi­ la traición de Frascine, quiere ser un
ción. Moliere ha creado con Sganarel el
burlado a lo grande, a toda orquesta, de
arquetipo y ya no podrá superarlo. Esta
jerarquía, y no el "cocu” tímido y ver­
tarea les está reservada a otros poetas
gonzante que oculta su dolor y su ver­
y a otra sensibilidad.
güenza. Aquí, la tragicomedia de Bru­
Por espacio de muchos años, el perso­ no sigue por un atajo. También a Dar­
naje permanece olvidado. Se diría que
damelle lo mueve un gran amor, pero
madura en silencio. Maduración forzosa,
ahoga su infortunio entre risas. Ya no
la suya. Ya no puede manifestarse con
acecha con mirada penetrante el rostro
los elementales raciocinios de Sganarel.
de su mujer, como Bruno: se mira a si
Busca otro cauce para sus sufrimientos.
mismo, se mira sufrir, con una larga
Y llegamos al "Boubouroche” de Courtecarcajada monstruosa que se quiebra en
line, en que el marido engañado oscila
un sollozo antes de bajar el telón final.
entre el dolor de la infidelidad femenina
A éstas dos máscaras del mismo ago­
y el ansia de ser feliz, a toda costa, a
nista, Janos bifronte de la cámara ma­
cualquier precio. Y cerrando los ojos y
trimonial, se une en la época moderna

U

NO de los ciclos psicológicos más

una tercera faceta de tono menor, pero
interesante. En su comedia "El Oficial
de la Guardia”, Molnar pinta al hombre
a quien su mujer engaña con él mismo.
Naturalmente, aquí ha retoñado una es­
cena de "El estupendo cornudo”, pero
Molnar la juega a lo largo de tres actos
con tanto lujo de detalles y tanta fi­
nura psicológica e ingenio, que su come­
dia bien merece considerarse un apc rte
original al tema. Y justo es consignar
que se cierra con el mismo broche de
escepticismo de todas las farsas del gé­
nero desde "El estupendo cornudo” :
nunca puede saberse si la mujer dice ’a
verdad o no.
De todos modos, es indudable que la
obra de Crommelvnck ha cerrado el cielo.
Con ella, el personaje ha adquirido todos
loscaracteresarquetípicos que preexistían
en él, es completo y perfecto. Todo lo
que se escriba en adelante sobre el mari­
do burlado terminará en definitiva en
Bruno, así como todas las comedias sobre
el amor, como afirmaba Porto-Riehe con
alguna razón, no harán sino repetir
"Amoureuse”.
Y, por lo demás, ahora parece difícil
que se aborde el tema. El teatro moder­
no sigue otros rumbos de mayor gravi­
tación para la cultura. El diálogo del
hombre con Dios en O’Xeill, la disocia­
ción de la personalidad en Pirandello, la
condición humana en Sherwood y Kingsley, el leitmotiv de la frustración de
Chéjov recogido por Clifford Odets, el
buceo en el inconsciente en Lenormand:
he aquí las materias fundamentales que
ofrecen generosas vetas a la preocupa­
ción de los dramaturgos de hoy.

PROSCENIO
LA MARCHA DEL TEATRO
"Huit Clos”, la pieza del poeta existencialista Jean-Paul Sartre, estrenada
ya en Londres después de su éxito en
el teatro La Potiniére de Par's, sigue
suscitando comentarios contradictorios
en cuanto a su contenido ideológico. Lo
único en que coinciden todos los críti­
cos, es en su vivo y permanente inte­
rés teatral y en que se trata de un mag­
nífico vehículo interpretativo.
•

•

*

La tragedia "Mégarée” de Maurice
Druon, montada por Jean Mercure en
el Vieux Colombier, ha revelado a un
autor nuevo de quien se espera mucha
labor de jerarquía.

temporada del teatro Morignv, (-0n ^
versión de "Hamlet” do André Gide
"Las falsas confidencias” de Marivaux’
"Las noches do la cólera” de Armand Salílcrou y la teatralización do "El pro.
coso” de Kafka, hecha por el propio
Barrault en colaboración con Gide, ha
sido, sin duda, una do las notas más
destacadas'del año teatral francés.

Una hermosa intención malograda: el
escritor Pierre Emmanuel ha fracasado
decorosamente en su primera incursión
teatral con su ambicioso drama m'stico
"El leproso”, estrenado en el Pigal!?.
Con todo, según la crítica parisiense, s?
le habría podido adjudicar la creación d?
un nuevo estilo dramático, de no existir
Paul Claudel.
•

♦

•

Dos "Hamlet” en París en el misma
año. como en tiempos de la rivalidad del
Bourgogne y del Mnrais, en loable im­
pulso ahora de superación artística: el
de Barrault en la adaptación de Gide v
el de Pierre Blanehard en la adaptación
de Pagnol. Y ahora, se anuncia un ter­
cero, a cargo de Gérard Philippe. El
pálido príncipe de Dinamarca resucita
con grandes bríos, confirmando su in­
agotable vitalidad.
•

•

•

Junto con "La casa de Bernarda Al­
ba”, respuesta en el Studio des ChampsElysées, se ha estrenado en París una
obra en un acto de Lorca, desconocida
aún en París, "Los amores de don Perlimpín con Belisa en su jardín”, que ha
suscitado grandes elogios por su magia
poética.
* • •

En el escenario del Bouffes-Parisien?.
Olaude-Andrés Puget, celebrado autor de
"D'as felices”, que nuestro público co­
noció a través de una mise-en-scéne de
Luis Mottura en el Odeón, dió a conocer
su última comedia "La Saint-Bernard”.
• • •

La nueva comedia del fino comedió­
grafo Denys Amiel "Le mouton noir”,
no ha obtenido el éxito de crítica de las
anteriores. Se juzga que el interesante
autor de "La sonriente señora Beudet”
ha malogrado un buen tema, a pesar de
haber construido la pieza con la habili­
dad propia de su gran experiencia es­
cénica.
• • •

El American Repertory Theatre, que
acaban de fundar tros figuras del pres( Continúa página 21■)

Páginas 26 y 27
a cargo de

• • •

LEON MIRLAS.

El plan de trabajo del notable actor
y director Jean-Louis Barrault en su

�HURGANDO EN LOS CAMA­
RINES DE LA HISTORIA
UN RECORD INGLES
or fin, un record arrebatado a los
norteamericanos. Los ingleses po­
seen el record de los teatros incen| diados. El Drury Lañe de Londres,
fundado en 1663, fué destruido varias
veces por el fuego y reconstruido otras
tantas. También lo fueron en dos opor­
tunidades el Covent Garden y en una
el Fortune. Finalmente, es memorable
el incendio del Globe en 1613, la noche
en que se estrenó el "Enrique V III” de
Shakespeare. La catástrofe se debió al
techo de bardas del Globe, incendiado
por los cañonazos que acogieron la en­
trada del rey. El teatro Principal Palace de Barcelona tiene fama también
por sus incendios, aunque dif vilmente
podría competir con el Drury Lañe.
Y, sin embargo, al Drurv Lañe, más
que por sus incendios, se lo recuerda
porque fué en su platea donde debutó
como vendedora de naranjas, para pasar
luego al escenario como actriz, la deli­
ciosa Nell Gwyn, que fué amante de
Carlos II. ¡Oh, el amor!

P

CRITICA ESPONTANEA
La noche en que Sir Charles Sedley,
un mediocre autor inglés del siglo xvn
que adquirió notoriedad por haber sos­
tenido un duelo desnudo y en estado de
embriaguez én las calles de Londres,
estrenó en 1678 su comedia "Bellamira'’,
9e derrumbó el techo del teatro y el úni­
co herido fué el autor. L’n caso evidente
de crítica teatral imprevista y espontá­
nea.
ACTORES DE AYER Y DE HOY
Es famosa la versatilidad de los acto­
res del Karmeny Teatr de Tairov, que
además de ser intérpretes magníficos
en la mayoría de los casos son también
consumados bailarines, cantantes, acró­
batas y hasta juglares. Y , entre pa­
réntesis, alguien dijo que le parecía
muy bien que los actores de Tairov fue­

ran capaces de hacer todo eso... con
tal de que no lo demostraran a cada
momento.
El caso es que, en la comedia de! arte
italiana, hubo actores capaces de proezas
aun mayores. Algunos, eran grandes
gimnastas, como el famoso Scaramoucbe
(Tiberio Fiorilli), que. próximo a los
ochenta y tres años, era capaz de apli­
carle a otro actor un puntapié en la
oreja. El célebre actor cómico del si­
glo xviii Tommaso Antonio Yisentini,
daba un salto mortal sin derramar el
vaso de vino que sostenía en la mano.
LA PLASTICA DEL TEATRO,
SEGUN GEMIER
"Los grandes autores no son solamente
poetas. Son, asimismo, ordenadores de
fiestas visuales. En el genio de Sófo­
cles, existe una parte plástica que re­
cuerda la escultura de Fidias. Shakes­
peare es vecino de Rubens, con su tru­
culencia, su desborde, su violencia, sus
orgías de movimiento, su furor de ape­
titos. Y* también de Rembrandt. Como
el gran pintor holandés, camina miste­
riosamente en la sombra, hace penetrar
rayos furtivos en regiones inexploradas,
descubre los secretos de las almas celes­
tiales o malditas.
”Corneille es hermano de Poussin,
Racine de Lebrun y de Lesueur, Marivaux de Watteau.
”Para decirlo mejor, los genios dra­
máticos son los pintores y escultores del
movimiento y de la vida. Por eso, el
libro no los contiene íntegramente: nece­
sitan absolutamente la escena, la miseen-scéne.
"Todas las obras maestras de Shakes­
peare están concebidas asi. Como una
suerte de ballet trágico o cómico. Es
una sucesión de movimientos. Ejemplo,
"La fierecilla domada”. Para domar y
amaestrar a la arisca Catalina, a Petruehio se le ha ocurrido mostrarse más
extravagante, más áspero, más furioso

Eugene O’Yeill, en un ensayo de «u último estreno "The Iceman Cometh”,
en compañía del director de escena Eddie Dotcling (a la derecha) y de
Marcela Markham y Dudley Digges, que intervienen en el reparto de
dicha obra.

que ella. Asi, cuando Catalina reco­
nozca sus propios rasgos en ese espejo
que los exagera, sentirá horror ante sus
defectos y se corregirá. Y véase qué
maravillosa curva de acción brinda eso.
Cada vez que Catalina se irrita, Petruchio se deja llevar por la ira; cada vez
que la joven patalea, él lo rompe todo
a su alrededor. A la tempestad, respon­
de el ciclón. El ciclón, naturalmente, ter­
mina por dominar y la tempestad se
calma. Un beso robado que se prolon­
ga, sella la. reconciliación de la fierecilla
y su domador. Y la sonrisa ilumina sú­
bitamente la fisonomía hasta ahora tris­
te y angustiada. Esta metamorfosis len­
ta y segura, evidentemente, puede ser
apreciada sobre todo en la escena, con
los ojos. Y las palabras no tienen más
valor que el de llamar a las imágenes y
secundarlas.”
Fermín Gémier ("Le Théátre”).

PROSCENIO
(V iene de página 26.)

Escenarios de Robert Edmond Jones para la pieza de 0W*»i7/ 'T h e Iceman
Cometh”, que acaba de provocar grandes controversias en Nueva York.

tigio de Eva Le Galliene, Cheryl Crawford y Margaret Webster, es toda una
promesa de espectáculos de gran jerar­
quía. Anuncia para la temporada próxi­
ma, entre otras obras, el "Enrique V III”
de Shakespeare, el "Juan Gabriel Borkman” de Ibsen y "La escuela del escán­

dalo” de Sheridan. Conviene hacer no­
tar que Margaret Webster ha montado
más piezas de Shakespeare que cualquier
otro director norteamericano.
•
En París, Marcel Pagnol ataca con
virulencia e ingenio a los críticos, recor­
dándoles que se han apartado de su fun­
ción orientadora y han dejado de serle
útiles al dramaturgo y de cooperar con
él en la creación artística, como en tiem­
pos del maestro de la crítica tetral fran­
cesa Francisco Sarcey. En Nueva York,
dos prestigiosos autores, Maxwell Anderson e Irwin Shaw, rechazan con ve­
hemencia las censuras de los críticos
frente a sus últimos estrenos, acusán­
dolos de injusticia e incomprensión.
i Qué pasa! ¿Han resuelto tomar la
ofensiva los autores? ¿Habrá sonado la
hora de la rebelión de los ángeles?

PALABRAS INOLVIDABLES
He Ustedes las mujeres idolatran a los
hombres de éxito, se aferran a ellos.
He Somos los laureles que disimulan su
calvicie.
* Adoro los placeres sencillos. Son el
último refugio de la gente complicada.
* Nosotras las mujeres lo pasamos mu­
cho mejor que los hombres. Nos pro­
híben muchas más cosas que a ellos.
Oscar Wilde
("Una mujer sin importancia”)

�MODAS
a cargo
de

JAUMANDREU
EL MODELO DE COCKTAIL
En rosalba celeste bandera este vestido de tarde, en el que se destacan el drapeado, de línea novísima y envolvente, de la falda y la disposición del bor­
dado, en azabache, que parte de una manga y atraviesa el corsage.
Traje de crépe opaco negro, detallado sobre la falda en ciré negro. Sobre el
puño de las mangas dolm an van bordados com o pulseras, en canutillo negro.

SI Q U I E R E U S T E D
SER C O N S I D E R A D A
ELEGANTE . . .
I 9 Vístase de acuerdo con su figura.
Dedique unos minutos a estudiar bien
su tipo físico; trate de destacar todo
aquello que constituya su belleza, ocul­
tando lo que pueda disminuirla; elija
sus vestidos dentro de la línea qué con­
venga al largo de su talle, a la amplitud
de su cadera, a la longitud de sus pier­
nas, a las características de su cuello.
La moda nos trae siempre tan enorme
variedad de estilos, aun para cada de­
talle de un modelo, que el errar en la
elección de una prenda, el usar detalles
y adornos contrarios a su tipo, demues­
tran siempre una falta absoluta de cri­
terio y de chic.
2 9 Tenga en cuenta la oportunidad
y la hora. Todas las clases de vestidos,
de sport, de cocktail, de noche, tienen
su gracia v su belleza. El saber vestir
de acuerdo con la hora y con la ocasión,
es una condición "sine qua non” de la
verdadera elegancia. Es ciertamente ri­
dículo ver una señora vestida con trajes
drapeados, bordados en paillette o pe­
drería, a la mañana, o ataviada de ab­
soluto sport, en una reunión a la cual
las demás damas asisten con sus mode­

los de "paquetería”. Por muy bonito que
sea un conjunto, por bien confeccionado
que esté, sólo lucirá como tal, en la oca­
sión y el instante oportunos.
39 A'o olvide su edad. Es éste otro
punto digno de figurar en un código de
elegancia. Si una jovencita, por graciosa
que sea, se nos aparece vestida como
una persona mayor, provocará nuestra
crítica, tanto como una respetable seño­
ra, con modelitos juveniles, de amplias
faldas voladoras y cuellitos colegiales.
4 9 Inclínese siem pre a lo sobrio y
sencillo. Usted puede vestir espectacu­
larmente, si así sienta a su belleza, y
ser la más elegante de las mujeres, siem­
pre y cuando sus modelos sean espectacu­
lares por su línea, por su color, por la
gracia de un detalle, no por el rebusca­
miento de sus cortes, por el exceso de
pliegues y bordados. Una dama que luz­
ca en una fiesta una soirée túnica de
crépe claro, blanco o celeste, con chal o
manto que recuerde los clásicos "sarih”
de los hindúes, estará espectacularmente
vestida, pero, ¿puede, sin embargo, pe­
dirse nada más sobrio y elegante!

L na prenda indispensable y que completa un conjunto en cualquier estacio*1.
El sacón tipo sastre en grueso paño beige, con grandes botones de madera
marrón; aquí lo luce Janet Blair, estrella de Columbia. con un bonito pañueo
en tonos de rojo y celeste.

�@ cabalgata

\

f/

V
\

L

os diarios y revistas de nuestra eapij tal nos muestran en sus últimos nú­
meros, las fotografías de las niñas de la
"élite” que han hecho su presentación so­
cial. Jovencitas de extraordinaria belle­
za. cuyas siluetas, la mayoría de las ve­
ces magníficamente proporcionadas, apa­
recen ataviadas con vestidos que, por
cierto, dicen muy poco en favor de la
tan comentada elegancia argentina. Y es
realmente extraño que eso ocurra. Esas
mismas niñas de la sociedad, tienen ad­
mirable sentido del color y de la línea
para elegir sus conjuntos sports y sus
modelos de tarde.
jEs que quizás no se da a la soirée de
la presentación social, en Buenos Aires,
la importancia que tiene una prenda que,
como ésa, estará ligada a todos los mo­
mentos gratos de la vida social de una
mujer? No es posible que así sea, no
puede ocurrir eso entre nosotros, como
no ocurrirá ni en París, ni en Nueva
York, ni en Londres, donde los creadores
más famosos vuelcan toda su imagina­
ción en la creación del traje de la

MOD E L O S

"debutante”.
Para demostrárnoslo nos encontramos
con una graciosa creación de Vionnet.
Es un modelo de organza natural rosa
pálido; la falda amplísima y plegada
desde la cintura, destaca su belleza cobre
un "dessous” angosto, de faya al tono,
y lleva, desde la mitad hacia abajo,
alforzones que la arman ampliando su
línea. El corsage es simple, de pequeño
escote redondo y hombros ca;dos. Para
completar una creación tan fina, y ha­
ciendo las veces de "salida de fiesta”,
Yionnet aconseja una corta capa, en la
misma organza, y a la que el detalle de
alforzones idénticos al de la falda le da
características de un gran cuello al man­
tenerla desplegada en toda su amplitud.

Alix, en cambio, y dentro también de
una línea vaporosa y lógicamente juvenil,
nos muestra una soirée de gasa natural
celeste humo, de linca muy sobria, y
adornada con guía de pequeñ'simaH flo­
res multicolores que se continúa desde
las bretelles a ambos lados de la falda
cortada en abundante campana. Una pe­
queña esclavina con capuchón, que se
prende delante, nos trae, como en el an­
terior modelo de Vionnet, uno de los úl­
timos dictados de la moda francesa: la
salida de fiesta en la tela del modelo.

Alejándose de la organza y las telas
vaporosas, Molineanx, otro genio de la
costura actual, nos hace llegar una crea
ción bellísima: corsage sin bretelles, muy

DE

Alicia Barrié. estrella del film , luce
este modelo de «port: chaqueta de ta­
lle bajo, en jersey blanco y bordeaax.
con estrellita? doradas, y falda en
mongol de lana gri- claro, plisada.
Se completa el conjunto con on corto
bolero en la tela de la falda y boina
bordeaux.

r

EL MODELO
DE LA DEBUTANTE

ajustado y sólo levemente draj«-ado sobre
«•1 busto, falda amplía con costuras vertí
cales que, sobre la cadera, recogen gra
ciosos pliegues. V, para acompañar el
modelo, un chal en la misma tela j raso
rosa líláceV). Ahora bien: el que tres de
las figuras cumbres de la moda francesa,
coincidan on aconsejar la línea de la
falda rnuy amplia y el corsa je muy justo,
no quiere de ninguna manera decir que
siempre el vestido de noche para jovenel
tas deba ser de esa línea. Realmente
puede elegirse dentro de una enorme
variedad de estilos, entre los cuales so­
bresale el de 1870 (4) que destaca la
belleza de una silueta confiriendo a la
misma encantadora gracia, al recogerse
su pollera hacia atrás en "puff” o moños
que recuerdan los polizones de esa época.
Y no menos adecuada para el tipo de las
"débutantes’,’ la linca que trae reminiscen­
cias de las clásicas túnicas de "Julieta*
(5) que pueden ser plegadas, y destacar
la belleza del busto y de la cintura me­
diante guías, cintas o cinturones traba
jados con motivos brillantes.

De la misma actriz esta suntuosa soi­
rée en rosalba rosa pálido; la cha­
queta, cuyo escote muy grande deja
al descubierto los hombros, está bor­
dada en paillette plateado y piedras
celestes; la falda es plisée soleil y
sumamente amplia.

Del vestuario del mismo film , este
traje de tarde en mongol de lana
negro con gran jabot y puños en or­
ganza natural blanca, bordada de
encaje "Uhantilly” n e g r o . C o l d e
Flami, que lo usa, lo completa con
un bonito turbante en faya y jersey
negros.

�cabalgata©)

BURLADERO
Por el Hondero Irónico
Bernard Shaw, que es algo así como
el Quevedo de ahora a quien se le acha­
can todos los rasgos dp ingenio, no pudo
menos, como era de esperar, de dar su
opinión sobre la eficacia y utilidad eco­
nómica del Premio Nobel, como recom­
pensa a una vida de sacrificio dedicada
al cultivo de las nobles letras.
—"El Premio Nobel —dijo G. R. S.
en ocasión de serle concedido—. es a’go
asi como el salvavidas -que le echan al
nadador cuando va ha llegado a la ori
lia .. . ”
•

*

•

Y ya que estamos de Premios Nobeles, don Jacinto Benavente, que es algo
así como el G. B. S. del Imperio His­
pano, salvando distancias que hay
—todavía—, del inglés al de por allá,
se acuerda a veces de que en una época
fué archivo de ingenio v agudeza, y da
alguna en el clavo. Recientemente, co­
mentando las actividades a que se de­
dica en la actualidad el Teatro Español
de Madrid, feudo al parecer de jóvenes
estetas y donde jamás nadie paga la
entrada, le replicó a alguien que le pre­
guntó si no iba por allí:
—¿Yo por el E spañol?.... ¡Tú estás
lo co !... ¡Si aquello es Sodoma y De
g o rra!. . .
•

*

•

LA BALSA DE LA MEDUSA, por Théodore Géricault. (Traducción de O tk i.)

Pero no crean que aquello de la cas­
ticidad es privilegio exclusivo del viejo
continente. Por aquí también los hay
con su miaja de ironía y si no vean es‘a
contestación del maestro López Bu ni­
do, cierto día, en que un novel, tra« de
enseñarle su engendro, le agregó:
—Como usted ve. mi hermano mayor
hace la letra, el segundo compone la mú­
sica y yo soy quien la canta.
—Perfectamente —dijo el composi­
tor—, pero si uno canta, el otro hace la
música y el otro compone la letFa ¿quién
demonios silba esto ?
• • •

Federico Nietzsche, cuando todavía
era amigo de Ricardo Wagner, hab aba
con éste de uno de sus temas predilec
tos: el drama musical.
—Mozart —afirmó el filósofo de Zaratustra—, inventó en su "Don Juan"
la música de in trig a ...
—No fué sino todo lo contrario —
respondió el creador del drama musi­
cal— : Mozart disolvió la intriga en
música. . .
Como verán estaban, pero no estaban
de acuerdo.
• • •

Luciano Zuccoli, el fino humorista
italiano de principios de sig'o, siempre
provisto de su inevitable y un poco im­
pertinente monóculo, explicaba en co­
rro de amigos, el porqué de un tremendo
cardenal que hacía aun mayor el círcu­
lo de sombra del ojo encristalado:
—Todo se debió a ignorancia de mi
contrincante. Yo, que en todo quiero estai a la última moda, le ataqué confor­
me a las reglas más científicas de "El
ai te de defenderse en la calle” del pro­
fesor Vincitor. Cuando él se me1 vino

encima, puse en práctica la figura IS
del cuadro "ataque”, consistente en as
fixia por presión de ambos pulgares so­
bre el tórax. Entonces mi adversario,
en vez de contestarme con la figura co­
rrespondiente, 18 del cuadro "defensa”,
reversión de los pulgares hasta fractura
de sus falanges, me dió un burdo pu
ñetazo, lo que puso fin de manera tan
grosera como vulgar aquello qu» pro
metía ser un ejemplo de cientificismo
gladiatorio. ..

• • •

Y dentro siempre del campo de la pe
lea, entre los actuales practicantes del
noble deporte del cachascán porteño, se
encuentra el enorme vasco, Juanito Ola
guibe!, cuyas saldas, suelen ser tan in­
genuas cuno inc-] eradas en él: Cierto
din en que unos amigos le acusaban de
que la Inclín siemorc estaba preparada,
Juanito. mostrando una oreja toda des­

hecha, les dijo:
3í, pues.. J Esta oreja la tengo así
de hablar por teléfono...
» • •

Cuando la Famosa Rejane volvió »
las tab as tras de una prolongada ausenc a Fierre Veber, que ocupaba un palco
con Co’ette, se volvió a ésta, y le dijo:
—¿Sabe que edad tiene!...
No —contestó la gran escritora...
Pero aparenta el doble...
• • •

P

R

E

M

I O

S

correspondientes al con.-urso planteado en el n9 5 do Cabalgata,

"RECUERDE QUIÉN ERA QUIÉN”
&lt;Vn e' primer premio de 20.— $
Dora Legrand Gola, Calle 3, 112 T.A PT.\T.A
Con una suscripción por seis meses a Cabalgata, José Lana, San Martín 933,
___
CAPITAL.
Los demás premios se declaran desiertos por no alcanzar el porcentaje • xigido
en la exactitud de sus contestaciones.
El padre José. - La Reina Víctor a. - Catalina II de Rusia. - Voltaire. - Robespierre.
Rafael Guerra.
Aristóteles. - José liona: arte - Lorenzo de Mediéis. - Francisco I. - Carloá
Gardel.
Lindber?. - San Martin. - Rommel. - Staiin. - Ruy Díaz de Vivar. - Duque de
Reichstadt. -Don Juan. - Wellington. - Coste. - García Paredes. - Isabel de Inglaterra. Cervantes. -Horacio. - Lepe de Vega. - Cervantes. - Shakespeare. - Goethe. - Lope de
Vega.
Erasmo. - Luis XIV. - Petrarca. - Verdi.
Beethoven. - Sara Eernardt. - Goya
- Leopardi. - Murillo. - Santa Teresa.
San Francisco Javier. - El Greco. - Irigoyen. . Cíemenceau. - Rossini - Lope de Rueda. - Facundo Quiroga. - Harri W ills. - Firpo. - Edison. Napoleón.
-Tolstoi. - Gonzalo de Córdoba. - Xúñez de Arce. - Marat. - Atila.
Federico
el Grande. -Bismarck.
Santo Tomás.
San Francisco de Asís. - Rousseau. - Felipe IV. San Juan Bautista. - Raimundo Lulio.
Latnur D'Auvergne. - Bavardo. - I.utero. - Juana
de Arco. - Gayarre. - Eliphas I.evi. - Xev.

—¿Es usted judío! —le preguntó cier­
to enorme alemán a Carlitos Chaplin,
cuando el gran cómico visitó Berlín.
—No.
El alemán le estrechó efusivamente la
mano, ante la indignación de un amigo
de Chaplin quien le recriminó indignado:
¿Cómo le has dicho que no eres judío
siéndolo!. . .
—Porque adiviné que le gustaría
no lo fu e ra ... Y ¿para que iba a darle
un disgusto!...
• • •

Madame de Sévigné, tenía también sus
puntos de moderna. Recuerden aquella
crítica de una novela romántico-lacri­
mosa de una contemporánea suya: "Mi
querida amiga. Vuestros dos enamorados
me han sumido en el más profundo es­
tu p o r... ¡Están solos y no hacen más
que hablar y h a b la r!... ¿Qué diablos
esperan!.. . ”

�Las mujeres.'.. Hasta un antifeminis­
ta tan rabioso como Bob Hope, dijo no
hace mucho por la radio:
_La m ujer... Como sexo lo o d io ...
¡Pero, una por una!. . .

• •
Durante la guerra civil española, cieré, to periodista, cuyo nombre no hace al
caso, tuvo que presentarse una vez mo­
vilizado ante la revisión médica.
—¿Alega algct —le preguntó el mé­
dico.
—Mire usted —explicó el poco belicoso
recluta—. No es que quiera emboscarme,
pero tengo una enfermedad en las pier­
nas que me impide correr.
—¿No puede correr! ¡Este es nuestro
hombre! —gritó entusiasmado el revisor.

• •

PALABRAS CRUZADAS
i
ii
ni
IV
V
VI

Vil
VIII
IX
X
XI

v e r t ic a l e s .
j . preposición. - Humor que
fluye de las
heridas. - Valle.
2. Hombre destacado en su profesión.
Cierto tipo de cabello. - Exclamación.
J. Consonante. - Lord. - Intransigente.
Consonante.

4. Ser victima de la acción de la gravedad.
- Puerto natural.

5. El que hace el censo. - Cabezas de ga­
nado.
.

6. Moneda romana

- Nota musical.

7 Muchacho. - Cuerpo químico que se
trae del tomillo.
&amp;. Breve lapso. - Conjunto de altares
sacrificio.
9. Consonante. - Por ejemplo. - Flor
ráldica. - 100.
10. Primera carta de la baraja. - Bolsas
correspondencia. - Exclamación.
11. Astro rey. - Articulo. - Estado ideal
los pueblos.

re­
de
he
de
de

HORIZONTALES.

I. Perro. - Sangria para tomar agua de
un rio. - Dignidad abisinia.
II. Pronombre personal. - Dignidad roma­
na. - Alto.
III. Consonante. - Masa de harina, agua y
levadura. - Cuerpo aeriforme.
50.
IV. Desciendes. - Pastor de la mitologm.
V. Viña trepadora. - Perteneciente a u:i
lugar determinado.
VI. Organización de Política Internacional.
- No.
VIL Curarse. - Corte de árboles.
VIII. Vallado rústico. - Mensajera de los
dioses.
IX. Consonante. - Filósofo catalán. - Signo
de adición. - Consonante.
X. Exclamación. • Vate antiguo. - Tiene.
XI. Hermana. - Nota musical. - Patada de
mulo.

SOLUCION
DEL
PROBLEM A
DE N°. 6 DE
CABALGATA

it «■

Concurso: JUANITO EN EL MUSEO
Juanito, como nadie podrá negar por lo que a nutimincíón
se relata, es un bárbaro con todas las agravante?. Pero coma
todos los que se entregan a "la libre satisfacción de srs :'mpulsos”, que diría un psicólogo a la moda, cumple algunas
proezas de e*ns que todo? hubiéramos qut rido hacer pero que
no hicimos. Juanito, como verán más abajo, visitó con su
papá 1&lt;&gt;&gt; museos de Europa, &lt;n !c&gt;&gt; que se entregó a su irre­
primible manía de pintarles bigotes, sombreros, etc. a cuanto

cuadro se le puso por delante. En el grabado adjunto se ve
el producto de las fechor as de Juanito. ; En qué muscos
estuvo? ; Qué cuadros estropeó* /Quienes son sus autores?
Contesten a estas preguntas y demostrarán su cultura artís­
tica y su capacidad de retentiva visual. Quien acierte más
gañ irá el primer precio, can i-tente en 1?&lt;»— $ % v los ¿seis
restantes, los seis segundos premios de una subscripción «le
seis meses a Cabalgata.

�cabalgata @
Si 1 4 . . . R1D- 15. D7D mate; o si 1 4 . . .
R3A 15. C7D j. ganando la Dama.

' A J E D R E Z
POR

Pasadena 1932
Defensa Alekhine
B orochow

FRANCISCO BENKO

N . de la R. — En el N t 6 de Cabalgata
no aparecieron, debido a una trasposición de
originales, los dos últim os finales correspon­
dientes a nuestro concurso de soluciones.
Rectificam os hoy dicha om isión publicando
los dos finales correspondientes al mencionado
concurso. Y aclaramos que los problemas y
finales publicados en el N v 6 no correspon­
den al concurso.
omo

Partida

6

Márgate 1937
P aúl K eres

C. H. A lexander

Defensa Nimzoindia
1. P4D
C3AR
2. P4A1)
P3R
3. C3A1)
A5C
4. C3A
P3CD
5. P3CR
A2C
6. A2C
La partida, cuyo planteo ha derivado en
una variante de la defensa india de Dama,
parece va a ser orientada en planes pura­
mente posicionales. Pero ei combativo espíritu
de Keres llevará la lucha por senderos de
especial violencia.
DIA
7. 0-0
P4A?
Este movimiento no está en conjunción con
el planteo aigo complejo elegido en la de­
fensa negra. 7 . . . P4A estaría más justifi­
cada si ti Alfil Rey estuviese en 2R, acep­
tando la sólida posición algo restringida de
la defensa tip'.ca india de Dama, entre cuyos
objetivos, naturalmente, figura la conserva­
ción de la pareja de Alfiles. Ahora este mo­
vimiento, que incomunica al Alfil en 5CD
con sus casillas 3D y 2R, va a ser explo­
tado por Keres con redob.ada energía.

8. CSCD
Aun no ha sido completado el planteo, y
ya las Negras se necuentran en plena opre­
sión- Ha bastado para ello una leve impre­
cisión de concepto en la estructura defensiva.
He aquí una muestra muy elocuente de las
conquistas teóricas modernas, que saben de­
poner las breves inexactitudes con golpes de
tal fuerza, que no parece exista paralelo en­
tre la pequeñez del error y la magnitud del
castigo.
pxp
9. A4A
C3T
10. A 6D
La energía de cada golpe parece responder
a una progresión geométrica. Las Negras
han de esforzarse en la defensa cada vez más
apurada, procurando aunarla con un espíritu
ae lucha activa, pues ante la fuerza de este
ataque, una conducta pasiva significaría, des­
de luego, la seguridad de la derrota.
DxP
Parece que todo ha quedado a salvo y,
por añadidura, se cuente con dos Peones de
ventaja. Ahora las Blancas no pueden reaIizar su amenaza AxA, pues con DxA las
Aegras controlarían su casilla 3D, tan im­
prudentemente abandonada a la temprana fu­
ria del enemigo. Pero las Blancas cuentan
con muy varadas perspectivas de ataque, y
la fantasía de Keres nos las va a ofrecer
en una lección demostrativa de las bellezas
combativas de la nueva escuela.
11. D4T
Nuevamente se necuentran las Negras ante
difíciles problemas de defensa. Ahora la ame­
naza blanca AxA es realmente anjustiosa, y
hay que detener al mismo tiempo la otra
amenaza no menos cruei de C7Aj., ganando
en ambos casos brevemente.
A3A
Otra vez parece que la oscura nube cer­
nida sobre el ejército negro va a disiparse,
pero. . .
12. CRxP
ese formidable luchador que es Keres, sabe
mantener en el aire la espada de sus ame­
nazas y no dejarla caer sino en el momento
justo.
A DxA
Ver diagrama.

F ine

3. T5A!! !

Abandonan,

porque no hay ninguna jugada satisfactoria
En la sigu:ente posición, el famoso maestro
Tarrasch. pilar y profesor de toda uní
ración, abandonó en el momento jujto, cuando
podía forzar tablas.

Torneo de maestros, Breslau 1925

t‘
v

M . B lüm io h

Un fin al maravilloso

ya habrán advertido nuestros lectores,
presentar s empre lo mejor
ajedrecístico mundial, y es
por esto que muchas veces no vacilamos en
reproducir partidas con comentarios de los
más famosos maestros, sacados de libros y
revistas de todo el mundo.

tratamos de
G
del pensanvento

La partida de hoy corresponde a una bri­
llante victoria de Paúl Keres sobre el maestro
inglés C. H. Alexander del torneo de Mar­
éate 1937; los comentarios corresponden a
Alekhine y son reproducidos de su último
libro “Ajedrez hipermoder.io", que editó du­
rante su larga estada en España.

R.

C3AR
1. P4R
C4D
2. P5R
C3C
3. P4AD
C3A
4. P4D
Una trasposición de jugadas. La jugada
exncta es 4 . . . . P3D.
5. P5D1
CxPR
Si 5 . . . C C 6. P 5 A ; si 5 . . . C5C 6. P5A
6. P 5A C( 3C) xP 7. P3TD y las Negras
siempre pierden una pieza.
6. P5A
C( 3C) 5A
7. D4D
Abandonan.

tomar la Torre blanca por 2. DxT j Dic
3. D6A j. D2C 4. DxD mate.
^ j
D3A
la única jugada.
2. T2AR1!
¡Cómo molestan las moscas!
D4C

Explicaremos otra de las joyas del ajedrez
artístico: un final del genial compositor ruso
A. A. Troitzky, cuya muerte a la edad de
76 años en 1942 se anunció hace poco. Se
considera a Troitzky como el padre del final
moderno.

A. A. T roitzky
Schachmaty 1937

Posición después de la jugada 12 de
las Negras.
La inconveniencia de este movimiento no
dejaria quizá de ser apreciada por Alexan­
der: no es en el Alfil de fianchetto, donde
Keres ha puesto sus proyectos de asalto al
enemigo. Esta retirada del Alfil negro del
campo defensivo, hace present’r un nuevo
acopio de amenazas, pero en verdad no se
ve bien qué otra conducta sería preferible.
Si, por ejemplo, 1 2 . . . C4A, tratando de
aflojar el dogal blanco, la ofensiva podía
seguir por vía 13. C7A j. seguida de CxA
j., DxP, etc.
13. DxC
Amenazando directamente ganar ia Dama
mediante C7A j.
AxT
Un acuerdo acertado. Se transige con ceder
la Dama con idea de mantener la lucha com­
pensando su falta can una Torre y un Alfil
en unión de dos Peones, compensación insu­
ficiente y que habria dado la victoria tam­
bién a Keres; pero el gran estoniano, ha­
ciendo renovado alarde de su sanare fría,
prefiere sostener la tensión del combate y
juega sencillamente:
14. TxA
DxC (5D )
A grandes m a je s... Alexander no puede
resistir más la tensión nerviosa de Ja lucha
y prueba fortuna forzando la entrega de su
arma más potente, confiando todavía en al­
guna compensación a cargo de la asociación
de sus armas menores; pero esta equivalen­
cia está muy lejos de existir, sobre todo ante
el poder escrutador de los ojos de Keres.
15. CxD
AxA
16. C5C
R2R
17. T D
A4A
18. P3TD!
Siempre la jugada torturadora. ¿Qué por­
venir queda a ese Alfil?
C5C
El último intento y la última desesperación.
19. TxP j.
Sin conceder la menor tregua. Garó es
que la Torre es incapturable, pues mediante
D7C j. las Blancas privarían a las Negras
de sus dos Torres.
R3A
20. D7C
Abandonan.
(Comentarios de A . Alekhine en su
"A jedrea hipermoderno".)

libro

¡EMANUEL LASKER ABANDONA
EN 14, REUBEN FINE
EN 7 JUGADAS!

S. T arrasch
Posición final después de la jugada
81 de las Negras.

Juegan las Blancas y ganan.
1. D2T j.
R4C
2. D6T j . !!
No es un error de imprenta, sino el único
camino para ganar. Si 2 . . . RxD 3. CxPAD
mate.
RxP
3. D4A j.
R3D
Si R2C 4. DxP A j. R3T 5. D8A. j. R4C
6. D7D j. R3T (o 4A) 7. C jaque seguido
por DxD.
4. DxP A j.
R3R
5. D7R j.
R4A
6. DxP A j.
R5C
Y en este momento, cuando parece que el
monarca negro por fin se escapa, las Blancas
juegan
7. D5T j . ü !
dando lugar al mismo mate de Caballo en el
otro costado del tablero como en ia variante
de la segunda jugada. Si el Rey negro se
va, sigue DxD ganando.
RxD
8. C6A mate
Si esto no es ar t e . . .

C om binaciones y errores inm ortales
Un bonito ejemplo de cómo se aprovecha
de la situación de una pieza sobrecargada
(en este caso la Dama negra, que está ocupadísima en la defensa de su Torre y del
Peón 4R), es el siguiente. Cuesta creer que
en esta posición tan complicada las Negras
tienen que rendirse en 3 jugadas.

Partida libre, Berlín 1929
J. H.

La partida tenía que seguir así:
82. P6T
,
T3C
Si 8 2 . . . TIC (o 2 0 83. R4C! y la,
Blancas pueden tranquilamente sacrificar s:
Torre por el Peón negro en el momento opor­
tuno, pues el Peón blanco apoyado por su
Rey fuerza las tablas.
83. T5TR
P7T
Si 8 3 . . . TI C 84. P7C TlTR 85. RtC »
P7T T5CD j. etc.
84. P7T
TIC
85. T 5C D j . ! ¡
La jugada salvadora, que Tarrasch omitió
en sus cálculos mentales.
TxT
86. P 8T pide Dama j.
dando jaque perpetuo.
En las partidas más desesperadas puede
haber una salvación oculta, la cuestión es
saber encontrarla. Y justamente los finales [
compuestos y artísticos enseñan a agudizar t )
espíritu para cualquier emergencia.

Concurso de soluciones
(Bases: Ver Cabalgata N* 1)
Con los dos finales de hcy termina nues­
tro primer gran concurso de soluciones, las
soluciones de este número deben ser man­
dadas hasta el 28 de febrero de 1947.
Los dos finales son producciones notables,
el primero más bien por ei juego de las
Negras que exige la mayor atención de las
Blancas para no caer en una de las muchas
variantes de tablas, el segundo por la con­
junción del juego blanco y negro y . per
cierta p ica rd ía ...

Final W 3
L. E hrlich

Wiener Schaehzeitung 1928
Blancas: R5AD, A5D, P6A (3)
N egras: R2TD, T5TD (2)

A continuación reproducimos dos partidas
miniaturas relativamente poco conocidas, en
las cuales los protagonistas eran nada menos
que el Dr. Lasker (poco antes de ganar su
título de campeón mundial) y Reuben Fine
(uno de los más serios aspirantes al mismo
títuio) respectivamente.

Berlín 1890
Gambito de Dama declinado.
H. Caro

D r. E manuel L asker

1. C3AR

P4D
P4D
A4A
P4A
P3AD
D3C
D IA
PxP
PxP
C3A
P3R
A4A
P3TD
C4TD
T2T
C6C
Di D
AxC
DxA
D4T j.
R2R
TI A!
P4C
C5R
14. D7D j. R3A 15. DxPA mate.
C3T
14. C8A j.
Abandonan.

2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
amenazando

S. B ett
Juegan las Blancas.
1. T 2C R ü
Ataca la Dama que a su

vez no

puede

Juegan las Blancas y ganan.

�cabalgata

DISCOS

ha elegido el camino del ultranacionalismo musical. Sus obras están basadas
en danzas y aires de su país, en músi­
cas populares y generalmente anónimas,
PO R
todas ellas tamizadas por un espíritu
musical de indudable envergadura y so­
lidez. El diccionario Grove no lo men­
ciona pero a pesar de ello ha ganado
n estos días lie tenido oportunidad
en 1942 el premio Stalin por su ballet
de escuchar algunos diseos enviados
"Gaynne”. Esto en Rusia significa la
fama en forma de 100.000 rublos.
v desde Rusia. Ellos ofrecen el doble interes de ser los primeros llegados al país
Por otra parte han llegado a Buenos
desde antes de la guerra y de contener
Aires discos grabados en Rusia pero pu­
obras de compositores soviéticos del mo­ blicados en los Estados Unidos por la
mento. poco difundidas en Europa y casa Asch Records, impresos en mate­
•América. Sinfonías, música de cámara,
rial sumamente liviano, que se comban
música para piano, para canto, cancio­ fácilmente y de muy escasa resistencia.
nes anónimas, la mayoría de ellas crea­ Entre ellos vale la pena destacar una
das durante la guerra, canciones de gue­ sinfonía N’ 1, op. 4 de Tikhon Khrenrrilleros, del ejército soviético, etc. To­ nikov, en si bemol. Khrennikov, nacido
dos los discos son de 25 centímetros y en 1913, compuso esta obra a los 22
han sido grabados con buena técnica,
años. A los 30 ganaba el premio Stalin
aunque en muchos de ellos el ruido de
(otra vez los 100.000 rublos) por su co­
púa sea algo notable y el tono de la
mentario musical al film soviético "El
grabación brillante y de poca perspec­ pastor y los chanehitos”. Como es cos­
tiva.
tumbre entre los compositores jóvenes
Entre los nombres más significativos
rusos, está influido por Prokofieff y
v conocidos están Shostakovich, Prokoperceptiblemente por Strawinsky, espe­
fieff y Khachaturian. Del primero, ocu­ cialmente el de la época de "El pá­
pando cinco faces de 25 cm., se ha jaro de fuego”. Esta sinfonía N? 1 ha
grabado un trío para arcos (violín, viola
tenido singular destino parecido al ar­
y violoncelo), que, en cierta medida, gumento de un film. En 1936 Stokowsanuncia una nueva modalidad de este
ky la estrenó en los Estados Unidos sin
cambiante compositor que no acaba de
mayor éxito. Entre la concurrencia al
revelarse íntegramente. Es posible que concierto se encontraba Eugenio Orla composición de esta obra sea poste­ mandy (el gran director que reciente­
rior a la Séptima Sinfon'a, pues su len­ mente nos ha visitado), que entusias­
guaje es más avanzado y de mayor li­ mado decidió incluir la Sinfonía de
bertad tonal. El plan de su construc­ Khrennikov entre los programas de pre­
ción. si bien sigue los derroteros clásicos
sentación anual que la Orquesta de Fidel género, aporta algunas novedades.
ladelfia formula en Nueva York. El
El segundo movimiento, sin duda el más
público neoyorkino rindió un tributo de
hermoso de todos, es un elegiaco andante
calurosa bienvenida a esta Sinfonía y
de mucha fuerza expresiva y de gran
la misma obtuvo de inmediato una reso­
-independencia armónica. El ritmo del
nancia continental. La sinfonía es nota­
primer movimiento, bárbaramente obsti­ blemente breve (ocupa tres faces de
nado sobre una célula rítmica, vuelve a
discos de 30 cm.) y posee solamente
reaparecer en el tercer y cuarto movi­ tres movimientos que se enlazan entre sí
mientos en forma de variaciones en las
ejecutándose sin solución de continui­
que el mayor interés está dado por la
dad. El -plan formal es por tanto no­
curiosa y especial manera de tratar los
vedoso y está conducido con una téc­
instrumentos de cuerda del que logra
nica de composición segura y firme.
sonoridades de un efecto particular.
Campea por toda la obra un espíritu
Dos "Momentos” para piano de Profogoso y humorístico, con evidentes to­
kofieff, no muy llamativos, y algunos
nos de sátira burlesca, un temperamento
fragmentos de una suite de ballet para
prodigiosamente activo y lleno de buen
"Romeo y Jnlieta” en la que muestra
humor y vitalidad. La imaginación rít­
otra vez su fantástico dominio de la
mica (rasgo característico de los rusos)
orquesta,y una página sinfónica de Khaes desbordante y si bien su idioma está
ehaturian, portaestandarte de la nue­ controlado por la personalidad de los
va escuela nacional de la música rusa,
grandes maestros de su país, la sinceri­
completan el panorama de las mejores
dad de la expresión y la continua bús­
obras grabadas. Khachaturian, armenio,
queda de efectos con procedimientos le­
nacido en Tiflis en 1903, realizó sus es­ gítimos y nobles hablan del músico au­
tudios en el Conservatorio de Moscú y
téntico y capaz de una evolución excep­
cional. La interpretación fue realizada
por la Orquesta del Estado Soviético que
Final !S° 4
demuestra gran calidad y equilibrio, ba­
W. A. BRON
jo la batuta del profesor Orlov, que es
Sehachmaty Listok 1929
sin duda un excelente director. La cuar­
ta
faz del disco se ha dedicado a otra
Blancas: R6TR. T 2R. P4TD. P2C P, P3CD,
obra de Khrennikov, una canción de la
P6CD, P6 l&gt; (7)
música incidental para la comedia de
Negras: R4TD, T4l&gt;. P3TJ). P5CI&gt; (4)
Shakespeare "Much Ado About Nothing”, alegre y decidida e interpretada
por un barítono de hermosa voz llama­
do A. Doliva.

JORGE D’URBANO

E

PROSA Y LENGUAJE
(V ien e

Juegan las Blancas y ganan.

■

de página

8.)

Hado las ideas de nuestros críticos ¿pen­
sarían atacarnos en lo tocante a la for­
ma, cuando nunca hemos hablado sno
del fondo? Acerca de la forma no hay
nada que decir por anticipado y no he­
mos dicho nada: cada cual inventa la
suya, y se la juzga después. Es verdad
que los temas proponen un estilo; pero
no mandan en él; ninguno está "a priori” fuera del arte literario. ¿Qué hay

LIBROS BIEN IMPRESOS
PARA EDITORES EXIGENTES

¿ U le 4

( fh á fy tM

AMORRORTU
CORDOBA 2 0 2 8

más "comprometido” y aburrido que el
propósito de atacar a la Compañía de
Jesús? Pascal hizo con eso Las Provin­
ciales. Y de sus oscuras peleas con Madaine Goezmann, Beaumarehais sacó las
Memorias, que son, quizás, su obra maes­
tra. En una palabra, se trata de saber
qué se quiere escribir: de las mariposas
o de la condición de los judíos. Y cuan­
do se sabe esto, el resto consiste en es­
cribir. Alguna vez, ambas decisiones no
formaron sino una sola, pero en los bue­
nos creadores jamás precede la segunda
a la primera. Yo sé que Giraudoux de­
cía: "El único problema es hallar su es­
tilo, la idea viene luego.” Pero estaba
equivocado; no halló sino un estilo, la
idea no vino. Al contrario, si se consi­

BUENOS AIRES

deran los temas como problemas siempre
abiertos, como solicitaciones, esperas, se
comprende que el arte nada pierda en
comprometerse; al contrario, del mismo
modo que la física presenta a los ma­
temáticos problemas nuevos que los obli­
gan a construir un simbolismo nuevo,
las exigencias siempre nuevas de lo so­
cial y de lo metafísico fuerzan al artista
a encontrar una lengua nueva y técnicas
nuevas. Si no escribimos ya como en el
siglo x v i i es porque la lengua de Racine
y de Saint-Evremond no se presta para
hablar de las locomotoras o del prole­
tariado. Después de esto, los puristas
nos prohibirán, tal vez, escribir sobre las
locomotoras. Pero el arte no se ha ca­
sado nunca con los puristas.

�cabalgata®

los últimos veinte años el ballet
ha conquistado enorme popularidad
en todas las clases sociales del pueblo
británico, y esto explica por qué los
espectáculos de esta clase siempre se dan
con salas repletas después de haberse
agotado las entradas con semanas de an­
ticipación.
Respondiendo a estas preferencias del
público, son muchas las escuelas de baile
que funcionan en toda Gran Bretaña, y
puede decirse que no hay población de
mediana importancia que no cuente con
un establecimiento de esa índole, en don­
de los jóvenes de ambos sexos se pre­
paran concienzudamente siguiendo su in­
clinación favorita.
Las escuelas de ballet son, desde lue­
go, de diferente categoría, y las hay des­
de las que cobran la módica suma de
un chelín por lección a las que exigen
diez veces más cuando el profesor ha
llegado a ser un bailarín de fama. Exis­
te la costumbre de que cuando un alum­
no se destaca para llegar a ser una ver­
dadera promesa, el arancel que se le
exige por enseñanza es mucho menor que
el común.
El adiestramiento de los alumnos en
los establecimientos privados se rige de
acuerdo con normas muy estrictas esta­
blecidas por la Real Academia de Danzas,
la que toma exámenes a los educandos
tres veces por año. Existen también otros
dos cuerpos examinadores muy impor­
tantes que son la Sociedad Gecchetti y
la Sociedad Imperial de Danzas, y los
que tienen sus reglamentaciones especia­
les acerca de la enseñanza, pero los re­
sultados, en general, se ajustan a las
exigencias de la Real Academia.
La enseñanza del ballet en Gran Bre­

E

n'

EL BALLET EN
GRAN BRETAÑA
por G I Z I

BLORE

(Especial para Cabalgata.)

taña puede dividirse en dos grupos es­
peciales: la impartida a los niños para
que examinen en los grados y la que se
dedica a los danzarines que desean ha­
cerse profesionales y que por lo mismo
deben rendir sus exámenes de acuerdo
con los dictados de la Academia.
Los pequeños pueden iniciar su apren­
dizaje a los cuatro o cinco años y rendir
su primer examen de grado a los siete.
La Academia tiene un grupo de exami­
nadores especiales dispuestos a desem­
peñar sus funciones en cualquier parte
del país. El examen, por otra parte, es
individual y muy estricto, no permitién­
dose en el acto la presencia del profe­
sor. El examinador va anotando todas
las clasificaciones que le merece el alum­
no en una tarjeta, la que luego se lleva
a la Academia colocándosela en un ar­
chivo especial junto con el nombre del
profesor. De esta manera se lleva tam­
bién un control acerca de la clase de
enseñanza que se imparte en cada esta­
blecimiento, y si la Academia encuen­
tra que ella no es satisfactoria envía
un inspector para averiguar las causas
y dar los consejos pertinentes a fin de
remediar las deficiencias.
Los educandos que estudian para pro­

fesionales deben rendir seis exámenes
ante una mesa compuesta de tres miem­
bros de la Comisión Técnica de la Aca­
demia. Los examinadores son persona­
lidades bien conocidas en el mundo del
ballet, tales como Antón Dolin, Jíme.
Thamar Karsavina, que fué primera
figura del Ballet Diaghilev, y Ninnete
de Yalois, principal bailarina del Ballet
Sadler’s "Webs.
Becas para los Jóvenes que P rom eten.

Si un maestro encuentra que uno de
sus alumnos tiene talento excepcional
para la danza y disposición para el tra­
bajo, pero su familia no posee medios
económicos para costearle la carrera,
puede enviarlo a la Academia, la que
previo examen de sus condiciones es
probable que le conceda una beca que
permita al educando asistir a las clases
de famosos maestros de ballet sin pagar
un centavo. Es más: al finalizar el cur­
so el aspirante está en condiciones de
presentarse a disputar una beca dotada
con 200 libras esterlinas que permite
al ganador perfeccionar sus conocimien­
tos en las grandes academias de baile
del extranjero. La Academia también
ha instituido muchos otros premios anua­

les para ser disputados entre los alumnos. &gt;
Hay actualmente en Gran Bretaña
grandes figuras de la danza que hai •;
tomado sobre ellas la misión de man- j
tener vivo el entusiasmo popular por.
ese bello arte que es el ballet. Entre i
ellas está Antón Dolin, cuyo verdadero
nombre es Patriek Kav, y que, con» *
Aliee Marks (Alice Makrova), fué alum­
no de Mme. Astafieva, la famosa dan­
zarina rusa de ballet que se radicó en[
Londres y que con su bello físico con- i
sidera a la danza como algo sagrado.
Respecto a la primera entrevista entre [
Alice y la Astafieva se cuenta una ca­
riosa anécdota. Un día la bailarina, al
salir a atender a un llamado a la puerta
de su departamento, se encontró con ana
mujer y una chica que le alcanzaba ana
tarjeta en la que se leía "La Pequeña
Pavlova”. Sorprendida primero v luego,
horrorizada por lo que consideraba un
sacrilegio, la Astafieva sólo atinó a dar
un portazo en las mismas narices de
madre e hija. Estas, sin embargo, no:
se desalentaron por la recepción v no
transcurrió mucho tiempo antes deque
estuvieran llamando nuevamente a la'
puerta del departamento. Esta vez la
bailarina se mostró más asequible J
aceptó a la chica como alumna. Fué de
esta manera como surgió una gran bai­
larina como la Makrova.
Tal vez resulten más elocuentes algu­
nas cifras respecto al desarrollo alcan­
zado por el ballet británico en los últi­
mos tiempos. Por ejemplo, el número
de alumnos examinados en 1924 llego*
poco más de 1.200. Veinte años niJ&gt;
tarde la cifra bordeó los 30.000, en­
tiendo alrededor de 4.000 escuelas áj
ballet en todo el país. Antes de 1

�© cabalgata
los espectáculos de ballet sólo eran pava
los privilegiados de la fortuna, tal era
el valor de las entradas. Hoy, puede
decirse, el ballet es del pueblo y cual­
quier ciudadano puede ver en Lunares
un espectáculo de primer orden en el
Teatro Sadler’s Wells y en el que toman
parte bailarines famosos, por lo que pa­
ga al adquirir veinte cigarrillos.
" Pioneers" del Ballet Británico.
Para nombrar sólo a algunas de las
grandes figuras que han dado auge y
popularizado al ballet en Gran Bretaña,
se pueden citar los nombres de Thamar
Karsavina, Deline Genee, que preside la
Real Academia de Danzas, Judith F.spinosa, Phyllis Bedells, etc, todos los
cuales sostienen que la razón del flore­
cimiento de este arte radica en el cariño
inherente que el pueblo británico tiene
por la danza. Mme. Karsavina expresó
en una oportunidad: "Tan pronto como
las gentes comunes tienen oportunidad
de ver un ballet, se puede observar in­
mediatamente el gusto que despierta en
ellas. Tengo el convencimiento que a
breve plazo el ballet será uno de los
espectáculos más populares de Gran Bre­
taña.”
La destacada bailarina Daish, cuyo
nombre es Adeline Gonce, y que fué una
de las más celebradas a comienzos de
este siglo, encontró en la primera fun­
ción que dió en Londres que estaba en
una nación que apreciaba al ballet en
forma excepcional, y en vista de ello
decidió buscar el concurso de otros com­
pañeros de arte a fin de aprovechar la
buena disposición del pueblo británico
hacia la danza clásica. Fué así que al
reunirse en 1920 esas figuras en la re­
sidencia de Adeline se constituyó la
Asociación de Danzas de Opera de Gran
Bretaña la que luego se transformó
en la Real Academia de Danzas en
1936.

cialismo, por subeibaja; juego de in­
fancia”.
El Laurel de Calí "traza una bella
sombra” y en sus ramas canta el pajarerio de las coplas, frescamente, como
una acequia. El libro responde a la fi­
gura de!, autor y a lá de su tierra, que
se ha hecho rica y vasta solamente para
poder contener la organería desatada de
Ramponi cantando su infinita piedra, y
la voz de Búfano entre los álamos de
San Rafael. Calí nos da su Mendoza
particular de viñedos y olivos suburba­
nos, con sus rosales y sus muchachas en
un airecillo provincia! y clásico, quizás
—y no es desmedro-— sin habérselo pro­
puesto. Señalarlo es hacer, un tiempo,
su definición y su elogio mejor. — Da­
niel Devoto.
(&gt;) Editorial " E l At&gt; neo".

NOTI CI AS
*** El pianista Guillermo lacla actuó en
un recital de beneficencia auspiciado por
la Unión Republicana Juvenil Española,
interpretando páginas de Scarlatti, Mozart, Schumann, Chopin, Debussv, Turina, Granados y Nin.
*** Falleció en Buenos Aires la mediosoprano alemana Paula Weber, que resi­
día desde hacía veinte años en nuestro
país, habiéndose dedicado a la enseñan­
za después de una Drill nte carrera.

*“ El Seminario do Jóvenes Músicos Ar­
gentinos ofreció un nueva audición en el
local del Consejo Británico. El programa
agrupaba tres piezas de B. Martinu (en
1» audición), una sonata de Loeillet,
(ihras vocales de .losé María Castro y
Roberto Can maño, un cuarteto de García
Morrillo y los Juguetes de Pedro Sáenz
en versión para seis instrumentos.
*** Josefina Prelli ofreció un concierto
de clavo en la Asociación Gente de Arte
y Letras de Avellaneda.
• ' Los pianistas argentinos Raú,l Spivak v Florencia Raitzin se presentaron
en el Carnegie Hall de Nueva York.
Hace ya dos años que Spivak está en
Estados Fnidos, donde lia actuado en
varios centros universitarios; regresará a
nuestro país en marzo, luego de una
gira por Norte y Centro América.
Florencia Raitzin, que es sin duda la
mejor pianista de su generación y una
de nuestras más cumplidas intérpretes,
ha realizado un iutensa labor en la Juilliard Xcliool de Nueva York, donde se
graduó con la más alta clasificación.
*** Ha muerto en nuestra ciudad la
actriz R. Falconetti, de la Comedia Fran­
cesa. Destacadísima intérprete del teatro
clásico, Falconetti se distinguió también
en el cine (¿quién puede olvidar su labor
protagónica en Juana de A rcol ) y en la
interpretación de la música francesa
popular y tradicional.

l e g a de Mendoza el Laurel de estío
j de Américo Calí. Mendoza es nues­
tro límite del oeste. No es tierra que
se asoma al mar para recibir el día; el
sol le llega después de haber corrido
el ancho del país, y cuando parece po­
nerse detrás de la cordillera, en la rea­
lidad se está poniendo en el Pacífico, a
través de Chile tan delgadito. Su sol
eon novedades asentadas da al aire seco
y rico de la provincia una luz que po­
dría decir de sí, como Calí, que

L

en el antiguo corazón le crece
una alegría vegetal de enero.
Xombro la tierra.

Así también, en este libro mendoeino
de asentada novedad, avecinan sin sor­
presa el airecillo fresco de las coplas
(Déjame solo en mi casa,
vecina del tomillar.
Que tus pechos no me quiten
del todo la soledad.)

I

(V ien e

de página

2.)

FRANCIA
*** Se recordará los antecedentes del
"affaire” Chirico, al que nos hemos re­
ferido en correspondencias anteriores.
Este artista italiano había declarado
que la mitad de sus cuadros, que habían
sido expuestos en la Galería Allard, eran
falsos, lo que dió lugar a un escándalo
en los medios artísticos de París.
Sin embargo, dudando del juicio emi­
tido y no queriendo opinar sólo a base
de reproducciones, Chirico expresó su
deseo de ver los cuadros. El pintor Corbellini le ha llevado a Roma las dos telas
que Chirico había declarado falsas. Ante
ellas, ha reconocido que habían salido
de su pincel. No obstante, lia añadido
también: "Son cuadros no terminados,
en los cuales las columnas están apenas
bosquejadas. Datan de los tiempos en
que los "marchands” parisinos no me
dejaban ni el placer de terminar mis
teías.” Se trata de dos cuadros que re­
presentan caballos -a orillas del mar, con
un templo griego al fondo y restos de
columnas dispersos en la playa.
La nota pintoresca de este "affaire”
es el interés con que su desenlace ha sido
seguido por las aduanas francesas. Los
"falsos” Chirico lian podido circular li­
bremente de una frontera a otra; pero
al regresar Corbellini de Italia tendrá
que pagar una fuerte tarifa en Ja adua­
na por los "verdaderos” Chirico, que aho­
ra han sido legitimados por el propio
autor.
*** En la Galería Lucien Revman se ha
inaugurado una Exposición del arte ca­
talán. A la misma han sido invitados
no sólo los artistas de nacionalidad ca­
talana, sino también los artistas que
han visitado Cataluña.
Como escultores más representativos
figuran, en primer lugar, Maillol, Gon­
zález y Manolo, este último muerto en
1945. Es decir, el salón se honra con la
representación de dos de los más gran­
des escultores modernos catalanes: Mai­
llol y' Manolo. Se exponen también al­
gunas obras de Gargallo, en la plástica
del hierro forjado.
Figuran en la exposición obras de los
siguientes artistas; Marquet, Raoul Dufv, Georges Braque, Pierre Bruñe, A.
Masson, Miró, Lafay, Pignon, Tolza,
Puig-Pujades, Badia-Vilato, Palmeiro,
Ignace Vidal, Homs, Grau-Sala, Creixams, Bausil, Terrus y otros muchos,
hasta un total de doscientas obras. En
una exposición de este género no po­
día faltar, naturalmente, Pablo Picasso,
cuya obra figura también juntamente
con un paisaje de Juan Gris, que corres­
ponde a su primera época.
A pesar de que a nuestro juicio la
exposición ha sido preparada demasiado
precipitadamente para dar un verdadero
conjunto del arte catalán moderno, es
una bella muestra del valor y desarrollo
de éste.

LAUREL
DE E S T I O 1'

con los sonetos y romances, y sus dié­
resis y grabas contadas —diáfana, poe­
sía— gozosamente clásicas. Y así tam­
bién, más por galleo que por caridad
informativa, brota al pie de un soneto
la noticia aclaradora: "Maroma, provin­

CORRESPONDENCIA

Sally Gilmour.

*** El gran número de exposiciones que
se celebran actualmente en Par«'s, no nos
permite referirnos a todas ellas. Pero sí
debemos dar cuenta del llamado Salón
del Espectáculo. Se ven en él obras de
pintores v escultores modernos, inspira­
dos por las artes del teatro, del circo,
del musichall (Manet, Renoir, Toulouse
Lautree, Rouault, Van Dongen, Friese,
Terechkovitch, Yves Brayer, etc.) ; ma­
quetas de trajes y de decorados; pintu­
ras y esculturas de Sara Bernhardt, Ju ­
lia Bartet, Boucot, Musidora, Lucien
Rosenberg, André Bougé, etc.; fotogra­
fías, joyas, objetos exóticos y hasta pin­
turas de niños.
Juan Saavedra.

�cabalgata©

EL CENTENARIO DE "L A CONDENACION DE FAUSTO”
6 de diciembre se cumplieron cien años de la primera
audición de "La condenación de Fausto”. A decir
verdad, Berlioz va componía la "Balada del Rey de Thule”
en setiembre de 1828; tenía entonces 24 años y acababa de
conquistar el segundo premio de Roma. Tratando de forzar
las puertas de la Opera, Berlioz escribía al vizconde Sosthene
de La Rochefoucauld, superintendente de Bellas Artes:
"He puesto en música la mayor parte de las poesías de
Goethe; tengo la cabeza llena de "Fausto” ; me es imposible
encontrar un tema sobre el cual mi imaginación pueda ejer­
cerse más fácilmente . . . ” Es evidente que, como lo señala
su biógrafo, Adolphe Boschot, al hablar de "la mayor parte
de las poesías de Goethe”, Berlioz pensaba en las coplas
rimadas por Gérard de Nerval en su traducción del "Primer
Fausto”, publicada ese mismo año 1828.
Por otra parte, ¡cuántas semejanzas entre Fausto y el
propio Berlioz! ¿Acaso no era, tatnbién él (como lo dice
Mefistófeles), el hombre al que "ningún placer sacia”, a quien
"ninguna felicidad basta” y que, "sin cesar en pos de formas
cambiantes”, no podía hallar más que en los sueños la satis­
facción de sus deseos? Sueños nutridos de Shakespeare, Vir­
gilio, Homero, Ossian; sueños románticos a los que Goethe
suministraba un nuevo aliento.
Los años pasan. Berlioz conquista el primer gran premio
de Roma, se casa con una actriz trágica, famosa al menos un
instante, compone sinfonías, da conciertos, se convierte en un
músico célebre, pero, no obstante, sigue ignorado del gran
público, siempre hostil a la novedad que Berlioz trac consigo.
Es el autor de la "Sinfonía fantástica”, de "Haroldo en
Italia”, del "Réquiem”, "Benvenuto Cellini”. Logra, al fin,
forzar las puertas de la Academia Real de Música, pero para
recoger más burlas que aplausos. En 1844, Félicien David
presenta "El desierto”, cuyo éxito impresiona a Berlioz.
Por qué no escribir —también él— una "oda-sinfonía”, un
gran oratorio, una ópera de concierto? Las "Ocho escenas de
Fausto” suministrarán lo fundamental.
Berlioz tiene 42 años, la edad de la plenitud. Siente
hervir en él las mismas pasiones, el mismo ardor que en 1828.
Encuentra en un compañero de periodismo, Almire Gondoniere, al libretista —pues él mismo no tiene tiempo de escribir

E

PO R

l

16 Se representa en Venecia, en 1639,
L ’Adone, tragedia musical. El clarissimo signore Paolo Vendramino,
autor del poema, dirige desde Bolo­
nia una carta al empresario, fechada
el 16 de diciembre de 1639 e inc’uída
en la edición del libreto: "Entiendo
que Su Señoría quiere editar L ’Ado­
ne, lo que me molesta tanto como
me dolió Su resolución de hacerlo re­
presentar no obstante mi ausencia, o
sea, sin la más necesaria de las pre­
sencias que debían ilustrar el espec­
tá c u lo ...”, etc. En ninguna parte
se menciona al compositor, Claudio
Monteverde.
17 1823. Bemardino Rivadavia, Minis­
tro de Relaciones Exteriores y de
Gobierno, acusa recibo del cajón de
cornetas llegado en el bergantín William Parker a los Sres. Ilullett linos,
y Cía. Las veinticuatro cornetas se
hab'an pedido el 3 de marzo de ese
año y debían "servir para el uso de
los correos que transitan este país;
las cuales espera el Ministro sean
manuables y propias para este efec­
to”. (P. Grenón, Nuestra primera
música instrumental.)
18 1737. Muere en Cremona Antonio
Stradivari. En su casa de la Piazza
Roma una inscripción recuerda que
"llevó el violín a la perfección y
dejó a Cremona un renombre impe­
recedero”.
»
19 1890. Se estrena en S. Petersburgo
La dama de espadas de Tchaieovsky.
El autor apunta en su diario, desde
Florencia (19 de enero de 1890):
"Empecé a trabajar, y no mal.”
20 1922. Estreno de Antigone de Cocteau-Sófocles (o viceversa) en el Atelier, París. Música de escena de Honegger.
21 1628. Se inaugura el Teatro Farnese,
de los Duques de Parma. con la ópera
Mercurio e Marte. La música pro­
bablemente fuera de Caccini.

RENE DUMESNIL
(Exclusivo para

C a b a l g a t a .)

F.t Cft* V.V

Berlioz. Litografía de época.

22 1721. Se estrena en las Tuberías Les
élemens, de Lalande y Destouches,

tercer ballet "dansé par le Roy”.
23 1894. Primera audición del Prélude
á l’aprés midi d’un faune. "Una anéc­

dota auténtica circula hace medio si­
glo por el mundo musical sin haber
sido impresa nunca. Durante el pri­
mer ensayo del Prélude en los Con­
ciertos Lamoureux, Camilo Chovillard pidió al autor una precisión
expresiva sobre el comienzo de la
frase de 1? flauta. Sólo obtuvo de
Debussy esta respuesta pintoresca:
"Es un pastor que toca la flauta, con
el c . . . en el pasto.” (León Vallas,
Achille-Claude Debussy.)
24 1935. Muere en Viena Alban Berg.
"El 17 de diciembre de 1935, Berg
fué trasladado al hospital y opera­
do; una transfusión de sangre, efec­
tuada el 19, produjo una leve mejo­
ría. Berg expresó su deseo de agra­
decer personalmente al dador de san­
gre. Este era un típico joven vienes,
y después de verlo se dirigió hacia
mi y me dijo, con una expresión que
no es posible describir: "¡Espero que
esto no hará de mí un compositor
de operetas!” El 22, la enfermedad
fué ganando terreno: el corazón c*&gt;menzó a fallar. El 24. a la una y
cuarto de la mañana, Berg murió en
brazos de su esposa.” (Willi Reich,
Alban Berg.)
25 1837. Nace en Bellagio, al borde del
Lago di Como, la segunda hija de
Liszt y la condesa d’Agoult. "Su
nombre, Cósima, evocaba a la vez la
beldad del lugar natal, el lago de
Como, y el nombre de San Cosme,
el médico árabe tan piadosamente
benéfico, por el que Liszt tenía una
particular devoción.” (Paul Rehcux,

y

el libreto—, pero muy pronto, arrastrado por el tema, decide
versificar solo la escena que se propone agregar, que ya ha
tratado. Su libreto consiste en una serie de cuadros musicales
y sigue muy cerca al poema de Goethe. Algunos viajes inte­
rrumpen su trabajo; pero si maldice la obligación de alejar­
se de Goethe, y de su querido doctor, sin embargo halla oca­
sión de encontrar, aquí y allá, alguna fuente de inspiración
utilizada felizmente. De esta manera escribe la "Marcha
húngara”.
I
Termina su partitura el 19 de octubre de 1846. E inmedia­
tamente quiere escucharla. Lo cual no es nada fácil. Berlioz
tiene enemigos en todas partes, salvo en la Opera Cómica
cuyo director, Basset, le es favorable. Alquila, pues, la salarecluta sus intérpretes. Y llega el gran día. Saliendo del
ensayo, el viernes 4 de diciembre, Teófilo Gautier profetiza:
"Héctor Berlioz parece formar con Víctor Hugo y Eugenio
Delacroix, la trinidad del arte romántico.” Pero los poetas
—"vates”— si bien son adivinos, pueden no estar de acuerdo
con sus contemporáneos. En efecto, los amigos de Berlioz
son casi los únicos que escuchan la nueva obra. Sus aplausos
suenan de una manera lúgubre en la sala. Rossini, con mala
intención, sale murmurando al oído de quien quiera escuchar­
lo frases como éstas: "La canción de la rata pasa inadverti­
da ; no hay un gato”, o "Suerte que ese muchacho no sepa
música: ¡la haría tan mal!”
Ocho días más tar.de, la segunda audición se realiza con
una sala que no estaba más llena. A pesar de los esfuerzos
de los amigos, se muestra la misma indiferencia de un público
hostil a Berlioz, hostil a la novedad, que rehúsa comprender
que ese músico es, en su arte, el auténtico representante del
romanticismo francés, el igual de Delacroix y de Victor
Hugo.
Pasarán muchos años antes de que se vea en "La conde­
nación de Fausto” una obra maestra. Hará falta la devoción
de Edouard Colonne, que la ejecuta repetidas veces en los
Conciertos del Chátelet, hasta conseguir forzar el éxito. Por
último, la obra se sitúa en primera fila, y conserva su posición
tanto en el concierto como en el teatro. En cualquier forma
que sea, desde ese instante, "La condenación de Fausto”
resplandece de tal manera que uno se asombra al saber que
semejante obra maestra haya podido arruinar a su autor.

Liszt ou fes amours romantiqnes.)
26 1770. Estreno de Mitridate, re di
Ponto, de Mozart, en Milán. "Mi

querida hermana: Hace mucho que
no escribo, y es porque estaba ocu­
pado con mi ópera. Ahora que tengo
tiempo quiero cumplir bien mi deber.
Gracias a Dios, la ópera gusta. El
teatro se llena cada noche, ante la
admiración general, y muchos decla­
ran que, desde que están en Milán,
nunca han visto la sala tan concu­
rrida para una ópera nueva... A
propos! El copista ha venido ayer a
casa y nos ha dicho que recibió ia
orden de copiar mi ópera para la
corte de L isboa... W. A. Mozart.”
27 1893. Estreno de Gicendoline de
Chabrier en la Opera de Par's. El
autor, ya seriamente dañado por el
mal que pronto lo llevaría a la tum­
ba, aplaudía desde su palco, diciendo
a sus acompañantes: "¡Qué lindo!
¿De quién es?”
28 1937. Muere en París Mauricio Ra­
vel. "Hacia el fin de su vida, Ravel
sufrió el peor período del oscureci­
miento mental; su mal le permitió
las intermitencias, los destellos que
ilusionan y desoían a un genio con­
denado. Un domingo, sus pasos en­
contraron sin esfuerzo el camino que
une Montfort al caserío de Mesnuls
y llegó a casa de Luc-Albert Moreau
después del almuerzo. Delgado, blan­
co-gris como la niebla, sabía todavía
sonreír. Dijo, al verme: "Hola. Co­
l e t t e ...” en tono natural. Pero no
se esforzó por seguir hablando, y
aunque sentado entre nosotros, tenía
el aspecto de un ser que, de un mo­
mento a otro, está por disolverse y
desaparecer. Se parecía al Ravel vivo
como se le parece el retrato que Luc-

Albert Moreau hizo de Ravel muer,to: una nariz grande corregida ya !
por la invisible mano, el mentón de
Dante, la barba vigorosa y mal afei- !
tada de los muertos, una sombra ma­
yor bajo la órbita y en las ra'ces d?
la n a riz ... Pienso que ese día Ravel ,
pronunció mi nombre por última ver” ;'1
(Colette, Un salón música1 en 1900.)
29 1849. Muere en Madrid Dionisio
Aguado y García, guitarrista, "...al '
llegar a París a eso de las cim'o de
la madrugada nos acostamos al mo­
mento, pues hacía tres noches que
no nos desnudábamos; pero apenas j
habría pasado una hora de estar en :
cama cuando nos despertó una mú- i
sica que nos pareció celestial, y e'tu- ]
vimos dudando qué instrumento fue­
ra' el que tanto nos entusiasmaba: ¡
tal era la dulzura y suavidad de sus
sonidos y armonías, producidas por •
la manera con que eran heridas sus
cuerdas; de modo que tuvimos que
llamar al camarero y preguntarle qué :
instrumento era aquel que nos pro- !
ducía tan grata sensación y que no ¡
nos atrevíamos a clasificar. El oa­
ma rero, con la sonrisa en los labios,
nos dijo: C’est monsicur Aguado ante
son ghitarre.
(Saldnni,
Diccionario biográfico bibliográfico
de efemérides de músicos españoles.) I
30 1876. Nace en Vendrello Pablo Ca­
sáis, "gloria del mon musical”, como
dice con justicia la chapa que se co- ;
locó en su casa natal, en 1927, como ,
"homenatge de Catalunya”.
j
31 1934. Representación nimero 2.000
AelpFaust de Gounod en la Opera de
París, donde fué aceptado a los diez ¡
años de su estreno. "Por los pasi los
se murmuraba en grande. "Esto no
pasará de quince representaciones
decían, encogiéndose de hombros, dos
editores célebres, partidarios ardien
tes de la escuela italiana.” (^®in
Saéns, Perfiles y recuerdos.) P-

■

�ULTIMAS
NOVEDADES
a p a r e c id a s en l a

Serie A m a r illa : P o licia l

E l caso del Cerdo difunto ,

por

M argcry

El

caso de

. . $ 2.—
Cod,

A llin g h a m

de

C abo

Atzcood Taylor » 2.—
la

azul,

mujer

por M ortim er Gray

. . . »
J ornada de terror, por Eric
A m b lc r

2.—

......................................... » 2.—

A sesinato

por el ojo

por

CERRADURA,

R.

de

la

A.

J.

I V a l l i n g ........................................»
E l misterio de la silla del
obispo, por E d g a r li'allace »
L a ventana siniestra, por
R a y m o n d C h a n d ler
. . . »
A lgo horrible en la leñera,
por A n t h o n y G U b e r t . . . »

2.—
2.—
2.—

2.—

U n ataúd
por E r i c
L a muerte

para
D i m itrios,
A m b l c r .......................» 2.—
del fantasma, por
M a r g c r y A l l i n g h a m . . . . » 2. —
E l crimen del rápido de P a­
rís , por G c o r g e s S i m e n o n . » 1,50

S e r i e V io l e t a : S o v e l a

B rujas,

i a muerta, por Georgcs R o d c n b a c h .............................J 2.__
F ontamara, por lgnazio Silone » 2.—
G enoveva, por Alphonse de
L a m a r tin e ...................................... » 2.—

El

dominio

mundo ,

del

por

Jacinto G r a n .................................» 2.—
M ujer raptada, por F rank
T h i e s s ......................................... ..... 2.—

J esucristo

F landes,

en

por

Honoré de Balzac .
A cnés G rev, por A n n e B ro n té
Bajo sospecha, por H clcn M ac
I n n e s ...........................................»
Los siete ahorcados, por L e ó ­
nidas A n d r e i e v ........................ »

PO R

M. V I L L E G A S LOPEZ
TEMPLE DE ACERO

COLECCION PANDORA

E l misterio
por P h o c b e

ESTRENOS

» 2.—

» 2.—
2.—
2.—

(T h e icicKed lady)

Film inglés de Carol Eeed, argumento
de Eric Ambler y Peter Ustinov, inter­
pretado por David Xiven, Raymond
Huntley, Billy Hartnell, Stanley Holloway, James Donald, John Lauric, Leslie Duyer. Producción; Tote Cities
Films.
Todo lo que constituyen los buenos
films ingleses de costumbres, ha sido
aplicado a una obra de guerra. Cada
soldado es un tipo humano, con una
vida, una fisonomía, una psicología y
una profesión. Aparecen así, antes de
ir al cuartel, antes de vestir el unifor­
me; pero, aun después de ese "uniformismo” cuartelero, se los sigue viendo
como individuos. Y de esta raíz hu­
mana arranca toda la alta emoción del
film.
Nada de esa primaria propaganda
yanki, donde todo ciudadano se siente
desgraciado porque tiene un impedi­
mento físico, que le impide tener el
placer de ir a la guerra, matar a unos
cuantos semejantes o morir aplastado
por un tanque. Aquí, cada hombre tra ­
ta de escabullirse del servicio militar
por todos los medios, van renegando y
protestando, odian al sargento, despre­
cian al oficial, se escapan de las ma­
niobras... Cuando se ven en el frente
luchan como los mejores, lo que tam­
bién es rigurosamente real. Es, pues,
un film sincero; que, en un film de
guerra, es decir extraordinario.
Tiene emoción, verismos, humor muy
inglés y unas magníficas escenas de
gperra espectaculares y simples a la
vez. Puede figurar, pues, junto a Hi­
dalgos de los mares, en el cinema de
guerra británico. Y da a Reed, el di­
rector de El joven Mr. P itt, categoría
de primer director mundial.

Film inglés de Lewis Arliss, con Mar­
garet Loclcivood, James Masón, Patri­
cia Roe, G riffith Jones. Producción:
Gainsborough.
Hubo una época en que estuvieron
muy en boga las "novelas por entre­
gas”, que se echaban por debajo de las
puertas. Al finalizar, y sin duda en
premio por haberse leído los seiscientos
cuadernillos de que constaba la obra,
el suscriptor recibía de regalo un la­
vabo o una sopera. Naturalmente, tal
literatura estaba "fuera del arte”.
A este género pertenece Perversa. Y
está, también, fuera del arte. Es, sen­
cillamente, una aristocrática dama del
siglo x v ii que por las noches es ban­
dolera y asaltante de diligencias, sin
que nadie lo sospeche. Comete toda cla­
se de crímenes, por todos los medios
conocidos. Parece, a veces, que la pe­
lícula está hecha en broma, hasta tal
punto bordea el disparate y el tópico
más vulgar.
No es con films de este tipo como
se acreditará el cine inglés, aunque el
mal gusto del grueso público haga de
ellos esporádicos éxitos.

MARIA LUISA

P asión y muerte de M iguel
S ervet, por Pom peyo Gener $ 2,50
V ida de lord B yron, por E m i­

( Marie-Louise )

F ray B artolomé de las Ca­
sas, por M anuel José Q u in ­
tana ..............................................

N apoleón

y

Godoy,

la

mundo,

el

majos ,

E spaña

» 2.—
» 2.—

por

Frederic C a m p ........................
en

» 2.—

de los

por Clem ente Cimorra

»

2. —

» 2.—

S erie C rie: E n sa y o , H isto ria , F ilo s o fía

El. drama w a g n e r i a n o , por H .
S. C h a m b c r la in .......................$ 2.—

E dgar A lLan P oe (genio na­
rrador), por Santiago A .

F e r r a r i ........................................ » 2.—

~
______________________________________________
-----------------------------------------------------------------------

P id a esto s lib io s
a l a s b u e n a s lib ré ela s o c o n tra -

r r e e m b o l s o o la

EDITORIAL POSEIDON
PERU 9 7 3

BUENOS AIRES

PERVERSA

(T h e r tcay ahead)

S e r i e Awul; B i o g r a f í a

lio Castelar . . . . . . . .
W alt W hit man , por Cebriá
M o n t o l i u .....................................

significa de mérito y de defecto. Y
los espléndidos paisajes suizos, bellos
hasta la emoción, dados sin regateo. En
el cinema europeo privan los exteriores:
felicitémonos.

Film suizo de Leopold Lindtberg, ar­
gumento de Richard Schu'eizer, inter­
pretado por la niña Josiane, Heinrich
Gretler, Margrit JVinter, Anne-Marie
Blanc, Armin Schweitzer, Mathilde Danegger^

El problema de Suiza, durante la
guerra, para atender al mayor número
posible de niños refugiados. Por el lado
ético, moral, se siente el tufillo del pas­
tor protestante, y por el del social, el
del profesor del instituto, con su lec­
ción de cosas. Así entablillada, la pe­
lícula carece de algo fundamental: de
interés.
Pero está muy bien filmada, con mag­
níficas tomas y excelentes escenas: el
bombardeo en una ciudad francesa; el
entierro de los muertos en el bombar­
deo, con las voces sobre el ataúd, dicien­
do lo que esperaba cada uno de la vida;
la partida de los niños, con el ¡Viva
Suiza! siempre en primer término, en
distintos labios, mientras el tren pasa,
etc. Tiene a veces el realismo francés,
a veces la ingenuidad rusa, a veces la
solidez alemana.. .; con lo que cada cosa

Vivían Romance y Paulette hlambert
en una escena de la superproducción
francesa "Manon, la 326 ’ ("La
Route du Bague") estrenada en la
sala del Libertador iniciando su
plan 1947.

Estas hermosas guardacárceles perte­
necen a la película "Sexo fuerte”
que Interamericana e s t r e n a r á ¿n
breve.

FLORES DE PIEDRA
De pausado ritmo propio de una le­
yenda popular, que va acelerándose pa­
so a paso hasta llegar al vertiginoso
remolino de una pasión contrariada; de
frágil delicadeza qué, de pronto, se
troca en un empuje irresistible y vi­
goroso; de una fantasía desbordante,
mezclada con el realismo de una re­
construcción exactísima del pasado le­
jano, así se nos presenta Flores de
Piedra, película realizada en los estu­
dios Mosfilm, bajo la direcTlón de
Putchko y que pronto será presentada
al público bonaerense por la compañía
Artkino.
Al salir del salón al hall del cine­
matógrafo, el espectador no sabe qué
cosa debe retener en la mente de toda
esta larga exhibición de maravillas: si
es la alegría espontánea y contagiosa
de los bailes tradicionales de la boda,
si es la tenue luz que se filtra a tra­
vés del follaje de los abedules de tron­
co blanco de los montes Urales, si es
el Hada, altiva y hermosa, si son sus
fantásticas galerías subterráneas, o si
es la tierna historia del amor de dos
jóvenes, amor, cuya fuerza supera to­
das las dificultades y 'obstáculos...
La faz decorativa de la película es
tan formidable que casi relega al se­
gundo plano su acción como tal, y eso,
no porque sea ésta defectuosa o ca­
rezca de interés, al contrario: a no
ser por esa prodigiosa armonía de co­
lores, esos juegos de luz y esa deslum­
brante hermosura del conjunto que lo
tiene embelesado, el espectador segui­
ría con fruición la deliciosa historia
del joven tallador de piedras precio­
sas quien, por la fuerza mágica de su
talento, descubre el alma oculta de ca­
da piedra que ve; y de todos modos,

Raimu, Charpin y Josete Dar que
conjuntamente con Fernandel enca­
bezan el reparto de "La filie de
puisatier", producción de M a r c e l
Pagnol que presenta la distribuidora
Transoeean.

"Como tú lo soñaste", que bajo la
dirección de Lucas Dentare ha fil­
mado Artistas Argentinos Asociados,
tiene como protagonistas principales
a Mirtha Legrand y Francisco Petrone, los que aquí aparecen en una
escena de la misma.

resulta conmovedor el ver cómo, tras
los penosos años de aprendizaje, Da­
ndo se enamora de Katia (entre pa­
réntesis, ¡qué dulces bellezas esconde
ese gran país que se llama la Unión
Soviética!), y la abandona luego, mómentáneamente, para seguir los dicta­
dos de su talento y sus impulsos de
artista. Y cómo, más tarde, la fuerzr
del cariño de la muchacha lo devuelv»
al mundo de hombres vivos, rescatán

�cabalgata©
dolo del reino encantado del Hada om­
nipotente.
Ahora bien: la idea central de la
película sí que sobresale de todos los
brillantes atavíos con que la revistió la
fantasía • popular, interpretada con un
gusto irreprochable por el director
Putchko, pues es eterna y siempre
nueva, o, al menos, digna de ser repe­
tida todas las veces que se quiera;
esta idea consiste en lo siguiente: pa­
ra llegar a ser algo, es preciso traba­
jar mucho y saber sacrificarse por su
vocación. Con el talento solo, el hom­
bre no va a ninguna parte; pero con el
trabajo obstinado unido al talento,
puede conquistarse el corazón exigen­
te de la bella Hada de la Montaña, y
contemplar, hechizado, la riqueza ine­
narrable de sus galerías interminables,
vedadas a los mortales.

ADIOS, PAMPA MIA
"Adiós Pampa mía” sirve para pre­
sentar cinematográficamente al "médico
cantor” Alberto Castillo y es el último
estreno nacional importante del año.
Probablemente será un film de éxito y
la espontaneidad de Castillo gana al pú­
blico desde la primera escena.
La presencia de este actor es lo único
bueno de "Adiós Pampa mía”, pero,
desde luego, no basta para redimirla.
Por otra parte, cuando se ha llegado al
nivel de "Adiós Pampa mía”, hasta el
deseo de redención queda aniquilado: el
mundo en que se mueven los protago­
nistas de este film es un mundo fangoso
y blando, lleno de complacencias, de
traiciones previas, de complicidades.
Afirmar esto de una película que quiere
ser una eomeáía musical grata y diver­
tida, que procura causar gracia —y que
superficialmente lo logra— es más trá­
gico que decirlo refiriéndose a un film
que se complazca y busque deliberada­
mente el mundo de la ciénaga. El true­
que de valores —y por cierto que no en
un plano demasiado profundo— es estremecedor en nuestra pujante cinema­
tografía: los temas dramáticos (gene­
ralmente) están empapados de miedo y
de mojigatería. (De una mojigater'a
muy especial, puesto que no se reconoce
a sí misma, como en el caso de "El
ángel desnudo” o de "Safo”, por ejem­
plo.) Y es por lo tanto un argumento
ligero, que pretende ser intrascendente,
donde se defleja la bajeza y la falla
moral de nuestro cine.
"Adiós Pampa mía” fué concebida por
gentes que se creen cosmopolitas y mun­
danas por concurrir al "Richmond” de
Esmeralda a la medianoche: aterra la
•i
y

Mecho Ortiz y Enrique Alrnrez Diosdailo en "Madame Bovary*’.

incapacidad para salir de este mundo.
"Adiós Pampa mía”, que pretende ser
un film ciudadano, es un film de un
provincianismo triste, que ni siquiera
llega a ser lamentable. Es también, en
su misma base, una película esencial­
mente poco argentina.
La confusión de sentimientos de los
protagonistas es tristísima. Tenemos a
un galán que no sabe si quiere a su
novia actual o a su novia antigua; que,
por un momento, parece decidirse por
la muchacha buena cuando su amigo,
virilmente (el amigo está también ena­
morado de la muchacha buena, aunque
decir en este caso quién está enamorado
de quién es bastante difícil), lo acon­
seja que vuelva a su antiguo amor. El
hombre, decidido por el amigo, está a
punto de abandonar a su novia actual
(por la que podíamos suponer que sen­
tía una pasión avasalladora) cuando
ésta regresa y cambia los planes. Un
poco después, un tango o;do por la ra­
dio vuelve a alterar los sentimientos del
galán. Finalmente, el amigo noble y
viril cambia también de dama —sin pa­
recer lamentarlo mucho o darse cuenta
del hecho— y todos terminan felices y
cantando.
Se destaca, entre el mal gusto gene­
ral del film, un ballet sobre la nieve
de un escenario, donde las bailarinas
usan unas pelucas de celofán y corren
con unos velos, recordando insistente y
caricaturescamente a las bailarinas de
"El sueño de una noche de verano”. Se
destaca la insistencia en lo argentino,
que parece privilegio exclusivo —para
los que inventaron la película— de la
esquina de Corrientes y Esmeralda en
los últimos cinco años. Se destaca la
poca agilidad de la cámara, inmóvil y
retratando a los actores de cuerpo en­
tero en muchas escenas. Se destaca, en
el cuadro "Adiós Pampa nva”, un te­
lón de la Pampa en donde se ven unas
montañitas. Se destaca el mal gusto del
vestuario de las actrices, que parecen
estar en guerra a muerte con la sim­
plicidad. Se destacan muchas otras co­
sas, pero, felizmente, Alberto Castillo
canta tangos de una manera divertida,
se mueve bien y actúa naturalmente. Se
nos ocurre que el cine descubre en él a
un buen actor cómico de futuras po­
sibilidades.

M apa

de

Pantallas

Premiado

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por el Club "El Libro del Mes”

DOS R E B E LD E S
E SPA Ñ O LE S
EN EL PE R U

&gt;v&lt;
Vf4
»&gt;.

de la e s c r i t o r a p e r u a n a
ROSA ARCINIEGA
Las vidas de Gonzalo Pizarro ( El Gran
Rebelde”) y Lope de Aguirre ("El Cruel
Tirano” ) —protagonistas de las dos rebe­
liones españolas más trascendentales contra
la Corona de España registradas en la Amé­
rica del siglo xvi— son relatadas en este
libro con un estilo ameno y lleno de gracia.
Un volumen encuadernado en tela de la
"Colección Biografías”, de 440 páginas, S 10.

edito rial sudam ericana
ALSINA 500

BUENOS AIRES

Argentina.
Carlos Schlieper inaugurará la nue­
va productora Emelco: El retrato de
la abuela, argumento de Alejandro Yerbinsky y Emilio Yillalba Welsh.

Jean-Louis Barrauet y Renée St. (,vr,
que con Jeito Marais. Simona Rennnt
y P. Rernard. constituyen las figuras
principales del film francés "La sin­
fonía fantástica'".

Luis Saslavskv dirigirá V n tal Ser
raudo Gómez, para A. A. A.
Bayón Herrera: Lucrecia Borgia, en
E. F. A., con Olinda Bozán y Gloria
Berna 1.
Luis César Amadori: Una mujer sin
cabeza, con Nini Marshall, en Sono.
Christensen: Con el diablo en el cu-erpo, en Lumiton.
Antonio Momplet: La cumpar&amp;ita,
con Hugo del Carril, en San Miguel.
Hugo Fregonese vuelve de Hollywood,
momentáneamente: dirigirá para Alfar.
Al hacerse cargo la nueva productora
Emelco de los que fueron estudios de
Pampa Film, tuvo lugar una brillante
fiesta en Martínez. Asistieron Ministros
de la Nación y la Provincia, altos fun­
cionarios nacionales y el "todo Buenos
Aires” cinematográfico: "estrellas”, ac­
tores, directores, argumentistas, técnicos,
periodistas significados, etc. El señor
Kurt Loewe, presidente de la producto­
ra, pronunció un bello discurso, sincero,
cordial, emocionado.

Raymond Lamy: Espejo, con Jean
Gabin, Georges l'lmer, Daniel Géilin.
Paul Clavel: Bello viaje de amor con
Pierre Richard-Wilm y Renée Saint Cvr.
Jean Delannoy: Tifus, argumentóle
Jean Paul Sartre, con Jean Louis Barrault.
i
Hollywood.
El film inglés Perversa, prohibido p°*
la censura.
Tay Garnett dirige The Bib Eaircvst,
con Alan Ladd.
Fritz Lang: The secret behind thf
door, con Joan Bennet y Michael Redgrave.
Anatol Livak: A time to lili, versión
yanki del film francés Amanece, de
Marcel Carné.

Londres.
' Carol Reed, el director de Temple de
acero, realiza Odd Man Out. con la nue
va actriz Kathleen Ryan, irlandesa, de
veintitrés años.

�© cabalgata

LOGICA VISUAL EL ATENEO" PRESENTA
E

x su adaptación del último libro
de Sommerset Maugham "El filo
de la navaja” para la 20th Century Fox,
el director hace un intenso uso del nueo método y cree así haber realizado
« film técnicamente muy nuevo.
.La idea central de la "lógica visual”
como el director Goulding llama esta
teoría, es la de permitir la casi total
supresión de los cortes, que hasta ahora
parecían inevitables entre las tomas a
distancia y los primeros planos, a fin
de obtener en el movimiento una con
tinuidad completa. Así que. en una es­
cena donde hubiera tres vistas diferen­
tes de un hombre que abre una puer­
ta, luego haciendo unos pasos en la ha­
bitación y por fin sentándose en una
butaca, gracias a la "lógica visual” se
evitan los cortes. Desde el momento en
que el hombre abre la puerta, hasta que
esté sentado, la cámara sigue su des­
plazamiento intermedio,
caminando”
detrás de él, detrás de su espalda y
"sentándose” en el mismo momento que
lo hace el personaje. El espectador pue­
de así seguir la integridad del movi­
miento y obtiene una impresión de con­
tinuidad más perfecta.
Es evidente que el método requiere
una absoluta precisión de parte del cameraman, que debe hacer concordar per­
fectamente los movimientos de su apa­
rato con los del actor. Y también es
evidente que las tomas individuales que­
dan algo alargadas y los gastos consi­
derablemente aumentados.
El método se complica algo más cuan­
do muchos actores se encuentran pre­
sentes v los gestos de algunos de ellos
falsean*completamente la imagen. Goul­
ding cita un ejemplo sacado de "El filo
de fa navaja”.
La escena se desarrolla en un hos­
pital. Ane Baxter está acostada en la
cama. John Payne entra y la cámara
se “sienta” junto con él al lado de la
cama. Durante unos minutos el actor
permanece en la misma situación, pero
la actriz no puede, por cierto, durante
todo el tiempo, quedar inmóvil. Ahora
bien, todo gesto incontrolado, de su par­
te, correría el riesgo de deformar la
imagen, que ya quedaría desplazada. El
prob’ema ha sido resuelto —en este ca­
go— entrenando a las enfermeras a
limitar la amplitud de los gestos de la
paciente ante la cámara, pero sin pre­
venirla de antemano, a fin de que pueda
evolucionar y moverse con toda la na­
turalidad requerida. Para obtener este
resultado, las enfermeras se habían pre­
parado y habían tenido ensayos con
una "falsa” Ane Baxter, y la verdadera
ignoraba en absoluto los cambios que
se habían preparado.
Otro perfeccionamiento técnico, más
reciente, emplea el material de guerra
americano readaptado; los estudios de
Hollywood utilizan las torrecillas de los
ametralladoristas de los bombarderos
B-29, reemplazando a la ametralladora
por una cámara. Gracias a esta inge­
niosa utilización de un aparato de gue­
rra, la cámara puede hacer una vuelta
completa sobre su eje y las posibilida­
des fotográficas son aumentadas y apro­
vechadas con todas sus ventajas. Ade­
más, gracias a la chapa blindada que
protege la torrecilla, los fotógrafos pue­
den ahora filmar explosiones a una
distancia de tres o cuatro metros.
Una tercera novedad ha hecho su
aparición en los noticiosos de cine de
esta semana. Hollywood no siempre ve
las cosas con toda la amplitud que pre­
tende tener. Por ejemplo: partiendo del
I principio que la visión del espectador
r

es siempre falseada por la cámara, George Jenkins, que ha hecho los decorados
para "Los mejores años de nuestra vi­
da”, redujo las dimensiones de sus de­
corados hasta el punto que el especta­
dor puede ver, al mismo tiempo las cua­
tro paredes, el cielo raso y el piso del
ambiente. En una escena de la obra
citada, Teresa Wright y Virginia Mayo,
charlan en un saloncito y la puerta es
tan pequeña que la cámara apenas pod a caber entre los dos límites. El "metteur en suene” seguia las operaciones
desde un agujero practicado en el te­
cho . . .
Los que no tuvieron la suerte de ver
' Lo que el viento se llevó” y que ac­
tualmente deben conformarse con verlo
a Clark Gable en viejos films, donde
los trajes de sus compañeras apenas si
tenían la falda a media pantorrilla, tal
vez piensen que el "Príncipe Encanta­
dor” de la pantalla, el hombre que supo
encontrar la dosis perfecta para ser a
la vez "un áspero” y "un tierno”, ha
terminado la carrera de actor. No hay
nada de eso. Clark Gable ha causado
grandes inquietudes a la Metro, que
durante quince meses ha hecho lo posi­
ble para hacerlo volver a la pantalla...
La semana pasada, Clark Gable ha fir­
mado un contrato según el cual su pró­
ximo film será "Huksters”, adaptación
satírica de una novela sobre agencias
publicitarias y ambiente de radio. No
se puede decir que Clark haya firmado
con entusiasmo... pero no perdió na­
da, puesto que durante todo el tiempo
en que estuvo sin trabajar, cobró su
sueldo semanal, que según los "bien in­
formados’ sube a 7.000 dólares sema­
nales. ..
Ethel Barrymore y Dorothv MacGuire trabajarán juntas en "The Dark Medalion” ("El Medallón Oscuro”) . . Pouglas Fairbanks Jr. tal vez vaya a In­
glaterra el año que viene, donde, no
solamente será protagonista de "Los ca
balleros de la Tabla Redonda” sino que
también pondrá en escena el film ...
Mary Astor, que acaba de terminar "The
Desert Fury”, empezará, para Metro,
"The rich full life” . . . Desde 1942, por
primera vez. .Teannette MacDonahl re­
aparecerá en "Pájaros y Abejas”, film
empezado la semana anterior... Frank
Rinatra prepara una serie de canelones
para niños... Ann Sothern espera pa­
cientemente que la empresa Goldwing
Mayer le encuentre compañero, pero un
compañero que mida 1,90 de estatura,
que ella debe vencer al box en su film :
"Undercover Maisie”.
.. .Y después de todos los proyectos,
como última noticia, diremos que Clark
Gable aparecerá tal vez ert "Antes de
ayer” y en "El regreso 'de Ulises’. . .

SHAKESPEARE ANTE
LA CENSURA
Joseph E. Breen, brazo ejecutor de
la censura previa de Hollywood, ha si­
do interrogado por los periodistas ingle­
ses a su llegada a Londres.
—¿Por qué —se le preguntó— supri­
men de las obras de Shakespeare la pa­
labra ¡Maldito! o ¡Maldición! (&lt;lamn)?
Y el censor yanki, haciéndose el dis­
creto y liberal, pronunció estas pala­
bras, que vienen a enriquecer la vasta
antología de la irresponsabilidad cine­
matográfica :
—No siempre se suprimen. Depende
del texto de que forman parte. Si esas
palabras se pronuncian en un momento
de acaloramiento, no son objetables.

Novedades varias
ROBERTO VILCHE5 ACUÑA

l*! ESPAÑADE LA
' i EDAD DE ORO

K ’i i n t i r f

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HISTORIA DE LA MUSICA
Tomo l v: Música antigua. Mú­
sica unisonal y contrapunto.
Tomo 2^: Música moderna. Me­
lodía acompañada y armonía.
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cuadernados . . . . 8 190.—

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DE ORO
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minas a 2 colores.
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tas (con un comentario preliminar
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tiguo. Con numerosos grabados. En­
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L o p e d e V e c n . — Obras escogidas.
Teatro. Ene.
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minas a todo color. Una obra
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didáctica. Encuad. . 8 20.—

ÍJ. — Obras completas. Encua­
dernado ................................... y « 5 .—
M o n t e i r o L o b a t o . - Las doce’ ha
zanas «le Hércules. L’n tomo ilus­
trado. Ene................................y 5 0 .—
O r t i z E e h i m i i e . J . — España mística.
Con 148 láminas magníficamente
impresas en huecograbado. Prólogo
de Miguel Hirrero García. Encua­
dernado ................................... y 4 5 .—

T á c it o
('. C.
Obras completas.
Ene............................................. y 2 5 .—

.MirA

E c b n i r t i e J . — España, pue­
blos y paisajes. Maravillosa colecc ón de 304 fotografías, muy bien
impresas en huecograbado. Prólogos
de Azorín y Salaverria. Encuader­
nado ............................................ y 4 5 .—
O r t i z E e b n e i i e J . — España, tipos
y paisajes. Con 224 láminas mag­
níficamente impresas en huecogra­
bado, y textos de Ortega y Gasset, Salaverria, Urabayen, Mercadal. Muñoz. San Román y Ortiz
Echagüe. Ene...........................y 4 5 .—
S n in z d e R o b l e s F . C . — Diccio­
nario español de sinónimos. Encua­
dernado ..................................... y 5 0 .—
S n m l J . — Historia de mi vida. Edi­
ción de gran lujo. Cuero . y 5 5 . —

T s c h lf f e ly A. F . — Pon Roberto.
Vida y obra de Cunninghame Craham.
l Tn tomo ilustrado.
Rús­
tica .......................................... y 1.” .—
A i»«le In c lá n H. — Obras comple­
tas. 2 tomos. Ene. . . . y KM».—
V ívft J . A . — Méjico prehispánico.
Cinturas.
Deidades.
.Monumentos,
l'n tomo ilustrado. Ene. . y 5 0 . —

"EL ATENEO”

LIBRERIA
Florida 5 4 0 -3 4 4

e d it o r ia l

- Buenos Aires - Córdoba 2 0 0 0

�Mecha Oftiz y Enrique Alvarez Dios dado, en "Madame Bovan”.

Colaboran en este número:
JEAN-PAUL SARTRE, JULIO RINALDINI, DARDO CUNEO,
JUVENAL ORTIZ SARALEGU1,
ERIC NEWTON, ALLSTON COLE

Futo: Estudios San Miguel.

LEA EN ESTE NUMERO:

El Arte en la Escuela Dr. Gabriel Carrasco
por DE LIA ETCHEVERRY

cabalgata

Conocimiento de Buenos Aires
por JULIO R1NALDINI

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                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
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                <text>Buenos Aires, 14 enero 1947</text>
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                <text>Sartre, Jean Paul&#13;
Cuneo, Dardo&#13;
Ortiz Saralegui, Juvenal&#13;
Etcheverry, Delia&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Newton, Eric&#13;
Rinaldini, Julio&#13;
Stern, Grete&#13;
Allston Cole, Thomas&#13;
Herold, Jacques&#13;
Mabille, Pierre&#13;
Sondereguer, Conrado P.&#13;
Varela, Lorenzo&#13;
González Carbalho&#13;
Mirlas, León&#13;
D'Urbano, Jorge&#13;
Blore, Gizi&#13;
Dumesnil, René&#13;
Villegas López, M.</text>
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                    <text>ANO 1 * N u 6 * QUINCENARIO POPULAR * ESPECTACULOS, LITERATURA, NOTICIAS, CIENCIAS, ARTES * BUENOS AIRES, 24 DICIEMBRE 1946 * $ 0,40

JAURES Y LA REVOLUCION
FRANCESA
JOSE LUIS ROMERO
por

(E special para C abalgata .)

ocos días antes de que llegaran a su
funesto desenlace las maquinaciones
P
que desencadenaron la primera guerra
mundial —en julio de 1914—, Jean
Jaures, jefe del Partido Socialista
francés y exaltado profeta de la jus­
ticia, caía asesinado por el delito de
defender la paz. Sólo tenía entonces
cincuenta y cinco años; adornaba su
rostro una barba abundante, y su ojos
inspiraban una inmediata simpatía
porque se adivinaba que no había en
él sino acendrada devoción por los más
nobles ideales y entrega fiel a las cau­
sas más dignas. Y sin embargo, este
hombre cordial y bondadoso era un
infatigable luchador, y un enemigo en­
carnizado y peligroso para las fuerzas
que se movían oscuramente contra sus
convicciones. En la organización de la
acción política social era prodigiosa su
capacidad para dirigir, y en la tribuna
su palabra se tornaba arrebatadora y su
fuerza de convicción parecía inconte­
nible. No obstante, hubiera sido difícil
hallar en él vestigios retóricos, porque
Jaures era todo sinceridad y era todo
rigor. Quiso vencer con las ideas y
murió por ellas, porque se amalgama­
ban en su espíritu las virtudes del hom­
bre de pensamiento y las del hombre de
acción, pleno de sentido moral. Era un
austero héroe del -deber, este que cayó
como primera víctima de la tragedia
de Europa, en julio de 1914.
Había nutrido su espíritu con las más
difíciles disciplinas; conocía a fondo
los problemas filosóficos, y llevó al es­
tudio de las cuestiones sociales el rigor
propio de las aulas. No carecía del
patitos humano frente a la dura reali­
dad, pero prefirió ordenar sus senti­
mientos dentro del cuadro de las ideas
para alcanzar la eficacia que deseaba;
por eso se lanzó a la indagación de las
raíces históricas del movimiento que de.
bía conducir, y fruto de ese esfuerzo
fué su H istoria socialista de la R evo­
lución Francesa (*).
El tema había merecido ya la aten­
ción de muchos historiadores. Mignet
y Thiers primero, Louis Blanc y M¡chelet más tarde, Taine luego y, fi­
nalmente, Aulard habían ahondado en
diversos aspectos del proceso y habían
tratado de sistematizar su desarrollo.
Pero Jaures estaba convencido de que
esas interpretaciones eran insuficien­
tes; él quería hacer una historia "so­
cialista”, esto es, una interpretación
realizada —como él decía— "desde el
punto de vista de su concepción gene­
ral de ia sociedad y de la vida”. Más
de un historiador celoso de la objeti­
vidad de la ciencia histórica le reprochó
su propósito, pero supo defender su
doctrina con sólida argumentación, apo­
yándose en la necesidad de renovar el
punto de vista con el auxilio de las
experiencias adquiridas. El , tiempo
—pensaba Jaures— había permitido
que se manifestara lo que antes perma­
necía escondido, y se podía ahora ras­
trear cómo se preparaba en el hondo
seno de la historia lo que luego habría
de ascender hacia la luz.

Su punto de vista estaba dado por su
propia militancia; pero esa militancia,
a su vez, era el fruto no sólo de sus
impulsos espontáneos sino también de
sus estudios y sus meditaciones. Jaures
consideraba que la Revolución Fran­
cesa había creado las condiciones de
posibilidad para el desarrollo del prole­
tariado como fuerza política y social,
porque sólo la democracia podía facili­
tar el ascenso y la dignificación de las
masas. De esa convicción provenía su
interés por el movimiento burgués de
1789, que él estudió sin sustraerse a
los embates de la lucha: "En plena lu­
cha —decía con orgullo— he escrito
esta larga historia de la Revolución
hasta el 9 Thermidor: lucha contra los
enemigos del socialismo, de la república
y de la democracia; lucha entre los
socialistas mismos sobre el mejor méto­
do de acción y de combate. Y cuanto
más avanzaba en mi trabajo bajo los
(C ontinúa página

2.)

en

Colaboran
este n ú m ero :

JOSE LUIS ROMERO
JEAN-JACQUES GAUTIER
ESTELA CANTO
ROCHAT-CENISE
GABRIEL LACOMBE
FRANQOIS VARETZ
JORGE ROMERO BREST
RAYMOND COGN1AT
CHARLES K 1 N G A N A M. BERRY
ROMUALDO BRUGIIETTI
LEANDRO VAILLAT
LUIS MARIO • E. V. COWDRY
DANIEL DEVOTO
SIMONE BOISECQ
PAUL CHENNEVIERE
J. L. DARNETAL • J. TEDESCO
M. VILLEGAS LOPEZ
ESTEBAN SERRADOR
LEON MIRLAS
JORGE D’URBANO
GONZALEZ CARBALHO
l'n a página de ciencia, por
JOSÉ OTERO ESPASANDIN
Una página de m odas, por
FRANCISCO JAUMANDREU
Ajedrez, p o r el profesor
FRANCISCO BENKÓ
R eportajes gráficos. Crítica de
libros. Critica de cine. H um or.
T e a lro .

MIS ULTIMOS D IAS DE
JEAN-JACQUES GAUTIER
C A N D ID A T O
por

(P rem io G o n c o u rt 1946.)

(Especia! para C abalgata, de A . F. P .)
ntkkiujm po

mis "Asesinos dj agua

I dulce” para ponerme a escribir el
artículo más amargo de toda mi exis­
tencia, ya que se llamará, según las
circunstancias, "Impresiones de un
premiado” o "Impresiones de un recha­
zado”. Aun peor: si no logro el pre­
mio el artículo no pasará: copia con­
dicional como la que "en caso d e . . . ”
me pedía un diario esta m añana...
Cuando pienso en que los demás con­
currentes se ven reclamar, al mismo
tiempo, la misma crónica en trance
como yo me encuentro ahora de hojear
nerviosamente sus cuentos inéditos, sus
novelas rechazadas y que trabajan, lo
mismo, al acar . . . con el corazón en la
boca, como yo, al par que con la con­
vicción de que el hecho de firmar el
artículo les va a conceder el premio.
27 de noviem bre.

Es odioso: no veo un camarada que
no se precipite hacia mí con la mano

Jane R usiell, de la M. G. M., considerada la actriz de máa "Pin u p " de la tem porada,
y que, al parecer, p refiere veranear en el campo.

Curiosa fotografía en que aparece el "Pibe Ernesto” , tom ada en 1903. (Véase páginas 12 y 13.)

extendida gritando: "¡Ya está, es cosa
hecha!... Parece que .. . He Teído
e n . . . Fulano me a seg u ra ...” ¡Cuan­
tas cosas saben!... Qué suerte la
suya!. . . No actuarían de otra forma
si hubieran jurado verme cambiar de
color... Pienso en la cara que pon­
drán y que pondré yo el lunes por la
tarde, y el lunes por la noche, cuando
les vuelva a ver y sea otro quien se
haya llevado el premio.
28 de noviembre.

No creáis en modo alguno, no creáis
jamás, en la serenidad olímpica del es­
critor joven que no quiere el premio
ni espera nada de nadie. Es imposible
no sentir una cierta aprensión cuando
se oye pronunciar el nombre propio
por adelantado con una cierta insis­
tencia.
^ o paso del: "No es posible, sería
demasiado bueno...” al: "Después de
todo... ¿quién sabe?” Luego, me digo:
nunca saqué demasiados premios en el
colegio, en Dieppe, ni tampoco en el
Liceo de Laon, y pienso en mis profe­
sores: Maurice Guigot, Raoul Stephane; recuerdo que no me clasificaban
el primero más que en lectura y reci­
tado, y - eo ante mí a Antoine Yineent
que me derrotaba en francés; no, de­
cididamente las competiciones no son
mi fuerte.
Cuando antaño reí viendo "Acaba de
aparecer” de Edouard Bourdet, estaba
lejos de creer que reía ante una tra­
gedia.
v
Alguien me ha dicho: "No haga
nada, no se mueva, y, sobre todo, no
cometa equivocaciones ” Qué equivoca­
ción puedo hacer. Un poco más y des­
de hoy evitaré hasta el pasar delante
de Drouant.
I n cronista me acaba de telefonear:
—Evidentemente no es seguro, pero
hay probabilidades.
—¿Probabilidades...? ¿Basta con
probabilidades?
Sigue:
—Yo, en tu lugar, le diría a mi edi­
tor que pusiera las máquinas en marcha.
Hay que estar preparado
Jamás me atrevería a pedirle a Julliard que prepare una tirada especial.
Que le haga él,si eso lo divierte. Arries­
garse es, en cierto modo, su ^oficio; yo
no quiero meterme por nada del mun­
do en la orden que hará arrancar las
rotativas. Ya me veo el lunes, después
de comer, encontrándome con Julliard,
cara a cara, con el porte cohibido con
que me presentaba ante mi padre des­
pués de no haber podido pasar mi filo­
s o f í a . . . ; y él, con sus pilas de volú­
menes de clavo bajo el brazo.
Si aunque sólo fuese pudiera dejar
París por quince horas y volver cuando
todo se haya olvidado... "No te equi­
voques”. . . Quizás esto sería una equivocaeión. . .
"Favoritos al Goucourt: X y Z . . . ”
¿Y? ¿Y y o ? . . . ¿Yo no soy favo­
rito ? . . .
Llego al diario. Un chico me tiende
(C ontinúa página 2.)

�LETRAS
J ORGE
DISCOS

cabalgata®
JAURES
Y LA REVOL UCI ON
FRANCESA
(V ie n e

de página

1.)

fuegos cruzados de esta batalla, más se
afirm aba mi convicción de que la de­
mocracia es, para el proletariado, una
gran conquista. Es juntamente un medio
de acción decisivo y una forma tipo según
la cual las relaciones económicas deber,
ordenarse como las relaciones políticas.
De ahí la alegría con que he notado la
ardiente corriente de socialismo que salía
como de un horno de la Revolución y de
la democracia.”
Los nuevos moldes de la vida social no
eran, a sus ojos, fruto del azar. Se ha­
bían constituido por la fuerza de las
cosas a lo largo de un vasto proceso cu­
yas etapas diseña Jaurés en páginas de
altísimo valsr. Lo que se logra en el pe­
ríodo comprendido entre 1789 y 1848 cons­
tituye el punto de partida para la etapa
que transcurre entre 1848 y 1871. Enton­
ces se abre una nueva era de lucha
—aquella en que luchó Jaurés con su­
prema energía—, y en ella, en sus rasgos
predominantes y en sus tendencias funda­
mentales, aprendía el historiador a ras­
trear lo que hab'a comenzado antaño y
había pasado |inadvertido durante mu­
cho tiempo. Bajo esa luz, el movimiento
proletario quedaba iluminado hasta en
sus raíces y ponía de manifiesto su im­
pulso inicial y el signo de su marcha.
P ara renovar la visión del problema de
la gran revolución, Jaurés contaba, ade­
más de su experiencia de los problemas
económicos y sociales, con el auxilio del
método dialéctico. Espíritu riguroso, nin­
gún documento de los que ya se conocían
escapó a su examen. Reconocía, cierta­
mente, que faltaban muchos materiales
para su interpretación económicosocial,
pero afirmaba que no eran de! todo insu­
ficientes para replantear el problema so­
bre nuevas bases, destacando lo que hasta
entonces no había sido suficientemente
analizado. Poseía un instrumento nue­
vo: el método dialéctico; Jaurés se pro­
puso emplearlo, pero no quiso encastillar­
se estrechamente en una doctrina -de la
mera determinación económica, que con­
sideraba inapropiada deformación del pen­
samiento de Carlos Marx realizada por
los que llamaba "intérpretes mezquinos”
del maestro. Jaurés quiere agilizar el
método. "Los hombres —decía— tienen
una diversidad prodigiosa de pasiones y
de ideas, y la complicación casi infinita
de la vida humana no se deja reducir
brutal y mecánicamente a una fórmula
económica.” Nada le fué ajeno: ni el
hambre del pobre, ni su virtud, ni su li­
bertad. De esta grandeza de s u ' visión,
que no era sino su propia grandeza, pro­
viene el aura de renovación que recorre
las páginas de su obra.

po r

fallecido hace poco en Nueva York,
Bcla Bartok quien realizó, en compa­
ñía de la otra gran figura de la músiek
moderna húngara, uno de los más porten­
tosos intentos de recopilación y clasifi­
cación de música folklórica. Llegaron a
reunir, cuidadosamente anotadas y estudia­
das, más de 6.000 melod’as de la música
popular magyar, eslovaca, transilvana y
rumana. Los resultados de esta investiga­
ción fueron consignados en un libro que
publicó la Universidad de Oxford y la
obra del primer período de este composi­
tor sufrió, como no podía ser de otro
modo, la influencia de esa música reco­
gida en tantos años de trabajo y en las
más diversas circunstancias. A tal época
pertenecen las "6 danzas folklóricas ru­
manas” que Yehudi Menuhin ha grabado
en una excelente versión recogida con es­
crupulosa fidelidad por los técnicos del
perrito. Es ejemplar este disco (HMV
6.178, 2 faces de 30 cm.) que puede servir
como patrón de la moderna técnica de la
grabación y donde la perfección del so­
nido, la captación del "vibrato” y por su­
puesto, la alegre o melancólica belleza de
las danzas, han sido expresadas con parti­
cular exactitud. El acompañamiento del
piano se debe a Marcel Gazelle y el arre­
glo de las danzas, escritas originalmente
para piano, a Szekely.
Victor nacional presenta este mes dos
importantes álbumes: el "Concierto para
piano y orquesta N9 4” op. 58 de Beqthoven, con Arthur Schnabel como solista
acompañado por la Orquesta Sinfónica de
Chicago dirigida por el fallecido Frederik Stock (DM 930, 8 faces de 30 cm.), y
la "Sinfonía N9 98” (inexplicablemente
llamad» "El milagro”) de Haydn, ejecu­
tada por la Filarmónica de Viena condu­
cida por Bruno Walter. (DM 885, 6 faces
de 30 cm.)
Arthur Schnabel nació en Polonia, estu­
dió en Alemania y vive en Inglaterra. Los
ingleses, que le profesan adoración, lo con­
sideran un artista británico (hace 250
años que dicen lo mismo de Haendcl). Los
norteamericanos le han presentado alguna
vez reparos no muy consistentes (por
ejemplo que no le gusta Tchaikowsky, lo
que llegará a ser penado por la ley en

H

a

los Estados Unidos), pero el mundo entero
lo reconoce como uno de los pianistas más
completos, personales y auténticos del mo­
mento. Su especialidad es Beethovcn, lo
que no le impide interpretar a Mozart
como pocos. Para los amantes del disco
es un viejo conocido pues ha grabado la
obra casi completa del maestro de Bonn.
Su versión de este concierto, uno de los
más hermosos de la serie de cinco, es de
nna fuerza y densidad poco frecuentes y
ha sido grabado, especialmente el primer
movimiento, con excelente calidad. El lec­
tor recordará que existe otra célebre ver­
sión de esta obra realizada por Gieseking
(el pianista alemán que ha llegado a ser
el más grande intérprete de Dcbussy en
la actualidad). Sobre las bondades de una
y otra interpretación ha corrido mucha
tinta y es uno de los puntos más discuti­
dos por los críticos del disco. Personal­
mente creo que desde el punto de vista
de la técnica de la grabación, la edición
de Schnabel es con mucho superior a la
de Gieseking pero, desde el punto de vista
interpretativo estimo que una y otra po­
seen calidades y virtudes propias que ha­
cen difícil una elección. Schnabel es más
impetuoso, directo y convincente; Giese­
king es más pulcro, más justo y tan pro­
fundo como el primero. Son dos visiones
distintas y sin embargo verdaderas de la
misma obra. En el último movimiento la
versión de Schnabel se resiente algo por
la rapidez excesiva que le imprime en el
afán de culminar en una síntesis de ritmo
y brillantez, dos cosas que Gieseking ob­
tiene sin alterar un instante el equilibrio.
En cuanto al segundo movimiento, del que
Schnabel saca el más grande partido como
expresión de elegiacos sentimientos y en
el que se extiende, seducido por la ampli­
tud y magnificencia de la frase, Giesekin observa con impecable justeza la indi­
cación expresa de Beethoven: "andante
con moto”.
La sinfonía de Haydn grabada por
Bruno Walter no hace sino reiterar el
juicio tantas veces expresado sobre la
autoridad estilística de ese gran maestro
de la batuta. Pertenece esta sinfonía a
la serie de las llamadas "londinenses” pues
fueron escritas en Londres, a raíz de uno

D’U R B A N O
de los viajes que hiciera Haydn, y a pe­
dido de un empresario llamado Salomón.
Este conjunto de sinfonías (son seis) cons­
tituye uno de los aportes de mayor enver­
gadura a la definitiva fijación de la for­
ma. En ellas ya está casi completo Mo­
zart (lo que falta es naturalmente Mo­
zart) y presentan, por esta misma razón,
una serie de inconvenientes de estilo que
sólo una gran autoridad puede salvar.
Walter, que cuenta en esta ocasión con la
orquesta de más prestigio del mundo, con­
sigue crear un clima de impecable justeza.
Hace muy poco, Toscanini grabó la N9 98,
también de esta serie, y puede decirse
sin temor que Walter raya a tan grande
o mayor altura que la del genial italiano.
Por desgracia la grabación del segundo
movimiento (tercera faz) tiene un defecto,
que se repite en los seis ejemplares que
he escuchado, a lo largo de todo el disco
y que desfigura la pureza del sonido. El
resto es bueno sin ser extraordinario.
Columbia nacional ha dado la batalla
del mes con una estupenda versión or­
questal del "Vals Mephisto” de Liszt
(C. 266.488-89 3 faces de 30 cm.) inter­
pretado por la orquesta Filarmónica de
Londres dirigida por Félix Weingartner.
Para los que gusten de los ritmos de vals
y al mismo tiempo de las fantasías e ima­
ginación ljsztianas les recomiendo esta gra­
bación que se complementa en su cuarta
faz con la obertura de "Las ruinas de
Atenas” de Beethoven. Por lo demás e.
"Mephisto Vals” es ya muy conocido a
través de las ejecuciones de los virtuosos
del piano y puede hacerse así una intere­
sante comparación sobre los valores de su
traducción a la orquesta. La grabación
es meritoria y el solo de flauta con que
finaliza el vals ha sido captado con bas­
tante justeza.
Para aquellos que deseen oír el piano
solo, Columbia ha publicado la versión de
la sonata N9 28 op. 101 de Beethoven in­
terpretada por Gieseking con una calidad
difícil de superar. La obra (con justicia
se la considera entre las "grandes sona­
tas”) es tan reveladora del carácter
beethoveniano como la que más. La gra­
bación es excesivamente seca y vibrante.
(C, 266.590-91, cuatro faces de 30 cm.)

CHILE

SUMARIO DEL NUMERO 5
S obre la elocuencia de las asam ­
bleas y congresos, por George Duhamel. E spaña en su historia , por
Américo Castro. V ariaciones pari­
s ie n s e s , por Corpus Barga. Crítica
LITERARIA Y CRÍTICA RELIGIOSA, por
Roger Bastide. L a ronda de no­
che , LA FAMOSA OBRA MAESTRA DE
REMBRANDT, NO ES LA RONDA DE
noche , sino de DÍA, por Antonio
Schmitz. Zizi L atour, descendiente
DEL GRAN RETRATISTA QUINTIN LATOUR, ES UNA HÁBIL FALSIFICADORA DE
GRANDES MAESTROS MODERNOS, por
Gastón Bertrand. A rquitectura y
espacio , por Conrado P. Sondereguer.
E l problema actual del cáncer, por
E. V. Cowdry. L as dos botellas de
condimento , por Lord Dunsany. E l
DILEMA DE BERNALDO DE QüIRÓS, por
Julio Rinaldini. S egundo centena ­
rio DEL NACIMIENTO DE DON FRANCIS­
CO de Goya y L ucientes , por Felipe
Arcos Ruiz. E l testamento psico ­
lógico de G ertrude S tein , por
George Sinclair. F rancis A mbriére,
por Jean Queval. H. G. W ells , por
Norman Nicholson. L a vida de F alla
en SUS últimos tiem pos , por Jaime
Pahissa. E l balconcito de la A n tequeruela A lta , por José Mora
Guarnido. E n la exposición de p in ­
turas de H éctor S garbi, por Jesualdo. L ibros y bibliotecas en
Moscú , por Jean Champenois. E l ci­
ne egipcio , por S. Critti. E l padre
tranquilo , por Jean Tédesco. E x ­
posiciones de arte, por Romualdo
Brughetti. U na página de ciencia ,

a cargo de José Otero Espasandín.
E strenos , por M. Villegas López.
Cine argentino , por Estela Canto.
U na página de modas, por Jaumandreu. A jedrez , por Francisco Benko.
Crítica literaria , por González Carbalho. M úsica . T eatro. Crónicas.
H umor

Caricaturas. Correspon ­
dencia de F rancia , Chile y E sta ­
dos U nidos , etc.

Este número incluye, impresa apar­
te, la L ámina N* 5, que representa
el cuadro de D omenico T heotoooPUU, EL Greco, "/Son Jerónimo".

IMPRESO EN ARGENTINA

(V iene de página 1.)

"Le Littéraire”. Me entero de que tengo a
Leo Larguier y Rosny de partidarios re­
sueltos.
En suma, si comprendo bien, eso suma
dos votos. ¡Basta de pronósticos y pUn.
tajes! Salgo deshecho, Robinet me anima
Ravon me habla de otra cosa.
— ¡Gracias R av o n !...
Durante la comida, cuento que un pe.
riódico me ha pedido un artículo "sobre
la vida y la novela”, para el martes
Tengo muy escasa idea de la vida y nin”
guna absolutamente sobre la novela. Es­
toy perdido.
Mi mujer se sobresalta:
—Y aun adm itiendo... No lo dirán al
día siguiente. . Eso tendrá el aspecto de
preparado.
Alzo los brazos al cielo y busco entre
mis recuerdos:
—Me parece que Bory lo ha hecho siem­
pre. . .
—jQuién es Boryl
¡ Desanimador!
Parece ser que el editor visitará al im­
presor esta tarde. ¡ Peor para él! Me lo
figuro ya sentado en Pensador de Rodin sobre un pedestal de "Hechos diver­
sos”, completamente nuevos con la banda
del Goncourt sin que sea cierto.
29 de noviembre.
Teléfono, teléfono, teléfono.
{ F o to s!... {B iografía?...
Es necesario hacer todo "como s i . . . ”
Falsa vergüenza. Observo la sonrisa de
mi secretaria a quien entrego estas hojas
tan parecidas a una necrología.
¡Esperen! Esto no ha terminado: el
editor quiere saber dónde estaré, dónde se
me podrá agarrar inmediatamente después
de la proclamación del resultado. ¡Pen­
sar que seremos cuatro o cinco los que es­
peraremos, cada uno en su escondite un
telefonazo al que acudiremos con temblo­
nas piernas!
En cualquier caso, el lunes se comerá,
ignoro dónde, pero siempre fuera de casa,
ni entre amigos ni en casa de mis suegros.
Sería siniestro un tal almuerzo de condo­
lencia. Pero tampoco en casa: siempre en
un restaurante: eso reanim ará...
{En el Drouant acaso?
¡Sería gracioso!
1° de diciembre.
Sombrío domingo.

(1 ) E ditorial Poseidón. B uenos A ire s, 1946.

*** De las exposiciones de la quincena se
ha destacado la exposición que Pedro Lo­
bos ha celebrado en la sala del Ministerio
de Educación a su regreso del Brasil. La
crítica ha dicho: "Pedro Lobos es uno de
los jóvenes pintores chilenos de más sun­
tuoso y rico estilo pictórico.”
*** En la Sala Séneca ha expuesto la
pintora Chela Lira un conjunto de óleos
y acuarelas. En la Universidad se ha
celebrado la exposición de dibujos infan­
tiles, que, procedentes de "I.a Nueva Es-

MIS ULTIMOS DIAS
DE CANDIDATO

Jean-Paul Sartre (en el centro) en el teatro Antoine con Michel Vitold y Marie Olivier.
cuela”, van a ser exhibidos en distintos
países del continente. La crítica se ha
ocupado con elogio de estas dos exposicio­
nes.
*** Gran resonancia ha tenido la exposi­
ción de Pintura Chilena Contemporánea
organizada en Colombia y Perú por el
Instituto de Artes Plásticas de la Univer­
sidad de Chile.
*** Fué inaugurado en el Palacio de la
Alhambra el Décimo Salón Oficial de
Fotografía.
*** Sobre "Agonía y límite del pensa­
miento existencial” disertó el profesor don
Mario Ossés en la Sala de Conferencias
de Ja Casa Central de la Universidad
de Chile.
*** En el Aula Magna de la Universidad
Central habló el novelista Mariano Latorre
sobre "La novela colombiana”.
*** Una de las experiencias más intere­
santes sobre la difusión de la cultura
artística se está celebrando con los con­
ciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional
en los jardines y parques de Santiago.
A estas audiciones al aire libre asisten
enormes muchedumbres, silenciosas y aten­
tas.
*** Con éxito considerable ha sido estre­
nada en el Teatro Imperio, por la compa­
ñía que dirige el actor Alejandro Flores,
la comedia de Alejandro Casona "Las
tres perfectas casadas”.

ESTADOS UNIDOS
*** Esteban Francés, pintor español, ha
inaugurado su segunda exposición en los
Estados Unidos.
*** Jacques Falcou, enviado a América
como emisario de relaciones culturales de
Francia, expuso entre el 15 y 26 de octu­
bre, sus cuadros en la galería Castairs.
*** El Museo de Arte Moderno de Nueva
York, se acaba de enriquecer con nueve
pinturas y tres esculturas añadidas a su
colección permanente. Ellas son "Lección
de piano” de Matisse, "San Antonio” de
Jesper, "Los jugadores de cartas” de P i­
casso, "Eitmo de danza rusa” de Van
Doesburg, dos cuadros de la primera gue­
rra de G. Grosz, un alabastro de Laurent y otras obras contemporáneas.

CORRESPONDENCIA
*** En el Carnegie Hall, el violinista
William Primóse ofreció dos obras com­
pletas: la sonata de Darius Milhaud, ba­
sada sobre temas del siglo xviii y una
especie de "suite” compuesta de elegía,
vals y tocatta de Arthur Benjamín.
*** También en el Carnegie Hall ofreció
un concierto la joven violinista Miriam
Solovieff, dedicándolo al compositor ruso
Vassarion Shebalin, más conocido entre
los estudiantes de música que - entre los
aficionados. Los cr ticos señalaron la sen­
sibilidad y la eficiencia técnica de la con­
certista, que se manifestó en los "solos”
de violín.
*** Se representan actualmente en New
York: "El abanico de Lady Windermere”,
de Oscar Wilde; "La duquesa de Malfi”,
de John Webster, y "Lysistrata”, de Gilbert Seldes, todas ellas por los más gran­
des actores y actrices de la escena neoyor­
quina. Elizabeth Bergner es la protago­
nista de la segunda de las obras mencio­
nadas.
*** Se dice que la temporada 1946-1947
será la estación más activa de danzas que
jamás haya visto New York. Las compa­
ñías de ballet están preparándose activa­
mente. En Massachussets (en el centro
de danzas Ted Shawns) se presentó el
"Lamento, por Ignacio Sánchez Mejía”,
basado en el poema de García Lorca,
que ahora será llevado a New York.
*** La editorial Knopf acaba de publicar
la autobiografía de Bruno Walter "Theme
and Variations”.
*** Julián Messner publica la vida de
Paul Robeson, por Shirley Graham, cuyo
último capítulo tiene lugar en Barcelona
durante la guerra española.

FRANCIA
*** La UNESCO ha organizado en la Sorbona una serie de conferencias a cargo
de los más altos prestigios de la intelectua­
lidad francesa actual. Estas conferencias
han despertado una gran espectación e
incluso un entusiasmo extraordinario y es­
tán llamadas a tener profunda repercusión
en los medios intelectuales franceses.

Con pocos días de intervalo, han com­
parecido en la tribuna de la Sorbona, los
dos maestros innegables del joven pensa­
miento francés: Jean-Paul Sartre y André
Malraux. Los dos para hablar de los
temas morales más candentes de nuestro
tiempo. Y han hablado ante un aula archiIlena, en la que había que penetrar a
fuerza de puños, y en medio de un pú­
blico verdaderamente selecto, formado por
todo cuanto actualmente cuenta en la vida
literaria francesa, por profesores y por
estudiantes. Han sido aclamados con un
fervor y un delirio impresionantes. Las
conferencias fueron presididas por dos
grandes intelectuales ingleses: Stephen
Spender y Julián Huxley.
Sobre Sartre, dejemos la palabra a
Claude Mauriac, que ha escrito en "Le
Littéraire” lo siguiente:
"Desde las primeras palabras y sin que
la serenidad de sú _voz unida pueda ofre­
cer duda, M. Sartre nos introduce en lo
más profundo de su profundo tema: la
responsabilidad del escritor. El patronato
de las Naciones Unidas no le impide nada,
porque no se cree obligado a ninguna pre­
caución oratoria para denunciar los aten­
tados a la libertad y a la justicia que
siguen envenenando la tierra de los hom­
bres. Un negro es linchado en los Estados
Unidos; cien mil alemanes son deportados
a la URRS; la abominación es la misma
de una y otra parte; el número de vícti­
mas no cambia nada, y. nosotros somos
todos por nuestra parte responsables, nos­
otros que escribimos, nosotros que osamos
escribir sobre otras cosas que sobre estas
infamias. El hemiciclo entero se estreme­
ció. .. Este verbo lúcido echó su dura cla­
ridad sobre la responsabilidad de nuestra
generación que seguramente será comba­
tida cuando pasen cincuenta años con este
anatema: ha visto venir la mayor catás­
trofe de la historia sin haber hecho nada
por impedirla."
André Malraux había elegido como tema
de su conferencia "El hombre y la cul­
tura”. El contenido de su tesis apasionó
febrilmente a sus auditores, pero también
el fervor, el nerviosismo alucinado con que
desarrolló sus ideas. Debutó de la misma
manera que un toro entra en la plaza.
Sus primeras palabras estallaron ardien­
tes, apasionadas, casi demasiado violentas,
haciendo vibrar el micrófono desbordado.

"De pie en su pupitre, por encima del
cual vuelan febrilmente sus manos, nos di­
rige las primeras palabras de esperanza
que hemos oído desde hace años. Y claro
está, es de la desesperanza de dqnde na­
cen.”
Es un hecho, dijo Malraux, ilustrando
su demostración con ejemplos sacados de
la historia del arte, es un hecho que las
civilizaciones desaparecen unas tras otras
y que, con cada una de ellas, sucumbe
una concepción del hombre de la que la
cultura triunfante nada conserva. Pero
de este naufragio subsisten siempre algu­
nos magníficos restos que aunque se ma­
nifiestan por una cierta idea que, en cier­
tas circunstancias, de una cierta época, el
hombre se hacía de sí mismo, declaran
también por el hombre inmortal. Nuestra
tarea más urgente —y que no será menos
fecunda aunque tengamos que desaparecer
pronto— debe ser confrontar estos restos
patéticos. Si al hombre, más ahora que
nunca, no le queda más que el hombre, el
único peligro es perder esta única boya.
La Europa de hoy no está más destrozada
ni más sangrienta que nuestra fisonomía.
Pero si algunos creen desde Nietzsche que
Dios ha muerto, el hombre, por su parte,
aunque muy atacado, está todavía de pie.
Que nuestro esfuerzo sea restaurarlo con
los medios de que disponemos.
Las dos conferencias de estos maestros
del joven pensamiento francés están lla­
madas a promover gran debate y discu­
sión.

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Rosario 201
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REDUCI D
No 3205

CONCESION

BOLETIN D E SUSCRIPCION
E l señor

(X N LETR A D E IM PR ENTA)

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se suscribe a C A B A LG A 7 A P&lt;* *
período de un año* seis meses y al cjt o
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postal a su orden.
* T a c h a r la condición que no •« utilice.

IMmsTA AMOMOW”
cO*DORA w®

�a s i como a veces un acontecimiento se_/\_cundario y a menudo inadvertido,
constituye el signo precursor de grandes
cambios económicos y sociales, en oca­
siones también, un hombre consigue re­
presentar y sintetizar, por sí solo, toda
una época. Brasil ha conocido reciente­
mente ambos fenómenos y hay que sub­
rayar que en ambos casos, el honor de
haberlo logrado, pertenece a los intelec­
tuales, cosa esta que en estos tiem ­
pos de politicismo y militarismo, es una
alegría.
Un pequeño acontecimiento —el Con­
greso de Escritores Brasileños celebrado
en San Pablo en 1945— fué el signo de
alerta sobre la caída de aquella dictadura
"sui generis” —patriarcal y despreocu­
pada— de Vargas, que debió su m ante­
nimiento en el poder tanto a la fuerza
como a la inacción, y que por lo demás,
tan caro costó a la nación por su amordazamiento del pensamiento en todas sus
formas de expresión. En plena dictadura,
cuando toda manifestación de libertad
constituía un peligro para cualquiera que
fuere, los escritores de todas las tenden­
cias —católicos y stalinistas, trotskistas, etc.— se atrevieron a lanzar un
manifiesto tan valiente como sintético.
Semejante manifiesto no fué el primero,
pero sí el más eficaz azadonazo dado has­
ta el momento al imponente edificio del
poder absoluto. Una vez más el pensa­
miento iba a vencer la espada, y a p artir
de aquel momento, la dictadura habría
de deslizarse por la pendiente que la iba
a hacer desaparecer en una revolución in­
cruenta.
No fué ciertamente ni aquel Congreso,
ni la intrépida campaña de prensa que
le siguió quienes derribaron a la dicta­
dura. Otras causas, tanto internas como
externas, contribuyeron a ello. El mérito
que les- corresponde a los escritores y pe­
riodistas —no el menor, por cierto— , es
el haberlo presentido y manifestado con
bastante antelación.
El amordazamiento de la palabra, es­
crita o hablada, la colocación de la pren­
sa bajo un uniformismo monótono de no­
ticias y comentarios, la ausencia de crí­
tica y —esa plaga de las dictaduras— ,
lo pobre de los elogios de encargo, de los
ditirambos infantiles, de los burdos pane­
gíricos engendra automáticamente la anee
dota , la ocurrencia, el juego de palabras,

UN HUMORISTA BRASILEÑO
por

GABRIEL LACOMBE

el disparate que, bajo su aspecto inocen­
te oculta un gesto de rebelión o un fu sti­
gante juicio contra sí mismo. De despre­
ocupado, burlón, chistoso, se transform a
en sarcástico y personal. Ya que bajo las
dictaduras no solamente se fustiga al
carcelero, sino que uno llega a juzgarse
a sí mismo con severidad, Es ésta, indu­
dablemente, una forma de evadirse de la
cobardía colectiva al par que una valien­
te autocrítica en la que el hombre amante
de la libertad, no vacila en medir su des­
ilusión moral ante su propia pasividad
bajo la arbitrariedad y la violencia.
Bajo el régimen de Vargas, la anédocta deja de ser picante, atrevida o a ma­
nera de válvula de escape, para conver­
tirse en mordaz, sarcástica y hasta cruel.
De recogerlas —y es una lástima que
nadie lo haya hecho—, podrían llenarse
libros de ellas. Tal cosa representaría una
valiosa aportación a la leyenda de la his­
toria y hasta a la historia pura ya que
así se habría conservado la atmósfera de
la época, el "clima” o ambiente, como
suele decirse. . . Así podrían comprobarse
las asombrosas similitudes existentes —y
que no son sino raramente adaptaciones—
con las anédoctas murmuradas en los de­
más países que han conocido el imperio
de un solo hombre o de un solo partido,
partido siempre tan único que fatalmente
terminó por convertise en una banda,
pandilla o "gang”.
Al ser la dictadura, por su propia na­
turaleza, el terreno abonado para la anéc­
dota política, las frases de doble sen­
tido, los juegos de palabras por for­
zados que sean, era lógico que un humo­
rista llegase a adquirir una importancia
tan grande como la que ha llegado a ocu­
par en la imaginación pública brasileña
el "Barao d’Itararé”. Este hombre, que es
más bien un trágico, ha sabido luchar a
su modo —que no es en manera alguna
el menos eficaz—, contra la dictadura.
Su diario, tantas veces suspendido, deja­
rá a la posteridad, en sus columnas rezu­
mantes de ironía, a las que el tiempo al­
terará un algo, pedazos y girones de esos
años atravesados por el Brasil, que no

E N T R E V I S T A CON
M A R I A ROSA OLIVER

(Exclusivo para Cabalgata, de A. F. P.)

eran sino años atormentados a los que el
velo de una falsa tranquilidad policial
tratab a de cubrir.
Puede decirse, sin forzar la expresión,
que el "Barao d’Ita ra ré ” representad una
época. Es posible que si aquélla no hu­
biese sido tan difícil su humor hubiera
pasado inadvertido. Ya que si es un
hombre que sabe reír, en el fondo, es
un sociólogo a su manera. Y no es sino
su gran amor a la humanidad, al hom­
bre, lo que le impulsó a iniciarse en su ya
larga carrera de humorista.
Con motivo de una encuesta sobre los
diez mejores libros sobre historia del
Brasil, un profesor, que no es ningún hu­
morista señaló entre ellos "La Nueva po­
lítica del Brasil” que es una recopilación
de los discursos, por lo común muy con­
tradictorios del Presidente Vargas, y una
colección completa, del periódico del Barao
d’Itararé "A Manha”. El profesor hizo
esta aclaración: "El uno completa y rec­
tifica al otro.” Si hay en ello cierta
exageración, tal cosa no demuestra me­
nos, por su mención, la importancia que
llegó a alcanzar la obra, aparentemente
frívola y efímera de un humorista.
Bastante antes del advenimiento de
Vargas, ya sobresalía en su Estado na­
tal, Río Grande do Sul, en el arte de mis­
tar mediante el ridículo. Bajo el seudó­
nimo de Apprelly —contracción de su
nombre Aparicio Torelly— , ya hacía tem­
blar a los políticos y profesores. El fué
el niño mimado del pueblo y de los es­
tudiantes a los que condujo a la lucha con­
tra la tiranía y la intolerancia. Estudian­
te, soñó con permanecer dentro del am­
biente estudiantil y universitario para
así explotar mejor su inclinación. A la
furia de su padre ante sus aplazamientos
repetidos, le contestó que jamás cliente
alguno confiaría en un médico como él.
La llegada de Vargas al poder en
1930 había de abrir a Apprelly las puer­
tas de la fama nacional. Ya era conocido
en todo el país porque se había mostrado
muy activo, siempre dentro de su ten­
dencia a la risa, en la campaña electoral
de Vargas. La revolución liberal de Var­

gas estaba demasiado llena de contradic­
ciones para no constituir un terreno pro­
picio para su imaginación inagotable y
él era demasiado honesto para no adver­
tir que aquélla iba rápidamente a refre­
nar su programa. Su primer diario "A
Manha” (que significa en lenguaje más
o menos popular, astucia —maña en cas­
tellano— ) iba a adquirir un ímpetu tal
que el dictador, a la sazón en el poder,
iba a apresurarse a cerrarlo. Como el ave
Fénix, cada vez que la censura le redujo
a cenizas renació de ellas más ágil y
mordaz. Prosiguiendo bajo el antifaz de
la risa y la sonrisa y siempre dentro de
la más alta corrección, aquella tarea que
pareciera ser su destino: la lucha en fa ­
vor de los pequeños y en contra de la
opresión. Actuando de tal suerte, Vargas
dió pruebas de su olfato: él, que supo
triunfar victoriosamente del ridículo —su
magro físico y su aire pensativo nada tie­
nen de la estampa del dictador racista
a la moda—, sabía perfectamente que
en Brasil el ridículo mata más pronto
que todas las invectivas.
Al desembarcar en Río con su seudó­
nimo provinciano Apprelly, iba a cam­
biar su nombre. Tomó un título, un mote
más bien, que se halla escrito en toda la
‘ historia contemporánea, precisamente por
hallarse basado en un hecho h istó ric o ...,
que jamás existió. Los vencedores de la
revolución de Vargas han hablado a me\nudo de una batalla de Itararé, ciudad
dél Estado de Sao Paulo sobre la fron­
tera de Paraná en la que la tropa de V ar­
gas, procedente del sur, había de chocar
con la tropa aun fiel al gobierno federal.
La destitución en Río del Presidente Cons­
titucional evitó aquel choque fratricida.
Apprelly decidió entonces ennoblecerse con
un título de barón —sátira de la fam i­
lia real brasileña y de los hombres de
la revolución triunfante un poco demasia­
d o'ávidos del poder—, y tomó el título de
Itararé como homenaje a la única gran
batalla que jam ás haya existido, pese a
las fanfarronadas y relatos de algunos
de sus combatientes.
Hoy en día, muy poeas gentes conocen

su auténtico nombre. Los sobres de las
cartas que recibe no llevan su dirección:
con el Barao d’Itararé, basta, pues con
ello ya el Correo sabe perfectamente
su residencia, dado que lo mismo hace
reír al cartero que a la solterona, al ca­
pitalista o al hombre del pueblo, con su
minúsculo diario que no se vende —pro­
clama— sino por "50 centavos”. Su tí­
tulo y nobleza se han impuesto en tal
forma que su fisonomía pareciera haber­
se adaptado a su seudónimo. Su canosa
barba le da un aspecto imponente aunque
vaya, por lo común, modestamente vesti­
do. Dase perfecta cuenta de la curiosidad
llena de simpatía de los que cruzan a su
paso, sin conocerle personalmente, y que
sienten tal gratitud por el humorista que
los hace reír a carcajadas como adm ira­
ción por el valor cívico del hombre que
jam ás se inclinó ante la dictadura.
Clasificarle, definirle, situarle, dentro
de la galería de los grandes humoristas
sería muy difícil. Es un carácter de pies
a cabeza, una personalidad aparte. Si po­
see muy a menudo el sarcasmo de un Bernard Shaw, se nota asimismo que siente
un gran amor por la humanidad y no es
sino un ser humilde opuesto a todo lo que
sea llamar la atención o buscar notorie­
dad ; si posee el chiste a lo Tristán Bernard se advierte asimismo que el humor
tiene para él un algo de profundo y que
no es sino un medio de corregir desma­
nes; y si recuerda en ocasiones a Mark
Twain, también se comprende que en sus
salidas hay mucho más de filosofía que
facundia.
Gusta a veces de ridiculizar a los polí­
ticos. Ya que sus entrevistas colectivas
reúnen a veces más reporteros que las de
muchos estadistas. Hay que verle llegar
arrastrando una pierna, consecuencia de
un ataque de hemiplejía, rodeado de su
estado mayor, su "corte” e improvisar sin
preparación alguna, imitando a los dic­
tadores. En sus parodias, la m m ica no
deja de tener, sin embargo, su significa­
do. Es allí precisamente donde reside su
fuerza. Es siempre el mismo hombre sen­
cillo, manso y malicioso. Son sus contes­
taciones espontáneas a las graves pregun­
tas planteadas con toda seriedad —siem­
pre como si se tratara de una conferen­
cia de prensa en la Casa Blanca—, plas­
madas en frases y rasgos de ingenio, que
(C ontinúa

página

siguiente.)

E N PASSY, E N L A G A S A
QUE HABITO BALZAC

No podemos evitar la pregunta corres­
pondiente sobre la literatura mejicana.
—Creo que está en Méjico uno de los
mejores escritores del idiom a: Alfonso
Reyes. Es universal y es, al mismo tiempo,
p o r
ROCHAT-CENISE
p o r
ESTELA CANTO
de su tierra. Bien vale un viaje a Mé­
jico para conversar con él. Tiene una
zo, y ya no estamos en un museo. P or­
iempo atrás, cuando se entraba en
Allí se entrecruzan y viven todas las co­ inmensa biblioteca y, entre una luz de
aría R osa O liver ha llegado hace
la casa de la calle Raynouard N9 que luchó, creó y amó tanto en esos lu­
poco tiempo de los Estados Unidos rrientes intelectuales, artísticas y filosófi­ acuario que lo aisla totalmente, pasa todo
cas del mundo. Uno puede elegir con quién el día, hasta la hora de comer, cuando, 47, se descendía una antigua escalera con gares, Balzae ha dejado allí su sello im­
y de Méjico. Recorió los Estados Unidos
de norte a sur y de este a oeste, dando estar y eso crea un clima de libertad es­ ante un café con leche servido en gran­ balaustrada de hierro forjado y, atrave­ perecedero.
P ara instalarse en este pabellón, en
conferencias y deteniéndose apenas uno piritual absoluta. También me gustaría
des tazas/ se da recién el gusto de con­ sando un pequeño jardín modesto y cu­
1840, Balzae había dejado la villa "Jarvivir en San Francisco, una ciudad ro­ versar con sus amigos. Pero no me gusta bierto de verdura, nos encontrábamos ante
o dos días en ciudades y poblaciones.
dies”, en Ville d’Avray. El fastuoso gran
deada de mar, donde se vive con ritmo
Su viaje fué vertiginoso, variado, renovó
ver únicamente intelectuales. Por otra par­ la casa del Sr. de Balzae.
Hoy, se llega al jardín por una esca­ escritor, siempre hostigado por sus acree­
impresiones que ya tenía sobre los E sta­ más lento. Pero esto por un tiempo. En
te, entre los intelectuales mejicanos, como
dos Unidos, adquirió otras. A su regreso realidad, para siempre, me gustaría vivir entre los intelectuales de todas partes, lera de cemento. El edificio de un solo dores, parece haber querido despistarlos.
pasó dos meses en Méjico, ta l vez el país en mi país, mientras ello sea posible.
es común hablar inmediatamente de cine­ piso que lo domina, es la casa donde vi­ Toma el nombre de su sirvienta: Brcugvió y trabajó Honoré de Balzae de 1840 nol, agregándole el "de” : Monsieur de
de Latinoamérica que más le preocupa.
— ¿Se percibe gran diferencia al en­ matógrafo.
María Rosa Oliver es de los pocos ar­ tra r en Méjico, viniendo de los Estados
En respuesta a su humorística observa­ a 1848. Es actualmente, y seguirá siendo, Breugnol. Comunica su nueva dirección
Unidos?
gentinos con conciencia continental. Sus
ción, y como se tra ta de un tema in­ un museo iconográfico, y una especie de a Mme. Hanska: Rué Basse, N9 19, en
impresiones son claras, numerosas, firmes.
—Claro. Se nota la falta de comodidad teresante, le pedimos a María Rosa que, templo del recuerdo. Pero, una vez que Passy, cerca de París y le dice: "Estoy
Contesta a nuestra primera pregunta con material y mayor miseria en las ciudades,
antes de term inar la entrevista, nos diga penetramos en él, franqueando el peque­ aqu:, escondido, por algún tiempo.”
El alquiler era de 600 francos por año;
mucho más de lo que esperábamos.
aunque no mayor miseria que en el sudeste algo sobre el cine mejicano y sobre su ño porche y recorriendo el pasillo oscuro,
llegamos a respirar la atmósfera de esas el propietario, Sr. Grandemain no tuvo
—Sí —nos dice—, cuanto más he via­ de los Estados Unidos. Se llega a dudar si astro máximo: Cantinflas.
jado por América más me asombra el preferimos toda la tradición, toda la ima­
—No —dice María Rosa— . Los meji­ piezas de techo bajo, pisos brillantes, con nunca ocasión de felicitarse de la pun­
desonocimiento entre uno y otro país.
ginación, toda la belleza, o las mejores canos no están contentos con su cinema­ las paredes Tecubiertas de pinturas, di­ tualidad de su arrendatario.
Es conocida la historia de la trampa
Yo creo en la unidad geográfica de Amé­ condiciones de vida. .. Pero éste no es el tógrafo. Creen que con la naturaleza me­ bujos, fotografías, documentos; cuando
utilizada por Balzae para escapar a los
nos recogemos en el gabinete de trabajo,
rica. Y no es únicamente una impresión caso de Méjico. Méjico prospera, subirá jicana, donde a dos horas de distancia
tapizado de brocado rojo a grandes flo­ acreedores cuantos éstos golpeaban a su
mía: la gente de otras "artes que ha ve­ el nivel de sus masas y, al mismo tiempo,
de auto se puede tener el paisaje nevado
res, donde se encuentran "su” mesa y "su” puerta. Ahí está bien disimulada en un
nido a habitar este cominente y que ha conservará ese don de profundidad y esa
de los picos, o la selva tropical, y pasar
gabinete oscuro. La escalera que descu­
aprendido a conocernos algo más que su­ imaginación, casi diría hoy únicos en el de las ruinas mayas a aztecas a los lin­ sillón, donde puede verse "su” cafetera
perficialmente, ve en nosotros una unidad
mundo. Hay allí un sentido innato de dos templos barrocos que hay en el mun­ de porcelana, y "su” tintero y el molde de bre peTmite llegar al patio inferior, al
que nos diferencia de los europeos.
la belleza. No por nada el arte mejicano
do, el cine sigue apegado a cierto con­ “su” mano, entonces se produce el heehi- nivel de la callejuela Berton, entonces lla­
mada Roe, que discurre entre los altos
La interrumpimos:
ha influido tanto al arte norteamericano. vencionalismo que dicta Hollywood. Hay
mu.ros llenos de musgo. Por esa calle se
— Los Estados Unidos y la Argentina,
—¿Podría hablarnos de algunas influen­ excepciones. Por ejemplo, "M aría Cande­
¿podrían considerarse dentro de ese gru­ cias concretas?
inliibición. Yo lo vi filmar en los estudios deslizaba sigilosamente el fugitivo hasta
laria” y "Flor Silvestre”, dirigidos por el
po? Los argentinos parecemos diferenciar­
—La influencia de Rivera, de Siquei- indio Fernández. Son las películas que del Tepcyac, que con los de Churubuzco, llegar al borde del Sena.
Y, sin embargo, hacía frente a sus di­
nos de los otros pueblos sudamericanos. . .
ros y de Orozeo es definitiva en la pin­ allí consideran mejor realizadas. Sé que donde filma Dolores del Río, son los. más
M ar'a Rosa, comprendiendo el sentido tura norteamericana. A mí me parece el ahora este mismo director acaba de term i­ modernos y mejores que he visto, y eso ficultades financieras. En Passy, en no­
de la pregunta, nos dice:
más interesante José Clemente Orozeo. nar una película con María F élix : "E na­ que yo venía de Hollywood. Me llamó la viembre de 1340, anotaba:
"Los asuntos de dinero no son más
—Al viajar por la América llamada
Es el más profundamente mejicano y el morada”, que consideran allá perfecta en atención ver cómo Cantinflas es su pro­
latina, los argentinos recién nos vamos que da, en consecuencia, el mensaje más su género.
pio director: mientras hace una escena que molestias; sólo hay miseria y penas
conociendo. Es verdad: debido al clima, directo del alma de su pueblo. Pero los
— En cuanto a Cantinflas —añade Ma­ graban en un disco lo que dice. En segui­ en los asuntos del corazón.”
Soñaba entonces con su gran amor,
a las condiciones económicas de desarrollo tres son grandes y sólo es posible com­ ría Rosa, mostrándonos un retrato suyo da pasan el disco y él lo oye, y corrige lo
Mme. Hanska, a la que sólo pudo des­
y al gran aporte de inmigración europea,
prender lo que significan cuando se ven con el cómico mejicano— , es la persona que ha dicho, añadiendo o suprimiendo
tenemos, superficialmente, más parecido
palabras. Esto se repite varias veces, has­ posar tres meses antes de su muerte.
más querida de Méjico. Su popularidad
lo frescos ser uno con la arquitectura.
Atormentado por los problemas de or­
con los Estados Unidos que con muchos Las reproducciones no pueden decirnos es extraordinaria. Los canillitas lo llaman ta que lo dicho queda como Cantinflas
den material, Balzae lleva una vida de
pueblos de Iberoamérica. Pero, en nues­ nada a este respecto.
"Mario” y se dirigen a él sin ninguna quería que quedara.
presidiario en la casa de Passy. Se le­
tro subconsciente, somos uno todos los ibe­
vanta a media noche y escribe hasta las
roamericanos. Verdad es que nosotros
8 de la mañana. Almuerza en un cuarto
le damos mucha más importancia a la
de hora y vuelve a su trabajo hasta las
comodidad material (igual que los E sta­
5. Luego se acuesta y reanuda su trabajo
dos Unidos). Tenemos una seguridad petu­
lante. Y quizás también un mayor dina­
al día siguiente.
Sin intención de quejarse, escribe a
mismo, debido, únicamente, a que el país
ha estado bien alimentado.
Mme. Hanska:
—{Y el problema del indio en Ibero­
"Tendré que trabajar día y noche du­
américa ?
rante seis meses y por lo menos diez ho­
ras diarias durante dos a ñ o s ... No tengo
El optimismo esencial de María Rosa,
su fe y su sentido realista responden:
en perspectiva más que el féretro, pero el
trabajo es un hermoso sudario.”
—No creo que el indio sea naturalmen­
te un ser apático. Con buena alimenta­
En este retiro, escribe cuarenta y tres
ción y con medios de trabajo puede dar
obras o fragmentos de obras: Fautrin,
muchísimo. Su ritmo es distinto al del
La Eabouilleuse y toda la última parte de
americano del norte o al del habitante de
la Comedia Humana. Escribió poseído,
cualquier ciudad grande de Iberoamé­
exaltado por su amor, la casi totalidad
rica. Hay que respetar este ritmo. Por
de las Carlas a la Extranjera.
lo demás, este ritmo se nos contagia a
En esas noches de trabajo, su pensa­
todos, aun a los descendientes de euro­
miento está con Mme. Hanska. Le escribe
peos, y es la ajustación a él lo que
el 5 de enero de 1842:
puede llegar a darnos equilibrio.
"Amo la soledad de mi gabinete en
—Esto para Iberoamérica, pero, ¿cree
Passy, donde nadie penetra y donde pue­
que los Estados Unidos, han encontrado
do estar con vos.”
su ritmo adecuado?
Frente a él, estaba siempre el retrato
—El ritmo de los Estados Unidos es de­
en miniatura de la amada. En la pared,
masiado rápido. Se ha vivido allí demasia­
en un marco de Brustolone, un Cristo de
do para trabajar. No íes queda tiempo
Girardon relucía dulcemente. Otro peque­
para la contemplación y el goce de la vida.
ño marco estaba vacío, pero en el lugar
A los argentinos nos ocurre algo similar.
del cuadro, el escritor, sediento de be­
Pero los norteamericanos empiezan a dar­
lleza, había puesto un papel con estas
se cuenta de esto. Lo noté, por ejemplo,
palabras: "Aquí, un Rembrandt.” No pu-»
en la fascinación que sienten por Méjico,
do comprarlo nunca, pero tampoco ven­
y en la preocupación con respecto a la co­
dió su Girardon, a pesar de haberlo pro­
mida, que empiezan a ver no sólo como
yectado seriamente.
necesaria para alimentarse, sino a consi­
;Se vió obligado a vender tantas cosas!
derar como un deleite.
Entre otros, esos maravillosos muebles
—¿Le gustaría vivir en los Estados Uni­
florentinos que eran el secrétaire de E n­
dos?
rique IV y la cómoda de María de MéMaría R ota Oliver con Mario M oreno, "C a n tin /la t".
—Me gustaría vivir en Nueva York.
d ic is.. .

M

T

�CUENTO POLICIAL____________ &gt;
EL AZAR o UNA PARTIDA DE POKER HASTA
EL AMANECER
cabalgata^

Por FRANQOIS V A R ETZ

hacía un buen rato que dieran las

güilo perdía. Un poco violentos continua­
de la noche en el reloj de San­ ron jugando con dinero ajeno y en cosa
Y tadiezCatalina,
pero la partida que desdé ha­
de media hora cada uno de ellos se vió
a

cía cerca de veinte años siempre concluye­
ra con la última campanada de las nueve
no ofrecía el menor síntoma de termina­
ción. La única causa de tan inusitado
trnstorno en las metódicas costumbres de
los habituales componentes de la partida
era la presencia de aquel "geule casse”
forastero que perdía y perdía cantidades
cada vez mayores con la misma indiferen­
cia con que cualquiera de nosotros nos
desprenderíamos de una moneda de cobre.
Pero icómo marcharse! Y si no jcómo
proponer una suspensión o un aplazamien­
to ! Era completamente imposible. Po­
dría pensar el desafortunado invitado —y
puede que no se equivocara demasiado al
hacerlo— que no se trataba más que de
un burdo pretexto para llamarse a an­
dana con las ganancias, cosa que por lo
demás era la única idea presente en el
ánimo de los gananciosos y que, sin em­
bargo, ninguno de ellos se hubiese atre­
vido, por nada del mundo, a proponer.
Refugiados en la desierta biblioteca de
la "Sociedad de ex combatientes de la Correze”, cuya directiva formaban, Berger el
farmacéutico, gran mutilado de la pierna
izquierda, Pons, el antiguo voluntario
franco-catalán, propietario de "Au Cadcau
Pamilier” y Schulz, el veterinario, puja­
ban como todos los días voceando fan­
tásticos envites de ¡mil! ¡¡cinco mili!
¡¡¡m i resto y diez mil m ás!!!, sin des­
pertar el más mínimo interés en los es­
casos socios que se asomaban a la puerta
para hojear "Sex Apeal”, "Pour Lire á
Deux”, o ver si había llegado el chico de
Ilachette con los diarios de París. Nadie
ignoraba en la ciudad que, conforme al
convencional lenguaje de los infaltables
jugadores, mil francos no eran más que
uno, dos mil, dos, y así sucesivamente.
Los buenos y respetables contribuyentes
se divertían con aquel ingenuo vocear de
millonarios: cada cual tiene sus manías
y nada malo hay en ello ...

poseedor de una fortunita. El nuevo ha­
bía perdido tres cajas más extrayendo bi­
lletes y billetes de una inagotable gran
cartera de documentos, sin dar por ello
la más pequeña señal de inquietud o ner­
viosismo. Ellos eran los que estaban tras­
tornados, alucinados por la imagen de
aquel enorme montón de dinero que se
apilaba en el fondo del oscuro fichero.
Toda su ponderación y equilibrado buen
sentido de sesudos ciudadanos, prototipos
de economía y moderación, se habían de­
rrumbado en apenas un par de horas de
fabulosa buena suerte. Los tres amigos,
una vez pasada la sorpresa del primer
momento, viéronse unidos por esa cosa
más fuerte quq el acero y más dura que
el diamante qué es la avaricia provincia­
na. Todo se borró de sus mentes: con­
veniencias, respetabilidad, qué dirán, en­
golfados como se hallaban en la enloque­
cedora tarea de desplumar a aquel com­
pañero desconocido que perdía y perdía
miles y más files de francos sin rechistar
ni, al parecer, dársele un ardite de ello.
Los tres amigos ligaban y ligaban lleván­
dose todos los envites del desconocido,
quien, firme en su táctica, no pasaba ja ­
más viendo jugada tras jugada y tirán­
dose vencido sin excepción alguna.
Sonó el carillón de la media, cuando
Emile, el conserje y encargado del ser­
vicio de bar, se asomó a la puerta de la
biblioteca:

disimular su impaciencia. Finalmente, ya
arreglada la cuestión particular de cada
uno, los tres buenos burgueses se lanzaron,
con renovada hambre y muchas horas por
delante, sobre los dineros del cuarto que
seguía impertérrito en su papel de perde­
dor dejándose resto tras resto, sin cansar­
se de sacar billetes de su gran cartera
negra.
A las once y media ¡as cosas variaron
un poco. No es que el forastero ganara
o comenzara a recuperar. Nada de eso.
La suerte seguía dándole la espalda con
la misma obstinada terquedad de un prin­
cipio. La única diferencia es que ahora
compartía su mala suerte con Berger, a
quien pareciera que la entrevista con su
vastago le hubiese acarreado mal de ojo.
Por lo demás, los otros dos seguían ga­
nando lo mismo que antes, pero ahora,
a las fichas ganadas anteriormente se
unían las que formaran el montón de
Berger. Para colmo y desdicha del boti­
cario, las escasas veces que el hasta en­
tonces sempiterno perdedor cortaba una
jugada, era del espantado farmacéutico
que veía angustiado cómo aquel dinero
suyo abandonaba seguidamente a su des­
afortunado ex dueño cuya mala suerte se­
guía beneficiando a los otros dos.
La atmósfera comenzó a cargarse y el
ambiente a ponerse incómodo. El perde­
dor propuso suspender la partida, pero
Berger que había perdido todo se opuso
violentamente. Su vehemencia, de la que

lestare ios a n ad ie... 4A qué hora se
marcha!. ..
—A las 6.40, en el expreso de Burdeos.
Berger no quiso oír más y, sin esperar
el parecer de los demás, se abalanzó sobre
el fichero, lo puso bajo el brazo y des­
apareció cojeando seguido de los otros
dos. El forastero se incorporó, recogió
los naipes y tomando su gran cartera de
cuero los siguió con paso seguro e igual.
Ya en la calle, los tres amigos le espe­
raban ante la sólida puerta de madera de
un establecimiento situado a escasos pa*
sos de allí. Sobre la puerta se leía, a la
fría luz de un letrero de neón:

GRANDE PHARMAOIE
DE LA CDRREZE
Y escrito sobre un globo verde, en grue­
sas letras que seguían la curva de su su­
perficie: A. Berger propietario.
#
En la rebotica, las cosas siguieron de
mal en peor para los perdedores. Pons
siguió haciéndose con los cuartos de to­
dos los demás, y ni Berger ni Schulz, vol­
vieron a levantar cabeza. Trastornados
por el cambio de fortuna y encendidos
por el efecto del ajenjo, cometían torpe­
za sobre torpeza y tontería sobre tonte-

Pero lo que nadie sabía es que ahora
iba de veras.
Cuando el ignorante forastero, ajeno
completamente a semejante convención,
perdió su primer resto de cincuenta mil
francos y pidió un segundo pagando su
auténtico valor con buenos billetes de
Banco de Francia, los demás jugadores,
sorprendidos por lo inesperado del gesto,
se quedaron indecisos sin saber qué hacer.
Cruzaron sus miradas y luego de un mo­
mento de inquietud comprobaron que nin-

UN HUMORISTA ...
(V ie n e de página

S)

inmediatamente recorrerán el país de nor­
te a sur imponiéndose en todas partes
por el zumbón buen sentido que en ellas
palpita.
En el fondo, este humorista, es un
hombre triste. Si tiene algo de Voltaire
por su manera de criticar las institucio­
nes, también tiene no poco de Rousseau y
hasta algo de Tolstoi. Cree en la bondad
humana. Lo que menosprecia y persigue
con su verba endiablada, son los prejuicios.
Es amable y parece lamentarse de haber
fracasado en una carrera científica. En
sus chistes, sátiras e ironías pone gran
parte de su cultura y actividad de perio­
dista. Y trabaja y trabaja en ambos cam­
pos —científico y periodístico—, sin pau­
sa. A menudo se le ve inclinado sobre un
microscopio estudiando microbios, especial­
mente los de la fiebre aftosa, tras de los
que está desde hace años. Al observar esta
doble y contraria personalidad se diría
que la contemplación de lo infinitamente
pequeño le ayuda a comprender mejor la
vanidad humana.
Si es amable, ello no quiere decir que
no sea implacable con ciertos hombres y
ciertas instituciones. Sabe arañar. ¡Y có­
mo! Como todo buen caricaturista, capta
el rasgo más saliente, el "complejo” ocul­
to de su víctima. Y aquellos a quienes po­
ne un mote saben perfectamente que les
acompañará hasta la tumba.
Este hombre que ríe y hace reír y que,
sobre todo, rió e hizo reír bajo la dicta­
dura, luchando casi solo, pudo haberse en­
riquecido con la pluma. Se agotaría fí­
sicamente con sólo aceptar la cuarta par­
te de las colaboraciones que le han sido
propuestas, ya que su firma basta sólo ella
para hacer aum entar las ediciones. Su
diarito redactado por ¿1 casi solo, podría
haberse convertido en un magnífico ne­
gocio. La publicidad afluía y los negocios
prosperaban mes a mes. Pero es él lo
bastante filósofo para saber que aquélla
podría embarazarle en la redacción de sus
historias, pastiches y remedos de los ar­
tículos de fondo de otros diarios "impor­
tantes”, cronistas de la actualidad al uso.
Se negó de plano a la proposición de
unos capitalistas que le aseguraba la vida
tranquila para el resto de sus d ía s ..., y
eso que no es joven; suprimió los corre­
dores de anuncios y aumentó sus tarifas
de publicidad, decidido siempre a mante­
nerse en sus ocho o diez pequeñas pági­
nas semanales. Prefiere una tribuna para
él solo a un diario de gran tirada.
Muchos lamentan su adopción de posi­
ciones políticas temerosos de que su verba
sufra con ello. Como intelectual ha pen­
sado que no puede permanecer al margen
o por encima de la multitud. Prefiere en­
golfarse en ella. Si las páginas de su
diario se resienten de ello, es posible que
el espectáculo que dé desde la tribuna pú­
blica sea una compensación.
Río de Janeiro, noviembre de 1946.

—Señor Pons, la señorita Felisa pre­
gunta por usted.
Felisa era la cajera y, según decía, la
"algo más” del propietario de "Au Cadeau Familier”.
Pons, agriadísimo —acababa de ligar
tres reyes—, dejó las cartas cara al ta ­
pete y pidió un momento de permiso. El
desconocido, cuyos ojos brillaban fijos,
como único punto vivo de su desfigurado
rostro cubierto con una especie de mor­
daza negra, accedió con una inclinación
de cabeza y, tras de registrarse los bol­
sillos, preguntó:
—4Sería posible comprar unos ciga­
rros?
— ¡Cómo no! —propuso el propio Pons,
todo amabilidad—. Mi empleada traerá
una caja de verdaderos habanos. . . No
es más que un m om ento...
En la semipenumbra de la antesala,
Pons mantuvo una precipitada conferen­
cia, entre susurradas explicaciones, con
una mujer todavía joven y bonita que
quería saber si volvería a dormir o no.
Pons pensando en sus tres reyes decía a
todo que sí y estuvo a punto de olvidarse
de los cigarros. Terminó con esta última
recomendación:
—De los del estante de arriba 4sabes!
De los buenos, de los m ejores... De los
que fuman en el ca stillo ...
Cuando regresó y apenas se había sen­
tado, preguntaron por Berger. Berger
era el farmacéutico y aquello podía des­
hacer la partida. Una extraña luz se en­
cendió en los ojos del forastero, pero no
fué sino por un solo instante. No era na­
da urgente: era Albert, el chico mayor
del pildorero, que quería saber si papá
iba a cenar. Mientras Berger se explicaba
con su hijo, Schulz, viendo el cielo abier­
to, se le unió para rogarle al chico que
pasara por su casa y avisara que estaba
allí. Hablaban de pie junto a la mesa de
juego y, aunque no hubieran querido, sus
palabras llegaban perfectamente a oidos
del desconocido:
—Estamos aquí con este viejo amigo
que hoy mismo se vuelve a P a r ís ...
—Mañana, mejor dicho —les interrum­
pió. ..
—Claro, m a ñ an a ... Eso es, m a ñ an a ...
Y vamos a acompañarle a la estación.
Así que dile a mamá que no se inquiete
ni me espere. Ve a casa, deja el recado
en casa del señor Schulz y no te acuestes
tarde.
Pons, con su trío de reyes, no podía

él mismo se sorprendió, no hizo sino au­
mentar la presión ambiente. Pero la par­
tida prosiguió. Berger pidió un ajenjo y
los otros dos le acompañaron; el desco­
nocido no tomó más que café y agua de
Vitel. Daban las doce cuando el viajero
pidió su doceava caja, coincidencia que
dibujó un humorístico chispazo en sus
ojos; imperturbable tras de la máscara,
su extraña voz cantó el valor de los bi­
lletes: "¡Cincuenta mil francos”... "¡Seis­
cientos mil francos!” pensó Berger, an­
gustiado al ver que no ganaba nada. Con
su resto intacto ante sí jamás volvió a
salir de aquella situación. Por más es­
fuerzos y locuras que hacía le era com­
pletamente imposible ganar o perder. Se
cambió de baraja tres veces y en tres
manos hubo dos tragos más, mientras que
el abstemio forastero no hacía más que
encender un cigarro con otro.

ría. La idea de la fortuna que se les ha­
bía escapado de entre los dedos les había
puesto fuera de sí. Sudaban agitándose
presas de desazonado desasosiego, tem­
blorosos e incapaces de dominarse, con
los ojos enrojecidos y los rostros conges­
tionados, al borde casi de la apoplejía.
Para colmo, Pons, excitado a su vez por.
su buena fortuna, bromeaba y reía sin
tono ni son, mostrándose sin la menor
mano izquierda ni conseguir otra cosa que
avivar cada vez más y más el enorme vaso
de ira y rencor que gota a gota, sorda y
verde, iba destilándose de lo más profun­
do de las entrañas de sus compañeros.
De pronto, Berger le dijo a Pons:
—Pons, una c a j a ...
•
Pons levantó la vista un poco perple­
jo. Los tres amigos se miraron en un si­
lencio. Súbitamente se oyeron estas te­
rribles e inesperadas palabras:
—Aquí tiene señor Berger, son cin­
cuenta mil francos.
E ra el forastero quien acababa de pro­
Cuando encendía el cuarto cigarro las
cosas variaron otra vez. Sería algo más nunciarlas con el tono más tranquilo y
de la una y el encargado acababa de avi­ natural del mundo, alargándole un monsar que terminaran porque tenía que ce­ toncito con una mano mientras que con la
rrar cuando Schulz se dió cuenta de que otra mostraba el inequívoco ademán del
perdía cerca de doscientos mil francos. que espera que le paguen.
Aquello fué como un mazazo. Un bru­
4Cómo había ocurrido aquello? Le sería
imposible decirlo. Una nube roja le cegó tal estremecimiento agitó el cuerpo de
y el corazón le saltó a la garganta. Pero Berger haciéndole incorporarse pálido y
no había la menor duda. Allí, ante Pons rígido como herido de muerte. Mudo y
se amontonaba la casi totalidad de las fi­ anhelante permaneció cerca de un minuto
chas —rojas, amarillas, blancas y mora­ con las manos engarfiadas al borde de la
das— , rescate de los buenos billetes en­ mesa. Frente a él, el forastero seguía
cerrados en la reluciente caja de negra ofreciéndole las fichas tranquilo e impa­
caoba. La suerte parecía haberse refugia­ sible como si no se diera cuenta de nada.
do injustamente en Pons, quien además de El silencio se hizo tan intenso que los
ser rico era soltero, tenía manceba joven golpes del péndulo de la tienda sonaban
y linda y, sobre todo, no era más que como martillazos. Por fin, tras de un po­
medio francés.
deroso esfuerzo más doloroso aun que la
Inesperadamente surgió un terrible in­ primera impresión, Berger consiguió des­
conveniente. El conserje se plantó dán­ prender sus manos de la mesa y apoyán­
doles de plazo hasta la una y media, ni dose en su bastión de hierro desapareció
un minuto más. Faltaban diez minutos es­ por una puertecilla de escape. Se le oyó
casos. En tan corto tiempo el forastero perfectamente subir las escaleras. Crujie­
perdió cincuenta mil francos más: Schulz ron las maderas del techo una o dos ve­
recuperó diez mil, Berger treinta mil y ces. La espera se hacía terriblemente la r­
Pons ganó diez mil más: sus ganancias ga. Luego volvieron a oírse los pasos y
se elevaban casi a medio millón de fran­ Berger reapareció, como sonámbulo, opri­
cos. El forastero fué el primero en le­ miendo en su mano un rollo de billetes
que cambió por las fichas que le entregó
vantarse:
— Es desagradable tener que suspender el desconocido. ¡Con qué mirada siguió a
la p artid a. . .
aquellos billetes, "los suyos”, cuando des­
Pons y Schulz, asaltados por diversos aparecieron junto con los del "otro” den­
pensamientos, no sabían qué decir cuando tro del barnizado fichero!
Berger atajó terminante:
—Usted da, señor Pons.
— Vamos a mi re b o tic a ... Allí no mo­
Y siguió la partida.

(Especial para

C a b a lg a t a .)

Cuando a las cinco y media el forastero
se incorporó para marcharse, Pons tenía
todo el dinero en su poder: ochocientos
mil francos del forastero y cincuenta mil
de Berger; Schulz había quedado en paz.
—Señores —rogó el "geule casse”—, 3¡
quieren indicarme el camino de la esta­
ción; me parece que tengo el tiempo bas­
tante justo. Usted Pons, llévese todo
junto en el fichero. 4V am os?...
Pons tomó la caja bajo del brazo y
escoltado por el odio del uno y el des­
pecho del otro tomó camino adelante en
dirección a la estación.
Comenzaba a amanecer, y los tres hombres que caminaban delante envueltos en
los vapores de la húmeda mañana avan.
zaban más unidos por algo que no es
difícil suponer que como guías amables
de un tan desprendido forastero. Pasaron
las últimas calles del arrabal y, tras de
recorrer unos trescientos metros de carre­
tera, se encontraron ante la estación. Pe.
ro el tren acababa de partir.
El forastero se despidió disculpándose
por la molestia:
_Dormiré en la fonda de la estación
hasta el próximo tren. Buenas noches, se­
ñor Pons. ..
Pero Pons ya se alejaba a buen paso
con su caja debajo del brazo.
—Ustedes —les susurró al oído a Berger
y Schulz que no pensaban en otra cosa
pero que no podían moverse sujetos por
las manos de hierro del jugador— escólténle. Piensen que lleva mucho dinero.
Un millón cincuenta mil francos. Y así,
a la luz del amanecer, con ese cofrecillo
bajo el brazo parece la viva imagen do
un capitán cajero que fuera a pagar a
las fuerzas de avanzada.
Y tras de decir estas últimas palabras
los empujó violentamente en seguimien­
to de Pons.
•
Pons murió abrazado al fichero en el
que no había más que fichas de pasta,
hablando de fantásticas cantidades de
cientos de miles de francos. Antes de mo­
rir acusó a Berger y Schulz quienes se
hicieron justicia con unos cuantos gramos
de arsénico. El bastón de Berger que sir­
vió para sacar de este mundo al francocatalán se conserva todavía en el peque­
ño musco criminológico del tranquilo juz­
gado de la Subprefectura.
La declaración del forastero fué bas­
tante curiosa:
"Como miembro de la directiva de la
sociedad de "Geules easses” hice ayer una
de las visitas acostumbradas a la "Socie­
dad de ex combatientes” de la localidad.
En ella me encontré con unos viejos cama­
radas del frente que no veía desde el fin
de la guerra con los que jugué al poker
ignorante en absoluto de la tragedia que
horas más tarde habría de producirse.
Jugamos, como era su costumbre y creo
que nadie ignorará, por cantidades míni­
mas que ellos gustaban denominar fantás­
ticamente. Amablemente empeñados en
acompañarme hasta la partida del tren
alteraron sus costumbres. Respecto al ori­
gen del trágico suceso no sé a qué acha­
cárselo. Créame usted que encontrarse
unos amigos que no se ha visto desde ha­
ce veinte años para verlos desaparecer el
mismo día, es algo doloroso. Sobre todo
cuando más necesitaba de ellos.
Voy a explicarme, señor juez; luego
podrá hacerme todas las preguntas que
quiera. Digo que cuando más necesitaba
de ellos porque ayer, cuando no pensaba
encontrar más que uno de los viejos ami­
gos que desde hacía años buscaba por el
motivo que a continuación expresaré, en­
contré, con la satisfacción que es de su­
poner, los otros dos que me eran necesa­
rios como testigos en mi expediente de re­
habilitación ante los tribunales militares.
Se me seguía causa eriininal por deser­
ción y robo a la caja del regimiento.
Siendo capitán pagador salí cierto ama­
necer, escoltado por dos hombres y un
cabo, para pagar a unos destacamentos
de primera línea, pero nunca llegué a mi
destino. Caí herido de un balazo en la
nuca, y cuando regresé a Francia tuve
que cambiar de nombre, ya que de cara
no tenía por qué, y a fuerza de trabajo
conseguí reunir el dinero necesario, ocho­
cientos cincuenta mil francos, para hacer
su depósito como primer paso para un
expediente de reivindicación. Recordé que
uno de los que me acompañaban era de
esta ciudad y, cosa curiosa, cuando ayer
di con él me encontré que sus amigos,
uno, Pons, de la frontera española y el
otro Schulz, alsaciano, a quienes uniera
el azar de la movilización, seguían vivien­
do unidos. Pero el azar que me puso de­
lante no quiso conservármelos para que
me ayudasen ante la justicia. Y como
—terminaba la declaración—, personal­
mente me es totalmente imposible creer en
el azar no me queda otro remedio que
creer en la justicia.”
Y unida a la declaración, seguramente
como curiosidad, se veía una gran tar­
jeta, en la que se leía en grandes letras
de fantasía:

C-ilmunlo

ee-^antej

Prestidigitador - Ilusionista.
Especialidad en juegos de
cartas para fiestas familia­
res y de sociedad.

LECCIONES A PRECIOS M ODICOS
PARA AFICIONADOS

�ir 5

ESCULTURA

m

l

abalgata

LA ESTATUA ECUESTRE DE SAN MARTIN
UO R

J O R G E R O M ERO

B R R ST

de Bouchardon, Tolstoy de Trubetzkoi).
Con buen criterio Antonio Sassone
ha concebido y ejecutado su estatua
ecuestre de San Martín, recientemente
inaugurada en Quilines, equilibrando el
movimiento y la quietud. Tanto la f i­
gura del héroe como la del caballo y las
alegorías de bulto y de relieve son fran­
camente dinámicas, pero están anima­
das por un movimiento contenido y po­
tencial, como si se hubiesen detenido en
un momento dado de la trayectoria,
proyectándose más bien hacia el pasa­
do. de donde deriva cierto innegable
acento épico.
La figura de San Martín a caballo,
en la que no se ha apartado de los
modelos del género, revela esa concep­
ción intermedia, pudiera decirse, entre
la fuerza y gracia de Gattamelata y el
vigor del Colleone bastante similar a la
del A irear. No traigo a colación estos
ejemplos con ánimo de parangón esti­
mativo, sino simplemente para ayudar
al lector en la recta caracterización del
monumento.
Queda claramente dicho que el caballo
y el caballero tienen, en la estatua
ecuestre, un valor de presencia real de
la acción, que excluye en cierto modo,
o por lo menos debilitadla exaltación
alegórica que todo tema implica. Por
eso no deja de llamar la atención el
contraste que se establece entre aqué­
llos y las figuras al pie del basamento,
las cuales representan de manera alegó­
rica E l guerrero, La bondad, E l pensa­
dor y E l destino: el espectador tiene
que advertir que en éstas no es viva la
presencia del héroe, sino se alude a sus
calidades espirituales por una vía ses­
gada. Quizás por eso no armonizan en
el conjunto, a pesar del esfuerzo reali­
zado por Sassone para no vestirlas
más que con el mínimo de accesorios ne­
cesario para la evocación alegórica.
Quizás por eso también, espíritus rec­
tamente clásicos, enamorados de la ar­
monía conceptual, como Donatello y
Verrocchio o el anónimo autor del
Marco Aurelio de Roma, no echaron
nn.no de este recurso, a la inversa de
los barrocos, Andreas Schluter por
ejemplo, que lo emplearon con frecuen­
cia.
Si no fuera porque en otros aspectos
la estatua de Sassone revela contención
clásica —tanto la figura ecuestre como
las figuras alegóricas han sido ubica­
das según el eje principal del monu­
mento, de manera que los puntos de
vista rectores son los frentes y los per­
files, y a baja altura, como para no
crear una fuerza de ilusión demasiado
extraterrena— esta nota podría permi­
tir ubicarlo entre los escultores neobarrocos de nuestro tiempo.
Menos aún parecen justificarse los
bajorrelieves, no sólo por la razón
apuntada en lo que se refiere a uno
de ellos: Alegoría de la paz y de la

( Especial para C abalgata .)

XV

a u n q u e enamorados del caballo, los
A jl griegos no concibieron la estatua
ecuestre, sin duda porque no responde
a la idealización del recuerdo que bus­
caron, sino a la voluntad de dramatización individualista. Los vibrantes caba­
llos helénicos sin caballero transportan
hacia un pasado que se viste con el oro­
pel del bien perdido, en tanto que los
conjuntos de caballero y caballo, crea­
dos, claro está, por Jos romanos, condu­
cen hacia un pasado que en su misma
dramaticidad conserva visos de actuali­
dad.
Frente al epos como impulso de ex­
presión poética, que Burckhardt tan
sólo reconoce a los más antiguos hele­
nos, especialmente a Homero, lo que
impone la estatua ecuestre es el ethos
de los romanos y los renacentistas,
fuerte mezcla del sentimiento del honor
con el de la gloria en que se encarnó
la virtud de la raza europea occidental.
Sin embargo ¿no es en cierto modo épi­
ca la expresión manifiesta en la subli­
mación del mérito y en la incitación
moral que siempre comporta?
Ningún otro animal presenta como
el caballo la forma apropiada para
crear la ilusión de la fuerza inteligente
y del contenido vigor; ningún otro po­
dría colaborar con el hombre para crear
la alegoría de la gloria. Porque en la
estatua ecuestre, al lecibir el héroe del
caballo su aliento de energía y de hon­
radez, al par que éste de aquél su alien­
to de emoción y de perfectibilidad,
lo que ambos realizan es la alegoría
de la gloria, cuando no de la vana­
gloria.
Tan sólo cuando se glorifica el espí­
ritu ya objetivado en el recuerdo del

artista, del hombre de ciencia o del es­
tadista, del místico o del hombre bueno,
es innecesario el caballo; pero cuando
se trata de expresar el espíritu dinamizado por la pasión en el conductor po­
lítico o en el militar heroico, se impone
la noble bestia —y se ha impuesto des­
de hace veinte siglos— porque con ella
se afirma más el acto y el drama que
el logro.
Ahora bien, las posibilidades expresi­
vas derivan en la estatua ecuestre del
juego dinámicoestátieiL, de las grandes
masas, o bien por los acentos temáticos,
o bien por el modelado plástico. Y se­
gún sea la dosificación de los elementos
en dicho juego, ella puede indicar la
presencia viva pero detenida del per­
sonaje, o la violencia dramática que lo
arrastra, o la exaltación épica en la po­
tencia del recuerdo, aunque siempre
predomine la acción histórica.
El escultor puede elegir el momento
previo al movimiento, cuando éste apa­
rece con toda la potencia del acto ( Gattamelata de Donatello, Gran Elector de
Sajonia de Andrea Schluter, A irear de
Bourdelle), o representar el movimiento
mismo en toda su vibración nerviosa,
actitud característica de los naturalis­
tas ( Colleone de Verrocchio, Marco
Aurelio romano, Felipe I V de Pietro
Tacca, Üorrego de Rogelio Yrurtia) y
más aún de los barrocos, quienes bus­
can la avasallante exaltación del ins­
tante (Alessandro Farnesio de Mocchi,
Constantino de Bernini, E l centauro y
el lapita de B arye); pero también pue­
de indicar el movimiento apenas insi­
nuado, sin vibración y sin energía
(Cangrande de Verona) y hasta la laxi­
tud del movimiento no iniciado (Luis

fraternidad de los pueblos liberados por
San M artín, opuesto al carácter narra­
tivo del otro: S a n M artín aconsejando
a su nieta y entregándole una medalla
de sus glorias, sino más todavía por­

que no contribuyen a enriquecer la ar­
quitectura de la estatua.
Sin apartarse demasiado de las for­
mas naturalistas, como corresponde en
la ejecución de una estatua de conteni­
do dramático —por alguna razón la
nota épica desaparece de la estatuaria
helénica en el momento en que se im­

pone el naturalismo individualista y
sentimental del siglo iv y de la época
helenística—, y limitándose a construir­
las con cierto rigor geometrizante, Sas­
sone ha realizado las figuras con el
premeditado fin de que ellas despierten
vigorosas emociones anímicas, sin aten­
der a las más refinadas emociones de
la sensibilidad. No puede mereeer sino
elogios a este respecto, sobre todo en lo
que se refiere al caballo, duro y preci­
so, ya que ha sabido no empequeñecer
las formas con detalles descriptivos,
salvo los inevitables en el género, y
mantener ihtegérrima la concepción mo­
numental. En* las figuras alegóricas,
empero, ha abusado del modelado po­
liédrico, a mi juicio, especialmente en
las femeninas lo que permite suponer
que se siente más cómodo expresando
la energía espiritual y física que la lí­
rica y serena quietud. Igualmente ex­
presivo es el sentido de la deformación
que se advierte en todas las figuras,
obediente siempre a un impulso fuer­
temente emotivo que no deja de contro­
larse a sí mismo.
En la figura ecuestre las fofmas se
ordenan en ritmos simples de planos y
líneas, según una composición estática
de ejes verticales y horizontales lige­
ramente modificada por algunos ejes
oblicuos. El caballo y el caballero for­
man una masa homogénea casi sin aber­
turas, sobre la cual inciden la cola y
las patas del animal, una sola de éstas
en alto, para darle más movimiento, al
par que gracia y elegancia. No me pa­
rece feliz, en cambio, la actitud del bra­
zo de San Martín, flexionado en actitud
de juramento, ante todo porque es for­
zada en demasía y carece de grandeza

épica, luego porque no llega a indivi­
dualizarse, siendo como es y debe ser
el gesto esencial. Y, como por otra
parte el torso del héroe es un poco
corto, la postura le resta energía y da
una peligrosa preeminencia al caballo.
Sin exagerar su carácter decorativo,
no ha descuidado Sassone los ritmos
formales, siempre equilibrados; en las
dos masas de figuras alegóricas son si­
métricos, encontrados u opuestos, po­
niendo así una nota de elegante flexibi­
lidad que compensa la rudeza del mo­
delado, y en los bajorrelieves se resuel­
ven en arabescos que acentúan la co­
rrecta concepción planista que los defi­
ne. Lástima que no se haya preocupado
igualmente por los ritmos arquitectóni­
cos, demasiado pobres —las modenaturas apenas se insinúan—, lo que resta
alguna eficacia al conjunto y sobre todo
no complementa la emoción de la figu­
ra principal.
Antonio Sassone ha trabajado con
firmeza y dedicación, con admirable
entereza moral y claro sentido de la
responsabilidad. Muy satisfecho puede
estar. Los reparos que le opongo no
tienden a disminuir el éxito logrado.
¿Qué escultor de nuestros días escapa­
ría a tales o cuáles reproches ?
También puede estar satisfecho el
vecindario de Quilmes, no solamente
por la magnífica estatua inaugurada,
que también honra al arte nacional,
sino porque ha quebrado la mala cos­
tumbre de representar al héroe epónimo
en las ciudades del interior con malas
copias del monumento de la Plaza San
Martín en Buenos Aires, el que de nin­
gún modo justifica su permanente re­
petición.

�cabalgata©

_________CIENCIAS_________
INGENIERO, RELOJERO Y ENTOMOLOGO

Don Fernando Bourquin, autor del li­
bro Mariposas Argentinas”, recompen­
sado con el premio municipal Eduardo
l*- Hol-mbcrg, correspondiente al año 1945,
por decisión de la Academia Nacional
de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
de Buenos Aires, en sesión de 31 de oc­
tubre próximo pasado.
cosa de año y medio fui pre­
sentado a don Fernando Bourquin,
en una librería de la calle Florida,
un librero amigo, amigo de ambos. Aca­
baba de salir a la venta el libro M ari­
posas A rgentinas , de que el señor Bour­
quin es autor ( l) , pero nuestra conver
sación tomó desde el primer momento los
giros más insospechados. Una común
nostalgia nos llevó a recordar, con mal
disimulada vehemencia, a ó! sus montañas
de Suixa y a mí las de Galicia. Al
paisaje se mezclaron los insectos, los pá­
jaros, los r os, las perdidas aldehuelas, el
olor del heno V hasta la historia. Sus
antepasados, hugonotes franceses, busca­

H

ace

ron refugio en Suiza a raíz de la revoca­
ción del Edicto de Nantes. St. Imier, el
pueblo natal del señor Bourquin, de una
población de alrededor de 8.000 habitan­
tes, es asiento de la fábrica de relojes
de una firma cuyas marcas son mundial­
mente conocidas. "Cuando el maestro no
podía soportar nuestras diabluras —me
confesó— nos echaba al monte (para lo
cual no había más que cruzar la calle),
de donde regresábamos con lagartijas, ra ­
nas, insectos y otros personajes por el
estilo en los bolsillos. La naturaleza se
nos metía por la puerta de la escuela
y del hogar cuando el sol primaveral
fundía las nieves que nos bloqueaban du­
rante seis meses; era entonces ocasión de
desquitarse del encierro, de salir con unas
botas altas, pantalón corto y jersey en
busca de las flores, de los pájaros, de
las mariposas, de las ardillas, por cum­
bres y cañadas. El profesor de botánica
nos sentaba a niños y niñas frente a
frente y entregaba a cada grupo las
plantas para su clasificación; el primero
de éstos en acertar con el nombre cien­
por
tífico de una de ellas se enriquecía con
un alumno o alumna del bando opues­
to .. .”
Aquella conversación, nada protocolar
por cierto, no se me olvidará jamás.
El señor Bourquin es un hombre excep­
cional, si los hay, heredero de una trad i­
ción secular, con títulos del siglo xvn,
y a quien los azares de la vida lanzaron
desde sus montes natales a esta Babel
sudamericana; en su semblante llamea el
genio de aquellos art'fiees que elevaron
el arte de la relojería a un grado’ de
perfección difícil de calibrar por quienes

no hayan nacido en St. Imier y otros pue­
blos suizos, donde todos, con la excep­
ción del panadero, del zapatero y de dos
o tres ciudadanos más, trabajan do­
rante todo el año como relojeros. Anti­
guamente estos montañeses bajaban una
vez al año a la ciudad más próxima, y en
una gran feria a la que acudían merca­
deres de toda Europa, vendían los relojes
hechos en sus talleres hogareños. Estas
obras de arte iban a parar a las cortes de
España —recuérdese la "chifladura” de
Carlos I de España y V de Alemania en
Juste— , de Rusia, de Inglaterra, de F ran ­
cia, a cualquier castillo feudal, al palacio
de un burgués de los Países Bajos o del
Rin, a un convento, etc.
Desde entonces apenas tuve ocasión de
volver a conversar con el señor Bour­
quin. Pero al enterarme de que la Acade­
mia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas
y Naturales le ha otorgado el premio
Holmberg correspondiente a 1945 por su
libro M ariposas A rgentinas , fu i a salu­
darle y hacerle presente mi enhorabuena.
Al acercarme a su casa con mi hija,
una gran mariposa, de la envergadura
de un gorrión, se posó en una ventana
por unos segundos, al cabo de los cuales
levantó el vuelo otra vez y se remontó
por encima de las copas de los árboles
vecinos. Al contarle el caso, el señor
Bourquin nos contestó con esa naturali­
dad de quien está en el secreto:
—Sí, ya sé cuál es; pero su árbol se
encuentra al fondo del jardín.
Pasamos a un despacho donde nuestro
amigo estaba renovando las hojas a unas
orugas y cuando nos descuidamos está­
bamos de nuevo a vueltas con los montes

P ágina a cargo de

EL 'T IN ” DE ARQIIMEDES
N un sesudo diario de Buenos Aires y
en un artículo destinado a desterrar
dudas muy extendidas o endémicas rela­
tivas a ciertos términos marinos, se decla­
raba con la gravedad del caso:
"Es subido que un cuerpo flotante pesa
tanto como el agua que desaloja.”
El autor quiso decir, sin duda alguna,
algo así como: Un cuerpo flotante en el
agua pesa tanto menos que fuera de ella,
como pesa el agua que desaloja.
Un amigo nuestro, comentando el desliz
añadió:
— Esto se debiera llamar el fin y no el
principio de Arquímedes.

E

LOS "MISTERIOSOS
VISITANTES"
aL pasar la vista sobre un aviso de
una editorial, nos quedamos un tanto
sorprendidos al leer, a propósito de un li­
bro recién aparecido, de que es autor una

de las máximas autoridades en la materia
de los rayos cósmicos:
" ...¿ D e dónde vienen estos misterio­
sos visitantes con una energía diez mil
veces mayor que la de la bomba atómicaf”
Es sabido que los "misteriosos visi­
tantes” de tal manera abundan que los
físicos pueden estar seguros de encon­
trarlos en todas partes: a muchos metros
de profundidad debajo del agua, en el
fondo de las minas, en la estratosfera,
en los polos y en el Ecuador. Incluso se
construyen tubos —en cuyo interior se
colocan dispositivos registradores— que
se enfocan en cualquier dirección para
estudiar las posibles diferencias de inten­
sidad de los rayos según los distintos án­
gulos. Así, pues, tras unos momentos de
confusión, nos frotamos las manos, de­
jamos la lectura y otros cuidados y nos
ponemos a pasear con una complacencia
como hacía años que no la experimentá­
bamos. Nada, nada — reflexionamos, pe­
ripatéticos—, no cabe la menor duda. Si
los "misteriosos visitantes” con una ener-

JOSÉ OTERO ESPASANDÍ.N.

gía diez mil veces mayor que la de la
bomba atómica nos están bombardeando
de día y de noche, en sueños y despiertos,
es claro que la bomba es un bluff, y
nuestros amigos los norteamericanos, si es
cierto que gastaron los miles de millones
de dólares en fabricarla fué, una de dos,
o por simple afán de derrochar el dine­
ro, o con el secreto designio de desviar
la corriente del turismo internacional ha­
cia su país. "Aquí tienen ustedes —di­
rán los cicerones— las maravillas de la
Edad Atómica ante las cuales mármoles,
bronces, telas, San Pedro y San Pablo
son meras bagatelas” . . . Los mismos cien­
tos de miles de muertos de Hiroshima y
Nagasaki no pudieron morir a consecuen­
cia de la bomba, sino de una especie de
liarakiri psicológico. Esto es Ja u ja , y
quien lo dude no sabe lo que se pier­
de. — J. O.

Animales que "ven”
con los oídos
la segunda mitad del siglo xvm
los experimentos de Lázaro Spallanzani, el abate biólogo, y de su amigo
zo Luis Jurin pusieron fuera de duda qui­
los murciélagos pueden moverse en las ti­
nieblas con infalible seguridad gracias a
las orejas y la boca, y no a los ojos.
Cor. éstos tapados el murciélago vuela y
revuela por una habitación a oscuras de
cuyo techo penden numerosos hilos con
sendos cascabeles sujetos del extremo in­
ferior; mas si le tapamos los oídos y la
boca, tropezará con cuanto se les ponga
por delante. El resultado de estos expe­
rimentos, ideados y llevados a cabo por el
mejor espíritu experimental, llegaron a
conocimiento de Cuvier, a la sazón una
especie de sumo sacerdote de la ciencia, y
no se le ocurrió nada mejor que este di­
cho ingenioso: "Pues si ven con los oí
dos también oirán con los ojos.” La fra ­
se se repitió en salones y academias por
los aduladores del sabio francés y por los
aristócratas del saber de entonces, y por
fin frase y experimentos cayeron en el
olvido. Pero las cosas no podían parar
ahí por mucho tiempo; estos mam feros
voladores ofrecen peculiaridades en ex­
tremo atrayentes para los biólogos y por
ello los experimentos señalados y muchos
otros nuevos han venido a enseñarnos mu­
chas cosas de sumo interés a propósito de
los mismos. En el número de julio del
año en curso de The National Geographic Magazine, el biólogo norteamericano
Donald R. Griffin nos ofrece un resumen
de sus experimentos con estos animales.
De ellos resulta que los murciélagos emi­
ten mientras vuelan unos sonidos híperagudos o ultrasónicos, que al reflejarse en
los objetos cercanos son captados por los
oídos, y el intervalo transcurrido entre la
emisión y la captación del eco es traduci­
do por el cerebro en términos de distancia.
Esto explica el hecho de que el murciéla­
go tropiece ál taparle la boca y los oídos,
aunque tenga los ojos abiertos. Los so­
nidos inaudibles del animal pueden verse
en la pantalla de un oscilógrafo de rayos
catódicos con la misma claridad con que
podemos ver la voz de un tenor o de
una estrella corriente y moliente en la
banda de celuloide, y por lo tanto no
puede caber la menor duda de que, si
bien no ven con los oídos en el estric­
to sentido de la palabra, pues no utili­
zan para ello ondas luminosas, sino so­
noras —aunque no para nuestros torpes
oídos— , los murciélagos exploran el mun
do en que se mueven con boca y oídos
combinados, como el ciego lo explora me­
diante la combinación del tacto y del
cavado.

E

Tejer y destejer como Penélope: tal es en esencia la tarea de la vida. Mientras
unos seres tejen otros se encargan de reducir a sus elementos primarios las telas
__en extremo frágiles por lo general— salidas del telar de los primeros. Durante
siglos y siglos el hombre se sintió impotente para oponerse al ímpetu de las fuerzas
que empujan la vela de la vida entre Escila y Caribdis. Mas poco a poco fué
aprendiendo a atar y desatar cabos por su propia cuenta, de tal modo que, si bien
está lejos de navegar contra la corriente y hasta de quedarse en el remanso, sus
manos pueden manejar el timón de la nave con creciente firmeza y sortear algunos
escollos antes fatales. Este hombre que aquí vemos con toda el alma asomada a los
ojos es el químico Broadbent, quien, en colaboración con otros sabios británicos, des­
cubrió la paludrina, droga antimalárica do gran eficacia. Millones de seres humanos
mueren ahualmente, y muchos más sufren año tras año, a consecuencia de la mala­
ria enfermedad que los ineas del Perú combatían con la corteza de la Chinchona ca­
lisaya muchos siglos antes de que uno de ellos, apiadado de un jesuíta enfermo,
revelase el secreto al mundo entero. Cuando la malaria esté vencida del todo, el
hombre podrá retornar confiado a los paraíso» tropicales, hoy en poder de sus rivales
los mosquitos.

n

suizos, con los relojes, los pájaros, las merenderas, soldnnellas y mil cosas más,
mientras mi h ija iba de asombro en
asombro barajando cajas de mariposas
argentinas a cual más hermosa.
Al pedirle una fotografía para Cabal­
gata , don Fernando Bourquin
vacila.
"Después de todo —comenta
el pre­
mio no va dirigido a mi persona, sino a
la Sociedad Entomológica Argentina,
donde encontré siempre una cordialidad
y una comprensión realmente exquisitas.”
—¿Cuándo empezó sus estudios sobre
las mariposas argentinas? —preguntamos
al señor Bourquin casi al término de
nuestra entrevista.
__En 1929, después de dieciocho años
de batalla del lado de acá del Atlántico.
Ya con los problemas más urgentes re­
sueltos, renació en mí aquel entusiasmo
de niño por la naturaleza y empecé a es­
tudiar las mariposas argentinas con la
misma naturalidad y la misma falta de
pretensiones con que estudiaba la vida
de las plantas y de las ardillas de St.
Imier. Esto me puso en relación con per­
sonas de gran valor de este país y sobre
todo fué causa de que estableciese con­
tacto directo con este .mundo tan fascina­
dor de los lepidópteros.
Al despedirnos, el señor Fernando
Bourquin tuvo la amabilidad de darme los
nombres de muchas personas cuya autori­
dad en diversas cuestiones científicas
bien podría honrar las columnas de C a­
balgata . — José Otero Espasandín.
(1) E ste libro fu é com entado por nosotros en
C orreo L iterario cuando su a p arición. L o d is­
trib u y e E l A teneo.

t'sJW M
1

# ré

He aquí, en forma sintética, la vida j
milagros de la mariposa R o th s c h ild ia j¿.
cobaeae (W lkr.), tal como aparecen ma
gistralmente expuestos en la página 19
de "Mariposas A rgentinas”, de don per.
nando Bourquin.
1 . Huevos. — 2. Oruga. — 3. Capullo
abierto. — 4. Crisálida en su capullo. —
5. Adulto macho. — 6. Adulto hembra.
— Planta alimenticia de la oruga, Baccharis salicifolia (P crs.).
Esta mariposa, antes muy abundante
en las inmediaciones de Buenos Aires, se
encuentra hoy excepcionalmente. Combi­
nada la desaparición de muchos pies de
la planta de que se alimenta, con los pa­
rásitos que la atacan y los coleccionistas
esta especie fué perdiendo terreno desdé
fines de siglo a ¡esta parte.

DANZA DE MILLONES
se trata de ninguna cuestión eco­
nómica, no. No vamos a hacer el
N
estudio de ningún presupuesto, que es el
O

único lugar donde para la mayoría de
los mortales se pueden hacer juegos de
manos con los millones. Tampoco preten­
demos abismarnos en la consideración de
esas distancias a las que tan habituados
están los astrónomos y que a los demás
nos provocan vértigo, zumbidos de oídos
y escalofríos. Nada de eso. Es algo mu­
cho más sencillo, más pequeño y de me­
nor importancia. Lo cual no quiere de­
cir que carezca en absoluto de im portan­
cia. Pero vayamos al grano.
¿ Ha preguntado usted alguna vez a al­
gún amigo cuánto es un billón? Desde
luego, esta pregunta, aparte de que pueda
poner en relativos aprietos a su interlocu­
tor, si es de los que nunca hicieron mu­
chas migas con las matemáticas, no tiene
gran significación. Acertarán o no, y
asunto concluido. Pero, ¿lia preguntado
usted alguna vez cuánto es un billón en
otras partes del mundo? Ahí puedo g a­
rantizarle que se inicia una discusión de
esas que acaban, a falta de argumentos,
sacando a relucir los defectos personales
de los participantes. Porque casi nadie
estará seguro de lo que dice, que es, como
afirmaba Baroja, cuando se sostienen las
cosas con mayor convicción. Pues bien,
suipor si no ha obtenido usted una respuesta
clara a esas preguntas, voy a informarle
que un billón significa en España y en
Inglaterra un millón de millones, es de­
cir, un palito seguido de doce ceros
( 1 .000.000.000.000)
mientras que en
Francia y en los Estados Unidos signifi­
ca mil millones, o sea la unidad seguida

de nueve ceros ( 1 .000.000.000). Como ve
el lector, una diferencia de tres ceritos.
Soy el primero en reconocer que esto
no es como para quitarles el sueño a los
cinco grandes que continúan enfrascados
con eso de Trieste y de la bomba atómi­
ca, pero, sin embargo, podría muy bien
quitarle el sueño a alguna madre que su
fre viendo al hijo retorcerse con los ac­
cesos de la tos convulsa o a algún médico
que se dejó guiar por un trabajo norte­
americano recién leído o por cierta tra­
ducción hecha algo a la ligera. Efecti­
vamente, es el caso que las vacunas anticoqueluchosas comunes solían contener
unos 15.000 millones de gérmenes por
cent metro cúbico, y las fuertes, que se
usan más en la actualidad, unos 50.000
millones, siendo las dosis totales recomen­
dadas unos 50.000 millones en el primer
caso y 120.000 en el segundo. Estas can­
tidades y dosis, dichas por los franceses
o norteamericanos, serían 15, 50, 50 y 120
billones respectivamente. Lo que inter­
pretado en castellano al pie de la letra
(¡aquellos tres ceritos!) significa la po­
sibilidad de dar dosis 1.000 veces mayo­
res de las convenientes con los consi­
guientes trastornos y perjuicios.
Si cosas tan sencillas como éstas, tras
de las cuales no puede pensarse que haya
intereses ocultos, sino simplemente el
enorme poder de la inercia y el de la ru­
tina — casi tan grandes como el de la
energía atómica— , perduran a mediados
del siglo xx creando confusiones y dife­
rencias entre los países, se comprende que
para resolver algunas otras diferencias de
mayor enjundia necesitetnos por lo menos
otros 20 ó 30 siglos y pico, más. — José
Luis M. Anthonisen.

K íta torre tiene el mérito de haber sido la primera desde donde se transmitid
rdprrinuiu regulares
1o r í ade televisión. E stá
*/ situada
•.
. en Alexandra
..
-i
rx
.. uno .10
programas
Palace,
de
puntos a la vez mas elevados y más céntricos de Londres. A comienzos de 1935
Comité de Televisión del gobierno británico decidió ofrecer al público sesiones rej
lares mediante el sistema de análisis electrónico —que ofrecía va indudables venta,
sobre el sistema mecánico de B aird— , y desde entonces esta torre se hizo fami
y ganó un puesto en la historia de la ciencia v de la técnica. Los programas
interrumpieron durante la guerra, pero han vuelto a reanudarse.

�A RTE-CERAM ICA

O cabalgata

eran exposición de arte francés conj temporáneo organizada por la Unión
de las Artes Plásticas en el antiguo Mu­
seo del Luxemburgo, es un excelente pre­
texto para intentar un resumen del arte
actual, ya que ofrece la ocasión de con­
frontar tendencias muy diferentes y repre­
sentadas por los artistas mejor reputados.
El debate entre partidarios del arte
abstracto y del arte concreto —o de',
arte figurativo y no figurativo—, que el
año pasado provocó numerosas polémicas
en Francia, no lia producido esta vez tan
vivas discusiones.
Se puede dividir la producción actual en
tres grandes corrientes:
La primera se inspira directamente en
la naturaleza, la respeta en sus apariencias
y no acepta más que modificaciones de
detalle con objeto de expresar la sensi­
bilidad del artista.
La segunda se sitúa absolutamente en
el lado opuesto. El artista busca una
creación total, inventa completamente las
formas y los colores sin ninguna preocu­
pación de imitar.
La tercera corriente adopta una posi­
ción intermedia. Admite la naturaleza
sólo como punto de partida, como suges­
tión; la transfigura según plazca al pin­
tor, el cual, partiendo de ella, reconstru­
ye un mundo plástico conforme a su vo­
luntad.
P ara los primeros, la inspiración inicial
debe hallarse en la naturaleza, puesto que
en ésta se encuentran todas las fuentes
de emoción del hombre; porque su reper­
torio de formas y de colores es infinito
y porque nada puede inventarse de viable
fuera de ella. Para los partidarios de esta
tendencia, la obra de arte se resume en la
definición: "La naturaleza vista a través
de la sensibilidad de un artista”. El
impresionismo fué uno de los puntos cul­
minantes de esa corriente, y los que hoy
siguen fieles a tal definición, se acercan
más o menos a dicha escuela, aunque no lo
"Le M oulin de la G alette”, p o r D u fy. Réplica del célebre cuadro de Renoir.
declaren, o lo nieguen. Constituye la ex­
presión de arte más fácilmente accesible,
la que reúne el mayor número de sufra­
gios y atrae a los públicos más diversos,
pues es la que se entiende con mayor faci­
lidad aun por los no iniciados. Esto no
quiere decir que no cuente con artistas
de primer orden y de gran audacia. Esta
por
R A Y MO N D C O G N I A T
tendencia puede llegar también a ciertos
extremos y provocar el escándalo. Pinto­
res como Soutine, Chagal', Rouault y
ellos, un cuadro no debe ser sino un cua­ armonía voluntaria, sin concesión, lejos tituye el fin real de la voluntad del pin­
Raoul Dufy, por ejemplo, pertenecen a esa dro, es decir, un determinado ritmo do de cualquier apariencia. No hay ninguna tor. Uno de los principales iniciadores
categoría.
colores y de l neas, una combinación do razón para tomar como pretexto un paisa­ del arte abstracto, Kandinsky, lo ha ex­
Los que, por el eoSitrario, rechazan la
formas válidas en sí. El placer estético, je o una naturaleza muerta con objeto presado con exactitud: "Suprimido el ob­
para que sea puro, debe atenerse a esa de construir esa armonía ideal que cons­ jeto, no por ello los medios de expresión
naturaleza, buscan otro absoluto. P ara

L

a

Las Tres Caras del Arte Contemporáneo

fábricas británicas de cerámica
/ —que se encuentran, principalmente,
alrededor de las famosas "Cinco Ciudades”
de Hanley, Burslem, Stoke, Fenton y
Longton— están trabajando intensamente
para enfrentarse con la mayor cantidad
de pedidos que registra su larga historia.
Producen las hermosas vajillas y objetos
cerámicos que son parte de importancia
en la tradición nacional de experta a r­
tesanía.
Terminada la guerra, durante la que
hubieron de concentrarse, casi exclusiva­
mente, en la ayuda al esfuerzo aliado,
los hornos, moldes y ruedas de otra de las
industrias británicas han vuelto a servir
las necesidades de un mundo en paz.
as

L

V n arte antiguo.
El estudio de las exportaciones muestra
de una manera decisiva la creciente apre­
ciación en ultramar de la destreza de
nuestros ceramistas continuadores del vie­
jo arte alfarero, ayudado hoy por métodos
modernos y progresos científicos.
Si se establece una comparación entre
el promedio mensualmente exportado en
1938, que fué ¿e 14.700 toneladas, y la
cantidad remitida a otros países en mayo
del corriente año, que ha sido de 17.700
toneladas, se acusa inequívocamente la
tendencia al ascenso; y si se atiende a lo
exportado en julio de 1944, que fueron
2.800 toneladas, se ve, sin lugar a duda,
hasta qué punto se sustrajo la industria
a sus tareas normales para dedicarse al
esfuerzo de guerra.
El gobierno ha demandado que se au­
mente en un 75 por ciento la producción,
porque las exportaciones ayudan a la Gran
Bretaña a pagar por las importaciones
requeridas para mantener el nivel de vida
de la preguerra. La industria cerámica
ha respondido con un vigoroso programa.
Nuevos diseños, nuevos colores y nuevos

CINCO CIUDADES
QUE TRABAJAN PARA EL MUNDO
por CHARLES KI NG
modelos están saliendo de los hornos para
ser transportados a los mercados de ul­
tramar. Son notas características de las
actuales manufacturas, las nuevas y deli­
cadas tonalidades como la del color de
espliego, el rosa alpino y el g r is ,ostra, y
los diseños más audaces y menos austeros.
Las tazas, los jarros y los platos de ve­
getales llevan mayores asas, por lo que
resultan más fáciles de sujetar.
Hace unos meses, la Comisión T ripar­
tita —nombrada por el gobierno, en oc­
tubre de 1945, pura
que estudiase las ne­
cesidades de la indus­
tria— formuló am­
plias propuestas de
progresos a realizar.
Entre los fines
perseguidos en los
proyectos de las in­
dustrias cerámicas,
para ios años de paz,
figuran los siguien­
tes: adiestramiento
y estímulo de dise­
ñadores, artistas y
artesanos de la cerá­
mica ; más estrecha
relación con los in­
genieros para au­
mentar el rendimien­
to por hombre y ho­
ra de trabajo; ma­
yor uso de los mé­

(Especial para C abalgata.)

todos y la maquinaria moderna, cuando
sea necesario; mayores labores de inves­
tigación; y atracción de nuevos obreros,
mediante sistemas de entrenamiento pa­
trocinados por el gobierno.
P ara atender a los compradores de ul­
tram ar y darle a la industria un vínculo
más estrecho, se ha formulado la propues­
ta de establecimiento de un centro coope­
rativo en Stoke, el corazón de las manu­
facturas cerámicas. De llegarse a cons­
tituir, habría allí una amplia representa-

micas de la Gran Bretaña son, quizá, las
de Royal Doulton, Spode y Wedgwood. La
porcelana Spode se puso de moda hacia el
final del siglo xvm , cuando Josiah Spode,
de Stoke, comenzó a hacer delicadas por­
celanas de feldespato, dotadas de sobresa!ienfe belleza, y en cuya fabricación
introdujo el uso del hueso.
Las Royal Doulton se iniciaron en la
alfarería que en Lambeth, a orillas del
Támesis, tenían John Doulton y John
W atts, la que fué fundada en 1815. Ca­
racterizan la obra
de esos famosos ar­
tífices, figuras de
porcelana exquisita­
mente modeladas, y
las vajillas de esti­
lo puramente inglés,
con delicados grupos
de flores y dibujos
heehos a mano.
El ceram ista de la
reina.

T am bién en los objetos de adorno se destaca la alta calidad de las porcelanas
inglesas, como lo atestigua este "T a u ru s” exhibido en la exposición "G ran
B retaña puede h acerlo”.

wood , que goza
fama en todo
mundo por su p&lt;
fección, fué creai
por Josiah Wed
wood, que nació
1730 y fué aprend
de su hermano Til
mas. En 1759 se
reconocía ya cor

quedan limitados, sino al contrario, se
multiplican infinitamente. Este arte crea
al lado del mundo real, un mundo nuevo
que no tiene nada que ver exteriormente
con la rea lid ad ... La naturaleza crea su
forma conforme a su finalidad; el arte
crea su forma conforme a la suya” . . .
Esta posición es una de las más defen­
dibles, pero requiere una creación cuyo
rigor y austeridad son de difícil acceso
para una gran parte del público, poco
acostumbrado a cosa tan despojada e
intransigente.
Muchos artistas contemporáneos han
comprendido esta necesidad del cuadro
que encuentra su razón de ser en sí mis­
mo. Sin embargo, no se han decidido aperder todo contacto con la naturaleza,
proveedora de un vocabulario más fácil
de comprender. Esos pintores se sirven
de aquel vocabulario como el poeta de las
palabras: como puntos de apoyo para
construir sus armonías, aun cuando lleve
hasta lo imposible la extensión de su
sentido, aun cuando logre arrebatarles su
significado.
Estos artistas son los que integran la
tercera tendencia. Esta difícil síntesis
atormenta a la mayoría de los grandes
pintores desde hace unos treinta años,
cuando el cubismo naciente ofreció a un
público no prevenido algunas soluciones
desprovistas de todo artificio. En esta v a
se encuentran casi todos los jóvenes a r­
tistas de hoy. Su rechazo de lo fácil
y de las convenciones es un signo de espe­
ranza para la época que vivimos. Esos
jóvenes reanudan por su cuenta las expe­
riencias y las adquisiciones del fauvismo
y del cubismo. Se inspiran y aprovechan
lecciones, pero no imitan. Sin embargo,
sus creaciones son menos agresivas que
las que nacieron alrededor de 1910; es
que entonces era necesario luchar contra
tantas rutinas y prejuicios, que toda in­
novación tomaba el carácter de provo­
cación.
La verdadera novedad será, sin duda,
una provocación, pero ¿bajo qué forma!
Quizá por el retorno a un arte en apa­
riencia realista pero que tendrá en cuenta
afirmaciones cubistas y fauves. Esto cons­
tituiría también una síntesis, la más com­
pleja, la más difícil de comprender en el
fondo, la más fáeil en apariencia. Se
me antoja que la época en que se cumpla
ese arte no será la nuestra. El arte
contemporáneo, con sus múltiples experien­
cias, nos prueba que nos encontramos to ­
davía en un estado preliminar, el del
análisis.
( Especial para C abalgata.)

maestro, y eon su socio Thomas Whieldon
produjo los modelos de melón y col de a r­
cilla. En 1762, Josiah regaló a la reina
Carlota, esposa de Jorge I II , un juego
completo de porcelana color crema, y
en recompensa fué nombrado ceramista
de la reina. Luego se concentró en la
producción de cerámica artística, basando
sus diseños en hallazgos hechos en las
ruinas de Pompeya, Herculancum y la
C'ampania romana.
Durante la reciente conflagración mun­
dial, las manufacturas británicas de por­
celana produjeron grandes cantidades de
cacharrería a prueba de ácidos, aislado­
res de electricidad, porcelana para labo
ratorios y especiales objetos cerámicos de
aplicación técnica. Fabricaron también
material sanitario y tubos de desagüe
para campamentos, aeródromos, fábricas
de guerra, cantinas, hospitales y otros edi­
ficios. Lrna empresa manufacturó más de
5.000.000 de yardas (unos 4.500.000 me
tros) de tubería, desde octubre de 1940
a septiembre de 1944.
La producción cerámica británica no
sufrió quebranto por falta de importacio
nes, pues alrededor del 95 por ciento de
sus materias primas se encuentran en el
país. En cuanto al resto se apeló a subs
Ututos.
Ahora, al volver a la paz, se está incre •
mentando la mecanización para artículos
domésticos, pero sin que por ello se deje
de trab a jar a mano. La producción en
masa nunca puede reemplazar el "toque'
del artífice. Practica éste un arte legad'
por los siglos, y no una mera repetición
mecánica, y eon los modernos avances
científicos y técnicos puede llegar a supe
rar las mejores obras maestras de la ció
sica dinastía Sung. Es un legado del qu
los ceramistas británicos están muy orgu
liosos.

r-ión industrial, que ayudaría a los visi­
tantes extranjeros a establecer inmediato
contacto con el mercado de exportación.
E xportación triplicada.
Da una cierta idea de la creciente apre­
ciación de que disfruta en ultram ar la
cerámica del Reino Unido, el examen del
valor de las exportaciones de una determi­
nada fábrica de importancia. Pese a las
grandes restricciones impuestas por la
guerra, los envíos hechos por esa empresa
a los Estados Unidos se triplicaron du­
rante los años de la conflagración, du­
plicándose las ventas hechas a otros mu­
chos países. Los mercados más afanosos
de comprar los decorados productos de
esa fábrica fueron el Canadá, Brasil, Ar­
gentina, Uruguay, Sudáfrica, Australia,
Nueva Zelandia e India. La demanda si­
gue creciendo de día en. día.
Diseños de Eric Ravillous han sido utilizados para este herm oso juego de
platos p ara niños, en porcelana inglesa, presentado en la exposición
v
"G ran B retaña puede hacerlo”.

Celebradas producciones cerámicas.
Las más celebradas producciones cerá-

Un nuevo proceso de diseños p intados a m an o h a sido em p lead o en la fa b ri
cación de este juego de platos de p o stre, escogido p ara ser ex h ib id o en la
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L L A N A , por J u a n P a b l o F o r n e r .
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B A J O S O S P E C H A , por H e l e n M a e I n n e n .

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LOS S IE T E
A n d re le v .

SU U N IC O
(C la rín ) .

E L S IT IO
T o la to l.

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EDITORIAL POSEIDON

L e o p o ld o

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DE

S E B A S T O P O L , por L e d n
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N A P O L E O N Y E L M U N D O , por F r e d e r l c
C am p.
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E L D O M IN IO D E L M U N D O , por J a c i n t o
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A Lñ oG---O 4 r,Ht kO.-.R___c
R IB L E E N L A L E Ñ E R A •
porr A
n t h o n y uG ,l l .b e r t .
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M U J E R R A P T A D A , por F r n n k T h l e . a ,
J 2

por

E L S O M B R E R O D E P A J A D E IT A L IA ,
por E . L a b l e h e y M a r c - M lc h r l.
J 2

PELO D E
R e n a rd .

por

H IJO ,

V O L U P T U O S ID A D , por C h . F . d e S n ln t e B euve.
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E L M I S T E R I O , D E L A S IL L A
O B IS P O , por E d g a r T V a lla c e .
L A V E N T A N A S IN IE S T R A ,
in o n d C la n d e r .

A H O R C A D O S , por L e O n ld a a
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E L C R I M E N D E L R A P I D O D E P A R IS ,
por G e o r g e . S im e n o n .
(2

P O L I F E M O , O L A S P E R A S D E L OLM O
por H o r a c io R e g n M o lin a .
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DEL

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A G N E S G R E Y , por A n n e H r o n tp ,

Z A N A H O R IA ,

COBARDE,

por

H.

R.

por

J u le *
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L e n o rm a n d .

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LA G E N T E D E
M rtn d b e rg .

por

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FR A Y BA RTO LO M E D E LAS
por M a n u e l J o . ; Q u i n t a n a .

CA SA S,
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EL M UERTO
m ic o .

H EM SÓ ,

P R O F E S I O N A L , por C h a ­
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U N IN V IE R N O
G e o rg e S an d .

EN

M A L L O R C A , por
$ 2

"3

BU E N O S AIRES

�LETRAS

Jugadores de polo y músicos. M iniatura persa. Principios del siglo XV ( ? ) .
Museo B ritánico.

M iniatura persa. Siglo XVI.
Colección Gosse.
no lejos de la histórica ciuEii NdadPersia,
de Hamadán, se eleva el altísimo
peñón de Behistun con figuras humanas y
extensas inscripciones grabadas en lisa
piedra. En el curso de los siglos uno que
otroA'iajero las menciona, hasta que un
día despiertan la curiosidad del incipiente
paleólogo. El ingenio y la paciencia del
hombre dan, por fin, con la clave de esas
inscripciones de un remoto pasado y cuyos
caracteres cuneiformes corresponden a len­
guas desconocidas. Una comisión de peri­
tos, enviada por el Museo Británico a
principios de este siglo, completa los ya
adelantados trabajos filológicos de inicia­
tiva individual. El misterio de aquellas es.
crituras acompañadas de primorosos bajos
relieves, queda en descubierto: atestiguan
las hazañas del Rey Darío por cuya orden
se registran en tres lenguas —persa, sasánida y babilónica— para perenne edifica­
ción de las generaciones venideras.
" ...D ic e Darío el Rey: Por la gracia
de Ahura Mazda esto hice yo: en el mismo
año que yo llegué a ser rey emprendí diez
y nueve batallas. Por la gracia de Ahura
Mazda las llevé a cabo y tomé cautivos
nueve reyes.. . Dice Darío el Rey. Por
la gracia de Ahura Mazda otras cosas hice
yo que no figuran en esta inscripeiós.. .”
Mas los dioses permanecen inmutables
ante las alabanzas de quienes les atribu­
yen el éxito de conquistas y poderío, como
en vano los invocan cuando es llegada la
hora del exterminio y de la esclavitud.
No se cumplen cien años de la muerte
de Darío, y Alejandro se apodera de los
vastos dominios del Rey de los Reyes. Con
el incendio de Persépolis, en el que des­
aparecen casi todos los textos del ZendAvesta, queda herida de muerte la religión
de Zoroastro, mas no se extingue.
La esclavitud es también hora de prue­
ba. En secreto, el devoto comulga con
su dios y los dones del espíritu se re­
fuerzan. Resucita el culto zoroastriano
con su Dios-Luz —Ahura Mazda— e ins­
pira el alma nativa durante la larga y
floreciente época de la dinastía persa de
los Sasánidas. E sta termina a mediados
del siglo vn al caer el Irán en manos del
invasor árabe. Arrasa en nombre de Alá
y consolida el dominio del Islam sofocando
todo indicio de la religión autóctona. Mas
inconquistable es el alma de la vieja raza
dotada para las creaciones del espíritu.
Afloja el yugo mahometano y aflora el
genio persa. En lengua persa se escriben
los versos: la arábiga se reserva para la
prosa literaria y para 1?. ciencia en lo cual
aventaja el musulmán. Otro tanto acon­
tece al desaparecer el Califato cuando
descienden las hordas bárbaras y emerge
el reinado de los mogoles. En el vasto
territorio cuya civilización sigue siendo
árabe-persa el hijo de Irán se impone en
lo suyo. Si bajo dominación y domina­
ción el persa, que es por naturaleza pací­
fico, permanece pasivo y dócil, es insis­
tente en cuanto atañe a su arte. Su misma
ductilidad le permite aprender de los mo­

delos extranjeros y enriquecer lo propio
(se observa esto a lo largo de su arte
desde los tiempos asirio-babilónicos). El
artista no im ita: asimila y recrea. El
estilo persa es inconfundible. Tal se ma­
nifiesta en la gran exposición de Londres
de 1929 cuando en las salas de Burlington
House se lucieron los envíos del Sha de
Persia y de las mejores colecciones parti­
culares en un conjunto admirablemente se­
leccionado. Aquel conjunto de cosas ex­
quisitas puso en evidencia que en las artes
menores el genio persa no tiene parangón.
Los griegos respetaban a los persas por
su templanza y su carácter noble y gene­
roso. Apunta Herodoto: Tres cosas se
aprenden del joven persa: montar a ca­
ballo, manejar el arco, decir siempre la
verdad. De poco le valdría al iranés la
destreza para tirar la flecha ante la fuer­
za numérica del invasor, ,.y de nada la
virtud de no mentir bajo el rigor mu.
sulmán que poseía un eficiente e histórico
servicio secreto (hoy lo llamamos Gestapo
y G. P. U., pero entre los persas, tan a fi­
cionados a los apodos poéticos, llevaría,
seguramente, el significativo nombre de
alguna flor). Sólo la primera condición,
la habilidad de jinete se perpetúa en

© c a b a lg a ta

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EL ALMA
DE LOS
PERSAS
POR
A N A

M.

BERRT

nuestros días: cuando en la pampa y en
las planicies norteñas y sureñas se juega
al polo, pocos sabrán que este deporte,
importado por los ingleses, es antiquísima
herencia persa. E ra juego de príncipes.
Firdawsi, del siglo x, lo menciona en su
"Shamaná’’, poema épico de 60.000 versos

que recopila mitos de cincuenta reyes
zoroastrianos, y cuya figura principal es
el legendario héroe Rustam, protegido por
el ave fabulosa Simurgh, a quien acom­
paña su fiel caballito Saksh.
El "Shamaná ’ se señala no sólo por ser
poema escrito en lengua persa moderna
sino por su prolongada repercusión en las
artes. Siempre tuvo el persa predilección
por el relato (¿acaso no lo indican los
grabados rupestres de D arío?): del año
844 es una "Historia de caminos y co­
marcas", y temprano se escribe la "His­
toria del ajedrez”. El "Shamaná’’ ofrece
igualmente motivos al poeta y al pintor:
el ave fabulosa, Simurgh, simboliza la
Verdad en "El lenguaje de los pájaros",
poema m'stico del sufi A ttar, y las ha­
zañas del héroe Rustam con su fantás­
tico caballito son temas de las miniaturas
del siglo xv y del xvi.
Fantasía, inventiva y amor a la belleza
informan las creaciones persas. El ojo
certero para apuntar la flecha va junto
con la mano segura que maneja el arco
(fué la cacer'a otro deporte fav o rito ),
como los ojos abiertos a las maravillas
de la naturaleza se unen a manos hábiles
en registrar lo que el artista ve y siente.
Y registran transfigurando las cosas. Dic­

Prim itivo persa. R ustam con su caballo Raksh. (De la Exposición Persa en Londres.)

tan una fértil inventiva y un incesante
esfuerzo de realización.
El persa ama las flores y del yermo
hace un jardín. Las cultiva con esmero
y crea nuevas especies cuyo aroma aspira.
Sueña con retener aquella fragancia y
descubre el proceso de destilar esencias
perdurables. Las piedras preciosas son su
deleite; y en su cerámica, debidamente
preparada, brillan los reflejos metálicos
y brillan los esmaltes a base de esas pre­
ciosas piedras cuyo color puro fué prime­
ro asombro. Los vasos y platos de oro
y plata cincelados —como la alfarería—
presentan, ya en relieve, ya grabados, los
contornos de la fauna y flora que tanto
admira. Las figuras de animales, p ája­
ros y flores son motivo principa!, cuando
no ornamento, de las miniaturas; como
también aparecen tejidos en sedosas telas,
tapices y borlados. Siempre transfigura­
dos, a la manera persa.
Y los animales, pájaros y flores son
materia para imágenes poéticas. Pues los
persas, ante todo, son poetas. Asombrosa
C3 su facilidad para versificar. Es arte
en que descuellan. Inventan constante­
mente nuevas métricas y nuevas formas de
rimar; y aprovechando los modelos árabes
los sobrepasan. Suele ser el verso persa
excesivo y verboso. Se nota en los poetas
al servicio de un amo —sultán o prínci­
pe— en cuya corte hallaron protección y
sustento. Distinta cosa es la mejor lírica:
la de los místicos sufis. El sufismo, aque­
lla quintaesencia del alma árabe e iranesa,
inspira la poesía de los siglos xii al xv,
época de su apogeo. Si se exceptúa al ro­
mántico Nizámi, autor de "Layla y Manju n ”, sufis son los grandes líricos: Attar,
Sa’di, JalaluH Din, Hafiz, Jami. Escapan­
do de la rígida teología mahometana toman
el camino de la alegoría. Flores y pájaros
les sirven de címbolo: "El rosedal”, "El
huerto”, "La morada de la primavera”,
"El libro del ruiseñor", "El lenguaje de
los pájaros”, (ya mencionado), y otras
largas y famosas composiciones poéticas
escudan las ansias de Dios / traducen se­
cretas experiencias espirituales. Hafiz es
conceptuado el más e-quisito lírico; Jalalu’l Din —el derviche danzante—, el
poeta místico por excelencia (y poeta mís­
tico entre los más grandes del mundo).
La rica savia, propia al suelo de Irán,
que se manifiesta en abundante y variado
fruto a lo largo de las edades, persiste.
Florecen nuevos retoños, llevan otros nom­
bres, pero, en esencia, no cambian. El
Dios-Luz sigue inspirando al creador fer­
viente. El sagrado fuego arde todavía
hasta que, su hora cumplida, empieza a ex.
tinguirse. Y llega la Tersia de nuestros
tiempos.
Hoy se habla del pequeño Irán por la
riqueza de sus pozos petrolíferos y las
rivalidades a punto de surgir entre britá­
nicos, dueños de los pozos del sur, y la
Unión Soviética que explota, en parte, los
pozos del norte,y cuya ambición es adqui­
rirlos: tópico interesante del momento.

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cabalgata©

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tradicional librería
de la sociedad

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Luis Barragán. Im ágenes.

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Irán De Negri. Oleo.

ROMUALDO

B R U G H ETTI

búsqueda en profundidad vive en Cornet” y "Expresión artística de nues­
jóvenes pintores de América. Hom­ tra tierra en el arte” ?)
bres formados frente al derrumbe de con­ Un buido clima dramático se agita en
cepciones y preconceptos que dominan en la pintura de Negri. Expresiones sindicala vida y en el arte —sean de Argentina, doras son sus óleos "Cansancio”, "M ater­
Méjico o Ecuador—, saben que su ex­ nidad” y "Erutos del país”, gouaches y
presión debe penetrar en la tierra local a dibujos a pluma. Qbservador penetrante
fin de lograr una dimensión de univer­ de la humana realidad, del volumen, hace
su eje de valores bajo ;a acción de un
salidad.
Iván de Negri, mejicano, confirma es­ color de acentos patéticos, donde una ob­
ta aseveración con sus palabras: Vincula­ sesionante angustia adquiere vigencia y
do al movimiento de jóvenes de mi país califica su arte.
Los argentinos aducen otras dimensio­
que consideran que la pintura es emoción
y que los elementos técnicos deben estar nes, más cultivadas. A la dramaticidad
sujetos a la prueba emocional —dice—, prefieren el control de la expresión, in­
troduciendo una nostalgia y un ardor vi­
se trata de aprovechar lo nacional para
hacer obra universal, es decir, arte au­ gilado, que, de indirecto modo, dan tes­
téntico. (¿No es éste acaso el planteo timonio de una presencia de alma nacio­
cumplido en nuestros ensayos "De la jo ­ nal. No otra es la aptitud de José M.
ven pintura rioplatense”, "Ramón Gómez Morana en "Puerto”. El influjo poético
se anima por el carril de los ajustados
elementos en que vemos aliados la forma
y el color. Un tono expectante, en la es­
peranza, circunscribe su tela de inscrip­
ción pictórica viable.
{Y toda esa extraña humanidad de
"Imágenes” que nos presenta Luis B a­
rragán? Con la agudeza de un pintor p ri­
mitivo, define su personalidad singularí­
sima. En la pintura joven argentina, na­
die quizás como él posee un mundo "pro­
pio” de rigores donde la plástica deja
paso al sentimiento pictórico en figuras
que evocan personajes del Exodo, una te­
mática de significado trascendente ela­
borada con una minuciosidad caracterís­
tica del realismo mágico, que, por otra
parte, ubica su afinadísimo mirar.
La Exposición que incluye a Morana
y Barragán ha sido denominada escueta­
mente "Trece Pintores”. Los óleos de

U

na

Jorge A. Gnecco, de Ideal Sánchez y "Ifc |
trato ” de Aarón S. Lipietz, hallan sai|
calidades formales dentro de un oficio I
afirmativo. Pintura en densidad la " \a. I
turaleza muerta” de Bruno Venicr y lo, I
paisajes de Eolo Pons y Leopoldo Pre-1
sas. Alberto A ltaleff ostenta lineas cons-1
tructivas y volúmenes de expresión potm. [
te. Otros pintores: Vicente Forte, estu.
dioso del color, Luis Lusnich, Antoná
D’Amato y Eduardo Sieiro.
Oficio estricto, expresión poética y da I
mática, anécdota ennoblecida mediante n 1
dulce trascender de emotivas sugestiona i
y —¿por qué no?— de armonía, de belle-1
za, son virtudes consustaneiadas en osteI
núcleo de pintores. Mas insisto: bastará!
el nombre de Luis Barragán para dar a l
tegoría a las búsquedas de los nuevoi I
pintores de la Argentina.

LIBROS BIEN IMPRESOS
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Dora de la Torre. La virgen de la Luni.

W . Viladrich. M artín Fierro.

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Saúl Fuckn.
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(fa iio a á

BUENOS AIRES

dos”. Comprende la exposición desde Jfnriage d la morle, de Hogarth, fechada
en 1744, a Bain, Steam and Speed, de
Turner, fechada en 1844, y por eso se la
ha denominado "el esfuerzo artístico de
un siglo”. Y se ha dicho de ella que es
"la esencia de la contribución británica
urante el mes de octubre tuvieron
lugar dos exhibiciones de a rte cons­ al arte de la pintura”.
tituidas por obras m aestras de la pin tu ra La contribución de William Hogarth
británica y de obras m aestras italianas
al arte británico le ha valido fama mun­
dañadas por la guerra.
dial. Aunque sus cuadros son pocos, pues­
to que muchos de ellos fueron destruidos
En opinión del director del Instituto
de Chicago, Daniel Catton Rich, "estas por los incendios que asolaron a Londres
extraordinarias obras representan la con­ en el siglo dieciocho y principios del dieci­
tribución real de Inglaterra al arte del nueve, se le conoce en todas partes como
mundo”, y estimularán una "nueva valo­ un soberbio grabador, retratista y pintor
ración del arte inglés ea los Estados Uni­ de temas satíricos. En esta exposición,

PINTURA BRITANICA
E IT A LIA N A EN LOS
ESTADOS UNIDOS

D

en

el

besque.

Jone M. Morana. P uerto. Oleo.

Saúl Fucks. A rlequines y bailarinas.
Oleo.

además de su Mariage d la mode, se
La cabeza de un .soldado, compuesta tos dejan actuar el puro virtuosismo técni­
incluye también Shrimp Girl (La enanita)
con pequeños fragmentos, es todo lo que co y aquéllos se entregan con exccsiv bue­
y el retrato del actor Garrick.
queda del gran fresco de Padua de An­ na voluntad a la máquina. Sólo cuando en
Las obras de John Contable, también drea Mantegna.
unos y otros interviene el hecho "artista i
es cuando nos situamos en un plano de
se exhiben en la muestra. Es él uno de los
creación. Mas, ¡en qué escasas oportuni­
más populares, si no el más popular, de
los "antiguos maestros” de Inglaterra. Se
dades esto ocurre!
deleitaba pintando las serenas bellezas del
*** Rinaldo Lugano presentó en "WBpaisaje campesino inglés. "Nunca vi cosa
comb” 28 óleos. De materia fluyente, pro­
fea en mi vida”, dijo una vez, "porque sea
cual fuere la forma de un objeto, la luz, *** En la Galería de los A rtistas de la pios de una expresión poco construida,
la sombra y la perspectiva le harán
"Sociedad Argentina de A rtistas P lásti­ el pintor dispo le empero de cierto clima
aparecer hermoso”.
cos”, siete pintores y dos escultores más que favorece sus cuadros genéricamente
Joseph Mallord William Turner es uno recientes, exponen óleos, esculturas y di­ denominados "Paisaje del Canal Gente
de los más prolíficos pintores. Dejó más bujos. Son ellos: Dora de la Torre, Ele­ (Berisso) y alguna naturaleza muerta.
de 20.000 acuarelas y dibujos y cientos na Tapia, Jorge Carral Várela, Dolores
*** Arden Quin y Kósiee hacia 19d®
de óleos con sus temas favoritos, el mar Labin, Gladys Wilks, Saúl Fucks, Gastón
bramante, el encanto del escenario ita­ Paume, Sepuccio Tidone y Wilfredo Vi­ dan pn Buenos Aires "Arte Concreto 1®
liano, y los pintorescos castillos y ruinas ladrich. Destacamos: de Viladrich "R etra­ vención”. Rothfuss en 1942 expone en
de su tierra í.ativa.
to”, Tidone "Bajorrelieve”, Fucks "Cabe­ Montevideo por primera vez pinturas e ®
Se exhiben de este artista, considerado za” y "Arlequines y bailarinas”, Wilks marco recortado.
entre los románticos, Fronly morning, In ­ "Pacific 231”, "Cabeza” (dos) de Labin,
*** "Viau” deparó una nueva "E*p°^
terior and Petworth, The slave nhip y
"Paisaje” de Tapia.
ción de Pintura Francesa (’ontemporane* •
Bain, Steam and Speed.
Aurora Pietro de Torras hizo conocer Del conjunto: "Nu” de Cyprien Bouft
Las pinturas inglesas están afortuna­
"Paysage” de Pierre de Clausade y a
nuevas
pruebas de sus danzas criollas.
damente integras. En trágico contraste
de Cosson.
la exposición de arte italiano, que tiene
El XV Salón de "Tout P ctit”, en
lugar en el Metropolitan Museum de New "Peuser”, señala obras de Miguel Bordino,
*•* En "Rose Maric” se exhiben M°
York, bajo el estimulo del Comité Ameri­ Julio Gero, Arturo Gerardo Guastavino’ vos de Córdoba”. Los hay de Qw|lpr
cano para la Restauración de los Monu­ Domingo Mazzone, W. Melgarejo Muñoz’ Butler, Bertugno, Cincioni, T asador,
mentos Italianos, presentó fotografías am­ Víctor Roverano, Ana Weis de Rossi, José
Goller, Bonati, Piazza, Roca y Ma'~ ;
pliadas de los grandes monumentos des­ A. Speranza, Liberato Spisso, Ada L. Nos preguntamos: ¿Hasta cuándo
trozados por la guerra, así como Varios Zucchi.
tos pintores argentinos no compren: ^
tesoros de pintura y escultura del Renaci­
que el tema para alcanzar h o n d u ra
miento Italiano enviados por el gobierno
*•* Se cumplió el X Salón Anual de Arte
lidad debe ser superado, recrea o I
italiano, después de haber sido restaurados Fotográfico Internacional. Entendemos dueido a un nivel de categor a ar
gracias a la habilidad de los artesanos que a los fotógrafos les está ocurriendo un y no de imitación más o menos apro
italianos.
fenómeno parecido al de los pintores- és­ da de la realidad?

NOTICIAS
DE E X P O S I C I O N E S

AMORRORTU
CORDOBA 2 0 2 8

Figuras
Oleo.

�ARQUITECTURA
PAUL CLAUDEL URBANISTA

©cabalgata!

POR

LEANDRO

VA4LLAT

(Especial para Cabalgata.)

la misma manera que existen
libros sobre las columnas, sobre
las ciudades de nidos, sobre la constitu­
ción de las colonias y de las madréporas, ¿por qué no se estudian las ciuda­
des humanas?” Creeríase que esta frase
la escribió un urbanista en la primera
página de un volumen dedicado al arte
de construir ciudades. Nada de eso.
La encuentro en un libro de Paul Claudel, uno de sus primeros y mejores
libros: "Connaissance de l’Est” (Cono­
cimiento del Este). En la época en
que lo escribió, hacia 1900, Claudel era
cónsul de Francia en Fu-Tcheu.
El urbanismo, que había producido
obras maestras en París, en Burdeos,
en Nancy, durante los siglos xvn y
x v iii , se ha convertido en un campo
reservado a geómetras, agrimensores e
ingenieros. Se creyó prudente apartar
a los arquitectos de una tarea que
había sido la suya en siglos pasados.
Las reflexiones de Paul Claudel sobre
la disposición de las ciudades se atri­
buyeron a las rarezas de la civilización
oriental. Sin embargo, el autor de
"Conocimiento del Esto” poseía una
intuición profunda de aquello que de­ discípulo de Ruskin, el cual no cesó de
vituperar a la máquina en la época en
jaba indiferentes a sus compatriotas y
que, justamente, la máquina transfor­
contemporáneos.
maba profundamente la economía de
Léase esta comparación de las gran­ Inglaterra. Y Claudel añade:
des metrópolis, cuya disposición gene"Esto explica la angostura de las
-al depende de su razón de ser:
calles, las escaleras, los puentes cur­
"París, capital del reino, en su de­ vados, las casas sin paredes, los cami­
arrollo igual y concéntrico, multiplica, nos sinuosos de callejones y corredores.
mpliándola, la imagen de la isla don- La ciudad forma un todo coherente,
2 estuvo antes encerrada.”
un panal industrioso que comunica en­
"Londres, yuxtaposición de órganos, tre sí todas sus partes, horadado como
un hormiguero.”
almacena y fabrica.”
En las ciudades modernas, no se
"New York es una estación terminal.
observa muy a menudo —ni mucho
Se han construido casas entre las vías,
menos— esta solidaridad y esta reper­
un muelle de desembarco, una escollera
flanqueada de depósitos y almacenes; cusión de las instalaciones, barrio por
como la lengua toma y divide los ali­ barrio.
mentos, New York, entre sus dos ri­
"Llegada la noche, cada cual se atran­
beras, la del norte y la del este, ha ca. Durante el día no existen las puer­
dispuesto a un lado, sobre Long-Island, tas, quiero decir las puertas que se
sus docks y sus pañoles; por otro lado,
cierran. La puerta no tiene aquí fun­
por Jersey-City y las doce líneas de ción oficial; no es más que una abertura
ferrocarriles que alinean sus depósitos a la que se ha dado forma; no hay muro
sibre el em barkm cnt del Hudson, recibe
que por alguna hendidura no pueda
y expide las mercaderías de todo el permitir el paso de un ser ligero y
continente del oeste; la punta activa delgado. Las amplias calles necesarias
de la ciudad, enteramente compuesta para los movimientos generales y su­
de bancos, bolsas y oficinas, es como marios de una vida simplificada y au­
la extremidad de esta lengua que se tomática, no podrían encontrarse aquí.
mueve continuamente de un punto a No son más que pasadizos colectores,
otro.”
pasajes económicos.”
"Las calles de las ciudades chinas
Esto trae a mi memoria una reflexión
están hechas para un pueblo acostum­ que me hizo un ingeniero encargado
brado a caminar en fila. Entre las de la inspección de vías urbanas. El
casas, semejantes a cajones hundidos
abuso de las matemáticas, no había
por un lado, donde los habitantes duer­ pervertido completamente a este hom­
men en promiscuidad con las mercan­ bre de espíritu fino y cultivado. Ambos
cías, se han dispuesto unos intersticios.” asistíamos a la reunión de una de esas
innumerables comisiones que, so pretex­
to del urbanismo y de la estética, se
Buscando la razón que distingue las ingenian para destruir y luego recons­
ciudades chinas de las demás, Paul truir, como Penépole, la trama de su
Claudel cree hallarla en el hecho de que tapicería; y de cuando en cuando, en­
en aquéllas no hay caballos en las ca­ cendiendo un cigarrillo para: disipar
lles. La ciudad es puramente humana: los miasmas de la inextricable contro­
"Los chinos observan algo análogo versia, me confiaba al oído, en forma
a un principio que consiste en no em­ humorística, verdades fundamentales.
—¿No cree usted —me dijo un día—
plear un auxiliar animal o mecánico
en las tareas que pueden dar de vivir que hay bonitas calles con casas feas?
Podría ensayarse también el hacer be­
a un hombre.”
Es toda la diatriba dirigida por el llas calles son bellas casas.
Esto era reanudar, a su manera, la
poeta hindú Rabindranath Tagore con­
tra una civilización basada en la má­ distinción entre lo individual que re­
quina. Hay que añadir que Tagore ha presenta la casa, y lo colectivo, lo gre­
gario, que significa la calle.
hecho sus estudios en Oxford y fué

Al excluir las fábricas, los autos y
los caballos, el único ruido que se oye
en las ciudades chinas, llegada la no­
che, es el de la voz humana:
"Esto es lo que acabo de oír —escribe
Paul Claudel—, pues alguien que per­
diera el interés por el sentido de las
palabras que se profieren ante él, pue­
de prestarle un oído más sutil. Cerca
de un millón de habitantes viven ahí:
escucho el hablar de esta multitud bajo
el lago del aire. Es de noche; se hace
una inmensa publicación de las noti­
cias del día. Cada uno cree que habla
solo; pero su palabra no perece. Des­
pojada de su significado, no subsiste
más que por los elementos ininteligi­
bles del sonido que produce. Ahora
bien, como existe una mezcla de soni­
dos, se establece una comunicación entre
los sentidos. ¿Cuál es la gramática de
este discurso común?... Escucho largo
tiempo este murmullo, el ruido que de
lejos hace la vida.”
Aquí, el urbanismo se convierte en
poesía por el retorno a lo humano. Se
declara la guerra a los ruidos violen­
tos, estridentes, ofensivos, de la vida
moderna. El ruido, que se ha conver­
tido en nuestros días en el enemigo nú­
mero 1, aparece como una especie de
melodía humana, diferente por todas
las voces y, sin embargo, una; un vasto
coro rico en posibilidades, pero que no
conserva de los matices del sentimiento
individual más que su significación
general. El ruido en nuestras viejas
ciudades —todavía en nuestros pueblos
de hoy— en vez de ser un rumor con­
fuso, un torrente de alboroto, se di­
versificaba finamente. La personali­
dad de una calle de ciudad, como la
de un camino de pueblo, se componía,
no sólo de su silueta general, de su
perspectiva, de su arquitectura, sino
también de voces conocidas que se in­
terpelaban desde una ventana, desde
una puerta a otra, de la sonoridad y del
ritmo de una diligencia, de la ligere­
za o de la pesadez de un calzado, de
la actividad propia de ciertos comer­
cios. Lo mismo que en un zoco de
oriente se reconoce el barrio en donde
se está, por el olor: el del cuero, el de
la lana, el del tinte, el de las espe­
cies o el de los perfumes, así en la
vieja ciudad o en el pueblo de antaño,
se reconocía la calle por su sinfonía
familiar.
Pensando en el simbolismo de la ciu­
dad china, Paul Claudel discierne en
él, con razón, una inteligencia confueiana. Esta religión donde los iconos
y las imágenes se reemplazan por sig­
nos puramente intelectuales de la es­
critura, le parece adecuada a la místi­
ca moderna. Por analogía, sería de­
seable que la redacción lacónica de esas
inscripciones en los agrupamientos hu­
manos del futuro, se confiase a escri­
tores capaces de expresar un pensa­
miento en pocas palabras y que supie­
ran darle el aspecto hermético que con­
viene a las tumbas y a los monumen­
tos, es decir, la majestad de la muerte
y de la vida. Por lo mismo, sería bien
acogido el voto que formulamos para
las ciudades del futuro, a saber: que
sean cosa distinta de una confusa aglo­
meración de carne y lodo, y que pueda
decirse de cada una de ellas sin iro­
nía: una ciudad de tantos miles de
almas.

MARCO PALLIS

CUMBRES Y LAMAS
El minucioso relato de las ascensiones efectuadas al “Techo
del Mundo” por un grupo de exploradores ingleses, sirve de
fondo al magistral ensayo sobre la Tradición Budista, que el
autor escribió después de largo estudio realizado bajo la direc­
ción de los cuatro lamas libélanos de mayor prestigio en la
actualidad. Un volumen encuadernado en tela, de 588 páginas,
con 36 hermosas ilustraciones fuera de texto . . 8 16.—

LIDIA BESOUGHET Y NEWTON FREITAS

LITERATURA DEL BRASIL
Libro considerado en el Brasil como la síntesis más inteligente
que se haya realizado de su literatura. Condensa y expone las
tendencias y escuelas que señalan épocas: la “escuela minei.i”.
el “indianismo”, la “escuela de Rerife”, el romanticismo, el
“satanismo byroniano", el naturalismo, el parnasianismo, el
simbolismo y el modernismo. Un volumen de 148 páginas, de
la Colección “Ensayos Breves” .................................. 8
3.—

AMRAM SCHEINFELD

USTED Y LA HERENCIA
La obra más completa y perfecta que se baya publicado acerca
lie los problemas de la herencia, leyes biológicas que la rigen
v su aplicación al perfeccionamiento de la especie humana.
Al alcance del lector no especializado, cuenta con interesantí­
simo- diagramas y dibujos que permiten formarse un concepto
amplio &gt; concreto de los numerosos asuntos desarrollados. I ii
volumen encuadernado en tela, de 540 páginas, con gran nú­
mero de ilustraciones, dentro y fuera del texto . . 8 14.—

BIRGER DAHLERIJS

LA ULTIMA TENTATIVA
El autor, ciudadano sueco, intervino en vísperas de la última
(.rao (.tierra entre el gobierno alemán y el inglés, en una “úl­
tima tentativa" para que la catástrofe no se produjera. En estas páginas, que lian do pa-ar a la Historia como un documento
de horas decisivas para la humanidad, narra sus experiencias
de mediador, entre las que se destacan sus conversaciones con
Coering y con lliller. quienes quedan certeramente retratados
para la posteridad. I n volumen de 164 páginas . 8 4.—

U ltim os g ra n d es éxitos
A. J. CRONIN

GRAN CANARIA
(ion el mismo vigor que ha hecho famosas sus anteriores novelas. A. J. (ironih narra en esta obra una atrayente historia
que deja huella profunda y duradera en el espíritu del lector.
Kl tema de la predestinación, que se manifiesta a través de to­
dos los capítulos con insistencia turbadora, proporciona al
relato un encanto especial, manteniéndolo siempre en los lindes de lo desconocido. I n volumen de 38U páginas de la
Editorial Mermes
...................................................$
6.—

LOUIS FISHER

EL GRAN DESAFIO
El de-tacado periodista y autor de varios libros sobre relacio­
nes internacionales, corresponsal durante largos años en Ale­
mania y Rusia, hace —con rigor implacable— un análisis
detallado de la política exterior soviética y de las condiciones
imperantes en Rusia, sin escatimar tampoco sus críticas al im­
perialismo inglés y a la política de su misma patria Libro de
rigurosa actualidad que explica hasta sus últimas consecuen­
cias el gran desafío entablado entre el régimen soviético y la
democracia occidental. Un volumen de cerca de 500 páginas de
la Editorial M erm es................................................... 8
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ELLIOTT ROOSEVELT

ASI LO VEIA MI PADRE
En esta obra nos son revelados por un oyente directo las con­
versaciones secretas, las promesas y los entretelones de las
conferencias de Roosevelt-Churchill-Stalin. ¿Qué pensaba Iranklin I). Roosevelt de Churchill y de Stalin? ¿Cuáles eran las
maniobras que determinaron el curso de la 2“ Guerra Mundial.'1
Un volumen de más de 300 p ág in as.......................8
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ERNST SAMHABER

SUDAMERICA
(B io g r a fía de un C o n tin en te)
I.a diversidad de las repúblicas sudamericanas y su unidad
cultural e ideológica, explicadas con un nuevo estilo que co­
rresponde a una nueva concepción de la Historia. Es el primer
ensayo —magistralmente logrado— de abarcar todo el conti­
nente sudamericano como tina realidad histórica, examinando
los factores que lian formado su historia y fundado su actua­
lidad. Un volumen encuadernado en tela, de 788 páginas.
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GERAI.D BULLETT

LOS HERMANOS ELDERBROOK
A través de la historia de tres hermanos y dos hermanas cuyas
vidas toman rumbos muy diferentes pero sin salirse del cuadro
de la sociedad de la que tan íntimamente forman parte, uno
de los más grandes novelistas británicos de nuestros días traza
un cuadro vivaz y verídico del mundo inglés en sus aspectos
más íntimos y nacionales. Un volumen de 448 páginas de
Editorial M ermes................................................... 8
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P arí» . (F o to de G a stó n .)

N ueva Y o r k . (F o to de R a d o tesk i.)

AIRES

�cabalgata®
i
Despreciado fuera del arrabal donde
reinaba, vivió compadreando en las botas
de punta estrecha y tacón alto, en el
bordado de las alpargatas orilleras y en
el clavel que goteaba rojo de la oreja
de los carreteros de Villoldo, como gotea­
ba la sangre de la punta afinada de los
facones.
Zigzagueó en cortes y quebradas orille­
ras para entrar "derecho viejo” hasta la
cruz, en el alma y el cuerpo del guapo
que escupía por el "colmiyo” y que en el
entrevero habitual hablaba como su ante­
pasado gauchesco, cultor y maestro de
barbijos:
"No pregunto cuántos son,
digo que vayan saliendo . .

Las co nquistas del viejo tango
Un día, allá por los comienzos del siglo,
en la época de oro de nuestra música po­
pular, época de los maestros indiscuti­
dos: Villoldo, Rosendo, Vázquez, los her­
manos Posadas, Bevilacqua, Saborido,
Campoamor, Roncallo, Alarcón, Teisseire,
el tango reclamó innovaciones y el uso
de nuevos instrumentos para sumar a los
violines, flautas, arpas y acordeones. La
guitarra entró a tallar entonces, también
el piano, y ese instrumento del que ya
no podría prescindirse: el bandoneón. Con
este nuevo instrumento, importado de Ale­
mania, aparecen en escena nuevos y gran­
des valores: el taño Genaro, Arólas, P a­
cho, Santa C ru z ...
Pocos años después Pacho empieza a
arrimar el tango hacia el centro desde un
café de la calle Pueyrredón, al mismo
tiempo que Greco lo empujaba desde
el sud.
No es que el tango se hubiera cansado
del suburbio y del "peringundín”, es que
se le estaba haciendo chica la cancha
limitada del arrabal porteño. Además, no
aceptaba, prepotente y bravio, el "tabú”
de las clases aburguesadas.
¡Varón!, había gritado la comadrona
cuando se abrió a las primeras luces de
la ciudad, amaneciendo en la orilla del
candombe, acunado por tauras de avería.
Y como varón, no se achicaba; comenzó
a torear, con embestidas entradoras, para
conquistar el corazón de la urbe primero
y lanzarse después a la conquista del
mundo.
Encontró enemigos a su paso. Se le dis­
cutió su linaje, más que plebeyo. El
Papa Pío X lo anatematizó como danza
procaz y demoníaca.

José M artínez, A ugusto P. B erto , Luis Teiué¡n[

GU ARDI
Por

El tango respondió al anatema con le­
trilla traviesa:
"Dicen que el tango es una gran lan[guidez
y que por eso lo prohibió Pío Diez . . .
En los salones elegantes
nuestras damitas, con pollos chispeantes,
hacen diabluras que son locuras,
bailando el tango que es un fandango..
Ya hab'a recorrido gran trecho de su
camino de éxitos. Hasta que taconeó, cada
vez más fuerte, en todas las pistas de
baile de Europa, del Asia y de América.
Se lució en representaciones teatrales de
la Comedia Francesa y no paró hasta dar­
se dique en la propia Sorbona, con Richcpin de comentarista. La apoteosis. Pe­
ro en aquel fantástico viaie hacia los
cuatro puntos cardinales del mundo latía
el anuncio de la declinación.
Dos carátulas correspondientes a dos tangos de principios de siglo.

llá por el setenta, y no en el siglo
kde la gom ina, agitó el tango su "lengue” orillero y compadrito.

A

{De dónde llegó, con su bravucona em­
bestida de torito' joven? Por la manera
de topar es difícil errarle la genealogía.
La raíz española, qué duda cabe. Pero
sólo la raíz. En lo demás, un poco del
candombe africano hasta enlazar con la
vidalita de la pampa. Se definió por fin
en el mestizaje con los ritmos dulzones
de la habanera cubana, lánguida y ca­
denciosa en su compás de dos por cuatro,
y de la milonga traviesa, intencionada y
bravia, que en el otro siglo hacía revolar
alegres los almidones de la negra Do­
minga, aquella mulata que movía las pier­
nas con tanta habilidad como meneaba el
batidor de chocolate, mientras afuera, en
el candombe, el tamboril y la flauta arre­
metían, dale que dale, en el acompaña­
miento de aquella letrilla famosa:
"Señor comisario,
señor comisario,
déme otro marido,
porque este que tengo,
porque este que tengo
no. . . puede conmigo
Dicen los hermanos Bates, fervorosos de
nuestro tango, que éste tiene el ritmo del
candombe, la coreografía de la milonga,
y de la habanera la línea melódica y la
profundidad emotiva.
Aceptamos la definición y ubicamos al
tango en sus pañales de barro, en aque­
llos suburbios del Buenos Aires de ayer
que olían a pasto campero y se encendían
con el relampagueo vivido de los facones.
Entre "Dame la lata”, de 1880, hasta el
"Queco, que me voy p’al h u e c o ...” me­
dian apenas dos lustros. Y de sus antece­
sores del setenta hasta "El apache argen­
tino” hay casi medio siglo de ritmos, cor­
tes, quebradas y "amasijos” que substan­
cian la verdadera historia del tango crio­

llo, que es tango, auténticam ente tango,
en tan to se le define con cuatro sílabas
prepotentes y brav as: guardia v ieja .

El tango había arrojado ya sus pilchas
definidoras de guapeza: la zapatilla bor­
dada, la bota militar, el pantalón abombillado, el "lengue”, el clavel en la oreja,
la faca. Comenzó a vestirse con un ropaje
melódico más en consonancia con el am­
biente que acababa de conquistar. En la

evolución surgen nombres todavía valio­
sos: Firpo, Canaro, Aróztegui, Castriota,
Berto, Martínez, Gentili, Bardi, Rafael
Rossi, Fresedo, Pracánico, de Bassi, Polito, Brignolo y tantos otros, sin olvidar
al autor de "Caminito” y "Cuando llora la
milonga”, Juan de Dios Filiberto.
Firpo, con "Alma de bohemio”, Canaro
con "Pinta brava”, Berto con "La payanca” y todos los compositores y ejecu­
tantes de esta época impulsan el tango
hacia nuevas formas, no solamente de
composición, sino de ejecución.
Se le suman en la vorágine del ritmo
nuevos autores: Delfino, Cobián, Donato,
De Caro y Mattos Rodríguez que sobre­
pasa otros éxitos con "La eum parsita”.
Pero el tango ha declinado y su declive se
acentúa cada vez más. Ya no tiene nada
de común con aquel otro de los años vie­
jos. En cualquier esquina de la ciudad
o del mundo se le extraviaron el facón
y la guapeza juvenil. "La morocha”, de
Saborido, ya no canta en la "noche pla­
teada”, y cuando lo hace, se pega un
lunar postizo sobre la mejilla y esconde
los rizos oxigenados.

"Qué dieran las grelas que tanto haca]

[ronchi
por tener la pinta de Pepa la Vasca,
o aquellas "agayas” de la Parda Poticki
que murió en gayola, rasca que te rasen'

"Y si en vez de candombe es de corrida
la -música compadre de tu tango,
sos como daga cruel y decidida
que en una bronca se metió hasta el
[mango.”
Así le cantó Carlos de la Púa al "Don
Ju an ” del Pibe Ernesto. Así se le debe
cantar a "El entrerriano”, "Derecho vie­
jo ”, "Rodríguez Peña”, "Entrada prohi­
bida” . ..
El tango de ayer o fué compadrito o
fué guapo. Se floreó en adornos y va­
riaciones de flautas y en pizzicatos sal­
tarines de violín, o rezongó en arpegios
bajos de acordeones.
Tuvo una pista única y ritual: el bajo
fondo. Y del bajo fondo más que nada
el burdel. Tuvo también sus sacerdotisas
eleusinas: la Chata, la Barquinazo, la
Pampita, la Parda Flora, Rosa la T ig re...
Guapos de ley que se contaban por do­
cenas, cuatro o cinco en cada barriada de
suburbio desde el Bajo Belgrano hasta la
Boca, troperos como Langanay, matones
de comité como Traversa, apodado "Cie­
lito”, fueron los cultores y protagonistas
de aquellos duelos de amor y de sangre
en que el cuchillo rubricaba recuerdos en
puñaladas, mientras los pies, con la pun­
tera del botín enterizo, dibujaban nom­
bres, corridas, ochos y medias lunas en el
piso ancho de los "peringundines” famo­
sos de "La Ensenada”, "La B atería”,
"Tres Esquinas” o "Las 14 Provincias”.
Música prohibida en los "lugares decen­
tes”, el tango se afirmó en el suburbio y
reinó por décadas en los centros de di­
versiones de antaño: "El Quiosquito”, "El
T arana”, "El Velódromo”, "La Glorie­
ta ”, "El Tambito”, "El Tancrcdi”, "La
Violeta”, "Hansen”, "N ani” y tantos otros.

R afael Rossi,

LUI

Canaro con un g ru p o de autores.

�■ ■

© cabalgata)
concomitancias entre los ritmos actuales y
los de antaño. El tango ha perdido su co­
lorido, su fuerza inicial. Ya no entra a la
pista de baile haciendo embestidas de to ­
rito joven. Ahora se queja y languidece.
La transformación no ha sido brusca. El
tango empezó a perder, cambiando, al pa­
sar del "peringund n” al radio donde ac­
tuaba la "patota”.

i
figo Salerno , ele.

A

Fotografía obtenida en 1912.

V I

E JA

MARI O

.i'

Así se lamentaba el malevo Muñoz fren­
te a le generación de hace veinte años,
evocando a las "agalludas” morochas de
la guardia vieja.
Enrique González Tuñón debía ser muy

pipiólo cuando los organitos surcaban los
pantanos del suburbio, navegando sobre
las dulces olas del vals mejicano; pero
no tan pibe como para olvidarse nunca
de aquel vals y de los tangones criollos
que se dormían en los ojos de las chinas
corraloneras, envejeciendo ya, después de
haber escuchado mil y una noches aquella
letrilla que se cantaba con música de
"Pobre mi madre querida” de Bettinotti:

Entre el patotero y el guapo de ayer
se definen las características del viejo
tango. El patotero alardeaba valor em­
puñando revólver, pero para actuar nece­
sitaba hacerlo en banda. El guapo en
cambio se cortaba solo. Tenía su código
de honor y mediante él respetaba, además
de su madre, si es que la conocía, al ami­
go y a la mujer del amigo. Después, de
Dios para abajo, nada. No acataba más
ley ni autoridad que la de su cuchillo.
Vivía en perenne trenzada con policías
y guapos rivales. Si otro de éstos era más
hábil que él debía soportar, cuando no la
muerte, el tatuaje indeleble del mentón
a la oreja.
No, el patotero no teñía ninguna, simi­
litud con el guapo. Irrum pía en los bailes
del bajo fondo a tiro limpio. Era el "niño
bien” que se sentía valiente, pero acom­
pañado. Alguna vez podía ocurrir que lo
fuese también estando solo, pero no era
corriente. A uno de esos "niños bien”,
hijo del doctor Argcrich, Traversa, guapo
de Balvanera, lo mató una noche de bron­
ca, abriéndolo íntegro desde una parte in­
nombrable, con un tajo rompedor y ven­
gativo. Le clavó la faca en el sitio exac­
to donde se lo había anunciado. Lo clavó,
lo rasgó y lo levantó con el arma para
arrojarlo al fin en medio de la calle,
mientras en la sala de baile se quebraban
los compases de "La tirana”, motivo del
duelo.
Nada tenía que ver el valor del pato­
tero con el culto al coraje que se expre­
saba desde el principio al fin en la vida
del guapo.
El patotero era ostentoso, fanfarrón;
el guapo callado. Hablaba poco y pro­
cedía "de contundencia”. No usaba pu­
ños ni revólver. Los pleitos por mujer
o- por naipe los resolvía siempre a cu­
chillo, silenciosa, decisivamente. En esto
se diferenciaba también del compadrito
orillero. Cuando entraba a pelear, y en­
traba siempre que sentía herido su sus­
ceptible amor propio, había resolución en
su gesto. Nada de burbujas de palabras,
nada de expresiones inútiles. Mataba
o moría. Marcaba o ¡o marcaban para
siempre.
Cuando el patotero se chifló de amor
por el tango y fué a la conquista con
balas, la porteña música del arrabal re­
cibió su tácita sentencia.

Casa en que se practicó uno de los prim eros allanam ientos contra los edi
tores clandestinos.

Un allanam iento.
La casa del "B arb u n ” , en donde se secuestraron edicio­
nes ilícitas de tangos y música popular.

"Diga por qué está enojada
con su negro compadrito,
que le ha costado una hombrada
para tenerla mimada
y que lo quiera un poquito."
Eran las canciones inmediatas a las de
la guardia vieja. Vacarezza, Carcavallo y
algún otro las hicieron rememorar en el
teatro en aquellas épocas del tango toda­
vía viril, ese tango que ha de estar escu­
chando aún, con música celeste, uno de
sus mejores apologistas, el negro Saldías.
Hoy, a pesar de los devotos que que­
dan, el tango sigue rampante por la cues­
ta de la declinación. Ya no existen casi

O tra fotografía de R afael Rustí, autor de "Jueves”.

A utoridades de la época
con Teisseire, Bazán, Valdés y Filiberto,
d u ran te la persecución de ediciones clandestinas.

Filiberto, hace veinte años.

mo los do "La Tero”, llamada así por sus
largas piernas alámbricas; o los episodios
demasiado expresivos que surgían en la
vida del bajo fondo.
Muchos tangos de la guardia vieja ca­
recieron también de letra.
Las de Podestá anteceden, por supues­
to, a las de la "época contursiann” como
llamó Leopoldo Lugones a aquel periodo
que se inaugura con los "bulines” y las
"percantas que dan el amuro”.
Entre los Carusso, Contursi, y demás
viene Coria Peñaloza a inaugurar la can­
ción porteña, que tiene a Filiberto como
autor inspirado, y con la cual, por lo mo­
ral y lo dulce, se puede dormir a los
niños.
Entre los posteriores a la vieja guar­
dia, pero que merecían estar dentro de
ella por la viril expresión del sentimiento
y del lenguaje, está Flores, el autor de
la letrilla de "Mano a mano” y de aquella
Margarita convertida en Margot por ín­
fulas "abarañadas”.
Pero a Flores le han taponado los agu­
jeros de su flauta mágica con una pacata
censura radial que ha emprendido guerra
a muerte contra el caló y contra lo po­
pular, pero no contra la cursilería y la
sensiblería do mal gusto. Y así va el
tango. ..
De los cantores de ayer j cómo olvidarse
del negro Gabino Ezeisa y de Bettinotti?
¿I)e la agradable Linda Thelma muerta
hace pocos años?
Todavía podría decirse que alcanzamos
a percibir matices de la expresión inicial
del tango al escuchar los discos de Rosita
Quiroga, de 1922, la más famosa de las
cancionistas de un ayer no muy lejano,
y a nuestro juicio la mejor intérprete en
lo que el tango tuvo de empuje, compa­
drada y fuerza expresiva. Es imposible
olvidar a Rosita Quiroga, con aquella su
voz inimitable, baja, pasional, ásperamen­
te acariciadora. Voz de tango.

Carlitos Gardel alcanzó a "deschavarse”
todav'a con empaques varoniles, y aun
cantando algunos tangos de melodía langorosa, pudo imprimir a su voz las mo­
dulaciones viriles exigidas por el tango de
ayer, ese tango que con Azucena, la Nata
Gaucha, intenta latir desde su entraña
apasionada, viviendo aún, pero murién
(lose.

Epitafio
La guardia vieja se va. Se ha ido, me­
jor dicho. Los que no han muerto ya,
enmudecen. C’ampoamor, Chappe, Teissei­
re, Logatti y algún otro quedan todavía.
Cuando el Pibe Ernesto se dobló,
allá en su casa de Lanús Oeste, no fué
Adela sino el tango el que se vistió de
crespones. El tango, y el arrabal que lanzó
su responso con los arpegios bravos de
las cortadas eompadronas de su "Don
Ju an ”.
1 El "Don Juan” de la vieja guardia!
Clásico ya, como "El entrerriano”, "El
choclo”, "Rodríguez Peña”, "Bar Exposi­
ción”, "Derecho viejo” . ..
Cuando se llevaban al Pibe, sombríos el
cielo de Lanús y el de San Tolmo, cuna
de guapos donde naciera, Carlos de la
Púa, su amigo ladero de los últimos años,
dejó el vaso de ginebra sobre el mostra­
dor de lata y le regaló en despedida, co­
mo homenaje y epitafio, aquella su ar­
diente y protestona apología dedicada al
"Don Ju an ” :
"Tu cadencia orillera es atrasada,
sus de aquellos "gotanes" que se fueron,
cubriros con los de hoy, pura parada,
con tanto retintín que les metieran."
El epitafio para la tumba del Pibe es­
tá por hacerse todavía. Será el epitafio
para el tango. Para el auténtico tango de
la GIARD1A VIEJA.

�cabalgata®

¡MUS DRAMATICO QUE “SIN NOVEDAD EN E l FRENTE

7J

¡MAS APASIONANTE QUE “ DE REGRESO” !

DE
TRIUNFO
La última gran novela de ERICH MARIA REMARQUE
Una historia de AMOR, de VENGANZA y de EXALTACION

Hans Mann
A m ic is , E . de - Corazón S
A ld o n o v, M . - E l Q u in ­
to Sollo
S
Bo gn old. E n id - Fuego
de Juventud
S
B re tt- Y o u n g , F - Un
Hombre en lo Coso S
Bro ch H e rm o n n - Lo
Muerte de Virgilio S
Boom , V - Com ino o
isee n o
S
B o rd eo u x, Henry - Lo
Intruso
S
B e rlio z . H - Los m e­
m orias de Berliox
S
Breyto n, J
D iccio­
nario
bibliográfico
de músicos célebres S
Diccionario biblio­
gráfico de ¿rondes
pintores
S
B ro w n , B. - Anillo de
Bodas
. . . . ¿

7 .—

O. —

S

5 .-

S

0 .5 0

S
S
Del Cam po. E - Fousto S

B .—

20. -

5 .-

Dubois - Chopin - su
vida y su obra
S

» .» •

Echeverrio, Estebon
La C au tiv a
.

8. —

F erb e r. E
Los Melendy de Seattle

0. -

Fronce
A
O b ra s
com pletas, Tm . 6 o

12 . -

5 .—

Bárboro
Georges. M ich e l - G en­
tes de Teotro que
Conocí
G e rh o rd i. W - Los Romonov
Goss. M - Bolero, vida
de Mouriee Rovel
Grew . J C - Diez oños
en el Japón
H arm lton , E - El E s­
plendor de Romo
Hodden - Vído y m ú­
sica de Hoydn
Ira d ie r. R
Vido y
músico de Verdi
K o lb . A - Lo Sinfonía
Inconcluso

7 .-

S

Bcrthou - M oraf
...
C ro n in , A . J
- Las
Lloves del Reino . .
Charles - Hijo y ex­
traño
Cum m ings. L W - Yo
fui Caxador de C a ­
bezos
Alejondro El Grande

7 .—

-

20. -

Falk, G
0 .—

R.

-

7 .-

S

O. -

S

7 .5 0

S

7 .5 0

S

0 .5 0

S

5 .-

S

o .-

S

D oña

8 .—

1 .5 0

b u e n o s a ir e s

4 .—

P a rrish A n n e - ¡Pobre
Niño!
S
P ito M o rtín e z, L - Lo
Pontalla da Herodoto
...................... S
Schm id t, Leopoldo Vida y música de
B e e th o v e n ................ $
Sim onov, C . - Dios y
noches .......................... S
Smith - Un árbol cre­
ce en Brooklyn
. S

M oneto. J M - C u a ­
tro oños en L a s O r­
eadas ........................ S

- L isst . . . .

Gollegos,

S

Lugones L - Lo gue­
S 2 0 .—
rra gaucha

Obros c o m p l e t o s .
Tom o 79 .................

O. -

P ozner, V
Hiztorio .
de lo literofuro ruso S
P itk m , W
- Lo vido
com ienza a los 4 0 S

S 1 2 .-

8 .* ®

7 .5 0

Z

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os distinta-

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c a s te lla n o e incg
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L u jo s a e d ic ió n e n e. en le la .................. 0

o.

5 .—
7 .—

a*oO®*

8 .—

Smith, La d y Eleonor Ballerina - hombres
que lo amoron . . b

0 .5 0

W m so r, K. - Por siem ­
pre Am bar . .
5

1 2 .—

W hite, E L - Lo es­
colara de caracol
$

8* —

G ^ O d t a f ¡ S Sir io so P o sp o t'n
o o so m u n d o d e lo s e r T 3. ) ' "

llb r o al

Vn b J íe /1? - ' Vat' rr d‘
m « , c a d e C h o p m 'v qu’ e e a f g e a* , F ° k ,n P
« u l o c lá s ic o p e r f e n o
r i
r o s » , f o t o g r a f ié ,
£ £ £ g
O R G U L L O D E E S T lR p r

LA

L O S B O L IN V A R

IJna novela escrita con
rara agilidad y gran
riq u e z a de e x p r e ­
s ió n .................... O 8 -

H U A D E L A S E flO R A
HEATON

Perfiles de v ig o ro so
dram atism o hay en esta
ob ra, d e h o n d o sig n i­
ficad o s o c ia l.. 0 O .»

« . c .j.l » d o m ,e n ,r a s e l n

J . Macdonald

E . L otbar

J . H ilion

B A JO O T R O S O L

D IA IN O L V ID A B L E

O S C U R O F L U Y E E L RIO

U na vivida crónica que
aún leerán con asom ­
bro las generaciones
fu tu ra s ............... 0 O»*

El últim o gran libro
del autor de “ N o esta­
m os solos’’ y “ Adiós,
M r. C hips’’. . . . 0 7 . »

La tragedia de tres vi­

D . H ayes

M . F . B ayliss

a /•

Vn drama íntimode L

r ”

“

t-

H

“ n ,r a r « d o

ro ,

L a P r'm e ra t f o? e la ° d Le ^ Jm o l^ ' " ' /°

das en el confuso y os­
curo fluir del río de la
v id a .................. 0 0 . 5 0

nueva g e n e ra c ió n
Co„
, e sc ru o r«
fla s d e V . L . R e b uffo
. . X ,lü g r a ' *
D L IR E R O

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V

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des volúm en es de

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G o rk i

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Huysm ons. J
Isaoc. J

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8«

Feu ch tw o n g er - L e Duquesa fea
M

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- En fam ilia

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El Súbdito

Thone, E

Interludio an Cubo

A

7 .““

W ells. H

hosto

bados, e ncuad ernado

encuodernodps en cue-

G

loyce

S

1 5 0 .—

2

. .

- Ulises.

telo de

Proust.

toria U niversal, desde sus orí­

M

.

I o Por al camino de Swonn

7.

ricono escrito e sp ecialm ente p o ­
ro esto edició n por Enriq ue D

2 ° A la sombra de los m ucha-

G a n d ío . 2 Tom os, g ra n form ato,
eneuodernodos

. « S

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M ecánica de la Aviación. P r i­
m er tratod o com pleto que se p u ­

2 5 .—
E d ic io n e s y D istrib u cio n e s

perdido. 7 tomos

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- El Sargento Grizcha .

Alonso C r.odo. M

b lico en costellon o sobre el temo

. . S

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Monn H
Zweig

IO O .

nos codo uno. en los meio'res

J

E d w o rd v 6

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C ic e ró n - Obros Completas.
N u evo edició n, en cu a tro g ra n ­

m

U na novela de intenso
co lo rid o y de a b so r­
bente tensión d ram á­
tica................... 0 Í O .-

por los m ás ocreditodos outores

B ru ff. N o ncy - Lo Sirena sin olmo
C ro n in . A

Q VALLE
D E L A A B N E G A C IO N

IM A N

U n análisis sagaz de
la re v o lu c ió n y lo*
do g m as que conm o­
vieron al m undo 0 9 . -

U na obra notable, en
la que alienta el alma
m is m a d e l p u e b l o
j u d i o .............. 0 1 2 .-

Los m isterios in te rn a ­
cionales más in so sp e­
ch ad o s en una novela
sensacional .. 0 IO .«

Ene.

a

ES CU CHAD LA VOZ

DE C O LO R

M . D úvenport

M . Gorki

F. W er/e/

Anónimo
G u íta i o A d o lfo Becquer

1 2 0 .

S

0 . —

/

chas an Har

39

El mundo de los Guerm antes S

5

0 .—
0 .—

49 Sodoma y Gomcrra

I

7 .—

50 La Prisionero

f

7 .—

6o Albertina ha desaparecido

S

7. —

7°

$

7 .—

El tiempo recobrado

FEU
San Martin 200

ID»
Florida 730

�HUMOR

(^cabalgata
★

E s nu estra V I C T O R I A y del
p ú b lic o a r g e n tin o q u e sabe
apreciar el sabor in o lv id a b le
que ofrece esta sidra obtenida
m erced a una rigurosa selección
de m anzanas.
R e trib u y e n d o la confianza de
quienes gu sta n esta m agnifica
s i d r a , seguim os b r i n d a n d o
copas de sa lu d y alegría.

LE DEJEUN ER SUR L’HERBE, po r E duardo M anet. (T raducción de O ski.)

BURLADERO

esos mares de Dios buscando a "La Ro­
sales”.

Por el Hondero Irónico

Haeekel, sumo sacerdote de la doctrina
evolucionista de la que Darwin fuera pre­
cursor, dejó demostrado al fin de una
lección sensacional la inexistencia de Dios.
Tan sensacional negación fué objeto de

AVhistler, el famoso pintor norteameri­
cano, europeo de adopción, contaba un
día en cierta aristocrática mansión londi­
nense su origen y primeros años. Al
nombrar el lugar de su nacimiento, Lowell,
humilde población industrial de Massachussets, vióse interrumpido por cierta
empingorotada lady:
-—¿ Lowell?. .. Jam ás oí hablar de se­
mejante s itio ... ¿Cómo se le ocurrió na­
cer en semejante sitio ? ...
— ¡Ah, se ñ o ra !... —contestó el gran
pintor—. Eué aquélla una ocasión en la
que no me quedaba otro remedio que es­
tar junto a mi m a d re ...
Entre crédulos e incrédulos están los
demasiado crédulos. En cierta ocasión
una dama le preguntó al gran poeta in­
glés Samuel Taylor Coleridge:
—¿Cree usted en fan tasm as?...
— ¡S e ñ o ra !... Conozco demasiados pa­
ra creer en ellos. . .
Pero como todo no ha de ser increduli­
dad aun dentro de la biología, recordare­
mos a los buenos franciscanos del famoso
convento de Altbrünn, Thalcr y Mendel,
iniciador el uno y autor el otro de sus
famosas leyes de la herencia biológica
mendeliana pacientemente estudiada en
generaciones y generaciones de humildes
guisantes. Parece ser que los dos sabios
padres, una vez terminada su labor diaria,
acostumbraban acudir a la cervecería del
pueblo donde libaban de firme y lo que
era peor, aquella "firmeza” les impedía
volver tan firmes como a sü condición
y hábito convenía. Informado de ello el
abad, Cirilo Napp, decidió darles una lec­
ción ejemplar y una tarde, cuando se pre­
paraban a entrar en el convento de regre­
so de una profunda investigación sobre
las virtudes de la cerveza, se encontraron
con que toda la comunidad se hallaba for­
mada esperándole®, con el abad a la ca­
beza, en el más silencioso y elocuente de
los reproches.
Thaler y Mendel, al verlos, cayeron de
hinojos, y exclamaron abrumados de pe­
sar:
— ¡Padre, somos indignos de entrar en
la mansión del Señor! . . .
Y se volvieron a la taberna.
Pero no crean que el ingenio es patri­
monio del viejo continente. Leguía, el
presidente del Perú, enterado de que el
pueblo había dado en llamar "La Bestia
del Mar” a su ministro de marina, sub­
rayó:
—No me choca... Porque cuando le
nombré ya sabía que era la mar de bes­
tia . ■.

Y ya en casa —que también por acá
abunda el ingenio—, recordemos aquella
vez en que al responder el doctor Pellegrini, que le preguntó con cierta ironía
al conocido médioo español, Severiano
Loreute, criollo de adopción y director
de los baños de Rosario de la Frontera:
—Dígame, doctor ¿qué fué de aquel fa ­
moso submarino "Peral” ? ...
— No sé —le respondió el doctor—,
pero me figuro que andará por debajo de

una afirmación tan terminante que sus
alumnos no pudieron menos que decir:
—"No hay Dios y Haeekel es su pro­
feta . . . ”
De creyentes y ateos, juntos ahora, es ia
anécdota que referiremos: Clemenceau, el
famoso "Tigre”, vióse en cierta ocasión

LA VICTORIA

Solución del concurso p lanteado en el N” 4 de CABALGATA

es la m ejor

" A R QU E O L OGI A P OE T I CA"
RETRATO DE U S I Q U E
EN U N A S O R T IJA

1582

T R A IA

ras la berm eja A u ro ra el Sol dorado
por las p u ertas salía del oriente,
ella de flores la rosada frente,
¿1 de encendidos rayos coronado.

cárcel trigo aprisionado,
E nconbreve
toda su fam ilia de oro ardiente,
el cerco de la luz resplandeciente,

Sem braban su contento o su cuidado,
cuál con voz dulce, cuál con voz doliente,
las tiernas aves con ia luz presente,
en el fresco aire y en el verde prado.

T raigo el campo que pacen estrellado
las fieras a ltas de la piel luciente,
y a escondidas del cielo y del O riente,
d ía de luz y parto m ejor-do.

C uando salió b astante a d a r L eonora
cuerpo a los vientos y a las piedras alma,
cantando de su rico albergue, y luego
ni oí ias aves m ás, ni vi la a u ro ra ;
porque, al salir, o todo quedó en calm a,
o yo (que es io m ás cierto) sordo y ciego.

T raigo todas las' In d ia s en mi mano,
perlas que en un diam ante por rubíes
pronuncian con desdén sonoro hielo;
y razonan tal vez fuego tirano,
relám pagos de risa carm esíes
au ro ra s, gala y presunción del cielo.

T

y g ra n d e im perio del am or cerrado.

Góngora.

Escuche a GARCIA GUIRAO en Radio El Mundo los miércoles y domingos de
21,30 a 22 hs. - - A PEPITA MUÑOZ en Radio Splendid los lunes, m artes y
viernes, a la s 12,30 hs. - - Sintonice Radio Belgrano los domingos a las 20,30 hs.

Distribuidores: J. LLORENTE y Cía. - Catam arca 70 - Bs. Aires

ante el dilema de tener que dirigirse
por carta agradeciendo la amabilidad
del prior del convento vecino que sin que
nadie se lo pidiera, había ordenado cor­
ta r el corpulento árbol del jardín conven­
tual que sumía el despacho del Presidente
en continua penumbra. El Padre de la

Q ucvedo.

TRIUNFADORES DEL CONCURSO "ARQUEOLOGIA POETICA”
Con n u e stra felicitació n p ara los que han
sabido e n co n tra r, cuando no re c o n stru ir, los dos
sonetos motivo de nuestro a n te rio r concurso,
damos a continuación la lista de los ganadores:
l" $ 20 m /n .: R oberto A m ador G arcía, V e­
nezuela 1275. dep. 2, C apital. — T res segundos

prem ios — únicos que acertaron exactam ente o
realizaron un notable ejercicio d e reconstruc­
ción— , con una suscripción de seis meses a
C a ba l ga t a : M arta A sían. 24 de N oviem bre 138,
19 E, C apital; Samuel V illanueva, B rasil 1075,
59 piso, Capital.

8. C onsonante. - R elativo a la em oción. - Con­
sonante.
9. C ontracción de preposición y artículo.
Reverencia. - N egación.
10. N om bre fem enino. - L abra. - Se despeña.
11. T e rrito rio de la baja C alifornia. - Vocal. Contempló.

HORIZONTALES.

V E R T IC A L E S .
1. Animal cuadrúpedo de algunas especies do­
m ésticas y -aivajes. - Form a de algunas
vigas. - H um or o m a te ria que se form a
en los tejidos inflam ados, abscesos, etc.
2. O xido de calcio. - T ejido delgado y tra n s ­
parente. • E x piración convulsiva y sonora.
3. El prim ero en su clase. - C árcel. - P repo­
sición inseparable que indica repetición.
4. U ltim a letra. - M es del calendario republi­
cano. - Preposición.
5. Alabe. - P rim e ra letra. - A rbusto legum i­
noso.
6. Cotilla con ballenas con que las m ujeres
se a ju stan el cuerpo. - P a rte s en que se
divide la obra teatral.
7. Famoso atolón. - Preposición. - C onjunto
de vocales.

I. S a n g ría p ara to m a r agua de un rfo. ^
1Q0. - T ranquilidad.
I I . Jefe. - P rólogo de algunas obras d ra m á ­
ticas antiguas. - A rtícu lo plural..}
I I I . A rtículo singular.
T am añ o , capacidad. C apital de F rancia.
IV . C onsonante. - Sospeche. - C onsonante.
V . Cable del que se suspende el ancla. •
Vocal. - Form a poética.
V I. Paliza. - A tasca.
V II. C anción india. - P rim e ra letra. - F u ria
desm edida.
V I I I . C onsonante. - Exceso morboso en el ape­
tito sexual. - 5.
IX . Nota an tig u a. - Río del olvido. - C on­
sonante.
X. P unto opuesto al norte. - P ronom bre
personal de prim era persona. - ^ J a je l.
X I. H ágase. - Consonante. - Poeta norteam e­
ricano.

LA IMPRENTA LOPEZ
es la primera organización creada en HispanoAmérica dedicada exclusivamente a la impresión
v

•

de libros. Su participación en la creación de la indus­
tria editorial argentina ha sido decisiva. Su nombre
como impresores, unido al de los editores, marca una
etapa culminante en la historia del libro argentino.
E l arte y la técnica de la IM P R E N T A LOPEZ
en conjunción maravillosa realizan el milagro de
producir las más bellas y cuidadas edicio­

SOLUCION
DEL
PROBLEMA
DE N°. 5 D E
CABALGATA

nes, tanto de lujo como populares,
a precios convenientes, pues
su especialización le per­
m ite dar ca lid a d
sin aumentar

Concurso: ELLOS DE ELLAS
Aquí tienen los nombres de algunas mujeres, musas, amadas, esposas o amantes de
hombres célebres en la historia, las artes o el amor únicamente. Estos son los nombres, mu­
chos de ellos famosísimos y todos ell.os conocidos, de esas ntujeres. Den ustedes el nombre
de los afortunados o infortunados amadores. Con ello ganarán el prem io...
A na H ataw ay.
Ju lia E spin.
N d l C w yn.
H d c n a Fourm ent.
In é s de C astro.
L ady H am iiton.
T e re sa M ancha.
M aría d 'A n g o u t.
Susana V aladón.
Eva B raun.
C ondesa de Gdve*.

Victoria no. sabía cómo dirigirse al sacer­
dote ya que su más íntima convicción le
impedía usar de la fórmula habitual. F i­
nalmente encontró la solución:
—"Padre mío. . . —escribió—, y no creo
equivocar le al llamarle así ya que le debo
el ver la uz del d ía . . . ”

M adame de Chatelet.
T e re sa G uicciardi.
M arta de N evares.
L a u ra di Sade.
Mouche.
T eresa B abarrus.
L a duquesa de Alba.
La princesa de Eboli.
B árbara de Blomberg.
Eleonora Duse.
Condesa W aiew ska.

L avinia Vecellio.
Cósim a Liszt.
Mona Lisa.
C atalina Palacios Sal
C leopatra.
D oña M arina.
D iana de Poitiers.
V icttoria Colonna.
Jo sefina B eahurnais.
B eatrice de Portinari.
M adam e D u b a rry .

Roxana.
Remedios de Escalada.
L a F ornarina.
Sim onetta.
A u ro ra Dupin.
Fiam etta.
M adam e de C h atd et.
Francisca Sánchez.
B ettina B rentano.
M atilde W essendock.

M adam e Recamier.
Carlota.
L a V alliére.
X antipa.
Condesa de M irafiori.
C lara Petacci.
Dolores A rm ijo.
Sofia Peabody.
J u a n a Duval.
Saskia.
Isabel B ran t.

el costo.

IMPRENTA LOPEZ
Al servicio del libro
P E R U 666

•

B U E N O S AIRES

�MEDICINA

cabalgata®
La inauguración de la LIBRERIA KRAFT cons­
tituyó un acontecimiento en Buenos Aires

La calle Florida, tan típicamente porteña, redobló en cierto modo su animación de
todos los atardeceres, el jueves pasado, con motivo de inaugurarse una nueva librería,
"la más joven de la ciudad”, según lo pregonaban los folletos anunciadores, estable­
cida por "la más antigua imprenta del país” : Guillermo K raft Ltda.
Es que al interés del acontecimiento en sí mismo, en cuanto significaba un valioso
aporte a la cultura pública, se sumó el que despertaba la concurrencia que asistió al

El doctor G u ille rm o
K ra ft con Alvaro Mclián Lafinur, i?. P. José
Réboli y un grupo de
damas de la Comisión
del Patronato de la In ­
fancia.

El doctor Pedro Miguel
O b lig a d o , dedicando
una de sus obras, en
compañía de Mariette
Lvdis, María E. Wrcde
y otras damas.
mismo, entre la cual se veían las más prestigiosas figuras de nuestros círculos litera
rios y artísticos. Por lo demás, un núcleo selecto de damas contribuyó a dar singular
lucimiento al acto, el que, según es notorio, se llevó a cabo con el simpático fin de
aportar recursos a la benemérita obra que realiza el Patronato de la Infancia.
El acto se desarrolló en un ambiente de extraordinaria animación. Y así fué que la
concurrencia se decidió a solicitar que ocuparan un improvisado estrado para decir
fragm entos suyos, algunos de los (escritores y actores allí presentes.
Fué el primero en acceder al requerimiento el poeta Juan Burglii, al que siguió
Pedro Miguel Obligado, recogiendo ambos nutridos aplausos. El Embajador doctor
Daniel García Mansilla, cariñosamente acogido por el público, dijó una poesía suya

P arte del público.
en su original francés y su traducción al castellano. Hablaron, luego, Horacio Rega
Molina, Pablo Rojas Paz, el Vizconde de Lascano Tegui, Florencio Molina Pampos,
Pedro Toeci, Enrique Serrano y Ramón Columba, todos los cuales fueron calurosa­
mente celebrados.
El acto terminó con un remate de libros a beneficio de la Institución patrocinante.
Este remate y el hecho de que la Editorial K ra ft haya extendido dicho generoso apor­
te a todo el mes de diciembre, evidencia el noble signo bajo el cual nace la nueva y
flam ante librería de Florida 681.
E ntre los numerosos y calificados asistentes anotamos a los señores Enrique Larreta,
José C. Miguens, Juan Pablo Echagüe, Carlos Alberto Pueyrredón, Eduardo Labougle.

El Vizconde de Lascano
Tegui dirigiendo la pa­
labra al público.

Juan Pablo E c h a g ü e
departiendo con un gru­
po de señoritas.

guez Acasuso, Gregorio Martínez
mero José González Carballio, etc.
Antes de abandonar el magnífico salón, la concurrencia fué obsequiada con una copa
de champagne.

EL PROBLEMA ACTUAL DEL CANCER
POR E. V. C O WD R Y
hecho de que entre las células de cias que nos llevan a ellos, y no su natu­
uno y el mismo tipo el desarrollo raleza.
del cáncer está sujeto a cambio, complica En primer lugar, rs conveniente decir
unas palabras acerca de la contracción
enormemente el problema, pero brinda un
muscular. Esta puede ser el resultado de
elemento tentador de esperanza.
Considérese primero el asunto de la varias clases de estímulos: la luz, el soni­
herencia: en algunas familias existe una do, el calor, el frío, el gusto, el olfato, el
ocurrencia frecuente de cáncer distinta­ tacto, etc. Los estímulos activan las célu­
mente mayor a la que se observa en el las receptoras que les son respectivamente
resto de la población. A falta de prue­ susceptibles. Estas células generan im­
bas en estas familias de una rara sus­ pulsos nerviosos que se transmiten en su
ceptibilidad a las substancias carcinóge­ largo progreso, o en células nerviosas es­
nas, se presume que algunas de sus cé­ labonadas en series, por muchas vías sen­
lulas son más susceptibles al cáncer que sorias, al sistema nervioso central; así se
las de la misma especio de familias en correlacionan y se ajustan. De ese sistema
que aparece ¡meo ese mal. Esta es una nervioso las fibras nerviosas motores lle­
van los impulsos a un músculo. El gran
suerte de susceptibilidad en los órganos;
así es que hasta no menos de 10, en 16 fisiólogo Sherrington ha dado acertada­
niños de una familia, han tenido cáncer mente a estas fibras la denominación de
en la retina, y existe en las familias la vía común final. Son los elementos ner­
tendencia al cáncer del seno y de otros viosos finales en la cadena, es decir, los
órganos. En melizos idénticos, el cáncer que llegan directamente al músculo. F o r­
se les manifiesta simultánea y simétrica­ man una vía común por la cual los im­
mente, y son similares en la forma de pulsos que lian sido iniciados por mu­
su crecimiento. Asi, donde lo transmitido chas clases de receptores se dirigen al
por herencia es igual (como acaece en el sistema nervioso central mediante diversos
caso de gemelos idénticos), la suscepti­ nervios sensorios, convergen y se derraman
bilidad celular al desarrollo del cáncer en el músculo. Por ejemplo: un músculo
es generalmente la misma; y donde es de la mano que maneja el volante de un
diferente, como sucede en familias distin­ automóvil puede contraerse en acción re­
tas, esa susceptibilidad es también dife­ fleja a algo que se ha visto u oído o
sentido en la moción del volante; o bien
rente.
Aun en el caso de un mismo individuo como consecuencia de alguna sensación
en el curso de su vida, la susceptibilidad ya pasada o experiencia que retiene la
de algunas células a los agentes que memoria. Sin embargo, los impulsos, cual­
causan el cáncer está sujeta a cambios, quiera que sea su procedencia, llegan al
como ocurre en la enfermedad de los músculo a través de las mismas fibras
niños, la Xerotlerma pigmentosum, por del nervio motor como su vía final
común.
efecto de la cual el cutis se seca (xeros)
Es conveniente, en esta comparación,
y sufre pigmentación, y la susceptibilidad
de las células de la epidermis a la acción considerar los agentes activadores, el es­
labonamiento de las circunstancias, la
carcinogénica de la luz solar aumenta
gradualmente. Si una persona sufre de modificación y la vía final común.
cáncer, las probabilidades de que con­ 1) Agentes activadores.
traiga otro cáncer en otra parte del cuer­
En la contracción muscular los estí­
po son mayores que las que tiene una
persona normal de que se le desarrolle mulos son de amplia variedad. Consi­
un cáncer. En otras palabras, la pre­ derados cuidadosamente se descubre que
sencia de un cáncer parece facilitar el son tan diferentes entre sí que no es po­
desarrollo de otros cánceres primarios en sible indicar una sola propiedad que les
el mismo individuo. El porqué de esto no sea común a todos, fuera del poder de
lo sabremos decir; pero tal vez el primer producir un cambio. Si actúan con fuerza
cáncer incrementa la susceptibilidad de suficiente, o repetidamente por mucho
otras células a las carcinógenas. El ad­ tiempo, dan principio a cambios tiuímiverbio "tal vez” deberá retenerse en esta cos, en cuya continuación, aparentemente,
cuestión hasta que se aproximen pruebas no toman parte.
sobre la exposición por igual a las carci­
En la producción del cáncer, las subs­
nógenas en casos de cáncer simple o com­ tancias carcinógenas son también de va­
puesto, y de igualdad de susceptibilidad, rias clases, en las cuales tampoco es igual­
para principiar.
mente posible descubrir una propiedad
Puede presentarse el caso en condicio­ común. Si obran con suficiente fuerza o
nes poco mejores en las lesiones llamadas repetidamente por un largo período de
"precancerosas’’, para el aumento en la tiempo, inician cambios químicos, en cuya
susceptibilidad. Las lesiones, ,cuya super­ continuación, aparentemente, no tienen
ficie parece ser de color blancuzco, que ninguna participación.
afectan la boca y la lengua, y que han
existido durante algunos años, pueden 2) Eslabonamiento de las circunstancias.
convertirse en cánceres. Los lunares, apa­
Las que incitan la contracción muscu­
rentemente inofensivos, que se han tenido lar pueden ser largas o cortas, según el
desde largo tiempo, pueden cambiar re­ número y carácter de las células en series.
pentinamente ennegreciéndose, y dando Entre cada una de éstas la resistencia
origen a cánceres virulentos. En otras de la célula es mayor que en su substan­
partes más profundas del cuerpo, otras cia. Hay una especie de fuerza vigorizalesiones precancerosas pueden persistir dora para dominar esta resistencia, y el
por varios años sin que se presenten sín­ tiempo se pierde.
tomas, y manifestarse de súbito malignas.
Las circunstancias que culminan en la
Pero no todas las placas o láminas blan­ producción del cáncer son en comparación
cas, lunares, u otras de las llamadas le­ hipotéticas todavía en su mayor parte;
siones precancerosas tienen ese final: es pero parece lógica la presunción de que
sólo una minoría de cada clase la que existen etapas en series diferentes entre
así actúa. Repetimos, una vez más, que sí, tanto en número como en carácter, y
ignoramos la razón de ello. El asunto también la de suponer una especie de
es que la frecuencia con que ocurre la vigorizadoras para domeñar la inercia en­
transformación maligna es mayor en sus tre ellas.
células que en las otras de los mismos
Romper la cadena que termina en la
tipos. Esto sugiere, mas no lo prueba, vía común final de la producción “del
una susceptibilidad incrementada entre cáncer, es evidentemente mucho más di­
algunas de las células afectadas por le­ fícil que reconocer la que llega a la vía
siones precancerosas.
común final de la contracción muscular.
Puesto que se han encontrado casos de Los elementos estructurales en los esla­
hipersusceptibilidad (o alergia) adquiri­ bonamientos nerviosos están definitiva­
da que ha sido causada por una multi­ mente dispuestos en espacios y son per­
tud de substancias diferentes, parece no manentes, de manera que se pueden ver
«estar lejos de la realidad el que algunos con ayuda del microscopio y medir sus
de este grupo heterogéneo de las carci­ actividades cuantitativamente. Las cir­
nógenas, y también algunos agentes que cunstancias de la carcinogenesia se con­
no producen cáncer, pueden alterar las centran en la misma área de tejidos (sin
células dejándolas mayormente suscep­ que se conozca su propagación en otras
tibles. En los largos años que preceden parte del cuerpo), y más tarde las cir­
a la fecha en que casi todos los cánceres cunstancias borran las anteriores. Más
se manifiestan a la vista, éstos tienen aún, como ya se ha dicho, el cáncer se
amplias oportunidades para desarrollarse. puede desarrollar en varios sitios dife­
Es de comprenderse que también nos in­ rentes, y las características distintivas de
teresa la declinación de la susceptibilidad
ellos son tales que quizás ejerzan influen­
a las carcinógenas. En ratones de ciertas cia en el curso de las circunstancias. Esas
razas la susceptibilidad de las células características son tan numerosas como
epidérmicas a la carcinógena es menor lo son las clases de tejidos. Inmediata­
entre jos de edad avanzada que entre los mente nos hacen pensar en la alta o baja
jóvenes.
tensión vascular,# falta de vasos, presen­
No es preciso bosquejar más el amplio cia o ausencia del derrame linfático y en
campo y lo intrincado del problema que el grado celular. Además, las etapas para
presenta el cáncer, es decir, las varias la producción del cáncer comprenden los
clases y edades de los animales afecta­ flúidos de los tejidos, mientras que les
dos, los numerosos tipos de células, la que llegan a la vía nérvea final y común
infinidad de los distintos agentes que in­ están en su mayor parte aislados de ellos
ducen la formación del cáncer, la notable mediante forros medulares impermeables
variación en el tiempo requerido para y densos revestimientos celulares y f i­
brosos.
que brote el cáncer, y la susceptibilidad
celular sujeta al cambio. Por esas razo­
Debido al aislamiento parcial de los
nes es que la investigación del cáncer se componentes nérveos, las circunstancias,
efectúa de manera tan diversa y que al­ una vez que han comenzado, parece que
gunos investigadores opinan que antes de están tal vez en condiciones más efectivas
iniciar ese trabajo, debemos aprender de alcanzar la vía final común e inducir
algo más sobre fisiología y el proceso
la contracción muscular, que las circuns­
normal de las células. En efecto, casi tancias de la carcinogénesis de causar el
cualquier método de investigación que cáncer. Dicho de otro modo: existen
tenga alguna relación, aun lejana, con las oportunidades menos abundantes de que
células, es una ayuda, ya que el cáncer se desvanezcan que en la producción del
constituye, sin disputa, un problema de cáncer, para lo que es también más largo
células. Pero es conveniente ordenar los el tiempo de la gestación, y en la cual
hechos establecidos de manera que sean muchas carcinógenas rara vez inician los
menos abrumadores y para que la inves­ eslabonamientos que llegan a la meta.
tigación se pueda encaminar hacia una
3) Modificación.
solución más acertada.
Puede obtenerse cierto grado de orien­
Es posible abreviarla eliminando algu­
tación si se comparan las circunstancias nas de las circunstancias que ordinaria­
que incitan una contracción muscular y mente conducen a la contracción muscu­
las que resultan en el brote de un cáncer. lar, como cuando la contracción es el
La contracción muscular y la producción resultado de un estímulo eléctrico directo
del cáncer son, por supuesto, dos fenó­ del músculo. El profesor W. R. Earle,
menos muy diferentes. A nosotros nos del Instituto Nacional de Sanidad, si­
interesa solamente la serie de circunstan­
tuado en Bethcsda, Maryland, ha logrado

E

l

(V ien e ¿el número anterior)

provocar el cambio maligno por el simnl
expediente de agregar carcinógenas a | *
células susceptibles.
La serie de circunstancias que resultan
en la concatenación muscular puede se
reforzada m ediante la función de mis
agentes activadores, o estímulos, y por
el esfuerzo voluntario. Así también el
progreso gradual que por fin culmina en
la producción del cáncer puede hacerse
más efectivo y acortar el tiempo Co.
carcinógenas adicionales que se agregan
al eslabonamiento iniciado por las qu*
obraron en prim er lugar.
En condiciones de hiperexcitabilidad de
los receptores de los elementos nérveos v
tal vez del músculo, los estímulos inade­
cuados generalm ente pueden causar la rontracción. En condiciones de excitabilidad
am inorada y de una obstrucción en al­
guna p arte del eslabonamiento, hasta los
estím ulos fuertes pueden no llegar a resu ltar en una contracción. Por una inhi.
bición consciente se puede sostener ua
hierro candente con la mano dominando
el impulso de soltarlo.
L as células susceptibles viven en medio
de substancias carcinógenas potenciales
las cuales no producen el cáncer salvó
cuando la fuerza que se ejerce es suficien­
te. Se conocen algunos casos de hipersus­
ceptibilidad de parte de dichas células.
Puede acelerarse la producción del cán­
cer, como cuando se administra ben­
zoato de estradiol, además de substancias
carcinógenas, a anim ales susceptibles. Y
tam bién se puede re ta rd a r: disminución
de susceptibilidad y completa detención}
de la producción del cáncer, quedarán
siempre más en i l misterio que los fenó­
menos parecidos en lo que hace a la con­
tracción muscular.
4) Vía o canal final común.

La contracción muscular en los extremos de los nervios motores es la misma
en los músculos de una clase dada, in­
dependientemente de la naturaleza del
estímulo inicial. Entre los vertebrados las
fibras nérveas en las vías finales comu­
nes administran al músculo el mismo cho­
que o golpe emitiendo de algún modo una
substancia definida: acetilcolina. La calidad de la contracción depende de la clase
del músculo, sea éste liso, del esqueleto
o cardíaco, y tal vez de las diferencias
individuales de los tipos.
La producción del cáncer en las célu­
las de un tipo dado es similar, indepen
dicntemente de la clase de substancias
carcinógenas que acciona en ellas. Así, un
cáncer de células escamosas puede resul­
tar de carcinógenas tan distintas como
las de la radiación solar, el radio y mu­
chas otras substancias químicas. Más
aún, los cánceres individuales de deter­
minado tipo muestran aspectos notables
de analogía, aun cuando estén presentes
en animales de especie diferente, y cierta­
mente hasta de distintas clases de verte­
brados. No es exagerado suponer que el
golpe final administrado a las células
susceptibles sea el único y el mismo en
todos los casos en que se produce el cán­
cer. La índole del cáncer resultante está
primordialmente ajustada a las condicio­
nes del tipo de la célula así influida.
Como según se deja apuntado, gran
cantidad de diversas clases de células
poseen una potencialidad maligna, y for­
man huestes las distintas especies de
cáncer.
Este aspecto de las circunstancias no
solamente ilustra las dificultades futu­
ras, sino que también indica la senda
para abordar el problema del cáncer con
alguna esperanza de buen éxito.
No se puede esperar que las medidas
preventivas; contra el cáncer lleguen a
extirparlo para siempre, como sucede,
por ejemplo, con el paludismo en muchas
regiones. Será de gran ayuda el conti­
nuar buscando substancias carcinógenas
hasta aquí desconocidas y tratar, demás,
de limitar los riesgos de exponerse a las
ya conocidas hasta el punto en que las
mismas no ofrezcan peligro como cau­
santes de cáncer. Evadirlas todas, o redu­
cirlas a la impotencia para producir el
cáncer, y aun seguir subsistiendo, sería
algo tan imposible de hacer como cerrar
las puertas de nuestro cuerpo a los estímu­
los sensorios del exterior y del interior
y todavía continuar viviendo. Sin embar­
go, cuando hay razón para sospechar que
existe una gran susceptibilidad fuera de
lo común para contraer el cáncer, se de­
berán redoblar los esfuerzos preventivos
contra los agentes activadores. Y no está
fuera del dominio de lo posible descubrir
oportunamente el medio de disminuir est*
susceptibilidad.
Detener las cadenas de circunstancias
iniciadas por estos agentes activadores
antes de que se derramen o esparzan por
la vía final común es, por supuesto, una
posibilidad. La dificultad consiste en que
el hombre muy a menudo no sabe que
algo anormal le está pasando hasta que
el cáncer se le manifiesta. Las llamadas
lesiones precancerosas pueden o no repre­
sentar circunstancias que conducen tu ;
cáncer. Necesitamos aprender algo mas
acerca de ellas. El dolor, que es una señal
de alerta, y que tanto ayuda a promover
la curación de su causa, en otras circuns­
tancias, generalmente no aparece hasta
cierto tiempo después de que el camino
maligno ha tenido lugar.
Si pudiéramos descubrir lo que suco 8
en el extremo de nuestra hipotética T*
final común, tal vez podríamos preveni
la transformación cancerosa. La manera
de averiguarlo parece ser la de
,
ñar la diferencia o diferencias fúndame
tales que existen entre las células n°r
males y las cancerosas del mismo tipo
del cual depende 'a diferencia de su Pr°
ceder. I ’na vez en posesión del con
miento de la naturaleza do esa diferenc »
podremos cerciorarnos mejor acerca de
(C ontinúa pógtna 23.)

y
|
r
f

�MODAS

© cabalgata

EL PEINADO
Y LA MODA
anto

como el vestido, más aún que

T él, si se quiere, el peinado es un
elemento plástico, modifieable hasta lo

DOS CREACIONES DE JA U M A N D R E U
Soirée de línea griega cuya elegancia reside en la disposición que se ha
dado al drapeado de la falda y el corsage. Ha sido creado para realizarse
en jersey de seda blanco tiza.
De opuesta línea, este otro suntuoso modelo de noche en organza natural
para la falda, muy amplia, y de satín duchesse el corsage, que se continúa
en dos grandes moños sobre la cadera, dando a su vez nacimiento a los abun­
dantes pliegues de la falda.

O
O

infinito, donde el arte y la fantasía
pueden jugar libremente.
En nuestra época, la moda, en lo
que a "coiffures” se refiere, se muestra
de las más razonables y equilibradas,
estudiándose más que en ninguna otra el
uso de adornos y de ornamentos, de
bucles y postizos. Y es justamente esa
sobriedad, esa encantadora depuración,
lo que exige a los creadores un estudio
profundísimo antes de lanzar sus no­
vedades, haciéndolos, como nunca, re­
servados y mesurados. En el último
congreso de peinados, realizado con la
asistencia de maestros franceses, bel­
gas, holandeses, ingleses, etc., y ante la
presencia de genios de la costura, de la
talla artística de Paquin, de Maggy
Rouff, todos han estado acordes en
favorecer las líneas más proporciona­
das, más naturales, alejándose de lo
artificioso y rebuscado que el uso de
los postizos impusiera hasta hace dostemporadas. Y sin embargo, no es que
los postizos hayan caído completamente
en desuso, sino que ahora reinan los
más naturales: Jean Clément, artista
de la línea "Renaissanee”, usa en sus
creaciones postizos. Pero simples, alar­
gando en cascada graciosa y movediza
los peinados, aun hasta la mitad de la
espalda, y haciendo marco juvenil y
suave al rostro.
Igual que los grandes modistos que
abandonan los sombreros voluminosos,
los peinadores preconizan el retorno a
un justo equilibrio, a una forma más
pequeña, más armoniosa de la cabeza.
Es el caso de las mejores creaciones
nuevas de Gervais, Mare Ruyer, René
Ramband, etc., artífices maravillosos
del cabello.

UNA
PAGINA

LA NUEVA LINEA DEL ESCOTE EN LOS
TRAJES DE COCKTAIL
norme

cantidad de pliegues toma­

eleganeia^ En blusas, en trajes de tar­

a los costados y en el medio de, y aun de noche, su línea denota
E deldos corsage;
es un consejo parisiensesiempre sobriedad y buen gusto.
que las argentinas deben estudiar mu­
chísimo, pero que conviene a figuras y
rostros delgados. Generalmente el jer­
sey de seda, la rosalba, los crepés
elásticos, son los géneros en los cuales
los motivos de pequeños drapeados,
quedan más elegantes y naturales.
Otra idea de drapeado en el corsage,
ahora formando escote alto, casi cerra­
do. Es un tipo de escote que pide
generalmente faldas rectas o tubulares
y sombreros pequeños que dejen al des­
cubierto la frente.
El escote clásico, en pico más o me­

nos bajo, y alto y envolvente sobre el
cuello, elegante como ninguno, se adap­
ta a cualquier género y color, y acepta
todo tipo de pollera y de mangas. Es
sin duda el que más estiliza la cara y
la figura.
Corsage cruzado. Otro consejo pari­
siense de encantadora sencillez y rara

DE

Amplio; alto sobre el cuello y abrién­
dose sugestivamente sobre el busto, el
escote trapezoidal admite, como el del
dibujo, adornos variadísimos: trabajos
en broderie en tonos opuestos, clips co­
locados caprichosamente en hilera o
sobre los ángulos, flores, gargantillas,
en fin, todo aquello que realce la be­
lleza del rostro. Pero pide, en cambio,
extrema sencillez en los hombros y en
el corte del talle.
Escote cuadrado, recto y simple que
puede, como en esta creación america­
na, abrirse adelante detallándose con

J

aumandreu

L A E L E G A N C I A EN E L H O G A R
Eloísa Cañizares, joven estre­
O
lla argentina, luce este deshahillé en organza natural celeste grisá­
ceo, con adorno de pequeño galón de
broderie al tono y botoncitos de cristal.

De la misma actriz es este
Janet Blair, en cambio, se de­
O
cide por una blusa de shantung
suntuoso modelo realizado en
O
mé rosa y plata, de línea simplísima, blanco, bordada con motivos de hilos
la-

en el que se destaca la amplitud que- a
los hombros dan los pliegues de la
manga.

multicolores y pantalón de corderoy
borra de vino.

ninguna hora del día bajo pena de no
estar a tono. Y, como hay que pensar en
todo y no dejar nada al azar, la cuenta
del peluquero pasará al renglón "som­
breros”, nuestro presupuesto no será afec­
tado y todo el mundo quedará satisfecho.
Empero, veamos ahora el esfuerzo rea­
lizado por nuestros sombrereros para ha­
cernos agradable el uso del sombrero a
toda hora del día. Parece que desde ahora
están de acuerdo sobre un punto: ele­
gancia estrieta y severa para la mañana,
que va suavizándose en las primeras ho­
ras de la tarde; fantasía y originalidad
para la noche.
Janette Colombier lanzó un 'modelo de
turbante que todas las parisienses ele­
gantes quisieran llevar. Lo hizo en varios
tonos, pero siempre en una preciosa seda
brocada que dos largos alfileres parecían
sujetar.
Maud y Nano combinó en un sombrero
que tuvo mucho éxito, lanilla escocesa,
manzanas rojas y tul gris plata.
Blance y Simone drapea una toca en
tafetán azul marino con lunares blancos
y tafetán blanco con lunares rojos. El
conjunto da una nota de coloridos alegres.
Suzy presenta un sombrero encantador
en rosa y negro. El fondo es de fieltro
negro, el borde en paja gruesa de color
rosa; dos drapeados de "gros grain” ne­
gro adornan los dos lados de la cabeza.
De Le Monnier, una paja gruesa de co­
lor miel, adornada con cerezas rojas y cin­
ta de faya azul.
De Maud Roser un fieltro color arena;
la copa encaja bien a la cabeza, el ala
es completamente levantada, y atravesa­
da con una larga pluma de faisán.

te como hoy. Proyectan una revolución
profunda de nuestra silueta, o más exac­
tamente, ya la empezaron. Aparecieron
las largas faldas trabadas y, perplejas,
nos preguntamos si los autobuses y los
tranvías adaptarían un escalón suplemen­
tario que nos permitiera subir a ellos.
También hemos visto combreros de an­
chas alas coronados de plumas y los pe­
queños "bibis” que lanzan hacia el cielo
impresionantes cuchillos de pluma, y cada
una se imagina que sería tal vez encan­
tadora bajo uno de esos sauces llorones,
que tendría un aire muy juvenil con el
cabello corto y rizado bajo un casquito
atravesado de una pluma de faisán, pero
en seguida piensa en los milagros de equi­
librio que tendría que hacer en la bata­
hola de los metropolitanos, o también sim­
plemente para pasar por la portezuela
de un coche. Ante tales problemas es fá ­
cil desalentarse si se olvida que la van­
guardia de la moda está constituida sólo
por un número restringido de mujeres pri­
vilegiadas, para quienes la excentricidad
no es más que un pasatiempo suplemen­
tario, cuando no es el sustento de un maniqu . Pues bien, usted está firmemente
decidida a no transformarse de la mañana
a la noche en una heroína de Bourget; us­
ted decretó que no llevaría esa boa ni
ese corsé incómodo que le parecía tan ri­
dículo cuando hojeaba viejas revistas de
moda. Y, en esto, mostrará usted mucha
cordura. Pues no es estar de moda apre­
tujarse en un corsé para tener un talle
fino, cuando se es gorda y pequeña, cuan­
do, a más de los antiestéticos rollos de
gordura que dejaría ver el estrecho ves­
tido, parecería siempre estar sofocada.
No sería menos ridículo, si usted es alta
y delgada, encasquetarse un gran sombre­
ro con penacho que la haría parecerse a
un húsar del Imperio.
Cuando hace algunos meses un creador
audaz lanzó en París la moda del "collar
de perro”, con cadena, estábamos a pun­
to de rebelarnos. Sin embargo, la idea en
sí no era mala, ya que los grandes joye­
ros y los artesanos de la joya de fantasía
la explotaron en seguida y, en vez de un
collar de cuero claveteado, nos ofrecieron
collares de perlas transformados en "pul­
sera” para el cuello, perla contra perla,
o separadas por una malla de oro, cadenas
la delicadamente trabajadas que se entrela­
zan mezclando al brillo cálido del oro
los reflejos de piedras multicolores.
Es por esto que aceptaremos siempre
las pequeñas locuras a las cuales nos con­
vidan los que crean la moda, porque sa­
bremos siempre evitar sus escollos, porque
antes de adornarnos con tal o cual obje­
to, sabremos adaptarlo a nosotras, pro­
gresivamente, según nuestra manera de
ser o de vivir. Por otra parte, los modis­
tos no se engañan. Cuando lanzan una
novedad sensacional, no dejan por esto
de crear modelos más moderados, pues
conocen demasiado bien a la mujer para
ignorar que no se le impone una trans­
formación inmediata, que se la conquista
más seguramente por un juego sabiamente
dosificado de paciencia y de habilidad.

botones de fantasía: azabache o strass.
Juvenil y simple, pero lleno de gra­
cia, este tipo de corsage que las revis­
tas americanas y francesas nos traen
con gran frecuencia, hecho en tafetán
o faya, de gran belleza para vestidos
de tarde o de noche con falda muy
acampanada.

ALGUNAS
V ER D A D ES SOBRE
LA MODA
por
on

Souplex en defensa del sombrero. Sabed
solamente que él es resueltam ente...
"sombrerista”, que tuvo lágrimas en la voz
para compadecer a los pajaritos "que
van a morir de tedio si no pueden más
servir de adorno”, de las flores "cuyos
p o r MARIE DES GENÉTS
corazones destrozaréis si no las queréis
más” ; nos recuerda también que ni "Dios
, ' p ocasión .le una representación de en persona admite que una mujer penetre
r , moda organizada en la casa Carré- en su casa con la cabeza descubierta;
re, Raymond Souplex, uno de los más cs- Dios debe saber lo que hace. Por consi­
pirituales cancionistas de París, tomó la guiente, si Dios tam b ién ... es "sombre­
palabra para exhortar a las mujeres a rista . . . ” ¡ Confesad que el argumento es
usar sombrero. Necesitó no menos de 80 convincente! No nos quedará otro reme­
versos para "cantar” todas las dificultadio que inclinarnos. Sombrero para la ma­
des del problema; lo hizo con un tal brío ñana, sombrero para la tarde, sombrero
que acabó por persuadir a las mujeres me- para las cenas y tocado para la noche.
nos convencidas. Me es imposible citar
Nuestra cabellera pasa al rango de "ador­
todos los argumentos que invoca Raymond
no para la cama”, no la mostraremos a

LA BALADA DE LOS
SOMBREROS
I
H
J
I
I
■
I
I
II
■l'

Así, con blusa cuyo estampa­
do pequeño se remarca con len­
tejuelas gris plata, y pantalón de grue­
so crépe azul Francia, recibe Anita
Louise, la bonita star americana.

O

YVETTE ARNOUX
numerosas las mujeres que, cada

una mirada poco convenci­
Sdaaño,sobreechanlos últimos
modelos, los que son
"última expresión”, sin los cuales, según
los augures, estaríamos fuera de moda.
¿Pero, qué es la moda en realidad? Si la
moda no fuese sino una simple necesidad
de renovación y si sintiésemos todas esta
necesidad con la misma intensidad, no
existiría razón alguna que nos impidiera
aceptar, con entusiasmo, todas las suges­
tiones que nos hacen periódicamente mo­
distos, sombrereros, zapateros, peluqueros,
etc---- y andaríamos todas con un abri­
go, un vestido, un sombrero "último grito”
reproducidos millares de veces. Sin embar­
go, la moda es también y ante todo el
arte de adaptar esos cambios a nuestra
personalidad.
Iface muchos años que los modistos no
nos han puesto a prueba tan bruscamen­

�cabalgata©
A Juan Carlos Pos.
ntonio

A li .egretti nació en Nápoles

_________ MUSICA_________
UN PRECURSOR OLVIDADO:
ANTONIO ALLEGRETTI

1695, do padre desconocido.
A.Ruéhaciarecogido
en el Collegio de’ poveri de
Gesü Cristo, donde loa frailes daban sopa,
música y latín a los huérfanos. Kn Ñ a­
póles no era difícil pasar de uno de los
cuatro conservatorios de caridad a uno
de los cinco teatros de ópera; Antonio
tenía voz de contralto, tocaba el violín y
componía. "Falaride, tiranno d’Agrigento ” fuó su primera "opera in m usirá”, y
su buen éxito lo llevó a Venecia, donde
estrenó "Massimiano”, en el Teatro Grimani di S. (lio Grisostomo. el carnaval
(diciembre 26) de 1761. Con esta obra
acabó su carrera de compositor dramático.
Allegretti ya se había hecho notar por
sus muchas "strayaganze urmoniche”, y
por sus modulaciones bruscas que enlo­
quecían a los "virtuosi”. El asunto de
Giovanna Alinari vino a coronar lo que
sus contemporáneos llamaban su "locura
semitónica”. Giovanna Alinari, de noble
estirpe romana, parece haber correspon­
dido a la pasión que despertó en Alle­
g retti; lo único que se sabe con certeza
es que su familia la encerró temporaria
mente en el convento de Santa M arta y
que sólo salió de él para desposarse con

I

Por D A N I E L D E V O T O
un florentino sexagenario. Durante ocho
años Antonio Allegretti permaneció sin
escribir música. Ganaba su vida enseñan­
do a las pupilas del Ospedale degl’Incurabili, pero no componía.
T o n terías'”
—respondía a los que le recordaban su
carrera—. "Todo eso era fácil y sin va­
lor. ¡Ah, si saliera de aquí (y se tocaba
la cabeza) todo lo que espero!”
Los principios de su reforma apare­
cieron en su libro "La armonía del ha­
bla desnuda, desprendida de los números
de Pitágoras” (L ’armonia del nvdo par­
lare con ragione di nvmeri Pitagorici,
1739). "La octava —decía— debe divi­
dirse en doce semitonos iguales, de idén­
tico valor en sus funciones armónicas. No
debe haber, pues, tónica ni dominante ni

cadencia alguna, ya que los doce semito­
nos pueden tener un sucesivo valor de tó ­
nica, valor que se desprenderá exclusiva­
mente de su ordenación arbitraria. . . Su
orden de emisión será así estrictamente
respetado, para que conserven su respec­
tiva y perecedera fu n c ió n ...” "¡Pero
eso es Schoenberg!” decimos hoy; "Es­
tá rematadamente loco”, dijeron sus con­
temporáneos. Hubo un irónico cambio de
cartas con el Padre Martini, de Bolonia;
"La armonía del habla desnuda” encontró
hospedaje en una sátira de Benedetto
Marcello, y el escándalo v la tragedia
culminaron en la casi audición de la "Oda
armónica in laude di Giovanna Alinari”.
Debió estrenarse el 12 de diciembre de
1743, en Santa Marta.; el texto, redactado

ANNE BROWN EN PARIS

DMITRI SHOSTAKOVICH
por

por el propio Allegretti, era un compro­
miso entre la Vita Nuova y la descripción
de los encantos algo más materiales de
Giovanna. La obra se ha perdido, y sólo
el "Journal” de Bürney recoge un eco de
la ya olvidada silbatina: "Allegretti, ves
tidó de negro como siempre, se sentó al
cémbalo y comenzó a marcar la medida.
Una recitante, al unísono con las violas,
inició la alabanza de los pechos de Gio­
vanna Alinari (started chanting in prais e ... of Giovanna and her breasts) an­
te el atónico auditorio, que entre las pa­
labras insólitas en. la iglesia y los violen­
tos saltos de séptimas y trítonos de la
música, no sabía si dar crédito o no a sus
oídos. El recitado encadenó con un "tut
ti” de las voces y los instrumentos. Yo

creo que Allegretti estaba loco, hasta
creía dirigir aquel caos donde cada mú­
sico hacía evidentemente lo que le venía
en gana y tocaba cualquier cosa en cual­
quier tono. Alguien gritó, desde el pfi.
blico: "Eh, ¿cuándo van a dejarse de afi­
nar?”, despertando el regocijo de toda la
concurrencia y buena parte de los eje­
cutantes, que comenzaron a golpear los
arcos contra los atrilps mientras las par­
tes volaban del coro abajo, al auditorio
que se las arrojaba alegremente. El con­
cierto terminó allí- Allegretti bajó ayu­
dado por dos músicos; estaba pálido y
se golpeaba contra la pared sin verla.
Esa misma noche salió de Venecia.”
No bastó que dejara la ciudad, aunque
quizás fué para él mejor lo que le ocu­
rrió, después del fracaso de su "Oda ar­
mónica”. Nunca se estableció claramente
_n¡ nadie tuvo un extremado interés en
averiguarlo— si fué la familia Alinari la
que pagó al o los "bravi”. Antonio Alle­
gretti fué encontrado al día siguiente
herido de muerte (casi diez puñaladas) al
borde de un camino. Lo llevaron a un
albergue próximo y le preguntaron si re­
conocería a sus agresores. "Dominante,
dom inante... No hay dominantes”, dijo.
Fueron sus últimas palabras.

SIMONE BOISECO

por

PAUL CHENNEVIERE

( Exclusivo para Cabalgata, de A. F. P.)

(Exclusivo para Cabalgata, de A. í . P-)

ayer todavía, Dmitri Shosta
mara y de composiciones para piano, en­
kovich, uno de los compositores so­ tre las cuales se destacan una sonata, las
viéticos más en boga, era prácticamente
tres "Danzas fantásticas”, "Aforismos”,
desconocido fuera de su patria. Pero he 24 preludios y un crecido número de
aquí que en menos de un mes ejecutá­ cantos.
ronse tres sinfonías suyas en P arís: la
En 1928, Shostakovich escribió su p ri­
7*, llamada de Leningrado, la 8’ y la mera ópera: "La nariz”, sobre tema de
9*, interpretadas por primera vez fuera
Gogol. A fines de 1930 comenzó a trab a­
de Rusia. Se está en tratos ahora para
ja r en otra ópera: "Lady Macbeth de
ejecutar próximamente en París la 5* Mzensk”, con argumento sacado de la no­
sinfonía del mismo compositor.
vela "K aterina Ismailova”, de Nikolai
De esta manera, pues, uno de los más Leskov. Terminada en 1932, esta ópera se
jóvenes y briosos compositores soviéticos representó en numerosos teatros de Euro­
pa v de los Estados Unidos, así como en
contemporáneos ve de pronto cristalizar
a su alrededor la atención y el interés los de la U.R.S.S.
del publico parisiense, que hasta ahora
Según propia confesión del autor, la
sólo se aplicaba a los más viejos, sobre 5* sinfonía ocupa un lugar muy signifi­
todo a Sergio Prokofieff y a Igor Stra- cativo en su obra y, por consiguiente, en
vinski.
la música soviética contemporánea.
Pero, (quién es Shostakovich? El estu­
Esta sinfonía, terminada en 1937, y
dio de su vida y de su obra es tanto más ejecutada por primera vez en Moscú al
interesante cuanto que él revela de modo año siguiente, se propone describir, se­
concreto la intervención del Estado —y gún las palabras mismas de Shostakovich,
en este caso del Estado soviético— en "la reeducación del espíritu humano pol­
uno de los terrenos que parecían mejor la voluntad y la razón bajo la influencia
amparados contra toda intervención ex­ de los ideales nuevos”.
tra ñ a : el de la creación art stica.
El compositor escribió también a pro­
Nació Dmitri Shostakovich en Retro­ pósito de esa misma sinfonía: "La figura
grado, en 1906. En 1926, es decir, a los central de mi obra es el hombre en la
19 años, se presentó al concurso del Con­ plenitud de su vida emocional. El final
servatorio de su ciudad natal con la 1 * resuelve en alegría de vivir la tensión
sinfonía. Su éxito fué inmediato y no se trágica de los acentos de los dos prime­
limitó solamente a R usia: Europa y los ros movimientos.”
Toda Rusia acogió con gran entusias­
Estados Unidos saludaron de inmediato ^
en Shostakovich a un compositor podero*' mo la nueva obra del compositor, salu­
dándola como paradigma de las obras
so y lleno de promesas.
musicales que se aguardan.
A aquella composición siguieron pronto
Ya en 1938 Shostakovich había escrito
la 2* sinfonía, dedicada a octubre (en
el 10’' aniversario de la revolución), y la 6’ sinfonía, que constituye un himno
la 3’, titulada " 1 " de mayo”, así como a la alegría y a la juventud, y varios
una importante obra de música de cá­ libretos de música de cámara, entre los

momentos de potencia, esa voz es digna
el programa del "Mes de la Uneseo” —la Organización de las N a­ de la gran ópera. . .
ciones Unidas para la Educación, la Cien­ ¿Cansancio? ¿Pérdida (leí aplomo? ¡Fa­
cia y la Cultura—, estaba incluido el re­ tig a ? ... En los franceses modernos, in­
terpretados por Anne Brown, hasta en­
cital de canto de Anne Brown. E sta gran
contramos algo de decepción. . . Es que
cantante que por primera vez llegaba a
casi pareceria necesario ser francesa, pa­
Francia, pudo apreciar, a pesar de una
ra interpretar la "Nicolette” de Ravel...
sala casi vacía, el entusiasmo del público
parisiense, que la gente cree tan d ifí­ puesto que el carácter de esta obrita es
típicamente nacional. . .
cil. . .
Pero, por fin llegó la tan esperada
La sala y el auditorio fueron bastante
parte del programa que todo el mundo
reacios, especialmente al principio, tal vez
debido a la pobreza de la presentación, ansiaba escuchar: las obras americanas.
En ellas, Anne Brown está en sus me­
más que a la calidad del canto de Anne
Brown —algo incompatible con el carác­ d io s ... y el público también. La voz to­
ter clásico de Bach o con el clásico-mo- ma am plitud; en el contralto tiene sono­
ridades algo roncas, pero en los altos, el
derno de Ravel—. La escena del Teatro
de los Campos Elíseos estaba cerrada con timbre, sin tener la pureza del de Marian
Anderson, es magnífico. Cantó dos "ne­
una cortina de hierro, sin drapeados ni
decorados de ninguna clase. Una luz ab­ gros spirituals”. Hubiéramos querido es­
soluta golpeaba, casi diríamos, el escena­ cuchar más. . . Son tan poco conocidos
en Francia. ¡ Y están tan arraigados en
rio, amueblado únicamente por un piano
el alma de la cantante! Su voz se en­
de cola.
Nada de adornos, ni una flor para em­ trega íntegra y llega a lo más hondo en
bellecer la triste vista de una "mise en el alma del público. Evoluciona en su do­
minio y llega a su apogeo en los frag­
seéne” completamente desnuda. ..
mentos de "Porgy and Bess”, la ópera
Agreguemos a todo ello una publicidad
insuficiente —cuyo resultado fué la es­ negra de George Gershwin, creada por
casez de p ú b lico ... ya que Anne Brown ella y lanzada por ella. . . Todas sus cua­
es casi desconocida en Francia— y ten­ lidades se lucen: potencia, emotividad,
dremos una cuantas circunstancias poco sensibilidad, mímica del cuerpo y del ros­
tro, y hermosa sonoridad de la voz en
propicias para darle valor a una artista.
Pero Anne Brown, por su interpreta­ los agudos.
Frente al aplauso de un público que
ción sentida y elocuente de los lieders
de Scliubert y de Schumann pudo quebrar ya no quiere salir de la sala, Anne Brown
la frialdad que invadía la sala y que p a­ pone todo su talento de cantante y de
recía sofocar al auditorio. Y eso que actriz en la interpretación de una can­
la interpretación no era del todo p erfecta: ción negra de la Luisiana, simple, senci­
una voz demasiado confidencial, que no lla, divertida y encantadora. . . canción
se entregaba del todo, una respiración francesa por sus palabras y su carácter,
demasiado c o r ta ... Sin embargo, en sus recuerdo de una lejana ocupación...

H

asta

C A LEN D A R IO

RETRO SPEC TIV O
DICIEM BRE

1

1590. Peter Philips data en Antwerp
la dedicatoria de su libro de madri­
gales (Melodía Olympica di diversi eccellentissimi musici) al "Sig. Giulio
Balbani, patrono mió osservantissimo.”

2

1931. Muere en París Vincent D’Indy. " ...n o s reuníamos con el maestro
(en la Schola Cantorum) en un an­
tiguo salón de recepción cuyo re­
vestimiento de madera blanca estaba
• hinchado por la humedad, o nos haci­
nábamos en una celda vecina alrededor
del piano vertical donde él descompo­
nía para nosotros las fugas de Bach
o las untífonas de la liturgia católica
en sus elementos generadores. Su exis­
tencia estaba tan ocupada, por sus
múltiples obligaciones de compositor y
de profesor, de las que no se dispen­
saba nunca, que tenía que hojear una
libreta para encontrar, con quince
días de anticipación, un cuarto de ho­
ra libre, y llegaba casi siempre tarde,
pero con un aire tan atareado que nada
dañaba su reputación de puntualidad.
Su bondad se manifestaba continua­
mente y hacía todo lo que podía para
que nos sintiéramos cómodos, dirigién­
donos indulgentes elogios o bromas fa ­
miliares; pero guardaba, a pesar suyo,
con su rostro duro y sus maneras rí­
gidas, su aire de barón feudal que im­
ponía respeto.” (Louis Laloy, "La
musique retrouvée”.)

3

1925. Se estrena en Nueva York, el
"Concertó” de Gershwin.

4

1816. Estreno en Nápoles del "Otello”
de Rossini, escrito en veinte días.
"P ara comenzar, el libreto es una men­
tira, una mentira completa. Es impo­
sible imaginar nada tan raro, y no
me explico cómo han podido sacar de la
obra de Shakespeare absurdidad seme­
jan te.” (Camille Bellaigue, "Otello”.)

5

1791. Muere en Viena, Wolfgang
Amadeus Mozart,. "H asta el último
momento comunicó a Süssmayer su
concepción fdel Réquiem], hasta el úl­
timo momento cantó, él mismo, su
himno: "Su último aliento fué como si
quisiera, con la boca, imitar los tim ­
bales de su "Réquiem”. ¡Todavía lo
oigo! Era la noche del 4 al 5 de di­
ciembre; Mozart no tenía treinta y
seis años.
”Todo el día se sucedió el largo des­

file de los que iban a verlo, envuelto
en el sudario negro de una cofradía
mortuoria. Pero al día siguiente, el 6,
después de unas «exequias muy humil­
des y muy de prisa, en una capilla
de la catedral de San Esteban, como
el féretro debía encaminarse al lejano
cementerio de San Marcos y como ha­
cia un tiempo de nieve execrable, no
hubo nadie que lo acompañara, y ente­
ramente solo, en la fosa común, Mo­
zart —la envoltura material de Mo­
zart— desapareció para siempre.”
(Ilenri de Curzon, "Mozart”.)
6

7

1846. Estreno de "La condenación de
Fausto”, de Berlioz. "Esta solemnidad
—anunciaban todavía los diarios de la
mañana— reunirá lo más selecto del
mundo artístico y del mundo elegante.
A las dos, la sala de la Opéra-Comique está medio vacía.” (Adolphe Boschot, "Le crépuscule d’un romantiquc”.)
1863. Nace en Livorno, Pietro Mascagni. "Verdi me preguntó si real­
mente yo pensaba en el Rey Lear.
Si es cierto —continuó— puedo decir­
le que poseo un vasto material de es­
tudio sobre ese tema monumental, y
que me haría muy feliz facilitárselo
para evitarle una tarea bien pesada.
Le pregunté por qué no había puesto
él en música el Rey Lear. Cerró los
ojos un momento, quizás para recordar,
quizás para olvidar. Luego me res­
pondió lentamente, en voz b a ja : "La
escena en la que el Rey Lear se en­
cuentra frente a la floresta me asus­
tó.” Me puse de pie de un salto, con
los ojos muy abiertos, y debía estar
palidísimo. El, el gigante del drama
en música se había asu stad o ... y
y o ... y y o ... en la vida he vuelto a
hablar del Rey Lear.” (Mascagni, "Re­
cuerdos de Verdi”.)

8

1865. Nace en Tavastehns, Ian Sibelius.

9

1905. Se estrena en Dresde "Sa­
lomé” de Ricardo Strauss. "Herodes:
La cabeza de un hombre decapitado,
¿verdad?, es una cosa fea.” (Oscar
Wilde, "Salomé”.)

10 1910. Estreno de "La fanciulla del
West”, de Puccini, en Nueva York.
Minnie, huerfanita, regentea el Polka

E

D m itri Shostakovich.
cuales el quinteto para piano e instru­
mentos de cuerda que le valió en 1940 el
premio Stalin.
Es conocida la carrera del compositor
a partir de esa fecha, su participación
en la defensa de Leningrado y su 7*
sinfonía, compuesta para celebrar la libe­
ración de su ciudad natal. La 8* y la
9* sinfonías no tardaron en seguirla.
La obra de Shostakovich, que tiene so­
lamente cuarenta años, es, pues, extrema­
damente importante ya. Importante y di­
versa. Hay que notar que, fiel a las pers­
pectivas Culturales soviéticas, ha compues­
to partituras musicales para muchos films.
Ultimamente estaba trabajando en una
composición para el aniversario de la re­
volución de octubre.
B i b l i o g r a f í a : D m itri Shosta ko vich , por V íctor

Ilyich Seroff. E ditorial P oseidón, Buenos A ires.

Saloon y emociona a todo su audito­
rio de curtidos buscadores de oro can­
tándoles "Oíd folks at home” (en ver­
sión bilingüe). Desdeña al sheriff, se
prenda del cuatrero Dick Johnson
(alias Ramarrez), gana (con trampas)
a las cartas la vida de Dick al pro­
pio sheriff, convence a los rudos mi­
neros de tierno corazón que no linchen
al pobrecito bandido, y se va con él
al este a comenzar una nueva vida,
cantando (a dúo, en terceras) un adiós
"alie montagne e alia sierra”. Se tra ­
ta, pues, de una ópera romántica, como
el subtítulo lo declara justiciera y orgullosamente.
11 1857. Muere en París Franqois-HenriJoseph Blaze, que firm aba Castil-Blaze. Tradujo — ¡cómo!— libretos de
ópera, habló mal de Rousseau y le pla­
gió la mitad —por lo menos— de su
Diccionario de Música.
12 1920. Estreno de "La Valse”, de Ra­
vel. "Después de "Le tombeau de Couperin”, el estado de mi salud me im­
pidió escribir por un cierto tiempo.
Sólo volví a la composición para escri­
bir "La Valse”, poema coreográfico,
cuya primera idea era anterior a la
"Rapsodia española”. Concebí la obra
como una especie de apoteosis del vals
vienés, que se confunde, en mi espíritu,
con la impresión de un giro continuo,
fantástico y fatal. Sitúo este vals en
el cuadro de un palacio imperial, hacia
1855.” (Ravel, "Esbozo biográfico”.)
13 1545. Se celebra la ceremonia inaugu­
ral del Concilio de Trento, que trató
—entre otras cosas— de la reforma de
la música eclesiástica.
14 1788. Muere en Hamburgo, Carlos Fe­
lipe Emanuel Bach, segundo hijo de
Juan Sebastián y María Bárbara. "Se
perdía durante horas y horas, impro­
visando, entre nuevas ideas y por un
mar de frescas modulaciones. Su alma
parecía ausentarse de sn cuerpo; sus
ojos estaban como perdidos en un sue­
ño delicioso. Su labio inferior caía
sobre el mentón; su rostro y su cuer­
po, aparentemente sin vida, se arquea­
ban sobré el teclado.” (Reichardt, "Re­
cuerdos de C. F. E. Bach”.)
15 1893. Estreno de la Sinfonía n ' 5
"Del nuevo mundo”, de Dvorak, en
Nueva York, ejemplo de lo que puede
hacer un compositor nacionalista che­
co llenando con músicas indígenas y
negroamericanas un bello molde ger­
mánico.
D. D.

n

N

O

T

I

*** El S.O.D.R.E. de Montevideo ofre­
ció la primera audición continental de
la "Jeanne d’Arc au bñeher”, de Honegger sobre texto de Claudel.
*** El concertista Antonio de Raco ofre­
ció un recital de piano en el Teatro P re­
sidente Alvear el 4 de noviembre. Sus
brillantes y sólidas interpretaciones de la
Sonata op. 106 (Hammerklavier) de Beethoven y de los cuatro Scherzi de Chopin,
verdaderos alardes de técnica y estilo,
fueron vivamente, aplaudidas por la con­
currencia.
*** La soprano Ester Plotkin se presen­
tó en el Teatro El Nacional, acompañada
por Germán de Elizalde, el 12 de noviem­
bre. Un programa que comprendía obras
clásicas, románticas y de autores rusos
y franceses modernos, permitió a Ester
Plotkin mostrar sus finas condiciones in­
terpretativas, su impecable dicción y su
segura musicalidad. Ester Plotkin es un
ejemplo de lo que logra una hermosa voz
puesta al servicio de la canción de cá­
mara.
*** El maestro húngaro Eugenio Szenkar
dirigió dos conciertos sinfónicos en el
Teatro Colón. En el segundo de ellos in­
cluyó la primera audición de la Octava
Sinfonía (La Esfinge) de Alberto W i­
lliams. Szenkar es un director más bien
irregular: la sinfonía de Williams, no.
*** La cantante Lucía Bordelois y la
pianista Jacqueline Ibels realizaron un
concierto de música moderna en el salón
del Instituto Francés de Estudios Supe­
riores. El programa incluía "La bonne cuisine”, de Daniel Devoto, "Priez pour
paix” y las "Cartes postales” de Máxime
Jacob; la "Suite Franqaise” para piano
y las "Fianqailles pour rire” sobre tex­
tos de Louise de Vilmorin, de Pouleuc,
ambas obras en primera audición. Lucía
Bordelois cumplió su difícil cometido con
seguridad y musicalidad extraordinarias.
Cantante vocalmente irreprochable, puso
al servicio de un arduo programa sus me­
jores dotes expresivas. Jacqueline Ibels
es una de las mejores pianistas de nues­
tro medio, dueña de una técnica perfec­
ta respaldada por la más fina musica­
lidad, y refirmó sus condiciones como so­
lista y acompañante, en la "Suite F ra n ­
qaise” y las difíciles "Fianqailles pour
rire”, vertidas con la discreción más mu­
sical. La actuación de las dos intérpretes
fué vivamente celebrada.
*** Gabriela Moner ofreció un recital de
canto en el Teatro del Pueblo, con un
programa que agrupaba composiciones
de Brahms, Hugo Woif, Debussy y Musorgsky.

C

I

A

S

*** Los destacados pianistas Tila y John ]
Montés partirán el 19 de diciembre para ¡
actuar en los Estados Unidos y en Cana- ’
dá, donde harán conocer algunas obras
de autores argentinos en versiones para ¡
dos pianos.
*** La Asociación Cristiana de Jóvenes
clausuró las actividades de su Hemiciclo
Musical con una audición de música fran
cesa moderna a cargo de Ana Litovsk; ,
(piano), Martha Maillie (canto), Esteban
E itler (flau ta) y Darío D. Sorin (piano)
*** Actuó en la Casa del Teatro el jo ven pianista Roberto Castro, interpretan
do composiciones de Mozart, Chopin,
Liszt, Brahms y Debussy.
*** La Organización de Conciertos Iriberri ha dado a conocer el plan de sus
actividades para 1947. Entre otros artis- |
tas, reaparecerá en Buenos Aires Witold
Malcuzynski. Es de esperar que actúe
también su esposa, la pianista Colettc
Gaveau, deliciosa intérprete de la música
francesa moderna.
*** El compositor Richard Engelbrccht, !
director de la Orquesta Filarmónica de
Rosario, partió para Alemania, su patria,
donde reanudará sus actividades música- |
les.
*** La cantante Magdalena Nicol estre­
nará en Río de Janeiro los "Poemas Ja'
poneses” de Richard Engelbrccht, y dos
obras nuevas de sil maestro Koellreutter
en un concierto del Grupo Música "iva.
Magdalena Nicol, que actuó hace poco* j
meses en Buenos Aires, dejó entre nos- otros un gratísimo recuerdo; pero no sa­
bemos,. al recordarla, si preferir la d»
atada corriente ígnea de "Esa negra F*
ló ..
o su tenue sonrisa detrás del a &gt; j
nico —sin abanico— en los "Poemas Ja |
poneses” de Engelbrccht.
*** Por una donación del Tesoro y
I
contribución del Pilgrim Trust, el Mu I
Británico ha podido comprar la bibhotef |
musical de Paul Hirsch, con lo cual su &gt;
blioteca de música será, al parecer, la in­
completa y útil del mundo.
Esta biblioteca comenzó a forma hace cincuenta años en Frankfort, y
consideraba la más completa de las 1 ^
tecas privadas de textos música es
literatura sobre música. En el ano
se la había depositado en la 1 n1vt-r
I
de Cambridge. Su valor fundamental V”
viene de que pertenecen a ella 1’
j
ediciones de compositores clasicos .
j
clásicos, que durante mucho tiempo n
dieron hallarse. También incluye
, i
meros y últimos libros de tn°
, ¡m. i
y una colección muy representa i'
portantes periódicos musicales.

�AJEDREZ
A

J

E

D

R

E

Z

POR

FRANCISCO

P

oco después del g ra n T o rn eo de las N acio­
nes se ju g ó en el C ircu lo de A jed rez de
Rueños A ires un to rn eo in te rn a c io n al, que p ro­
bablemente ha sido uno de los torneos m as
im portantes que se h ay an ju g ad o en la A rg en ­
tina. T om aron p a rte los sig u ien tes ju g a d o re s:
Paul R eres. M iguel N a jd o rf, M iguel C zern iak ,
G ideón S tahlberg. P a u lin F ry d m an . C arlos Guimc.rd. R oberto G rau . M arcos L uckis, F ran cisco
B enkd, José G erschm ann, S o n ja G ra f y L uis
P alau (p o r ord en de su colocación final — R e ­
res y N a jd o rf em pataron el p rim er p uesto— ).
P a ra salvar un olvido, se ha editado ahora ei
libro de este torneo bajo el titu lo “ T orneo I n ­
ternacional del C ircu lo de A jedrez - O ctubre
1939’*, con todas las p a rtid a s, con los excelentes
com entarios de M iguel C zerniak, que ya en o tras
oportunidades se m o stró como un buen comen­
ta rista . E l libro co n tien e fotos y c aric atu ras de
todos los ju gad o res p articip an tes y los com enta­
rios son m ás valiosos to d av ia porque están escri­
tos por uno que ha tom ado p a rte activ a en este
torneo. Cabe d estacar la p ro lijid ad de la im pre­
sión y el buen papel, dos cosas que no siem pre
se e n c u e n tra n en ios libros de ajedrez.
A cont nuación publicamos la p a rtid a que
C zern ak le g an ó a Stahlberg en aquel g ran
certam en con los com entarios del ganador.

BENRO

Im pide P 4 T e invita a las B lancas a ju g a r
41. P5C , en cuyo caso 4 1 . . . A 3C 42. P 4T
A4A 43. P 5 T A 3C obligaría al Rey blanco a
re tirarse .
41. P 5 A j.
R 3D
42. P x P
PxP
43. P6C ?
P ie rd e ia p a rtid a . Lo correcto era 43. R4A !,
p or ejem plo: 4 3 . . . P4C j. 44. R3A R4D
45. P 4 T !, o bien 4 3 . . . R3R 44. P 3 T ! (pero
no 44. P5C A2A j.) P4C j. (o 4 4 . . . A 5T
45. P 5 C ) 45. R3A y luego 46. P4T .
A 5T !
A 44. R4A sigue P4C j. y luego el Rey negro
captura, el Peón CI). Y si 44. P5C A x P 45.
R3A A 5T ! seguido de P4C.
N otas de M . C zerniak de su reciente
libro “ Torneo Internacional del C ircu­
lo de A je d re z - 1939".

L a solución es la siguiente:
L T I C ! ! am enazando m ate con A 7D
DSC
U nico para e v ita r el m ate.
2. A x l)
PxA
3. T 1A D !
P6A D
4. T ’. D l
P 6D
5. T l R !
P6R
6. T1A R 1
P6A
7. T lC R !
P6C
8. T l T R l
Y el m ate en la c uarta línea, libre de todos
los Peones negros, es inevitable.

Problemas y finales
H abiendo term inado la publicación de los p ro ­
blemas y finales d e nu e stro concurso de solucio­
nes, em pezarem os a publicar ah o ra problem as y
finales libres de concurso, pero con la m odalidad
de publicar los nom bres de todos los soiuc onistas que nos m anden soluciones correctas
d e n tro de los quince d ías después de la a p a ri­
ción de cada núm ero de C abalgata .

Problem a

9

A. E i.lerm an

Original

Com binaciones y errores inm ortales
En el g ra n torneo de H astings 1895 o c u rrió
la siguiente posición e n tre el fu e rte m aestro
C. v. Pardelcben y G. S teinitz, en esa época
ex cam peón m undial.

Hastings 1895
C. v. B a r d e l e b e n

Partida ¡Vo 7
Buenos Aires 1939
B lancas
G.

S tahl be rg

N egras
M. C z e r n i a k

A pertura R etí
1. C 3A R
2. P4A
P5D
H e ah i la m anera m ás ag resiv a de com batir
»a a p ertu ra Ret:.
3. F 3 R
P4A D
O tra in teresan te posibilidad es 3 . . - C3AD.
4. P 4C D
R-'CR
M e g usta m ás ésta que 4 . . . P 3 A . L a s N e­
g ra s m antienen sus posiciones en el cen tro a.
tiem po que p rep aran u n ataq u e sobre el ala de!
Key
N atu ralm en te, la " c a p tu ra " del P e ó n :
4 . . . P D x P 5. P A x P P x P no es aconsejable.
5. A 2C
A2C
6 PRx P
In f e r io r 6. P C x P P 4 R 7. P x P P x P 8. P3D
C 3T D con buen juego p a ra las N egras.
PxPD
7 P3D
P4R
I . CD 2D
C2R
Posiblem ente h a b ría sido m e jo r 8 . . . P4A , se­
guido de . . . C R 3T y . . . O-O.
9. P 3C
0 -0
10. A2C
D2A
11. 0 - 0
CD 3A
12. P 5 C
C IO
13. T l R
C3R
14. A 3T D !
A m enaza g a n a r un P eó n . A 1 4 . . . C4AI1 se­
g u irla 15. C3C, y a 1 4 . . . T l R 15. C4R etc.
P 3A
15. C3C
T lD
16. T D 1A
A 1A
P a ra co n tin u ar 1 7 . . . P 3 T D , sin tem or a la
réplica 18. P6C.
17. C R2D
P3T D
18. C4R
R2C
19. D 2R
P*P
A quí se debía ju g a r p reviam ente 19. . . C lC .
Ei siguiente sacrificio de S tah lb erg re su ltó más
peligroso de lo que yo esperaba.
20. P x P
D3C

Mate en dos jugadas.
B lancas:

R lT R ,

D '.A R ,

T7TD ,

T 8D ,

A ID ,

A 8T R , C 8A I), C 8A R (8)
N eg ra s: R 2A R , T 7C D , T 2 T R . A 2C D .
C lC R , P 4C D , P 3 T R , P 7 T R (9)

Problem a I\" 10
A. K raemer
Deutsche Schachzeitung 1936

Posición después de la jugada 21
de las Negras
Steinitz rem ató de una
b rillantísim a.
22. T x C j . l !
Si 1 . . . R x T 2. T l R j.
23. T7A j . l !
Si 2 3 . . . D x T gana 24.
24. T7C j .l
A 24. D x D ? sigue T x T

C 6A R,

m anera im prevista y

©cabalgata

PAUL ELUARD
p o r J.

L. D a r n e t a 1

especie la de los poetas.

Más

pronto.

¿Nunca volvió a ver películas

de Max Linder o de Tripitas? Conservan
rara aún la de los poetas que son
R poetas
como alguien es panadero, o pin-a veces su eficacia cómica. Pero es pe­
ara

tor o soldado, como se respira, se trabaja
o se ama. La especie verdadera. Dos poe­
tas he encontrado en mi carrera de citas,
de improvisaciones, de juegos de escon­
didas: Jules Supervicllc y Paul Eluard.
Tienen mucho de común, como lo ha
dicho muy bien Claude Roy. Ambos son
grandes y ambos de naturaleza atlética.
Tieuen una misma voz grave, una misma
dicción segura, algo más lenta y como
ceremoniosa en Supervielle. Tienen una
misma manera de tocar someramente un
tema, como por pudor de decir levemente
lo esencial. Fué preciso que mediase el
azar para que me encontrase con Eluard.
Por propio impulso no habría ido hacia
el escritor de la clandestinidad que más
me ayudó a vivir durante cuatro largos
y lúgubres años, hacia el poeta del poema
Liberté. Temía que no fuese como me
lo imaginaba.
Pues bien, heme aquí delante de Paul
Eluard. Es grande, como ya lo dije.
Y como lo dice Claude Roy: "Es grande,
con un gran cuerpo, una gran frente, una
gran nariz, pero tiene una manera de ser
grande que es una manera pesada, apiomada, fornida, maciza.” Su tez parece lus­
trada con cera y, sin embargo, se advier­
te que pertenece a la familia de los san­
guíneos. Tiene una admirable cabellera
color de pimienta y sal, la mirada gris
muy clara y cejas tupidas como signo
de interrogación. Se siente cómodo en
su ropa de sport, es galano, no decep­
ciona y habla:
—La verdadera prosa es la antipoesía.
Lo cual no quiere decir que la poesía
tenga que ser siempre en verso. Tampoco
significa que no me guste la prosa. Son
diferentes modos de expresión. Algunos
escritores son poetas y prosistas. Me
gusta ese tipo de escritores. Aragón es
uno de ellos. ¿Que si voy al cine? Llevo
a cuestas una carrera de espectador. Una
carrera interrumpida por largos entreac­
tos. Los entreactos son muy molestos
porque el lenguaje del cine envejece muy

noso descifrarlas, como "el viejo Fran&lt;¡ois Villon” : en un idioma del que puede
decirse formalmente que también es a r­
caico, lia conservado su eterna frescura.
Si di aquí la impresión del monólogo,
la culpa es de mi deseo de dar al papel
notas exactas, según el encadenamiento
absurdo de la conversación, que pasa por
alto las transiciones y poco menos que
una proposición de cada dos, como en la
prosa de Paul Valéry. Pero Paul Eluard
responde lentamente, tranquilamente, con
imperturbable galanura.
Define al arte del cine como la con­
fusión de los géneros. "Es preciso —afir­
ma— que establezca la confusión de los
géneros, la confusión entre ver y oír.
Es preciso que la narración se organice
en contrapunto, como en B ricf encounter.”
P ara Eluard la mejor música de film es
la que no se oye. Pero nada le choca tanto
como el estancamiento del cine.
— ¡Ni búsqueda ni laboratorio!—excla­
ma—. ¿Concibe alguien una industria
del automóvil que precindiese del inge
niero y de los experimentos?
Eluard habla también del dibujo ani­
mado (cuyo resorte, según opina, era la
crueldad, la gente cortada en peffazos y
también la lujuria de Bctty Boop, pero
que ahora, con el tecnicolor, se ha tor­
nado suave), de los mastodontes de la
prensa y de su desprecio por el lector,
de los productores de cinc, de una co­
lección de poemas suyos que va a pu­
blicar con ilustraciones de Chagall, de!
film de Marcel Carné, Les Portes de
la N vit, que, asegura, lia de ser el me­
jor film francés de estos últimos años,
de los comienzos del surrealismo, cine y
literatura, literatura y cine. Un hombre
feliz colmado con todos los dones de
la visión, de la sensibilidad y de la in­
teligencia, pero que no está satisfecho,
eterno peregrino, siempre en busca de
poesía, siempre maravillosamente Don Qui­
jote y siempre maravillosamente joven.
(Exclusivo de{ A. F. P., para C a b a l g a t a .)

R IA
R lD 3. C6R j. etc.
R lC
T x T j.
mate.

Si R IA 25. C 7T j. R x T 26.
25. T x P j.
26. T7C j.
27. D 4T j.
28. D 7T j.
29. D 8T j.
30. D 7C j.
31. D 8C j.
32. D7A j.
33. D 8A j.
34. C7A j.
35. D6D mate.
U n a com binación preciosa.

R 1T
D xD j.
R lC
R lT
R xT
R IA
R 2R
R iR
R 2R
R lD
D 1R
R 2D

Mate en tres jugadas.
E n el T orneo de M ar del P la ta 1943
ró tab las ia p artid a e n tre P . M ichel
V illegas, en el preciso mom ento en que
ju g a d a m ás V illegas podía a d ju d ic arse
entero.

se decíay Benito
con una
el punto

B lancas: R IA D , D 3A R , T 7C D ,
P 7 T R (6)

A 3D ,

P 4A R ,

N egras: R lT R (1)

Mar del P lata 1943
Negras: B. V illegas

Final N* 5
J . V ancurra
1917 (¿Dónde?)

Posición después de la jugada 20
de las Negras
21. C (4 )x P !
C om binación com pleja y arriesg ad a, sum am en­
te difícil de calcular, pero que ia situación en
el tablero ju stifica am pliam ente. D e otra m a­
nera las Blancas hab rían perdido su P eó n CD.
R xC
D ecisión responsable. P ero , tam bién si 21. . .
T xA , el ataque blanco se d e sa rro lla ría con suma
rapidez: 22. D xP R2A 23. C x P T con m últiples
am enazas.
22. D xP j.
R2A
23. A xC
A xA
24. A 5D ?
El e rro r decisivo. D ebieron ju g a r 24 A 3T!
con chance de ganar. P o r ejemplo:
a ) 24. A 3T ! A3A 25. A xC j. AxA 25.
T7A j. T2D 27. T x T j. A xT 28. D5D j.
A3R 29. T xA j. D xT 30. D xP j. y ganan.
b) 2 4 . . . D3D 25. T x A ! I)xD 26 T x D T D x T
27. A xC j. con m ejor juego de las Blancas.
c) 2 4 . . . T 3 !) 25. D 8T ! A3A (si 2 5 . . . C IA
26. T x A j. !) 26. D x P T j. A2C 27 C2D !
con una situación difícil de salvar.
L a jugada del texto será refu tad a por medio
de una interesante réplica
D3D1
T am bién se podía c o n tin u ar 2 4 . . . T x A , pero
la movid&gt; de la Dama es mucho mejor.
25. TxA
I&gt;*D
26. T x D
T x A!
La defensa. A hora el ataque es rechazado y
las N egras quedan con v en taja m aterial.
27. T ( 5 ) x T
TxT
28. C xP
T4A
M ás rápidam ente se ganaba renunciando a la
c ap tu ra del P e ó n : 2 8 . . . CxC 29.
I xC T .D
30. T4A j. A3A etc.
C xT
29. T x T
C xP
30. R IA
P3C
31. P 4T D
.C4A
era
m ás eficaz.
3 1. . . . A 5C seguido de .
R3R
32. C6A
PxP
33. P 5T
A4A
34. C xP
R4D
35. P4A
A 3C ?
36. R2R
borronea apreciación del final. Se debía ju g ar
36. .. R5R 37. C4A C8A j. 38. R2D C6C j.
39. R3A C 5D ; después de lo jugado las Blan­
cas podían em patar.
37. R xC !
A xC
38. R3R
Basta ci n que lis blancas cambien todos sus
Peones por el Peón N egro 3C para que se p ro ­
duzca el empate.
R3R
39. R4R
A3C
40. P4C
A ID

Blancas: P . M ic h e l
Posición después de la jugada 41
de las Blancas
Si V illegas en este momento hubiera jugado
4 1 . . . R 3A , M ichel probablem ente hubiera a b an ­
donado. dándose cuenta de que sus dos Peones
en 4A D y 4A R no c o n tra rre sta n los Peones c e n ­
trales y unidos de las N egras. Como ei Rey
negro se e n cu en tra en el cuadrado de ios Peones
libres blancos, ninguno de ellos puede av an zar,
y de este modo cae el P eón blanco 4AR. Veamos:
Si 42. P5A D R 3R ! 43. P 5A j. R x P ganando.
Si 42. R 3D (oR 3A ) I&lt;4A 43. P5A D R 3R
como en la v a ria n te a n te rio r.
I,o curioso es que esta posibilidad quedó inad­
v ertid a hasta en el libro del T orneo de M ar del
P la ta 1943 del excelente com entarista doctor
Kare! Skalicka.

Un fina l explicado
E n tre los compositores modernos uno de
m ejores es el finalista W . A. K orolkow.
sus concepciones fantásticas y brillantes lo
man m uchas veces " E l B ru jo ". H e aquí
de sus preciosas composiciones.

A. K o r o l k o w
Schachmaty 1940

W.

los
P or
lla­
una

Juegan las Blancas y hacen tablas.
B lancas:

R 7T R ,

T 6C R ,

C6CD

(3)

N eg ra s: R 6R , C lC D , C 7R, P 7 T D (4 )

Lillian H ellm an.

Soluciones de los !\os. 1 y 2
de CABALGATA

LILLIAN HELLMAN

Problem a IS" 1
V . M arín

(¿ F u e n te ? )

B lancas: R 1T D , D 2A R . T 4A R , A 7 T D , A 3T R ,
P4A D (6)
N egras: R 4R, A ’.C D , A 3A D , C7R, P2A D (5)
S o lu c ió n : 1. D6C!

conoce

Lillian Hellman como una

Threc”.
de las principales mujeres de América
En 1936 su obra "Days to come”, sobre
Sque
escriben obras de teatro, no sólo los rompehuelgas, se representó en Nueva
E

a

por su técnica dramática sino también
porque en sus obras se ha mantenido
siempre firme en sus convicciones perso­
nales, haciendo caso omiso de los ataques
de los grupos políticos y de los consa­
Problema I\" 2
grados cánones que exigen los que van
F, G a m a c e (A m erican Chess B ulletin 1941)
al teatro.
B lancas: R IA D , D 4C D . T 8 T D , T 7C D , A 5R ,
Ella misma admite que es una escri­
A 7A R , C8CK (8&gt;
tora "moralizadora”, que tiene un mensaje
N egras: R 1A R , D 1A D , C1R (3)
y afortunadamente posee habilidad para
S o lución: 1. D 4A R !
transmitirlo bien. Sus obras "Watch on
the Rhine” y "Searching Wind”, la una
atacando al fascismo y la otra atacando
Problema
3
a los apaciguadores, no sólo son excelen­
G. H e a t h c o t e (C hess Id y lls 1918)
tes vehículos de propaganda sino también
B lancas: R 2CD , D ’. C D , T 8A R , A 2D , A 7A R ,
obras dramáticas profundamente convin­
P 5R , P 3T R , P S T R (9)
centes.
N egras: R 4A R , D lT D , P 2 T D , P3C D , P 4T D (5)
Iva señora Hellman nació en Nueva
S o lución: 1. R3A1! am enaza 2. D lA R j*
1 . . . D IA (3A ) j. 2. R 4D ; 1 . . . D xC 2. T8R1■ Orleáns, Louisiana, en 1905 y fué a la
escuela pública y después a la Universidad
1 . . . R x P 2. D5C j.
de Columbia y Nueva York. No tuvo
éxito con sus primeras obras. Fué con
Problema 1\° 4
su esposo a Hollywood, en 1930. Allí se
E. Z epler (D re sd n er A nzeiger 1932,
divorció poco después.
3* m enc. hon.)
Volvió luego a Nueva York y continuó
escribiendo obras teatrales hasta que en
B lancas: R 5C R , D 5CI). A 1T R , C '.T D , C6A
P 3R , P3C R , P 7 T R (8)
1934 comenzaron a reconocer sus méritos.
N egras: R 7A R , P7T D , P3C R (3)
Ese año se representa "The children’s
S o lu ció n : 1 . P 8 T (C ) !! (sin am enaza) R x l
hour”, y obtuvo como recompensa 691
2. C 4R; 1 . . . R8C 2. C4C; 1 . . . R 8R 2. C4
representaciones. Adaptó luego esta obra
1 . . . R x P C 2. D 2C y D2R.
al cinematógrafo con el título de "These

York, pero solamente duró en cartel una
semana. La señora Hellman declaró: "Caí
en il error de los "amateurs” de creer que
todo lo que se piensa y siente debe escri­
birse en ese momento porque luego no se
tendrá otra oportunidad de hacerlo.”
En una visita que hizo a Europa vi­
sitó Rusia durante algunas semanas, ex­
ploró París y viajó por España, donde
durante un mes soportó los bombardeos
de la guerra civil.
Volvió a los Estados finidos ardiente­
mente anti fascista y sin duda su experien­
cia en Europa tuvo una influencia pro­
funda sobre sus obras posteriores.
En 1939, los críticos de Nueva York
vieron en "The Little Foxes” una obra que
trataba sobre la voracidad económica de
una familia del sud a fines del siglo.
Bette Davis fué protagonista de la pieza
en el cinematógrafo.
Miss Hellman recibió el Premio del
Círculo de Críticos de Nueva York por
"Watch on the Rhine” considerada la me­
jor obra del año.
En 1943 Miss Hellman escribió "The
North S tar” y en 1944 "The searding
Wind”.
Con la obra "Another part of the Forest” Miss Hellman hizo recientemente
su debut como directora.

�U BROS
jna buena ocasión para reconsiderar lo
,iue el mundo de la cultura y del espíritu
b debe a Viena. Ya que ello no es posi­
ble en el espacio de una nota, señalemos,
,r mero, de qué manera prodigiosa da el
autor de Anatol el salto de la escena a la
novela, que aborda con maestría pocas
veces alcanzada.
,ja- acción de "I.a señorita Elsa” y de
'Huida a las tinieblas”, se desarrolla en
la geografía del yo. Schnitzler, con una
maravilosa y encantadora técnica (un po-O e injustamente desterrada en nuestra
hora, en la que la novela va convirtién­
dose en una "suite” de guiones cinemato­
gráficos enlazados por un tema domi­
nante), hace que los movimientos de sus
personajes se proyecten desde su angus­
tiado mundo interno. Un hecho externo,
perteneciente al mundo real en que nos
movemos, obliga a la muchacha Elsa a
replegarse en su vida íntima, a auscultar­
se y confesarse sus más recónditos secre­
tos, a descubrir zonas subterráneas que
hasta aquel momento habían estado cu­
biertas por un velo. Schnitzler utiliza en
(■fie relato —es más exacta la clasifica•ión literaria de novela corta— la técnica
del monólogo interno, raras veces consegi da con igual intensidad y a lo largo
de toda una obra. Todo en ella —am­
bientes, paisajes, seres— va surgiendo del
m lindo alucinado y mágico en el que ha
caído Elsa al recibir el choque psíquico
que debe conducirla, finalmente, al suici' élir, cruzando las regiones del delirio.
Huida a las tinieblas” es la historia
de un alucinado que va adentrándose, poco
a poco, por un proceso de hechos y reac­
ciones anímicas, en ese terrible país de
k nadie que llamara Cassou y que alguien
[.ha traducido con la expresión feliz de
r ”zcna sin límites”. Los elementos —a t­
mósferas y seres— que entran en juego
[ son llevados por el autor con prosa segu­
ra y firme. Ha hecho muy bien Guiller­
mo de Torre, en su justa noticia crítica,
en recordarnos que Arthur Schnitzler era
| medico, porque esto no sólo explica la
¡¡actitud clínica con que están tratados
iertos pasajes, sino, también, que el esI ar forjado en disciplinas científicas prc| oaró su espíritu para la conquista de forI ¡ñas literarias que únicamente alcanzan los
I más grandes. Y que murió en 1931, "anI tes de que las divisiones motorizadas ho| liaran el P rater”. Es decir, antes de la
i barbarie, antes del caos, en una época
J en la que el artista —escritor o pintor—
I oodía todavía entregarse a la recreación
r tel mundo desde su orbe puro de vida
I r trabajo. — B. Miró.

representa un momento de la vida in­
glesa, antes del despertar violento de la
primera guerra, cuando el Imperio se
adormilaba, y era posible un tipo de fe­
licidad amable y llena de humor, en una
sociedad que sonreía plácida y algo nos­
tálgicamente ante embates que no podían
alcanzarla.
Parece que, en este momento caótico
en que es posible desconfiar de todo, sólo
las biografías y, mejor aún, las autobio­
grafías, pudieran dar verdadero testimo­
nio. El testimonio de Osbert Sitwell está
lleno de burla suave, de melancolía, de
nostalgia. Lo que narra y lo que siente
pertenecen a un mundo totalmente termi­
nado pero todavía muy cercano: un mundo
en el que era posible detenerse largo tiem­
po en las sensaciones, en que las clases
sociales parecían inconmovibles, en que
una taza de té, un paseo en automóvil
(recién empezaban), un primer día de co­
legio, tenían su valor justo, representaban
algo, antes de la gran confusión de to­
dos los valores y de todas las sensacio­
nes. — Estela Canto.
L ’A rt fla m a n d , por Paul Fierens, pro­
fesor de la Universidad de Lieja. E di­
ciones Larousse, París.

Paul Fierens, profesor de la Universi­
dad de Lieja, traza en L’A rt flamand, los
límites históricos y geográficos de ese
"arte visual y sensual, para el que el
mundo exterior existe espléndidamente,
pero con mucha frecuencia como símbolo
y signo de otro mundo”. Pasa en seguida
revista a sus diversas manifestaciones en
el tiempo. Al lado de las artes mayores,
se reserva un buen lugar a esas minucio­
sas maravillas que constituyen las tapi­
cerías, encajes, cerámicas, vitrales, crista­
lería, orfebrería, mueblería, etc.
T ierras v pueblo s de A s ia , por George
B. Cressey. Editorial Sudamericana, Bue­
nos Aires, 1946. 667 páginas.

Esta obra constituye una honrosa excep­
ción entre las muchas que a diario apare­
cen vertidas al castellano con el deseo de­
clarado o implícito de ganar por sorpresa
a los lectores. Sin esclavizarse a la actua­
lidad es actual a más no poder; sin aspirar
a ganar al lector fácil, al esclavo de la no­
vedad, por tratarse de una obra científica,
acabará por ganarlo, pues no existe, en
nuestras librerías, que nosotros sepamos,
nada equivalente, nada que ofrezca un cua­
dro acabado y actual del mundo asiático,
hacia donde convergen hoy las inquietas
miradas de muchos avisados. Algunos de
los países de que este libro se ocupa por
A aventura del aire (Vida de los herextenso, más bien pueden tomarse por con­
4 manos W right), por Horacio Estol. Tintinentes; tal sucede con la Unión Soviéti­
I r.hette, S. A., Buenos Aires. Colección
ca, con China, con la India. ¿Qué pueblos
iajes y Aventuras. 204 páginas.
habitan estas inmensas extensiones? ¿Cuá­
les son sus recursos naturales, sus posibi­
&gt;I Horacio Estol, o el viaje. El viaje y
i| la aventura. Para este gran periodista, lidades futuras, sus problemas más hondos,
sus aspiraciones? ¿Qué papel están llama­
1 de técnica magnífica y desconcertante, ya
dos a representar en la pugna de poder
,1 i¡ íe nunca sabe uno dónde comienza o terque se avecina? A todos estos interrogan­
• ; ina el novelista para dejar paso al biót -afo o al informador, el mapa y las tes sólo puede responder debidamente la
I ¡ stancias son un puro y simple juego. Re- geografía, en el amplio sentido en que el
autor de este libro la desarrolla. Sin base
l| &gt;rre épocas, hechos y países y descorre
y e un manotazo el secreto que guardaban. geográfica no hay poder político duradero;
no hay sueños capaces de abatir la muralla
l¡ nteayer fué Méjico, Pancho Villa y la
de las realidades del suelo, del subsuelo,
i 'volución; ayer, las arenas lunadas del
del clima y de las relaciones topológieas.
ij disierto y la vida de Lawrence; hoy, la
Por mucho que ¡a técnica acreciente el po­
i historia de "los primeros hombres pájader del hombre (el fuero de su albedrío so­
i ¡os”. ¿En qué país ignorado estará en bre las fuerzas naturales que le envuelven),
J este momento?
siempre contarán como un factor decisivo
h "La aventura del aire” y la vida de los las posibilidades y limitaciones del suelo
II Wright, se convierten en una aventura
en que se apoya.
f [ udaz del propio lector, sobre el mapa de
Los pueblos y tierras de Asia, ignorados
Jl a prosa de Estol. Creemos que no cabe durante siglos de los occidentales y casi
,| aejor elogio. — B. Miró.
olvidados de sí mismos, empiezan a pesar
con ímpetu creciente en los destinos del
mundo actual, y acaso no pase mucho tiem­
E l gran d esa fío , por Louis Fisher. Edipo sin que sean ellos los que asuman el
irial Mermes, México. 480 páginas. Prepapel director que hasta ahora cupo a la
» &lt;io : $ 8.
población y las tierras de occidente. No
i
En este libro abundan datos de sumo
hemos de olvidar sus 1.326 millones de ha­
áterés para formarse un juicio propio
bitantes, de los cuales corresponden a Chi­
na cerca de 500 millones, 388 a la India y
obre los problemas de postguerra, pues
171 a la Unión Soviética; por otra parte,
l juicio del autor no siempre resulta
dentro de los límites de estas federaciones
ceptable, bien por exceso o por defecto,
ara el lector ecuánime. Hay también en de pueblos existen recursos muy vastos que,
', y ello es natural tratándose de la obra debidamente potenciados, pueden dar un
vuelco a la historia en un plazo menor del
&lt;i un periodista, datos y hechos baladíes,
que se piensa.
imo viajes en avión, comidas, percances
El autor de este libro ha viajado duran­
sustanciales, etc. Lo que pudiéramos 11ate años por Rusia, China y otros países, y
tr tesis del conjunto podría formularse:
conoce de cerca 10 más sobresaliente del
as democracias deben, por una parte,
mundo que describe. Por otra parte su con­
¡onerse a toda concesión a, o apaciguadición de jefe del departamento de Geolo­
.iento de, Rusia; pero al mismo tiempo
gía y Geografía de la Universidad de Syraeben
inutilizar
su
propaganda
y
los
efeci
cusa (EE. UU.) le ha permitido disponer
js de su ejemplo sobre las masas me­
|! lante medidas efectivas de mejoramiento de un material de consulta que se revela
ocial en todos los órdenes y la aboli- en la copiosa bibliografía que complemen­
;ón de toda explotación colonial, porque ta a cada capítulo. Excelentes mapas, en
i a tanto se trate de una democracia de su inmensa mayoría originales, cuidadas y
lentes afuera, verbal, el peligro comu- copiosas ilustraciones, nutrido índice ana­
. sta no podrá ser alejado. Este es el lítico y, sobre todo, una traducción justa
y ágil de Miguel Ilernani, contribuyen
ran desafío” de los tiempos que corren,
con las demás condiciones materiales a
, la democracia.
realzar el mérito de este libro. ¡Lásti­
Con el mayor regocijo reconocemos la
ma que no se hayan hallado los equivalen­
buena calidad de la traducción de Ramón
tes de las millas en kilómetros y de ¡os
lía. — M. S. A.
grados Fahrenhcit en centígrados, con los
cuales están más familiarizados los lec­
tores de habla española!
E SCARLET tree , por Sir Osbert Sitwell.
*
litorial Mac Millan. 319 páginas.
"The scarlet tree”, segundo volumen de
autobiografía de Sir Osbert Sitwell
-llamada en conjunto "Left hand, right
and!”—,. debe su nombre, según se expl a en la eontratapa del libro, a la creen­
cia de los antiguos anatomistas, de que
la sangre formaba un árbol vivo dentro
del cuerpo humano.
El ritmo del libro y los simbólicos
nombres de sus capítulos llevan en sí algo
del correr de la sangre y del lento creci­
miento del árbol: es decir, elementos de
’timidad y de sueño. La fluencia del es* de "The scarlet tree” no se altera
ór los acontecimientos exteriores que re­
hira continuamente, sin que por ello va­
lle la sensación de ensueño que tenemos al
er sus páginas. La vida del niño Osrt Sitwell, a principios de siglo, refleja
l ’i-hos, sin que estos hechos lleguen a turir jamás su persona, encerrada como en
na isla. Se piensa que parte del enorme
xito del libro en Inglaterra, se debe
&gt;recisamente a esto: "The carlet tree”

noeuclidianas y la logística, donde el lec­
tor se encuentra, regocijado y sorpren­
dido, con lo que pudiéramos denominar
la "paradoja de Sancho Panza”, testimo­
nio del inmenso saber de aquel nuestro
don Miguel el Manco. Cada uno de los
diez capítulos lleva un complemento bi­
bliográfico de sumo interés para el lec­
tor que desee una información más com­
pleta sobre algún punto. Bien impresa
y cuidada dentro de la obligada sencillez
de presentación de un libro de este pre­
cio. Recomendable por todos los conceptos.

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del pez y la estrella” . Editorial Losada, Buenos
A ires, 1946. 157 páginas. — A r c i n i e g a s , G er­
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tan modesta y económica nos ofrece el
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breve historia de la matemática sin fór­
mulas ni símbolos, como conviene al hom­
bre "que lee en el tranvía”. Escrita a
petición del profesor Francisco Romero
—según testimonio del autor— este librito viene a llenar un vacío inexplicable
entre nosotros a estas alturas y a poner
ante el lector atento una de las aventu­
ras más prodigiosas del intelecto humano.
Con pulso seguro, como sólo puede ha­
cerlo quien está por vocación y profe­
sión, avezado a tareas de este grado de
dificultad, el señor Vera sigue el desarro­
llo de estas vastas disciplinas desde los
primeros papiros egipcios y las tabletas
cuneiformes, hasta las últimas etapas de
la teoría de los grupos, las geometrías

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I A V A L L E 3 71

D istribuidor: ANTONIO MUÑOZ

B U EN O S AIRES

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"LA B EL L E E T LA B E T E ”
p o r

JEAN

pesar de que las opiniones sobre el
último film de Jean Cocteau estén
A
muy divididas, ají tan esperada apari­
ción constituye sin disputa alguna el acon­
tecimiento más importante de la tempo­
rada cinematográfica. Si el jurado del
Festival de Cannes no se creyó en el de­
ber de acordarle la recompensa máxima
que, creemos, merecía; si algunos críticos
se compluguieron en reaccionar contra
la boga mundana de un poeta adulado
por los snobs; si, finalmente, el público
quedó desorientado por ese cuento de
hadas tan poco apropiado para los niños,
tales razones »o impiden que "La Belle
et la Bóte” señale el año 1946 con el vi­
gor con que "Caligari” lo hizo en 1921. La

TEDESCO

(Especial para

elevación del tema poético desarrollado
por Cocteau, las excepcionales cualida­
des de su estilo cinematográfico y la
rara nobleza que de él se desprende ha­
cen de ese film una de uquellas obras
maestras que anudan poderosamente las
conquistas artísticas del pasado con las es­
peranzas del porvenir. El arte de la pan­
talla, tan a menudo enervado por una ru­
tina de mediocridad de la que ha hecho
una norma el comercio del film, ha pro­
gresado siempre por saltos; oponiéndose
indómitamente a las tendencias oportunis­
tas de la producción vulgar, algunos artis­
tas aislados, que se llaman Wienne, Sjostrom, Dreyer, Rcnoir, Murnau y ahora
Orson Welles y Jean Cocteau, han arre­

C a b a l g a t a .)

metido contra la tradición al uso para,
desafiando toda prudencia, hacer brotar
la expresión brutal de un temperamento,
traducido en una visión original de las
cosas y de los seres. La exagerada estili­
zación de los expresionistas alemanes, las
sobreimpresiones simbolistas de una "Ca­
rreta fantasma”, los rápidos montajes de
"La Rueda” y los ritmos visuales de "Un
corazón fiel”, el lirismo de los grandes
planos a cielo abierto de "La pasión de
Juana de Arco”, los primeros montajes
sonoros de René Clair y la cadencia inte­
rior de Renoir, todas esas etapas de la
historia artística del cine han jalonado
su marcha a saltos hacia la autonomía
de expresión, que por fin ha conquistado.

( r

EN LA FECHA DE LOS REGALOS
LEONARDO DA VINCI

\R 0 °

TRATADO

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las m aneras de poesía francesa desde el siglo pasado hasta el
día aparecen reg istrad as en este libro. A crecen su valor los
prólogos, retrato s críticos y complementos bibliográficos reunidos
por D íez-Canedo, haciendo de éste un libro indispensable de
consulta y de estudio.
A N G E L D E L R JO y M. J. B E N A R D E T E : E L C O N C E P T O
C O N T E M P O R A N E O D E E S P A Ñ A . A N T O L O G ÍA D E
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Dos pequeñas obras m aestras del gran novelista vienés. T r a ­
ducción, de D. J . Vogelmann. Prólogo de G uillermo de T orre.
Ilu stra c ió n de S. O ntañ ó n . La señorita Elsa ha sido llevado al
cinem atógrafo con el titu lo de E l ángel desnudo.
R O S A M O N D L E H M A N N : L A C A S A D E A L L A D O 9 6---El prim er libro de Rosamond Lehm ann que, escrito a los vein­
titré s años, es una obra m aestra. En sus páginas se pinta encanta­
doram ente un mundo ju venil, entre el ensueño y la vida.
P E A R L B U C K : E L P A T R I O T A ..................................$
6___
PearI Bucle, laureada con el prem io Nobel de L iteratu ra, ha
conseguido como nadie c ap tar los secretos del alm a china. En
este libro se cuenta la historia de los últim os años de ese país,
e n tre g u e rra s y revoluciones, a lo largo de una historia de amor
apasiónente.
C A R D O S V E G A : P A N O R A M A D E L A M Ú S IC A P O P U ­
L A R A R G E N T IN A , CON U N E N SA Y O SO B R E L A
C IE N C I A D E L F O L K L O R E ........................................ * 10_____
E xposición sistem ática de los orígenes y el desarrollo de los
cancioneros argentinos. Contiene 150 m elodías, 8 lám inas y 6 m a­
pas. Ilustraciones de A urora de Pietrg.

La Béte (Jean M arais).
Es posible que el séptimo arte haya salido ocular de la cámara.
Don más precioso aún, la voluntad del
de su edad media y que su propia lengua
esté más o menos definida: en el terreno poeta se trasluce en la interpretación
de la investigación técnica parece, en efec­ del decorado y hace pensar en la expresión
to, que ya se ensayaron todos sus .proce­ tan cabal de Abel (Janee: "Lo que cuenta
dimientos, pero en el terreno de la inspi­ no es la imagen, sino el alma de la ima
ración creadora, para progresar ha me­ gen”. As', la partida del padre, a caba
nester todavía de las manifestaciones pe­ lio, por la selva mágica. Bastan uno:
riódicas del genio poético. Y desde hace pocos planos para que nos hayamos ide
muchos años no había advenido uno más de la tierra; ni la vista de un técnico es
categórico que el de Jean Cocteau en ' capaz de descubrir con claridad si nos en­
contramos dentro de un decorado; hálla­
"La Belle et la Béte”.
Sábese que Jean Cocteau era ya un se uno en el terreno de los sueños de ma- I
hombre ducho en las letras cuando deci­ ñera tan perfecta, que los cuadros reales I
dió filmar por sí mismo un cuento de utilizados por Cocteau transfórinanse ba- j
hadas, traducido a su manera de la obra jo su imperio en irreales a su vez. Haj j
infantil de Madame Lcprince de Beau- momentos en que uno espera que un ca
mont. Hace ya quince años que el Vieux bailo blanco, prodigiosamente bello, ac
Colombier presentaba a un público de te la fórmula mágica para llevar- ¡
estetas y de intelectuales "Le sang d’un a la que lo monta. Uno no se sorpren
poete”, su primer ensayo en la panta­ dería si lo viera remontarse por el i¡rt,
lla. Cuenta Cocteau que por aquella tan pujante es el sortilegio, le maravillo
época algunos amigos lo disuadieron para so de que se hallan profundamente im­
que prosiguiese su trabajo por esta senda, pregnadas todas las imágenes. La umdac
poética de la obra da su lugar a los ha­
haciéndole notaj que los films no duran:
su talento sólo debía expresarse en el llazgos de detalle, como los candelaVos
mármol. El poeta permaneció algún tiem­ cuyos apliques son brazos vivos, come lis
po impresionado por esta justa observa­ dos cariátides de la chimenea, que ti--:- c |
ción; pero pronto el demonio de la ima­ rostros de hombres -—invención nada era
tuita, por otra parte, pues las mudas ;s
gen debía triunfar sobre sus vacilaciones:
escribió "Le barón fantóme”, que realizó presiones de aquellos rostros comenta
Scrge de Poligny, representó él mismo un acción a la manera del coro griego. Nuil ¡
papel episódico y, sin duda, asistió a ca aparece falseado el equilibrio del f
buen número de "tomas”.
todo reposa en el admirable dúo er.tri
La atmósfera tan cautivadora del tra ­ aquel monstruo de corazón grande y aque
bajo en los "studios” ejerció su atracción lia belleza a quien anima un puro espí iti
en él, lo mismo que el olor particular de sacrificio. Y la conclusión simbólica
de las bambalinas lo lleva periódicamente del desenlace, cuando el espíritu de la .Bes­
al teatro. Los trucos de los cineastas se tia se reencarna en el hermoso cuerpo del
. le aparecían como otros tantos sortile­ Príncipe Encantador, se admite sin violen­
gios mágicos, y al punto concebía su uti­ cia, con toda la verosimilitud de lo sobre .
lización feérica. En su imaginación con­ natural.
Para realizar este film, Jean Cocteau se
vertíanse en instrumento del lirismo al­
gunos sencillos procedimientos que hasta rodeó de una falange de artistas puros
entonces sólo habían servido para la es­ Christian Bérard "ilustró” el cuento cor
critura más trivial. Luego de escribir el proyectos de decorados y de trajes de deli
guión de "El retorno eterno”, Cocteau ciosa invención; Alekan, jefe operador,
no podía tardar en ocupar el sillón de supo traducir todas las intenciones de'
director. Y así dirigió totalmente "La Be­ poeta en el lenguaje de los filtros mág.
lle et la Béte” : todas las escenas, aun las cos; Georges Auric compuso una partitura
transiciones más leves, llevan el sello de musical que contribuye grandemente a
su personalidad. En efecto, el tema, que encantamiento; Josette Day, rubia inp.
se eleva rápidamente a cimas purísimas, nua, soportó victoriosamente la ilumina
comporta por momentos exposiciones o eión muy vigorosa que mantiene su foto
incidentes que el poeta supo tratar con genia en duras gamas de negro y blanct
gracia in fin ita: tales, por ejemplo, la valientemente preferidas por Cocteau: fi
escena de los palanquines en el corral y el nalmente, los más cálidos elogios debe
cuadro tan lindamente expresado con mí
ir a Jean Marais, cuya terrible más "ar
mica que sitúa al aire libre, entre dos de bestia despierta en nosotros terrore
lienzos que se secan al sol con movimien­ de pesadilla de niño, mientras que su.
tos armoniosos, que evocan irresistible­ grandes ojos, tan profundamente expr
mente los tablados de la Commedia dell’ar- sivos, traducen los sentimientos más
te. La elección de los cuadros y el rigor bles. La voz humana que sucede a s
preciso de los "campos” fotográficos de­ rugidos de león es la de un trágico
nuncian sin cesar la presencia del autor gran clase.
(Servicio de A . F. F-J

R IC A R D O R O JA S : E L P R O F E T A D E L A P A M P A . V I D A
D E S A R M I E N T O .............................................................* j o _____
F ru to de largos años de tra b a jo , interpretación m agistral, esta
obra tan esperada nos revela u n Sarm iento nuevo, auténtico y
definitivo. G ran premio de honor de la Sociedad A rgentina de
Escritores.
JO H N H E R S E Y : U N A C A M P A N A P A R A A D A N O 9 6___
L a prim era gran novela surgida de la g u e rra . Elegida en N ueva
Y ork como el m ejor libro del año, ha sido llevada al cine y al
teatro con extraordinario éxito.
E S T E L A C A N T O : E L M U R O D E M Á R M O L . * 4.__
Libro$ 7.—
revelador de una au to ra de singulares méritos. P rim e r
Prem io en el Concurso L iterario de la Im p ren ta López.
F E D E R IC O G A R C IA L O R C A : L A C A S A D E B E R N A R D A
A L B A . P R O S A S P O S T U M A S ........................................ «
4 ___
L a c a n a d e B e r n a r d a A lb a , estrenada en B uenos A ires a
principios del año pasado por la em inente actriz M arg arita X irgú,
es la obra donde el a rte y la técnica m agníficos de Federico G a r­
cía Lorca llegan a su completa madure*.
B E N IT O P É R E Z G A L D Ó S : E P I S O D I O S N A C I O N A L E S
( P r i m e r a a r r ie ) Cada t o m o ............................................*
8.__
Diez lujosos volúmenes encuadernados en tela ro ja con aplicaciones de oro fino, ilustrados por el propio au to r y los más
famosos dibujantes de su época y prologados por destacados
literatos.

EDITORIAL LOSADA S. A
ALSINA

1131 - B U E N O S

MONT E VI DE O - S A NT I A G O

DE

AIRES

C HI L E - L I MA
L* Belle (J o se tte D a y)

�CINE

©cabalgata

M A P A DE
PANTALLAS

Jean Gabin en una escena de "M artin
R oum agnac”, film en el que actúa con
Marlene Dietrich.

Peter Lawford y June Allyson, intérpre­
tes de "El ruiseñor m entiroso” , film
M. G. M.

Mapy Cortés en "Sexo fu erte” , pro­
ducción de Clasa Films.

Charles Coburn y el pequeño actor
Dean Stocktcell en una escena de "Los
verdes años”, film M. G. M.

Patricia Roe y Christina Forbes en el
film de Artistas Unidos
"2.000 m ujeres”.

Dan Duryea y Constance Dotcling, in­
térpretes de la película "Pasión dia­
bólica”, de sello Universal.

ESTRENOS
POR

(T ill the end o f tim e)

BANDIDO

de i

x Z i Z f.!ancé* de Guilles
-Voel-Yoeí, Gaby Andreu,
* rllandre Siffnault- Produ,
sonnxers Assoc es.
Un asunto clásico de vod
vechado: en la isla de C
Dn138 Z P! r8'gUen en un3
*
atándose a tiros en c
«ubre la isla. El foraste:
seguir a lucha, haciéndo
pero a la vez hay uno qu;

París.
Aumento general en el precio de las
localidades: 60, 80, 100, 120 francos se­
gún la categoría del cine.
Claude Autant-Lara acabó El diablo
en el cuerpo.
Aparece de nuevo la Revue du Cinéma,
famosa en la época del mudo.
Jean Gremillon filma La matanza de
los inocentes.
Nueva generación de directores fran­
ceses: René Clément, al frente ¡ Pierre Calef, Chañas, Blisténe, Marc Maurette, Denise T u a l...
Roma.
Scotese realiza La gran aurora, con
Rossano Brazzi.
Victor S toloff: Premio de Roma, film
angloitaliano, con Sarah Churchill, Douglas Montgomery.

Juan José M íguez en una escena de
"Santos Vega vuelve”.

Francis Lester, Barry Bornes y Mar­
garen Scott en "El regreso de Pim ­
pinela E scarlata” , de G uaranted Pietures.

LOS ASESINOS
r The Killers)

EL FILM DE CHAPLIN

Ana María y Roberto Jim énez inte­
grantes del conjunto de Ballet Español
Ana Maria que viene actuando en el
Teatro Avenida.
combinación y hace verdad la farsa. Am­
biente aldeano y campesinos corsos per­
fectos. Y un cómico sobrio, bueno, de
tono menor y un poco monocorde: NoelNoel.

VIDA ROBADA
(A stolen lije )
Film norteamericano de Curtís Bernhárdt, con Bette Davis, Glenn Ford, Dañe
Clark, Charlie Ruggles, Walter Brennan.
Producción: Warner Bross. Fecha: 1946.
Lección: Bette Davis frente a Elizabeth Bergner o la importancia del direc-

Chaplin ha terminado la toma de vistas
de Monsieur Verdoux, inspirado en la vida
de Landrú, el célebre asesino de muieres.
Ni propaganda, ni periodistas, ni visitas:
secreto. Sin embargo, algo se filtra.
Monsieur Verdoux (Chaplin) corta flo­
res en su jardín, en la tarde apacible.
Un olor desagradable domina el de las
flores. Levanta la cabeza y contempla una
leve columna de humo, que se escapa de la
chimenea de su casa. Murmura: "Pobre
Carlota”. Y continúa cortando sus rosas.

tor en el cine. El drama de estas dos
hermanas gemelas, que no se diferencian
sino en su psicología, es tentador para
toda gran actriz. Las dos más grandes
de nuestro tiempo cinematográfico han
abordado ese doble papel, más el te r­
cero que surge cuando una hermana sus­
tituye e imita a la otra. Primero, en
1939, la alemana Elizabeth Bergner, pa­
ra el cine inglés, dirigida por Paul Czinner, su marido; ahora Bette Davis, bajo
la dirección del alemán Curtís (K urt)

Pedro Quartucci y Lidia Lamaison en
"Hoy se casa D om inguito”, comedia en
tres actos de Lam arque y Madero, que
la Com pañía A rgentina de Espectáculos
Cómicos presenta en el T eatro Buenos
Aires.
Bernhardt. Igual maestría en la interpre­
tación, la misma maravillosa sencillez con
la que se abre al espectador el horizonte
de dos almas de mujer. Dos magníficas
actrices frente a frente.
Pero Bernhardt no es Czinner. Aquél
siempre fué —incluso en sus mejores
obras alemanas y francesas— lento, ma­
cizo, abultado, con tendencia al melodra­
ma. Paul Czinner es todo sutileza, trans­
parencia, precisión en el detalle minúscu­
lo. Esto y no aquello es lo que requiere
este tema de trama fina. Bernhardt lo ha
rellenado de pintoresquismo, mientras Czin­
ner lo llenó de matices. Por eso, por el

EL ACTUAL PROBLEMA DEL CANCER
(V ie n e de página 16.)
descubrir la vulnerabilidad específica de
manera en que se realizó el cambio, o las células del cáncer, de modo que se las
bien, volviendo a nuestra comparación, puede destruir dejando, al mismo tiempo,
cuál £s el choque administrado a las cé­ indemnes a las células normales.
No hay duda de que el modo de acerlulas susceptibles en el extremo de la vía
final común. Si se trata de alguna subs­ cárse al objeto central es el de averiguar
tancia qu'mica, o hasta de algún virus, en qué 'manera la vida de las células
puede suponerse que sea posible, en al­ cancerosas se diferencia de la de las nor­
guna manera, hacerlo inactivo o alterar males. El Instituto Nacional del Cáncer
las membranas de las células de tal modo y la Sociedad Americana del Cáncer, que
que las protejan contra el mismo; pero son los dos organismos de los cuales es­
la gente muere de cáncer todos los días, peramos más, están adentrándose en este
y por consiguiente, mientras se buscan problema de fisiología celular. Sin em­
los datos de esta diferencia fundamental, bargo, la necesidad de hallar un alivio
a fin de hacer un buen comienzo, deben de la plaga del cáncer es tan imperiosa
continuarse los esfuerzos, sin descanso y que, mientras se prepara diligentemente
aun a tientas, para tratar de salvar las el terreno por una parte, por la otra, no
células de esa influencia que se desconoce. debemos posponer un ataque en toda la
Pasando ahora a las células que en al­ línea a las células cancerosas, armados
guna manera se han vuelto cancerosas, solamente de los conocimientos que po­
se hace evidente la importancia de con­ seemos. Esta ofensiva directa debe efec­
cebir algún análisis de la sangre o de la tuarse contra las células cancerosas de un
orina que nos revele la presencia del cán­ - mismo tipo en animales, entre los cuales
cer en cualquier parte del cuerpo. Si las se puede experimentar prácticamente de
células cancerosas secretan alguna subs­ manera ilimitada; y debe ser comple­
tancia que no se produce sin la presencia mentada con una continuidad de experi­
de ellas, podría demostrarse esto mediante mentos cautelosos en la misma especie de
células cancerosas en el hombre.
un ensayo o análisis.
Los experimentos no deben circunscri­
Finalmente, y lo que es de suma im­
portancia, son los esfuerzos para el tra ta ­ birse a los medios posibles de alterar las
miento de las células cancerosas que han coñdiciones de la vida de la céluda me­
sido identificadas. Pareee que las propie­ diante la inyección de substancias, cam­
dades malignas están permanentemente bios en el régimen alimenticio y someti­
impresas en ellas; si ello está en la ín­ miento del paciente a la acción de agentes
dole de la mutación, está lejos la posibi­ físicos, sino que deben incluir, además,
lidad de hacer que estas células cance­ la intervención quirúrgica en la remoción
rosas vuelvan al estado de sus progeni- de órganos, o sus partes, que se sospeche
toras que eran entonces miembros útiles pueden modificar profundamente estas
de la sociedad celular. Empero, debe ensa­ condiciones. El espíritu de la investiga­
yarse esto; sin embargo, la línea princi­ ción debe ser el de probarlo todo, sin
pal de ataque al cáncer es evidentemente omitir siquiera las influencias menos es-

Juan Carlos Barbieri, Carmen Llam hí
y Diana lngro en una escena dram á­
tica de "Corazón”, film que actual­
m ente dirige Carlos Borcosque.
director. Bette Davis ha perdido frente a
Elizabeth Bergner.

Hollywood.
Charles Chaplin, hijo, es el productor de
un film de Jackie Coogan: Mr. Co-Ed.
Alfred Hitchcok dirige The Pardine Case,
con la inglesa Ann Todd, la actriz de
El séptimo velo.
Clarence Brown: Song o f Love, con
Catherine Hepburn, que será Clara Schuman.
Max Ophuls: Vendetta, producida por
Preston Sturges.

SU DERECHO A VIVIR

(Ademai, bandit d'l

Méjico.
El norteamericano Norman Foster fil­
ma La cola de la sirena, del dramaturgo
argentino Conrado Nalé Roxlo, con la
actriz española Rosita Díaz.
Emilio Fernández hará una película
para John Ford: El poder y la gloria,
que ya se hizo en Hollywood.

Jorge ISegrele en "Camino de Sacra­
m ento”, film dirigido por Charles
XJrueta.

Bruselas.
Henri Storck, antiguo vanguardista, di­
rige El maniquí asesinado.

M. V I L L E G A S LOPEZ

Film norteamericano de Edward Dmytrik,
Dorothy Mac Guire, Guy Madison, Eobcrt
Mitchum, Bill Williams, Jean Porler,
Tom Tully, Ruth Nelson. Producción:
R. K . 0. Fecha: 1946.
En esta guerra no ha habido voces paifistas; los mecanismos gubernamentales
on ya tan poderosos, que cualquier in­
tento hubiera sido aplastado en la primera
palabra. Tampoco hay un arte —novela,
teatro, c in e ...— del arrepentimiento y
la protesta, de la rebelión contra otra
nueva guerra. Aun no se ha escrito el
otro Sin novedad en el frente o El fuego
de ésta.
Dmytrik —de las personalidades más
interesantes y valientes de Hollywood—
pone aquí el primer punto de un einema
de postguerra, que puede engendrar toda
una línea de conducta y de arte. Se ve
que el film fué cortado sobre el argumen­
to, por la oficina de censura de Johnston (antes Hays). A cada momento se
liega, por la situación y el diálogo, a la
frase de protesta; pero ésta ha desapa­
recido siempre o ha sido sustituida por
una suave consideración de errores y con­
cesiones —seguramente forzosos— de 1;
película. Que ec, a pesar de ello, una mag
nífica película. Porque queda la obra d
costumbres, que es un drama, aunque tei
~iine en comedia. El drama del hombr
|ue vuelve del frente, sano y salvo. Per
|ue se encuentra en un mundo desconc
-ido, ajeno en sus dos direcciones Y
io es el muchacho que salió de su cas;
da el frente; por tanto no tiene nad
ver con sus padres, ni el mundo fa
auliar a que pertenecen. No es tampoc
la nueva generación, surgida a la adoleí
eencia mientras él combatía: aquella mi
chachita audaz, simple y atropellad:
tampoco es su semejante. Sus semejante
son los compañeros del frente, tan di
orinados como él. Y aquella muehach
muy bien Dorothy Mac Guire— a 1
que a guerra también destrozó la vid:
y que busca el placer y el amor dond
encuentra y como llega. Son los e
com atientes, los hombres que han qued:
Y 0 en Ia' tierra de nadie de su époc:
1 TeS‘a P^mula es su tragedia.
odo pintado con sencillez, con el ra;
„ m?. es. 0 y habitual, con la escena vu
a lá
se, llega a la gran emociói
hondo
Slmpatía P°r cada personaje, ;
hondo y oscuro sentimiento de protest;
ga por el lado del corazón, ya qi
TodíToi ° pe™ lte Por al de las idea
ha na a^Ue í a-va sentido cómo la guen
ha pasado sobre su vida - d e un modo
drá llam a r?conoceríi en este film, y p,
H nrim r her“ anos 3 sus personajes. I
decfrTi" 3 ?e' ÍCUla’ en años&gt; Gue quie,
te Leina ,sl.ncero&gt; auténtico e importa;
trivia,iJdad.del Panf'et° 0ficialiata &gt; da

Argentina.
Alfar, nueva productora. Preside el Dr.
Narciso Machinandiarena un Directorio
formado por Ulises Petit de Murat, Julio
Ferrando, Dr. Zolezzi. Productor y argu­
mentista: Petit de Murat. Directores:
Mario Sofficci, León Klimovsky, Hugo
Fregonese.
Emelco, especializada en films cortos y
noticiarios, se transforma en gran produc­
tora: compra los estudios de Pampa
Films, en Martínez. Kurt Loewe preside
la entidad. La distribución de su material
se asegura mediante un circuito de exhi­
bición : Empam. Tiene un extenso plan.
La mayor parte de las productoras van
dando su programa. Es muy posible que
el año próximo se produzcan cien películas
argentinas.

peradas, tales como las que movieron a
Kettering a buscar una substancia que
eliminara el martilleo producido por la
gasolina en los motores, y a Edison a
inventar el filamento que dió al mundo
la luz eléctrica. Es menester que preva­
lezca la fuerza propulsora del se debe,
que ha llegado a realizar lo que paree a
imposible en el campo de la invención
y de la industria. Debemos estar prepa­
rados a trab ajar de' día y de noche para
contener la aterradora mortalidad que
causa el cáncer.
Esta meta no está más allá de nuestro
alcance. En la práctica se observan va­
riaciones notables y significativas en el
proceder de los cánceres. Algunos carci­
nomas primarios producen conjuntos de
tumores secundarios en otras partes del
cuerpo; otros, no. Un tumor primario
grande puede engendrar otros secundarios
de menor tamaño, en tanto que un tumor
primario pequeño puede dar origen a
enormes tumores secundarios. Algunos
crecen con una rapidez asombrosa, y otros
lentamente. Un cáncer aislado puede di­
latarse rápidamente y luego entrar en
un periodo de extensión pausada, casi
como si fuera latente. Otro puede cre­
cer con lentitud y después acelerarse. En
casos extremadamente raros, un cáncer
activo puede desaparecer por completo.
Fuerzas enteramente desconocidas accio­
nan algunas veces en el cuerpo, las cuales
aceleran, retardan y a veces hasta hacen
abortar los cánceres . . . Tal vez fué la
verificación de la labor de semejantes in­
fluencias la que orientó a Eh¿dich a abor­
dar el problema del cáncer no obstante
la advertencia dantesca: "Dejad toda
esperanza, vosotros quienes entráis.”

Film norteamericano de Robert Siodmak, con Burt Lavcaster, Ava Gardner,
Edmond O’Brien, Albert Dekker. Produc­
ción: Universal.
Un cuento potidíaco, de Hemingway
—como otro cualquiera— estirado, esti­
r a d o ... La narración está tejida con lo
que cuentan varios personajes —enésima
versión del sistema inventado en El ciuda­
dano— , lo que aumenta la lentitud de un
tema de escaso interés. En cambio, ahí
está Siodmak con sus ángulos plenos de
intención, con sus iluminaciones mágicas,
del buen cine alemán —antes de Hitler—,
con sus bellos encuadres... Es el recuerdo
cuyo máximo exponente en el género es
Fritz Lang. En cualquier momento parece
que va a surgir el Doctor Mabuse.

EL CIN E H IN D U
noticia inesperada ha llegado en
estos días al público norteameri­
cano, que, por otro lado, no deja de ser
escéptica: ¡La producción cinematográfi­
ca hindú es la segunda del mundo y llega
a la mitad de la de Hollywood!. ..
La noticia sorprenderá tanto al púb'ico inglés y francés como al norteame­
ricano, pues son raros los que saben algo
de la existencia de un cinematógrafo
h in d ú ... Sin embargo, allí están los he­
chos: todos los años, los estudios de la
India producen un promedio de 150
"grandes películas” y, hasta ahora, la ci­
fra no ha sido superada más que por
Hollywood, que produce el doble. Sin em­
bargo, sobre los 200 productores "inde­
pendientes” con que cuenta la India,
solamente unos veinte entre ellos tienen
estudios propios.
No es por cierto sin motivo que habla­
mos hoy del cine hindú: por primera vez
los productores de aquel país van a in­
tentar una incursión en el mercado ame­
ricano. Se trata de "The Song of Buddha”
(La canción de Buda), verdadera etapa
en la historia del cine hindú, ya que
rompe con todas las tradiciones, para
presentar al público un film que no dura
más que una hora y cuarenta minutos
(los demás duran generalmente tres o
cuatro horas). El film es hablado en
inglés y en hindú y por su argumento
puede llegar al público internacional.
M. V. Shantaram, productor, director
y protagonista de dicho film, reciente­
mente llegado a Estados Unidos, afirma
que "La canción de Buda” es una ver­
dadera empresa revolucionaria, destinada
a demostrar al mundo que la India es
un país que se dedica también al arte
y no solamente a las cacerías de ele­
fantes. ..
La acción del film se desarrolla prin­
cipalmente en el norte de China y narra
la historia verídica de un joven hindú
que en 1933 se fué a China, para re­
unirse con las fuerzas de la resistencia
contra los japoneses. Luego de pasar unos
años la vida penosa de los guerrilleros,
durmiendo en cuevas o en chozas de ba­
rro seco, el joven hindú sucumbe a la
enfermedad. Las tomas y los trajes están
basados sobre fotos traídas de China por
un médico, y todos los esfuerzos se han
hecho para que el relato fuera lo más
verídico posible. Además, Shantaram se
enorgullece cuando los que conocen China
solamente por el film hollywoodense, di­
cen : —Pero eso no es nada que se pa­
rezca a la C hina.. . —. De todos modos, los
críticos le desean buena suerte.
(A. F. P.)

U

na

�UN

DE

ESTRENO

O’ N E I L L
OPINA EL TRADUCTOR

OPINA EL DIRECTOR

TODOS LOS HIJOS DE DIO
TIENEN ALAS

CONCEPTOS PERMANENTES
DE DIRECCION
por

ESTEBAN SERRADOR

por

(Especial para Cabaloata.)

LEON MIRLAS

(Especial para Cabalgata.)

débiles son quienes tienen más que u;
n el teatro Odeón, un elenco de acto­
matices subrayan, sin deformarla, la be­
res jóvenes y animosos encabezados necesidad de amor y los pinta en sus et
lleza de una frase melódica. He dirigido
por María Rosa Gallo y Leo Alza, quedramáticas culminantes, en sus chcq&gt;:&lt;
"Todos los hijos de Dios tienen alas” sin
desempeñaron los papeles protagYmicos, con el medio hostil.
seguir las huellas de otros directores, ma­
acaba de estrenar el drama de O’Ncill
estros respetabilísimos, acentuando en de­
Por su parte, en Ella habla la voz
"Todos los hijos de Dios tienen alas”.
terminados momentos el clima desolador
ancestral de su raza. O’Neill prese ■
Se trata de la obra más pura del gran
de la obra. El éxito ha sido equivalente, y
aquí un caso curioso de disociación .'
dramaturgo
norteamericano. Construida doble personalidad. El alma de la pro
ése
es
mi
mayor
orgullo:
haber
llegado
a
'
con una sencillez de recursos casi francis­ gonista vive alternativamente en dos mui
la meta por camino propio. Acercarse al
cana, aletean en toda su extensión un dos, en dos planos que coexisten y ha i
teatro de Eugenio O’Ñeill es sentir la pro­
lirismo y una piedad por los desplazados suelen interferir. En el mundo racial
pia pequeñez, lo limitado de nuestras inte­
que le conceden un nivel superior al de un su inconsciente que le hace gritar un &lt;
ligencias. Y para entregarlo al público, en
mero choque racial. "Todos los hijos de
toda su desollada humanidad, hay que
Dios tienen alas” es nada menos que el precio biológico por el negro, es la ene
meditar en la inusitada extensión de sus
ga de Jim que se esfuerza desespera
problema de la dignidad humana, de la
parlamentos. Bastaría recordar aquí "Ex­
mente
por neutralizar su personalidad
aspiración
de
vuelo
del
hombre
encadenado
traño interludio” o "El luto le sienta a
suprimir sus ansias de elevarse; en
por sus limitaciones y por el.medio. Jim
Electra” que rebasan, a veces, los umbra­
no sólo es el negro de alma blanca y mundo individual, en su intimidad
les de la atención. Es, en el momento de
desesperadamente aferrado a la convicción mujer, lo ama tiernamente y desea u
dirigir una obra suya, cuando en el esce­
de que "todo amor es blanco” : es la triunfo.
nario desnudo de decorados, van surgiendo
Como es lógico, esta coexistencia e
personalidad humana que pugna por su
a la superficie una multitud de valores,
mundos antitéticos crea en Ella Do«i
realización y se frustra en su impulso
o detalles sutilísimos, esenciamente tea­
fáustico. Hombre y símbolo a un tiempo, una personalidad neurótica y le prov ra
trales, que logran hacer traslúcidos su
ruando la Fundación Universitaria Pro
como tantos personajes de O’Neill, su un desequilibrio de reacciones perman-:.
profundo cerebraiismo y su filosofía, que
j Estímulo del Teatro me encargó, la no tiene paralelo en los anales del teatro.
tensa humanidad oscila entre las antípo­ tes. La víctima de ese desequilibrio
dirección de "Todos los hijos de Dios Y es misión del director hacer que este
das, un frenesí de humildad ante Ella Jim, y por momentos la máscara del Con­
tienen alas” que había de representarse en magnífico mensaje, llegue a todos los sec­
Downey y un ansia de plantarse ante el go, símbolo de la raza negra para El a r
el Odeón, experimenté una intensa satis­ tores del público, desde los más inteligen­
mundo en un alarde de hombría. Su liber­ a quien ésta suele increpar con furiosa
facción, en la que se mezclaban el orgullo tes hasta los menos sensibles. Tal es el
tad interior de nada le sirve, por ser una
vehemencia, convirtiéndose así hábilrj r
y el temor de no alcanzar, con un elenco momento en que la misión del director se
libertad condicionada que el mundo confi
te en diálogo un monólogo, recurso &lt;
cuyas posibilidades me eran desconocidas, funde con la del comediógrafo.
na dentro de un límite. Jim pretende, pues,
O’Neill volverá a "usar en “El gran ó.
la altura dramática d? Eugenio O’Neill.
conquistar
su
categoría
de
hombre
en
la
No puedo dejar de recordar, aunque en
Brown” con mucha eficacia teatral, III;
Pero, y esto lo sab a desde siempre, no ello peque indirectamente de inmodestia,
sociedad, superando las fronteras de su
hay nada imposible para una juventud
materia en una audaz evasión de su espí­ Downey, naturalmente, advierte en la g
la interpretación de "Todos los hijos de
decidida. Frente a la obra desgarradora
ritu. Pero esta lucha carece de horizontes tesca máscara una insoportable pretens
Dios tienen alas” : en el papel de Ella,
de superioridad y por eso le dice lo (;u,
del 3Utor de "Anna Christie”, con su hon­ María Rosa Gallo, único valor que cono­
y sólo puede terminar con la derrota del
do problema de compresión, hubo una cía y admiraba, fué la gran actriz de
ser aislado que intenta salvar su condi­ no se atreve a decirle a Jim.
Ella intenta matar a Jim. Mejor diei:
perfecta colaboración entre el director y siempre, haciendo resaltar milagrosamente
ción humana.
los noveles actores; fué para mí una la inquietud y la tristeza de su problema
Este leitmotiv del fracaso o la frustra­ lo intenta el impulso racial que suoy
en lo más hondo de su ser. Al reaccior 1
espléndida experiencia esta comunión a r­ anímico. También Leo Alza, protagonista
ción (conceptos bien diferenciados ya por
suelta el cuchillo de trinchar, pero el o í
tística, con elementos que llegan al teatro
de la obra, se reveló como un verdadero
Araquistain), reaparece a menudo en el
desprovistos de viejos prejuicios escénicos, actor, realizando una dramática y estu­
teatro de O’Neill, a través de los más de su inconsciente sigue enhiesto y api.
sin esa carga deprimente que se canaliza diada interpretación; los demás del elen­
distintos personajes: del Alfred Rowland a Jim, anula su porvenir, trunca p...siempre hacia los fáciles efectos y los an­ co —habría que nombrarlos a todos—
siempre sus aspiraciones. Jim se resi
de "Antes del desayuno”, del Yank de "El
tiguos modismos. Nada do esto trajeron contribuyeron eficazmente al éxito de "To­
mono velludo” (en que priva el subtema denodadamente, toda su personalidad
los estudiantes, fuerza inextinguible y dos los hijos de Dios tienen alas”. Para
de la inadaptación), del Dion Anthony de rebela ante el avasallamiento, pero .:
arrolladora, que me ayudaron a dar vida ellos, y para Saulo Benavente, autor de
"El gran dios Brown”, del Robert Mayo amor por Ella es tan grande que lo .
teatral a "Todos los hijos de Dios tienen
la escenografía, mi conmovido reconoci­ Lois Blue en "Todos los hijos de Dios de "Más allá del horizonte”. O’Neill ama pulsa al renunciamiento.
alas” : llegaron con su entusiasmo intacto
tienen alas”.
miento.
a los fracasados, ya que, desde luego, los
Este drama de O’Neill, dentro de
y su reverente humildad para que O’Neill
realismo, tiene una constante tonalit
alzara su vuelo lírico o arrastrara por las
poética que asimila "Todos los hijos
tablas su angustia insoluble. Quizás haya
Dios tienen alas” al tipo de teatro •
entre los jóvenes debutantes de hoy el
h ranz Roh llama del realismo mágico,
actor definitivo de mañana. Y es más
trata del realismo depurado y atenu.
grande mi alegría, por razones especiales.
por los filtros de la ilusión, por la ma
Se ha logrado con la representación de
alada de la belleza. En realidad, la ma
\l
"Todos los hijos de Dios tienen alas” un
parte del teatro de O’Neill rehuye la co
verdadero éxito artístico y comercial cu­
y j ,
,v
fotográfica de la vida. Sus únicas ck
yas proyecciones irán más allá de todo lo
ciones de alguna cuantía son quizá '
previsible. El recuerdo aplastante de Alepaja”, "El primer hombre” y wLi
, &amp;
&lt;
xandre Tairoff, que había revelado en el
dos”. Pero habitualmente se aleja del r i
mismo escenario la obra de O’Neill, pesa­
í * * ■*
X
"
S
lismo: en "El emperador Jone9” por
ba sobre la nueva "mise en scéne”, pero
vía del simbolismo, en "El mono vellu
esa gravitación, lejos de descorazonar a
i*
por la del expresionismo, en "Diñar
los jóvenes actores, acrecentó su e^usiasy V » V'
mo y el resultado ha colmado mis anhelos
por la del constructivismo. O bien i
más ambiciosos.
terializa mitos, como en "Lázaro reía’
&amp;
El director de una obra teatral es el
WE1 gran dios Brown”, o aventuras lit
máximo intérprete del autor: el más sacri­
gicas como "Días sin fin”, y enton
ficado: y el que sostiene la responsabili­
crea un tono y una atmósfera que P
dad de su pensamiento. Por eso. en su
o nada tienen que ver con la realh
misión proteiforme, de acuerdo con la pro­
cotidiana.
&lt;*
pia sensibilidad, y en consonancia con los
La compañ'a del Odeón cumplió un
medios escénicos que dispone, puede y dei&gt;e
fuerzo meritorio, con excelentes decora
ayudar a dar relieve plástico a su idea.
de Saulo Benavente, y la puesta en
Ello no significa colaboración, puesto que
cena tuvo algunos momentos acertac &gt;
no se altera así el sentido esencial del
sobre todo la escena inicial de los nir ?
dram a; sucede lo mismo en la dirección
Sólo cabe lamentar que el director E.‘
orquestal de una partitura, cuando ciertos
ban Serrador suprimiera las do9 filas
cíales de blancos y negros de la cua
escena, elemento fundamental para ju
IM PORTANTE
ficar el monólogo de Jim al salir de
E l p ró x im o núm ero de CABALGAiglesia, ya que esas filas constituyen
TA terá puesto a la venta el m ar­
primer choque de Jim y Ella con el
tes 14 de enero. De acuerdo a lo
hostil. Su supresión fué un grave cr
anunciado en núm eros anteriores
que desnaturalizó la intención de 0 ’C A BALG ATA aparece quincenal­
en dicha escena, donde se inicia la 1
m en te e l segundo y cuarto martes
yectoria psicológica de Jim que &lt;*u ”
d e cada m es.
nará en el segundo acto con su deseS’
Decorado de Saúl Benavente p ara el cuarto cuadro de "Todos los hijos de Dios tienen alas” .
rada lucha y su renunciamiento fiual
La p uesta en escena de ‘ Todos ¡os hijos de
P íos tie n e n alas”, por un conjunio de aficiona­
dos, bajo ¡a exp erta dirección de Esteban S erra ­
dor v con la participación de una excelente actriz,
M aría R o sa Gallo, ha sido sin duda el aconteci­
m iento teatral m ás significativo de este fin a l de
temporada.
J fa m e la d o claramente aloo que estaba en la
conciencia de todos los am antes del teatro: las
posibilidades extraordinarias que surgen de ¡a
u n ió n de dos fu e rza s: el oficio de quienes llevan
años de dedicación a la escena y la pasión de
los actores jóvenes, que m anifiestan una vocación
decidida, desde las fila s de ¡as com pañías exp e­
rim entales.
E l contacto y la colaboración de ambas fuerxas, una de ellas no necesariamente gastada en
el uso y abuso de ios recursos manidos, de los
trucos profesionales, y la otra n&lt;o siempre, como
se dem uestra ahora, m al empicada en balbuceos
divertidos de ver en cuando, ha demostrado ser
saludable, y , lo que es tan alentador como eso,
factible.
L a prueba ha de tener un éxito m erecido, y
C a b a lc a t » quiso contribuir al mismo ofreciendo
c su s. lectores este página, con la que querem os,
en lo que podamos, alentar el bello esfuerzo que
están realizando los com ponentes del Teatro U n i­
versitario. — N . de la R.

E

C

T &gt; tí,

E.J

.

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3

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                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
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                <text>Romero, José Luis&#13;
Gautier, Jean Jacques&#13;
D'Urbano, Jorge&#13;
Lacombre, Gabriel&#13;
Canto, Estela&#13;
Rochat - Ceinse&#13;
Varetz, François&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Cogniat, Raymond&#13;
King, Charles&#13;
Berry, Ana M.&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Vaillat, Leandro&#13;
Lumario&#13;
Cowdry, E. V.&#13;
Arnoux, Yvette&#13;
Des Genets, Marie&#13;
Devoto, Daniel&#13;
Boiseco, Simone&#13;
Chenneviere, Paul&#13;
Darnetal, J. L.&#13;
Tedesco, Jean&#13;
Villegas López, M.&#13;
Serrador, Esteban&#13;
Mirlas, León</text>
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                    <text>J u a n ita S u jo .

(Véase página 4 .)

A N O I * N ° 5 * Q U IN C E N A R IO P O P U L A R

* ESPECTACULO S, L IT E R A T U R A , N O T IC IA S, CIENCIAS, A R T E S * B U E N O S

SOBRE LA ELOCUENCIA
EN LAS ASAMBLEAS Y CONGRESOS
por GEORGES D U H A M E L

AIRES, 10 DICIEMBRE 1946 * $ 0,40

ESPAÑA EN SU HISTORIA '0
por A M E RICO CASTRO
(Especial para Cabalgata.)

(Especial para C abalgata.)

n país no es una entidad fija, un escenario en donde
lectuales—, en el orden intelectual, digo, no se hace nada
el tiempo va representando el espectáculo de la vida.
en éompañía. Creo en el trabajo del hombre solo, que ha
./que permite a sus lectores no saber
La tierra y sus límites pueden estar dados por la geografía,
nada—, nos dan en sus ediciones de la pesado todo, construido todo, corregido todo, y, finalmente,
mañana, de la tarde y de la noche, una firmado todo. El resto no es más que paparrucha. Por lo pero la historia de un pueblo, la del hombre individuo-so­
cial, es algo que va surgiendo y mudándose en vista de las
cantidad de informaciones sobre la mismo, los textos presentados por un grupo y en los cuales
tareas que su vida le ofrece en cada momento. No hemos
marcha del mundo. Relatan en sus colaboraron varios hombres inteligentes son casi siempre
pensado este libro sobre el presupuesto de una civilización,
menores detalles los debates de las incoherentes e incomprensibles.
A propósito de estas reuniones nacionales o internaciona­ o sea, de unas estructuras valiosas desgajadas de quienes
asambleas que se celebran, —a veces
las engendraron y siguen viviendo bajo el horizonte que
varias al mismo tiempo— en determi­ les, algunos observadores de sangre fría pronuncian son­
aquellas estructuras determinan. No lo hemos hecho por ser
nadas ciudades capitales. Así, por riendo el término academismo. Es peyorativo. Se dice
ya bien sabido que Cervantes, Velázquez, Goya y Hernán
ejemplo, nos enteramos que, por se­ corrientemente de una obra que es académica cuando sacri­
Cortés tienen él puesto que les corresponde en el reino de
gunda vez en treinta años, se van a fi­ fica la substancia a la forma y el vigor eficaz a la correc­
los valores humanos. Conocemos, en cambio, defectuosa­
jar las fronteras de los países europeos, ción florida. No sé si la elocuencia prodigada en las
mente el sentido de la historia y de la vida que hizo posibles
que se trata de buscar un reparto me­ pomposas logomaquias que nos ocupan aquí tiene siempre
a aquellos y a muchos otros hombres extraordinarios, y ése
jor de las substancias alimenticias, que -—por lo menos— los méritos benignos del academismo.
es el motivo que tuvimos para emprender la presente obra.
los partidos políticos se han reunido Pero no podemos olvidar que de estas logomaquias depen­
Nos urgía percibir cómo un grupo de gentes, en un período
en congresos, que la justicia de los pue­ den a menudo algunas finalidades considerables tales como
crítico de su vida, y partiendo de la situación en que
blos victoriosos se propone castigar a la paz del mundo, la dicha de los pueblos, las instituciones
se encontraban, emprendieron nuevos rumbos a fin de
los culpables, que las grandes asocia­ de las colectividades, y, en definitiva, la suerte de los
hacer frente a peligros ineludibles y escapar a su total
ciones corporativas van a pronunciarse individuos.
ruina. Quisimos averiguar cómo se formó y se desarro­
Los usos de las academias se prestan indudablemente a la
por o en contra de la suspensión del
lló lo que hoy denominaríamos la forma, hispánica de
crítica, y, por supuesto, no me refiero aquí a su verdadero
trabajo, etc.
vida.
Sabemos sobre todo que cuando le papel, que los censores conocen poco, sino a sus manifesta­
Los pueblos, como los individuos, se
llega el turno a cada orador, cien fotó­ ciones públicas, a sus ceremonias. En
encuentran
a veces en situación angus­
realidad,
los
hombres
que
se
consagran
grafos toman instantáneas, que los
tiosa y al borde del aniquilamiento.
proyectores lanzan torrentes de luz so­ a esos divertimientos solemnes saben
En tan apretada coyuntura hay quienes
Colaboran
bre las tribunas, que los cineastas ha­ perfectamente que no comprometen los
se
dejan morir, o se dejan estar, y lo
intereses
esenciales
de
la
humanidad.
en e s t e n ú m e r o
cen uso de sus manubrios y que los
que sigue es vida inerte y sin afán, sin
aparatos de radio, dispuestos en los La mayoría de estos hombres han tra­
puesto en el mundo de los altos valo­
GEORGES DUHAMEL
buenos lugares, captan las más peque­ bajado largamente en la soledad, para
res. Nadie entonces labra el manjar
AMERICO CASTRO
ñas frases de las personas eminentes la mayor gloria de la ciencia o de las
que no perece. Pero hay ocasiones en
letras. Si llega a suceder que ceden
convidadas a esos torneos oratorios.
CORPUS BARGA
que los pueblos se yerguen, forman el
el academismo, lo que no es laudable ni
ROGER BASTIDE
Me cautiva enormemente la elo­ necesario, es una flaqueza venial. Y si
propósito de seguir existiendo a todo
cuencia, pero llego a preguntarme si es
ANTONIO SCHM1TZ
trance, se crean horizontes alentadores
(C
ontinúa
página
2.)
posible trabajar seriamente er. ese.. at­
GASTON BERTRAND
mósfera de feria dominical... Iba a
C. P. SONDESEGUSE
escribir en esa atmósfera de match de
E. V. COWDRY
box, pero me acordé oportunamente
LORD DUNSANY
que nunca tuve el delicado placer de
JULIO RINALDINI
asistir a un match de box. No, no creo
que sea posible hacer nada serio y efi­
CEORGE SINCLAIR
caz en esa luz anormal y deformante
JEAN QUEVAL
bajo cuya influencia cada hombre
NORMAN NICHOLSON
—aunque fuera un santo— está obli­
JAIME PAHISSA
gado a pensar en su personaje mucho
J. MORA GUARNIDO
más que en su mensaje.
JESUALDO
Por consecuencia, no fundo ninguna
S. CRITH
esperanza en las deliberaciones de esas
M. VILLEGAS LOPEZ
solemnes asambleas que son las misas y
les oficios de nuestras malhadadas so­
GONZALEZ CARBALHO
ciedades modernas. Me atreveré a aña­
ESTELA CANTO
dir que no creo en lo que se llama los
Una página de ciencia, por
trabajos de las asambleas o de los con­
JOSE OTERO ESPASANDIN
gresos. Un congreso puede escuchar
Una página de modas, por
leer un informe y pronunciarse útil­
FRANCISCO JAUMANDREU
mente sobre él por voto escrito, sobre
Ajedrez, por el profesor
todo si los asistentes tuvieron previa co­
FRANCISCO BENKÓ
municación del texto que se está leyen­
Reportajes gráficos. Crítica de
do. Pero sostengo que, en el orden inte­
libros. Crítica de cine. Humor.
lectual —y hacer una ley, redactar un
Teatro.
Rascacielos.
G e o rg e t D u h a m e l.
tratado, tomar una decisión, supone
(Véase Arquitectura, página 7.)
con todo diversas operaciones inte­

OS periódicos, que saben todo —lo

U

I

Epfe,
■fjm

Goya.

La m aja desnuda.

(Véase páginas 12 y 13.)

y sueñan con un futuro de eternidad.
Mas lo conseguido en tan críticas cir­
cunstancias es tan decisivo y eficaz
que acaba por fijarse en un tipo de
acciones, las cuales, a fuerza de repe­
tirse, labran un cauce a la vida, tanto
más hondo cuanto mayores fueren la du­
ración y la intensidad de la situación
vital en que aquellas acciones surgie­
ron. Se crea así una manera de exis­
tir que la tradición prolongada fija en
rasgos tenaces e imborrables.
Concebimos la historia como una bio­
grafía, como una descripción llena de
sentido de una forma de vida valiosa,
en la cual se darán luego unos u otros
valores, aunque, dentro siempre de
unos límites últimos e irrebasables. La
elasticidad de una forma de vida, in­
dividual o colectiva, tiene, en efecto, un
límite, y si nuestra familiaridad con
la vida biografiada es completa, po­
dremos predecir qué tipo de acciones
le será inaccesible. Cierto es que nues­
tro menor conocimiento de la psicolo­
gía existencial de los pueblos hace de­
licado hablar de cuánto tiempo, y cuá­
les circunstancias hacen falta para que
se forje y estabilice un carácter colec­
tivo. Mas, sea como fuere, habrá que
distinguir con cuidado los abstractos
conceptos de cultura y civilización,
de las vidas colectivas cuya forma ex­
presan. Cuando esto se haga, los con­
ceptos de "cultura de Occidente”, o
"latina”, o "eslava”, u "oriental”, resul­
tarán muy inadecuados. Se verá en­
tonces, para citar un ejemplo muy a
titano, nue dentro de esa vaguedad del
"mundo latino”
FVoncin « I t a ­
lia ostentan
distintos, muél
^ ^
secundarias señwjaír^?. Psra Hacerse
inteligible, la historia habrá de con­
vertirse en unidades biografiables.

Aun a riesgo de equivocarse y de ser
muy incompleto hay que entrar en el
existir de quienes vivieron su propia
historia; dentro, no fuera de ella; en la
historia, olvidando el estilo narrativo y
externo de la crónica. Si no "se ve”
previamente la forma en que la vida
ocurre, es inútil intentar narrarla, por­
que el resultado es un anecdotario inde­
finido. Hay que esforzarse por ver, en
unidades.en estructura, de dónde arran­
ca y hacia dónde tiende el vivir. Los
"hechos” no son historia, sino índices o
síntomas de ella. Tal es el motive de la
enorme desproporción entre la mole de
"materiales” acumulados desde el siglo
(C ontinúa página

2.)

�LETR a s
E S P A Ñ A EN SU H I S T O R I A
xvili y los ensayos para dar con sendas un Asín o un García Gómez. Pero he
de sentido en esa selva confusa. Las de decir, con igual honradez, que este
pueriles y alborotadas discusiones acerca libro no ha pretendido allegar nuevas
de si España tuvo o no tuvo Renaci­ noticias sobre nada, sino hacer inteligible,
miento o ciencia, es ejemplo caracterís­ históricamente, la forma única del vivir
tico de tamaña desorientación. Parece español —un vivir que hoy más que nun­
como si España hubiera sido una mu­ ca aprieta ese pobre “átomo del corazón”,
chacha rebelde y holgazana que se negó que dicen mis amigos los árabes.
a ir a la escuela en donde ■'enseñaban”
i Por qué vías salieron a flor de his­
a ser aplicados y buenos renacentistas.
toria tanta eterna maravilla y tanta in­
Enfocada así la realidad del vivir, des­ capacidad para caminar por este mundo?
aparece la abstracción de una España ya En examen de conciencia era inevitable,
dada "intemporalmente” sobre la tierra urgente, y a él consagré estos años ya
ibérica. Creíamos que sobre aquella su­ próximos al ocaso. Resultado de la ma­
puesta España eayó el accidente de la nera en que este libro fué concebido
presencia indeseada de musulmanes (y es su falta de un orden lógico. El mu­
de judíos), y que al marcharse éstos, cho detalle alterna con la intuición del
España (regresó a su eterno ser, des­ conjunto, tal vez en proximidad enojosa.
pués de un enojoso "intermezzo” de Un mismo tema reaparece varias veces,
800 años. No. Cuando hablo ahora de siempre que la situación en que nos ha­
"lo español”, esta noticia ocurre en mi llábamos ofrecía un miradero para nue­
conciencia con un aspecto y una forma vas perspectivas. El propósito no era
cuyo sentido no puedo rastrear con ante­ narrar una historia, sino hacer percepti­
rioridad al año 711. No va a importar­ bles la situación y la forma de existir
nos, por el momento, valorar como bueno el hecho, no mencionarlos por sí mismos.
o malo, lo acaecido desde entonces. De­ Hechos o datos valen como aspectos sig­
searíamos experimentarlo en nuestra vi­ nificativos de algo yacente bajo ellos.
sión histórica, en tal modo que se provea Errado o verdadero, deshilvanado o cohe­
de sentido y se haga inteligible históri­ rente, este libro mira hacia un conjunto,
camente. El sujeto de tal historia, que y por ello rogaría al lector que no falle
incompleta e imperfectamente liemos in­ en contra, antes de pasarlo hasta el final.
He tenido que desdeñar muchos mate­
tentado esbozar, es la entidad humana so­
bre que se basa el proyecto de vivir riales, penosamente recogidos. Por lo de­
y de pervivir, es el “yo” histórico que más lo escrito ahora sobre la Edad Ini­
tomó unas direcciones y renunció a otras, cial (que no Media) de España iba a ser
incompatibles con el curso de su existen­ un breve prólogo a un estudio sobre los
cia. Las voluntades humanas fueron la­ siglos xvi y xvii. Me di cuenta, sin em­
brándose un cauce, precisamente, volun­ bargo, de la falta de sentido, de lo abs­
tarioso, y que ha resultado ser el más tracto de citar términos como Renaci­
peculiar y el más extraño dentro del con­ miento, Contrarreforma y Barroco, tan
junto do los pueblos vecinos. Ni en Occi­ usados por mí, sin ver con nitidez en mi
dente ni en Oriente hay nada análogo a conciencia de qué estaba hablando, o sea,
España, y sus valores (sin que nos inte­ quién fuese la entidad a la que le acon­
rese decir si son superiores o inferiores)
tecía el curioso percance de aparecer, o
son sin duda muy altos y únicos. Ron de no aparecer, como renacentista, barro­
irreductiblemente españoles La Celestina, quista o lo que fuere. Vi mi casi total
Cervantes, Vclázquez, Goya, L'namuno, ignorancia del “sujeto” al cual pudiera
Picasso y Falla. Hay en todos ellos un referir con dignidad intelectual la masa
quid último que es español y nada más. voluminosa de los aconteceres, de las “in­
Todo pueblo posee, por de contado, una fluencias”, de los valores y de los desva­
forma de vida, porque si no no existiría lores. ¿Qué es y cómo es ese “quién” al
ni podríamos mencionarlo inteligiblemen­ cual le pasa vivir tan rica y dramática
te. Pero no todos los pueblos han adqui­ existencia? Supuse entonces que el pro­
rido una dimensión valiosa, universaliza- ceso vital se daba en una entidad histó­
blc y perenne.
rica, humana, integrada por una con­
Sé muy bien que mi obra es incom­ textura cristiano-arábigo-judía, y en la
pleta o imperfecta. He trabajado lejos cual se conjugaban y articulaban (o des­
de las bibliotecas y archivos españoles, articulaban) esas tres formas de existir.
hace muchos años mi morada dilecta. No No eab a, en efecto, ni decir que lo es­
he podido cotejar mis ideas con las de pañol era lo europeo ni que era lo orien­
personas más sabias que yo en hispanis­ tal, y hubo por tanto que idear una es­
mo, y me he servido de traducciones ára­ pecial categoría para hacer el problema
bes, que por excelentes que sean, no reem­ inteligible. El panorama se aclaró enton­
plazan la impresión directa que logran ces muy gratamente. La idea servía.

{ l 'iV’ir

de página

1.)

Santiago apareció de golpe como un antiMahoma; el Arcipreste de Hita, como
un mudéjar adaptador de Ibn Hazm; la
Inquisición, como una ciega y feroz
exaspe ración de la desesperación judaica;
la ausencia de poesía lírica entre los
siglos xi y x iii , como una reacción de­
fensiva contra la sensualidad musulmana;
Castilla, Cataluña y Galicia se colocaron
en su sitio, y aparecían haciendo lo que
era de esperar, etc.
Apretujada entre la embestida islámica
y la ambiciosa presión de Francia, Cas­
tilla desarrolló una existencia de enérgico
y hábil esgrimidor, ducho en ataques y
en paradas. El menester de existir bajo
la amenaza de la más alta civilización
existente en el mundo entre los siglos IX
y xi, llevó a Castilla a delegar en los
moros y judíos que sometía, el trato con
las cosas, las técnicas y lo que requiriera
detenerse a pensar. Moros y judíos pa­
saron a ser castas subyugadas, desdeña­
das, utilizadas como indispensables y, en
ocasiones, admiradas e imitadas muy de
cerca.
De este modo empiezan a salimos las
cuentas. Seguramente el panorama es in­
completo, y puede haber pn él de menos
y de más. Pero me atrevo a pensar que
el panorama, peor o mejor enfocado, es
así y no puede ser de otro modo.
En diversos lugares de este libro agra­
dezco las noticias y datos con que me han
favorecido algunos amigos. Especialmen­
te he de agradecer a mi colega Philip
K. H itti la paciencia con que ha sopor­
tado las preguntas de un mal conocedor
del árabe, y el haberme permitido usar
liberalmente la biblioteca de nuestro Ge­
minarlo Oriental.
Princetou li uiversit y, 1946.
(1) Fragm entos del prólogo al libro, de
próxim a aparición, España en su Historia.
Copyright hy Editorial Losada.

SOBRE LA ELOCUENCIA . . .
(V ien e de página

1.)

se mezcla la publicidad, con todo su apa­
rato de sunlights y micrófonos, esto no
hace mal a nadie. Es un juego gratuito.
Nada semejante cuando se trata de ali­
mentar a un continente, de dar una cons­
titución a un gran pueblo, de asegurar la
salvación del mundo. Son negocios y
asuntos serios a los que habría que reser­
varles el silencio, la discreción, los largos
trabajos previos, los beneficios del retiro
y de la meditación.
París, noviembre (le 1946. (Servicio de
Inter-Prensa.)

FT ARTF F&gt;T EUROPA NO ES UNA HERENCIA
EXPRESION DE LA VOLUNTAD
D E C L A R A C I O N E S DE A N D R E M A L R A U X
Malracx, ex ministro de Información, ha dado una conferencia en
la Sorbona, titulada: "Arte y Cultura”.
La conferencia ferina parte de un ciclo
organizado por la UNESCO y le per­
mitió a Malraux tratar del humanismo
europeo a través del arte en general y de
la pintura en particular.
El orador demostró cómo Europa era
el único continente en el cual la pintura
es un arte de perpetuo porvenir y parte
integral de su propio genio.
Al tratar luego de pintura moderna, el
autor de "La condición humana” tomó
como base de su afirmación la obra
de dos artistas que considera como polos
magnéticos de este arte: Manet, que pri­
mero de todo rompió con la visión obje­
tiva, y Picasso, exponiendo que el doble
j4 ndiíé

SUMARIO DEL NUMERO 4
DOS NUEVAS ANTOLOGÍAS POÉTICAS,
de Torre. "M on
F aust ”, oe P aul Valéry, por Frail­
éis Ambriére. L'na lectura de L ’A i GLON, por Luis Santullano. Oda f i ­
nal a unas estatuas , por Ricardo
E. Molinari. E ntrevista con J orge
L uis B orges, por Estela Canto.
S alvador de M adariaga, por Mora
Guarnido. T ao-T e ii -K inc , por Ana
M. Berry. S pilimbergo y V ictorica,
por Romualdo Brughetti. E scuela y
capillas , por Roger Bastide. S amiri , por Fernando Diez de Medina.
D elfines o toninas , por M. Salinas
Alvarez. Los ojos df.l mañana, por
J . Otero Espasandín. N oche de
sombras, por Carmen de Alonso.
Charles D ullin , por Edouard Iíelsey. S entido moderno dei. melodra­
ma , por León Mirlas. A rauco espf.
ra su elegía , por José Boseh Bousquet. Rowena , por William Hughes.
L a industria británica de la relo­
jería , por R. A. Wecks. L a belleza
y EL sentido práctico, por lla rry
Trethowan. DlÁi-OGO de las comadres
de E fbso , por Daniel Devoto. Cómo
F alla imaginó L a At i .ántida, por
Jaime Paliissa. J ean C octkac, por
René Massat. E l teatro en P arís ,
por Marcel Thibaut. A ndré G ibe
en cine , por Jean Tédesco. C ríti ­
ca literaria , por González Carhalho.
U na página de modas, por Juumandreu. A jedrez , por Francisco Benko. E xposiciones de arte. M úsica .
Cin e . T eatro. Crónicas. H umor.
Caricaturas. Correspondencia de
F rancia , I nglaterra y E stados
U nidos, etc.
Este número incluye, im presa aliar­
te, la L ámina N 9 4, que representa
el cuadro de C laudio Monet " Gira­

por G u ille rm o

soles" .

fundamento de la fuerza occidental era
la voluntad de la conciencia, la voluntad
manifiesta.
Hablando de las amenazas que pesan
sobre Europa, el orador recordó que no
era la primera vez que Europa estaba en
peligro, desde el tiempo de ías grandes
invasiones, y que lo que estaba en juego
no eran solamente sus valores espiritua­
les, sino también su existencia pura y
simple.
—Hay humanismo posible, pero es un
humanismo trágico — declaró Malraux,
agregando que a cada uno de nosotros
nos pertenece conseguir los medios de
hacerlo.
El ex ministro insistió en el hecho de­
que el humanismo es independiente de
toda noción política, que solamente podía
deformar su contenido. Grandes aplau­
sos resonaron al final de la conferencia
desde todos los puntos del inmenso anfiteatio, que resultó chico para contener a
todos los admiradores del gran novelista.
Y ninguna frase podía llegar más hondo
en el corazón de Malraux que la pronun­
ciada por el Dr. Huxley en la sesión
general de la UNESCO, en agradeci­
miento a su colaboración: "En ninguna
parte, más que en París, hubiéramos po-

"'D espués de la liberación de Francia el
Comité de Escritores y Artistas acordó
considerar separados de la comunidad in­
telectual a aquellos de sus miembros que
habían colaborado con el enemigo o que
habían escrito en publicaciones contro­
ladas de hecho por ¡os alemanes. Entre
los escritores sometidos a esta medida
figuraban: Chardonne, T h c riv e , Jean
Giono, Alphonse de Chateaubriant, Paul
Fort, Picrre Ilamp, Fabre Luce, Edmond
Jaloux, Picrre Benoit. Roger Vercel, La
Varcne, Maree! Avine y otros de menor
importancia. Entre los artistas: Vlaminck,
Segonzac, Rotand Oudot, Bouchard, Landowski, Derain y otros.
Poco a poco, casi todos ellos vuelven a
la actividad. Fabre-Luce edita sus obras
en Suiza, que después son difundidas
en Francia más o menos clandestina­
mente; Mac-Orland, Marcel Aymé, Sa­
cha Guitry, La Verene y Roger Vercel
acaban de publicar obras en Francia; se
anuncia la próxima aparición de un libro
de Pierre Benoit, y recientemente la se­
ñora Bidault, esposa del presidente del
Consejo de Ministros y presidente del
Comité Nacional de la Resistencia, ha
ofrecido en el festival de Caniles, como
premio, un cuadro de Ottn Crios/, uno
de los artistas más comprometidos en la
colaboración con los alemanes.

•"Después del gran éxito obtenido por la
Exposición del Libro norteamericano, ac­
tualmente se celebra en los salones de la
Biblioteca Nacional la Exposición del Li­
bro suizo, organizada por el grupo pro­
fesional de editores y libreros. Figuran
en la misma 2.000 títulos de libros,
revistas y periódicos: 1.200 en francés,
800 en aiemán y 150 en italiano.
• " P o r tercera vez desde su fundación se
ha inaugurado el Salón de los Surindependientes, en el Parque de Exposiciones
de la Puerta de Versalles. La sala pri­
mera exhibe obras de los surrealistas, en­
tre los que se destacan principalmente
Domínguez, Delanglade, Roger Brielle, Picabia y Germaine Durbecq. En las otras
salas hay obras de Beaudin, MendesFrance, Dallfard, Mauriee Cloud, Rimbert, Gilbert Pajot, Fernand Well y bas­
tantes más, hasta un centenar de artistas
diferentes. Pero tampoco puede decirse
que esta Exposición ofrezca un conjunto
de verdadero interés, ni que se revele
fuertemente la personalidad de ninguno
de los expositores.
*** La Academia Francesa ha elegido los
sucesores de Abel Hermant y de Joseph
de Pesquidoux. Etienne Glison, especia­
lista de la filosofía medieval, ha sido
elegido para sustituir al primero y Mau­
ricio Genevoix, conocido novelista, ocu­
pará el sitio de J. de Pesquidoux.
**’En la "Maison de l’Amérique Latine”,
de la Avenida de lena, se celebra actual­
mente la Exposición de "A rts Americanas’.’
donde se nos ofrecen algunas muestras
de la pintura, del arte popular y de la
fotografía de Argentina, Uruguay y Chi­
le. A pesar de que la Exposición se ce­
lebra bajo los auspicios de las más altas
personalidades francesas de la política, de
la literatura y del arte en general, no
puede decirse que esta Exposición, la pri­
mera de arte latinoamericano celebrada en
Francia desde 1939, ofrezca a los visi­
tantes un verdadero conjunto del gran
desarrollo adquirido por el arte en estos
países.
.
Puede considerarse esta Exposición solo
como una muestra muy limitada de la
producción artística de algunos pintores,
cuya contemplación servirá para despertar
aun más el interés do los aficionados
franceses por la actividad artística de los
países americanos. La mayor atención de
¡a crítica se fcs or.centrrdo c-n torno a
ia tela de Figari, a las dos de 1 orres
García y a las de Norali Borges, Ortiz de
Zarate, Barradas, del Prete, Pareja, Soldi y Rivello. El cuadro de Pacenza,
"Paisaje de Caracas”, ha merecido tam­
bién ei elogio de la crítica y ha sido el
preferido para su reproducción en los
periódicos como típico del nuevo arte la­
tinoamericano.
, ,
Hablando de la Exposición, el critico
Pierre Descargues ha resumido así su opiuión: "Cada uno de los artistas está de­
masiado poco representado para que se
pueda hablar acertadamente de su obra.
El conjunto de los cuadros atestigua por
lo menos un arte vivo, muy vivo, ya bas­
tante notablemente original a pesar de su
juventud.” Es decir, la crítica francesa
no se ha pronunciado de una manera de­
finitiva ante esta presentación tan limi­
tada del nuevo arte latinoamericano.
La Exposición ofrece también esplén­
didas fotografías de G. Freund, de un
especial gusto artístico, y que tienen toda
la fuerza y belleza di1 la naturaleza a r­
gentina y de sus costumbres. Algunas
muestras de arte popular chileno comple­
tan la Exposición.
y
C H IL E

Antlré Malraux..
dido escuchar una conferencia como la
que nos dió Malraux sobre "El Arte y la
Cultura” . ..
París. (A. P. P.)

CORRESPONDENCIA
F R A N C IA

fué encarcelado y su editorial sometida a
intervención judicial. Desde su salida de
prisión, Grasset viene realizando todas
las gestiones a su alcance para volver a
tomar posesión de su empresa. Ante este
peligro, los escritores franceses han creído
necesario dirigirse a la opinión y al Go­
bierno para denunciar el hecho y tratar
de impedirlo.

La mayoría de los periódicos se eleva
contra el hecho de que se olvide tan rá­
pidamente el pasado; pero Fruí, cois Mauriac y Georges Duhamel se han encargado
de asumir su defensa desde las columnas
de "Le Figaro”.
""Sacha Guitry ha partido para los Es­
tados Unidos, según se dice para repre­
sentar allí sus obras. Los escritores fran­
ceses han creído necesario especificar su
opinión sobre dicho viaje en un comuni­
cado publicado por la Unión Nacional de
Intelectuales, y que dice así: "La Unión
Nacional de Intelectuales, amante del
buen nombre de Francia en el extranjero,
eleva la más enérgica protesta contra la
eventual presencia en América de un per­
sonaje que se lia comprometido escanda­
losamente en la colaboración y que no
puede representar en nada la cultura y
la opinión francesas cerca del público de
la gran nación amiga.”
'• ‘Al propio tiempo los escritores fran
ceses lian elevado una enérgica protesta
contra la posibilidad de que Bernard
Grasset vuelva a tomar la dirección de
su editorial. Durante la ocupación de
Francia, el conocido escritor y editor ha­
bía hecho causa común con los alemanes
y se había convertido casi en su editor
oficial en lengua francesa. Inmediata­
mente después de la liberación, Grasset

*** P.rposiciones---- Entre las numerosas
exposiciones del mes se destaca la de Arte
Brasileño Contemporáneo, celebrada en las
salas del Museo de Bellas Artes. Cándido
Portinari, figura de relieve continental,
está mal representado, aun cuando las tres
obras enviadas den idea del vigor creador
del maestro. Clovis Graciano nos ofrece
en su diversidad temática una obra pene­
trada de plenitud y de madurez. Levi, por
el contrario, más unilateral, sigue los pa­
sos de un superrealismo que recuerda en
extremo el estilo ilalidiano. Bonadei, Udler, Charoux, Leontina Franco y Flavio
de Carvallo practican una filosofía pic­
tórica en la que se exalta, a veces con
impulso desmesurado y desagradable, lo
patético. C.-imarco es brioso, José de Pau­
la, constructivo, y en Joaquín Tenreiro
una emoción sencilla nimba sus paisajes.
-** Salón Xacional, 1916.— El certamen
anual de la Sociedad Nacional de Bellas
Artes no supone sobre los anteriores sa­
lones una evolución en lo que a la calidad
de las obras se refiere. Muchos de los
envíos están por debajo de un módulo
imprescindible para enfrentarse a la esti­
mación del público y de la crítica. Entre
los expositores debemos citar a Matilde
Pérez, Isi Coris, Armando Lira, Byron Gigoux, Aristodcmo Lattanzi (li.) y Pablo
Vidor.
*** Otras exposiciones. — En la Sala Sé­
neca ha expuesto un conjunto de óleos y
acuarelas la pintora Chela Lira. En su
obra destacaba el instinto y el impulso
cromático .sobre el rigor técnico. En la
Galería del Pacífico expusieron los licr
■nanos Rojas Gatica una serie de apuntes
y bocetos de viajes. En estas estampas
se advierte la sensibilidad &lt;le estos dos
artistas para captar lo fundamental de las
cosas. Algunas acuarelas rápidas son
obras de cierta alcurnia estética. En la
Sala del Banco de Chile expuso el pintor
Donato Román.
" * Conferencias. — En el Salón de Ho­
nor de la Universidad dió fin a su curso

N U E S T R O P R O X IM O

NUM ERO

P.l p r ó x i m o n ú i i n r o d e C a b a l g a t a será
p u e s t o a l a c i n t a &lt;1 m a r t e s 4 4 ilel c o ­
r r ie n te .
l ) r a c u e r d o r o n lo a n u n c ia d o r n r l
m e r o a n t e r i o r , p o r r a z o n e s d e d is tr ib u c ió n
p a r a (¡ue a lo s p a i/u e te r o s n o s e l , s j n , j '
te n c a r ia s r e v i s t a s a la le e C aiialcata
s a lt e l s e g u n d o y c u a r to m a r t e s 6 , cn,l„
m e s. C o n s e n tí a s i s ii c a r á c te r q u in c e n a l
g a n a n d o e n c a m b io u n a s fa c ilid a d e s ,/,!
d i s t r i b u c i ó n q u e r e d u n d a r á n rn b e n e fic ia
(le la m e j o r d i f u s i ó n d e la r e v is ta .

de cuatro conferencias sobre Goya, con
motivo del bieentenario del pintor, el orí.
tico español Antonio R. Romera.
ESTA D O S

U N I I) O s

***La revista "Time” de los Estados Uni.
dos ha tenido la "humorada’ de publicar
algunos extractos de los informes redac­
tados por distintos periodistas que acaban
do visitar Europa.
Tres son los informes reproducidos v
pertenecen a Paul Hutehinson, director
de Christian Centurv, a Reinhohl Xie.
bulir, importante teólogo protestante do
los Estados Unidos, y a Winthrop Sargeant, periodista especializado en cues­
tiones culturales.
Para el primero, Europa está en banca­
rrota, política y espiritualmonte, y, según
su opinión, padece de un mal incurable.
Este enfoque puede titularse "La muerto
de Europa”.
P ara Xiebuhr, Europa tiene todavía
oportunidad de revivir, y, en su opinión,
depende de la política de los Estados
Unidos evitar el peligro de una guerra
entre oriente y occidente. Este informe
puede llevar por título "La esperanza do
Europa”.
W.
Sargcant buscó y encontró en Eu­
ropa muestras evidentes de vida en las
artes, una gran vitalidad intelectual en
Alemania, una salud mental sorprendente
en los intelectuales y artistas de Italia
a pesar de la devastación material e in­
cluso moral. Este es el informe (le "La
vida de Europa’’.
*»* En el suplemento de T h e X e w Y o r k
correspondiente al 13 de octubre
pasado, se reproduce a cuarto de página
un dibujo de nuestro colaborador Luis
Seoane, perteneciente a su libro "Home­
naje a la Torre de Hércules”, editado por
Nova. En el mismo suplemento Harvev
Breit da la noticia de que en dicho mes
se celebra en la librería I’ierpont Mor­
gan, de Nueva York, la exposición (le
trescientos libros ilustrados, impresos en­
tre los años 1935-1945 y proc.ornt; - (le
T im e s ,

j

uó » Ó a o -'tn -, &gt;•;! o.uiKiG Dfl! '.“ G.

Estos fueron seivcviviudos entre mil que
habían sido considerados los mejor ilus­
trados y diagramados del mundo, por el
jurado del Instituto Americano de Artes
Gráficas. Por lo tanto, el "Homenaje a
la Torre dq Hércules” ha sido conside­
rado por dicho Instituto, como uno de
los trescientos libros mejor ilustrados en
dicho período.
BU EN O S

A IR E S

•** Waldo Frnnk ha escrito reciente­
mente un juicio sobre "Uno y el Uni­
verso”, de Ernesto Sábato. Entre otras
cosas, dice: "Sospecho que es una obra
literaria más importante de lo que el
autor se imagina. Para empezar con la
finalidad, es una obra de arte. Uno no
ha avanzado mucho en el T e m a r i o , cuan­
do ya ha verificado que los temas tienen
unidad y que su variedad y libertad —su
delicioso casualismo— se estructuran en
un organismo de atmósfera, movimiento,
personalidad. La razón es, naturalmente,
que un temperamento unificado y contro­
lado maneja cada asunto y lo adapta en
un todo sin forzarlo. Desde luego, contri­
buye la prosa. Es una prosa soberbia.
No sé de ninguna otra que sea compa­
rable, excepto la del admirable Borges.
Y, naturalmente, el resultado sería un
mero diseño externo, no orgánico, si lio
hubiera una s u b s t a n c i a tan sólida, tan au­
téntica, tan viviente.”

R egistro d e P ro p ied ad In te le c tu al N° 216.844
R e d a c c i ó n , D i r e c c i ó n . A d m i n i s t r a c i ó n . F u b l ic i d a d
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* 1 a c h a r la c o n d i c i ó n q u e n o se u t i l i c e .

IMPRESO EN ARGENTINA

&gt;P*ÍNT* AMOÍ*' ^
/

�■ ■ m w m bw w —

LETRAS
estado de paso en París el escritor
soviético Elias Ehremburg. Tuvo que
abandonar la capital de Francia al co­
mienzo de la guerra. H abitaba en ella
desde antes de la guerra anterior, la prinera de estas guerras universales que es­
tamos viviendo en el siglo xx. Allá por
el invierno de 1914, en el frío cuarto de
un hotel de Montparnasse, él y yo tra ­
tábamos de traducirnos mutuamente los
místicos españoles y los simbolistas rusos
del Cristo, el trineo y las nieves. En aque­
llos trabajos lingüísticos, Ehremburg
aprendió por lo menos cuatro palabras
en castellano, que luego ha aumentado,
hasta llegar a poseer un rico vocabulario,
en sus viajes por España; yo aprendí dos
palabras rusas, de las que sólo recuerdo
una: "baba”. Ehremburg se dejaba aquel
invierno la melena lacia que le correspon­
día como poeta ruso en el destierro, y le
abrigaba.
En el fondo, era ya un ciudadano de
París, capital entonces de todos los ciuda­
danos inadaptados y refractarios del mun­
do. A París venían a divertirse los extran­
jeros, pero los ciudadanos del mundo ve­
nían todavía como habían venido Heine
y Bakunin, a quedarse, o no venían. Los
españoles, siempre a retropelo, no venía­
mos a quedarnos aunque abandonásemos
nuestra patria saliendo de estampía. Las
metas capitales de nuestros viajes eran
Londres, Berlín o Nueva York. Estába»
mos en contra del prestigio fácil de P a­
rís y el bulevar. Mas la ley de la ciuda­
danía universal que regía en las colinas
al margen del Sena, igual que antes en
el país latino, nos acogía a nuestro pesar,
y se ha dado el caso de quien, cual yo,
vino a ellas dispuesto a detenerse unos
siete días y se ha quedado, salvo las ausen­
cias de movilidad, siete lustros.
Los franceses, ahora que lo han perdi­
do, calculan la fuerza radiante que les
proporcionaban sus barrios de concentra­
ción, en los que vivían sueltos los indesea­
bles de todas las anfractuosidades del pla­
neta, reunidos allí por atracción natural.
Los campos de concentración alemanes
han realizado después la misma idea, pero
con designio contrario: han reunido, no
por atracción, sino por presión, no a los
indeseables sino a los conquistados, es de­
cir, a los deseados, y no para aprove­
charse, sino para privarse de ellos. La
estupidez de los alemanes de ahora ha
sido tan "grande como la inteligencia de
los franceses de antes.
Sea cualquiera su origen, un hombre
que habita una ciudad durante treinta
años, es más habitante de la misma que
un nativo de veinte. Con su autoridad de
antiguo ciudadano de París, Ehremburg,
q&gt;*3 acaba de visitar la Nueva Europa y
los Estados Unidos de América, me ha di­
cho en un inmutable restaurante a orillas
del río, enfrente del Louvre:
—Pensaba encontrar a Francia más
cambiada; París no ha variado.

H

a

CORPUS

rra puede provocar en una ciudad destruc­
ciones invisibles y paralizaciones disimu­
ladas que incluso pueden darle vigor. Por
ejemplo: ahora en París hay mucho vaivén
de viajeros de todo el mundo; podría de­
cirse que no ha variado el internaciona­
lismo de París. Sin embargo, la variación
está precisamente en que sea un vaivén.
Los escritores rusos o americanos, los ne­
gociantes americanos o levantinos, vienen
hoy aquí para irse, no para quedarse o es­
tablecerse. La capital de Francia, que era
una ciudad centrípeta, se ha convertido

género en el que los france­
Sisesexistesonunmaestros,
es el del análisis
de las relaciones entre la literatura y el
sentimiento religioso, ya se trate de des­
cubrir, a través de los libros, los movi­
mientos de la vida mística, como Henri
Brémond en su Historia literaria ríe! sen­
timiento religiosa, o de examinar, por el
contrario, la influencia de la literatura
de las pasiones en los estremecimientos
místicos, como Sainte-Bcuve en su Par!Poyal. Esta brillante tradición no ha
muerto; no necesito más pruebas, para
sostener el aserto, que algunos libros re­
cientes lanzados por las ediciones La
Colombe que acaban de llegar a América
del Sur.
Cuando Pierrc Leproelion intenta resu­
citar, ante nosotros, a ese genio de la
libertad que se llamó San Francisco de
Asís, tiene mucho cuidado de ligar la
religión del amor perfecto al arte de los
trovadores. Pues es lo cierto que se regis­
tra un comercio incesante entre el amor
cortés de los poetas meridionales y el
amor divino de los místicos latinos. Por
lo demás, se podrían mostrar iguales in­
fluencias líricas en los franciscanos de la
Renania medieval.
Pero el tejido sin costura queda des­
garrado. La reforma protestante estalla.
Raoul .Stéphan nos brinda la más objetiva
de las historias de la reforma francesa, la
más llena de amor cristiano. Pero este

BARGA

( Especial para C abalgata.)

del fascismo que ofrecía restaurarla en ca­
pital de imperio, aunque fuese de cartón
piedra. Con una u otra consecuencia, se
dejará sentir en París el cambio de mira
que el mundo le manifiesta. Las ciudades,
con mayor facilidad que las personas, son
lo que otros quieren de ellas más que lo
que ellas quieren ser para los otros. Obe­
decen a nuevas utilidades y pierden lo in­
servible. Se adaptan al medio internacio­
nal, las cosmópolis. Se rigen por leyes
planetarias. Y registran, en su trivial cró­
nica de sucesos, la desaparición miste­

en 1910, la Avenida de los Campos Elí­
seos —hoy lugar común de oficinas, cines,
bares, bazares y bancos, el bulevar del si­
glo xx, sin el espíritu ni las proporciones
del anterior— subía señoreándose entre
hoteles de reinas destronadas y de corte­
sanas históricas. Desde los jardines de la
infancia del tiempo perdido de Proust
hasta el Arco del Triunfo, no se atrevía
a mostrarse a su paso más escaparate que
uno, en una esquina de la Plaza de la
Estrella, que encerraba ensu inmensa caja
de cristal, una joya de otro mundo: un

Vista aérea del emplazamiento que ocupó Montmartre.
en una ciudad de paso, ni siquiera de pa­
seo o turismo. Se parece a Roma, después
de la guerra de 1914, de la que me decía
entonces un romano, apoyado con despre­
cio en la piedra de una basílica:
—La ciudad eterna es una estación de
ferrocarril.
Tal condición no fué ajena al espejuelo

*

—París siempre es el mismo —me ha re­
petido otro de los supervivientes de los
barrios de concentración de París, una an­
tigua irlandesa de Montparnasse, norteamericanizada durante la guerra.
-—En estos años que he pasado en Amé­
rica —ha añadido— he visto más cambios
de casas y calles en cualquier otra ciudad
que encuentro en París a mi vuelta.
No me extrañan estas observaciones:
yo mismo, después de muchos años, he
vuelto últimamente a Londres, y, compa­
rada con la capital de Francia, la de
Inglaterra me ha parecido fija, anticuada,
perdiendo calorías por sus chimeneas, con
su confort vetusto y usado como las buta­
cas de sus trenes, aunque más de un lon­
dinense dió por supuesto que no recono­
cería a la ciudad. Reconocí todo lo que
había conocido, menos los que hallaba en
ruinas. Pero no dudo que Londres como
París, Europa la Vieja, ha variado.
Una guerra no suele infundir a una ciu­
dad más vida artificial. Si no la destruye,
la paraliza. Es cierto. Aun más: la gue­

© cabalgata

VARIACIONES PARISIENSES
POR

La iglesia románica de San Germán de
los Prados, enfrente de la cual se halla
el café de "Deux Magots”.

riosa de las personas y la destrucción in­
visible de los ámbitos.
»
En el bulevar d" Jíontparriasse pregun­
tan con razón
Dónde está Montparnas­
se?”, los viajeros que no lo ven y desean
verlo precisamente porque no lo necesitan
para nada, ni venían a vivir en él, como
tampoco van a vivir ni necesitan para nada
las torres de Notre-Dame y las visitan.
Pero a las torres las encuentran, no sólo a
ellas, sino a la vista que se ve desde ellas.
Son una seguridad para el turista. Mont­
parnasse es una inquietud: la de ultra­
tumba. ¿Dónde está Montparnasse? El úl­
timo barrio parisiense de concentración
figura en la lista de los desaparecidos.
Durante los años que he vivido en P a­
rís han desaparecido por lo menos, el Ba­
rrio Latino, los Bulevares, Montmartro.
las fortificaciones y la ciudad que verda­
deramente constituía la colonia argentina.
Han tenido lugar desplazamientos inter­
nos, mutaciones y defunciones íntimas:
ha fallecido el famoso pasaje de !a Ope­
ra ; ha habido mudanza de los Bulevares
a los Campos Elíseos, para lo cual hubo
que abrir el bulevar que lleva el nombre
de Haussmann, el célebre prefecto del
-Srba que, a su vez, abrió el canal a P a ­
rís durante el Segundo Imperio. París,
en esta variación, ha continuado fiel al
urbanismo astrológico de las grandes ciu­
dades que les hace desplazarse de oriente
a occidente, como el sol y las emigraciones
humanas.
Cuando vine por primera vez a París.

automóvil modelo. Los escaparates de la
avenida eran ambulantes y no estaban
en las aceras, iban por el medio; eran los
milores forrados de raso donde se lucían
las "(lemi-mondaines” de lujo.
¿Pero dónde está Montparnasse? Entre

Orillas del Sena.

CRITICA LITERARIA Y CRITICA RELIGIOSA
po r

R O G E R

(Especial para

B A S T I D E

C a b a l g a t a .)

tante. ¡Qué error! Una sangre ardiente
corría por las venas de esos viejos fran­
ceses y estallaba en músicas violentas,
como en L e s tr a p iq u e s de Agrippa d’Aubigné o en grandes sinfonías musicales,
como S e m a in e de Du Bartas. Se ha criti­
cado frecuentemente a este último; Raoul
Stéphan muestra cuánto tienen de injustos
esos ataques; ciertos versos recuerdan
los conjuros de Péguy:
L a n u i t c s t c e lle -ld q u i c ita r m e n o s t r a v a u x .
E n s c v e lit

nos

s o in s ,

donne

tr e v e

a

nos

[ matiz
La

n u it

cst

c e llc -ld

qui

de

ses

a ile s

[so m b res
S u r le m o n d e m u c t f a i t a v e c q u e s le s o m [ b res
D é g o u t t e r le s ile n c e . . .

historiador no olvida que es, ante todo,
un novelista, un amante de las letras.
Por eso introduce en su último libro,
L'Epopée huguenotc, cierto número de ca­
pítulos en los que estudia, con mueha su­
tileza, la influencia del protestantismo en
la lírica y en la formación de la prosa
clásica. Se habla de la frialdad protes­

(Es aquella la noche, que nuestro trá ­
fago encanta — Nuestro cuidado entierra
y da tregua a los males — Es aquella la
noche, cuyas alas de sombra — Hacen con
las tinieblas, sobre el mudo universo —
Gotear el silencio.. .)
Todas estas páginas de Stéphan entre­

—

Sainte-Beuve, por Demarquay.
cruzan la crítica religiosa con la crítica
literaria y deben situarse en la gran tra ­
dición 'francesa de Sainte-Bcuve y del
abate Henri Brémond.
L ’Epopée huguenotc termina en víspe­
ras de la Revolución Francesa, evocando la
guerra de los "Camisards”, en los Cevennes quemados por el sol, cuando los campe­

los turistas que hemos dejado perplejos
en el bulevar de ese nombre, no falta
quien se dé una palmada en la frente y
exclame: "¡Ah, me había olvidado que
me dijeron que Montparnasse está ahora
en San Germán de los Prados!” Y des­
ciende al bulevar San Germán y se
siente en el Flora o en los Dos Monigotes
de la China, que, dentro de las horas re
glamentarias, uno de estos dos cafés se
halla abierto, cuando no se hallan abier­
tos los dos. En los Chinos podrá en­
contrar todavía superrea listas. En el
Flora no encontrará a los filósofos y
literatos J. P. Sartre y Simone de Beauvoir, que han dado su más reciente lustre
a este lugar, ya de antiguo político y
literario.
En él conocí a un curioso republicano
español, de la primera República, que
pasó casi toda su vida política en el des
tierro y que nunca se hubiera querido lla­
mar exilado: don Nicolás Estévanez. Este
ministro de la guerra del gobierno de Pí
y Margal!, tenía el espíritu federal de
los de Pí con cédula de oncena clase. No
fué ministro más que nueve días porque
otro republicano que pretendía serlo le
hizo una interpelación acusándole de haber
pedido su retiro de coronel en plena gue­
rra, ante el enemigo. Estévanez contestó
que era verdad y que no debía ser mi­
nistro. Había en efecto pedido su retiro
en Cuba durante la primera sublevación
de esta isla, porque el capitán general ha­
bía hecho fusilar a unos estudiantes de La
Habana.
Era canario y de una naturaleza es­
pléndida. Viejo, fracasado, cegato de tra ­
ducir para el editor Garbier, no daba
muestras de abatimiento ni desilusión.
Por su trato parecía un hombre de vida
optimista. Todo lo transformaba en risa.
De la emigración sacaba las ocurrencias
más graciosas. Contaba, por ejemplo, que
un emigrado español vivió una temporada
de ofrecer su paternidad en los juzgados,
hasta que le detuvieron porque en un
mes había tenido quince hijos, y le dije­
ron que exageraba. Refería que la pri­
mera vez que le invitaron a comer en una
casa francesa de la pequeña burguesía, le
chocó y le sedujo el derroche de fruta
magnífica que se ofrecía en el medio
de la mesa. La comida no respondió a lo
que anunciaba el postre, y cuando llegó
la hora muy esperada de la fruta, la se­
ñora de casa se levantó, retiró los platos
de la magnífica y los sustituyó por otro
con fruta modesta. La buena se alquilaba
como las flores, para que sirviera de
adorno.
*

Sartre y madame de Beauvoir no fre­
cuentan ya el café al que siguen acudien­
do republicanos españoles eqiigrados. Los
discutidos autores franceses van a trocafé al bar í.ubter
de
mo donde murió otro m.
español, lo contrario de Estévanez: el ge­
neral Primo de Rivera. Pero si aceptamos
la hipótesis de que el Flora y los Chinos
de San Germán son la Rotonda y el Domo
de Montparnasse, es decir que Montpar­
nasse está ahora en San Germán, no po­
demos negarnos a aceptar también que en
Montparnasse estaba Montmartre. que
desapareció con la otra guerra. Y a su
vez, que en Montmartre se refugió el Ba­
rrio Latino, que desapareció antes. La
variación de los barrios de concentración
de París, sería entonces pendular. De la
colina de Santa Genoveva, en la orilla
izquierna del Sena, a la de Mártires, en
la derecha. De ésta, atravesando de nuevo
el río, al Monte Parnaso, más alto que la
colina de Santa Genoveva. Y del Monte
Parnaso otra bajada hacia el río pero sin
atravesarlo, deteniéndose en los prados de
San Germán. Después de haber lograd:'
su oscilación máxima en Montparnasse,
el péndulo se dispondría a pararse.
Ha llegado el momento de escribir las
memorias de esas babeles por donde han
pasado tantos hombres de habla española.
París, septiembre.
sinos profetas hablaban como los cristia­
nos de la iglesia primitiva, en lenguas
desconocidas. Ultimo fuego de las guerras
religiosas, antes del gran brasero de la
Revolución.
Pero aquel siglo xvm, en sus postri­
merías, vió aparecer otras formas místi­
cas: un curioso ocultismo que ha ejercido
su influencia, más allá de la Revolución,
hasta el romanticismo francés. Se suele
creer que espíritus tan lógicos y teócra­
tas como Joseph de Maistre, han escapa­
do a esa corriente ocultista. Puen bien;
no. La masonería era entonces un movi­
miento religioso, al que iban a refugiarse
muchas almas místicas. Las ediciones de
La Colombe reeditan el Joseph de Mais­
tre místico de Emile Dermenghem, un
libro que hizo mucho ruido hace unos
años. En él aparece el autor de las Soirées ile St. Pctcrsbourg, el maestro de la
contra-revolución, como se le ha llamado,
a una luz nueva, curiosa, y los documentos
prueban que la imagen es verídica.
La guerra del 40 ha despertado en
Francia el sentimiento religioso; los li­
bros que tratan problemas místicos tie­
nen un gran éxito actualmente. Las edi­
ciones a que nos referimos se agitaron
en pocas semanas. Pero el francés conser­
va siempre, cuando analiza las oleadas de
la fe o las sacudidas afectivas, sus hábi­
tos de análisis, de sutileza que son sus
cualidades maestras.

�CRONICAS

cabalgata©
USUNA vez dijo Picasso que lo que hace
, más falta es entusiasmo. Daba desde
A
luego, por supuestos, la dedicación, el tra ­

L U Z E N LA S O M B R A

bajo diario, el esfuerzo que exige el ofi­
cio. Y, claro, la vocación.
Juanita Sujo es de un entusiasmo plu­
ral, un manojo de entusiasmos disparado
en difícil aire del teatro hispanoameri­
cano. La firme disciplina alemana no
alteró su espontaneidad inesperada. Los
largos estudios, los ensayos inacabables
no agotaron su capacidad cordial, su chis­
pa de conversadora sonriente, ágil, lúcida.
Y, lo más estimable de todo, su valentía:
no le teme a las palabras que se prohíben
las damas cultas, bondad, ilusión, ternura,
que dichas por ella recuperan su fuerza
evidente y saltan a su cima por encima de
toda blandura, superiores al peligro del
azucareo posible. Y dejémosla a ella con
nuestros lectores.
—¿Se le ha vuelto fantasma alguno de
los personajes representados por usted?
¿ Se le apareció en sueños o la preocupó
hasta tal punto que "habló con él” al mar­
gen de la escena?
—Buena pregunta: creo que no sólo
se me aparecieron en "sueños” o me pre­
ocuparon mi personajes, sino que todos
se me han ido haciendo un poco carne,
y de ahí los violentísimos debates, ya no
diálogos, que suelo escuchar dentro de mí.
—i Qué cosa la perturba más, cuál le
cuesta más esfuerzo, al pasar de la "rea­
lidad” a las tablas?
—Desde luego: pensar en la vuelta a la
realidad.
—i Qué anécdota de su vida de act riz
recuerda más?
—La primera que me indicó que lo se­
ría : al recitar en público por primera vez
a los cuatro años, fué tal la emoción,
mezcla de placer y susto, que guardé ocho
días de cama.
—{Cuál es el peor enemigo de una ac­
triz en nuestro teatro?
— El ciudadano que reniegue del mismo.
—¿Cree usted que es fundamental que
el papel que se ha de representar coincida
con el propio carácter?
—Creo que en un principio, lo funda­
mental es hacer coincidir nuestro carácter
con el del papel a representar. Más tarde
en la selección ya un tanto definitiva, se
engaña menos si el papel puede coincidir
con nuestro carácter.
—Aparte del teatro, i qué cosa la atrae
más en la vida?
— Aparte del teatro, me sigue atrayen­
do toda otra manifestación de arte: em­
pezando por la vida.
—De todos "los ideales” que la llevaron
al teatro, ¿cuál es el que se mantiene con
más fuerza y constancia, animándola en
su vocación?
—Cuando pienso en el bálsamo que ha
sido para mí en tantísimos pésimos mo­
mentos, una obra artística, siento que lo
que más me anima de verdad a seguir,
es la esperanza de significar con mi po­
sible obra, lo mismo para otros.
—i Qué teme más en escena?
— Lo mismo que en la vida. Per arra •
■ni comennetraciÓT»u acerca úe nuestra
muchísimos casos no dicen
todo lo que saben, y que en muchísimos
otros, se empeñan en decir lo que no sa­
ben. Habiendo raras excepciones.
—¿Qué actriz, actor, director, esce­
nógrafo, prefiere usted?

N toda Sudamérica es conocida la
Imprenta López, dirigida desde hace
muchos años por el hijo del fundador, que
se hizo impresor siguiendo, junto al pa­
dre, uno a uno los procesos del arte de
imprimir. De ahí vienen el amor y la capa­
cidad que pone al frente de la gran em­
presa don José M. López Soto, verdadero
impresor de libros, en cuya especialización invirtió sus mejores esfuerzos y los
colaboradores más hábiles y eficaces. Por
eso sus opiniones sobre los distintos pro­
blemas del libro, hechas especialmente
para los lectores de Cabalgata, tienen
la prestigiosa orientación que dan la expe­
riencia y el fervor.
—¿Cuáles son los problemas más ur­
gentes que debe enfocar la industria del
libro?
—Antes que resolver problemas, conside­
ro que lo más importante es unificar
criterios.
En realidad es lamentable que en la ac­
tualidad aun no se hayan podido estable­
cer conceptos y normas que den bases de
solidez permanente a nuestra industria
editorial.
—¿Teme usted por el futuro de la in­
dustria editorial argentina?
—Por el contrario, tengo plena confian­
za: sin embargo, es indispensable que
todos los que de una u otra forma par­
ticipan de esta industria, comprendan que
aquellas circunstancias muy especiales por
cierto que favorecieron y permitieron el
desarrollo rápido y progresivo de esta in­
dustria, han desaparecido.
Hoy la industria editorial argentina
debe prepararse para resistir y poder so­
portar la competencia extranjera que ló­
gica e inevitablemente debemos enfrentar.
Nada podrá desplazar al libro argentino
si llegamos a crear una sola conciencia,
lia conciencia de la colectividad editorial
para mantener el prestigio universal que
el libro argentino ha conquistado, por su
calidad literaria, por su presentación grá­
fica y por su precio.
—¿Cómo considera usted posible llegar
a crear esa conciencia?
__Ante todo es necesario que se com­
prenda que la industria editorial no es
patrimonio exclusivo de los editores. El
editor es, aunque muy importante, sólo
una parte de esta industria que se com­
plementa en primer término eon el escri­
tor, fuente creadora que hace posible el
libro; sigue el editor, nervio propulsor y
difusor de esa creación, y el impresor, que
da forma de libro al manuscrito y lo
transforma en múltiples ejemplares; si­
gue luego el distribuidor y finalmente el
lib:ero, factores indispensables e impor­

E

—Que siguiera hasta que la muerte nos
la llevase.
„ ..
—¿Quiere darme algunos datos poli­
ciales” : edad, estado, marcas, idiomas,
viajes, formación, etc.?
—Los datos policiales: qué aburridos.
¿Por qué no inventa? Edad: la mejor.
Estado: el único bueno. Idiomas: el del
corazón. Formación: voluntad, voluntad j
más voluntad.
A última hora, cuando ya está en m a­
quina este número, nos llega la noticia
de que Juanita Sujo ha recibido una in­
vitación del estado peruano para actuar
en la próxima temporada oficial como
primera actriz de la Compañía Nacional
de Comedias.
En la misma compañía oficial, cuya la­
bor en los últimos tiempos es una de las
más importantes de la América Latina,
colaboran el primer actor Edmundo Bar­
bero, y el decorador Santiago Ontañón,
figuras destacadas del teatro hispanoame­
ricano, de recordada actuación en Buenos
Aires junto a Margarita Xirgú.
No sabemos aún si Juanita Sujo acep­
tará la oferta, quizás la primera que un
gobierno americano hace a una actriz
nuestra. Pero no dudamos que su pacíente y apasionada labor en la escena la
hizo merecedora de tal distinción. Con
su aporte, el Teatro Nacional de Come­
dias de Lima conseguiría un valor indis­
cutible de nuestro teatro, que, junto a
las figuras que actualmente lo animan,
contribuiría en gran medida a la brillantez
de su próxima temporada.

LAS EDICIONES
EN F R A N C IA
L os *'Cahicrs Froncáis d ’I n f ormation” publican interesantes datos sobre
los problemas editoriales en Francia,
que tratarem os de resum ir a continua­
ción.

internacionales.

sería?

. O e Pue&lt;Je hablar de una crisis de la
ó
edición francesa, de su alcance y del
tiempo que se necesitará para salvarla?
Puede comprobarse que nunca ha sido
mayor la penuria de libros. En la actua­
lidad es punto menos que imposible pro­
curarse cualquier obra clásica sin acudir
a las librerías de viejo y todavía en ellas
el asunto no es fácil. Imposible también
hallar los autores modernos que antes de
la guerra hacían grandes tiradas que se
han agotado y no se han podido repetir.
Hay también una gran penuria de libros
escolares, de enseñanza superior y de obras
técnicas. En las librerías solamente se
encuentran novedades y a precios prohibi­
tivos.
Esta es la situación. ¿Se podrá mejo­
rar pronto?
Las dificultades con que se tropieza son
numerosas, además de la falta de papel:
falta de energín eiéfrrie». carestía ue Í2
mano de obra y aumento ae ios gastos
de fabricación. Las dificultades m ateria­
les retardan mucho la producción; en la
actualidad se necesitan seis Ineses para
sacar un libro. En relación con esto, los
precios de los libros han alcanzado aumen­
tos impresionantes. Una novela de dimen­
siones medianas se vende de 100 a 150
francos, es decir, de cinco a seis veces el
precio de antes de la guerra. Las princi­
pales causas del encarecimiento están en
ia limitación do las tiradas por la carestía
del papel. Solamente aumentando las tira-

ENTREVISTA CON
D o n J o sé M . L ó p ez Soto
tantísimos de cuya acción depende en gran
parte que el libro se venda normalmente.
Por consiguiente, todos estos elementos
que en realidad forman la industria edi­
torial ddben unirse para defender- esa in­
dustria que es patrimonio de todos y de
cuyo mayor desarrollo todos saldrán be­
neficiados.
Es un error pretender que los editores
progresen si los impresores no partici­
pan también de ese progreso. Lo mismo
ocurre si los distribuidores y los libreros
no encaran eon la debida preocupación
el problema de la venta: terminarían por
agotar toda posibilidad de nuevas edicio­
nes y por consiguiente toda posibilidad de
ventas.
—¿Qué opina usted del criterio editorial
de nuestro país?
—Excelente. Salvo raras excepciones, los
editores argentinos, por sí o por la eficaz
colaboración de su cuerpo de asesores,
tienen muy buen criterio para editar. Es
que en nuestro país existen ya editoriales
que son verdaderas instituciones, con pla­
nes estudiados y bien estructurados que
no dejan nada librado a la improvisación,
publicando obras de valor permanente que
representan un gran aporte para la cul­
tura en general.
—¿Cree usted que la industria gráfica
argentina responde o responderá a las ne­
cesidades de las editoriales?
—Antes de contestar a la pregunta per­
mítaseme hacer una aclaración: la in­
dustria gráfica argentina tuvo una parti­
cipación decisiva en la creación de la in­
dustria editorial. Sin el aporte técnico
y decidido que prestó la industria grá­
fica, el libro argentino no hubiera nunca
alcanzado el prestigio de que hoy goza.
Prueba evidente de ello es que en otros
paíse3 de América, donde la industria
gráfica no había alcanzado el grado de
desarrollo técnico de la nuestra, la indus­
tria editorial no fué posible en la medida
que lo ha sido la nuestra. Y debemos con­
venir que no ha sido ni por falta de
intelectuales, ni por falta de editores, ni
por falta de capitales.
Ahora bien, contestando a la pregunta,
debo decir que la industria gráfica no so­
lamente está preparada para responder
a las necesidades editoriales sino que ade­
más está identificada espiritualmente con
esa actividad.
Los auténticos impresores de libros que

existen en nuestro país, no son tan sólo
industriales con criterio estrictamente co­
mercial, sino que también tienen un alto
concepto de su misión y sienten al unísono
con el escritor, editor y librero verdadera
emoción por cada libro que sale de sus
prensas.
Esos auténticos impresores de libros
necesitan, como es lógico, el apoyo y la
colaboración de los editores, acicate in­
dispensable para mantener latentes el en­
tusiasmo y la colaboración decidida y
siempre ascendente para toda actividad
y necesidad editorial.
—¿Considera usted que los mercados de
libros están saturados por exceso de pro­
ducción?
— No. Los buenos libros jamás satu­
ran, por el contrario, son siempre espera­
dos con ansiedad. Lo indispensable es
que la aparición de esos buenos títulos
llegue a conocimiento del público, lo que
en la mayoría de las veces no ocurre en
la medida necesaria.
—¿A quiénes atribuye usted la respon­
sabilidad de que eso ocurra?
—La responsabilidad es colectiva, y
puedo asegurar que con bastante frecuen­
cia se tiene la impresión como si todo
el mundo se hubiera confabulado para
hacer desaparecer de la vista y del cono­
cimiento del público un buen libro recién
aparecido.
En realidad esa aparente saturación no
indica la imposibilidad de mayor ad­
quisición de parte del público, sino la
indiferencia y manifiesta apatía de los
interesados en el negocio editorial.
El distribuidor con argumentos más o
menos fundados, no ha podido encarar
y resolver integralmente el problema de la
distribución, aunque debemos reconocer
que en los últimos tiempos ha debido so­
portar toda clase de inconvenientes ajenos
a su voluntad y muy difíciles de superar.
Sin embargo, el problema existe y hay
que resolverlo. El librero, salvo excep­
ciones, no acoge el libro con el entusiasmo
que debía hacerlo.
Esta política perjudica en primer té r­
mino al editor, pero también se perjudica
el mismo librero, pues en muchísimas
oportunidades pierde ventas pór falta de
determinado título solicitado por el cliente.
Si algunos libreros llevaran una estadís­
tica que registrara las ventas perdidas por

carecer de determinados títulos, con segu­
ridad que cambiarían de criterio.
No pretendo hacer recaer toda la res­
ponsabilidad sobre los libreros: comprendo
que ellos también tengan sus dificultades y
sus problemas, pero si se desea la pros­
peridad de la industria editorial es ne­
cesario que todos colaboremos.
El periodismo también debe prestar de­
cidido apoyo. Debe dar a la crítica lite­
raria toda la importancia que ésta merece.
Si la industria editorial necesita más pá­
ginas de información bibliográfica, el pe­
riodismo debería brindarlas.
No es posible aceptar que todo el peso
de la financiación gravite sobre el editor.
Considero que la misión de éste debería
terminar con la edición de la obra; sin
embargo, así como están planteadas las
cosas, éste debe financiar la edición, con
todos los enormes gastos que trae apare­
jada la misma, y sobre todo ello tiene
a su exclusivo cargo la publicidad, muy
costosa por cierto, la distribución, la ven­
ta al librero y la preocupación constante
y personal para que sus obras se difun
dan, se conozcan, se exhiban. Esta res­
ponsabilidad por lo menos en lo que res­
pecta a la publicidad, crítica, difusión,
exhibición y ventas, es necesario que esté
más repartida entre los mismos intere­
sados.
Indiscutiblemente toda esta acción de
conjunto no puede dejarse librada exclu­
sivamente a la iniciativa particular, pero
con el apoyo do la Cámara Argentina del
Libro, de la Sociedad Argentina de Escri­
tores y la Asociación de Industriales G rá­
ficos, todas entidades de gran prestigio
no cabe duda que se obtendrán resultados
positivos.

das podrían abatirse los precios p
aumentarlas se necesitaría poder
de unos itocks de papel que no
Se ha comprobado que la cifra do í
tores en Francia ha aumentado' con.is
rablementc en los tiempos de la ocuna 7
llegando a superar a la de los ticimA
anteriores a la guerra, y no sólo
u
novelas y obras de imaginación, 8¡no 0hr
serias (historia, filosofía, etc.). Al i
ver a la normalidad esa tendencia ha t
pozado con grandes dificultades espedí'
mente explicadas por las situaciones / '
nómicas difíciles.
Copiamos literalmente de la infor
eión de la que obtenemos estos dat *
"Se discute mucho sobre la cuestión T
editar los libros franceses en el extr **
jero. ¿Nos deberemos entender provi»?
nalmente con nuestros competidores? i°
producción industrial se opone y en ^
parece estar en su papel, puesto que*'3
tra ta también de defender los inter W
de los productores franceses y de todo**!
personal adscripto a la labor editorial y*
hemos publicado anteriormente una com *
nicación de M. Duhamel a la Acoden/
pidiendo que, en lugar de editar libr'!¡
en el extranjero, se nos procuren las /
ferias primas necesarias, papel y carbón
para que podamos enviar a los mercados
nuestra propia producción y editar no
otros mismos nuestros libros.”

DISCOS
P o r JO R G E D ’ URBANO
V /- a son m uchos los años que han pasado H
1 de que Igor S traw insky declarara, fn !*esfuerzo de buena voluntad hacia lo que en es!»
momento se tenia como la últim a palabra de T
técnica, que el disco es el m ás útil instrumenté
para la tra n sm isió n del pensam iento de los maci.
tros de la m úsica actual. En aquellos tiempo»
fueron m uchos ios hombres de oficio que
re sistían a e n treg arse a las peligrosas facilid^
des y a los encantos de la nueva máquina qUf
según ellos, s*uponía la desintegración de U
personalidad y el m ás terrib le intento de coartar
el libre albedrío. Con esto el disco no hacia sino
cum plir el oculto destino de todas las máqui­
n a s: que se las suponga en principio por debajo
de lo hum ano y luego se las utilice por encima
de lo humano.
E-s obvio y escasam ente plausible discutir en la
actualidad si el disco es un legitimo elemento
de c u ltu ra . Por el esfuerzo combinado del favor
popuiar y de los intereses de las grandes compa.ñias (dos seguros factores de éxito), el disco
es ya un necesario instrum ento para una discreta educación m usical. No son pocos los que
opinan que una c u ltu ra musical puede hacerse
exclusivam ente con grabaciones (error en que
caen los que suponen ingenuam ente que una cul­
tu ra cualquiera puede hacerse con alqo exclusivam entc). O tros piensan que un método de gran
eficac a para no llegar a ser un buen músico
es escuchar discos con pro fu sió n . E ntre uno y
otro extrem o se sitú a el medio de equilibrio
form ado por la m ayor p arte de los aficionados y
profesionales que encuentran en el disco la fórm uía ideal para conocer nueva música poco
frecuentada por los in té rp rete s, o conocer nuevos
¡n t¿rp re te s a veces poco frecuentados por la
música.
Ki disco es m últiple y m últiples son sus in­
fluencias. Yo confieso que así como prefiero
unn buena reproducción a un cuadro mediocre.
¿-reí ro sin duda un buen d'sco a un mal
concierto. En v e d a d n ■ consigue una grabación
re g istra r esa m .sicr:
mági-* corr
que une en el concierto ai públ-co con el artiM-.
El disco ha term inado con la contingencia en ia
in te rp reta c ió n m usical como el cinematÓTrafo term inó con la contingencia m la interpretación
dra m á tic a, pero de esta aparente rigidez nace
una de sus más estupendas posibilidades: la
de volver a escuchar c u an tas veces lo deseemos
el mismo trozo de una obra y ei mismo pasaje
de una in terp retació n . U nase a esta virtud la
otra muy tra sce n d e n te de docum ento de voces
y sonidos y la eficacia pedagógica que se le
reconoce, y el disco, como el libro (que se le
a delantó quinientos a ñ o s) y el cinc se nos apprecen como los tre s g randes “captadores” de!
pensam iento y de «os sentidos del hombre (el
«lia que inventem os una m áquina que nos guarde
los perfum es, las sensaciones táctiles y las del
gusto se h ab rá cerrado el círcu lo ).
E stas crón-cas serán escritas pensando en
aquel grupo num eroso de los que encuentran
en e! disco un in term ed iario de elevada categoría . un ay u d an te solicito y discreto para cuitiv a r su propia a fin id a d con el arte de los
sonidos y que p o r 1 lo tanto desean saber qué
es lo que se g rab a y m uy especialmente cómo
*e graba.
H e.fetz, haciendo gala de una absoluta desap re n sió n en m a t.ria de repertorio, 1ha grabado
el “ L argo al factótum ” de El Barbero (Colurubia 263760 de 30 c m .), en un arreglo para
violín y piano de C astelnuovo-Tedesco. Desafor­
tunad'*. idea realizada de m anera magistral. Hcifetz pasa por sobre las dificultades más horren­
das con donaire y hasta con una cierta cínica
despreocupación que constituye lo mejor dtl
d seo. Esto no invalida que desde un punto de
vista m usical ej intento aparezca poco ffiiz
y de dudoso buen gusto. H orow itz le sigue los
pasos con un famoso álbum que V íctor acaba de
editar en nuestro país (V íc to r D M -100!, 6 faces
de 30# cm .) y en el que logra re u n ir tres obras
increíbles: “ D anza m acab ra” de Saint-Saens, en
un arreg io del propio H orow itz; Variaciones
f.°.bre vl ^ a ria “ I.a R icordanza” de Czerny y
D um ka” de Tchaikovsky. Si algo faltaba para
c o n firm ar la presunción que los discófilos tienen
sobre la prodigiosa técnica d e este hombre
que ha sabido sobreponerse a la tremenda con­
dición de yerno de Toscanini, este álbum viene
a co n stitu irse en prueba. No se puede hacer más
y m ejor con diez dedos. P a ra los que gustan
de las dem ostraciones de mecanism o estos discos
constituyen un inapreciable documento y les re­
comiendo oigan con p a rtic u la r atención ia ter­
cera variación de C zerny. I.a grabación peca
de brillantez pues se sum a a la lograda por los
técnicos de la V ícto r la afición de Horowitz
por e je cu ta r en pianos afin ad o s en ese timbre.
Con muy buen juicio se hace saber en la pre­
sentación del álbum que las obras que ei mismo
contiene han sido reunidas al solo efecto de
poner en evidencia )a capacidad técnica del
intérprete. P a ra que nadie pueda sospechar un
inten to de definición estética.
E n m úsica sinfónica las novedades más im­
p o rtantes del mes de noviem bre han sido
ediciones de “ F.l m a r” , de Debussy, grabado
P °r A rth u r Rodzinsky con la Sinfónica de Cle­
veland (C olum hia A lbum C 191, 6 faces do
30 cm.) y la P rim tra S in fo n ía en si bemol
m ayor “ I.a P rim a v e ra ” de Schum ann, registrada
p e r esa m aravilla de la ciencia orquestal &lt;lue
es la S in fó n ica de Boston dirigida por el sien»p re dinám ico Serge K oussevitzky (V íctor !&gt;&gt;•
655, 8 faces de 30 cm .).
De la primera de
estas
obras existen
dos célebres versiones
an te rio re s d irigidas por Piero Cóppola y S*
K oussevitzky respectivam ente. Esta que sale al
m ercado hoy, sin hacer olvidar las anteriores»
m antiene una excelente calidad de interpretación,
y Kodzinskv se esfuerza por detallar todos los
m atices y las sutilezas de esta obra sú&gt;:u'*r
y e x tra o rd in a ria . La grabación es mejor que jo
que aquí se estila y registra minuciosamente a
com plicada tra m a orquestal con una tendencia &gt;
los tim bres severos y s«n superficialidad que es
de gran m érito.
La S in fo n ía N? 1 de Schum ann. llena de
buen ánim o y am orosam ente influida por el
verbo ríe M endelssohn, ei am :go ddecto, abre
v a sta s perspectivas a la com prensión de la tra­
yectoria trág ica de la producción sch unían mana.
El segundo m ovim iento es «le una gran belleza.
La grabación de K oussevitzky está regida l*&gt;r
esc im petuoso y dinám ico espíritu que lo ca­
racteriza y que en esta obra encuentra el mejor
de los cam pos para explayarse. Algunos solos
(u n o «le &lt;»b»e y otro d** c larin ete) son de calidad
inm ejorable, y en general el registro ha sido
llevado con pulcra atención.

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�___________ CRONICAS_______________E cabalgata
U N A REVELACION SENSACIONAL PARA EL MUNDO ARTISTICO

La RONDA DE NOCHE, la famosa obra maestra de REMBRANDT,
no es ronda de NOCHE sino de DIA
por
«««
c»»u&gt;
ato
a n t o n io

s c h m it z

de atravesar toda una larga

da por el humo de las luces de la Sala cia al barniz, sino de quitar las capas Mertens puso manos a la obra. Pro­
de la Corporación de los Arcabuceros sucesivas de barniz con objeto de en­ cedió mediante tanteos y con extrema
para donde fué encargada y donde ha­ contrar de nuevo el cqlor dado por minuciosidad, buscando, para cada to­
campo de acción, en este momento, de bían tenido lugar numerosísimos ban­ Rembrandt a su tela.
no, el ácido apropiado para disolver
los pintores que se entregan en ellas quetes. Entonces se creyó un buen
Los primeros ensayos de limpieza el barniz sin correr el riesgo de atacar
a un revoque general, llegamos ante medio de limpiarla el darle por varias fueron realizados, al principio, sobre el color.
una puertecilla de hierro provista de veces una capa de
Trabajando con
un grueso candado. Detrás de dicha barniz. S e g u id a ­
pinceles finísimos
plancha de seguridad, el restaurador mente el lienzo
y muñequillas de
jefe del Museo, profesor Mertens, tra­ fué trasladado al
algodón, el restau­
baja desde hace nueve meses en una Ayuntamiento de
rador ha renovado
empresa apasionante: hacer surgir de Amsterdam, donde
completamente la
la sombra la obra maestra de Rem­ fué desventurada­
obra de R em ­
brandt, la célebre "Ronda de noche’’. mente cortado en
brandt. La limpie­
za ha permitido
La puerta se abre y vemos, frente su lado izquierdo.
realizar toda suer­
por frente a nosotros y a plena luz, En el siglo xix se
al capitán Banning Cock y al teniente hicieron diferentes
te de d e s c u b ri­
mientos y revelado
Rujtenburg, el uno vestido de negro ensayos para de­
v el otro cubierto con una deslumbra­ volverle su trans­
detalles hasta aho­
dora túnica de satén blanco bordada parencia al barniz
ra in a d v e rtid o s .
en amarillo, que avanzan a nuestro en­ mediante un proce­
Los colores que se
cuentro seguidos de cerca por la mul­ dimiento entonces
e x tin g u ía n bajo
titud bulliciosa y rebosante de anima­ muy en boga, con­
una atmósféra do­
ción de la tropa de arcabuceros que los sistente en endu­
rada han recobra­
escolta. Son, es cierto, ios personajes recer la tela con
do su o rig in a l
de la "Ronda de noche” : a la derecha bálsamo de Copaifrescor. Ciertos ar­
el tambor que redobla su parche, en ba. La "Ronda de
tistas y c rític o s
el centro el grupo que agita las lan­ noche” sufrió va­
h o lan d eses han
zas, el portaestandarte y esa reidora rias veces seme­
protestado ardien­
temente contra los
muchaehita perdida entre la turba de ja n te tratamiento.
soldados. Pero la penumbra que los Era indudable que
trabajos de limpie­
za, a los que con­
envolvía ha desaparecido y con ella el les devolvía una
sideran como un
misterio de aquella luz dorada sobre la cierta luminosidad
a te n ta d o dirigido
que, desde hace siglos, aficionados y a los colores, pero
eontra la obra en
críticos han escrito páginas de elogio como el bálsamo
sí. La dorada pe­
y maravilla, sin llegar jamás a com­ no secaba, el polvo
numbra que envol­
prender por qué Rembrandt, para y los insectos que­
vía la obra y que
pintar un cuadro de género, de tema daban pegados a la
se debía, sin géne­
bastante trivial, había escogido una tela. El resultado
ro alguno de duda,
hora tan tardía y singular.
de semejantes cui­
al espesor del bar­
Antes de colocar en su sitio la fa­ dados fué un enniz, ¿ debía con­
mosa tela escondida durante la guerra s o m b rec im ien t o
s e rv a rs e ? No es
en una gruta de los alrededores de aun mayor de la
ésa nuestra creen­
Maestrich, los expertos holandeses de­ pintura que de he­
cia después de ha­
cidieron someterla a una limpieza com­ cho no hacía sino
ber podido medir
pleta. La atmósfera penumbrosa de la apagarse bajo una
con nuestro propio
"Ronda de noche” había seducido a capa cada vez más
dedo el extraordi­
muchos aficionados y profanos como espesa de grasa.
nario espesor de la
Claudel que habló de "ese oro ateso­
Los trabajos de
capa de barniz. Es
rado en los más profundos entresijos restauración f u e ­
fácil igualmente el
del espíritu’’. Pero la erítica y el gran ron así confiados
convencerse de la
público lamentaban por igual esa pin­ al profesor Mertura sombría que se ensombrece por tcns, al serv ic io DfciMIe de i» "Uor.-V de Noche”. La franja oscura, vertical, que recubre la extraordinaria su­
momentos. Para más, cuando la "Ron­ desde años atrás parte izquierda de la figura del Teniente Rujtenburg, desde el final del ciedad que cubría
que aun no ha sido limpiada.
la tela con sólo ver
da de noche” fué sacada de su escon­ del Museo de Ams­ antebrazo hasta el suelo, es una parte del
los m o n to n es de
dite se advirtió que, si la tela seguía terdam y a quien
en este estado, la espesa capa de barniz se le agregó, como consejero adjunto, diferentes partes del cuadro. Dieron muñequillas de algodón, compietailiéiité
de que se hallaba cubierta terminaría el conservador Van Sehendel. Ambos lugar a tales sorpresas que no quedó la negras, que se apilan en el estudio del
por atacar los colores y arruinar de­ hombres se vieron enfrentados con una menor duda ni lugar de vacilación: era profesor Mertens.
finitivamente la totalidad de la obra. tarea enloquecedoramente aventurada : necesario sacar a la obra maestra de
Ya no es posible el volver a hablar
A comienzos del siglo xvm, ya se no se trataba, efectivamente, de rege­ su ganga de barniz. Con ayuda de pro­ de una "Ronda de noche” y la tela,
quejaron de la insuficiente luminosi­ nerar el cuadro, procedimiento éste cedimientos en los que se alian el ol­ tal como se muestra al presente, ha
dad del cuadro de Rembrandt. La tela consistente en someterle a vapores al­ fato del artista con los recursos de la perdido el fundido y la dulzura que
había sido, indudablemente, perjudica­ cohólicos que devuelven su transparen­ ciencia más adelantada, el profesor ofrecía antes de su limpieza. Pero, ¿hay
ras

T serie de grandes salas vacías del
famoso Rijksmuseum de Amsterdam,

La diestra pintora declara que si
imita a los maestros modernos, lo
hace pára probar que, aunque
pintora clásica, es capaz de hacer
lo que ellos . . .

N importante caso de falsificación
de pinturas ha sido descubierto
recientemente. Ello dió lugar al arres­
to de una joven pintora de Montmartre, Claude Latour, descendiente del
gran pastelista de la corte de los últi­
mos Luises y tan hábil imitadora de los
maestros más modernos —Utrillo, P i­
casso, Renoir, Susana Valadon— que
hasta los más duchos expertos se deja­
ron burlar.
Claude Latour llevaba hechos diez
Utrillos. Cada uno de ellos fué ven­
dido por su autora a un marchante en
1.000 francos. El marchante los reven­
dió en un millón. ..

U

Z I Z I L A T O U R , descendiente directa del gran retratista
Q U I N T I N L A T O U R, es una hábilfalsificadora de gran­

des maestros modernos. . .

Por

gastón bertr an d

(Especial para C abalgata.)

parecían productos en serie de una in­ minó por confesar que había robado nombre de la pintora. Una artista de
el cuadro en el establecimiento de su Montmartre, llamada Claude Latour.
dustria francesa más.
—No hay noche —me informa Utri­ cuñado, M. Coste, marchante de pin­
Ciaude Latour tiene a quién salir
llo— en que no venga alguien a mos­ tura de la Rué Lepic.
Claude Latour no es tan joven como
Una investigación efectuada en la
trarme una copia comprada por un
tienda del marchante de "obras de ar- se creyera en un principio. Nació el
original. . .
Y Lucía Valors nos explica a con­ íe ”, si bien no permitió encontrar más 19 de agosto de 1894 en Montgeron.
tinuación el nerviosismo que tan cul­ Utrillos, hizo, en cambio, que se halla- Vive en un modesto apartamiento
—13, Avenue Frop ab le in d u s tr ia
chet—, detrás de la
p ro d u c e en el |
Place Pigalle. Y es­
maestro.
//
-t&amp;r
ta vez no son repro­
—¡ Hay que re­
ducciones, sino sus
En casa de Utrillo
conocer —agrega el
propias creaciones
Este asunto ha venido a turbar la pintor— que ésta
las que dan que
sosegada atmósfera de la tranquila ca­ está p a r t i c u l a r ­
pensar
—¿ d e fo r­
*
e
¿
r
p
m
ente
b
ien
lo
­
sita de Vesinet donde el maestro y su
mación p ro f e s io ­
esposa, Lucía Valors, encontraron un grada !
nal?—, tanto por
Luego hace una
seguro refugio y un ambiente propicio
el tema como por
para su arte.
pausa, visiblemen­
la factura, en obras
Tembloroso el labio y enrojecidos los te emocionado.
conocidas. Envuel­
ojos, Utrillo mide a cortos pasos lo
ta en terciopelo vio­
Cómo fu é descu­
largo de su estudio:
leta, una Judit de
—¡Yo m ism o...! —exclama súbita­ bierto . . .
pecho provocador,
El
arresto
de
un
mente—, ¡Yo mismo, cuando el comi­
muestra la cabeza
sario me trajo la copia del "Lapin a raterillo de pocos
de Holofernes en el
Gilí”, tuve qué acercarme muchísimo años, Jacques Maiconsabido
plato de
rene,
culpable
de
para darme cuenta de la superche­
plata. En frente,
haberle arrebatado
ría. . . !
Julieta-Claude La­
Pero* naturalmente, no es ésta ia una noche su car­
tour ("Zizi” para
primera vez que los falsificadores uti­ tera a una baila­
sus íntimos) se ha
lizan la firma del gran paisajista pa­ rina del Bal Tabaretratado cubierta
risiense para lograr cuantiosas ganan­ rin, fué el punto
con un romántico
cias. El maestro ha pintado, a lo largo de partida para el
vestido de negro
de su vida, unas 3.000 telas. Un censo descubrimiento de
terciopelo sobre el
no demasiado minucioso descubriría, en la fabricación de
puño y letra de Utrillo acerca de esta copia fraudulenta
que se destaca su
todo el mundo, unas 100.000 telas fir­ Utrillos. Al inves­ Observaciones de
del cuadro "Lapin a Gilí”, que pintó en 1940.
blanco ro s tro de
madas por el famoso pintor de Mont- tigar en el domi­
ojos azules: en la
cilio
de
Mairene
martre.
—Rué CKalgrin, 10- se encontró una rail tres falsos Picassos, entre los que mano una flor azul pálido.
Una nueva industria
De aspecto insignificante y rostro
de las más famosas pinturas del maes­ se encontraba la famosa "Cabeza fe­
menina, 1906”.
enfermizo, Claude Latour no parece
La mayoría de tales falsificaciones tro : "Le Lapin a Gilí”.
Coste se disculpó: no le quedaban darse bien cuenta de la gravedad de sus
¿ Cómo podía estar una obra seme­
fué vendida en Norteamérica. La ex­
portación alcanzó tal volumen que el jante en manos de un ladronzuelo...? más Utrillos. Las diez falsificaciones actos incursos en los considerandos de la
Consultado el pintor, su respuesta habían sido rápidamente vendidas jun­ ley del 9 de febrero de 1895 referen­
gobierno estadounidense encaró la po­
to con un Valadon falso.,. Ya no le tes a los fraudes en materia artística.
sibilidad de crear cierto tipo de gabela fué terminante:
El padre de la "artista” era funcio­
—¡Falso...! Pero ¡qué habilidad...! quedaban más que un falso Renoir y un
con que gravar aquellas pinturas que,
Estrechado a preguntas, Mairene ter­ falso Rodin o Maillol... Pero dió el nario de la Imprenta Nacional. Ha vipor su número, más que obras de arte,

w

que lamentar semejante cambio ? Los
colores han recobrado su limpidez, re­
velando tonos que hasta ahora jamás
se vió utilizar a Rembrandt, tales como
un verdeazul preciosísimo, ciertos mal­
vas, grises y un amarillo, casi limón,
de una fuerza de luminosidad inusitada.
Fromentin no podría hoy ya escribir
las largas páginas que nos legó a pro­
pósito de la "Ronda de noche”, negán­
dole, como fin, a Rembrandt, las cua­
lidades de un auténtico colorista. Te­
nemos así que, con referencia a la tú­
nica del teniente Rujtenburg, escribió:
"Desafío a que se me diga cómo va
vestido el teniente y de qué color es
su dalmática. ¿Es blancoamarillenta?
¿Es amarilloblanquecina?” Y Fromen­
tin se lamentaba de la luz irreal de
la "Ronda de noche”.
Hoy ño hay ni por qué lamentarse
ni por qué vacilar. La dalmática del te­
niente es del más puro satén blanco
bordado de amarillo, la pluma de su
chambergo es también del más puro y
leve blanco. La oposición o contraste
entre el blanco del atavío del teniente
Rujtenburg y el negro con que se
viste el capitán Cock es ahora mucho
más fuerte. Ya que si el blanco ha­
bía perdido su luminosidad, el negro
había sufrido un tal deterioro por el
barniz, que también quedó despojado
de toda su profundidad. Entre los per­
sonajes secundarios, el portaestandarte
es uno de los que la limpieza ha des­
tacado más. Ahora puede comprobarse
que se viste con una magnífica túnica
verdeazul. También se advierte la pier­
na de un soldado con su mosquete
detrás del capitán y que con los años
había desaparecido por completo.
Para nosotros, el color redescubierto
es preferible a la desaparecida sombra.
Ya que con la luz ha vuelto la vida sin
por ello romper la armonía general de
la obra ni despojarla de la profundi­
dad de sus perspectivas, sino todo lo
contrario. Al recobrar su primitivo
frescor la obra de Rembrandt ha con­
servado, aun mejor, su unidad de tono.
Cuando dentro de dos o tres meses
queden terminados los trabajos de lim­
pieza, el público se sorprenderá al
comprobar que la "Salida de la Compa­
ñía de Arcabuceros del Capitán Cock”,
que ésa es la auténtica denominación
de ia vieja ÍÍOrN.a de noeñé’’,
Tin
paseo en pleno día en una calle de
Amsterdam, y es posible que prefiera
las bellezas de la nueva "Ronda de
día”, con todo su espléndido color, al
misterio de la desaparecida sombra.
Am sterdam. (Servicio de A. F. P .)

vido siempre en París. Entre sus ante­
pasados, figura, según dicen, el pastelista Quintín Latour, célebre retratista
de Madame Pompadour. Respecto a su
vida no ama ni piensa más que en
París y "sus cosas”.
Fué la compañera del pintor Sala,
su maestro de dibujo. Sala era especia­
lista en restauraciones de cuadros anti­
guos y Claude Latour dividió su tiem­
po entre la pintura y la restauración.
En pintura, su tendencia es clásica.
Pinta unos cincuenta lienzos al año en­
tre retratos y paisajes, que se venden
o no. En desquite, la restauración le
permite vivir. Su oficio, pues, es reto­
car y restaurar obras antiguas que a
continuación eran vendidas a muy buen
precio a los aficionados franceses o ex­
tranjeros. Llegó la guerra. La vida de
la artista se agitó. Comenzaron las.
necesidades.
Claude Latour obedeció a tres móvi­
les :
l 9 Un móvil material: las falsifica­
ciones le eran pagadas a 500 ó 1.000
francos, según el tamaño de la obra
copiada.
2’ Un móvil artístico: Claude La­
tour, pintora clásica, demostraba así su
capacidad de hacer la pintura moderna
tan bien como Utrillo o Picasso.
3’ Un móvil psicológico: venganza
contra el destino, firmando telas pro­
vistas con un nombre glorioso.
Su hija, de 20 años de edad, estu­
diante de dibujo, es invisible. Un enor­
me perro lobo monta guardia en el
estudio, auténtico campo de batalla
donde se amontonan centenares de ca­
chivaches.
-.
Han sido recobrados todos los falsos
Utrillo

Llegada la tarde, un aficionado —de
quien existe toda clase de razones para
creer de buena fe— trae los siete falsos
Utrillo que faltaban:
—Los compré en 200.000 francos a
un tal Dufour.
El tal Dufour también ha sido dete­
nido: era uno de los intermediarios de
Coste, el marchante de cuadros, cuya
¡)ista seguía de tiempo atrás la policía
por otros delitos.
París, (Servicio de Agencia FrancePresse.)

�cabalgata©

TARANTULAS
Y TARANTELAS

desagravio en pro de una de las criaturas
más calumniadas, si no la más calumnia­
da: la Tarántula, así con mayúscula.
Porque no sólo fué y es calumniada por
el vulgo sino también por filósofos. El
caso de Federico Nietzsche es sólo un
botón de muestra, Y sin embargo ver.
a carta que publicamos a continuación,
/ escrita por uno de nuestros colabo­ güenza debiera dar a todos manchar el
radores espontáneos, pone de manifiesto nombre ilustre de esta araña con la baba
lo acertado de nuestra campaña en favor de la insidia. Su nombre procede —no
de los animales injustamente calumnia­ se necesita ser un lince para adivinarlo—
dos. Ojalá el ejemplo cunda entre nues­ de Tarento, la Tera de los griegos y
tros lectores y llegue a ser esta página
de C a b a l g a t a una verdadera tribuna pa­
ra cuantos de una manera o de otra se
sientan interesados por los temas cientí­
ficos. Estimamos nuestro principal de­
ber contaminar de nuestro entusiasmo al
mayor número posible de lectores, y ofre­
cer un medio de expresión a cuantos ten­
gan algo valioso que comunicar a los
demás.
El mapa que acompaña estas líneas
está tomado de la excelente obra del
investigador norteamericano Henry E.
Sigerist recientemente aparecida en cas­
tellano con el título Civilización y enfer­
medad. (Fondo de Cultura Económica.
México.) — A\ de la R.

L

ojos desfilaron caudillos como Pirro, Aní­
bal, el Gran Capitán, etc.
Y sin embargo (como si se tratase de
cualquier oscuro habitante de los desier­
tos de Australia, de las selvas africanas
o brasileñas, con relación al cual se pue­
den hacer afirmaciones gratuitas sin ma­

res de la picadura. Pronto salían otros
enfermos del mismo mal engrosando el
número de los danzarines, pues los efec­
tos de la picadura duraban años a veces
y el dolor se despertaba con la sequía
canicular y sobre todo con las melodías
desenfrenadas de los instrumentos. La
supuesta tarántula no respetaba a nadie,
pero sobre todo se ensañaba con las per­
sonas jóvenes, y de preferencia del bello
sexo, si bien con menor frecuencia picaba
a los viejos también e incluso a los ni­

Señor redactor de la página científica
de Cabalgata.

Muy señor mío:
Me ha sorprendido agradablemente ver
cómo esa revista, para la que todos los
elogios me parecerían pocos, ha iniciado
una campaña de reivindicación de criatu.
ras calumniadas. Estimo que no se nece­
sita sentir arder en las venas gotas de
la sangre del Rey Arturo para aplaudir
esa labor y hasta para secundarla. Por
mi parte siento una santa indignación
cuando oigo declarar a cualquier igno­
rante que el hombre es el Rey de la
Creación; incluso hiere mi susceptibili­
dad eso de luchar contra las fuerzas cie­
gas de la Naturaleza. Pero lo que me
saca de quicio es esa utópica promesa
de que el hombre será feliz el día que
hava logrado someter o exterminar a to­
dos sus enemigos, porque, ¡pásmese us­
ted!, por tales no entienden los políti­
cos, los prestamistas, los banqueros, los
burócratas, los fabricantes de armas, los
propaladorcs de los credos raciales, los
patrioteros insidiosos, los cabecillas del
mercado negro, etc., sino los microbios,
los reptiles, los tiburones, los insectos sin
distinción, las fieras y qué sé yo. Los in­
sensatos peleones que se entretienen en te­
jer en hueca retórica estos sueños de feli­
cidad, no pueden imaginarse, a fuerza de
tontos, que los verdaderos enemigos de la
humanidad, a más de los señalados ineidentalniente, son ellos, su ignorancia, sus
perezas mentales, sus frases hechas...
(Perdone este apasionamiento impropio,
lo reconozco, de una página científica y
hasta de una reunión de personas bien
educadas. Pero . . . tiene uno que oír cada
cosa . . .)
Pero vamos al caso. Yo quisiera, con
su beneplácito, decir unas palabras de

Tarentum de los romanos, donde se esta­
bleció una colonia espartana dirigida por
Falanto, tras haber arrojado de ella a
sus legítimos dueños. (Esto sucedió se­
gún las crónicas o si se prefiere, leyen­
das, a finales del siglo viu a. de C.)
La misma ciudad que dió nombre a la
araña se lo dió también al golfo com­
prendido entre el talón y la punta de la
bota peninsular y sobre el cual se alza­
ron ciudades como Sibaris, Metaponto,
Heracles, etc. ¿Cabe mayor gloria para
un ser de tan parcas dimensiones que
llevar el nombre de una ciudad puesta
por sus fundadores dorios bajo la advo­
cación de uno de los hijos de Poseidón?
Esta araña vió nacer ciudades por obra
de esforzados caudillos y más esforzados
acaudillados, y las vió sucumbir como
consecuencia de los vicios de sus mora­
dores; vió surgir y sucumbir imperios y,
sin inm ‘■arse lo más m'.:"1 c, •-*•
-’

LA CENTOLLA
SE DISFRAZA CON ALGAS
os lectores de esta página tendrán
sobradas ocasiones de ver a qué tre­
I
tas acuden los seres vivos para ponerse
a salvo de sus enemigos, o, si se pre­
fiere para acercarse a sus víctimas favo­
ritas’ sin ser advertidos. Todo depende
de cómo se miren las cosas.
Tal vez el lector reaccione contra
nuestro modo de hablar replicando que
los animales no acuden deliberadamente
a tales tretas, sino que son como piezas
más o menos pasivas del gran tablero
de ajedrez donde la naturaleza o alguien
ñor el estilo se complace en jugar con
una total sangre fría, y que somos
nosotros, los peor intencionados de los
seres vivos, los que por mala intención
«, ignorancia echamos encjma de los seres
más inocentes el sambenito de la perveisidad.
No queremos entrar en polémicas. Nues­
tro hipotético lector puede estar en lo
cierto, porque ¿acaso la cebra, por ejem­
plo, se preocupó de pintar la piel con el
designio de sustraerse de este modo a
las miradas de los leones hambrientos y
de otros no menos voraces vecinos ? Lí­
brenos Dios de decir tal, aunque al ha­
cerlo así, hubiera estado en su perfecto
derecho.
Pero hay un caso mucho más sospe­
choso en lo que a deliberado propósito
se refiere. Y es el de la centolla, un
apetitoso crustáceo marino de las costas
del oeste de Europa y otros puntos, deno­
minado científicamente Maia squinado.
Como los demás crustáceos afines, la cen­
tolla necesita ir cambiando de caparazón
a medida que crece; su vestimenta no
tiene dobleces como los de los colegiales,
que permitan hacerla durar y sobrevivir
a los estirones de la propietaria. Y mien­
tras que no le nace otra nueva hállase
expuesta a peligros sin cuento. Sus ve­
cinos están provistos de tijeras monu­
mentales, de ventosas, taladros, punzones
venenosos. . . y si entre los tales vecinos
incluimos al hombre, como es justo, el
instrumental se complica en proporciones
alai mantés. Por ello la centolla en cuanto
acaba de mudar la ropa entiérrase en el
fango para no asomar cabeza hasta que
el traje nuevo adquiere cierta consisten­
cia. Pero aun así no estaría segura: la
pinza de una langosta, el taladro de un
caracol, las ventosas de una estrella, la
sacudida de un pulpo, etc., harían jirones
su pobre carapacho. Consciente de ello,
y al parecer sin necesidad de rascarse la
cabeza, toma entonces en sus delicadas
pinzas de color de rosa trocitos de algas
y los sujeta a las espinas, todavía tier­
nas que tachonan su coraza. Las algas
-recen pues todo lo que necesitan es un
soporte, y al crecer y ramificarse ocultan

yor inconveniente) la tarántula adquirió
perfiles siniestros en la conciencia de las
gentes, más siniestros que los de cual,
quier monstruo habido y por haber. In ­
contables muertes, locuras, excesos y
hasta vicios inconfesables fueron puestos
a cuenta de su reputación por personas
de todas las clases sociales . . . Durante
muchos siglos, entre la B aja Edad Me­
dia y el siglo xvn, en las ciudades, villo­
rrios y hasta grupos de chozas de Apulia y demás regiones contiguas al golfo
de Tarento, al llegar las sequías y caní­
culas del verano, las gentes sentían de
pronto como una picadura, la picadura
de la tarántula, y enloquecidas se echa­
ban a la calle gritando y bailando y pi­
diendo música con ademanes descompuse
tos. Los músicos estaban siempre a m .1
para tales casos: acudían con
ins­
trumentos y
.aban a tocar, cuanto
más a priia majo., para calmar los dolo-

C IT A S EN
QUE PENSAR
*'*"Los insectos pasan todos los años una
factura contra nuestros recursos natura­
les y nuestra capacidad productora de
3.000.000.000 de dólares aproximadamen­
te.” J&gt; tes A. H yslop . Climate and Man.
1941 Yearbooh o f Agriculture.
Y luego la bendición de que el
verano norteño es corto. El otoño en los
lugares donde se encuentran la zona tem­
plada y la zona ártica, resulta tan deli­
cioso como en Nueva Inglaterra; y des­
pués viene el largo, limpio y claro in­
vierno, el tiempo del año preferido de
todos los habitantes del lejano norte, el
tiempo de la libertad de movimientos y
de la variada actividad.” V ilhjalm uk
S tefansson .

" '" L a magia fué inventada por el hom­
bro primitivo para aumentar su senti­
miento de poder y sentirse más capaz de
hacer frente al problema de la vida dia­
ria.” J. A. Crowther.
***"Una de las mayores tragedias del
mundo actual es el contraste entre la vi­
sión del hombre sobre la tierra tal como
se halla hoy dentro de su alcance vivir
y la realidad de su vida presente tal
cual es, agobiada por la ignorancia, la
pobreza y la guerra.” P reston E. J a­
m es . A it Outline of Geography.
a la astuta centolla a la mirada de sus
enemigos y de cuantos tienen sobrada ra­
zón para temer su "amistad”. Así mata
dos pájaros de un tiro. Cierto que tiene
que llevar a cuestas un frondoso bosque,
pero ella no tiene prisa. No por mucho
madrugar amanece máB temprano. A la
sombra de las algas la centolla espera a
que algún incauto se ponga al alcance de
sus pinzas y . . . hasta la siguiente.

**‘"La ciencia nació en Inglaterra y fué
educada en Francia, y ninguna de sus
grandes leyes fundamentales fué descu­
bierta en Alemania.” W illiam H aynes .
This Chemical Age.

chando hasta que pudimos ver a su tra ­
vés, acurrucaditas, las ocho anteras de un
delicado color crema muy pálido, casi
blanco; pero aun así la parte terminal de
los sépalos seguía cerrada a cal y canto;
casi sentimos la tentación de forzar la
separación de dichos pétalos, movidos por
S eñor D irector
el deseo de contemplar la flor en toda su
hermosura, pero por ser la más precoz y
de la P agina C ientífica
casi única entonces, nos contuvimos. Por
de " C abalgata ” fin uno de ellos se separó de los otros
tres, con el consiguiente revuelo de la fa ­
milia, y entonces comprendimos la demo­
uy señor m ío : Permítame que brin­
ra : los sépalos estaban tapando el es­
de a los lectores de esa espléndida
tigma, mientras el polen de las anteras
revista un pequeño hallazgo de mi cose­
cha. Y es éste: en mi terraza hay una maduras de la misma flor caía por las
aberturas de la parte media. Hecho esto,
planta de fucsia heredada de un anterior
ocupante de la casa. El año pasado ofre­ el pistilo enroscado hasta entonces, como
cía un estado lastimoso y además, al al­ un muelle bajo la presión de la extremidad
quilar la casa, hallábase al término de la de los sépalos, se estiró hasta sobresalir
floración. Pero este año la planta está más de un centímetro de toda la corola
espléndida y todos hemos esperado día a en busca de polen de otras plantas o de
día la aparición de las primeras flores. otras flores de la misma planta. Con ello
Los capullos crecieron lentamente y se la naturaleza logra la polinización cru­
fueron pintando de rojo; después apare­ zada.
Atentamente le saluda
cieron hacia su parte media las hendidu­
X . X.
ras de los pétalos, que se fueron ensan-

M

ños. Pobres, ricos, medianos, monjas,
frailes, dignatarios civiles o eclesiásti­
cos. . . no importaba: todos saltaban a la
calle en cuanto sentían la picadura de
la insidiosa tarántula, estuviesen vesti­
dos o en paños menores. Y ya en el corro
de los danzarines, empezaban las cancio­
nes al son de la música con letras subi­
das de tono, plagadas, de alusiones equí­
vocas o no y acompañadas de gestos obs­
cenos. Las personas vestidas de negro
eran arrojadas a golpes del conjunto;
en cambio las ataviadas con colores cha­
rros eran acogidas con general alborozo.
En esto del vestido, como en todo, ocu­
rrían cosas peregrinas: ciertos pacientes
adinerados echaban ene inm «vs mejores
trajes en ta’ colón y otro- agitaban en

manos pañuelo1: evicados mientius

al jarro del vino, pero con ello parecían
exacerbarse los efectos de la picadura.
Hacia el mediodía, cuando la fuerza del
calor alcanzaba el máximo, se imponía
una pausa, que era aprovechada por lo»
pacientes para meterse en cama y sudar
pues admitíase por todo el mundo qué
con el sudor se eliminaban los humores
malignos inoculados por la perversa ta­
rántula. Pero el respiro no solía durar
mucho, porque a la hora de la siesta eran
muy frecuentes las picaduras, con lo cual
se armaba de nuevo la algazara y los
pacientes sudorosos saltaban del lecho
para incorporarse al conjunto. Hab a
pacientes que pasaban una semana y más
aún, bailando con leves descansos; hasta
se citan casos de personas que por los
efectos combinados de la picadura, del
baile y del vino, murieron en breve plazo.
Pero hacia finales del siglo xvii mu.
chos médicos empezaron a interesarse por
esta enfermedad tan curiosa y tan extra­
ña. En primer término se trató de
comprobar la certeza de la afirmación
según la cual no sólo las personas baila­
ban al ser picadas por la tarántula, sino
también animales como conejos, gallos,
perros, etc. Decíase que incluso la araña,
sin duda para inducir a sus víctimas a
imitarla, bailaba también la tarantela
con diabólica habilidad. Pronto se vió
lo falaz de dichas afirmaciones, y en
1793 un médico —digno sucesor del gran
Hipócrates por su espíritu crítico y su
honestidad profesional— convocó a las
autoridades y, ante un notario público,
se hizo picar en un brazo por la tarán­
tula sin otras consecuencias que una leve
y pasajera irritación. La índole psico­
pática de la enfermedad era declarada
sin ambages por la letrilla de las taran­
telas; en unas se declaraba "que no era
tanto la picadura como el vino de la
g arrafa” lo que hacía bailar; oirás de­
cían que para sanar debía llevarse al
mar a los pacientes, y cuando la letra
preguntaba "donde había sido la picadu­
ra’ replicaba casi indefectiblemente que
"debajo de la falda”. Algo parecido
trasunta de los versos:
La tarántula
es un bicho muy malo. - No se mata con
piedra ni palo.” Y cuando una moza
aldeana de los países mediterráneos re­
chaza las fogosidades de un galán, no
es infrecuente el comentario: "Parece que
te picó la tarántula”, y no va descami­
nada.
Acaso, señor director, me haya exce­
dido con tantos Tarentos, tarántulas, tnrantali —como se llamaban los pacien.
tes—, tarantelas y tarantismos. Pero
nunca está de más que los lectores de
Cabalgata tengan ocasión de reconocer
el alcance de las calumnias y sobre todo
cuánto deben a los que consagraron su
vida a la causa de la verdad, que es la
de la ciencia, tal como unos cuantos de
nosotros la entendemos.
Siempre a sus gratas órdenes

se desarticulaban bailando y cantando.
El excesivo ejercicio excitaba la sed de
los bailarines. Para mitigarla acudían

ACELLI.

Montevideo, ¿3 de octubre de 1946.

UNA A R A Ñ A
Q U E C A P T U R A PE C E S
seis en esa sosegada tensión del gato que
espía la puerta de un agujero en cuyo
fondo alguien se revuelve y roe. En cuan­
to un pececillo inexperto se acerca al
lugar donde se halla apostada, da un salto
y le cae encima con los seis garfios. Pero
aun así el pez se hubiera evadido con
la araña a cuestas si las patas se limi­
taran a su función prensil. ¡Con lo ner­
vioso que es un pez!. . . Mas las patas
inyectan una dosis de narcótico al clavar
sus dagas en la presa, con lo cual la
nerviosidad se disipa como por arte de
mag a. Y sosegado ya, la araña lo arras­
tra hacia la orilla con tirones sobresal­
tados, y acaba por meterlo dentro de su
tapizado departamento con las intenciones
que el lector puede suponer.

A los 88 años de edad
LIBERTY B AI LEY SALE EN
BUSCA DE UNA PALMERA
noticia bien merece ser acogida
con hurras jubilosos. Según un ca­
ble de Nueva York acaba de partir en
misión de estudios hacia las selvas de la
América Central el sabio norteamericano
Libeity Bailey en busca de una clave en
la sistemática de las palmeras que le per­
mita morir en p;az. El sabio botánico,
.y"VUlÉN puede disputarles a las arañas
el honor de haber inventado la después de muchos años de estudio, re­
flexión y pesquisas, advierte a los 88 años
Fu* red? Pero no todas las arañas de edad la falta de un eslabón, de una
apelan a la red para procurarse el pan clave perdida como una aguja en el pajar
nuestro de cada día. Hay arañas cuya en las inmensas selvas del Nuevo Conti­
arma más efectiva es la pinza o, si se pre­ nente, y con maravilloso arrojo abandona
fiere, la aguja de inyecciones. Bien cla­ su bien ganado descanso para lanzarse en
vada ésta en un punto decisivo (en las su busca. Acaso en una barranca de los
inmediaciones de determinados centros ner­ Andes, bajo un laberinto de lianas, al
viosos) basta para dejar paralizados los borde de una corriente cantarina, adhe­
músculos de la víctima, y luego todo es rida a una roca a punto de despeñarse,
coser y cantar. ¿Cómo, si no, capturar, en cualquier sitio, en fin, de esta inmensa
una rana, o un pajarillo de alas vibrantes América, espera una planta, inadvertida
y enérgicas? P ara estos casos, de nada o hasta la fecha, la mirada sagaz de un
de muy poco valdría la red.
veterano hombre de ciencia para ir a ocu­
Hay una araña a la que vamos a de­ par un puesto decisivo, un hueco en el
dicar unas palabras: la Thalassius spen- gran rompecabezas del mundo vegetal.
eeri, de Australia. Por poco avezado que
¡Qué honor para la planta —real o su­
el lector esté a las etimologías, el nombre puesta— que no deja morir en paz al
genérico, Thalassius, le olerá a sal y a veterano botánico, ser descubierta o des­
yodo, o sea a mar. Y es que esta araña encantada por él! ¡Qué honor para Li­
no pesca —metafóricamente— en el aire, berty Bailey llevar a cabo el hallazgo de
sino en el mar, y, claro está, no con red, los hallazgos antes de restituir sus hue­
sino con las patas. ¿No cuenta con cua
sos a la tierra fecunda de donde proce­
tro pares? Y' si cuenta, ¿por qué no hacer den! ¡Y qué gran honor para la ciencia
buen uso de ellas?
el haber podido inspirar esta aventura,
Esta araña se coloca al borde del esta sin duda última salida del caballero
agua como cualquier pescador de caña, en busca del reluciente yelmo de Mamy mientras procura mantenerse en equi­ brino y a batirse en descomunal batalla
librio sobre dos de ellas, tiene las otras
con los molinos de viento del Misterio!. • •

E

sta

�Columnas del templo de Castor en el foro romano, e interior de la catedral de Freiburg, en Alemania.

ARQUITECTURA
Por C O N R A D O P. S O N D E R E G U E R
espacio —cuya forma de repre­
sentación condiciona, según Riegl,
E
todas las artes plásticas— es para la
l

arquitectura, fundamental. Suponiendo
una escala de creciente aprehensión del
mismo, de mayor aproximación a él
como cosa tangible, como materia, pa­
ra la pintura el problema consiste en
su representación, interpretación o con­
cepción, para la escultura en eso y
además en su ocupación, y para la ar­
quitectura en todo ello pero y sobre
todo, en su captación o creación. La
irquitectura es un hecho de espacio,
no sólo por el aspecto concreto o uti­
litario de ocuparlo sino, lo que es mu­
cho más importante como arte, por
modelarlo y animarlo; sólo ella trabaja
directamente con él.
El espacio es a la arquitectura lo
que el color a la pintura. Sólo cuando
se comprende su razón espacial, se
logra un enfoque verdadero de su
problema que, según la época histó­

rica, la evolución de la técnica, la
mundivivencia actuante, puede resol­
verse en su ocupación (casi escultu­
ra), en su captación o, en sus mejores
expresiones, ser una modelación y do­
minio del mismo. Es decir, una evolu­
ción de lo limitado a lo infinito.
Simple ocupación de espacio es aquel
caso en que los valores del volumen son
tales, su materia, su peso están de tal
modo presentes que son lo principal en
la obra, al punto que casi podemos
creer que el lugar ha sido cavado en
un volumen anterior. En un templo
egipcio los valores son casi puramente
escultóricos. En él el espacio no se
modela, se da como accesorio y apenas
podemos decir que se usa. (Véase
Worringer: "El arte egipcio”.) La cons­
trucción está resuelta por cargas ver­
ticales simples; sólo por excepción en­
contramos una falsa bóveda o cúpula;
existen elementos sostenidos y de sos­
tén. En Egipto puede servir de expli­

Un aspecto del Partenón en la acrópolis de Atenas.

cación el recordar que los templos fue­
ron originariamente cuevas, pero estas
mismas características de ocupación de
espacio, cargas verticales, pesadez, etc.,
se observan en otras arquitecturas ini­
ciales : dórica primitiva, incaica, maya,
hindú, etc.
Una mayor pureza o sutileza de con­
cepto caracteriza el rodear un espacio.
Ya no se cava un volumen preexis­
tente sino que, dado un espacio deter­
minado, se lo limita. El limitar un
espacio implica una mayor tensión; ro­
dearlo es ya como una manera de po­
seerlo, de dominarlo. Todavía se usan
cargas verticales, pero está medida la
cantidad de materia y comienzan a
usarse cargas de otro orden (bóvedas
simples). Se establece una distinción
entre los elementos que sostienen y los
sostenidos. Vemos claramente que los
materiales son límites del espacio.
(Ejemplo: el Partenón.) Un pilar
dórico clásico no tiene ya el valor

Y
(Especial para

ESPACIO
C a b a l g a t a .)

de volumen que tenía un pilar de
Karnac.
Por último las más hermosas obras
de la arquitectura, obras definitivas,
aquellas en que realmente se supera el
ocupar y el rodear un espacio para lle­
gar a su captación, a su creación. En
ellas (lo gótico, por ejemplo) el espa­
cio juega, es un elemento activo en la
composición. Hay una vibración acor­
de entre el exterior y el interior, son
el uno reflejo del otro. No se distin­
guen ya elementos sostenidos y de sos­
tén, porque el todo se halla organizado
dinámicamente, en razón del espacio al
que dan vida. Los valores plásticos
están dados por él; la materia del edi­
ficio es sólo el instrumento para ha­
cerlo vibrar. El espacio es lo esculpi­
do. modelado y modulado.
Las columnas de un templo egipcio
permiten advertir que han sido conce­
bidas como volúmenes, como cosa mo­
delada y sólida. En cambio, en una

Templo de Ceres o de Vesta en Pesto.

catedral gótica las eolumnas soJ VI
esbeltas y livianas, y su valor plástico,
aunque grande, es de otro orden. Aquí
lo importante, lo que ha sido modelado
es el espacio interior, corno algo que
interviene activamente en la composi­
ción y concepción de la obra. Allí el
espacio es algo muerto, estático, es tan
sólo el medio neutro en que se alojan
las maravillosas columnas; es, a lo su­
mo, un ocupar espacio.
Estas tres etapas, quizás sucesivas,
de ocupación, limitación, y creación las
sentimos como estática, equilibrada y
dinámica respectivamente y expresan
una evolución del concepto de espacio
que va de lo mensurable a lo infinito.
Evolución común a ciclos arquitectó­
nicos distintos correspondientes a di­
versos materiales y maneras de cons­
truir. Y el conocimiento de esta evo­
lución quizá permita concebir una his­
toria de la arquitectura sin nombres
y sin ejemplos casi.

�i

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E . V.

ducidos por la disentería, la tos f •
la difteria o el sarampión, lo cual n*nn,&gt;|
que el cáncer, aun cuando no es j **
entre las criaturas y los niños °!m4í
mortífero.
’ 51 *s
Tercera razón: el cáncer puedo A
arrollarse en más partes del cuerpo ^
casi todas las demás enfermedades ^
manera, que son diversos los tejido
edades en que puede ser estudiado p *
supuesto, se trata de una enfermedad *
ataca las células: obedeciendo a eimüf
razón ignorada, las células se modiff^
de tal manera que se vuelven ma;¡ Ca“
• y~v e dónde nace el optimismo de que
¿ 1 ) puede resolverse el problema del en el sentido de que se multiplican ■
obedecer a las restricciones usuales l#
cáncer? Hoy existe un rayo de esperanza
en lo que hace varios lustros se consi­ impone el cuerpo, invaden el área
deraba- con una apatía rayana en des­ pertenece a otras células y continúan T*
tendiéndose por todas ellas hasta cansa
esperanza.
la muerte del individuo, el que a menú/
Tal vez la mejor manera de dar con
parece en un estado de suma emaciaciá" '
la fuente de la que emana ese optimismo
Otra consecuencia más del hecho a
es conversando con las personas que se
dedican a buscar la solución del pro­ que el cáncer se presenta como objeto /
blema en los hospitales, institutos de in ­ estudio en cualquier parte del cuerpo q / i
vestigación y universidades. Algunas po­ ocurre, es la dificultad de estableceré/
nicas, en las escuelas de medicina, pa» 1
cas de ellas se muestran decepcionadas;
pero las más están un tanto entusiasma­ el tratam iento del cáncer. Si llegaran a ■
das por los resultados que van obtenien­ abrirse dichas clínicas éstas no podrían
ser como las de ginecología, oftalmolo-’i
do. Se sienten seguras de que están bien
orientadas, a veces tras esfuerzos inicia­ gía, urología u otras exclusivas de sec- !
les infructuosos, y están dispuestas a ha­ ciones especializadas; tendrían que g, I
departamentos enteramente independien- '
blar con entusiasmo por largas horas
acerca de sus experimentos. Pero a me­ tes o únicos, es decir, hospitales de cán- !
nudo critican con severidad a otros de cer, epues de lo contrario no pasarían de
sus colegas, y, como el blanco de sus ser organismos que tendUan que pedir I
permiso para tra ta r y estudiar casos en
ataques es la variedad de experimentos,
las distintas clínicas de la escuela, va i
con frecuencia su criterio se basa en un
conocimiento inadecuado de lo que ver­ establecidas; por ejemplo: el cáncer del
seno tendría que tratarse y estudiarse en
daderamente tratan de hacer los otros.
la clínica de ciru g ía; el de la próstata, en
Por consiguiente, el visitante corre el
la de urología, y así sucesivamente.
riesgo de desconcertarse en vista de esa
Un cuarto aspecto que presenta e' cán­
mezcla de críticas, algunas justas y
otras sin fundamento alguno; y esta con­ cer y el cual lo hace distinguirse de las
otras enfermedades, es el enorme número
fusión hace que el visitante se d irija a
mayor número de laboratorios de inves­ de agentes que pueden producirlo. Com­
pletamente ajena al cáncer es la- simpíitigación del cáncer. La verdad es que hay
varios métodos acertados, y que se pue­ cidad de la sífilis, que es originada por
un solo tipo de organismo de forma es­
de combatir el cáncer desde más puntos
de los que es posible abordar en otro cual­ piral, o la de la tuberculosis, que la causa
una sola especie de bacilo. Los agentes
quiera de los principales problemas que
que bajo ciertas condiciones engendran
se plantean al arte médico.
el cáncer son las llamadas sustancias car­
¿A qué razones se debe la existencia
de tantos senderos para buscar la solu­ cinógenas, las que se dividen en dos cla­
ses: externas e internas.
ción del problema del cáncer, que pueden
La luz solar es la más universal de las
explorarse para obtener provecho de ellos?
Una de esas razones es la de que se pue­ carcinógenas externas; pero su potencia
para provocar el desarrollo del cáncer es
de estudiar e! cáncer -o solamente en el
relativamente débil. I.a «voosición pro­
hombre s:
también u i una
’n varí"
ís
'-res durante un
d;¡T de animales domes. &gt;s: el ¡ierro, ia
período de muchos años podría resultar
oveja, el gato, la cabra, el caballo, etc.
en la formación de un cáncer. Algunos
Esta clase de animales son víctimas del
de los soldados que se batieron en el Pa­
cáncer con mayor o menor frecuencia.
Son particularmente iluminantes las in­ cífico sufren ahora de cáncer en el labio
debido a la acción del sol a cuya gran
vestigaciones que se han practicado en
intensidad se tuvieron que son.eter duran­
peces, batracios, pollos y ratones. Son
tantos los distintos animales de que se te el combate aunque fuera por cortos
períodos de tiempo. Si las condiciones fa­
tiene noticias de padecer de cáncer que
vorecen el desarrollo del cáncer, éste pue­
se ha entablado una búsqueda diligente de
de declararse por acción del polvo, y, en
algunas especies que el cáncer no ataca
nunca. Se pensó, con acierto, que si se especial, por la de ciertas clases de minas,
lograba encontrar algunas de esas espe­ de los rayos X, del radio y substancias
cies inmunes a ese azote, se podría esta­ radiactivas, de muchos productos ¿e al­
blecer una comparación con otras que quitrán de hulla, particularmente de la
brea y ciertas materias colorantes &lt;ie ani­
son comúnmente presa de tal enfermedad,
lina y de varias otras substancias quí­
y descubrir así la índole de los factores
que determinan la resistencia o suscep­ micas . . . Y en número menor de casos,
el cáncer tiene la tendencia de manifes­
tibilidad para contraer el mal. Con esa
idea se hizo un examen minucioso de los tarse por efecto de quemaduras y lesiones
físicas, como golpes en los huesos, en el
ejemplares de animales de los jardines
pecho o en los testículos.
zoológicos así como de los que recogían
las expediciones de cazadores enviados a
I-as carcinógenas internas son más di­
tierras extranjeras, a fin de encontrar
fíciles de reconocer; se sospecha que per­
un ejemplar de alguna especie inmune al
tenecen posiblemente a esta categoría los
cáncer; pero no se obtuvo ningún resul­ hormones de sexo masculino, y más de­
tado satisfactorio. De los experimentos
finitivamente los del femenino; pero, de
hechos en un número suficiente de ani­ nuevo, debemos subrayar en este caso la
males pertenecientes a una misma y sola
palabra "potencial”, porque generalmente
especie no se dió ningún caso en que se
no causan cáncer. Sin el uso de estos y
obtuviera resultados negativos que ju sti­ otros compuestos esteroides, la evolución,
ficaran la conclusión de que la especie
según la conocemos, no hubiera podido
fuera inmune al cáncer. Y basta de lo efectuarse.
que a los vertebrados se refiere.
Otra característica del cáncer aumenta
En cuanto a los invertebrados, ^éstos- nuestra perplejidad, algunas veces es
también pueden ser víctimas del cáncer;
muy fácil determinar la fecha del último
pero los conocimientos que se tienen so­ contacto con una sustancia carcinógena
bre el alcance de la distribución de ese y medir el tiempo transcurrido antes de
mal, son aun más obscuros. Se ha llegado
la aparición del cáncer. Un obrero, des­
a descubrir hasta en las plantas la exis­ pués de estar empleado en una fábrica
tencia de una enfermedad que se ase­ durante un lapso variable, podría cam­
meja, aunque lejanamente, a la del cán­ biar de ocupación sin que jamás vuelva
cer. Es, pues, el cáncer la antítesis de a correr el peligro de estar expuesto al
la enfermedad mental. El alienista puede
mismo riesgo del cáncer. La estadís­
tratar al paciente solamente desde un
tica demuestra que el cáncer podrá ata­
plano humano en donde los pensamientos
carle la vejiga dentro de 1 a 17 años
se trasmiten por medio de la palabra,
más tarde. Después de la última de las
mientras que el investigador puede ad­ repetidas exposiciones a los rayos X, el
ministrar su tratamiento desde varios pla­ médico o el técnico que los maneja puede
nos, tal vez desde todos los principales,
ser afectado en la piel por el cáncer en
en la gradación animal.
el tiempo que media de 1 a 11 años. Des­
Otros de los primeros investigadores
pués de sufrir una persona una quema­
trataron de encontrar un contraste para­ dura grave, se le puede manifestar el
lelo en el hombre, es decir, entre una raza
cáncer, en el lugar dañado, en el término
o tribu inmune al cáncer, y otra que no
de 1 a 24 meses. Es evidente que existen
lo fuera, siempre en pos del objetivo de
largas sendas y cortos trechos por donde
reconocer los factores de la resistencia o llegue el cáncer: es casi imposible des­
los de la susceptibilidad. A los primeros
enmarañar la concatenación de las cir­
informes de que entre los esquimales era
cunstancias.
desconocido el cáncer, invariablemente se
Pero tal vez lo que es más difícil de
sucedían datos del descubrimiento de ca­ analizar entre los aspectos del cáncer es
sos de cáncer al examinar más individuos.
la susceptibilidad para contraerlo. El
Es también evidente que el cáncer entre
grado de susceptibilidad a una enferme­
los seres humanos no es una enfermedad
dad infecciosa, como la parálisis infantil,
moderna, pues data desde los tiempos pre­ depende generalmente de la concentra­
históricos.
ción de material específicamente antagó­
Otra de las razones de que el cáncer
nico al virus contenido en la sangre. En
presente abundante material para la in­ el cáncer muchos tipos de células poseen
vestigación se encuentra en el hecho de susceptibilidad, y aparentan tenerla indi­
que, a diferencia de gran parte de otras
vidualmente en grados diferentes. Deci­
enfermedades, no se limita a ninguna
mos "aparentan’’ a sabiendas, porque uno
edad en particular. Aunque el máximo
se encuentra a cada rato, en el problema
del número de fallecimientos causados por
del cáncer, con complicaciones que nacen
el cáncer entre los hombres es de los de otras, y no podemos determinar hasta
60 a los 69 años, y entre las mujeres, de qué punto la frecuencia y rapidez del
los 50 a los 59, hubo más defunciones
desarrollo del cáncer dependen de las cé­
en 1942 debidas al cáncer en niños me­ lulas que sufren la transformación y do
nores de 5 años que todas las de p ará­ las actividades de otras células y fluidos
lisis infantil, nefritis aguda, o todas las corporales. El cuerpo es un organismo
enfermedades del oído y a la mastoiditis.
maravillosamente constituido que nunca es
Y en ese mismo año, los decesos causa­ el mismo en diferentes intervalos de tiem­
dos por el cáncer entre niños de 5 a 9, po pues su cambio es constante.
y de 10 a 14 años, sobrepasaron los pro­
( C ontinuará en el próxim o número.)
E l autor de este artículo es profesor de
A natom ía cu la U niversidad de IVáshington, v
es, adem ás, D irector de Investigaciones del tía r
nard Free S k in and Cáncer H ospital
de S t.
Louis. H a form ado parte del personal docente
de la U niversidad de C hicago; de la Escuela
de M edicina del Johns H o p k in s: de! r e k in g
U nion M edical College y del In s titu to R ochefcller de In v estigación M ódica.
E stu d ió el paludism o en T u n e s ; la fie b re en
la costa oriental de la Colonia de K cn y a . la
hcm oglobinuria en el T ra n sv a a l; la lepra en
P uerto R ico, y la enseñansa m ódica en v a n a s
partes del Japón y China. E l presente articulo
apareció en idiom a inglés en la revista
I he
S cientific M onthly” .

�_ CUENTO POLICIAL

0 cabalgata

LAS DOS BOTELLAS DE CONDIMENTO
por Lord D u n s a n y
(Traducción del inglés por J. C. O.)
es lili nombre. Soy lo que
do —decía yo. Y piensen que la pieza en a cortar los árboles. Trabajó tres veces por allá y jamás vi que tuviera una lupa de alerce, mirándome fijamente a la cara
ustedes podrían llamar un hombrecito
cuestión era una dama.
dedicado a un pobre negocio. Viajo para el —Sí; no es de ninguna utilidad. Posi­ por día durante una semana y cuando los y en todos los casos Scotland Yard se y mirándome con expresión extraña. Pensé
árboles estuvieron derrumbados fué cor­ le adelantó. En efecto, ellos disponían largo rato, apoyado en el seto, respirando
Num-numo, un condimento para carnes y
blemente lo mejor sea perderla.
tando los troncos en pedazos no más lar­ de pistas, de una enormidad de pistas. el olor de las flores y mirando los tron­
entremeses. . . , el condimento de fama
Y, saben ustedes, él tenía razón.
gos que un pie, que agrupó en montones Varios tipos de pistas para demostrar que cos de alerce y el prolijo y pequeño
mundial, debería decir. Es realmente bas­
Ya ven, había estado siguiendo lo que cuidadosamente hechos. Nadie vió nunca Steeger había asesinado a la pobre niña; bungalow, al otro lado del jardín. Medité
tante bueno, no contiene ácidos deletéreos
pensaba el autor del problema; ni más ni hacer una tarea semejante. ¿Y para qué? varias clases de pistas para demostrar que sobre muchas teorías hasta que di con el
y no afecta al corazón; de manera que es
menos.
Nació la teoría de que estaba buscando él no había hecho desaparecer el cuerpo. mejor pensamiento: lo más conveniente
bastante fácil sacarlo adelante. Si no
Bueno, un día se produjo aquel terrible un pretexto para justificar la tenencia
Pero el cuerpo no estaba allí. Tampoco sería dejarlo pensar a Linley, con su edu­
fuese así, yo no habría conseguido este
asesinato en Unge. No sé si lo recuerdan. del hacha. Pero el pretexto era más gran­ estaba en Sudamérica y no era probable cación de Oxford y Cambridge y lim itar­
empleo. Pero espero obtener algún día
Un tal Steeger se había ido a vivir con de que el hacha. El hombre trabajó du­ que estuviese en Sudáfrica. Y todo el me a llevarle los hechos, tal como él lo ha­
algo más difícil de vender, pues cuanto
una muchacha en un bungalow cerca de ramente, cada día. durante una quincena.
tiempo, téngase en cuenta, estuvo allí bía dicho. Olvidé contar que había estado
más difícil mejor pagan. Actualmente no
las North Downs y aquélla fué la primera
Además,
podía
haber
matado
a
la
pequeaquel gran montón de madera de alerce; en Scotland Yard en la mañana. Bueno,
hago más que defenderme, sin que me so­ noticia que tuvimos de su existencia.
ñita Nancy Elth sin la ayuda del hacha. una pista que miraba a todos fijamente no hay mucho para contar. Ellos me pre­
bre nada; pero vivo en un departamento
La muchacha tenía £ 200 que pasaron, Otra teoría era que necesitaba madera
en la cara y no revelaba nada. No, no guntaron qué andaba buscando. Y como
muy costoso. Ocurrió de la siguiente mapenique tras penique, a poder del hombre para deshacerse del cuerpo por medio del
deseábamos disponer de más pistas /y Lin­ yo no tenía una buena respuesta prepa­
nera, y esto me trae a mi historia. Y no
y finalmente ella desapareció. Scotland
fuego. Pero nunca usó los troncos. Los ley jamás se acercó al lugar. El asunto rada no pude sacar mucho de ellos. Pero
se trata del cuento que ustedes esperarían
á ard no la pudo encontrar.
amontonaba prolijamente en el jardín y estaba en hacer algo con las pistas que en Unge fué muy distinto; todos se mos­
de un hombrecito como yo; pero no hay
Bueno, yo casualmente leí que Steeger
allí los dejaba. Este enigma derrotó a
teníamos. Yo estaba completamente des­ traron serviciales: aquél era su día, como
otro que pueda contarlo. Las demás per­
había comprado dos botellas de Num-nu- todos.
concertado. Scotland Yard también; Lin- ya dije. El Condestable me dejó entrar
sonas que saben algo del asunto se mues­
bajo compromiso de no tocar nada y me
tran partidarias de mantenerlo en secre­
permitió
examinar el .jardín. Vi los tron­
to. Bueno, cuando recién conseguí mi
cos de los diez árboles y noté una cosa
empleo estaba buscando* una habitación
que segqn Linley estuvo muy bien obser­
para alquilar en Londres, tenía que ser
vada. No quiero decir que haya servido
en Londres para que fuese central. Visité
para nada, pero mostró que yo hice lo que
una manzana de edificios, muy sombríos
pude. Noté que los troncos habían sido
en apariencia, vi al encargado y le hablé
cortados de cualquier manera. Y de eso
sobre lo que andaba buscando. Los lla­
deduje que el hombre que había talado
maban departamentos; pero no eran más
los árboles no entendía mucho de eso. El
que un dormitorio con una especie de ro­
Condestable fué el que dijo que eso era
pero. Bueno, el encargado estaba mos­
deducción. De modo que pensé que el
trando los departamentos a un caballero;
hacha estaba embotada cuando él la usó
en realidad era algo más que un caba­
en los árboles; es seguro que eso hizo
llero, de manera que me prestó muy poca
pensar al Condestable aunque ahora no
atención. Quiero decir, el encargado de
reconozca que entonces yo tuve razón. ¿Ya
los departamentos. Así que yo no hice
dije que Steeger nunca salió del bunga­
más que correr detrás de ellos, viendo
low, excepto para trabajar en el pequeño
toda clase de habitaciones y esperando que
jardín, desde la desaparición de Nancy?
me enseñasen lo que me interesaba. Lle­
( reo que sí. Bueno, ésa era la verdad. Lo
gamos a un departamento muy lindo, un
habían vigilado noche y día y el Condes­
salón con dormitorio y baño, y un peque­
table me lo confirmó personalmente. Esto
ño espacio al que llamaban hall. Y así
limitaba notablemente las posibilidades.
fué como llegué a conocer a Linley. Era
Lo único que no me gustaba era que todo
el tipo al que estaban guiando.
aquello hubiese sido descubierto por poli­
—Un poco caro —dijo.
cías comunes y no por Linley. Estaba
El encargado se dirigió hacia la venta­
seguro de que él podría haberlo hecho.
na y se escarbó los dientes. Es curioso
Podría haber habido mucho romance en
cuánto puede expresarse con un gesto sim­
una historia semejante. Y ellos no hu­
ple como ése. El hombre quería decir que
biesen hecho nada si no fuera por la no­
disponía de centenares de departamentos
ticia de que el hombre era vegetariano y
como aquél y de miles de personas que los
sólo hacía sus compras de comestibles
deseaban; y que no le importaba quiénes
en la verdulería. Probablemente la histo­
I03 conseguían ni quiénes continuaban de­
ria la difundió el carnicero, por despecho.
seándolos. No era posible equivocarse.
Es curioso que detalles tan pequeños pue­
Y sin embargo él no decía una palabra;
dan echarle una zancacj¿lla a un hombre
miraba hacia afuera por la ventana y se
y hacerlo caer. Mi lema es que lo mejor
escarbaba los dientes. Entonces yo me
es proceder rectamente. Pero tal vez me
atreví a hablarle a Mr. Linley. Le dije:
estoy apartando de mi relato. Me gusta­
—¿Qué le parece, señor, si yo pago la
ría poder hacerlo definitivamente, olvidar
mitad y lo compartimos? Yo no sería un
que eso sucedió aguna vez; pero no puedo.
estorbo, estoy afuera todo el día y lo que
Bueno, recogí toda clase de informa­
usted disponga se hará. No lo molestaría
ciones o pistas, como pienso que deben liamás que un gat".
marse en un cuento como éste, aunque no
Bueno, ésos son los hechos que conté
Ustedes podrán sorprenderse de que yo mo. La policía de Otherthorpe llegó a
saberlo todo acerca de él con excepción a Linley. Ah, sí: además, Steeger compró ley no adelantaba nada y el misterio se llevaban a ninguna parte. Por ejemplo:
lo haya hecho; pero más se sorprenderán
mantenía
suspendido
encima
de
mí.
Si
no
llegué a saber todo lo que el hombre
un cuchillo de carnicero. Cosa curiosa, fuera por la insignificancia que se me
de que él haya aceptado. Por lo menos de lo que había hecho con la muchacha.
había comprado en el pueblo y hasta po­
los asesinos siempre lo hacen. Y, sin em- ocurrió recordar, si no hubiese sido por
si me conocieran, pobre hombrecito dedi­ Aquello, por supuesto, atrajo mi atención;
dría decir qué clase de sal usaba, una
bargo, después de todo no es tan curioso; una palabra casual que dije a Linley,
cado a un pequeño negocio. Sin embargo, en caso contrario nunca hubiese vuelto a
muy sencilla, sin los fosfatos que ie ponen
si usted tiene que descuartizar a una mu­ aquel misterio habría seguido el camino
pude comprender en seguida que él me pensar en el asunto ni dicho una palabra
daba más importancia que al hombre de a Linley sobre el tema. El Num-numo es­ jer, tiene que descuartizarla. Y eso no de todos los otros misterios que los hom­ a veces. Además, conseguía el hielo en
taba siempre en mi cabeza, ya que mis
la pescadería y grandes cantidades de
la ventana.
se puede hacer sin un cuchillo. Después bres no han podido dominar; una mancha
verdura, como ya dije, en la verdulería
—Pero no hay más que un dormito­ días eran empleados en tratar de vender­ algunos hechos negativos. El no había oscura, un pequeño remiendo nocturno en
lo; por eso fué que presté atención al ase­ quemado el cuerpo de la mujer. Encendía la historia.
de Mergin &amp; Sons. Hablé un poco de todo
rio —dijo.
eso con el Condestable. Me dijo que se
una pequeña estufa de vez en cuando y
—Yo podría armar mi cama en aquella sinato. Así que un día le dije a Linley:
Bueno, el hecho es que al principio
—Me pregunto si con esa habilidad que
llamaba Slugger. Yo me preguntaba por
sólo la usaba para cocinar. El Condesta­ Linley no se interesó mucho en el asunto,
piecita —contesté.
tiene
usted
para
ver
claro
en
un
problema
qué no habían revisado la casa en cuanto
ble de Unge y los hombres de Otherthor­ pero yo estaba tan absolutamente seguro
—El hall —dijo el encargado, dándose
faltó la muchacha.
vuelta desde la ventana, sin abandonar el de ajedrez no podría intentar algo en el pe que estaban dando una mano lo ave­ de que él podía resolverlo que no lo dejé
misterio de Otherthorpe. Es un problema
■ Bueno, eso no puede hacerse —me
riguaron con bastante habilidad. Había en paz.
escarbadientes.
en los alrededores algunos pequeños gru­
•Ni0—• Además, no sospechamos en se­
—Y la cama no le molestaría para como los de ajedrez.
—Usted
puede
solucionar
problemas
de
—En diez asesinatos no hay tantos mis­ pos de árboles y subidos en ellos pudie­ ajedrez —le dije.
guida que pasara algo relacionado con la
nada; podría tenerla escondida en el ro­
terios como en una sola partida de aje­ ron oler el humo que salía de la casa;
muchacha. Sólo se nos ocurrió que había
pero a las horas que usted guste —dije.
—El
ajedrez
es
mucho
más
difícil
—dijo
nunca hubo olor a carne quemada, sino él.
algo malo en él, puesto que era vegeta­
El me miró pensativo mientras el otro drez —contestó.
—Ese misterio ha vencido a Scotland
el común de las comidas. Aquello fué
hombre miraba a través de Londres; fi­
¿Entonces por qué no resuelve esto? riano.^ Estuvo aquí una buena quincena
Yard
—dije.
nalmente aceptó.
después de la desaparición de ella. Des­
bastante astuto de parte de la policía de —dije.
—¿Sí? —preguntó.
pués, entramos aquí como un cuchillo.
Otherthorpe, aunque, por supuesto, no
—¿Es su amigo? —preguntó el encar­
—Bueno,
vaya
y
mire
la
pizarra
por
—Los ha dejado atontados —dije.
gado.
Pero, usted comprende, no había ninguna
ayudó a colgar a Steeger. Más tarde lle­
—No debería ser así —dijo; y casi en garon los hombres de Scotland Yard y mí —dijo Linley.
investigación acerca de ella, no teníamos
—Sí —contestó Mr. Linley.
^
Aquélla
era
su
manera
de
hablar.
Ha.
consiguieron determinar otro hecho nega­ bíamos estado una quincena juntos y ya ningún mandamiento.
Fué realmente muy lindo de su parte. seguida me preguntó:
—¿Cuáles son los hechos?
tivo, pero que sirvió para estrechar el lo conocía. El deseaba que yo fuera al
Explicaré por qué lo hice. ¿Me conve­
—¿Y qué encontraron cuando entraron?
Estábamos en la mesa, a la hora de la
nía el alquiler? Por supuesto que no.
campo. Fué la comprobación de que la bungalow de Unge. Ustedes preguntarán —pregunté a Slugger.
•comida,
y
yo
le
conté
los
hechos
tal
como
Pero le oí decir al encargado que Mr. Lin­
creta bajo el bungalow y bajo la tierra por qué no fué él mismo; la verdad es
—Nada más que una gran lima —di­
del pequeño jardín no había sido remo­ que si hubiese viajado precipitadamente jo—, y el cuchillo y el hacha, las cosas
ley acababa de llegar de Oxford y quería los conocía por los diarios. Ella era una
vivir en Londres durante unos meses. rubia bonita, menuda, se llamaba Nan­ vida. Y él nunca se había alejado de la a través del campo habría pensado, mien­ que él adquirió para cortarla.
casa desde que desapareció Nancy. ¡A hí:
Supe que sólo quería estar cómodo y no cy Elth, tenía £200; ambos vivieron en
—Pero él consiguió el hacha para cortar
tras que sentado frente al fuego en nues­
hacer nada por un tiempo mientras estu­ un bungalow durante cinco días. Después
tenía una gran lima además del cuchillo. tro departamento desaparecían los lími­ árboles —dije.
diaba el ambiente y elegía una ocupación. él vivió solo allí una quincena, pero nadie
Pero no se encontraron rastros de huesos tes del territorio que podía abarcar, si se
—Bueno, sí —asintió, pero de mala
O, posiblemente, mientras le fuera posi­ volvió a ver a la muchacha. Steeger de­ molidos en la lima ni de sangre en el entiende lo que quiero decir. Así que gana.
claró
que
ella
se
había
ido
a
Sudaméri­
ble sostenerse. Bueno, me dije a mí mis­
cuchillo. Naturalmente, los había lavado. tomé el tren al día siguiente y bajé en
—¿Y para qué cortó los árboles? —pre­
mo; ¿cuánto valen los modales de Ox­ ca ; más tarde afirmó que nunca había
Conté todo esto a Linley.
la estación de Unge. Allí estaban las North gunté.
dicho
Sudamérica
sino
Sudáfrica.
No
se
ford en los negocios, especialmente en un
—-Bueno, por supuesto mis superiores se
Antes de continuar, debo hacer una Downs elevándose ante mí, semejantes,
negocio como el mío? Pues, simplemente, encontró nada del dinero de la muchacha
han formado su teoría —dijo— ; pero
advertencia.
Yo
soy
un
hombrecito
vul­
de
alguna
manera,
a
la
música.
no tienen precio. Si yo lograse asimilar en el baneo y se pudo probar que ju sta­ gar y nadie espera algo horrible de mí.
¿Es por allí, no? —dije al changa­ no pueden comunicarla a todo el mundo.
sólo un cuarto de los modales de Mr. Lin­ mente en aquel tiempo Steeger dispuso de Pero debo anunciar que aquel hombre
Como se ve, los troncos continuaban
dor.ley , sería capaz de duplicar mis ventas y £ 150. Luego se supo que Steeger era
triunfando.
era
un
asesino
o,
en
todo
caso,
algún
ase­
—Eso
es
—dijo—
.
Ahí,
cerca
de
la
esto_ significaría que muy pronto me desti­ vegetariano y que compraba al verdulero sino hubo. La mujer fué liquidada, una
¿Pero la cortó a ella? —pregunté.
senda; acuérdese de doblar a la derecha
narían a vender algo mucho más difícil la totalidad de su alimento. Esto hizo linda niña, y el hombre que hizo aquello
—Bueno, él dijo que la muchacha se fué
cuando llegue al árbol, un árbol muy
con una remuneración tal vez triplicada. que el condestable de Unge sospechase de no habría de detenerse en el punto eii
a Sudamérica —contestó; ésta era una
grande. Luego . . .
Era un buen negocio. Y uno puede lograr el, porque un vegetariano era una cosa que uno podría creer. Con una mentali­
actitud realmente muy equitativa de su
Me
describió
el
camino
de
manera
que
desconocida.
Se
dedicó
a
vigilar
a
Steeger
que un cuarto de buenos modales valga
dad apropiada para hacer una cosa seme­ yo no podía equivocarme. Todas las per­ parte.
y
lo
hizo
tan
bien
que
pudo
dar
a
Scot­
mucho más si sabe administrarlo. Quiero
jante y hostigado por la larga y fina
No recuerdo qué otras cosas me dijo.
sonas que encontré eran muy agradables
decir que no es necesario recitar todo el land Yard toda clase de información sobre sombra de la soga, nadie podría decir ante
—Steeger dejaba la vajilla en orden y
"Infierno” para demostrar que se ha leído el tipo, a excepción de lo único importan­ qué cosas se detendría. Las historias de y serviciales. Se comprende, había lle­ muy limpia —agregó.
gado al fin el día de Unge. Todo el te. El Condestable avisó a la policía de
a Milton; con media línea alcanza.
asesinatos son generalmente agradables
Bueno, traje toda esta información a
mundo había oído hablar de Unge; se
Bueno, vamos al cuento que tengo que Otherthorpe, unas cinco o seis millas para una dama que se sienta a solas y lee
podría haber hecho llegar una carta allí Linley en el tren que salía cerca de la
contar. Y ustedes no pensarían que un de distancia, y ella vino a dar una mano. junto al fuego. Pero el asesinato no es
sin poner en el sobre el nombre de la puesta del sol. Me gustaría hablar de
hombrecito como yo puede estremecerlos. Se sabía que Steeger no había abandona­ una cosa agradable y cuando un asesino
provincia. Me atrevo a decir que si uno la noche de fin de primavera, tan tran ­
Cuando nos establecimos en nuestro de­ do el bungalow ni el prolijo jardín desde está desesperado y trata de cubrir sus
quila sobre el horrendo bungalow, rodeán­
partamento pronto me olvidé de los mo­ la desaparición de la muchacha Com­ huellas, tampoco él se muestra tan agra­ quisiera ahora enterarse de dónde está dolo estrecha y gloriosamente, tal como si
Unge
.
.
.
Bueno,
ellos
estaban
recogiendo
dales de Oxford. Lo olvidé por la mara­ prenden: cuanto más lo vigilaron más
dable como podía serlo antes. Les pediré,
lo estuviese bendiciendo; pero a ustedes
su trigo mientras brillaba el sol.
villa que era el hombre en sí. Tenía un sospechas tuvieron, como le pasaría a
pues, que tengan eso presente. Bueno’
les interesa más el asesinato. Bueno;
cerebro como el cuerpo de un acróbata, cualquiera si se dedicara a seguir a un
, . y;— , .
aizauuose en
les he advertido.
conté todo a Linley aunque la mayoría
luz del día, subiendo como una cancii
como el cuerpo de un pájaro. Eso no ne­ hombre; de manera que muy pronto se
de las cosas no me parecían dignas de ser
Así que le dije a Linley:
Ustedes no tendrán ganas de leer fra¡
cesitaba educación. Uno no se daba cuen­ encontraron vigilando hasta el más insig­
contadas. Lo molesto era que cuando yo
—¿Y usted qué saca de esto?
sobre la primavera, el bullicio de la esl
ta de si el era educado o no. Siempre le nificante movimiento de Steeger. Pero
quería dejar algo afuera él lo adivinaba
—¿Desagües? —dijo Linley.
brotaban ideas, cosas que uno jamás ha­ nunca hubieran sospechado de él si el
cion, los colores que descienden sobre I
y me obligaba a decirlo.
—No —dije—. Usted ' se equivoca.
das las cosas cuando avanza el día y
bría pensado. Y no sólo eso, sino que si hombre no fuera vegetariano. No descu­
—Usted no puede saber qué es lo real­
multitud de pájaros.
alguna idea andaba cerca, él siempre lo­ brieron mucho en contra, a excepción de Scotland Yard revisó aquello. Y la gente
mente importante —decía él—-. Una chin­
Pero yo pensé: "¡Qué hermoso lug
graba atraparla. Más de una vez adivinó las t 150 que cayeron del cielo; y eso de Otherthorpe, con anterioridad. Han
revisado los desagües, tal como son, un
che barrida por una criada puede hacer
para traer a una muchacha!”
lo que yo iba a decir. No era lectura del mismo lo descubrió Scotland Yard y no la
colgar a un hombre.
pequeño canal que va a un resumidero,
pensamiento, sino lo que llaman intuición. policía de Otherthorpe.
Y
entonces,
cuando
recordé
que
just
más allá del jardín. Y nada bajó por
Todo esto está muy bien, pero hay
Yo acostumbraba a estudiar un poco de
mente allí la habían asesinado . .. Buen
,N o ; lo que descubrió el Condestable de a llí... es decir nada que no debiera
que ser concreto aun cuando uno haya sido
ajedrez, simplemente para dejar de pen­ Unge fué lo de los árboles de alerce
no
soy
más
que
un
pobre
hombre,
con
haber bajado.
educado en Eton y en Harrow. Cada vez
sar en el Num-numo por la noche, cuando
ya he dicho; pero cuando la imaginé sob
Y esto derrotó completamente a Scotland
L1 hizo una o dos sugestiones más, pero
que yo mencionaba el Num-numo que,
había terminado de trabajar. Pero nunca
Yard y despistó a Linley por largo tiem­ Scotland Yard se le había adelantado en aquella colina, con todos los pájaros ca
después de todo, fué el comienzo del
pude resolver problemas. Sin embargo, él po; por supuesto, también me derrotó a
tando, me dije a mí mismo: "No ser
asunto, ya que Linley ni se habría ente­
se acercaba, echaba una mirada a las pie­ mí. En el pedacito de jardín había diez cada caso. Aquí está, realmente, el pivote extraño que después de todo, yo cons
de mi historia. Uno considera necesario
rado del crimen si no hubiese sido por
zas y decía:
guiera hacer matar a ese hombre, si i
árboles de alerce y Steeger hizo una espe­
mí, él decía que el hecho de que Steeger
—Podría empezar por mover esa pieza. cie de acuerdo con el propietario del bun­ que el hombre que desea actuar como que él la mató a ella.” Pronto enconti
detective tome una lupa y vaya al lugar el camino al bungalow y me puse a ii
comprara dos botellas era trivial, y que
—¿Pero adónde? —decía yo.
galow, que lo autorizaba a hacer con los
nosotros debíamos limitarnos a los puntos
—Oh, a cualquiera de esas tres casi­ arboles lo que se le diera la gana. Y a de! crimen; que vaya, antes que todo, y vestigar, espiando hacia el jardín por ei
mida huellas de pies, encuentre pistas y
principales. Yo me sentía inclinado a ha­
llas —decía él.
cima
del
seto.
No
descubrí
mucho,
no
•
partir del día en que debió haber muerto
descubra el cuchillo que la policía pasó
blar del Num-numo porque aquel mismo
—Pero en cualquiera de ellas la pier­ la pequeña Nancy Elth, Steeger se dedicó
nada que la policía no hubiese visto antes
por alto. Pero Linley ni siquiera se acercó pero allí estaban los montones de tronce
día había logrado colocar cerca de cin-

S

uithers

(C ontinúa pá(/ina 15 )

�ARTE
EaxJOJ» De Qrraós es un hombre
B
querido. C a « a p c n eBo eoc s j
M tn rii gwnfroso. con s= trapcnuLcr:.TmrocT T fr«x&gt;eo. Come pintor ü e bies ha gicado la vohmiad de h
?eote eoe sa piulara e x p a á n . asoie*da con !a faz irradiante áel impresobísho y ambiciosa de grandes espae*K. coa la aK o rp o ríciá a la k«aoeiü L i del arte de ios ierras racionales
Cada tcz «que expone se o :Ttlira^ en toreo sajo el favor oficial,
la crítica j el pobhc© nuafrvjw. Pero
esta Tez había, además, otro motivo de
interés. Desde hace a lg ir tiempo- Qaitos. que parecía deslizarse n í - qne
andar, por an camino llano, estaba In­
quieto. quejoso, desoxuento ecnsigo
tnisino. Sos amigos conocían este es­
tado critica. Quitos no lo acallaba, v
j a es vísperas de sa óltinLi eipoéic . j.
erejo prudente dárselo a eocoeer al
póbiteo. En ttn reportaje periodístico
d ije: "Porque Besó un día ec qne em­
poce a encontrarme asshsiV ho con
todo enante era aii c-bra. Sentí £a im­
periosa necesidad Lcsofc* rnabíe de rea­
brirm e auténticamente, de ser jo mis­
ino, J creo haber hallado ei camino:
te declaro jobilosamente. Y ahora es
romo si estuviera de reares.) de andar
por senderos transitados j predios que
no me pertenecían j rnw arnm i' a
echarme por caminos inéditos j a ver
las cosas j tes seres con ojos recién
amanecidos, Y ante la pregonta del
reportero de si renegaba ¿e su obra
antera * contesta: Abs: mámente. Esa
cora ao me pertenece. Ella es el reflejo
de k s grandes maestros. Eco viro de
aiSI5eí?:ilenguaje se articula eoo vo­
ces magistrales. \ o no me reconozco
b o j en esa obra. Tengo que empezar de
caen*.”'
Xa&lt;ia más natural que. despaés de es­
tas declaraciones, ¡a exposición; que
se inauguró en Witeomb fuese nn
aeonteeimiento todavía de m ijo r reperensirn que .as anteriores. El pábdc© se arremolinó. ía critica eantó loas,
las ventas marearon ttn récord no al­
canzado ni imaginado hasta ahora por
artista aíatino. Pero ¿se Han enmpSáo
ei voto. la promesa j la ambición dd
artista ? Evidentemente, no.
En eí origen ¿e ia desazón qne viene
preoes pando a güiros de na tiempo a
esta parte no es difícil advertir eí
sentimiento de he desacuerdo entre sa
obra v el espíritu dominante de ía pin­
tura contemporánea. En pleno vigor,
pese a los años, de sa temperamento
j sts inteligencia. Quitos ha sentido la
necesidad de ponerse a tono con su
memento. Confieso que este aspecto de
sa p rtó.ena es eí qne menos me pre■' —v? 1 ••» í ' ■" t j no está en •
- : :-r:
ei m .'-Testa. .-o
da espontánea mente j en
acto si­
multáneo en manto ei arrise ¿ se pone
a tono consigo mismo- Todos somos
hombres de nuestro tiempo p»&gt;r ana es­
pecie de eonformícióc biológica sub­
sidiaria león ía salvedad nataral de
qae no estamos todos cortados sobre eí
mismo patrón];, j si no nos manifes­
tamos como tales es por negligencia
menta!, porque enlSivaci *s prejttiei s.
porqm no sontos -alicientemente filtres

jCem.v. te a nina' ,
E a j i f c aegtigRiun» y »j im s t» .
t e mt prej-iim * «
ree '■'■jtentzt m
Q i -.zóh T tda-cj» u«ri* •reysufa &lt;¡n, ¡¿

pautara « r»rore fra c te n a .nútaaifo.
pan n a te a tai m e z a . Sé» tempera^
TgBtsd

m ptn£&lt;)r *i&amp;5W3nxtíSMi&amp;f ~

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Ta-üiiwi

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■uoaua .«« te
r iunree es te
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mizim a
o.os os inr.hutiin
vem e na aceña iiu.na
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" " liarte »
rnmTiígtñlft*1
*í *• ■v " te m irisa,
La f * * —flj- fSBcui :
:tl 4C*^ es ing
i*' c. tu tfc •’OIA 7 1 ,(ía «tm»- a¡
^aun.: &lt;fe paz? üta te ir. leenn nai ,

P w es f pd-io*.

EL DILEMA DE BERNALDO DE QCIROS
P o r

frente a las coochÉsi-oees de caestra ex­
periencia.
De estas posibilidades dos son m boíbíes a nuestro artista: los prejuicios
j ía negligencia mental En te qne hace
a tes prejuicios, se desprende de Las
m i s m a s declaraciones de Qoirós : sa
obra "es reflejo de los grandes maes­
tros. Eco vivo de n a so s". Xa es ttn
remedo pero sí es trabada en sas n o ­
cí mientes j adulterada en sos forma.*
probables por viejos conceptos. Con­
ceptos que torteron vuüdex mientras
f rmaivn parte de un sistema orgázir
de ideas, ■Ñcmtrzs
__ «salid —
«te’ - f " . j
s a«és aJimentaroa
m a s de expresión de oca épo- a . pero que han demostrado ser fal-*is en «vasto han querido asumir cá­
tese ría de verdad nniversaL j que -sin
in*c.Bip»tíbáes coa el espirita íe asestro tiempo porqoe. r ó d a to K il e . es­
tamos cnfTenta*ios a ana noeva experieiicia del mando. Qairós te percibe.
Por eso «fice: " . . . es eosso d estuviera
«le regreso— j comenzara a echarme
«le nuevo por caminos tIIéditos’,. Noera posible que ana nataraSeza tan
vital como la su va ao llegase a rec-r-;-

J U L I O

R I N A L D I N I

cer qnc tes tiesapis que A Tirsos son sss aoAmientiis los resan«:s cn_mraotros, qne otro es snessro sentido de les. romo p :r sn rnst.; sjfnsnai -tei roten
ht realidad, otro el rñano de "lesera j ía materia. A caza paso pone en. ía
mente, otro el mecanismo de nuestras leía m «xor qne ha •sccontra«io reneasociaciones j otras las formas que roso j ahí te deja, sin precen parse, si
percibe nsesea inteligencia.
pico m s o te :, te as coaseeoecoas ¿ne
Qairós adviene todo esto, peso en necesariamente trae tcarreadas: stn
La práctica se pierde. Sa buena con­ pre*:«fuparse de qne todo eoíorr ine -f
ciencia tropieza j se traba en eon- poce en la tria asome tina faciñon deffietí) eoe sa educación j sa temne- tertnmante j trae cocse«men«nas que no
g dehe san o n t r i Se planta ¿rente al tema pzcien desaten.ierse.
j jsato a ía tria
ajos recién
berte «h, s.bt« re* .
-m
■,
amanecidos, per: apen-, - m i ac- i " ■
t'-tj-.- j inte- i
»«mué sízl
■- •
qne nzngsno «te tes dos se «ten por
—
r
i invadir por todo te qne Leva a-zvertidos de sa presencia en eí cua­
aprendí i: Sz • . • : - .-• - • • •• .
dro. qne sSí se están, inertes, sin.
visión directa j desamit. se desarrolla. desarrolle ni raz-.tc eficiente, te m a »
sin qne ü mismo lo advierta —o trate áe este n cd ; en errores qne para zn
de impedirte—, de “manera’. Segar hoín-bre de sa Btpe ñ a ñ i v sas cococieste dato pxi riamos llegar a ía eoce in­ nuentos tienen qne ser abetes. Errores
sten de qne k s prej nictes de escaria qne mal-.gran on enadre «uno eí ¿e ía
están tan arraigados en é; qne salen magnifica escampa de sancho la 'E l
a La superficie de toados modos. Pero domador «te La Eacierra’ tirara :rraseria más exacto decir qne so es snfi- nica- planca-ia eoc man.; maestra j
eiencemente reflexiva. Se «teja levar zismnoí-ia .neg*: ro r eí trata:: t- : tel
por sn faeilñiaíi. reír sa facundia j . Sxwso de ha teia. O errores qne te lle­
tras rilas, por eaanto hav en él de p r:- van a «focfhn.zir en ame soto, por esta
pio j «te (wstiBk Se «teja llevar tante­ aplicación irreflexiva «leí color, tres
en esto de permitir qne -e «arfen en t- ates perfectamente distintos «áe sa

_nagm«ir.«'.. o íe na ewi iemai aientai
¿Pea •.rajare a i . . u i a es a ine mmuta
j a rila se infle ri ameta. En. zafa
te esa « w tiía . i i ' ui.ma tes ¿mnag
j tes en ..re* se riñeran, se- tesarsiSan y ««neneirdtei. :■s.ia está »a ^
zamraíeza nz en a nsHeB». T Oí pos
está sn ti espi tttr.r j en ía mente 5^
biíérr está sa;«flj: 1 as i.'c.nn'.namonas
qne te onra tí _un«:a.eniín ea eí «nrsn
.áe sa saernitHiLi:
En sos termines ates n.ue«natas á
problema íe Q irríe se reírme a ma
enestiijn áe- «enserto y a n a í’aescún
«te Tiznare-ía. E-e erraron an mamii g
rineep.to .te la p a ra ra coma «nm
te arte , te ngt-arena. «1 manta, a «u
he? qne en. tetero 1. i.-iiío nmnenia ía
c a ta ra es. tremía tosmense, ::im •mn.
t.tia. j qne. por .«: nata. e-T íaaliaa.
te nsemiaaeiiiG. a seteetsda y te «nnocnia t e los medios sin meiesariíis
al haen nso te lo qne provee te «a.
«miniad. Prooa tiemen.ta te lemán iw
:m peraaiea::. te í asptrom j te te
siente s«;n smmJftánggt* en eí trema
pero .0 .nerto as qne ei rorir mentu
es zmiesar.ii. r Orante se ía smaito
t e 71recio p ar t a . i i i s ariiztas un.
árá qne me«üfi«:ar ti:«a; sa Tejo j¡¡.
tema, te f : roias. Xo tanori qne mn«irficarío par .;oavec«non. lo teman
m e modzfiear «fijan»; nna ?:msemenea
v ea a me«¿j¿a n e se •: mpomn a
ptentnza 11111 .Uiti te sn nieva Tatnr ie
tes cosas. Cnan-ii: esto snes-ia; se j® .
iiri aevntahíifnnHite. t e ie neroli&gt; nm sa
tem po, se -mate-fca ign frente a us
aIseroat-Tas fecnm-iis te te sip«sreHtina
j sn nárvi tendrá mas pciitetUfitefe
te per’í n n r qne si te c:o»rme ruano
p«;r 11—111 |i«lii 1 qme presóme eternus, Xn
mcr-' z
’«w ;?ite»» qne
a*¡» usa».—
•*’ c r ñor u
obra te xz artista me iaa
i-msirrod.:. 5trp»:c¡g. ; e no se tejaré anprgsogar por cíl«:s: ni por a.; asios
otros qne aperevaeñaa a -ifasLÓn tura
te sc a m z io a m tes ’minierreis’ sa
tenorereíia agresiva te estas tosas. 11
por eí es'ro.t.: r une sop*;ce m e ai ta­
lento p a n ate?) e toefiere ir tedgeniaa
p a n todo t nz p«;r ei toaupriter, ¿
qne nada po«temos .teeiríe p«;rqne an
podemos p«s*irrte 'nenta ári mso- que
hace t e sn .ite ro . Lo. crepto- te m
artista es -..-iperar t.:«ites estas eqmv.iea»fi-:res. Y Qmntós. sesrir &gt;: me cusin
«réf&amp;- se 1. la iai 1 reesto lotno an ¡tJber t e eoncierefte.

�© cabalgata

ESPEJO
DE L A
PINTURA
EXPOSICIONES
DE LA
QUINCENA
vo y lo plástico, y en buena medida la
capacidad de poner este arte al servicio
del libro. Los más diversos procedi­
mientos hallan a los canadienses bien
dispuestos para el desarrollo de estilos
universales. Empero, si de una reco­
mendación pudiéramos disponer, al
igual que para otros artistas del con­
tinente, comprendidos los nuestros, in­
sistiríamos más y más en este punto:
ahondar, ahondar en el oficio y en la
expresión y representación, pues una
obra de arte está ligada de tal modo a
sus elementos constitutivos que en ellos
van implícitas su perdurabilidad y su
grandeza.
XXXI S alón A nual de A cuarelis ­
G rabadores. Doscientos cuaren­
ta trabajos y más de ciento cuarenta
acuarelistas y grabadores reúne este
Salón de significativa trayectoria por-

tas y

Jorge Larco: Pepa Villam ediana.

aestros

antiguos, artistas argen­

M tinos, pintores jóvenes, estudian­
tes y egresados de bellas artes, consti­
tuyen la actualidad de la quincena
última. Lo internacional y lo nacional
se hicieron evidentes en nuestros salo­
nes de exposiciones: calidades sumas,
intenciones nobles, primeros pasos ar­
tísticos. Vimos un conjunto de 200
obras representativas de las artes grá­
ficas de Canadá, y vimos a maestros
antiguos de los siglos xvi, xvn y xvm,
e incluso una colección (de la señora
L. S. M. de R.) de óleos y acuarelas
preferentemente del siglo xix. Nuestros
acuarelistas fueron agrupados en el
XXXI Salón Anual de la Sociedad de
Acuarelistas y Grabadores, y, los más
recientes, aun en formación, en el XXV
Salón Anual de la Mutualidad de Es­
tudiantes y Egresados de Bellas Artes.
Asistimos también a la presentación de
otros núcleos: Trece pintores, Tres pin­
tores, Siete pintores y dos escultores,
croquis de Alberto Güiraldes, trabajos
en miniatura, etc., todo lo cual nos
prueba que nuestras galerías reúnen
lo saliente de la producción local, o, al
menos, fomentan la presencia de valo­
res consagrados y nuevos.
A rtes G ráficas de C anadá. Esta
exhibición ha sido viable por conduc­
to del Instituto Argentino Canadien­
se y la embajada de Canadá en la

Argentina, efectuándose en las salas
de "Nordiska”. De indudable valor cul­
tural, por cuanto han permitido conocer
a un conjunto de artistas de un país
de América, con el cual artísticamente
desearíamos estar en una relación di­
recta más constante, proveyendo inter­
cambios de conjuntos de asidua recipro­
cidad, las artes gráficas canadienses se
nos aparecen ricas en expresiones indi­
viduales a través de artistas nacidos
entre 1882 y 1922, que tienen una tra­
dición que se remonta al siglo xvn.
Vemos una vez más cómo el artista
americano —sea de Canadá, Brasil,
Argentina o Estados Unidos— se atiene
a la variedad y rigor de su oficio, en­
tregado a una fantasía o a un drama­
tismo de calidad que no excluye la
transcripción de la realidad, y que res­
ponde a las distintas manifestaciones de
nuestro tiempo cruzado por tendencias
y escuelas disímiles, mas invariablemen­
te captadoras de expresiones de tierras
nacionales o de estados de alma. Repre­
sentación y abstracción, se unen en el
mismo proceso y nos definen a hom­
bres que saben de la línea y del volu­
men, y de la invención, humor o gracia
ínsitos en todo testimonio artístico. Val­
gan estos nombres: Beaulac, Binning,
Blouin, Cosgrove. Daoust, East, Eveleigh, Fainmel, Goranson, S. Hudon,
Milne, Trudeau y otros no menos inte­
resantes, en donde se alian lo dec-orati-

Laura Mulhall Girondo y los tres pai­
sajes de Rodrigo Bonome dentro de su
individual estilo.

"Andamio y maniquí”, "Mates”, "Cabe­
zas”, "Naturaleza”. Sus exposiciones:
Müller.

XXV S alón A nual de E studian ­
La Mutualidad al presentar este
Salón en "Rose Marie”, nos hace alcan­
zar nombres nuevos, tales los de Remo
de Martino, Alberto A. Salietti, Angela
R. Arava, Basilio Celestino, Alfredo
Scarzella, M. J. Scieppaquercia y An­
tonio García Videla. En unos y otros,
estudiantes y egresados, se puede per­
cibir el deseo de dominar su modo de
visión, mas sabido es lo difícil que es
alcanzar una expresión en arte. Enten­
demos que las búsquedas actuales de
estos jóvenes deben ceñirse por ahora
más estrictamente a los rigores del ofi­
cio; luego, muy luego, vendrá el do­
minio de la expresión.

M a e s t r o s a n t i g u o s . Junto a estas
exposiciones de artistas locales y de Ca­
nadá hemos podido valorar obras de
grandes artistas del pasado europeo.
Admiramos las grandiosas formas ex­
presivas y en movimiento de Tintoretto
en "Los tormentos de los santos”, la
justeza en el dibujo y colorido de "Pie­
dad” de Libérale da Verona, o la "Niña
dormida” de Joshua Reynolds, obra
ésta que prefigura a Delacroix y alcan­
za una extraordinaria proyección senti­
mental por el color hecho sentimiento
moral y nobleza expresiva y represen­
tativa.
Creemos que la colección Müller y los
grabados de Durero, en la misma ga­
lería, las telas y tablas expuestas en
"Wildenstein” y alguno que otro óleo
en "Viau” debieran constituir para
todo artista nacional "el pan nuestro de
cada día”, ya que por la dificultad' de
hallarnos en contacto constante con va­
lores universales, estas obras que se
nos ofrecen de tanto en tanto asumen
dimensiones primordiales y ubican la
meditación y el análisis sobre el destino
del arte y su lograda inmortalidad.
Buen ejemplo, por lo tanto, y mejor
estímulo. E invariable espejo para glo­
ria de la pintura. — R. B.

tes .

Héctor Baaaldúa. Figura. (T em p era.)

(A cuarela.)

A lthabe ,

I raolagoitía

v

O tano.

Tres sentidos diferentes resumen estos
tres pintores jóvenes. Julián Althabe
cultiva una pintura en densidad, de
acentos anímicos, como "Sofía y yo” y
"El parque”. Fernando Iraolagoitía
señala búsquedas inteligentes y un de­
seo de penetrar la materia visible en
su refinamiento de los tonos: "Remi­
niscencia”, "Autorretrato”, "Flores”.
Juan Otano se afinca en simplificacio­
nes mediante masas de color y planos,
y construcciones de coloridas síntesis:

R aúl Russo: Bodegón. (Tem pera.)

Adriaan H annem an: Retrato de Sir Hurnphrev Style. (O leo.)

teña. Esta nueva exposición en "Witcomb” ha convocado a excelentes artis­
tas. Cabe mencionar: Baldini, Basal­
dúa,-R. y A. Bonome, Butler, L. Capdepont, Castagnino, Cochet, Cogorno,
C. Cornero Latorre, Chiesa, Domínguez
Neira, Fariña, L. Feodorowna, Fon­
tana, Forte, Gambartes, Grandi, Monsegur, Larco, Moraña, L. Mulhall Girondo, Nicasio, Angeles Ortiz, Pedone,
Pierri, Rebuffo, Russo, I. Sánchez,
Soldi, Torrallardona, Veroni, A. Vezzetti, E. Villafañe.
En una visión crítica concreta, par­
ticularizamos de manera sobresaliente
y en primer término, los envíos de Raúl
Soldi (especialmente las dos naturale­
zas muertas, temples), las acuarelatintas de Juan Carlos Castagnino, los
dibujos (pluma, dos colores, y pluma,
tres colores) de Manuel Angeles Ortiz,
las aguafuertes de Laertes Baldini, "El
ensueño”, de Víctor L. Rebuffo, "Cor­
tejo”, de Sergio Sergi, dibujos de Ho­
racio Butler, témperas de Héctor Ba­
saldúa y Ernesto Fariña, acuarelas de
Jorge Larco. De los más recientes:
"Granada”, de Santiago Cogorno, "La
florista”, de Mario Dino Grandi, "Bo­
degón”, de Raúl Russo. Finísimas las
témperas "Campo” y "Sembradora” de

Jothua R eyn o ld s: Niña dorm ida.

(O leo.)

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Escena He guerra.
(Colección Lgarte. Buenos Aires.)

Los fusilamientos en la Montaña He
en Madrid. (D etalle.el p rln&lt;.¡pe p¡„, e¡ 3 de mav„ 8e l8 0 8 _
lannu. i Aseusue.) (Museo Hel PraHo.)

SEGUNDO CENTENARIO DEL NACIMIENTO
DE DON FRANCISCO DE GOYA y LUCIENTES
R E C O R D A C I O N por FELIPE A R C O S
fuego y tanta gracia juntos. De tanto fuego
ardido. De tanta gracia, maestro volador, vivo
entre sus cenizas. Nació villano, hace doscientos años,
y desde hace poco menos a esta parte apenas si encon­
tramos parangón en señorío. Desde luego, funda un
linaje que muy pocas ejecutorias pueden alcanzar.

T

a st o

"Galante y feroz”, se ha dicho del pintor de los
"ángeles de ojos asesinos”. Un soplo de coraje, de va­
lentía sin resentimientos, lleno de la más difícil alegría,
de la más graciosa realización, recorre toda su vida y su
obra. Es la única fiesta de la pintura española, casi la
única fiesta universal del genio español. Es un grito
en el aire: de amor o de peligro; y 110 hay modo de
ver su vida si no es en un tris, con el corazón en un
puño siempre. Aun en los tapices, brilla un relámpago
de riesgo. Todos sus saltos mortales nacen de eso: de
llevar la fiereza de un estilo de vida a la inerte reali­
dad del lienzo.
Hay algo de crimen pasional en su obra entera. De
crimen que redime, clarificador, esperanzado.
Ese empeño de Goya por revelar lo más oculto de los
seres, su indomable misterio, su fuego sagrado, lo que
enciende su sangre, es para mí más importante que su
condición de gran maestro iniciador de la pintura mo­
derna. Con la resaca de su marejada se han fundado
puertos inmensos. Pero se perdió tanto en humanidad
y en misterio, en maravilla y en espanto . . . Tanto, que
nueho nos tememos que haya sucedido en el mundo, no
sabemos hasta qué punto, lo que estaba anunciado en
aquel grabado suyo, ¡Esto es lo peor!, en (pie la bestia:
la mentira, la crueldad, la brillante ignorancia, la bes­
tia, está dictando normas, revestida de espíritu.
Para quienes creemos que hay que volver a enfrentar
el espanto del capricho, del desastre, de la tirana y del
toro, de la luz negra y la bruja escobera de verdad;
las extrañas articulaciones imaginativas de los refranes,
la faz y el antifaz del mundo —todo sea sin perder la
alegría chispera más bailadora y burlona—, puede este
Autorretrato de Goya.
(Museo del Prado.)

increíble prerromántico, si) escuela que encajarle, ser
padre de nueva maestría yhumanidad. Entre otras co­
sas, por ser uno de los f^ides veneros de la moder­
nidad.
Dice Haudelaire: "Goya es siempre un gran artista,
a menudo terrible. Ha ui ido a la alegría, a la jovia­
lidad, a la sátira española leí buen tiempo
Cervantes,
un espíritu mucho más mdenio, o, al menos, que ha
sido buscado mucho más ¡a los tiempos modernos; el
amor a lo inasible, el sentimiento de los contrastes vio­
lentos, de los temblores d( la naturaleza y de las fiso­
nomías humanas extrañante animalizadas por las
circunstancias.” "El gran mérito de Goya consiste en
crear lo monstruoso vero¡mil. s us monstruos nacen
viables, armónicos. Nadie ha tenido más audacia que
él en el sentido de lo absvrdo posible. Todas sus con­
torsiones, sus rostros besti des, sus andrajos diabólicos,
están penetrados de énunimuiad.
"Aun desde el punto de ñata particular de la historia
natural sería difícil condenarlos, ,anta analog¡a hay ^
ellos y tanta armonía entre t0(ias ,as pMtes
en una palabra, la línea d. sutura, el puuto ()e eonjun’
ció" entre lo real y lo íc tic o es imposible de asir­
os una vaga frontera que el análisis más «¡„ci
6
mas sutil no podría
trazar, tan trascendente y natural a la
18 vez es el arte.”
Es una pena que nuestro p0eta ^ ^
^ ^
a la vista de los grabado de Gova. Vi
enamorado de
Delaeroix hubiera eneontndo en )a
hechizo suficiente para est r&gt;bir alSUno de del español
español
líos y penetrantes estudios |le pintura. La
las planchas lo garantiza. Vuereinos des.
,lntl
lo que nos dice Baudelaire' las pa,a W
r J‘ntre to«lo
gria humanidad. Principa ment* 1&gt;g d 3I',' laluiad, ale^°~
vialidad y alegría. Porqm está viénf}0jas . ,
en aquellos cuadros en qu“ ya es tópi(.0
*’co’ no
alegría goyesca —más que na()a
, ° enco"trar la
en *0s tapices- sino
justamente en la ]&gt;arte de su 0|,r|
más descarnado y brutal. A e||0 ^ ^ # ^01 ror es
‘ 'amos al
principio de nuestro trabajo s¡n
del poeta. Dichas por un ffanc.^
r as palabras
Palabra
°^ran, además, ,.]

RUIZ
valor que da la lejanía. Y, desde luego, es esa mezcla
de alegría y de horror, algo que Goya ha dejado ahí
misteriosamente sin que esté estudiado todavía su sen­
tido. Alguna vez he pensado si una cosa y la otra no
le vendrían tan juntas, de haberse zambullido plena­
mente en la vida, sin renunciar a su misión de dar
testimonio de lo inocente y de lo siniestro a la vez, tan
frecuentemente juntos también en esta humanidad que
no se atreve a reconocer su cruz. Tenía gran corazón
y pudo soportar la prueba: la noche siniestra no ahogó
su esperanza, el horror de Goya está en vilo, no es lagu­
noso, y por eso se salva y busca la alegría, la luz inol­
vidable de los cielos de sus cuadros de la llamada pin­
tura negra.
Esa esperanza, en fin, que le da ánimos, al final de
sus días, para refugiarse en Francia huyendo de
la sordidez española, para morir como un "afrance­
sado”, él, el español de más estirpe posible, hasta por
ese mismo hecho de marchar voluntariamente al des­
tierro.
Recordémoslo este año, a los doscientos de haber na­
cido, como al altísimo látigo del pecado triste, pezuñoso, sin amor. La cochambre hispánica, la palabrotez
carpetovetónica, la lujuria ruidosa y hueca, el rencor
del bruto tienen en él un espejo de vergüenza. Como
las gracias del mundo tuvieron en- sus pinceles todas
las sonrisas del rosa, el plata, el amarillo, el vermellón.
Recordémoslo también muerto en Burdeos junto a al­
gunos de los grandes desterrados de España; nada me­
jor para ello que transcribir el principio de una carta
de Leandro Fernández de Moratín a don Juan Antonio
Melón, fechada en Burdeos: "Querido Juan: Llegó, en
efecto, Goya, sordo, viejo, torpe y débil, y sin saber
una palabra de francés, y sin tener un criado (que
nadie más que él lo necesita), y tan contento y tan
deseoso de ver mundo.” Contento y deseoso de ver
mundo murió. Buena lección final, sobre todo en tal
ocasión.
El entierro de la sardina.
(Academia de San Fernando, de Madrid,).

�■

cabalgata©

LA RAZA
AMERICANA

EL TESTAMENTO PSICOLOGICO DE
GERTRUDE STEIN
por GEORGE SINCLAIR

\ V1f i

1.AK'Z' .

Por Daniel J. Rrinlon

\\!J KK ' v '

(Prólogo del profesor Enrique Palavecino)
Brillante sistematización de las civilizaciones
aborígenes americanas, tanto en la etapa precolom­
bina como en sus manifestaciones modernas.
"La traducción de la obra de Brinton es un
trabajo metódico y serio, destinado a circular en­
tre los lectores de habla hispana; llevará sin duda
al público una visión científica de la Américaindígena.” (Del Prólogo de Enrique Palavecino.)
Precio . .
g 1 2 .__

NOVA

LA EMOCION
E N

Y

E L

EN

H

EL

O

M

B

R

E

A N IM A L

Por Paul Tilomas Young
(Prólogo del doctor Emilio .Mira y López)
El eminente investigador de la Universidad de
Illinois nos revela en esta obra el mecanismo ínti­
mo y fascinante de las emociones, analizado
con rigor científico y expuesto con amenidad.
P r e c io ..........................................................S 12___ -

MOVEDADES PE
LOS PLASTICOS

DIOSES DE LA MUERTE

Algo que todos deberíamos saber
por Bernard Wolfe

(N ueve de Term idor)
por Mark Aldánov

Los m ateriales plásticos: historia com ­
pleta dei hallaz :o más sensacional de la
historia.
D etallada descripción desde
sus comienzos, sus realizaciones presen­
tes y sus perspectivas del futuro. La
utilización del m aterial plástico es la
más prodigiosa revolución del mundo
actual.
Precio . . .......................$ 6.—

D ram ática descripción de la famosa
jo rn ad a en que fue derribado Robespierre por la Convención y señaló el
fin fiel T erro r. Desfilan por esta sub­
yugante noveia todos los personajes que
influyeron en ia transform ación del
mundo. P r e c i o ............................... $ 7.—

GARIBALDI EN AMERICA

EL AMOR VISTO
POR UN PSICOLOGO

por New ton Freitas

por Theodor Reik

M arinero en Rio de Jan eiro , tropero
y revolucionario en Rio (irán d e. jefe de
los legionarios italianos en el cerco de
M ontevideo, prisionero en G ualeguay:
toda la vida del gran av en tu rero y de
su denodada com pañera en tierras de
A m érica y Europa. Precio . . $ 3.—

Desde la invitación al amor de P la ­
tó n , hasta las nueve leyes del amor
en Freud, no se ha escrito nada tan
original en torno a este misterioso tema.
Las delicadezas del amor tam izadas a
través de la investigación psicoanalitica.
P r e c i o ................................... $ 7.—

originaria de

el "prototipo”, si se quiere emplear tal
de la novela americana mo­

de Harvard, a últimos del pasado si­
glo. La influencia intelectual francesa
en los círculos avanzados anglosajones,
después de los éxitos prodigiosos de la
escuela simbolista en literatura, del im­
presionismo en pintura, era tal que
cualquier e s p ír i tu
amplio y curioso
sent a que en P a­
rís se podia encon­
trar verdadero ali­
mento e s p iritu a l.
Gertrude Stein, tan
pronto como termi­
nó sus estudios, se
embarcó con direc­
ción a Francia. Era
una muchacha atre.
vida, llena de ardor,
apasionada por la
pintura, dispuesta a
co m p re n d er hasta
las tentativas más
audaces del espíritu.
De la libertad y fir­
meza de su gusto se
tendrá idea por la
elección que hizo de
sus amistades nada
más llegar a Paris:
en su círculo esta­
ban Picasso, Matis­
se, Picabia, Marie
Laurenein —a quien
aun no habían visitado ni la gloria ni la
fortuna. Muy a menudo les sirvió de pro­
videncia comprando sus cuadros, invendi­
bles entonces, de cinco a cien francos. Hoy
día su galería es una de las más comple­
tas y más ricas del mundo.
El contacto con estos artistas no dejó
de influir, naturalmente, el espíritu
de la muchacha, que se dedicó a hacer
llegar a sus amigos de América las im­
presiones con que alimentaba su espíritu
en Francia. Su primer libro fué "Three
Lives” en 1908, cuya técnica rompía ya
con todas las tradiciones de la novela.
Pronto un segundo libro afirmaba aún
más su estilo: "Making of Americana.”
Era una especie de monólogo sin pun­
tuación, sin lógica exterior, a veces os­
curo, a veces confuso, confesión flúida
que marchaba al ritmo del pensamiento
y de la vida. Era una reacción violenta
contra la novela "compuesta’’, como lo
eran los libros ingleses de la época. Fué

En su estudio cerca del Odeón, Ger­
trude Stein se había hecho una vida
singular consagrada a la charla, a la
amistad, al trabajo, a la creación. A me­
dida que pasaban los años, esta america­
na se convirtió en una de las figuras

ertrude

S tein

era

Pittsburg, Pensilvania. Siguió sus expresión,
G estudios
en el Colegio de Radclyffe, anexo
derna.

guos, asombrados de semejante adorno
inesperado.
El libro que reveló Gertrude Stein al
gran público fué la "Biografía de Alico
B. Toklas”, aparecido en 1933. Es la bio­
grafía personal de Gertrude Stein, fi(.t¡.
ciamente escrita por Alice B. Toklas
su secretaria y amiga íntima a partir
de 1904. En él se encuentran las concep­
ciones literarias &lt;je
la autora, el am­
biente de bohemia
parisiense en el que
ella gozaba, ¡as ca­
ricaturas de perso­
| najes conocidos, etc.
Pero lo que más
ligó a Francia a
Gertrude Stein, fué
la ocupación. Esta
americana de cora­
zón francés no con­
sintió en abandonar
Francia ni en el
m om ento del pe.
ligro ni en el mo­
m en to de la de­
rrota. Primeramen­
te marchó á Bellev
con su amiga Alice
«A
Toklas; después, a
partir de 1942, a
Culoz. Jamás se la
inquietó porque, de­
cía, los alemanes no
buscaron en el pue­
blo más que a aque­
llos que les habían sido señalados. A los
habitantes de
Culoz les preguntaron:
"j Quién vive en esta casa ?” "Dos ancia­
nas y
su doméstica” les respondieron.
Los alemanes pasaron de largo.
Sin embargo, Gertrude Stein estaba es­
cribiendo dos libros: "Paris, Francia” v
"Les guerres que je me rappele”, especie
de diario de la ocupación. Había jurado
en 1940 que terminaría este último libro
el dia en que viese al primer soldado alia­
do sobre suelo francés. Esto sucedió en
agosto 26 de 1944, a las cuatro de la
tarde. Entonces trazó al pie de su ma­
nuscrito, f in . Algunas semanas más tarde,
volvía a París.
Por último y a fin de llegar a América
misma, escribió una obra teatral que es
su testamento de psicología. Esta obra
titulada Oui, c'est d’itn tres jcunc hom­
ilía . . . se dió en marzo último en Pasadena, cerca de Hollywood.
(Especial pai a C abalgata, de A. F. P.)

ÉL1

más características de Paris, uno de los
"monstruos sagrados” de la ciudad, como
le gustaría a uno decir de Jenn Coc
teau.
Pequeña, el pelo cortado, vestida c-on
sencillez primitiva, Gertrude Stein liuia
de la publicidad, salía poco, pero ado­
raba recibir, y atraía hacia ella todo
lo que París cuenta como habitantes y
viajeros célebres. Algunas veces hubo a r­
tistas que llegaron hasta instalarse cerca
de ella Murante períodos más o menos
largos, atraídos por la atmósfera que
sabía crear a su alrededor, para traba­
ja r dentro de la órbita de esta mujer
de inteligencia aguda y nervios sóli­
dos. El más célebre entre ellos es Picas­
so, cuyas obras forman el fondo de la
colección Stein. En su casa pintó el
retrato de esta Egeria moderna, llena
de indulgencia y autoridad. Hasta con­
sintió en dibujar para ella las tapi­
cerías que subren algunos sillones anti­

EDITORIAL
PERU 613 • RUENOS AIRES

FRANGIS AMB R I E R E
por J EAN QUEVAL
onocí

a Francis Ambriere en 1939

C en Oeuvres Frangaises. Tenía a mi
cargo la tarea (le leer manuscritos aje­
¡DE GRAN ACTUALIDAD!
MISIÓN EN ESPAfiA. TESTIMONIO DEL EMBAJA­
DOR BRITÁNICO, por Sir Samuel Honre, Vizconde
T em pleivood.....................................................S 8.—
Loa cntrrtclones dr la política española durante la guerra. Un
relato tan objetivo y verídico como apasionante ilc la conducta
seguida por el régimen dr Franco respecto a los aliados, l'n
documento revelador dr gran trascendencia.

ROLAND-MANUEL: Manuel de Falla .

S

7.—

Primer libro donde se estudia la vida y la obra del gran músico
español recientemente fallecido. Traducción y prólogo dr Vicente
Salas Viu. Con numerosos grabados, en una lujosa encuadernación.

Premios del Club "El Libro del Mes"
en su selección de octubre
________ .________Libros recomendados:-------------------------JOHN DEWEY:Democracia y educación .

S

8.—

La obra fundamental del más eminente representante de la pe­
dagogía de nuestro tiempo.

JULIO NAVARRO MONZÓ: El destino d&lt; Amé­
rica ..................................................................S 4.—
Les mejores y más representativos ensayos de Julio Xavarro
Momo, litio de los escritores americanos dotados de más amplio
conocimiento y con. más agudo sentido de los problemas espirituales
del continente.

ROBERT A. MILLIKAN: El secreto de los rayos cós­
micos .................................................................S 6.—
¿Para qué sirven los rayos cósmicos? ¿De dónde vienen estos
misteriosos visitantes con una energía diez mil veces superior a la
de la bomba atómica? En este libro se relata toda la historia del
más notable de ios recientes descubrimientos físicos.

GISELE FREUND: La fotografía y las clases medias en
Francia durante el siglo x i x ........................S 7.—
La evolución social del siglo xix reflejada en fotografías. Una
sociología del estilo, arte y técnica fotográficos.

ED ITO RIA L LO SA D A S. A.
Alvino 1131, Buenos A ire s
C o lo n ia 1 0 6 0

ÍM M
C O N TEV ID EO

Av. O ' H I g g l n s

253

S A N T IA G O DE CH ILE

cavellc

LIMA

nos. Ambriere venía de vez en cuando
a charlar y a ocuparse de sus asuntos
en aquellas visitas a medias, como ha­
cen casi todos los escritores con sus edi­
tores. Para entonces, ya había escrito
Vie secrete des granéis magasins, en su
origen un sencillo reportaje que Louis
Roubaud le había pedido que hiciese en
su lugar para "Les anuales”. Pero
¿acaso es posible traicionar su tempe­
ramento? Si le hubiese pedido que hi­
ciera una nota rápida sobre el origen
de la fortuna de Rockcfellér, sobre las
polainas a través de los tiempos o so­
bre los caballos del ejército de Atila,
en cada caso hubiese escrito también una
obra exhaustiva. Así pues, sucedió lo
que tenía que suceder: que el reportaje
adquirió las proporciones de un libro
admirablemente documentado, traba­
jado a la perfección, que se tradujo
luego a no sé cuántas lenguas, que se
lo cita como referencia en todos los
tratados de economía política, que me­
reció un comentario de veinte páginas
de Gaetan Birou y que a pesar de su
título de biblioteca de estación ferro­
viaria, ocupa un sitio en la mesa de los
especialistas. El libro fué editado pri­
mero por Flammarion y luego reedita­
do en Oeuvres Frangaises, editorial en
donde vi desfilar algunos autores que
luego se descarriaron y otros que, como
Máxime Blocq Mascart, comenzaban su
carrera.
Allí veía de tanto en tanto a Fran­
cis Ambriere, siempre dinámico, gigan­
te bondadoso de negra pelambre, pá­
lida tez y cejas espesas. Colaboraba
desde hacía mucho en "Les nouvelles
litteraires” y en "Mereure de France”.
Yo lo ubicaba en la galería de los semidioses: lo encontraba olímpico y cor­
dial. Volvimos a vernos en la prima­
vera de 1945. Había vivido cinco años
en el cautiverio, maravillando a sus ca­
maradas con su vitalidad, con su per­
sistencia y con su sutileza en la resis­
tencia pasiva. Con aquella salud suya
y aquella voluntad que prevalecen sobre
las circunstancias, había vuelto a su
vida de antes y a su misma actividad.
Asumía la dirección de las "Quides
bleus Hachette” y comenzaba a escribir
sus memorias de la cautividad hacia la
época en que yo reunía el equipo de
"Clartés” bajo el doble proeonsulado de
Jean Texier y de Georges Izard. Pedí
a Ambriere que se hiciese cargo de la

sección teatral y a Edmond Maghv de
la literaria. Hoy los dos son miem­
bros del jurado Théophraste Renaudot.
Así hemos entablado una amistad que
espero resista a cualquier cataclismo y
aun a las diferencias políticas.
Este escritor, que sigue pareeiéndome
olímpico y cordial, nació en París y
quedó huérfano a tierna edad. Lo edu­
caron en provincias. Sus primeros
maestros fueron Albert Mathiez y Gas­
tón Roupnel. Su formación clásica es
excelente. Se pone a la tarea con el vi­
gor de un leñador, pero luego la cince­
la como un artífice. Escribió su primer
poema a los doce años. Estaba dedi­
cado a una niña de once años, muy lin­
da al parecer, de una belleza que se­
gún lo proclamaba, "enternecería al co­
razón de una tigresa”. ¡Nada!
A los dieciséis años terminó un tomito de versos. Sin dudar un instante, so­
licitó un prefacio a Edouard Estaunié,
de la Academia Francesa. Y el acadé­
mico lo escribió. Publicóse el libro en
Lyon, en las Editions du Fleuve. Gen­
tiles versos de corte clásico, frescos y
bien pensados. "Cosas de chicos”, dice
hoy Ambriere, sin renegar de aquellos
primeros pasos.
Ambriere se hizo hombre. Lo volve­
mos a encontrar más tarde a través del
testimonio de Paul Guth, su contempo­
ráneo de la misma edad. Juntos hicie­
ron el servicio militar. Juntos, no es
precisamente la expresión, pues Paul
Guth, como Adeniai, el personaje có­
mico de las historias militares, tuvo la
poca fortuna de estar a las órdenes de
un sargento y destinado a doblar y em­
paquetar, de acuerdo con los reglamen­
tos, las camas de los soldados. Ese sar­
gento era Francis Ambriere, a quien
Guth lo considera como un hortera que
hubiese dejado de ser hortera escru­
puloso. Por lo demás, Paul Guth es de
Villeneuve sur Lot, región de fábulas,
como todos sabemos, y por ende no
hay que prestar mucho crédito a ese
testimonio meridional.
En verdad, Ambriere posee una hu­
manidad y una fraternidad profundas,
como las que hallamos en ciertos héroes
de Dickens, lo que se explica en parte
por la dificultad de sus comienzos y por
sus primeros años de extrema penuria.
Como Petit Chose, era un profesor de
ínfimo orden y escribía un ensayo so­
bre Du Bellay —publicado en 1931 por
Firmin Dido— y sus primeros artícu­
los. En "Mereure de France” tuvo la
crónica dramática juntamente con Paul

Léautaud, Henri Beraud y Pierre Liévre. Publicó trabajos eruditos sobre
Apollinaire y Flaubert. Sostuvo feroces
polémicas en las que hacía gala de no­
table terquedad en las demostraciones y
de una absoluta falta de miramientos.
Cuando Claude Farrére con el apoyo
de Georges Batault se propuso demos­
trar que el Padre Hugo era un falso
gran hombre, un falso bonachón y poco
menos que un gusano, el joven Ambriére empuñó su pluma y con gran acopio
de argumentos respondió que Claude
Farrére era un imbécil por esto, aquello
y lo de más allá. Hoy es completa­
mente obvio agregar que tenía razón.
El tealro y la historia son sus te­
mas preferidos. Hombre de teatro,
fundó en 1935, con André Villers, su
amigo más viejo, la "Compagine du Be­
ber”, la cual representó por primera
vez en Francia el drama de Alfredo de
Musset La coupe et les lévres. Tuvo
la alegría de recibir el día del estreno
a un viejo que no conocía y que llegó
arrastrándose hasta el teatro porque no
quería morir sin ver el espectáculo: era
Henri de Regnier.
En cuanto a la historia, para él no
son los pergaminos amarillentos, sino la
vida misma. Suele decir que el erudito,
si no es solamente erudito, encuentra
siempre su recompensa. Toma a los
personajes tanto en sus hechos minúscu­
los como en los espectaculares porque
para él todos los hechos son un testi­
monio. Sería preciso, sostiene, que los
intelectuales fuesen eruditos, y eruditos
inteligentes; sólo entonces habría lle­
gado el momento de escribir la historia.
Ambriere ha dado algunas de esas nor­
mas en su "Un favorit de Frangois
Premier”, con el que ganó la bolsa na­
cional de literatura instituida en 193/
por Jean Zay.
Ambriere conoció muy bien a Jean
Zay y tiene para él un recuerdo admi­
rativo y lo venera por la obra de pro­
paganda de la cultura francesa que hi­
ciera en el extranjero.
Prepara actualmente una gran obra
que se titulará Gustare flaubert on le
malhetir d’avoir une niéce y que conten­
drá doscientas cartas inéditas del g ra 'J
novelista. Su gran hombre es Paul
Claudel, que —dice— está hecho a ima­
gen del árbol. Su proyecto más am­
bicioso es una extensa novela que seria
el testimonio de una época y de dos
generaciones. Su modelo como nove­
lista es el Tolstoi de "La guerra y la
paz”.

�LETR AS
H. G. W E L L S

Por NORMAN NICHOLSON

espués

H. G. Wells nació en 1866. Su padre
era jardinero de una gran propiedad si­
tuada en el campo, pero también poseía
un pequeño comercio en la localidad de
Bromley, Kent, cuando el pequeño Herbert George llegó al mundo. En reali­
dad, ese pequeño comercio nunca le dió
ganancias y el muchacho tuvo que crecer
mal alimentado y mal educado, pero su
madre tenía para él planes ambiciosos
y le hizo entrar de aprendiz en una casa
local de tapizados. Pronto lo despidieron
y luego de hacer otras tentativas en falso,
durante las cuales fué ujier en una escuela
particular, ayudante de un químico, nue­
vamente ayudante de tapicero en una gran
firma de una ciudad cercana, Wells se
convirtió en profesor de la Escuela de
Gramática de Midhurst. Y allí, final­
mente, empezó a irle bien. Demostró un
interés especial por todo lo que se rela­
cionaba con la biología y fué aceptado
en las clases de práctica bajo la direc­
ción de Tilomas Huxley, que era abuelo
de Aldous y Julián (Aldous Huxley es
el autor de "Point Counter Point”,
"Brave New World”, etc. Julián Huxley
es un hombre de ciencia distinguido y un
director de broadeasting muy popular).
Diremos que su primer libro publicado
fué un texto sobre biolog'a, pero antes
que ese libro ya había escrito una novela
llamada "The Chronic Argonauts” (Los
argonautas crónicos), que fué retasada y
publicada con el título de "The Time
Machine” (La máquina del tiempo). Esta
novela se refiere a un hombre que inventa
una máquina con la cual puede retroceder
y adelantar en el tiempo, argumento que
se adaptaba muy especialmente a la ima­
ginación del joven Wells. Y es que se
sentía muy fascinado por los descubri­
mientos de la’ ciencia y por sus posibi­
lidades, y aunque no poseía, es cierto,
el poder imaginativo de un Julio Verne,
tenía más sinceridad en sus escritos y la
cualidad de hacer que sus inventos más
extravagantes, pareciesen posibles. Y eso
era lo que el público quería. La mayoría
de la gente de fines del siglo diez y nueve

Un rincón
distinguido

(Especial para Cabalgata.)

de haber escrito una serie
se había dedicado a la interpretación
de relatos científicos, extrañas na­ mecánica de la vida, pero todavía desea­
rraciones que en algunos casos probaron
ba sus sueños y sus maravillas. Ya mu­
haber sido proféticas, H. G. Wells escri­ cho antes había buscado todo eso en las
bió en 1900 "Love and Mr. Lewisham” novelas de terror góticas; ahora, se in­
(El amor y el señor Lewisham), la pri­ clinaba más bien por la novela científica.
mera de una serie de novelas que dieron
Wells estaba en condiciones de agradar
la medida de su genio en relación a tipos a su nuevo público, y así se convirtió
de carácter y comedia, y de su conoci­ en el profeta del progreso material. Su
miento y comprensión de la vida diaria. mente era un hervidero de ideas. "The
Esa novela fué seguida por "Kipps” en el War of the Worlds” (La guerra de los
año 1905, "Tono-Bungay” en 1909 y "The
mundos) relata la invasión de la Tierra
History of Mr. Polly” (La historia del
señor Polly), en 1910.

D

©cabalgata

por los habitantes de Marte; "The War
in the Air" (La guerra en el aire) es
una previsión de los zeppelines y los
aeroplanos; "The Food of the Gods” (El
alimento de los dioses), trata de una sus­
tancia que hace que las criaturas logren
crecer varias veces su estatura normal.
Tiene también novelas acerca de la Edad
de Piedra; de una estrella que casi choca
contra la T ierra; de una droga que hace
que los hombres se muevan y piensen con
una gran rapidez, de modo que la vida
a su lado parece moverse muy lentamente.
Pero, por más delicioso que todo esto
nos parezoa, no nos da la vendadera
medida del genio de Wells para los tipos
de carácter y de comedia y de su cono­
cimiento y comprensión de la vida diaria.
En el año 1900, por lo mismo, empezó a
escribir la primera de una serie de novelas
que él iba sacando de sus primeras expe­
riencias en la literatura y en la vida. La
primera de ellas fué "Love and Mr. Le­
wisham” (El amor y el señor Lewisham).
Se trata de un joven maestro, ansioso,
andrajoso y pobre pero con un senti­
miento raro y casi inconsciente de la
belleza. Cinco años más tarde vuelve a
presentarse con "Kipps", ayudante de una
casa de cortinados situada en Folkestone.

Es un personaje mucho menos educado
y mucho menos inarticulado que aquel
señor Lewisham, pero ya en la primera
parte de su vida existe esa brillantez pe­
culiar que parece haber pertenecido a los
primeros años de su siglo. Se muestra
hasta en los incidentes más pequeños, como
éste: "Es una brillante tarde de domingo;
la escena está situada en un pequeño si­
tio, a mitad de camino del frente de
Leas, y Kipps tiene cuatro años de edad.
Re nota una curva imperceptible en su
labio superior, y su traje está completa­
mente ajado, mientras se halla recostado
en el suelo sobre sus pies y manos. Lleva
el cuello tan alto que le oculta la garganta
y su mandíbula suave; el sombrero tiene
un ala curvada, la corbata denota buen
gusto, sus pantaloncitos son brillantemen­
te modestos, y sus zapatos son altos y
se cierran con un botón al costado. Gol­
pea el suelo con un bastoneito barato
v mira de soslayo a Fio Bates, la joven
damita que está en la caja, sentada.”
Kipps hereda algún dinero y se mezcla
más tarde con lo más selecto de la so­
ciedad, se compromete para casarse y se
siente completamente triste, hasta que
finalmente se desentiende de esos prejui­
cios y se casa con una chica de su clase.
"Ha sido inventado” —dice Wells— "bajo
una sensación de indignación; es una
criatura mal alimentada de cuerpo y es­
píritu, ligeramente mojigata, sin gramá­
tica y un poco snob”. Pero lo más raro
no es la indignación ni el análisis social,
no es esto lo que constituye el valor del
libro, sino la parte de comedia y la
imaginación creadora a que sus situacio­
nes dan lugar.
Prefiere ser un educador antes que
servir de entretenimiento (en cualquier
sentido de la palabra), y por esa razón
dedica la mayor parte de su tiempo a
obras populares como "The Science of
Life” (La ciencia de la vida). Su re­
putación debe descansar en el conjunto
de sus obras logradas como artista, y
en esto debemos admitir que a veces fué
torpe, otras veces poco sincero, y nunca
tuvo estilo de gran prosista. Sin em­
bargo, su mejor obra tiene una vitalidad
que la distingue de la labor de los no­
velistas que quisieron llegar muy alto sin
conseguirlo. También tiene un toque de
poesía: la poesía de los placeres sencillos,
de las casas públicas, de los muelles y de
los paseos en bicicleta a lo largo de los
canales. Y en todas ellas hay una verda­
dera comprensión del hombre común, y de
las experiencias que pueden permanecer
ignoradas, o si r aplastadas por una mala
enseñanza en la escuela o por los que­
brantos económicos. "K ipps” y "El señor
Polly” son los personajes que perdurarán.

bohemien club
SALON DE TE
Y
C O C K T A IL S
Abierto de 16 a 2 horas
además:

SEC C IO N LIBROS
SECCION D ISC O S
m es d e diciem b re
ACUARELAS BARNIZADAS
d e Felipe De la Fuente

VIOUNES
de ‘Francisco J. Cornejo

Viamonte 547
GALERIAS
PACIFICO

Buenos Aires

LAS DOS BOTELLAS DE CONDIMENTO
cuenta botellas en Unge. Un asesinato
estimula siempre la imaginación de las
personas y las dos botellas de Steeger me
dieron una oportunidad que sólo un tonto
habría desperdiciado. Pero, por supuesto,
nada de eso le interesaba a Linley.
Uno no puede ver los pensamientos de
un hombre ni mirar en su cerebro; por
esto, las cosas más apasionantes de! mundo
no pueden ser contadas. Pero yo creo que
lo que le pasaba aquella noche a Linley,
mientras yo le hablaba antes de la co­
mida, durante ella y después, sentados y
fumando ante el fuego, era que sus pen­
samientos se encontraban detenidos por
una barrera que le era imposible fran­
quear. Y la barrera no estaba constituida
por la dificultad de encontrar los proce­
dimientos que podría haber empleado
Steeger para deshacerse del cuerpo, sino
por la imposibilidad de comprender por
qué estuvo cortando aquellos troncos, dia­
riamente, durante una quincena y pagó
£ 25 al propietario, como yo acababa de
descubrirlo, para tener el derecho de ha­
cerlo. Aquello era lo que derrotaba a Lin­
ley. En cuanto a los medios que podría
haber usado Steeger para deshacerse del
cadáver, todos habían sido ya examinados
y desechados por la policía. Si uno decía
que lo había enterrado, ellos contestaban
que el subsuelo de creta no había sido re­
movido. Si uno decía que lo había tras­
ladado, ellos contestaban que el hombre
no abandonó la casa. Si uno decía que
quemó el cuerpo, ellos respondían que
nunca se sintió olor a carne quemada en
el humo que salía del bungalow. Yo me
había adaptado magníficamente a Linley
y no necesitaba tener educación para com­
prender lo que había de grande en una
mentalidad como la suya; siempre creí
que él podía solucionar el asunto. Cuando
pensaba en la ventaja que le llevaba la
policía y no veía ninguna manera de des­
contarla, me sentía realmente triste.
Una o dos veces él me preguntó si al­
guna visita había ido a la casa. ¿Alguien
se llevó algo? Pero nosotros no podíamos
dar respuesta a esa clase de cosas. Enton­
ces, acaso yo haya hecho aquella suges­
tión inútil o tal vez empecé a hablar nue­
vamente del Num-numo y él me interrum­
pió con severidad:
—¿Pero usted qué habría hecho, Smithers? —dijo—. ¿Qué haría usted?
—¿Si yo hubiese asesinado a la pobre
Nancv Elth? —pregunté.
—Sí —dijo.
—No me puedo imaginar haciendo una
•osa semejante —contesté.
El suspiró como si mi respuesta le des­
agradara.
—Supongo que yo jamás seré un detec­
tive —dije. El se limitó a sacudir la ca­
beza.
Entonces se puso a rumiar mirando el
fuego durante cerca de una hora. Luego
sacudió nuevamente la cabeza. Los dos
nos fuimos después a la cama.
Durante toda la vida me acordaré del
día siguiente. H asta la noche estuve,
como de costumbre, luchando por el Numnumo. Alrededor de las nueve nos senta­
mos a la mesa. No era posible cocinar
los alimentos en aquellos departamentos,

de manera que nuestra comida fué fría.
Linley empezó por una ensalada. Puedo
recordar ahora cada detalle. Bueno, yo
estaba aún lleno de mis éxitos con el
Num-numo en Unge. Demasiado sé que
sólo un tonto no lo habría colocado allí.
Pero era yo quien lo había colocado; y
cerca de cincuenta botellas, cuarenta y
ocho para ser exacto, son algo en un pue­
blo pequeño, cualesquiera sean las cir­
cunstancias. Así que yo estuve charlando
un poco sobre eso hasta que de pronto
comprendí que el Num-numo era lo mismo
que nada para Linley y me callé la boca.
El tuvo un gesto muy lindo. ¿Saben lo
que hizo? Debe haberse dado cuenta en
seguida de por qué yo dejé de hablar
y, sencillamente, estiró un brazo y dijo:
—¿Me daría un poco de su Num-numo
para mi ensalada?
Yo estaba tan emocionado que casi le
alcancé la botella. Pero, por supuesto,
uno no usa Num-numo con la ensalada.
Sólo para carnes y entremeses. Así dice
en la botella. De manera que le dije:
—Sólo para carnes y entren:, res. Aun­
que yo no sé qué son entremeses. Nunca
los comí.
Nunca había visto que la cara de un
hombre se pusiese en semejante estado.
Se mantuvo inmóvil durante un largo
minuto. Sin decir una palabra; sólo con
aquella expresión en la cara. Como un
hombre que ha visto un fantasma, tengo
ganas de decir. Pero no era realmente
eso. Les voy a decir lo que parecía. P a­
recía un hombre que ha visto algo que
nunca antes vió nadie, algo que él creyó
siempre imposible.
Y entonces dijo, con una voz totalmente
cambiada, baja, suave y tranquila:
—¿No sirve para verduras, eh?
—Ni un poquito —dije.
Le oí hacer una especie de sollozo con
la garganta. Nunca pensé que podrían
pasarle esas cosas. Por supuesto, yo no
sabía de qué se trataba. Pero, fuera lo
que fuese, yo pensé que a un hombre edu­
cado como él debían haberlo corregido
en Eton y Harrow. No tenía lágrimas
en los ojos pero sufría horriblemente,
Y entonces empezó a hablar con gran­
des pausas entre sus palabras:
—Tal vez un hombre pueda equivo­
carse y usar Num-numo con los vegetales.
—No dos veces —dije. ¿Qué otra cosa
podría decir?
Repitió lo que yo había dicho como si
yo le hubiese descrito el fin del mundo,
agregando un terrible énfasis a cada pa­
labra hasta el punto de que parecían
viscosas, con un terrible significado. Sa­
cudía la cabeza al hablar. Después se
quedó silencioso.
—¿De qué se trata? —pregunté.
—Smithers —dijo.
—Sí —contesté.
—Smithers —dijo.
Y yo dije:
—¿Bueno?
—.Vea, Smithers —dijo—. Usted debe
telefonear a la especería de Unge y ave­
riguar una cosa.
—¿Sí?
—Averiguar si Steeger compró aquellas
dos botellas, como yo pieneo, el mismo

día o en días distintos. No puede haberlo
hecho..
Esperé a ver si sucedía algo más y
después salí corriendo e hice lo que me
pedía. Demoré algún tiempo porque ya
habían pasado las nueve y necesité la co­
laboración de la policía de Unge. Con
seis días de diferencia, me contestaron;
así que regresé e informé a Linley. Cuando
yo entré levantó la vista lleno de espe­
ranza; pero supe por sus ojos que mi
respuesta era la mala.
Uno no puede tomar las cosas tan a
pechos si no está enfermo; de manera
que como él seguía silencioso le dije:
—Lo que usted necesita es un buen
brandy y meterse temprano en la cama.
—No —dijo él—. Debo ver a alguien
de Scotland Yard. Telefonee. Que ven­
gan en seguida.
Pero yo le dije:
—No puedo conseguir que .un inspec­
tor de Scotland Yard venga a visitarnos
a esta hora.
Sus ojos brillaban. Estaba lleno de
decisión.
—Entonces dígales —dijo— que nunca
encontrarán a Nancy Elth. Que venga
uno aquí y yo le dire por qué. —Y aña­
dió, creo que solamente para mí: —De­
ben vigilar a Steeger hasta que logren
atraparlo por otra cosa.
Y el hombre vino; vino el Inspector
Ulton en persona.
Mientras lo estábamos esperando traté
de hablar con Linley. En parte por curio­
sidad, lo admito. Pero yo no podía de­
jarlo rumiando aquellos pensamientos
frente al fuego.
Traté de preguntarle de qué se tr a ­
taba. Pero no quiso decírmelo.
—Un asesinato es algo horrible —fué
todo lo que dijo—. Y cuando un hombre
trata de eliminar las pruebas sólo puede
empeorarlo.
No quiso hablarme.
—Hay relatos —dijo— que uno jamás
quisiera oír.
Eso es bastante cierto. Yo desearía
no haber sabido nunca de éste. En reali­
dad jamás lo oí. Pero lo adiviné por las
últimas palabras de Linley al Inspector
Ulton, las únicas que pude escuchar. Y tal
vez sea este el momento de dejar de leer
mi cuento para evitar que también ustedes
adivinen, aun cuando les gusten las his­
torias de crímenes. ¿Por qué no preferir
un relato criminal con un toque román­
tico en lugar de la historia de un asesi­
nato real e inmundo? Bueno, será como
ustedes gusten.
Entró el Inspector Ulton y Linley le dió
la mano en silencio señalando el camino
a su dormitorio; entraron allí y hablaron
en voz tan baja que no oí una palabra.
Cuando entraron allí el aspecto del Ins­
pector era vigoroso.
Al salir caminaron en silencio a tra ­
vés de nuestra sala y entraron juntos en
el hall. Allí escuché las únicas palabras
de todo lo que se dijeron. Fué el Inspec­
tor. quien quebró el silencio:
—¿Pero por qué —dijo— cortó los
árboles?
—Nada más —dijo Linley— que para
abrirse el apetito.

O U IS F ish er es u n d e sta c a d o p erio d ista
n o r t e a m e r i c a n o . A m ig o d e S u m n e r
W elles, y de G a n d h i, v o lu n ta r io e n P a le s­
tin a y en E sp añ a, h a b la d e tie m p o s , p er­
so n a s y lu g a res co n la seg u rid a d y el a p lo m o
d el te s tig o p resen cia l.

L

Para L ou is F ish er EL G RAN D E SA F IO se
e n ta b la e n tr e e l r é g im e n s o v ié tic o , c a lific a ­
do d e d ic ta d u r a y la d em o cra c ia . C on rigor
im p la c a b le h a c e u n a n á lis is d e la p o litic a
exterior s o v ié tic a y d e la s c o n d ic io n e s im ­
p e r a n te s en R u sia , s in e s c a tim a r ta m p o c o
su s cr ític a s al im p e r ia lism o in g lé s y a la
p o lític a d e su m is m a p a tria .
U n v o lu m e n d e cerca d e 500 p á g in a s. $ 8.00
Pídalo en cu a lq u ier librería

E D IT O R IA L HERMES
d is trib u id a p o r la

EDITORIAL SUDAMERICANA
Alsina 500

Buenos Aires

�cabalgata©
ha pasado el décimo y último
septenario de su vida —él decía que
su existencia se dividía en períodos de sie­
te años— en tierra argentina. Ha muerto
pocos días antes de cumplir sus setenta
años, y en la be­
lla ciudad de Al­
ta Gracia, de Cór­
doba. Pero de es­
ta Córdoba de la
nueva A n d a I ucía; no en aque­
lla Córdoba espa­
ñola , y en la ca­
sita que estaba
en su recuerdo y
a la que pensaba
ir un día para
pasar, entre el penetrante aroma y la
ardiente luz de aquellas sierras, el fin que
todos esperábamos lejano— de su vida
terrena.
La enfermedad que hacía años le tenía
abatido el cuerpo, nunca el espíritu, no
se curó con el viaje a América, ni con su
estada en esta gracia de Alta Gracia.
Jin la parte más alta y hacia el té r­
mino de esta población, por el lado que
mira a las próximas sierras, está el chalet
"Los Espinillos” que Falla habitó el último
tiempo de su vida. Cómoda y agradable
era la casa, y umbroso el rústico jardín
que la rodea creciendo sobre un suelo de
fuertes pendientes. Nada faltaba en ella.
Pero su habitación de dormir era pobre,
nías que una celda de monje: las paredes
blanqueadas, una ventana, una sencilla
cama de hierro, una silla, y una mesa con
unos libros. Su cuarto de trabajo era
b anco, muy claro. Una gran mesa con
montones de papeles, pero muy bien dis­
puestos, y libros, todo muy ordenado; y
el piano, con sordina constante —sordina
despareja, hecha con toallas— un poco
desafinado y desigual, sonando, como diría
Debussy, vn peu favsse, mais en fin
agréable. Y un ancho ventanal mirando
a las sierras, y, en la pared lateral, una
Falla con su hermana María del Carmen, Pahiaaa y su hijita María Eulalia en el
ventanita estrecha, que él hizo abrir aun­
jardín del chalet "Los Espinillos” de Alta Gracia.
que se hubiese habido de romper el fuerte
y ancho muro de piedra, para que entrara
mas el aire. Necesitaba tener siempre
también lo era la manera de medirlo. Me
amigos, y a todos atendía, aunque sólo a
abiertas al aire puro las ventanas, o las
dijo un día: "No duermo mucho por las
la hora del almuerzo pasadas las dos
puertas de los balcones de la g alera que noches; a las cuatro o cinco horas de
de la tarde si es que se quedaban
da al comedor. En invierno, de día, con el estar en la cama me despierto y ya no
a comer con él, o después de la siete, a
sol y el hermoso clima de Alta Gracia, se puedo reanudar el sueño. Esta noche me
su hora del té. Y, sobre todo, el cum­
estaba bien, pero al caer la tarde, cuan­ desperté que debían ser las cinco y media,
plir con la correspondencia. Falla no de­
do iba entrando el aire helado que baja
porque, cuando miré el reloj, marcaba
jaba de contestar a quien le escribía. Por
de las altas sierras, el frío era intenso
las ocho; pero como que lo llevo una
eso se le acumulaban las cartas, y las que
y el estar molesto.
hora adelantado, eran las siete, tiempo
no eran tan urgentes iban quedando re­
A pesar de la belleza y serena tranouioficial, o sea, las seis, hora solar; y tomo
trasadas. Tenía aún por contestar hasta
lidad del apartado lugar, no podía dedicar
que ya hacía rato que estaba despierto,
correspondencia que trajo de Granada.
a la composición mucho tiempo. Cinco serían, pues, las cinco y media.”
Y a mí me dijo, cuando le hube de dar la
horas diarias —que últimamente se au­
Poco espacio le quedaba, en consecuen­
triste nueva de la muerte del pintor Zumentaron a seis— le requería el cuidado
cia, para el trabajo, aunque pudiera ser
loaga, tan amigo suyo, acaecida durante
de su persona y su salud. El horario de que esta reducción tuviera también ori­
unos días que pasé con Falla en Alta G ra­
la casa hubiera podido parecer de un gen en el subconsciente, más que en la
c ia : —"¡Cuánto lo siento! ¡Se ha muerto
gran desorden; no lo era sin embargo:
falta de capacidad o tiempo, pues mu­
sin haberle contestado: le debía carta de
era un orden retrasado* &amp;e levantaba más chos años atrás, hablando con él, yo le
hace cinco años!”
bien tarde que temprano; hacía su "toilet­ dije que no podía sostener el estado de
Su estilo epistolar era modelo de gracia,
te” , muy cuidada y primorosa; dedicaba concentración necesaria a la creación mu­
de elegancia y de corrección. El rasgo
bastante espacio a la correspondencia; y sical, más allá de tres horas, y él me con­
de su letra, con los relieves que venían de
con esto eran ya las tres y media o las testó que era cosa de entrenamiento, pues
la pluma ancha de escribir música, de tr a ­
cuatro de la tarde: entonces almorzaba. él trabajaba hasta ocho o más horas dia­
zo firme y bello, revelaban al artista ele­
Descansaba luego, es decir, hacía su sies­ rias. Lo que representa mucho mayor es­
vado y noble. Ultimamente ya no man­
ta ; y a las siete y media merendaba pacio que el que hoy empleaba. La verdad
daba las cartas escritas de su puño y le­
(o tomaba el té, como aquí se dice.). Des­ es que le ocupaban mucho tiempo los com­
tra ; líácía primero el borrador, y luego
pués se ponía a componer hasta las doce promisos que él consideraba ineludibles:
su hermana María del Carmen lo ponía
de la noche en que cenaba.
mucha gente que le iba a visitar: músi­ Falla y Pahissa a la entrada de su casa
a máquina. Y en algunos momentos de
Si el horario era un poco fantástico, cos, artistas, personas de representación,
en Alta Gracia.
postración en que le sumiera un recrude­

F

alla

LA VIDA DE FALLA
EN SUS U LTIM O S T IE M P O S
por JAI ME PAHISSA

EL B A L C O N C I T O
DE LA A N T E Q U E R U E L A

los biógrafos de averiguar
al detalle cuándo y por qué don Ma­
nuel de Falla llegó a Granada de paso,
V al preguntarle los amigos que lo ro­
deábamos si le gustaría quedarse a vivir
allí contestó con la mirada iluminada de
deseo: "Si encontráramos una casa bara­
t a . . . ” Lo que importa es que se encontró
la "casa barata”, con su jardincillo y vieron dolorosas u hostiles. Granada se
todo, y un balcón — ¡ay qué balcón!— llenó de pronto de furia y de erimen; has­
que dominaba el valle del Gcnil cuando ta la casa del pobre don Manuel llegaba
éste sale de la sierra entre cerros cebra­ el eco de los fusilamientos y el rumor de
dos de chumberas y se deja atrás, como los llantos y los clamores de auxilio; in­
telón maravilloso de fondo, el festón son­ tentó cumplir el precepto cristiano de sal­
rosado de los picachbs de Muleyhacen y var a las personas en peligro, ayudar a
El Veleta. Ningún lujo había en aquella
las víctimas inocentes, tender su brazo
casa: una habitación que era como una
fraternal a los injustamente perseguidos,
celda de monje pobre y el único mueble y no lo dejaron. Y, convencido de que
de valor: el piano; sillas populares con
no era aquélla la Granada en la que había
asientos de anea, anaqueles con libros y deseado terminar sus días y tareas, don
piezas de música, estampas antiguas en Manuel emprendió su viaje a América; un
la pared encalada. . . y el balcón.
viaje que tuvo todas las características de
En aquella casa se pasó don Manuel
una fuga aterrada, no obstante las Menti­
los años de su vida que debieron ser los das expresiones de adiós con que lo des­
más colmados de satisfacciones y dulzu­ pidieron las furias allí desencadenadas,
ras V fueron al final los más amargos y no obstante el digno silencio con que él
dolorosos. Se los pasó, la mayor parte del
tiempo sentado ante el piano, con el bal­
cón a su derecha, el panorama de la sierra
NOVIEMBRE
al otro lado del balcón, majestuoso, misterioso, eterno. A veces tenía el compositor
16 1908. Debut de Toscanini en Amé­
que hacer breves escapadas, "cosa del ofi­
rica, dirigiendo Aída en el Metro­
cio”, a París o Londres; otras veces era la
politan de Nueva York.
necesidad de renovar sus contemplaciones
17 1602. "Por un atril chico para el
lo que le obligaba a algún viaje a Mallor­
libro de órgano de Mr. Bateson,
ca o S evilla... Pero regresaba lo antes
seis chelines.” (Bateson, madrigalis­
posible a la casita de la Antequeruela Alta,
ta inglés, 1570T1630, fué organista
se sentaba ante el piano, con el balcón a
de la Christ Churcli Cathedral.)
la derecha, y mirando aquel paisaje fué
extrayendo del "círculo mágico” y ali­
18 178C. Nace en Eutin Cari M aria von
neándolas en el pentagrama, lentamente,
Weber. "Su obra contiene una so­
alquitaradamente, las melodías del Petañadora melancolía, jamás entorpe­
blo de Maese Pedro y de La Atlánlida.
cida por el indigesto claro de luna
Y se había hecho ya tan de aquel medio
alemán en el que se bañaban casi to­
y de aquel paisaje, que allí quería con­
dos sus contemporáneos.” (Claude
cluir su obra y su vida. Pero vinieron ma­
Debussy, "Monsieur Croché, antidilos tiempos. . . Al fin, don Manuel no tuvo
lettante”.)
más remedio que dejar aquella casa,
19
1828.
Muere en Viena Franz Schuaquel paisaje, aquel balcón, pensando
bert.
"La
música enterró aquí un
amargado que difícilmente volvería a
rico tesoro —dice su lápida— pero
ellos. ¡Tan difícilmente!
también esperanzas aun más ricas.”
La decisión de un alejamiento que le
20 1905. Se representa en Berlín, en su
arrancaba del fondo del alma tantas co­
forma original, la única ópera de
sas allí arraigadas no pudo formarse en
Beethoven, "Fidelio, oder Die Ehelisu ánimo, sino obligada por causas vio­
che Liebe”, op. 72, estrenada en el
lentísimas: un sombrío telón ensangren­
Theater an der Wien cien años an­
tado se deslizó de pronto ante sus ojos y
tes, el 20 de noviembre de 1805.
todas las cosas que eran para él amables
hasta entonces se estremecieron y se vol­
21 Estreno en París de "Robert le Dia-

P

r eo c ú pen se

cimiento de su enfermedad, ya ni escribía: mandaba telegramas.
Siempre fué en Falla objeto de eran
preocupación el cuidado de su salud. Cuan
do se sentaba a la mesa para comer él
mismo iba, antes, a buscar del cajón'del
buffet, unos potecitos, y unas cajitas de
medicamentos para colocar alrededor d I
plato, y que se tomaba antes, o despu¿
o durante la comida, pero muchas vece,’
distraído por la conversación, siempre ¡n’
terciante, no recordaba si había o no to­
mado, y de pronto, cortando el hilo del
discurso, preguntaba:
— i Usted ha visto si me puse las gotas'
O bien:
—¡Se ha fijado usted si me he tomad,,
las pastillitasf
Por lo demás, su comida era sustanciosa, acompañada de alimentos conetntra
dos: yemas de huevo, leche con crema v
unas gotas de extracto de café —para n'„
aguar la leche— tan fuerte, que un día
que me tomé una pequeña porción no dor­
mí en toda la noche.
Sentía gran pánico por las corrientes
de aire. Decía que la luna le hacía mucho mal y que el tiempo de los equinoccios
era fatal para él, pues fué en esta época
que tuvo los más fuertes ataques de su
enfermedad. Por eso escogía para )as
temporadas que debiera yo pasar con él
los días que no correspondieran ni a la
luna llena ni a los períodos equinocciales
del año.
Su modestia era, en todos sentidos ex­
traordinaria. A partir de su obra El som­
brero de tres picos, no quiso que su nom
bre figurara en la cubierta exterior de
sus partituras. No aceptaba que se le
dedicaran homenajes. Cuando vivía en
Granada, en la blanca casita de la calle
de Antequeruela Alta, el propietario, que
era un gran amigo suyo, se la quería
regalar. Pero como sabía que no se ]a
aceptaría, le propuso que se la comprara
y no de una vez, sino pagando le qué
quisiera, unos céntimos al mes, sólo para
que constara que no era un regalo. No
lo quiso Falla, porque, decía, "yo no
me siento como propietario”. Y en otra
ocasión en que se le ofreció un magnífico
contrato para ir a Norte América, por
una suma crecidísima de dólares, no quiso
tampoco aceptarlo, porque, decía también
"es demasiado dinero; y yo no soy hombre
para ser rico”.
No tiene, pues, nada de particular que
su situación económica no fuera muy bri­
llante. De nada carecía, ni nada había de
faltarle, pues a más de los ingresos que le
proporcionaran sus obras que tanto se
ejecutan, tenía buenos y muchos amigos
que jam ás lo hubieran permitido. Pero
esto no impide que haya pasado momentos
en que viera entrarse la estrechez por la
puerta de su casa. Me dijo un día:
—Con lo que me queda en el banco,
tenemos para vivir un mes. ¡Pero Dio»
proveerá!
Así, entre la calma del lugar y el fuego
del espíritu, entre la dolencia de la carne
y la salud del alma, entre la pureza del
arte y los problemas del mundo, ha vivi­
do Manuel de Falla los años de su último
septenario; el cuerpo, encerrado en su ca­
sita; afuera, el nombre llevado por la
fama. Famoso el músico. Bienaventurado
el hombre: modesto, bueno de corazón,
austero, religioso, enfermo y pobre.

Tchaikovsky. "Después de un cam­
bio de palabras, el albañil se enfu­
recía y comenzaba a injuriar a su
m ujer y a su hijo, aterrorizándolos
con sus amenazas. La mujer res­
pondía, luego sollozaba, tomaba al
niño que gritaba y se lo llevaba,
perseguida por su marido. Esto se
reproducía todos los días, con una
regularidad desesperante. . . En esta
atmósfera trab ajab a yo en mi par­
titura del "Baiser de la Fée”. (Igor
Stravinsky, "Nuevas crónicas de mi
vida”.)

ALTA

por JOSE MORA G U A R N I D O
llevó su destierro y su desolada pena.
"¡Quién nos iba a decir que habríamos
de encontrarnos en América! . . . ” Toda­
vía me suenan en el oído, tan extrañas,
aquellas palabras de don Manuel, sentado
frente a mí en el gran salón de un gran
hotel de Buenos Aires. Y qué rudo con­
traste, el de aquel ambiente, con la pe­
queña habitación donde tantas veces nos
habíamos pasado horas cuyo recuerdo nin­
guno de los dos queríamos despertar.
Nunca se pudo pensar en un desplaza­
miento más patético de una persona. Tan
triste, tan empequeñecido, tan desorienta­
do y desilusionado lo hallé, que todas las
fórmulas de consuelo fallaron.
Porque sólo calladamente y sin palabras
podíamos hablar de todas las cosas que

nos unían. Recuerdos que tardarán mu­
chísimo en despojarse de sus aristas a fi­
ladas y envenenadas y de su jugo ácido;
recuerdos que el tiempo tardará mucho en
convertir en resignación y conformidad.
Y porque para reanudar el diálogo con
don Manuel, sin pena y sin rencor, habría
sido menester tener delante nuevamente
aquel balconcito de la casa humilde de la
Antequeruela Alta, la casa que albergó
entre sus cuatro paredes encaladas lo me­
jor y lo más bello de una de las mejores
y más bellas vidas españolas de nuestro
tiempo y quizá de todos los tiempos. Aquel
balcón
¡ay qué balcón!— que es acaso
lo que más ardientemente habrían de­
seado ver los ojos del buen don Manuel,
antes de cerrarse sobre el mundo.

CALENDARIO
RETROSPECTIVO
ble”, de Meyerbeer. El libreto, de
Escribe y Delavigne, narra la histo­
ria de Roberto, hijo amado de Satán
y la Duquesa de Normandía, y su
camino al matrimonio en la Catedral
de Palermo, a pesar de las acechan­
zas de su padre.
22 Día de Santa Cecilia, martirizada
en 232, dulce patrona de la música.
La Iglesia le canta en este día:
"Aude, filia, et vide, et inclina aurem tuam . . . ”
23 1876. Nace en Cádiz don Manuel
María de Falla y Matheu, muerto en
la Argentina, en voluntaria exilio,
el 14 de noviembre de 1946. "Un
doloroso fervor, una nostalgia que
se eleva sin cesar, se espiritualiza
siempre y tiende al fin a su princi­
pio, forman el fondo del lirismo ar­
diente que penetra, involuntaria pero
sí visiblemente, esta música. Este
secreto ardor, en el que sangra una
misteriosa herida, es el signo esen­
cial del genio de Falla. Pero la

alabanza que la obra inspira se re­
siste a recaer sobre la persona de
su autor: para Falla, el ideal del a r­
tista cabe en una palabra que ya
dijimos: desaparecer, borrarse.” (Roland-Manuel, "Manuel de F alla”
1928.)
24 Estreno del "Romeo y Ju lieta” de
Berlioz. "Hace casi tres meses, dos­
cientos veinte músicos o cantores en­
sayan ese gran drama. ¡Han sido
pagados con los 20.000 francos de
Paganini! (los 20.000 francos eran
un homenaje metálico de adm ira­
ción del insigne violinista). ¡Y de­
cían que Berlioz, con ese dinero, p a­
garía sus deudas o se compraría una
casa! ¡Si Berlioz hubiera hecho eso
con ese dinero real, sería un ladrón!
(Jules Janin, en Les Débala.)
25

1862. Nace en Edgeworth, Philadelphia, Ethelbert Nevin, el del
"Rosário” y el "Narcissus”.

26 1504. Muerte de Isabel la Católica.
Se cree que el "Triste España sin
ventura” de Juan del Encina fué es*
crito en esta ocasión.
27

1928. Estreno de "Le baiser de la
Fée”, de Stravinsky, homenaje a

28

29

1925. Estreno de la "Música para
teatro”, de Copland, bajo la direc­
ción de Koussevitzky, en Nueva
York.

1643. Muere en Venecia Claudio
Monteverde. " ¡ Y quién podría ha­
blar de él, si el mismo quisiera ha­
b la r ? ... ¡Ariadna! —agregó Stelio, en voz baja, como para desper­
tarla.
Ella se levantó, sin hablar, se di­
rigió hacia una puerta, entró a la
estancia contigua. Se oyó el roce de
su vestidura, el leve son de su paso;
y luego el rumor del cémbalo que se
abría. Todos estaban mudos, espe­
rando. Un silencio musical ocupaba
su puesto vacío en la sala. Una
sola vez el soplo del viento inclinó
las llamas pequeñitas, agitó un poco
las flores. Todo quedó luego inmóvil
y ansioso, en la espera.
” ¡Dejadme morir!
”De un solo golpe, las almas fuerqn arrebatadas por un poder seme­
jan te al águila fulmínea que arre­
bató a Dante en su sueño hasta el
fuego. Ardían juntas en la verdad
de siempre, oían la melodía del mun­
do pasar a través de su éxtasis lu­
minoso.
” ¡Dejadme morir!
”iA riadna, Ariadna, llorando to­
davía con un nuevo dolor?, ¡subiendo,
subiendo aún al martirio?
”¡ Y qué queréis que me consuele
en esta dura suerte,
en tan grande martirio?
¡Dejadme m orir!”
(D ’Annunzio, "II Fuoeo”.)
30 1924. Estreno de "Reláche”, de Satie. "Quiero hacer una obra para
perros y ya tengo el decorado. El
telón se levanta sobre un hueso.”
(Erik Satie, citado por Coctcau.)
D. D.

�HUMOR

® cabalgata

BURLADERO
Por el Hondero Irónico
¿Qué no se habrá dicho de los ojos?
Desde aquello de que son el espejo del
alm a. . . cuando se tiene. Recuerden a
este respecto aquel pobre necesitado a
quien cierto usurero le ofreció perdonarle
la deuda si adivinaba cuál de sus dos
ojos era de vidrio y acertó en el acto.
—¿Cómo acertaste tan rápido? —le pre­
guntó su esposa.
— ¡Porque era el único en que brillaba
una chispa de humanidad! —contestó el
desgraciado.

UNA

VEZ

POR

TRIMESTRE

los millares de interesados

pecialidad técnica y literaria pueden

Pero no todo ha de ser amargura en
esta vida. Cierta vez, Enrique García Alvarez, emperador del astracán, no sabien­
do cómo ponderar los ojos de una "ella”,
terminó: "Tiene linos ojos que son un cie­
lo . .. ¡Un c ie lo !... ¿No lo cre en ?...
¡Un c ie lo !... ¡llasta una nube tiene en
uno de e llo s ! ...”

UNA

La bomba atómica envió al pobre Fujita a reunirse con sus honorables ante­
pasados. Japonés de Montmartre y Montparnasse, su sutil pincel sabía más de las
gracias de Occidente —por algo fué pin­
tor de felinos —que de las infantiles
geishas de sus lejanas islas. Demasiada
bomba para tan poco hombre. Gran a r­
tista, cierto día quiso darles una broma
a sus amigos de París —¿tenía otros,
acaso?— y levantándose el flequillo se
pintó otro tan minuciosa y sabiamente
sobre la fre n te ... que nadie se dió cuen­
ta de ello. . .
—¿Qué te pasa? —le preguntó cierto
día el Guerra a un moeetón de triste as­
pecto que se encontró al acaso.
—Na, don Rafaé. . . Que me llevan de
sordao...
—¿Y por eso estás tr is te ? ... Piensa
que en la milicia se aprende mucho y
tres años pasan p ro n to ...
—Si no es por mí, don R a fa é ... Es
que mi madre se pasa to er día llorando.
—¿Y cuesta mucho que no vayas?
— ¡Dos mil pesetas!
—Pues toma -—dijo el Califa de Cór­
doba echando mano a la cartera y dán­
dole las dos mil pesetas—. ¡Pa que no
llore tu m a d re !...

•

SELECCION DE LOS
MEJORES LIBROS
APARECIDOS

Ingres: "El baño turco”. Dibujo de O ski.

PALABRAS CRUZADAS
1

2

3

4

5

6

7

8 9

10

11

H O RIZO NTALES.
I. Completo. - Jefe de argonautas.
II. A rtícu lo determ inado. - Lo que pertenece
a lugar fijo. - Form a reflexiva de pro­
nom bre personal de la tercera persona.
I I I . C onsonante labial. - D esapacible. - C ien.
IV. Oeste.
P r o le t a r ia de u iu tienda de
comestibles. - U n o .
V. C ero. - A lias. - Isla de las C icladas.
V I. V iento de O riente. - G eneral de A ugusto
d errotado pos A rm inio.
V IL Cocinad. - C incuenta. - S egunds letra del
alfabeto griego.
V I I I . Be. - M ujeres rechonchas. - E le.
IX . C onjunción. - Bogan. - Be.
X . Bajo, debajo. - E sfe ra s planetarias.
N egación.
X I. Tal vez. - Le das al remo.

1 2 3 4 5 6 7 8 9

10 n

s ¡°
Gl Rl ° l Tl i P É a [! s AÍR
A| 1 IX | a pg X
S O L U C I O N ih l !a | l lora E ¡ S | 1 F
11s Afl^gg^ tfm o 5 6
DEL
Ri E |a ¡ga

Bl p r o b l e m a d e l a remiNiAn d e l i b r o * a l e x t e r i o r ( E d i t o r i a l ) .
Lu l i t e r a t u r a t é c n i c a , p o r J u a n J . G ó m e z A r a u j o .
J D x i t o e d i t o r i a l d e l t l u i j o t e , p o r el R v d o . P. C l e m e n t i n o S an z.
E l l i b r o e s t é r i l , p o r el V i z c o n d e d e L a s c a n o T e g u i .
l ’ f i i i i n u d e l e d i t o r , p o r V í c t o r N. N ep p .
L o * l i b r o * t é c n i c o * , p o r el I n g e n i e r o J u l i o V. R u e d a .
L ib ro* del p o r v e n ir
(R e v is ta de C orreo s y T eleco m u n icacio n es).
L i t e r a t u r a p a r a n i ñ o * (C o m . de Bib. P o p .).
Itio b lb lio g ra fla , Ju an
Jacobo Rousseau.
D e f i n i c i o n e s de t é r m i n o *
b i b l i o g r á f i c o * , p o r J u a n a M a n r i q u e de
L ara.

L i b r e d e b a - t e . p o r J. R. V i l l a n u e v a .
P r o b l e m a * d el lib r o (C o n feren cia radiotelefónica).
('A m o c o b r a r c u e n t a * , p o r Ja ck .
C ritica * ajen a*.
I I t im a * n o v e d a d e s y n u e v a * e d i c io n e s a p a r e c id a * e n t r e el m e *
«le c u e r o n n o v i e m b r e d e I94tl.
D e ta lle d e u u m e r o sa * ed icion es, c o n e x te n sa s reseñ a * b ib lio g r á ­
ficas.

i
•&lt;
■

C |R A

V E RTICALES.
1. A nim al cebado. - H ace mal uso de algo.
2. C ontracción de preposición y artíc u io . C onjunto de prim eras letras del alfabeto. Lemosin antiguo.
3. Segunda letra del alfabeto. - Poblado tra s u ­
ntante en A rabia. - P refijo negativo.
4. Individuos que aplauden en ei teatro a cambio
de cualquiera rem uneración.
5. M ujer sin juicio. - N ada. - A ve de A mérica.
6. Casa de moneda. - E sc rito r inglés que pru
sificó el teatro de Shakespeare.

EN EL TRIMESTRE

7 . N efrita. - Cinco. - R ecordar.
8. Tom aban las arm as.
9. Señor. - A rias. - Mil.
10. V osotros.
D epartam ento de F rancia.
Form a andaluza de nada.
11. Ignorante de lo que debe saber. - Blancos.

P R O B L E MA *
D E N°. 4 DE * M ü O! R ¡°
CABALGATA ™ A ¡ Bj C

| g
r7\ R
IX R o J8É C a S BJU üg R A
AI EIDIOraT ■ c] r T
XI T! Rio j v¡a ¡j§|
uLÍ-LL!.. N j o ,
h

EDITORIAL

|u |s

W AIPU 3 9 1

CON

B U E N O S A IR E S

L
Aquí tienen una lista de motes famosos aplicados a no menos famosos personajes
por la posteridad o la acreditada "vox populi”. Ustedes no tienen más que acertar
con los personajes históricos, populares, etc., a quienes correspondieron y enviárnoslos
por correo, y así se harán acreedores al consabido premio. /.Verdad que no es difícil?. . .
A ello. . .
Y vamos a ver: ¿quiénes e ra n ? ...
Su eminencia g ris — La viuda de W indsor — La Sem íram is del norte
El filósofo de
Ferney — El Incorruptible — El C alifa de Córdoba — E l E stag irita — Pepe Botella — El M a;
nífico
F.l Rey caballero — El zorzal criollo — El águila solitaria — El Santo de la Espada
Ei zorro del desierto — El zar rojo — El Cid C am peador — El A guilucho — El B urlador
El duque de h ierro
El titán de G raus — El Sansón de E x trem ad u ra — La Reina V irgen F.l príncipe de los ingenios — El cisne de V enusa - El Fénix de los ingenios — El manco de
L epante — El cisne del Avon — El sol de W cim ar —- M onstruo de la N aturaleza — El soi de
A lem ania — El
Rey Sol — El poeta de V alcjuse — El o rganista de Roncoli — El sordo
de Bonn
La
divina Sarah — El m aestro de Fuendetodos — El solitario de R ecannti - El
p in to r de
ias Concepciones — La doctora de A vila — E l apóstol de las Indias — El pintor de
Toledo
El peludo — Ei T ig re — El cisne de Pesaro
— El p&gt;dre del teatro español El
tigre de las pampas — La pantera negra — El toro de las pam pas — El B rujo de Menlo l ’a rk
Le petit caporal — El m aestro de Y asnaia Poiiana —
El G ran C apitán — El poeta de la
duda — El am igo del pueblo
El azote de Dios — El rey Sargento — El canciller de H ierro —
Ei doctor angélico — El pobrecito de A sís — El ginebrino — El rey poeta — El P recursor — El
doctor ilum inado — Ei últim o granadero — El caballero sin miedo y sin tacha — F ray M ar­
tín — La doncella de Q rleáns — El ruiseñor nav arro — El últim o mago — El br*vo e n tre los
bravos.

l« lINCV&gt;

V

S&gt; Y &gt;

LIBROS BIEN IMPRESOS
PARA EDITORES EXIGENTES

TRIOS

El. PASO DE ia
VII.I a r r i c a

Talla directa.

oruc

Qeurres

Cofi el prim er premio de $ 20 m /n ., Jorge Dabadie, V icto ria 1316, 2'f, C apital. Con una su s­
cripción p or seis meses a C a b a l g a t a : M ario
H ugo Cerezo, C urapaligüe 174, C apital; Concep­
ción O ssorio, Obligado 2815, C apital; A lfredo
Ji. tíesío, Sarm iento 541, C stam arca; Rubén M.
G il, C ervantes 63, C apital; Dzequíel A guilar,
V íd t 2161, C ap ital; M ario O scar Capagli, L,. N.
Alem 1350, C apital.
1.a solución correcta es la siguiente:
Padilla*, b rav o , M ald o n ad o — Don Ju a n , Doña
In é s, B ríg id a — P ie rro t, Colombina, A rlequín —
Sem, Cam. J a f e t - M elchor, G aspar, B alta­
s a r - —■E stre lla , Q uasim odo, Claudio b rollo —
D ante, B eatriz, V irg ilio — Don Q uijote, Sancho
P anza, D ulcinea — C arm en, Escantillo, Don J o ­
sé - C elestina, C alixto, Melibea — Otelo, V a­
go, D csdém ona -— M efistófeles, Fausto, M arga­
r i t a — Jo rg e Duval, M arg arita G autier, A rm an ­
do D uval — A cción, Tiempo, L u g a r-— L ibertad,
Igualdad, F rate rn id ad — Fe, E speranza, C aridad
— E xposición. N udo, D esen lace— M ar, Cíelo,
T ierra - Sólido, L íquido, Gaseoso
W erther,
C arlota, A lberto — Athos, Porthos, A ram ís —
A ntonio, O ctavio, Lcpido — C hurchill, Staiin,
Roosevelt — M undo, Demonio, C a r n e — N apo­
león, Siéyes, B a r r a s — Yo, T ú , E l — C rispió,
L eandro, Silvia — M undo, In fiern o , G loria —Keops, K cfren, M ic e rin o — Salom é. H crodias,
lokanaan — M enfis, T ebas, S a is — P in ta. N iñ a,
S anta M aría — E ra , A tenea, A fro d ita — Ju n o .
V enus, M inerva -— C risto, Dimas, G estas — R o­
ma, B erlín , T o k i o - - A lto , Bajo. M ediano-—
Bueno, Malo, R egular — Piano, V iolín, V iolon­
c e lo - - P in tu ra , E scu ltu ra, A rq u ite c tu ra — G ra ­
m ática, R etórica, D ia lé ctic a — B lanca, N egra,
M u iata-— Cloto, L áqucsis, A tropos —- Esquiló,
Sófocles, E u ríp id es — A leto, T esífone, M egera
— Aglaia, E u fro sin e, T a b a — Eunom ia, Dikc,
E irene
Ehos, Selcne, Eos — Crio, Tem is,
Mnemosine — líronte, Stéropc, A rge - Carpo,
M etacarpo, Dedos-—-F alan g e, F alan g in a, Faiangeta.

ALBATROS

U. T. 3 2 - 0 1 0 2

Premios correspondientes al concurso
planteado en el N* 3 de CABALGATA:
GANE

GUIA

INAPRECIABLE

En su conferencia del Centro Gallego,
el ilustre publicista don Salvador de 11adariaga dijo que se había dado cuenta de
que era gallego viendo un cuadro de. . .
¡Sorolla! Lo más curioso es que el pintor
valenciano tardó más de seis meses en
pintar su único cuadro gallego que era. . .
¡un día de sol! Darse cuerita de Galicia
con un cuadro de Sorolla es ya cosa bas­
tante curiosa cuando el propio pintor,
que nunca se distinguió por su ingenio,
dijo una vez:
— ¡Si hay algo que no puedo pintar,
es este endiablado verde reuma!
Furiosa aquella mamá por la con­
ducta de aquel "monstruo” de cinco años
de quien era imposible hacer carrera, le
conminó j*a en el colmo de la indignación:
—No volveré a reñirte más. Como vuel­
vas a hacer la más mínima travesura, te
llevo fuera y te cambio por una niña
b u en a...
—¿Yr quién te va a cambiar una niña
buena por otra m a la? ...

poseer

BIBLIOGRAFICA

Decía H. G. Wells: "Cuando las futu­
ras generaciones excaven entre las ruinas
de Londres y desentierren fotografías de
Bernard Sliaw, más fotografías de Bernard Shaw y más fotografías de Bernard
Shaw sería triste que creyeran que asi
era el inglés típico.”
"En los primeros días de la guerra de
España —contaba Antonio Machado— , me
vi requerido, ¿ior una patrulla de milicia­
nos, a enseñar mi documentación. Yo no
llevaba encima de mí más que la cre­
dencial de Académico de la Lengua. Uno
de los milicianos la miró un momento y
después exclamó:
”—¿No tiene usted otra cosa? Porque
esto lo tiene cualquiera...
”Y a lo mejor tenía r a z ó n ...”

en libros de es­

�cabalgata©

En estampado y blanco este conjunto para verano; tela dis­
puesta de modo de formar amplia guarda multicolor en la falda;
blusa corta y de hombros caídos, totalmente en estampado.

Short largo hasta la rodilla en hilo rojo;
blusa de gracioso corte, combinando hilo
rojo y blanco.

Conjunto de pantalón en lainage borra de vino
y blusa de poplin de seda celeste claro con
cintitas verdes.

la moda del sombrero ha
N sido más variada que ahora, y la S O MB R E R O S
unca

m ujer no tiene excusa ninguna si no
encuentra el sombrero que le conviene
a su persona.

LA FALDA PLISEE
Y EL TAILLEUR
DE VERANO

PARISIENSES

Entre las numerosas tendencias nuevas nosotros señalamos: levantados
grandes, muy graciosos, en fieltro o
paja cosida, los cuales parecen reem­
plazar los bretones y los boleros, tan de
moda al principio de la temporada.
Muy chic y graciosos son los sombreros
"chistera” entornados con un velillo de
tul cubriendo el rostro y atado por de­
trás que obtiene un éxito
muy grande; ellos pueden
llevarse con los trajes sas­
tres netos. Los redondeles
Luis -XT, muy adornados
de flores, de cintas y tul,
colocados muy echados ha­
cia adelante acompañan ma­

VARIACIONES DE
LA MODA
ntre

amplitud de las faldas da a los

&gt; tailleurs de verano una nueva linea:
L
amplitud en formas variadísimas, lo­
a

grada por plisados regulares en todo el
ancho de la pollera, y, muy frecuente­
mente por paneaux alternados, lisos y
en tablas pequeñas. Ahora bien, los
"couturiers” famosos han resuelto de
antemano la objeción clásica: "todo ex­
ceso de amplitud disminuye la silueta” ;
es imprescindible entonces, que, sobre
las caderas, el plisado o el tableado de
una falda quede cerrado, para abrirse
en toda su amplitud más abajo. Así,
en un modelo muy sencillo, en tusor
celeste, de Jacke Heim, el grupo de tablitas pequeñas, que dan amplitud a la
falda adelante y atrás, se abre muy
abajo; Baleneiaga, en una falda total­
mente "plisée soleil”, toma hasta unos
centímetros después de la cadera cada
pliegue, con un gracioso pespunte en
un tono fuerte.
Siguiendo siempre esa línea de falda
amplia, sobre todo para los tailleurs
sport, y para todo andar, los ' ensem­
bles” de dos piezas tienen lugar pre­
ponderante en todas las colecciones, y,
realmente, jamás se usaron telas tan
variadas; hace unos años nadie hubiese
pensado en un tailleur totalmente de
encaje o "broderie” ; hoy constituyen el
"deroier cri”, usados sobre dessous
de ciré o de satin, o aun de sedas color
rosa carne; y no hablemos de las pre­
ciosidades creadas en telas de tapicería;
rasos y damascos que resultan de un
sentido práctico extraordinario, pues,
según se les use con falda corta o larga,
constituyen maravillosos conjuntos para
cocktails o para noche.

Conjunto de saco "tailleur” de sisa
muy grande y sin mangas, y short
corto en gabardina celeste claro, sobre
blusa de jersey de seda de anchas
mangas cortas, rayadas en rojo y beige.
En este conjunto puede usarse falda
corta y recta en la misma gabardina
de la chaqueta, resultando así un mag­
nífico dos piezas para todo andar.

UNA
PAGINA
DE
Imitando el clásico mameluco jar­
dinero, este short corto en gabardina o
tusor en blanco tiza, con bretelles de
flores y frutas multicolores, para usar
con blusa a lunares negros y rojos
sobre fondo blanco.

1945 y 1946 la línea de la mo­

E da no ha variado mucho; y es ló­
gico: 1945 poco trajo con respecto a

J

aum andreu

la moda de la preguerra y de la guerra,
si es que durante la guerra hubo al­
guna renovación. Puede ser que esta
temporada, con respecto a la pasada,
veamos hombros más anchos, trabaja­
dos, ensanchados; que las faldas' pre­
sentadas en alguna colección famosa
sean más largas o amplias que las de
otra colección no menos famosa; pero,
puede decirse que, en conjunto, la si­
lueta va este año: de la recta, lograda
con faldas tubulares, casacas tipo sas­
tre, vestidos de tarde que recuerdan,
en sus amplios escotes redondos, en sus
hombros caídos, a la moda de 1925,
hasta la línea amplia, holgada, floja,
obtenidas por las faldas plisadas y ple­
gadas ; estas últimas generalmente con
pliegues adelante, entre bolsillo y bolsi­
llo o atrás, un poco en la línea de 1870.
Las colecciones son, desde luego, de
tintes muy vivos, pero siempre coñ una
búsqueda esmerada de la armonía y la
suavidad. Veremos este verano los to­
nos pastel, rojos y azules, y, reinando
sobre todos ellos, el blanco, en modelos
para toda hora y aceptando todas las
combinaciones, aun la nada vulgar del
oro y el blanco, logrando efectos mara­
villosos.
.
Los modelos de noche siguen influen­
cias variadas, entre las cuales existen
el estilo Renacimiento, y el estilo fines
del siglo xix. En el primero la costura
ha tomado los vestidos finos, de forma
princesa, ajustados, con mangas lar­
gas o cortas y escotes cuadrados, muj
amplios, o redondos, dejando al descu­
bierto los hombros. En el segundo es
tilo, tenernos las mangas célebres &lt;e
tiempo de Tolouse Lautree, ideas
"puffs” , faldas retenidas atras c,° .
grandes moños, chaquetas enta a
terminando hacia atrás en graciosas c
litas plegadas.
.
Los bordados seguirán usándose esi
verano, pero en hilos de colores m®
Enterizo en "shantung” blanco, de
villosos, en guardas caladas, en cue
línea novísim a, con un solo hombro
cillas opacas en tonos claros, en .
drapeado con reminiscencias griegas.
crustaciones preciosas imitando en •
Sobre el short, bordadas en marrón y
y broderies antiguos, en tonos a
verde, iniciales grandes.
y beige.

�AJEDREZ
a j e d r e z
Por FRANCISCO BENKÓ
UNA PARTIDA IMPRESIONANTE
a continuación la p artid a que j u ­

I garon en el T orneo de M unich 1941, los
jugadores 1*. Leepin y K. R ichter. Después de
nsertamos

las escaram uzas del medio juego las Blancas
quedaban con una v en taja de nada menos
que 4 Peones en un final ele T o rres, pero
R ichter. g ra n ju g a d o r especulativo, se tomó
la molestia de d ificu lta r la victoria de su a d ­
versario hasta el extrem o y con medios por demás
instructivos, hasta ver coronados sus esfuerzos
con una división de honores, que debe e n tra r en
la histor a del a jed rez comí' una de las más
bellas producciones de re s iste n c ia
R eproduci­
mos la partid a del libro ‘ Torneo de Munich
1941” que acaba de salir en la E d ito rial Grabo
con los sum am ente m eritorios com entarios de
A lberto Becker.

Partida N* 5
Torm*o do Munich 1941
Defensa Siciliana (por transposición)
P.

L e e p in

K.

R ic h t e r

1. P4A D
P4A D
2. C IA R
C3AD
3. 1*4 D
PxP
4. C x P
P3C R
E sta jugada perm ite a las Blancas e n tra r en
la v a r.a n te M aroczy de la S iciliana, por tra n s ­
posición. 4 . . . C3A 5. C 3 A P P4D ! es ia con­
tinuación teórica reconocida como satisfacto ria.
5. P4R
A2C
6. C2A!
Lo m ejor. A 6. A3R puede seguir C3A 7. C3AD
C5CR! etc.
C3A
7. C3A
0 -0
8. A 2R
P 3D
9. 0 - 0
A 3R
10. C3R
De esta m anera las Blancas no explotan
debidam ente la fuerza de su planteo puesto que
las N e.tras no ta rd a rá n *n tom ar posesión de
su punto SI). P referib le e&lt; el tratam ien to 10.
P3A seguido de D2D y P3C D o en seguida 10.
va que a 10. . . C x P ? , se puede
uquilam ente 11. CxC A xT 12 Cx3
T IA
C2D!
11. T iC
C5D
12. CD5D
C4AD
13. P3C D
A xC
14. P 3A
P3R
15. CxA
P4R
16. C3R
17. A 2C
C (4 )3 R
P4A
18. C2A
PxC ?
19. CxC
R ichter se dió p erfectam ente cuenta de que
19 . . . CxC! hubiera aseg u rad o para siem nre su
punto SD. Sin em bargo, las Blancas p o d rían cam ­
biar: 20. AxC P xA y la lucha te rm in a ría mnv
probablem ente em patada. P ara evitarlo, las N e­
gras corren serios riesgos de perder la p artid a.
20. P x P
PxP
21. P4A !
U n fu e rte golpe que am enaza 22. A 3A R y 23.
A 5D . seguido de ta captura del Peón negro
avanzado.
D3A
C4A
22. A 3AR
R lT
23. A 5D j.
D2R
24. D3A
25. T D lf l
A 25. T R 'R las N egras in te n ta ría n 2 5 . . .
D 2A D 26. T D 1 D D3C etc.
D6R j.
26. D xD
PxD
27. A xA j.
R xA
28. T R 1R
T R lR
29. P3C
T2A
30. R2C
T (2 )2 R
31. T2R
P 4T D
32. R3A
P5T
L a única contrachance. P arece increíble que
de este modo las N egras logren m antener su
P6R hasta el fin de la p artid a.
33. P4C D
C5R
34. A xC
C laro que a 34. T 3D , o a 34. T x P ? se contes­
ta ría 34 . . . C7D j.
TxA
35. T x P D
TxPA
36. T7D j.
R3C
37. T x P C
T8A
P ierd e otro Peón. A parentem ente 3 7 . . . T6A
38. T 7T T óT se presenta como m ejor, pero
tam bién en este caso la situación de las N e­
gras será delicada, p. ej.: 38. P5C T lC D 39.
T x P R (T x P ? 40. T6R j. m ate).
38. T 7T
Superior a 38. T x P R a causa de 3 8 . . . T8A j.
39. R2R T8R j. 40. R xT T x T j. seguido
de TóT.
T8A j.
T 8C D
39. R2C
T5R
40. T x P T D
P4T
41. P3T D
42. TóT j.
R2C
43. T 7T j.
U na continuación m uy fu e rte «*s 43 T 6D
TóC 44. T i l ) p. ej.: 4 4 . .. T x P T 45. T lC D
o 4 4 . . . R3A 43. P 5 C 1 etc.
R3A
44. T 7 T ?
Con la intención de replicar e 4 4 . . . R3C con
45. T 7I) entrando en la v arian te arrib a m en­
cionada. Pero Richter aprovecha la o p o rtu n i­
dad de avan zar con su Rey sacrificando dos
Peones más, y apoyando su Peón Rey libre y
avanzado. P o r esta razón era m enester ju g a r
44. T 5T seguido de un cauteloso avance de
los dos Peones libres y unidos.
R 3R !
45. T x P T
R4D
46. T xP A j.
R5D
47. T5A
A 47. T5R no seguiría 4 7 . . . T x T ? 48. P x T
R6D 49. P6R ! etc., sino m ejor 4 7 . . . R6D!
48. T x T R x T (4 R ) y el Rey negro volverá a

U n a resolución muy acertada. M ediante 5 1 . ..
T 7 D 52. T x T j. P x T 53 T x P j . R xT la?
N egras po d rían g a n ar un® T orre, pero en este
caso los Peones blancos apoyados por el Rey
c o n stitu iría n una fuerza irresistible: 54. P5A
etc. Por esta razó n tas N egras se abstienen de
ia ganancia m aterial y prefieren dedicarse a la
persecución del Rey enemigo y a la caza d f los
Peones blancos.
52. P5A
T 1C R j.
53. R 5T
A 53. R6A sigue 5 3 . . . T 8A R j. 54. R7A T4C
55. P6A T (4 )4 A R etc.
T 8T D
54. P4C
T lT R j.
55. R5C
T lC R j.
56. R4A
O 56. R 4T T 8A R ! con la am enaza 5 7 . . .
R 5R 58. T3A R5A1 59. R 5T T6A etc.
T 8A R j.
57. R3C
T xP A
58. P4T R
R5R!
59. P5C R
T6A j.
60. R2C
T (1) 1AR
U nico. Se am enazaba 61. T4A j. y a mo­
vidas de la T o rre en 6A se replica 61. T 3A .
6 '. P6C
T (6 )3 A
62. P 5 T
T4A
63. T5A
A 63. T3A la m ejor contestación es 6 3 ..
T4C j 64. R3T T6A j. 65. R 4T T8C etc.
T7A j.
64. T x T
T x T j.
65. R3C
T8A !
66. T8A
T8C j.
6 '\ R 2T
67. R 4T llev aría a un em pate inm ediato:
6 7 ..
. P7R 68. T8R j. R 5A ! (69. T8A
R6R etc.)
T4C
68. R 3T
De otra m anera se perdería no solam ente el
P T R , sino también el PC R .
69. T IA !
P7R
U na terrible equivocación sería 69. T8R j.?
T4R 70. T x T j. R xT 71. P7C . a causa de
7 1 . . . P8R (D ) 72. P8C (D ) D 8T j. seguido
de DSC j.
R6A
Y se convino en tablas. En este final ex­
trao rd in ario . e! estilo im aginativo de Richter
consiguió saivar un medio punto de una s itu a ­
ción poco menos que desesperadíL
(N o ta s de A lberto B ecker del libro
"T o rn e o de M unich 1941”.)

28. P7A T x P 29.
para las B lancas.

D xPA

con

gran

ventaja

D3A j. !
27. R1C
D 5R j.
E ste jaque no habían visto las Blancas en sus
cálculos. A hora cambia el panoram a por com ­
pleto.
28. R lT
D 5TI
29. DxD
Forzado.
CxD
30. P4A
30. T x P tampoco hubiera sido m ejor a
causa de 3 0 . . . C4A con la am enaza R IC .
C4A
y las N egras ganaron en la jugada 35.
(N otas en parte según el doctor
S. Tartakow er en "Schachm ethodik".)

E. ZEPLER
"Express-Mater” 1934

M uchos conocerán la brillantez que sigue, pero
habrá otros muchos que nunca pusieron su a te n ­
ción en este m aravilloso final de p artida que
se ju g ó en el año 1920 en N ueva O rleáns en ­
tre los ju g ad o res W . Adams (estadounidense)
y C arios T o rre (m ejicano). Cinco años después
de esta d e rro ta , el mismo T o rre pudo ganar
a su vez una partida b rillante al ex cam peón
m undial Em anuel L asker en el torneo de Moscú.

Nueva Orleáns 1920
Negras: C. T o r r e

L a idea de este problema consiste en llevar
la T o rre blanca a la casilla 8D sin perder el
P3D . por donde se escaparía el Rey negro.
¡N ada m ás fácil!
1. T 5C
R 5D
2. T 3C !
R4D
3. T I C
RSD
4. T iD !
R4D
5. T 1T D
R5D
6. T 3 T !
R4D
7. T 8T
R5D
8. T 8D mate

Concurso de soluciones

A dam s rem ató la p artida de la siguiente m a­
nera b rillan te:
17. A xC
A xA
Si 1 7 . .. P x A 18. TxA T x T 19. T x T D xT
20. D4CR j. ganando la Torre.
18. D4CR:.*
El tema de la pieza sobrecargada.
D4C
19. D 4A D U
U n d esastre sería 19. P4T D , que parece tan
n atu ral, por 1 9 . .. D x T l 20. T x D T8A j. 21.
C lR T x C j . y m ate en la siguiente.
D2D
20. D 4 A ü !
Se acaban los signos de adm iración.
D4C
21. P 4T D !
O tra vez las B iancas evitan 21. D xP C ? por
2 1 . . . D xT !
D xPT
22. T 4 R !
D4C
23. D x P C !
A bandonan
L as N egras ya no disponen de ninguna de­
fensa co n tra D xT.

(B ases: V er N i 1 de C abalgata.)
Con todo éxito y un interés creciente prosigue
nuestro concurso de soluciones que con los fi­
nales que aparecerán en el próxim o núm ero
(C abalgata N i 6) term ina.
De los problemas de hoy el prim ero es una
joya antigua que en e! correr de los años les
ha dado muchísimo placer a todos los aficionados dei m undo entero, m ientras el segundo es
una m iniatura (bajo m iniatura se entienden todos
los problem as que no tengan m ás que 7 piezas
incluso los R eyes), que con toda su ap aren te
sencillez contiene bastante veneno.

Problema /V" 7
P h . K lett

"Schachprobleme” 1878 (Versión)

Pocas veces se habrá dado el caso de que el
ju g ad o r que anunció un m ate en ta n ta s ju g a ­
das, tuvo que ren dirse a su vez pocas jugadas
después.

Debreczen 1925
Negras: H. Mattison

6D.

48. T (5 )2 A

EN LA EXPOSICION DE
PINTURAS DE HECTOR SGARBI
Por

JESUALDO

(Fragmento de una conferencia)

Un mate en 8 jugadas
E l lector de C abalgata ya se h ab rá dado
cuenta de que nosotros estamos empeñados en la
m ayor p ro fu sió n del ajedrez artístico , sean
los problemas o los finales. El motivo puede
considerarse muy persoñal. Todos los que, por
ejemplo, han visto una película extraordinaria y
quedaron im presionados por esta expresión del
arte, tienen casi necesariam ente el afá n de
com unicar su im presión a sus amigos íntim os
o lejanos, para que tam bién elios vayan a ver
esta cinta y tengan el mismo placer. E s una
de las sensacicnes hum anas más sim páticas
y cuanto m ás se cultiva, m ás aum enta !a com­
prensión entre los hombres, com prensión que
tanto necesitamos.
El a utor de estas lineas
siente el mismo placer a rtístico con buenos
problemas de ajedrez, como se puede sentir
j . cualquiera otra expresión del arte, como
por
m úsica, p in tu ra o teatro, y tiene la necesidad
intim a de com unicar este sentim iento a todos
ios que por diversas razones (generalm ente por
falta de contacto y buena enseñanza) quedaron ajenos a esta ram a del ajedrez.
El problema que hoy presentam os, es un
m ate en 8 jugadas. Siendo de tan tas jugadas
la m ayoría de la gente opina que debe ser
terriblem ente difícil, y sin embargo es más
fácil que m uchos m ates en 2 jugadas, por su
idea arquitectónica y al mismo tiempo hum o­
rística. P a ra muchos iectores será una im ­
presión nueva el hecho de que hay problem as (de
ajedrez, se entiende) que nos pueden hacer re ir.

Combinaciones r errores inm ortales

Posición después do la jugada 10
de las Negras.

©cabalgata

R6D
T8D

Mate en 3 jugadas.
V er diagram a.
Blancas: R 7CD , D lC D , A 2T R , A 7T R , C4R,
P5T D , P3A D , P2D , PSD, P 3A R , P2C R ,
P 3T R (12).
N egras: R 4A R, C3CR, P 3 T D , P5A D , P2D ,
P3D , P5D , P 5 T R (8 ).

Autorretrato. (Aguatinta.)

posición de clásicos, pero, claro, aplicados
con un sentido moderno. Ahí vi y apren­
dí todo eso sobre "ravons’’ verticales y
perpendiculares, planos y compensaciones,
relación de valores, diferencia de tonos
"ehaud” et "froid” y tono local, sacri­
omo noticia el problema empieza asi:
Señores: Se encuentra entre nosotros ficios, claroscuros, sombras transparentes,
el pintor Héctor Sgarbi, casi cuarentón,arabescos, toques, veladuras, pasajes, con­
tornos y envolturas, "atmosphére” y "épipero aun joven, "hijo pródigo que arriba
desde lejanas playas”, como así lo salu­ derme”, ¡oh, la, la!, ¡todo lo que se
dara Herrera MacLean al inaugurarlo, aprende!
Y ya está en la distancia, en el cúmulo
que un día del año 37, con unas telas
de las hojas, en medio del follaje de ese
bajo el brazo y un optimismo juguetón
aunque angustiado, hijo de ese andar el espeso bosque, la lógica. Pero metido,
día entero batiendo los costados del tra­ adentrado, planificado, como se diría.
bajo para vivir, dándole zurras diarias Cada cuadro es un esquema técnico, una
a todo quehacer (a mí, por ejemplo, me progresión plástico-física, una' ecuación
dibujó los muebles y dirigió su hechura), lógico-matemática que hay que resolverla
loco por irse, loco por ir a aprender, vi­ primero en frío y ensangrentarla de emo­
vir, ser, loco por querer, se embarcó para ción luego. Pero, ¿es que era eso todo ia
París, para el risueño "¡Oh París, la, pintura? ¡No! Estaban los otros y és­
la !”, con una beca, muchas recomenda­ tos son otros otros, como si dijéramos
ciones y poca plata. Pero, {y el ánimo? "otros López”. Los otros, más allá del
tejido de las verticales y las perpendicu­
¡Ah, el ánimo! A p e s a r... de que h ab a
visto en muchos amigos antes de zarpar lares. Aquí con Lhote, le parecía todavía
e! barco ese aire suficiente y esa sonri­ la ejercitación de los palotes, pero ¿las
silla de medio pelo, mitr.d "sobrada” y otras cosas, el objeto en sí, el cuerpo del
te compadezco y mitad "bronca” despis­ alma, el límite (la línea ataca)? ¿Y la
tada (y perdón por estos idiotismos que virtud de la flor, y el alma del espec­
sé, sin embargo, tal vez sean los que me­ táculo y el destino de la inquieta lanza­
jor nos hagan entendernos); ese aireei- dera, y el rincón amable de la casa, y el
11o.. . le quedó en el alma revoloteando grito de la calle, el grito, y todo lo otro,
lo que está preso detrás de los barrotes
como una mariposa negra. P ero. ..
—Lo difícil es atravesar esa escale­ (las líneas) de la gran cárcel que es el
rilla que une la tierra al barco —dic-e corazón del artista? Sí, y el"¿y ahora
Sgarbi—, flexible, vacilante escalerilla ; qué?” empezó entonces para Sgarbi.
pero una vez en el barco saltas ya con P ara nosotros ha de empezar aquí.
—Y salí desesperado de Lhote. . . Mas,
los dos pies firmes. . .
Y en el barco trabajó. Y luego allá: el por momentos, tenía necesidad del con­
peregrinaje de todos, la ausencia del ami. tacto de las escuelas. Y era entonces o
go, la falta de los guías (las Embajadas la "Grande Chaumiére”, o la "Collarossi”,
todavía no tienen, tal vez nunca tengan, pero no; o "Beaux Arts”, pero todavía
ese guía, asesor, coordinador del tiempo, peor. Mais non! No era problema de
escuelas, era de enseñanzas, era del sa­
sostenedor del desaliento del que llega. . . )
ber mismo y entonces "q’cl cafard, qVl
Y, entonces, ¿con qué cuenta el artista
pobre que llega? Con unos inmensos ojos eafard, mon Dieux!”
Fué en ese momento cuando apareció
y nada más. Y ustedes, ya vieron. A
veces, los ojos no sirven para nada. Y el otro hombrecito en la calle de su alma.
allá, todo cerrado. Todo difícil. Todo Y siempre hay un hombrecito, el ángel,
lejano e inaccesible. Todo como en el el gu'a, el que pincha el desánimo, el que
viaje aún. Pero siempre surge alguien acelera el pulso, el que empuja, lleva o
cuando ronda el ángel, y de la mano de trae a nuestro espíritu para que el frío
Méndez Magariños, que le fué cordial no quiebre nuestra mañana, ni el viento
compañero (y en estos casos es que quiebre la flor que se está abriendo. . .
Sí, siempre hay el hombre.
se sabe quién es quién) y le puso sobre
—¿Te acuerdas de Sahartés? ¡A h ...,
el primer camino. Después de los tum­
bos de la Exposición uruguaya, en cuyo qué amigo! Le escribí desesperado y le
pabellón trabajó, recaló en las Salas de dije: He abierto una ventana nueva al
Lhote, en donde, en verdad, reeién nació espacio, y he sacudido el polvo y las tie­
Sgarbi para la p in tu ra. .. porque aquí rras, y ya estoy sin "cafard” y como
empezó a comprender que se podía ver libre y nuevo para volver a em pezar...
Es que siempre es eso: empezar, y es­
sin ojos.
tar libre, que no es estar "suelto” y
— ¡Ah!, ¡tú no sabes lo que Lhote!
abrir una ventana para el espacio infinito
¡ A h ! ...
—Sí, sé: maestría, pintura, pedago­ del alma que es el yo, yo, más ellos.
Ellos, los que no van, pero que los llevo,
g ía ...
todos los de antes, y la exposición, y los
— ¡ A h ! ... En eso de la pedagogía
buenos y los malos, y Lhote y su amigo
Lhote es el verdadero maitre.
Y repite palabras, lecciones, sugeren­ Waleh y la calle que da ganas de llo­
cias. Traza líneas, ajusta planos, hace r a r .. . ¡ahora mismo!
—¿Cafard? .
esquemas. Por aquellos ojos nuevos va en­
— ¡Oh, sil ¡El arte que nos huye es
trando al ver. Está lleno de técnicas, de
saber, de lógica, de matemática. ¿Pero, un gran cafard! El pan extraño, la no­
che infiel, la compañera lejos, ¿tú com.
entonces?
—Ahí está el peligro. Te sientes como prendes?, ¡son un gran cafard! ¡Ese
color que uno persigue, la solución que
en una red. Se dispara la espontaneidad.
Todo se hace alto juicio y reflexión. To­ no la encuentras y que tal vez (me con­
formo pensando) la encontraré en la tela
do se ajusta a la geometría y todo parece
terminar en una palabra: la composición. de mañana que hoy mismo ya la quiero
empezar, "q’el cafard” ! ¡Y un vaso de
—I Moderna?
vino que se acaba sobre la calle desnuda
—Yo creo que hay una sola. Lhote nos
mostraba los clásicos, enseñaba con ellos y el pan finito, "q’el cafard” ! . . .
(C ontinúa página 22.)
delante. Todos sus talleres son una ex" Todo m irar se transform a en
considerar; todo considerar en m e­
ditar; todo m editar en relacio­
nar . .
Go e th e .

C

Problem a 1S° 8
V. Onitiu

"Allgemeine Zeitung ” Chemnitz 1933

Blancas: P. J ohner
Posición después de la jugada 19
de las Negras.
Posición después de la jugada 48
de las Negras.
I U na ra ra posición! L as B lancas tienen nada
menos que cuatro Peones de ventaja, m ientras que
las N egras sólo fin can sus esperanzas en el PR.
P ero este Peón p araliza com pletam ente la acción
de las T orres enem igas y adem ás ias Negras
disponen de la am enaza T7D , ganando a una
de ellas. De esta m anera se explica el hecho
de que todos los esfuerzos de las B lancas para
decidir ia lucha en su favor resulten estériles:
las N egras pueden lograr un empate.
49. R3A
T 8A j.
5U. R4C
T8D
51. R5C
T lR I

20. P5C1
21. C6A j. !í
22. D xA
23. P x P
24. T 7C I
Nada claro hubiera dado 24.
T7C C4C ttc.

AxC
R lT
PxC
D2D
D 3R C2T 25.

D4D
25. D4C
Con esta jugada las B lancas anunciaron mate
en 6 jugadas, que hubieran alcanzado con 25.
TD 1C !! p. ej.: 2 5 . . . C3C 26. D3R o 2 5 . . . C2T
26. D3D etc.
C3C
26. D 5T?
I Lo más simple y malo! Todavía las Blancas
ganaban con T x C P x T 27. D xP C T2D (único).

Mate en 3 jugadas.
Blancas: R 6R, T6D , T 1R , C6CR (4 ).
N egras: R 1R, A 2CR (2 ).

Pintura.

Masacre en O radonr-snr-M arne.

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Era necesario, para descorrer la cortina que mantiene en clausura la historia
sentimental de Bécquer, que la mano estuviese inspirada por ternuras cautelo­
sas, a fin de que el rumor de esa neblina en el aire no perturbara el sueño del
poeta.
María Teresa León recoge la tradición lírica de las "Rimas” para su devota
reconstrucción, donde lo imaginado y lo real dispútanse la certidumbre de la
imagen romántica. Ha preferido, consubstanciada con el espíritu de la época,
levantar su registro, sostenerlo en la escala pasional, cantar en su prosa por
momentos encendida en el arrebato del verso. Su libro sobre el sevillano, poeta
tan actual que nos conquista todavía con su llanto, extenúa la veracidad docu­
mental e inventa una luz, también cierta, para esas distancias de penumbra que
separan fechas y acontecimientos. Necesitábase un itinerario y la línea se cor­
taba a veces dejándonos espacios sin sangre. María Teresa León ha unido la
vena y el pulso denota regularidad de vida. Asimismo, ha dotado su interpre­
tación novelesca de climas en los que se recorta la figura del poeta, permitién­
donos escuchar su paso por las viejas veredas, entre el ruido de las berlinas,
en escenas iluminadas por la mortecina llama de gas. Gustavo Adolfo Bécquer
y Julia Espin nos conmueven en estas páginas como las rimas que, transcriptas
en su totalidad, complementan el libro. Un Bécquer de tránsito e introspección,
envuelto en la atmósfera reflexiva del comentario y el análisis; y una Julia
Espin, ese gran amor que anticipa el título, convertida en estampa de la pasión
presagiando la noche de su destino.
El ritmo de esta biografía aparece a ratos acelerado, rehuyendo la gravedad
que permitiría ahondar el misterio psicológico, quizás excesivamente narrativo.
Quisiéramos más Bécquer en su desgarrada presencia de hombre y ángel. El
avasallamiento verbal lo cubre a veces, pues la autora m anejaren hábiles expo­
siciones, la realidad ambiente, desplazando la ilustre y castigada figura del
poeta. Si reducida por ello la acción, tenemos en cambio la exaltación palpi­
tante de su alma en un sostenido proceso que da a la biografía sentido de
relato. Fiel al documento, devota de su personaje, María Teresa León ha cui­
dado las certeras líneas del dibujo, que trasluce —casi diríamos, muestra desnu­
damente, como fundamental objetivo— el corazón del poeta, diciéndonos que
ésa era la fuente de su vida y sus versos.
La

n ie b l a

y

el

árbol,

poemas, por Manuel J. Castilla. La Carpa, cuaderno

N" 6, Salta.

Límpido y desmañado hálito de adolescencia sube de estos poemas, simples de
estructura, sostenidos por deseos fervorosos de amar incondicionalmente la vida.
El verso, influido por la misma razón oscura que impulsa la alegría, se torna
por momentos melancólico. Poesía de una edad; floración inicial. Castilla es
el cantor de veinte años, invitado y concurrente de todos los caminos. Este
sentimiento ambulatorio, incontenible, se percibe en la naturalidad y facilidad
del vej»o, cantado más que escrito y en la nostalgia de cielos y rincones fami­
liares. Aun duran en el cariño el patio de la infancia, las habitaciones de
muros encalados, el recogimiento del solar provinciano. Pero despiertan al amor
horas y sueños. Las once primeras canciones reciben estas silenciosas corrientes
de nostalgia y despertar; por ello aparecen sin vértigo, sólo sentidas en la
dulzura de la sed transitoria. Serían más bien agradecimientos del corazón que
necesita darse al amor o al crepúsculo y ama porque le es imprescindible, como
el latir.
Las imágenes de "La niebla y el árbol” saben al encantamiento de lo que se
mira al pasar y queda en los ojos como un descanso. Colores atenuados, recuerdo
de musgos y ocasos. Siempre alrededor de un rostro de mujer, cuyo nombre tal
vez no sea siempre el mismo. Poeta de palabra demorada, diríamos que con­
versa en sus canciones imitando la opacidad del silencio. Su universo poético,
que parecería limitado, se extiende en cambio inesperadamente hacia la zona de
les sueños, envolviéndonos en sensaciones de lejanía. Vuelve todo aquello que
ha visto, que ha imaginado sobre lo descubierto, que ha ido explorando al per­
seguir una luz distinta, en la aventura de ascender a su emoción cada vez que
despierta. Otros poemas contiene el pequeño libro; uno de ellos, "A la oreja de
Van Gogh”, ofrece estrofas de intención lírica que inducen a esperar muy nobles
obras.
P o em a pa ra u n a m u er t e ,

NOTAS

LITERARIA

por Juan Ruiz de Galaneta. La d a la , 40 páginas.

Más que una elegía, es el mensaje a una muerta, reclamándole su retorno a la
existencia y al amor. La exaltación afectiva desahoga el padecimiento de la fata­
lidad y la ausencia. Líricamente, el caso —común en la literatura— adquiere
características normales. La poesía puéblase de sombras que nos iluminan de
pronto, en reconfortante convivencia. Ruiz de Galarreta avanza por la zona de
la evocación midiendo su desesperanza y en su trance de dialogar, alma a alma,
con el ser desaparecido, materializa la inmensidad que los separa. No habla
sino con el recuerdo, que anhela corporizar para el coloquio. Ella es el espíritu
huyente, alejándose cada vez más, sin dejar de permanecer en la atmósfera
cotidiana, disuelta en el aire que el poeta respira. Quizás, en este sentir transido,
se reconozca la virtud máxima del poema, tocado de cierta filosofía espiritua­
lista de la supervivencia, que le infunde vigor. Su motivo constante es el intento
de recuperación; aunque paralelamente gravite la imposibilidad de la empresa.
Por momentos resuena la voz con hondo patetismo, manifestándose, también
aunadas, la dulzura del llanto y la resignada desilusión frente a lo invulnerable.
Habiendo adoptado el autor la gravedad de una prosa llana, a modo de breves
salmos, infúndele al canto dignidad confidencial, transparencia de meditación
que no’admite artimañas literarias; pero el empleo de recursos tipográficos para
robustecer el sentido de una frase y la constancia de lecturas —la Biblia en
primer término— deslucen la ideal fluidez, restándole significación de -voz sur­
gida en impulsos desolados del alma.
La c iu d a d q u e e s p e r a y o t r o s c u e n t o s
Ciordia y R odríguez, Buenos Aires, 1946.

f a n t Á s t i OOS,

por José E. Venditto.

Presente en nuestro recuerdo "Cuentos de un soñador de Lord IJunsanv, des­
aparecen las posibilidades de originalidad en "La ciudad que espera y otros
cuentos fantásticos” de José E. Venditto. Tampoco aseguraríamos que son fan­
tásticos estos cuentos, si bien aspiran al plano imaginativo que nos transporta
a una realidad recóndita, a la lógica intrincada de la intuición y los sueños.
En verdad, escasas son las obras del género publicadas entre nosotros que
acusen esa originalidad a que aludimos, aunque las hay estructuradas con rotunda
precisión y otras que alcanzan decidido nivel poético. Leyendo estas historias,
reconocemos en algunas el proposito —frustrado totalmente de imitar al escri­
tor inglés. Cree Venditto que el absurdo basta a la literatura fantástica, que
con sólo presentar fantasmas o referir que un personaje se saca la cabeza y la
vuelve u colocar sobre los hombros, está manejando elementos do pura fantasía.
Tal error predomina en el libro, en cuyas páginas señalaríamos párrafos dis­
cretamente elaborados junto a otros de inexperiencia literaria y hasta de incali­
ficable mal gusto. Por otra parte, hay temas que alcanzarían jerarquía de ha­
llazgo, a no ser su tedioso desarrollo y su solución desalentada, pues el autor
opta por elementales arbitrariedades confundiéndolas con el alucinante mundo
que pretende para su obra. La literatura fantástica fraterniza intimamente con
la creación poética, no pudiendo prescindirse en ella del elemento revelador
—acaso indescifrable pero de presencia inconfundible— y del control lúcido de
la inteligencia que busca la correlación de episodios misteriosos con la realidad
cotidiana. Como imitador, Venditto no llega siquiera al conocimiento de las
fórmulas, faltándole el don intuitivo por el que todo se resuelve, a veces con
precisión matemática.

arte

de

A uouste

R o d in ,

ñor Victor Frisch y Joseph T. Shiplcy.
Traducción de C. A. Jordana. Editorial
Poseidon. Buenos Aires. Colección V i­
das y Obras. 24 X 17 cm. 528 págs. 105
grabados. Encuadernado en tela. Precio.
8 22.
Durante más de veinte años, Victor
Frisch fué ayudante del formidable escul­
tor francés; lo acompañó en los días de
su enfermedad y de su muerte y luego
escribió su biografía. Joseph T. Shipley
ordenó y vigorizó el relato de Frisch y
dió forma definitiva a este libro. Más
que una biografía, resulta un documento
psicológico de intensa expresión que des­
cubre todas las facetas del genio de Ro­
din y sus reacciones frente a la realidad
cotidiana y frente a sus propias creacio­
nes. Vida y obra se consubstanciaron en
Rodin y se nos ofrecen ahora en elocuente
síntesis. La traducción de C. A. Jordana
contribuye al placer con que se lee el libro.
Lo valorizan, además, una lista cronoló­
gica completa de la producción escultó­
rica del maestro y más de cien reproduc­
ciones de fidelidad insuperable. — Ramón
Escarrá.
E l m it o y e l

LOOOS, p o r E m ilio

O r ib e .

Editorial Poseidon. Buenos Aires. Co­
lección Ensayos. SO X 15 cm. S48 págs.
1 grabado. En rústica. Precio: $ 6.
Admiramos de nuevo, en este ensayo
del preclaro escritor uruguayo, al poeta
y al pensador, que sabe vibrar con igual
exaltación ante las manifestaciones esté­
ticas y ante la experiencia social y filo­
sófica, de la historia que va elaborándose
en nuestros días. 5Jara Oribe el supremo
problema espiritual de la humanidad es la
pugna entre el instinto y la razón, entre
el mito y el logos, y las grandes crisis
colectivas son efectos de estas enormes
fuerzas, a través de cuyos choques se va
perfeccionando nuestro linaje. Ninguna
inquietud colectiva es extraña al autor,
que analiza esa transformación "racional”
en el campo de la filosofía y de las reli­
giones positivas, de las artes plásticas, de
la literatura y de la política, para abar­
car finalmente las posibilidades de Amé­
rica en el logro de una cultura unifor­
me. — R. E.
L a e m o c ió n e n e l h o m b r e y e n e l a n i ­
m a l , por Paul Tilomas Young. Editorial

Nova, Buenos Aires. 582 páginas. Pre­
cio: $ 12.
En este libro se aborda el estudio de la
emoción humana y la animal desde todos
o casi todos los puntos de vista posibles.
El autor, siguiendo la mejor tradición
norteamericana, siente una preferencia
muy mareada por los hechos y no se afana
demasiado en defender teorías propias ni
ajenas; aunque no las ignora ni mucho
menos, y sepa aludirlas y eritiearlas lle­
gado el caso, sabe que la mejor teoría
tiene un valor provisional y, más que im­
puesta por el material de que se parte,
nace del punto de vista del hombre de
ciencia que la formula por vez primera.
Y esto es más eierto en lo que se refiere
a la vida afectiva de los seres vivos, tan
rica, tan desconcertante y hasta tan con­
tradictoria. Los diez cap tulos de que la
obra consta se ocupan respectivamente de:
I. La naturaleza de la emoción; II. Acti­
tudes y motivaciones determinantes de
la emoción; III. Necesidades y apetencias
como base de la vida afectiva; IV.
Desarrollo emocional; V. Cambios pro­
vocados por la emoción en el organismo;
VI. Pautas de respuesta orgánica en la
excitación emocional; VII. El sentimiento
y la emoción como procesos conscientes;
V III. Causas directas determinantes de la
emoción; IX. De la emoción. Condicio­
nes que predisponen al trastorno emocio­
nal; X. Las actitudes y los motivos en
relación con la emoción.
Copiosa bibliografía, ilustraciones, grá­
ficas, grabados, etc., contribuyen a dar
« realce a esta obra, la más completa que
conocemos, que nos ofrece Nova, con un
prólogo del psiquíatra español doctor Mira
López. — J. 0. Espasandín.
H istoria de la física , por Paul F. Schurmann. Editorial Nova. Buenos Aires. Im ­
presa en Imprenta López. Encuadernada
en tela. Tomo l, X X IV -f- 381 páginas.
Tomo II, 672 páginas. Los dos tomos:
$ 48.

Los físicos de hoy tienen la ventaja,
en oposición a los de pasadas épocas, de
que sus hallazgos son divulgados casi en
el mismo instante de producirse, y como
consecuencia muchos de ellos adquieren
una celebridad temprana que les permite
cosechar sus bien ganados laureles. Gran­
des empresas y muchas academias y de­
más .instituciones científicas están atentas
a cada nuevo paso de importancia, a cada
descubrimiento, con miras a explotarlo
comercialmente en unos casos, o a supe­
rarlo, a sacarle las máximas consecuencias
y a establecer sus posibles conexiones con
pasos precedentes o simultáneos, en otros.
Publicaciones profesionales, agencias de
información, publicidad comercial, propa­
ganda gubernativa, radiodifusión y, en
fin, cuantos medios de información hoy
poseemos, hacen llegar la inmensa mayo­
ría de las conquistas científicas a todos
los rincones del planeta. Por el contrario,
muchos de nuestros escolares, y no se diga
el hombre corriente, viven en una com­
pleta ignorancia de los esfuerzos llevados
a cabo por los genios anónimos —o poco
menos— de! pasado, cuyas creaciones, sa­
crificios y rasgos de heroísmo en muchos
casos, hicieron posible el presente esplen­
dor de las ciencias e incluso de la técnica
que nos permite divulgar aquéllas con r a ­
pidez asombrosa y hacer llegar sus bene­
ficios a todas partes. En la inmensa ma­
yoría de los casos ofrecemos las materias
de estudio en los centros docentes como
si hubieran existido en el mismo estado

nan a ciegas hacia su propia ruina sim i
mente porque sus progenitores no i *'
preocupado de hacerles comprender ./
por encima de las fronteras actualM °
desde siglos remotos, se han tendido’/
pueblo a pueblo, de continente a conr
nente vínculos hondos, duraderos y t
cundo» gracias a los cuales la humanidad
ha podido salir de la barbarie para crea,
(Continúa pig„a ¡

El

Señor

G lt-nn

L. M a r t i n , Prr*ld».,,(f

d e ln Cí le nn L. M a r t i n Co., Haltlmor?
Mil. l í . S A , m o s t r a n d o «loa «]«• loa mo­
d e l o * d e n r r o n n v e a &lt;|ue J u g a ro n un pa!
I»el I m p o r t a n t í s i m o e n au Inrica carrera’
E n e l f r e n t e e a t á el p r i m e r m od e l o dé
a e r o n a v e M a r t i n f a b r i c a d a en 1IW&gt;# y e|
IIIA* c e r c a « I * e ñ o r M a r t i n e » el modelo
"MARTE**,
acuático,
d e 4 motores,
e o n a t r u f d o e n IJMI e*pe&lt; i n l m e n t e para |a
m a r i n a a m e r i c a n a , y e n a«|uel entonces
ln n a v e m á a g r a n d e e n e x l a t e n c ia .

La G L E N N L. M A R T IN , la m ás grand e y a n tig u a f á b ric a d e av iones de los
E s ta d o s U n id o s , f a b r ic a n te del primer
a e r o p l a n o c o m e r c ia l d e la postguerra,
c o n o c id o c o m o el M A R T IN 2-0*2, se ha
d e d ic a d o t a m b ié n c o n é x ito a la difícil
ta r e a d e t r a n s f o r m a r av io n es de guerra
e n a v io n e s d e c o m e rc io civil, para po­
n e r e n se rv ic io e n m u c h a s com pañías
d e a v ia c ió n d e S u d A m é ric a .
E l a e r o p l a n o d e g u e r r a q u e na sido
c o n v e r tid o e n m a y o r c a n tid a d en avión
d e t r a n s p o r t e c o m e r c ia l es el ('-5 4 . apa­
r a to m i l i ta r , d e s p u é s d e h a b e r sido de­
c la r a d o c o m o s o b r a n te , a l fin a l de la
p a s a d a g u e r r a . 1.a la b o r d e reconvers ió n se h a lle v a d o a e fe c to en la podero sa p l a n ta q u e la G L E N N L. MARTIN
tie n e in s ta la d a e n B a ltim o r e , Maryland,
E s ta d o s U n id o s.
E sto s a e r o p l a n o s d e tr a n s p o r te mili,
la r , h a n sid o t r a n s f o r m a d o s técnicam en­
te e n lu jo s o s a p a r a to s d e p a sa je ro s . La
la b o r f u é h e c h a p o r la s e x p e r ta s ma­
n o s d e lo s m e c á n ic o s e in g e n ie ro s de
la f a m o s a c o m p a ñ ía M A R T IN . Las
c o m p a ñ ía s s u d a m e r ic a n a s d e aviación,
q u e h a n sid o fa v o re c id a s c o n la adqui.
sic ió n d e e sto s a p a r a to s convertibles
so n :
1 — L ín e a A e r o p o s ta l V e n e z o la n a , a la
c a b e z a d e la s c o m p a ñ ía s d e avia«jjón d e V e n e z u e la , q u e intensifi­
c a r á s u s r u ta s in te r n a c io n a le s . E.*
la m á s p r e s tig ia d a c o m p a ñ ía en su
p a ís y la q u e p o s e e u n excelente
ré c o r d d e v u e lo s . S u d ire c to r ge­
n e r a l es e l s e ñ o r H o ra c io López
C o n d e . L ín e a A e r o p o s ta l Venezo­
la n a h a c o n t r i b u id o gran d em en te
a l r á p i d o d e s a rr o llo in d u stria l y
c o m e r c ia l d e V e n e z u e la .
2 — S e rv ic io s A é re o s C R U Z E IR O DO
S U L , L td a ., es la m á s g ra n d e com­
p a ñ í a d e a v ia c ió n d e L a tin o Amé­
r ic a , a s í c o m o la m á s antigua.
C R U Z E IR O D O S U L m a n tie n e un
se rv ic io a é r e o c o n m u c h a s repú­
b lic a s h e r m a n a s y e n u n futuro
c e r c a n o , e x te n d e r á su s lín e a s has­
ta N o rte A m é ric a , in au g u ran d o
v u e lo s in te r n a c io n a le s e n tre Brasil
y E s ta d o s U n id o s . S u p re sid e n te . e&gt;
e l b ie n c o n o c id o c a b a lle ro doctor
B e n ito R ib e ir o , d e R ío d e Janeiro.
C R U Z E IR O D O S U L ta m b ié n ha
h e c h o p e d id o s a la M A R TIN de 10
d e los n u e v o s lu jo s o s aeroplanos
M A R T IN 2 -0 -2 , c a p a c e s d e trans­
p o r t a r 4 0 p a s a je r o s , en el mayor
c o n f o r t , y a u n a v elo cid ad aproxi­
m a d a d e 3 0 0 m illa s.
3 — L a F lo ta A érea M e rc a n te Argen­
tin a ( F A M A ) , la p o d e ro sa y nue­
va c o m p a ñ ía d e a v ia c ió n argentina
q u e e x t e n d e r á su s lín e a s y que es
la lla m a d a a u n i r A rg e n tin a con
el r e s to d e lo s p a ís e s del m undo.
FAM A n o só lo u n ir á Argentina
c o n las c a p ita le s d e A m érica l a ­
ti n a , s in o c o n E sta d o s U n id o s y Eu­
r o p a . Ix&gt;$ a p a r a to s C-54 que ha­
b ía n sid o p e d id o s p a r a DODEKO.
s e r á n e n v ia d o s a FAM A, p ara ser
p u e s to s e n se rv ic io d e lín e a s inter­
n a c io n a le s .
4 — K L IM , la c o m p a ñ ía R eal H olan­
d e s a , ta m b ié n r e c ib irá aeroplanos
C -5 4 c o n v e r tid o s e n la p la n ta de
la M A R T IN y q u e p o n d r á en ser­
v icio e n t r e W est Ilid ie s y la Guav a n a H o la n d e s a .
A d e m á s d e to d o lo e x p u e sto , dos
c o m p a ñ ía s d e a v ia c ió n d e N orte A m e­
r ic a p o n d r á n e n se rv icio los a f a m a d o *
M A R T IN 2 -0 -2 ,^ le 4 0 p a s a je ro s , en b*
lín e a s a é r e a s d e L a tin o A m érica. N&gt;n
é s ta s : C h ic a g o y S o u th e r n , q u e tendrá
a v io n e s q u e v o la rá n d e E stad o s l nidos
a V e n e z u e la , vía E! C a rib e , y la I’00*'
g r a q u e h a c e v u e lo s d e P an am a ■
B u e n o s A ire s, vía L im a , P e rú r Santia­
g o , ( .h ile .
E l n o m b r e d e la M A R TIN , que es
a m p lia m e n te c o n o c id o a lre d e d o r de
m u n d o c o m o sím b o lo d e eficiencia y
s e g u r id a d , p r o n to se rá visto cu b ierto de
fa m a s o b r e los c ie lo s d e casi lodos lo»
p a ís e s d e L a tia o A m érica.

�LIBROS
(V ie n e Je página 20.)

Jas presentes maravillas, las cuales, por
otra parte, nada valen si no sabemos usar­
las para forjar una verdadera hermandad
entre los hombres, una noción viva de
humanidad que abarque a todo el orbe
y nos solidarice con nuestro pasado y con
él futuro incluso de la especie.
Respondiendo a esta y a otras exigen­
cias imperiosas del momento, acaba de
publicar la Editorial Nova esta obra de
singular trascendencia. No es de este lu­
gar hablar de ella como se merece —otros
lo harán, sin duda, en revistas profesio­
nales—, pero no está de más que los lec­
tores de C abalgata (y en especial quienes
por su formación y su profesión están
obligados a remediar en la medida de sus
fuerzas el caos reinante en las mentes
juveniles) sepan que existe en lengua
castellana una historia de la ciencia físi­
ca —o, si se prefiere, de los creadores de
esta disciplina— ampliamente documen­
tada y de un valor incalculable para saber
cómo y cuándo se forjaron las ideas que,
en este orden de cosas, sirven de cimiento
a la vida presente. — J. Otero Espasandin.

OLIVERIO
GIRONDO

CAMPO
NUESTRO

,T. T orres García, por José María Podestí. Editorial Losada, 8. A. Buenos Aires,
1946. 128 páginas. Precio: $ 5.

F ormas de vida. Psicología y ética de la
personalidad, por Eduardo Spranger. Re­
vista de Occidente Argentina, Buenos A i­
res. 473 páginas. Precio: $ 13.

Se acaba de reimprimir en la Argentina
esta obra fundamental de uno de los más
grandes pedagogos del presente. Quienes
conozcan la Psicología de la Edad Juve­
nil del mismo autor no podrán ver en
nuestras palabras un asomo de exagera­
ción. Spranger es uno de los pocos pen­
sadores del mundo presente capacitados
para intentar una comprensión amplia del
espíritu humano en su proceso evolutivo
y en su plenitud individual y social. Pero
al igual que muchos otros hombres de
su país y de su tiempo no percibió la
índole, sentido y alcance de las fuerzas
que se agitaban bajo sus pies, o no tuvo
valor o fuerza —si no ambas cosas— para
enfrentarse con ellas, y así se da la para­
doja de que estos grandes espíritus, aten­
tos a los hitos supremos que deben orien­
ta r a la larga vida humana, se hallen
rodeados de las mayores miserias y ruin­
dades que la historia del mundo recuerda.
Nada más contrario a sus enseñanzas
que la ola de barbarie que llevó al mundo
por dos veces al borde de la total ruina.
Pero sin duda su tendencia preponderante
a buscar en los clásicos y en la tradición
germana los antecedentes y tendencias de
muchas de sus preocupaciones —casi to­
das las citas de la obra que comentamos
se refieren a autores germanos— ha favo­
recido la consolidación y desarrollo de la
mística de la agresión, de la violencia y
la superioridad racial que, unida al des­
pecho y al sentimiento de fracaso, puso a
la juventud alemana al servicio de Adolfo
Hitlcr y secuaces.— J. Otero Espasandín.
J osé B onifacio , E mancipador del B ra­
sil , por O. Tarquinio de Souza. Edit.

Fondo de Cultura Económica, México.
Colección Tierra Firme. 1946.
Nunca dejaré de recordar una vez que
Gilberto Freyre afirmó que José Boni­
facio era una figura brasileña olvidada
y poco divulgada. A pesar de la abun­
dante literatura que existe sobre el P a ­
triarca de la Independencia, nunca fué
completamente dilucidada la figura gene­
rosa y enigmática del hombre que redac­
tó la primera carta de ciudadanía brasi­
leña. Los lugares comunes construidos en
torno a su persona han contribuido a for­
mar de José Bonifacio una idea corriente,
vulgar, de héroe y de viejo penoso, siem­
pre clamando contra las aventuras de la
Marquesa de Santos y siempre corriendo
tras los adversarios políticos. Mientras
tanto, el libro de Tarquinio de Souza, pre­
sentado por el Fondo de Cultura Econó­
mica en su colección Tierra Firme, es el
libro más absolutamente sintético y per­
fecto que he leído en materia de biogra­
fía histórica. Parece imposible realizar
un esquema tan fuerte y tan simple, re­
ducir, coordinar, simplificar y metodizar
tantos elementos múltiples dando como
resultado un retrato humano y completo
de José Bonifacio. Sin ningún paralelo
literario, no puedo dejar de acordarme
de "Ulises”, al hablar del "José Bonifa­
cio” de Tarquinio de Souza. Y tan sólo
porque el hombre que vive dentrodel perso­
naje, héroe y fábula al mismo tiempo,
no excluye de ninguna forma la belleza
casi épica de sus realizaciones. El hom­
bre, siempre el hombre cubierto de llagas,
cubierto por los andrajos que le otorgan
sus debilidades humanas, más altivo, cer­
tero, patriótico y puro al mismo tiempo.
Los otros retratos pasajeros de los histo­
riadores profesionales me parecen ridicu­
las composiciones infantiles, cercanas a la
anti-farsa que representa la vida familiar,
política y científica de nuestro Patriarca
de la Independencia. El esquema de que
se vale Octavio Tarquinio de Souza es
aquel de que se valen todos los histo­
riadores, y, no obstante, existe entre el
eonglomerado anecdótico y el valor real
de la biografía un espacio tan inmenso,
&lt;)ue la literatura histórica va poco a poco
desmoralizándose y ya nadie soporta, hoy
en día, a los hombres de papel^que fe.hriean Jos biógrafos. José Bonifacio —p ri­
mer Gran Maestre de la Masonería B ra­
sileña— fué el hombre salvador de nuestra
independencia. Científico de primera lí­
nea, minerólogo, político, poeta, estadista,
hombre de letras, admirador de las bellas
niujeres, viajero incansable, comenzó su
'ida política casi maduro.
Es el "P atriarca” junto al
ien Pe­
dro I en sus fogosos 24 años; es el
Patriarca”, junto a la Regencia que vió
nacer, con la Constituyente, la Primera
Constituyente Brasileña que tuvo arrebutos de juventud y debilidades de niño.
Es el "Patriarca” rebelde que no acepta
Otelas extrañas, enfundado en su vivo
®rf?ullo de hombre de ciencia, que rechaza
^nores de estilo falso y mezquino. Vea *f°sé Bonifacio servir de escudo
ra aml&gt;arar los golpes de los exaltados

niño, sobre quien recaía el peso de la
Corona Imperial dejada por su padre,
Pedro I de Brasil y Pedro IV de Portu­
gal. La sombra de José Bonifacio se pro­
yecta tan fuertemente sobre el nuevo em­
perador. que los celos patrióticos no tardan
en surgir. Es sobre el viejo patricio so­
bre quien se ensañan y es un torneo tan
dramático este a que asistimos, que nos
asombramos de que los hombres de aquel
tiempo no tuviesen la visión de su fuerza
y de su fibra para defenderlo contra los
enemigos, numerosos como hojas de ár­
boles.
Mas es imposible sintetizar en una nota
este libro, que es ya en sí una admirable
síntesis. — Ncwton Ercitas.

Formal, y sobresaliendo junto a las evo­
lucionadas tentativas del arte de América,
el autor de "Universalismo constructivo”
transita en ese dualismo entre la pintura
y el conocimiento, tantas veces alentado.
El valor frente a la lucha, la trascendencia
teórica, la reacción del espectador y del
plástico, se agrandan en el artista que ha
identificado problemas de índole m etafí­
sica. José María Podestá, utilizando una
prosa en donde prevalece un sentimiento
de cálida intimidad, adelanta un viaje
objetivo a través de los infinitos m ati­
ces del artista uruguayo. Así anota el
paso por España, Italia, Estados Unidos,
Francia, Suiza y Uruguay, en donde la
instancia del germen va siendo reempla­
zada por incursiones tales como "clasicis­
mo”, "sintetismo”, "fauvismo”, etc., pre­
suponiendo una estructura básica como
antecedente formal para encender más
tarde su doctrina fundamental. Acaso la
mirada general y bien diseñada que nos
ofrece Podestá sobresalga en sus aproxi­
maciones eminentemente dispuestas para
presentar calideces del artista y de su vida,
dando de esa manera un enlace que pe­
netra por asociaciones humanas.
Del transporte señalado pasa luego a
la etapa del "constructivismo”, que subra­
ya como "una meta” del arte de Torres
García. Nada más importante frente a
la obra y a la intención del artista que
aquella preocupación ascética, en oposi­
ción a la sensual afirmación plástica, n a­
cida en París, aunque quizás elaborada
inconscientemente en sus lapsos de ávidas
lecturas.
Podestá hace una aclaración al con­
siderar la etajia del "constructivismo”. Se­
para dos elementos en su p in tu ra: el
plástico y el filosófico. Y se vuelca a
considerar el primero.

E Lritup r o fdeu n duno

e s p í­
gran
poeta en la síntesis de
un tem a esencial. E l
c a m p o argentino e x ­
presado en form a o ri­
ginal e inim itable por
un escrito r cuyo esti­
lo es un m odelo de
concisión y exactitud,
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y consolidar la independencia. Y poco des­
pués vemos al "P atriarca” derrumbado
por patriotas menos hábiles y no por eso
menos sinceros, emigrado, preso, derrota­
do políticamente, y luego nuevamente en
el escenario de la vida política brasileña
como tutor de Pedro II, el Emperador

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SARMIENTO 1820

-

U. T. 48-Ó640

Algunas manifestaciones de Torres Gar­
cía dejan, sin embargo, una idea definida
de su búsqueda: "Soy místico, soy metafísico ..
"Esquemas de cosas, remi­
niscencias, ecos y rumores de otra vida”,
"en lo más hondo, sin que nos demos
cuenta, allí tiene lugar su rudo trabajo
de elaboración, silencioso y sordo”. Es
una intención que en su labor como pin­
tor, pedagogo y teórico, se debe seña­
lar particularmente, pues presupone un
saldo nacido de una contemplación interna.
Al considerarlo como plástico, Podestá
señala su solidez, la estructuración de las
obras, la austeridad de los tonos, el me­
canismo compacto, los esquemas sugerentes, y otros valores que individualizan al
artesano, al técnico, al esteta y al artista.
El valor como filósofo, que no ha sido
estudiado, presupone, sin embargo, el sen­
tido más rico de su etapa, pues, consegui­
do o no definitivamente, significa una
introducción al idealismo en la pintura
y es un esfuerzo por "subordinar la pa­
sión a la razón”, como el mismo Podestá
adelanta.
El libro cumple una finalidad. Y ésta
reside eminentemente, en acercarnos a una
vida, a los altibajos de esa vida frente
al arte, y a la ubicación del artista en
medio de las corrientes de nuestro tiempo.
Completan la entrega treinta y dos lá­
minas en negro y una en color, en donde
aparecen las obras de distintas épocas
de! pintor, escogidas acertadamente para
generalizar una trayectoria artística. —

Osvaldo Svanascini.

po r

(E xclusivo para
numerosas las bibliotecas de Mos­
cú, bien provistas, acogedoras y có­
S
modas para el estudio. La Biblioteca
ON

Lenin y la Biblioteca Extranjera ofrecen
un surtido apreeiable, conservado al día
hasta 1939-40.
A partir de dicha fecha, las novedades
publicadas más allá de las fronteras ru­
sas, salvo raras excepciones, no han po­
dido llegar al gran embalse de bibliote­
carios, eruditos, estudiantes y aun del
lector común.
P ara los que prefieren leer en su casa
y crearse una pequeña biblioteca, hay li­
brerías de viejo —mucho menos nume­
rosas que en París, por supuesto— , en
las cuales hay departamentos de libros
extranjeros.
Dominan las obras francesas, lengua
cultivada antes de la revolución, aunque
resulte raro encontrar libros anteriores
a 1914. El bibliófilo, como el aficionado
a los grabados, puede todavía hacer allí
provisión interesante.
Al frente de la sección "Libros extran­
jeros” de la Librería de los Escritores
Soviéticos, hay alguien que conoce el ofi­
cio, ol libro y la literatura antigua y
moderna. Es el poeta T . . . Cabeza a lo
Verlaine, admirador ferviente de Carlos
de Orléans y de Villon, de los poetas de
la Pléiade y de los simbolistas —estos
últimos poco conocidos en U.R.S.S., donde
se prefiere la grandiosidad sencilla de la
Canción de Roiand—, T . . . vivió durante
mucho tiempo en París, donde se unió a
la bohemia literaria, vivió en los cafés
del Barrio Latino y de Montparnasse.

MARKTWAIN
un s e r v id o r e x c e le n te
del h o g ar
V en ta en G A T H y C H A V E S ,
H A R R O D S , C a í a A T L A N TID A ,
T H A 1 L A D E y la» p r i n c i p a l e »
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REEMBOLSO

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m i

BCkNOS Alus

C a b a l g a t a .)

La guerra de 1914 lo colocó en situación
penosa: no tenía documentación personal
y en aquel entonces se perseguía a los
extranjeros sospechosos y a los espías.
El poeta cuenta cómo un día de "redada”
lo atraparon y lo llevaron a la comisaría.
El comisario, quien al principio 1q recibió
de manera muy poco amable, le pre­
guntó:
—¿Usted es ruso? ¿No tiene documen­
tos personales? ¿Qué profesión e je rc e ...?
—Soy poeta . . .
— ¡Pruébelo!
El poeta nombró a las revistas de la
emigración rusas, en las cuales colabo­
raba; nombró a los poetas franceses de
quienes era am igo; recitó versos. . . Y
acabaron, el extranjero irregular y el co­
misario, por trabarse en una discusión
lite ra ria ... Había caído, por casualidad,
con Ernest Reynaud, el autor de En
niarge de la Melée symboliste v de L'assomption de Paul Verlaine, quien reco­
noció en el poeta a un colega, a un anar­
quista inofensivo, a un ciudadano de las
nubes, y le hizo entregar un permiso de
vecindad para París, seguro de que no
abusaría de él.
Pero un día le asaltó la nostalgia del
país. . . y volvió a Moscú, donde vive
ahora. El amor al idioma francés le ha
hecho alterar de vez en cuando el idioma
materno, cosa que ya le reprochaban sus
compañeros de emigración.
Hoy es el más asiduo lector de las
obras que están en su librería. El que
quiere lectura a precios abordables, en­
cuentra libros de Maupassant, Rolland y
Zola, siempre sagrados en Busia. Muy
buscados son también los tomos de gra­
mática francesa e inglesa, las antologías
de trozos escogidos, los libros de historia,
geografía. . . y los diccionarios.
Se siente ya volver el sosiego al mundo
de los libros; los proscritos entran, pero
como emigrados olvidados. Entre cierta
clase de literatura he encontrado la recopilación de Maurepas de Alina, reina de
fíolconda, y otros trabajos representati­
vos del erotismo antiguo y moderno, libracos que se venden en las librerías
ambulantes de París, en Plaza de la Con­
co rd ia ... Hay pesados volúmenes ale­
manes que describen minuciosamente el
cuerpo fem enino... pero la juventud
apenas les echa una mirada. Lo que más
interesa son los libros de arte francés,
inglés, egipcio, griego, y los grandes tra ­
bajos históricos. En los estantes de la
literatura rusa vuelven también a apare­
cer los emigrados: Wladimir Soloviev,
Aksakov y otros eslavófilos y ortodoxos y
algunos rescatados de las bibliotecas
eclesiásticas, especialmente la Historia de
las religiones en Rusia, Vidas de santos
y estudios sobre los creyentes. Estudian­
tes de derecho y de medicina, que deben tener nociones de latín, son los que, en
cierta proporción, buscan este tipo de
libros. Las novedades se agotan en cuanto
aparecen.
(Copyright by Agencia France-Presse.)

A R T E • N O V E L A S
P O E S I A ' T E A T R O
H I S T O R I A * C I N E
FOLKLORE • REVISTAS

E x a m e n C r ít ic o
A r i s t ó t e l e s , por

de

la

F il o s o f í a

de

Karl Ludwig Michelet.
Ediciones Imán, Buenos Aires. Traduc­
ción del francés de Rodolfo M. Acoglia.
350 páginas. Precio: $ 13.
En el panorama inquieto y fragmentario
de la filosofía contemporánea, la lectura
de una obra como la metafísica de Aris­
tóteles, supone siempre el ensanchamiento

- BUENOS AIRES

del campo especulativo sobre terrenc f ir ­
me. Es por ello que en la obra de Mi­
chelet que nos presenta Ediciones Imán,
celebramos más que el aspecto de critica
histórica de la obra de Aristóteles, el
enriquecimiento de la construcción meta­
física del filósofo griego con la aplicación
de la dialéctica hegeliana.
Esta obra, laureada por la Academia de
Ciencias Morales y Políticas del Instituto
Real de Francia en 1835, adquiere hoy
una importancia excepcional, por cuanto
representa una orientación del hacer fi­
losófico que difiere totalmente del actual,
sumido en el pozo sin salida del subjeti­
vismo.
Los cuatro primeros capítulos del libro
están dedicados a un minucioso análisis
histórico. El quintp y último, el más
importante a nuestro entender, compren­
de la apreciación de la metafísica aristo­
télica, "su parte de verdad y su parte
de error”. La potencia y el acto, tomados
de Aristóteles, son juzgados con el mé­
todo dialéctico hegeliano. La verdad de
un sistema es aquello que el sistema ac­
tualiza, el error lo que deja en potencia.
"El fin de la historia de la filosofía no
es otro que la concentración de todos es­
tos aspectos en el elemento de la verdad
a b s o lu ta ...” "por lo tanto, la marcha
de la historia de la filosofía no tiene otro
objetivo que el de actualizar lo que exis­
tía en potencia”.
La utilización de los opuestos aristoté­
licos, vertidos dialécticamente, permiten,
en función de los conceptos señalados de
potencia y acto, de ser y límite, llegar
a la determinación del principio ¡primero,
tras una clara delimitación de los medios
de inteligir la esfera de los principios
absolutos y la esfera del mundo Tenoinénico. Es así que, a través de una obra
aparecida por primera vez hace más de
100 años, podemos comprender por qué al­
guien ha llamado a las filosofías actuales,
"filosofías pigmeas”. — Roberto J. Pifarré.

CONCENTRA
de¿ jLVicfuitecto.
U n i c a m e n t e libros para Arquitectos, Ingenieros Civiles, Constructores.

Importación directa de libros de: Estados Unidos, Canadá, México,
Inglaterra, Francia, Suiza, Italia, Rusia.
Suscripciones de revistas.

VIAMONTE
U. T. 31 RETIRO 5765

nieta,

541
BUENOS AIRES

LIBROS
ANTIGUOS

�cabalgata©

állase

on pleno vuelo la cinemato­

grafía egipcia. Sus comienzos ofi­
H ciales
precedieron en unos pocos años el
advenimiento del film parlante. Sin em­
bargo, en 1917 y 1918 produjo varias pe­
lículas una firma italiana que habla ins­
talado su estudio en las afueras de Ale­
jandría.
En Alejandría también se rodó el pri­
mer film "oficialmente” egipcio: "Un
beso en el desierto” realizado por Ibrahim Lama, con Itadr Lama como prota­
gonista. Posteriormente realizáronse otros
films con Aziza Amir, Fatim a Rushd y
Behidja Hafez.
Con el film parlante, el cine egipcio
se desarrolló rápidamente. La primera
película hablada egipcia se realizó en
Egipto y en Francia: se titulaba "Los
hijos de papá” y tuvo como intérpretes
a Yussef Wnhby, el popular actor egip­
cio, y Colette Darneuil. Otro film "La
rosa blanca”, totalmente realizado en P a ­
rís, en Buttes-Chaumont, conoció un gran
éxito. Interpretado por Abdel Wahab, el
más popular de los cantantes egipcios, "La
rosa blanca” sigue pasándose todavía, al
cabo de quince años, en los cines del
interior. En cambio, otro film rodado ha­
cia la misma época en París por una
compañía egipcia, "La canción del cora­
zón”, a duras penas ha cubierto los gas­
tos. El diálogo, escrito en árabe literario
(nahqwi), tan diferente del árabe habla­
do, lo hizo inaccesible a la masa.
En Francia también rodóse "Yacout”,
film scmiárnbc, semifrancés, con el extra­
ordinario artista Neguib Bey Rihani como
protagonista.

EN

LA E X P O S I C I O N
DE PIN TUR A S
DE H E C T O R SGARBI
(V ie n e de página 19.)

Pero entonces, aparece de nuevo el
hombrecito que nos dice en una carta:
—Sí, ésa es su gran tarca —habla Sabartés— : la limpieza. Es la única forma
en que se quedará usted en sí mismo.
Quedarse en uno mismo, es quedar el
hombre. El hombre-tiempo, ni pretérito
ni póstero; sino "el hombre-día del pannegro-hov-verdad-Uruguay ” y d e c ir lo ,
aunque siempre aparezca ese ycÓMO? El
cóqio es el pájaro que suelta el qué. El
qué es la cosa, como que es el relativo
que va en lugar del sustantivo (sustancia,
esencia, médula, contenido) y el cómo es
la forma, el continente, la técnica, el
tra m p e ro ... pero, ¡cuidado!, a veces
también puede ser el pájaro y, entonces,
hay que recordar a l'nam uno: |A qué
tanta aflicción, señor maestro, por el
cómo, si lo esencial es el qué; si del qué
sale el cómof
—Sí, ¡y ahora qué?
—Ahora, está ahí, todo está AQUÍ.
El dato objetivo, preciso, el que usted
necesita, está en el catálogo: 157 pin­
turas y 191 dibujos a lápiz negro y de
color, carbón y tinta, 348 motivos ex­
puestos . . .
— . . .y en el Salón.
—Sí, en el Salón del catálogo, ahí está
todo.
Sí, está todo. Desde el "affiche’’ hasta
el drama desnudo, o la cola por el pan
o la vida, o el caballo en el último do­
rado relincho final de diente afuera para
la posteridad del n a z i... para ese en.
toncos, para cuando te queden unos li­
vianos recuerdos de la muerte y su cor­
tejo: de los niños con los ojos colgando,
de los senos erectos clavados en las ba­
yonetas, y todavía del último clarín de
la razón de esa mirada que se escapó
de las azucenas y quedó para siempre en
el fondo enloquecidamente callado de la
última madre ú ltim a ... algo asi como
aquel ínfimo recuerdo que guardas tal
vez de niño de una bata rosada sobre el
]K‘cho de una joven de rulo, que un día
paseaba sobre unas flores celestes y pe­
queñas, y había sol y el tiempo eras tú
y tu madre era tan joven que era tu
novia, ¡ay!
Y ahora, jqué necesitas, qué quieres,
qué tienes que decir, por qué no me quie­
res ya bien, por qué no eres ya mi buen
amigo? |T e he hecho mal, he dicho algo
de ti ? i Es que crees que vine de tan
lejos a poner en descubierto tu vanidad,
o a decir de la mía; o qué cosa te su­
cede, hermano, querido amigo mío, buen
artista, compañero, mi camarada, qué. . . f
¡Habla! Hablemos. El arte es una lec­
ción cordial, dramática, honda, que nos
muerde; pero, entiéndeme, ¡hay también
dig non!

CINE EGIPCIO

rácter. Anwnr Wagdi, llussein Sidliy
Mahmud Zulfiear y Badr Lama, que, roniú
ya dijimos, interpreta los primeros pa­
peles desde su actuación en " fu L-so
en el desierto”, ganan popularidad ilia a
din.
Los sueldos de las grandes "vedettesV
del cine egipcio dejarían pensativos a
más de un mimado de la cinematografía
mundial. Yu.ssi f Walibv cobra de 12 a
15.000 libras por film. Kalsum pidió harc
poeo 20.000 por un solo film, o sea d i e z
millones de francos, suma que jamás ga
liaron las Viviano Romance, los Jean Ga­
lón o los Fernandel.
Los gustos del público

Yus»ef W ahby, primer actor.

Solim án Neguib B ey, intendente del
teatro real de la Opera de El Cairo.

Neguib R ihani, el actor más famoso
de Egipto.

Sabedores de la importancia de los mer­
cados que se abrían al cine hablado en
árabe, los productores egipcios pensaron
producir sus films en su país. Los con­
tados estudios se transformaron rápida­
mente y se equiparon con medios moder­
nos. Alvise Orfanelli y Togo Mizrahi,
pioneros del cine hablado en Egipto, pro­
dujeron regularmente hasta 1940 unos
tres films por año. Trabajaban entonces
en Alejandría.

a pocos kilómetros de los estudios Misr.
Los restantes están situados en el mismo
Cairo o sobre la carretera a Suez.
Todos los años salen cuarenta films
de los estudios egipcios, los cuales fueron
Utilísimos durante la guerra. En los de
Misr se centralizaron los servicios de
propaganda del Ministerio de la Infor­
mación, los que semanalmente editaban
un diario de guerra, el "War Pictorial
News”, distribuido en todo el Medio
Oriente, en India, China, Turquía y A fri­
ca del Norte después de la liberación.
Los comentarios se hacían en catorce
idiomas distintos. También los servicios
de la Francia combatiente realizaron en
aquellos estudios muchos films de propa­
ganda.
En 1944, el señor André Vigneau, di­
rector artístico de los Estudios Misr, rodó
un film en francés: "Monsieur Arnaud”,
con Lucicnne Lemarcliaiul, Henri Nassiet,
Ives Vincent y Philippe Grey.

Aziza Amir, Assia, Carioca, Om Kal­
sum, Lcila Murad, Nur El Noda. Una
brillante carrera le frustró el destino a
Asmaban, quien hace unos dos años pe­
reció en un accidente de automóvil. Su
último film, "Amor y venganza”, se man­
tuvo cuarenta semanas en el cartel en una
de las mayores salas de El Cairo. Carioca,
bailarina que se convirtió en artista de
la pantalla, fue contratada hace poco por
una firma norteamericana. En Holly­
wood se casó con un industrial norte­
americano.
Entre los hombres, Yussef Wahby mantiénesc siempre en el primer puesto. Este
actor representó en el teatro obras de
Bernstein y de Bataille. Conquistado por
el cine, trabaja en él sin cesar y desde
hace varios años dirige la "mise en seéne” de sus films. Solimán Neguib Bey,
traductor de autores franceses e ingleses,
es hoy intendente del Teatro Real de la
Opera de El Cairo, lo que no le impide ac­
tuar en cuatro o cinco films por año.
Bichara Wakiin es el gran cómico. Farid
El Attrache y Abdel Wahab comparten el
éxito en los films musicales. Abbas F a ­
ros es muy apreciado como actor de ca-

Los estudios de las Pirám ides
En El Cairo, el Banco Misr fundó una
rama de producción cinematográfica, cons­
truyendo estudios espaciosos al pie de
las pirámides, los cuales fueron dotados
de equipos modernos y contaron con la
colaboración de técnicos europeos con­
tratados especialmente. "Wedad”, el pri­
mer film rodado en aquellos estudios,
tuvo como "estrella” a la cantante egip­
cia Om Kalsum. La producción media es
de 6 a 8 films por año.
Seis estudios más totalizan en El Cairo
nueve sets. El estudio Ahram, el más re­
ciente de todos, se construyó hace un año

Una pléyade de estrellas
Entre las estrellas más queridas por
el público deben citarse a Amina Rizk,

F a tm a R o u a h d i , primera actriz.

Asm ahan, célebre actriz muerta recientemente en un
dente de automóvil.

El film musical está en boga: salvo
contadísimas excepciones, en cada pelí­
cula se incluyen obligatoriamente una o
dos canciones. Los films musicales propia­
mente dichos cuentan seis, ocho o diez.
Como cada canción dura por lo menos tres
minutos, cuando no cuatro o cinco, es fá­
cil emprender el metraje que acaparan.
Pero un buen film musical tiene asegu­
rado el cartel durante varias semanas.
Al público le gusta también el drama,
sobre todo el melodrama, pero no desdeña
la farsa burda. Los productores han in­
tentado el rodaje de magias por medio de
trucos. Realizaron igualmente films de la
jungla, con muchas escenas tomadas del
cine norteamericano, vistas de selvas vír­
genes, combates de monstruos, incendios
de bosques y cataclismos naturales. Pero
su éxito ha sido muy relativo.
"Los miserables”, de Víctor Hugo, jo
nocieren la adaptación a la pantalla y
su acción se desenvuelve en un cuadro
oriental. "La dama de las camelias”,
tiansportada a un ambiente egipcio, ob­
tuvo un éxito enorme: dieciocho semanas
di "premiérc” exclusiva en El Cairo.
También se rodó "Romeo y Julieta” y,
como es natural, los señores italianos no
aparecen en la pantalla. Actualmente se
piepara una adaptación de "La portouse
de pain” y otra de "Madame Butterfly".
No se hacen films de corto metraje,
aunque una documental de André Vig­
neau fué premiada en la Bienal de Ve
necia en 1939. En cuanto a los dibujos
animados no han podido prosperar por
falta de estímulo.
El mercado del cine egipcio
En Egipto el costo de una produccióu
varía entre cuarenta y cincuenta mil li­
bras. Desde el comienzo de la guerra se
abrió un gran mercado para el film
egipcio, que tiene una gran demanda en
los países de lengua árabe. Cierta canti
dad de cintas egipcias fueron explotadas
con éxito en Africa del Norte. América
de! Sur, donde la colonia libanesa es bas­
tante nutrida, representa también un mer­
cado nada desdeñable.
Es menester decir que, salvo raras ex­
cepciones, la técnica es rudimentaria. I»s
hechos parecen dar razón a los p ro d u c to ­
res cuando dicen: "Puesto que el público
se conforma con esto, y por qué buscar
otra cosa?” No obstante, será necesario
hacer un esfuerzo en este sentido: hay ya
ciertos clientes regulares en el extranjero
que se niegan a adquirir algunas pelícu­
las por el simple nombre del título o de
la estrella. Quieren verlas antes de com­
prarlas, y ahora sólo ofrecen la mitad
de lo que pagaban sin chistar antes de la
guerra.
El público es como los niños buenos.
Va gustoso a ver cuatro o cinco veces el
mismo film. Mucho antes de la hora de
abrirse las taquillas, la muchedumbre se
precipita ante los cines. Aquí no se hace
cola, sino que la gente anda a eni|&gt;e!loncs
para llegar a las taquillas: los más fuer­
tes o los más despabilados sacan antes
las enfrailas.
Existe también un mercado negro para
las localidades. Algunos traficantes rom
pran docenas de entradas que revenden
luego a los que no quieren molestarse en
aguardar su turno. Por lo general, en I**
salas hay cuatro sesiones diarias, una de
ellas por la mañana. A 'punas salas, quc
pasan en exclusividad films egipcios, Pe­
nen unas entradas de explotación que lle­
gan a veces a 500 libras por día. Como
los impuestos creados por el gobierno *c
elevan apenas al 15 por ciento, es consi
derable el margen de gananeias que queda
a los propietarios. Ix&gt; cual permite pre­
ver que, a ¡&gt;ooo que no se debiliten lo*
meritorios esfuerzos de los productores, 1*
cinematografía egipcia ha de tener
porvenir henchido de promesas.
(Servicio de A a&lt;tirio FrancePre***.)

�©cabalgata
ESTRENOS

CINE
ARGENTINO

POR

M . V I L L E G A S LOPEZ
MAS ALLA DE LAS NUBES

EL ANGEL DESNUDO

Film inglés, de Anthony Asquith, inter­
pretado por Michaet Redgrare, Rosamond
John, Douglas Montgomery, John Mills,
Joyce Carey.
lla y un riñe inglés que es todo mode­
ración. El máximo drama adquiere un
discreto tono y una sencillez de cosa ha­
bitual. Educación británica, veneración
de las formas, elegancia. Hidalgos de los
mares, el magnífico film de guerra de
Noel Coward, puede ser el exponente se­
ñero de este estilo cinematográfico bri­
tánico.
El mismo que domina .litis allá de las
nubes. —¿Por qué se ha cambiado el tí­
tulo original Él camino de las estre­
llas?—. Un secular campo de pastoreo de
ovejas en Halfpenny Fields se convierte
durante la última guerra en aeródromo, y
al terminar ésta vuelven las ovejas, como
fácil símbolo de paz. Entretanto, sucede
nada más que la batalla de Inglaterra,
cuando Ilitler quiso aplastarla con su
aviación, y unos pocos hombres la defen­
dieron en el camino de las estrellas. La
tragedia no puede ser mayor; la épica
está ahí para lanzar su gran ademán re­
sonante; todo propugna el c-lamor: sin
embargo, la película busca el susurro.
Para un latino es fría ; pero detrás de
su máscara —educación, forma, elegan­
cia— está la emoción muchas veces.
Anthony Asquith, este aristócrata, hijo
de lord Asquith, tiene una obra hecha en
el cine inglés. Por ejemplo: Estrellas fu ­
gares y Subterráneo, en el cine mudo, y
Pigmalión en el sonoro, como las más
conocidas entre nosotros. Basta recordar­
las para declararle destacado represen­
tante de ese estilo moderado.

En "El ángel desnudo" hay suspenso;
hay hermosas vistas tipo tarjeta postal
de Río de Janeiro; hay escenas de amor
en una playa, a la luz de la luna y con
acompañamiento de "zambas” y, como si
esto fuera poco, debuta una nueva actriz.
El debut de Olga Zuharry es lo más in­
teresante de "El ángel desnudo” ; lo más
inconcebible es el suspenso.
"El ángel desnudo" tiene un lejanísimo
parentesco con el cuento de Arthur
Schnitzler "La señorita Elsa", donde una
muchacha debe también mostrarse desnuda
para conseguir el dinero que librará de
la ruina a su padre. "La señorita Elsa”
es el monólogo interior de esta muchacha:
el incidente ocurre en el centro de Europa,
hace unos veinte años —más o menos—
y "fraulein” Elsa tiene, en todo momento,
conciencia de la sordidi z de su familia.
La Elsa argentina tiene un padre abne­
gado, aunque un poco distraído, que la
adora, y que no vacila en insistir con tele­
gramas y llamadas telefónicas para que
Elsita reclame cincuenta mil pesos de un
escultor a quien él supone haber hecho
un favor, mientras que, para salvar su
responsabilidad paternal y para que el
público quede contento, le dice a su hija:
"Supongo que no exigirá nada de ti . . .
Me tranquilizas . . . Gracias, eres un án­
gel. . . ” y cosas por el estilo. Cuando Elsi­
ta interrumpe su idilio telefónico con su
padre, comienza un idilio con su novio, o
hasta con su tía: se trata de prolongar el
film y de satisfacer las dulzonas conven­
ciones familiares en las que se complace
especialmente nuestro cinematógrafo.
El suspenso quiere extenderse a toda la
película, pero sólo es efectivo en los pri­
meros cinco minutos, cuando nos pregun­
tamos qué significan aquellas entradas y
salidas de Eduardo Cuitiño y de Carlos
Cores, unidas a palabras tan misteriosas
como: "Buenos A ires... Rio de Janei­
r o ... París”. En algún momento, indis­
cretamente, sospechamos si este suspenso
tiene razón de ser. El hecho de que el
suspenso se utilice eficazmente en algu­
nos films americanos e ingleses, no signi­
fica que sea inevitable para lograr una
buena película. Luego aparecen unos lar­
gos salones de techo bajo y unas estatuas
que intentan recordarnos a "El ciudadano”
y, lo que es peor, lo logran. Recapitu­
lando: El drama de Elsa —en centro
Europa y en un momento dado— ha sido
trasladado a Buenos Aires y al Brasil,
añadiendo una tía amante, un novio, un
escultor que estuvo enamorado de la ma­
dre de Elsita y un extraño padre que sal­
va las convenciones matando al escultor
y proporcionando los cinco primeros mi­
nutos de película, para que el director
argentino demuestre que también podría
dirigir un film policial. Habla altamente
en favor de la virtud de la protagonista
el que en ningún momento se sorprenda
por el excesivo precio de su desnudez.
Pero no todo en "El ángel desnudo”
es una híbrida mezcolanza de psicologías,
temas y países: tenemos a Olga Zubarry,
que se mueve con desenvoltura y que, cou
su aspecto físico, logra que "El ángel
desnudo” no sea totalmente insoportable.
El vestuario de la actriz demuestra ade­
más cierta simplicidad digna de elogio.
Resumiendo: un film argentino más, lle­
no de cosas que no son imprescindibles.
Por ejemplo: ¿era necesario para el argu­
mento que se fotografiara el Cristo del
Corcovado y la playa de Copaeabana, o
Elsa podría haberse desnudado igualmente
en Mar del Plata, o en Punta del Este,
o en Necochea? El cine, el público y hasta
los negocios saldrían ganando si no se uti­
lizara más que lo indispensable.

Delia Careés y Esteban Serraelor. en "La eterna Ninfa”.
Teatro Odeón.

Chañes Panel, Schultz y Jolarule Saffon en "El honor de los Roquevillard”, film francés presentado por
Interamericana.

Noel-Noel impone doblemente
su personalidad a las películas
que nos presenta: primero por
su obra de esccuarista 1/ luepo
por su interpretación del perso­
naje principal. . .
U acción creadora es además muy com­
pleta, ya que, desde la concepción del
argumento, se siente impulsado hasta Ja
preparación y redacción de los diálogos y
que, de la composición del papel protngónico, pasa a la preparación y ajuste
de los más sutiles efectos di* una interpre­
tación extremadamente matizada. Tal vez
no le falte más que una mayor experien­
cia cinematográfica, para ser completo.
Noel-Noel cree que en la realización de
sus films, debe tener un colaborador-ci­
neasta que lo ayude en la "mise en scéne”.
Por cierto, él mismo dirige a los demás
intérpretes y no tolera influencia alguna
en la conducción de su trabajo de ac­
tor. . . pero la realización de un film
implica tantos preparativos minuciosos,
que es fácil explicar la necesidad de una
colaboración técnica, a condición de que
ésta no altere en nada el carácter origi­
nal del film. Para "Le Pére Tranquillo”,
fué elegido un joven realizador: Pené
Clément, quien interpretó el papel. Pero,
a pesar de que el Festival de Cannes le
haya otorgado el premio internacional co­
mo "mejor niétteur en scéne”, no pode­
mos pensar que su participación en este
último film haya sido la única causa de
tan alta recompensa. El cineasta de "La
&gt;atalla del riel” tenía otros títulos para
merecerla. En el film de Noel-Noel pa­
recería que todo se borrara ante la per­
sonalidad del verdadero autor. Juzguemos
primero la calidad del argumento.
El "Padre Tranquilo”, es el apodo que
se le da a un francés de la clase media,
ciudadano de una localidad pequeña, don­
de vive con su familia, en una casita con
jardín, cerca de una importante usina
metalúrgica. Parecería que toda su exis­
tencia fuera dividida entre sus pólizas de
seguros, su partida de naipes en el café
y su dulce manía por el cultivo de las
o rq u d ea s... La acción se desarrolla du­
rante la ocupación. Los vecinos ven con
poca conformidad la atonía de Mnnsiour
Martin. Por poco lo acusan de "colabo­
racionista”. En su propio hogar, e! viejo
recibe los retos de su mujer y es tratado
con dureza por su hijo que se queja por
no poder escuchar Ja radio de Londres.
La esposa vela con brusquedad por los re­

S

La señorita Julia, de Strimbrrg, con
Amelia Bence y Alberto Closas.
Edmo Cominetti: Cumbres de hidal­
guía, con Malisa Zini, Roberto Airaldi
y Ricardo Passano (hijo).
Leopoldo Torres Ríos: La mujer más
honesta del mundo.
Luis Saslavsky: un argumento del es­
critor uruguayo Wilfredo Jiménez, con
Mecha Ortiz y Santiago Gómez Cou.
Antonio Momplet llega de Méjico. Di­
rigirá La cumparsita, argumento de Verbinsky y Villalba Weish, con Hugo del
Carril.
A r t i s t a s Argentinos Asociados, las
A .A .A ., anuncian su plan 1947. Cinco
películas: Nunca te diré adiós, terminada;
Como tú lo soñaste, según Un día de oc­
tubre, de Kaiser; Los motivos del lobo,
inspirada en Rubén Darío; Juan María,
nóvela del uruguayo J. M. Delgado; Feli­
cidad. Como director figura Lucas De­
ntare; argumentistas, Ülises Petit de

George Sanders y Carole l.andis en
"Vidocq, el bribón de París”, film de
Artistas Unidos.

M A P A DE
PANTALLAS

LAS DOLLY SISTERS
Film norteamericano, ele Irring Cumming,
con B etty Grable, June Harvcr, John
Payne, S. Zsakall. En tecnicolor.
Revista cinematográfica sobre la his­
toria de dos cupletistas de music hall que
conquistaron el mundo a principios de
este siglo: New York, París, Londres,
amores con reyes, duques, millonarios,
cantores célebres... Eso sí, todo ello
contado con la ñoñería y candor de una
comedia de colegio de monjas; induda­
blemente la vida de todas las cupletistas,
que conquistaron el mundo desde la nada,
fué siempre así, un modelo de virtudes.
Como argumento, la serie de vulgaridades
inevitable en toda revista musical yanqui.
Apuntemos los aciertos. Los también
inevitables buenos cuadros de revista,
con lujo y buen gusto, pero con poca
fantasía. Y sobre todo el color, aun so­
metido a los riesgos aventureros de lo
nuevo. Bajo la dirección de la pintora
Natalia Kalmuss —dirección obligada,
porque su marido es el inventor del sis­
tema y propietario de las treinta únicas
cámaras de tecnicolor que existen en el
mundo—, el color en la pantalla ha lo­
grado jerarquía y calidad artísticas. Los
juegos de rojos y granates son siempre
de una gran belleza. Y aqui, en algunas
escenas, como las del puerto y la esta­
ción, se atisba la posibilidad de que salte
de los límites del cromo hacia el alto cam­
po, inmenso, del cuadro. P intar con rayos
de luz es el ensueño imposible de todo
pintor.

María Duval y Andrés Mejulo en una escena de "Milagro
de amor”, film de San Miguel.

Conrad Feidt en una escena de "El
ladrón de Bagdad”, película de la
Guaranted Pictures.

Escena de "El pirata y la dama”, film
en que intervienen Joan Fontaine y
Arturo ele Córdova. Paramount.
Argentina.
Falleció Max Glucksmann, austríaco ra­
dicado en el país: importante productor,
distribuidor, exhibidor desde los albores
del cine en Argentina.
Alberto de Zavalía dirigirá Días som­
bríos, según Hugo Conway, con Delia
Garcés y Pedro López Lagar.
Mario Soffici: Pecado capital, según

Murat, Homero Manzi, Sixto Pondal Ríos
y Carlos Olivari; actores, Enrique Muiño,
Francisco Petronc, Angel Magaña, ade­
más de Zullv Moreno en el film ya ter­
minado.
Méjico.
Emilio Fernández terminó Enamorada,
con María Félix y Pedro Armendáriz.
Ramón Peón: Ella, con Luis Aldás y
Lina Montes.
Ramón Delgado: Soy un prófugo, con
Cantinflas.
Fernández Bustamante: Acosada, con
Amanda Ledosma.
Moscú.
Se crea un Ministerio del Cinema: Iván
Bolchakov, ministro.
W. 1. Pudowkin: Almirante Nakhimov,
con Alejandro Diky.
Plan de difusión: cuarenta mil salas,
doble del número del año actual, para
1950.
Parts.
Robert Le Vigan, el villano especialista
en personajes desquiciados, ha hecho su
papel en la vida real: colaboracionista
durante la ocupación alemana. Diez años
de presidio.
Jacques Feyder: Macadam, con Fran(;oisc Rosay, Paul Meurisse y Andréc
Clément.
Roland Tual: Marie de Risquontout,
argumento de Monede Valentín y Jean
Anouilh, con Mcdeleine Robinson.
Marccl Cravenne: La danza de la

Ava Cardner, en "Los asesinos”, film
basado en un relato de Hemingwey,
perteneciente a la Universal.

Dulcina de Moraes, actriz brasileña
que interpreta en el Astral la obra de
W. Somerset Maugham: "Lluvia”.
muerte, de Strindberg, con Erich von
Stroheim.
AI revés por una vez: Jean Charles
Reynaud ha publicado una novela según
el film Carnet de baile, de Julicn Duvivier.
Chevalier publica el primer tomo de sus
memorias: Ma route et mes chansons, de
1888 a 1914.

EL P A D R E T R A N Q U I L O
po r

JEAN TEDESCO

medios, las gotas y las píldoras. . . El mu­
chacho se ríe del sweater a rayas que lleva
el padre; únicamente la hija que comple­
menta la pequeña familia, sabe todavía
rodearlo de una discreta te rn u ra ... Y
será ella la primera en descubrir la ver­
dad. El "Padre tranquilo”, por otro lado,
no se deja llevar por delante sin rezon­
gar; se queja de que revuelvan sus pape­
les de negocios, y de que se instalen a su
lado cuando le llegan visitas. Es que sus
visitas son precisamente los agentes de la
red clandestina de la cual es el jefe;
antiguo oficial de la guerra del 1914, le
llaman "comandante”, y mientras tanto si­
guen las reuniones secretas que le permi­
ten transmitir a Londres los informes que
hace reunir. La estación receptora de ra­
dio está escondida en el invernáculo de las
orquídeas.
¿Quién supondría que un pacífico ju ­
gador de naipes, que a veces se queda en
el café horas y horas, os el mismo que
hace desencadenar sobre la comarca las
tormentas de la Royal Air Forcé?
Las "tormentas” se tornan más y más
frecuentes, la Gestapo se alarma, revisa
todos los rincones para atrapar al jefe
de la resistencia; oniplea un "carnero”,
gracias al cual ingenuas comparsas caen
en manos del enemigo... Apenas lo des­

(Especial para C abalgata.)

cubre, el "Padre tranquilo” lo hace ejecu­
tar por los muchachos del "maquis” cer­
cano. Pero las mallas de la red se cie­
rran a su alrededor. Unos oficiales ale­
manes lo visitan y quieren ver el inver­
náculo de las orquídeas y Monsieur Mar­
tin hace angustiosamente los honores de
sus orquídeas, protegiendo el escondite
cuyo descubrimiento le valdría ser fusilado
inmediatamente. . . Sus gentilezas para los
visitantes son mal interpretadas por la
población; el hijo de Martin ya no puede
más y se va al "maquis”, "para que ha va
al menos un resistente en la familia” . . .
Sin embargo, se presenta una magnífi­
ca oportunidad: la de hacer bombardear
la usina, donde el enemigo guarda el ma­
terial que será la base de la resistencia
al desembarco. El "Padre tranquilo”
transmite sin vacilación las indicaciones
necesarias, pero, a fin de poner su familia
y sus vecinos fuera de peligro, organiza,
de acuerdo con su hija, una fiesta de fa l­
sas bodas, en los alrededores, cuidando
bien de invitar a todo lI mundo, hasta los
vecinos con quien estaba peleado, sin ol­
vidar a los viejos enfermos.
En una escena encantadora, la del ban­
quete "salvavidas”, en el cual el novio es
precisamente el lugarteniente de M. Mar­
tin, en quien el padre ha advertido los

Noel-Noel, autor, director e intérprete del film "Le Pére
Tranquille”, en una escena del mismo.

sentimientos y la simpatía que tiene para
con su hija. El bombardeo tiene é x ito ...
pero la Kominandantur consigue descu­
brir algunos hechos que denuncian la
culpabilidad de Martin. Lo acaban de
arrestar; lo arrojan a la cárcel... y la
ejecución es interrumpida por la llegada
de los F .F .T . que precede a la de los
aliados. El joven Martin está presente
cuando se llevan sobre una camilla el
cuerpo del "Jefe de la Resistencia” . . .
Un brazo cuelga debajo de la colcha que
cubre el cuerpo y el muchacho reconoce
el sweater a rayas de su p a d re .. .
Está en la modalidad de Noel-Noel el
mezclar así sonrisas y lágrimas, ironía y
comicidad, drama y humorismo y hasta el
ridículo secunda a la emoción, sin contra­
decirla jamás, y dándole el sabor especial
que ya teníamos olvidado desde las pelí­
culas de Ruster Keaton. Modalidad que
no puede ser confundida con un simple
procedimiento, pues pertenece a la pro­
funda intención del autor y, todo lo per­
fectamente que sea posible, al tempera­
mento del intérprete. Ya que un argu­
mento de Noel-Noel tiene la superioridad
dramática, sobre toda concepción de escri­
tor, de haber sido concebido para ser in­
terpretado por él. Hay identificación ab­
soluta entre el personaje imaginado y el

Noel-Noel en otra escena de la misma película.

actor que lo encarnará. El "juego” está
dibujado, las réplicas escritas para servir
exactamente una silueta y un acento; las
escenas tlaidas pura poner en pleno valor
un rostro maravillosamente expresivo, que
no deja perder ningún matiz del senti­
miento . ..
A esta rara ventaja que le debemos a
las múltiples cualidades de Noel-Noel,
agreguemos una preciosa ingeniosidad de
"mélteur en scéne”. Así es que "El P a­
dre Tranquilo", que bien cuidó de decir
que sabía alemán, parece adormecerse en
la oficina de la Kommandantur, mientras
un suboficial ingenuo, suelta de un trago,
toda una serie de informes valiosísimos.
Excelente "contrapunto” del sonido "al
ángulo” y de la imagen en primer plano.
¡ V qué decir de la escena do la foto dé
Ja chica, sucesivamente escondida o puesta
en evidencia por el joven enamorado, se­
gún el padre finge, en su visita, no
haberla visto, o se pone a hablar?
Son detalles precisos, que recuerdan en
algo a los de Relié C'lair, con un toque
de emoción más conmovedora, de la cual
no sabemos qué admirar más: si la in­
ventiva exquisita o la ejecución impe­
cable . . .
( Servicio de Agencia France-Presse.)

RECTIFICACION
No es a esta redacción —sino a la
agencia que la difundió— a quien corres­
ponde rectificar la versión que do una
entrevista a León Klimovski apareció en
el número anterior de C a b a l g a t a . Pero
por tratarse de un colaborador de nuestra
revista, hacemos constar, a su pedido, que
en ciertos aspectos ésta no refleja el pen­
samiento verdadero de León Klimovski, el
cual lamenta sobre todo ciertas expresio­
nes acerca de su futuro en el mundo del
cine, así como con respecto a entidades
que tienen relación con el cine nacional,
que no corresponden, principalmente en la
forma en que están recogidas, a su actitud
permanente frente a los problemas cinema­
tográficos y a su habitual modestia cou
respecto a la obra personal.

�cabalgata©

UNA NUEVA
BAILARINA

JANINE
SOLANE
Su a m b ic ió n es p la s m a r en
d a n z a s a B ach , a B e e th o v e n , el
M a e stro d e la P ie d ad d e A v ig n o n ,
c o n q u is ta n d o P a rís .
(Especial p ara C abalgata.)

ella imitando tubos de órgano y, siguien­
do el lógico fraseo de la fuga, se anudan
y desanudan conforme a movimientos y
pasos tanto simétricos como asimétricos;
dibujan así, plásticamente, ante nuestros
ojos, el devanarse del punto y contra­
punto que registra al mismo tiempo el
oído.
Este es el primero de sus grandes
efectos. Seguidamente Janine Solane, si­
gue con diversos ballets inspirados en
otras composiciones de Bach (especial­
mente música religiosa). Ha traducido
ritmicamente el "Cazador Maldito”, de
César Frank, pero la obra en la que tiene
puestas todas sus ilusiones es la Sinfo­
nía Pastoral de Beethoven, presentada
en esta temporada en el Palacio Chaillot
y que ha sido la consagración de su estilo.
Decoradora.
Un ballet no es, sin embargo, única­
mente la ilustración de la música me­
diante las actitudes y los gestos de las
bailarinas. Exige asimismo una plastinueva danzarina francesa se ha
atrevido a buscar la inspiración de
sus ballets, en la Fuga en sol menor
Bach y en la Sinfonía Pastoral de Beetho­
ven. Ha sido la primera en intentar tan
arriesgada aventura, a la que se lanzó en
cuerpo y alma con la ayuda de un pu­
ñado de entusiastas compañeras. El re­
sultado de su aventura ha superado to­
das -sus esperanzas: una serie de reci­
tales presentados en el Palacio de Chail­
lot le demostraron que su éxito no ha
sido el de una mera y transitoria cu­
riosidad, sino el de un triunfo tan artís­
tico como rotundo. La autora de todo
ello no es sino una mujercita, Janine
Solane, curiosísimo personaje típicamente
parisiense.

U

na

Comienzos, "la regla de oro”.
Janine Solane, hija del escultor Cury,
hermanastra de Bourdelle y de la pin­
tora Fran^oise Bangor, sobrina del fres­
quista Lenoir, el precursor de Maurice
Denis, no solamente heredó dotes plásti­
cas de sus ilustres parientes sino que ha
sabido encarnar asimismo la música.
Y desde su infancia, la música, no se ha
traducido en ella más que en gesto y rit­
mo. Danza desde los catorce años. Discí­
pulo primero de I.éo Staats, el clásico
maestro de puntas en la Opera, muy pron­
to sintió la necesidad de liberarse de las
trabas del justillo de satén y del "tutú”.
A los diecisiete años era ya una tráns­
fuga del baile clásico aunque sin deni­
grarle en absoluto. Y al siguiente año,
con asombrosa intrepidez, fundó su propia
escuela. Su manifiesto inicial comienza
con la siguiente afirmación que consti­
tuye su regla de oro: "Danzad conforme
al ritmo de vuestros corazones.” La es­
cuela no se compone más que de una
media docena de muchachas que trabajan
desinteresadamente, animadas de su mis­
ma fe. Este cuerpo de baile tuvo que

Rennes, Evreux, Bourges . . . Todas ellas
disfrutan con su venida a París, una o
dos veces al mes, para la preparación de
un recital, compartiendo durante el día
todas las tareas de la escuela y durmien­
do durante la noche sobre el duro suelo
del taller. Reanudan así la vida común,
ya sea acunando a Cacou cuando su mamá
está fuera, sea cocinando, sea entregán­
dose a trabajos intelectuales. Profun­
dizan en historia musical con su amigo
José Bruyer, se perfeccionan en dibujo
con el dibujante Vallony; también can­
tan. Georgette W atteau constituye su
ideal de muchacha completa: jovencísima
licenciada en letras, danza, esculpe y es­
cribe novelas cortas.
Las demás muchachas se llamait: Mvrtille Romane, Cristian Tisin, Bicole Giselle, Cossete Amo, Denis Ortol, Geor­
gette Biry, Yvette Delorée, Simone Rosy,
Audrée Véry, Colette Descartes, Monose
y Gisú Perennes, Dina Carie y Mony
Montoroni. Son ellas quienes representan
los papeles de María, San Juan, María
Magdalena y el Centurión en el Entierro
de Cristo, distribuyéndose los papeles de
la "Lección de Baile” de Mozart, de la
Fuga en sol menor, del Tercer Concertó
de Brandeburgo, de F ra Savonarola, de
Listz y de la Pastoral.

esperar hasta 1937 para presentarse ofi­
cialmente dejando de lado las fiestas de
de
beneficencia y las festividades de barrio.
Pierre Aldebert, actual director del Paluis de Chaillot, encargó a la sazón a J a ­
nine Solane la parte coreográfica del
"Verdadero Misterio de la Pasión’’, re­
presentado en la escalinata de Nuestra
Señora de París. El mismo año, bailó en
la Exposición Internacional para el Cen­
tro de Artesanos con ballets que perso­
nifican cuatro oficios. El "Ballet de los
Alfareros” goza aún de un rotundo éxito
ante el público. Bajo los dedos del al­
farero, las danzarinas se animan y abren
convertidas en vasos y ánforas.
Pero Janine Solane, persigue un sueño.
Quiere bailar la música de Bach. Bach
la atrae por su misticismo y Janine Sola­
ne busca en la música la inspiración
divina. Primero interpretó su coral del
Entierro de Cristo, inspirándose en el fa ­
moso retablo de la "Piedad de Avignon”
para su presentación escénica. Luego
se atreve a disponer un ballet conforme
a la Fuga en sol menor: esto constituye"
una revelación para el público y, para
un joven alumno de la Escuela Central,
apasionado de la música (nieto del com­
positor Mulhouse), que la toma por espo­
sa, con quien tiene una niñita, MarieDominique, la que ya muestra notables
disposiciones para la música.

Desinterés general.
Todas ellas conocen a la perfección la
totalidad del repertorio de los veinticinco
ballets creados por Janine Solane, al par
que dirigen la enseñanza en provincias
de las doscientas cincuenta discípulas que
suman en la hora actual las clases de
danza de su iniciadora.
El reclutamiento de dichas discípulas
es variadísimo: basta con que amen la
danza y manifiesten ciertas dotes para
que queden inscritas. Las alumnas de la
Escuela Normal de Educación Física de
Chatenay-Maldry forman el núcleo más

En justillo de seda violeta.
La Fuga en sol menor de Bach, reve­
lación auténtica de Janine .Solane, se
bailó por primera vez en el Palais de
Chaillot, el 6 de abril de 1941. Janine
Solane, cubierta con un justillo de seda
violeta como los de los Kappelmeister
alemanes, en armonía con su azafranada
cabellera, aparece completamente sola
ante los tubos del órgano, resplandeciente
e inmenso a la luz de los focos. A una
señal suya, las bailarinas avanzan hacia
cidad formal, "trajes y decorado” de
acuerdo con el fondo y la forma de la
obra a representar. Sin dinero, en sus
comienzos, Janine Solane tuvo que in­
ventar, cortar y coser por si misma sus
trajes y los de sus bailarinas. Más tarde
se aficionó tanto a semejante tipo de
creaciones suplementarias que ha conti­
nuado siendo la decoradora y modista de
sus ballets de los que ha dibujado todas
las maquetas: los 150 trajes y accesorios
de la Pastoral son todos ellos obra de
su mano, y ha sido ella, además, quien
se los ha probado a sus compañeras y
discípulos, mientras seis costureras tra ­
bajaron durante seis meses para ejecu­
tarlos mediante una producción de uno
diario. La costurera Madeline Carpentier, admira muchísimo las creaciones de
Janine y no titubea en divulgar por to­
das partes que muchas veces se ha inspi­
rado para la creación de modelos de sus
colecciones en las creaciones de Janine
para sus ballets.
P ara el decorado se asoció con su her­
manastra Fran^oise Bangor: asi fueron
concebidos los Monstruos de la Guerra, de
asombrosa expresión, y los peinados cam­
pesinos de la Sinfonía Pastoral. Común­
mente, Janine Solane se inspira en los
pintores primitivos italianos, Piero della
Francesca y Donatello, quienes le sumi­
nistraron los modelos directos de sus crea­
ciones para la Marcha F m ebre y el
Entierro de-Cristo. Su admiración por
Mantegna, quedó expresada en su San
Sebastián asaeteado, en gris y negro.
Una cofradía artística.
Como todos los artistas completos y
todos los fundadores de escuela, Janine
Solane, al par que maestra, es la autén­
tica guía de una comunidad: su gente
está compuesta por sus compañeras de
primera hora, monitoras de educación fí­
sica y directoras de cursillos recogidas
por la escuela en provincias: Tourcoing,

importante. T rabajan como simples alum­
nas, llenas de ambición y amor al arte,
junto a muchachas desocupadas, estu­
diantes, taquígrafas, mecanógrafas. To­
das las alumnas desempeñan por turno
un puesto en las representaciones que da
en París el auténtico ballet de Janine
Solane.
Tanto las danzarinas profesionales, co­
mo las profesoras y alumnas son total­
mente desinteresadas. Los ocho meses de
preparación que llevó la Pastoral, re­
presentaron ochocientos sesenta ensayos
completamente gratuitos. Unicamente los
pianistas, las costureras y los suministra­
dores, cobran. El esposo de Janine So­
lane confía, con una sonrisa, en subvenir
los gastos generales con algo que ignora
qué será, pues la recaudación de entra­
das de las representaciones del Palais
Chaillot, llenas hasta el colmo, es toda­
vía insuficiente v deja un déficit de cerca
de un millón.
Pero las bailarinas, profesoras, profe­
sionales y discípulas no tienen cuidado
alguno: su maestra ha nacido bajo el
signo de la audacia y su divisa es
no amilanarse por las dificultades mate­
riales.
La empresa de Janine Solane y hasta
su estilo, han encontrado, naturalmente,
detractores. Puede lógicamente pensarse
que lo ambicioso de sus propósitos no
está de acuerdo con la realización, ya que
traducir el inasible misterio de músicas
no pensadas para su representación plás­
tica, aunque sea animada por la danza,
constituye una empresa difícil de lograr.
Pero lo que en definitiva importa, para
la historia de la danza y el honor de los
espectáculos de París, es haber i n t e n t a do
semejante prodigio. Y su resultado, gus­
te o se le condene, no puede dejarnos
indiferentes. — (í. S.
( Servicio ¡le Agencia France-Presse.)

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                <text>Buenos Aires, 10 diciembre 1946</text>
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                <text>Duhamel, Georges&#13;
Castro, Américo&#13;
Malraux, Andre&#13;
Corpus Barga&#13;
Bastide, Roger&#13;
Schmitz, Antonio&#13;
Bertrand, Gastón&#13;
Sondereguer, Conrado P.&#13;
Cowdre, E. V.&#13;
Dunsany, Lord&#13;
Rinaldini, Julio&#13;
Arcos Ruiz, Felipe&#13;
Sinclair, George&#13;
Queval, Jean&#13;
Nicholson, Norman&#13;
Pahissa, Jaime&#13;
Mora Guarnido, José&#13;
González Carbalho&#13;
Champenois, Jean&#13;
Critti, S.&#13;
Villegas López, M.&#13;
Tedesco, Jean</text>
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                    <text>Ciñude IMonet.

Muestra de cerámica inglesa.
(Véase página 15.)

Girasoles.

AÑO I ★ N° 4 ★ QUINCENARIO POPULAR * ESPECTACULOS, LITERATURA, NOTICIAS, CIENCIAS, AR I ES * BUENOS AIRES, 19 NOVIEMBRE 1946 * S 0,40

m
Por G UILLERM O DE TORRE
V marea (mejor dicho, pleamar,
/p u e s tiene sólo un movimiento:
el ascendente) de antologías poéticas
— cuyos riesgos y atracciones ya señalé
hace años— no ceja ni declina. Du­
rante los últimos meses han aparecido
en España dos copiosas muestras de
esa índole., y también otras dos — más
cernidas— en América.
I Qué explicación racional cabe dar
a tal pululación antológica? ¿Acaso vi­
vimos una época colmada de cosechas
maduras que obligue a agavillar con
tanta frecuencia y profusión esos espicilegios ? ¿ Acaso los poetas — que por
regla general tienen al lector de espal­
das y apenas son escuchados, salvo
cuando aciertan en un momento par­
ticular a expresar sibilinamente lo que
con todas sus palabras es peligroso
decir, según ha acontecido durante los
años de la ocupación nazi en Francia—
no disponen de medios para expresarse
individualmente? Ese fue, entre otros,
el sentido de los cancioneros del si­
glo xv. Pero no creo que se hagan
acreedores a pareja gratitud los pre­
suntos Baenas, López de Stúñigas y
Resendes del nuestro. Lo incuestiona­
ble es que no hay ninguna paridad o
relación entre el despega '.yoe i'. ¿viVÁt-w
suele mostrar por los libros de poesía
— salvo excepciones que confirman la
regla— y la insistencia con que los
colectores nos ofrecen sus conjuntos.
•Entienden, tal vez, que esa indiferen■ia se quiebra cuando los líricos apa­
recen agrupados en "cuadrilla” , según
a expresión de Lope de Vega en La

L

(E special para Cabalgata.)

contemporáneos

en

S ' B H

(Especial para C abalgata , Traducción de L. P .)

A

GUILLERMO DE TO R R E
LUIS SANTULLANO
RICARDO E. MOLINARI
ANA M. BERRY
ROMUALDO BRUGHETTI
F. DIEZ DE MEDINA
CARMEN DE ALONSO
EDOUARD HELSEY
LEON MIRLAS
J. BOSCH BOUSQUET
WILLIAM HUGHES
R. A. WEEKS
HARRV TRETHOW AN
DANIEL DEVOTO
GONZALEZ CARBALHO
ESTELA CANTO
RENE MASSAT
MANUEL VILLEGAS LOPEZ

M ujer araucana.
(V éa se págs. 12 y 13 :"A ra u co esp era” ...)

Una página de ciencia, por
JOSE OTERO ESPASANDIN
Una página de m odas, por
FRANCISCO JAUMANDREU
Ajedrez, p or el profesor
FRANCISCO BENKi)
Reportajes gráficos. Crítica de
libros. Crítica de cine. Humor.

Curiosa fotografía de Jean Cocteau.
(Véase página 2 2 .)

lengua castellana,

por César González-Ruano (Gustavo
G.ili, Barcelona, 1946) e H istoria y an­
tología de la poesía castellana, por
Federico Carlos Sáinz de Robles (Aguiiar, Madrid, 1946). Las otras dos son:
A ntología de la poesía española con­
temporánea, por Juan José Domenchina (Signo, México, 1946) y Poesía
española del siglo x m al xx, tres to­

mos, por Joaquín Díez-Canedo y Fran­
cisco Giner de los Ríos (Signo, Méxi­
co, 1945} Descartemos, por ahora, las
dos últimas, de las cuales la de Domencliina es simplemente una reedición
disminuida, pero agravada, de la que
con el mismo título publicó en 1941 y
atengámonos solamente a las primeras,
robustos productos peninsulares.
Mejor dicho, nuestra atención habrá
de ser absorbida casi íntegramente por
la primera. Pocos libros como éste
ofrecen resquicios tan múltiples, flan­
cos tan débiles no ya a las objeciones
y correcciones, sino a las apostillas de
toda índole, en una escala que puede
ir desde la indignación a la broma . ..
En primer término, por la significación
de su autor, que si nada dice a los lec­
tores americanos, despierta ciertos re­
cuerdos, y no precisamente entusiastas,
en los españoles que hayan conocido la
prensa madrileña de los años penúlti­
mos. Soslayándolos pulcramente, no
obstante, lo menos que puede decirse es
que González-Ruano, por sus antece­
dentes, su obra propia y sus preferen­

K B ü y ? " "

cias parecía ser el menos indicado para acometer una tareacaso represente más y mejor que un mero azar el que la
como la antológica que requiere información vastísima, do­
.obra postuma de Paul Valcry, "Mon Faust” , aparezca
cumentación exacta, gusto seguro, inteligencia crítica y otras
precisamente en el momento mismo en que Francia, en
virtudes similares.
trance de celebrar el primer aniversario de la muerte del
En segundo lugar, por la magnitud insospechada, por la
gran poeta, está preguntándose acerca del cuál sea el men­
saje que Paul Valéry nos haya legado. Porque "Mon Faust” ,
extensión descomedida que alcanza este libro-ómnibus. Cal­
cúlese: 853 páginas en cuarto mayor y 261 autores incluidos,
libro que renueva uno de los temas más famosos de la
en un lapso temporal que va desde la penúltima década del
literatura universal, constituye a la par el balance de una
siglo xtx. con Salvador Rueda, hasta este mismo año de
obra y el de la vida que la llevó a cabo. En su forma de
"comedia”, este libro de designio inacabado (del que su
gracia — mas no poética— 1946
con un adolescente, Bue­
naventura Sella, nacido en 1928. La
autor nos dice que no es sino un es­
"manga ancha” y el criterio selectivo
bozo) nos aporta la conclusión más
de González-Ruano no pueden ser más
solemne de tantos otros admirables poe­
discutibles, al punto de que parecerá
mas y estudios implacablemente con­
Colaboran
casi cbvio ponerlos de relieve. En su
ducidos. Y esta conclusión es que nada
en
e
s
t
e
n
ú
m
e
r
o
gigantesco centón, en su prendería li­
sirve de nada ni a nada conduce. Ja­
teraria, en su baratillo impreso todo
FR A N C IS AM BRIERE
más nihilismo más sosegado ni altivo
(P rem io G oncourt)
llegó a expresarse en una obra huma(Continúa página 2.)

D oroteaf

Si la poesía, a falta de otras virtu­
des más perdurables, es invariablemen­
te esencia, la suma de esencialidades
que debieran atesorar los florilegios
auténticos, sería motivo suficiente para
justificarlos. Pero la realidad es que
en estos mosaicos abunda siempre más
la ganga que el oro. Asimismo es in­
cuestionable que en ellos los designios
estéticos suelen quedar supeditados a
otros de política literaria. Mas rehuyen­
do la consideración abstracta de este
aspecto, dejemos que los recopiladores
sigan en su empeño, a reserva, claro
es, de descubrirles sus juegos. Lo úni­
co que en último extremo les reprocha­
ríamos es su conformismo, su falta de
•imaginación al espigar todos el mismo
campo y no aventurarse a otros, ofre­
ciéndonos distintos cortes anatómicos
del cuerpo literario; al no resolverse,
cuando menos, a ampliar los términos
usualeá* de lo poético, restituyéndonos
su significado plumario, y haciendo
entrar en sus bazares cuanto es crea­
ción, todo lo que es literatura inventiva.
Las colectáneas al principio aludidas
tienen como títulos y autores los si­
guientes: Antología de poetas españoles

„ a s • " «

na, a lo largo de las páginas esplen­
dentes en las que cada frase nos es
portadora del pensamiento más des­
prendido y la cultura más exquisita.
Ya defina y juzgue la Poesía, la
Historia, la Filosofía, las Ciencias; o
ya escriba, parodiando la frase de
Pascal, y ante una. biblioteca enciclo­
pédica: "El silencio eterno de estos
volúmenes innumerables me aterra”, el
que desde su juventud se irguió como
campeón del Conocimiento, nos confie­
sa ahora, y desde más allá de la ¿tim­
ba, la vanidad de su ambición y nos
confía asimismo la oonfesión de su
fracaso. ¿Pero es el fracaso mismo lo
que le importa? Valéry hace pronun­
ciar a su Fausto las palabras del des­
encanto, y no hay duda de que las
hace suyas: "Harto veo que todos los
empeños son vanos, y que las derrotas
no son en último término ni menos in­
diferentes ni menos ilustres que las
victorias”. Para Valéry todo hombre
es ¡a imagen de su héroe, "alma ebria
de la nada en las riberas de la nada”.
Jamás el arte de Valéry se había
engalanado de más prestigio para ha­
cernos escuchar esta sentencia deses­
perada. Los versos del Solitaire, la
"comedia de magia dramática” con que
concluye el volumen, son un prodigio,
de una musicalidad tan feliz y de una
tal maestría técnica que evocan e igua­
lan los más consumados aciertos de
ios poetas clásicos, un Racine, un La‘ fontaine. Lí. misma prosa del "Fausto”
está colmada di esas cadencias regu­
lares que Habíanlo» verbos "blancos”.
Esta vez, los censores de Y t
acertarían a reprocharle obscuridad
guna, como de ordinario lo hacían,
porque Valéry emplea aquí él lenguaje ^1
más claro, y nada más fácil de seguir,
en su ritmo magistral, que esta bri­
llante demostración de la inanidad de
todo. La última lección de Valéry, y
en la que se compendian todas las
otras, aboea a una negación absoluta.
Se nos ofrece como el testamento de­
finitivo de un arte y de una escuela
(toda una parte de la poesía y del
pensamiento franceses a raíz de Mallarmé) a la par que como el testamento
de un gran espíritu, y por lo mismo
reviste una significación excepcional.
Pero, precisamente por eso mismo,
constituiría un grave error el de ir a
creer que en tal testamento halla ex­
presión la Francia de hoy día; en ri­
gor no hace otra cosa que traducir las
disp siciones interiores de un sector de
la Francia de ayer. El pesimismo to­
tal de Paul Valéry es el de un mundo
que acaba de desaparecer. Cuando un
Albert Camus se inclina sobre el ni­
hilismo contemporáneo, es para inten­
tar sobrepujarlo, y la colección por él
fundada para trazar su inventario y
encontrarle remedio, se titula Espoir.
Nada acertaría a denotar mejor la fun­
damental diferencia de actitud que en
Francia separa a las generaciones an­
tiguas de las nuevas generaciones.
. Por lo demás, Valéry mismo ha de­
nunciado, con su prodigiosa lucidez, su
propio mal y el de los suyos. Cuando,
en la comedia, el Discípulo viene a
solicitar consejo cerca de Fausto, éste
le dice: "Ten cuidado con el Amor”.
Al fin del Solitaire, las hadas desco­
razonadas proclaman dirigiéndose a
Fausto: "Tú no sabes más que negar” .
En verdad, si la obra de Paul Valé­
ry es incomparable fuente de belleza,
y como tal ha de persistir, lo cierto
es que no valdría para inspirar los
tiempos que ahora se abren. El mun­
do hacia el que marchamos, por sobre
y más allá de los escombros de la in­
teligencia pura, siente vr, aunque con­
fusamente, que nada grande y durable
podrá erigirse sino por obra del Amor.
(1 ) Francis Ambriére cuvo libro Les gran­
des tacanees, obtuvo este mismo año el “ Premio
Goncourt” , que le fue adjudicado por unánime
votación, es uno de los más descollantes entre
los críticos literarios actuales de Francia.
Antes de la guerra formaba parte del Cuerpo
de Redacción de la prestigiosa revista Mercare
de Franee, a la que fue introducido por Georges
Duhamel.
En la actualidad es colaborador re­
gular de Les Wouvelfes l.ittéraires y diversas
revistas de tipo literario. Ccn este articulo inicia
la serie de criticas literarias que escribirá bajo
el título genérico de “ El Libro del M es” .

Ann Doran. Se Ja considera una excelente representante de la "glam ourización” efi­
ciente de la nueva generación yanqui. Paramount la presenta en "E l extraño am or de
Martha Ivers” , con Bárbara Stanwyck.

IM PORTANTE
A partir de este número, C a b a l g a t a
saldrá quincenalmente como siempre, pero
por razones de distribución se pondrá a
la venta el segundo y cuarto martes de
cada mes.

�LETRAS

cab algata 0
tiene cabida. Hay poetas, desde luego,
pero éstos resultan casi invisibles.antp la
balumba de pseudopoetas, académicos ine­
fables, rimadores ocasionales, casticistas
fáciles, figurones, sombras olvidadas, ham­
pones, cu rsis... y toda la fauna. Acoge
con minucia digna de mejor empresa
hasta al último rimador provinciano, has­
ta al más oscuro periodista que alguna
vez utilizó las "silabas centadas” . No en
vano — hay simples alusiones que traicio­
nan— en la segunda página de su prólogo
González-Ruano califica como la "mejor
antología , aunque todavía le parezca in­
suficiente, aquella que hasta ahora se lle­
vaba la palma de lo caótico: cierto ama­
sijo, Las mil m ejores poesías de la lengua
castellana, perpetrado hace algunos años
por el editor Bergua, de Madrid.
González-Ruano no vacila en invertir la
norma correcta en cualquier género — par­
ticularmente en poesía, donde todo lo que
no es excelente resulta rigurosamente superfluo— anteponiendo a cierraojos 1ít
cantidad a la calidad. Pero explicar en
función de tan siugular criterio el sentido
último de este Parnaso equivaldría casi
a extraer patente de nefelibata. N o; des­
cendiendo a terrenos precisos, la inter­
pretación real que cabe y debe darse a
la antología de González-Ruano es algo
más sutil e intencionada. Este libro pre­
tende constituir una réplica absoluta, un
mentís definitivo a otras antologías pre­
cedentes, y, de modo muy particular, a
aquella que abrió la marcha hace unos
lustros, y fué tan combativa por su par­
cialidad estética y su exigüidad numé­
rica, cuando su verdadero pecado no era
ése, sino — como otros señalaron— el de
la hipocresía sectaria, a tono por lo de­
más con el jesuitismo del autor. Recuér­
dese, en efecto, que aquella antología — la
de Gerardo de Diego, según ya habrá
intuido el avisado lector— , en su primera
edición de 1932, comprendía 17 nombres.
Si nos hubiera sido ofrecida — lo dijeron
con objetividad quienes no tenían por qué
asociarse a ninguna política, ni a su favor
ni en contra— honradamente como una
antología fraccionaria de un momento,
de una escuela, ya que tenía méritos para
presentarse así, ninguna objeción habría
sido válida. Lo vituperable para muchos
— al menos los que importan, los más
ecuánimes e independientes— estaba en
que pretendía disfrazarse como una anto­
logía de carácter histórico, desde el mo­
mento en que junto a algunas figuras de
las — entonces— últimas promociones in­
cluía también ciertas precursoras como
Rubén Darío, Unamuno, Machado, Jim é­
nez, escamoteando, sin embargo, otras
personalidades y tendencias que, de acuer­
do con ese presunto carácter historicista,
no era lógico omitir. La segunda edición
del mismo libro, aparecida en 1934, am­
pliaba el número de poetas a 30, pero
sin que la nueva escogitación «aüsficiera
plenamente a nadie, pues rompí*’
p o­
sible unidad estética sin Lgrar total: lad
histórica.
No
eco de aquella antología
c .’ : js ,
leí’
fué ancho, clamosuscitando tanto aquiescene imitaciones cándidas como discre­
pancias profundas. Muestras de las pri­
meras se encuentran en una antología de
José María Souvirón (Santiago de Chile,
1933), en otra de Mathilde Romes, apa­
recida en francés (Bruselas, 1934), y
hasta en dos pequeñas selecciones de J.
Gebser y Giacomo Prampolini, publicadas
en 1936, en Alemania e Italia respectiva­
mente. Muestra de las últimas, de las ré­
plicas adversas, fué la antología de Juan
José Domenchina, mas que en realidad
queriendo contradecirla sólo lo hace teó­
ricamente, pues en cuanto a su contenido
no difiere gran cosa. Por caminos inde]tendientes se orientó la m ejor de todas
ellas, la única que no argumenta con fa
lacias ni responde a politiquerías, la de
Federico de Onís, manteniéndose en el
punto medio del rigor selectivo, ya que
en la parte española inclu'a 38 nombres.
Más parca fué la antología d? Laurel
— no sólo española, sino hispanoamericana
com o la anterior— con 13 poetas contem­
poráneos. Y como réplica definitiva, repe­
timos, surge ahora esta que comentam os;
un poco tardía, se d irá ; en efecto, mas

SUMARIO DEL NUMERO 3
I vAn el terrible , por León
E spanto y esperanza de
nuestro
tiem po ,
por Jules Romains.
A m arilleces de los prados , por Antonio
Espina. L a cultura y las naciones
u n id a s , por
Lorenzo Luzuriaga. E ste
canto de amor , por González Carbalho.
E l poeta S t eph an G eorge, por Werner
B oek. N ueve pintores argentinos , por
Rom ualdo Brughetti. A rte contemporá ­
neo it a lia n o , por Alberto Girri.
U na
p Ag in a de CIENCIAS, por José Otero Espasandín. C inco desnudos , por Julio C.
Figueroa. L a s fugas del P ríncipe (con ­
tin u ación ), por G. K . Chesterton. U n a p AGINA DE ARQUITECTURA Y DECORACIÓN.
T res pies al galgo (cu en to), por M a­
ría Teresa León. U n dramaturgo de si
tiem po , por León Mirlas. E l teatro en
P a r ís , por M arcel Thibaut. L as gracias
del baile , por Felipe A rcos Ruiz. I m a ­
gen de J acobo BEN A m i , por
Sergio
Lennard. U n a p Ag ina de m odas , por Jau
man dren. L a s ú l t im a s obras de I gor
S t r a w i n s k y , por A d o lfo Salazar. Crí­
t ic a literaria , por González Carbalho.
L ibros s u d am er ican o s , comentados en
los E stados U nido s , por N . Everett. E l
duelo de los dos H a m l e t s , por Edouard
Helsey. C i n e : E stren o s , por Manuel V i ­
lle g a s López. C ine argentino , por Estela
Canto. E xposiciones de arte . M úsica .
C ró n icas . U n a p Ag in a sobre G reer G ar s o n . H umor . A jedrez . Caricaturas . Co­
rrespondencia , de F r an c ia , I nglaterra
y
E stados U nidos , etc.
F rente

DOS NUEVAS ANTOLOGIAS POETICAS
por lo visto hay pleitos literarios que no
prescriben y agravios nunca aplacados.
Si su propósito, si la intención de Gon­
zález-Ruano fué — según le han dicho ya
en España los inteligentes y serenos que
allí quedan— ahogar entre la balumba
de los 261 nombres la cincuentena que
como máximo pudiera extraerse, no hay
duda que lo ha conseguido plenamente.
Reconocer esta triste victoria pírrica
no equivale a un elogio ni implica un
sarcasmo, hecho con ánimo alegre. Pues,
sin duda, a González-Ruano le gusta la
poesía; a lo largo de sus cambios ha con­
servado por este arte cierta debilidad,
como rescoldo de sus primeros tiempos vi­
vidos en los aledaños del ultraísmo; y en
algunos trozos de su prólogo, a la vuelta
de ingenuidades y desplantes, no deja de
apuntar ciertas afirmaciones valederas.
Sus descarríos, por consiguiente, son más
sensibles. Y sus errores de hecho y sus
mezcolanzas, más vituperables. Detallarlos
punto por punto sería tarea demasiado
larga y de una ejemplaridad dudosa.
Señalemos, por el contrario, un rasgo
plausible, que sólo desde fuera de España
podrá serle reconocido; y es el hecho de
que incluya a todos los líricos españoles
actualmente desterrados, inclusive a aque.
los que figuraron en las primeras "listas
negras” y cuya simple mención, no hace
muchos años, era tabú en el "imperio
azul’ ’. Cierto es que en este punto el antólogo se muestra cauteloso, rehuyendo
toda referencia última a los emigrados
y aun a los condenados a muerte civil
— literaria— dentro del propio territorio.
"M urió recientemente” , escribe en la bio­
g ra fía de Miguel Hernández, pero sin
atreverse siquiera a insinuar que fué en
una cárcel franquista. Del mismo modo,
sus noticias y muestras de dichos escri­
tores son incompletas, deteniéndose todos
los datos en 1936, y esto seguramente no
por falta de curiosidad en un colector
tan ávido de ellos, sino como consecuen­
cia de la incomunicación intelectual que
España ha vivido durante estos años últi­
mos. Por consiguiente, si respecto a los
poetas allí residentes la antología es ca­
bal, y aun exhaustiva con creces, pues
incluye hasta los más balbuceantes veinteañeros, deja fuera a sus coetáneos, los
revelados o afianzados en América, tales,
entre otros, Juan Rejano, Lorenzo Vá­
rela, Antonio Aparicio, Francisco Giner
de los Ríos.
Cabalmente un artículo del último de*I

E ste número incluye, impresa aparte,
la L A m in a N* 3, a seis colores , que re­
produce el cuadro de D iego V el Azquez
"L a In fa n ta M argarita” .
IMPRESO EN ARCENTINA

poránea. Sin ironía, algo hay intrínseca­
mente en este libro que le presta aliciente
y torna distraído el repaso de sus pági­
nas: las presentaciones y semblanzas de
autores, exentas de todo valor crítico por
regla general, tienen, no obstante, cierta
fácil gracia anecdótica; con pluma de
periodista desenfadado el antologo evoca
ambientes, traza siluetas extravagantes,
acumula graciosas indiscreciones. En su­
ma, bosqueja, a través de muchas sem­
blanzas y caricaturas, una "pequeña
historia” de una literatura algo infraliteraria, vista a través del café y de
la anécdota, con toques que a la distancia
o en el recuerdo no dejan de ser amenos
y divertidos. "D ivertido’ : sea éste el epi­
tafio más favorable de su antología, ya
que "divertido” es el adjetivo que con
irreprimible y delatora frecuencia usa
González-Ruano y parece constituir para
él la cifra suprema de toda ponderación.
Carácter muy distinto, propósitos más
serios, aunque su realización en la parte
contemporánea también suscite numerosas
objeciones, presenta la antología de Sáinz
de Robles. Cabalmente ahí radican los es­
collos: aplicar a la tría del siglo XX el
mismo criterio selectivo con que se cier­
nen épocas pasadas. Escollos y sirtes que
el antologo pudo rehuir sin ningún com­
promiso en este libro eminentemente his­
toricista. Si hubiera terminado práctica­
mente su selección con el siglo x ix, dando
solamente cabida a las ocho o diez figu ­
ras más verdaderamente representativas
del modernismo y de las escuelas poste­
riores, y ampliando contrariamente las
muestras de las épocas precedentes, la
antología de Sáinz de Robles cumpliría
enteramente su misión ya que no existe
ninguna otra de órbita tan amplia.
Pues sépase que esta crestomatía co­
mienza en el siglo xn con el Poema del
Cid, y que, singularizándose de todas las
demás, no se circunscribe a la poesía lí­
rica, sino que acoge también la poesía
épica, la narrativa, la satírica. El volu­
minoso conjunto cuenta 216 páginas de
prólogo a dos columnas. Las restantes,
hasta 1718, forman la antología propia­
mente dicha. El autor distribuye tan
vasto material en siete partes de I mites
algo rígidos: la época primitiva (si­
glos x n al x iv ) ; las manifestaciones poé­
ticas del cuatrocientos (siglo x v ) ; el
Renacimiento (siglo x v i ) ; el barroco (si­
glo x v i i ) ; el neoclasicismo
x v in ):

LIBROS INFANTILES EN LOS EE. ü ü .
jr a publicación de libros para niños está
I Á aumentando en los Estados Unidos,
al punto de que los libreros, que antes
consideraban ese negocio como muy ries­
goso, le dan cada día mayor, importancia
y son pocas las librerías que no se de­
dican al mismo.
Estos libros, cuya venta alcanza ya al
25 por ciento de las ventas totales de las
librerías, son muy originales y vistosos,
en colores brillantes y de materiales espe­
ciales, adecuados a los chicos de tres o
cuatro años a quienes están destinados.
Algunos de esos libros tienen, por ejem­
plo, forma como de acordeón y pueden
ser estirados de modo de formar una
suerte de cartel alar-ado. Otros tienen
form a relacionada con el tema que tra­
tan, como "E l tren chu-chu’ , que semeja
una locomotora, o "La gallina y los po­
llitos” que se parece a una gorda gallina.
Para que los chicos no los rompan, los
libros son confeccionados en papel grueso,
cartón o telas almidonadas, que se pres­
tan muy bien para esta finalidad.
Los libros destinados a los niños de las
escuelas ya tienen forma de tales, pero
también se usan en su confección mate­
riales fuertes, para que resistan el mano­
seo a que están sometidos. Los libros más
populares entre los chicos de 6 a 12 años
ton los de cuentos tales como los de Au-

CORRESPONDENCIA

a

K liniovsky.

los nombrados, "L a actual poesía espa­
ñ o la ’, que apareció en Cuadernos Ameri­
canos de México (número 4 de 1942) le
hubiera sido de gran utilidad. Allí se re­
gistraban hasta entonces — hoy se han
doblado— más de dos centenares de publi­
caciones pertenecientes a los cuarenta
poetas españoles en el destierro. De ellos,
por otra parte, ni la antología de J. R i­
cardo Morales, publicada en Chile con tal
título, Poetas en el destierro, ni la más
reciente de J. Diez-Cañedo y F. Giner de
los Ríos ofrecen representación cabal.
Pero aquel artículo y tantos otros testi­
monios sueltos que pudiéramos recomen­
darle le evidenciarían de modo conclu­
yente qué parte tan considerable de la
"inteligencia” española, sin contar los
cultivadores aun más numerosos de otros
géneros, está fuera de sus fronteras.
Entre los líricos de pareja edad, y con
referencia al reducido número de los que
allí quedaron, la antología incriminada,
a pesar de su increíble generosidad, no
resulta muy rica en revelaciones. Los nom­
bres de Vicente Aleixandre, Dámaso
Alonso, Luis Felipe Vivaneo, Luis R o­
sales, Juan y Leopoldo Panero, José An­
tonio Muñoz Rojas, Germán Bleiberg
— este último, se'gún nuestras noticias,
todavía prisionero— ya eran conocidos y
valorados antes de la catástrofe. Los
nuevos valores que el falangismo intentó
imponer, usando de todos sus medios coer­
citivos, durante algún tiempo — el clasicoide Dionisio Ridruejo, el preciosista
Adriano del Valle— no parecen tener
base muy firme. Los demás, muy nume­
rosos, permanecen apegados a ciertas for­
mas convencionales de clasicismo — esto
es, academismo— levantando en frío
maniposterías de consonantes ("poetas de
Rivadeneyra” se les ha llamado). Sola­
mente desdeñan este espejismo de fácil
retorno y se asoman a horizontes más
libres algunos otros como José Luis Cano,
Alvaro Cunqueiro, J. E. Cirlot, sin que
falten las mimesis superrealistas de J. V.
Manuel, presididas, desde luego, a dis­
tancia por la rica fantasía de Aleixandre.
¿Qué cabe salvar de este catálogo poé­
tico? ¿Su buen papel, su nítida tipogra­
fía, la bella tela rosada de su excelente
encuadernación? Pero estos son méritos y
alardes de don Gustavo Gili, bondadoso
editor, hombre de gusto, gran bibliófilo’,
a quien es de lamentar no acompañara
mejor tino una de las pocas veces en que
se aventuró a publicar literatura contem­

F R A N C I A
La temporada de exposiciones de arte
ha comenzado va, y con tal ímpetu que
es imposible acudir a todas ellas. Ha
abierto la marcha, por orden y por im­
portancia, el Salón de Otoño. Han segui­
do la de los Independientes, las de lo u r geron, Ficabia, Michel K atzaroff, Chastel,
Ferrero y otros.
***E1 Salón de Otoño no sirve más que
para confirm ar de nuevo la decadencia
general de este tipo de exposiciones, tan
a la moda a principios de siglo. El Salón
de Otoño de 1944-45 pareció indicar un
renacimiento de estos certámenes o fic ia ­
les, sobre todo porque Picasso se decidió
a presentar un buen grupo de sus me­
jores obras y porque otros maestros si­
guieron también su ejemplo. Pero fué
sólo, en realidad, una manifestación po­
lítica de los artistas, que se identificaban
así con la liberación de su país.
El actual Salón ofrece una mediocridad
casi general. Sólo algunas obras de Maillol y Bonnard dan interés a sus salas.
M aíllo’., en esta ocasión, ha vuelto a ocu­
par el primer puesto en los comentarios
de los críticos de arte. Con su muerte,
que muchos siguen considerando todavía
misteriosa, perdió Francia uno de sus
más grandes artistas.
***Con algunos dibujos y acuarelas, la
Exposición actual de Fourgeron reúne
veintiséis óleos, que representan sobre
todo composiciones y naturalezas muertas.
***En "L es Nouvelles L ittéraires’ el gran
hispanista francés Francis de Miomandre
dedica un artículo a comentar el libro de
Octavio González Roura, "E l Rin, fron ­
tera de Francia” . Después de copiar un
párrafo de dicha obra, Miomandre hace

derson o Grimm, los relatos como "Las
noches de Arabia” o "Robin Hood ’ o sen­
cillos libros científicos, biografías o, para
las chicas, guías elementales de cocina.

el comentario siguiente: "E ntrego sin
comentario esta opinión a los franceses,
a fin de que sepan con qué ardiente sim­
patía los buenos espíritus de America la­
tina siguen sus problemas y comprenden
la legitimidad de sus reivindicaciones.”
***Con gran sorpresa y satisfacción por
parte de los amigos y admiradores de
Bimbaud, algunos periódicos habían pu­
blicado la noticia de que en Etiopía se
habían descubierto 42.000 versos inéditos
del gran poeta francés amigo de Verlaine. Se llegó a afirmar incluso que di­
chos versos estaban ya en poder de Jean
Paulhan, antiguo director de la "Nouvelle
Revue Franqaise” y actual orientador li­
terario de la editorial Gallimard. Este ha
desmentido terminantemente la noticia, y
mucho más que él se dispusiera a editar
en breve unos versos que no existen.

ESTADOS

UNIDOS

***Agatha Christie acaba de pasar dos
inviernos en Siria con su esposo el ar­
queólogo Max Malloivan del British Museum. El resultado de esta excursión ha
sido su libro "Come, tell me hoiv you
live” ("V en, dime cómo vives’ ).
En sus páginas se pone en evidencia el
conocimiento de primera mano que la
autora tiene del Cercano Oriente.
Mientras cuenta sus aventuras, Agatha
Christie refiere muchas cosas interesantes
de Siria, de la arqueología y del culto de
los yezidis y de su adoración ]&lt;br Sata­
nás, a quien según ellos Dios ha puesto
a cargo del mundo.
'•'D esde los días de la colonia los artis­
tas negros han practicado la profesión de
la pintura. Uno de ellos, Joshua Johnson,
esclavo de Baltimore, hizo a principios
del siglo x ix retratos tan maravillosos
que fueron atribuidos a famosos artistas
contemporáneos . . . blancos, de Estados
Unidos.

Además, las casas de publicidad han con­
tratado especialistas en literatura infan­
til que las proveen constantemente de
novedades.
Los dibujantes y pintores especializados
también tienen su intervención y de tal
modo se han hecho sencillos y hermosos
libros con pasajes de la Biblia y trozos
de la mitología griega. Uno de los artis­
tas que más se destacan es Lois Lenski,
que este año ganó un premio por sus
ilustraciones de "La niña Frutilla’ .
Por su parte, los libros cómicos, llenos
de historietas, tienen gran éxito entre los
chicos . . . y entre los grandes, pues se ha
comprobado que estos últimos son también
excelentes clientes.
Para este otoño se anuncia la aparición
de 500 nuevos libros para niños o reim­
presiones de los libros ya conocidos. Entre
los últimos, "Tom Sawyer” y "Hucklesberry Finn” , de Mark Twain, son de ven.
ta eterna. Durante el pasado invierno, el
libro infantil más vendido, el "best seller” , como dicen acá, fué "Stuart Little” ,
que se refiere a las maravillosas aven­
turas de un ratón, tan bien narradas que
los padres de los chicos a quienes estaba
destinado resultaron igualmente entusias­
tas lectores suyos.
Washington, octubre de 1946.

Es notable que durante mucho tiempo
los artistas negros no pintaran temas "ne­
gros”. Se dijo que era una forma de esca­
par de su problema y de provocar, con
otros temas, el interés de la gente.
Pero, sin embargo, fué después de 1920,
en que los artistas negros comenzaron a
pintar y a escribir sobre sí mismos, cuan­
do sus obras ganaron en vigor y solidez.
Se acaban de realizar exposiciones de
arte negro en el Albany Institute o f History and Art, en el Brooklin Museum y en
el Rhode Island School o f Design.
Los nombres de los artistas negros sig­
nifican hoy "algo” en los Estados Unidos.
Son, en general, jóvenes pero han ganado
ya fama. He aquí los nombres, profesio­
nes y edades de algunos de ellos:
Marión Perkins, eseultora, 38 años;
Riclimond Barthe, escultor, 45 años; Eloise Bishop, eseultora, 25 años; William
T. Artis, eseultora y ceramista, 32 años;
Eldzier Cortor, pintor, 30 años; William
H. Johnson, pintor, 45 años; John Wilson, pintor, 24 años; Palmer Hayden,
pintor, 56 años.

el romanticismo (siglo XIX) y el moder­
nismo (siglo x x ). Pero acontece que la
extensión otorgada en cada una de estas
grandes divisiones a los poetas de las
respectivas épocas, no guarda proporción
con su importancia histórica. La desar­
monía queda patente con este simple
dato: se otorgan 653 páginas al siglo ac- &lt;
tual, mientras que épocas de plenitud, ya
consolidadas, como el siglo XVI y el XVII
figuran respectivamente con 130 v 90
páginas, cuando Ja proporción debiera
haber sido justamente la contraria, dado
ti criterio historicista y, repetimos, aun
didáctico del libro. Ello sin contar la
desnivelación antijerárquica que supone
incluir, por ejemplo, dieciséis poesías eom.
pletas de un rimador actual tan discutible
como José María Pemán, y, contraria­
mente, en la parte primitiva, dar sólo
brevísimos trozos de reliquias como el
Poema de Fernán González. . .
Por otra parte, las clasificaciones ce­
rradas, los cortes seculares de la poesía
española que ofrece este libro presentan
gravísimos inconvenientes y pueden ori
ginar lamentables confusiones, desde el
momento en que hay numerosos autores
y obras a caballo entre dos siglos o épo­
cas, los cuales en rigor no pueden ser
adscritos unilateralmente a una sola de
ellas. Más cauto y avisado fué Dámaso
Alonso cuando, advirtiendo el riesgo, *a
en el primer párrafo de su gran antología
Poesía de la edad media y poesía de Upo
tradicional advcrt'a, a propósito de la
Edad Media y del Renacimiento, que "dos
épocas literarias no están nunca separadas
por una frontera neta, sino por una zona
de compenetración’ ; y si esto pasa en
épocas pretéritas, lo mismo, o más acusa­
damente, acontece después. ¿Cómo, pues
de esta suerte, no ha de extrañarnos que
Sáinz de Robles incluya, por ejemplo, a
Federico Balart entre los románticos, y a
Amos de Escalante y a Rodríguez Marín
— ninguno de estos últimos, por otra parte, imprescindible en una antología poé­
tica— entre los modernistas? El roman­
ticismo acontece en el primer tercio del
siglo x ix, tiene un reflorecimiento parcial
hacia 1870, pero no es todo el siglo xix.
Parejo e injusto monopolio de nomencla­
tura otorga al modernismo, movimiento de
órbita temporal muy restrictiva — ya que
en rigor termina en 1905— , aplicándolo
como rótulo genérico a toda la poesía de
fines del siglo x ix y haciéndolo llegar a
la de nuestros días. Pero no hay por qué
insistir en señalar la hipertrofia de lo
contemporáneo, nada cernido, presentado
en bruto, que daña esta antología, obra
que por su atuendo crítico, por la serie
de 1-’ ; ’ -apitale? a que aparece incor­
porada (la colección 'Oirás eternas” de
Aguilar donde se incluye a Cervantes,
Shakespeare, Dostoiewski y otros grandes
autores, completos), muy bien pudiera
haberlo soslayado, evitando así incurrir
en promiscuidades semejantes a la de
González-Ruano.
Pese a esta homologación parcial, de­
ploraríamos que se confundieran ambas
antologías. La de Federico Carlos Sáinz
de Robles se salvaría aunque sólo contara
con el estudio preliminar. Este es un no­
tabilísimo esfuerzo de síntesis, un alarde
de clarificación, ya que divulgación no
es la palabra exacta cuando, como en el
presente caso, se logra reducir a unidad,
a lectura clara, aguda y coherente cente­
nares de datos dispersos y de juicios
críticos. Las presentaciones de épocas y
tendencias, las caracterizaciones de personalidades que este prólogo brinda al lector
genera] son diáfanas y certeras, atinando
en cada caso el autor a respaldarlas con
los frutos de investigaciones y los juicios
de especialistas más calificados. En oca
siones, Sáinz de Robles va más lejos y
no vacila en romper convencionalismos,
discurriendo por su cuenta con arrojo y
felicida d; así en las páginas críticas que
dedica a presentar el siglo XVII y las
características del barroco en poesía, lle­
nas de comprensión y agudeza. Pero de- •
bcrá irse más allá. El barroco en litera­
tura — pues hasta ahora casi todos los
estudios e interpretaciones sobre tal estilo
apenas rebasaron el dominio de las artes
plásticas— está pidiendo todavía una
valerosa reivindicación.

ca b a lg ata
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Redacción. Dirección. Administración, Publicidad,
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Interior y exterior: D i s t r i b u i d o r a T r i u n f o S.R -b.
Rosario 201

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FRANQUEO

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PAGADO

C o n c e s ió n N° 3799

&lt;
te

________ •

TARIFA

REDUCIDA

C o n c e s ió n N° 3205

CHILE
El profesor y crítico de arte Antonio
R. Romera pronunció en el Salón de H o­
nor de la Universidad de Chile un ciclo
de conferencias ba jo el título de "Goya
y su influjo en la pintura moderna” , con
los siguientes temas: Significación del
centenario. — Goya y su tiempo. — Su
vida. — Enlace con la tradición. — Goya,
hombre-puente. — Los "cartones". — El ro­
cocó. — El luminismo. — Goya, pintor ba­
rroco. — El humorista. — Las "pinturas
negras” . — El expresionismo. — Seguidores
de G oya: Lucas, Alenza. — Otras ten­
dencias. — Su in flu jo posterior en la pin­
tura francesa. — Otros pintores españo­
les: Rosales, Madrazo, Fortuny. — Liqui­
dación del siglo x ix -----La * vuelta al
"iberismo” con Zuloaga y Solana.

BOLETIN DE SUSCRIPCION

E l señor

.............
(E N

LE T R A D E IM P R E N T A )

Dirección

se suscribe a C A B A L G A T A por el
período de un año* seis meses y al c/crio
acompaña el importe de $ 8.20, $ 4.30,
Dólares 3.50 U. S. A. en cheque, bono
postal a su orden.
♦ Tachar la condición que no se utilice.

©
cc* ooba

xa*

�cab algata

LETR AS
U A L Q U IE R

C tiempo

pa­
s a d o no f u é
siempre m ejor;
pero suele parecerlo cuando
se le mira des­
de la lejanía de
lo s añ os, qu e
van h a c ia su
término.
Aquella V e ­
tusta de "C la­
rín” , capital asturiana, tenía su carácter
en las postrimerías decimononas. Tam­
bién Palacio Valdés, Juan Oehon y
Ramón Perez de Ayala se placieron
recogiéndolo en sus novelas. Y en ese
carácter, un tanto renacentista, ha de
señalarse la participación de la Uni­
versidad. "Era Oviedo — escribe Pérez
de Ayala en el prólogo a la reciente
edición argentina de un libro de "Cla­
rín”— propia y típicamente una ciudad
universitaria. Y la Universidad un nú­
cleo familiar, un hogar del espíritu. En
Oviedo nos conocíamos todos. Profeso­
res y alumnos convivíamos no sólo en
aulas y claustros, sino también en las
calles, en las casas, en el casino, en el
teatro, en las fiestas públicas y rego­
cijos populares, como acontecía antaño
en la Academia de Platón. "En aquel
fondo de ambiente ciudadano y de cul­
tura destacaba la figura diminuta y ner­
viosa de Leopoldo Alas, cuyos paliques
y críticas literarias subían el Puerto de
Pajares, una y otra semana, para llegar
hasta las páginas del "Heraldo”, de
"Madrid Cómico” , de los muy leídos
"Lunes del Imparcial” .
La ciudad provinciana, como en los
buenos tiempos de Salamanca, hallába­
se compenetrada naturalmente con la
Universidad V acudía, como en romería,
a las lecciones nocturnas y libres de
Altamira, Posada, Buylla, Sela, de
"Clarín” . El maestro había ofrecido
esta vez una lectura de "L ’Aiglon” ,
la obra de Edmundo Rostand recién
estrenada en París, exactamente el 15
de marzo de 1900. Y o no sabré decir
los motivos de esta elección de Leo­
poldo Alas para una de las reuniones
de aquella celebrada extensión univer­
sitaria. El tema histórico desarrollado
ñor Rostand, incluye pasajes de íntima
mesía, que rezuman sentimentalidad,
y motivos de inflamado patriotismo
muy francés, con grandes perspectivas
de campas ¡qwwrrmv No todos saben
que Leopoldo Alas, hombre de paz
cuando no peleaba con la pluma, ha­
llaba recreo en los asuntos bélicos, si
los traía a cuento el diálogo o los acom­
pañaba un interés superior a la bru­
tal destrucción. Quizás influyeran en
él las conversaciones veraniegas con
su hermano A dolfo, colaborador mili­
tar de "E l Liberal” de Madrid y hom­
bre también de ingenio. Ese ingenio
manifestábase ocasionalmente ep la
forma de colaboración espontánea y
fraterna; así en el caso de aquel poli­
ticastro semiimbécil, elevado a la pre­
sidencia o vicepresidencia de la Dipuación Provincial ovetense, cuya irrita­
ción ha de sosegar "Clarín” al encon­
trárselo en la calle:
— ¿H a visto usted, Leopoldo, el in­
sulto que A dolfo me dirige en un pe­
riódico de esta mañana? Es inaguan­
table y no lo he de consentir. ¡ Me llama
el distinguido tetrápodo” ! ¿Qué le
parece a usted?
— Verdaderam ente... ¡le ha parti­
do por la jnitad!
"Clarín” había anunciado, decíamos
antes, una lectura de "L ’Aiglon” ; pero
la obra no llegaba de Madrid a la Li­
brería de Martínez, y estábamos ya en
el día señalado. Preguntas y respuestas
iban y venían a medida que las horas
avanzaban, cuando por fin, mediada la
tarde, "Clarín” pudo tener el libro en
sus manos, cortar impaciente las hojas
y elegir los pasajes representativos,
mientras los inseguros espejuelos bai­
laban en su nariz y enviaban reflejos
de luz gozosa.
No era Leopoldo Alas un buen lector
al uso. Su voz producíase en un tono
algo destemplado, y su temperamento
excitable dificultaba el ritmo sosegado.
Sin embargo, aquella lectura de " L ’A i­
glon” fué maravillosa, sencillamente
porque le hubieran sido aplicables a
Leopoldo Alas las palabras que había
de escribir Antonio Machado largos
años después: "Mairena no es un re­
citador de poesías, como no era tam­
poco un virtuoso de la lectura. Cuan­
do leía versos — o prosa— , no pre­
tendía nunca que se dijese: ¡qué bien
lee este hombre!, sin o: ¡ qué bien está
lo que ese hombre lee!, sin importarle
mucho que se añadiese: ¡lástima que
no lea m ejor!” Los versos de Rostand
están bien, archibién para el gusto do
entonces. "Clarín” acertaba a darles
todo su sentido en la versión oral, im­
provisada y justa; un sentido........ es­
pañol, nada declamatorio, expresivo de
la belleza y significación interiores. Mis
lectores — si tengo alguno— segura­
mente recuerdan que el propósito de
Rostand fué cantar, por encima de Jas
pasiones, la historia del Aguilucho, el
hijo de Napoleón, aquel niño in feliz:
Grand D ieu !, c’est West pas une cause
&lt;¡'&lt;e j ’attaque o h que j e défend . . .
Et cari West pus autre citóse
que l’liisloire ¿fuñe pauvre enfant.

R E C U E R D O S

Y

N O S T A L G I A S

UNA LECTURA DE " L ’ AIGLON”
Por LUIS SANTULLANO

(Especial para C abalgata )
A lors, pendant que Neg
[tóate la nuit m a rchad ...

•El pobre niño pretende
rebelarse contra el desti­
no fatal, que azuza Mctternieh, frío, implacable:

Pero el Aguilucho es
un niño y necesita sua­
vidad a su alrededor. Por
esto, desdeñando el re­
trato uniformado v bri­
llante de la Sala de Fies­
tas, gusta de ver al abue­
lo en la sencilla presencia
cotidiana, con la platea­
da cabellera, los ojos dul­
ces y acogedores, la pul­
cra levita de un buen
burgués:

O ui, M etternich, ce fu l,
croit avoir sur mu ríe
[écrit "U ne de Reicltstudt” ;
muís hausse- uu soled le
[pttge diapltane:
le mol "N apoleón ” est
[rf«ns la fd ig ra n e!

Aquí está la entraña
del drama: el querer an­
gustiado de un imposible.
Entonces —como ahora :
el caso de España está
presente— los gobernan­
tes de los Grandes P o­
deres decidían, según su
conveniencia, la suerte de
los pueblos, oprimiendo
muy políticamente o por
la fuerza, su voluntad
profunda. En el caso del
Aguilucho napolconiano,
el niño pregunta, aigo
irritado, si quieren saber
cuál es su nombre legí­
timo :

Tu Was l’air que d’ un
[sim ple a'ieul, en verité,
par leqnel on pourrait
[étre g á té ! . . .

C’est cehti qu’an Prater
[la fotile qni s'ecarte
murmure autour de m oi:
[ r'Le p etit Dona pa rte"

La m u ch e d u m b re , el
pueblo, suele saber lo que
dice y decir lo que quie­
re, lo que debe ser, fren­
te a los árbitros, como
el austríaco Metternich.
Aquellas gentes de la ca­
lle manifestaban su deseo
espontáneo de ver volar
al Aguilucho, como antes
volara el Aguila, no por­
que el pueblo apetezca
cambiar de amo y de
opresor, sino porque po-

Sara B ern ard.

ne siempre por encima de todo la justicia, y ahora sentía que el
niño infeliz era también una víctima de la voracidad despiadada y
dominadora. Por eso le placía al pueblo llamar cariñosamente
al Aguilucho alicortado: "el pequeño Bonaparte , cuando la rara
ocasión hacía que ¡lasara a su lado.
Rostand nos dice que el príncipe encontraba su recreo mas inte­
resante en la hora clandestina, en que la bailarina Fanny Elsslei
acudía a recitarle las páginas gloriosas de su padre:

El m u ch a d h o triste
busca las caricias del
abuelo, que no siempre
alcanza; mas halla com­
pensación en el viejo sol­
dado Flambeau, héroe
del ayer victorioso, fiel
a! recuerdo del Empera­
dor. En la llanura de
Wagram ocurren las es­
cenas más emocionantes
de la obra, que Leopoldo
Alas leía con voz ca­
liente y emoción comuni­
cativa. Sucede allí que
el anciano soldado Flam­
beau, bautizado con el
fuego de Marango, viene
a morir al antiguo cam­
po de batalla gloriosa,
mientras el Aguilucho, en
exaltado transporte ima­
ginativo, le va comuni­
cando los recuerdos leja­
nos y, con sus palabras
e n c e n d id a s , atrae las
sombras del pasado. En
lo alto de una breve co­
lina, los brazos en cruz,

ODA FINAL A UNAS ESTATUAS
Por
RICARDO

E.

MOLINARI

| V / h dioses, cielos, so le d a d ;
a yer d o r m id o ! D e pie y sin regalo
os busco fu era de m í, aban donado.
Seco y sin recom pensa,
v u elv o a co rre r con la cabeza envuelta
p or las nubes. (D istin to y separado,
siento la fr o n d a
m overse con el vien to.
Insom ne, e sp lé n d id o ; en jam bre m antenido,
expu esto y levan tad o para la m u e rte :
vedm e, in fortu n ios, galas, tra íd o eternam ente.)
S í; desde el um bral solo de la tierra
os m iré, estatuas. D esde el mar
tem blaba mi cabeza. N adie supo
de m í ; nadie me v io entrar p o r la noche
en su seno, cansado.
¿ D ó n d e estarán mis otros días, ,
los años con mi voz herm osa, d e s p r e n d id a ;
los instru m en tos y el fra g a n te b rillo
de unas flo r e s ? ¡O h estatuas p u ra s!
E sp a cio y tiem po interm inable,
si no más tierno, desaparecido.
Q uien me esperó no su po de la e s p e r a ;
n i de mi boca y p u d or, para nada.
D esnu do y escon dido,
apreté m iserable
mi corazón. Y vosotras, perpetuas,
— sin sueño y sin can san cio— crecíais duras
en la intem perie.
¡ Días, edad, nubes, qué haréis c o n m ig o !
E l otoñ o v olv ía con su rostro soñado
y con los labios
y las sienes heridos p o r las hojas.
Y estabais dulces y con el vien tre húm edo,
en la alta m adrugada. El m ar sonaba
aún, fu erte, alrededor de m i ca b eza ;
de m is despiertos m iem bros. A h , nadie, me s ig u ió ;
n in gu n o recog ió m i dorm ida corona,
ni buscó entre las lágrim as
la viva fren te arrancada a la vida.
Insaciable, v olv í mi soledad terrible
a vosotra s; el áspero
sueño y la d elgad ísim a arm onía
del a lm a : el polvo estéril, reluciente.
Sólo vosotras veis la noche deseada
p o r la luz y los v ie n to s; las colum nas
desiertas de los hom bres, d on de esperan
la dicha vergonzosa de la e a n ie ;
los m undos y los fru to s a rdidos del recuerdo.

(Especial para C abalgata)

Q uien m e esperó no lo supo, in m ortal,
e n a m o ra d a : dichosa andará
p o r el c ie l o ; sí, d en tro de la vida,
g u a rd a n d o m is m arch itos p en sa m ien tos;
las lenguas de mis penas
e invisibles estíos.
A h oga d as de esp len d or d iv in o os hallan
el d ía, el h orizon te y el deseo.
i Qué m iráis, fu era de la vida, d u lces
o jo s, D ian a p erd id a ?
I Qué m ontes solos fa tig á is callada ;
qué fu en tes tristes
recogen aún, la gracia de tu cu érp o
y sonrientes toca d os?
L os ciervos y las flores, se alim entan de t i ;
com o y o de vosotras, oh m uros m ilagrosos.
¿ Q ué bosques y praderas,
y leja n os con fin es transparentes,
están sin ti, oh D iana, sin el fresco
d e tu fren te golp ead a p o r el c é fir o ?
(Q u ie n me esperó n o supo
qué som bra obscura y rig o r m ela n cólico;
qué niñez, ju v en tu d , ceniza helada,
deslizaría entre las hom bres
y los h orribles días,
desde su seno,
de su acabado corazón p e rd id o .)
Os m iro y vu elvo a vosotras, extrañ o,
con el rostro tocad o p or las flores
de las p la n icie s; con los tibios m iem bros,
húm edos p or los r ío s ;
in cierto, perm anente, d e s c e n d id o ;
devuelta atm ósfera del su e ñ o :
ro cío , cam po feliz,
au rora, nada a rd ie n te ; esencia
de aire y de espacio, sobre la tierra.
¡E sta tu a s, adorable lu z ;
sí, detenidas al olvid o!
A ltas, duras, oliv o frío ,
os verá el tiem po.
(N o ; no me detengáis, recu erd os sosten id os;
sangre y ser pasajeros.
¡L u n a y ju v en tu d m ías, p erecid a s!
Y a o ig o el ru m or del m ar resp lan decien te
llegar a mis oídos,
y siento cóm o m i cabeza d u lce
se extravía en la niebla,
rodeada p or las nubes.)
E statuas, can to delicioso. ¡O h d on es!

cara al cielo, el hijo infeliz del Empe­
rador, ofrece su vida en holocausto por
los que rindieron, la suya en la ocasión
memorable:
P ren d s-m oi!, p ren d s-m oi! W a g ra m !, et
[ranzón de jadis,
fils que s 'o ffr e en echange, helas, de
[tant de fils,
au dessus de la bram e effra ya n te ou tu
[bouges,
élcve-m oi tout blanc, W agram , dans
[íes mains rou g es!

Pero había más que Wagram y Marengo en el historial del Emperador,
y ahí están los hombres reaparecidos
en los años últimos de la Europa inun­
dada de sangre entre ruinas, también
de la España defensora de sus liberta­
des: Austerlitz, Evlau, Eekmühl, EssJing, Smolensk, Soinosierra . . . Un
nombre éste que a los madrileños de
1936 y 1937 ha de traerles lejanos ecos
de temores y de esperanzas entusias­
madas . . .
Minado por la tuberculosis, el A gui­
lucho está ya muy enfermo, un enfer­
mo resignado y obediente, a quien el
doctor alaba porque acepta su dieta
láctea. Pero "el pequeño Bonaparte”
quisiera merecer otras más encumbra­
das alabanzas de los hombres:
A h !, c ’est dar tout de mime
d ’étre — lorsqu’on r eta la louange
[suprém e
de l’H istoire, et qu’on fu l une áme
[qu i brulait —
loué par la fa^on dont on pren d bien
[son lait!

Era como una vuelta a la infancia
chiquita, y si el Aguilucho agradece los
fáciles cuidados, su preferencia mimosa
va hacia las viejas canciones de Fran­
cia, que le habían arrullado en la cuna
de oro dibujada por Prud'hon: "J1
pleut bergére” "Nous n’irons plus au
bois”. . .
E t chante- "Sur le p ou t d’A v ig n o n . . .
[p o n r me fa ire
endorm ir douccm ent dans l’áme
[ popu laire.

Acierto magnífico del poeta ante el
príncipe, llamado a gobernar muchos
pueblos si la buena estrella hubiera
guiado a su padre hasta el loco final de
Waterloo, al hacer que se duerma para
siempre, dulcemente, escuchando una
canción y,;;;,...; '
Un año después de esta teóír?.ra morir
también Leopoldo Alas, y unos m&lt;
más tarde, tenía yo la ocasión g r ííi»_
ver a Sara Bernard, anciana espiritua­
lizada, representar en el teatro Chatelet
de París el delicado personaje del A gui­
lucho, ella igualmente en su despedida
del Arte y ya pronto de la vida. Mis
recuerdos de una y otra personifica­
ción literaria del triste Aguilucho me
dicen que la de "Clarín”, en el para­
ninfo de la Escuela ovetense, no des­
mereció en la natural comparación, y
hasta acaso motivó una emoción de ca­
lidad superior en algunos pasajes. Pero
sigo preguntándome por qué Leopoldo
Alas prefirió a otras lecturas posibles,
más cercanas a sus gustos y preocupa­
ciones de crítico, esta de la figura de
un pobre muchacho que se debate inú­
tilmente, alicortado por el destino his­
tórico y por la cruel enfermedad. "C la­
rín”, también enfermo, vivía ya con el
pensamiento en la muerte. Había per­
dido, por aquel tiempo, a su amigo
Juan Ochoa, el malogrado autor de "Un
alma de Dios”, cuyo recuerdo iba a re­
fleja r en una presentación de obra
postum a: "En sus últimos años yo fu i
su más constante compañero. Y o enfer­
mo aprensivo, él enfermo sin apren­
sión, no por ilusionado, sino porque
pensaba poco en sí mismo, nos juntá­
bamos casi todas las mañanas de p ri­
mavera y de otoño en el Campo de
San Francisco, nuestro querido parque
de Oviedo. Y o parecía el enfermo prin­
cipal, porque era el más egoísta. Alma
con alma, hablábamos de Dios, de la
otra vida, los dos espiritualistas, pero
sin hipoteca . . . ” Esta posición religio­
sa, que miraba al más allá, armonizá­
base en "Clarín” con el goce amable de
la vida y el deseo de que sus bienes
alcanzasen a todos los hombres. Para
lograrlo, era obligado el reino de la
justicia en la tierra, e intolerable el
sometimiento forzado de pueblo alguno
a una voluntad individual y ambiciosa.
Ambición había sido, y muy grande( In
de Napoleón; pero la de Metternich,
árbitro de Europa, aparecía igualmente
odiable, y aun más al ejercitarla él, con
todo poder y astucia, sobre el débil
Aguilucho, aquel pobre niño . . . Leo­
poldo Alas acertaba a expresar en la
lectura, de modo admirable, su simpa­
tía por el muchacho triste, su repug­
nancia para las actitudes frías, duras,
crueles del hábil político austríaco, que
logró acallar, sin demasiada violencia^
las palabras generosas — "libertad” ,
"pueblo”— que un ejército europeo
acogía por vez primera, ingenua y entusiasmadamente, en su vocabulario.
El mundo ha seguido rodando desde
entonces; pero no se han reducido las
ambiciones desmesuradas, ni suavizado
las aristas que hieren y separan a los
hombres.

�UNA

GALERIA

muchos años la pintura se vino aho­
gando en las casas particulares por falta de
espacio. Las paredes excesivamente recargadas
de adornos inútiles y sobre las que descansaban
muebles tan inútiles como los adornos, muy elo­
giados entonces por sólidos, eran decoradas de
una manera absurda y que ahora, al cabo de
tiempo, nos molesta. Cuando pasó esa época vino
un "modernismo” a sustituir los adornos abiga­
rrados y los pesados muebles, pero quedó sin re­
solver el problema de los cuadros en la decoración
de las viviendas. Los coleccionistas privados, y
aun las galerías y los museos, estudiaron todas
las posibilidades de presentar los cuadros sin pen­
sar que unas paredes lisas y claras y unos gran­
des ventanales eran suficientes para que ellos
tuviesen toda aquella vida que el pintor había de­
seado para los mismos. Ahora en Montevideo, el
señor Andrés Percivale, fino espíritu de coleccio­
nista de arte y de crítico, acaba de edificar una
casa cuyo último piso está exclusivamente dedi­
cado a galería. Por las fotografías que publica­
mos puede el lector darse cuenta de que ningún
detalle fu e descuidado para que la pintura pueda
verse. Xp i
nada que
ia atención üe .mién cvi'ere
•
— a,' is oL -cs í^pue-U..-. Cuadro* de pi.
contemporáneos penden de esas paredes co-

D

locados con el respeto inteligente del señor Andrés
Percivale. Entre los pintores que están repre­
sentados en su colección, se destacan George Grosz,
W illi Nowack, Kleinschmidt, Manuel Colmeiro,
Francis Dodd, Di Cavalcanti, W . N. Johnson,
Batlle Planas, etc., entre los extranjeros; y entre
los uruguayos Pedro Figari, Carlos A. Castella­
nos, José Cúneo, Carmelo de Arzadun, Joaquín
Torres García, García Reino, Milo Beretta, Vi­
cente Martin, Héctor A. Guerra, etc.
Decoran los ángulos de las tres salas de que
está compuesta la galería particular, una extra­
ordinaria escultura gótica del siglo xv que repre­
senta a Eva, y esculturas de Bernabé Michelena y
Juan Molcalvi. Su extraordinaria colección de
grabados está representada por Gova, Callot, Carriére, Turner, Pissarro, Rouault, Picasso, Gromaire, A dolfo Pastor, entre muchos otros.
Consiguió, pues, el señor Andrés Percivale, crí­
tico, coleccionista y director del Museo del Subte,
en Montevideo, colocar los cuadros y esculturas
de manera que su museo particular, se puede ase­
gurar que es en este momento uno de los máinteresantes de Sudamérica. Las ‘ res -alas que
lo constituyen, construidas p ■
&lt;- propósito «a
extraordinaria luz natural, tienen esuelto, ademas,
el problema de la luz artificial, de modo que el
valor de los cuadros no se pueda alterar al pasar
de una luz a la otra. — C. A .

urarte

F o tó g ra fía s d e A rm elU n o.

E N T R E V I S T A CON

SALVADOR DE MADARIAGA

JORGE LUIS BORGES

0 LA SATISFACCION DE UNA BELLA GESTA

Por

C

PRIVADA

ESTELA

cando se haga la historia del "caso

Borges” se le reconocerá, antes que
nada, como "genio de la evasión”
su
predilección por las novelas policiales se­
ría tal vez un indicio psicológico de
esto__ y se tendrá en cuenta, por ello,
la infinita tarea que representa para
un cronista entrevistar a Borges. Por lo
pronto, debemos partir de un supuesto:
el talento especialisimo de Borges se ma­
nifiesta — en general, porque nada nos
garantiza lo contrario— tratando burlo­
namente lo que nos parece más estimable
(probablemente lo que a él mismo le pa­
rece lo más estimable) y diciéndonos de
pronto una frase brillante y aguda sobre
aquello que creíamos despreciable. De esta
manera se producen curiosos contrastes y
desorientaciones: a veces tenemos la sen­
sación de que Borges quiere darse a co­
nocer, que nos indica a lgo; a veces cree­
mos que no hay para él nada respetable.
__¿Qué opina sobre la novela argen­
tina f __le preguntamos, para iniciar de
un modo tan banal y temerario como
tradicional el interrogatorio.
— Compruebo con placer que los nove­
listas argentinos están comprendiendo que
la mera probidad y la mera veracidad
son insuficientes — nos contesta Borges—
v que la invención y la construcción no
son actividades veladas. A la inconexa
"trance de vie” o a las efusiones auto­
biográficas de hace algunos años, y aun
de hoy, están sucediendo obras que tienen
en cuenta al lector, y que procuran, con
no siempre frustrado propósito, distraerlo
e interesarlo. Mencionar nombres es in­
currir en inevitables omisiones, pero quie­
ro destacar, entre otras, "La invención
de Morel” de A dolfo Bioy Casares.
Inmediatamente Borges nos hace una
reseña más o menos completa de las no­
velas, premiadas y 'n o premiadas, publi­
cadas en los últimos años. Parece, indu­
dablemente, satisfecho de la línea últi­
mamente seguida por nuestra novelesca
incipiente.
__Quiero, asimismo, volver a llamar la
atención sobre el extraordinario cuento
de un escritor que se ha incorporado a
nuestras letras: "E l hechizado” , de Fran­
cisco Ayala, y de las elegantes narraciones
policiales de Manuel Peyrou. Un aconte­
cimiento importante para la literatura
argentina sería la publicación en un tomo
de los admirables cuentos fantásticos de
Santiago Dabove, hasta ahora dispersos.

MODERNA

CANTO

A otra pregunta nuestra, que lanzamos
al advertir que Borges está decidido a
hablar sin hacer uso de sus respuestas
desconcertantes, nos dice:
— La época funesta en que estamos no
dejará de influir en la literatura argen­
tina, melancólicamente. Los escritores de
vocación servil cultivarán una literatura
puramente formal, con adulaciones a la
religión católica y a la (imaginaria) tra­
dición; los más desaprensivos descubrirán
asiduamente el color local y abundarán en
virtuosos gauchos y en irreprochables des­
aparrados. Cada partido de cada provin­
cia de la República dará su "Don Segun­
do Sombra” , debidamente halagado y
edulcorado. También padecerá la litera­
tura de los escritores independientes, que
se verán (que nos veremos) obligados a
emitir opiniones justas, pero no asombro­
sas, sobre la libertad y la dignidad de
protestar contra las crecientes injusticias
que el inmediato porvenir, digno sin duda
del bochornoso presente, nos deparará.

Jorge Luis B orges.

— ¿Qué opina del existeneialismo?
— ¿Qué es eso? — nos pregunta Borges.
Pasamos un momento embarazoso: nos­
otros tampoco sabíamos nada del existencialismo, y habíamos contado con Borges
para enterarnos. Rápidamente nos esca­
pamos por la tangente con otra pregunta:
— ¿Qué opina de la literatura francesa
de la resistencia?
— ¿Es que existe esa literatura? — nos
contesta Borges. Evidentemente no quiere
decirnos nada. Estamos tentados de de­
cirle que, en algunos sectores, esta litera­
tura es casi tan popular como la de las
novelas policiales, pero prudentemente
guardamos silencio y, finalmente, hace­
mos la más inocente de las preguntas:
— ¿Qué opina sobre el cine nacional?
— He visto muy pocos films argentinos;
conservo un admirativo, aunque borroso
recuerdo de "Prisioneros de la tierra” ;
también he visto "La guerra gaucha” , y
creo recordar alguna polvorienta y -vana
"batalla, despojada no sólo de todo horror,
sino de todo interés.
” Creo que la cinematografía argentina
debería, hoy por hoy, limitarse a aquellos
temas que ofrecen menos tentaciones pa­
trióticas y sensibleras. Le convendría,
creo, evitar los temas vernáculos, que
inevitablemente se prestan a bajas efu ­
siones y a confusas complacencias. No
sé cómo resultará la filmación de "Un

o es ésta la primera ocasión en que
don Salvador de Madariaga pasa por
estos países del Plata en un fugaz viaje
del que siempre deja la estela de un ciclo
de conferencias improvisadas (improvisa­
das en el noble sentido del término, esto
‘es, preparadas sobre la marcha por no
ser ellas el móvil dél viaje y haberle sa­
lido al paso la petición de que las dé) ;
acuciarlo como cada vez que llega con
la inevitable persecución periodística del
reportaje, habría sido excesiva crueldad.
Compadezcamos al viajero ilustre que
cae bajo la acción de nuestro o ficio ; de­
mos siquiera una vez tregua a la necesidad
dé confesarse con el público, se quiera o
no se quiera hacer, se tenga o no fe en
la confesión. Cuando el autor de Ingleses,
franceses y españoles estrecha nuestra
mano en el encuentro, no puede, aunque
• lo quiera, disimular su inquietud y ese
íntimo cansancio que se traduce en el
pensamiento: "¿ Qué declaraciones tendré
que hacer ahora?”
Pues ninguna. Nada de declaraciones,
don Salvador. Un sencillo saludo y por
esta vez quedará aplazada la confesión
para el respetable público. Y a veremos'
otro día, cuando volvamos a encontrar­
nos en el mundo, cosa que tiene que ocu­
rrir, no lo dude, como nos ha pasado ya
otras veces, en esta vida que llevamos,
traqueteados y trasladados de un lado
para el otro por el azar, como habas en
el harnero, desde hace muchos años.
Pero una cosa es nuestro honrado y
sincero propósito y otra la inercia de la
costumbre profesional. Cuando se ha ad­
quirido el hábito de hacer confesar a la
gente para servir sus confesiones al pú­
blico en letras de imprenta, se hace el
reportaje sin querer hacerlo, aun sin
darse cuenta, y al final, siempre se esca­
pa, inevitable, en la conversación más
inofensiva, un leve filtro de confesión.
Desde su ventana de Londres, avizora­
dora del mundo, Madariaga ha venido

N

Salvador de Madariaga.
piarido ideal” de Oscar Wilde, y de "Madame Bovary” de Flaubert; no es impo­
sible que el resultado sea funesto y jus­
tifique la irrisión o la compasión de
todos los hombres; a priori, sin embargo,
esos proyectos me parecen simpáticos.
Finalmente, para dar ocasión a Borges
de explayarse sobre uno de sus temas fa ­
voritos, le preguntamos:
— ¿Qué opina sobre el tango?
El nos corrige:
— ¿ Sobre la música popular ? Opino que
las milongas y los primeros tangos son
admirables, porque expresaban una feli­
cidad presente y un coraje presente;
ahora nos complacemos en ellos, pero
nuestra complacencia está contaminada
de nostalgia y de la sensación de lo irre­
parablemente perdido, de lo que ya no
se recobrará. La conciencia de una ac-

tual cobardía (copiosamente evidenciada
en la literatura en estos últimos años)
nos lleva a sobrestimar y a extrañar el
antiguo coraje.
Estas últimas palabras nos llevan a
preguntar al gran escritor que supo dar
honda visión de nuestros compadritos:
— ¿Qué opina del coraje?
Borges, olvidando la entrevista, nos
contesta:
— Es lo que más admiro.
— ¿Por qué?
— Porque me parece lo más d ifícil de
conseguir.

Por M O R A GUARNIDO
asistiendo al desenvolvimiento de un fe­
nómeno que lo maravilla y cuyas caracte­
rísticas más destacadas y vivas, vistas
ya desde ajlí, va a tener ahora, en su
viaje por América, oportunidades fre­
cuentísimas de confirmar y conocer en su
esencia. El fenómeno al que nos referimos
está en la dignidad, el sentido que ha
dado a su existencia en los países ameri­
canos la inmigración de los españoles re­
publicanos. Para Madariaga, esos miles
y miles de españolee a los que un desdi­
chado azar ha empujado hacia un pro­
longado destierro, se están conduciendo,
sin excepción, en tal forma que el triste
hecho de la emigración empieza a ofrecer
de inmediato la bienhechora contrapartida
inesperada.
— Esa contrapartida la va usted a en­
contrar confirmada en cada paso que dé
por el continente americano, señor Mada­
riaga.
— Estoy seguro de ello y es una de las
cosas que me va a impresionar mejor de
este viaje y le agrego que cuanto diga­
mos usted y yo sobre ello resultará poco.
Y para subrayarlo, puedo sentar esto que
no lo consideraré nunca una exageración:
Mírese el problema desde el plano que se
mire, no existe un antecedente histórico
estimable de tan voluminosa emigración
de valores culturales de un pueblo dis­
tribuida por los más variados climas y
territorios, que haya dado un ejemplo tan
perfecto de virtud y capacidad. La hon­
radez, el entusiasmo, la solvencia con que
esos inmigrantes, en todos los órdenes, se
han puesto a la tarea, no tienen paralelo
en el ejemplo de los grandes hechos hu­
manos. Que entre tantos miles de hombres
no se hayan podido ofrecer cifras osten­
sibles de valores negativos y perniciosos,
que ningún español refugiado haya co­
rrespondido mal a la hospitalidad del pa&gt;s
en que se refugió, es una gala y un índice
de orgullo y esperanza.
Está don Salvador de Madariaga tan sa­
tisfecho de esta comprobación, que podría
hablar interminablemente sobre el tenia.
La emigración española es para él, desde
ahora mismo, una magnífica gesta Pacl‘
fica de incalculables perspectivas en 0
cultural y acaso er. lo p o lític o .. Pero no
toquemos lo político. Con lo cultural c
nemos b a sta n íe...
El automóvil que nos lleva por las t
lies de Buenos Aires, mientras conversa­
mos con el incansable viajero e incansa
escritor, llega en este momento a su .&lt; e
tino. Podríamos hablar durante n’ ue
tiempo pobre esta cuestión de la ® ,
de los españoles en América, pero
¡Q
lástim a! — se ha terminado^ nu^ r^ or0
concia de diálogo a
Guarnido.

�'LETRAS

c a b a lg a ta

T os misioneros franceses del siglo xvii
mencionan la filosofía de los chi­
nos. Uno de ellos — erudito,* de espíritu
amplio, a su manera— , llega a traducir
una copiosa versión de Confucio, obra
de un secuaz. No obstante, hasta el siglo
x ix

pasa inadvertida la doctrina

de

Lao-Tse (o se la confunde con prácticas
mágicas, ajenas, en absoluto, a las ense­
ñanzas del M aestro). Vertidos en una
forma ultrasintética, netamente china,
los conceptos acerca de la Vida, la con­
ducta preconizada, propia al discípulo
quietista, más la misma simplicidad de
las imágenes con sus ingenuas compa­
raciones, deben haber parecido al via­
jero y escaso lector de pasadas centu­
rias, peregrinos por demás. Sin embar­
go, boy, el individualismo trascendente
del T a o-teh -K in g calza perfectamente
con la vanguardia de un pensar y sen­
tir surgidos de las lecciones y miserias
de la guerra.

Estamos saliendo, 6 su­

friendo aún, los embates incesantes a
toda actividad humana de los Gobiernos
de Fuerza y de ciertas medidas congé­
neres.

Hastiado, el hombre añora paz

e intimidad. Corre ya por el mundo la
voz de "marcha atrás” : es decir, "ade­
lante” .

Avanzar significa bienaventu­

rada quietud, silencio. Son imprescin­
dibles para recoger energías dispersas
y enterarnos de facultades creadoras,
insospechadas. El T a o-teh -K in g señala
a los pocos el cam ino: la senda hacia
adentro.

Sólo en sí mismo, el hombre

hallará el nexo de las cosas: lo que da
realce y sentido a su existencia.

"La

puerta a los misterios . . . , el punto de
-

donde salieron todas las esencias.” (P ri­

¿

mer capítulo del Tao.)
H e aquí, en suma, la filosofía del
quietismo de corte chino. Implica inac­
tividad y, a la vez, com peten te activi­
dad. "Cuando hayas cumplido tu tarea,

retírate.

Tal es el camino del Cielo.”

D ifícil, si no imposible, de comprender.
Sin embargo, a través de las edades,
centenares de chinos la han puesto en
práctica. Moldea su carácter e inspira
Color sobre seda. "C iervos y cam elias rojas en la nieve” . A tribuido
Yüan. Dinastía Ming. Freer Gallery, W ashington.

el arte y la literatura de ese pueblo.
Consta el T ao-teh -K in g de ochenta
y uno cortos versos. El breve y único
texto es cuna de una religión — si así
puede llamársela— de un pueblo que se
distingue por su ausencia de dioses,
avatares y apóstoles de una Verdad re­

Tinta sobre papel. "H om bre dom an do un caballo” . Dinastía Yüan ( ? ) . Freer
Gallery, W ashington.

a Chou

L IT E R A T U R A Y

ARTE

O R IE N T A L E S

TA O -TE H -K IN G

corazón de niño” , antes de internarse en
la montaña y desaparecer. Y éste es el
hecho capital: existe el pequeño texto
de unas cinco mil palabras que carac­
teriza y define el alma china: un sen­
tido místico-filosófico y a la vez realis­

Por A N A

M.

ta de la vida y de la naturaleza.
El

velada (el budismo y sus derivados son

T ao-teh -K in g

lia despertado

el

Los

interés del sch olar: lo atestiguan las

chinos se enorgullecen de una historia

diversas traducciones a distintas len­

escrita cuyos datos abarcan treinta y

guas.

cinco siglos.

A pesar de ello, única­

bre sensible y reflexivo. Ha sido rego­

mente en el siglo vi a. de J. C. (v, se­

cijo para los pocos, pero el llamado

gún otros investigadores) aparecen Lao-

al espíritu acrecienta.

importaciones de siglos después).

Golpea la imaginación del hom­

de

Transcribimos algunas citas, pálido

tendencias dispares que irán marcando

reflejo de ese compendio de hace vein­

los distintivas excelsas de la antiquísi­

ticinco siglos, cuya sabiduría y buen

ma raza amarilla. Orgullo también de
los chinos; es poseer una tradición oral

tor de nuestros días:

Tse y

Confucio;

contemporáneos

sentido se recomiendan al curioso lec­

de varios milenios y que se remonta

"Los que saben no hablan; los que

a! Antecesor Amarillo y a una Edad de

hablan no saben.” "La fuerza de las

Oro en la que los hombres conocieron

palabras se gasta pronto. Mucho mejor

la sabiduría y practicaban la bondad.

es conservar lo que está en el corazón.”

Mas el Emperador como la Edad de

"Medita en las cosas difíciles hasta

Oro, no pasan de ser venerables mitos.

que se vuelvan fáciles. Haz hechos gran­

El mismo Lao-Tse es igualmente una

des hasta que parezcan pequeños.”

figura legendaria: tan vagos son los

"Donde están las tropas crecen espi­

datos acerca de su existencia. Se deben

nas y abrojos. . . . A las grandes gue­

a Tchoang-Tse —original y poético f i ­

rras suceden años malos.”

lósofo de) siglo iv a. de J. G., dentro

"El pueblo sufre hambre porque los

de la corriente íaoísta— las referencias

que están arriba comen demasiados im­

explícitas de las consultas de Confucio

puestos. Por esa sola razón pasan ham­

a Lao-Tse, su m ayor; citas que ensal­

bre.

zan la sagacidad y el extraordinario

orden porque los que están arriba in­

poder del Maestro, en desdoro de las

tervienen.

preocupaciones de escaso vuelo del au­

"Y si los hombres piensan que el me­

ciona a Lao-Tse como archivero de la

jo r lugar para construir una casa es

biblioteca real del reino de Chou. Es­

el suelo; si estiman los pensamientos

critores posteriores lo identifican con

que son profundos; si en la amistad

un tal Lao-Tan, tesorero de ese reino.

aprecian la dulzura, en las palabras la

La leyenda corriente, y lo único im­

verdad; en el gobierno, el orden; en

portante, es que Lao-Tse escribió su

los hechos, la eficacia; en las acciones,

libro a pedido del guarda de un paso
adonde vino a parar el "anciano con

Por esa sola razón es tan

difícil mantenerlo en orden.”

tor de las A nalectas. Tchoang-Tse men­

en la frontera (no se nombra cuál),

Es difícil mantener al pueblo en

la oportunidad: prefieren estas cosas
Pintura sobre seda.
"L ao Tse m ontado en su b ú fa lo” .

Pintura sobre seda. "H om bre dorm ido en un bote” .
Atribuido a K ung K ’ai. 1280 ( ? ) .

porque no conducen al antagonismo, y
por lo tanto no fracasan.”

�ARTE

c a b a lg a ta ©

E

stamos

en el plano en que conceptos

de lo abstracto y lo concreto respon­
den a elementos plásticos y definen un

perfil. Un abanderado del arte construc­
tivo, J. Torres García, desde hace dos lus­
tros alienta advenimientos constantes:
crear función en el cuadro mediante for­
mas geométricas y colores primarios y no
tonos, hacia un equilibrio por oposición;
el tiempo, el espacio, la ley; se excluye
la representación, lo figurativo, la natu­
raleza. El cubismo expuso el problema, el
neoplasticismo se ciñó al plano ortogonal,
el constructivismo boga por una "com ­
prensión profunda y total del universo” :
verdad y no realidad.
Después que las vanguardias hallaron en
la Argentina campo para su expansión
necesaria, el arte viviente creó personali­
dades complejas, hoy en estado de madu­
rez, pero ningún movimiento nuevo, de or­
den estrictamente plástico; aparte el neo­
rrealismo y el superrealismo que conta­

ron con adalides iniciales en los últimos
años, no teníamos aún proyecciones de lo
que se ha dado en llamar Arte Concreto,
Abstracto y No figurativo, hasta el mo­
mento que núcleos de jóvenes establecen
sus ya populares manifestaciones.
Dos grupos actuales de artistas, en el
comienzo formaron uno: Arte Concreto
Invención. Ardén Quin, hacia 1940, y
Rothfuss, que expuso obras en Montevi­
deo en 1942, convergen en sus concepcio­
nes para establecer la vigencia del "marco
recortado” . Luego, dos revistas: "Artu­
ro” e "Invención” , establecen bases teóri­
cas, y dos exposiciones, en lo de Pichón
Riviére y Grete Stern. Mas, en instantes
en que el movimiento crece, se produce
una escisión: surgen M adi, con Ardén
Quin, Rothfuss, Kósice, y A rte con­
creto I nvención , con Maldonado, Es­
pinosa, Lozza, y otros. Se quiere com­
prender no sólo las artes plásticas: se
alcanza la poesía, la música, la dan-

Cyula Kósice. Escultura plural.

"concreto” para "la liquidación de lo ilu­
sorio” , y se demandan soluciones de tipo
"materialista” , detrás de cuyos anunciados
aparecen Marx, Engels, Lenin. ¡Un mundo 1
Ambos movimientos coinciden en el ya
aludido "cuadro o marco recortado” . En
las presentaciones son indubitables estos
puntos: Madi, marco irregular y de super­
ficies curvas, pintura articulada y anecdó­
tica. (Nótese: anecdótica, lo cual equi­
vale a un tema dado, de pequeños planos,
desarrollado en el mismo cuadro en pla­
nos mayores, siempre coloridos.) La es­
cultura es igualmente articulada, de mo­
vimiento lineal y universal (rotativo). Las
composiciones son dinámicas, de orden "sa­
gital” y sometidas a medidas y propor­
ciones: la sección áurea, con lo que se
acercan al arte constructivo; empero, se
apartan de lo ortogonal, y el todo tiene
un valor estético y lúdico. Esta pintura
planista ostenta armoniosas combinaciones,
líneas rectas y^ quebradas encierran el co-

Yente.

Rincón de la exposición M adi

,Manuel Espinosa. Pintura.

Eugenia Crenovich (Y ente), no pert«.
nece directamente a” estos movimientos
"coneretistas” , mas su presencia en "Mfi.
11er” , revela el rico proceso interior de
la artista hacia “ concreciones” abstractas:
"Pinturas en relieve” y Esculturas. Por.
mas combinadas y colores armonizados
de excelente disposición artística, cons­
truidas aquéllas estáticamente, documen­
tan su posición estética.
Frente a estas pinturas articuladas, en
el espacio y en relieve, sometidas a rszones de estilo y de armón.a funcional,
penetramos en una región limpia de resa­
bios realistas, hacia el puro lenguaje elemental de un mundo más puro y sencillo,
{Es poco! {E s muchof {E s una actitud polémica cuyas derivaciones pueden traer
fecundas experiencias creativas!
Entiendo que un partir y aplicarse a l0l
rigores formales del arte abstracto ha de
ser la base obligada de toda buena acade­
mia del futuro. — B. Brughetti.

Pintura.

UN MUNDO MAS PURO Y SENCILLO
EL ARTE A BSTR ACTO EN LA A R G E N TIN A

Alfredo Hlito. . Pintura.

BERNALDO
nueva exposición de obras que
suman 67 presenta C. B. de Quirós.
Alguna vez apuntamos nuestro juicio so­
bre este pintor que pertenece a la crono­
logía de las artes plásticas argentinas.
"Su capacidad — escribimos— en la re­
presentación de figuras del campo entrerriano y su historia, a nosotros se nos
ofrece ausente de calidad en su colorido
atonante, carente de matices y modulacio­
nes, que no inquiere en profundidad,
aquietándose en superficies.. . Empero
— agregábamos— ¡cómo negarle su vigor
de concepción y composición en una pintu­
ra de temas mayores — apartado de pe­
queñas naturalezas, paisajes menores, es­
quemáticas figuras, en cuyo espacio mí­
nimo, sin embargo, se expresa con diligen­
cia— , a este hombre que posee aparente­
na

U

mente una energía kilométrica dentro de

za . . . Todo un modo de ver y de vivir.
Madt irrumpe hoy en "Altamira” y Ar­
te Concreto Invención en la "Sociedad
Argentina de Artistas Plásticos” y "A te­
neo Popular de la Boca” . Podemos, por
tanto, fijar caracteres esenciales. La acción
que lleva cada grupo teóricamente asume
expresiones de fuerte acento convulsivo:
"Ante la copia e imitación serviles del
realismo de nuevo cuño; ante la evasión
y remedos románticos del expresionismo;
ante el surrealismo mórbido y agonizante

DE Q U IR O S
la ilustración y de la iconografía!
”La pintura de Quirós — concluíamos— ,
con sus detalles artísticamente enclenques,
ha de servir, de indirecto modo, para
asegurar al pintor argentino que de nada
Sirve el pintar telas de gran tamaño,
cuando no se ahonda en el interior de un
alma o de un paisaje, y se deletrea retó­
ricamente en el oficio, sin disponer del
instrumento de pintor — constante hacer
y rehacer en base a una estética en que
el temperamento del artista, la represen­
tación y la expresión se unen para coro­
nar la obra de arte.”
En su actual presentación en “ Witcomb” , predominan las naturalezas muer­
tas y los paisajes. Su grandilocuencia
continúa movilizada. Sus crudezas en el
color se repiten. Va a la naturaleza, es
cierto, pero se queda en la decoración f i ­

de nuestros días; inaugura Madf la Alta
Edad del Arte en toda su esencia y fun­
da su mito de invención pura; su orden
y estilo universalista.” Arte Concreto In ­
vención, afirma: "Nuestras obras tienen
un cometido revolucionario” ; y apuntan
frases como éstas: "La estética científica
reemplazará a la milenaria estética es­
peculativa e idealista” , “ Por un arte co­
lectivo” , una “ nueva comunión” . Tam­
bién: "Rodear al hombre de cosas reales” ,
"técnica alegre” . Existe un plan estético

nisecular o alcanza lo folklórico; difícil­
mente obtiene el afinamiento de la mate­
ria. Anotamos, empero, excepciones que
reafirman la copiosa capacidad de Qui­
rós. El paisaje "Nubarrones sobre el
río” o "Día lluvioso” , y "Pescados y ver­
duras” , donde el análisis se intensifica.
Hay en alguna otra tela algún instante
fugaz, pero feliz, que debiera hacer me­
ditar a este pintor sobre las posibilida­
des artísticas de su oficio, y la necesi­
dad de ceñirse a una expresión y a un
estilo de dimensiones estéticas. — B. B.

EXPOSICIONES
*** En la octava exposición individual de
Atilio Angel Fontana, se destacan "El
sueño de la lluvia” y "Canción de prima­
vera” . (Müller.)
*** La Exposición de reproducciones en
colores de cuadros célebres "The Twin
Prints” , evidencia el extraordinario valor
cultural que esta muestra implica. Clási­
cos y modernos artistas son admirados en
fieles reproducciones. (Peuser.)

lor y ensayan construcciones. Arte Con­
creto Invención, permanece fiel a lo está­
tico, y las preocupaciones actuales de sus
integrantes son de orden espacial: Co­
menzamos por otorgarle más importancia
al espacio penetrante que al cuadro mismo
(Molemberg, Raúl fjozza, Núñez). Y por
este camino — explica Maldonado— llega­
mos al descubrimiento máximo de nuestro
movimiento: la separación en el espacio
de los elementos constitutivos del cuadro
sin abandonar su disposición coplanaria.”

Enio lommi. Escultura.

FRANCISCO V E C C H IO L I
V ecchioli es uno de los po­
cos artistas platenses que supo ceñirse
a una disciplina moderna. Transcurridos
los años de sus cuadros impresionistas y
postexpresionistas de los primeros contac­
tos europeos (Mallorca, París, Italia) as­

F

rancisco

ciende paso a paso hacia ordenadas for­
mas, de severos volúmenes y de aquietados
colores, para situarse finalmente dentro
de las escuelas que nacen con el cubismo.
Quiero decir con esto, que Vecchioli supo
atenerse a una proporción y a una medi­
da, a un rigor y a una mentalidad propias
de las búsquedas contemporáneas.

apreciar una realidad local, un mirar en
el cual el artista parecía detenerse, puesto
que había ■encontrado un camino válido
para su expresión. Pero luego vuelve s
Francia, y nuevos contactos le llevan a
ensayar tajantes inquietudes, le llevan a
la desintegración de los elementos compo­
sitivos y a una intensidad coloristica
— pictórica, no óptica— propia de los
tiempos que tienen la edad de nuestro
siglo, en la búsqueda de una nueva estruc­
tura. Así pinta Vecchioli en estos últimos

Cuando pinta los paisajes de los alre­
dedores de La Plata, de calles suburbanas
y quintas, un sentimiento de reposo y ter­
nura encendida por ajustadas valoracio­
nes, se proyecta en sus planos construidos

años (y obtiene el primer premio nacio­
nal), y en esta etapa, ceñido a lo hidimensional, de honda autocrítica, le sor­
prende la muerte, lamentable muerte
que deja trunca la obra de un pintor
tocado por un proceso de madurez que
lo conduciría hacia logradas calida

con denso color.

des. — B. B.

Adelantó un modo de

MONTEVIDEO

C. Bernatdo de Qstirós. Zapallos y frutas.

*** En la sociedad "Amigos del Arte” de
Montevideo se celebra una exposición de
libros antiguos pertenecientes a coleccio­
nes del Uruguay. Al lado de algunos ex­
traordinarios incunables de inapreciable
valor se exponen numerosos libros de los
siglos xvi, xvii, xviii y x ix, impresos
en distintos países europeos y que cons­
tituyen una magnífica colección en la
que se destacan los impresos por Aldo
Manucio, Bodoni e Ibarra. Entre ellos es­
tán también expuestos importantes libros
impresos en América en la época de la
colonia. "Amigos del Arte” publicó, con
este motivo, un valioso catálogo impreso
por "La Impresora Uruguaya” y confec­
cionado por Emma Braceras, que lleva,
además, dos valiosos prólogos de Daniel
Castellanos y Carlos de Basabe. Este '■atálogo, al que acompañan numerosas ilus­
traciones que reproducen portadas de algu­
nos de los libros expuestos, aparece cuida­
dosamente presentado y da idea, por la
cantidad de los libros catalogados, de la
importancia de la bibliofilia en el Uru­
guay. Debe destacarse el cariño con que
las autoridades de "Amigos del Arte” rea­
lizan esta exposición, el cual se evidencia
en los detalles de su presentación y pro­
paganda.

Francisco Vecchioli.

Paisaje de La Plata.

�Q c ab a lg ata

L. Spilimbergo.

p i l i m b e r g o y V i c t o r i c a establecen aportes funda­
mentales para el arte moderno argentino. Con
estos pintores se afirma una conciencia plástica que
asume caracteres pictóricos que los diferencian y los
unen en sus disímiles expresiones: uno es el intimista, el instintivo sensible que acude a rasgos ex­
presivos y "fauves” en su invariable juego de masas
y colores.
El otro es un constructor severo y disciplinado en
quien la inteligencia plástica sabe obrar con mano
segura y dominar densos volúmenes y planos que to­
nos sobrios valoran y exaltan. Un poeta lírico y un
poeta épico, ambos dándonos una visión que se ordena
en figuras, naturalezas muertas y paisajes, o que
se concentra en calles, jóvenes mujeres y hombres, te­
rrazas, motivos simbólicos y representativos de viejos
mitos renovados o de actuales seres de la realidad
-viviente. Es un bregar en los dominios de la sub­
conciencia y del instinto para captar imágenes pie- '
tóricas que afirman una presencia cromática y enar­
decen la superficie pintada. Es un aferrarse a prin­
cipios invariables de estructura y composición para
salvar valores morales y fuerzas detonantes que se
quiebran o apaciguan en el espacio trabajado. Se
trata de corrientes diferentes, de estéticas que tienen
de común la subyugante calidad: he ahí cómo la natui’aleza y la razón se unen en esta doble Exposición
del Salón Peuser.
Etapas superadas con intensidad la de ambos pin­
tores. Vemos a V-ictoriea trasladarse desde sifs grises
de la época de París (1914), de tonos monocromos,
aquietados y envueltos en un aire de neblina y mis­
terio, hasta alcanzar retratos, desnudos, composicio­
nes con flores y frutas, y los paisajes serranos de
Córdoba (1944). De la visión de París a ésta bajo
&lt;fl cielo de nuestra tierra: dos momentos que culminan
en la riqueza cromática que ciñe su pintura. A Spilitnbergo, lo apreciamos a través de quince años de fre­
cuentación apasionada de las formas. Sus grandes f i ­
guras contorneadas por un dibujo y claroscuro que
opera en densidad, vuelven a los ojos para sostener
el noble canto de su bien lograda trabazón de mate­
rias y sentimientos. Porque Spilimbergo es un sen­
sitivo cuya emoción se ajusta y vigoriza. La corriente
de su "Caín” , "Naturaleza Muerta” o "Kevelaeión” ,

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Terraza con figuras.

Oleo.

1932.

SPILIMBERGO Y VICTORICA
Por

ROMUALDO

BRUGHETTI

nos sitúa ante un artista que rescata mundos del
alma en que el mito recobra fuerza formal de acen­
tos patéticos. Las "terrazas” afincan elementos de
dominio y nos adelantan a un Spilimbergo que ha sa­
bido fundamentar su arte en ol cielo de las luces pri­
mitivas y renacentistas que bebió en Italia. Es su
visión, la de un extraño captador de vida permanente,
así como Victoriea es el buscador de la vida que
huye. Victoriea se ha formado en Francia y no en
vano ha colmado su saber de un lenguaje evasivo
pero atrayente. Victoriea es un pintor de espíritu
que semeja realizar sus obras en horas de inspiración
feliz. En un espacio breve, tal la “ Naturaleza”
(Colección José Luis de Ariño), o en el óleo "Cór­
doba” y especialmente en "Navidad” , se valora la
maestría del artista que allí actúa plenamente. En
obras de tamaño mayor, Victoriea luce fragmentos
ejecutados con la pasión de un pintor que aboceta con
certeza pero que no concluye. Mas siempre es el cro­
matismo de sus tonos que encienden la forma y lo
salvan y liberan de todo pecado mortal para la pin­
tura. Spilimbergo, ¡ha concluido acaso con sus for­
mas constructivas y expresionistas, ~de claroscuros y
dibujo, de volúmenes y colores sobrios? Lo evidente
es que deja tras de sí su potente modo de resolver,
y en ¡os últimos años, como antes ya había logrado un
clima moral de asombro y expectación para las f i ­
guras — "Joven” , "M aruja” , "La planchadora” , etc.— ,
siente la necesidad de ir a la realidad del norte ar­
gentino o del altiplano boliviano para abrazarse al
drama y a. la tragedia de seres de carne y hueso. Lo
que hubo de imaginativo dentro de la ficción y el
análisis, es ahora síntesis que documenta tonos que
participan de una nueva realidad: la de su tierra.
Victoriea pinta “ La carreta” y pinta “ El Zapato” ,
e iglesias y parques, y ya no es la luz tamizada de
grises de Montmartre y las Tullerías: es la luz clara
y bullente de sus colores actuales que el país le ofrece.
Spilimbergo pinta un paisaje y lo titula:, "La chacra” .
Aquí la síntesis del color es también la síntesis de la
luz de nuestros campos.
En Lino Spilimbergo y M. C. Victoriea, signos tem­
porales y espirituales acuden a sus mensajes pictó­
ricos. Buen síntoma es haber alcanzado esta madu­
rez de vida por el espíritu.

* J -.lM

i r

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cJ M

ÉL&gt;'V
y■ iJSf.
L. Spilimbergo. Caín. Temple. 1931

W. C. Victorica. Desnudo. "Flora” . Oleo. 1940.

Af. C. Victoriea. Navidad. Oleo. 1940.

�____________ LETRAS

c a b a lg a t a ©

ESCU ELA Y C A P IL L A S
Por R O G E R

BASTIDE

a guerra do
1914 vió nacer el Dada,
j el expresionismo, el simultaiicísmo, y
otras escuelas más efímeras. ,'Qué cuadro
nos presenta el París de hoy, desde este
punto de vista .’
Ante todo, hay la escuela. . . ilolorista.
Una palabra nueva para una cosa muy
v ie ja ; ya Musset nos lo había dicho:
"L'hoinme est un apprenti; la doulcur
est son maitre.”

Jean-Paul Sarlre.
(E l hombre es un aprendiz, el dolor
es su maestro.)
Y el Pavnasse reposaba en una concep­
ción pesimista de la vida. Pero la guerra
nos enseñó, ciertamente, nuevos modos de
sufrir; el dolorismo está de acuerdo con
una época que ha conocido los campos de
concentración, los fusilamientos de rehe­
nes, la subalimentación de las masas, el
asesinato de niños. ¿Saldrá de este clima
de dolor una nueva forma de arte? L ni­
camente el porvenir puede decírnoslo.
Eli dolorismo da menos que hablar, sin
embargo, que el Jetrixmo. La nueva escuela
se inició ruidosamente, como corresponde

Por

Otro de los méritos del poema consiste
en que, -para traducirlo, basta con repro­
ducir, en las grafías del idioma a que se
vierta, el sonido que esas sílabas tienen
en francés, lie aquí la versión:
Li si li si
C'radul isolavó tus (la "u” se pronuncia
como una i muy ce­
rrada)
Na
Na
.Sisná.
Lo malo es que tal vez resulte tan in­
inteligible en un idioma como en otro.
Pero no bromeemos: sin duda hay en el
letrismo una idea exagerada de la alite­
ración, de la potencia musical de ciertos
sonidos, de ciertas combinaciones de le­
t r a s ... pero la literatura no es música,
y no deben confundirse las artes.
La única escuela verdaderamente seria
es el existencialismo. Se le ha podido re­
prochar el conceder demasiado lugar a los
profesores de filosofía. ; Pero qué hacer
tratándose, como se trata, de un movi­
miento que quiere maridar la novela con
la metafísica f También se le reprocha el
no ser sino una variante contemporánea
de la literatura de tesis, de tan triste me­
moria. Es probablemente exacta la acusa­
ción, en cuanto se refiere a los epígonos,
pero no con respecto a los jefes. Que una
metáfica liinelip una novela o una obra
de teatro no es un mal en sí mismo. Al
contrario. Hay una filosofía en Proust
y una teología en Mauriae, para refe.
rirse únicamente a esos dos hombres.
Los cargos más justos que se pueden for­
mular contra el existencialismo no vienen
del lado de la estética. Sarte y Simone
de Beauvoir han pasado ya por las prue­
bas necesarias. Donde se hallaran más mo­
tivos de reproche, es en el aspecto moral;
así lo comprendieron, con razón, los mar*
xistas y los católicos, sus adversarios de
derecha y de izquierda. Pero la moral nos
ha hecho salir del terreno del arte. Jules
Romains, antes de la guerra, nos mostró
que se pueden hacer obras de arte con
una concepción falsa de la sociedad, el

a m i r i ” o descansadero— dice la tradición kolla— es la
L l morada de los antepasados.
Elegid cualquier accidente del paisaje: la prominencia de
la montaña, una cueva, esa colina ondulante, árboles solita­
rios, el lago inmóvil, una pirca de piedras.

Son "samiris” .
Hombres y animales, en sus correrías por
el altiplano, buscan un lugar de reposo, el
asilo bienhechor que repare las energías per­
didas y dé nuevo acicate a la jornada. "Samiri” es e¡ fuerte ligamen del suelo con su
poblador, el don que "Pachamama” — la Tie­
rra Madre— concede munífica a sus criaturas.
Todo paraje, todo accidente natural, irradian
una fuerza misteriosa (pie envuelve al viajero,
cuando el viajero, como el poeta antiguo, bus­
ca y absorbe los efluvios del paisaje. El
indio acude a su "samiri” en son de protec­
ción ; quiere fortalecer el cuerpo y elevar el ánimo antes de
reanudar su marcha. Entonces el ancestro lo reanima con
su viejo poder vitalizante, repara las fuerzas desgastadas,
templa el espíritu medroso y lo arroja otra vez al mundo

m k

M onolito de Andesita.

plan -general de acción de esta
sección de la UN, tiene como fun­
damento establecer por todos los medios
posibles un entendimiento internacional
en cuestiones educacionales, científicas
y culturales. Esta organización tratará
de recomendar la eoncertación de acuer­
dos que promuevan la libre transmisión
de las ideas y de los conocimientos más
allá de los límites nacionales; la pro­
moción del intercambio internacional en
los campos de educación, ciencia y cul­
tura ; la ayuda a los estados miembros,
a su pedido, para desarrollar activida­
des culturales; la promoción de la co­
laboración internacional en ciencias y
¿irtes; la promoción de la educación en
todos sus aspectos tendiendo siempre
a un entendimiento internacional que
ponga de relieve los valores de la de­
mocracia y del mantenimiento de la paz.
También tiene por objeto dedicarse a

E

Louis Aragón en su escritorio.

a los jóvenes, al lanzar al público pas
Diado proclamas y manifiestos: "Os ima­
gináis que la poesía moderna está repre­
sentada por las estúpidas firmas de Ara­
gón. de Audibcrti, «le Kmmanuel, de Latour du l'in , etc. Nosotros no lo cree­
mos." El dadaísmo y el sobrerrealismo
habían matado y enterrado a la sintaxis,
dado suelta a las palabras sobre la blanca
cuartilla» La nueva escuela se dio cuenta
de que las palabras, a su vez, están fo r ­
madas por letras y que éstas debían ser
también liberadas: "La poesía, escribe el
señor Isou, no se hace con palabras sin i
con letras, y nosotros somos de vanguar­
dia, y de aquí a algún tiempo todos los
poetas escribirán como nosotros.”
-Cómo escribirán, pues? Para la diver­
sión de nuestros lectores, trnnscribimVs
un poema del señor Brasil. Se titula: ii
ne faut pas que le s o l e i l . . . ’ (N o hace
falta más que el sol . . .) 4 iene, cuando
menos, el mérito de ser corto:
L¡ sis li sis
Cradoul isolavo tuss
Na
Na
.Sisn a.

FERNANDO

??O

(E spacial para C abalgata .)

L

SAMIRI

Foto

l

D IE Z

DE

de hi acción. Así es el ancestro: envuelve y ampara a|
afligido. Así es el hálito de los antepasados: levanta el
corazón que sufre. Pero esto lo sabe sólo el kolla, hijo
de la Tierra, anterior al quechua, hijo del Sol. Y qu¡en
no se sumerja en sus mitos telúricos, ig ^ .
ra las culturas primitivas del Ande inme­
morial.
"Samiri” — dice el indio— y un resplandor
alado enciende sus ojos de bronce.
La fe simbólica del cristiano, corresponde
ni culto animista del nativo por su naturaleza circundante. "Samiri” es, pues, una forma
de la fe.
Dulce y fuerte hechizo aimara . . . Qu¡en
sale al encuentro de los antepasados, siente
que los antepasados vienen, a su encuentro.
Y su sangre se carga de bríos. Y' su ánimo
se puebla de rumores. Porque "samiri” es el
llamado de la Tierra a sus criaturas. Y' nadie puede sustraerse
a su conjuro.
Porque "samiri” es también la estrella del quebrantado v
del confuso.
La Paz (B o liv ia ), 1946.

m

Cima del Sajama (B oliv ia ) a 6.5 80 metros.

problemas de rehabilitación educacional
en los países devastados por la guerra.
La organización estudiará las necesi­
dades de estos países y estimulará a
las agencias oficiales o privadas, pres­
tándoles una ayuda efectiva.
Más específicamente, en el aspecto de
la reconstrucción, la UNESCO estimu­
lará el establecimiento de pequeños cam­
pos de trabajo por lo menos en dos.
países devastados, donde los jóvenes de
las naciones vecinas puedan trabajar
con los ciudadanos locales en la obra
de reconstrucción. Se espera que de
esta forma los jóvenes de distintas na­
ciones puedan compartir la experiencia
de los resultados de la guerra. La
UNESCO también estimulará la orga*
nizaeión de conferencias entre los obre­
ros jóvenes para discutir asuntos de
nutrición, educación, salud, etc.
En todas las fases de su funciona­

miento la UNESCO considerará los
problemas y programas nacionales sólo
en sus aspectos internacionales, y con
este fin, utilizará todos los organismos
existentes. En los Esados Unidos, por
ejemplo, será la Comisión de Educación
y Cooperación Científica y Cultural la
(;ue aconsejará al gobierno en los asun­
tos relativos a la organización mundial
de estos asuntos. La Comisión estará
compuesta de 100 miembros, de los cua­
les 00 serán seleccionados por cada una
de las 00 organizaciones interesadas en
educación y 40 serán elegidos indivi­
dualmente por el Departamento de Es­
tado.
•
Se trata de probar con esto la inten­
ción de los Estados Unidos de hacer
de la UNESCO una organización del
pueblo, tal como lo establece la carta
orgánica de esta institución interna­
cional.

France-Presse.

unanimisino. Eli existencialismo, incluso si
se tratare de una doctrina errónea, puede
edificar sobre sus erorres obras grandes
y admirables. Sin duda, esta estética sera
diferente de la antigua, al menos de la
que ha dominado hasta el siglo XX; ya
Proust y (iide habían destruido la unidad
y la identidad del yo, haciendo posible
el héroe que cambia de carácter a. lo
largo del libro. El existencialismo, al po­
ner en el centro del individuo una libertad
imprevisible, al confundir el ser con el
hacit'ntloxe, al negar a nuestros actos cual­
quier motivo o móvil, puede crear un per­
sonaje* nuevo, una fantasía de la intriga,
una gratuidad de la acción literaria que
pueden tener mucha fuerza o mucho en­
canto, según el caso.
¿Nacerán otras escuelas más? Después
de una conmoción tan extensa como la que
acabamos de vivir, sería extraño que nos
quedáramos en tres nada más. Pero se ne­
cesita, para que una escuela se cree, con
sus ritos, su ordenanza y sus tabús, un
principio de orden. Y aun no estamos en
eso, desgraciadamente. Algunas escuelas
abren hoy sus puertas a los escritores
jóvenes; pronto se crearán otras, sin
duda alguna.

M E D IN A

La Com isión Preparatoria de la UNESCO en una He su» primeras sesiones,

�CIENCIAS______________ E c a b a lg a ta
vecindario de Mar del Plata acaba de ser sor­
prendido por un aluvión de toninas, muchas de
las cuales murieron varadas sobre las playas. ¿P o r
qué este suicidio colectivo? Para nosotros, lo mismo
que para las autoridades del Ministerio de Agricultu­
ra, es un misterio — que bien valdría la pena (dicho
sea por cuenta propia) develar— . Pero nosotros es­
tamos al pie del cañón, como suele decirse, y además
no tenemos competencia para tratar sin más ni más
asuntos de tanta complejidad. Lo que no podemos
callar es esto: hay muchos géneros y muchas más es­
pecies de delfines; son muchos los ríos que tienen una
especie peculiar, entre ellos el Río de la Plata (S ten odelphis blainvillii) , el Amazonas y sus tributarios has­
ta Bolivia (la llamada genéricamente por los brasileños
boto, Inia g e o ffr e n s is ), los ríos y costas de las Gua­
yarías (S otalia guianensis) , el Ganges (P latanista gang ética ), el lago Tung Tin, a casi mil kilómetros aguas
arriba del Yangtzé (L ip o tes v e x illife r ), etc. Pero ade­
más de los ríos y correspondientes estuarios hay nom­
bres de sabios y tal vez no sabios honrados con un
delfín, como ocurre con Risso (delfín de id., Grampliidelphis g riseu s), Dalí (P h oceon oid es dalli), Péron
(L issodelpliis borealis), etc. Es erróneo, contra lo de­
clarado por una autoridad, que los delfines sean de los
mares del norte; hay especies que lo son, pero también
las hay antárticas exclusivamente, aparte de las cos­
mopolitas. Entre estas últimas se halla el delfín de
Risso ya mencionado; se le ha visto, según la autori­
dad de R. Kellogg, en las aguas más dispares, desde
el Mar de China, al Báltico, Cabo de Buena Esperanza,
Nueva Zelandia, etc. Un personaje de esta especie lle­
gó a ser tan conocido en el estrecho de Pelorus, en
Nueva Zelandia, por su costumbre de jugar delante
de la proa de los barcos, que el municipio lo puso bajo
su custodia de por vida. Durante 32 años pudo verse
a "Pelorous Jack’J como se le conocía, haciendo alardes
de destreza por las aguas de la vecindad, pero un
buen día del año de gracia de 1912 se le vió por úll

E

PAgina redactada por
J osé O tero Espasand In .

DELFINES O TONINAS
Por M . SA L IN A S A L V A R E Z

Este delfín de las costas atlánticas de Estados Unidos y otras aguas, al cual los nor­
teamericanos aplican el epíteto "bottlenose” — hocico de botella— salta hasta una
altura doble de su longitud. (Fotografía de W . R. Culver.)

tima vez. Tal vez no sintiéndose con fuerzas para res­
ponder dignamente al título de ciudadano de honor
del Estrecho, el bueu "Jack” se marchó con el corazón
pesaroso a morir a un lugar desconocido. ¿Cómo so­
portar la tragedia de ver pasar a sus amigos sin poder
saludarlos con una cabriola o unos pases por delante
de la proa del b a r c o ? ...
Son los delfines juguetones por naturaleza, pues to­
dos los testimonios concuerdan en este particular, pero
también lo son por necesidad, a la fuerza si se pre­
fiere. Expliquémonos; los delfines son animales de
sangre caliente, amamantan a sus hijos y los paren
vivitos y coleando, porque no son p eces ni mucho me­
nos. Aunque viven en el mar y en los ríos, su linaje
los emparenta con criaturas terrestres de alta alcurnia,
lo que explica su inteligencia y su dosis de juguetonería, pues el torpe nunca supo jugar. Como anima­
les terrestres, poseen respiración pulmonar y no bran­
quial, y necesitan el aire atmosférico con igual apremio
o casi que el hombre; sus salidas regulares a la su­
perficie responden a la exigencia ineludible de expeler
el aire alojado en sus pulmones, viciado ya, y de in­
halar aire nuevo; otro tanto acontece con las ballenas,
con el cachalote y hasta con la foca y la vaca marina.
Quien ignore esto y tome al delfín por un p e z de gran­
des proporciones, es natural que se sienta dispuesto
a cargar a la cuenta del espíritu juguetón del delfín
estas apariciones y desapariciones bajo el agua, y más
si en vez de uno o dos aislados se trata de un tropel
de ellos, como suele acontecer. Parece cierto que ju e­
gan y hasta hacen carreras con los barcos; algunos de
ellos alcanzan una velocidad superior a la de muchos
de éstos y pueden permitirse el lujo de dejarlos a
popa con relativa facilidad. Pero cuando sus negros
lomos — es un decir, pues los hay de lomo blanco en
parte también— asoman a lo lejos a intervalos regu­
lares rasgando el raso de las aguas con sus cuchillas
encorvadas, no puede afirmarse que juegan, mas sí
que respiran como cada quisque de tierra adentro.

LOS OJOS
DEL M A Ñ A N A
hombre hizo mucho en los tiem­
pos modernos para mejorar y su­
perar la capacidad de sus ojos y cada
día que pasa en cientos de laboratorios
esparcidos por todo el mundo los in­
vestigadores pugnan por dar un paso
más en tal dirección. Si no fuera p or­
que, en última instancia, todo depende
de ellos, casi nos sentiríamos tentados
a decir que nuestros ojos, algo tan
divinamente sutil y preciso, han que­
dado bastante a la zaga de las últimas
conquistas de la televisión y del radar.
Hasta hace cosa de unos años no se
podía ver lo que se halla a oscuras,
lo que no emite ni refleja luz. Pero
hoy las cosas han cambiado. Un barco
perdido entre la niebla, una linea de
eosta en una noche impenetrable, un
trozo de materia cósmica que cruza los
cielos de día o de noche, todo aquello,
en fin, que refleja cierta clase de on­
das análogas por su naturaleza a las
de la luz ordinaria, pero invisibles con
mucho para nuestros ojos, puede ser
captado en una pantalla fluorescente
dentro de las paredes de un laborato­
rio o de un avión de modo parecido
a como nuestra retina capta los objetos
ordinarios en pleno día o bien ilumi­
nados artificialmente.
Un oficial de la marina norteameri­
cana, tal vez con la misma displicencia
de quien masca la punta de un cigarro,
apelotonó entre los dientes unas cuan­
tas letras de las palabras radio d etecting and ranging y lanzó a la circula­
ción la palabra h a d a r . Esta palabra
nació con el pie derecho (permítase­
nos la expresión), tanto que hoy nos
la encontramos en todas partes no por
sus virtudes ■semánticas o eufónicas
— aunque éstas últimas no le falten
como por las innumerables aplicacio­
nes del invento, conjunto de inventos
o técnica — acaso mejor— a los fines
más diversos. Primero se mantuvo co­
mo un secreto por los beligerantes
(aunque todos estaban más o menos en
el secreto) y se aplicó para dirigir los
cazas nocturnos de Gran Bretaña hacia
los bombarderos atacantes enemigos,
para guiar los barcos en plena oscu­
ridad en costas peligrosas y en los ríos
y para otros fines bélicos. Terminada
la guerra y divulgado el secreto — aca­
so no del todo aún— los técnicos em­
pezaron a buscarle aplicaciones. Un
buen día corrió la nueva de que las
pupilas del radar habían conseguido
escudriñar ciertas particularidades —
muy pocas ciertamente— de la Luna;
dentro de poco se habló de cómo el
radar permitía seguir de cerca la fo r­
mación de ciertas nubes y hasta de
ciertos meteoros como el granizo, y de
los servicios que de este hecho podían
derivarse para la meteorología; hace
unos días las pupilas del radar sor­
prendieron las huellas de unos meteo­
ros en las capas superiores de la at­
mósfera y gracias a su concurso se
pudo determinar su altura sin nece­
sidad de verlos directamente ni de ape­
lar a engorrosos cálculos trigonomé­
tricos. Es más; la palabreja ha p ro liferado de un modo un tanto alar­
mante; según los fines a que el radar
se aplique o los dispositivos particu­
lares utilizados, recibe distintas deno­
minaciones. Los dados a los vaticinios
progresistas nos dicen cuán inminente
es el empleo de alguna forma de radar
para estudiar la migración de las aves,
para exterminar a las pobres ballenas,
para sorprender una belleza en el baño
o para dormir bajo un cocotero sin

SR. DIRECTOR
DE LA PAGINA
CIENTIFICA

l

E

1 V* stimado

colega

:

He leído con agra-

4 Jo la defensa que un autor anóni­

Tras varios años de sacndidag amenazantes el Sakurashima Las nubes volcánicas se cargan de electricidad, quizá por el
dió rienda suelta a los gases, rocas pulverizadas y vapores roce de las partículas, y originan los más espectaculares rapor uno de los cráteres adventicios.
vos y truenos. Esta nube formada sobre el Sakurashima apa­
rece iluminada por log relámpagos producidos en su seno.

Un grupo de niños evacuadog de las regiones amenazadas Fase final de la erupción del Sakurashima. (Fotografías
por el volcán se siente feliz con sus juguetes lejos del tomadas por el eminente volcanólogo norteamericano T.
peligro.
A. Jaggar, jefe a la sazón del observatorio de las Hawaii.)

SABER PARA PREVER
hombre no peca de previsor, tal
vez porque es demasiado joven to­
davía. Y por eso experimenta de vez
en cuando terribles escarmientos, algu­
nos de los cuales pudieran ser evitados
si aprendiera a pensar histórica y so­
lidariamente. que es como la ciencia
se forma. Un mínimum de previsión
hubiera salvado las 30.000 vidas de la
ciudad de San Pedro en la Martinica,
barridas en cosa de unos minutos por
una nube de fuego descendida desde
las fauces del Monte Pelado el memo­
rable 8 de mayo de 1902. Había su­
ficientes barcos en la bahía para p o ­
ner a salvo la población trasladándola
a las islas vecinas. Pero en vez de
hacerlo, el gobernador se trasladó a
las laderas del monte — situado a ocho
kilómetros de San Pedro— con otras
autoridades para tranquilizar a la p o ­
blación alarmada, y así murieron gober­
nador y cuantos habitaban aquella joya
del Caribe, con la excepción de un
negro enterrado en el fondo de un
calabozo en espera del verdugo. Sin
comida, sin agua, sin nadie que pu­
diera oírle, el pobre negro gritó y
pataleó cuatro días con sus noches has­
ta que, de pronto una mano abrió la
puerta de la mazmorra, no sabemos
si para salvarle la vida totalmente o
para llevarle de nuevo al cadalso poco
después.
La lección del Monte Pelado no ca­
yó en saco roto. En unas islas lejanas
unos hombres de ciencia (y sobre todo

uno, el sabio profesor Omori) toma­
ban nota de lo sucedido, mientras se
instalaban sismógrafos y estaciones
meteorológicas en diversas localidades,
a más de los existentes. Estas islas
eran las del archipiélago del Japón.
En el extremo sur de la isla K yushu, la más meridional de las princi­
pales del archipiélago, frente a la ciu­
dad de Kagoshima y en la bahía del
mismo nombre, hay una isla y en la
isla un volcán: el Sakurashima. En
torno a él vivían hacia finales de 1913
y comienzos de 1914 alrededor de
22.000 personas dedicadas a la pesca,
a la agricultura y a otras tareas.
Poco a poco la tierra empezó a
temblar bajo los pies de los habitan­
tes de la isla y de muchas leguas a la
redonda. Hacia 1909-10 los temblores
se hicieron tan pertinaces que los hom­
bres de ciencia, con el hecho de la Mar­
tinica a la vista, empezaron a formular
advertencias pesimistas: algo malo
preparaba el Sakurashima. Entre el
11 y el 12 de enero de 1914 en la
estación sismológica de Kagoshima re­
gistráronse 417 temblores de tierra.
Y entonces el Dr. Omori y otros sabios
del país pidieron la rápida evacuación
de la isla. Todos los medios de trans­
porte fueron puestos a su disposición
por las autoridades, y en todo se pro­
cedió con serenidad, con método, con
la cabeza fría, pese a la inminencia
de la mayor erupción volcánica regis­
trada en los anales del Japón. A pe-

ñas evacuados los habitantes, el Sa­
kurashima empezó a vomitar furores
hasta entonces sojuzgados. Pesadas,
ígneas nubes rugían abriéndose paso
hacia lo alto; rocas incandescentes tra­
zaban arcos parabólicos en el cielo
sofocado de vapores y tinieblas; de
una a otra bocanada de roca pulve­
rizada danzaban y retumbaban los ra­
yos y los truenos; las aguas del mar
hervían y la línea de la costa alzábase
en unos puntos y se derrumbaba en
otros cual si se tratara de una frágil
choza sacudida por un gigante. Desde
la frontera ciudad de Kagoshima los
habitantes de la isla vieron sobreco­
gidos cómo sus casas, sus naranjos y
aquel suelo que habían pisado con tan­
ta confianza durante años se preci­
pitaban al espacio para caer más tar­
de, mezclados a las cenizas y a las
lavas, sobre el mar. Sus vidas, sin
embargo estaban a salvo: unos cuantos
accidentados y dos ahogados por im­
paciencia fué el saldo en vidas de esta
catástrofe, cuyos daños materiales as­
cendieron a unos 19.000.000 de dólares.
Pero esta lección se olvidó bien
pronto en el mismo Japón. Nueve
años después (septiembre de 1923) un
terrible terremoto destruyó la ciudad
de Yokohama y gran parte de la ca­
pital del Japón sin que el precedente
sirviese para lo único que podía ser­
v ir: para evacuar la población a tiem­
po y salvar millones de vidas.

riesgo de que un coco maduro nos
rompa la crisma. Como con los relo­
jes, los habrá de bolsillo, de pulsera,
de pared, sumergibles, modelos de mo­
da y pasados de m od a ...
P ero, de­

jando de lado las exageraciones, el ra­
dar es una maravilla recién descubierta
y ya obrando prodigios. No es exa­
gerado decir que es. . . los ojos del
fu tu ro. Pero no olvidemos la mejor

lección del radar que es el hacernos
comprender uno de los grandes in­
ventos de la naturaleza, el don de los
ojos, pues sólo con ellos resulta útil
el radar y sólo con ellos se puede ver

E

l

J . O. E

mo hace de los sentimientos paternales
del pez espino, y aplaudo su actitud
caballeresca. Como naturalista y con­
secuentemente como paladín de la ju s­
ticia, me permito recordar un caso, y
si se quiere muchos, en que el amor
paternal de los peces alcanza todavía
cumbres más altas, casi me atrevería a
decir más sublimes.
Soy, señor director, brasileño — lo
declaro como nosotros solemos declarar
estas cosas: como un hecho científico
y por tanto sin pena ni gloria—
y conozco un poco las grandezas y
flaquezas de mi país. Y entre las p ri­
meras mencionaré toda una familia de
peces de agua dulce a la que pertene­
cen el acaró (Cichlasoma facetum ), el
(o la) joanninha (Crenicichla lepidota), el tucunaré (Cichla temenesis y
C. ocellaris) y muchos otros, los cua­
les no sólo abanican los huevos por
ellos fecundados sino que, una vez na­
cidos los pececillos los guardan en la
boca en caso de peligro. Y para es­
carnio de las correspondientes esposas
diré más: son ellas las que inspiran
más fundados recelos al padre de las
criaturas, pues su afición a los boca­
dos tiernos no les permite discriminar
entre sus propios hijos y los de sus
vecinas.
¿Cabe espectáculo más sublime que
ver a uno de estos padres reunir en
la boca en un santiamén a sus criatu­
ras para que no sean devoradas, tal
vez por su propia madre, y volverlas
a dejar en libertad en cuanto el peli­
gro se a le ja ? ...
Por lo que a nidos se refiere no le
citaré más que un caso: el del piram boia de la cuenca del Amazonas. (En
nuestra jerga — parodiando al cola­
borador anónimo de C abalgata — este
pez llámase Lepidosiren paradoxus, lo
Jigo a título de veraz). Es el caso
que hace un nido a cosa de unos trein­
ta centímetros de profundidad bajo el
lecho del río al que se entra por una
galería o pasadizo de cosa de un me­
tro de largo: los materiales empleados
son también raicillas y hojas de plan­
tas acuáticas. Aquí el problema de
renovar el oxígeno del interior es más
difícil así como el mismo problema de
la respiración del celoso papá mientras
vigila día y noche los huevos. Por
fortuna la naturaleza no suele desam­
parar a sus hijos y así proveyó a este
pez de unas prolongaciones de las ale­
tas desflecadas al final p or donde to­
ma el oxígeno del agua en vez de
hacerlo solamente por las branquias.
Creo que con esto basta, al menos
para esta vez, pues acaso no sea la
última si esta misiva encuentra el eco
que espero de su generosidad.
Cuénteme entre los suyos y reciba
un cordialísimo apretón de manos de
F id el Silveira.

un Velázquez, un Picasso, un Praxiteles . . . Y quien no sepa verlos, poco
derecho tiene a hablarnos de los ojos
y del radar mismo.
\
J. O. EspasandIn.

�C U E N T O ____________________

c a b a lg a t a ©

de

NOCHE

a

DE

SOMBRAS

Cuento por
CARMEN DE ALONSO
L mar luce esta noche tangencias de
luna. Las olas azotan, sus crines en
las peñas y apagan sus cascos veloces en
el dormido declive de la playa.
En lo alto de un repecho rocoso, como
otros tantos ojos en guiños, las luces de
las casitas de los pescadores. Hacinadas,
rotas, unas barcas viejas, y empinándose
en unos gruesos puntales, unas redes a
medio remendar.

E

Una Gran Colección
de Novelas Contemporáneas

•II Jfll*»**1
II

JOHN S T E I N B E C K

LllC»j

IIC II»*1

EN L U C H A

INCIERTA

Una vez más el preclaro escritor norteamericano acierta en uno
de sus grandes atisbos del alma colectiva. Aspectos humanísimos
de la vida de los desheredados, con las reacciones, a veces violen­
tas, que les imponen el ambiente y la incomprensión, son dibujados
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fuerza multitudinaria de la comunidad se armonizan de mano
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GOMEZ DE LA SERNA

EL N O V E L I S T A
No tiene igual en ninguna literatura esa obra del inimitable
creador del ramonismo. No es una novela sino un conjunto armó­
nico de novelas, de fragmentos y esbozos de novelas que su autor,
Andrés Castilla, va "viviendo” y escribiendo a lo largo de los
años. Todas ellas tienen apasionante interés intrínseco, y mayor
aun lo posee la form a y la ensambladura con que las presenta el
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Uno de los altos valores — y de los más dis­
cutidos— de la pintura española, analizado a
la luz de la crítica modernp por un espíritu
que posee la sutileza necesaria para iluminar
aquella interesante figura que surge "entre la
antigua sombra trágica de España y la anti­
gua liberación ascética” . Síntesis enjundiosa de
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temporáneo "de máxima consecuencia subje­
tiva” , aparece en el conceptuoso estudio de
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jores cuadros alegóricos, de los grandes maes­
tros de la pintura nórdica, que siempre revelan
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plar

EDITORIAL POSEIDON
PERU 973

BUENOS AIRES

Junto a una de las casas, un manchón
de boldos echa su penetrante y crujiejora
sombra.
Dentro, chisporrotean los carbones de
un brasero, y en torno a él tres mujeres
"matan la noche” .
— Los cuentos así medrosos no son na­
da buenos, madre. No puede después una
agarrar nunca el sueño.
— Yo soy dueña de hablar, y vos de
no oír, Amelia. Con acostarse, santo re­
medio.
— Sabe usted de más que en estando de
pesca el Nica, yo lo espero siempre.
— Entonces, estése ahí callada, y deje
que yo platique con doña Lupe.
En el rescoldo, hacia los bordes del bra­
sero, dórase una gruesa rebanada de
queso.
— Para mí que se le va a quemar, doña
Chira.
— De veritas
— y los dedos sarmen­
tosos y largos, con una cucharilla, cogen
avaros la masa blanducha, amarillenta.
Queda entre las brasas, una mancha gra­
sosa, desde la cual asciende una humare­
da que dilata las naricillas de la vieja.
— Mala está la noche, doña Lupe.
— Mala está, doña Chira.
La muchacha sentada frente a ellas se
arrebuja estrechamente en el chal, en un
absurdo estremecimiento que le viene des­
de el corazón.
— Mala está la noche y el Nica mar
adentro — piensa.
— A la Rafaela debían correrla de por
estos lados ¿no le parece, doña Lupe? Es
muy dañina. Se ha cebado por aquí. No
tiene entrañas de cristiana.
— Ya ve usted, "ojearle” el niño a la
Rosa porque se le puso que era del Rupe.
Se fué secando, secando, el angelito. ¿No
lo vió usted, doña Chira? Si parecía que
le habían, chupado las carnes de lo ama­
rillo y séquito que estaba. Si en dándole
con un hombre. . .
— ¿Se acuerda cuando lo del novio de
misia Clarita?
Las desteñidas encías de la vieja tritu­
ran una rebelde corteza de pan.
— Debían para'entonces haberla echado.
Pero los patrones no creen que la Rafaela
fué la que hizo el mal. Dicen que son
ignorancias de u n a ... que si le vino a
misia Clarita aquella malura de cabeza,
fué porque estaba de Dios que le viniese.
— Los ricos no creen en brujas ni en
males, doña Chira.
— ¿ Supo usted cuando al Nica le volvió
piedras la pesca?
El agua canta y juguetea bajo la tapa
de la tetera. Diríase que hace sus asomaditas para curiosear. Algunas gotas
resbalan y hacen chirriar las brasas.
— A Nica — prosigue la vieja— le ha
agarrado aborrecimiento desde que se
casó con ésta.
La aludida siente que se le hace casi
insoportable ese prolongado sobresalto
del corazón. Para distraerse, toma el
mate de greda que está en un cajón
vacío con pretensiones de mesa, y re­
mueve en él, sobre la yerba, un pedacito
de congona y un medio terrón de azú­
car.
— Al fin te animaste a algo — refun­
fuña siempre descontenta la madre— .
Atiende a doña Lupe.
— No, sírvase usted no más, doña Chi­
ra. En todavía ha de estar muy fuerte
la yerba. A la otra para mí.
— Esta también que no se comide a
nada. Tome usted, doña Lupe, no me
lo desprecie; ya está de más lavada la
yerba.
— No sea tan rigurosa con la Amelita
— interviene la otra vieja— . Es que es­
tá pensando en el Nica.
— P sc h e ... en el Nica. ¿ Y para qué?
¿Que no está casada con él por las dos
leyes? ¿Qué más quiere? ¿Que se lo van
a comer? Habráse v isto __
— A ver si cambia usted la conversa,
madre — dice al fin la muchacha con
fastidio.
En ese momento, en el manchón de
boldos, espárcese el grito áspero de un
ave nocturna: ¡T u é ... t u é ... t u é ! . . .
— ¡Ave María Purísima! Maldita sea
la que así viene para hacernos mal.
— ¡Ave María Purísima!
— Todita la tarde, ha rondado por
aquí. . . y por bienv no viene. Y así no
creen los patrones 'q u c la Rafaela es
bruja. ¿Quién habrá de ser ahora sino
ella? El otro día, vea usted, doña Lu­
pe, cantó el chuncho ahí mismo en los
boldos. Entonces, la Amelia lo corrió
a peñascazos. A la otra tarde, pasó por
aquí la Rafaela. Y o estaba en la puer­
ta y la vide con toda la cara machuca­
da. La saludé y le pregunté qué tenía,
y ella entonces me contestó con una ri­
sita que me heló hasta los huesos:
“ Dígale a su hija, doña Chira, que
se ande con cuidado conmigo, que yo
ayer no le estaba haciendo nada y ella...
ya v e . . . a poco me mata.”
— Eso dijo. ¡Maldita sea!
¡T u é ... t u é ... t u é ... t u é ! . . .
La muchacha se levanta, nerviosa,
mientras dice, aparentando una indife­
rencia que está muy lejos de sentir.
— Voy a correr el chuncho, madre.
— ¿Vos no escarmientas nunca que no
acabas de oír lo que le conte a doña
Lupe? Si te digo que e«e chuncho es la
R afaela. . . ■
— Con más ganas entonces lo apedreo,

(Especial para C abalgata )

— ¿ Y el Nica?
— El Nica no salió de pesca. Qné , n
está nada con ustedes, entonces, Ameli°
ta?
Y los pescadores guíñanse malicioso,
los ojos. Uno que amarra un lanchón
vuélvese a medias y grita.
— Para allá andaba el N ica ... pjj.
allá, pero no le diga que yo lc di «i
dato.
Ríen todos. Ella clava la mirada hacia el punto que señala la diestra del
pescador: un sendero de olas que avan­
zan y retroceden, la barca del Nica que
juega vacía entre unas rocas y allá a ¡0
lejos, muy lejos, pequeñita y única, ]0
mismo que una estrella, la luz temblo­
rosa del rancho de la Rafaela.
Y empieza a andar vacilante en seguimiento de la puntada luminosa que
parpadea en el lomaje de la playa.
Hay una fuerza irresistible que la em­
puja. No sienten sus pies el filo crujídor de las conchuelas ni la salobre osa­
día del mar que humedece sus ropas.
Felizmente, ya la luz deja de ser es­
trella. Es ahora una ventana iluminada
con unos toscos barrotes en cruz. R¡
viento levanta altas olas que rugen.
Medrosa, destilando agua, en la cabe­
za el enjambre de innúmeras ideas obs­
curas, la mujer acorta distancias y grita
fuerte, tan fuerte que su voz desafía al
bramido del mar:
— ¡N iiicaaa!
Y la llamita amarillenta que parpadea
en el rancho de la Rafaela, al igual que
segada por el aliento que se extendió
en grito desesperado, echa un instante
su lámina de luz hacia un lado, se alar­
ga y afina hasta hacerse un hilillo, y,
de pronto, recógese vivamente como una
bellota diminuta, y se apaga.
La mujer siente un tenebroso calofrío
de miedo. Añora en la soledad de la pla­
ya anochecida, su cuartito, la dorada
colcha del rescoldo que es como upa
brazada de luciérnagas, en medio de
é l...
De pronto, forzando el quinchado de
cañas, del rancho de Rafaela, distingue
la silueta querida de un hombre: de su
Nica. Va casi corriendo, lo mismo que
si lo persiguiesen... Orilla el dorso de
las dunas y reaparece luego brusca e
inesperadamente por el lado del mar,
vendo por el camino mismo que Amelia
hiciera unos minutos antes. Y ya no
trae en el rostro la expresión esquiva
del que huye, sino la ansiosa del que
busca. La mujer sonríe cuando le ve ir
hacia ella, pero no sabe por qué ha
sonreído: tal vez, más que el dolor de
saberse engañada, pesa la actitud ridi­
cula, falsa del momento.
— Al cabo te hallo — miente el hom­
bre— . ¿A qué diablos se te antojó ba­
ja r con esta noche? ¿Creías que ibas a
perderme?
Detiénelo la mirada burlona, compa­
siva, de la mujer. Lo hostiga su silen­
cio.
— Y vos ¿qué tienes, Amelia, que me
miras así?
Parece que te estuvieras
rie n d o ... Y o salí un rato de pesca, pe­
ro vi que era lesera, eon una noche como
ésta. . . En después me entusiasmó el
Rupe y nos fuimos a la ca n tin a... ahí...
ahí estuvimos hasta ahorita, en que
amenaza es quitarme al Nica, y el Nica
volví al rancho y supe que andabas bus­
es para mí más que todos; no se ofen­
cá n d om e... No debías haber bajado...
da: más que usted, más que mi vida.
Y a ves, estás d estila n d o... Como que te
Vivo no me lo quitan, m a d r e ... Con
agarre ahora alguna calentura...
maíz, con lo que halle a mano, correteo
La mujer lo mira con su misma sonri­
yo a esa maldita —
sa: ¡qué triste es oírle mentir!
¡T u é ... t u é ... t u é ! . . . , grazna como
— Bueno; ya está — dice al fin—. De
desafiando el ave.
— Allá v o y . .. — contesta la mujer
haber sabido que estabas en la cantina. ••
pero es que sentí bien clarito que me
con un temblor involuntario en la voz.
Entreabre la puerta. Sobrecógele el rui­
lla m a ba s... por eso bajé. No hay para
qué enojarse, Nica, por eso. Su hombre
do sordo de las olas al azotarse en las
rocas. Comienzan a llegar las barcas
es lo primero para una.
Y comienzan a desandar el camino por
tras largas horas en el mar. Tres pes­
cadores atizan una alta fogata que cre­
detrás de las lomas de arena.
pita al alcanzar alguna que otra guía
— Andale ligero para que entres en
seca de huiros. Otros, casi completamen­
calor, Amelia.
Y ella aprieta el paso sin responder.
te desnudos, saltan y giran ante el fu e­
go. El violento resplandor de las llamas,
La cercan mil ideas inconexas: amor...
presta un no sé qué de fantástico a
o la s ... engaños. Huellas en la arena:
aquellos cuerpos húmedos, brillantes.
una, dos, d ie z ... Se b orra n ... Menti­
ras, una ventana ilu m inada... Siguen
Distráela de pronto y muy cerca do
ella, un sonido «como el chocar de dien­ las huellas.
tes.
Retrocede medrosa la m ujer. . .
— Dos, tres, c i n . . . — cuenta en alto
Luego sonríe a su propio e infundado
y tropieza. Es la filuda saliente de una
tem or: ¡si es la cesta de los mariscos,
roca.
— A ver, a ver, que te caes; afírmate
donde las jaivas entrechocan sus cora­
zas!
en mí. — Y la toma de un brazo, con
— ¡Ameliaaa!
firmeza de dueño. No se esquiva la mu
jer. Comprende que la vida es así, qu
¡Ah, el acento de N i c a ! . . . ¿Dónde?
tendrá que seguir así.
— ¡Madre, bajo a la playa! — grita pre­
surosa desde afuera.
¡T u é .. . t u é .. . t u é !. . .
Hay un batir de alas invisibles qu
— ¡N o vayas nada, que la noche está
muy mala J
hiende el aire.
.
B ajo las ropas húmedas, tiembla hge
— ¡P or eso mismo, madre, por eso mis­
mo!
ramente el cuerpo femenino.
— ¡M aldita! — murmura en voz mu.
Y desciende desalada el repecho. Por
baja como si la palabra se le hubiera
sobre su cabeza, hendiendo invisible el
escapado de los labios en involuntan
aire, pasa graznando el chuncho.
¡M aldito, toma! ¡Tom a! — Y el vien­
expresión.
to coge una violenta lluvia de maíz.
Empieza el repecho del rancho. Sien
te la mujer en su costado la línea fir®^
Una carcajada que parece humana,
responde burlona al ataque de la mujer.
y cálida del cuerpo del hombre. ¡0“
— ¡Ahora te ríes, maldito!
distinto es ahora ir a su lado, ahora qu^
sabe que él ama a otra, ahora que e
Lejana y sostenida, cual si orillase un
peligro, de nuevo la voz del N ica:
ha mentido!
— ¡Ameliaaa!
i
Por eso va en silencio, rumiando su a
gustia, en detalles cortados de recuer •
Revientan las olas tan afuera, que
apenas si dejan libre el ondulante tre­
La noche, la burla de los pescadores,
cho de las dunas. Altibajos que se des­
olas bravias, los brazos fuertes de su moronan y que tragan fatigantes los
ca rindiéndose al deseo, las sombras,
pies.
graznido del chuncho, las huellas - " f cU
tas?— : una, diez, quince. Incontables. ••
— ¡Ameliaaa!
La sanguinaria con sus pequeñas ra­
V O C A B U L A R IO .
mas ásperas, raya las piernas de la mu­
ojear: hacer daño, maleficio.
jer.
tetera: pava.
Y a está junto a los hombres que en
congona: hierba aromática.
chuncho: lechuzón.
torno a la fogata se visten. Sus pupi­
huiros: algas secas.
las ansiosas resbalan interrogantes so­
jaiva: cangrejo.
bre los rostros enrojecidos en el fuerte
lesera: tontería.
^ a
a e&gt; Chile»
S a n tia go
t tnuc»
resplandor de las lenguas del fuego.

que harto aborrecimiento nos tenemos
las dos. ¡Que me haga mal si puede.
• __ ¡A llá vos. . . pero no andemos des­
pués conque porqué no le haría caso a
mi mamita! Asómate, mejor, y dile:
"Vuelva por sal mañana.” No te an­
des jugando, Amelia, mira q u e puede
costarte muy Carito. ¿Verdad, dona Lupe?
— Verdad, doña Chira.
— En haciéndome el mal a m í .. .
porfía la muchacha. Va hacia uno de
los rincones del cuarto y hunde las ma­
nos en un saco a medio llenar.
__Eso es, espanta ahora el chuncho
con el maíz.
— Déjeme, madre; usted tiene la cos­
tumbre de arrimar leña al fuego y en
después no quiere que eche llama. To­
dito el día me trae cuentos de la Ra­
faela ; que ha dicho esto, que ha dicho
eso otro. . . y siempre lo menos que

�© c a b a lg a ta

CHARLES D U L L IN

P R E P A R A SU T E M P O R A D A
Un rincón

Por
dos habitaciones de entresuelo,
no muy altas de techo, cuyas ven­
tanas dan a la vieja Tour Saint-Jacques
y a su pequeño jardín, sirvieron durante
largos años de camarín a Sarah Bernhardt. En ellas, la célebre actriz se en­
contraba a pocos pasos del escenario de
su teatro.
El hombre que hoy ocupa ese local ape­
nas si tiene algo que ver con su anterior
ocupante. En la misma medida en que
Sarah apreciaba el oropel de un romanti­
cismo bastardeado, Charles Dullin — que
desde la víspera de la guerra preside los
destinos de esta bella sala— ama la ver­
dad. Y me agrada imaginar que, ciertos
días, cuando Dullin se apresta para "El
avaro", la sombra un poco intimidada de
la "Dama de las camelias” , aparece fur­
tivamente, como en sobreimpresión, en el
espejo ante el cual Harpagon compone su
rostro.
Dullin, que partió de Lyon sin dinero
y sin relaciones a la conquista de París,
hizo sus primeras armas en el viejo melo­
drama popular. Desempeñaba terceros pa­
peles, traidores — lo que en el cine se
llama "villanos”— , en pobres teatros de
barriada. De este pasado Dullin ha guar­
dado el sentido muy característico de una
óptica especial que, según él, se impone
a la luz de las candilejas.
A su juicio, para llegar al espectador,
la entonación, el gesto, la mímica, la acti­
tud, deben propender a un resumen sin­
tético, única cosa capaz de hacer impre­
sión. Innovador, militante tenaz de van­
guardia, Dullin, fundador de " L ’Atelier” ,
proclama la eficacia de las técnicas tra­
dicionales. No será él quien permita a un
intérprete descuidar la articulación con
el pretexto de lograr mayor naturalidad.
En la vida cotidiana, un hombre emocio­
nado balbucea. Las "mises en scéne” de
Dullin exigen que el texto se mantenga
limpio y los movimientos bien dispuestos.
"Tengo ya a punto mi programa para

E

sas

EDOUARD

HELSE Y

la temporada — me dice— . El primer es­
pectáculo inédito que montaré será una
obra de Jules Romains: "E l año mil” .
Obra histórica, si se quiere, puesto que
se desarrolla en tiempos de Roberto el
Piadoso, pero que posee resonancias de
actualidad. La humanidad da vueltas en

Charle* Dullin.
una rueda de ardilla. Los mismos proble­
mas no cesan de presentarse con aspectos
renovados. Todo esto no deja de ser d e­
cepcionante. En "El año mil” se volverá
a encontrar la fuerza cómica del autor
de "K nock” . Se descubrirá, también, una
nota bastante inesperada en él de ternura
y de sentimiento.
” A continuación, pondré en escena "Le
Juge de Malte” , que constituirá la ini­
ciación en el teatro de un joven escritor
de talento, Denis Marión. También quiero
presentar de nuevo "Kenn ou Désordre et
Génie” , de Dumas (padre), obra en la
que Pierre Brasseur hará flamear el pe­
nacho de 1830. Y preparo desde hace
largo tiempo la presentación de "Cinna”

distinguido
de Corneille, de la que espero mucho.
Cuento con ofrecer al público una inter­
pretación de "Cinna” que sorprenda por
su novedad, sin recurrir a pueriles arti­
ficios de iluminación o de decoración.
Todo para el texto y por el texto.
” A1 margen de estas tentativas, haré uso,
naturalmente, de mi repertorio habitual.
Repondré en seguida, "L a Vida es Sueño” ,
de Calderón, en una adaptación de Alexandre Arnoux, y "La Terre est ronde” ,
de Salacrou, sin olvidar, claro está,
"L ’Avarc” y "Volpone” .
Pregunto a Dullin si experimenta difi­
cultades para reclutar una compañía só­
lida.
"Sí, muy grandes — me responde— . El
teatro ha quedado reducido al papel de
pariente pobre. Tan pronto un joven ar­
tista manifiesta algunas dotes, los em­
presarios de films lo acocan, contrato en
mano. Antes, se necesitaban años para
conquistar una posición. Hoy, dinero y
gloria se ofrecen inmediatamente. El ar­
tista que hace tres meses firmaba apre­
suradamente el modesto contrato que yo
le proponía me pide hoy sin pestañear
que le postergue un estreno para el año
próximo. O bien trata de acumular y lo
veo llegar al ensayo abotagado por la
fatiga, bostezando y soñoliento. Ha tra­
jinado en el estudio hasta las cinco de
la madrugada. Si el cinc se limitara a
sacarnos espectadores, el mal no sería irre­
mediable. Lo peor es que nos arrebata
los autores y los mejores comediantes.”
Pero nada puede abatir la energía de
un hombre como el que tengo ante mí. Ni
siquiera preocupaciones de salud podrían
lograrlo.. En su rostro demacrado, la mi­
rada penetrante de sus ojos negros sigue
fija en la finalidad que persigue desde
su batalladora juventud; servir, por el
teatro, la causa del espíritu.
,
¡E l teatro! Hay que oír el acento reli­
gioso con que Dullin pronuncia esta pa­
labra.

S E N T I D O M O D E R N O DEL M E L O D R A M A
Por

H

es ya de revalorizar el concepto
del tan vilipendiado melodrama, que

ora

ni puede considerarse estático ni patrón
inevitable de inferioridad artística.

En un sentido general, se considera me­
lodrama a la acumulación de elementos
fáciles, baratos y de resonancia directa
en el ánimo del público. Este concepto
simplista es justo en muchos casos, y se­
gún él, "Romeo y Julieta” sería un me­
lodrama tremebundo (y ciertamente se
salva de serlo por muy escaso margen), y
"Hamlet” sería un ■melodrama inconfun­
dible, de no ser la más alta expresión de
la meditación ontológica, y también lo se­
ría "La Orestiada” si no contuviera en su
melodramático material los gritos mas
desgarradores del pathos de la tragedia
helénica, y muchos dramas clásicos y aun
modernos que señalan jalones en la litera­
tura de su tiempo.
Este solo planteo, nos revela ya que se
requiere una discriminación. Una cosa es
el melodrama o lo que se entiende gene­
ralmente por tal, y otra muy distinta la
presencia de elementos melodramáticos,
por numerosos que sean. "Winterset” , de
Maxwell Anderson — una "tragedia frus­
trada” , como la llama León Felipe— /con­
tiene quizá más elementos melodramáticos
que "Adriana Leeouvreur” , "Ruy Blas”
o "Marión Delorme” , muertes, venganzas,
mujeres desamparadas, conciencias ator­
mentadas: y, con todo, no es uu melodra­
ma y las tres piezas mencionadas sí lo
son.
No se trata, pues, de una cuestión cuan­
titativa, sino vinculada con la razón de
ser, con la virtualidad misma de la obra
de arte. Cuando Clyde Fitch o Sardou o
Scribe manipulan venenos o cartas dela­
toras que el azar deja al alcance del in­
teresado o especulan sobre la fácil y gene­
rosa veta del sacrificio, el melodrama no
está dado por la acumulación de recursos
inferiores ni aun por la seguridad de su
repercusión directa en el público, sino por
el hecho de que esas situaciones son fines
en sí mismas y no medios para alcanzar
algún fin propuesto, como en el "Boris
Godunow” , de Pushkin, que, por lo demás,
no pudo eludir una imputación de melo­
drama de Belinsky, el más fino de los crí­
ticos literarios rusos. Entre la utilización
de los recursos y efectos melodramáticos
como fines y su simple utilización como
medios, está toda la distancia que separa
al melodrama del drama y de la tragedia.
En síntesis, podemos concluir que, si
buscamos algún patrón mas o menos se­
guro para determinar si existe o no melo­
drama en el sentido corriente, ese patrón
consistiría en determinar si la economía
dramática de la obra exige los recursos
empleados o no. Cuando los impone inelu­

LEON

MIRLAS

diblemente, puede descartarse que no hay
melodrama, al menos en el sentido de in­
ferioridad que se le da a esa palabra.
Tomemos un ejemplo típico y moderní­
simo, up lo date: el de "Mourning Becomes Eleetra” , de O’Neill.
Esta recia trilogía, si se la considera
desde un punto de vista puramente estruc­
tural, en cuanto a la calidad de los re­
cursos empleados y a la acumulación de
elementos detonantes, es un melodrama de
extremo a extremo de sus trece densos
actos. Hay un adulterio, varios incestos

Eugene O’Neill.
amagados, crímenes y suicidios, innume­
rables estridencias de acción y de len­
guaje que rebasan el marco del gusto y
la estética modernos en el teatro. En el
cuarto acto del drama inicial, "E l regreso
al hogar” , presenciamos el envenenamiento
de Ezra Mannon, su estado de coma, su
patética acusación contra Cristina, el es­
pectacular . desmayo de su esposa: toda
una sucesión de efectos fuertes, violentos,
impresionantes en el sentido de la catar­
sis clásica. Y, sin embargo, la "Eleetra”
de O’Neill no sólo es su obra maestra,
sino que constituye una de las creaciones
más grandes del teatro de todos los tiem­
pos, tanto por la magnitud del trazo ge­
neral como por el intenso buceo psicoló­
gico en cada personaje y por el soplo
realmente shakespeariano que alienta a
menudo en el diálogo. {Cómo se explica
esta aparente paradoja?
Por lo pronto, debe recordarse que
O’Neill se propuso aquí trasladar a nues­
tros días el tema esquiliano de "La
Orestiada” y que "El regreso al hogar” ,
"Los Acosados” y "Los Poseídos” , son
el equivalente exacto de "Agamenón” ,

"Las Coéforas” y "Las Euménides” . Por
lo tanto, abordó ya su labor dispuesto a
no retroceder ante ninguna violencia en
las situaciones, ante ninguna disonancia en
los sentimientos, ante ningún efectismo
que surgiera por derecho propio en la en­
rarecida atmósfera de la casa de los
Mannon. Se propuso crear una tragedia
signada por la necesidad, por el ananké
griego, una tragedia donde todo transcu­
rriera por imperio de la fatalidad, del
sino: y de ahí, derivan todas las carac­
terísticas de su "Eleetra”.
En la trilogía de O’Neill no hay una
sola eseena — ¡a lo largo de trece actos!— ,
donde las acciones y reacciones de los per­
sonajes no estén medidas y calibradas con
matemática escrupulosidad. Cuando sur­
gen un grito, una imprecación o un apóstrofe, es porque la tensión ha llegado a
su punto crítico y estalla, cuando Cris­
tina le da a Ezra el veneno y su marido
se retuerce en el coma, ello es igualmente
inevitable, porque Cristina ha dicho ya al
terminar el acto anterior: "¡L o que debe
ser, será!” (la misma patética confesión
de Clitemnestra cuando le dice a Agame­
nón: "Con la ayuda de los dioses, cum­
pliré lo que quiere el destino” ), cuando
Orin mata a Brant-Egisto, es porque no
hay otra solución, cuando Cristina se sui­
cida, es porque su vida no tiene otro des­
enlace posible. Hay, en suma, una fisca­
lización perfecta de la economía dramá­
tica: y todos los recursos empleados, por
detonantes que puedan parecer, son indis­
pensables. Eso, elimina de hecho el melo­
drama de la "Eleetra” de O’Neill: todo
ocurre allí porque la concatenación causal
y los recursos y efectos usualmcntc teni­
dos por melodramáticos son meros medios
para un fin mucho más alto, de una no­
bleza que trasciende ampliamente su mo­
desta esfera material. Sólo queda una tri­
logía trágica patética y vibrante, de un
tono y desarrollo directos, una tragedia
esquiliana rediviva no sólo ya por su tema,
sino también por su espíritu.
El melodrama, pues, es una cuestión de
propósitos. Sólo hay melodrama,en el sen­
tido corriente de la palabra, cuando se
usan recursos adocenados y fáciles para
impresionar al espectador y lograr el éxito
a cualquier precio. Pero cuando un drama­
turgo emplea recursos reputados melodra­
máticos y que exigen perentoriamente la
atmósfera o las situaciones de la obra,
no cabe ya hablar de melodrama, o, a lo
sumo, se penetra en un sentido moderno
del melodrama, que dista de ser despectivo
y que concierne a un drama cuya violen­
cia le impide las medias tintas, le niega
la sobriedad y le prohíbe la discriminación
de los recursos empleados, so pena de
malograrse.

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SALON DE TE
Y
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Abierto de 16 o 2 horas

adem ás:

SECCION LIBROS
SECCION DISCOS

Viamonte 547
CALERIAS
PACIFICO

Buenos Aires

EUGENE O’ NEILL
VUELVE A BROADWAY
de muchos años de silencio
vuelve O’Neill con una obra teatral
que dura cuatro horas y cuarto, con
intervalo de setenta y cinco minutos. Es
la primera obra después de "Días sin fin”
que escribiera en 1934.
Su argumento, se dice, . es tan miste­
rioso como su título "The iceman cometh” ( " El nevero está en coma
El
coma del hielero” o simplemente "E l hom­
bre del hielo ” ). Alguien que vió la obra
sugirió que podía llamarse "The ice tray
always sticks twiee ’ ("L a bandeja del
hielo siempre se pega dos veces” ).
Es un argumento complicado, con múl­
tiples personajes. Los críticos han coinci­
dido en afirmar que lo que O’Neill ha
pretendido decir en su obra es que el
hombre no puede vivir sin ilusiones, y que
la obra, como obra de teatro para leer,
hace honor a su autor aunque no ocurre
lo mismo en la escena.
O’Neill sale airoso de la pueba a que
se ha sometido. La crítica afirma que si­
gue siendo el más grande maestro del
teatro que ha producido Estados Unidos.

D

espués

LA ACADEMIA FRANCESA
Y LA AMERICA LATINA
( Especiql de A. F. P.J
Academia Francesa acaba de recibir
un /u n herfcoso obsequio. Es un magní­
fico ejemplar de una obra ilustrada, con­
sagrada a Moliere y editada por la re­
vista brasileña "Don Casmurro” que, con
el mismo espíritu elevado, ya había edi­
tado otra obra análoga, dedicada a Paul
Verla ine.
La Academia hizo llegar su agradeci­
miento al director de la revista, Ronaldo
de Carvalho, y entregó la obra a la B i­
blioteca del Instituto de Francia. Pero
no fué ése el único intercambio amistoso
entre la Academia Francesa y sus ami­
gos de América del Sur. La institución
tuvo oportunidad de saludar a la Aca­
demia de Letras del Brasil en la persona
del doctor Joao Neves Da Fontoura, mi­
nistro brasileño de Relaciones Exteriores,
y a su jefe de Gabinete, Ribeiro Conto,
ambos miembros de la Academia, de Le­
tras de su país y delegados a la Confe­
rencia de la Paz.
El señor Georges Lecomte presentó ade­
más tres trabajos suyos referentes a la
República Argentina.

L

a

a

\V

i

R o m Arciniega D OS REBELDES ESPAÑOLES EN
EL PER U . I-as vidas de Gonzalo Pizarro (“ El Gran Re­
belde” ) y Lope de Aguirre (“ El Cruel Tirano” ) - protago­
nistas de las dos rebeliones españolas más trascendentales
contra la Corona de España registradas en la América del
siglo x v i - son relatada^ en este libro con un estilo lleno de
gracia, que les infunde el interés de una hermosa novela.
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B U E N O S

A IR E S

�CRO

c a b a lg a t a ®

a tener una cosa entre todos nosotros; tendremos una
fiesta o ngillatun. Hace tiempo que
no hemos tenido ninguno; por eso,
quién sabe, no hemos tenido abundancia
de trigo, y han muerto animales, nues­
tros hijos y nuestras hijas. Nos ju n ­
taremos todos; que se junten también
nuestros am igos; saquemos una fiesta
grande. El ngillatun será en cinco días
más. Vamos a prepararnos bien con
tam os

V

carne y vino.”
Así, cansino, pueril y disonante re­
sulta este discurso del cacique arauca­
no traducido al lenguaje de los con­
quistadores. En el idioma indígena
tiene, sin embargo, una mágica eufo­
nía. Dura y dulce; melancólica y recia
— pugnas del vocablo que armonizan
en su pelea— la lengua de Arauco
aun cita en nuestro siglo, en la voz
del jefe, a la ceremonia del ngillatun,
destinada a obtener los favores del
dios Pillan. Pero ¡qué distinta es la
modulación y cómo ha burlado el tiem­
po los seculares designios de la raza!
El cacique de hoy llama al ngillatun.
Hay algarada y color de fiesta que
agita y viste la dolorosa derrota de
las rucas, y luego se suceden soles y
lunas sobre hartazgos de carne y vino.
¡ Será en cinco días m ás! ¡ Y durará
otros cinco! "H ace tiempo que no he­
mos tenido ninguno.” "N o hemos te­
nido abundancia de trigo.” "Han muer­
to animales, nuestros hijos y nuestras
hijas.” "Saquemos una fiesta grande.”
Una domesticidad resignada; una le­
chera domesticidad de pesebre; una
medrosa domesticidad de pequeño te­
rrateniente invalida al heroico Arauco
de la epopeya. Porque sus últimos
descendientes han perdido el estertor

ARAUCO

ESPERA
Por

dionisíaco. ¡ T rig o! Pillan se ve re­
querido en tutela jes de trigo: antes lo
fué en las rojas vendimias de la gue­
rra. ¡ H ijo s ! Presa, la araucana in­
dómita no quiso hijos de cautivos y
arrojó al suyo a los pies de Caupolicán — el padre— cuando lo vió "p ri­
sionero de la cohorte española” . ¡Car­
ne! Blanda pulpa de ganado; pero no
las tufaradas calientes que enervaban
después de las victorias. ¡ V in o ! ¿ Aca­
so sabe como la sangre bebida en los
cráneos del enemigo? Y hoy la fiesta
es sólo una molicie labriega, vago re­
medo del frenesí salvaje de otros días.
¡Qué distinta suena ahora la invoca­
ción del n gilla tu n !:
"Estamos arrodillados, padre; hoy
día te rogamos que nuestros hijos no
mueran, que produzcan las siembras y
tengamos animales. Te rogamos que
llueva, hombre venerable, para que
crezca el trigo y el pasto.”
El fatalismo de Arauco, la entelequia de Arauco, era la guerra. Un
pueblo bárbaro, así ligado a ese des­
tino, se consume y agoniza en el-p as­
toreo y la labranza. Sólo el arraigo
en una civilización activa pudo haber
mutado el demonio bélico en creadora
e incorporada fuerza sedentaria. Las
avanzadas de la civilización incásica se
detuvieron en el Maulé; la conquista
española estrechó a los araucanos, pe­
ro no los redujo; la nacionalidad chi­
lena los domesticó, pero no los incor­

poró a su sangre, pues las verdaderas
tribus nucleares de Arauco le negaron
siempre el mestizaje. El desmonte de
los bosques, la inervación de los ca­
minos, les ha ido arrebatando el esce­
nario de la epopeya. ¡Y ahí está la
tragedia: un pueblo épico sin escena­
rio ni drama! No es un dolor de tie­
rras usurpadas; no es una pena de
raza vencida; no es el arqueológico la­
mento de una civilización sepultada;
no son las ruinas de solares templos
de oro que traicionen el canto de una
religión acallada. No. Arauco no ha
padecido — en medida exhaustiva—
despojos crueles; contuvo o eludió las
grandes civilizaciones; apenas si su­
peró la etapa del "tótem” y el "tabú” ;
su ruca fué casi un campamento; en
su cerámica, en sus tejidos, en su al­
farería, fué siempre más la utilidad
que la belleza. Menos fué la suya una
raza vencida. A lo sumo, diezmada
por guerras y epidemias. Pero su dra­
ma es fantasmal: la muerte en vida;
la crisis con la propia razón de exis­
tir; guerreros sumidos en estupor do­
méstico : un pueblo sin auténtica em­
presa.
Los censos se contradicen, aunque se
habla con redondo acento de cien mil
araucanos, descendientes de la epope­
ya. En los claros que dejó el hacha
o el sable conquistador, surcada la tie­
rra en sembradíos, domeñado el pai­
saje, ciudades mozas y sonrientes, co­

JOSE

BOSCH

loreadas de España y tocadas por los
campanarios de la Cruz, viven en
próspero empeño, florecidas en la par­
te del valle longitudinal que antes fuéra corazón de la Araucania. Entre
ellas, con aires de metrópolis, cuenta
Temuco y, arrebujándola con un pon­
cho por las cuatro direcciones cardina­
les, se hallan importantes reducciones
indígenas. Moquehua, Tromen, Collahue, Traumaullín y un sinnúmero de
voces mapuches designan estos vesti­
gios del antiguo Arauco. Nada, sin
embargo, que no sean afanes de ferias
o litigios de tierras vincula en forma
permanente, vital, racial, a Temuco
con estas reducciones, y la denomina­
ción de La Frontera que subsiste para
definir su límite, anuncia que aun pesa,
aunque de modo muy teórico, la autoc­
tonía del pueblo que no fué "por rey
jamás regido, ni a extranjero dominio
sometido”. Solo, huraño, rispido, en
medio del paisaje ancestral, como la
araucaria — su árbol— , el indio rumia,
grandiosamente solitario, el dictado inconcretable de su raza. No hace mu­
chos años — podemos decir ayer— que
oíamos al Oficial de Registro Civil la­
mentarse con docto tedio: "Si en esta
circunscripción de Toltén los mapu­
ches poco o ningún interés tienen por
mezclarse con chilenos, juzgo que es
por no perder sus costumbres ni su
idioma. Manifiestan cierta tirria hacia
los mestizos, que son pocos y a quie­

SU
BOUSQUET

nes desprecian por su media sangre.”
Un violento claroscuro ha marcado
las tintas del drama de Arauco con la
colonización germánica, que la inmi­
gración inoculara en las venas australes
de Chile. Apretadas mazorcas de ca­
bezas rubias han brotado de los maiza­
les en el lindero mismo de las reduc­
ciones, asistiendo con sus azules ojos
de acero a la humillada domesticidad de
Arauco, recogido en su tristeza cobriza.
Pillan, dueño del trueno y del rayo,
que dijera su mensaje en la lengua
bronca de las tempestades, dormita en
su vejez con los coros — para él incom­
prensibles— de los Nibelungos. Hay
ciudades — como Valdivia y Osorno
donde el germanismo ha pasado a ca­
rácter dominante. Cuando por allí
cruza un indio — un araucano— 1°
persigue esa misma curiosidad que se
siente por el gitano, o sea, ese díseolq
embobamiento que orilla lo pintoresco
y lo esotérico. ¡Humillación macabra.
¡ Sí, macabra, porque hay cadáveres
flotando en la burla! ¿ Cómo no sen­
tir lo burlesco en este ambular de un
indio cobrizo y triste, en medio de la
tenacidad rubia de Valdivia? ¡Aque­
lla plataforma, hoy día urbana, sirvió
en veces gloriosas a los toquis para
convocar sus guerreros y arengarlos
contra el más bravo conquistador de
todos los tiempos! ¡H oy, un indio que
se descamina por sus calles sirve de
regocijo taimado a colegiales de un

�© c a b a lg a t a
Entretanto, las mujeres van y vie­
nen multiplicadas en cien afanes. So­
bre ellas descansa, en cierto modo, la
economía familiar. Cuando soltera, mo­
lerá el trigo y preparará el "mote”, la­
vará, y hará del baño diario un culto,
casi un ritual. En las fiestas, será
festejada con el canto amoroso, forma
de requiebro que tiene blandas quejas
de endecha y que, con seguridad, es
otra de las facetas del alma domestica­
da, ya que en tiempos de la epopeya
no pareció ser el Amor otra cosa que
una función. Ercilla lo resume en un
dístico sumamente explícito:
" Venus y Amor aquí no alcanzan
[parte ;
sólo domina el iracundo Marte.”
Traduzcamos uno de estos cantos
amorosos actuales — que en verdad lo
son de un modo muy indirecto— y nos
hallaremos ante un simplismo enternecedor que exhala el íntimo penar de la
raza:
Señorita, señorita,
cuatro días viajaremos;
pasó, pasó, dirán,
por otras tierras
tal como son;
si tuviese dos animales
en caballo aparte iríamos,
pero por la pobreza a la grupa vamos,
hermana, hermanita.
"Pasó, pasó por otras tierras tal
como son” "Pero por la pobreza a la
grupa vamos.” ¡ Si tuviesen dos anima­
les ! ¡ Pero n o ! Es Arauco, todo Arau­
co el que va hoy a la grupa de un ca­
ballo sonámbulo, dejándose llevar, le­
jos de toda brida. Un caballo sin
galope que por las noches — densas
noches donde todavía se palpa la som­
bra prodigiosa del tótem— queda ama­
rrado en los túmulos de piedra de los
antepasados. En los campos de hoy
surgen a trechos estos túmulos coro­
nados por intentos antropomorfos don­
de se ha querido perpetuar la figura
de un muerto venerado, y que impre­
sionan como peleles trágicos contorsio­
nados en el grotesco de su sentido irre­
mediable.
La domesticidad no ha extinguido
el primitivo natural supersticioso y
animista de los araucanos; pero ha
ido decayendo en lo religioso y en lo
moral, hacia una nebulosa mal defi­
nida que no tiene la fuerza de sus
primeras creencias.
"Ahora mismo
— nos dirá don Tomás Guevara, el no­
table araucanista— se observa entre
ellos un vestigio o residuo de su men­
talidad antigua en el fondo de sus re-

rabio inexplicable en las cabezas alta­
neras! Fué en Valdivia donde se nos
hizo el nudo en la garganta, nudo que
ahora mismo nos angustia. Un día, atar­
deciendo, vimos al indio tocar la tru­
truca a las puertas de una vieja igle­
sia, en medio de regocijado corro. La
trutruca, su triste instrumento, que
emite sonidos monótonos de compás
binario, semeja una trompeta con un
cuerno en la extremidad de un coli­
gúe de 4 ó 5 metros de largo. Ser
músico de tan descomunal trompeta,
y soplar en ella como los industrio­
sos alemanes soplaban a veces en sus
fábricas de vidrio, es ya cosa capaz
de mover a risa a quien no entienda
el dolor de la trutruca. Ahí, como
grupo escultórico urdido por invisi­
bles manos simbolistas, estaban todos
los elementos del tema elegiaco: la
iglesia en la tarde ya anochecida,
que se recataba al amparo de la Cruz,
el indio plañidero vistiendo su típi­
co chamal, y, como contrapunto, el
ufano corro ario, sin oídos para los
últimos estertores de Pillan, que ja ­
deaba en la trutruca. ¡Y allí mismo,
sin- embargo, tal vez en ese mismo si­
tio, se elevara el triunfal vocerío de
la raza inflamada por las arengas!
¿No los oyó acaso don Alonso de E r­
cilla y Zúñiga, el capitán que más los
combatió y mejor los cantó? ¡Eran
los días en que Arauco preparaba la
invasión de España! ¡ S í! ¿ Por qué

no? ¡Enemigo digno de Don Quijote!
Asistamos a su eu foria:
Estando en gran silencio el pueblo
[ufano,
así soltó la voz Caupolicano:
"Bien entendido tengo yo, varones,
para que nuestra fama se acreciente,
que no es menester fuerza de razones,
mas sólo el apuntarlo brevemente;
que según vuestros fuertes corazones
entrar la España pienso fácilmente
i al gran emperador invicto Cario
al dominio araucano sujetarlo.”
¡Y , sin embargo, cuánta derrota llo­
raba esa tarde la trutruca a las puer­
tas de un templo cristiano de Valdi­
via, la ciudad rubia!
Las ferias y mercados de Temuco
ofrecen las muestras de su domestici­
dad. Hasta allí llega el indio, acompa­
ñado de su mujer, que echa mano de
sus cintillos, aros, pulseras y otras
chucherías que le cuelgan como galas
desde la más lejana antigüedad de su
raza. Por lo general, ella ha tomado
parte activa en la fabricación o pre­
paración de los objetos y productos
que comparecen en la venta. Son no­
tables los tejidos, firmes y llamativos,
que ha hecho en su telar, destinados
a trarihues (fa ja s), ponchos, "efloapinos” (felpudos), y chamantos, cuyos
motivos o modelos consisten en cruces
— noción muy anterior a su contacto

con la cruz cristiana— , paralelogramos
con gradas, figuras zoo y antropomor­
fas de varias clases. La alfarería se
hace presente en vasijas y cacharros
en que, junto con la forma zoo y ornitomorfa, se ofrece el rasgo común de
la tosquedad. A principios de este si­
glo la ausencia de dibujos era ya casi
total, y se había adoptado uniforme­
mente el color negro, opacidad que se
nos presenta como una callada forma
de duelo. Se les verá también en Temuco, comerciando los productos de sus
campos, acudiendo al protector a en­
tablar reclamos sobre los mismos, y
al juzgado a querellarse de despojos;
se les verá serios, graves, esquivos,
como temiendo que en la ciudad chile­
na se les enreden los chamales y resul­
te el mestizaje del que tanto se pre­
vienen.
Tal vez hagan en lenta carreta de
bueyes el camino de regreso hasta sus
rucas, donde los espera la domesticidad que es a la vez su nirvana y su
morada de sombras. A primera vista,
hay bullicio y ajetreo. El cansancio
va por dentro. Allí es donde en mar­
zo y en junio, los hombres siembran el
trigo; y en primavera, la chacra; en
febrero siegan y trillan con sus yeguas;
consultan a la machi cuando están en­
fermos, o al adivino cuando el porve­
nir los inquieta; asisten a las fiestas,
y se casan con permiso de sus padres.
Si son mozos, juegan a la chueca o se
dan a la emoción de los juegos de
azar; se citan con las mozas que van
por agua al estero cercano a sus vi­
viendas; cuidan de bueyes y caballos;
aprenden cuentos de labios de padres
o de abuelos; llevan recados o saludos;
amansan potros, conducen la carreta
de bueyes.

presentaciones arcaicas acerca de las
enfermedades, la muerte, los espíritus,
el parentesco, los sueños, la produc­
ción de la lluvia, la fuerza mágica de
muchos objetos, etc.. . . Su moral con­
siste en hacer lo que hicieron sus ma­
yores, y en no perjudicar a los de su
grupo. Ha considerado legítimo matar
y sobre todo robar al enemigo. H oy lo
contiene el temor legal; pero no el reli­
gioso. Si se examinan con tino los
sentimientos religiosos de un mapuche
cristianizado, pronto se verá que la
-transformación es aparente y queda
como resultado una mezcla, una con­
fusión de ideas que no interesan al
natural.”
Con todo, y dentro de la domesticidad -—entre agropecuaria y mercan­
til— en que se consume, el araucano
de hoy conserva actitudes y valoracio­
nes que lo acercan a sus antepasados.
Así, el antiguo fervor por la fuerza y
el poder tiene su derivativo en la je ­
rarquía que alcanzan — con preferen­
cia a toda otra— el cultivo de la tierra
y la cría de animales. Esta dignidad
se hace particularmente visible en el
desprecio que sienten por el platero
— nuevo esteta de la raza, cuya arte­
sanía no encaja en los recios designios
ancestrales— . ¡Cuánta injusticia hay,
sin embargo, en este desprecio que se le
infiere por su oficio y por ser a me­
nudo, según es fama, trapacero y re­
molón ! El platero no es un elemento
primitivo de Arauco. Nació al amparo
del pillaje de los malones que permitió
el botín de objetos de plata para ser
fundidos y trasmutados luego en arau­
cana platería. H oy día enciende, para
turistas y burgueses, el fuego de su
forja, y su fuelle y su bigornia dan
otro son que no es el triste resoplar de
la trutruca. El es quien transmite hoy,
sin proponérselo, la íntima y callada
voz de Arauco. En un pueblo que se
consume por falta de empresa auténti­
ca, en un pueblo que espera su elegía,
el platero — en su forja silenciosa y
alegre— va animando de luces y re­
piques un cuadro que parecía ya irre­
misiblemente crepuscular.
¡ Ah, platero de Arauco, tú harás
que la elegía tenga repuntes del viejo
v ig or! ¡ Así lo hemos deseado, con pa­
sión, con esperanza, cuando, en medio
del color de la feria, entre el mosaico
de chamantos y choapinos hemos visto
cómo fulgen al sol — salidos de tu ma­
gia— los cintillos de granos de plata;
los anillos, pulseras y brazaletes que
lucirán lejos las mujeres de otras ra­
zas; los tazones para las bebidas de
los caciques en las fiestas del ngillatun!

�CUENTO POLICIAL ____

c a b a lg a t a ©

R O W E N
Por

WI LLI AM

GRAN PREMIO DE HONOR
DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE ESCRITORES
RICARDO ROJAS: El profeta de la pampa. Vida de
S a r m ie n to ..................................................... $ 10.—
Fruto de largos años de trabajo, interpretación magistral, esta
obra tan esperada nos revela un Sarmiento nuevo, auténtico y de­
finitivo.
-r

----------------------------- DOS L IB R O S ------ ----------------------LLEVADOS A LA PANTALLA
ARTHUR SCHNITZLER: La señorita Elsa. Huida a las
tinieblas
6.—
Dos pequeñas obras maestras del gran novelista vienés. Traduc­
ción de D. J. Vogelmann. Prólogo de Guillermo de Torre. Ilustra­
ciones de S. Ontañón. Un volumen encuadernado. La señorita Elsa
acaba de ser llevada al cinematógrafo con el titulo de El ángel
desnudo.

MARIA TERESA LEON: El gran amor de Gustavo
Adolfo Bécquer. Una vida pobre y apasionada $ 8.—
Coincidiendo con el estreno de la película El gran amor de Gus­
tavo A dolfo Bécquer aparece esta gran biografía del inmortal
autor de las Rimas, ilustrada con grabados de la época, retratos
y fotografías del film. Se incluyen también completas las Rimas
de Bécquer.

EMILIO BALLAGAS: Mapa de la poesía negra ameri­
cana ............................................................... 8 12.—
Un libro revelador y maravilloso, en el que canta, ríe o llora
el alma de la poesía negra de todo un continente. Con ilustra­
ciones de Bavenet.

ED ITO R IA L L O S A D A
A l v i n a 1131
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O

CA*ÍC*ow

LL PASO I)K i V
V I L LA R RICA

Q tá iic M

A M O R R O R T U
CORDOBA 2028

O, W. H., de treinta y cuatro años
de edad, de condición soltero y de
profesión detective, me encuentro ahora,
diez de la noche del 4 de setiembre de
1939, dictándole a mi dictáfono, con pie.
na responsabilidad y en perfecto uso de
mis facultades mentales, mi última vo­
luntad.
Hablo tumbado en la cama de mi ca­
sita de Chatterton Walk: no he encen­
dido la luz y una espléndida luna llena
tensa su deslumbrante gasa en el marco
de mi ventana, haciendo participar en
algo de su encantamiento la viva penum­
bra de mi alcoba.
Por mi voz se advertirá que no estoy
absolutamente alterado, como yo mismo
compruebo en este momento por el leve
esplendor rojizo que a rítmicos interva­
los corona el hornillo de mi pipa, índice
de lo acompasado de mi respiración, sín­
toma, según parece, de sosiego espiritual.
Y así es, en efecto; no siento el menor
remordimiento. No soy culpable de mi
crimen y si hice jus­
ticia sin matar, tam­
poco fui yo quien
maté al ser que más
quería. Y a q u e llo
qoe sería imposible
de explicar ante un
jurado de hombres,
quedó ya dirimido
en singular combate
entre yo y el único
h o m b re capaz de
comprenderlo. Pagó
8u cu lp a c o n la
muerte, ¡quizá la
única sorpresa que
sintiera en su vida
fría y lógica para
la que no existió ja ­
más el azar ni lo
inesperado! Pero su
muerte no fué pro­
ducto del azar aun­
que fuera tan ines­
perada para él como
para mí. Fué la
Justicia — no la de
este mundo, sino la
alta e infalible Jus­
ticia— quien castigó
al culpable de la
manera más terrible
para él: mostrándo­
le su derrota el mis­
mo umbral del más
allá. Porque niego
m
que la muerte sea
un castigo. Pues si
lo fuera, ¿por qué murió ella? ¿De qué
podía castigársele a ella, tan pura y no­
ble? Pero para ella, lo sé perfectamente,
la muerte fué un premio. Pues no hay
que olvidar que murió cuando marchaba
al encuentro del amor, y morir en tan
alto trance, no es morir, sino vivir eter­
namente el más alto, puro y noble mo­
mento de toda una vida.

Y

BUENOS AIRES

Y ahora, como primera afirmación de
esta voluntad, declaro, que si maté a sir
Thomas Rowley — o lo hice morir, que
no es lo mismo— , fué porque quería
acusarme de un crimen suyo y no mío.
Todo su plan se derrumbó súbitamen­
te en el último momento, y ahora que
está enterrado a escasa distancia de aquí,
me lo figuro perplejo en su ataúd, to­
davía no muy seguro de su forzado sui­
cidio. Pues suicidio declaramos todos y
yo no soy el llamado a negarlo. ¿Por qué
habría de hacerlo? Allí está, pudriéndo­
se, el simpático sir Thomas y no sé por
qué me figuro que si pudiera hablar con­
migo de este último caso, hasta puede
que me felicitara. Pero de poder hablar
con los id o s— y hay quien dice que en
las noches de luna es fácil entrar en
diálogo con ellos— , mis palabras no irían
dirigidas a él, sino a ti, amada mía, víc­
tima inocente y pura entre las puras, a
quien pensé hacer mi compañera y que
ahora duermes, bajo una capa do manso
césped, en espera de la sencilla lápida
donde he mandado grabar las seis letras
de tu suavísimo nombre: Rowena.
Pero ni aun tan querido y trágico re­
cuerdo ha sido capaz de alterarme los
nervios. Cuando hace ahora tres días me
desperté del anormal sueño en que me
hallaba sumido y recibí la increíble no­
ticia, entonces sí que creí enloquecer y
eso que ignoraba la terrible verdad que
ahora sé en todos sus espantosos deta­
lles. Pero ahora, pasado todo, puedo mi­
rar, mientras me confieso con el dictáfo­
no, a través de la ventana, y contemplar,
sin la más mínima emoción, la negra si­
lueta de Chatterton Manor, escenario de
lo que la prensa sensacionalista calificó
de "trágicos acontecimientos de estos úl­
timos días” .
Un crimen impune y un suicidio cons­
tituyen el saldo de los "sucesos de Chat­
terton Manor” . Pero ni el crimen quedó
impune, ni el suicidio fué suicidio. He
aquí la verdad de lo ocurrido en pocas
palabras. Pero como todo ello es algo que
me incumbe tanto personal como profe­
sionalmente, consignaré, para informa­
ción de todos, algunos antecedentes nece­
sarios.
En los primeros días del pasado mes
de julio, conocí a Rowena. Nuestra sim­
patía fué mutua y a los pocos días nos
habíamos comprometido sin haber cam­
biado más que escasísimas palabras. Supe,
no sé por quién, que vivía en el castillo
en compañía de su tutor, viejo médico
retirado de la profesión que ejerciera en
la India o Malasia. Algunos días des­
pués conocí al tutor, quien, ante mi sor­
presa, se me mostró como un coloso, ro­

HUGHES

bustísimo, menos viejo de lo que pensara,
de modales plebeyos y de una cordialidad
demasiado efusiva para ser sincera. De
su borrosa fisonomía no recuerdo más
— y creo que no olvidaré mientras viva—
que unos ojillos grises, duros como un
diamante impío y cruel. Cuando se halla­
ba junto a mi amada, el contraste entre
ellos era tan grande que lindaba con lo
grotesco. ¿Qué parentesco podía unir a
aquellas dos naturalezas tan dispares? Si
mi amor no me hubiera cegado hasta el
punto de no tener ojos más que para ella,
quizás me hubiese fijado en ello y es po­
sible que los terribles sucesos que poco
más tarde se desarrollaron no hubieran
llegado a producirse.
Pero es inútil intentar desandar el ca­
mino de la muerte. Nuestro amor siguió,
al parecer, con la aprobación del tutor’,
casi siempre ausente. Fuera de mí nadie
más frecuentaba el castillo, cosa que no
me preocupaba poco ni mucho, pues tenía
por ventajoso para mí lo que luego supe

día ante mí arrastrándome consigo lle.
vándome en su seguimiento, siempre y
nunca al alcance de mis manos. Y de
pronto, cuando ya creía llegar a él, su
bestial imagen se transformó en la' de
ella, aunque notaba clara y físicamente
la presencia de mi enemigo. Quise disi­
mular pero todo fué imposible. Ella, blan­
ca, pálida y distante se me ofrecía tran­
sida de amor. La estreché entre mis bra­
zos, fuerte, muy fuertemente hasta sentir
claramente el jadeo de su aliento. gu
cuello se dobló en mis manos como un
nardo tronchado y suavísimo. ¡Mía, m'a!
murmuré con un goce tan grande que no
era sino el más terrible d- los sufrimien­
tos. Una nube roja y friísima me envol­
vió. Todo me fué arrebatado lejos, lejísimo, en aquella sima sin fondo donde
me despeñé al principio. Luego una tibia
delicia me invadió todo el cuerpo. El alto
sosiego de la muerte pareció llevarme fue­
ra del tiempo. Y después nada. . .

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. *

— ¡William! . .
¡W illiam! . . .
Cuando abrí los
ojos vi ante mí a
mis compañeros de
flcotland Yard, Macpherson e Ireland.
“ La guerra” , pensé.
Y repetí mi pen­
sa m ie n to en voz
alta.
— N o; no se tra­
ta de eso. Y si no te
llamamos antes es
porque hasta hace
unos instantés no
nos enteramos que
tenías que ver con
los propietarios de
Chatterton Manor.
— ¡Rowena! —gri­
té— .
¡ Por Dios!,
¿qué le ha pasado a
Rowena ?
— Ha muerto . . .
Ha muerto asesina­
da — t e r c ió Macpherson, tras de un
brevísimo titubeo.
— ¡E l
¡Fué él!
— e x c la m é en un

:1 £ g

m
era la comidilla diaria de toda la bur­
guesía del condado.
Así pasó todo el mes de julio hasta
que cierto día que le expuse a Rowena
mi deseo de desposarla, palideció y por
encima de su mutismo vi presente la som­
bra de su tutor. Se lo dije, y rompió a
llorar tan desconsoladamente que no in­
sistí. Pero aquella primera nube en nues­
tro amorío me reafirmó en mi decisión
de hacerla mía. Continuamos nuestros pa­
seos, y hoy hace cuatro días, como notara
el terrible combate en que me debatía,
me dijo con acento de desesperada de­
cisión :
— W illie ... Si has de llevarme no se
lo digas, ni siquiera lo pienses ante él.
Dime el día y la hora y huiré c o n tig o ...
Aunque él lo sabrá, W illie ... ¡como lo
sabe siempre t o d o ! ...
La estreché entre mis brazos y juntando por primera vez mis labios con los su­
yos, le dije que partiríamos aquella misma
noche.
— M añ an a... — murmuró desfalleci­
da— . Se va a Londres y estará ausente
por tres d ía s ...
— Mañana — asentí. Y aquel día nos
separamos antes de lo acostumbrado.
No he de decir la ansiedad que se
apoderó de mí. Yo, un representante de
la ley, iba a cometer un rapto, un delito.
Y como cualquier delincuente novel me
porté de la más torpe de las maneras.
Para "no despertar sospechas” en el re­
ducido círculo en que me movía — la
posada, el puesto de periódicos y la taba­
quería— , visité todos estos sitios y me
quedé en el comedor de la primera más
tiempo del acostumbrado.
Ya entrada la noche, me era imposible
dormir. Oí varias horas en el reloj de la
torre de la abadía, y cuando, ya muy
tarde, logré conciliar el sueño, éste me
llegó en forma de terrible pesadilla de
la que había de despertar trágicamente.
Sentí, en mi primero y angustiosísimo
duermevela, como si me hubiera conver­
tido en una enorme masa de plomo en la
que todos mis miembros se hallaban an­
clados, soldados, fundidos sin liberación
posible. Un terrible sudor, un mar pega­
joso y asfixiante respondía al jadeo con
que significaba mi impotencia de vencido.
Mi sueño era un pozo sin fondo de verti­
ginosa agonía. En él me vi con los ojos
abiertos, despierto y esclavo de la pesa­
dilla al par. Quería pensar: no importa,
mañana cuando estés despierto será tuya.
Pero yo sabía que ya no era mañana, si­
no hoy, el día fijado. Lloré de impo­
tencia, hasta que súbitamente, en un inol­
vidable momento rompí gloriosamente las
cadenas que me retenían y me incorporé en
el lecho. Frente a mí, lo vi a él con sus
ojos llenos de agujas clavados en los míos.
Pero no estaba aquí, sino del otro lado
de la ventana. Salté hacie él. Conocí en
él al culpable de todo lo que sufría y
había sufrido yo, y entonces comprendí
cuál era el tormento de que era víctima
ella. Pero no podía alcanzarle. Retroce-

s ri,°— No, no fué él
— afirmó reposadaM
mente Ireland— , si
r
es que él es, como
me figuro, sir Tho­
m a s ... Aunque me alegraría de que hu­
biera sido él y no otro — terminó con
franqueza irlandesa.
— ¿Por qué no fué él?
— No concuerdan las huellas de la ma­
no. Huellas digitales no hay. La mano
era una mano mucho más fina y mayor.
Y ese sir . . . no sé cuánto, tiene una ma­
no endiabladamente pequeña__ ¿Vamos?
No recuerdo cómo me vestí y fui hasta
el castillo. Pero en cambio jamás olvi­
daré el instante en que volví a ver, allí,
tendida, fría, muerta, a la blanca y purí­
sima Rowena de mis sueños y de mi sue­
ño. En su cuello se veían claramente las
bárbaras huellas de las manos que le
arrebataron la vida. Pero su rostro res­
plandecía de felicidad, con la misma, exac­
ta felicidad de mi sueño. Y entonces
noté que él estaba presente, mirándome,
contemplándome como a una presa, espe­
rando que descubriera o adivinara para
gozarse en su triunfo. Sabía que estaba
allí presente, vigilándome, con su mirada
puesta en mí para así atraer sobre mí la
mirada de mis compañeros. No quise mi­
rarle porque estaba seguro, sabía que él
era el él de mi sueño. D ejé de buscar por­
que no quer a encontrar demasiado.
Fué entonces cuando sir Thomas Row­
ley, el hombre que lo sabía siempre todo
porque él era el autor de todo, compren­
dió que sabía. Y con voz fría y desagra­
dable, me habló con palabras que podían
ser una acusación:
— C a ballero... Si tiene algo que decir­
me estoy a sus órdenes... ^eo ^,ue
sabe todo, así que si gusta, en el jardín
podemos hablar antes de hacerlo con es
tos caballeros. . .
Era un desafío y una acusación que,
entonces me di cuenta, latía ya en e
ánimo de todos. La mirada de mis com
pañeros se fijó en mí, pero yo no era ya
el amante de Rowena, sino W. H., y
taba dispuesto a luchar, seguro, com
siempre, del triunfo de la Justicia.
Cuando me acerqué hacia él, no sé qué
notó en mí, que noté una chispa de tem°
en su voz y me advirtió desde lo a o
su corpulencia:
— Está en mis manos y no intente na
da, pues como ve estoy preparado...
Fué su perdición.
Oprimí su mano entre las mías y ^
cinco detonaciones se sucedieron en
corto forcejeo que cubrí con g n os
" ¡ N o ! . . . ¡ N o ! . . . ¡S ocorro!”
Pero allí se quedó muerto y bien muer^
to. Fué él quien al ensenarme el
me dió la idea de "suicidarle . bu
conmigo quedó como una &lt;*on
jema*
cita que mis amigos no se
n
siado de indagar. Como creo recorda ^
era el día 3 de setiembre de.
gente, aun en la misma ln ®, “ V lL mis
taba para interesarse por erim
o menos sensacionales.
Pero aquí queda esta o»nfe8^ " ’ f dc a alguien le interesara y para
T
canso de mi conciencia.

�____________ INDUSTRIA - CERAMICA

(^ c a b a lg a ta

LA INDUSTRIA BRITANICA DE LA RELOJERIA
H A RESURGIDO CON GRAN IMPULSO
Por
La fabricación de relojes cons­
tituyó una industria floreciente
en Gran Bretaña durante los si­
glos xvn y xviii , pero luego no
supo adaptarse a las exigencias
de la moderna producción en
masa, y hacia 19S0 parecía con­
denada a desaparecer por com­
pleto. La pasada guerra, empero,
ha demostrado la capacidad y las
posibilidades de esta industria,
que hoy resurge con extraordina­
rio impulso, proponiéndose llegar
a una producción anual de ocho
millones de relojes para 1948.

los siglos xvn y x v iii la fabri­
cación de relojes tenía como cen­
tros prin'cipales a Francia e Inglate­
rra, y muchas piezas que pueden con­
siderarse verdaderas obras maestras,
salieron de los talleres británicos. En­
tre los artífices ingleses que más se
destacaron se encontraba Thomas Tompion, a quien se ha calificado de "pa­
dre de la relojería inglesa”, y de sus
talleres salieron en los últimos años del
siglo x v iii , gran número de relojes de
admirable belleza y de mecanismo tan
perfecto que aun hoy muchos de ellos
se hallan en pleno funcionamiento. Al
fundarse el Observatorio de Greenwich
en 1675, Tompion fué nombrado su
primer relojero oficial.
Le sigue en importancia su discípu­
lo, George Graham (1673-1751), in­
ventor del péndulo mercurial y, lo
que es aún más importante, del esca­
pe que lleva su nombre, y que cons­
tituyó un gran progreso sobre el es­
cape de áncora inventado por otro
gran técnico británico, Robert Hooke,
el temible rival de Isaac Newton, quien
también creó un mecanismo para el
corte de las ruedas para relojes.
Otro nombre que merece destacarse
es el de John Harrison, un carpintero
del Yorkshire, autodidacto, que inven­
tó el primer cronómetro para embar­
caciones que diera resultados prácti­
cos. Su primer cronómetro (que si­
gue funcionando hasta el día de hoy
en el Observatorio de Greenwich) fué
fabricado en respuesta al ofrecimien­
to por el gobierno británico de una
recompensa de £ 20.000 a quien inven­

E

tara un mecanismo capaz de establecer
el meridiano de longitud alcanzado por
una embarcación al cabo de seis se­
manas de navegación, con una tole­
rancia de 30 millas. El cronómetro de
Harrison sobrepasaba en precisión a
todos cuantos relojes se hubiesen fa ­
bricado hasta entonces, ya que su mar-

n

La etapa final en la fabricación
de relojes de alta precisión.

gen de error no excedía de tres segun­
dos diarios.
Pero además de estos nombres fa ­
mosos, debemos tener en cuenta la exis­
tencia de una industria sólida y flo ­
reciente, aunque su organización y sus
tradiciones tenían más afinidad con
las antiguas corporaciones medieva­
les que con los modernos métodos in­
dustriales que poco a poco se fueron
imponiendo en el mundo entero. El
viejo artesano, debido a su resistencia
congénita a las innovaciones, suele ser
tildado de obtuso y obstinado, pero
debemos dejar constancia de que, en
muchos casos su resistencia se debía a
las dudas que suscitaba la posibilidad
de mantener la tradicional calidad de
un artículo con métodos y técnicas cu­
yas ventajas aun no habían sido de­
mostradas.
Forzoso es reconocer que, en un

R.

A.

WEEK.S

tales como mecanismos utilizados en
principio, la calidad de los relojes fa ­
los torpedos y bombas de tiempo, y
bricados a máquina dejaba mucho que
desear si se los compara con las pie­ los innumerables instrumentos sin los
cuales la aviación moderna no puede
zas que produjeron los viejos artesa­
nos, con sus métodos lentos y anticua­ desarrollar eficazmente sus actividades.
El futuro enemigo de Gran Bretaña
dos, pero producto de una experiencia
comenzó, pues, a ampliar su industria
y de un amor propio a toda prueba.
Por otra parte, la resistencia no se relojera, llegando a exportar relojes
limitaba a Gran Bretaña, pues igual
cosa ocurría en Suiza y en Francia.
El primero de dichos países, empero,
se convirtió rápidamente a los nuevos
métodos de producción, aprovechando
y perfeccionando todas las innovacio­
nes, y creando una nueva industria
que nada tenía que envidiar a la pro­
ducción de los antiguos artífices. En
Gran Bretaña la fabricación de relojes
nunca había revestido la misma impor­
tancia que en Suiza, dentro del cuadro
general de su producción, y aunque la
producción continuó, la adaptación a
las nuevas condiciones fué lenta y
tardía.
Innumerables relojes de pie, cronó­
metros, y otras piezas de fabricación
británica «prueban que la industria re­
lojera no cesó en ningún momento sus
actividades, y que la calidad de su
producción se mantuvo en todo mo­
mento a un alto nivel. Se trataba,
He aquí una serie de relojes
empero, de relojes que no estaban den­
en una fábrica británica.
tro del alcance de la mayoría de la
población y esto ocurría en momentos
a Gran Bretaña a precios que no al­
en que una masa cada vez mayor de
hombres y mujeres del pueblo sentía canzaban a cubrir el costo de produc­
la necesidad de adquirir relojes de pre­ ción de los mismos.
El efecto de esta medida fué poco
cio moderado; por lo tanto, Gran Bre­
taña no tuvo más remedio que impor­ más o menos el que se buscaba. Im­
tarlos del extranjero, y su propia in­ pidióse el desarrollo de la industria
británica, salvo en una sola dirección,
dustria comenzó a declinar, hasta lle­
gar a poco menos que a una extinción y aquélla fué la especialidad de los
relojes eléctricos sincronizados, en la
total hacia 1930.
Al año siguiente se constituyó la cual los fabricantes británicos realiza­
ron extraordinarios adelantos, ayuda­
Asociación Británica de Fabricantes
de Relojes en un postrer esfuerzo por dos por el incremento que fué toman­
salvar a la industria, pero ya entonces do la electrificación en Gran Bretaña,
otras fuerzas comenzaron a ejercer su la que aseguró un amplio mercado pa­
influencia. Hoy resulta evidente que ra la producción de relojes eléctricos,
Alemania comprendió hace muchos los que se fueron imponiendo igual­
años la importancia de una gran in­ mente en todas partes del mundo.
No obstante, el desarrollo de la in­
dustria de relojería para el caso de
dustria en esta única especialidad no
una nueva guerra mundial, dada la
facilidad con que puede adaptarse a fué suficiente para salvar a Gran Bre­
la fabricación de muchos artículos in­ taña de una situación sumamente crí-’
tica al iniciarse la pasada guerra en
dispensables para la guerra moderna,

1939. En los primeros meses se vió
obligada a utilizar granadas a percu­
sión, de escaso efecto comparadas con
las granadas de tiempo, las que tam­
bién resultan más económicas. Ingla­
terra hubo, pues, de crear toda una
nueva industria, pero al terminar la
guerra había aprendido una lección
que ya no olvidará fácilmente: la im­
portancia de una buena industria re­
lojera en caso de guerra.
La tarea actual consiste principal­
mente en "reconvertir” las industrias
de guerra para las necesidades de la
paz, lo que significa modificar muchas
máquinas y reemplazar otras. Lo que
es indudable empero, es que, gracias a
la labor intensiva de los años de la
guerra, Gran Bretaña ha preparado
un cuerpo de técnicos y especialistas
que no tiene rival en el mundo, y que
servirá de valiosa base para la insta­
lación de las nuevas fabricas, las que
contarán, por otra parte, con el amplio
apoyo del gobierno en lo que respecta
a facilidades para su instalación y
prioridades en el suministro de mate­
riales, mano de obra, etc.
También es evidente que existe una
gran demanda mundial de productos
de la industria relojera, y que las fá­
bricas británicas dispondrán de am­
plios mercados internos y externos pa­
ra la colocación de su producción. No
se trata tan sólo de recuperar el tiempo
perdido llevando la producción al ni­
vel de preguerra y luego mantenerlo,
sino también de satisfacer la demanda
de países que hasta ahora estuvieron
sólo medianamente desarrollados, y
también de reemplazar a las industrias
de aquellos países que no podrán vol­
ver a competir en el mercado mundial
al menos durante varios años.
Por lo pronto, Gran Bretaña cuenta
con un valioso plantel inicial consis­
tente en 45 fábricas especializadas, cu­
ya producción bastará para cubrir las
necesidades internas y exportar irnos
tres millones de relojes por año. A n­
tes de 1939, Inglaterra importaba unos
cinco millones de relojes y repuestos
por año, de manera que la producción
calculada es de unos ocho millones de
unidades, cifra que será alcanzada al­
rededor de 1948, si no antes.

LA BELLEZA Y EL SENTIDO PRACTICO
Por
HARRY

TRETHOWAN

La porcelana británica fina, tal como
historia de la cerámica y de los cela que sale de muchas bien conocidas ma­
j ramistas es tan vieja como pueda
serlo el mismo tiempo, y perpetúa las nufacturas — entre las que figuran Min­
ton, Royal Worcester y otras— , no ha
costumbres, usos y maneras de las gentes
sido aún superada en ninguna parte del
de todos los países y todos los periodos.
mundo. La destreza de la mano de obra,
La historia de la cerámiea inglesa es, a
la excelencia de la calidad y la belleza de
)a vez, fascinador y emocionante relato
las formas no han perdido nada de aque­
del proceso de desarrollo de un primitivo
llas cualidades que dieron fama mundial
arte rural que llega a convertirse en una
a la porcelana británica de hueso. En
gran industria. Los artífices de hoy son
este orden de la cerámica encontramos en
continuadores de un arte que, a lo largo
la exposición hermosísimos diseños.
de los siglos, ha venido transmitiéndose
También de Longton, donde se produce
de unas a otras generaciones. Y las acti­
porcelana para grandes masas de compra­
vidades industriales y comerciales de la
porcelana siguen to­
d a v ía realizándose
b a j o lo s a p e l l i ­
dos que tanto pres­
tigio alcanzaron en
otras épocas: Adams,
W e d g w o o d , Copeland, Spode, Minton
y Doulton.
La industria ce­
rámica del R e in o
Unido presenta hoy
un cuadro de acti­
vidad no superado
por ninguna o tr a
clase de manufactu­
ras, aunque todas
están hoy dedicando
su máximo esfuerzo
a la reorganización
y reconstrucción de
postguerra.
A

1

La p rim era tetera
que
Wedgwood
h izo para su m u jer

Los utensilios de
mesa tienen que ser
adecuados a la mi­
sión que se les asig­
na, y los antiguos
artesanos lograron esto con toda plenitud.
Ror eso, nosotros seguimos usando hoy
exactamente el mismo modelo de la pri­
mera tetera que Josiah Wedgwood hizo
para su mujer — quien, diche sea de paso,
estimó que Josiah había obrado con gran
acierto— y que aun no ha sido igualado
por ningún otro. Y así, una y otra vez,
nos encontramos con las diestras realiza­
ciones de los alfareros de otros tiempos.
En la obra de los descendientes de Wedg­
wood seguimos hallando la huella del ge­
nio de éste. En la exposición industrial
que se está celebrando en el Reino Unido
hay trabajos que no tienen por qué temer
la comparación con las viejas colecciones
permanentes del museo en que se han alo­
jado las instalaciones de "Lo que puede
hacer la Gran Bretaña”.

dores, nos han llegado buen^ calidad,
nuevos diseños y pruebas de nuevas y me­
ritorias orientaciones. Y la cacharrería
de barro. cubre un amplio y variado
campo.
En la exposición, se presentan nuevos
procesos de decorado, se ve la mejora de
los viejos sistemas y la calidad tiene to­
das las condiciones de uso que son esen­
ciales. Los diseños siguen líneas conve­
nientes, nada se toma de prestado aunque
se busque inspiración, y si a los diseña­
dores se les da libertad de expresión, jus­
tas bases de trabajo y oportunidades de
mantenerse al corriente y en contacto con
el mundo, el porvenir llegará cargado de
halagüeñas realidades.
Es interesante observar cómo se man­
tienen las tradiciones de las viejas em­

presas a través de los nuevos procesos, del
crecimiento y de la adaptación a las mo­
dernas necesidades. Esto se manifiesta de
forma muy clara en la alfarería de Bristol, que nos retrotrae al siglo xvn y nos
recuerda la loza fina de ese nombre. En
los últimos diseños, y de una manera casi
imperceptible, se mantiene viva la vieja
tradición.
Bello y útil
Todos conocemos la porcelana y todos
usamos los cacharros de loza, pero la por­
celana a que vamos a'referirnos — Bullers
of Milton, Stoke-onTrent— merece es­
pecial mención. Se
trata de un material
creado para usarlo
como aislador. No
sólo se emplea para
producir bellas f i ­
guras, vasos y platos
con la calidad y el
encanto de la porce­
lana china, sino que
sirve para cacharros
de horno por su gran
resistencia a las tem­
peraturas. Se t r a ­
ta, por tanto, de
un p r o d u c t o que
además de ser be­
llo puede d e s e m ­
peñar papeles miry
útiles.
De Derbyshire y
otras partes de In­
glaterra vienen los
ja r r o s , escudillas,
b o t e lla s , cacharros
p a r a el h o rn o y
otras piezas de al­
farería de uso do­
méstico.
La industria cerámica del Reino Unido
se ha comportado muy bien desde la ter­
minación de la guerra, y no tiene por qué
temer al futuro si, como se dice en el in­
forme de la Comisión de Investigación
Industrial — recientemente publicado— , si­
gue manteniendo la alta calidad de los
materiales y un elevado nivel de pericia
artesana.
Si se la llegase a mecanizar por com­
pleto, la industria de la cerámica perdería
su alma. La mano y la vista continúan
desempeñando en la producción un papel
de capital importancia. El espíritu huma­
no, inspirado para moldear con las manos,
el barro, de que todos provenimos, debe
seguir gobernando, las formas de belleza,
sin las que la Vida no valdría la pena
de ser vivida.

LA IMPRENTA LOPEZ
es la primera organización creada en HispanoAmérica- dedicada exclusivamente a la impresión
de libros. Su participación en la creación de la indus­
tria editorial argentina ha sido decisiva. Su nombre
como impresores, unido al de los editores, marca una
etapa culminante en la historia del libro argentino.

E l arte y la técnica de la IM P R E N T A LO P E Z
en conjunción maravillosa realizan el milagro de
producir las más bellas y cuidadas edicio­
nes, tanto de lujo como populares,
a precios

convenientes, pues

su especialización le per­
mite dar calidad
sin aumentar
el costo.

IMPRENTA LOPEZ
A l servicio del libro

PERU 666

•

B U E N O S AI RES

�c a b a lg a t a ®
MODELOS

DE

JAUMANDREU

Soirée de reminiscencia griega en crepe
moiré celeste, detallado con bordados de
azabache negro en el cinturón y una
manga.

PARA

LA

ACTRIZ GOLDE

Levitón y falda en gabardina ocre. Accesorios en marrón
rojizo,

tier renace en sus diversas formas, pe­
ro menos severo, menos duro para el
rostro que en años pasados; sus bor­
des son ahora curvos, irregulares, ro­
deados muy a menudo de tules ligeros
o guarnecidos de flores y frutos mul­
ticolores; dentro de la cierta frecuen­
cia con que se le encuentra en las
colecciones veraniegas es realmente en­
cantador el sombrero de este tipo, cu­
ya copa queda escondida bajo una ma­
ravillosa sinfonía de colores: jacintos,
primaveras, botón de oro, violetas, ceezas, margaritas, hacen creer que el
oinbrero nació en el curso de un pa­

FLAMI

EN "U N

Sombrero que acompaña el modelo anterior, en
marrón, con pájaros en pluma rosa y ocre.

T E N D E N C IA S
1946-47
*

paja

que la amplitud, marcada en la blusa por
pliegues que nacen a la altura de los hom­
bros, se continúa en la falda "voladora”
tras "tomarse” en un ajustado cinturón,
detallado con piedras marrones y verdes.
Rayados discretos para este año,
atenuados y embellecidos por las
combinaciones aue la moda de "paneaux”
y la línea de las mangas permitan: grandes
elogios provocó en París un conjunto de

O

MARIDO

IDEAL”

Conjunto de capa y falda en lanilla ne­
gra. Chaleco en gros rosa con medallas
antiguas originalmente dispuestas. Som­
brero negro con velo en rosa.
plisée y chaquetas abotonadas en conjun­
tos de piqué o de tusor en colores claros,
casacas muy cortas destacando la cintura,
y faldas rectas. Por cierto que nunca
como este año ha sido tan variable el
largo de los sacos tailleurs; mientras Patou impone con éxito una larga casaca
abotonada, C'hanel, con no menos suceso,
nos muestra una corta chaquetilla apenas
lo suficientemente larga para destacar lo
fino del talle.

UNA PAGINA
DE
Jaum andreu
CIZÁ los cambios que la moda intro­

Q

duce año a año no salten siempre
a primera vista, pero si se anali­
zan, se nota que ellos están, en lo que a
líneas se refiere, basados en la modi­
ficación de la línea de la silueta y en
la combinación de
telas y tonos en lo
que toca a colores.
Este año, los pun
tos básicos de la
moda femenina es
tán perfectamente

E l Canotier
y los Sombreros
de Verano
sombrero no es un simple acceso­
rio: es tan importante para marear
una moda y una época, como el largo
de la falda o la altura del talle. Es
fácil que olvidemos muchas cosas de
una época histórica importante, pero
podemos siempre describir el "fieltro”
adornado de medallas de Luis X I, y
es precisamente por sus sombreros que
reconocemos a Robín Ilood, o a "Le
Chaperon rouge” y el "panache” blan­
co de Henry IV .
Sabemos que la moda debe ser so­
bria y sentadora. La verdadera ele­
gancia no permite excentricidades; ha
encontrado, como debe, su equilibrio y
su mesura. Estar "bien vestida” hoy
día, es tener un pequeño "ensemble” ,
bien confeccionado, práctico, y sobre
todo que se pueda lucir en las más
diversas ocasiones. Es justamente el
sombrero el que nos destaca la juven­
tud y el encanto de una mujer y el
que nos recuerda que estamos en la
primavera, poniendo una nota de ale­
gría, un poquitín irónica, sobre la gra­
vedad de la época en que nos ha to­
cado vivir.

E

l

Por cierto que los modistos se han
compenetrado perfectamente de la va­
riación enorme, aun no comprendida
por los demás en toda su profundidad,
que la guerra y la exaltación nerviosa
continua han impuesto a la vida dia­
ria, creando tocados y sombreros de
rara belleza y de no menos rara "practicidad” , que se pueden lucir de me­
diodía a medianoche, como un "tailleur” o un modelo simple.
Este año son claros y alegres, blan­
cos, rosa, rojos, celestes, verdes; y ello
responde ciertamente a una necesidad
fisiológica. La naturaleza, después de
la tristeza gris del invierno, toma en
primavera el color vivo de las hojas y
las flores. En fieltro, en paja, en
piqué, en géneros de vivos coloridos,
los sombreros tienden hoy a ser más
bien pequeños destacando el encanto
de los peinados, más juveniles y sim­
ples que nunca este año; así el cano­

falda y casaca de gros en rayado fino
blanco y negro, para usar con blusa de
color oro.
El reinado de las capas, largas
o cortas, permite variaciones atrevi­
das al combinarse telas fantasía: cuadrillés, por ejemplo, y lisos, en las diferentes
piezas de un ensemble: falda y capa en
cuadros negros sobre fondo gris, blusa de
tusor rojo sangre en un bonito conjunto
para sport.

O

La c o m b i n a c i ó n de imprimées
con telas lisas, con preferencia os­
curas, permite efecto de alto talle en un
soirée de Molineux, de falda de crepé
violeta y blusa estampada en oro y blan­
co; o de silueta graciosamente juvenil en
un modelo de noche, do blusa de jersey
de seda azul y falda en rojo, blanco y
blue.

O

seo por el jardín del ensueño. Pero,
no menos elegantes resultan los ador­
nos, siempre adaptados a los "eanotiers” de tules voladores; adornos de
blonda y de broderies rodeando la co­
pa, mantillas que caen sobre la espalda
en graciosa reminiscencia española; o
velos de gasa tenue y clara cayendo
con estudiada negligencia a guisa de
echarpes; o en no menos llamativos
adornos en géneros y "tissus” multico­
lores que caen en moños o en gracio­
sas cascadas a un costado y que tienen
la comodidad de poder ser cambiados
o variados de acuerdo con el tipo y co­
lor de los modelos con que se los lucirá.
Pero, naturalmente, tan prácticos y
simples como el eterno y triunfante
canotier, los turbantes de jersey de
seda o de lana gozan siempre del fa ­
vor femenino. Ellos acompañan "en­
sembles” de sport o modelos de vestir,
según ‘ que sean sencillos en forma y
color o de género y líneas rebuscadas.
Y . . . lógicamente, puesto que el som­
brero ha vuelto a reinar destacando
la elegancia de una mujer, los mo­
distos proponen muchísimas líneas y
estilos para las diversas horas: enor­
mes capelinas, revueltos de tul y en­
caje, cascadas de flores en los tonos
más encontrados, moños y diademas se
disputan a la hora del cocktail y a la
noche, la hegemonía, que, dentro de sus
variaciones tiene para sí el canotier
en todo momento.

El “ tailleur” domina toda la mo­
da del día, y nos encontramos con
variaciones lindísimas este verano; faldas

O

La nueva línea de los drapeados
permite equilibrar de otra manera
la silueta; los modelos de reminiscencia
griega están en auge, pero no el drapeado
fijo , perfecto, que París nos mostrara en
anteriores temporadas. H oy reina la tú­
nica simple, ligera, que permite adivinar
la belleza de un cuerpo entre el movi­
miento "no estudiado” de sus pliegues.

O

Los escotes enormes, atrevidos, rodeados de volados frescos y juveni­
les, de grupos de flores o que permiten el
uso de joyas, constituyen la mayor'a de
las veces el principal encanto de un mo­
delo de cocktail o de noche.
CM

El blanco y el negro al unirse
logran la combinación de colores
de más éxito, realzada muy frecuente­
mente con una nota de color, como en una
muy femenina creación de Jaumandreu,
de falda amplísima, para la noche, en en­
caje negro y organza blanca, sirviendo
de marco a un ramo de rosas rojas sobre
la cintura.
| [l) Ingeniosos detalles permiten alargar la línea del corsage en los
vestidos de noche, dando así la sensación
de "siluetas altas” ; Bruyere aconseja una
incrustación de satin bianco, en un sen­
cillo vestido de comida en satin negro.

estab lecidos y se
desprenden de las
creaciones m á s o
m e n o s llamativas
que los g r a n d e s
"cou tu riers” h a n
m ostrado:
■ B

Detalles y costuras tienden, sobre
todo en los "tailleurs” a dividir el
alto total de la silueta en dos partes
iguales; esa división se marca más que
nunca este año, por el reinado de los gran­
des bolsillos que, continuando la línea del
corsage caen sobre la cadera, y por el
uso de telas opuestas para la falda y la
chaqueta. Piguet, por ejemplo, nos mues­
tra pará la noche una encantadora com­
binación de casaca clásica en raso marrón
rojizo y de pollera recta de jersey de lana
en un tono más claro.
mM

Oorsages ablusados, tratados en
forma muy "suple” por la cantidad
de pliegues y drapeados que impone este
año la moda, destacan la belleza de una
cintura fin a: Magu Rouf creó un modelo
para tarde en jersey de seda ocre, en el

�MI MCA

© c a b a lg a ta

DIALOGO DE LAS COMADRES DE EFESO
Por
Pepclcmoko: ¡Eh,'ti'i, suéltala! ¡Vamos,
mujer, quieta! ¡Tú, déjale los pelos! ¡Tú
también, abajo esa rueca! ¡Quietas, di­
go! ¡Acabaréis ya?
Pilone ma: Es que ésta .
Melisma: ¡Y o q u é ? ... ¡ Y tú, acaso, y
tu perro m a rid o ?...
Pe pele m o lo : ¡Basta, basta! Y vosotros,
marchaos. Hasta a los cesteros del mer­
cado alborotáis, so comadres. ¡Basta, di­
go! ; Y a qué tanto arrebato? Melisma,
ésta no es tu casa. ¡ Por qué viniste aquí
a pelearla ?
Melisma: Es que donde no llega la ma­
no alcanza la lengua, y si yo vine es
porque ellos vinieron antes con palabras e
injurias. Mi marido bastante bueno es,
que tres dracmas le pagaron en casa del
aceitero para tocar en la boda, y no tie­
ne por qué decir, el marido de ésta, ni
escribirlo en las paredes que lo lean los
que no estuvieron, que tocó mal y que
sobraba con un óbolo dado de lástima
para pagarlo, y que no hay peor soplador
n i. . .
Pilónenla: Y dijo bien, y es cierto, y
yo lo repito, y tú te callas, aunque no te
dé la gana, y ya me traes cansada, y te
marchas y se acabó. ¡ Quieres que lo re­
pita? Y te me callas, que si no, cojo el
cántaro yx . .
Melisma: Pues no me callo, y no. Por­
que si fuera cierto — que no lo es— que
mi marido tocase mal, ¡qué tiene el tu.ro
que andarlo diciendo?
Phonenia: Chillarías más si no lo nom­
braran. Ya os conozco, a vosotros. Que
un día unas uvas, otro aceitunas, o pa­
sas. o higos secos, y después otro d ía :
"M i hija Melitta toca los címbalos come
nadie en todo el Pcloponeso. ¡N o podrías
ponerle unas palabritas en la muralla
oeste, para que la invitaran a tocar en
alguna fiestita?” O bien: "M i marido — o
tu hijo, o tú o tu misma abuela— toca,
baila o cantamos como las nueve j intas.
No estaría mal que se supiera por ahí. . . ”
Y en la calle: "¡H ola , mis ojos! ¡Queri­
da, querido! ¡Qué gusto, qué honor!
¡Cuánto de bueno por aquí!” Y en el
concierto: "¡A q u í, aquí, a mi lado! ¡Qué

-

DANIEL

mal toca éste! ¡Qué poca escuela tiene!
¡Y o, en cambio, voy a tacar tres nomos
citaródieos con crótalo obligato, que hay
que oírme! Vendréis, ¡cierto?” Y luego
por megáfono: "¡H ola , que es hov, en
el ( “olisco! ¡N o vayáis a f a l t a r ! . . . ” Y
después, la grita: "¡Q u é cinco líneas!
¡qué dos epítetos! ¡A mí! ¡y o! ¡Válgame
Zeus!” que no hay quien os aguante.
Melisma: ¡Y eres tú quien se queja?
De mí podrás, que nunca te mandé nada,
ni te mandaré. ¡Buen jugo sacáis a los
otros! Oís siempre sin pagar, vais a to­
dos los convites, coméis de todo y por
cuatro, y abrís más la boca, para comer
y chismear, que la oreja. ¡ Y a qué abrir
las orejas, en verdad? No sabéis distin­
guir la.m ese de la hipate, ni un modo
de otro, que si lo supierais estaríais to­
cando, y no escribiendo cuentos. Y como
no sabéis de música, hay que hablar del
traje, del anillo del tañedor, del collar
nuevo de la bailarina, de la decoración
del salón y de alguna migaja que pes­
cáis a quien por casualidad sepa de algo.
Y por todo eso agasajo y festejos, y de
las aceitunas y las uvas tú hablaste, que
no vo.
Phonema: No sabes lo que te dices. Te­
nemos que oír a treinta como tú y marido,
todos los días: ¡te parece poco? ¡N o te
me acerques! Y luego, usar la lengua, y
no es fácil. Es difícil decir y más difícil
callar. ¡Qué sabrás tú de eso! Nos con­
vidan, y hay que contentar a los que dan
la fiesta’, también, que si no no nos se­
guirían empleando: "N o se puede decir
tal cosa de éste, ni tal otra de aquél.
Piensa lo que pueden hacer aquéllos, si
se enojan por esto que dices.” Y así todos
los días. No es fácil salir de estos pasos,
ni pueden pagarlo siempre los más débi­
les. Ya sé que a veces basta decir: "Este
sícoro es como un dios cuando.toca la cí­
tara” para que todos los rascatripas de
Grecia rabien como cochinos, y es bastan­
te hablar de la soltura escénica, de Safo
y de su habilidad sobre la lira para que
Bilitis eche los hígados de despecho. Pero
hay que estar siempre listos para que una
como tú venga a gritarnos a la puerta

CALENDARIO RETROSPECTIVO
1801. Nace en Catania Vincenzo
Bellini. "Bellini, pobre, es verdad, en
la armonía y la instrumentación,
pero rico de .sentimiento, y de un
t i n t e melancólico verdaderamente
personal. Aun en sus óperas menos
conocidas, "La ¡Straniera” , "II P i­
rata” , hay melodías largas, largas,
largas, como nadie las hizo antes
que él. ¡Y cuánta verdad y potencia
de declamación, como en el duetto
entre Pollione y Norma! Y qué al­
tura de pensamiento en la primera
frase de la introducción de "N or­
ma” , seguida ¡tocos compases después
por otra frase, mal instrumentada:

8

9

2

3

4

6

■

Pero nadie hizo nunca otra tan ce­
lestial.” (Carta de Verdi a Camilo
Bellaigue.)
1789. Estreno de "Die Hochzeit des
Fígaro” ("Las bodas, de Fígaro,
ópera cómica libremente imitada del
francés” ). Su autor, Karl Ditters von
Dittersdorf, agrio rival de Mozart,
cumplía ese mismo día cincuenta
años.
1899. Representación de "La novia
del Zar” , de Rimsky Iíorsakov, en
Moscú. "Me molestaron extremada­
mente los cortes. El sexteto del ter­
cer acto y el trozo de conjunto cuan­
do María se desvanece habían sido
suprimidos. Pedí explicaciones al di­
rector de orquesta, Souk, excelente
músico por otra parte. Me contestó
que en Kharkov habían querido mon­
tar "La novia del Zar” lo más rápi­
damente posible, y habían hecho cor­
tes con este fin. Siempre el mismo
pretexto: en realidad sólo se trata
de pereza y negligencia. Nadie pien­
sa en la impresión global de la obra.
¡A qué tomarse el trabajo de estu­
diar un sexteto cuando se lo puede
suprimir? Salteándoselo, se estudia
antes la ópera, y se recibe antes el
dinero del público. El público paga
el mismo precio con o sin sexteto.
Los críticos amigos no conocen la
ópera, y serán tan elogiosos con sex­
teto como sin él. Los críticos ene­
migos la denigrarán de cualquier ma­
nera." (Rimsky Korsakov, "Diario
de mi vida musical” .)
1901. Estreno de "Le voile du bonheur” , drama chino de (Jeorges Clcnienceau, con música de escena de
Gabriel Fauré. "Durante la fiebre
del ensayo general, Fauré se acerca
tímidamente al sobreexcitado Clcmenceau ¡tara preguntarle cortésmente si todo está bien, sí la música es
de su agrado, etc. Entonces el Tigre
le contesta, con tono regañón y dis­
traído: ¡Perfecto, perfecto! ¡N o se
ove nada!” (Claude Rostand, La
obra de Fauré”.)
1494. Nace en Nuremberg Hans
Sachs, zapatero, maestro cantor y
futuro héroe wagneriano.
Muere en 1(».1G en L i s b o a Don
Juan IV, rey músico de Portugal.
1805. Estreno de "Kovanchina”, de

10

11

12

13

,

14
15

Musorgsky, en San Petersburgo. "Las
mujeres salen dol bosque, cubiertas
con un sudario, con un cirio en la
mano; una grita, estridentemente:
¡Mirad la muerte que se acerca!”
(Fragmento de una carta de Mu­
sorgsky a Stasov, describiendo la
escena final de "Kovanchina” .)
1890. Mocre en París César Franck.
Unos meses antes, el 19 de abril, se
daba la primera audición de su
"Cuarteto” ante un público entu­
siasta. "Y al día siguiente, orgullosísimo de ese primer éxito ( ¡a los
sesenta y ocho añ os!) nos decía in­
genuamente: Vamos, ya el público
empieza a comprenderme.” (D ’Indy,
"César Franck” .)
1920. Se estrena en Dresden "Car.
dillac” , ópera de Ifindemith basada
en "Los invisibles” de Hoffmanu.
1G68. Acta de bautismo de 3a "Opé­
ra” francesa. El abate Perrin obtiene
de Luis X IV el privilegio de fundar
una "Académie de Musique” .
1598. John Dowland es nombrado
laudista del rey Cristián IV de Di­
namarca, recibiendo la crecida suma
de 500 táleros por año. "He estado
mucho tiempo privado de vuestra
presencia — escribirá en 1G12 en la
dedicatoria de su última obra, "El
solaz del peregrino,” , a lord Walden— recibiendo en un clima extra­
ño un salario regio que nunca pude
alcanzar en mi propio país.”
1908. Se estrena en Viena "El sol­
dado de chocolate” de Oscar Strauss.
G. B. Shaw — cuya obra "El héroe
y el soldado” sirvió de liase para el
libreto de la opereta— rehusó cobrar
sus derechos de autor por no estar
de acuerdo con la música de la
pieza.
Nace en 354 en Tugaste, en Africa,
San Agustín, autor de un tratado in­
concluso sobre la música. "Oscilo en­
tre el peligro de la voluptuosidad y
la experiencia de la salvación. Cuan­
do llego a emocionarme más por el
canto que por el sentido de las pa­
labras cantadas, me atuso de un
grave pecado, y quisiera no haber
oído al chantre... Poro al recordar
esas lágrimas que vertí en los pri­
meros tiempos de mi fe reencontrada,
y considerando que ahora ya no me
mueve el canto mismo, sino el con­
tenido de la pieza cantada, cuando
la ejecuta una voz dúctil y con con­
venientes modulaciones, reconozco la
gran utilidad de esta institución.
Apruebo la costumbre de cantar en
la iglesia, para que así, por medio
del placer del oído, el alma débil se
levante hasta la verdadera piedad.”
(San Agustín, "Confesiones”, dos
pasajes del libro X, cap. 33.)
1900. Nace en Brooklyn el campo,
sitor americano Aaron Copland.
Muere Cristóbal Wilibald, caballero
de Gluck. La lápida de su tumba
fué reencontrada en 1844, partida
por (d medio. Rezaba: "Aquí yace
un honrado alemán, buen cristiano y
marido fiel, Cristóbal, caballero de
Gluck, maestro en el arte de la mú­
sica, muerto el 15 de noviembre de
1787.”

Acaba
de
aparecer

DEVOTO

porque se le antoja dar escándalo, en
vez de1aceptar buenamente la opinión del
que sabe.
Melisma: Vine porque sé lo que hago
más que tú lo que dices, y otro gallo nos
cantaría si todas hicieran lo que yo, y
volveré •todas las veces que sea menester.
Tú y tu marido — que no lo veo, que sal­
ga, que me está oyendo tras la puerta—
sois dos lenguatones, y no otra cosa, que
habláis a falta de algo mejor que hacer,
y mal, y sin saber una ota de lo que os
decís. Sobran en la ciudad los que son
como vos, y si os juntaran a todos no ha­
ríais ni medio músico con un poco de gus­
to ni medio maestro con algo de imagina­
ción. Y si es fácil engañar a los que nos
oyen focar y no se atreven a decir palabra
sin guiarse por las vuestras, y se están
un día con la lengua quieta y sin salir a
la calle por que no les pregunten hasta
saber lo que tienen que decir, esos que os
siguen la corriente ignoran que vale más
un error sincero que una verdad — si al­
guna vez la decís— postiza y sin digerir.
Os valéis de tres cosidas mal mechadas y
un poco de ignorancia presuntuosa y ya
está, sin querer recordar que no sois ca­
paces de hacer lo que hacemos. Y basta.
Y te cuidarás mucho, en adelante, tú y
el que está tras la puerta, por lo menos
a mí y a mi marido, de corrernos detrás.
No será el mío un método de crítica, me
dices, pero sí es una muestra. Y ya sabes,
y ándate derechiía, y me saludarás cuan­
do nos veamos por esa calle.
E scolio. Este diálogo anónimo de bajísim a latinidad, fuertemente impresiona­
do por los del samosateno, fué publicado
por primera vez a comienzos del siglo
por Levy-Bruhl, con traducción italiana.
Aun reconociendo (por lo menos en cier­
tos pasajes) un marcado airecillo apó­
crifo, reproducimos casi textualmente su
directo estilo coloquial, limitándonos a
señalar algunas curiosas concordancias:

•

"También escribí en el "Gil Blas” du­
rante el año 1 9 0 3 ... Eué una aventura
en la que conocí tipos bastante curiosos
y horas poco agradables, obligado como

x

N

O

T

I

NOVIEM BRE
1

/ --------------------- ---------- ^

estaba a informar sobre toda clase de
música. . . ” (Claudio Debussy, carta a
G. Jean-Aubry.)
"No irritar al "patrón” , que los envia­
rá a vituperar a otra p a rte.. . Cuando ha­
blen de los autores, señores críticos, no
olviden jamás que sin ustedes ellos conti­
nuarían escribiendo sus obras, pero que,
si no escribieran, ustedes sí que no escri­
birían. No les hablen entonces en tono
m a gistra l..., y como si ustedes fueran
capaces de hacer algo mejor. Todo el
mundo sabe que no es así, y ustedes me­
jor que nadie, porque en secreto lo han
tentado, sin conseguirlo.” (Marcel Pagnol,
"Crítica de los críticos” , en "Opéra” , n?
(¡7.)
"En esta ciudad (Berlín) hay muchos
críticos, lo que no contribuye en modo al­
guno a depurar el gusto o la imaginación
de los artistas.” (Burney, "The present
state of music in Germany, the Netherlands, and United Provinces” , 1773.)
"Y así terminó la historia. Tiene su
moraleja. Que la cr.tica musical confia­
da a un músico militante, a pesar de los
"pesares” y habilidades de los del oficio,
no es posible en esta "cubila con pre­
tcnsiones” de nuestro país. Se consen­
tirá de buen grado que la escriba cual­
quiera que no sea músico y, para el
caso, sera bien recibido el más indocumen­
tado en estas materias que se presente;
y aun la indocumentación es condición re­
comendable, así para el público indocto,
en general, como para el que se mete en
tales bregas de las cuales se sale bien li­
brado con cuatro generalidades vacías de
sentido común, y un poco de trastienda.”
(Felipe Pedrell, "Jornadas de Arte”.)
A pesar de tales concordancias, la au­
tenticidad general del diálogo es inobje­
table. Cualquiera coincidencia con casos
y cosas de nuestro ambiente musical no
pasará de ser una mera casualidad, y quie­
nes la establecieren serán debidamente
pasibles de persecusión legal por Anacro­
nismo.

C

I

A

S

muerto hace treinta años — el 24 de mar­
zo de 1916 a las tres de la tarde— en
el naufragio del "Sussex” ,
torpedeado
per un submarino alemán.
" * Falleció en Londres, a los 78 años de
edad, el compositor y director de orques­
ta Sir Granville Bantock — que una noti­
cia necrológica se obstinaba en llamar
"Bantack”— . Su producción oscila ca­
si continuamente entre las seducciones
orientales y las ríe canto escocés. Corres­
pondo a Bantock, nacido en Londres el
, ~ de agosto de 18G8, el mérito de haber
abandonado, antes que sus compatriotas,
una tradición musical que sólo salía del
neoclasicismo mendelssolmiano para arro­
jarse en los brazos del de Brahms. Gran­
ville Bantock abrió las puertas a nuevas
corrientes iniciando un nuevo período en
el arte musical de su país.

Granville Bantock.
*** Nuestra compatriota Marisa Regules
ha reiniciado sus actividades musicales
en Estados Unidos, donde permanecerá
hasta fines del mes de abril próximo,
trasladándose luego a Europa. Marisa
Regules cuenta volver a la Argentina en
1948.
*** Gyorgy Sandor, el notable pianista
húngaro, ofreció un ciclo de cuatro con­
ciertos en el Teatro Colón. Actuó, ade­
más, con el director Jaseha Horenstein
ejecutando los conciertos n- 2 de Rachmaninoff y n" 1 de Liszt para piano y
orquesta, y realizó un recital en la Aso­
ciación Wagneriana.
En este último
ofreció una pulida versión de la "D an­
za criolla” de Ginastera.
*** El domingo 3 de noviembre se eje­
cutaron en los Conciertos Pasdeloup al­
gunas obras del compositor chileno Aca­
rio Cotapos, quien residía últimamente
en la Argentina. El maestro Cotapos
partió para París el 3 de octubre pasado,
a fin de asistir a la audición de sus
obras.
•** Ricardo Muñoz, cuyos estudios sobre
la guitarra, su historia y su literatura
son ampliamente conocidos, presentó en
el Teatro Nacional de Comedia, el 14 de
octubre, una guitarra construida con ma­
deras del país. La disertación del señor
Muñoz, becario de la Comisión Nacional
de Cultura, fué seguida por un acto de
concierto a cargo de María Luisa Anido,
quien tocó en el instrumento mencionado,
y el cuarteto de cuerdas Pessina.
*** En un concierto auspiciado por los
Centros de Estudiantes dp Ingeniería y
Filosofía y Letras, la cantante Concepción
Radía ofreció en primera audición los cin­
co "Romances viejos” de Carlos Suffcru
para voz, arpa, flauta, viola, timbales y
batería. Cinco textos del romancero espa­
ñol sirven de base a esta bella serie: l)urandartc, El prisionero, Yo me era mora
Moraima, un romance del ciclo de Tristón
e Isolda, y LS constancia.

***La Sociedad Hebraica Argentina rea­
liza este áño.su tercer concurso de estí.
mulo para artistas menores de treinta
años. El jurado está integrado por José
Torre Bertucci (designado por los con­
cursantes), Concepción Badía, José María
Castro, Erwin Leuchtcr, Rafael González,
Luis Giannco y Jacobo Ficher.
“ ' “ Se repondrá en esta temporada, en
la Opéra-Comique de París, "Pelléas et
Mélisandc” de Debussy, con trajes y de­
corados de la deliciosa Valentino Hugo.

S____________________________ /

Los Tres Grandes
por
David

*** El 19 de octubre partió para París,
en el vapor "Desirade” , la violoncelista
argentina Aurora Nátola, becada por el
gobierno francés para perfeccionar sus es­
tudios musicales. La señorita Nátola, egre­
sada del Conservatorio Nacional de Mú­
sica y Arte Escénico, había obtenido an­
teriormente una beca de la Comisión
Nacional de Cultura y un premio de la
Sociedad Hebraica Argentina.
*** Se encuentra entre nosotros el com­
positor brasileño Héctor Villa-Lobos, quien
va ha ofrecido dos audiciones de obras
suyas en el Teatro Colón. La primera in­
cluía la arcaica "Segunda Sinfonía (A s­
censión)” (1917) y el "Choros n* 12”
(19 29 ); la segunda agrupaba las "B a ­
rbianas brasileñas n» 7” , el reciente poema
sinfónico "Madona” , el "Choros n" 10” y
el particularmente especioso "Descubri­
miento del Brasil” que el propio autor
estrenó hace seis años en el mismo teatro.
Es sumamente interesante’ tener oportuni­
dad de c:ir la obra de un compositor tan
ferviente (en todos los sentidos), irregu­
lar, genial e irreflexivo como Villa-Lobos.

*** Antes de partir para Estados Unidos,
la cantante Margarita Kenny, acompaña­
da al piano por Alberto Grigera, ofreció
" “Concepción Radía y Paquita Madri­
un recital do despedida en el Plaza Hotel
guera, alumnos del compositor Enrique
&gt;1 3(1 de octubre. El programa incluía, en
Granados, realizaron en la Asociación
primera audición, dos frescas páginas dél
Wagneriana un homenaje a su maestro, V joven compositor Eduardo Grau.

Dallin

$ 5.— m/arg.

S t a Ii n
por
John

T.

Murphv

El autor lia tenido contacto
personal con la Rusia soviética
desde la revolución, y contac'o
íntimo con los revolucionarios di­
rectivos. Hace en esta biografía
de Stalin constante relación con
la historia de la revolución, que
modeló la vida del je fe ruso tanto
como él, a su vez, modeló el curso
del comunismo miso.
$ 7.---- i»/arg.

Cleinenceíiu
por
Geoffrey

Brnun

Más que una biografía, es este
libro una reconsideración del si­
tio que a Clemenceau corresponde
en la historia moderna y un aná­
lisis de su participación en las
discusiones de la paz, sus últimos
años y sus escritos.
El estilo de Brnun, macizo y
brillante, mantiene fija la aten­
ción y trac a luz numerosas lec­
ciones que debieron aprenderse
en la primera guerra mundial.
Nos demuestra, además, que la
concepción de Clemenceau de la
verdadera democracia, como dis­
ciplina ardua, exigente y altruis­
ta, es tan vital hoy como cuando
su ejemplo reanimó a su pueblo
en 1917-18 y ganóle .el título de
Pére la Viqtoire.
S 6.— m/arg.

***La cantante uruguaya señora Alma
Revles, la pianista Raquel Wetschky y la
extraordinaria clavecinista Josefina Prelli
realizaron una audición en la Casa del
Teatro, el 24 de octubre.
***E1 cuarteto brasileño de cuerdas Borghert se presentó el 25 de octubre en ol
Círculo de la Prensa, con dos cuartetos de
Villa-Lobos. El cuarteto Borghert, cuya
gira ha sido patrocinada por el embaja­
dor del Brasil en Buenos Aires, ofrecerá
seis recitales en la capital, y actuará pro­
bablemente en Córdoba y Rosario.

J.

Presenta el autor en este libro
una situación completamente nue­
va para el mundo. Por primera
vez en cuatro centurias, el poder
naval ha pasado de manos de
Gran Bretaña a otra potencia,
precisamente en momentos en que
son desquiciados los viejos equi­
librios existentes, tanto en Europa
como en Asia.
La nación más poderosa del.
mundo es, ahora, sin ningún g é­
nero de duda, Estados Unidos,
que surgió a la categoría de gran
potencia hace sólo cincuenta años.
¿Cuáles son, en esta situación
sin precedentes, las posibilidades
de una paz duradera? ¿Acaso es­
tamos abocados a un nuevo armis­
ticio entre dos guerras o será
factible que las generaciones de
lo futuro crezcan sin la necesidad
de tener que matarse entre sí?
El señor Dallin analiza en este
libro los diversos papeles desem­
peñados por los tres países, con
su acostumbrada lógica clarivi­
dente, imparcial y acertada.

Castelli
EL ADALID DE MAYO
por
Julio

Cesar

Chaves

Más que la mera transcripción
de fechas y relatos — cómputo
cronológico — entiéndese por his­
toria aquella que revela las ideas
a través de los hechos y busca
i n las ocultas relaciones y la filo­
sofía de los sucesos el paradigma
aleccionador de las geni raciones
presentes y venideras.
Castelli - El Adalid de Mayo,
di .lidio César Chaves, es un libro
de historia bien entendida. Su
autor, censor integérrimo y obser­
vador sagaz, dueño de un estilo
y un método apropiados al oficio,
nos brinda una obra consagrante
por la simple gravitación de sus
atributos ¡nirínsecos.
$ 6.—

f

m/arg.

\

De venía en Indas Jas
librerías (Ir América y
España y en la

E d i t o r i a l

A y a c u c lio
S. It. L.
Ciírdiibu 224U
Hh. Aires
II. T. 4 8 - 5 4 9 2

V_____________ )

�AJEDREZ

c a b a lg a la ©

A la memoria de

Si R2D 5. T x P ! T x T ahogado!
5.

x DAVID PRZEPIORKA
Otra víctima de los nazis fué el gran maestro
polaco David Przepiorka, quien murió a la edad
de 63 años en un campo de concentración. Su
mejor triunfo de jugador ha sido su victoria en
el torneo de Munich 1926, delante de Bogoljubow
y Spielmann. El mundo ajedrecístico le debe tam­
bién eterna gratitud a este caballero del ajedrez
por su composición de finales y problemas, todos
tan deliciosos y origínale', que quedarán al de­
leite de cuantos se ocuparán de ellos mientras
exista el ajedrez.
A continuación sigue la partda de Przepiorka
contra Lajos Steiner del torneo de Debreczen
1925.
Las notas corresponden a los maestros
norteamericanos Fred Reinfel e Irving Chernev
de su excelente obra “ Chess Strategy and Tactics” .

Partida N* 4
Debreczen 1925
Apertura Z ukertorT
Blancas
David Przepiorka

Negras
Lajos Steiner

1. C 3A R
2. P3CR
3. A 2C

P3CR
A 2C
P4R

Prematuro. En vista del hecho que las Negras
han hecho el fianchetto de su A lfil Rey para
ejercer presión en la d.agonal, debían jugar
ahora CL)3A.
6. P 4 D !
7. Cxl»
8. C xC

EL MUSEO DE ARTE DE OMAHA
ESPECIALIZADO EN ARTE NORTEAMERICANO
exposición de pintura indígena nor_/ teamerienna, que incluye varios cua­
dros del nieto de Gerónimo, afamado jefe
de la tribu de los Apaches, y que tiene
lugar en el Museo de Arte de Omaha
(fundado en memoria de George A. Jos­
lyn, eminente hombre de negocios de Oma­
ha y presidente de la Western Newspaper
U nion), es una prueba del interés demos­
trado por este Museo hacia las distintas
fases del arte norteamericano, desde sus
primeras manifestaciones hasta nuestros
dias.
La colección permanente incluye dise­
ños indígenas primitivos, escenas de los
pioneros del oeste americano, y cuenta
con muestras de los diversos periodos de
la pintura, arquitectura y artes decora­
tivas. De igual manera, pero en un espa­
cio más limitado, se incluye una impor­
tante colección de obras de arte clásicas,
orientales y europeas, de tal forma que
el visitante puede entender y apreciar
mejor las . influencias extranjeras que
constituyeron la base del arte y la vida
en los Estados Unidos.
Además de la colección permanente, al­
gunos espacios de la galería se utilizan
para hacer exhibiciones mensuales de pin­
tura, arquitectura, grabados y también
obras locales..
En el momento actual se están exhi­
a

1

biendo óleos y dibujos hechos durante la
guerra por artistas que estaban en el ejér­
cito.
La importancia de este Musco, ubicado
en una ciudad de 300.000 habitantes del
medio oeste, está dada por el hecho de
que en 1945 casi 150.000 personas lo visi­
taron. Además, un número igual se puso
en contacto con el Museo a través dé un
programa de exposiciones hechas en todos
los distritos agrícolas del estado de Nebraska.
Hay, también, en este Museo otras ac­
tividades especiales destinadas a difundir
la cultura entre los niños. En 1945 casi
120.000 niños asistieron a estas clases.
Desde sus comienzos el Museo se ha
esforzado por hacer conocer su acervo
cultural a la comunidad de toda la región
hasta el punto de mandar "por los cami­
nos” pequeñas exposiciones destinadas a
aquellos que no pueden visitar Omaha.
El edificio del Museo es obra del arqui­
tecto John David Broiu y fué inaugurado
en 1931. Posee una sala de conciertos
con capacidad para 1.200 personas, ga­
lerías, pequeños salones de grabados y
dibujos, estudios, biblioteca y un amplio
subsuelo subterráneo para poner a buen
resguardo las colecciones en caso de pe­
ligro.

PxP
C D 3A
PCxC

T IC

La primera de una serie
Dama, muy bien planeada.

de jugadas

de la

P4A
Para ilevar el Caballo
11. T IC
12. C5D
13. D 3T
14. D 6 T :
A D 2D ?
mejor.

15.

D xC!

a 5D.
C 3A
P3I)
A3R
C5I)
Pero

C4R

Para cortar el camino al Rey blanco.
R 4T
6. T 4 C j.
P6T
7. T I C
P7T
8. T l T R
R5C
9. R6R
R 6A
10. R 6A
T lT
11. R6C
R 7D
12. R5C
13. R 4 A ! 1

hubiera

sido

Por gentileza del señor Ernesto Schónfeld,
Florida, F .C .C .A .. recibimos la siguiente partida
de indudable interés, ya que el perdedor fué el
conocido jugador M . kann, coautor de la famosa
defensa Caro-Kann, que recientemente fué aplica­
da por Pomar en su partida contra Pilnik en el
match radial contra España.
La partida fué jugada en Yiena 1890 y el
comentario corre?ponde al gran maestro húngaro
Geza Maroczy, de su tratado de ajedrez. No
tenemos noticia que este tratado de gran valor,
escrito en húngaro, fuera traducido a otro idio­
ma más accesible.

Apertura Caro-K ann
D r. M anó Pollak
1.
2.
3.
4.

M . Kann

P4R
P 4D
P5R
A3D

P3AD
P 4D
A4A
A3C?

Dice M aroczy: “ El autor no conoce .cu propia
apertura.”
5. A x A
PTxA
6. P 6 R !
Pxl*
7. D 4C
R 2A
8. C 3A R
C 3A
9. C5R j.
R lC
10. D xP R j.
R 2T
11. C 7A
abandonan.

¿Q uién clava a qu ién ?
En una partida entre Dittmann y Bethge se
originó la siguiente posición.

15. P 3 A D
Tomar el P T hubiera sido sin valor a causa
de 1 5 . . . A x C 16. P x A T l T .

Negras : F. B ethge

C4C
16. A 2 D !
Directamente 16. P 4 T D ? C x P ! (A x C 17. P xA
C xP 18. T l T T 3 C 19. D31) y el Caballo no
tiene salida) 17. C xC A x C 18. D x P T A 2C
y las Negras tienen buen juego.
Pero

ahora

amenaza

fuertemente

P 4T D .

19. T R 1R

20.
21.
22.
23.

P4T!
D 2A
T x T j.
T lR

D ÍC
T lR
D xT
D 2D

P4A
...

D 4C serta desastroso por P 4T.

25. A 5C

D4C

Relativamente mejor hubiera sido 2 5 . . . C ’ A
(para impedir T 7 R ) 26. D 2R seguido por P4CR
y las Blancas tienen un fuerte ataque.
Evidentemente, Steiner con su jugada de texto '
no previo el bien concebido ataque que ahora
sigue.
V er diagrama.

........ ww//.'

' zm m /

El conductor de las Negras, lejos de asustarse
por la clavada de su Dam a, no abandonó la
partida, sino valiéndose de los recursos que le
eran familiares como buen problemista, jugó
1. . . . T l A R j. Las Blancas contestaron 2. R lR
a lo que siguió 2 . . . T 8 A j .Ü 3. R x T A 3 T Ü
clavando el A lfil blanco en dos direcciones: con
relación al Rey blanco y a la Dama blanca.
Como pierden el A lfil, abandonaron las Blancas.
Si después del jaque inicial las Blancas hubie­
ran jugado
2. R lC
sigue igualmente 2 . . .
T 8 A j. 3. R 2T T 8 T mate. Si 2. R 2R sigue
A 3 T en seguida, y a 2. R 3R T 6 A j. seguido
siempre por A 3 T .
Otra bonita contribución a los recursos inago­
tables en el ajedrez.

Madrid 1934
# J.

r

e

z

Por FRANCISCO BENKO
A

P R O P O S IT O

DEL

M ATCH

R A D IA L

A R G E N T IN A - E SPA Ñ A
al match mismo y su
resultado
lamentable para la Argentm a, Permítase­
nos decir algunas palabras con la convicción
que una buena y desinteresada critica ha de
servir para evitar errores en lo futuro siempre
y cuando haya buena voluntad para ello.
Nosotros hemos bregado continuamente por a
unión del ajedrez nacional, cosa que no fue
posible concretar en los últimos anos. Algunos
estadistas practican todavía su famoso
divide
et im pera" para salir con lo suyo como terceros,
pero cuando se produce la división por dentro
fes colas empeoran porque no hay terceros cul
pables, aun cuando sí hay terceros que suelen
salir beneficiados, como España en el caso que
comentamos. Por sus antecedentes, por « u . in­
tervenciones en pruebas por equipos, donde
sfemore actuó m il,
España está considerada
comoP un pais flojo en ajedrez. A resulta que
ahora le gana un match a la Argentina, que
tiene ganado un merecido prestigio, bastando
para confirmar tal opinión, recurrir a la■actua­
c ió n de los conjuntos argentinos en todos los
campeonatos internacionales por equipos. &lt; 1 or
S é ? Porque las autoridades competentes no
han creído necesario unir todas las fuerzas de
ajedrez argent.no, no sólo para ganar el match
súío para ganarlo de la manera mas contundente.1 Quedaron fuera jugadores de tanto merito como Isaías Plec., A r ó n Schvartzman L m s
Piazzini. Alejandro Nogues A cuna. Luis la la u ,
Jufio A . Lynch, etc., todos los cuales han dado
ya pruebas de saber apreciar la tcsponsab'hda.i
de jugar en una representación nacional. En
cam bio, en el match con España hemos presenciado el triste espectáculo de ver a uno de
los jugadores designados por la Federación A r ­
gentina. 9egar al salón de juego con dos horas
de retraso. Digamos de paso que tal jugador fue
«e m p la z a d o antojadizamente por otro, deján­
dose Afuera, sin ningún motivo, a un tercero que
había sido previamente invitado.
H av otro aspecto que debe considerarse para
buscar la forma de regularizarlo cuanto antes,
c . u situación injusta creada a los maestros
Extranjeros que disde el año
1939 se han
radicado en nuestro país. Muchos de ellos no
midieron regresar a su patria por la sencilla
razón de que la misma ya no existe, pero otros

R

e f e r e n t e

se quedaron p o r.su propia voluntad. Todos es­
tos maestros se ganan el pan en la Argentina,
quieren al país y es posible que jamás lo de­
jen. El mayor deseo de estos maestros es asi­
milarse v ser un todo con nuestro ajedrez, lo
cual redunda exclusivamente en beneficio del
ajedrez nacional. Por una razón semejante se
trajo al país, a costa de gran esfuerzo pecunia­
rio, a grandes maestros como Ivmanuel Lasker,
José Raúl Capablanca, Ricardo Teichmann, Bons
K ostic, Ricardo Reti y Savielly Tartakower; y
todos ellos dejaron profundas enseñanzas y con­
de tribuyeron a cimentar el prestigio que adquirió
con los años el ajedrez argentino.
Concretando. ¿Cuántas oportunidades se dan
a maestros como Miguel N ajdorf, Gedeón Stahlberg. Paúl Michel, Miguel Czerniak, Movsa Fcigins, Marcos Luckis, Karel Skalicka y Jorge
Pelikán? ¿N o son suficientes siete años para
considerarlos identificados con nuestro ajedrez?
¿P or qué no se los incluye en el ranktn nacio­
nal, con todos los derechos, todos los honores
v todos los deberes, así como están Hernán
Pilnik, Juan Iliesco y el que esto* escribe, que
tampoco son argentinos? Con tal temperamento,
¿saldría perdiendo o ganando el país?
Hace poco la Asociación Metropolitana de
Ajedrez ju gó un match radiotelcgráfico con el
U ruguay. Integraron el equipo, como se recor­
dará, Miguel N ajdorf. Miguel Czermak, Luis
Piazzini, Alejandro N ogués Acuña, Francisco
Bcnkó y Luis Palau. Ganamos el match con
holgura y a nadie se le ocurrió hacer criticas
ni dudar del resultado por el simple hecho de
que algunos jugadores no habían nacido en ej

R3C
1)5D
D 3A
1)2 A
D3R
D7R j.
A4D
AxP

Abandonar una partida en el preciso mo­
mento, cuando está ganada o se puede hacer
tablas, no es una máxima muy aconsejable
Sin embargo hay muchos ejemplos de la nric
tica de los
maestros más grandes, quienes
incurrieron en este fatal error.
Insertamos a continuación una posición interesantísima, en que las Blancas, en la creern
cía de estar irremisiblemente perdidas, abando,
naron sin reparar en los recursos que les que.
da ron.

Blancas: D i t t m a n n
Juegan las Negras.

Una de las combinaciones más hermosas ocu­
rrió en el Campeonato español del año 1934 entre
los jugadores Ortueta y Sanz. El remate de esta
partida parece un fino final compuesto, porque no
aparecen en la posición ninguna pieza ni Peón
que fueran innecesarios para el drama que se
desarrolla.

d

45. DSC
46. P 5T
47. D 6 A j.
48. D 8R j.
49. 1)4T
50. P 6T
51. R 3T
52. P 7 T
Abandonan

"w m :

Combinaciones y errores inmortales

e

Aquí Marshall erró por completo el camí
porque en lugar de dar mate al futuro camnl?0’
del mundo, jugando 4S. D 8R j 1&lt;4C r*i PCOn
ficio del A lfil 45 . . . A 2 A retarda en a £ "
jugadas, el mate) 46. P 4 A j. R5C ( B j í lV
D 8 T R j. ganando la Dam a) 47. Ljir
M arshall j u j ó 45. DSC perdiendo la partid?1!!'
la forma siguiente:
1 ni

C 2T

No se puede evitar el control de la columna
de Rey por parte de las Blancas. Si D l D 24.
D 4R T I C (T x P ? 25. D 8 R j . ganando) 25. A 3 T
• y las Blancas dominan el tablero.

24.

j

A esta posición se arribó despu&lt;s &lt;), ,
Cadas en el famoso match Capablancamejor dicho en el match que hizo fani
Capablanca, porque él, casi un desconríV
derrotó en forma concluyente (8
ia°*
perdida.
14 tablas)
al gran
maestro ni’ 1
norte.
americano.

Dice Tartakower: “ Algunos Caballos no saltan,
cojean.”

U na bonita maniobra que revela el sentido de
la jugada 20 de Przepiorka, porque ¿i ahora
D xA 25. T 8R j. A 6 T (esta última jujada sería
imposible sin el Peón blanco en 4 T ).

a

Blancas: F. M a r s h a ll
Juegan las Blancas.

Las Negras han conseguido retener su Caballo
y su Peón Torre, pero todavía tienen muchas
dificultades.

24. A 3 T !

Vista exterior del Joslyn Memorial Art Museum

5» partida del match, Nueva Ynrt w
Negras: j. R . C a p a b l a n c a
909

Torneo de maestros, Asoc. Alemana
de Ajedrez, 1892
Negras: J. M ie s e s

AxC
T3C
P 3T D

17. P x A
18. D 4T

carón, pues ¿qué defensa hav .x
1 . . . T 2 R , jugada que efeetivarai.™ c c0Wr,
las N egras? Pero las Blancas viere!,
jos, jugando 2.
D xP T j .! i RxD
'"»• I,
T 8 T mate) 3. TtST j. R4C 4 T 5 T
P,D J.
.
. I,
mate.
bonito

Si 13. R 4C ? R 6D 14. R3C T lC R j. 15. R 3T
R 7 A ! 16. T x P j. R 6A y ganan las Negras.
R7R
14. R 3C
T lC R j.
15. R 4A Ü
Si R xP ? o R 3T R 7A ganando como arriba
indicado.
T7C
16. T l T D ü Tablas.
Las Negras no consiguen coronar su Peón.
16. . . T 8 C to R 7A ) 17. T 2 T j.
Una magnifica producción.

Viena 1890

Una jugada emprendedora (las Negras espe­
ran poder concentrarse sobre el punto 2C D de
las Blancas por la acción conjunta de su Alfil
y de su Torre Dama en la fila de Caballo), la
cual, sin embargo, produce una penosa debilidad
de los Peones del flanco Dama.
9. C 3A
10. D3D

T4T

lina miniatura

Amenazando P5R seguido por P4D y P 4 A R ,
un avance que sin duda un verdadero h permoderno como Nimzowitsch provocaría.
4. P4R
C2R
5. 0-0
0-0

Una de las diez galerías del Joslyn Memorial Art Museum.

R xA

Sanz

Blancas: M.

T s c h ig o r in

Con 1. R 5 A !! las Blancas hubieran ganado
por la fuerza de su Peón en 7 A , porque des­
pués dei jaque D 7 A (lo m ejor) 2. R 5D D7D j.
45. R 4A ! ! se acaban los jaques de las Ne­
gras y las Blancas deben ganar.
M oraleja: ¡ N q abandone nunca una partida
antes de haber calculado todos los recursos que
brinda cualquier posición 1

Concurso de soluciones
(B ases: V e r X ? 1 de C abalgata.)
Proseguimos hoy con nuestro concurso de so­
luciones que tanto éxito alcanzara.
Llamamos
la atención a los problemas de hoy, porque con­
tienen mucho más de lo que parece a primera
vista. Estamos seguros que los solucionistas ten­
drán profunda satisfacción de ellos.

Posición después de la jugada 25
de las Negras.
26. A x P 1
2 6 ...
27. 1)4R
etc.) 29.
R lC 32.

D xP
T IC
D 8R
TxA

PxA

también conduce pronto al mate.
28. D6R j. R l T ( R I A 29. A 7R i.
j . ! T x D 30. T x T j. A l A 31. A 6 T
mate.

27. D xP
N o hay nada que hacer contra T 7 R , seguido
por D 7A j. por ejemplo: 2 7 . . . A 1 A 28. I)6R j.
R lT 29. A 6 A j. A 2 C D 8R j.
28.
29.
30.
31.

T7I&lt;
TxA
j.J
A6A
j .!
D 5 C maje.

T IC
T lA R
R xT
R xA

Mate en dos jugadas.

U n fina] estupendo.
Publicamos una composición memorable de
Przepiorka en el campo artístico, que damos con
la solución completa, para que el lector pueda
disfrutar plenamente de las bellezas y enseñanzas
que contiene.
D a v id

2’ menc. hon.

P r z e p io r k a

Magyar Sakkvilág 1926

Si 3. C 3I) P 5A j. 4. T x A P x C ! y los Peones
unidos en sexta ganan fácilmente.
4. T 4 C

P 5A !!
P4TM !

y las Blancas abandonaron porque de ningún
modo pueden evitar la coronación de un Peón
negro.

Blancas: R 5 T D , D 8 D , T 5 C R , A 8 C D , AlCD,
C 3R , C 7 A R ( 7 ) .
Ncfiras: R 3R , T 7 C R ,

A6TR ,

C IA D , P6AD,

P6A R (6 ).

Problema !\9 6
Ua

T añe

Viena 1904
Negras: D. P r z e p i o r k a

Good Companion 1918

Blancas: G . N e u m a n n
Juegan las Blancas.

Blancas: R 1 T D . D 3 A D , T 7 T D . T 7 T R . A 2TD,

1 Maestros como Paúl Keres, Salo Flohr, A n ­
drés Lilienthal y otros juegan hoy en la U nión
Soviética en todas las competencias internacio­
nales •porque supieron atraerlos a su órbita en
beneficio propio, sin temor de que ellos puedan
menoscabar el prestigio de los ajedrecistas lla­
mados nacionales. a
Esperemos que las autoridades recapaciten y
tomen las providencias necesarias para apro­
vechar todos los valores que se encuentran ac­
tualmente entre nosotros.

RECTIFICACION
En nuestro número 2 se ha deslizado un error
das efectuadas 3-5 fueron las siguientes;
TxT
3. T 8A D 11
T lA R
4. T x C ü
5. T 8 A D M
D 2R etc.

Mate en dos jugadas.

Juegan las Blancas y hacen tablas.
1.
2.
3.
4.

R 5A
R 5D 1
P 4 T 1!
T 4 A j.

R 2A
AxC
PxP
R 3C !

a t a n d o ‘ V . " * » ? * ^ D 3 R - defendiendo al A lfil
atacado, las Blancas aparentemente se equivo-

C 5R , P 5C1), P 7C D , P 7 D , P 7 A R , P4CR, PúCK
(1 2 ).
.„
Negras: R 3 D , D lC R , T l T R , T 1 D , C IA D .
C 1R ( 6 ) .

�H U M OR

© c a b a lg a t a

BURLADERO

Durante un debate en la Cámara- de los
Lores, lord Wellington afirmó indignado
que durante un reciente tumulto habían
sido asesinados dos sacerdotes.
— Perdone, su señoría — le interrumpió
otro par— , pero no fué asesinado más
que uno solo.
— Sentiría equivocarme — afirmó pesa­
roso el Duque de Hierro.

Por el Hondero Irónico
— ; lia s pensado alguna voz lo que lia­
rías si tuvieras los ingresos de Morgan?
— No, pero en cambio sí lie pensado
muchas veces en qué haría Morgan si tu­
viera mis ingresos.

— Los franceses — afirmó en cierta oca­
sión Montesquieu— no hablan casi nunca
de la mujer propia; temen, sin duda,
hablar de ella delante de alguien que la
conozca mejor que e llo s ...

F a n tasm a P rimero : ¡Croes en los hu­

manos?. ..
F a n tasm a S egundo : ¡N o seas supers­

ticioso ! . . .
El arte de la propaganda no se para
en obstáculos cuando quiere cambiar en
optimista la más pesimista de las noticias.
Véase el ejemplo de aquel ministro ale­
mán que con motivo del hundimiento del
"Soharnhorst” dijo así por radio: "A le­
mania acaba de ganar una gran victoria.
Nuestra flota submarina ha aumentado
súbitamente en 20.000 toneladas.”

PALABRAS CRUZADAS
1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

La recién casada, presa de súbita pesa­
dilla, gritó en sueños:
— ¡Dios mío, mi m a r id o !...
El marido despertó como por encanto
y saltó por la ventana.
El casamentero presentó al Futuro a
la elegida para esposa. Este, repuesto de
la sorpresa, exclamó en voz baja:
— ¡P o r qué me ha presentado usted
"esto” ? Fea, vieja, jorobada, sin dien­
tes . . .
— Puede usted hablar alto — le gritó el
intermediario— : también es so r d a ...

NACIMIENTO DE VENUS, por Sandro Botticelli. (Traducción de Oski.)
cía lo que ayer habrfti sido un aconteci­
miento . . .
B ajó Nelson a su cámara y se encontró
con un grumetillo que bruñia afanosa­
mente los cobres y lustraba las maderas
con afán digno de todo elogio. El almi­
rante se quedó mirándolo un momento
y, después de observar el interior de la
cámara, le preguntó con voz de conocedor:
.— ¡Cuándo empezaste a limpiar esta
cám ara?. . .
— Cuando Su Grandeza comenzó a ba­
jar la escalera...

Aquel abogado era, según el decir de
todos, un hombre tan dado al papeleo que
ífirsisr cuentan que se declaró a su esposa en
papel sellado de $ 1 ,5 0 ...
— Ahora va usted a probar esto. . .
— H ijo mío, tú eres el más poderoso de

todos los griegos — le dijo Temístoeles
a su h i j o . ..
— ¡ Y o ? . . . ¡P o r q u é ? ...
— Porque los atenienses dominan Gre­
cia y yo domino a los atenienses. Y tu
madre me domina a mí y tú dominas a
tu madre. ..
" Usted trae la novia y nosotros nos
encargamos de hacer el resto” . Así decía
o dice cierto letrero extendido ante una
agencia de matrimonios de por allá
arriba.
Pero aquel muchacho suspiró: — ¡S i
fuera al revés! . . .
La mujer es un ser curioso — ha dicho
no sé quién— que se enamora de un hom­
bre porque es como es, e inmediatamente
que lo tiene a su lado quiere que sea de
otra m a n era...

— ¡P o r qué se marchó de su antigua
casa?
— No quiera usted s a b e r ... Aquello no
era un matrimonio sino una pelea con­
tinua . . .
— ¡Eran desgraciados?. . .
— No sé, señ ora ... ¡Cuando no me pe­
leaba con el señor ya me tenía riñendo
con la señora.
Dámaso Alonso, primer traductor de
Joyce al castellano, le traía a mal traer
a su amigo Montesinos con las bellezas
del "Ulises” , entonces inasequible a los no
iniciados. Montesinos, como buen escritor,
disentía. . . sin haberlo leído, manteniendo
con su amigo dilatadas polémicas en las
qpe ninguno se daba por vencido. Pasa­
dos ya varios meses de discusión, Monte­
sinos, harto de la fe de su amigo y quizás
contagiado por ella, se decidió y leyó el
libro. Cuando hubo terminado fué a ver
a Alonso y le d ijo:
— Mira, Dámaso, ahora que lo he le'do
me gusta menos que cuando no lo^había
leído. . .

En aquellos tie m p o s
desaparecidos,
¡a y !, en que Sacha Guitry era objeto de
la admiración de una gran muchedumbre
de gentes, al frente y cabeza de la cual
se encontraba el propio Sacha Guitry, el
hoy sombra de lo que fué, se veía ase­
diado por un millonario que no cejaba en
su empeño de invitarle a cenar. Por fin,
sitiado en su camerino, Sacha aceptó para
sacarse de encima aquel nunca mejor ca­
lificado de Mecenas. Apenas se retiró el
invitante, Sacha le gritó a su secretario:
— ¡Pronto! ¡Escríbale inmediatamente
dos letras a ese imbécil diciéndole que no
puedo ir a eenar con é l! . . .
En aquel instante Sacha se dió cuenta
de que allí estaba el invitante que había
olvidado el paraguas y prosiguió como si
tal cosa:
— ...P o rq u e estoy comprometido para
cenar con el señor. ..

VERTICALES.
1.
2.
3.
4.
5.
6.
8.
9.
10.
11.

Francia. - Revolucionario.
Desembocaduras del río sujetas a mareas. Sudaf ricano.
Interjección. - Exclamación. - Exclamación. N ota.
Igual. • Prefijo negativo.
Lecho fie lona.
10. - Cincuenta.- 100.
Noble abisinio. +• Partido político.
Aviador destacadlo. - Interjección. - Seguro
servidor. - Nota.
V ieja capital . egipcia. • Irianda.
Poetisa.
Individuo perteneciente a una
vieja fam iliav romana.

HOH1ZON T A LES.
1.
II.
III.
IV .
V.
V I.
VI I .
V III.
IX .
X.
X I.

* \

Historiador inglés. - Triunviro.
Poetisa árabe. - 10. - Quemar.
Nota. - Artículo. - Del ser. - Isla de
Francia.
Canto isleño. - Atrévase.
iv. - Tiene. - Dtlincuente. - Nada.
Cincuenta.
1.000. - Valiente. - Hereje. - Consonante.
Diario español. - Existir.
Arrullo. - Negación. - Asusta. - Dios
egipcio.
Pardo. - 100. - Gato.
Ciudad antigua. - Lamento.

123

456

789
SOLUCION
DEL
PROBLEM A
DE N°. 3 DE
CABALGATA

Aquel discípulo de Marinetti, futurista
acérrimo acuciado por una necesidad de
comer nada futurista, se decidió a ven­
der su obra en un pjecio que no era el
soñado por é l:
— Bueno — terminó— , se lo dejo en dos­
cientas liras, pero el pago debe hacerlo
ahora mismo. . .
— Imposible, “ cavaliere” . . . ¡Y o tam­
bién soy fu tu ris ta !...
— En cierta ocasión — lo cuenta el mis­
mo Trilussa— me llamaron como testigo
para un juicio de faltas y el juez me
preguntó:
— ¡S abe usted si el acusado tiene la
costumbre de silbar cuando está s o lo ? ...
Pero, ¡cóm o con testa r?... ¡Quién ha
visto jamás a otro solo. . . ?

Y no crean que esto es una salida de
pie de banco — "boutade” que dicen los
galicizantes— , pues ya había dicho bas­
tantes años antes Heine aquello de que
"las novelas de X , que no he leído, son
tan malas como las de Z, que tampoco
he le íd o .. . ”
Y volviendo al "Ulises” , que tantos di­
cen que han leído y tan pocos son los
que confiesan su laguna, es justo notar
la sinceridad — alguna vez había de ser—
del maestro D’ Ors, el que en cierta oca­
sión les habló así a sus alumnos:
— Es éste un libro — el "Ulises” , claro
está— que he intentado leer varias veces
y en varios idiomas sin poderlo terminar'
jam ás. . . Con su lectura me pasa siempre
algo semejante a lo que le ocurrió a aquel
labriego que, llegado a la capital, se di­
rigió a un parque de atracciones; pagó
su entrada y subió a la montaña rusa,
la rueda giratoria, la plataforma girato­
ria, el llamado tubo de la risa, etc.
Una vez que hubo' probado todo, bien za­
randeado y movido, se encontró de nuevo
en la puerta y dijo estas palabras que
son toda una síntesis crítica:

Georges Feydeau felicitó a una actriz
parisiense por la maravillosa escena de
amor que acababa de representar.
— Tenga en cuenta, maestro, que el ga­
lán y yo llevamos casados más de cinco
años. . .
— ¡Cuando yo decía que era una gran­
dísima a c t r iz !...

D ijo un pensador norteamericano: “ Los
hombres tienen tres maneras de arrui­
narse: las mujeres, el juego y la agri­
cultura. La última es la más aburrida.”
— Puede que mi esposa sea una rosa
como decís — dijo en cierta ocasión Milton— , pero como estoy ciego y carezco
de olfato, sólo percibo las espinas...
No ha mucho, Georges Lecomte, en una
alocución dirigida a los escritores belgas,
vió empañarse su voz de emoción en el
momento en que evocaba a Rodenbaeh,
testigo de su boda, Hizo una pausa, y
luego, con una triste sonrisa, agregó:
— Mi mujer y yo pensamos que el tener
como testigo a un poeta traería la feli­
cidad a ’ nuestro hogar. P e r o ...

D octor:
B a r b ín :

— ¡V e usted esa mujer? — dijo en
cierta ocasión Jack London— . La conocí
hace cuaren ta... kilos.

Hay que hacer desaparecer este bulto inmediatamente.
¡D o c to r !... ¡Que es la billetera!. . .

v P h fcu .fio fy
— Lo que me aburre es que mamá me
haga usar las armaduras antiguas de mi
padre.

Solución al concurso planteado en
el N? 2 de CABALGATA:
¿COMO ANDA USTED
DE SEUDONIMOS?
Hoy, para que ustedes se diviertan, les ponemos delante estos dos sonetos, construidos gracias a los versos de dos grandes inge­
nios de las )• tras castellanas. Ellos nos prestaron cada uno un soneto y nosotros no hemos hecho más que mezclarlos para ver
quién es el poeta, el filólogo o . . . el avisado que, dando con los dos originales, los ordena y se lleva el premio. Como hasta ahora
los concursos han sido demasiado fáciles y hemos visto por las contestaciones recibidas cuán informados y sabios suelen ser los
competidores, nos permitimos este divertimiento, que puede ser todo lo difícil o todo lo fácil que se quiera, ya se busque la so­
lución por uno mismo o se encuentre hecha en los libros. Nosotros preferiríamos lo primero y hasta sería lo m ejor; pero uste­
des d irá n ...
Los premios serán concedidos de acuerdo con las normas trazadas en números anteriores de Cabalgata.

— Permítame que me presente: Durand,
crisis cardíaca.
— Encantado.
Dupont, a sus órdenes.
Fallaron los frenos.
— Pues, señor, estoy molido, mareado. . .
¡y con dos reales m e n o s !...
Cuando Tayllerand se enteró de la
muerte de Napoleón, le dijo a su infor­
mante :
— Vea u ste d ... Hoy es sólo una noti-

Por las puertas salía del oriente,
Día de luz y parto mejorado.
Tras la bermeja aurora el sol dorado
El cerco de la luz resplandeciente,
Cuál con voz dulce, cuál con voz doliente,
En breve cárcel traigo aprisionado,
Sembraban su contento y su cuidado,
Con toda su familia de oro ardiente,
O yo (que es lo más cierto) sordo y ciego.
Traigo todas las Indias en mi mano,
Porque al salir yo, todo quedó en calma,
Cantando de su rico albergue, y luego
Y razonan tal vez fuego tirano,
Cuerpo a los vientos y a las piedras alma.

.

El de encendidos rayos coronado.
Y a escondidas del cielo y del Oriente,
Las tiernas aves con la luz presente,
Y grande imperio del amor cerrado.
En el fresco aire y en el verde prado.
Las fieras altas de la piel luciente,
Ella de flores la rosada frente,
Traigo el campo que pacen estrellado
Ni oí las aves más, ni vi la aurora;
Perlas que en un diamante por rubíes
Pronuncian con desdén sonoro hielo.
Cuando salió bastante a dar Leonora
Relámpagos de risa y carmesíes
Auroras, gala y presunción del cielo.

1-19, 2-29, 3-25, 4-6. 5-15, 6-4,
8-27, 9-9. 10-3. 11-21, 12-16, 13-26,
15-5, 16-12, 17-32, 18-24, 19-7,
21-31, 22-22, 23-17, 24-23, 25-33,
27-2, 28-11, 29-13, 30-1, 31-20,
33-18, 34-30, 35-8.

7-34,
14-10,
20-28,
26-35,
32-14,

PRE M IO S
Conforme 3 esta solueión y de acuerdo
con las bases del citado concurso, han
sido agraciados:
1" Con el primer premio de $ 20 m /n.:
Eduardo Hugo, Lácar 3907, Capital.
2’ Con una suscripción por seis meses
a Cabalgata : Francisco Gutiérrez,
Alsina 1878, Capital; Eugenio Díaz,
Tucumán 326, dep. 7, Capital; Os­
valdo A. Fidanza, Piedras 153, 3-,
Capital: Beatriz Mnas, Seguróla
1252, Capital; María del Carmen
Fittipaldi Garav, Calle 61, N" 387,
L a Pl a t a ( F ‘ C .8 . ) ; y Roberto
A. García, Venezuela 1275, dep. 2,
Capital.
Los interesados pueden pasar por la
Administración a hacer efectivos los
premios.

�c a b a lg a t a ©

CRITICA

LITERARIA
por

G O N ZA L E Z
M ir an d a , por Mariano Picón-Salas.

C AR B A LH O

E ditorial Losada S. -4., Buenos A ires, 250

páginas.

Con sólo trazar la biografía de Miranda, precursor de la libertad de América,
habría Mariano Picón-Salas escrito una obra de notable valor histórico y nove­
lesco. Pero su .modalidad intelectual, de transparente honradez, y su respeto
por la personalidad del apasionante personaje, le llevaron preferentemente a
intimar con su aventura espiritual, estudiando la significación de los hechos
desde el ángulo y a la luz de su importancia psicológica. La tarea no podía ser
más difícil ni de responsabilidades mayores. Kntresaear de un anecdotario múl­
tiple el episodio de sentido revelador, intensificar para su juicio la claridad
del análisis, vivificando la historia y llegando por momentos y en mérito a la
intuición interpretativa a una suerte de resurrección del héroe, puede alcanzar
la denominación de síntesis integral en un tipo de literatura donde no siempre
se ha mantenido — ni aun sus más claros cultores— la línea de rigor conveniente.
Observamos a veces, en estos intentos de recuperación del sujeto histórico,
instantes en que la imagen literaria, afianzada en la verdad, entra en el ámbito
de la inspiración. Y el lector asiste al milagro de ver reencarnarse la figura
que se está evocando.
Juegan en Picón-Salas, indistintamente, aptitudes de historiador y de artis­
ta. Y sea por el impulso de su fervor hacia la verdad o por una aspiración
creadora que se auxilia en los archivos, llega a elaborar situaciones vividas,
sentidas en profundidad, de la que se yergue — como exhumada para infundirle
el soplo de Lázaro— aquella impar existencia (pie vemos andar, ahora, maravi­
llosamente anacrónica y actual, por las páginas asombradas del libro.
He aquí, en apariencia de sensación, nuestra experiencia respecto al "Miranda”
de Picón-Salas. Eludimos ex profeso la pretensión de un juicio técnico sobre su
biografía, apartada saludablemente de ejemplos ilustres, originada en la convi­
vencia cabal con materiales directos de archivos, correspondencias y todo cuanto
se ha publicado acerca del fabuloso revolucionario. Su finalidad es mostrarnos
el espectáculo de la fe inconmovible, de la audacia tan distintamente juzgada,
del fascinante destino de un hombre, inseparable del proceso de formación de
nuestro continente.
L as

pruebas del caos ,

por Enrique Anderson Imbert. E ditorial Yerba Buena,

La P lata-B uenos A ires-T ucum án, 179 páginas.

En nuestra escasa literatura fantástica, este libro de narraciones de Enrique
Anderson Imbert resulta un intento en buena parte logrado. Puede, exami­
nándosele con severidad, reconocerse a través de algunos de sus temas y desarro­
llo, determinados antecedentes, influencias que no perjudican ni restan signi­
ficación a la labor del joven escritor argentino. Imaginación poéticamente
dotada, permítele realizar "El leve Pedro”, donde el final — sospechado— lo­
gra asimismo evidente novedad y sorpresa. No es éste un libro de habilidad es­
tricta, sino de intuición fresca y a ratos lúcida. Preferimos entre los trabajos
que incluye, aquellos en que el autor maneja fantasías y sueños; encontrando,
cuando inteleetualiza, cuando satiriza con sus ficciones, que cae en el menos­
precio de sus propias dotes y se vuelve tedioso.
Tal, por ejemplo, "Fantomas salva al hombre”. Acaso, como virtud primor­
dial, auspiciosa en lo que corresponde a labor futura, anotaríamos su discreción
en dosificar ambientes. Anderson Imbert no recurre a los decorados tradicio­
nales en el género y entra en tema sin imponernos intencionales y a menudo
ingenuos climas de miedo. Por lo general, sus mejores relatos son aquellos ori­
ginados en el solo hallazgo de una imagen poética, de sentido mágico, que des­
envuelve sin transgredir el clima adecuado. Como "El leve Pedro” , merecen cita
especial "Los duendes deterministas” , "E l fantasma”, "El aire y el hombre” , etc.
Si a veces falto de la vaguedad concisa que nos mantiene flotantes en lo
irreal o, acaso, dentro de la realidad invisible, su lenguaje abunda en aciertos
de expresión poética, construyendo situaciones que transmiten con naturalidad
su certidumbre de acontecer extraordinario. Y por sobre todo, suele aprisionarnos
en la zona de la duda misteriosa, donde todo puede por igual ser o no cierto.
Los MÚSICOS CON ESPADAS, por Félix Marthoz. Portada e ilustraciones de Mario
fírandi.

Ediciones Ela.

No podríamos ubicar estas sonámbulas anotaciones de Félix Marthoz dentro
del verso y la poesía. Sin emhargo, están en ellas, latentes, la poesía y el poem a,
informes, mezclados a la cerrada neblina del subconsciente, con algo de mineral
aun cálido que reclama su depuración. Algún día pondrá el autor un poco de
orden en sus visiones y entonces su obra, espléndidamente dotada, llegará a la
zona de claridades que requiere la creación para ser tomada en cuenta. Conside­
ramos su modo introspectivo y alucinado, como una esperanza que nos anticipa,
por el momento, sólo frases que son la anunciación del poeta. Una anunciación en
trance ya de presencia fugaz, pero verdadera. Lo definen renglones como éste:
"Eras como un hijo (pie nunca termina de nacer” , dirigido a Rimbaud. Y otros
más: "Sabed: yo nunca había partido” ; "Detras de los músicos con espadas,
llego yo esta noche en rebeldía” ; "No es el horror de no despertar: es el horror
de despertar a destiempo” ; "Esta noche mi locura nace en tu silencio” , etc.
Contiene "Los músicos con espadas” una cantidad de elementos desentrañados
oscuramente y a los que falta, sin duda, elaborar para convertirlos en substancia
artística. Sobran, asimismo, espacios en blanco que para un psicoanalista equi­
valdrían, en el autor, al convencimiento de su propia genialidad. Confesamos
nuestro interés, un tanto indescifrable, cuando nos internamos por el libro,
aspirando en él corrientes subterráneas, mensajes fantasmales, olor de raíces
desveladas que gimen húmanamente. También interesan las ilustraciones de Grandi, de una dramática subrrealidad, sonámbulas y alucinadas como las estrofas.
L a serpiente en i.a m ed icin a y en el folklore , por Tobías Rosenberg. C olec­
ción La (trun A ven tu ra, Ediciones del Tridente, Buenos A ires, 106 páginas.

Simbolizaron los egipcios la idea de Absoluto en la serpiente. Aparece ro­
deando una vasija y la cabeza del reptil corona el agua, fertilizándola con su
lengua. Es ésta una de las tantas representaciones por medio de las cuales el
hombre expresa su ansiedad de infinito y su concepto del cosmos, creando fo r ­
mas elementalísimas v a la vez trascendentales y pretendiendo, con inocencia
pavorosa, solucionar así los problemas del alma. Para los brahmanes, la ser­
piente R ajni, esencia misma de ¡a vida, forma un círculo demostrativo de la eter­
nidad del tiempo. Símbolo en que la necesidad de adorar aquello que se desco­
noce queda evidenciada simple y enigmáticamente. La imaginación y la fe reali­
zan lo demás, es decir, la permanencia de esas cifras a través de los siglos.
En leyendas y supersticiones de América repta también la serpiente. Re­
fiéranse a la medicina, a la vida fisiológica de la mujer, a la virilidad del
hombre. Tobías Rosenberg. dedicado a la investigación folklórica, supera la
costumbre enumerativa de la mayor parte de sus colegas, buscando mantener,
en la disección, el espíritu mismo de aquella fe y de aquella imaginación niña,
que también forman parte del mito. Resultaría cosa muerta la erudición sepa­
rada del anhelo de inmortalidad del hombre y Tobías Rosenberg agrega a su
condición de erudito, la virtud de no desnudarnos demasiado el encanto de la
fábula. Por ello su libro, anticipo de una labor de más sostenido aliento, des­
pierta en nosotros gratitud p or su saber de investigador, al evocarnos estas
supersticiones antiguas que, bien examinadas, se renuevan en la edad moderna,
aunque bajo otros aspectos y formas inherentes al grado de civilización del
hombre.

NOTAS
al marqués de S évioné , por
Ninon de Léñelos. Traducción de Antonio
R. Costa. Editorial Poseidon. Buenos A i­
res. Colección Pcrsco. 16 X 10 cm. 228
págs. 1 grabado. Encuadernado en cartonp. P recio: f 5,50.

C artas

Entre este,epistolario íntimo que aun
no se asoma al siglo xvm y la sensibi­
lidad moderna se interpone todo el volcán,
aun mal extinguido, del romanticismo.
Y a pesar de ello, la exhumación de esas
Cartas, de quien fué maestra en las artes

del amor y consiguió seguir siendo amada
a una edad avanzada, nos impresiona y
admira por lo que poseen de análisis im­
perecedero del corazón (te la mujer, por
el talento y discreción puestos en el peli­
groso cargo de mentor de los sentimientos
y decisiones amorosos del joven marqués
de Sóvigné y por el encanto de su estilo,
que sabe bordear las situaciones más com­
plejas y atrevidas del alma enamorada
con serenidad y seguridad imperturbables.
La traducción ha sido cuidada con es­
mero. — i?. E.

A n t e s y después , por Paul Gauguin. Tra­
ducción de Angustias García Usón. Edi­
torial Poseidon. Buenos Aires. Colec­
ción Perseo. 16 X 10 cm. 276 págs. 27
grabados del autor. Encuadernado en can­
toné. P recio: $ 5,50.

"Esto no es un libro” , repite con in­
sistencia el pintor francés a lo largo de
estas páginas, que han sido traducidas
con cariño. En determinado pasaje, dice
el autor: "¡M is dibujos!, ¡qué nones!:
éstos son mis cartas, mis secretos; el hom­
bre público, el hombre intimo.” Aquí es­
tán, en este volumen, muchos dibujos de
Gauguin. A lo largo de la prosa original
— esta vez nada académica, pero sí muy
plástica y policromada— del autor de
"N oa Noa” , desfilan retazos de su vida
interior, intensísima y extraordinaria. Son
a manera de memorias breves y vividas,
palpitantes de sinceridad, proyectadas con
cinematográfica amalgama, desde el juicio
lapidario sobre una personalidad o un
amigo, hasta la confidencia intima o la
anecdótica pintoresca, dramática o humo­
rística.— R. E.
i

E studios

sobre

L iteratura C lásica N or­

por D. H. Lawrence. Edi­
torial Emecé. Colección Grandes Ensayis­
tas, Buenos Aires, 1946. 270 páginas.
P recio: $ 6.

teamericana ,

Con el pretexto de libros aparentemente
cerrados a una inmersión tan profunda,
Lawrence pone sus ojos sobre las lenguas
muertas y jóvenes de la "Literatura Clá­
sica Norteamericana” . No hay un instante
de tregua en estas páginas. No hay una
postura crítica sino unrmodo de ser; no
hay márgenes sino expansiones. Los en­
sayos de Lawrence presentan figuras de
la creación y figuras creadoras confundi­
das o separadas por la verosimilitud con
que se enfrentan a su juicio. El hombre
del desierto traspasa los libros que lee
mediante una forma de exigencia, de an­
gustia, que lo induce a dialogar con los
protagonistas y el escritor que sean, ur­
giendo la identidad de sus realidades y
sus intenciones, no perdonando el extra­
vío.
De ese modo, sus estudios son sus veri­
ficaciones y sus anhelos. Se puede hablar
de moral, dé estética, de hombría, leyendo
un libro, y de esto es de lo que habla Law­
rence: "Quédese ahí. Quédese en 3a carne.
Quédese en los miembros, en los la.bios y
en el vientre. Quédese en el pecho y en
la matriz. Quédese ahí, oh Alma, donde
le corresponde.” Toda línea es para eV
autor de "Canguro” un surco expresivo,
de esperanzas, de frustraciones, de silen­
cio desentrañado apenas, y allí él tiene
algo que ver entonces, algo que revivir.
Esta obra está confirmada de nuevo por
su irreductible devoción a la sangre. —
P. L.

para diferenciar sutilmente a los diversos
caracteres^y permiten al novelista hacer
verdaderos- juegos de experiencia psico­
lógica, al mismo tiempo que sus otras
cualidades artísticas se desplazan con fa ­
cilidad en la descripción de los ambientes
v en la fluidez y gracia del relato.
En la serie de Los T hibault , Roger
Martin du Gard aplica un procedimiento
de tan difícil como exigente maduración
y lo conduce con la eficacia y dignidad
de un moderno novelista francés. Este
volumen recientemente aparecido, ofrecía
dificultades muy comprensibles si se tiene
en cuenta que en él se afronta la muerte
del patriarca Thibault y asistimos a una
agonía de varios capítulos y al proceso
psicológico del moribundo y Jos dos hijos
que lo asisten, uno de ellos por añadidura
médico y dotado por lo mismo de medios
de enfoque de la situación muy particu­
lares. En ese proceso hacen crisis, no
sólo la vida de un hombre, sino una serie
de valores éticos y espirituales que se con­
trastan estremecidos con la verdad. Unos
lazos de afecto aparentemente débiiles y
frágiles, se afirman y fortalecen; Otros,
dotados aparentemente de una firmeza
mayor, se aflojan y distienden sin pro­
ducir el menor desgarramiento ni la me­
nor amargura.
Los problemas íntimos que el libro
afronta están tratados y expuestos con
serenidad y penetración; en la exposición,
singularmente, de las escépticas resisten­
cias frente a Ja religión, se emplea el me­
nor énfasis, el menor sentido polémico
posible. Se dice sencillamente que falta
una creencia, como se dice que se tienen
los ojos azules o el cabello rubio. . . La
versión al castellano de este libro lleno
de cordialidad y sinceridad, está hecha
por Aurora Bernárdez, muy discretamente.
— Mora Guarnido.
K ckoschka , por Hans Platschek. Biblio­

teca Argentina de Arte. Editorial Posei­
don, Buenos Aires. 78 páginas, 47 graba­
dos en negro y 4 en color. P recio: $ 1 0 .

Oskar Kokosehka, nacido austríaco, ac­
tualmente checoslovaco, y cuya obra está
unida al movimiento expresionista ale­
mán, es uno de los pintores europeos más
interesantes de esta época. Muchos de sus
cuadres famosos fueron adquiridos por
los museos más importantes de Europa y
Estados Unidos. Su obra, hondamente
humana y dramática, hecha en sus co­
mienzos con tonos pardos y grises surgi­
dos de una paleta reducida a propósito,
fué convirtiéndose con los años en una de
las más destacadas por la violencia del
color. La composición y el dibujo de sus
cuadros, así como su obra gráfica — ilus­
traciones, litografías— recuerdan toda la
fuerza expresiva de los grabados y de las
pinturas medievales. Profundamente ger­
mano por su humanidad — e incluso por
su crueldad— él caracteriza unos años ex­
L iteratura de vanguardia, por Juan Jatraordinarios de plenitud de la pintura
cobo Bajarlía. Editorial Araujo, Buenos
alemana, esa pintura que luego fué des­
Aires.
terrada por el nazismo. Es ahora cuando
la obra de Kokosehka, así como la de
La selva de los "vanguardismos” nece­
otros grandes pintores expresionistas ale­
sita ya en nuestros tiempos — por lo que
manes, comienza a ser valorizada en el
hay y por lo que ha de venir— muy bue­
mundo por los aportes importantísimos
nos guías. De lo que hasta ahora se nos
del expresionismo a la pintura coníemalcanza entre la gente dedicada a esa ta­
poránea. Hans Platschek, joven e inquie­
rea en el ámbito español, no podemos que­
to pintor y crítico de arte alemán, que
jarnos. Ramón Gómez de la Serna y Gui­
reside en Montevideo, ha sabido en esta
llermo de Torre, cada uno en su campo,
monografía analizar cuidadosamente y
han cumplido bien la faena. Acaso, por lo
con gran sensibilidad la obra del pintor
que se refiere al segundo, ha sido un
checoslovaco en relación con la pintura
error dejar que haya llegado a conside­
y las escuelas pictóricas de nuestra época,
rarse rarísimo su libro ya histórico, en
destacando acertadamente el hecho de que
lugar de remozarlo y darle vigor nuevo
las dos guerras mundiales influyeron de
con una edición actualizada. Pero nadie
manera terminante en la obra de erte
mejor que su autor puede juzgar si un
creador hasta ol punto de convertirle, en
libro debe o no ser alzado de su anaquel
el transcurso de la segunda guerra, en el
y vuelto a las prensas.
pintor que mejor supo recoger, con afán
Aquí en Buenos Aires, Juan J acobo
combatiente, los temas más dispares de
Bajarlía, animado por el halagüeña éxito
ella para su obra, como ocurre con ’os
de un cursillo sobre poesía moderna, com­
cuadros "Para qué combatimos” y "El
pletó en forma hasta ahora exhaustiva sus '
huevo rojo” . Esta monografía aparece
notas y nos ha dado una nueva exposi­
cuidadosamente realizada por la Editorial
ción del panorama literario vanguardista.
Poseidón. — C. Alen i.
Falta nos estaba haciendo. En realidad,
para el que no esté habituado al laberinto
de las nuevas corrientes, el peligro de per­
L a electricidad al día, por T. B. Vinyderse es constante. Aun los mismos poetas
comb. Editorial Nova, Buenos Aires. 245
que por él transitan hallarían difícil el
páginas. P recio: $ 14.
hacer su propia ficha y quizás se sentirían
más de una vez tentados a repetir la res­
Como los restantes tomos de la colec­
puesta (le don Francisco Giner, cuándo
ción L a marcha del progreso, que viene
sus amigos y discípulos le preguntaron:
publicando esta Editorial, no es el pre­
";Q ué es usted?” y contestó: "Pues clasente un tratado de electricidad, un libro
sifíquenme ustedes, porque el cangrejo se
universitario ni técnico; pero sin serlo,
pasa la vida ignorando que es un crus­
contiene lo fundamental de tales libros
táceo.”
expuestos con agilidad, competencia y
amplitud de perspectivas. Multitud de f i ­
Buen guía para llevarnos de la mano
guras e ilustraciones en papel especial
por los peligrosos senderos, Bajarlía ha
contribuyen a realzar el mérito de este
hecho un trabajo de innegable importan­
tomo. El propósito de la colección es ofre­
cia que cada día se acentuará. Su libro,
completísimo, serio, discretamente dosifi­ cer al lector el alcance en la vida pre­
sente de las distintas ciencias y técnicas,
cado en los juicios y sobre todo — lo más
y, fiel a este designio, L a electricidad al
difícil,— en los elogios, es una valiosa ayu­
día cumple plenamente su cometido. El li­
da para ponerse en contacto con lo más
bro aparece dividido en once capítulos,
vivo y lleno de buenas ambiciones de la
que se ocupan, respectivamente, de: I. In­
literatura actual, con lo que siempre
troducción; II. Fuerza, trabajo, energ.a
toma posiciones en la primera fila, de
y potencia; 111. Conductores y aislado­
choque, para dirigirse al mañana, siempre
— adjetivo fatal— incierto. — Mora Guar­
res; cables; IV. Generadores: 1) baterías,
nido.
acción química de Jas corrientes; V. M ag­
netismo, electromagnetismo y m e d id a s
eléctricas; VI. Generadores: 2) motores v
Los T hibault (Vol. v i). L a muerte del
generadores eléctricos, corrientes conti­
padre, por Roger Martin du Gard. Edi­
nuas y alternas; V il. Transformadores v
torial Losada, Buenos Aires.
distribuidores de energía; V III. Calefac­
ción e iluminación; IX . Descargas eléctri­
Es ya muy común que los grandes no­
cas, rayos, las nuevas lámparas; X. Méto­
velistas se encariñen con sus personajes y
dos eléctricos de comunicación: 1) tele­
se resistan a abandonarlos o cambiarlos
grafía y telefonía; X I. Métodos eléctricos
a cada una de sus obras, tratando de in­
de comunicación: 2) transmisión sin hilos
corporar nuevas figuras físicas al reper­
de sonidos y fotografías. — J. O. E.
torio de seres nacidos de su invención y
su experiencia. Por el contrario, desde
Zola con sus Rougon Macquart y el ejem­
V einte expresiones de arte hu m anista ,
plo de la otra orilla del Canal, los Forsyte
por Romualdo Brughetti. Imprenta López,
de John Galsworthy, se hace cada día más
Buenos Aires.
frecuente la concentración en una familia
de todos los matices y perspectivas que
En el hecho de que un pintor disponga
el escritor pretenda dar a su novela, y
(le un hijo crítico de arte, casi podría
la atribución de” todos los caracteres ima­ sospecharse algo asi como un acomodo
ginados — con un nexo fácil de percibir
con la divina providencia. Por eso con­
entre ellos— a los personajes de dos o
viene afirmar que el homenaje, ya anti­
tres generaciones, presididos casi siempre
cipado en artículos, que Romualdo Bru­
por la figura cnérgífh y señera de un
ghetti (autor, entre otros trabajos muy
padre, de un abuelo, en el que por lo ge­
comentados, de La joven pintura rloplaneral se (la una doble fisonomía de pa­
tense y El arte y nuestro tiempo) dedica
a Faustino Brughetti (autor de centena­
triarca y de tirano.
Los rasgos familiares sirven a la vez
res de lienzos resumidos hace poco en una

vasta exposición de bodas de oro con el
arte) no se debe en absoluto al compro­
miso filial. Para no caer en la ternura
injusta, Brughetti habla siempre de Faus­
tino Brughetti; una sola vez dice "mi pa.
drc” . El contacto entre crítico y pintor
se hubiera establecido de todas maneraspero a través del conocimiento panorámico
de Faustino que ahora obtenemos, se des.
cubre que no poco de la formación de
Romualdo se debe al inquieto taller na.
temo. En las telas de uno y las páginas
de otro sopla un hálito de ansiedad co­
mún, de común incertidumbre.
"En la incipiente pintura argentina de
la primera década de nuestro siglo —afir­
ma Brughetti— este pintor eleva el nivel
cultural por la ruta de lo moral (y de ln
plástico).”
Según el critico, el pintor Brughetti
"es un pintor moderno y se rebela ' a b i e r ­
tamente contra los encierros académicos
y quiere hallar desde el origen el sentido
humano para su pintura, o sea, la vida
más el símbolo ideal que la anima.”
Para el pintor Brughetti este "expre­
sionismo humanista" fué una importante
etapa. Permaneció alejado de cenáculos
oficiales, aunque mereció el elogio de au­
toridades máximas.
Simultáneamente con el estudio (le Ro­
mualdo, aparece otro, de Mario Puccini.
Ambos traen datos bio-bibliográficos so­
bre el pintor, y numerosas reproducciones
de sus obras. — D. J. V.
F reud, por

Jacinto P a r r a !. Colección
Vidas. Editorial Nova, Buenos

Grandes
Aires.

La vida de Freud, muy escasa de anéc­
dota, muy rica en cambio de emoción y
aventura científica, tenía que ser forzosa­
mente, más que la novela de un personaje
atractivo por sus gestos, el estudio de una
teoría que trasciende y fascina por su
profundidad y sus proyecciones. Así lo
lia comprendido Jacinto Parral desde el
prefacio explicativo de su obra, hasta la
última página, donde hay una magnífica
"explicación psicoanalítica” de las causas
brutales que llevaron a Freud a morir
pobre y desdichado en el destierro de
Londres y que nos tienen — todavía— en
vilo y pesadumbre a la mayor parte de
las criaturas conscientes que poblamos la
tierra.
Este libro de Parrad "engaña” por la
modestia de su volumen y apariencia y la
densidad de su contenido. Se trata de uno
de los ensayos más certeros y claros que
se hayan escrito hasta nuestros días sobre
el maestro de Viena, y en el que se trata
la teoría científica con capacidad y res­
ponsabilidad y al mismo tiempo se des­
cubre una gran corriente afectiva — con­
tagiosa— de admiración, de fervorosa
devoción científica del que escribe hacia
el sabio biografiado. Admiración y devo­
ción que —es bueno insistir en subrayar­
lo — se extienden al lector.
La edición de N ova, muy cuidada y
bien presentada. — J. M. G.
H istoria

de

la

F ilosofía , por Julián

Marías. Editorial Revista de Occidente
Argentina, Buenos Aires. 430 páginas.
P recio: $ 12.
"Decididamente, un libro sobre el con­
junto de la historia de la filosofía, qui­
zás sólo pueda escribirse en plena mu­
chachez, en que el ímpetu propulsor de
la vida pueda más que la cau tela...”
Así dice Xavier Zubiri en el prólogo aue
dedica- a esta obra de Marías.
Es que la realización de una historia
de la filosofía supone, en quien tal in­
tente, la plasticidad mental de un inte­
lecto joven, capaz de identificarse con
cada sistema, con cada escuela, presentán­
dolos con vivificante fidelidad. Es pre­
ciso ser, entonces, un gran actor de la
filosofía para reflejar, a través de la
propia personalidad, el verdadero sentido
del pensamiento filosófico. Y Julián Ma­
rías llena cumplidamente esta exigencia.
"L a historia de la filosofía no es una
mera información erudita acerca de las
opiniones de los filósofos, sino que es la
exposición verdadera del contenido real
de la filosofía. Es con todo rigor, filo­
sofía.” Es que para Marías, la filosofía
tiene una sustanciación histórica. "Todo
filosofar arranca de la totalidad (leí pa­
sado y se proyecta hacia el "futuro po­
niendo en marcha la historia de la filo­
sofía. Esto es, dicho en pocas palabras,
lo que se quiere decir cuando se afirma
que la filosofía es histórica.”
La obra adquiere así una fundamentación más profunda- que la dé servir de
texto para los cursos universitarios, y
crea un enfoque de la historia de la filo­
sofía destinado a que el lector profano

bl" ° MARK TWAIN
un se r v id o r ex ce le n te
del

hogar

V enta e n G A T H y C H A V E S .
H A R R O D S , C a ía A T L A N T I C A ,
T H A I L A D E y la » p rincip ela»
casa» del ra m o

PRECIO

$ 12.50

E N V IO S C O N T R A
R E E M B O L SO

Cea MURIAS
ESM ERALDA

t o t

�LETRAS MUSICA
logre hacer conciencia de la perspectiva
en que se encuentra.
Sin salir del método clásico en la pre­
st litación de una obra de este tipo, el
autor halla, en función de lo señalado
la manera de exponer la suya con carac­
teres propios interesantes. Cada sistema
filosófico se muestra precedido de la
problemática de su época, y concorde con
el interés que tiene cada uno para el
estadio actual de la filosofía. Destacamos
así la seriedad con que se analiza la filo ­
sofía medieval, que contrasta con la lige­
reza de qué ha sido objeto por parte de
algunas historias que llevan aún el signo
del positiiismo. La filosofía contempo­
ránea, el retorno a la especulación meta­
física, tienen especial atención, sobre todo
la filosofía alemana: sistemas de Husserl, Schelev, Hartmann y Heidegger.
La circunstancia de ser Marías discí­
pulo de Ortega y Gasset, le permite in­
cluir en su obra un interesante estudio
sobre el filósofo español, agregando notas
i ecogidas durante los cursos que éste dic­
tara. Para el lector argertino, este aná­
lisis tiene notable valor, ya que la obra
de Ortega, dispersa en numerosas publi­
caciones, era difícil de reunir para lograr
una comprensión unitaria.
Por último, y sin ánimo de reproche,
hacemos notar el olvido en que Marías
ha incurrido al no mencionar en forma
alguna la filosofía americana, sobre todo
la de Latinoamérica, que, como decía
Alejandro Korn, va tiene caracteres prol"°s y ha dejado la mano d?l pensamiento
filosófico del V iejo Continente. — Roberto

de una virtud, más de una modalidad,
más de un defecto de los que parecen
irremisiblemente condenables. La biogra­
fía tiene siempre algo de apologética,
porque difícilmente deja de descubrirse
en el individuo el rasgo salvador que lo
redime de su maldad o de su medianía.
Y si para el juicio histórico no resulta
valedero el hallazgo, suele ser, en cam­
bio, importante para aprender a justi­
ficar y a comprender, secreto último de
la historia.
Jacques Chastenet ha logrado renovar
el interés que ofrece la figura de Manuel
Godoy, Príncipe de la Paz y ministro de
Carlos IV de España. En las turbias in­
trigas de la época napoleónica, la o-nducta de Godoy puso de manifiesto su
insanable mediocridad, la inconmensurable
distancia que mediaba entre la gravedad
de las circunstancias por que pasaba su
país y sus calidades de político y de hom­
bre de Estado. Pero Chastenet, que no
oculta esta mediocridad consustancial del
hombre público, sabe descubrir la curiosa
psicología del hombre. De su origen, de
algunos de sus defectos — muy caracte­
rísticos de su país y de su tiempo— el
biógrafo sabe sacar los datos necesarios
para explicar el éxito del antiguo guardia
de corps, su ascendiente sobre los reyes
todopoderosos y su triunfo. Esta circuns­
tancia configura su actitud en el ejerci­
cio del poder, y Chastenet confronta agudament.- la capacidad que Godoy puso de
manifiesto en aquella etapa de su vida,
con las que hubieran sido necesarias para
afrontar las excepcionalmente difíciles
J. P ifo rré.
contingencias que sobrevinieron a su pa­
tria durante su gobierno. Chastenet mues­
tra su pericia de biógrafo, de psicólogo y
de historiador. Ese contraste explica la
Gcdcy , P ríncipe de la P az , por Jacques
Chastenet. Editorial Argos S. A., Buenos suerte de un reino, y al mismo tiempo
señala la curiosa arbitrariedad de la vida
Aires. 276 páginas.
.
histórica, que a veces se complace en estas
En el rastreo de los oscuros senderos trágicas jugadas.
de una vida, el biógrafo sagaz y minu­
Eliminado eje la vida pública, Godoy
cioso encuentra con frecuencia no pocas se sobrevive durante largos años y es tes­
sorpresas. La historia suele esquematizar tigo de las múltiples peripecias que sufre
la vida humana, y es propio de la bio­ la política europea después de la caída
grafía devolver al hombre toda la com­ de Napoleón. Chastenet persigue con suma
plejidad de su existencia, toda la multi­ finura novelística estos últimos años del
forme riqueza de su fisonomía. A veces, político fracasado y traza un curioso re­
un personaje que ha legado a la poste­ trato psicológico de un hombre; de un
ridad un recuerdo oscuro por su conducta hombre que ya no era nada, después de
pública, renace, bajo la luz de la bio­ haber sido mucho, y que, en el juego de la
grafía, iluminando en ciertos curiosos política, pudo parecer que era más de
meandros del alma que no llegaron a al­ lo que luego se vió que era en la realidad.
canzar evidencia pero que explican más — Juan de Villagra.

COMO FALLA IM AGINO
"L A A T L A N T ID A ”
Por J A I M E
año 1926 vivía Manuel de Falla en
en su casita de Granada. Había ter­
minado el Concertó. En su mente se iba
definiendo la idea de una nueva obra.
Pensaba en un auto sacramental de Cal­
derón: Los encantos de la culpa — suges­
tivo título— , de igual asunto que el dra­
ma, del mismo Calderón, Circe. De los
dos haría Falla un libro para su nuevo
trabajo.
En esto llega a Granada José M* Sert,
el célebre pintor catalán no ha mucho des­
aparecido, y va a ver a Falla y le dice
que venía de los Festivales Internaciona­
les de Salzburgo y que traía un encargo
de Reinhardt para él. Este gran regiseur
deseaba que Falla le compusiera un auto
sacramental de Calderón, para ponerlo en
escena con decorados pintados por el pro­
pio Sert.
fCuriosa coincidencia!
Pre­
cisamente cuando Falla tenía el mismo
proyecto.
Pero en aquella época se estaba prepa­

E

l

PAHISSA
dad, ya fué la lejana Gadex de los roma­
nos; y, antes, de los iberos; y, antes, del
perdido continente atlántico cuyo vago
recuerdo quedó en la memoria de los egip­
cios, los fenicios y los griegos. Veía en el
escudo de Cádiz a Hércules con las dos
columnas y el lema "Hercules fundator” ,
e imaginaba al héroe rompiendo con su
clava el estrecho y abriendo paso al gran
mar. Se comprende la honda impresión
que le produjera la lectura de La Atlán­
tida que reavivaba las no borradas imá­
genes de la infancia.
A recordar aquellas impresiones y pe­
netrarse de ellas para emprender la com­
posición del poema, y verterlas en su mú­
sica, fuese a Cádiz, donde el Ayuntamien­
to le hizo huésped de honor, a lo que
quiso corresponder ofreciéndose a dirigir
un concierto con fin benéfico. ¡Cuánta
sugestión la de Cádiz, con su situación
privilegiada en el fin del Mediterráneo y
de Europa, y de cara al Atlántico y ha­

Don Manuel de Falla.
rando la "Exposición Iberoamericana” de
Sevilla, y hablando de ello con Sert, se le
ocurre al gran pintor la idea de hacer un
espectáculo para el próximo concurso, que
se anunciaba brillante.
"L a Atlántidu” — dice Falla. Porque
en aquellos días se había celebrado el
cincuentenario de) primero de los poemas
de los tiempos modernos, La Atlántida,
de Jacinto Verdaguer, ,1 gran poeta ca­
talán. Era en 1926, el año mismo en que
se '-amplía el quincuagésimo aniversario de
Falla, de modo que el poema y el músico
tienen la misma edad. Falla había leído
en el diario de Madrid "E l Sol "fragmen­
tos del poema que recitó Eduardo Marquina, traducidos por él mismo al castella­
no, en la sesión con que la "Academia
Española” conmemoró la fecha. Tanto le
interesaron a Falla estos fragmentos aue
mandó a buscar el poema completo. Y le
pareció muy a propósito para su deseo.
Y más cuando el asunto se sitúa entre lo
griego y lo latino; entre lo mitológico, y
los arcanos tiempos de la primitiva Ibe­
ria; entre el Pirineo y el Mediterráneo, y
la legendaria tierra de Gadex y el otro
mar inmenso. Desde muy niño el ambien­
te que le rodeaba le llenó la imaginación
&lt;le extrañas y grandiosas fantasías, como
obscuros sueños ancestrales. Cádiz, su ciu­

cia el Nuevo Mundo! ¡Y con su vida
cargada de siglos, en la que se mezclan lo
mitológico y lo más luminoso de la histo­
ria: Alcides, la Odisea, Fenicia, todo re­
cuerdos y huellas milenarias marcadas so­
bre una tierra bellísima y accidentada,
bajo un sol de turquesa! Caminando por
sus calles se leen nombres como los de
"Hércules” , de "Argantonio” y otros de la
antigua Iberia, con que las bautizó, cuan­
do fué alcalde, Adolfo de Castro, persona
cultísima, apasionada por los estudios de
la Iberia prehistórica, especialmente por
este Argantonio, rey de Tartesios, y au­
tor, por otra parte, de El Buscapié, la
novela que atribuyó a Cervantes y que
como tal fué tenida hasta por los más
conspicuos cervantistas. Y, junto a la
ciudad, entre Cádiz y Gibraltar, la isla
del "Perejil” , o de "Las palomas” , que es
la de la ninfa Calipso de la Odisea, con
la misma vegetación, la misma fuente,
que describe Homero, según probó Víctor
Berard en su libro en que estudia el viaje
de m ises al volver de Troya.
De Cádiz fué a Jerez de la Frontera.
Allí sus amigos le acompañaron a hacer
excursiones de un interés sin precio para
él. Fueron a Sanlúcar de Barrameda, el
puerto que tanta relación tiene con los
viajes de Colón al nuevo continente. Si­

guiendo el camino que corre entre dos al­
tas montañas, y en unos pastos que se
abrían a un lado, vieron unos bueyes y
vacas paciendo. Sobre sus cabezas y entre
los cuernos, y sobre sus lomos, estaban
unos altos v esbeltos pájaros sin que las
bestias los movieran. Era que las limpia­
ban de parásitos. Parecían estampas do
un templo egipcio. Pero es que estas be­
llas y grandes aves venían realmente de
Egipto: eran los hermosos ibis del Nilo
que emigran todos los años del extremo
oriental del Mediterráneo hasta más allá
de su occidente.
Visitan después las ruinas de! templo de
Hércules; aun entre el polvo de la tierra
se encuentran restos de vasos y trozos de
las piedras del monumento, viejo de más
de dos mil años. Pasan luego por una pe­
queña cuanto bella ciudad: en la esquina
de una calle vese un busto de mármol
representando a Hércules. Es Medina Sidonia: Medina, de la blanca Arabia; Sidonia, de la Sidón de Fenicia.
Y llegan a Tarifa, la punta de España
más cercana al A frica, en el sitio más
estrecho del estrecho de Gibraltar. Suben
al torreón histórico y heroico de Guzmán
el Bueno. De su alto vese el sol ponién­
dose entre los cercanos macizos de A frica
y de Europa, como si fueran, realmente,
las columnas que alzara Hércules para
aguantar dos continentes. Los rayos del
sol, abriéndose entre las sombras que les
dibujan las nubes, dan al espacio el impo­
nente aspecto de un cielo bíblico. Todo es
de una grandeza impresionante, de mitolo­
gía, de leyenda, de lejana historia.
Y a podía Falla ponerse al trab ajo: su
espíritu estaba embebido de magia y de
sublimidad. Durante años ha sido la fuen­
te que aun mana inspiración sobre su
obra. Y ésta responde a su ansia. La
prueba es que, más adelante, ya en ca­
mino la composición, un día, al atravesar
los Pirineos para ir a Tolosa de Francia,
al pasar junto al pie de la alta y nevada
cima del Canigó y ante su visión gran­
diosa, salió de su voz la música que había
ya compuesto para este canto del poem a;
y le satisfizo, y la creyó digna de aquella
majestad.
Nadie conoce nada de su música. Falla
es demasiado minucioso y pulcro en su
trabajo para mostrar a nadie una obra
que él no cree terminada. Y para él no
está terminada hasta haberla visto y re­
visto una vez y otra al cabo de años y
años.
Lo que sí parece poderse asegurar de
su música es que está constituida princi­
palmente por corales, tratados en una po­
lifonía austera, aunque libre y rica, con
sobrio apoyo orquestal, y por partes sin­
fónicas y voces solistas de los personajes
del poema.
Esta obra marca la etapa superior de
la evolución del estilo de Falla, porque es
el punto más alto de su ascensión hacia
la universalidad de la técnica y de la ex­
presión, y porque realiza en ella su ideal,
de reunir, fundiéndolas en una sola, la
música particular de los diversos pueblos
de España.
Y a ello le llevan, además, primero: el
asunto de La Atlántida, que por ser un
gran poema épico demanda un lenguaje
alto y universal. Segundo: porque el lu­
gar de su acción es el .de la España toda,
desde el Pirene en llamas, a los jardines
de las Hespérides con sus frutos de oro
en el Levante; y de las puertas del tene­
broso océano que abriera Hércules, hasta
el último límite del mar en las playas del
mundo nuevo. Y tercero: porque la len­
gua catalana, sobre la que está compues­
to el poema, por su origen latino y por
su influencia gótica, completa la univer­
salidad de la materia.
Y así, Falla, con la música de La
Atlántida, que sonará con acento catalán,
devolverá a Cataluña, él, el músico anda­
luz, la ofrenda que los músicos catalanes,
Pedrell, Albéniz y Granados, hicieron a
Andalucía al crear la escuela moderna es­
pañola sobre los ritmos y los cantos de la
música andaluza.
El libro de La Atlántida lo ha arregla­
do el mismo Falla. Falla es hombre de
gran cultura, observador penetrante y muy
inteligente en todo. Por eso pudo escribir
en catalán — que no es su lengua, aunque
se parece mucho a la suya porque catalán
y castellano, ambas son hispano-latinas— ,
los versos o la prosa rítmica que necesi­
taba para concentrar unos pasajes o enla­
zar unos cantos del poema, según las exi­
gencias de la construcción musical.
Algunas veces ha dicho que pocos meses
le bastarían para terminar la obra, si es
que le permitieran su salud o sus inelu­
dibles compromisos — cartas, visitas, con­
flictos con sus editores— trabajar con
tranquilidad en ella. Lo cierto es que los
meses van pasando y juntándose en años,
sin que llegue la plumada final. Nada ha
de importar, sin embargo, el tiempo em­
pleado mientras el resultado sea aquel a
que el autor aspira y el mundo espera.
Para la inmortalidad no cuentan años.
Octubre de 1946.

© c a b a lg a t a

lm

p o é tic o r e la t o , u n a

v is ió n d e l h o m b r e y d e l a r t i s t a .

MOZART
EN VIAJE A
PRAGA
de

E.

este número de Cabalgata en
máquina, llega hasta nosotros la no­
ticia de que ha muerto repentinamente en
su residencia de Alta Gracia, en la pro­
vincia de Córdoba, el ilustre compositor
español, don Manuel de Falla.
Innecesario nos parece referirnos, ni
siquiera con la brevedad que las razones
de tiempo y espacio nos imponen, a la
alta personalidad del ilustre, artista y a
la pérdida que con su desaparición expe­
rimenta el arte universal. La obra del
autor del "Amor Brujo” y "E l Retablo
de Maese Pedro” ha entrado ya tan ple­
namente en la conciencia contemporánea
que resulta ociosa cualquier información
en este sentido. Queda, desde luego, for­
mando parte de la riqueza cultural espa­
ñola, como uno de sus más puros y lim­
pios valores.
En nuestro próximo número Cabai-gata
stando

E

publicará colaboraciones especiales que se
ocuparán con mayor extensión de la per­
sonalidad del ilustre maestro desaparecido.

M Ó RI K E
Traducción de

R.

J.

C A R M A N

'ilustraciones
M A R I E T T E

2000

de

LYD IS

E jem plares n um erados del 1 al 2000

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A

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(W )

10 a¡ 1Ó dte noviembre
t»

Q l h im a s

n oved ad es

D

de

E _X

e n a d h e s i ó n a l a o f e m a n a J e l J Z i l r o c h J n fa n h l
C O L E C C I O N

T R A J E S

T I P I C O S

C u e n to s in te r e s a n te s c o n p e r s o n a j e s p a r a v e s ti r c o n lla m a tiv a s r o p a s , c ju $ 3 ._

N ° . 3 - T I P T O P , e l a v ia d o r q u e c ru z ó to d o s lo s c ie lo s d e l m u n d o
-4 " T O N Y ,

el a v e z a d o

m a rin e ro c o n

u n ifo rm e s de to d o s lo s

países
C O L E C C I O N

V E S T I D O S

A l b u m e s c o n d o s m u ñ e c o s p a r a v e s t i r , c o n la s r o p i t a s i m p resa s , cju $ 2 ,SO

N ° . A - " N I N O - N I N A , lo s d e p o rtista s c o n sus trajes ca ra cte rístico sC o n te x to
N ° . 2 - B O B L IL . 2a. e d ic ió n .

R o p it a s d e c a lle y g a la para d o s

m n os buenos
C O L E C C I O N

M O V I M I E N T O S

T e x t o s c l á s i c o s c u y o s p e r s o n a j e s a ctú a n a l m o v e r u n a p a l a n c a , c/u $ 5 .-

N 0 . 3 - R O BITsTSO 'N C R U iS O E . 40 gra cio sa s ilu s tra cio n e s dan v id a
a la la m osa a ven tu ra
C O L E C C I O N

B U C A N E R O

T e x t o s m o d e r n o s d e a v en tu r a s c lá s ic a s en a d a p ta c i o n e s f i d e d i g n a s , c lu $ 3 ,5 0

N °. 3 - V ID A

A V E N T U R E R A D E S IR F R A N C IS D R A K E , p or
A.

HA MUERTO
Don MANUEL DE FALLA

g e n ia l

C O L E C C I O N

L O S

S a in t C ro s s
M E J O R E S

E d ic io n e s T ito , c u $

V » . 5 -C U E N T O S N O R D I C O S .

C U E N T O S

3.-

T e x t o d e D . C ris tia l. I lu stra ­

c io n e s d e H . C a p n ti
N ° . 6 - G I G A N T E S Y E N A N O S . T e x t o d e M . A . G ó m e z . I lu s ­
tra cio n e s d e C . T o r r a lla r d o n a

�CINE - TE A T R O

c a b a lg a t a ©

JEAN C O C T E A U
T7'

xconthamos

ii Jean Coeteau en el

' teatro Hébertot nI terminar un
ensayo (le su nueva pieza "L ’Aigle a
deux tetes” (E l águila bicéfala). Ya
traducida al inglés, esta obra se está
representando en Londres. Tuvo (jue
empezar en Bruselas su carrera en su
idioma original y continuarla en París.
Para Jean Coeteau, la preparación
de una pieza tiene algo casi religioso.
Luego de escribir su texto y elegir
sus actores, Coeteau juzga que sólo rea­
lizó la mitad de su tarea y entiende
reservarse el cuidado de objetivar, den­
tro de límites comunes a la visión de
los hombres, el tema oue hizo vivir en
la ficción de la escritura. La poesía
de Jean Coeteau muévese a sus anchas
en el campo del teatro, en donde el co­
nocimiento de sí rompe consigo misma
para encarnarse en el conflicto de los
personajes del drama, dejando a cada

P or

r e n e

m j s s j t

No hay uno solo de esos campos en
donde Jean Coeteau no haya realizado

uno (le ellos una autonomía de pen­
samiento y de gestos, bajo el contralor
de una proposición que vuelve a traer­
los a la visión creadora del autor. El
genio lírico, es decir, el arte de ser uno,
y el genio dramático, el arte de ser
los demás, se complementan y corres­
ponden en la obra teatral de Jean Coctean.
En Jean Coeteau, todo parte de la
poesía y vuelve a ella. Poesía de no­
vela, poesía de crítica, poesía de teatro.
En un prefacio, escribió Jean Cocteau: "Existen poemas en los que el
poeta intenta su suerte, otros en que
la prolonga.” En esta suerte original
finca el poder de la poesía.
La unidad de creación domina en la
obra de Jean Coeteau y le ha permitido
triunfar en géneros tan dispares como
el poema propiamente dicho, la novela,
la crítica o el teatro.

una obra maestra.
Desde "Les enfants terribles”, novela
que apareció en 1929, hasta Allégories” , poesías de la época trágica de
1939 — libro que todavía no ha mere­
cido el lugar que le corre ponde y que
es el testimonio más profundo del des­
orden de la conciencia francesa— ,
continuando por la pieza Les parents
terribles”, que tantos entusiasmos V
odios levantó y cuya reposición conoce
hoy un éxito estupendo, el "Essai de
critique indirecte” y el extraordinario
drama "Renaud et Armide”, en donde
renovó el alejandrino ritual de la tra­
gedia, no hay rama de las letras en
donde Coeteau no haya obtenido un
éxito.
Con idéntica felicidad llegó por fin
a un público más vasto por medio del

"Q ue fa u t-il p ou r qn’itn conp de

[ réussissef
Ríen sillón que ln chance Insse
S ’installe obscurém ent sur l’os de ¡’a,
E t m ette en l’air Ies tétines dn double

[»/&gt;.*
(¿Q ué es menester para acertar
cuando se arrojan los dadosf Apenas
que la suerte, cansada, se instale obs­
curamente en la cara del as y ponga
arriba las ubres del doble seis.)
Aunque ha escrito estos versos y
asume complacido una reputación de
mago, Jean Costeau sabe también que
uno tiene que argumentar con el destino y que si por persuasión uno me­
dra, es siempre a costa del dolor.
(Exclusivo para Cabalgata, ilc A. F. p.¡

EL TEATR O
E N PARI S

O’NEILL
PRESENTA
NUEVAS

cine. Todo el mundo ha visto "L’Eternel retour”, como todo el mundo conoccrá "La bel le et la bóte” .

Por M A R C E L THIBAUT

OBRAS

as

L

detallado anuncio que acaba de
hacerse de la primera obra que
vuelve a presentar después de doce
años Eugene O’Neill, indica que el co­
nocido y antiguo dramaturgo norte­
americano no ha perdido su costumbre
(le buscar cosas raras para sus argu­
mentos.

E

El título de la obra, "Comoth, el
hombre de hielo”, parece ser nada más
que una sonrisa grotesca pa*c. cubrir
una labor de indudable mayor impor­
tancia. Esto es, por lo menos, lo (pie
todos esperamos.
»
El circuito teatral de Guild, que fué
el (pie presentara la primera pieza de
O’Neill y todavía sigue siendo el pa­
drino de sus espectáculos, ha anunciado
:■ "El hombre de hielo” se estrenó
el 9 de octubre en el teatro "Martin
Beek”, comenzando la representación
al atardecer, ofreciéndose luego un in­
termedio de una hora para que el
público pueda cenar. Esto no es nada
nuevo en O’Neill que siguió el mismo
procedimiento al presentar "Extraño
interludio” y "Cuando Electra vistió de
luto”. "El hombre de hielo” comenzará
a las 17.30 y el intermedio será de
las 18.30 a las 19.45, siendo de suponer
(pie la representación Seguirá luego
hasta finalizar.
Los precios (pie se anuncian también
constituyen una cosa especial, pues es­
tán fijados entre Dls. 5.40 y DI. 1.80,
(pie son probablemente los más altos
cobrados para un espectáculo carente
de música.
En el reparto de los papeles el cir­
cuito de Guild hace figurar nombres
tan destacados como los de James Barton, Dudlev Digges, Nidadas Joy y
Cari Benton Reid.
Estimando seguramente que el pú­
blico se encuentra hambriento de obras
de O’Neili por no haberse presentado
comedias suyas durante 12 años, se
anuncia otra del mismo autor para el
próximo mes de diciembre, bajo el in­
trigante título de "El mediodía del bas­
tardo” y cuyo protagonista será el fino
y conocido actor James Dunn.
En estos días también se asiste al
estreno de dos espectáculos de los que
se anticiparon pocos detalles. I no de
ellos es "G ipsy es una dama” , misce­
lánea de dos operetas de V íctor Herb ert: "La rueda de la fortuna” y "S e­
renata”. Esta obra ya fué muy aplau­
dida en la costa del Pacífico y ahora
se la ofrece en el teatro Centenario.
Una nueva producción de Agatha
Christie será presentada en el teatro
Plymouth, figurando Diana Barrymore
en el papel principal. Se trata de una
pieza de misterios "E l oculto horizon­
te” , con la que lilis Christie vuelve por
primera vez a Broadwav, después del
limitado éxito cpic tuvo hace dos tem­
poradas atrás con "Eran diez indiecitos” .
Para que la nueva temporada tenga
aspectos absolutamente característicos
también se ha postergado indefinida­
mente el estreno de "Un sujeto magní­
fic o ”, debido a que su autor, Constance
O’Hara, decidió escribirla de n u e v o ...
(E sp ecia l liara C abaiajata, tic 1. .Y. S .)

concepciones dramáticas de Paul

t Claudel no tienen nada de común con

l

Tres retratos de Jean Coeteau.

ENTREVISTA

LEON
on

CON

KLIMOVSKY
— Para principios del año entrante

motivo de su visita a Montevi­

C deo el doctor León Klimovskv, crí­

pienso terminar un film de largo me­

tico y ensayista argentino que (lió dos

traje inspirado en "E l jugador”

conferencias en el

sobre cuestio­

Dostoiewski, en el que actuarán Ju-

nes cinematográficas a invitación de

dith Sullian, Carlos Cores y Santiago

este organismo oficial, hizo unas de­
claraciones exclusivas para C abalgata

Gómez Cou.

por intermedio de la Agencia Franco

teneciente al género psicológico en cuyo

Presse.
Refiriéndose a la difusión como cine

libreto hemos trabajado Manuel Ville­

arte que hace el

el doctor K li-

Habrá solamente cinco personajes, la

movsky habló de las iniciativas simi­

acción transcurre en tres días y el tema

lares nacidas en Buenos Aires.

central lo constituye la ruleta.

sobre

sobre ,

de

Por otra parte tengo el

propósito de filmar otra película per­

gas López y yo durante varios meses.

— Hubo en la capital argentina — di­

A este

respecto quisiera subrayar algo que es­

j o — entre los años 1939 y 1944 una

pero, tendrá buenos resultados.

organización de cine arte que tropezó

proponemos aplicar en la realización

Nos

desde el comienzo con la incomprensión

de este film por primera vez creo, un

e incluso la obstrucción de las autori­

sistema de ensayos semejantes y más

dades oficiales, cosa que, felizmente,
no sucede aquí.
citada

León Klimovskv.

Durante dos años la

organización

presentó

cuatro

funciones semanales en el local del Cine

acerca de qué películas argentinas me­
recen ser citadas, declaró:

Baby y en los dos últimos años presen­

— Como películas que señalan etapas

tó funciones diarias.
— ¡ A (pié se debe el fracaso de esa

en el cine argentino yo citaría las si­

iniciativa ?
— En parte

drini;

guientes:

"Riachuelo”, de Luis San-

"La guerra gaucha” , por sus

completo si es posible, al que se em­
plea en el teatro. Es decir, la película
será hecha completamente una o dos
veces como ensayo, para poder así eli­
minar concienzudamente todos los erro­
res y también modificar si es menes­
ter el libreto ante nuevas imposiciones

doctor

cualidades de espectáculo; "A sí es la

de la construcción.

Kliinovsk.v— , a la obstrucción de las

vida”, por su acertado carácter costum­

los intérpretes también podrán verse

autoridades y, principalmente, a la fa l­

brista ; "Donde mueren las palabras” ,

en la pantalla, no ya en forma defini­

ta suficiente de material, pites, debido

exponente del buen cine musical des-

tiva, lo cual les permitirá criticar por

a la prolongación de la guerra se per­

argentinizado.. .

sí mismos sus actuaciones y corregir

— responde

el

dió el contacto con los cines, clubes
y otros organismos franceses similares.

— ¿Cuáles citaría desde el punto de
vista artístico f

De esta manera,

a sabiendas sus errores en la interpre­
tación.

Actualmente se filman las di­

Citó seguidamente el doctor Klimovs-

— "Escala en la ciudad” , de Alberto

versas escenas de una película en forma

ky a las organizaciones como "Gente

de Zavalía; "Prisioneros de la Tierra” ,

dislocada luego de repetidos ensayos

de Cine” y "Cine Club” que vienen bre­

una tentativa de plástica social y "La

casi improvisados y sumamente fatigo­

gando por una mayor elevación en la

fuga” .

Señalaré también como films

sos, tanto para los directores como para

cinematografía, y manifestó que no se­

meritorios a "Tres hombres del río” ,

los actores, y sin que éstos puedan

ría difícil que la Dirección de Espec­

"Todo un hombre”, "E l muerto falta a

pulir su trabajo. Creo que con nuestro

táculos Públicos de Buenos Aires, ini­

la cita”, "Su mejor alumno” , "La dama

sistema podremos evitar muchos de los

ciara un ensayo similar al del

duende” .

defectos que se cometen generalmente

sobrio

de Montevideo.
A

una

pregunta

Respecto a-su propia labor como ci­
del

corresponsal

neasta el doctor Klimovskv, declaró:

en la filmación.
( Exclusiva para C abalgata, de A .F .P .)

aquellas laboriosas fantasías. Al ilus­
tre escritor sólo le interesan los valores
reales. En el teatro de Champs Elysées
acaba de subir a escena su Pire, humillé,
que pertenece a la trilogía del Otage.
Sitúase la acción en Roma en 1870-1871.
Dos sobrinos del Papa aman a una jo­
ven judía ciega. Tal rivalizo! da pie
a Claudel para levantar en la escena
inmensas figuras simbólicas: el amor
divino, el amor humano, la Revolución,
Roma, el Papado. Un viento de pode­
rosa poesía vivifica la sala. En Clau­
del hay una especie de genio cósmico,
v si llega a presentar una aventura de
amor, nos parece, a nosotros como a los
que la viven, (pie se adentra en el infi­
nito. Del P ére humillé podría decirse,
como de Le sonlier de salín, que la que­
ja de un alma envuelve a todo el un;
verso. Desde un punto de vista mer
mente dramático, esta obra no tiene 1¡
mismas cualidades (pie Le sonlier de si
lin. Hay escenas de admirable vigi
(como por ejemplo el diálogo del Pap
con un monje franciscano), trozos d
poesía penetrante, pero es lento el mi
cimiento del drama y en él se advierte
algunos baches. Esta obra de alta esp
ritualidad conmovió, sin embargo, pn
fundamente al público. Por desgraci.1,
debemos convenir que la interpretacif
deja bastante qué desear.
* * *
*
Sigue la serie de piezas sobre la gu
rra y la resistencia. Su calidad gene­
ralmente deja qué desear. Parecería
que ciertos acontecimientos no podrían
dar materia dramática, pues son tan
ricos en dramas vividos (pie el arte se ve*
aplastado por la realidad. El hecho es
que nunca se escribió una obra maestra
sobre la Revolución del S9, la guerra
del 70 ó las de 1914 y 1939. En este
peligroso terreno debemos, empero, ci- |
lar una pieza de Clavel, Les iucead ¡ai­
res, que se representa en el teatro Noc­
tambules. Tuvo su autor el mérito de
apartarse de los lugares comunes y de
intentar arrojar francamente luz sobre
el estado de espíritu de los resistentes
V de los que no lo fueron. Obra sincera,
pues, pero malograda por no pocas tor­
pezas.
* * *
En la sección de obras extranjeras
debe señalarse H istoire dn soldat, de
Ramuz (con acompañamiento de Strawinsky), que tuvo mucho éxito en Sui­
za, pero que aquí se encontró un P'M’°
floja. La pieza quizá estaba material­
mente aplastada por las dimensiones de
una sala inmensa. En el teatro Nouveau
tés, fíeorg e e t M argaret , del ingles Gerald Savorv, levanta todas las noches
tempestades de carcajadas. Es una P&gt;eza
"fácil” , pero (pie evoca con ’humour
la vida de una familia de estrafalarios
En el teatro Hébertot se represento
lies souris et des Itommes, pieza extra'
da por el mismo Rteinbeck de su &lt;éle
bre novela. Confieso que la historia
de aquel pobre muchacho que mata sin
quererlo a los seres que más ama nu
pareció que perdía en escena mucho t
su pujanza trágica. Una vez más pu‘ o
advertirse cómo se aleja de la técnica
del teatro la de la novela. La tentativa,
después de todo, nos permitió conocer
a un actor joven, de talento original y
vigoroso: Robert Hebert.
C opyright bg Agencia Frunce Presse.

�@

CINE

c ab a lg ata

CORREO CINEMATOGRAFICO
H O LLY W O O D
(Exclusivo de A. F. P. para Cabalgata )
as huelgas que se hacen en Hollywood
j hace más de tres semanas y que han
puesto en conflicto varios sindicatos pro­
fesionales, han tomado un nuevo aspecto,
que amenaza a la producción cinematográ­
fica con una parálisis completa y, por lo
menos para los productores, anuncia pér­
didas financieras considerables.
El personal de los laboratorios que tiene
la misión de revelar día a día los nega­
Noel-Noel y Gaby Andreu, en BAN­
Escena de BAJO EL MANTO TENE­
tivos, se ha negado a cruzar las líneas
DIDO DE HONOR, film distribuido
BROSO, film Paramount con Alan
custodiadas por los huelguistas. E l resul­
por Difa.
Ladd, Geraldine Fitzgerald, etc., diri­
tado de tal decisión es mucho más impor­
gido por Irving Pichel.
tante de lo que se puede imaginar a pri­
mera vista. En la imposibilidad de exa­
minar su trabajo de la víspera, los "metteurs en scéne” se ven obligados a seguir
la labor, sin saber si podrán utilizar lo
que ya lia sido hecho. No se animan a
separarse de sus decorados, de miedo a
necesitarlos de nuevo, en el caso de que
fuera imprescindible filmar de nuevo algunas escenas y . . . los estudios atestados
de cosas retardan la producción.
Dos grandes compañías, la Metro y la
Paramount, son las únicas que pueden
alabarse de no sufrir de este doloroso
estado de cosas y afirman que un número
suficiente de sus técnicos pudo cruzar las
Ray Milland en una escena de LA
Ella Raines y Roo Cameron, en ELLA
líneas de huelga y asegurar el trabajo en
NOVIA EN UN LIO, film de Para­ NO QUERIA, film de la Universal.
los laboratorios.
mount.
Los incidentes que se han producido
Últimamente en Hollywood han sido en
su mayoría provocados por las luchas de
los sindicatos entre ellos. Se disputan a
sus adherentcs y reclaman derechos que
tal vez parezcan ridículos al observador
no acostumbrado al ambiente.
Por ejem plo: el obrero que coloca el
biombo, por encima del cual tendrán una
conversación animada la heroína del film
y su novio, no puede ser el mismo obrero
B ette Davi$ y Glenn F ord , en V ID A R O B A D A , pelícu la de la W arner que se
que quitará el biombo, una vez terminada
anuncia para el 21 del corrien te en el cine O pera.
la escena. Este privilegio le pertenece a
otro sin d ica to... Un lunar en la mejilla
de una estrella provoca dramas entre el
sindicato de los modistos y el de los maAlberto Castillo, Alberto Vila y Her­ Francis Lederer y Ann Rutheford, en
quilladores. {E l lunar es un atributo esen­
minia Franco en ADIOS, PAMPA
OBSESION TRAGICA, film de Repucial
o
solamente
un
accesorio?
Y
las
dis­
ellas;
cuando
los
valores
pueden
enfren­
MIA, de Argentina Sono Film.
EL HOMBRE DE GRIS
blic Pictures.
cusiones se reproducen hasta lo infinito
tarse, el resultado es interesante. Chenal
( The man in grey)
y las barreras crean situaciones que sola­
buscó duro realismo para los tipos: Gar­
En La kermesse roja se reproduce la
Jean Renojr: nueva versión de Madame
Film, inglés de Leslie Arliss, según una
mente los expertos pueden resolver, siem­
nett los prefiere bellos y pintorescos.
primera catástrofe cinem atográfica: el
Bovary, que hizo en Francia en 1934.
novela de lady Eleonora Smith, adapta­
pre, por supuesto, dificultando el trabajo.
Chenal se ocupó ante todo del problema
incendio del Bazar de la Caridad el 7 de
Charles Laughton, en el papel de Flaución de Margaret Kennedy, interpretado
psicológico; Garnett de la situación y el
Si la producción de Hollywood ha sido
mayo de 1897.
bert, cuenta el film.
por James Masón, Margaret Lockwood,
efecto. Chenal, el drama; Garnett, la
aflojada en su ritmo, la producción in­
Henri’ Jaeques dirigirá El arca de Noé,
Walt Disney hará un film que no es
Phyllis Calvert, Stexcart Granger.
aventura. Chenal lo hondo y oscuro; Gar­
glesa y francesa — según dicen muchos—
argumento de Albert Paraz y guión de
de dibujos animados. Con animales: EX
nett
lo
superficial
y
brillante.
Chenal
Hay una novelística inglesa en que todo
ha podido poner en valor sus films y
cordero negro.
Jaeques Prevert.
hizo un drama de conciencias primarias;
tiene que suceder entre gentes distingui­
satisfacer a los salones de exhibición nor­
Salim Hallali, cantante del Marruecos
Garnett
un
film
policíaco.
Es
decir,
CheArgentina.
das, cuya categoría social está sobre sus
teamericanos, satisfaciendo a su clientela,
francés, filmará en París El esclavo.
nal tomó el problema y Garnett la noticia.
propios vicios y crímenes. El perverso
Hugo del Carril irá a Hollywood para
siempre ávida de novedades. La época de
Fernandel,
en
Pctrus.
Después
de
Rai­
Y si el film de Chenal tiene más clima
— generalmente muy perverso— es siem­
interpretar la vida de Rodolfo Valentino.
la comedia ligera parece haberse perdido
mu,
el
actor
más
popular
de
Francia.
y fuerza, el de Garnett está mejor tra­
pre un aventurero, de baja clase social;
B. H. Iiardy va a comenzar El hombre
en las brumas del pasado y la presen­
Viviane Romance en Bajo la cólera de
zado. Todo se queda fuera, pero está
es decir, sin nada que le absuelva. Dickens
que recibe las bofetadas, con Narciso Ibátación de películas dramáticas sigue en
los dioses.
magníficamente contado, con momento de
trajo lo contrario: la gente humilde, per­
ñez Menta.
actividad. Bette Davis interpreta papeles
Murió Gabriel Gabrio, buen actor de
buen cine; está ahí el realizador de
seguida por el egoísmo de los poderosos,
Carlos Schlieper comienza El misterioso
de gran "fuerza” en un drama de los
muchos films, desde al mudo.
O.
K
.
America
y,
sobre
todo,
Viaje
de
y la novela inglesa cambió bajo este Im­
tío Sylas, en E .F .A .
celos: "Decepción” . . . La dulce Olivia de
ida.
La
película
se
ve
con
el
interés
de
Hollywood.
Lucas Demare termina -Vlinca te diré
ito popular.
Havilland se presenta bajo una nueva
una noticia, del buen reportaje sobre
Por eso, es curioso que el cinema inglés,
adiós.
Clarence Brown film a Canción de amor,
luz en "Dark Mirror” y da escalofrío a
aquel crimen que un vagabundo comete
¡a ra hacer sus folletines, vuelva al amLeón Klim ovsky: notables conferencias
sus espectadores con la interpretación de
sobre el idilio del músico Brahms y Clara
en una estación de gasolina de Califor­
1 ¡ente de los dramas distinguidos. Porque
de cine en el SODRE, de Montevideo.
dos mellizas idénticas, mistificación de
Schumann, mujer del otro músico famoso.
nia; la mujer bella y ambiciosa lo incitó . personajes.. . frente a los cuales los es­
la película es en resumen esto: ¡as inficontra el marido, para heredar. El cri­
itas desgracias que le ocasiona a una
pectadores nunca saben con cuál de las
men casi perfecto; lo que falta dp per­ mellizas tienen que hacer. . .
■iristócrata muy buena, una mujer de
fección,
lo
pone
un
abogado
pintoresco
y
liase inferior, muy mala, que aquélla tuvo
Una ola de generosidad parece haber
genial, en un juicio oral muy bien hecho.
la debilidad de hacer su amiga y meter
invadido el ambiente: Frank Sinatra, ido.
Pero al fin será ejecutado, por otro cri­
n su casa. Le quita el marido y acaba
lo de miles de norteamericanas, ha renun­
men. . . que no ha cometido: el cartero
asesinándola. Pero el marido — un hom­
ciado a hacerse construir un estadio par­
llama dos veces, cuando no se contesta
bre atrabiliario y cruel, algo byroniano—
ticular, porque no quiere privar a los
a la primera. Noticia bien contada.
mata a la perversa por haberse atrevido
veteranos de guerra de los materiales de
Y esta comparación ;n o define un
a asesinar a uno de su raza, a uno de
construcción tan necesarios para la edi­
poco el cine de Francia y el de Norteamé­
su clase.
ficación de viviendas...
rica? — M. V. L.
El folletín inglés se caracteriza por fin ­
Fred Astaire venderá en remate su úl­
gir que no lo es; y bajo esta hipocresía
timo par de zapatos de baile, en la pre­
GASPAR EL REBELDE
artística el film marcha lento y frío, apa­
miare de "Cielos azules” y los beneficios
(G aspar de B e ss e )
gando en cada momento el alarido melo­
de la venta serán destinados al fondo de
dramático con la flema británica. Cada
André Hugon, el realizador de este film
caja de los músicos aficionados ingleses.
escena está entre dos "encadenados” , sis­
francés, tiene veinte años de cine en su
También dicen que Fred filmará con Dia­
tema de montaje que contribuye a su len­
haber. Y la película once de v id a ; por­
na Durbin "U p in central Park” , comedia
titud. Un buen y rápido final remata el
que a pesar de presentarse como un ale­
musical, que será su despedida del cine.
film. De los actores, la mejor Phyllis
gato contra la ocupación germana de
Dentro de poco, la Metro presentará un
Calvert. Para James Masón, el galánFrancia, el film es de 1935. El tiempo es
E N U N A N O C H E DE N A V I D A D . . .
film sobre la bomba atómica: "E l comien­
villano, no hay oportunidad.
el enemigo implacable de la obra de
Fernand
LEDOUX, Renée FAURE, Raymond ROULEAU
zo
del
final”
,
en
el
cual
el
papel
del
Ca­
Desde luego éste no es el cine inglés
arte. . . cuando no es obra de arte. Ahí
pellán será interpretado por un Pastor
de Rapsodia de vacaciones, El descono­
están los films de Chaplin de hace treinta
auténtico: el Rev. Bron C liffo r d ... que
cido, Hidalgos de los mares o El séptimo
años haciendo reír — ¡reír en cine!—
en Hollywood se dedica a ser predicador,
velo. — M V. L.
EL V E L O A Z U L
como el primer día. Y Hombres de Aran,
cuando no filma.
de Flaherty, eternizando el drama de mar
Gaby M O R LA Y, Elvire POPESCO, LARQUEY
EL CARTERO LLAMA
y el hombre. Y . . . aquí sólo queda, en
Proyectos: Humphrey Bogart y Lau.
parte, Raimu. — M. V. L.
reen Baeall empezarán en breve el rodaje
DOS VECES
de "Dark Passage’ . . . Ann Sheridan re­
LA I SL A DEL A M O R
Film norteamericano de Tay Garnett, se­
aparecerá en "In fiel” . . . Errol Flynn
gún la novela de James Cain, con Lana
Tino ROSSI, Lilian VETTI
seguirá haciendo de conquistador: después
Turner, John Garfield, Cedí Kellaway,
de "R obin Hood ’, vendrán "Las aventu­
Hume Cronyn, León Ames, Audrey Totter.
Un film que narra la epopeya de la
ras de Don Juan” , que la Warner cuenta
Pierre Chenal hizo esta misma obra en
Cruz Roja está actualmente en estudio.
EL U L T I M O DE L O S S E I S
entre sus inmediatos p royectos...
Francia, en 1939, con Corinne Luchaire,
La compañía "M ajestic Films” ha adqui­
Pierre FRESNAY, André LUGUET, Susy DELA1R
Fernand Gravey y Michel Simón. Aqué­ rido los derechos de su producción y el
lla era una buena película y ésta también.
argumento tuvo la aprobación de la fa ­
protagonista será interpretado por Pierre
Las comparaciones sólo son odiosas para
milia de Henri Dunant, admirable fun­
Blanchar, pero el costo de producción del
LA M U J E R P E R D ID A
el que se sabe condenado a perder en
dador de la gran institución. El papel de
film está calculado en 80 millones y dicha
Renée
SA
IN
T
-C
Y
R
,
Jean
M U RA T, Roger DU CH ESNE y Myno BURNEY
sociedad francesa trata de interesar en su
proyecto a alguna sociedad extranjera,
inglesa, italiana o norteamericana.

L

ESTRENOS

S I Cine 'fAancéd

lieqó- Huev4une*ite a la
¿U#e*iiUia có*i toda, la
iuebba de ¿u ¿u#e¿ü¿n
can:

CINE FRANCES

•

Olga Zubarry y Carlos Cores en EL
ANGEL DESNUDO, film de Lum iton
d irig id o p or Carlos Hugo Christensen.

Boger Ouchesne, intérprete principa!
de LA MUJER PE R D ID A , que pre­
senta la D istribuidora Franco Argen­
tina de Films.

Después de la "Batalla del riel” , pelí­
cula que René Clair considera el mejor
film francés que haya sido producido des­
pués de la liberación, entrarán en pro­
ducción "Los malditos” y, luego, "Dios
no se duerme” , que formarán una especie
de trilogía con el primero.
"Dios no se duerme” tendrá diálogos de
Colette Audry, autora de ambas obras,
lo que es una garantía de calidad y buen
gusto, y será el comienzo de una serie
que terminará con "Los malditos” , cuya
acción se desarrolla después de la libe­
ración en La Rochelle y narra la evasión
de los prisioneros alemanes.
(Especial para C abalgata de A. F. F.)

MAPA
DE P A N T A L L A S

Gloria Marín v Hugo del Carril, en LA
NOCHE Y T lj, film presentado p or la
lnteram ericana.

Kurt Kreuger, Clifton Wpbb y Cattr
Downs, en ENVUELTO EN LÁ SOM­
BR A, film de la Fox.

Francia.
Félix Gandera, que hizo Los misterios
de París, hará Los misterios de Edwin
Drood, novela inacabada de Dickens.
André Cavatte ha comenzado El cantor
desconocido, con Tino Rossi.
Léon Mathot filma Foches de alerta.
Ilusiones, de Pierre Chenal, se llamará
La feria de las quimeras.

y el ftúllica (UgenÜHó, ¿egutiá
deleUÓÁideee ce*i u*i etfteciáoule
de ieialquía, v¿e*uto:
BANDIDO

DE H O N O R

NOEL-NOEL, Gaby A N D R EU

A M O R SIN M A Ñ A N A
Edwige FEUILLERE, Jean M ER C A N T O N

EL B A R O N F A N T A S M A
Jany HOLT, Alain C U N Y, Odette JO YEU X
Diálogos de Jean COCTEAU

UN A N G EL LLA M O A M I

PUERTA

Simone RENANT, Jean CH EVRIER

M A N O N , L A 326
Viviane RO MANCE, Lucien COEDEL, Clément DUHOUR

�c a b a lg a t a ®

CINE

s demasiado conocida por los hom­
bres cultos de todo el mundo la obra
maestra de André Gide para que tenga­
mos que recordar aquí la conmovedora
historia que el escritor nos cuenta en una
lengua perfecta. Cómo Gertrudis, mucha­
cha huraña, ciega de nacimiento, fue
recogida por el pastor de una aldea sui
z a ; cómo éste, escuchando el consejo di­
vino, la educó completamente y luego
prendo
de ella en secreto; cómo la mu­
chacha atrae irresistiblemente al hijo del
pastor, Jaeques, con quien aprende a to­
car el órgano; cómo Gertrudis es opera­
da, y al curarse descubre la belleza del
mundo, la grandeza del cielo y la tris­
teza de la frente cargada de cuidados de
los hombres; cómo la muchacha prefiere
darse muerte antes que seguir siendo la
causa voluntaria de que peque quien lp
salvó. Toda esta tragedia que oprime, po­
derosa y amarga, deja a quienes la leen
un sentimiento profundamente doloroso,
indeleble, “ un corazón más árido que el
desierto” como el del santo hombre a
quien su misma caridad llevó a la des­
gracia de los suyos, a la desesperación de
su mujer, al alejamiento de su propio hi­
jo , a quien la muchacha comprendió que
amaba, creyendo amar al pastor.

En cuanto al fondo del tema, los más
exigentes podrían asombrarse di que, una
vez recobrada la vista, Gertrudis no ex­
prese ninguno de los sentimientos que la
agitan hacia la mujer del pastor, cuva
tristeza descubre, y que el carácter de
aquella esposa abandonada sea más re­
belde y menos sumiso que en la concep­
ción del autor. Los adaptadores se pri­
varon así de uno de los móviles más nobles
del suicidio de Gertrudis, pero ganaron
en cambio poderosas escenas dramáticas
entre ambos esposos. La situación dolorosa que separa a padre e hijo, igualmen­
te puros y generosos, está admirablemente
vertida, tanto por el texto de los diálog»s
cuanto por una interpretación de primer
orden. Fierre Blauehar encarna al pastor
y Jean Desaillv a su hijo. Cuando están
enfrentados ambos pueden dar plena me­
dida de su talento, perfectamente concer­
tado uno con el otro. Line Noro cede su
máscara doloroso a la mujer del pastor
cuyos sentimientos divididos entre los ce­
los y la admiración expresa a las mil ma­
ravillas. Michele Morgan, por fin, está
absolutamente perfecta en la interpreta­
ción de Gertrudis: con notable precisión
regula sus movimientos de ciega: da a
su hermoso rostro todos los reflejos de
sus alegrías, de su fe y de su corazón
agradecido, así como de su amor y de sii
despertar a la vida. Ciertos pasajes de
este film merecen inscribirse en el re­
pertorio de las realizaciones perfectas, en
particular las escenas que ocurren en el
órgano del pobre templo, tanto cuando
Jacqucs viene a ensayar en el instrumen­
to, como cuando le enseña a Gertrudis
a deslizar sus dedos por el teclado.

E

Al tratar semejante tema, Jean Delannoy, a quién debemos ya L ’E tem el Setone, versión modernizada del “ Tristón
e Isolda ’ hecha por Jean Cocteau, hizo
gala de cierta audacia. A los familiariza­
dos con André Gide podrá dejarles una
ligera decepción literaria la adaptación
cinematográfica, pero todos deberán re­
conocer que se hizo con mucho tacto. Por
lo demas, parece que el mismo Gide se
declara satisfecho; debe haber tenido -en
cuenta, sin duda, las exigencias dramá­
ticas del cine. Era preciso, en efeeto, en­
riquecer una acción harto simple, des­
crita esquemáticamente bajo forma de
diario . a la manera de un Jocelyn con­
temporáneo: halda que crear ciertas peri­
pecias nuevas para sostener el interés de
un público siempre vigilante, y, por con­
siguiente, inventar algunos papeles episó­
dicos de los que no puede hallarse una
sola huella en la obra original.
Indudablemente, la pureza poética de
“ Sinfonía pastoral” perdería un tanto su
brillo si, por el contrario, el aporte del
cine no le diese, de rechazo, el maravillo­
so prestigio de las imágenes. La cualidad
plástica de este film está por encima de
todos los elogios, y su técnica fotográ­
fica es excelente, tanto en los primeros
planos de los rostros y de las manos cuan­
to en los conjuntos de los paisajes mon­
tañosos. Sólo hemos advertido un error:
el de un cuadro en un espejo en el que
el pastor se refleja borrosamente porque
no está en el mismo plano que la mucha­
cha; el error es lamentable sobre todo
porque en esos momentos el pastor pro­
nuncia palabras esenciales. Débese esta
sorpresa técnica a la imperfección de
nuestros medios actuales y que nos lleva
a lamentar que nuestros cineastas no dis­
pongan de los mismos medios que un Orson V elles en Hollywood.

C R O N I C A DE
HOLLYWOOD
, \ T O estará América saturada acaso de
¿ X \ l riesgos, emociones y aventuras?
Un paseo por Times Square, punto de
reunión de todas las salas donde se pro­
yectan estrenos, lo har a creer así. No
se ven más que títulos escalofriantes y de
pesadilla. Este es por lo menos el in­
tento del realizador, aunque el resultado
conseguido haya sido distinto. Sólo se
prometen crímenes, combates o violencias.
En una sala proyectan El extraño, rela­
to del fin de un nazi criminal de guerra;
a su lado pasan Suspenso, Acorralado, y
frente por frente, Sesistencia, el film
francés, y O. S. S., realización cuyo nom­
bre está tomado del nuevo servicio de es­
pionaje norteamericano. Y a estos nombres
hay que juntar muchísimos más igual­
mente sugestivos.
Estos films consiguen grandes y hasta
extraordinarias recaudaciones. Casi todos
son buenos, lo que es ya en sí una razón
de éxito. Pero algunos de entre ellos,
como O. S. S. y Sesistencia, son medio­
cres. La conclusión que se saca es que es
esto principalmente lo que reclama el
público americano, aunque al mismo tiem­
po parezca fatigado de los relatos de
guerra.
No basta la objeción de que necesita
una válvula de escape su vida monótona
y gris. Sin hablar de las innumerables y
repetidas emociones de la política inter­
nacional, el público americano tiene ade­
más bastante distracción espeluznante con
la lectura de los diarios, donde se da fe
sucinta y detalladísima, con toda clase de
pormenores, de la cotidiana cosecha de
crínu nes, violaciones y robos cuyo núme­
ro supera en la actualidad todo lo cono­
cido anteriormente en los Estados Uni­
dos. Hoy en cambio, hasta los ex comba­
tientes aspiran a la calma y la tranqui­
lidad.
{D e dónde procede, pues, esa afición
a los films que escalofrían o pretenden
escalofriar? La razón es difícil de de­
terminar. Si los soldados americanos han
conocido perfectamente la guerra, el pú­
blico americano no la ha “ sentido” . P o­
co a poco la va conociendo a través de
los innumerables libros, relatos y confe­
rencias que se pronuncian y publican.
Hasta la guerra en sí misma, esto es el
combate propiamente dicho, el matemá­
tico bombardeo de una formación de
aviones pesados, va perdiendo interés, ya
que los films de actualidad dan índices

ANDRE GIDE EN CINE
"SINFONIA PASTORAL”
por

JEAN TEDESCO
(Exclusivo paro C abalgata .)

Como acompañamiento de la “ Sinfo­
nía pastoral” , Georges Auric escribió una
hermosa partitura musical cuya cualidad
clásica viene a sumarse a la pura emoción
que se desprende de un espectáculo tan
bien armonizado. Donde mejor se advier­
te la fuerza sugestiva es en la escena
conmovedora en que Gertrudis, que ve a
Jaeques por primera vez, lo toma al prin­
cipio por el pastor y luego comprende
que se equivocó al simple contacto de sus
manos. Esta sucesión de imágenes fué
tratada sin ninguna intervención Uel diá­
logo, mediante una alternativa de glanos
que recuerda el glorioso pasado del cine
mudo, con toda su fuerza de sugestión y
de hipnosis.
Por imposiciones de un desenlace vi­
sual, la escena final m odificó un poco el
de) relato literario. Gertrudis no muere a
consecuencia de su caída en el torrente,
haciendo al pastor la cruel confesión de
su amor por Jaeques: la retiran del agua
helada y el pastor viene a tomarla en
sus brazos para llevarla hacia el fondo
del paisaje, mientras en el telón se lee la
palabra “ Pin” . Pero los cineastas no per­
dieron nada de la evocación gideana de
aquel rostro virginal, “ con sus cabellos
aun mojados y semejantes a algas, des­
parramados a su alrededor” . Michele Mor­
gan les ha permitido hacer con ella una
de las imágenes más hermosas que nos
haya sido dado admirar.

técnicos, es cierto, pero que no varían
en los seis años de guerra.
Pero aquello que podríamos denominar
el "corolario” de la guerra tradicional:
el espionaje y la resistencia, que posee
la inmensa ventaja de permitir a los di­
rectores el intercalar las escenas de amor
más inverosímiles, es algo que entraña
la emoción de la aventura, que cada es­
pectador pudo haber vivido en personade no haberse encontrado del otro lado
del Atlántico.
El considerable éxito de La Casa de la
calle 42, cuya acción se desarrolla com­
pletamente en Nueva York, se debe con
toda seguridad, en gran parte, a que el
decorado era algo conocido de todos, ya
que todos podian haberse encontrado con
espías en la calle.
La guerra “ ultramarina" ha dejado
cansados de viajes a los norteamerica­
nos para bastante tiempo. Tras haber
sido trasladados a un gran número de
países de tres o cuatro continentes y en
todas las latitudes, los norteamericanos,
persuadidos en la actualidad de que nin­
gún país vale lo que el suyo, quieren que­
darse en casa sin oír hablar más que lo
imprescindible del extranjero, ese con­
junto de curiosas regiones que no produ­
cen más que guerras.
Sin embargo, entre los grandes pro­
blemas planteados por la reanudación de
la exportación de films norteamericanos
se encuentra el de saber si los temas lo­
cales bastarán por sí solos para competir,
en el mercado mundial, con los temas in­
ternacionales que adoptan otros centros
de producción cinematográfica.
Por otra parte, es evidente que la iner
cia es la clave de por qué aun sigue e
público llenando las salas donde se Pr0
yectan films de terror o de guerra, 1
pesar del advertible cansancio que ta e
temas han de producir fatalmente m m
mundo impaciente por borrar toda huí
de la pasada contienda.
En ese sentido están mejor orientado
los productores ingleses y franceses &lt;lu
han vuelto a los grandes ternas de siem
pre y en algunos casos iniciaron nueva
etapas temáticas para el cine.
No obstante, creemos que el cim nm
teamerieano ha de recuperarse muy l’ r‘
to, tanto por la enorme fuerza de riue
pone actualmente como por su niagn
tra (lición.
o de verse acuciados a lflir.
do actual de la industria f
ea más grande del mundo
dores cada vez mas puja*1
mar, sin duda * '* ™ * ’ Z Z

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
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                <text>Buenos Aires, 19 noviembre 1946</text>
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                <text>Torre, Guillermo de&#13;
Ambriere, Francis&#13;
Santullano, Luis&#13;
Molinari, Ricardo E.&#13;
Canto, Estela&#13;
Mora Guarnido, José&#13;
Berry, Ana M.&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Bastide, Roger&#13;
Diez de Medina, Fernando&#13;
Salinas Álvarez, M.&#13;
Alonso, Carmen de&#13;
Helsey, Edouard&#13;
Mirlas, León&#13;
Bosch Bousquet, José&#13;
Hughes, William&#13;
Weeks, R. A.&#13;
Trethowan, Harry&#13;
Devoto, Daniel&#13;
González Carbalho&#13;
Pahissa, Jaime&#13;
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Tedesco, Jean</text>
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                    <text>ANO I * N ° 3 * QUINCENARIO POPULAR ★ ESPECTACULOS, LITERATURA, NOTICIAS, CIENCIAS, ARTES * BUENOS AIRES, 1 NOVIEMBRE 1946 * S 0 ,4 0 -/.,,.

FRENTE A IVAN EL TERRIBLE
Por L E O N K L I M O V S K Y

ESPANTO Y ESPERANZA DE NUESTRO
TIEMPO Por J U L E S R O M A Í N S de la Academia Francesa

(Especial para C a b a l g a t a )

(Especial para C a b a l g a t a )

nueva creación cinematográfica del director ruso Sergio Eisenstein.

Bastaba ese anuncio

de todas las edades que encuentro en diversos lugares del mundo, o que me escriben, me
dicen: "Sufrimos de ansiedad y de descorazonamiento. El porvenir nos espanta. Después de
los horribles años que acabamos de pasar, que exigieron de nosotros — sean cuales fueren nuestro
las ha señalado un importantísimo jalón en la historia del cine; único realizador, probablemente,
país y nuestra condición— tantos sacrificios, esperábamos, claro está, enormes dificultades pero no
que ha limitado su obra de creación a siete films en más de veinte años, todos distintos, todos igual­
un horizonte aún más negro, no esta dimisión de la esperanza.”
mente grandes: desde "La Huelga” , y "Acorazado Potemkin” hasta "Alejandro Nevsky” . . .
Nunca fui mercader de mentiras. No sé darle a otro, los consuelos especiosos en que no creo yo
Y ahora, en este año, da a conocer en la U .R .S .S .; en Estados Unidos, en Francia e Inglaterra
mismo. No trataré, pues, de negar que la situación es pobre en motivos de esperanza y de exaltación.
un fresco inmenso que titula "Iván el
No puedo evitar el recuerdo de que los
Terrible”, y cuya primera parte — no
días siguientes a la otra guerra, pese
sabemos si algún día conoceremos la
a las decepciones que no tardaron en
Col
aboran
segunda, momentáneamente prohibida
traernos, nos parecieron, al principio,
en este número:
en su patria— abarca más de dos ho­
el punto de partida, vacilante, pero
ras de duración. Ese es el film a cuya
caracterizado, hacia un mundo mejor.
JULES ROMAINS
proyección privada pude asistir en
LEON K LIM OVSKY
Las almas jóvenes de 1919 podían tener
■/ili
Montevideo.
G. K. CHESTERTON
inquietudes, desconfianzas. Pero no te­
ANTONIO ESPINA
Conocimos ya en las postrimerías del
nían necesidad de ingenuidad alguna
LORENZO LUZURIAGA
cine mudo — en 1928— otra versión
para admitir que el gran esfuerzo rea­
MARIA
TERESA
LEON
cinematográfica rusa sobre el mismo
lizado, ante sus ojos, en favor de una
ADOLFO SALAZAR
personaje: la del director Tury Taorganización duradera de la paz y de
GONZALEZ CARBALHO
ricli con Yladimir M akaroff en el rol
la común prosperidad, iba a producir,
W ERNER BOCK
de Iván IY de Rusia. Cuadro aluci­
a pesar de todo, con los desechos inevi­
ROM UALDO BRUGHETTI
nante de una época obscura y sinies­
tables, resultados positivos. En espe­
ALBERTO G IRRI
tra, enmarcada en la superstición y la
cial, parecía cierto que la humanidad
LEON MIRLAS
crueldad de la Edad Media, pintaba
MARCEL TH IBAU T
estaba curada, para mucho tiempo, de
con rasgos dignos de Daumier o Doré,
MANUEL VILLEGAS LOPEZ
la locura guerrera. ¿N o era esto, de
FELIPE ARCOS RUIZ
una corte siniestra, decadente y sin
por sí, una compensación por los su­
ESTELA CANTO
piedad que se movía bajo el signo de
frimientos y una razón suficiente para
EDUARD HELSEN
la voluntad arbitraria, de un monarca
alentar el entusiasmo?
CLAIRE VENDÓME
enjuto e* irónico, inteligente e inescru­
Hoy las dificultades propiamente p o­
SERGIO
LENNARD
puloso, que después de estrangular a
líticas y diplomáticas son aun más gra­
JULIO C. FIGUEROA
su esposa, se asomaba imponente a la
ves que en aquel tiempo. Los princi­
Una página de ciencia, por
corte aterrorizada, para anunciar con
Escena del film ruso
Slrateinsky.
pales partícipes del debate están, sin
JOSÉ O TERO ESPASANDIN
voz dolorida y digna: "Nuestra Zarina,
"Iván el Terrible” .
(Véase artículo página 17 .)
comparación, más profundamente divi­
ha muerto . .
Una página de m odas, por
didos. Pero, a mi entender, hay algo
FRANCISCO JAUMANDREU
Totalmente opuesta a aquélla en su forma de interpretar la historia, la
peor. Es el estado de espíritu, en el sentido general y mundial de la expresión.
Ajedrez, por el profesor
obra de Eisenstein nos enfrenta al Iván voluntarioso y fuerte, que logró
El estado de espíritu, en el período inmediatamente posterior a la otra guerra,
FRANCISCO BENKÓ
unificar su país, contra el grupo feudal de los boyardos, separados entre sí;
contenía, sin duda, un elemento confuso y dudoso; escondía, incluso, gérmenes
Reportajes gráficos. Crítica de
que supo conquistar a las tribus y pueblos vecinos, que entrevio la inmensi­
peligrosos que iban a desarrollarse rápidamente, para desgracia del mundo. El
libros. Crítica de cine. H um or;
dad del actual territorio euro-asiático, y que tuvo la dignidad de exilarse vo­
gusto de la violencia y de la aventura apuntaba demasiado claramente. Pero,
luntariamente en determinado momento, hasta lograr que el pueblo, unifi­
en conjunto, aun tendían a dominar cierta generosidad, cierta confianza en el
cado también en su deseo de una pa­
hombre y en su destino, cierta fe en
tria única, viniera en su busca para
la eficacia de las ideas morales.
darle el poder necesario para construir
El estado de espíritu actual es para
su obra. Un Iván altivo, que irradia
causar espanto. La atmósfera moral
dignidad y sugestión maravillosas, en
que respiramos es la más tóxica que
la figura inmensa y hermosa de ese
la humanidad haya conocido desde hace
actor también inmenso que es Chersiglos. Sería larga tarea hacer el aná­
kasov, aquel in o lv id a b le Alejandro
lisis. Nos bastará con citar algunos
Nevsky de su obra anterior . . .
ingredientes.
Ciertos apresurados críticos europeos
No han sido eliminados, en verdad,
que expresaron desconcierto o descon­
los principios mortales que habían enve­
tento ante ese magistral film, no to­
nenado, poco a poco, a nuestra civili­
maron en cuenta la absoluta diferencia
zación entre las dos guerras. Subsiste
que media entre el mismo y la gene­
su estructura; únicamente se han p ro­
ralidad de los films que constituyen el
ducido cambios superficiales y de en­
espectáculo cinematográfico. "Iván el
voltura. (Pero la envoltura no repre­
Terrible” no puede juzgarse con la me­
senta gran cosa. Lo que importa es el
dida de una película común y mucho
tenor psicológico íntimo.) ¿Cuáles son
menos ante una primera exhibición,
las subsistencias venenosas? El fana­
que apenas si deja entrever el tesoro
tismo, ante todo. La intolerancia, con­
de magnificencia plástica, que encierra
siderada a la vez como virtud y como
en sus seiscientas y pico de imágenes.
excitación agradable. El sectarismo tro­
Iván el Terrible* es, desde ese punto
cado en deber. La condena del p r ó ji­
de vista, desmesurado, enorme en su
mo sin reservas ni matices, en nombre
tamaño, granítico en su consistencia.
de la ideología (como en los peores
• Creo que la postura del espectador
tiempos
de las guerras de religión del
frente al film, debiera ser similar a la
siglo deciséis); el pretexto ideológico
que exigía aquella otra obra inmensa
que disimula, a menudo, lo mismo que
que se tituló "El martirio de Juana de
entonces, el odio brutal, la codicia ma­
Arco ’, de Cari Dreyer, que por cierto
terial, el deseo de poder y de goce.
provocó en esos mismos críticos idén­
Se denuncia la herejía del otro, con
tico descontento, igual desconcierto e
objeto de despojarlo de sus bienes, de
incomprensión. Como allí, nos enfren­
su posición y, si es necesario, de su
tamos en "Iván el Terrible”, con ,1a
vida.
cieación plástica que obliga a la con­
Pues a esas sombrías pasiones se
templación cuidada y repetida de imá­
añade el desprecio total de la vida del
genes que pasan fugazmente, agrupa­
prójim o, por poco que nos moleste.
das en un enorme bloque que escapa
Tres siglos de progresiva suavización
al criterio y a la resistencia habituales.
de las costumbres, desembocan, de p ron ­
Y en ello reside, precisamente, parte
de su grandeza.
to, en el gusto y el respeto de la vio­
lencia. La crueldad no es ya más que
La coronación: grandes planos de
un peeadillo, cuando no se la considera
monedas de oro que bañan al adoles­
cente ungido, enormes rostros de po­
como una virtud viril. Con tanto m ayor
pes que cantan la consagración, co­
motivo, los abusos de poder, el arbi­
lumnas anchas V pesadas que certifi­
trio del príncipe, el acto despótico, la
can la solidez del cargo, oro y carmesí,
violación de las reglas y de las fo r ­
paredes claras sobre las que se recorta
mas, el atropello perpetrado por la
el rostro inspirado del joven monarca,
policía, hasta el crimen judicial, hallan,
envuelto en un manto hermoso. Y de
una tolerante indiferencia. Todo el p ro ­
pronto la mística, la afloración de una
blema, para las almas menos endure­
angustia, de una misión enorme y fir­
cidas, es eludir uno mismo estos males.
me, que brota en un himno musical y
Para los más feroces, se trata de ha­
visual.
berlo caer sobre su adversario, o sobre
La Conquista: Duelp entre Iván y
su vecino. .
los boyardos, ricos, gordos y pusiláni­
; Qué otros venenos de nuestra atm ós­
mes, ambiciosos pero pequeños. Y lue­
fera mundial cabe aún nom brar? E l
go la. guerra primitiva, en amplios
gusto de la mentira, en los u n o s: la
frescos abundantes en arietes, torres y
com placencia y la cobardía, en los
cañones, que renuevan la riqueza de
otros. No podemos suponer que nues­
las imágenes de la batalla en Alejandro
tros contemporáneos se hayan conver­
Nevsky.
tido bruscamente en unos estúpidos.
La Angustia: Lucha contra los
Sin embargo, profieren o dejan p r o fe ­
visibles enemigos que intrigan en .
rir, en torno suyo, las afirm aciones más
propia alcoba, que logran la muerte
insolentemente contrarias a la verdad. La
de su joven y amada esposa, que lo
Bailarina ante el espejo (F o to de Da ve C icero.)
mentira parece normal si es útil, si tiena

U para interesar a todos los fervorosos admiradores de una obra capital en la evolución del
arte cinematográfico. Eisenstein, director y teorizador extraordinario, cada una de cuyas pelícu­

( Continúa página 2.)

P

erso n as

(Véase BALLET, páginas 12 y 1 3 .)

(Con tin úa

página

2 .)

�LETRAS

cabalgataQ

ESPANTO Y ESPERANZA
DE NUESTRO TIEMPO
(Viene de pdginm 1.)
ne éxito. Se explica. El fanatismo tiene
su mejor aliado en el escepticismo fun­
damental, es decir, en la pérdida del sen­
tido de la verdad. Escepticismo no ya
sonriente y generador de tolerancia, sino
cínico y asesino de escrúpulos. Escepti­
cismo de carcelero y de verdugo. (Como
se ve, el nazi fascismo está militarmente
vencido pero sus toxinas continúan vivas
y circulan en la sangre del vencedor.)
ttju é m ásf En el inmenso rebaño de los
débiles, un servilismo de camaleón. (Quie­
re decir que, en muchos países, luego de
haberse inclinado servilmente ante la ti­
ranía de ayer, o ante los regímenes im­
puestos por el enemigo, millones de hom­
bres, incluso pertenecientes a los gru­
jios de selección, buscan otro amo de
hoy o de mañnna, para adularlo, para
hacérselo propicio por adelantado, para
desarmarlo a fuerza de sumisión. Lo que
está menos de moda es la libertad intelec­
tual. Más exactamente: está desterrada.
Los hombres independientes e íntegros
que ‘ tienen la audacia de resistir al fa ­
natismo, que aspiran a discernir por sí
mismos la verdad, para ajustar a ella su
pensamiento, desafiando las pasiones par­
tidistas y las consignas, se ven asaltados
por el odio de todas las bandas y de todas
las sectas. El fanático, en caso de tener
que optar, prefiere el fanático enemigo
al hombre libre. Y , desde, su punto de
vista, quizás tenga razón.
Todas estas décimas y estos bemoles

forman, para la humanidad, la armadura
de una marcha fúnebre; o de una marcha
al suplicio. Todo esto, para el que quie­
ra reflexionar seriamente, nos precipita
hacia nuevas catástrofes o series de catást rofes.
Y sin embargo, se encuentran hombres
y mujeres que, en cuanto han visto o
presentido en vosotros a un hombre libre,
se alivian de sus ascos y de sus indigna­
ciones reprimidas. Lo que acabamos de
decir lo dicen ellos, a veces con más có­
lera. Vomitan con horror todas las toxi­
nas de la época. Detestan la intolerancia,
el fanatismo, el sectarismo, la crueldad,
la mentira, la servidumbre bajo todos sus
disfraces. Aspiran a un mundo regido,
de nuevo, por el signo de la benevolencia.
Estos hombres y estas mujeres, cuando
se encuentran y se abren mutuamente sus
corazones, se maravillan de pensar de la
misma manera. Se habían dicho: "jSeré
yo, acaso, el único que piensa aún en la
benevolencia, en la dulzura, en la indul­
gencia mutua, en las diversas carida­
des del alma y del entendimientof” Se
dan cuenta, con estupor, de que no están
solos.
En realidad son innumerables, en to­
dos los pa'ses v en todas las clases de la
sociedad de cada país. Adivino que los
habrá por millares entre los que lean es­
tas líneas. Pero se callan, se aíslan. Se
figuran que la rueda del destino ha dado
la vuelta irrevocablemente, que la buena
causa está perdida, que no tienen otra

Romaiñs pronunciará en noviem­
bre un discurso de recepción en la
Academia Francesa.
El autor de "Hommes de bonne volonté” no hará alusión, como se estila, a su
predecesor, Abel Bonnard, destituido por
colaboración con el enemigo.
"S e las arreglará hablando de una gran
dama” , dice con humor Georges Lecomte.
Y esta gran dama es la Literatura.
Si bien el calendario académico está
ya muy cargado con las recepciones de
los nuevos elegidos: Marcel Pagnol, .Tu­
les Romains. Maurice Garqon, René Grousset, etc., hay en la CoujKÓe un misterio.
Y este misterio es el de Paul Glaudel.
No se tiene ninguna noticia del autor
de “ L ’O tage” , el cual no ha dado señales
de vida. * '
Es de jireguntarse, dicen con acritud en
el secretariado, si Paul Claudel sabe que
ha sido elegido.

se atreva a levantar la voz. Creo que
aun será capaz de cambiar este cátodo
de espíritu, de modificar la tónica espan­
tosa de la época.
Y aunque fracasara, habría salvado, al
menos, el honor del género humano. Ha­

Jules R om aim .

(V in e de página 1. )
enfrentan a la división del país y a la
incomprensión del pueblo: y el ojo in­
menso, de una pintura mural, sobre cuya
pujóla atormentada se recorta la figura
también atormentada, de ese Iván que
decide jiariir al exilio.
Y el Retorno: Esa infinita línea negra
de camjiesinos que se recorta sobre la
llanura blanca de nieve y que sirve de
marco al enorme y conmovido rostro de
Iván, llamado por su pueblo. Final enor­
me y patético, de pulsación lenta y ma­
jestuosa, que irrumpe en las bancas
imágenes finales de Iván, envuelto en
armiño, contra un muro blanco también,
y que se dispone al regreso, con lágri­
mas de gratitud y emoción . . .
Eisenstein, que en estudios exhaustivos
analizó el montaje, señaló repetidamente
la diferencia entre ritmo visual y velo­
cidad visual. Conviene recordarlo ante
esa creación. Su montaje no es veloz; su
ritmo es jiausado, pero inexorable. Como
corresponde a esas imágenes nuevas y
poderosas, en que alternan enormes con­
juntos con escorzo» audaces creados a
base de luces y sombras, en un conflicto
de formas jiarejo al del tema. Dudamos
que alguna vez el cine nos haya dado
tal tamaño de creación plástica. Su equi­

ules

mientos nuevos informes sobre las creen­
cias de las sectas místicas jiaganas del
siglo III. El misticismo africano tiene
su origen en los ritos jiracticados en los
templos fenicios. Transformado j&gt;or la
filosofía griega, adopta, al final de su
historia, doctrinas muy próximas a las
del cristianismo, cuyo triunfo jireparó in­
directamente.
A librería Stock publicará próximamen_j te la “ Correspondencia de Sainte Beuve” , reunida y anotada por el Sr. Bonnerot, conocido especialista de las obras del
famoso crítico.

I

bría procurado además, a cada uno de
sus miembros, el calor que presta
tiempos de prueba, el sentirse miembro
de una comunión espiritual, que dibuia
en las tinieblas, pese a todo, una cadena
da

o l a r i,!u ili&gt; u

FRENTE A IVAN EL TERRIBLE

CORRESPONDENCIA

F RA N CIA

J

cosa que hacer sino esperar los días del
apocalipsis.
Es hora de que so reconozcan unos a
otros y de que se unan para hacer surgir,
por encima de las fronteras, una frater­
nidad, una cofradía de corazones bonda­
dosos, justos y puros, y que esta cofradía

sal, un amor tan cruelmente insatisfecho
que terminó por rebasar los límites de
la razón. Fué rebelde a las enseñanzas
dogmáticas, pero ajiasionadamente poseído
por la comjiasión.” Después de evocar
"al joven locamente enamorado del color” ,
que ve en él un milagro perpetuo y divi­
no, el Sr. Jaujard evoco la muerte de
Théo Van Gogh, enterrado poco después
que Vincent en el mismo cementerio.

de jiublicarse nuevamente, des­
pués de siete años de suspención, el
"Boletín de los Museos de Francia” , en
formato nuevo. (37 quai du Louvre, Pa­
rís 1er)
Los diez fascículos de 32 páginas pro­
fusamente ilustradas que ajmrecen anual­
mente, darán cuenta detallada de la acti­
vidad de los museos franceses de París y
de las Provincias.

A

taba

"E l Arte Romano” de Edmond Rey
primer gran premio de Roma de
(Ediciones Edouard Privat, Toulose, 140
música se otorgó este año al Sr.
ilustraciones y 140 planchas fuera de
Pierre Petit, alumno del Sr. Henry Bustexto) expone los conocimientos actuales
ser. El tema de la tradicional cantata se
sobre el arte romano y los lazos exis­
inspira en el “ Jeu de l’ Amour et du Hatentes entre su evolución y la de la socie­
sard”
(Juego
del
Amor
y
del
A
zar),
en
l Sr. León Biiiet, Miembro del Ins­
dad.
una
adaptación
del
Sr.
Charles
Olere.
De
tituto de Francia, Profesor de fisio­
"El pastel en Francia en el siglo
los otros cinco candidatos que tomaron
logía. fué nombrado decano de la Facul­
x v iii”
(Ediciones Baudiniére), de Paul
parte, en el concurso, los Sres. Robert Lantad de Medicina de la Universidad de
Ratouis de Lirnay, estudio completo acom­
noy y P. Dautel obtuvieron los segundos
París.
pañado de un diccionario biográfico de
grandes premios. Sobresalieron también
varios pastelistas. 100 reproducciones fue­
n a joven dama indiscreta preguntaba
las cantatas de la Srta. Jeanine Rueff
El
"Comité
Nacional
de
la
Infancia”
ra de texto.
a Curmonskv por qué había elegi­
y del Sr. J. M. Damase.
jtrepara
para
fines
de
1946
y
principios
do tan extravagante seudónimo; sabemos
Maurice De Kobra, el célebre novelis­
de 1947, una serie de conferencias de in­
ta, se espera en Hollywood. Publicará
que el buen C'urmonskv se llama Maurice
La Sociedad de Conciertos presentó, en
formación que versarán sobre la legisla­
primera audición, el interesante "Concier­ en breve su última obra "Siete años en­
Baillaut.
ción social de la infancia. Presidirá es­
tre los hombres libres” , que ya ha sido
— Porque — contestó Curmonskv con una
to Lírico” de Jean Martinon para cuarte­
tas conferencias el Dr. Lesné, miembro
publicada en Alemania.
sonrisa— el ajiellido ¡saillant me parecía
to de cuerdas y orquesta, nueva obra de
de la Academia de Medicina.
valor del discípulo de Roussel, escrita
demasiado fatuo.
La edición francesa se queja, con le­
en 1944, después del "Himno a la Vida”
La Facultad de Ciencias de la Univer­
gítim o derecho, de la falta de_ papel.
sidad de París está autorizada para en­
Con motivo del Congreso de la Liga
Georges Lecomte expresaba su angustia
tregar certificados de estudios superiores
INGLATERRA Y
para la Nueva Educación, se realizó en
en días pasados:
de genética.
la
Sorbona
un
concierto
de
música
espa­
— Nada muestra m ejor lo que hemos
ESTADOS UNIDOS
ñola.
En el Instituto Henri-Poincaré de Pa­
su frido durante estos cinco años que la
rís existe un laboratorio de cálculo y un
falta de |&gt;aj&gt;ol. ; N o se decía, antes de la
El Sr. José Ballester-Gonzalvo, profe­
' " A pocos meses de la muerte de Gerlaboratorio de estadística que está a dis­
guerra, que nuestra civilización jiodría lla­
sor de filosofía en la Escuela Normal de
trude Stein, "Ramdom llouse” , de Nueva
posición de las instituciones científicas
marse la era del j&gt;aj&gt;elf
Madrid y delegado de la República es­
York, acaba de publicar un volumen con­
o industriales que puedan tener necesidad
lía ñola al Congreso explicó el significado
teniendo una selección de las obras de la
-de su concurso.
de este concierto, en el que se ejecutó
l Sr. Gilbert Picard. director del
famosa escritora franco-norteamericana.
servicio de antigüedades do Túnez,
A fines de diciembre de 1946, la So­ música de Manuel de’ Falla, Turina, J.
'" R o b e r t Graves, recordado autor de un
Nin, Albéniz, Bacarisse, Jean Pruliére
in form ó a la Academia de InsorijK-iones
ciedad Matemática de Francia organizará
espléndido libro sobre Lawrence (T . E .),
(página
cantada
por
su
esposa,
Amparito
y Bellas Letras que este año se han des­
una jornada de estudios sobre la enseñan­
Péris). El pianista Machado tuvo desta­ escribió una biografía de Pristo, de cuyo
cubierto tres nuevos monumentos en Tú­
za superior de las ciencias matemáticas
paso por la tierra se dice que ofrece
cada
actuación y Nina de Herrera bailó
nez: un sarcófago, una estatua y un epi­
en Francia.
Graves una nueva teoría.
aconijiañada por Ida Perrin.
ta fio en verso. Extrae de estos descubri­
■ "Ita lo Svevo es uno de los escritores
En la primavera de 1947 se realizara
Con motivo del 10* aniversario de la
contemjíoráneos de Italia, más originales.
en París una Exposición Internacional
muerte de La Argentina, se organizó en
Murió, poco dmenos que desconocido, hace
de Urbanismo y Habitación.
el Palacio Chaillot un espectáculo de dan­ unos veinte años y ahora se traduce por
za, con música de Albéniz, acto coreográ­
Se realizará en París, el 18 y 19 de
jírimera vez su novela más imjíortante:
fico en el cual José Torres personificó a
octubre pzóximo, el 23 Congreso de Medi­
"La coscienza di Zeno” , en la llamndn
E n TORNO a LA SUPUESTA GENE­
Don Juan.
cina legal.
"Modern Reader Series". El título en
RACIÓN ESPAÑOLA de 1936, jior José
inglés será: "The confessions o f Zeno” .
Petere. E l x x x v i S a l ó n N ac io n a l
Otro espectáculo en el Palacio Chaillot,
de
A rtes
P l á s t ic a s , j&gt;or Jorge
reunió alrededor del abate Maillet a mil
■ "..."p o d e m o s señalar a Wells como el
L Sr. Albert Grenier, director de la
Romero Brcst. ¡ I g n o r a n c ia , ig n o ­
pequeñog cantores de la “ Cruz de Made­ exponente por excelencia del agitado
Escuela de Roma, y sus compañeros,
r a n c ia , io n o r a x c ia en todas p a r ­
ra” , interviniendo corales francesas y ex­ intelectual, crítico y sin embargo cons­
expresaron su pesar por la suspensión de
t e s !,
por George Bernard Shaw.
tructivo, jíost-viatoriano” (J\ilian Huxtranjeras.
los intercambios internacionales de las pu­
P r im e r o s p a s o s h a c ia la soledad
ley en “ The Sjiectator” ).
blicaciones científicas que recae en per­
(fin a l), cuento j&gt;or Ezequiel Mar­
juicio de todos los estudiosos. El asunto
***En Buenos Aires conocimos una pelí­
eina actualmente gran actividad en
tínez Estrada. P o e m a s , jior Juan
ha sido examinado por el secretario jht cula llamada "La bribona de armiño” ,
la
Comedia
Francesa.
Los
ensayos
Ramón Jiménez. E n t r e v is t a con
petuo de la Academia de Inscripciones y
basada en una novela de Rosamond Marsse realizan en todos los rincones, en el
Tl y a E h e r e m b c r o , |&gt;or Arturo SeBellas Letras, Sr. René Dussaud, quien
hall: ' ’K itty” . Próx'mamente se verá la
Hogar de los Artistas, en la sala Mounetrrnno Pinja. E vo cació n de R oherto
expresó que se le ha asegurado que se
versión cinematográfica de "Por siempre
Sully, en los salones y, naturalmente, en
A r l t (fin a l), Jior Córdova Iturburu.
restablecerían estos intercambios. Confir­
ámbar” , y, entre tanto, para seguir con
A r t is t a s be lg as en B u eno s A ires ,
el escenario. Musset, Moliére, Labiehe,
ma lo expresado el Sr. Alln-rt Grenier
Courteline, Beaumarchais expresan por bo­ la racha de jielículas de ambientes his­
por Romualdo Brughetti. L as fugas
dando a conocer que próximamente jiartitóricos y "audaces temas” , se filma una
ca de sus intérpretes sus textos mágicos.
del
p r in c ip e , cuento
jx&gt;r G. K.
rá un envío de París con destino a Italia.
sobre la vida de Paulina Bonaparte.
"Le lever du soleil” de Simone, "Le maChesterton. L os U p a n is h a d s , por
riage de Fígaro” , "On ne badine pns
Ana M. Berry. P a r ís , por Felij&gt;e
t**Ha sido traducida al inglés, por Ri­
avec l’Amour” , donde Micheline Boudet
A rcos Ruiz. V isita a C ándido P or E rindió homenaje a la memoria de
chard O’Connel y James Grahain, "La
interpreta el papel de Rossete, "Le misanVan Gogh, en Auvers-sur Oise, donde
t i n a r i , por
Francis Brague. E lo ­
casa de Bernarda Alba” .
throjie” , “ LTmpromptu” de Versailles,
Vincent Van Gogh se suicidó, a la edad
g io de l a b u t a c a OCUPADA, j&gt;or D a­
* "E n un artículo reciente, publicado en
"Les Fiancés du Havre” , de Salacrou,
niel D evoto. D a n z a m o d ern a en
de 37 años, el 27 de julio de 1890. Este
"The modern writer in the actual World” ,
"Les mal aimés” de Fran$ois Maurice,
N o r t e a m é r ic a , M a r ta G r a ii a m , por
acto fué organizado por el Sr. Béthenel famoso jíoeta inglés Stephen Spender
"Les Barbier de Séville” , "Un caprice” ,
Cecilia Ingenieros. C r It ic a l it e r a ­
court bajo la jiresidencia de honor del
dice, refiriéndose a ciertos estetas como
donde debutará Franíoise Engel en el pa­
Sr. Nnegelen, Ministro de Educación Na­
r ia , por González Carbalho. D ec a ­
D’Anunzjo, Ezra Pound y W. B. Yeats:
pel de Matilde, "Les fourberies de Scad e n c ia
del
c in e
n o r t e a m e r ic a n o
cional, y con la asistencia del Sr. C. M.
"...m an ifestaron cierto entusiasmo j&gt;or
pin” , donde se verá a Denise Pezzani,
Voorbevtel, agregado de la Embajada de
(fin a l), por Manuel Villegas López.
el fascismo porque vieron en él una vio­
"Les Boulingrins” , "Un ami de Jeunesse” ,
U n a PÁGINA de m o d a s , por Fran­
los Países Bajos.
lenta afirmación del principio aristocrá­
en el cual actuará por primera vez V¡El Sr. Robert Bichet, secretario de
cisco Jaumandreu. U na p á g in a de
tico, un principio que, si bien en deca­
tray. Doce obras de teatro ensayadas al
c ie n c ia s , por José Otero EspasanEstado de la Información, expresó;
dencia, los mantuvo a ellos en su actitud
mismo tiemjK» en el mismo teatro por una
"Gran pintor holandés, que permaneció
dín. A j e d r e z , por el profesor Fran­
de aislamiento de la sociedad.”
misma com pañía.. . La Comedia Francesa
hasta los últimos momentos como un gran
cisco Benkó. N o t a s sobre a r q u ite c ­
se ha convertido en la colmena de Mo­
t u r a , e x p o s ic io n e s de a r t e , m ú s ic a .
pintor francés.
*"U n o de los primeros libros que se
C r ít ic a de c in e y u n co m en tario
liére.
” En sus comienzos en Holanda su color
jiublicarán sobre el jíroceso de Nuremsobre R a im u y C a n t in e l a s . C orres ­
Evidentemente no se puede pensar en
es apagado. Nwesitaba el cielo de Fran­
berg será el del jieriodista Robert Cooper,
p o n d e n c ia de F r a n c ia . H u m o r . C a ­
dar estrenos oficiales a todos los nuevos
cia y más particularmente el de Provenza.
a editarse bajo el signo de “ Penguin
r ic a t u r a . R e p o r t a je
orático con
Books” .
En contacto con este cielo y con los im­ pensionistas. Sólo tendrán este honor, se­
gún es tradición, los laureados en los úl­
BELLEZAS DE HOLLYWOOD.
presionistas franceses, Van Gogh reveló
* "E n el mes de septiembre cumjdióse el
timos concursos del Conservatorio: Marie
sus dotes.”
Este número incluye impresa apar­
jírimer centenario del matrimonio entre
Sabouret,
Denise
Gencc
y
André
Falcon,
El Sr. Jaujard, director general de
te la L á m in a n * 2 a 6 coi-ores re­
Robert Browning y Elisabeth Barrct.
y
Pierre
Blanchar
cuya
actuación
estaba
Artes y Letras, recordó en su discurso la
produciendo el cuadro de P aul Cé •"Cuando
apareció en los Estados Uni­
decidida
desde
hace
tiempo.
Los
demás
se
naturaleza generosa de la locura de V an
z a n n e : ” Castaños en Jas de Boufdos, "América” , de Kafka, ajx'nas se
iniciarán sin ruido a medida que se dis­
G ogh: “ Una intensa facultad de amor,
fan” .
vendieron algunos cientos de ejemplares.
tribuyan los palíeles.
en el sentido más elevado y más univer­

E

l

E

U

E

SUMARIO DEL NUMERO 2

E

R

valente más cercano en la pintura serla
la obra de Durero, de Breughel dél fir.
co. Pero Eisenstein no es piátor sino
realizador cinematográfico; por f „ 0
vacuamos en as.nular su creación j.lásticn
y dinámica a la de eso, maestro, c‘n
quienes se ha inspirado, para lograr »»
obra con los elementos modernos de la
fotografía en movimiento.
Esta no es todavía la crítica ni la cró­
nica de esa estujienda obra: es apenas
la fijación de las jirimeras impresiones
que surgen de una primera visión. “ Iván
el Terrible" exige y merece una exhibí’
ción repetida y detallada; su riqueza de
medios d&gt; expresión es enorme y
fijada como obra fundamental del cine
de nuestros tiempos. Su trabajo y el de
su fidelísimo cquijio encabezado jior Ti,,
sé, fotógrafo, y Alexandrov, colaborador
serán conocidos próximamente — asi espe.’
ramos— por el Jiúblico de América La
tina. Ese día, habrá que volver a una
revisión cuidada y sincera de nuestro»
caros jtrincipios del esjiectáculo cinema­
tográfico. Porque Eisenstein, como en la
época de “ Acorazado Pofemkin” o de
“ Viva M éjico” , acaba de señalar la tónica
|&gt;nrn una dignidad del cinematógrafo tan
majestuosa como la figura que Jirotagoniza “ Iván el Terrible” .

queda

Una nueva edición de 6.000 ejemplares
recientemente hecha j&gt;or "New Dircetions"
se agotó en dos semanas.
■"Durante el año 1945, Stejihen Spender
viajó Jior Alemania con el jiropósito de
descubrir los talentos sobrevivientes de la
literatura de ese país.
* " S e estrenó en Londres "The Sea rehing Wind” , una película cuyo argumento
está basado en una obra de Lilliam Reli­
man, de la cual recordamos jielículas
como “ La Loba” y "Alerta en el Rin”,
•"Cuando se estrenó en Londres la dis­
cutida e interesante "Los visitantes de
la noche” , el crítico Basil Wright elogió
el encanto de la jírimera jmrte de la obra
— recuerda "E l estudiante de Praga” de
C. Veidt— y acusó al Mefistófeles de
Jules Berry de destrozar la segunda par­
te, donde todo, aun las torturas -Irl pro­
tagonista, es inconvincente.
**•“ Residencia en la tierra” ha sido tra­
ducida en los Estados Unidos con el título
"Residence on Earth” .
•••Apareció un nuevo libro del conocido
hispanista inglés E. Allisson Peers titu­
lado ” 8t. John o f the Cross and other
Lectures” . Además del místico poett,
Peers se ocupa de Vives y de Ra
món Llul.

A viso para los le c to r e s y colaboradores
d e CA BA LG AT A * en La Habana.
Leemos en el prestigioso diario “ Información”
de I«a Habana, correspondiente a la edición del
domingo primero de septiembre último, que C a­
balg ata.
por decisión de una persona diri­
gente. habría designado al señor Francisco Pa­
res su representante en aquella capital, el cual
estaría encartado ‘ ‘ de organizar un cuerpo de
redacción, recabar trabajos de critica de las
firmas más destacadas, etc., y quien a su vez
distribuye la revista cuyo núntero cero acaba
de recibir” .
C a b a l g a t a se ve en la nada grata necesi­
dad de poner en conocimiento de sus lectores
y particularmente de los escritores, artistas y
anunciantes de Cuba, qu e el señor Francisco
Pares, desde la fecha a que se remonta la c tada nota ha sabido ponerse por debajo del con­
cepto en que fué tenido en esta casa y ha de­
jado de ser persona grata.
El señor Francisco
Pares, por lo que queda expresado, no está
autorizado en ninguna forma para hacer ges­
tión algún**., ni para concertar acuerdos o cola­
boraciones. ni para percibir dinero en nombre
de C a b a l g a t a .

cabalgata
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Redacción. Dirección. Administración. Publicidad.
IN D E P E N D E N C IA *60. B U E N O S A IRE S
R E P Ú B L IC A A R G E N T IN A
Se publica los días I y 15 de cada mes.
Precio del ejemplar: $ 0.40 m./arg.
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A rgentina: Un a ñ o ....................... $ 8 . 2 0 m./arf.
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Seis meses . .
$ 4.50 m./arf.
E xtranjero: Un año . .
Dólares U .S .A . 3.50
D I S T R I B U I D O R E S
C apital: S i l v a n o M a c h i . Independencia 2837
Interior y e x t e r i o r : D i s t r i b i m d o r a T k i u n f o S.R-L.
R oaano 201

S

BOLETIN DE SUSCRIPCION

E l señor
Dirección

(«N

L E T R A D E IM P R E N T A )

.................

se suscribe a C A B A L G A T A per el
período de un año* seis meses y al
acompaña el importe de $ 8,20, $ 4,30,
Dólares 3,50 U. S. A. en cheque, bono
postal a su orden.
• Tachar la condición que no se utilice.

JO
IM P R E S O E N A R G E N T IN A

!QM(N IA AMOttOttM

�LETRAS
\SI, PARIS

\MARILLECES DE LOS PRADOS
por A n to n io Espina
el mundo no está para bromas,
apenas se ha parado la atención en
un aniversario que merecía la parada.

C

omo

No en balde fué también el suceso
una broma del arte. Que resultó per­
fectamente seria. El caso es que hace
treinta jm os nació Dadá.
Cómo nació eáta palabra origen de
un movimiento y no al revés? Muy
sen cillo: abriendo un diccionario por
cualquier parte. Con esto ya daba se­
ñales de originalidad la nueva doctri­
na, pues hacía nacer su palabra sesámiea (su verbo) allí donde, según cos­
tumbre, todas van a m orir: el diccio­
nario.
Convertir la fosa común del diccio­
nario en la cuna de un juguete fué la
primera broma del movimiento Dadá.
En el París de hoy no importa en
absoluto el nombre de Tristán Tzara,
el poeta rumano. Que era rumano no
lo duda ya nadie. Que fuese poeta lo
discuten muchos en esta actualidad in­
quietante de la literatura a cero. "II
faut repartir á zéro” , afirma André
Bretón.
¿R um ano? ¿P oeta? No es invero­
símil que la verdad esté alguna vez en
el justo medio. Posiblemente Tristán
Tzara parecía hace treinta años más
poeta que rumano. H oy el iusto medio

medio de las decepciones y des­
engaños que el final de la guerra
ha producido, por la incomprensión y
la voluntad de poderío de los vencedo­
res en ella, surge de vez en cuando
una chispa de aliento y esperanza para
el porvenir de Europa. En este senti­
do, aparece entre las más prometedo­
ras, el acuerdo de la Conferencia de
San Francisco, primero, y la ratifi­
cación en la Asamblea de Londres, des­
pués, de introducir en los fines de las
Naciones Unidas las funciones de la
educación y la cultura.
Como es sabido, los representantes
de aquéllas acordaron constituir una
"Organización educativa, científica y
cultural de las naciones unidas” , llama­
da abreviadamente la UNESCO, cuyos
fines son, entre otros, promover el me­
jo r conocimiento y la comprensión mu­
tua de las naciones, prestando su cola­
boración a los órganos de información
de las masas; dar nuevo impulso a la
educación popular y a la difusión de la
cultura, y contribuir a la conservación,
al progreso y a la difusión del saber.
Estos fines fueron fundamentados y
articulados en la Asamblea celebrada
en Londres en noviembre de 1945 por
representantes de cuarenta y cuatro
países, entre los que se contaban desta­
cados hombres de letras, científicos y
artistas. Entonces también se aprobó
la organización de Comités técnicos de
la Comisión preparatoria de la primera
Asamblea general que se celebrará en
París a fines de este año. Ahora han
comenzado a reunirse aquéllos, y a dar
cuenta de sus deliberaciones se dirigen
estas líneas.
El Comité técnico de Educación se
reunió el 24 de mayo último y fué
presidido por el conocido educador bri­
tánico Sir Frederik Clarke y por el
famoso psicólogo francés M. Henrv
Wallon. El asunto que más ocupó la
atención del Comité fué el de la eleva­
ción cultural de los pueblos menos ade­
lantados y especialmente el del analfa­
betismo, que, según el delegado de Chi­
na, abarca a más de la mitad de la
población del mundo. Además de este

E

n

(E sp ecia l para C a b a l g a t a )

— mitad de cada— es un punto de
coincidencia. Aquel en que convergen
las miradas nostálgicas que contemplan
el pasado y la pequeña gloria del autor
de "La premiére aventure céleste de
Mr. Antypírine” .
Libro ya arqueológico. De 1916. H ay
que reconocer honradamente que los
críticos franceses no reclaman para la
historia de sus letras la primacía que
significó Dadá.
H ay que reconocerlo y lo reconocen.
En efecto: la cuna-polvorín, el diccio­
nario famoso, no se hallaba aquella no­
che del 5 de septiembre de 1916 sobre
la mesa dg ningún café de M ontparnasse, sino sobre una maleta y en el
cuarto de un hotel de Zurich.
Alrededor de la maleta no había nin­
gún francés. Al menos entero. Había
un francés quebrado (alsaciano) : Hans
A r p ; un rumano: Tristán Tzara, y un
austríaco: Huelsenbeck.
El mundo vivía en plena guerra.
La paz en la guerra que incubaba otra
guerra futura, la vivían unos cuantos
hombres interesantes...
Zurich era entonces el lugar de re­
poso de numerosos refugiados de la
guerra misma y de la política. A llí se
entregaba a sus devociones Lenin.
Allí, tendido en el solarium del p ro ­

E

fesor Shali, se curaba su colitis Basil
Zaharoff, uno de los 'éftipresarios de
guerras y paces más ingeniosos que ha
tenido Europa. A llí Marinetti conoció
a Pierre Albert Birot.
Un paso más y los ismos tras su
prístina excomunión quedarían (p or lo
tanto), consagrados en la buena socie­
dad europea.
Cuando salieron los tres manifiestos
consecutivos Dadá I, Dadá I I y Da­
dá I II, era ya moda en las clases dé
etiqueta divertirse con las excomunio­
nes académicas.
Es fama que los tres aldabonazos
dadaístas fueron oídos en París incluso
antes de sonar en Zurich. Detalle cu­
rioso. Detalle que acreditó de golpe,
de tres golpes, la perspicacia de un
cenáculo parisiense — así, París— cuyos
altos nombres eran : Apollinaire, Reverdy, Bretón, Soupault, RibemontDessaignes, A ragón . . .
Si fueron antes unos ismos que otros;
si el capullo brotó en el tiesto montparno antes que en la pradera zuriquesa; si Pegaso pació o no su verde
alfalfa antes de la fecha fichada y en
tal o cual campo, es ya cuestión de
historia. Mera historia.
H oy ya es igual. H oy todas aquellas
verduras no son más que "amarilleces
de los prados” que d ijo el clásico. Que­
da, sí — si queda— , un surrealismo he­
redero de ocultos jugos, promesa de
floración a estas alturas.
. .. Perfectamente. No hay nada que
oponer al buen presagio. Pero, tam­
poco es lícito negarlo: al contemplar
desde e s tí hora ^aquel renaloto ayer,
quien da — dadá— 'en el clavo es Jorge
Manrique, no Guillaume Apollinaire.

Tristón Tzara. Santa Cecilia. (El piano invisible.) 1 923 .

LA CULTURA Y LAS NACIONES UNIDAS
Por LORENZO LUZURIAGA
punto se trataron otros de gran inte­
rés, como el de realizar un estudio de
los libros de texto, particularmente de
los de historia, geografía y educación
cív ica ; la necesidad de reeducar a las
naciones ex enemigas (y podría haber­
se añadido también a algunas de las
ex amigas; la convocatoria de una
conferencia mundial de representantes
de las universidades y de los institu­
tos de formación del magisterio a fin
de adoptar programas prácticos para
la educación de "los ciudadanos V de los
directores en cuanto a las relaciones
internacionales; la organización de cur­
sos de vacaciones a celebrarse en París
en 1947 y la publicación de una R e­
vista y un Anuario pedagógicos inter­
nacionales.
Otro Comité importante que se ha
reunido ha sido el de Ciencias, que tra­
tó particularmente el problema de la
energía nuclear y en el que participa­
ron eminentes hombres de ciencia, en­
tre ellos M. Pierre Auger, de la Sorbona, y Mr. Albert Noyes, presidente
de la Sociedad de Química Norteameri­
cana. Aparte de este tema se trataron
otros también de gran interés como el
de las facilidades para el trabajo de
las organizaciones científicas interna­
cionales existentes; la restauración de
la investigación científica en los países
liberados; la creación de becas de es­
tudio en el extranjero para estudian­
tes y profesores; la circulación de las
obras científicas, aparatos, manuscri­
tos, etc., fuera de los límites naciona­
les; la creación de un Instituto inter­
nacional para el estudio v desarrollo
de las riquezas naturales en los terri­
torios no explotados de la América del
Sur, que comprenden unos siete millo­
nes de kilómetros cuadrados, etc.
En el dominio de las bibliotecas y
museos, el Comité técnico correspon­
diente se ocupó especialmente del in­

Tristón Tzara. Edipo Rey. 1921.

cabalga 1

(Especial para C abalgata ..)

tercambio y libre circulación de los
libros entre los diversos países, espe­
cialmente los de significación cultural
o científica, que actualmente sufren
muchas restricciones. También trató la
creación de bibliotecas populares y pú ­
blicas con cambio internacional y per­
sonal debidamente preparado; de la
convocatoria de una asamblea interna­
cional sobre derechos de autor y de la
coordinación de las bibliotecas nacio­
nales centrales de todos los países para
un servicio internacional de préstamos.
La creación de un Instituto de pla­
nificación social fué el objeto principal
de estudio del Comité de ciencias so­
ciales. Dicho Instituto sería un centro
de estudio y de cambio de inform acio­
nes sobre lo que se hace en este terreno
y al mismo tiempo podría realizar ex­
perimentos en gran escala en dos o
tres grandes regiones del globo sobre
planificación social. También se estu­

dió la posibilidad de publicar una B i­
blioteca mundial de grandes obras, con
ediciones uniformes en los principales
lenguajes; de realizar un estudio sobre
la contribución de los diferentes gru­
pos humanos a la obra común de la
civilización y un inventario de los re­
cursos mundiales para la investigación
y estudio de las ciencias sociales en el
nivel universitario.
En el campo de las artes, el Comité
respectivo acordó realizar una inves­
tigación sobre los derechos de autor de
los artistas y otra sobre el problema
de' la reconstrucción que tanto afecta
a muchos países, facilitándose el inter­
cambio de materiales, arquitectos, pla­
nificadores, etc. También se ocupó de
la protección a los artistas de los p aí­
ses devastados, de la conservación de
los monumentos artísticos, del fomento
de las bellas artes en todos los países,
de la publicación de obras artísticas,

de las composiciones musicales y la
radiodifusión, etc.
Finalmente, la Comisión de Comuni­
cación de las masas abordó el estudio
de estas tres esferas de acción princi­
pales: la radio, el cine y la prensa,
abordándose temas tan interesantes co­
mo la protección de los derechos de
autor de aquéllos, el servicio de traduc­
ciones, la censura, el empleo de la ra­
dio y el cine con fines educativos, el
intercambio de discos y films entre to­
dos los países, etc.
Tales son algunos de los temas tra­
tados por los diversos Comités técni­
cos preparatorios de la primera Asam­
blea general de UNESCO. Como se ve
abordan problemas vitales para la cul­
tura nacional e internacional de los
diversos pueblos. La suerte que éstos
y otros temas puedan correr dependerá
principalmente de los acuerdos políti­
cos que adopten los delegados de la
UN en su próxima Asamblea y que
quizá no sean muy lisonjeros. Pero
cualesquiera que éstos sean, siempre
quedará sobre todas las divergencias
políticas, la función humanizadora de
la cultura y la educación.

ESTE C AN TO DE AMOR
Por
GONZALEZ
^ í a c e de mi silencio. Asciende al aire.
Despiertan a su música, humilladas
por su límpido hechizo, aves nocturnas
que en su silencio, oyéndolo, padecen.
Allá, el hielo las fuentes apresuran
para tornarse mudas e impasibles.
Vedme de pie, en mi orilla, enajenado
por el milagro de este ardiente canto
que soy. Llego a sentirme airado río
desatando rumores luminosos.
Canto en el que amanezco. Se origina
en la desolación y la tristeza.
Canto de amor nacido en un destierro
de inmensos años de esperar. Oh, crueles
días con una flecha temblorosa.
H oy es la sangre, viva, inagotable,
del hontanar antiguo de mis gentes
rodando por mis manos a la tierra.
Esta corriente siembro, mi semilla.
Oh, flor futura, antigüedad del hombre.
Ella eleva mi verso en el amor
sobre un cúmulo fértil de cenizas:
árbol crecido en llamas a la altura.
¿ Quién transformó mi voz y mi palabra ?
¿Quién en mi lengua derramó esta sal
tornando dulce y áspero mi verso?
¿Quién diluyó este llanto en mi saliva?
Y en el común vocablo, ¿quién dispuso
la medida del tiempo y el rocío
de un alba entre .las hierbas olvidada ?
Oh, enigma que conocen mis canciones,
estrofas que desvelan el estruendo
del manantial en la penumbra alerta.
Atisbaba la estrella entre las ramas;
buscaba en nuevas y fugaces formas
mi voz perenne, la que se nutría

CARBALHO
del manantial secreto de mi muerte.
Antes, cuando era el miedo de la tierra
y quise me enterraran en el aire.
Yo la esperé en la lluvia y en la mano
del huracán golpeándome la frente.
Y estaba aquí, en mi b o ca ; le faltaba
para su realidad la boca tuya.
Oh, qué sencillo, para tanto tiempo
de torturante espera y sed porfiada,
para saber que ahora ausculto el mundo
en la espiral profunda de tu vientre.
^ o era mi porvenir y no sabía
mi propia oscura condición de fr u to ;
no sabía que el llanto era la lluvia
de estos jardines frescos, rumorosos;
nadie me dijo de esta desatada
fertilidad, en la que soy apenas
una rama rodando en su tormenta.
Estoy de pie en Ja sombra, todavía,
remoto y tierno como la mañana,
salvándome en mi canto, apresurándome
a d e rrota rlo efímero en mi voz.
ú no soy más que un hombre, la minúscula
hierba que se doblega a un leve viento,
sólo el vapor, nostalgia de la tierra,
túnica que habrá en el día de esfumarse
cuando arda el sol y hiera su tejido.
Pero digo tu nombre y de mis labios
torreneialmente la abundancia nace,
crecen los ríos, nútrense las selvas
de savia. Y reconozco que basta el tiempo,
despiadado precepto en nuestro oprobio,
copia la inmensidad en el transcurro
de este canto de amor. Y se doblega
triste de ancianidad, menesteroso.

�LETRAS

cabalgata®
una tarea casi insuperable
entregar a la comprensión de los
lectores de habla y cultura españolas el
ser íntimo de un poeta cuyas poesías
son quizás intraducibies o cuya traduc­
ción, en caso de
realizarse, resul­
taría extrema­
damente imper­
fecta. Si esta
t a r e a se em ­
prende a pesar
de sus dificul­
tades, se debe a
que el p o e ta
Stefan George.
juntamente con
Rilke, fué posi­
blemente el más grande de los líricos
alemanes desde los tiempos de Goethe,
y su valor, trascendiendo los límites
de su patria, alcanzó una significa­
ción europea y universal. Críticos es­
trechos han intentado atribuirle ideas
totalitarias, a el, declarado enemigo de
las masas

P

arece

"las cuales sólo escuchan las voces de­
to n a n tes”,

EL POETA STEFAN GEORGE
Vate, apóstoly juez de su época
Por W E R N E R B O C K

Prim er
m anuscrito
de un poem a.

que siempre desdeñó los planes políticosociales p a r a
m ejorar el mun­
G | óetge d e s c o g e s sin d weir...
do y establecer la
felicidad del pue­
R tiS J t d e i u c r o o r r c n e coald
blo y predicó in­
Urtsin u trg ts stn So b a ld ?
fatigablemente el
H in r c r d o n n c id x r ig e n t a u n
reino del espíritu
F qssx n r »s d e s b o n n e s g e m u n
y del amor. Siem­
U ns rtem versmxert gecoeibr.
pre q u e George
Bciunic ru (cu cb rtn d cm ror
habla de la ju ­
R ogen cvls le tro n e m p o r
ventud y del rei­
ItOíKen vn p ia d lo sen cjah n no se refiere a
Treiben in scritmmcinde baHn.
una juventud ba­
UXinnr den u in s d ilu n g n c n d o grundi
jo su dirección y
a un reino fu n ­
dado por él. Stefan George, muerto el papa anciano, en una imagen de belle­
4 de diciembre de 1934 en su destierro
za arrebatadora:
de Suiza, a través de cada línea de
sus 18 volúmenes de obras poéticas, se "H oy que los cortesanos se engallan en
[ios tronos,
eleva y se libra de cualquier sospecha
cuya
mísera
estampa
de
mercaderes
de adhesión a una ideología de que
[lleva
abominó hasta el último aliento de su
vida, como adversario nato de toda ti­ las armas arrastrando con un sonar
[mezquino,
ranía. Mucho tiempo antes de que su
pueblo cayera en desgracia había ex­ nuestro espíritu ansioso de admiración
[sincera
presado con insistencia incansable la
necesidad de una transformación in te­ y estremecido ante una majestad sobe­
ra n a
rior. Como profeta presintió lo inevi­
se vuelve a las facciones paternales y
table para una nación que no quería
[serias
aprender que "grandes revoluciones y
del que ha sido tres veces coronado y
explosiones deben producirse de modo
[ungido
distinto al de las escaramuzas políticas
y económicas que hoy llenan los espí­ legalmente. A l anciano de cien años
ritus”. Contra el afán de poder ilimi­
[que otea
tado de sus compatriotas resuena su desde el castillo eterno, cual sombra de
voz de alerta :
[«n o vida
cumplida hermosamente, para elevar la
" Queréis construir transgrediendo las le[nuestra.
[yes del límite y tamaño
y aventuráis que lo que es alto, aun más
Y cuando él, revestido con todo el or­
[ alto puede ser . . .
nam ento
Mas ya ni hallazgos, ni enmiendas, ni
de su misión sagrada, llevado bajo el
[palio
[puntales
serán capaces a sostener
— modelo de grandeza y de un orden
[divino— ,
el edificio que tiembla vacilante.”
envuelto en el incienso y de luces ro­
El destino se acerca. Lo que sucede
d ea d o,
alrededor del poeta anuncia la p roxi­ bendice al orbe entero, nosotros, los
midad del A pocalipsis:
[creyentes,
nos postramos de hinojos en el suelo,
" Vosotros, criminales,
[arrobados,
que en anular a Dios sois los primeros,
creando un ídolo que no es Su imagen,
y sin pensar en que es horrible cual
■
[ ninguno,
con reverente amor lo nombráis,
mientras arrojáis a sus fauces
todo aquello que de m ejor tenéis.
Y .es a tal quehacer a lo que llamáis
[vuestro sendero,
que os aprestáis a recorrer sin pausa,
siem pre lanzados a esa seca embriaguez,
hasta cuando en nosotros, engendros
p or igual rastreros y cobardes,
hasta cuando en nuestras venas
en lugar de la sangre pura y roja de
[Dios
el pus de nuestro ídolo circula . . . ”
Las falsas divisas que brotan de todos
los labios no llevan la salvación a na­
d ie: "E s engañoso lo que puede ense­
ñarse a todos por igual.” Como Píndaro, como Holderlin, como Goethe,
Stefan George está compenetrado de
que la pura verdad no debe revelar
siempre su rostro y que lo santo puede
permanecer inefable, para que en la
secreta comunión de naturalezas supe­
riores se desarrolle tranquilamente lo
que pueda atraer a los inferiores. Lo
que la multitud alaba, no tiene por
qué ser siempre lo auténtico y válido
para todos los tiempos.
. " Porque quién de vosotros, mis herma­
n os,
no duda, no se asusta del aviso
que os d ice: "aquello que ponéis más
[alto
y lo que más valioso habéis creído
es sólo, las más veces,
en el viento otoñal heno podrido:
el im perio del fin y de la muerte."
Stefan George no reniega nunca del am­
biente católico que lo rodeó en su cuna.
En el maravilloso poema de homenaje a
la venerable figura de León X I I I acuña
el verso inmortal:
"L a nveva salvación, sólo de un nuevo
[amor vendrá",
y describe la impresión que recibe del

rice Maeterlincjc, Swinburne y 0t
escritores y poetas de nombres‘ ilusA*
lanzan un llamado para erigir un **
numento a Baudelaire, Stefan g JÜ!'
fué el único poeta alemán, en a o u T
época absolutamente desconocido
&amp;
se adhirió a la iniciativa- "p ftra’ qUe
otros”
dijo Stefan George en aqT e¡
entonces a sus amigos franceses- "
peligro es que el arte se transforme .
amaneramiento. Tenéis razón de „ “
batir al Parnaso. Pero para nosobl'
es menester fundarlo en Alemania F
es el principio necesario. Tenemosl o
cultivar la plástica del lenguaje
meramente crear nuestro instrumenté
de trabajo y luego enseñar a los rJ
tas su oficio.”
°S ***Una obra, aunque tenga un profund
contenido de sabiduría y erudición °°
llega a ser una verdadera obra de art°
sino por la perfección de la forma U
necesidad de crear para la poesía al
mana no sólo al nuevo poeta, sino 1~
nueva forma y el nuevo lenguaje, ] w
a Stefan George, en el año 1892, a 1°
fundación de las "Páginas de arte"
(Blatter fü r die Kunst), revista que**
Manuscrito
pesar de no haber aparecido nunca en
del poem a
tiraje numeroso logró una influencia
"N acht” .
honda e imborrable sobre la poesía ale
mana. La queja de Ste­
fan George sobre el
ist*—
HJU,Uvu*0
**&amp;h*+*t desconocimiento de lo
que es poesía autén­
Í\t/ví iu*.
jvw-r»
tica vale en realidad
para todos los pueblos
dominados por la civi­
lización y por lo mismo
alejados
de la cultura;
l*)^3YUvv, tw..... .. 1—3
La idea de lo que es
D*&lt; ¡fW ú, A»
Dh «Sm, üjrrrz.
el poeta parece perdida
fáo** g^ikaA
del todo para los ale­
manes. Ahora hay sola­
mente sabios, empleados, ciudadanos, y )0
España como si volviera a una patria
que es peor, literatos que hacen poe­
mas.”
íntimamente conocida desde mucho
La lucha de George y sus discípu­
tiempo atrás y se siente prodigiosamen­
los se dirige durante décadas, con
te fortalecido y afirmado en su perso­
pasión siempre igual, contra la poesía
nalidad y en las exigencias de su ser.
como producto casual, tras el que no
En cambio el oriente permanece siem­
alientan el impulso interior de la fuerza
pre extraño a Stefan George. Rusia
creadora ni la vocación. "Sólo aquel a
le parece heterogénea, peligrosa y hasta
quien Dios otorga el poder declarar su
temible. Cuando Rilke, el otro gran
sufrimiento” — para citar las palabras
poeta alemán, escribe desde R om a: "La
de Goethe en la trilogía de la pa­
convicción de que Rusia es mi patria
sión— "tiene dereebo a ser poeta”.
es uno de los fundamentos seguros y
Quien profana el elevado lenguaje de
secretos en los cuales se apoya mi vi­
la poesía para cualquier canción vul­
da”, se descubre la profunda divergen­
gar, el que "canta como el pájaro que
cia de ambas individualidades.
vive en las ramas” , no será nunca más
Stefan George está impregnado de
que un "trovador”, tal cual lo describe
espiritualidad occidental. El, cuyos an­
Goethe en una balada, por más inspi­
tepasados fueron de Lorena a estable­
rado y célebre que sea. El poeta, se­
cerse a orillas del Rin, donde nació el
gún George, despersonaliza su destino
12 de julio de 1868, en Büdesheim,
mediante selección, ritmo y sonido, en
cerca de Bingen, vislumbra ya en la
una obra de arte universalmente válida
infancia los vestigios de la cultura an­
que ennoblece el dolor transformándolo
tigua de su paisaje natal, que fué par­
en alegría ("sufro pero alabo lo suce­
te del Imperio Romano. El adolescente
dido” ) y aquilata lo genuino de la fe­
poetizó durante algún tiempo en una
licidad ("sólo mientras vibro sé cuánto
lengua ideada especialmente por él mis­
amo” ). He aquí por qué George exige
mo y para su uso, compuesta de raíces
del poeta un fervor infinito durante
latinas; el joven de 21 años busca en
su vida y plena entrega del yo a la
París el círculo afín de los simbolistas,
vivencia creadora para que el mundo
conoce a Mallarmé, Verlaine, Villiers
sea ordenado de nuevo por sus labios.
y Regnier, y se deja influir por los
"Seriedad y santidad del arte”, y "El
versos de Baudelaire y Rimbaud, las
arte nunca sirve al goce y es libre de
esculturas de Rodin, los cuadros de
cualquier servidumbre: por encima de
Cézanne y Gauguin. Cuando Franla vida, después de haber penetrado a
&lt;¡ois Coppée, Anatole France, Mautravés de la vida” , "N o la confesión,
sino la transformación de la vida es el
objeto del arte” : todos estos lemas
vuelven a surgir sin cesar en las "Pá­
ginas de arte” . Así, la exigencia de
George es ética, en su más eleva.T
acepción; para satisfacerla se necesita
la fuerza íntegra de la vida humana.
El poeta no es forjador de versos, sino
forjad or de hombres; él custodia "el
fuego sagrado que se transmite”. ¡Ay
del pueblo cuyas almas están agotadas
por el materialismo y mecanicismo va­
cíos, de suerte que no puede compren­
der y venerar al poeta en su dignidad
sacerdotal!

Stefan G eorge.

fundidos en aquella multitud de cabezas
a la que, conmovida, embellece el mi­
la g ro .”
A pesar de que el fondo de la poesía
de George es el lem a:
"Am or engendró al mundo, de nuevo
[amor lo engendra”,
en toda su amplitud, él, como maestro,
parece restringir ese amor a un círculo
de elegidos a quienes, como en los miste­
rios de Eleusis, inicia en el conocimiento
de las últimas verdades. Es también el
espíritu de la antigüedad el que se ma­
nifiesta en la defensa de sí mismo,
arrostrando los embates del destino:
"¡Atrácm e hacia tu borde,
abismo, ma’s no me turbes!”
La firmeza para no ceder ante ningún
peligro y no cambiar ni ser cambiado,
se afirma a través de toda la obra de
Stefan George y le presta de vez en
cuando un carácter voluntarioso, rígido,
lo que, en lengua alemana, se suele ca­
lificar de "golijla española”. En efecto,
hay en' el temperamento de Stefan
George un rasgo español, por cierto en
el mejor sentido. El paisaje y arqui­
tectura españoles tienen un aspecto se­
vero y señorial que le impresionan agra­
dablemente como algo que le resulta
profundamente afín, al recorrer la pe­
nínsula en su viaje de 1889. Entra en

DE

LA

CORRESPONDENCIA
ENTRE

V O LTA IR E

Y ROUSSEAU

15 de diciembre de 1745.

pronto la princesa granadina de una pri­
sión a un jardín o a un palacio. Como
no es un mágico, el que da las fiestas
en su honor, sino un señor español, paréceme que no debe hacerse nada por
arte de encantamiento. Os ruego, señor,
que tengáis a bien revisar dicho pa­
saje, de que sólo conservo idea confusa.
Ved si es necesario que se abra la pri­
sión y que se haga pasar a nuestra prin­
cesa desde dicha prisión a un hermoso
palacio preparado para ella. Sé muy
bien que todo esto es pequeño y que no
es propio de un ser inteligente conver­
tir en asunto serio estas bagatelas; pero,
er. fin, puesto que se trata de desagra­
dar lo menos posible hay que poner la
mayor cantidad de sensatez que se. pue­
da, aunque se trate de un simple diver­
timiento de ópera.

Reunís, señor, dos géneros de talento
que hasta hoy día han estado siempre
separados. Son éstas dos excelentes ra­
zones para que os estime y trate de co­
braros afecto. Siento en el alma que
empleéis vuestros dones en una obra in­
digna de ellos. Hace algunos meses que
el señor duque de Richelieu me ordenó
en absoluto que hiciese en un abrir y
cerrar de ojos un bosquejo ligero y malo
de algunas escenas insípidas y trancadas
que debían adaptarse a un baile que no
se había hecho para ellas. Obedecí con
la mayor exactitud; hice lo que se me
pedía muy pronto y mal. Envié este

Esta caria de Voltaire es respuesta a
la siguiente de Rousseau, entonces desco­
nocido:

miserable croquis al señor duque de R i­
chelieu, contando con que no serviría
para nada, o con que lo tendría que
corregir. Felizmente se halla en vuestras
manos y sois dueño absoluto de él. No
dudo que rectificaréis todas las faltas
que han debido necesariamente escapár­
seme en una composición tan rápida, y
que habréis llenado los vacíos y suplido
cuanto faltaba.
Recuerdo, entre otras cosas, que no se
dice en dichas escenas cómo pasa de

París, 11 de diciembre de 1745.
Señor:
Hace quince años que trabajo para
hacerme digno de vuestras miradas y de
la atención con que favorecéis a los poe­
tas jóvenes en quienes descubrís algún
talento. Pero, por haber hecho la música
en una ópera, me hallo, sin saber cómó,
metamorfoseado en músico. A título de
tal me ha encargado el señor duque de
Richelieu las escenas que habéis escrito
para el juguete "L a Princesa de Na­

V oltaire.

"Muere un pueblo cuando sus dioses
[mueren.”

varra” . Hasta ha exigido que hiciese en
la trama los cambios necesarios para po­
nerla de acuerdo con vuestro nuevo asun­
to. He hecho respetuosas observaciones
pero el señor duque ha insistido y yo he
obedecido. Era el único partido que mi
situación me permitía adoptar. M. Ballot se halla encargado de comunicaros
dichos cambios. He procurado hacerlo
en las menos palabras posibles. Este
creo que es su único mérito. Os suplico,
señor, que tengáis a bien examinarlos,
o mejor dicho, reemplazarlos con otros
más dignos.
En cuanto al recitado, espero también,
caballero, que os dignaréis juzgarlo an­
tes de la representación, e. indicarme los
pasajes en que me haya separado de lo
verdadero y de lo bello, es decir, de
vuestro pensamiento. Cualquiera que
sea, por mi parte, para mí, el éxito de
estos débiles ensayos, me servirán siem­
pre de gloria si ‘me procuran el honor
de que me conozcáis y de haceros ver la
admiración y el profundo respeto con que
tengo el honor de ser vuestro humil­
de, etc.

J. J. Rousseau.

Resucita en George la intuición orgullosamente humilde de Holderlin, de
que el poeta recibe, con la cabeza des­
cubierta, el rayo celeste de manos de
Dios, para entregarlo, envuelto en su
canto, al pu eblo:
"S oy sólo una chispa del fuego sagrado,
sólo soy un trueno de la voz sagrada.
El que tiene un concepto tan elevado
de la misión del poeta no solamente lo
demuestra en cada verso de su propis
grandiosa obra lírica, sino que va a
buscar en todo el amplio círculo de la
cultura europea, la poesía "sobreper­
sonal” , para verterla, con incomparable
comprensión, al idioma materno. Los
tercetos de Dante, a quien G e o r g e se
asemeja misteriosamente en su per*1 &lt;
son traducidos por él con la misma maes­
tría que los sonetos de Shakespeare, jos
poemas de Baudelaire, Verlaine, Swwburne, D ’Annunzio, Jacobsen, Verhaeren, Verwey. De esta manera el reino
de Stefan George, vinculando los pue
blos y abarcando la tierra, tiende al to o
de la humanidad según su principio ®
eterna vigencia:
"No es trascendental lo que divide y
descompone, sino lo que reúne hom re
y universo y restablece rítmicamente
armonía del mundo.”

�cabalgata
NOTICIAS
DE LAS

Exposiciones L ocales
*‘ *Un grupo de pintores jóvenes exhibió
dibujos en la Sociedad Argentina de Artis­
tas Plásticos. De sensible y torturada pre­
sencia los de Luis Barragán; de fuertes
efectos de blanco y negro, Bruno Venier;
estudios de color de B. F orte; apuntes
a la tinta de Presas; sepia, I. Sánchez.
Otros: J. Gnecco, A. Lipietz, A. Altalef,
L. Lusnich, J. Moraña, E. Pons, A.
D’Amato, E. Sieyro. En más de uno se
ve el influjo decidido del maestro Lino
Spilimbergo.
" ‘ Búsquedas diferentes, desde lo abstrac­
to a lo real, son los dibujos y las acua­
relas de Horacio Martínez Ferrer, en la
Asociación Estímulo de Bellas Artes.

E n riqu e P olicastro.

‘ "E xposición homenaje, la de Carlos M.
Oignoli, prematuramente fallecido, en la
Galería Rose Marie. El pintor está pre­
sente en unas breves notas de color y
algún croquis.

Entierro.

N ueve P intores A rgentinos
n pintura argentina moderna reñ­
íanme caracteres y calidades que la
presentan afinada y com pleja dentro
de la problemática plástica de nuestro
tiempo. Las vanguardias que hacia
1921 y 1930 se afirman en dos gene­
raciones de artistas han ganado la
batalla local del arte contemporáneo,
pero ¿hasta cuándo se ha de reducir
el valor de una obra a puros conceptos
form ales? ¿Hasta cuándo una obra de
arte debe responder únicamente a pla­
nos, volúmenes, tonos, colores y demás
elementos que componen un cuadro, y
no por su jerarquía estética primordial,
acento de vida o de tragedia, a la par
documento y expresión consciente de
una hora de nuestra historia colectiva?
La generación de 1921 sostuvo los
ideales del arte viviente en el cual le
c-upo dimensión y aporte. Sin embargo,
¿cóm o seguir un camino de simple
aprendizaje y no soñar con una intuida
madurez? Cuando pintores argentinos
— un Gómez Cornet, un Spilimbergo,
un Castagnino— piensan y trabajan
para alcanzar una expresión en que
la tierra del país vea articulada su voz,,
ya superan el puro juego pictórico, ya
alcanzan una medida real y superreal
en donde la Argentina existe con su
tono individualizado y diferencial. He
aquí la nueva marcha de nuestra pin ­
tura y su creciente posibilidad,
Me atengo al núcleo de pintores de
la IV t Exposición del "Centro de P ro ­
fesores Diplomados de Enseñanza Se­
cundaria” : Horacio Mareh y Enrique
Policastro. de la generación de 1921,
y Luis Barragán, Armando Chiesa,
Mareos Tiglio, César López Claro, E n ­
rique Fernández Chelo, Raúl Russo y
Andrés Calabrese, de la generación de
1930. En unos y otros, el puro ju ego
plástico y colorístico y el acento de
autenticidad que exige nuestra tierra

en su evolución cultural. En este as­
pecto, Mareh ocupa un lugar prom i­
nente. En sus paisajes una típica calle
que va a dar al río, de arquitecturas
tocadas poéticamente, o una cañada
cordobesa, fija n un acentuado estatismo
y silencios que participan de un clima
"m etafísico” expectante. Policastro es­
grime un color dramático, un expresio­
nismo de buena ley. En "Com posición” ,
hace invariable pintura de grises inten­
sos, con dos figuras en rojo y negro
y unos toqués de blanco que pueblan
el paisaje de raíces trágicas de pobres
suburbios porteños.
Otra medida sitúa a Barragán. Su
relato pictórico, inscripto como una ta­
bla primitiva, ostenta deliciosos tonos
verdes y azules. En Chiesa, los planos
de color atienden a una atmósfera den­
samente pictórica compuesta con agu­
deza plástica. Fin "Anunciación” y
"Sueño del modelo” , su inteligencia de
in flu jo cubista ha coordinado bellas
superficies planas coloreadas, pero se
aparta del abstractismo para hallar
insinuados valores representativos y
líneas que ciñen sus composiciones.
Tiglio, pinta "F lores” con libertad
expresiva, y la tela respira una ema­
nación emocional que estructura las
form as y a la vez las disuelve en un
color de fluyente calidad. F. Chelo ha
sabido ver en su monocopia un lírico
paisaje con figuras en un nocturno
de los alrededores de Buenos A ires:
fuertes trazos funcionales particulari­
zan su trabajo. Sintéticas form as y
anotaciones del color, son propias de
Raúl Russo. López Claro, se atiene
a los grises y negros de sus monocopias. Tonos bajos cultiva Calabrese.
La pintura joven del país alienta
en estos hombres nuevos un resplandor
de esperanza.
R. Brughetti.

EXPOSICIONES

tuvieron lugar en el au’ a magna de la
Facultad de Filosofía y Letras de la U ni­
versidad Nacional de Buenos Aires los
días 22 y 25 de octubre. Dictó la pri­
mera el ilustre crítico de arte señor Julio.
E. Payró, y la segunda, el arquitecto señor
Angel Guido. "Las cuatro estaciones de
Goya” , "España y Europa en el arte de
Goya” (Goya visto por un americano),
se titularon respectivamente las dos inte­
resantes disertaciones.

L

FRANCIA
El " a ffich e” en el cine (desde 1895
a 1946), Organizada por los Dibujantes
y Afiehistas del Cine, con la colabora­
ción de la Biblioteca Nacional y de la
Cineteca Francesa, se efectuó esta Expo­
sición retrospectiva. Existe una búsqueda
de interés estético y otra publicitaria,
ambas valiosas y no descuidadas. En el
Catálogo, " L ’a f fiche de cinéma” con­
tiene el punto de vista del "metteur en
scéne” (L. D aquin), del distribuidor (M .
Gentel) y del director de publicidad (J.
M. M ounier).
COYA
La Institución Cultural Española, que
preside el conocido economista don R a­
fael Vehils ha organizado, en conmemo­
ración del bicentenario del nacimiento de
Francisco de Goya, dos conferencias que

CHILE
Francisco Otta, prestigioso pintor che­
co de larga residencia en Santiago de
Chile, expone en estas fechas en los sa­
lones del Banco de Chile, ba jo los auspi­
cios del "Comité coordinador ínter-eslavo” .
Los aficionados al arte de Buenos Aires
recuerdan aún una brillante exposición
realizada por ese artista en los salones
W itcom b hace cosa de ‘ cuatro años, en
cuya ocasión la* erítica de nuestros gran­
des rotativos le dedicó efusivos elogios.

‘ "T r a b a jo s ejecutados por alumnos de
la Academia de Bellas Artes de Cuyo,
vimos en la "Casa de Mendoza” . Artistas
insignes: el pintor Ramón Gómez Cornet,
el escultor Lorenzo Domínguez, los graba­
dores Víctor Delhez y Sergio Sergi, son
los principales animadores de ese conjunto
de jóvenes que hacen sus primeras armas.

Luis Goicland M oren o.

Luis

Goicland

M oren o.

El mucamito.

Composición.

‘ “ Destacamos: "Estudios de madera” ,
fotografías de Lux Elsner, en Salones
V ia u ; y otras de George Friedman, en
el Instituto Francés de Estudios Supe­
riores. Excelentes sus fotos de temas de
la tierra argentina.
“ ‘ Treinta óleos expone en "M ü.ler” el
pintor Luis Gowland Moreno. Hemos gus­
tado sus típicos rincones porteños vertidos
con honda pasión de alma y denso pin­
celar en el predominio de ricos grises.
“ ‘ Reproducciones de obras famosas, clá­
sicas y modernas, pueden admirarse en
"Peuser” . Han sido presentadas por Car­
los Hirsch. Tam bién: Pintores antiguos
y modernos, dentro de la tradición fran­
cesa, expuestos por el decorador parisiense
André Mauny.
‘ “ Reza en el catálogo de los trabajos de
los estudiantes mendocinos: "Consciente
de cuál es el problema del Arte en esta
hora, se impuso como lema que toda ex­
presión artística para ser personal y libre
debe venir precedida del dominio de los
elementos plásticos, sin lo cual la apa­
rente realización espontánea se trueca en
rutina e impotencia.”

H oracio M areh.

Calle de Colonia, Uruguay.

A rte Contemporáneo I taliano
manifiesto futurista pasa por ser
el punto de partida. Es casi exacto,
pero antes de hacer escuchar su p ro­
pia voz, esos jóvenes debieron acallar
la del llamado período umbertino, p ro­
vinciano y pequeño burgués. La ge­
neración que comienza a actuar en el
1900, no se limita al acostumbrado pa­
pel de negadora y reemplazante de la
generación anterior, y como el arte se
salva siempre, los recién llegados son
los que, en el momento oportuno, dan
a la literatura, la pintura y la poesía
de Italia, la fisonomía de universalidad
y modernidad que venían necesitando.
El último ochocientos era falso y re­
tórico, y era falsa y retórica la tra­
dición en la cual se apoyaba; por eso,
había que liquidarlo conquistando las
tradiciones legítimas, las que implican
un verdadero sentido histórico, es decir
— T. S. Eliot— , el pasado como pre­
sencia. El ímpetu renovador fué total.
Las revistas del tipo de la "Nuova A n­
tología” o la "Rivista d’Italia” , fueron
reemplazadas por "La V oce” o "Leonar­
do” , firmes y ardientes. Empiezan para
el perfumado D ’Annunzio, los años de
agotadora supervivencia, fatigosa ca­
rrera que terminaría ya sabemos cómo.
A Carducci se lo respeta, pero este g i­
gante a destiempo no es guía adecuado
para los nuevos caminos. Con im per­
ceptible ironía, la poesía se toma su
revancha mediante el alma "casalingha”
de los poetas crepusculares, de tonos
suaves, hondos, y bastante tisis funam­
bulesca. Y la pintura toma también su
revancha. Durante el período umberti­
no (¿quién no lo recuerda en las admi­
rables páginas de las "Stam pe dell’
800” , de Aldo Palazeschi?), la pintura
se mueve en un provincialigpro sin in­
quietudes ni psicología, y se mueve en
el helenismo y prerrafaelismo dannunziano de fines de siglo, ilustrado por los
cuadras de Sartorio y De Carolis. Lo
superficial y lo 'agradable, Dianas y
Gorgonas, retratos de satisfechos y de
héroes griegos. Pero entretanto, junto
a los poemas crepusculares de Gozzano
o de Sergio Corazzini, hay otros pinto­
res que nada tienen que ver con Sar­
torio o De C arolis: los pintores líricos.
H ay en ellos una voluntad puesta al
servicio de un neorromanticismo triste,
literario, lleno de penumbras. El futu­
rismo estaba próximo a estallar, y de
los líricos nos quedan los hermosos
cuadros de Beccarini, con sus bohemios
pálidos, inmateriales, tan alejados como
Beccarini mismo, de la vitalidad meri­
dional y futurista de Umberto Boccioni.

E

l

* * *
Misterio y silencio son las sugerencias
de la pintura metafísica. En este ro ­

manticismo de lo. misterioso, como ha
sido llamado, los objetos son seleccio­
nados con ardor intelectual y poético,
y de ese caos aparente de guantes de ci­
rugía, yelmos viejos, plazas frías, es­
cuadras y maniquíes, emana una simbología extraña y apasionada. Cualquier
objeto tratado por la pintura m etafí­
sica pierde su sentido y su valor indi­
vidual, para ponerse al servicio de una
fábula que se desarrolla en el plano
ideal. La nueva tendencia con De Chi­
neo V Carra como grandes animadores,
tuvo su centro polémico y teórico en
una revista fundada por el escritor
Mario Broglio, llamada "Y alori Plastici” .
Cuando De Chirieo pintaba su "H éc­
tor y Andrómaca” , en una portentosa
combinación de maniquíes imitadores
del hombre (el mundo de lo mecánico
es aporte típicamente futurista), con la
fábula pagana, terminaba la primera
guerra mundial. Ahora la voz de orden
es otra : la forma.- La perfección de la
estatuaria grec-olatina y, naturalmente,
Ingres. "La diferencia entre los pinto­
res metafísieos y los neoclásicos, dice el
crítico V. Costantini, está en el hecho
de (pie unos crean más bien una ficción
escénica, un ambiente, una composición
fabulosa; los otros, en cambio, ofrecen
una interpretación exquisitamente plás­
tica.” Así son, en efecto, los desnudos
femeninos de F. C'asorati, de Sbisa o
de Antonio Donghi. Pero el contacto
con la pintura metafísica, no se ha per­
dido del todo. Las figuras, graciosas y
armónicas, están compuestas con una
simplicidad esencial. Perfectas y frías,
adolecen de ese estatismo característico
de la pintura metafísica.
* * *
Después, llegaron los años de euforia
fascista. Exacerbada la idea de un arte
nacional italiano, despojado (la retó­
rica al uso lo pedía a gritos) de toda
clase de ismos extranjeros, se buscó un
eclecticismo sin mayor preocupación de
escuela. El grupo inicial, siete pintores
entre los que se cuentan^ Bucci, Malerba y Mario Sironi, exhibe en la E xposi­
ción Bianual de Yenecia del año 1924,
con la dirección espiritual de Margarita
Sarfatti. Nace así el Novecientos, nom­
bre que se le da al grupo, y que rá­
pidamente se difunde. Todos los artistas
italianos estuvieron presentes en las su­
cesivas muestras del Novecientos,- reali­
zadas en Italia y en el extranjero, pero
el telón de fondo, constantemente re­
novado, sigue siendo hasta hoy la labor
infatigable y de permanente enseñanza
de De Chirieo, Carra, Severini y M o­
ran di.
Alberto Girri.

***De la Colección Vicente Leveratto
(V an Riel) se pueden ver pinturas del
siglo x ix . Se exhiben obras de Ménard,
Anglada, D. Morelli, H. Martin, Sivori, etc.
“ ‘ Cesáreo Bernaldo de Quirós ocupa las
salas de "W itcom b” con sus 64 óleos que
comprenden dilatadas composiciones, fig u ­
ras, naturalezas muertas y paisajes.
“ ‘ Horacio Butler ha llevado una Exposi­
ción Retrospectiva de sus obras a "Im ­
pulso” . Documenta afirmativos avances
del artista.
‘ “ Eugenia Crenovioh (Y ente) expone
"Pinturas en relieve” en "Müller” , de al­
cance constructivo.
,

L u cio L ó p ez R ey.

Carnaval en España. (Segundo premio de la Exposición
Anual de Nueva York.)

‘ ‘ ‘ El grupo "A rte Concreto. Invención” ,
realiza una nueva presentación en la So­
ciedad Argentina de Artistas Plásticos.
El grupo "M adi” lo hace en "Altanlira” .
Se trata de testimonios que perfilan una
etapa del arte abstracto en la Argentina.

Cario Carrh.

Naturaleza muerta.

�cabalgata
NOTICIAS
DE LAS

Exposiciones L ocales
***Un grupo de pintores jóvenes exhibió
dibujos en la Sociedad Argentina de Artis­
tas Plásticos. De sensible y torturada pre­
sencia los de Luis Barragán; de fuertes
efectos de blanco y negro, Bruno Venier;
estudios de color de B. F orte; apuntes
a la tinta de Presas; sepia, I. Sánchez.
Otros: J. Gnecco, A. Lipietz, A. Altalef,
L. Lusnich, J. Moraña, E. Pons, A.
D’Amato, E. Sieyro. En más de uno se
ve el influjo decidido del maestro Lino
Spilimbergo.
'"B úsquedas diferentes, desde lo abstrac­
to a lo real, son los dibujos y las acua­
relas de Horacio Martínez Ferrer, en la
Asociación Estímulo de Bellas Artes.

Enrique Policastro,

'"E x p osición homenaje, la do Carlos M.
Cignoli, prematuramente fallecido, en la
Galería Rose Marie. El pintor está pre­
sente en unas breves notas de color y
algún croquis.

Entierro.

Nueve P intores A rgentinos
pintura argentina moderna rea’ sume caracteres y calidades que la
presentan afinada y compleja dentro
de la problemática plástica de nuestro
tiempo. Las vanguardias que hacia
1921 y 1930 se afirman en dos gene­
raciones de artistas han gallado la
batalla local del arte contemporáneo,
pero ¿hasta cuándo se ha de reducir
el valor de una obra a puros conceptos
formales? ¿Hasta cuándo una obra de
arte debe responder únicamente a pla­
nos, volúmenes, tonos, colores y demás
elementos que componen un cuadro, y
no por su jerarquía estética primordial,
acento de vida o de tragedia, a la par
documento y expresión consciente de
una hora de nuestra historia colectiva?
La generación de 1921 sostuvo los
ideales del arte viviente en el cual le
cupo dimensión y aporte. Sin embargo,
¿cómo seguir un camino de simple
aprendizaje y no soñar con una intuida
madurez? Cuando pintores argentinos
— un Gómez Cornet, un Spilimbergo,
un Castagnino— piensan y trabajan
para alcanzar una expresión en que
la tierra del país vea articulada su voz,,
ya superan el puro juego pictórico, ya
alcanzan una medida real y superreal
en donde la Argentina existe con su
tono individualizado y diferencial. He
aquí la nueva marcha de nuestra pin­
tura y su creciente posibilidad.
Me atengo al núcleo de pintores de
la IV !) Exposición del "Centro de P ro­
fesores Diplomados de Enseñanza Se­
cundaria” : Horacio March y Enrique
Policastro. de la generación de 1921,
y Luis Barragán, Armando Chiesa,
Marcos Tiglio, César López Claro, En­
rique Fernández Chelo. Raúl Russo y
Andrés Calabrese, de la generación de
1930. En unos y otros, el puro juego
plástico y eolorístico y el acento de
autenticidad que exige nuestra tierra

en su evolución cultural. En este as­
pecto, March ocupa un lugar promi­
nente. En sus paisajes una típica calle
que va a dar al río, de arquitecturas
tocadas poéticamente, o una cañada
cordobesa, fija n un acentuado estatismo
y silencios que participan de un clima
"metafísico” expectante. Policastro es­
grime un color dramático, un expresio­
nismo de buena ley. En "Composición” ,
hace invariable pintura de grises inten­
sos, con dos figuras en rojo y negro
y unos toqués de blanco que pueblan
el paisaje de raíces trágicas de pobres
suburbios porteños.
Otra medida sitúa a Barragán. Su
relato pictórico, inscripto como una ta­
bla primitiva, ostenta deliciosos tonos
verdes y azules. En Chiesa, los planos
de color atienden a una atmósfera den­
samente pictórica compuesta con agu­
deza plástica. En "Anunciación” y
"Sueño del modelo” , su inteligencia de
influjo eubista ha coordinado bellas
superficies planas coloreadas, pero se
aparta del abstractismo para hallar
insinuados valores representativos y
líneas que ciñen sus composiciones.
Tiglio, pinta "Flores” con libertad
expresiva, y la tela respira una ema­
nación emocional que estructura las
formas y a la vez las disuelve en un
color de fluyente calidad. F. Chelo ha
sabido ver en su monocopia un lírico
paisaje con figuras en un nocturno
de los alrededores de Buenos A ires:
fuertes trazos funcionales particulari­
zan su trabajo. Sintéticas formas y
anotaciones del color, son propias de
Raúl Russo. López Claro, se atiene
a los grises y negros de sus monocopias. Tonos bajos cultiva Calabrese.
La pintura joven del país alienta
en estos hombres nuevos un resplandor
de esperanza.
R. Brughetti.

EXPOSICIONES

tuvieron lugar en el au’ a magna de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Uni­
versidad Nacional de Buenos Aires los
días 22 y 25 de octubre. Dictó la pri­
mera el ilustre crítico de arte señor Julio.
E. Payró, y la segunda, el arquitecto señor
Angel Guido. "Las cuatro estaciones de
Goya” , "España y Europa en el arte de
Goya” (Goya visto por un americano),
se titularon respectivamente las dos inte­
resantes disertaciones.

i

L

FRANCIA
El " affiche” en el cine (desde 1895
a 1946), Organizada por los Dibujantes
y Afichistas del Cine, con la colabora­
ción de la Biblioteca Nacional y de la
Cineteca Francesa, se efeetuó esta Expo­
sición retrospectiva. Existe una búsqueda
de interés estético y otra publicitaria,
ambas valiosas y no descuidadas. En el
Catálogo, "L ’affiche de einéma” con­
tiene el punto de vista del "metteur en
scéne” (L. Daquin), del distribuidor (M.
Gentel) y del director de publicidad (J.
M. Mounier).

COYA
La Institución Cultural Española, que
preside el conocido economista don Ra­
fael Vehils ha organizado, en conmemo­
ración del bieentenario del nacimiento de
Francisco de Goya, dos conferencias que

CHILE
Francisco Otta, prestigioso pintor che­
co de larga residencia en Santiago de
Chile, expone en estas fechas en los sa­
lones del Banco de Chile, bajo los auspi­
cios del "Comité coordinador ínter-eslavo” .
Los aficionados al arte de Buenos Aires
recuerdan aún una brillante exposición
realizada por ese artista en los salones
Witeomb hace cosa de 'cuatro años, en
cuya ocasión la* crítica de nuestros gran­
des rotativos le dedicó efusivos elogios.

'"T r a b a jo s ejecutados por alumnos de
la Academia de Bellas Artes de Cuyo,
vimos en la "Casa de Mendoza” . Artistas
insignes: el pintor Ramón Gómez Cornet,
el escultor Lorenzo Domínguez, los graba­
dores Víctor Delhez y Sergio Sergi, son
los principales animadores ¡le ese conjunto
de jóvenes que hacen sus primeras armas.

Luis

Gouiland

M oren o.

Composición.

"'D esta ca m os: "Estudios de madera” ,
fotografías de Lux Elsner, en Salones
V iau ; y otras de George Friedman, en
el Instituto Francés de Estudios Supe­
riores. Excelentes sus fotos de temas de
la tierra argentina.
'"T r e in ta óleos expone en "Mü'.ler” el
pintor Luis Gowland Moreno. Hemos gus­
tado sus típicos rincones porteños vertidos
con honda pasión de alma y denso pin­
celar en el predominio de ricos grises.
'"R eproducciones de obras famosas, clá­
sicas y modernas, pueden admirarse en
"Peuser” . Han sido presentadas por Car­
los Hirseh. También: Pintores antiguos
y modernos, dentro de la tradición fran­
cesa, expuestos por el decorador parisiense
Andró Mauny.
'" R e z a en el catálogo de los trabajos de
los estudiantes mendocinos: "Consciente
de cuál es el problema del Arte en esta
hora, se impuso como lema que toda ex­
presión artística para ser personal y libre
debe venir precedida del dominio de los
elementos plásticos, sin lo cual la apa­
rente realización espontánea se trueca en
rutina e impotencia.”

H oracio March.

Calle de Colonia, Uruguay.

A rte Contemporáneo I taliano
manifiesto futurista pasa por ser
el punto de partida. Es casi exacto,
pero antes de hacer escuchar su pro­
pia voz, esos jóvenes debieron acallar
la del llamado período umbertino, p ro­
vinciano y pequeño burgués. La ge­
neración que comienza a actuar en el
1900, no se limita al acostumbrado pa­
pel de negadora y reemplazante de la
generación anterior, y como el arte se
salva siempre, los recién llegados son
los que, en el momento oportuno, dan
a la literatura, la pintura y la poesía
de Italia, la fisonomía de universalidad
y modernidad que venían necesitando.
El último ochocientos era falso y re­
tórico, y era falsa y retórica la tra­
dición en la cual se apoyaba; por eso,
había que liquidarlo conquistando las
tradiciones legítimas, las que implican
un verdadero sentido histórico, es decir
— T. S. Eliot— , el pasado como pre­
sencia. El ímpetu renovador fué total.
Las revistas del tipo de la "Nuova An­
tología” o la "Rivista d’Italia” , fueron
reemplazadas por "La Voee” o "Leonar­
do” , firmes y ardientes. Empiezan para
el perfumado D ’Annunzio, los años de
agotadora supervivencia, fatigosa ca­
rrera que terminaría ya sabemos cómo.
A Carducci se lo respeta, pero este gi­
gante a destiempo no es guía adecuado
para los nuevos caminos. Con imper­
ceptible ironía, la poesía se toma su
revancha mediante el alma "casalingha”
de los poetas crepusculares, de tonos
suaves, hondos, y bastante tisis funam­
bulesca. Y la pintura toma también su
revancha. Durante el período umberti­
no (¿quién no lo recuerda en las admi­
rables páginas de las "Stampe delT
800” , de Aldo Palazeschif), la pintura
se mueve en un provincialigmd sin in­
quietudes ni psicología, y se mueve en
el helenismo y prerrafaelismo dannunziano de fines de siglo, ilustrado por los
cuadras de Sartorio y De Carolis. Lo
superficial y lo 'agradable, Dianas y
Gorgonas, retratos de satisfechos y de
héroes griegos. Pero entretanto, junto
a los poemas crepusculares de Gozzano
o de Sergio Corazzini, hay otros pinto­
res que nada tienen que ver con Sar­
torio o De Carolis: los pintores líricos.
Hay en ellos una voluntad puesta al
servicio de un neorromanticismo triste,
literario, lleno de penumbras. El futu­
rismo estaba próximo a estallar, y de
los líricos nos quedan los hermosos
cuadros de Beccarini, con sus bohemios
pálidos, inmateriales, tan alejados como
Beccarini mismo, de la vitalidad meri­
dional y futurista de Umberto Boccioni.

E

l

* * *
Misterio y silencio son las sugerencias
de la pintura metafísica. En este ro­

manticismo de lo. misterioso, como ha
sido llamado, los objetos son seleccio­
nados con ardor intelectual y poético,
y de ese caos aparente de guantes de ci­
rugía, yelmos viejos, plazas frías, es­
cuadras y maniquíes, emana una simbología extraña y apasionada. Cualquier
objeto tratado por la pintura metafí­
sica pierde su sentido y su valor indi­
vidual, para ponerse al servicio de una
fábula que se desarrolla en el plano
ideal. La nueva tendencia con De Chirico y Carra como grandes animadores,
tuvo su centro polémico y teórico en
una revista fundada por el escritor
Mario Broglio, llamada "Valori Plastici”.
Cuando De Chirieo pintaba su "H éc­
tor y Andrómaca”, en una portentosa
combinación de maniquíes imitadores
del hombre (el mundo de lo mecánico
es aporte típicamente futurista), con la
fábula pagana, terminaba la primera
guerra mundial. Ahora la voz de orden
es otra: la forma.- La perfección de la
estatuaria grecolatina y, naturalmente,
Ingres. "La diferencia entre los pinto­
res metafísicos y los neoclásicos, dice el
crítico V. Costantini, está en el hecho
de que unos crean más bien una ficción
escénica, un ambiente, una composición
fabulosa; los otros, en cambio, ofrecen
una interpretación exquisitamente plás­
tica.” Así son, en efecto, los desnudos
femeninos de F. C'asorati, de Sbisa o
de Antonio Donghi. Pero el contacto
con la pintura metafísica, no se ha per­
dido del todo. Las figuras, graciosas y
armónicas, están compuestas con una
simplicidad esencial. Perfectas y frías,
adolecen de ese estatismo característico
de la pintura metafísica.
# * #
Después, llegaron los años de euforia
fascista. Exacerbada la idea de un arte
nacional italiano, despojado (la retó­
rica al uso lo pedía a gritos) de toda
clase de ismos extranjeros, se buscó un
eclecticismo sin mayor preocupación de
escuela. El grupo inicial, siete pintores
entre los que se cuentan Bucci, Malerba y Mario Sironi, exhibe en la Exposi­
ción Bianual de Veneeia del año 1924,
con la dirección espiritual de Margarita
Sarfatti. Nace así el Novecientos, nom­
bre que se le da al grupo, y que rá­
pidamente se difunde. Todos los artistas
italianos estuvieron presentes en las su­
cesivas muestras del Novecientos,- reali­
zadas en Italia y en el extranjero, pero
el telón de fondo, constantemente re­
novado, sigue siendo hasta hoy la labor
infatigable y de permanente enseñanza
de De Chirieo, Carra, Severini y Morandi.
Alberto Girri.

'" D e la Colección Vicente Leveratto
(Van Riel) se pueden ver pinturas del
siglo xix. Se exhiben obras de Ménard,
Anglada, D. Morelli, H. Martin, Sivori, etc.
'"C esá reo Bernaldo de Quirós ocupa las
salas de "Witeomb” con sus 64 óleos que
comprenden dilatadas composiciones, figu­
ras, naturalezas muertas y paisajes.
"'H o r a c io Butler ha llevado una Exposi­
ción Retrospectiva de sus obras a "Im ­
pulso” . Documenta afirmativos avances
del artista.
"'E u g e n ia Crenovioh (Yente) expone
"Pinturas en relieve” en "Müller” , de al­
cance constructivo.
" ‘ El grupo "Arte Concreto. Invención” ,
realiza una nueva presentación en la So­
ciedad Argentina de Artistas Plásticos.
El grupo "M adi” lo hace en "Altamira” .
Se trata de testimonios que perfilan una
etapa del arte abstracto en la Argentina.

Cario Carrh. Naturaleza muerta.

�E cabalgata
que en este desnudo está ya actuando,
con sus más finas exigencias, aquel “ élan”
vital, aquel reconocimiento de la natura­
leza, con su belleza y su crueldad — la
naturaleza incluso en la ciudad— que un
gran crítico del arte romántico definió
como la característica d© lo moderno. '
Pero Ingres, y aun Delacroix, no lle­
garon a desatar los vientos que ese reco­
nocimiento de la naturaleza, de su pode­
río transformador, acabaría por imponer
más tarde. Le estaba reservada a Cézzane
la iniciación en el cumplimiento de tan
tremendo mandato. Y el gran maestro
pudo inaugurar la batalla de los nuevos
tiempos. La destrucción de las forma's,
gritaron los ensayistas, los críticos, el pú­
blico. Invención de nuevas formas, res­
pondieron los artistas* los poetas, los a fi­
cionados más inteligentes. Y al pasar los
años, quizá ninguna de las partes tiene
razón. Al contemplar hoy estas cinco ba­
ñistas de Cézanne, no podríamos hablar
seriamente de destrucción ni de invención.
Hay en ellas tal frescor de descubri­
miento, tal fuerza real y poética, está
tan sentida la materia, su forma, su vida,
su color, que más bien se nos ocurre pre­
guntarnos si la nueva escuela, llamémosle
así, no se habrá planteado por primera
vez con todas sus consecuencias, el apoderamiento, la posesión de las formas,
plenamente, violando las tinieblas con­
vencionales, los engaños de la anatomía
inerte, del color heredado, de la actitud
que aconseja el canon.
G rom aire. Desnudo sentado en un sillón Luis XIII.

No, no es esto la deshumanización del
arte. Es, más bien, lo contrario, el gran
intento de hallar, de conquistar la huma­
nidad de los grandes días, el torso heroi­
co, el cansancio supremo de unos muslos
que antes sólo hubieran sido pintados por
su significación de belleza admitida, la
violencia de una cabellera que cae sobre
la espalda como un manojo de agrestes
y pardos matorrales.
Modigliani nos parece otra cosa: la
pintura e cosa mentale. ¿No extrema M q.-

Ingres.

La fuente.

Museo del Louvre.

1

A plena conquista del desnudo es algo que deberemos siempre al renaj cimiento. Anteriormente se habían hecho incursiones, heroicas aven­
turas casi clandestinas. En el renacimiento el desnudo se impone como
uno de los mundos más legítimos de la pintura y ejerce desde entonces
su imperio sobre pintores y aficionados.
A través de su evolución, se ve mejor quizá que en cualquier otra
expresión pictórica, el desarrollo de las tendencias artísticas de los dos
últimos siglos. En esta página, verá el lector cinco obras maestras del
género. Presidiéndolas a todas, el ya famoso cuadro de Ingres, “ La
Souree” . Imagen entera, retrato clásico, estricta pureza lineal, como en
un claro espejo fiel al modelo que recoge en su azogue. Ahora que la
gran batalla Ingres-Delacroix nos parece más que batalla un diálogo fra ­
ternal, cuando vemos hasta qué punto estaban ambos enmarcando, cada
uno a su modo, el campo inagotable del romanticismo, no podemos dejar
de ver cuánto sentimiento hay en esta figura de tan fría apariencia,
cuánta ordenada libertad en ese dibujo que pudo parecer nada más que
cálculo. Y, si se piensa en los desnudos clásicos de la línea no román­
tica, es decir, si se excluye a Tiziano, a Tintoretto, a Eubens, veréis

M odigliani.

Desnudo.

digliani la helada y ardiente inteligencia
de Ingres? ¿No busca otras conquistas?
Acaso sea el pintor contemporáneo que
más ha buscado lo ideal, como si se sin­
tiera el guardián de la gran tradición:
emplea, seleccionándolos, todos los medios
de la pintura moderna, para salvar el
tesoro de Leonardo. Y, más allá, la lumi­
nosa y delgada, ideal expresión prerrenacentista. Aunque una característica pre­
cisión, cruel, intensa, lúcida, le preste un
paradójico fulgor romántico.

CINCO DESNUDOS
Por JULIO C. FIGUEROA

El desnudo de Matisse, “ Femme nue
sur un fauteil rouge” , condensa los lu jo­
sos valores de su pintura. En .un estudio
reciente dec'a Louis Aragón que es Ma­
tisse el pintor del lujo, del lujo mere­
cido, con el que sueña el hombre de nues­
tro tiempo, de todos los tiempos. Y el
ocio delicado, el bueno, parece regir la
forma de este desnudo, y una elegancia
lejos de toda posible muñequería -—lejos
del consabido hipódromo, de la soirée, del
salón de belleza— envuelve todo el cuadro.
No se sabe qué misteriosa castidad, qué
salud insospechada, qué virtud natural,
hace de este desnudo algo que contrasta
profundamente con su primer aspecto
decorativo, con el extraordinario lujo que
en él vemos.
Gromaire tiene más novelería. Su des­
nudo, “ Nu au fauteil Louis N III” , recu­
pera los derechos literarios de la pintura,
imponiéndolos CQn pasión y arte eézanneseos. Trata la forma como un problema
de geometría para resolverlo luego con
apetito de libertad, para desencadenar
luego, dentro de una elipsis, toda la am­
plia violencia de una recta, una recta
sensual, viva, tan sinuosa y llena de tem­
blor como una curva despeñada.

Henri Matisse.

Mujer sentada en un sillón rojo.

Cinco desnudos. Cinco nombres repre­
sentativos en la historia de la pintura
moderna, desde el romanticismo hasta
nuestros días. Indudablemente, faltan
grandes maestros y escuelas enteras en
esta página. Pero Ingres, Cézanne, Matis­
se, Modigliani, y Gromaire, pueden, por
sí solos, hacernos recordar con todos los
derechos, uno de los más apasionantes
géneros de lá pintura: el desnudo.

Cézanne.

Cinco bañistas.

Colección Bames Foundation.

�CUENTO POLICIAL

cabalgata©
(V ien e

del

número

anterior.)

de nosotros a la puerta, y los
demás a cada ventana. Macbride
tiene aquí una escalera para trepar a la
ventana alta.
Mr. H om e Fisher, el lánguido secreta­
rio, se volvió a su distinguido pariente
y habló por primera vez en la noche.
— Creo que voy a convertirme a la es­
cuela cockney de psicología — susurró
con voz apenas audible.
Los otros parecían reaccionar igualmen­
te a la influencia de Wilson, cada uno
a su manera, pues el grupo comenzó a di­
solverse en la forma indicada. Morton
se encaminó a la ventana inmediata a él,
donde el oculto fugitivo acababa aparen­
temente de apagar su vela. Nolan, algo
más hacia el oeste, acudía a la siguiente
abertura, mientras Wilson, seguido por
Macbride, que llevaba la escalera, rodea­
ba la torre para alcanzar las dos venta­
nas traseras. Seguido por su secretario,
sir Walter Carey echó a caminar circu­
larmente en demanda de la única puer-

U

no

i : 'te
éa #

::.

-

LAS FUGAS DEL PRINCIPE
P o r G. K. C H E S T E R T O N
y el ruido de una silla al caer, indicaron
que el intrépido londinense había conse­
guido finalmente introducirse en la ha­
bitación. Siguió entonces un raro silencio,
y sir Walter, acercándose a la ventana
entre el humo ya menos espeso, miró hacia
el interior del hueco cascarón de la an­
tigua torre. Aparte de Wilson, que mira­
ba en torno suyo con asombro, no había
nadie allí.
El interior d© la torre era un sencillo
cuarto vacío, cuyo moblaje constaba de
una rústica silla de madera y una mesa
donde se veían plumas, tinta, papel y el
candelero. En la mitad de la pared, en lo

í
'vSÍ-'

ta, queriendo solicitar admisión de una
manera más regular.
-—|Estará armado, n a tu r a lm e n t e ?
— preguntó con aire casual.
— Por lo que sé — repuso Home Fisl}¿.er— , nuestro hombre puede emplear un
candelero con más éxito que otros una
pistola. Pero seguramente también lleva­
rá la pistola.
Aun estaba hablando cuando la pre­
gunta fué contestada con lengua de true­
no. Morton terminaba de situarse frente
a la ventana más próxima, sus anchas
espaldas bloqueando la abertura. Por un
instante se le vió iluminado desde el
interior con un fuego rojo, seguido de
una aterradora sucesión de ecos. Las
cuadradas espaldas parecieron cambiar
de forma, y la pesada figura cayó entre
los altos y ásperos pastos al pie de la
torre. Una humareda flotaba desde la.
ventana, como una nubecilla. Los dos
hombres corrieron para levantarlo; pero
estaba ya muerto.
Sir Walter se enderezó, gritando algo
que no fué escuchado entre el estampido
de la segunda descarga; tal vez la policía
vengaba a su camarada desde el otro
lado de la torre. Fisher corrió hacia la
siguiente ventana, y su grito de asombro
atrajo sin tardanza a su pariente. Nolan,
el policía irlandés, estaba caído cuan
largo era sobre el pasto, rojo de sangre.
Aun vivía cuando se inclinaron a su
lado, pero la muerte asomaba a su ros­
tro y apenas alcanzó a hacer un gesto
final para indicarles que todo era inútil,
murmurando una palabra inconclusa y es­
forzándose heroicamente en señalar el si­
tio donde, sus restantes compañeros sitia­
ban la parte posterior de la torre.
Estupefactos por esas rápidas y repe­
tidas escenas, los dos hombres sólo pu­
dieron obedecer vagamente el gesto y en­
caminarse hacia las ventanas traseras.
Allí los esperaba un espectáculo igual­
mente violento, aunque menos trágico y
definitivo. Los dos restantes oficiales
no estaban muertos o malheridos, pero
Macbride yacía con una pierna rota y la
escalera caída sobre él, lo que probaba
que lo habían rechazado desde la ventana
alta de la torre. Wilson aparecía de
bruces, muy quieto y como insensible, el
rojo cabello entre los pastos grises y pla­
teados. Su desmayo, con todo, era mo­
mentáneo, pues cuando los otros se le
acercaron empezó a moverse y a tratar
de pararse.
— ¡P or Dios, esto ha sido como una
explosión! -—gritó sir Walter.
No hallaba otra palabra para explicar
esa energía extraterrena por la cual un
solo hombre acababa de lanzar en el mis­
mo instante la muerte y la destrucción
sobre los tres lados del pequeño triángulo
de las ventanas.
Wilson había conseguido ponerse de
pie, y con espléndida energía se lanzó
nuevamente a la ventana, revólver en
mano. Tiró dos veces contra la abertura
y lo vieron perderse dentro, envuelto en
su propio humo. El golpe de los zapatos

alto, divisábase una tosca plataforma de
madera situada debajo de la ventana su­
perior; no era más que un hueco o, mejor
aún, un ancho anaquel. Sólo se lo alcan­
zaba mediante una escalera, y parecía
tan vacío como las vacías paredes.
Wilson completó su inspección del lu­
gar, y se detuvo a contemplar las cosas
sobre la mesa. Silenciosamente apuntó con
el dedo la abierta página del gran cua­
derno. En la mitad de una palabra, el es­
critor había cesado bruscamente en la
tarea.
— D ije que era como una explosión
— afirmó por fin sir Walter Carey— .
Realmente parece que hubiera explotado
de pronto. Pero al hacerlo ha conseguido
desvanecerse sin siquiera tocar la torre.
Estalló como una burbuja, y no como una
bomba.
— Alcanzó a tocar cosas mucho más
valiosas que la torre — dijo amargamente
Wilson.
_
Hubo un largo silencio, que sir Walter
interrumpió por fin con voz preocupada.
— En fin, Mr. Wilson, yo no soy un de­
tective, y este desdichado suceso lo deja
a usted al frente de la tarea. Lamenta­
mos, claro está, la causa de tan brusca
promoción; pero me complazco en decirle
que personalmente tengo amplia confian­
za en su capacidad para llevar adelante
la tarea, i Qué cree que debemos hacer?
Wilson pareció arrancarse a su depre­
sión, y agradeció las palabras de sir W al­
ter con una cordialidad mayor de la que
hasta entonces mostrara a nadie. Llamó
a unos pocos policías para que lo ayuda­
ran a seguir la requisa en el interior de
la torre, mientras el resto se lanzaba a
una expedición de reconocimiento en los
páramos.
— Me parece — dijo— que lo primero es
asegurarnos bien de lo que hay aquí aden­
tro, y averiguar si pudo escapársenos f í ­
sicamente de alguna manera. Sin duda
el pobre Nolan hubiera hablado otra vez
de su fantasma, y sostenido que la cosa
era p o s ib le ... sobrenaturalmcnte. Pero
los espíritus inmateriales me tienen sin
cuidado cuando enfrento hechos concretos.
Estos hechos son para mí una torre vacía
donde hay una escalera, una silla y una
mesa.
— Los espiritistas — observó sir Wal­
ter— sostendrían que los espíritus pueden
utilizar una mesa de variadas maneras.
— Tal vez sí, pero-sólo si los espíritus
estuvieran sobre la m esa ... y encerrados
en una botella — repuso Wilson con una
mueca de sus pálidos labios— . Cuando
las gentes de los alrededores están satu­
radas de whisky irlandés, son capaces de
creer cosas semejantes. Me parece que
haría falta un poco más de educación en
este país.
Las espesas pestañas de Horne Fisher
se agitaron en una débil tentativa por
levantarse del todo, tal como si se sintie­
ra tentado de protestar perezosamente
contra el tono despectivo del investigador.
— Los irlandeses creen demasiado en
los espíritus para aceptar el espiritismo

alejándose un poco para mirar por la
— murmuró— . Saben demasiado acerca
de ellos. Si quiere usted simples y pue­ ventana.
Siguió otro silencio, roto al fin por la
riles creencias sobre fantasmas que se
serena voz de sir Walter.
aparecen, las encontrará en su amado
__ 4Qué se te ha metido en la cabeza,
Londres.
Fisher? 4Tienes una nueva teoría de cómo
— No me interesan en ninguna parte
el individuo consiguió escapar del cerco
— repuso secamente Wilson— . Digo que
estoy enfrentando cosas más simples que que le tendimos!
__No se escapó del cerco — repuso el
eso que usted llama "simples creencias” :
enfrento una mesa, una silla y una esca­ hombre asomado a la ventana, sin darse
vuelta— . No se escapó del cerco simple­
lera. Y sobre ellas digo lo siguiente: han
mente porque nunca estuvo dentro. Ni
sido fabricadas toscamente y con madera
siquiera se hallaba en la torre, por lo
común, pero la mesa y la silla son nuevas
y están comparativamente limpias. La es­ menos en el momento que la rodeamos.
calera, en cambio, se ve cubierta de polvo
Giró, apoyando la espalda en la venta­
y hay una telaraña en el escalón superior.
na pero a pesar de su manera descuidada
Eso significa que nuestro hombre se pro­ de siempre, a ambos les pareció que el
curó las dos primeras en alguna cabaña,
rostro en sombras había palidecido un
tal como lo suponíamos, mientras que la
poco.
escalera ha estado largo tiempo en este
— Empecé a imaginarme algo por el es­
sucio rincón polvoriento. Probablemente
tilo cuando aun estábamos lejos de la to­
se contaba entre el moblaje original; es rre — dijo— . 4No se fijaron en esa osci­
parte de la herencia en este magnífico
lación de la vela antes de apagarse? Tuve
palacio de los reyes irlandeses.
la seguridad casi absoluta de que era el
Otra vez lo miró Fisher pojventre las
último chisporroteo que hace la mecha
pestañas semicerradas, pero pareció de­ antes de apagarse sola por falta de com­
masiado soñoliento para hablar, y Wilson
bustible. Y luego entramos aquí y vi esto.
continuó con sus teorfas.
Apuntó a la mesa, y sir Walter contuvo
— Resulta harto evidente que algo muy
el aliento como en una especie de apagada
extraño ha ocurrido hace un momento en
maldición contra su propia ceguera. Por­
este sitio. Mi parecer es que existen diez
que la vela del candelero estaba totalmente
probabilidades contra una de que haya
consumida y había terminado por apagar­
aquí algo que no conocemos. Es posible
se dejándolo, al menos mentalmente, en la
que nuestro hombre viniera a la torre
más absoluta oscuridad.
porque sólo en ella podía llevar a cabo
— Además hay una especie de problema
algo semejante. Aparte de esa ventaja,
no me parece un lugar muy hospitalario. matemático — agregó Fisher, retrocedien­
Pero él la conocía desde hace mucho, pues do con su blanda manera de siempre y
dicen que perteneció a su familia. Obser­ mirando las desnudas paredes como si
trazara en ellas imaginarios diagramas— .
ven que, reuniendo todos los elementos,
No es tan fácil, para un hombre situado
los vemos apuntar hacia algún detalle de
en el centro de un triángulo, encarar a la
la construcción en sí.
vez sus tres lados; en cambio, para un
— Me parece un excelente razonamiento
— observó sir Walter, que había escucha­ hombre colocado en el tercer ángulo, es
do con mucha atención— . Pero 4cuál será muy fácil encarar a los dos restantes al
mismo tiempo, especialmente si se en­
ese detalle?
cuentran en la base de un triángulo isós­
— Ahora comprenderán mi alusión a la
celes. Pido perdón si esto suena como una
escalera — prosiguió el detective— . Es la
clase de geometría pero. . .
única pieza realmente antigua del moblaje,
— Me temo que no tengamos tiempo
y lo primero que atrajo estos ojos tan
para aprenderla — dijo fríamente Wilcockney que tengo. Pero hay algo más:
— Si realmente ese hombre vuelve a
el hueco de arriba. A primera vista pare
la torre, debo dar mis ’
s sin perder
ce un desván para guardar trastos, sólo
que no hay allí ningún trasto ahora. Has­ un momento.
— Con todo, creo que seguiré üiclanu.'
ta donde alcanzo a verlo, está tan vacío
clase — dijo Fisher mirando al techo con
como el resto del aposento, y por eso no
me explico de que haya una escalera apo­ insolente serenidad.
— Pues yo debo pedirle que me deje
yada contra él. Ya que nada de raro hay
aquí abajo, opino que puede ser bueno llevar adelante la investigación de acuer­
do con mis métodos — dijo firmemente
echarle una ojeada.
Wilson— . Ahora soy el oficial a cargo de
Abandonó vivamente la mesa sobre la
cual se sentaba (porque la única silla esto.
había sido concedida a sir Walter) y
corrió con rapidez a la escalera que lle­
vaba a la plataforma superior. Los otros
lo siguieron al punto, aunque Mr. Fisher
se quedó último, mostrando un aire de
considerable negligencia.
Una nueva desilusión los esperaba en
lo alto. Wilson exploró cada rincón como
un "terrier” y examinó el techo adoptan­
do posturas de mosca; media hora más
tarde hubieron de confesarse que aun ca­
recían de una huella. El secretario priva­
do de sir Walter mostraba más y más
las señales de una desconsiderada somno­
lencia; y habiendo subido último la es­
calera, ahora parecía faltarle energía para
retornar al piso bajo.
— Vamos, Fisher — llamó sir WTalter
cuando estuvieron otra vez en el aposen­
to— . Tenemos que decidir si hacemos
pedazos esta torre para descubrir de qué
y cómo está hecha. /
— Ya bajo — respondió la voz por sobre
sus cabezas, una voz en la que asomaba
la sugestión de un inarticulado bostezo.
— fPero qué estás esperando? — pregun­
tó sir Walter con impaciencia— . ¿Es
que has visto algo ahí arriba?
— Bueno. . . Sí, en cierto modo — repu­
so vagamente la voz— . La verdad es que
ahora lo veo con perfecta claridad.
— i Qué cosa ve con claridad? — pregun­
tó ásperamente Wilson, desde la mesa
donde había vuelto a sentarse y agitaba
sin descanso las piernas.
— Veo un hombre — dijo Horne Fisher.
Wilson saltó de la mesa como si le hu­
bieran dado un puntapié.
— JQué quiere decir? — gritó— . 4Cómo
puede ver a un hombre allí?
— Lo veo por la ventana — repuso blan­
damente el secretario— . Lo veo que esta
cruzando los páramos. Viene en línea rec­
ta en dirección a la torre, y es evidente
que se dispone a visitarnos. Pero a juz­
gar por la persona que parece ser, creo
que la buena educación nos impone que
lo recibamos en la puerta.
Y el secretario descendió de lo alto
con su habitual tranquilidad.
— 4La persona que parece ser ? — repitió
Wilson estupefacto.
— Si — observó Horne Fisher suavemen­
__ Sí, creo que es el hombre que ustedes
llaman Príncipe Michael — observó livia­ te, con un acento que heló a los que lo
namente Mr. Fisher— . Para decir la ver­ oían— . Sí, p e r o ... 4por qué?
Sir Walter estaba asombrado; jamás
dad, estoy seguro. He visto los retratos
había visto a su joven y lánguido amigo
en poder de la policía.
Hubo un silencio de muerte, y la mente en una actitud semejante. Fisher miraba
habitualmente serena de sir Walter pare­ a Wilson, y bajo sus levantadas cejas se
veían sus ojos velados por una especie de
ció convertirse en un remolino de viento.
— ¡P e r o .. . maldito sea todo esto! — ru­ película como la que asoma a los ojos del
gió al fin— . Aun suponiendo que su águila.
propia explosión lo hubiera proyectado
—4Por qué es el oficial a cargo de
a media milla de aquí sin pasar a través esto? — repitió— . 4Por qué puede ahora
de las ventanas; aun suponiendo que hu­ llevar adelante la investigación a gusto
biera quedado lo bastante ileso para dar
suyo? i Qué ocurrió, me pregunto, para
un paseo. . . 4por qué demonios tendría
que los oficiales superiores no estén ya
que volver aquí ahora? Que yo sepa, el aquí para oponerse a lo que usted haga?
asesino no se apresura tanto por retornar
Nadie habló. Y es imposible decir en
qué momento uno de ellos hubiera reco­
a la escena de su crimen.
brado la suficiente serenidad para res­
— Es que todavía no sabe que ésta es
ponder, cuando un ruido vino de afuera.
la escena de su crimen — respondió la voz
Era el pesado y hueco resonar de un
de Horne Fisher.
— 4Qué diablos quieres decir? 4Lo su­ golpe contra la puerta de la torre, y para
sus agitados espíritus resonó extrañamente
pones tan desmemoriado!
-—No, sino que en realidad ésta no es parecido al martillar del destino.
El maderamen de la puerta se sacudió
la escena de su crimen — repuso Fisher

en sus oxidados goznes, bajo la mano que
lo golpeaba, y el Príncipe Michael hizo su
entrada en el aposento. Nadie sintió la
menor duda acerca de su identidad. 8u
liviano traje, aunque maltratado por sus
aventuras, era de un corte fino y hasta
afectado. Usaba una barbilla en punta,
tal vez como una lejana reminiscencia de
Luis Napoleón, pero su figura era mucho
más alta y esbelta que la de su prototipo.
Antes de que nadie pudiera hablar, si­
lenció a todo el mundo con un simple pero
espléndido gesto de hospitalidad.
— Caballeros — dijo— , ésta es ahora una
morada muy pobre, pero ustedes son bien­
venidos a ella.
Wilson fué el primero en recobrarse, c
hizo un movimiento hacia el recién llegado.
— Michael O’Neill, lo arresto en -nombre
del rey por el asesinato de Francia Mor­
ton y James Nolan. Es mi deber adver­
tirle. . .
— ¡No, no, Mr. Wilson! — gritó súbita­
mente Fisher— . ¡Usted no cometerá un
tercer crimen!
Sir Walter Carey se enderezó tan brus­
camente que su silla cayó hacia atrás con
estrépito.
— ¡ Qué significa esto? — gritó cbn voz
autoritaria.
— Significa — repuso Fisher— que este
hombre, Hooker Wilson, tan pronto hubo
asomado la cabeza por esa ventana mató
a sus dos camaradas que estaban haciendo
lo mismo en las restantes, disparándoles
a través de la habitación vacía. Eso es lo
que significa. Y si quieres la prueba,
cuenta las veces que aparentemente des­
cargó el revólver. . . y fíjate luego en las
balas que le quedan en el cargador.
Apoyado aun en la mesa, Wilson alar­
gó rápidamente la mano hacia el arma
que yacía a su lado. Pero el siguiente
movimiento fué el más inesperado de to­
dos, pues el Príncipe, de pie en la entra­
da, pasó bruscamente de la dignidad de
una estatua a la rapidez de un acróbata
v arrebató el revólver de la mano del
detective.
__¡P e r r o !... — gritó— . ¡Así que eres
tú el prototipo de la verdad inglesa, como
yo lo soy de la tragedia de Irlanda!
¡ T ú . .. que viniste a matarme por entre
la sangre de tus hermanos! Si hubieran
sucumbido en una pelea en las colinas
lo habrían llamado asesinato, y sin em­
bargo perdonarían tu pecado. Pero a mí,
a mí que soy inocente, me matarían con
toda ceremonia. Sí, con largos discursos
y pacientes jueces escuchando mi inútil
clamor de inocencia, anotando en sus li­
bros mi desesperación y negándose a ha­
cerle caso. ; Sí, es eso lo que yo llamo
asesinato! ¡I'- ro matar pudtle no ser ase
sinato! ¡En este revólver queda una bU K
y yo sé para quién está destinada!
Wilson giró rápidamente sobre la mesa,
pero mientras lo hacía su rostro se con­
trajo de dolor, porque Michael lo baleó en
el mismo instante; su cuerpo cayó fuera
de la mesa como un saco.
Los policías corrieron a levantarlo. Sir

Walter permanecía sin habla. Entonces,
con un extraño y cansado gesto, Horne
Fisher murmuró:
— Realmente es usted el tipo de 13 tra­
gedia irlandesa. Tiene todo el derecho &gt;'
la razón, y sin embargo acaba de malo­
grarlos en un segundo.
La cara del Príncipe pareció de mar­
mol por un momento; después asomo a
sus ojos una luz semejante a la desespe­
ración. Riendo con brusquedad, tiró a
suelo la humeante pistola.
— Sí, acabo de malograrlo todo —di­
jo— . He cometido un crimen que puede
acarrear una maldición sobre mí y so re
mis hijos.
Home Fisher no parecía enteramente
satisfecho con su súbito arropentimien o.
Mantuvo los ojos fijos en el hombre, y
preguntó en voz baja:
— ¿A qué crimen se refiere!
— El de ayudar a la justicia inglesa
— repuso el Príncipe Michael—• He ven^
gado a los oficiales de su rey; he eum
(Continúa página 19.)

�se inaugurará en Lausana, en
el Palacio Rumine y bajo los aus­
picios de la Asociación Francesa de
Acción Artística y de la Sociedad de
Intereses de Lausana, la exposición de
gobelinos franceses, fechados algunos
en los comienzos de la famosa fábrica.
ronto

P

M. Georges Fontaine, director en Pa­
rís del Mobiliario Nacional, principal
organizador de la exposición, ha queri­
do hablarnos del tem a:
— Es, de cierto modo, una exposición
retrospectiva de gobelinos, desde su
creación, que se inició en 1662. Cada
sala ilustrará un período de la historia
de la fábrica y las dos primeras son
dedicadas a Le Brun, quien fuera el
fundador. Primeramente exhibiremos
su obra "Las musas” y luego sus "E s­
taciones” y después una serie de tapi­
ces que consagran su triu n fo: "La re­
novación del Tratado de Alianza de los
suizos con el rey” , que pertenece a
una serie de tres piezas, referentes a
Luis X IV . Figurarán al lado de ellas

se exhiben las piezas de motivos orien­
tales, entre las cuales "E l elefante”, se­
gún dibujo de Desportes, hechas de
acuerdo con los cartones entregados a
Luis X I V por Mauricio de Nassau; y
además dos piezas en las cuales el mo­
tivo principal no ocupa más que un pe­
queño espacio central, como en las obras
de Boucher "Verturune et Pomone” o
en la "Historia del Quijote” , de Coypel.
En fin, antes de abordar a los con­
temporáneos, se expondrá una serie de
grandes cortinados de Trecy, de Louonet, de Van Loo y de Natoire.
&gt;

Preguntamos si el siglo xix no figu ­
raría entre las obras expuestas, y nos
dicen que no, dados los límites impues­
tos y además por ser el siglo xix el
menos brillante en el dominio del tapiz.
M. Fontaine nos informa que ha
tratado de dar una idea general de los
modernos autores. Se ha expuesto un
tapiz de Lurgat, que exhibe otra obra
en la exposición de pintura francesa
en B erna: "La Ruta de Indias”, de Cé-

AtMj

r

^

*

1

\
"v

í

El elefante.

LOS GOBELINOS FRANCESES
EN LAUSANA

La Bretaña.

tres obras más, muy notables, de Le
Brun, que describen la historia de Ale­
jandro Magno, y dos obras de Poussin,
que describen la historia de Moisés.
La muerte de Colbert, acaecida en
1683, contribuyó a la caída en desgra­
cia de Le Brun, que había sido su pro­
tegido. Le Brun permaneció, a pesar
de todo, de director de la fábrica de
gobelinos hasta su muerte, es decir, has­
ta 1690, pero ya no se tejían sus obras,
sino las de los italianos, como Rafael,
y las de los flamencos. Muchos tapices
de dichos autores, como también uno
de Mignard, que fuera sucesor de Le
Brun, figurarán en la tercera sala, que
representa la Galería de Saint-Cloud.
La cuarta sala es la del siglo xvm . En
ella los tapices son menos importantes
y destinados más bien a departamentos
que a palacios; los personajes son di­
bujados en más pequeña escala, como
ser los cortinados de "Los dioses” de
Audran. En otras dos pequeñas salas

"OPEN

ria, "E l Asia” de Dubreuil, "La Savana” de Valde Barbey y, en la gran
escalera de honor, dos obras terminadas
una en 1945 y otra en 1946: "Las Ven­
dimias” de Savin y "Bretaña”, de Jeau
Bouchaud, que revelan la nueva técni­
ca y el empleo de tinturas vegetales.

— ¿Existen nuevas tendencias en el
arte del tapiz moderno?
— Nos vamos alejando del arte pic­
tórico propiamente dicho y los artistas
trabajan sobre planos más bien conce­
bidos para decoración mural.
Sin embargo, para dar una idea de

PLAN ”

Fachada y jardín.
aquí un excelente ejemplo de la moderna tendencia arquitectónica, general­
mente llamada “ Open Plan” (plano abierto). Entre las principales caracterís­
ticas de la misma está el uso del vidrio. Grandes ventanas que son prácticamente
paredes de cristal. Espacio que puede ser dividido por paredes corredizas o mante­
nerse libre formando entre varias habitaciones un solo ambiente. De este modo

H

e

l

— Los resultados, ¿son más satisfac­
torios? — preguntamos.
—-Tal vez los colores se desvanezcan
un poco más pronto, pero de manera
uniforme, mientras que con los colores
sintéticos se producen pérdidas de to­
nalidades que falsean completamente
las relaciones de los matices y sus va­
lores.

■

h v r

J

Franceses y suizos renuevan su alianza.

las tendencias actuales, expondremos
maquettes de tapices actualmente en
fabricación, de Paulina Pougnier, Sa­
vin, K asakoff, Brianchon, etc., que ha­
rán poner en relieve, aun más, los con­
ceptos modernos.

pueden estar sin división el living y el co­
medor, al mismo tiempo que la biblioteca
y la sala de música están abiertas hacia
el hall: este aprovechamiento del espacio
en todas sus posibilidades es lo que consti­
tuye la base del “ open plan” .
Las grandes ventanas o paredes de cris­
tal permiten apreciar una gran extensión
del paisaje y al mismo tiempo la casa re­
cibe plenamente los beneficios solares.
En este caso, la casa está orientada
frente al sur para aprovechar la luz, pero
protegiéndose del resplandor del verano
por medio de un alero. En invierno, por
estar más bajo el sol, puede penetrar, sin
que el alero le estorbe, a las habitaciones.
Los ventanales, en este tipo de construc­
ción moderna, no pueden ser causa de
pérdida de calor en las habitaciones, pues
los vidrios son de fabricación especial y
dobles, de modo que tienen espacio para
aire y de este modo aíslan la temperatura
exterior de la interior.
Se trata do una casa más bien lujosa.
Tiene cuatro habitaciones principales con
cuatro baños, y un ala para el servicio
con tres habitaciones y un baño. Grandes
ventanas frente al sur dan a una ancha
terraza en el primer piso y en el segundo
a una azotea.

La exhibición, que durará todo el
mes de abril, coincide en parte con la
exposición de pintura francesa, inaugu­
rada en la Kunsthalle de Berna. Ambas
constituyen las más importantes mani­
festaciones de arte extranjero realiza­

das en Suiza después de la guerra. Una
y otra contribuirán a unir más estre­
chamente que nunca las relaciones cul­
turales entre Francia y Suiza.
E xclusivo A . F . P.

Interior "espacial’ '.
La fotografía del interior muestra a la izquierda el salón de juego y el respaldo
del sofá del living. Obsérvese, además, la divisoria de las paredes corredizas o ple­
gables. Las alfombras son del mismo color en las tres piezas. Cuando se construyó
el piso de la habitación principal se reservó espacio para la planta que se observa
en la foto, y que crece dentro del mismo, sobre tierra dispuesta al efecto.
A rquitecto: Sam uel A .

M a rx . —

Foto grafías: H edrich-B lcssina.

�CUENTO

abalgata©

NOVA

Editorial

PRESENTA:
HISTORIA DE LA FISICA
Por Paul F. Schurmann.................. 8 4 8 .25 siglos de la evolución de la Física, con sus conceptos, doctrinas, hipó­
tesis, teorías, descubrimientos e inventos.
1500 sabios, con su biografía y
Ja critica de su obra, con sus luchas, aciertos y errores, decepciones y triunfos.
f ís ic a

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CUBÍrERTAU¿N SCOLORESDERNACION EN L° NETA Y S° BRE

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6 .—

Las más poderosas naciones en los momentos de mayor peligro han recla­
mado a sus estadistas una oratoria demosteniana, que hacia cimbrear al
Pueblo como el viento al trigo.
La historia de esa tormenta es este libro.
Ene. en tela.
HOMERO Y
por J o h n A .

SU IN F L U E N C IA
S c o t t ..................................................................................................... $

6.—

La más intensa y extensa influencia homérica, desde que surgen los dos
grandes poemas inmortales — la Iliada y la Odisea— hasta nuestros días
de epopeya y alta poesía. Ene. en tela.

TRES

PIES A L

GALGO

Por MARIA TERESA LEON
— ¡Salta, salta! ¡N o te mojes los
pies!
Teresa saltó muy arrebolada, muy
sorprendida de aquel grito del profe­
sor.
("Y a salté, ya salté. ¿V es? Ya salté
como cualquier ser humano, algo más
torpemente, si quieres, algo menos ar­
moniosamente que una bailarina . . .
Pero crucé el regatilo sin- salpicarte
los pantalones.” )
Teresa no le dijo esto ni nada, pero
siguió oyéndole.
— Me duele verte torpona, mujer.
("Sí, torpona. ¿ Y tú? ¡T ú con ese
cuello vaciado en yeso para andar por
el cam po! ¡ Tú con ese sombrero ri­
dículo de procesión del Corpus! ¡ Yaya 1
Lo que es conocerte, amiguito.” )
Se dieron el brazo. Teresa, recia­
mente apoyada en la encina marital,
para no caer; la encina, extendiendo
sus ramas, cumpliendo, como si en ellas
se hubiese posado un pájaro demasia­
do grande.
— Estoy orgullosa de ti. Sabes andar
por el campo.
La encina marital agitó sus duras
hojitas, sonriendo.
— Sabes andar, sí. Conoces las pie­
dras donde pones el p ie: aquí un cuar­
zo, más allá g ra n ito ... Me ha ro­
zado una pizarra . . . Y o sólo sé que
aquí hay fango y más allá piedras.
La encina marital relucía.
— Y no hay pájaro que se te ponga
por delante que tú no sepas si es una
garza, o un ruiseñor, o una abubilla,
o una alondra. ¡A y , cristiano! ¡Y o
sólo conozco las perdices, y eso que
a veces las confundo con los tordos!

Eso sí que no. ¡A mí no me engañas
tú! Bueno, si esto es el matrimonio,
yo soy feliz. Pero i es esto el matrimo­
nio? ¡Qué de atenciones! Estamos en
perpetuo baile. — Teresa, primero, la
esposa. — Pero hombre. Pasa sin re­
milgos; pasa, que se me cae la fuen­
te. — Jamás. Primero, tú. Y se nos
caía la fuente, manchábamos la al­
fombra, y yo tenía que arrodilarme,
frotándola cubierta de lágrimas. Pero
era amor. Dicen eso, por lo menos. El
desmedido amor profesoral y dorado
del hombre de las gafas de oro. ¿No
lo quise yo así? Seguramente, ésas
fueron las apariencias. ¡Qué dolor! Me
engañaron entre todos. No, si fui yo
la tonta que se empeñó en cazarlo.
Venía a casa de los padrinos, cuando
yo era una desconsolada huérfana,
acompañado de Mosén Ciutat. Al poco
tiempo del visiteo, me dijo la madrina:
— ¿L o quieres? ¿No es verdad que si?
— Pero ¿a quién de los dos? — ¡Tonta!
Al Mosén. Ve y que te aconseje. El
Mosén me aconsejó según su concien­
cia. ¡Pobre señor! Me enumeró una
sarta de las virtudes de su acompañan­
te, secas como pajaritos enfilados por
el agujero de la nariz. Pero yo las es­
cuchaba reviviéndolas,) calentándolas,
creyéndolas.. . Y un día, al casarme, se
me volaron de las manos. . . ¿ Qué mar­
ca toca hoy? La trece. Trece años sa­
ludándonos todas las mañanas y des­
pidiéndonos todas las noches: — Adiós,
Teresa. — Adiós, Serafín.” )
-Te encuentro mala cara.
-Debe ser esta luz amarilla que lía-

gustaba a través del cristal de los balcones que se interponía siempre, D»!
:nián, el lobero. Damián era el cazador
que mataba más lobos cuando la ne­
visca cruda nos envolvía con insisten­
cia. Damián, cuando yo era demasiado
chica para acordarme, mató un oso
Trajeron al oso nmarrado por las pa]
tas, colgando de un palo. El palo ¡ñ
llevaban dos espoliques del médico
Detrás, media serranía, como es cos­
tumbre en los acontecimientos sensa
cionales; y entre las zamarras de'pana
color castaña madura, Damián, el lo
bero. Dicen que yo pregunté: _¿y
por qué el oso no se comió al lobero?
¡P obre! ¿Se le han caído ya los dientes? Y mis padrinos recordaban ]a
gracia sandia de la niña ante el oso
para contarla de sobremesa, cuando
me llamaban para que saludase a las
visitas. No, si siempre fui tonta. Da­
mián se casó con una mujer brava del
monte y tuvieron hijos. Hijos y rehijos debe de tener aquel militar de la
barba a quien yo en mis sueños le
echaba arenilla en los ojos para que
no se olvidase de mirarme. Y los han
tenido Rita, Salomé, Encarna, la del
sastre, Dulce María, la del confitero...
Hijos, h ijo s ... Nadie se quedó sin
echar su vientre a parir. ¿Y el mío?
Miren. Aquí lo tienen como un barrilito hueco. Doy risa con este pelo blan­
co y esta doncellez en la cintura y es­
tos senos enjutos sin sabor a leche...
y estos brazos sin ocupación. . . Doy
risa, pena, asco.” )
*

•

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cen las pantallitas.
— ¡M ujer, con los tordos!
— No, ardes.
— Lo dicho, dicho. Con los tordos.
— ¿ Ardo ?
Esos pájaros de pico largo, gordos en
— Ardes con un fuego sin rescoldo.
octubre. Tan sabrosos en salsilla de
— Quiere decir que tengo fiebre.
chocolate.
— ¿Fiebre? ¡Entonces hay que lla­
— Mujer, querrás decir la becada o
becasín, o chocha perdiz, como dicen mar al médico!
— Un médico, jamás.
por estos andurriales.
— Creo que tienes razón. Acuéstate.
— Eso es, hombre. Así lo decía y o :
— Me desmayan las piernas.
becada, becasín o chocha perdiz, como
— Y o te llevaré hasta la cama.
dicen en mi pueblo.
—-Sí, llévame como si fuese una niñi— Pero tú dijiste tordo.
ta enferma.
— ¡ Bah, tord o! Por hacerte hablar.
— No hables de esas cosas.
El marido contempló a Teresa; Tere­
— ¿ Y si me pongo mala de esas co­
sa al marido. Les bañaba el poniente
sas?
de directos rayos, dedicados todos a
— ¡M u jer!
cubrirlos fríamente de hermosura. Te­
— ¿D e esas cosas que llevan la' san­
resa sonrió: "¡D ios mío, qué viejo
gre hasta la tierra?
está!” El marido le tomó una mano.
— Deliras.
— Teresa, resplandeces.
— ¿D e esas cosas que saltan en mi
— Es el sol de la tarde.
cama sin dormirse jamás?
— Eso es . . . y algo más.
— ¡ Cálmate!
— Me hace arrugar los ojos.
— ¿De esas cosas duras, fuertes, vi­
— Ni las garzas, que tú no distin­
vas como el aAe, expresivas como la
gues de los gorriones, los tienen más
esperanza?
bellos.
— Duerme.
— ¡Tus palabritas preciosas!
— ¡ Siempre, duerme! Bueno, arró­
— ¿ Siempre te siguen pareciendo
pame bien. Así. Tengo fiebre y voy
preciosas?
a soñar.
— Siempre.
— ¿T ilo?
— ¿ Y recuerdas muchas?
— ¡Retonto!
— Todas.
— ¿Manzanilla?
— ¿ Y te las repites a menudo?
— Apágame esa luz.
— No. Algunas veces rezo.
— Si necesitas algo me llamas, espo­
— ¿P or mí?
sa mía. Oigo muy bien tu voz desde
— No. Por los caminantes, por las
mi alcoba. Dejaré la puerta entre­
ánimas, por los niños que andan soli­
abierta.
tos por los bosques, por los pájaros,
— Bueno . . . Un día más. ¡ Trece años
que lo necesitan si se amontona la nie­
y
un d ía !
ve...
— ¿ Hablabas?
— Simple.
— Soñaba, como cuando no te cono­
Y no hablaron más. El profesor Do­
cía a ú n .. .
rado, Serafín Dorado, se creyó en la
— Pero ahora me conoces. Duerme.
obligación de volver a su casa, antes
Ya eres grande.
de que se enfriase la tierra, después
("¡G rande! Vieja, habrás querido
de no haber visto el rayo verde.
decir. Angustiada, infeliz, inocente,
(" ¿ Y qué hago yo aquí? A esto no
virgen. Y él, tan fresco. ¡Trece años!
le falta más que las rejas. Vaya, ha­
Durante estos trece años, Sólita ha te­
gamos otra muesca en la madera de la
nido seis niños. Seis hermosas fieras,
ventana, como hacen los reclusos. ¡P o ­
bre ventana; pronto tendrá una orla! difíciles de amaestrar como leopardos.
¡Qué granujas! A mí me gustaba su
¿ Y si un día me pregunta qué es esta
padre. Era un hombre picado de virue­
cenefa ? Besos. Pues claro que sí, be­
las, cacarrañado, como decíamos las
sos. Sus besos. Besos marcad*» con
muchachas. Para mí, en todo el extenpiedra azul. Puedo pintar la marca
so'mundo no había rostro más atrayen­
con tizas de colores. Le diré que cada
te que aquella coladera de hermosura.
beso fu é de un color. ¡ Mentira I ¡ Qué
Lleno de hoyitos donde apagar la sed
desasosiego! Las perras que olisquean
de darle besos. ¡L oca! También me
son más felices. ¡P ero si yo soy feliz!

— Ya lo creo. Nunca me sentí tan
bien. Tengo el cuarto lleno de jardines.
— Sí, sí.
— De ásboles, que yo no sé, pero tú
sí sabrás cómo se llaman. Trepan ar­
dillas azules, se bambolean monos de
cara pedregosa y nalgas prietas.
— Pero eso es imposible, hija: ardi­
llas y monos juntos.
— Pues no lo es, porque yo los veo.
Unas veces me dejan mirarles la cola
y otras la cara; unas veces ríen y otras
lloran. Entre las ramitas vuelan azu­
cenas.
— Querrás decir pájaros.
— Azucenas, Serafín, azucenas. Los
grillos se han puesto delante y no veo
bien, pero todo cuanto cae es purpu­
reo. ¿Será sangre? Sangre asombrada
de su peso.
— Todo cae en la naturaleza. Es una
ley.
— Déjame de tu sabiduría. La san­
gre que cae es porque primero se le­
vantó espumosa hasta el cielo y luego
se precipita sobre la selva oscura por
donde yo ando.
— ¿T e sube la fiebre?
— ¿Fiebre? Estoy, ya te lo dije, so­
segada, quieta en mi barco. No te apo­
yes en el borde, puede zozobrar y y°
perderme el olor a camisita de nino
bien orinadita que lleva el agua. Trae
jabón para que lave el agua. Compren­
do que todo un profesor no está bien
que descienda a lavar los olorcillos
su hijo, p e r o ...
— Despierta, Teresa. ¿Qué me es
insinuando?
,,
— Un chiquillo hecho de sangre y
grimas. ¡B ah! Prefiero aquel pato
no aquella pata, porque luego Ten
el problema de casarla bien y aP
cerá Mosén Ciutat con un protesor.
— Teresa, ¿no has sido felizT
— ¿Qúé es eso?
.
•.
— Teresa, ¿no cuidé tu &gt;n°c
hasta el sacrificio? Teresa,
prendes que tuve miedo a .
,
verte aborrecer las sábanas inocentes

ín . , y

de nuestra boda?
.
..
p a.
— Anchas sábanas. Crujen
• ^
recen campos. Campos c o n , °
¡m8.
campanillas azules. Campos d P
vera y de batalla. Cabe un ejército e
la cama de la boda. ¿Que importa q ^
haya heridos?
ino‘
— Teresa, dulce y buena Teresa,
puedes escucharme? (Continúo

�TEATRO
ROBERT SHERWOOD

EL TEATRO
EN PARIS

UN

Por MARCEL THIBAUT

DRAMATURGO
por L E O N M IRLAS

el panorama del teatro norteameri­
cano, donde Maxwell Anderson sub­
raya su voluntad de crear grandes frisos
trágicos a la manera clásica en "Wintersct” y "Maria Estuardo” , Clifford Odets
sorprende con acuidad la sorda queja de
las muchedumbres y la triste esterilidad
de las vidas fracasadas, Sidney Kingsley
y Elmer Rice fijan en poderosos agua­
fuertes la miseria moral de los humildes
y Eugene O’Neill, destacando su talla des­
comunal que sigue proyectándose más
allá de su generación, insufla a sus entes
escénicos un poderoso soplo de fatalidad
y hace brotar belleza hasta de los seres
más deformes, Robert Sherwood acusa
una linea muy definida, trabaja dentro
de una tónica muy personal.

E

n

Lo que le interesa a Sherwood, más
que la anécdota fugitiva, más que la
apretada vivencia urbana o el incidente
patético o el fluir de unas vidas en fla ­
grante contradicción con el medio, es la
condición humana, la situación del indi­
viduo frente a las múltiples coacciones
que ejerce sobre él la sociedad moderna,
el nivel de decoro íntimo que aspira a
salvar el hombre en este "tiempo del des­
precio” .
Esta preocupación de Sherwood, obse­
sionante como un leitmotiv más o menos
visible a través de muchos de sus dra­
mas, deriva sin duda de un áspero y
fuerte sentido de la libertad, de su indi­
vidualismo d outranse, típicamente norte­
americano. Sabe que esa libertad está
condicionada, que, como dice Chesterton,
"el tigre puede liberarse de su jaula,
p e r o ... ¿quién podría liberarlo de su
piel manchada?” , y que "apenas se entra
en el mundo de los hechos, se entra en
el mundo de los límites” , pero, de todos
modos, le alarma la menor invasión de
sus fueros, consciente de que la libertad
no admite mermas ni restricciones fuera
de las mínimas impuestas por la convi­
vencia social y que consentir una sola es
el principio del fin.
Ese amor a la libertad, que resuena
como una clarinada en "Abraham Lincoln
en Illinois” y en "N o habrá noche” , sue­
le tomar por un atajo sardónico, como
en "Placer de tontos” , donde se glosa la
inútil libertad de refugiarse en una cima
inaccesible, "au dessus de la melée” ,
cuando están en juego todas las conquis­
tas de la cultura.
Se trata, pues, de reclamar respeto
para el hombre, para las posibilidades de
realización implícitas en él, para la con­
dición humana vejada y humillada: y de
ese respeto y amor por el hombre nace,
aliada a una melancólica piedad, algo así
como una repulsa frente al intelectual
puro, al hombre que no está enraizado
firmemente en la tierra. La repulsa que
le hace decir melancólicamente al Alan
Squier de "E l bosque petrificado” , el úl­
timo intelectual, que quizá ese bosque de
Arizona sea el osario ideal para que re­
posen sus huesos y para que sean mañana
objeto de estudio y curiosidad, como un
fósil que se ha sobrevivido a sí mismo
demasiado tiempo. El ultrarrefinado Alan
Squier es la antípoda del Yank de "E l
mono velludo” de O’ Neill: Yank busca
inútilmente su lugar en la sociedad entre­
gándose al vértigo del pensamiento, hasta
que se despeña, y Alan trata sin éxito
de volver a la naturaleza. Ambos se cru­
zan a mitad de camino y posiblemente es
el rostro del intelectual el que luce una

DE

SU T I E M P O

(E special para C a b a l g a t a )
descolorida sonrisa de envidia ante Yank,
bestial masa de instintos.
De lo expuesto, se advierte fácilmente
que el teatro de Sherwood tiende en gran
parte a la generalización y que, por lo
tanto, sus personajes trascienden a menu­
do su corporeidad humana para conver­
tirse en símbolos. Lo son, no sólo Alan
Squier, sino también el Kaarlo Valkonen
de "N o habrá noche” y aun su Lincoln,
pero sin mengua de su humanidad, lo cual
certifica la maestría del dramaturgo al
fundir el arquetipo con el ser vivo, la
imagen universal con el drama personalísimo e intransferible.
Por las escenas de Sherwood desfilan,
en prieta y vigorosa síntesis, financistas
de turbias fuentes de ingresos, sabios
angustiados por el inminente colapso de
la humanidad, blondas bailarinas que so­
brenadan milagrosamente en el remolino
de la guerra, gangsters, intelectuales que
razonan su propio epitafio. Nada escapa
a su pluma ágil y mordaz, que sabe al­
ternar el exabrupto indignado con el ras­
go jovial. El humor de Sherwood es recio
y carece de medias tintas, norteameri­
cano cien por ciento. Difiere ostensible­
mente del de su brillante y mundano co­
lega S. H. Behrman, un Molnar made in
U.S.A., todo sutilezas y matices. La iro­
nía de Sherwood es hiriente y cáustica,
propia de un hombre que ha hecho la
guerra en 1914 y ha visto las cosas en
plena desnudez y sin retórica. El drama
de nuestro tiempo, el drama del hombre
que se convierte en esclavo de su técnica
en vez de ser su señor, halla múltiples
resonancias en su voz, y la desbocada
carrera de la humanidad hacia su propio
aniquilamiento suele suscitar en él acen­
tos proféticos.
Como constructor, Sherwood es un clá­
sico. Nada de audacias técnicas, nada de
experimentos, como O’Neill. Estructura
sólidamente, en estampas macizas y níti­
das, sin buscar nuevos medios de expre­
sión, sin correr riesgos. Todo lo subor:
dina a la fuerza del pensamiento, todo
lo deja librado al poder expansivo de la
idea. Y no le falta razón, ya que — re­
cordemos nuevamente a Chesterton— "T o ­
do artista es un anarquista, toda idea es
una bomba” .
A pesar de ser dramaturgo por tem­
peramento, Sherwood sabe escribir deli­
ciosas comedias como "E l camino a Ro­
ma” y "Reunión en Viena” . Pero esto
ya no lo seduce. La misión que se ha
impuesto ahora, es trabajar por la li­
bertad, como Paine, con la magia de la
palabra. Iniciado ya ese periplo de su
vida, la fascinación de su labor lo do­
mina. "Placer de tontos” , "Abraham
Lincoln en Illinois” , "N o habrá noche” ,
sólo son etapas. Al realizar el drama del
hombre que defiende la dignidad de su
alma, Sherwood se realiza a sí mismo,
refleja con poderoso aliento poético los
problemas y urgencias candentes de la
época, es actual sin buscar una actualidad
efímera y perecedera en el arte.
Por eso, bien merece el calificativo de
dramaturgo de nuestro tiempo. Trabaja
al margen de sus extraordinarios éxitos
de público, que no lo marean, ateniéndose
a la línea firmemente trazada. De todos
los autores significativos de su genera­
ción, quizá sea el único que ha escapado
a la influencia de O’ Neill. Ello revela
ya de por sí su fuerte personalidad, im­
par y distinta en el panorama del teatro
norteamericano.

E N R I O L E IV

Lntvrence Olivier en el papel de Justicia.

(Especial para Cabalgata, de A. F. P.)
algunos años un fabricante de
pastas dentífricas empapeló los
muros de París con unos carteles que
contenían la siguiente leyenda: "Como
la casa X . . . no puede perfeccionar su
pasta, perfeccionó el envase”. Cuando
uno frecuenta asiduamente los teatros
parisienses de hoy, no puede menos de
recordar aquel cartel. En efecto, los
esfuerzos de muchos dramaturgos -de
hoy tienden menos a profundizar la
psicología de los personajes que a re­
novar ciertos aspectos accesorios del
teatro: presentación, montaje, etc. Los
autores parecen partir del criterio,
según nosotros falso, de que ya se ha
dicho todo sobre $1 espíritu y el cora­
zón del hombre, pero que todavía pue­
de sorprenderse y aprender si se sitúa
la cámara en posiciones inéditas frente
a la realidad. Esta comparación con
el cine no es obra de mero azar, sino
que probablemente en el cine se halla
el origen de esta lamentable tendencia.
Es el caso que la nueva pieza de
Marcel Achard, Aupres de mu blonde
presenta la singularidad de remontar
el curso del tiempo. El primer acto
transcurre en 1939, el último, en 1889.
En el primer acto celébranse las bodas
de oro del viejo Toussaint Lesparre y
de su mujer Em ilie: en el último acto
vemos al mismo Toussaint raptar a su
familia a la adorable Emilio. No p o­
dría negarse que esta manera imprevis­
ta de jugar con la cronología aguza la
curiosidad. Pero como todo lo que
ocurre en el terreno del truco, éste no
podría divertir varias veces. Nos pa­
recería fastidiosa una nueva pieza com­
puesta sobre el mismo modelo. A uno
sólo le divierte la primera vez el truco
de un prestidigitador. P or suerte, Mar­
cel Achard es algo más que un presti­
digitador y no faltan las razones real­
mente valederas para apreciar Aupres
de mu Idonde. Ante todo, Achard es
esencialmente un hombre de teatro y
posee el arte de dosificar sorpresas
psicológicamente aceptables. Su diá­
logo, salpicado de agudezas y de obser­
vaciones profundas, es de rara calidad.
Hay en Achard una levedad poética y
un optimismo sano que confieren a to­
das sus obras una gracia auténtica. Es,
finalmente, un observador sagaz de las
costumbres de nuestro tiempo. Desde
este punto de vista, Aupres de mu blon­
de es una obra particularmente suges­
tiva. Habiéndose propuesto mostrarnos
cómo es posible asegurar cincuenta años
de dicha conyugal merced a muchos
sacrificios y a través de tamañas lu­
chas, Achard supo relacionar las aven­
turas de Toussaint y de Emilie con la
historia de nuestra época. Historia de
costumbres, de modas, e historia a se­
cas. Y así vemos en 1939 a los hijos
tratar con rudeza a sus padres: en 1889
los padres tiranizaban a sus hijos. Uno
de los cuadros nos transporta a 1918:
las angustias que entonces oprimen a
todos los franceses dan un color inespe­
rado a la vida de Toussaint y de Emi­
lie. (En este sentido, A u p res de mu
blonde está emparentada con Cavalende.) Finalmente, la pieza nos divierte
con cien rasgos ingeniosos que evocan
la transformación del comercio humano,
la transformación de los gustos y tam­
bién la de las costumbres. Y para no
dejarnos nada en el destino, las modas
de 1889. exhibidas en está crónica re­
trospectiva, fueron las que más seduje­
ron. . . A cada nuevo vestido, las es­
pectadoras lanzaban un ¡ah ! asombra­
do, encantado o escandalizado, según
la e d a d . . . "Sí, acuérdese usted qué
raro parece hoy todo aquello de las
faldas cortas, los tejidos "lamés”, los
cabellos cortos o los turbantes” .
Esta comedia, muy rica y extrema­
damente divertida (mérito que no es
de desdeñar), está interpretada con ra­
ro talento por Pierre Fresnay; notable
en su naturalidad y verdad tanto cuando
aparece como un septuagenario casca­
do como cuando se nos aparece como
un lechuguino de 1890, y por Yvonne
Printemps, que posee un arte de mati­
ces y un encanto musical inigualables.
Cuando un autor se basa únicamente
en el truco y no nos ofrece, como supo
hacerlo Achard, un tema realmente hu­
mano, se comprueba que los artificios
de presentación por sí mismos no apor­
tan nada al teatro. Tal es lo ocurrido
con La Sainte Famille, de André Roussin, presentada en el teatro Saint
(Jeorges. Toda la pieza es un sueño.
Merced al sueño, los personajes atra­
viesan por las situaciones más extra­
vagantes y exponen los más caprichosos
razonamientos. He aquí que por cuarta
vez desde el comienzo de la temporada
ciertos autores llevan al teatro aventu­
ras soñadas y nos muestran retratos que
bajan de los cuadros y personajes que
atraviesan las paredes. Peligroso ejer­
cicio que sólo podría justificarse — y
aun en este caso sería discutible— si
alcanzase al disparate delirante. Pero
hasta ahora no hemos conocido este
género de éxitos y nuestros dramaturgos
no sacaron de semejante artificio más
que escenas chatas y efectos fríos.

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para estudiar la Historia de la poesía española desde la Edad Media
hasta ¡a declinación, de! siglo de oro, examinando especialmente lo tro­
vadoresco, lo renacentista y lo quietista, el sentimiento religioso de la
soledad y el esplendor del barroco. Un volumen lujosamente impreso,
encuadernado en tela y con ilustraciones.
Raymond Aron: Introducción a la filosofia de la Historia . 8 12.—
Un examen al dia de los problemas filosóficos de la Historia. El
más reciente y cabal planteo del conocimiento histórico.
Rafael A lb crii: La a m a n t e ..................................................... 8
2.—
Incorporamos a la Biblioteca Contemporánea una de las primeras
obras de este gran poeta españql. “ La Amante” es un libro lleno de
encanto y de frescura.
j
Julio Navarro M on zó: El destino de América . . . .
8 4 .—
Los mejores y más representativos ensayos de Julio Navarro Monzó,
uno de los escritores americanos dotados de más amplio conocimiento
y con más agudo sentido de los problemas espirituales del continente.
Juan Probst: Juan Baltazar Maziel (El maestro de la generación de
M a y o ) ............................................................................................... 8 12.—
Una interesante publicación del Instituto de Didáctica de la Univer­
sidad de Buenos Aires.
Revista de la Universidad de Buenos Aires, Año IV, N9 2

8

3.—

ED ITO RIA L LO SADA S. A.
A lsin a 1131, B u e n o s A ire s
C o lo n ia 1 0 6 0

M O N TE V ID E O

Av.

O 'H I g g lm

253

S A N T IA G O DE C H ILE

ca vellca

LIM A

288

�BAL

cabalgata©
muchedumbres, a la frenética corte impe­
rial de los zares.
Pero nada puede restarle su origen im­
perial. Podrá ser mañana una fiesta para
las multitudes, pero su secreto encanto, su
hechizo aéreo, su dibujo en vuelo, sólo po­
día haber crecido en el lujo espiritual de
un medio culto, demasiado culto, en el'que
a costa de la pérdida de tantas cosas, se
salvaban algunas como el ballet.
Siendo una representación sin palabras,
el ballet puede decir, puede contar, puede
hablarnos 'como el teatro, del que en reali­
dad está prendido por lazos que aun los
más puristas no pueden negar. Aquel es­
corzo delicado, aquella sutil presencia que
de pronto, levemente, invade el escenario,
tímida o decidida, vertiginosa o estática,
queda registrada en el espectador como un
diálogo, una invocación, un parlamento
alegre o doloroso. Y siempre, siempre, un
aire de canción, que no es la música que
en ese momento acompaña los pasos jf los
movimientos del conjunto, envuelve la
sala. Una canción en cada gesto, que nace
en el baile mismo, aparte de la música de
la orquesta.
Transcurre ante nosotros como un cuen­
to de hadas, con un peso que desaparece,
que se esfuma, que se sostiene misteriosa­
mente en el aire, con actitudes de nube, de
pájaro, de cometa.
Y cuánta inteligencia, qué sensible sen-'
tido de las formas, cuánta maestría esté­
tica hacen falta para desarrollar una sola
representación. Es una fiesta en la que
todo está medido anticipadamente, y el
impulso aparentemente más alado, más
lleno de espontánea fuerza, o de gracia
más pasajera y natural, es el fruto de un
cálculo paciente, tanto en la invención de
la forma como en su ejecución.
Todo está encomendado al cuerpo: la
poesía, la música, la pintura, las emocio­
nes, todo, depende de un esguince, del ce­
remonioso movimiento de una mano, de la
apenas perceptible inclinación de un hom­
bro, de la malicia contenida de un con­
torno exacto. La disciplina del cuerpo ha
de ser tanta, que sus movimientos han de
expresarse claramente, luminosamente, en
un instante, lo que en un libro llevaría
páginas de difícil lectura.
La farsa teatral, el guignol, la comedia
musical, la imagen poética, la historia trá­
gica, todo puede ser contado por el ballet,
con un transparente murmullo de imáge­
nes en danza, fugadas, vaporosas, lejanas.
Tiene su netórica, su gramática, su pre­
ceptiva, pero no se las ve; actúa como un
soplo, dominando el cuerpo danzante con

afortunada comunión de la música,
la danza y la plástica, ha dado exis­
tencia a uno de los espectáculos más poé­
ticos: el ballet. La música moderna tuvo
en cuenta sus posibilidades y le dedicó una
parte, y no la menos importante a veces,
de su creación. Pintores extraordinarios
supieron ver en él un medio expresivo de
gran belleza y diseñaron decorados y tra­
jes que contribuyen a la gran calidad de
la mayor parte de sus representaciones.

U

na

En su marco se desarrollaron también
los principios de las demás artes, y cual­
quiera de las experiencias generales lleva­
das a cabo en el seno de las mismas es
susceptible de servirnos para recorrer el
terreno propio de este espectáculo, en el
que aparentemente nada tiene que hacer
el lenguaje de las artes tradicionales.
Poco a poco ha ido perdiendo su con­
dición de divertimiento cortesano, casi in­
faliblemente unido, en la mente de las

LAS Gil
DEL i
P o r

F E L I P E

\

�LET

©cabalgata
el callado poderío de lo que ya es inevi­
tablemente así, porque está incorporado a
una costumbre inmutable. Este rigor, este
mecanismo que sólo el técnico descubre de­
trás de sus representaciones, es como el
precioso tributo que pide la gracia para
concederse a sus siervos en cualquier arte;
mas en éste, el sacrificio del artista, por
ser, además de todo, corporal, adquiere un
prestigio de raro sacerdocio. Y de la duc­
tilidad del cuerpo, que en el ballet al­
canza su máxima belleza •expresiva, surge
esa presencia de figuras con aire mági­
co, que son maravilla y asombro de nues­
tros ojos.
Nadie supo ver ese aire floral del ballet,
su frescor, su poesía directa y recta a
la vez como Degas. Su frágil encanto, su
sonrisa dirigida, pero que guarda el mismo
misterio de naturalidad que tenía el mu­
ñeco en brazos de los niños, su afán por
transmitirnos algo indecible.
Veis un hombre, cu.yas formas enfunda­
das os parecen ridiculas en el primer mo­
mento, y cuyo aspecto no toleraríais en
otras circunstancias. Se destacan todas
sus líneas de un modo agresivo, ostentoso,
hasta poco viril. Mas de repente, con im­
pulso increíble, está en el aire ejecutando
una "cabriole battu” , juntas las piernas,
apenas inclinado el torso, abiertos en arco
los brazos, llena de tensión toda la línea
izquierda de su figura, recortado el perfil
de la cabeza hacia el público. Y aquella
figura, que estaba al borde de desagrada­
ros, repentinamente tiene un misterioso
sentido, lleno de humor o de tristeza, de
fuerza imprevista y desatada, o de des­
mayo recogido. Recordad a Nijinski.
Y ahora una figurilla apenas cubierta de
un faldín que nos recuerda una de esas
grandes y delicadas flores orientales que
flotan sobre los lagos; sale del foro, me­
nuda y como embebida, ensimismada, en
otro mundo. Inicia un "pas de bourrée” ,
con los brazos sujetos al cuerpo, tan suje­
tos que parecía no tenerlos. Poco a poco
los va alzando, bellos, poderosos, de armó­
nico y grave movimiento, hasta que ya
alzados parecen terminar ante nosotros el
último ademán de úna ofrenda sagrada.
Xo tenéis más tiempo para retener todo su
encanto: la belleza de aquella forma alada
se os esfuma, cortada por la entrada sú­
bita de un danzante que cruza en dos sal­
tos el más ancho escenario, dominando su
espacio sin esfuerzo, con su prodigioso
salto, en "grand jeté” .
Quienes vieron a la Paulova o la sona­
ron, saben del hechizo inolvidable de una
"pirouette” . la magia inenarrable de una

"attitude renversée” , la sencilla poesía de
marioneta que encierra un paso de "temps
levé” , la rara gracia de un "arabesque”
perfecto.

del baile como en sueños y puede encerrar
en sus formas voladoras, en sus rigurosos
movimientos, la clave del alma de una
época.

Su sola delicadeza ha ganado todas las
batallas. Iloy es algo que está incorpo­
rado a nuestra cultura, a nuestra sensibi­
lidad, y cada vez nos parece más cla­
ramente imperecedero. De la corte de los
zares a los grandes teatros abiertos a las
multitudes, el ballet nos enseña las gracias

Strawinskv y Picasso se sintieron toca­
dos por sus graciosas alas: es como si el
genio de este siglo las consagrara. A nos­
otros ya sólo nos cabe reverenciarlo, salu­
dar en él las inmortales "gracias del baile” .
(Fotografías (Ir Dave Cicero.)

�TEATRO

cabalgata©

mera temporada cuando vino a Buenos
Aires en 1931. Desde entonces lo he se­
guido hasta su actual temporada en
todas sus memorables e inconfundibles
representaciones.
Ben Ami es un actor que gradúa
con minuciosa precisión los ritmos es­
cénicos no dejando al azar movimiento,
actitud o gesto alguno. Es un hondo
actor que traza las perspectivas dra­
m á tic a s desechando premeditadamente
todo ornamento hasta obtener así la
exacta modalidad, la verdadera dimen­
sión plástica y espiritual de aquellas
criaturas que encarna. Su máscara va
desde su cabeza, totalmente maquinada,
hasta su manto, su voz, sua manos que
se mueven constantemente con adema­
nes significativos; »o máscara logra
abarcar todo su cuerpo que se desplaza
pleno de armonías dentro del juego
escénico. Se puede decir que cuando
Jacobo Ben Ami ha esculpido sobre
su propia carne los rasgos dramáticos,
cuando se ha transfigurado, cuando
el gran actor que hay en él logra .res­
pirar ' la atmósfera de ficción teatral
que realiza, cuando se ha tornado en
el personaje mismo y lo trasmite en
toda su veracidad artística, acontece la
preceptiva wildeana: "Dad al hombre
una máscara y dirá la verdad.” En las
interpretaciones de Ben Ami el per­
sonaje crece hasta tomar el sereno ta­
maño de un símbolo sorprendente.
Una actriz de nuestro teatro le ha
preguntado por qué razón no escribía
un libro con su experiencia y con "sus
secretos” . El sonrió, bajó su cabeza y
con voz tenue de extraña modestia con­
testó: "Stanislavsky ya lo ha dicho
todo.”
El arte de Jacobo Ben Ami, que es el
arte del actor, un arte transitorio, mo­
mentáneo, adquiere contornos de per­
manencia.

ENCICLOPEDICO
ILUSTRADO
IMAGEN DE JACOBO BEN AMI

TRABAJA PARA
PERFECCIONAR
SU INTELIGENCIA

Por SERGIO LENNARD

S

u andar espacioso y lento, su mira­
da penetrante y lúcida, la enérgica
placidez de su sonrisa y sobre todo su
extraña y maravillosa sencillez hacen
de Jacobo Ben Ami una figura humana
de excepcional simpatía.
La última vez que lo entrevisté me
acompañaba un artista pintor que, al
verlo, me espetó sin poder contener su
genio plástico y su particular visión
de los colores: — "¡E s azul!” — Y se re­
fería a la cara de Jacobo Ben A m i . . .
Al interrogarlo respecto a los teatros
libres me d ijo : — "E l teatro no es sólo
un repertorio. Se trata de representar,
y sobre todo de interpretar las oblas.
El repertorio de los teatros libres pue­
de ser m agnífico; las interpretaciones
dejan mucho que desear. Conste que
no hago aquí la defensa del teatro in­
dustrial, pero me atrevo a decir que los
teatros libres no han terminado, no han
aniquilado los vicios del teatro indus­
trial. Actúan con gran énfasis, hacen
una interpretación exterior del perso­
naje. . .

— Hay excepciones.
— También las hay en el teatro que
no se titula libre.
— Entonces usted. . .
— No. No discutamos. Pienso como
usted, como un hombre joven. Pero es
necesario entender que en aras del arte
hay que abandonarlo todo. Todo, con
mayúscula. El arte es en verdad una
aventura maravillosa: pero, o te entre­
gas a ella con alma y vida, o pierdes el
tiempo. El actor debe además tener una
cultura integral. Eso ayuda mucho a
entender bien, con la mayor exactitud
posible, el sentido que imprime un poe­
ta o un dramaturgo al drama. Dominar
un personaje, meterlo en uno, no es por
cierto un juego de niños. El actor debe
ser severo consigo mismo, luchar sin
descanso, denodadamente, hasta conse­
guir una verdad teatral, una verdad ar­
tística. En todo arte se pueden hacer
trampas y efectos que momentánea­
mente queden bien y hasta conformen
al público. Pero el arte no es eso.
H e visto a Ben Ami desde su pri-

En su N U E V A ED ICIO N 194fi
ofrece la información más moderna
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NICA, etc., pudiéndose decir que es
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EDITORIALES REUNIDAS, S. A . ARGENTINA

PEDI DO
Fecha

■

H elen a F igner.

Nicanor Zabaleta.

El doce del corriente, presentada por la
Wagneriana, ofrecerá un concierto .a
mezzo-soprano brasileña Helena Figner,
de gran prestigio en los medios musica­
les del Brasil V a la que ya conoce nues­
tro público por su recordada actuación en
Buenos Aires, tam bién-bajo los auspicios
de la Wagneriana, en 1940.
La renombrada artista, además de las
páginas del gran repertorio clásico, nos
dará a conocer nuevas obras de los más
brillantes músicos jóvenes brasileños.

Terminado su cielo de conciertos en
Buenos Aires, el gran arpista español N i­
canor Zabaleta se dispone a emprender
una gira por diversos países de América.
El extraordinario instrumentista deja
en el público de Buenos Aires un imbo­
rrable recuerdo. Su sonoridad, lo depu­
rado de su técnica, que lo sitúa entre
grandes solistas como Casals, Heifetz,
etc., la dignidad insobornable con que se­
lecciona las obras de sus conciertos, hacen
de Zabaleta uno de los más altos ejecu­
tantes de la música de todos los tiempos.

1
1

............................................

Desde que se acepte mi pedido
me com prom eto a pagar la prlmera mensualidad al recibo de
la obra 7 las saces!vas los p ri­
meros días de cada mes subsi.
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Cochabam ba I54/1SS. Be. Aires.
Una sea recibidos los tomos in.
di cadas y el maeble, me con sti­
tuyo en depositario de éstos, no
pndiendo disponer de ellos antea
de com pletar el pago total de su
importe. Declaro que soy mayor
de edad y me hallo en pleno go­
ce de todos loa derechos eiellos.

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TOMO «««a'*"

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Dcode rualqoicr enlacié"

a s

.

�CRONICAS
gran cantante del folklore ne­
gro. Con un afán misterioso, de
aguda garra, que le cruza la voz, la
cara, la mirada. Se encoge y se dispara,
en tensión, siempre, retadora, vivaz,' in­
teligente. Pocas veces se puede decir de
una persona, aunque se dice muchas, que
conoce mucho mundo. Blaekie lo conoce,
aunque no tenga ese desdeñoso tono de
voz, ese gesto displicente del viajero co­
rrido, de vuelta. En ella vemos capa­
cidad de asombro, amor a la vida, de­
sencadenamiento de todas las trabas, sin
cartel ni escándalo, sin voluntad de epa­
tar. Es sencillamente vital, en un me­
dio en que ser vital es tantas veces sola­
mente un modo de encubrir fallas pro­
fundas, debilidad, poquedad, con un es­
tentóreo clamor de cohetes.
Inicia su carrera en 1935, en un con­
curso de radio. Alguna vez dijo que la
había descubierto León Klimovski. Los
escuchas la bautizan, con fino instinto:
Blaekie. Desde ese momento, radio, tea­
tro, cine, infatigable acción divulgadora,
hasta consagrarse como intérprete del
m ejor folklore negro, dándonos, al fin,
entre tanto blue prefabricado, una voz
ancha y honda, fiel a las resonancias
primitivas, correspondiente a los valo­
res emocionales que el hombre culto oc­
cidental fué a buscar en las razas ol­
vidadas.
— Tengo afición por la música negra
desde niña — nos dice— ; tres folklores
me interesan por encima de todos los
demás: español, ruso y negro.
— ¿ Y en la música clásica?
— En primerísimo término, Bach. Lue­
go Beethoven, Havdin, Haendel, Scarlatti, Mozart, Chopin. Y todo lo moder­
no. Toco el piano desde niña. Me ha
servido para armonizar mis canciones.
Entre la radio y el teatro Maipo, lle­
na sus actividades hasta el año treinta
y ocho. Emprende entonces un viaje a
Estados Unidos para visitar a un her­
mano. Fué al lejano norte con la in­
tención de estar seis meses. No regresó
hasta cuatro años más tarde. Siguió
allí los cursos de música primitiva que
están a cargo del profesor Hertzog.
Continúa aquí estudiando con Carlos

U

©cabalgata
Cega. Contratos de teatro, radio, gra­

na

LU Z

EN

LA

SOMBRA

BLACKIE

bación de discos.
— ¿En qué hubo de batallar más?
— Procurando demostrar que el fo l­
klore negro es un folklore apto para
ser cantado en un escenario en forma
de concierto. Maduro este plan lenta­
mente y mientras tanto debuté en co­
media musical al lado de Gloria Guzmán y Enrique Serrano.
— Tenemos entendido que alguna vez
escribió sobre sus viajes.
•• — Sí. Hice artículos periodísticos con­
tando mi amistad con Franchot Tone,
Bita Hav-w-ort, Paul Henreid, George
Sanders, W alter Pidgeon.
Tenemos ganas de hablar con ella de
otras muchas cosas, menos ordenadas
que las que corresponden a una entre­
vista. Blaekie lo advierte y apura la
información bondadosamente, para co­
menzar a preguntar ella misma, y a
contar lo que no se va a decir en la cró­
nica.
— El último concierto lo di en el
Odeón, como saben. Ustedes dirán, pe­
ro a mí me parece que me fué muy bien.
(Desde luego, fué uno de los recitales
•más hermosos que hemos oído.) De­
buté en el cine con "Cristina” . El 4
de noviembre doy otro concierto so­
bre música negra. El 12 del mismo
mes me voy a Estados Unidos, pero esta
vez tan sólo p or quince días. A la
vuelta haré una película, y en febrero
debo estar en México para hacer cine
y radio. Estoy contenta de haber lu­
chado denodadamente por el folklore
negro durante tantos años. Le asegu­
ro que vale la pena. Tengo gran amis­
tad con Cab Callonay, Duke Ellington
y Ethel Naters.
— Por último — nos sigue diciendo
Blaekie, con su voz desgarrada y una
mirada de pájaro fuerte— , creo en todo
lo que sea hermoso, libre y bueno.
Y dejamos a la gran cantante en li­
bertad de hablar, hermosa y buena­
mente sobre todo: América, la situación
mundial, los poetas mexicanos, los pin­
tores argentinos. . . ¿ Sabían ustedes
que se llama Paloma y que no lo cree,
que le parece seudónimo? — Ele Ve.

MUNDO EDITORIAL
E N T R E V IST A
CON
LO PEZ LLA U SA S
IJO y nieto de libreros, supo alcan­
zar esa difícil conquista de la he­
rencia, ese merecimiento de la misma que
pocos logran a lo largo de la vida. Clara
muestra, evidente y brillante, es el nutri­
do catálogo de la Editorial Sudamerica­
na, que López Llausás dirige junto a su
compañero Julián Urgoiti.
H ijo y nieto de libreros a la buena
usanza antigua, esto es, de libreros que
eran a la vez editores: don Inocencio
López Bernagosi y don Antonio López.
El primero, fundador, además del perió­
dico "L a Campana de Gracia” y del se­
manario "L ’ Esquella de la Torratxa” . Pu­
blicaciones finiseculares ambas, la última
vivió hasta el mismo día en que el Go­
bierno de la República española abando­
nó Barcelona. En torno a ellos, en los días
iniciales, se vió a hombres de la talla de
Santiago Rusiñol, Angel Guimerá, Igna­
cio Iglesias y otros.
En 1925, nuestro entrevistado, Antonio
López Llausás, cuyo apellido es símbolo
de una tercera generación de hombres de
libros, pone en la plaza de Cataluña, co­
razón de Barcelona, su primera librería
propia, al margen ya de cuidado paterno:
"Librería Catalonia” . Hasta 1936, salieron
con ese sello muchos de los más famosos
libros de la literatura catalana. Al ser
prohibido el idioma de Maragall, cesó en
sus funciones la "Librería Catalonia” . En
1939 es llamado para constituir la direc­
ción de la Editorial Sudamericana. Allí
sigue hoy. Gran experiencia, ganada en
largos años de activa campaña editorial.
Método, tacto, dedicación, sentido agu
dísimo de las necesidades y característi­
cas del público. Y organización, organi­
zación, organización.
— ¿Cuántos títulos ha editado la Sud­
americana, señor López Llausas?
— Trescientos.
— ¿Opina usted que podrá sostenerse el
ritmo de ediciones de los últimos años, a
pesar del rudo golpe que ha sufrido últi­
mamente el libro argentino?
— Algunas de las causas de ese descen­
so ya están solucionadas satisfactoria­
mente por el gobierno nacional. Tal la
facilitación de embarques de libros que
ha permitido resolver el gravísimo pro­
blema de la escasez de bodegas en menos
de tres meses.
— He habla mucho del excesivo precio
de venta de los libros en los últimos

H

tiempos, y los libreros oyen muchas que;
jas.
— Es un problema de difícil solución.
Solamente la mano de obra, sin papel,
ni cartulina, auiqentó en 7 años exacta­
mente el doble. En cuanto al tipo de
papel que generalmente usamos nosotros,
subió de $ 0,37 el kilo a $ 1,30.
— ¿ Aconsejaría usted la formación de
nuevas editoriales?
— A cuantos vienen en busca de mi
consejo leal, procuro disuadirlos. Aunque
de antiguo sé que es en vano. Pues nin­
gún otro negocio atrae tanto a las gentes
aficionadas al libro. El ambiente en que
se mueve el editor, la obra de cultura
que realiza, la jerarquía, por decir así,
del oficio, atraen inevitablemente a mu­
chas personas. Ningún negocio, sin em­
bargo, me parece de tan difícil desarx-o11o, y me temo que sólo las grandes casas
podrán resistir el embate del tiempo.

— ¿Cuáles son los títulos de la Sudame­
ricana que más se han vendido?
— Vea usted mismo las cifras y el pro­
ceso do cada libro, desde su costo hasta
el agotamiento de la edición o ediciones.
López Llausás me alcanza un enorme
libraco, "el libro de las verdades” , en
el que se registra minuciosamente la his­
toria comercial de cada título. Y él mismo
lee algunas cifras.
— "Cómo ganar amigos” : 70.000 ejem­
plares. "La importancia de vivir” : 60.000
"Cómo
adelgazar
comiendo” : 55.000.
"Cuán verde era mi valle” : más de 40.000.

— ¿Cuáles son los libros de autores ar­
gentinos más vendidos?
— "La bahía del silencio” de Eduardo
Mallea, cuya primera edición está ago­
tada, y "Uno y el Universo” , de Ernesto
Sábato.
Al filo de la despedida llega el hijo
del editor. Parece que, inevitablemente,,
será editor. Una cuarta generación, que
aún nos reserva futuras empresas.

LAS RUTAS
DEL
LIBRO ARGENTINO
^com ienzos de 1943, cuando las conseXXcuencias indirectas de la guerra se
manifestaban inequívocamente hasta en
los países más alejados de su escenario,
la industria ^editorial argentina se vió
amenazada por la falta de bodegas dis­
ponibles para el envío de libros de edi­
ción nacional a los puei-tos de países
compradores en Latinoamérica y España.
Es sabido que el libro sólo puede ser
remitido en paquetes postales, ya que la
organización internacional de Correos per­
mite distribuirlos hasta en las poblaciones
más alejadas de los grandes centros. El
correo, vehículo natural de nuestros li­
bros, se vió reducido de pronto en su
capacidad de envíos al exterior, y los
paquetes postales principiaron a acumu­
larse en los depósitos de la institución.
En un comienzo se trataba tan sólo de
algunos miles de sacas, en espera de que
los barcos de la Flota Mercante del Es­
tado les hicieran lugar en sus bodegas.
Pero a lo largo de 1944 y 1945, los edi­
tores sufrieron agudamente los efectos
de la demora en la expedición, y en los
primeros meses de 1946 la situación hizo
crisis, amenazando abiertamente una in­
dustria que es legítimo orgullo para la
Argentina y que, imposibilitada de distri­
buir sus productos a los mercados com­
pradores, se hallaba al borde de una pa­
ralización total.
He aquí cifras que dan cabal idea de
la situación. En septiembre de 1945 ha­
bía en depósito 140.000 paquetes de li­
bros consignados a Latinoamérica y Es­
paña. A 5 libros por paquete, suponía
un estancamiento de unos 700.000 volú­
menes.
En junio de 1946 — el mes crítico— la
cantidad alcanzó a 310.000 paquetes, o
sea más de un millón y medio de volú­
menes. Los galpones de Correos y Tele­
comunicaciones en el dique IV estaban

colmados hasta los techos, y apenas había
lugar para moverse durante las infre­
cuentes operaciones de carga. No se acep­
taban ya nuevas remesas de las editoria­
les, en cuyos depósitos privados se acu­
mulaban igualmente grandes cantidades
de paquetes. La situación parecía poco
menos que insoluble. Llovían los recla­
mos de los libreros de todo el continente.
Diez millones de pesos se congelaban — y
el término es válido— sin posibilidad de
movimiento alguno.
Mientras la Cámara Argentina del L i­
bro, que constituyera una comisión per­
manente con integrantes de la SADE,
SIGA, Sección Gráfica de la U.I.A. y
Federación Gráfica Bonaerense, suscitaba
un vasto movimiento de opinión por me­
dio de la prensa, y reiteraba sus ges­
tiones ante los poderes públicos pidiendo
la adopción de medidas extraordinarias,
el nuevo Administrador General de Co­
rreos y Telecomunicaciones, señor Oscar
E. M. Nicolini, anunciaba su firme inten­
ción de abocarse al problema y agotar los
recursos en procura de bodegas. Sus pa­
labras fueron seguidas por una intensa
labor desplegada por el personal a las
órdenes del Director de Correos, señor
Ramón Blanco, cuyos resultados no tar­
daron en manifestarse. Asombra en ver­
dad que una acumulación iniciada en
1943 pudiera descongestionarse con rapi­
dez tan extraordinaria, lo que habla con
elocuencia de la actividad cumplida por
Correos y Telecomunicaciones bajo su
nueva administración. A mediados del
mismo mes de junio, los editores recibían
la gratísima nueva del embarque do 6.000
sacas en el "Río Paraná” ; la operación
tuvo mucho de ceremonia simbólica, y la
presenciaron, junto con los señores Borlcnghi y Nicolini, delegados de la Cámara
Argentina del Libro. La Flota Mercante
del Estado prometía y otorgaba más bo­
degas. Barcos de la compañía estadouni­
dense Moore MacCormack comenzaban a
cargar promedios de 10.000 sacas por vez
(60.000 paquetes, 300.000 volúmenes). A
lo largo del mes de julio las salidas fue­
ron continuadas. Los visitantes de loa
depósitos de Correos circulaban, asombra­
dos; por donde dos meses antes sólo podía
andarse de p e r fil...
Agosto, septiembre. Hace una semana
se ha sabido que los despachos están al
día. La escueta, simple noticia, encierra
un significado más hondo: la recupera­
ción de una industria que implica el pres­
tigio espiritual y cultural de los argen­
tinos en los restantes países de habla
española. Alguna pequeña librería del
interior de Colombia o de México recibe
en este instante un paquete conteniendo
libros argentinos.; Y el símbolo mismo de
nuestro esfuerzo editorial surge, claro y
satisfactorio, de tan simple suceso.

Acaban
de aparecer
BIOGRAFIAS

DE

AYER

Y DE HOY

WALT WHITMAN
por

HENRY SEIDEL CANBY
Dentro del proceso fervoroso
de revisión despertado en los úl­
timos años en torno de la figura
procer de Walt Whitman, este li­
bro de Seidel Canby es definiti­
vo. Es mucho más que una bio­
grafía. Profundiza en las raíces
humanas y sociales de la vigoro­
sa creación del Poeta de la De­
mocracia y nos da un cuadro in­
teresantísimo de la evolución del
pueblo norteamericano en los días
de Whitman.
480 páginas. Encuadernado en
tela.......................
g 1 5 ___

COLECCION LOS RAROS
HERODIAS,
por Gustare Flaubert.
He aquí una obra de Flaubei-t
presimbolista, precursor de lo mo­
derno, en oposición al Flaubert
divulgado como uno de los após­
toles de la novela realista. La
sensibilidad personalísima del au­
tor vibró de un modo singular ni
aspirar el exótico perfume de la
historia de Herodías, tan alejada
al parecer de las preocupaciones
de un espíritu moderno, y acertó
con una "disonancia” que no deja
de ser una pequeña obra maestra.
168 págs. En rúst. . g
3 ,5 0

EL DIARIO
DE RASKOLNIKOV,
por Fedor Dostoierski.
Esta obra, que permaneció iné­
dita hasta después de la muerte
de su autor, es la forma primiti­
va que Dostoievski había dado a
su famosa novela Crimen y Cas­
tigo. De inestimable valor para
ahondar en la psicología de su
personaje central, señala un pre­
cedente de la literatura surrealis­
ta y descubre nuevas facetas del
pensamiento del original escritor
ruso acerca del problema del hom­
bre ante su conciencia'.
188 págs. En rúst. . $ 3,50

COLECCION PERSEO
GRADIVA,
por inihelm Jensen.
"Fantasía pompeyana” llamó su
autor, el famoso escritor alemán,
a esta novela en que se confunden
las fronteras de la realidad y de
la fantasía. Sigmund Freud des­
cubrió en ella uno de los com­
plejos más interesantes del espí­
ritu humano y le dedicó su es­
tudio de psicoanálisis "Delirio y
ensueños en la Gradiva de Jensen” . Es un viaje maravilloso al
pasado arqueológico y al mundo
incorpóreo pero palpitante de las
almas.
208 páginas. Encuadernado en
cartoné. . . .
$ 6 .—

BIBLIOTECA
ARGENTINA

DE

ARTE

OSKAR KOKOSCHKA,
por Hans Platschek.
El arte de este extraordinario
pintor contemporáneo "de máxi­
ma consecuencia subjetiva” , apa­
rece en el conceptuoso estudio de
Platschek como siguiendo la ruta,
en sus mejores cuadros alegóri­
cos, de los grandes maestros de
la pintura nórdica, que siempre
revelan un fondo de sentida hu­
manidad. Es, pues, una obra de
oportuna divulgación dentro de
las características sintéticas de
esta Biblioteca.
Con grabados en negro y 4 en co­
lores. Encuadernado en carto­
n é.............................
g 10 .—

EDITORIAL
P0SEID0N
PÍRU 973 Dir. Tel. Edipo BUENOS AIRES

�MODAS

cabalgata©

Margucrite
Chapman
de la
“ Columbia”
en
“ I,a voz de
la tumba” .

N e g ro y a r e n a en un m o d e lo d e c h a ­
q u e ta m u y e o rla y a ju s t a d a , c u y a d e ­
la n te r a e s d e g ro s c u e l ú ltim o d e lo s
c o lo re s n o m b r a d o s . E l s o m b r e r o , en
p a ja n e g r a , se d e ta lla eo n u n Ih h ií I o
b r o c h e e n p ie d r a s y o r o , y tu l m u y
te n u e q u e se u sa s o b re e l ro s tr o .

SOIRÉES CON MANGAS
• 1 V /T AÍCGAS largas para la n och e?...
Contraste extraordinario con los
grandes escotes y la tendencia muy
marcada en las colecciones de media
estación. He aquí que los modistos de
París han descubierto ahora que las
mangas largas hacen más encantadores
los modelos de comida, a la vez que
resultan así mucho más prácticos.

¿IVA

Con este espíritu, B ruykre propone
una blusa de lame o de fino tissu de
plata, de cuello alto y enormes mangas
"bullonées” , que se
usa con falda rec­
ta en terciopelo ne­
gro. M ago y R oOff,
un taillcur en erepe rayonné blan­
co, cuya chaqueta,
de cuello smoking,
se cierra con boni­
tos botones de per-

Conjunto de bolero y falda en gruesa
viyella jaspeada, en colores gris y ne­
gro. Blusa chaleco en crepe color co­
ral. Sobre la cintura, una flor en este
mismo tono. El sombrero y los zapa­
tos son negros.

Conjunto de falda y bolero en gabar­
dina "beige tostado" que se luce con
blusa de rosalba blanco y un pañuelo
en beige, verde y rojo, anudado sobre
la cintura. El sombrero, de linea no­
vísima, es del color del conjunto.

L A SILU ETA NOCTURNA
os siluetas fundamentales se dispu­
tan la moda de noche. De una
parte los vestidos de faldas amplias,
cuya amplitud semeja una corola in­
vertida; de otra parte, los soirées rec­
tos, de línea, adaptándose al cuerpo,
cayendo verticales pero sin llegar a la
línea estrecha de la "robe siréne” , que
alcanzara enorme popularidad hace
unos años.

D

Sería sim plificar demasiado este tema
el imaginar que todos los modelos se­
rán de un mismo corte, según que ellos
procedan de un tipo o del otro. Cada
una de estas líneas se ramifica en mil
variaciones distintas. Cada couturier
interpreta libremente la idea elegida,
manifiesta su personalidad, como un
poeta que no se ajusta nunca, a la
métrica.

hay de fresco, de delicado y de "charmante” .
El soirée de pollera amplia, tiende
siempre a marcar bien el busto y la
cintura mediante "corsages” ceñidos;
escotes grandes, sean redondos dejando
casi al descubierto los hombros, o en
pico pronunciado, desnudando siempre
lo alto del "corsage” . Nunca la moda
permitió e impuso tal variedad de es­
cotes y de adornos en los mismos: flo ­
res, moños, voladones de tul o encaje,
que, en atrayente picardía, pretenden
cubrir desnudeces.

Jaumandreu. No­
vísima línea en un
tailleur de grueso
crepe negro, con
originales solapas
rodeando el am­
plio escole, bor­
deadas con vola­
dos de organza de
seda natural rosa.

•

Sin embargo un espíritu común, ese
algo imponderable que hace la moda
de una temporada, aparece en todas las
colecciones. El encanto de la feminei­
dad, aparece en medio de las líneas,
de los drapeados, de los pliegues y
"plissés” , de la abundancia de géneros
livianos y voladores: muselinas, organzas, tules, tusores; de adornos adora­
bles: flores, pétalos, puntillas, blondas,
ficliús de encaje, de todo aquello que

VARIACIONES
DEL TRAJE
DE FIESTA

L A MODA DE PA RIS
Elegancia en los hipódromos

UNA PAGINA
DE
Jau m an d r eu

p o r ( luiré V en d óm e
la hora de la "Season” las exhibi­
ciones han pasado como episodios de
un film cuyo interés aumenta para con­
cluir en gloriosa apoteosis. Es un fenó­
meno del tiempo. Gris y casi amenazador
durante las pruebas de Chantilly y del
Prix de Diane, ambos corridos en el hi­
pódromo de Longchamps, el cielo aclaró
V el sol brilló en el día de los Drags,
para resplandecer en pleno el domingo
del Gran Premio. Las toilettes, pues, si­
guieron los caprichos del tiempo.
M ilagro fu é que no lloviera en el día
de las jornadas dichas de C h an tilly.. .
Pero los trajes impresos, de rigor para
el día nombrado, no lucieron ninguna de
sus alegrías: fueron trajes negros, flex i­
bles, drapeados en el delantero o en los
costados, las redingotes oscuras, los tailleurs, cuyas chaquetas eran a veces de
colores chillones, sobre falda negra.
Las propietarias de los caballos de ca­
rrera, lucieron elegancias especiales. En­
tre ellas, Mmc. Lieux, llevaba un manteux de sport, de terciopelo cótelé negro,
a martingala y doble abrochadura con
botones dorados, modelo de Paquin. I n
gran som brero de paja blanca, adornado
de gardenias, complementaba el atavío.
Los sombreros, por cierto, desafiaron la
incertidum bre del tiem po; su aspecto pri­
maveral se lució en las diademas floridas,
todas de tonos claros, con rosas, claveles,
lilas, jacintos, v io le ta s ... o todas de cin ­
tas entrelazadas o plumas de avestruz,
caídas al costado, para esconder un lado
del perfil.
Canotiers muy grandes, echados com ­
pletam ente hacia atrás, con bordes redon­
dos y cintas caídas en la nuca, hechos
de grueso paillasson, todos negros, todos
blancos o todos beige, adornados con ter­
ciopelo negro fueron los más numerosos.
Tam bién había sombreros de hombre, al
gusto del d í a . . . , galeritas, chambergos

E

n

las colocados muy juntos. P aquin , otro
tipo de "tailleur-soirée” en moiré o
fava. W orth, un vestido simple, de es­
cote en pico, mangas enguantadas, so­
bre el cual una capa recta, impone una
preciosa variación al ser totalmente
forrada de encaje chantilly negro.

SOIRÉES BLANCOS
OS trajes de noche apelan a la fres■J cura delicada del blanco.
Atributo
natural de la temporada estival, el
blanco este verano invade todas las ca­
tegorías de la moda. Para el día y la
noche, en todas las colecciones, su su­
premacía es perfecta.

I
Jaum andreu. Borde de piedras oscuras
en un escote que deja al descubierto
los hombros, detallando un soirée de
falda plegada desde la cadera, reali­
zado en jersey de seda celeste pastel.

El talle natural es siempre disminui­
do, y para lograrlo se recurre a corse­
letes o cinturones de gros o géneros
elásticos que se ajustan a la cintura
p or debajo de los m odelos; se ponen en
juego todos los artificios, además, para
desplazar el centro de gravedad de la
silueta atendiendo siempre a alargar el
talle. Los subterfugios más ingeniosos:

dobles y triples cinturones, incrustacio­
nes de colores contrastantes, drapeados
bajos, bordados rebuscados; en fin, que
dentro de las enormes variaciones que
la elegancia francesa nos muestra para
la noche, los creadores, optando por
una línea o por otra, o bien yendo de
la una a la otra, nos dejan decidir entre
innumerables sugestiones.

F rancerramant, el gran "couturier”
parisiense, ha realizado una robe de no­
che, de falda en campana, mangas cor­
tas y gran escote redondo en encaje
blanco sobre "dessus” de raso. R obert
P iguet remarca, con género negro y
flores rojas, el escote enorme de un
modelo de piqué de amplia falda. C a llot, en cambio, elige el crepe "piel de
tiburón” , para un conjunto de vestido
y bolero, bordado totalmente este últi-

Blusa realizada en tricot de lana negra
acompañando una falda de raso color
oro; es una creación americana. El
cinturón, que cae en lazo a un costado,
está bordado en celeste, rosa y negro.

mo en blanco y plata. Por su parte,
L axvin coloca sobre la cadera, en un
vestido de noche, que se drapea for­
mando godets adelante, dos enormes
moños de ciré violeta.

y ranchos. . . pero eon ramilletes de flo­
res que aclaraban el punto.
Los colores dominantes fueron el verde
billar, atenuado a ratos, como el musgo
otoñal: fué notable la nueva juventud del
azul marino y del blanco, combinados en
sombreros, trajeeitos, earteras, guantes v
zapatos. Mme. de Bovrivon, afortunada
dueña del caballo "Prince Chevalier” , fué
la "vedette” de todas las reuniones, por
su elegancia y su gracia. Vestía en la
oportunidad un modelo de Mareelle Dormov, de bata ajustada, a rayas horizon­
tales, con una túnica azul unida, sobre
una falda plegada en el delantero.
A cada reunión nos vimos en la obli­
gación de hacer notar la eterna elegancia
del blanco y negro, y citaremos, como
ejemplo, la hermosa toilette de Mme. de
Bellcville: traje de crépe flexible, ligera­
mente drnpeado a los costados del busto
y sobre las caderas: largo collar de per
las, caído sobre el "déoolleté” en V, en
armonía con el canotier de paja blanco,
v con el bolso, guantes y calzado de ga
muza blanca.
¡
La temperatura poco amistosa perm
tió la exhibición de los abrigos de vison,
de los boleros y eapitas de zorros P®
toados, v de dos grandes zorros et
al hombro, sobre los trajes de cri sl’
pero acompañados de toquitas *°*|or ’ ‘
mente floridas. Mme. Belkiss
l"
Pacha, la única dama que vistiera to ­
ramente de claro, fué muy agasajada i
su elegancia y por su hermosura &lt;‘
^
bia exótica. Llevaba un traje ' 1
'v
pekinada, a rayas angostas, blntic.
.
violetas, y a cada lado del deseo
cuadro un clip de oro cincelado, en
con un collar. El drnpeado del traje. un costado de las caderas, iba sostu
por un ramillete de violetas e
,
La elegante toilette se
con un ramo de lilas púrpura d.spues
en diadema algo caída sobre 1
Sobre los hombros dos l ° rros
tQg ,v, como accesorios, guantes, z-»l ■
bolso de gamuza blanca.
( Especial pora Cabalga .
Franee Preste)

�MUSICA
L A S U LTIM A S OBRAS DE

FLORES
LIBROS
DE

CALIDAD
PARA

REGALOS

DISTINGUIDOS

©cabalgata

IGOR

STRAWINSKY

Por A D O L F O S A L A Z A R
cinco años que Igor Stra­
winsky no había vuelto por México.
La visita que acaba de hacernos es la
tercera, invitado a todas tres por la
Orquesta Sinfónica de México. He ha­
blado en un ar­
t í c u l o anterior
de la hospita­
l i d a d q u e el
maestro Carlos
Chávez y su or­
questa han dis­
pensado en esta
temporada a
músicos tan sig­
nificados en el
arte europeo de
más avanzadas
tendencias: el alemán Paul Hindemith y el francés Darius Milhaud.
Strawinsky ocupa ahora el sitial del
director con un programa repetido el
viernes y domingo finales del mes de
acía

H

Ultimos Grandes

COLECCION ORO

(E s p e cia l para C a b a l g a t a )

que el otro, más rítmico. El postulado
de la sinfonía clásica consiste en que
la obra entera, y categóricamente su
primer tiempo, deben construirse sobre
el desarrollo de esos motivos, su trata­
miento temático, rítmico, modulatorio:
esencialmente, una arquitectura tonal.
Un poco más tarde, al día siguiente del
sinfonismo beethoveniano los composi­
tores románticos, muy interesados en
mostrar el carácter del motivo, su ca­
pacidad expresiva, la amplia capacidad
de juego con que seguían más o menos
de cerca una peripecia, dejaron hasta
cierto punto a un lado el postulado sin­
fónico para construir sus obras merced
a la yuxtaposición o enlace de los pe­
queños fragmentos que derivaban del
carácter, a veces plástico, podría de­
cirse, de sus motivos: tal, el caso de
Sehumann. Pero es lo cierto que el
sistema servía bien sólo en las compo­
siciones de dimensiones breves. Cuando

Exitos de la

neau” les trazos caligráficos de su arte
más troquelado de una manera que creo
lícito comparar con lo que Picasso rea­
lizó en "Guernica” , desde este punto
de vista. La comparación puede pare­
cer fácil, o arbitraria: para mí la tengo
por justa y creo que el lector que se
da cuenta de lo que "Guernica” es como
pintura, me entenderá sin mayor insis­
tencia al extender la comparación a la
Sinfonía en tres movimientos.
Que sea la esencia genial lo que con­
sigue mantener en ella la unidad es
fácil de decir; menos fácil de demos­
trar analíticamente. Sin embargo, hay
en esa sinfonía algo que es como su
sistema vertebral, y es la presencia de
pasajes poderosamente rítmicos que no
tienen un valor de motivo, pero sí el
de grapas o eslabones que se enlazan
entre sí como una cadena, como vér­
tebras, para seguir el símil. Sobre su
potente pulsación se asienta la vida

ATLANTIDA
★
H IS T O R IA DE L A C IE N C IA
p o r S a n tia g o B ertrá n
El curioso lector pu ede seguir a través de
las amenas páginas d e este libro, sin que
en ellas sea omitido ningún acontecim ien­
to fundam ental, el proceso histérico de
la ciencia, desde sus primeros pasos has­
ta el grado actual d e su extraordinario
desarrollo.

P r e c io d e l e je m p la r : $

5 .-

★

D IC C IO N A R IO
DE H IS T O R IA U N IV E R SA L
p o r J o sé L u is R o m e r o
Una sucinta y clara explicación d e los
h e ch os, las cosas y los hombres de más
relevante significación dentro del cuadro
general de la historia humana. Im posible
con cebir una obra que enseñe más en
menor espacio.

P r e c io d e l e je m p la r : $

5 .-

★

Obras del profesor
J. OTERO E S P A S A N D IN
LA CIVILIZACION DEL N IL O ........ $ 2 .SO
LA GRECIA H E R O IC A ............................ 2 .5 0
LA GRECIA C L A S IC A ....................... „ 2 .5 0
ROMA: LA REPUBLICA.....................
2 .5 0
ROMA: EL IM P E R IO ......................... , 2 .5 0
LA C IV IL IZ A C IO N M E S O P O T A M I C A ........................................................... 4 . —
MARAVILLAS DE LAS REGIONES
P O L A R E S .......................................................2 .5 0
POBLADORES DEL M A R .......................... 2 .5 0
PRODIGIOS DE LAS A V E S .................... 2 .5 0
LOS SERES M IC RO SC O P IC O S.............. 2 .5 0
GIGANTES M A R IN O S ....................... ,, 2 .50
EL CORTEJO S O L A R ......................... ,, 2 .5 0
UN PASEO POR EL C I E L O ............. ,, 2 .5 0
SOCIEDADES DE INSECTOS.................. 2 .5 0
PRODIGIOS DE LAS PLANTAS..............2 .Í 0
NUESTRO PLANETA.................................. 2.E0
LOS A T O M O S......................
4 —
ANIMALES VIAJEROS ....................... , , 2 . 5 0
EL MUNDO DE LOS REPTILES..............2 .5 0
NARRACIONES M IT O L O G IC A S ..........2.E0

★
DE V E N T A EN LAS PRINCIPALES
LIBRERIAS Y EN

L

I B R

E

R I A

A T L A N T I D A
Florida 6 4 3

-

Buenos A ires

Artísticas
RAMOS PARA NOVIA,
AZAHARES,
ORQUIDEAS, ROSAS...

LA ALIANZA
DEL LIBRO
Y LA FLOR
Variedades en
CESTAS, BOLS,
FLOREROS,
PLATOS Y OBJETOS
DE ARTE
con

PLANTAS Y FLORES
FINAS

FLORES

CADA EJEMPL AR
Mano de Slratcinsky.

julio. En cada visita, el gran maestro
ruso fué dando a conocer sus obras
más recientes, apenas escuchadas antes
que por los mexicanos por los audito­
res norteamericanos, Nueva York, Bos­
ton o San Francisco.
La novedad más importante hace
cinco años fué la que presentaba la
Sinfonía en Do. La de ahora, es tam­
bién una sinfonía. Lleva por título
simplemente Sinfonía en tres movi­
mientos ("ohne menuet” , como habría
podido decirlo Mozart). Si se toma en
cuenta la Sinfonía de los Salmos, esta
nueva será la cuarta obra de dicha
clase. Si sólo atendemos a sinfonías
puramente instrumentales, será la ter­
cera. Entre ella y la primera sinfonía
(Mi bemol, de 1905-7) se desarrolla
toda la carrera musical de uno de los
más penetrantes agitadores del mundo
musical contemporáneo; una de sus
genialidades más acusadas y de una
autenticidad tan señalada como su ori­
ginalidad poderosa. Cuarenta años de
labor en la cual se encuentran obras
que son las obras maestras de nuestro
siglo, junto a otras cuya brevedad se
empareja con la intensidad de su con­
cepto; aquéllas, escuchadas cada día en
su mayor parte; estas otras, práctica­
mente olvidadas o desconocidas. Salvo
por los compositores, desde luego, por­
que en su brevedad está concentrado un
espíritu ardiente que toma las formas
más insólitas, los medios más originales
para expresarse.
Un curso entero podría desarrollarse,
en efecto, que versaría sobre "las obras
pequeñas” de Igor Strawinsky: un
curso para músicos casi más que para
auditores, salvo los muy refinados en
su inteligencia y su curiosidad. ¿Cuán­
do y dónde pueden escucharse el Con­
certino y las tres Piezas para cuarteto,
las Piezas para clarinete solista, las
Suites para pequeña orquesta, las Berceuses du Chat, las Pribautki, las Can­
ciones sobre poemas, japoneses, la Pas­
toral, el Dúo Concertante, las Piezas
fáciles para piano?
*

ROSE M A R I E
S A N T A FE 1 4 4 8 - 5 2
U. T . 41 - 9 8 3 5

*

*

Entre la Sinfonía en Do y la Sin­
fonía en tres movimientos hay una
esencial diferencia de principios. La
Sinfonía en Do deriva toda su estruc­
tura de dos motivos muy breves, ape­
nas de tres notas, uno de los cuales es
de carácter más señaladamente melódico

se quería apoyar sobre él una arqui­
tectura más importante el procedi­
miento resultaba precario. El edificio
se venía abajo. Menos porque los mo­
tivos no se prestasen a ser tratados "in
extenso” que porque la médula del sis­
tema, que está en las relaciones tonales,
no encontraba su ritmo suficiente am­
plio en esa marquetería de m otivos: el
organismo no respiraba con holgura, la
sangre no circulaba en libertad por é l:
su fisiología empobrecía sus funciones.
El sistema de construcción por frag­
mentos breves yuxtapuestos es peculiar
de Strawinsky. Cada fragmento se co­
lorea fuertemente por su carácter motívico, rico en su plasticidad; por su
fuerza rítmica concentrada y por su
valor armónico. Una tonalidad deter­
minada predomina con la exclusividad
de su función tónica en cada uno de
esos pasajes, sin que pueda decirse en
muchos casos que se trata de un con­
junto de armonías enlazadas, o lo que
se dice ser la conducción armónica. Sin
duda, el procedimiento es más simple,
pero para que sea válido exige la pre­
sencia del genio. Con muy poco esfuer­
zo, cualquier compositor puede seguir
la receta y aparentar cierto moder­
nismo exterior en sus composiciones
así redactadas; el resultado, sin em­
bargo, será nulo, a menos (pie una
fuerza genial ilumine el conjunto.
Resulta ya tópico mencionar a Picasso
cuando se habla de Strawinsky; pero
corno se consigue con ello hacerse en­
tender más fácilmente por quienes sa­
ben lo que significa el arte actual de
la pintura y, dentro de él, el del gran
malagueño, no evitaré hacerlo. Las
composiciones de gran formato de P i­
casso utilizan en una vasta armonía
total gran parte de los elementos de
estilo creados por Picasso para su uso
particular, tratándolos con una cohe­
rencia cuya lógica descubre él dentro
de sí mismo, intuitivamente, creo, me­
jo r que no discursivamente. S t r a ­
winsky que puede' dar cursos de filo ­
sofía, es decir, que puede razonar
acerca de sus procedimientos, no creo
que proceda en su labor de creación de
un modo discursivo, sino intuitivo tam­
bién. Por razones que no nos incum­
ben, había dejado aparte todos los ele­
mentos estilísticos más característicos
de su arte al componer la Sinfonía en
Do. Ahora, hace lo contrario. Su nue­
va sinfonía reúne en un vasto "pan-

dinámica de la sinfonía, dejando redu­
cido a un mínimo cuanto es cuestión
de melodismo, de valores armónicos, de
color orquestal. Una homogeneidad pe­
culiar envuelve todo y en parte deriva
del sistema de escritura que es prefe­
rentemente horizontal, es decir, que el
contrapunto y sus consecuencias hacen
casi todo el gasto.
Con todo, la Sinfonía no es compleja
en su escritura. Desde los tiempos he­
roicos del Sacre du Printemps, Stra­
winsky no ha hecho sino eliminar
cuanto le pareció accesorio, hasta llegar
al esquematismo de la Sinfonía en Do
La obra nueva no es, con todo, tan
seca o formularia, aunque puede decirse
que no hay en ella redundancia. Las
obras pequeñas a que antes me refería
son ejemplos de lo que Strawinsky es
capaz de hacer con el menor número
posible de elementos; pero la busca di'
la simplicidad, el afán eliminatorio le
lleva a rehacer obras antiguas, por lo
menos en determinado aspecto como es
el de la orquestación. La segunda ver­
sión de "El Pájaro de Fuego” fué un
ejemplo, hace algunos años. Ahora
vuelve a darlo reorquestando la parte
de "Pctruehka” conocida con el nom­
bre de la Feria o el Carnaval. La reorquestación consiste en emplear sola­
mente los materiales orquestales que se
encuentran en los músicos del siglo xix
sin acudir a las duplicaciones o el em­
pleo de "extras” . En vez de la orquesta
donde los instrumentos de aliento cuen­
tan por cuatro, Strawinsky se contenta
ahora con la agrupación "a tres” . El
color general no cambia nada; la sen­
sación de masa sí, porque el grueso
color ha desaparecido: ahora bien, el
grueso color es de por sí un valor
también, sólo que es antieconómico.
¿Podrá Strawinsky reorquestar dentro
de estos términos una obra como "Le
Sacre ? Lo dudo. En todo caso, ya
veremos.
*

*

*

Una obra cuya contextura contras­
taba ya vivamente con las de los pri­
meros ballets de Strawinsky fué el
"Apolloit Musageto” . Su diferencia ve­
nía por el lado de la orquestación tan­
to como por el de la formación temá­
tica y su tratamiento en una manera
de escritura lineal, ricamente trabada.
La plasticidad anterior del motivo se
. (Continúa página 18.)

DE

cabalgata
I N C L U Y E EN F ORMA
SUPLEMENTARIA
A GRAN F O R M A T O

UNA

LAMINA

I MPRESA A SEI S COLORES
REPRODUCIENDO UN CUADRO
DE UN A R T I S T A CÉ L E B RE
A N T I G U O O MODERNO

DOS REBELDES
ESPAÑOLES
EN EL P E R U
Las vidas de Gonzalo Pizarro ("E l
Gran Rebelde'') v Lope de Agua re
("E l Cruel Tirano” )— protagonis­
tas de las dos rebeliones españolas
más trascendentales contra la Co­
rona de España registradas en la
América del siglo xvt— son rela­
tadas en este libro con un estilo
ameno y lleno de gracia.
Un volumen encuadernado en tela,
de la Colección lliografías, de ItO
páginas.................................$ 10 .-

E D IT O R IA L

SUDAMERICANA
A U S I N A .1 (1 0

U S . A llt K S

Ditíribuitloret exclutirot para México:

EDITORIAL IIERMES
I g n u c i o M a r in e a ! II - M E X I C O D . F .

�MUSICA-AJEDREZ

cabalgata©

LAS ULTIMAS OBRAS DE IGOR STRAWINSKY

NOTICIAS MUSICALES
*** En memoria de Encarnación L ó­
pez, la Argentinita, y en el primer ani­
versario de su muerte, se ofició el 25 de
septiembre un funeral, en los franciscanos
de Madrid.
*** Por la Asociación Argentina de
Música de Cámara, Libo rio .Rosa, acom­
pañado por Enrique Sivieri, realizó un ci­
clo de cinco conciertos consagrados a la
sonata para violoncelo y piano.
*** Gabriel Bouil’.on y Albert W o lff
se despidieron del público porteño con un
concierto de beneficencia. En el progra­
ma, los conciertos de Mendelssohn y
Br.ahms, el Carnaval romano de Berlioz,
los Preludios de Liszt y E l a p r e n d í dr
brujo, de Dukas.
*** El Cuarteto Haydn, integrado por
Eduardo Acedo y Carlos Sampedro, violines, Liberto Guidi, viola, y Washington
Castro, violoncelo, viene realizando un
historial del cuarteto de arcos.
*** William Kapell se despidió en el
Colón el 26 de septiembre pasado, con
un recital Chopin.
*** La coreógrafa Margarita Wnllmann
se ha reintegrado a su puesto de direc­
tora del cuerpo de baile del Teatro Colón,
de regreso de Italia. Margarita Wallmann desempeñó la misma tarea en el
Real de Roma.
*** Los Centros de Estudiantes de In­
geniería y Filosofía y Letras han orga­
nizado un ciclo de cuatro conciertos noc­
turnos en el Teatro Pte. Alvear, con las
siguientes fechas e intérpretes: el Con­

junto de Cámara Mozart (14 de octubre),
Antonio de Raco (21 de octubre), Con­
cepción Bad a (28 de octubre) y Ljerko
Spiller (4 de noviembre).
*** La pianista argentina María Inés
Gómez Carrillo estrena, el 11 de octubre,
en el Carnegie Hall de Nueva York, el
Escarceo criollo de Isidro Maiztegui, ex­
tensa página folklórica de brillante téc
nica instrumental. Del mismo compositor
se transmitió por Radio del Estado, en
el mes de agosto pasado, el Salmo plu­
vial, sobre poemas de Leopoldo Lugones, para voz e.instrumentos, interpreta­
do por miembros del Conjunto de, Cáma
ra M ozart; solista: Dora Berdichcvsky.
*** En el Instituto Francés de Estu­
dios Superiores, Paul Benichou dictará
un curso sobre La Chansou Populaire
Franja se. Cada clase será ilustrada por
ex alumnos del Curso de Interpretación
de Jane Bathori.
*** Apareció el segundo número del pe­
riódico “ Arte Musical” .
*** Finalizó el ciclo de tres conciertos
sinfónicos de Erich Kleiber en la Asocia­
ción Wagneriana.
*** El Círculo Femenino Musical San­
ta Cecilia ofreció un concierto en honor
de Miss Vannett Lawler, miembro de la
Music División de la Unión Panameri­
cana. El ameno programa incluía obras
de Magda García Rohson, Enrique Cnsella, Irma Williams, F. Bach, Rebeca
Clarke, Cyril Scott, Foster, Aguirre y
Pugnani-Kreisler.

(V ie n e de página

ha convertido en rasgos de estilo. Lo
que en los primeros ballets era nece­
sidad de sujetarse a la peripecia dan­
zada en la escena tiende, a su vez, a
estilizarse, y de esa manera la danza
propende asimismo hacia una abstrac­
ción creciente. Se crea así la última
etapa en el arte del ballet, del cual el
lector ha de recordar ejemplos recien­
tes, aunque quiero señalarle como típico
el que, titulándolo "Balaustrade” , orga­
nizó Balanchine sobre el Concertó, para
violín y orquesta, de Strawinskv.
El gran músico ruso vuelve, de vez
en cuando, su recuerdo hacia el arte
del ballet, en cuya área nació y creció
su genio; pero cuando lo hace ahora,
el modo de sus ideas cae dentro de la
severidad en los rasgos estilísticos que
la abstracción creciente de su arte fue
dibujando para sus motivos. Su des­
arrollo no va ahora sujeto al de la peri­
pecia danzable, sino al revés: la danza
está dictada por el juego de las ideas,
lo cual es propio de lo que viene a de­
nominarse como una "danza pura” ;
esto es, una manera de ballet abstracto.
Las "Escenas de Ballet” , de 1944, están

CALENDARIO RETROSPECTIVO
OCTUBRE

A

J

E

D

R

E

16

Z

Por FRANCISCO BENKÓ
Las Blancas están desesperadas. A R 4H
R 4C seguiría T lT L ), etc.
^ ^

A LA M EM O RIA
D E K A R E L TR E Y B A L
E l torneo magistral que se estaba jugando
recientemente en
Praga,
fue dedicado a la
memoria de Karcl Treybal. el gran maestro
checoslovaco, que íué una de las tantas vícti­
mas inocentes del furor nazi durante los años
pasados.
A
la
edad de 56 años,
i*r cy bal
fue ejecutado por la Gestapo en el año 1941,
sin previo proceso.
Reproducimos a continuación su gran victo­
ria sobre Alekhine en el torneo de Karlsbad.
1923.
Las notas corresponden al
australiano C. J. S. Purdy.

conocido

34. P x A
35. A x P
La

A.

V a ry

K.

1 . P4D

1923
P4r&gt;
PdR
P3AD
P4AK

2. P 4 A D
3. C 3 A R
4. P3R

5. C 3A

6 . C 5R
7. 1’ 4 A

En seguida 7 . . . C 5R seria contestado por 8 .
D 5 T j . P 3 C R 9.

CxP.

C5R
P A xP

8. P A xC
9. C xC

L a posición no es del todo simétrica, ya que
las Blancas tienen la iniciativa en el flanco
Dama.
I)4C
A2K
T IA

10. A 2 D
1 1 . D 2R

12. 0 -0 - 0

Con la decisión de enrocar largo por su parte,
porque las Blancas podrían avanzar rápida­
mente los Peones del flanco Rey.
13.
14.
15.
16.
Si

PxPT

A2D

P 4C R
R :C
A2C
P3TR

0 -0 - 0
P 4T R I

R 3H
TxP A
PxP
T 4R
P4C:
A2D
R xP

N otas de C. J. S. P u rdy

¡\uestro concurso de soluciones
(B a ses: V er X ?

1 de C abalgata)

Con los finales Nos. 1 y 2, que hoy publica­
mos, proseguimos nuestro concurso de solucio­
nes. Las soluciones de estos 2 finales tienen
que ser mandadas hasta el 15 de diciembre
de 1946 a la redacción de C abalgata , Inde­
pendencia 360, Buenos Aires.
Agradecemos al señor Eucken su amabilidad
al contribuir con su arte a esta sección de
ajedrez.
Encontrando las mejores jugadas de
las Negras (y de las Blancas también, ¡claro
e s t á !) , ei que lo solucione se hallará al final
con una verdadera posición de problema.
K . A . L. Kubbel no precisa ninguna intro­
ducción.
Sus miles de problemas y finales
tienen siempre ci sello inconfundible de este
gran artista, cuya prematura desaparición (ju n ­
to con sus hermanos Eugen y A rvid Kubbel.
grandes problemistas a su vez), durante los días
aciagos de Leningrado. lamentamos profunda­
mente. Para el ajedrez artístico es una pérdida
irreparable, y para mayor difusión de sus obras
inmortales nos proponemos publicar la mayor
cantidad posible de trabajos de este gran autor.

PxPC
T lT
TxT
K lC
R lT
D 3C
d :ri

K urt

Eucken,

Buenos Aires, Original

Blancas: R 7 T R , A 8 T R , C 2D (3 )
N eg ra s: R 4C R , B SD , P7R (3 )

Esta
jugada en apariencia
puramente de­
fensiva, contiene mucho veneno.
La mejor ju ­
gada de las Blancas en este momento era 23.
P 3 T , manteniendo todavía la iniciativa.
23. P 4 C D ?
Ahora amenazan
24.
25.
26.
27.
28.

PxP
D 6T
D x l)
P3T
R 2C

al

1802. Muere en París la deliciosa
Madeleine-Sophie Arnould, primera
Iphi()én¡( de Gluck. Interrogada du
rantc el Terror sobre sus opiniones
políticas, declaró “ que era amplia­
mente conocido su_cntusiasmo por el
derecho del hombre” .

19

Final N9 1

PxPC
TxT
A '.R
A3C
T iA D
P5A

18

pa-

en The Australasian Chess R eview ..

A IR .

17.
18.
19.
20.
21.
22.

1849. Muerte de Federico Chopin.
“ Ha pasado entre, nosotros como un
fantasma.” (Liszt.)

La jugada 23 de Alekhine. un poco prema­
tura. muestra cómo en ajedrez el precio del
éxito es vigilancia eterna.

Nunca es fácil jugar contra esta defensa.
Aquí las Blancas siguen el lema: contestar un
Stonewall con un Stonewab!
C 3A
CD 2D
C xC

un Peón
T 6 T j.
P xA
T 6A R !

38. P 5A
39. PxP
40. P 6 R
41. P7R
42. T 4 C x R
43. P4T
44. T 4C
Abandonan

maestro

T xeybai .

consigue

IV

iguiendo la regla exacta con j uegos ganadestruir ias contra chances. Si 37 . . .T xF
P 5A .

.

(K arlsbad)

así

36. R2I&gt;
37. T x P

Negras

AJ.EK1IINE

K arlovy

única chance;

1912. Estreno del P im o t lunaire de
Schoenberg, en Berlín. “ Si ésta es
la música del futuro, ruego al Crea­
dor que no me permita vivir lo su
ficiente como para oírla de nuevo.”
(Otto Taubmann, en el l i o f r s e n
Courier de Berlín.)

20

“ Don Alfonso IV, por la gracia de
Dios Rey de Aragón, de Valencia, de
Cerdenya, de Córcega, et conde de
Barcelona. A vos Don Jussef &lt;L- E l i­
ja, alm oxariff mayor del muy noble
Rey de Castiella [Alfonso X I, el
Justiciero], salut como aquel que
queremos bien et de quien mucho
fiamos, facemos vos saber que agora
destos días nos vina un accident de
enfermedat, mas loado sea Dios so­
mos guarido bien. Et enbiamos vos
lo decir porque sabemos que vos
pla?e de nostra salut et buen estado.
Et porque queríamos tomar algún
plaqer con aquellos joglares del rey
. de Castiella que eran en Taraqona,
el uno que tocaba la xabeba et el
otro el meo canon. Vos rogamos que
quisedes quel dito Rey nos enbíe los
ditos joglares et gradeqar vos lo
hemos mucho et vos que non ende
faredes servicio. Dada en \ alencia
X I X días andados del mes de Octu­
bre en el año de nostro Senyor de
Mil CCC X X I X .”
“ Sant’ Agata, 20 de octubre de 1883.
— Distinguido señor: Le ruego
me excuse si no le he agradecido
todavía el libro que me ha enviado
tan gentilmente. Excúseme además si
no puedo corresponder a su deseo
dando mi opinión sobre él. En mate­
ria de música, y de trabajos sobre
música, no creo en mi juicio ni tam
poco en el de otros. Recuerde usted
las opiniones de Weber, Schumann,
Mendelssohn, sobre Rossini, Meyerbeer y otros, y dígame si es posible
creer en las opiniones de un compo­
sitor. Saludo, etc. Giuseppe Verdi

paso

22

Primera audición absoluta de la So­
nata para piano do Aaron Copland,
ejecutada por el autor en los Con­
ciertos de la Nueva Música, Buenos
Aires.
Nace en Raiding, Hungría, Franz
Liszt. “ Servir, el santo y seña de
esto destino.” (Guy de Pourtalés,
Vranz Liszt.)

23

1890. Estreno de El príncipe Igor.
de Borodín, en San Petersburgo. “ El
príncipe Igor fué compuesto durante
diez y ocho años, y quedo incon­
cluso.” (R. Ilofmann,-- Vn leiécle
d’Opera Ktisse.)

21

1725. Muere en Ñapóles Alessandro
Rea ría t ti. Dejó más de cien óperas,
innumerables cantatas, piezas instru­
mentales, obras religiosas, y diez
hijos.
1875. Estreno del Concierto N'“ 1.
op. 23, de Tchaikovsky, en Boston.
Ahora lo pagamos.
1930. Estreno de La edad d, oro.
de Shostakovich, en Leningrado.

25

26
27

1782, Nace en Genova Niccoló Paga­
nini. Un ángel prometió en sueños
a su madre que el niño sería el vio­
linista más grande del mundo.

28

1879. Nace el compositor
Conrado del Campo.

29

1787. Estreno de Don ’G iovanni. ossia II dissol uto punitó, de Mozart,
en el National Theatre de Praga.
“ Que la ópera fuera, de todos los
géneros de espectáculo, el más enve­
jecido, destinado a desaparecer, de
hecho ya desaparecido, era para nos­
otros verdad indiscutida, hasta estas
representaciones de Salzburgo. Pero
ese Don Giovanni tan ágil, donde
cada nota expresa un sentimiento,
una pasión, ese Dramma Giucoso que
el dolor invade desde los primeros
compases, y luego ei temor, y la an­
gustia de lo sobrenatural, hasta que
al fin Dios se manifiesta, con una
evidencia sobrecogedora, nos toca por
tantos lados que basta él solo para
vivificar y rehabilitar un género des­
acreditado.” ( F r a n f o i s Maúriac,
Journal, II.)

30

173.3. En el cumpleaños del rey Jor­
ge I I de Inglaterra, se estrena la
Arianna de Haendel.

31

1906. Se estrena en Par’ s Ja Ariane
de Masscnet (libro de Mendés), sin
ninguna excusa.

español

LAS FUGAS DEL PRINCIPE
(V ie n e

P4CD !
las N egras

21

).

Partida IV" 3
Planeas

o

R xP

pensadas, dentro de su carácter de
"pas de deux” , "variation” , "arabesque”. etcétera, según un proceso com­
parable con el que un músico del
tiempo barroco pensaba su "suite” ins­
trumental, cuyos distintos movimientos
basaba en el carácter de la pavana, la
gallarda, la giga. Esas escenas vienen,
pues, a ser esta vez una "danza sin
danza” , como en aquellos viejos tiem­
pos lo fué la "suite” : solamente que
el camino mental ha sido a la viceversa
del precedente. Once fragmentos inte­
gran esta obra de Strawinskv; cada
cual con su título alusivo a un ballet
"ideal” sobre el cual un coreógrafo
puede urdir la sinfonía plástica que
mejor crea convenirle a la música ; con­
veniencia que ha de resultar de la esti­
lización de los gestos plásticos, siguien­
do el proceso parejo al del músico.
La orquestación de esta obra está a
medio camino de la sobriedad del
"A pollon” y de la policromía anterior.
Su escritura, también. El resultado
quizá tiene los inconvenientes de las
obras de paso, o transición. Lo que la

P 4 T , atacando a
D :C D
D xP C
P xD
R 2C
A4C

de

página

5.)

plido el trabajo de su verdugo. Y por
eso, en verdad, merezco ser colgado.
Luego se volvió hacia los policías con
un gesto que no era tanto de rendición
como de orden para que lo arrestaran.
Tal fué el relato que Hom e Fisher hizo
a Harold March, el periodista, muchos

llevado a estudiar problemas análogos al
del Príncipe Michael. H om e Fisher era
ya quince años más v iejo; su fino cabello
cedía lugar a la calvicie, y sus delgadas
manos se movían con menos afectación y
con más fatiga. Contó la historia de la
aventura irlandesa de su juventud porque

años más tarde, en un pequeño restau­
rante de lujo cerca de Piccadilly. Habla
invitado a cenar a March poco después
del caso que él llamaba "L a Cara en el
Blanco” , y la charla versó naturalmente
sobre dicho misterio, derivando luego a
recuerdos más lejanos de la vida de Fisher,
así como a las circunstancias que lo habían

había sido su primer contacto con el cri
men, y porque allí descubrió cuán sombría
y terriblemente mezclado con la ley, pue
de aparecer el crimen.
— Hooker Wilson fué el primer crina
nal que c o n o c í... y era un policía — dijo
haciendo girar su vaso de vino— . Desde
entonces, toda mi vida ha sido un con­

Con una fuerte iniciativa, porque las Blan­
cas no pueden contestar A 4 A sin seria des­
ventaja de posición.
Ver diagrama

Final m 2
K.

A.

L.

Kubbel,

Schachmatny

B lancas: R 3 A , D 4K , P 2 A ,
N eg ra s: R 8 T D , D 3 T I), P 4 T D ,
P 2 A R (6 )

Listok

Posición después de la jugada 28
de las Negras
29.
30.
31.
32.
33.

T lR
PCxP
P xP
R 3A
A4A

P 4¿y
P xP
A4C!
R 3A

1931

P 6 A (4 )
P 2 A D , P3R ,

Juegan las Blancas y ganan.

17.)

distingue de las demás obras de Strawinsky es, podría decirse, cierta finura
o delgadez en las ideas y aun en los
efectos; una delicadeza especial, como
si las cosas estuviesen vistas a través
de cendales, no de ironía esta vez, sino
de ternura.
En cambio, el humor, grueso humor
estalla en páginas episódicas como la
"Polka de Circo” o el "Scherzo a la
rusa” . "The frolic and the gentle” , se
dijo de cierto escritor inglés; así en el
Strawinskv de estas páginas y de aque­
llas escenas. El entronque de éstas se
halla cu pasajes que nadie habrá olvi­
dado, de "Lo Baiser de la Fée”, con
su empleo de los metales graves y de
la percusión opaca en un matiz pianísimo. De repente, los contrastes pode­
rosos. La "Polka” está escrita de tal
manera que su análisis es una lección
para el músico inteligente. La orques­
tación del "Scherzo” no lo es menos.
Strawinskv e s , hoy todavía, uno de los
músicos i&gt;ara músicos; maestro para
maestros.
Mélico, octubre de

tinuo mezclarme en asuntos de esa misma
especie. Era un hombre de verdadero ta­
lento y tal vez hasta genio, y merecía ser
estudiado como detective tanto como cri­
minal. Su blanco rostro y sus cabellos ro­
jos eran típicos y significativos en él,
pues era de esos seres, a la vez frios y ar­
dientes de ambición. Sabia controlar la
cólera pero no la ambición. Devoró las fra­
ses irónicas de sus superiores en aquel
diálogo de la comisaría, pero cuando vió
súbitamente las dos cabezas recortándose
negras contra el amanecer, en el marco
de las ventanas, no pudo resistir al deseo
de aprovechar la oportunidad de vengarse
y remover a la vez los obstáculos que se
oponían a su promoción. Era un magní­
fico tirador y estaba seguro de silenciar
a ambos, aunque las pruebas contra él ha­
brían sido abrumadoras en todos los casos.
Y sin embargo estuvo a punto de fracasar
la primera vez, porque Nolan vivió ló
bastante para decir: "W ilson” , y señalar
la ventana. Pensamos que requería ayuda
para su camarada, pero en realidad estaba
denunciando a su asesino. Después de eso,
le resultó muy simple tirar abajo la esca­
lera que ten'a a su lado, pues un hombre
encaramado en una escalera no puede ver
fácilmente lo que pasa debajo y detrás
de é l; y luego se arrojó a su vez al suelo,
fingiendo ser otra de las víctimas de la
catástrofe.
Pero con todo, mezclada a su criminal
ambición, había en él una sincera creen
cia en su propio talento y, sobre todo,
en su teoria. Creía en eso que llamaba
"un ojo nuevo” , y deseaba la oportunidad
de elevarse para practicar sus métodos.
Había algo de cierto en sus principios,
pero fracasó allí donde tales principios
fracasan habitualmente, ya que los ojos
nuevos no son capaces de ver lo invisible.
La teoría vale para la escalera y para el
espantapájaros, pero no para la vida y el
alm a: Wilson cometió un fatal -error al
juzgar lo que haría un hombre como Mi­
chael cuando escuchara gritar a una mu­
jer. Toda la vanidad y la vanagloria de
Michael lo obligaron a correr hacia ella al
instante; hubiera sido capaz de meterse
en el mismísimo Castillo de Dublin por
el guante de una dama. Llámelo pose o
lo que usted quiera, pero sé que lo hu­
biera hecho. Lo que ocurrió cuando estu­
vo junto a la muchacha es otra historia,
y uno no puede nunca estar seguro; pero
por noticias que tuve más tarde, ambos
se reconciliaron aquella noche. M ilson se
equivocó ahí, aunque insisto en que había
algo de cierto en su noción de que el re­
cién llegado ve mejor las cosas, y que el
hombre del lugar las conoce demasiado
para darse cuenta de nada. Tenía mucha
razón en algunas cosas. Tenía razón acer­
ca de mí, por ejemplo.
— ¡A cerca de usted? — preguntó March.
— Soy el hombre que sabe demasiado
para saber algo, o, en última instancia,
para hacer algo — d ijo Home Fisher .
No me refiero en especial a lo que sé de
Irlanda. Aludo a Inglaterra. Aludo a la
forma en que estamos gobernados y al
hecho de que tal vez no podamos ser go­
bernados de otra manera. Usted me pre­
guntó recién qué fué de los sobrevivientes
de la tragedia. Pues bien: Wilson salvó la
vida y conseguimos persuadirlo de que
pidiera e! retiro; pero tuvimos que Pa8ar
a ese maldito asesino con más magnifi
cencía que a cualquier héroe que haya
luchado por Inglaterra. Me las arregle
para salvar a Michael de lo peor, póro
tuvimos que enviar a ese hombre — rer
tamente inocente como era— a cunipir
una condena por un crimen que jamas
cometió. Sólo algo más tarde consegu]
mos, de manera bastante tortuosa, facili­
tarle la fuga. Sil- Walter Carey es primer
ministro del país, lo que probablemente
jamás habría sucedido si llega a difundir
se la verdad sobre el horrible escándalo
ocurrido en su departamento. Mos hubiera
arruinado a todos en Irlanda: y para
la tuina hubiera sido total. Es el mojo
amigo de mi padre, y casi me lia l
0
toda la vida con su amabilidad. Estoy
demasiado metido en toda esta maraña,
como usted bien lo ve, y no nací &lt;ur a
mente para desenredarla. ■ I sted me
.
mirando con desconcierto, por no *
desagrado, v no me ofendo en absolut
por ello. Pero cambiaremos el tema si
J e disgusta. ¡Qué piensa de este borgoña? Es un descubrimiento mío, lo mism
que el restaurante.
.
Y se lanzó a una disertación tan sabia
como prolija sobre todos los v' nos ,
mundo; algún moralista hubiera podiOo
objetar que también acerca de eso sabia
demasiado.

�HUMOR
Cada uno de los nombres o sustantivos citados a continuación, forma, unido
a otros dos de la lista, una trinidad famosa en la historia, la literatura las
ciencias, la mitología, etc. Agrúpelos formando el trío que crea indicado en cada
ocasión y envíenos la solución antes del 15 de noviembre. Si a continuación de
cada trio escribe la denominación apropiada como si por ejemplo, de estar in­
cluidos en esta lista los términos, Padre, H ijo y Espíritu Santo, pusiera junto
a ellos, una vez reunidos: L A T R IN ID A D ... Como se ve, no es demasiado
d ifíc il.. .
¿C om prendido?.. .

¡Manos a la o b r a !. . .

La primera respuesta que nos llegue, en la que aparezcan las soluciones com­
pletas, será premiada con $ 20 % . Las seis soluciones primeras, más aproxima­
das, serán premiadas con una suscripción semestral a C a b a l g a t a .
Sem. Beatriz. Celestina — Jorge Duval, Fraternidad, Tierra — Octavio, Sieyes, Pierrot —
M icen no, Lra A lto — Arquitectura. Atropos, Lépido — A rge. Can, Virgilio — Calixto, Margar¿ U ’ Fe
Colombina. Sólido. Talía — Y o , Salomé. Atenea — Bajo, Gramática. Esquilo —
Limonita. Carpo, Arlequín — Jafet. Don Quijote, Diké — Baltasar. Otelo. Sófocles Nudo,
Infierno, \ iolín — W erther, Roosevelt, M enfis — Malo, Dante, Padilla — Mnemósine, Escamillo,
Mulato — Selene, Falangeta, Leandro
Melchor. Maidonado, Tesífone
Caridad. Metistófeles,
^ ago — Liquido. Bravo. Afrodita — Retórica. I&gt;ulcinea, Ouasimodo — Por'hos. Niña, Berlín —
Pintura, Libertad, Esmeralda — Elios, Armando Duval, Eurípides — Desdémona, Gaspar, Exposicióh — T u . Juno, Falanfina — Carmen. Claudio Froilo, C río — Sancho, Esperanza. Churchill —
Pompevo, Blanca, Dedos — Melibea. Don José. Brígida
Fausto, El, Tem is — Alberto. Titm po,
Don Juan — Dialéctica. Falange. Mediano — Gaseoso. Crispín. Margarita Gautier —- Carlota. Doña
Inés, M ar — Desenlace, Aleto. Metacarpo — Stalin. Lugar, Athos — César, Bonaparte, Mundo —
K efren, Piano, Cielo — Lákesis, Estérope. H erodias — Cristo, Roma. Negra — Aglaia, Aram is,
Antonio — Iokanaa.i, Eos. Violoncelo — Igualdad. Cloto. Craso — Silvia. Venus, Gloria — Regu­
lar. Eirene. Keops — Bronte. Roger Ducos, Sais — Santa M aría. Eufrosine, Gestas — Bueno,
Pinta, Tebas — Dimas, Escultura, Megera — Minerva, Acción, Tokio.

Don Eugenio d’Ors, el olímpico, tam­
bién tiene sus cositas. Recientemente, co­
mentando el ülises de Joyce, les confesó
a unos sumisos audientes:
— Ese es un libio que jamás he podido
term inar.. . Lo he empezado a leer en va­
rios idiomas y jamás pude -pasar de la
m itad. . . Con él me pasó siempre como a
aquel viejo campesino castellano que entró
por primera vez en un parque de atraccio­
nes. El buen hombre subió a la montaña
rusa, a la plataforma giratoria, al tubo
de la risa, y cuando finalmente tras de
probarlo todo, se encontró de nuevo á la
puerta del llamado parque, le confesó a un
compañero: “ Estoy cansado, mareado y
con dos reales m enos..
Fíjense qué suerte — carraspeó una de
aquellas viriloides feministas o por el es­
tilo, recientemente llegadas en el último
buque como propagandistas de no sé qué—
. . . cuando fuimos a tomar el avión no
había plaza. Como ya sabrán, el avión se
incendió y perecieron todos sus ocupan­
tes. .. ¿No es suerte eso?
— No tenían por qué preocuparse —
murmuró el mordaz catalán— . Hubieran
seguido viaje en dos escobas. . .

2 3

4

5

6

7

8

9

¿COMO ANDA USTED DE VERSOS?

Los triunfadores son:
Prinier premio, í 20 m /n .: María Celia Degese. Coronel Díaz 1818, 'Capital.
Seis segundos premios, suscripción por seis meses a Cabalgata : "A V E ” : Arre­
dondo 2662, Capital. — Eva F ía : Alem 1338, Capital. — Martín Rodríguez: Treinta
y Tres 738, Capital. — Paulino Ares Somoza: Montes de Oca 868, Capital. — Héctor
Zimmerman: Pasteur 158, Capital. — María Inda: calle 5 n5 681, La Plata.

V E R T IC A L E S .
L Satanás. - Alevoso.
2. Anillos de hierro. - Palito en que se señala
una cuenta.
3. Penate. - Retroceso del agua corriente ante
un impedimento. - Prefijo de simultaneidad.
4. Provecho. - Composición poética.
5. Licor espiritoso.
. Mayoral. - Planta umbelífera.
7. N óm ina. - Canal para conducir el agua de
los ríos. - Fluido para el alumbrado.
. V ilia de Cataluña. - Compuesto de partes
integrantes.
9. Asturiano. - Pueblo de Vasconia, cuna del
boxeador Uzcudun.

6

8

BURLADERO
S O L U C IO N
DEL
PROBLEM A
DE No. 2 DE

por el Hondero Irónico
— Es un curioso lugar donde un hom­
bre se levanta y habla de algo que no
entiende a otros hombres que no le escu­
chan y que luego votan siempre en con­
tra . . .

CABALGATA

SU

PINACOTECA,

Molnar, el famoso dramaturgo húngaro,
apenas llegado a tierra neutral de Suiza,
recibió la visita de un joven y vigoroso
escritor húngaro, refugiado también.
Como Molnar suspirara, el otro no hacia
sino animarle:
— M aestro... ¡Puede usted contarse
en tr: los afortunados que verán el fin del
nazi imo y la victoria final. . . !
— Estoy muy viejo — suspiró Molnar—
y creo que me será trabajoso el gozar de
ese mundo que se promete usted tan fe ­
liz. . .
— ¡Cómo dice eso, maestro! . . . Usted a
los sesenta es más joven que muchos jó ­
venes de veinte. . . Su complexión y salud
le prometen lo menos treinta años más
de v id a ... Usted, se diría que se rejuve­
nece en vez de envejecer. . .
— Ya ve u ste d ... Eso es muchísimo
p e o r ... ¿No ha Oído usted hablar acaso
de la mortalidad in fa n til?...

En relación con Bernard Shaw, se
ha señalado también una anécdota que
tuvo por intérprete a Rodin.
En cierta ocasión, Bernard Shaw,
vegetariano impenitente, invitó a co­
mer al gran escultor. Rodin, cansado
del menú, se levantó, tiró la servilleta
encima de la mesa y pronunció las úni­
cas palabras inglesas que sabía:
— Good bye — dijo,
Y se trasladó a un célebre restau­
rante de Londres, donde pidió dos
grandes rosbifs.
Por la tarde, en casa del duque de
Westminster, donde Rodin celebraba
su Exposición, el gran escultor volvió
a encontrar al autor dramático.
— ¿Y qué representa esto? — pre­
guntó ante una pareja en éxtasis.
Rodin respondió únicamente:
— V a ca .
Después, designando un cuerpo lán­
guido, moribundo, deprimido, respon­
dió :
— Legumbres.

«

El novio: — ¿Nos casamos o no?
La novia: — Casémonos, o n o. . .

T O D O ES
SEGUN
EL COLOR...
EL CORAZON DE ELLAS
JUZGADO POR
LA RAZON DE ELLOS

Cuando creen en ellas...
El corazón de la mujer está hecho de
forma que por árido que se haya que­
dado al soplo de los prejuicios y las exi­
gencias de la etiqueta, siempre conservará
un rincón fértil y riente: el que Dios ha
destinado al amor maternal.
(Alejandro Dumas)

— Estupenda cosecha — exclamó el ma­
ravillado forastero con deseo de lisonjear
al dueño de la chacra— .¡L o que es ahora
no tiene usted por qué preocuparse! . . .
— No c r e a ... — murmuró el labrador
con cierto gesto de preocupación— Es­
tas cosechas tan abundantes fatigan la
tierra. . .

TRES ANECDOTAS
DE G. B. S.
En una fiesta mundana, Bernard
Shaw mostraba mucho interés por una
dama que no se distinguía precisamente
por sus cualidades físicas.
— A o le creía a usted más sensible
que eso a la belleza —- le dijo un amigo.
— Hay tantas bellezas bajo cierta
fealdad, tantas fealdades bajo cierta
belleza — contestó simplemente.
Su más célebre frase la pronunció
en una fiesta de beneficencia que se
celebraba en Londres.
Una señora, con la que él bailaba,
le d ijo :
— Es usted muy amable al bailar
con una mujer desconocida como yo.
por

O SK I

El corazón de la mujer es un santuario
que el hombre de bien siempre respetará;
la triple llamada de la fe, la esperanza y
el amor arden en él sin cesar.
(A lexis M ayer)

La mujer es la última palabra del Crea­
dor. El Maestro había primero modelado
los mundos, luego el mastodonte, después
el águila, después el león, después el hom­
bre; concluyó con la mujer. Fué entonces
cuando descansó para contemplarse en su
obra.
(Arsenio Houssaye)

La mujer ha sido creada para el hom­
bre y, a este respecto, es la criatura más
armónica y mejor combinada que haya
salido de las manos de Dios,
(Esteban de N eufville).

Dios intentó escribir: su prosa es el
hombre; su po.esía, la mujer.
(Napoleón)

Dios, que se arrepintió de haber creado
el hombre, jamás se arrepintió de haber
creado la mujer.
(Malherbe)

Dios ha creado las mujeres para orna­
mento de la especie humana, para aliviar
la humanidad, para endulzar las miserias
de la vida, para contento de los hombres
y para ayudar a poblar el Paraiso.
(Jacques Olivier)

Una mujer de corazón puede servir pa­
ra todo. Una mujer que no tiene más que
inteligencia no puede ser buena para gran
cosa. Y hasta diría que hay mujeres que
tienen tanto corazón que nadie ha podido
darse cuenta de que carecen de talento.
(P . J. Sthal)

Cuando no creen en ellas...
Toda mujer tiene el corazón libertino.
(P op e)

El corazón de las mujeres está a mer­
ced de sus ojos y de sus oídos.
(José

de

Maistre)

El corazón de las mujeres es un abismo.
(Alfredo de M usset)

El corazón de la mujer es una veleta
que el capricho hace girar.
(Julián

I.emer)

Cierta mujer a quien uno de sus ami­
gos decía que si seguía portándose como
hasta el momento, perdería su reputación,
le respondió:
— “ Qué qu ieres... Mi corazón puede
más que mi c a b e z a ...”

La policía francesa y en general toda
“ aquella Francia que se fué” no se dis­
tinguía por su interés hacia las cosas de
fuera. Allí fué donde el gendarme^ al en­
terarse de que alguien iba a Chile, excla­
mo: “ ¿Chili? ¡D róle de p a ya !..
Bueno, pues allí — estas cosas a veces
tienen gracia— , cierto uruguayo se las
veía y se las deseaba para explicar en una
reunión, y no precisamente de gendarmes,
cuál era su país, cuna por otra parte de
Lantréamont y de Supervielle, hasta que
finalmente tomó un mapa y mostró el
color, bastante breve por cierto, que in­
dicaba su patria. Y entonces uno de los
contertulios, asombrado de lo pequeño del
territorio, exclamó:
— Pues, señor, vuélvase pronto, porque
le deben estar echando de m en os..,
Will Rogers , el famoso vaquero-poeta
estadounidense, definió asi el congreso de
su nación:

“ Esta es — decía Aldington— la mejor
crítica que jamás haya escrito ... Des­
graciadamente el “ The Times” se negó a
publicarla. . . ”

H O R IZ O N T A L E S .
I. Donaire. - Igualdad de las cosas en su superficie. - Roda.
I I . Yalie de España. - Licor famoso.
I I I . Dios de la guerra. - Hierro del trompo. Departamento de Francia.
I V . Persona destacada en alguna actividad. Espacio de la escalera comprendido entre cada
dos rellanos. - Apócope de tuyos.
V . Uno de los cuatro palos de la baraja.
V I . Gorro militar. - Armonía.
V I I . O rujo de uva.
V I I I . Nota musical. - 1 metro 949 milímetros. Caneliácea.
I X . Regalas. - Medida menor de una vara o
mayor de un metro según los países.
Gigante.
X . Composición musical para una sola voz. Juez turco.
X I . Santo. - División del año. - Moneda pe­
ruana.

P A R A

B C D E F
H I J K L
N O P Q R
T TJ V W X
Y Z

El hombre, tiritando, a la joven vestida
a la moda:
— Perdóneme señorita, pero no veo qué
es lo que hace que las mujeres no se mue­
ran de frío.
— Ni falta que hace que lo vea. . .

S olución :

“ Lo que más me choca de todo esto
— expresó a un reportero el todavía sor­
prendido padre de ciertas famosas quintillizas— , es que tanta gente talva se
pueda encontrar tan pronto.”

A
G
M
S

Cuentan por ahí, que cierto famoso eco­
nomista estadounidense a quien le pregun­
taron sus alumnos si creía aceptable la
inflación, siempre que se mantuviese den­
tro de un cierto límite, les contestó:
“ — Señores.. . Una pequeña inflación es
lo mismo que un pequeño embarazo. . .
Una vez empezado ya no hay nada que
lo contenga. . . ”

Después de agradecer al gran número de amantes — y conocedores— de nuestra
poesía, su copiosa correspondencia y su alto porcentaje de exactitud, tanto en el
puntaje como en la corrección de errores, malignamente dispuestos y casi siempre ad­
vertidos, damos a continuación la nómina de triunfadores, y la solución exacta:

“Religión — expresó Mae Haupt— es un
seguro hecho en este mundo contra incen­
dio en el otro.”

Richard Aldington, famoso crítico lite­
rario del “ The Times” , recibió en ios pri­
meros tiempos del Dadaísmo un tomito de
poesías para que le hiciera la critica. El
libro eontenia el siguiente poema:

Bernard Shaw respondió:
— Usted olvida, señora, que estamos
en una fiesta de caridad.

1 2 3 4 5
6 7 8 9 10.

Solución del concurso correspondiente al N °. 1 de C A B A L G A T A

Dibujo por Cibel.

Dillingham y Ziegfield, los dos conocidos
empresarios de fines del siglo pasado, ín­
timos amigos ambos del famoso prestidi­
gitador Iloudini, rindieron su último tri­
buto al famoso “ rey de la evasión” , lle­
vando su ataúd a hombros hasta el ce­
menterio. Cuando el pesado y hermoso
ataúd estaba sobre sus espaldas, Dillin­
gham le susurró a Ziegfield:
— Supongo que ya no estará aqui den­
tro . . .

PALABRAS CRUZADAS
&gt;

— ¡U sted me habrá comido el r e y ! . . . ¡T ero yo le nombro a este dictador!. . .

Examen:
— Veamos niño. . . ¿Cuáles son las cinco
partes del "mundo?
— .. .A s ia ...
— Muy bien. .. adelante. . .
— ¡Esia, Isia, Osia y U s ia !...

El crítico comentó:

Las soluciones podrá usted verlas en el N? 5 de Cabalgata, correspondiente
al l 9 de diciembre.

1-20-3, 2-18-2, 3-17-10, 4-16-20, 5-19-5, 6-12-18, 7-14-12, 8-1-6, 9-3-7, 10-4-15, 11-11-14,
12-9-9, 13-13-13, 14-2-4, 15-5-8, 16-7-19, 17-6-16, 18-15-11, 19-8-17, 20-10-1.

©cabalgata

(Lord Byron)

El corazón de las mujeres, como las
roscas de Reyes, es el dulce encierro de
enigmas donde solemos rompernos los
dientes. . .
(Petit-Sen)

Se llega al corazón de las mujeres gra­
cias precisamente a todo aquello que es el
auténtico enemigo del am or: la galantería,
las promesas, los regalos, la alegría fin ­
gida, etc.
(Iíouffeart)

No hay corazón de muchacha por vio­
lento, por grande que sea su amor, al que
la ambición o el interés no agregue algo.
(L a Rruycre)

G oyo. La maja desnuda.

El corazón do las mujeres es el instru
monto más activo y poderoso tanto para el
bien como para el mal.
(José de Maistre)

■

�LETRAS

cabalgata©

EL ATENEO PRESENTA

CRITICA

por

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Schultz de M antovani,
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F . — El

Problemas

de conducta

mundo poético infantil.

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mental

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Traducida del alemán por D iego A . de Santillán.
N ovela histórica tejida en torno a la personalidad y la obra de los Reyes
Católicos, en la que se muestra un cuadro magistral de la España del si­
glo xv.
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Encuadernada $ 18.— . Rústica $ 15.—

"EL ATENEO"

URRERIA
Florida 340-344

CAR BA LH O

E l libro de la NOCHE, por Arturo Capdevila. Colección Contem poránea, E d ito­
rial Losada, S. A ., Buenos A ires, 117 páginas.

C U L T U R A U N IVER SA L

Forgione, J. D .
L a lectura y la escritura por
mente ilustrado. R .....................................

LITERARIA

EDITORIAL
- Buenos Aires - Oordoba *200?)

Bajo la advocación de Urania, apareció este Libro de la Noche de ( apde\ila,
allá por 1917. Duraba aún el eco de "Melpómene , contra el embate de las re­
citadoras que anunciaban con voz cavernosa y agobiante insistencia, el adveni­
miento de la trágica musa. La difusión y el éxito perjudicaron al poeta cordobés
en el juicio de generaciones que le siguieron. Nada más negativo, m disminuyente,
para la apreciación artística, que el auge de un poeta en las veladas literarias.
Razones especiales, salvaguardando el buen gusto, arrollan incluso a quien es
víctima de esas manifestaciones propicias al psicoanálisis. Volviendo ahora, en
esta oportuna reedición, al libro del cielo, conviene destacar de inmediato su actua­
lidad poética, su persistencia en la zona estimativa de los altos libros. Suble­
vados contra una poesía de impasibilidad marmórea a que nos tienen habituados
poetas de inspiración prolija — nada más que prolija
estos cantos aullantes,
despreocupados de fórmulas, erguidos en su propio ardor, parecen desesperados
"aldabonazos en la puerta misma del misterio” . La voz de Capdevila no tiene
aquí la estereotipación literaria de sus romanceros recientes. Ardiente y viva, aun
en su amargura y pesimismo, asciende impremeditadamente a la inmensidad del
Cosmos. Acaso sea inocente presunción pretender sondear en el enigma o suponer,
siquiera, que algo de la verdad se nos revela mirando hacia el abismo por el
lente de un telescopio; pero de la misma confusión germinada en el espíritu ante
revelación semejante, nace la lúcida pregunta, se enarbola, cantado, trajinado
de dudas y augurios, alucinado de intuiciones, el grito herido del solitario.
Aparecido durante una guerra y reeditado después de otra, El Libro de la
Noche” mantiene su condición candente, reflejando el drama invariable del es­
píritu humano en la desolación de su ceguera. Su técnica es simple, elemental
agregaríamos, y por momentos desvaída la forma, pero arrastra su emoción hacia
logrados ámbitos de deslumbramiento y penumbra. Y si permanece intacto y nos
transporta todavía en su alucinado vuelo, no es sólo por su función de mensaje
poético, sino también por su encendimiento de sinceros fervores y su palabra
transida en inextinguibles sobresaltos.

sión que la de los teóricos del socialismo,
a quienes él mismo agradece por haber
desbrozado el camino— determinar qué
forma y grado de control social es pre­
ciso establecer |Kira remediar la inesta­
bilidad económica del sistema actual. En
otras palabras, fundamentar teóricamente
una política anticíclica y dar los ele­
mentos para que ésta pueda realizarse
con éxito. Y el éxito, hoy día, en esta
materia, parece no ser otro que la obten­
ción de la seguridad económica. — E.
Cusm.

L as tres ratas , por A. Pareja Diez-Canseco. Biblioteca Contem poránea, E d ito­
rial Losada, S. A ., Buenos A ires, 225 páginas.

A menudo, una sola página, la simple y vigorosa descripción de un episodio
aislado, nos permite abarcar el volumen, medir la dimensión de un novelista. La
muerte de don Antonio, en su hacienda, picado por una víbora, queriendo aferrarse,
como salvación, a los herbajos casuales de su tierra caliente, define al narrador
y muestra su intensidad, su fuerza. P or ese párrafo magistral, hemos recordado
el pulso humano de "El muelle” . En "Las tres ratas”, Diez-Canseco nos presenta
la historia dura y vulgar de unas muchachas provincianas, solas y sin dinero,
que deciden vivir en Guayaquil. Sus retratos, emergiendo de lo íntimo, dejan
de ser retratos, transfigurados en criaturas vivientes, seres en su amargura, en su
pequeño y trágico derrumbe cotidiano. Si no conociéramos ninguna otra novela
de Diez-Canseco, descubriríamos, asimismo, en ésta, su experiencia de novelista.
Sólo su construcción, denuncia ya la visión total, el cabal conocimiento de un
oficio. Quizás "El muelle” conquistara mayormente por su fluidez y pujanza
de corriente un tanto tumultuosa. En "Las tres ratas” advertimos el peligroso
orden estudiado, las piezas hábilmente colocadas y la falta de sangre de determi­
nados personajes en esbozo, pese a su importancia en el desarrollo de la anécdota.
Sin duda, el tránsito de estas tres hermanas, rotundas en su meridiana fijación
de caracteres, apasiona p or el desenvolvimiento melodramático de su declive.
Son las heroínas de la fatalidad, clásicas en la literatura. Pero es necesario re­
conocer la absoluta realidad climática que las circunda, ese hálito de recoleto
patio, de meditativa labor de aguja, que permanece intoeado en el subfondo de
sus vicisitudes cuidadanas. El lenguaje geográfico, que en Icaza llega a, oscurida­
des de difícil penetración, en Diez-Canseco nos acarrea también reiteradas tribu­
laciones. Pero en ningún momento queremos encararlas desde el punto de vista
de la preceptiva, sino bajo razones de lugar y de modos distintos al nuestro.
Esas páginas dudosas para nuestro entender son las iniciales; luego se sobrepone
la fuerza de la expresión, su exacta función impresionista, el aliento y la pulsa­
ción poética en que la prosa de este notable novelista es frecuente.
La

de las siete golinas , por Gaspar L. Benavento. Poem as.
Editorial A ca n to, B uenos A ires, 72 páginas.

E conomía m onetaria in ter nacio nal , por

Michael A. Ilcilpcrin. Biblioteca tle
Orienta ción Económica de la Editorial
Sudamericana.
En la doctrina económica general, la
teoría monetaria presenta sólo una fase
de los intrincados problemas modernos
— desocupación, escasez, superproducción
etc.— , pero es el auxiliar indispensable
que ayuda a interpretar las complicacio­
nes del inundo económico actual.
La economía capitalista — cuya guía
os el precio de mercado (y el precio
de mercado es el valor de cambio expre­
sado en moneda)— ha hecho uso, en los
últimos tiempos, de una cantidad de arti­
ficios monetarios — tanto en el orden na­
cional como en el internacional— para
influir sobre los precios con determina­
dos propósitos “ nacionalistas” .
Del orden monetario internacional, es­
pecialmente, trata el libro de Hcilpcrin
encuadrando perfectamente todos los as­
pectos teóricos de la obra dentro de las
escuelas económicas modernas. Las expli­
caciones técnicas ayudan a comprender
las relaciones de la moneda con el oro
y los precios, las complicaciones en la
balanza de pagos, las paridades moneta­
rias, la teoría del cambio exterior, etc.
Claro está que, para muchos economistas,
lo importante está detrás del “ velo mo­
netario” , en la economía de los bienes
reales, de las cosas, que, en fin de cuen­
tas, son las que directamente proveen
las necesidades de los individuos.
N o rteam érica il im it a d a , por Eric John-

ston. Biblioteca de Orientación Económica
de la Editorial Sudamericana.
El autor trata de traducir las impre­
siones que dejan sobre su espíritu los pro­
blemas económicos y sociales del mundo
frente a los Estados Unidos, “ país de ili­
mitadas posibilidades” . — J?. C.
D iálogo de doctrina cristiana , por
Juan de Valdés. Editorial La Aurora,
Buenos Aires. 205 páginas. Precio: $ S.

C olección Laurel,

El sentimentalismo literario, el apego a una expresión de fácil espontaneidad,
que predomina en estos poemas, les resta jerarquía que alcanzarían indudable­
mente por la autenticidad de elementos que contienen. La poesía de Gaspar Be­
navento, levantada de amor a la naturaleza, renueva cierto tradicionalismo de
cantor cuya soledad fraterniza con el árbol y el pájaro. El tiene, también, una
voluntad enraizada a la tierra y un anhelo incontenible de decir suelta y apasio­
nadamente. Sorprende, en la honrada fluidez de sus versos, hallar entremezclados
algunos de metal dudoso. A no ser así, le veríamos erguirse con serena y decidida
prestancia vegetal. Recoge la simbología sentimental del hombre de la tierra y
monologa, en actitud varonil y abierta, sobre las cosas del solar, entremezclando a
las efusiones de su alma la elemental filosofía que no busca profundizar, sino
comentar simplemente y sostener el mundo de su afección. De entre sus poemas,
citaríamos "E l río”, quizás el más logrado del conjunto, por su uniformidad de
tono inspirado, entremezclando realidad de paisaje y realidad de recuerdo. Hay
en él estrofas de construcción impecable, ejem plo de una poesía natural, desusada
actualmente. Falta al poeta entrerriano cernir su verso, despojarlo de verbalismos
inútiles, para que resalte, límpida, su vena fresca y rumorosa.
C a nto de amor , p or Carlos Rodríguez-Pintos.
22 páginas.

E d ición del autor, M on tevid eo,

Son veinte octavas reales escritas en homenaje — como dice el autor— "a la
criatura más clara y de más altas transparencias que le ha sido dado hallar sobre
la tierra” . De la actitud rendida, entre apasionada y gentil, se origina este poema
en que se elige la geométrica form a de las octavas. Y hace bien al ánimo la paz
de su línea estudiada, pulcra, cuando estamos rehaciéndonos, en la dura vigilia
del mundo, de los años amargos, con amaneceres de escombros. Nos parece, desde
su hermetismo, desde su rigor aéreo, estar mirando el cielo y la tierra p or el
cuadrado de una ventana, a la que llegan el aliento verde, el rumor de la corriente
pensativa. Carlos Rodríguez-Pintos escribe este sereno canto de amor sin arreba­
tos ni terrores, mirando siempre a través del aire estelar de sus éxtasis. Palabra
acompasada, que puede, ya amansados los arrebatos, referirse, clara; a lo perma­
nente; dibujar la imagen con el trazo fino y fúlgido de la emoción sin apremios.
Presentes los altos ejemplos del género, parecería más bien audaz ejercicio de
artista afrontar sus dificultades. \ lo hace con la discreción experimentada de
quien busca el homenaje más puro, a la poesía y a la mujer, manejando ya crista­
les, voces que resuenan recónditamente como cuerdas que, apenas rozadas, dejan
escapar su nota menuda, prolongándose en la sensibilidad del lector, por la honda
y acariciada intención que la despierta.

NOTAS
T eoría de la planificación económica ,
por Cari Landauer. Editorial Fondo de
Cultura Económica dt Méjico.
Tal vez no se ha publicado todavía en
castellano, otro libro de “ teoría” de la
planificación económica que contenga más
soluciones prácticas que este libro de
Cari Landauer. Hay autores que especí­
ficamente han tratado el tema de la pla­
nificación agotando distintos y variados
aspectos del problema 1— como Karl Manheim en “ Libertad y Planificación”— o

quien se ha enfrentado a algún econo­
mista de cerrada ortodoxia liberal — como
Bárbara W ootton on “ Libertad con pla­
nificación” , para no citar sino los dos
libros más importantes que, sobre el te­
ma, ya se habían traducido al castellano.
Es posible que el carácter pragm ático
de esta obra sea consecuencia de haberse
agotado en la investigación todos los
aspectos teóricos que han de servir de
base a la labor de los realizadores de la
planificación. El objetivo de su autor
ha sido — mucho más modesta su preten­

Un elemental deber de comentadores de
libros nos obliga hoy a advertir a los
amantes de la cultura hispánica —tal
cual ella es y no tal cual los pacatos y
los avisados en exceso quisieran que fue­
se— de la aparición de esta obra del
autor de Diálogo de la Lengua, descono­
cida durante siglos — de 1529 a 1929—,
hasta que hace unos años el eminente his­
panista Mareel Bataillon, como resultado
de laboriosas investigaciones y pesquisas,
dió con un ejemplar en la Biblioteca de
la Universidad de Coimbra e hizo sobre
el mismo una edición facsímile con una
erudita introducción y anotada por él.
Como es notorio, Juan de Valdés fué per­
seguido por la Inquisición por erasmista y
luterano. Gracias a sus muchas amistades
— su hermano gemelo Alfonso era a la sa­
zón secretario de Carlos V , y asistió en
calidad de tal a la Dieta de IVorms—
pudo librarse de sus perseguidores hu­
yendo a Italia en su juventud, donde
pasó el resto de su vida. Esto explica el
hecho de que la obra descubierta por Ba­
taillon esté firmada por “ un religioso”
y no por Valdés mismo. Su identidad ha
sido establecida sin lugar a dudas me­
diante el cotejo de varios textos debidos
a la pluma de Valdés y, más aún, su
hallazgo se hizo porque su existencia es­
taba prácticamente probada con anterio­
ridad.
La edición de “ La Aurora” débese in­
directamente al bibliófilo don José López,
quien proporcionó el ejemplar — tal vez
único en Buenos Aires— de la edición
facsímile de Bataillon.' Lleva una intro­
ducción biográfica y notas del hispanista
Dr. B. Foster Stockwell, quien conserva
muchas de las anotaciones de Bataillon,
por ser éste uno de los eruditos de más
autoridad en cuanto concierne al movi­
miento erasmista y reformista de la Es­
paña de fines deí siglo xv y del siglo
xvi. Es de desear que nuestros editores
nos ofrezcan pronto, vertida al español,
la obra de este investigador, Erasmo en
España, aparecida hace años y elogiada
por la crítica de todo el mundo como una
obra magistral. — .1/. Salinas Alvares.
A l b e r d i , por.E nrique Popolizio. Editorial

Losada, Buenos Aires, 1946.
A lgo más que casualidad encuentro en­
tre el retrato de la sobretapa de este
Alberdi y su contenido. Una especie de
segundo caso de la clasificación de los
seres — aristotélica o no— , que adyacen­
tes discípulos fijaron en la preteoría del
Organo» del maestro: dos seres distintos
tienen una misma esencia. La esencia
que hay en este rostro de Alberdi, con el
pelo negro aunque bastante perdido, con
los labios entreabiertos y enérgicos, es la
misma del libro. Pero mientras avanza la
vida y se consumen las páginas, la obra
se entristece, se va maniatando. Esas
circunstancias que urden la penumbra fi­
nal del viejo, ya inseguro, ya cegato, sólo
parecen redimirse en el momento en que
su protegida abre la puerta de la clínica
de París y encuentra al doctor Alberdi
amortajado. Cuando hacía rato que estaba
muerto.
Entonces el libro (la vida) vuelve *
imponer sus principios y, más aún, sus
plenitudes. Apartándonos de las huellas
siempre visibles, que la persona retratad.!
dejó como persona para aquellos que fue^
rail derechos, esta biografía expone un.
(Continúa pápina 21-

�r

LETRAS _______
(V ie n e de página 20.)

----- ---^ración de paisajes, de color, de aln los cuales aparece de manera
,
va el creciente autor de las Bases:
el can. flneucho; su llegada a Buenos
Aires en el tiempo en que Rivadavia se
empolvaba; el imaginable momento en
que pone en el suelo del internado, a
horario y junto con los compañeros de
habitación, su orinal de loza. Después
llega el tiempito de estar tras el mos­
trador de una tienda, experiencia por la
que, tal vez, aprendió el inmenso valor
de la medida. Y en seguida la época en
que los apellidos cordiales influyen en el
rumbo de la adolescencia., y éstos son los
Aráoz, los Sosa, los H erejía, verdaderas
conmemoraciones provinciales.
Hasta entonces no existen turbulencias
propias; lo único que pasa es él, para
asomarse al borde de todas las curiosi­
dades y verse, de pronto, en el fondo de
algunas. Entretanto, la “ Revista de París”
y la “ Revista Británica” son lo predilecto
de Buenos Aires; la literatura joven es
una resonancia de lo que llega de la
Francia, que con ese la se determina más
y se la cree más única. Alberdi publica
por ose entonces dos folletos: “ El espí­
ritu de la música a la capacidad de todo
el mundo” y el “ Ensayo sobre un mé­
todo nuevo para aprender a tocar el
piano con la mayor facilidad” , y ambos
dan la nota de que lo único que pasa
es él. No mucho después, empero, sobre­
vendrán otras clases de preocupaciones.
En “ La Moda” se identifica con el seu­
dónimo de Figarülo, que es un modo de
preocuparse, y se disminuye ante el de
Fígaro “ porque este nombre no debe ser
ya tocado por nadie desde que ha servido
para designar al genio inimitable cuya
temprana, infausta muerte, Koran hoy las
musas y el siglo” . Desde aquí sólo hay
un paso hasta el amargo pan del destie­
rro que, en Montevideo, empieza a com­
partir en la mesa de los Vareta, presi­
dida por doña Justita. Desde aquí será
un observador a toda costa. Tanto de las
costas de sus viajes como de las que le
ofrecen quietudes absolutas. Comienza a
manifestarse, y a reclamar su voz, el
hombre adentrado en sí mismo, el civi­
lista.
Desde luego, el libro (la vida) pierde
ímpetus, incertidumbre, juventud. Pero
adquiere otras cosas y, singularmente, la
fijación de un destino nunca reintegrado
que el autor revela en la forma más hu­
mana de su protagonista: a través de un
paso arraigado y ansioso. — Pedro Larralde.
E l m e s t iz o , por Lidia Besouchet. Edito­
rial Emecé, Colección El Navio, Buenos
Aires, 1946. 298 páginas. Precio: $ 6.
Esta novela de Lidia Besouchet, que
empieza en tierra y termina en polvo,
va dándonos paso a paso la frecuencia
dramática, honda y fugaz, de la vida.
Con este libro nos sucede algo frecuente
en realidad: hay en él, como en nos­
otros, personas que vemos una vez y no
volvemos a encontrarlas; las desapareci­
das, las que nos traen un miedo incierto
la noche que soñamos con ellas. El pro­
tagonista principal de "E l Mestizo” , im­
plica en si una verdad dudosa, latente:
¿se supera o se aniquila, postergando su
destino, rehuyéndolo por el mismo camino
en que se perdió!

TRES

Estos son, acaso, los vínculos más du­
rables con que uno queda ligado a la
novela de Lidia Besouchet, más allá de
un plano estrictamente novelístico, cuya
dimensión está presente en la contención
narrativa, en su palabra sobria y en el
persistente doble fondo de lo que ella
quiere decir. Hay una cierta ley, una‘
cierta penumbra en la actitud y en las
pasiones de esos seres que representan
la tierra lisa, o la ciudad, o la nostalgia
intermedia entre ambas y que viven un
poco de la sanción del aire que respiran.
Por eso conmueven los Ojos con que se
ve la minúscula procesión de El Divino
tanto como la cama ahuecada, pugnante,
del profesor Máximo Paulovich. El libro
de Lidia Besouchet importa una verdad
llana pero con profundas raíces desde
abajo, y un angustioso anhelo de liber­
tad. Ahí está el dramático nudo funda­
mental. Lo demás es su diversificaeión:
rostros, esperanzas, muerte y horas, ex­
presos en un lenguaje claro, sin asombro,
con fatalidad. Como en los buenos tiem­
pos de la novela. — Pedro Larralde.
EDICIONES CODEX.
La aparición de las ediciones Codex
vino a llenar un gran vacío en el movi­
miento editorial argentino. Hace un año
la literatura infantil no alcanzaba el
desarrollo de los otros géneros literarios.
No solamente la presentación gráfica era
descuidada, sino que la misma selección
de textos no era de las mejores. Final­
mente, Codex vino a llenar esta laguna
a que arriba hacemos referencia. Ini­
ciando sus publicaciones con Peter Pan,
Heide, etc., profusamente ilustrados, y
con dispositivos móviles, la colección Mo­
vimiento (editada en portugués y espa­
ñol), que ya consta de varios tomos, ha
conquistado rápidamente al público la­
tinoamericano. Otra colección de interés
es la de cuentos populares del mundo en­
tero, sobresaliendo las referentes a países
americanos. Hay, además de las coleccio­
nes citadas, varias otras que se destacan
por su presentación. Esta nota, que no
pretende ser completa, trata tan sólo de
dar al público una idea de la labor que
Codex está realizando en Buenos Aires,
y que viene a colocar al libro infantil
a la altura de los que se publican en los
países más avanzados en el género. —
N. F.

Los libros que más se leen
actualmente en el Japón
El mariscal de campo MacArthur: bio­
grafía de 64 páginas, por I ppo Y ama SAKI.

(V ie n e de pagina

10.)

COMENTADOS EN LOS ESTADOS UNIDOS
Por N. Everett
amplias de los editores norteamericanos
los años de la guerra y a
fueron jalonadas por la formación, en
fin de desarrollar una más estrecha
enero del año pasado, de la Asociación
comprensión entre los pueblos de las na­
del Libro Internacional de los Estados
ciones aliadas, el intercambio de libros
Unidos. Fundada por un grupo de edi­
recibió un fuerte impulso de parte del
tores comerciales, dicha entidad tiene al­
gobierno estadounidense. Debido a que
rededor de 50 miembros y agencias en
muchos editores europeos se hallaban se­
París, Estocolmo y México. Todavía con­
parados de sus negocios u operaban sobre
tinúa algún intercambio de libros bajo
bases muy restringidas, gran parte de
los auspicios del gobierno,-especialmente
este intercambio tenía que concentrarse en
en materia científica, y el interés mun­
el continente americano. Al principio,
dial en los libros estadounidenses está
mediante la Oficina de Asuntos Intersiendo estimulado por el Departamento
americanos, y luego, a través del Depar­
de Estado por medio de las bibliotecas
tamento de Estado, el gobierno actuó
que se han establecido en todo el globo.
como un agente catalítico viendo qué li­
Entre los innumerables frutos de este
bros de autores de las otras repúblicas
americanas habían sido publicados en in­ intercambio de libros figuran dos obras
editadas por Maemillan: The Rest is
glés en los Estados Unidos, y qué autores
Silence, del novelista brasileño Erico
norteamericanos habían sido traducidos
Verissimo, y Secret Country, poemas
en otras partes del continente.
del ecuatoriano Jorge Carrera Andrade.
Esa acción catal'tica todavía se está
La obra Crossroads, de Verissimo, que
cumpliendo. El público lector de los Es­
fué publicada con ayuda de la Oficina
tados Unidos, que siempre fué muy re­
de Asuntos Interamericanos, encontró tan
ceptivo para los autores europeos, añadió
buena acogida, que Maemillan se dirigió
a su lista de favoritos muchos autores
a su autor pidiéndole otra novela.
del sur del Nuevo Mundo. Los editores,
William du Bois, escribiendo en el
que se habían lanzado a este plan de
"New York Times” , había dicho de este
inspiración gubernamental como una con­
primer libro: "Sin un solo clima falso,
tribución al esfuerzo bélico, hallaron que
sin ir más allá de un sencillo estilo na­
esos títulos se vendían bien y se han di­
rrativo, Verissimo puede atraer desde el
rigido a sus autores en demanda de nue­
principio el interés de uno, aumentándolo
vos libros.
a medida que maneja sus ricos personajes
Estas perspectivas internacionales más
dramáticos.”
Este juicio podría aplicarse igualmente
a The Rest is Silence. Otra vez Verissimo emplea lo que se há llamado la téc­
nica de "Grand Hotel” , es decir la do
Higiene mental del niño
reflejar la impresión que un aconteci­
miento determinado produce en un grupo
Acaba de aparecer en los Estados Uni­
de personas. En The Rest is Silence el
dos el libro N ? 22 del doctor A rnold
acontecimiento es el suicidio de una os­
Gesell titulado The child from five to
cura muchacha, y Verissimo refiere los
ten (Los niños entre cinco y diez años)
efectos de su salto a la calle desde una
donde expone las "biografías” de cin­
alta ventana sobre las vidas de los habi­
cuenta chicos de esas edades. Su libro
tantes de una ciudad provinciana. El am­
Infant and child in the culture o f to-day
biente es el brasileño, pero, excepto en
(E l bebé y el niño en la cultura de
algunos detalles, podría ser- el de cual­
nuestro tiempo) es el manual preferido
quier pequeña ciudad del mundo.
de los padres americanos pues les sirve
como guía física y mental del desarrollo
Quizá entre lo más brillantemente es­
de sus hijos.
crito del libro se halla la parte en que
el autor pinta las reacciones de diversos
En Buenos Aires acaba de exhibirse el
personajes ante un concierto sinfónico.
film documental de la cí nica de Yale,
Mientras escucha la Quinta Sinfonía de
dirigida por el doctor Gesell, L ife with
Beethoven, un novelista rememora lo que
baby, y se está traduciendo Infant and
era el Brasil cuando la música estaba
child in the culture o f to-day.

D

u ran te

siendo escrita. Sus pensamientos, dados
en fortpa condensada, evocan el desarrollo
de una amplia región del hemisferio occi­
dental :
"A l principio había colinas y llanuras
desiertas, la árida inmensidad en que los
indios vagaban, luchaban, trabajaban y
morían. Luego vinieron los primeros mi­
sioneros; más tarde, los bandeirant.es, y
mucho más tarde los azorenses. Bajo el
sol ardiente, la mezcla de razas continuó.
Ellos libraban guerras. Ellos fundaban
estancias y pueblos, erigían iglesias. Apa­
recieron los primeros mártires, los prime­
ros héroes, los primeros santos. . . El pen­
saba en los combates de los hombres
contra los elementos y las plagas. Y por
sobre todo esto, eternamente, siempre el
viento y la soledad, el horizonte y el
tiempo sin fin. A cada paso el peligro
de invasión, el clamor de la revolución y
de las guerras civiles. Y aun las mujeres
esperaban pacientemente, vigilando, mien­
tras el tiempo pasaba con el viento.. .
Las ciudades y los cementerios se multi­
plicaban. . . , las primeras vías férreas fue­
ron establecidas..., los primeros postes
del te lé g ra fo ...
” La g u e rra ... había finalmente sacu­
dido de tal modo al mundo que en aquel
lugar aparecieron refugiados polacos, ju ­
díos, alemanes, checoslovacos y austría­
cos, hombro contra hombro con los des­
cendientes de los héroes, capitanes, indios
salvajes, contrabandistas, arrieros, peones,
soldados.”
De los poemas de Secret Country, dice
el "Washington Post” : "...tie n e n la vi­
vacidad de una hoja fresca brillando en
el sol y en la sombra” .
Refiriéndose al poder de imaginación
de Carrera Andrade, el poeta norteame­
ricano, ya fallecido, John Peale Bishop
decía hace poco: "En los graneros del
Ecuador, el trigo euelga de los cabrios
como ocurre aquí; las chalas tienen el
mismo color amarillo pálido, el mismo
matiz. Pero ¿quién había pensado antes
en decirnos que el maíz cuelga de alas
de canario?”
En su edición norteamericana, el libro
presenta el original español de los poe­
mas en una página, y en la de enfrente
la traducción inglesa hecha por Muña
Lee. El poeta escribe de la "isla de so­
ledad y campanas” que es el domingo;
de la lluvia en la noche; de la soledad
de las ciudades; de la colina que "agaza­
pada en el campo estaba envuelta en un
poncho a cuadros” ; y en eu "Inventario
de mi única riqueza” , enumera "la vida
privada de la verde langosta”
y ese maíz innumerable de los astros
que los gallos del alba picotean
hasta el último grano.

Veinte años de tormenta: revista de
las actividades militares japonesas.
Los esfuerzos por la paz: los intentos
del príncipe Konoye para evitar el ata­
que de Pearl Harbour, basado sobre su
diario.
B ot uto K id en : novela de la vida noc­
turna y de prostitución en el Tokio de
preguerra.
Qué es Estados Unidos, por A ndré
jSlEGERIED.

El destino de China, por C hiang -K aiS hek .
$ El Estado y la Revolución, por L enin .
El Manifiesto Comunista.
Los datos fueron dados por la Asocia­
ción de Editores Japoneses.

PI ES AL

— Batallas sin cobardías.
— Teresa, ¿p or qué hablamos de eso?
Estás sobresaltada.
— ¡. Sobresaltada ? Saltada, aupada,
levantada, incorporada en mi ser. V i­
va, ardiente, pulcra, sin mancha, como
tú me quisiste. ¿Te da miedo mirarme,
o te da risa ? Sí, échale ahora tres pies
al galgo. ¡Qué lástima! ¡Ja, ja ! Aho­
ra lo mismo da que rías, que llores,
que brinques, que te desabroches la ca­
misa. Ahora que quedaste sin domin­
guillo, bribón. Eres viejo, te blanquea
hasta el vello de las piernas. ¿Creías
que sobraba con los arrumacos? Oye,
yo no sé lo que hay que hacer para
que levante vaharadas la sangre. Pue­
de que no se tenga que ser profesor,
liabra seguramente que ignorar algún
nombre de pájaro y de esta ignoran­
cia sacar un niño vivo, levantarlo des­
nudo con el dulce repulgo de su ombliguillo, con la retorcida inocencia de
su perpetuidad. ¿ Y tú qué has hecho?
Cuando me iluminabas con tu linterna
de profesor todas las cuestas que en­
contrábamos, jamás me nombraste el
que nos había de seguir.
— ¡ Teresa, no puedo oírte! ¡ Te re­
belas contra tu protector!
— ¡Y es ahora en la cama de la
muerte cuando hablo! Tengo la enfer­
medad de las solteronas, lo sé. La do­
lencia de las monjitas que se dejan
morir primero que nadie compruebe
su perfección. Camino de perfección
donde las abejas no quieren estar, ni
los alacranes, ni las ratas, ni siquiera
las moscas. ¡ Todo lo que por ti vi re­
sulta tan to n to .. . ! Y venga a pasear­
nos entre los amantes de pelo y de
pluma, agarraditos de la mano como
dos sandios. ¡A y , profesor tenías que
ser!
— Yo no puedo explicarte.
— No, eso no. Si hay que explicar,
no quiero nada. Ahora me muero ha­
blando por lo mucho que he callado.
Ahora me has de oír hasta que cierre

LIBROS SUDAMERICANOS

@ cabalgata

GALGO

el ojo. Escucha: no quiero marchar­
me de este mundo intacta. Me van a
rechazar allá arriba por lela. Es ri­
dículo que yo, casada con un hombre
que ha usado bigote hasta cuando no
estaba de moda, llegue allá como una
mendiga. Te he dicho de broma lo del
dominguillo. Bobo. ¡ Si no sé de lo que
se trata! ¡A n da! ¿De qué se trata, Se­
rafín? Dímelo suavemente, para que
no me desmaye de gusto. ¿Importará
que yo esté muerta? Soy una más de
las pobres Teresas que hubo p or el
mundo. Una Teresa ignorante. Todas
tuvieron hijos, apagaron luces, subie­
ron y bajaron escaleras, sonrieron a
sus amantes. Anda, tú eres mi aman­
te, Serafín Dorado. Dime. Está mi
selva vacía, se han ido las ardillas, los
monos y las azucenas, los grillos y los
patos. Teresa escucha. Antes, pobre
Serafín, no te escuchaba nunca. . .
¡ Anda, hombre!
El hombre sacudió sus lentes de oro.
Toda la timidez se le derramó en es­
puma aterrada sobre el pecho. ¡ Oh,
los desatinos a que puede llegar un
profesor cuando le hacen explicar un
sacrificio! Y por primera vez en su
vida, calló.
— ¡Práctica, Serafinito, práctica!
La cara se le puso terrosa y le livi­
decieron los lentes de oro. ¿Práctica?
— Práctica, Serafinito, práctica. ¡A y ,
hijo, cuántas palabras para nada!
Para contarlo, lo hubiera yo contado
mejor.
Y Teresa se volvió de cara a la pa­
red para morir:
— Claro, ahora échale tres p ie s ...
« • *

Las vecinas vinieron a amortajarla,
como es costumbre, y padecieron la so­
focación de un lugar insólito. A l olor
infable, se sumó el vuelo de un p i­
chón vengativo que levantándole del
pecho de Teresa castigó la calva del
profesor Dorado con una mancha ex­
crementicia.

IC a O N A RIO
ENCICLOPEDICO
*

SALVAT
C&amp;4Hftt&gt;£Í&amp; con sus doce tomos, espléndidamente eoeuader.»
oados, con planchetas de oro y lomo de piel, en los cuales están
contenidos todos los datos sobre actividades y conocimientos bu*
manos indispensables a la cultura integral del hombre moderno.

có*Kp¿eUiMHÍe ai día con

datos posteriores a la última Gran
Guerra, con biografías de los hombres de más figuración en loa
últimos años, descripciones de los más modernos descubrimientos
científicos, actualización de los conocimientos sobre todas las ra*
mas del saber, mapas y cartas marinas, etc

«J

2

o
z

^ cok un ugia tnueiie

desarmable, de Tin* madera lustrada, dise­
ñado para armonizar con cualquier ambiente hogareño o de oficinas
y el cual constituye un adorno de gran categoría y distinción.

Si Vd. desea recibir un folleto explicativo, envíenos el cupón ad­
junto,que gustosamente se lo remitiremos libre de todo gasto.

�____ C IN E _______

cabalgata©

EL DUELO DE LOS DOS HAMLET0
Por Eduard Helsey
como Marcel Schwob, que han ofrecido una bella traduc­
ción del "Hamlet” interpretan aquella réplica así: "Está
acalorado, le falta aliento.”

viernes 1* de enero de 1677, Marie Desmares, más
conocida con el nombre famoso de Champmeslé, ponía
en escena, con sus compañeros del Hotel Borgogne, la "F edra” de Racine. Dos días después, Mademoiselle Dupin, hija
del obeso trágico Montfleury — ridiculizado por Cyrano de
Bergerac— , representaba en el teatro de los "Comédiens du
R oí” — los de Moliére, muerto cuatro años antes— la "Fedra”
de Pradon.
Son conocidas las épicas peripecias de esa rivalidad, cuyo
lugar en la historia del teatro ocupa tanto espacio como la
guerra de las Dos Rosas en la historia de Inglaterra.
Ahora bien, este invierno se asistirá a un torneo que no
ha de tomar, sin duda, un carácter tan enojosamente heroico-

E

l

Sea como fuere, la confrontación de los dos Hamlet ha
de hacer correr mucha tinta y gastar mucha saliva.
Como otrora, cuando la compañía de Moliére y la del Ho­
tel de Borgogne se disputaban la supremacía, o cuando dos
fracciones enemigas de "sociétaires” se desafiaban de un
teatro a otro — los tradicionalistas, agrupados en torno a
Louise Contat, y los innovadores alrededor de Taima— , Madeleine Renaud y Jean-Louis Barrault aspiran a probar que
son los auténticos servidores de la verdadera fe, que llevaron
consigo el famoso "esprit de la maison” y que reanudan
fielmente la misión que, a su juicio, no podrían cumplir los

cómico, pero que no dejará de recordar, en cierto modo,
aquel ilustre precedente. En tanto que Pierre Blanchar in­
terpretará en el Théátre Franjáis el "Hamlet” , traducido
por Marcel Pagnol, en el teatro Marigny, Jean Louis Barrault interpretará el "Hamlet”, traducido por André Gide.
Parece que Gide se ha preocupado, sobre todo, de dar, en
toda su intensidad, la poesía del texto inglés, y en destacar
los más escondidos pliegues psicológicos de esa obra maestra,
grávida de infinitas resonancias. En cuanto a Marcel Pag­
nol, parecería haberse preocupado particularmente en ex­
presar con vigor toda la energía dramática del Hamlet

de la "rué Richelieu” .
Como de costumbre, la compañía Renaud-Barrault dará
espectáculos alternados. Ademas de "Hamlet” , que empezará
a representarse en octubre, han incluido en su repertorio "Les
Fausses eonfidenees” de Marivaux. También presentarán
una obra inédita de Salacrou y la adaptación de una obra de
Kafka, sin contar algunas escenas de mimo en las que so­
bresale Barrault.
Cuentan en su compañía con André Brunot, todavía ayer
decano de la "Casa de Moliére” y otros artistas de primer
orden, como Pierre Renoir, el joven actor Jean Deseailly y
Marthe Regnier, actriz que durante años fué una estrella
de primera magnitud. En una palabra es una especie de
Comédie-frangaise disidente, la que tratan de erigir, frente

shakespeariano.
En su juventud, el autor de "Topaze” fué profesor de
inglés, y asegura haber encontrado, en los mejores traducto­
res, un determinado número de contrasentidos que él ha
tratado de corregir. Por ejem plo: en la escena II del quin­
to acto, cuando la Reina quiere detener el duelo entre Ham­
let y Laertes, g rita : "H e’s fat and scant of breath”, se
ha entendido generalmente que decía: "Está gordo y carece
de aliento”.
"Nada de eso — dice Pagnol— . "F at” es aquí un término
deportivo que quiere decir "falto de entrenamiento” , como
se dice de un caballo de carreras que está "todavía gordo.”
Cabe señalar, por otra parte, que tanto Eugéne Morand

a la otra, los que la abandonaron.
No nos lamentemos demasiado por esas divergencias. Para
empezar, les deberemos dos "Hamlets” de alta calidad. Por
lo demás, la lucha es la vida. Y en arte, sobre todo, nada
más fecundo que una ardiente emulación. Esta rivalidad
prueba, al menos, que la Francia convaleciente no está en
trance de adormecerse. A pesar de dificultades que podrían
parecer deprimentes, Francia sigue siendo capaz de infla­
Jean-Louis Barrault en una de sus caracterizaciones de "Les enfants du paradis!

FESTIVAL DE CANNES

CORREO CINEMATOGRAFICO
(Exclusivo para Cabalgata, de A. F. P.)

(Exclusivo para Cabalgata, de A. F. P.)
noticias parciales que se tienen acerca_ del
desarrollo del Festival Internacional de Cine
realizado en Cannes, ofrecen un aspecto hala­
güeño para el cine francés. En efecto, Francia
■.se ha adjudicado un Gran Premio Internacional
correspondiente a la mejor película; el "Gran
Premio Internacional” destinado a recompensar
la labor del mejor director; el "Gran Premio
Internacional de la interpretación femenina” ; y
el Premio de la Sociedad de Autores, Composito­
res y Editores de Música. Además, en la cate­
goría de los films que reúnen mayores calidades
cinematográficas, el film francés "Farrebiqut
obtuvo el Gran Premio Internacional Artístico
correspondiente a las obras presentadas al mar­

L

as

gen del Festival.
L a bataille du rail , el film francés que obtuvo

el Gran Premio Internacional para la mejor rea­
lización, y valió a. su realizador, René Clément,
la distinción máxima destinada al mejor director,
comenzó por ser un corto documental destinado
a narrar la lucha de los ferroviarios franceses
contra los alemanes durante la ocupación, pero
la riqueza de posibilidades que ofrecía el tema
hizo que su director lo convirtiera en una obra
de mayor jerarquía. El estilo de este film se
caracteriza por su fidelidad a lo real y recuerda
una tendencia representada principalmente por el
cine sueco y ruso. René Clément ha resuelto de
manera original problemas dificilísimos de orden
técnico y estético-cinematográfico. Entre muchos
ejemplos, puede citarse el que respecta al fusila­
miento de rehenes por los ocupantes. La emoción
de semejante escena corre el peligro de frustrarse
tanto por el escamoteo como por una represen­
tación directa demasiado brutal. René Clément
colocó a los condenados de cara a la pared y los
hizo fusilar uno tras otro. Durante la opera­
ción, el espectador no ve sino el rehén que ha de
morir en último lugar y que, dominando su emo­
ción, oye las descargas que ponen fin a la vida
de sus compañeros. Mientras, las sirenas de las
locomotoras componen un canto fúnebre de sal­
vaje grandeza.
Otro dé los méritos de L a bataille du bail,
estriba en que casi todos sus intérpretes no son
profesionales, sino auténticos ferroviarios.
"Las cuatro estaciones” , la pelícu­
la que obtuvo el premio correspondiente al me­
jo r film presentado al margen del Festival, ha
revelado a un original director: Georges Rou•quier, un linotipista poseído por la pasión del
F arrebique ,

o

cine que un buen día abandonó el linotipo y se
lanzó a la gran aventura. Recorrió durante va­
rios meses su Languedoc natal trabajando en su
"idea” . El resultado fué "]Ee tonnelier”, un corto
documental que conquistó el primer premio de
documentales y reveló a su autor.

Pero Rouquier no se dió por satisfecho. Pen­
saba en otra cosa de más categoría. En un film
a su manera, bello, humano. El mismo cuenta
que mientras filmaba "Le tonnelier”, un compa­
ñero, Lallier le habló de las cuatro estaciones.
"Era un proyecto de Claude Blanchard, el gran
periodista desaparecido trágicamente en 1945.
La idea me entusiasmó, tanto más cuanto que
desde hacía tiempo pensaba yo en la granja de
Farrebique. Tenía ganas de utilizar en un film
elementos llamados "científicos” pero dándoles un
carácter dramático o espectacular. De diciembre
de 1941 a noviembre de 1944 trabajé en esta
obra. Modifiqué el primitivo proyecto, es decir,
adapté las cuatro estaciones a Farrebique. Ne­
cesitaba una historia que pudiera desarrollarse
durante esas cuatro estaciones, utilizando éstas
como subsecuencias que dividiesen cada parte del
film y sirvieran de calendario. Al comienzo, esas
secuencias, de las estaciones serían sólo de imá­
genes y música.
"Faltaba el elemento humano. Y o quería que
la historia se explicara por sí misma, sin nece­
sidad de una voz que aclarara las situaciones.
Se requerían diálogos. ¿Hablarían mis campe­
sinos de manera natural? Estaba seguro. Así,
pues, me puse a escribir los diálogos de acuerdo
con el temperamento de cada uno de mis persona­
jes y en función del lugar que ocupaba en la fam i­
lia. Las historia no es inventada. Es la verda­
dera historia de esta familia. Apenas si la mo­
difiqué.”
Y nació "Farrebique” o "Las cuatro estaciones” ,
un gran film en que la naturaleza y el hombre
se confunden; un poema cuyos elementos son :
el vuelo de una mariposa, las nubes, el crecimien­
to de las plantas, y los hechos cotidianos de una
familia de campesinos durante un ciclo solar.
M ichele Morgan, de retorno en Francia,
mostró en "Sinfonía Pastoral” que la carrera
que había iniciado a los 17 años con "Gribouille ’
y proseguido a través de "La Tempestad” y "El
muelle de las Brumas” no había terminado en
"Joan o f París” (Juana de París) o en "Two
tikets for London” (Dos boletos para Londres),
filmada en Norteamérica. Por lo menos así lo
ha creído el Jurado del Festival de Cannes al
adjudicarle-el "Gran Premio Internacional de
interpretación femenina” .
Georges Auric, el compositor francés conocido
ya en los medios musicales-por su obra sinfónica,
ha sido distinguido con el "Premio de la Sociedad
de Autores, Compositores y Editores de Música” ,
otorgado por el Jurado del Festival de Cannes
a las mejores composiciones musicales cinemato­
gráficas. Georges Auric escribió las partituras
de "La Sinfonía Pastoral”, y de "La Bella y la
Bestia”, dos producciones francesas que partici­
paron en el certamen.

marse por las ideas.

HOLLYWOOD
éxito internacional del cine inglés inquieta
cada vez más a los productores norteameri­
canos. Para protegerse de un peligro inmediato,
han contratado a Compton Bennet, el director de
"El Séptimo Velo”, quien rodará "Ashenden”,
conforme a la novela de Somerset M aughan. . .
por cuenta de una sociedad americana.
— De todos los actores que trabajaron en el
primer film sonoro "Don Juan” , los hombres han
muerto en su totalidad (John Barrymore, W ar­
ner Oían, Montagu Love), mientras que las mu­
jeres siguen luciendo su encanto (M ary Astor,
Myrna Loy, Estelle Taylor, Ehlen Costello y
Edda Hlopper).
— ¿Recuerdan a John Gilbert? Como su voz
no convenía al micrófono, la sociedad que le te­
nía contratado tuvo que pagarle 250.000 dólares
por no rodar un film previsto en su contrato.
— En el film que ha comenzado a rodar Mar­
lene Dietrich en cuanto ha pisado el suelo californiano representa una zíngara. El film se ti­
tulará "Orejas de Oro” (¿Cmo se titulará en cas­

E

l

tellano?).
— "Ciudad Mágica” (aun sin título en caste­
llano) mostrará cómo Jimmy Stewart eae loca­
mente enamorado de Loreta Young.
— Charles Trowbridge será el padre de Katherin Hepburn en "Mar de Verdura” .
— El invierno pasado vimos "Una mujer de
Montecristo” que ponía los pelos de punta. Pero
ahora se nos anuncia "E l regreso de Montecristo” .
¿Para cuándo, siguiendo la fácil costumbre de
los argumentistas, "La nueva partida de Montecristo”, "E l hijo de Montecristo”, "E l nieto y el
biznieto de Montecristo” ? . . ¡Sería lamentable
que se detuvieran así a medio camino . . . Pero
Louis Hayward que ya ha tenido bastante con
encarnar el Conde, ha jurado dejar el cine en
cuanto haya concluido el "Regreso” . V a a abrir
un restaurante ultraelegante, el "Chanteclair” en
la- parte más snob de Sunset Boulevard en Los
Angeles.
— Miss Margareth Truman, que no piensa más
en hacer una carrera en la Opera, seguirá un cur­
so de "glamourización”.
— En su próximo film, Linda W ill lucirá 42
diferentes vestidos y trajes con un costo total de
90.000 dólares.
— Por primera vez después de la guerra, Melvyn Douglas aparecerá en un film titulado "Mi
corazón está vacío” . Rosalind Russell será la en­
cargada de hacerle sentir el amor . . . Seguida­
mente, para descansar, Rosalind Russell encar­
nará "La Hermana Kenny” , la australiana que
curaba la parálisis infantil.
— El modelista francés, Jean Louis acaba de
volver de París donde fuera en busca de inspira­
ción. Pero ha vuelto decepcionado . . . Parece
ser que la moda parisiense, sobre todo, en cuanto

a sombreros, es deplorable. Sin embargo, ha sido
necesario traer directamente de la Place Vendó­
me los dos mínimos "bibis” que lucirá Rita Havworth en su próximo film "Regreso a la tierra”.
— A dolf M enjou, apenas terminó "E l Amor na­
ce” donde trabajó junto a Fred Astaire y Rita
Hayworth, ha iniciado "M. el Acusador Público” ;
el "procurador” es A dolf . . .
— Irenne Dunne seguirá filmando con Charles
Bover. Ya no le permiten más que representar
papeles maternos. Por lo menos, en sus tres úl­
timos film s: "Me acuerdo de mamá” , "Anna y
el Rey de Siam” y "V ivir con papá” . . . Y a pro­
pósito de esta última película hay que señalar
su enorme costo en electricidad, pues 274 enormes
lámparas de arco consumieron más de cinco mi­
llones de vatios . . .
— El mayor éxito de librería de los últimos
tiempos, "E l Huevo y yo” va a ser llevado a la
pantalla. Claudette Colbert y Fred MacMurray,
a los que no se veía desde hace mucho tiempo,
encarnarán los personajes principales.

F R A N C I A

Pronto empezarán a filmarse los interiores de
"L ’Ogresse” , adaptación de una novela de A n d r e
Rivollet, que bajo la dirección de Yvan Xoe tiene
como principales intérpretes a Line Noro, Blanchette Brunov y J. L. Delbo.
Con "II suffit d’une fois” se tendrá oportu­
nidad de ver juntos a Fernand Gravey, Edwige
Feuillére y H. Guisol.
"La nuit du diable” obra teatral de J. R°bin’
se convertirá en un film que llevará el niism
nombre y cuya principal intérprete será sin du a,
Giséle Pascal.
Será una mujer, Denise Tual, quien dirigirá
filmación de "Le Yoleur d Enfants (Ladrón
niños), adaptación de la obra del mismo t.tm
de Jules Supervielle.
A lfred Adam y Lucienne Laurence jseran, los
intérpretes de "La F oire aux Femmes .
1
Dupe desempeñará las funciones de
irec
adaptador y dialoguista.
Pierre Laroche es el adaptador cinematográ^
co de la célebre novela de Stendhal.
et le Noir” .
1 conocido crítico Georges Charesso se
e ofrecer cada año una especie de P
a producción realizada. El primer 1 r
, „ í h , aparecido con el lítalo - B e » — cinéma frangais” .
.
a aparecido también una "Anthologi
,a”, textos reunidos y presentados po

,

c¡.

�CINE TEATRO

©cabalgata

M APA DE PANTALLAS

M arcelle G éniat y G aby M orlay en "E l
velo azul” , film francés que D IF A pre­
sentó en el cin e L ibertador.

Rosita Díaz y Raúl C ou b o, en una esce­
na de la película m exicana "E l últim o
am or de G oya” .

r .

A nn Thom as y Charles Cantor en un
pasaje de "Carnaval de Estrellas” , film
de la Param ount.

D elm on t y T ino Rossi en "L a isla del
am or” , que presenta la D istribuidora
Franco Argentina de Films.

ESTRENOS
Por Manuel Villegas López
EL

VELO

AZUL

CELOS

TRAGICOS

(L e voile b le u )

( J ea lou sy)

Film francés de Jean Stilli, según Frangoise Campaux, interpretado por Gaby
Morlay, Larquey, Aimé Clariontl, Elvire
Popcsco, Marcelle Genial, Alerme, Charpin, Renée Devillers, Devise Grey, Georgc
Grey, Marcel Valtée. Fecha: 194S.

Film norteamericano, de Gustan Macha
ty, interpretado por John Loder, Nils Asther, Karen Morley, Jane Sandolph.

Un niño es el más fácil y seguro resor­
te para ¡mover el sentimentalismo del
gran público francés. Pero los actores in­
fantiles franceses — en general los la­
tinos— son redichos y trascendentales;
carecen de esa sencillez y naturalidad de
los magníficos niños de la pantalla yan­
qui o rusa. Por ahí fallan siempre las pe­
lículas francesas de este género; ése es el
talento de un Jaque, único que sabe mane­
jarlos. En este film se los ha hundido en
el melodrama: la serie de desgracias sin
fin de un aya, con su simbólico velo azul.
Melodrama, en el cine francés, quiere
decir cine viejo, porque la escuela de
Abel Gance ha muerto hace casi veinte
años, desde la aparición de René Clair.
Así, esta película es arcaísmo por los
cuatro costados. Gaby Morlay y su in­
terpretación, también. Sigue perfecta­
mente la transformaciói J.
'e r ­
en una vieia, con sn«
Vr
radrizaciones y gesto*; pero esto es.pequeño
naturalismo anticuado, sin la menor im­
portancia. Lo que vale en el actor es la
altura poética, la hondura psicológica,
las perspectivas y sugestiones que abre
ante el espectador, más allá de la simple
apariencia del personaje. No el actor
transformista, sino el actor poeta; no el
imitador, sino el creador. Y esto no está
en Gaby Morlay. — M. V. L.

¿A

Machaty, el famoso director checo de
Erotikon, Entre sábado y domingo y E x ­
tasis, aparece en Norteamérica dirigiendo
este modesto film de complemento; se ve
hecho en diez días, según los métodos de
las empresas dedicadas a películas B, con
los proyecting trepidados y primeros pla­
nos hechos en truco, por falta de tiempo
para hacer una toma más en el estudio.
Y esta carencia de instrumento vence al
realizador: destellos aquí y allí, grandes
planos de sus buenos tiempos, lentitud. . .
Pero nada más. Ahí están Nils Asther, el
famoso galán sueco del mudo, y Karen
Morley, la actriz de Nuestro pan cotidia­
no, Scarface, etc., que hace en este film
una excelente interpretación. No hay que
olvidarse de las grandes figuras del cine:
Machaty puede y debe volver a ese primer
puesto de donde injustamente ha salido.
La guerra ha producido muchas víctimas
en todos los órdenes. — M. V. L.

Argentina.
Argentina Sono Filtn contrató a Luis
Sandrini hasta fines de 1948 ¡ en exclu­
sividad, salvo sus compromisos en Méjico.
E F A al director Ernesto Arancibia.
A. A. A . renueva el contrato al argu­
mentista Ulises Petit de Murat, que le
ha dado sus mejores éxitos.
Estudios San Miguel amplía: cuatro
platos, en vez de dos.
Catrano M. Catrani dirige Días de sol,
con Luis Arata.
Manuel Romero termina Adiós, Pampa
mía, con el cantor de tangos Alberto Cas­
tillo.
Combinación argentino-mejicana: Hugo
del Carril filmará tres películas en A r­
gentina, con actores mejicanos y nacio­
nales. Dirigirá Antonio Momplet, que
vuelve de M éjico. Ambos están intere­
sados en la producción.
H ollyw ood.
Según el Instituto Gallup de opinión
pública las estrellas más populares son
lngrid Bergman, Bette Davis, Judy Garland, Grecr Garson, Betty Grable, Gary
Cooper, Bing Crosby, Clark Gable, Van
Johnson, Spencer Tracy.
Walt Disney no hará más películas cor­
tas de dibujos; no son negocio. Sigue con
las de largo metraje.
El mismo Disney ha- contratado a Gracie Fields, C liff Edwards, el cow boy Roy
Rogers y su caballo Trigger.
Curtis (K a rt) Bernhart dirigirá Po­
seída, con Joan Crawford; nueva versión.
Casablanca, obra teatral, fracasó. Como
película fué un gran éxito. Y ahora vuel­
ve triunfante al teatro.
La casa del maltes, de Pierre Chenal,
presentada en Norteamérica como Siroco,
ha sido prohibida: una pareja vive ju n ­
ta sin estar casada.
El código Hays, de moral cinematográ­
fica, comienza a perder vigencia: se auto­
riza a presentar en la pantalla el trá­
fico de estupefacientes, hasta ahora pro­
hibido. Protestan las asociaciones cató­
licas.
París.
Julien Duvivier vuelve a Hollywood.
Marc Allegret va a Londres: un film
con James Masón.
Maurice Cam, realizará El viaje prohi­
bido, en Francia, Alemania y Polonia.
Leonide Moguy abandona Colegio de
señoritas. Proyecta Los niños mimados,
quizás con Michele Morgan.
Ravmond Bernard hará Manón Lescaut,
con Danielle Darrieux y Jean Desailly.
M oscú.
León Arnchtam dirige Glinka, biogra­
fía del músico.
Frederic Ermler: La vuelta decisiva,
sobre la victoria de Stalingrado.
Eisenstein, enfermo.

B etty G rable y Reginald G ardiner en
una escena de la comedia musical "Las
Dolly Sisters” , de la 20th Fox.

Escena de "Prisión sin rejas” , produc­
ción británica de Alexander Korda,
que distribuye la Guaranteed Pictures.

del puerto” , film francés distribuido
por Interamericana.

y Cari F.smond en "Nadie como tú” ,
de la Universal.

ARGENTINO
Por Estela Canto

LAURACHA
El film homónimo estrenado reciente­
mente, nos volvió a enfrentar con la fig u ­
ra de aquella mujer "maligna y maravi­
llosa” de la novela de Otto M. Cione.
Es lástima que, desde comienzos de siglo,
haya existido una literatura destinada ca­
si exclusivamente a narrar tremebundas

Londres.
Charles Frend dirige Eos amores de
Juana Godden, con Googie Withers, Jean
Kent, Derek Bond.
Orson Welles, tras su pelea con la crí­
tica yanqui, irá a Londres, para filmar
La vuelta al mundo en ochenta días.
Hebert W ilcox hace Piccadilly In ci­
dente con Anna Neagle.
B. Know les: The man within, con Michael Redgrave, Jean Kent.
Roma.
Marcel Carné filmaría, en Italia, Cán­
dido, de Voltaire. Protesta del Vaticano
por el asunto: no se hará.

DONDE VAMOS AHORA?
(W h e r e d o ice g o from lie r e ? )

Film norteamericano, de Gregory R atoff,
argumento de Ira Gershwin y Kurt Veill,
interpretado por Fred MacMurray, Joan
Leslie, June Haver, Fecha: 1945.

EL GRAN AMOR DE
GUSTAVO ADOLFO BECQUER

Película de fantasía, con poca fantasía:
las viejas comedias de magia del siglo
pasado hechas cine y bello tecnicolor. De
los tres sketchs que la forman, el primero
pudo ser gracioso en su anacronismo — el
mismo de La Piara de Bcrkeleih de
Llovd— si no fuera insistente hasta el
agotamiento; el segundo, Cristóbal Colón
en ópera caricaturesca, es el mejor, gra­
cioso y absurdo; el tercero banal. Queda
algo: el que lo mágico, lo fantástico, no
tenga ya una justificación realista, como
el socorrido sueño. Me casé con una bru­
ja, de René Clair, ha traído esto al cine
norteamericano; más allá, en los albores,
está Mack Sennet. — M. V. L.

TEATRO
EL
EL

M erle O beron y Alan Marshal en "Lydia” , film de la Guaranteed Pictures que veremos próximamente en el Luxor.

EL D E L A T O R
MEDICO A PALOS
DI A

MAGNIFICO

Con tres obras totalmente distintas, con­
tando tal vez demasiado con la ductili­
dad del público, Néstor Ibarra nos da
un espectáculo interesante, que peca qui­
zás por su deseo de querer abarcar dema­
siado. Entre la angustia y el suspenso de
El delator, en casa de una familia de la
Alemania hitlerista, entre las burlas de
El médico a palos — que sirve para de­
mostrar que el teatro clásico, para que
no resulte burdo y aburrido, sólo puede
representarse en forma totalmente sofisti­
cada, casi como un ballet— , y entre la ex­
traña, abrumadora y angustiante suges­
tión de El día magnifico median abismos
que no siempre lograron salvar eficazmen­
te el público y los actores. Quartucci nos
dió un médico muy "calle Corrientes” y,
equivocando el juego del teatro clásico
que debe desentenderse de todo contacto
inmediato y demasiado directo con el pú­
blico, buscó repetidas veces este contac­
to. El día magnífico, presentado inmedia­
tamente y muy bien interpretado, sufrió
con el contacto. Es una obra en tono me­
nor, sin efectos de melodrama, sencilla
en su forma, misteriosa y angustiante de
contenido, como la simple carta anticipa­
da de agradecimiento que el viejo men­
digo escribe a eu camarada, que lo ha
hospedado por un día. — E. C.

historias de seres dominantes, dueños de
castillos o de casas semiabandonadas, des­
póticos y crueles, fascinantes y misterio­
sos. Lauracha Mornings pertenece a este
tipo de personajes. Como nació en la
Argentina — o más exactamente en el
1 ruguav, de acuerdo con* la novela— no
es dueña de un castiLo sino de una es­
tancia. Pero, para que no nos llamemos
a error respecto a su origen tenemos en el
comedor de la estancia una lady antepa­
sada que nos recuerda la sangre de la
protagonista; su apellido es “ Mornings”
y se hacen alusiones a su sangre nórdica.
Para que todo sea completo, hay un ba­
rranco de donde se despeñan los hombres
que la han amado y que, por rila, han
ido a recoger una extraña flor. Es de
lamentar que este barranco no quede en
las costas escocesas.
Con este tema de lá "m ujer maligna
y maravillosa” se ha logrado un film
interesante, donde las magníficas fo to ­
grafías y los intérpretes luchan deno­
dadamente contra el endeble argumento.
Amelia Bence — con peinados que no la
favorecen— pone su gran sugestión y su
calidad de actriz al servicio de Lauracha,
y logra, pese al mal gusto de los diá lo­
gos, darnos la sensación de un curioso y
subyugante carácter femenino. Es lás­
tima que, por exigen -as arguméntalos, la
arrogante Lauracha
•'vurrir ni sui­
cidio frustrado y al anuncio d*-i
ñor
nacer para conquistar al insignificante
Carlos I.osada, defendido por Gnrcía
Bulir. Es indudable que el melodrama
— recientemente hemos tenido algunos bue­
nos films extranjeros de este tipo— vuel­
ve a imponerse. No objetam os al género;
por el contrario: un buen melodrama es
muy difícil de lograr y es de lamentar
que el final feliz — que, según creemos
recordar, no existe en la novela— nos
robe parte del atractivo de esta película.

Una escena de "Juventud en marcha” , film tecnicolor soviético que presentará próximamente Artkino.

Algunos seres y algunos hechos forman
parte tan entrañable de su leyenda, que
es d ifícil dilucidar lo que pueda haber
en ellos de fantasía pura, y de lo que se
entiende, sin previo análisis, por realidad.
El público ha conocido simpre a Bécquer por sus “ Rimas” ; ha identificado la
vida del poeta con la historia amorosa
narrada sencillamente — casi como en un
diario— que se transparenta en esos ver­
sos. Llegaron a alcanzar infinita popu­
laridad, entre otras cosas, por esto: por
la historia narrada al público como a un
gran confidente. Esta historia amorosa,
se nos había escabullido hasta ahora al
urgar en los datos concretos del poeta.
La realidad no se unía a la leyenda o,
por lo menos, quedaba un vacío, un hue­
co sin llenar. El argumento escrito por
María Teresa León y R afael Alberti,
cumple por fin la función de darnos la
imagen verdadera de Bécquer.
La versión cinem atográfica de El gran
amor de B écquer, ha respetado, en líneas
generales, el tema. Algunas escenas, c o ­
mo aquella en la que Bécquer, habiendo
rechazado una invitación para un sarao,
imagina concurrir a él, mientras la lluvia
cae sobre su cabeza, nos trae en su to ­
talidad el espíritu de las fam osas “ R i­
mas” . El film tiene detalles de época,
de gracia, de ligereza, realzados constan­
temente por la figura de Delia Garcés,
que encarna, con exactitud casi in con ­
cebible, el tipo de m ujer evocado por las
“ Rimas” . T odo parece fan tasía e irrea­
lidad en este film , com o le parecen a la
protagonista los momentos pasados mien­
tras aguarda al fantasm a del ba lcón ; su
breve noviazgo con el poeta, con entrevis­
tas ba jo la lluvia en un cem enterio que
también parece fa ls o ; hasta su m atrim o­
nio impuesto, al que va llevada por c ir ­
cunstancias y m otivos que no entiende
bien. Lns imágenes finales, por p reci­
pitarse dem asiado, no siguen el ritm o de
la historia contada por las “ Rim as” .
Esteban Serrador, pone, a ratos, un
énfasis insospechado en Bécquer, y que,
como todo énfasis, no logra transm itir
emoción. En conjun to, un film personal.
N o hay aquí happy end ni desfigu ración
psíquica de los personajes históricos, ras­
go casi habitual en el cine am ericano.

�CINE

cabalgata®

rlan desa .

Estudia en las universi­

I dades de Londres y Grenoble y en
ellas se gradúa con honores. El azar
— esta vez sin duda— pone a su alcan­
ce, mientras espera dedicarse a la ense­
ñanza, un empleo de publicidad que la
pone en relación con las empresas tea­
trales. Despertar de la vocación. Un
papel de prueba. Exito de crítica.
En los más importantes teatros de
Londres, la universitaria que descubrió
su destino de actriz encarna las criatu­
ras de G. B. S. Poco tarda en formar
pareja con Lawrence Olivier.
Durante una representación de "Oíd
Music” , bajo la dirección . de Noel
Coward, la aborda con un contrato Luis
B. Mayer, y se la lleva a Holly.vo, 1
Y a llí.. . allí nada d
- meses. liada
hasta que cuando, menos io esperaba
le cor'.',
“ ( p. pel femenino de "Adiós
Mr. Chips’ .
Además de esto, sabemos que nació
un 29 de septiembre en el Condado de
Down. ¿ A ñ o ? Con esas cosas no se
juega, lector. Digamos que "está en la
plenitud de su vida”, y que, como es tan
inteligente, seguirá estándolo durante
muchos años. Así sea.
Ser irlandesa universal — y lo es todo
irlandés que desarme a los recelosos
críticos londinenses— sería ya bastante
para comprender su altura, para tener
una idea aproximada de su estatura de
actriz. Y de sus dotes: esa alianza de
la salud y el humor que configura la
personalidad de los hijos de la verde
Erin.
Pero si además es universitaria, si
ha depurado impulsos, aprendido a ma­
tizar, si se ha disciplinado en el estu­
dio clásico, y en él aprendió a dominar
sus recursos espirituales, a ponerlos en
juego sobriamente, ya tenemos un tipo
de actriz capaz de llevar al pasajero
lienzo de la pantalla, esa nota dramá­
tica, que aun en la más frívola de las
comedias consigue el gran actor de
teatro.
-En el Daily Telegraf del 20 de julio
de 1891, aparecía una carta de Oscar
W ilde que pueden, sin daño alguno,
aprender de memoria muchos actores.
En esa carta, penetrante y graciosa,
el maravilloso irlandés y genial conver­
sador, decía: "Es muy cierto que para
mí la escena es con relación a una obra,
exactamente lo mismo que el marco
para un cuadro, y que el valor repre­
sentable de una obra no tiene nada
absolutamente que ver con su valor
como obra de arte.
En este siglo, aquí, en Inglaterra,
para mostrar un ejemplo evidente, no
hemos tenido más que dos grandes
obras: una las Cency, de Shelley; otra
la Atalanta en Calidon, de Swimburne;
v ni la una ni la otra son obras repre­
sentables en ninguna acepción de esta
palabra.
A decir verdad, la sola afirmación
de que la representación escénica sirve
de criterio para valorar una obra de
arte es perfectamente ridicula.
No deben ser juzgadas, señor Direc­
tor, las Musas por los Mimos.
Lo que he dicho, en realidad, es que
el marco, llamado por nosotros escena,
"estaba atestado, bien de actores vivos
o bien de marionetas móviles”, e hice
notar en algunas palabras que la per­
sonalidad del actor es a menudo causa
primordial de peligros para la perfecta
representación de una obra de arte.

Puede deformar el original. Puede
apartarse del camino recto. Puede ser
una nota discordante en el tono o la
sinfonía; porque el primer recién lle­
gado puede representar. Muchas per­
sonas en Inglaterra no hacen más
que eso.
Ser convencional es ser actor.
Sin embargo, representar un papel

determinado, es una cosa muy comple­
ja y difícil.
El fin del actor es, o debiera ser,
transformar su personalidad accidental
en la personalidad real que está lla­
mado a representar, cualquiera que sea
su papel. Llegaría yo a decir quizás
que existen dos escuelas de actores: la
escuela de los que consiguen los efec­
tos por medio de la exageración de su
personalidad y la escuela de los que los
consiguen suprimiéndola.
Sería larguísimo discutir estas dos es­
cuelas o decir cuál de ellas prefiere el
dramaturgo. Indiquemos el peligro de
la personalidad y pasemos a mis poli­
chinelas.
Los polichinelas ofrecen numerosas
ventajas. No discuten nunca.
No tienen opiniones rudimentarias
sobre el arte.
No tienen vida privada.
No nos fastidian jamás con el relato
de sus virtudes; no nos persiguen con
la exposición de sus vicios, y en las
temporadas que median entre sus con­
tratas, no hacen jamás el bien en pú­
blico, no salvan a las gentes que están
a punto de ahogarse y dicen tan sólo
lo que les toca decir.
Se someten a la autoridad intelectual
del autor dramático y no se oye nunca
hablar de que hayan exigido que les
copien sus papeles.
Son admirablemente dóciles y no p o­
seen opinión alguna.”
Algunas dé estas palabras debieran
grabarse en Hollywood. Por ejemplo,
aquellas que afirman que "el valor re­
presentable de una obra no tiene nada
absolutamente que ver con su valor
como obra de arte” .
Si alguna vez nos da la tentación de
repetir que en cine no importa nada
más que el director, es por eso, porque
en cine no importa, salvo casos excep­
cionales, milagrosos en H., nada que no
sea el "valor representable”. Y el actor
o la actriz de cine que no comprenda
eso y que no sepa burlar tal ley, no

V: i

pasará nunca de ser una de las mario­
netas por las que W ilde sentía tan di­
vertida nostalgia.
Greer Garson, sabe, sin embargo, ser
marioneta, dejar que el tonto papel
que le imponen pase por ella sin que
se advierta. Comprende cuándo está
representando un ser inanimado por
muchas aventuras que le cuelguen, o

cuándo está representando a un ser
vivo, con vida privada, con opiniones
que no son las suyas — las de Greer
Garson— nunca, ni siquiera cuando más
se aproximan.
¿L a recordáis en "Rosa de Abolengo”?
¿Recordáis aquella primera escena del
sombrero olvidado? Su intensidad, su
eficacia representativa, su encarnación
de un personaje que sólo con esa escena
estaba ya definido para siempre, nos
dicen qué distante está de la marioneta
que en Hollywood se deja mecer por
los vaivenes del director.
Ella sabe que las Musas no deben ser
juzgadas por los Mimos. Mientras lo*
Mimos que escalan la torre de B i'.i
de Hollywood son en primer lugar |
mas que nada, no ya jueces, sino ver­
dugos, de las Musas.
A la hora de hablar de una actriz
inglesa ya da no sé qué decir que es
fina, que es elegante.
Inmediatamente recordamos un fa­
moso artículo de un humorista español
de cuyo nombre no queremos acordar­
nos. Aquel artículo que se titulaba "Su­
perioridad dramática del té respecto al
chocolate” . En él se decía, aparte de
muchas otras sabrosidades, que la ma­
yoría de las obras inglesas se salvan
ante nosotros porque el público las
considera muy elegantes.
"Cuando el primer actor aparece en
escena y propone una partida de bridge, todo el patio de butacas se con­
mueve.” Y agrega, "y pensar que si
en vez de ju gar al bridge los persona­
jes de la obra en cuestión jugasen al
tute,, y si en vez de tomar té tomasen
chocolate no habría éxito posible”.
Pero, ¡a y !, lo cierto es que el cho­
colate — o el mate— raramente se ven
en escena con actores de talento. Greer
Garson puede jugar al tute o tomar
chocolate, y la platea se'ha de conmo­
ver igual que si jugase al bridge y to­
mase té. La elegancia es en ella, so­
bre todo, cultura. Del mismo modo que
Greta puede ser espíritu, invención,
poesía, cuando logra sus cimas ma­
yores.
Si nuestro público después de «n
acto de té, otro de tennis y otro de
bridge, sale a la calle convencido de
que ha visto una obra espiritualísima,
al fin y a la postre no está haciendo
más que cum plir la ley de la compen­
sación, pues el inglés sale a la calle
creyendo que ha visto una obra de gran
resonancia trágica, en cuanto le den un
acto de toros, otro de tango male&gt;o y
uno final de navajazos. No cometere­
mos, pues, la impertinencia de descu­
brir ante nadie la elegancia, la finura,
el arte social de la gran actriz irlan­
desa que es, sobre todo, una gran dama
l ’ na gran dama en cualquier papel,
porque ella sabe que una gran dama
no es sólo la señora del Lord. En cual­
quier plano social que tenga que desen­
volverse, encuentra siempre el lujo en­
vidiable del buen gu sto: en los trajes,
en la voz, en el gesto, en la expresión.
Se ve. desde luego, que no tiene opi;
niones rudimentarias sobre el arte,
que no le molesta la cultura universi­
taria ni el respeto al autor dramático.
H ay una mínima, imprescindible pa e
de marioneta en toda actriz de verdadella respeta esa ley delicadamente. H*s^
ta cuando le impone un segundo e
bobería inútil o unos metros de vana
sentiinentalidad.
Fotos M. G. M.

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                <text>Klimovsky, León&#13;
Romains, Jules&#13;
Espina, Antonio&#13;
Luzuriaga, Lorenzo&#13;
González Carbalho&#13;
Bock, Werner&#13;
Figueroa, Julio C.&#13;
Chesterton, G. K.&#13;
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                    <text>AÑO I * N° 2 * QUINCENARIO POPULAR * ESPECTACULOS, LITERATURA, NOTICIAS, CIENCIAS, ARTES * BUENOS AIRES, 15 OCTUBRE 1946 * $ 0,40 -/„

EL XXXVI SALON NACIONAL
EN TORNO A LA "SUPUESTA”
DE ARTES PLASTICAS
GENERACION ESPAÑOLA DE 1936
Por y O SE H E R R E R A P E E E R E (Especial para
í, Guillermo de Torre, "tema nuevo
e incitante” este de las generacio­
S
nes; sondeo objetivo y naturalmente
erróneo o proclamación apasionada,
que se presta a mucho o poco, a es­
clarecimientos fértiles o a inferencias
caprichosas, pero que ahora tienen la
virtud, hispánicamente esperanzada, del
clavo ardiendo.
El tema me entusiasma, lo reconozco,
y tanto que, como al parecer vamos a
desfilar en la popular Cabalgata,
una serie de escritores españoles más
c menos jóvenes y más o menos viejos,
no he podido resistirme a arrancar, es­
pontáneamente, en ancas de tu mismo
caballo. ¡Arre!, pues, y perdóneseme
la impremeditación, la pasión y la
prisa.
Pues sí, querido amigo; con perdón
tuyo, afirmo que existe la generación
de 1936 —yo preferiría llamarle "de la
guerra”— y afirmo que existe y ade­
más que es la única actualmente viva,
como tal generación.
Desde ayer han pasado muchas cosas
en los destierros y aun dentro mismo
de España y ya "no son todos Juan
Ramones los que cantan — ni Villalones”. ¡ Oh, n o! Ni siquiera "Altolaguirres de plata que tocan al alba” ; ni
siquiera a "Emilio Prados de oro”. Des’-e aquellos dorados y "deshumaniza­
dos” días en que los hijos de familia
nos reuníamos y se reunían en los ca­
es —de la Bolsa, por ejemplo— a be&gt;er cocacola sin sospechar lo que se
ocultaba detrás de las burbujas, ha lioido mucho -—a veces sangre—, y la
Terra, como es natural, no ha tenido
más remedio que florecer o arder.
Ha sido difícil, el parto. Lo es to­
davía. Pero de ningún modo se trata
del parto de los montes. Quizá el cor­
dón umbilical exista aún, en ciertos
casos; pero en nosotros ha sido cortado
mucho más pronta y limpiamente que
en ocasiones anteriores. Mas no se tra­
ía ahora de cordones o no cordones,
no se trata de uniones ni de separa­

l

C

Por J O R G E R O M E R O B R E S T (Especial para

abalgata)

O me sorprende que el Salón Nacional de este año
ciones sino de registrar y bautizar la nueva vida que natu­
alcance tan bajo nivel, ya que tuve el infeliz acierto
ralmente no la trajo de París la cigüeña sino que, en mayor
de prever esta crisis hace cinco años y de destacar sus
grado que otras, es hija de España, del amor y del dolor,
causas probables: ausencia de direcciones plásticas, falacia
odios y miserias, sangre y humores cálida y orgullosamente
conceptual a propósito de las relaciones entre el contenido
humanos.
y la forma, ineficacia del sistema de recompensas en di­
En el concepto "generación”, suele haber, sin embargo,
nero, papel insignificante de la crítica, falta de sentido
una tara antipática de la cual, afortunadamente, puede
didáctico de la enseñanza, pobreza cultural del artista i 1).
librarse la nueva criatura —niña, ¡ay!, y pasó la mar— : es
toda idea de estrechez cronológica, ¿Pues qué son los años
Por otra parte y aunque no signifique disculpar de ma­
—números— frente a los acontecimientos "extraliterarios”,
nera total a los artistas, sobre todo a quienes se sujetan a
los vaivenes del interés ocasional, ¿no
vida? Por eso esta generación de la
es lógico que se hallen desconcertados
guerra, podría llamarse, para algunos
en los días actuales? ¿Dónde podrían
de sus miembros, regeneración. No re­
Co Ia b o r a n
encontrar la idea noble o el sentimiento
cuerdo si Wechssler y Baldensperger
amplio que les sirva de sostén para
tienen registrado el concepto. En todo
o n i&gt;s I c n ú tti r r o :
poner en juego la fantasía creadora?
caso me tiene sin cuidado. Lo impor­
G E O R G E BERN ARD S il\\N
Debemos conformarnos con ,1a cali­
tante es querer que dicha generación
J O R G E R O M ER O BREST
dad individual que manifiestan unos
exista. Voy a tratar de esclarecer su
JO S E H E R R E R A l’E T E R E
pocos, acaso con señalar a los jóvenes
verosimilitud.
un provisorio camino de redención. A
EZE O U IEI. MARTÍNEZ ESTRADA
Tú admites que en América, por
éstos, decirles que lanzarse afanosa­
ejemplo (y no sólo en América), "se
JIJAN RAMON JIM É N E Z
mente a la reconquista de las falsas
han afianzado y aun llegado a su ple­
A R T E R O SERRANO 1*1.AJA
posiciones del naturalismo ochocentista
nitud con obras considerables, muchos
CORDON A IT tJH R U R U
es tan pernicioso como tratar de per(Continúa página 2.)

N

G. K. C IIE S T ER T O N
ANA M. BERRA
E E l.ll’E ARCOS Kl IZ
ERANCIS B R A C EE
CECILIA IN GEN IERO S
DANIEL D EV O T O
GONZÁLEZ CARRACHO
MANI EL VILLEGAS LÓPEZ
u &gt; \ i*á&lt;;iin \ Itt- &lt;:its&lt; i \
por

JO S É O T E R O KSI’ASAMMN
UNA SK« CIÓN DF. AJEDREZ
a c arg o del profesor

i

F K A M ISCO BKNKO
UNA PÁGINA DE MODAS
|irt'|iiir a ilit p o r e l m o d i a l o

ERAlNCISCO J AUMANDREl)

William Kapell. joven y consagrado pia­
nista norteamericano, que en la tem­
porada del Colón ha sabido conquistar
el fervor del público y los elogios de
la crítica, obteniendo en cada concierto
un éxito resonante.

Cran&lt;lc&gt; rep ortaje* gráficos.
Muchas iltisl raciones.
F agin a He h u m o r.
Crítica He libro*.
Crítica y ñola* sobre cine.
M undo edito rial. A rquitectura.
C orresp o n d en cia de Francia.

Manuel Bandeira, prestigioso p o eta
brasileño, cuya llegada a Buenos Aires
se anuncia. Lo acompaña Helena Figner, y ambos vienen representando a
la Sociedad Brasileña de Música de
Cámara.

mundo no puede vivir con pa­

E labras. Confucio y Platón dije­

ron lo mejor que el hombre mortal
puede decir; y, probablemente, eso
había sido dicho ya siglos antes de
su época. De Jefferson a Franklin
Roosevelt, pasando por Longfellow,
Emerson y su grupo de Boston, sus
palábras tuvieron resonancia en Es­
tados Unidor, y nos convirtieron en
los salvajes ligeramente barnizados
que somos.
Je sú s predicó m uy elocuente­
mente que como con dos cosas ne­
gras no es posible formar una blan­
ca, lo mejor que podíamos hacer
era prescindir del castigo y la ven­
ganza ; pero nuestros códigos pena­
les son sin embargo tan bárbaros,
que sus instrumentos más piadosos
son la silla eléctrica y la guillotina.
Nuestras Biblias, Coranes, Vodas,
Talmudes y obras similares, están
atiborrados de las palabras más
juiciosas; pero al mismo tiempo im­
primimos las más crudas idolatrías
tribales; y con las idolatrías ac­
tuamos, y enseñamos a nuestros
hijos, utilizando el resto sólo para
aparentar que somos civilizados.
Lo que necesitamos no es sabi­
duría 'verbal, porque estamos har­
tos de la misma, sino conocimiento
del mundo en que vivimos. Los es­
tadistas y periodistas norteamerica­
nos que nos formulan llamamientos
para que nos unamos en la defensa
del Oeste contra los amenazantes
horrores del comunismo, aun hasta
el punto de arrojar una que otra
bomba atómica en Rusia, no saben
de qué están hablando, y nunca han
advertido el simple hecho, que tie-

IGNORANCIA, IGNORANCIA,
IGNORANCIA
Por G E O R G E

en

todas

BERNARD

partes!

SHAW

George Bernard Shatc, el genial dramaturgo inglés, con cuyo articulo especial en este número, inaugura
CABALGATA la publicación de colaboraciones de grandes escritores internacionales.

C abalgata)

manecer en los bastiones de una pre­
tendida espiritualidad universal, casi
siempre adulterada en su esencia por
huecas ideologías; que la única actitud
fecunda es la de mirar cara a cara
nuestra realidad, por compleja y caó­
tica que pueda parecer, con el ánimo
de desentrañar en ella los acordes
emotivos del ser nacional, y que todo
lo demás es torpeza mental, holgaza­
nería de la mano o pedantería estetieista. Y agregar para quienes parecen
haberlo olvidado o para los que nunca
lo han sabido: la creación artística no
es el producto de una voluntad de ex­
presión individual, sino de una volun­
tad colectiva orientada hacia valores
sociales y objetivos.
Como viene ocurriendo desde hace
muchos años, sobresalen por su cali­
dad los dos cuadros de Emilio Pettoruti, sobre todo Naranjas, en el que
se expresa la más cumplida madurez
del artista.
Pettoruti ha ido logrando, mediante
sucesivos recortes en la realidad visi­
ble y la pérdida de la materialidad de
las cosas que representa, las formas
más puras, equilibradas, armónicas,
rigurosas V cristalinas, a punto de que
parecen obedecer a una precisión men­
tal casi geométrica, como si su mundo
debiera sobreponerse al de estos mise­
rables hombres que somos. Precisión
mental que no excluye la emoción,
siempre actuante corno impulso y pre­
sente en la apenas perceptible vibra­
ción de sus trazos y de sus zonas
coloreadas.
Sin desfallecimientos y sin compro­
misos, en una línea ininterrumpida y
clara de transformaciones que nunca
ha admitido la repetición, ha ido ven­
ciendo la contingencia de la vida y la
aniquilación de la muerte para afirmar
en la pureza de un rayo de sol, de
una mesa, de una botella o de una
puerta la perennidad de las formas
creadas por el hombre. Los artistas
jóvenes encontrarán en sus obras, si es
(C ontinúa página 10.)

nen ante sus ojos, de que todas las
civilizaciones están fundadas en el
comunismo. Que se eliminen nues­
tros caminos com unales, calles,
puentes, fuerzas de policía, tribu­
nales, brigadas de bomberos, sumi­
nistros de agua, alumbrado de las
calles, faros costeros, servicios pos­
tales, represas gigantescas, valles
del Tennessee, etc., ¿y quién queda­
ría vivo el mes próximo, con excep­
ción de una tribu o dos de pieles ro­
jas, y tal vez un puñado de chinos?
Todos somos esclavos natos de la
naturaleza, condenados a trabajar
o morir; y cuanto más comunismo
podemos soportar, mayor es nuestro
tiempo ’ desocupado y de descanso,
que es nuestro linico tiempo libre.
Sin embargo, blandimos la Consti­
tución Norteamericana, y declara­
mos que es patente de que todos
nacemos libres. Rousseau jamás dijo
una mentira más escandalosa.
Hace solamente unos días, se pi­
dió al Trust Británico de los Cere­
bros, las inteligencias seleccionadas
de nuestro tiempo, que definiera a
la clase media. Quedó completa­
mente aturullado, aunque las pala­
bras de Karl Marx han hecho que
el asunto sea lo suficientemente
claro hasta para un escolar.
¡ Ignorancia, ignorancia, ignoran­
cia en todas partes!, eso es lo malo
en nosotros, y lo que frustra nues­
tras buenas intenciones en todo
momento. Los que carecen de edu­
cación son los que tienen menos
que desaprender. Cua ndo todos
sean totalmente instruidos, nuestra
ruina será completa.
(Especial para C a b a l g a t a )

•t A

Uf!

�LETRAS _

cabalgata©
(Viene de página 1.)

valores nuevos que en España sólo des­
puntaban”. Supongo entonces que nie­
gas la existencia de la generación de la
guerra por la "extraliteraridad” del fe­
nómeno que la originó y porque pien­
sas que, negando con tus propias pa­
labras, no existe "un conglomerado de
espíritus que en un momento dado, en
el de su alborear, se sienten expresa­
mente unánimes para afirmar unas co­
sas con auténtico ardimiento juvenil”,
ni "una ruptura y una inauguración” al
mismo tiempo ni "una coincidencia sin­
gular en las mismas filias y fobias”.
Vayamos por partes.
Amigo Guillermo de Torre, crítico,
quizás el más certero, de una época y
de unos escritores: la guerra de Es­
paña no es un fenómeno extraliterario.
¡ Qué va a ser! No es tampoco un "pre­
texto”, sino un texto perfectamente en­
cauzado, justificado y sentido para los
que fuimos textes fautores o víctimas
de ella, para tantos y tantos anónimos
que se crecieron y se multiplicaron.
No, Guillermo de Torre. En esto no
estoy conforme contigo, ni yo ni otros.
Me bajo de tu caballo y coirinúo a pie,
aunque sea so'o, por la llanura quijo­
tesca, mfinit ■■ Por mi llanura y por
tu llanura española, hambriento, se­
diento, acosado de mastines y de lobos,
aporreado de vizcaínos, ignorado de
yangfi. -es, y burlado y despreciado de
arist ic atas y demás "cultos” señoritos
objetivos.
I ’ero yo sé que no eres de ésos. Pon­
gámonos de acuerdo. Tomemos entre los
dos la brida. Porque ni tú ni yo en­
tendemos por guerra el deporte mussolmesco-marinettino de disparar ametra­
lladoras sin ton ni son, como quieh
juega de artificio cohetes o buscapiés
mortales; sino algo —oblación— pro­
fundamente moral, humano y por lo
tanto vital, literario. Eso es, al menos,
la guerra que nosotros hicimos y que
hacemos, que perdimos y que ganare­
mos, hasta sus últimas consecuencias,
no "cismáticas” ni "escisorias”, sino
unificadoras y universales. Puedes es­
tar literariamente seguro de ello.
Por otra parte, tan evidente es que
casi huelga el decirlo, las guerras han
sido y son también "pretexto”, por la
remoción de pasiones, emociones y sen­
timientos y las profundas convulsiones
de toda índole que llevan anejas, para
que se produzcan fenómenos literarios

FRANCIA
(Envío especial para “Cabalgata”.)
omo

en

este período del año la vida

y artística de París cesa casi
Cporliteraria
completo, viven todavía los ecos
dos “affaires” artísticos: el de Rouault Vollard y el del pintor italiano Chirieo.
Ambroisc Vollard era suficientemente
conocido, no sólo en Francia sino en los
medios artísticos del mundo entero, para
que necesite nuestra presentación. Des­
pués de haber sido “marchand” de Cézanne, de Renoir, de Van Gogh, Gauguin,
Bonnard, Picasso y de muchas otras ce­
lebridades artísticas de hoy día, sin aban­
donar por completo el comercio de cua­
dros, se dedicó esencialmente a la edición
de obras de arte. Consagró años y años
a la edición de obras que son un modelo
tipográfico, y que ilustraron los mejores
artistas actuales, desde Bonnard a Dufv
y de Maurice Denis a Picasso. Esta de­
dicación alcanzó resonancia en tres obras
de una importancia fundamental en la
bibliografía artística: las “Fábulas” de
La Fontaine, ilustradas por Chagall, las
“Geórgicas”, de Virgilio, con cien agua­
fuertes de Scgonzac, y “Misereres y gue-

SUMARIO DEL NUMERO 1
VÍCTOR H ügo v

los ESPÍRITUS,
la muerte

Alfonso Reyes. Ex

por
de

por José Luis
Romero. Mi vieja amistad , por Arnaldo Orfila Reynal. H enríQuez
U reña , por Ernesto Sábato. E voca­
ción de R oberto A rlt , por Córdova Iturburu. U n testimonio , por
Gabriel Marcel. P rimeros pasos
hacia la soledad, cuento por Ezequiel Martínez Estrada. L a s u p u e s ­
UN TESTIGO DEL MUNDO,

ta

generación

española

de

1936,

por Guillermo de Torre. E se gran
desdichado de V erlaine , por Emilc
Henriot. N aturaleza de i.a danza
aborigen , por Oscar Cerruto. T res
pintores ecuatorianos , por Jorge
Romero Brest. L as pinturas m u ­
rales de la Galería P acífico , por
Romualdo Brughetti. L as formas
EN LAS PINTURAS DE I.A CÚPULA, por
Norberto A. Frontini. L a MÚSICA
AL día en M éxico , por Adolfo Salazar. D ecadencia del cine norte­
americano , por Manuel Villegas Ló­
pez. Crítica literaria , por Gonzá­
lez Carbalho. N otas de modas, por
Clairc Vendóme. C rítica df. cine .
M undo editorial. N otas sobre ar­
quitectura Y DECORACIÓN. CORRES­
PONDENCIA de F rancia . U na carta
de A lejandro S awa a R ubén D a ­
río. U na página de ciencias , re­

dactada por José Otero Espasanpor Felipe Ar­
por el profesor
Francisco Benkó. H umor. Carica­

dín. E xposiciones ,
cos Ruiz. A jedrez ,
tura .

Este número incluye impresa apar­
te la L ám ina N* 1 a 6 colores reproduciéndo el cuadro de F rancisco
de Go y a : “Don Manuel Osorio de
Zuñiga.”

I N TORNO A LA "SITI HST V GKNKRACION DE !T3b
de toda índole, generaciones, regenera­
ciones, deserciones, huidas y suicidios
literarios; obras críticas y de creación
que van desde la "I liada” hasta "La
guerra y la paz”, por no ir más lejos;
desde el "Cantar de Mió Cid”, anóni­
mo, hasta los "Esperpentos” de ValleInclán, por no ir tampoco más allá.
Sí, amigo Guillermo de Torre, las
guerras desgraciadamente son aún par­
te de la vida, y la vida que trae al
mundo poetas, que los alimenta o no
los alimenta, los mata a palos o los
fusila contra una pared, los casa o los
descasa, los encierra en un cámpo de
concentración o los trae a América, tie­
ne casi tanta relación con la literatura
como no importa qué revista de grupo
encasillable o momificable por un eru­
dito a la violeta cualquiera.
#

*

*

Pasado este primer escollo o escolio
necesario, supongo que sin tropiezo,
regresemos al terreno literario "propia­
mente dicho”; es decir, al "conglome­
rado de espíritus”, a las "afirmaciones
y negaciones”, al "ardimiento juvenil”,
a las "filias y las fobias”.
Con respecto al "conglomerado de
espíritus” y al sentimos "unánimes en
nuestro alborear”, poco he de decir. La
unidad de los que formamos la nueva
generación, es más que de espíritus; es
de espíritus y de cuerpos, de experien­
cias, de vidas y de muertes. Y no con­
fundo una causa literaria con una "ex­
traliteraria”, pues para nosotros la li­
teratura es todo y somos lo que somos,
y nos unimos como nos unimos, en vir­
tud de nuestra condición primera de
poetas y escritores. En cuanto al "ardi­
miento juvenil”, creo resulta demasiado
evidente, y pido perdón por ello.
Finalmente, he aquí unas cuantas
"afirmaciones” y "negaciones”, unas
cuantas "filias” y "fobias”; espero que
mis compañeros de generación, no ten­
drán que ponerles reparos fundamen­
tales.
ira”, con texto y aguafuertes de Rouault.
Ninguna de ostas obras estaba terminada
cuando un accidente de auto acabó bru­
talmente con la vida de este protector
del arte.
Un escritor ha calificado de novela ver­
daderamente balzaciana las relaciones de
Ambroise Vollard con el pintor Rouault.
Después de una vida muy dura, como la
de casi todos los artistas hasta llegar a
imponerse, Rouault recibió un día la visi­
ta de Ambroise Vollard, que iba a some­
terle un proyecto comercial: comprar toda
su producción, la que tuviera en su estu­
dedio, la que estaba pintando, la que tu­
viera en proveeto y todo lo que produjera
en el futuro. En lo sucesivo, Rouault tra­
bajaría sólo para Ambroise Vollard. Des­
de este momento y durante veinte años
seguidos, Vollard y Rouault conservaron
una íntima amistad.
Al morir Vollard, sus herederos confia­
ron a un “marchand”, que después de la
liberación de Francia fué encarcelado,
Martin Fabiani, el encargo de vender to­
das las magníficas colecciones que pose'a
Vollard. Muchos de sus cuadros partie­
ron en seguida para los Estados Unidos,
y durante la ocupación, hacia Alemania,
a nutrir las colecciones de Goering y otros
jerarcas hitlerianos. Así, hoy se encuen­
tran en distintos puntos del mundo los
pasteles de Degas, los paisajes de Cézanne, el retrato de Vollard vestido de
torero hecho por Renoir, las esculturas
de Maillol, “Le Moulin de la Galette” de
Bonnard, etc.
Los herederos quisieron también dispo­
ner de más de ochocientas obras de
Rouault, todavía sin acabar, y muchas de
las cuales estaban incluso sólo en boceto.
El pintor elevó una querella ante el Tri­
bunal Civil del Sena, y éste le ha dado
satisfacción al condenar a los herederos
de Vollard a devolverle los cuadros. El
Tribunal ha sentado el principio de que
una obra no terminada pertenece al ar­
tista.
l

“affaire” Chirieo es de un carácter

Para nosotros, "clara y expresamen­
te”, la literatura no es cola de pavo
real ni mercancía, el arte tiene un fin
y una causa, el escribir no es profesión
sino vocación, servicio. Sí, Dostoyewsky, sí Juan Ruiz, sí Jorge Manrique,
sí Fray Luis, sí San Juan: "lo impor­
tante es tener qué decir”. En suma:
nosotros elevamos la moral a categoría
estética o la estética a categoría moral.
Sabemos que este modo de entender la
literatura no es nada nuevo, sino por
el contrario muy antiguo, tradicional en
España, podríamos decir, y estamos or­
gullosos de ello. Creemos que lo nuevo
ayer y lo viejo hoy, es la actitud con­
traria : la élite, la frivolidad, el estufismo equívoco, el snobismo extranjerizan­
te, el "preciosismo”, el "álgebra supe­
rior de las metáforas” y el inferior y
pueril sumar en cuanto a pensamiento,
sentimiento, emoción y moral.
Pero la generación que nos ocupa de­
be estudiarse en sus obras, "obras son
amores y no buenas razones”.
Su estudio no es fácil, si se olvida
que ha nacido de la guerra y de sus
secuencias: la emigración, la cárcel.
En esta generación no cuenta la edad;
cuentan la sangre, la conservación del ta­
lento literario, la sensibilidad, la capa­
cidad para comprender el verdadero
sentido de la Literatura española, por
qué es literatura y por qué es española.
Procuraré explicarme citando un
nombre, un solo nombre. Cada genera­
ción tiene su dios tutelar, su santuario;
pues bien, yo pondría en el de la ge­
neración española de la guerra la figura
procer poética, literaria y humanamen­
te hablando, de Antonio Machado,
muerto precisamente al engendrarla.
*

*

*

La prehistoria de esta generación,
podría ser la siguiente. En 1930, se
inició el resquebrajamiento del aristo­
crático palacete del "álgebra superior”
que Ortega, tan occidentalmente defi­
niera, si es que no nació ya resquebra-

CORRESPONDENCIA
Este artista hace tiempo que ha cam­
biado fundamentalmente de concepciones
estéticas. Desde que Chirieo se ha insta­
lado en un pequeño piso de la vieja Roma,
está frecuentemente en lucha con las crí­
ticas de los jóvenes pintores italianos que
le reprochan, seguramente con la violen­
cia de los neófitos, el haber traicionado,
el retroceder hacia el “pompierismo” y el
complacerse en “los pincelazos egocentristas”. A esto responde Chirieo con gran
frenesí: “Conspiración, intrigas de las
fuerzas de la decadencia contra la salud
y el oficio.”
Como hemos dicho, la cuestión no ha
sido dilucidada del todo y la justicia ha
comenzado a actuar. Chirieo declara que
los cuadros que con su firma se han ex­
puesto en la Galería parisiense, son falsos.
La directora de la Galería manifiesta que

Se presenta oscuro, o por
Autorretrato de Giorgio de. Chirieo.
E lodiferente.
menos con aspectos bastante extraños,

jado. Por aquella época comenzaron a
subir de las entrañas de la tierra, sor­
dos rumores, sembrando la inquietud en
pleno artificioso seminario. Aquellos
ruidos venían a veces disfrazados de
surrealismo, pero detrás de ellos se
ocultaba algo mucho más profundo y
español: la pasión moral —antimoral—,
el realismo poético, la épica y nuestra
religiosidad universalista clásica en su
moderna forma.
Rafael Alberti, gran poeta que abar­
ca en plenitud dos generaciones, publi­
có su "Elegía cívica”, que para tantos
pasó desapercibida. Emilio Prados co­
menzó a sentir una angustia más defi­
nida, concreta y generosa: la de la mi­
seria del pueblo de Málaga. A César
M. Arconada y a Pedro Garfias les
sucedía también algo parecido: empe­
zaba a disgustarles el arte "hermético”,
egoísta, ñoño, vacío. ¿Ningún profesor
se dió cuenta de eso?
Después se creó la revista "Octubre”,
donde colaboraron desde Antonio Ma­
chado hasta Luis Cernuda y Manuel
Altolaguirre. Al mismo tiempo comen­
zaron a aparecer nuevos jóvenes, infor­
mes, balbuceantes, pero llenos de pa­
sión y . . . a quienes ya el álgebra no
satisfacía, ni muchísimo menos.
La situación no era todavía clara.
Aun, a la fuerza, había que escribir por
ecuaciones; no teníamos de momento
ningún otro medio de expresión, no era
fácil alcanzarlo, aprehenderlo, asirlo;
aunque en realidad, sí existía: en Es­
paña.
En estas confusas circunstancias lle­
gó la guerra; agarró a los poetas y
escritores y los colocó en pleno campo
de batalla, partiendo plaza; en mitad
de la más cruda y feroz realidad lite­
raria. Después vino la emigración. . .
Sobre lo que sucedió literariamente en­
tonces y sobre lo que sucede ahora,
pueden escribirse libros. Algún día se
escribirán.
Pero de ningún modo es posible pa­
sarlo por alto haciendo un elegante ade­
para siempre al autor. Maquinación fran­
cesa, claro está, contra un pintor italiano,
porque la política está mezclada también
en esta cuestión.”
Este ha sido el tono general de la
prensa francesa acerca del “affaire” Chi­
rieo. Según él, hoy no hace más que
arte clásico y pinta “a la manera del
siglo x v h ”.
Charles Estienne, otro gran crítico, que
en su crónica sobre el “affaire” no es
muy dulce para Chirieo, ha expuesto de
la siguiente manera sus dudas sobre al­
gunas de las telas de la Exposición: “De­
bo declarar que una tela expuesta en la
primera fila de la galería —pertenecía,
por otra parte, como lo señala Chirieo, a
la época de “caballos estilizados y rui­
nas”— me había dejado perplejo. Se me
liab a dicho que el célebre pintor, para
contentar a sus aficionados, no vacilaba,
en caso necesario, en hacer él mismo co­
pias de un motivo muy solicitado. Y sólo
Dios sabe cuántos caballos estilizados co­
rren por el mundo.”

mán de objetividad literaria pasiva,
aunque éste sea hasta generoso. Porque, 1
amigo Guillermo de Torre, la "objeti­
vidad” no existe en el mundo, puedes
estar poética y literariamente seguro, y
la "literatura por la literatura" tam­
poco. (Discúlpame la pedantería generalizadora en aras del necesario "ardi­
miento”.)
*

*

*

La nueva generación "es niña y pasó
la mar”, dije antes. La mar amarga
y salada de la experiencia; en ello re­
side su verdadera fuerza, el fondo y
la forma que la caracteriza. Por eso,
estoy seguro: no se conforma con hacer
literatura de literatura.
Me resisto a inclnir nombres de auto­
res y de obras. Como tú temo incurrir
en omisiones y en inclusiones equivo­
cadas (éste es el único error de Homero
Serís, a mi juicio). Las dificultades
que los hombres de esta generación tie­
nen, para darse a conocer, publicar y
comunicarse son muchas. Quien se de­
cida a emprender el estudio de las
obras que ha producido tendrá que co­
menzar por reunir materiales a veces
inéditos, dispersos en un área que
abarca desde Murmansk a la Patagonia,
pasando naturalmente por España.
En todo caso no es a mí a quien co­
rresponde enumerar y enaltecer o re­
bajar. Los árboles me impiden ver el
bosque. A los críticos como tú, dotados
de verdadera vocación y sensibilidad,
y que no se arredren ante las dificul­
tades toca la faena.
A título de dato te diré que Jean
Camp, el eminente hispanista francés,
actualmente en México, ha tenido oca­
sión de conocer algunas de las obras
producidas por escritores españoles en
los campos de concentración de Francia.
Me gustaría aducir algunos otros ar­
gumentos en pro de la existencia de la
nueva generación española de la guerra.
También me gustaría hablar, por ejem­
plo, sobre los escritores que escriben en
España, que no son sino una confirma­
ción aterrorizada, perseguida, disimu­
lada o autocastrada (por traición) de
ella (y en ningún modo algo esencial­
mente antagónico y ni siquiera dis­
tinto).
Pero terminaré agradeciéndote, Gui­
llermo de Torre, el haber tocado este
tema que a tantos escritores y poetas
jóvenes y menos jóvenes nos apasiona
hasta la misma raíz de nuestros traba­
jos, luchas y sufrimientos.

México.
y verdaderos, de una extraordinaria no­
bleza, como en “Danzas macabras”. En
1917, Blok se entregó con toda pasión a
ia revolución y escribió sus poemas más
conocidos en el mundo: “Los Doce” y
“Los Escitas”, en el que se invita a todos
los pueblos al "festín fraternal del tra­
bajo V de la paz”.
' Alejandro Blok murió en 1926.

a lg u na s de
las iniciativas más acertaX i. das de los editores ingleses y ameri­
canos comienzan a tener en Francia imi­
tadores. A partir del 10 de julio, los
“Penguin Books”, los “Bantan Books” y
otras famosas colecciones de libros de
bolsillo tienen una análoga en francés.
Esta colección se llama “Mille et un
A compañía “Le Rideau de Paris’’ ha
j representado, por una sola vez, en el jours” y aparecerá por ahora una vez por
teatro Charles-de-Rochefort, una obra de mes. Para acreditarse, la colección “Mille
et un jours” ha comenzado por anunciar
Paul Yaléry.
premio de 50.000 francos a la mejor
Paul Valéry tuvo siempre gran interés un
por el teatro; pero, sin embargo, sólo en novela publicada durante el período 19451940 concibió vagamente “el deseo de un 46, y que se refiera a actos de patriotis­
III Fausto, que pudiera comprender un mo de la juventud francesa durante la
ocupación. El jurado del concurso estará
número indeterminado de obras más o presidido
por Pierre Marc-Orlan.
menos hechas para el teatro”, según su
propia expresión. En seguida se dedicó
a componer lo que él mismo denominó
“Mi Fausto”, o sea una comedia titulada
“Lust, la señorita de cristal”, y un drama
de magia: “El Solitario o las maldiciones
del Universo”. Las dos obras fueron in­
terrumpidas, de tal manera que de la
primera sólo terminó Valéry las tres cuar­
Registro de Propiedad Intelectual N&lt;&gt; 216.894
tas partes y del segundo los dos tercios
Redacción.
Dirección. Administración. Publicidad.
nada más.
INDEPENDENCIA 360. BUENOS AIRES
REPÚBLICA ARGENTINA
Al representarse ahora “Mi Fausto”, se
resiente de esta imposibilidad de conocer
Se publica loa d í a s 1 y 13 de cada mes.
Precio del ejemplar: $ 0,40 m./arg.
hasta el final el pensamiento de Paul Vatóry, ya que la obra queda incompleta.
SUSCRIPCIÓN
Pero se les ha dado a sus amigos la po­ Argentina: Un a ñ o ......................$ 8 . 2 0 m./arg.
*
Seis meses . . . . $ 4.30 m./arg.
sibilidad de oír sus maravillosas palabras,
dichas por una compañía que ha puesto Extranjero: Un año . . . Dólares U .S .A . 3.50
DISTRIBUIDORES
todo su entusiasmo y pasión en represen­
tar al maestro.
S i l v a n o M a c h i . Independencia 2837

1

cabalgata

lo cual mueve a la mayor a de los críticos antes de inaugurar la Exposición envió
y expertos en arte a dudar de la sinceri­ fotos de todos los cuadros al propio Chi­
dad del artista italiano. Se llega a creer rieo, que dejó pasar casi dos meses sin
por muchos que se trata meramente de una contestar y que lo ha hecho sólo después
Interior y exterior: D i s t r i b u i d o r a T r i u n f o S.R.L.
campaña de reclame que él mismo se ha­ de clausurada, la Exposición. Uno de los
Rosario 201
ce o, lo que es peor, simplemente de un coleccionistas que había cedido los cua­
eliantage.
dros, asegura en forma concluyente que
stos días se ha cumplido el vigésimo
O
En nuestra crónica anterior hemos por lo menos la mitad están comprados
FRANQUEO
PAGADO
aniversario de la muerte del gran
O Z
dicho so m eram ente en qué consiste personalmente por él y directamente al
CONCESION No 3799
poeta ruso Alejandro Blok, al que toda la IU ►= _J
este “affaire” Chirieo. El pintor ex-su- artista. Por otra parte, algunos de los prensa literaria francesa ha recordado en
E zUJ &lt;
te
O O z
rrealista Giorgio Chirieo ha lanzado re­ cuadros en litigio eran ya conocidos por­ esta ocasión con más o menos fervor. Ya
t a r i f a
REDUCIDA
o ce oUJ
pentinamente un grito en todos los perió­ que figuran en el follctito dedicado a él su vida en sí, tanto como su muerte
&lt;
CONCESION No 3205
dicos y revistas del mundo que han que­ en la colección Gallimard, titulada “Pein- estuvo impregnada de un gran sabor ro­
rido concederle espacio, denunciando como tres nouveaux”. Todo es, pues, bastante mántico.
falsos todos o casi todos los cuadros de sospechoso.
Nacido en 1880, apenas conoció a su
una Exposición que acaba de celebrarse
Sobre esta cuestión, el gran semanario padre, que fué profesor de la Universidad
en París, y de los cuales, por cierto, nin­ “Arts”, con su reconocida autoridad, se de Varsovia, músico exquisito y admiraBOLETIN DE SUSCRIPCION
guno se había vendido.
ha expresado en los siguientes términos:
(ior de toda la literatura universal. AleChirieo ha querido hacer creer a todo
“Sin embargo, algunos habían creído jandro Blok, se educó con la familia de
el mundo que existe nada menos que un observar en ciertos cuadros expuestos una su madre, hija de A.-N. Beketov, botánico
E l señor
(E N LETRA DE IM PRENTA)
complot organizado contra él por “los densidad y un peso m ás... auténticos ee.ebre y rector de la Universidad de San
llamados medios de vanguardia de París”. que en otros, porque es sabido que la Petersburgo, donde gozaba de una gran
Dirección
La fabricación de falsos Chirieo hace cualidad propiamente pictórica nunca ha autoridad científica.
creer a éste que existe una acción pre­ sido una de las preocupaciones principa­
Su primer libro, “Versos sobre la bella
meditada de los “modernistas” contra sus les de los pintores metafísicos, cuya va­ señora”,
apareció en 1906; fué seguido
esfuerzos para encauzar el arte por “el lor es sobre todo filosófico e histórico, de “Alegría
se suscribe a C A B A L G A T A per el
y en 1907 de
plano de la nobleza, de la belleza, de la í Estaremos, por tanto, en presencia de “Máscara de inesperada”,
período de un año* seis meses y al efecto
nieve”.
Sus
primeros
versos
dignidad, de la seriedad”. Acusa, con un complot de los medios de vanguardia
acompaña el importe de $ 8,20, $ 4.30,
sus propias palabras, “a esos modernistas parisinos que no perdonan a este pre-ex- fueron acogidos con gran entusiasmo en
Dólares 3,50 U. S. A. en cheque, bono
los
medios
poéticos
simbolistas;
pero
que sólo buscan emociones, revelaciones, surrealista, a este fundador incluso del
postal a su orden.
pronto se separó de esta escuela, para
y que son incapaces de interesarse por eí surrealismo, el haberse apartado en 1918? tomar
nueva orientación.
hecho más interesante en el cuadro: el Una oscura maquinación es el origen de
Ya en sus obras de 1908 a 1916, se ma­
Tachar la condición que no se utilice.
hecho pictórico”.
esta Exposición, cuyo objeto era perder nifiestan sus poesías con colores crueles

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�LETRAS _

cabalgata©
(Viene de página 1.)

valores nuevos que en España sólo des­
puntaban”. Supongo entonces que nie­
gas la existencia de la generación de la
guerra por la "extraliteraridad” del fe­
nómeno que la originó y porque pien­
sas que, negando con tus propias pa­
labras, no existe "un conglomerado de
espíritus que en un momento dado, en
el de su alborear, se sienten expresa­
mente unánimes para afirmar unas co­
sas con auténtico ardimiento juvenil”,
ni "una ruptura y una inauguración” al
mismo tiempo ni "una coincidencia sin­
gular en las mismas filias y fobias”.
Vayamos por partes.
Amigo Guillermo de Torre, crítico,
quizás el más certero, de una época y
de unos escritores: la guerra de Es­
paña no es un fenómeno extraliterario.
¡ Qué va a ser! No es tampoco un "pre­
texto”, sino un texto perfectamente en­
cauzado, justificado y sentido para los
que fuimos textes fautores o víctimas
de ella, para tantos y tantos anónimos
que se crecieron y se multiplicaron.
No, Guillermo de Torre. En esto no
estoy conforme contigo, ni yo ni otros.
Me bajo de tu caballo y coirinúo a pie,
aunque sea so'o, por la llanura quijo­
tesca, mfinit ■■ Por mi llanura y por
tu llanura española, hambriento, se­
diento, acosado de mastines y de lobos,
aporreado de vizcaínos, ignorado de
yangfi. -es, y burlado y despreciado de
arist ic atas y demás "cultos” señoritos
objetivos.
I ’ero yo sé que no eres de ésos. Pon­
gámonos de acuerdo. Tomemos entre los
dos la brida. Porque ni tú ni yo en­
tendemos por guerra el deporte mussolmesco-marinettino de disparar ametra­
lladoras sin ton ni son, como quieh
juega de artificio cohetes o buscapiés
mortales; sino algo —oblación— pro­
fundamente moral, humano y por lo
tanto vital, literario. Eso es, al menos,
la guerra que nosotros hicimos y que
hacemos, que perdimos y que ganare­
mos, hasta sus últimas consecuencias,
no "cismáticas” ni "escisorias”, sino
unificadoras y universales. Puedes es­
tar literariamente seguro de ello.
Por otra parte, tan evidente es que
casi huelga el decirlo, las guerras han
sido y son también "pretexto”, por la
remoción de pasiones, emociones y sen­
timientos y las profundas convulsiones
de toda índole que llevan anejas, para
que se produzcan fenómenos literarios

FRANCIA
(Envío especial para “Cabalgata”.)
omo

en

este período del año la vida

y artística de París cesa casi
Cporliteraria
completo, viven todavía los ecos
dos “affaires” artísticos: el de Rouault Vollard y el del pintor italiano Chirieo.
Ambroisc Vollard era suficientemente
conocido, no sólo en Francia sino en los
medios artísticos del mundo entero, para
que necesite nuestra presentación. Des­
pués de haber sido “marchand” de Cézanne, de Renoir, de Van Gogh, Gauguin,
Bonnard, Picasso y de muchas otras ce­
lebridades artísticas de hoy día, sin aban­
donar por completo el comercio de cua­
dros, se dedicó esencialmente a la edición
de obras de arte. Consagró años y años
a la edición de obras que son un modelo
tipográfico, y que ilustraron los mejores
artistas actuales, desde Bonnard a Dufv
y de Maurice Denis a Picasso. Esta de­
dicación alcanzó resonancia en tres obras
de una importancia fundamental en la
bibliografía artística: las “Fábulas” de
La Fontaine, ilustradas por Chagall, las
“Geórgicas”, de Virgilio, con cien agua­
fuertes de Scgonzac, y “Misereres y gue-

SUMARIO DEL NUMERO 1
VÍCTOR H ügo v

los ESPÍRITUS,
la muerte

Alfonso Reyes. Ex

por
de

por José Luis
Romero. Mi vieja amistad , por Arnaldo Orfila Reynal. H enríQuez
U reña , por Ernesto Sábato. E voca­
ción de R oberto A rlt , por Córdova Iturburu. U n testimonio , por
Gabriel Marcel. P rimeros pasos
hacia la soledad, cuento por Ezequiel Martínez Estrada. L a s u p u e s ­
UN TESTIGO DEL MUNDO,

ta

generación

española

de

1936,

por Guillermo de Torre. E se gran
desdichado de V erlaine , por Emilc
Henriot. N aturaleza de i.a danza
aborigen , por Oscar Cerruto. T res
pintores ecuatorianos , por Jorge
Romero Brest. L as pinturas m u ­
rales de la Galería P acífico , por
Romualdo Brughetti. L as formas
EN LAS PINTURAS DE I.A CÚPULA, por
Norberto A. Frontini. L a MÚSICA
AL día en M éxico , por Adolfo Salazar. D ecadencia del cine norte­
americano , por Manuel Villegas Ló­
pez. Crítica literaria , por Gonzá­
lez Carbalho. N otas de modas, por
Clairc Vendóme. C rítica df. cine .
M undo editorial. N otas sobre ar­
quitectura Y DECORACIÓN. CORRES­
PONDENCIA de F rancia . U na carta
de A lejandro S awa a R ubén D a ­
río. U na página de ciencias , re­

dactada por José Otero Espasanpor Felipe Ar­
por el profesor
Francisco Benkó. H umor. Carica­

dín. E xposiciones ,
cos Ruiz. A jedrez ,
tura .

Este número incluye impresa apar­
te la L ám ina N* 1 a 6 colores reproduciéndo el cuadro de F rancisco
de Go y a : “Don Manuel Osorio de
Zuñiga.”

I N TORNO A LA "SITI HST V GKNKRACION DE !T3b
de toda índole, generaciones, regenera­
ciones, deserciones, huidas y suicidios
literarios; obras críticas y de creación
que van desde la "I liada” hasta "La
guerra y la paz”, por no ir más lejos;
desde el "Cantar de Mió Cid”, anóni­
mo, hasta los "Esperpentos” de ValleInclán, por no ir tampoco más allá.
Sí, amigo Guillermo de Torre, las
guerras desgraciadamente son aún par­
te de la vida, y la vida que trae al
mundo poetas, que los alimenta o no
los alimenta, los mata a palos o los
fusila contra una pared, los casa o los
descasa, los encierra en un cámpo de
concentración o los trae a América, tie­
ne casi tanta relación con la literatura
como no importa qué revista de grupo
encasillable o momificable por un eru­
dito a la violeta cualquiera.
#

*

*

Pasado este primer escollo o escolio
necesario, supongo que sin tropiezo,
regresemos al terreno literario "propia­
mente dicho”; es decir, al "conglome­
rado de espíritus”, a las "afirmaciones
y negaciones”, al "ardimiento juvenil”,
a las "filias y las fobias”.
Con respecto al "conglomerado de
espíritus” y al sentimos "unánimes en
nuestro alborear”, poco he de decir. La
unidad de los que formamos la nueva
generación, es más que de espíritus; es
de espíritus y de cuerpos, de experien­
cias, de vidas y de muertes. Y no con­
fundo una causa literaria con una "ex­
traliteraria”, pues para nosotros la li­
teratura es todo y somos lo que somos,
y nos unimos como nos unimos, en vir­
tud de nuestra condición primera de
poetas y escritores. En cuanto al "ardi­
miento juvenil”, creo resulta demasiado
evidente, y pido perdón por ello.
Finalmente, he aquí unas cuantas
"afirmaciones” y "negaciones”, unas
cuantas "filias” y "fobias”; espero que
mis compañeros de generación, no ten­
drán que ponerles reparos fundamen­
tales.
ira”, con texto y aguafuertes de Rouault.
Ninguna de ostas obras estaba terminada
cuando un accidente de auto acabó bru­
talmente con la vida de este protector
del arte.
Un escritor ha calificado de novela ver­
daderamente balzaciana las relaciones de
Ambroise Vollard con el pintor Rouault.
Después de una vida muy dura, como la
de casi todos los artistas hasta llegar a
imponerse, Rouault recibió un día la visi­
ta de Ambroise Vollard, que iba a some­
terle un proyecto comercial: comprar toda
su producción, la que tuviera en su estu­
dedio, la que estaba pintando, la que tu­
viera en proveeto y todo lo que produjera
en el futuro. En lo sucesivo, Rouault tra­
bajaría sólo para Ambroise Vollard. Des­
de este momento y durante veinte años
seguidos, Vollard y Rouault conservaron
una íntima amistad.
Al morir Vollard, sus herederos confia­
ron a un “marchand”, que después de la
liberación de Francia fué encarcelado,
Martin Fabiani, el encargo de vender to­
das las magníficas colecciones que pose'a
Vollard. Muchos de sus cuadros partie­
ron en seguida para los Estados Unidos,
y durante la ocupación, hacia Alemania,
a nutrir las colecciones de Goering y otros
jerarcas hitlerianos. Así, hoy se encuen­
tran en distintos puntos del mundo los
pasteles de Degas, los paisajes de Cézanne, el retrato de Vollard vestido de
torero hecho por Renoir, las esculturas
de Maillol, “Le Moulin de la Galette” de
Bonnard, etc.
Los herederos quisieron también dispo­
ner de más de ochocientas obras de
Rouault, todavía sin acabar, y muchas de
las cuales estaban incluso sólo en boceto.
El pintor elevó una querella ante el Tri­
bunal Civil del Sena, y éste le ha dado
satisfacción al condenar a los herederos
de Vollard a devolverle los cuadros. El
Tribunal ha sentado el principio de que
una obra no terminada pertenece al ar­
tista.
l

“affaire” Chirieo es de un carácter

Para nosotros, "clara y expresamen­
te”, la literatura no es cola de pavo
real ni mercancía, el arte tiene un fin
y una causa, el escribir no es profesión
sino vocación, servicio. Sí, Dostoyewsky, sí Juan Ruiz, sí Jorge Manrique,
sí Fray Luis, sí San Juan: "lo impor­
tante es tener qué decir”. En suma:
nosotros elevamos la moral a categoría
estética o la estética a categoría moral.
Sabemos que este modo de entender la
literatura no es nada nuevo, sino por
el contrario muy antiguo, tradicional en
España, podríamos decir, y estamos or­
gullosos de ello. Creemos que lo nuevo
ayer y lo viejo hoy, es la actitud con­
traria : la élite, la frivolidad, el estufismo equívoco, el snobismo extranjerizan­
te, el "preciosismo”, el "álgebra supe­
rior de las metáforas” y el inferior y
pueril sumar en cuanto a pensamiento,
sentimiento, emoción y moral.
Pero la generación que nos ocupa de­
be estudiarse en sus obras, "obras son
amores y no buenas razones”.
Su estudio no es fácil, si se olvida
que ha nacido de la guerra y de sus
secuencias: la emigración, la cárcel.
En esta generación no cuenta la edad;
cuentan la sangre, la conservación del ta­
lento literario, la sensibilidad, la capa­
cidad para comprender el verdadero
sentido de la Literatura española, por
qué es literatura y por qué es española.
Procuraré explicarme citando un
nombre, un solo nombre. Cada genera­
ción tiene su dios tutelar, su santuario;
pues bien, yo pondría en el de la ge­
neración española de la guerra la figura
procer poética, literaria y humanamen­
te hablando, de Antonio Machado,
muerto precisamente al engendrarla.
*

*

*

La prehistoria de esta generación,
podría ser la siguiente. En 1930, se
inició el resquebrajamiento del aristo­
crático palacete del "álgebra superior”
que Ortega, tan occidentalmente defi­
niera, si es que no nació ya resquebra-

CORRESPONDENCIA
Este artista hace tiempo que ha cam­
biado fundamentalmente de concepciones
estéticas. Desde que Chirieo se ha insta­
lado en un pequeño piso de la vieja Roma,
está frecuentemente en lucha con las crí­
ticas de los jóvenes pintores italianos que
le reprochan, seguramente con la violen­
cia de los neófitos, el haber traicionado,
el retroceder hacia el “pompierismo” y el
complacerse en “los pincelazos egocentristas”. A esto responde Chirieo con gran
frenesí: “Conspiración, intrigas de las
fuerzas de la decadencia contra la salud
y el oficio.”
Como hemos dicho, la cuestión no ha
sido dilucidada del todo y la justicia ha
comenzado a actuar. Chirieo declara que
los cuadros que con su firma se han ex­
puesto en la Galería parisiense, son falsos.
La directora de la Galería manifiesta que

Se presenta oscuro, o por
Autorretrato de Giorgio de. Chirieo.
E lodiferente.
menos con aspectos bastante extraños,

jado. Por aquella época comenzaron a
subir de las entrañas de la tierra, sor­
dos rumores, sembrando la inquietud en
pleno artificioso seminario. Aquellos
ruidos venían a veces disfrazados de
surrealismo, pero detrás de ellos se
ocultaba algo mucho más profundo y
español: la pasión moral —antimoral—,
el realismo poético, la épica y nuestra
religiosidad universalista clásica en su
moderna forma.
Rafael Alberti, gran poeta que abar­
ca en plenitud dos generaciones, publi­
có su "Elegía cívica”, que para tantos
pasó desapercibida. Emilio Prados co­
menzó a sentir una angustia más defi­
nida, concreta y generosa: la de la mi­
seria del pueblo de Málaga. A César
M. Arconada y a Pedro Garfias les
sucedía también algo parecido: empe­
zaba a disgustarles el arte "hermético”,
egoísta, ñoño, vacío. ¿Ningún profesor
se dió cuenta de eso?
Después se creó la revista "Octubre”,
donde colaboraron desde Antonio Ma­
chado hasta Luis Cernuda y Manuel
Altolaguirre. Al mismo tiempo comen­
zaron a aparecer nuevos jóvenes, infor­
mes, balbuceantes, pero llenos de pa­
sión y . . . a quienes ya el álgebra no
satisfacía, ni muchísimo menos.
La situación no era todavía clara.
Aun, a la fuerza, había que escribir por
ecuaciones; no teníamos de momento
ningún otro medio de expresión, no era
fácil alcanzarlo, aprehenderlo, asirlo;
aunque en realidad, sí existía: en Es­
paña.
En estas confusas circunstancias lle­
gó la guerra; agarró a los poetas y
escritores y los colocó en pleno campo
de batalla, partiendo plaza; en mitad
de la más cruda y feroz realidad lite­
raria. Después vino la emigración. . .
Sobre lo que sucedió literariamente en­
tonces y sobre lo que sucede ahora,
pueden escribirse libros. Algún día se
escribirán.
Pero de ningún modo es posible pa­
sarlo por alto haciendo un elegante ade­
para siempre al autor. Maquinación fran­
cesa, claro está, contra un pintor italiano,
porque la política está mezclada también
en esta cuestión.”
Este ha sido el tono general de la
prensa francesa acerca del “affaire” Chi­
rieo. Según él, hoy no hace más que
arte clásico y pinta “a la manera del
siglo x v h ”.
Charles Estienne, otro gran crítico, que
en su crónica sobre el “affaire” no es
muy dulce para Chirieo, ha expuesto de
la siguiente manera sus dudas sobre al­
gunas de las telas de la Exposición: “De­
bo declarar que una tela expuesta en la
primera fila de la galería —pertenecía,
por otra parte, como lo señala Chirieo, a
la época de “caballos estilizados y rui­
nas”— me había dejado perplejo. Se me
liab a dicho que el célebre pintor, para
contentar a sus aficionados, no vacilaba,
en caso necesario, en hacer él mismo co­
pias de un motivo muy solicitado. Y sólo
Dios sabe cuántos caballos estilizados co­
rren por el mundo.”

mán de objetividad literaria pasiva,
aunque éste sea hasta generoso. Porque, 1
amigo Guillermo de Torre, la "objeti­
vidad” no existe en el mundo, puedes
estar poética y literariamente seguro, y
la "literatura por la literatura" tam­
poco. (Discúlpame la pedantería generalizadora en aras del necesario "ardi­
miento”.)
*

*

*

La nueva generación "es niña y pasó
la mar”, dije antes. La mar amarga
y salada de la experiencia; en ello re­
side su verdadera fuerza, el fondo y
la forma que la caracteriza. Por eso,
estoy seguro: no se conforma con hacer
literatura de literatura.
Me resisto a inclnir nombres de auto­
res y de obras. Como tú temo incurrir
en omisiones y en inclusiones equivo­
cadas (éste es el único error de Homero
Serís, a mi juicio). Las dificultades
que los hombres de esta generación tie­
nen, para darse a conocer, publicar y
comunicarse son muchas. Quien se de­
cida a emprender el estudio de las
obras que ha producido tendrá que co­
menzar por reunir materiales a veces
inéditos, dispersos en un área que
abarca desde Murmansk a la Patagonia,
pasando naturalmente por España.
En todo caso no es a mí a quien co­
rresponde enumerar y enaltecer o re­
bajar. Los árboles me impiden ver el
bosque. A los críticos como tú, dotados
de verdadera vocación y sensibilidad,
y que no se arredren ante las dificul­
tades toca la faena.
A título de dato te diré que Jean
Camp, el eminente hispanista francés,
actualmente en México, ha tenido oca­
sión de conocer algunas de las obras
producidas por escritores españoles en
los campos de concentración de Francia.
Me gustaría aducir algunos otros ar­
gumentos en pro de la existencia de la
nueva generación española de la guerra.
También me gustaría hablar, por ejem­
plo, sobre los escritores que escriben en
España, que no son sino una confirma­
ción aterrorizada, perseguida, disimu­
lada o autocastrada (por traición) de
ella (y en ningún modo algo esencial­
mente antagónico y ni siquiera dis­
tinto).
Pero terminaré agradeciéndote, Gui­
llermo de Torre, el haber tocado este
tema que a tantos escritores y poetas
jóvenes y menos jóvenes nos apasiona
hasta la misma raíz de nuestros traba­
jos, luchas y sufrimientos.

México.
y verdaderos, de una extraordinaria no­
bleza, como en “Danzas macabras”. En
1917, Blok se entregó con toda pasión a
ia revolución y escribió sus poemas más
conocidos en el mundo: “Los Doce” y
“Los Escitas”, en el que se invita a todos
los pueblos al "festín fraternal del tra­
bajo V de la paz”.
' Alejandro Blok murió en 1926.

a lg u na s de
las iniciativas más acertaX i. das de los editores ingleses y ameri­
canos comienzan a tener en Francia imi­
tadores. A partir del 10 de julio, los
“Penguin Books”, los “Bantan Books” y
otras famosas colecciones de libros de
bolsillo tienen una análoga en francés.
Esta colección se llama “Mille et un
A compañía “Le Rideau de Paris’’ ha
j representado, por una sola vez, en el jours” y aparecerá por ahora una vez por
teatro Charles-de-Rochefort, una obra de mes. Para acreditarse, la colección “Mille
et un jours” ha comenzado por anunciar
Paul Yaléry.
premio de 50.000 francos a la mejor
Paul Valéry tuvo siempre gran interés un
por el teatro; pero, sin embargo, sólo en novela publicada durante el período 19451940 concibió vagamente “el deseo de un 46, y que se refiera a actos de patriotis­
III Fausto, que pudiera comprender un mo de la juventud francesa durante la
ocupación. El jurado del concurso estará
número indeterminado de obras más o presidido
por Pierre Marc-Orlan.
menos hechas para el teatro”, según su
propia expresión. En seguida se dedicó
a componer lo que él mismo denominó
“Mi Fausto”, o sea una comedia titulada
“Lust, la señorita de cristal”, y un drama
de magia: “El Solitario o las maldiciones
del Universo”. Las dos obras fueron in­
terrumpidas, de tal manera que de la
primera sólo terminó Valéry las tres cuar­
Registro de Propiedad Intelectual N&lt;&gt; 216.894
tas partes y del segundo los dos tercios
Redacción.
Dirección. Administración. Publicidad.
nada más.
INDEPENDENCIA 360. BUENOS AIRES
REPÚBLICA ARGENTINA
Al representarse ahora “Mi Fausto”, se
resiente de esta imposibilidad de conocer
Se publica loa d í a s 1 y 13 de cada mes.
Precio del ejemplar: $ 0,40 m./arg.
hasta el final el pensamiento de Paul Vatóry, ya que la obra queda incompleta.
SUSCRIPCIÓN
Pero se les ha dado a sus amigos la po­ Argentina: Un a ñ o ......................$ 8 . 2 0 m./arg.
*
Seis meses . . . . $ 4.30 m./arg.
sibilidad de oír sus maravillosas palabras,
dichas por una compañía que ha puesto Extranjero: Un año . . . Dólares U .S .A . 3.50
DISTRIBUIDORES
todo su entusiasmo y pasión en represen­
tar al maestro.
S i l v a n o M a c h i . Independencia 2837

1

cabalgata

lo cual mueve a la mayor a de los críticos antes de inaugurar la Exposición envió
y expertos en arte a dudar de la sinceri­ fotos de todos los cuadros al propio Chi­
dad del artista italiano. Se llega a creer rieo, que dejó pasar casi dos meses sin
por muchos que se trata meramente de una contestar y que lo ha hecho sólo después
Interior y exterior: D i s t r i b u i d o r a T r i u n f o S.R.L.
campaña de reclame que él mismo se ha­ de clausurada, la Exposición. Uno de los
Rosario 201
ce o, lo que es peor, simplemente de un coleccionistas que había cedido los cua­
eliantage.
dros, asegura en forma concluyente que
stos días se ha cumplido el vigésimo
O
En nuestra crónica anterior hemos por lo menos la mitad están comprados
FRANQUEO
PAGADO
aniversario de la muerte del gran
O Z
dicho so m eram ente en qué consiste personalmente por él y directamente al
CONCESION No 3799
poeta ruso Alejandro Blok, al que toda la IU ►= _J
este “affaire” Chirieo. El pintor ex-su- artista. Por otra parte, algunos de los prensa literaria francesa ha recordado en
E U
zJ &lt;
te
O O z
rrealista Giorgio Chirieo ha lanzado re­ cuadros en litigio eran ya conocidos por­ esta ocasión con más o menos fervor. Ya
t a r i f a
REDUCIDA
o ce oUJ
pentinamente un grito en todos los perió­ que figuran en el follctito dedicado a él su vida en sí, tanto como su muerte
&lt;
CONCESION No 3205
dicos y revistas del mundo que han que­ en la colección Gallimard, titulada “Pein- estuvo impregnada de un gran sabor ro­
rido concederle espacio, denunciando como tres nouveaux”. Todo es, pues, bastante mántico.
falsos todos o casi todos los cuadros de sospechoso.
Nacido en 1880, apenas conoció a su
una Exposición que acaba de celebrarse
Sobre esta cuestión, el gran semanario padre, que fué profesor de la Universidad
en París, y de los cuales, por cierto, nin­ “Arts”, con su reconocida autoridad, se de Varsovia, músico exquisito y admiraBOLETIN DE SUSCRIPCION
guno se había vendido.
ha expresado en los siguientes términos:
(ior de toda la literatura universal. AleChirieo ha querido hacer creer a todo
“Sin embargo, algunos habían creído jandro Blok, se educó con la familia de
el mundo que existe nada menos que un observar en ciertos cuadros expuestos una su madre, hija de A.-N. Beketov, botánico
E l señor
(E N LETRA DE IM PRENTA)
complot organizado contra él por “los densidad y un peso m ás... auténticos ee.ebre y rector de la Universidad de San
llamados medios de vanguardia de París”. que en otros, porque es sabido que la Petersburgo, donde gozaba de una gran
Dirección
La fabricación de falsos Chirieo hace cualidad propiamente pictórica nunca ha autoridad científica.
creer a éste que existe una acción pre­ sido una de las preocupaciones principa­
Su primer libro, “Versos sobre la bella
meditada de los “modernistas” contra sus les de los pintores metafísicos, cuya va­ señora”,
apareció en 1906; fué seguido
esfuerzos para encauzar el arte por “el lor es sobre todo filosófico e histórico, de “Alegría
se suscribe a C A B A L G A T A per el
y en 1907 de
plano de la nobleza, de la belleza, de la í Estaremos, por tanto, en presencia de “Máscara de inesperada”,
período de un año* seis meses y al efecto
nieve”.
Sus
primeros
versos
dignidad, de la seriedad”. Acusa, con un complot de los medios de vanguardia
acompaña el importe de $ 8,20, $ 4.30,
sus propias palabras, “a esos modernistas parisinos que no perdonan a este pre-ex- fueron acogidos con gran entusiasmo en
Dólares 3,50 U. S. A. en cheque, bono
los
medios
poéticos
simbolistas;
pero
que sólo buscan emociones, revelaciones, surrealista, a este fundador incluso del
postal a su orden.
pronto se separó de esta escuela, para
y que son incapaces de interesarse por eí surrealismo, el haberse apartado en 1918? tomar
nueva orientación.
hecho más interesante en el cuadro: el Una oscura maquinación es el origen de
Ya en sus obras de 1908 a 1916, se ma­
Tachar la condición que no se utilice.
hecho pictórico”.
esta Exposición, cuyo objeto era perder nifiestan sus poesías con colores crueles

E

IMPRESO EN ARGENTINA
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�LETRAS

Gaba
X ^ O iaer
encontrar a Ehremburg
V en París, es un acontecimiento
sentimental.
Hablamos de la guerra en su país,
lo conozco
le digo— muchas de sus
crónicas de gue­
rra. Y asimismo
he visto muchos
films y he se­
guido los cables
de información.
He modo que ef
sentido heroico
del pueblo ruso
está muy pre­
se n te en mí.
¿Quiere contar­
me algún hecho
que no sea propiamente militar y que.
a su juicio, refleje el estado de ánimo
de su pueblo durante estos años terri­
bles f
—En Leningrndo, durante el asedio:
en 1942. Era una situación espan­
tosa. No había ni agua, ni calefacción,
ni luz. La ración de todo el mundo
consistía en 125 gramos de pan por
día. No sé si se da usted cuenta de lo
que significa eso, en una ciudad de un
frío extraordinario y en la cual los
días son de cortísima duración. Allí
conocí a una muchacha que había sido
estudiante y que, durante dicha época,
trabajaba en un taller de reparación
de piezas de artillería. Hablé mucho
con ella y al final le pregunté cómo
ocupaba sus horas de descanso. En vez
de contestarme, me dió su "Diario de
guerra”. Lo llevé y cuando pude leerlo
me llamó la atención que frecuente­
mente se repetían frases tales como:
"He leído Madame Bovary”, "He leído
Ana Karenina” . . . Volví a verla, ex­
trañado. Y le comuniqué mi asombro.
No comprendo muy bien ciertos frag­
mentos de su diario —le dije— ; dice
usted que ha leído ciertos libros. ¿Cómo
puede ser, si durante el día trabaja y
en las noches no hay luz en toda la
ciudad?
Entonces supe que ella llamaba leer,
a recordar mentalmente, con la mayor
precisión posible, tales libros. Y que
hacía eso, para mejor luchar contra la
muerte de cada segundo.
En Kurks, el año 1944, cuando lle­
gué allí con nuestro ejército, los ale­
manes, en su retirada, habían quemado
y destruido todo, como de costumbre.
Allí conocí a un hombre muy viejecito
que, auxiliado por su mujer, a quien
él llamaba "su viejecita” estaba entera­
mente entregado a la reconstrucción
de lo que quedaba de una isba que-

II
AUTENTICIDAD ARGENTINA
DE SU LITERATURA
o cité al azar, en la primera parte
N
de este artículo, las palabras del
prólogo que Roberto Arlt escribió para
"Trescientos Millones”. Surgen de ellas
algunas sugestiones confirmativas de
tres aspectos cardinales de su obra; tres
aspectos que, en mi entender, será ne­
cesario analizar a fondo en cualquier
estudio destinado a profundizar en la
labor de este gran escritor nuestro des­
aparecido cuando comenzaba a alcanzar
el pleno vigor de una madurez esplén­
dida.
Uno de esos aspectos es el de la au­
tenticidad de su literatura. He aludido
a ella al referirme a la obsesionante
presión interior de que su obra no era
sino una exteriorización liberadora. Los
personajes, los temas, las situaciones, lo
acosaban en forma tal y tal violencia
de vértigo asumían el proceso de su ma­
duración interior y la consiguiente nece­
sidad expresiva, que en más de una
oportunidad se vió precisado a recurrir
a ocasionales secretarios a quienes dic­
taba páginas que apenas necesitaban,
luego, superficiales correcciones. Más
de la segunda mitad de "Los Siete Lo­
cos” fué escrita en esta forma. Arlt
era, de toda evidencia, un escritor nato,
un novelista, un cuentista, un hombre
de teatro, para quien la literatura, de
no existir, hubiera tenido que ser in­
ventada a riesgo de torcer su destino
V martirizar su vitalidad creadora.
Otro de los aspectos de su obra y
de su personalidad —tan absolutamente
inseparables— es el de su interés hu­
mano. Su simpatía, su piedad, su amor,
su comprensión del ser humano, llega­
ban a formas y niveles sin duda alguna
excepcionales. Pocas veces —tal vez
ninguna en realidad— he tropezado con
un hombre de tan penetrante sagacidad
psicológica. Quienes fuimos sus ami­
gos tuvimos, en más de una oportuni­
dad, la estremecedora impresión de ha­
llarnos, ante sus ojos, en la tiritantedesnudez de nuestra intimidad más pro­
funda. El gesto más insignificante, la
más fugaz de las palabras, desnudaba
ante sus ojos los más recatados senti­
mientos, los pensamientos más escondi­
dos. Aunque a primera vista parezca
contradictorio, lo cierto es que esta
aptitud hacía de Arlt, para las más
dispares clases de gentes, el interlocutor

I i

ENTREVISTA

\

1 1 í 1 i i
, gitH, g '‘i; *

l i1 ^l 1 l i k lü
, . , I.

Por ARTURO SERRANO
i AfPg

E xclusiva p a ra C A BA LG A TA

jM i § f i § l | f
- - ¿

¡

gobierno de dicho país. Por tal motivo
fué bastante erande su sorpresa cuan- 1
do vió que periodistas, hombres impor- ¡
tantes, etc., aprovechaban la primera
oportunidad y aun inoportunidad, para
interrogarle acerca del "affaire” del
supuesto espionaje soviético acerca de
la bomba atómica. "Teniendo sobre
todo en cuenta que era un invitado
oficial del gobierno, me pareció aquélla
una cortesía un tanto extraña. Pero
acaso la clave de todo está en mis
perritos, los que compré en Nueva i
York y que usted conoció la otra
noche.”
Pocas noches entes, efectivamente
cenando en algún restaurante, Ehrem­
burg hizo una exhibición de sus perri.
tos magnéticos. Se trata de unos dimi­
nutos "skots-terriers”, hechos de alguna
materia plástica y montados sobre al­
guna peana magnética de diferente
signo. De modo que, poniendo algu­
nos delante de otros, aquellos a qu¡e.
nes la suerte les distribuye el papel de
hembras, pueden tener dos reaccioneso bien, la supuesta perrita reacciona
iracunda, dándose media vuelta, al sen­
tir cerca de sí el indiscreto hocico de
su osado congénere, o bien, ganada p0r
el galanteo perruno, de un brinco
magnético va a unirse a su amador
magnético canino. Ingenioso y obsceno
producto de la industria americana
llamado, como se verá, a dar más dé
un dolor de cabeza a la policía cana­
diense.
Porque al parecer, estando ya en
Canadá, Ehremburg, que muestra gran
entusiasmo por tales perritos (porque
son muy cómicos, dice, y porque le
recuerdan. su propio perro de carne y
hueso, que le espera en Moscú), un día
al ir a jugar con ellos, no los pudó
encontrar. Y, desesperado, envió un
telegrama a sus amigos de Nueva
York.
"Perdí perritos magnéticos. Envíen
otros a Boston.”
De allí a poco, al cambiar un día
de chaqueta, encontró los animalillos
en la nueva prenda, y de inmediato
cablegrafió nuevamente a Nueva York.
"Recuperados perritos magnéticos.”
Si se tiene en cuenta que por esos
días la prensa del mundo entero ha­
blaba del supuesto robo audaz del se­
creto de la bomba atómica, llevado a
cabo por espías rusos, ya se comprende
que la policía canadiense no dejaría
de controlar los misteriosos cablegra­
mas del escritor soviético: "¿Conque
perritos magnéticos, eh?”

macla. Me llamó la atención su apre­ manuel tienen ahora más tensión que daderas novelas; las de antes eran más
mio, por cuanto el frente estaba aún antes. Se han producido algunos libros bien ensayos novelados, en tanto que
muy próximo y podía, por consecuen­ que me parecen mucho más vivos que ahora se producen más vivas y orgá­
cia, ser el suyo trabajo perdido si el los de antes de la última guerra. Por nicas, como novelas.
Le pido opinión
azar quería que al­
sobre el movimien­
guna bomba o gra­
to existencialista,
nada fuese a des­
verdadero caballo
truir lo que suponía
de batalla literaria
yo que era su cho­
actual, en París.
za. Y cuando le
— Sartre —dice
comuniqué mis te­
Ehremburg— es un
mores, me contestó
novelista de talento,
que aquélla no era
su casa. A mi vie­
no se p u ed e ne­
jecita y a mí —di­
g a r, a u n q u e de
jo— no nos falta­
un talento de ca­
rá un rincón para
rácter patológico:
morir. Para morir
en el fondo lo que
no hace falta una
le interesa es el
c a s a . E sta m o s
vómito de las mu­
arreglando ésta pa­
jeres. Pero en este
ra la mujer de un
caso los "sartrissoldado que tiene
tas” me parecen
tres hijos, y va a
escritores insigni­
tener otro, y que
ficantes, inútiles.
no sabe dónde me­
De una manera
terse para vivir.
general, me gusta
La primera vez
mucho la literatu­
que llegó Churchill
ra am erican a y
a Moscú, en pleno
tengo confianza en
invierno de nues­
algunos escritores
tro país, le llamó
rusos. Pero debo
la atención que
aclarar, como ya
por las calles la
lo he hecho otras
gente iba comiendo
veces, que al refe­
algo. Preguntó qué
rirme a la litera­
era, y cuando supo
tura am erican a,
que se trataba de
entiendo sólo por
helad os, atónito,
tal algunos escri­
resp ondió: "¡To­
tores americanos.
mando helados con
En los E sta d o s
este frío! ¡ Esta
Unidos no hay ar­
gente es invenci­
quitectura media:
ble!”
o hay rascacielos
Ahora hablamos
o chozas. Y así
de literatura fran­
ocurre con los es­
cesa. Le pregunto
critores. Hay al­
qué impresión ha
gunos e sc r ito r es
tenido al volverse
magníficos y e 1
a poner en contac­
resto es increíble­
París, 1946.
to con la produc­
mente inferior.
ción literaria de
Fi nal ment e, ya
este país. Ehrem­
Ilya Ehremburg. Foto y copyright by Jean Reisman.
al despedirnos, me
burg responde:
cuenta una anéc­
—En g en era l, encuentro que aho­ ejemplo Drole ele jeu de Roger Vail- dota bastante pintoresca acerca de
ra la literatura es aquí más interesante lant; Puits de Miracles de André sus andanzas por América. Desde los
que en la época de entreguerras. Es­ Chamson y Education Européen de Estados Unidos fué Ehremburg al personajes de Arlt ese aire extraño que
critores como Eluard, Aragón o Em- Raymond Gary. Estas me parecen ver­ Canadá, invitado oficialmente por el advierten en su fisonomía quienes dete­
nidos en una estimación superficial no
extreman el análisis. Pero esos perso­
najes, a pesar de la universalidad que
' &gt; &lt; */ s *' y*
k j
y
Jes confiere su contextura definitiva de
hombres, son indudablemente argentinos, de ninguna manera rusos y menos
aún dostoyewskianos.
Reduciendo la cuestión a esquemas
muy generales podría asegurarse que lo
que caracteriza a los personajes de Dostovewski es la precisa dirección de su
sentido vital. Todos ellos -siempre
generalizando— saben hacia dónde van
ideal. Desde el hombre de letras y el cos”— describa un verdadero tipo de el que exhibe un objeto haciéndolo gi­
artista de mayor selección hasta el ham­ rufián criollo, la gente se va a caer rar de manera que un determinado v que quieren y no ignoran en qué
pón de los bajos fondos, todo el mundo de espaldas... Nada se le parece me­ foco ilumine sucesivamente sus caras. consisten las limitaciones que levantan
barreras en la senda tortuosa de sus
se hallaba cómodo con Arlt y, más aún nos que el tipo convencional que nos
Arlt se complacía, aun en la conver­ destinos. Los personajes de Arlt —no
que cómodo, se sentía, ante él, en la ha ofrecido hasta ahora el teatro. ..
sación, en someter sus personajes a cir­
estoy comparando sino tratando de desdisposición amistosa de la confidencia.
En "Los Siete Locos”, recuérdese, lo cunstancias variadísimas e inesperadas
8ra r un juicio falso— acusan una
¿A qué obedecía esta curiosa particu­ describió. Y la sorpresa fué extraordi­ y en imaginar sus reacciones. Utili­
característica
más desoladora. La de la
laridad? A la presencia actuante de su naria para muchos. Tan extraordinaria zaba, sin haberlo pensado, la técnica de
apasionado interés por el ser humano, como la que suscitaron sus otros perso­ los químicos que para determinar un perfecta indefinición de sus vidas. No
saben a dónde van ni ]0 que quieren.
por los problemas fundamentales y pro­ najes, no menos nuestros, no menos cuerpo lo ponen en sucesiva presencia
arecen de d ir e c c ió n espiritual de
fundos de la personalidad, a la serie­ porteños, no menos verdaderos.
de tales o cuales reactivos. El asunto fuerza pasional.
dad dramática con que contemplaba el
Llego por este camino, sin proponér­ es, en sus novelas, un sistema de opor­
Me falta v id a ... entusiasmo...
espectáculo del hombre. Una noche melo, a otro de los aspectos de la obra tunidades de evidenciación psicológica
—serían más de las dos de la mañana— literaria de Roberto Arlt. El de la di­ ya que lo que interesa, en realidad, no a g0 &lt;tue sea como un sueño extraordi­
exclama Erdosain, su per­
me despertó, recuerdo, el timbre del te­ recta originalidad de sus fuentes. Nada es lo que sucede sino la forma en que nario...
léfono. Sin mucho entusiasmo, como se de lo que hizo reconoce otro origen que reaccionan los personajes, su persona­ sonaje típico.
Un viento blando y tornadizo de in­
comprenderá, me levanté y descolgué el el de la observación directa, muchas lidad.
fortunios los arrastra hacia un destino
auricular. ¿A quién se le ocurriría lla­ veces vivida. Una considerable propor­
bería largo, desde luego, analizar
mar a tales horas? Desde el otro extre­ ción de sus páginas, la mayor parte, aun con mínima prolijidad esos per- opaco entre el llanto angélico de sus
mo de la línea me llegó la voz de tal vez, es sencillamente autobiográfica. sonajes. Pero no es posible negar su almas y el panorama de escombros de
Roberto Arlt, mordiendo las palabras, Más de una novela suya lo es de ex­ originalidad, su autenticidad argentina. sus iraoasos.
- L o s hombres - d ic e uno de sus
en aquella forma lenta y tan personal tremo a extremo y una gran cantidad Piénsese en el "Rengo”, aquel desca­
están llorando adentro de
de articular los sonidos.
de sus cuentos. S o rp ren d e pensar rado feriante de "El Juguete Rabioso” ; I ersonajes
—Mirá, estoy aquí, en un café, con —contempladas ya las cosas en sufi­ en el infortunado Erdosain, de "Los SUS almas. Pero no quieren oír el
unos ladrones. . . Me están contando ciente perspectiva— que alguien haya Siete Locos”; en el Balder de "El Amor llanto de su ángel.
cosas maravillosas... ¿N o querés cono­ podido hablar, cuando la aparición de Brujo , que tanto se le parece; en
* Tj e"e al?0 T ,e ver todo esto con la
cerlos ?
"Los Siete Locos”, de una decisiva in­ Haffner, el rufián; en el Astrólogo. La realidad profunda del hombre que in­
El hecho, tan extraordinario para fluencia dostoyewskiana. La obra de complejidad psicológica de estas cria­ vento esas criaturas y las echó a rodar
cualquier persona, era corriente en él. Arlt es nuestra, profundamente nues­ turas de su fantasía pudo hacer pensar por e mundo a través de páginas inol­
Los ladrones, los rufianes, las prosti­ tra. Porteña, sobre todo. Tal vez en en su exotismo a gentes habituadas a vidables? Hay un recinto del recuerdo
tutas, los tahúres, gentes de tan expli­ el procedimiento de alguna de sus no­ la simplicidad de los muñecos conven­ ( en ro ( e cuyos límites no tenemos de­
cables y desconfiadas reservas ante velas —"Los Siete Locos”, por ejem­ cionales de mucha literatura. Se dijo recho a penetrar todavía.
Cierta vez que me encontré con
quienes no pertenecen a su medio, ha­ plo— podría observarse cierta analogía de ellos, por ejemplo, que no son ar­
blaban con Arlt, apenas lo conocían, con la técnica utilizada por Dosto- gentinos sino rusos. Nada más apre­ Roberto Arlt, en la calle, le lancé,
como si se tratara de un antiguo amigo. yewski en la composición de "El Prín­ surado y falso. La ligereza con que bromeando alegremente, una pregunta
Su simpatía humana, su auténtico inte­ cipe Idiota” o "Crimen y Castigo”. cierta crítica formula tales afirmacio­ semejante a las que él solía formular
rés, su comprensión profunda, los en­ Pero esa técnica, consistente en cierta nes es frecuente, no sólo entre nos­ con su grave seriedad habitual.
¿Deeime, Arlt, sos feliz?
volvía en el clima cálido de la amistad, aparente incoherencia narrativa, es el otros, cuando aparece un novelista q
Con la voz temblorosa me contestó
despertaba la conciencia de su dignidad procedimiento natural, el método espon­ cuentista original e intenso. El caso de
*
humana y los ayudaba a entender ese táneo de exposición que utiliza todo Sherwood Anderson lo demuestra. Acu­ rápidamente:
—¿Acaso
n°
tengo
yo
derecho
a
un
enigma inquietante de la propia perso­ aquel que siente o intuye un personaje sado por numerosos críticos de imitar
nalidad ante el cual, claro está, pocas de gran riqueza psicológica y trata de servilmente a los novelistas msos "me poco de felicidad?
Pero su tono era tal, al responderme,
veces se habrían detenido.
hacérnoslo sensible colocándolo, ante puse a leerlos —asegura 5i mismo—
que alce la vista, desconcertado, v lo
—El día que un escritor —me decía nuestro juicio, en situaciones distintas para comprobarlo
Arlt antes de escribir "Los Siete Lo­ y contradictorias, muchas veces, como
Es su honda realidad humana, esa

EVOCACION DE ROBERTO ARLT
Por CO RD O VA ¿TU RBU RU

SL

oio* búmrt« &lt;*'«-

�ARQUITECTURA PINTURA
LA V I V I E N D A

teras tiene su propio ojo de buey. Los
cobertores de uso diario son de mate­
rial basto, en colores pardo y blanco.

MODERNA

y moderno ambiente, del arquitecto Edward D. Stone. Al fren­
te, pared solar, corrida, y que se pro­
longa en ángulo, proporcionando así
un verdadero balcón que es a la vez
habitación.
El campo invade la casa, y el aprove­
chamiento de la luz es perfecto.
Obsérvese las ventanas en ambos ex­
tremos de la pared de cristal. La cu­
riosa mesa, cuya forma recuerda tanto
las de las esculturas abstractas más re­
cientes.
Para las pinturas de las paredes se
ha elegido un tono verde con el pro­
pósito de crear una atmósfera que co­
rrespondiese a un gran cuadro de Van
A

ivino-room

de dos pisos. Balcón
con entrada a nivel. Co­
municación interna entre ambos pisos
con escalera montada al aire.
Amplio panel de cristal continuo
comunica con el exterior, dando entra­
da en la casa al paisaje (este detalle
no se advierte en la fotografía). Bajo
el balcón se observa una chimenea típi­
ca, que da "color” al ambiente.
Detalles de carpintería y de arqui­
tectura de interior, que son difíciles de
observar en la fotografía, complemen­

L/oblicuo

m plio

Gogh, que no se advierte en la foto­
grafía.
El cortinaje puede aislar la habita­
ción, cubriendo la amplia vidriera, y de
eso modo puede ser mantenida la inti­
midad de la vivienda que tanto defen­
dían los enemigos de la moderna ar­
quitectura.
El sol, el aire, la sensación espacial,
la posesión del paisaje en la habita­
ción, son conquistas de la moderna vi­
vienda que dan, además, un estilo pro­
pio a nuestro tiempo.

tan el conjunto, uno de los más inte­
resantes de este arquitecto.

uarto

de niños trazado’ por el ar­

quitecto Edwuard D. Stone, exhi­
C
bido en el Rockefeller Home Center,
de Nueva York.
Para disponer de más espacio apro­
vechable, las camas han sido reempla­
zadas por literas. Para que el recuer­
do de un hermoso cq¿narote de baj-co
sea más completo, cada una de las li­

A C U A R E L IST A S N O R T E A M E R IC A N O S
ARTISTAS BELGAS
EN BUENOS AIRES
Por R. BRUGHETTI
n

Francia, la sensibilidad y la in-

en Bélgica, la fuerza, el
E ' ,teligencia;
el temperamento que constituye
odo de ser original pródigamente
úzado.
¿n años de pintura sindican direc­
ta s. orientaciones estéticas, gustos,
sentimientos, oficio, expresiones todas

Acuarela de Maurice Prendergasl.

Acuarela de Ben Shahn.
m po r t a n

los artistas

que

logran

I trasponer la realidad, recrearla, ren­
dirla a imágenes plásticas, a esencias
pictóricas, donde el mundo de la poesía
y de la existencia vivan en permanente
verdor. Importa una expresión jerar­
quizada, la calidad aliada al rigor
constructivo y emocional. En el arte
de la acuarela de los Estados Unidos,
en buena medida nos han sido dadas
esas virtudes primordiales. En el pa­
norama de su evolución, representan­

tes de las distintas escuelas: Homer,
Sargent, junto a Prendergast, Marsh,
Hart, Burchfield, Dehn, Bohrod, Luks
y Feininger, Grosz, Weber, Davis, Ma­
rín, Demouth. Naturalistas, románti­
cos, impresionistas y post-impresionistas, y dominadores de las técnicas y de
las estéticas nuevas que incluyen el
cubismo, el expresionismo y el gené­
rico abstractismo. En su casi totali­
dad, primacía de la "escena america­
na”. Transposiciones de la vida y del

MONTEVI DEO
Mane Bernardo. Retazo. Oleo.

M

Paul Frognier.

Arrabal de Bruselas.

que afirman escuelas y personalidades
salientes de sostenido alcance.
Se pinta hallando como punto de
mira la realidad natural o soltando lu­
ces románticas naturalísticas; se pinta
en Bélgica con Leys, Coutens, Meunier
("Idilio”), Smits, Wouters, Stevens,
Oleffe, Dubois, Rops, Thavenet. Y se
arraiga en E. Laermans, el pintor de
lo popular, tocado por problemas y an­
gustias donde el socialismo y el arte
social entran en las telas sin dañar al
artista, pues sus tonos sintéticos y la
contorneada línea que ciñe formas y las
diferencia, salvan airosamente y ubi­
can a este constructor de vida, gusta­
dor del paisaje moral de sus gentes.
Estos pintores, que ordenó Juan Zocehi en las salas del Museo Nacional

ra. Lo plástico es la base del arte
nuevo, pero lo pictórico es canto pro­
fundo e integrador. Este avance lo
prueba "La caballa azul”. Mas, en el
conjunto, las presencias humanas emer­
gen sobre fondos de colores puros, de
espacios estáticos, de silencios, y nos
presentan a la par dramas que se afi­
lan en las líneas señaladas, los claros­
curos leves, las variaciones, los deta­
lles primordiales: manos, rostros, frag­
mentos, "Retazo”. En esta tela, Mane
Bernardo halla la medida de su mundo
de comunicación. Pienso que es un
mensaje trágico —y expectante, si que­
réis— , pero humano. — R. B.

Exposición de
LUIS SEOANE
en Amigos del Arte
ÁS conocida su personalidad de di­

bujante y de grabador, principal­
mente a través de dos obras, La Torre
de Hércules y ¡Eh, los Toros!, además
de sus múltiples ilustraciones, y de sus
maquettes para diversas colecciones de
libros que hoy figuran en un lugar de
honor de las ediciones argentinas, Luis
Seoane se presenta por primera vez
ante el público de Montevideo con un
nutrido conjunto de óleos y una se­
lección de gouaches y acuarelas.
En la misma figuran algunas de las
obras ya expuestas en Buenos Aires y
muchas que lo son por vez primera.
Es la muestra, desde luego, un buen
desfile de las líneas más salientes de su
obra. Desde ¡a primera faceta, plana,
de colores vivos y figuras recortadas,
que recuerdan los códices medievales,
hasta su última fase —E l Avaro, Gue­
rrilleros Españoles, etc.—, en la que
se manifiesta su más valiosa expresión
de pintor, llena de originalidad, de
frescura, de nostalgia por los perdi-

paisaje, contingencia y sueño: directo
modo de mirar, alambicado sentido de
apreciar. Razones estáticas y órdenes
dinámicos. Tierra, pueblos, calles, epi­
sodios, mar; y también: "visión inter­
na” (metafísica), Morris Graves, y
proyección hacia la composición mural
y lo social, "unión de lo abstracto y
lo concreto”, Ben Shahn. La multipli­
cidad y la unidad. Formas y colores,
símbolos, representaciones e ideaciones
bajo el signo de un arte muy cultiva­
do en América del Norte. — R. B.

LUIS

CENTURION

el escultor más vi/ viente de la Argentina actual, pre­
L
senta a Luis Centurión en "Altamira”,
ucio F ontana ,

L. Seoane. Moza. Oleó.
dos mundos de la patria lejana. Una
luz plateada, unos tonos de exquisita
sobriedad, una fluidez pictórica tan
tierna como llena de certidumbre, po­
drían ser algunos de los elementos que
más se destacan en esta última fase de
su pintura. En cuanto a los gouaches,
salva todos los peligros del procedi­
miento, logrando una fuerza de color
y un enlazamiento de planos como sólo
en el óleo podría sospecharse. — F. A.
MANE
ane

y éste no lo deja mal. Su "Día leja­
no”, pintado con atemperado sentido
del color y de las formas creativas, en
un ambiente de soledad que presupone
la llanura argentina al borde de un
pueblo de campaña, no transita por ca­
mino totalmente errado. En "Esta­
ción”, hay mira personal, y en "Ropa
tendida”, extrañas formas compuestas
líricamente, sostienen el cuadro. Con

BERNARDO

B ernardo

asume su apren­

dizaje pictórico esencial en "MuM ller”.
Asciende en sus paisajes desde

Auguste Oleffe. Nieuport.

la desintegración escenográfica a la
captación de tiernas atmósferas ("Ca­
sita de campo”) : una' dimensión supe­
rada. Se afina y ahonda la materia de
su expresión, y se enriquece la pinto-

IFillem Paerels. Puerto Mediterráneo.

de Bellas Artes, se alzan en retrospec­
tiva visión y se agolpan en operantes
valores. Un mundo del alma emana de
cosas, figuras y paisajes. En éstos, los
grises son invariablemente ricos. Por
ejemplo: Camus construye su cuadro
con fuertes pinceladas y se mantiene en
zonas de vibraciones sensibles, y a Pauatañe un bullir intenso por conducto
U .
. Túdad, más blancos y grises
apunia.:
-U - sobre los óleos
hacia la tajan¡v es:- n .
Esta pintura moderna. fiCOiloCjH
síntesis plástica y se suelta en liber­
tad expresiva. Vemos a misteriosos, se­
cretos dominadores: Van Gogh, Cézanne, Matisse, Braque, Derain, el noble
Picasso. Sí, Jean Rets, tu finura está
bien, mas suelta un poco al cubista Bra­
que, y tú, afinadísimo Scauflaire, entra
en tu propia casa que guarda una pa­
leta aquietada y colorida. Están también
Counhave, denso y pastoso, y Cockx, a

Ph. Cockx. El palco.
la sombra de Rouault, y, en guardia,
Timmermans. Frans Maserrel, perma­
nece fiel a su oficio de grabador: su
única tela tiene mareadas líneas ne­
gras, pero, ¿cómo exigirle color?
La Escuela de París, opera: con ella
o contra ella. Por sus derivaciones y
devociones, los hombres de 30 años nos
dan en la Exposición lo más polémico
y fecundo de los días preseiítes. Se
llaman: Wolvens, Van Lint, Barbaix,
Mendelshon. (Tampoco faltan otros
nuevos: Descamps, Dégroux, Navez,
Wallet, Dupagne, Opsomer, Ochs, Marie Howet y Urbain, de 23 años.)
¿James Ensor? El eminente belga
exhibe 102 grabados. Fantasía y rea­
lidad, drama y sueño, alegoría y paisa­
je, tormento y golpe de sueño en la
sabiduría de sus líneas incisivas y gri­
ses que crean atmósfera donde sólo
falta el color. El color está en su pin­
tura única traída por Piérard: es de
tonos claros y no lo representa.

elementos mínimos, Centurión organiza
sus óleos: le importa el espacio, y la
simplificación no lo abandona, ni el
colorido sólido. Su aire de pesadilla
("Figura”) no es ajeno a F. Kafka.
Sus retratos fijan presencias y un es­
píritu primario vive y se propaga.
Sensible su dibujo ("Hombre”).
¡Cuidado, empero! Me temo que en
muchos jóvenes anide un nuevo acade­
mismo, esta vez de índole abstractista
y surrealista, igualmente funesto. —
R. B.

�abalgátaQ

CUENTO POLICIAL

I-

LAS FUGAS DEL PRINCIPE
P or G . K. C H E S T E R T O N
aventura, aunque coronada igualmente
por el buen éxito en el lugar donde ocu­
rrió, acrecentara el peligro que había
quedado pendiente en el anterior escena­
rio.' Entre las muchas hazañas que con­
taban de él, se decía que pocos días más
tarde una muchacha llamada Marv Cregan lo encontró escondido en la granja
donde estaba empleada; y si el relato
es cierto, la pobre muchacha debió expe­
rimentar también el sobresalto de una
s te relato comienza entre la maraña
de cuentos tejida en tomo a un nom­ experiencia insólita. Pues ocurrió que
estaba ocupada en alguna solitaria labor
bre al mismo tiempo reciente y legen­
dario. El nombre es el de Michael en el patio, cuando una voz se puso a
O’Neill, conocido por el pueblo por Prín­ hablarle desde el aljibe; pronto supo que
cipe Michael, en parte porque afirmaba el perseguido se había ingeniado para
descender de antiguos príncipes fenianos, introducirse en el gran balde que colgaba
aprovechando que el pozo sólo es­
y en parte porque se le atribuyó un plan abajo,
a medias lleno. En esta oportu­
destinado a proclamarlo Príncipe Presi­ taba
nidad, sin embargo, debió recurrir a la
dente de Irlanda, tal como el último Na­ muchacha
para que remontara la cuerda.
poleón lo hiciera en Francia. Era indu­
los hombres aseguran que cuando esas
dablemente un caballero de honorable Y
noticias fueron comunicadas a la otra
ascendencia y de múltiples aptitudes; pero mujer,
su alma echó a caminar hacia las
dos de esas aptitudes se destacaban ne­
de la traición.
tamente del resto. Poseía el talento de fronteras
Tales eran al menos los relatos de la
aparecer cuando no era buscado, y el de región,
y había aún muchos otros; como
desaparecer cuando sí lo era, especial­
el fugitivo se mostró insolente­
mente tratándose de la policía. Puede cuando
mente en la escalinata de un gran ho­
agregarse aquí que sus desapariciones re­ tel,
vestido con una espléndida "robe de
sultaban más peligrosas que sus aparicio­ chambre”
verde, obligando a los policías
nes. En estas últimas, pocas veces iba a una caza que comprendió varias habi­
más allá de lo sensacional: pegar car­ taciones y departamentos del hotel y los
teles sediciosos, echar abajo carteles ofi­ condujo finalmente —a través de su pro­
ciales, dirigirse al pueblo en fulgurantes pio dormitorio— hasta un balcón sus­
discursos o desplegar estandartes veda­ pendido sobre el río. Apenas los perse­
dos. Pero en lo que respecta a las prime­ guidores se inclinaron sobre el balcón,
ras, llegaba a luchar por su libertad éste se rompió a sus
con tan tremenda energía, que algunos pies
y los precipitó
hombres se consideraban felices de esca­ en masa a las re­
par con la cabeza rota y no con el cuello vueltas aguas, mien­
quebrado. Sus más famosas escapato­ tras Michael, con
rias, sin embargo, habían sido hazañas tiem po suficiente
de habilidad y no de violencia. Una des­ para despojarse de
pejada mañana de verano, mientras se­ su “robe” y zambu­
guía un camino rural blanqueado por el llir, se alejaba na­
polvo, pasó frente a una granja y dijo dando. Aseguraban
a la hija del granjero —con elegante que había limado
indiferencia— que la policía lo estaba los soportes del bal­
persiguiendo. La muchacha se llamaba cón para que no
Bridget Royce y era una belleza de tipo resistiera nada tan
sombrío y aun hostil. Lo miró fijamente, pesado como un “pocomo dudando.
liceman”. 13
¡ui,
—¿Espera que yo lo oculte! —dijo.
otra vez, . i úé aforEl Príncipe se contentó con reír, míen
luaádo en principio
tras saltaba livianamente el eerco d;
aunque no en últi­
piedra y echaba a andar hacia la granja. ma in s ta n c ia , ya
Per sobre el hombro envió su respuesta: que segúji parece
—Gracias. Habitualmente me arreglo uno de los policías
se ahogó, dejando
muí bien solo para esconderme.
Con lo cual demostró una trágica ig­ un odio de familia
norancia de la naturaleza femenina, y en que hizo algún daño
su claro camino asoleado cayó una som­ a la popularidad del
Principé. Esos re­
bra de fatalidad.
Luego de verlo desaparecer más allá de latos pueden narrar­
la granja, la joven estuvo un rato con­ se ahora con algún
templando el camino, hasta divisar a dos detalle, no porque
sudorosos policías que avanzaban traba­ sean los más asom­
josamente. Aunque todavía furiosa, guar­ brosos entre sus mu­
dó silencio, y un cuarto de hora más chas aventuras, sino
tarde los dos oficiales habían registrado porque son los úni­
que la lealtad de
la casa y se dedicaban a la inspección del cos
huerto y los sembrados inmediatos. Da­ sus compatriotas no
das las violentas reacciones de su carác­ envolvió en silencio.
Sólo ellos se abrie­
ter, la muchacha hubiera cedido acaso a ron
camino hasta los
la tentación de delatar áí fugitivo, de informes
oficiales, y
no mediar un pequeño inconveniente: que eran justamente
los
ignoraba tanto como los policías el lugar
tres jefes de la
donde pudiera hallarse. El huerto estaba que
zona se hallaban le­
rodeado por un cerco muy bajo, y los yendo y comentando
sembrados se tendían oblicuamente como cuando se inicia la
un parche cuadrado sobre una vasta co­ parte más importan­
lina verde; de estar allí el fugitivo hu­ te de esta historia.
biera sido visto como un punto negro
La noche estaba
a la distancia. Todo se mostraba con muy avanzada, y ha­
precisión y en su sitio habitual: el man­ bía luces en la ca­
zano era demasiado pequeño para escon­ baña utilizada tem­
der a un hombre en su follaje; el único poralmente como comisaría, cerca de la
cobertizo aparecía abierto y obviamente costa. A un lado se alzaban las últimas
desierto; no se escuchaba sonido alguno casas del esparcido villorrio, y del otro
salvo el zumbar de los moscardones y el no había más que páramos tendiéndose
ocasional grito de un pájaro lo bastante hacia el mar, con una regularidad sólo
novato para dejarse asustar por el espan­ quebrada por la presencia de una torre
tapájaros del sembrado; apenas se nota­ solitaria cuyas formas prehistóricas aun
ban sombras, salvo unas pocas líneas suelen verse en Irlanda. Alzábase esbelta
azules cayendo del frágil árbol; cada como una columna, pero terminando en
detalle se recortaba en la brillante luz una punta piramidal.
del día como a través de un microscopio.
Ante una mesa de madera y frente a
Más tarde la muchacha describió la cace
la ventana que se abría sobre ese esce­
na con el apasionado realismo de su raza; nario, sentábanse dos hombres vestidos
v aunque los policías carecieran de tan de civil aunque con un cierto aire militar;
aguda visión de lo pintoresco, tenían, al eran los dos jefes de la policía de inves­
menos, claro sentido de su derrota y se tigación destacada en el distrito. El ma­
vieron obligados a abandonar la escena yor en años y rango, hombre robusto y
y renunciar a la persecución.
de corta barba blanca, tenía las canosas
Bridget Royce permaneció mirando cejas arrugadas de un modo que más re­
como en un trance el iluminado jardín velaba preocupación que severidad. Se
donde un hombre acababa de desaparecer llamaba Morton y era de Liverpool, aun­
a la manera de un hada. Seguía sintien­ que largamente probado en los conflictos
do un siniestro malhumor, y el milagro irlandeses frente a los cuales cumplía su
tomó en su mente un carácter hostil y deber con una áspera rudeza no despro­
temible, como si el hada fuese en reali­ vista de simpatía. Acababa de cambiar
dad un espíritu maligno. El sol, bri­ unas frases con su compañero Nolan,
llando sobre el jardín, la deprimía aun hombre alto y moreno con un rostro ir­
más que la oscuridad. Pero se obstinó landés equino y cadavérico, cuando pare­
en seguir mirando fijamente. Y enton­ ció recordar súbitamente algo y apretó
ces fué como si el mundo perdiera su un timbre que resonó en otro cuarto. Al
sentido, y Bridget lanzó un alarido. El instante un subordinado vino trayendo un
espantapájaros se movía bajo el sol. fajo de papeles.
Dándole la espalda, con su viejo y des­
—Siéntese, Wilson —dijo Morton—.
trozado sombrero negro y su ropa en Supongo que ésas son las declaraciones.
jirones, había echado a andar a través
—Sí —repuso el tercer oficial—. Creo
de la colina.
que les he arrancado ya todo lo que se
La muchacha no analizó la audaz es­ podía, de modo que los dejé en libertad.
tratagema por la cual el hombre había
—¿Declaró Mary Cregan? —preguntó
puesto a su favor los sutiles efectos Morton con un ceño algo más duro que
de lo esperado y lo obvio; estaba aún el usual.
bajo una nube de más personales com­
— N o, pero lo hizo su patrón —repuso
plejidades, y lo único que advirtió cla­
ramente fué que el distante espantapája­ el llamado Wilson, que tenía cabellos ro­
ros no se daba vuelta ni una sola vez jo s y lacios y un rostro llano y pálido
para mirar hacia la granja. Y los hados no desprovisto de agudeza—. Me parece
aue tan adversos se mostraban en la fan­ que nuestro hombre anda rondando a la
tástica carrera del Príncipe Michael por muchacha y que se ha echado encima un
la libertad, decretaron que su próxima rival. Hay siempre un motivo parecido

E

cuando se nos dice la verdad completa
sobre algo. Y en cuanto a la otra mu­
chacha... ¡vaya si dijo bastante!
—Bueno, esperemos que nos sirva de
algo, —observó Nolan sin mucha espe­
ranza al parecer y mirando hacia la os­
curidad de afuera.
—Todo lo que sirva para enseñarnos
algo nuevo sobre él —dijo Morton— nos
será útil de sobra.
—¿Pero sabemos algo acerca del hom­
bre? —preguntó el melancólico irlandés.
—Sí, una cosa —repuso Wilson—. La
única cosa que nadie pudo saber jamás:
sabemos dónde está.
—¿Seguro? —inquirió Morton mirán­
dolo agudamente.
—Completamente seguro —repuso su
asistente—. En este mismo momento se
encuentra en aquella torre cerca de la
playa. Si se arrima un poco verá la
luz de una vela en la ventana.
Mientras hablaban, el sonar de una bo­
cina llegó desde afuera y un momento
después se oyó el zumbido de un auto­
móvil que se detenía en la puerta. Mor­
ton se enderezó de un salto.
— ¡Gracias a Dios, es el auto de Dublin! —exclamó—. No podía hacer nada
contra él sin alguna autoridad presente,
aunque lo hubiésemos tenido en lo alto
de la torre sacándonos la lengua. Pero
el jefe puede decidir lo que le parezca
mejor.
Se apresuró a salir, y pronto estuvo
cambiando saludos con un hombre ro­
busto y elegante, envuelto en un abrigo

de pieles que traía a la pequeña y sór­
dida comisaría el indescriptible halo de
las grandes ciudades y el lujo del alto
mundo.
Era sir Walter Carey, oficial de tanta
importancia en el Castillo de Dublin que
sólo un caso como el del Príncipe Michael
podía haberlo lanzado a semejante jor­
nada en medio de la noche. La verdad
es que el caso del Príncipe Michael es­
taba complicado tanto por el legalismo
como por la ausencia de ley. En la últi­
ma oportunidad se había escapado gra­
cias a una triquiñuela forense y no,
como era usual en él, mediante una ha­
zaña personal; ahora se trataba de de­
terminar si la ley lo protegía o no. Tal
vez fuera necesario mostrarse bastante
elástico en algún punto; pero un hombre
como sir Walter podía estirar el punto
todo lo necesario.
Si tal era su intención, constituía en
ese momento la pregunta tácita. A pesar
del toque de lujo casi agresivo del abrigo
de pieles, pronto resultó claro que sir
Walter no empleaba su gran cabeza leo­
nina sólo como ornamento, y que tenía un
concepto amplio y preciso del problema.
Cinco sillas rodeaban la simple mesa,
pues el recién venido había traído con­
sigo a un joven pariente y secretario lla­
mado Home Fisher, individuo de aire
más bien lánguido, con rubios bigotes
y cabello prematuramente ralo. Sir Wal­
ter escuchó con grave atención —y su
secretario con educado hastío— la serie
de episodios a través de los cuales la
policía lograra seguir la huella del es­
curridizo rebelde desde las escalinatas del
hotel hasta la solitaria torre a orillas del
mar. Allí, por fin, estaba acorralado en­
tre los páramos y las rompientes, y el
espía enviado por Wilson informaba que
se hallaba escribiendo a la luz de una
bujía solitaria; tal vez componía otra de
sus proclamas. Hasta resultaba muy na­
tural en él que hubiese elegido la torre

como el sitio indicado para presentar
batalla. Tenía cierto remoto derecho a
su posesión, a manera de castillo sola­
riego, y aquellos que lo conocían lo ima­
ginaban capaz de imitar a los primitivos
caudillos irlandeses que sucumbían pe­
leando contra el mar.
—Vi salir a algunas personas de raro
aspecto cuando llegaba —dijo sir Wal­
ter Carey—. Supongo que serían los tes­
tigos. Pero ¿por qué vienen aquí a estas siderándolo una señal de que el arresto
sería efectuado de inmediato. Sin em­
horas de la noehe?
Morton sonrió irónicamente.
bargo el jefe permaneció sumido en hon­
—Vienen por la noche porque serian da meditación, como si comprendiera quc
hombres muertos si se presentaran de día. se había llegado al momento de las de­
Son criminales cometiendo un delito más cisiones.
espantoso aquí que el robo o el asesi­
El silencio fué quebrado de improviso
por un quejumbroso, prolongado grito
nato.
—¿Qué dase de crimen? —pregunto el que venía de los tenebrosos páramos. E¡
otro con alguna curiosidad.
silencio que lo siguió resultaba aun más
—Ayudar a la ley —repusoi Morton.
estremecedor que el aullido, y duró hasta
Hubo un silencio, mientras sir Walter que Nolan dijo sombríamente:
consideraba con mirada ausente los pape­
—Es la fantasma. Alguien bajará muy
les puestos ante él. Por fin habló:
pronto a la tumba.
—De acuerdo, pero fíjense en esto: si
Su cara, larga y dé anchas facciones
los sentimientos lugareños son tan in­ estaba pálida como una luna; no costaba
tensos, hay varios puntos que considerar mucho advertir que era el único irlandés
con cuidado. Creo que el último decreto en la habitación.
me faculta para apresarlo ahora mismo
— ¡Bah, yo conozco esa fantasma! —ex­
y del modo que me parezca mejor. ¿Pero clamó jovialmente Wilson—. Y eso que
será en verdad mejor? Un levantamiento me creen ignorante de las cosas locales.
en esta zona no nos beneficiaría en el Hablé con la fantasma hace una hora,
Parlamento, y el gobierno tiene enemigos y la envié a la torre con orden de gritar
tanto en Inglaterra como en Irlanda. No en la forma que han oído si alcanzaba a
sería un buen éxito proceder con lo que echarle una ojeada a nuestro amigo es­
yo llamaría un poco de rigor. . . y que cribiendo su proclama.
se nos convierta en una revolución.
—¿Es esa muchacha Bridget Royce?
—Creo que es to- —preguntó Morton, arrugando las cano­
.
do lo contrario —di­ sas cejas hasta que se juntaron—. ¿Ha
jo el hombre llama­ llevado hasta ese extremo su deber para
do Wilson, con cier­ con el rey ?
ta viveza—. Hay
—Sí —-dijo Wilson—. Ustedes me acu­
menos p e lig ro de san de no conocer las cosas locales: pero
rev o lu ció n si lo sospecho que una mujer ofendida es la
arresta ahora mismo misma en todos los países.
que si lo deja suelto
Nolan. sin en-1 orgo, continuaba pre­
dos o tres días más. ocupado y como fuera de sí.
Pero, claro está, ac—Es un tejide horrible, y codo este
t u a !”.eotfc no hay asunto
es horrible —murmuró—. Sí real­
.
ningún asunto que mente es el fin del Príncipe Michael,
la policía no pueda puede serlo también para otras cosas.
arreglar.
—Mr. Wilson es Cuando el espíritu lo habita, sería capaz
un londinense —dijo de escaparse por una escalera de hom­
sonriendo el detecti­ bres muertos y huir a través-de este nr
aunque fuera de sangre.
ve irlandés.
—¿Es ésa la verdadera razón de ..
—Sí, ya lo creo
que soy un cock- piadosa alarma? —preguntó Wilson con
ney (l) — repuso un ligero tono de burla.
El rostro del irlandés se ensombreció
Wilson— y pienso
que es mi mejor tí­ a impulsos de una nueva pasión.
— ¡He encarado tantos asesinos en este
tu lo , especialmente
cuando se trata de distrito de Clare —bramó— como usted
un tr a b a jo como en su barrio de Clapham, señor eockncy!
—Vamos, vamos —intervino secamente
‘éste.
Sir Walter pare­ Morton—. Wilson, usted no tiene dere­
ció levemente diver­ cho a poner en duda la conducta de su
tido ante la insis­ superior. Espero que esta noche se mues­
tencia del tercer ofi­ tre tan valeroso como él lo ha sido toda
cial, y tal vez aun su vida.
El pálido rostro del pelirrojo pareció
más por el acento
con que habló y que tornarse aun más blanco, pero guardó un
tornaba casi innece­ silencio respetuoso mientras sir Walter
saria la jactancia se acercaba a Nolan con marcada corte­
sía y preguntaba:
de su origen.
—¿Salimos ya, y acabamos de una vez
—¿Quiere usted in­
sinuar —preguntó— con este asunto?
El amanecer triunfaba, mostrando una
que conoce mejor el
asunto que nos ha gran franja blanca erd re una enorme
reunido . . . simple­ nube gris y el pardo contorno de los pá­
mente porque ha ramos, más allá de los cuales se recor­
venido de Londres? tá is la -torre contra el día naciente y
—Parece absurdo, el mar.
Algo, en su llana y primitiva silueta,
pero lo creo así
—repuso Wilson—. sugería vagamente el alborear de los días
Entiendo que esta primeros de la tierra, en algún tiempo
clase de asuntos re­ prehistórico cuando los colores habían
quiere métodos nue- sido apenas creados; cuando había sólo
vos. Y sobre todo creo que requiere la cruda luz solar entre la nube y la
gente nueva.
tierra. Pero aquellos tonos mates cedían
Los oficiales superiores rieron, y el en un punto dorado: el resplandor de la
pelirrojo se mostraba aleo irritado cuan­ vela en la ventana de la torre solitaria,
do prosiguió:
ardiendo a la luz del creciente día. Cuan­
—Pues bien, ah! están los hechos. Vean do el grupo de oficiales —seguidos por
cómo el hombre se les escapó cada vez, un cordón de policías— se abrió en semi­
y comprenderán qué quiero decir. ¿Por círculo para cubrir toda vía de escape,
qué fué capaz de ocupar el sitio del la luz en la torre se agitó como si alguien
espantapájaros, sin más que un viejo som­ la moviera, y luego se apagó. Imagina­
brero que le ocultara? Porque había allí ron que el hombre, al darse cuenta del
un policía del lugar, que conocía muy comienzo del día, acababa de soplar la
bien el emplazamiento del espantapája­ vela.
ros . . . Sabía que estaba y, naturalmente,
—¿Hay otras ventanas? —preguntó
no se preocupó de mirarlo mejor. Pero Morton—. Y una puerta, seguramente,
yo nunca espero un espantapájaros. J a ­ al otro lado de la torre. . . aunque las
más he visto ninguno en la calle, y por torres redondas no tengan lados.
lo tanto los miro a fondo cuando los en­
—Un nuevo ejemplo para mi ¿roqueña
cuentro en el campo. Es algo nuevo para sugestión —observó calmosamente Wil­
mí, algo que merece la pena de examinar. son'—. Esta rara torre fué la primera
Lo mismo puede decirse de cuando se es­ cosa que vi cuando llegué a estos parajes,
condió en el aljibe. Cualquiera sabe que y puedo darles algunos informes más so­
en un sitio como ése tiene que haber bre ella. . . Por lo menos sobre su exte­
un pozo; como es natural no se cuida rior. Hay cuatro ventanas en total: una
de él cuando lo ve; mientras que yo, ape­ se halla cerca de la que vemos, pero no
nas lo veo, me apresuro a mirarlo.
se la divisa desde aquí. Ambas corres­
—Es una idea, ciertamente —dijo son­ ponden al piso bajo, y lo mismo la ter­
riendo sir Walter—. Pero ¿qué opina cera que se abre del otro lado, comple­
del balcón? Suelen verse bastantes bal­ tando así una especie de triángulo; pero
cones en Londres.
la cuarta está por encima de la tercera,
—Pero no con ríos justamente debajo y supongo que ilumina un piso superior.
como si estuvieran en Venecia —respon­
—No es piso sino una especie de hueco
dió Wilson.
en el techo —corrigió Nolan—. De chico
—Ciertamente es una nueva idea —re­ solía jugar allí, y sé que se trepa por
pitió sir Walter con algo parecido al una escalera. El hueco no es más grande
respeto. Tenía todo el amor de las clases que una cáscara de nuez.
afortunadas a las nuevas ideas. Pero po­
En su rostro se acentuaba la melanco­
seía también facultad crítica, y se mos­ lía, quizá porque estaba pensando en la
traba inclinado a creer, después de me­ tragedia de su país y la parte que le
ditarlo bien, que aquella idea era tan tocaba desempeñar en ella.
cierta como nueva.
—De todas maneras, el hombre debe
El amanecer había convertido en gri­ haber conseguido una mesa y silla —pro­
ses los negros paneles do la ventana cuan­ siguió Wilson—. Sin duda se las ce­
do sir Walter se puso bruscamente de dieron en alguna cabaña próxima. Si me
pie. Los otros lo imitaron al punto, eon- permite una sugestión, señor, ¿denso que
deberíamos lanzarnos simultáneamente so­
bre las cinco entradas.
(1) Nativo de Londres, indicando oricen co­
pular.

(N. del T.)

(Continuará en el próximo número.)

�LETRAS
LITERATURA
l

interés por las religiones y filosofías de Oriente es,

puede decirse, reciente: data del siglo xix. La literatu­
E
ra más antigua del mundo, la védica, se remonta a la pe­

1 3 cabalgata

Y ARTE

ORIENTALES

LOS U P A N I S H A D S

numbra de los tiempos.
Los exégetas europeos asignan a los Upanishads —filosófía religiosa que sucede a los himnos del Rig Veda—
unos mil años de existencia antes de la era cristiana aunque
los pandits les atribuyen mayor antigüedad. Sólo en 1801-2
ve la luz una traducción al latín de un manuscrito persa,
el Oupnekhat (Upanishads). Transcurren, pues, veintiocho
siglos, por lo menos, antes de que el Occidente se entere de
los libros de la India brahmánica y que apenas si se conocen
en el resto de Asia. En el suelo índico se mantiene viva la
tradición prístina enriquecida por los comentarios y hallaz­
gos de uno que otro filósofo o reformador que aparece de
vez en cuando en el curso de las centurias. Mas las cosas
tienen su hora y su destino. El silencio milenario se rompe
de pronto. Se oye, por fin, el primer decir del hombre ario.
Habla de sus dioses y luego del Dios Uno —Brahma— que
suma a todos los dioses y a todos los seres.

Por A N A

M. B E R R T

e! estudio de los Vedas y cuya puerta de acceso son los Upa­
nishads . . . estará preparado del mejor modo para entender
lo que yo tengo que decirle.” El entusiasmo sin medida de
Schopenhauer por los Upanishads lo lleva a confesar que,
a su juicio, "no hay en el mundo lectura —si se exceptúan
los mismos originales— más provechosa ni más elevada que
la del Oupnekhat”. "Ha sido el solaz de mi vida y será el
solaz de mi muerte.” El interés del autor "De la voluntad
en la Naturaleza”, influye en filósofos del idealismo alemán
y en estudiantes. Max Müller en sus mocedades recoge de
los cursos de Schelling sobre los Vedas, la inspiración pri­
maria que señala norte a su vida. Treinta años más tarde,
en 1876, radicado en Oxford, Max Müller da comienzo a la
magna aspiración de difundir el conocimiento de las escritu­
ras clásicas de las seis grandes religiones de Asia. Scholars
alemanes, ingleses, franceses,’italianos, indúes y persas par­
ticipan en su realización. En veinticuatro volúmenes y en
forma de serie, se dan a la publicidad "The Sacred Books
of the East” que comprenden libros brahmánicos, budistas,
el Zend-Avesta, Confucio, Lao-Tse y el Koran.
Y se inicia la gran ruta del conocimiento religioso-filosó­
fico. Sin imaginarlo quizá, cada uno de esos eruditos al
poner por su parte su don lingüístico y su especialidad que
atestigua una vocación ingénita, contribuye a una obra en
común de gran alcance: marca la tendencia que sé observa
hoy en todas las ramas del saber y que se orienta a lo
universal.

Hombres intuitivos, sensibles a la belleza poética y a la
hondura filosófica y moral de esas antiquísimas escrituras
Irán vertiéndolas a sus respectivos idiomas. En primer tér­
mino se procede con la mayor de ellas, los Upanishads: com­
pendio de especulaciones sincréticas no superadas. Su histo­
ria es curiosa y sugerente:
Un príncipe mogol, Dará Shukoh, hijo mayor de Sha
Jahan, de fama mundial por el monumento del Taj Mahal,
emprende la traducción del sánscrito al persa de aquellos
libros. El bisnieto de Akbar —el Gran Mogol cuya corte
congregó a sabios hindúes y musulmanes a fin de esclarecer
los principios básicos de los diversos credos practicados en
sus dominios— llama a colaborar a eruditos sanscristas. La
tarea termina en 1657. Dos años después, el príncipe Dará,
rebelde entonces y acusado de atentar contra la fe de sus
antepasados persas, la religión establecida en el reino, muere
asesinado por orden de su hermano Aurangzib. Sin em­
bargo, la semilla del malogrado príncipe subsiste, destinada
a germinar en otras tierras.

Ultimo» desarrollo»
En lo que va de nuestro siglo, y a pesar de las dos gue­
rras mundiales, los estudios orientales se acrecientan. Hay
mayores fuentes de investigaciones: se descubren nuevos
libros, se viaja más y se conocen mejor las lenguas asiáti­
cas. Provistos de mayores conocimientos surgen los scholars
orientalistas —sinólogos como Richard'Wilhelm y Waley,
especialistas én la religión brahmana o budista como los'Rudolf Otto, Tueci Fornichi, Keith, Hume, Senart— de amplio
y profundo saber. En las universidades se fundan cátedras
de religiones comparadas; se divulga entre estudiantes la
curiosidad por la literatura oriental, como se aprecia tam­
bién su arte.

La primera traducción en Occidente
Han pasado cerca de un siglo y cuarto cuando, en 1775,
una copia del manuscrito persa llega de la India a manos
de Anquetil Duperron. El descubridor del Zend-Avesta
emprende la labor de verter el Oupnekhat al francés y al
latín. La traducción francesa se extravía, pero la latina se
publica al comienzo del siglo xix —según ya se mencionó—.
La lee Schopenhauer. Asombrado, reconoce verdades pre­
sentidas por él, lo cual da alas a su propio pensamiento y
trabajo. Testimonio de ello es el prefacio de la primera edición
de "El Mundo como Voluntad y Representación” publicado
en 1818. "Si el lector ha recibido el beneficio que representa

Y ahora llega al vulgo. Basta con citar ejemplos de los
dos últimos años: una versión poética del Bhagavad Gita,
en inglés, colaboración del Swami Brabhavananda y Cristopher Isherwood, poeta y escritor sobresaliente de la gene­
ración que apareció después de la primera guerra; y la
Perennial Philosophy de A ld o u s
Procesión de bo­
H uxley: antología de los grandes
tes en Agrá du­
místicos, que florecen desde tiempos
rante el reinado
remotos en diversos credos y razas,
de Akbar. Pintura
con comentarios que ligan y subrayan
M o g o l . Museo
Victoria and Al­
la experiencia íntinm-religiosa como
bert. Londres.
una y universal.

Bailarinas en la corte de Akbar. Pintura Mogol.
Museo Victoria and Albert, Londres.

Akbar después de su visita a Delhi vuelve por barco a Agrá.
Pintura Mogol. Museo Victoria and Albert, Londres.

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�HUMOR

cabalgata®
B U R L A D E R O

con voz —¡ay!— lo más femenina po­
sible:
— ¡Viva la pequeña diferencia!...

Por el Hon der o Iró n ico

Parece ser que todos los escritores y
artistas norteamericanos le deben su glo­
ria en las artes a su fracaso como milita­
res. Edgar Poe fué expulsado de un co­
legio militar; Santayana le debe el ser
escritor de lengua inglesa a la ausencia
de Novaliches, cuando le fué a pedir una
plaza de subteniente en Toledo. Whistler
cuenta que fué expulsado de West Point
por no saber contestar qué era la sal.
Cuando años más tarde se enteró que era
un compuesto de un ácido y una base, ex­
clamó lleno de alegría:
— ¡Pensar que si llego a saber eso a
estas horas era por lo menos teniente co­
ronel U . .

Decía Metternich, que el diplomático es
el hombre que dedica toda su energía, cul­
tura y talento a evitar conflictos interna­
cionales que no existirían si no hubiese
diplomáticos.
De G. B. S. en una última entrevista:
“Las cosas que se saben hacer, se ha­
cen ... Y las que no se saben hacer...
se enseñan a los d em ás...”
Diálogo entre un ruso y un norteameri­
cano que le reprochaba al ciudadano de
la URSS su falta de libertad de palabra
y acción:
—i Qué entienden ustedes por libertad
de palabra? —preguntó el ruso.
— ¡Libertad de palabra es que en Es­
tados Unidos, si usted quiere, va a la
Casa Blanca y dice que Truman es un
im bécil!... ¡Y no le pasa n a d a !...
—Pues en Rusia, si usted quiere —re­
plicó el soviético—, si usted quiere, va al
Kremlin, dice que Truman es un imbécil,
¡y tampoco le pasa nada! . . .

biada la conversación se habló de nata­
lidad y los diversos Indices por país. En
cierto momento que la Opulenta Anfitriona expresaba su propia experiencia sobre
el asunto, Paderewski, súbitamente des­
pierto, intervino de nuevo en la conver­
sación creyendo que seguían hablando del
tema anterior.
—No soy de su opinión señora... Para
mí el antiguo procedimiento es el mejor.
—{Es usted la nueva mecanógrafa?
—Sí señor.
—¿Sabe usted francés?
—Yes. ..
—Eso no es francés, es inglés.
—¡Uy! ¡También sé inglés! . . .
La Fanática Feminista proclamaba con
voz, lo más varonil posible, su fe en el
triunfo de los nuevos ideales.
— . ..y después de todo... ¡Qué es lo
que distingue al hombre de la m ujer?...
Una pequeña diferencia. . .
Y entonces la Feminista Ingenua gritó

No hace mucho tiempo, Miss Ellen Wilkinson, ministro a la sazón de Instrucción
de la Gran Bretaña, visitó Alemania don­
de pronunció una conferencia- ante un nu­
meroso concurso de maestros y maestras
a quienes explicó las ventajas de la liber­
tad de pensamiento como base de toda
enseñanza. Terminada su charla se le
acercó entusiasmada una joven maestra
quien le preguntó con el más ingenuo y
desnazificado entusiasmo:
—Señorita ¡qué directivas debemos se­
guir para pensar libremente? . . .

ÜM
PREMIOS
Envíenos usted las soluciones. La primera solución que nos llegue respondiendo
correctamente a lfls 35 pruebas será premiada con í 20 m/n. Las seis primeras
respuestas que recibamos y que solucionen 30 preguntas serán premiadas con una
suscripción por 6 meses a Cabalgata.
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Las respuestas deben d irig irse a la redacción de Cabalgata , a n te s del 1’ de no­
viembre. En el núm ero c o rresp o n d ien te al 15 de noviem bre p u blicarem os las solucioneEn°cada' número de Cabalgata se publicará una prueba equivalente a ésta, cuya
solución aparecerá, dos números después.
A continuación tiene una lista de famosos seudónimos, junto con los verdaderos
nombres de quienes los lucieron en vida o en parte de sus obras. Nombres y seudó­
nimos se encuentran en desacuerdo entre ellos. Procure ligarlos correctamente. Si
acierta en todos su cultura e información no dejarán nada que ¡.escar y hasta puedo
calificarlas de excepcionales. Pero para su consuelo le advertimos que con un sesenta
por ciento de corrección tiene más que suficiente y puede darse por plenamente
satisfecho.

1.

“Tirso de Molina”.
“Anatole France”.
3. "Pablo Neruda”.
“
Carmen Sylva”.
4.
5. "Gyp”.
“Colombme
.
6.
7. “ Fray Mocho”.
8 . “ Ei Solitario”.
9. “ Almaf uerte”.
10. ““Clarín”.
Fernán Caballero” .
11 .
Enrique Sienkiewicz"
12. ““Andró
Maurois”.
13.
14. “ Silverio Lanza”.
15. “Raehilde”.
.6. “ Novalis”.
17. “ Stendhal”.
18. “Moliere”.
19. “Fígaro”.
20 . “George Eliot”.
2 1 . “Gabriela Mistral” .
22. “ Boz”.
23. "Lorenzo Stecchetti”.
24. “Juan Moreas”.
25. “Mark Twain” .
26. “ Máximo Gorki” .
27. “Voltaire”.
28. "George Sand”.
29. “Juies Romains”.
30. “ Azorin”.
31. “Vigil.us Haufniensis”
32. “ Xenius”.
33. “ Hugo Wast”.
34. ‘ Chamico” .
35. “Alejandro Casona”.
2.

El famoso psiquíatra italiano, Roneati, director del manicomio de Bolonia,
acostumbraba a decir siempre que salía
a la calle:
—Ahora que hemos estado en el mani­
comio pequeño, ya podemos pasar al gran­
de.
Uno de los más. grandes polvorines del

PALABRAS

CRUZADAS

mundo, el Fort Knox, en los Estados
Unidos, luce este rotundo letrero: “No
fume si no quiere convertirse en un dato
estadístico.”

LIBROS BIEN IMPRESOS
PARA EDITORES EXIGENTES

Thomas de Quincey, el dandy cínico, y
cierta lady tan pasada como ingenua, pe­
se a sus años.
—Una p re g u n ta , Thomas: ¡cuántos
años cree que tengo?
H O RIZO NTALES
I. — Malvavisco. - Fiesta de los judíos.
I I . — Sesgo. - Cerro.
III. — Hijas de caballo y burra. - Instru­
mento de grabar.
IV. — Aconsejadora.
V. — Hermana.
VI. — Moneda romana de escaso valor. - Re­
gión de la antigua Grecia. - Se dirige.
VII. — Donde. - Hilo para pescar. - Acción
de dirigirse.
V III. — Vela pequeña. - Pronombre autorita­
rio. - Sobrino de Abraham.
IX. — Segunda letra dei alfabeto griego. - In­
terjección que denota impaciencia.
X. — Veloz. - Punto opuesto al cénit.
XI. — Río de Florencia. - Noveno.
VERTICALES
1. — Palabra mágica.
2. — Embrollos. - Acalorarse por el sol.
3. — Recelas. - Pez.
4. — Pronombre demostrativo plural. - Primera
carta de la baraja. - Adonde.
5. — Apoyo.
6. — Corto.
7. — Embarcaciones.
«8. — Derrumbamiento grande de nieve sobre
los valles. - Contracción de preposición y ar­
tículo. - Una de las doce tribus de Israel.
9 . — Pueblo de la provincia de Toledo. - Per­
sona que protege a otra.
10. — Príncipe árabe. - Instrumento de arco.
11. — Guarnicionero.

AMOBRORTU
CORDOBA 2 0 2 8

BUENOS AIRES

—El doble.
— ¡Exquisito! —exclamó el divino Gabriele sorbiendo un helado en la terraza
de su fastuoso Vittoriale—. ¡No le falta
más que ser pecado!
—-¡No, no! —rechazó te r m in a n te ­
mente el podestá de aquella ciudad ita­
liana, cuando Carducci le ofreció la pre­
sidencia de la mesa—. ¡Qué diría la

10.
11 .
12 .

13.
14.
15.
16.
17.
18.
19.
20.

21.

22.

23.
26.
27.
28.
29.
30.
31.
32.
33.
34.
35.

José Martínez Ruiz.
F. María Arouet.
Leopoldo Alas.
Carmen de Burgos.
Margarita Eymery.
Isabel de Rumania.
M. J. de Larra.
A. Rodríguez Alvarez.
B A. Palacios.
J. B. Amorós.
Aurora Dupin.
Federico de Hardenberg.
J. L. Farigoule.
Eugenio d’Ors.
Sybyla Riquctti-Mirabeau.
Henryk Litwos.
Chindo Guerrini.
G. M. Zuviría.
F. Gabriel Téllez.
Sóren Kierkegaard.
Cecilia Bóhl de Faber.
Carlos Dickens.
Yanni Papadiamantopoulos.
1. B. Póquelin.
Neftalí Reyes.
A. Herzog.
Estébanez Calderón.
S. ------------------Mary Ann Evans.
F. Á. Tbib-ut.
C. Nalé Roxlo.
Lucila.. Godoy.
Henri Beyle.
Samuel Langhorne Clemens.
José Alvarez.
Máximo Piechkov.

gente si me viera sentado ahí a mí que
soy muchísimo más burro que usted!...
—Me levanté temprano —contaba aquel
gran dibujante catalán—, allá en mi pue­
blo natal, La Garriga: era una mañana
de invierno fría, crudísima, gris plomo en
la que todo parecía augurar una magní­
fica nevada. Pero no: apenas habían caí­
do algunos copos más o menos discretos,
una canallesca llovizna los deshacía en
agua. Con la nariz pegada a los crista­
les de mi ventana, hacia toda la fuerza
posible, una hora tras otra para que cua­
jara la nieve de una manera decente y
disfrutar de una nevada como Dios man­
da. Todo fué inútil: pasó una hora, otra
hora y otra más, sin éxito alguno y cuan­
do llegó la noche me retiré de la ventana
completamente vencido : ¡ Aquella nevada
había sido un completo fra c a so !...

ALGUNAS ANECDOTAS
DE B E R N A R D SHAW
cumplido no­
C ventamotivoañosdede hab'ér
edad, la prensa in­
ON

glesa rj francesa ha aprovechado la
ocasión para recordar algunas de las
anécdotas más célebres del gran autor
dramático inglés. Nos limitaremos a
reproducir aquellas que son más carac­
terísticas del humorismo shawiano.
Bernard Shaw ha usado siempre sus
palabras más crueles para las mujeres.
Un periodista americano le preguntó
en cierta ocasión si había cambiado de
opinión con respecto a las mujeres.
—Sobre las mujeres, no; pienso exac­
tamente lo mismo que pensaba hace
noventa años, es decir nada. Lo que

Y aprovechando que nos encontramos en
los Estados Unidos, recordemos la última
apreciación del inagotable Emil Ludwig,
que al embarcar para Europa, como se le
hiciera referencia a que dejaba al conti­
nente de la libertad, le dijo amablemente
a su interlocutor.
—Así es, mi querido am igo... Pero
no olvide que la libertad no es un inven­
to americano con derechos reservados pa­
ra las demás naciones...

ocurre es que a veces se ha dado el
caso de que una mujer no formaba
parte de "las mujeres”.
*

*

*

Es sabido que Bernard Shaw tiene
un elevadísimo concepto de su propio
talento. Transige con admirar a Sha­
kespeare, aunque considerándose supe­
rior a él.
Un día que Shaw se encontraba un
tanto melancólico, un amigo íntimo le
preguntó qué le ocurría, y el gran au­
tor le respondió:
—Shakespeare ha muerto, Moliere ha
muerto y yo mismo no me encuentro
muv bien.
Agregó, finalmente, que pensaba vi­
vir tanto como su antepasado Matu­
salén.

* * *

A su regreso de un viaje a Grecia,
una señora le preguntó ingenuamente
si era verdad que todas las mujeres
allí tenían la nariz griega.
— Claro está — contestó Shaw.^
—¿Cómo claro está ? — volvió a pre­
guntar la señora.
—Comprenda usted, querida amiga;
no va usted a pretender que las griegas
hagan venir su nariz del extranjero.

A propósito de profesores que quieren
enseñar lo que no saben, nos referiremos
al recién llegado embajador intelectual de
Madrid, el que, terminada su primera con­
ferencia, al ser interrogado por el profe­
sor Monner Sans, reaccionó en imperial
con las siguientes palabras:
—“Por lo que oigo, ustedes se creen
que en España andamos a g a ta s ...”
—“A gatas no —replicó el interpelan­
te—, ¡pero con bozal sí! . . .”

*

*

*

De Bernard Shaw son estas lincas
que exteriorizan toda su petulancia ge­
nial :
"Durante setenta años, con una te­
nacidad sin precedentes, he metido cu
la cabeza del público el que soy un
hombre extraordinario, espiritual, bri­
llante y hábil. Esto forma parte ahora
del patrimonio de la opinión pública de
Inglaterra y ninguna potencia en el
mundo podrá cambiarlo en lo más mí­
nimo. Mi reputación está construida,
firme y sólida como la de Shakespeare,
sobre una base inquebrantable de afir­
mación dogmática.”

En el almacén:
—Déme dos docenas de sardinas.
—¡Las quiere nacionales o importa­
d as?... Las nacionales valen 50 centa­
vos y las importadas 2,50 pesos.
—Démelas nacionales... ¡ Quiere que
le pague el pasaje de Europa a una sar­
dina?. . .
El Opulento Anfitrión iba enseñándole
todas las maravillas de su palacio al gran
Paderewski. De pronto se detuvo ante un
piano de gran cola y exclamó:
__Mire maestro . . . Cuatro pedales. . .
Caja to n a l... Cuerdas anticlimáticas...
Fueron tantaB las explicaciones que el
buen Paderew ski se quedó dormido. Cam­

1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.

*

—Si, señorita: ; odio el realismo fotográfico en el arte!

*

*

Cuando se le preguntó qué es lo que
pensaba de la experiencia de Bikini,
Bernard Shaw respondió:
— Es la primera vez que una come­
dia americana puede escucharse hasta
el final.

�CIENCIAS_______________ E cabalgata
ste

personaje reptiliano vivió en el

que tanto estupor promueven entre los ni­
ños y los mayores por igual a causa de
su sangre fría para tratar con los felinos
y otros animales de reconocida ferocidad
y poder. Llamóse a este reptil dragón de
Komodo, y los naturalistas lo colocaron
con las formalidades de rigor, en el gé­
nero Varanus con el resto de los moni­
tores. Con una longitud de unos 3,60
metros y más de 100 kilogramos de peso,
el dragón hubiera pasado, sin embargo,
por un vástago recién salido del casca­
rón del Tyrannosaurus mencionado arriba.
Pero es preciso contar con los 70.000 si­
glos de franca decadencia del linaje de
los lagartos antes de tomar a broma al
Varanus komodoensis y pensar qué puede
ser de nosotros al cabo de un retroceso
equivalente. Hay que andarse con pies de
plomo siempre que se trate de decir algo
que valga la pena de ser tenido en cuen­
ta, sobre todo cuando andan por el me­
dio cuestiones de prestigio. Para lavarnos
las manos nosotros diremos que, conside­
rado a nuestra escala, el dragón de Ko­
modo es un dragón con todas las de la
ley, aunque para evitar su desaparición en
menos que canta un gallo, el gobierno ho­
landés haya tenido que colocarlo bajo su
tutela, cual si se tratara de una criatura
de pecho. Y es que, tratándose de dra­
gones, ninguno hay capaz de toserle al
hombre, sea éste sabio, empresario de cir­
co, simple bombardero de una fortaleza
volante o jefe de un campo de concen­
tración.

norteamericano hace cosa
E decontinente
70.000.000 de años, durante el llamado
por los geólogos período Cretáceo. Al
revés de otros reptiles que le precedieron,
éste, denominado Tyrannosavrus rex, era
carnicero como ponen en evidencia sus
temibles dientes montados sobre maxilares
poderosísimos; su cabeza medía más de
un metro veinte de largo; su alzada as­
cendía a seis metros y su longitud a los
catorce. Por fortuna para todos los seres
que le sucedieron, entre ellos nosotros (que
aparecimos ayer para el caso), los reptiles
de esta catadura fueron perdiendo terre­
no, sin duda porque, entre otras cosas,
su cerebro era demasiado chico con rela­
ción a la masa que debía controlar. Y el
puesto hegemónico que los reptiles ocupa­
ran en pasadas épocas geológicas, pasó
a otras estirpes zoológicas mejor adapta­
das, más inteligentes y dinámicas: las
aves y los mamíferos.
Sin embargo no hace mucho —y no ya
con arreglo a la escala geológica, sino a
la histórica propiamente dicha, pues era
alrededor de 1914—, corría el rumor en­
tre los nativos de ciertas islas indonésicas
de la existencia de un monstruo capaz de
rivalizar por su talla y apariencia con los
del pasado. Hízose entonces una explo­
ración en dichas islas, y en la de Komodo, situada en las cercanías de la isla
Flores, se descubrió, en efecto, un reptil
capaz todavía de poner los pelos de punta
a cualquiera de esos capitanes de circo

Desaparece
un Hombre de Ciencia
y un g r a n Divulgador
l

16 de setiembre próximo pasado

murió en Dorking, Surrey, el astró­
E nomo
James H. Jeans, muy conocido enSu libro The World A round Us, traducido
el mundo culto y hasta en los medios po­
pulares por sus contribuciones a la cien­
cia de su especialidad y por sus libros de
divulgación. Es característico de los hom­
bres de ciencia ingleses de la más pura
tradición, no olvidar por un momento que
el saber, y en especial el saber científico,
no debe ser ni puede ser privilegio de un
grupo de escogidos, porque si bien su país
tuvo hombres de ciencia precedentes de
las clases superiores, como Boyle, Hook,
Cavendish, etc., los creadores por exce­
lencia fueron de extracción popular; re­
cuérdese si no a Dalton, Priestley, Faraday, Davy, Darwin, Rutherford, etc., to­
dos ellos de origen humilde. Raro es el
sabio inglés que no da clases populares
en la Sayal Institution, no habla por la
B. B. C., no escribe libros destinados al
gran público sobre temas de su especiali­
dad, además de enseñar en Cambridge, en
Manchester, en Londres y otros puntos de
las Islas o fuera de ellas.
Jeans ha sido uno de estos hombres.

al castellano con el título El mundo que
nos rodea a poco de su aparición en su
lengua original, ha causado una profunda
impresión en todas partes por la forma
magistral con que presentaba un cuadro
del estado presente de la física atómica
y la astronomía, ambas estrechamente uni­
das desde el descubrimiento del espec­
troscopio y die la formulación de la teo­
ría de la relatividad. Hace poco (en
1944) apareció una nueva edición inglesa
de este libro en la cual se recogen muchos
resultados científicos obtenidos desde la
fecha de su primera publicación. Otra
obra del mismo autor, y de análogo ca­
rácter o sea de divulgación también, es
Through Space and Time, no vertida al
castellano que nosotros sepamos, como no
lo está Astronomy and Cosmogony. Se
han traducido en cambio The Misterious
üniverse y The Satars in Their Courses.
El primero es en el fondo una conferencia
docta sobre temas de relatividad y física
atómica, y el segundo el contenido de

una serie do charlas sobre astronomía da­
das en la B. B. C. (la radioemisora ofi­
cial inglesa) para el gran público.
La labor de Jeans en el terreno de la
ciencia pura es copiosa también. Y de-

U N A PL A N T A CARN ICER A
stamos

acostumbrados a asociar los

E seres carniceros con la agilidad de
movimientos del tigre y del lince, con
las astucias del zorro, con el sigiloso
vuelo de las aves nocturnas, con la mi­
rada potente del azor. Procurarse la
carne ha sido siempre una tarea arries­
gada, tanto que el hombre no ha podi­
do progresar hasta que se independizó
de la vida cazadora con la cría de ani­
males en domesticidad —la vaca, la ca­
bra, la oveja—, y más aún que con
la ganadería, con la agricul­
tura, con el cultivo en cre­
ciente escala del trigo, la
cebada, el arroz, la avena,
el centeno. .. Los frutos de
estas plantas pueden con­
servarse durante años en si­
tios apropiados y de este
modo los tiempos de las va­
cas gordas pudieron com­
pensar los de las vacas fla­
cas. Fueron los cultivos los
creadores del sentido de la
previsión, los que otorgaron
al espíritu la dimensión del
futuro, porque cimentaron
la confianza e hicieron po­
sible el ocio creador, el
cual, aliado con la necesidad
(no menos creadora cuando
no rebasa cierto grado),
echó los cimientos de la vi­
da civilizada.
La exigencia de la carne
es un atributo típicamente
animal, más aún: del ani­
mal superior. Al revés de
lo que ocurre con las plan­
tas, los animales carecen de
la facultad de sintetizar los
simples compuestos minera­
les del suelo y del aire pa­
ra convertirlos en carne de
su carne, en fuerza de sus
músculos, en energía de su
cerebro, y por ello son los
obligados parásitos del reino vegetal de
un modo inmediato o mediato.
Pero hay excepciones para todo, y
más, tratándose de la naturaleza, y así
nos encontramos de vez en cuando con
plantas de una voracidad por la car­
ne que apenas desmerece de la de mu­
chos animales. Vea el lector esta "ja­
rra” con su correspondiente tapadera.
En su origen fué una hoja como cual­
quier otra cuyo pecíolo o punto de in­
serción con el tronco se supone en la
prolongación superior; pero en vez de

quedar reducida a una hoja cuya mi­
sión fundamenta! fuese elaborar almi­
dón, celulosa y otros- materiales a ex­
pensas del anhídrido carbónico de la
atmósfera, del agua, etc., decidió to­
mar por el atajo y convertirse en un
atrapamoscas con todas las de la ley.
Sus brillantes colores la hacen pasar
por una flor, como tantas otras, con
sus jugosos néctares; el borde de la
boca ha sido reforzado con una espe­
cie de aro, para evitar a toda costa
que aquélla se cierre; en la
parte inferior de la tapade­
ra existen unas células se­
cretoras de unos líquidos
viscosos; el tramo superior
de la cara interna de la
"vasija” está encerado como
para que los infelices insec­
tos resbalen hacia el fondo
—en ciertas especies afines
de plantas, hay unas espi­
nas encurvadas hacia aden­
tro—, y, por fin, la parte
interna profunda contiene
un líquido adherente del cual
no pueden librarse los in­
sectos en cuanto lo tocan.
Pero las cosas no paran
aquí, sino que, por el con­
trario, éste es el comienzo,
pues a partir de la caída del
insecto al fondo de la tram­
pa, las células de la hoja
empiezan a segregar un lí­
quido con análogas funcio­
nes a las de los ácidos se­
gregados por las paredes del
estómago de los animales,
con el resultado de que la
carne es digerida y asimi­
lada con todas las de la ley.
En unos casos estas ja ­
rras-estómagos se forman en
una hoja cuya parte filifor­
me ha dado previamente una
vuelta a cualquier soporte,
pues en general estas plantas son tre­
padoras de las regiones tropicales; pa­
rece como si quisieran prevenirse con­
tra los riesgos de derrumbe de una
comida demasiado copiosa. Pero en
otros casos las hojas donde se forman
estos depósitos no desempeñan funcio­
nes trepadoras o prensiles.
La planta a que se refiere el gra­
bado es oriunda de las Indias holande­
sas, y se conoce con la denominación
de Nepenthes ampollaría. El tamaño de
este órgano es doble de la figura.

manuales, volvió su atención hacia este
nuevo campo, y el 27 de enero del año
1927, en un alarde de inventiva, de des­
treza y de perseverancia, hizo una exhibi­
ción ante la Royal Institution, que marca
una época en la historia de la televisión.
Desde esta fecha nadie pudo poner en du­
da la practieabilidad de una idea acari­
ciada por muchas mentes audaces, pero
tan escurridiza que, cuando se la creía en
la mano, tornaba a desvanecerse. A par­
tir de esta prueba Baird contó con los
medios necesarios para poner en práctica
sus conquistas y para perfeccionarlas rei­
teradamente. En cierto modo esta figura
fué a la televisión lo que fué Marconi a
la radiotelefonía, pues como éste, acabó
por vencer todo posible escepticismo y
por formar una compañía de amplios re­
cursos, dispuesta a ensayar todas aquellas
iniciativas que ofreciesen alguna garantía
en cuanto a su eficacia.
Los primeros ensayos de Baird fueron
hechos con analizadores mecánicos del ti­
po del disco de Nipkow (patentado por

el alemán Paul Nipkow en 1884, pero po­
co menos que arrinconado hasta que
Baird puso de nuevo sus manos sobre él).
Este método resultó inadecuado, pese a
todos sus perfeccionamientos, pues la
inercia y otros inconvenientes de los ana­
lizadores mecánicos imponían grandes li­
mitaciones a la definición de las imáge­
nes, y con gran dolor para Baird fué ne­
cesario volver la vista a los dispositivos
electrónicos, ensayados independientemen­
te por Rosing en Rusia y por CampbellSwinton en Inglaterra misma por vez pri­
mera. Estos dispositivos alcanzaron un
triunfo de gran trascendencia con el ico­
noscopio de Zworykin, con el “tubo di­
sector” de Farnsworth, etc. Pero todo
ello acaso no saliese a la luz por muchos
años si no fuera por el genio de este in­
ventor escocés, a quien se debe que la
B.B.C. empezase sus programas regulares
de televisión en noviembre de 1936. Al
ser interrumpidos estos programas como
consecuencia de la guerra, funcionaban en
Inglaterra alrededor de 23.000 receptores
y hoy dicho país es de los que van a la
cabeza en este terreno, tan prometedor
para el futuro.
Las agencias informativas dan cuenta
de la amplia contribución de Baird al per­
feccionamiento de la técnica telelectrónica
y nos dicen que antes de morir “había
dado los últimos toques al equipo más
moderno en existencia”.

EL SER VIVO MAS VIEJO DEL PLANETA
i queremos buscar el ser vivo de
máxima longevidad tenemos que
S
descartar los animales y orientarnos
bémosle una hipótesis sobre el origen del
sistema solar, la llamada hipótesis de la
marea. Había nacido en 1877 y desem­
peñó destacados puestos en la enseñanza
y en las instituciones científicas de su
patria.

MUERE
JOHN LOGIE BAIRD
A prensa mundial acaba de anunciar
j la desaparición de John Logie Baird,
1
ingeniero electricista nacido en agosto de
1888 en Helensburg, Escocia. Baird fué
el primero en ofrecer muestras contun­
dentes de la practieabilidad de la televi­
sión. Hasta bien entrado el presente si­
glo la posibilidad de transmitir imágenes
de un punto a otro por medio de ondas
electromagnéticas —idénticas en esencia
a las de la luz ordinaria y a las de la
radiotelefonía— era tema de especulación
más que una realidad tangible, y en con­
secuencia no había empresa que se aven­

turase a poner a disposición de los hom­
bres de ciencia y de los amateurs los me­
dios económicos necesarios para instalar
laboratorios de investigación y construir
equipos de prueba. En 1923 Baird, hasta
entonces un alto empleado de la (Jlyde
Valley Eleetrieal Power Company y per­
sona de amplios recursos imaginativos y
Página redactada por
J o s é O t e r o E s p a s a n d ín .

hacia los vegetales. El organismo ani­
mal es muy delicado y muy aetivo
para durar demasiado; la sensación del
tiempo, la impaciencia, el fuego de la
acción, van socavando su existencia,
minando su ser. Por el contrario, los
vegetales en general están hechos de
materiales más resistentes, más esta­
bles, y la acción apenas perturba su
plácido existir. Y por eso mientras los
hombres y demás animales sucumben
con la angustia de no haber vivido,
con una sed de tiempo en los labios,
ciertos árboles parecen hilar impasi­
bles los siglos precipitados en la rueca
de su copa. Los astros danzan en las
esferas, la corteza del planeta se agrie­
ta, denuda y estalla aquí y allá, pero
estos árboles parecen no enterarse; sus
ansias se despliegan sobre ciclos más
vastos y la angustia del instante fugi­
tivo no altera el ritmo de su pulso.
En México hay un árbol, una especie
de ciprés, llamado ahuehuete en el país
y Taxodium mucronatum por los .natu­
ralistas, que mide de circunferencia (a
ras de tierra) más de 36 metros. Otro
ejemplar de la misma especie y del
mismo país hállase en la Calzada de
Tacuba, y debajo de él dice la historia
que se lamentó Cortés —tan poco dado
a las lamentaciones— de su mala for­
tuna en la lucha contra los aztecas.
¿Cuántos años tienen estos árboles
colosales de crecimiento reposado?
¿Cuántas cosas pasaron sobre la Tierra
desde el momento en que reventó a la
caricia del sol y del agua la diminuta
semilla de que proceden? Sucumbió el
recio extremeño, sucumbió el imperio
de Moctezuma, sucumbió el imperio de
Carlos V y se halla en la agonía la ci­
vilización nacida entonces, y estos ár­
boles siguen en su puesto, acaso por
muchos siglos más.
Pero el ser más antiguo en existen­
cia parece ser la sequoia denominada
General Slierman de California. Más
vieja que los ahuehuete, que los boabab del Africa ecuatorial, que tos eu­
caliptos de Australia, que los olivos de
Jerusalén. Podríamos saber su edad,
pero sería a costa de su propia vida:
en su tronco está escrita su simple his­
toria, los años que ha vivido, pues a
cada uno de éstos corresponde un ani­
llo de vasos de mayor diámetro que los

inmediatos. Pero es preferible la ig­
norancia al sacrificio de una vida ve­
nerable nimbada por los siglos y los
milenios. Una sequoia menos corpulen­
ta cortada hace años, tenía 3.126 años
de edad, y hay quien estima a la Ge­
neral Sherman dos milenios más vieja.
Hacia comienzos del siglo xxix a. de
C. empezaron a erguirse de las arenas
de Egipto las pétreas pirámides; an­
gustiados por el tiempo que pasa sin
piedad, los faraones deliraban con la
eternidad, en tanto la joven sequoia

abría sus brazos confiados a los espa­
cios clementes de California. Nubes,
brisas perfumadas, cantos de pájaros,
el lejano rumor del mar, los tules de
alguna que otra niebla serían entonces
como hoy sus hadas, el repetido tema
de sus sueños, la eternidad verdadera.
Si hablara de pronto la Sequoia gi­
gantea ¿qué diría a tantos cobardes
corazones que sólo piensan en el ex­
terminio de los demás con el necio
afán de garantizarse unos segundos de
vida atormentada? ¿Toleraría el nom­
bre que le han puesto?... Pero dejé­
mosla en paz y pidamos al cielo que
no abrasen sus ramas los rayos de las
bombas atómicas.

�ARTE

cabalgata©
BIOGRAFIAS

DE

AYER

Y

DE

HOY

miento ni es contingencia anecdótica: es
materia qué se diversifica en formas por
obra de la naturaleza y del hombre y a
la que respeta en actitud religiosa. Sus
esfuerzos reproductivos no le impiden ser
un creador, pero no lleva sus posibilida­
des de inventiva más allá de los esque­
mas que la materia transmutada en for­
ma común le presenta, como si no se ani­
mara a traspasar los límites del saber
empírico para penetrar en el mundo tras­
cendente de los ideales.
No tiene ninguno de los caracteres de
elegancia, de refinamiento y de buen gus­
to que falsamente se han ido colocando
como condiciones ineludibles del valor artístico; pero posee en cambio el amor
por las cosas concretas, por el dibujo ce­
ñido y significativo, por el color robusto
y bien nutrido, que no es en definitiva
sino el -amor por la pintura, común a to­
dos los grandes realizadores.

El XXXVI SALON NACIONAL de
ARTES PLASTICAS r.»
ROMERO BREST
jo rg e

(Viene de yigin c 1.)

que no lo han advertido ya, la mejor
leceión sobre lo que la pintura ha sido
y debe ser, aunque puedan disentir con
la estética que las informa.
¡Qué le importa a Pettoruti no recibir
premios si sus cuadros siempre son las
columnas dóricas que sostienen y elevan
los salones! Muy tranquilo puede estar, y
es envidiable su postura, ya que nadie le
arrebatará la gloria futura.

Alfredo Nobel, por Hería E. Paull
vida altiva de Valle-Inclán, por Francisco Madrid
Rainer María Rilke, por E. M. Buúer
Ceorje Washington Carver, por Rackham Holt.
Thor- -a, por Henry Seidel Canby
And' • Gide y la crisis del pensamiento moderno, por
Kiaus Mana
Zcla y su época, por Matthew Josephson
r'mitri Shostakovieh, por Víctor Ilych Scroff
Ounant: La historia de la Croa Roja, por Martin Gumpert

9
$
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10.—
10.—
12.—
12.—
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13.—
15.—
13.—
13.—

Acaba de aparecer

En las antípodas de esa rigidez mental
de lo emotivo que caracteriza a Pettoruti
se halla el lirismo sentimental de Domin­
go Pronsato, euyos cuadros lo señalan,
recién ahora para muchos, como el gran
maestro del paisaje. Reincidiendo en la
temática sureña que le es tan cara, ex­
presa en sus dos paisajes: El camino de
los ñiris (premiado) y Dies de mayo ne­
vado, su concepción dinámica y panteís­
tica de la naturaleza, según la cual se
confunden para él agua, cielo y tierra en
vibrantes armonías de color tan puras
como para que cada trazo mantenga su
autonomía, tan construidas como para que
se impongan espontáneamente.
Pero no destaco las obras de Pronsato
solamente por la riqueza de sensibilidad
que denuncian, ni siquiera por la sobria
y cuidada factura, sino porque son la
expresión de un hombre que se adhiere a
la tierra con toda la potencia de su ser
y que subordina el pensamiento a la vio­
lencia emocional de sus intuiciones; sobre
todo porque se expresa con amor y éste
es sin duda el gran vehículo del arte.
También se impone y se agranda Euge­
nio Daneri, paisajista de barrios subur­
banos hasta hace pocos años, que cultiva
ahora con la misma maestría la figura.
En la' línea de La pérdida del hijo, su
magnífico cuadro del año pasado, acaso
La plegaria sea superior, y más aún Co­

ra todos, siendo primordial que cada ar­
tista se forme la suya de acuerdo consigo
mismo. Y esto es lo que ha logrado este
ingenuo maestro de la pintura argentina
a quien la posteridad hará la verdadera
justicia que merece.
Modesto como Daneri y hasta con ca­
racteres similares de artesano es Gustnvo
Coehet. Tanto el Retrato de Francisca
como El botijo de whisky, sobre todo este
cuadro, denuncian al concienzudo modela­
dor de la materia en el espacio, que os
fiel a una ingenua concepción naturalista.
Para Coehet la pintura no es movi-

Cierro este parágrafo sobre las obras
sobresalientes mencionando la magnífica
acuarela de Jorge Larco, Bodegón con
aves, de sobria y perfecta factura, sor­
prendentemente olvidada por los jurados
e injustamente relegada a un rincón, j Se­
rá porque se piensa todavía que la acua­
rela es un género menor de la pintura?
También en este cuadro, como en los
anteriores, hay materia de estudio para
los jóvenes, no sólo porque se expresa
con la más alta nobleza el pintor y logra
en él un valor lírico de presencia perma­
nente, sino por la destreza que se advier­
te cu el manejo de los tonos, en el ensamblamiento de los planos y en el vi­
gor de profundidad no naturalista del
espacio.
Ramón Gómez Comet ha recibido el
Gran Premio Adquisición por su óleo La
Urpila. Quizás no sea de las obras más
enteramente logradas del maestro, sobre
todo porque la composición es pobre y
crea un vacío difícil de llenar, pero en la
figura se advierte una vez más la preci­
sión del trazo, tan castigado hasta obte­
ner con él la más pura significación de
las formas, y la sobriedad de sus tonos

Ramón Gome* Comet. La U r p i l a .
(Gran Premio Adquisición Presidente
de la Nación Argentina.)

Este libro es fruto de una minuciosa investigación de la vida interior del gran
Poeta de la Democracia y de los misteriosos procesos que condujeron a sus crea­
ciones poéticas. Evocación completa del hombre humanísimo que había en Walt
Whitman y de los rasgos potentes y originalísimos de su obra, ofrece también un
cuadro palpitante de la historia de los Estados Unicos en aquella época que pre­
senció ia expansión tumultuosa de la nación, el nactmiento de la era industrial y
la Guerra de Secesión.

480 páginas. Encuadernado en tela: % 15.—

COLECCIÓN

VIDAS

Y

OBRAS

Domingo Pronsato.
Diez de mayo nevado. (Segundo premio.)

Vida de Miguel Ángel, por Hermana Grimm
Granewald, por Juan Zocchi
l a vida y la obra de Pierre-Auguste Renoir, por Ambroise
Vollard
Vida secreta df Salvador Dalí, por Salvador Dalí
Tiziano, por Margarita G. de Sarjatti
José Gutiérrez-Solana, por Ramón Gómez de laSerna
Nicolás Ponssin, por Otto Grautoff
Vincent Van Gogh, por Julius Meier-Graefe
La vida y la obra de Auguste Rodin, por Víctor Frísch y
Joseph T. Shipley

9 25.—
9 22.—
9 20.—
9 35.—
3 22.—
9 22.—
9 22---9 25---3 22.—

Acaban de aparecer

Análisis y documento de los distin­
tos aspectos de la vida y la produc­
ción de uno de los más grandes pin­
tores del siglo x v iii . Plasmación ar­
moniosa de aquella alma privilegiada
que nunca perdió la alegría y el op­
timismo de su juventud. Reviven en
este libro algunas de las páginas más
ardientes de la historia de Francia.

Este libro es a manera de un re­
portaje hecho al hombre, al paisaje
ue envolvió su vida y al artista creaor. Judith Cladel deja hablar muy
a menudo al propio Maillol y se li­
mita a acotaciones reveladoras de su
estado de ánimo. Se obtiene así una
especie de autobiografía de uno de los
más grandes escultores de la Francia
moderna.

316 páginas, 87 grabados, 6 en co­
lor. Encuadernado en tela: 9 23.—

304 páginas, 63 grabados, 3 en co­
lor. Encuadernado en tela: $ 22.—

legiala, pues en éste ni siquiera la sentimentalidad del tema pudiera ayudarlo.
La maestría de Daneri no es la del
técnico consumado, sino la del hombre
que difícilmente y con esfuerzo, esfuerzo
de expresión visible hasta ahora en sus
óleos elaborados, va conformando su vi­
sión primaria y honda de la vida, lo mis­
mo a través de la figura doliente que
del miserable barrio de muros bajos y te­
chos desvencijados o del modesto ramo
de flores en un jarro de cerveza. Hay
algo de primitivo en él, hasta por la eco­
nomía de sus medios y su falta de alarde,
de hombre que busca en la entraña de sí
mismo y en la entraña de las cosas nn
secreto de acción que nunca es meramente
formal, sino escondida potencia de pa­
sión.
Es cierto que en sus cuadros se advier­
ten algunos errores técnicos, y sería pre­
ferible que no los hubiera, pero no debe
olvidarse que' la pintura, como todo arte,
es modo de íntima e intuitiva expresión,
en definitiva la única importante y valio­
sa; tampoco hay que olvidar que no exis­
te una técnica absolutamente valedera pa-

Gustavo Coehet.
El botijo de whisky.
en acorde con la de su dibujo.
Nadie ha penetrado tan hondamente co­
mo él en la figura humana para recons­
truirla luego con los elementos de su ex­
periencia dándole caracteres de eterni­
dad; nadie ha sabido conjugar como él,
el documento emocionado de la humani­
dad desvalida de su tierra, sobre todo
de la niñez, con la . pura ereación imagi­
nativa del arte. Por eso sus figuras que­
darán como estampas prototípieas, a tra­
vés de las cuales el argentino del futuro
descubrirá emocionándose la raigambre
sentimental de la estirpe.
Quizás La Urpila no sea la mejor obra
de Gómez Comet, pero j no están res­
paldándola docenas de obras en las que
maduró su espíritu y se perfeccionó su
mano? El Gran Pfemio consagra año tras
año la vida de un pintor; éste que se le
ha otorgado no puede haber sido más jus­
ticiero.

Eugenio Daneri. Colegiala.

EDITORIAL P0SEID0N
PERU 973

Dir. T.I.

e d ipo

BUENOS AIRES
Raquel Forner. El juicio. Oleo. 1946.

Otros pintores eminentes han enviado
obras que no se cuentan entre las mejores
de sus respectivas producciones. Me re­
fiero a El profesor Pascual Fittipaldi de

�Miguel Carlos Vietorica y a Figura de
Baúl Soldi.
He hecho el elogio de ambos en muchas
ocasiones, del segundo en un artículo recientísimo (*), de modo que no es el mo­
mento de repetirme, sí de señalar la hon­
rada expresión que fluye de estas obras a
pesar de no ser las más valiosas. En el
retrato de Vietorica hay más de un frag­
mento magistral, las manos y la cara es­
pecialmente, y en la figura de Soldi
subyugan el refinamiento cromático y la
virtud de exaltación sensible de los ritmos
formales en arabesco.
Aunque se le puedan oponer reparos de
fondo, no dejan de tener interés Niña
con flores de Antonio Berni, en la que pa­
rece volver a formas olvidadas eomo la de
Mujer del sweater rojo de hace años;
Figura en el paisaje de Juan Carlos Castagnino, inexplicablemente separados uno
de otro; los dos paisajes urbanos de Onofrio Pacenza, en los que se advierte cla­
ramente cómo la estrechez de su senti­
mentalismo naturalista lo obliga a repe­
tirse; Mañana en el Riachuelo de Italo
Botti, siempre emotivo y refinado en el
manejo de los grises, pero sin la potencia
constructiva de otros paisajes sobre el
mismo tema; Quebrada de Bumahuaca de
Manuel Coutaret, a la que falta grandio­
sidad y acercamiento a la tierra como si
se interpusiera entre la montaña y él un
velo intelectualista; Figura con rosas de
Juan del Prete, gran colorista que juega
y se dispersa con exceso; El hombre y la
tierra de Enrique Policastro, más hondo
en la intención que en el logro, peligro­
samente monocromo; dos grandes paisajes
de Guillermo Martínez Solimán, fuerte­
mente empastados.
De Domingo Candía se expone El man­
tel blanco, una de las pocas naturalezas
muertas verdaderamente felices de ¡a ex­
posición, clara y definida, de composi­
ción rica y original, de una expresividad
tan honda como moderna en la individua­
lización de sus claras tonalidades.
Sobre el gran cuadro que envió el año
pasado Raquel Forner al Salón Indepen­
diente escribí largas páginas que nunca

ARTE
figura embozada y al hombre que se pre­
senta ante ella, con las ropas desgarra­
das, sus flancos hendidos y florecido de
dolores, como un juguete del cruel des­
tino.
Con este cuadro no ha superado Libe­
ración; por el contrario, acaso porque se
ha fatigado en el terrible esfuerzo de
permanencia en el tema, la alegoría no
tiene, la fuerza de sincera emoción de
aquélla, la composición se resiente a cau­
sa de la abundancia de elementos y del
hueco que la fracciona inevitablemente, y
el modelado carece de la dinámica inte­
rior que sería menester. Pero habrá que
esperar su inminente exposición individual
para juzgar su última labor.
Aunque son pocas, afortunadamente se
exponen algunas obras felices de pintores
jóvenes. Ante todo Desnudo de Santiago
Cogcrrno, obra de pintor sensible en el
exquisito modelado de las carnes y en la
feliz solución de los ritmos formales de

Jorge Larco. Bodegón con aves.

que el autor ha construido con rigor y
sobriedad ejemplares. Diomede está en
la línea de Daneri y de Coehet —lo digo
por el espíritu de ingenua artesanía que
lo guía y no porque exista la menor con­
junción estética—, es decir, de los pin­
tores no sofisticados por ideas extrañas
a su ser esencial, de quienes se podrá es­
perar el verdadero surgimiento de una
plástica auténticamente nuestra.
En cuanto a Medardo Pantoja, cuyo
cuadro Mujeres de la Puna del año pa­
sado en el Salón Independiente fué salu­
dado como una revelación, no está a la
misma altura con Mujeres de Jujuy. No
obstante interesa por el espíritu de sín­
tesis que denuncia: dominando el trazo
como si se hubiese contagiado con la se­
veridad estática, plena de sugerencias má­
gicas, de los pobladores de la Puna, ha
creado un mundo con esas dos figuras
hieráticas y las ha ubicado en el paupé­
rrimo paisaje que les corresponde. El
cuadro es una verdadera lección para
quienes todavía creen que la expresión
norteña se resupe en superficiales evoca­
ciones de los elementos vitales pintores­
cos.
Quinta porteña de Juan Carlos Miraglia figura entre los cuadros que fijan
la atención del espectador, porque tam­
bién pinta con espontánea adhesión a las
cosas y sabe extraer de ellas un perfume
de-poesía. Y Naturaleza muerta de Ideal
Sánchez no deja de ser un promisorio
llamado de atención.
Pocas obras de escultura pueden ser se­
ñaladas a la consideración del lector. En
primer lugar Las tres bañistas y Tierra
argentina de Pablo Curatella Manes, obras
antiguas y conocidas; luego Aquiles y
Silla barroca de Lucio Fontana, deshe­
chas las formas hasta perder toda cohe­
rencia expresiva, lo que es de lamentarse
por tratarse de un escultor que ha proba­
do muchas veces la recia envergadura de
su talento; Dolor de Antonio Sassone,
con la virtud de creación de formas di­
námicas emocionales que le es caracterís­
tica, pero sin el pulimicnto que fuera me­
nester; La Argentina de Horacio ^Juárez,

© cab alg ata

EL ATENEO' PRESENTA
EN SU SECCION HISTORIA

LA ESPAÑA
MUSULMANA
POR

CLAUDIO
SANCHEZ-ALBORNOZ
La historia de la España musulmana des­
empeña papel decisivo en el nacer de la
modernidad española. Conocerla qne, por
tanto, al interés hirviente que suscita todo
conocer histórico, el de ofrecernos las
raíces de un mundo y de una civilización
de cuyas esencias vivimos aún.
El gran historiador Sánchez-Albornoz ofrece en este libro una nueva
visión integral del pasado de la España islamita. A sus páginas asoma
la vida toda de los musulmanes de España contada por ellos mismos
y por los cristianos, sus contemporáneos.
En ellas hablan sus políticos y sus guerreros, sus alfaquíes y sus poe­
tas, sus magnates y sus califas, sus jueces y sus filósofos, sus eunu­
cos y sus santones, y, con ellos, mujeres de toda condición e incluso
hombres de sensualidad turbia o exaltada.
2 grandes tomos de más de 500 páginas cada uno, profusamente ilustrados con
grabados, planos y mapas, muchos de ellos fuera de texto.

Encuadernado $ 55.-

—

Rústica $ 48.-

FERNANDO
e ISABEL
Por HERMANN RESTEN
Traducida del alemán por
DIEGO A. DE SANTILLAN
Novela histórica tejida en torno a la personalidad
y la obra de los Reyes Católicos, en la que se mues­
tra un cuadro magistral de la España del siglo xv.
Muy ilustrada.

Encuadernada $ 18.-----Rústica $ 15.LECHAT, IT. — F idias r la escultura crieca en el siclo v. Con más de
100 grabados y 1 mapa de la Grecia antigua. Ene.............................. $ 18.—
MASSA, P. — Espíritu y color de E spaña . Ilustran esta edición 4 láminas
en colores de J. F. Lewis, 30 en relieve de Gustavo Doré y numerosos graba­
dos en el texto del mismo autor. Ene................................................... $ 30.-—
Emilio Pettoruti.
Naranjas.

Medardo Pantoja.
Mujeres de Jujuy.
se publicaron y que ahora no puedo re­
producir. Destacaba en ellas cómo Libe­
ración era el fruto de un grande y sos­
tenido esfuerzo a través de años hasta
obtener formas plenas de vida en sí mis­
mas, después de haber eliminado las as­
perezas, aligerado la composición y ad­
quirido una extraordinaria soltura plásti­
ca en el manejo del color. También
anotaba que la dolorosa rebeldía de antes
conducía a este espléndido triunfo al in­
fundir su autora al barro humano el es­
píritu universal, el de la libertad, sin
negarle su plebeyo origen.
“Pudo suponerse —decía— que la tragicidad de las escenas estaba determinada
en los cuadros de Raquel Forner por la
persistente emoción de una lucha inaca­
bable, mas la guerra ha terminado y,
puesta a exaltar el triunfo, no ha podido
evitar esos flancos desgarrados de su fi­
gura central, aunque en ellos brota una
flor, porque su visión pesimista parece
ser la esencial.” “Ahora comprobamos
-—agregaba— que no hay sino acentos de
diferencia entre el dolor y la alegría para
ella, a pesar de que ha sabido trocar los
tonos agrios y tristes de antes por otros
más cálidos y alegres, porque no ha hecho
sino expresar la humanidad de siempre, a
la que seguirá viendo probablemente con
su cortejo de miserias.” El juicio, tela
de grandes dimensiones que expone este
año, prueba que no me equivocaba. La
alegoría no es de fácil comprensión, pero
se adivina que Raquel Forner no ve ni en
el momento de la justicia un panorama
optimista. Concibe la justicia como una

figura monumental de bronce, bien plan­
tada pero con acentos retóricos; y el
Torso de Aurelio Macchi, en el que apun­
ta un escultor de fibra que se desenvuel­
ve por el áspero camino de las expresiones
vigorosamente sentidas y sinceras.

Miguel Diomede. Renzi.
la cabeza, los brazos y los senos; obra
en la que manifiesta este egresado de la
Academia de Brera de Milán, una virtud
de expresión mediterránea, muy afín a la
de ciertos pintores italianos, no exenta
de originalidad.
Una do las notas más puras del Salón
la da Miguel Diomede con Renzi, figura
casi plana y de honda expresión emotiva

Aun menos rico es el aporte de los gra­
badores. Aparte de las dos magníficas
xilografías de Víctor Rebuffo, en una de
las cuales, La ribera, vuelve a su enjundiosa concepción anterior que parecía ir
olvidando (*), sólo puedo destacar los vi­
gorosos grabados de Mario Ceeconi, Pa­
tio boquease y Quietud isleña, Delta, rea­
lizados sin virtuosismo pero con honda
emoción y cabal sentido de los contrastes
entre negros y blancos, Cristo Coya de
Carlos Alberto Aschero, cuyo fresco igual­
mente titulado constituye una promesa, y
Melancolía de María Celia Raimondi.
La tiranía del espacio me impide refe­
rirme a muchas obras en las que se des­
cubre algún valor en potencia, aun no
madurado, o de artistas consagrados que
no han estado felices, amén de la mul­
titud de obras francamente malas que
nunca debieron ser aceptadas. Me he li­
mitado, porque creo obrar mejoi'' así, a
las piezas en donde he hallado algún mo­
tivo de afirmación.

LEMONN1ER, C. — F élicien R ops. En Rops se descubre un poder simbó­
lico y una imaginación figurativa de la más alta especie. Sus lápices pusieron
el espíritu de toda una época al desnudo. Ene................................8 50.—
TAINE, H. — F ilosofía del arte. Noticia liminar y revisión de José R. Destéfano. Nueva edición ilustrada con 62 policromías en offset y tipografía.
312 grabados a un color, a toda plana. Ene....................................$ 30.—
GONCOTJRT, E. y J. de. — La mujer en el siclo xviii. Con numerosas
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ORTEGA, E. C. — H istoria de la biocrafía. El hombre visto por el hombre
a través de los siglos. R ú stica......................................................... $ 9.—
BERENSON, B. — P intores

del

Ene. 8 20.—

R enacimiento .

VASARI, G. — V idas de pintores, escultores y arquitectos ilustri s. 2 to­
mos. Ene................................................................................................ 8 35.—
GUIDO, ANGEL. — R edescubrimiento
D U R E R O , A . — V ida,

pasión

de

A mérica

y muerte de

en el arte.

Ene. 8 60.—

N uestro S eñor J esucristo. 56

grabados. Ene. ...........................................................................................8 16.—
SEVIGNÉ, Madame de. — C artas

escocidas.

Ene. 8 12----R. 8

9.—

MUNTZ, E. — R afael. S u vida, su obra y su tiempo. Ilustrado con 35 re­
producciones en colores y 93 en negro, fuera de texto. Ene. . . . 8 30.—

L IB K E H E A
F lo r id a

( 1) Véase E l Salón Nacional de Bellas A r ­
tes - Argentina Libre, octubre 3 de 1940.
(-) Véase La pintura de Raúl Soldi - A vs,
año V, N9 29. 1946.
(-) Véase Víctor Rebuffo y el destino de la
xilografía en Argentina - Cuadernos America­
nos, año V, N? 3, 1946.

italianos

RUSKIN, J. — A rte- primitivo y pintores modernos. Con noticia liminar
de Leonardo Estanco. Ene. . - ...........................................................8 16.—

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Desnudo. (Premio estímulo.)

�QUITECTONICA

cabalgata©

©cabalgata

N prestigio de siglos lo declara glo­
U
rioso, triunfante de su mismo car­
tel, más alto que la estatura que le
obligan a adoptar las circunstancias de
ser lo que se oculta detrás de esas cinco
letras: París. Ninguna otra ciudad de­
vora tanta inocencia para alimentar una
máscara que es la más acabada sonrisa
irónica del mundo, su bandera de com­
bate, espiritual, graciosa, insurgente.
Su reino dura ya dos siglos, cuando
menos, y no parece extinguirse. Aun
el mundo va a él en peregrinación a
rendirle tributo, a prestarle su talento,
su fuego eterno, su propia sangre.
Y hay algo que nadie podrá negarle,
por mucho que discuta los derechos de
su supremacía. Jamás tuvo vasallos que
no lo fueran por propia elección, nunca
las armas fundaron su grandeza ni fue­
ron sostén de su poderío. No es más
fuerte que una canción, ni más docto
que una sonrisa, esa sonrisa, esa can­
ción que deja en los labios de los que
pasan por sus calles, asombrados de
que éstas sean como las habían previs­
to, como sabían ya, y sin embargo más
densas, enteras, verdaderas.
Mucho destino tiene que encerrar en
sus entrañas una ciudad, para que has­
ta su enfermedad, la vieja y secreta
enfermedad del mundo, pueda salir a
luz, mostrarse sin temor y exponerse
a todos los soles de la tierra buscando
curación. Puede que esta manera de
cicatrizar sus llagas, haga que París
enferme a veces al mundo, lo contagie,
le ceda algo de la podredumbre que lo
come, pero que a la vez es su mejor
fertilizador moral. De ahí que cual­
quier fruto del hombre que no resista
la objeción de París, sea sospechoso
sin más.
Después, naturalmente, puede su­
ceder, y de hecho sucede, que la vic­
toria, la madurez de ese fruto, se deba
precisamente a eso, a haber nacido para
pesar en el otro lado de la balanza, en
el que no suele caer París.
No sabemos cómo pudo apoderarse
de toda la belleza y de toda la crueldad
del mundo, haciéndose una colección de
flores V de monstruos como ninguna
ciudad haya tenido jamás. Jardín y
leprosario de la cultura occidental, sus
paredes, su aire, su gente, parecen ago­
biados por lo que queda de inútil en
tanto trabajo, por el sobrante, la esco­
ria, la costra, los fracasos, las grandes
traiciones, los éxitos muertos. Pero sólo
así podía comprenderlo todo, incluso su
mezquindad, su tortuoso gobierno, su
corazón ardiente y vivo a fuerza de
crímenes que en sus bulevares adquie­
ren categoría de descubrimientos ex­
cepcionales, fulgurantes, santificados.
No importa que lo hayan dicho todos
los "meteques” del orbe: es la ciudad
que encontró el secreto de hallar la
alegría, la más difícil, la alegría me­
lancólica de agonizar bellamente, con
lucidez, con ingeniosa resignación, con
apretada y honda serenidad.
No es una ciudad humana, ni una
ciudad hecha con los elementos que per­
mite la municipalidad; es una ciudad
construida con los materiales de la li­
teratura, del arte bueno y malo. Una
gran ciudad levantada con todas las
pasiones y todas las ambiciones, con
todo el material de las novelas y las
síntesis precisas de la poesía, con todas
las historias tremendas que constan,
para que el hombre no las olvide, en la
increíble madeja de la Historia Natural.
No se equivoca uno cuando cree que
París da la sensación de no dormir
nunea. Su sonrisa es la sonrisa del
desvelado, que contempla burlonamente
la modorra o el profundo sueño de los
demás. En sus barrios hay turnos y
relevos, guardias y retenes que mantie­
nen vivo el insomnio necesario para
que no se apague la antorcha. Y el gris
color del insomnio corona su frente an­
tigua y juvenil. Antigua y juvenil sin
ser exactamente lo uno o lo otro. Aun­
que lo mismo pasaría con cualquier de­
finición, pues una de sus virtudes es la
de ser indefinible, la de ser múltiple sin
dispersión, desmandada con orden, en­
loquecida con rigor, con lógica, con
"mesure”.
Nueva York, Londres, Berlín, Mos­
cú, Tokio, Río de Janeiro. Podríamos
seguir citando capitales grandes, islas
perdidas, olvidados puertecillos de to­
dos los mares y de todas las razas:
todo eso está en París, el gran integrador, el gran crisol que le hacía falta
al mundo para entenderse. Sus calles
conocen todas las lenguas, no porque
las hayan aprendido, pues nada es más
cierto que la aseveración de que no se
concibe un francés que pueda compren­
der que exista otro idioma que el suyo.
No, no es cuestión de intérpretes. Pero
los trajes más raros, los gestos más
inesperados, los colores más imprevis­
tos, los más extraños desvarios y sen­
timientos, tienen en París su sitio, su
comprensión, su molde depurador, su
agasajo incluso. Tanto, que hasta sin
ir allá, cosa que no es estrictamente
necesaria, pues ya París va con nos­
otros y en nosotros, se nos ha incorpo­
rado a todos queramos o no, tenemos
la esperanza de que en sus plazas ce­
lebren ese tono que en otras partes nos
reprochan, esa violencia o ese mal gus­
to que en París nos recortarían, nos
ordenarían de tal modo que pronto

de uno morir de hambre sin que nadie
se lo reproche, sin que nadie suponga
que está usted preparando una cons­
piración, o que por eso, por morirse
de hambre, ha perdido usted todos los
derechos.
En realidad, ya estaba preparado
para recibir a Picasso y a Daly. Desde
que París es París, toleró toda clase
de vestimentas y toda clase de desnu­
deces, y nunca se miró allí a un negro
con temor a mancharse la mirada. Ni
a un pelo rubio sobre unos ojos azules,
suponiéndosele ventajas de fabricación.
El que quiera selva en París, tiene sel­
va; el que quiera puede ir a una taber­
na marinera, flanear melancólicamente
por el Sena, perderse en el fragor de
la calle comercial, olvidarse del mundo
en las mil galerías con toda la pintura
posible o presentarse en casa de Madaquedaría sin la única arista que le
sobra para ser aceptable, para vestirse
de la brillantez y de la evidencia ne­
cesarias.
Mas lo que aquí vemos, en estas ro­
tundas fotografías, es un París despo­
blado y fantasmal, sin un alma, con
toda la faz de k&gt; ciudad a secas, la
cáscara que envuelve a París, esa co­
raza de grises que dió luz a gran parte
de la pintura contemporánea. Y ahora
vemos todo lo que tiene de inmenso
decorado, al ver este escenario vacío,
silencioso, fantástico.
Tan repintado, tan distribuido, tan
increíblemente disparatado, tocado y'
retocado por las manos de hombre, has­
ta tener sus ventanas, sus chimeneas,
sus techos, una forma como de traje
sin planchar que guarda la forma de
su dueño, que parece adoptar su misma
piel, y sostenerse sobre sus mismos
huesos directamente. Esas callejuelas,
esas azoteas, parecen tener cada una
su respiración, su fiebre, su ambición
propias. Y cada metro de pared, en
cada frente, podría llevar de pronto su
bastón y su sombrero y salir a tomar
su "perno”.
En el gran teatro del mundo es París
el coliseo mayor, el definitivo; todo lo
demás son heroicos arrabales, en los
que el sueño de los hombres afila sus
armas, prepara sus energías, estudia sus
fuerzas para lanzarse a la gran prue­
ba, en la noche del estreno mortal.
Y mientras tanto, por debajo, detrás
de esas paredes, en el fondo de esos
tugurios, un hormiguero laborioso y op­
timista, el París trabajador, encarcela­
do como en cualquiera otra ciudad, da
la batalla permanente de la continui­

dad. El París que se levanta a las cin­
co de la mañana para alimentar al
París que se ha desvelado. El París
de la Comuna, y el de la Resistencia.
Sencillo, lúcido, ágil, sano. El París
que soporta la gran columna y limpia
el gran leprosario sin contagiarse. La
ciudad donde se hace más viviente la
palabra libertad.
Ninguna otra hubiera perdonado a
los grandes, a sus grandes, a Verlaine
y a Rimbaud, a Baudelaire y a Nerval,
esa implacable mirada, esa fría palabra,
esa cortante manera de establecer lí­
mites a la fatuidad, a la ignorancia,
a la pedantería. Bajo sus inmensas
alas nacieron las águilas de Hugo, muy
ciudadanas si se quiere, pero con cuán­
ta grandeza. Y esas águilas fueron cui­
dadas, criadas por toda la ciudad.
Pero aquello estaba aún más cerca
de lo esperado, de lo que podía enten­
der la portera y la midinette, de lo
que podía digerir como cosa corriente
el misterioso y vulgar señor de la bo­
hardilla. Lo que ya no podía entender
de buenas a primeras toda esa gente,
incluido el robusto y sonrosado gendar­
me, tan dispuesto a entender todo cuan­
to sea cultura, es la acrobacia de los
ismos, la disparatada creación del arte
moderno. Y no lo entendió, pero supo
encontrar el respeto justo, cuanto más
apenas matizado con cierto aire de sos­
pecha que no pasó nunca del chiste
benévolo, ese chiste que es más bien
un modo de alentar, de aplaudir, de
consagrar.
Después de todo, más monstruoso que
el cubismo y que el surrealismo, es
morirse de hambre. Y en París, gran
ventaja aunque no lo parezca, se pue­

me X con el único traje de que dispone.
En fin, puede encontrar —gran lujo—
su cueva, su basurero, esa cueva que
le prohíben en su patria, en su ciudad,
en su casa.
Todo ese aire de basurero, de cemen­
terio, de viejo bazar arruinado, es lo
que aparece más a primera vista en es­
tas fotografías. Con los barrios más
recordados por el extranjero y por los
"artiste-peintre”. Barrios en que los
techos parecen darse la mano de acera
a acera, en que las calles son algo así
como un interior o un desván despan­
zurrado del que hayan salido los anti­
guos grabados, las ropas legendarias, los
mapas amontonados, los libros sin tapa,
los personajes de las lejanas cartas de
amor. Salir a la calle en una ciudad
así, es salir al mundo, a encontrarse con
la gente, no a huir de ella, a descubrir

la novela del día en la mirada, en el
andar, en la indecisión o en la furia
del transeúnte. Perderse en la marea
humana, entre las parejas que andan
por las aceras o por el medio de la
calle con las mismas leyes amorosas
que en las plazas o en el portal oscuro
de otras ciudades.
En esas calles en donde todo sale con
libertad, el grito y el susurro, la carre­
ra y la ensoñación. Porque en esas ca­
lles se sabe que el hombre es así, y que
la locura o el dolor, la risa o la miseria,
la extravagancia o la afectación, tam­
bién forman parte de su ser. — Felipe
Arcos Ruiz.
AT. de la R. — Las fotografías que ilustran
este artículo, corresponden a maquettes hechas
en arciTla por el decorador George Alexander.
Actualmente las tiene en su estudio de Los
Angeles, después de haberlas rescatado cuando
los alemanes ocuparon París.

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LA IMPRENTA LOPEZ
es la prim era organización creada en HispanoA m énca dedicada exclusivamente a la impresión
de libros. Su participación en la creación de la indus­
tria editorial argentina ha sido decisiva. Su nombre
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A l ser vi cio del libro
P E R U 666

•

B U E N O S AIRES

Entierro de red. 1945.
hombres cuya obra brinda de
un solo golpe a su país, y a su
siglo, una apariencia de alta civiliza­
ción. Sus vidas revelan un símbolo
que se sitúa fuera de las medidas ha­
bituales, rebasa los límites del tiempo y
de las costumbres y, saliendo fuera de
la órbita de sus comarcas, alcanza el
centro mismo de la universalidad.
¡ Portinari! Se recuerda solamente
en algunos estudios de Montpamasse
a un hombrecito de llameante mirada,
cuya modestia y buena voluntad, sólo
hacían presagiar débilmente su futura
grandeza. Era pobre, aplicado en el
trabajo, como los alumnos estudiosos
a quienes la gloria de los maestros de
antaño impresiona hasta sofocarlos. Y
quizá, si hubiese continuado viviendo

H

at

duros años de su infancia, pasados en
la tarea de desenmarañar la floresta
brasileña.
Nació a fines del siglo pasado, en el
norte del estado de San Pablo, en una
aldea que también acababa de nacer, y
que lleva un nombre polaco: Brodowski.
Su padre, algunos años antes, había
abandonado Italia impulsado por la
miseria, acompañado por su esposa y
por el humilde envoltorio del inmi­
grante. ¡De Florencia a Brodowski, al
límite extremo de la civilización!
..." M e han hecho ir a los Estados
Unidos —dice el artista— pero no he
querido quedarme allí. Todo el mundo
es muy gentil, muy camarada, pero
falta algo . . . ”
"De tiempo en tiempo —agrega—

He sido nombrado profesor de la Uni­
versidad, y he podido formar alumnos.
Hoy en día los impresionistas y sus
actuales sucesores tienen cierta influen­
cia.”
Portinari me describe sus grandes
obras, frescos murales, ejecutados en
el Ministerio de Educación, y la deco­
ración de algunas salas del Congreso
de Wáshington, y me muestra sus úl­
timas telas que han hecho proferir
"rugidos a los señores del gobierno por­
que no halagan su vanidad de admi­
radores”. Son tres grandes cuadros que
representan el éxodo de los campesinos
del Norte expulsados de sus tierras por
la sequía. Figuras alucinantes que ale­
jan hasta el infinito las posibilidades
emotivas de los seres, que resumen y

VISITA A
Jean Malaquais
LOS JAVANESES
La novela del apatrida, del hombre sin pasaporte, sin documentos, sin
número en los registros.de las patrias oficiales. De prosa descarnada
y violenta, a veces deliberadamente ruda y atroz, esta obra pregona la
fama de un autor francés que se destaca por su reciedumbre, su sar­
cástica amargura y su protesta. Un volumen de la "Colección Hori­
zonte”, de 396 páginas.
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(B io g r a fía d e u n c o n tin e n te )
La diversidad de las repúblicas sudamericanas y su unidad cultural
e ideológica, explicadas con un nuevo estilo que corresponde a una
nueva concepción de la Historia. Es el primer ensayo — magistralmente
logrado— de abarcar todo el continente sudamericano como una reali­
dad histórica, examinando los factores que han formado su historia
y fundado su actualidad. Un volumen encuadernado en tela, de 788 pá­
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Jornadas de misterio y de gloria del nuevo Cristóbal Colón que cruzó
el océano de la vida espiritual y descubrió no imaginadas tierras. Obra
de teatro con la que el gran poeta y dramaturgo argentino contribuye
a exaltar la memoria del gran sabio. Un volumen de 136 páginas.
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debida a la pluma del ex embajador argentino en el Japón. Un aná­
lisis minucioso de las bases humanas, religiosas y morales de aquel
pueblo, que permite formar una certera composición de lugar y hallar
las múltiples y complejas determinantes de los fenómenos sociales que
en ese medio se experimentan. Un volumen de 312 páginas.
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SU DESARROLLO ESPIRITUAL
Minucioso y sagaz análisis del contenido de la obra ingente del genial
compositor, efectuado siempre a la luz de las circunstancias de una
vida particularmente f .tética, precedido de un estudio sobre la natu­
raleza de la música 7 ¡ volumen encuadernado en tela, de 204 páginas
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CANDIDO PORTINARI
Por F R A N C I S B R A G U E
entre esos fantasmas, la gran fuerza
latente en su persona jamás hubiera
osado despertarse.
Al regresar a su país natal, a esa
tierra ardiente de naturaleza exube­
rante y pérfida, de desmesuradas di­
mensiones, Portinari supo desligarse de
los prejuicios que lo sujetaban. Había
asimilado en sus estudios parisienses la
pasión por el espíritu, el sentido de
lo humano desarrollado al extremo.
Me ha x’ecibido en Río de Janeiro,
en su casa, situada entre hermosos jar­
dines a mitad de camino entre el mar
y la montaña. Ese falansterio, tan cer­
cano a los rascacielos y al artificial
agrupamiento de riquezas materiales,
es un refugio para el espíritu, un re­
tiro, una catedral. Portinari no ha ido
nunca más allá de su terraza, sobre la
que se abren las inmensas bahías de su
taller. Sólo es absorbido
por su trabajo, su fer­
viente búsqueda de lo
que el hombre tiene de
esencial.
¡Qué lejos está de ser
un Utrillo poseído por la
licencia! ¡Con cu á n ta
gravedad, cuánta amoro­
sa constancia, encara los
problemas del arte y de
la vida! Se siente esto
en el primer contacto, en
su primera mirada que
nos dirige mientras nos
estrecha la mano, con su
so n r isa tan llena de
amabilidad, donde un
pliegue de - sus labios
mantiene siempre en re­
serva una mueca de buen
humor y gracia. Ni la
seriedad del pedante, ni
la manera del necio. Po­
see algo real, puro, que
atraviesa como soplo ma­
rino esa capital donde lo
ficticio tiene curso de­
masiado fácil.
Portinari nunca podrá
olvidar, sin duda, los

siento también la necesidad de regresar
a mi aldea natal, de volver a ver mis
árboles y mi casa familiar.”
Sus padres siguen viviendo en el
Brasil, orgullosos y maravillados de su
hijo, cuya brillante carrera les hace
olvidar sufrimientos pasados.
Portinari me habla ahora de su arte:
"He traído aquí las teorías de París,
pero en América tienen la manía de
querer hacerlo todo distinto. El arte
es universal. Ante todo es necesario
«hacer» bien. El tema y el procedi­
miento sólo tienen una importancia se­
cundaria.”
"El arte moderno ha dado comienzo
aquí con el expresionismo alemán, pero
esa escuela no ha tenido alumnos. La
escuela de París en cambio, la que he
traído en 1930, ha sido ante todo muy
atacada, pero he obtenido algún éxito.

Niño muerto. 1944.

m u ltip lic a n el sufrimiento humano,
grabándolo en la retina como al hierro
candente. Si el arte es universal, no
lo es menos la miseria.
¡ Qué sentido notable de la miseria
posee este hombre! No se crea que sus
personajes provocan lástima mediante
una exposición de lo horrible, un pro­
cedimiento fácil de Gran Guignol.
No, el menor rasgo de estos semblantes,
el más secreto de los gestos de estas
manos, el harapo más disimulado, son
auténticos y vivos.
He a q u í la v a n d e r a s a las que
sólo les vemos sus cabellos y sus
enormes manos, que friegan la ro­
pa. j, Qué se gastará antes: la tela
de algodón o los dedos enrojecidos
por el agua, o la fuerza de estas
esclavas que ya nad a tie n e n de
femenino? ¡Mirad esos movimientos!
¡ Mirad esa vida que se
desgasta!
"Cuando caen —me di­
ce Portinari—, es para
morir. Son las lavande­
ras de mi aldea, que la­
van y friegan toda su
vida. Allá, cuando al­
guien muere, suele de­
cirse: —E se es feliz:
ahora podrá descansar.
C om prenden perfecta­
mente en qué estado se
encuentran, pero lo peor
es que no se rebelan.”
"Entonces uno se sien­
te culpable, se siente
responsable de su pobre­
za. Toda mi juventud
ha tran scu rrid o entre
esas gentes que son mis
hermanos, mis semejan­
tes. Lo único que puedo
hacer por ellos es tratar
de traducir sus gritos,
sus llantos, en un len­
guaje que los poderes
p ú b lic o s puedan com­
prender.”
( E x c l u s i v o de A.F.P.
para "Cabalgata".)

�AJEDREZ
AJEDREZ

h) Esto pierde inmediatamente, pero ya es
difícil encontrar una defensa adecuada.

Por Francisco Benito

i) Si 21. D2AR T8D j. 22. A1A A7T j.
ganando la Dama.
Notas de L. Szabo.

Presentamos hoy otra partida del maestro
húngaro L. Siabo, que tan brillantemente actuó
en el reciente torneo de GronmKcn. Los comen­
tarios de esta partida corresponden al mismo
Saabo y están traducidos de la revista “The
Australasian Chess Review" (Revista de Aje­
drez de Australia) del año 1940.

IIn empate que debió ser victoria
Veamos el siguiente diagrama; d famoso ju­
gador francés D. Janowski alcanzó una posi­
ción ganadora contra uno de los mejores maes­
tros que jamás baya tenido d mundo: C.
Schlechter. Tres años después (1910), Schlechter empató un match con el entonces campeón
del mundo Emanuel Lasker en un memorable
encuentro por d campeonato, y únicamente la
estipulación de aqud match que pedia un score
favorable al desafiante, dejó d título en manos
dd gran Lasker.

Partida IV? 2
Campeonato húngaro 1935
Peón Dama - Defensa Eslava
L- Szabo

A. Becker

1.

2.
3Í
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.

P4D
P4AD
C3AR
C3A
P4TD
P3R
AxP
0 -0
1&gt;2R
T lD
P3T d)
C2TD
PxP
C4D
CxC g)
DxT
P4CD ver diagrama

En esta posición ganaron las Blancas por la
siguiente magnifica combinación.

P4D
P3AD
C3AR
PxP a)
A4A
P3R b)
A5CD

Ostende 1907
Negras: D. J a n o w s k i

OO

1. C6C j.
2. PxP j.
Lo mejor.
3. T 8A ! I

T7A, qne parece muy fuerte, pierde. Las N e­
gras juegan TxA 4. T xP j. RxT 5. D7A j.
R3T 6. D7T j. R4C 7. T3C j. DxT 8. AxD
P7C y ganan.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.

TxA
T8A
TxC ll
T8AÜ
D2R
D4A j.
R lT
D4TR 11
T8T j.
AxT
D6R j.
R1T
TxT
DxP j.
RlC
RIA
D7T j.
DxP j.
RlR
R lD
IDA j.
A6A j. y mate en la próxima
jugada.

Una producción realmente hermosa.

Concurso de soluciones

P4A c)
D2R
C5R e)
A4T!
C3AD! f)

Proseguimos hoy nuestro concurso con 2 pro­
blemas en tres jugadas. Las bases del concur­
so y los problemas Ne 1 y 2 se encontrarán
en el número 1 de CABALGATA.

TRlD

Problema N° 3

G.
Wmw-

H eathcote

Chess Idylls 1918

llo cuanto ingenuo de despenar enemigosdelgrangrangronReich.
Pero dejemos ahí ese asunto, ya en
tan buenas y concienzudas manos, y
como esto es una revista de letras y
artes, echémosle por nuestra parte una
miradita al castigo literario y artístico
que le están infligiendo al pueblo ale­
mán sus cultos vencedores.
De salida, y en justa corresponden­
cia con las costumbres rateriles de los
ex proceres y conductores germanos,
dados al robo de buenas pinturas, los
ocupantes no sólo devuelven lo que
aquéllos se llevaron sino que arrean
con otros de propina. Y así gran nú­
mero de joyas de la pintura alemana,
pagando justos por pecadores, van y
vienen sin descanso cruzando continen­
tes y surcando mares en viajes seguramente sin regreso posible. No es que
esté mal la cosa, pues para eso han
ganado unos y perdido los otros, pero
lo que ya no creemos sea tan positivo,
es la virtud educativa de semejante
procedimiento, 'pues ante él, el antiguo
robador puede pensar perfectamente
que no estaba tan equivocado al hacer
aquello cuando podía ya que éstos lo
hacen ahora que pueden.
Mas no se crean que esto es nada
nuevo y que han sido los pobres nazis
quienes inventaron semejante manera
de proceder. Desgraciadamente para es­
tos sujetos, la imaginación y capacidad

A2A h)
T lD
D5T!
AxPR
D6C
D7T j.
A6C

a) La Defensa Eslava fué desde algún tiem­
po mi apertura favorita; con ella tenia algún
éxito, sobre todo porque mis adversarios casi
siempre trataron de eiudir las lineas usuales.
b) La posibilidad 6 . . . C3T seguido por
C5CD para tomar posesión de esta casilla de­
bilitada por las Blancas, les da a las Negras
un juego un poco restringido. Este Caballo no
toma parte para prevenir P4R.
c) Actualmente esta jugada está considerada
un error, pero la continuación exacta 10. C2T
A4T 11. P xP C3A 12 .T lD D2R 13. C4D!
T R lD 14. P4CDÜ A2A (CxP 15. A2D)
15. P5T manteniendo al peón ganado, era des­
conocida hasta la partida Ragosin-Flohr, Mos­
cú, 1936.
d) Todavía ahora 11. PxP!. Como i confesó
el Prof. Becker después de la partida, temía
la continuación 11. P4R A5C.
e) Esto evita P 4R !

Negras:
P4TD (5).

R4AR,

D lT D ;

P2TD,

P3CD.

Problema N° 4
E. Z f.p l e r
3° menc. hon.
Dresdner Anzeiger 1932

Blancas:
R5CR, D5CD, A lT R ,
C6AR, P3R, P3CR, P7TR (8).
Negras:

R7AR, P7TD, P3CR

ClTD,

(3).

EN LA EXPOSICIÓN

LA T O R R E
D E RABEL

— Como debo salir de viaje, me excu­
sará usted si no puedo asistir a su en­
tierro.
de invención no cuenta entre las virtu­
des del hombrerubioqueamaymata. La
mayoría de los museos del mundo, ex­
cepto honrosísimas excepciones, se han
nutrido en su más grande parte, median­
te el procedimiento Goebels-Goering.
Y lo que es peor todavía, los azares de
la suerte han hecho que numerosísimas
obras de todos conocidas, lleven el nom­
bre del llamado coleccionista en vez del
autor que las creara. Así ocurre con los
famosos mármoles Elgin, que, arreba­
tados, ignoramos cómo, por el distin­
guido gentleman de dicho apellido, de
las ilustres ruinas del Partenón, sobre
perder el nombre algo más ilustre de
Fidias, se mueren ahora de tristeza en
una sala del Museo Británico, añorando
bajo la plúmbea bruma londinense el
heroico sol de la Acrópolis. Y lo mismo
ocurre con el Altar de Pérgamo, la Ve­
nus de Milo y la Victoria de Samotracia. Bien está arrebatárselas a los
rateros teutones pero mejor estaría ha­
cer justicia de una vez para siempre
y devolver todas estas obras, a la Acró­
polis, Pérgamo, Milo y Samos. Sería
una manera artística de empezar a po-

icen

por ahí que el ladrón efee

D que todos son de su condición y
uno de los principales fines de la jus­

Dijo Unamuno refiriéndose a aquel mal profesor de Derecho Romano que había im­
puesto como texto a sus alumnos la monumental “Historia de Roma” de Mommsen:
“Ese hombre tiene la virtud de enseñar lo que no sabe” ... .
*
EL VIEJO CORONEL
Entusiasmado el viejo coronel por la marcialidad y apostura de la enfermera,
exclamó con voz emocionada:
—¡Qué regimiento más hermoso sería el mío si todos estuvieran formados como
usted!

^

P u blica la s g ra n d es
novelas contemporáneas
MARTIN EDEN — Jack London
Considerada por los críticos como su obra
maestra, “ Martín Edén” es a ia vez la
autobiografía del autor. La vida múltiple,
azarosa, llena de peligros, tal como la que
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de su desarrollo intelectual hasta el triun­
fo de su vocación de escritor, están re­
flejados en esta novela de vehementes pa­
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LA COLINA FEBRUARY — Vic­
toria Lincoln
Una familia excéntrica y de turbias ma­
neras de vivir; mujeres de vida alegre,
capaces de la mayor ternura y de los
más imprevistos vueicos del alma, son los
elementos humanos de esta singular his­
toria, cuya aparición afirmó definitiva­
mente el nombre de Victoria Lincoln en
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ricana .................................................. $ 5.—

EL HALCON MALTES — Dashiell
Hammett.
Obra maestra en su género, consagratU
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EL BUEN SOLDADO SCHWEIK
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Un libro que sacudió a Europa con la
fuerza de su sátira. Una novela trágica
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dial hacía imperiosa esta traducción cas­
tellana . . . . . .
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UN ALDEANO DE GEORGIA —
Leo Kiacheli

Por N . E.

UNAMUNO

0

La sociedad destruida por la locura del
hombre y el drama del hombre destruido
por la locura de la sociedad. La falacia
de los principios morales falseados y de
las ideas corrompidas de una generación
que dejó las aulas por las trincheras y
que luego se encontró sin aulas, sin amor
y sin p a z ............................................$ 4.—

Blancas: R2CD, D1CD, T8AR, A2D, A7AR,
C4R, P5R, P3TR, P5TR (9).

Mate en tres jugadas

— ¿Qué es lo que yo tengo de extraordinario?

£

FABIAN, Historia de nn Moralis­
ta — Erich Kastner

De un torneo del Club de Ajedrez Karlsbad
Negras; A. S c h w a l b

f) Retomar al Peón con el Caballo o la Dama
es malo. En el primer caso 14. P4CD gana
una pieza. En el otro caso 14. P4'CD AxP
15. CxA DxC 16. A3T gana la calidad.
g) La diferencia entre esta posición y la
resultante de la partida Ragosin-Flohr es que
después de 15. P4CD CxP, las Blancas no
pueden jugar 16. A2D por la posición del C
en 5R. Con la jugada del texto las Blancas
quieren devoiver al Peón, pero era preferible
tomar al Alfil.

£

El realismo poderoso con que el autor des­
cribe el ambiente revolucionario mexicano
y su ejecución magistral, hacen que el
iector reeorra las páginas de este libro
con esa constante espectación e interés
que sólo logran suscitar los grandes crea­
dores de la literatura . . . .
$ 3,50

Combinaciones y errores inmortales
Bajo esta denominación nos proponemos pu­
blicar periódicamente posiciones y finales de
partida que merecen ser conocidos por todo
amante de nuestro querido juego por su belleza
y por la enseñanza que invariablemente en­
trañan.
Para que d lector pueda saborear mejor estas
posiciones, las daremos no como problemas, sino
ya con las anotaciones necesarias. De esta ma­
nera formarán un conjunto que aconsejamos
coleccionar al aficionado.

*

EL MEXICANO -—Jack London

Pero Janowski no supo ganar. Jugó T8D j.
y la partida resultó empatada. Si hubiera
jugado P5A!, las Blancas no hubieran tenido
otra alternativa que T4C. Avanza el Peón a
6A, a lo que las Blancas se hubieran rendido
probablemente, porque después de algunos ja­
ques infructuosos, el Monarca negro se escapa
y ya no hay salvación contra T7T j. seguido
de P7A j.

Posición después de la jugada 17 de las
Blancas
18. P3A
19. D2A
20. PxC
21. D2R i)
22. A2D
23. RIA
Abandonan.

PxC
RlC

(¡^cabalgata

ticia de tejas abajo, consiste, precisa­
mente, en demostrarle que afortunada­
mente su condición suele ser una
excepción más o menos numerosa de la
regla. Hemos visto, tomando el ejem­
plo más alto como término de compa­
ración, cómo las potencias vencedoras
se esforzaron en el crecidísimo jui­
cio de Nuremberg, y mediante todo
el aparato de juridicidad necesario, en
convencer a los criminales de guerra
nazis, de que si les van a sacar de este
mundo, para bien de todos y futuro
descanso de madres, esposas e, hijos, no
lo hacen de la expeditiva e ilegal ma­
nera empleada por aquellos, sino con
todas las de la ley. Con esto se preten­
de subrayar las ventajas de la cultura
sobre la barbarie, al par. que demos­
trar públicamente el triunfo del bueno
y el castigo del malo.
No será ésta, seguramente, 1%opinión
de los condenados, a quienes por otra
parte les basta y les sobra con saber que
han perdido, para tener que aguantar­
se. Seguramente considerarán hipocresía
lo que los otros califican de juridici­
dad, reservándose por su parte el cali­
ficativo de franquezavitaldelhombrerubio, expresióntriunfantedelalegretrabajodematar, u otro cualquiera vocablo
trabalenguas-kilométrico para su. senci­

— Tengo otro manual de autosugestión
que es también muy interesante.
ner cada cosa en su lugar al par que
un lugar para cada cosa, como dicen
los hombres de negocios de por allá.
Sin embargo, el sentido urraqueseo
de almacenar cosas inútiles e inaprove­
chables —o desaprovechar cosas útiles,
que viene a ser lo mismo—, caracterís­
tica esencial de arqueólogos, coleccio­
nistas y otras aves de rapiña, es algo
de fácil exportación y que ha aclimata­
do perfectamente en el nuevo mundo.
El caso es tener mucho de todo, y así
se ha llegado a conseguir la denomina­
da Venus arcaica de Chicago, la Ma­
donna de Boston y el Felipe IV Huntington, títulos bastante graciosos aun­
que justificados porque sus actuales
poseedores pagaron a buen precio las
escasas briznas de cultura y tradición
que lograron conseguir.

Un personaje típicamente caucasiano y
de noble humanidad que gana inmediata­
mente ia simpatía y admiración del lec­
tor. es el protagonista de esta novela
que mereció, por su calidad, ser distin­
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ha sección Modas de CABALGATA cuenta desde hoy con la colaboración del dis­
tinguido modisto Francisco Jaumandrev, quien la orientará técnicamente. Con figurines
propios, y selección de figurines de los modistos más destacados internacionalmente,
Jaumandreu hará que la sección Modas de CABALGATA responda a los más exi­
gentes deseos de nuestras lectoras, que así podrán encontrar en sus páginas, gracias
al asesoramiento y colaboración del famoso modisto argentino, los consejos, infor­
maciones y sugerencias de uno de los más famosos creadores de la moda en la
Argentina.
Una prenda insustituible: El Tailleur Negro
Tanto en primavera como en otoño e invierno, el clásico
dos piezas de lanilla negra, de solapa inglesa o largo cuello
“smoking”, de chaqueta un poco larga sobre recta falda de
cintura alta y estrecha, es la prenda que no debe faltar en el
guardarropa de ninguna mujer que se precie de ser, al mismo
tiempo, práctica y elegante, pues la enorme variación de blu­
sas y accesorios que permite, le hacen ideal para lucir en las
horas y ocasiones más diversas.
A la mañana, por ejemplo, con una simple blusa de corte
chemisier, en tusor o crepé opaco, blanco, celeste, rosa o ama­
rillo, con una boina o una sobria cloche, con cartera colgante y zapatos “trotteur”
en charol o cabritilla, constituirá un verdadero conjunto sport que realzará la dis­
tinción de quien lo luzca; mientras que a la tarde' para la hora del té o aún del
coktail, será ideal acompañado de blusa de broderie o crepe de corte bonito, de zapa­
tos y bolso de antílope y de sombrero un tanto lujoso, ya sea en tipo canotier, gran
boina de terciopelo o toca; a la noche, en cambio, un tocado muy chic en plumas,
o flores y tules, según la estación; chaleco o blusa sin mangas y gran escote en raso
o brocato blanco, oro o fucsia, y guantes al tono, complementarán su elegancia ha­
ciéndole muy recomendable para lucir en el teatro, la boite o el “petit dinner”. Con
el agregado de que pocas prendas como él se prestan, por su sobriedad, que afina y
embellece la silueta, a la figura y el rápido tren de nuestras mujeres.
Lo que dicen los grandes modistos franceses
tsruyere: Del vestido de voile, a la “robe d’hotesse” yo he realizado esta tempo­
rada una silueta nueva. Silueta de espaldas amplias, de busto breve y de largas
mangas; también he variado muchísimo el corte de las chaquetas de mis “taillenrs”
que se llevan sobre faldas bien amplias, cuya amplitud se
obtiene por el trabajo de sus paños realizados al bies y a
derecho hilo.
Para la mañana he concebido simples robes negras y azul
marino, graciosamente aclaradas con blanco o . adornadas con
ligeros bordados como “broderie”.
Para la tarde, robes y “tailleurs” en imprimé?, estampados
de coloridos nuevos, yendo desde el blanco azucarado y del
“café americano” al “tete de noir”.
Para la noche propongo vestidos de “pequeña comida” cor­
tos, combinando taffetas y tul o aun tafettas y estampados.
Renunciando a los sombreros rebuscados, mi preferencia va
esta primavera a los tocados de flores, realizados como tur­
bantes, que acompañan tan bien la silueta moderna.
Mad. Carpenticr dice, en cambio: Más bien que insistir en
el juego fácil de la ornamentación, me he esforzado en la crea­
ción de una línea joven, limpia, escultural, de caer nob'.e y
lógico, pensando que nada es más armonioso que un cuerpo
donde la gracia se adivina bajo el vestido.
Adopto esta línea de hombros naturales, de talle muy alar­
gado, de caderas suavemente redondeadas, también para mis “tailleurs”, que
juegan en mi colección un papel importante y que, con blusas románticas,
los feminice aun más que mis vestidos de mañana o mis conjuntos de tarde
y de comida íntima.
Molineux: Más que nunca una técnica rigurosa y un minucioso trabajo de
las telas se imponen para crear modelos, que, si bien aparentemente simples,
no por eso dejan de ser cuidadosamente estudiados.
Ellos constituyen, en mi opinión, la verdadera elegancia. Proscribiendo todo
lo que tiende a destruir las armoniosas proporciones de la mujer, trato de dis­
minuir la “cuadratura” de los hombros y, por un juego de cortes, afino el
talle al máximo.
Como siempre, “tailleurs” y redingotes juegan en mi colección un rol pri­
mordial; los “tailleurs” de Inspiración clásica son acompañados de blusas y
chalecos primaverales, alegres y juveniles.
Paquin: Hoy más que nunca yo pruebo una moda en detalles, en refina­
mientos de corte que me permiten lograr en su máximo el deseo de las mujeres
elegantes: una moda armoniosa. Armonía de la silueta que destaca la línea
del cuerpo; armonía de colores que logran las combinaciones más inesperadas.

Jaumandreu: T a ille u r, en
g a b a rd in a de seda g ris c la ­
ro . D e la co stu ra d e u n
costad o d el saco, b a n d a
d ra p e a d a en fava c u a d ri­
llé n e g ro , v erd e y b la n c o ,
q u e sim u la n d o c e rr a r el
saco al p a s a r p o r o ja le s
e n el ta lle, se co n tin ú a
lu eg o en g ra n m o ñ o so b re
el co stad o o p u esto . S o m ­
b re ro de p a ja n a tu r a l, con
d e ta lle e n el m ism o c u a ­
d rillé .

Q s'UtVivíxÍ!—

Ofrece para la presente estación
una gran colección de conjuntos
en carteras y zapatos, realizados
en finos materiales, y terminados
a mano.

0 \Á/^i/v%cxQ--

Alrededor de las colecciones
Hay en la eterna renovación de la moda femenina algo de sorprendente y
de misterioso que hace que uno no sepa jamás qué admirar más, si el poder
creador de los modelitos, ya sean franceses, americanos o argentinos, o la faci­
lidad de adaptación de la mujer.
La moda se puede inspirar en tantas épocas, en tantos estilos, que no nos
muestra jamás lo mismo; la silueta es diferente, el “allure” es cambiante,
la línea del cuerpo mismo es enteramente modificada por las exigencias de los
modelos de cada temporada.
Esta primavera la silueta es enteramente juvenil y dinámica en razón de
una amplitud enorme de las faldas, del talle en su lugar normal, de los corsages que, aun permitiendo las variaciones más atrevidas, tienden siempre, ya
sean drapeados, alforzados, bordados o simples, a alargar la figura terminando
en pico u onda sobre la falda unos pocos centímetros abajo de la cintura;
pero, indudablemente, es en la línea de la cadera donde los creadores dan
vuelo a su fantas'a. Las líneas más rebuscadas, los bolsillos de formas más
variadas y los volados y drapeados más atrevidos, siempre en línea horizontal
exagerando enormemente la amplitud del contorno. Las mangas, en cambio, han
vuelto, tras sus extraordinariamente raros cortes del año pasado, a una gran
sobriedad, con una amplitud moderada de la espalda; justamente la necesaria
B o lero y fa ld a re c ta , en la n a to s ta d o ; b lusa celeste, en
g ru e so c re p e ; g a rg a n tilla d e p e rla s y zap ato s m a rró n
ro jiz o , fo r m a n u n e n c a n ta d o r c o n ju n to d e e n tre tie m p o .

para no romper bruscamente el movi­
miento general del corsage.
Los géneros: En todas las grandes co­
lecciones mostradas en la Ciudad Luz al
comenzar la primavera pasada y entre
las que ahora comienzan a pasarse en
las “maisons” porteñas, tusores, hilos, pi­
qués y cuadrillés tienen la supremacía
para los modelos sport o de medio vestir
mientras que rosalbas y crepes, encajes y
broderies rivalizan en lo que a vestidos
de tarde y noche se refiere; y una no­
vedad : este año trae el resurgimiento de
la gasa y la organza natural, tan fran­
cesas ambas, para modelos de gran ves­
tir, ya se trate de lujosos soirées o de
vaporosos vestidos cortos. En los colores
el blanco y el beige madera, el rosa ama­
rillento y el celeste grisáceo se llevan la
palma, ya sea como colores básicos o como
elementos de raras combinaciones, entre
las euales la del celeste lavanda con el
verde agua es quizá la más bonita. Por
otra parte, al lado del “tailleur” clásico,
negro, gris o blanco, siempre tan elegante,

A
/

M odelo d e Paquin d e P a rís : P a ra los
d ías fresco s de p rim a v e ra y verano y
a u n p a ra u s a r com o p re n d a sport,
a c o m p a ñ a n d o p a n ta lo n e s o "sh o rts”,
este saco de g a b a rd in a b lan co , de lín ea sim p lísim a , q u e se p re n d e con
b o to n es d o rad o s. Los bolsillos con
g ra n d e s ta p a s p e sp u n te a d a s.

De Jaques Fath: C h aq u etó n en lan illa
azu l q u e fo rm a so b re los an ch o s h o m ­
b ro s plieg u es tran sv ersales, los cuales
al co n tin u a rse sobre el fa ld ó n co n sti­
tuyen los b o lsillo s; sólo u n b o tó n , de
n á c a r b lanco, e n la p a rte alta del co r­
sage c e rrad o , lig e ra m e n te cru zad o .

nos encontramos con “arreglos” maravi­
llosos mediante la combinación de faldas
y chaquetas en los tonos más opuestos:
“bois de rose” y marrón, oro y negro,
verde y azul; y es que los coloridos tie­
nen una importancia extrema y permiten
que cada elegante muestre su verdadera
personalidad a través de estudiados “en­
sembles”.
Puede decirse que los accesorios no ha­
cen totalmente la elegancia de una mujer,
pero hay algo que nadie podrá negarles,
y es que tienen el mérito de poner el
toque final de toda toilette, y son nece­
sarias la reflexión y la inteligencia, y,
sobre todo, una suerte de intuición tal
en su elección, que sin ellos el resultado
obtenido puede ser exactamente contrario
del que se espera hallar. Así las echarpes
y pañuelos, los cinturones, los clips y
collares, que se usan enormes este año, los
brazaletes, los guantes y las carteras, los
zapatos y los sombreros, confieren a las
toilettes una nota tan especial que, a
través de ellos, nos encontramos con el
gusto y la distinción personales de cada
mujer.

S u n tuoso y p rim av eral "d e sh a b ilié ” , en gasa rosa, con
g ra n c in tu ró n en raso al to n o , m a te ria l de q u e se ha
realizad o adem ás el viso y las elegantes san d alias.

D e Marcel Rochas: V estido en grueso
tu s o r celeste en el q u e se d estacan las
m a n g as c o rta s y c ru z a d a s, arm ad as so­
b re g ra n d e s h o m b re ra s. El talle, un
poco b a jo , d e ja n a c e r los pliegues de
la fa ld a a m p lísim a .

_■—
"1

m u pom
Presenta para la actual
temporada una gran
colección de mode­
los exclusivos dise­
ñados por verda­
deros ar t i st as
en el difícil ar­
te de bien
calza r.

^ J~\

cW O W
FLO RID A 148 A L 152

FLO RIDA 148 AL 152

INTERIOR
E n v ío s co n tra re e m b o ls o
Su p e d id o se ra fie lm e n te in te rp re ta d o
y re m itid o en e l d ía

IN T E R IO R
Envíos co n tra re e m b o lso
So p e d id o se rá fielm en te in te rp re ta d o
y rem itid o en e l d io

�MUSICA
E INFORMACION MUSICAL

FLORES

Por D A N I E L D E V O T O
Él*

CALIDAD
PARA

REGALOS
DISTINGUIDOS

.

____________

E L O G IO D E L A B U T A C A O C U P A D A
más de cien años, en 1844, el
doctor Francisco Cruz Cordero es­
cribió en su “Discurso sobre la música”
que “el célebre Masoni, llamado por an­
tonomasia el segundo Paganini, visitó
esta Capital y nuestras Provincias hace
algunos años”. Ignoramos qué éxito tuvo
Masoni con su tournée en carreta, pero
en este siglo de virtuosos por vía aérea
"esta Capital” es uno de los centros im­
portantes de la actividad —casi diríamos
industria— musical del mundo. Pianistas,
violinistas, violoncelistas, cantantes, di­
rectores de orquesta se suceden ininte­
rrumpidamente en nuestro escenarios, ante
salas casi siempre repletas. ¿Conciertos de
Marisa Regules? No hay más localidades.
¿Conciertos sinfónicos de Juan José Cas-

H

ace

tro? No hay más localidades. ¿Conciertos
Ormandy-Brailovsky ? No hay más locali­
dades. Podríamos continuar con diez nom­
bres más, y las localidades seguirían
agotándose.
Es posible que no sea oro todo lo que
Tcluce, ni lo sean todos los que tañen la
cítara y el órgano, ni los que obstruyen
la b u tac a p a ra escucharlos. Ya sabemos
que hay quien oye a X. porque no puede
uno quedarse callado, cuando en lo de
IV. se hable de él. Que N. obtiene más

CALENDARIO
RETROSPECTIVO

RAMOS PARA NOVIA,
AZAHARES,
ORQUIDEAS, ROSAS...

Variedades en
CESTAS, BOLS,
FLOREROS,
PLATOS Y OBJETOS
DE ARTE
con
PLANTAS Y FLORES
FINAS

FL O R E S

ROSE MARIE
S A N T A FE 1 4 4 8 - 5 2
U. T . 41 - 9 8 3 5

1 En 1733, Jean Philippe Rameau es­
trena Hippolytc et Aricic, su primera
ópera. El autor cumplía, apenas cin­
cuenta años.
2 “Por la composición del Himno Pa­
triótico Original a grande orquesta:
con violines, viola, flautas, fagotes,
trompas y contrabajo, como también
por la enseñanza de los niños canto­
res: 100 pesos. Buenos Aires, octubre
2 de 1812. Blas Parcra.”
3 1833. Berlioz casa —por fin, para
qué— con Harriet Smithson.
4 1743. Muere en Londres Henry Ca­
rey, autor del God save thc King.
5 Mal día para la música ágil, corre­
diza, ligera. Muere, en 1880 Jacques
Offenbach; en 1915 ITsandizaga.
6 1600. Celebrando las bodas de Enri­
que IV y María de Médicis se estrena
la Euridice de Peri,^ primera ópera
que se conserva.
7 1548: Bautismo de Juan Ginés Pé­
rez, maestro de capilla y director de
la escuela de coros de Valencia de
1581 a 1595.
8 1820. Estreno de la Obertura .del
Freischütz de Weber, en Copenhague.
9
19081 Primera audición de la Prcmiére sonate para piano y violín de
Albert Roussel, en el Salón d’Automne, París.
10 1813. Nace, en Le Roncóle, Giuseppe
Verdi.
11 1938. Se celebra en París la milénima audición de Werther.
12 Antes del 12 de octubre de 1511
muere Joannes Tinctoris, compositor
y autor de tratados y de un voca­
bulario musical.
13 1890. Estreno del Macbeth de Ricar­
do Strauss, en Weimar.
14 1899. Muere en París Aristide Cavoillé Coll, organero, de una familia
de organeros, a los 88 años.
15 1905: estreno de La mcr, de Claudio
Debussv. Pierre Lalo escribió, en
I.c Temps: “Ni oigo,'ni veo, ni siento
el mar por ninguna parte.”

n

los Estados Unidos se han hecho

E extraordinariamente p o p u la re s los
conciertos musicales al aire libre, y este
año, después de la declinación del inte­
rés público en los mismos, determinada
por la guerra, han vuelto a resurgir con
toda su animación y esplendor, caracte­
rísticos de la época an­
terior al conflicto bélico.
E sto s conciertos son
principalmente n o ta b le s
en dieciséis de las más
grandes ciudades norte­
americanas, donde milla­
res de personas se con­
gregan en los bellos lu­
gares de los alrededores
para escuchar la versión
de la música de los gran­
des compositores ofre­
cida por las principales
orquestas del país.
En Boston, la famosa
Orquesta Sinfónica que
dirige S erg io Koussevitzky actúa a orillas del
río Charles; en Washing­
ton, la Orquesta Sinfó­
nica Nacional, en una
barca flotante en las ri­
beras del Potomac; en
Chicago, la Sinfónica, en
un pequeño valle situado

bussy que vale más ver una salida de
sol que o'r (entiéndase, en este caso,
“otra vez más todavía”) la Sinfonía Pas­
tara!. No importa, que siempre habrá
quien la oiga por primera vez. Lo impor­
tante, lo cierto, es que en Buenos Aires
se hace música, y las butacas se pagan y
se ocupan por la música (buena, exce­
lente, regular o pésima). Bueno es poder
ir a conciertos, y hasta es bueno no ir,
por cualquiera de las infinitas razones
posibles, pero saber que están allí, que
no vivimos en una ciudad sorda, sórdida,
y que esas butacas ocupadas, que podrían
estar ocupadas por nosotros mismos, son
signo y razón de la espléndida corona
de músicas que la ciudad arroja al r'o
de sus días, incesantemente.

NOTICIAS

O ctu b re

Creaciones
Artísticas

® cabalgata

Marisa Regules.
aplausos que IL, no siempre por razones
ni por procedimientos musicales. Que se
va a escuchar a Z. y no a las composi­
ciones que Z. toca —de lo cual Z. tiene

Juan José Castro.
en buena parte la culpa—. Que hay quien
va a un concierto por su capa de piel,
y quien va por lo que la capa lleva den­
tro: no importa. Ni importa, tampoco,
que algún malhumorado piense con De­

a 32 kilómetros de la ciudad; en Nueva
York, la Sinfónica Filarmónica, en el Lewisohn Stadium; en Denver, la Sinfónica
se presenta en un magnífico anfiteatro
rodeado de rocas rojas; y en Los Ange­
les, la Orquesta Sinfónica ofrece sus con­
ciertos en el Hollywood Bowl, situado en

***Este año la Sociedad Internacional
de Música Contemporánea celebrará en
Londres su primer festival desde la de­
claración de la guerra.
***Pareee que es necesario ser un Kapell ( = musicalidad + técnica + juven­
tud) para osar presentarse con primeras
audiciones: Prokofieff, Palmer, Persichetti... y no volver a moler por ené­
sima vez el mismo vals de Chopin en
todos sus conciertos. Mucha buena mú­
sica hay en los programas resobados de
ciertos “virtuosi”, pero “la música no es
siempre góndola”, como decía Cocteau.
Congratulémonos de la existencia de in­
térpretes que también lo saben, como
Kapell1.
*** Llega de México, publicado por el
Fondo de Cultura Económica en su co­
lección “Tierra Firme’’, un nutrido vo­
lumen de Alejo Carpentier sobre “La'
música en Cuba”.
***Circula el número 12 de Buenos
Aires Musical, publicación quincenal dedi­
cada a las actividades musicales argen­
tinas.
**sAlbert Wolff estrenó. Les Orien­
tales, para voces y orquesta, inspiradas
en poemas de Víctor Hugo, de nuestro
compatriota Carlos Suffern.
***E1 Collegium Musicum recientemente
creado en Buenos Aires ya ha realizado
un ciclo de ocho conciertos de órgano,
cuatro clases de extensión musical y un
concierto instrumental de música antigua.
***La Cooperativa Interamericana de
Compositores, dependiente del Insti.uto
Interamericano de Musicología de Mon­
tevideo, inicia una nueva serie de edi­
ciones musicales (publicaciones número
51 a 60).
*** Envin Lcuchter disertó en el Collegivm Musicum sobre la “Evolución de
la música occidental”. Sus dos clases,
dictadas el 2 y 3 de. septiembre, fueron
¡lustradas por los cantantes Martha Mai1lie y Juan José Adler, algunos instruí
mentistas y un pequeño coro.

las colinas próximas al Pacífico y cuya
capacidad es de 20.000 personas.
Cuando en la época de la primera gue­
rra mundial se iniciaron estos eonciertós
al aire libre, algunos opinaron que había
que ofrecer al público música popular, por
cuanto la clásica no sería del agrado del
público de verano. Pero
se equivocaron, porque
la experiencia demostró
que Tchaikovsky, Wagner, Bach, S ib e liu s,
Glinka, Handel y otros
autores de su categoría,
eran los preferidos.
También se incluyen
en los programas de ve­
rano composiciones de
músicos norteamericanos,
siendo George Gershwin
el caballo de batalla de
las principales orquestas,
en el aspecto nacional de
su programa.
Famosos cantantes de
renombre mundial, como
Marian Anderson, L ily
Pons, Gladys Swarthout,
James Melton, Paul Robeson, Helen Traubel, y
muchos otros, intervienen
frecuentemente en estos
programas.

SUCURSAL NUMERO 1
DE
LIBRERIA PERLADO
l Tna nueva librería abre sus
puertas en la avenida Corrien­
tes. Es la sucursal número 1
de la tradicional Librería P er­
lado, que así celebra sus trein­
ta años de existencia.
Don Calixto Perlado, des­
cendiente de libreros, consagró
su vida entera al negocio edito-

D on Calixto P erlado.

rial. Después de cumplir sus
estudios en la Escuela de Co­
mercio de Madrid, colaboró con
sus abuelos y tíos en la hoy
centenaria Librería y Editorial
" H ern an d o”, matritense (ex
Perlado, Páez y Cía.), famosa
en todo el mundo. En 1911 se
radica en la Argentina, fun­
dando cinco años después la
tan conocida L ibrería P erla­
do, de la plaza Congreso.
Fomentó en gran medida las
relaciones bibliográficas hispanoargentinas, dando a conocer
en España, entre otras obras
de autores argentinos, "Ei Ca­
minante”, novela de Héctor
Olivera Lavié, laureada con el
premio Municipal de 1922, y
"Ulises”, del celebrado escritor
Laureneena.
La producción editorial de
Perlado, realizada bajo la di­
rección literaria del profesor
Feliz F. Corso, es abundante,
y en ella descuellan las colec­
ciones "Biblioteca Clásica Uni­
versal”, "Moderna Biblioteca
Universal” y "Biblioteca Clasi­
ca Reservada”.
Como homenaje a la Argen­
tina, al cumplir la casa sus
treinta años de existencia, pu­
blica la extraordinaria obra del
saber español "Historia de les
Heterodoxos Españoles”, de
don Marcelino Menéndez y Pelayo, edición completa que ofre­
ce por primera vez traducidos
los apéndices griegos y latinos.
Don Calixto Perlado, al ha­
blarnos de la inauguración de
su primera sucursal pone mu­
cho interés en encomiar la la­
bor de sus colaboradores, espe­
cialmente la de su jefe de ven­
tas, señor Guillermo Dávalds,
cuya inteligente gestión y ex­
traordinaria actividad facilitó
en grado sumo la tarea.
Hov Librería y E ditorial
P erlado, a través de su vasta
red de corresponsales europeos
y americanos, fomenta en gran
medida la difusión del libro ar­
gentino. Recientemente hizo un
considerable envío a Suecia,
mercado del que se tienen las
más halagüeñas impresiones.
He aquí los títulos que inte­
gran la Biblioteca Clásica I niversal, de la Editorial Perlado.
1-2. Gradan, "El Criticón”;
3. Quevedo, "Obras Satíricas y
Festivas”; 4. Kant, "Crítica de
la Razón Práctica” ; 5. Arci­
preste de Hita, "Libro del
B uen A m or”; 6. Espinosa,
"Etica” ; 7. 'Tas Mejores Poe­
sías de la Lengua Española”;
8-9. Diógenes Laercio, "Vidas
de Filósofos Ilustres”; 10. "Re­
franero Español”; 11. Carlgle,
"Los Héroes” ; 12. J. de \ aldés, "Diálogo de la Lengua” ;
13 Esquilo, "Tragedias”; 14.
Autores Clásicos y Modernos,
"Pensamientos, Máximas y Re­
flexiones”; 15. Sófocles, "Tra­
gedias; 16-17-18. H e r o d o to ,
"Los Nueve Libros de la His­
toria”.

Vista de la S u cu rsal N9 I de
L IB R E R ÍA y E D IT O R IA L
PE R L A D O

Rivadavia 1731
Sucursal: Corrientes 1545
(Abierto de noche hasta la i hora.)

Buenos Aires

�cabalgata®

stas

niñas llegan a nuestras manos, es un decir, porque hay unos señores que

se apoderan de las fotografías, las meten tranquila y rutinariamente en un
E
sobre, y escriben: Bellezas; y aquí las tenemos, que es otro decir.
Luego, pues ahí no acaba la cosa, hay que hacer algo, que es lo que estás
leyendo, caro lector, y que en jerga periodística se llama ponerle "pie” a estas
fotos. Y éste es el momento más triste de la vida de un periodista. ¿ Acaso
no tienen ellas pie suficiente, y adorable? ¿A qué ponerles nada si ya tienen
de sobra? i Y cómo encontrar palabras que no sean alarmantes para decir lo
que se nos ocurre ante semejantes milagros de la naturaleza? ¿No sería bas­
tante decir: lector, estoy de acuerdo contigo, completamente de acuerdo, te
comprendo, nos comprendemos, la vida es injusta, un día haremos cualquier bar­
baridad? De ese modo quedaría sugerido, algo que está prohibido decir, nunca

BELLEZAS

comprenderemos por qué. Acaso por­
que todo en el mundo anda al reyés.
Miremos, pues, y callémonos, que es
un modo de dar a entender, sin que
nadie pueda impedirlo, lo mucho que
podríamos decir ante estas bellezas que
nos llegan ensobradas.
A nuestro lado, un ser macabro que
se llama crítico, nos susurra, temeroso
de nuestra reacción galante, que hay
mucho maquillaje, mucha crema, mucho
barniz. Que en conjunto serían más

cálidas sin tanta cosa. De acuerdo. Pero si así como están, las pobrecitas son
tan, digamos aceptables, 4qué pasaría si se cumplieran las exigencias del crítico,
de e?e ser feo, inteligente pero feo, que se llama crítico ? Olvidemos al monstruo
vecino e impertinente y contemplemos esta hermosura, con ojos de colegial que
acaba de ponerse de largo. Y sepamos, por una vez al menos, perder la cabeza
por algo que vale la pena. En fin, demos gritos, lloremos, quememos la oficina,
o dejémonos vagar por las aceras con aire de alelados a quienes nadie convencerá
de lo contrario.
\ busquemos fuerzas, haciendo de tripas corazón, para resignarnos a vivir
tan lejos, tan lejos de ellas que ya estamos suponiendo que son mentira.
¡Pero es verdad, lector curioso, créalo o no, es verdad, por cualquier lado que
se mire!

�D A N ZA
Graham: es la gran figura
en el escenario de la danza nor­
teamericana actual.
Habíamos oído hablar de ella, cono­
cíamos sus espléndidas fotografías, to­
madas por Bárbara Morgan, aquí y
allí se repetían conceptos suyos sobre
el arte del movimiento.
Pero es necesario presenciar uno de
sus espectáculos para comprender lo
que representa en la historia de la
danza.
Después de dos meses de asistir a re­
citales de solistas, dúos, tríos y grupos
se descubre que hay toda una juventud
(espiritualmente demasiado joven) que
crea danzas individuales directamente
como un producto de su influencia for­
mal. Así como entre nosotros se copia­
ba a rabiar el lirismo de los Sakharoff,
aquí cada chica dobla su codo en un
ángulo extraño, se arrastra por el sue­
lo en forma muy complicada y preo­
cupada y hace cosas muy inesperadas,
como declamar, cantar o apagar las
luces cuando esperábamos que empe­
zara el baile.
Incluso todas las danzas de las come­
dias musicales muestran su influencia.
Es el "momento Graham” de la dan­
za, así como hubo un momento del ba­
llet romántico, un momento Duncan o
un momento Wigman.
Y lo que nos resultó sorpresivo, o
acaso absurdo en algunas coreógrafns
que recién comienzan, lo volvimos a
encontrar en Martha Graham (a quien
vimos bailar mucho después), provisto
de todo su sentido, de toda su verdad.
La vemos de pie en mitad del esce­
nario, con los brazos abiei’tos en una
cruz extraña, conectada por un momen­
to con el conocimiento. Entonces su
forma de verdad viene a nosotros con
fuerza, con un poder de penetración
que no podemos ni intentar rechazar;
penetra en nosotros y la compartimos,
un poco a costa de nuestra belleza, pe­
ro con una decisión que desconocíamos.
Es como si no hubiera espacio entre
su movimiento y nuestra respuesta, co­
mo si el contacto se estableciera contra
toda protesta.
Así como reverenciamos un arte ea-

©cabalgata

artha

M

Martha Graham en " F r o n tie r” , o b ra su b titu la d a "A m e ric a n P ersp ectiv e o f th e p la in s ” .

agudos, cortantes, angulosos, crueles.
Feos para una estética costumbrista
—como pudieron serlo al principio los
cuadros de Picasso y la música de Stravinsky—, se descubre, lentamente, en
ellos una extraña belleza hecha de po­
der y de convicción.
Es un combate entre el arte moder­
no y nuestros prejuicios en que esta­
mos vencidos desde el primer momento.
Martha Graham se supera cuando
entra a hurgar en lo trágicamente
irrealizado del alma humana actual.
Parecería que su lenguaje fué creado
para decirlo, para explicarlo. Si no
fuera una tan extraordinaria bailarina
se podría decir, paradójicamente, que
se la siente más de lo que se la mira.
De todas sus creaciones preferimos
"Muertes y entradas” (" ...é s ta es
una leyenda de la vida del corazón.
Hay una suspensión del tiempo y una
subsecuente intensificación de la expe­
rien cia ...”) y "Oscura colina” ( " ..,
que concierne a la aventura de an­
siar. . .”) que son las más poderosas y
perfectas obras de arte que he conocido
en el campo de la danza. Pero todas
las demás son también extraordinarias.
Sus sátiras son de una finura y pro­
fundidad difíciles de superar, llenas de
valores formales y espirituales.
Uno de los puntos decisivos en la
fuerza artística del espectáculo, es la
indudable unidad espiritual que rige la
actuación de toda la compañía. Martha
Graham está sin duda detrás de cada
movimiento, puesto que los ha creado,
pero al mismo tiempo está encima del
total, se proyecta un poco en cada in­
dividuo, como si sus almas contuvieran
un poco de la de ella.
Cada miembro del conjunto (perfec­
tos individualmente como los del inol­
vidable ballet Joosl tiene una función
definitiva, y cuando se ha visto todas
las obras, cada uno ha tenido también
una oportunidad.
Integran la compañía': Erck Havvkins, Merce Cunningham, May O’Donnell, Nina Fonaroff, Pearl Lang, Marjorie Mazia, Ethel Winter, Angela
Kennedy, Natanva Newmann, Mark
Ryder, David Zellmer, Douglas Wat-

NZA MODERNA EN NORTEAMERICA
MARTHA

paz de abrirnos las puertas a la ver­
dad, diríamos que Martha Graham nos
arrastra violentamente a través de ellas,
queramos o no, entendamos o no, y
nos pone frente a una luz menos inma­
terial, menos despojada de sus adjeti­
vos pero que'es el reflejo vivo de nues­
tra época.
Martha Graham ha dado quince reci­

tales en Nueva York este invierno, con
su compañía, y dará todavía otros
quince, lo que es un verdadero récord,
incluso para Nueva York. Hemos vis­
to siempre salas repletas, con gente de
pie en abundancia (aquí se venden
entradas de pie en casi todos los gran­
des teatros) y los aplausos eran siem­
pre calurosos y repetidos, con nunca

Martha Graham
en so extraordinaria interpretación de "Satyrie Festival Song”.

GRAHAM

menos de siete llamadas a escena y a
veces más de doce.
Pero Martha Graham no es grande
por su éxito clamoroso, sino como ex­
presión de un sentido artístico humano.
Está de más decir que en pintura y
música los americanos son también más
modernistas que nosotros. Pero aun la
música y la pintura han viajado, por
contrasentido, mucho más velozmente
que la danza. Nada conocíamos que
pudiera dar una idea exacta de Martha
Graham. Ni siquiera se podía imagi­
narla o preverla.
Nuestra danza moderna, tan en pa­
ñales, ha conocido el espiritualismo y
el naturalismo, y hasta se ha peleado
bastante sobre cuál era "lo verdadero”
y si eran mejores los velos o el traje
severo. E indudablemente ninguna de
nosotras ha escapado al placer de "vo­
lar” un poco por el escenario con un
vestido transparente sin más sentido
ni contenido que seguir la línea mu­
sical.
Así. cuando se "descubre” a Martha
Graham se descubre por qué ninguna
de las dos formas anteriores era sa­
tisfactoria en sí, se descubre que era
por eso que las mezclábamos, tratando
de llegar a n u e s t r o momento humano,
tal vez menos bello, tal vez demasiado
distinto a pesar de igualmente atormen­
tado, para que la forma Wigman si­
guiera siendo su expresión natural, pe­
ro que era lo que tan intensamente
deseábamos decir.
Martha Graham ha creado la forma
de movimiento que satisface la necesi­
dad actual de conectarse con la verdad.
Cuando se la ve por primera vez
danzar, se tiene un sentimiento azora­
do, como de quien siente bruscamente
la pérdida de una cantidad de bienes
que parecían inamovibles.
Pero poco a poco se siente crecer en
uno la verdad, hay como una compren­
sión física que se va apoderando del
espíritu y que si formalmente es la so­
lución de los problemas anteriores, es
al mismo tiempo una afirmación en sí
misma, la afirmación de un momento
espiritual dentro de la historia del pen­
samiento humano.
Es la suya una manera llena de mo­
vimientos percutivos, de profundas
contracciones musculares, que no se
preocupa de la belleza de las líneas.

sino de su poder de proyección. Que
se sumerge totalmente en la abstracción
y consigue, a través de ella, emociones
de tal intensidad y pureza como para
decir que son, mientras duran sobre
el escenario, una manera de vida.
Los ritmos son para ella una especie
de juguete, hecho arma penetrante has­
ta los huesos. Sus movimientos son

son, Helen McGehee, Yuriko, y co­
mo artistas huéspedes Jane Dudley y
Jean Eardman.
Colaboradores artísticos: Aarón Co­
pland, Paul Hindemith, Carlos Chávez, Luis Horst, Hunter Johnson, Paul
Nordoff, Arch Lauterer, Isamu Noguchi, Philip Stapp, Edythe Gilfond y
Jean Rosenthal.

Interpretando "Imperial Ceatiore” ;
coreografía j trajea de la minina Martha Graham.

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A cab a n de p ublicarse

ENTREVISTA
CON JORGE D’URBANO VIAU
ante un caso poco frecuen­
to: un librero con espíritu, culto,
fino, y con un gran amor al libro.
.Jorge D’ürbano Viau, juvenil, em­
prendedor, es la vez que director de la
elegante librería de la calle Florida,
Secretario de la Cámara Argentina del
libro y Presidente de Club El Libro
del Mes. Y aun tiene tiempo para se­
guir al día las grabaciones de música
y escribir sobre las mismas unos juicios
críticos que cuentan entre los más esti­
mables. Por otra parte, el sello edito­
rial Viau tiene bajo su dirección un
bien ganado prestigio. Hoy publicamos
sus respuestas a tres preguntas que de
un modo u otro preocupan a la indus­
tria editorial argentina.
—¿ Cuál es el estado de los proble­
mas editoriales entre los editores dé
América Latina y Norteamérica?
—En realidad —nos dice el señor
D’Urbano— puede afirmarse que no
existen problemas mayores entre los
dos grupos editoriales del continente
americano, por la sencilla razón de que
sus mercados correspondientes no se
tocan. Los que existen son problemas
de relación, no de influencia. Los edi­
tores latinoamericanos compran dere­
chos de traducción a los de los Estados
Unidos y éstos se los venden, a veces.
Sólo cuando en alguna ocasión una de
las partes tuvo la mala ocurrencia de
apartarse de su cauce natural, preten­
diendo invadir el terreno de la otra,
se plantearon problemas graves por su
importancia y su agudez. La doctrina
del área idioniática, única valedera en­
tre grupos de.distinto idioma, fué re­
conocida como el argumento más se­
vero contra la publicación de libros en
idioma español en países de otro idio­
ma. Esta doctrina, fué oportunamen­
te Reconocida por los editores norte­
americanos que cortaron en sus co­
mienzos el poco feliz intento de impri­
mir libros en español en los Estados

E

stamos

Unidos. Confiamos en que continúen
en ese estado de espíritu, pues de él
dependen las buenas relaciones que en
la actualidad nos unen. En cuanto al
caso contrario, vale decir que los edi­
tores de América Latina se propongan
inundar el mercado norteamericano con
libros publicados en su territorio en
idioma inglés, mi imaginación no es
tan frondosa como para imaginarlo.
—¿Cómo ve usted las relaciones en­
tre autores y editores nacionales?

Jorge D’Urbano Viau.
—Causa verdadero estupor la igno­
rancia con que algunos de los autores
nacionales tratan el problema de la
edición de sus libros. Según sus ex­
presiones pareciera ser que el editor
tuviera una sola misión y un único
interés: no publicar libros de autores
argentinos. Dos reflexiones sobre el
tema:
a) No creo que haya en Argentina
una sola obra literaria de algún valor
que permanezca inédita después de ha­
ber pasado por manos de editores.

b) Si los autores nacionales tuvie­
ran idea de las sumas que los editores
han gastado en la edición de libros de
autores argentinos sin otra recompensa
que la íntima seguridad de haber co­
laborado con ellos, les estarían agrade­
cidos. o por lo menos debieran estarlo.
Sostener que los libros de autores
nacionales no se venden en la propor­
ción debida porque los editores no se
esfuerzan en publicarlos con más fre­
cuencia, es simplificar tanto el pro­
blema como decir que los libros de au­
tores nacionales no se venden porque
en general son malos. Una y otra se­
rían apreciaciones erróneas. El pro­
blema está por sobre autores y edito­
res. Es un problema de mercado y de
falta de lectores que encontrará solu­
ción en una bien orientada campaña
de revalorización del libro nacional, de
larga prédica y constante esfuerzo. No
es con medidas administrativas que se
obliga a la gente a leer tal o cual li­
bro. Debo referirme otra vez a la Reu­
nión de Chile pues allí se encontrará
el análisis más justo de este problema
y las soluciones que los editores aus­
piciamos.
—¿No cree usted que el precio de
los libros editados en la Argentina es
demasiado alto?
. —El libro, como cualquier otra mer­
cadería, no puede sustraerse al alza
general de los precios y a pesar de
ello el aumento en el precio de venta
de los libros es inferior al aumento de
los costes.
No conozco ninguna industria que
venda su producción al mismo precio
de hace siete años manteniendo la ca­
lidad de sus productos. Sin embargo
todos conocemos colecciones argentinas
de libros que han mantenido sus pre­
cios de antes de la guerra. Se dirá,
claro está, que antes se ganaba mucho.
Palo por lo que dices y palo por lo
que callas.

M aría T eresa L e ó n : El gran amor de Gustavo Adolfo Bécquer ( U n a vida pobre

y apasionada)
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Coincidiendo con el estreno de la película, El gran amor de Gustavo Adolfo Béc­
quer, aparece esta gran biografía del inmortal autor de las Rimas, ilustrada con gra­
bados de la época, retratos de Bécquer y fotografías del film. Se incluyen también
completas las Rimas de Bécquer.
K arl V o ssle r : La poesía de la soledad en España

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El motivo poético de la soledad da ocasión al gran crítico y filólogo para estudiar
la Historia de la poesía española desde la Edad Media hasta la declinación del
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LIB R O S R E C O M E N D A D O S:
Á n g e l C ru c h a g a S a n ta M a r ía : Antología

.

.

.

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"Enfermedades y sueños y seres divinos, las mezclas del hastío y de la
soledad, y los aromas de ciertas flores y de ciertos países y continentes,
han hallado en la retórica de Cruchaga Santa María mayor lugar extá­
tico que en la realidad del mundo”, dice Pablo Neruda en el prólogo
. del l.bro.
E n r iq u e P o po l iz jo ; Alberdi

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U n Juan Bautista Alberdi íntimo más humano y más verídico del que
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B e r tr a n d R u s s e l l : Nuestro conocimiento del mundo externo

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O tra obra genial del gran pensador contemporáneo Bertrand Russell, en cuidada
versión española, con una introducción *del Prof. Florencio D. Jaime.
M ariano P ic ó n -S a la s : Miranda
................................
• # 7.
El eminente escritor venezolano ofrece en esta obra una original biografía de M i­
randa, el primer criollo que "venciendo el aislamiento colonial se paseó con gran
decisión y señorío por la historia del mundo” .
B e n it o P é r e z G a id ó s : Miau
. . .
.
$ 3.
Miau pertenece a la época de plenitud de Gaidós y es un cuadro acabado y minu­
cioso de la burguesía burocrática.
»

oxteiko

Lobato es un hombre na­

cido para contar y para contarse.
M
Todo lo que sienta a su alrededor lo
convertirá en relato, en cuento, en na­
rración y a todo le dará su espíritu ale­
gre —alegre a pesar de todo—, un tono
dé humor entusiasta y risueño que nü
llega a la ironía, que se queda a la
puerta misma del escepticismo. No ex­
trañará, por tanto, que esté convirtiendo
en narración inventada y amable sus
primeros pasos de visitante en la Ar­
gentina. De tal manera que cuando ha­
bla, a cada una de sus afirmaciones o
de sus declaraciones se siente la inten­
ción de preguntarle: "¿Esto es verdad
o lo está usted inventando?”
Y habrá que resignarse a no saber
nunca lo que hay de imaginado y lo que
hay de auténtico en todo lo que nos ha
dicho.
Monteiro Lobato se ha pasado la vida
buscando un sitio en donde vivir tran­
quilo y sin encontrarlo. En unas partes
han sido el gobierno y la policía, en
otras los mosquitos o los vecinos, en
otras el clima y en otras la falta de
dinero. Todas esas- cosas han logrado
que, como no está bien en ninguna
parte, casi le da la mismo estar en una
que en otra. Unos cuantos días sin sol
lo han obsequiado con un formidable
resfriado; su aspiración más ardiente
por tanto en ese tiempo ha sido la de
no toser. Esta preocupación por li­
brarse de la tos le ha hecho casi olvi­
darse de otra preocupación bastante
grave: conseguir Tin teléfono. Ambas
preocupaciones le han tenido también
alejado de su gran programa de tra­
bajos y de sus negocios.
¡ Áh; los negocios de Monteiro Lo­
bato! ¡Magníficos! El mejor de ellos,
organizar revoluciones, cosa que pro­
duce mucho dinero . . . Tal vez sea tam­
bién un buen negocio —hay que ano­
tarlo para más adelante— fundar una

religión. También puede serlo vender
aire puro del Tupungato, embotellado.
Con esto se puede hacer rico cualquiera.
En cuanto a la literautra, Monteiro ha
hecho ya toda su obra de esta vida. Le
queda todavía que hacer su obra de ul­
tratumba por intermedio de un mé­
dium . . . No tiene esto ninguna nove­
dad. En el Brasil hubo un escritor,

librerías están abarrotadas de libros,

drían abatir los precios y ésta es la

libros de Flaubcrt, de Daudet o de Anatole Franee. La razón está en que los edi­
tores. disponiendo de muy poca cantidad
de papel, la lian destinado principalmente
a los libros nuevos, respecto de los cuales
la elevación de los precios es mucho me­
nos sensible para el público. Una edición
de dos o tres mil ejemplares de un autor
nuevo pasa y se distribuye sin que los pre­
cios llamen tanto la atención; pero en
cambio, sería inútil hacer una edición de
tres mil ejemplares de "Madame Bovary”
a un precio que, comparado con las edi­
ciones de antes de la guerra, mucho me­
jores, sería escandaloso.
La situación se agrava cuando se trata
de libros para la enseñanza, que exigen
muchos más gastos por su composición
más complicada y sus numerosas ilustra­
ciones. Solamente grandes tiradas, impo­
sibles por muchos años para los libros
nuevos como para las reimpresiones, po­

tratan de mantenerse bajo los precios mí­
nimos y evitar movimientos desordenados
de los precios, en previsión de las bajas
que con el tiempo tendrán que producirse.
Pero si no reciben cantidades do papel
suficientes, estos editores serán los prime­
ros en tener que abandonar su atinada
política de contención de los precios,
puesto que es el tipo de libro que tiene
necesidad de cubrir a un mercado más ex­
tenso y más apremiante.

Monteiro Lobato.

Había una vez
un Contador
de Historias...

Humberto de Campos, que en vida rea­
lizó una obra muy estimable; pero que
después de muerto ha seguido publi­
cando y esta parte postvital de su obra,
que tiene ya ocho volúmenes es la más
importante y más densa. Naturalmente
que teniendo ese proyecto y estando
todavía vivo por fortuna, Monteiro Lo­
bato trata con interés muy comprensible
de conseguir por anticipado los servi­
cios de un médium de confianza.
Entretanto, no pronunciéis ante él
una palabra que no conozca; se hará
repetir y deletrear esa palabra, se la
hará explicar en todos sentidos; después
sacará una misteriosa libreta del bolsi­
llo y la anotará con su explicación co­
rrespondiente. Ha comprado un gran
mapa de la Argentina y lo ha colgado
en su habitación; lo estudia y admira;
este país grande, variado, espléndido; es
maravilloso sentirse en él, conocerlo,
irse familiarizando con sus cosas y sus
interioridades. Monteiro está con el pie
en el estribo del tren para marcharse
unos días a Córdoba en busca de sol
y para empezar a ver en extenso esta
Argentina tan densa de vida y de suge­
rencias. Volverá dentro de pocos días,
cargado de historias vividas entre los
hombres y el paisaje. Organizará en­
tonces su existencia en Buenos Aires
en donde piensa permanecer bastante
tiempo.
Ya nos veremos y hablaremos en­
tonces de todas las cosas, incalculables,
infinitas, que hay que hacer. Muchos
negocios, muchas empresas, muchas
aventuras, sentados en un café, riendo
y viendo deslizarse alrededor la vida de
las gentes.
Monteiro Lobato tiene la enorme suer­
te, la virtud inapreciable, de haberse
convertido él mismo en personaje de
sus obras, con toda la gracia, la sim­
patía, la dulzura y la intrepidez de los
personajes de sus obras.— J. 31. 0.

La inteligencia, su naturaleza y su cultura
$ 4.—
Las últimas investigaciones realizadas por los psicólogos norteamericanos sobre el
problema de la inteligencia congénira y la influencia del medio ambiente sobre ella.
G eorge D . S toddard :

C ary l P. H askjns : Las hormigas y el hombre
. . .
$ 8.—
Estudio de la vida de las hormigas, cuya semejanza con la del hombre es innegable.

pero éstos son principalmente nove­ constante preocupación de las casas espe­
Lydades.
Es difícil encontrar, por ejemplo, cializadas en esta clase de libros, que
as

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T em plew ood

Los entretelones de la política española durante la guerra. U n relato
tan objetivo y verídico como sorprendente y apasionante de la conducta
seguida por el régimen de Franco respecto a los aliados. U n documento
revelador de gran trascendencia.

EDITORIAL LOSADA S. A.
A Isin a 1131. Bueno s A ire s
C o lo n ia 1 0 6 0

M O N TE V ID E O

Av. O 'M iq g m »

2*3

S A N TIA G O DE C H ILE

c a v e ll c a 2 8 8

LIM A

En realidad, no se puede hablar de cri­
sis del libro, puesto que por elevado que
sea el precio, el libro se agota rápidamente
en razón de sus tiradas poco numerosas.
Las viejas editoriales han realizado gran­
des beneficios, agotando, en precios muy
ventajosos, todos sus almacenes. Pero
ahora se encuentran ante la necesidad de
renovar su fondo editorial y de seguir
publicando obras nuevas y para una y

otra cosa lo que necesitan es papel. El
Ministerio de Producción Industrial trata
de satisfacer esta demanda en lo posible.
La situación ha mejorado mucho en lo
que va del corriente año. Se trata ahora
de buscar compensaciones al mercado in­
terno, en la exportación. La demanda do
libros franceses en el extranjero es grande
en todos los países; tanto que durante la
guerra se ha producido una importante
concurrencia de libros franceses impresos
en el exterior. Algunos países, especial­
mente el Canadá, gozando para ello de
ventajas considerables, especialmente de
precio, han empezado a inundar de libros
franceses el mercado exterior. Francia
deberá vencer las dificultades de produc­
ción y de transportes de la postguerra que
hacen que, por ejemplo, se puedan llevar
al mercado de Lisboa los libros franceses
editados en el Canadá a la mitad del pre­
cio que los editados en París. Aunque
esta ventaja haya sido en parte compen­
sada por la reciente desvalorización del
franco.

�L1BROS
CRITICA

L I T ER AR IA
por

GONZALEZ CARBALHO
A ntología, por Angel Cruchaga Santa María. Selección y prólogo de Pablo
Nernda. Volumen de 333 páginas. Editorial Losada, S. A., Buenos Aires.
Treinta anos de fecunda labor poética resúmense en este volumen. Grave y
apasionado, Cruchaga Santa María es el cantor siempre al borde de la desespe­
ración ; su lírica debe situarse, por ese culto de la sensibilidad exaltada, en la
línea romántica, aunque en su aspecto formal, en su exterioridad retórica, acuse
’a influencia del modernismo. Cabe considerar a este alto, encendido poeta, más
que nada por el amplio volumen de su voz, por su desgarrado y tenso acento,
por la condición decididamente espiritual y humana de su tono. Voz inconfun­
dible, paralela, sin intentar un parecido, a la de Gabriela Mistral. Razón geo­
gráfica, sin duda, y de tiempo. A través de sus nueve libros, en la selección que
de sus poemas realiza Pablo Neruda, se demarca su personalidad: ua gran
árbol de firmes raíces, de copa espaciosa en que se enreda la meditativa luz de
la tarde. Cruchaga Santa María es un poeta crepuscular. Le oímos en su pro­
longado coloquio con la naturaleza, desnudando su confidencia que es la del
hombre, demandando sin cesar respuestas a sus enigmas. Solitario, pese a su
fruición comunicativa, lo manifiesta en su fidelidad al dolor, en su relación
fraterna con el paisaje. Canta, en el exacto sentido de la palabra, dejando fluir
en lentos salmos la ardorosa corriente de sus versos. Por otra parte, toda su
poesía, diversa en motivos, acentuada en su dirección a lo humano, perfeccio­
nada de libro en libro, es un solo y total poema en que se reconoce, estrofa a
estrofa, renglón a renglón, idénticos rasgos, el mismo mensaje. Su "Antología”
nos permite valorizarle en su noble y desusada magnitud, en su perfil incon­
fundible, en su dimensión de poeta que encierra, en ámbito de sagrada lejanía
religiosa, la actitud palpitante de su clara conciencia civil. El prólogo de Pablo
Reruda crea, con particular estilo, la atmósfera entrañable, el universo íntimo,
de este difundido autor chileno.
,
H istoria de gatos, por Marcelo Menasché. Ediciones Trompo. Volumen de 06
páginas. Con un juicio crítico de Luis Emilio Soto.
Sabemos hacia dónde va dirigida, por lo común, la intención del humorista,
nacida de un mal humor y resentimiento inconfesables que urge desahogar.
No ocurre así con Marcelo Menasché, considerado en obras anteriores o a tra­
vés de "Historia de gatos y otros cuentos”, donde la sencillez y transparencia
de su estilo, su regocijada inventiva, conquistan al lector transportándolo, por
el camino de la sátira, a los dominios mismos de una gracia liviana y alecciona­
dora. Menasché es humorista de vena cordial e imaginación fácil. Es, como
afirma Soto en su minucioso estudio crítico, un humorista de carácter típicamente
rteño. Su medio ciudadano y el mundo, le proporcionan elementos que orga\, sin limitar su fantasía, ni preocuparse del matiz benévolo o cáustico.
taría su historia de unos cubiertos de plata para determinar su maestría en
•elato y su virtud de observador comprensivo que capta en esencia el detalle
icológico, documentando su sentido ambiental y buscando la correspondiente
,oraleja a los hechos por el camino contrario a la solemnidad. Quien admite
jue en el fondo de todo humorista hay un hombre triste, desconoce la obra de Me­
nasché. Mantiene una condición de fluida gracia, que es en verdad juventud
y vigor espiritual. La etapa de las influencias ha pasado para él y sus disci­
plinas están ya asimiladas, permitiéndole liberar su ingenio despreocupadamente
y mostrar, aun en el escepticismo, una sensible y luminosa espontaneidad de
creador.
litoral , por Carlos Carlino.
telvi, S. A ., Santa Fe.

P atria

Volumen de 112 páginas. Ediciones Cas-

Hálito de tierra laborada, de sol de mediodía, de cereal maduro. "Llevas el
lino hasta en tu nombre, Carlino”, le escribe Pedroni, su admirable hermano
mayor y coterráneo. Entrar en "Patria Litoral” es encontrar, tendida, la mano
france de una expresión conmovida y recia. Llano y verdadero, Carlos Carlino
alza la voz para desnudarnos su alma; para cantar, en noble y emocionado
alborozo, la belleza del campo, la ajegría de trabajar en el surco. Cumple este
poeta santafesino un precepto de neta ascendencia cristiana: cantar con amor.
—"Las ropas olerán a domingo de campo”— dice descubriéndonos ese estado
de plenitud de entrega, espiritual y física. Y con el mismo amor canta a la
muerte. Y enarbola también, a veces, la rebeldía. Carlino es un poeta virgiliano.
Lamentamos que enturbie circunstancialmente su ternura, su transparencia de
planta verde, con algún rencor apenas esbozado. Es la marca del tiempo, de
este tiempo. Lo demás es en él de siempre. Alcanza su culminación de gran
poeta al mostrarnos su voz resplandecida de gravedad evangélica. Leyéndole
—reconociendo la autenticidad de campo y cielo en sus palabras, de ojos des­
piertos al amanecer, de corazón cruzado por vientos y corrientes— entrevemos
que Carlino adquirirá muy pronto su voz total, que será uno de nuestros más
auténticos poetas, valiéndose de elementos tan simples como la verdad y e»
fervor.

gilio sólo fueron accidentales. Por eso,
el plan de Lewis es adecuado: el libro
es la vida de Ronsard a través de sus
siete grandes amores. Y la literatura
vestida con una blanca túnica, imperial
y griega fué el primero de esos amores,
y el más fiel. Las otras amadas no
compartieron la pasión excesiva y ar­
tísticamente erudita de Ronsard, y se
explica tal inconsecuencia, pues ni la
erudición, ni la impaciencia, ni el con­
tinuo arrodillarse fueron nunca aconse­
jables en tales asuntos. O sea, que ellas
no tuvieron la culpa. Las mujeres de
Villon son "filies de joies”, hermosos
animalitos, a quienes siempre se debe ca­
lumniar, y cuya misión en la vida es
hacerse conocer, b blicamente hablando.
(No olvidemos que en Villon hay siempre
una voluntad mística a la cual Ronsard
es impermeab'e.) En Ronsard, las ama­
das se llamaban, naturalmente, Casandra o Elena, adecuadas para provocar
un sufrimiento lírico, traducido luego en
sólidos y enjoyados sonetos.
Luego llegaba lo inevitable, las damas
inspiradoras pasan sin transición de la
sorpresa agradable de hallarse ante ta­
maño poeta, al aburrimiento, pues el papel
de semidiós no conviene a ningún conquis­
tador que además abruma diciendo:
Je suis —dis jé— Ronsard, es cela
[te sufisse,
Ce Ronsard que la Frailee honore
[chante et prise.
Como consecuencia, ellas se entrega­
ban no a nuestro poeta sino a hombres
de más jóvenes espaldas, o mejor for­
tuna y de ignorancia encantadora. Ve­
mos también que los grandes aconteci­
mientos de su época, aunque sea la San
Bartolomé, no lo conmueven. Ronsard
—dice su biógrafo— "estaba tan comple­
tamente encerrado en su torre de marfil,
que ni siquiera las habládurías de los
criados, dando cuenta de los desórdenes
de París, turbaron aquel cerebro, turba­
do por ansiedades más inmediatas; la
elección de un epíteto, la substitución
de un verbo, el pulimento final de tal o
cual verso rebelde”. Pero el biógrafo,
que cuenta la vida de Ronsard con una
leve y traviesa sonrisa, disculpa a las
damas en cuestión, y disculpa la apa­
rente despreocupación ante la ola calvi­
nista, de este admirable artífice al que
tanto le deben las generaciones posterio­
res y cuya lectura aseguraba, nada me­
nos que a Flaubert dos o tres meses de
entusiasmadas lecturas dominicales.
Además, el libro es una sana selección
de los mejores momentos del poeta há­
bilmente intercalados. Lewis relata con
lo que él mismo llama en alguna página,
humor imaginativo, rechaza las compli­
caciones noveladas y sólo apela a un
recurso literariamente más agradable y
no tan responsable, cual es el d e ... "yo
imagino a Ronsard”, etc., o presentar un
diálogo entre él mismo y Ronsard. Lo
histórico —aunque sea lo relativamente
histórico de toda biografía— queda sal­
vado, y Lewis demuestra saber que el
.género es de no escasas posibilidades li­
terarias y que el estilo no es una vana
superstición__ Alberto Girri.
La

vida y la obra de

J .-H . F ragonard ,

por Georges Grappe. Editorial Foseidon,
Buenos Aires.

Toda la vida de este gran pintor de
Francia del siglo xvm, J.-H. Fragonard,
continuador en pintura, en cierto modo,
de Watteau y Boucher, está narrada con
profunda habilidad y conocimiento por
Georges Grappe. La vida de Fragonard,
la pública y la íntima, su historia de pin­
tor de gabinetes, su actitud ante los gran­
des hechos históricos de la Francia de su
época y en los que, como cualquier otro
ciudadano francés, se vió envuelto, apare­
ce claramente expresada por quien, ade­
más, sabe colocar al pintor en el rango
que le corresponde por la calidad de su
obra. Fragonard, el pintor provenzal que
llevó a París, para que sirviesen de fondo
E l salar, novela, por Fausto Burgos. ción es que el prologuista diga estricta­ a sus cuadros, los paisajes de su tierra
Editorial Rosario, Rosario.
mente, con escueta exactitud, lo que es mediterránea, fué olvidado durante largo
preciso —ni más ni menos que lo nece­ tiempo por la crítica de arte, hasta que en
La novela regional argentina euenta ca- sario— para situar literariamente la obra la segunda mitad del siglo pasado los her­
Ga día con más cultivadores y, gracias a y el autor. Y el prólogo a esta edición manos Goncourí, con esa conciencia y cu­
^llos, el lector común va enterándose de de "El salar” cumple bien este funda­ riosidad art'sticas que les destacó, volvie­
ron a colocarle en su puesto entre los gran­
que en el país existen gentes, grupos hu­ mental cometido. — N. Búa.
des pintores franceses. Discípulo de Bou­
manos ■
—isleños, yerbateros, salineros,
cher, de quien aprendió a fondo el oficio
"mensús”, obreros de los ingenios— con
problemas sociales y económicos peculia­ R onsard , por D. B. Wvndham Lewis. de la pintura, llegó con su arte a la altu­
ra de su maestro y de Watteau por el
res; vamos aprendiendo palabras, giros, Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
amor al espacio y a la tierra, e incluso
expresiones espirituales, auténticamente
Toda biografía supone, además de por ese modo de describir pintando esce­
nacionales, pero de los que nada sabía el
hombre urbano que tiene como único me­ una vida individual, la presencia de nas de sana sensualidad con extraordina­
ridiano cultural el de la ciudad capital. una época. Tratándose de un poeta, ria inocencia. Los críticos le tuvieron lar­
Gracias, al menos en una gran parte, si ese poeta es Pierre de Ronsard, no go tiempo por pintor de temas lascivos
a la novela regional —Payró, Quiroga, hay cuidado de que, por ser un personaje —los que le habían dado su renombre ini­
Booz, Greca, Lynch, Carrizo, Rojas Paz, importante, se lo haga partícipe de los cial hasta que Diderot consigue aficionarle
Varóla, Burgos— vamos aprendiendo có­ acontecimientos que han rodeado el mo­ a otros temas—, sin contar con que Fra­
mo vive, cómo piensa, eómo sufre y cómo mento de su vida, peligro contra el cual gonard comienza a dar para Francia una
se alegra, en suma, cómo es, el habitante advierte el siempre seguro Alfonso Re­ visión campesina, como esa de "La bajada
de las comarcas del interior argentino. La yes. Ya podemos imaginar qué partici­ de Napoule”, que se reproduce en el iibro
labor del novelista regional trasciende pación tuvo en los grandes hechos áe SU que comentamos, o a caracterizar con ener­
siempre, aun sin que él concretamente se época un hombre que es el príncipe de gía cabezas como esa extraordinaria de
los poetas de Francia, nada menos que viejo que ilustra las mismas páginas de
lo proponga, lo meramente artístico.
Fausto Burgos es uno de los escritores en el artístico siglo xvi. Tal categoría este libro y que constituye una especie de
argentinos que más contribuye a que se y tal ^siglo bastan para señalar en él adelanto del impresionismo que vendrá un
conozca el vivir humano de las comarcas un estilo de vida, y la consiguiente dis­ siglo más tarde. También la cabeza del
andinas que él mide continuamente, en culpa por no haberse acordado de Villon, retrato de Saint Non recuerda per la for­
conjunción bien acompasada de pies y ce­ deficiencia que quita un poco la calma al ma alguna de las que muchos años después
rebro, como un peregrino de emociones. autor de esta biografía. No hay que trazará Daumier.
El espectáculo renacentista es
En sus cuentos tobas o cuyanos, en sus exagerar.
El texto, acompañado de una gran can­
más o menos el mismo en todas las cor­
narraciones jujeñas o tucumanas, en la tes, y las cortes son el obligado escenario tidad de reproducciones en negro y en co­
mayor parte de sus novelas rezuma sin —o finalidad— de los talentos deseosos lor, fué traducido por Antonio R. Costa
y admirablemente presentado por la Edi­
mentiras de biblioteca, sin trampas retó­ de gloria.
ricas, vida concreta, realidades descubier­
Una rígida y verdadera educación clá­ torial Poseidon. — L. S.
tas por él en su constante permanencia sica era imprescindible, y Wyndham Le­
entre las cosas y los hombres cordillera- wis nos muestra que Ronsard la tuvo E nsayos sobre poesía española , por Dá­
1108 y norteños.
mejor que nadie. Estudió en el colegio maso Alonso. Editorial Revista de Occi­
"El salar”, fábula sentimental aparte, do Navarra, y con Jean Dorat, aquel dente Argentina.
nos da la vida sufrida, explotada, mísera humanista que no vacilaba en cantar can­
del salinero jujeño, que, con doloridas, ciones báquicas por él mismo compuestas
Ya desde las primeras páginas de este
crucificadas manos, arranca de las Salinas en griego en alguna taberna. Un hu­ libro arremete Dámaso Alonso contra no
Grandes, los panes de sal que luego mal­ manista podía ser, cuando quería, diver­ pocos juicios que se han emitido sobre la
vende a los acaparadores.
tido, y no pensemos sólo en Rabelais, literatura española ; juicios que gozan aún
Con este libro inicia la Editorial Ro­ sino también en aquellos alegres italianos de singular vigencia, pero que deben ser
sario su Biblioteca de Novelas de Amé- que manejaban su bien sabido latín para cribados de nuevo porque no todos se
f'ca, dirigida por Amelia Sánchez Garri­ componer libros que: quamvis lascivium ajustan a la realidad. Se ha hablado
do, que escribió para él un prólogo al que et secum una priscos viros imitetur, y tanto, y se habla del realismo español,
conviene el adjetivo excepcional. La regla que dedicaban a los Médicis.
que éste ha pasado a ser tópico de rigor
es que los prólogos no sirvan más que
En Ronsard la antigüedad clásica era a la hora de las definiciones. Mas aún:
Para estar donde los ponen. La excep­ un culto, y tales "profanaciones” de Vir­ se le ha puesto como el más auténtico

NOTAS

© cabalgata

representante de las letras españolas, y,
forzando la idea, se ha exaltado prefe­
rentemente el teatro y la novela picaresca,
por su realismo y su carácter local, como
si por esos dos cauces, y solamente por
ellos, hubiese discurrido toda la produc­
ción española del siglo de oro. Semejante
criterio ofrece una imagen incompleta de
la literatura clásica, porque en ella hay
tanto de idealismo como de realismo, tanto
de universalidad como de localismo. Juz­
gar a Lope sólo por lo popular, es res­
tarle evidentemente toda su grandeza y
universalidad; y ver únicamente en Quevedo al formidable satírico es olvidarse
del severo moralista y del extraordinario
poeta lírico que hay en él. Mas no paran
ahí los yerros, como señala agudamente
el ilustre ensayista, pues que se ha llega­
do a negar al pensamiento español capa­
cidad para el lirismo. De ahí que algu­
nos de estos magníficos ensayos, aunque
quizá no haya sido ése el propósito del
autor, constituyan toda una defensa de la
lírica española de los siglos dieciséis y
diecisiete; una defensa no sólo ardorosa
y apasionada, sino también justificada.
Sí; porque justamente en esos siglos en
que el tan traído y llevado realismo pare­
ce hallarse en toda su manifestación, se
produce en España el más intenso y es­
pléndido florecimiento poético sin que
tenga, ni en su arranque ni en su vuelo,
nada de aquél. Y, sin embargo, es pro­
fundamente español: ahonda sus raíces
en el suelo, de cuya savia se nutre. En
esa rama caben la elegancia de Garcilaso,
la inspiración de Herrera, la gravedad
de Fray Luis, el ardor espiritual de San
Juan de la Cruz, la perfección de Góngora, por no citar más poetas; y Dámqso
Alonso lanza a continuación esta afirma­
ción rotunda: "No hay en todas las lite­
raturas europeas de los siglos xvi y xvn
un desarrollo lírico que equivalga en in­
tensidad y en riqueza al de España.”
El valor crítico de estos ensayos se
patentiza por la elaridad que arroja sobre
muchos aspectos de la literatura española.
Señalemos concretamente los dedicados al
"Poema del Cid”, el Arcipreste de Hita,
Fray Luis de León, "La poesía arábigoandaluza y la poesía gongorina”, Gongora, tan injustamente motejado de "oscu­
ro”, y Bécquer, a quien restituye toda su
originalidad e inspiración, que una crítica
ligera había tratado de robarle al socaire
de Heine. Por último, citemos un trabajo
sobre García Lorca, a quien Dámaso Alon­
so evoca lleno de emoción y de cariño,
preso en el recuerdo del amigo tan trági­
camente muerto; y otro sobre Vicente
Aleixandre, otro gran amigo también, tan

poeta como humano, derribado desde hace
años por una persistente dolencia. En
esos trabajos dedicados a dos amigos, uno
muerto y otro condenado a una vida ho­
rizontal, las palabras le fluyen directa­
mente del corazón. — I. Paredes.
I nvestiga cio nes
i .a verdad, por

sobre e l significado y

Bertrand Russell. Tra­
ducción del inglés por José Rovira Armengol. Editorial Losada, Biblioteca Fi­
losófica, Buenos Aires. 430 páginas. Pre­
cio: $ 10.
Las obras de Russell que se han tradu­
cido al castellano hasta ahora no son,
por cierto, las más expresivas de su pen­
samiento. Se han preferido los ensayos,
especialmente cuando se refieren a asun­
tos de actualidad; pero estábamos, y es­
tamos todavía, sin conocer su pensamien­
to madurado en la cátedra o en la medi­
tación filosófica. Felizmente el libro que
ahora comentamos es el principio de un
propósito serio de ahondar en el pensa­
miento de Russell. A su lectura no se
puede aventurar el que no sea un fiel
amante de la filosofía. El pensador in­
glés se propone problemas y busca su so­
lución con rigor lógico, con exposición
esquemática y dentro de fórmulas casi
matemáticas.
Russell se sumerge en el detalle del
lenguaje, busca sus conexiones y múlti­
ples relaciones. Nos exhibe su fértil ri­
queza. Vemos la lógica, y a veces la
absoluta falta de lógica, en los signos
que usamos para expresar nuestro pensa­
miento mutuo. Pero si se detuviera ahí
no nos daría sino una explicación, más o
menos aceptable, de los signos gramati­
cales. Tal vez no pasaría de ser sino un
positivista lógico, uno entre los muchos
que abundan en Estados Unidos, por cier­
to de obra meritoria en el campo de la
gramática y de la filosofía. Pero Russell
mira más allá, y adivina tras el lenguaje
una metafísica. Podríamos decir que es­
te libro, bien nutrido y pensado, aspira
a comprobar lo que afirma al clausurarlo:
"En cuanto a mí, creo que en parte a
base del estudio de la sintaxis podemos
alcanzar un conocimiento considerab'e de
la estructura del mundo.” Esta aspira­
ción que creemos logra plenamente, jus­
tifica la presencia de este libro en una
Biblioteca Filosófica. Un renovado nomi­
nalismo, que debemos a varios positivistas
lógicos, ha pretendido que el conocimien­
to lo es solamente de palabras; extienden
una sima infranqueable entre la expre­
sión verbal y la incógnita realidad. Rus(Continúa página 22.)

ALGO NUEVO EN BUENOS A IRES!

USTED nos trae el libro
usado y fija el precio
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N O S O T R O S lo recibi­
mos en consignación y
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Y además como siempre, al día en novedades-

�BH
B

LIBROS- CINE

cabalgata©
NOTAS

(Viene de página 21.)

Bell extiende los puentes de la conexión.
El gramático se nos revela tan sagaz
como el filósofo y el matemático. El verbo se hace carne en la realidad, y una vez
más se nos comprueba que para ser buen
gramático es preciso ser filósofo. En
este libro encontramos un Russell poco
conocido de los lectores de habla caste­
llana: no es el ensayista que nos encanta
por lo acertado y moderno de sus jui­
cios, dotado de una ironía finamente in­
glesa; es el pensador puro que nos quie­
re conducir a la meta, sirviéndose de
ejemplos - esquemas y de estrictas defini­
ciones. — Luid Forré.
U na llamarada en la roca, por Tan

Yun. Editorial Sudamericana, Buenos Ai­
res.
Desde que las novelas de guerra no
son descripciones de batallas —tiempos
de Víctor Hugo, de Stendhal—, y las
batallas han sido llevadas al plano dis­
tante de la mejor perspectiva como telo­
nes de fondo de un conflicto humano
más próximo y más tangible, han ganado
mucho, si no como ejemplares literarios
para las antologías, como documentales
preciosos de ese denominador común de
horror y de angustia por el que ha ido
pasando casi toda la humanidad en la
primera mitad de nuestro siglo.
La guerra está detrás de esos primeros
planos en donde las gentes se empeñan
en olvidarse de ella y vivir como si no
existiera; amar, soñar, ambicionar, tra­
bajar, gozar, reír, todos los géneros po­
sibles de actividades, de afanes, de emo­
ciones, adquieren un ritmo nuevo, invo­
luntario y resistido la mayor parte de
las veces, mientras más allá suena el ca­
ñón y desde allí llegan, interminables, las
filas de camiones y ambulancias sanita­
rias. La vida se empeña en no rectificar­
se y lo hace a regañadientes, reacia y
recelosa. Eso ha ocurrido en todas las re­
taguardias de todos los frentes y los ade­
manes de odio, de desesperación, de ira,
se han simplificado como nunca lo estu­
vieron, igualando a los hombres de todas
las razas, de todas las lenguas.
Una llamarada en la roca, desplaza ante
nosotros el escenario de la guerra en
China, tantas veces evocado para los lec­
tores del mundo occidental por los jóvenes
escritores de la China nueva. Tan Yun,
la autora de esta novela es una muchacha
de veinte años cuya madurez precoz ha
provocado indudablemente el drama de su
tierra. Nos pone delante lo que ha visto
y parece tan sencillo su relato precisa­
mente por lo que hay en él de veraz y de
auténtico. Es un idilio fracasado que em­
pieza en un bombardeo aéreo y el présta­
mo involuntario, por sorpresa, de su san­
gre, que hace un soldado a una muchacha
herida y moribunda. La sangre trans­
fundida crea raicee inesperadas de amor;
pero en las trincheras y los hospitales
de sangre brota difícilmente el árbol de
la vida. Una ráfaga de ametralladoras
y el hombre se pierde en la cifra de los
muertos anónimos; la doncella se queda
sin ilusiones y sin fe; solamente quisiera
vivir para que su muerto no se perdiera
totalmente en el olvido, para siquiera
ella recordarlo. Pero muere. Y entonces
su muerto anónimo se queda sin nadie
que lo recuerde. — Mora Guarnido.

PRIMEROS PASO S. . .
(Viene de página 3.)

un anca y un costillar, entre una cabeza y
un pecho de huesos, duro, vibrante de mie­
do; conseguía andar unos pasos, cuidando
de no ser derribada o herida por los cuer­
nos agudos, pero no avanzaba, no conse­
guía salir de allí, moviéndose en el mismo
sitio. Al levantar las cabezas, los animales
la golpeaban. Intentó colgarse del cuello
de uno, mas desistió con espanto, pues la
bestia levantó la cabeza azorada, rozán­
dole la cara con un asta. Llevaba los bra­
zos en alto y se limitaba a no caer. Le
pareció que las vacas asustadas y trému­
las que la oprimían se deslizaban en al­
guna dirección, arrastrándola soliviada, y
experimentó un respiro, como si eso la sal­
vara. Seguro que las vacas se ponían en
fuga, o que se dispersaban por el campo
y que la dejarían libre, viva. El confuso
y agitado rumor de los cuerpos y las pa­
tas en movimiento, le dió la seguridad
de que el peligro mayor pasaba y de que

sólo debía temer que si se diseminaban,
alguna de ellas pudiera, despavorida, atro­
pellarla al huir. Aunque los perros la
acometieran y la mordiesen sin piedad,
nada sería peor que esa situación que ya
notaba, con todo el cuerpo, que se hacía
menos mortal.
En efecto, los animales procuraban ale­
jarse de ella y al cabo de unos minutos
se encontró libre, sola. Podía, al menos,
respirar. Echó a caminar, tropezando con
otros cuerpos que la esquivaban aturdi­
dos, empujándose, y así consiguió apar­
tarse, avanzar no sabía hacia dónde, por
el campo. Se había desorientado por com­
pleto. No tenía la más leve idea del lugar
en que se encontraba, acaso en otro país
o en otro mundo. Miró al cielo y distin­
guió nuevamente las estrellas, borrosas,
pero firmes, brillantes en la sombra. El
silencio le daba ahora seguridad, esperan­
zas. Lloraba de agradecimiento —por pri­
mera vez el recuerdo de su marido se
asociaba a una confianza en su protec­
ción—, como si alguien que velara por ella
y por sus hijos hubiese sentido compasión
y la sacara de allí. Marchaba sin senti­
do, completamente al azar. Caminaba ha­
cia cualquier parte, para alejarse de ese

lugar. Se detuvo y giró lentamente con
los brazos extendidos, sin ver; necesitaba
pensar algo, no dejarse llevar por sus
piernas sin rumbo. Escuchó en el silencio
hasta que oyó, lejanos, algunos ladridos.
¿De qué chacra vendrían! Cuando le con­
testaron otros ladridos de la chacra de
don Andrés —ya los conocía—, se rehizo
su aturdido pensamiento y supo que ten'a que caminar hacia la derecha, dando
un largo rodeo que la alejara de las casas,
para tomar el camino interior que daba a
la tranquera y al camino real. Así lo hi­
zo. Cuando sintió que sus pies se posaban
en la huella, experimentó una sensación
de estar a salvo, de encontrarse segura,
otra vez quien había sido antes, ¿ Quién
había sido antes! Al horror pasado si­
guió el horror de comprender con cierta
sorpresa que era la madre de seis cria­
turas, una pobre mujer sin amparo, cuyo
marido había muerto —así le dijeron—
tres días atrás.
Caminaba angustiada y al mismo tiem­
po feliz, encaminándose a su casa con un
largo rodeo. Tropezó con la tranquera,
pasó por entre los hierros y tomó, segura
y decidida, el camino para su chacra.
Tenía que pasar por enfrente de la casa

de su cuñado Eloy, el peor de sus enemigos
ahora. Después de mucho andar, porque
era como Si no avanzase, distinguió íuz
en la casa del bajo. Estarían despiertos,
acaso planeando la forma de arrebatarle
lo poco que le quedaba. El encono entre
hermanos —y ella no tenía, en realidad,
la culpa— era tan grande, que ni la muer­
te podría atemperarlo. Al contrario. Sen­
tía, viendo la luz solitaria, que sus peo­
res enemigos estaban allí; que las renci­
llas pendientes no habían muerto.
Pero ella se había salvado, había esca­
pado providencialmente de morir bajo las
patas de la hacienda más asustada que
ella. Vivía otra vez, había vuelto a la
vida. JA qué vida!, ¿para qué! Mientras
avanzaba tratando de apresurar el paso,
de vencer su infinita fatiga, su desaliento,
miraba fijamente la luz en la hondonada.
Todavía faltaba lo peor. Tenía ánimos,
necesitaba tener ánimos para defender a
sus hijos. Eso era todo. No habría de ce­
jar. Iba diciéndoselo en voz alta a la
remota luz rojiza, a medida que se apro­
ximaba a su campo. Cuando ya estuvo cer­
ca, pasó el alambrado para dar otro ro­
deo final y evitar que los perros la aco­
saran, y que pudiera salir alguien de la

casa de su enemigo y la encontrara tan
sucia y atolondrada. Se burlarían de ella,
la ofenderían en una escena de desprecio
y de venganza. Hasta tenía vergüenza
de llegar en ese estado a su propia casa,
de presentarse así ante sus hijos. Una hu­
millación como si hubiese sido ultrajada,
arrojada a un chiquero, escarnecida en
un trance de muerte. Ahora sentía frío
en las piernas, y de todo lo ocurrido no le
quedaba más que ese asco y esa vergüen­
za. Caminó por el campo hasta que la
luz desapareció y la noche oscurísima la
protegió, indiferente, helada. Pisó, por
fin, las huellas de su chacra. No había
luz en la casa. Las criaturas estarían
apretadas de miedo. Acaso se habrían
dormido sin cenar. Apresuró el paso, ya
sin sentir ninguna desesperación ni casi
cansancio; firme, resuelta. Al llegar oyó
que Inés le decía desde el patio en som­
bras, con voz muy baja, sabiendo que la
disgustaría:
—Mamá: tío Eloy hace mucho que
está esperando.
—4 Dónde! —preguntó Rosa Inés con
sorpresa, ya en el umbral.
—Aquí —contestó él, en la oscuridad
total de la cocina.

momentánea, el relato de esa gigantesca
construcción, con sus luchas, sus hazañas,
sus catástrofes y triunfos. La actualidad
viva, en un país en que todo es actuali­
dad, porque no puede ser todavía otra
cosa.
Y el arte de la actualidad viva es el
periodismo.
Esencia del cinema norteamericano.

7 hnrltC .hanlin.

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OTo'

DECADENCIA DEL CINE NORTEAMERICANO
Por MANUEL VILLEGAS LOPEZ
y II
INDUSTRIA CONTRA ARTE
El cine en general, y más que ninguno
el cinema norteamericano, está montado
sobre un inmenso error fundamental: creer
que el cine es una industria. Y es un
arte, simplemente.
El que este arte tenga una enorme
base industrial, no quiere decir que esa
base sea el arte mismo. Stradivarius no
pensó nunca que era un Bach, ni Gutenberg que era el Dante. Lo que pasa es
que el hombre está descubriendo las má­
quinas desde hace un siglo —nada para
la historia— y todavía no ha aprendido
a manejarlas, a distinguir lo que son de
lo que producen. La cumbre trágica de
esta confusión son las guerras modernas,
donde los hombres mueren ya por millo­
nes y en las que pueden perecer civiliza­
ciones enteras, media humanidad.
En el mundo de la cultura, cuando la
máquina se pone al servicio de un arte
tradicional, bien definido y largamente
sedimentado en siglos, la confusión no
es posible. El editor sabe que no es un
literato, porque se sabe desde siglos lo
que es literatura; ni el fabricante d ev ís­
eos de gramófono supone que es un mú­
sico, ni se le ocurre pensar que la música
son sus discos. Pero de los miles de má­
quinas descubiertas desde hace un siglo,
la única que ha dado lugar a un arte
nuevo es el cinematógrafo; a un arte

(Especial para

desconocido, impreciso, naciente. Y se ha
confundido este arte nuevo, este "séptimo
arte”, con la máquina que lo produce, pri­
mero, y luego con la industria creada con
esa máquina; industria que, al fin, no
es más que ía máquina misma. Es con­
fundir a Picasso con el fabricante de
colores o la música de Chopin con el
piano.

C abalgata)

cial; son comerciantes, industriales, ban­
queros . . .
Porque el arte no es un orbe hermé­
tico e independiente de este mundo real,
de esos cimientos hechos con ganado, con
tierras, con minas, con astilleros y fábri­
cas. Todo lo contrario. El arte es la su­
prema expresión de la base económica so­
bre la que está construido. Pero no puede

El mecanismo de la decadencia.

ARGENTINA SONO FILM presenta:

A ! K E \ I Z
E x tra o rd in a ria
b io g r a f í a f ílm ic a
del g ra n m ú sico ,
a d m ira b le m e n te
i n t e r p r e t a d a p or

PE D R O LOPEZ
LAGAR, con Sa­
bina Olmos y un
gran elenco, y la
magnífica pianista
M A R I S A
R E G U L E S .

La vida más román­
tica. La música es­
pañola más cono­
cida, en una gran
película argentina.

Así, el arte yanqui por excelencia es el
periodismo, que se infiltra en toda otra
manifestación artística, hasta definirla;
Waldo Prank lo ha señalado magistralmente. Todo acaba por traducirse a no­
ticia. Es decir, al suceso escueto y vivo,
tal como es, sin analizarlo ni comentar
Y de él, su cúspide aguda: la aventu
la hazaña.
El mejor cine norteamericano está
cho sobre esta línea, que es a la ve
personalidad norteamericana: los pioi
en lucha con los indios; el Far-West,
cow-boys y aventureros; los films de
sodios y luego sus magníficas pelñ
policíacas; los gangsters; los hombre,
empresa y sus formidables hazañas; ao
lias comedias de costumbres, de muchach
emprendedores y optimistas, que triunfa,
siempre gracias a su audacia; hasta sus
magníficas películas cómicas eran siempre
una interminable cascada de aventuras di­
vertidas, etc.
Los dos grandes forjadores del cinema
norteamericano son Griffith, el gran ta­
lento creador, y Chaplin, el genio del
cine. Ambos se consagran mundialmente
durante la guerra de 1914-18, y crean el
gran cine yanqui, con su indiscutible he­
gemonía mundial. Griffith es el folletinista, que incorpora a la pantalla todos
los recursos de la grande y fácil emoción
popular: "la salvación en el último minu­
to”, de los protagonistas en peligro, por
ejemplo. Y Chaplin es el humorista, que
crea el hombre, contradictorio y complejo,
en el cine; pero ese hombre es un vaga­
bundo y su vida es una perpetua aventu­
ra sin límites.
Esta es la esencia del cinema yanqui: la
noticia, el suceso, en su cumbre de proeza.
Cuando se limitan y ciñen a esta persona­
lidad hacen obras maestras, de sencillez
y vida. Conforme se alejan de ella, su
cine se infantiliza. Cuando abordan lo
ideológico, lo simbólico, lo grande y com­
plicado, el fracaso es tremendo, siempre
seguro.

U na escena d e "E l n a c im ie n to de u n p u e b lo ” , film a d a p o r G riffith en 1915.
F u e ésta la p rim e ra p elícu la d e larg o m e tra je p ro d u c id a en los E stad o s U nidos.

En todos los países, el cine está mon­
tado sobre esta confusión que lo esterili­
za. En todas partes priva aún la indus­
tria, pero se empieza a conceder una pla­
za cada vez mayor al arte; es el camino
hacia adelante. En Norteamérica, por el
contrario, la organización industrial y sus
exigencias dominan cada día más, y del
arte no queda ya ni el vocablo; es la
marcha atrás.
Obsérvese la cinematografía norteame­
ricana en cualquier aspecto, y se verá que
todo se comprende y se explica conside­
rándola exclusivamente como una indus­
tria, como la de las conservas, los au­
tomóviles o las heladeras. Primacía in­
dustrial que no es un capricho, ni un azar.

hacerse una novela, un cuadro o una pe­
lícula, con la tabla de números índices, ni
con la estadística de producción o paro
obrero. Pero un pueblo de pastores es
distinto de un pueblo de obreros e indus­
triales, y serán diferentes sus constitucio­
nes políticas, sus leyes, su organización
social, sus ideas, sus ideales, sus costum­
bres . . . Según un país sea rico o pobre
tendrá una visión distinta de los proble­
mas sexuales, por ejemplo, y sus ideas
sobre el amor serán —quiérase o no— una
representación indirecta de su situación
económica. Y esto —el amor, las costum­
bres, las ideas, los ideales. ..— es lo que
el arte puede a su vez representar: son
temas de arte. Que no están ahí por ge­
neración espontánea.
Tienen que nacer y crearse lentamente,
El arte como representación.
como cúspide y expresión- de esa base
Los Estados Unidos son un país nuevo, económica. Los Estados Unidos, país nue­
en lo que radica su fuerza y su esperan­ vo, joven, está construyendo esta econo­
za. Pero un país nuevo lo es por algo, mía, que lo ha convertido ya en el primer
más que por la simple historia. Lo es, país industrial de la tierra. Pero aun no
porque está en duro y pleno forjar. Está ha construido del todo su organización
trazando sus definitivos cimientos más social. Y menos la expresión artística de
profundos: los cimientos económicos. Y esta sociedad: carece de temas definiti­
la mayoría del país, con sus mejores fuer­ vos para su arte.
zas al frente, se dedica a esta tarea esenTiene, claro está, los temas de su vida

Pero el caso es que al mismo tiempo
que en el cinema yanqui se producen estos
hechos, que lo llevan hacia atrás de modo
evidente, en el resto del mundo se pro­
duce el fenómeno opuesto. Especialmente
en Francia e Inglaterra, el cine está ad­
quiriendo, por días, mayor jerarquía ar­
tística, mayor sutileza y complejidad psi
cológiea, el más leg'timo tono poé.icoEn una palabra: más arte. Mientras e'
cine yanqui se industrializa, se hace cada
vez más elemental, la corriente general
de la época está creando un cinema artís­
ticamente maduro y hecho. De este m&gt;,
do, el abismo entre Hollywood y el cine
de la época crece rápidamente, tanto por
lo que aquél retrocede como por lo que
éste avanza.
Esta es la verdadera situación, en este
momento. Y frente a ella surge la pre­
gunta, que puede ser el drama: ¿Es que
Hollywood hace del cine una industria
porque no puede hacer ya un arte! ¿Es
que el arte cinematográfico empieza a
dejar de ser eso vivo, elemental y directo
—la noticia, la aventura— que hizo el
triunfo del cine yanqui! ¿Es que el cinema
empieza a ser otra cosa que Hollywood
no puede alcanzar! En ese caso, la de­
cadencia sería inevitable. También puede
no producirse, en un país poderoso, capaz
de tantas cosas admirables, capaz de en­
contrar el recurso inesperado. Sólo el
tiempo tiene la respuesta.
Ahora únicamente se trata de señalar
aquí esa serie de hechos, con su engra­
naje lógico, que constituyen el mecanismo de la decadencia. Ese mecanismo es­
tá funcionando dentro del omnipotente
cine de Hollywood, haciendo su obra disociadora, destructora. Y la decadencia se
viene produciendo.
Sí. Hollywood, el primer cine del mun­
do, la segunda industria del país más
poderoso de la tierra, estrellas universal­
mente admiradas, millones de dólares,
propaganda inmensa, más millones. ..
También Japón producía casi tantos films
como Estados Unidos y no tenían ninguna
importancia, ni siquiera en el orbe asiá­
tico; en cambio, dominaron el mundo laf
pinturas de Hirosije. Es que todo eso es
la industria. Y ahora se trata del arte
Se trata de que en cualquier momento,
el mundo puede descubrir que el cinema ec
un arte.

i
I

j

1

,

j

i
I
|.

1

�_ CINE _

©cabalgata

MAPA DE PANTALLAS

Phyllis Calvert y John Kenten en "Madona de las Siete Lunas” , film británico
que exhibe en el Broadway la Universal.

MADONA DE LAS SIETE LUNAS
Universal. Film in g lé s . Intérpretes:
Phyllis Calvert, Stewart Granger, Patricia
Roe, Peter Glenville, John Stuart, Reginald Tate, Peter Murray, Dulce Gray, etc.
Director: Arthur Crabtree.
Las últimas películas inglesas nos lian
puesto ante un cine que sin la gran pro­
ducción y la propaganda de los otros
tres grandes: Francia, Rusia y Estados
Unidos, ha alcanzado ya ante el al icionado exigente, uno de los más altos pues­
tos del cine actual.
En esa linea, origina! y llena de pro­
mesas, está “Madona de las siete Lu­
nas”, excelente película dirigida por Ar­
thur Crabtree.
Inferior a la precedente muestra del
cine inglés, “El séptimo velo’’, más pro-

pia del eine medio británico que debe
estarse produciendo en estos días, tiene,
no obstante, la calidad general de buen
tono, lógica, sonido perfecto, y grandes
actores en todos los papeles, en fin, ese
cuidado en los detalles que revela una
madurez, de oficio, una dignidad de me­
dios, y que tanto se echan de menos
en muchos films de los que nos sirven
esta temporada los grandes centros de
estreno. Melodrama, psicoanálisis, colo­
rismo o pintoresquismo —esta vez le toca
a Italia padecerlo—, “Madona de las siete
lunas” reúne todos los ingredientes que
hacen detestables a otros films. Y no
importa, se ve con agrado, con interés.
No podíamos hacer mejor elogio del di­
rector. — L. V.

Una escena de "El Hombre Gris” , con
James Masson y Phyllis Calvert, basa­
da en la novela de Lady Eleanor Smith
de igual título, que exhibe Artistas
Unidos, en el Opera.

Olivia de Havilland tiene a su cargo el
papel central de "Lágrimas de una
m adre” , que Param ount presenta cele­
brando su 30 aniversario.

Peter Laicford y Fay Helm en "El
Hijo de Lassie” , producción en tecni­
color de M.G.M.

"Esclava de su pasión” , film de la
W arner Bros, que se exhibe en el
Opera. '

EL

EXTRAÑO

R. K. O. Radio Pictures. Intérpretes:
Edward G. Robinson, Loretta Young, Or­
son IVelles, Philip Merrivale, llarry Long,
Byron Keith, Konstantin ' Shayne, Billy
Bousc, etc. Director: Orson IVelles.
Por mera coincidencia, se proyecta este
fi.m en Buenos Aires, cuando aun flamea
en el aire como una bandera triste, la
noticia de los perdones de Nuremberg.
Pero en “El Extraño”, ilusión de la pan­
talla al fin y al cabo, el nazi recibe
su castigo. Un castigo truculento y guignolesco, sobre la torre del reloj de una
iglesia norteamericana, cuando había lo­
grado camouflarse como un correcto pro­
fesor de Historia. Lo atraviesa, para
más truculencia, la espada de una de las
figuras que mueve el antiguo mecanismo
del “carillón”, cumpliendo así la senten-'Cia trágica del tiempo: ¡Tiempo al tiem­
po!
Construido en luces y sombras de vio­
lencia ya característica en Welles, este
film es, sin embargo, más claro,’ más
entroncado con el cine último americano
—se ha citado el nombre de Hitchcoek_
y el suspenso bien hilvanado a lo largo
del argumento, es el elemento principal

de “El Extraño”. Mas con respecto a
“El Ciudadano’’, aun con todos los repa­
ros que se puedan poner al tan discutido
fim revelador de Welles, “El Extraño”
registra una decadencia evidente del in­
quieto y hábil direetor-productor-argumentistaactor. Un error en la elección
de actriz para el papel femenino —-a pe­
sar del brillante trabajo de Loretta
Young— acusa más este descenso. Una
muchacha joven, enamorada, de aire
tierno e ingenuo, no cambia de la noche
a la mañana hasta el punto de disparar
sobre su esposo cuando descubre que éste
es nazi. La crisis nerviosa que padece
—y que en “El Extraño” se la relaciona
con el subconsciente de acuerdo con la
moda— no justifica el paso, que queda en
el aire. Pero la dirección del film hace
que el espectador no tenga tiempo a re­
flexionar sobre estos detalles, pues la
acción está llevada con un ritmo, con
una seguridad, con una precisión de con­
junto, que no permiten al público obser­
vaciones que en definitiva, para un film
policial, como éste, pueden ser secunda­
rias. La figura de Robinson y el mag­
nífico aetor que es O. W. borran mu­
chas manchas. — L. V .
4

Hollywood.
Charles Chaplin está terminando Monsieur Verdona: —antes A comedy of Murder—, inspirado en la vida de Landrú. No aparecerá el vagabundo Charlot,
Carlitos, Charlie. ¿Ha muerto?
•
Charlie Chaplin, júnior, debuta en la
pantalla como actor.
Otro: Alain Renoir, hijo de Jean Renoir, se inicia como eameraman.
Fritz Lang dirige The secret beyond
the Door, con Joan Bennet.
Rouben Mamoulian: Summer Holiday.
Robert Siomak: Time out of Mind.
Frank Borzage: Pver alway love you.
Roma.
Blasetti dirige: El arca de Noé.
Carmine Gallone: Venganza, terrible
venganza.
Fosco Giachetti: Rondini sema Nido,
con Danielle Darrieux.
París.
Vuelta de René Clair: Filmará El si­
lencio es oro.
En el local de la Cineteca Francesa,
se reunió el I II Congreso Mundial de Ar­
chivos de Films. Presidieron el Sr. Fourré-Cormeray, por Francia, y la Sra. Iris
Barry, por la Film Library del Museo
de Arte Moderno de New-York.
Leonide Moguy —Prisión sin rejas,
Carne y espíritu, etc.— ha vuelto a
Francia desde Hollywood. Dirigirá Liceo
de muchachas, con Fierre Blanchart y Lise Topart.
Cantinflas no ha gustado en París. Lo
único gracioso: sus pantalones.
Gran éxito de El ciudadano, de Orson
Welles “el magnífico”. La guerra im­
pidió proyectarla antes.
Pierre Calef dirige La casa sobre el
mar, con Viviane Romance y Clément
Duhour.
Dimitri Kirsanoff, maestro dé la van­
guardia, director de Rapto y Rostros de
Francia, prepara Normandie-Niemen, so­
bre la célebre escuadrilla.
María Casares y Pierre Brasseur en El
amor alrededor de la casa; dirige Pierre
Hérain.
Argentina.
Lucas Demare filma: Nunca te diré
adiós.
Bayón Herrera: Un marido ideal.
Manuel Romero: Adiós, pampa mía.
Leopoldo Torres Ríos: Santos Vega
vuelve.
Daniel Tinayre: A sangre fría.
Ernesto Arancibia: Mirad los lirios del
campo.
Carlos Borcosque: Corazón.
Luis Moglia Bart: La senda oscura.
Ernesto de Zavalía acabó: El gran
amor de Bécqner.
Carlos Schlieper: Madame JBovary.
Carlos Hugo Christensen: El ángel des­
nudo.
Luis César Amadori: Albéniz.
Arturo García Buhr concluye Lauracha, empezada por Arancibia. El film de­
bió suspenderse hace tiempo por rivali­
dad de productoras. Solucionado el con­
flicto, debe cambiarse el director por es­
tar el primero realizando otra película.
Mario Sofficci prepara: Martín Fierro.
Lucas Demare: Un día de octubre.
Carlos Schlieper: El misterioso tío Sylas.
Julio Saraeeni: El misterio del cuarto
amarillo.
Mocha Ortiz, exclusiva de Estudios
San Miguel, ha sido cedida a Argentina
Sono Film para una película.
¿Combinación de grandes empresas:
Argentina Sono Film, Emelco, Pampa
Film l
Méjico.
Buster Keaton filma: El moderno
Barba Azul.
Miguel M. Delgado: El abrigo delator.
Joaquín Pardavé: El ropavejero.
Chano Urrueta: El superhombre.
Conflicto entre el Sindicato de Direc­
tores y los productores. Todo parado.
Sólo se filman cinco películas.
Chile.
Lugones prepara Es mi hombre, según
Amichos.
La amada inmóvil triunfa
en New-York
El film argentino La amada inmóvil,
dirigido por Bayón Herrera, con argu­
mento de Manuel Villegas López, inter­
pretado por Santiago Gómez Cou y Glo­
ria Bernal, de E. F. A, se ha estrenado
en NevjA’ork, con subtítulos en inglés. Y
ha obtenido un gran éxito.
Dorothy Masters, célebre crítica del
“New-York Daily News”, ha dicho: “Se
trata do un tierno y vibrante argumento,
prestigiado por una notable fotografía,
acertada dirección y eficaz actuación de
los intérpretes.” Concluye con la decisión
de “otorgar a la citada peí cula la cali­
ficación de tres estrellas y media, sobre
cuatro, raramente logradas en esta co­
lumna”.

Fred Mac Murray y Joan Leslie en el
film en tecnicolor "Adonde vamos
ahora” que estrenará el 17, en el
Gran Rex, la 20th Century Fox.

El Cine Ocean presentará el 18 "Ala­
dino y la lám para maravillosa” , film
del sello Columbia, del cual reprodu­
cimos una escena.

Zully Moreno en una escena de "Nun­
ca te diré adiós” , p r o d u c c ió n de
A.A.A., dirigida por Lucas Demare.

Pedro Lopes Lagar y Andrés M eju to
en "Albéniz”, producción de Argen­
tina Sono Film.

bondad pasada, reciente, de las gentes en
guerra. Menos el enemigo alemán, claro.
Algo cruel había de confesarse.
Sinfonía Pastoral. Es el título de un
film francés estrenado en Suiza.
Es el primer argumento cinematográ-

fico tomado de una novela de Andró Gide. Intérpretes: Michele Morgan y Pierre
Blanchard.
Batalla del Riel. René Clair lo con­
sidera el mejor film francés que se haya
producido después de la liberación.

ENTREVISTA CON RENE CLAIR
(Especial para
n

su habitación del Palace Hotel, en

la Avenida de los Campos Elíseos.
E René
Clair nos dice:

—Actualmente, cuando se exhibe un
film francés en Estados Unidos, quiere
decir que se lo presenta en salas peque­
ñas, destinadas exclusivamente a esa clase
de exhibiciones, es decir, que el gran pú­
blico americano lo ignora en absoluto . . .
Si mi próximo film lo haré con la
R. K. O. Radio Pictures es para lograr
que las compañías americanas lo exhi­
ban en sus grandos cadenas de cinema­
tógrafos. No sé cómo me irá, pero si el
asunto marcha, será por primera vez.
Le preguntamos si su film será dobla­
do...
Al oír “doblado’’, una llama de indig­
nación brilla en los ojos de Clair.
—¡Oh, no! ¡Eso nunca! ¿Cómo quiere
usted que el público americano pueda
interesarse en un film “doblado” ? La
abundante producción de su país le ofre­
ce más films de los que puede ver . . . Si
el espectador elige un film francés es
para ver verdaderamente un film francés
y no aquella falsificación, aquel engaño
comercializado que es la película dobla­
da . . .
Pasando de un tema a otro, hablamos
del acuerdo Blum-Byrnes.
—Lo que más le reprocho a ese acuerdo
—declara Clair—, es el haber consagrado
oficialmente al procedimiento del doblaje.
No es el caso de pensar en realidad en
el doblaje... sino que me es imposible
imaginar que Blum y Byrnes estén al
tanto del asunto. . . El doblaje es la
traición al cine . . . No hablo solamente
como espectador francés ca su a l...; me
permito hablar en nombre de mis colegas
americanos, quienes ignoran completa­
mente la deformación sufrida por sus
obras . . . Hubiera habido que hacer ensa­

C abalgata)

yos, suprimir todas las barreras aduane­
ras, dejar entrada libre a las películas
americanas en su versión original, sin li­
mitación, y prohibir el doblaje.
Le preguntamos si piensa volver pronto
a los Estados Unidos, y Clair me confía
que, luego del film francés que está
produciendo ahora —el primero después
de treee años de ausencia—, deberá ha­
cer un film en Hollywood cuyo argumen­
to será por primiuqi vez enteramente suyo.
A otra pregunta referente al precio
de las películas americanas, el realiza­
dor de “Hoy es mañana” (It happened
to-morrow) nos recuerda que hay dos cla­
ses de películas en Hollywood: los films
de la clase A que cuestan de 400.000 a
5.000.000 de dólares, como “Lo que el
viento se llevó”, y los films de la clase B,
que cuestan como máximo 300.000 dólares
y son los -producidos en tiempo record.
- —He visto films que duran una hora
y media, .y hechos en seis días, y algunos
de ellos, a decir verdad, bien valen cier­
tos films franceses que han requerido
mucho más tiempo y mucho más dinero.
Tratamos, a pesar de las reticencias
del autor, de saber algo acerca del film
“El silencio es de oro’’ y nos enteramos
que tendrá el mismo espíritu que “14 de
julio” y “Bajo los techos de París” y
habrá en él elementos fantásticos, como
en “Me casé con una bruja”.
—Un film —nos dice Clair—, no debe
ser tratado enteramente en el mismo
tono . . .
En fin, en nuestra entrevista el cé­
lebre director-productor ha hecho profe­
sión. de fe de que la regla de las tres
dimensiones es aplicable al cine.
Es suficiente substituir a la unidad
“lugar’’, que es anticinematográfica, la
unidad estilo que es tan esencial como
las otras.

E N U N A N O C H E D E N A V ID A D
(L ’assassinat du Pére N08I)

Film francés de Christian Jacque, se­
gún Pierre Very, con Fernand Ledoux,
Henee Faure, Raymod Rouleau, llarry
Baur, Marie-Belene Daste, Robert Le Vi­
ga n, Jean Brochará, Jean Parides y el
coro de los pequeños cantores de "La
Cruz de Madera”.
Un maravilloso cuento infantil hecho
con seres reales: el viejo fabricante de
esferas terrestres, que hace de Padre
Noel la noche de Navidad; su hija, alu­
cinada por los cuentos de magia y aven­
tura con que aquél llena su vida; el
aristócrata que ha recorrido el mundo y
vuelve a su castillo abandonado, para
ocultar su desilusión y su lepra; la loca
que busca eternamente un gato que no
existe . . . Y por contraste la realidad de
la vida mezquina y pintoresca en un
pueblecito nevado de la Alta Saboya: el
alcalde, el alguacil indiscreto y miedoso,
el sacristán blando y pintoresco, los dos

viejccillos eternos jugadores de cartas,
los niños, muchos niños, tan dilectos de
Jacques y que tan bien los sabe mane­
jar. El asunto policíaco, que forma la
trama directa del film, se queda, sin em­
bargo, en trasfondo, dominado y absor­
bido por el gran hálito poético de la
película. Poesía simple, directa y pura;
poesía de cuento de niños. En un paisa­
je maravilloso del que Jacque extrae án­
gulos expresionistas al estilo de “El ga­
binete del Dr. Caligari”. Una cámara má­
gica, magistral. Un montaje magnífico.
Un tema realista hecho fantasía; la me­
jor fantasía.
Christian Jacque, director fecundísimo
y desigual, parece que se ha impuesto
como gran realizador durante los años
de ocupación. “Los desaparecidos de Saint
Agil” era una bella película. Esta es una
obra maestra. Esperemos “Sortilegio”,
“Bola de Sebo”, “Carmen”. — M. V. L.

CARTELERA

Adolphe Menjou, Ellen Drew
Brjen en "El fantasma ami
K.K.O., que se proyecta
Monumental.

Bette Davi* en "Vida robada” , pro­
ducción de la Warner Bros, que se
estrenará en breve.

Un Día con el Diablo. Cantinflas,
sin novedad. Lo demás, por desgracia,
también.
Inspiración. Decorados hechos con to­
do el oficio de Gori Muñoz. Argumento
de autores experimentados y eficaces: Al­
fredo de la Guardia y Manuel Agromayor. Música de Sehubcrt elegida inteli­
gentemente por el maestro Julián Bau­
tista, y que cubre eficazmente la duración
del film.
El gran amor de Bécqner. Fina, li­
gera. El encanto de Delia Gareés, la
caracterización de Esteban Serrador, la
actuación de Josefina Díaz, Pedro Codina, Andrés Mejuto y Susana Freyre;
el argumento de Rafael Alberti y María
Teresa León; la dirección de Alberto de
Zavalía. He ahí algunas de las razones
por las que “El gran amor de Béequer”
será uno de los buenos films de la tem­
porada.
La Ultima Chance. El paisaje en pri­
mer lugar, después, el paisaje, y' por úl­
timo el paisaje. El argumento, dema­
siado cuáquero, con exceso de fe en la

Escena de "En una noche de Navidad” ("L ’Assassinat du Pére Noel” ) que se
exhibe en el Opera, dirigida por Christian Jacque, y en la que intervienen
Fernand Ledoux , Renée Faure , Harry Baur y Raymond Rouleau .

�cabalgata®

aprendizaje en los fríos y desmantelados escenarios de provincia, en­
tre un aplauso pobre y un estruendo de terquedad y de silbidos. El
respetable sólo acepta el talento de los dioses, y ello hasta que la
blasfemia no le invade el humor.
Todos los tipos de la pequeña y media burguesía francesa, son en­
carnados más tarde por él, en teatro y en cine, con el aplomo, la bon­
dad, la sencilla riqueza de matices de quien aprendió a conocer a un
pueblo on todas sus escalas y a representarlo en todas las escenas.
Así vemos que se cumple en él la ley, cada día más admitida, de que
no hay buen actor en cine que no sea buen actor de teatro.
Sólo las tablas pueden dar más tarde en el set esa profundidad
interpretativa que no alcanzará nunca el “galán” por muchos metros
que haya filmado, por muchos primeros planos que le hayan concedido.
Gerente de empresa o diputado socialista, panadero o exportador
de paños, rentista enamorado o padre en discordia, Raimu podía en­
trañar los más diferentes caracteres con una personalidad que no
molestaba, sino que justamente acentuaba la personalidad propia de
personaje representado.
Siempre había en él algo que salvaba los momentos más mezquinos
posibles: su comprensión delicada de la poesía que ampara a las
cosas vulgares, las ridiculeces tiernas de la familia, lo que hay ( e
destino y por lo tanto de legítimo, en los actos más sórdidos del
amigo, la esposa o el pueblo.
A Harry Bauer podemos reprocharle cierta tendencia a la geniali­
dad ^desmedida, a convertir sus papeles en violentos ejercicios de ex­
presión, a salir de madre halagando la opinión que la gente corriente
tiene de lo teatral.
,
A Victor Francen, tan gran actor en ocasiones, podríamos rec darle una afectación que sólo cuando coincide con la afectación propia
del personaje, como en el caso de “Le Roy”, cobra brillante jus i ua
ción Pero a Raimu, más hondo unas veces, como en “La Mujer ae
Panadero”, más intrascendente otras, lo recordaremos siempre como el
actor seguro, que sin esfuerzo extemporáneo, se apodero del espint
y de la vida de sus criaturas y nos muestra su historia como si estu­
viera sucediendo ante nosotros con toda espontaneidad.
Y, por sobre todas las cosas, a la hora de recordarlo, nos queda de
él una verdadera imagen de Francia, esa difícil Franca del ahorro,
ra uno de los padres del cine francés, en el doble sentido, por sus
las bodas tristemente concertadas, los amores fallidos, los hombres
paternales papeles, y porque un film en el que interviniera era
agotados, sin esperanza y sin desesperación pero en cuya atmosfe .
para nosotros un film que se apellidaba Raimu. Tenía algo de di­ no todo es portería cómplice, propina malhabida, pues ju o .
rectora su figura cargada de experiencia, de buen sentido, de sabia
eso crece la vida mejor, con su apacible despertar, su apasiona
naturalidad.
afán, su sonriente fiesta.
. „„tnr
«Iules Augustc Muraire, nace el 18 de diciembre de 1883, destinado
Supo no ser el actor más fácil entre los grandes actores, e actor
por su padre a formar parte del ilustre gremio de los tapiceros, en
de una sola pieza, de una inconmovible pieza en la que se mete cual­
el que habría de hereda», el puesto paterno.
quier papel como en una camisa de fuerza, y aunque reviento por tm
En el Casino de Tolón, la ciudad de su nacimiento, tiene lugar el
a...
la indenendcncia del carácter representado, sigue adelante
primer intento que hace Raimu para merecer el oficio de su vocación.
Un pequeño papel le permite sortear -.el mandato de la familia y
desde esc momento emprende la gran batalla del teatro. Batalla
librada sobre un fondo de fracaso, pues la patria chica, la amada
villa de Tolón, lo había recibido sin la menor piedad.
Recorre Francia en compañías de la lengua, y practica el duro

E

tra: algo así como el antídoto de toda retórica, de todo engolami
de todo acartonado cuello duro verbal.
Nos descompone las frases más campanudas, los sentimentali
grandilocuentes, que se curarían con una gabardina entera &lt;
buen bistec, las angustias de moda, tan hijas terribles de las inoc
jaquecas de antaño. Nos desarticula todo mostrándonos la vaci
do las mil piezas estúpidas de nuestra expresividad vacua, cenjer
y nos frena el mecanismo torpe y engreído de la verborrea.
Porque su verdadero elemento, mucho más que la m mica, coi
tan ajustada y eficaz, es la palabra. Decididamente, no es un pa
El payaso no necesita hablar, no importa que diga o no su pape
que importa es la bofetada, el atuendo, el andar, los tropezones
talotas, llantinas.
Si a Cantinflas se le prohibiera hablar, reventaría; es un el
tán de todos los diablos, se muere por hablar, con mucha más ansí
de decir lo suyo que un jubilado o una comadre.
Además, como es un personaje colectivo, dice a la vez lo qu&lt;
rresponde al coronelito y al licenciado, a la viuda en trance d
grimas y al orador de turno en la cámara, trabucándolo todo •'
una radio que recorriese velozmente todas las estaciones.
Luego, cuando él lo destaca, cuando lo cuelga del palo más alt
la comicidad para que todos lo vean, llega el momento en que lo
tan los mismos personajes a quienes él desvalijó.
“Aquí entra otra vez lo psicológico, joven. Uno tiene una co-.
y un día la enseña y otro la imita. Pero si la cosa que usted mu'
es el pueblo, entonces razonamos que no hay imitación, sino id
ficación y reconocimiento. ¿De acuerdo?” De acuerdo, señor Y
Moreno, de acuerdo: ahí está el detalle de su éxito, en eso que-1
tan justamente llama identificación y reconocimiento con el pu
Y a cambio de ese acuerdo, tenemos ganas de decirle a usted :
con todo el respeto que su talento nos merece: su poca gabarco
nos va resultando demasiado insistente, y si se subiera los pa
Iones hasta donde Dios manda, no por eso dejaría usted de ser J
cológico’’.
Sabemos bien que la gente que va a verlo a su teatro Apolo, e: y
esa gabardina y ese despantalonamiento. Está muy bien para e
Apolo, entre la bataclanicie del escenario y el maniseo de las butacas

haber sido carpintero, beisbolista, boxeador, soldado, baila­
rín profesional. Antes de caer en todos esos modos de ganarse los
“tamales”, quería ser licenciado. Hizo un curso del bachillerato y
dice haber abandonado por falta de medios.
Le creemos cuando refiere que de pronto se dió cuenta de que que­
ría ser cualquier cosa siempre que lo aplaudieran: torero, general o
actor. Un escenario de carpa circence, en Tacámbaro, es su primer
paso en falso.
Por un azar que fué la clave de su vida, hubo de improvisar ante
un público impaciente. Y allí quedó inaugurada su carrera, entre las
primeras carcajadas y los primeros aplausos confirmadores. Parece
que ese mismo día, alguien “muy chicho” le bautizó Cantinflas.
Y desde entonces Mario Moreno no es mas que una cédula, una fe de
nacimiento, una firma que administra la mina cantinflera.
^ ^
Viste —en su vida privada— como un “gentleman”, da “cocktails
en su mansión dorada, asiste a las carreras y recibe, como un gran
señor, homenajes de los toreros.
Pero Cantinflas lo domina hasta cuando quiere aparentar, tener lo
que se llama en Cuba “plante” y en Buenos Aires “parada”, y no
permite que Mario Moreno reniegue de esa criatura que le salió padre.
J,
“Aclara” a un periodista, para que no haya dudas: “. . ■vo soy muy
psicológico y en todo me fijo”. Pero no le queda otro remedio que de­
clarar la verdad, y cierta vez la desembucha entera: “Mire usted, Can­
tinflas ha llegado a apoderarse de mí al extremo de que to&lt;jos los
días estoy en un tris de reaccionar como él.” i En un tris? At modo
de verlo.
, . „
“Fuera de lo que es propiamente humano no hay nada comico.
Estas penetrantes palabras de Borgson, nos iluminan la personalidad
extraña de Cantinflas, su humanidad. Donde quiera que se habla es­
pañol, esa humanidad se contagia al público, a través de una jerga,
de un palabrerío mexicano de acento y de construcción, pero de men­
talidad hispanoamericana evidente, intraducibie. Mentalidad de la
picaresca, en figura de atorrante, de roto, de pelado, de golfo.
Esa condición suya, hispanoamericana, cuya clave es el descoyunta­
miento del idioma, propio de una vida moral y material descoyuntada
de nacimiento, y no conscientemente, intelectuaímente, hace que sea
Cantinflas un personaje importantísimo en la vida idiomática nueso n fiesa

C

Pero ésa es hoy la parte más pequeña
de su público y en toda América piden
que no se limite a ellos, que no se limite
usted, que no se repita en cosas tan desacertabas.
Para la carpa o para ol Apolo, sirve
eso. Para el cine, que sale de esos mar­
cos, y aun del marco nacional mexicano,
más que un modo de hacer patente el
tipo de Cantinflas es un modo de ha­
cerlo antipático, excesivo, derrochador de
demasiada miseria, de demasiada sucie­
dad, de demasiado mal gusto.
En el Apolo es usted un entremés
—aunque mucho más importante que to­
dos los platos juntos y el detalle del pos­
tre incluido— ; allí sale usted un minuto
y deja paso a las coristas, antes de que
las carcajadas se remansen. En el cine
nos tiene usted dos horas viéndole, y lo
toleramos todo sólo porque tiene usted
gracia para escf y para mucho más.
Y no sólo le perdonamos, finalmente,
ese pantalón que le cae a usted mal, y
a nosotros también, en el sentido mexi­
cano de la palabra, y esa sugerencia de
gabardina que nos pudo divertir una vez,
sino que le perdonamos incluso las malí­
simas películas que usted salva. Y sólo
usted.

_____

y da un grito a tiempo, o espera a que una escena especialmente
liante salve el conjunto de la representación.
Aprendió no se sabe dónde —ése es el misterio de las buenas
c¡oncs_ que no hay destino sin multiplicidad, y que simultanean
pueden producirse en una misma, en una sola conciencia, las má
contradas reacciones. Que nada es ridículo a secas, que la bonda
es químicamente pura, en fin, que no hay fórmula para encerré
ella la línea dramática de un destino por muy simple que éste se
Su aportación al cinematógrafo, su aportación de gran acto. d.
teatro, fué precisamente la de poner en él una variedad de pl •
la correspondiente a cada papel, que muy pocos actores han p&lt; i
lograr.
Para hacer el papel del panadero en la famosa peí cula, era pr -c un actor que, como él, no sólo se limitara a estudiar su parte,
que se identificara hasta en el modo de respirar, con su destino

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                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
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                <text>Herrera Petere, José&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Shaw, George Bernard&#13;
Serrano Plaja, Arturo&#13;
Córdova Iturburu, Cayetano&#13;
Chesterton, G. K.&#13;
Berry, Ana M.&#13;
Brague, Francis&#13;
Dovoto, Daniel&#13;
Ingenieros, Cecilia&#13;
González Carbalho&#13;
Villegas López, Manuel</text>
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VN'O I * N° 1 * QUINCENARIO POPULAR

VICTOR
Y

★

ESPECTACULOS, LITERATURA, NOTICIAS, CIENCIAS, ARTES * BUENOS AIRES, 1 OCTUBRE 1946 * S 0,40

HUGO

LOS

Por A L FO N SO R E T E S

/

ESPIRITUS
( Especial

para

C aba lg a ta )

H u ­ gos por las diversas resacas de la
t e n ía
política, tejían juntos la madeja de
m uchas habi­ la tristeza y no eran una compañía
lid a d e s . Fué confortante. E l ambiente era fan­
buen dibujan­ tasmal y se prestaba a reflexiones
te y fué eba­ fúnebres. E l sansimoniano Fierre
nista d o ta d o Lerroux, con quien V íctor Hugo se
del g e n io in­ juntaba por el gusto contradictorio
v e n t iv o . D e
de la disputa, que lo devolvía al
viejo, divertía
sentimiento de la vida, creía en las
a sus n ie to s reencarnaciones sucesivas como los
abriendo unas antiguos filósofos. Philippe Faure
fauces de ogro pretendía recordar sus anteriores
metiéndose en la boca una naran- existencias, y describía con emoción
entera, que luego devoraba tran- sus recuerdos de la crucifixión de
ilamente. Cuando escogió el des- Cristo. L a metempsícosis estaba a
rro de Jersey, puede decirse que la moda. (E n Flaubert, el primer
pasó a la isla con armas y baga- seductor de Mme. Bovary ponía la
; llevó consigo a su legítima, doctrina al servicio de su diploma­
.ela, y a su "mano izquierda” , cia amorosa.) La emigrada rusa
íliette Drouet, a quien instaló en Mme. Engelson hablaba por la no­
sa separada.
che con el espíritu de su difunto
"¿ Qué piensas hacer
preguntó
esposo, mediante una aguja que
su hijo. "M e entretendré — repuso
giraba sobre un disco alfabético.
te— en traducir a Shakespeare.
A llix, después mezclado en la Co­
r j ú ?» « Y 0 — ¿ i j 0 ej p 0ej a— me
muna, usaba su invento personal de
‘diearé a contemplar el océano.”
"los caracoles simpáticos” . E l poeta,
Pero hacía algo más: hacía versos que pronto adquiriría todas las
y aserraba madera. El paisaje era obras de Alian Kardec — aun no
desolado y tempestuoso. No lejos, aparecidas— leía libros sobre magia
se columbraba el cementerio. Los
y misterio, fluidos .y larvas de ul­
desterrados franceses, más de tres­ tratumba, posibles mundos habita­
cientos amontonados como náufra­ dos, como quien engaña el tiempo

V

íctor
go

E S T E N U M E R O C O N T IE N E
C O LA B O R A C IO N E S DE
ALFO N SO REVES • E. M A R ­
T IN E Z E S T R A D A • G U I­
LLE R M O DE T O R R E • JOSE
LU IS R O M ERO • A. O R K ILA
R E V N A L • ERNESTO SAB AT O • J. R O M ERO BREST •
OSCAR C E R R L T O • CORDOVA ÍT U R B I R I • N .A .F R O N T I N f • AD O LFO S A L A Z A R •
R O M U A LD O B R U G H E T T I •
E.MILE H E N R ÍQ T • G A B R IE L
M A R C E L • O T E R O F.SPA8 .A N D IN • V IL L E G A S L O ­
PEZ • F E LIPE ARCOS R IT Z •
OLA IRE VENDÓM E, etc.
A rquitectura, Morías, A jedrez,
H um orism o, C ine, T ea tro,
Noticias.

con alguna embriaguez. Tal era el
mundo en la quinta de Marine-Terrace.
Pero quien introdujo en MarineTerrace la práctica clásica de las
mesitas giratorias fué seguramente
Mme. Emile de Girardin, amiga y
colaboradora de V íctor Hugo en la
romántica juventud, cuando todavía
se la llamaba Delphine Gay. Mme.
de Girardin vino a pasar diez días
a Jersey por 1853. Era espirita
consumada. Tras algunos infruc­
tuosos tanteos, logró adiestrar a la
tertulia, singularmente desde la
noche inolvidable en qué se presen­
tó el alma de Leopoldina, la hija
(Continúa página 2.)

EN LA MUERTE DE UN TESTIGO
DEL MUNDO PEDRO HENRIQÜEZ ÜREÑA
Por J O S E L U IS ROM ERO

D

is c u r r a -

sobre
la v id a y la
muerte de este
espíritu singu­
la r. de este
hombre de ex­
c e p c i ó n que
era sin duda,
por sobre todo,
espíritu, espí­
ritu tenso, des­
velado por el
sino del mundo. Ciertamente, no
será difícil hilvanar algunas ideas,
porque son ricas y numerosas las su­
gestiones que nos han legado su obra
y su palabra. Pero será difícil, o
acaso imposible, desplegar la multi­
plicidad de sus potencias, y más aún
lograr una imagen de su riqueza, de
su profundidad, de su virtud.
Espíritu singular el suyo. Esta­
ba conformado primariartiente por
cierto esteticismo, y había sabido
afinar su sensibilidad con rara
maestría. Leía y escuchaba música
con contenida beatitud; se recrea­
ba con fruición en la pintura; ahon­
daba en la imagen poética hasta
tocar el fondo; y aun en el perfil
o en el vestido que se cruzaba oca­
sionalmente ante sus ojos gustaba
mos

la belleza o la prometida perfección
del trazo o el color. Vibraban en él
la luz, la forma, el sonido armonio­
so, el claro pensamiento; y su espí­
ritu ávido lo incorporaba todo, sin
avaricia, para proyectarlo luego en
constante y renovada creación.
Empero, esta actitud esteticista
no era sino el primero de sus im­
pulsos, la más espontánea de sus
tendencias. Muy luego se advertía
que su sensibilidad estaba estrecha­
mente vigilada por una inteligencia
rigurosa, que la celaba como celaba
su gesto, su palabra o su conducta.
Sin duda, a fuerza de estar enri­
quecida y vivificada por la sensi­
bilidad, parecía más brillante en él
la inteligencia, más alto el poder
de la razón. La inteligencia era en
él instrumento delicadísimo, hecho
para desvanecer las oscuridades y
disipar las sombras. Amaba la luz,
la luz que iluminaba el Partenón,
pero acaso más todavía la que au­
reolaba el pensamiento cartesiano.
Y movido por la razón, llevaba a to­
dos los ámbitos de su espíritu la as­
piración a la medida, délfica virtud
que poseía como pocos. No era azar
que le apasionaran la geometría,
la música, el enigma del universo
(Continúa página 2.)

*

Músico del Altiplano boliviano con su legendario instrumento. (Véase pág. 9 .)

�1

LETRAS

cab a lgata ©
(Viene de página 1 . )

Este ^.es han regresado a Francia, pro­
cedentes de distintas repúblicas america­
nas donde han pasado los años de la
g'ierra, algunos escritores franceses. Les
había precedido ya André Bretón, que
11 gó en el mes de mayo, y que ha to­
mado posesión de su silla vacante en el
café "Deux-Magots” , muy próximo al
"Flore” , donde hasta hace poco tenía su
cátedra el existencialismo.
Entre los reintegrados al suelo francés,
se encuentra Henri Berstein, que ha re­
gresado con un cierto espíritu combativo
contra algunos de sus colegas de emigra­
ción. Inmediatamente, se ha desatado en
ataques contra Jules Romains, que ya
desde la liberación ha tenido que sufrir
bastantes, dirigidos desde los dos lados
de la barricada. También ha regresado
de una manera definitiva el propio Ju­
les Romains, que el año pasado había vi­
sitado Francia por poco tiempo, para re­
tornar enseguida a América.
El peor acogido de todos ha sido André
Maurois, que, a semejanza de su héroe,
"el coronel Bramle” , ha permanecido en
silencio durante estos años. La opinión
expresada por todos, con más o menos ma­
tices, puede resumirse en ésta de Jean
Texcier, en Gavroche: "Indudablemente,
el señor Maurois ha escrito mucho y ha
conferenciado mucho. Sin embargo, dur .ate cuatro años los combatientes fran­
ceses que han permanecido en Francia
nada han leído, ni nada han oído de él.
i Se puede decir que ha callado por pu­
dor? ¿Pero ha sido también por pudor
por lo que ha celebrado las virtudes y la
alta conciencia del mariscal Pétainf”
*

Procedente de Montevideo, ha llegado
también a París el poeta Jules Supervielle.
Ha venido acompañado del cuentista uru­
guayo Filiberto Hernández y de las poe­
tisas Sara de Ibáñez y Orfila Bardessi.
Refiriéndose a estos escritores, ha mani­
festado a los periodistas:
"Son grandes escritores que es necesa­
rio traducir al francés. Es necesario agre­
gar a Georges Pillement, Mathilde Pomés
y Francis Miomandre, muchos otros tra­
ductores del español al francés. No se
puede dudar de la riqueza de las litera­
turas sudamericanas. Ya de por sí, el
Uruguay es una tierra de poetas. En
mi nueva calidad de agregado cultural,
pienso organizar contactos entre los es­
critores de los dos países, conceder bolsas
de viaje, etc.”
.Es una prueba más del gran interés
que las literaturas sudamericanas des­
piertan actualmente en Francia. En un
sentido semejante se ha expresado tam­
bién Paul Benichou, secretario del Insti­
tuto Francés de Buenos Aires, que se
encuentra en Francia, preocupado por or­
ganizar la importación de libros franceses
en la Argentina. .
*

Victoria Ocampo, ha disfrutado de los
honores, no sólo de toda la prensa litera­
ria de París, sino también de los grandes
diarios. Se han publicado declaraciones
suyas, su retrato, dibujos y hasta cari­
caturas. Ha hecho las siguientes decla- raciones a Jean, Maury, redactor de
"Combat” :
— Escribo mis libros directamente en
francés. Los traduzco después al español.
Nunca he podido proceder de otra forma.
— ¿Usted ha hecho mucho por la cul­
tura francesa en la Argentina?
— E g, con la inglesa, la única que nos
aporta algo.

N

O

T

I

*

Coincidiendo con la partida de defun­
ción que, un poco prematuramente, han
extendido ya algunos al existencialismo,
se ha estrenado estos días en Londres
" H u ís clos”, de Jean-Paul Sartre.
Los periódicos literarios franceses han
recogido algunas de las críticas de los
diarios ingleses más importantes. " H u ís
clos” ha chocado mucho con el gusto pu­
ritano inglés, y las críticas se han ensa­
ñado contra él, de la misma manera
que Emile Henriot lo hizo hace algunos
meses en su folletín literario de "Le
Monde” . Puede ser que haya influido
también en los ataques de la prensa bri­
tánica el hecho de que Sartre hace figurar
un infierno que no es tan aterrador como
el que describen los sermones. La obra
no se ha representado en funciones pú­
blicas, sino en un teatro de vanguardia,
con la entrada reservada exclusivamente
a los socios.
•

Después del pleito Rouault-Vollard, un
nuevo "affaire” artístico ha surgido -en
París, en lo más fuerte de la canícula,
que promete una larga polémica y la in­
tervención del juzgado. Desde la libe­
ración hechos así, de mayor o menor gra­
do, vienen produciéndose con frecuencia.
El mes pasado se ha celebrado en Pa­
rís, una exposición de cuadros del gran
pintor italiano Chirico. Constituyó un
verdadero éxito de público y de crítica.
Todo había transcurrido normalmente,
cuando ya clausurada la exposición, hace
cuatro días, un gran diario de aquí ha
recibido de Chirico el cablegrama si­
guiente :
"Roma, 25 de julio. — Una galería pa­
risiense ha hecho el mes último una expo­
sición de cuadros que llevan mi firma,
pero que, en realidad, eran casi todos
falsos. He recibido de París las repro­
ducciones de diez y nueve de estos cua­
dros y espero otras fotografías. Se trata
de una formidable estafa que me obliga
a emprender inmediatamente; una acción
judicial contra los culpables. Estas falsi­
ficaciones son imitaciones groseras, torpes
y estúpidas de mis telas, sobre todo, de
las pertenecientes a la época "metafísica” ;
otras se refieren a la época "caballos es­
tilizados y ruinas” . En América también,
y ahora incluso en Italia, circulan falsos
Chiricos que llevan una firma falsa, pro­
bablemente calcada, y que presentan las
mismas características que las que han

C

I

A

E l N * 0 de C a b a l g a t a ha encontrado cordial acogida en todos los medios en
que fué difundido. Diversos periódicos y revistas de toda América se ocuparon
elogiosamente del mismo en su momento. Editores, libreros, escritores y todos
cuantos de un modo u otro tienen relación con las actividades espirituales nos
han hecho llegar sus felicitaciones y su promesa de colaboración en la d ifícil
empresa que se propone realizar C a b a l g a t a .
Superado el cálculo de la publicidad que era presumible esperar para un
prim er número como es el presente, nos hemos visto obligados a alterar el plan
general, y a suprim ir o mermar secciones que en números sucesivos alcanzarán
su verdadera medida.
C abalg ata

publicará en el N " 2 :

U n cuento inédito en castellano, de GiXbert K . Chesterton.
Una sección de modas a cargo del prestigioso modisto Jaumandreu.
Poemas inéditos de Juan Ramón Jiménez.
Colaboraciones de conocidos escritores internacionales, además de las dis­
tintas secciones que componen este número.

IMPRESO EN ARGENTINA

figurado recientemente en la exposición
parisiense.”
En seguida, la prensa ha publicado la
réplica de la directora de la Galería.
Los coleccionistas que habían prestado
sus obras han hecho también declaracio­
nes. Uno de ellos ha declarado que más
de la mitad de los cuadros le habían sido
vendidos directamente por el propio Chi­
rico.
El "affaire” está todavía en sus comien­
zos y se anuncia ya como uno de los más
interesantes conocidos en los medios ar­
tísticos franceses desde hace muchos años.
*
El jurado del "Prix de la Pleiade” con­
cede todos los años un premio de 100.000
francos al autor de un manucristo, que
en seguida edita la "Nouvelle Revue Franeaise” , o sea la casa Gallimard. Este año
el premio le ha sido concedido a un ecle­
siástico, al abate Grosjean, por su obra
"Terre du Temps” , colección de poemas.
El abate Grosjean es muy joven y tie­
ne ya una vida de aventura. Fué obrero
ajustador y después ingresó en el seno
de la Iglesia. Actualmente, ejerce su
apostolado en Liban. A l notificarle la
grata nueva, ha manifestado a los perio­
distas :
"N o tengo ideas políticas. O más bien,
soy anarquista. Sí, soy discípulo de Prud’
hon. Creo que el camino del progreso, el
Único naturai y beneficioso para el hom­
bre, es la comunidad anarquista. Voy a
tratar de constituir una en el Liban. Si
no lo logro, partiré para Nueva Zelandia
donde me parece más fácil lograrlo.
El premio le ha sido concedido a su­
gestión de André Malraux y de Jean Paúlhan. Tenía el abate como concurrente a
un tocador de trompeta, que estaba apa­
drinado por Jean-Paul Sartre.
La "Asociación de ex Voluntarios de la
España Republicana” , ha publicado un co­
municado protestando vigorosamente con­
tra la novela de Hemingway "Pour qui
sonne le glas” . Se dice en el comunicado:
"Hemingway no tiene en su obra ni una
sola palabra para explicar el carácter al­
tamente nacional, democrático y progre­
sivo de la guerra llevada a cabo por el
pueblo español. N i una línea para evocar
su impulso heroico en la defensa de la
libertad. Pero presenta a España, donde
fué recibido con tantas atenciones por las
autoridades republicanas, civiles y milita­
res, como una nación de campesinos ig­
norantes-y estúpidos, de gitanos supersti­
ciosos y de toreros.”

el período de veraneos. Resumamos la
tramitación de este incidente:
René Lalou, profesor de literatura in­
glesa y gran crítico literario, ha com­
puesto y publicado una "Antología de los
más bellos poemas franceses” , del si­
glo xiv a nuestros días. Ha insertado tres
poemas antiguos de Charles Manrras. Y
también los más bellos poemas de Aragón
y de Paul Eluard, entre ellos "Libertad,
yo escribo tu nombre” . A partir de este
momento han comenzado los incidentes.
Aragón, se ha molestado enormemente.
No por figurar en esta antología, sino por
verse en compañía de Charles Maurras.
Invocando un artículo del reglamento del
Comité Nacional de Escritores, del que
son miembros él y Lalou, y según el cual
se prohibe a sus miembros colaborar con
los escritores inscriptos en la "lista ne­
gra” , ha acusado a Lalou de haber roto
su compromiso y le ha hecho excluir del
Comité por "haber- insultado nuestros
muertos” y haberse hecho "el cómplice de
Pétain” .
René Lalou replicó con una enorme vio­
lencia, de tipo personal. Ahora, este pleito
ha pasado ya las fronteras francesas. El
escritor inglés Charles Morgan, ha inter­
venido en la polémica, mediante un ar­
tículo en el "Sunday Times” , artículo
favorable a René Lalou.
*
El número, de los premios literarios au­
menta cada día en Francia, el 1 de octu-

bre se concederá: Premio Albert Londres
(al mejor reportaje); premio Guy de Larigaudié (50.000 francos), destinado a
una obra para niños; "Bolsa literaria de
viaje” , para un poeta de menos de 45 aíiot.
Primero de septiembre: Premio Libera!
ción, de 100.000 francos, para una arnt
popular, de amor o de aventuras. 15 , j
octubre, segundo Premio Stendhal; febr
ro 1947: premio de poesía de Goekn j
(10.000 francos); Saint-Pol Roux (5.0
francos), Xavier (1.000 francos), Mad
laine Gamier (5.000 francos). Abril J94'
gran premio de novela policíaca (100.00
francos).
Hay todavía muchos más, cuya enunn
ración sería difícil hacer de una manera
completa.
*

El semanario "Action” , a sugestión d i
uno de sus colaboradores, ha abierto c j|
sus columnas una polémica bajo el tí tuI‘I
general: "¿Es necesario quemar a Kaf|
ka?”
Numerosos escritores, profesores y hustJ
filósofos han expuesto sus opiniones, qu !
como bien se comprenderá, han sido mr|
dispares: desde el ultra que desearía qu I
mar toda la literatura decadente y o 1
desesperación, hasta los que en noir.br
de la libertad de pensamiento re vindUC
la independencia del criterio literal i .
Afortunadamente, los últimos :n sidi
mucho más numerosos que los primeros. J. S.

C O L E C C 1O N

NUESTRA DEUDA
CON

GRECIA Y ROMA

LA

E D I T O R I A L

N O V A

ha adquirido los derechos exclusivos para la tra­
ducción en idioma castellano, de esta extraordi­
naria y valiosa colección, publicada originariamente
en inglés y en la que, hombres universitarios,
encendidos de pasión, han realizado lo que menos
se esperaba: pagar con la inteligencia la deuda con­
traída con los grandes genios de la historia.

A C A 8A N

DE

APAR E C E R

VIRGILIO
y su influencia hasta el mundo
de hoy
P o r J. W . M A C K A IL
El más maravilloso poeta de todos los tiempos visto
en su vida de acción, descubierto en la armonia
de sus versos y localizado en su convivencia con
nuestra alma.

EL

PLATONISMO
y su i n f l u e n c i a

*

Por otra parte, el pleito Aragon-Lalou,
parece llamado a tener todavía repercusio­
nes en los meses próximos cuando termine

cabalgata
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IN D E P E N D E N C IA 360. B U E N O S A IR E S
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D I S T R I B U I D O R E S
Capital: S ilv a n o M ac h i , Independencia 2837
Interior y exterior: D is tr ib u id o r a T riunfo S .R .L .
Rosario 201
1

FRANCIA
(Envío ae un redactor de C A B A L G A T A )

— ¿Y los americanos, los españoles?
— Los argentinos no aman mucho la
España de Franco. Y , además, los viejos
recuerdos de la "conquista” no se han ol­
vidado por completo en América del Sur.
Conocemos Faulkner, Caldwell, Hemingway, pero no tienen ninguna influencia
sobre nuestros novelistas, para quienes
Gide es un modelo constante. Jorge Luis
Borgrs, Alfonso Reyes, José Blanco, son
jóvenes novelistas muy enamorados de
vuestra literatura. Mi hermana Silvina,
que escribe buenos poemas, también lo
está y González Lanuza, igualmente poeta,
que será indudablemente traducido a vues­
tro idioma.
— ¿El surrealismo ha tenido influencia
en ustedes?
— Como todo lo que viene de Francia.
Aragón es muy conocido en la Argentina,
donde tiene partidarios fanáticos, aunque
sólo desde hace algún tiempo. Eluard es
más difícilmente traducible. Roger Caillois, cuando estuvo en la Argentina, tra­
dujo "Fata Morgana” , de André Bretón.
— ¿ Y el existencialismo?
— No lo conocemos. He leído de Sartre
"La Nausée” y "Le Mur” , que son rela­
tos admirables, pero su filosofía me es
menos familiar.

tribus de patriarca bíblico. De las se­
siones de Guernesey, donde Hugo quiso
en vano catequizar a Dumas, hay cons­
tancias menos precisas.
Pero lo más singular de todo es que
los espíritus de Jersey eran de la fa ­
milia mental de V íctor H ugo y hacían
versos como los de éste y mostraban
su mismo gusto por la antítesis, el
grotesco, el gozo gigantesco y temible.
De tiempo en tiempo, entre ellos.,y el
poeta se descubren, en los dos sentidos,
discretos plagios. Esta competencia de
los espíritus no dejaba de inquietar al
gran divo, con quien nadie tenía dere­
cho a medirse. ¡N o faltaba más! Y en­
tonces Hugo daba puñetazos en la mesita y echaba de casa, con grandes vo­
ces, a los huéspedes impertinentes que
ya comenzaban a desacatarlo, demos­
trando así por nuevos caminos la gran
ley crítica y sociológica de la imita­
ción: V íctor Hugo una vez inventado
por su auténtico autor, era muy fácil
fabricarlo.
M éxico, 1946,

CENTRAL(B)

CORRESPONDENCIA

las espontáneas apariciones de la Dama
Blanca de la Isla, que tanto llegó a
preocuparlo. N o : él dió en invocar abs­
tracciones y mitologías verbales: al Es­
píritu de la Noche, al Espíritu de los
Bosques, al Espíritu de la Montaña, al
Espíritu de la Muerte y hasta al León
de Androcles, la Burra de Balaam, el
renacuajo de un arcángel y otros p ri­
mores.
E l buen sentido de Adela se suble­
vaba. No las tenía todas consigo, como
suele acontecer a las musas de carne y
hueso, cuando el soñador se le esca­
paba hacia aquellas nebulosas regiones
a donde sus celos no podían seguirlo
como en sus aventuras banales y terre­
nas, que eran constantes.
Estos deleites se interrumpieron
cuando, envuelto por solidaridad en
cierto proceso de expulsión contra al­
gunos desterrados, por supuestas ofen­
sas a la Majestad Inglesa (una alusión
picante a la Orden de la Jarretiera,
cuyas insignias lucía la soberana), Hugo
abandonó la isla, acompañado de sus

FRANQUEO

PAGADO

CONCESION N» 3799

TARIFA

REDUCIDA

CONCESION N° 3205

|

del matrimonio Hugo ahogada trági­
camente en Francia. Y en la casa del
poeta las mesas estuvieron hablando
desde 1853 hasta 1855, según procesos
verbales levantados por Adela Hugo y
anotados por su glorioso marido. Los
documentos, por orden expresa de los
espíritus, sólo fueron publicados des­
pués de la muerte de todos los con­
tertulios y han dado materia a una
copiosa y curiosísima bibliografía.
V íctor Hugo, tan inclinado a las
emociones del terror y del pánico, se­
gún lo señala agudamente Paul Claudel en cierta bella página, donde des­
cribe un busto del gran romántico y
las ideas que le sugiere ("E ste viejo
— dice— tenía miedo” ), se fue aficio­
nando al juego trascendente.
Hugo no operaba por sí mismo. Se
sentaba en un rincón de la sala, pero
intervenía y preguntaba. Llevado de
su genio, no se conformaba con evocar
a Pedro o a Juan, y ni siquiera a A n ­
dró Chenier a W alter Seott, a Moliere
o a Esquilo. No se conformaba con

CORREO
ARGENTINO

VICTOR HUGO...

B O L E T IN D E SU SC R IPC IO N

P or A L F R E D E D W A R D T A Y L O R
No hay pensamiento ni norma de vida que no esté
bajo la influencia de Platón. La clave de todos
los secretos, desde la poesía a la política, están
en el platonismo; de ahí su actualidad.

.

DEMOSTENES
y

su

i n f l u e n c i a

P or C H A R L E S D A R W I N A D A M S
Las más poderosas naciones en los momentos de
mayorpeligro han reclamado a sus estadistas una
oratoria demosteniana, que hacia cimbrear al pueblo
tomo el viento al trigo. La historia de esa tormenta
es este libro.

HOMERO
y

su

i n f l u e n c i a

P or J O H N A . S C O T T
La más intensa y extensa influencia homérica
desde que surgen los dos grandes poemas inmortales.
La Ilíada y la Odisea— hasta nuestros días de
epopeya y alta poesia.
La traducción de estos volúmenes ha sido enco­
mendada a verdaderos expertos en la materia.
Su esmerada y pulcra presentación es un expo­
nente del progreso en el arte gráfico argentino.
Papel excelente, tipografía clara, encuaderna­
ción en tela, sobria y elegante, con sobrecubierta
impresa en ofsett.
Precio de cada v o lu m e n ................ % 6.—

E l señor

(E N L E T R A D E IM P R E N T A )

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período de un año* seis meses y al efecto
acompaña el importe de $ 8.20. $ 4.30,
Dólares 3,50 U. S. A. en cheque, bono
postal a su orden.

EDITORIAL

AOVA

* Tachar la condición que no se utilice.

IMPRIMIA

CÓ*D/

I

�LETRAS
MI

VIEJA

H EN R IQ U EZ

AMISTAD

Por ARNALDO ORFILA REYN AL
de homenaje es ésta • y mi
aportación quiere ser recuerdo más
que juicio. Recordándolo en lo más
antiguo que de él tenemos nos parece
meternos más en su intimidad total,
que es decir, en
su grandeza.
É l 21 de se­
tiembre de 1921
lle g á b a m o s a
M 'é x ic o cinco
jóvenes argen­
tinos que llevá­
bamos la repre­
s e n ta c ió n de
nuestro país al
Congreso Inter­
nacional de Es­
tudiantes que debió dar nacimiento a la
Prim era Internacional Estudiantil cu­
ya creación resultó después malograda.
En el brillante paisaje espiritual del
México de esos días, un hecho sorpren­
dente nos atrajo y nos sedujo: entre
el centenar de delegados de cuarenta
naciones, había uno que estaba por
§pbre todos los demás en su personali­
dad inconfundible. Más maduro que
nosotros, que la mayoría de todos, no
podíamos percibir cómo era posible que
nn hombre tan evidentemente sobresa­
liente por su sabiduría, por su prodi­
giosa cultura, pudiera ocupar, al lado
nuestro, los escaños de la Éscuela P re ­
paratoria, compartiendo los debates,
conviviendo la hirviente inquietud es­
tudiantil de aquellos días tan esperan­
zados del mundo de postguerra. Ocu­
rría que él era también un estudiante
inquieto y animoso como los demás;
estudiante-maestro como lo había sido
desde su adolescencia y lo sería hasta
su muerte; estudiante de todo lo uni­
versal y humano, maestro de todas las
sabidurías.
Veinticuatro horas después de nues­
tro arribo, cuando se producían los p ri­
meros contactos con ese vigoroso eonj junto de jóvenes americanos, europeos,
asiáticos, que integraban la asamblea,
! aquel hombre extraordinario nos dió la
sorpresa más honda, más conmovedora:
-e acercó a los argentinos con un interés
extraño, con una afectuosidad tan pulí era pero tan desusada, que nos sorpren­
dió, emocionándonos. Todos los momen| tos liberados de tareas, los teníamos
consagrados a extender, profundizar,
esa amistad nueva que había de ser,
i desde entonces, sólo interrumpida por la
muerte. Pedro Henríquez Ureña vivía
con nosotros, discutía, paseaba, canta­
ba, inquiría, enseñaba a nuestra curio­
sidad insaciable. Cuando, finalizado el
Congreso, el Ministerio de Vasconcelos
distinguió a los argentinos con una in ­
vitación para recorrer el país en un
tren especial, fué la compañía de Pej dro, con la de don Ramón del ValleInclán, de Daniel Cossío Villegas y de
Julio Torri, la que hizo que aquellos
treinta días de andanzas por valles,
montes, playas y pueblos de aquel gran
país que estaba viviendo un nuevo re­
nacimiento, se transformaran en un iti­
nerario de fantasía.
A sí quedó incorporado a la A rgen ­
tina desde aquellas horas. Su afán
acucioso por saber de lo nuestro, por
conocer al argentino y a lo argentino
a través de nosotros, caló muy adentro
de nuestros corazones. Así quedó ten­
dido el puente por el que había de
llegar a nuestra tierra, para bien per­
manente de nuestra cultura.
Un año después •— el 12 de octubre
de 1922— llegaba a Buenos Aires inte­
grando aquella embajada intelectual que
México envió, encabezada por Vascon­
celos, al efectuarse el cambio de gobier­
no. Las pocas semanas que permaneció
en Argentina, tonificaron su interés por
radicarse aquí definitivamente y se
marchó llevándose consigo ese proyecto
que consideró impostergable. En el día
de su muerte, una casualidad sorpren­
dente vino a recordármelo: en la noche
de ese día tan triste, de un cajón de mi
mesa cayó al suelo, sin razón ni causa
alguna que yo adivine, una vieja carta
que ya tenía olvidada. Era una que él
me enviara — tiene la fecha del 24 de
abril de 1924— dieiéndome en su últi­
mo p á rra fo : "Tengo tal terror de que
no se realice el viaje a la Argentina,
que te ruego veas si no ha surgido nin­
gún estorbo. Quieran los dioses que no.
Si puedes hacer algo por que desapa­
rezcan los que surgieran, te lo agra­
deceré infinito. Esperando verte pron­
to, Pedro” .
¿P o r qué habría de ser que en el día
de su muerte una causa irrazonable re­
tiró de entre miles de papeles ese suyo,
escrito- con su hermosa letra, en que
me confiaba su angustia por venir a la
Argentina? Pequeño gran misterio que
de cualquier manera nos mostraba qué
grande había sido su pasión por venir
hasta nosotros en el que sería el último
peregrinaje de su vida de peregrino de
la cultura.
Dos meses después, llegaba al puerto
de Buenos Aires con su mujer y con
su niña. Fui quien los recibió sobre
ág in a

P

el barco que nos trajo tanto bien para
la vida culta del país.
Habíamos decidido que se radicara
en nuestra tranquila ciudad de L a P la ­
ta, a cuyo Colegio Nacional se incorporó
como docente. En ella encontró el hon­
do y lim pio afecto de un grupo de
hombres jóvenes que nos agrupábamos
alrededor de la figu ra rectora de don
Alejandro Korn. Su casa como la del
viejo maestro, fueron centros vivos de
la actividad espiritual y culta que tomó
por esos días jerarquía singular. Fue­
ron los tiempos de la gran revista " V a ­
loraciones” , en la que dejó buena parte
de su producción literaria y crítica y
de la que fué, con don Alejandro, co­
lumna principal. Eran tiempos en los
que los intelectuales y los artistas que
actuaban en Buenos Aires, que llegaban
del extranjero o el interior, tenían una
meta im postergable: llegaban allí, a
nuestro medio casi provinciano y ani­
maban la tertulia creadora, brillante,
mantenida alrededor de esos dos hom­
bres. N o tuvo ni tendrá tal vez, La
Plata, tiempos como aquéllos, de tan v i­
vo y fecundo tráfico espiritual: además
de "Valoraciones” aparecían "S a gita ­
rio” , "Don Segundo Sombra” y otras
revistas de gran calidad; actuaba un
Teatro de A rte "Renovación” que mar­
có una época de los teatros indepen
dientes;, se organizó después, por la
iniciativa y dirección de Henríquez
Ureña, una Asociación de las A rtes;
se gravitaba intelectualmente en la ac­
tividad universitaria de la ciudad. De
todo eso surgió, a la muerte de K orn
la Universidad Popular que lleva su
nombre y a la que Henríquez Ureña
ofreció la más resuelta y constante co­
laboración y consejo. Cuando en un
debate público se le form uló una pre­
gunta que inquietaba fundamental­
mente en esos d ías: "¿ Cuál debe ser
la tarea de los intelectuales en este
momento?” , contestó rápida y resuel­
tamente : "Pues hacer lo que está

Por ERNESTO SABATO
a don Pedro a través de una
discusión, hace varios años; días
antes de su muerte, en su casa, volvi­
mos a discutir. No recuerdo un solo
encuentro en que no hayamos discutido
acerca de algo, pero eran diálogos so­
cráticos, donde uno aprendía constante­
mente. Era uno de esos hombres idea­
les para este arte mayéutico: jamás se
excitaba físicamente, pero su mente
se mantenía siempre alerta, dispuesta
a comprender lo nuevo o a hacernos
comprender lo que él conocía. ¿De qué
no se podía hablar con Henríquez U re­
ña? Se interesaba en la matemática, en
la física, en la biología, en la música,
en la, pintura, en la grafología; dejo
de lado, por supuesto, la lingüística, la
poesía y la literatura en que sus cono­
cimientos eran inagotables y su memo­
ria prodigiosa. A veces pensé que debía
de haber un fondo de leve humorismo
en muchas de sus opiniones. Uno le
hablaba, por ejemplo, de Thomas Mann
y don Pedro meneaba escépticamente
la cabeza; y luego respondía, a propó­
sito de novelistas importantes:
onocí

C

Henríquez Ureña.
haciendo la Universidad Alejandro
K o r n .. .” Fué para nosotros casi una
consagración. Y con ese concepto siguió
hasta los últimos días acercándonos el
prestigio de su trabajo permanente: el
más grande fué cuando dispuso que dic­
taría allí, en nuestra cátedra popular,
todo el curso que acababa de dictar en
la tan prestigiosa Universidad de H a r­
vard, y que ha sido una de sus obras
fundamentales, más completas y más
terminadas, ya que fué allí adonde mos­
tró una síntesis de su saber inmenso, de
sus estudios, de sus búsquedas, de sus
reflexiones, de toda una vida.
*

*

*

En la mañana del 15 de mayo, cuan­
do con su hermano M ax y José Luis
Romero cumplíamos el rito amargo de
acompañar al fuego que ardía para
incinerar su materia, terminaba yo ese
itinerario m agnífico de una gran amis­
tad. Y mirando cómo las nubes de
humo se esparcían por nuestra atmós­
fera, sobre nuestros árboles, bajo nues­
tro sol, pensábamos que así quedaría
esparcido su espíritu, su inteligencia,
dentro de la vida culta de la A rgen tin a:
por entre los libros y las bibliotecas,
los museos y las escuelas, entre los
hombres y los niños que piensan y es­
tudian, y que tanto, tanto le han que­
dado debiendo.

— Pero ¿no ha leído usted a Miss
Margaret SmithJ,
Claro que uno no la había leíd o: ge­
neralmente era una novelista de cuarto
orden, del estado de Minneapolis. Pero
don Pedro hacía una cuestión funda­
mental de esta señorita.
Y o aprovechaba mis conversaciones
con él para sacarle secretos gramatica­
les. Digo, de paso, que su castellano
era el único que yo habría elegido como
internacional, en el caso de obligación:
nada en ese castellano era chocante, de
mal gusto, de excesiva pronunciación, de
inmoderado brillo; todo era mesurado,
discreto, limpio y apropiado. Frente a
esos energúmenos gramaticales don P e ­
dro aparecía como la esencia del idioma,
en form a de gracia y equilibrio. Sus
juicios gramaticales no eran inquisito-

I5N ]LA MUERTE ]DE UPí TESTIGO...
físico. Gozaba con la proporción justa;
en el templo griego o en los princi­
pios de la mecánica; en la armonía
contrapuntística o en el teorema p ita­
górico; en el diálogo platónico o en el
verso de Garcilaso. Espíritu universal
ordenaba su inmenso saber con desusa­
do señorío, y no era inexplicable que
se evocara, oyéndolo la figura de Goe­
the.
Espíritu universal, su clara inteligen­
cia le «impedía constreñirse dentro de
cánones insuperables. Acaso tendía por
espontánea preferencia a la medida clá­
sica; pero su sensibilidad certera le
proporcionaba los instrumentos apro­
piados para descubrir y apreciar la
gracia dionisíaca y el impulso barroco.
Sabía reír y sabía conmoverse; ama­
ba la elegante discreción de Lope, el
patitos shakesperiano y la metáfora de
Góngora; y su devoción por la severi­
dad del dórico no le impedía admirar
la imagen de la Trimurti india o la
pirámide de Teotihuaeán. Nada era
exótico para él, para quien nada hu­
mano era indiferente.
*

#

*

Fundidas en un constante laborar, la
sensibilidad y la inteligencia obraban
en Pedro Henríquez Ureña creando tina
constante, imperativa curiosidad. La
historia de su formación intelectual se

UREÑA

desenvuelve en un crescendo, desde las
más circunscriptas inquietudes hasta las
más vastas y universales. Acaso la
última fase de esa evolución sea la que
cuente con menos testimonios, y, sin
embargo, merecería un Eekerm an; p o r­
que lo que alcanzó en ella sólo quiso
verterlo en el coloquio y sería sorpren­
dente si se reconstruyera su extraordi­
naria y exquisita conversación.
Había comenzado disciplinando su
espíritu en la ardua investigación de lo
filológico y lo literario, campos en los
que logró cosechar frutos maduros; pero
muy pronto ascendió hacia la contem­
plación total de los fenómenos de cul­
tura para cuyo examen poseía una rara
agudeza; y en los últimos años de su
vida tan trabajada escaló un alto mi­
rador, desde el que el mundo todo en
su pasado su presente y su futuro, se
tornó objeto de curiosa, de apasionada
contemplación. Esta fué su última fase,
la que merecería el esfuerzo de los que
estuvieron cerca de él para que no se
desvaneciera con el tiempo. Sereno, casi
olímpico, señoreando sus pasiones, con
una tranquilidad del ánimo que algunos
solían creer indiferencia y que era ar­
diente amor a la verdad, Henríquez
Ureña se convirtió en testigo del mun­
do y comenzó a aplicar su penetrante
inteligencia a desentrañar el enigma
del tiempo. Sabía ver eon claridad, y

j, púw
Mi.)

difícilmente se dejaba engañar por las
apariencias. Su razonamiento tenía la
fuerza de una demostración científi­
ca; su discurso el vigor dialéctico de
Sócrates; y había en sus palabras — más
de una vez proféticas— la firm e pru­
dencia que fuera patrimonio de Nés­
tor. Este testigo del mundo, hecho de
la misma sustancia de Paul Y aléry o
de Bernard Shaw, es el que ha muerto,
y es lástima grande que su testimonio
se desvanezca, siendo tanta la incerti­
dumbre, tan grande el desconcierto.
No hace mucho tiempo, pensando en
las múltiples dificultades que le impe­
dían sumirse por completo en la labor
intelectual pronunció esta frase singu­
lar: "Sólo me sostiene la curiosidad
por saber qué pasa en el mundo.” Este
era, en efecto, el tema de su conversa­
ción espontánea. Cargado de recuerdos,
que su memoria prodigiosa conserva­
ba con pulcritud, Henríquez Ureña te­
nía constantemente presente el hilo de
la historia, en la que aquéllos entraban
a form ar parte con perfecto ajuste.
Sabía descubrir en la noticia de cada
día el secreto que la explicaba esla­
bonándola en la cadena del tiempo, y
sus cavilaciones reconstruían muy pron­
to el haz de circunstancias y motiva­
ciones que se escondía tras el hecho
escueto. Y prudentemente, casi siempre
con esa sonrisa ingenua y cordial que

Henríquez Ureña con Arnaldo O rfila Reynal, el Ministro de Educación José Vasconcelos, Pablo Vrillaud.
Héctor Ripa Alberdi, M. B om chill y los estudiantes venezolanos Bethancourt y Zuñiga
en la Secretaría de Educación de México, en el año 1921.

ríales, porque su ortodoxia estaba ba­
lanceada por su sabiduría filológica.
Tanto era así qué muchas veces uno se
encontraba en la graciosa situación de
defender contra él algo que estaba reco­
mendado en su propia gramática. Una
noche, en una comida, le observé, alar­
mado. que había dicho debe haber en un
caso hipotético, en uno de esos casos
que, según sus propias recomendaciones,
exigía debe de haber. Don Pedro se rió
mucho de mi perplejidad.
Y a propósito de correcciones, tenía
un gesto 'que quizá lo caracterizaba más
que cualquier otro. En cuanto uno le
daba un artículo, manuscrito o no,
inédito o publicado, don Pedro no lo
le ía : lo corregía. Automáticamente, obe­
deciendo a alguno de esos reflejos con­
dicionados, sacaba un lápiz y, mientras
seguía conversando lentamente, corregía
una coma, una palabra, un punto.
¿Qué podré decir de todo el cariño
que tuve por este hombre? A pesar de
lo cual me encontraba siempre punzán­
dolo con palabras que sabía desataban
su deseo de debatir: elogiando vaga­
mente la filosofía alemana, por ejemplo.
Maravilloso hombre, que fué tratado
tan mal en este país como si hubiera
sido argentino. Creo que no hay aquí
cinco personas de su calidad espiritual.

le proporcionó tantos amigos que lo
amaron, esbozaba la interpretación del
presente con rigor y cautela, y a veces
dejaba deslizar la mesurada profecía.
Espíritu privilegiado, no le podía fa l­
tar el consejo del espíritu fam iliar que
visitaba a Sócrates.
Daba firmeza a sus reflexiones el
profundo conocimiento que tenía de los
diversos ámbitos del mundo contempo­
ráneo. En España y en Hispanoamé­
rica no sólo era uno de los hombres más
conocidos, sino que era también uno de
los que conocía a mayor número de
hombres significativos y acaso uno de
los que conocían mejor su compleja
realidad social, política y espiritual.
Este conocimiento se complementaba
eon el del mundo anglosajón, del que
poseía información constante y acaba­
da, no sólo por su experiencia directa
de los Estados Unidos, sino también a
través de su vasta lectura de literatos
y ensayistas, de su permanente contac­
to con revistas y periódicos, de su inin­
terrumpida comunicación epistolar eon
las más valiosas figuras del pensa
miento. Y si se suma a todo ello
clara imagen que poseía del resto de
Europa — incluyendo Rusia, por la que
tenía una cordial curiosidad— , se com­
prenderá fácilmente que su pensamiento
podía tejer el hilo sutil del suceder
del mundo eon extremada finura, la­
bor en la que intervenían por igual su
sensibilidad y su inteligencia, su in­
tuición y su reflexión.
^ La gran crisis del mundo, que él sen­
tía en carne propia con unamunesco
dolor, se presentaba ante sus ojos con
dramática intensidad a través de los
más sutiles pormenores. Vigilaba el
imprevisto desenvolvimiento de los p ro ­
cesos económicos, sociales, políticos y es­
pirituales con atención suma, y no
ocultaba su esperanza de que se reco­
rrieran prontamente las etapas en el
proceso de socialización del mundo. Es­
píritu sin dogmas, no se entregaba
de lleno a partido alguno, pero estaba
siempre del lado de las fuerzas creado­
ras y contra las fuerzas regresivas.
1 la agilidad de su pensamiento le per­
mitía agregar a la mera observación
de cada fase del proceso, la síntesis de
una visión total y un esquema inter­
pretativo basado en la percepción de
lo durable, con frecuencia escondido
tras lo banal y transitorio.
Eran estas constantes observaciones,
estas reflexiones que constituían el eje
de su conversación, esta militancia in­
telectual tras el enigma del presente,
lo que daba a Pedro Henríquez Ureña
ese aire singular de un testigo del mun­
do. Parecía un espíritu superior que
sobrevolara lo inmediato para ganar en
perspectiva y extender la visión. De lo
que alcanzaba a distinguir, de lo que
infería luego de su examen, de lo que
hilaba en su conversación plácida, de
todo ello nada ha quedado escrito, qui­
zá porque no había en todo ello, para
él, sino el goce estético que le propor­
cionaba la arquitectura de las ideas.
Había, sin embargo, una rara profun­
didad en su meditación y una no me­
nos rara claridad en el orden que intro­
ducía en la caótica realidad. Los que
lo trataron con asiduidad no podrán
olvidar la experiencia humana de esa
frecuentación; quedaba de manifiesto
en sus palabras la madurez del histo­
riador de la cultura — eso era, por so­
bre todo— para quien todo desemboca
en la dura experiencia vital del pre­
sente. Y en este presente turbulento
creía ver su espíritu generoso los signos
de una creciente perfección, que era
su propio, su íntimo ideal.

�L E T R A S ____________________ J
EVOCACION DE ROBERTO ARLT P«r c o r d o v a i t u r b u r u
cabalgata O

I. L O S SU E Ñ O S Y L O S P E R SO N A JE S
esta parte de) mundo y del otro
lado del mar he conocido hombres
de las especies más interesantes. N in ­
guno lo ha sido tanto para mí — lo
declaro de modo categórico— como R o­
berto A rlt. Una
concurrencia f e ­
liz de circuns­
tancias me per­
mitió, en cierto
momento b a s ­
t a n t e dilatado
y decisivo de su
existencia, estar
en contacto muy
directo con la
intimidad de su
v i d a y de su
obra. Aludo a los años en que escribió
"Los siete locos” , "Lanzallam as” y
"E l amor brujo” , una porción consi­
derable de sus más valiosos cuentos y
gran parte de aquellas "Aguafuertes
porteñas” que en tan vastas dimensio­
nes públicas difundieron su nombre.
Asistí muy de cerca al proceso de ela­
boración de esas obras y lo ayudé, mí­
nimamente desde luego, en ciertas se­
cundarias tareas de corrección. Pero,
sobre todo — y esto es lo que interesa
en este caso— , fu i en cierto modo, por
explicables razones de amistad, deposi­
tario de muchas confidencias suyas a r­
tísticas y humanas y contemplador sor­
prendido y conmovido del espectáculo
azaroso, intenso y a veces desconcer­
tante de su vida. N o uso por casua­
lidad, quiero subrayarlo, la palabra
espectáculo. N i por razones de como­
didad expresiva. De pocas vidas podrá
decirse, es claro, que alcanzan a cons­
tituir un espectáculo. Pero no de la
suya. V ivió bajo el signo de la inten­
sidad, signo hermoso, terrible y res­
plandeciente como una maldición di­
vina. Digo "v iv ió ” , nada más. Y no
"vivió y trabajó” porque su trabajo, en
realidad, no fué sino una expresión
n

E

consustancial de su existencia, una con­
secuencia de la poderosa gravitación
interior de su vitalidad creadora.
— S i yo no escribiera — me dijo una
vez— me volvería lo c o ...
N o era arbitraria ni exagerada, si­
quiera, la afirmación. Sus personajes
y los problemas de sus personajes, ¡o
obsesionaban hasta el dolor en una ur­
gencia desgarrante de alumbramiento.
La fantasía ya tradicional del autor
acosado por l»s~«'iatu ras de su im agi­
nación era la realidad de pesadilla de
muchas de sus horas. ; Recuerda el
lector la breve confesión de su prólogo
a "Trescientos millones” , la alucinante
pieza estrenada por el Teatro del Pue­
blo en su prim itivo escenario de la ca­
lle Corrientes? Cuenta A rlt, en aquella
introducción explicativa, que siendo re­
pórter policial de un diario de la tarde
tuvo que escribir la crónica de un sui­
cidio. Se trataba de una sirvienta espa­
ñola, de veinte años, que se mató arro­
jándose bajo las ruedas de un tranvía,
a las cinco de la madrugada.
"Posiblemente no le hubiera dado
ninguna importancia al suceso — escribe
A r lt— si investigaciones que efectué
posteriormente en la casa de la suicida
no me hubieran proporcionado dos de­
talles singulares.

UN

” M e manifestó la dueña de casa que
la noche en que maduró su suicidio, la
sirvienta no durmió.
” Un examen ocular de la cama p er­
mitió establecer que la criada no se
había acostado, suponiéndose con todo
fundamento que pasó la noche sentada

TESTIMONIO

zaciones defensivas del enemigo, sus
arsenales y las fábricas que trabajan
para él. Constituyen estas Memorias
un relato minucioso y p ro lijo que p er­
mite imaginarnos en sus detalles, cómo
se crearon las redes de la Resistencia
en un país que no salía de su estupor
por un desastre que casi nadie había
l, público está dando muestras de
previsto, pero dentro de cuyas fro n te­
ras había una infinidad de individuos
cierto hastío, no siempre -exento de
pertenecientes a todos los medios so­
irritación, ante el número siempre cre­
ciales que se recobraban rápidamente y
ciente de libros consagrados a la acción
de le Resistencia durante la ocupación.
que estaban animados de la fiera vo ­
luntad de recomenzar la lucha, en con­
Explícase bastante fácilmente este es­
tado de ánimo porque no son necesa­
diciones clandestinas al comienzo y
riamente los héroes auténticos de la
luego a plena luz. Había de nuestra
Resistencia los que, desde el mismo día
parte una negativa absoluta, orgánica,
’ e la liberación, se abalanzaron sobre
a considerar el hecho de junio del 40
las ocasiones que les ofrecían las casas
como una realidad histórica a partir de
editoras. Debe agregarse a ello que mu­
la cual convendría revisar nuestras con­
chos de aquellos libros encerraban una
cepciones políticas y quizá reconci­
liarnos con un vencedor al que se
parte de fic c ió n : tal es el caso de las
consideraba capaz de instaurar un día
novelas N o ro it o D róle de Jeu, que,
un orden estable, un orden aceptable.
dicho sea en honor a la verdad, no ca­
recen de mérito. Pero hay derecho a
Puede afirm arse que las proféticas pa­
preguntarse si no hay algo ilícito en
labras pronunciadas en Londres por el
la explotación novelesca de una reali­
general de Gaulle encontraron eco in ­
dad, a un tiempo tan austera y tan
mediato en incontables franceses de
próxima, que aun extiende su sombra
todas las clases sociales. H a y que p ro ­
sobre decenas y centenares de miles de
clamar hoy a voz en cuello esta verdad
existencias. Confieso por mi parte que
porque los logreros de la Resistencia,
en este sentido el único testimonio que
aquellos para quienes, según una frase
me parece plenamente admisible es el • afortunada, "el plato de la Resistencia
que está expresado en toda su desnu­
les resultó un bocado suculento” , hicie­
dez. A esta clase de testimonios per­
ron todo lo posible para desacreditar el
tenece el libro de Rémy, titulado M émovimiento que los llevó al poder. T o ­
moires d’un agent secret de la France
dos conocemos el distingo famoso entre
Lib re (ju n io 1940-junio 1942). N o hay
mística y política hecho por P ég u y :
en esta obra rastros de literatu ra: de
"Una línea de acción se iniciaba, se la
ahí su mérito principal. P o r lo demás,
llevaba a la mística y en ella surgía,
el autor conoció muchas personalidades
en ella se encontraba y encontraba su
de primera línea que garantizan su
verdad. Confieso, empero, que apenas
es necesario remitirse a tales certifica­
dos para eonvencersé de la exactitud
del relato, pues éste ofrece un carácter
de evidencia interna.
Gilbert Renault, que en la Resisten­
cia se llamaría de diversos modos, R é ­
my entre otros, llegó a Inglaterra en
junio de 1940. Púsose en seguida en
contacto con el servicio secreto y a dis­
posición del Intelligence Service, a
quienes les propuso realizar misiones
en Francia. Renault pertenece al mun­
do de los negocios y espera sacar p ro ­
vecho de sus numerosas relaciones para
crear rápidamente una red utilizable.
Es además je fe de fam ilia y profu n­
damente cristiano: nada, pues, más di­
ferente de la imagen del aventurero
político contra el cual se encarnizará,
en vano desde luego, la propaganda de
Vichy. Lo admirable en Gilbert R e ­
nault, como en sus innumerables ami­
gos de la primera hora que se asocia­
rán en una empresa preñada de riesgos,
es que el patriotismo aparece sin mez­
clas: en este período no se alcanza a
ver qué será más tarde de un espíritu
guerrillero, que cada vez se siente t r i­
butario de una ideología determinada.
La ideología no cuenta aquí; se trata
únicamente — y mientras llega el día
todavía lejano en que nuestros aliados
reúnan las fuerzas necesarias para arro­
ja r al invasor— de recoger todas las
informaciones que puedan facilitar su
tarca a la R. A . F . y de alentar y me­
todizar la destrucción de las organi-

E

Roberto Arlt.

en su baúl de inmigrante. A I salir la
criada a la calle para arrojarse bajo
el tranvía se olvidó de apagar la luz.
” La suma de estos detalles simples
me produjo una impresión profunda.
” Durante meses y meses caminé te­
niendo ante los ojos el espectáculo de
una pobre muchacha triste, que sentada
a la orilla de un baúl, en un cuartujo
de paredes encaladas, piensa en su des­
tino sin esperanza, al am arillo resplan­
dor de una lamparita de veinticinco
bujías.
” De esa obsesión — concluye—• que
llegó a tener caracteres dolorosos, na­
ció esta obra.”
La obra, como muchos lo recordarán,
refiere la historia trágicogrotesca de
una in feliz sirvienta a quien en la úl­
tima noche de su desesperación visi­
tan, en su cuartujo, el espejismo de una
felicidad pueril y los fantasmas admi­
rados de sus novelones melodramáticos
y folletinescos. La situación funda­
mental, la que constituye la médula de
esta historia, reside en el contraste
conmovedor entre ese dolor sin espe­
ranza que arrastra hacia la muerte a
una pobre muchacha y la inocencia an­
gélica de sus sueños infantiles y dis­
paratados. Este contraste violento, de
sombras opacas y transparente claridad,

Por C A R R I E L

MARCEÉ

fuente y su punto de o rig e n ... A l pro­
longar la línea, las mismas personas,
el mismo juego, las mismas institucio­
nes, la misma camarilla el mismo apa­
rato, los mismos muebles, los hábitos ya
adquiridos, uno no advierte que pasa
por sobre aquel punto de discernimien­
to. . . Y el fie l de la balanza se incli­
nó. .. La misma acción que era legíti­
ma tórnase ilegítim a.” Tal es en el
fondo la diferencia entre la resistencia
inicial y auténtica y la que acabó por
explotarse a sí misma pava convertirse
en plataform a.
Es imposible leer el libro de Rémy
sin dejar de reconocer la utilidad de
los terribles sacrificios realizados obs­
curamente durante aquellos años, como
por ejem plo cuando el autor y sus ami­
gos consiguen enviar a Londres los p la­
nos detallados de todas las bases de
submarinos del Atlántico, y también
cuando, por medio de transmisores in­
alámbricos, tienen al corriente al A l ­
mirantazgo, hora p or hora, de los m ovi­
mientos del "Seharnhorst” , del "Gneisenau” y del "P rin z Eugen” . Transm í­
tenos el autor el sentimiento de angus­
tia en que se realizaba aquella lucha de
todos los momentos contra un enemigo
feroz, cuando bastaba la menor inad­
vertencia para arrastrar a la muerte,
o a algo peor que la muerte, no sólo al
imprudente, sino a un número in defin i­
do de camaradas que pertenecían a la
misma red. "S i me atrapan, tanto peor.
O tal vez tanto mejor. ¡ Oh esta angus­
tia constante, esas frenadas que oigo
por* la noche y que me hacen correr al
balcón, no para escapar (he reconoci­
do el paraje y sé que no tengo ninguna

posibilidad), sino simplemente para
ver, para ver el automóvil que no en­
trará muy rápido en la cuadra, que se
detendrá junto a mi puerta y del que
se apearán los hombres que de inme­
diato entrarán en c a s a ... Y a no pue­
do más. De día me niego a pensar en
mis amigos, pero así que llega la no­
che .. . ”
N o de otra manera se expresa el es­
critor de Bénouville en su hermoso li­
bro Le sacrifice dii matin, publicado
en Suiza: "L a an gu stia... Ale hacen
reír los que sostienen que nunca cono­
cieron el miedo. En aquellas horas de
acecho en que parece que todo nos ame­
naza y nos espía, es tan fuerte la ten­
sión que los que cayeron en manos de
la Gestapo y pudieron escapar con fie­
san que siempre oyen con alivio el
"¡ A rrib a las manos!” ¡ Policía alema­
na ! B ajo los ojos de su víctima, la
Angustia descompone al mundo, emba­
rulla las líneas de todas las cosas, des­
truye como un líquido corrosivo, quema
sin llamas, como un metal ardiente.
Destruye y quema a aquel de quien se
apoderó. Comprendemos entonces que
no somos víctimas de impresiones o de
nuestros nervios, sino que adquirimos
conciencia de todo cnanto se trama, de
que nuestro nombre es mencionado va ­
rias veces al cabo de una hora por
unos brutos que acuden a toda su as­
tucia para encontrarnos. En esos ins­
tantes terribles tocaba con mis propias
manos la realidad, la unidad casi física,
carnal, de la Resistencia.
"Los que acababan de caer presos nos
eran arrancados, como en la vivisección
se arrancan jirones o cuartos de un

,
entre la realidad brutal y la eándid,
hermosura de los sueños, es uno de lo,
motivos, el leitmotiv, m ejor, a cuyo al.
rededor gira la novelística de Arlt. $«
mensaje humano asoma, digámoslo de
paso, en la insistencia con que aluds
a ese contraste. La vida del hombre I
es miserable, fea o impura. Pero lj I
sustancia profunda del hombre es an. *
gálica. Sus sueños lo denuncian. Can. |
didos, grotescos o magníficos, sus siie.
ños se animan siempre de una recóndita hermosura, la hermosura de ese
algo lejano e indefinible hacia lo cual !
la vida se tiende como un arco. "E| 1
hombre — dice uno de los personajes de |
"Trescientos millones”— busca la fel¡. I
cidad.” "N o — lo interrum pe otro—,
busca el sufrim iento.” En realidad, lo I
que busca el hombre — parece pensar t
el novelista— es la belleza. La eterna I
belleza que es la sal de la alegría y I
del dolor, de la felicidad y del sufri. [
miento. E l contraste entre esa hermo­
sura de lo que sueña y la chatura y |a
opacidad de lo que vive, destaca, como |
una oposición de blanco y negro, el bri-1
lio de los sueños y las sombras de la
vida cuya única hermosura consiste en!
lo que sueña.
En toda la obra de Roberto A rlt los 1
sueños tienen, p or eso, tanta importan,
eia como los personajes. En "Trescien.
tos millones” son personajes ellos mis­
mos. Y en las novelas y los cuentos
constituyen hilos tan decisivos en la
trama como los mismos acontecimientos.!
Alternativa pero inevitablemente, están
en el fondo o en el p rim er plano de
las estampas dolorosas, vivientes y tan
nuestras, tan argentinas, que describe.
En un próxim o artículo — la segunda 1
parte de éste, en realidad— analizaré
otros aspectos de la obra y la figura
de Roberto A rlt, este novelista nuestro]
infortunadamente desaparecido cuando
su labor y su vida tocaban ya los lindes i
de una madurez admirable.

ser vivo. Heríannos los golpes que les
daban; cuando pasaba delante de uní
espejo, me asombraba al ver que seguís ¡¡
teniendo corbata y chaqueta y que to-|
davía caminaba librem ente: a tal punto}!
se había apoderado de mí el sentimiento!]
de aquella libertad tan precaria.”
Mas, ¡a y !, que el sentimiento anejo allí
arresto no podía durar mucho, pues]
surgía una nueva angustia inevitable-]
mente. "S i me torturan, ¿sabré ca-i
liarm e?” "Nuestros amigos detenidos^
— escribe Rém v— , salvo raras excepcio­
nes, fueron admirables ante las tortu­
ras. Esta casi unanimidad en el he­
roísmo nos inclinaría a ju z g a r severa­
mente a aquellos a quienes el dolor
terminó por arrancarles-una revelación.
Dios me libre de ser juez. P o r -lo quo
a mí respecta, ignoro cómo me habría
comportado si me hubiesen entregado
a suplicios cuya existencia nos nega­
ríamos a creer si desgraciadamente snl
realidad no hubiese estado más qúí
probada.” Cuando a consecuencia del
una denuncia o a veces de una mera li-¡
gereza, sobrevenía la catástrofe, los quo
corrían el riesgo de ser arrastrados all
abismo tras el camarada detenido inscri­
bían el nombre de cada uno de los suyos
en un círculo que estaba unido a otro,
a menudo a varios otros círculos. Se
manchaba de negro el círculo que con­
tenía el nombre del que acababa de
desaparecer y de gris los círculos que
estaban directa o indirectamente ligados |
a aquél. "N os mirábamos unos a otros: I
si habla, la hecatombe es segura. Cuan-!
do podían, los círculos grises se escamo- ,
teaban, se escondían hasta que la tor­
menta hubiese pasado. Después, cada
cual vo lvía a su puesto. ¿ Os imagináis
la angustia de saber que todo depende
del dominio sobre sí mismo que haya i
sido capaz de conservar un in fe liz tor- j
turado? Uno de los suplicios más atro- ¡
ces consistía en encerrar a uno de nos­
otros en una pieza vecina a la que
ocupaba un camarada a quien tortura­
ban. Uno salía casi loco. . .” R ém y cita
el caso de un hombre a quien los ale-!
manes, perdida y a toda esperanza de I
hacerlo confesar, le llevaron una hija |
de 16 años y anunciaron al padre que f
al día siguiente la cortarían en pedazos ¡
delante de él. Gracias a Dios, la libe- j
ración vino a abrir la puerta de la ¡
prisión una hora antes del suplicio.
H e insistido quizás más de la cuenta j
en este aspecto siniestro del drama que 1
vivieron los resistentes en Francia ? k
en tantos otros países, porque es de
temer que con el tiempo no acabe por
esfumarse en mala hora el contorno de j
los acontecimientos. Nunca se conser­
vará un recuerdo demasiado preciso I
demasiado denso de fe rv o r de lo que ¡
fu é aquella lucha en la que el hombre jj
dió la medida de sus posibilidades en ;
todos los sentidos, tanto en lo sublime ¡
como en lo monstruoso.
Exclusivo para Cabalgata de A . F . ?■ |

�© c a b a lg a ta
S a w a , autor de una euriosa obra injustamente olvidada,
fué uno de los escritores españoles de
fines del siglo pasado y principios del
actual que con más arrogancia agita­
ron, en su momento, el nmbiente inte­
lectual de Madrid.
Había nacido en Málaga y murió a
los cuarenta y siete años, ciego y loco,
en la capital de España. Los que le
conocieron decían de él que había sido
un gran señor de la literatura, de la
palabra y del gesto. V ivió una pinto­
resca vida bohemia en París y Madrid
y fueron populares sus desplantes y
arrogancias. De él se conservan muchas
anécdotas; una es aqüella famosa del
beso que Verlaine le éstampó un día en
la frente en París. Desde entonces, de­
cía el escritor, no había jamás lavado
el lugar en que Verlaine le besó. Fué
compañero y amigo entrañable de Ru­
bén Darío y Valle-Inclán. Este último
lo convirtió, años más tarde de su
muerte, en el Max Estrella, el perso­
naje principal de "Luces de Bohemia” .
Alejandro Sawa había publicado "N o ­
che”, "Crimen legal” , "Declaración de
un vencido” e "Iluminaciones en la som­
bra”. V ivió sus últimos años en una
espantosa miseria, enfermo y ciego.
alejandro

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La carta dirigida por Satva a Rubén Darío.

U N A C A R T A DE A L E J A N D R O
A RUBEN DARIO

Rubén Darío hizo un bello prólogo
para el libro postumo de Sawa "Ilu m i­
naciones en la sombra” , en el que dice
hablando de su v id a : "Su sonrisa era
semidulee, semiirónica. Estaba im preg­
nado de literatura. Hablaba en libro.
Era gallardamente teatral. P o o r A le x !
Recorríamos el país latino calentando
las imaginaciones con excitantes pro­
ductores de paraísos artificiales. ¡E l
ángel diablo del alcohol! Unos cayeron

PRIMEROS
¡TJOSA I nés dió un salto y echó a corre
( L v hacia el pozo. Hacía tres días qu
jiadie se ocupaba de los animales, y n
tendrían gota de agua que beber. Alguno
■staban junto a la bebida, agrupados e:
'1 corral, en tal estado de extenuación po
1 escasez de pasto, que- daban lástima
por añadidura, dos días sin agua. M
iliabía pensado en ellos, tan abrumada que
•¡16 con la noticia de la muerte repentin:
(del marido, en el pueblo. Al llegar la mu
¡ cr al pozo, sin atinar a otra cosa, comen
( ó a sacar agua con el balde. No teníai
¡nolino y ese trabajo se realizaba con ui
'■aballo, atándosele la soga a la cincha
tas ovejas, algunos caballos y unas poca
í'acas era todo lo que le quedaba par:
defenderse y defender a sus hijos en ade
jante.
¿ Estaban sedientos los animales, mirón
|jlo!a. El pozo era hondo y pronto se sinti&lt;
agotada por el esfuerzo. Comenzó apu
Tóndose demasiado, sin ealcular que ciei
baldes no bastarían. Todo su trabajo di
inedia hora no se notaba siquiera en lt
bebida, donde apenas vertida el agua des
Aparecía ingurgitada por las garganta:
¡resecas de sed.
I Sus seis hijos se colocaron tras ella
.quietos y en silencio. Transpiraba, y e
'aire le echaba sobre la cara los cabellos
jSUeltos. Le molestaba el sol, de frente
Y braceaba con denuedo, como si luchase
brazo partido, a muerte. Lágrimas y su
por resbalaban por su cara.
Anteayer el marido salió en el break a
pueblo. Saludó desde el asiento con Is
mano, como de costumbre, y esta maña
na le trajeron la noticia de que ya estaba
sepultado. Esa noticia, y nada más. No
labia podido pensar si eso pudo acaecer,
'urque apenas era concebible; pensó úniamente que estaba sola, con sus seis
hijos. {Cómo averiguar si era cierto! Los
hijos la rodeaban mirándola sin piedad,
■orno las ovejas y las vacas. Sacaba elb
,Jn balde y otro y otro, enloquecida,
(Comprendían ellos algo? ¡Qué haeían
allí, a sus espaldas, sin moverse, callados!
Trae el caballo y ensíllalo para sacar
más agua. Estoy rendida.
Las dos hijas, Inés y Rosa, echaron a
correr, al campo.
Entretanto seguía en su trabajo, cara
al sol que la cegaba. Tenía el rostro en
cendido y cerraba los ojos entre lágrimas,
braceando a ciegas, hasta que el balde
bogaba, vertiéndosele gran parte del agua
contra el brocal. Un balde hecho con un
tarro de flúido, de veinte litros; y la
80ga, mojada, pesaba tanto como el balde
lleno. El pozo tenía quince metros. Mu­
chas veces tiraba de la soga antes de que
el balde se llenara del todo, o volcaba la
uuitad sobre sus pies, o lo vertía fuera de
|a bebida. Al deslizarse, la soga le que­
maba las manos. Le ardían las manos y
a cara, en brasas, y por dentro un calor
“ focante ,la torturaba igual. ¡Cómo no
e acorrió que era un trabajo imposible
extraer agua así?
L n;,OS caballos se habían ido hasta el
icicntAer°
campo, distante unos tres
s metros y las dos mujercitas llega

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para terminar en la locura. Don Latino
de Hispalis, personaje que Valle-Inclán recogió para amigo de Alejandro
Sawa, dice en "Luces de Bohemia” :
"T e has muerto de hambre, como yo
voy a morir, como moriremos todos los
españoles dignos. ¡ Te habían cerrado
todas las puertas, y te has vengado mu­
riéndote de hambre! ¡Bien hecho! ¡Que
caiga esa vergüenza sobre los cabrones
de la Academ ia! ¡En España es un
delito el talento!”

Alejandro Salva en su juventud.

. s e . *■£,.
Ar
? ‘

víctimas de él; otros pudieron amaes­
trarle y dominarle.”
Sawa fué de los que buscaron el re­
fugio del "falso azul nocturno contra
las amarguras cotidianas y las pési­
mas jugadas de la maligna suerte. M u­
cho daño le hizo el ejemplo del pobre
y Mauvais M aitre, que arrastraba su
pierna y su mitad inocente y su mitad
perverso genio por los cafés de la ori­
lla izquierda del morne Sena” .

.. fué barba trágico, que, como en
el verso de H ugo que adoraba er. su
juventud, «fu é ciego como Homero y
como Belisario», engañado por el des­
tino, pobre, pudiendo haber sido rico,
lamentando, ya tarde, el tiempo perdi­
do para la dicha y para la tranquilidad
de los días postreros.”
A este amigo entrañable que fué Ru­
bén Darío para Alejandro Sawa, en

PASOS

ron corriendo sin parar hasta allí, a bus­
carlos. Una vaca estaba caída cerca.del
alambrado que daba al camino. Se desta­
caba, enorme, su vientre en el montón de
huesos. Jadeaba sin moverse, los ojos
abiertos, sin parpadear.
Rosa Inés proseguía su penoso trabajo.
La había visto esa mañana, en el mismo
lugar en que yacía. No le importaba; ten­
dida al sol, descansaba. La soga mojada,
pesada y fría, se enroscaba a sus pies.
El sol todavía estaba alto, en un cielo
brillante y azul sin nubes, en una tarde
nueva tan distinta de las otras, grande y
tranquila. Lo mejor sería descansar; es­
perar que trajeran el caballo. Su estado
de ánimo la fatigaba más que el trabajo.
Le era imposible creer lo que había ocu­
rrido y tampoco podía dudar. No sabía
sino lo poco que le contaron, pero su
desolación, la impresión de haber queda­
do abandonada con sus hijos, era la ma­
yor certidumbre de que la muerte de su
marido era verdad. A llí estaba el break,
vacío, que le trajeron del pueblo. El break
en que se fué, el de ellos, efectivamente.
No era fácil arrear eh esa forma los
caballos. Mansos y sin bríos, permanecían
indiferentes a todo hostigamiento, o arran­
caban a andar en cualquier dirección, me
nos para el corral. Porfiaban más bien
por pasar los alambres de púa, al campo
vecino. Las chicas los espantaban levan
tando los brazos y los azuzaban gritándo­
les. Pero ellos seguían quietos, sin temer­
les. Con algunas toscas les tiraban, dán­
doles en la cabeza, en el anca o en el
costillar, que retumbaba como si golpea­
ran directamente los huesos, en odres va­
cíos. Movíanse entonces los caballos, ape­
nas azorados; pero después de algunos
pasos se paraban y regresaban al esqui­
nero, donde antes, olvidados de todo.
La madre seguía extrayendo agua y, de
vez en cuando, miraba por encima del hom­
bro para ver si llegaban. Los veía siempre
en el mismo sitio, y pensó que las hijas
se hubieran olvidado del encargo o que*
jugaran con ellos, entretenidas. Esa im­
presión tenía, sin poder explicarse tanta
demora, a el olvido de que la madre que
daba ahí, destrozándose. Estaba tentada
de ir cha a buscar los caballos — descansa­
ría mientras— y a! mismo tiempo se en­
contraba asida a la soga, como si el balde
la obligara a seguir en su tarea. Sabía
muy bien que era imposible aplacar esa
sed que era la de todo el campo. Cada vez
sus movimientos se entorpecían por el
cansancio, cada balde pesaba más. Parte
del agua se derramaba sobre el brocal y
había un charco que las ovejas olfateaban,
resistiéndose a beber.
¡Daniel! ¡Avísales a las chicas que
se apuren a traer los caballos!
Daniel tenía siete años. Se quedó con
templándola con el mismo aire absorto.
Tuvo que repetirle el recado. Cuando lle­
gó adonde estaban las hermanas, se puso
en la misma tarea. Era absolutamente im­
posible conseguir nada de esos caballos.
Habían estado todo c-1 d a en el corra!,
junto al bebedero seco, lo mismo que las
seis vacas que'quedaban y las ovejas. Sa­

los días en que a éste la miseria más
le acució, aproximadamente un año
antes de su muerte, le envió la siguien­
te injusta y curiosa carta, exigiéndole

Fotografía de Alejandro Satva ciego.

HACIA

lieron al campo sedientos y se estaciona­
ron, juntos, en aquel esquinero, donde to­
davía estaban.
Rosa Inés observó a sus hijos, que co­
rrían sin tino en torno de los caballos
quietos. Los tres más chicos se habían
marchado. Después miró a las ovejas y
a las vacas, indiferentes, con la misma
insistencia en beber en la chapa apenas
húmeda.
"Quizá hayan bebido antes un poco”
— pensó— . "N o se morirán de sed.” Y, en
voz alta, como si los animales pudieran
compadecerla, exclamó: — No puedo. N e­
cesito que alguien me ayude.
Ovejas y vacas se empujaban por acer­
carse al bebedero y por pasar unas sobre
otras. Rosa Inés, en el límite de su resis
tencia, sintió que se desvanecía y dejó el
balde apoyándose con el vientre en el
brocal. Miró al fondo del pozo y vió su
cabeza en el borde de un círculo celeste
V brillante. Echada de bruces, con los
brazos extendidos, recibió la frescura de
los ladrillos en el cuerpo. Las manos le
ardían como en carne viva. Se secó la
cara con el delantal y entró en la cocina
sin saber qué hacer. Los tres hijos estaban
allí, sentados como personas mayores, úni­
cos seres en la chacra que parecía que
comprendieran algo de lo que les había
ocurrido a todos; algo, como para no
sentirse tan sola. El más chico, en me­
dio de los otros, con sus enormes ojos
abiertos y la sonrisa que hasta dormido
iluminaba su carita redonda, la miraba
compasivamente.
— ¿ Y ahora?, ¡ y ahora? — les dijo. Los
tres seguían mirándola como antes.
Se le ocurrió que tenía muchas, muchas
cosas que hacer; que todo estaba por
hacer, que no alcanzaba el tiempo para
hacerlo todo. Eso se le ocurrió de súbito,
en un despertar sobresaltado. Pero no
acertaba con qué fuera eso que tenía que
hacer. Contempló a los tres chicos y sin­
tió una profunda pena, porque la obser­
vaban como si estuvieran ya resignados;
como si todo lo hubiesen comprendido y
se hallaran de acuerdo en que no se que­
jarían nunca de su suerte. No encontraba
un punto firme en que apoyarse cuando
en olas fluían en ella pensamientos e im­
presiones de que todo había cambiado,
ellos y las cosas.
La vaca habría muerto; no valía la
pena averiguarlo. Salió al patio y miró
en dirección a las muchachas. Estaban
lejos, porfiando por traer los caballos,
que andaban o se deten'an indiferentes,
procurando defender las cabezas de las
pedradas; igual que una hora antes. Las
muchachas levantaban los brazos y no se
les ocurría otra cosa pafa traerlos que
gritarles y amenazarlos con las toscas.
¡P or qué las había mandado? Temió que
los caballos pudieran lastimarlas, tan cer­
ca de las patas se ponían.
— ¡Inéees!
Gritó bien fuerte, porque no tenía nin­
guna idea de lo que debía hacer. Pensó,
al gritar, que era necesario recurrir a
algún vecino, pues su propio grito le dió
certera noción de estar sola. Visitaría al

SAWA

LA

el pago de unos artículos publicados en
"L a Nación” de Buenos Aires. L a carta
dice así:
" i Me impulsas a la violencia f Pues
sea. Y o no soy ya el amigo herido p or
la desgracia que pide ayuda al que con­
sideraba como un gran amigo suyo;
soy un acreedor que presenta la cuenta
de su trabajo.
Desde el mes de abril hasta el mes
de agosto de 1905, yo he escrito por
encargo tuyo hasta ocho cartas (de
las cuales conservo en mi poder seis)
que han aparecido con tu firm a en el
periódico de Buenos A ires "L a N a ­
ción”, en las fechas y con los títulos
siguientes :
A b ril: "Semana Santa en M adrid” ;
21 de m ayo: "L a Cuna del Manco” ;
3 de ju n io: "A lfon so X I I I ” ; 13 de
ju nio: "E n la Academia Española. E l
inmortal señor F erra ri” ; 24 de ju lio :
"L a anarquía española”.
No me has pagado por esos traba­
jos,,' como recordarás, sino setenta y
cinco pesetas en dos veces.
Esos artículos, por su extensión, por
ser yo el autor de ellos y por la im­
portancia del periódico donde se pu­
blicaron, valen cien pesetas cada uno,
aplicándoles una evaluación, modesta.
Descontadas, pues, la setenta y cinco
pesetas recibidas, quedan a mi fa vo r
quinientas veinticinco, que yo te invito
a pagarme en seguida, puesto que no
tengo consideración ninguna que guar­
darte y que las necesito.
N o te extrañes que en caso de in­
solvencia por tu parte, lleve el asunto
a los Tribunales, y dé cuenta a "L a
Nación” y a tu gobierno de lo que
me pasa.
Y o lo haré todo y lo intentaré todo
para rectificar esas anomalías de tu
conducta.
En cambio, puedes contar con mi
más absoluto silencio si das satisfac­
ción sin escándalo a mis reclamaciones.
Serás en lo porvenir para mí como un
muerto, o mejor, como si no hubieras
existido jamás.
A lejandro Sawa.”
Aproximadamente al año de escrita
esta carta, murió el bohemio español,
y Rubén Darío escribió entonces el pró­
logo justiciero de "Iluminaciones en la
sombra” .

SOLÉOAD

que menos necesitara de otros, al que no
intentara despojarla de lo poco que tenía.
Hablarían sobre cómo seguir adelante con
la chacra. Necesitaba de inmediato un
muchacho que la ayudase en las tareas
más pesadas, en lo que no podía hacer
ella sin desatender a los chicos. Tal vez
los demás supieran algo concreto sobre la
muerte del marido. Después pensaría en
arar y sembrar; en ir pagando las deu­
das; en conversar con el cuñado, que ni
había pisado su casa desde hacía dos años.
Era él quien estaba obligado a visitarla,
ya que tenía las señales y la marca de
la hacienda. No lo hizo; ni siquiera man­
dó a uno de los chicos a preguntar, para
iniciar la reconciliación, después de la
desgracia. El rencor podía más que la
lástima. ¡Qué les esperaba dentro de poco?
N i pensar en ir a vivir al pueblo con tan­
tos hijos — ¡cómo?— , sin dinero. Pensó
presentarse en casa del cuñado y exponer
su situación claramente, como vecinos que
tienen que arreglar asuntos de intereses,
asuntos viejos que originaron aquella ren­
cilla irreparable. Tendría que pedir com
pasión, olvidar que durante dos años no
se visitaban, que no había ido al entierro
del hermano, ni a su casa, si es que se
había enterado. Se sintió humillada al
pensar en eso. Desde su sangre una fuer­
za sin forma ni razón se oponía a todo
intento de someterse y le subió a la cabeza
una ola de altivez avergonzada.
Se había quedado en pie pensando in­
sensateces como una boba; como si no
tuviera mil cosas que hacer. Estaba sola,
en efecto — muy sola— , pero no debía
humillarse en tal forma; eso serviría para
que Eloy, su cuñado, aumentara sus exi­
gencias o pretendiera despojarla. Era es­
túpido olvidar que se trataba de su peor
enemigo.
Se quitó el delantal; se puso la mejor
ropa que tenía — un vestido negro— ; se
arregló ligeramente el cabello y les reco­
mendó a los chicos que se quedaran quie­
tos. Echó a caminar, rumbo a la chacra
de otro vecino, distante una legua. El
sol aun estaba alto sobre el horizonte.
Miró otra vez hacia el lugar en donde
estaban las hijas. Todavía permanecían
paradas, agitando los brazos.
— ¡Inéees! — y con la mano hacía
señas, llamándolas. No la oían, obcecadas
en su tarea.
Decidida, como si tratase de huir de su
propia casa, más que de salir en busca
de auxilio, emprendió resuelta el camino. •
Su primera impresión fué que ante sí te­
nía un mundo vasto y vacío, un mundo
quemado y árido como el campo que la
circundaba. Hasta donde alcanzaba la vis­
ta, era el mismo espectáculo desolador. La
sequía de varios meses había calcinado la
tierra, quemado los pastos, molido como
ceniza el campo entero. Sólo quedaban lo­
zanos algunos yuyos tenaces, de esos que
la hacienda no se atreve a morder ni en
trance de muerte, porque están llenos de
espinas y son duros y no tienen sustancia.
Rosa Inés sintió que penetraba con cada
paso en ese mundo hostil, castigado por

la sequía. Pero tenía que avanzar y apu­
rarse, aunque este viaje resultara com­
pletamente inútil. ¡Había pensado qué
objeto tenía visitar a uir vecino con el
que no mantuvieron ninguna clase de
relaciones? No lo había pensado. Ese
vecino era el más rico de los alrededores.
El campo lindaba por un costado con él
que ellos arrendaban. Los separaba un
'alambrado de tres hilos de púa. Como ese
campo estaba menos recargado de ha­
cienda y se lo trabajaba mejor, dejándose
una fracción que bastara para el pastoreo,
tenía, por lo regular, mejores pastos. Mas
ese año la sequía había igualado en la
miseria al campo del vecino y al suyo.
Algunos disgustos tuvieron que soportar,
hacía tiempo, porque las ovejas y también
las vacas, tan tercas cuando tienen ham­
bre, se obstinaban en pasar al otro cam­
po. El vecino se había quejado, hasta que
al fin los amenazó con encerrar los ani­
males que entraran y denunciar el caso
en la comisaría. Ahora ella iba en di­
rección a la casa de ese vecino, don A n ­
drés Malaver, viudo con seis hijos, como
ella.
Era buena gente y, sin pensarlo a fon­
do, algo la impelía en busca de su pro­
tección o de su consejo. Si sabían que su
esposo había muerto &lt;
— y era imposible
que lo ignorasen— olvidarían aquellos epi­
sodios inevitables entre chacareros, y hasta
era posible que, cuando no otra cosa, le
permitieran tener allí la hacienda unos
días, hasta que encontrara campo, pagando
el pastoreo, naturalmente. Pero ¡ib a a
eso? N o; marchaba, simplemente, en di
rección a aquella casa distante, alejándose
de la suya, donde quedaban sus hijos
menores sentados en un banco y los de­
más hostigando a los caballos. La espe­
rarían hasta que regresara, sin ninguna
duda. Se paró un instante^ y se pasó la
mano por la cara; sintió un dolor ar­
diente como si su cara fuera una llama
que le quemase la palma de la mano.
Miró hacia atrás, hacia su casa, lejos.
A un lado se distinguía ya la chacra de
su cuñado Eloy. Acortaba camino cru­
zando por un esquinero de su campo.
Desde su casa no se veía la población
porque quedaba en un bajo. La había
construido ahí a propósito, después del
gran disgusto que tuvo con ellos, hacía
dos años. Entonces desarmó las habita­
ciones de adobe, sacó las chapas y los
postes, cegó el pozo y dejó únicamente las
paredes. Pronto edificaron otra casa
igual, mucho más retirada, en el bajo,
para que no se vieran. Tal era el rencor
entre los hermanos. Ahora veía el techo
de la casa. Indecisa, calculó por la altura
del sol el tiempo de luz que le quedaba
para poder volver antes de la noche. L a
luna salía muy tarde y podría llegar y
regresar antes de que anocheciera del
todo, apurándose. Siguió andando, te­
miendo que oscureciese antes de iniciar
la vuelta. Caminaba por la tierra suelta,
seca, como si estuviera mezclada con ce­
niza, hundiendo los pies en el polvo cálido
y resbaladizo. Sus pasos eran cortos, pe­
sados.
(Continuará en el próxim o número.)

�LETRAS

c a b a lg a t a ©
nuevo &lt;&gt; incitante, punto de
mira inédito, tan propicio a Jos
esclarecimientos fértiles como a Jas in­
ferencias caprichosas o erróneas, es
el de las generaciones. A y e r apenas
so mencionaba.
H o y se habla de
él con cualquier
pretexto, a tuer­
tas y a dere­
chas. Con todo,
sus orígenes, los
primeros atisbos
del c o n c e p t o ,
vienen del siglo
pasado. H a y
premoniciones en Ranke, en Ottokar
Lorenz, en D illhey. P ero a Ortega y
Gasset corresponde el mérito de haberlo
expresado más diáfana y ceñidamente,
primero en E l lema de vuestro tiem po,
luego en Esquema de las crisis. E ntre­
tanto el método de las generaciones ha
hecho su camino, cuajando en lumino­
sas aplicaciones. A sí las de Petersen,
Wechssler, Thibaudet, Baldensperger y
Sénéchal a la historia literaria, las de
P in der y Passarge a las artes plásticas,
las de Manheim y Mentré a la sociología,
la de Drerup a la cultura grecorrom a­
na, entre otras.

T

ema

Ahora bien, este sistema, esta nueva
óptica historicista — "el concepto más
im portante de la historia, y, por de­
cirlo así, el gozne sobre que ésta e je ­
cuta sus movimientos” , según palabras
de O rtega— , resulta ton lleno de a li­
cientes y sorpresas como propicio a los
desenfoques. Es, en suma, d ifícil de
manejar pulcramente y de aplicar con
exactitud sobre todo referido al fe n ó ­
meno literario. E l riesgo se acrece de
modo particular cuando se trata de la
literatura española, form ada tradicio­
nalmente por individualidades aisladas,
por cilios señeros, que tan mal se avie­
nen c.in la-; teorías globales y las visio­
nes ¡!: conjunto. Lo hemos visto en las
objeciones alzadas frente a las tesis de
Hans Jeschke sobre la generación es­
pañola de 189S, tesis ampliadas suges­
tivamente p o r Pedro Salinas, y última­
mente por Pedro Lain Entralgo en sus
dos libros Las generaciones en la histo­
ria y La generación del noventa y ocho.
publicados en M adrid. Pues bien, cuan­
do todavía no hay unanimidad sobre la
existencia de esa asendereada genera­
ción, cuando a última hora y contra­
dictoriamente, su bautizador Azorín in ­
siste en la afirm ativa a lo largo &lt;je su
libro autobiográfico M adrid, y ' p ío Baro.ja, en los tres- tomos ya-publicados
de sus M em oria s: D esd i’
¡.tima vuel­
t a de’ ■cuiji;,:: , continúa refractario;
.• Toido R uiz Contreras en la nueva ser ile sus Mem orias de un desmemoria­
do acumula más anécdotas caricatures­
cas sobre aquéllos, he aquí que se nos
propone otra aun más in cierta: la g e ­
neración de 1936.
Su "inventor” : Hom ero Serís, un
profesor de literatura, antes miembro
distinguido del Centro de Estudios H is ­
tóricos de M adrid, ahora en la U n iver­
sidad norteamericana de Syracuse. L u ­
gar del lanzam iento: la revista Books
ahroad, en su número de otoño de 1945
y en un artículo titulado "Th e spanish
generation o f 1936” . Argumentación
fundam ental: "A s í como una guerra fué
causa y ocasión inmediata de que cris­
talizara en España la llamada genera­
ción de 1898, del mismo modo otra gue­
rra dió origen a una nueva generación
que yo llamaría generación de 1936.”
Como se ve, el pretexto inicial para in ­
fe rir la existencia de una generación
literaria no puede ser más extralitera­
rio. ¿Acaso una guerra, y de caracte­
rísticas ton especiales como fué la de
España — guerra intestina desdoblada
inmediatamente en guerra internacio­
nal— no es más bien una causa de cis­
mas y escisiones multiplicándose hasta
el in fin ito en todos los órdenes, antes que
motivo de aglutinamientos y reuniones
trascendentes? Mas para el profesor Se­
rís cobran caracteres de tales, con in­
sospechada repercusión en la historia
lite-aria, las que se celebraban en Madri i. en el palacio de Spínola, ocupado
durante el otono de 1936 por la A lia n ­
za de Intelectuales antifascistas. A llí,
según H om ero Serís — traduzco resu­
miendo— se celebraron "inolvidables
reuniones de jóvenes escritores, algu­
nos de los cuales partieron a las trincheras y pagaron el heroísmo con sus
vidas, mientras los viejos líderes do
la generación de 1898, Azorín. Baroja,
Pérez de A yala y Ortega y Gasset, hu­
yeron a países extranjeros” . V luego,
tras citar algunas publicaciones de
aquel entonces, que independientemente
do su noble propósito, sólo tuvieron una
significación ocasional — armas de lu­
cha antes que obras literarias , traza
una nómina de los escritores que a su
juicio forman tal generación de 1936.
Comienza por incluir casi íntegra esa
lista de poetas que con aire algo monopolizador, con exclusividad de "cartel ’
e ínfulas de "brains trust” viene rep i­
tiéndose hace años, encabezada le g íti­
mamente por Federico García Lorca,
seguida por algunos líricos de primer
plano, pero donde es usual mezclar
oíros, meros segundones o desvaídos
rapsodas. Felizmente en este caso la
enumeración de Serís es correcto, y su
insolidaridad con todo parcialismo,

EL TEMA DE LAS GENERACION

GENERACION ESPAÑOLA DE 193
evidente, desde el momento en que ju n ­
to a Lorca, Guillén, Salinas, Alberti,
etc., incluye a Espina, Moreno V illa,
León F e lip e ... Su nómina de novelis­
tas comprende a Benjamín Jarnés y
Ramón Sender; otros dos nombres en
el apartado de dram aturgos: Jacinto
Grau V A lejandro Casona; y finalm en­
te tres en el de ensayistas: M aría Zambrano, José Bergamín y Guillermo de
T orre.
Con todo el respeto debido a un
scholar tan calificado como Homero
Serís, con toda la simpatía que merece
su buena fe, yo me veo en el deber de
contradecirle
categóricamente,
a fir ­
mando — y probando— que la anterior
enumeración es caótica, inexacta y no
responde a ninguna realidad literaria.
Bien quisiera, llevando al límite la cor­
tesía gremial en la réplica, hacer me­
nos cruda y paladina esta refutación
enderezada a un antiguo compañero del
Centro de Estudios Históricos madrile­
ño; pero el tono tan categórico de su
artículo, presentando no como una h i­
pótesis, sino como un hecho incontro­
vertible, la "generación de 1936” , exi­
ge un esclarecimiento inexorable. No
importa gran cosa, ni cambia nada la
cuestión, el hecho de que Hom ero Se­
rís, tratando de apuntalar su tesis, pase
revista a las ocho famosas condiciones
que Petersen fija b a como indispensa­
bles pasos constitutivos de toda gene­
ración literaria — y que Salinas pudo
aplicar con más verosimilitud y m ejor
éxito a la del 98— queriendo conven­
cernos de que se ajustan exactamente
a la de 1936. Estirando algo capri­
chosamente los límites y el sentido de
aquéllas — fecha de nacimiento, homo­
geneidad de educación, relación perso­
nal, experiencia generacional, Iiú T a zgo, etc.— fá cil es apLo&amp;rla.s a cualquier
grupo y momer-to. P ero si pr'^efeáemofe a confrontacio­
nes precisas veremos al punto que no
hay ninguna solidaridad generacional
.re las figuras enumeradas por Se­
rís — según ya habrá intuido, sin ma­
yores pruebas, el lector algo avisado.
Así, por ejem plo, en lo concerniente a
los poetas, se entreveran los pertene­
cientes a tres o cuatro momentos o p ro ­

mociones. Como prueba bastará recor­
dar que Moreno V illa, verhi gratia, sur­
ge en 1913, Espina en 1916, León F e ­
lipe en 1920, mientras que García L o r­
ca lo hace en 1921, afirmándose ple­
namente con el Romancero gitano, en
1928, y Miguel Hernández no aparece
hasta dos o tres años antes de la gue­
rra. M ayores son aún las discrepancias
entre los dos únicos novelistas que nos
propone como representantes de la su­
puesta generación de 1936: Jarnés y
Sender no son contemporáneos — es de­
cir, no tienen la misma edad— ni coe­
táneos — esto es, ni la misma sensibili­
dad estética— y representan dos mo­
dos radicalmente opuestos de entender
y practicar la novela. P ero esta dis­
crepancia se borra ante la m ayor sor­
presa que nos causa ver relacionados
dentro de una misma generación a Grau
y a Casona. Mientras que el autor de
E n tre llamas (1905) está situado en las
postrimerías del noventaiochismo, el de
La sirena varada (1934), sin conexión
visible con ninguna generación deter­
minada, sobreviene muchos años des­
pués; marcan entrambos, por lo demás,
estéticas muy distintas. Finalmente, y
por lo que concierne a los ensayistas
enumerados por Serís, tampoco veo
ningún contacto mío con Bergamín
— antes al contrario, muy profundas
discrepancias— ni creo que M aría Zambrano — de formación esencialmente
filosófica— pueda encontrarlo con nos­
otros.
No, querido señor Serís, pese a s.i
generosa buena intención, no existe una
generación española d" 193P : cosa
parecida. Y es que n a gene: ación no
s;: inventa artificialmente, ni se crea
por partenogénesis crítica, aún por
mucho ingenio o elasticidad con que se
apliquen las normas de Petersen. Le
acontece al profesor Serís lo mismo que
a su prestigioso colega Federico de
Onís, cuando éste en su, por otros con­
ceptos admirable. A n tología de la poe­
sía españuui e hispanoamericana, pues­
to a encontrar apartados y clasificacio­
nes para las sucesivas levas de poetas,
incurría en nomenclaturas erróneas. Es
el escollo de los críticos universitarios,
sin directa experiencia literaria, cuan­

do se enfrontan no con siglos pretéri­
tos, sino con fenómenos vivos. ¿Quiere
esto decir que sea arriesgado y prema­
turo, y por ende imposible, hacer ba­
lances de épocas recientes? N o lo creo
yo así, pero lo incuestionable es que
aun no está siquiera cabalmente esta­
blecido qué cosa sea la generación del
98, quiénes pertenecen en rigor a ese
grupo y cómo cabe diferenciarlos de
sus colindantes los modernistas. Sali­
nas ha escrito que el modernismo es el
lenguaje generacional del 98. Y o diría
que los del 98 fueron ideólogos, y ar­
tistas los del modernismo, predominan­
do en el prim er sector los prosistas y
en el segundo los poetas. (E sto sin con­
tar la excepción de que Antonio M a­
chado y Unamuno, también poeta, no
tienen nada, en lo temático V en lo
verbal de peculiarmente modernista.)
¿Cómo ordenar las generaciones sub­
siguientes? ¿Alcanzan la categoría de
tales o son simplemente promociones,
ya que sólo daríamos el rótulo de gene­
raciones a aquellas que marcan hitos
capitales, saltos de cuadrante decisivos
en la evolución literaria o artística?
Im portaría, pues, antes que nada, co­
menzar a ver claro en la ordenación
efectiva de las generaciones o prom o­
ciones postnoventaiochistas, delimitan­
do con exactitud sus límites y caracte­
rísticas. La tarea habría de ser muy
larga, propia de otra ocasión, pero enu­
meradas escuetamente podrían estable­
cerse así: la de 1908-1910, punto de re­
ferencia cronológico, más que genera­
cional. pero de d'-ode arrancan Ramón
Gómez de la Serna ■ Gabriel M iro, en­
tre otros; la subgeneración pijam ente
poética de 1914, hoy olvidada o mem.
preciada, que representa los últimos
ecos del rubendarismo; la generación
ultraísta de 1919 — habitualmente esca­
moteada por antólogos e historiado­
res— ,de importancia teórica más que
otra cosa, y que a pesar de sus lim ita­
ciones y frustraciones marca un sesgo
capital, influyente; la generación de
1923, o más bien los conjuntos de nom­
bres algo afines surgidos bajo el p a ­
bellón de revisto? ( Revista de Occiden­
te, In d ic e ), a la vez puntos de arranque
de casi todos los poetas componentes

E S E G R A N D E SD IC H A D O D E V E R L A IN E
por

E M IL E

H E N R IO T

(D e la Academia Francesa)

este aporte musical y decorativo. V e r ­
laine comenzó a escribir en 1858 (a los
catorce años), bajo la influencia de
H u g o : form a parte del Parnaso y, de
hecho, por su fidelidad a la rima y al
verso construido, pese a sus ensayos
do ruptura y de flexibilizaeión, sus bús­
quedas de ritmo y de musicalidad, con­
tinuará siendo un parnasiano, resis­
tiendo con todas sus fuerzas el verso
libre y las experiencias de los simbo­
listas.
♦

Verlaine por él mismo.
o x desdén del escándalo, hay que
tratar de poner las cosas en su
punto, cosa d ifícil con Verlaine, tan
mezclado, para no ver en él sino al poe­
ta, cuya vida tumultuosa, muy a menu­
do, hace olvidar o recubre la obra admi­
rable. Sin embargo es la obra únicamen­
te lo que cuenta y debe contar. La
anécdota no puede ser, a los ojos del
crítico, más que el p retex to : buena p a­
ra saber comprender y para explicar.
E l genio lo poseyó demasiado p ron to:
y aunque la posteridad lo haya este­
reotipado bajo el aspecto, en adelante
incambiable, del viejo fauno calvo y
enmarañado que inmortalizó Carriere
en la época de su tardía fama, el m ejor
Verlaine es el Verlaine joven, el V e r­
laine de las obras maestras indiscuti­
bles : los Poémes saturniens, publicados
a los veintidós años, pero escritos casi
todos a los dieciséis, las Fétes galan­
tes, la Bonne chanson, los Romances
sans paroles, aparecidos en 1874. En
esta época, Verlaine tiene treinta años:
si hubiese muerto entonces el autor de
los más bellos fragmentos de Sagesse
y de Parallélcm ent, ya en cartera, la
gloria ya se le habría entregado, y
lloraríamos en él, al más puro, al más
músico quizás de los poetas. Su dese­
cho es del tiempo de su madurez.
Pero, aparte sus pares y sus maestros,
Hugo, Banville, Coppée, Heredia, los
contemporáneos de esos cuatro prim e­
ros volúmenes, no se dieron cuenta, en
modo alguno, de su iniciación excep­
cional y de la prodigiosa novedad de

C

*

*

Las Fétes galantes, publicadas dos
años después de los Poémes saturniens,
debía estar en parte escrita p or la
misma fecha que éstos. L a misma vena
mezzetina, tan cara y propia de V erla i­
ne, continuará por otra parte, corriendo
a lo largo de su obra posterior. . . La
había hecho maravillosamente suya,
aunque no la haya inventado, en reali­
dad. Gautier y Banville y N erval habían
evocado ya ese tema de la galantería
del siglo x v m , tan frecuentemente to­
mado y utilizado por Hugo, con su
accesorio lunar en la Féte chez Thérése
( Contemplations) donde Verlaine ha­
lló, seguramente, el decorado y los per­
sonajes de sus Fétes. Esta poesía se
tornó suya, p or el más sabroso contra­
punto de ligereza, de languidez, de iro­
nía, de melancolía. Las influencias, fá ­
ciles de señalar, no son nada cuando el
influido hace obra personal de maestro
con esos aportes. Es el caso de las F é ­
tes galantes, una de las perfectas obras
maestras de nuestra poesía. Es tam­
bién, creo yo, el caso de los Romances
sans paroles, donde la acción de Rimbaud es manifiesta en el carácter fu ­
gado de las Ariettes oubliées, de impon­
derable musicalidad. Pero el éxito es de
Verlaine y no conozco nada superior en
Rimbaud, pese a su genialidad.

¿Qué vale la conversión de Verlaine?
Singular conversión, en la que el peca­
dor interesa más cuando peca que
cuando se arrepiente . . . Era cierta­
mente muy sincera, como en todos los
seres impulsivos, pero compleja, y si
produjo grandes cambios en el alma
del poeta, vuelto a la fe por la desgra­
cia, zarandeado entre las solicitaciones
de lo alto y de lo bajo, y que continuará
en lo sucesivo poseído por veleidades
cristianas hasta su última hora, no
obstante las múltiples caídas, esta
vuelta a Dios y a la V irgen Santísima
no le hizo renunciar a Verlaine al eul-

Verlaine por Cazals.
tivo de la literatura. N o es de lamentar,
pero me parece que los jansenistas p ro ­
cedían m ejor cuando se entregaban
vencidos a la g ra c ia : pues se retiraban
del mundo, y no se ocupaban sino de
ella, de la gracia. La fe recuperada
de Verlaine no le impidió escribir en
su celda de Mons, los espantosos y por
otra parte patéticos versos de P a ra llélement, donde las locas y especiales
aventuras de antaño se evocan con
mucha más exaltación que rem ordi­
miento. " Y dije todo para que nadie
lo ignorase." Esta colección de P a ra llélement no es, de cualquier modo, lo
más perfecto de la desigual obra de
Verlaine, pero pertenece, de todos mo­
dos, al grupo capital de sus obras
maestras, y debe colocarse, después de
Sagesse, en primera fila de los escritos
más personales del poeta, cuya B.onne
Chanson había inaugurado la serie.
Creo que los verlenianos están de
acuerdo: hay un Verlaine espiritual,
tierno, fácil, convertido en clásico, al
que los músicos han adoptado como el
cantor galante, el ariostista, el elegiaco;
es el Verlaine amplia y justamente p o­
pular, exquisito desde todos los puntos
de vista, incluso el Verlaine arrodillado
bajo los rayos de la gracia. (M o n Dieu
m’a clit. .. Je ne v eu r a im e r ... L ’esp o ir lu it comme un brin de p a i l l e . . . )
E l Verlaine perdonado y santificado, el
autor, además, de sus obras maestras
indiscutidas. Pero existe también el
Verlaine segundo, que huele a azufre
(C ontinúa página 18.)

de la famosa "lista f ija ” , y de prosistas
y críticos menos graciosamente propa.
lados como Marichalar, Jarnés, Esp¡.
na, Claudio de la Torre, Vela, Fernán­
dez Alm agro, Dámaso Alonso; la p ro.
moción de 1927 o de L a Gaceta lite.
raria. ya que también en este caso una
revista, antes que una ideología o una
estética, contribuyó a congregar a escri­
tores nuevos, empezando por Giménez
Caballero y continuando con Francisco
Ayala, César M. Arconada. . . Después,
al sobrevenir la República, al polari­
zarse casi todos los afanes en lo polí­
tico, puede decirse que ya no se pro­
duce ninguna concentración de escrito­
res jóvenes, salvo algunos conatos co­
mo ios de H o ja literaria, y Literatura
con Arturo Serrano P la ja , Antonio
Sánchez Barbudo, Enrique Azcoaga,
R afael Dieste, Ricardo Gullón. Es la
época, en todo caso, en que lo intelec­
tual se manifiesta p o r' vía de expan­
sión popular — misiones pedagógicas,
La Barraca, Ciudad Universitaria—
antes que mediante obras de pura y
nueva literatura. Finalmente, la gue-.
rra de 1936 tampoco suscitó ninguna
nueva generación ni cosa parecida: si
lo contrario, una quiebra, una ruptura
radical, la dispersión a los cuatro vien­
tos. Aun más, se produjo una división
profunda, de alcances todavía no bien
medidos, entre las dos Españas y, con- í
siguientemente, en su literatura, que­
dando ésta escindida en dos mitades ri- j
gurosamente antagónicas: la literatura
peregrina o del destierro y la peninsu­
lar o conformista. Los resultados de
la primera están a la vista en todo el
ámbito de las Américas y no pueden
ser más fecundos; los de la segunda
— sin necesidad de entrar en calificati­
vos políticos— son muy escasos y, sal­
vo excepciones, de in ferior calidad. Lo I
reconocía así ya hace anos, con sinceridad que le honra, un joven escritor
peninsular, Gonzalo Torrente Ballester,
expresando en la revista T a jo de M a­
drid (3..ño agosto de 1940) : "E l tron­
co común se ha bifurcado por obra de
la guerra, y si nosotros reclamamos la
primogenitura, no dejan los ausentes
de reclamarla también, proclamándose
a sí mismos, lo misino que nosotros,
continuadores de la tradición nacional,
incluso de la más alquitarada tradición
católica en algunos casos. I •. • ] Ellos,
con el vig o r que les da su situación
desesperada, se entregan ya a la tarea
creadora, derramando su obra intelec­
tual por todos los pueblos de nuestra
habla. Nosotros, durmiendo en los lau­
reles, sólo despertamos para pequeños
tiquismiquis literarios. La labor de la
España peregrina puede ser, hay que
proclamarlo crudamente, muy aprecia­
ble. L a nuestra hasta ahora es casi nu­
la.” A confesión de p a r t e ... todo co­
mentario estorba, tínicamente cabría
añadir que en los seis años transcurri­
dos desde que las anteriores frases se
escribieron, el desnivel ha crecido fabu­
losamente a fa v o r de la España inte­
lectual exilada. N o diremos empero que
se haya constituido tanto como una
nueva generación; pero sí que en Am é­
rica se han afianzado y aun llegado a
su plenitud con obras considerables mu­
chos valores nuevos que en España sólo
despuntaban; el temor a las omisiones
involuntarias me impide establecer una
lista que habría de ser copiosa.
Porque
una
generación
literaria
— insisto— es algo más que cualquier
agrupamiento ocasional, motivado por
fines extraintelectuales. En términos
generales una generación existe — de­
finición orteguiana— cuando en ella se
plasman ciertas variaciones de la sensi­
bilidad vital que son decisivas en la
historia. En términos literarios o ar­
tísticos. una generación — según mi vi­
vencia propia— es un conglomerado
de espíritus que en un momento dado,
en el de su alborear, se sienten expre­
samente unánimes para afirm ar unas
cosas y negar otras, con auténtico ar­
dimiento juvenil. Significa una ruptu­
ra y una inauguración al mismo tiem­
po : una coincidencia singular en las
mismas filias y en idénticas fobias. De­
finición que ya había aventurado hace
años y en la cual me ahinco ahora al
encontrar su corroboración en Dilthey.
Una generación — escribe este filósofo
en su ensayo sobre Novalis— es una
relación de simultaneidad entre indivi­
duos. "Quienes durante los años recep­
tivos — precisa— experimentaron las
mismas influencias directrices, consti­
tuyen juntos una generación.” Tam­
bién Petersen insiste en la importancia
que para la constitución de una gene­
ración tienen las influencias formntivas.
j
¿Cuánto dura una generación? ¿Co­
mo se suceden las generaciones? He
aquí el comienzo de un abanico de pre­
guntas que pudiéramos abrir atractiva­
mente, pero cuyas respuestas exigirían
otros ámbitos que el de un articulo.
Pocos temas, sin embargo, más incitan­
tes, más dignos de ser prolongados pinraímente en "mesa yedonda” y con el es­
tímulo de la controversia. Quede aq"&gt;
la sugerencia.
N . de la R. — En el próximo n? de Cabai.ca
se publicará un artículo de José Herrera
f
en el que se comentan algunos conceptos de e
de Guillermo de Torre, y que puede consider
la primera respuesta al mismo. Herrera 1,c re­
conocía el texto de Guillermo de Torre por n
sido publicado en nuestro n? 0 (fuera de ven

�E c a b a lg a ta

CIENCIAS
U

N mundo o ninguno; mutua compren­

sión entre los pueblos, o exterminio;
convivencia, colaboración sobre una base
do derechos iguales, o suicidio en escala
universal; hombres (esto es: seres racio­
nales y por ello capaces de orientar su
conducta según normas de validez general
y de largo alcance), o brutos incapaces de
pensar, de prever, de percibir más allá de
los apetitos más inmediatos, y en conse­
cuencia expuestos, como jamás lovestuvo la
especie, a una extinción total. Tal es el
dilema planteado por este panfleto, llega­
do hace poco a manos de los lectores
sudamericanos. Trátase de un informe al
público sobre el cabal alcance de la bomba
atómica editado por Dexter Masters y Katharinc Way y publicado por la empresa
editorial McGravv-Hill Book Co., Ine. En
él colaboran algunas de las figuras cum*
bres de la ciencia actual. Así la introduc­
ción es de Arthur H. Comton, premio
Nobel de física en 1927 por sus investiga­
ciones sobre los rayos cósmicos y una de
las figuras más destacadas del pensamien­
to humanista de Estados Unidos. Niels
Rolir, premio Nobel de 1922, discípulo de
Rutherford en Cambridge, autor — en
1912— de un modelo atómico destinado
a explicar el mecanismo cnantístico de
la radiación, es el autor del prólogo. El
primer trabajo está firmado por Philip
Morrison, comisionado por el ejército de
Estados Unidos para estudiar sobre las
ruinas de Hiroshima los efectos de la
bomba atómica, y por lo tanto es una de
las pocas personas que han podido ver de
cerca la potencia devastadora de esta nue­
va creación del pensamiento humano. Harlow Shapley, director de uno de los obser­
vatorios astronómicos más importante del
mundo entero, el Harvard College Obnervalory, examina el aspecto de la energía
nuclear desde el punto de vista de la as­
trofísica. Eugene P. Wigner dedica un
breve, pero claro de exposición y lúcido
estudio a las "raíces de la Edad Atómica” ,
en el cual establece la diferencia entre las
reacciones entre moléculas y átomos de la
química ordinaria y los procesos de des­
integración nuclear en que se funda la
bomba atómica. Gale Young examina la
energía nuclear como nna nueva fuente
de potencia mecánica (o de otra índole) y
establece muy oportunas comparaciones
entre las distintas formas de energía y
sus relaciones con la población mundial.
El profesor Oppenheimer trata de la
"nueva arma” desde varios puntos de vis­
ta y llega a la conclusión de que la sola
garantía contra la nueva bomba sólo pue­
de hallarse en el esfuerzo mancomunado de
todos. "Dado que Estados Unidos e In
glaterra se mostraron dispuestos a parti­
cipar en una guerra de demolición en masa
y en raids incendiarios contra centros ci­
viles, y de hecho utilizaron las armas
atómicas contra blancos civiles primordial­
mente, poco válida resulta la esperanza
de que tal uso no vuelva a hacerse en
cualquier gran guerra del futuro.” El jefe
de las fuerzas aéreas de Estados Unidos
dedica un extenso artículo al tema de "las

ARTHUR H. COMPTON

HAROTD C. t’REY

j # § gl

IRVING IANGMÜIR

_ A. H. C o m pton : Es una de las figuras
J de más relieve en los medios universitarios
1 y pedagógicos de Estados Unidos. Sus
investigaciones físicas fueron recompensa­
das con el premio Nobel en 1927. ColaboI ró en los estudios que condujeron al desj cubrimiento de la bomba atómica.

1
I
I
I
|

H. C. U r e y : Premio Nobel de Química
en 1934 por su descubrimiento del isótopo
de hidrógeno denominado deuterio, con el
cual se produce el agua pesada. Trabajó
en la separación del uranio 235 del uranio
ordinario durante los años que precedieron
a la terminación de la guerra. Dicho isótopo de uranio es el material que experi­
menta la fisión en cascada produciendo
raudales de energía como no podían soñar­
se hace unos años.

N iels B o h r : Físico danés conocido uni­
versalmente por sus contribuciones a la
física atómica. Fué laureado con el pre­
mio Nobel en 1922 antes de haber cum
piído los cuarenta años de edad; hacia el
término de la guerra consiguió burlar la
vigilancia de la Gestapo, a la sazón dueña
de su país, y se escapó primero a Suecia
y de allí partió en un avión enviado ex­
profeso para Inglaterra, para unirse a los
sabios que trabajaban en la invención de
la bomba atómica. Su notable modelo ató­
mico, hoy insuficiente para explicar el
comportamiento del complejísimo mecanis
mo que llamamos átomo, ha prestado gran­
des servicios a la ciencia en los años que
siguieron a 1912, fecha en que fué pro­
puesto dicho modelo.

* * * *
Destacado investiga­
dor norteamericano, premio Nobel de Qui
m.'ca ®n 1932, y uno de los muchos palames de la comprensión entre los pueblos
(omo condición imprescindible para una
l&lt;v
Perm'ta a l°s hombres cosechar
i ru*08 de muchos esfuerzos dispersos
os campos más diversos de la ciencia
y de la técnica.
I kving L a n q m u ir :

P ROM K T EOS

A C T U A LES

ONE WORLD OR NONE
Por J O S E
fuerzas aéreas y la edad atómica” y entre
otros aspectos de fundamental interés tan­
to para el militar como para el pueblo
en general, trata del aspecto defensivo
frente a posibles amenazas. “ Contra este
futuro de creciente alcance, velocidad y
capacidad destructiva de las armas em­
pleadas por el poderío aéreo, una protec­
ción adecuada por medios puramente de­
fensivos parece improbable.” "E l cuadro
de la defensa por medios contraofensivos
resulta harto sombrío.” Contra el suicida
optimista y contra el que, por inconscien­
cia o despecho, trata de fomentar o res­
paldar el secreto y el juego de las inti­
midaciones y hasta coacciones, fundadas
en las armas atómicas, de ciertos centros
de intereses, parece estar escrito el tra­
bajo de Louis N. Ridenour, experto en
radar del Instituto de Tecnología de Massachusetts. El título es simplemente
Diere Is No Defense (N o hay defen­
sa). E. U. Condon, asesor científico del
comité atómico del Senado y- hombre de
ciencia de fama universal, pone de relieve
los peligros de la nueva forma de energía
y la imposibilidad de prevenirse contra
ella en sus modalidades menos ostensibles
— sabotaje, etc.—■, como no sea a partir
de una franca y leal colaboración entre
todos los estados. "Dentro del volumen
de una pequeña sandía se halla almace­
nada una energía superior a la de 20.000
toneladas de altos explosivos del viejo ti­
po.” El jefe del departamento de física
del Instituto Carnegv de Tecnología, Frederick Scitz, y Hans Bethe, físico refu-

O TERO E S P X S X X D L X

giado alemán, ex profesor de la Universi­
dad de Tubingia, se preguntan cuán cerca
se halla el peligro. Entre otras cosas in­
sisten en el hecho de que son muchos los
países capacitados hoy día para producir
bombas atómicas tanto o más mortíferas
que las fabricadas en Estados Unidos; es
necio, según ellos, fiarse de una supuesta
superioridad industrial y técnica para de­
morar la única solución efectiva del pro­
blema de la seguridad total, pues el día
menos pensado países como Suecia, Suiza,
Inglaterra, y no se diga Rusia, pueden es­
tar en condiciones de utilizar armas de
terrible eficacia contra cualquier adver­
sario. "L a existencia de tales bombas
puede ejercer efectos inhibitorios en el
sentido de que el enemigo tal vez temiera
las represalias. Sin embargo, si la historia
nos ofrece alguna lección, ella es que el
temor a las represalias jamás evitó guerra
alguna en que las probabilidades de una
victoria rápida son tan grandes cual se­
rían las de un adversario decidido a atacar
rápidamente y de lleno con bombas ató­
micas.” Irving Langmuir, premio Nobel
de química en 1932 y "uno de los hombres
de ciencia norteamericanos más distingui­
dos en el campo industrial” , trata de una
carrera de armas atómicas y de sus alter­
nativas. Por haber asistido al 22Ó ani­
versario de la fundación de la Academia
de Ciencias rusa y haber compulsado la
opinión de los sabios rusos y su capacidad
en muy diversos terrenos, sus opiniones
tienen un especial valor en este caso.
"Si la carrera de los armamentos prosi-

gue, Rusia puede producir bombas atómi­
cas dentro de un plazo de tres años.”
Este trabajo es altamente aleccionador,
sobre todo para quienes, por inercia men­
tal, por cuquería o por una dosis excesiva
de candidez, no se han podido colocar en
otros puntos de vista que el suyo propio
o cuando más en el de sus castas gober­
nantes. El descubridor del hidrógeno pe­
sado — por cuya hazaña recibió el galar­
dón del premio Nobel en 1934— , profesor
Harold C. Urey, adopta una actitud pa­
recida a la precedente, y advierte al lec­
tor: "Otra guerra se diferenciaría de la
pasada en el mismo grado en que un auto­
móvil moderno se diferencia del modelo
T Ford, o tal vez un caballo de un vagón
de ferrocarril. Otra guerra tendría tal
éxito desde el punto de vista destructivo
que poco de los fundamentos físicos y
humanos de nuestra civilización quedaría
en pie.”
La segunda parte del libro que nos ocu­
pa trata de cómo la amenaza de las ar­
mas atómicas puede ser eliminada. El
físico Leo Szilard trata de responder al
interrogante: ¿Se puede evitar una ca­
rrera armamentista mediante un siste­
ma de inspección? Del control de la ener­
gía atómica ocúpase el publicista norte­
americano Walter Lippmann en un largo
artículo en el cual hace una revisión del
problema de la seguridad colectiva. Albert
Einstéí.U titula su breve trabajo The Way
Out, la salida (como si dijéramos) de este
callejón en que ha colocado a la humani­
dad el descubrimiento de la bomba ntó-

m
■m

VIDA

Pedro Kapitza es uno de los precurso­
res de la física atómica de nuestros
días. El fué el primero en diseñar y
proponer máquinas eléctricas de alto
potencial para atacar y desintegrar los
núcleos atómicos mientras trabajaba
en el célebre laboratorio Cavendish,
de la Universidad de Cambridge. Tras­
ladado a Rusia, su país de origen, ha
proseguido sus experimentos y hoy f i ­
gura entre las figuras cumbres de los
hombres de ciencia de todo el mundo.
Según datos recientes se halla al frente
de una de las instituciones de investi­
gación electrónica m ejor equipada del
mundo y es objeto de una estimación
por parte del pueblo soviético y de sus
gobernantes como disfrutan muy pocos
sabios en los demás países.

H o rm ig as G an ad eras
de siglos antes de que el
hombre cayese en la cuenta de la
conveniencia de domesticar ciertos anima­
les para utilizar su fuerza de trabajo, su
carne, su lana, su leche y sus dotes ins­
tintivas, ya las hormigas conocían a la
perfección un buen número de principios
de la ganadería en gran escala.
Pero nadie escarmienta en cabeza a je ­
na ; y así los humanos no aprendieron de
las hormigas a servirse de sus inferiores
en inteligencia — y superiores en otros
respectos— por cuanto es de fecha re­
ciente el descubrimiento de que las mis­
mas — m ejor dicho, un cierto número de
especies mirmetinas— consagran una aten­
ción singularísima al cuidado de sus re­

M

illo n e s

baños.
L a hazaña de las hormigas es tanto más
admirable cuanto que sus animales domés­
ticos tienen una biología muy compleja
sí se la compara con la del perro, la del
caballo, la vaca, etc

Por otra parte, existe un creciente anta-,
gonismo entre las hormigas y los hom­
bres en este orden de cosas, pues sus
rebaños figuran entre los peores enemi­
gos de ciertos cultivos especialmente im­
portantes para nuestra prosperidad, y
mientras el agricultor trata por todos los
medios a su alcance de exterminarlo^, las
hormigas hacen cuanto pueden para mul­
tiplicar el número de cabezas de los re­
baños en cuestión.
Pero lo dicho es sólo un botón de mues­
tra, como tendrán oportunidad de ver
nuestros lectores en otras ocasiones.

D uerm e todo el Invierno
sin haber comido
fenómeno biológico bien conocido y
bastante común es el letargo invernal
de ciertos animales: reptiles, roedores, etc.
Durante el verano hacen acopio de g ra ­
sas y a expensas de ellas, por un proceso
de autofagia, viven durante los meses in-

U

n

Si bien el genio puede esconderse bajo
apariencias muy simples, en este caso
se nos presenta sin el menor asomo
de ambigüedad. Revuelto cabello, am­
plia frente, mirada decidida y profun­
da al mismo tiempo, delatan el talento
y la pasión de este joven investigador,
recientemente fallecido, a quien debe
la televisión esos triunfos sin los cua­
les no se hubiera incorporado a la vida
moderna como realidad y como pro­
mesa. John Logie Baird ocupó (y ocu­
pará) un destacado lugar en la lista
— cada día más vasta— de los hombres
de ciencia que están alterando en gran
medida las bases materiales del mundo
presente.

vernales en un estado de sueño o de mo­
dorra; sus funciones están entonces redu­
cidas al mínimo para no desperdiciar ca­
lorías.
Pero hay una curiosa excepción: un
insecto, y más concretamente, una frágil
mariposa del grupo de las fritilarias, no
bien sale del huevo en forma de larva
diminuta en el otoño, busca un refugio,
como primera medida, para echarse a
dormir hasta la siguiente primavera. Esa
voracidad característica de la inmensa
mayoría de las larvas no bien nacen es
aplazada por éstas hasta después del in
vierno que es cuando la criatura despier­
ta a la caricia primaveral. Entonces, y
sólo entonces, procura desquitarse de un
ayuno de meses, y una vez que se ha
hartado hasta más no poder, esta larva
segrega su capullo, para dentro de él,
metamorfosearse en mariposa diminuta,
de color anaranjado por encima y pla­
teado por debajo. A finales del verano
nuestra mariposa pone sus huevecillos de
los que nacerán durante, el otoño las lar
vas hijas. Estas, al igual que su madre,
no probarán retoño ni hoja alguna, sino
que buscarán un lugar donde cobijarse
y esperar la llegada de las vacas gordas
en apacible letargo.
Pero si bien el hecho es sorprendente,
el lector debe pensar que en el vasto mun­
do de los insectos, cuyo número de espe­
cies clasificadas supera en mucho al
medio millón, nada puede en rigor consi­
derarse extraño. Por el contrario, aquí
encuentran confirmación los más extraños
delirios de la humana fantasía.

mica. Y por fin, la Federation af Ameri­
can (A tom ic) Scientists, cierra el panfleto
con una notable declaración titulada Survival is at Stalce (L a supervivencia so
halla en juego). El comentario de este
trabajo nos llevarla lejos, pero no pode­
mos menos de extractar para los lectores
de este resumen algunos de sus conceptos.
" Las naciones pueden tener energía ató­
mica y mucho más, pero no en un mundo
donde la guerra puede repetirse." "Nos­
otros estamos comprometidos, no menos por
las declaraciones de nuestros dirigentes
que por la existencia de la planta de Oak
Ridge, a tomar la iniciativa en el estudio
de medidas para el control de la energía
nuclear. Ningún programa es sólido a me­
nos que reconozca los especiales deberes
de los Estados Unidos, a menos que repose
sobre el principio de que nuestra sagaci­
dad y nuestra paciencia en este orden de
cosas deben ser superiores a las de otras
naciones. Las bombas llevan la marca
“ Made in the Ü.S.A.". Ningún programa
tendiente a solucionar el problema habrá
reconocido la verdadera naturaleza de éste
si no contiene medidas para ser tomadas
inmediatamente. No hay mucho tiempo."
" E l problema es de hombres vivientes y
de fenómenos en proceso de desarrollo."
"Aseguraos de que vuestros senadores y
diputados saben que estáis advertidos de
la gravedad sin precedentes del problema.”
"Ahora que habéis leído este libro, discu­
tidlo con vuestros amigos, no lo dejéis de
lado. Una decisión de gran alcance de­
pende de lo bien que vosotros y vuestros
electos representantes comprendáis los he­
chos y propuestas contenidos en estas pá­
ginas y actuéis de acuerdo con ellos.”
Este libro, que nadie debiera dejar de
leer, nos presenta el mejor ejemplo y
también el más patético, de cómo una
nueva conciencia pugna por abrirse paso
al través de la costra de los intereses
creados, de las solapadas ambiciones im
penalistas, de los prejuicios y los ren­
cores e incomprensiones de un mundo en
agonia. La ciencia se niega a ser ciego
instrumento en manos de quienes ponen sus
intereses por encima del único hito compa­
tible con las condiciones del momento: el
bienestar y la seguridad de la humanidad
como un todo. Aunque sólo fuera por esto
One W orld or N one merece una al­
borozada bienvenida y una rápida traduc­
ción al castellano.

J. R. Oppenheimer figura entre los
más afamados teóricos de la física ac­
tual. Fué profesor de física teórica en
la Universidad de California antes de
la guerra, tuvo a su cargo durante ella
una de las tareas de más responsabi­
lidad en los trabajos que condujeron
a la invención de la bomba atómica y
en la actualidad es uno de los asesores
del Senado de Estados Unidos. En su
opinión, contrariamente a lo que pien­
san muchos elementos más o menos
irresponsables de su país, las armas ató­
micas han debilitado más que fortale­
cido la posición m ilitar de Estados Uni­
dos ante la eventualidad de un segundo
conflicto mundial en atención a su
concentración urbana y a la de sus
principales industrias. De contar los
japoneses con bombas atómicas cuando
planearon su ataque por sorpresa en di­
ciembre de 1941, hubieran podido po­
ner al T ío Sam fuera de combate para
siempre. Oppenheimer cuenta fen la
actualidad 41 años solamente.

Con anterioridad al descubrimiento de la
aplicación bélica de la energía nuclear, ya
algunos previsores hombres de ciencia ar­
gentinos habían escudriñado con amplitud
y competencia el vasto suelo del país en
busca de minerales de radio y demás ele­
mentos radiactivos, como prueban estas
fotografías (al igual que la de pechblenda,
impresionadas por las radiaciones surgi­
das del objeto), hechas por el Dr. L. R.
Catalano y publicadas en su libro Los
Radioelementos y la constitución atómico
corpuscular de la materia y energía. Es
tos minerales proceden de Cerro Blanco
y de la mina "Vidal del Rey” , Sierra de
los Comechingones.

La "vil materia” de nuestros idealistas
pasados y presentes está asombrando al
inundo entero con sus misterios y prodi­
gios. Este trozo do pechblenda arrancado
de las entrañas de la roca en las vecinda­
des del lago Hurón, en el norte helado
del Canadá, no ha necesitado de los rayos
solares para marcar sus caracteres en la
placa fotográfica: en su propio seno es­
tallan los átomos de radio y de uranio con
intensos fogonazos -—emisión de radia­
ciones, principalmente rayos y— , que son
los que actúan sobre las sales de la placa

y la impresionan. ¿Quién osa llamar "vil"
a estos laberintos en que palpitan torren
tes de energía y haces de extraños res
plandores? Las minas canadienses de Ra­
dio City, recientemente sustraídas a sus
primitivos propietarios por el estado, son
hoy por hoy, algo así como una espada
de Damocles pendiente sobre las cabezas
de todos nosotros.
Jamás el oro y la plata fueron tan
codiciados como los elementos aprisio­
nados en el corazón de rocas como
ésta.

�cab a lgata ©

wm

mWS

de la ciudad ...
n modas, en expresiones de arte, en fin,
r

%

en novedades para la inquietud porteña, Galerías
PACIFICO serán una manifestación real deL pulso
de la ciudad.
Así lo han comprendido las numerosas firmas co­
merciales de categoría que han dispuesto abrir sus
puertas al público dentro del suntuoso palacio ar­
quitectónico que constituye las Galerías PACIFICO.

FLORIDA - CORDOBA - SAN MARTIN - VI AMONTE

L

i

�DANZA

©cabalgata

NATURALEZA
DE LA D A N Z A
ABORIGEN
Por OSCAR ( C tiR U O

N el origen fué la danza.
El gesto es el trasunto de las p ri­
meras emociones del hombre primitivo.
E l gesto precede al grito, precede a la
palabra. Y es anterior al lenguaje mu­
sical, a la melodía.
Insertado en el gesto estaba va el
ritmo, V el primer paso que da el hom­
bre en el mundo, sus primeros asom­
bros, sus emociones iniciales — tristeza
o alegría— , contienen ya a la danza.
En ella se exteriorizan los sentimientos
del hombre inaugural. Pero como nin­
gún sentimiento lo es de un modo pleno
si no es compartido, el hombre comuni­
ca sus emociones a otros hombres, los
hace partícipes de ellas, y así el ritmo
se contagia a los demás, y nace.la danza
colectiva, la emoción social.
El hombre descubre en la danza p o­
deres mágicos. La danza uniforma sus
movimientos, luego sus anhelos, más
tarde sus acciones. Es un lenguaje más
profundo que la palabra, abarca zonas
más remotas del ser y de la existencia.
Eleva a la victoria, lleva a la religión,
lleva al drama, lleva al descubrimiento
de_las cosas y del mundo.
Brota el manantial* de la música.
"L a danza es un arte emotivo, can­
tante. Cuando se dice de un cuerpo hu­
mano que «can ta», tomo esta expresión
en su sentido real y no m etafórico” ,
dice Serge Lifar.
El cuerpo inventa, pues, a la melo­
día. Y conduce a todas las artes, p o r­
que el origen del arte es la danza.
Con un pie en la realidad, el bailarín
inicia Un salto en el ámbito de la
poesía. Sus movimientos se apartan de
ios que prescriben la costumbre, el uso
diario, el acto utilitario; ingresan en

otro mundo en el que gobiernan el sím­
bolo, la im agen: en el dominio oculto
del espíritu.

• • •

E l sello que distingue a las danzas
de los pobladores del Altiplano, es su
naturaleza social. La danza aborigen
no sólo es siempre colectiva, sino que
expresa sentimientos comunes a un gru­
po o a una multitud. No sólo partici­
pan de ella muchedumbres, sino que las
ideas que contienen las figuras de la
danza, sus alusiones simbólicas, sus
alegorías, son siempre ideas extensivas,
comuniones públicas. E l virtuoso no
está ausente en la coreografía aymara,
pero actúa siempre en función de la
comparsa; no es sino un elemento dis­
locado de la comunidad. Los diablos,
las diablesas, los kusillos, o los kallas,
giran como derviches, saltan, gesticu­
lan, provocan con sus cabriolas la risa
de los espectadores, discurren con una
apariencia de libertad fuera del círculo
de la danza, pero están atados a ella:
más que a la melodía al movimiento, al
ritmo del conjunto.
Las danzas nacionales de los pobla­
dores del Kollasuyo, o fueron religio­
sas y unieron al pueblo en los Raymis
y los jubileos solares; o fueron gue­
rreras y lo convocaron en una marcial
expresión de su animosidad y su co­
raje; o fueron agrarias y tradujeron
sus regocijos y sufe decepciones, ilus­
traron sus afanes, remontaron su es­
peranza en las invocaciones a los Apus
de la tierra.
La aventura y el trabajo, las efemé­
rides y la empresa eran danzados por
el kolla. Más tarde llegaron el dolor y
la larga servidumbre, con la Conquista,

y a los puros elementos de la danza
aborigen, al talco, se agregaron los ele­
mentos foráneos, y de la fusión hispanoineaica nacieron otras expresiones:
las alusivas, sátira y befa de las ins­
tituciones, costumbres y cortesanía de
los españoles: chascos, h aacatolcoris,
I hit ¡caballos, palla pallas, anquiam/uis,
y las mestizas: tratripuló * , sicaris, carlnianis, en las que infunden sus módu­
los las danzas populares importadas de
la Península. La Colonia trajo, a su
vez, al aluvión negro, y aunque en las
altas mesetas el tráfico de color fué
escaso, inyectó su sello a la zarabanda
común y brotaron las pantomimas de
t an/liquis, de mareaos, de sayatolcoris.
La impronta de la tierra continuó
privando, empero, en rodas ellas. N i
siquiera un acontecimiento de proyec­
ciones tan vastas en el espíritu del
hombre primario americano, como la
extensión de los dominios del cristia­
nismo a su ámbito vital, logra m odifi­
car la estructura íntima de su concep­
ción religiosa, de su metafísica, de sus
mitos. La adoración de Huirakoclia, de
la Pachamama, del In ti y de los Apus
representativos, continúa bajo la su­
perficie del rito cristiano. Huiiakocha
sigue siendo, para el kolla, el fundador
del mundo, el creador de la tierra, del
cielo y de sus astros, y del hombre. La
Pachamama, la madre tierra, seno nu­
tricio del que todo parte y hacia el que
todo vuelve. Y el Inti, el sol, fuente de
vida, energía fecundadora, padre del
bienestar y la alegría. Los Apus, más
inmediatos al hombre, son los antepa­
sados totémicos, encarnados en la mon­
taña, en el río, en el lago o la colina, en

los animales de la comarca, pumas,
cóndores, vicuñas; son los denominado­
res regionales, los modeladores de la
psique india, de su personalidad local.
No es ésta, como resulta fácil advertir,
una religión elemental, panteísta o totémica, sino una religión superior, pro­
ducto de una conciencia activa, fruto
de una cultura elaborada.
No era obra fácil suplantarla. No lo
consiguieron del todo las reducciones
católicas. Bajo la corteza adoptada, si­
guió alentando el viejo credo. Y las
danzas continuaron reflejándolo. (Como
la arquitectura de los templos católicos
construidos en la Colonia no pudo evi­
tar que el alarife indio perpetuara en
sus fachadas los símbolos de su propia
fe.)

Todavía se baila en el Altiplano la
danza del Inti, al que uno de los baila­
rines representa llevando sobre la ca­
beza una pesada máscara de yeso, con
incrustaciones de oro y piedras precio­
sas. Los coros de Carhuanis y huarikaris simulan en su coreografía los
sacrificios sagrados a la Pachamama.
Y la de los kollahuiplialas, que enarbo­
lan el estandarte del Kollao, es la danza
emblemática de la nación agraria, cuya
célula es el ayllu, piedra angular de
la comunidad, a la que rige el Inca,
delegación de Huirakocha.

* • •
A las danzas específicas de grupo,
y a la música de esa danzas, hay que
agregar el baile y la música de los
bailes generales, las danzas que todo
el pueblo neoindio baila en sus celebra­
ciones públicas y privadas. E l huayño,
la Lacinia, el kaluyo, la cacharpaya, el

pasacalle, el bailecito, son las danzas ci­
viles. Con excepción de la kacliua, que
suele agrupar a los miembros de toda
la comunidad, del ayllu, las demás se
bailan en los festivales íntimos. Las dos
últimas son mestizas, poblanas. Pero la
hachan, el kaluyo y la cacharpaya se
remontan a los lejanos días imperiales.
La cacharpaya es el baile de las des­
pedidas, y en las notas de su música se
libera esa angustia del infinito que la
vasta puna inclemente o la negra mu­
ralla de picachos pétreos hacen fermen­
tar en las almas de los habitantes del
Ande.
El ritmo desenvuelto del kaluyo in­
funde optimismo al caminante, lo ayu­
da a cubrir las largas distancias del
Altiplano, a salvar las cordilleras y los
valles, y a sobrellevar las nostalgias de
la ausencia. Las notas de su melodía
chisporrotean cordialmente, al sol de
los caminos o a la luz de las pascanas,
y comunican su agilidad a las piernas
y su embriaguez al corazón.
La kachua denuncia un contenido
sexual, aunque sus figuras sean sobrias,
como es, en general, la vida misma del
indio. Pero su sentido es todavía más
profundo, y flu ye más cristalino cuan­
do la danza es bailada por una porción
humana numerosa. Entonces se ad­
vierte claramente su lenguaje cósmico.

En el centro se mueve una pareja de
bailarines que representan al Sol y a
la Luna, y en tomo, círculos concén­
tricos de hombres y mujeres, círculos
cada vez más amplios, que repiten en
sus movimientos el ritmo de las cons­
telaciones y de los astros. Es una in­
terpretación del mundo estelar.
Insertado en todos estos bailes late el
ritmo jugoso y alegre del huayño, como
una vena de agua límpida que recoge
a su paso las destilaciones confortan­
tes de la tierra. E l huayño es la voz
musical de la tierra. Se transmite a las
plantas del hombre, como una savia v i­
tal, y sube por su piel y su sangre,
volcando en ellas su acento jocundo, su
sana exaltación de la vida. Y el indio
baila reconcentrado pero animoso, y
las muchachas hacen girar sus faldas
rojas, verdes, azules, plantas rotantes
de la naturaleza, flores de grandes
corolas invertidas.
"E l huayño fué el compañero inse­
parable del indio en todas sus trage­
dias, dice Uriel García. Acogido a su
ternura, como al jugo de su coca, el
indio soportó todas las servidumbres,
todos los dolores del mitayo y del ya­
nacona. O acrecentado de voluntad por
superarse, a pesar de su servidumbre,
avanzó en afán creador hacia su nue­
vo destino, y fué artista, pensador, hé­

roe, como Gai£Üaso&gt; Lunarejo, Tupac
Amará, Uscamai$a&gt; Catari.”

•

•

En el origen fué la (i:lnza- madre de
todas las artes americanas: de su mú­
sica, de su escultura, de su pintura,
de su arquitectura, de su poesía. H ija
directa de la naturaleza americana,
ha continuado ejerciendo el magisterio
de la tierra. Y cualquier arte que as­
pire a enraizarse y no a erradicarse,
que aspire a lo profundo y no a lo
aéreo, ha de buscar su gleba para hin­
car sus fundamentos en ella.
No sólo los grandes ballets ameri­
canos hallarán en la danza nativa, en
ferias y celebraciones, en la placita al­
deana y en la chichería, los símbolos y
las imágenes que han de desarrollar en
su plástica ya depurada, sino que la
poesía, la música, la escultura, el en­
sayo han de encontrar en ella no un
simple tema de glosa, no un asunto ni
un episodio, complementos del paisaje,
sino la substancia misma de su propio
lenguaje: su dinamicidad y su por­
venir.
En la danza aymara, como en las de­
más de América, en su fuego perspicuo,
arde la magia de los avatares del alma
popular, combustión creadora del es­
píritu, llama de toda poesía.

�Tres aspectos de la Casa Koosis del arquitecto Rafael S. Soriano•
esmaltes. Las formas puras que utiliza
llevan impreso además el calor de su
mano de escultor y en oportunidades
dejan resaltar por sí mismas, la calidad
de la materia en que están hechas. Son
objetos humanos, objetos vivos que tie­
nen la misma nobleza de las viejas
cerámicas y cuando están barnizadas,
casi siempre el brillo del barniz no hace
sino aumentar el lujo de estas piezas
realmente vivientes. Ellas se adaptan
por contraste a las formas más ivuévas
de nuestros muer-íes Actuales y -un ana
¡lidn : ,! ¡.subiente en don ib están co'■ca das. Realizadas por un artista como
Fontana, lejos por lo tanto de la co­
pia servil de la vieja cerámica, con ins­
piración propia y propio color, son un

LOS OBJETOS
DE CERAMICA
DE LUCIO FONTANA
del adorno del vestido y del
cuerpo humano, tuvo una extraor­
dinaria importancia en todos los tiem­
pos el adorno de la casa. La cerámica,
así como los objetos esculpidos, tuvie­
ron en todos los tiempos una extraor­
dinaria aceptación para contribuir a la
decoración de interiores. En nuestra
época vuelve a ser importante la con­
tribución de los artistas en el desarro­
llo de la cerámica. Grandes escultores
y pintores contemporáneos han realizuaparte

Va-o antiguo.

"Combate indio'’.

do, ya de acuerdo con artesanos de la
cerámica o ellos mismos, valiosas pie­
zas, que han contribuido a m odificar
las formas y los colores de los objetos
de cerámica, o a resucitar las formas
antiguas y procedimientos pasados, pa­
ra darles una actualidad. La cerámica
esmaltada tiene un propulsor extraor­
dinario en la Argentina en Lucio F on ­
tana, el escultor rosarino que desde
hace años viene creando por este p ro ­
cedimiento pequeños objetos de arte
esmaltados que tienen toda la frescura
y la gracia de la espontaneidad y el
juego.
Actualmente la cerámica se utiliza
para . el adorno de una manera más
moderada y reconociéndole a cada pie­
za un valor mayor que, por ejemplo, en
los siglos x viii y xix. Y a no se llenan
los salones, las habitaciones particula­
res o los comedores de neceseres, bom­
boneras, esencieros, etc., que recarga­
ban las cómodas y las mesitas hasta
los primeros años de nuestro siglo,
destinados por otra parte, a los más
variados usos. N o se cuelgan de las
paredes esa cantidad extraordinaria de
platos o fuentes de viejas cerámicas
que en muchos casos constituían, con
los objetos de cobre y de bronce, el
único adorno interior. En el siglo x viii
tuvieron importancia las cajitas que
encerraban perfumes, tabaco o bombo­
nes. realizadas en cerámica, así como
en los más diversos procedimientos, im ­
pulsando al mismo tiempo que el arte
que nos ocupa, el de la orfebrería.
Eran, por lo tanto, adornos prácticos,
objetos que se utilizaban, la mayor par­
te de los realizados entonces o repro­
ducción de viejas formas ya consagra­
das con los colores y dibujos que les
eran propios. En la actualidad la ce­
rámica no persigue otra función que la
de decorar. En este sentido están eje­
cutadas Jas de Lucio Fontana y es un
ejem plo el Vaso antiguo que reproduci­
mos con esta noticia. Recuerdan las fo r ­
mas de estas pequeñas esculturas de
Lucio Fontana, algunas formas del si­
glo x viii por la lujosa gracia con que
están ejecutadas y por el brillo de sus

aporte curioso al movimiento actual de
la cerámica de esta república.
Juan Zocchi acaba de dedicar una
m onografía publicada por la Editorial
Poseidón a este escultor argentino. En
ella dice: "Dentro del confín clásico con
el espacio en que encierra, no: en que
deja en libertad las imágenes. Fontana
tiene dos modos principales de mode­
la r. Uno es espontáneo y librado de
intento ai a za r— coíi'.o I. é», ¡
•-’ nlo,
el de
juegos úe la monocopia y ú
algunas técnicas del aguafuerte, no la
di Rembrandt, por supuesto. Y aquí,
en esta superficie rugosa form ada por
huecos y rebabas de la materia, es don­
de tiene su antecedente en el escultor
del siglo pasado Giuseppe Grandi.
í'ontana utiliza esa técnica casi exclu­

sivamente en la cerámica y de ésta
sobre todo en la esmaltada. Con el otro
modo trata por lo común la escultura.
A lisa el barro friccionándolo con largos
pases de la mano y deja en la materia
algo como la vibración de un ritmo
de artesanía que corre por toda la su­
perficie y da a la masa un interior de
densidad y sangre palpitante.”
Lucio Fontana, como hemos dicho
otes, como grandes artistas europeos
„.
"o
'cü:'. pues, en contribuir
eon su arte oe escultor
unpuiso ue
este maravilloso arte secuisdario que es
la cerámica, que tanta importancia tuvo
en todos los tiempos y que en la actua­
lidad ocupa un digno lugar como siem­
pre en la belleza de la decoración.—
Bonaval.

RENACIMIENTO
1)E LA T A P I C E R I A
NO de los elementos de decoración
más importante en la Edad M e­
dia, fu é la tapicería. E lla sirvió casi
como adorno único de los salones de
los castillos y de las catedrales e igle­
sias de esa época y los tapices servían
para ser colgados, para colocar en el
suelo o para ser exhibidos desde los
balcones o en las gradas en los festejos.
Alcanzó este arte un gran desarrollo
como industria de lujo entonces, y cen­
tros industriales de aquella época fu e­
ron Francia y Holanda. Fué famosa la
colección de tapices de Bayeux reali­
zados por distinguidas damas de la
época, y en el siglo x v se distinguió, so­
bre todo, la famosa fábrica de los Gobelinos, a quien se atribuye los más
acabados tapices y más bellos de todas
las épocas sólo superados p or el éxito
alcanzado p o r los tapices de Holanda.
Grandes pintores contribuyeron de una
manera extraordinaria con sus dibujos
al enaltecimiento de esta industria.
R afael envió desde Ita lia sus dibujos a
Flandes para que allí sirvieran de mo­
delo y hasta finales del siglo x v iii los
más grandes pintores contribuyeron al
desarrollo de esta industria, hasta el
punto que en el siglo x v ii la afición por
la tapicería hizo que todos los sobera­
nos europeos, en general, procurasen
tener colecciones de ellos en sus resi­
dencias, disputándose entre sí el orgu­
llo de tener en sus colecciones los más
lujosos y bellos tapices. Yelázquez rea­
lizó el obrador de la fábrica de Madrid,
y fábricas como la madrileña se hicie­
ron en distintos puntos de Alemania y
de Austria, tratando todas ellas de
igualar si no de superar la famosa y
antigua industria francesa. Von Boehn
dice que en el año 1660, al reunirse
las cortes española y francesa en Bidasoa, en la isla de los Faisanes, se cons­
truyó un edificio de madera que fué
convertido en palacio p or los tapices
llevados p o r los monarcas de España y
Francia, habiendo sido encargado el de­
corado que correspondía a España, la
mitad, a Yelázquez. Actualmente se
conservan grandes colecciones de estos
tapices. En Flandes, pintores como
Rubens, como Teniers, etc., contribuye­
ron de una manera extraordinaria a la
calidad plástica de esta industria, y
en España el gran pintor que más car­
tones hizo para tapices fué Goya, entre
mediados y finales del siglo x v iii, que
había aprendido el oficio de su suegro
Bayeu. Esta industria sufrió, a p artir
del siglo x v iii, una notable decadencia,

U

pudiendo asegurarse que fué casi nula
en el siglo x ix , donde tomó simplemente
un carácter industrial que le hacía a je ­
na a la gran época pasada y alejada
del arte por la banalidad de los asuntos
y el poco esplendor de las ejecuciones.
Pero en Francia, la patria de los más
viejos tapices que se conservan, los que
recuerdan la invasión de los norman­
dos, un núcleo de pintores hizo renacer
el viejo esplendor de la tapicería. En
1900 artistas como Bonnard y M aillol
realizan pequeños panneaux que co­
mienzan a desarrollar un nuevo gusto
por este arte casi abandonado, y más
tarde Dufresne y D u fy, aproxim ada­
mente p o r 1920, realizan cartones para
ser bordados con la técnica del ta p iz; y
ya más tarde, p or encargo de Madame
Cuttoli. Picasso. Matisse, Rouault, D e­
rain, Lurcat, M iró, etc., hacen nuevos
cartones que entusiasman a los colec­
cionistas por la novedad del dibujo y
el lujo de los tonos y de la ejecución.
Los obreros de Aubusson consiguen es­
pléndidas virtuosidades en el tapiz.
Pero el pintor que más se destacó en
este renacimiento de la tapicería fué
Jean Lur$at, que en 1915, consigue ha­
cer realizar su prim er gran "m ural” ,
impulsando esta labor al terminar la
primera gran guerra y haciendo ensayos
con diversos puntos de bordado, u tili­
zando los talleres de Aubusson, hasta
que en 1936, se pone en contacto con
Guillaume Janneau, director del Museo
Nacional de los Gobelinos, analizando
con él los diversos problemas que plan­
tea la tapicería. Se incorpora a estos
trabajos otro gran pintor, M arcel Gromairej que participa de las mismas
ideas políticas avanzadas de Lur?at y
que desea, como él, realizar un arte
en el que participen artesanos y donde
el pintor esté incorporado a una fu n ­
ción social concreta de acuerdo con
nuestra época. E llos animan a otros
pintores de la escuela de P arís a p a r­
ticipar de este movimiento y a dar
nuevas soluciones a los problemas plan­
teados por la tapicería. Escriben ar­
tículos, folletos y monografías que es­
tudian estos distintos problemas y
plantean sus teorías con un ardor ex­
traordinario. Consiguiendo en el tra ­
bajo práctico una extraordinaria can­
tidad de matices que enriquecen la
paleta de hilos de los talleres. E l Esta­
do francés coatribuye especialmente al
desarrollo de esta industria, y en Esta­
dos Unidos, marchands y grandes co­
leccionistas la apoyaron económicamen­

.

te comprando parte de esta obra
nueva industria. Los temas son en
gunos casos recogidos de trozos -i
poemas de poetas contemporáneos, ó
Lur§at realiza tapices sobre te m ;
A ragón y de Eluard. Todos estos pin­
tores, grandes pintores, convierten de
nuevo la tapicería en un arte indepen­
diente con razón propia de existencia
y nace una bibliografía sobre este arte
en estos últimos años, a la que contri­
buyen también los pintores, que 'es di
una extraordinaria utilidad para el es
tudio de esta industria. A Lur?at, Grc
maire, D u fy, sobre todo, debe Francia
este impulso de un arte que tuvo su
más alto desarrollo en la antigüedad en
ese mismo país y la vieja tradición de
los Gobelinos la continúan las manos
hábiles en el tejer de los obreros arte­
sanos de Aubusson . — Bonaval.

Tapiz por Jean Lurfal.

Tapiz por Gromaire.

�ARTE
TRES PINTORES ECUATORIANOS
por ^Jorge Romero Brest
i alguna vez hemos de llegar a sen­
tir los americanos la alegría de ser
consecuentes con nosotros mismos, ocu­
rrirá cuando dejemos de traicionarnos y
mutuamente nos integremos para cons­
truir la realidad del continente. La per­
sonalidad de América, y el cumplimien­
to de su destino espiritual por tanto,
no se afirmará solamente por el des­
arrollo de cada país en profundidad y
por la suma de esfuerzos aislados, sino
por el desarrollo de la cultura en ex­
tensión e integración. P o r eso, cuando
se tiene conciencia de que es urgente
comprender todo cuanto se hace en los
países hermanos, cuando se comprende
que en la estimación de un ideal polí­
tico, de una reestructuración social, de
una tendencia artística, surgido en al­
guno de ellos, intervienen factores
existenciales que escapan a la mera
consideración de lo novedoso, la tarea
de juzgar se torna pesada y riesgosa.
Cuanto más en el caso de estos tres
pintores ecuatorianos que acaban de ex­
poner en el Salón Peuser, presentes
con sus últimas obras, a través de las
cuales apenas es posible ntisbar lo que
ha constituido, como elaboración nacio­
nal e individual, el trasfondo social
que las justifica y les da sentido.
A diferencia de lo que sucede en los
países del extremo sur del continente,
donde los núcleos indígenas han sido
y son impotentes para crear formas
artísticas valiosas, en Ecuador consti­
tuyen la fuente histórica y actual de
su cultura, de modo que no es extraño
que los tres expositores cultiven un
arte indigenista ( ' ) . Las maneras de
hacerlo son diferentes; por lo menos se
advierten dos tendencias bien marca­
das, como en casi todos los países de
América, que responden a concepcio­
nes diversas del mundo y de la v id a :
la folklórica y la expresionista. Si los
folkloristas quieren reproducir ciertas
formas vitales exteriores, aprovechando
los elementos pintorescos que la reali­
dad de algunas capas sociales presenta
y subordinando la liviana expresión
plástica a los contenidos periodísticos,
los que se aferran auténticamente al
hombre y la tierra quieren construir
la realidad, sin lazos con el pasado
que los subyuguen ni con el presente
que los desvíen, dispuestos a desen­
trañar la parcela de humanidad absolu- '
ta que encierra aquélla y a transfor­
marla en pura expresión espiritual. Si
la pintura de los primeros suele ser
fácil y sonriente, a tal punto se des­
carga la tragedia del pueblo trabaja­
dor de su substancia anímica en ella,
la de los segundos es plenamente dra­
mática, por lo menos en América, con­
tinente todavía bárbaro donde todo se
resuelve en violencias y pasiones des­
encauzadas. Si unos inciden er. el es­
trato sensible y senEmerts' v'
.
sonalidad humana, naciendo q i s . formas trasciendan en emociones de su­
perficie, los otros calan más hondo y
plantean inevitables problemas de exis­
tencia. Si para muchos el problema de
la creación se reduce a la observación
y ejecución, y a poner en ella cuando
más los recursos que proporciona la in­
tuición sensible, para los menos se
presenta como una necesidad de elabo­
ración conceptual, en la que interviene,
además de aquéllos, la sed de expresar
con imágenes el ideal que han sabido
fo rja r con su inteligencia y su adivi­
nación metafísica.
Alfredo Palacio, "a quien se consi­
dera en Ecuador como uno de sus más
destacados escultores modernos” , según
reza en el catálogo de la muestra, si­
gue la tendencia folklórica, limitán­
dose a reproducir en su cuadros, cos­
tumbres y trajes, aspectos exteriores
del trabajo y los juegos de la pobla­
ción rural, sin que la habilidad dibujís­
tica que denuncia alcance a esconder
la frialdad emotiva de sus formas y
sin que los recursos cromáticos — su
color es agrio y sus armonías violen­
tas, salvo en Balseros, la mejor obra
que expone— se impongan como valo­
res propios. Sin la suficiente hondura
como para construir una imagen cohe­
rente de la realidad espiritual de su
tierra, Palacio parece dejarse ir por la
senda de lo fácil, lo inmediato y lo
pasajero, academizando formas que
debían manifestarse plenas de Ada
propia.
Otras son las actitudes de Oswaldo
Guayasamín y Oscar Valencia, por
mucho que difieran entre sí. Sienten
ellos el llamado del indígena y de la
tierra que labra, pero en lugar de pre­
sentarnos sus sonrientes y pintorescos
aspectos exteriores, engastan en fo r ­
mas plásticas puras, a fuer de honda­
mente sentidas, las pasajeras emociones
circunstanciales del alma, y muestran,
sobre todo el primero, una realidad
inmediata sublimada en términos de
universalidad. Tanto uno como otro,
aflemás, se hunden en el pasado secu­
lar de su tierra para hallar el camino
de su expresión, de modo que hay que
mirar hacia él sí se quiere comprender
el mensaje que se aloja en sus cuadros,

S

así como la divergencia que existe con
el de nuestros pintores. En Ecuador
parece haber perdurado la emoción
barroca, a través de la cual el ameri­
cano del Pacífico entró en contacto, si
no con la inventiva espiritualista del
Medioevo, por lo menos con la sensualizada imaginación, plena de sabores
carnales, de la mística neotomista, y
por ello sobrevive en sus pintores un
tipo de fantasía que nos es muy extra­
ño a los meridionales, predominante­
mente empiristas y cientificistas, aje­
nos a la noción del milagro.
No conozco el paisaje ecuatoriano,
ni el tipo del campesino o el artesano,
pero intuyo que la meseta tropical
debe provocar imágenes tan fantásti­
cas como las que ha creado Valencia, y
tipos humanos de tan compleja psico­
logía como las debidas al pincel de
Guayasamín, o figuras tan pintorescas
como las de Palacio. Es una imagina­
ción fantástica de muy aferradas raíces
en la tierra, como la española, que
nunca se ha ejercido en el plano de
las puras creaciones especulativas, la
que denuncian poseer estos pintores,
en contraste por demás violento con
nuestra visión serena y sin complejos
psíquicos, con nuestra manera de ser
directa v sin rodeos.

sospecho que el verdadero Guayasamín
se ha manifestado recién en los óleos,
ducos, temples y acuarelas que pintó
después, en los que osciló desde la hon­
da realidad indígena de su tierra a la
atribulada realidad universal de la
guerra, mostrando entonces su raigam­
bre española. Un soplo de tragedia,
medida sin embargo y carente de ges­
tos declamatorios, ausente casi por
completo la bastarda alegoría, parece

"L o que hace falta en América no
es el refinamiento que implica el aca­
rreo de materiales de m ejor calidad,
sino la capacidad de organizar elemen­
tos rudos, primarios, fuertes, plenos
de sentido humano, porque nuestra
conciencia vital, naturalista y román­
tica todavía, así lo requiere; lo que
hace falta es un arcaísmo auténtico,
a través de cuyas formas se advierta
ese genial forcejeo del hombre que
quiero ser con absoluta plenitud.” No
puedo menos que transcribir este p á­
rrafo final de un artículo que escribí
sobre Podro Figari ( 2), porque en él

formación expresionista medida; el
equilibrio entre la apariencia estática
de las formas V el dinamismo vital que
las anima. No menos feliz es Evacua­
ción, donde, a pesar de la geometrizaeión más evidente de las figuras y el
paisaje, se conservan la deformación
expresionista y la violencia dinámica,
y donde hay un acertado juego de lí­
neas y planos y de finos contrastes
tonales.

como Viejas, ya sea en los conjuntos,
como Campo de concentración, o en el
único paisaje que expone, so manifíestf
un sabio y feliz empleo del material
Guayasamín ha logrado que el duc,;
pierda su aspecto brillante e inexpre­
sivo para darle una pastosidad mat
do gran calidad. En algunos trabajos
sin embargo, se le ve acercarse peligro­
samente a la técnica del óleo; no creí
que el dueo se preste sino para acen
tuar caracteres decorativos en cuadros
de grandes dimensiones a manera de
f roscos.
También ha sorteado admirablemente
el peligro de pintar de manera monó­
tona : hasta quizás con cierto virtuosis­
mo los empastes resultan elaborados
como no parecería posible, por ejem­
plo en Viejas, donde las caras, en vio­
lenta deformación
expresionista, se
animan gracias a la magnífica rique­
za del modelado; las manos entrelaza­
das en el primer plano bastarían para
convencer al incrédulo sobre la alta
calidad de este pintor. Y destaco f i ­
nalmente Campo de concentración, con­
junto de cabezas de expresiones varia­
das, porque es una de las piezas en
donde mejor se manifiesta su vigoroso
sentido de la composición.
Sin duda hay; influencias europeas
en este pintor ecuatoriano y tampoco
faltan las mejicanas: Picasso, Rouault,
Derain, Orozco, parecen asomar a tra­
vés de sus composiciones; pero en nin­
guna de ellas hay la menor conjun­
ción espiritual o técnica, de modo que
el aprovechamiento de los maestros es
el más legítimo. Guayasamín ha be­
bido en las mejores fuentes para dar
expresión a una realidad del alma y el
espíritu, que lleva en sí mismo por
apropiación de la de su pueblo; no creo
poder decir nada más lisonjero en su
honor.
*

"Autorretrato”. Duro por César Valencia.

"Viejas”.. Duro por Guayasamín.
se definen los caracteres del verdadero
arte americano, a mi juicio, que Oswal­
do Guayasamín, el más maduro y va­
lioso de los tres pintores, realiza de
manera cabal, luchando con la época,
como debe hacerlo todo buen artista” ,
según decía André Gíde.
Una sola obra anterior, fechada
en 1942, el Retrato del poeta Augusto
Sacoto Arias, nos permite imaginar, la
evolución que ha sufrido Guayasamín
en los últimos años. En él se le ve
preso todavía de la doctrina expresio­
nista, visible en la ejecución de v io ­
lentas deformaciones y del modelado
por planos en la cara, así como en la
gama sobria y restringida de tonos y
en la concepción planista del cuadro,
amén de la expresión psicológica sin
profundidad, un poco a la manera de
Derain, cuando éste huyó del fauvisme
para echar las bases de su neonaturalísmo. E l Retrato del p in tor Raúl A n
drade (1943), con su violencia cromá­
tica y su empastamiento profuso, ya
revela un ansia de liberación, pero

© cab algata

haber reemplazado al esteticismo de
antes; seguramente no volverá a pin­
tar un retrato como el de Sacoto Arias,
como lo prueba el que acaba de realizar
en Buenos Aires del doctor Gustavo
Santos, manifiestamente inferior a toda
su obra.
La transformación de la pintura de
Guayasamín parece haber estado liga­
da estrechamente a la adopción de un
nuevo m aterial: el duco, con el que
ha operado en buena parte de su' obra
actual; sin embargo, algunos de sus
cuadros más maduros han sido realiza­
dos con los materiales tradicionales del
pintor. Entre los pintados al óleo, des­
taco Los mellizos, pieza magistral que
está pidiendo a gritos ser incluida en
un museo, donde aparecen las virtudes
fundamentales de este creador: la con­
cepción monumental de la forma, volu­
métrica en su amplia expresión espa­
cial; la sobriedad riquísima de su co­
lor, variado en tonalidades grises, pero
sin excesos de refinamiento; la geometrización latente y no visible y la de-

Uno de los caracteres sobresalientes
de la pintura de Guayasamín es el de
la composición dinámica y asimétrica
de sus formas, gracias a la cual logra
efectos seguros de emoción. Tanto en
los óleos como eu los ducos, lo mismo
en los grupo que en los retratos o f i ­
guras, se imqone siempre esa concep­
ción estrurri ,&lt;1 movida de las formas;
pero en n ug -n cuadro resulta más evider.t£ y Tice; que
E l arrastre: en
,c ie s o lie r el . -Mema del con,,ui:to multiplicando e igualando las
figuras, lo ha hecho n. VÍ V a lizá r to ­
las en grado sumo y dándole Z ca a
una la mayor riqueza de caráota y
movimiento.
Los trabajos pintados al temple y
acuarela también merecen ser destaca­
dos. En Luchadores, el material le per­
mite un juego más amplio de con­
trastes, una mayor violencia cromática
y una concepción más libre de la fo r ­
ma, que en otras composiciones: es una
manera extraña de emplear el temple,
porque no hay casi superficies de color
y sólo parece un dibujo con pincel. Y a
en este cuadro choca) la deformación
caricatural, que se manifiesta aguda­
mente en algunos ducos y de la que
deberá cuidarse, a mi juicio, para no
superficializar las figuras. Las muje­
res, en cambio, muestran otra faceta
del artista: son desnudos barrocos en
violento ritmo dinámico, contrastando
la sensualidad de los cuerpos, sólo di­
bujados con amplios y gruesos trazos,
con la expresión caricatural de las ca­
ras. Y en E l paredón, especie de Des­
cendimiento con figuras construidas
geométricamente, pero llenas de subs­
tancia sensible y emotiva, luce, esta vez
en la acuarela, su magnífico sentido del
ritmo, siempre asimétrico y de fo r ­
mas opuestas, al par que la sobriedad
y profundidad del colorido.
Es posible suponer que en los cua­
dros pintados al duco sea donde Guavasamín haya encontrado la- expresión
dramática que busca. Y a sea en las
figuras aisladas, como Cabeza de m ujer
y Vieja, ya sea en las figuras unidas,

"Autorretrato” Oleo por Alfredo
Palacio.

*

#

Oscar Valencia plantea otros pro­
blemas en su pintura. Es menos dra­
mático y menos aferrado a la tierra y
el hombre también, que Guayasamín,
hasta en sus cuadros de temas autóc­
tonos; es más libre e imagin
'•
n
cambio, de una fantasía bastante extra­
ña por cierto, ya que parecería vin­
culada con la de ciertos pintores tra­
dicionales del norte europeo.
Valencia es un buscador inquieto a
quien todavía no ha satisfecho ningún
camino. En la obra que nos presenta,
sin duda apenas una muestra de su
ya vasta y fecunda labor de hombr
dedicado por entero y apasionadamente
a la pintura
» advierte esa volunta
de experimen.
ra hallarse
misnu
y,a sensibilidad p tra el cT.T:
-v * s'-« ?n la gama tenebiosa como er
É . circo u Hom bre en la calle (ésta
•ziia de las piezas más sentidas y lo­
gradas), ya sea en la gama alta cor­
en sus óleos de violentos empastes ero
máticos: A utorretrato, Desnudo en rojo
y Desnudo en blanco (quizás los cua­
dros más maduros que expone), ya
sea en los contrastes violentos como en
Fam ilia y dos Composiciones, estas úl­
timas en una dirección abstractoinvcntiva, ya sea en los ligeros y expresivos
paisajes a la acuarela (uno de ellos de
singular potencia y claridad en el so
lor y la composición, tupido eu a
formas sin ser abigarrado), se mani­
fiesta por igual, así como un agudo
sentido de la síntesis en el dibujo, siem­
pre expresivo, que he podido verificaen un álbum de apuntes y esbozos, b cuanto a la materia, sus búsquedas s&gt; •
más atrevidas que las de Guayasamí
quizás haya obtenido del duco una
presión más original, en algunos cundros, al no desestimar el carácter
peso y brillante del mismo que
asemeja a la laca.
Oscar Valencia no ha salido de *■ .
país sino para venir hacia el sur di
continente en este viaje. No ha vísí
tado, pues, las pinacotecas eui
estadounidenses, ni ha visto las
des obras murales de europeos y ,aejicanos del pasado y el presente. A esta
altura de su vida artística, siendo tan
joven como es y después de haberse
probado a sí mismo la alta calidad
su expresión, le será beneficioso p
nerse en contacto con los grandes np es­
tros de la pintura de antes y í e h oy;
seguramente lo hará a corto p la n .
N o sabemos a qué transformaciones ic
su fecunda fantasía creadora lo ir i
tarán aquéllos, pero es de desear q e
conserve su energía bárbara y su sin­
ceridad consigo mismo. Su obra va ­
riada y dispar no permite realizar n
juicio sino sobre su innegable pote cia de pintor y menos aún conforir c
una imagen crítica que tenga prob&amp;bi
lidad de ser exacta.
(■) " E » necesario explicar que en la forrea
(le nuestras artes plásticas, y a lo largo de u
desenvolvimiento, el aporte del arte indígena ,'u
sido nulo. Sus elementos pobres de exprés n
no han logrado interesar a los artistas ni si
el pasado, ni en la hora presente. L o contra &gt;
ha ocurrido en otras partes del continente, es­
pecialmente en Méjico, Perú, Ecuador y Boíiv; ,,
donde se habla de un arte "indigenista” . Pue­
blen, allí ha existido, y ahora se ha acentuidi
con mayor fuerza, una corriente favorable p - *
introducir en las artes de las formas, ele r i
del arte precolombino. La razón es ob.ia
estas naciones pesa considerablemente la
dición indígena; entre nosotros se ha ht
presente ia cultura europea.” Armando L
"I.a escultura y la pintura en Chile” , Amét
enero de 1946, La Habana.
( a) Jorge Romero Brest; "P ed ro fig a r i, p i .r
americano” . Cuadernos a m e rica n o sn s r, 1 - J,
Méjico.

�ARTE

ARTE

c a b a lg a ta ©

M U R A L

P I N T U R

Fragmento i!.- la pintura mural &lt;!e U n o Spilimbergo.

lor? Resulta alegórico y representativo
realidad, la ('ú p a la de la Calería Pa­
a la par, y en la presencia de los sím­
cífico. Resuelto (pie hubieron los ar­
bolos existe viviente la armonía tonal
quitectos Ezeurra y Asían, aplicar
.
sin perjudicarse ni eliminarse el uno
a la arquitectura de la construcción
en el otro; al contrario, convócanse
pinturas murales, de inmediato surgie­
a los elementos para la coordinación
ron nuestros pintores, quienes coordi­
plástica y colorística y su participación,
nando esfuerzos de unidad han culmina­
. I. ¿La pintura mural en nuestro con­
unifieadora.
do
en
estas
obras
plásticas
de
singular
tinente? En M éjico, el fenómeno mural
Siempre fueron las cúpulas, ocupa­
vitalismo. Ellas se elevan ya, promiso­
se produjo con proyecciones de catego­
ción artística de un solo pintor. (Las
rias, a la vista del público, atendiendo
ría social y estética. Su o rig en : la
cúpulas adquieren auge en el si­
al doble fenómeno latente de la indis­
revolución mejicana que permitió a los
glo x v m .) Claro, él pintor podrá ser
pensabilidad de esta pintura en que los
attistas de ese país afila r sus fuerzas de
auspiciado por un núcleo de colabora­
creadores argentinos comienzan a li­
choque y, luego del sacudimiento co­
dores. Mas, la Cúpula de la Calería
garse al destino de una obra, cómo
lectivo, explorar las posibilidades de
Pa cífico, ofrece la potencialidad fru c­
artistas y como artesanos, en una inte­
su lenguaje comunieador de íntima astuosa de cinco pintores, cuyas caracte­
gral marcha de beneficios alentadores
p -ación popular. Circunstancias diferísticas detallo sucintamente.
para nuestro joven arte. Lo cierto es
■ tes configuraron el nacimiento con­
que nuestra pintura de caballete desde
IV .
Tres grandes grupos ha pintado
temporáneo de la pintura mural en
años se entrega a un sinnúmero de ca­
U n o S pilim bergo, resueltos en sentido
listados Unidos: allí los pintores capi­
bezazos en el aire. Después de las ex­
plástico, en una especie de dramatizatalizaron el estímulo del estado y las
presiones de los artistas que establecen
ción de la anatomía, como acontece
ricas instituciones representativas, al
su jerarquía fundamental (y no incum­
&lt;on las figuras del lado izquierdo del
punto que su florecer estallaría pujante
be citar aquí), entramos en una zona
panel. Ajustadas valoraciones mediante
I y próspero. En Chile, en Brasil, en
de persistencia huidiza a los verdade­
el color hecho form a y tratado en pro­
Uruguay, en rincones del mapa ame­
ros fines culturales de la plástica. El
fundidad, permiten la espléndida aven­
ricano, existen pintores o grupos de
aire nuevo que recorre los muros del
tura de su dibujo y volúmenes siempre
pintores que avivan el foco mural. ¿ A r ­
edificio Pacífico, es, pues, el punto de
intensos y fuertes en la expresión que
gentina? Nuestro país no ha quedado
partida de una grandeza que surge.
alcanza una solidez hercúlea. La pre­
en tierra de olvido. Desde el experi­
III.
El grupo de los cinco debió pro­ sencia de dos hombres — uno puesto
mento de Siqueiros y el núcleo de pin­
ceder de inmediato al estudio minucio­
tores que le acompañaron, diversas ex­
en vertical,1inclinado, de pie y otro ho­
so de la partición geométrica de la cú­
presiones han crecido: las pinturas de
rizontal, yacente— , aquel domador de
pula, y se atuvo al método clásico de
Castagnino, Pierri, Espinosa, López
ese hermoso caballo rosado sobre una
la "divina proporción” . A la vez, ‘ fo r­
Claro, en el ex Cine A rte ; Berni, en
naturaleza abrupta en que las formas
ma, color, medidas de las figuras, signos
el ex Teatro del Pueblo; Castagnino,
ostentan una pareja correspondencia
alegóricos: he ahí aspectos salientes
Berni y Urruchúa, en la Sociedad H e ­
artística, se ajusta a los detalles me­
de acaloradas discusiones y no menos
braica Argentina y casa-habitaciones,
nores que asumen una función de ahon­
inteligentes hallazgos. Dos grandes rit­
de Buenos Aires. Mas, desde hace uno
dada simetría con el grupo de gentes
mos — líneas de fuerza— cruzan las
que otro año, nace en nuestro medio,
de mar, vencedores de tempestades. En
pinturas y establecen la base de las
por lógica consecuencia de camaradería
tanto, hacia el fondo y arriba, en
obras pintadas y su unidad de ejecu­
artística hermanada en la comprensión
prietas tonalidades bajas, otros hom­
ción. La base de los paneles se halla
del hecho plástico compartido, el Taller
bres quiebran la entraña de la monta­
sostenida por figuras de volumen,- dis­
de A rte M u ra l: Berni, Castagnino, Col­
ña. E l todo actúa en proporcionadas
minuyendo el tamaño de las mismas
meiro, Spilimbergo y Urruchúa, se
dimensiones densamente expresivas. Pue­
— especialmente en Berni— y escor­
uqen para trabajar en conjunto y acep­
de verse cómo, en la figu ra de la iz­
zándose a medida que crecen hacia la
tar propuestas para el desarrollo de
quierda (casquete), el gran plástico y
cima..Así se ha respondido a la exigen­
una voluntad constructiva en muros ar­
pintor que es Spilimbergo, analiza la
cia del plano arquitectural, simulando
gentinos.
violencia de rostro, pecho y manos
II.
Estamos ahora ante el entonado una arquitectura por el uso del escorzo
recias y los sintetiza en lenguaje de
y de la perspectiva del color. ¿ E l co­
canto al trabajo del hombre, que es, en
arte, del mismo modo que crea los

arabescos de la ola. Aun pequeñas
form as blanquecinas, hacia el centro y
arriba del panel, cumplen su razonada
— y alucinada— funcionalidad.
A nton io B ern i se atiene a la repre­
sentación obtenida en form a figurativa.
H a usado modos distintos de expresión.
El amplio friso alegórico de tierra y
cielo, donde una bella figu ra erguida
de m ujer — "la savia de la tierra”—
aparece junto a hombres y mujeres
en actitud de reposo (am or) y trabajo
(recogiendo el fr u to ), nos da signos
de autenticidad de la naturaleza de
Am érica, sobre la cual un dorado sol
(fig u r a ) envía sus rayos potentísimos.
E l cielo testimonia figuras carnales del
tiempo físico (nubes, truenos, lluvias)
en movimientos de acusados eseorzos.
Pasa Berni de la alegoría (p a n el) a la
representación (casquete) y obtiene la
sólida corporeidad de los hombres que
dominan la selva, con un realismo mi­
nucioso que no desdeña la perspectiva
y las proporciones y que participa de
un tema desarrollado con riqueza de
matices del dibujo que el color acoge
y exalta. Evidentemente, Berni resuel­
ve de modo dibujístico, la plástica
fija las form as y el color obedece. La
figu ra en pleno movimiento, lanzada
en el torbellino del viento, hermosa,
es de valoraciones y ha sido pintada
con ese rigor de claridad en el espacio
que hacen del artista un perseguidor
tenaz del demostrativo dualismo form arealidad.
Juan Carlos Castagnino es fie l a su
expresión sensible. En su panel blanden su presencia mujeres en distintas,
actitudes — fecundos dones de la tie­
rra— y un muchacho con caballo, en
un paisaje (y cielo) de inconfundible
cuño criollo. Pintura de características
form as esfumadas, sueltas y envolven­
tes : su férvida pasión artística. E l todo
flota y emerge en un ambiente en que
luces — tonos— y leves sombras pas­
tosas, establecen las calidades en las
valoraciones. En la composición, deta­
lles y arabescos configuran las dimen­
siones de su pintura bullente y viva,
con esa gracia vaporosa y a la vez
consistente con que Castagnino se nos
presenta en sus pictóricas realizacio­
nes. E l color tiene un ritmo, una ca­
dencia melódica como en un poema lí­
rico, asi como Spilim bergo nos da la
épica y Berni ensambla ambas expre­
siones en lo deeorativo-alegórico de sus
preferencias.
D em etrio Urruchúa utiliza tonos élit­
ros para sus form as aquietadas y po­
tentes. Lh hermandad de las razas- es
su tema y lo desarrolla en voluminosas
figu ras y grupos compositivos que nos

hacen pensar en un prim itivo, tocado
por las nuevas dimensiones del tiempo
nuestro en su prim ordial figuración.
Otros motivos típicamente suyos son :
el llamado de la tierra de Am érica, la
madre que ofrece su h ijo a la tierra, el
amor, la simiente, y la aludida herman­
dad. En este panel, vemos dos desnu­
dos de mujeres y niño — vertical uno,
horizontal el otro— por prim era vez
luz leve e insinuada en una pintura
en la historia plástica del pintor. Gran­
des planos de color son fija d o s por la
bidimensional, resuelta y humanamente
simbolizada en la quietud de visión
ideal. Su plástica sostiene un signo
c ie rto : vale por sus bloques macizos en
que el canto colorístico delicado se ele­
va. En Urruchúa, los volúmenes se ven
suavizados en la proyección sentimen­
tal de lo form al-deeorativo, aunque a
veces persista en su origen sim plificador. Dos fig u r a s : aína echada de es­
paldas y otra erguida, han sido ejecu­
tadas en vista al movimiento y capta­
das en gamas de persuasiva sonoridad
(luneta y casquete).
M anuel C olm eiro esgrime por su
parte hermosos grupos humanos que
saben mantener las expresiones cons­
tructivas y de calidad de sus grabados
y pinturas, con ese raro aire ingenuo y
de tosquedad esencial a la p ar de sus
presentaciones. Las líneas, emotivas y
funcionales, trazan arabescos, contor­
neando sus figu ras y elementos form adores de sus criaturas extrañamente
míticas y carnales. E l tema de la pa­
re ja de la joven rama de roble o ese
otro de la maternidad, o las figuras
marinas y las mujeres y hombres que
atañen a la individual expresión abrup­
ta de Colmeiro, aducen y conforman
sus valores. Sus calidades surgen y re­
surgen en los dos casquetes del mural
de la Galería. E l colorido es sobrio,
ajustado rigurosamente y su form al
esquematismo está surcado p o r la ro­
bustez de las líneas marcadamente inci­
sivas: he ahí su captada expresividad.
En los tímpanos laterales del edificio
P acífico, en donde intervienen los
mencionados pintores (con excepción
de B e rn i), que colman los hallazgos de
sus reconocidas pinturas, Colmeiro lo­
gra sintéticas form as p o r conducto de
los anchos planos del c o lo r : nos recuer­
da uno de sus bellos cuadros de cam­
pesinas gallegas.
V . En esta nota, p o r su índole, li­
mitada, me im porta aun lo siguiente:
las pinturas murales de la Galería P a ­
cífico constituyen a mi parecer, el signo
precursor, o modo de acta de naci­
miento, de la pintura mural argentina
moderna.

© c a b a lg a ta

LAS FORM AS EN LAS P IN T U R A S
DE LA CUPULA Por NORBERTO A. FRONTINI
expresión es ante todo la natural
_/ liberación de lo que íntimamente
nos presiona; personalmente, lo que se
manumite es un contenido espiritual.
Queda de la expresión aquello que per­
petúa objetivamente el sentido del
tránsito humano. Toda expresión es
índice de valoración y lo mismo toda
form a, y aquélla se ciñe en ésta, signi­
ficándola para significarse. Mas las
form as tienen en sí mismas su propia
ley, y las geométricas, idealmente in­
variables, son dechado de las aparien­
cias requeridas por la intuición o el
pensamiento del artista; sobre ellas és­
te enciende el lenguaje de su activa an­
sia poética, cumpliendo su liberación.
E l tema, por su parte, es también re­
suelto imantador de formas, mas la ex­
presión lo rebasa, pues en ella incide
una sensibilidad que conjuga sensacio­
nes, sentimientos y tradiciones de pai­
saje, con una incitación valorativa y
misional. E l artista es un ser que de­
sea ser "lo más que se pueda desear
ser en el mundo, deseando serlo todo
y por siempre, sin dejar de ser hom­
bre” .
En la conjunción del color y de la
form a es evidente la mayor libertad de
aquél; si el juego del claroscuro la de­
fin e mediante relaciones de color, el
dibujo le da contorno o pronuncia una
exactitud que el color anticipa.
Cada uno de los cuarteles, ochavas y
lunetas de la cúpula descubre una de­
terminada voluntad form ativa, en la
que es posible reconocer un espacio y
un tiempo circundantes. E l tema es su­
perado por una sensibilidad enamora­
da y una pasión de formas caracteri­
zadamente personales. P o r este camino
— de propósito unilateral— sonsacaré,
según m i parecer, algunos de los mo­
tivos de form a de los pintores de la
cúpula.
a

1

Evidenció siempre Spilim bergo una
cierta acentuación lineal. Mas ahora y
aquí, la configuración de anatomías m i­
nuciosamente extravertidas respondería
a una sensibilidad impregnada de loca­
lismo andino, que se identifica, por
otras vías y otros momentos, con una
determinada educación psíquica y esté­
tica. La voluntad form ativa es en este
caso una voluntad de presencias mine­
rales : su cuartel exalta un mar de p e­
drería, poliédricos torsos varoniles y un

rosado caballo de cristal.
el tema
ha sido conductor de formas, la sensi­
bilidad ha exigido las de su p re fe ­
rencia.
La disciplina del artista le entronca
con el rigor de las operaciones Clásicas,
pero el especial contagio de la cordille­
ra — al que se entrega— le descubre
una actitud romántica. Participa de
una persuasión acerca de nuestra Am é­
rica, aun para ser descubierta por el
arte.
En ‘ la voluntad form ativa del cuar­
tel de Berni tiene significación el mun­
do vegetal. Fermentan en él formas
primeras, cuerpos humanos inflamados
de tallos, una savia hecha m ujer que
nunca lo será definitivamente, y ho­
múnculos en vilo, mucilaginosos. Es
dramática la pesquisa tras una form a
que exprese la fluencia del vivir, p o r­
que si no existe Muerte y sí muertos es
a causa de que la V ida, fugaz, sólo se
refugia en las formas para asegurarse
por el amor su propia perduración.
Las form as vegetales se prestan más
adecuadamente— acaso porque no te­
nemos una inmediata conciencia de su
individual caducidad— para darnos im­
presión de lo imperecedero.
L a vegetalización de las formas ex­
plicaría la deshumanización de los ros­
tros. Maestro del retrato, Berni pinta,
aquí, caras que no son fisonomías, p o r­
que, a mi modo de ver, su inspira­
ción poética dominó una voluntad de
form a elusiva de una expresión vivien ­
te demasiado humana.
La vida es una sinfonía, cuyo p rin ­
cipio y cuyo fin definitivo ignoramos;
mas, en cierto sentido, la vida desem­
boca en la form a superior del ser hu­
mano, por la libertad, responsable y
creador. De ahí la imponentísima mapo
de la ochava, en aquella misma direc­
ción elusiva, hacia la que asciende, a
través de hombres esforzados, el ju go
vital que mana de la tierra. N o símbo­
lo, sino simplemente mano, universal
en su tremenda y concretísima unidad,
desde la cual se liberta y afirm a un
mundo de trabajo y de luz.
En las pinturas de Colmeiro hay una
im plícita historia e inspiración coterrá­
nea. Pero como ellas no son cronoló­
gicamente antiguas, digo que tienen un
pasado de presencias espirituales y lar­

Fragmento de "E l Trabajo” de Antonio Berni.
ga tradición reelaborada y actual. P o r
eso las figuras humanas son tempora­
les e intemporales a la vez. Colmeiro
es una leal expresión de Galicia, su
país natal; en Santiago, ciudad hen­
chida de aun válida preteridad huma­
na, el Pórtico de la Gloria es todavía
nuevo a casi diez siglos. Así, los gran­
des ojos de las figuras de Colmeiro
son como el signo del asombro ante el
perdurar sin descanso del hombre sobre
la tierra; ojos de pueblo laborioso y
pacífico, por donde el viejo tiempo es
virgen otra vez.
E l orvallo y la fin a llovizna de Ga­
licia redondean las formas naturales; y
el pueblo mismo, en eras, ferias, p la­
zas e iglesias, está regido por la línea
curva del trabajo y la plegaria, y por
pañolones, mantos y faldas. Hasta del
habla popular y de la canción dimana
una gracia envolvente. P o r eso el se­
ñorío sin esfuerzo y la inocencia de los
desnudos de Colmeiro son parecidos a
su paisaje, de varios planos ondulados,
con calidad de regazo maternal.
Las formas de Colmeiro rezuman un
insomnio de historia sin anécdotas, de
amor y canciones, de pueblo, y una con­
densación de montañas con pinos que
aresinan el aire y dan gusto a la vida.

para él una importancia vertical. E l
descubre, por su activo ver y por su
sentido moral, la belleza del habitante
aclimatado y lo que persiste debajo de
las modas y sobre los sufrimientos.
L a dilatadísima extensión de nuestra
tierra y la "estancia” como instrumen­
to social del trabajo campesino produ­
cen soledad; y esta soledad es un si­
lencio que aguarda el prodigio. Las
criaturas del rus pampeano son como
terrones vivos de la tierra misma; con
el color de la t'.'rra las pinta Castag­
nino, como si estuvieran quedando pa­
ra siempre. Su ritmo es lento y anun­
cian la dignidad que se merecen por
su amor. P o r eso es "conversada” su
pintura. E l artista sabe que lo que da
solera de paisaje a la tierra es el hóflJbre, que, por su largo estar, con ella se
confunde. A la dolorida realidad de
nuestra población campesina Castagni­
no le presta la esperanza de su corazón
patrióticamente enamorado de su pue­
blo. De ahí que las mujeres que él
pinta tengan la misma seguridad de la
llanura y que sus grandes ojos desafíen
toda fugacidad. E l acuerdo de las fo r ­
mas de su cuartel tiene apariencia de
coro porque tiene apariencia de pueblo.

Castagnino es el artista de nuestra
llanura; por eso el ser humano tiene

H a y mucha distancia baldía en la tie­
rra vernacular "ancha y ajena” y el
mero estar se parece a una detención

del tiempo. Dilatada pausa que espera
y que el pintor realza para siempre.
La voluntad de form a de Urruchúa
está presionada por un impetuoso pero
recoleto sentimiento imaginativo. Su
ansia lírica más honda quizá sea la de
confundirse con la luz porque sus fo r ­
mas comparten un cielo iridiscente o
un amanecer u ocaso de fuego. Su más
íntimo ímpetu sea, tal vez, la disolución
total de las formas, para ser uno con
el cosmos. Mas si el ímpetu es irracio­
nal, la razón, en auxilio, le ofrece un
dibujo casi imperceptible, frontera de
luz-color que impide la disolución'. La
razón conciliadora recibe, por su parte,
ayuda de artesanía porque Urrueúa es
docto laquista. Mas la línea geometrizada es resultado de una necesidad que
se ha hecho dram a: el contorno viene
a.esde dentro de las formas y es como
una dominada insuflación de evasiones.
La líiíe.a tiene por este motivo cierta
artificiosidact}-de estar donde está re­
sistiendo e impidiendo las huidas • N
habrá en los hóndoñ?s 416
sensibili­
dad de Urruchúa un sehcrAiento de
anarquía sojuzgado? ¿N o mediará un
oscuro anhelo de regreso al pasado in­
fo r m e ? ... El principio rector de la
voluntad form ativa del artista parecie­
ra ser una melodía de libertad y de
ensueño.

d ar una idea a firm a tiva de
estas pintu ras y de los pintores
que en ellas trab ajaron , p artiendo de
tn hecho im p líc ito : la necesidad de esas
¡ealizaciones y sus fin es alcanzados.
u ie r o

Q

fragmento de "El Mar” de Manuel Colmeiro.

Fragmento de "L a Ofrenda” de Juan C. Castagnino.

fragm ento de

I.a Hermandad de las Hazas” de D em etrio Urruchúa.

�ARTE

c a b a lg a ta ©

EXPOSICIONES
aficionado a la pintura, el buen
aficionado, tuvo en esta última parte
de la temporada una verdadera fiesta,
por cierto aun no concluida, prometedora
todavía de agradables sorpresas. Aun
presentes en la memoria del público obras
como las de Orlando Pierri, Raúl Russo,
Horacio March, Marcos Tiglio, Enrique
Policastro, Armando Chiessa, y el vete­
rano expositor de cincuenta años de pin­
tura, F. Brughetti, se nos ofrecen, casi
por orden de presentación, las muestras
de Butler, Del Prete, Batlle Planas, L o ­
renzo, Torrellardona, y, coincidiendo con
la aparición de este número de "Cabal­
gata” , Raquel Forner.
A estos últimos habremos de referir­
nos tan sólo, en virtud del espacio de
que disponemos, y ello será con la bre­
vedad que impone el número de exposi­
tores, y con la ligereza obligada en un
comentario de esta índole. Desde la mucstr.\ de ojos, dibujos y litografías de
Butler hasta el conjunto de obras de los
últimos años que presenta Raquel For­
ner, hay, en el tiempo transcurrido, y
entre los citados pintores, un desfile de
realizaciones y posibilidades que abarcan
l

E

en gran parte el área de sensibilidad de
las corrientes modernas de la pintura.
Ineluso Arturo Lorenzo (Salón Peu­
ser), ese extraordinario joven español que
nos llega de Chile con una obra llena de
seguridad en su conjunto, en la que em­
prende la seria aventura de enlazar el
sentido pictórico actual con el tradicional
de la pintura española, no puede menos
de dejar sobresalir en algunos de sus
cuadros las inquietudes generales de to­
dos los verdaderos artistas actuales, aun­
que siempre tendiendo a precisar, a dar
carácter, concreción, realidad tradicio­
nal, a esas inquietudes. Quizá nos mues­
tre más su riqueza poética, su color propio
y su honda observación, en el paisaje,
jugando graciosa y plenamente con los
pardos, blanqueados, profundos campos
de Castilla, con toda una suave y rica
gama de azules velazqueños y grises ceni­
cientos. En cuanto a las figuras, bastará
recordar el retrato de la mujer del pin­
tor, con un verde de gran linaje y una
fiel y delicada ejecución que nos garan­
tizan la existencia de un retratista de
grandes posibilidades.
"Del Prete es, literalmente, un autodi-

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CON­
0.40

S

P E Q U E Ñ A E N C I C L O P E D I A S O C I A L I S T A . 2* tomo. L os me­
jores trabajos sobre el socialismo y la acción constructiva desarro­
llada por el movimiento social contemporáneo . . . .
4 4.—

daeto. Es, por tanto, un intuitivo” , dice
un crítico que conoce bien la obra de Del
Prete, en reciente monografía sobre el
mismo. Y en otra parte del mismo tra­
bajo, agrega: "E l primer contacto físico
con la materia, con la pasta pictórica, lo
experimenta el pintor trabajándola con
glotonería, sensualmente, con la espátula
en el puSo.
"Manejar con la espátula una materia
que se entrega con efusiva generosidad,
es para el artista mozo tanto como ven­
cer en su primera batalla amorosa.” No
podríamos encontrar mejor expresión de
lo que reflexionamos o sentimos ante la
última exposición de Del Prete que estos
dos párrafos t r a n s c r i t o s . Unicamente
puede exigirnos la última fase del pin­
tor, un aventurado comentario: 1 logró ya
el artista ordenar sus impu'sos de po­
sesión, dominar los apetitos, hallar el ca­
mino de su expresión madura, última ?
Dejemos que el mismo crítico citado res­
ponda a esta pregunta: "Creemos que
Juan Del Prete está en un momento cru­
cial, a punto de iniciar una nueva evo­
lución, una rotunda evolución” (Salón
Peuser).
El retrato, el bodegón, el desnudo, la
litografía,el dibujo. Horacio Butler (G a­
lería M iilícr), uno de nuestros más finos
y logrados pintores, no hace cuestión de
temas ni de géneros. Cualquier medio
expresivo plástico le sirve para ofrecer­
nos un mundo riguroso, de difícil simpli­
cidad, de exquisita atmósfera. El álbum
de diez estampas Biográficas que expuso
en la muestra, es a nuestro entender uno
de los más logrados ejemplos que se
puedan encontrar, en su género, entre
nosotros. En sus óleos, hay ya un vio­
leta, un violeta delicado y exacto, sabia­
mente matizado, que nos queda para
siempre como el violeta de Butler.
Es Tori^illardona (Salón Peuser) n ■
de nuestros más jóvenes pintores • un
pronunciada tendencia al paisaje, en el
que su frescor se muestra con náe decidida
gracia, no renuncia a! re Jato, al cuadro
de composición, a la naturaleza muerta.
La naturaleza de l'-i limones, a pesar de
cierta imprecisión, es señal de que no ye­
rra al cultivar tal género. En algunas
?.cuarela3 br,&gt;- una envidiable inocencia
dr i
..a calidad que hace visible la vo­
cación y el destino de este pintor.
J. Batlle Planas (Galería Mliller) es
uno de los más cambiantes y sin embargo
persistentes pintores argentinos. No obs­
tante su multiplicidad, su extraordinaria
inquietud, Batlle Planas tiene la unidad
necesaria que da la paciente labor de ya
largos y ricos años de pintor. De sus
batallas primeras conserva su color esa
extraña condición de color frío y arrob%
tado a la vez, que nos sorprende en cada
obra suya. De color como aislado de los
colores, ciego, empeñoso, fantasmal, que
pone en la obra de Batlle Planas ese
tono personalísimo q »i
incteriza. En
la muestra aparear ..¡ easonaji ei ..bu. i ¡
insistente c- rno V, llama el pintor o el
santo en-' lim ado de las barbas violen­
tas
o yo lo llamaría, que reúne a la
vez que las calidades pictóricas, las cali
.udes literarias que toda buena plástica
puede permitirse.
La selección de varios años de labor
que muestra Raquel Forner en Müller,
nos la afirman decisivamente como uno
de los casos más estimables de la pintura
argentina. Desde la serie de la guerra
de España hasta los últimos cuadros de
las dunas y rocas de Miramar, la angus­
tiada artista ha logrado un mundo admi­
rable, tras vencer todos los riesgos temá­
ticos propios de la condición humana
de nuestra éppea. Una serie de desastres,
pintados con gravedad, incisivamente, con
dolorido color, con dibujo enérgico, resal
tan en esta muestra antológica con vigor,
y con una ternura difícil de advertir, que
nos acercan fraternalmente a esta pintura *
a pesar de su faz agresiva a primera
vista.
V dejemos para sucesivos comentarios
cuanto nos queda por decir, tanto de los
pintores que sólo hemos nombrado como
de aquellos a que nos hemos referido con
la premura y la excesiva brevedad que
las circunstancias nos imponen. Y haga­
mos constar que por las mismas razones
no hablamos por ahora de la estimable
obra de la señora de Carelli (Galería
Müller).

"N i ver, ni oír, ni hablar”. Oleo por Raquel Forner.

"Cárcel de mujeres”, por Arturo Lorenzo.

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La col ecci ón T I E R R A

FIRME

editada, fíat,

FONDO

DE

CULTURA

1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.

ECONÓMICA

GUZMÁN, A.: Tupaj K a ta r i......................................... 8
JIMÉNEZ RUEDA, J.: Letras mexicanas.....................
PICON-SALAS, M.: De la conquista a la Independencia
SANÍN CANO, B.: Letras colombianas..........................
CRESPO, A.: Santa Cruz, el cóndor in d io .....................
RAMOS, A.: Poblaciones del B r a s i l ..........................
BENITES, L.: Argonautas de la s e lv a ..........................
VALCÁRCEL, L. E.: Ruta cultural del Perú .
VITIER, M.: Del ensayo a m e r ic a n o ..........................
FREYRE, G.: Interpretación del B r a s i l .....................
NAVARRO, J.: Artes plásticas ecuatorianas . . . .
ARCIN1EGAS. G.: Este pueblo de América . . . .
G ARC IA SAMUDIO, N.: La independencia
hispanoamericana..............................................................
14. SÁNCHEZ, L. A.: ¿Existe América Latina? . . . .

Una exposición argentinouruguayo-chilena en París

8
8
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8
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8
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4.—
4.—
4.—
4—
4---4.—
5.50
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5,50
5,50
7.—
5,50

8
8

5,50
5,50

DE RECIENTE A PAR IC IÓ N :
8 5,50
15. ZAVALA MUÑIZ, J.: Batlle, héroe c i v i l .....................
16. POBLETE TRONCOSO, M.: El movimiento obrero
$ 5,50
la tin o a m erica n o ..............................................................
17. TARQUINO DE SOUSA, O.: José Bonifacio, emancipador del
B r a s i l .............................................................................. 8
5,50
Son los primeros títulos ofrecidos.
Sucursal Argentina: INDEPENDENCIA 802. — Buenos Aires

Giséle Freund y René Hubcrt, porta­
dores de los elementos que constituirán
una gran exposición de arte, artes popu­
lares y fotografías de Argentina, Uru­
guay y Chile, escriben de París comuni­
cando el éxito obtenido por dicha inicia­
tiva que les corresponde.
Pintura y fotografía argentinas, pin­
tura y artes populares de Chile, y una
selección numerosa de pintura uruguaya,
desde Figari a ’os más jóvenes pintores
de ese país, serán expuestas a partir del
12 de octubre próximo en la capital fran­
cesa.
Con esta exposición será inaugurada .la
Maison de l’Amérique Latine, creación
debida a la iniciativa de los directores de
los Servicios Extranjeros del Ministerio
de Información francés. Se trata de un
espléndido hotel particular del siglo xvm,
en la esquina de la Avenue d’Iéna y de la
Place de l’Etoile. Se destina esta casa a
recibir todas las manifestaciones cultura­
les relacionadas con América Latina. Sa­
las de exposiciones, de conferencias, gran
salón de honor, restaurante, biblioteca, se
ofrecerán a los visitantes latinoamericanos.
Entre nosotros, la selección de los cua­
dros a exponerse fué confiada a Julio
Payró. En el Uruguay a Giselda Zani,
quien solicitó la cooperación de Clotilde
Luisi de Podestá y de Julien Coffinet,
miembro del Servicio Francés de In for­
mación de Montevideo y artista distin
guido.
El Comité de Recepción para esta mues­
tra, que se llevará a cabo bajo el pa-

"Imagen persistente de un antepasado”.

Oleo por J. ¡iallle l’lanas.

Arando la tierra, por ( arlos .4. Torratlánlona.

�MUSICA
la guerra mundial nl? 1
muchas naciones restringieron sus .
actividades internacionales, en el arte
como en cualquiera otra materia. L a
Sociedad Nacional de Música, fundada
en M a d r i d en
1915, resultó ser
la úni c a enti­
dad q u e p o r
a q u e l l o s años
recogía las act i v i d a d e s más sitores europeos que figuran en esa lí­
recientes de los nea de vanguardia. A ellos seguirá
m ú s i c o s euro­ pronto otro maestro, de ellos y de to­
p e o s , empeña­ dos. Y , entre tanto, Chávez da a cono­
dos muchos de cer en cada programa alguna obra de
ellos contra sus altos lizosy unas veces tejida en su pro­
colegas de otros
pio telar; otras veces, en los telares
países, por la imperiosa necesidad bé­ vecinos.
lica. Una consecuencia poco reconocida
Los compositores llamados por Chá­
de la Sociedad española mencionada
vez este año para que actúen al frente
fué la fundación de la que poco des­ de su orquesta dirigiendo sus propias
pués del Armisticio se denominó So­ obras son: Paul Hindemith, alemán fu e­
ciedad Internacional para la 'Música
ra de contagio; Darius Milhaud, fran ­
Contemporánea. Durante todo el tiem­ cés de París y del M ediodía; Ig o r
po que medió entre la paz de 1918 y
Stravinsky, ruso universal. Los dos
la guerra de 1939 esa Asociación cele­ primeros pasaron ya por el "podium”
bró festivales en diferentes ciudades de la Sinfónica. Stravinsky es esperado
europeas cuyos programas contenían
dentro de unas semanas.
lo más reciente de la producción mu­
Los tres músicos, personales como
sical de cada país, previo examen de son, engaito grado, son tan "naciona­
un jurado constituido por compositores
les” que a través de ellos puede con­
de diversos países, no siempre estric­ templarse el panorama entero del arte
tamente objetivos ni sin que se desli­ de sus países respectivos, en presente
zase en la selección algún airecillo
y pasado, según es lo propio de todos
político.
los artistas auténticos. Después de ellos,
De cualquier modo, los programas
otros artistas más jóvenes juegan sus
de cada festival internacional dieron a codos buscando un lugar brillante en la
conocer mucha música actual de alta
plataforma efím era de la contempora­
importancia. Los grandes nombres que
neidad. H a y algunos en quienes la cua­
en la actualidad están reconocidos den­ lidad nacional se afirm a con cierto
tro de esa categoría por quienes tienen
vigor. Pero, a través de su personali­
autoridad para concederla, fueron co­ dad ¿puede contemplarse el "paisaje
nocidos sobre todo por las audiciones
histórico” del arte de su propio país,
que la Sociedad dió de sus produccio­ que es lo que distingue a los artistas
nes más frescas, no aptas para que verdaderamente grandes? La primera
figurasen en los programas comercia­ cualidad es cosa que puede adquirirse,
les. Algún intento llevad o. a cabo en cuando no se posee innata. La segunda,
Nueva York para mantener la vigencia
no. Que el sentido de la tradición, la
de la S. í. M. C. no tuvo la altura de
médula de la historia, empape o ma­
los festivales europeos. Se trata ahora
tice una obra de arte, literaria o mu­
de resucitar la entidad dentro de lo
sical o de las artes plásticas, ocurre
que permite la agitada situación del
merced a un proceso sobre el cual toda
mundo. No es fácil hacerlo, porque
voluntad es impotente. Un músico o
aunque en París se haya reanudado
casi hasta un punto de normalidad la
vida musical francesa, hay que esperar
todavía a que los países ocupados pol­
las tropas aliadas puedan practicar
otras actividades que no sean pura­
mente de consolación.
En estas circunstancias es de interés
echar una ojeada a los programas de
las últimas temporadas en la Orquesta
Sinfónica de México, el organismo funlado y dirigido normalmente por Carlos
Ihávez. E l criterio de este maestro, en
ucha tenaz y decidida contra lo que
enomina como el "consumidor” musi­
cal y sus gustos sin renuevo, fué, desde
la fundacióp de la Orquesta, hace die­
cinueve temporadas, incorporar a sus
programas la mayor cantidad de obras
sinfónicas nuevas, fruto del numen de
todos los países, que cupiesen dentro
del coeficiente de tolerabilidad del pú­
blico mexicano. N o digo de su entu­
siasmo ni aun de su curiosidad; pero de
Carlos Chávez.
la preliminar tolerancia nace ésta y
quizá, con el ejercicio, van chispeando
un pintor o un poeta son españoles o
los primeros conatos de gusto por la
rusos o franceses, "medularmente” , en
cosa y aun de admiración hacia lo que,
razón del mismo proceso por que los
poco antes, se estimaba como repugnan­ alemanes son rubios, los negros chatos
te ni paladar del auditor. Contra lo que
y por que los chinos tienen ojos obli­
se cree, el entusiasmo está lejos de ser
cuos, signo distintivo aun cuando se
un sentimiento espontáneo. Es un fru ­ hayan abolido las coletas. De consenso
to de cultivo y hay que saber alimen­ se habla de "artistas de raza” ; pero hoy
tarlo. En México, su m ejor jardinero,
no se puede hablar de razas, porque la
el único, ha de decirse, es Carlos Chámoda intelectual ha relegado las razas
vez. P o r su propio entusiasmo y con­ a los perros y a los caballos. Sólo exis­
vencimiento y por las circunstancias
te "la” cultura, como si la historia no
internacionales que ponen a México en
fuese una historia de "las” culturas, y
una situación especialmente favorable
cada una de éstas no fuese el signo y
para este género de cultivos, la O. S. M.
cifra de su . . . raza.
viene a ser hoy teatro de las exhibi­
Stravinsky, Hindemith y Milhaud
ciones más destacadas de los composi­
son músicos de raza, pero más vale no
tores internacionales que figuran en la
meternos en puntualizaciones. Stravins­
primera línea, línea de fuego, de la
ky es tan ruso, diremos "nacional” ,
batalla con que se conquista la volun­
como Hindemith es alemán y Milhaud
tad de los públicos, en beneficio, me­
francés: cuántas virtudes, o menos que
nos de ellos mismos, que del arte por
virtudes, favores o "handicaps” que
el que luchan; en resumen de cuentas,
dan la sangre, el medio, la educa­
una lucha por la cultura.
ción se dejan ver en ellos con una cla­
ridad meridiana. Hindemith, músico de
cincuenta años, es alemán de la calva
En la temporada de conciertos que
a los pies.* Emigrado de Alemania des­
está desarrollándose en la capital de la
de 1937 por motivos de dignidad, más
República, la O. S. M. ha presentado
que por razones de "necesidad” (que
"en persona” , como se dice en los
es el caso de tantos otros paisanos su­
"shows” norteamericanos, a dos compoyos), ha sido y es hasta la fecha el
músico que resume las tendencias " jó ­
venes” de la cultura musical alemana,
trocinio del embajador, señor Wladimir la cual no es, necesariamente, la "kulD’Ormesson, y de los embajadores de los tur” . Pero la aportación personal de
tres países en París, es el siguiente:
Hindemith a la música alemana de úl­
tima hora consiste más señaladamente
Co m is ió n de h o n o r :
en determinados modos de hacer técni­
Georges Salles, director general de Mu­
cos que en aquello que puede entenderse
seos de Francia; Rene Buyghe, conser­
como su "estética” . Más fácil le es al
vador je fe del Louvre; Germain Bazin,
conservador del Louvre; Raymond Ron­ auditor de nuestros países entender que
ce, director de la Agrupación de las Uni­ la estética de Hindemith es la que co­
versidades y Grandes Escuelas de Francia múnmente admite como alemana, mejor
para las relaciones con América Latina. que una estética personal. Desde luego,
Hindemith no presenta puntos de con­
C o m is io n e s de r e c e pc ió n :
tacto sensibles con los idiomatismos tan
Para la Argentina: André Siegfried,
peculiares a la música de su país en el
do la Academia Francesa; León Paul
siglo x ix y menos desde Brahras acá:
Fargue, y el pintor B cnri Matisse.
sin embargo, es tan alemán como lo
Para Chile: Georges Duhamcl, de la
puedan ser Brahms mismo, Mahler o
Academia Francesa; Louis Aragón, y el
Strauss. Después de ellos hay en los
pintor Fierre Bonnard.
países germánicos una inmensa cantidad
Para Uruguay: Tules Supervielle, Phide músicos a quienes ocurre lo mismo
lippe Soupault, y el pintor Pablo Picasso.
urante

D

LA M U S I C A AL
E N M EX I C O

DI A

P or ADOLFO SALAZÁR

que a Hindemith, cada cual con su idio­
sincrasia peculiar, sus idiotismos de es­
tilo que van transformando la gramá­
tica general; pero con tanto apego al
fondo, que el idioma sigue siendo tan
comprensible al tradicionalista como al
avanzado. Conocemos muy mal la mú­
sica de los países . centrales de Europa,
germánicos o no, pero conviene señalar
que el rasgo común a tanto compositor
como los pueblan es precisamente su
amor a una tradición que anudan en
Juan Sebastián Bach con sus lazos más
firmes. Más arriba que él, está lo "g ó ­
tico” . Tras de haberse sentido "góti­
cos” todos los románticos, el goticismo
es ahora un privilegio de los músicos
alemanes; o germánicos, m ejor dicho.
Hindemith no renuncia a tan señalado
honor de casta. Su ópera (de la cual
deriva su sinfonía o suite sinfónica)
sobre Matis Grunewald, "M atis der
Maler” , más que gótica es normalmente
alemana, como sus otras óperas "Santa
Susana” o "Cardillac” . Cuando H in ­
demith mira al sur, se acuerda de que
el sur es, justamente, una aspiración
milenaria de los germanos y en su
"Nobilissima Visione” , que comenta pa­
sajes de la vida de san Francisco, bien
que con propósitos danzables, porque
la obra es un ballet que estrenó Leó­
nidas Massine, es tan alemán como
siempre, o aun podría decirse más
alemán que nunca, en las ideas, en su
tratamiento fugal y orquestal, en el
modo patético. N o deja de ser gracioso
comprobarlo así incluso en obras que
como su overtura al ballet "Cupido y
Psiquis” , dice inspirarse en los frescos
romanos de la V illa Farnesina . . . Una
de las últimas obras de Hindemith, que
dirigió en su programa de la 0 . S. M.,
en junio pasado, fué la que titula como
"Metamorfosis sinfónica sobre temas de
W cber” . W eber fué un mediocre sin­
fonista, m ejor dicho, no fué sinfonista,
aun cuando escribiese algunas obras de
esta especie; pero m ejor que eso, fué
el primer músico alemán en quien las
melodías de aire tradicional estaban tra­
tadas de un modo, más aún que nacio­
nal, "nacionalista” . Hindemith les pone
lo que faltaba en Weber, o sea el sinfonisino; pero tan a la alemana, que
incluso el aire chino de "Turandot” ,
que naturalmente no era de Weber,
pero que en su operita seguía siendo
pasablemente chino, se germaniza del
todo. Eso significa una fuerza. N o hay
que desdeñarla. Todos los países na­
cionalistas la quisieran para sí, y no
he de decir nada de América.

América ha influido tan poco sobre
Stravinsky como sobre Hindemith y
sobre Darius Milhaud. Este, que vino
a México dos semanas después que el
alemán, nos lo comprueba en su p ro­
grama donde se contienen obras escri­
tas a veinte años de distancia. La pro­
funda cualidad de los artistas que per-

su caso será distinto del que corriente­
mente nos ofrecen tantos compatriotas
suyos, aunque sean vagamente germá­
nicos o polacos o semilatinos o semiescandinavos. N o puedo desarrollar en
esté artículo lo que así apunto y me
vuelvo a Milhaud, con su programa de
cuatro obras suyas y una orquestación
de otro músico francés, el viejo FranSois Couperin.
De esta obra hablaré poco. En gene­
ral no me gustan estas reorquestaciones
que suelen olvidarse en seguida del es­
píritu o intenciones originales y con­
vierten a las obras en pretexto de exhi­
biciones. En el mejor caso (y éste es
el de M ilhaud), la reorquestación viene
a ser como un estudio para tratar un
viejo tema con materiales distintos a
los empleados por el primer autor. Un
poco el caso de Hindemith en "Cupido
y Psiquis” y un poco también, el de
Stravinsky en su "Pulcinella” (con tan­
tos otros menos señalados).
De ahí a la que ahora numera M il­
haud como su "Prim era sinfonía” hay
una distancia gigante. Como mejor se
aprecia es comparando esta obra de
1939-40 con la "Serenata” de 1920, que
fué en su tiempo una "tercera sinfonía” .
Se recuerda el caso de Brahms con sus
serenatas, que le sirvieron de ejercicio
para sus sinfonías de veinte años des­
pués. Lo que en la "Serenata” se ofre­
ce con la gracia espontánea de sus des­
cubrimientos, especie de "espiégleries”
por los arrabales de la polifonía, g o ­
zosas diabluras de escolar en vacaciones,
después de la ruda lección de 1914 y
sus cuatro años subsiguientes, aparece
en la "Prim era sinfonía” en un punto
de madurez admirable. Milhaud, sin
duda, ha comprendido el peso que esta

ACONTECIMIENTOS
MUSICALES EN LOS
ESTADOS UNIDOS
('olumbia Theatrc Associates, en coope­
ración con la Universidad de Columkia,
presentó este año la ópera de cámara de
Gian-Carlo Menotti titulada The Médium
(L a médium).
El compositor, que es a la vez el libre­
tista, ha elaborado un cuento que, según
se afirma, es admirablemente adecuado
para la escena. El autor ha aprovechado
todas las posibilidades teatrales del argu­
mento, que refiere entre otras cosas, una
sesión de espiritismo, y ha animado la
ópera con la aparición de marionetas y
un pequeño ballet.
La representación fué puesta en escena
por el propio Menotti y la música diri­
gida por Otto Luening.

El segundo festival anual de la Univer­
sidad de C'olumbia sobre música ameri­
cana, comenzó con una sesión de ballet
ofrecido por Martha Graham y su com­
pañía, en la producción de Aaron Copland
"Appalachian Spring” (Primavera de los
Apalaches) y el estreno de Serpent Heart
(Corazón de serpiente), variación del mi­
to de Jasón y Medea, con partitura de
Samuel Barber.
#

*

*

*

En una matinée-concierto, León Barzin
y la orquesta sinfónica de la National
Broadcasting Corporation estrenaron From
these States (De estos estados) una encan­
tadora serie de melodías instrumentales,
las cuales, de acuerdo con el programa,
"fueron recogidas a lo largo de caminos
no pavimentados.” También en el mismo
concierto fué interpretada por primera vez
en Nueva York la "Toccata for Orchestra” , muy aplaudida. Integraron también
ese programa un "Concierto para piano”
de William Schuman, interpretado magis­
tralmente, según los críticos neovorkinos,
por Bcveridge Webster, y una suite de la
obra de Roger Session The black maskers,
fechada en el año 1923.

Trabajarán en Europa durante la tem­
porada estival, el director de la orquesta
sinfónica de la National Broadcasting
Corporation, A r t u r o Toscani ni , Otto
Klemperer, Lily Pons y su esposo, André
Kostelanetz. En Francia dará conciertos
de violín Zino Franccscatti, y los esposos
Casadesus reabrirán la escuela de Fontainebleau, tanto tiempo clausurada. Dusolina Giannini liará una tournce por In­
glaterra, Francia, Holanda, Eseandinavia
v Suiza.

Ultimos Grandes
Exitos de la

COLECCION ORO

ATLANTIDA
Darius M ilhaud.

HISTORIA DE LA CIENCIA

obra tiene en su producción y aun den­
tro de la música francesa de nuestra
época, y, en consecuencia de ello, ha
dado a su obra ese número que, siendo
así stt intención» deja de ser un ordi­

El curioso lactor pueda seguir a través de
las amenas páginas de e;te libro, sin que
en ellas sea omitido ningún acontecimlento fundamental, el proceso histórico de
la ciencia, desde sus primeros pasos has­
ta el grado actual de su extraordinario
desarrollo.

por Santiago Bertrán

Precio del ejem plar: $

5 .»

HISTORIA DEL PERIODISMO
p or Clám ente Cimorra
Llena de vicisitudes, de episodios, de lu­
chas, de saltos en su perfeccionamiento, lt
Historia del Periodismo resulta fascinante
para el lector. La parte dedicada al pe­
riodismo en nuestro país, está presentada
en este libro por el escritor argentino
Pablo Rojos Paz.
Precio del ejem plar: $

4 .-

LAS MARAVILLAS DE LA
NATURALEZA
p or Lord A ^ e b u ry

Paul Ilin d e in itli con la orquesta sin fón ica de M éxico, en el P alacio de
Bellas Artes.
fenecen de hecho, y no sólo voluntaria­
mente, a una honda, vieja cultura, es
lo que los destaca, ante todo, entre la
inmensa cantidad de músicos norteame­
ricanos, a quienes esa raíz falta. Quiero
decir, de aquellos que lo son de na­
cimiento, tras de las no muchas gene­
raciones con que la cultura del país
puede ufanarse. Porque hay entre los
norteamericanos un caso especial que
puede comprobarse en músicos como
Copland y es su estirpe semita. Cuan­
do la voz milenaria habla por la boca
de uno de estos artistas, poco importa
que, como Copland, hayan nacido en
Brooklyn, o, como Bloeh, en Ginebra.
La "Short Symphony” que Chávez aca­
ba de ofrecernos de aquel músico, mues­
tra que cuando un fondo potente (ese
"background” que tanto atosiga a los
norteamericanos) palpita bajo la pro­
ducción de algún músico del vasto país,

nal para convertirse en un adjetivo.
V alga decir que sea una de "las prim e­
ras” sinfonías de nuestro tiempo, en el
cual cada quisque tiene una debajo del
brazo; golondrino que busca el bisturí
del director de orquesta. Dispense el
lector este símil, desgraciado, y com­
prenda que no puedo desarrollarlo,
aunque lo que él se imagina es bastante
cierto. El nombre de "sinfonía” se pro­
diga a troche y moche. Hindemith, ar­
tista alemán, no lo habría hecho nunca.
Sabe el respeto que se debe a las cate­
gorías, y una form a de arte es una
categoría, incluso en su acepción más
estrictamente lógica, porque en ella se
dan las diez aristotélicas; valga recor­
darlas: sustancia, cantidad, calidad, re­
lación, acción, pasión, lugar, tiempo,
situación y hábito o estilo. Qué, ¿no se
encierra todo eso en una verdadera sin­
fonía?
T de ju lio , 1946.'

Naturalista de fama, viajero infatigable y
escritor de gusto exquisito, Lord Avebury
nos ofrece un cuadro tan completo como
brillante del mundo que habitamos.
Precio del ejem plar: $

4 .-

*

DICCIONARIO
DE HISTORIA UNIVERSAL
p or José L o la Romero
Una sucinta y clara explicación de los
hechos, las cosas y los hombres de más
relevante significación dentro del cuadro
general de la historia humana. Imposible
concebir una obra que enseñe más en
menor espacio.
Precio del ejem p lar: $

3 .-

EDITORIAL
ATLANTIDA
Florida 643

- Buenos Aires

�M U N D O EDITORIAL

c a b a lg a ta ©

curado elegir géneros distintos, pues en­
tre unos y otros quedan títulos que, sin
alcanzar la cifra del libro de don Ricardo
n d i s c u t i b l e m e n t e don Gonzalo Losada
Rojas, superan a los otros. En general
es una de tas grandes figuras de la lo que más se vende es cuanto tiene rela­
industria hispanoamericana del libro. Su ción con la realidad actual del mundo.
nombre tiene en este sentido el prestigio
Y , desde luego, las novelas que son lle­
eficaz de la veteranía. Agil, infatigable,
vadas al cinematógrafo.
audaz incluso, supo rodearse de un con­
junto espléndido de colaboradores y crear
una de las editoriales de mayor jerarquía
en este continente. Entre las diez edito­
riales más importantes de América de
Declaraciones del Director del Fondo
habla española, el sello Losada ocupa un
de Cultura Económica de México.
bien ganado lugar, cada día con más
firmeza y calidad. Miembro batallador
su paso por Buenos Aires, de regreso
de ía Cámara Argentina del Libro, formó
a su país, don Daniel Cossío Villegas,
parte de la delegación que en nombre de uno de los editores de más ímpetu e intela misma asistió a los debates de la re­
ligencia de Hispanoamérica, ha hecho
unión primera de editores latinoamerica­ para "Cabalgata” las siguientes declara­
nos que se celebró meses pasados en San­ ciones sobre los cuatro puntos fundamenta­
tiago de Chile, y cuyos acuerdos siguen
les a su juicio de la actual situación
aun hoy, considerándose el principio ac­ editorial.
1. — Creo, sin vacilar, que la Primera
tivo, vivo, de una política editorial que
se va extendiendo por todos los países de Reunión de Editores Latinoamericanos
habla española. Es, pues, natural que el ha sido un éxito poco común. En primer
distinguido editor comience su conversa­ lugar asistieron a ella personas conoce­
ción con nosotros aludiendo a dicha im­ doras de su oficio, dispuestas a conversar
portante reunión.
con franqueza y cordialidad sobre todos
— Lo que causó en mí mayor impresión
los temas de la Agenda, con el resultado
de que no sólo no lmbo en ningún insen la reunión de Santiago — nos dice el
señor Losada— , fué la visible unidad del
mundo de habla española, hasta el punto
de sentirnos todos como formando parte
de un mismo, de un solo pueblo. Hasta
tal punto la fuerza del idioma común
borra toda diferencia y crea un clima de
cordialidad que permite afirmar que
Hispanoamérica va hacia una unificación
de sus anhelos e intereses, que será un
hecho digno de notarse si se compara con
la dispersión hacia la cual parece mar­
char el resto del mundo.
— ¿Cuál es, a su juicio, el hecho más
positivo de dicha reunión?
— La creación de una conciencia edi­
torial, que ha de permitir la organización
del área idiomátiea hispanoamericana, por
la cual circulen sin traba, libremente, las
obras impresas en nuestro idioma.
— ¿Hubo algún punto espinoso en la
reunión?
— El punto más espinoso es siempre,
naturalmente, el del respeto y protección
a los derechos de autor. Y por lo tanto
la persecución a la piratería editorial. Los
acuerdos tomados en la capital chilena:
en este sentido, mejoran y superan las
Daniel Cossío Villegas.
leyes de propiedad intelectual que en
muchos países son tan imperfectas que
tante una fricción o siquiera una desave­
pueden darse por inexistentes. Se acordó
nencia seria, sino que se progresara pron­
en principio no aprovechar las ventajas
tamente en el trabajo. En segundo,
que las leyes locales puedan facilitar si
las resoluciones a que se llegó son to­
éstas perjudican al autor o editor de otro
das ellas importantes; pero algunas lo
, país que tenga distinta legislación. Se
acordó también regularizar los contratos son de manera excepcional: la creación
de derechos de traducción y se propugnó de la Confederación Latinoamericana de
ante los editores españoles allí presen­ Cámaras del Libro, la convocatoria a
Primera Reunión de Editores y Libreros
tes, la supresión de trabas a la entrada
de libros americanos en España, que de América y España, que se celebrará
afecta a la industria librera de este con­ en Buenos Aires en junio de 1947; la
aceptación de convenios intergremiales
tinente, por una doble razón, económica
y política: la falta de divisas del com­ para perseguir las ediciones piratas y
prador español y la —'«ura que inmide garantizar mejor el derecho de propiedad
literaria; la fijación de algunas normas
en España la venía
algunos libros
para la adquisición de los derechos de
impresos en América,
¡entras en estos
países goza el libro español de las mis- traducción de obras extranjeras; etc.
No se ahondó bastante, por desgracia,
en algunos problemas importantes, como
los de la producción y la distribución
del libro: en ocasiones faltó el tiempo, en
otros una información técnica seria.
2. — El problema de nuestras relacio­
nes con los editores y libreros españoles
es ya de una gravedad extrema: no sólo
estamos privados los editores hispano­
americanos del importantísimo mercado
español, sino que los editores españoles
cercenan cada vez nuestro mercado en la
América, tanto porque su producción es
más y más abundante, cuanto porque los
precios de venta tienden a igualarse.
La situación no sólo es grave, sino irri­
tante en extremo, pues las explicaciones
que se nos han dado hasta ahora d ifícil­
mente pueden ser más deleznables. Por
una parte, España ha llegado a acumular
una reserva de divisas capaz de mante­
ner un comercio internacional perfecta­
mente normal; el hecho de que con algu­
nos países de la América Latina tenga
una balanza comercial desfavorable, es
un argumento que no sólo desaprueba
toda teoría económica sana, sino cuyos
verdaderos fines fueron descubiertos v
Gonzalo Losada.
comprobados hasta la saciedad por la
mas ventajas que el nuestro e igual li­ Alemania hitlerista, y no dejan de llamar
la atención hechos tan contradictorios:
bertad de circulación.
mientras España dice no poder pagar las
— Como ve usted, el grave problema
de la calidad de las traducciones al cas­ importaciones de libros hispanoamericanos
tellano. Son muchas las personas de ex­ porque carece de divisas, los editores es­
periencia que opinan que es debido a lo pañoles tienen sin dificultad cuanta di
visa requieren para comprar derechos de
mal que se paga a los traductores.
— Cada editorial está resolviendo eso traducción de obras extranjeras. Y no
hablemos de un sistema de primas a la
de acuerdo a su criterio. Pero la clave
exportación, siempre costoso; ni de los
del problema está en el tiraje. Mientras
se edite una cantidad limitada de ejem­ planes del gobierno español de abrir en
plares por cada título no podrá ser re­ cada país latinoamericano grandes depó­
sitos de libros españoles.
suelto correctamente el problema. Pues
A la vista de todos estos hechos, no
todo lo que sea superar el diez por ciento
en el pago a autores o traductores, sig­ entiendo, francamente, cómo y por qué
los editores que trabajan en la Argentina
nifica un aumento tal del precio de venta
del libro que difícilmente tendría acep­ guardan una compostura digna de causas
distintas.
tación por parte de nuestro público. Por
otro lado, cualquier solución debe tener
3-— El problema más importante que
carácter general, adoptando todas las
tiene frente a sí la industria editorial
editorialej un criterio común.
latinoamericana es — ¿quién lo creyera?—
— ¿Hay entre los editores comprensión crear una cosmogonía, es decir, pasar del
necesaria en torno a la necesidad de edi­ caos a un mundo ordenado. Está bien
tar libros de los autores latinoamericanos?
que todos los días del año — exceptuando,
— Claro. Como que desde la indepen­ claro, los feriados— se cree una nueva
dencia, la cifra actual de ediciones de editorial; pero no que todas intenten pu­
autores americanos es la más alta que se blicar todos los libros, de todos los au­
haya registrado. Y no hay un solo libro
tores, sobre todos los temas y de todos
de verdadero valor que deje de ser edi­ los precios y colores. ¿No sería ya con­
tado sin tener en cuenta que el mercado
veniente que cada uno midiera, si no sus
es mucho menor que para el libro extran­ fuerzas, al menos sus gustos? Por su­
jero. Sería curioso en este sentido ave­ puesto que casi no me atrevo a sugerir
riguar la cifra exacta de las ediciones de que pudieran medirse también las fuer­
obras nacionales y extranjeras, excluyen­ zas y los gustos ajenos.
do, naturalmente, los clásicos de cualquier
4. — El Fondo de Cultura Económica
lengua, que están fuera de todo posible tiene, en efecto, un nuevo plan editorial,
reproche, para quienes hay valores uni­ uno solo; pero éste sí es, en verdad]
versales eternos.
grandioso. No es tiempo aún de anun
— ¿Cuáles son los titulos de más venta
ciarlo, pues se encuentra apenas en su
en su editorial?
etapa preparatoria. Sólo puedo adelan­
— "E l Santo de la Espada” : 150.000;
tar que, como en el caso de nuestra co­
"Platero y yo” : 50.000; "Don Segundo
lección Tierra Firme, persigue la exal­
Sombra” : 40.000. Naturalmente, he pro­ tación de la cultura hispanoamericana.

GONZALO

LOSADA

I

UNA OBRA CUMBRE DE
LA PEDAGOGIA HISPANA

COSSIO VILLEGAS

A

RAFAEL ALTAMIRA

MANUAL DE
HISTORIA DE ESPAÑA
Desde Ins orígenes hasta nuestros días abarca esta impor­
tante ohra en la que el eminente historiador nos ofrece el
resultado de los últimos estudios históricos que han llevado
al campo de la erudición gran número de novedades. Un
volumen encuadernado de 672 páginas, de gran formato, con
100 magníficas ilustraciones fuera de texto . . .
8 30.—

GUSTAVO P IT T A L U G A

GRANDEZA Y SERVIDUMBRE
DE LA MUJER
Minucioso estudio sobre la mujer de todas las épocas, desde
el punto de vista biológico, cultural e histórico. Un volu­
men encuadernado de 872 páginas, con 64 reproducciones
en huecograbado de' retratos de mujeres célebres 3 20.

HEINRICH

MANN

LA JUVENTUD
DEL REY ENRIQUE IV
En esta ohra de madurez, un novelista famoso nos presenta
la carrera ascensional del agudo y genial Borbón. Un vo­
lumen encuadernado de 688 páginas, de la
Colección
Biografías”
..................................................... * 15' ~

M ARIE BEY NON RAY

REVELACIONES
DE LA PSIQUIATRIA
En un estilo tan incisivo como un escalpelo, esta obra nos
relata la lucha de los propulsores de la psiquiatría, mien­
tras se abrían camino en las cavernas sombrías de la mente
humana. Un volumen de 428 páginas, de la
Colección

Ciencia y Cultura”

.......................................$ ” •

KAREL

CAPEK

DERRUMBE EN LA MINA
Los múltiples incidentes ocurridos en una mina de carbón,
relatados con los más 'sencillos y nobles recursos. Un vie
lumen de 348 páginas, de la "Colección Horizonte” 8 4,50

GEORGE S A N T A Y A N A

EN LA MITAD DEL CAMINO
Autobiografía, continuación de “ P f.rsonas y li gares , que
constituye un panorama, vivo y animado, de la vida inte­
lectual, moral y social de dos continentes durante un cuarto
de siglo, y un retrato de la juventud y madurez de uno de
los filósofos más grandes de nuestro tiempo. Un volumen
encuadernado de 260 páginas, de la "Colección Biogra­

fías” ................................................................... 5 7,—

■
H

1
I

HENRI BERGSON

I

LAS DOS FUENTES DE LA MORAL
Y DE LA RELIGION

1

Una de las últimas obras del gran filósofo espiritualista fran­
cés, prologada brillantemente por el profesor español José
Ferrater Mora. Un volumen en rústica de casi 400 pági..................................S 6.—

RICH ARD W R IG H T
m
¡i

MI VIDA DE NEGRO
Una biografía tremendamente sincera del famoso autor de
“ Sangre Negra” y “ Los hijos del tío Tom” , que consigue des­
pertar más interés que la más apasionante novela. Un vo­
lumen de 392 páginas.............................................. * 5.

M A R G AR ET K E NNE D Y

EL TOQUE DE MIDAS
Con su sutileza usual, la autora de “ La ninfa constante” es­
tudia y expone la trama de las relaciones humanas en el
choque de caracteres. Un volumen de 540 páginas de la "Co­
lección Horizonte”
................... 8 6,50

ROGER C A ILLO IS

FISIOLOGIA DE LEVIATAN
La sociología y la amenidad se alian en este libro
tradicional pero raramente lograda fluidez francesa.
se enfrenta con el mundo y lo ataca con un exaltador
de aventura. Un volumen de 328 páginas . . . .

bajo la
Caillois
espíritu
8 6.—

De venta en todas las buenas librerías y en la:

EDITORIAL SUDAMERICANA
ALSINA

500

BUENOS

AIRES

Distribuidores exclusivos para México:

EDITORIAL
Ignacio Mariscal 41

IIERMES
M E X IC O D. I*.

Erskine Caldwell
leerá después...
d eclaración tod o lo sincera que
pueden ser las d eclaraciones ya
prep arad as, con la intención de sosia
v a r un com p rom iso o de e lu d ir una in ­
terpretación .

U

na

Dedicado enteramente a hacer ir.i
obra, no tengo tiempo de leer lo que
escriben los demás. Después, cuando
haya llegado la hora de term inar mi
trabajo, me sentaré a leer y a enterar­
me de cómo han hecho su trabajo los
otros. Entretanto — esto subrayado con
una sonrisa— quien lee mucho a mi lado
y alguna vez me hace indicaciones so­
bre esa lectura, es mi señora.
Caldwell tiene la maciza corpulencia
de un viking, unos plácidos ojos celes­
tes en el color a terracota viva de su
cara V toda la apariencia del hombre
tranquilo, inconmovible, para el cual el
mundo exterior es un espectáculo algo
curioso, pero emocionante hasta cierta
medida, ni más allá, ni más acá. En
cambio, y el contraste vale la pena de
ser indicado, la lectora compañera que
hace a veces indicaciones es una figura
de máxima flexibilidad y ligereza y con
seguridad de un exquisito instrumento
receptor de lo que a su alrededor ocu­
rre. Su vibración ha de ser inmediata
e intensa. ¡ Es el p rim er lector, apa­
sionado, conmovido, de la ohra que su
compañero impasible ha escrito ponien­
do ante su mesa el cultivo natural de
un pueblo y examinándolo al microsco­
pi o? ¿Es ella quien le ha heeho al es­
critor la prim era indicación, entusiasta,
emocionada, de su acierto?
Cuando se ha leído E l camino del
tabaco, se ha creído — error muy natural— descubrir en sus páginas la per­
sonalidad inquieta, nerviosa, rebelde, de
un escritor revolucionario, viejo tipo;
es un libro que se diría escrito por un
hombre andrajoso y cetrino que se
muerde los labios y aprieta los puños
n cada frase de su original. Nada de
eso. La pasión personal habría entur­
biado el lente del observador y la des­
cripción del campo operatorio no sería
tan exacta.
Este Erskine Caldwell que tenemos
delante, monumental, sencillo y son­
riente, que ha paseado sus ojos celestes
por todos los paisajes del mundo, ha
comprendido perfectam ente la tarea de
captación de las penalidades y las an­
gustias humanas. Impasiblemente, sen­
cillamente, para ofrecer en realidad un
documento del dolor y de la,amargura

Erskine C.aldtcell.
humana, como si fuera un magnífico
trabajo de laboratorio, capaz de llevar
hasta lo más profundo de la observa­
ción de los demás el agrio chispazo del
convencimiento. Sin im portarle el tra­
bajo de los otros; con la plena con­
ciencia del suyo.
Ahora viaja, observa, proyecta libros
todavía no concretados. ¿Tiene algo
que decir de la actualidad mundial? Se
sonríe y explica después de un lento
encogimiento de hombros. Las fuerzas
que provocaron esta guerra pasada no
han alcanzado aún su n ivel; tendrán
que alcanzarlo y para ello será nece­
saria otra guerra, después de la cual
la humanidad habrá logrado una ver­
dadera paz. ¿Cuándo? Nunca ha sido
agradable p rofetiza r para el que tiene
un criterio experimental de las cosas.
Y ¿p or qué .no hablar también, aunque
el tema sea tan poco grato, de esa an­
siedad expansiva de Norteamérica que
el recelo legítimo de los pueblos débi­
les insiste en llamar imperialismo?
Erskine Caldwell no cree en el im peria­
lismo de su país, al menos de la manera
integral, intencional y organizada que
acusa la sospecha, lo que no excluye el
que haya ciertas zonas de acusada ten­
dencia imperialista. Cree que ni el pue­
blo norteamericano, ni el gobierno nor­
teamericano, abrigan intenciones disi­
muladas y que la política de buena ve­
cindad es sincera en esos dos sectores
que son la auténtica expresión de un
estado. Lo demás son resabios y ten­
dencias que irán desapareciendo con el
tiem p o . . . — J . M . G.

�LIBROS
CRITICA

© c a b a lg a ta

LITERARIA
por

ACABAN DE APARECER

GO N Z A LE Z CARBALHO
F á b u l a del pez y la estrella , por A n ­
tonio Aparicio. E d ito ria l Losada, S. A .,
Buenos Aires, 1946, 157 páginas.
La poesía de Antonio A paricio tiene
ese doble acento ideal que caracteriza a
los nobles poetas de nuestro tiem p o: la
dulzura y el coraje. Cuando intimamos
con un libro, resulta fá c il determinar
las fuentes de lectura de su autor, las
preferencias literarias que gravitaron
en su form ación estética. En A paricio
acude el nombre de G il Vicente y otros
clásicos de aire cantado y expresión
purísima. Ellos, si no asimilados total­
mente, están dietando normas en la
primera fase — la dulzura— de este li­
bro de juventud. Pero queda aún el
otro aspecto, contrario a la clasificación
como ejercicio, más hondo y humano:
el de los cantos del destierro, la poesía
del coraje. Quienes buscan en el verso
su armonía musical y la liviana emo­
ción que no dificulte el flu ir de la g ra ­
cia preferirán aquel conjunto de can­
ciones, algunas de fe liz transparencia,
otras cristalizadas en el único encuentro
de la forma. N o obstante ello, la vena
en que sospechamos volcará A p aricio su
inspiración futura, está en la segunda
modalidad de "Fábula del pez y la
estrella” .
La voz tiende allí a crecer, a prop or­
cionarnos la medida del hombre. Y no
simplemente como sujeto cotidiano. H a y
que palpar en el alma del español ac­
tual la excepcional bravura del destie­
rro. H an corrido los años y la canción
mantiene viva su condición de pulso.
N o podía dejar de trascender a la pa­
labra aquello que anima la sangre, que
se dice asimismo cuando se nombra la
estrella, porque el latido sólo se ador­
mece con la muerte.
Queremos destacar en A paricio esta
presencia constante del hombre erguido,
que en larga tregua de combate man­
tiene el arma al costado, en un alerta
generoso de ejem plo y esperanza. P o r
eso es que los poemas contagiados de
su íntimo coraje están mareando la
etapa más alta de su voz. Graves y
desnudos, vélanse en el ardimiento de
toda imperfección y conmueven con la
sincera pujanza de su pasión.
H a y también en el libro una zona
intermedia en que la palabra trascien­
de conteniéndose, más henchida, quizás,
por razón de su aplom o: Jos sonetos.
Pulcros en su mayoría, su lenguaje re­
huye los tonos que no eondicen con
instantes en que el corazón se sofoca
de prolongar la espera. En su diver­
sidad de temas, anotamos siempre en
A paricio la sinceridad a r d i e n t e de
quien, sin olvidar los llamados de su
edad nueva, está investido de la res­
ponsabilidad conveniente -al h o m b r e
maduro. Jóvenes son también sus inex­
periencias. .Pensamos que determinadas
inseguridades métricas son, más que
descuido, defectos de dicción. N o nos
interesa, p or otra parte, entrar en un
terreno ya ridiculizado desde muy atrás
en Valbuena. Indefinida todavía su
persona lírica, Antonio A paricio está
dándonos en su prim er libro un digno
ejemplo de voz sensible y honrada de
hombre.

A l h u é , por González Vera. E d itoria l
Cruz del Sur, Colección de autores chi­
lenos. Im preso en Mendoza, 1946, 146
páginas.
"S i alguna vez mi pensamiento se
curva hacia el recuerdo y trato de ver­
me en mi primera edad, sólo consigo
desenmarañar tres o cuatro hechos sig­
nificativos, pero insuficientes para res­
tablecer el sentido de mi carácter” ,
dice, para anotar la grisura de Alhué,
pueblo de su nacimiento, y de su misma
infancia, el autor de este pequeño v o ­
lumen. Alhué es el símbolo de la sole­
dad, esencia de una estática desespera­
ción, que trasciende de estas páginas
escritas con el máximo de decoro esté­
tico. Pasar la vista por el pueblo, es
reconocer tantos otros que guardamos,
polvorientos, en la memoria. Cosas y
gentes se doblegan al transcurso del
tiempo y cumplen su función de vida
a modo de costumbre. Existe, sí, una
mística de la costumbre. E l origen de
este libro lo documenta. Se asienta en
el fatalismo, en la aceptación de una
existencia impuesta por la inercia cir­
cundante y que en ningún momento
halla contradicción en la voluntad de
las gentes. Es decir, la contradicción
se aprecia en el eliminar todo lo que
tiende a transform ar esa atmósfera. La
literatura, aunque parezca paradójico,
ha encontrado un rico filón vital en
esta permanente atonía, llenando volú­
menes enteros de su inconfundible y
vigorosa substancia. E l trabajo de Gon­
zález V era acusa, pese a todo, novedad.
Los breves capítulos de su breve libro,
tienen una densidad, un acierto tal de
matiz, una tan pronunciada abundancia

L ú ea P a c i o l i :

de caracteres, que dejan en el ánimo del
lector la sensación de obra más amplia.
Propúsose, sencillamente, narrar, seña­
lando, en su fidelidad, aquello con
nítidos valores de síntesis. E l relato se
desliza, al parecer fácilmente y, de
pronto, cuando el clima propuesto está
plasmado, nos enfrenta con personajes
que son pilares de esa construcción
desesperante y real. Revive y realiza
tipos, los retrata de adentro para afue­
ra, con l a , directa y profunda eficacia
del que, durante largo tiempo, convivió
con ellos y ahora, en el recuerdo, les
halla el trazo substancial para repetir
el milagro de Lázaro. Lo que apunta­
mos de esos seres, decimos también de
los episodios. La vida en blanco, la
inercia pueblerina, les niega esos acci­
dentes que matizan la ' existencia; en­
tonces el carácter o la pasión los inventa
para evitar la asfixia de la estéril pla­
cidez.
' .

LA

P R O P O R C I O N

El primer libro en que aparecen tratadas
las bases dé la “ sección de oro” que tanta
influencia lia tenido sobre el arte renacen­
tista y en Leonardo da Vinci en especial.
Traducido directamente de la edición ori­
ginal de 1509. Reproducción facsimilar de
los grabados. U n volumen de gran formato
encuadernado en tela......... .......... $

30 -

Bernard Shaw:

C lIA POLITICA DE NUESTRO TIEMPO
Bernard Shaw, a los 88 aoos de edad, escribe su obra maestra. Esta G U IA
P O L IT IC A presenta y discute con claridad y agudeza los problemas
políticos y económicos más candentes de nuestra época.............$ 1 0 .-

González V era recoge estos materiales
y los expone con una ciencia de cla­
ridad expresiva, de penetración psico­
lógica, no solamente en lo que respecta
al hombre, también en lo referente al
paisaje. Entre los elementos creadores
que debíamos destacar en prim er térmi­
no, se encuentra el humorismo. Un hu­
morismo benévolo y cruel, en su p ie­
dad y en su exactitud. La nostalgia de
su infancia le lleva a sonreír ante esas
criaturas de monstruosa resignación y
el ojo agudo de la madurez a juzgárlas.

A N G E L D E L R Í O y M. J. B E N A R D E T E : E L C O N C E P T O
C O N T E M P O R A N E O D E E S PA Ñ A . A N T O L O G IA D E E N ­
S A Y O S (1895 1 9 3 1 ).......................................................... J 30.—
Un libro único de consulta, de estudio y documentación, donde
figuran, a partir de Cajal y de Cossío, no sólo los nombres más
característicos de la generación de 1898, sino también sus precur­
sores y sus afines.
Una selección de sus mejores páginas, centradas sobre el tema
de España, con una amplia introducción, notas biográfico-críticas de cada autor y una copiosa y cernida bibliografía. Un vo­
lumen de 738, páginas, encuadernado en tela.
E N R IQ U E D ÍE Z - C A N E D O : L A P O E S I A F R A N C E S A . D E L
R O M A N T IC I S M O A L S U P E R R E A L IS M O . . .
$ 25.—
Esta amplia y justa selección del gran critico español Enrique
Díez-Canedo es, gracias a las introducciones y a las agudas
presentaciones ele cada autor, la historia más cabal de la lírica
francesa de más de un siglo publicada hasta la fecha. U n vo­
lumen encuadernado en tela.

A s í surge esta pequeña obra maestra,
fina y vigorosa, tierna y dramática, que
debe enorgullecer a la literatura chilena.

C opla , por Salvador Merlino. X ilo g ra ­
fías de Bellocq. L ib rería y E d itoria l E l
Ateneo, 1945, 86 páginas.

A N T O N IN A V A L L E N T IN
LEO N ARD O .
L A T R A G IC A
B U S C A D E L A P E R F E C C I O N ....................................... $ 12.—
L a más completa, verídica y rigurosa biografía de Leonardo
que reconstruye toda la época del Renacimiento en su magnifico
esplendor.

Poesía de reflexión, expresada en co­
tidianidad de palabras, de ritmo claro
y pausado, como hablando el autor para
sí mismo. Se la siente al margen del
tiempo, avanzando con cautelosa tim i­
dez, empeñada en no equivocarse. Reco­
ge el poeta, en involuntario mimetismo,
gestos de otros poetas, asimilándolos
con parsimoniosa naturalidad. Salvador
MerJino compone sus poemas — sonetos
en su mayor parte— sin aparente es­
fuerzo. Si lo hay, como creemos que
así sea, su innato sentido musical atem­
pera las dificultades y logra ese flu ir
rítmico que infunde un aire confiden­
cial al verso. Quizás la virtud funda­
mental de "C op la” se concrete en su
sinceridad que, para alcanzar definitiva
categoría poética, debió cimentarse en
pureza más estricta. Porque Merlino
cae en la retórica de lo sencillo. Su
idea poética es a menudo un juego de
vocablos de relación tonal y no impulso
misterioso. Encontramos, de pronto, que
esa construcción agradable podría no
existir; que la sencillez nace artificial­
mente, siendo más bien un haz de voces
que acreditan fidelidad a la preceptiva,
olvidando su destino de aprehender, en
esencia, la realidad lírica.

BERTRAND
R U S S E L L : IN V E S T IG A C IO N
SOBRE E L
S I G N I F I C A D O Y L A V E R D A D ..................................$ 10.—
El libro más reciente y de más importancia del gran filósofo
inglés. Una teoría del conocimiento científico en vista de los
últimos resultados de la ciencia, llevada a cabo mediante un
análisis h o n d o ^ renovador del lenguaje y de la lógica.
G.
W.
L E IB N IZ :
C O R R E S P O N D E N C IA
CON
N A U L D ...............................................................................$
Como un homenaje a f centenario de Leibniz, editamos
obra que, según la crítica actual, es la que representa
fielmente el pensamiento del filósofo.

AR3,50
esta
más

A N G E L O S S O R I O : M IS M E M O R IA S . . . .
5
7.—
Entre todas lds obras de don A ngel Ossorio ninguna más
interesante
\sta. Su tema es el propio autor cuya vida
ilustre aba
-dio siglo de historia española.
M A R T A B .O J N E T : H U M O H A C I A E L S U R . . %
5.—
L a eterna lucha de la libertad humana contra la fatalidad es
el tema central de esta novela premiada por el Club “ El libro
del mes” de Buenos Aires y el Pen Club de Chile.
RO G E R M A R T IN D U G A R D : LO S T H IB A U L T . V I : L A
M U E R T E D E L P A D R E .................................................. %
4. _
En este tomo se describe dramáticamente el fin de la férrea
y ambiciosa naturaleza del señor Thibault, iluminando con finos
anáhris psicológicos la complicada y oscura trama de su alma
insatisfecha.
J U L IA N H U X L E Y : L A E V O L U C IO N . . . .
$ 15.—
Hace cien años Thomas H . Huxley libró enconada batalla en
defensa de la teoría de Darwin. H oy, su descendiente, hace una
síntesis de la evolución a la luz de la genética.

ÁNGEL CRUCHAGA SANTA M A R ÍA : A N T O L O G Í A

$ 8.—
“ Enfermedades y sueños, y seres divinos, las mezclas del has­
tio y de la soledad, y los aromas de ciertas flores y de ciertos
países y continentes, han hallado en la retórica de Cruchaga
Santa María mayor lugar extático que en la realidad del mundo” ,
dice Pablo Neruda en el prólogo del libro.

A L B E R T O U R E T A : A N T O L O G IA P O E T IC A . . %
4.—
El autor es uno de los más representativos poetas de la hora
peruana actual. Este libro cdnstituye un florilegio de sus me­
jores poesías desde 1911 hasta la fecha.

N o m ás que u n a rosa, por Pedro P ra ­
do. E d itoria l Losada, Buenos Aires,
1946, 96 páginas.
Pedro Prado, difundido poeta chileno,
elige, como fórmula de perfección es­
piritual, el símbolo de la rosa. La rosa
también como fusión de carne y espí­
ritu, y para su traslación de lo e fí­
mero a lo inmortal. Obsérvese en ello
un propósito medular, considerado por
el autor como plan de su libro. La idea
es promisoria y llena de riesgos. Su des­
arrollo exigía al poeta un estado en
permanencia de lucidez lírica. Es ne­
cesario reconocer que Prado aspiró a
esa lucidez mientras elaboraba su serie
de poemas, lográndola p or instantes,
aunque los desfallecimientos se empa­
rejan a los hallazgos. Vamos anotando,
en el curso de la lectura, engolados
traseendentalismos, algunas superficia­
lidades con el solo fin de completar un
verso, y, en ocasiones felices, ese ámbito
de claridad en que la revelación poé­
tica resplandece. Citaríamos varios de
sus sonetos — "B rota una rosa” , por
ejemplo— en que espíritu y form a
aparecen tan íntimamente ligados, que
la idea se trasmite a la palabra y la
palabra es creación de una idea. Esta
culminación evidencia la fórmula lo ­
grada, es poesía viviente. Juzgado se­
gún corresponde a la jerarquía del
tema, "N o más que una rosa” es lamen­
tablemente irregular. Tenemos presente,
durante la lectura, la diamantina pu­
reza de Jorge Guillén, a quien desti­
naríamos el compromiso de. reescribir
este libro, cuyo temario le pertenece
por derechos de capacidad. Pedro P ra ­
do está adherido a tendencias subjetivas
como para ascender, con posibilidades
de sostenerse en el vuelo, a la región
abstracta de la rosa. Su libro, de plan­
teo admirable, queda indeciso entre la
esperanza y la decepción.

DI VI NA

PED RO P R A D O : NO MAS QUE U N A ROSA . . $
3.—
Conocido sobre todo como novelista, Pedro Prado, gran escri­
tor chileno, es asimismo un poeta de finas e inconfundibles cali­
dades.
A N T O N IO A P A R IC IO : F A B U L A D E L PE Z Y L A ES­
TRELLA
...........................................................................5
4
En la inspiración de este nuevo poeta español se mezclan los
temas puramente líricos con otros sugeridos por las convulsiones
actuales del mundo, adquiriendo todos ellos la más depurada y
personal expresión.
E N R IQ U E P O P O L I Z I O :
ALBERD I
. . . .
$ 6.—
Un Juan Bautista Alberdi í/itimo, más humano y más verídico
del que suele presentarse habitualmente.

JOSE M A R Í A

PODESTÁ: J. T O R R E S G A R C ÍA $
5.—
Apóstol de la pintura abstracta, creador del universalismo cons­
tructivo y pintor de originalísima personalidad es el uruguayo
Torres García.

M A R I A N O P I C Ó N - S A L A S :M I R A N D A . . . .
*
7.—
El eminente escritor veftezolano ofrece en
esta obra una ori­
ginal biografía de Miranda, el primer criollo que, “ venciendo
el aislamiento colonial, se paseó con gran decisión y señorío por
la historia del mundo” .
G E R M A N A R C IN IE G A S : E L P E N S A M IE N T O V IV O D E
A N D R E S B E L L O ................................................$ 3 . —
L a influencia de Andrés Bello sobre la literatura y el pensa­
miento hispanoamericanos, junto con una selección de sus pági­
nas más representativas.
L U IS . S A N T U L L A N O : E L P E N S A M IE N T O
V IV O
DE
C O S S IO ............................................................................ $
4.—
Una completa semblanza del gran pedagogo y crítico de arte
seguida de sus páginas más representativas.

B IBLIO TECA

CONTEM PORANEA

Nos. 169 y 170 — B E N I T O
P E R E Z C A L D O S : G L O R IA .
Tomos I y I I .
Cada u n o ........................................ $
2.—
Una novela de intenso dramatismo, una de las más vigorosas
creaciones de Galdós.
171— C O N R A D O N A L É R O X L O : E L P A C T O D E C R IS ­
T I N A . E L C U E R V O D E L A R C A ............................ $
1,50
Dos hermosas piezas dramáticas del autor de E l grillo.
172 — F R A N C IS C O V E R A :
B R E V E H IS T O R IA DE L A
M A T E M A T I C A ............................................................... %
2—
Despojada de tecnicismos, esta obra está escrita con sencillez
y elegancia que hacen muy agradable su lectura.
173— B E N I T O P É R E Z G A L D Ó S : T O R Q U E M A D A
H O G U E R A .................................................................... *

EN LA
1,50

174 — J U A N R A M Ó N J I M É N E Z : P O E S I A . .
. $
1,50
Poesía es uno de los libros menos conocidos y más personales
del gran poeta español, que merced a esta edición será debida­
mente difundido.
175 — B E N I T O P É R E Z G A L D Ó S : T O R Q U E M A D A E N L A
C R U Z ......................................................................................$
2,50
176 — M A R I A N O I B E R I C O : E L S E N T I M I E N T O D E L A
V I D A C Ó S M I C A .............................................................. $
1,50
Un libro representativo del pensamiento del gran autor peruano
considerado como una de las figuras cimeras del pensamiento
filosófico hispanoamericano.
177— B E N I T O P É R E Z C A L D O S : T O R Q U E M A D A E N E L
P U R G A T O R I O .................................................................... S 2.—
179 — B E N I T O P É R E Z G A L D Ó S : T O R Q U E M A D A Y S A N
P E D R O ................................................................................ $ 2,50
Los dos últimos tomo9 de la serie de los Torquemada, uno de
los grahdes personajes de la galería de arquetipos novelescos del
siglo X I X creados por Galdós.
178 — F E R N A N D

CROM M ELYÑCK:

T R IP A S

DE

ORO

% 2—

H e aquí un avaro muy diferente del modelo clásico de M o liere;
he aquí una de las creaciones más originales del gran come­
diógrafo moderno.
180 — R A M Ó N G Ó M E Z D E L A S E R N A : G O L L E R Í A S % 2,50
Con 204 dibujos tan curiosos como personales del propio autor,
este libro es una nueva revelación de su extraordinaria fertilidad
imaginativa y de su personalísimo humorismo.
181 — A L F R E D O P A R E J A D IE Z - C A N S E C O : L A S T R E S
RATAS
...............................................................................$
2,50
El drama de tres mujeres solas llegando a una ciudad en busca
de refugio. Segunda edición de esta interesantísima novela, ac­
tualizada merced al film argentino estrenado con gran éxito.
182 — A R T U R O C A P D E V I L A : E L L I B R O D E L A N O ­
CHE
$
2.— .
Este libro, continuación de Melpómene. es también un libro
de dolor. Pero no falta en él del todo la esperanza. En las
últimas estrofas el corazón se alboroza bien que en el fondo
sufra el doble trance de padecer y celebrar.

EDITORIAL LOSADA S. A
ALSINA

1131 - B U E N O S

M O N TEVIDEO

N

O

T A

S

y su tie m p o , por Enrique Anderson Imbert. Editorial Yerba Buena. Co­
lección Imagen del Tiempo, Buenos Aires,
1946. P recio: $ 4.

I bsen

De Henrik Ibsen, escritor cuya influen­
cia se descubre con una simple ojeada
panorámica a toda la literatura teatral
contemporánea, no teníamos una buena
biografía en castellano, a pesar del inte­
rés que el personaje suscita y de su in­
negable popularidad. Utilizando los datos
ya empleados por él mismo en dos "leetures” consagradas a Ibsen en el Smith
College de Northamptou (Estados Unidos)
hace dos años, y acumulando a ellos nue­
vas experiencias sobre el tema, el pro­
fesor de la Universidad de Tucumán, En­
rique Anderson Imbert, nos da en sn
libro esa necesitada biografia.
No se trata — justo es advertirlo— de

- SA NTIAG O

DE

AIRES

CHILE

una biografía novelada, en donde al dato
acumulado se incorpora el esfuerzo ima­
ginativo y de invención del biógrafo y
que puede no tener la fortuna de hacer
revivir con autenticidad al personaje a
pesar del interés de la creación lograda.
Anderson Imbert no intenta crear un
personaje fantástico Ibsen, sino descu­
brirnos al hombre que fué Ibsen a través
do todas las referencias legítimamente
utilizables; ante todo sus obras y en se­
gundo término, la anécdota, el ambiente,
los personajes que lo rodearon, lo ama­
ron, lo combatieron, sus defensores, sus
detractores.. .
El breve espacio del que disponía el
biógrafo ha sido rellenado con tal abun­
dancia de datos esenciales y tan ceñida
precisión critica, que surge finamente di­
bujada la extraordinaria figura en dis­
tintas estampas, como en una rápida y
seguida exhibición cinematográfica de los
más representativos cuadros de una vida.
Para que el efecto sea más de notar se

- LIMA

acompaña el desfile con un abundante
material gráfico muy discretamente ele­
gido, y todo ello va completado en las
contratapas del volumen — detalle de cier­
ta importancia desde el punto de vista
de la determinación de influencias— con
dos mapas estadísticos, uno de ellos de
los países en que vivió el gran escritor
noruego y de los que visitó en distintas
fechas, y el otro de las fechas en que
aparecieron en distintos países las edi­
ciones o traducciones de sus obras, o fue­
ron representadas por primera vez en sus
teatros. —- J. Mora Guarnido.
Grandeza

y

servidumbre

de

la

mujer,

por Gustavo Pittaluga. Editorial Sudame­
ricana, Buenos Aires.
Si sus anteriores ensayos no nos hu­
bieran curado de toda sorpresa, esta nue­
va obra del eminente histólogo español
podría haberse considerado como una in­
esperada revelación. Poro sus trabajos y

�LIBROS

c a b a lg a ta ®

DE LA

REVOLUCIÓN FRANCESA
porJEAN JMJRÉS
Vol.

i.
ii.

»
»

ni.
IV.

La Asamblea Constitu­
Vol.
V. La Revolución en Eu­
yente.
ropa.
La obra de la Asamblea
Vi. La Gironda.
»
»
Constituyente.
V il. La Montaña.
La Asamblea Legislativa.
VIII. El Gobierno Revolucio­
La República.
nario.
3308 páginas. Precio de los ocho volúmenes: $ 70.
Entre los &lt;* indios def.nitivos dedicados a la Revolución Francesa, la magna
obra de Jcan Jaures figura na sólo como uno de los más originales sino como
el que conserva más valor de actualidad. Porque si los efectos políticos de
los monarcas y los intereses de las oligarqu ías cercenados por la soberanía popu­
lar, ya se manifestaron plenamente a lo largo del tiempo, en casi todas las lati­
tudes del orbe, sus consecuencias sociales todavía perduran en estado evolut.vo.
E l jefe del socialismo francés, cuya autoridad como historiador iguala a
su prestigio de trilruno y de conductor de masas, analiza el proceso revolu­
cionario, y sienta la tesis de que la grandiosa crisis, si en substancia sig­
nificó un alzamiento de la burguesía, preparó el advenimiento del proleta­
riado y despertó — primero en Francia y más tarde en Europa entera- y
Am érica—• las reivindicaciones sociales que constituyen todavía uno de los
más arduos problemas de la hora presente.

B IB LIO TE C A AR G E N TIN A DE AR TE
R e m h r a n d t, por A n t o m o R. R o m e r a .
Rembrandt fué un hombre que padeció en propia carne la amargura de crear
con dolor. Su vida fué un camino recorrido en etapas distintas de felicidad, de
gozo, de angustia y tle humillación. Su arte es una perpetua alusión a la inquie­
tud humana. Su mundo es el mundo cotidiano y habitual, con todos sus atri­
butos, sus emociones y sus acatares. En esta semblanza alcanzan vigoroso relieve
la vida, el arte y el mundo del insigne pintor holandés.
104 páginas, 55 grabados, 4 en color. Encuadernado en cartoné: $ 10.

El Greco, por A r tu r o S er ran o P l a j a .
Esta monografía es una contribución ponderabte para la divulgación del
sentido auténtico que posee el prodigioso fervor desatado en torno del Greco
de cincuenta años a esta parte, fervor que aun se halla en pleno desarrollo y
que ha significado “ una tenaz y porfiada lucha de la moderna investigación
contra una estela negra que parecía haber ido borrando cuidadosamente toda
huella del genial pintor cretense”.
96 páginas, 56 grabados, 4 en color. Encuadernado en cartoné: $ 10.

Juan Del Prete, por Jo a n M e r l i .
“ Del Prete, espiritualmente emparentado con la generación que, en el segundo
lustro de nuestro siglo, puso en el surco abonado la semilla del cubismo, ama
las síntesis, las abstracciones, pero sería erróneo considerarlo un pintor abstracto.
Su capacidad de trabajo poco común, dará abasto a su facultad de engendrar
y sus concepciones serán diversas e infinitas, como corresponde a un pintor
no afiliado a ningún bando artístico.”
88 páginas, 71 grabados, 4 en color. Encuadernado en cartoné: $ 10.

Lucio Fontana, por J u a n Z o c c h i .
Lucio Fontana, el ilustre artista rosarino, formado en los estudios de Italia
y de Francia, y en los anchurosos caminos del mundo, “puso todo el contenido
de las artes plásticas de épocas anteriores al servicio del destino del hombre” .
Su vida y su obra son interpretadas en estas páginas con sagacidad y hondura.
84 páginas, 60 grabados, 4 en color. Encuadernado en cartoné: $ 10.
COLECCIÓN VIDAS Y OBRAS

La vida y la obra de J.-H. Fragonard, por G eorgf.s G r a p p e .
Asistimos al despliegue genial de quien, si a los veinte años ya obtenía el
Premio de Roma y a los veinticuatro ingresaba en la famosa Academia que la
corte de Francia mantenía en la Ciudad Eterna, supo asimilar de la enseñanza
oficial tan sólo aquella densa cultura que le permitiría muy pronto volar audaz­
mente por los jardines de su propia inspiración y convertirse en uno de los
coloristas más sorprendentes que se hayan conocido. Grappe nos ofrece una
plasmación armoniosa de aquella alma privilegiada y revive algunas de las
páginas más ardientes de la Revolución.
316 páginas, 87 grabados, 6 en color. Encuadernado en tela: í 23.

Aristide Maillol (Su V id a, su Obra, sus Id e a s ), por Ju d it h C l a d e l .
La autora de este libro ha intentado “ relatar la vida de Aristide Maillol tal
como le ha sido contada por éste, cálida en la emoción del recuerdo” . Es como
un reportaje hecho al hombre, al paisaje que envolvió su vida y al artista
creador. Tiene el aurifico valor de los documentos profundamente humanos, lo
que cobra más importancia todavía por ser Maillol un carácter tan sincero
'en su trato y en su palabra como en sus obras. Asistimos a una especie de
autobiografía en la que los rasgos fundamentales del dibujante, del pintor,
del litógrafo, del artista del tapiz, el ceramista y el estatuario van constru­
yendo la pétrea personalidad del escultor.
304 páginas, 63 grabados, 3 en color. Encuadernado en tela: $ 22.
HISTORIA DE LAS ARTES PLÁSTICAS
por Jorge R o m e r o B r e s t .
V oi. III; La arquitectura y la escultura.
Dentro del desarrollo histórico de la arquitectura y la escultura, el autor,
en este III volumen, se detiene especialmente en las grandes épocas creadoras
y en los pueblos que más se han distinguido en
ellas: los egipcios en la Antigüedad del Cercano
Oriente, los helenos y romanos en la Antigüedad
clásica, el Medioevo en todo el mundo civilizado,
el Renacimiento italiano . . . Sobre todo, la Edad
Media ha sido objeto de singular dedicación, para
establecer los caracteres de las formas cristianas,
islámicas, búdicas y neobrahmánicas. El Apéndi­
ce, con la lista de las obras más selectas y de los
más eminentes arquitectos y escultores, proporcio­
nará al lector las indispensables referencias docu­
mentales.
4% páginas, 130 grabados, 8 en color.
Encuadernado en tela: $ 24.

i '.nferenciíis sobre ten.ns que podrían lla­
marse ajenos a su fundamental ocupación
científica son lo bastante conocidos para
que ahora, ante este libro que se subtitula
“ La posición de la mujer en la historia” ,
se le considere como la culminación na­
tural, en extensión e intensidad, de una
tarca hace mucho tiempo emprendida y
para cuya realización se ha tenido que
agotar en un verdadero alarde de erudi­
ción universal, innumerables fuentes.
Trata el profesor Pittaluga de explorar
con tendencia a agotar el tema, la posición
histórica de la mujer o de determinar en
qué medida ha contribuido la mujer a
la “ creación de la Historia” . La aventura,
de cuya trascendencia puede darse cuenta
cualquiera, pues casi llega al empeño y a
las características arriesgadas, imprecisas
V grávidas de consecuencias de una ver­
dadera aventura caballeresca de nuestros
días, es perseguida por el autor acumulan­
do las experiencias de una larga vida de
pensador y de lector, ordenándolas cuida­
dosamente y poniendo en inteligente ejer­
cicio toda su sagacidad y toda su pacien­
cia de investigador científico — y pién­
sese por otra parte en lo desperdigado y
en lo poco concreto de todo el material
que ha debido acumularse, para advertir
lo que estas páginas resumen de atención
y de afán.
Es muy difícil — decir imposible sería
extender a los demás el convencimiento
de la propia incapacidad— dar en un
extracto forzosamente breve una aproxi­
mada idea de este libro multiforme y den­
so, cuya lectura y estudio exigen muchas
horas y que constituirá texto de consulta
para curiosos, investigadores y maestros
de todos los órdenes. La mujer — las mu­
jeres biográficamente diferenciadas en
todos los casos destacados (santas, he­
roínas o mártires) que la historia ha re­
gistrado— es estudiada en esta obra como
instrumento fijador y estabilizador de
las corrientes de la cultura humana. Qué
ha sido, qué está siendo ahora, qué será
en el futuro del mundo a medida que se
adquiera un concepto más exacto y justo
do su “ valor” en la vida. Haber puesto
la mirada en la realización de una obra
de estos alcances revelaba en su autor
tanta responsabilidad como audacia; ha­
berla realizado en la forma en que está
lograda ha debido ser para el maestro
Pittaluga una enorme satisfacción capaz
acaso de endulzar en su alma las amargu­
ras y decepciones de miembro ilustre de
la “ España Peregrina” . — J. Mora Guar­
nido.
%
J u a n D el P rete , por Joan M erli. Edito­

rial Poseidon, Buenos Aires, 1946.
Una de las más severas exigencias de
la crítica es vigilar sus palabras. Baudelaire ya señaló su vuelo, profundidad y
destino. La crítica navegaba por el mis­
mo mar que la poesía. De ahí su pasión
y responsabilidad.
Asusta pensar la facilidad adoptada por
algunos críticos para hablarnos de innu­
merables artistas. Se escribe por encar­
go y los temas son como mercancía de
cómoda selección en la plaza pública. No
estaría de más recordar alguna vez aquel
consejo de un famoso crítico inglés que
al final de su vida se quejaba por no
haberse dedicado a leer y comentar sola­
mente a Homero. . .
Joan Merli dió tiempo a su tiempo de
rigurosa meditación. Meditó, desde aque­
llos días de su Pablo Picasso a estos otros
días de Juan Del Prete. Siempre es im­
portante esperar cuando la espera es des­
velo y anunciación. Así era natural que
después de aquella firme y apasionada
actitud frente al pintor malagueño tuvie­
se que aguardar la aparición de otro pin­
tor. Merli no es amigo de la frivolidad
ni del apresuramiento. Si el arte es una
continuación, toda palabra debe ser tam­
bién una continuación.
Es extraordinario y excepcional que es­
te nuevo libro parezca una feliz continua­
ción del anterior. De esa continuidad, que
es diversidad, se nutren los grandes pen­
samientos y las obras fundamentales de
la imaginación. Por ello, que sea estric­
tamente necesaria la cultura para ejercer
la crítica. Y la vulgar opinión se con­
vierte en canción o en lección. Asi lo
exigía Eilke.
Merli no nos engaña. El mismo lo dice
desde la profundidad de su amor por la
pintura. "L a obra del artista — nos des­
cubre— se nos brinda para escribir bajo
su amparo.” Y bajo ese deslumbrante
amparo nos da una lección de arte, una
lección que arranca de lo prehistórico has­
ta lo que puede ser el futuro. ' En medio
de ese camino saluda la presencia de Del
Prete dándole su fe y su esperanza?
Si Joan Merli nos dió su Pqblo Picasso,
y continúa dando su fruto y raíz en este
importante Juan Del Prete, lo mejor y
más grato será esperar, y soñar, en cuál
será el próximo pintor que le facilitará
paisaje para continuar su lección. — A r­
turo Cuadrado.
de l a educación p ú b l ic a , por
Lorenzo Luzuriaga. Editorial Losada, S- A.,
Buenos Aires. 247 páginas. Precio: $ 5.

H is to r ia

En un breve tomo de la "Biblioteca del
Maestro” nos ofrece el pedagogo don L o ­
renzo Luzuriaga un sustancioso compen­
dio de historia de la educación: la apa­
rición de la educación pública en los prin­
cipales países del mundo y las fases por
que ha pasado.
El primer capítulo versa sobre la edu­
cación pública religiosa en los siglos xvi
y xvu; el segundo se refiere a la educa­
ción pública estatal; el tercero a la edu­
cación pública nacional en los siglos xvm
y xix, y, finalmente, el cuarto capítulo
trata de la educación pública democrática
en Alemania, Francia, Inglaterra, Estados
Unidos, Rusia y España. Precede al pri­
mer capítulo una breve introducción, y
siguen al último una conclusión, bibliogra­
fía e índice de nombres.
La autoridad que asiste al señor Luzu­
riaga en temas de esta naturaleza nos
excusa de hacer hincapié en los méritos
de esta obra, presentada con sencillez y
con decoro. Estamos seguros de que, por

sus méritos intrínsecos, por el interés del
tema para maestros y, en general, para
quien se interese por el nacimiento de
una institución de tanta trascendencia
para la formación de la cultura que todos
respiramos como es la educación pública,
y por venir a llenar un vacío inexplicable
en nuestra literatura pedagógica, este nue­
vo libro del señor Luzuriaga encontrará
la acogida a que tiene derecho. — J ■ Otero
Espasandín.
Do n M a n u e l

del

L e ó n , por Arturo Se­

rrano Plaja. Emecé Editores, S. A., Cn
lección Hórreo, Buenos Aires, 1946. 156
páginas. Precio: $ 3.
Es éste el último libro publicado por
Arturo Serrano Plaja. No es cierto, como
se dice en la solapa de la edición, que
sea el primero en que éste aborda el gé­
nero novelesco. También en Buenos A i­
res, además de unos cuentos publicados en
"L a Nación” , se editó su primer libro
de cuentos, hace años, titulado “ Del cielo
y del escombro” . Así se explica que en
ningún sentido sea ésta una novela pri­
meriza. O, más bien, si se prefiere, un
cuento largo. Estupendamente escrito, sin
que se note, su prosa es fiel a cada per­
sonaje y al tiempo narrativo de cada
situación. Castiza la palabra, de acuerdo
con el bestiarium pueblerino, sanchoquijotesco, que nos presenta Plaja moviéndose
en torno a don Manuel del León, cazador
cervantino, con cierto tinte galdosiano,
que acierta con limpia puntería, cuanto
se propone: darnos una difícil lección, de
tradición íntegramente española, por la
cual se demuestra cuántas veces el loco
era el único cuerdo. Frente a un ambien­
te cerril, de pueblo embeatecido, con
acompañamiento de señoritingos y señoritangas, gana don Manuel su ínsula ba­
rataría : una mujer extraordinaria, con­
tradictoria, entera a pesar de haber par­
tido su vida tantas veces como para ser
desdeñada por las "mujeres de su casa” .
El episodio en que don Manuel se echa
al corral de los leones en busca de un
guante que la dama arroja caprichosa y
retadoramente, y que termina con los
guantazos con que él mismo le cruza la
cara a la veleidosa, está dentro del gran
linaje novelesco: apasionante, fino, sabia­
mente llevado a su fin. Las páginas de­
dicadas a la caza de la perdiz, con re­
clamo, en que se describe el campo de
acuerdo con el corazón y los ojos, los
sentidos del cazador y de las aves, con
su luz, su distancia, su temperatura, sus
sonidos, son de las mejores que hayamos
leído entre los novelistas de la actual
generación. — Felipe Arcos Ruiz.
L a tie r r a es verde , por H arold W illiam
Rickett. Editorial Pleamar, Buenos Aires.

Imprenta López, 343 páginas. P recio: $ 8.
Bajo est” título se esconde un texto
encantador de botánica con numerosas
ilustraciones, hábilmente ejecutadas, del
autor. Escrito con gracia de poeta y
con un aparente desenfado, este libro
señala y acentúa cuanto de hecho tiene
interés para el estudiante que no aspire
a una laboriosa espeeialización y sobre
todo para quien desee comprender el sig­
nificado biológico del reino vegetal.
Tras muchos años de enseñanza en cen­
tros universitarios norteamericanos, el
profesor Rickett, hoy director del Jardín

Botánico de Nueva York, nos ofrece aquí
lo más acendrado de su experiencia ne.
dagógica y científica. Traducción de ca­
lidad hecha por Luis Echávarri e im
presión esmerada. — J. O. E .
vendedor
de b a g a te la s , por W.
H. Hudson. Editorial Sudamericana, Bue­
nos Aires. Talleres Gráficos de la Com­
pañía Impresora Argentina. 280 páginas.
Precio: S 4.

Un

En la Colección Horizonte de la Sud­
americana, acaba de aparecer este Übrito de Hudson, uno de los poetas más ex­
traordinarios de nuestros días, nacido y
educado en la Argentina y acreditado y
consagrado como escritor en Inglaterra
a donde se trasladó en su juventud. Hudson sabe ver la naturaleza con ojos fran­
ciscanos, desde la flor o la niña aldeana
al pájaro potente y al viejo a quien el
hábito fué engañando y haciéndole creer
poco a poco que ya no cantan los ruise­
ñores y los verderoles han desaparecido
simplemente porque no puede escuchar
aquéllos ni ver a éstos. Pero cn el fondo
de su alma existe una rebeldía insobor­
nable, más propia del espíritu elemental
del ave de paso, del viento que barre pla.
yas y cantiles, que del hombre hecho a
los convencionalismos sociales, a las muer­
tas formas de cortesía. Esta alma nacida
y formada entre la pampa y el cielo, en
contacto con los gauchos, con los potros
salvajes, con las aves y toda suerte de
alimañas, tiene una capacidad de comprensión asombrosa, pero hay. algo que
jamás pudo aceptar, algo con lo que
nunca transigió: la rigidez, los conven­
cionalismos, la engolada estupidez, todo
aquello, en fin, que se distancia de la vida
y se niega a comprenderla. Libro ma­
ravilloso éste, como otros muchos del
mismo autor, presentado con sencillez,
pero con gracia, con distinción, tal como
al mismo Hudson le hubiera gustado, y
precedido de un prólogo muy interesante
de Edwnrd Garnett, amigo y admirador
del autor de A Naturalist m La Plata. —
J. Otero Espasandín.
La

n atu raleza

m u nd o

f ísic o ,

(V ie n e de página 6.)

de truculencia y de verdad desbordada.
Se prescinde de los desdeñables y me­
diocres poemas del fin al, Elégies, Liturgies intimes, Chair, Dans les limbes,
en los que el pobre Verlaine, luego de
haber dicho todo lo que tenía que decir,
"haciendo versos como quien camina”,
cae en fabricante y en versificador
profesional, con un sobresalto de ver­
dadera poesía de cuandoi en cuando,
desgraciadamente ahogada demasiado
pronto por la repetición fastidiosa, y
desfigurada por los tíos.

Se tiene el valor que se pu ede; Ver­
laine, en su abominable fin de la vida,
tiene el su yo: su canto perpetuo en
los labios, y esta clarividencia al juz­
gar sus vicios, confesados francamente.
Esto brinda un espectáculo triste, sin
duda alguna, muy poco "paisaje esco­
gido” , pero, antes, ¡qué surtidores, qué
murmullos de brisas y de ramas, y qué
claros de luna y qué gritos desgarrado­
res y tiernos! Es preciso haber entre­
visto el resto, y no acordarse sino de
esto. Y tener en cuenta también que,
contrariamente a muchos poetas, en los
cuales hay que desechar mucho y con­
servar poco, en el caso de este gran
desdichado Verlaine, en la hora de la
antología y del flo rileg io final, habrá,
en suma, relativamente bastante poco
que podar para encontrarse ante una
obra admirable por su gracia y su
emotiva humanidad, donde recoger lo
exquisito, directo y perceptible para
todos.
E jccI úsívo de S . F . I .

I Historia de los Heterodoxos Españoles
por don Marcelino Menéndez y Pelayo
Edición en 4 grandes tomos encuadernados, presentando
por prim era vez la característica de ofrecer traducidos los
textos griegos y latinos.
Precio de la obra completa S 6 0 .-

libreria
R i v a d a v i a 1731

por

Esta obra figura ya entre las clási­
cas del pensamiento científico, pese al
hecho de tratar los problemas más can­
dentes de la ciencia de nuestros días. El
acopio de experiencia hecho por los sa­
bios de todo el mundo en campos muy
distintos del saber, gracias al concurso
de aparatos de creciente rigor determi­
nativo, obligó en fechas recientes a re­
visar los supuestos sobre los cuales repo­
saba la tradicional concepción del mundo
físico. Un hecho tras otro vinieron a
echar por los suelos lo que a los hombres
de mediados del pasado siglo le parecía
una arquitectura sempiterna. Este libro,
escrito por un hombre recién desapareci­
do en quien se daban en grado eminente
el físico, el astrónomo y el filósofo, trata
de ofrecer al lector el cuadro más aca­
bado y más coherente posible a estas al­
turas de lo que entendemos por realidad
circundante o mundo físico. Encarecer su
mérito resultaría una pedantería intole
rabie por nuestra parte^— J. O- E .

ESE GRAN DESDICHADO DE VERLAINE
y a otra cosa, el poeta maldito, el fa u ­
no desencadenado, "L e tibére effrayant
que je. suis a cette heure”, tal como se
vio a sí mismo. N i amable, ni tierno,
este otro, sino feroz, furioso, desen­
frenado como para no encontrárselo en
un rincón del bosque; revoleándose en
sus infernales pasiones, verdadero poe­
ta del infierno, como suele oírse en las
bibliotecas; malvado, erótico, vengativo
y sarcástico sin piedad; y diciéndolo
todo en sus apartes.
No, Verlaine no es delicioso. V erlaine es terrible, más fuerte y más
grande que encantador. Y verdadera­
mente, éste ed el que cuenta, siendo
también el más verídico, el más des­
garrado, el más dramáticamente huma­
no en su desconcertante complejidad,
el más interesante también para aque­
llos que, amando al poeta por entero,
aman en él incluso al hombre horroroso,
desgraciado y digno de piedad. Un
Verlaine cuyo trato íntimo no es di­
vertido; y que se pintó desnudo, en el
fondo de los abismos, con una lucidez
feroz y una complacencia innoble en
sus poemas más crudos, atravesados
por relámpagos fulgurantes, y por mo­
mentos aun levantado por el viento del
genio lírico. "L e D ieu d’amour veut
que l’on ait de l’Haleine.” Este V erla i­
ne negro^ y nudoso tiene, en efecto,
aliento. No es aconsejable para las mu­
chachas, ni para el delfín. Pero, para
sus cultores, es un hermoso monstruo.
Es el Verlaine de Larallélement, de las
Chansons poitr elle, de las Odes en son
honneur, donde, entre tanta verbosidad
y aun galimatías, hay trozos soberbios

del

Arthuer Eddington. Editorial Sudameri­
cana, Buenos Aires. Imprenta López. 499
páginas. P recio: $ 6.

perlado

editores

Sucursal: C orrien tes 1543
BS . A I R E S

�AJEDREZ
F.l maestro F rancisco I*i: x k «”», campeón &gt;L
ü’cdr
de Ia ciudad de /'•*. »»&lt;/.« A ire -, im’« »/.
con .,i presente colabora dor. ¡a scición de aje: (/,• C a í » i .c.a t a . gue esiara a *u ruidajo.
E l mai'stro Henko Ita participado brillantemente
en torneos raciónale.: e internacionales. Es muy
stimada por los aficionados su brillante colec­
ción de 17.000 problemas y finales. N. &lt;U* l:i K.
Publicamos a continuación
una magnífica
partida dei maestro húngaro I.. Kzabo, quien
recientemente ocupó el cuarto puesto junta­
mente con Miguel N ajdorf en el gran torneo
leí Groningen.
I.a hazaña de Szalto se valo­
riza más aún considerando que Szabo pasó los
últimos años en un campo de concentración
nazi, completamente alejado ele 1 tablero y con
la salud quebrantada.
La partida que publi­
camos, está comentada por el propio Szabo y
es una producción anterior en la que muestra
la garra de un gran maes.ro.

P artida

N"

1

C A M P E O N A T O H U N G A R O 1935
Peón Oama
Defensa Praga
G. Szabo Hahs MüJ'.cr
1. P4l&gt;
C3AK
18. A4C
P3CK
1 P4AD
1*3R
19. T3R
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3. C IA R
1*4D
20. 1*5 R
1*4A
4. CJA
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21. A 3A
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5. A5C
l*x P I)
C2R
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6. C xP
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23. R2A
7. P x P
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24. P4CD
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25. C x C c ) T x T
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D x l) j.
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26. T x T
10. T x l )
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27. A 6 A i. R2R
11. C6II j.
R IA
28. T 3 T R ! P4TR
12. IMR
C2A
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29. T3C
13. A2R
C3A
30. C5C
I*3T
14. P4A
R2K
31. C6D j. R2C
15. 0 — 0
1*3A
32. T 3 A D
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16. T .IA :
T il)
33. A 3A
R IA
17. T3C'
34. T 7 A d) P4T
vei- diagrama
35. P5C
P 5 TR
R IA
36. 1*4T
Abandonan

LA IMPRENTA LOPEZ
es la primera organización creada en HispanoAmérica dedicada exclusivamente a la impresión
de libros. Su participación en la creación de la indus­
tria editorial argentina ha sido decisiva. Su nombre
como impresores, unido al de los editores, marca una
etapa culminante en la historia del libro argentino.

en conjunción maravillosa realizan el milagro de

pues

sin aumentar

Posición después de la ju ga d a 17 de las
Blancas

el costo.

al Gas Negras no querían permitirme de aislar
su PD.
b) Con esta jugada las Negras desean librarse
de su posición poco cómoda, amenazando
A3T.
o) F.l cambio que gana.
d ) Las Negras están en Zugzwang. Cuando se
acaban las jugadas tic peones, pierden una
pieza.

IMPRENTA LOPEZ
Al servicio del libro
•

G O B I N E A U , C. de. — E l R e naci ­
m ie n t o . Con 35 dibujos de Luis Seoane. Ene................................ 8 20.—

O R T E G A , E. C. — 11ISTORIA DE I.A
biografía .
El hombre visto por el
hombre a través de los siglos. Rús­
tica ....................................... 8
9.—
G Ó M E Z D E L A S E R N A , R. — José
G utiérrez S o l a n a . Con 136 ilustra­
ciones. Ene......................... 8 20.—

P A C 1 0 I.I, L. — I ..A DIVINA PROPOR­
CIÓN. Obra muy necesaria a todos los
ingenios perspicaces y curiosos, ron la
que todo estudioso de filosofía, pers­
pectiva, pintura, escultura, arquitectu­
ra, música y otras disciplinas matemá­
ticas, y con varias cuestiones de se­
cretísima ciencia. Ene. . . 8 30.—

L E C H A T , H . — F idias y la escul ­
CRIECA EN EL SICLO v. Con más
de 100 grabados y 1 mapa de la Gre­
cia antigua. Ene................. 8 18.—
tura

R U S K I N , J. — L as siete lám paras
DE I.A ARQUITECTURA. Ene. . 8 15.---M A S S A , P E D R O . — R omero de T o ­
Ene............................... 8 35.—

rres.

B E R E N S O N , B . — P intores it a l ia ­
nos del R e n a c im ie n t o . Ene. 8 2 0 .—
R U S K IN ,

J. — A rte primitivo y
C.on noticia li­
minar de Leonardo Eslarico. Encua­
dernado
............................ 8 16.—

M.

pintores

que

L E M O N N I E R , C. — F é u c ie n R ops .
En Rops se descubre un poder sim­
bólico y una imaginación figurativa
de la más alta especie. Sus lápices
pusieron el espíritu de toda una época
al desnudo. Ene................. 8 50.—

m ite dar ca lid a d

P E R U 666

B E R T A U X , E . — D o n a t e li .o . En es­
te libro el genio pujante del gran
escultor florentino aparece estudiado
magistralmente a través del cuantioso
repertorio de sus creaciones, paso a
paso, a medida que transcurre el exis­
tir del gran artista. Con 160 grabados
a toda plana. Ene.............. 8 2 4 .—

G O N C O U R T , E. y J. de. — L a m i jer en el siglo xvni. Con numerosas
ilustraciones en negro y color. En­
cuadernado ............................ 8 30.—

G . — P intores y es ­
conocí
(1900-1942).
Ene....................................... 8 24.—

su especialización le per­

i

T A I N E , I L — F II.OSOEÍ A DEI. ARTE.
Noticia liminar y revisión de José K.
Destéfano. Nueva edición ilustrada
con 62 policromías en offset y tipogra­
fía, 312 grabados a un color, a toda
plana. Ene............................... 8 -30.—

cultores

nes, tanto de lujo como populares,
convenientes,

SÁNCHEZ
A L B O R N O Z , C. — L a
E spaña m u s u l m a n a . Según los autores
islamitas y cristianos medievales. No
existe en la actualidad ninguna historia
moderna y cabal de la España mnsul*
mana. La clásica de Dozy es centena­
ria, no abarca los cuatro últimos siglos
del Islam hispano y sólo se ocupa de
la vida política de Ál-Andalus. El gran
historiador Sánchez Alborno: ofrece
aquí a los lectores de habla española
una nueva visión integral del pasado de
la España islamita. A su páginas asoma
la vida toda de los musulmanes de
España contada por ellos mismos y
por los cristianos, sus contemporá­
neos. 2 tomos con numerosas ilustra­
c io n e s .
R. $ 4 8 .— , E. 8 55.—

M IC H E L ,

producir las más bellas y cuidadas edicio­

precios

U L T IM A S NOVED AD ES DE N U E ST R A SECCION ARTE

M A S S A , P . — E spíritu y color df.
E s p a ñ a . Ilustran esta edición 4 lámi­
nas en colores de J. F. Lcuis, 30 en
relieve de Gustavo Doré y numerosos
grabados en el texto del mismo autor.
Ene....................................... 8 30.—

E l arte y la técnica de la I M P R E N T A L O P E Z

a

©cabalgata

le r. Concurso tic Soluciones.

B U E N O S AIRES

Problema N® 1
V . M a r ín

Fuente?

V A S A R I, C . — V idas de pintores .
ESCULTORES V ARQUITECTOS ILUSTRES.
2 tomos. Ene.... 8 35.—

G R A S , AI. C ___ E l pintor G ras y
LA ICONOCRAEÍA HISTORICA SUDAMERICA­
NA. I.a vida del pintor Gras recons­
truida por su nieto, en base a valiosa
e inédita documentación conservada ce­
losamente en familia. Ene. . 8 35.—
D E S C A R T E S . R . — O bras c o m p le ­
Introducción de Etienne Gilson.
Rústica
.............................8 15.—

tas .

R E S T E N , II. — F ernando e I sabel .
Hermann Resten utiliza su habilidad
literaria para fundamentar en un cua­
dro histórico soberbio una interpreta­
ción que va ganando de día en día el
consenso de los mejores y más ilustra­
dos espíritus de España. R. 8 18.—
C O L R N O T , A . A . — H istoria de los
m o v im ie n to s intelectuales y de las

INSTITUCIONES EN LOS TIEMPOS MO­
DERNOS. Ene.......................... 8 2 5.—
P O M P E Y , F . — M useo N a c io n al de
A rte M oderno , M adrid. Guía gráfi­
ca y espiritual. Con sus 250 mejores
cuadros. R ........................... 8 20.—
P O M P E Y , F. — C o y a . S u vida y sus
obras. Con 105 grabados. R. 8 17,50

uv n ecesita

modernos .

V A L L E N T I N , A . — L eonardo da
V in c i . L a trágica bi sca de la per­
fección .
R ............................. 8 12.—

D E N I S , M . — T eorías 11890-1910 &gt;.
Del simbolismo de Caiiguin hacia un
nuevo orden clásico. Ilustrado. En­
cuadernado ........................... 8 12.—
P A G A N O , J. L . — H istoria del arte
Desde los aborígenes has.
ta el momento actual. Ene. . 8 50.—
argentino .

V ida de B f.nvenuto C e l l in i . Artífice
y escultor florentino, escrita por él
mismo. Ene............................ 8 12.—
G L 1 D O , Á N G E L . — R edescubrimien to de A mérica en el arte . Encua­
dernado ............................. 8 60.—
C artas de P a u l G au g u in a G eorces
D a n ie l df. M onfreid . Un tomo ilus­
trado
................................... 8 12.—
B reviario de L eonardo da V in c i .
Con numerosas ilustraciones. Encua­
dernado ................................8 12.—
D U R E R O , A . — V ida , pasión
y
MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRIS­
TO. 56 grabados. Ene. . . 8 16.—
LA SC AN O G O N ZÁ LE Z. — Monu­
m entos RELIGIOSOS DE CÓRDOBA CO­
LONIAL. R ............................ 8 25.---S E V IG N É ,
M ad am e
de. C artas
Ene. 8 12.— . R. 8
9.—

escocidas .

C artas de E dcar D ecas , con 53 re­
producciones. Ene................. 8 12.—

M Ü N T Z , E. — R AFAKE. Stl vida, su
C L A D E L , J. — \ ristidf. M a il l o l . S u
obra y su tiempo. Ilustrado con 35
reproducciones en colores y 93 en ne­
vida, su obra, sus ideas. Encuader­
gro. fuera de texto. Ene. . 8 30.—
nado
..............................
8
22.—

/
Problema N &gt; 2
F. G

am agk

American Chess Bulletin 1941

"EL A T E N E O ”

L IB R E R IA
EUITORIAL
Florida 540-344 - Buenos Aires - Córdoba ‘2 000

Pero, si tiene un ami­
go que ya posee el
NOMARIX

DICCIONARIO

éb%

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carece

SALVAT

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S A L Ó N DE TÉ Y C O C K T A I L S
Un rincón distinto d o n d e en co ntra rá ¡as últ •
mas revistas de ca te g o ría , extranjeras y del

, y co m p ro b a rá

que, p o r ser el

país, y sus can cio n e s p re fe rid a s en las in­
te rp re ta cion es de nuestros c o la b o r a d o ­

M A

S

M A

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M A S

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C O M

P L E T il!

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E C O N O M I C O !

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DICCIONARIO
ENCICLOPEDICO
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Salva! Editores S .» . • Lavalle 371 • Buenos Aires

H

Cr»-todo* Iwu Muocr

jryania remitirme un folleto eip'ical'ro de&gt;

■

■
g

DICCIONARIO IMCICLOriDICO SALVAT
N o m b re ..
Dirección
Pob iecion ........... ..........................

I•i■■ ■»a■a ■a a a a a a a ■■■■■■■

Con la publicación «le los problemas que pre­
sentamos en este número, iniciamos nuestro pri­
mer concurso de soluciones, cuyas bases son las
siguientes:
1" El concurso comienza en el N? 1 de
Cabalgata (correspondiente al 19 de octubre de
1946; y finalizará con los problemas y finales
que se publiquen en el N » 6 de Cabah/ata (co­
rrespondiente al 15 de diciembre de 1946). K1
concurso constará de 4 problemas en dos jii
gadas, 4 problemas en tres jugadas y 4 finales.
2*’ Los puntos serán adjudicados en la si­
m iente forma: Para los problemas de 2 juga­
das, 2 puntos. Para los problemas de 3 juga«las, 4 puntos.
Para los finales, 8 puntos.
JL»sta con indicar la jugada clave para los
problemas en 2 jugadas, en los problemas en
&gt; jugadas se necesitan las primeras tíos juga­
das ,b la \ariaute principal, y en los finales
hay que mandar toda la variante principal.
P‘ *r cada doble solución que se encuentre,
se adjudicará el mismo número de puntos que
corresponde^ a este problema o final.
I" Al finalizar el certamen será declarado
ganador el aficionado que baya totalizado ma
&gt;’"i* cantidad de puntos. Si hubiese empate en
cualquiera de los puestos premiados, se proce­
derá a efectuar un sorteo al que serán invita«!"S oportunamente para presenciarlo todos los
pai ticipantes.
Este sorteo no se efectuará si
no concurriese ninguno de los interesados y en
tal caso se fijaría nueva fecha para su rea­
lización.
Las soluciones deberán ser enviadas a la
Administración
de
Cabalgata,
Independencia
360, Hílenos Aires, dentro de las primeras seis
semanas después de la aparición de cada nú­
mero «le Cabalgata, a cuyo efecto se tendrá
en cuenta el sello de correos.
69 El certamen está abierto para todos los
lectores de Cabalgata.
79 Se otorgarán los siguientes premios:
19 $ 40.
ni/n. en efectivo;
29 ” 25.— m/n. ”
”
;
39 ” 10.— m/n. ”
”
;
a 159 A cada uno 1 suscripción por 6
meses de Cabalgata.
89 Toda la correspondencia deberá dirigirse
a nuestra Administración, calle Independencia
360.
Buenos Aires.

49

res

m usicales

C h a rle s

W ilso n

y

Ann R oyce.

U na se le cc ión de títulos en ca ste ­
llano,

francés e inglés,

aten did a

p o r Ernesto de O v a n d o , quien gu s­
toso se p re o c u p a rá

en co n se g u ir

sus o b ra s p re d ile cta s en las e d i­
ciones de su gusto.

Las re p ro d u c cio n e s en música clá
sica y lig e ra d ig n a s de figura r en
su

d isco le c a

y

la

se g u rid a d

de

co nseguir cualquier d isco de c a tá ­
lo go , m erced a la atención de la
señorita Lily M a s s a Ferro.
Y en tod o e llo el sincero d e se o de brin­
d a r un am biente grato y selecto, p ro p icio
o lo reunión am ab le y o la expresión de la
inquietud artístico.

V I AM ON T E

547

�c a b a lg a t a ^
HUMOR

ARGENTINO

Concurso -Cómo anda usted de versos?
A q u í tiene usted una mezcla de títulos, versos famosos y nombres de autor. N i los
títulos corresponden con el verso ni el nombre del autor se encuentra frente a su
producción. Ordénelos correctamente, y piense que una puntuación de 70 puntos (con­
tando cinco por cada contestación correcta) es ya una buena puntuación. Si todas las
contestaciones son correctas, alcanza usted la cifra máxima de 100 puntos.
Observe que entre las creaciones a que nos referimos en esta prueba, la mayor parte
de fá cil recordación por estar en la memoria de todos, hay algunas menos conocidas
que se reservan para satisfacción de los profesionales. Pero no olvide asimismo que
hay versos famosísimos cuyos autores son ignorados o de los que casi nadie sabe a qué
obra corresponden.

P R E M I O S
Envíenos usted las soluciones. La prim era solución que nos llegue respondiendo co­
rrectamente a las 20 pruebas, es decir, alcanzando la máxima de 100 puntos, será
premiada con $ 20m/n. Las seis prim eras soluciones que recibamos, y que alcancen
70 puntos, serán premiadas con una subscripción por 6 meses a C a b a l g a t a .
Las respuestas deben dirigirse a la redacción de C a b a l g a t a , antes del 15 de octubre.
En el nqmero correspondiente al l 9 de noviembre, publicaremos las soluciones totales.
En cada número de C a b a l g a t a se publicará una prueba equivalente a esta, cuya
solución aparecerá dos números después.
"E p ísto la moral y censoria” .
" L a medalla” .
"Sonetos de la montaña” .
“ L a Araucana” .
“ A Francia” .
“ Los camellos” .
“ La negra noche” .
“ L a condesa Eulalia” .
El estudiante de Salamanca” .
'N octu rno” .
"R etra to ” .
“ Suave patria".
"H om bres necios” .
“ A . la m u m e de Carlos F é lix ".
tjEl Diablo Mundo” .
‘ ■Vida de Santo Domingo de Silos”
Gratla Plena” .
“ T ú no sabe inglé” .
A la muerte de José de C iria y Encalante”
Pequeño poema” .

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20.

“ Era un aire suave de pausados g i r o s . . . ”
“ Este en mis entrañas dulce fr u t o . . . ”
“ H ojas del árbol ca íd a s.. . ”
“ A la sombra nupcial y h ú m ed a ...”
“ Rizados copos de nevada esp u m a...”
“ Todo en ella encantaba, todo en ella a t r a ía . ..”
“ En el nombre del Padre que fizo toda c o s a ...”
“ Que dolor de penumbra iluminada . .
“ El santo olor de las pan a d ería s...”
“ Escribidme una carta, señor c u r a ...”
“ M i infancia son recuerdos de un patio de S e v illa ...”
“ Dos lánguidos camellos de elásticas cervices . .
“ Hombres necios que a cu sá is...”
“ La negra noche de mojadas p lu m a s ...”
“ Tito Manué, tú no sabes i n g l é . . . ”
“ Chile, fértil provincia señ a la d a ...”
“ La sotana del cura se pasea en la h u e rta ...”
“ Grabar quiero esta hora- nocturna en la m e d a lla ...”
“ Los bárbaros F ra n c ia ... L os bárbaros cara L u te c ia ...”
“ N o he de callar por más que con el d e d o ...”

i.
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20.

Ramón de Campoamor.
Rafael Alberto Arrieta.
Francisco de Quevedo.
Lope de Vega.
Rubén Darío.
Rubén Darío.
José de Espronceda.
José de Espronceda.
Ramón López Yelarde.
Herrera Reissig.
Nicolás Guillén.
Pedro Espinosa.
Sor Juana Inés de la Cruz.
Antonio Machado.
José Asunción Silva.
Amado Ñervo.
Federico García Lorca.
Guillermo Valencia.
Gonzalo de Berceo.
Francisco de Ercilla Zúñiga.

BURLADERO
P or el Hondero Irónico
León Felipe, español del éxodo y del
llanto y voz profética del destierro que
ahora se prepara a visitarnos, departía en
México, entonces su residencia, con ese
gran americano universal que es Alfonso
Reyes a quien le informaba, angustiado,
de su ansiedad ante la gran cantidad de
fallecimientos ocurridos entre sus com­
pañeros de exilio...
— Hay que marcharse, Alfonso, hay
que marcharse — repetía el poeta con
acento jeremíaco— , hay que marchar­
s e. .. ¡Dios nos ha localizado!
Madame de Stael, elogiaba una vez
ante un grupo de personalidades asiduas

H UM OR
M a q is tra l

re a liz a c ió n

Sublime

SAUCES

FRANCES

c in e m a to g rá fic a ! f

f
por su contenido espiritual!

Emocionante por su humano dramatismo!

LA S F A LD A S CORTAS
— Ya te lo 'previne: era inevitable que
ocurriese esto en cuanto tirase de la fa l­
da para cubrir las rodillas.
Dibujo de Moisan.

a sus famosas tertulias literarias, las
ventajas y perfecciones de las leyes de
Inglaterra, paraíso entonces, de los libe­
rales del mundo.
Tayllerand, que se encontraba presen­
te, no pudo menos que hacerle una son­
riente reflexión al más cercano e indis­
creto de los contertulios:
— Nuestra querida amiga — susurró el
ladino ex prelado— , lo que más echa de
menos es el habeas corpus...
•

— ¡Por Dios, Enrique, si estoy hecha
una ballena!
— ¡Quién fuera J on ás!... — suspiró el
poeta dispuesto a todo.
— ¡ A y ! . . . — suspiró ahora ella— . ¡Qué
horror!. . . ¡Tres días con sus noches!.,.
¿No te parece demasiado?.. .

Sir Basil Zaharoff, el famoso financie­
ro — ahora les llaman así— internacional,
hizo cierta noche un rápido relato de su
prodigiosa carrera ante el curioso y un
tantico asustado auditorio de diplomáti­
cos, políticos, artistas y títulos que le es­
cucharon reunidos en el salón principal
de una de las más lujosas embajadas acre­
ditadas ante la Santa Sede. Llegado al
final de su corta e interesantísima pero­
rata, la cerró con estas palabras dirigi­
das al entonces Cardenal Secretario de
Estado y hoy Santo Padre, Monseñor
Eugenio Pacelli:
. — . . . Y así, eminencia, puedo decir con
auténtico conocimiento de causa, que yo
soy un hombre que se ha hecho a sí mis­
mo . ..
__Sir — contestó con una suave sonrisa
el prelado— •. No sabéis de qué gran res­
ponsabilidad acabáis de liberar al To­
dopoderoso.
•
Un día que George Bernard Shaw hu­
roneaba en un famoso puesto de libroB
de segunda mano londinense, se encontró
con un volumen de sus propias comedias
dedicadas por él mismo, no hacía mucho,
a uno de sus más íntimos amigos. La
dedicatoria rezaba así:
"A fulano de tal, con expresiones de
G. B. S.”
Bernard Shaw compró nuevamente el
libro, que volvió a enviar a su antiguo
propietario con la siguiente rededicato­
ria:
"A fulano de tal, con renovadas expre­
siones de G. B. S.”

Una famosa actriz española, hoy en­
tre nosotros, se vió requebrada por el
poeta Enrique López Alarcón, quien no
ahorró adjetivos ni epítetos para elogiar
la belleza, y aun las bellezas, de la pri­
mera actriz que era y sigue siendo tan
hermosa como simpática. Esta, halagada
por la verba barroca del autor de "La
Tizona” , quiso quitar hierro al asunto y
murmuró con la natural modestia de cir­
cunstancias :

PALABRAS
1

SERRADOR
SUSANA

FREYRE

Arqumenio

L«ón

M trít Ttrtsa

v Rafael A lberli

Fotografía José M. Bol Irán
Decorados Saulo Bonavonto
Música Julián Bantlsta

Dirección:

ALBERTO DE ZAVALIA
Primera Superproducción
de /os sellos Asociados

"PRODUCTO® i ARTISTAS d«
AMERICA" y "M IM ANDES"

llAmbassador
LA VALLE 777

U.T 31-5777

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ELLIOTT
ROOSEVELT

ASI
LO VEIA
MI
PADRE

CRUZADAS
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11

V E R T IC A L E S .
1. — Bajel de guerra de tres palos. - Borracho.
2. — Ciudad de Rusia. - Gancho del que se sus­
pende el caldero sobre ei fuego.
3. — Estadista inglés. Necesidad de beber. Pronombre demostrativo.
4. — Cameliácea. - Revisar. - Interjección.
5. — Nota musical. - Contracción de preposición
y artículo.
6.
— Variación repentina de la temperatura.Jugo que fluye de diversas plantas umbe­
líferas.
7. — Interjección. - Moneda romana de cobre.
8. — Tercera persona del presente de indicativo
del verbo ser. - Flotar. - Negación.
9. — Afirm ación. - Nota musical. - Agudeza.
10. — Piedra caliza. - Adición final a un período
musical.
11. — Ría de Galicia. Vaso de la misa.
H O R IZ O N T A L E S .
I. — Betún líquido. - Cabeza.
I I . — Nitrógeno. - Sincopa de señor.
III.
— V oz, latín. - Gorro militar. - Antigua ca­
pital de Finlandia.
IV . — Famoso castillo prisión. - Cortina de tea­
tro. - Prim era carta de la baraja.
V. — Afirm ación. - Aviador famoso.
V I. — Repetición del sonido. - Contracción poé­
tica.
V I I . — Entregar. - Contracción.
V I I I . — Artículo. - Igualar. - Negación.
I X . — Baile andaluz. - Artículo determinado.
Astro rey.
X. — Se entrega. - Juez turco
X I. — Tomar aire. - Engañoso.

En esta obra, cuya edición Ar­
gentina Ha tenido el honor de
ser la primera en ver la luz, nos
son revelados por un oyente di­
recto las conversaciones secretas,
las promesas y los entretelones
de las conferencias de Roosevel^Churchill-Stalin. ¿Qué pen­
saba Franklin Roosevelt deChurchill y de Stolin?. ¿Cuáles eran
las maniobras que determinaron
el curso de la 2 “Guerra Mundial?
Un volumen de más de 300
p á gin a s................... $ 6.00
En venta en todas fas librerías
y en la

EDITORIAL -

SUDAMERICANA
A ls in a 500

B s. A ire s

�«

MODAS
Dos

N o t a s d e C l a ir e V e n d ó m e
PARA CABALGATA

también de Alphond, modelo ya más
serio y estilizado, con aspecto de seve­
ridad militar, pero pacifista. Es un
uniforme creado para lucir las insig­
nias con dignidad y decoro: sarga azul
marino, chaqueta "sastre” , falda recta
ampliada por un tablón único y hueco,
tricornio de fieltro y accesorios moder­
nos, más deportivos que oficiales, de
cuero natural. Todo elegante, flexible,
femenino y chic.

-

Plateas parisienses en noches
de estreno.
las noches de estrenos teatrales,
en las plateas parisienses es donde
se notan, mirando aunque sea al azar,
la perspicacia de la cliente y la varie­
dad de la elección.

nos, claveles, hojas verdes y solideos
color pastel — especialmente atrayentes
cuando la melena cae en bucles— , aigrettes negras, cortas y compactas, alas
de ave del P a r a ís o ... y moños, en an­
cho, en largo, en aureolas y en caídas,
adornan y reavivan el tono general.
Abundan los trajes de fa ya negra
con lunares ribeteados de hilos metáli­
cos, con pompones de plumas color or­
quídea en lugar de flores, cerca de
uno que otro descote atrevido que se
abre en V profunda en el delantero o
en la espalda.

@ cabalgata
Un modelo que reúne el máximo de
elegancia — no lleva adornos— , se luce
en un espacio de la platea que todavía
ha quedado libre. Es un traje de ter­
ciopelo azul "noche” , tiene cuello subi­
do, mangas largas, estilo guante, y su
creadora, Mme. Lafaurie, lo ha llamado
"O ’H ara” . Una mantilla corta, tipo
"Pharaon” , que apenas llega a la nuca,
cubre con sus arabescos livianos los r i­
zos claros, simplemente ondulados. La
línea es m agnífica y su sencillez atrae
las miradas de todos.
El tul, dispuesto en franjas horizon­
tales, alterna con el terciopelo en un
modelo amplio, estilo 1830. La línea de
los hombros, completamente cubierta
de tul transparente, va subrayada por
un volado de terciopelo cortado en fo r ­
ma. Un cinturón de metal plateado

lleva, como cierre, cinco grandes mo­
nedas de plata. Es modelo de M artial
et Armand, quienes lo llamaron "V iu ­
da alegre” .
E l "tailleu r” , por lo visto, también
se estila, y Nina Ricci lo interpreta en
telas oscuras, sobrias y de hermosa caí­
da. Como sombrero, una toca pequeña
en form a de diadema y una aigrette
dispuesta en altura, complementan el
atavío. Zorros azules, plateados, rojos
o platinados, pueden acompañar a es­
tos trajes en cualquier estación.
Es un conjunto digno de ser obser­
vado atentamente, con la misma minu­
ciosidad con que las elegantes han ele­
gido sus prendas para el espectáculo
teatral, que en París siempre es de
"gran gal a” . ..
S E R V IC IO D E A. F. P

n

E

Es la variedad que orienta a la moda
futura, de temporada en temporada.
Es que las mujeres elegantes han des­
cubierto, entre las mil y una creaciones
dé París, ideas extraordinarias y mi­
nuciosas.
Lo primero que llama la atención son
los adornos del peinado: flores, plu­
mas, guirnaldas y moños, esmaltan con
toques policromos a la masa anónima
de los espectadores. Rosas de varios to-

Novedades y nuevas ediciones
H I S T O R I A D E L A R E L I G I O N , por M ax Müller. L os lectores
que se pongan en contacto con este autor, serán guiados por un
expositor preciso y atraídos por un escritor de grandes méritos.
En r ú s t i c a .......................................................................... 5
6.—
L A C I E N C IA D E L A S R E L I G IO N E S , O rigen y desarrollo de
la religión, por Max Müller. Esta obra podría decirse que es en
realidad complemento de la anterior y a la vez un verdadero y
7.—
enjundioso estudio científico. En r ú s t i c a .......................$
E L J U D IO D E N U E S T R O T I E M P O , por W aldo Frank. Intere­
sante análisis del problema judío, considerado desde diversos p in ­
tos de apreciación, desde épocas remotas hasta el momento actual.
Un tomo de más de 200 páginas, en cartoné . . . .
$
4.—

Modelo para recepciones y fiestas, des­
tinado a las damas de la diplomacia
francesa. Ampliamente drapeada, la
falda lleva un cinturón-corselete, ajus­
tado al talle. El corsage tiene mangas
largas y ligeros drapeados cerca del
descote en V. El cinturón bordado en
oro lleva las insignias del grado corres­
pondiente y, como cierre, una hebilla
de oro con el escudo y las iniciales de
la República Francesa, rodeadas de ho­
jas de laureles y roble.

E L H O M B R E A Q U IE N N A D I E C O N O C E , por Bruce B arton;
con una introducción por el honorable y reverendo James Adderley
M. A. L'na obra de gran interés, aun para quienes no compartan
los puntos de vista tan particulares y desconcertantes del autor,
acerca de la vida de N . S. J e s u c r is to .............................%
3.—
E L A M O R ES M I P E C A D O , por el autor de Amistad Amorosa.
Notable novela de vigoroso e interesante argumento que se des­
arrolla en el rígido ambiente de la alta sociedad inglesa. Traducida
de la 66* edición francesa por A ngel Vázquez. U n tomo de 375
páginas, con bella portada de Alejandro Sirio . . . .
$
3,50
C A R T A S Q U E L A S M U J E R E S P I E N S A N Y N O E S C R IB E N ,
por J. Méndez Rodríguez. Segunda edición con 21 cartas nuevas,
que aumentan, si cabe, el interés de este libro de tan agradable
y amena lectura. L’ n tomo de 222 páginas en cartoné .
$ 3.—

Modas de la diplomacia
femenina.
discute ya la aptitud feme­
nina para estas tareas, pero hay
dudas respecto al uniforme de las mu­
jeres diplomáticas...
Es argumento doblemente interesan­
te, porque nadie puede exigir, desde
luego, que las damas de la diplomacia
francesa, actividad que en Francia se
llama "la carrera” , vistan el conocido
uniforme masculino del diplomático . . .
Pero hay soluciones que hacen armo­
nizar lo "o ficial” con lo elegante, y los
dibujantes franceses, entre ellos A lphond, se han ocupado de este proble­
ma, de gran actualidad por los acon­
tecimientos y por el ascenso de Mlle.
Borel, funcionaría del Ministerio de
Relaciones Exteriores Francés, al cargo
de consejera de embajada, actualmente
esposa de M. Georges Bidault.
Alphond, frente al problema, pro­
pone dos modelos, que serian acepta­
dos como oficiales: uno de noche, de
eorte elegante y líneas clásicas, con
bordados en oro, que además del rol
decorativo, desempeñarían una misión
importante, pues indican las insignias
del cargo y llevan el escudo con ini­
ciales de la República Francesa.
Las líneas ideadas por el artista son
verdaderamente sentadoras y, de ser
aceptadas, agregarían encanto al cargo.
Y además, ¿qué diplomática no se en­
tusiasmaría en llevar la toilette creada
para ella, teniendo en cuenta distin­
ción, elegancia, responsabilidad, serie­
dad e impoi’tancia de quien la lleva?
En fin, el traje de noche parece tener
ya la aprobación general.
Luego viene el traje de media gala,

N

adie

T R A T A D O C O M P L E T O D E C E R A M IC A , por M. García López.
Nueva edición aumentada y corregida. En dos tomos, cada uno
de los cuales contiene numerosos grabados. 32 páginas con foto­
grafías y modelos, y estilos fuera de texto, planchas en colores,
etc.; ampliada por el ing. J. Vidal y Marti. Los dos tomos, lu­
josamente en cu a d ern a d os....................................................3 24.—
IM P O S IC IO N A LO S R E D IT O S D E C A P IT A L E S Y V A L O ­
R E S M O B I L I A R I O S , por el doctor M iguel Bomchil. U n tratado
teórico práctico en el que se examinan todos los problemas ju rí­
dicos f administrativos relacionados con las sociedades anónimas,
en la aplicación de las normas impositivas, derivadas de la
ley 11.682. Ene.....................................................................3 30.—
E L C R IM E N D E L A G U E R R A , por Juan Bautista Alberdi. Obra
que podemos considerar como clásica de la literatura americana y
que no debería faltar en ninguifa biblioteca de aquellas personas
que se encuentren abocadas a la eliminación de guerras mundiales.
En r ú s tic a ................................................................................3
2.—
L A E N E R G I A A T O M I C A . Fundamentos de física corpuscular para
comprender la bomba atómica, por el ing. Julio V . Rueda. L a
lectura de este fascinante libro permitirá al profano interiorizarse
de los maravillosos descubrimientos de los físicos contemporáneos,
que permitieron aprovechar la fabulosa energía contenida en los
átomos. El autor nos presenta este complicado tema en forma
amena y al alcance de cualquier mentalidad, pero ciñéndose a los
principios científicos, habiendo obtenido así un libro de enseñanza
que se lee comd una novela. En r ú s t ic a ........................5
5.—

R I V A D A V I A . Su obra política y cultural, por Andrés Lamas. Esta
biografía escrita por el descollante pensador, es indispensable para
el conocimiento de la obra del gran estadista argentino. U n v o ­
2,50
lumen de 366 p á g in a s ......................................................... $

V I A J E A R T I S T I C O A B A Y R E U T H , por Alberto Lavignac. Es
el libro más importante, aparecido hasta la fecha, que trata la vida
de W agner y a la vez analiza desde diversos puntos de vista, con
abundantes ejemplos musicales, la obra realizada por el famoso
compositor. Edición de lujo . $ 20.— Encuadernado . S 12,50

L O S D O C E C E S A R E S , por Suetonio. Una nueva versión castella­
na de esta famosa obra clásica, realizada por F. Norberto Castilla.
Esta versión ha sido juzgada como una de las mejores de cuantas
se han hecho a nuestro idioma. Un volumen en rústica . $
5.—

G U E R R A D E E S P A Ñ A . Congreso de Verona. Negociaciones. C o­
lonias españolas. Polémicas, por F. A. Chateaubriand. Cada nueva
edición que aparece de esta obra, aumenta aún más el interés del
entendido por su lectura. En r ú s t ic a .............................5
10-—

L A P R A C T IC A Y L A C I E N C IA D E L D IB U J O , por H. Speed.
Los secretos técnicos de un noble arte, en un espléndido volumen,
indispensable para todo pintor o dibujante que desee asentar su
sensibilidad artística en sólidos conocimientos prácticos. Un vo ­
lumen encuadernado (N u eva e d i c i ó n ) .............................$
12.—

M A N U A L D E H I S T O R I A A N T I G U A D E L C R I S T IA N I S M O ,
por Charles Guignebert. Una de las historias más documentadas e
interesantes que hayan sido escritas acerca del cristianismo antiguo,
del judaismo en tiempo de Jesús, del estado moral y religioso del
mundo grecorromano, de las iglesias primitivas, etc. .
$
7.—

M A S E D IC IO N E S « A L B A T R O S ”
L IT E R A T U R A

"Tailleur”, creación de Nina Ricci. en
telas oscuras y sobrias. Zorros platea­
dos, rojos, azules o platinados pueden
acompañar este traje en cualquier
estación.

Bonazzi, T ito C. — Expulsados. Trágica odi­
sea de los parias europeos, R. .
$ 4.—
Cañé, Miguel. — Ensayos, R.
$ 1.—
— Prosa ligera,
R .................................$ 1.—
— Discursos y conferencias, R.
. $ 1.—
Chambrun, René de. — Y o vi el derrumbe de
Francia. ¿Resurgirá de nuevo? R. $ 3.—
Chesterfield, Lord. — Cartas a su hijo. Tela,
2 t o m o s .............................................$ 18.—
Cronin. — Las llaves del reino. R. . $ 6.—
Erasmo de Rotterdam. — Elogio de la locu­
ra. R .................................................
$ 1,50
Fernández Moreno, B. — Poesía. R. $ 2,50
García
Mérou,
M. — Estudios americanos.
R ú s t i c a .............................................$ 1.—
— Recuerdos literarios. R.
$ 1.—
Gillespie, Arturo. — Buenos Aires y el inte­
rior, R ............................................
$ 2.—
Goyena, Pedro. — Critica literaria. R. $ 1.—
Groussac, Paul. — Páginas escogidas de Groussac, R .................................................... $ 5.—
Gutiérrez, Juan M a ría.— Juan Cruz Varela.
Su vida. Sus obras. Su época, R. $ 2.—
Gutiérrez, Ricardo. — Poemas, R. . $ 1.—
Haigh, Samuel. — Bosquejo de Buenos Aires,
Chile y Perú. R ................................$ 2.—
Head, F. B. — Pa Pampa y los Andes,
R ú s t i c a .............................................$ 2.—
Hoffmannsthal, H ugo de. — Cada cual. Rús­
tica .........................................................$ 2.50
Kurth, Gisberta S. de. — La sugestión de las
cosas y de los seres. R.
$ 2.50
— Vislumbres de nuestro pasado. R. $ 2.50
Lagorgette, J. — El porqué de la guerra.
R ú s t i c a .............................................$ 6.—
Larreta, Enrique. — Discursos, R. . $ 1,50
Leumann, Carlos Alberto. — Adriana 7.tima­
rán, R ................................................$
1.—
López, Lucio. — L a gran aldea. R. $. 2.—
Mansilla. — Narraciones de un porteño, Rús­
tica .................................................... $
2.—
Mármol, José. — Armonías, R. .
$ 1.—
Maturana, José de. — Naranjo en flor. Rús­
tica ................................................... $ 2.—
Méndez Calzada, Enrique. — Y volvió Jesús
a Buenos Aires. R .......................... $
2.50
Nevierof, Alejandro. — L a ciudad de la abun­
dancia, R ......................................... $
3.—
Ognev, N . — El diario de Costia Riabtsev.
Puntos de vista educacionales en Rusia.
R ú s t i c a ........................................$ 3,50
Pillado, J. A. — Buenos Aires colonial, Rús­
tica ................................................... $ 10.—
Prosistas modernos. — Antología de los escri­
tos más notables de los mejores prosistas
modernos de la lengua castellana. Rús­
tica .................................................. $ 2,50
Rodríguez Naso, Celina E. — Samaritana de
las c u c h i l l a s .................................. $ 3,50
Ross, Johnson, H . C. — Vacaciones de un in­
glés en la Argentina, R.
$ 3,50
SamNVictor, Paul de. — Hombres y dioses.
R ú s t i c a ........................................ $ 2.—
Sarmiento, Domingo F. — Argirópolis, Rús­
tica
...................................................$ 1.—
— Las ciento y una, R ...........................$ 1.—
Sastre,
M arcos.— E l
Tem pe
Argentino,
T e l a .................................................. $ 3.—
Setubal, Pablo. — Embrujo, R.
$ 2,50
Stuart, Aimée y Phillip. — 16 años. Rús­
tica
.................................................... $ 2,50
Varela, H éctor F. (O rió n ). — Elisa Lynch.
R ú s t i c a .............................................$ 3.—
Vollrat Schumacher, H . — Vida y amores de
Lady Hamilton, R ............................. $ 2,50
Obras completas de B E R N A R D

SHAW

Comedias desagradables. — Non Olet. Fasci­
nación. La profesión de la Sra. Warrefci,
R ú s t i c a ............................................. $ 5.—
Comedias agradables. — Héroes. Cándida. L u ­
cha de sexos. Los despachos de Napoleón,
R ú s t i c a ............................................. $ 6.__

DE

Hombre y superhombre. — Hombre y super­
hombre. Manual del revolucionista. R. $ 5.—
Tres comedias para puritanos. — E l discípulo
del diablo. César y Cleopatra.' L a conver­
sión del capitán Brassbound, R.
$ 6.—
El dilema del doctor. — El dilema del doctor.
Llegando a casarse.
El compromiso de
.Blanco Posnet, R.
. . . .
$ 6,50
Volviendo a Matusalén. — En el principio.
El evangelio de los hermanos Barnabás.
La cosa sucede. Tragedia de \i~i caballero
entrado en años. Hasta donde alcanza el
pensamiento, R ...................................... $ 6.—
La casa de las penas. — La casa de las pe­
nas. La Gran Catalina L a cruz de la vic­
toria de O ’ Flathery. El Inca de Perusalén.
Augusto hace lo suyo. Ana Janska, la em­
peratriz bolchevique, R.
$ 6.—
Matrimonio desigual. — Matrimonio desigual.
L a dama morena de los sonetos. L a pri­
mera obra de Fanny. R.
$ 6.—
La otra isla de John Bull. — La otra isla de
John Bull. Su esposo. Androcles y el león.
R ú s t i c a ............................................. $ 6.—
El carro de las manzanas. — El carro de las
manzanas. El perfecto wagneriano, R. $ 5.—
H IS T O R IA
Bilbao, Manuel. — Historia de Rosas. Rús­
............................... - . . .
$ 2.—
tica
Brackenridge, E. M. — L a independencia A r ­
gentina. 2 tomos. R ........................... $ 5.—
Elflein, A. M. — Por campos históricos. Rús­
tica
.................................................
$ 2,50
Funes, Lucio. — A l margen de la historia,
R ú s t i c a .............................................$ 2.—
Gandía, Enrique de. — L a Argentina. Rús­
tica
....................................................$ 2.50
— Crónica del magnífico adelantado don P e­
dro de Mendoza, R ........................... $ 5.—
López. Vicente Fidel. — Manual de la histo­
ria argentina, R .......................
$ 3.^—
Mitre, Bartolomé. — Ensayos históricos, Rús­
tica
................................................... $ 1--—
Palacio, Ernesto. — Historia de Roma, Rús­
tica
....................................................$ 2.—
— Historia de Oriente, R.
$ 2.—

Modelo de Martial-Armando llamado "Viuda alegre”. Interpretado en franjas de
tul y terciopelo, amplio, estilo 1830.

GENERAL
C I E N C IA S - F I L O S O F I A

Alvarez, Agustín. — La transformación de las
razas en América, R .......................$ L —
-j-L a creación del mundo moral, R. $ 1.—
Binet, Alfredo. — Las ideas modernas acerca
de los niños. R ...................
$
3,50
Bunge, Carlos Octavio. — Estudios filosóficos,
R ú s t i c a .............................
• $ 2^—
Claparéde,
Dr.
E. — Psicología del niño.
T e l a .................................
$ 15.—
Darwin, Charles. — El origen del hombre.
T e l a ...................................
• $ 15 —
Giddings, Frankiin E. — Principios de socio­
logía, E .......................................... 3
15.—
Ingenieros, José. — La locura en la Argentina,
Rústica
2.50
— La evolución de las ¡deas argentinas, I. La
revolución; l í . La restauración (4 tomos
e n c u a d e r n a d o s )......................... $
20.—
Key, Ellen. — El siglo de losniños....... Rús­
tica
.
3 3,50
Lubbock. Sir John. — Los orígenes
de la ci­
vilización. T e l a
3
10Montesquieu. Carlos L . de. —■Del espíritu
de las leyes, 2 tomos. R. . .
$ 10.—
Müller.
Max. — Mitología comparada.
Los
cuentos y tradiciones populares. Los usos
y costumbres. R ........................ 3
10.
Muñiz,
Francisco J. — Escritos científicos.
R ú s t i c a .............................
. 3 1Murray, Gilberto. — Historia de la literatura
clásica griega. E......................... 3
12.
Ribot. Theodule. — La psicología de los sen­
timientos, E.
. . . . . .
3 10.
H. T a ;ne. — La inteligencia, 2 tomos. Encua­
dernados ............................................ 3 10.
F IL O L O G IA

- R E T O R IC A - O R A T O R I A

Benot, Eduardo. — Los casos y las oraciones,
R ú s t i c a ............................. . • • 3 2,50
Diccionario Manual Griego-Latmo-Espanol de
los PadresEscolapios, Tela
$ 30.—
Majorana, Angel. — El arte de hablar en pu­
blico. (M anual del perfecto orador.)
En­
cuadernado
3 12.
Müller. Max. — La ciencia «leí lenguaje, En­
cuadernado
...................................... 3 12.

P O L I T I C A - E C O N O M IA
A N T IG U O S
Alberdi, Juan B. — Derecho público provin­
Boissier, Gastón. — Cicerón y sus amigos.
cial argentino. R .................................$ 1.—
E n c u a d e r n a d o ..................................3 7,50
— Sistema económico y rentístico de la Co»nJosefo. — L a historia de las guerras de los
federación Argentina, según su Constitución
judíos. 2 t o m o s ................................. 3 10.
de 1853, R ............................................ $ 2.—
Arlt, Roberto. — Aguafuertes españolas....Rús­ Tácito, Cayo Comelio. — Los anales, 2 to­
mos
.................................................... 3 10.
tica
....................................................$ 2.—
Ayarragaray, L u c a s . — Estudios históricos. — Las historias y costumbres de los germa­
nos. C....................................................5 5.—
políticos y literarios, R.
$ 3,50
Bazalgette, L . — Qué ser^ de los pueblos la­
A R T E - P I N T U R A - D IB U J O
tinos, R .................................................. $ 5.—
Cugini, Roberto. — Irigoyen y el silencio.
Bellanger, Camile. — El pintor, T. 3 12-—
R ú s t i c a ....................................... $
2.—
Carrino, Reynaldo. — Curso metódico de di­
García Mérou, Martín. — Alberdi, R. $ 2.—
bujo de máquinas, C ........................... 3 ó.
Guiñazú, Ricardo H . — Rivadavia en la D e ­
Cézanne. — Cuaderno de arte con 53 repro­
mocracia, en el Gobierne y en la Libertad,
ducciones
y 3 a todo color. Con notas y
R ú s t i c a .......................................$
2.—
fragmentos de los más famosos críticos.
Irazusta, Julio. — Vida política de Juan M a ­
Formato 183 X 255 mm., E. .
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Commelerán. H. — Tratado práctico del dibu­
dencia, 2 tomos, R .......................$ 12.—
jo, Tela (80 láminas fuera de texto) $ 15.—
Monteagudo,
B. — Escritos políticos. Rús­
Laurie. — L a p r á c t i c a
de la p in t u r a .
tica
.
$i.—
T e l a ....................................................$ 12.—
Moreno, Manuel. — Vida y memorias del doc­
Vignale, Pedro Juan. — L a Casa Real de M o ­
tor Mariano Moreno, R . . . .
$ \.—
Quesada, Vicente G. — L a política imperia­
neda de Potosí. E ......................
3 25.—
lista del Brasil y las cuestiones de límites
de las repúblicas sudamericanas, R. $ 2.—
V A R IO S
— La política \ le l Brasil con las repúblicas
Bernard, Claudio. — Curso de medicina expe­
del Río de la Plata, R.
$ 2.—
rimental. R .............................................3 3.—
Ramos Mejía, José M. — Las multitudes ar­
gentinas, R ..................................... $
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Roffo, Dr. A ngel H . — N o abusar del sol.
Detalles explicativos y gran cantidad de
Rousseau, J. J. — Emilio o L a educación, 2
tomos. C ..............
$
10.—
grabados, R ..........................................5 2.—
V élez Sársfield, Dalmacio. — Político y ju­ Udaondo. Enrique. — Arboles históricos de la
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�CINE - TEATRO

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DECADENCIA DEL CINE NORTEAMERICANO

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Por MANUEL VILLEGAS LOPEZ

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CORRIENTES 1135 2.» - ü. T. 35 • 0171 • Bs. AIRES

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ejemplo, La chienne, que Renoir realiza
en Francia en 1934 — con Michel Simón
y Florclle— con la reciente versión yan­
qui de la misma novela de La Fouehardiére, Mala mujer (Scarlatt Street) , de
Fritz Lang, con Edward G. Robinson y
Joan Bennet; la francesa es una obra
maestra y la yanqui una obra grotesca.
Y esto no es la expresión de una crisis
pasajera, sino el final de un largo pro­
ceso de autodestrucción. Desde hace quin­
ce años — desde el sonoro— el cinema nor­
teamericano va perdiendo su fuerza y
su personalidad. Hace veinte años era el
mejor del mundo, y hoy es el peor de los
grandes cines. Este es un hecho.
Económicamente, como industria, el pro­
ceso es el mismo. Hace pocos meses, W ill
H. Hays, el "zar del cine”, el jefe supre­
mo que marcaba su orientación y ejercía
la censura previa desde 1922, ha sido sus­
David Wark Griffith.
tituido por Eric A. Johnston, presidente
de la Cámara de Comercio de los Estados
Habíamos oído hablar de mundos
completamente desaparecidos, de impe­
Unidos. Y hasta en sus métodos de lucha
rios idos a pique con todos sus hom­
industrial muestra su debilidad. Ya no
bres y todos sus artilugios . . .
pretende invadir los países competidores,
Nínive, Babilonia eran hermo­
sos nombres vagos, y la ruina total de
instalando filiales, ni por el contrario
esos mundos tenía tan poca significa­
atraer a Hollywood a las grandes figuras
ción para nosotros como sus existencias
del cine mundial. En el tratado comercial
mismas. Pero Francia, Inglaterra, Ru­
sia . . . serían también hermosos nom­
con Francia ha exigido y obtenido de
bres. También Busitania es un hermoso
León Blum que el cine francés reduzca a
nombre. Y vemos ahora que el abismo
la mitad su producción: en vez de las 120
de la historia es suficiente para el mun­
do entero. Sentimos que una civiliza­
películas al año, que está haciendo, no
ción tiene la misma fragilidad que una
podrá filmar más que 60. El cine de
vida. Las circunstancias que podrían
más alta jerarquía está amenazado así
mandar las obras de Keats y las de
Baudelairc a unirse con las de M e de destrucción. El hambre de Europa em­
nandro no son ya totalmente incon­
pieza a convertirse en un arma y en un
cebibles: están en los periódicos.
buen negocio. Pero no basta matar a los
P au l V aléry : " L a crisis del espíritu".
enemigos para vivir, cuando se lleva la
muerte dentro. Porque ésta es la cuestión:
I
dentro de ese caballo de Troya no hay
l mundo del cine tiene también su geo­
nadie, al menos no hay ya un conquista­
dor poderoso. Este es otro hecho.
grafía y su mapa. Con sus capitales:
Hollywood, París, Londres, Moscú. Con ¿Qué es lo que falla en el grande y
sus provincias, algunas de las cuales, co­ omnipotente cinema norteamericano? ¿Por
mo Praga o Viena, han dado obras de qué con los mejores elementos — técnicos,
gran categoría. Y con sus ciudades muer­ artísticos y comerciales— hace las peores
tas, que un día dominaron este mundo películas?
de las sombras vivientes y que hoy no son Causas.
nada: Copenhague, Oslo, Boma. (A ellas
Se podría hacer una larga lista de los
se añade, en estos momentos, Berlín.)
máximos defectos del cine yanqui, po­
El cinema danés impone su hegemonía,
niendo al lado de cada uno la causa que
durante diez años — de 1906 a 1916— , de
lo produce. Pero basta una breve enu­
manera completa: Asta Nielsen, Betty
meración de causas fundamentales en ca­
Nansen, Valdemar Pislander, la pareja de
da aspecto de la producción.
bufos Schenstrom y Madsen, eran los
Técnicamente, la razón por la que se
ídolos de aquellos tiempos, y el oso blan­ malogra el empleo de la gran maquina­
co de la Nordisk Film vencía en todas ria cinematográfica es la standardización.
partes al gallo francés de Pathé Fréres.
Hoy, un film norteamericano no tiene au­
El cinema sueco, de 1916 a Í923, asombra
tor conocido. El argumento lo hace el
al mundo con los films de Sjóstróm, Stidepartamento literario: lo escriben diez
11er, Brunius, interpretados por Lars Hanescritores y lo'corrigen otros diez. El di­
son, Heinar Hanson, Hilda Borgstrom,
rector — que en Europa se considera el
Jenny Hasselqvist. . . ; hace obras maes­ autor del film— no es más que un engratras que quedan para siempre en la an­
tología del cinema. Y en el sur, Italia
lanza el éxito sin precedentes de Cabina,
en 1914, y los nombres de sus estrellas
llenan el mundo: Bertini, Borelli, Hespe­
ria, Pina Menichelli, María Jacobihi,
Gustavo Serena, Emilo Ghione, Amleto
Novelli, Tullio Carminati. M aciste...;
en 1927 es el naufragio definitivo y ni el
odo cuanto se sabe del pobre Gus­
arbitrario poderío sin limitaciones de la
tavo A d olfo Béequer, nos lo hace
dictadura fascista pudo hacerlo renacer.
conocerle más bien por dentro que por
Los países — Dinamarca, Suecia, Italia—
están ahí, siguen su camino y su progre­ fuera. De su existencia real, a pesar
so. Y, sin embargo, todo eso que forma­ de su , cercanía, sabemos poco. O sa­
ba su cine sólo son "hermosos nombres” , bemos lo poco que hizo. Su vida es
como diría Valéry. Esas desapariciones no
son fantasías, ni hipótesis: "están en los
periódicos” . También Hollywood es un
bello nombre.
Los mejores elementos y los peores films.
Sí. Hollywood viene dominando el cine
universal desde hace veinticinco años, de
modo indiscutible. Durante la guerra an­
terior adquirió su potencialidad mundial
— no sólo por la guerra, como veremos— ,
y durante esta otra quedó prácticamente
solo en el orbe cinematográfico; los paí­
ses que seguían haciendo cine no podían
darlo a conocer apenas. Y en ese mundo
sin competidores, en vez de mostrar su
fuerza de gigante ha mostrado su debili­
dad. Hollywood, millones de dólares, es­
trellas de fama mundial, películas fastuo­
sas, propagandas resonantes y audaces, la
segunda industria del país, más millones:
todo eso no quiere decir nada. No puede un tironeo constante entre los sueños
decir nada, no debe decir nada; al me­ venturosos y la miseria. Tampoco una
nos nada superior a lo que vamos a de­ miseria espectacular, no; únicamente
cir aquí.
un pretexto del infortunio para man­
Porque si hoy nos enfrentamos con ese
mapa del cinema universal y analizamos, tenerlo en trance de suplicio. De su
una a una, las cuatro grandes capitales vida amorosa apenas si podemos tener
— Hollywood, París, Londres, Moscú— , seguridad de cuatro m ujeres: una no­
tenemos que llegar a esta conclusión, un via andaluza, la señorita Julia Espín,
poco sorprendente, pero objetiva por com­ hija del director del Conservatorio de
pleto: hoy, el peor cine es el de Holly­ Madrid y de la tiple Pérez Colbrant,
wood. Frente al francés, inglés y ruso, el
prima hermana ésta de la mujer de
cine norteamericano está haciendo las pe­
Rossini (Rossini era por esto padrino
lículas de mayor indigencia mental, emo­
de Ju lia), M aría del P ila r Bascaran
cional y poética: películas infraartísticas.
Hay mil ejemplos, pero basta uno de y Casta Esteban, su mujer. De entre
ellas, la única que parece haberle ins­
actualidad aun viva.
Sobre un tema de psicoanálisis, Holly­ pirado un amor inolvidable, es Julia
wood hace Cuéntame tu vida ( SpellboundJ, Espín. Para esta muchacha que co­
dirigida por el magistral Alfred Hitchnoció asomada al balcón de campani­
cock, con guión del extraordinario ar­ llas de la calle del Perro parece ser
gumentista Ben Hecht, interpretado por
que están escritas las "Rimas” . Una
esa gran actriz que es Ingrid Bergman
tragedia amorosa, que nadie supo a
y el galán del momento, Gregory Peck,
ciencia cierta en qué consistió, pero
con decorados surrealistas del famoso
que se perfila en la cadena de versos
Salvador Dalí, etc. Resultado: una pe
del breve volumen y nos ha servido
lícula elemental, infantil, absurda. Al
mismo tiempo se proyecta el film inglés para nuestro guión cinematográfico,
Kl séptimo velo (The seven vcil), de i Fué así? Sólo sabemos que a lo lar­
Compton Bennett, con James Masón y
go de las Rimas becquerianas las go­
Ann Todd, todos desconocidos del gran
londrinas, las madreselvas, los altos
público latino; en ella se manejan los mis­
mos elementos que en la yanqui, esos re­ olmos, los ángeles y las sonrisas lloran
cursos capaces de seducir a todos para lo­ una desilusión. Pasamos del aire pre­
grar un éxito de taquilla, pero con tal cioso de los amantes correspondidos
habilidad, con tal finura, su f’ eza y emo­ al amarillo de los celos. De la aven­
ción, con tan magnífico sentido del arte tura salió un muerto que con la herida
cinematográfico, que la película es una abierta andaba en pie. Pero hay un
de las mejores desde hace años. El pú­ esbozo de novela publicado en 1865 ,
blico ha acudido a ver la primera, arras­ en el almanaque " E l Café Suizo” , re­
trado por una propaganda muy bien he­
vista literaria publicada en Madrid,
cha; pero también ha ido a ver, en igual
grado la segunda, atraído por sus autén­ donde se mezclan verdades y fantasías.
ticos valores; es justicia señalarlo y es Es la historia de dos hermanas enamo­
radas de un poeta. Una se llama
un síntoma. Sin entrar a comparar, por

E

Charles Chaplin, actualmente.
naje de la máquina, un obrero más de
la cadena; todo se le da hecho. Un film
se fabrica como un auto; pero como aun
no se ha descubierto la manera de escri­
bir Quijotes o Hamlet en serie, lo que sa­
le de ese proceso manufacturero es un
producto híbrido, incoloro, muerto; fre­
cuentemente, un monstruo.
Artísticamente, los temas posibles para
la pantalla yanqui se han reducido a la
nada. La censura previa y el Código
Hays a que debe atenerse la producción,
se han convertido a través de veinticinco
años en algo tan rígido, pacato y ñoño,
que todos los asuntos están prohibidos o
han de ser desvirtuados. Para Hays, cu­
yo código perdura, el cine no es un arte,
sino una diversión; todo un concepto.
Económicamente, la industria cinema­
tográfica yanqui ha caído en manos de
los grandes banqueros. Los viejos cine­
matografistas, creadores de las actuales
empresas, han sido desalojados de ellas.
Están dirigidas por hombres de negocios,
que sólo buscan el negocio. El cine yanqui
es hoy dinero, que debe producir dinero.
La palabra arte no se pronuncia en Ho­
llywood. Se pronuncia industria.
El cine yanqui tendría qué prescindir de
sus, métodos de trabajo taylorizados; ten­
dría que dar la batalla al puritanismo del
pa's, que acabará por devorarlo; tendría
que volver a colocar a los grandes capi­
talistas en el lugar secundario que les
corresponde. Sólo de este modo volvería
a ser lo que un día fué: el primero del
mundo.
Pero ello significaría otra cosa más
honda: un cambio en su concepción total
del cine. Porque todas estas causas no son
más que facetas de una sola, última
causa.
( Termina en el próxim o número.)

MARIA TERESA LEON HABLA SOBRE ItECOI'KK

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BUENOS AIRES

Blanca: ¿ por qué la otra no puede lla­
marse Julia? Julia, Delia Garcés, y
Blanca, Susana Freyre, son las dos
hermanas en nuestra película. Unimos
la existencia real de Julia a la imagi­
nada de Blanca, engarzando las Rimas
en el escueto cuerpo novelístico. De
ahí salió una posible interpretación de
la agonía becqueriana. Podríamos aña­
dir que, en su obra "U n drama” , pu­
blicada también en la recopilación de
"Páginas desconocidas” por Fernando
Iglesias Figueroa, la protagonista se
llama Julia. Y Julia, también, en re­
cuerdo de la soñada muchacha del bal­
cón, la niña mayor de su hermano
Valeriano. Podríamos añadir que en el
derecho de las imaginaciones sobre lo
no sabido de los poetas de nuestra pre­
dilección, seguimos la norma becque­
riana: "N o sé lo que es sueño y lo que
es realidad en mi existencia.” A I sue­
ño y a la realidad nos hemos acercado,
tanto para la biografía — que acabo de
publicar— , como para la película, hecha
en colaboración con R afael Alberti, con
la misma reverencia y el mismo entu­
siasmo.
Pero también es preciso hablar de la
comprensión m agnífica de Alberto de
Zavalía para los temas más sutiles, del
amor con que los traslada a la difícil
interpretación cinematográfica, de su
cultura. Y , claro es, de Delia, que hizo
posible una Julia Espín de tan ele­
vado encanto. Delia Garcés tiene ma­
gia. Como la tiene Béequer. Pertenece
al rango de los *seres tocados del don
de la gracia. Gracia en el sentido reli­
gioso de la palabra. También Esteban
Serrador ha puesto su admirable in­
terpretación, no al servicio de sí mis­
mo sino al de Béequer, a quien en­
carna con toda la emoción y la ternura
máximas. La lista de elogios que yo
tendría q u eh a cer sería demasiado ex­
tensa. Susana Freyre, amaneciendo al
arte, y la ilustre Josefina Díaz en ple­
na madurez; Andrés Mejuto, el arro­
gante y afortunado oficial, y los bo­
hemios amigos de la poesía y de Bécquer: Sánchez Ariños, Contreras, M ár­
quez.-. . Tampoco sería justo olvidarme
de Codina, ni de Villoldo; ni del maes­
tro de baile, ni de Herminia Mas, ni
del muchacho, de nombre desconocido,
que me ayudó a mí a salir del primer
trance cinematográfico de mi vida. Sí,
le debo la réplica de sus ojos mudos,
aterrados, cuando me vió sustituir • a
una actriz que no llegó. E l muchacho
debió pasar su gran susto creyendo
que yo — actriz novel— iba a estro­
pear toda la película.

�© c a b a lg a ta

L A M USICA
EN E L C IN E M A T O G R A F O

[

.

La celebración del vigésimo aniversario
del cine sonoro encuentra a la industria
cinematográfica norteamericana en un mo­
nto de extraordinario desarrollo técnico.
Los films sonoros programados para ser
ofrecidos al público en el próximo otoño,
oí eccrán enorme contraste, por su adelan­
to técnico, con aquel "Don Juan” , inter­
pretado por John Barrymore, que vió un
curioso público en Nueva York, el liistóiío 6 de agosto de 1926. La defectuosa
Sincronización de Ja música y palabra im­
presas en discos con las escenas de la pe­
lícula, ha cedido paso al sonido impreso
en el propio film con la más alta fideli­
dad. El sonido se ha vuelto un medio ex­
traordinario de comunicación artística y la
música le ha dado a las películas un re­
lieve verdaderamente excepcional.
El fondo musical ha invadido nuevos
dominios; debe dar la tónica de un mo­
mento particular del drama o proporcionar
un efecto psicológico o de ambiente. Las
obras maestras de este tipo han sido es­
critas para la pantalla por compositores
de la talla de Aaron Copland, Alfred
vvman y Franz Waksman. A menudo la
música rebasa su carácter de asociada a la
película y se la acepta por su propio va­
lor. Ello sucedió, por ejemplo, con la par­
tí ara de Miklos-Rozsa usada en "Cuén­

tame tu vida” y "Días sin huella” , films
considerados por los críticos como los dos
mejores de 1945. En virtud de la inme­
diata popularidad que adquirió esa música,
fué impresa en discos y en cuadernos, que
tuvieron un amplísimo mercado. Los clá­
sicos musicales han adquirido también
gran popularidad a través del cine.
A l lado de la música incidental en los
films, la producción actual se realiza en
torno a la música y a los grandes artistas
musicales. De tal modo el cine ha llevado
a un enorme público las composiciones de
José Iturbi, Leopoldo Stokowski, Jascha
Hcifetz y Gladys Swarthout. En todos los
cines norteamericanos se ha anunciado
también la película "Two Sisters from
Boston” , que ofrece hermosas canciones de
Lauritz Melchior.
Los amantes del cine que gustan de las
películas basadas en la vida de grandes
músicos están actualmente esperando la
cinta "Sharazad” , anunciada para el otoño.
El film se refiere a un episodio de la
vida de Rimsky-Korsakov mientras el fa ­
moso músico servía en la marina imperial
rusa. La película, hecha por la Universal,
está interpretada por el actor francés Jean
Fierre Aumont, en el papel de RimskyKorsakov y por Ivonne de Cario, en el
papel de la bailarina Cara. El cantor de

ópera norteamericano Charles Iíullman,
desempeña el papel de médico del buque
y canta canciones familiares escritas por
el autor ruso. La famosa sinfonía oriental
de Rimsky-Korsakov "Scheherazade” pro­
vee el fondo musical de toda la película.
La Metro Goldwyn Mayer está preparando
el film "The Secret Heart” , en el cual el
inmortal vals de Debussy "La Plus Quo
Lente” , será su tema melódico y también
un factor psicológico en el desarrollo de
la cinta. En el film aparecen June Allyson, Claudette Colbcrt y W’altcr Pidgeoy.
Walt Disney ha utilizado la música en
sus dibujos animados con notables resul­
tados. Su film "Fantasía” ha sido segui­
do por "Música maestro” , compendio de
temas cortos artísticamente combinados
con acompañamiento tonal.
Refiriéndose a la importancia de la
música en el cinematógrafo, Bernard
Hermann, director de la Orquesta Sinfó­
nica del Columbia Broadcasting System
y compositor de partituras para varios
films, dijo una vez: "La música en la pan­
talla puede sacar a luz y ampliar el pen­
samiento interior de los personajes. Puede
dar a una escena terror, grandeza, alegría
o miseria. Puede impulsar la narración rá­
pidamente hacia adelante o disminuirla en
intensidad. A menudo eleva el diálogo
hasta el dominio de la poesía. Finalmente
es el lazo de comunicación entré la pan­
talla y el público alcanzando y envolviendo
a todos dentro de una única experiencia.”

E l debut de la cc ,n tañía
A m erican Repertory
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E D IT O R IA L

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c o n s is te e n r e v iv i r e l a m b ie n te
a m a b le d e Jas lib r e r ía s p o r ­
te ñ a s d e a y e r , o , lo q u e e s lo m ism o ,
c o n c i l ia r la v e n ta d e l lib r o
r e a liz a ­
d a p o r c o n o c e d o re s
c o n la a te n c ió n
s ie m p re c o r d ia l d el lib r e r o a l le c to r .

N

En noviembre próximo se piesentará an­
te el público neoyorkino 1 compañía dra­
mática American Repertoi v Theater, grupo
constituido hace poco y acerca de cuyo
debut existe la mayer expectativa por
estar encabezado por
res distinguidas
figuras de la escena norteamericana: EVa
Le Gallienne, Margaret Webster y Cheryl
Crawford.
Miss Le Gallienne fué quien hace veinte
años dió gran impulso a lo que en los

FRAY MOCHO
espera

SARMIENTO 1820

-

su

todo, por eso se refugia en las reconstruc­
ciones históricas y lo policíaco, con pre­
ferencia. Aquí lo policíaco está tratado
con humorismo muy fino y las costumbres
con agudo sarcasmo. Con ello traza el
gran cuadro aldeano, sobre bellos paisajes
auténticos y fragantes de luz. Y es así un
buen film francés. — M. V. L.

le ofrece los 10 primeros
títulos de su producción editorial

visita

U. T. 48-6640

francés puede sentir hasta el fondo, en su
último y tenue matiz. La vida de una fa ­
milia aldeana, con su sordidez, sus renco­
res, su violencia lenta y al mismo tiempo
su sentido de clan, que los une sobre todas
las discrepancias; incluso sobre el crimen.
Entre los alemanes y Pétain, habían
prohibido al cine francés prácticamente

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SILVANA ROTH
JOSÉ OLARRA
FRANCISCO DE PAULA
MARÍA ESTHER GAMAS
ANDRÉS MEJUTO

ú tft&amp; x ftfftA . ü ^ e rú n o

MARCIAL
MANENT

rtO N

en
Director:

JORGE JANTUS
Supervisión:
Escenografía:
GORI MUÑOZ

E. CAHEN SALABERRY

Dirección musical.
JU L IÁ N BA U TISTA

Dirección coreográfica
M A R G A R IT A W A U M A N y
G E M A C A STILLO

Todos los días

O

R
Distribuida po r
C. A. D. E. C.

A

Estados Unidos se llama "teatro de re­
pertorio” , es decir, aquel que cultivan
las compañías que en lugar de' concre­
tarse a una obra durante una temporada
presentan cada tantos días o semanas
una pieza nueva. E l Civic Repertory
Theater, como se llamaba la compañía,
tuvo un gran éxito de crítica pero, por
diversos factores, no perduró. Entre otras
razones, su desaparición se debió a que,
como Miss Le Gallienne lo dice, toda la
responsabilidad recaía sobre sus espaldas.
Ahora, en unión de Margaret Webster
y Cheryl Crawford, figuras, como ella,
de gran experiencia, las perspectivas pue­
den ser distintas. La presentación de la
compañía en Nueva York, se hará con
"Enrique V I I I ” , de Shakespeare.
La compañía American Repertory Thea­
ter ha sido organizada y financiad^ por
suscripción pública, y anexada a su labor
funcionará una escuela escénica. Para el
próximo año la A.R.T., como así se la lla­
ma, ha arrendado el Columbus Circle
‘ Theater, en el distrito teatral de Nueva
York.
Luego de la presentación de "Enri­
que V I I I ” , obra en la que Víctor Jory
desempeñará el papel epónimo, se ofre­
cerá "What Every Whoman Knows” , de
Barrie. Esta obra será seguida por "John
Gabriel Borkman” , de Ibsen; "Androcles
and the Lion” , de Shaw; y "School for
Scandal” , de Sheridan.
Es interesante señalar que los actores
de este conjunto han sido contratados por
dos años y recibirán el mismo sueldo
semanal cada uno, sin tener en cuenta el
número de obras en que aparezcan ni la
importancia de sus papeles.

Argumento:
A LFR ED O DE LA G U A R D IA y
M ANUEL AG RO M AYO R

Gran Teatro

Esteban Serrador en su caracterización
de Bécqucr.

la voz de:
C O N C E P C IÓ N B A D ÍA

y la voz y los coros de:
M A R IS A L A N D I

CINE FRANCES
N osotros los Go u pi (Goupi mains rou­
ges) . — Film francés de Jacques Becquer.
Interpretado por Femad Ledoux, Georges
Rollin, Blanchettc Brunoy, Robert Le Vigan, Maurice Schutz, Germaine Kerjean,
Arthur Devére, René Génin, Guy Faviéres,
Marcelle Hainia, Albert Remy, Pérez: Fe­
cha: 1942.
Jacques Becquer, ayudante de Renoir
desde 1934, hace su primer film en 1939:
E l oro del Cristóbal. Y durante los años
oscuros de la ocupación alemana se con­
vierte en uno de los más destacados di­
rectores de Francia. Esta película es su
cumbre y su éxito. Un éxito enorme, que
únicamente en Francia puede obtener en
tal grado, porque es, sobre todo, pintura
costumbrista, tipos, ambiente, que sólo un

Emocionante novela que describe a los profesionales del crimen
Bjn ve|os
ninguna clase. Un volumen de 288 páginas
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abre paso rápidamente entre los es­
critores y ante el público norteamericanos. Con elementos pobres, como un ambiente
pueblerino estancado y un triste complejo sexual, logra la creación de una obra plena
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dió al mundo en la última guerra.

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teamericano se lanza decidi­
damente a la palestra y con rigor implacable hace un análisis detallado de la política
exterior soviética y de las condiciones imperantes en Rusia. No escatima por otra parte
sus criticas al imperialismo británico y sostiene la tesis de la doble recusación declaran­
do que combate el mal allí donde cree encontrarlo. E L G R A N D ESA F IO es una voz
que grita su convicción en la tumultuosa polémica de nuestros tiempos. Apareceré
en octubre del corriente aflo.
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CLARK
GABLE

INGRID
BERGMAN
N

O puede todavía invocar esa rara y
definitiva mayoría de edad de la mu­
jer, esa madurez prestigiosa que alcanza a
veces la "fem m e de trente ans” . Como la
otra gran actriz norteamericana de la pan­
talla, nació en Suecia en 1917. L o cual
nos confirma que los grandes cazadores de
estrellas debieran pasar siempre las vaca­
ciones en Estocolmo.
Estudió en la Escuela del Real Teatro
Dramático, y en su país hizo los primeros
papeles cinematográficos, esa aventura si­
lenciosa, casi anónima, que traza, en un
set desconocido, increíblemente lejos de
Hollywood, el camino futuro de una ines­
perada primera actriz.
Son muchas las calamidades que pode­
mos perdonarle a la gran fábrica de modo­
rras, por esto sueño verdadero que nos
ofrece en In g rid Bergman. E l que su ma­
quinaria no haya rozado hasta herirla de
muerte su esencia delicada y sutil, es una
garantía de que cuando quiere el Moloch
americano no siempre ejerce su derecho a
devorar.
Será d ifícil recordar en la pantalla un
rostro tan dichosa o tan tristemente juve­
nil, con tanta inteligencia tierna y autén­
ticamente femenina, sin cursilerías de an­
tigualla ni ridiculeces supuestamente mo­
dernizantes, feministas. Donde pono los
ojos, la voz — ¡a h !, ¡los dob lajes!— las
manos. . . crea un mundo que nada puede
ya alterar, ni siquiera el barato psicoaná­
lisis de "Cuéntame tu vida” .
A la hora de buscar las palabras que
nos la hagan comprensible, el cronista
aprende una vez más lo d ifíc il que es ex­
presar la sencillez, y todo un laberinto
de definiciones vanas, de adjetivos sobran­
tes, se avalanza queriendo colocarse en
primer plano como un mal actor torpe
e impaciente, irremediablemente mal di­
rigido.
N ada más sencillo que la delicada ac­
triz sueca. Su manera, no su amanera­
miento, es tan espontánea y depurada, tan
entera en su brevedad y ligereza, en ese
aire tan casi alado con que se presenta
ante nosotros y tan serena, que da la
sensación de que sólo las palabras trans­
parentes dejarían de ensuciarla, de com­
plicarla inútilmente.
Entre dos guerras, más cerca de la se­
gunda que de la primera, parece haber
surgido un nuevo sentido del mundo, que
alguien ha llamado ya neorromanticismo.
Una juventud superviviente de ambas ca­
tástrofes, quizás demasiado arrepentida
de todas las maldiciones, so ha puesto
a buscar con más ardor e ingenuidad
que meditación, un remanso en que poderamar las bellezas más elementales del
mundo: el hermoso jersey, la cabellera
suelta, la sonrisa sin vértigo, un paseo
junto al mar, la sombra de un castaño,
el trabajo diario soportado con optimismo,
hasta con alegría.
Un romanticismo sin gestos, sin arre­
batos, pero que conserva la gran fuerza
romántica, la intensidad, es la clave de
su salud matinal, inocente y profunda,
cuyo amparo es su misma gracia, su ab­
soluta fa lta de defensa, su entrega.
N o está encastillada en ninguna clase de
prestigios consabidos, en ninguna especie
de retórica: sabe tan bien lo que es una
actriz, que en ningún momento le vemos
la técnica, la declamación, el gesto hueco
que aún los grandes denominadores de
la pantalla nos hacen a veces.
N o cae jamás en ese naturalismo del
actor perezoso y ramplón que se cree que
con presentarse en escena como si no
hubiera escena, con su misma estupidez
de todos los días, ya consigue dominar
las tablas, como domina el espacio de su
dormitorio o el trayecto que recorre cada
día. Es decir, como si se tratara de re­
presentar su propia vulgaridad, olvidando
el despertador de ilusiones que ha do
tener por dentro para evocar lo que man­
da el papel.
¿ Y por qué no habremos de referirnos
a su hermosura? Tiene la hermosura exac­
ta, la belleza que no mata la luz interior,
que es como su espejo, o más aún, su
figu ra viva. Plena de armonía, de fuer­
te dulzura, de encanto. Con una de las
frentes más inexpresablemente admirables
que hayamos visto, una frente como coro­
nada de adolescencia graciosamente sos­
tenida, permanente.
Junto a Leslie Howard, en 1937 alcan­
za su primer éxito resonante en "In te r ­
mezzo” . En 1942, film a "Casablanca” con
Humphrey Boghart. Desde entonces ya no
es solamente una gran actriz: es también
una actriz de "taquilla” Sin perder nada
en la ganancia.
Sus principales películas son: "Interm ez­
zo” , "L o s cuatro hijos de Adán” , "Alm a
en la Sombra” , "E l hombre y la Bestia” ,
"Sólo una noche” , "Casablanca” , "P o r
quién doblan las campanas” , "L a Exótica” ,
"L u z de Gas” , "Cuéntame tu vida” "Las
campanas de Santa M aría” .

cuando el siglo apaga tím ida­
mente, con lánguido soplo novecentista su primera vela, cuando el cine ape­
nas camina torpemente, con andaderas
hoy gloriosas. N ace en Cádiz, Estado de
Ohío, en febrero de 1901. E l es ese punto
en que se juntan dos fuerzas: el actor
del oeste bárbaro y el galán de los ro­
mances escandalosos del cine sonoro, im ­
placablemente controlados por la moralina de la detestable censura que aletea
sobre el cinema norteamericano. Repre­
senta, con más natufalidad que ningún
otro, eso que se llama vitalidad en Estados
Unidos: unos buenos puños y una sonrisa
por encima del Alm irantazgo o de lo que
sea. Con medio whisky, una barba de
mozo trasnochador y un fondo de d ifícil
definición, pero que se supone tabernario
y de la costa del P acífico , crea una
atmósfera física, que sustituye, para el
gran público, aquella espiritual y fina
interpretación que inició el Ronald Colman
de los grandes films.
Su papel consabido es el del aventurero
amable, del mismo modo que Humphrey
Boghart es el aventurero temible y endu­
recido. E l picaro fuerte que salva la re­
blandecida pasta general de los guiones
escritos para 20.000.000 de personas, con
una edad mental que según Hollywood no
sobrepasa los doce años menos precoces
posibles.
N o filosofa ni analiza, no crea proble­
mas que no puedan ser resueltos con un
v ia je por mar o con una pelea en la que
se rompen tres botellas y media y siete
cabezas. P or eso es el "gra n u ja” aceptado,
la vía de escape consentida por el puri­
tanismo: porque en el fondo es un buen
muchacho, cabeza dura pero simpático
y capaz de sacrificarse sin declamación.
Total, es como cualquier h ijo de vecino,
con la única diferencia de que hace de
todos los días un permanente y atrevido
sábado a la noche. L o que más gusta
— descontado su efecto tarzanesco sobre
las manicuras y las periodistas, y las que
lo son y las que no lo son— es ese atre­
vimiento, esa imprudencia, ese amago lle­
vado nasta el fin al, que ha prestado téc­
nica y éxito a tantos Clark sin estilo
propio.
Sus posibilidades de actor quedaron de­
mostradas en una dificilísim a película
" L o que el viento se llevó” , ñaua menos
que luchando contra el color, la pesad;
de la segunda parte, el talento de Leslie
H ow ard y la capacidad de absorción inol­
vidable de V ivien L eigh . Con todo eso,
para decirlo en el lenguaje del gremio,
casi se roba la película. N ad a más porque
le dió la gana y porque la cámara lo
mima. En porteño se le llama a eso:
entrador, comprador y sobrador, que de
los tres conceptos participa. Miente, en­
gaña, estafa, se emborracha, pelea; en el
más cochambroso de los cabarets se siente
como en su casa, y sin embargo acaba
dejando siempre una imagen de chico
sanóte, limpio, que a veces le da un aire
de excesivo anuncio de dentífrico, o de
píldoras contra las deudas. Pasa por las
cosas, no hay modo de que quede en
nada, de ahí que es como un personaje
de historietas, al que ya será d ifíc il obli­
gar a que se meta a fondo en un papel
profundo, otro, fatal, lleno de matiees
imprevisibles, a lo Leslie Howard. En una
palabra es el actor deportivo más tolera­
ble del cine yanqui.
H a y el actor que encuentra su destino
y su grandeza, su gran servidumbre, su
señorío, en doblegarse ante el destino
de la máscara que se le asigna, ante el
misterio cuya fa z representa. Y hay el
actor cuya figu ra adquiere ya tal ca­
tegoría de máscara, que su piel y sus
huesos, su voz, su ímpetu, forman una
suficiente personalidad, la necesaria como
para representar siempre el mismo papel
haciéndolo inagotable e invariable a la
vez, hasta que la edad, o la moda, o las
exigencias de una nueva técnica acaban
con su mundo, con su fuerza, con su ex­
traordinaria y rotunda capacidad de im­
ponerse, de convencernos de un modo con­
tundente con su sola presencia.
E l solo llena toda una época, una época
que ya va declinando, pero cuyo final
no es previsible todavía. Entre los me­
lancólicos años, los apasionados años que
llegan hasta 1936, y las aturdidas víspe­
ras de la última preguerra, con booguybooguy a toda pierna, Clark Gable es el
justo, el aceptable término medio de un
callejón sin salida, que es, hoy por hoy',
casi la única salida, mientras se espera
desesperadamente, con una impaciencia
cada vez más acostumbrada y rutinaria,
el gran vuelco del mundo, aquello que el
poeta d e fin ía : al infierno mismo con tal
de sentir una nueva y duradera emoción.
E l extraordinario galán de Cádiz, actuó
como extra y en pequeños papeles durante
varios años, desde 1925 hasta 1930, en que
trab aja en " E l Desierto Pintado” . Des­
de entonces asciende rápidamente, con­
virtiéndose en uno de los astros más
famosos a p artir de 1932. Son sus pelícu­
las más importantes: "Buzos del In fiern o” ,
"P o lly , la del Circo” , "Susana Lenox” ,
"P oseíd a” , "E xtrañ o Intermedio” , "T ú eres
M ío” , "M ares de China” , "L a Hermana
Blanca” (nueva versión; la primera la
hizo Ronald C olm an), "Vuelo nocturno ,
"A lm a de Bailarina” , "Sucedió una N o ­
che” , con Claudettc Colbert, y dirigido por
Capia — que es su éxito consagratorio— ,
"Rebelión a Bordo” , "E ntre Esposa y
Secretaria” , "Caín y Mabel” , "P o r su P a ­
tria v por su Dama” , "M ares de China” ,
"Sarátoga” , "L o que el viento se L levó” ,
"E xtraño Cargamento” , "Camarada X ” y
"Corresponsal E xtran jero” . En 1942, lo
atrapa el trágico set de la guerra y en­
tra en la aviación norteamericana, en
busca de unas estrellas de capitán de ver­
dad que la batalla, como la cámara, m i­
mosa con él, no le niega.

N

Clark Cable. Foto M. G. M.

ace

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                <text>Reyes, Alfonso&#13;
Romero, José Luis&#13;
Orfila Reynal, Arnaldo&#13;
Sábato, Ernesto&#13;
Córdova Iturburu, Cayetano&#13;
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Arcos Ruiz, Felipe</text>
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                    <text>pa

Nn, 2 -1 6 -

R e v ista
.
D ire c c ió n

Rosario de Santa Fe, Enero I o. de 1932 — Precio $ 0.20

in d e p e n d ie n te

de

A rte

e

Id eas

A p a r e c e ©1 I o d e c a d a mes

y A d m in istració n:

S a n t i a g o 1158
IT T
o rv ir •
„
U. T . 2 0 1 6 7 - R o s a r i o

D irectores:
R o d o l f o P u i g g r ó s (Del P l a ta )
G astó n L ev al
A b ra h a m R a bo tn iK o f

ipIllllllilllllNllllllllllllllllllllllll

El aspecto social de la Reforma Universitaria. — Abraham Rabotnikoff.
.
La traición filosófica de algunas “filosofías”. — Carlos Dieulefait.
El teatro del proletariado de Erwin Piscator.
Cada uno en su lugar. — Antonio Berni.
Educación visual. — Orestes Plath.
Paúl Morand visto por Elias Eremburg
Crítica bibliográfica.
Estudios, notas y comentarios.

En los Estados Unidos asaltos urgidos por el hambre. En China cuer­
pos humanos consumiéndose lentamente en la llama invisible. En los “'países
que marchan a la cabeza de la humanidad”, según la cabalística frase, ollas
populares que calman sin saciar.
Así habla el telégrafo. Así llega hasta nosotros el salvaje estentor de
los hambrientos. Y el telégrafo tiembla. Y el telégrafo hace temblar a pe­
riodistas sensibleros.
,
El hambre de los otros nos asombra; hay un lugar para él en todos
los diarios y en las conversaciones. El hambre nuestro, el hambre que rodea,
envuelve, aprieta, amenaza y vigila a nuestra burguesía, pasa indiferente.
‘‘¡No es para tanto!”. Se multiplican las manos que se alargan y los rostros
que se achican en muecas de piedad. ‘‘Organicemos un te de beneficencia”. Ya
no basta dar limosna. Tantas limosnas serían necesarias que vana resulta
nuestra magra fortuna, pero sobra hasta el hartazgo la de aquellos que liban
solitarios su egoísmo brutal.
No nos vengan economistas rancios con crisis, superproducción y otras
pamplinas. La palabra nueva es la palabra clara. El concepto que se abre ca­
mino nace espontáneamente de la entraña. HAMBRE. Hambre por crisis, por
superproducción o por lo que sea, pero HAMBRE, entiendan bien los estó­
magos hoy repletos, HAMBRE. Y hay un solo remedio: abrir las mil esclusas,
cortar las amarras del privilegio y arrojar a la multitud para que beba hasta
saciarse en las fuentes ocultas.
Cuando se hunde una embarcación los más conservadores la acompa­
ñan. Hasta ese extremo mantienen su fidelidad. Los arriesgados, los despreo­
cupados, los que contemplan la vida como si cada día fuera una sorpresa se
salvan siempre de los naufragios.
El imperio del hambre es el retorno a tiempos primitivos, es la caída
sin estrépido de los ídolos. Se trata de salvar algo del naufragio, pero de
salvar ante todo la vida.

�— RMJIII.A

L A

A»;

DONDE LLEGAREMOS
No debe asombrarnos que todavía
siga discutiéndose alrededor de los
mismos temas gastados. Radicalis­
mo, conservadores, socialistas, de­
mócratas. Elecciones, entrega del
gobierno, dictadura, alzamiento po­
lítico. No debe asombrarnos porque
es humano eternizar valores y fuer­
zas pasajeras, prenderse a un trozo
de temporalidad para que no desapa­
rezca. E s difícil convencer a mentes
ya form adas en la discusión y uso
de conceptos que han echado raíces,
de un error que resulta clarísimo
para los que se han mantenido indi­
ferentes.
¿Quién va a convencer a un radi­
cal de la muerte del radicalismo y
quién a un aliancista del carácter
transitorio de cualquier movimiento
social-demócrata? Hay que dejarlos
en sus trece. La fuerza destructora
del tiempo logrará lo qtie para nues­
tros argumentos sería imposible.
Pero si todo cae, si la cohesión
que mantenía unidos a los viejos
partidos políticos va transform án­
dose en reblandecimiento, si nada
va quedando en pie, es necesario ir
preparando algo al margen de todo
eso, es necesario saber dónde llega­
remos.
Cuando hace diez y seis meses
afirmábamos desde estas mismas co­
lumnas que la juventud argentino, se
arroja a la vida sin m aestros, vale
decir, sin normas ni horizontes;
cuando certificábamos la absoluta
carencia de valores firm es, de tra­
diciones en un pueblo que aun no
ha nacido; el orgullo de una genera­
ción que nada ha hecho por el por­
venir sino disfrazarlo con nombres
pomposos y engreimientos ridículos,
se sintió ofendido por boca de su
diario más representativo. Se nos
preguntaba qué era lo que preten­
díamos, qué era lo que traíamos nos­
otros para reem plazar ese form ida­
ble e inútil legado.
En aquella oportunidad nos lim i­
tábamos a dejar constancia de un
hecho y lo hacíamos sin medias tin­
tas, con frialdad pero con toda nues­
tra sangre en latencia. Hoy que los
hechos nos han justificado y que
únicamente los ciegos o los hipócri­
tas no ven, debemos afirm ar que sólo
aquéllos de entre los argentinos ca­
paces de encarar la realidad tal como
se presenta podrán ayudar a los
otros a salir de este mal paso.
A la asfixiante normalidad insti­
tucional, paraíso de leguleyos, opo­
nemos la acción enérgica de hombres
que transformen nuestra estructura
económica, recurriendo a todos los
procedimientos y especializándose
en el bisturí. A la esterilidad carac­
terística del momento que vivimos,
oponemos la acción creadora y arries­
gada. E s necesario salir de esta
atonía si no queremos reventar. He
ahí un sentim iento que va apoderán­
dose de la gente sana no contami­
nada por sensualismos, no corrom­
pida por los halagos de un medio que
deprime hasta voluntades bien tem ­
pladas.
D E F IN IR S E

Para la gente que se contenta con
cartelitos somos unos indefinidos.
Quisiera que pusiéramos al comienzo
en grandes tipos de imprenta'. So­
mos comunistas” o “Somos anarquis­
tas” o “Somos sindicalistas” , aunque

•

luego actuáramos como esos críticos
de café que asustan a las damiselas
nerviosas de su relación con aspa­
vientos revolucionarios.
No llamamos a eso D E FIN IR SE
sino DISFRAZARSE. Estamos ya
hartos de toparnos con individuos
que de prim era intención parecen
llenos de fe r­
vor, de im ­
pulsos reno­
vadores, de
sentim ientos
r e v o l u cionarios... y
después r e sultán crític o s negativ o s , enemi­
gos por abu­
lia o cobardía
de cuanto se
haga de fuer­
te y vital, de
cuanto irrum
pa lleno de
dina m i s ­
mo en el am­
biente momi­
f i c a do de
América.
Vemos acer­
car a nues­
tra labor la
sonrisa cor­
dial de mu­
chos tipejos
que a la vez
desparraman
su fracasada
sonrisita iró­
nica llaman­
do ingenui­
d a d , locura
o im posibili­
OBRERO URBANO
dad a aque­
llo que su apagada voluntad de m a­
noseados no les perm ite alcanzar.
¡Lejos de nuestro lado esa carcoma!
No nos conformamos con una adhe­
sión llena de peros y cornos. Los que
están a nuestro lado deben estarlo
por entero. Los que se entregan a
pedacitos deben ocupar el lugar que
siempre les está reservado en los
partidos o agrupaciones de la vieja
y actuante política argentina y de­
ben resignarse a m orir con ella.
¿Qué seguridad pueden darnos
individuos que hace unas semanas

I H A N T
hemos visto desmelenarse gritando
su anarquismo o comunismo y poco
después se han entregado al bando
enemigo? No existe táctica capaz de
ju stificar esa actitud. Y los que in­
vocan el ejemplo de Lenín ignoran
quién fué Lenín y cómo se las arre­
gló para pactar sacando al fin
una calculada
ventaja.
Nuestra po­
sición es bien
definida. Políticam e n t e
conside­
ramos fraca­
sado el par­
lamentarism o; la ac­
ción directa
es el fínico
camino segu­
ro cuando va
a com p a nada de una
intensa y te­
naz conquis­
ta de volun­
tades para la
transfor­
mación de las
relaciones ju ­
rídicas y so­
ciales im pe­
rantes. Eco­
nómicamente
afirm am os el
fracaso d e l
capitalismo y
d e l sistem a
individualis ta de produc­
ción y propugnamos la
c o l e c t i ­
— Luis Falcini
vización d e
los medios de trabajo y la explota­
ción agrícola e industrial por las ma­
sas organizadas.
No se pierda el tiempo pregun­
tando “si eso es comunismo, socia­
lismo, anarquismo o sindicalismo”.
Analicen, constaten, aporten y lu­
chen a nuestro lado o váyanse bien
lejos con los oportunistas, con los
radicales-socialistas-demócratas-con­
servadores-m ilitaristas que se están
enloqueciendo sin poder trasponer
el lím ite señalado por su propia insu­
ficiencia.

P 4 L C Í D E C IE G D
La simple amenaza de deportar a sus respectivos países de
origen a los presos políticos, prueba la falta de motivos que existe
para condenarlos.
Haciendo a un lado el planteamiento puramente ideológico del
problema, consideramos política suicida la de un gobierno que para
afianzar su estabilidad o preparar la del sucesor, recurre a proce­
dimientos tan baladíes como la eliminación por la fuerza de cuantos
constituyan estorbo para el desenvolvimiento de una acción guber­
nativa, caracterizada por el predominio de intereses destinados
irremisiblemente a desaparecer.
Y es que si se ahogara por la violencia y por el terror hasta
el último vestigio de los conceptos nuevos de que está preñada nues­
tra época, ellos encontrarían salida por algún otro lado, para volver
con fuerza centuplicada a caer sobre la frente de aquellos que no
han sabido comprenderlos ni respetarlos.
Al hacer oír nuestra protesta queremos expresar claramente
nuestra compasión por una casta de hombres que, para sostenerse
en el gobierno, no conocen otra táctica que la de apresar al adver­
sario y crear, por la mediación de sus pasquines adictos, una atmós­
fera de optimismo, de acción y de bienestar cuando hasta el último
ganapán está seguro de lo contrario.

M ENTALIDADES ESCLAVISTAS
De nuestra Universidad salen hom­
bres que no saben lo que quieren ni
lo que hacen. Han aprendido unos
cuantos lugares comunes llamados
ideas generales y han dado lustre al
apellido con el consabido “doctor”.
Después actuar se convierte en cues­
tión de conciliar esos cuantos luga­
res comunes con el ansia de hacer
dinero o de no m alograr, y si es po­
sible m ejorar, la posición obtenida.
¡Pobres de nosotros cuando esa
gente asume representaciones públi­
cas! ¡Pobres de nosotros cuando esos
“demócratas por tem peram ento” se
ven obligados a elegir entre la inter­
pretación artificiosa de las leyes y el
bien del trabajador! Entonces apa­
recen tal cual son y no tal cual pare­
cen ser a través de sus sonrisitas
aclulonas. '
Las avanzadas del im perialism o
en los países coloniales encuentran
fácilm ente empacados personajes que
defienden y m ejoran sus intereses.
Esos empacados personajes son re­
clutados de entre las clases intelec­
tuales que estam os prontuariando.
Acostum brados a percibir sueldos de
las compañías, ya sea como abogados
o como m iem bros del D irectorio,
creen que los intereses particulares
de las m ism as están colocados por
encima de los intereses generales del
Estado, es decir, del trabajo del E s­
tado. Encuentran en su in terpreta­
ción siem pre capciosa de las leyes,
los argum entos que tratan de ju s ti­
ficar aquello que en un lenguaje
simple se considera como entrega,
‘ venta o traición.
A ntes de com batir al im perialis­
mo que nos viene de fuera, debemos
eliminar hasta el últim o vestigio de
ese corretaje del im perialism o que
tenemos aquí, en nuestra casa, como
cáncer pestilente. Sin su apoyo las
pretensiones de los grandes tru sts
internacionales se desvanecerían.
Sin su apoyo las clavijas sanguina­
rias de las compañías de servicios
públicos, clavadas en la carne del
proletariado, nada podrían hacer.
Cada día se produce un caso dis­
tinto en algún país de Indo-Am érica
para probar nuestra tesis. La A rgen­
tina, uno de los países menos casti­
gados, no escapa a la regla. E n la
segunda ciudad de la República el
Intendente M unicipal ha tolerado que
la E m presa de A guas C orrientes de­
ja ra sin servicios a barrios enteros
y la fuerza pública ha intervenido
para su jetar al pueblo y defender los
intereses intangibles de la burguesía
im perialista.
Entablem os, pues, la lucha contra
las m entalidades esclavistas encara­
madas en posiciones que no les co­
rresponden para explotar y secundar
m iserablem ente a la casta expolia­
dora. Irem os abriendo así la prim era
brecha, que se aparta del terreno
ve) bal, contra los que sumen a A m é­
rica en el desconcierto.

�BRVJ8 LA =
4E K 4M 4M

C A D C T N ir C r

EL A S D E C T © S C C I A E
DE LA CEECCMA
UNIVERSITARIA

El movimiento que pretendió dar a
la Universidad argentina los nuevos
rumbos que sus postulados propugna­
ban y que hizo crisis, en 1918, en Cór­
doba, adquirió bien pronto ciudadanía
americana; en forma tal que no tarda­
ron otros países del continente — Mé­
jico, Perú, Chile y demás — en vivir
las horas del levantamiento estudiantil
bajo las amplias banderas de la Re­
forma Universitaria. Y a medida que
los hechos se producían o se acentua­
ban donde habían aclimatado, una bi­
bliografía copiosa y diversa se iba en­
cargando de la ubicación y justifica­
tivo del movimiento, al par que daba
a las nuevas falanges universitarias la
pauta para encaminar su actividad.
Pero esa bibliografía, pedante e in­
teresada — y tan falsa como la que in­
sistentemente pretende denigrar total­
mente la acción reformista — acentuó
en tal forma su divorcio con la reali­
dad, que es forzoso hoy en día, para
tratar, aunque parcialmente, la valora­
ción de la Reforma universitaria, re­
tomar el hilo de los acontecimientos y
abocarse a su estudio, comparando pos­
tulados y actividades, iniciativas y re­
sultados, motivos y circunstancias. En
esa forma acaso pueda tenerse cabal
concepto de las directivas y éxitos de
la llamada “revolución universitaria”.
El movimiento reformista argentino,
si es que nos atenemos al pensamien­
to inicial expresado diversamente por
sus promotores, tuvo el triple objetivo
de incorporar al elemento estudiantil
al gobierno de las universidades, mejo­
rar la docencia y la orientación peda­
gógica de la enseñanza, y hacer que
el organismo universitario cumpliese
una misión social que vagamente se
enunciaba. De estas tres directivas,
trataremos de analizar la orientación
y los resultados obtenidos en el cami­
no de la tercera, para cuya observa­
ción tendremos que incursionar cir­
cunstancialmente en la faz educacio­
nal del problema, uniendo así las dos
caras más definidas y soeialmente más
loables del movimiento reformista.
Queda excluido, en esa forma, de este
trabajo, el tema que enuncia la par­
ticipación del alumnado en el gobierno
universitario, que ha sido una de las
tachas de la Reforma, y que cuando se
operó indirectamente, fué la escala de
encumbramiento de la falange de me­
diocres y arrivistas que empañaran con
su actuación los prestigios debatidos
del ideal reformista.

Los factores sociales que determi­
naron la maduración y efectividad del
movimiento reformista, pueden ubi­
carse dentro y fuera del país. Interior­
mente, el advenimiento del radicalis­
mo — bajo la protección circunstan­
cial de la ley Sáenz Peña — formalizó
el principio de encumbramiento gene­
ral de una burguesía media, que no
planteaba su divorcio con la genera­
ción anterior por razones morales sino
por motivos económicos. Esta burgue­
sía, llegada al poder, al comercio, a la
industria, encontró un reducto apa­
rentemente infranqueable y cuyo ais­
lamiento nublaba sus sueños prepoten­
tes: la universidad. Y con el apoyo de
un núcleo escaso de fuerzas izquier­
distas — a quien no se olvidó en el
reparto del botín: táctica de novicios
—, bajo la inspiración de ideales reivindicadores y con el beneplácito de
los gobernantes, a quienes se entrega­
ba un nuevo campo de actividad, los

descendientes de los nuevos poderosos
bloquearon al anacrónico organismo
de la universidad vieja, de suyo tan
deleznable, que no tardó en estar en
sus manos, al menos aparentemente.
Pero el entusiasmo para derrumbar
a la vieja universidad había necesita­
do, para expresarse, de fuerzas inspi­
radoras que trajeran al movimiento
que se preparaba una tonalidad acorde
a la época. La guerra europea, al de­
terminar la bancarrota — política y
socialmente — de la civilización occi­
dental, aportó la visión de nuevos rum­
bos, de épocas iniciales, por encima de
instituciones decrépitas y de fantas­
mas desvanecidos. Por otra parte, la
revolución rusa, la gesta por excelen­
cia en lo que va de nuestro siglo, ger­
minó las iniciativas libertarias, en el
otorgamiento de la medida en que el
entusiasmo y la oportunidad pueden
determinar el éxito de las ideas nue­
vas en un ambiente podrido. Y al al­
borear, revolución y guerra, una épo­
ca feliz a la maduración del pensa­
miento izquierdista, la Reforma uni­
versitaria argentina, gestada bajo
aquellas disciplinas ideales, no podía
descuidar, por picardía y oportunismo
de los más y por sentimiento de los
menos, la tarea de incorporar a su ba­
gaje intelectual la prédica de la inspi­
ración libertaria.
El movimiento del año 18 careció de
la definición precisa, aunque reducida,
de las iniciativas anteriores, que, co­
mo la de 1904, tenía un objetivo pu­
ramente educacional, que los dirigen­
tes cordobeses no descuidaron en enun­
ciar. La “revolución” que éstos hicie­
ron apuntaba los tres objetivos que
anotáramos al principio; programa
amplio y difuso, en partes hasta mez­
quino. Quiso hacer política educacio­
nal, y además, acodándose al espíritu
de la época y bajo el influjo de los
acontecimientos que determinaron su
pronunciamiento, la Reforma se incor­
poró al izquierdismo y proclamó su
vocación proletaria.
Pero esta desviación hacia la iz­
quierda fué circunstancial y se malo­
gró precozmente. En el núcleo básico
que forjó el movimiento de Córdoba —
burguesía y no proletariado intelec­
tual — había aún mucho lastre que
dejar. El “Contrato social” y la “De­
claración de los derechos de hombre”
se les aparecía a los dirigentes de la
Reforma como las piedras de toque de
un esperanzado estado de cosas, en una
época en que la bancarrota de las ins­
tituciones democráticas — acunadas
por Rousseau y el 1789 — se manifes­
taba ya sin lugar a dudas, aun para
los pacatos. Y en las pintorescas de­
claraciones de los primeros manifies­
tos y resoluciones, un difuso interna­
cionalismo andaba mezclado con los
héroes de Mayo y todavía un “sano pa­
triotismo” determinaba la aspiración
hacia el bienestar de las clases traba­
jadoras.
Mientras. tanto, y a pesar de uno
que otro detalle circunstancial y apa­
ratoso, el mismo grueso de las fuerzas
reformistas se encargaba de trabar la
prédica y la acción del escaso grupo

netamente izquierdista, hasta que los
vaivenes de la política — siempre fac­
tor importante en la actividad univer­
sitaria — y las preocupaciones inhe­
rentes a la creación de la Universidad
del Litoral — botín de guerra que el
radicalismo entregó a los “revolucio­
narios” del 18 — distrajeron las fuerzas
reformistas, mientras el marasmo y el
oportunismo hacían cuerpo en la acti­
vidad universitaria.

no podía sostener entre sus órganos la
chispa que produjera su incendio, y
que tendía a hacer de la universidad,
como de todas sus instituciones, bases
de su estabilidad y no palancas para
la auto-destrucción. Y ahondando el
tema, la crítica justificó con el mismo
razonamiento, la incapacidad del Es­
tado para dar por intermedio de sus
universidades u n a demostración de
cultura, incapacidad que ha determi­
nado a éstas, a pesar de su petulante
hibridez, a redueirse al ramo produc­
tivo de emporios profesionales.
La reacción contra la existencia del
vínculo entre la universidad y el Esta­
do — entre nosotros, dogma intangi­
ble de la ley Avellaneda — como una
fjprma de cortar el puente que mante­
nía dicho vínculo, a través del cual
el Estado transmitía las propias im­
perfecciones a su órgano, y por otra
parte, la revelación evidente, aquí no
desarrollada su exposición, de la pos­
tura de la universidad oficial como
enemiga de la cultura, situación agra­
vada por un torpe sistema mixto que
ni siquiera da buenos profesionales,
forzaron la germinación de una idea
solucionaría: la universidad libre.

Hace algo más de un lustro, al re­
novarse totalmente las falanges que
actuaran en el 18 y sus alrededores,
las nuevas masas que se incorporaron
a la universidad notaron con sorpresa
En la evolución del pensamiento re­
que imperaban aún los métodos y re­
gían las mismas circunstancias que la formista, esta idea de la universidad
bibliografía reformista les anunciaban libre tomó cuerpo hace apenas unos
como cosas ya pasadas, y, ló que fué pocos años. La circunstancia de que
todavía más desilusionado!-, aplicados se hallaran por aquel entonces en tie­
dichos métodos y aprovechadas esas rras de América o deambulando por
circunstancias, por los mismos ex-már- las capitales de Europa una serie de
tires de la cruzada reformista. Y en la eminentes profesores a quienes la dic­
quiebra indudable del ideal lejana­ tadura o la efervescencia nacionalista
mente admirado, la juventud se dió a hicieran salir de su país y abandonar
la tarea de repensar los valores de la forzadamente sus cátedras, hizo apa­
recer factible la realización del plan
Reforma.
Mientras tanto — efecto directo del cultural de las imaginadas universida­
movimiento que se iniciara en Córdo­ des. Pero el problema de la economía
ba, que abrió las puertas de la uni­ de éstas, reducidas a mantenerse por
versidad al arrivismo y a unos deso­ las escasas contribuciones de los inte­
cupados sui géneris — un falso revo- lectuales y obreros, para no contar con
lucionarismo invadió las altas casas de el aporte de poderosos “snobs” o de
estudios, bandera de logrerías y es­ potentados al estilo de los que mantie­
tandarte para escudar las bastardías nen la “difusión” del pensamiento cul­
mentales de los representantes univer­ tural norteamericano, ha hecho tam­
sitarios de la burguesía media argen­ balear la iniciativa. La universidad li­
tina. Forzados éstos, por exigencias bre debía ser una institución básica­
económicas, a incorporarse al caudal mente independiente y no estar atada
proletario, despotricaban tenazmente a la voluntad de excéntricos disfraza­
con sus rebeldías inconexas contra el dos bajo la máscara de una beneficiencapitalismo y el Estado; pero, con la cia ofensiva.
Y esta universidad a que se aspira,
graduación, el liberalismo extremo se
aplacaba y... allí no había pasado na­ cuya incompatibilidad con el régimen
da. Y ante esta difusión burlesca de social imperante no se desdice con la
las propias ideas, el más preciado ba­ existencia escasa de entidades cultura­
gaje de la individualidad, la verdade­ les sostenidas por el aporte privado, y
ra minoría izquierdista se desligó de hacia la cual la izquierda reformista
la pretendida actividad social de la viró sus actividades, dió la pauta de
universidad, para dedicar sus energías la ineficaz acción social postulada en
las declaraciones del 18, conformada a
fuera de ella.
Se vislumbró entonces la forzada una ambigua extensión universitaria
aristocracia intelectual que la juven­ y a la técnica estatal de la ley Ayellatud universitaria pretendía formar. neda. Y al determinar la visión de la
Desde la universidad, un organismo efímera vida que la universidad libre
del régimen actual, aparentaban ir podía tener en los momentos y circuns­
contra éste; pero un sentido de la iner­ tancias, se produjo la revelación de un
cia, acaso la convicción de la incapa­ estado de cosas que durante más de
cidad de adaptarse a un nuevo estado diez años se pretendió negar obstina­
de cosas o la inseguridad en las pro­ damente.
pias ideas, malograba sus discordantes
Hoy la juventud argentina que as­
intenciones. Revolucionarios de “alta pire a la reforma integral de la uni­
escuela” que no tardaban en venderse versidad debe abocarse a la lucha so­
sin tapujos para satisfacer su orgullo cial incorporándose a la actividad iz­
de casta intelectual y para no sacrifi­ quierdista, no en la universidad, sino
car las prebendas que el ejercicio de fuera de ella, para que, con la obten­
la profesión les acarreaba.
ción de la situación general ansiada —
El Estado se reveló entonces como un sistema basado en la solidaridad
dando a la universidad los hábitos de humana y en los valores del trabajo —
su decrépito vivir y como infiltrando la universidad, si es que existe, o lo
en ella la técnica de sus rutinarios pro­ que fuere en su lugar, sea un engra­
cedimientos. Había sido necesario la naje propio, acorde a la vida en ge­
dolorosa observación del fracaso in­ neral, y no, como la universidad libre
dudable de un movimiento que costara o del Estado de ahora, organismos es­
hasta vidas, para que la juventud porádicos, mejorados cireunstaneialuniversitaria — o la minoría de sus di­ mente por la dádiva petulante o la
rigentes — se diese cabal cuenta de gracia estúpida de algún mandatario
esta razón vital para el Estado, que oportunista.

�ItlHIJIJIA
C u a n d o la h e c a to m b e d e la g u e r r a colfienzó e n E u r o p a a t r a z a r s u s e n d a d e d e v a s ­
ta c ió n , a q u í, n u e s t r o s in te le c tu a le s , v iv ía n
to d a v í a a r r in c o n a d o s e n s u s b ib lio te c a s , d e s ­
c o lg a n d o d e ta r d e e n t a r d e d e s u s a n a q u e ­
les, e l lo m o d e u n K a n t o la p a s t a d e u n
C o m te . C o n e s to s e le m e n to s a lo s q u e
p o r lo b a jo se u n í a la a c a r i c i a d a e x p l i c a ­
c ió n e v o lu c io n is ta d e u n S p e n c e r, s e te n ía n
c o n s tr u id o s e s q u e m a s g e n e r a le s q u e s a t i s ­
f a c í a n la s in q u ie tu d e s d e s u s e s p í r i t u s b u r ­
gueses
P e r o a p e s a r d e e s to s e s q u e m a s y quizá,
p o r e llo s, la p o sic ió n de los m á s típ ic o s
r e p r e s e n t a n t e s d e n u e s t r a in te le c tu a lid a d ,
a l d e c la r a r s e el u ltim á tu m , s e re s u m ió en
u n a d i s p a r a d a r e p e n t i n a h a c i a la c o n c e p c ió n
i d e a l i s t a d e l a h is to r ia . A sí v im o s in v o c a r
p o r u n o s la l i b e r ta d de los p u e b lo s com o
o p u e s ta a la b a r b a r ie d o m in a d o r a d e l g e n io
te u tó n , m i e n t r a s q u e o tro s , n a c io n a liz a n d o
e s t ú p id a m e n te e l p ro c e s o in te r n a c io n a l d e la
c u l t u r a , s a l ía n e n d e f e n s a d e la té c n ic a y4
c ie n c ia g e r m a n a , q u e c r e í a n s u i g e n e r is , p a ­
r a p a s a r lu e g o a la de s u s c a s c o s a c e r a ­
do s.
F u é u n a l u c h a m e z q u in a la q u e e n to n c e s
' s e d e s e n v o lv ió e n e l se n o d e n u e s t r a n e u ­
t r a l id a d ; l u c h a q u e d ia r i a m e n t e s e a p o y a ­
b a e n lo s t e l e g r a m a s d e la p r e n s a i n t e r e s a ­
d a y q u e ib a n a r e t u m b a r e n la s t u m u l t u o ­
sa s' s e s io n e s de lo s c e n tr o s a lia d ó f ilo s o g e r ­
m a n i s t a s , q u e e n to n c e s se n u t r ía n p r i n c i ­
p a lm e n te de m u c h a s fig u ra s u n iv e rs ita ria s .
L a ju v e n t u d d e n u e s t r a g e n e r a c ió n v iv ió
a s í, p o la r iz a d a e n d o s d if e r e n te s d ir e c c io ­
n e s q u e e r a n , e n e l fo n d o , lo s r a m a l e s de
u n a b ie n m o n t a d a p r o p a g a n d a i m p e r ia lis ta .
P e r o c u a n d o e l a r m is tic io lleg ó , c u a n d o la
m u l t i tu d d e l m u n d o e n te r o a p la u d ió c o n t o ­
d a s u a lm a la te r m in a c ió n o fic ia l d e la m a ­
sa c re , c u a n d o u n a a u ro ra n u ev a, a e x p ro ­
fe s o v e la d a p o r l a c e n s u r a r i g u r o s a llegó
h a s t a a q u í; c u a n d o se p r e s i n t i ó e l s e c re to
q u e a n i d a b a e n e l fo n d o de la c a íd a de los
R o m a n o f f y e n la s s ig u ie n te s j o r n a d a s de
o c tu b r e y s e v ie ro n a lz a r s e lo s e j é r c ito s de
D e n ik in y K o lc h a k a lim e n ta d o s p o r la m i s ­
m a F r a n c i a q u e c u a tr o a ñ o s a n t e s s e c r e ía
l a c a m p e o n a de l a lib e r ta d d e lo s p u e b lo s ,
s e re c ib ió d e g o lp e l a c a c h e ta d a d e l a r e a ­
lid a d .
P a r e c ió e n to n c e s , q u e e s o s m illo n e s de
e s p e c tr o s q u e se h a b í a n f a b ric a d o , a l p a s o
q u e a q u í s e r e m e m o r a b a la B a s t i l l a o se d e i­
f ic a b a n lo s s a b io s de G o tin g u e n , n o s a p o s ­
tr o f a s e n d e s d e s u s m is e r a b le s f o s a s ; p a r e ­
c ió c o m o q u e e s o s d ie z y o ch o m illo n e s de
c a d á v e re s , d e s m a n t e l a s e n c o n s u s f a la n g e s
d e s c a r n a d a s , la s r a n c i a s c o n c e p c io n e s f ilo ­
s ó f ic a s d e la h u m a n id a d .
Y lo p r im e r o q u e s e c o n s t a t ó a q u í, e n el
te r m in a l d e e s a m a r e a de c a n s a n c io y de
in m e n s o e x c e p tic is m o e u ro p e o , fu é u n v i ­
r a j e a p a s io n a d o d e la ju v e n t u d y d e a l g u ­
n o s i n t e l e c t u a l e s q u e , c o n s u le a lta d de e s ­
p ír itu , s u p e r a b a n la p o s t u r a c lá s ic a de s u s
m e d io s m e n ta le s . J o s é In g e n ie ro s , d e s d e la
s a l a d e u n t e a t r o p o r te ñ o , s a lu d ó c o n la
s u p e r i o r a r r o g a n c i a d e filó so fo q u e se r i n ­
d e a n t e la v e r d a d , la o b r a a l z a d a e n R u s ia
p o r lo s b o lc h e v iq u is ; d e p a s o q u e lo s e s t u ­
d i a n t e s de C ó rd o b a a l a c a b e z a de los d e ­
m á s , c o m e n z a r o n l a j o r n a d a de la R e f o r ­
m a u n i v e r s i t a r i a . S e tu v o l a s e n s a c ió n de
q u e lo s e s p í r i t u s s e a lz a b a n p a r a r e s p i r a r
la s c o n c e p c io n e s m á s f r e s c a s y m á s j u s t a s .
L a s f ilo s o f ía s id e a l i s t a s f u e ro n e x e c r a d a s ;
la te n s ió n g e r m a n ó f ila o a lia d ó f ila s e d e s ­
v a n e c ió r e p e n t i n a m e n t e d a n d o &gt;paso a u n a
n u e v a p o la r iz a c ió n de id e o lo g ía s : lo s c o n ­
s e r v a d o r e s p o r u n la d o y lo s r e v o lu c io n a ­
r io s p o r o tro .
C la ro e s q u e e s t a d iv is ió n a p a r e c ió e n
r e a lid a d , m u ch o ” m á s c o m p le ja . R e s p o n d ie n ­
do a e s e p e río d o e n q u e la a n g u s t i a d e la
g u e r r a q u e h a b í a p e s a d o s o b r e la s c la s e s
p o b r e s p r o d u jo u n a s ú b i t a p r o le ta r iz a c ió n
u n iv e r s a l e n la c o n c ie n c ia d e la s m a s a s , e lla
se e n la z ó a q u í, sie n d o a t i z a d a y u t i liz a d a
p o r la d e m a g o g ia p o lític a .
P e r o e l p ro c e s o d e e s p a s m o p a s ó . S e
a m o r t ig u a r o n lo s p r im e ro s ím p e tu s . L o s r e ­
v o lu c io n a r io s , f a lto s y a de la a n h e lo s a e x ­
p e c ta tiv a , s in t i e r o n a p la c a d o s s u s b r ío s y
la ju v e n t u d d e l 18 d e jó o lv id a d a s e n s u s d i s ­
c u r s o s y e n m u c h a s d e s u s a c ta s , la s f o ­
g o s a s r e iv in d ic a c io n e s p r o c la m a d a s e n m e ­
d io d e l a lu c h a .
Y e r a q u e .e s e p e río d o d e a m o r tig u a m ie n - .
to s e d e s e n v o lv ía a l p a s o q u e e n e l e x t e ­
rio r, I t a l i a i n ic ia b a su p ro c e s o d e f a s c i s a c ió n q u e d e b ía .p r e s e n ta r c o m o u n m o d elo
a la s d e m á s p o te n c ia s . L a F r a n c i a d e s g a s -

Dr. RICARDO DELGADO
J e fe de C lín ica Q u irúrgica de la F acu lta d
de M ed icin a :: C irujano de los H o sp ita le s
E sp añ ol y C en ten ario

C iru g ía

G eqeral

y

E n ferm ed ad es

In te rn a s

ESTOM AGO - H IG A D O - IN T E S T IN O

C O R R IE N TES 437

::

------------ R O S A R I O

U . T. 24685

t a d a y “v íc t i m a ” se e n c a m i n a b a a l m á x im o
p o d e río f in a n c ie ro efe E u r o p a ; R u s i a s e c o n ­
s o lid a b a a tr a v é s d e la N e p ( N u e v a p o l í t i ­
c a e c o n ó m ic a ) p a r a in ic ia r lu e g o lo s p r o le ­
g ó m e n o s de su p la n q u in q u e n a l. A le m a n ia
s o f o c a b a en s a n g r e la re v o lu c ió n e s p a r t a q u i s t a y u n r e g u e r o de d e r r o t a s p a s a n d o
s o b r e el g o b ie rn o r e v o lu c io n a rio d e H u n g r í a
ib a a d e s e m b o c a r e n la s c r u e n t a s m a t a n ­
z a s de la p o b re y m is e r a b le C h in a .
E r a la r e a c c ió n b la n c a .

C A IR )L O §

j a b a n a u n la d o 1a. c o n c e p c ió n s p e n g l e r i a n a d e lo s cic lo s d e c u l t u r a ; t a m b ié n e llo s
c o n s id e r a b a n a O s tw a ld co m o u n “d e m o d é ”
y a s u d e c a d e n c ia , c o m o u n g r i to líric o y
d e s e s p e r a d o p e ro p ro p io d e l a c o n f u s ió n d e
u n m o m e n to q u e p a r a e llo s t a m b ié n h a b í a
p a s a d o (1 ).
E s t a s o s c ila c io n e s d e n u e s t r o s i n t e l e c t u a ­
le s m á s q u e im p u ta b le s a u n a v e r s a t i l i d a d
de s u s e s p í r i t u s , d e b e n e x p lic a r s e p o r la
r e s o n a n c ia q u e e n c o n t r a b a e n s u e s p e c ífic a

IDII lE U lL IE IF A llT

LA T R A IC IO N
F IL O S O F IC A
IDE A L G U N A S
" F IL O S O F IA S ”
P o r to d a s p a r t e s s e s e n t ía h a b l a r d e l f r a ­
c a s o de ia d e m o c r a c ia . L o s p a r la m e n to s
e r a n c u e r p o s in ú tile s , v ie jo s, y a g a s ta d o s .
D e b ía a c l i m a t a r s e c o n v a r i a n t e s d e l a m ­
b ie n te , el m o d elo it a l i a n o . E n e s t a fa s e , lle ­
n a d a to d a co n s u c e s iv a s d i c t a d u r a s a la s
q u e n o f u é a j e n a n u e s t r a A m é ric a , se c o ­
m e n z a r o n a in c u b a r la s n u e v a s c o n c e p c io ­
n e s f ilo s ó f ic a s q u e h o y r u e d a n p o r e l m u n ­
do, t r a t a n d o d e c u m p lir s u m is ió n h i s t ó r i ­
ca, e s d e c ir l a m is ió n d e to d a s la s f ilo s o f ía s
de la s c u l t u r a s d e c a d e n te s .
E n u n cielo o r ie n ta l, a l h a j a d a c o n la s l u ­
m in a r ia s d e s u s f u e g o s d e b e n g a la , n u e s ­
t r o s i n te le c tu a le s r e c ib ie r o n y a p la u d ie r o n
la o b r a d e vS p e n g le r q u e lle g a b a a c o m p a ­
ñ a d a p o r tu m u lto s , de la e x t e n u a d a A le ­
m a n ia . L a h ic ie r o n s u f a v o r i t a . H a c e a ñ o s ,
c u a n d o e n el t r a j í n d e c ie r to s m o v im ie n to s
u n i v e r s i t a r i o s f u e r a e n v ia d o a C ó rd o b a , e n
s u F e d e r a c ió n d e e s tu d ia n te s , s o b re e s t a
o b ra , d is c u tía n a p a s io n a d a m e n te u n filó s o ­
fo c o n u n s e ñ o r e s p a ñ o l d u e ñ o d e u n a p a ­
n a d e r ía . P o r t o d a s p a r t e s s e h a b l a b a de
S p e n g le r y lo c a r a c t e r í s t i c o e r a q u e , e n lo
q u e m á s se in s is tía , e r a e n la te r m in a c ió n
de n u e s tr o ciclo h istó rico :. H a b í a lle g a d o e l
• c re p ú s c u lo . P o r to d a s p a r t e s d is m in u ía n y
r a l e a b a n lo s q u e e n to n c e s se p r e o c u p a b a n
d e la a u r o r a q u e d e b ía r e e m p la z a r a e s t a
n o c h e filo s ó fic a . E n la s r e v is ta s , e n lo s l i ­
b ro s, e n la s a s a m b le a s ; e n to d a s la s for.m a s e n q u e se m a n i f e s t a b a n u e s t r a i n t e ­
le c tu a lid a d , h a b í a u n o p a c a m ie n to d e a c e n ­
to s, u n a r e s ig n a c ió n f r a n c is c a n a de t r i s t e ­
z a y f ra c a s o .
Y n i s i q u i e r a la r o m á n t ic a r e a c c ió n d e u n
M u s s e t, d e s p u é s d e l s ile n c io de a q u e lla s
f a b u lo s a s c a m p a ñ a s n a p o le ó n ic a s .
N u e s tr o s i n t e le c tu a le s y u n a g r a n p a r t e
d e n u e s t r a j u v e n tu d , se te n d ie r o n f r a n c a ­
m e n te en la q u i m e r a d e l e n s u e ñ o . L o s e s ­
p í r it u s y a e s t a b a n p r e p a r a d o s y lis to s p a r a
n a r c o tiz a r s e c o n e l opio d e la s j u g u e t e r í a s
h in d ú e s q u e . e n E u r o p a e n c o n tr a b a n , p o r
c e n te n a r e s , a v is a d o s im p re s o r e s . L lo v ía n
la s p a r á b o la s d e u n R a b in d r a n a t h ; u n d e ­
c r é p ito a g n o tic is m o m e n ta l a n u n c i a b a la
p r e p a r a c ió n d e u n a n u e v a jo r n a d a .
E s t a lleg ó p r o n to . L a r e e s ta b iliz a c ió n d e l
c a p ita lis m o de la p o s t - g u e r r a , c o m e n z ó a
d is e ñ a r s e e n e l h o r iz o n te . E r a o q u e r í a s e r,
e n u n e n ig m a d e e x i s te n c i a q u e e l l a m i s ­
m a h a s t a h o y no h a d e v e la d o .
E n to n c e s fu é p re c is o a f i r m a r la s n u e v a s
c o n c e p c io n e s filo s ó fic a s , e s d e c ir, la s f o r ­
m a s o fic ia le s q u e im p e r a s e n en e l m o d o c o ­
le c tiv o de p e n s a r. A le m a n ia s e g u í a s ie n d o
l a m á s in d ic a d a p a r a e s t a e la b o r a c ió n . S u
b u r g u e s ía a p r e t a d a p o r la s d e u d a s de g u e ­
r r a , s e n tía , com o la a n t i g u a b u r g u e s í a r e v o ­
l u c io n a r ia a p l a s t a d a p o r la p r e p o te n c ia f e u ­
d a l, u n a n s i a in f in i t a d e re s u rg im ie n to .. E lla
n e c e s ita b a r e s u c i t a r la i d e a d e p ro g re s o ,
p e r o m á s p r e c a v id a , y a q u e no d e b í a d e s ­
c o n t a r la m is e r ia y e l d e s c o n t e n t o ' d e la s
m asas.
D e a h í q u e r á p i d a m e n t e to d o e l p s ic o lo g ism o d in á m ic o de u n B e rg s o n d e j a r a p r o n ­
to p a s o a l s i s t e m a i d e a lis ta d e S c h e lle r ; de
a h í q u e s e t r a t a s e d e r e e m p la z a r a S p e n - '
g le r, t a r e a a la q u e c o n tr ib u y e r o n s u s m i s ­
m o s d is c íp u lo s , y él m ism o , a l le v a n t a r s e
p r á c t i c a m e n t e c o n t r a e l o caso d e O c c id e n ­
te p a r a im p e d ir c o m o h o m b r e s , lo q u e co m o
filó s o fo s h a b í a n p r e v is to !
Y t a m b ié n a q u í n u e s t r o s i n te le c tu a le s d e ­

u b ic a c ió n s o c ia l la n e c e s a r i a v e r s a t i l i d a d
p o lític a y f ilo s ó f ic a d e la b u r g u e s ía e u r o ­
pea.
S ie m p re h a o c u r r id o a s í y e s q u e n o p o ­
d ía s e r de o t r a f o r m a d a d a n u e s t r a s i n g u ­
la r p o s ic ió n e c o n ó m ic a .
C u a n d o la r e v o lu c ió n d e M a y o , e r a E c h e ­
v e r r í a e l m á s típ ic o a b s o r b e d o r d e la s id e a s
d e R o u s s e a u . E l y la a s o c ia c ió n d e M a y o
r e p r e s e n t a n p o r e n te r o la a s im ila c ió n p o r
la b u r g u e s í a r e v o lu c io n a r ia d e l a i n d e p e n ­
d e n c ia , de la f ilo s o f ía d e la b u r g u e s í a r e ­
v o lu c io n a r ia e u r o p e a .
S ie m p re h a e x is tid o u n a p r e f e r e n c ia p o r
c a p t a r la o n d a te r m in a l d e la p re o c u p a c ió n

R e tra to

de

la

h ija

del

e u r o p e a . N u e s t r o s in t e l e c t u a l e s h a n p r e s ­
c in d id o d e a d h e r i r s e a l a e t a p a p r e v i a d o n ­
d e i m p e r a la p r e o c u p a c ió n t é c n i c a c o n c r e t a
o la c i e n c ia y h a n s u b id o d e u n s a l t o a!
f ro n d o s o á r b o l d e lo f ilo s ó f ic o . D e e s t e m o ­
do, a y e r c o m o h o y , h a n m a t a d o l a c o m p i e n s ió n m a t e r i a l e i n t e g r a l d e la s f ilo s o f ía s a l
d e s p e g a r la s d e s u s m ó v ile s o b je tiv o s y h a n
h e c h o d e te n id o e x a m e n d e s u s m i n u c i a s f i ­
lo s ó fic a s , r e h u y e n d o e l p r e v io i n d a g a r d e
la s c o n d ic io n e s e n q u e e l l a s s u r g i e r a n .
N o e s q u e yo p r e te n d a lle n a r la e ta p a
d e e s a s p r e o c u p a c io n e s c o n u n a d e s c r ip c ió n
d el m e d io a lo T a in e . D e s d e S a r m ie n to , e lla s
e n c o n t r a r o n b r i ll a n t e a p l ic a c ió n e n m u c h o s
e s tu d io s . N i e s q u e s u b e s t i m e ta m .p o c o la
p o s ic ió n i n t r o s p e c t i v a q u e p r o c la m ó S a i n t
B e u v e c o m o m o d e lo p a r a la c o m p r e n s ió n
d e u n P a s c a l. T o d o s lo s q u e h a n a p e la d o
c o m o A . A lv a r e z y B u n g e a n u e s t r a p e r e z a
o c r io llis m o , p a r a d e d u c ir n o r m a s m o r a l iz a d o r a s , lo h a n h e c h o c o n e s t a in o c e n te d i ­
r e c c ió n p o r b a s e . E s q u e , e s ú n i c a m e n t e
a n t e el p r o c e s o c o m p le jo d e l a v i d a q u e
se p u e d e n e x p l i c a r l a s te o r í a s , c o m o e n g e ­
n e r a l t o d a s la s m a n i f e s t a c i o n e s d e la s u ­
p e r e s t r u c t u r a so c ia l.
E s t a m o d a lid a d d e n u e s t r o s i n t e l e c t u a l e s
d e b a s c u l a r p e r ió d i c a m e n t e a m e d i d a q u e
lo s c e n t r o s f ilo s ó f ic o s d e E u r o p a s e v a n
¿ d e s p la z a n d o , n o e s i m p u t a b l e a lo q u e s e
h a q u e r id o v e r d e c a r a c t e r s t i c o e n n u e s t r o
e le m e n to n a c io n a l. D a s c a l u m n i a s a l c r i o ­
llism o s o n b u r d a e s tu p id e z . A u n q u e só lo v i ­
v ie s e n a q u í a n d a l u c e s c o n c a s t a ñ u e l a s q u e
h u b ie s e n p r i m i t i v a m e n t e i m p o r ta d o to r o s d e
r a z a p a r a s u lid , y c i n t a s a g r a n e l p a r a
p a v o n e a r s u s b a n d e r illa s , a p e s a r d e eso
si n u e s t r o s u b s u e lo e m p u j a r a a o t r a r i q u e ­
za q u e n o f u e s e la e x c l u s i v a d e s p r e n d i d a
p o r e l t r a b a j o a b r a z o s d e la t i e r r a , n o s ­
o tro s te n d ría m o s re a l p ro c e so in d u s tr ia l y
(1 )
En u n a c o n v e r sa c ió n que tu v ie r a con ese
gran e sp ír itu h o n e sto y a n im a d o r q ue era J o sé
7 I n g e n ie r o s , él m e d ecía h a b la n d o de la obra de
S p e n g ler que ella se j u s t if ic a b a en la d err o ta a le ­
m ana. Me c a u só esto h ond a e s tr a ñ e z a y se lo
d ije. Era n a tu ra l v er esa v in c u la c ió n so b r e tod o
en A lem a n ia p ero o tra co sa era ju z g a r a s í de
“ to d a ” la ob ra de S p e n g ler, p u e s a un ladd de su
m isió n tem p o ra l de o b ra c o n s o la tr iz a lo s ca íd o s
su e ñ o s de ex p a n sió n im p e r ia lista , ta m b ién te n ía
su co sta d o de co n q u ista h u m a n a en la co n ce p c ió n
g en er a l de la h is to r ia . A sí fu é có m o n u e str o gran
m a estro , el D r. E. Q u esad a, u n ió a su re su m en el
e s tu d io de la cu ltu ra a m erica n a .

p in to r. Oleo

de

M anuel

E ic h e lb a u m

�!í

BRUJULA
f ilo s o f ía y c ie n c ia s p r o p ia s . E l a r g e n t i n o
d e G a s s e t, co m o el d e K e is e rlin g . o com o el
d e to d o s e s o s i n t e l e c t u a l e s m e r c a d e r e s de
f ilo s o f ía p o p u la r , no e s sin o o t r a c o s a q u e
e l a r g e n t i n o d e l á n g u lo v is u a l g a s s e t i a n o o
k e is e r lis ta , v a le d e c ir , p r o p e n s o a c o lo c a r s e
y a , d e n tr o d e la e s f e r a d e s u p e c u lia r a t r a c ­
c ió n . U n a r g e n t i n o q u e p o d r ía t r a n s p o r t a r ­
s e a e s e m a d r ile ñ o co n q u e tr o p ie z a e l c a ­
t e d r á t i c o e s p a ñ o l e n s u s c a v ilo s a s a n d a n z a s
p o r “ L a p u e r t a d e l s o l” o e l a v e z a d o c o n d e
e n lo s p a r q u e s b e r lin e s e s ; p e ro n u n c a e s a
m u ltip lic a d a d if e r e n c ia c ió n d e p o sic ió n y
d ir e c c io n e s m e n ta le s , t a n p r o p ia s d e n u e s ­
tr o p a ís co m o d e to d o el m u n d o , t a n t o m á s
c u a n t o q u e h o y la i n te r n a c io n a liz a c ió n de
la v id a , lia b o r r a d o e l s t a n d a r d q u e e l in o ­
c e n te V e r n e r e p e t í a s ie m p r e e n s u s n o v e ­
la s , t o m a n d o u n in g lé s fle m á tic o , u n y a ñ k e
in tr é p id o o u n ita lia n o a p a s io n a d o .
E s a m o d a lid a d e s sí im p u ta b le a l tip o
e c o n ó m ic o d e n u e s tr o s p a í s e s y a l tip o de
s u p e q u e ñ a b u r g u e s í a in te le c tu a l.
E n la s e r ie d e e s la b o n e s d e la e c o n o m ía
d e l m u n d o , n u e s t r a p o sic ió n c a e d e n tr o d e
la d e p a ís e s s e m ic o lo n ia le s ; e s d e c ir, q u e
s o m e tid o s p o r u n p ro c e s o e x c lu s iv o de p r o ­
d u c c ió n a g r íc o lo - g a n a d e r a , e s ta m o s s u p e d i­
ta d o s a l c a p i t a l i n d u s t r i a l y f in a n c ie r o q u e
d o m in a e n la s p o te n c ia s de E u r o p a y N o r ­
te A m é ric a , a l tr a v é s d e u n e s ta d o n a ­
c io n a l.
Y s i s e tie n e en c u e n t a la v in c u la c ió n
d e lo c ie n tíf ic o a lo i n d u s tr ia l, si se p ie n s a
e n la s i n d u s t r i a s y s u t e n d e n c ia d in á m ic a ,
só lo p o s ib le a l la d o d e u n s is te m á tic o f o ­
m e n to d el la b o r a to r io d e fís ic a , m a t e m á tic a
y e c o n ó m ic a q u e h a g a n p o s ib le v e n c e r la
s e r ie d e o b s tá c u lo s p a r a r e s o lv e r el s ie m p r e
a p r e m i a n t e p ro b le m a d e la c o m p e te n c ia ; si
s e p ie n s a e n la s lig a z o n e s m is m a s de la s
in ic ia c io n e s de la re v o lu c ió n in d u s t r i a l e n
I n g l a t e r r a c o n la s c ie n c ia s , a tr a v é s de u n a
la r g a c a d e n a de in v e n to s y a d e la n to s , y s i
a d e m á s s e p ie n s a (co m o e s im p e rio s o y d e ­
f in itiv o ) e n la p re d e c e s ió n d e lo c ie n tífic o
a lo filo só fic o , se v e el e s p o n tá n e o n e x o q u e
e x i s te e n t r e la c la s ific a c ió n d e lo s p a ís e s ,
y el g r a d o d e c o n c ie n c ia co n lo s p r o b le m a s
filo s ó fic o s.
L o m á s p ro b a b le , d e n t r o d e la a c t u a l p o ­
sic ió n d e l m u n d o , e s q u e e n a q u e llo s p a ís e s
d e v id a e c o n ó m ic a p r im o r d ia lm e n te lig a d a
a lo s f r u t o s d e la t i e r r a a t r a v é s d e l t r a ­
b a jo d el h o m b re , s u r j a n , f u e r te m e n te a r r a i ­
g a d a s , la s f ilo s o f ía s de tip o m ístic o . S o n é s ­
t a s el m o d elo q u e m á s p r e f e r ir á la b u r g u e ­
sía , p a r a c o n t i n u a r s u p r o c e s e d e e x p l o t a ­
c ió n d e la s m a s a s . L o s c a n to r e s co m o los
filó s o fo s d e la c iu d a d e n r o la d o s en la g e n e ­
r a l filo s o f ía de la r iq u e z a q u e, n a d ie m e jo r
q u e M a lth u s i n a u g u r a r a en los tie m p o s m o ^ d e m o s , so n lo s m á s g r a n d e s f a b r i c a n te s d e
e s e o p io q u e p r o p e n d e a m a n te n e r e n c o r v a ­
d o s s o b r e e l s u r c o l a s e s p a ld a s d e l c a m p e ­
sinado!.
A h o r a b ien , la s f ilo s o f ía s q u e n u e s tr o s i n ­
t e l e c tu a le s a q u í re c o g e n , no r e p r e s e n t a n ,
d e n tr o d e la a c t i v i d a d f ilo s ó f ic a e u ro p e a ,
m á s q u e u n a se le c c ió n d e lo q u e e l l a p r o d u ­
ce. N o s o n la s p o s ic io n e s f ilo s ó f ic a s e u r o ­
p e a s la s q u e to m a n e n c o n s id e ra c ió n , sin o
a q u e lla s q u e p r e v ia m e n te v ie n e n e le g id a s .
P e r o e n e s t a p r e v ia e le c c ió n ta m p o c o n u e s ­
t r o s in te le c tu a le s o b r a n con a m p l i a o r i g i ­
n a lid a d . D if ic u lta d e s id io m á tic a s h a c e n q u e
' e s t a s e le c c ió n e s té e n g r a n p a r t e s u p e d i ­
t a d a a la s p u b lic a c io n e s de la s tr a d u c c io .
n e s e s p a ñ o la s , la s c u a le s , e n filo s o fía , s e ­
le c c io n a n lo q u e m á s tie n d e a la s a t i s f a c ­
c ió n d e l b u r g u é s r e c r e a m ie n to i n t e le c tu a l.
Y t a n t o m á s , c u a n to q u e e s a c é le b re b ib lio ­
t e c a q u e s o b re e l r u b r o d e la s id e a s del
sig lo X X in c lu y e a lg u n a s c o n q u is ta s c i e n ­
tíf i c a s q u e so n n e to p a tr im o n io d e l sig lo
• a n te rio r, p r in c ip a lm e n te y p o r m o tiv o s c o ­
m e r c ia le s q u e no so n in d e p e n d ie n te s a l d e s ­
a g io d e l m a r c o y a la p e n u r i a d e lo s i n t e ­
le c tu a le s a le m a n e s q u e v e n d ía n s u s d e r e «
c h o s e n p o c a s p e s e ta s , i n s is te c o n l l a m a t i ­
v a a b u n d a n c ia en la s lu c e s de la i n te lig e n ­
c i a te u to n a . A s u la d o se e n c u e n t r a e s a b ie n
d e n o m in a d a R e v is ta d e O c c id e n te , la c u a l
c o n u n p o d e ro so e c le c tic is m o f r a n c a m e n te
d e s c o n c e r ta n te (n o s e s a b e m á s si p o r lo
in o c e n te o p o r lo b u r d o ) j u n t a la t r a d u c ­
c ió n d e u n a m e m o r ia d e E in s t e i n co n la s
la m e n ta c io n e s d e u n p o e ta d e c a d e n te .
E s te tr is te e rro r de p re fe re n c ia e n el que
c a e lá c a s i to ta lid a d d e n u e s tr o s a c t u a l e s
in te le c tu a le s se e x p lic a rá a l h a c e r u n p a r a ­
lelo in t e r e s a n t e . E s lo m ism o q u e d e c ía el
c é le b r e físic o in g lé s J . J h o n s o n d e l a f ilo ­
s o f ía h e lé n ic a : “N o e s p r e c is a m e n te q u e
A r is tó te le s y P l a t ó n s e a n la s c ú s p id e s del
m o v im ie n to h e lé n ic o . E lla s r e s u l t a n a s í a
t r a v é s d e la r o m á n t ic a p r e f e r e n c ia d e s u s
e x é g e t a s lo s á r a b e s q u e f u e ro n d e s p u é s de
la d e s tr u c c ió n d e A le ja n d r ía , s u s i m p o r t a ­
d o r e s a la c u l t u r a e u r o p e a d e la e d a d m e ­
d ia . Y t a n r e s u l t a a s í q u e e n la n u e v a y
d i r e c t a a u s c u lta c ió n d e los v a lo r e s g rie g o s
la a n t e s t i t u l a d a e s c u e l a s o f is ta , e s p r e c i­
s a m e n te l a q u e e n e l a n á lis is c ie n tíf ic o se
r e v e la la m á s a g u d a , la m á s p r o f u n d a ; y

e

m i e n t r a s -A r i s t ó t e l e s com o E u c lid e s , u n o en
lo i n t e g r a l d e l s a b e r y e l o tr o e n la s i s t e ­
m a tiz a c ió n m a te m á tic a , s o n los c o m p e n d ia ­
d o r e s g e n ia le s d e u n a e t a p a e n e l d o m in io
y c o m p r e n s ió n d e l a n a t u r a le z a , D e m ó c rito
q u e p l a n t e a la c o n c e p c ió n d e la m a t e r i a en
la f o r m a q u e la c o m p r e n s ió n c o n te m p o r á ­
n e a d e la f í s i c a h a c e s u y a y los s o f is ta s
e n s u s o p o s ic io n e s a l p e n s a m ie n to o fic ia l
e n s u s s o f is m a s d e l c o n tin u o , so n lps h in c a d o r e s m á s p r o fu n d o s e n e l h a b e r d e n u e s ­
tr o s i n v e n ta r io s e p is te m o ló g ic o s .”
L a r e p e r c u s ió n f ilo s ó f ic a e n n u e s tr o m e ­
d io , no e s p o r c o n s ig u ie n te , n i p u e d e se rlo ,
u n a r e p e r c u s ió n a b i e r t a . S ólo s e h a i m p o r ­
ta d o u n s t a n d a r d d e f ilo s o f ía q u e e s p r e ­
f e r e n te m e n te de f ilo s o f ía te n d e n c io s a m e n te
m o r a lis ta , de. tip o s o c rá tic o , m o d e r n iz a d a
co n lo s m is tic is m o s de P o r t R o y a l y j a c t a n ­
c io s a , d e a s p e c to c ie n tífic o , d e s p u é s d e h a ­
b e r s e b a ñ a d o h is tó r ic a m e n te e n los t e o r e ­
m a s y c o r o la rio s d e S p in o za.
N u e s tr o s i n te le c tu a le s q u e n o tie n e n t r a ­
d ic ió n r e a l g e s t a d a en la s c ie n c ia s p o s i t i ­
v a s , no p u e d e n c o m p r e n d e r e l e s c e p tic is ­
m o p re v io y n e g a d o r d e u n D e s c a r te s , lo s
v a p u le o s q u e a é s t e le h ic ie r a s u s u c e s o r
L e ib n itz , lo m is m o q u e la c o r o n a c ió n d e la
m e c á n ic a c o n q u e N e w to n r e m a tó la d i v a ­
g a c ió n m e d io e v a l l e v a n ta n d o s u filosofían a t u r a l ; lo m ism o q u e e l p o s itiv is m o s u p e ­
r a d o h o y e n el m ism o m a r c o de r e n o v a c ió n
d a d o p o r la s c ie n c ia s ; lo m ism o q u e la t r á ­
g ic a d i s p u t a d e los n o m in a lis ta s p a ra le la ,
a u n a in v a s ió n d e la a b s tr a c c ió n m a t e m á ­
tic a ; lo m ism o e n la d ia lé c tic a q u e e n l a
c o n c e p c ió n l í r i c a d e H e g e l, s e p r e c is a l u e ­
go e n la c o n c r e ta a p lic a c ió n d e u n M a rx
y e n la s d is c u s io n e s t e ó r ic a s d e P le ja n o v ,
h a s t a r e m a t a r e n la n u e v a c o n c e p c ió n e s ­
t a d í s t i c a d e la s le y e s q u e -rigen p a r a lo s o ­
c ia l com o p a r a la f í s i c a m ic ro s c ó p ic a .
T o d o e s to no lo p u e d e n c o m p r e n d e r n u e s ­
tr o s in te le c tu a le s q u e y a h a n d e c id id o su
p re d ile c c ió n filo s ó fic a , e s ta b le c ie n d o ta b la
r a s a de la p r im e r a y d e te r m in a n te in q u ie tu d
c o n c r e ta q u e e s la e x p lo ra c ió n c i e n tíf ic a y
la l u c h a p o r id e a le s so c ia le s .
C ó m o d a m e n te a p o ltr o n a d o s , g u s t a n y g o ­
z a n e n r e e p ilo g a r los r e a l e s e n t r e t e n i m i e n ­
to s de a n ta ñ o , y d is p u e s to s a l in m e n s o s a ­
c rific io de la a b s tr a c c ió n in c o n tr o la b le , d e s ­
a b a n d o n a n e l v e r d a d e r o y m e r ito r io t r a b a j o
d e l a c r e a d o r a a c t i v i d a d m e n ta l.
L a ú n i c a f ilo s o f ía v e r d a d e r a y ú til, h u ­
m a n a y a c t i v a q u e n o s to c a p e n s a r a los.
h o m b r e s lib re s de to d o el m u n d o y e s p e c i a l ­
m e n te a lo s d e A m é ric a d e l S u d , e s la f ilo ­
s o f ía d e la in d a g a c ió n e n to r n o a e s e f o r ­
m id a b le e n r e ja m ie n to e n q u e v iv im o s y e n ­
t r e la s m u c h a s f u e r z a s q u e se a f a n a n en
e s c o n d e r e l h o r iz o n te a la s m ir a d a s le a le s ,
f i g u r a la d e la a l g a r a b í a f ilo s ó f ic a de la
E u r o p a c a p i t a l i s t a y d e c a d e n te q u e n u e s ­
tr o s in te le c tu a le s q u e m a n c o m o e l c h a n fú .
o r ie n ta l p a r a a d o r m e c e r de a b u l i a l a c o n ­
c ie n c ia c o le c tiv a .
A p la u d id a p o r la c u l t u r a d e c a d e n te de^
E u ro p a , b á ls a m o n a r c ó tic o p a r a h a c e r la o l­
v id a r d e s u s tr a s p ié s , e s a f ilo s o f ía d o m in a ­
d o r a y r i c a d e la b e r in to s m is te r io s o s , e s i n ­
c a p a z de. r e c la m a r u n c r e d o f ir m e a n t e e l
d o lo ro so e x c e p tic is m o de la s m a s a s e x p lo ­
ta d a s . P o r e llo y c o n S c h e lle r, d a n d o v u e l­
t a s e n el a i r e a l a t o r t i l l a te o ló g ic a de la s
v ie ja s r e lig io n e s , s a c a la d iv in id a d d e s u
a p r io r is m o s o b r e el m u n d o p a r a e m p l a z a r ­
la e n la p e r s p e c tiv a del d e v e n ir. E l e s p í r i t u
e s e n e l h o m b r e q u e c r e a e n sí, e n s u c o n ­
ti n u a p e rfe c c ió n l a e s e n c ia d e lo d iv in o .
L a f ó r m u la d e c r é p i t a d e l D io s e r a , a h o r a
s e c a m b ia p o r la e x t r a p o l a t o r i a ; e l D io s
s e rá . Sí, lo s e rá , si la f e lic id a d s u p r e m a
i n u n d a r a la t i e r r a ; si el d o lo r, y la m is e ­
r i a s e h u b ie r a n a p la c a d o , p ero no s e v e o t r a
f o r m a de c o n s e g u irlo a tr a v é s d e e s t a s d i ­
r e c c io n e s filo s ó fic a s s in o p a r a c u a n d o e l
d e s tin o d e l m u n d o h a g a t a n t é t r i c a la t i e ­
r r a com o lo e s h o y la c o m p a ñ e r a d e s p r e n ­
d id a d e s u m a s a . Sí, la d iv in id a d s e r á e n
n o s o tr o s c u a n d o la s t u m b a s r e in e n p o r d o ­
q u ie r b a jo el m a n to de u n s ile n c io d e e t e r ­
n a m u e r te y d e f in itiv a p a z ; c u a n d o o s c u ­
re z c a e n e s e p o s tr e r c r e p ú s c u lo d e u n s o l
a g o n iz a n te la in te lig e n c ia y la v id a d e l ú l ­
tim o h o m b r e e n la d r a m á t i c a p i n t u r a d e
A n a to lio F ra n c e .
N o, b ien s a b e m o s c u á l fu é y c u á l e s el ro l
s u b s id ia r io d e la s f ilo s o f ía s q u e se h a n a l ­
z a d o e n e l a n d a r d e l tie m p o . P e r o to d o e s to
no lo c o m p r e n d e n n u e s tr o s in te le c tu a le s
c u a n d o s ig u e n h a c ie n d o d e la z a r illo s e n e s ­
t a s v ír g e n e s c o m a r c a s no d e la f ilo s o f ía e n
ta n t o q u e h i s tó r ic a p re o c u p a c ió n d e l h o m ­
b r e e n su t r a d ic io n a l a s c e n s ió n e n la v id a ,
sino- de u n r e ta z o d e s p re n d id o q u e e s l a f i ­
lo s o f ía m o r a l i n t e r e s a d a ; la q u e p a s ó p o r
P o r t R o y a l y h u y e r a o f e n d id a a n t e los n a ­
t u r a l i s t a s d e la e n c ic lo p e d ia , co m o h u y e h o y
del m a te r ia lis m o h is tó r ic o , d e la s c ie n c ia s
p o s itiv a s y d e l a r e a l i d a d .
C on la t i z a e n la m a n o y a m is to s o a c e n to
m e d e c ía u n a ta r d e e l P ro f . L a g a tú de
M o n tp e llie r : “ E s te e s e l c u a d ro d e la s c ie n ­

c ia s y a q u í e s t á n u e s t r a e s p e c ia lid a d , la g e ­
n é tic a 'b o t á n i c a ”.
E n tr e m ú ltip le s r a y a s e s q u e m á tic a s h a ­
b ía s itu a d o y e n la z a d o d e s d e la s m a t e m á ­
ti c a s a l in te r é s c o n c r e to de lo s a g r i c u l t o ­
r e s . “ D e o tr o m o d o a g r e g a b a el P ro f e s o r,
si u s te d no tie n e u n a' v isió n d e l u n iv e r s a l
c o n ju n to de la v id a y d e lo s e s f u e r z o s de
lo s d i s t i n t o s e s p e c ia lis ta s , V d t r a b a j a r á s o ­
lo” . E r a la s u y a u n a c o n s ig n a e x a c t a q u e
m e c re o e n el d e b e r d e r e c o r d a r p a r a u t i l i ­
d a d d e n u e s t r o s jó v e n e s . Sí, a s í h iz o C o m te p ro c e d ie n d o e n s u s c la s if ic a c io n e s a t r a ­
v é s de lo s g r a d o s d e a b s t r a c c ió n ; a s í h izo
el g e n io de K o e n ig s b e rg a l e s t u d i a r y p r o ­
f e s a r p r im e ro d iv e r s a s c ie n c ia s a n t e s d e
la n z a r s e a c o n s t r u i r e l e d if ic io d e su “C r í ­
t i c a d e la r a z ó n p u r a ” . Y a s í h a c e to d a f ilo ­
s o f ía e n t a n t o q u e e lla e s r e a lm e n te t r a ­
d u c c ió n de u n a e t a p a c u m p lid a e n la m ile ­
n a r i a j o r n a d a d e la h u m a n id a d . N o p u e d e
o lv id a r s e u n re d u c to , no p u e d e o m itir s e u n
lu g a r .
U b ic a c io n e s y e n la c e s d e b e n e s t a r p r e s e n ­
te s e n e lla . Y n o e s el u n iv e r s o e x te r n o (a
l a a n t i g u a ) lo q u e la filo s o f ía t r a t a d e
c o m p e n d ia r sin o e l u n iv e r s o in te g r a l, e s d e ­
c ir. s in o m itir a l q u e lo v iv e y q u e e n r e ­
a c c ió n c a d a v ez m á s c r e c ie n te lo p l a s m a
d e s d e la h i s t o r i a c o n c r e ta d e la s lu c h a s .
P o r q u e s o b r e to d o s, no e x is te o tr o p r o g re s o
m a y o r m á s in te n s o y d e m á s p r o g r e s iv a s
p o s ib ilid a d e s , q u e e l a u m e n to d e la p r o p ia
c o n c ie n c ia q u e e l h o m b r e a d q u ie r e d e s u
p o s ic ió n e n la s o c ie d a d y e n la v id a a m e ­
d i d a q u e e l c o n tin u o d e s liz a r d e l tie m p o s e
o p e r a s o b r e l a h is to r ia .
Y m á s , la s f ilo s o f ía s e n t a n t o q u e s i s t e ­
m a s q u e s e v a n s u c e d ie n d o e n el tie m p o ,
tie n e n com o la c u l t u r a y la. so c ie d a d q u e
lo s in c u b a r a s g o s s ig n a lé tic o s p r e d o m in a n ­
te s .
E n p le n a in ic ia c ió n d e l a re v o lu c ió n i n ­
d u s t r i a l , s o n lo s e n c ic lo p e d is ta s q u e to d o lo
t r a n s p o r t a n a la s c ie n c ia s n a t u r a l e s y a s ie n ­
t a n e n la f u t u r a id e o lo g ía b u r g u e s a la t í ­
p ic a id e a d e l p r o g re s o in d e fin id o . Y a s í a n ­
d a n d o . Y a h o r a , ¿ c u á l e s el r a s g o m á s h o n ­
d o , m a s e x a c to , d e n u e s t r a e ta p a .? .¿'-'Cuál la

r e a lid a d m i
no
d i s p u t a fih
a g u a n t a n ir
q u ie r e acog
‘di
ta n co n su
i o i ) los m ili
v o lu c ío r
v e r t i ó o s e n l a s g .w .u le
d u s tria ?
T odo tra d u c e a g ra r
'.o n o s m u e s i m p e r a n t e d e nuc
u á l e s la ú l t r a e n e lo c u e n te r e v e la c ió n .
ta p e t e
tim a c a r t a q u e s l» h a a r r o j a ►e n
d e la h is to r ia .
L a te o r ía d e la lu c h a d ? cía es q u e el m a ­
te r i a l is m o h is tó r ic o u tiliz a C" m o u n m e d io
s is t e m á t i c o p a r a u n a n u e v a / m á s e x a c t a
r e s t a u r a c i ó n d e la h i s t o r i a u n iv e r s a l, h o y
h a p a s a d o , d el p la n o e x p o s itiv o a l d r a m a
a c tiv o y c o n s c ie n te .
E s t a e s la r e a l i d a d s o n a n te q u e e s t á e n
el fo n d o d e lo s c ic lo s d e S p e n g le r , d e la s
v u e l t a s a la t o r ti l l a te o ló g ic a d e S c h e lle r ,
d e Tos m is tic is m o s d e to d o s ios c o r r e d o r e s
d e u n a c o n c e p c ió n a f ó n ic a , o b s c u r e c id a y
« :n c r e d o s s in c e ro s .
¿ D e b e m o s o lv id a r to d o e s o ? ¿ D e b e m o s
d e j a r la a c t u a l m is e r ia q u e c a m p e a e n el
m u n d o y o c u p a r n o s d e p u r o s s ilo g is m o s e n
f ilo s o f ía ? N u n c a c o m o a h o r a h a lle g a d o e l
m o m e n to d e r e c o r d a r la s p a l a b r a s d e e s a
f i g u r a h o n e s t a q u e f u é C a rlo s F o u r i e r :
“ F a u t- il r e v e tir
le s
lo n g s
h a b its
de
d e u il p o u r d e c la r e r a u x p o litiq u e s e t a u x
m o r a l i s t e s q u e l’h e u r e f a t a l e e s t so n n e e q u e
l e u r s in m e n s o s g a le r ie s d e v o lu m e s v o n t
to m b e r d a n s le n e a n t . q u e le s P la tó n , les
S e n é q u e , le s R o u s s e a u , les V o lt-aire e t to u s
le s c o r y p h e e s d e 1’i n c e r tid u m b r e a n c ie n n e
e t m o d e rn o , i r o n t to u s e n s e m b le a u f le u v e
d ’c u b il? M o i q u e ig n o r e le m e c a n is m o d e s
Id e e s, q u e n ’a i j a m a i s lu ni L o c k e n i C o n d iH a r. n ’a i ie ñ a s e u a s s e z d 'id e e s p o u r i n ­
v ersa]?”
A s í p o r ¡o m e n o s , si e s c u c h a n a F o u r i e r
i g n o r a r á n a u n S c h e lle r — lo c u a l n o i m ­
p e r t a m u c h o . — p e ro s a b r á n q u e v ív e s e en
la t i e r r a y e n m o m e n to s d e s u b lim e d e t e r ­
m in a c ió n h i s t ó r i c a .

E i .e a r r o - d e T»$pia tecn tflcad o . £ n al p aseao te,
P te c a to ri rfalante da él. T illa Owrlcux, Max P aiten b erg y P ab lo W ognar, un» c a rte a tu ra dal ^ a tro p ello‘’ d a lo* B S to r« p o r al a p a ra ta
(DE “ SIMPUCISSIMOS \ ASO

I t

T S A T R O -P IS C A T O i?

Par« »f pro* *60 da Oul l l a r Í J nnntb* Piaoatv r
P fo o*gend* p o r t e á r s e t e da Dte*. Plácalo*" "Y.
sin am bargo, El e s un g ran e* lrateg o . :Qoé ro aic
vhlo««n»»ftta ma ha hanho a a ta cam pafta de p ro -

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DiEUJO Df V KOSfcO (K¿81K A. O, iftM. AKO 1328.1

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4
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y

M ucho* se h a h a b la d o e n lo s ú ltim o s t i e m ­
p o s d e la '“d e c a d e n c ia d e l t e a t r o ” y m ú l t i ­
p le s h a n sid o lo s e n s a y o s co n q u e se i n ­
t e n t a b a lle g a r a u n a f ó r m u la q u e le d e ­
v o lv ie r a s u a n t i g u a e n v e r g a d u r a . T o d o s e s ­
to s e n s a y o s — e x c e p to a q u e llo s q u e tu v ie r o n
u n a m isió n de s a n e a m ie n to , d e d e s tru c c ió n
d e v a lo r e s c a d u c a d o s — h a n sid o v a n o s , po r
c u a n to b u s c a b a n la so lu c ió n e n u n te r re n o
q u e n o p u e d e y a d a r n a d a v a le d e ro , el t e ­
r r e n o d e la e s t é t ic a b u r g u e s a .

“ A rte p u r o ” , “s o b e ra n ía del a r te " , f u e ro n
el n o rte de e s a s b ú sq u e d a s. P is c a to r h e c h a
de lado e s to s f a n ta s m a s y c r e a u n te a tr o
s o c ia l — el ú n ic o te a tr o v a le d e ro h o y — u n
te a tr o de la s m a s a s c u y o m o to r e s lo so c ial
y “c u y a m isió n es to m a r la r e a lid a d com o
p u n to de p a r t i d a p a r a e le v a r la d is c o r ­
d a n c ia s o c ia l a e le m e n to d e a c u s a c ió n y
d e re v o lu c ió n y d e p r e p a r a d o r d e l o rd e n
n u e v o ”.
S.

M.

¡Compañeras y compañeros!

.•

¡lie ahí “El Inválido” !
La guerra de los capitalistas, con los cuales formaban los proletaria­
dos y siguen formando comunidad de trabajo, ha destruíido millones de hom­
bres, ha arrojado a la calle millones de mendigos. ¿Quién puede remediarlo?
¿Acaso los burgueses que pasan por delante del inválido frívolos o misera­
bles, goteando beneficencia, queriendo aturdir su conciencia con insultos a
la “chusma que tiene pánico del trabajo”, clamando al Estado, cuyo debel­
es desembarazar el camino de tal vergüenza pública?
¡Tú tienes los mismos sentimientos que el inválido furibundo!
Tú mismo eres ese inválido. T ú ..., obrero, que cualquier mañana pue­
des recibir un puntapié del patrono. Tú, sin trabajo, echado a la calle porque
va no hay ganancia. ¡Obrero! ¡Solidaridad con los compañeros sin trabajo!
Vosotros, obreros sin trabajo: formad una organización revolucionaria
única. ¡Elegid vuestros» Comités politicos! ¡Nadie os ayudará si no os ayudáis
vosotros mismos!
O socialismo... o hundimiento en la barbarie.
Delante de la puerta... de un campamento de compañeros detenidos
en Horty (Hungría).
¿Acaso el Soldado que monta allí la guardia tiene conciencia prole­
taria? ¿Acaso la mujer, la compañera detenida y atormentada a causa de sus
ideas políticas, puede hacerle cambiar de opinión y ganarle para la revolu­
ción? Y cuando mata al oficial blanco, al comandante del campamento,
vosotros,‘compañeros, ¿estaréis al lado del soldado, conscientes de que la
acción revolucionaria homicida es también sagrada y que sólo nos salva
aquella acción de la cual no es más que un símbolo la de este soldado? El
capital mundial se prepara con todas sus fuerzas, económica y militarmente,
para derrumbar a Rusia. Rusia es la roca en medio del fragor de la revo­
lución mundial. El día de R u sia...: he ahí el día decisivo. O solidaridad
activa con Rusia soviética. . . o el capital logra anular la única garantía de
la revolución mundial. O socialismo o hundimiento en la barbarie.

Esto es: Revista de la Revuelta golpear como con férreos martillos y
Roja. Revista político-proletaria. Re­ demostrar esta noche su tema princi­
pal, su “eeterum censeo, societatem
vista revolucionaria.
No una revista de las que entonces civilem esse delendam!”, no sólo con
representaban Haller, Charell y Klein un ejemplo, sino con docenas de ejem­
con la forma espectacular importada plos. Debían hacerse variaciones sobre
de América y de París. Nuestra re­ el mismo ejemplo; ya no cabía retro­
vista venía de otra parte muy dis­ ceso alguno. Por esto era necesaria la
tinta. Tenía sus precursores en las diversidad. El ejemplo tenía que po­
amenas veladas que había organizado nerse a hablar con el espectador,
yo con la I. A. H. (Ayuda Obrera conducir a preguntas y respuestas,
Internacional). Esta era su proceden­ amontonarse — había que presentar
cia positiva. Pero al mismo tiempo im redoblar de ejemplos—, ser lan­
coincidió la forma de la revista con zado a la escala de los números. Miles
la ruina de la forma del drama bur- de personas lo saben, tú también.
bués. La revista no conoce ninguna Crees tú que eso sólo le importa al
uniformidad de acción, busca su efecto otro? No, a ti también. Es típico de
en todos los campos que puedan rela­ esta sociedad en que vives y no pue­
cionarse de alguna manera con el tea­ des escaparte de ello!. .. Aquí, otro...
tro, es de estructura deslabazada y, a y otro! Y esto empleando sin escrú­
la vez, el presentar las cosas de una pulo alguno todas las posibilidades:
manera tan directa, le da una gran música, canto, acrobacia, dibujo rápi-,
ingenuidad. También “Banderas” te­ do, deporte, proyección, cine, estadís­
nía algo de “revista”, por resolverse tica, escenas dramáticas, alocución.
la acción en una multitud ,de escenas
La ocasión para hacerlo la propor­
aisladas.
cionaron las elecciones de 1924. El
Hacía ya mucho tiempo que había partido comunista ten^a que prepa­
concebido la idea de emplear esta rarse. (Esta idea había comenzado a ,
forma para alguna finalidad pura­ abrirse paso. Las masas, en sus míti­
mente política, y lograr, con una re­ nes, querían i&lt;n trozo de mundo
vista política, una propaganda más visto por sus propios ojos. El partido
fuerte que con obras dramáticas, cuya había comprendido la necesidad de
construcción pesada y cuyos proble­ utilizar el (escenario como medio de
mas, induciendo a resbalar en psico- propaganda). Con ayuda de Gasbarra,
logiquerías, volvían a erigir un nuevo enviado por el partido, compusimos el
muro entre el escenario y. la sala de texto. El montaje era de viejo; le aña­
especia dores. La revista ofrecía la po­ dimos algunas escenas de nuevo.
sibilidad de una “acción directa” en
Sin duda se embarullaron muchas
el teatro.
cosas; el texto no tenía' la menor pre­
Debía con cada uno de sus números tensión..., pero precisamente permi-

E C W IN

P IS C /iT € C

%

EL T C 4 T
P íC L E T
C O M U N IC A D O D E U N T E A T R O
P R O L E T A R IA D O

DEL

D e u n a o fic in a d e p r o p a g a n d a : T e a tro d el
P r o le ta ria d o . B e r lín - I I a le n s e e , r e c ib im o s el
s ig u ie n te co m u n ica d o '. “L o s o b rero s r e v o lu ­
cio n a rio s d e B e rlín h a n fo r m a d o u n a C o m i­
sió n p a ra p r e s ta r a y u d a a u n te a tro q u e d eb e
lleg a r a se r s u te a tro d e p ro p a g a n d a . E n
e s ta C o m isió n e s tá n re p r e s e n ta d o s h a s ta
a h o ra : la C o m isió n o rg a n iza d o ra d el U S P D
( U nión d e p a rtid o s so c ia lis ta s a le m a n e s ), el

K A P ( p a rtid o c o m u n is ta o b re ro ), la U n ió n
lib re d e tr a b a ja d o r e s , la U n ió n G e n e r a l de
T ra b a ja d o r e s, la L ig a o b re ra e x c u r s io n is ta
“A m ig o s d e la N a tu r a le z a ”, la L i g a I n t e r ­
n a c io n a l d e v ic tim a s d e la g u e r r a , el C o m ité
d e los o b re ro s s in tra b a jo . L a C e n tr a l d e los
C o n se jo s fa b r ile s d ecla ró s u a d h e s ió n .
E s t a C o m isió n i n v i t a a to d a s las o rg a n i­
za c io n e s q u e lu c h a n p o r la d ic ta d u r a del
p ro le ta r ia d o a u n a s e g u n d a s e sió n e n la c u a l
se a c o rd a rá n p ro g r a m a y e s ta tu to s .”
( N o ta d e la P r e n s a ).

Las aspiraciones que han de animar a la Dirección del Teatro del
Proletariado han de ser: simplificar la expresión y la construcción, procurar
un efecto claro e inequívoco sobre el sentir del público obrero, subordinar
todo propósito artístico al objetivo revolucionario, o sea: inculcar y propa­
gar eonscientemene el espíritu de la lucha de clases.
El Teatro del Proletariado quiere servir al movimiento revolucionario
y se debe, por esto, a los obreros revolucionarios. Una comisión elegida de
entre ellos debe garantizar la realización de sus cometidos culturales y de
propaganda.
*
No siempre será necesario conceder la preferencia a la tendencia del
autor. Al contrario: tan pronto como público y teatro, en el curso de su
mutua cooperación, hayan puesto su^voluntad común al servicio de 1a. cultura
revolucionaria, casi toda obra burguesa — sea que en ella se exprese la ruina
de la sociedad burguesa, sea que muestre con especial claridad y relieve el
principio capitalista — servirá para fortalecer el espíritu de la lucha de

�6

I

.

D

.

l

tía que la corriente de la actualidad manente del arsenal de propaganda,
no se cortara hasta el último momen­ sin que hasta hoy haya vuelto a des­
to. En la “Revista Roja” lo pedagó­ aparecer del movimiento obrero.
gico experimentó una nueva variación
hacia lo escénico. Nada podía quedar
turbio, equívoco, sin efecto; en todo
momento debía presentarse con clari­
“R e v is ta R o ja ”. P e re g r in a c ió n d e la s m a ­
dad la relación política con la actua­ s a s p a ra v e r la . C u a n d o n o so tr o s fu im o s ,
lidad. La discusión política, que en la á v id o s d e e n t r a r ; pero e n v a n o . L o s o b re ro s
época electoral dominaba talleres, fá­ c ie n to s d e p e r so n a s e sp e ra b a n e n la calle,
p e g a b a n p o r la s lo ca lid a d es. E n la sa la ,
bricas y calles, debía convertirse en se
u n a b a r r o ta m ie n to , a p r e tu r a y u n a a tm ó s ­
elemento escénico. Recogimos los ti­ fe r a q u e m a rca b a . P e ro la s c a ra s ra d ia n te s
pos “compére” y “commére” de la a rd ía n e n fie b r e e sp e ra n d o el c o m ie n z o de
vieja opereta y los transformamos en la re p re s e n ta c ió n . M ú sic a . L a s lu c e s se a p a ­
los tipos de “proletario” y “burgués”, g a n . S ile n c io . E n e l p ú b lic o disp u ta 7 i d os, el
p ú b lico se a s u s ta , la d is p u ta c o n tin ú a e n el
que, unidos por una acción holgada, p a sillo c e n tr a l, la r a m p a s e ilu m in a y los
hacía avanzar al todo e interpretaban d o s h o m b r e s a p a re c e n a n te el te ló n . S o n dos
o b re ro s q u e h a b la n d e s u s itu a c ió n . V ie n e
los cuadros aislados.
En cuanto a las proyecciones, seguí u n se ñ o r con c h is te r a . B u r g u é s . T ie n e su
o p in ió n p a r tic u la r so b re la v id a , e in v ita a
trazando la línea iniciada con “Ban­ lo s o tr o s dos a p a s a r ú n a n o c h e con él. S e
deras”.
alza el te ló n . E s c e n a p rim e ra . D e s p u é s se
La música tenía un cometido de es­ su c e d e n los g o lp es. A c k e r s t r a s s e . . . K u r f ü r s pecial importancia. He de decir que te n d a m m . C a sa d e v e c i n d a d . . . C a b a ret co n
h a m p á n . P o rte r o eiig a lo n a d o d e o r o . . . M e n ­
tuvimos la suerte de encontrar en cdig
o in v á lid o d e g u e r ra . B u e n a p a n za y g o r ­
Edmundo Meisel — al que ya conocía da c a d e h a d e re lo j. C erillero y colillero . C ru z
de diversos actos de la “Ayuda Obrera e s v á t i c a . . . , a se sin o . ¿Q ué h a c e s tú co n la
Internacional” — un músico inteligen­ r o d i l l a ? ... H im n o n a c io n a l. E n tr e la s e s c e ­
a s: p a n ta lla , c in e , d a to s e s ta d ís tic o s , c u a ­
te, haciendo así de la música, no una nd ro
s. N u e v a s e s c e n a s. E l p o rte ro e x p u ls a al
ilustración o preparación, sino la con­ m e n d ig o in v á lid o d e g u e r ra . A g lo m e r a c ió n
tinuación independiente y consciente a n te el local. U n o s o b r e io s p e n e tr a n y d e s ­
de la línea política: música como me­ tr o z a n el c a b a re t. E l p ú b lico co la b o ra . A h ,
c ó m o silb a n , g r ita n , e n s o rd e c e n , a z u z a n ,
dio dramatúrgico.
a m e n a z a n c o n los b ra zo s y a y u d a n con el
La revista se abrió paso. Sin em­ p e n s a m i e n t o ! . . . j I n o lv id a b l e !
bargo, financieramente fué un nuevo
D e: “¡C ó m o e m p e z ó ! ” P a ra la h is to r ia del
fracaso, aun con un presupuesto mí­ T e a tr o P is c a to r, p o r Ja c o b A lm e ie r .
nimo (creo que'500 marcos por noche).
El enorme número de obreros sin tra­
bajo, la mala organización financiera,
r a n te los ú ltim o s q u in c e d ía s m ile s d e
etcétera, hicieron que el partido no p roDleu ta
r io s d e a m b o s s e x o s h a n v is to e s ta
pudiera decidirse a convertir la r e v is ta e n s u s b a rrio s, e n la s sa la s “F a r o ”,
“trouppe” de la revista en organiza­ e n H a s e n lie id e , e n L ic h te m b e r g , e n la s s a ­
la s “S o fía ” y e n o tr o s g r a n d e s lo ca les d e
ción permanente.
c to d e lo s c u a d ro s e n el e s ­
Consecuencia inmediata de esta obra pBeecrtal í dn o. .r., aEgl itae fe
d o y á v id o , n o tie n e e je m p lo .
ha de considerarse el surgir de com­ U na m a s a ta n in te r e s a d a , m á s a ú n , ta n c o ­
pañías de aficionados proletarios que la b o ra d o ra , 7 io la h a y e?i n i n g ú n o tro te a tro .
se formaron por todas partes. La “Re­
F ra7iz F r a n k lin , e n “R o tlxe F a h n e ”. L u n e s
vista Roja” se convirtió en idea per­ S d e D ic ie /n b re d e 192//.

.

Esto es: Revista de la Revuelta golpear como con férreos martillos y
Roja. Revista político-proletaria. Re­ demostrar esta noche su tema princi­
pal, su “eeterum censeo. soeietatem
vista revolucionaria.
No una revista de las que entonces civilem esse delendam!”, no sólo con
representaban Ilaller, Charell y Klein un ejemplo, sino con docenas de ejem­
con la forma espectacular importada plos. Debían hacerse variaciones sobre
de América y de París. Nuestra re­ el mismo ejemplo; ya no cabía retro­
vista venía de otra parte muy dis­ ceso alguno. Por esto era necesaria la
tinta. Tenía sus precursores en las diversidad. El ejemplo tenía que po­
amenas veladas que había organizado nerse a hablar con el espectador,
yo con la I. A. H. (Ayuda Obrera conducir a preguntas y respuestas,
Internacional). Esta era su proceden­ amontonarse — había que presentar
cia positiva. Pero al mismo tiempo un redoblar ele ejemplos—, ser lan­
coincidió la forma de la revista con zado a la escala de los números. Miles
la ruina de la forma del drama bur- de personas lo saben, tú también.
bués. La revista no conoce ninguna Crees tú que eso sólo le importa al
uniformidad de acción, busca su efecto otro? No, a ti también. Es típico de
en todos los campos que puedan rela­ esta, sociedad en que vives y no pue­
cionarse de alguna manera con el tea­ des escaparte de ello!. .. Aquí, otro...
tro, es de estructura deslabazada y, a y otro! Y esto empleando sin escrú­
la vez, el presentar las cosas de una pulo alguno todas las posibilidades:
manera tan directa, le da una gran música, canto, acrobacia, dibujo rápi-,
ingenuidad. También “Banderas” te­ do, deporte, proyección, cine, estadís­
nía algo de “revista”, por resolverse tica, escenas dramáticas, alocución.
la acción en una multitud de escenas
La ocasión para hacerlo la propor­
aisladas.
cionaron las elecciones de 1924. El
Hacía ya mucho tiempo que había partido comunista ten^a que prepa­
concebido la idea de emplear esta rarse. (Esta idea había comenzado a
forma para alguna finalidad pura­ abrirse paso. Las masas, en sus míti­
mente política, y lograr, con una re­ nes, querían i(n trozo de mundo
vista política, una propaganda más visto por sus propios ojos. El partido
fuerte que con obras dramáticas, cuya había comprendido la necesidad de
construcción ¡tesada y cuyos proble­ utilizar el (escenario como medio de
mas, induciendo a resbalar en psico- propaganda). Con ayuda de Gasbarra,
logiquerías, volvían a erigir un nuevo enviado por el partido, compusimos el
muro entre el escenario y. la sala de texto. El montaje era de viejo; le aña­
espectadores. La revista ofrecía la po­ dimos algunas escenas de nuevo.
sibilidad de una “acción directa” en
Sin duda se embarullaron muchas
el teatro.
cosas; el texto no tenía' la menor pre­
Debía con cada uno de su.s números tensión..., pero precisamente permi-

M ucho* se h a h a b la d o e n lo s ú ltim o s t i e m ­
p o s d e la ‘‘d e c a d e n c ia d e l t e a t r o ” y m ú l t i ­
p le s h a n sid o lo s e n s a y o s co n q u e se i n ­
t e n t a b a lle g a r a u n a f ó r m u la q u e le d e ­
v o lv ie r a s u a n t i g u a e n v e r g a d u r a . T o d o s e s ­
to s e n s a y o s — e x c e p to a q u e llo s q u e tu v ie r o n
u n a m isió n de s a n e a m ie n to , d e d e s tru c c ió n
d e v a lo r e s c a d u c a d o s — h a n sid o v a n o s , po r
c u a n to b u s c a b a n la so lu c ió n e n u n te r re n o
q u e n o p u e d e y a d a r n a d a v a le d e ro , el t e ­
r r e n o d e la e s t é t ic a b u r g u e s a .

h

“ A rte p u r o ” , “s o b e ra n ía del a r t e ”, f u e ro n
el n o rte de e s a s b ú sq u e d a s. P is c a to r h e c h a
de lado e s to s f a n ta s m a s y c r e a u n te a tr o
s o c ia l — el ú n ic o te a tr o v a le d e ro h o y — u n
te a tr o de la s m a s a s c u y o m o to r e s lo so c ial
y “c u y a m isió n es to m a r la r e a lid a d com o
p u n to de p a r t i d a p a r a e le v a r la d is c o r ­
d a n c ia s o c ia l a e le m e n to d e a c u s a c ió n y
d e re v o lu c ió n y d e p r e p a r a d o r d e l o rd e n
n u e v o ”.
S.

M.

¡Compañeras y compañeros!
¡lie ahí “El Inválido” !
La guerra de los capitalistas, con los cuales formaban los proletaria­
dos y siguen formando comunidad de trabajo, ha destruíido millones de hom­
bres, ha arrojado a la calle millones de mendigos. ¿Quién puede remediarlo?
¿Acaso los burgueses que pasan por delante del inválido frívolos o misera­
bles, goteando beneficencia, queriendo aturdir su conciencia con insultos a
la “chusma que tiene pánico del trabajo”, clamando al Estado, cuyo debel­
es desembarazar el camino de tal vergüenza pública?
¡Tú tienes los mismos sentimientos que el inválido furibundo!
Tú mismo eres ese inválido'. T ú ..., obrero, que cualquier mañana pue­
des recibir un puntapié del patrono. Tú, sin trabajo, echado a la calle porque
va no hay ganancia. ¡Obrero! ¡Solidaridad con los compañeros sin trabajo!
Vosotros, obreros sin trabajo: formad una organización revolucionaria
única. ¡Elegid vuestros»Comités políticos! ¡Nadie os ayudará si no os ayudáis
vosotros mismos!
O socialismo... o hundimiento en la barbarie.
Delante de la puerta... de un campamento de compañeros detenidos
en Horty (Hungría).
¿Acaso el Soldado que monta allí la guardia tiene conciencia prole­
taria? ¿Acaso la mujer, la compañera detenida y atormentada a causa de sus
ideas políticas, puede hacerle cambiar de opinión y ganarle para la revolu­
ción? Y cuando mata al oficial blanco, al comandante del campamento,
vosotros,‘compañeros, ¿estaréis al lado del soldado, conscientes de que la
acción revolucionaria homicida es también sagrada y que sólo nos salva
aquella acción de la cual no es más que un símbolo la de este soldado? El
capital mundial se prepara con todas sus fuerzas, económica y militarmente,
para derrumbar a Rusia. Rusia es la roca en medio del fragor de la revo­
lución mundial. El día de R u sia...: he ahí el día decisivo. O solidaridad
activa con Rusia soviética. . . o el capital logra anular la única garantía de
la revolución mundial. O socialismo o hundimiento en la barbarie.
' i

-

■

LLW S

— B IB J9 LA —

7

PISCA TC C

E L T E 4 T 12 C
L E E L E
A D I
C O M U N IC A D O D E U N T E A T R O
P R O L E T A R IA D O

DEL

D e u n a o fic in a d e p r o p a g a n d a : T e a tro d el
P ro le ta ria d o , B e r lín - I I a len sed , r e c ib im o s el
s ig u ie n te co m u n ica d o '. “L o s o b rero s r e v o lu ­
cio n a rio s d e B e rlín h a n fo r m a d o u n a C o m i­
sió n p a ra p r e s ta r a y u d a a u n te a tro q u e d eb e
lleg a r a se r s u te a tro d e p ro p a g a n d a . E n
e s ta C o m isió n e s tá n re p r e s e n ta d o s h a s ta
a h o ra : la C o m isió n o rg a n iza d o ra d el U S P D
( U nión d e p a rtid o s so c ia lis ta s a le m a n e s ), el

K A P ( p a rtid o c o m u n is ta o b re ro ), la U n ió n
lib re d e tr a b a ja d o r e s , la U n ió n G e n e r a l de
7 ra b a ja d o re s, la L ig a o b re ra e x c u r s io n is ta
“A m ig o s d e la N a tu r a le z a ”, la L i g a I n t e r ­
n a c io n a l d e v ic tim a s d e la g u e r r a , el C o m ité
d e los o b re ro s s in tra b a jo . L a C e n tr a l d e los
C o n se jo s fa b r ile s d ecla ró s u a d h e s ió n .
E s t a C o m isió n i n v i t a a to d a s las o rg a n i­
za c io n e s q u e lu c h a n p o r la d ic ta d u r a del
p ro le ta r ia d o a u n a s e g u n d a s e sió n e n la c u a l
se a c o rd a rá n p ro g r a m a y e s ta tu to s .”
( N o ta d e la P r e n s a ).

Las aspiraciones que han de animar a la Dirección del Teatro del
Proletariado han de ser: simplificar la expresión y la construcción, procurar
un efecto claro e inequívoco sobre el sentir del público obrero, subordinar
todo propósito artístico al objetivo revolucionario, o sea: inculcar y propa­
gar eonscientemene el espíritu de la lucha de clases.
El Teatro del Proletariado quiere servir al movimiento revolucionario
y se debe, por esto, a los obreros revolucionarios. Una comisión elegida de
entre ellos debe garantizar la realización de sus cometidos culturales y de
propaganda.
*
No siempre será necesario conceder la preferencia a la tendencia del
autor. Al contrario: tan pronto como público y teatro, en el curso de su
mutua cooperación, hayan puesto su^voluntad común al servicio de 1a. cultura
revolucionaria, casi toda obra burguesa — sea que en ella se exprese la ruina
de la sociedad burguesa, sea que muestre con especial claridad y relieve el
principio capitalista — servirá para fortalecer el espíritu de la lucha de

•

DEL
A

D

O

clases y para que el análisis revolucionario ahonde en las necesidades histó­
ricas. A tales obras les precederá como introducción necesaria, la información
adecuada para hacer imposible toda mala interpretación y efecto falso. En
determinadas circunstancias podrán introducirse también modificaciones en
el texto de las obras (el artista que se siente herido por ello en su culto per­
sonal, es ya conservador) valiéndose de tachaduras, reforzando ciertos pasa­
jes y, en su caso, añadiendo prólogos y epílogos que precisen la intención
del todo. De esta manera una gran parte de la literatura mundial puede ser
aprovechada para la causa proletaria revolucionaria, lo mismo que toda la
Historia universal ha sido utilizada para la propagación política de ese mismo
espíritu de la lucha de “clases”. El estilo, que tanto actores como autor y
director deben mirar, ha de ser de gran concreción — algo así como el estilo
de un manifiesto de Lenín o Chicherín, que ya en su sencilla y tranquila flui­
dez, en su inconfundible intención, produce un gran efecto que corresponde
al sentimiento que la inspira—. Lo que sea dicho ha de ser dicho sin rebus­
camiento, sin artificio', sin “expresionismo”, sin convulsión, de una manera
determinada por el fin que se propone y el deseo que lo anima, fin y deseo
que han de ser sencillos y manifiestamente revolucionarios. Con lo cual se
evitan de antemano todos los estilos y problemas neorromáuticos, expresio­
nistas y otros parecidos, que provienen de la necesidad anarquieoindividual
que sienten los artistas burgueses.
No hay que decir que no deben descuidarse el empleo de las nuevas
posibilidades técnicas y estilísticas de las últimas épocas artísticas, en cuanto
se sirva con ellos a esos fines revolucionarios, sin hacer del estilo en sí mismo
un fio “artístico-revolucionario”. En todas las cuestiones de estilo debe dar
siempre la norma la pregunta: ¿el gigantesco círculo de los espectadores

proletarios puede sacar alguna utilidad o, por el contrario, se aburrirá y
se ofuscará e inficionará por ideas burguesas? EL arte revolucionario puede
avanzar tan sólo empujado por el espíritu del proletariado revolucionario.
Este arte será una obra cuyo carácter está determinado por el trabajo común,
la lucha desinteresada y los propósitos claros de las masas. El imputeo de
conservación de los obreros requiere que se liberen artística y culturalmente
al mismo tiempo que política y económicamente. Y la tendencia liberadora
de esa tendencia espiritual, debe, en concordancia con la material, ser
comunista.
Con lo cual sé le plantean al teatro proletario dos tareas culturales: la
una, romper, como empresa, con las tradiciones capitalistas y crear entre
dirección, actores, decoradores y todos los demás empleados técnicos y mer­
cantiles, así como entre todos ellos y los consumidores — es, decir: los espec­
tadores—, una situación nueva, un interés común y una voluntad colectiva
de trabajo. Poco a poco podrá prescindirse de los actores profesionales, ganán­
dolos, en cambio, de entre los espectadores. Estos dejan de ser “dilettantes”,
pues el Teatro del Proletariado cumple ya, como primer cometido, la propa­
gación e intensificación del ideal comunista, lo cual no puede ser, como eS
natural, cuestión de un oficio, sino el anhelo de una comunidad en la cual el
público juega un papel tan importante como el escenario. Condición indis­
pensable para esto es una posición totalmente nueva del actor frente al tema
de la obra representada. Ya no le está permitido, como hasta ahora, perma­
necer indiferente a sus diversos papeles,^ y hasta “renunciar” a ellos, es
decir: renunciar a toda voluntad consciente. Así el comunista, en cuanto a
político, ha de tratar toda cuestión política, económica o de carácter social,
siempre y en, todo caso! según el imperturbable módulo de la común libertad
humana, y así como cada individuo, en una reunión política, debe conver­
tirse en político, así el actor debe convertir cada papel, cada palabra, cada
movimiento,1en expresión de la idea proletaria, de la idea comunista, y asi­
mismo debe aprender cada espectador, dondequiera que esté, cualquier cosa ,
que diga o haga, a manifestarse como definido comunista. Esto no lo logra
ni la destreza ni el talento. La segunda tarea del Teatro del Proletariado
consiste en extender su efecto propagandista y educador a las masas de
aquellos todavía indecisos o indiferentes en cuestiones políticas o que aun no
han comprendido que en un Estado no proletario no puede aceptarse ni el
arte burgués ni el “goce” que ese arte proporciona. La manera, mencionada*
al comienzo, de aprovechar la literatura advenediza, podría ser'el método
adecuado para esta propaganda. En tales obras se encuentra todavía el viejo
mundo, con el cual están familirizados todos, aun los más rezagados; pues
en este caso, como en los demás, la propaganda debe comenzar por señalar,
en lo que es, lo que debe ser. Al autor le incumbe una tarea esencial. También
él debe dejar de ser la persona autocrática de antes; tiene que aprender a
dejar atrás sus propias imágenes y originalidades en gracia a las imágenes
'que viven en la psiquis de la masa, en gracia a las formas triviales que son
claras y accesibles a todos. También él tendrá que aprender del líder poli- '
tico: como éste, debe interpretar y presentir las fuerzas y tendencias que
presiden la evolución de las masas y no hacer sabrosa a los obreros una
política que les extraña histórica y psicológicamente, o con la cual, a lo más,
están familiarizados por una mala costumbre... Así debe ser el autor, el
punto de cristalización de la voluntad cultural del proletariado, el pedernal
que encienda el ansia de saber del obrero.

LA C L I T I C A
Las

derechas

in c ita n

a

la

b a ta lla

“ E s t e m o v im ie n to b o lc h e v iq u e lo te n e m o s e n n u e s t r o p ro p io se n o . N i la m is m a
re p ú b lic a sa b e d e f e n d e r s e d e él. T o le ra e s te r a d ic a l m o v im ie n to p o lític o , q u e p r o f e s a
co m o a b ie r to id e a l r e a liz a r c o n to d o s lo s m e d io s q u e e s t á n a a lc a n c e l a c o n c e p c ió n
so c ia l d e l p r o le ta ria d o . E l a r m a p r in c ip a l e s e l t e a t r o . E l t e a t r o d e la n u e v a é p o c a , el
t e a t r o d e lo s c o m u n is ta s , el t e a t r o d el p r o le ta ria d o , e l t e a t r o d e la m a n if e s ta c ió n p o lí­
tic a y c u ltu r a l. E l t e a t r o a l e je m p lo r u s o , t a l co m o n o s lo d a n la s p e líc u la s P o te m k i n
y L a M a d re . Y n o s o tr o s ? D ó n d e n o s q u e d a m o s n o s o tr o s ? Q u ié n a v a n z a e n A le m a n ia
c o n t r a e l t e a t r o iz q u ie r d is ta , c o n t r a la V o ls k s b ü h n e r a d ic a l, c o n t r a el t e a t r o p o lític o ?
Q u ié n s e m a n if ie s ta c o n t r a la r e v o lu c ió n c u l t u r a l ? A llí, e n la V o lk s b u h n e , s e f o r m a la
f a la n g e d e a s a lto b o lc h e v iq u e . A llí s o n d e fe n d id o s la id e o lo g ía y el a r t e c o n t r a lo s m is ­
m o s d ir e c to r e s p a r a c o n q u i s ta r A le m a n ia , p a r a a s e g u r a r el f u t u r o d e l p r o le ta r ia d o .”
A lfr e d o

M ÜHR.

A P is c a to r le e s tá p e im iitid o a z u z a r a la g u e r r a c iv il
“ P i s c a to r s ig n if ic a t a n t o co m o a z u z a m ie n to a la g u e r r a c i v i l . . . P e r o e s ta a cc ió n
(d el di a m a ) e s t á m e c h a d a d e c a n to s v e n e n o s o s, s ir v ié n d o le d e in tro d u c c ió n u n o r a to r iu m h in c h a d o d e odio. N o h a y q u e d e c ir q u e a q u í e s r id ic u liz a d o to d o lo q u e p a r a
lo s a le m a n e s , y a u n p a r a lo s ju d ío s a le m a n e s d e c e n te s , s u p o n e e x p r e s ió n d e l a g r a n d e z a
y d ig n id a d n a c i o n a l . . . L o s a p ó s to le s d e e s te a z u z a m ie n to , q u e , e n e s te c a s o (d e la
g u e r r a c iv il), i n t e n t a r ía n e s c a p a r s e c o b a r d e m e n te , co m o s ie m p re , p u e d e n e s t a r s e g u ro s
d e q u e d e t r á s d e lo s m o n te s h a b ita n ta m b ié n g e n te s , q u e e n to n c e s s e a c o r d a r á n d e
e s ta s p o r q u e r ía s q u e h a c e n d el
TEATRO

ALEM AN

UN

M A N IC O M IO

y u n a f e ria d e la m á s b a j a e s to f a .”
( D e r T a g ).
. . . e l c o n ju n to p u e d e v a lo r iz a rs e ta m b ié n d e s d e el p u n to d e v is ta a r t í s t i c o . . .
P e r o s i P is c a to r , a c ie n c ia y c o n c ie n c ia , q u ie r e d a r t e a t r o p o lític o , s u r e p r e s e n ta c ió n
d eb e s e r v a lu a d a a n t e to d o p o lític a m e n te . A s í c o n s id e ra d a , la n u e v a p ro d u c c ió n (e l c o ­
m e r c ia n te d e B e rlín ) d el a g i t a d o r b o lc h e v iq u e s ig n if ic a u n a d e s v e rg ü e n z a s in ig u a l
c o n tr a la c u a l d eb e g u a r d a r s e d e c id id a m e n te to d o el p u e b lo a le m á n p o r r a z o n e s de
lim p ie z a .”
(K o 7 }ig sb erg e r A llg e m e in e

Z e itu n g ) .

“ . . . u n a r e v i s t a d e odio b a b o s o . . . to d o lo q u e e s a le m á n y c r is tia n o , to d o lo q u e
e s u n if o rm e m ilita r , to d o lo q u e e s p a s a d o y tr a d ic ió n p r u s i a n o - a l e m a n a . . . , a r r a s t r a d o
p o r el cien o , e n p é r f id a s c a r i c a t u r a s ! . . . ¡ P o s td a m c o n el r e p iq u e te o d e s u s c a m p a n a s ,
el g r a n R e y . lo s g e n e r a le s d e la g u e r r a , n u e s t r a s m a r c h a s , n u e s tr o s s a g r a d o s h im n o s,
n u e s t r a s b a n d e r a s : ¡M ie rd a ! ¡ ¡ A f u e r a c o n e l l o : : ”
( C o n tin ú a a la

v u e lta )

( B e r lin e r

L o k a l-A n z e ig e r ).

A

�■— B K I J I U —

7
tía que la corriente de la actualidad manente del arsenal de propaganda,
no se cortara hasta el último momen­ sin que hasta hoy haya vuelto a des­
to. En la “Revista Roja” lo pedagó­ aparecer del movimiento obrero.
gico experimentó una nueva variación
hacia lo escénico. Nada podía quedar
turbio, equívoco, sin efecto; en todo
momento debía presentarse con clari­
“R e v ista , R o ja " . P e re g r in a c ió n de la s m a ­
dad la relación política con la actua­ s a s p a ra v e rla . C u a n d o n o s o tr o s fu im o s ,
lidad. La discusión política, que en la á v id o s d e e n tr a r ; pero e n vano. L o s o b re ro s
cpoca electoral dominaba talleres, fá­ c ie n to s d e p e r so n a s e s p e ra b a n e n la calle,
p e g a b a n p o r la s lo calidades. E n la sala,
bricas y calles, debía convertirse en se
u n a b a r r o ta m ie n to , a p r e tu r a y u n a a tm ó s ­
elemento escénico. Recogimcte los ti­ fe r a q u e m a rea b a . P e ro la s c a ra s r a d ia n te s
pos “compére” y “commére” de la a r d ía n e n fie b r e e sp e ra n d o e l c o m ie n z o d¡e
vieja opereta y los transformamos en la re p re s e n ta c ió n . M ú sic a . L a s lu c e s se a p a ­
los tipos ele “proletario” y “burgués”, g a n . S ile n c io . E n el p ú b lico d is p u ta n dos, el
p ú b lic o se a s u s ta , la d is p u ta c o n tin ú a e n e.l
que, unidos por una acción holgada, j)asillo c e n tr a l, la ra m p a s e ilu m in a y los
hacia avanzar al todo e interpretaban d o s h o m b r e s a p a re c e n a n te el teló n . S o n dos
o b re ro s q u e h a b la n de su s itu a c ió n . V ie n e
los cuadros aislados.
En cuanto a las proyecciones, seguí u n se ñ o r con c h is te ra . B u r g u é s . T ie n e su
o p in ió n p a r tic u la r so b re la v id a , e in v ita a
trazando la línea iniciada con “Ban­ los o tr o s dos a p a sa r ú n a n o c h e co n él. S e
deras”.
alza el te ló n . E s c e n a p rim e ra . D e s p u é s se
La música tenía un cometido de es­ su c e d e n los g o lp es. A c k e r s t r a s s e . . . K u r f iirspecial importancia. lie de decir que te n d a m m . C asa d e v e c i n d a d ... C a b a ret co n
h a m p á n . P o rte r o e n g a la n a d o d e o r o . . . M e n ­
tuvimos la suerte de encontrar en cdigo
in v á lid o de g u e r ra . B u e n a p a n za y g o r ­
Edmundo Meisel — al que ya conocía da c a d e h a de re lo j. C erillero y colillero. C ru z
de diversos actos de' la “Ayuda Obrera e s v á t i c a . . . , a se sin o . ¿Q ué h a c e s tú co n la
Internacional” — un músico inteligen­ r o d i l l a ? ... H im n o n a c io n a l. E n tr e la s e s c e ­
a s: p a n ta lla , c in e , d a to s e s ta d ís tic o s , c u a ­
te, haciendo así de la música, no una ndros.
N u e v a s e sc e n a s. E l p o rte ro e x p u ls a al
ilustración o preparación, sino la con­ m e n d ig o in v á lid o de g u e r ra . A g lo m e r a c ió n
tinuación independiente y consciente a n te el local. U n o s o b re ro s p e n e tr a n y d e s ­
de la línea política: música como me­ tro z a n el c a b a re t. E l j)úblico colabora. A h ,
c ó m o silb a n , g r ita n , e n s o rd e c e n , a z u z a n ,
dio dramatúrgico.
a m e n a z a n co n los b ra zo s y a y u d a n con el
La revista se abrió paso. Sin em­ p e n s a m ie n to ! . . . ¡ In o lv id a b le !
bargo, financieramente fué un nuevo
D e: “¡C ó m o e m p e z ó ! ” P a ra la h is to r ia del
fracáso, aun con un presupuesto mí­ T e a tr o P is c a to r, p o r Ja co b A lm e ie r.
nimo (creo que'500 mareos por noche).
El enorme número de obreros sin tra­
bajo, la mala organización financiera,
r a n te los ú ltim o s q u in c e d ía s m ile s de
etcétera, hicieron que el partido no p roDleu ta
r io s d e a m b o s s e x o s lian v is to e s ta
pudiera decidirse a convertir la r e v is ta e n s u s ban-ios. e n las sa la s “F a ro 1',
“‘trouppe” de la revista en organiza­ e n H a s e n h e id e . e n L ic lite m b e r g , e n la s s a ­
las “S o fía ” y e n o tro s g r a n d e s lo ca les de
ción permanente.
c to de los c u a d ro s e n el e s ­
Consecuencia inmediata de esta obra pBeecrtal í dn o. .r., aEgl itae fe
d o y á v id o , no tie n e e je m p lo .
ha de considerarse el surgir de com­ U na m a s a ta n in te r e s a d a , m á s a ú n , ta n c o ­
pañías de aficionados proletarios que la b o ra d o ra , n o la h a y en n in g ú n o tro te a tro .
se formaron por todas partes. La “Re­
F r a n z F r a n k lin , e n “R o th e F a h n e ”. L u n e s
vista Roja” se convirtió en idea per­ 8 de D ic ie m b re de 192¡i.

C

DEL

E l l t C
clases y para que el análisis revolucionario ahonde en las necesidades histó­
ricas. A tales obras les precederá como introducción necesaria, la información
adecuada para hacer imposible toda mala interpretación y efecto falso. En
determinadas circunstancias podrán introducirse también modificaciones en
el texto de las obras (el artista que se siente herido por ello en su culto per­
sonal, es ya conservador) valiéndose de tachaduras, reforzando ciertos pasa­
jes y, en su caso, añadiendo prólogos y epílogos que precisen la intención
del todo. De esta manera una gran parte de la literatura mundial puede ser
aprovechada para la causa proletaria revolucionaria, lo mismo que toda la
Historia universal ha sido utilizada para la propagación politiea de ese mismo
espíritu de la lucha de “clases”. El estilo, que tanto actores como autor y
director deben mirar, ha de ser de gran, concreción — algo así como el estilo
de un manifiesto de Lenín o Chicherín, que ya en su sencilla y tranquila flui­
dez, en su inconfundible intención, produce un gran efecto que corresponde
al sentimiento que la inspira—. Lo que sea dicho ha de ser dicho sin rebus­
camiento, sin artificio, sin “expresionismo”, sin convulsión, de una manera
determinada por el fin que se propone y el deseo que lo anima, fin y deseo
que han de ser sencillos y manifiestamente revolucionarios. Con lo cual se
evitan de antemano todos los estilos y problemas neorromáuticos, expresio­
nistas y otros parecidos, que provienen de la necesidad anárquicoindividual
que sienten los artistas burgueses.
No hay que decir que no deben descuidarse el empleo de las nuevas
posibilidades técnicas y estilísticas de las últimas épocas artísticas, en^ cuanto
se sirva con ellos a esos fines revolucionarios, sin hacer del estilo en sí mismo
un fin “artístico-revoluciouario”. En todas las cuestiones de estilo debe dar
siempre la norma la pregunta: ¿el gigantesco círculo de los espectadores
• -

proletarios puede sacar alguna utilidad o, por el contrario, se aburrirá v
se ofuscará c inficionará por ideas burguesas? EL arte revolucionario puede
avanzar tan sólo empujado por el espíritu del proletariado revolucionario.
Este arte será una obra cuyo carácter está determinado por el trabajo común,
la lucha desinteresada y los propósitos claros de las masas. El impulso de
conservación de los obreros requiere que se liberen artística y culturalmente
al mismo tiempo que política y económicamente. I la tendencia liberadora
de esa tendencia espiritual, debe, en concordancia con la material, ser
comunista.
Con lo cual s&lt;* le plantean al teatro proletario dos tareas culturales: la
una, romper, como empresa, con las tradiciones capitalistas y crear entre
dirección, actores, decoradores y todos los demás empleados técnicos y mer­
cantiles, así como entre todos ellos y los consumidores — es. decir: los espec­
tadores—, una situación nueva, un interés común y una voluntad colectiva
de trabajo. Poco a poco podrá preseindirse de los actores profesionales, ganán­
dolos, en cambio, de entre ios espectadores. Estos dejan de ser “dilettantes”,
pues el Teatro del Proletariado cumple ya, como primer cometido, la propa­
gación e intensificación del ideal comunista, lo cual no puede ser, como es
natural, cuestión de un oficio, sino el anhelo de una comunidad en la cual el
público juega un papel tan importante como el escenario. Condición indis­
pensable para esto es una posición totalmente nueva del actor frente al tema
de la obra representada. Ya no le está permitido, como hasta ahora, perma­
necer indiferente a sus diversos papeles,^ y hasta “renunciar” a ellos, es
decir: renunciar a toda voluntad consciente. Así el comunista, en cuanto a
político, ha de tratar toda cuestión política, económica o de carácter social,
siempre y en, todo caso' según el imperturbable módulo de la común libertad
humana, y así como cada individuo, en una reunión política, debe conver­
tirse en político, así el actor debe convertir cada papel, cada palabra, cada
movimiento,' en expresión de la idea proletaria, de la idea comunista, y asi­
mismo debe aprender cada espectador, dondequiera que esté, cualquier cosa .
que diga o haga, a manifestarse como definido comunista. Esto no lo logra
ni la destreza ni el talento. La segunda tarea del Teatro del Proletariado
consiste en extender su efecto propagandista y educador a las masas de
aquellos todavía indecisos o indiferentes en cuestiones políticas o que aun no
han comprendido que en un Estado no proletario no puede aceptarse ni el
arte burgués ni el “goce” que ese arte proporciona. La manera, mencionada*
al comienzo, de aprovechar la literatura advenediza, podría ser'el método
adecuado para esta propaganda. En tales obras se encuentra todavía el viejo
mundo, con el cual están familirizados todos, aun los más rezagados; pues
en este caso, como en los demás, la propaganda debe comenzar por señalar,
en lo que es, lo que debe ser. Al autor le incumbe una tarea esencial. También
él debe dejar de ser la persona automática de antes; tiene que aprender a
dejar atrás sus propias imágenes y originalidades en gracia a las imágenes
■que viven en 1a. psiquis de la masa, en gracia a las formas triviales que son
claras y accesibles a todos. También él tendrá que aprender del líder poli- '
tico: como éste, debe interpretar y presentir las fuerzas y tendencias que
presiden la evolución de las masas y no hacer sabrosa a los obreros una
política que les extraña histórica y psicológicamente, o con la cual, a lo más,
están familiarizados por una mala costumbre... Así debe ser el autor, el
punto de cristalización de la voluntad cultural del proletariado, el pedernal
que encienda el ansia de saber del obrero.

LA C R I T I C A
Las

derechas

in c ita n

a

la

b a ta lla

“ E s te m o v im ie n to b o lc h e v iq u e lo te n e m o s e n n u e s tr o p ro p io se n o . N i la m is m a
re p ú b lic a s a b e d e f e n d e r s e d e él. T o le ra e s te r a d ic a l m o v im ie n to p o lític o , q u e p r o f e s a
com o a b ie r to id e a l r e a liz a r co n to d o s los m e d io s q u e e s t á n a a lc a n c e l a c o n c e p c ió n
so c ia l del p r o le ta ria d o . E l a r m a p r in c ip a l e s el t e a t r o . E l t e a t r o d e la n u e v a é p o c a , el
t e a t r o de los c o m u n is ta s , el t e a t r o d e l p r o le ta r ia d o , el t e a t r o d e la m a n if e s ta c ió n p o lí­
tic a y c u ltu r a l. E l t e a t r o a l e je m p lo ru so , t a l c o m o n o s lo d a n la s p e líc u la s P o te m k in
y L a M a d re. Y n o s o tr o s ? D ó n d e n o s q u e d a m o s n o s o tr o s ? Q u ié n a v a n z a e n A le m a n ia
c o n t r a el t e a t r o iz q u ie r d is ta , c o n t r a la V o ls k s b ü h n e ra d ic a l, c o n t r a e l t e a t r o p o lític o ?
Q u ié n se m a n if ie s ta c o n t r a la re v o lu c ió n c u l t u r a l ? A llí, e n la V o lk s b u h n e , se f o r m a la
f a la n g e de a s a lto b o lc h e v iq u e . A llí s o n d e fe n d id o s la id e o lo g ía y el a r t e c o n t r a lo s m is ­
m o s d ir e c to re s p a r a c o n q u i s ta r A le m a n ia , p a r a a s e g u r a r e l f u t u r o d e l p r o le ta r ia d o .”
A lfr e d o

M ÜHR.

A P is c a to r le e s tá p e r m itid o a z u z a r a la g u e r r a c iv il
P is c a to i s ig n if ic a t a n t o co m o a z u z a m ie n to a la g u e r r a c i v i l . . . P e r o e s ta a cc ió n
(d el di a m a ) e s t á m e c h a d a d e c a n to s v e n e n o s o s, s ir v ié n d o le d e in tro d u c c ió n u n o r a to r iu m h in c h a d o d e odio. N o h a y q u e d e c ir q u e a q u í e s rid ic u liz a d o to d o lo q u e p a r a
los a le m a n e s , y a u n p a r a lo s ju d ío s a le m a n e s d e c e n te s , s u p o n e e x p r e s ió n d e la g r a n d e z a
y d ig n id a d n a c i o n a l . . . L o s a p ó s to le s d e e s te a z u z a m ie n to , q u e, e n e s te c a s o (d e la
g u e r r a c iv il), i n t e n t a r ía n e s c a p a r s e c o b a r d e m e n te , co m o s ie m p re , p u e d e n e s t a r s e g u ro s
de q u e d e t t á s d e los m o n te s h a b ita n ta m b ié n g e n te s , q u e e n to n c e s s e a c o r d a r á n d e
e s ta s p o r q u e r ía s q u e h a c e n d el
TEATRO

ALEM AN

UN

M A N IC O M IO

y u n a f e ria d e la m á s b a j a e s to f a .”
(D e r T a g ).
. . . e l c o n ju n to p u e d e v a lo r iz a rs e ta m b ié n d e s d e el p u n to d e v i s t a a r t í s t i c o . . .
P e r o s i P is c a to r , a c ie n c ia y c o n c ie n c ia , q u ie r e d a r t e a t r o p o lític o , s u r e p r e s e n ta c ió n
d eb e s e r v a lu a d a a n t e to d o p o lític a m e n te . A s í c o n s id e ra d a , la n u e v a p ro d u c c ió n (e l c o ­
m e r c ia n te d e B e rlín ) d el a g i t a d o r b o lc h e v iq u e s ig n if ic a u n a d e s v e rg ü e n z a s in ig u a l
c o n tr a la c u a l d eb e g u a r d a r s e d e c id id a m e n te to d o el p u e b lo a le m á n p o r r a z o n e s de
lim p ie z a .”
( K o n ig s b c r g e r A llg e m e in e

Z e itu n g ) .

“ . . . u n a r e v i s t a d e od io b a b o s o . . . to d o lo q u e e s a le m á n y c r is tia n o , to d o lo q u e
e s u n if o rm e m ilita r , to d o lo q u e e s p a s a d o y tr a d ic ió n p r u s i a n o - a l e m a n a . . . , a r r a s t r a d o
p o r e l cien o , e n p é r f id a s c a r i c a t u r a s ! . . . ¡ P o s td a m c o n el re p iq u e te o d e s u s c a m p a n a s ,
e l g r a n R e y , los g e n e r a le s d e la g u e r r a , n u e s t r a s m a r c h a s , n u e s tr o s s a g r a d o s h im n o s,
n u e s t r a s b a n d e r a s : ¡M ie rd a ! ¡ ¡ A f u e r a c o n e l l o ! ! ”
( C o n tin ú a a la

v u e lta )

( B e r lin e r

L o k a l- A n z e ig e r ) .

�BRHJIIIíA

E L U L T IM O P A T A L E O
C u a n ta s v e c e s n o s h a sid o d a d o s e g u ir de
c e r c a el p ro c e s o de u n e n f e r m o a ta c a d o de
m a l in c u r a b le , h e m o s v is to lo m ism o . M é ­
d ic o s r e a liz a n d o e s f u e r z o s d e s e s p e r a d o s p a ­
r a s a lv a rlo , f a m ilia r e s s u s p ir a n d o de a le g r ía
a c a d a r e a c c ió n m o m e n tá n e a , a m ig o s m o ­
v ie n d o s ig n if i c a t i v a m e n t e la c a b e z a .
C u a n ta s v e c e s s e h a b l a del r é g im e n c a p i ­
t a l i s t a p u e d e o b s e r v a r s e o tr o t a n to . E l b u r ­
g u é s e x p r e s a s u c r e e n c ia , s u fe c ie g a e n el
s i s t e m a e c o n ó m ic o a c t u a l q u e le p e r m ite
s u b s i s t i r , p e ro e n e l fo n d o d e s u s o jillo s
á v id o s b r i ll a u n a c h i s p it a d e in s e g u r id a d y
a lo s p o c o s m in u to s n o s p r e g u n ta , p o r p r o ­
p i a c u e n ta , s in q u e n o s o tr o s n a d a le h a y a ­
m o s d ic h o : “¿ N o le p a r e c e a m ig u ito q u e es
u n a m a c a n a e s o d e l c o m u n is m o ? ” .
D el m is m o m o d o lo s d ia r io s c o n s e r v a d o ­
r e s y e s c r i t o r e s a f in e s a p r o v e c h a n l a m e n o r
r e a c c ió n d e la c la s e b u r g u e s a p a r a c o n s o ­
la r s e a s í m is m o s y c o n v e n c e r a lo s d e m á s
— a u to c o n v e n c ié n d o s e — q u e e l ré g im e n
i m p e r a n t e e s in c o n m o v ib le .
L a s ú l t i m a s e le c c io n e s de A m é r ic a h a n
f a v o re c id o a la s c la s e s b u r g u e s a s . ¡Q ué p o c a
c o s a s ig n if ic a e s o e n e l d e s tin o de n u e s tr o s
, p u e b lo s ! T a n t o e n C h ile co m o e n e l P e r ú
y e n l a A r g e n tin a h a n tr iu n f a d o lo s r e p r e ­
s e n t a n t e s d e l t á c i t o c o n v e n io l a t i f u n d i s t a i m p e r ia li s t a y, lo q u e e s a ú n p eo r, h a n a r r a s ­
t r a d o c o lg a d a s d e la co la a g r a n n ú m e r o de
o r g a n iz a c io n e s o b r e r a s q u e se h a n p r e s ta d o
a la f a r s a p o r c e g u e d a d o m a lic ia d e su s
c a b e c illa s .
E s a p e q u e ñ a , r e a c c ió n e n u n e n f e r m o q u e
n o t ie n e re m e d io , lle n a de a le g r ía a p a ­
r i e n t e s , a m ig o s y m é d ic o s , q u e no c re e n
t a m p o c o e n l a s a lv a c ió n , p e ro q u e n e c e s ita n
c r e e r p a r a p a s a r b ie n u n a s n o c h e s .
C a lif iq u e m o s a e s a s e le c c io n e s com o el ú l ­
tim o p a ta le o d e la r e a c c ió n y p r e p a r é m o n o s ,
co n fe c i e r t a y p r o f u n d a , a la s lu c h a s q u e
s e a c e r c a n y q u e n o s d ir á n c la r a m e n te , sin
té r m in o s m e d io s, s i e l d e s tin o d e A m é r ic a
e s t á e n m a n o s de u n p u ñ a d o de b u r g u e s e s
v e n d id o s a l o ro i m p e r ia lis ta 'y l a t i f u n d i s t a
o e n la s n u e v a s id e a s d e l p r o le ta r ia d o q u e
q u ie r e y d e b e im p o n e r s u v o lu n ta d d e d o ­
m in io .
U N A N U E V A G E N E R A C IO N
E l m a l e s t a r p a r a g u a y o — co m o el d e t o ­
d o s lo s p a ís e s c o lo n ia le s s o m e tid o s a l a d o ­

8

b le e s c la v itu d d e l o ro c a p i t a l i s t a y de la i n ­
fe c c ió n p o lític a , — tie n e su c a u s a , s u f u n ­
d a m e n to y su re m e d io e n la e c o n o m ía y
d e n tr o de e lla , d e te r m in á n d o la , e n e l r é g i ­
m e n de la t i e r r a .
U n p u e b lo h u n d id o e n l a m is e r ia d e l la tifu n d is m o e s p r e s a f á c il d e l im p e ria lis m o
s ie m p r e a l e r t a . Y el P a r a g u a y h a te n id o
u ñ a s e rie d e g o b e r n a n te s — S c h a e r e r , G o n d ra , E u s e b io y E lig ió A y a la , G u g g ia r i —
que- e n e l p o d e r h a n s id o s im p le s r e p r e s e n ­
t a n t e s de e m p r e s a s y a n q u is , in g le s a s o a r ­
g e n tin a s . N o h a n p o d id o v o lv e r la m ir a d a
h a c ia su p u e b lo , p o rq u e de h a c e rlo , d e q u e ­
r e r d e s p e r ta r lo y d ir ig ir lo , d e b ía n t r a n s f o r ­
m a r s e e n m á r t ir e s de u n a c a u s a q u e ni
a m a b a n n i c o m p r e n d ía n . ¡ T r is te d e s tin o el
d e e s a p o b re g e n te e n c a r a m a d a p o r c a s u a ­
lid a d e n e l p o d e r p a r a s e r v ir in te r e s e s a j e ­
nos, p a r a v e n d e r a l p u e b lo p o r u n o s m i s e ­
r a b le s c e n ta v o s , p o r u n o s c u a n to s a ñ o s de
v e rg o n z o so g o b ie rn o !
L a ju v e n t u d p a r a g u a y a h a to m a d o p o s i­
c ió n d e c o m b a te f r e n te a e s e a r m a t o s t e c a ­
d a v e z m á s p e s a d o . E l g o b ie rn o de G u g g ia r i
ha. m a r c a d o co n s a n g r e u n a fe c h a g lo rio s a
e n l a h is to r ia d e l N u e v o P a r a g u a y : el 23 de
O c tu b re .
F a t i g a d a d e la s tr o p e lía s de c a m a r illa s
q u e p r e p a r a n c a lc u la d a m e n te una. g u e r r a ,
s e d i e n t a de j u s tic ia , v i b r a n t e d e a c c ió n , la
m u c h a c h a d a e s t u d ia n ti l s e c u a d r ó f r e n te a
la f i g u r a b o r r o s a d e u n o de lo s ta n t o s t i r a ­
n u e lo s t r a i d o r e s q u e e m p a n t a n a n A m é ric a .
¿ C u á l e s la p o sic ió n de e s a ju v e n t u d ? ¿ E s
u n m o v im ie n to s e n tim e n ta lo id e com o el q u e
p r e d ic a P a la c io s y C o m p a ñ ía d e s d e B u e n o s
A ir e s ? ¿ E s u n m o v im ie n to s o c ia l- d e m ó c r a ta
s in a r r a ig o e n la s m a s a s de o b r e r o s y c a m ­
p e s in o s ? ¿ E s u n e n g a ñ o m á s en la l a r g a
c a d e n a d e e n g a ñ o s q u e e s la h i s t o r i a del
p r o le ta r ia d o de A m é r ic a ? ¿O se t r a t a , p o r
e l c o n tr a r io , d e u n m o v im ie n to m a r c a d a ­
m e n te re v o lu c io n a rio , c o n in te n c ió n d e h a ­
c e r sin e n t r e g a r s e , d e lle g a r a u n fin s in los
c a m b io s de r u m b o q u e d i s tr a e n y a p a g a n a
lo s p a r t i d o s s o c ia lis ta s ?
V e a m o s lo q u e d ic e u n o de s u s d ir ig e n te s ,
O s c a r A. C r e y d t:
“D a d o q u e e l im p e r ia lis m o e x t r a n j e r o ,
f a c t o r v is ib le d e n u e s t r o d e s a s t r e i n t e r n a ci n a l, só lo p u e d e o b r a r a p o y a d o e n f r a c ­
c io n e s d e n u e s t r a p r o p ia b u r g u e s ía n a c i o ­
n a l, la d e f e n s a c o n t r a e s e im p e r ia lis m o so lo
p u e d e s e r p l a n t e a d a s o b r e la b a s e d e u n a
re v o lu c ió n d e la c la s e p r o le ta r ia , a l i a d a co n

El Tcairo del Proletariado

H e a h í co m o h a b l a y c o m o d e b e h a b l a r
u n h o m b r e jo v e n d e A m é ric a . L e jo s d e él
lo s im p u ls o s m e z q u in o s d e lo s m o v im ie n to s
a s f ix ia d o s p o r l a s a t a d u r a s d e lo s p a r t i d o s
p o lític o s. D e s e á rn o sle d e s d e e s t a s p á g i n a s
s ie m p r e a b i e r t a s a to d o m o v im ie n to d e s t i ­
n a d o a t r a n s f o r m a r r e a l m e n t e A m é r ic a , q u e
s i g a fiel a la lín e a in ic ia d a y q u e no &lt;se d e ­
je t o r c e r p o r l a v o c e c illa in s i n u a n t e d e lo s
s e u d o - r e v o lu c io n a ir o s , d e los s e u d o - s o c ia lis ta s , d e lo s s e u d o p r o le ta r io s , q u e s u e le n e s ­
c o n d e r s e b a jo e l a l a d e f o r m id a b le s e in o ­
fe n s iv o s c h a m b e r g o s p e q u e ñ o - b u r g u e s e s .

el c a m p e s in a d o , c o n tr a to d a la c la s e e x p lo ­
ta d o r a , sin p e rd ó n p o r n in g u n a d e s u s b a n ­
d e r ía s p o lític a s ”.
'“L a t e s is del p r o le ta r ia d o p a r a g u a y o , f r e n ­
te a la c r is is e n c ie r n e s , se r e s u m e , p o r
c o n s ig u ie n te , e n la d iv is a id e o ló g ic a y t á c ­
tic a de l a R e v o lu c ió n A g r a r ia y A n ti-im p e *
ria lis ta ”.
E l p r o b le m a h a sid o p la n te a d o co n m a g n i­
fic a p re c is ió n p o r e s te jo v e n r e v o lu c io n a rio
del P a r a g u a y . R a r a m e n te s e o y e le n g u a je
p a r e c id o e n n u e s t r a A m é ric a .
P e r o e s n e c e s a r io c o n s t a t a r h a s t a q u e
p u n to t a l le n g u a je re s p o n d e a la s r e a l i z a ­
c io n e s p r á c tic a s .
“E s u n h e c h o m u y d e p lo r a b le — d ice
C r e y d t — q u e e n el P a r a g u a y , n o s o tr o s ,
u n i v e r s i t a r i o s y a b o g a d o s , h a y a m o s c o b ra d o
•sobre f u e r te s n ú c le o s d e l p r o le ta r ia d o u n a
a s c e n d e n c ia t a l q u e n o s h a y a p e r m itid o
c o m p r o m e te rlo s en l a r e f r e n d a c ió n d e u n
m a n if ie s to típ ic a m e n te p e q u e ñ o - b u r g u é s ,
com o e s “E l N u e v o I d e a r io N a c io n a l” , de
1929, de c u y a p a te r n id a d d e b o a c u s a r m e a
m i m ism o . B a jo la in v o c a c ió n d e e s te d o c u ­
m e n to , r e a liz ó s e la to m a d e E n c a r n a c ió n y
p la n e á r o n s e , e n c o la b o r a c ió n co n e le m e n to s
tr a b a j a d o r e s , m u c h a s a v e n t u r a s c o n s p ir a to r i a s q u e de h a b e r te n id o é x ito , h a b r í a n a c a ­
b a d o p o r e n t r e g a r la re v o lu c ió n a l a d e ­
m a g o g ia y a l c a u d illis m o d e u n c o n c la v e
p e q u e ñ o - b u r g u é s , e n a u s e n c i a d e u n a le g í ­
tim a , firm e y e x p e r im e n ta d a o r g a n iz a c ió n
p o lític a de la s m a s a s e x p lo ta d a s , c o n tr o la d a
p o r u n a é lite c o n s c ie n te y c a p a c i t a d a de
h o m b r e s s u r g id o s d e l a m is m a c la s e a s a l a ­
r ia d a ”.
N i m á s n i m e n o s lo q u e s u c e d e e n n u e s tr o
p a ís c o n lo s m o v im ie n to s p e q u e ñ o - b u r g u e s e s d is f r a z a d o s d e m o v im ie n to s s o c ia lis ta s .
L a A lia n z a e s u n a e x p r e s ió n d e e s e e s ta d o
de e s p í r i t u y lo m ism o p o d e m o s d e c ir de
la s c a m a r illa s q u e d ir ig e n lo s m o v im ie n to s
o b re ro s , e s p a n to s o s r e v o lu c io n a rio s e n t i e m ­
p o s d e p a z y s u a v e s c o r d e r ito s b u r g u e s e s
e n tie m p o s d e g u e r r a .
C re y d t, h a c o m p re n d id o t a m b ié n la f a ls a
p o sic ió n en q u e lo c o lo c a b a e s e m a n if ie s to
d e 1929. C o m p r e n d e r y a e s e l p r i m e r p a s o
p a r a c a m b i a r d e f r e n te , p a r a c o n te m p la r
los h e c h o s co m o so n y n o co m o lo s p r e ­
s e n ta n lo s h i p ó c r i ta s p a r t i d a r i o s d e la so c ia l- d e m o c ra c ia .
“D el N u e v o I d e a r io N a c io n a l, r e fle jo fie l
y e n g e n d r o d e n u e s t r a p a s a d a a c c ió n s u b ­
v e r s iv a , a l n a c io n a l - so c ia lis m o , o s e a , a l
f a s c is m o , h a y u n a p e n d ie n te in s e n s ib le ” .
“C o n tr a e s to s v ic io s o r g á n ic o s d e to d o m o ­
v im ie n to e s t u d i a n t i l y p e q u e ñ o - b u r g u é s , el
P a r t id o C o m u n is ta r e a c c i o n a r á e n f o r m a
e f ic ie n te . P o r m i p a r te , e s t a c r í t ic a , q u e es
a n te to d o , a u t o - c r í t i c a , c o m p o r ta u n a r u p ­
t u r a a b s o lu ta co n to d o m i p a s a d o r e v o l u ­
c io n a r io y co n t o d a s la s v in c u la c io n e s q u e
m e h a n lig a d o a l m o v im ie n to d e lo s e s t u ­
d i a n t e s d e s d e h a c e s e is a ñ o s . S i h e d e d i c a ­
do e s t a p r o fe s ió n d e fe a lo s d i r ig e n te s del
p r o le ta r ia d o , e s p o rq u e , d e s d e a h o r a , n o c o ­
n ozco m á s ju e z d e m is a c c io n e s q u e la
m is m a c la s e e x p l o t a d a ” .

A L E M A N IA
A le m a n ia h a sid o , d e s d e h a c e b u e n ra to ,,
c o n s id e ra d o co m o e l p a ís e s p i r i t u a l y m a ­
te r i a l m e n t e m a d u r o p a r a l a im p la n ta c ió n de
la s d o c t r i n a s s o c ia lis ta s e n f o r m a in te g r a lE n A le m a n ia , c o m o e n to d o s lo s E s t a d o s
c a p i t a l i s t a s , ese s o c ia lis m o i n t e g r a l se e s ­
tr e lló d e b id o a la tr a ic ió n d e lo s s o c i a l - d e m ó c r a ta s . U n g o b ie r n o d e e s to s ú ltim o s im ­
p u s o e n 1923 a lo s o b r e ro s m e ta lú r g ic o s la
j o r n a d a d e o c h o h o r a s . C u a n d o se t r a t ó d e
s a l v a r a la i n d u s t r i a a le m a n a — s e g ú n H u ­
g o S tin n e s se e n c o n t r a b a e n u n p la n o de
in f e r io r id a d f r e n t e a la d e o tr o s p a ís e s , e s ­
p e c ia lm e n te F r a n c i a — lo s s o c ia l- d e m ó c r a ta s , m a n s o s c o r d e r o s d e la b u r g u e s ía , im ­
p u s ie ro n a lo s o b r e ro s el p eso d e to d o e l
s a c rif ic io . Y f in a lm e n te e l c h a u v in is m o h a
o c u p a d o e l lu g a r d e l s o c ia lis m o y lo s s o e i a l - d e m ó c r a t a s q u e d a n co m o e l p a r tid o del
m ed io , d e l e q u ilib rio y e c le tic is m o , co m o el
a r m a m á s s ó lid a q u e u tiliz a n la s c la s e s c a ­
p i t a l i s t a s p a r a m a n t e n e r s u j e to a l p r o l e t a ­
ria d o .
H e a h í el t r i s t e f in d e l a s o c ia l- d e m o e r a c ia , q u e L e n ín p r o n o s t i c a r a h a c e t r e s l u s ­
tr o s , c o n v is ió n p r o fé tic a .
C o n to d o , s o n e llo s, p o r e l m o m e n to , lo s
d u e ñ o s y s e ñ o re s d e la s itu a c ió n a le m a n a .
R e p r e s e n ta n la s b o ls a s d e o x íg e n o q u e r e ­
t a r d a n e l d e s e n la c e d e f in itiv o .
E n H i t l e r y s u c o h o r te s e h a n c o n c e n ­
tr a d o la s f u e r z a s d e l a v i e j a A l e m a n i a 'i m ­
p e r i a l i s t a , e x a l t a d a s h a s t a la lo c u r a y e n ­
c e g u e c id a s h a s t a la d e s e s p e r a c ió n .
E l ju e g o e n t r e c o m u n is ta s y n a c i o n a l - s o ­
c i a l i s t a s e s r e a l m e n t e o r ig in a l y c o n s titu y e
a c t u a l m e n t e so lo u n p r o b le m a d e t á c t i c a .
A m b o s q u ie r e n d e j a r p a s o a l a d v e r s a r i o s e ­
g u r o s q u e e l p r im e ro q u e lle g u e a l p o d e r
s e r á el f r a c a s a d o . M a s lo s n a c i o n a l - s o c i a l i s ­
t a s e s t á n d a n d o m u e s tr a s d e i r r e s i s t i b l e
i m p a c ie n c ia ; le s f a l t a l a c a lm a q u e t r a e la
s e g u rid a d . E n c a m b io el c o m u n is m o a l e ­
m á n — c u y a s m a n if e s ta c io n e s a b a r c a n y d o ­
m in a n to d o e l c o m p le jo s o c ia l d e s d e e l a r t e
de P is e a to r h a s ta la e n s e ñ a n z a u n iv e r s ita ­
r i a — e s p e r a co n c a lm a im p o n e n te e l m o ­
m e n to d e s u a c c ió n d e c is iv a y c o n t r a é l
n a d a p o d r á n n i lo s n a c i o n a l - s o c i a l i s t a s d e s ­
h e c h o s n i lo s s o c i a l - d e m ó c r a t a s h á b ile s c a ­
m a le o n e s e n la s a g u a s s u c ia s d e la b a j a p o ­
litiq u e ría .
.

(CONTINUACION)
Creo que la época misma ha de obligar a la literatura a que la ana­
lice. El poeta ya no es el mismo fenómeno, medio trágico medio ridículo,
que hace cincuenta años solía ser. Ya no vive al margen de las cosas, ya
no puede .vivir, así, como nadie puede hacerlo ya; las mismas cosas se
aproximan a uno inevitablemente. La técnica ha empequeñecido la tierra.
Pero al mismo tiempo ha realizado una compenetración. Nadie puede co­
locarse ya a un lado, ni cerrar los ojos ante los problemas, aunque no le
atañan personalmente. Se ha verificado una actualización de toda la hu­
manidad. Los residuos de las ideologías pasadas (Edad Media, barroco,
aun la Edad de Piedra que en Tierra del Fuego, por ejemplo, ha persistido
hasta nuestros d ía s), se derriten con rapidez. La vida de cada individuo al­
c a n z a d a altura de 1930; acaso sea una altura modesta; pero de cualquier
modo, es un tipo de vida de más realidad para el presente que el 1850. Este
individuo es el que cada noche saca su entrada para el teatro. Acaso ha
oído, media hora antes, con su aparato de radio, un saludo desde Califor­
nia; acaso le ha sido mostrado ayer, en las actualidades cinematográficas
de la semana, el último terremoto japonés. Hace diez minutos que ha leído
en el periódico lo que ha pasado hace dos horas en Kapstadt. Este hombre
lleva consigo una imagen del mundo, y no una del año pasado, sino la
imagen del mundo de este momento, Se atreverá la literatura a ponerle
ante los ojos un retablo polvoriento, en el cual las muñecas de cera de los
dolores, alegrías, esperanzas y anhelos, se entumecen en el mismo gesto
por toda la eternidad? Puede perm itirse el atrevim iento de mentir la vida
de aquellos hombres, sentados allí abajo, en el teatro, exhibiendo, en cam­
bio, con auto-delectación, meditadas abstracciones, malabarismos de la for­
ma’, engendros de su vanidad? Esa literatura, en cuanto quiera reflejar
esta vida, ha de ser real hasta lo último, verdadera hasta la desconsidera­
ción. Y. cuanto más, real y verdadera tiene que ser si quiere engranar en
esta vida como fuerza motora. Pero ya el hecho de expresar la verdad que
trasciende de lo puramente actual, produce un efecto revolucionario. En
esta situación, el autor, consciente de su deber artístico, tiene que conver­
tirse, quiéralo o no, en autor revolucionario.

TALLECE/

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TAS, LIBROS DE TEXTO, FOLLETOS, PERIODICOS, Etc.
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I MP R E S I O N E S C O M E R C I A L E S Y DE LUJO

�BMMHLA

9

A N TC N IC

CERNI

C A D A D NC
l~
I EN S I LU G A R
E n la r e v i s t a " A r g e n tin a ” d e ju n io 1931,
e l s e ñ o r H o r a c io B u tle r p u b lic a u n a c a r t a
a b ie r ta , q u e ta m b ié n f ir m a n o tro s , d ir ig id a
c o n t r a el s e ñ o r C h ia p o ri, s e g ú n p a r e c e d i ­
r e c t o r d e l M u se o N a c io n a l d e “M a la s ” A r ­
te s d e B u e n o s A ire s, q u ié n s e a tr e v ió a e s ­
c r ib ir u n a r tíc u lo e n " E l H o g a r ” ti t u l a d o
" E l m o m e n to a c t u a l d e la p i n t u r a ” . N o he
leíd o e s t e a r tíc u lo n i m e i n t e r e s a h a c e rlo ,
m e b a s t a c o m p r o b a r e l f á c il c o m e tid o de
B u tle r a l r e f u t a r l a s s im p le z a s d e C h ia p o r i,
a lu d id o e n s u p o lé m ic a de m a e s tr o de e s ­
c u e la p r o v in c ia l e n d is c u s ió n co n e l P r e s i ­
d e n te d e la C o m isió n d e F o m e n to s o b r e la
b e lle z a d e la p la z a d e l p u eb lo .
D ice u n p ro v e rb io q u e, " p a r a e l r a tó n , el
g a to e s e l a n im a l m á s g r a n d e y f e ro z ” . P o r
t a l m o tiv o B u tle r se h a c o m id o a C h ia p o ri
y h a r á lo m ism o co n lo s o tr o s r a t o n e s d e
la A r g e n tin a q u e se le p o n g a n a su a lc a n c e .
E n e s te a r tíc u lo m e p ro p o n g o d e s e n m a s ­
c a r a r a B u tle r y C o m p a ñ ía , c o lo c á n d o lo s e n
su
ju s to
lu g a r
de
s im p le s
r e a c c io n a ­
r io s e s c o n d id o s t r a s la c a r e t a d el m o d e r n is ­
m o. S o n m á s p e lig ro s o s q u e los F a d e r s ,
C h ia p o r is y C ía. y a q u e e s to s p o r lo m e n o s
n o s e e s c o n d e n e n e l d is f r a z d e v a n g u a r ­
d i s t a s o re v o lu c io n a rio s e n e s té tic a , sin ó q u e
m a n if ie s ta n s in r o d e o s e s t a r c o n t r a to d a
r e n o v a c ió n o re v o lu c ió n a r t í s t i c a .
V e a m o s, a n t e to d o , q u ie n e s so n e n v e r d a d
B u tle r , B a d i, B a s a ld ú a y C ía. C u a n d o lle ­
g a r o n a P a r ís , co n e l p o b re b a g a je de su s
c o n o c im ie n to s im p r e s io n is ta s — e n to n c e s e n
b o g a a q u í — v ie ro n q u e e n a q u e l l a c iu d a d
lo s s a lo n e s o fic ia le s p r e s e n ta b a n y a de d o s
a t r e s m il p i n t u r a s “f a u v e s ” q u e h a b ía n
p r o d u c id o v e in te a ñ o s a t r á s D e ra in , P ic a s s o ,
M a tis s e , e t c .
D ié ro n s e in m e d ia ta m e n te
c u e n ta q u e su m e d io c rid a d s e e n c o n t r a b a
m u y p o r d e b a jo d e lo n o r m a l. C on la b u e n a
in te n c ió n d e s u p e r a r s e — lo s h o y t i tu la d o s
“ v a n g u a r d i s t a s a r g e n tin o s ” o " in v e n to r e s ”
s e g ú n L e o n a rd o S ta r ic o — q u e no e r a en
e l fo n d o m á s q u e el d eseo ló g ico d e p o ­
n e r s e a l d ía , se d e s h ic ie ro n d e to d a s la s
h ila c h a s im p r e s io n is ta s q u e t r a í a n d e B u e ­
n o s A ire e y s e p u s ie ro n a c o n f e c c io n a r u n
t r a j e n u e v o a l a m o d a d e P a r ís . E s t e m o ­
d e lo d e t r a j e — “a r t f a u v is te ” — lo r e p i ­
tie r o n , d e d ic á n d o s e a l a p ro d u c c ió n e n s e ­
rie , h a c ie n d o e n v ío s a lo s S a lo n e s d e P r i ­
m a v e r a d e B u e n o s A ire s. E s t a é p o c a de
a c tiv id a d r e n o v a d o r a fu é p u r a m e n te s u p e r ­
fic ia l, p o r q u e h ic ie r o n a b s tr a c c ió n de la m e ­
n o r p u r if ic a c ió n i n t e r n a y m a n tu v ie r o n i n ­
c o n m o v ib le s lo s p r e ju ic io s b u r g u e s e s q u e
a p r is io n a n s u s a l m a s v a c ía s .

•

.

Í

U n a v e z q u e e n la “n a t u r a l e z a o v e je r a ”
d e e llo s s e in f u n d ió la s c u a t r o o c in c o f ó rm u ía s d e l a r t e v a n g u a r d i s t a d e a n t e s de la
g u e r r a — ( E n q u in c e d ía s s e a p r e n d e n e n
la A c a d e m ia L o th e d e la R u é O d e s sa , P a ­
r í s ) — q u e c q n s titu y e n l a f ó rm u la o fic ia l de
h o y e n F r a n c ia , B u tle r , B a s a ld ú a , B a d i, etc.,
h ic ie r o n c o ro co n R e y n a l, T e ria d e y o tr o s
a p o lo g is ta s del p r e te n d id o “E s p r i t N o u v e a u ”
p a r a n e g a r to d o lo q u e s e i n te n tó h a c e r
d e s p u é s de la g u e r r a , llá m e s e D a d a ís m o ,
S u p e r re a lis m o , etc.
E n la A r g e n t i n a e s t o s r e a c c io n a r io s de la
p o s t - g u e r r a f u e ro n a d m ir a b le m e n te r e c ib i­
d o s. E n n u e s t r o p a ís el a r t e re p o d rid o de
lo s c o n s e rv a d o re s d e a n t e s d e l a g u e r r a no
p o d ía s a t is f a c e r a la n u e v a b u r g u e s ía s ie m ­
p re 's n o b '. H a c ía f a l t a o tr o a ro m a , a u n q u e
f u e r a t a n p o d rid o c o m o e l q u e y a s e r e s ­
p ir a b a . B u tle r , B a s a ld ú a , G u tte r o , e tc . lle ­
g a r o n a tie m p o p a r a s a t is f a c e r .e s a s d u d o ­
s a s a n g u s t ia s e s p ir itu a le s . E n e l p a ís d e lo s
' c ieg o s, los t u e r t o s lle g a d o s de P a r í s fu e ro n
re y e s.
L o s a c o m p a ñ é e n m is p r im e ro s m o m e n to s
d e r e n o v a c ió n y p u r ific a c ió n . C re í s i n c e r a ­
m e n te q u e p o r u n p ro c e s o d ia lé c tic o lle g a ­
r ía n h a s t a d o n d e yo — o m e jo r d ic h o m i
in c o n s c ie n te — lo s e s p e r a b a . D e s g r a c ia d a ­
m e n te s u p a r á b o la s e h a d e te n id o y p o r eso
la l u c h a c o n t r a ello s e s in e v ita b le . H o y c reo
q u e e s u n d e b e r s a c a r lo s a la lu z, d e s c u b r ir
s u f a l s a p o sic ió n d e in tr o d u c to r e s s in o r i ­
g in a lid a d n i v a n g u a r d is m o . L o s q u e i n t e n ­
ta n lle g a r a la p u r ific a c ió n , a l e n c u e n tr o de
si m ism o s , d e b e n a p a r t a r s e de e e a g e n te
e m p a n t a n a d a e n la s c ié n a g a s de u n a r t e q u e
d e s p id e m ia s m a s .
A n a lic e m o s la c a r t a a b i e r t a b u tle r ia n a .
“A l m ism o tie m p o — d ic e — h a c e U d . a l u ­

sió n a lo s jó v e n e s q u e a l a i n v e r s a s u y a
e s t u d ia n d u r a n t e la r g o s a ñ o s el a r t e c lá s ic o
y m o d e rn o f r e n te a s u s m e jo r e s m a e s t r o s ”.
S i B u tle r c re e h a b e r d e s c u b ie r to c o n e s a
f r a s e e l p ro c e d im ie n to p a r a p e r m a n e c e r i n ­
v u ln e r a b le , se e q u iv o c a d e m e d io a m ed io .
T e n e m o s m u c h o s e je m p lo s e n c o n tr a . Q u iró s, v a y a e l c aso , q u e “h a e s tu d ia d o la r g o s
a ñ o s e l a r t e c lá s ic o y m o d e rn o f r e n t e a s u s
m e jo r e s m a e s tr o s ” s e d if e r e n c ia de B u tle r y
C o m p a ñ ía e n q u e p i n t a g r a n d e s m a lo s c u a ­
d ro s, m i e n t r a s é s to s se c o n te n ta n co n p e ­
q u e ñ o s m a lo s c u a d r o s .
E n la m is m a c a r t a d ic e a C h ia p o r i: “S in
d u d a e s m á s f á c il y m á s c ó m o d o p a r a los
c r ític o s com o U d . e x t a s i a r s e a n t e l a b e lle z a
c a t a l o g a d a y c la s if ic a d a e n lo s m u se o s q u e
a n te la s f o r m a s d e l a b e lle z a n a c i e n t e ” .
E n tr e C h ia p o ri q u e s e e x t a s í a a n t e 1905
a ñ o s de "b e lle z a c a t a l o g a d a ” y B u tle r , q u e
se e x ta s ía a n t e 1915 a ñ o s d e “b e lle z a
c a t a l o g a d a ”, h a y a p e n a s diez a ñ o s d e d i s ­
t a n c ia , E n tr e a m b o s no h a y g r a n d if e re n c ia
d e c a p a c id a d p a r a s e n t ir y a m a r la b e lle z a
d e l sig lo X IX . P r u é b a lo la a c t i t u d de B u tle r
f r e n t e a l m o v im ie n to a r t í s t i c o p o s te r io r a l a
g u e r r a : d a d a ís m o , su p e rre a lism o » e tc . S e h a
c a r a c te r iz a d o s ie m p r e p o r l a m á s p e r f e c t a
in c o m p re n s ió n y e l m á s f r a n c o r e a c c io n a rism o . L a c a u s a e s f á c il d e d e s c u b r ir . L o s
m o v im ie n to s d e la p o s t - g u e r r a no h a n s id o
c a ta lo g a d o s p o r lo s R e y n a ls , p o r lo s T e r ia d s , c r ític o s a l s e rv ic io d e lo s in te r e s e s d e
lo s g r a n d e s “m a r c h a n d s ” d e e s t é t i c a f a u v is t a y c u b i s ta d e l a R u é d e la B o e tie d e P a ­
rís.
T a le s a n te c e d e n te s no le im p id e n d e c ir a
B u tle r , e n s u le n g u a je d e h á b il “ c a m e lo t”
q u e q u ie r e h a c e r n o s p a s a r g a t o p o r lie b r e :
“ S e p a U d . q u e c a d a u n a d e e s t a s e s c u e la s
— c la s ic ism o , n e o - c la s ic is m o , r o m a n tic is m o ,
im p re s io n is m o , e tc . — s ig n ific ó e n s u s é p o ­
c a s r e s p e c tiv a s u n a r e v o lu c ió n ; c o m b a tid a s
a l p rin c ip io ( B u tle r t i e n e r a z ó n , f u e ro n c o m ­
b a t i d a s p o r to d o s lo s B u tle r s q u e e x is tie r o n
e n e s a s “é p o c a s r e s p e c ti v a s ” ) in c o m p r e n ­
d id a s p o r e l p ú b lic o , f u e ro n poco a p o c o
a b r ié n d o s e c a m in o e n t r e la s m a s a s , h a s t a
in c o r p o r a r s e a l a tr a d ic ió n . S e p a U d . la s
v id a s de D a v id , I n g re s , D e la c ro ix , M a n e t,
R e n o ir, C é z a n n e , e tc .”
B u tle r o lv id a a l m á s re v o lu c io n a rio d e
los p in to r e s d e l s ig lo X IX , ta n t o e n e s té tic a ,
co m o e n la v id a so c ia l, a C o u rb e t, q u e d e ­
c ía :
“D e la c ro ix no h a v is to j a m á s e n s u c a s a
a lo s s o ld a d o s v io la n d o s u d o m ic ilio , b o ­
r r a n d o s u s c u a d r o s co n u n ta c h o d e e s e n c ia
p o r o rd e n d e l m in is tr o . N o s e h a n p u e s to
s u s o b r a s a la p u e r t a d e l a E x p o s ic ió n a r ­
b i t r a r i a m e n t e , n o s e h a n h e c h o co n s u s
c u a d r o s c a p illa s r id ic u la s f u e r a d e lo s s a lo ­
n e s d e la E x p o s ic ió n . L o s d is c u r s o s d e c a d a
a ñ o n o lo s e ñ a la b a n a l a a n im a d v e r s ió n
p ú b lic a . E l n o t e n í a c o m o yo e s a j a u r í a de
p e r r o s b a s t a r d o s a u lla n d o e n m i p e r s e c u ­
ción, p u e s to s a l s e rv ic io d e am o s, t a n b a s ­
t a r d o s co m o e llo s ” .
“L o s c h a n c h o s h a n q u e rid o t r a g a r a l a r t e
d e m o c r á tic o e n l a c u n a ; a p e s a r d e to d o e l
a r t e d e m o c r á tic o a g r a n d a d o s e lo s c o m e r á ”
( C a r t a a V íc to r H u g o e n 1864).
B u t l e r o lv id a a C o u r b e t p o r q u e t i e n e c o la
de p a j a y t r a t a d e c u i d a r l a d e c u a lq u ie r
fó s fo ro im p ru d e n te .
*
C o u r b e t e s p a r a él u n m a t e r i a l i s t a . O c u ­
p a rs e d e su p in tu ra s e ría n e g a rse a sí m is­
m o, n e g a r l a p i n t u r a q u e le e s p r o p ia . A d e ­
m á s , B u tle r e s t á in f lu e n c ia d o p o r el g u s to
im p u e s to p o r lo s “m a r c h a n d ” d e l a r u é de
la B o e tie ; e s to s “m a r c h a n d s ” t i e n e n e s p e ­
c ia l in t e r é s e n m a n t e n e r p in to r e s y p ú b lic o
d e n tr o d e l id e a lism o , f a u v is m o , c u b is m o , e tc.
L o s c o m e r c ia n te s d e s a lm a d o s e s t á n lle n o s
de c u a d r o s d e ta l e s e s c u e la s d e a n t e s d e la
g u e r r a y de s u s i m ita d o r e s d e l a p o s t - g u e ­
r r a , y tie n e n q u e v e n d e r lo s a n t e s q u e e l
g u s to s e o r ie n te h a c i á o t r a s e s té tic a s .
L o s “m a r c h a n d s ” s o s tie n e n y d ir ig e n d i c ­
t a t o r ia lm e n te c a s i to d a s la s r e v i s t a s d e a r t e
q u e s e p u b lic a n e n P a r í s . T e n e m o s com o
e je m p lo “C a h ie r d ’A r t ” y l a p á g i n a s e m a n a l
de a r t e d e l d ia r io L ’I n t r a n s i g e a n t , d o n d e e s ­
c r ib e n c r ític o s d e a r t e q u e s e d ir ig e n e s ­
p e c ia lm e n te a p in to re s , a lo s m il y u n B u ­
t l e r s q u e e x is te n e n P a r í s y q u e lu e g o i r á n
a s u s r e s p e c tiv o s p a ís e s lle v a n d o t e l a s —
“l a t a s d e c o n s e r v a d e l ’e s p r i t n o u v e a u ”' —

q u e h a r á n c o n o c e r e l “a r t e n u e v o ” e n lo s
c u a t r o c o n fin e s d e l m u n d o y d e d o n d e v e n ­
d r á n p e d id o s d e c u a d r o s d e M a tis s e , P i c a s ­
so, e tc .
B u tle r d e j a e s c a p a r d e l a p u n t a d e la
p lu m a — n a d a m á s — e s t a f r a s e e n c a n t a ­
d o r a : “ E s te e s u n p r e ju ic io e m i n e n te m e n te
b u r g u é s ” . P a r a q u ie n co n o c e a B u tle r la f r a s e s i t a se p r e s t a a l a ir o n ía . ¿C ó m o p u e d e
h a b l a r d e “p r e ju ic io b u r g u é s ” a q u e l q u e
s im b o liz a p r e c is a m e n te a l p e r f e c to b u r g u é s
p le n o d e p r e ju ic io s y s u f ic ie n c ia , q u e t r a t a
d e c a n a l l a a c i e r t a s p e r s o n a s p o r s a b e r la s
c a p a c e s d e e m p le a r l a d ia lé c tic a , d e s o m e ­
te r s e a u n a c o n t i n u a o i m p a c ie n te b ú s q u e d a ?
S ig a m o s l a c a r t a d e B u tle r . D ic e : “N o
a s p ir a m o s a v e g e t a r e n p u e s t o s p ú b lic o s ”
( s ic ) . " C a re c e m o s a ú n d e l a p o y o d e lo s
c ír c u lo s a q u e U d . s in d u d a p e r t e n e c e ”
( re s ic ) .
O c u p a r p u e s to s p ú b lic o s n o tie n e n a d a d e
c o n d e n a b le . B u tle r n o lo h a c e , “n o v e g e ta
e n p u e s to s p ú b lic o s ” p o r q u e p u e d e v e g e t a r
f u e r a d e e llo s g r a c ia s a l a r e n t a d e q u e d i s ­
p o n e. E n c u a n to a lo s o tr o s c o m p a ñ e r o s
“v a n g u a r d i s t a s ” (s ic ) s o lo d ir é q u e e s t á n
d e m o s tr a n d o lo c o n tr a r io d e lo a f i r m a d o p o r
s u c o m p in c h e , el S r. B u tle r , q u e d e s e a —
d e s d e F r a n c i a — “a r d i e n t e m e n t e la r e n o v a ­
ció n e s p i r i t u a l d e n u e s t r a p a t r i a ” ( o t r a v e z
sic ).
C o n tin u e m o s e l a n á l i s is c r ític o d e e s te
s e g u n d o “e p i ta f io ” : “A c u s a U d . d e a r r i v i s m o a lo s q u e e n t r e F a d e r y d e l P r e t e o p t a n
p o r e l se g u n d o . TJd. e x a g e r a . ¿ Q u é a r r i v i s t a
p u e d e titu b e a r e n tr e la b r illa n te c a r r e ra
c o m e r c ia l d e l S r. F a d e r y l a p e n o s a v id a
d e D el P r e t e ? ”
N o, S e ñ o r B u tle r , U d s . o p ta n p o r l a b r i ­
l l a n t e c a r r e r a c o m e r c ia l d e P i c a s s o q u e e s
m á s c a r a c t e r í s t i c a a ú n q u e l a d e F a d e r , y si
D e l P r e t e n o h a h e c h o “b r i ll a n t e c a r r e r a
c o m e r c ia l” e s p o r q u e t o d a v í a n o h a p o d id o .
E n c u a n to a l a " p e n o s a v i d a ” ( s ic ) , si l a
h a c e , e s p o r f u e r z a , y n o s e d if e r e n c ia d e l a
de m illo n e s y m illo n e s d e d e s o c u p a d o s q u e
p e n a n co n p r e te n c io n e s m á s m o d e s ta s s in
m e r e c e r p o r e llo l a p ie d a d q u e o t o r g a e l
b u r g u e s ito B u tle r .
E n t r e F a d e r y d e l P r e t e e s d if íc il p r e c i s a r
cu al e s m ás a rriv is ta . E l u no h a c e cu a d ro s
p a r a u n a b u r g u e s í a c o n s e r v a d o r a ; e l o tr o
p a r a u n a b u r g u e s í a d e “s n o b s ” . A m b o s e s ­
t á n c o r ta d o s p o r l a m is m a t i j e r a . L a p r e s ió n
e c o n ó m ic a e s h o y t a n i n t e n s a q u e m u c h o s
a r t i s t a s se v e n o b lig a d o s a c i e r t a s c o n c e ­
s io n e s co n e l m e d io , a c e d e r f r e n t e a e x i ­
g e n c ia s q u e v a n c o n t r a s u s p r in c ip io s m á s
p u ro s . E s t a s c o n c e s io n e s p u e d e n s e r t á c t i c a
p a r a lle g a r a u n f in r e v o lu c io n a r io , p e r o
h a y a lg u n o s a r t i s t a s q u e s e d e j a n a b s o r b e r
in t e g r a m e n t e p o r e l a r r i v i s m o y n o h a c e n
c u a d r o s co n p r o p ó s ito s e m o tiv o s , o b e d e c ie n ­
do a u n a id e a p o d e r o s a , s in o q u e s o lo s e
p r e o c u p a n d e o b t e n e r u n s u c e s o o fic ia l m á s
o m e n o s d u r a d e r o , a c o m p a ñ a d o d e l c o n s i­
g u ie n te b e n e f ic io m o n e ta r io , p r in c ip io y f in
de s u s a c tiv id a d e s p l á s ti c a s .
T a l a r r iv is m o , c u a n d o l a p i n t u r a s e p o n e
a l s e rv ic io d e d e te r m in a d o s g u s t o s e n b o g a ,
c u a n d o e s r e a l i z a d a p o r g e n t e s i n v o c a c ió n
n i g u s to p e r s o n a l, c o n d u c e a d e j a r s e lle v a r
p o r la s c ir c u n s t a n c i a s , a m a l o g r a r s e a l c a ­
lo r d e l a c r í t i c a o f ic ia l y d e lo s a p l a u s o s
d e l p ú b lic o a q u ie n s e d irig e .
S i h a c e m o s a u n la d o l a m a l a p i n t u r a d e
F a d e r, no podem os a c u s a r a su a u to r de
a r r i v i s m o p o r e l so lo h e c h o d e p e d i r $
10.000 p o r u n c u a d r o , s i e n c u e n t r a q u ie n s e
lo s p a g u e (lo q u e c a u s a e n v id ia a lo s “ i n ­
v e n to r e s ” o “ v a n g u a r d i s t a s ” a r g e n t i n o s ) . E n
, c a m b io se le p o d r á l l a n j a r a r r i v i s t a a q u ie n

h a c e so lo c u a d r o s co n " p r e t e n c i o n e s d e A r ­
t e ” a l g u s t o d e c o m p r a d o r e s q u e a p e n a s le
p a g a r á n d ie z p e s o s . H a y p i n t o r e s q u e h a n
h e c h o , e x p r e s a m e n te r e t r a t o s d e " n u e v o s r i ­
co s” q u e p a re c e n cro m o s, p e ro d o s d ía s
d e s p u é s c o n t i n u a b a n e n ¡a l í n e a q u e le s
e x ig e s u a r t e , s u v e r d a d e r o a r t e . A e s t o s
p i n t o r e s n o s e le s p u e d e l l a m a r a r r i v i s t a s .
O f re c e r u n c u a d r o e n
v e n ta , ta m p o c o
p u ed e lla m a rs e a rriv is m o ; m a s so n a r r iv is ­
t a s a q u e l l o s q u e m a n d a n c a d a a ñ o a lo s s a ­
lo n e s, s e h a c e n a m ig o s d e lo s j u r a d o s p a r a
o b te n e r p r e m io s , s e c o n v i e r t e n e n m ie m b ro s
d e c o m is io n e s , s i g u e n V d e f ie n d e n l a s id e a s
m á s o m e n o s g e n e r a l e s d e la s a l t a s p e r s o ­
n a lid a d e s o f ic ía le s , co n el p r o p ó s ito d e g a ­
n a r s e la e s t im a d e lo s q u e m a n d a n y
pueden.
F a d e r e s e l p rim e ro q u e s u p o u tiliz a r el
im p r e s io n is m o d e n t r o d e l t e m a n a c i o n a l ;
c o m o p r e m io r e c ib ió l a b u e n a a c o g id a d e l a
b u r g u e s í a ■d e l p a ís q u e a m a s u s p r o p i e d a ­
d es te r re n a le s e n to d a s s u s m a n ife s ta c io n e s
e c o n ó m ic a s y e s p i r i t u a l e s . H o y d ía , q u e r e r
g a n a r lo q u e g a n ó F a d e r h a c ie n d o lo q u e
él h a c e , e s c o m o p r e t e n d e r g a n a r lo q u e g a ­
n ó P i c a s s o h a c ie n d o c u b is m o . D e l P r e t e y
to d o s s u s h e r m a n o s d e e s t é t i c a , c o n o c e n
b ie n e s t a v e r d a d , p o r e s o e s q u e e llo s n o
a p l ic a r o n e l i m p r e s io n is m o e n lo s t e m a s
n a c io n a le s , s i n o e l “f a u v i s m o ” , e s p e r a n d o
o c u p a r lo s lu g a r e s d e Q u iró s , F a d e r , e tc . N o
s e r ía n a d a s o rp re n d e n te v e r a B a s a ld ú a
v e n d ie n d o s u s c u a d r o s a p r e c io s b a s t a n t e
a lto s , a u n q u e s e p u e d e d u d a r q u e lle g u e n a
lo s p r e c io s o b te n id o s p o r F a d e r q u e , s e g ú n
p a r e c e , s e c r e e e l m e jo r p i n t o r d e l m u n d o
lo q u e h a c e d e él u n a f u e r z a . Y e s t o e s
p r e c i s a m e n t e lo q u e f a l t a a lo s “v a n g u a r ­
d i s t a s ” a r g e n t i n o s e n “ c r i s i s ” d e c o n c ie n c ia .
R e to r n e m o s a l a “ c a r t a a b i e r t a ” . " C o ­
m ie n z a U d . d a n d o p o r s e n t a d o q u e l a b e l l e ­
z a , co m o ]a v e r d a d , e s s ie m p r e in te l i g i b l e a l
h o m b r e c u lto , c o s a q u e e s p e r f e c t a m e n t e
d is c u tib le ” .
A q u í B u tle r y C h ia p o ri h a c e n el e fe c to d e
d o s e n e m ig o s q u e s e p e le a n e n l a o s c u r id a d
d a n d o p a t a d a s y a m a g o s a l a ir e , s i n e n c o n ­
tra rs e .
L o " p e r f e c t a m e n t e d i s c u ti b l e ” p a r a B u tle r ,
c o n s i s t e e n q u e “l a v e r d a d e s i n t e lig ib le
p a r a to d o h o m b r e c u l t o ” , m i e n t r a s l a b e l l e ­
z a n o lo e s . P a r a C h ia p o r i l a b e l le z a e s
a b s o l u ta , p a r a B u t l e r l a b e lle z a c a m b i a co n
l a m o d a , s in e x p lic a r e l m e c a n is m o n i la^
c a u s a . P a r a é s te , c o m o p a r a to d o " h o m ­
b r e c u lto ” , l a v e r d a d d e b e s e r i n t e lig ib le
a u n q u e d u d o m u ch o q u e la s d ic h a s a q u í s o ­
b r e é l y s u s c o m p a ñ e r o s le s r e s u l t e n a b s o ­
l u t a m e n t e c la r a s .
B u tle r c re e q u e c a d a h o m b re e s lib re de
a m a r l a b e lle z a q u e m á s le p la z c a . E s c o m o
c re e r q u e e l s u fra g io u n iv e rs a l p e rm ite a l
t r a b a j a d o r “v o t a r p o r a q u e l q u e e l q u ie r e " .
E l p ú b lic o n o a d m i r a a q u e llo q u e le d i c t a n
y r e c o m ie n d a n lo s p i n t o r e s y c r í t ic o s o f i ­
c i a le s j u n t o co n s u s s u b a l te r n o s . L a b e lle z a
e s r e l a t i v a a l a l m a q u e l a v e y ju z g a . E l
p ú b lic o n o j u z g a n i v e , s in o p o r lo s o jo s
d e la p r e n s a o fic ia l. L a p r e n s a o f ic ia l n o v e
n i ju z g a , s in o d e a c u e r d o a la id e o lo g ía d e
lo s p i n t o r e s c o n s a g r a d o s p o r e l g u s t o y c o n ­
s e n tim ie n to d e l a c la s e d o m in a n te . L o s p i n ­
t o r e s o f ic ia le s n o p e r m i te n q u e v e n g a n o t r o s
a r e e m p l a z a r l o s e n s u s p u e s to s . E l g u s t o d e l
p ú b lic o e s p a r a e llo s p a t r i m o n i o p r iv a d o ;
no d eb e s a lir d e s u s m a n o s. P e ro a s í com o
la c la s e d o m i n a n t e t ie n e s u s d í a s c o n ta d o s ,
ta m b i é n s u s e s t e t a s c a e r á n , p a r a d e ja r
p a s o a lo s n u e v o s , a lo s jó v e n e s id e ó lo g o s
d e l a c la s e q u e s u b e .

C O M P R E SUS L IB R O S en la

“LIBRERIA IBERICA”
A. B E N IT E Z D E C A S T R O
Mitre 826 - U. T. 21913 -Rosario

�- BRUJULA —

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10

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L E O rV E C
AUTOBALANCE VELOZ

ambientes, más diáfanos, los despoja­
rían de las telarañas de su estúpido
egocentrismo. He conocido durante mis
jiras a talentosos muchachos, sin am­
biciones subalternas,, sin malevolen­
cia, sin Ironía. Sueñan con una obra
clara y pura; y habrán de realizarla,
sin duda, en el muelle ritmo de su ciu­
dad provinciana, lejos del hervidero
promiscuo de Buenos Aires, tentaeular y terrible.
Salgamos al campo, compañeros.
Hallaremos en él nuestro mejor antí­
doto.

Termino de clausurar la primavera
con una disertación sobre la poesía
vernácula, consumada en un círculo
cultural de Barracas. 10 días más
y hablaremos de este año en aoristo.
Puedo entonces inventariar sumaria­
mente las actividades periliterarias
desarrolladas espontáneamente en es­
te período, bajo mi paladina respon­
sabilidad. Creo haber trabajado de fir­
me, sin que el premio municipal consi­
guiera apoltronarme, ni mucho menos.
Pie pronunciado conferencias en Ro­
sario, Tres Arroyos, Bolívar, La Pla­
UN RECUERDO
ta, Avellaneda y Capital Federal, so­
bre la obra de nuestros artistas, nues­
De paso para Córdoba, Cascella me
tros poetas, nuestros escritores. (Por
ahí diserté sobre el arte de Chaplín, infirió la dolorosa noticia. De regre­
nuestro también por la universalidad so me encontré en el andén de la esta­
de su genio). Pródiga tarea de divul­ ción rosarina. con Vanzo, Del Plata,
gación que muy pocos realizan entre - Correas, Leval, admirables camaradas,
nosotros, acaracolados en un recoletis- y no quise despertar el recuerdo de
mo estéril y egoísta. Hubo todavía la desgracia, tan penosa para ellos co­
mo para mí. Han pasado días, sema­
quien ensayó las enorinadas saetas de
su humorismo contra esa actividad des­ nas. Restituido al vórtice porteño, en
interesadamente generosa. La gente plena Avenida de Mayo, la carátula
de una revista, agolpa su nombre y
de plumas llevar, por regla general,
su imagen a mi memoria. Conocí a
cuando se ocupa del prójimo es para
enturbiar su vida y su labor con chis­ Ana María Benito una tarde de Mayo,
en su casa de la calle Córdoba, ese
mes e invectivas de torpe alacridad.
asfaltado
río rosarino que se abate con­
No puede concebirse, sin que se caten
tra los acantilados de “La Coseche­
subterráneas, segundas intenciones,
ra” y se remansa en sus postrimerías.
que un poeta abandone momentánea­
Anicio Ortiz, cicerone y exégeta. amis­
mente su trinchera, para divulgar, pa­
ra publicar en voz alta, los cantos toso, nos presentó a Samuel Eichelbaum y a mí, a sus instancias. Ya co­
de sus hermanos y hacerse intérprete
nocía a ese fino espíritu a través de
de sus inquietudes ante el gran públi­
las páginas de “La Gaceta del Sur”,
co, que vive sordo- y ciego a sus an­
donde se revelara, y visto, no pocas
gustias. He publicado además, descui­
veces
su firma al pie de jugosos ensa­
dando mi produecón natural, infini­
yos y alguno que otro, relato o poema,
dad de notas sobre libros, sobre expo­
publicados en “La Nación” y “El Ho­
siciones, sobre acontecimientos litera­
gar” .
rios; Es bueno que se diga esto, de
Menuda, rubia, transparente, Ana
fácil corroboración aquí, donde un es­
critor como Samuel Glusberg sacrifica María Benito era una mujer extraor­
su juventud editando un periódico li­ dinariamente femenina. Este puede ser
terario de primera calidad y se halla su mejor elogio. Y el de su ingente
empeñado desde hace años en una ta­ cultura que no llegaba, en ningún mo­
rea plausible, por mil conceptos, de es­ mento, a ensombrecer su clara fisono­
clarecimiento y difusión, de proble­ mía. Discutió temas teatrales con Eimas y valores espirituales, ante la dis­ chelbaum y atenuaba sus argumentos
con sonrisas, con justificaciones, como
plicencia, a veces hostil, de no poca
gente que debería ser la primera en si temiese que en algún momento, des­
cubriésemos a la literata, en su juven­
reconocerlo.
tud graciosa y reflexiva. Sabía mu­
Nuestro plumífero sólo se siente di­ chas cosas y las razonaba sabiamente.
choso en la tertulia de café. Desuella
Nos despedimos encantados.
al ausente y regresa a su “minarete”
Luego la vi algunas veces en Bue­
para crear, por lo común, esa litera­
nos
Aires; en las conferencias de Ra­
tura de frigorífico, que vuelve al mis­
món,
en compañía de sus grandes ami­
mo café para ser desollada en su au­
gas: la poetisa Méndez Cuesta y la
sencia. Y así, sin solución de continui­
medular ensayista Consuelo Vergés,
dad, se va eslabonando la “cadena in­ con quienes debía realizar su larga­
telectual”, esa verdadera cadena que
mente acariciado viaje a Europa.
maniata a nuestros penados literarios,
Otra vez vino para disertar sobre Sha­
prisioneros de su vanidad.
kespeare y la melancolía. Después leí
Los más capaces deben estar obli­ en “Azul” un denso artículo suyo sogados a salir al interior del país y bíe Arnold Bennet y supe que le ha­
empeñarse en una fecunda siembra de bía escrito a Glusberg anunciándole
inquietudes. Desarrollarían una labor un trabajo sobre Mauglian, que aca­
ba de aparecer en “Nosotros”. Hasta
útil y noble, y el contacto con otros
que me llegó la tremenda noticia. Sin
tiempo para construir una página se­
ria, cuya gravedad no podría condecir
con el espíritu de la cristalina mucha­
cha, cuyos sueños malbarató el des­
tino tan cruelmente, acerco a su nom­
bre mi emocionado recuerdo. Que es
el recuerdo de todos los que alguna
vez se aproximaron a su espíritu, que
ii'radiaba una luz franca, pura, gene­
rosa, que no podrá extinguirse nunca
en la pleamar del olvido.
César TIEMPO.

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EEUJtJ

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§

Dirección y Administración: Santiago 1158, Rosario.
Asuntos de redacción en la Capital Federal: Víctor Luis Molinari, Picliinelia 582, Buenos Aires.

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E D U C A C IO N V IS U A L
L a e d u c a c ió n v i s u a l s e r á f a c t o r p e d a g ó ­
g ico y e l “f ilm ” r e e m p la z a r á , e n la s e s c u e ­
la s , a lo s lib ro s d e t e x t o q u e q u e d a r á n c o ­
m o m e r o s a u x i l i a r e s d e l a p e líc u la .
T a l e s l a o p in ió n q u e s u s t e n t a n e d ito r e s
y pedagogos.
E l v a lo r e d u c a tiv o d e l C in e y s u p o s ib i­
lid a d d e lle g a r a c o n v e r t i r s e e n p re c io s o
in s t r u m e n t o d o c e n te e s in n e g a b le . L a p o ­
d e r o s a v a l í a d e e s t a e v o lu c ió n s e n t a r í a u n
p re c e d e n te d e r e c ia s u p e ra c ió n c u l t u r a l y
a rtístic a .
R e c o n o c ie n d o q u e e l p ú b lic o s a b e d i s c e r ­
n i r s o b r e o b r a s d e a l t o m é r ito l i t e r a r i o y
c ie n tíf ic o : m e n c io n a r e m o s lo s ú ltim o s lib ro s
q u e h a n s e ñ a la d o u n d o b le é x ito e n e l g é ­
n e r o d e l a b i o g r a f í a n o v e la d a c o n tá n d o s e
e n t r e e llo s : “N a p o le ó n ” d e E m il L u d w ig ;
“E n r i q u e V il” , d e H a c k e tt ; l a “H i s t o r i a d e
la H u m a n id a d ” , de V a n L o o n ; y la s o b ra s
de M a u ro is . E n to d o s e s to s lib ro s la a m e ­
n id a d se e n tr e m e z c la co n el e le m e n to e d u ­
c a tiv o y e s t o s é x ito s n o s d ic e n q u e h a d e
v a le r s e la c u l t u r a , p a r a s u d if u s ió n , d e l c i­
n e m a tó g r a fo .
E n la e s f e r a d e e s t a c la s e d e p e líc u la s
c u ltu r a le s , c ita r e m o s l a s c i n t a s s o n o r a s d e
la “U F A ” “A n im a le s T r a n s p a r e n t e s ” , d e a l ­
t a c a lid a d f o to g r á f ic a , y n iv e l c ie n tífic o , co n
e x c lu s ió n d e l t e x t o e s c r i t o q u e e s r e e m p l a ­
z a d o p o r u n c o n f e r e n c ia q u e d i c t a u n p r o ­
fe s o r.
C on e l m is m o m é to d o p r o c e d e la U F A a l
f ilm a r a lg u n a s " o t r a s p e líc u la s d e c a r á c t e r
b io ló g ic o , d e la s c u a l e s s e r á n l a s p r i m e r a s
“ R a r e z a s d e l m u n d o m a r in o ” y “L a l u c h a '
p o r l a e x i s te n c i a e n e l fo n d o d e l m a r ”, “E l
p a ís d e lo s r e n o s ” , la n u e v a s u p e r p r o d u c ­
c ió n c u l t u r a l d e e s t a C ía ., e s r e s u l t a d o d e

u n a e s ta d a d e v a rio s m e se s e n L a p o n ia d e
lo s o p e r a d o r e s P a u l L ie b e r e n z y J e n s e n .
M u é s tr a s e l a v i d a e n a q u e l p a ís y p r e s e n ­
c ia e l e x p e c t a d o r u n a m a n a d a d e v a r i o s m i ­
lla r e s d e r e n o s a t r a v e s a n d o u n f io r d , d e
t r e s k iló m e tr o s d e a n c h o .
E n la
a c tu a lid a d la R u s ia o fre c e
e s ta
o b r a q u e h a s t a n o s o tr o s só lo h a lle g a d o e n
lo s n o tic ia r io s d e l c in e m a s o v ié tic o .
L o s F ilm s d e p r o p a g a n d o p o l í t i c a y d e
e n s e ñ a n z a p r e o c u p a n p r i n c i p a l m e n t e a ¡os
rufeos: h a y r e a l i z a d a s y p r e s e n t a d a s a n t e
e l G o b ie rn o d e lo s S o v ie ts l a s s ig g u i e n t e s
p e líc u la s : ¿ P o r q u e l a v a c a M u g e ? d e D w o r j a k y Z a d e o r o jn y “N u e s tr o v ie jo e n e m ig o ” ,
c e lu lo id e a n tia lc o h ó lic o . “N u e s t r o u l t i m á ­
t u m ” d e I v a ro le v ic h , c o m b a te e l u so d e l t a ­
b a c o y l a in to x ic a c ió n p o r l a n i c o tin a . “L a s
n o v e d a d e s t é c n i c a s ” (e m p le o d e ú t i l e s y m á ­
q u in a s ) “ S in m i l a g r o ” ( i m p o r t a n c i a d e l a
i n d u s t r i a q u ím ic a )
y lo s d e
p ro p a g a n d a
p o lí t i c a q u e s o n v a r io s , co m o a l g u n o s c o n ­
s a g r a d o s a la j o r n a d a d e l a i n d u s t r i a l i z a ­
c ió n y a lo s p r o b le m a s s o c ia le s .
D e g r a n i m p o r t a n c ia e s
t a n a c ió n q u e c o m p r e n d e
p r o g r a m a c o m p u e s to p o r
gran des tr ab ajo s , n ú m e r o s
to d a s la s m a n if e s ta c io n e s
n ic a s lo a f i r m a n .
•

e l c in e p a r a e s ­
s u a c tiv id a d . E l
El

plan

de

los

d e c o n c ie r to s y
a rtís tic a s y té c ­

E l la b o r a t o r i o C H O R IN E , t í a p a r t i d o a
L e n in g r a d o p a r a u n a “ t o u r n é e ” , a t r a v é s d e
la U . R . S . S . co n s u e q u ip o d e c in e s o n o ro
a m b u l a n t e y v i s i t a r á la s r e g io n e s s i g u i e n ­
t e s : U ra l, S ib e r ia , V o lg a , C á u c a s o d e l N o r ­
t e y U k a n ia .
C o m p e n e tr a d o s d e e s te s e n tid o e n o r m e
d e la v is ió n c in e m a t o g r á f i c a , lle n a n d o s u
n e c e s id a d d e n u t r i r s e d e l a s c o s a s c o n v e r ­
tib le s e n r e s u l t a d o s d e p r o d u c to s té c n ic o s
y e s p iritu a le s , con la e s e n c ia de l a s o b re ­
im p r e s ió n d e s u e s t r u c t u r a , c o n s u l e n g u a ­
je c á lid o s o b r e la s m a s a s e l c i n e m a t ó g r a ­
fo n o s l l e v a r á m á s a l l á d e lo s a ñ o s .
•
Oreste

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EL PLAN DALTON EN LA ESCUELA N9 70 DE ROSARIO. — Angela G.
de Agüero.
Educar no consiste en reducir, amoldar, aplastar la naturaleza del
niño para transformarlo en hombre lleno de represiones y prejuicios. Aunque
en nuestras escuelas la educación continúe siendo función mecánica abando­
nada al capricho de profesionales incapaces cuando no carentes de la menor
dosis de fervor, ya comienzan a hacerse oír las primeras voces y a desarro­
llarse las primeras actividades en pro de un nuevo planteamiento de la
enseñanza.
La Sra. Angela G. de Agüero ha iniciado en la Escuela X9 70 de
Rosario la aplicacióu del Plan Dalton con un éxito que da pruebas cabales
el folleto que comentamos.
No es esta educadora ni una snob ni una improvisadora. Ella misma
nos explica las razones que la indujeron a experimentar el Plan Dalton.
1) La observación y el estudio de los niños de su barrio.
2) La visita a varias escuelas al aire libre y de enseñanza decreoliana
de la capital uruguaya.
3) La lectura de obras referentes a la implantación del Plan Dalton
en Norte América, Inglaterra, Rusia, etc.
“Estamos en época de renovación de valores — dice—. Lo que fué
bueno hace veinte o cincuenta años, ha dejado de serlo hoy, porque ha enve­
jecido y las generaciones nuevas necesitan también nuevos motivos que
armonicen con sus energías y latentes aspiraciones.’’
Cuando una maestra como la Sra. de Agüero observa y estudia, se
pone en contacto con la literatura pedagógica de países donde se experimenta
y busca sin tregua soluciones a las cuestiones que plantea la educación del
niño y su ubicación en el porvenir del mundo, debe forzosamente encontrar
estrecho el sistema imperante y debe sentir necesidad irresistible de cambios
fundamentales.
La Sra. de Agüero ha ido más allá. En la Escuela N9 70 de Rosario
ha logrado aplicar durante un año el Plan Dalton.
¿En qué principios se basa dicho Plan? Dice la Sra. de Agüero:
“Que los conocimientos adquiridos mejor asimilados son frutos de la
experiencia, todos lo sabemos porque hemos podido constatarlo; pero que los
niñitos pueden también adquirirlos en esa forma, no lo dice sino lo enseña
la vida y el Plan Dalton que es su más fiel reflejo. Naturalmente que para
llegar a esa finalidad se imponen cambios radicales en la organización escolar
vigente y uno de ellos sería la transformación de la escuela actual en una
comunidad cuyo fundamento fuera la libertad. Pero no la libertad sin fr- -o,
sin disciplina y sin orden., sino la libertad inteligente que conduce a una •• ás
exacta apreciación de los propios valores, de la propia responsabilidad. Y.
también la libertad que nos permite elegir ej| tema de nuestro agrado o nues­
tra conveniencia, emplear el tiempo qtte necesitemos, el ritmo que nos con­
venga marchando a nuestro compás y no al ajeno. La libertad, en fin, que
nos permite descansar cuando nos sentimos fatigados, conversar, cambiar
ideas, ayudarnos, porque esa libertad es al mismo tiempo cooperación, coope­
ración de trabajo, de intercambio de conocimientos.”

DALI
VIST©

PC©

MCCAND
E L IA X

“ P a u l M o ra n d es un b r illa n te e s c rito r. N o
ta n sólo tie n e un o jo ag u d o , sino posee t a m ­
b ién u n c o ra z ó n tie rn o y se n sib le. H a c o ­
r r id o m u n d o , y m u ch o Ha c o m p re n d id o . T i e ­
ne p le n a c o n c ie n c ia del s ig n ific a d o de la
In d o c h in a p a ra F r a n c ia . N o o b s ta n te , es un
h o m b re s e n c illo y c o rd ia l. M . M o ra n d se
q u e ja :
“ los d ia rio s s o v ié tic o s m e
lla m a n
“ sn o b ” con f r a c ; esa g e n te es tá a tra s a d a :
los “ sn ob s” lle v a n b lusas. A b o rre s c o to d a
e t i q u e t a . . . V is to n e g lig e n te m e n te , y m e lle ­
vo b ien con los in t e le c t u a le s .. .
C o m o h o m b re se n sib le, M . M o ra n d se
p re o c u p a de los d e stin o s del cin e. M r . K e n n
d e c id ió f u n d a r un C o m ité L ite r a r io p a ra el
d e s a rro llo de la n o b le y a lt a a c tiv id a d de
la P a r a m o u n t. E l p r im e r in v ita d o , fu é M .
M o r a n d : es un e s c rito r ta n
b r illa n te ¡. . .
J o in v ille c o m e n z a rá a h o ra a p r e p a r a r e x ­
c e le n te s p e l í c u l a s ! . . . P a u l M o ra n d es un
d e c id id o a d m ir a d o r del cin e, h a s ta del c i ­
ne s o v ié tic o . E s te es, p o r c ie rto alg o c a n ­
s a d o r, p e ro no en v a n o M . M o ra n d ha r e ­
c o rr id o to d o el m u n d o : es un es to ic o ! L a
p e líc u la ru s a “ L a T o r m e n ta en el A s ia ” , le
ha
in flig id o un a g ra v io in m e re c id o . ¿ C ó ­
m o ? . . . ¿ L o s a m a r illo s a r r o ja n a los b la n ­
co s? . . . ¿ Y la j u s t i c i a ? . . .
“ Los e s p lé n d id o s c o n q u is ta d o re s de la e s ­
t ir p e de A le ja n d r o , los e m b a ja d o re s v e n e ­
cia n o s , los p ro c ó n su le s v irtu o s o s com o P e d in g y S a r ro , los je s u íta s a s tró n o m o s , los
m é'dicos
a m e ric a n o s en los h o s p ita le s
de ^
C h a n g h a i, los m is io n e ro s fra n c e s e s qu e han
a b o lid o las to r tu r a s , los in g e n ie ro s qu e han
in tro d u c id o las a g u a s c o rrie n te s , Ja e le c t r i­

E C E N B L C G

c id a d y el te lé g r a fo sin hilos, — to do esto
fu é echado en saco ro to . E llo s (lo s a m a r illo s )
sólo re c u e rd a n a alg u n o s m e rc a d e re s p r iv a ­
dos de n a c io n a lid a d .
P a u l M o ra n d llo ra la tra s c o rd a d a m e m o ria
a je n a . E l goza de u n a e x c e le n te m e m o ria :
él re c u e rd a to do lo qu e los blancos les lle ­
v a ro n a los a m a r illo s . Y si M . M o ra n d no
se r e fie re de paso a la g u illo tin a , a las b o m ­
bas que tie n e n un e x c e le n te b lanco en los'
niños de las ald eas in d o c h in a s , a los c o n ­
tr a to s de tr a b a jo que s ig n ific a n la e s c la v i­
za c ió n de los coolies, a los azo tes , a las
a m e tr a lla d o ra s , a la s ífilis , a los gases a s ­
fix ia n te s , al m on o p o lio del opio, a las e s ­
ta d ís tic a s de las p risio n e s, a los b e n e m é r i­
to s c u ra s con sus g ra n ito s de sal, — si P a u l
M o ra n d , decim os, no h a b la de to d as estas
m in u c ia s , es ta n sólo p o r m o tiv o s de d e li­
c a d eza e s p ir itu a l.
M a la s len g u as d irá n qu e M . M o ra n d , a
f u e r de se r un p re s tig io s o e s c rito r, es al
m ism o tie m p o un em p le a d o del M in is te rio
de R ela cio n es E x te rio re s . M . M o ra n d no se
in d ig n a r á : “ ...C u a n d o yo te n ía v e in te años,
m is am ig o s m e lla m a b a n eg o ís ta. Y o no les
r e p lic a b a , te n ie n d o el consuelo de qu e dos
o tre s personas c u y a o p in ió n m e e ra v a lio ­
sa, no c o m p a r tía n dicho p a re c e r” .
Dos o tre s personas c o m p re n d e n , p o r s u ­
puesto, el m o tiv o del a g ra v io de la p e líc u la
s o v ié tic a : los a m a r illo s a r r o ja n a los b la n ­
cos, y M . M o ra n d se co n d u ele del d e stin o
de los a m a r i l l o s . . .
T r a d u jo

B. A B R A M S O N .

“ ...u n a de las más reales ventajas del Plan Dalton consiste en que
hace de la escuela una comunidad en la cual cada uno de sus miembros, los
niños, realizan en pequeño, lo que el hombre en la sociedad de los hombres. ’
Para consagrar la obra emprendida por la inquieta educadora rosariña, no ha' faltado la acción canallesca inspirada por la envidia, la igno­
rancia o la* calumnia.
La Sra. de Agüero ha debido luchar en el silencio sin encontrar voces
de estímulo y ha sido combatida por cuanto presuntuoso pretende hacer de
la enseñanza un oficio de dómines, al servicio de ideas rancias y de costum­
bres más rancias todavía.

CRONICA DE ARTE. — Director: Emilio Pettoruti. — La Plata.

Tendríamos que reproducir íntegramente el programa de acción que
se propone desarrollar desde el Museo Provincial de Bellas Artes de la Pro­
vincia de Buenos Aires, el pintor «Emilio Pettoruti, para dar una idea exacta
de lo que puede significar la labor de un hombre colocado a la altura de la
época.
“Es necesario recrear nuestros museos — dice — modificando su estruc­
tura y codificándolos de acuerdo con un concepto moderno, valedero y efi­
ciente. Debemos conseguir, antes que cualquier cosa, que el museo “vaya”
hacia el público. He aquí su primera función dinámica. Y su primera función
docente y cultural. En esto está, principalmente, el secreto de su éxito. De
ello se derivarán luego una serie de posibilidades que nosotros ya hemos
previsto y que el público de nuestra ciudad podra constatar oportunamente.’
“Pero la gran función docente — agrega más adelante — que debe
cumplir un museo americano de arte, es la de educar al pueblo. El arte debe
llenar una misión social. No desdeñemos este pensamiento de uno de nues­
tros escritores más capaces. Querríamos nombrar a Jorge Luis Borges: “Nues­
tra realidad vital es grandiosa y nuestra realidad pensada (y sentida, aña­
dimos nosotros) es mendiga.”
Es vastísimo el programa que se propone desarrollar Pettoruti;
abarca desde el ciclo de conferencias hasta la formación de un fichero de
irradiación mundial que comprenda a todos los obreros de arte del mundo
y a las instituciones culturales, revistas y periódicos afines.
Lo más “trascendentalmente importante” de su iniciativa consiste en
el “Vagón de arte”, destinado a circular por el país difundiendo los tesoros
artísticos fervorosamente reunidos en el Museo de La Plata. “En su interior
se expondrá pintura, escultura, dibujo, grabado. El disco fonográfico tendrá
un papel importantísimo aquí: conferencias especialmente preparadas, infor­
marán sobre tópicos de arte relacionados con las obras/que el vagón exhiba.
A ello hay que agregar un detalle de una eficiencia incalculable para la cul­
tura musical del pueblo. Una discoteca, especialmente organizada, suminis­
trar:’ el material necesario para ofrece: varias audiciones musicales estrictamer te adecuadas a un fin educativo.”
Pie aquí el sueño de Pettoruti, cuya pi imera hermosa realidad ha sido
el periódico bimestral “Crónica de Arte”.
En la chatura de nuestro ambiente, tan pródigo en petulantes fraca­
sados, en críticos impotentes, en montones de ironistas ahorcados por la
envidia, es estimulante el dinamismo que despierta^ la acción de hombres que
como Pettoruti sólo abren sus oídos a la voz interior y siguen imperturba­
bles una línea presentida.

COMPAÑERO:
En cualquier café de nuestras ciudades se encuentra una
docena de críticos esterilizados y sólo a veces algún hombre fervo­
roso capaz de contemplar sin envidia, con el pensamiento sano, la
obra de los otros que también puede ser la propia.
Sea Ud. ese hombre fervoroso. Acérquese a BRUJULA y a
los que en BRUJULA buscan infatigablemente su camino.

SAM LOMENLO 9 2 3

~ TELEFONO 0 8 0 8 - E O SA M O

�BÜBJULA

12

=

te

EL L I E C O C E L A Ñ C
En un país donde el talento del es­
critor depende del número e influencia
de sus amigos, no es extraño que un
Concúrsete Municipal de Literatura
haya dado motivo a polémicas agrias...
que nada tienen que ver coi) la lite­
ratura.
Para los que contemplamos las cosas
desde fuera, poco importa que un libro
mediocre merezca el premio otorgado
a otro libro igualmente mediocre. Nos
interesa, en cambio, comprobar la coin­
cidencia que, de existir una verdadera
jerarquía espiritual, debería haber en­
tre premios y escritores beneficiados
por ellos. Raramente tal fenómeno se
produce, porque los grandes libros apa­
recen generalmente para romper una
barrera de prejuicios, para abrir sen­
deros que permanecen a oscuras de
críticos y gramáticos.
Este es el caso de nuestros concur­
sos. Y tienen el grave inconveniente
de estimular mediocridades, de crear
ah’ededor de individuos sin mayores
condiciones una atmósfera de falso
prestigio literario. Claro está que el
tiempo, más sabio que todos los sabios
de Salamanca, va destrozando las in­
justicias y colocando en su verdadero
lugar a los valores, pero eso no impide
deplorar la vana lucha del escritor
contra su propia época y la pava per­
sistencia en otorgar premios a escri­
tores cuya popularidad dura semanas
cuando no días.
Por encima de conclusos, academias
y hasta el • pretendidos detentóles del
juicio artístico, aparecen los grandes
libros. La lucha entre categorías artís­
ticas es necesaria. La negación de va­
lores es también necesaria. Una afir­
mación que no venza resistencias dura
poco. Así está hecha la vida: los crí­
ticos son juguetes del genio que com­
baten.
1931 ha sido un año prodigio para
la'literatura argentina, porque ha apa­
recido en él un gran libro. Lo firma
Roberto Arlt y se llama “Los lanza­
llamas”.
¿Quién de nosotros no ha oído en
la niñez, en la niñez de casa porteña,
hablar de Fulano que está loco porque
quiere inventar un aparato maravillo­
so y de Zutano disgustado con su
familia por haberse perdido en el anar­
quismo y dedicarse, en compañía de
terribles personajes, a planear com­
plots y fabricar bombas?
Podría dar los nombres y señales de
esas personas, podría recrear la admi­
ración mezclada de terror con que los
contemplaba en sus apariciones fugi­
tivas. Mas Roberto Arlt, redentor de
los locos porteños, se adelanta a esos
deseos.
En un libro cargado de vida desfi­
lan seres cuya existencia es innegable
y cuya máxima virtud es desear hasta
la locura. “Erdosain”, “Ergueta”, “El
Astrólogo”, “El rufián melancólico”,
“Barzut”, “Hipólita” no nos son des­
conocidos. Están hechos de sensacio­
nes de todos los días, viven el mismo
soplo de muchas personas que se nos
han cruzado en el camino.
La novela de Arlt no tiene ninguna
relación de estilo, de situación o de
ambiente con las de Dotoievsky. “Los
endemoniados”, que podría ser la más
parecida, se diferencia fundamental­
mente; sólo existe una pequeña coin­
cidencia en el argumento, coincidencia

anulada por la complejidad de situa­
ciones presentadas por el autor.
Hay sí un punto de contacto entre
ellos. Es su filosofía. Ambos encaran
a sus personajes como seres dotados
de fuerzas en potencia que pueden en­
contrar su salida por el sendero del
bien o del mal, según se presenten las
circunstancias.
El hijo de Stepan Trofinovitch, val­
ga el caso, al que la sociedad de su
época empujó a ser instigador de ase­
sinatos, hurdidor de salvajes -intrigas,
se me aparece como el prototipo de
Lenín; algo así como un primer en­
sayo de la vida para producir al con­
ductor de la revolución de Octubre.
Los profetas representaron idéntico
papel con relación a Jesús.
Tiene cierto parecido ese personaje
de Dotoievski con el Astrólogo. Es el
menos natural de los que nos presenta
Arlt, aunque no por eso deja de ser el
más admirado.
Y un mérito que agregaremos a los
otros del libro comentado — en esto
sí coincide con Dotoievsky— : está mal
escrito porque está escrito con fiebre,
sin detenerse a comprobar la pureza
de' una frase, sin volver acuciado por
el remordimiento a cambiar un giro,
a perfeccionar y pasteurizar un pen­
samiento hasta transformarlo en esa
conserva que nos sirven la mayoría de
los escritores modernos.
En América, desde los tiempos ya
lejanos de los hombres soberbios, no
se escribía un libro con tanta entrega
del escritor a su obra, con tan'o desin­
terés, con tanto ardimiento.
IN T C D H E DE LC/ DEl.EGAD C J ce la C G N T E D E D A C I G N
G d a e . D E L T R A D A J C DE L A
D E D . A R G E N T I N A EN L A X V
C C N E E R E N C IA IN TE R N A C IG N A L DEL TRABAJE 1 9 3 1
D e s p u é s d e h a b e r leído la s d ie z y o cn o
p á g in a s d e l fo lle to , d o n d e los d e le g a d o s de
la C . G T . e x p o n e n e l d e s a rr o llo y los r e ­
s u lta d o s d e l a X V C o n f e r e n c ia I n t e r n a c io ­
n a l d e l T r a b a jo , r e a l i z a d a e n G in e b r a d u ­
r a n t e los d ía s 28 d e M a y o a l 18 d e J u n io
p ró x im o p a s a d o , e l le c to r no c o rro m p id o
p o r la c h a r l a e n f e r m i z a de la s o c ia l- d e m o c r a c ia y de s u s in d ic a lis m o a f ín , s e p r e ­
g u n t a q u é h a id o a h a c e r e s a g e n te a s e ­
m e ja n te c o n f e r e n c ia .
¡ H a s t a q u é g r a d o p u e d e lle g a r la e s t u ­
p id e z h u m a n a ! V e in tiú n d ía s d is c u te n d e ­
le g a d o s o b r e ro s , p a t r o n a l e s y g u b e r n a m e n ­
ta l e s d e l m u n d o e n te r o y a l f in lle g a n a la s
s ig u ie n te s c o n c lu s io n e s :
“E ll a Ha abordado, c o m d q u e d a d ic h o , el
p r o b le m a de la lim ita c ió n de la s h o r a s de
t r a b a j o e n la s m in a s d e c a r b ó n q u e f u e r a
p la n te a d o d o s a ñ o s a n t e s . A p ro b ó u n p r o ­
y e c to d e c o n v e n io que no satisface, desde
luego, las aspiraciones obreras, p e ro s e ñ a ­
l a u n p r o g re s o s e n s ib le e n l a a c c ió n i n ­
te r n a c i o n a l p a r a e n c a r a r lo s p r o b le m a s r e ­
la c io n a d o s co n e l t r a b a j o . A s im is m o d e c id ió ,
p r e v ia u n a p r im e r a d is c u s ió n la inclusión
en el orden del día de la pr ó x im a C o n f e ­
renc ia d e l p u n to r e la tiv o a la e d a d d e a d ­

m is ió n d e lo s n iñ o s a l t r a b a j o i n d u s t r i a l .
P o r ú ltim o , a l n o a l c a n z a r los d o s te r c io s
r e c la m a d o s p o r e l r e g la m e n to p a r a a p r o ­
b a r la re v is ió n d e l c o n v e n io d e W á s h in g to n s o b re e l t r a b a j o n o c tu r n o de la s m u j e ­
r e s , queda en pie el cr it e ri o sustentado p o r
la delegación ob rera d e d e j a r i n t a c t a a q u é ­
lla e n t a n t o s u m o d ific a c ió n n o s e r e a lic e
s o b r e la b a s e d e u n m e jo r a m ie n to d e la
C o n v e n c ió n y a e n v ig o r. P o r ú ltim o , e l d e ­
b a t e s o b r e el p a r o y la c r i s i s e c o n ó m ic a
q u e a f e c t a a l m u n d o , s u s c ita d o con m o ti­
v e s d e la M e m o ria d e i D ir e c to r, p u s o de
r e lie v e lo s d is tin to s p u n to s d e v i s t a s o b r e
t a n g r a v e p r o b le m a y s o b r e to d o , la u n i ­
f o r m id a d d e l p e n s a m ie n to o b r e ro p a r a e n ­
c a r a r l a s o lu c ió n . Es cierto que la C o n fe ­
renc ia no estaba en condiciones de d e t e r ­
m in a r el extenso debate suscitado a su a l-

p e r o no e s m e n o s v e r d a d q u e l a m o c ió n d e l
d e le g a d o ja p o n é s , a c o n s e ja n d o a l C o n s e jo
d e A d m in is tr a c ió n la s lín e a s a s e g u ir, a b r e n
e l c a m in o p a r a e n fo c a r, e n e l t e r r e n o i n t e r ­
n a c io n a l, la s m e d id a s q u e e x ig e n los a c ­
tu a le s ' m o m e n to s e x t r e m a d a m e n te g r a y e s
p a r a el m u n d o c a p ita lis ta ”.
E n c o n c lu s ió n , . lo s p e r s o n a je s q u e s e d i ­
cen d e le g a d o s o b r e ro s s e r e u n ie r o n a m i s t o ­
s a m e n te c o n los d e le g a d o s d e lo s g o b ie r n o s
y d e lo s p a tr o n e s , d is c u tie n d o d u r a n t e v e i n ­
t iú n d ía s , p e rd ie n d o h ó í a s en n o m b r a r a u t o ­
rid a d e s , a p r o b a r m a n d a to s , s a l u d a r s e y p o ­
n e r s e d e a c u e rd o . L o s r e s u l t a d o s m u e v e n
a r is a . H a s t a u n a c r i a t u r a los e n c o n t r a r ía
a b s o l u ta m e n te in o fe n s iv o s .
S e to m a r o n r e s o lu c io n e s q u e “n o s a t i s f a ­
c e n la s a s p ir a c io n e s o b r e r a s ” ; s e ip c lu y ó
e n la o rd e n d e l d ía p a r a la p r ó x im a C o n f e ­
r e n c ia — p r e v i a d is c u s ió n — a lg u n o s p u n to s
q u e m e jo r e r a n o m e n e a r ; se d e jó q u e
“ q u e d a r a en p ie e l c r ite r io s u s t e n t a d o p o r
l a d e le g a c ió n o b r e r a ” y no s e h izo n a d a p a ­
r a s a tis f a c e r lo ; se c o n f ie s a p a la d in a m e n te
q u e “ la C o n f e r e n c ia n o e s t a b a e n c o n d ic io ­
n e s d e d e t e r m i n a r e l e x te n s o d e b a te s u s ­
c ita d o a lr e d e d o r d e l p a r o y1 la c r is is e c o n ó ­
m ic a a d o p ta n d o p r o p o s ic io n e s c o n c r e t a s ” .
S e r í a d e l c a s o p r e g u n t a r n o s s i la t a l C o n ­
f e r e n c ia no h a te n id o o tr o o b je to q u e a y u ­
d a r a a lg u n o s d e lo s d e le g a d o s e n s u s a m ­
b ic io n e s p o lític a s . E l e s p í r i t u m e z q u in o d e
la S e g u n d a I n t e r n a c io n a l h a d o m in a d o e n
e lla . Y a s í s u c e d e r á m i e n t r a s l a c a n d id e z
s ig a s ie n d o c a r a c t e r í s t i c a s o b r e s a lie n te d e
u n a g r a n m a s a d e t r a b a j a d o r e s e n lo s p a í ­
se s c a p ita lis ta s .
R. J. P.

“ D EC ADEN CIA DELLA
M €CTEM
“ M CNTE IC N C SC ”
D E P A C I A M ASI.NÍ©
Oorí e s to s d o s lib ro s , e d i t a d o s c o n te m p o ­
r á n e a m e n te . — p o r lo c a s a
A Í.L U K T O
S T O L l de R o m a el p r im e r o y p o r la c a s a
V A L E N T IN O B O M P IA N I d e M ilá n e l s e ­
g u n d o — h a d e b u ta d o , e s t e a ñ o , e n la l i t e ­
r a t u r a i t a lia n a , u n a e s c r i t o r a a u t é n t i c a m e n ­
t e jo v e n q u e h a s a b id o c o lo c a rs e , d e g o lp e ,
e n u n lu g a r a v a n z a d o d e l n ju n d o l i t e r a r i o
d e la P e n ís u la .
P a o l a M a sin o , d e s c o n o c id a h a s t a a h o r a ,
se p r e s e n t a co m o u n a e s c r i t o r a d e p u lso c u ­
y o p o r v e n ir e s t o d a u n a p r o m e s a f lo r id a y
s e g u r a . S u t r iu n f o h a sid o c a te g ó r ic o y e s
d e b id o a lo s v a lo r e s p o s itiv o s , e v id e n te e ,
c e r t e r o s q ú e se a d m i r a n e n l a s d o s o b r a s
de e s ta s e ñ o rita o sad a.
P a o la M a sin o h a ir ru m p id o e n el m u n d o d e
la s l e t r a s c o n e n t u s ia s m o d e s o b r a , c a s i d i ­
r í a c o n a r r o g a n c ia , c o n p r e s u n c ió n ; h a p e ­
n e tr a d o c a s i co n v io le n c ia , d e c id id a a n o
q u e d a r e n la m e d io c rid a d , s in o a lle g a r d e
g o lp e h a s t a l a s p o s ic io n e s m á s a v a n z a d a s .
S e n o ta , e n s u s lib ro s , u n e s f u e r z o de
s u p e r a c ió n a n t e s d e l c o m ie n z o , u n e n t u ­
s ia s m o in d o m a b le y f e b ril, u n a f u e r z a r e b o ­
s a n t e de c r e a c ió n q u e e x p l o t a co m o u n v o l­
cán.
L a M a s in o e s u n e s p í r i t u r e b e ld e , im p e ­
tu o s o q u e d e s b o r d a c o m o u n río e n c r e c i ­
d a y s e n o s p r e s e n t a co m o u n a m a t e r i a
in c a n d e s c e n te , u n ím p e tu c a s i b r u t a l á v id o
d e d e s tru c c ió n , d e e x te r m in io . E s a ir r u p c ió n
y e s e ím p e tu q u e a v e c e s d e s c o n c ie r ta n , y o
lo s c o m p a r o c o n l a la v a .
C re o q u e lib ro s co m o e s to s d e l a M a sin o
n o tie n e n a n te c e d e n te s e n l a l i t e r a t u r a f e ­
m e n in a -de I ta lia .
E n “D e c a d e n z a d e lla m o r te ” — q u e lle v a
l a f e c h a d e 1928-1929, a u n q u e h a y a sid o e d i­
ta d o e s t e a ñ o — e s e d e s e n fr e n o e s m á s v i ­
s ib le , m á s v io le n to . H a y v e c e s e ñ q u e e l le c ­
to r q u e d a c o m o a tu r d id o , t r a s t o r n a d o ; u n a
f u e r z a q u e p a r e c e r í a a b s u r d a e n u n a m u je r ,
lo e m b iste , lo p e r tu r b a , con u n a v e h e m e n c ia
y u n a v o l u n t a d 1 a s o m b ro s a s .
A d e m á s d e l a r o b u s te z , P a o l a M a s in o p o ­
se e o tr o g r a n d ís im o m é r ito o v a lo r, c o m o se
q u i e r a l la m a r : l a o r ig in a lid a d .
E l le c to r n o e n c u e n t r a e n s u s lib r o s lo s
“p a s te le s " d e c o s tu m b r e , c u y o s a u t o r e s p a ­
re c e n o b e d e c e r c ie g a m e n te a c á n o n e s o p r e ­
ju ic io s r e g la m e n ta r io s , a c a d é m ic o s , d e c u ­
y o s lim ite s s e a p e lig r o s o y s a c r ile g o a l e ­
ja r s e . L a M a s in o s e h a p u e s to e n é r g i c a ­
m e n te y d e c id id a m e n te c o n t r a t o d a e s t a e n ­
f e r m iz a p o s t u r a y d e b ilid a d d e p a s a tis m o
s u p e r a d o y lia d a d o a s u o b r a u n a m a r c a ,
u n a im p r o n t a d e o r ig in a lid a d c a r a c t e r í s t i c a
y p e r s o n a l q u e la d is tin g u e .

AR-FUNDACIOM

-

a c tu a l, n o v ís im a , d e u n g u s to m o d e r n o c o ­
m o m u y r a r a m e n t e h e m o s te n id o .
U n a g r a c i a y u n a c a r a c t e r í s t i c a p r o p ia
t i e n e n ( e s p e c ia lm e n te e n “ D e c a d e n z a della.
M o r te ” ) l a s s im i l i t u d e s q u e s o n d e u n a p r o ­
p ie d a d y d e u n a m o d e r n id a d y o r ig in a lid a d
p r e c io s a .
T o d o e s to e s f r u t o d e u n a c o n c e p c ió n y
d e u n a m e n ta lid a d y d e u n e s p í r i t u m o d e r ­
n ísim o s , a v a n z a d o s y s in c e r o s : e s d e c ir, u n
a r t e c u y a e x p r e s ió n , m e jo r , c u y a m a n e r a
de e x p re s a rs e n o d eb e s e r a n ti-m o d e rn a , s i ­
n o q u e d e b e c o n s t it u i r u n a “c o p ia ” fie l d e
la v id a a c t u a l , c o n te m p o r á n e a , c ó n s o n e co n
n u e s tra m a n e ra de p e n s a r, q u e e s m o d ern a,
m o v id a , d in á m ic a , n u e v a .
Y e s to e s — y o c re o — m é r i to d e l F u t u ­
r is m o . Y s e r í a b ie n q u e m u c h a d e e s a g e n ­
te g o to s a , q u e v e e n e l F u t u r i s m o a lg o c o ­
m o u n c a o s r id íc u lo y a b s u r d o , s e d i e r a
c u e n ta , u n a v e z p o r t o d a s , q u e e l F u t u r i s ­
m o, e l c u a l h a sid o r e v o lu c io n a r io y r e b e ld e
h a s t a la p a r a d o j a ( s e g ú n e llo s ) , h a c o n t r i ­
b u id o y c o n tr ib u y e a d a r a n u e s t r o sig lo
u n a l i t e r a t u r a y u n a r t e p ro p io , d e c e n te ,
q u e n o s e a u n e t e r n o p la g io y u n e t e r n o
d e c liv e h a c i a l a v e je z , h a c i a l a im p o te n c ia ,
h a c i a la d e c a d e n c ia y e l s u ic id io .
“M o n te I g n o s o ” — n o v e la d e c o n c e p c ió n
y d e e s tilo o sa d o , a tr e v id o , a v a n z a d ís im o —
e s u n d e s a f ío a lo s im p o te n te s q u e h a n
m u e r to o v a n m u r ie n d o e n e l r id íc u lo .
“M o n te I g n o s o ” — n o v e la d e l m á s r e c i e n ­
t e y d e l m á s s a n o m o d e r n is m o — e s u n a
m o le d e s ó lid a y e l e g a n t e y “á g i l ” c o n s t r u c ­
c ió n .
•
P r e s e n ta d o a l “P r e m i o . V ia r e g g io ” , “ M o n ­
te Ig n o s o ” h a o b te n id o la m e d a l l a d e o ro
d el I n s t i t u t o F a s c i s t a d e C u l t u r a d e M ilá n .
P a r a “ D e c a d e n z a d e lla M o r te ” M a s s im o
B o n te m p e lli h a e s c r i t o u n a p r e s e n t a c ió n h a ­
la g ü e ñ a q u e h o n r a a la a u t o r a .
P a o la M a sin o e s u n a jo v e n q u e s a b r á
s u p e r a r s e y y o e s t o y c o n v e n c id o d e q u e lo s
v a lo r e s p o s itiv o s q u e e l l a p o s e e le p e r m i t i ­
r á n ir le jo s, m u y le jo s, e n , e l c a m i n o 'á s p e r o
del A rte .
.

F ran cisc o D I G IG L IO

BRUJULA es el primer gran
esfuerzo de una generación que
siente el descontento de la hora
—con la urgencia de sus proble­
mas políticos, económicos y se­
xuales— y que no se limita a la
esterilidad de una crítica ya so­
brepasada. Tampoco admite la
infiltración de esa literatura de­
licuescente que todo lo deshace,
que todo lo corrompe, en nombre
de un cúmulo de palabras frías
como cadáveres.
BRUJULA se dirige al traba­
jador, porque en otro terreno ni
el arte ni la filosofía ni la polí­
tica tienen finalidad. Por eso
espera de cada uno de sus lecto­
res la ayuda que con seguridad
ha de negarle el gran periodismo,
víctima propiciatoria de los inte­
reses de la burguesía, los círcu­
los literarios, juguetes de estetas
sin alma, y los partidos políticos,
hambrientos de popularidad.
Es deber de los que están con
BRUJULA suscribirse y hacer
suscriptores. El que pudiéndolo
hacer no lo hace es un derrotista,
un enemigo cobarde — porque no
critica en voz alta — de nuestra
obra.

^llllllliiiiilililllllliiiiilliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiniii^
E Las últiñias novedades científicas
¡¡ y literarias se encuentran en la
|
F E RI A DEL LIBRO
= Córdoba 1281
::
Rosario

§
i
§
I

illllillliiilliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiniiiiiiii

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Brújula : revista independiente de Arte e Ideas</text>
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                  <text>Ejemplar 6 del número 2 de la revista Brújula, publicado en 1932.</text>
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                <text>Brújula : revista independiente de Arte e Ideas</text>
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                <text>Rosario de Santa Fe, 1 enero 1932</text>
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                <text>Puiggrós, Rodolfo&#13;
Rabotnikof, Abraham&#13;
Dieulefait, Carlos&#13;
Piscator, Erwin&#13;
Berni, Antonio&#13;
Tiempo, César&#13;
Plath, Oreste&#13;
Erenburg, Elías&#13;
Di Giglio, Francisco</text>
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                    <text>&#13;
BOLETIN DE LA ASOCIACION DE &#13;
ARTE CONCRETO INVENCION&#13;
BUENOS AIRES, &#13;
DICIEMBRE 1946&#13;
PUBLICACION N° 2&#13;
&#13;
TORRES GARCIA CONTRA EL&#13;
ARTE MODERNO&#13;
&#13;
 En estos últimos tiempos, los artistas no-figurativos&#13;
de la Argentina hemos visto ampliado el número de&#13;
nuestros enemigos. Al coro reaccionario se han suma­-&#13;
do nuevas voces. Esta vez provienen del Uruguay y, en&#13;
verdad, que no se destacan, ni por su estilo, ni por su&#13;
contenido, de la de los grandes jerarcas de la reacción&#13;
local.&#13;
 En el “Removedor”, órgano de la Asociación de Ar­-&#13;
te Constructivo, en tres artículos allí aparecidos, “Nues­-&#13;
tro problema de Arte en América” de J. Torres García,&#13;
“Originalidad e Invención” de Sarandy Cabrera y "To-­&#13;
rres García y el arte moderno” de Guido Castillo, se&#13;
intenta un ataque al arte moderno en general y, de&#13;
modo muy especial, a sus tendencias no-figurativas.&#13;
Cabe aclarar, sin embargo, que este ataque ha sido siem­-&#13;
pre una necesidad, porque es bueno que de una vez&#13;
por todas quede en claro “who is who” en el arte&#13;
sudamericano. Es bueno que sea puesto en evidencia&#13;
el verdadero carácter de este pseudo constructivismo&#13;
uruguayo y de ese gran “bluff” que es su fundador&#13;
y propiciador, J. Torres García. Es bueno que este “que-­&#13;
rido Maestro’’ y sus ignorantes discípulos — torpes me-­&#13;
gáfonos de sus silogismos trasnochados— decidan, por&#13;
propia determinación, cortar amarras con el arte abs­-&#13;
tracto, en cuyo compañía, no se sabe por qué inexplica­-&#13;
ble coquetería, gustaron siempre fotografiarse. Pare­-&#13;
cería que no sólo aquí sino también en la otra orilla&#13;
nuestra aparición ha motivado que muchos demago­-&#13;
gos de la modernidad revelen su verdadera naturaleza,&#13;
saltando el cerco del modo más impúdico e inelegante.&#13;
 En el citado artículo, Torres García sostiene que el&#13;
arte no-figurativo — que él llama neo-plasticismo, pre­-&#13;
tendiendo así reducir todos los movimientos de ese ca-­&#13;
rácter a uno de ellos— no se aviene a América, por­-&#13;
que corresponde a pueblos más bien fríos. De este mo-­&#13;
do, con la ayuda del remanido barometrismo de H.&#13;
Taine —arte “ice cream” para uso holandés, arte “allo&#13;
spiedo” para uso meridional— el “Maestro” trata de in­-&#13;
validar e¡ arte no-figurativo en América. Pero si desgra­-&#13;
ciadamente las meditaciones en torno al problema de la&#13;
cultura americana han sido hasta hoy, por la porfiada&#13;
insistencia en un mismo error, casi siempre superficia-­&#13;
les, éstas de Torres García, fraguada a luz de los ma­-&#13;
gros esquemas historiográficos de H. Taine, no lo son&#13;
menos. Con la argumentación pueril de la temperatura&#13;
(?) y del crisol de razas, Torres García busca cohones­-&#13;
tar su eclecticismo complaciente. Y todo esto, claro está,&#13;
en nombre de lo universal, palabra que en él apesta a&#13;
escolasticismo medioeval. Pero donde Torres García se&#13;
pone mejor en evidencia, es cuando nos explica por qué&#13;
él considera manifestaciones de frialdad a las obras no-&#13;
figurativas. “La frialdad —nos dice— viene de la falta&#13;
de sentimiento y emoción. . . no es posible hacer arte de&#13;
un modo racionalista” . Lo que en realidad sucede es que&#13;
Torres García, enmohecido en la estrechez de su espí-­&#13;
ritu colonial, en el polvoriento arcaísmo de las “curiosi­-&#13;
dades americanas” y de los “pastiches” indigenistas, es&#13;
incapaz de apreciar el profundo y emotivo sentido que&#13;
palpita en una superficie blanca, lavable, pintada al du-&#13;
co. Para él todo lo que es estéticamente funcional, lo que&#13;
no necesita del socorro de la sucia cocina de Boudín, de&#13;
los glacis, de los frottages, le huele a heladera, a frigo­-&#13;
rífico. Y de ahí su acción artera contra la memoria de&#13;
Piet Mondrian “la teoría de Mondrian, escribe, ha sido&#13;
estéril; es el fin del arte y la pintura” . Parecería que&#13;
el punto de cita de todos los cuervos del retorno y la&#13;
traición es la memoria de Mondrian. Así, Jean Helion,&#13;
tránsfuga número uno del arte no-figurativo, pretende&#13;
erguirse ahora como el anti-Mondrian para justificar de&#13;
este modo su regreso a la sórdida bahía de la figuración.&#13;
Ante este hecho tan sintomático, declaramos nuestra&#13;
admiración ilimitada por el gran pintor holandés, a&#13;
quien juzgamos el más grande artista de nuestro tiempo.&#13;
Para nosotros, su consecuente e insobornable espíritu&#13;
sistematizador, su vida maravillosa y sin claudicaciones,&#13;
su ausencia absoluta de vanidad, hacen de él el más ele­-&#13;
vado ejemplo de dignidad artística.&#13;
 Después de este intento de relativizar el arte no-figu-&#13;
rativo y de subestimar la obra de Mondrian, Torres&#13;
García pasa a fundamentar lo que él llama enfáticamen-­&#13;
te una nueva expresión artística americana; aunque cui-­&#13;
dándose muy bien de definirla con claridad. Mezclarles un&#13;
suicidio, dice; pero sus obras son la mezcla más absur­-&#13;
da e ilícita que es dable imaginar. Torres García cae&#13;
en la aberración más definitoria de todas las decaden-­&#13;
cias: el eclecticismo. “Hombre sin amor” — tal era la&#13;
definición baudelairiana del ecléctico— , Torres Gar­-&#13;
cía relata como vió en Europa aparecer y extinguirse&#13;
las escuelas y tendencias “sin embarcarse en ninguna de&#13;
ellas” . Y lo cuenta como una de sus más grandes picar­-&#13;
días intelectuales, pues los eclécticos encuentran siempre&#13;
seductor hacerse a la idea de que han engañado a la&#13;
historia, de que están por encima de la contienda, cuan­-&#13;
do, en realidad, están en ella y en la parte mala. Sin&#13;
haber ido a ningún lado, sin haberse hipotecado a na-­&#13;
da, los eclécticos pretenden mostrarnos socarronamen­-&#13;
te su mezquino boleto de vuelta. El arte moderno les&#13;
interesa sólo para ser aprovechado; nunca en sí mismo.&#13;
Pero hay algo que ellos olvidan, y que los pierde; es&#13;
el carácter irreductiblemente antagónico del arte mo­-&#13;
derno (no-representativo) con el tipo de arte que le pre­-&#13;
cedió. ¿Es que acaso es posible creer que el arte no-re-­&#13;
presentativo puede ser aprovechado por el arte represen-­&#13;
tativo? No. La gran aventura del arte no represen­-&#13;
tativo, su más indubitable contribución a la evolución&#13;
artística del hombre, es precisamente la no-representa-&#13;
ción y la batalla por su consecución. Sólo un conocimien­-&#13;
to insuficiente de sus distintas etapas puede llevar a&#13;
creer en ese pretendido aprovechamiento ecléctico. El&#13;
“contructivismo” uruguayo es el ejemplo típico de la&#13;
mezcla ecléctica. En las obras constructivas de Torres&#13;
García, encontramos cubismo (mal cubismo), impresio­-&#13;
nismo, cocina del siglo XIX (sobre todo esto) y simbo­-&#13;
lismo barato (soles, muñecos pictográficos, pescaditos).&#13;
Con todo, alguien podría objetar que Torres García ha&#13;
pintado en alguna época obras "más abstractas”, como&#13;
parecería probarlo su serie de “estructuras”. Pero&#13;
estas “estructuras” ¿son verdaderamente no-repre­-&#13;
sentativas, como se pretende, como pretende él&#13;
mismo? No. Las estructuras de Torres García, aun&#13;
las más “abstractas”, ponen en descubierto una&#13;
comprensión superficial del problema no-representa-­&#13;
tivo. El problema fundamental del arte no-repre­-&#13;
sentativo, ha consistido no solamente en no representar&#13;
objetos cotidianos, sino en la “destrucción del espacio&#13;
representado”, como decía Mondrian. Esto es, no bas­-&#13;
ta no representar objetos fácilmente reconocibles; lo&#13;
que es necesario abolir del cuadro es la ley por la cual&#13;
dos tintas o dos valores determinan la representación&#13;
de un espacio. Torres García se declara contra la pers­-&#13;
pectiva y la tercera dimensión; pero sus “estructuras”&#13;
no expresan, ni por aproximación, un anhelo verdadera­-&#13;
mente planista, en el sentido absoluto, CONCRETO, co­-&#13;
mo lo entienden los no-figurativos. En ellas, es cierto,&#13;
no hay soles, pescaditos, etc., pero hay espacio represen-­&#13;
tado. Y esto por dos cosas: primero, porque usa el cla-&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ARTE CONCRETO Pág. 2&#13;
&#13;
roscuro; segundo, porque cuando se vale de las tintas&#13;
planas no logra superar la modalidad planista de los&#13;
pintores figurativos; es decir, no busca resolver el pro­-&#13;
blema que determina una figura sobre un fondo.&#13;
 Todo esto en cuanto al “arte constructivo” ; pero ¿qué&#13;
decir de lo que Torres García llama “pintura local” ?&#13;
Porque donde mejor se ve la deslealtad de toda su posi­-&#13;
ción es en su teoría dual de las expresiones artísticas.&#13;
El "Maestro” admite, por un lado, la “pintura” (imita­-&#13;
tiva, local); por otro, el “ arte constructivo” (universal).&#13;
Le que en la práctica significa arte naturalista (pom-&#13;
pler y sentimental) para ganar premios y considera­-&#13;
ción burguesa y arte pseudo-moderno para ganar un lu-&#13;
garcito en el cielo.&#13;
 Tanto el “ arte constructivo” como la “ pintura” son&#13;
puestas por Torres García bajo la advocación de la sec-­&#13;
ción áurea. Partiendo del idealismo pitagórico, de la&#13;
mística del número, de una filosofía de hace 2500 años,&#13;
olvidando o ignorando las nuevas conquistas de la cien-­&#13;
cia moderna, Torres García propone así una composición&#13;
basada excesivamente sobre una aritmética y una geo­-&#13;
metría de Escuela Primaria.&#13;
 Pasemos ahora al artículo de Sarandy Cabrera. Al&#13;
presentar el arte no-representativo como movido sola­-&#13;
mente por el deseo de originalidad de quienes lo cul-­&#13;
tivan, Sarandy Cabrera muestra su hilacha [filistea], pues&#13;
coincide con,o que a cualquier hortera se le ocurre de-­&#13;
cir ante manifestaciones modernas de cualquier tenden­-&#13;
cia. Nos asegura asimismo que trabajar en el marco&#13;
irregular es más fácil que hacerlo en el regular; es&#13;
decir, según Sarandy Cabrera, es más fácil trabajar con&#13;
lo desconocido que con lo conocido. Agregando: el mar­-&#13;
co irregular es escapatoria romántica. Olvida Sarandy&#13;
Cabrera que el paso dado por el arte no-representativo&#13;
en el sentido de liberarse de la forma rectangular del&#13;
cuadro, lógica consecuencia del anhelo no-representati,&#13;
vo llevado hasta su último extremo, fué el es­-&#13;
fuerzo hacia una regularidad más profunda. Por&#13;
otra parte, no es posible admitir que románticos a&#13;
ultranza, como Sarandy Cabrera, como todos los “cons-&#13;
tructivistas” uruguayos, que rechazan en nombre de la&#13;
emoción la “frialdad” del arte no-representativo, puedan&#13;
acusar de romanticismo a nadie sin caer en flagrante&#13;
contradicción. “La Invención —nos dice luego— es in­-&#13;
dudablemente uno de los elementos del arte, pero no el&#13;
único. “ Esto ha sido cierto con respecto a todo el arte&#13;
del pasado que fué siempre invención más imitación; pe-­&#13;
ro no hay porque creer que tenga que seguir siendo de&#13;
este modo. La batalla del arte auténticamente moderno&#13;
es, a no dudarlo, la batalla por la invención.&#13;
&#13;
TOMAS MALDONADO&#13;
&#13;
Aclaración.&#13;
 En el N° 6 de la revista “Cabalgata” ha aparecido&#13;
una noticia, atribuible quizás a una fuente de infor­-&#13;
mación malintencionada, en la cual se dice que “Arte&#13;
Concreto Invención “ fué fundada en 1940 por Arden&#13;
Quin y Gyula Kosice. Nos hacemos un deber acla­-&#13;
rar que la Asociación Arte Concreto Invención fué&#13;
fundada en noviembre de 1945, sin el concurso de los&#13;
citados señores. Por otra parte, para esa época, 1940,&#13;
el señor Arden Quin no tenía contacto alguno con&#13;
el Arte Abstracto ni con la pintura (sus primeras&#13;
obras pictóricas son de 1945) y era poeta superea-&#13;
lista; en cuanto al señor Gyula Kosice no tenía con­-&#13;
tacto alguno con el arte en general (sus primeros&#13;
intentos poéticos son los publicados en la revista&#13;
“Arturo” ,1944, y sus pimeros objetos, 1945). Apro-­&#13;
vechamos esta oportunidad para dejar, también, de-­&#13;
bidamente aclarado que nuestro movimiento no guar-­&#13;
da relación alguna con el grupo llamado “Madí”.&#13;
&#13;
INTRODUCCION AL ARTE CONCRETO&#13;
&#13;
 Reproducimos a continuación algunos fragmentos de&#13;
la conferencia pronunciada por nuestro compañero Ed­-&#13;
gar Bayley el 5 de septiembre de 1946, en el Centro de&#13;
Profesores Diplomados, bajo el título “Introducción al&#13;
Arte Concreto”.&#13;
 Desde las primeras experiencias no-representativas&#13;
cumplidas a través del cubismo, en la pintura, y de&#13;
movimientos afines a esta tendencia, en otras artes, la&#13;
preocupación principal de los artistas constructivos ha&#13;
sido realizar obras en función de valores estrictamente&#13;
estéticos, esto es, ajenas a todo propósito de copia o&#13;
expresión. El ideal ha residido en una obra que, en vez&#13;
de representar un objeto, constituya un todo orgánico,&#13;
que no requiera, para su percepción estética, el concur­-&#13;
so de factores extraños a sus elementos específicos.&#13;
Así, esta percepción o, si ¿se prefiere, comprensión, no&#13;
se produce en virtud de una semejanza de la obra con&#13;
otros objetos sino mediante una experiencia, determi­-&#13;
nada por sus caracteres reales.&#13;
 Esta concepción que, como veremos después, los ar­-&#13;
tistas concretos han llevado a la práctica en una medi­-&#13;
da nunca alcanzada antes, no ha sido admitida por un&#13;
cierto sector de la crítica y del propio público. Ambos&#13;
suelen imputar al arte “ no representativo” un herme­-&#13;
tismo decadente, una ruptura caprichosa con las mejo­-&#13;
res tradiciones artísticas del pasado y un desprecio&#13;
por los valores y las preocupaciones cotidianas del hom­-&#13;
bre. Además, se ha hablado y se sigue hablando de&#13;
una mistificación.&#13;
 Conviene que nos detengamos en estas objeciones,&#13;
porque su análisis ha de permitirnos un mejor esclare-­&#13;
cimiento de los principios sustentados por los artistas&#13;
concretos.&#13;
 Se ha afirmado, decíamos, que el arte no represen­-&#13;
tativo es hermético. Si con esta expresión ha querido&#13;
indicarse que el nuevo arte posee un sentido difícil­-&#13;
mente aprehensible para la mayoría, no se habrá hecho&#13;
más que consignar una circunstancia, que se ha produ­-&#13;
cido, como sabemos, en ocasión de todos los cambios&#13;
de estilo, ocurridos a lo largo de la historia del arte.&#13;
El público, por lo general, no ha comprendido al prin­-&#13;
cipio, pero, como el cambio no era el producto de una&#13;
determinación caprichosa del artista, sino la respuesta&#13;
a profundas urgencias sociales, el nuevo estilo ha ter­-&#13;
minado siempre por imponerse.&#13;
&#13;
 Habrá, por lo tanto, que buscar en otro lado la ex­-&#13;
plicación del fenómeno. Será preciso preguntarse si el&#13;
valor estético depende exclusivamente del acierto re­-&#13;
presentativo, como ha venido pensando un vasto sec­-&#13;
tor del público, o si, por el contrario, lo que determina&#13;
la calidad de una pintura, de un poema o de una pieza&#13;
musical debe buscarse en factores ajenos a la copia, a&#13;
la expresión o al símbolo.&#13;
 Dijimos ya que la creencia popular en el valor esté­-&#13;
tico de la representación ha tenido su origen en el&#13;
Renacimiento o, al menos, que ha resurgido por ese&#13;
entonces con una fuerza, aun vigente en nuestros días.&#13;
 En efecto, desde esa época el arte deja de exaltar el&#13;
ideal de vida feudal para halagar, de más en más, el&#13;
que corresponde a la burguesía naciente. Los temas&#13;
místicos, irreales, son suplantados, con el pretexto de&#13;
una restauración clásica, por figuras copiadas del me­-&#13;
dio ambiente. El arte desciende a la tierra, y la técnica&#13;
representativa llega a una perfección pocas veces lo-­&#13;
grada.&#13;
 En adelante, el individualismo burgués ha de exigir,&#13;
cada vez más, a través de los sucesivos estilos, la ver­-&#13;
sión en la obra de una particularidad, de una diferen­-&#13;
cia, hasta llegar al realismo detallista que expresa y&#13;
define su posición de clase.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ARTE CONCRETO Pág. 3&#13;
&#13;
 Paralelamente al arte de los grandes maestros se va&#13;
desarrollando un sub-arte, que carece, por cierto, de las&#13;
virtudes del otro, pero que llega más fácilmente al&#13;
pueblo y a la clase social que, durante el siglo XIX, ter­-&#13;
mina por arribar definitivamente a la dirección política&#13;
y económica del Estado.&#13;
 Porque lo que va conformando el gusto de la gene­-&#13;
ralidad de la burguesía y, por reflejo, el de las capas&#13;
populares sometidas a su dominio, no es la aprehensión&#13;
sensible de los valores reales, existentes en las obras&#13;
maestras del arte representativo, sino una estética que,&#13;
para decirlo con palabras recientes de Jean Cassou,&#13;
“va de la pintura italiana a los cromos del calendario,&#13;
todo codificado por los salones oficiales, la Escuela&#13;
de Bellas Artes y el premio de Roma” .&#13;
 Ahora bien, sabemos que para los artistas represen­-&#13;
tativos —me refiero, por supuesto, a los grandes crea­-&#13;
dores del pasado—, el objeto descripto no era a me­-&#13;
nudo otra cosa que un pretexto para el logro de nue­-&#13;
vas composiciones. El paisaje, la figura o el rostro&#13;
humanos, el conjunto de sonidos reconocibles en la vi­-&#13;
da cotidiana, los acontecimientos sociales o las emocio­-&#13;
nes individuales, si bien eran temas representados por&#13;
el artista no constituían la materia de su invención;&#13;
es decir, que el esfuerzo creador no residía en la anéc­-&#13;
dota descripta sino en las cualidades de la nueva es-&#13;
tructura estética.&#13;
 Esto quiere decir que el valor de una obra de arte&#13;
no reside ni ha residido nunca en un significado anec­-&#13;
dótico, sino, por el contrario, en la fuerza y la calidad&#13;
de la invención que la produce, esto es, en su poder&#13;
de novedad o desplazamiento de valores sensibles.&#13;
&#13;
 El gusto ha sido hasta nuestra época una de las&#13;
razones más frecuentemente alegadas para justifi­-&#13;
car o avalar las apreciaciones estéticas. De acuerdo&#13;
a esta concepción se ha hecho del artista un inspirado,&#13;
y se ha creído que en materia de arte todo puede re-&#13;
solverse con una simple apelación al gusto o a los sen­-&#13;
timientos. Pero ¿cómo admitir que el gusto o los sen­-&#13;
timientos basten para determinar un juicio o una ver­&#13;
dad?&#13;
&#13;
 El mero gusto personal (el llamado “ buen gusto” ) o&#13;
los sentimientos (“ los bellos sentimientos” ) si no son&#13;
sometidos previamente a una reflexión crítica, a una&#13;
educación inteligente, en suma, no harán más que re­-&#13;
flejar los errores que, como hemos visto, han venido&#13;
durante tanto tiempo impidiendo a la mayoría la apre­-&#13;
hensión sensible de los valores estéticos.&#13;
 Quiere decir, entonces, que esa exaltación del gusto&#13;
como patrón máximo para las Obras de arte no ha sido,&#13;
en la práctica, más que un modo de poner a resguardo&#13;
de cualquier examen crítico las convenciones corrientes,&#13;
sancionadas por las academias. Ha sido una forma de&#13;
impedir el ejercicio público de esa audacia reflexiva,&#13;
de esa aventura inteligente, que constituye el funda­-&#13;
mente más notable del espíritu humano.&#13;
 Porque la exigencia que se deriva de toda auténtica&#13;
invención del pesado no es la de que sucumbamos bajo&#13;
su influjo, imitando servilmente las formas externas&#13;
que le sirvieron para realizarse; lo que exige de nos-­&#13;
otros todo lo que el hombre ha construido es la misma&#13;
energía y la misma audacia, idéntica fe y poder inven­-&#13;
tivo, que los que hicieron posible su realización en otras&#13;
épocas. Por eso, el principal objetivo de toda estética&#13;
y de todo arte debe ser el de tornar permanentemente&#13;
fecundo el espíritu, liberándolo de la propensión a aca­-&#13;
tar sin examen lo que cuenta con el asentimiento públi­-&#13;
co o la sanción del tiempo.&#13;
 ¡León Degand, el lúcido crítico francés, en un artículo&#13;
publicado poco tiempo atrás bajo el título “ Defensa del&#13;
arte abstracto” , pasa revista a los principales argu-­&#13;
mentos dirigidos contra las tendencias no figurativas.&#13;
Permitidme que, en vista de su extraordinaria claridad,&#13;
transcriba aquí, ligeramente adaptadas al propósito de&#13;
esta charla, algunas de sus ideas:&#13;
&#13;
  Argumento: Todas estas obras concretas se parecen.&#13;
  Respuesta: Es lo que yo pensaba de los negros cuan­-&#13;
do era chico. Infórmese, mire bien, y advertirá dife­-&#13;
rencias.&#13;
&#13;
&#13;
  A: Los artistas concretos son dadaístas retrasados.&#13;
  R: Dada quería ser destructor; los artistas concretos&#13;
entienden hacer obra positiva.&#13;
&#13;
&#13;
A: El arte concreto está contra la naturaleza.&#13;
R: Demuestre usted eso científicamente.&#13;
&#13;
A : El arte concreto es incomprensible.&#13;
R : ¿Es que es necesario deducir de la ceguera de&#13;
los ciegos la inexistencia de la luz?&#13;
&#13;
A: El arte concreto es antidemocrático: está reser­-&#13;
vado a los iniciados.&#13;
R: ¿El idioma francés es antidemocrático porque es&#13;
necesario aprenderlo para comprenderlo?&#13;
&#13;
A: El arte concreto no es humano; es puramente&#13;
cerebral.&#13;
R: ¿Y lo que es cerebral no es humano? Y además,&#13;
use familiarmente una obra concreta, viva con ella, y&#13;
le descubrirá pronto sentimientos: los de la obra y los&#13;
de usted mismo.&#13;
&#13;
A: La naturaleza es un inagotable receptáculo de&#13;
formas; los concretos se privan de ella; la imaginación&#13;
tiene sus límites.&#13;
R: Los músicos no disponen más que de doce notas.&#13;
&#13;
A : El arte concreto no es útil.&#13;
R : Es útil si nos procura placer; el placer conserva&#13;
y estimula nuestro gusto por la vida; y si la vida me­-&#13;
rece ser vivida vale entonces la pena que se luche por&#13;
la justicia.&#13;
&#13;
 Un balance de lo logrado hasta aquí por el invencio-&#13;
nismo nos enfrentaría con la reconfortante ccnclusión&#13;
de que constituye ya uno de los instrumentos más efi­-&#13;
caces para asegurar la fecundidad espiritual del hom­-&#13;
bre. En adelante, poco o nada podrá cumplirse fuera&#13;
de la actitud que deja inaugurada (pienso no solamente&#13;
en lo que queda hecho, sino también —casi diría prin­-&#13;
cipalmente— en las posibilidades que se desprenden de&#13;
las obras, las ideas y las tendencias que lo caracte­-&#13;
rizan).&#13;
 Cuando el invencionismo surgió, a través del empe­-&#13;
ño de algunos artistas aislados, era apenas diferente&#13;
de los movimientos “abstractos” de los últimos tiem­-&#13;
pos; fué en virtud de una audacia sin declinaciones&#13;
unida a una inteligencia siempre despierta que llegó a&#13;
adquirir, paulatinamente, su carácter distintivo; fué por&#13;
esa vía que llegaron sus aportes más substanciales y re­-&#13;
volucionarios. Negación desde un principio, y cada vez&#13;
más, de todo aquello que, so pretexto de una evasión,&#13;
no hacía —no hace— más que reafirmar el encanto del&#13;
“pastiche” ; el misterio, los parques desolados, los sua-&#13;
ves gestos del alma, las palmadas de la desesperación&#13;
(he aquí el cementerio de las largas avenidas), todo tu&#13;
ser secreto respira en mí, el alucinado, el alejado, el&#13;
adepto... Esto, en lo que concierne a la actitud gene­-&#13;
ral y a la poética, pero no era menor la energía de las&#13;
negaciones en el orden plástico: pintor de seres humil­-&#13;
des, seres orgullosos, de señoritas, señoras, pincelada&#13;
de hondo simbolismo, muletas misteriosas, brazos de­-&#13;
formados, el infinito, mucho infinito, el arte moderno&#13;
es cosa superada...&#13;
 Y en la música; ¡cuánto sentimiento sublime! solis­-&#13;
ta, concertista, intérprete genial, algo más moderato,&#13;
maestro, etc., etc.&#13;
 Se conocen los resultados positivos de esta actitud en&#13;
los diversos géneros artísticos, y no voy a volver sobre&#13;
ellos. En todos —digamos solamente— el artista ha re­-&#13;
conquistado sus fueros; ha mantenido y desarrollado el&#13;
espíritu inventivo; ha dado nombre, estado estético, a&#13;
una tendencia que venía obrando sobre la mayoría de&#13;
los auténticos creadores de este siglo (no olvido los in­-&#13;
tentos teóricos anteriores —abstractismo, creacionismo,&#13;
surrealismo, etc.—, pero ¿es imprescindibles detallarlos&#13;
ahora cuando sus aspectos más positivos son afirmados&#13;
por el invencionismo, que ha desechado, por otra parte,&#13;
les que recordaban demasiado el viejo estilo?)&#13;
 Esos resultados constituyen, pues, un dato lo sufi­-&#13;
cientemente importante como para proporcionar al in-&#13;
vencionismo, aun ante los espíritus más reacios, la ca­-&#13;
tegoría de una dirección ideológica contemporánea que&#13;
actúa — cualquiera sea el grado de conciencia que se&#13;
tenga de ello— sobre la producción estética y la men­-&#13;
talidad de los hombres.&#13;
 Que se haya esclarecido, entonces, uno de los facto­-&#13;
res que en mayor medida ha calificado las realizacio­-&#13;
nes del arte contemporáneo no puede sino constituir&#13;
un hecho hondamente promisorio. Pero se objeta —se &#13;
teme, mejor dicho— que de un movimiento de esta cla­-&#13;
se, con una pretensión a tal punto totalizante, no surja&#13;
más que un estímulo provisional, como si aquí se tra-&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Pág. 4 ARTE CONCRETO&#13;
&#13;
tara de encontrar “el estremecimiento nuevo” fuera de&#13;
los gritos, de la batalla, los errores y la victoria de la&#13;
plaza pública.&#13;
 La objeción estaría más estrechamente vinculada a&#13;
la poesía y al problema de la actitud vital — no hay&#13;
que olvidar que la nueva estética no puede resultar du­-&#13;
rante mucho tiempo valedera si no se asienta sobre la&#13;
lucha diaria del hombre, si no se integra en el esfuerzo&#13;
social por cambiar la vida y, en suma, si no contempla&#13;
también la necesidad cotidiana, común a todos, de ven-­&#13;
cer cuanto torna opaca y rastrera la existencia.&#13;
 La conciencia que en la pintura permite al invencio-&#13;
nismo poner al descubierto los medios de creación, uti­-&#13;
lizados por el arte representativo, y operar luego una&#13;
crítica y un rechazo de esos medios, no resulta menos&#13;
eficaz en el campo poético. Yo me animaría a decir&#13;
que el invencionismo poético nos aproxima también, co­-&#13;
mo en la plástica, a un momento en que sus valores&#13;
propios quedarán fuera de toda duda. Es decir, que la&#13;
poesía va a lograr la aceptación pública de un terreno&#13;
que le es exclusivo, y esto no ha de ser con desmedro&#13;
de nada de lo que ocurre en la plaza; no va a ser por&#13;
medio de ninguna oposición a la experiencia corriente&#13;
del pueblo, a las frases que expresan esa experiencia.&#13;
 Porque cuando la poesía ha comenzado a independi­-&#13;
zarse del discurso, cuando ha abandonado un poco las&#13;
explicaciones y las justificaciones — demasiados temas&#13;
originales, todavía— ha quedado al descubierto por pri-­&#13;
mera vez el móvil poético y la experiencia que le es&#13;
afín. Pero ha existido el equívoco y se ha hablado de&#13;
pureza al mismo tiempo que de humanismo, sociedad y&#13;
pueblo. El cantar de gesta, por ejemplo, ha servido co-­&#13;
mo argumento para defender, de algún modo, una poe-­&#13;
sía declamatoria cada vez más alejada de la poesía po-­&#13;
pular. Ajena a la función poética, a la experiencia que&#13;
deba nutrir y desarrollar. Extravío. Lo mismo ha ocu­-&#13;
rrido con la línea Villon-Rabelais o Archipreste-Cervan-&#13;
tes. Se hizo de la materia en que se realizaba esa do-­&#13;
nación del espíritu creador, esa fiesta del lenguaje —&#13;
exaltación de la palabra, de la frase del pueblo, pero&#13;
reordenada, reorientada, lanzada de nuevo con un sen­-&#13;
tido aún más vigoroso— el carácter definitorio de la&#13;
literatura. Y, como es lógico, el resultado ha sido casi&#13;
siempre negativo. Unos han creído que bastaba hacer&#13;
folklore para repetir el milagro (las mismas formas mu­-&#13;
sicales o sintáxicas de siglos atrás, nacidas en función&#13;
de la fiesta colectiva, de la exigencia de brillo, de lucha&#13;
y de triunfo de otras épocas, aplicadas a las necesida­-&#13;
des de igual tipo de nuestros días: la invención dema­-&#13;
siado pequeña, la fiesta demasiado corta; y lo que se&#13;
requería era cumplir el juego completamente). Está&#13;
bien decir; Buenos días, camarada, te quiero o a la&#13;
lucha... pero a condición de que sepamos antes que nada&#13;
que todo eso es lenguaje, el material con el que vamos&#13;
a trabajar, con el que tenemos que inventar un poema&#13;
íntegramente. Se puede hablar, como Max Jacob en un&#13;
poema admirable, de “una bandada de palomas sobre&#13;
un manzano”, pero a condición de que, más tarde, se&#13;
hable, como el propio Max, del “comerciante de som-&#13;
breros de ebrios” . . .&#13;
 Sin duda, la tendencia a considerar al artista un in­-&#13;
dividuo aislado, sin conexión con la técnica científica&#13;
y las necesidades sociales, había entrado, con los movi­-&#13;
mientos cubistas y abstractos, en una seria crisis. To­-&#13;
dos comprendían, de algún modo, que las artes aplica­-&#13;
das y las invenciones mecánicas, lejos de limitar el do­-&#13;
minio artístico, lo habían ampliado hasta lo inimagina­-&#13;
ble. “El viejo concepto dualista, que colocaba al ego en&#13;
oposición al universo” (W. Gropius), había sido reem-­&#13;
plazado por un concepto unitario del mundo, según el&#13;
cual, la invención estética, antes que satisfacer el afán&#13;
de diferencia en relación al medio social, debía impli­-&#13;
car una conquista colectiva sobre la Naturaleza. Es de­-&#13;
cir, que se había hecho evidente para el artista, la po­-&#13;
sibilidad de construir realidades que participaran de&#13;
la vida cotidiana, y que constituyeran factores de reno­-&#13;
vación total.&#13;
 Fué en virtud de esta nueva conciencia estética, que&#13;
se organizó, en 1919, el Bauhaus de Weimar, bajo la&#13;
dirección del arquitecto Walter Gropius y con la co­-&#13;
laboración de Klee, Kandinsky, Oskar Schlemmer, Willi&#13;
Baumeister, Lyonel Feininger y Moholy Nagy.&#13;
“El principio orientador del Bauhaus fué, según Gro­-&#13;
pius, la idea de crear una nueva unidad a través de la&#13;
unificación conjunta de muchas artes y movimientos:&#13;
una unidad que tuviera sus bases en el hombre mis­-&#13;
mo…”&#13;
&#13;
 ¡Paralelamente a este cambio en la actitud individual&#13;
del creador, diversos artistas procuraban resolver un&#13;
importante problema pictórico, no contemplado en las&#13;
últimas experiencias.&#13;
 En efecto, los diferentes movimientos no figurativos&#13;
que habían sucedido al cubismo, si bien se habían ca-&#13;
racterizado por una tendencia más marcadamente anti­-&#13;
objetiva, no habían variado el antiguo fondo del cua­-&#13;
dro. Sus composiciones consistían en planos o cuerpos&#13;
aplicados sobre un fondo. Esta circunstancia impedía&#13;
considerar estas composiciones como objetos totalmen-­&#13;
te construidos, ya que las imágenes táctiles, que per-&#13;
sistían en ellas, constituían, de hecho, la representación&#13;
de elementos reales o inventados, que, evidentemente,&#13;
no formaban parte de la realidad de la tela.&#13;
 El grupo de artistas holandeses Stijl, considerando&#13;
estas circunstancias, se propuso lograr una pintura&#13;
más apropiada a la superficie plana de la tela. Es de-­&#13;
cir, una pintura plana en el plano.&#13;
 El movimiento llevó el nombre de neoplasticismo o&#13;
elementarismo, y fué iniciado por Piet Mondrian, Théo&#13;
van Doesburg, Georges Vantongerloo, B. van der Leck,&#13;
Vilmos Huszar, J. J. P. Oud Wils, Van’ Hof, Mies van&#13;
der Rohe, etc., con la adhesión posterior de Rietveld,&#13;
Domela, Vordemberge, Helion, Gorin, etc. Las conclu­-&#13;
siones del movimiento alcanzaron a todas las artes&#13;
plásticas.&#13;
 El fin perseguido no era ya una mera abolición del&#13;
objeto, sino la creación de realidades plásticas, cuyas&#13;
relaciones internas eliminaran toda imagen ilusoria.&#13;
Para conseguir esto, es decir, una pintura totalmente&#13;
ajustada a la forma rectangular y a la superficie plana&#13;
de la tela, los neoplasticistas utilizaron exclusivamente&#13;
la forma plana rectangular en la posición ortogonal, y,&#13;
como elementos esenciales, la línea recta, los colores&#13;
primarios y los "no colores”. De este modo, los que&#13;
variaban eran los colores y las dimensiones de las dis-­&#13;
tintas zonas del cuadro, y no sus formas y orientaciones.&#13;
 Esto quiere decir, que en las obras neoplasticistas&#13;
son las relaciones de línea y de color las únicas pasi­-&#13;
bles de la invención estética, ya que, como se infiere&#13;
de lo dicho, la forma y su orientación en el cuadro son&#13;
impuestas por el carácter rectangular de la tela.&#13;
 Pero si bien es cierto que la posición ortogonal y el&#13;
rectángulo constituyen, para la tela comúnmetne admi­-&#13;
tida, el único modo de asegurar un cierto grado de con-­&#13;
creción y estructura, también es verdad que las posibi­-&#13;
lidades de la invención pictórica se ven así limitadas.&#13;
 Esta contradicción sólo pudo ser superada abando-­&#13;
nando el marco rectangular que es, por otra parte, con-­&#13;
secuencia del concepto pictórico naturalista de “ ven-­&#13;
tana por donde se ve la realidad”. Pero el marco, aun&#13;
cuando revista una forma irregular, deja en pie el pro-­&#13;
blema de la superposición de planos (ilusión óptica) y,&#13;
al mismo tiempo, crea el problema del espacio como&#13;
un nuevo elemento estético. Fué por ello que, después&#13;
de infinitas experiencias, los pintores del movimiento&#13;
de arte concreto-invención llegaron a lo que constituye&#13;
uno de los aportes más revolucionarios de su escuela:&#13;
“la separación en el, espacio de los elementos constitu-­&#13;
tivos de la obra pictórica, sin abandonar su disposición&#13;
coplanaria”.&#13;
&#13;
 En el arte de espacio no ha sido menos ponderable&#13;
el aporte del movimiento. Las masas de volúmenes, que&#13;
persisten aún en las tendencias más abstractas, han&#13;
sido reemplazadas por combinaciones inventadas de di­-&#13;
recciones de profundidad —verdaderos elementos de un&#13;
arte de espacio— que constituyen una belleza nueva.&#13;
&#13;
EDGAR BAYLEY&#13;
&#13;
ASOCIACION DE&#13;
ARTE CONCRETO&#13;
J. E. Uriburu  1170, 1er. piso Capital&#13;
Secretariado:&#13;
M. O. ESPINOSA&#13;
T. M ALDONADO&#13;
R. LOZZA&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ARTE CONCRETO Pág. 5&#13;
&#13;
Carta abierta a M. Lobato&#13;
&#13;
“El nazismo disponía de la ges­-&#13;
tapo para imponer sus dogmas por&#13;
las violencias, y el modernismo se&#13;
enseñoreó de la crítica de arte del&#13;
mundo entero para imponer sus&#13;
teorías.” “Los críticos filosofaban&#13;
y malabarizaban los principios eso­-&#13;
téricos de la nueva estética, como&#13;
en Alemania, Rosenberg, estatuía&#13;
los principios del nazismo.” (Pá­-&#13;
rrafos que transcribo del artícu­-&#13;
lo de Monteiro Lobato, aparecido&#13;
en “ El Mundo” el 19 de noviem-­&#13;
bre de 1946, exaltando a Quirós&#13;
y contra la pintura moderna.)&#13;
&#13;
Señor Monteiro Lobato:&#13;
&#13;
 En los países desarrollados y cultos del mundo, los&#13;
artistas más modernos, en todas sus manifestaciones&#13;
y en las distintas tendencias estéticas, están aportando&#13;
su esfuerzo a la causa democrática y progresista. Sa-­&#13;
bemos muy bien, pero es necesario acentuarlo, que este&#13;
aporte no reside en la temática, política o moral de la&#13;
obra, sino — y fundamentalmente— en la propia con­-&#13;
cepción estética renovadora.&#13;
 Sabemos también que en los países donde ha impe­-&#13;
rado el nazismo y el fascismo, todo el arte moderno,&#13;
especialmente el más avanzado, ha sido perseguido des-­&#13;
piadadamente. Se le ha anulado para aceptar el más&#13;
servil academismo oficialista.&#13;
 Por ello, es doblemente honroso para mí, hoy, ex­-&#13;
presarme en defensa de todas esas manifestaciones mo-­&#13;
dernas del arte, tan vilipendiadas por Ud. y llamadas&#13;
“CUBISMO, SURREALISMO, CONTORSIONISMO, IMBE-&#13;
CILISMO, etc.” .&#13;
 En mi calidad de miembro de la Asociación de Arte&#13;
Concreto-Invención (movimiento que agrupa a artistas&#13;
invencionistas que practican todas las manifestaciones&#13;
de la creación estética, en el campo más avanzado y&#13;
concreto de investigación y práctica en el arte) podría&#13;
fundamentar mi exposición en base a un concepto es­-&#13;
tético determinado. Pero he preferido hacerlo de ma­-&#13;
nera general y amplia, con la certeza de involucrar en&#13;
ello, igualmente, el pensamiento de las más nuevas y&#13;
las más humanas aspiraciones artísticas de la juventud,&#13;
de los más sagrados y progresistas sentimientos esté-­&#13;
ticos actuales.&#13;
 Habla Ud. con suma ligereza y superficialidad del&#13;
arte moderno, ignorando su fenómeno histórico y hu­-&#13;
mano, y con gran irresponsabilidad lo compara al na­-&#13;
zismo. Un odio profundo al progreso y un hondo re-­&#13;
sentimiento, no lo dudo, guían el sentido de sus pala­-&#13;
bras.&#13;
 No creo que signifique ningún alegato contra el na­-&#13;
zismo y el fascismo considerar al arte moderno en su&#13;
misma órbita, desarrollado y sostenido mediante sus&#13;
mismos sistemas. Con ello no se pretende más que&#13;
honrar a estos movimientos regresivos y de triste his-­&#13;
toria para la humanidad. Sin embargo, a pesar de su&#13;
empeño confusionista, tenemos significativos antece-­&#13;
dentes en el hecho de que Hitler ha llamado, histérica­-&#13;
mente, arte degenerado al cubismo, al surrealismo y&#13;
a todas las tendencias abstractas y modernas; y en&#13;
Italia, luego del prolongado período de dictadura fas-­&#13;
cista, ha quedado castrada toda manifestación verda­-&#13;
deramente renovadora, desarrollada en las primeras&#13;
décadas del siglo e impulsada por factores completa­-&#13;
mente ajenos a la filosofía totalitaria.&#13;
 La clara similitud de sus conceptos con estos hechos&#13;
despreciables han de obedecer, me supongo, a pura&#13;
casualidad.&#13;
 Ni los artistas modernos, ni los críticos que están&#13;
con ese arte y lo difunden (que desgraciadamente, son&#13;
muy pocos) pretenden imponer dictadura de estilos a&#13;
la manera nazi y con los métodos de la gestapo. Des-­&#13;
conocemos, sencillamente, categoría artística alguna a&#13;
aquello que Ud. eleva a la altura simbólica, colosal y&#13;
sacrosanta de la CARIATIDE. No se trata de comba-­&#13;
tir a Quirós, su nuevo ULISES viajero, ni criticar una&#13;
pintura que ni siquiera se reconoce como tal ni resiste&#13;
análisis alguno. El “BUEN GUSTO”, el arte de una&#13;
casta desplazada ya históricamente, no puede consti­-&#13;
tuir la manifestación espiritual viva de un pueblo. Los&#13;
trasnochadores del arte, que van de prisa reviviéndose&#13;
en la melancolía folklorista, los señores del reconoci-­&#13;
miento enguantado; los apóstoles del academismo y&#13;
tantos apóstoles más del retornismo estético, no logra-­&#13;
ron aquilatar la conciencia artística del hombre. Si los&#13;
nazistas hubieran logrado castrar el espíritu de los&#13;
“DEGENERADOS ARTISTAS MODERNOS” (también&#13;
ellos nos llamaron así), tendríamos seguramente, para&#13;
el goce de los hombres un arte como el que Ud. pre-­&#13;
gona.&#13;
 Pero no es de lamentar que, quien ha viajado para&#13;
comer nuestra “BUENA CARNE”, descubra aquí, me­-&#13;
ditando profundamente en una estancia entrerriana, al&#13;
salvador del gran arte, al “TREMENDO VALOR”, al&#13;
Stalingrado contra la pintura moderna, contra “PICAS­-&#13;
SO Y OTROS PRODUCTOS DE LA MISTIFICACION&#13;
DOMINANTE”. No es de lamentarlo porque hay una&#13;
sutil — pero evidente— relación entre una estancia a&#13;
orillas del Paraná, una beatífica meditación “DE CIN­-&#13;
CO AÑOS”, un fracasado aventurero de las letras, co­-&#13;
mo Lazcano Tegui (autor original de la cariátide), la&#13;
pintura oficialista y el churrasco jugoso.&#13;
 Señor Monteiro Lobato: Los problemas del arte no&#13;
son tan abstractos como Ud. pretende. Existe también&#13;
una concepción histórica y dialéctica de análisis y crea-­&#13;
ción. Y este nuevo y objetivo conocimiento de la esté­-&#13;
tica es lo que permite poner de manifiesto los propósi-­&#13;
tos de la provocación confusionista y la tergiversación&#13;
de los hechos.&#13;
En los recobecos de sus cariátides leo un oculto sen-­&#13;
timiento reaccionario. Su sentido simbólico, aplicado&#13;
a una concepción artística actual, significa la máxima&#13;
expresión del retornismo, y a su sombra se cobija el&#13;
hecho más reaccionario, la verdadera manifestación&#13;
caduca y servil de un pseudo-arte. Demás está agre­-&#13;
gar que el fascismo y la reacción gustan de todo eso,&#13;
lo exaltan, y a su vieja sombra tonifican sus espíritus&#13;
hermafroditas mediante la vieja táctica confusionista&#13;
y mistificadora.&#13;
 Todo arte verdadero ha sido siempre moderno. Leo-­&#13;
nardo de Vinci, a quien gusta Ud. citar, ha sido moder­-&#13;
nísimo y poseedor de una gran conciencia; no así el in-­&#13;
significante Zuloaga, con quien tan desacertadamente&#13;
pretende compararlo. Los cubistas, no cabe la menor&#13;
duda, han sido los que han enarbolado esa bandera de&#13;
la gran tradición pictórica, de las “ CARIATIDES”, si&#13;
quisiera utilizar su mala expresión simbólica. Lo han&#13;
sido ellos, en su tiempo, con todo su profundo sentido&#13;
revolucionario y humano, y no los absurdos académi-­&#13;
cos de la imitación y del retornismo.&#13;
 Podemos comprobar que son, precisamente, las fuer-­&#13;
zas renovadoras manifestadas en el arte con un acento,&#13;
diremos, hacia lo inventivo, las que han constituido su&#13;
valor permanente y trascendental, las que han signifi­-&#13;
cado la verdadera práctica humanista del espíritu.&#13;
 Mal ha señalado Ud. el ejemplo de Stalingrado. Ad­-&#13;
quiere un contenido muy extraño y muy confuso en&#13;
sus labios. Para mí. y para la extraordinaria mayoría&#13;
de los hombres de conciencia libre del mundo, Stalin-&#13;
grado significa, además de la cabal derrota del fascis­-&#13;
mo y el nazismo, la salvación del hombre en todos los&#13;
frentes de la vida, y también científicos y estéticos.&#13;
 Al dar término a estas líneas, señor Monteiro Lobato,&#13;
no puedo dejar de vivar toda manifestación artística&#13;
renovadora, como fruto del espíritu libre, progresista&#13;
y juvenil de la humanidad.&#13;
RAUL LOZZA.&#13;
Buenos Aires, noviembre 14 de 1946.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Pág. 6 ARTE CONCRETO&#13;
&#13;
“SOBRE HUMANISMO”&#13;
 La evolución del problema social de la cultura en&#13;
Francia durante estos últimos diez años, de Barbusse&#13;
a H. Mougin, del Ccngreso Internacional por la Defen­-&#13;
sa de la Cultura a la actual Enciclopedia del Renaci­-&#13;
miento francés, constituye, a no dudarlo, una de las&#13;
enseñanzas más fecundas para el pensamiento pro­-&#13;
gresista.&#13;
 En las épocas del apostolado de Barbusse, se creía&#13;
posible una defensa de la cultura sin el concurso de&#13;
los artistas modernos; en el anhelo de entrar a los&#13;
nuevos tiempos con la vertiginosidad que sólo la des­-&#13;
nudez, el desasimiento absoluto, puede conceder, se co­-&#13;
menzó a arrojar por la borda, en razón de que no eran&#13;
estrictamente revolucionarias —claro está; según los&#13;
cánones de Plejanof—. cosas de las cuales no era tác­-&#13;
tico ni justo desprenderse. Jean Richard Bloch fué el&#13;
único que, en el Congreso de 1935, dejó oìr su voz pa­-&#13;
ra hacer notar que existía el problema de los artistas&#13;
que, por múltiples razones trabajan actualmente pa­-&#13;
ra minorías. Era el problema de los artistas modernos.&#13;
Recordó en esa oportunidad su intervención del año&#13;
anterior en el Congreso Pansoviético de Escritores de&#13;
Moscú y en ei cual él “ reivindicaba la igual dignidad&#13;
del escritor que escribe para cien mil lectores y del&#13;
que escribe para quinientos” . “Lo mismo que exis­-&#13;
ten pilotos de línea — decía en el Congreso de&#13;
Moscú— que conducen ro sin méritos n! audacia,&#13;
aparatos de serie, hay, y es necesario que haya in­-&#13;
ventores para ensayar los prototipos en los laboratorios&#13;
y en los campos de experiencia” . Recordó también Bloch&#13;
que de todos ios puntos de la Unión Soviética le lle-&#13;
garon "muestras de caluroso asentimiento” ; “infinidad&#13;
de clubs obreros me participaron su adhesión sin retic-&#13;
encias” . Pero, desgraciadamente como él lo temía,&#13;
fué mejor comprendido en Moscú que en París. Se pa­-&#13;
decía en esos años una verdadera "enfermedad infan­-&#13;
til” en el orden de la cultura. Fué en vano que los ar­-&#13;
tistas abstractos desde "Abstraction-Creation-Art non-&#13;
figuratiff” (1935) 'llamasen la atención que la defensa&#13;
de la cultura debía contener la defensa del arte mo­-&#13;
derno; que el arte abstracto, en particular, “ tiende a la&#13;
destrucción de la ideología individualista y a desarrollar&#13;
en cada individuo, por los conductos y los medios pro-&#13;
pios del arte, la ideología comunista (Hone); "que el&#13;
hombre y el arte han estado siempre en servidumbre&#13;
y que la era nueva ofrecerá el arte a la sociedad” (Van-&#13;
tongerloo). Fué en vano también que Leger, en 1939,&#13;
clámese: “ es necesario que el pueblo comprenda que nos­&#13;
otros “los modernos) estamos con él ("Cahiers d’art”) ” .&#13;
Pero después vino la guerra y la Resistencia, y cuando&#13;
se volvió a levantar el telón. entre los grandes muer­-&#13;
tos en manos de los nazis figuraban los nombres de&#13;
Max Jacob y Saint Paul Roux — de quienes Aragón&#13;
se vió forzado a admitir recientemente que es imposi­-&#13;
ble ser poeta y desconocerlos— y entre los que apare­-&#13;
cían manteniendo bien alta la tradición humanista eu-&#13;
ropea estaban (y están) Tristán Tzará, Paul Eluard,&#13;
Picasso, Jean Lurgat, Jean Cassou, Paulham, todos&#13;
hombres de promoción moderna. Y así, a través de&#13;
estos hechos, es como se ha terminado por comprender&#13;
que no es posible discutir los problemas de la cultura&#13;
con el mismo criterio con que se los encaraba antes de&#13;
1940. En estos últimos años, los artistas modernos, tan&#13;
calumniados, han demostrado en la plaza pública su&#13;
amor al pueblo. Y por esto, hoy, en Francia, se entiende&#13;
que no hay defensa de la cultura sin defensa del arte&#13;
moderno. La vieja táctica de arrojar todo por la borda&#13;
sin pensar que la burguesía puede llenar sus alforjas&#13;
ccn lo arrojado, comienza a ser reemplazada por la&#13;
idea de no permitir que ésta se lleve a la tumba nada&#13;
que de algún modo pueda ser viviente y fecundo.&#13;
Allí está, como ejemplo, el esfuerzo de Mougin por&#13;
despojar al idealismo del trofeo cartesiano, incluyendo&#13;
al maestro de “La Fleche” en la gran línea del pensa­-&#13;
miento progresista francés. Allí también, la incorpora­-&#13;
ción en masa al partido de Thorez de los más combati­-&#13;
vos artistas modernos, que los viejos "slogans” estéti­-&#13;
cos de Plejanov habían mantenido alejados de sus filas,&#13;
pero a quienes ahora se abre las puertas sin reservas&#13;
ni temores.&#13;
 Hace poco, el marxista francés Pierre Naville llama-­&#13;
ba la atención sobre el hecho de que hoy toda filosofía&#13;
tibia se pretende humanista. Es decir, como nadie quie­-&#13;
re ahora quedarse al margen del Hombre, hasta las fi­-&#13;
losofías más reaccionarias se declaran humanistas. Así,&#13;
Sartre asegura que el existencialismo es humanismo,&#13;
porqué, según él, la angustia existencial contiene la&#13;
responsabilidad social. El tomismo, por su parte, por&#13;
boca de nuestro O. P. Derisi, afirma también, y no&#13;
con menos énfasis, su carácter humanista. Es que la&#13;
reacción ha descubierto la puerta falsa de las grandes&#13;
palabras. A los artistas concretos, por ejemplo, se nos&#13;
ha juzgado contrarios al humanismo, pero cabe pre­-&#13;
guntarse ¿desde qué punto de vista? Si por humanis­-&#13;
mo se entiende defensa del arte naturalista y acadé­-&#13;
mico burgués, nosotros, téngase por seguro, no somos&#13;
humanistas. Somos humanistas, en cambio, si el huma­-&#13;
nismo es fervor revolucionario, inclusive en el orden&#13;
de la cultura, y fe en el destino histórico del proleta­-&#13;
riado. Nuestro humanismo no es tampoco el humanis­&#13;
mo complaciente, la "sagésse” burguesa.&#13;
&#13;
 Nuestro arte es humanista porque se basa en una fe&#13;
Ilimitada en la capacidad práctica del hombre. Tam­-&#13;
bién porque es un arte de invención. Y no de inven­-&#13;
ción —como ya lo hemos dicho— en eí sentido de Berg-&#13;
son, Whitehead o Sartre, sino en el revolucionario de&#13;
Marx.&#13;
&#13;
 Humanista es quien juzga al hombre capaz de inven­-&#13;
tar, de revolucionar.&#13;
&#13;
 Sinceramente: nos resistimos a juzgar humanistas a&#13;
quienes son tan pobres de fe en el hombre que lo creen&#13;
condenado a vivir eternamente de la bobería sentimen­-&#13;
tal del arte representativo. Los artistas concretos de­-&#13;
seamos para el espíritu humano un mejor destino.&#13;
&#13;
 Se nos ha dicho que somos cerebrales y por ello des­-&#13;
humanizados. Pero ¿desde cuándo la inteligencia es&#13;
vergüenza para el hombre?&#13;
&#13;
 Se nos ha llamado también decadentes. Pero la ver­-&#13;
dad es que las clases cobardes y en decadencia no se&#13;
expresaron nunca a través de un arte semejante al nues­-&#13;
tro. El verismo y el simbolismo fueron sus formas pre­-&#13;
feridas. Recordemos a Laocoonte y las esculturas de la&#13;
decadencia romana; recordemos a Petronio. Las épocas&#13;
de ascenso, en cambio, fueron constructivas y se apoya­-&#13;
ron sobre la exaltación de los elementos plásticos con­-&#13;
cretos. Recordemos los momentos primitivos de todas&#13;
las grandes culturas.&#13;
 Se ha dicho que somos enemigos del pueblo porque&#13;
el pueblo no entiende nuestras obras.&#13;
 Es verdad que el pueblo “ no entiende” nuestras obras,&#13;
que prefiere la pintura figurativa y, dentro de ella, la&#13;
mala, pero deducir de esta situación (de la cual no so­-&#13;
mos culpables y que padecemos) que somos enemigos&#13;
del pueblo es malignidad o aberración.&#13;
 En el futuro, el pueblo entenderá nuestras obras y&#13;
muchas cosas más complicadas que nuestras obras. Los&#13;
artistas concretos apostamos a ello.&#13;
 Nosotros somos fieles a la consigna leniniana; dar&#13;
lo mejor al pueblo.&#13;
 El arte concreto es lo mejor que nosotros podemos&#13;
ofrecer.&#13;
T. M.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ARTE CONCRETO Pág. 7&#13;
&#13;
REPRESENTACION E INVENCION&#13;
•&#13;
&#13;
La imagen percibida o representada no agota la&#13;
 realidad del objeto; no hace más que abstraer de&#13;
él una de sus propiedades (la de ser percibido o repre-­&#13;
sentado), pero sin enseñarnos nada sobre la composi-­&#13;
ción de su naturaleza y, menos aún, sobre la multipli-­&#13;
cidad de sus relaciones.&#13;
&#13;
Si todo aquello que puede percibirse o representar­-&#13;
  se existe de algún modo en la realidad, lo cierto es&#13;
que ella no se reduce a ser percibida o representada.&#13;
La conciencia puramente perceptiva, por lo demás,&#13;
 no es principio de praxis renovadora. La práctica&#13;
del hombre no se limita a su experiencia sensible;&#13;
creerlo así sería pretender encerrarlo en el antro in­-&#13;
dividual de que hablaba Bacon. Lo que interesa es&#13;
transformar la realidad, no deformarla.&#13;
&#13;
La representación artística se muestra en el orden&#13;
 más restringido de la práctica, como expresión de&#13;
aquella individualidad que no acierta a resolverse con-­&#13;
cretamente, puesto que carece de los elementos pro-­&#13;
pios de la actividad real.&#13;
&#13;
Ella parte de una interpretación estrecha de la&#13;
 praxis, que consiste en concebir el sujeto en oposi­-&#13;
ción pasiva respecto al mundo. “No concibe la activi­-&#13;
dad humana misma como actividad objetiva — dice&#13;
Marx en una de sus notas críticas a Feuerbach— ; la&#13;
práctica sólo es concebida y fijada por él en su forma&#13;
vil, judaica, fenomenal. De ahí que no comprende la&#13;
actividad revolucionaria práctica.”&#13;
&#13;
El arte representativo expresa cumplidamente los&#13;
 postuladas de un “materialismo” grosero y primi­-&#13;
tivo, totalmente superado por el marxismo.&#13;
&#13;
La técnica representativa se limita a "reflejar” el&#13;
 mundo, ello no implica el conocimiento efectivo del&#13;
mismo; a lo sumo, (frecuentemente) es expresión de&#13;
la conciencia subvertida de aquél.&#13;
&#13;
Como la representación no contiene los elementos&#13;
ae la actividad real, su proceso se resuelve en la&#13;
alienación del objeto. “El hombre que se extraña a la&#13;
naturaleza (el objeto) —dice Feuerbach— se crea un&#13;
modo de ser arbitrariamente subjetivo... porque quie­&#13;
re destruir la necesaria relación con el objeto” . La&#13;
enajenación de este último es el resultado de la dupli­&#13;
cación artificiosa del sujeto por sí mismo (representa­&#13;
ción), concordante con la representación de Dios en&#13;
la psicología religiosa.&#13;
&#13;
La representación si bien procede de la percepción&#13;
de lo real (impronta de los objetos), no retorna&#13;
necesariamente de ¡o subjetivo a lo objetivo, como&#13;
acontece con la actividad concreta, sino que duplica&#13;
la subjetividad, y en el producto de esa duplicación&#13;
pretende ver el objeto.&#13;
&#13;
Ahora bien, como el objeto es el término necesario&#13;
 de la actividad real del sujeto, la alienación de aquél&#13;
expresa la alienación real del sujeto. “La alienación&#13;
dei hombre a su producto entraña la alienación del&#13;
hombre en tanto ser genérico y social, ya que —de&#13;
acuerdo con Marx— lo que define al hombre en tanto&#13;
ser genérico consciente es la producción práctica de&#13;
un mundo objetivo, la transformación de la naturaleza&#13;
inorgánica, aun estando libre de necesidad física.”&#13;
&#13;
El arte representativo entraña la alienación del&#13;
hombre en tanto ser genérico (social) por cuanto es&#13;
la expresión artística de esa alienación.&#13;
&#13;
 No es casual el hecho de que todas las formas his-­&#13;
 tóricas de la alienación (Religión, Estado, Clase)&#13;
se hayan valido del arte representativo para disolver&#13;
en el hombre sus energías sociales.&#13;
&#13;
Marie Alain Couturier, O. P. en su libro “Art et&#13;
Catholisme”, escribe; “ ...el arte cubista, así como&#13;
el arte no representativo, aparte de sus auténticos va­-&#13;
lores, es esencialmente irreligioso: si el arte religioso&#13;
se caracteriza por su referencia al mundo sobrenatu-­&#13;
ral (alienación), ¿cómo este arte que no se refiere más&#13;
que al mundo natural, que guarda en sí todas sus ra­-&#13;
zones de goce (aprehensión), podría ser religioso?”&#13;
&#13;
“El conocimiento va de lo particular abstracto a lo&#13;
universal concreto’', dice Lefebvre. La teoría econó-­&#13;
mica del valor es abstracta; sin embargo, es concreta.&#13;
Un marxista no puede asombrarse de que nuestro arte&#13;
sea abstracto y concreto a la vez. Las teorías más abs-­&#13;
tractas de la física y de las matemáticas destruyeron&#13;
Hiroshima, y de ser desbaratadas las maniobras de las&#13;
fuerzas reaccionarias, esas mismas teorías servirán de&#13;
base a una nueva era de la historia técnica de la hu­-&#13;
manidad.&#13;
&#13;
 Es que, como dijo Engels, el espíritu lleva la maldi­-&#13;
ción de la materia.&#13;
&#13;
No se trata de poner el arte “a tono” con las nuevas&#13;
circunstancias, esto es, de sustituir un tipo de re­-&#13;
presentación por otro, un sistema de símbolos por otro;&#13;
de lo que se trata es de impugnar los fundamentos (ne-­&#13;
cesidades interiores) de la representación y del sim­-&#13;
bolismo; en una palabra, de todo aquello que refracta,&#13;
deforma, la intelección objetiva del mundo real.&#13;
&#13;
La contradicción actual de la pintura representati­-&#13;
 va consiste en que, lo que se exige esencialmente&#13;
es saber pintar, no importa lo que se pinte: manzanas,&#13;
compoteras, seres famélicos, ¿seres de formas rubicun-­&#13;
das e intenso drama interior, etc. Se hace (con frecuen-&#13;
cia) mala pintura con los mejores sentimientos hacia&#13;
la humanidad y recíprocamente. ¿Qué se responde a&#13;
esto?&#13;
&#13;
¿Dónde has visto alguna vez caballos amarillos,&#13;
azules o verdes? — Lo que hay que considerar aquí&#13;
es la pintura. — Entonces ¿para que diablos?...&#13;
&#13;
El hecho artístico puede ser concebido o aprehen­-&#13;
dido haciendo abstracción de aquello que represen­-&#13;
ta; de ahí que la crisis del arte representativo no cons­-&#13;
tituya la crisis del arte, sino tan solo de la representa-&#13;
ción.&#13;
&#13;
El descubrimiento puede ser resultado de un en­-&#13;
cuentro fortuito (teoría de los factores); la inven-­&#13;
ción no puede serlo jamás.&#13;
&#13;
La invención es todo lo contrario de cualquier for­-&#13;
ma o subforma del enajenamiento (homo ludens,&#13;
Pascal).&#13;
&#13;
Inventar es una función de la conciencia práctica.&#13;
&#13;
Esa función no consiste en proyectarse fuera del&#13;
mundo (evasión); ni tampoco en la conciencia que&#13;
se extraña (contemplación). Inventar significa INTRO­-&#13;
DUCIR EN EL MUNDO POR OBRA DEL EXPERI­-&#13;
MENTO Y LA INDUSTRIA lo que no existía hasta ese&#13;
momento.&#13;
&#13;
No se diga que no hemos hecho nada nuevo. El arte&#13;
concreto no cierra la historia del arte; ella tampo­-&#13;
co ha existido para hacer posible en un momento dado el&#13;
arte concreto. Pero si es verdad que el arte progresa&#13;
en el sentido en que lo hacen las sociedades humanas,&#13;
el único camino es el propiciado por el invencionismo.&#13;
A. H.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Pag. 8 ARTE CONCRETO&#13;
&#13;
ENTORNO AL TALLER ESCUELA DE C. MARCOVICH&#13;
&#13;
 “El punto de partida imprescindible debe ser el es­-&#13;
tudio de la realidad objetiva”, así leemos en el primer&#13;
párrafo del manifiesto publicado recientemente por la&#13;
Escuela-taller, dirigida per Cecilia Marcovich. Ahora&#13;
bien, sabemos que la realidad objetiva es independien-­&#13;
te y existe fuera de la conciencia que la conoce. En con­-&#13;
secuencia, “el estudio de la realidad objetiva” deberá&#13;
cumplirse fuera de cualquier influencia o deformación&#13;
subjetiva. Es decir, que deberá existir absoluta identi­-&#13;
dad entre la cosa y el concepto que la conciencia se&#13;
forma de ella. Tal sería el verdadero sentido de ese&#13;
“estudio de la realidad objetiva” que se propugna.&#13;
Pronto veremos, sin embargo, que no es eso lo que&#13;
quiere decirse.&#13;
 Algunas líneas más adelante se expresa: “La sensibi­-&#13;
lidad individual realizará una transposición plástica&#13;
de esa realidad mediante el conocimiento de determi­-&#13;
nadas leyes” . Según esto, no se conforman con el mero&#13;
neto de conocer y pretenden transformar la realidad.&#13;
¡Estupendo! Pero la alegría se disipa cuando vemos&#13;
que nuestros alquimistas no operan sobre la cosa mis­-&#13;
ma, la realidad objetiva, sino sobre los conceptos de&#13;
ella extraídos. Es decir, que actúan subjetivamente so­-&#13;
bre el concepto determinado por la realidad; niegan&#13;
así la realidad objetiva, pero no oponiéndole otra del&#13;
mismo tipo, lo que equivaldría al acto teórico-práctico&#13;
de la invención, sino subordinándola, ilusoriamente, a&#13;
la llamada sensibilidad individual.&#13;
 Leemos más adelante: “Estas leyes a las que se su­-&#13;
jetan todas las grandes épocas del arte no son inven­-&#13;
ciones al margen de la realidad, sino extraídas de ella&#13;
y que pueden ser verificadas constantemente”. ¡Es cla­-&#13;
ro!; hay que darse categoría. Primero dicen que hacen&#13;
“transposición plástica de la realidad mediante el co­-&#13;
nocimiento de determinadas leyes” , y afirman luego&#13;
con desparpajo que esas leyes — las que ellos usan—&#13;
han sido utilizadas en “ todas las grandes épocas del&#13;
arte”. ¡Dichosos aprendices que encontraron la infali­-&#13;
ble e invariable receta ya elaborada!&#13;
Si ellos admitiesen el proceso dialéctico, tendrían&#13;
que aceptar que “todo lo que existe merece perecer”,&#13;
como dice nuestro viejo maestro Engels, pero eso equi­-&#13;
valdría a firmar el acta de defunción de su arte ecléc­-&#13;
tico, aburrido y reaccionario.&#13;
 Las realidades varían en el tiempo, luego las leyes&#13;
elaboradas sobre ellas tendrán que variar, a menos...&#13;
que concibamos metafísicamente esas realidades. Si es&#13;
así ¿en qué queda convertida esa realidad objetiva de&#13;
que dicen partir?&#13;
 Podemos aducir con razón que las leyes, a que obe-­&#13;
decieron los renacentistas, no fueron las mismas que&#13;
las de los barrocos, o las de Bouguereau, o las del im­&#13;
presionismo, o las de Cezanne, o de Picasso, o las de&#13;
los movimientos modernos en general. Se han ido de­-&#13;
terminando nueva leyes para cada nueva sociedad co­-&#13;
mo para cada nueva estética. Pensar de otro modo se­&#13;
ría darle a las leyes por las que se rige el hombre un&#13;
valor metafísico, trascendente.&#13;
 En cuanto a eso de que las leyes, que estos seño­-&#13;
res pretenden seguir, “no son invenciones elaboradas&#13;
al margen de la realidad” corresponde advertirles que&#13;
tal aclaración resulta absolutamente innecesaria, ya que&#13;
un fenómeno de tal naturaleza (una invención elabo­-&#13;
rada al margen de la realidad) no constituiría ni una&#13;
ley ni una invención.&#13;
 Siguen luego varias referencias a la “personalidad”&#13;
y a “la expresión personal”, claros indicios del carác-­&#13;
ter individualista y particularista del arte que preten­-&#13;
den defender, en contradicción con la lucha entablada&#13;
por la política y el pensamiento progresista de nuestro&#13;
siglo. En fin, una vez más, descolocados de la reali­-&#13;
dad actual.&#13;
 Y por último leemos el siguiente párrafo: “Con esta&#13;
orientación, el Taller-escuela sigue el camino trazado&#13;
por la gran tradición plástica (a la cual colocan en&#13;
punto muerto después del cubismo), camino que ha&#13;
sido descubierto y esclarecido después de la revo-­&#13;
lución cubista (que no han comprendido) y que cons­-&#13;
tituye uno de los aportes fundamentales de nuestra&#13;
época a la historia del arte”. ¡Al fin una verclar! pero&#13;
lástima que no sepan tomar del cubismo más que lo&#13;
retornista y lo reaccionario. Y como broche final utili­-&#13;
zan al gran Cezanne, tan manoseado, para solidari­-&#13;
zarlo con la orientación de este Taller-escuela. ¡Hasta&#13;
&#13;
dónde se alargan las manos! Podríamos seguir ¿pero&#13;
qué ha quedado de todos estos principios? Vemos aho­-&#13;
ra que todo ha sido una cortina de humo, descorrida&#13;
la cual, nos encontramos ante una pobre concepción&#13;
idealista y metafísica.&#13;
&#13;
MELE&#13;
&#13;
&#13;
 El filisteismo artístico, que se manifiesta hoy&#13;
bajo los rasgos de la Sra. Marcovich, insiste, una&#13;
vez más, en tergiversar la verdadera naturaleza&#13;
del arte moderno. Aunque esta tergiversación sea&#13;
con frecuencia el producto de la ignorancia o de&#13;
la deshonestidad artística, importa tanto señalar&#13;
explícitamente el error como dilucidar la natura­-&#13;
leza del mismo, por cuanto él implica, además de&#13;
una deformación de la “realidad objetiva” que&#13;
comienza por invocarse, una deformación de la&#13;
conciencia que se pretende servir.&#13;
 El filisteísmo artístico adopta, por lo general,&#13;
dos actitudes frente al arte moderno: la más&#13;
simple de edas consiste en restarle toda capaci-­&#13;
dad humanista al arte abstracto y, en especial,&#13;
al arte no figurativo ; la otra reside en extraer de&#13;
las modernas experiencias artísticas, las combi­-&#13;
naciones que habrá de destinar a su propio uso.&#13;
Esta última constituye y define la vulgar con­&#13;
ciencia semiculta, que, con aires “de estar de vuel-­&#13;
ta”, se expresa en el siguiente aforismo, grato a&#13;
los eclécticos de todas las charcas: “el arte moder­-&#13;
no tiene un lado bueno que hay que aprovechar,&#13;
y un lado malo que hay que desechar”.&#13;
 La “revolución técnica cubista”, con llevar ca­-&#13;
minos muy distintos de los señalados por la se­-&#13;
ñora Marcovich a los obsecuentes mammuths de su&#13;
caverna, ha determinado también, lo que no es&#13;
menos importante, la crisis de todo un sistema&#13;
de arte basado en la diferencia y en la personali-&#13;
lidad gimiente. La señora Marcovich ha enseñado&#13;
y convencido a sus discípulos de que el arte mo-­&#13;
derno concluye con el cubismo. ¡Sea por deshones-­&#13;
tidad docente, por ignorancia, o por desidia in-­&#13;
telectual, ni la señora Marcovich, ni sus discípulos&#13;
de la caverna, se han preocupado por saber más.&#13;
 La metodología artística empleada como “orien-­&#13;
tación'' del taller — caverna no es otra cosa que&#13;
el típico revisionismo reaccionario, ejercido esta&#13;
vez en la interpretación del arte moderno. A&#13;
través de un electicismo ambiguo y reticente&#13;
muy cuidadoso por sobre todo de no ir “en detri­-&#13;
mento de la personalidad” (sic) se ensaya un tor­-&#13;
pe y ridículo manoteo de compromiso con todo lo&#13;
que hay de progresista y revolucionario, al propio&#13;
tiempo que se introduce por la puerta falsa de&#13;
los “valores eternos” , todo lo que merece perecer,&#13;
lo definitivamente caduco y condenado.&#13;
 El matriarcado, la caverna, han sido superados&#13;
como formas históricas por el desarrollo progre­-&#13;
sivo de la humanidad; del mismo modo el hipó-&#13;
crita bizantinismo escolástico que, como método&#13;
pedagógico, pretende erigirse en salvaguardia del&#13;
statu quo artístico, peligrosamente zarandeado&#13;
por las luchas de movimientos y tendencias.&#13;
&#13;
Alfredo HLITO </text>
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Bayley, Edgar&#13;
Lozza, Raúl&#13;
Hlito, Alfredo&#13;
Melé, Juan N.</text>
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                <text>La transcripción de los textos de esta publicación se hizo respetando la estructura original del texto y los errores de tipeo. En los casos en los que no fue posible identificar la palabra por errores de impresión, se utilizaron los corchetes para indicar la interpretación.</text>
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S
E
A
I

O B R E
X P RE
MER I
E M P O

C I N E - D E L A
SI O N ; C I N E
C A N O . D E . L T
: T R E S A R T E

S I N Q U I E T A S . S O B
R E M U S I C A : EN B U S
C A D E S T R A W I N S R Y
E X C E N T R I C A : V A R*
I AC I O N E S D E L A A C
CI O N Y E L P E L I O R O
- B A N C R O F T - T R E S
AC O N C E P T O S D E L A M
U S I Q U E D E B E K K E R

���Mi! novecientos treinta y uno segunda parte

B u e n o s a i r *e t h a c i a f i n e s de ma y ó

�HORACIO I.COPPOLA
I S I D R O B. M A I Z T E G U I
JO SE LUIS RO M ERO
J. A. R O M E R O B R E S T

��Fotografía de H. I. C.

Hoja de C la v e de Sol

��S O B R E

CINE

��DE

LA

EXPRESION

El c i n e
a

m

e

r

i

c

a

n

o

Sobre cine nos es imposible decir nada que ‘ no
esté coaccionado ejecutivamente por nuestra vida
inmediata que llevamos mirándolo cotidianamen­
te. V ida que afirmamos con fervor al sentir, pen­
sar, querer lo que sentimos, pensamos, queremos so­
bre un fo n d o de preocupación — la fruición mayor
en nosotros— frente a esta novísima fuente de crea­
ción cuya existencia intuimos auténtica en el cine.
T o d o el cine que hemos visto ha decantado
nuestra perspectiva: la experiencia de nuestra sensi­
bilidad ha acrecentado, ha orientado nuestro fervor;
nuestra intim idad de años nos ha creado dúctiles y
em ocionados inquisidores. Hemos llegado a conocer
una dimensión del cine americano, breve e intensa,
"que de toda su historia puede idealmente abstraerse
para afirmar su verdad; una realidad evidente, escon­
dida en su presencia constante frente a nuestro senti­
d o más perfecto; este sentido que ante el cine pare­
ciera probarse com o el menos apto para hacernos ver.
A sí, ante el cine americano, entendemos decir impre-

�síoncs verdaderas tan sólo para algo que él contiene,
ese algo que bien puede ser él mismo.
A l abordar la selva del cine
, .
,
americano el hombre amigo
siente nacer en su interior una serena y fiel virtud jo ­
ven de ver hombres y vidas, vivientes y humanos;
%— esencia escondida y clara, auténtica vida presente:
objeto inmediato de la virtud de ver, de la capacidad
de intuir la verdad de La Danza de la Vida de intuir
la mentira de El Rey Romántico.
Perseguimos una comprensión del cine america­
no, buscamos su sentido valioso en su natural, íntima
expresión dirigida intrínsecamente hacia la exteriorización del ser histórico americano. Exteriorización
' valiosa de la vida americana, de la experiencia
histórica del hombre en América, (en los E. U .).
Y , en los films que nos exigen los califiquemos
com o auténticos momentos de vida americana,
(v. g., los films creados por un Griffith, un
V id o r ), exteriorización reveladora de vida peculiar
que del mundo el cineasta recoge interiormente según
una fluencia instintiva; ( instintiva e interesante, por­
que el film se vive según la determinación que para
crearlo ejerce la futura atención del hombre america­
no, el futuro interés del espectador del film ). P ro­
funda es la determinación interior del cineasta mis­
mo que al crear un film es espectador originário de
la vida americana. Espectador, luego de ser un hom ­
bre que integra históricamente la experiencia ameri­
cana. Y cineasta que vive, sufre com o hombre ameri­
cano, el impulso expresivo de esa vida. Vida, que es
el auténtico y natural objeto'de la voluntad de crea­
ción del film.
Dimensión valiosa del cine
americano: presencia
de vida.

8

�En éste sentido recordemos, ante el cine ameri­
cano, las palabras con que W a ld o Frank define la
esencial posición del artista americano actual (uñ
grupo de artistas actuales): “ . nuestros artistas...
Se ven literalmente obligados a sacar la forma plás­
tica de su visión, del plasma de su experiencia — sin
obedecer a la herencia conceptual o a la tradición es­
tética— . Esta nueva• creación directa de un mundo
form al con los materiales existentes dentro de noso­
tros, es lo que, y o llam o m étodo apocalíptico, y sus
elementos se encuentran en nuestras artes . , ; los es­
tudios fotográficos de A lfredo Stieglietz, pertenecen
a esta clase. T a l vez estos últimos sean (de las artes
actuales) su manifestación más americana, puesto
que la materia de la visión apocalíptica del hombre
( americano ) es en ellos un documento de la natu­
raleza y su instrumente: una máquina. W aldo Frank,
Redescubrim íento de Am érica; cap. Las artes actua­
les. ( 1 )
~
y
.
C onsiderando la vigencia . d e , esta obliga­
ción del cineasta de revelar en sus films la vida ame­
ricana. y reconociéndola com o una imposición
instintiva que inform a su voluntad de expresión, — ■
perseguim os comprender el cine americano como pro­
d u cto de una voluntad de expresión épica de la vida
americana. Es decir, que el americano filma su vida
histórica, la de los E. U . : que el cine americano es un
c o n ju n to de film s o imágenes que se refieren a una
réúlidad histórica evidente. De esta realidad el cineas­
ta americano, (el europeo que dirige en E. U. también
es cineasta am ericano), toma un trozo vivo para con­
ten id o del film que crea y este film es valioso por su
(1 )

Paréntesis y subrayado son nuestros.

„

"

9

�irrecusable fuente histórica primero, y p o f su calidad
de imagen evidente de esa realidad histórica, luego.
"r‘
£*
r
?. ' ' . Calidad de
evidencia

Sin indicar otros aspectos de fa épíca, comencemos por afirmar la ca­
lidad de evidencia del cine, para luego considerar en
qué manera puede ser instrumento específico de la ex­
presión épica del cineasta americano.
Analizando el cine documental se advierte: que
el objeto,film ado es n a U f a 1 e 2 a . es decir, un
objeto transcendente, independiente en su ser y existir
de la voluntad del que filma: que ese objeto naturale­
za es por parte de la cámara objeto de una “ transposi­
ción mecánica de los valores luminosos, de profundi­
dades y de estructuras de las formas” (Franz R o h }
en el espado, y de palores de sucesión, de profundida­
des y de estructuras en el tiempo. Se advierten, pues,
dos momentos de realización: el momento previo a
la cámara que es la naturaleza, y el momento de la
cámara que es la transposición de fe naturaleza, es de­
cir, un momento virtual entre la naturaleza y la-visión
por parte del espectador. Esta transposición es virtual
por ser una imagen espacio-temporal equivalente pa­
ra el espectador a ía visión directa de“fe naturaleza. La
equivalencia visual presentativa de esta transposición
es una equivalencia originada por la fidelidad inme­
diata óptica y temporal (una imagen por cada 1 j 16 s.)
de la cámara respecto de 1a naturaleza. T a l fidelidad
consiste en que los valores de fe naturaleza transpues­
tos por fe cámara conservan fes notas por fes cuales
el espectador puede efectuar una equivalente valora­
ción frente a fe realidad inmediata o imagen virtual
com o sí estuviera frente a la realidad mediata o natu­
raleza; es decir, hay fidelidad respecto a los valores

�expresivos de la naturaleza que, aunque parcial y limítada, es suficientemente completa com o para per­
mitir que dichos valores predominen — al estar vir­
tualmente presentes en el film—- com o valores que
residen en la naturaleza, que son de la naturaleza, más
que com o valores interesantes en su existencia en el
film objeto de nuestra visión. Estos valores de la. na­
turaleza, forman dos grupos que es útil puntualizar:
Valdtes expresivos y valores expresados.
Supongamos un film que presenta la vida de un
animal: ante este momento de naturaleza la cámara
transpone los valores que posee el animal com o ob je­
to de visión y de percepción temporal: estos son valores
expresivos. Pero este grupo íntegra parcialmente el
film, pues, es esencialmente vehículo de otros va!ores;
v. g., el estilo de vida del animal, su carácter: valores
expresados. Que estos valores expresados se apre- *
ci^n en el film con su auténtica calidad nos lo
dice Jean Epstein: “ Or cecí est le mistére cinématographique: un te! objet avec ce caractére personnel, '
c'est-á-dire. un objet situé dans une action dramatique
avec ce caractére photographié aussi avec lui, se reproduít cinématographiqúement en accusant encore
son caractére moral, son expresión humaine et vivan­
te/ * Así puede notarse la importancia de la fidelidad
del momento virtual, de la transposición, que permi­
te valorar la naturaleza con la calidad de evidenciaque caracteriza a su presencia inmediata. Es decir, que
ante el .film estamos ante algo virtual cuya esen­
cia consiste en anularse com o virtualidad para presen­
tar evidentemente su contenido. Es calidad del film
darse inmediatamente inverosímil com o virtualidad.

�Considerando un film
producido en un estuprocesos.
dio cinematográfico ha­
llamos notas que .denuncian la calidad de proceso ca­
racterística del momento previo a la transposición. Pa­
ra utilizar este análisis necesitamos diferenciar (n o
oponer) fotografía y film. El film es un conjunto de
elementos o imágenes de estados que se suceden ante
la cámara normalmente uno cada 1116 s. Cada#elemento es una fotografía eh la película y un estado en
la duración. Supongamos un film de dos minutos de
longitud que durante el primer minuto es producto
'de la filmación de un retrato fotográfico de una per­
sona y durante el segundo filmación directa de la per­
sona: los elementos del primer minutó son idénticos
entre sí, los del segundo son (a velocidad normal) 960
imágenes distintas. Es decir, 960 estados virtuales en
el film que corresponden a otros tantos estados reales
de la persona filmada. Evidentemente, por más inm ó­
vil que permanezca la persona ante la cámara* el film
es una sucesión, un cambio efectivo paralelo al de la
persona. Esta consideración material parejamente nos
indica, en la filmación del retrato, un suceder en el
film, pero que por el contrario no corresponde a un
cambio en el retrato, cuyo estado dura en el film según
sea la necesidad de contemplación por parte del espec­
tador. Es decir, que este suceder del retrato* en el film
es suceder, cambio, porque forma parte de algo que
tiene sentido peculiar: de un proceso de valores expre­
sivos. En qué manera condiciona dicha expresión el
film mismo, como momento virtual de estados expre­
sivos, se advierte considerando desde este punto de vis­
ta, fotografía y film. La fotografía indepen­
dientemente del film, posee el valor esencial de
L o s m o m e n to s

del' « i n e

c o n s id e r a d o s c o m o

I2

�Ser imagen plástica. Y su expresión plástica está
determinada por la relación existente entre el o b ­
jeto fotografiado y la segmentación que como
imagen hace de él la cámara. Fotografía es una
imagen de un objeto que se potencia por su calidad
de parcela, por su necesidad de tener presente (estáti­
ca) la segmentación como valor orgánico e intrínseco
a su expresión: la fotografía está condicionada por la
exclusión de lo demás del objeto (espacial y tem­
poralmente) en la medida que lo excluido importa o
no para expresarlo; para organizarse com o imagen
expresiva. (Estéticamente el valor de la fotografía
tiene por base el valor estético de la naturaleza mis­
ma. Franz R o h .) La calidad plástica de la fotografía
elemento del film ( 1 116 de s.) no es necesaria a la
expresión del film, pues ésta es independiente de la
del elemento estático, que de intervenir en el film lo
hace lujosamente. El aspecto plástico en el film es­
tá más allá de la fotografía-elemento: está en el pla­
no, pues el carácter del film es esencialmente dinámi­
co: plano es el conjunto (serie) de imágenes en uft
mismo ángulo visual. Es decir, que el film no segmen­
t a definitivamente la imagen en el espacio y, en tal
sentido, el film es la imagen que anula la presencia de
la segmentación espacial y se potencia por su.calidad
de parcela temporal, dinámica, cuya íntima expresión
está condicionada por el suceder, por el cambio de
■imágenes - estados unos en otros, que son elementos
del filrrí en cuanto exijen uno antecedente y otro con­
secuente. Film es una imagen condicionada por el su- •
ceder del objeto en un mismo ángulo visual de la cá-.
mara y por el cambio de ésja misma en el espacio al
variar de plano, de ángulo visual. Es decir, el momen­
to previo puede no ser proceso, v. g. el retrato; pero la

�transposición siempre es proceso, esencialmente, cuya
dinamicidad informa la expresión del film. La trans­
posición puede poseer valores plásticos que enriquecen
su expresión: en el dinámico equilibrio del plano, y. en
el elemento estático (1 ¡ 16 s.) perdurando, efímero y
múltiple, en el plano.
Ante el cine americano vemos que su voluntad de
expresión coincide inversamente, por así decirlo, con
tales calidades del cine: a la espresión del cine ameri­
cano es esencial la calidad de proceso evidente (m o ­
mento 'virtual que se anula com o virtualidad), pero
no son importantes las calidades plásticas. Ejem plo
exacto es el plano americano. Plano americano es
aquél en que el ángulo visual abarca la imagen, v. g.,
de una persona, desde una altura variable entre
las rodillas y la cintura hasta 'por sobre la ca­
beza. Si afirmamos com o plástica la imagen construi­
da,; armoniosamente íntegra, con valor estático con
relación al proceso, ante un plano americano por evi­
dencia 16 afirmamos com o lo menos plástico que
Puede darse; esto lo explicamos reconociendo su ca­
racterística virtualidad en extremo trascendente, por
el predominio de lo que pasa (valores expresados) en
el proceso del film sobre las cosas que pasan (v a ­
lores expresivos). ^El plano americano es la ima­
gen más inestable com o estado, ,Es más necesario téc­
nicamente cuanto la realidad de tal momento del
film interesa más com o realidad en relación con otra
que antecede o sucede, — que como objeto de con ­
templación, aún cuando posea calidad de tal. Y es
necesarip cuando esa realidad debe estañ a una distan­
cia visual próxima, para que veamos qué pasa. L os
iilm s de Chaplin, Sternberg„ de Greta Garbo, A l
Jolson y, especialmente, El Circo , Los Muelles de•

14

;;
•

«

�Jyew Y ork , Ánna Christie y El Cantor de J a z z , son
ejemplos de continuos planos americanos.
Persiguiendo
una compren­
sión del cine americano y luego de haber afirmado -—
presentando notas de interpretación evid en te-- que el
momento previo a la transposición es necesariamen­
te proceso en el film, y en qué medida el serio informa
la expresión que posee, analicemos en qué medida es
creado por el cineasta y qué contenido específico le re­
conocemos.
,
'
'
*
En un film producido en el estudio, el momento
previo, (que en el cine documental es naturaleza da­
da espontáneamente en su totalidad), es producto de
una concepción peculiar que de él tiene el cineasta y es­
tá inmediatamente condicionado por elíáf Está deter­
minado intrínsecamente según deba organízarlo com o
proceso que se realiza física y expresamente ante la
cámara, Siempre que ante la cámara todo esté y suce­
da espontáneamente obtendremos un film documen­
tal. En. el estudio o no, cuando algo se organiza fren­
te a la cámara por voluntad expresa del cineasta- el
film resultante es creación, esencialmente. Y la m íni­
ma creación por parte del hombre es intervenir en la
concepción del proceso com o tal; com o ejemplo báste
mencionar Sombras - Blancas en los Mares del Sur
frente a una documental en sentido estricto: Con Byrd
en el Polo Sur.
L o s m o m e n to s d e i c in e e e m o p r o c e s o s
o r g a n iz a d o s p o r e l c in e a s ta .

Es decir, que existe la posibili­
dad de crear un film organizan­
d o , según un proceso impuesto a la realidad espon*
Présasela ét vida.

�tánea un conjunto de fragmentos de naturaleza fil­
mados, fragmentos que componen una síntesis nueva,
humana en cuanto responde a la paladina y peculiar
concepción del cineasta.
Mas— siempre ante el cine americano— este pro­
ceso nos interesa en cuanto posee un contenido rigu­
rosamente humano antes que com o obra de hombre.
En el cine americano 'el cineasta recoje directa­
mente los estados expresivos de una realidad que expone ante la cámara. Su intervención al crear el
film es exponer ante la cámara, y con la cámara, una
realidad viva: un proceso con sentido humano. T a l
sentido humano significa la encarnación, por parte
del que vive esa realidad, (diríamos los. personajes
o, mejor, los hombres, las ciudades, las cosas,
etc., que son esa realidad), de una peculiar com ­
prensión del mundo y de la vida. Ante el cine
americano, ¿podemos decir que se expresan vidas
en los films que nos ha ofrecido hasta hoy? ¿N o
nos es posible decir ante un film de Chaplin, que
es una creación íntegra de un 'mundo que Carlitos nos
revela viviéndolo en el film? ¿Un momento espléndi­
damente humano no se nos hace evidente ante La
Danza de la Vida? Aquella :Muchacha; de Griffith
¿no es un momento coherentemente verdadero de
hombres y mujeres americanos, de vida americana?
Pero la vida aparece en el cine diversamente. U n film
nos trae un mundo, una vida, y otras veces un actor
con su auténtica vida p o r sobre la del personaje. M en­
cionemos films en que el mundo y la vida de los per­
sonajes informan rotundamente la expresión del
film, y en que el actor igualmente aporta su vida au­
téntica para crear a aquéllos. Primero, desde luego,
cualquier film de Chaplin y expresamente un error

16

.

.

%

�de Chaplin: el final feliz de La Quimera del Oro . U n
error que es lina infidelidad de Chaplin a la peculiar
comprensión que del mundo y de la vida encarna Car­
litas, una infidelidad a su destino que, después de ha­
berlo creado, a Chaplin sólo le resta cumplirlo coheren­
temente, (error confesado por C haplin), Y ahora el
film profundo que es El Cantor de Jazz. Su dramaticidad reside en la oposición radical de dos mundos, de
dos vidás — de dos comprensiones del mundo y de la
vida— el padre cantor sagrado y el h ijo cantor de
jazz. El padre cree alcanzar a D ios con los cantos tra­
dicionales en la sinagoga; el h ijo también cree,
llegar a D ios con sus canciones. C on fervor el padre,
Mno tiene más h ijo ” , con fervor éste sigue su camino
. profano, (profan o acaso tan sólo para su padre).
C óm o hay una afirmación radical de vida es imposible
no advertirlo ante el momento más angustioso de tal
oposición: la elección del h ijo entre cumplir consigo
mismo, con su vida de cantor de jazz y cumplir com o
hijo. (Es útil hacer notar desde ya que, a más de re­
velar la existencia de una vida, esto significa un inte­
rés en revelar esa vida insistentemente, antes que cual­
quier pira cosa. j Es una oposición esencial, conside­
rándola parte de un proceso, ex presable vital, directa
y visualmente. L o que en una obra literaria sería craso
error constituye, en este film, la culminación expresi­
vamente fiel de un hombre, que posee valor positivo se­
gún la comprensión -que del cine americano persegui­
mos. Mencionemos aps momentos más de vida ejem­
plares — de intensa sugestión humana— : los sermones
del profeta Ezequiel en Allelujúh! y el sermón de
El Peregrino de Chaplin,

�El error en la presentación dé
*
ja vida, que el cineasta nós trae
en el film, se advierte cuando el sentido de esa vida
queda anulado por su incapacidad para cubrir 1.a vi­
da propia del actor; (el actor malo en cine — tenien­
do en cuenta la edad del cine y el cine a m e rica n o sería aquel actor incapaz de vivir la vida creada y es*
pecialmente en no saber vivir ante la cámara ni la vi­
da propia). Que la vida del«actor -— y no com o vida
de “ actor” — cubra la del personaje por deficiencia
vital humana de éste y por autenticidad de aquélla,
es extraordinariamente visible en los films de A l
Jolson y de Greta Garbo por dos razones: riqueza
vital de A l o de Greta y por hechura standard del
personaje. En este último caso el espectador del film,
v. g., de A l o de Greta, no queda defraudado por la
realidad torpe y artificial del personaje, pues, advir­
tiendo la presencia de una vida auténtica adyacente,
dirige su atención hacia la más veraz de las vidas y,
ante El Loco Cantor o ante Orquídeas Salvajes, co­
labora con A l o con Greta para vivir sus vidas.
También muchas novelas se leen corrigiendo el
peso muerto del personaje escrito favoreciendo la v i­
da del personaje que debió ser presentada; no haría
otra cosa quien cerrase los ojos ante el beso final de
La Quimera del Oro y reviviera interiormente el Carlitos fiel a su ser que se aleja inquietamente por la
llanura nevada,
S u p e r a c ió n

del

personaje.

*

El proceso de estados expresivos el
cineasta americano lo organiza an­
te la cámara con un conjunto físico que responde di­
rectamente a su intención de presentar naturaleza, v i­
da evidente: p. ej., en El Pirata Negro de Douglas

E l v a le r e s p e c ific o
a m e r ic a n o

•

�Paírbanks, la fragata facsímil. Hemos analizado en
qué manera el cine satisface com o instrumento la
voluntad del cineasta americano: es así que no intere­
sa la imagen en la visión de un film sino la realidad —
el americano nos sumerge en la realidad que se ve.
L o que importa antes de la máquina — lo que im por­
tará después de la imagen— es ese proceso vivo con
sentido humano. Este específico olvidar la imagen
del cine americano no significa un olvido del cineas­
ta: éste organiza imágenes que se anulan y desapa­
recen com o tales frente a la vida americana que con ­
tienen.
_
.
•

Superación

del

La creación responde a una deter- •
mínación histórica, a una expe­
riencia americana. El film está constituido de imáge­
nes de algo que fué y sucedió concretamente en el
tiempo y en el espacio. La creación del -cineasta
responde voluntariamente a una intención que bus­
ca presentar históricamente algo reproducido ante
la cámara; algo que es experiencia americana y
que también es oportunidad de ser revivida por el
americano. Revivida com o vida históricamente con ­
creta, no com o pasado, no com o futuro, sino com o
devenir histórico presente ante el espectador del film.
Y es en este sentido que se puede considerar una ex­
presión épica de la vida americana. Aunque tal o cual
film no pueda ser un determinado momento o suceso
histórico americano, siempre existe una referencia
histórica irrecusable de algo que es presentado en tal
o cual film.
tie m p o .

H is to r ia

y cine

a m e r ic a n o s .

ce un

panorama

El
desarrollo
histórico
de Estados Unidos ofre­
de hechos que
el cine ame*

en

�rica no son necesarios, tn eí sentido que ei film
solo cuando a ellos se refiere adquiere y posee p u ­
reza interior, veracidad, auténtica vida. Si partimos
desde el advenimiento del cine en Estados Unidos
vemos en él un desarrollo de aplicación del cine a
lo histórico nacional. Un desarrollo acaso parejo en
su progresión expresiva con el desarrollo histórico
desde la conquista del j territorio hasta los m o­
mentos actuales; ya que el cine más rudim entaria
técnica y psicológicamente dedicábase a temas d ?
aquella primera vida americana propicios, por de­
cirlo así* a esa su calidad. Avanzando luego hacía una
mayor pureza de creación (de realización) presenta la
vida mas reciente norteamericana con profundidad y
riqueza expresivas correspondientes.
Concretando, pueden ^considerarse — &gt;grosso m o­
d o—- los siguientes períodos del cine americano; la
vida posterior a la colonia; del coa; boy; de la
conquista del oeste (oeste del que ya Douglas Faír*
banks llegó a presentar un tipo moralmente urba­
no) ; la conquista del oro (el director Clarence Brown
ha filmado The Trail O í 98, su propósito ha sido
reproducir una célebre marcha histórica de hombres
hacia el oro del n o rte ); la época industrial; la época
actual (que ofrece un campo humano capaz de ins­
pirar The re is a Ctowd de King V id or; el m undo ne­
gro de Hallelujah!
.
El conjunto de films que constituye una estric­
ta y directa expresión de vida americana es valioso
por su inmanente exigir una evidente realización his­
tórica. Necesidad consecuente con la satisfacción al­
canzada por la sedimentación histórica de su con­
ciencia de grupo social, por su sentimiento de pro­
pio devenir,— acaso por el imperio de la vitalidad

20

�que se manifiesta, se exterioriza, Exigencia de un
valor que no es 'estético, que no es espiritual,
sino valor de vida, sugestión humana. Es en tal sen­
tido que creemos interpretar los detalles que insisten­
temente presentan en El Cantor de Jazz su vida, con­
secuentes de una voluntad de revelar esa vida antes
que cualquier otra cosa.
Persecttclóa de
tiatara!;
El interés que el cineasta
■
.
piástíeo.
encarna al presentar la v i­
da coacciona su obrar técnico. El cineasta organiza
ante la cámara un m undo facsímil del mundo
americano. Mencionemos el trabajo del actor. U n
personaje en el argumento deja de serlo en el film :
cualesquiera sea el estilo propio del cineasta al dirigir
a un actor, éste último satisface la voluntad ameri­
cana en tanto es capaz de vivir ante la cámara su
más personal vida, el ser más auténtico e íntim o—
debe ser el personaje.
’
T a m p oco de esa vida de ese hombre film ado
se persigue una imagen plásticamente valiosa (pre­
dom inio del plano americano), ni se recogen colores,
C om o encanto visual, com o placer sensible la imagen
concreta en la pantalla sólo posee valores secundarios.
La transposición peculiar de vida que es el cine ame­
ricano llega a nosotros a través de una escala de valo­
res incoloros, por así decirlo, constituida por matices
de gris, p. ej.: Soledad, La Batida, Anna Christie,
Hallelujahl La vida misma transpuesta en la imagen
es una realidad plásticamente secundaria, pues, no in­
teresa inmediatamente com o tal.
V . G., en el d ibu jo animado la realidad está vir­
tualmente ante nosotros en imágenes esquemáticas
que han transformado esa realidad en otra descarnaJe
d e s in te r é s a n te el a r p é e la

�da en beneficio del suceder y de las modificaciones
— metáforas— que sufre transcurriendo y que con­
siste en crear, irracionalmente puro, el suceder huma­
no o vital de un ser irreal en el tiempo y en su forma.
( El Gato Félix , la %7oluntad, el pensamiento de Fé­
lix !) .
**

.
Ntrreelón.
CnHdid
, lit

El eme americano nos presenta
.
,
la vida com o valor ae naturaleprim
itift.
,
.
«
.
.
.
.
.
*
r
za narrada evidente y dinámica;
una realidad que el americano vive com o presencia
de seres, de cosas sin trascender de este valor
presente (diríamos sin teleología extrínseca a su
vivir, a su ser que sucede). El cineasta crea, por
así decirlo, un proceso que es la necesidad mínima
para que la vida sea captada en su esencial as­
pecto dinámico; y su comprensión de la cámara co­
mo instrumento obedece técnicamente a su intención
de narrar. Formas narrativas son los films de Chaplin,
de D. Fairbanks, de Sternberg. Este predominio natu­
ral que ejerce en el cine americano el momento natura­
leza es afin a la calidad primitiva que posee el cine
com o instrumento o lenguaje de expresión estética.
Eñ las obras épicas advertimos una posición jerárqui­
camente superior de lo épico narrado, es decir de lo
narrado en la epopeya, respecto al narrar mismo, a la
epopeya. Para la épica el lenguaje y la narración mis­
mos son, antes que nada, instrumentos, medios virtua­
les; sea intrínsecamente por falta de valores interesan­
tes propios, sea por exceso de interés en lo épico. Pues,
su fin no es primordialmente estético dada,la vigencia
de lo histórico y la voluntad de revelar lo que en m o­
do cierto ES. Y el cine americano evoluciona hacia
una riqueza que obedece directamente a la voluntad

�de expresión (n o voluntad de belleza), voluntad ge­
nerosa de vida que quiere expresarse inmediatamente
com o vida,— el valor estético existe frecuentemente
adyacente. La calidad primitiva se manifiesta en el
film por su valor estricto de. imagen presentativa no
sólo cuando la realidad es de expresión más vigorosa
sino también cuando carece de valores que sobrepasen
la propia realidad de la imagen. La imagen o film
es transparente. La existencia, la expresión viva que la
realidad posee supera su presencia.
Ante el cine americano ¿nos es posible, entonces, hablar de expresión
épica de la vida americana? nuestras
consideraciones justifican la .afirmación de que existe
una voluntad de expresión épica?
El cineasta americano filma una realidad cons­
cientemente fiel a la naturaleza; recoge con la cámara
un film que responde directamente a esa realidad;
el cine es un lenguaje que obedece específicamente a la
voluntad de narración evidente y concreta; esta v olu n ­
tad se realiza coherentemente viva con vida histórica
americana; ante el film el americano revive presente»,
atempera!, la experiencia americana; ía presencia del
film importa directamente por sus valores estricta­
mente reales y humanos; — si estas conclusiones son
lícitas, si pudiéramos afirmar a continuación que el
americano vive ante el film una proyección de su des­
tino, el cine americano posee valor épico.
Valor épico

.

H. I. C.

y

•

v

,7 "

iV': , ,&gt;/

��DEL

TI EMPO

T r e s

a r t es i n q u i e t a s
Novela, teatro y cine: he aquí los tres reinos
que se mueven en la cuadrícula xiel tiempo. El tiem­
po los ha* condicionado, les ha prestado la armazón
en donde estructurar sú polifurcación- de enredadera.
Han reconstruido el drama humano sobre la tela de
araña de los minutos.
Novela, teatro y cine, han hecho en cambio un
auténtico favor al tiempo: lo han triplicado, lo han
hecho abandonar su reducto reíojeril; de la torre del
campanario lo han hecho bajar a la tierra, y subir
después al más escondido rincón del hombre. El tiem­
p o no es ya ese fantasma que deja at?ás la aguja. En
realidad, el tiempo, así, en abstracto, ya no es. En el
hombre — en el hombre, claro es, que piensa y que
siente— - el tiempo ha adoptado posturas más huma­
nas, que dejan traslucir un poco menos la rigurosa
impulsión del resorte de acero. Novela, teatro y ciñe
han hecho tres tiempos distintos en el indeciso medi­
tar del hombre que piensa y que siente,

-

2$

�La vida — olvidaba decirlo»— es también un
acontecer en el tiempo. Pero la vida de cada uno
transcurre simultáneamente en dos sistemas tempo­
rales por esencia dispares. Por una parte, nuestra v i­
da, contemplada de fuera, com o meros espectadores,
se encuentra condicionada por un tiempo común, ca­
nónico, al cual se reduce y amolda, torciendo, contorsionando su íntima estructura. Vista de dentro
por el contrarío, el tiempo en que transcurre nuestra
vida recibe de ella una acentuación emocional, perso­
nal y característica. Cuando contemplamos a un
hombre que duerme, medímos en horas su reposo:
nueve horas de sueño. Pero he aquí que nuestras/nueve horas de sueño no pueden entrar en forma algu­
na en el ámbito de nuestra experiencia vital; son nue­
ve horas reducidas a cero en nuestro índice de tiem­
po emocional.
Á veces la reducción se hace a una más dramática
escala; el hombre que espera — una mujer, una noti­
cia, una catástrofe— se nos aparece com o un señor
preocupado por aquello que aguarda. Pero en tanto
que llega, el tiempo que transcurre se anima con una
gravitación emocionar de la que nada sabe quien con­
templa sin aguardar. Esta cuadrícula del tiempo %es
sin duda algo más que un rígido a prioti; ¿Qué es
aquella frase romántica de vivir intensamente, sino
poner un handicap sobre las horas?
En realidad, el buen burgués, metódico, cuya
vida interesa a penas por ser el mínimo posible de
vida, sólo lo es por haber intentado — y logrado aca­
so-— una absorción de este segundo tiempo, de este
que nos es íntimo' y propio, por el primero, por el
tiempo standard e impersonal. El buen burgués ha re­
nunciado a la lucha por imponer a la vida su pecu2Ó

�liar cronísmo y para remediar este vacío ha buscado
el tiempo mercenario del reloj y del almanaque, un
tiempo que se compra, y que él sabe meticuloso y
desalmado. Eso es el buen burgués, un hombre que
vive una vida que no es tanto suya com o del alma­
naque y del reloj.
T od a acción es una proyección de
quien la ejecuta; su obrar responde
así a otra realidad., aquella que se proyecta, y que en­
tre tantos nombres podría llamarse por ejemplo, espí­
ritu, En la vida cabe entonces distinguir esas dos rea­
lidades, paralelas, pero con un índice vital radicalmen­
te dispar. Por una parte, la acción, la proyección hacia
fuera, en donde lo esencial es el devenir, el produ­
cirse. Por otra la íntima vivencia correspondien­
te a cada acción
y aun la que vive sola, fo r­
mando ella misma un estado anímico, sin p ro­
yección alguna. A l primero, a la acción, al p ro­
yectarse hacía fuera, corresponde ese tiempo cuya
más exacta representación sería una línea, ya que
lo que importa eú cada instante, es la llegada
del siguiente, así com o cada puntp de la línea impli­
ca un punto más agregándose para continuarla al
infinito. La acción tiene precisamente esa contextura.
Cada instante de la acción considerada com o tal, es
apenas un eslabón .en una cadena.- Hay en cada m o­
mento de ella una urgencia de otro momento, que
siendo para ese instante anterior, consecuencia, es a su
vez m óvil de otra futura acción. A i segundo, a la ín­
tima experiencia de cada uno, corresponde ese otro
tiempo cuya anatomía es un poco más difícil de de­
terminar. L o esencial en él es que es un tiempo'retar­
datario, un tiempo sin urgencia alguna, cuya más

�profunda delectación consiste en contradecir ia eró'
nométrica fuga del tiempo. En cada momento, núestro sentido de lo temporal siente pesar sobre sí mismo
la gravedad de todo nuestro m undo interior. Y a no
hay aquí urgencia alguna por cumplir el imperativo
mandato de correr, de correr siempre por sobre la
horizontalidad del tiempo. Mas bien diríase que to ­
do nuestro sentir se dedica con íntima fruición a al­
terar el ritmo de vivir. Es este en cada instante un
vivir vertical, insistente en cada momento, un vivir
que quiere darse profundidad en cada uno de los
puntos de su ineluctable trayectoria. Quizá podría
decirse que el tono de la vida de 'cada uno se determi­
na en gran parte por cual de estos dos sistemas tem­
porales prime en el com plejo de su alma.
_

Siempre que se lleva a las artes — a
estas artes inquietas-— la vida misma,
estas dos faces suyas, con su correspondiente corolario
temporal, se disputan el primado sobre la expresión.
Novela y teatro prefirieron siempre la acción, más aún,
creyeron que eso eran esencialmente. Entonces, cuan­
do ambos desarrollaban solamente la acción, era el
tiempo-normativo, el tiempo canónico el que condi­
cionaba su expresión. Sólo las grandes novelas evi­
taban ese estrecho sendero y lograban imponer al gé­
nero la impronta de su generosidad espiritual.
Pero he aquí que el género novela, com o lo ha
señalado Ortega, ha ido agotando la posibilidad de
que su tópico esencial sea la trama y empieza a exigir
lo que de siempre se sentía com o constitutivo del gé­
nero, una morosidad, un detenimiento, incompatible
en cierto m odo con la acción. Es que en efecto, la
acción se nos antoja- ya en la novela, com o en el tea28

,

*

�tro, algo elementa! f subalterno; algo que siendo
inevitable no es ni xon mucho lo fundamental. Otra
cosa es pues lo que buscamos, y está ya la novela,
com o el teatro; procurando encontrarla. La novela
contemporánea nos da sin embargo ya ejemplares
cumplidos de ese nuevo producto, de los que y o que­
rría dibujar con suficiente precisión la nueva retícu­
la temporal. Proust. Joyce y James serían los que yo
elegiría sí tuviera valor y audacia para emprender un
detenido examen de esta nueva temporalidad nove­
lística. N o teniéndola, será Proust sin embargo quien
ayude a determinar vagamente estas nuevas rutas del
novelar.
^
¡
Y o no vacilaría en afirmar que para Proust el
tiempo no existe. L o que en Proust es ocurrir, deve­
nir, transcurre por entero fuera del tiempo. El pasa­
do com o tal, esto es, respetando su peculiar aspecto
en nuestro espíritu, contiene en sí mismo una serie de
elipsis temporales, de amalgamientds de situaciones,
de reducciones a un mismo denominador sentimen­
tal de las más alejadas circunstancias, que impide en
absoluto establecer relación alguna con lo que en el
género es habítualmente devenir de la acción. Proust
ha suprimido en absoluto la acción en sí misma; los
breves paréntesis en que la acción se cuela, lo hace ca­
si subrepticiamente, con gesto de azotamiento y bre­
vedad de crónica. Es que la acción, en efecto, no inte­
resa aquí y su existencia se justifica solamente ad­
virtiendo su calidad de antecedente, de referencia inex­
cusable para una posterior comprensión. En la ga­
ma de pensamientos enhebrados en h reflexión de
Proust, la acción no aparece sino proyectada en este
com plejo sistema de relaciones en que se aúnan las
meditaciones y ios recuerdos. Recuerdo y meditación,

�hecho presente o revivido — ei presente en Proust es
siempre un poco pasado— y estados de alma, eso es
lo que constituye en cada instante el segundo fugaz
de Proust; y esa nueva entidad — nueva en la nove*
la, de siempre com o experiencia vital— escapa a la lí­
nea horizontal del tiempo sin profundidad, ese tiem­
p o con que se regulan las salidas de los ferrocarriles,
ese tiempo patrimonio del buen burgués,

AIüsíób y

Y a en “ Ideas sobre la novela” , (*■)
señalaba Ortega com o fundamental
en todo arte la distinción entre la mera alusión y la
pura presencia. El género — agregaba— se ha ido des­
plazando de la pura narración que era solo alusiva,
a la rigorosa presentación.
A estas dos posibilidades artísticas responde la
adopción de uno u otro sistema temporal. Para la
mera alusión, para la proyección en un piano literario
más o menos arbitrario, el tiempo regularizado ofre­
ce su cronométrica exactitud. La mera alusión no
puede exigir más, porque su contextura de eterno
espectador, su situación de espectativa con respecto
a la vida — un plano paladinamente distinto del
suyo— exige esa especie de prescíndencia con lo que
sea íntima reacción, con lo que se vincule íntimamen­
te a la más profunda experiencia vital de cada uno.
Esto es lo que no puede soportar la presencia autén­
tica; cuando la obra de arte ha renunciado a situar, se en un distinto plano con respecto a su contenido,

presencia

(*)

30

8i acaso hubiere lector a quien todo esto le interesara,
yo creo que el libro' de Ortega y Gasset que cito, con su
amplia distinción entre estas dos nociones, le resultaría
muy interesante.
7 .

�lia renunciado implícitamente a todas ías ventajas
de esa especie de omnípresencia permitida por el no
entrar demasiado profundamente en-cosa alguna; pe­
ro ha adquirido un derecho nuevo, el de sumergirse
en aquello que constituye su peculiar preocupación,
De ese estado.de intimidad, de saturación, resulta en
la obra artística de este tipo una absoluta ausencia
de lo convencional.' de los supuestos que hay que admítír, una ausencia de lo que se llamaría el andamia­
je del artista. L o único que es lícito en la obra de
arte es ahora la substancia misma, aquello que vale
por sí solo, aquello que se ve, no aquello que se re­
fracta apenas. A tal sentido de la realidad, de la au­
tenticidad de las cosas, no puede convenir un tiem­
p o patrón, ese tiempo que corresponde en nuestra
vida al de la superficie que miramos, nunca a la in ­
timidad que vivimos. Es ese otro tiempo que y o se­
ñalaba com o el más legítimo patrim onio del hombre
que piensa y que siente, el que cuadricula la realidad
de este tipo artístico.
El m undo de Proust, eso que él llama su tiem~
po perdido no está constituido en m odo alguno por
referencias literarias, por proyecciones arbitrarias de
un m undo cuya complejidad sólo se sospecha porque
insistentemente se habla de ella. El m undo de Proust
se ofrece íntegro, con esa turbiedad de lo que es de­
masiado com plejo para prestarse a la fácil disección
del artista. Quizá sea por eso que el artista no intenta
aquí disección alguna; le basta con que la realidad
se de en su auténtica estructura, en toda su íntima
com plejidad.-Esta com plejidad tiene imperativos de
una extrema exigencia: es necesario respetar su con ­
textura peculiar y no es posible respetarla si se la
adapta al ritmo - —uniforme, rítmico~ d e la acción.
3i

�El mundo de Proust, para poder conservar su esen­
cía! estructura, ha debido renunciar casi en absoluto
a la acción. Esto que nos ofrece es más complicado y
más íntimo; sU devenir no se condiciona en m odo al­
guno por el imperativo del devenir. Conserva su pe­
culiar intensidad temporal, responde en cada instan­
te a su espontaneidad y se detiene sin apremio donde
así lo exige la calidad emocional de la hora. N o p o ­
día ser de otra manera; hay una exigencia vital ine­
ludible en la novela — en el arte— de hoy. Y es este
sentido, este intuir de lo vital, quien impone esta
gravitación subjetiva del tiempo.
#
‘

-

^ara

,

marc^a desde la
'
mera alusión hasta la auténtica pre­
sencia que Ortega señalaba para la novela se cumple
plenamente. El teatro tradicional - —el romántico so­
bre todo— ofrece al espectador un desarrollo; este
desarrollo se cumple sobre -la escena, siendo la dura­
ción de lo que ocurre poco más o menos la real, esto
es, que sobre la escena se contemplan más o menos
dos o tres horas de la vida de un cierto número de
personas: unas veces estas horas son continuas y
entonces se eligen entre aquellas decisivas en un
sentido cualquiera; otras veces son distanciadas y
entonces se toman entre aquéllas que ion sucesivas
con respecto a una misma situación espiritual. A veces
los cuatro o cinco actos de un drama romántico desen­
vuelven la mayor parte de la vida de un hombre. En
realidad de esta vida no transcurren en la escena sino
unas partes, unos episodios, unas anécdotas más o me­
nos significativas, Pero junto a eso, aparece com o ad­
herido a lo que transcurre toda una enorme serie de su­
cesos que se ven aquí refractados, traducidos de acción
S í te a tro

'3?

te a tro '

�efectiva que fueron, a narración que de ellos se hace
para que el espectador los tenga presente cuando suce­
da lo efectivo y real del drama que se representa. Pa­
ralelamente, simultáneamente, el teatro ofrecía dos es­
feras distintas de sucesos: aquellos que se veían — esto
es, aquellos que transcurrían durante el tiempo que duraba la escena— y aquellos que se decían en apartes,
en.conversaciones provocadas, en soliloquios, para lienar los vacíos de la información del espectador. Esto*
naturalmente, era inevitable. La unidad de escenarios
-—tres, cuatro, cinco a lo sumo— exigía que las esce­
nas se sucediesen temporalmente en tal forma que pu, diesen sin violencia ocurrir en un mismo lugar. De
aquí $ue existiera una exigencia inmediata, previa a
todo criterio artístico, de índole puramente material
y física, de evitar todo lo que no pudiese amoldarse
a la limitación espacial. T o d o aqqello que no podía
ocurrir en los escenarios disponibles, el autor lo hacía
ocurrir fuera y lo comunicaba al espectador mediante
, un artificio más ó menos feliz, Y para el espectador el
espectáculo se desdoblaba porque ai tiempo que pre­
senciaba lo que sobre las tablas ocurría, debía ir com ­
poniendo esas referencias que se narraban en un siste­
ma concordante con lo que veía.
Esta exigencia que yo decía de orden puramente
material, no lo es tanto si se atiende a su evolución.
El teatro no ambicionaba ser de otro modo, porque
en tal forma satisfacía su aspiraran artística sin sentir amenguamiento de posibilidades. Pero este ocurrir
falseado, narrado, que se cuenta al espectador, tiene
para el hombre moderno un defecto esencial, El hom ­
bre moderno tiene un aparato visual muy agudo, d o­
mina la técnica del ver y el oir, y no puede evitar mientras oye la narración de algo en boca de un personaje
'•

.

•

-

33

' ,

*

«■

�la desazón que le produce el adivinar que eso no ha su­
cedido jamás. Frente al teatro tradicional nuestra sen­
sibilidad de espectadores nos permite asimilarnos eso
que vemos y en ningún momento asociamos a ello la
elemental idea de la ficción. Pero he aquí que cuando
las cosas no aparecen sobre el tablado sino que son na­
rradas por un personaje, el espectador se siente sacudi­
do y sacado de ese mundo en donde — falsas o no—
estaban ocurriendo cosas. De golpe el espectador com ­
prende el mecanismo de la farsa y asocia — trágica aso­
ciación— la idea de la aventura con la burocrática idea
del actor. Esta idea es fatal en el teatro; su aparición
implica destruir el poder constructivo del teatro, el
poder constructivo de un arte, esto es, su mejor tirtud.

�plástico se ha introducido en el teatro com o tín contra­
peso ineludible para restituir a la realidad su especí*fica complejidad, y se traduce en dos sentidos, mate­
rial uno y dramático el otro. Por una parte el au­
mento de escenarios — su calidad plástica considerada
com o parte integrante del teatro— que consigue cons­
truir bloques de realidad de una más cumplida estruc­
tura. Por otra, la trama que ha adquirido un sentido,
en cada una de sus partes, para hacer de ellas entida­
des de valor absoluto: U n acto de “ Simoun” o de
“ M a y a ’ es a un tiempo elemento y todo; su construc­
ción revela una especie.de íntima estaticidad, algo co­
m o si existiera en él la convicción de que constituye
algo terminado y cum plido; para el espectador, una es­
pecie de cuadro vivo, cuyo sentido último se conserva
en el recuerdo para estructurarlo con el sentido de to­
dos los otros. Esta estaticidad, esta plasticidad que se
agrega ahora al teatro, determina en su sistema tem- •
poral una singular renovación. Aquel tiempo proyec­
tado, literario, en que se estructuraba aquella acción
narrada — no presentada— se ha visto desalojado pa­
ra dejar.solo, al tiempo peculiar de la pura presencia.
Cada escena', cada block, diríase, de cualquiera de las
más puras expresiones del moderno teatro — L ’ homme et ses fantómes, Simoun— aparece sin esa exi­
gencia temporal que implica la acción, esa exigencia
de determinar implícitamente cuándo ocurre con rela­
ción a otro suceso, cuál es su efectiva duración. Su •
misma complejidad crea entonces ese ritmo retardata­
rio, con una especie de fuerza centrífuga que intenta
apartar lo sucedido de la ubicación temporal inme­
diata. Tóm ese por ejemplo el cuadro V IIE d e “ Sim o u n &gt; e inténtese determinar la urgencia temporal de
su contenido. N o existe. Pero búsquese en cambio la
-

35

�#

.

acentuación dramática que pone .en el total y entoñ*
ces se comprenderá fácilmente que a pesar de retrasar
la acción, esto es, de ir contra lo mas específico de ella
— el devenir— le agrega algo que por sí sola no te­
nía antes, algo que en cada momento es perpendicu­
lar a ella y que se evita cuando nos preocupamos de­
masiado de seguir la línea horizontal de su desarrollo.
cíae

En el cine este problema de lo tempo­
ral se complica extraordinariamente
y es necesario proceder a su planteo con una máxima
cautela. En general sobreentendíamos al principio
que la preferencia por uno u otro sistema temporal res­
pondía en primera instancia al primado en la obra
artística de la mera alusión o la presencia pura. Vea­
mos la solución del cine.
La imagen es el elemento primero del cine. Esta
imagen es por sí misma una realidad; un hombre que
corre es en la pantalla, imaginando detenido .al film,
una realidad, Si el film fuera una sucesión de imá­
genes, cabría entonces afirmar que es también una
sucesión de realidades y por ello una realidad él tam­
bién. ¿Pero acaso es el film nada más que una sucesión
de im ágenes?^! film por el solo hecho de serlo, por el
solo pensamiento de dotarlo de un sentido, ha supe­
rado la sola agregación de imágenes. La imagen — el
plano, mejor— es por sí misma fotografía y la fo- *
tografía es en m odo alguno elemento del cine. La
imagen cinematográfica aun siendo en absoluto está­
tica — la cara de un muerto, una fachada, un puen­
te— está animada por su sola vertebración en el film,
de un movimiento, no espacial, ya que eso apenas im ­
porta, sino temporal. La mirada del espectador, dán­
dole una duración determinada por el artista, ha pro-

�visto a ese objeto inanimado de una vibración diná­
mica incompatible con la fotografía, con la pura ima­
gen; prácticamente la imagen cinematográfica se defi­
niría com o una imagen con valor trascendente, que
no intenta valer por sí, sínp determinar una parcela
en esa línea que se llama sentido del film. P or si mis­
ma la imagen de un hombre que corre es en efecto una
realidad. Pero esta imagen, en el film, ha perdido su
sentido intrínseco; en el film no se trata ya de un hom que corre aun cuando ello sea de importancia funda­
mental. A l dejar de valer autonómicamente la
imagen ha perdido su virtud de ser. Pensada com o
parte integrante de un film, en efecto, la imagen de
un hombre que corre no alcanza a §er por sí misma
una realidad real, efectiva. La "carrera de la cual la
imagen traduce aspectos supone una serie de situacio­
nes previas que la justifican, una situación espiritual
contemporánea a ella, etc. T o d o esto está implicado
en la imagen. La carrera de ese hombre con ser una
realidad, tiene en el film un papel tan im por­
tante y tan absorbente que no le deja ser eso que
ella por sí misma sería: una realidad. El serftido del
film la obliga a dejar de ser una presencia plástica —
un hombre que corre— para que exprese en cambio
una serie de situaciones dramáticas. Las imágenes son
en el cine de hoy meras alusiones. *
Este drama que se oculta tras el elemento pri­
mordial del cine, la imagen — renunciar a su realidad
plástica para ser sólo alusión dramática— constitu­
ye el nudo de la evolución del cinematógrafo. Por
una parte, el esteticismo cultivaba su esencia plástica,
intentando crear una estética de la imagen com o tal.
Por otra, el dramatícismo intentaba servirse de la

�imagen como medio expresivo sin reparar en esa ca­
lidad íntima del medio.
El cine de hoy tiene una exigencia dramática; el
de América muy especialmente se ha volcado íntegro
a cumplirla. El cine americano llena — no ya en la
vida americana sino en la vida mundial que va res­
pondiendo a tal standard— una función inexcusable
que ha usurpado — no se diga que sin derechos— a
la novela y al teatro. Ese standard mundial apenas lee
novelas y va raramente al teatro. Por muy legitimáis
virtudes, es el cine quien satisface ahora esas necesi­
dades espirituales, acaso de la etapa más baja de la es­
piritualidad, pero por lo mismo la más intensa y ra­
dical. Para lograr este propósito el cine ha debido re­
nunciar a todo finalidad esteticista, aun cuando-tal
renuncia sea en cierto m odo específica de su contex­
tura actual. El cine de hoy — el americano y la parte
de la producción europea que responde a la influen­
cia yanqui— •ha alejado de sí la preocupación por la
imagen — plasticidad, luz y sombra— para volverse
decididamente a la alusión dramática.
He aquí explicada la íntima paradoja del cine.
La imagen, el más evidente medio artístico, es un me­
dio desvirtuado. La dialéctica del cine, la lengua del
cine es así un problema de lejana y difícil solución.
Esta lengua del cine es hoy una lengua primitiva, de
una graficidad elemental, incapaz de la conceptuá-'
ción. Pero todo esto es apenas un reparo sin valor.
El cine no está necesitado de una lengua de mayores
posibilidades y cumple su misión actual con soltura
y sin limitaciones. Es que justamente ese estado de mera alusión
a que responde la dialéctica cinematográfica — y su
elemento primordial, la imagen— es el estadó actual

�del cine. C om o expresión dramática, al cine le basta
con la mera alusión. La presencia cinematográfica es
apenas una remota ilusión futura. La alusión es por
otra parte la calidad.dramática que conviene a todo
arte destinado a satisfacer necesidades primarias, de
una rebosante vitalidad. El apremio humano del cine
no puede .ser compatible con la morosidad de la pre­
sencia auténtica, realidad ésta producto de una ela­
borada evolución. Y yo estimo que es esa la nota des­
tacada del cine de hoy: su apremio humano.
Esta alusión pura que es un film de hoy, se tradude perfecta en su sistema temporal. Pero es tam­
bién donde la paradoja del cine se traduce mejor.
Una novela corriente, decíamos al principio, cu­
ya acción impone un ritmo tal que solo permite la
alusión, no la realidad misma, ocurre en un plan©
temporal de puras proyecciones literarias. T a l es el
sistema que exige la pura alusión en la novela y el
teatro. El cine saca aquí a relucir su enigmática esen­
cia y no lo admite.
U n film americano refiere por ejemplo, la vida*
de un hombre — Y el mundo marcha-—o la por- •
ción más importante de ella —-Aquella muchacha— 1
Para hacerlo tiene a su disposición todos los recursos
de la novela, es decir, que puede sin limitaciones de
tiempo ni espacio, seleccionar, presentar los aspec­
tos que el artista prefiera. Pero tiene además todos
los del teatro, ya que puede animar con presencias au­
ténticas cada momento de los que haya seleccionado.
N o puede entonces cumplirse la acción cinematográ­
fica ni en el tiempo de proyeción literaria de la vieja
novela, ni en el tiempo selectivo pero insuficiente deí
teatro habitual.
«
A qu í reside la peculiaridad dramática del cine.

�Su acción puede ser deslizada por distintos sistemas
temporales, no solo sin desvirtuar su esencia, sino
aumentando al infinito su stock de resortes emock&gt;~
nale§. Esto es, en otro p ía n oslo que va a permitir en
un futuro no lejano acrecentar infinitamente las po~
sibilidades del cine.. Veamos correr en algunos films tí­
picos la acción, y determinemos sobre ellos cual sea el
sentido cinematográfico del tiempo.
¿
Hay films que refieren un momento cualquiera
de la vida de alguien: Soledad, El acorazado Poten kin, El martirio de Juana de Arco, La noche de San
Silvestre. Este momento, estas circunstancias, están
en general determinadas por un pasado y un futuro
que se implica en su desarrollo. A l comenzar la ac­
ción se separa cuidadosamente ese pasado de este pre. sente, y esto que comienza se anima de un típico dra­
matismo.
.
Asi Soledad; de Paul Fejos,* El artista sor­
prende la vida de dos muchachos '•— girl y b o y cuya vida vulgar y aburrida se aparece en los prime­
ros actos de la película. Es una tarde de sábado y am­
bos se aburren con esc hastío típico de la melancólica
comprensión del aislamiento. Estos dos muchachos
entusiasmados por una misma música, se deciden a
pasar la tarde líbre del sábado sumergidos en la incolóra muchedumbre de Coney Islaxid. Y ertfre esta
incolora muchedumbre se encuentran los dos. Patece
com o si Paul Fejos hubiera querido insistir en esta
distinta duración de los minutos antes- y después del
encuentro. Por.la mañana, los que faltaban para en­
trar a la oficina o el taller; por la tarde, los que se
vivían con esa sensación de intemporalidad que daba
el vago asomo de una felicidad apenas entrevista;
- después, los de la angustia de la pérdida irreparable,

40

'

�Bstos tres tiempos son singularmente significa­
tivos para el contenido dramático del film. En reali­
dad podría decirse que el dramatismo de Soledad
se construye sobre estos1 tres tipos de minutos. Mien­
tras el muchacho se prepara para ir al taller y ella se
viste para ir a la oficina, mientras los dos permane­
cen en sus puestos atentos al insignificante trabajar
cotidiano, el ritmo de la vida es ligero, regular
m onótono. Tras el aburrimiento — ritmo regular y
m onótono, aunque lento^— la vida de los dos se carga
de un valor de que antes carecía. La vida de estos dos
muchachos Lene ahora sentido. Este sentido deter­
mina ahora un tiempo distinto. Mientras el muchacho
y la chica permanecen juntos, Paul Fejos consigue una
ligereza, una vaporosidad en las acciones, que las ha­
cen transcurrir com o fuera del tiempo, sin gravita­
ción alguna de las horas; las atracciones de Coney
ísland los absorben y ellos se absorben a su vez en
esta nueva ruta que ahora se abre a sus vidas. ¿Cuán­
to tiempo han bailado? U n negro en que Fejos diluye
después la escena lo comprueba: han bailado toda la
eternidad, acaso no han bailado nunca. ¿Qué im por­
ta el tiempo?
Pero ese tiempo que hasta ahora no ha im por­
tado apenas, va a ser enseguida el protagonista, Los
muchachos —~giri y boy— se separan por un acci­
dente cualquier^. La ruta se cierra, la felicidad ape­
nas entrevista se diluye, el sentido^de la vida de dos
personas se pierde. Ahora sí cuentan los minutos.
Cuentan trágicamente. Los minutos de desaparición,
aquellos en que creen estar separados apenas por un
policía, los que tarda en declarar en el puesto, los que
tarda en buscarla entre la incolora multitud de C o ­
ney Island. Los minutos pesan ahora en cada paso

�de los dos muchachos. Se los ve transcurrir, durar
trágicamente alargarse infinitamente más «que los m i­
nutos que en esos mismos instantes viven los des­
preocupados paseantes del parque de diversiones. Hay
en Soledad, en esas escenas, una impresionante danza
de minutos, de segundos mejor. La muchacha cree
percibir un llamado y se vuelve angustiosa, para no
ver sino a un inoportuno festejante de un rato antes.
En las dos imágenes, Fejos havdibujado los dos sis­
temas temporales en que vivían los dos paseantes de
Coney Isíand. ¿Qué angustia sorda guarda* el tiempo
potenciada en sus entrañas?
En otras películas lo que transcurre es la vida
entera de un hombre o acaso la- mayor parte de ella.
- T al es el caso de Aquella muchacha, Y el mundo mar­
cha..., El cantor de Jazz. En todas ellas, com o en el
teatro, el artista se obliga a una selección temporal
tratando de destacar las escenas según su intensidad.
El cantor de jazz por ejemplo, que es la vida de un
pequeño muchacho a quien su canto emborrachaba,
transcurre en realidad en dos momentos solamente;
por una parte los años de chico rebelde a la decisión
paterna, echado de la casa por ser fiel a sí mismo. Por
otra la actuación toda del actor, sorprendida en los
momentos culminantes. Desde el punto de vista de
la selección temporal, El cantor de Jazz muestra algo
típico en el cine: todas las escenas primeras, no valen
en realidad para la película y son sólo un an­
tecedente de lo que llamaríamos el grueso del film ;
este antecedente se encontraría reducido en la novela
o el teatro tradicionales, a una breve evocación; en el
cine, aun en su típico carácter de antecedente, estas es­
cenas conservan toda su intensa dramaticidad y sub­
sisten como parte activa del film,

42

.

.

�En estas películas, la selección se presenta más
difícil por tratarse de la vida toda de alguien. Así en
Y el mundo marcha. . . o Aquella muchacha. En
el primero de estos films, el protagonista muestra ca­
si toda su vida; se lo ve de niño y muchacho, trepado
en ambiciones inconquistables, llegar a hombre y vi­
vir una vida mezquina de fracasado. En el segundo,
la muchacha alegre y cordial, despreocupada e inde­
pendiente, va corriendo en el film la aventura de su
vida a la deriva.
En estas-películas donde se intenta reconstruir
la vida plena de alguien, es donde más fácilmente pue­
den advertirse los valores de pura alusión dramática
que constituyen todo film. En todos ellos, en efec­
to, puede advertirse cóm o tarde o temprano, el artis­
ta se ve obligado a renunciar a mostrar lo que fuera
estrictamente una vida — la de aquella muchacha o
la del cantor de ja z z - — eso que siendo auténtica pre­
sencia es el más selecto de los espectáculos, para re­
fugiarse en una trama elemental en donde va a anu­
darse todo lo accidental, lo anecdótico, lo previo, que
a pesar de ser todo eso se ha construido con presen­
cias auténticas. En Y el mundo marcha...,* en efecto,
esa gran visión que se esbozaba al principio y que
. prometía ese soberano panorama que es 'la vida 'de
un hombre,se evita a poco para limitarse a desarrollar
una trama, la del fracaso práctico del hombre, trasun­
tado en una vida familiar casi trágica y desespe­
rada. En Aquella muchacha se deriva hacia una aven­
tura policiaca y en El cantor de jazz hacia un dra­
mático conflicto entre dos potencias que se disputan
una noche en la vida de un hombre.
Es por eso que en general, todos los films se
concretan a esa sola parte. Exponer un suceso, desa-

•

~

43

�rroilar una acción, cumplir una empresa. Los de Car­
litas, los de V o n Sternberg, los de V idor y Griffith, la
m ejor producción y tras de ella casi toda, la produc­
ción. Esta de América y la de Europa, Lang, Eisenstein, Feyder. T odas ellas cumplen en la pantalla un
proceso determinado, una acción, de la que máxima­
mente interesa el devenir. La quimera del oro , El pe­
regrino, Muelles de Nueva Y o r k , El beso. ¿C óm o se
desarrollan temporalmente estas películas?
Esta acción que se desarrolla proporciona una seríe de momentos unidos en una situación espiritual.
Estos momentos transcurren en un doble plano. Por
un lado el plano dramático en el que interesa por so­
bre todo la acción; por otro un plano plástico, me­
dio expresivo del cine. Zahora bien, el cine actual no
ha vacilado en preferir el plano dramático y a ello
se debe el desborde de‘ acción en el film de hoy. Este
dramatismo del cine no puede cumplirse si no se ubi­
can las situaciones — entiéndase que desde un punto
de vista dramático— en el plano de la sola alusión;
esta sola alusión exige un aligeramiento de gravedad
en el tiempo, exige eso 'que llamábamos el tiempo
standard, el tiempo horizontal.
¿Cumplen los films de hoy esta exigencia? Más
que cumplir, cabría afirmar que es su más típica con­
dición. Desde un punto de vista dramático, la acción
cinematográfica — la de Anna Christie, la de La danza
de la vida, la de Madre mía— ocurre en un plano
temporal condicionado por la acción, destruido, des­
virtuado en su estructura por la exigencia del deve­
nir. Atendiendo al sentido todo del film, la gravedad
dramática del tiempo ha sido sacrificada a la urgen­
cia temporal He la acción.
Y bien, esto era lo que ocurría en la novela t.ra44

�dicionai y en el teatro no moderno. De cumplirse en
el cine de hoy también, no cabría sino generalizar un
estadio común a ciertos momentos de las artes en
general. Pero esto no es sino una de las caras del pro­
blema del cine. Frente a esta urgencia dramática de
su contenido, de su acción el cine opone la morosi­
dad de su elemento plástico, la presenda indiscutible
de la imagen. Esta morosidad que impone la imagen,
no alcanza a imprimir en el film eso que se dió en
llamar tiempo retardatario, un tiempo emocional­
mente insistente. Pero alcanza a crear en cada plano
un 3 realidad. Ni el viejo teatro ni la novela tradicio­
nal pudieron por su propia naturaleza agregar al
vertiginoso apremio de la acción este elemento, y la
novela proustiana y el joven teatro han debido en
gran parte sacrificar a la acción para incorporarlo. El
cine en cambio se encuentra en plena infancia con
la doble posibilidad en las manos, y un film de sólo
discreta categoría los usa con éxito y soltura.
He aquí por qué decíamos,que era singularmente
complicado plantear el problema temporal del cine­
ma. Aquello que llamábamos paradójico drama de
la imagen, presta aquí la más alta virtud. Los dos
términos paradojales no lo son sino .itcidentalmente
y sólo en campos teóricos, nunca en k inmediata' realizacíón. El cine es el único medio expresivo en don­
de la alusión y la presencia se complementan. La alu­
sión dramática y la presencia plástica construyen un
equilibrio cinematográfico que no hay que buscar
sino que se ofrece solo, con una generosidad de arte
joven y un poco genial.
El tiempo del cine es %entonces de doble faz.
En el futuro no tendrá que renunciar en absoluto a
la acción para conseguir presencias auténticas, porque

•45

�a poco que profundice en su elemento plástico, pue­
de el cine llegar a construirlas en un plaño superior
al de la acción, tangencial en cada punto, insistente
en cada eslabón de la cadena del obrar.
De ios tres reinos que se movían en la cuadrí­
cula del tiempo, es el cine quién podrá componer e!
más armonioso y cumplido ademán.

•

■

4«

J. L. R.

�SOBRE

MÚSICA

��Método
Las palabras tienen una función chaFilosófico
ta y desprovista de finura, su significa­
ción; pero además están animadas de un s e n t i d o , que las eleva
por sobre lo bajo y rastrero de su funcionalidad primera, y
las sitúa en el campo escogido de la espiritualidad. El sentido
es susceptible de corrupción. Las palabras corrompen su sen­
tido, generalmente ganan en intensidad de él lo que pierden en
precisión y elegancia, se hacen vulgares y desaparecen por
inactuales o exponen al que las usa al menosprecio literario.
Ninguna más c a r g a da d e s e n t i d o , peyorati­
vamente hablando, que la palabra filosofía, sinónimo de me­
tafísica para el pensar cotidiano. Sin embargo no es más que
la denominación lingüistica de un concepto general que presi­
de el movimiento de existencia de todo ente viviente. Filosofía
es •buscar, investigar, es un no conformarse con lo que se nos
presenta de la realidad, que-nos engaña como las marionettes
a los niños. Ella nos ha de servir para buscarlo a Strawinsky,
buscarlo en lo hondo de su voluntad, porque en su obra hay
siempre una voluntad de arte satisfecha. Por eso arriesgué­
49

�monos a valernos de las ideas generales, arriesguémonos a ha­
blar de filosofía en la tarea de comprender a un músico mo­
derno, Igor Strawinsky.
Los que niegan la filosofía olvidan ingenuamente que sus
propias ideas tienen -v a lo r sólo teniendo a u n a filosofía como
fundamento. Esta ha dejado de ser esa construcción oscura
y difícil accesible sólo a los privilegiad5s. Filosofía es siempre
aspiración generalizadora de actividad humana. Ese camino es
el único que nos puede acercar al pensamiento de un gran
artista y hacer penetrar en el fondo esencial de una gran obra.
N o es la técnica ni él conocimiento científico los que nos van
a ayudar, es la obra totalizadora e inconcreta de la filosofía.
La verdad que puede o no ser una preocupación para el pa­
cífico burgués, es la preocupación de las preocupaciones de
las ciencias, es casi podríamos decir el fin último de todo pen­
samiento humano.
La verdad no es un concepto absoluto sino relativo: la
r e a l i d a d que parece se r ia se y fundamento de existencialidad — para una gnoseología ingenua — no se percibe
ni siquiera intuitivamente por el hombre. La ciencia como el
arte y la religión son construidas con conceptos o ideas enca­
denados en un orden lógico, presupuestos por la razón, pero
alejados de lo que metafísicamente llamamos realidad. Es­
ta, de la que sólo tenemos una intuición intelectual, no
empírica, se nos presenta' como una unidad que no es captable por el hombre. Para el químico la verdad de la r e a lid a d
a g u a está dada por su composición y su fórmula matemática
irreductible. Pero para el poeta que cantó en versos: “Junto
el agua se ponía —- y las ondas aguardaba, — y en verlas
llegar huía; — pero a veces no podía — y el blanco- pié se
mojaba” ¡qué verdad existencial tan alejada de la concepción
del químico! Para Debussy en “La Mer su verdad es muy
otra: en ella los sonidos toman una significación simbólica pa­
ralela a la de las palabras, y así como el maestro enseña qu«|
el agua es líquida, transparente, etc.,* y que se presenta man­
samente en los manantiales y a torrentes en las cascadas, así

�s. •' ' : r .. ■ ,
■
, ■
;
.
.
cí nos expresa en sonidos lo que e s el agua, en el lenguaje
propio y típico de su arte.
’
v
¿Quign podría asegurar que la verdad del poeta es la úni­
ca valedera, que la del físico es la única exacta? _
La filosofía, ciencia totalizadora, ¿qué es sino un querer
encerrar entre sus paredes añosas un juicio de esencialidad
de las cosas? Ella buscó afanosamente esa verdad eterna: el
descubrimiento de la razón pareció haberle dado esa llave
maestra, t i "sésamcv, ábrete para penetrar en el misterio. Su
resultado ha sido esa mole con pies de barro que se llama cul­
tura del siglo XIX.
•
El idealismo/ y su forma derivada el romanticismo, acaso
no constituyeron sino un irse alejando de las cosas, de su apa­
riencia! un ir construyendo un mundo real, objetivo, verdadero,
pero, cuyo "trait d’union” con la vida quedaba cortado.para
siempre. Beethoven fué él producto fatal de una tal concep­
ción del mundo. De ahí su parentesco con Schiílér y con Kant.
Por eso Bekker dice de él que*'‘es el hijo de una gran épo­
ca, Es la época de los dioses y de los héroes del idealismo, es
la época que llevaba en sí la creencia en el hombre como ser
espiritual, es la época que cree en la libertad, en la fraterni­
dad, en Iq^alegría divina, en la paz eterna, en la felicidad de v
la humanidad”.
.
- Al desflorar su virginidad vital, despertó la vida: el descu­
brimiento de sí misma la convenció de la impotencia de la
razón como instrumento único del conocimiento. Volver a la
vida es divisa moderna, volver a las cosas por ende, en labor
de verdaderos y auténticos empiristas.
Frente a las ciencias del pasado el pensamiento filosófico
moderno quiere una vuelta a las cosas y a las intuiciones di­
rectas -■*- esa intuición de las esencias {matemáticas, éticas, es­
téticas, etc.) propias del mundo ideal de la conciencia ma­
nera auténtica de tener ún conocimiento adecuado de la rea­
lidad. T a l l a o b r a f e n o m e n o l ó g i c a .
Esta nueva actitud es la que ha dado sus frutos: el objeti* vigrao en todas sus formas, Strawinsky es uno de esos frutos.
■
•
v

V

'

5*
.

' .

�Si Beethoven olvidó la vid§, en Strawinsky hay por el con­
trario el contralor severo que resulta del equilibrio de fuerzas
de lo vital y lo cultural.
Ante una obra surgida de una mente asi organizada, sería
inocuo aplicarle los mismos procedimientos de exégesis crítica
que nos sirven para juzgar a Mendelsshon o a W agner. Su
música se nos presenta como una cosa, cuya existencia ideal
en nuestra conciencia ha de ser plenamente intuida en su esencialidad. Captarla ha de ser obra de fenomenólogos de la
música. Ansermet ha hecho una tal obra, trabajando la músi­
ca de Strawinsky como el alfarero que modela un cacharro,
hundiendo su mano en esa orgía sonora (su mano, pues, es
un objeto que es necesario conocer palpándolo) y su espíritu
todo (pues es un objeto que tiene tan sólo una e x i s t e n c i a
ideal) para llegar a descubrir la esencia de ella misma, en
una verdadera labor de r e c r e a c i ó n , como pudo decir Schaeffner refiriéndose a su obra.
Bekker realizó esa labor fenomenológica en Alemania, Ansermét la ensayó con éxito cultural marcado, en una serie de
-preciosas lecciones que nos dictó el año pasado en Diapa­
són. (1 y.
Esa labor de comprensión es lo que nos puede acercar a
su obra. N o hay objeto en juzgar ni en criticar, ni menos aún
en demoler: lo importante es comprender, conocer la verda'd
de la naturaleza del arte y del artista.
N o negar, sino hacer obra de cordialidad y de entendi­
miento mutuo, no dar lugar a merecer la máxima del Evange­
lista: “N o seáis como el caballo y el mulo, que carecen de
entendimiento”.
*
(1) Apático Buenos Aires no más de una docena de personas lo se­
guimos. Lástima nos daba ver resbalar por los asientos vacíos de la
“ boite” de Diapasón esas observaciones llenas úe un magnifico hálito
vital: de ese sentimiento nació la idea de reconstruir, siquiera en par- '
te, aquéllas. Ansermet nos cedió gentilmente sus apuntes y este tra­
bajo es su resultado.
52

�Ante la doble preocupación de c ó m o
realizar la obra de arte y de q u é debe
ser el contenido de la misma, surgen dos posibilidades de.
realización. La lengua alemana tiene dos vocablos para refe­
rirse a ellas, (lo que los latinos llaman genéricamente obra
de arte); Kunststück llama al o b j e t o d e a r t e , que
resulta de la primera; Kunstwerk. o b r a d e a r t e , que
resulta de la segunda.
,
El arte es siempre naturaleza, pero no sólo ella, es además
sobrenaturaleza. Como creación artificial del espíritu humano,
interesa a nuestros sentidos, pero además es siempre portador
de infinito. Para llegar a é l necesario es antes conquistar el do­
minio de la técnica, de la materia, del mecanismo, para que su
expresión sea un objeto medido y finito. Pero por encima de
esas preocupaciones que, diré así, están gobernadas por le­
yes espacio-temporales, sólo te s cuando es configuración de lo
inefable, sólo e s cuando elevándose por encima de la natura­
leza, es creación de un mundo nuevo, kunstwerk u obra de
arte.
,
D e manos del artista habrá de salir una obra de arte cuan­
do el genio lo inspire, pero no ha de ser más que un objeto de
arte( objeto, cosa terrena) si el artista no consigue sino domi­
nar los medios técnicos para realizarla. N o es una distinción
de grado sino de especie. Es casi se puede decir una antino­
mia profunda de intenciones o mejor aún de resultados, como
la que San Pablo establecía entre los elegidos y los mal­
ditos, criaturas del espíritu y de la carne.
En nuestras lenguas latinas se dice gran arte para referir­
se a lo que los alemanes llaman Kunstwerk, pero no se dice
pequeño arte para referirse al objeto, pues a nuestro espíritu
le repugnan estas distinciones absolutas.
Si hacemos nuestro el concepto de la Escolástica que defi­
nía l o b e l l o , esencia de la obra de arte, como “el bri­
llo de una forma sobre una materia propia”, sólp cuando la
materia proporcionada según un objeto, nos comunica forma
espiritual, sólo cuando hay imagen, hay arte. Si la comuniObjeto de «lie
obra de a r t e

S

53

•

�cación es tan sólo de confort o de utilidad, estamos en pre­
sencia de una Kunststück.
•
'•
• ' 'é'
Fe f&amp;d* y
Eterno problema del fondo y .de la
F orm a
forma, del continente y del contenido.
La preocupación del cómo, probiema.de la forma, dominio de
los elementos aportados por la naturaleza, sólo nos lleva a los
objetos de arte. Cuando la preocupación del qué, del conte­
nido, se sobreagrega a la forma, cuando hay c r e a c i ó n ' ,
se puede decir que se ha realizado obra de arte o se ha pre­
tendido realizarla, veleidad de obra de arte.
\
Los músicos germanos-hasta la guerra tuvieron la preocu­
pación del qué, los otros del cómo.
¿Acaso es posible distinguir de una manera absoluta en­
tre forma y fondo? Son dos fases necesarias de la creación
que viven en una estrecha correlación, tan estrecha, que .for­
zando un poco los 'términos, se puede decir que son una sola
y misma cosa, son dos enfoques de una misma realidad. Es
probable que sea una sim ^e cuestión de método o de actitud.
Por eso es exacto decir que la diferencia es de intenciones o
de resultados. “Forma y fondo son relativos, pero en este
sentido (y ésto se olvida demasiado a -menudo) cualquiera
que sea el elemento que consideremos en la obra de arte, es
a la vez forma y contenido: forma con relación a un elemento,
contenido con relación a tal otro” (Schloezer).
Precisando términos no es postee hacer distinciones abso­
lutas: fondo o contenido es propio de toda obra y existente
inseparablemente de la forma, pero sólo alcanza la categoría
de arte, cuando ese contenido, mensaje espiritual, es una crea­
ción que supera a la forma, cuando es s o b r e - n a t u r a 1e z a . ^
Por otra parte, la obra del genio,
obra configuradora del mundo — lo
que los alemanes llaman en filosofía la “W eltanschauung” {la
obra de Bach o de D ante) — llega a ser obra de arte probable
L*a o b r a d e a r t e ,

fig a r a d o r a d e í

con-

m ondo,

54

*

■

�o posible cuando se la considera como finalización o suma.
Allí donde ella no se desprende de una figura, se percibe in­
directamente en la suma. Muchas obras de nuestros días to­
marían un sentido si se las considerara no como obras tótales
o como objetos de arte, sino como fragmentos de una más
grande obra que sería un hecho colectivo. Es posible que tal
sea el caso de Debussy. ¿Ha llegado su obra a ser una confi­
guración del mundo? ¿El mensaje de su música ha alcanzado ~
esa integralidad de Bach o de Beethoven?
¡Sensación de totalidad dan las obras de Mozart, de Haydn.
o de Haendel, pues en sus músicas no vivían su vida perso­
nal, sino la vida de la humanidad. Brahms pudo decir: “Ellos
son los dioses, nosotros somos los hombres’’.
Debussy por el contrario representa una manera personal
de sentir y de trasmitir emociones — es un trabajo de hom­
bre, imperfecto, individual — ; su obra no representa eLconjunto que se busca ah querer caracterizar su época, es posible
que sea sólo un fragmento de la gran obra o‘ del gran mensa­
je contemporáneo.
Strawinsky, inteligencia superior,
Strawinsky
, ,la naturaleza,
, . , ,pero sin
. conten­
,
acepta
tarse con ella, la domina y la sobrepasa. Hace trabajo de arte­
sano rudo: en lugar de conformarse con lo que la naturaleza
le ofrece ante un rásgueo superficial de su apariencia, penetra
en ella buscando saciar su necesidad de saber y por sobre to­
das las cosas de crear. Es así un creador. Crea arte, hace
Kunstwerk.
Ante su obra cabe una primera actitud lógica: sorpresa.
Sorprenderse. es primigeniamente desconocer. Segundamente;
como dice Ortega, es comenzar a entender.
A la sorpresa que su obr^ despierta, le sigue en el oyen­
te carenfce .de finura y de ‘ humour’’'; una&gt; actitud de de­
fensa irreductible que hace que la considere como una broma,
como una ironía del autor; o de lo contrario, que la tome co­
mo un producto artificial (simplicidad querida, vuelta a lo
55

�clásico, a la melodía, a la tonalidad, al ritmo melódico, etc.),
de donde provienen tantos comentarios extravagantes.
Pero para que la frase orteguiana sea exacta, es necesario
que la sorpresa sea fecunda. Ante la sorpresa que causa lo
desconocido hay dos actitudes: una de reacción ciega, de lu­
cha impotente; otra de comprensión y de inteligencia. Tan só­
lo ésta es fecunda y de ella necesitamos para comprender a
Strawinsky.
.
Másiea ntteVa
Para alcanzarlo hay que considerar
Mtisica Vieja
a su música en una franca oposición
con toda la anterior. No es posible una actitud distinta, pues
hay una divergencia absoluta de finalidades: la obra vieja per­
siguió el a 1 c a n c e e x p r e s i v o de la música, llevando
a la formación de una dialéctica musical copiada del lenguaje.
Strawinsky, por el contrario, busca el perfeccionamiento „de
los m e d i o s e s p e c í f i c o s de lo musical. A todos los
demás les interesó en mayor o menor grado, la proyección
de lo musical sobre el alma' humana, a él la perfección en sí
de la materia sonora.
Ante una divergencia ,tan. profunda, sólo una actitud libre
de prejuicios sobre lo moderno, puede llevarnos a una exacta
comprensión: Para llegar a tenerla es necesario o un candor
perfecto .o al mismo tiempo una viva sensibilidad e inteligen­
cia maduras, o una sensibilidad e inteligencia musicales cul­
tivadas, pero todavía bastante frescas como para comprender
a medía palabra y no tropezar con lo inesperado. Esto es casi
un milagro. La obra de Strawinsky está destinada, por ell'o,
a ser objeto de la incomprensión y de la Burla.
Parodia

Se &lt;Íuer*í^0 tomar a su °^ra como
una parodia, especialmente de las for­
mas clásicas. Parodiar es representar o imitar alguna cosa con
el objeto de ridiculizarla o zaherir su esencialidad. Ante cual­
quier trozo strawinskiano hecho sobre los moldes, rítmicos del
clasicismo — un minuet a lo Haydn, un rondó a lo Mozart

�la áctitud superficial es la de la burla. Los que no yen más
qué la realidad aparente de las cosas, los que son incapaces
de penetrar hondamente en la esencialidad de las mismas, no
ven en ello más que una burla, un deseo grotesco de sátira.
Nada más alejado de la sátira que la obra de Strawinsky. Es­
te, alma purísima, va en busca de producir obra realmente au­
téntica. Hay una delectación verdadera en.su jnúsica, verda­
dera y auténtica, porque ha partido de nuevo de los elementos
(haciendo caso omiso de lo hecho por sus antecesores) para
ir lentamente escalando posiciones: esa delectación explicable
en el que sube peldaño tras peldaño, con conciencia.de segu­
ridad. Hay una manera rápida y alocada de ascender, intrans­
cendente a su propia significación; otra reposada y lenta, con
la convicción sincera de la elevación — de la que uso se sien­
te eje — y el goce íntimo que produce la solidez de ella
misma. Strawinsky representa esta segunda manera. .
Neguémosle toda valoración subjeti­
va si queremos, la s i n c e r i d a d ,
pero reconozcamos que su obra va en busca de lo*más puro
que hay en arte: l a a u t e n t i c i d a d . Lo ridiculizado
es siempre producto de una actividad-segunda sobre las co­
sas: tal no sucede con Strawinsky. El no desea volver a las
formas clásicas sino que habiendo partido de los elementos
generadores 'de toda música, ha llegado a un parentesco actual
con ellas. Ha llegado a un punto paralelamente coincidente,
en planos distintos.
¿Por qué ese afán de novedad? — le interrogó un día
Ansermet, a lo que. contestó Strawinsky: — “No me apoyo
más que en lo sensible y en ese terreno lo conocido es in­
fructuoso”.
A u t e n t ic id a d

He ahí por qué el problema está mal
Vaeffa a.....
planteado si decimos que su música
es una vuelta a. . . (Bach, Haydn, etc.) Strawinsky ha alcan­
zado (no llegado como noción de meta final) a una melodía
57

�o dialéctica propia, a una tonalidad, a un ritmo. Esa noción
de independencia — alejada de todo valor expresivo — es lo
que explica su parentesco con lo clásico. Hay un alcance de
Bach, de Haydn, etc., en un terreno puramente formal. ‘
Por eso es que no hay cuestión de vuelta a lo clásico, no
hay neoclasicismo, noción que está fuera de la cuestión. Si
se pretendiera una vuelta a él se cometería un delito de leso
cronismo: necesitaríamos recrear el ambiente, el “único que
hacía posible el uso de esas reglas, pues él las justificaba”
( Bekker).
El parentesco se hace más probable si consideramos la opo­
sición cíásico-románíico en un sentido más filosófico que musical: si lo entendemos como la divergencia que resulta de
una distinta posición ante lo real.

-

Oposición de
Tal oposición es la que precisamenSchloezer
te establece Schloezer, —- música ro­
mántica y. clásica — aunque con las reservas necesarias para
evitar la ceguera que produce todo encasillamiento en esque­
mas.
Establece puntos generales de terminología y de sentido:
c l á s i c o {lo que representa el orden, la medida^la clari­
dad, el equilibrio, la serenidad); r o m á n t i c o (lo libre,
lo exuberante, Jo exagerado, lo ilimitado). s
Pero una tal oposición se hace posible cuando se considera
La actitud del sujeto ante lo real. Quiérase o no, no hay más
fuente elemental que la realidad que se nos da, que la natu­
raleza. que nos aprisiona. Ella nos proporciona elementos y
con ellos se construyen las obras de arte. Pero el clásico trata
la realidad como materia bruta, como elemento desprovisto
en sí de toda significación, se vale de la vida desnudándola
precisamente de los caracteres de vida cotidiana que pueda
encerrar. Crea así un mundo cerrado y nuevo, no nuestro
universo, sino un mundo nuevo que se superpone al nuestro.
El romántico por el contrario, abre un mundo a esa realidad •
cotidiana que vivimos, aspira a captarla, a posesionarse de
• «*

'.

.

.

•. ' ‘

'■

.

’

.

- -

�ella plenamente y a vivirla en su obra. Va eñ busca de la ver­
dad. de la autenticidad reales, porque pretende que su obra
c o a c c i o n e sobre la vida misma. Tiende
a reducir las con­
venciones y a crear un mundo r ea lista . El artista clásico en
cambio, podríamos llamarlo — dice Schloezer — id e a lista , anti-realista{ en el sentido de que él impone a la realidad un
conjunto de reglas; de convenccioríes que matan la vida de lo
‘real, para conferirle una existencia-, un valor nuevo eu.un mun­
do artificial. Aspira a la creación de un mundo nuevo e in­
dependiente, con valores propios, el m u n d o e s t é t i c o .
El romántico no se conforma a ello sino que aspira a que su
obra tenga valor psicológico, social, religioso, místico.
Se ha dicho de la música clásica en general {Couperin por
ejemplo) que es arte de diversión, de pasatiempo. Schloezer
admite el término, pues es evidente que “la emoción o la an­
gustia que sentimos ante ella es esencialmente diferente de
aquellas que conocemos en la realidad cotidiana". Diversión
o pasatiempo porque no son expresión fidedigna de nuestra
manera vulgar de sentir.
El árfista clásico no tiene otra pretensión que la d£ crear
una pausa en la existencia"; el rcmántico- sueña en la “con­
currencia con la naturaleza y la divinidad".
De toda la generación anterior a Strawinsky se puede de­
cir que sólo Scriabin fué un verdadero romántico y poco in­
fluyó en su obra. Strauss. Debussy o Schomberg que dominan
la Europa occidental al aparecer Strawinsky son productos
del romanticismo — en lucha terrible y sangrienta contra
W agner y sus antecesores, pero sin conseguir desembara­
zarse completamente de sus ideas v sobre todo de sus con­
cepciones armónicas" — teniendo de común el deseo intenso
d t establecer un contacto más estrecho con la vida. Técnica­
mente su música se caracterizó por el predominio dei elemento
timbre y la armonía. La atonalidad fué su característica.
La melodía exige ser c o m p r e n d i d a en contraposición al tim­
bre, la armonía o el ritmó, fenómenos naturales; la primera
59

■

#

�es el elemento fundamental de la música clásica, los segundos
del romanticismo.
•
Schloezer encuentra así en la música de" Strawinsky una
configuración marcadamente clásica, porque “las cosas, sus
relaciones, sus acciones poseen un valor sonoro y revisten una
forma musical sin que haya necesidad de introducir en ella
sus sentimientos, sus emociones”. Crea así valores objetivos,
alejados por igual de la vida circundante y de su propio
mundo interior.
*
Ansermet se plantea esta misma
oposición estableciendo como condi­
ción imprescindible para entenderla, la premisa de que toda
la música anterior a Strawinsky es distinta a la de él. Se colo­
ca en una posición menos subjetiva —* sin tener en cuenta al
, espectador, cosa que hacja Schloezer en su oposición clásica­
- romántica — y más objetiva. Limita su estudio al material
sonoro como tal: la materia sonora no fué considerada como
individualidad independiente hasta Strawinsky, quien la tra­
baja buscando su propia perfección sonora en sí misma. Para
toda la música desde el Renacimiento hasta Debussy, lo mu­
;
sical, la realidad de la música está en la emoción que ella co- mímica, en el sentimiento, n o e n l o s e n s i b l e , lo
que llevó no a desconocer el objeto pero sí a dejar.de
considerarlo en su valor específico, para hacerlo portador, con­
ductor de una realidad de otro orden. Es a esta naturaleza
de hombre que Strawinsky viene a oponer otra: un hombre
para quien la realidad musical está en el objeto. Dicho de otra
manera para- él no hay entre la música primitiva y el arte una
diferencia de naturaleza sino de grado. Pues el- fin del arte
— comunicación espiritual — es el mismo.
.

O p o s ic ió n de
A n serm et

de
Ortega y .Gasset há tomado un
y G a s s e t punto de vista diferente para estable­
cer la oposición. Sus ideas están basadas en la tipología de
Yung que clasifica a los hombres en intravertidos (concentraO p o s ic ió n

O rte g a

#-

6o
♦

.

�ción hacia adentro) y extravertidos ( concentración hacia afue­
ra). El primero es " el individuo que no se entrega fácilmente,
que siente desvío ante los objetos, que adopta siempre la de­
fensiva, que tiende, a ocultarse detrás de una observación des­
confiada”; el segundo es 'el que fácilmente se hace cargo de
cualquier situación, traba rápidamente relaciones y se lanza
despreocupado en situaciones desconocidas. ” Teoría tipológi­
ca ésta que no hace sino coordinar la teoría sexual de Freud
(para los extravertidos) con la del poderío de Adler (para
los intravertidos).
El intravertido es el individuo cuyo modo de ser reflexivo
le obliga a reconcentrarse antes de obrar, el extravertido es
el que afronta situaciones sin reflexionar, estableciendo rápi­
damente relaciones con las cosas.
Los intravertidos, individuos que no escuchan la música
que oyen, sino stis resonancias en su propia alma, gustan de
la música romántica. La música moderna, por el contrario, es
la que resulta de un estado de contemplación que suscita en
el artista sentimientos secundarios de valor estético. ‘‘Para el
uno el arte.es la bella envoltura que se endosa a lo vulgar.
Para el otro es arte un arisco imperativo de belleza integral”.
Ejemplifica Ortega su oposición tomando a Beethoven o a
Mendejsshon como románticos, a Debussy como moderno.
Ansermet considera justa la oposición tratándose de los ejem­
plos aportados por Ortega, pero no la cree igualmente vale­
dera para todos los casos.
Ortega tímidamente junta a Debussy con Strawinsky al re•ferirse á la música moderna y aquí es donde su concepción se
. demuestra poco sólida. Parte de una premisa El arte es siem­
pre expresión de emociones” . premisa que se cumple con res­
pecto al primero de quien nos dice que las emociones expresa­
das son secundarias y pór lo tanto de valor estético. ¿Pero en
Strawinsky hay una tal expresión? ¿No sabemos que perma­
nece alejado de su música, que su drama interior no trascien­
de en ella?
_
.
En oposición a la música romántica, dice Ortega que fren-

61

�■
*
'
te # Debussy o a Strawinsky “en vez de atender ei eco sen­
timental de ella en nosotros, ponemos el oído y toda nuestra
fijeza en los sonidos mismos’’. Tal vez sea darle una objeti­
vidad a la música de Debussy que ésta no tiene y al mismo
tiempo una expresividad originaria que la de Strawinsky tam­
poco posee. Es que lejos de ser coincidentes, ni aún paralelos,
ambos constituyen una antinomia irreductible.
.
(E l ensayo de Ortega, Musicalia en el Tomo III de “El
Espectador’’, data de 192i, época en que Strawinsky no se
había desembarazado aún completamente de elementos subje­
tivos. Es posteriormente que escribe Mavra, Bodas, la sonata
para piano, el octeto, Apolo, Le baiser de la fée, Edipo, etc.,
es decir, las obras en donde alcanza plenamente* el ideal de
música objetiva).
#
El prebiema
Hemos dicho que la obra de Stra,
Strawinsky
winsky provoca una primera actitud,
sorpresa. Una tal sorpresa no es más*que el «orolario senti­
mental de una situación indefinida y nebulosa que acompaña
a toda su obra. Tal vez por nuestra condición de latinos ella
se presenta envuelta en una atmósfera de misterio (misterio
paradójico, pues su música ha conseguido la claridad más me­
ridiana), que es necesario descifrar. Todo ésto nos revela que
en torno a este hombre hay un problema, lo que Ansermet 11ama el p r o b l e m a S t r a w i n s k y .
La ciencia se coloca ante la realidad en uña posición dubi­
tativa, pues sabe que lo que conocemos no es precisamente lo
que existe. De ahí su carácter irónico y su aspecto problemá­
tico: hay-problema donde el conocimiento no'responde a una •
correlación auténtica con la realidad. La música de Strawinsky *
n o es lo q u e a p a r e n ta ser: postulado problemático, razón de
ser de su ironía.
Especulativamente se plantea así: Si Strawinsky ha trastor­
nado todo el concepto de-la música que nos venia desde el
Renacimiento, habrá que rechazar todo lo anterior a él, si signifiea un valor efectivo, o prescindir de él en caso contrario.
Hay una contraposición tan fundamental de valores que no
62

,

» ., •

- ,

�es posible plantearlo en forma menos excluyeme y rigurosa.
%
Ansermet no da s u solución al decirnos que tal vez por su
más
Vcondición
’
- de suizo,, acostumbrado* a las conciliaciones
«
fecundas, no se planteaba ese dilema, no creyendo nece­
sario elegir. Todas las maneras de crear belleza le parecen,
igualmente aceptables y por ello admira a Strawinsky sin
excluir de su admiración a sus antecesores.
.
Evidentemente que una tal solución no satisface. Tampoco
es cuestión de resolverla emocionalmeníe. porque tal es ia ma­
nera im p r o b l e m á t i c a m e n t e fatal de hacerla, si pretendemos en­
ténder. Lo simplemente emocional nos lleva siempre a una valóración subjetiva y personal. Para provocar un juicio psicoló- ' .
gico o b j e t i v o es necesario llegar a distinguir entré el factor
&gt;
afectivo y los demás factores psicológicos.
' Luego al tratar de la obra de Strawinsky hay que dejar de
costado el factor emotivo y buscar una guía objetiva segura.
Yung decía "es preciso encontrar criterios que obliguen tanto
al sujeto que juzga como al objeto juzgado". Tratándose de
Strawinsky es necesario que encontremos una solución olvi­
dándonos de nuestro yo, estableciendo esa separación entre
el factor afectivo y los demás factores psicológicos, haciendo
al valoraría una misma obra de objetividad como la que hace
.
el propio Strawinsky al crearla.
LIn planteamiento taf vez más seguro habríamos de tener
•
espigando en un terreno más filosófico ¿ocie-, recordando que
el arte es reflejo de una conciencia más o menos arraigada.
Siglo moderno el nuestro, ese que vió ¡a luz entre el fragor
de la contienda europea, significa antes que nada un vuelco
de valores y un cambio casi radical de modos de ver, de en•• focar la vida. Lo que llamamos - m o d e r n o consiste precisamen­
te en el desorden — idea ésia de' Valery — provocado por
"la libre coexistencia en todos los espíritus más cultivados de
las ideas más dispares, de los principios de vida y de conocí-■
“ miento úiás opuestos". Esto es lo que ha llevado al mundo
europeo — todavía a la cabeza del mundo terrenal — a un
estado de crisis económica, religiosa, social, a una c r i s i s

�d e l e s p í r i t u : En presencia de una tai crisis, ¿es ló­
gico poder sentar principios con carácter de valederos? Cri­
sis ésta que acentúa aún más el carácter problemático de toda #
actividad contemporánea.
*
Sensación de desequilibrio y de vacilación —- lógica porque
el mundo ha roto su timón y tiempo tardará eh encontrar
el derrotero seguro a pesar de sus velas desplegadas a todo
trapo — que le hace decir a Valery en agónica expresión:
“Personne ne peut dire ce qui demain sera mort ou vivant en
littérature, en philosophie, en esthétique”.
La música e x p r e s i ó n tuvo su vigencia social en épocas de
profundo idealismo, en épocas en que sólo lo espiritual se je­
rarquizaba como valor. Pero hoy vivimos una época de iguala­
ción: tiempo es de que hayan cambiado nuestros juicios valorativos. Ahora vamos a las cosas mismas, actitud verdadera­
mente positivista.
Ansermet trata de encontrar el caE1 hecho musical mino
.
.
, , ^ , ___ .
seguro penetrando
hondamente
en la psicología musical. Hay que comenzar por precisar bien
su oposición objetivo-subjetivo. Para ello analicemos el proce­
so psíquico a que da lugar la- música, lo que él llama el
h « c ho m ' u s í c a l .
Descarnadamente es el producto de dos factoresv un fenó­
meno sensible y una repercusión emotiva. La música ;— soni­
dos — impresiona los órganos sensoriales — el oído — y halla
eco en nuestro espíritu suscitando emociones. Ese organismo
sonoro nos procura por su audición un placer, que no es fí­
sico — porque estos sonidos a otras gentes que no fuésemos
nosotros pueden parecerles dolorosos — pero sí estético, inte­
resando a través de nuestra sensibilidad, nuestra imagin'ación
formad. Vemos, pues, que en el fenómeno musical hay dos as­
pectos a considerar: él depende ante todo de un cierto con­
tacto entre un o b j e t o (la obra musical) y nuestra s e n s i b i li d a d
auditiva o si se quiere nuestra imaginación sensible. Esto es
precisamente lo que constituye el hecho musical. El resto, re-

�percusión espiritual de la imaginación sensible, es más bien
la medida o la valorización de ese hecho.
Para que la música alcance su fin es necesaria la realización
perfecta de ese hecho musical, despertar de la imaginación
sensible al contacto de un cierto organismo sonoro. Este or­
ganismo sonoro constituye propiamente el objeto del fenóme­
no. (Bien podemos llamarlo objeto aunque no sea susceptible
de ser pesado ni medido, si tenemos en cuenta que una mesa
no es para un físico más que un campo de movimiento de-elec­
trones ).
Esa repercución espiritual puede ir muy lejos, hasta la ale­
gría, hasta la comunicación de sentimientos, hasta una manéra de revelación o de conocimiento en el espíritu.
Este doble aspecto es el que explica la oposición: ya hemos
dicho que 1^, realidad musical anterior a Strawinsky — es­
tá en la emoción, y si hubiéramos de aplicar íntegramente la
concepción de Schopenahuer, aquélla tendría una extensión
tan considerable que ni se hablaría de forma y el aspecto sen­
sible del fenómeno quedaría como un medio expresivo sin sig­
nificación propia. Esta manera de sentir la música está orgá­
nicamente ligada al "nuevo nacimiento" como se llama al na­
cimiento de Cristo, a la estructura nueva del hombre, que ha
tomado conciencia de la realidad de su personalidad interior.
Así nació la música en la iglesia, suprema expresividad del
lenguaje musical emotivo. Yung nos demuestra que la psico­
logía cristiana comporta los dos tipos de intravertidos y extra­
vertidos; estructura espiritual en la que se encuentra el sen­
timiento, para los primeros, o afirmación de la. conciencia que
se realiza en el dogma, para los segundos. Diferencia más
profunda que la de catolicismo y protestantismo. (Bach, pro­
testante; Beethoven y Mozart, católicos). De todas maneras
es en suma la civilización cristiana la que se afirma en esa mú­
sica.
Strawinsk^ no conoce o no quiere conocer esa emoción: el
objeto para él está en lo sensible, Jo otro es un irracional.

�Música, fetfelacié»
Hay que constatar que en ningún
espiritual
arte esta elevación del placer estético
hacia la revelación espiritual, está tan formado, tan patente,
tan explícito, como en la música. Esto puede suceder porque
la música es la recién venida de las artes, un arte esencial­
mente moderno, podríamos decir en todo caso, un arte re­
c ie n t e . La música es de todas las artes, además, aquélla donde
la demarcación es más neta entre su estado primitivo, en el que
aún no ha conseguido capacidad expresiva, y su c u ltu r a a r tís*
tic a , con la que ha llegado a ser lo que sabemos.
N o se puede negar que esta capacidad expresiva no haya
estado en ¿lia desde sus primeros pasos, pero resta en las
mejores canciones como una suerte de" resonancia vaga, y
hay músicas populares que no son sino motrices o sensuales
y no llegan a interesar al espíritu. En su elaboración sapiente
misma — música de cultura o música artística — debió durante
mucho tiempo apoyarse sobre palabras o ilustrarse con uná ac­
ción dramática, antes de ser capaz de vivir por sí misma. N o
es sorprendente — si percibimos qué rápido y prodigioso vue­
lo ha tomado desde que adquirió conciencia de su poder —
que haya considerado esta capacidad de comunicar lo inefable,
de trasmitir pensamientos o sentimientos los más secretos en
su ser, «como el hecho musical e s e n c ia l, como el hecho mismo
de la música. Algunas veces se la ha llamado música noble
por oposición a la de puro placer, pero más sencillamente se
la ha llamado m ú s i c a ; es lo m u s ic a l. Para un hombre de
la generación de Debussy o de W agner decir de una obra
“hay música allí dentro*’ es decir que esta obra es expresión
de sentimientos o de pensamientos. Y también se le ha apli­
cado el epíteto de musical a la poesía o a las artes plásticas,
en la medida en que ellas alcanzaban la virtud de aquélla.
“Todo arte —- dice W alter Patter — marca una aspiración
constante hacia el estado de música y tiende a una condición
que la música sola realiza completamente”. Aunque cada arte
tenga propiamente su elemento incomunicable, su orden de
impresiones intrasmisibles, el modo único de alcanzar la ra-

66

�zón imaginativa, se puede decir sin embargo, que todas las
artes lucharon por apropiarse de las leyes o de los principios
de la música.
Ahora la música — y tal vez pudiéramos situar cronológi­
camente esta revolución en Cézanne — va hacia las artes
plásticas. Esa preeminencia del objeto, Picasso. Strawinsky,
marca una aspiración de lo musical hada lo plástico, inversa­
mente a lo anterior, cuya culminación podríamos situar en los
impresionistas.
Lo mismo que la placa fotográfica
deja pasar algunas vibraciones sin
percibirías siquiera y revela otras, lo mismo el hecho musical no
se produce más que en ciertas condiciones, unas referentes al
objeto y otras al modo de obrar de nuestra sensibilidad.
Enumerándolas se encontraría toda clase de verdades pri­
meras, de verdades banales, de todos conocidas. Pero consta­
temos en general que las exigencias de nuestra sensibilidad au­
ditiva son en suma exigencias a p e t i t i v a s . Es necesario que el
objeto musical solicite nuestra sensibilidad auditiva como el
alimento solicita nuestro apetito. N o basta que la música que
nos es ofrecida encierre secretos incomparables, es necesario
que ella interese nuestro apetito sensible y ésto explica que
ciertas obras, que por análisis estimamos de un interés incon­
testable, puedan en un cierto momento sernos indiferentes
(Beethoven, Mahler, Bruckner para los latinos, inversamente
Debussy para los alemanes).
Pero fuera de las condiciones subjetivas el hecho musical
exige de la obra, el objeto, ciertas condiciones objetivas. Para
que el prólogo de Tristán tenga un sentido, la repercusión que
se conoce, no basta su vehemencia, su aliento, la amplitud de
sus períodos; fué necesario que W agner inventara los acordes
sobre los cuales él se apoya.'
C o n d ic io n e s o b je t iv a s
y

„

s u b je t iv a s

In s p ir a c ió n
Se simplifican en general estas cues* invención
tiones viendo en la elaboración de la
obra de arte la conjunción de dos elementos; la técnica y la
T é c n ic á ,

�inspiración. Se ha pensado siempre que ésta encuentra ios
elementos sensibles que se dirigen al corazón, aquélla los or­
ganiza. La técnica no inventa nada, es simplemente la dispo­
sición de los elementos suministrados por la invención o la
inspiración. La inspiración es la intuición del camino a se­
guir para responder al fin último del arte, intuición de lo que
hay que hacer, de los medios a emplear..
Para realizarse debe provocar la invención en el dominio
. sensible. Esta interviene siempre y en todas partes, en el ele­
mento, en las relaciones de los elementos, en la dialéctica o la
. forma. Inútil agregar que esta invención debe obedecer a la
lógica propia del arte. ( Invento y claridad son las dos impo­
siciones categóricas de la acción creadora).
*
Hemos descompuesto el fenómeno musical en una experien~ cia sensible y su repercusión psicológica; claro está que en
realidad es imposible observar aislados estos hechos, pues to­
dos los elementos que hemos considerado están estrechamente
ligados y obran conjuntamente. Sería un error decir que elfenómeno sensible depende de la invención de los elementos
— del tema o de la armonía — y. que el efecto psicológico de­
pende de la dialéctica o de la forma o de lo que se llama desa­
rrollo. La música es siempre una sola: tiene o no tiene más
o menos repercusión psicológica; es una comunicación o no
de lo inefable; a veces acaricia solamente nuestra sensibili­
dad, otras hunde su garra potente en ella y la domina y la
* sojuzga. A pesar de esa unidad procede sin embargo en dos
etapas: debe franquear la oreja para llegar a nuestro ser inte­
rior, debe producir el fenómeno y alcanzar la repercución que
se busca. Dos notas aisladas pueden no llegar al corazón, pero
en un trozo que llega al corazón, dos notas lo tocan. En Tris­
tón por ejemplo, el desarrollo, la armonía, el tema, todo con­
tribuye a su acción final, al móvil que la ha dictado, a su ins­
piración, a su c o n t e n i d o m u s ic a l en el sentido con que antes
hemos empleado esta palabra. Pero el hecho musical ha de­
bido ser provocado por la música considerada integralmente

61

�M

'

sn Sus elementos sensibles y emotivos, por lo que interesa
también por su calidad de invención, de lógica propia.
Esta dependencia de ambos aspectos del fenómeno es ri­
gurosa: no hay obra famosa por su poder expresivo que no
merezca serlo por su calidad sensible. Sólo es posible distin­
guir lo que corresponde a cada uro de los elementos, así como
una idea poética puede encontrar su forma en un escueto par
de versos o en un largo poema. Hav obras más sensibles otras
más elocuentes: las más sensibles podrán escapar a las perso­
nas menos aptas a experimentar el hecho musical, las más elo­
cuentes a las de sensibilidad demasiado golosa. _
En cuanto a la producción musical
— tomando ahora un criterio de cro­
nología histórica — es fatal que el descubrimiento de la capa­
cidad expresiva de la música y su rápida expansión, haya di­
rigido exclusivamente hacia ella la atención de los composi­
tores. N o es que ellos hayan descuidado el hecho §ensible. Al
contrario, en razón de esa misma dependencia, ía persecución
de una facyltad expresiva cada vez más grande, los obligó
a inventar siempre. ( Se han inventado más acordes nuevos y
nuevos recursos de toda especié por aquéllos que no se preo­
cupaban de inventar, que por los que se proponían la inven­
ción como fin). Pero es que al pretender llegar a esa expresi­
vidad — obedeciendo a la naturaleza, a grandes leyes más allá
de nosotros — se contribuía, del desarrollo de las diversas ca­
lidades del objeto, a cultivar aquéllas que se refieren a la dia­
léctica más que a las que le son específicas. Entonces, como el
objetó musical no era cultivado por sus calidades propias,
éstas — melodía, acorde, etc. — tendieron a disolverse como
elementos individuales. Esto es lo que pasó'después de dos si­
glos de desarrollo de la música, que bajo la influencia, del
genio germánico, había perseguido sin cesar esa capacidad de
expresión.
;
Aspecto expresivo
de le música

.

69

�La'persecución de ese único aspecto
musical
del fenómeno llevó insensiblemente* a
la formación de-una dialéctica musical propia. La dialéctica
no es más que un sistema artificial tendiente a aprovechar efi­
cientemente las fuerzas del pensamiento. (E s conocida la com­
paración con una máquina que tiende a dirigir y aprovechar *
las fuerzas de la naturaleza).
Los románticos tendieron a la formación de ese lenguaje,
puesto que la música era para-ellos un simple vehículo de sen­
timientos y emociones personales. Esa música es hija del len­
guaje, superlenguaje, verdaderamente el más alto instrumento
de expresión de hombre a hombre. El músico era el h o m b r e
- q u e s e e x p r e s a b a con sonidos, así como el poeta se expresaba
con palabras. Los sonidos no tuvieron significación propia e
’ individual -— como las letras o las sílabas que nada dicen en
.'sí — y en cambio adquirieron, un sentido propio de-simbolis­
mo expresivo,, al agruparse. La armonía fué la base de su
expresión — sintaxis (concordancia, régimen, construcción de
sonidos) — pospuestas quedaron las formas descarnadas del
sonido mismo.
Los románticos descategori^on. la música, la hicieron ser-t¡
vil al ponerla a Y servicio de las ideas o de los sentimientos.
La necesidad del lenguaje como tal, como expresión, fué un
imperativo de romanticismo; la necesidad de una forma como
báse de perfección sonora — una forma que es el estilo —
es imperativo de modernidad objetiva. La primera es la voz de
un hombre, ésto es un objeto viviente, en el cual se reconoce
el hombre como se reconoce Dios en la naturaleza.
Debussy marca la primera rebelión de una naturaleza sen­
sible que hizo volver la música a su necesidad primera. En
busca de 4a objetividad lograda hoy por Strawinsky, Debussy
'daba el primer paso purificando esos sentimiento^ Ya no se
trataba de la expresión sentimental — fuente de inspiración
romántica — sino de sentimientos estéticos, aquéllos de se­
gundo grado de que nos hablara Ortega. Perfeccionaba «1 su­
jeto arrastrando tras sí una perfección, 3e consuno, del obd ia lé c tic a

70

■

�jeto, Pero su situación filosófica frente a la realidad era to­
davía indefinida.
■
*
A continuación vinieron de todas partes músicos pertene­
cientes a razas sensibles, eslavos, españoles, franceses, italia­
nos, que en su cuidado de afirmar la necesidad de! hecho mu­
sical sensible, no se preocuparon sino de él. Prepararon así la
completa revolución que significaría un cambio de frente en la
teleología musical: revolución que opera Strawinsky en la mú­
sica como Picasso en la pintura, a! situarse netamente en el
objeto, abandonado el sujeto.
. El cuidado del objeto, la preeminencia del objeto, ésto es
la experiencia musical. Y ésto es lo que interesa, como héfcho
sensible, a la estirpe de músicos como Strawinsky. La* calidad
musical ha cambiado de sentido. La música ha seguido un ca­
mino inverso al del siglo pasado y se ha vuelto hacia las ar­
tes plásticas, ha perdido así*feu realeza. Strawinsky no cree
en esta realeza. Para él no hay otra experiencia más que la
sensible, porque sólo el contacto con las cosas es de extraor­
dinaria significación.
Strawinsky se vió desligado de pronto de t o d o lo que se ha­
bía hecho antes de él, de todo lo que constituía la dialéctica
romántica. Debió volver a comenzar. Tenía necesidad de una
base que soportara la invención y ella la encontró en el uso
0 ¿Le fórmulas clásicas. Su lenguaje sorprende antes que nada
por el uso de fórmulas (menospreciadas por el romanticismo),
fórmulas formales o fórmulas expresivas. Este uso le prestaría
un carácter si se quiere'de artificialidad. Pero no hay tal: lo
más que se puede pensar es que creyó que valdría tanto esa
manera c o n v e n c i o n a l comq la que é l p o d r í a e n c o n ­
t r a r . Lo importante era la vida propia nueva que su­
piera introducirle, y ésto es lo que ha hecho, i n y e c t a r
v i d a n u e v a , independiente, dentro de los viejos mol-,
des del clasicismo.-Todos los elementos de su arte no son me­
nos originales de lo que eran antes, sólo que antes lo sometía
todo a su temperamento, “hacía música con lo que no era to­
davía?música” como decía Debussy, hacía un arte individual

�y rucio, arte salvaje. En cambio en sus últimas obras hace el
mismo esfuerzo creador, pero aplicándolo a elementos que no
tienen nada de individual, que son del d o m i n i o c o ­
m ú n , lo que lo ha llevado a hacer un arte social y .c o ­
lectivo.
Es el hecho de un hombre que se somete a un orden exis­
tente fuera de él, que lo adapta a su orden propio, manifes­
tado en el estilo de un lenguaje general que él toma de una
convención. Es lógico así que esta tendencia lo desviara de
las formas musicales en donde el objeto desaparece ante la
intención expresiva (sinfonía, drama lírico). En cambio debía
recostarse sobre las formas más simples donde el carácter del
objeto es más evidente y donde su demostración es más con­
vincente (valses, polcas, romances). Esa música objetiva,
construida sobre los valores específicos de ella, fué posible ba. sándose en el otro polo del arte: la danza. Y en ésta se apoyó
Strawinsky para casi todas sus obras. Musicalmente las dan­
zas son tipos de expresión, f i g u r a s d e c a r a c t e r e s .
Apoyada sobre la dahza y la música instrumental popular, la
música se ha creado una dialéctica propia: formas, contrapuntísticas. obertura, cánon, tocata, fuga.
La música que acuerda primacía al sentimiento alcanzó
la finalidad del arte haciendo desaparecer los valores específíeos ante el sentimiento del todo: esta unidad manifestada „
es una persona en acción, música personal y subjetiva, lírica,
hermana de la poesía — poesía sin conceptos ;— , lengua de
los sentimientos. (Dialéctica imitada del lenguaje).
La otra, tendiendo a su dialéctica propia, procede de la
música primitiva por una intensificación cualitativa.
Al afinar y desplegar los caracteres sensibles, al poner en evidencia .sus relaciones y su unidad, al lograr esa cualidad que
se llama e s t i l o , la obra jnusical nos manifiesta un cierto s e r ,
que es un signo espiritual, una forma — analogía de un fe­
nómeno de la vida, de una figura del mundo — como la me­
táfora.
La música ha conocido desde el comienzo este carácter de
7*

.

�impersonalidad'. A él corresponde la natürálesa de Strawinsky
y por ello se explica su ligazón estrecha con las viejas mani­
festaciones del mismo.
,
'

&lt;g

•

'

Bt Itttgaafe de

De todo este problema de lenguaje
surge una disyuntiva: ¿Qué resulta si
Strawinsky ha necesitado o hacer una música salvaje o hacer
una música convencional? De todo ¿?to resulta un hecho
"troublant” y es el de que c a r e c e ' d e un l e n g u a j e
p r o p i o . He ahí el hecho que explica el carácter proble­
mático de toda su música.
Carecer de lenguaje es una expresión que pudiera tomarse
en sentido romántico, porque éstos fueron precisamente los
que -hicieron de la música su lenguaje propio, abandonando to­
da preocupación de estilo. La m a n e r a que es siempre indivi­
dual y personal, imperó absolutamente sobre el estilo que es
colectivo y en “donde se cristalizan algunos modos-de pen­
sar, de sentir, de obrar, de un siglo, de una nación, de un
grupo mismo’’. (Schloezer). ^
‘
^Strawinsky sintió la necesidad de que hubiera una forma
social, un e s t i l o y ésto es lo que buscó primero en Bach, lue­
go en Haendel o en Lully. Carente de lenguaje había de bus­
car en aquellos estilistas el marco apropiado para sus inven­
ciones. Y se vió en tal situación porque la manerS personal de
un artista no puede constituir nunca el estilo de la época.
Strawinsky comienza con su obra, esa tarea de depuración
v reconstrucción necesaria después de la alucinación románti­
ca: la de encauzar toda actividad espiritual hacia la forma­
ción de este estilo ansiado, que dará una fisonomía a la época,
dotándola de un ser independiente y colectivo.

Strawinsky

Algunos conocimientos de su tipología racial explican también eí extraño
fenómeno de su música. Hombre culto, con una inteligencia
especulativa, pero práctica, pleno de apetitos de acción, de vo­
luntad, de vigor, tiene u n e x a c t o s e n - t l d o d e l a s
Caso Individual
de Strawinsky

/

’

.

-

-

n

�c o s a s . No cree sino en aquello que toca. Por ello es
que se siente lleno de terrores al pensar en todo lo que él no
puede dominar, y la música como fenómeno expresivo se Je
presenta como lo«irracional, rozando el dominio de lo místico.

¿Hemos conseguido plantear el problema, traer alguna luz
que nos aclare el misterio? Ahora parecen más irreductibles
4as diferencias, más rigurosa la antinomia, menos explicable
una ,posible coexistencia. Tal vez no hayamos conseguido la
claridad que es índice de filosoficijlad.
Cada argumento es una espina en este calvario sensitivoespiritual. Cada uno de ellos derriba un árbol, pero al mismo
fíempo nos descubre una nueva complejidad. Nos asiste sin
embargo una fe y una esperanza porque intuimos la estación
de arribo.
Y nos parece que las espinas irán libertando á la carne
de sus dolores, y que el camino será fácil, para esa genera­
ción -— que vendrá, a no dudarlo — provista de un intenso
p o d e r d e c a p t a c i ó n d e l o o b j e t i v a y deun sincero deseo de verdad de las cosas y no de su aparien­
cia.
.
► J a rb.

74

�•

•

Excéntrica

•J

��VARIACIONES

DE LA

A C C I O N Y EL

PELIGRO

La conducta de las masas está condicionada por una primera
aptitud, típica, diferenciadora, cambiante en cada generación, para
la valoración, para la determinación del sentido de la vida. Hay en
esta determinación un aspecto que es elemental; la masa—el indi vi'
dúo que la constituye, esto es, el individuo en tanto que actúa y
piensa como masa—siente la actualidad como si fuera la realidad
misma, la realidad esencial. Los marcos actuales, los principios
directores de la vida adquieren así un carácter a p n o r i y se piensa
definitivo todo aauello que se da elaborado y concluso, hasta el
punto de suponer característico de la hora, lo que en realidad es
previo e impuesto.
Este sentido conservador está tan arraigado en la raíz del sen­
tir y el pensar de la masa, que hasta aquellos sectores avanzados,
esto es, los que se oponen por principio al estado de cosas, no se
sienten a sí mismos como presente, sino como atisbos de un futuro
lejano, sobreentendiendo así que, en efecto, lo real coincide en ese
momento don lo actual.
La conducta humana se determina entonces por dos maneras:
o sujetándola a ese sistema de valores admitido y “standard’*, o 77
so­
metiéndola a uh sistema atemporal, con una cierta perspectiva his­
tórica- Aquí sería útil anotar que en este último modo se apre-

�cian opuestamente muchos valores que son despreciados en el pri­
mero; por ejemplo, todos aquellos que son exponentes de una pu­
jante y rica vitalidad. Así, en el lenguaje, las innovaciones que el
pueblo introducé por rabones de graficidad o de simple riqueza ex­
presiva, se juzgan incorrecciones en su momento y se valoran como
inyecciones de nueva fuerza en una perspectiva histórica. Pareja­
mente, la audacia, el empuje, todas aquellas aptitudes que por ser
ungulares y sobresalientes contribuyen a precisar los niveles vita­
les, aparecen en la valoración inmediata con caracteres insultantes;
®on, en cambio, las grandes virtudes de la historia.
Es singular que en su estado de plena normalidad la masa ca­
rezca de esta perspectiva histórica, de esta conciencia de su destino,
y que sus actos se determinen exclusivamente por el Sentido inme-diato. Mientras no encuentra estímulo suficiente, la masa no ad­
quiere, en realidad, caracteres típicos. Actúa, entonces, tan sólo,
como agrupación de individuos, multiplicando al infinito los ins­
tintos y las reacciones individuales. En el estado de pasividad—el estado normal de la masa--hay entonces una multiplicación de
los valores individuales que la componen, esto es, de íos^valores me­
diocres o vulgares.
Frente al orden de cosas establecido, frente al sistema de va­
lores usual, frente al sentido corriente de la vida, la masa—normal­
mente—no actúa en forma alguna. El individuo reacciona perso­
nal, individualmente, y somete su acción futura a esa reacción per­
sonal cuya nota destacada es, sin duda, el peligro. Frente al
monstruo que es la realidad establecida, el individuo se encuentra
solo, aislado, impotente, desamparado ante su magnitud. Seguro
de su propia reacción, le falta la íntima seguridad de que sea esa,
precisamente, la reacción colectiva, y su situación de desamparo se
traduce en esa sensación, peligro, que condiciona la acción pasiva
de la masa. En la normalidad, la masa se encuentra inconexa
inexistente frente a lo establecido; la realidad actual es la obra de
otro conglomerado humano, pero animado esa vez por un impulso íntim® y creador. Frente a él la masa pasiva se siente pequeña e
impotente, y el peligro que implica la acción personal detiene toda
posibilidad de acción .
' ,? r

�* Una revolución podría definirse—si no resultara demasiado es­
trecha la definición—corno el proceso por el cual k masa deja de
ser una suma.de individuos, para adquirir un sentido nuevo, dis*
tinto del individual. En tal momento el peligro, reacción indi* *
vidual, desaparece y deja su lugar al sentido heroico, al impulso
creador, a- todo aquello que signifique vida, más estrictamente
aún., a todo aquello que signifique acción Actuando ya como
til, fa masa no está condicionada, limitada pee sentimientos indi*
viduales; la masa es ya un organismo nuevo, de caracteres propios
y definidos. Frente al motor de su pasividad, peligro, ha puesto
el" de su actividad, acciórf, una acción desinteresada, entiéndase
bien, una especie de.acción por k acción misma, una acción lírica,
y que impulsa, contra toda otra determinación de utilidad o de ra­
zón, a obrar,
•. 4
La revolución—ha dicho Ortega-—no es la barricada, sino un
estado de espíritu. Es inexacto creer que la revolución es la trana- *
formación de un algo dado—institución, creencia—en otro. Esto
es una realización posterior en donde el azar o las contingencias
históricas tienen gran influencia. La revolución es algo previo,
una conciencia colectiva que aparece, y que sirve como soporte co­
mún donde asentar una inspiración, un impulso. Reducir a un
estado de conciencia común todas las individualidades que compo­
nen la masa, uniformizar las reacciones ante un fenómeno cual­
quiera, eso es la. revolución. Es por esa esencial virtud por lo que
valen históricamente las revoluciones, no por lo que comportan o
por lo que logran.
• Porque hay que contar con que la subversión de’ valores que
esa transformación representa, es más fundamental a se recuerda
aquella básica limitación en k estimativa de las masas. Romper con
lo estatuido, con lo maduro, es, independientemente de que pares- .
ca o no pintoresco, un suceso fundamental y extraordinario, Sigoifica arrasar el marco tradicional, que tenia todos los caracteres
de lo definitivo y esencial, para intentar cambiarlo por otra *cosa
que es espontánea y joven, y por lo mismo insegura y dudosa. Lo
importante en estos momentos de k vida de un pueblo, es lograr la
voluntad de revolución» #sfco es, lograr la voluntad de violar

.

.
5

�normas, de romper cánones . Eso si .que es trascendental, porque
implica la aparición de un elemento nuevo en la vida activa de tina
entidad social cualquiera: la masa. La,masa no tiene sentido sino
por la acción. La acción implica que la masa se encuentre, que la
masa posponga lo individul de cada uno para unir en un ser nuevo
lo unánime y lo colectivo, que se olvide el peligro y se avance eñ la
acción.
^
Peligro y acción son, precisamente, dos elementos que sólo se
estructuran en sistemas distintos- el peligro es un valor de presen­
cia, despreciable históricamente, y que sólo se siente como limita#
ción personal; la acción, en cambio, es un- valor dentro de la más
estricta perspectiva histórica, y para percibirlo hay que superar un
•
poco el plano de las reacciones inmediatas. El predominio de uno
u otro valor en el alma de las masas está indicando como pocas co­
sas lo harían, la altura del pulso de los tiempos. '
. ^
El porvenir de una revolución se encuentra condicionado por
múltiples factores y, en general, el resultado es mínimo con relación
al elau creador que lo movió. De todas ellas queda impreso el
paso por la incorporación de este elemento que aparece y desapa­
rece en la vida social de los pueblos, -y que siendo atributo de una
generación—o de las generaciones que conviven—se pierde con
ellas así como con ellas apareció.
.
. 8¿ en les pueblos de efectiva cohesión racial tienen importanr
cia estos movimientos de consolidación de las masas, fácil será com­
prender la que adquieren tratándose de entidades sociales de muy
débil estructura. Y este ultimó es el caso de la Argentina. Des­
de hace 30 o 40 años, el aporte inmigratorio ha dado a la economía,
a la industria, un impulso casi fabuloso. Pero este impulso se ha
• logrado por el esfuerzo individual, por el esfuerzo del industrial o
del agricultor, teniendo el trabajo un sello característico de facto­
ría, acentuado en la tendencia egoísta, personal, de quien viene a
recoger de la tierra un máximo de rendimiento sin preocupación
posterior alguna.
En el plano de la actividad política, este fenómeno se .ha manífestado claramente en la indiferencia que por los destinos del país
ha sentido la masa, Y no es que se tratara de desagradecimiento
■8a

�a La patria adoptiva, o.de falta de visión para su futuro. Es setv
eillamente, que el elemento nacional, el auténtico criollo.del año 80,
ée ha diluido poco a poco entre la enorme masa inmigratoria, que
por traer solamente el elemento indispensable para el ptís—brazos—
llegaba, sin *preocupación alguna en chanto al cuerpo social que
venía a integrar. No puede hacerse por esto ur. reproche al ex'
tranjero—ese reproche que en la palabra “gringo" sintetizaba el
criollo de háce 60 años—. El extranjero no hacía sino cumplir la
ley elemental del aprovechamiento de las circunstantes. . Venía de
tierras de trabajo difícil y había aprendido en ellas una lección de
tesón, de voluntad, de preocupación. Y llegaba a unas tierras nue­
vas, donde aun sin todo esto podían ya lograrse eximios frutos.
Aplicando a éstas aquellas viejas virtudes, el extranjero ofrecía al
criollo un espectáculo exótico: preocuparse por lo que se daba por
sí solo. Para el criollo la vida era una empresa fácil; para el ex'
tranjero, una empresa difícil cumplida en un campo propicio. Y
era esta radical oposición ante la vida la que el criollo encerraba en
el recuadro despectivo de la palabra “grjpgo” .
Cada ves más, esta expresión empieza a carecer de sentido;
la masa empieza a adquirir una sacie de'caracteres comunes a los
dos distintos elementos que la componen, que son, desde un punto
de vista más-estricto, infinidad de elementos. Y así, como antes
era la actividad política la que trasuntaba la heter|ogenidad de la
masa, es ahora también la actividad polines la que empieza a mos­
trar este nuevo atisbo de cohesión.
Después del pronunciamiento popular del año 90, la anda pc^
lírica argentina ha. sido, por excelencia, irregular y tortuosa. No
hubo apenas sanciones colectivas, ni expresiones de un común sen'
tir o pensar. Pero he aquí que las cosas han cambiado en los úb
timos años. La actividad política ha empezado a entrar en los sec'
tores que antes se desentendían de ella,, y dos hechos sugestivos dan
la pauta de un efectivo cambio en la estructura social de la masa.
Estos dos hechos-—elecciones del 28, revolución de septiembre—aun
de sentido práctico inverso y quizá pgr ello mismo, tienen una mis'
ma y sola raíz y reside en aquel cambio fundamental. Por prb
mera vez desde hace 40 años, la masa ha vuelto a adquirir concien'

�da de si misma, sentido de su específico querer. Y he aquí que
ya la tenemos obrando* como masa, reaccionando en cada caso, fiel
a sí misma.
•
Quisa interesara aclarar cómo tienen una misma raíz estos dos
hechos contradictorios, elegir y derrocar un gobierno. Pero la con'
tradicción desaparece si se piensa que lo verdaderamente importan'
te de la elección del 28 no fué el decidirse la masa por uno u otro
nombre, sino el agrupar alrededor de cada uno de ellos todo un '
sistema de aspiraciones políticas. En efecto, a poco de conocidas,
las de»' fórmulas se cargaron de un sentido que acaso no tuvieran
estrictamente, pero del que se advertían atisbos evidentes. Por una
parte aparecía una fórmula derechista, conservadora, protegida por
agrupaciones políticas del más variado cariz, solamente concordan­
tes en cuanto a protegerse de un presunto gobierno demagógico.
Por otra, una fórmula popular, de lejana inspiración izquierdista,
prestigiada por una auténtica tradición radical.
*
La definición fué categórica (1); pero no en el sentido de los
nombres elegidos, sino %n el del contenido vagamente ideológico
con que §1 sentir de la masa—acaso su intuición, nunca demasiado .
errada-había cargado los dos apuestos nombres.
.
Esta masá que por primera vez desde mucho tiempo se en­
contraba-a sí misma, coincidía en una aspiración social, ejecutaba su
voluntad de poder, apareció en el campo social como un factor
nuevo con el que dé aquí en adelante habrá que contar, a riesgo
de sufrir sobresaltos y contratiempos. Lograda la conciencia de
sí misnia, volvió a aparecer en defensa de derechos vulnerados, jus­
tamente por aquellos que en un momento sintetizaron toda una as­
piración social."
A quien de aquí en adelante se encarame a la florida rama
del poder, bueno será gritarle un alerta antes innecesario y recor­
darle este suceso paradójico: ya existe.el pueblo. '
J. L. R.1
(1) Recuérdese, por otra jparte, que en cuanto al matiz político del
movimiento de septiembre, el pueblo estaba en absoluta oscuridad. No ha* *
* bía en el apoyo popular, sanción favorable a ninguna tendencia,.

§2

-

�BANCROFT
Bancroft.es la fuerza. La fuerza que vence y que subyuga
sin razones. Siempre existen motivos sentimentales para que de­
seemos que nuestro héroe no sucumba en la lucha que se entabla
en el mundo de la película, pero tratándose de Bancroft no son
sentimientos solamente: no es vencido porque no hay posibilidad
de que pueda- serlo. Si llegara a caer, nos obligaría a construirnos
una nueva valoración de su carácter. El cemento armado nos pa­
rece que no puede fracasar en su intento de sostener una casa;
así Bancroft nos parece que no puede, ser derrotado porque es la .
encamación de la fu erza .
Actúa por presencia. ¿Cuántas veces lo hemos visto luchar a
brazo partido? No lo necesita: su sola presencia intimida, y
para los más osados, para los que parecen olvidar las reglas éticas
del debe ser cinematográfico, un empujón, a veces una mirada
bastan.
En “A cartas vistas1’ lucha y causa desilusión. Llegar a las
manos para demostrar superioridad de fuerza, es Dios rebajado a
misión servil, es descategorizarse.
•
Es vencido en “La Batida1', vencido sin luchar. Cae de pronto,
arbitrariamente, como si estuviera bajo el peso de un hado si­
niestro: ese hado es el remordimiento humano, lo único que pudo
avasallar esa enorme masa de materia dotada de extraordinaria
*

'

’

�fuerza, Y cuando ese hado maléfico se esfuma de su mente obse­
sionada, demostrando una existencia quimérica, al renacer en él la
confianza, se impone de nuevo la fuerza: fuerza sobrehumana para
impedir el cierre de una puerta automática, para torcer unos fuertes
barrotes de hierro, para dejar que los bandidos se maten entre
ellos. Betty, la ¿muchacha perdida sin rumbo —en “Muelles de
Nueva York"-*- no escapa a la acción de su poderío y exclama:
“Yo n o sé q u é pen sar ni q u é d ecir” , porque el que desde ese mo­
mento es “su hombre", arrastra todos los prejuicios, todo lo pre­
concebido. Lo que está organizado de cierta manera, le sirve a él
para hacerlo en forma contraria, es lo contigente cósmico. Betty
siente esa fuerza porque carece totalmente de ella, es la fatalidad ,
es la mujer sin caminos y con todos por elegir: lo mismo le da
ahogarse que pasar una nóche de juerga. La mujer perdida pero
vieja, se deja penetrar también por esa fuerza, es el destino, doble
inexorable de todo ser humano que muestra el futuro con dedo
enérgico. Esa trilogía —fuerza, fatalidad, destino— parece formar
un mundo lógico,,pero fracasa. ¿Cómo Bancroft no lo había de
hacer fracasar? Se burla una vez más de la fatalidad .¿^espertando en
su “esposa" nuevos impulsos de vida, y del destino, augurando una
vida honesta y feliz para “ aquella buena m uchacha incapaz de
m atar a n a d ie” y para él mismo ‘ ‘q u e le gusta hacer de to d o p or
l® m en o s una v e z ” ..
' /'
Su encamación vigorosa es arbitraria, irreal, fantástica. Es­
capa a la razón, pero con una dosis constante de humanismo, des­
pierta nuestra fe: es un carácter, es un Dios.
'.
'
■ ; ' .
Jarb.

84

�TRES CONCEPTOS

EN “LA MUSIQUE ’ DE PAUL BEKKER
H I P O T E S I S D E H I S T O R I A . — Todas las cosas tienen para
el hombre inquieto, un valor de investigación, No nos referimos'
aquí a la investigación por ella misma, sino a la investigación
en un sentido determinante, sentido que engendra acción valorativa.
Investígame» cuando sentimos la necesidad de llenar un vacío.
La atracción que en el hombre ejerce lo desconocido y la búsqueda
que tiene muchas veces por causa la insatisfacción de lo conocido
explicado, son eternas. Porque la eternidad es ese no llegar a ser
nunca porque siempre es. Y esto se resuelve en ia angustia que
no hemos de agotar, porque necesitamos de su fatalidad insaciable
en nosotros, como premisa necesaria a nuestro vivir de cultura.Pero el resultado de posesión de cultura se resuelve en acción
*" (piénsese en el hombre que produce en un sentido afirmativo; re­
cordando también aquello del valor positivo de los grandes errores).
Entonces el hombre necesita expresarse en forma de sistemas, teo­
rías, contrucciones necesarias de hipótesis, formas activas todas.
La capacidad del hombre que vive cultura al comprender una
época de la historia, le crea estados espintualmente necesarios para
la comprensión intuitiva y científica de esa época. Y a estos esta­
dos espiritualmente necesarios son lo que llamaríamos “hipótesis de
historia'”. “Además, hipótesis no quiere decir fantasías caprichosas.

Note - "La Musíqtie", Paul Bekker. Ed, Payot, París, 1929*

-

.

'

85

�La hipótesis de que aquí se trata —la esencia del estilo gótico de
Guillermo Worringer— son mas bien esos grandiosos experimentos
que hace el instinto cognoscitivo cuando, para penetrar en la osan
ridad de los hechos incomprensibles desde el punto de vista de núestras representaciones, se ve obligado a tender sobre ellos una red de
posibilidades, cuyos más aparentes puntos son los contrarios polos de
nuestras representaciones.” El querer desentrañar sentido a las
cosas (el que nosotros le damos) y de las cosas (el que ellas nos
dan) es lo que constituye la actitud pensante del hombre científico.
El dar sentido a las cosas es función científica," como que el que
nosotros lleguemos a que las cosas nos den su sentido, es función
intuitiva.
‘
•
La historia —acaso la rama más artística del saber científico—■
es quien más sufre la cuestión sentido, es decir ese penetrar en las
cosas, para arrancar el por qué del humano hacer; este concepto
implica la necesidad de acción del que piensa y siente, una. nece­
sidad teleológica, determinante de una finalidad-última. El hombre
se salva a sí mismo mediante la intelección de hipótesis de historia,
es decir, mediante sus grandes creaciones de épocas ya muertas
biológicamente. Intelección, inteligir, ver, penetrar en el ver, pro­
fundizarse. Llegamos al sentir de totalidad: hay creación. El honv
bre crea más sabiamente cuanto más le concurren el pensar y el
sentir.
*
Es necesario convenir en que desde cualquier punto que se
encare el problema histórico no es posible al historiador zafarse de
lo que de pesa dentro, ya sean calidades adquiridas (intelectuación,
cientificación), ya sean calidades innatas (intuición, comprensión) .
Todos estos ió n más o menos potenciales según la personalidad
del que historia, se reducen en última instancia a una subjetivación,
a un enfoque pleno de facultades constructivas. En este sentido,
historiar es subjetivar y subjetivar es crear.
Pero si partimos del concepto dogmático objetivo que gene­
ralmente se tiene de la investigación como método, vamos a parar
a teorizaciones desprovistas a menudo de verdad y sentido vital.
Cayendo al terreno de la historia de la música —fenómeno
sentimental, el que más directamente azota la sensibilidad, que posee

�cantidad de combustible vital para inflamar el pajonal de la inves'
tigación histórica—, lleva en su existencia de años estratificación
vital de hipótesis de historia. Y a bien .dice Bekker en las primeras
líneas de su libro: “ . . . pero existe algo sobre lo cual no hay ninguna
obra en que se pueda consultar hasta hoy, y esto es la m anera c ó m o
debemos ver y comprender la historia de la música". Y^es que histónicamente la música debería escudriñarse en un sentido funcional.
' El equilibrio de las fuerzas de creación es una resultante de
la cultura.. El artista sin su ayuda se queda en mitad del camino
a recorrer. Y el sentido histórico de la música estaría dado por el
ambiente* emulsionado de las artes y de las ciencias que le son
contemporáneas y que concurren en la expresión formal determi­
nada por su dinamismo. “No estamos aquí para ser jueces de
los fenómenos: tenemos que observarlos y buscar de comprenderlos
por la ley que los rige. Encontraremos que siempre hacen exacta'
mente la música-que responde a esta ley. Lo que llamamos las
' formas musicales serán precisamente la consecuencia de las leyes
que les son inherentes.” No se recurriría a una constatación histó­
rica, sino a. una vivificación de ligamentos entre fenómenos.
El carácter funcional de las formas Tle expresión, resalta —
con su necesidad de presencia— en la interpretación hipotética
de su mismo sentido formal. Recordemos que la desavenencia
'entre la forma y el fondo es el caos. Sólo llegamos a contempla­
ción de algo logrado cuando se consigue equilibrio entre la expre­
sión y lo expresado. Y en función de hipótesis es como histórica­
mente se desentraña la unidad de las diversas fuerzas que hacen
equilibrio y p ro d u c e n obra. A estos procesos de coordinación entre
la expresión y lo expresado, procesos fatales, necesarios formativamente en el arte, Bekker les da carácter de transformación, no
de evolución .
El artista que crea genialmente, es lo quintaesenciado que
ofrece la cultura de una época, ya que el arte todo, es una resul­
tante del vivir cultural. Y decimos resultante porque el arte no
podría comprenderse sin todas las otras manifestaciones culturales
que dan a la vida un sentido específico. En este camino llegamos
a comprender por qué Bekker al fundamentar su concepto de trans.

•

87

�“

.
• .
. . . .
•.
f
' •
formación dice: “ . . .la -música de todos los tiempos es siempre
artísticam en te igual en el sentido absoluto de la palabra: que ella
corresponde siempre a la naturaleza de los hombres que la han
producido. . . ”
*
Pero cuando Bekker habla, de “naturaleza de los hombres
que la han producido”, debe interpretarse como una expresión de
la fundón “cultural de estos hombres dotados de grandes calidades
intuitivas.
Es tarea el. historiar la música —que por la inmaterialidad de
su material de expresión, se halla con respecto a las demás artes
en una situación especial— con mayor derecho cada vez a empa­
parse de “hipótesis de historia” frente a sus documentos; justamente
porque sus documentos nos dan, más que ios de ningún otro arte,
elementos para “la posibilidad de •cc&amp;struir síntesis o sistemas que*
juzguen, según leyes iguálelo análogas a las de la abstracción,das
formas concretas que se encuentran en ei mundo sensible”, (1)
i en el mundo sensible, diríamos •nosotros, de las ideas y emociones
que no se ven sino que se oyen.
, :
.

■

■

’

'■

T R A N S F O R M A C I O N , N O E V O L U C I O N . — Decir -que
hay transformación es decir que, permaneciendo siempre la ideali­
dad del amor, del, sufrir, del querer, como eternidades, su expre­
sión en el arte está ayudada (sometida formalmente) por elemen­
tos culturales que van transformando, aclimatando funcionalmente,
las formas de que se vale para su expresión más .vivida, el arte
músico.
'
' - i- ; ■ ¡ ^ : • ’
El hombre siempre ama, sufre, desea, y su forma expresiva .
’
está condicionada por la influencia del estilo de la época que lo
rodea como ser necesariamente social. Estilo: “ ...ciclo de formas
nacidas de las concepciones religiosas y éticas de un pueblo, carac­
terizadas por la analogía de la finalidad artística y de los medios
empleados para su expresión, y que forman un conjunto armónico”. '
‘
(K. D. Hartman). ,
‘
*
*
Hay un sometimiento en el hombre con respecto al estilo de

(1) D'Ors.

88

•

*

'

.

�% época; pero tamo artista tiene el desahogo de la m a nera m que
su personalidad con intuitiva voluntad de forma, se expresa, Las
personalidades geniales adelantan en su manera a la época en que
viven sin deshacerse'del'estilo de estas, que es ei aire necesario para
la revitalízación de sus órganos; se amamantan en ella para conocerla
y fluir en aspiración a gustar frutos cuyo sabor le sugiere su intuí*
ción, genial. Y aquí se adelanta —o se adentra— en su manera.
Salta de su época, pero su ambiente (estilo) lo envuelve. Esto, por
necesidad de expresión; aquello, por necesidad vital.
Lo que en una época predomina como arte, es la construcción
y estructuración fbrmal eñ que directamente el artista expresa sen*
timiento. Y esta constitución formal estaría en la genérica combo
nación —no mezcla— de varios y distintos funcionamientos de «
elementos extrínsecos e intrínsecos. “Como las formas creadoras *
son, como tales, siempre las mismas, como nada se crea y nada se
pierde, es necesario que el resultado del punto de vista del valor sea
igualmente el mismo. No es más que la forma exterior, la aparien­
cia que varía. Por tanto no hay “evolución” sino “transformación”.
Es este concepto “transformación” uno de los más hondos
atractivos; porque parece venir a mientes —y con facilidad de re*
trueque— el reproche de que en cada época se ha sentido, se ha
. amado, gozado. belleza en mayor o menor grado, tanto como hoy
se siente, se ama y se goza. El pensamiento lo dejamos aparte
para recogerlo luego. Pero es que en el -fondo-seguimos queriendo,
amando, con la misma intensidad; lo que ha'cambiado es la forma
del sentir, es la expresión del querer y del amar. Esta forma de
expresión se obtiene por un pensar —y aquí recogemos el pensa­
miento— el sentir, por la construcción intelectiva (voluntaria) de
las formas que persiguen nuevas caras a nuestras honduras. (1)
*Persiste en el fondo de todo elío, una unidad que sale a flote
en la primera oportunidad propicia para lo cual habrá sido nece«ario una lucha interior y exterior de conformación, lucha que ha
(1) No se pierda de vista eV terreno que pisamos. Estamos dentro
de tais artes, las que requieren y exigen' para so vivencia -en nosotros,
agudo grado intelectivo.
■

89

�ido en pos (transformación) de una acabada expresión. No es que
haya cambio evolutivamente, que se haya dejado de ser para ser
algo otro, sino que permaneciendo en constante fidelidad del sen­
tir* se piensa constantemente en la fiel expresión.
Así en las distintas épocas del arte. Llegaríase al estudio de
transformaciones morfológicas, a través de las cuales iríamos a atra­
par las ideas madres concebidas con intensidad, altura y timbres vi­
talmente rítmicos. Entenderíamos aquí—a fuer de parecer metafó­
ricos— por intensidad, una fuerza ideal: clasicidad o romanticidad,
cualidades éstas que dan sabor de construcción. Por altura, aspira­
ción grávida, es decir, aspiración en donde confluye necesariamente
el obrar típico de la época, cualidad constitutiva. Y por timbre, color
específico de la época, cualidad de estructura, en donde el elemento
tonal que da la pauta (racionalista o no) envuelve en sus tonalida-'
des ciaras y oscuras ese vivir espontaneo rítmicamente irracional.
“ .». yo veo la esencia de la especulación histórica no en la filiación
de las manifestaciones aparentes sino en la divulgación de las leyes
y las fuerzas por las que se determinan las transformaciones. Es en
estas leyes y estas fuerzas que trabaja la vida, mientras que las
manifestaciones no son más que las efectos"’. Sí, las manifestacio­
nes en sí mismas no son más que los efectos, pero estos efectos
que serían las formas, nos dan el sentido de esas leyes y de esas
fuerzas que la vida trabaja. Y tomamos lo aparente (lo que apa­
rece a nosotros desde un principio, la forma) y lo esencial (esas
leyes y esas fuerzas que la vida trabaja) para completar la unidad
de ’ transformación.
— Acaso una de las causas por'
la cual parece imposible volver a las consonancias perfectas, serta
la falta de ironía que éstas encierran. “Las formas tal como apa­
recen en la imagen de notas, no son más que las apariciones
que resultan de esta vida del sentimiento. Si al oír una disonan­
cia experimentamos el deseo de una resolución, o si la resonancia
de la dominante en el bajo nos hace experimentar el deseo de su
marcha hacia el bajo fundamental, es que se'trata en efecto, de
"A R M O N IA

90

D IS O N A N T E .

.

�«imples sentimientos amoros, que están condicionados por el sejv
timento de la gravitación” .
• Hoy vivimos dinámicamente. Esa explosión de la disonancia
como expresión de un estado espiritual hace pensar en la exacer­
bación.del cubismo, es dedr tomando esto ya hoy como un camino
de reacción que se abre paso por er.rre peñascos con finalidad de
independencia. Así como las otras ¿.rtes persiguen su plano propio
donde moverse dentro, de sus propios elementos, la música haría
lo mismo con su material sonoro —cada uno en su casa y Dios
en las de,todos—. r
..
Pero ía disonancia nos da un sabor especial de vida: la ironía.
Y Ja ironía es esencialmente dinámica. Ese anhelo por sentir re­
suelta una disonancia y la tranquilidad que esa resolución nos re­
portaría'está guiñada por la voluntad de ser lo que no es, causada
quizá por exhuberancia de vitalidad. Se nqs escapa, se nos va, y
estamos en continuo móvilmente?, en despliegue de renovación es­
piritual (pensemos en el efecto que la disonancia por más estética
que sea, causa en los espíritus pasivos y dogmáticos) . A ese sabor
irónico dé la disonancia habría que encontrarlo en el sonido mis­
mo. Es un inmenso campo de acción que se presenta con grandes • ’
posibilidades para que germinen ideas musicales, no ideas musical­
mente literarias. Iríamos en busca del tratamiento del sonido como
esencia del medio de una expresión artística (música como arte y
nó en busca del sonido como medio de una expresión de arte—mú­
sica como medio de ideas ajanas a ella misma, v. g. música de pro­
. grama).
La depuración de la expresión armónica quizá obedezca a ésa
búsqueda a que nos referimos más arriba, pues ¿por qué la música
de hoy se apoya en la armonía de la disonancia? Nótese que en
la disonancia hay armonía y hay necesidades espiritualmente ar­
mónicas de expresión, únicas capaces de categorizar nuestro di­
namismo.
El instrumento mecánico con su riqueza de armónicos nos da
una intensa sensación de dinamismo. Y explotando esa esencia di­
námica que encierra en grado patente el sonido instrumental, es
'

91

�como se dirige hoy el músico a construir y a estructurar la orques­
ta en un sentido sintético.
*
La armonía disonante, la artísticamente honesta, la sincera,
k exenta de ruidos raros, es el alma embebida de irracionalismo
m
que se resuelve en ironía de hombre dinámicamenfe fuerte. Mu»cálmente es el espíritu 'que encierra el alma de nuestros días.■

m

—

_

Plasmar, llegar a dar idea vivida dé épocas que sólo se conocen
a través de documentos —en 1c® que lá'musicógrafo, para el cono­
cimiento d é su proceso histórico debe hacer despliegue de un tacto
, delicadísimo— , está reservado a ía imaginación creadora, que es
capas de intuir a través de k cultura la época, lo que nos está
vedado sensorialmente. Sólo nos queda la hipótesis y con ayuda
dp ésta la intuición racionalizada de la música histórica. Es un
volver a Boecio: “Toda la música es racionalismo y especulación"
—pero por muy distinto conducto. El, por vía de teorización; noso­
tros por necesidad de revitaíización histórica y espiritual. Porque
nuestro vitalismo musical no sólo estaría en la expresión de k vida
de los sentimientos sino en la necesidad de lo plástico como idea
formal y de lo dinámico de la disonancia m culto a k vida de
totalidad del sentir, pensar y hacer.
£

92

.•

:

.

' • *.

B. M.

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S N E T T E ME

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M E R-P A U L V A L E R Y

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��Correspondencia:

Corrientes

3060

Imp. M. Lorenzo Rañó, Roedo 837, Bs. As.

���</text>
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Ba^nosaifeshacialamítacícíeseptieinbres

����Superación
de lá p o l é m i c a
El nacimiento del arte mo­
derno— arte de hoy— ha
sido un vivir exacerbadamente en luch&amp;contra la hos­
tilidad de la inerte visión no m odernasfué un hablar
del arte moderno como vanguardia del arte moderno
o, mejor, como arte de vanguardia. Y es necesario
afirmar— denunciarlo— este error que hace sinóni­
mas dos diversas expresiones que no sólo se usan
para referirse a un mismo objeto sino que se emplean
indiferentemente para denominar dos igualmente diver^ps objetos: I. el movimiento polémico de afir­
mación del arte de hoy y II. el arte de hoy, arte mo­
derno.
Arte de vanguardia
jí arte moderno

Ante una novela, un cuadro,
una poesía de hoy, el espectador
de instinto verdadero, capaz de descubrir y fielmen­
te vivir la presencia de arte moderno, percibe gestos
Vanguardismo
o polémica

�adyacentes de emoción polémica como parte integran­
te, en cierta manera, de la obra misma: metáforas,
deformaciones, construcciones, partes que sólo alean*
zan en la obra valor mecánico de cosas presentes y que
tampoco tienen valores propios que las salven.
T a l error, hoy evidente, comenzó por ser tan
sólo una verdad confundida: la afirmación arbitraria
y violenta del vivir moderno, de hoy, encubría esa
dual realidad: lo polémico y lo auténtico. Acaso por­
que la posición valorativa del artista moderno, crea­
dor o espectador, implicaba un panorama, — Esto
m ío, nuevo, que ES— como producto de una nega­
ción:— lo Demás, viejo, que N O ES. Lo nuevo, su
obra, exigía fisiológicamente esa afirmación total de
sí— lo malo y lo bueno de sí— , y la negación igual­
mente total de lo otro. Esta calificación de ambos
momentos como contrapuestos se expresaba simple­
mente: nuevo, vanguardista, y, viejo, pasadista, cu­
ya significación es puramente polémica y fuera de to ­
da categoría cultural; categoría que se alcanza deno­
minando tales momentos, sin valorarlos excluyentemente, con los términos moderno y antiguo, términos
cuya significación apunta contenidos más profundos
y que desvirtúa conjuntamente la definición de ju i­
cio final: nuevo-bueno y viejo-malo de la confesión
polemista. La confesión legítima puede ser: modernonuestro y antiguo-anterior, acaso demasiado ingenua
y descriptiva.
Históricamente es necesario el
predominio exclusivo de la va­
loración polémica durante un lapso de tiempo varia­
ble. Predominio justificado como necesidad vital de
crearse conciencia de lo propio excluyendo— exteriormente— la presencia de lo anterior— negándole valor,
*
Polémica, feriómeno histórico

6

�*— mientras Se sufre el proceso de la formación de sí
mismo: conseguida la clara seguridad del patrimonio
que surge nuestro como distinto y necesario, se ad­
mite luego, apoyándose en la propia legitimidad, la
legitimidad ajena antecedente. Así a los momentos de
polémica aguda— en que los mismos artistas reali­
zan con voluntad de arte y voluntad de vanguardia,
por decirlo así, simultáneamente— suceden momen­
tos cada vez más próximos a plena vida cultural, de
espontaneidad asentada, de incorporación de la vo­
luntad moderna como expresión contemporánea pu­
ra con tradición natural. Cada novedad tiene su van­
guardia y su contraste de afirmación y negación de
totalidades: Positivismo y No-positivismo, Roman­
ticismo y No-romanticismo, Realismo y No-Realis­
mo. El ritmo inmediato del espectador ante cada no­
vedad ha sido afirmar y defender lo uno y negar y
atacar lo otro, según una valoración exterior con cri­
terio polémico fundado en falsas conclusiones de su
manera de entender la evolución, y si no falsas, im­
precisas o inapropiadas para justificar una valora­
ción. Pero ese ritmo inmediato puede irse modifican­
do, alcanzando la medida adecuada, contemporánea,
cuando la posición polémica del espectador deja de
ser irreductible y, en momentos de abandono inge­
nuo y propicio, su sensibilidad, dirigida por intui­
ciones favorables a las razones “contrarias” , advierte
el desequilibrio interno de la totalidad que hasta ese
momento él afirmaba verdadera y única. Logrado así
un criterio descargado de prejuicios ajenos a la cosa
juzgada, el espíritu moderno, de hoy, atiende a lo
antiguo— no más viejo— sometiéndose al encanto de
su íntegro sentido humano y, viceversa, acaso el espí­
ritu atrasado alcance pareja comprensión de lo mo­
derno. Desde ese momento, el espíritu moderno sólo
7

�&amp;

atiende a lo nuevo de factura polémica con gusto in­
telectual y casi erudito. (Pero aún en estos finales
momentos muchos siguen afirmando y negando: los
polémicos profesionales, vanguardistas o pasadistas,
continúan viviendo— engañados o insinceros— la pre­
terida fruición humana de negar para afirmarse, ata­
cando al vencido y defendiendo al vencedor. La frui­
ción que hasta hace poco tiempo pudo haber vivido
el legítimo artista de hoy en el campo vanguardista
al hacer, comprender una novela, un cuadro, una teo­
ría para iniciados, llenos de sugerencias con clave, de
fervor de camaradería y de apetitosa “hostilidad”
hacia un enemigo acorralado).
Superar algo es más que la labor negativa de
suprimir gestos vacuos en las cosas; es comenzar otra
labor positiva y, frente al arte moderno, intentar la
valoración que las cosas implican más allá de la equí­
voca afirmación vanguardista de la conciencia con­
temporánea nuestra; es afirmar la conteporaneidad y
consecuencia del arte moderno preocupándose especial­
mente con ella, viviéndola reflexivamente. - H. I. C.

S

�B i o g r a f í a s de a ye r ,
v i d a s de ho y
El escaparate de la librería tiene un algo de ci­
lindro inscriptor; constantemente, un lápiz agudo y
perspicaz— el mismo que hace los asientos en el Dia­
rio— registra con prontitud, casi con ansiedad, la cur­
va de interés del público lector. Esta vez, la curva es
sugestiva; ha dado un brinco y presenta una proble­
mática sinuosidad: renovación.
Sí; junto a las novelas, aparecen las vidas— de
hombres ilustres, de enamorados célebres;— junto a
las historias, las biografías; junto al mundo cósmi­
co de la historia universal, el horizonte pequeñito de
un hombre. Sin duda hay un problema en todo esto.
¿Cuál sería su planteo? Los escritores comien­
zan a escribir biografías, los lectores a leer biografías:
tal el problema, minúsculo problema de dos factores.
Señores, ¿a qué tanto leer vidas ajenas? ¿cómo
perder «1 tiempo— el tiempo con mayúscula, ese tiem­
po del que alguien dijo que era oro— como perderlo
9

�en enterarse de otros hombres, de quienes buscamos
la vida menor, esa vida que gozamos tendidos en la
poltrona de nuestro cuarto? Es extraordinario que
sea hoy cuando haya surgido la sed de vida menor,
hoy que huimos del goce amable de la poltrona fa­
miliar.
Qué secreto apetito impulsó a leer biografías,
hace unos años, al lector moderno; qué secreta inquie­
tud movió a escribirlas en el mismo momento,— mp
parecen los términos primeros a dilucidar. En el fon­
do se agita un deseo de compensación, una angustio­
sa'ambición de equilibrio. La vida moderna es una
expresión yanqui, de origen parisién, que se nos da
acompañada por un chirrido insolente de claxon y
que quiere decirnos nuestro frenética deseo de fun­
dirnos en su laberinto; pero nos dice también nues­
tro dolor por el peso muerto de nuestra obligada vi­
da exterior, más precisamente, de nuestra vida ex­
céntrica; esa vida moderna tiene un ritmo peligroso
y difícil, y hay que seguirlo pese ál nuestro propio.
A veces pensamos al hombre como el átomo constitu­
tivo de esas manchas polícromas que esperan el ade­
mán del guardia para cruzar la calle. Y todos form a­
mos de vez en cuando en las filas de los que cruzan
una calle.
. El escritor, que vive un poco al margen de la
vida, esperando que su correr depare fases nuevas,
sorprendió un ihterés angustioso del hombre por los
hombres. U n señor perdido entre legajos burocráti-'
eos y aturdido por timbres y teléfonos, pedía a gri­
tos la vida de uno de los superhombres del mundo
para llorar su pérdida y consolar su propio vacío; y
el escritor pensó que este superhombre, tal como este
señor lo deseaba, podía mostrar al hombre también,
superándose en cada momento de la vida sin abando10

�narla. La emoción era nueva y consoladora, y se lan­
zó a contruir el gran espejo universal. El pedido del'
pobre señor fue concedido; y un día apareció una
biografía, escrita por un literato y que era otra cosa
que la biografía clásica, esa biografía que en unos to ­
mos de lujo tenía en su casa y en cuyo rótulo decía P lu­
tarco o Macaulay. Era una vida, la vida de un
hombre.
Porque no siempre la vieja biografía fue la vida
de un hombre; las más veces era tan sólo medio hom ­
bre el que entresacábamos de sus páginas. Plutarco
sentía aún la épica obsesión de los semídíoses y qui­
so que los hombres ilustres fueran por sobre todo
ilustres. Desde él la biografía no quiso sino héroes y
los buscó con lupa optimista y despreocupada. Y el
héroe— perfil imaginario de alguien— Surgía artifi­
cial y contrahecho a mostrar su silueta arbitraria y
extemporánea.
El héroe— compañero provechoso, lo llama
Carlyle— es una aspiración; más bien que el tipo ima­
ginario que resülta de mejorar cada individuo según
un canon previo, el producto de una específica mane­
ra de imaginarlo, de acentuar sus caracteres, de con­
cretar en él todo aquello que es en el creador querer
ser, aspiración. En esa calidad de aspiración, de ob­
sesión mejor, los héroes cumplían su papel paradig­
mático, y la humanidad bebía la heroicidad que ellos
destilaban. Ante el devenir de la vida vulgar, ofre­
cían su vida de piedra para perpétuo ejemplo y los
hombres incorporaban a su alma la voluntad segura
de hacer la suya de piedra también.
Sólo esas servían, las que por ser de piedra np
se sujetaban a pasión ninguna, porque era ese papel •
‘paradigmático, que nadie como ellas podría cumplir
ir

�lo que interesaba por sobre todo. Era un valor moral
y didáctico el que quería lograrse, y en su logro fin­
caba el mérito y el fin. Todos los que colmaban su vi­
da con la imperfección cotidiana, repasaban las pá­
ginas de su Plutarco para encontrar el medio hombre
inmortal que haría de su vida una vida perfecta, de­
jando pasar sin advertirla, la suya propia, íntima, vi­
tal, de la que ignoraban el mérito mayor, la integri­
dad. Macaúlay, con un secreto afán de moral prác­
tica, separa cuidadosamente el Bacon canciller del fi­
lósofo; “Imitad éste!” “Cuidaos de aquel!” ; esto
se nos quiere decir. Y para decírnoslo, trunca una vi­
da extraordinaria y destruye el profundo dramatis­
mo del contraste.
Hay que decir, sin embargo, que no podía ser de
otra manera. Los biógrafos, que al llenar este come­
tido singular no dejaron de ser historiadores, lleva:
ron a la biografía todo aquello que es peculiar y pro­
pio de la historia, y a las dos, historia y biografía,
les, hicieron marcar un mismo paso, no intentando—
ni sospechando acaso— matiz alguno. El Macaúlay
historiador, que es en historia un estudioso de un ti' po especial, hijo de la filosofía positiva, nieto de Ba­
con, se vertía íntegro en este género que estaba un
poco al margen de su ocupación principal, y en el
que no advertía sino una expresión, acomodada en­
tre dos momentos fijos, de este suceder más amplio,
más extenso en tiempo y lugar, que era el telón de
fondo y en realidad el fondo mismo. Así, no cabía
en él, que se veía obrando como de costumbre, predis­
posición especial para adaptarse a la finura de la nue­
va empresa, y llegaba a cumplirla sin el rito previo
de renunciar a todo aquello que es en el historiador
defensa contra las grandes magnitudes, sin intentar la
búsqueda de ese nuevo tono— tono menor— en que
12

�acordar el acorde multiforme y sutil de las vidas h u ­
manas. Todos^—me atrevería a decir— todos los que
hicieron alguna vez biografía, los que mostraron o
quisieron mostrar la modulación múltiple y una del
*alma de un hombre, entraron sin respeto en ella, h u r­
garon como investigadores de probada objetividad,
revolvieron los vestigios— mudos sin el sésamo m á­
gico— y sacaron luego a luz un ente marciano, ex­
traño a nosotros, y lo que es peor, extraño a él mis­
mo. En tanto, en el tintero— en el magno tintero de
la incomprensión— quedaba una especie de fantasma
incorpóreo que esperaba entre las olas espesas de tin­
ta que le vinieran a pedir su yo, extraño las más de
las veces a su obrar mundanal y anecdótico.
Quizás alguno— alguno que yo no se quien
sea— haya superado con una extraña y exótica virtud
— eso es el. genio— la rigurosa imposición de la ho­
ra. Porque era la hora quien imponía el tipo de his­
toria y este corolario humilde y didáctico— quizás
humilde por didáctico. Las dos, historia y biografía,
ramas de este tronco viejo como el hombre que es la
proecupación del tiempo, respondían a la norma co­
mún; pero la categoría era sin duda distinta, y la his­
toria, primogénita, imponía este seudorespeto fra­
ternal, un poco artificial, siempre ilógico. Cuando
pasó esa hora— y es ahora cuando está pasando— la
historia sintió llegado el momento de desprenderse
de aquellas taras, que le robaban fluidez y ligereza.
Había sido, valga la metáfora, un edificio como esas
ruinas de viejos pueblos en las que sólo ha resistido
la fachada. En ella, el observador o el estudioso se
detenían con fruición, hasta enterarse de los más m i­
núsculos detalles. Luego, el interior— al que sólo a
los de intuición casi genial se les ocurría pasar— mos­
traba su inexistencia y dejaba ver un cielo despejai3

�do. La fachada se perpetuaba én el infructuoso ve-&gt;
getar de las puertas para siempre cerradas, y dejaba
crecer no se que ilegítima planta entre sus piedras.
La biografía, como más próxima al latir coti­
diano, sintió en su pulso joven el sopor senil de la
historia y sospechó, con la aguda intuición de los
prisioneros, la hora de la liberación.
T al nuestra perspectiva: la historia, conciente de su papel extraordinario, sintiendo la exigencia
» de su vivir al día, intenta laborar en su futuro. Des­
prenderse de su exceso formal es su labor contempo­
ránea, y cargarse de vivencia interior su labor futura;
nada puede decirse aun de su porhacer. La biografía
en tanto, por no haber sido víctima de aquella laboración por que pasó la historia, -ha seguido su cur­
so normal, y hoy— este hoy joven y nuestro
que es 1930— representa la más legítima de las
disciplinas históricas, la que con más humana p u ­
reza se acerca al espíritu del hombre a decirle su tiem­
po vivido, a mostrarle el panorama infinitamente
repetido de la tragedia del hombre— ese hombre que
fué siempre antes de cada uno. Por eso el hombre de
cultura, que no aspira ^ resolver las misteriosas com­
plicaciones de los palimpsestos sino a asomarse a su
propio vivir con ese mínimo de exterioridad que exi­
ge la vida resucitada de otro hombre, vuelve a la bio­
grafía, ya sin la vaga obsesión racional de aprender
y con una emoción vital y humana.
Sería oportuno señalar cómo hoy llena la bio­
grafía, en el ámbito cultural, el mismo papel que lle­
nó en otro tiempo el complejo historia-biografía, y
cómo no hay reproche alguno para este último en de­
cir que ya no podría hacerlo. Hay una ley inexora­
ble en esto de las satisfacciones vitales. La biografía,
como género, responde a una exigencia de tal clase,
14

\ ‘

�fe. h ' , /’ ,
apremiada por su doble naturaleza, impuesta por és­
ta crisis de la historia. Para responder a ambas im ­
posiciones, el biógrafo— sin duda el más típico escri­
tor de la hora— se mueve en dos distintos planos, con
una actividad que trasciende de todo género conocido,
para determinar uno nuevo y preciso. U no nuevo que
ha invadido los escaparates de las librerías como una
nueva invasión bárbara, en que, como'en la otra, se
ha impuesto un principio vital.
6k
A
i '
De este género nuevo, yo quiero señalar ante
todo esa imposición; al devenir histórico, objetivo,
se le ha impuesto un plano en que ocurrir, un plano
que es para nosotros lo fundamental. La vida, esa vie­
ja vida renovada en nosotros, quiere ser ahora lo pri­
mero. Hacerla correr para, hacerla fluir hacia algo,
sería— sirva el argumento aristotélico— subordinar
su valor, empequeñecer su magna y suprema jerar­
quía. Subordinarla, limitarla, es decir a uno que no
sea el que es, sino ese otro— modelado según moldes
de un logicismo estricto y racional— que se nos da a
priorf, con algo de heroico y de infalible.
De la vida-unidad, de ese complejo de espiritua­
lidad y de vitalidad qüe es nuestra vida, de eso se ol­
vida el espectador, porque sabe de sobra lo que en
cada uno es cotidiano y doméstico. Hay una analíti­
ca parcialidad que nos impulsa a buscar en el hom ­
bre lo que en él es extraordinario y distinto, y que
nos proporciona abstracciones inertes; corporeizarlas
luego, para poder decif: he ahí el guerrero, he ahí el
filósofo, es cometer una herejía en esta moderna—
y antigua— religión del hombre.
A ese caudal de personalidad unilateral,-—el
guerrero, el filósofo— sumemos el otro medio hom­
bre, el que se quita la coraza, se seca el sudor de la
*5

�•. .' &lt;

|

frente y bebe el vino viejo de la crátera. La forja en
uno sólo de los dos metales, nos hará encontrar al
hombre perdido, ese que se quedaba en el magno tin­
tero de la inoomprensión, y nos mostrará la línea
sola y única en que vibra el alma toda de cada uno.
1 El que se emborrachaba y escribía versos, era un sólo
y poliforme Verlaine.
El biógrafo de estos años últimos, ésto es lo que
se ha propuesto por norma. La vida dé este hombre
—-se ha dicho— es un complejo irresoluble. Partirla
en pedazos, es atomizar lo que es por sobre todo uni­
dad. Y fuera él de la vida, ha comenzado a hacer co­
rrer el tiempo entre las dos fechas mortales de esta
única historia finita, y a mostrar el claroscuro de la
vida de un hombre, conservando su ritmo cambiante
y diferencial. En él existe la intención de no cortarlo,
de dejarlo correr como corrió otra vez; y de esta bio­
grafía se trasluce una cosa necesaria y fatal— existir
— que se aparece en primer plano y cuyo acontecer es
lo más importante; aparece el hombre frente a su vi­
da como nosotros, como cada uno de nosotros frenté a la nuestra propia; con una prescindencia vital
y despótica de todo lo no es nuestra vida.
En esta superposición de las dos corrientes, la
ajena, aquella cuya expresión se observa, se impone
al lector por un artificio qué es constitutivo del géne­
ro. Nos sentimos dentro de este mundo ~~que no es el
nuestro, porque en las páginas del libro, la línea pre­
cisa del devenir de un hombre nos ha encerrado con
esa limitación que impone al espíritu lo finito, aque­
llo que tiene principio y fin, y que transcurre entre
estos dos jalones imponderables del nacer y el morir.
En tal sentido, la biografía se aleja de la pura historia
y se dirige a un paradigma remoto, la novela, Porque
en la novela lo específico es precisamente esa capaci­
tó

�dad de obligarnos a volcarnos en un mundo del que
percibimos el principio y el fin. El paisaje de la nove­
la, siempre estricto, tiende a capturarnos en un uni­
verso cuyas limitaciones vemos, y cuya trama m ira­
mos un poco desde arriba y con algo de omnipresencia. El biógrafo, Con lo cotidiano y lo heroico de un
hombre, nos crea un mundo preciso y limitado del
que no podemos huir. Allí invernamos y agotamos su
vida entre las dos tapas— nacimiento y muerte— del
libro.
Yo quisiera que a éste género moderno, moder­
nísimo, que ha aparecido precisamente para resar­
cirnos de la vida moderna y de la propia excentrici­
dad, no se le llamara ya biografía, que con tal palabra
se designaran a las obras del viejo estilo, y sejlam aran vidas a las modernas. Pensamos ya la vida según
ese concepto nuevo y la vida de los hombres ilustres
se nos antoja algo inhumano y descarnado. El héroe,
cualquiera que él sea, es un sujeto sin angustia ínti­
ma, y la angustia es lo que de más nuestro tenemos.
Busquemos el Shelley, libro angustioso, y pensemos
allí la vida del hombre mortal. — J. L. R.

17

�vital
1a "
bi ograf í a moderna

-

Durante todo un siglo de cultura, la hum ané
dad, platea inmensa de varios miles de millones de
espectadores, contempló la escena con vista fija. Ella
fué absorbida por el pensamiento.
Siglo X X : Baja el telón. Los espectadores se
descubren. La luz, que se ha encendido de golpe, los
baña y precisa sus formas: surge el hombre que vive
por oposición al hombre que piensa. La humanidad
se ocupa de ella misma en el momento en que estaba
a punto de perderse. (El marido que ante la mirada
atrevida de otro, descubre las bellezas de su m ujer).
Teatro de hoy: equilibrio. Bfcpectadores activos,
factores necesarios en la representación.
(Para el primero el conocimiento, para el segundo
la intuición; para el nuestro, equilibrio. El basamen­
to y la estatua, la vida y la razón. Sin el uno no
existe el otro. Se buscan, se atraen y se repelen).
De la oposición, la lucha. (Lucha es ante todo un
movimiento de factores que se oponen). Eterna cin­
18

�chada que justificada agonía del mundo. De mi m un­
do primero: entre la vida y la muerte, el gnosticismo
y el agnosticismo, el alma y el espíritu. La agonía
trágica del hombre, nos lo dice Unamuno. se debe
al choque del “anhelo vital de inmortalidad hum a­
na” (elemento de vida) con la razón que “no nos
da aliciente y consuelo de vida” (elemento espiri­
tual). Mí vida es una perpétua selección agónica
nunca realizada. (Seleccionar es elegir, elegir es im­
posible) . El mundo de todos, ¡como el mío, si otro-^
ra buscó el molde recio y vigoroso para subyugar la
vida humana a los principios de la metafísica racio­
nal, hoy lo ha roto con desprecio, convencido de que
la razón nada puede ante la marcha avasallante del
vivir.
¿Por qué el hombre moderno siente esa desorien­
tación ante el fenómeno de la vida, que antes no
preocupó al hombre de otro siglo? Mientras el cris­
tianismo tuvo una sólida vigencia social, él constitu­
yó un fin para la vida. El hombre vivía para alcanzar
el bienestar eterno. Desaparecido éste, la vida le re­
sultó un fenómeno sin sentido; el hombre conservó,
sin embargo, la necesidad de encontrar un fin para
ella: Nietzsche fué quien nos libertó de esa angustio­
sa rebúsqueda, afirmando que el fin y el sentido de
la vida está en la vida misma. Su doctrina del super­
hombre no es más que la afirmación de un estado
¡superior a la vida, en que la vida se hace más vida,
llegando el hombre a un grado de evolución máxima.
El mündo ha sido así una oscilante aguja. Hoy
que ha encontrado una senda segura, ha renacido la
alegría.
La alegría del mundo— esa alegría vital que in­
vade por todas partes— es fruto de la ruptura de vie­
jos moldes. De esa ruptdra nacieron como formados
19

�por la misma materia de la cáscara que quedaba muer­
ta, toda actividad moderna de vida, de ciencia y de
arte, que son ante todo una afirmación del vivir ante
el pensar. Es la afirmación del yo soy, yo vivo.
Racionalismo fue limitación, reducción del cam­
po visual, ganancia en intensidad; vitalismo es am­
pliación de vistas, vigencia de los rayos colaterales,
es la actividad irracional rebasando el marco del cua­
dro, chorreando fuera de la copa; esa materia que es­
capando a la acción metodizadora del recipiente, se
pierde sin una definición gue la encasille y la ex­
plique.
T odo ese movimiento auroraljde la filosofía po­
dría ser una manifestación individual del pensamien­
to de un hombre o de un grupo, pero considerar así
este proceso, sería ir precisamente contra la esencia
misma de él: si nació para combatir los sistemas metafísicos cerrados, faltos de sustancia viva, productos
del racionalismo, no es concebible que él también
sea un producto exclusivo del espíritu. U n movimien­
to filosófico es siempre una avanzada de lo que des­
pués ha de llegar a estar en la conciencia de todos. En
épocas de Descartes o de Leibniz apenas se podía pre­
ver lo que había de llegar a ser el régimen valorativo
racional del siglo X IX ; al igual, todas estas filoso­
fías nos dan un “avant goüt” de una nueva manera
de concebir la vida. Esos hombres que nacieron con
dos ojos y una capacidad para acomodarlos a todas
las contingencias de su organismo— Nietzsche, Dilthey, Bergson, Simmel, etc.— nos enseñan vivamen­
te en su manera de pensar individual, que tal son sus
filosofías, los^ principios forzosos én que habrá de
guiarse el hombre para revalorar la vida, en este
nuestro siglo XX, a la luz de la nueva dualidad: es­
píritu-vida.
20

�No es que los productos humanos sean conse­
cuencia del pensar filosófico. Pero una filosofía es
siempre el resultado de una nueva conciencia histó­
rica, por lo menos en parte. Todos los hechos de la
época nos sirven para que, explicándose mutuamen­
te entre ellos, nos aclaren el problema contemporá­
neo: la poesía— que es presentimiento, intuición—
nos explica al filósofo, así como la religión se refle­
ja en el art&amp; La masa del pueblo, con su régimen valorativo-—la moral— corre a su zaga, tardando si­
glos en asimilarse sus principios. Las más elevadas
clases intelectuales— las menos— son siempre las que
dan la medida a que la vida ha llegado en un momen­
to determinado.
Mientras el hombre se concibió como una má­
quina de pensar— el intelectual era siempre un pen­
sador— para nada le interesó la vida. “Kant era una
mente que se vuelve de espaldas a lo real y se preo­
cupa de sí misma” . En la ciencia coincide esta con­
cepción del hombre con el período de máxima espe­
culación mecanícista; en el arte con la música idea­
lizada de Beethoven o la religioso-metafísica de Wagner (la música dominaba a todas las a rte s); en la
vida diaria, la moral estricta y normativa que se fija
en el debe ser sin tener en cuenta el es. La educación
que es siempre un reflejo del problema filosófico uni­
versal con una capitis diminutio, no tuvo en cuenta
sino el cultivo del intelecto.
Hoy que el hombre se concibe como una feliz
mezcla de cuerpo y espíritu— ese matrimonio de que
nos hablara Fernando Vela— todas sus manifestacio­
nes culturales tienden a mantener .ese equilibrio.
( “El espíritu idea la vida; pero sólo la vida puede
poner en actividad y realizar el espíritu, desde su más
21

*

�simple actuar hasta la ejecución de una obra a la que
otorgamos sentido espiritual’*).
Dos ejemplos bastan: Antes de nuestro si­
glo el hombre no encontró nunca una legislación
apropiada que protegiera su vida contra las acechan­
zas múltiples que le rodean, hoy la posee. Recién ha­
ce muy poco que el pedagogo ha descubierto que el
niño es algo más que un cerebro y se ha decidido a
aceptarlo como ente vital. (Lo supo mucho tiempo,
pero lo ignoró siempre al ejecutar sus ideas).
De esa oposición, vida-espíritu, que Dilthey es­
tablece entre la metafísica y la historia, ha nacido la
idea de que una vida ni una idea nunca pueden tener
carácter absoluto. Sólo al convencerse de que la vida
de un hombre es nada más que una de las múltiples
facetas con que la vida, se nos dá, ha podido interesar­
se por la vida de otro. “ . . hemos adquirido un po­
der nuevo: el de comprender otras vidas, de otros
tiempos y lugares, y hacer revivir en nosotros lo que
no es nuestra vida” . T a l la biografía moderna.
Dice Mauroís: “Platón voulait qu'une ame
humaine fü t toujours' écartelée par deux chevaux,
l’un blanc, l’autre noir» qui le tírent, l’un vers le
haut, l’autre vers le bas de sa nature. L ’humanité, pendant quelques siécles, s’était efforcée d’ oublier 1’ existence du coursier noir” .
La biografía que fue producto de aquella épo­
ca de esfuerzo, cultivó sólo el caballo blanco. No
podía ser de otra manera: elegía siempre hombres que
habían pensado cosas “importantes” y cuyo conoci­
miento podía ser “útil” para los demás. Así los bió­
grafos clásicos reconstruyeron la vida mostrándonos
el esqueleto, olvidando la carne que justifica a aquél
y da forma al cuerpo.
Con el siglo se avecinó tímidamente a la vieja

�biografía un nuevo factor, la vida, que aunque irra­
cional en su esencia, resulta relativamente racional,
puesto que es la única capaz de explicarnos los hechos
de la razón. En efecto ¿cómo comprender los actos '
razonados e inteligentes del hombre, sin conocer sus
actos espontáneos, sinceros, productos de su organis­
mo y que son base de aquéllos?
“El tema de nuestro tiempo consiste en someter
la razón a la' vitalidad, localizarla dentro de lo bio­
lógico, supeditarla a lo espontáneo” . Así Maurois,
así Strachey, así Ludwíg, han encarcelado toda una
floración gestada por la razón, en un bosque enma­
rañado de vida, apareciendo ideas y voliciones como
una fluencia suave de actividad vital.
Esta misma dualidad de concepción se presenta
aún en la biografía moderna, explicable por diferen­
cias raciales: Ludwig, ante todo un alemán, somete
todo acto primo al trabajo elaborador de la razón:
nos cuenta los hechos de la vida de Goethe, por ejem­
plo, pero sistemáticamente analiza lo£ porqué y nos da
las causas. En Strachey o Jarnés, en cambio— en sus
biografías— fluye la vida y corre según un ritmo poé­
tico. Disfrazan el porqué y el para qué: están ahí,
pero potencíalmente.
De ese equilibrio, vida-conciencia, ha nacido la
biografía que hoy nos apasiona como obra humana.
Para el hombre de hoy— yo— su ideal primero
es realizar su vida (sed de inmortalidad, diría Unam uno). En el socorrido conócete a tí mismo encon­
tramos ya un ideal de vida que hoy^e ha hecho car­
ne en nuestra generación. ¿No es la lectura acaso, el
conocerse más perfecto? La lectura forma parte de
su vida y la biografía se ha identificado con ella: he
ahí el hecho concreto.
(La lectura abre caminos. La lectura de una vi23

�da— es decir de un hombre que amó y pensó— ha de
despertar en mí nuevos apetitos e impulsar a nuevas
; actividades. Se ha dicho siempre: un libro vale por
lo que sabe sugerir. El relato de una vida vale por lo
que puede despertar en m í).
Es que el hombre se ha dado cuenta que todos
los valores culturales creados por él ¿qué fin tienen
sino orientar su propia vida? Olvidar pues a ella es
como el maestro que, profundizando en sus estudios,
olvidara que ante todo, el conocimiento dado en elaula es para ser recibido por el alumno. Olvidar la
vida es olvidar al alumno. Y para el maestro de hoy,
el alumno existe, como para mí existe la vida. ¿No
debe el hombre poder amar para poder pensar?
Mi vida es sólo un punto de vista de la verdad.
Conociéndome conozco. Encuentra el hombre en la
biografía un volver a vivir la vida de otro. Le brinda
así la posibilidad de vivir otra vida encaminada en
un sentido diferente a la suya. A veces acaso la que
erramos al elegir. Nada ha de ayudarnos tanto a
nuestra propia difinicíón.
De esa definición ha de surgir un mejoramiento
vital e intelectual. “La verdad integral sólo se obtie­
ne articulando lo que el prójimo ve con lo que yo
veo, y así sucesivamente” .
Se trata de organizar la vida, hacer de ella un
principio y-un derecho. La vida se da en uno y tam ­
bién en los demás. Primigeniamente en uno, la vida
constituye mi mundo, el primero que me interesa por
sobre todas las cosas, pero también ha de interesar­
me la vida de los demás, para buscar aquellas afini­
dades y aquellas diferencias, que constituirán un fre­
no para mi existencia y una ley para mi desenvolvi­
miento vital.
• El hombre moderno, en esa sed de vida, busca
24

�en la biografía no el frío conocimiento sino— como
diría Maurois— hermanos de inquietudes. “Seulement íl ne resiste jamais a l’atrait d’une personnalité, il ne peut apprendre que par les hommes” dice
Ludwig refiriéndose a Goethe.
T oda esta concepción vital del hombre ha traí­
do como consecuencia práctica un estado de mayor
preocupación por la personalidad viva del hombre.
La naturaleza viviente es considerada como un valor
^ ponderable.
Así en mí hay hoy una doble sed: sed de vivir
y sed de conocer. Me place hoy la Reina Victoria o
Lord Byron porque quien dice biografía dice hum a­
nidad. El sentido humano es lo que me lleva hacia
ella. ¿Qué es eso de sentido humano? La vida, lo h u ­
mano, ha dejado de ser un breve paso pára alcanzar
o la verdad pura o el descanso eterno y se ha conver­
tido en una finalidad. Considerar los hechos hum a­
nos como a través de un cristal sin impurezas fué
obra de la labor cultural de otro siglo. Hoy sabemos
cómo ese cristal lleno de impurezas interesa tanto o
. más que lo que está después de él. La biografía tiene
ese sentido primordial, significa precisamente ese que­
darse primeramente en el cristal mismo, segundamente es siempre un superar a la primera posición.
Ese sentido de finalidad humana, que en otro
sentido— los libros de post-guerra— nos lleva a una
pareja afirmación, es lo que nos atrae hacia Sor Pa­
trocinio, hacia Goethe, hacia la Reina Elizaheth.
Hay humanidad cuando en un’a obra de arte
mi vitalidad abandona ante ella su papel de especta­
dor e interviene activamente. T al en la biografía: mi
yo que vive se entremezcla con el yo que ha vivido,
•
se amalgama con él, sintonizarse identifica.
La novela,- por honda y profundamente huma25

�ña que ella sea, lucha siempre con la actitud previa
del lector: se trata de algo que debe su existencia ma­
terial a la imaginación del artista; ese mundo irreal
evidentemente le desagrega vitalidad, a la obra. En
cambio en la biografía el lector sabe que cada hecho
por mínimo que sea, es reflejo fiel de una realidad
que vivió. Ese mundo físico y psíquico preexistente
a la obra agrega, por el contrario, una mayor vita­
lidad.
N o escapan parejamente a1mi sagacidad los va­
lores artísticos ni los técnicos. Estos últimos, inferio­
res en su categoría, interesan sólo a mi curiosidad.
En la biografía clásica lo nuclear es precisamen­
te ese valor técnico, un relato de cómo fué la vida del
hombre biografado, qué sintió, cómo pensó; en cam­
bio en la biografía moderna no es un relato sínó un
volver a vivir, volver a sentir, volver a obrar, a ter
nor de lo qúe vivió, sintió y obró el hombre biogra­
fado. En la primera es un conocer, en la segunda un
revivir.
A modo de síntesis: Hoy hay humanidad en la
biografía y ésto es lo que interesa a mi v id a/M i sed
ele humanidad se siente saciada con los trozos que se
le brindan en esas obras categóricas de la época: tal
es el sentido humano de la biografía moderna. - Jarb.

�E x c é n t r i c a

��BREVE RESPUESTA A ORTEGA
Q uizás haya pasado ya el m om ento en que fuera op or­
tuno hablar d e O rtega. Es inevitable que quien lo haga hoy,
se ocupe a un tiem po del pensador español y de los chumbadores polem istas criollos. N o hay sin em bargo otro cam ino.
D e los d os ensayos que constituyen las Intim idades, uno
se dedica al paisaje y otro a los actores; claro es que quien
se busque entre los últim os, se volcará con fruición y avidez
en el segundo; y es este volcarse, este olvid o vital e instin­
tivo d e lo que no som os nosotros, este interés ególatra por
adivinar lo que un ex viajero pudo decir, a nuestro respecto,
la m ás paladina con fesión de verd ad que p od am os hacerle
al m agnífico trabajo de O rtega. D e la Pam pa nadie se acuer­
da; el pensam iento del filósofo, lleno d e honradez lógica,
consecuente con observaciones m editadas, precisas, seguras,
ha d ejad o d e interesar com o lo que es, com o ensayo de in­
terpretación, para obrar com o opinión m alévola, entresacada
d e un desp ech ad o diario .de viaje.
Y o creería acertar si dijera que su pensam iento ha tom ado,
por partes, caracteres m itológicos; lo s sesudos pensadores ar­
gentinos — d ecid id os a no leer a O rtega — hablan ya d e él
con una perífrasis lapidaria: “el señor que habla m al de los
argentinos” ; los escritores y críticos com patriotas han alzado
su d ed o — no tan eléctrico com o el d e H am let, aunque sí

29
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i. :

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s;

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más injustam ente severo — y han opuesto su v e to — m a­
ligno y sentim ental — al ensayo del español. Los dem ás ya
no hablan de O rtega ni del E spectador. Los dem ás, con un
“se dice" irresponsable, hablan de aquellas calificaciones —
“categorías" para ellos — que im portan a cada personal
lad o flaco: los guarangos d e Ortega, los hom bres a la d e ­
fensiva d e O rtega, el narcisism o de Ortega. Y b ie n : e3to es
n o haber hallado la estructura lógica d on d e se vertebra su
extraordinaria intuición d e viajero; es no habef reparado en
aquel lem a suyo, que él llam a paradójico: la verd ad del v ia ­
jero es su error. Y él nos ha dad o su verdad y su error.
N osotros lo en ten d em os así y hasta sentim os la vaga inci­
piente vocación de em prender ese cross country que es en la
A rgentina la superación de los guarangos. El error, de cual­
quier manera, es siem pre m ás filosófica posición que el ha­
lago fácil d e turista a que nos han acostum brado los viajaros
ilustres de Europa y A m érica, m ás desaprensivos que este
fino filósofo. N os han acostum brado en tal manera que hoy
no sabem os recibir con altüra unas páginas rigurosas, equiI distantes entre el halago y el vejam en.

B O L E R O
R avel, tom ando el bolero com o elem ento form al para
un “ ballet", crea su B olero com o un crescendo puram ente
orquestal.
C on un tem a único, consigue un primer plano vertical que
se extien d e en horizontal plasticidad (d esa rro llo ). Uij pri­
m er plano con tod os los elem entos de form a y sustanciación
sonora (construcción y estructuración del tem a con el tam ­
bor, que ya no cesará y con las m aderas com o calidad de
sonido en su e x p o s ic ió n ); elem en tos lanzados horizontalm en­
te en em oción artística del crescendo (construcción y estruc­
turación del desarrollo, pues diríam os que la form ación cons­
tructiva es la que com prende los elem entos extrínsecos de
sucesión, delim itación, superposición d e planos, líneas, etc.,
que en este caso sería la sucesiva exposición del tem a por

30

.

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L ' f-1: ■ i

-• '

j

�Tos diversos instrum entos de la orquesta; y en la formación
d e estructuración se com prenderían los elem entos intrínsecos
del m edio m aterial de .expresión, en este caso, de la calidad
de timbre, color, em oción, sugestión d el sonido d e cada
instrum ento tom ad o individualm ente y en conjunto. C alida­
des m anifiestas en el B o lero ). ,
Y llegam os a palpar sencillez de form a constructiva con
un tem a que v a saltando de instrum ento en instrum ento en
form a individual, con reexposición en grupos instrumentales,
hasta caer al final en un gran “tutti” orquestal d e m aravi­
lloso efecto.
N o se había hecho nada igual.
Y es que en arte, la form a es un m edio que tiene valor
en sí misma. Es superable sin dejar d e tener por eso su valor
in dependiente formal, d ando al artista capacidad en sí misma
de superación expresiva. T o d o d ep en d e de “ cóm o” se las
m aneje. Esto se adquiere; lo que no se adquiere- (sin o que
se tiene o no se tien e) es el poseer el saber sentir el dom inio
com o m edio d e creación (e l no adormecerse^ en brazos de
la musa inspiradora). Y R avel se m antiene siem pre despierto.
P eto para su elogio se ha insistido en decir que el Bolero
es un alarde de técnica. Y esto sería quedarse solam ente en
la técnica. M ás aún, sería la gageure pour la gageure, dans
la gageure m em e. El contestar al cóm o lo ha hecho no sa­
tisface to d o el valor d e la obra, ni llena el sentido de ésta,
lo que no quiere decir que se d escon ozca la técnica com o uno
d e los valores prim ordiales del B olero, sino que la supera,
creando con ella m ism a un valor de em oción artístiba.
La prueba está que al oirlo nos deja ese angustioso pla­
cer de un m undo d escon ocid o que palpita ahora en nosotros
no d e m anera que lo veam os (asp ecto técn ico) sino que
subordina ese mostrarse al aspecto integral d e contenido,
pues el interés y la em oción aum entan progresivam ente.
R avel se com place i en irónica insistencia d$l tem a y nos
da una d e sus m ejores obras. Y el B olero adquiere valor en
sí m ism o, valor ya in d ep en d ien te de la personalidad del
autor, aspiración del verdadero artista. — I. B. M.

31

�BARRADAS
“ Le jour n'est peut-étre pas si loin oü les cubistes
authentiques, héritiers de Cézanne et de Seurat,
oseront á leur tour descendre dans la rué. lis y trouveront certainement motif á des cristallisations definitives. Livrant alors aux lévres d ’un fumeur cette
pipe trop souvent représentée inactive, mettant dans
les mains d ’un chanteur cette guitare insonore, ou,
d ’un lecteur, ce jóumal plié qui sont souvent ¡le
leit-raotiv traditionnel de la nouvelle école, ils prouveront ainsi leur foi en la seule teehnique capable
de porter au plus haut degré d ’épuration les matiéres que d ’autres, moins désintéressés, s ’amusent
encore á careser coupablement” .

*
A sí A ndré L hote, en 1 9 2 2 . A hora, ante Barradas, una
fluencia nuestra de la cita. U n m oderno, heredero cubista,
ha surgido a la vid a — a descendu dans la rué — y ha d es­
cubierto, creado, cristalizaciones auténticas: El hom bre de la
alpargata, La doración de los reyes m agos y pastores, — los
ojos que D ios nos ha d ad o han creído. N o una pipa activa,
ni una guitarra sonora (p or qué se habló d e m usicalidad
ante la pintura d e B arradas?) Sí, con fervor, la eternidad —
sentido o p oesía — que aflora en la realidad anecdótica:
d« una alpargata, la presencia del hom bre que cam ina la vida
en un descanso de m esa d e café; de una adoración, la em o­
ción cordial de la ofrenda, del ser enajenado en el encanto
d e la fe (quién olvidará el gesto tierno del R ey N e g r o ? ).
A caso, no com o pruebas d e la fe en la única técnica capaz
d e llevar al m ás felto grado d e depuración a la materia, Sino
el contenido espiritual com o confesión depuradora del secre­
to egoísm o del color, d e la forma, d e la calidad plástica,
(jam ás un m otivo).
C am inando ante estos cuadros — realidades para siem ­
pre, quietas ante nosotros — nuestro dinam ism o interior reco­
ge sucesivam ente el espíritu que insiste — ubicuo y ferviente
— en com unicarnos un hom bre. Pero este hom bre pintor

32

�ha vocalizado d os fraces unilateralm ente perfectas (1!, y su
m ensaje, su íntegra frase, sólo ideal, sintéticam ente en nos­
otros es posible articularla. H abla su espíritu: ha conseguido
diseñar su confesión -— El hom bre d e la alpargata — ¡ nos
da profundidad pictórica en el am biente gastado y ocre del
cafetín; casi espejism o y atm ósfera, las form as arbitrarias
rev ela n ,el alm a d e un pintor que Juego d e palpar la elástica
presión aérea de un rincón d e café la resuelve en ondulacio­
nes lineales, en m atices m onocrom os. Casi espejism o, porque
hay un más: ese hom bre; a m ás d e la intención plástica, la
vivencia em otiva, (jam ás un m o tiv o ). H abla su espíritu: ha
conseguido plasmar su confesión — A doración d e los R eyes;
— nos da materia — im ágenes, color — visualm ente labra­
da; v em o s rostros y g estos em ocionados, fervorosam ente sos­
ten id os por cuerpecillos dóciles a la voluntad plástica que
inm aterializa las profanas presencias vitales: la carne no sólo
no está, sino que y a casi ni existe. Cam inam os, y nuestra
virtual y centrípeta existencia en Barradas no p u ed e vivir: su
cuadro está ausente; su espíritu fluye, p oten te y categórico,
en nosotros entre d os riberas — profundidad y líneas, m o­
nocrom as; plasticidad y gracia colóricas culm inantes — , en­
tre d os riberas d el cauce ideal ansiado por nuestra intuición:
una pintura con am bas virtudes. — H . I. C.

.N

II

A n t e
B a r r a d a s
en
a c t i t u d
c r í t i c a .
Es decir, ante Barradas segundam ente.
Prim ero h e sen ­
tido (em oción , placer, d ic h a ? ) irracionalm ente, he percibido
que el cuadro en Barradas es y que lo siento. A hora sí en
trance d e com prenderlo trato d e buscar m old es para él, y
a tod o s escapa. S ólo uno m e queda, d e apariencia paradojal: es un pintor. Esa palabra pintor es para m í com o la ga-

( I ) C om ienza aq u í u n a v o lu n ta ria con trap o sició n sencillam ente
ex ag erad a de dos cu ad ro s q u e p resid ían las dos p rin cip ales p ared es
de la exposición.
m

33

�lera clásica d e los prestidigitadores, d e la que salen sin saber
cóm o ni de d onde, perros, chocolatines y tiras de papel for­
m ando la bandera argentina. Esa palabra, una sola, quiere
encerrar una definición. V a n o intento, pero tal vez por lo
extenso d e su significado, la única posible:
1. A unque tod o dogm atism o riguroso en arte es siem ­
pre falso, hay una conciencia form ada respecto a la materia
utilizable por cada actividad artística. A sí decim os, la música utiliza el sonido, la p oesía la palabra, etc. La pintura
usa del color. (Q u ien dice color dice im plícitam ente luz y
claro-oscuro).
Epocas ha habido en la historia d e la pintura en que el
valor entonces actual de su arte fue el relieve d e volum en o la
m usicalidad d e las formas. Pero en Barradas tod a materia
ajena escapa, com o no sea la especificam ente pura d e su arte.
A prisiona en sus telas con carácter d e eternidad un m om ento ,
de su apariencia, de esa apariencia sensible de las cosas que
él ha hecho eternas m erced a la pincelada, no, m ejor, a la
esencia de su pincelada recia y vigorosa.
D e ese ¿rom atism o colérico, de ese abigarram iento de
materia, sensible só lo visualm ente, surge el o b jeto d e su
cuadro, individualizado en su tam año, forma, lugar, natu­
raleza, jerarquíq. N o indeciso y nebuloso, sino vibrante y
definido.
La form a en él surge del color, sus bordes son com o d e ­
vorados por él, a diferencia d el dibujo en que los bordes
im ponen una disciplina tiránica a la materia.
2. Sabem os que Barradas — sus am igos nos lo han
contado — fué siem pre un vanguardistas su primera reac­
ción fué así un aban d on o consciente del m otivo, fué una
liberación qué im puso a su espíritu para poder ser libre. (A lg o
así com o cuando el eterno D on Juan, ante un am or puro,
previam ente quiere desem barazarse d e tod o otro lazo sen. tim ental).
N o hay en Barradas ni m otivo m ístico ni costum brista ni
p sicológico: U na A doración, una visión de los b ajos fondos
d e M ontevideo o un baturro catalán, sólo son pretextos para
una arm onía de arte. D ividir su obra en períodos y llamarlo

34

�hiístíco al que corresponde a sus últim os cuadros, es desen­
tenderlo.
A firm ar es negar toda posibilidad contingente: los que
han afirm ado que Barradas es un m ístico (n egan d o así to^a
otra exp licación ) lo han hecho no sé si superficialm ente, com o
quien dice d e un ¡=imigo que es buen m ozo sin mirarlo, o si
por espíritu estrecho d e clasificación dogm ática. ¿Barradas
m ístico? T o d a afirm ación lleva en sí im plícita una divergen­
cia, radical: Barradas es un m ístico o un pintor m ístico? V e a ­
m os cóm o se ha llegad o a esta afirm ación:
H ay relaciones m ateriales de las cosas que obligan casi
coercitivam ente al espíritu a pensar en ellas: así una A d o ­
ración, una im agen de la virgen, nos lleva a creer en el pin­
tor que las hizo, una fuerte inclinación religiosa, d e la que
aquellas obras son resultado. D ecim os que con ocem os una
cosa, cuando encontram os en ella algunas notas ya fam i­
liares a nosotros d e otras cosas. La con ocem os cuando p o ­
d em os relacionarla con lo ya conocido. Pero evidentem ente
esta relación, siem pre posible, puede dar lugar a ün con oci­
m iento vulgar por oposición a un conocim iento interesante,
bsí quien afirm a ante Josefina Baker que es una negra o ante
un hom bre d e m elena que es un poeta.
D ecir d e Barradas que es un m ístico es buscarle relacio­
nes vulgares, aparenciales.
El m isticism o es un estado del alm a — “una efervescen­
cia de la voluntad y el pensam iento” — qu e conduce al
hom bre a la posesión de D ios, El m ístico entrega toda su
alm a a él. El pintor, por el contrario, se entrega a su arte
con la m ism a d evoción . D ualidad irreductible: o se es m ís­
tico o se es pintor. G óm ez de la Serna lo ha dicho refirién­
d ose a una jo v en pintora española: “Se es pintora com o se
es una santa y una v id en te” .
La pintura m ística p u d ó ser posible com o lo fué la poesía
mística, m ientras el arte — individualm ente — fué expre­
sión d e estad o d e alm a. A ún así, el resultado de una tal
gestación p u ed e ser la obra d e un m ístico, pero no una obra
mística.
Para ser m ístico no basta ser cristiano, por fervoroso y

35

�d ev o to que se sea, es necesario que sea "encum brado filó­
sofo, teó lo g o o a lo m en os teó sofo, y hom bre que posea y
haya convertido en sustancia propia un sistem a com p leto
sobre las relaciones entre el criador y la criatura". La pin­
tura pudo ser y p u ed e ser aún un vehículo de esa fluencia
m ística de la vida, pero en Barradas d ejó d e ser um vehículo
para transform arse en uná estación de arribo.
¿ N o será que se ha querido decir que Barradas es cris- L
tiano? El uso d e m otivos cristianos no obliga necesariam ente
a pensar en una id eología pareja en el pintor m oderno. El
motivo para un pintor autentico sólo es un ap oyo (ca so de
los m otivos cristianos en B arradas); es ese últim o nexo que
une a la obra d e arte con la realidad que nos rodea. El m o ­
tivo es ese p iv o te d e bronce que une el cuerpo del hom bre
con el pedestal, para que la estatua no se caiga.
Sé que el espíritu d e Barradas no se v ió atenaceado en
sus últim os años por ninguna pasión mística. Busquem os ra­
zon es extra religiosas:
P robablem ente los m otivos cristianos eran los únicos que
le iban a permitir llevar a su arte a una desm aterialización
tan acentuada d e él. En los cuadros de su últim o período,
sólo se perciben d o s dim ensiones, ha ^perdido tod o grado de
profundidad, se han h ech o transparentes. Cualquier m otivo
de realidad le hubiera d ad o — aún a pesar suyo — una
esp ad alid ad que su espíritu renegaba.
La idealidad de las vírgenes y d e los reyes m agos había
d e favorecer su d eseo. (A p u n to esta explicación hipotética
sin ninguna base' d e certeza ).
3.
Largo, ancho y espesor son las tres dim ensiones de
los cuerpos. El cuadro só lo tiene dos, largo y ancho. Pero la
perspectiva le dió esa tercera inexistente: la profundidad.
H acer profundo un cuadro en el sentido d e realidad en­
gañada, ¿no es valerse d e m edios espúreos e ilegítim os? El
pintor m oderno en un arranque d e sinceridad, quiso que el
cuadro sólo fuera un plano. T al fué la conquista d e C ézanne
y tal es la virtud d e pintor d e Barradas. T od a espacialidad
m étrica ha sido suprimida. En sus cuadros sólo hay super­
ficie y superficie d e color. E llo explica —- si una actitud tal

36

«

: Y

''y

‘'

�puede ser explicable — la reacción d e un pintor nuestro
ante La adoración d e los reyes magos: ¡Es una alfom bra!
D e la alfom bra, una n ota que lleva al conocim iento vulgar,
la falta d e espacialidad profunda.
D ’Ors nos ha hablado de las form as que vuelan y d e las
formas que pesan. Pero en Barradas no ha}' ni lo uno ni lo
otro, puesto que para que haya vu elo o peso es necesario
una form a corporal y las figuras en Barradas, perfiles ace­
rados, ni vuelan ni pesan, están.
Su falta absoluta de profundidad — hablo d e sus últim os
cuadros — nos lleva casi a la negación de toda otra profun­
didad (esa que L hote propone llamar profundité picturale)
y que es esa fluencia d e la figura hacia afuera del cuadro i
esa v id a propia espacial que G uttero ha conseguido tan am ­
pliam ente en su Desnudo y que Spilim bergo nos muestra en
sus acartonados paisajes. En Barradas sus telas presentan
otra calidad; la calidad de tejido, sin relieve.
4.
Y su técnica es una nueva afirm ación de su esencia
geriuina de pintor. En la m uestra d e la W agneriana fuim os
percibiendo la ascención d esd e el Retrato de Antonia Láinez
al Paisaje de Sans, al Constructor catalán, al Hombre de la
alpargata, a Las tres Marías. Si al principio, todavía al ser­
vicio de las ideas previas, buscaba afanosam ente el m od ela­
do por tonos y porciones definidas, si su colorido se hizo
im presionista en su hora, al final parece com o si la materia
hubiera sido dom inada por su espíritu, m anoseada a su an­
tojo .hecha d e nuevo, en una palabra, poseída. La deform a­
ción no es m ás que el triunfo dél espíritu sobre la materia,
es hacer ésta d e nuevo, hacerle perder su individualidad
primera, reducirla a la nada para construir con ella un nuevo
ob jeto: la obra d e arte. E se triunfo se v é patente en las
m anazas del Constructor catalán que se nos vienen encim a
im poniéndose subyugantem ente al espíritu; en esa m esa d e
El hombre de la alpargata que se arquea b ajo el peso d e la
pretención baturra. La m ateria física en m anos del artista ha
perdido sus cualidades cósm ica-terrestres: se ha hecho elás­
tica y ubicua para ser pura expresión. A h í Barradas con una
deform ación pequeña consigue fuerza y vigor co m o en los

37

�dibujos anim ados e¡ ratón M ickey nos subyuga con su pbderío hundiendo el piano a cada golpe vigoroso de sus puños.
Eso que todavía en esos cuadros es deformación desaparece
en los últim os: la materia aquí ya no se deform a sino que
se ha form ado d e nuevo. Si antes guardaba alguna relación
con lo con ocid o por nuestros o jos — y esto es lo que origina
el concepto de deform ación *— ahora es todo nuevo. Ese
rehacer es la licencia perm itida al artista si su espíritu se lo
requiere. Son licencias que se justifican en el artista y que e)
rigor lógico racionalista no podría justificar en el hom bre de
ciencia: el artista y el hom bre d e ciencia operan sobre m ate­
rias distintas, éste sobre la realidfid que se expone a sus sen­
tidos y aquél sobre una realidad que previam ente se ha for­
jad o com o instrum ento expresivo d e su arte.
5.
Finalm ente, la enseñanza de Cézanne de que un
cuadro es ante to d o una estructura, es seguida fielm ente por
Barradas.
En La Adoración de los Reyes Magos se revela un arqui­
tecto d e plasticidades. Se im pone en ese abigarramiento de
figuras, un sentido geom étrico estructurado y aparencial. Las
figuras aparecen después, adquiriendo su verdadero lugar:
los cuatro ojos d e M elchor y Gaspar, el sem blante negro de
Baltasar, la cara descolorida d e la virgen, el burrito y la
estrella; aparecen para justificar lógicam ente nuestra primera
im presión intuida.
C om o ahte la tum ba d e D ebussy, sobre la de Barradas
correspondería el epitafio escueto, riguroso y pétreo de:
R A F A E L B A R R A D A S , PIN TO R . — Jarb.

�R

A

F

A

E

L

B A R R A D A S

���Correspondencia:

Corrientes

3060

Imp. M. Lorenzo Rañó ,Boedo 837, Bs. As.

��H O Y N O E S L I C I T O E
S C O R Z A R E L O E S T O
E N L O S M O M E N T O S S
U P R E M O S S E P R E C

I

S A A F R O N T A R T O D O
R I E S G O C O N U N A C O
NCI

ENC

I A T E M E R O

S A T U N A R J E S
O N T E M E R A R I
ON

I O MA R

O L U C I
A A N T

I C H A L A R

�</text>
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Maiztegui, Isidro&#13;
Romero, José Luis&#13;
Romero Brest, Jorge</text>
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                    <text>| F U N D A C IO N

ESi i

j B om a* A lr^ -

ARTES 4

IV - V. CENTURIA

PIEDRA [HIÑA

C

O

N

T

I

E

N

E

E S C R I T O S DE:

POESIA SOCIAL, ARTE POLITICO
ADOLFO de OBIETA

ADOLFO DE OBIETA
LIONELLO VENTURI
WITOLD GOMBROWICZ
PATRICIO VILLAFUERTE
RENE LEIBOWITZ
JUAN CARLOS PAZ
JULIO CORTAZAR

Xo he v erificado con qué periodicidad ocu­
rre el ciclo en que el tem a de la poesía social
o del a rte político aparece y d e sap arece; a
veces creo que cad a dos meses, a veces cada
dos años. Pero, de todos modos, con ta n ta
a sid u id a d se renueva el a ta q u e y la defensa
que. se publique este a rtícu lo ah o ra o d entro
de tre s meses, espero lo ju s tifiq u e la m ás fia
g ra n te actu alid ad . C iertos críticos y ciertos
aficionados aseveran de ta n to en ta n to .en efec­
to. que no se debe a p lic a r taleirto a m eras p ro ­
ducciones fa n tá stic a s o líricas, ingeniosidades
verbales, o expresión a rtís tic a que no sea do­
cum ento de la realid ad in m e d iata, testim onio

DANIEL DEVOTO

del a rte so c ia l; y sus tem áticos, que sim ulan
ig n o rar la n a tu ra le z a de la invención a rtístic a ,
parecen ig n o rar que el a rtis ta , por cierto, bus­
ca el bien, aún b a jo la a p arien cia m ás d e sa ­
m orada o escéptica. E stas gentes a p resu ra d a s
esperar? del a rtis ta rectorado m ag istra l, c á ­

te d ra de m oralidad colectiva, p ro fecía o b lig a ­
to ria : no com prenden que por sobre estas muy
nobles inspiraciones hay una devoción menos
visible pero m ás a ltiv a : la a firm ac ió n del
e sp íritu , la lib e rtad no c iu d a d an a sino m oral.
T al vez, en el deseo de c o n fia r en la n a­
tu ra le z a m agnánim a del creador, se desconoce
que su fa c u lta d no es in fin ita , que no puede
ser a la vez que creador de esperanza y m is­
terio s felices, uir m aestro civil, un pedagogo,
un m oralista, un revolucionario, un econom ista.
V que si, por dign id ad de hom bre o p a ra res­
ponder a la confianza de quienes esperan: de
su persona como hacedor de bien, cede a in ­
teresarse cabalm en te en todas estas bellas ta ­
reas que no son la suya, su o bra se re se n tirá
por u n a no consagración ab so lu ta a su a p ti ­
tu d específica. D ante, Shakes¿&gt;eare, C ervantes,
R im b au d ; B ach, Beethoven, S c h u m an n ; Mi­
guel A ngel, Goya, Cézanne, hicieron el bien
que les e ra c o n n atu ral h a ce r; ¿quién puede
creer que unos lab o raro n m ás por el hom bre
porque p arecieran tr a b a ja r m ás con la m ate ria
histó rica que los rodeaba y o tro s m ás con la
fa irtasía ? C ada uno hizo el bien, librem ente,

�en medio de sus pasiones e ideas. N inguno
dejó de ilum inar, esperanzar o tra n s fig u ra r la
realidad, y el crítico que les inculpara p re ­
c aria conciencia social sólo m o straría su pro­
pia irresponsabilidad.
C ada a rtis ta recoge y elabora la experien
cia de su tiem po: la experiencia de hom bre.
Shakespeare no es Hom ero, Rilke no es Ovidio.
Cada uno expresa no la corteza m aterial sirco
la vivencia p ro fu n d a de cada estilo del tiem po
hum ano. N o se pida, para reconocerlos a la
‘ ‘ v a n g u ard ia de su época ’ ’, que atestig ü en
lo ostensible, aunque sea ingentem ente fa tíd i­
co o esplendoroso; está la verdad de la c ria ­
tu ra de cada época en la que todos los elem en­
tos de su dram a c u ltu ra l y personal se ex­
p resan , sin convencional u n ila tera lid a d . La
ciencia, en cam bio, puede a isla r algunos a s ­
pectos y explorarlos; la ética y la política
pueden interesarse en “ p ro g ra m a s” de acción.
Si se quiere reaccionar contra la poesía de
las p u ra s rosas y crepúsculos — aunque es
hermoso espectáculo las generaciones de poe­
ta s que no renuncian a la quim era Je h a lla r
la m e tá fo ra de la rosa, o la expresión de la
m elancolía del crepúsculo— propicíense los
g randes tem as esp iritu ales de cada tiem po: la
proyección a enigm as del e sp íritu de grandes
tópicos de lo te rre stre e histórico m ás inm e­
d iato , por ejem plo el destino de G andhi, la
vuelta de los ju d ío s a la tie rra prom etida, la
destrucción y resurrección de Lidice, la m uerte
de B ernadotte. ¿ P o r qué no se propicia este
estilo de tem as poéticos ta n lejano del canto
a la m era prim av era como del himno o b lig a to ­
rio al pueblo o al caudillo? He suerte que no
hay un tem a prohibido a p rio ri, sino la evi­
dencia a posteriori de que cuando la pasión
política priva, la pasión poética declina, pues
todo tem a im puesto y de desarrollo ortodoxo
(con a djetivación preestablecida, tono g ra d u a ­
do, m etro previsto, grandilocuencia convenida)
em pobrece la canción. (M uy excepcionalm ente,
en u n a fórm ula m atem ática equivalente a N unca-1, adm ito que se pueda c a n ta r — en poesía
y no en la ideología o p ro p a g an d a — un tem a
de ferv o r personal político. Y acaso entonces
el can to no re su lta rá g ra to al c a n ta d o ).
Se me ocurre que si h a y ta n ta bella p in tu ra
religiosa en la E d ad M edia, es por la lib e rtad
que se tom aba, o se concedía, al a r tis ta ; así
aparecen por ejem plo tan to s C ristos tan su b je ­
tivam ente figurado s, eir ta l inverosim ilitud de
form aciones y deform aciones que uno a veces
se asom bra hayan sido ap ro b ad a s o to lerad as
p o r la au to rid ad eclesiástica, pues si bien no
existía un p a tró n visible e x istiría, como existe,
c ie rta convención en la representación de la
fig u ra del H ijo de Hios. T al vez si en el
a rte político a ctu al fu e ra dable una sem ejante
lib e rtad — y no la sujección' a cánones de
hipérbole explícitos o im plícitos— el p a n e g í­
rico de algún g ra n revolucionario o la a la b a n ­
za del Pueblo, o la igualdad y fra te rn id a d ,
o la lucha por la supresión de las clases, podría
lleg ar a calidad poética, a ese horizonte do
fa n ta sía e idealidad, a esa tra n sfig u ra c ió n sin
la cual, en poem a o p in tu ra , no hay sirco
fo to g ra fía , y por ta n to ni poem a ni p in tu r a . . .
No hay tem as poéticos o antip o ético s — y si
los hubiera es presum ible que los grandes
tem as éticos como la exaltación de la persona
hum ana o la in m ortalidad serian los dilectos—
sino tonos de a u to r poéticos o prosaicos.
L a P a z y la G uerra que iros sobreexcitan
hoy son tem as u ltra m en te patéticos, pero no
son lo m ás, o to d o ; por d ebajo o por encim a
h a y o tra experiencia que pertenece al esp íritu ,
a la m oralidad, una civilidad que acaso podría
consum arse en u n a existencia en que no h u ­
b iera mundo ni cuerpo sirco conciencias puras,
sin G uerra y sin Paz.
N in g u n a circun stancia del convivir puede
hacernos olvidar las tran sfig u ra cio n e s y m is­
terio s accesibles a la conciencia: qne hay nul ,

( Continúa en la pág. 42 )

CONSIDERACIONES INACTUALES
SOBRE LA C R I T I C A OE A R T E
EN I T A L I A
LIONELLO VE NTURI
H a y un punto en el que todos concordam os,
y es que la c rític a de a rte es la sírctesis dtd
concepto de a rte y de la experiencia de obras
de a rte . Y el concepto de a rte heredado de la
e stética de B enedetto Croco es m ejor que los
ado p tad o s fu e ra de Ita lia , en F ra n c ia , en A le­
m ania, en In g la te rra o en E stados Unidos.
I.os críticos italian o s han tenido g ra n fe en
su corccepto de a rte , ta n ta que han hecho de
él un arm a p a ra ju z g a r sobre todo y sob.-e
todos. P e ro un concepto no es un arm a, y el
uso p ráctico de los conceptos, por p a rte de
los críticos, ha falseado las consecuencias de
los conceptos m ism os: es decir que este uso
del concepto como arm a ha forzado la expe­
riencia de las obras de a rte , ha proyectado
sus propias deducciones de n a tu ra le z a intelec­
tu a l a b stra c ta en la o bra de fa n ta sía , h a puesto
un obstáculo erctre el crítico y la obra de
a rte , h a privado al crítico de la hum ildad ne
cesaría p a ra ver y com prender la o b ra de a rte
en su existencia real. E l concepto de a rte tiene
o tra función, en la c rítica . Cuando el se n ti­
m iento del a rte está vivo, y la fa n ta s ía se
ciñe a una o bra de a rte , el critico necesita re ­
flexionar sobre la p ropia fa n ta s ía , p a ra f i ja r
sus lím ites, p a ra d a rle una fo rm a ; y esta
reflexión está im pregnada p o r el concepto de
a rte . P e ro debe entenderse bien que la expe­
riencia del a rte , la fa n ta s ía su scitad a por la
obra, lo que se llam a “ revivir la o b r a ” , deberc
ser la base de todo juicio a rtístico .
L a estética de B enedetto C-roce no quería
ni p odia o frecer u n a experiencia de a rte , no
sólo por su c a rá c te r teórico, sirco tam b ién por
la conocida a n tip a tía de su a u to r por todo
lo que h a producido de m ejor la edad m oderna
en m ateria de a rte fig u ra tiv a .
L os críticos italianos, en el tiem po que me­
d ia entre las dos g u e rra s m undiales, han de­
bido crearse por cuenta p ro p ia u n a base p a ra
sus juicios, esto es. una experiencia su y a del
a rte . ¿Cómo? U na gloria ind iscu tid a p a ra I t a ­
lia es el a rte del Renacim iento, considerado co­
mo a rte clásico. A los ita lia n o s no les h a p a ­
recido cierto que pud ieran p a rtic ip a r en la
reacción m undial c o n tra la s que fueron las
a v en tu ras a rtístic a s de fines del siglo X IX y
los prim eros años de! siglo X X . A quella reac­
ción e ra hinchada con el nom bre de clasicismo,
e Ita lia era la tie rra clásica del a rte . E sto era
entonces p a ra los ita lia n o s un reencuentro con
la pro p ia tradición, un volverse a poner a la
cabeza de la civilizazión, la fundación de un
nuevo Renacim iento. IVro m uy pocos a dvertían
la diferen cia e n tre clasicismo y neo-clasicismo.
Y porque el neoclasicism o e stab a im pregnado
de irctelectualism o a b stra c to y de las llam adas
leyes etern as del a rte , el crítico se d e ja b a p e r­
su a d ir de que debía leer en la obra de a rte
sólo aquello que no e ra lib re fa n ta sía . De
modo que la infeliz experiencia del a rte coin­
cidía con el uso erróneo del concepto de arte.
L as consecuencias de esto se hicieron sentir
rá p id am en te en los juicios sobre la h isto ria I d
a r te : el B eato Angélico se convirtió en el pro­
to tip o del clasicism o m edieval, P iro deba
F rancesca fué p re se n tid o como un etrusco -e
su iita d o . B otticelli fué considerado como p ri­
vado de sentim iento religioso, el m an ierista
P ontorm o fué avalorado como un a rtis ta per
fecto. C aravaggio se convirtió en el p adre de
In g res, M a ttia P re ti fué exaltad o por encim a

de R em brandt, F a tto ri, el macchiaiuolixla, a p a ­
reció con un P iero della F ra n c esc a redivivo,
y los m acchiaiuolistax flo ren tin o s fueron a la ­
bados no sólo como precursores sino como superadores del im presionism o francés. No valela p ena • c o n tin u a r la enum eración de estos
erro res históricos y to n te ría s críticas.
T am bién en F ra n c ia , en In g la te rra y en los
E stados Unidos, se im prim en errores y to n te ­
rías sem ejantes. P ero tam b ién se expresan, y
en a bundancia, ju ic io s exactos de n a tu ra le z a
opuesta, de modo que la experiencia c rítica es,
sin dudas, m ás fin a, y e stá menos desorientada.
E l rcacionalismo a rtístic o puede ser indicado
como el origen de todos los m ales del gusto
actu al. E xiste en In g la te rra y en los E stados
Unidos, pero está re fre n a d o por la conciencia
d ifu sa de que los únicos g ra n d es a rtis ta s mo­
dernos son franceses. E x iste tam bién en F r a n ­
cia, y es c o n tra rio a los úrcieos g randes a rtis ta s
franceses, que son los independientes. B aste
reco rd ar que, después de In g res, ninguno de
los g randes a rtis ta s franceses entró en la A ca­
dem ia. P ero de todos modos, en F ra n c ia hay
m ucha g en te que com prende a los independien­
tes. P o r to d as p a rte s, en cualquier nación del
mundo, el nacionalism o estético ha sido lim i­
tad o por el reconocim iento de la suprem acía
del a rte francés.
E n Ita lia , sin em bargo, m enos que o tra p a rte .
L as razones de este fenóm eno son varias. Al
güiras, co n tin g en tes: el m al gusto de la s ex­
posiciones de Verceeia, que antep u siero n Zorn.
Z uloaga, K lin t y com pañía, a Renoir, Cézanne.
S e u ra t y G auguin, como se puede co m p ro b ar
en la G alería de A rte M oderno de V enecia,
que es un espejo del gusto de las exposiciones
bienales. P ero hay o tra razón mucho m ás g r a ­
ve, que es ingén ita. L a g ra n d ez a del a r te del
R enacim iento ha sido u n a rem ora p a ra la libreeapacidad ita lia n a de creación. Si se exceptúan
Tiépolo y G uardi, n in g ú n p in to r italian o , des­
pués de C aravaggio, h a tenido una im p o rta n ­
cia superior a la de sus contem poráneos ex­
tra n je ro s. E l desarrollo del gusto pictórico
europeo del seiscientos en ad elan te h a estado
ta n relacionado con Ita lia como antes, o más
que antes, pero no ha ex traíd o de I ta lia su*
fu erzas m ejores. H a habido en la edad m o­
d erna una serie de len g u a jes pictóricos, bien
d ife re n te s de los del pasado. Y los len g u ajes
pictóricos, se sabe, dependen del tiem po m ás
que del espacio, y no están lim itados, como
la lengua poética, a u n a sola nación. Y bien,
de los len g u a jes pictóricos de la edad "moderna,
los m ejores son los originados en H olanda,
en E sp a ñ a, en F ra n c ia , desde donde se han
d ifundido por el m undo; y no en Ita lia , d o n d e
se los h a aprendido de m ala g an a, siem pre
con el ojo a te n to al len g u a je de! R enacim iento.
Desde 1830 todos los len g u a jes que se han
sucedido y h a n p-evalido en el m undo pictórico
han sido franceses, y aún hoy o se hab la en
p in tu ra el fran c é s o no vale la p ena de p in ta r.
L a verdad de este hecho, ta n poco g ra to de
a d m itir como sea, reside en la co nstante re ­
lación en tre c u ltu ra y a rte . N ingún a rtis ta
digrco de este nom bre puede a b strae rse de su
pro p ia c u ltu ra. Y los que m ejor han expresado
la s necesidades pictó ricas de n u e stra c u ltu ra
han sido los franceses.

(Continúa en la página 43)

�35

CUATRO RESPUESTAS
de WITOLD G O M B R O W IC Z
H ace ya nueve años que usted vive entre
nosotros: ¿qué opinión tiene del am biente li­
terario de B uenos A ir e s ?
V oy a d efender el am biente c o n tra la m ale­
dicencia de sus propios com ponentes. Según
estos intelig en tes arg en tin o s el am b ien te li­
te ra rio será m ás o menos desesperado. P or
u n a p a rte — dicen— los com erciantes y em plea­
dos de la lite ra tu ra . P o r o t r a : in telectuales to ­
talm en te intelectualizados y toda suerte de doc­
to res de la estética, «leí refinam iento, la e ru ­
dición, la “ c u ltu r a ” , preocupados por ínfim os
detalles y adornos, anhelando e sta r a la a ltu ra
de la ú ltim a F ra n c ia , corriendo a las confe­
rencias y sutilizando sus m uy pasiv as alm as.
A dem ás: una lite ra tu ra hecha según teorías,
lite ra tu ra de p rogram a, donde todo ya es s a ­
bido de antem ano. Poca im aginación. Poca
intuición. E scaso vuelo. C ontados a rtis ta s de
ra za que piensan no ta n sólo en ‘ ‘ escrib ir una
buena n o v e la ’ ’. M onotonía. A burrim iento.
Como bien lo sabe usted, todo esto lo sos­
tienen ustedes mismos. Yo soy incom parable­
m ente m ás o p tim ista. E s verdad que si m ira ­
mos sólo la s m ás evidentes m anifestaciones de
la vida a rtís tic a como, por ejem plo, las c onfe­
rencias. las a ntologías, las revistas, las reséñas, los suplem entos lite rario s, los discursos,
los prem ios, las dam as m undanas, las peñas
o reuniones, debem os a d m itir que se su fre una
leve crisis de vacuidad. P ero d e trá s de esta
“ activ id ad c u ltu r a l’ ’ existen g ra n d es valores
que no tom an p a rte en el juego.
¿D ónde los ve u ste d ?
Lo decisivo es que la v e rd ad e ra élite a rg e n ­
tin a está m uy por encima de su vida literaria
o fic ia l. M uy por encima de su am biente. M ien­
tra s el len g u aje o ficial de las reseñas y dis­
cursos rebosa de bom básticos elogios, en el
len g u a je privado, en las conversaciones, reina,
respecto a la a ctu al producción o ficial, una
lucidez, severidad, descontento, descreim iento,
que prom eten mucho. E sto s lectores se m ues­
tra n m uy insatisfechos de sus au to res y su
salón intelectual. P a re c e ría que aquí quien no
p ra c tic a el a rte es el m ás a rtis ta . R a ras veces
se puede observar en un país ta n form idable
d ife re n c ia e n tre la dem anda y la o fe rta en el
cam po a rtístico . M ientras el lector, la ju v e n ­
tu d a n te todo, exige algo enérgico, auténtico,
creador, se lo a lim en ta (fu e ra de a lg u n as ex­
cepciones m uy d ig n as de resp eto ) con una
lite ra tu ra a p ren d id a y re citad a, estéril como
el m ismo desierto de S ahara.
Es este sano descontento, e sta a lta concien­
c ia de la im perfección, lo que define en ú lti­
m a in stan cia el nivel e sp iritu a l de Buenos
A ires. U stedes e stán en vísperas de un g ra n
sa lto ad elan te porque la m adurez intelectual
que hoy se esconde en privado en co n trará
p ro n to su estilo y sus m edios de expresión.
¿ E stá en a p titu d de ju zg a r, por sus propias
experiencias, el nivel sincero de nuestra é lite ?
Cuando el año pasado e stab a por p ublicar
“ F e rd y d u rk e ’ ’, m is am igos lite rario s me v a ti­
c in a b a n un redondo fracaso. P ero y a se han
vendido casi dos mil e jem p lares y, lo más
im p o rta n te , el libro parece p ro c u ra r esperanza
a a lg u n a g e n te d isg u sta d a o cansada. E ste
pequeño experim ento descubre, p a ra mí, el
precipicio que se ab re e n tre el cam po oficial
del “ am biente lite r a r io ’ ’ y las v erdaderas ne­
cesidades del público. ¿Qué es “ F e rd y d u rk e ”
m irado desde el pun to de m ira o ficial? ¿ In so ­
lencia? ¿L ocura? ¿ P a y a s a d a ? Y sin em bargo
e sta p ay asad a que no hace caso de n ad ie y se

pone en g u e rra con todo el mundo, resultó
contagiosa. A hora, con “ El C asa m ie n to ” (ce­
rem onia e fec tu a d a en u n a iglesia revolucio­
n a ria ta n trá g ic a como h u m o rística) espero
o tra b a ta lla por intro d u cir en la lite ra tu ra
c ie rta visión del m undo y c ie rta form a a r tís ­
tica. E s muy posible, n a tu ra lm e n te , que esté
equivocado y que mi modo de escrib ir no valga.
P e ro de cualquier modo salgo gan an d o porque
m is escritos m e p ro cu ran placer y alivio, y
n ad ie me q u ita rá estos m om entos de a le g ría
y de expansión.
¿ E n qué sentido debería según usted evolu­
cionar nuestra literatura?
Xo soy m uy am igo de p ro g ram a s pero le
señ alaré lo sig u en te:
Xo es nivel a rtístico , o intelectual, o téc­
nico, lo que hace f a lt a ; la llave no se encuen­
t r a en los libros, sino en los hom bres que
los escriben. E l problem a de la lite ra tu ra es,
en el fondo, parecido al de la conversación.
Xo b a sta que yo sepa fo rm u lar las frases y
posea pro fu n d o s conceptos o m ucha sensibili­
dad. Si, en una reunión, no me siento cómodo,
anim ado, audaz, si los invitados se relacionan
psíquicam ente de modo que en vez de exci­
ta rs e se a paguen, si un estilo form al, rígido,
convencional o chato los invade, nunca podré
m an ifestar m is dotes con b a sta n te energía,
soberanía, lib e rtad .
M ien tras el escrito r no logre elim inar estos
fa c to re s psicológicos que hoy lo cohiben en
su relación con otros hom bres, no cam biará
n ad a en los libros. L a cu ltu ra a rg e n tin a debe­
ría pues, según mi parecer, v ira r 180 g ra d o s:
en vez de preocuparse por las obras h ab ría
que preocuparse por las personas. L a tenden­
cia actu al h acia lo técnico, lo objetivo, lo
anónim o, lo profesional, lo im personal, debe
ceder a l culto de la personalidad y todos sus
m agníficos valores: o rig in alid ad , a u te n tic id a d ,
valentía, fu e rz a c re a d o ra . . .
E s notable la d ifere n cia en tre el estilo p r i­
vado del eriollo y su estilo público. M ientras
en p rivado, la g e n te se expresa con vivacidad,
invlependencia, g ra cia, en público su h a b la r se
vuelve convencional, frió, retórico. ¿X o h ab ría
que vincular m ás orgánicam ente estas dos re a ­
lidades?
P a r a que el escrito r pueda ex p resar su
p ersonalidad, debe vencer su tim idez fre n te a
la c u ltu ra y su tem or a n te el defecto. El
defecto es m ás personal y m ás creador que
la calid ad y su papel en la situación presente
de la c u ltu ra a rg e n tin a es m ás im p o rtan te.
Cuando tengo opo rtu n id ad de aco n sejar a a l­
gún joven escritor, le digo con a ire p a te rn a l:
“ ¡ H ijo m ió ! D eja de ser culto, sabio y bien
educado y vuélvete por algún tiem po tonto,
bruto, ridículo lo m ás que puedas. Cuando ya
nada tengas que perder, perderás el m iedo de
ser lo que e re s” . ,
L a c rític a lite ra ria , asim ism o, d e b ería cam ­
b ia r rum bo. Xo b a sta n y a m eros inform es ni
“ an álisis a r tís tic o s ” de la obra. E s m enester
a n aliza r un poco a los escritores m ismos y con­
tro la rlo s de m ás cerca p a ra que no lleven una
vida dem asiado fácil.
Sobre estos puntos sueltos a d v ertirá usted
mi “ p ro g ra m a ” ; a p o y ar y fo m en tar por todos
los medios posibles la personalidad, la c rea ­
ción, la lib e rta d de expresión. Con esto se
puede hacer una lite ra tu ra m uy b u e n a .. . o
m uy m ala, según las capacidades y la c u ltu ra
de los que la van a realizar. E sto y cierto de
que este arrie sg a d o salto desde la instrucción
hacia la creación y a lo está dando la nueva
generación a rg e n tin a con decisivo em puje.

(II Sil!' ADUSTA
Patricio Vi11afuerte
P arece que en la ciudad no puede uno am ar
las bellas le tra s sin que deba ser un lite rato .
O por lo menos, no puede a lte rn a r con los
hom bres de le tra s y o tra s a rte s sin co n testar
a cada m om ento la p re g u n ta sobre el género
de creación que uno cultiva.
— ¿ Y usted escribe poem as ?
— Xo, sólo los leo.
G ran desencanto.
Me veo obligado a d u p lic a r la c o rte sía:
— ¿A’ usted es poeta?
— Sí.
G ran encanto.
Se com prende el d esaire de no ser creanor
en e sta ciudad de poetas y a rtis ta s . Me p a ­
rece que peco, que no tengo derecho a entusias­
m arm e con versos, cuadros, e sta tu a s, si no soy
capaz de crear. Y me a lejo avergonzado. En
verdad, p a ra no desplacer a m is interlo cu to ­
res yo quisiera saber c o n stru ir siquiera alg u n a
ob rilla de te a tro o alg u n a im provisación a la
g u ita rra . H asta pensé an o tarm e en alg u n a de
esas academ ias p a ra escribir buenos sonetos
o c a n ta r agradablem ente. P ero no siento en
mí el ím petu dioirisíaco, la org án ica presencia
del num en. Y lo que inás me h iere es tener
que d e sa g ra d a r a los que esperaban que, colega
en la afición, lo fu e ra tam bién en el oficio.
Q uisiera poder c o n te sta r:
— Sí, p rep aro un libro de b a la d a s y desde
hace cuatro m eses reviso un volum en de poe­
m as elegiacos y bucólicos.
P ero no.
-¿ E n to n ce s usted no siente ninguna pasión?
En verdad, no siento nin g u n a pasión.
Mi in te rlo cu to r me convence de que fa lto al
deber social de creer que el A rte es lo m ás
im p o rta n te del m undo. Yo siento e n mí la
pasión, pero una menos a u to riz a n te que el
ferv o r lite ra rio : siento la pasión por el hom ­
bre. Lo único que me a p asio n a es conversar
con las gentes, m irarlas, soñarlas, desearles el
bien. A veces por las calles voy buscando mi­
ra d as, buscando ecos hum anos. Ser un hum ano
e n tre hum anos: es mi pasión. Qué común y
qué excepcional.
P ero mis am igos no la com prenden; ellos
tienen la del A rte, la de ser poetas. Me quie­
ren. pero con a lg u n a p ie d a d ; no puedo ser su
herm ano e n trañ ab le. H e in te n tad o b o rro n ea r
im ágenes, a n u d a r pensam ientos. P ero la a lg u ­
na g ra cia que tengo en la conversación (dicen)
parece desvanecerse a n tes de lleg ar a la p lu ­
m a: frac a sa mi oído, mi intuición o mi dic­
c ionario: como todo iro-poeta, escribo con el
len g u a je de todo el m undo las frases de todo
el m undo. Mi p e rfil de e sp íritu , mi persona,
no se vislum bran, no se e x p re sa n ; m is poem as
serian ceros y nad ie com pra un libro p a ra
leer tina persona-cero.
E n verdad, he procurado a g ita r en m í, y a
que no mi pasión* creadora, mi pasión por ¡a
poesía y sus p o e ta s ; creer que lo sum o a hacer
en n u e stra civilización es ser uno de los diez
o veinte mil p oetas ilum inados en el sagrado
hervor creaeional. V anam ente. P ierd o dem a­
siado tiem po a dm irando la realid ad , contem ­
plando a los hom bres y m ujeres, m irando el
d ía y la noche, haciendo a m istad con* los a n i­
m ales, con los vivientes de to d as las edades y
calidades, y me escasea el necesario p a ra la
a u stera disciplina de los versos.
Xo, no soy poeta. Y con tris te z a he debido
a le jarm e de mis am igos a rtis ta s , p a ra no tener
que reconocer a cada m om ento que no com -

[Contim'ia en a página 43)

�STI11IISIT lersos SÍHEIIIEK
A r n o l d S c h o n b e r g e I g o r S t r a v i n s k v . los d os
c o m p o s i t o r e s m á s i m p o r t a n t e s d e h oy. d e s p u é s de
v a g a r d u r a n t e a ñ o s s e h a n e s t a b l e c i d o en H o ll y w o o d ,
q u e e s lo m á s l e j a n o q u e u n e u r o p e o p u e d e h a l l a r
y e n d o “ h a c i a el o e s t e ” . E s e x t r a ñ o q u e d o s h o m ­
b r e s t a n d i f e r e n t e s e n to d o s los a s p e c t o s h a y a n
e l e g id o e s t e l u g a r p a r a v i v i r y t r a b a j a r en él.
P o r q u e a u n q u e los d o s v i v a n en u n a c i u d a d d o ­
m in a d a p o r la in d u s tria cin em atográfica, ninguno
t i e n e n a d a q u e v e r co n los f il m s .
¿ Se s ie n t e n en s u c a sa ? i H a y razo n e s m á s p r o ­
fu n d a s que ju stifica n su p resen cia? ¿ H a d ism inuido
su im p o rtan c ia desde que v inieron a v iv ir aquí ?
P a r a resp o n d er a estas p reg u n tas debem os en ­
t e n d e r p r i m e r a m e n t e lo s p a p e l e s e s p e c í f i c o s q u e
r e p r e s e n t a n S c h o n b e rg y S tr a v i n s k v en n u e stro
m u n d o m usical contem poráneo.
E s p r o b a b l e m e n t e c a s i s e g u r o d e c i r q u e la a c ­
t i v i d a d m u s i c a l d e lo s ú l t i m o s c u a r e n t a a ñ o s se
h a d e s a r r o l l a d o e s e n c i a l m e n t e b a j o la i n f l u e n c i a
d e S c h o n b e r g . E n e f e c to , d u d o q u e h a y a u n solo
c o m p o sito r c u y a o b r a no h a y a sid o a f e c ta d a p o r
él. Y e s t o es c i e r t o s in t e n e r e n c u e n t a la e da d ,
n a c io n a lid a d o p a n o r a m a m u sic a l de este com positor,
o si le g u s t a n o no la s c o m p o s i c i o n e s d e S c h o n b e r g .
A u n q u e n u n c a h a y a o íd o u n a n o t a s u y a , no h a y
u n c o m p o s i t o r q u e h u b i e r a p o d i d o e s c r i b i r la m i s m a
m ú s i c a si S c h o n b e r g n o h u b i e r a e x i s t i d o . A u n q u e
s u o b r a es l a m á s t r a d i c i o n a l e n t r e la m ú s i c a c o n ­
t e m p o r á n e a . la s f a n t á s t i c a s i n n o v a c i o n e s d e S c h o n ­
b e r g h a n t r a n s f o r m a d o c o m p l e t a m e n t e el a r t e de
lo s s o n i d o s a t r a v é s d e lo q u e p u e d e l l a m a r s e la
e m a n c i p a c i ó n d e la d i s o n a n c i a .
S in e m b a r g o , la h i s t o r i a d e la m ú s i c a — y l a
h i s t o r i a e n g e n e r a l , e n e s t e a s p e c t o — n u n c a se
d e s a r r o ll a en u n a línea recta, y sería c i e rta m e n te
e r r ó n e o p e n s a r q u e la i n f l u e n c i a d e S c h o n b e r g es
la ú n i c a q u e e x i s t e . S u g e n u i n a a n t í t e s i s e x i s t e
t a m b i é n , d e h e c h o , e n la p e r s o n a d e I g o r S t r a v i n s k v .
E n p an o ram a, orígenes, y trad ició n . S ch o n b erg y
S t r a v i n s k y s o n p o l o s o p u e s t o s . S c h o n b e r g . el v ie n é s .
h e r e d ó la s r i q u e z a s d e u n a e v o l u c i ó n s e c u l a r , q u e
d e s d e B a c h . 'a tra v é s de H a y d n , M ozart. B eethoven.
S c h u b e r t h a s ta B ra h m s. W a g n e r y M a h le r se b a s a ­
ba en p e n s a m ie n to polifónico, a rm o n ía funcional,
v a r i a c i ó n . S t r a v i n s k v , el r u s o , c r e c i ó e n la a t ­
m ó s f e r a d e los b i e n c o n o c i d o s “ C i n c o ” ( B a l a k i r e v .
Cui, B o r o d i n . M u s o r g s k v , R i m s k y - K o r s a k o f ) q ue .
a tra v é s de G linka, h a b í a n h e re d a d o alg u n a s in ­
f l u e n c i a s i t a l i a n a s , y q ue . b a s a n d o s u a r t e en
e l e m e n t o s f o l k l ó r i c o s , h a b í a n e m p r e n d i d o la c r e a ­
c i ó n d e u n a m ú s i c a r u s a a u t ó n o m a , l i b e r a d o s d e lo
q u e es, p a r a u n h o m b r e c om o S c h o n b e r g . s u v e r ­
d a d e r o c o r a z ó n . S in e m b a r g o l a d i f e r e n c i a e s t a b l e ­
c i d a a s í e n t r e S t r a v i n s k v y S c h o n b e r g es m e r a ­
m e n t e p e r i f é r i c a . S c h o n b e r g n o h a a c e p t a d o su
t r a d i c i ó n p a s i v a m e n t e s i n o q u e la h a a u m e n t a d o J e
m a n e r a e s p e c í f i c a . T a m p o c o es S t r a v i n s k v e s c l a v o
d e la t r a d i c i ó n “ l o c a l ” e n la q u e n a c i ó y. en
to d o c a so , p u e d e d e c i r s e q u e y a con R i m s k y el
p r o p ó s i t o d e lo s “ C i n c o ” h a b í a f a l l a d o : e n su
o b r a e n c o n t r a m o s i n f i l t r a c i o n e s d e es o s e l e m e n t o s
g e r m á n i c o s q u e lo s r u s o s h a b í a n d e s e c h a d o o r i g i ­
n a r i a m e n t e . No p a s ó m u c h o s i n q u e la s e n d a de
S t r a v i n s k v e m p a l m a r a c o n el c a m i n o m o d e r n o de
la t r a d i c i ó n o c c i d e n t a l . S e e n t e r ó p r o n t o de la
e m a n c i p a c i ó n d e la d i s o n a n c i a p o r S c h o n b e r g . y
la a c e p t ó e n f o r m a ta l. a s u p r o p i a m a n e r a , q u e
ah o ra hay g en te que cree que L e sacre du p rin tem p s.
e n 1 9 1 3 , c r e ó l a c e s u r a d e la a r m o n í a m o d e r n a ,
olvidando o ig n o ra n d o que, y a en 1906, S c h o n b e rg
h a b í a e n a rb o la d o conclusiones m á s radicales.
L a e m a n c i p a c i ó n d e la d i s o n a n c i a , s i n e m b a r g o ,
es s ó lo u n a s p e c t o d e l a m ú s i c a d e S c h o n b e r g . y
h a y d i f e r e n c i a s m u c h o m á s i m p o r t a n t e s e n t r e él
y S t r a v i n s k v . S c h o n b e r g a c e p t ó la s c o n s e c u e n c i a s
d e l a t r a d i c i ó n , d e s a r r o l l á n d o l a s co n lu c i d e z y f o r ­
taleza. P e ro esto no p u ed e d ecirse de S tra v in sk v .
S u a p r o x i m a c i ó n a los m i s m o s p r o b l e m a s , p o r
a t r e v i d a q u e p a r e c i e r a h a c e t r e i n t a y c i n c o añ o s ,
hoy nos parece tem ero sa y superficial. A traíd o o r i­
g i n a l m e n t e p o r los n u e v o s s o n i d o s e i n v e n c i o n e s
r í t m i c a s , f r a c a s ó e n v e r r e a l m e n t e lo q u e i m p l i c a b a n .
S u s i n n o v a c i o n e s a r m ó n i c a s ( a d i f e r e n c i a d e la s
d e S c h o n b e r g q u e d e r i v a n d e u n u s o ló g i c o d e los
doce so n id o s) se b a s a n en poco m á s que nociones,
como s u s su p erp o sicio n es de acordes perfecto s.
Co mo a c o r d e s , f r e c u e n t e m e n t e t i e n e n u n a g e n u i n a
sig n ific a c ió n m usical, p ero su se n tid o perm a n e c e
c o m o lo c al . N o p u e d e n s e r u s a d o s en o t r a o b r a
s i n c o n v e r t i r s e en u n a m e r a i m i t a c i ó n d e sí m i s m o s .
S i s u d e s c u b r i m i e n t o f u é a f o r t u n a d o , s e los ve
in c a p a c e s d e e v o lu c io n a r ; a h o r a son p u r o s a u t ó ­
m a t a s , y s u u s o a u t o m á t i c o h a a g o t a d o h a s t a la
p ac ien cia de su cread o r.
E l sacrificio de ac titu d es a r b itr a r ia s y h edonistas
q u e S c h o n b e r g r e c l a m a es d i f í c i l p a r a la m a y o r í a
d e los m ú s i c o s . D e a q u í q u e m u c h o s d e ellos q u e

KE N E

L E 1 ¡i O W I T Z

quieren ser “ m odernos” o “ avanzados” encuentren
m á s f á c i l s e g u i r a S t r a v i n s k v . ¿ No f u é él u n o
d e los q u e s a c u d i e r o n la t i r a n í a d e la c o n v e n c i ó n ?
i N o f u é la p r i m e r a a u d i c i ó n d e L e s a c r e d u p r i n ­
t e m p s u n o d e lo s m a y o r e s e s c á n d a l o s d e la h i s t o r i a
m u s i c a l ? P e r o d e s d e s u m i s m o c o m i e n z o la o b r a
d e S t r a v i n s k v h a e s t a d o f u e r a d e la g r a n t r a d i ­
c i ó n . A ú n e n s u s o b r a s m á s a v a n z a d a s , los s e g ­
m en to s. tem as, secciones, e s tá n sim p le m e n te y u x t a ­
p u esto s más bien que o rg á n ic a m e n te desarro llad o s.
A u n q u e yo d u d o q u e algo r e a lm e n te valioso p u ed a
r e a l iz a r s e p o r este cam ino, uno debe a d m iti r que
la l u c i d e z y h a b i l i d a d d e S t r a v i n s k v ( p o r lo m e n o s
e n c u a n t o a lo q u e d e s e a ) c o n s t i t u y e n u n a t a q u e
c o n t r a la c o m p o s i c i ó n m u s i c a l e n sí. u n e n j u i c i a ­
m i e n t o r a d i c a l d e los m e d i o s t r a d i c i o n a l e s . P e r o
e s t o n o e s lo q u e s u s d i s c í p u l o s v e n . I n c a p a c e s de
a d u e ñ a r s e d e los p a t r o n e s q u e la s e s c u e l a s m u s i c a l e s
( p e r o s o b r e los q u e S c h o n b e r g i n s i s t e co n fe y
fid elid ad fa n á tic a s ) ya no p u ed e n e n s e ñ a r de m a ­
n era alguna, rec u rre n a S tra v in sk v p o r sus evasio­
n e s m á s q u e p o r s u s r e a l i z a c i o n e s . S in e m b a r g o ,
d u r a n t e m á s d e v e i n t e a ñ o s el m u n d o m u s i c a l h a
e sta d o d ividido e n tre estos dos co n te m p o rá n e o s.
D e s d e C a l i f o r n i a e n v í a n t o d a v í a s u m e n s a j e al
m u n d o entero, e n c a n ta n d o y estim u la n d o a sus
secuaces, ir rita n d o y p rovocando a sus ad v e rsario s.
S tr a v i n sk v y S ch o n b erg viven co m p letam en te se­
p a r a d o s d e la v i d a “ o f i c i a l ” d e H o l l y w o o d . L a
c a s a d e S c h ó e n b e r g e s t á le jo s , e n B r e n t w o o d P a r k .
a l r e d e d o r d e v e i n t e m i l l a s d e l c e n t r ó d e la c i u d a d .
L a d e S t r a v i n s k v . a u n q u e m á s c e r c a d el c e n t r o ,
e s t á d i s i m u l a d a e n l a l a d e r a d e u n a p e q u e ñ a c o l in a .
A m bos ven a poca gente, no p o r s e r antisociales,
sino p o rq u e poca g en te de a q u í se in te re s a p o r
verlos.
G r a n p a r t e d e la v i d a d e S c h o n b e r g h a s id o
d e d i c a d a a la e n señ an z a. H a sido siem pre, y to ­
d a v í a e s u n r e a l m a e s t r o . A q u í e n la C o s t a e n s e ñ ó
d u r a n t e v ario s años en la U n iv e rs id a d de C a lifo r­
n i a e n L o s A n g e l e s . Co mo la e d a d l í m i t e e r a 65
a ñ o s , s e h iz o co n él u n a e x c e p c i ó n , y p e r m a n e c i ó
h a s t a q u e t u v o q u e r e t i r a r s e , a los s e t e n t a . T o d a v í a
to m a a lu m n o s priv a d o s. A lgunos vienen d esde le ­
j o s : u n a d e la s p r i m e r a s p e r s o n a s q u e e n c o n t r é
en su c a sa e ra u n joven m úsico de N u ev a Zelandia.
L o s d o m ingos h a y u n a clase de un o s quince e s ­
tu d i a n te s. Cosa s ig n ificativ a, las siguen ta m b ié n
a l g u n o s d e los e x - a l u m n o s d e la U n i v e r s i d a d , q u e
s o n y a m ú s i c o s c u m p l i d o s y p r o f e s o r e s a su vez.
S c h o n b e r g n u n c a e n s e ñ a n i n g ú n e s ti lo . S u ú n i c o
o b j e t o e s d e s a r r o l l a r la s f a c u l t a d e s d e s u s a l u m n o s .
N u n c a i n c i t ó a n a d i e a e s c r i b i r com o él. H a s t a
h a c e poco , n u n c a s e m o l e s t ó e n e x a m i n a r , d e s d e
u n p u n to de v ista didáctico, o b ra s que a c e p ta ra n
s u m é t o d o d e c o m p o s i c i ó n en lo s d o c e to n o s , po i­
q u e p e n s ó q u e c u a n d o a l g u i e n h a b í a a l c a n z a d o e s t*
esta dio, ya e ra — b ueno o m alo— un co m p o sito r
m a d u r o . S e s i e n t e el h e r e d e r o d e p r i n c i p i o s q u e
es su d e b e r tra n sm iti r .
E l c a so d e S t r a v i n s k v es d i s t i n t o . N u n c a e n s e ñ ó .
E s t o n o r e s u l t a r á s o r p r e n d e n t e si s e c o n s i d e r a su
a c titu d m u sical general. /Q u é tien e que e n s e ñ a r?
/ S u s p r o p i a s “ t r e t a s ” ? C u a n d o se le i n t e r r o g a s o ­
b r e el t e n e r a l u m n o s , la r e s p u e s t a d e S t r a v i n s k v
e s u n a m u y s i m p l e : “ L o q u e m e g u s t a r í a q u e los
o t r o s m ú s i c o s h i c i e r a n es e s t u d i a r c o n N a d i a B o u langer". Tiene razón. D u ran te muchos años esta
e x t r a ñ a m u j e r h a si d o la g r a n s a c e r d o t i s a d e l c u l t o
stravinskiano.
H a prod u cid o n u m e ro so s com posi­
t o r e s : f r a n c e s e s , r u s o s , in g l e s e s , n o r t e a m e r i c a n o s ,
a los q u e h a i l u m i n a d o la s o b r a s d e u n o s p o c o s
m a e s t r o s d e l p a s a d o a la l u z d e la p e r s p e c t i v a
neoclásica de S tra v isn k y , y de esta m a n era ha in s ­
t i t u i d o l a p r o p i a m ú s i c a d e S t r a v i n s k v co m o el
ideal de un estilo re fin a d o y elegante . I n v a r i a b l e ­
m e n te esto s com positores, v en g a n de d onde vengan,
e scrib en a lg u n a s p a r t i t u r a s s tr a v i n sk i a n a s , ligeras,
su p erficiales, in tercam b iab les, cu y a f a lta de p e n s a ­
m i e n t o m u s i c a l g e n u i n o s ó l o e s i g u a l a d a p o r el
f a s t i d i o q u e p r o v o c a n . S o n los ú n i c o s m ú s i c o s
j ó v e n e s q u e r e c i b e n la s a l a b a n z a s d e S t r a v i n s k v .
A m b o s c o m p o s i t o r e s v i v e n d e la s o b r a s q u e se
le s e n c a r g a n , p e r o s u s m a n e r a s d e c o m p o n e r d i ­
f i e r e n e n t o d o s los a s p e c t o s . S t r a v i n s k v e s c r i b e
l e n t a , m e t i c u l o s a m e n t e , c a d a d í a a la s h o r a s s e ­
ñ a l a d a s , c o n la f r í a d e t e r m i n a c i ó n y el c o n t r o l d e
u n m a q u i n i s t a . S u s ol a e s c r i t u r a es s o r p r e n d e n t e p o r
su precisión y claridad, y u na página de sus p a r ­
ti tu r a s sem eja u n a copia de arq u itecto . Sus o b ras

c o n t i n ú a n , u n a t r a s o t r a , el p r o c e s o d e s t r u c t i v o q u e
él c o m e n z ó e n 1 9 1 2 , y q u e s e a b r e c a d a vez m á s.
S o n o b r a s b r i l l a n t e m e n t e h e c h a s , d e la m á s p e r ­
f e c t a a r t e s a n í a , y c a d a n o t a p a r e c e s e r el r e s u l t a d o
de u n a a b s o lu t a lucidez. P e ro tr a s estos p a tro n e s
h e l a d o s y, a v ec es , d e c o n f e c c i ó n , ( m á s b ie n , f o r m a s
s o n o ra s p e trific a d a s, a c o p la d a s con tan d ia b ó lic a
h a b i l i d a d ) n o h a y n a d a , e x c e p t o , a v ec es , u n a i l u s i ó n
d e m ú s i c a . E n la s m a n o s d e S t r a v i n s k v los m a ­
t e r i a l e s m u s i c a l e s s o n c o m o la p i e d r a , l a m a d e r a ,
el
cuero,
i^a o b r a
com pleta
es,
enteram ente,
la a g r u p a c i ó n d e d i v e r s o s e l e m e n t o s q u e s u e n a n
p o r q u e e s t á n h e c h o s d e s o n i d o s , p e r o q u e só lo
c o n d u c e n la a m o r t e c i d a M a y a d e u n a o b r a m u s i c a l .
G e n e r a lm e n te las ú ltim a s p ie zas de S t r a v i n s k v son
m u y “ d o m e st ic a d a s" en e s t r u c t u r a y e x p resió n , pero
a l g u n a r a r a ve z — c o m o e n el p r i m e r m o v i m i e n t o
d e la r e c i e n t e T e r c e r a S i n f o n í a — a lg o d e la v i o ­
l e n c i a d e la s v i e j a s o b r a s r e a p a r e c e , c r e a n d o la
im p re s ió n de u n odio total, y de re v u elta, c o n tra
todo aspecto de o rg a n iz a c ió n m usical.
H a b l a n d o co n S t r a v i n s k v s o b r e s u o b r a , u n o se
d a c u e n t a q u e n a d a n u e v o lo h a p r e o c u p a d o d e s d e
h a c e t i e m p o . P a r a él. c o m p o n e r m ú s i c a s i g n i f i c a
lo g r a r u n a v ic to ria so b re alg u n a d ificu ltad precisa,
r e s o l v e r u n p r o b l e m a , y n a d a m á s . Q u i z á s la c l a v e
d e la ú n i c a e v o l u c i ó n q u e S i r a v i n s k y h a s u f r i d o
p u e d e h a l la r s e en e s ta p a r a d o j a : u n a m a e s tría y
u n c o n t r o l c a d a v ez m a y o r e s a p l i c a d o s a p r o b l e m a s
m u s i c a l e s c a d a ve z m á s i n s i g n i f i c a n t e s .
¡ N u e v a m e n t e , q u é d i f e r e n c i a h a y co n S c h o n ­
b e r g ! S u o b r a s e ll e n a , c o m o e s p o n t á n e a m e n t e ,
de ren o v ació n .
está
dom inada
por
la
pasión,
el a t r e v i m i e n t o y el r i e s g o . C om o u n j u g a d o r q u e
p o n e t o d o lo q u e g a n a e n u n a a p u e s t a f i n a l y
q u i z á s f a t a l , S c h o n b e r g c o m p o n e c a d a o b r a con
s u s e r e n t e r o . E s t o es c i e r t o d e v a r i a s m a n e r a s , y
n o s ó l o e n f o r m a f i g u r a d a . H a c e p o c o m á s d e un
año. S c h o n b e rg estu v o m u y enferm o, ta n to que
realm ente m urió po r u n as horas y pudo reaccionar
s ó l o g r a c i a s a u n a s e r i e d e i n y e c c i o n e s e n el c o r a ­
z ó n . A n t e s d e e s t o s u s o j o s le h a b í a n c a u s a d o
seria s m olestias, y d esd e su en fe rm e d a d su v ista
está ta n débil que tiene que u s a r un papel es­
pecial, e x t r a o r d in a r i a m e n te ancho, m a n u sc rito e s ­
p e c i a l m e n t e p a r a él. co n la s r a y a s d e l p e n t a g r a m a
d i s t a n t e s c a s i m e d i a p u l g a d a c a d a u n a . L o q u e es
p e o r , p u e d e l e e r o e s c r i b i r s ó l o d e d ie z a q u i n c e
m in u to s seguidos. E l r e s u lt a d o ha sido que c o m en ­
z a r a a e s c r i b i r a u n a v e l o c i d a d q u e q u i z á s s ólo
M ozart alcanzó antes.
A unque sus últim a s o b ras e stá n ta n p e rf e c ta ­
m e n te organizadas, ta n c u id ad o sam en te p la neadas
como las a n te rio re s , m u e s t r a n p re o c u p a c io n e s e n ­
t e r a m e n t e n u e v a s . L o q u e d i s t i n g u e el T r í o d e
c u e r d a s ( e s c r i t o en 1 9 4 6 ) o el S o b r e v i v i e n t e de
V a r s o v ia escrito r e c ie n te m e n te p a r a recitan te, coro
m a s c u l i n o y o r q u e s t a , d e la s p a r t i t u r a s a n t e r i o r e s ,
e s el u s o d e d i v e r s o s y m ú l t i p l e s e l e m e n t o s c o n ­
tr a st a n te s . E s un espectáculo in c reíble o b s e rv a r un
c o m p o s i t o r q u e d u r a n t e c i n c u e n t a a ñ o s h a s i d o el
ex p o n e n te de la econom ía m usical, d e s p le g a r ah o ra
u n a s o r p r e n d e n te a b u n d a n c i a d e id e as sin c a er
n u n c a e n el c a o s o el d e s o r d e n . C a d a o b r a t i e n e
un a n o veda d a b so lu ta y propia. L a s salva jes y
t o t a l m e n t e i r e s c a s c a r a c t e r í s t i c a s de. E l s o b r e v i ­
v ie n te de V a r s o v ia (esta co m p leja p a r t id u r a fué
com puesta en u na sem ana) dem uestran una vitali­
d a d y fu e r z a c r e a d o r a q u e son casi in c o n c e b lib le s *
es f r a n c a m e n t e u n a o b ra de genio.
H a c e a lre d e d o r de dos años, un m úsico “ c o m e r­
c i a l ” b i e n c o n o c id o , N a t S h i l k r e t . e m p r e n d i ó u n a
cu rio sa e x p e rien cia, tí p ic a m e n te hollyw oodense. E n ­
c a r g ó a t o d o s los c o m p o s i t o r e s a f a m a d o s q u e v i v í a n
aquí que c o m p u sie ra n u n a pieza o rq u e sta l i l u s t r a n ­
do un capítulo del G é n e sis: Schonberg, S tra v in sk v ,
M ilhaud, Toch. T a n s m a n . C a ste ln u o v o -T e d e sc o (y
e s c r i b i ó t a m b i é n él u n a ) . E s i n t e r e s a n t e o b s e r v a r
q u e S t r a v i n s k v e l ig ió L a T o r r e d e B a b e l , y S c h o n ­
b e r g el p r e l u d i o a n t e s d e la C r e a c i ó n . L a p i e z a de
S i r a v i n s k y s e b a s a e n b u e n a p a r t e d e la s i n v e n ­
ciones rítm ic a s que conocem os d esde Le sacre du
p rin tem p s (donde estaban aplicadas a arm onías
m u c h o m á s o s a d a s ) y la S i n f o n í a d e los S a l m o s :
S c h o n b e r g c o m i e n z a co n u n a g r a n d i o s a v i s i ó n del
ca o s, c o n u n a t u b a c o n t r a b a j o q u e t r a e el m o t iv o
p r i n c i p a l e n el r e g i s t r o m á s b a j o p o s i b l e , y c o n t i ­
n ú a co n u n a p a r t e c e n t r a l ( c o n s t r u i d a c o m o u n
c a n o n a o c h o p a r t e s ) q u e e s p r o b a b l e m e n t e no
sólo u n a d e sus m a y o re s h a z a ñ a s c o n t ra p ú n ti c a s ,
s i n o q u e p u e d e s e r u n o d e lo s m á s g r a n d e s e j e m ­
plos de e s c r i tu r a polifónica . L a s siete piezas f u e ­
ron g ra b a d a s y vendidas en un g ra n álbum . N in ­
g u n o d e los o t r o s p a r t i c i p a n t e s r e v e l ó la m á s l i g e r a
h a b ilid a d p a r a e s c ri b ir u n a pieza c o h e re n te de
m úsica.

'llílij .
THE

PART ISA N

R EV IEW ,

m arzo

1 9 4 3.

�37

o la agonía del diatonismo

ELOGI O DEL J A Z Z : Tarta
Enguantada a Oaniel Devota
J U L I O

Juan Carlos Paz

L a musique de ja ez, c 'e s t comme les
bananes, ia se consomm é sur place.

— B uscad vuestra propia form a.
F. B u s o n i.
— E l espíritu académico pertenenece siem pre al pasado, no siendo,
por lo tanto, ja m á s creador, así
como tampoco incitador.
G frtrudf. S t e in .

L a liquidación de los facto res de tonalidad
y de form a trad icio n ales constituyó la realidad
b ásica que tuvo que a c e p ta r el com positor del
prim er cuarto de nuestro siglo: y la solución
in m ed iata que se le im ponía e ra la búsqueda
de valores inéditos que su p la n ta ran los que, a
causa de su agotam iento, sólo podían ofrecerle
situaciones red u n d an tes y sin salida posible.
Desde la bi-tonalidad de Debussy y su escape
a los modos m edievales, h a sta el crom atism o
in te g ra l de Reger, las respuestas fueron de d i­
versa je ra rq u ía , trascendencia, oportunidad, p ro ­
yección y alcance: y las contribuciones, e n ­
cam inadas a una eficaz y en lo posible p e r­
du rab le solución, condujeron desde los últim os
reductos del diatonism o agonizante, al período
que hoy se denom ina atonal.
Los teóricos, por supuesto, contribuyeron en
mucho a la búsqueda y al hallazgo, y desde
el checo V itezslav X ovák h a s ta el ítalogerm ano
F erru cio B usoni, el apoyo fué intenso y eficaz.
B usoni, a quien recordam os' en razón de cum ­
plirse el 25c aniversario de su desaparición,
ocupa u n a posición especial dentro de ese in s­
ta n te dram ático de la m úsica europea, por su
actividad m últiple en el terreno de la creación
y de la te o ría : en el del ejem plo práctico y de
la especulación técnica y h a sta m etafísica de su
a rte . P ero aun dentro de sus características
m últiples, debe ser considerado Busoni desde
d istin to ángulo que sus contem poráneos Reger.
S trauss, M.:hler, Debussy o Schonberg, pues en
él el teórico y el visionario superan en mucho
a l com positor. A filiado en principio a l a rte
clásico y a u n a incondicional devoción p o r Bach,
este prodigioso anim ador — incitador— de cuan­
tos gestos renovadores halló a su paso — De­
bussy, Siravinsky y Schonberg encontraron en
él interés y apoyo— , evolucionó lentam ente h a ­
cia u n a concepción propia y universalista de la
m úsica, que expuso en su resonante ensayo
Conceptos para una nueva estética musical, p u ­
blicado eir 1907. Con las ideas de este verdadero
m anifiesto de las tendencias m odernas y de
otros escritos teóricos, Busoni dió im pulsos de­
cisivos a la m úsica contem poránea, p a rtic u la r­
m ente a la de C entroeuropa, a la vez que p re ­
sintió la teoría de los doce tonos de Schonberg,
anticipando el cálculo de ciento trece escalas
posibles, expresando, acerca de la renovación
necesaria de la m úsica por medio de la arm o­
nía, que com prendía la substancia arm ónica, en
lo concerniente a la m úsica actu al, como una
síntesis y contribución de los doce semitonos
de la escala tem perada.
T eóricam ente, M ollendorf, W ischnegradsky,
Alois H aba, M ager, Baglioni, Lourié, Carrillo,
P anaeh Ramos, B e rru eta y demás pioneros de
las tendencias m icrotonales, deben a Busoni m u­
chas sugestiones sobre las posibilidades de una
m úsica e scrita en sistem as basados en tercios,
cu arto s y sextos de tono. E specialm ente el p ri­
m ero de dichos sistem as anunciados por B u ­
soni es de especial interés, ya que el tercio de
tono sobrepuja en movedad, audacia y posibi­
lidades al cuarto de tono, pues éste es un sim ­
ple derivado del sistem a crom ático, cuyo sentido

C O H T Á Z A R

J

Mi

eax-

P

aul

S astre

querido D a n ie l:

Todos los p re te x to s soir buenos p a ra j u s ti­
fic a r un ensayo. Cuando la ocasión de escri­
birlo se presenta, uno llega a p en sar si v erda­
deram ente esa ocasión ex istía o si la estam os
creando nosotros p a ra d a r salida a m ultitu d
de ideas dispersas que a g u a rd a b a n u n eje
cualquiera p a ra a g lu tin arse en torno. H ace
años que los problem as que p la n te a el jaz z se
desordenan en mis cuadernos y mis recuerdos;
tu n o ta en V erbum ( “ E l jaz z y la m úsica m o­
d e rn a ” ) me proporciona un a g lu tin a n te de
p rim er orden. P rin cip io por decirte, con toda
lealtad, que tu nota es antes pretexto que razón
de este casi c a r te l; se me h a puesto delante
(n o : me he puesto yo delan te) como la pared
que favorece los rebotes o el espejo que alien
t a las a u to críticas del damlysm o.
Lo que voy a e scrib irte p o d ría c o n stitu ir el
capítulo fin a l de Teoría del Túnel, ensayo
inédito encam inado racionalm ente h acia la ca ­
racterización de lo irracional. Con estas re fle ­
xiones sobre el jazz, y u n a n o ta acerca de
D ashiell H am m ett que h a ré algún día, creo que
dicho ensayo puede ser ú til p a ra entender
ciertos sentidos del a rte y la conducta contem ­
poráneos. M ientras lo escribía en 1947 — cen­
trándolo casi todo en la novela— ad v ertí fre ­
cuentem ente la presencia del jaz z como fenó­
meno revelador, pero no quise ag reg a rlo eirtiende a conservar y con él todo el sistem a
tonal en uso desde siglos a trá s, m ien tras que
el tercio de tono, de hecho, elim ina n u estras
exhaustas escalas diatónicas y crom áticas, d a n ­
do origen a o tras escalas y a com binaciones
inéditas de sonidos, cuyo p lanteam iento propuso
este inquieto doctor F a u sto de la m úsica con­
tem poránea.
Todas las proposiciones, tan teo s y re aliz a ­
ciones p rá ctic a s de Busoni convergen h acia un
individualism o extrem ado. E l es, por excelencia,
y filosóficam ente considerado, un e sp íritu fáustico, y como ta l, su im pulsión hacia la in fin itu d
y hacia lo inédito es c a ra cte rística dom inante.
E n los problem as de form a, por ejem plo -—no
existen fo rm as preconcebibles: todo cuanto p re ­
ten d a serlo no es m ás que un calco académ ico,
una b u rd a imposición escolástica— , en los probelm as de form a, decíam os, sie n ta Busoni el
principio rad ical de que todo contenido implica
au tom áticam ente una form a individual. P o r su ­
puesto que atendiendo a ese postulado, se es­
fu m a la posibilidad de toda idea de form as-tipo
tradicionales, pero como éstas no son m ás que
esquem as de valores gastados y ya en desuso,
no queda otro recurso — al menos p o r ahora y
m ientras no se logre una nueva form a especí­
fic a como lo fué la form a-sonata en el período
diatónico que hoy agoniza— , que el cultivo de
esquem as em anados directam ente de los ele­
m entos que escoja el com positor al disponer su
tra b a jo . T al sucede en el período atonal libre,
en las diversas tendencias docetonales y en el
estilo de composición atem ático: y ta l es. por
o tra p a rte , el problem a crucial que a fe c ta a
todo el a rte contem poráneo de tendencia re ­
novadora.
L a in fluencia de los postulados de Busoni
sobre la ópera ha sido decisiva p a ra el des­

tonces por razones m etódicas, y porque detesto
las correspondencias cuando se salen del sabido
soneto. M ira tú la bella o p o rtunidad que me
das ahora p a ra incorporarlo sin confusión,
desde un plano p ro p io ; y que cada uno ex­
tra ig a las an alo g ías de acuerdo a sus p a rti­
culares arm ónicas.
Debo d eclarar — no ta n to a ti, sino a even­
tu ale s lectores— que m i c artel no te e n fre n ta
en terreno estrictam en te m usical, Dios me lib re
de ello. ¿Qué sé yo de las sucesiones de sép­
tim as de dom inante o de los acordes de no­
vena que m encionas en tu no ta? D iatonism o,
p o r ejem plo, me ha sonado siem pre como un
sistem a m étrico p a ra cristales de a n te o jo s; en
fin, que estoy fre n te al jaz z en la m ism a inopia
que m uchos de sus creadores ( 1 ), lo que en
a lg u n a m edida me a seg u ra una aprehensión
in m ed iata de su esencia (2 ). Xi siquiera pue­
do jac tarm e de u n a a p titu d personal p a ra el
jazz, de ser un buen e je cu ta n te . A spiro a tocar
el saxo tenor, como tú sabes, y con tres dedos
de cada m ano me anim o en el piano a tím idas
variaciones sobre S o n e ysu eld e lióse. E s e x tra ­
ordinario lo m al capacitado que estoy p a ra
e scrib irte e sta c arta.
Me a y u d a el hecho de que tu nota no h a
querido ir m ás allá de una sucinta apreciación
— y negación o retaceo— de influencias, tem a
que me parece ab ordable como p unto de p a r­
tid a p a ra u n a honorable rép lica am ateur como
será la m ía. L a tram p a p o sterior (donde em ­
pezarás de veras a servirm e de am able pared
p a ra m is rebotes) consistirá en com pletar el

arrollo de ese género en A lem ania, A u stria o
Checoeslovaquia. Concibe la ópera como una
com edia m usical fa n tá s tic a y grotesca. Rus ú l­
tim a s ideas al respecto, expuestas en el p ró ­
logo de su D octor F austo, su terc e ra ópera a
la vez que su tra b a jo defin itiv o en el terre n o
de la creación m usical, confirm a su concepción
a n tire a lis ta del a rte , preconizando la autono­
m ía de éste respecto de la realid ad y separando
juiciosam ente la s esfera s de acción de uno
y otra.
Concretando la esencia de las ideas de B u­
soni obtendrem os com prim idos teóricos s in te ti­
zados como sigue: Xo hay lim itación posible
p a ra el esp íritu . Los dogm as de escuela no tie ­
nen ra zó n de ser, pues sólo prolongan estados
m entales y sensibles ya superados por las con­
q u istas subsiguientes. E xisten centenares de so­
nidos y de com binaciones sonoras que no han
sido em pleados: el com positor debe, en con­
secuencia, aplicarse al conocim iento de ellos y
a su posible utilización. Los cánones form ales
o de estilo deform an la personalidad al ser
im puestos como si se tra ta s e de un m al nece­
sario. C ada personalidad a rtís tic a involucra
au tom áticam ente un verbo d istin to : su p roble­
m a consistirá, pues, en hacer viable ese verbo,
pues logrado esto lo dem ás h abrá sido a lcan ­
zado, por encim a de cualquier im posición ex­
tra ñ a de estilo o de form a, etc. De esa m anera,
este ilum inado p ro feta de las nuevas tendencias,
derivando D a d a un nuevo clasicismo (1 ) y su ­
perándose a n te un a rte de sospechosa filiación
ro m án tica o n a tu ra lista , e x alta el más extre­
m ado individualism o y propone diversos derro­
teros que conduzcan a un a rte de concepción
universalista, liberado de tra b a s y de sentim en­
talism os trad icio n a lista s o p arasitario s.

(Contimía en la página 43)

�9 AR

• L IB R E R IA :
N o v e las, b io g ra fía s , o b r a s d e l i t e r a ­
t u r a e n g e n e ra l.
• A R T IC U L O S P A R A R E G A L O S :
M a g n ífic a s c o le c c io n e s d e o b je to s
ú tile s , fin o s y e le g a n te s p a r a o b s e ­
q u io : T a r j e t a s e n im p re s io n e s f in ís i­
m a s y P a p e l C a r ta c o n m o n o g ra m a .
• M A PA S
D O S.

A N T IG U O S

Y

GRABA­

• PERGAMINOS.
• S A L O N P E U S E R d e E x p o sic io n e s:
B rin d a s ie m p r e la m á s a lt a e x p re ­
sió n a r tí s t i c a d e re n o m b r a d a s f i r ­
m a s n a c io n a le s y e x tr a n je r a s .

FLO RIDA 7-10

Buenos Aires

ensayo y a citado m ed ian te la u tilización de
viejos argum entos a la espera de turno. De
modo que quedas ad v ertid o de mis intenciones
e x tra c a rte la ria s.
U na p a la b ra tam bién sobre las autoridades.
Como es n a tu ra l eir un m usicólogo de veras,
lanzas a c a b a lg a r c ita s de Coeurov solo, de
Coeuroy plus S c h a effn e r (la sum a de los fa c ­
tores no a lte ra el p ro d u c to ), Ja n k é le v ic h t y
Dum esnil. E sto me d a derecho a responder con
mis jin e te s que — lo tem o— no te parecerán
dignos de los tuyos. A ludo a Ilu g u es P anassié,
a C harles D elaunay, a A ndró H odeir. Con todo,
aunque meiros im p o rta n te s que los tuyos, mis
autores les llevan u n a v e n ta ja : la de h a b la r
sobre cosas que conocen, desde d entro y con­
viviéndolas. Sobre el jaz z y no sobre la idea
del ja z z que tienen los musicólogos. O si quie­
res, sobre lo que el jazz t s (sin a s p ira r a ser
o tra cosa) V no sobre lo que el jaz z debería
ser p a ra alc an z a r el respeto condescendiente
de la m usicología.
P ero, bien m irado, prescindiré en lo posible
de c ita s ajen as. Con toda hum ildad te digo
que no se me escapa la d ife re n c ia en tre el
Chicago B reakdoicn de Louis A rm strong. v
el Scherzo p a ra violin y cello de P a u l H indeíiiitli. P an assié lo sabe ta n bien como monsieur Coeuroy, y no se hace ilusión alg u n a sobre
la im p o rta n cia m usical del jazz. E l choque
empieza cuando, verb ig racia, D aniel Devoto es­
cribe una n o ta donde tra s una benevolencia
su p erficial se p a ra p e ta la irrita ció n que le
causa a d v e rtir contactos o influencias del jazz
en Ravel (m ie n tras que a B a rrv U lanov le
im porta poco que Ravel h a y a in sp irad o el le.n
g u a je de D uke E llin g to n eu Chelsea B r id g e ),
y donde se procede, con loable discreción, a
m ostrarnos que el jazz ha in fluido mucho m e­

nos de lo que se pensaba e n la m úsica europea.
Seam os fran c o s: i por qué e sta insistencia*
Desde A ndró Suarés h a sta Jo a q u ín T u rin a , la
irrita ció n c o n tra el jazz pasa p o r todos los
m atices y, tam bién, por todos los disim ulos.
Vam os, ¿qué p asa? ¿ E s que el ja z z os parece
poco im p o rta n te , pero tenéis necesidad de r e ­
p e tirlo año tra s año?
E sto y pro n to a conceder que del lado del
ja z z a b u n d a n los id io ta s que todavía favorecen
conciertos donde tre in ta p a niaguados se m an­
d a n la R hapsody in Blue. el Concierto en fa
v un “ a r re g lo ” del S a in t Louis B ines; que
estos m ismos im béciles (blancos, claro está,
y por lo común “ m úsicos” fracasados, “ con­
c e r tis ta s ” sin reto rn o ) escriben desde hace 20
años n o tas cuyo contenido te resum o: a ) el
jazz in flu y e b ru talm en te en la m úsica “ se­
r i a ” : ejem plos el Concierto en sol de Ravel.
M ilhaud, Ig o r, blah, b la li; b ) esto p ru e b a la
seriedad (? ) del jaz z como m úsica: c) los
g ran d es com positores y directores a la b a n fre ­
cuentem ente al jazz y a sus in té rp re te s; Toscanini ib a a escuchar a los M ills B rothers,
B a rto k eligió a B eim y Goodman p a ra g ra b a 1los Contrastes, Stokow sky d ijo que si él t u ­
v iera un trom bón con el sonido de D ickie W ells,
etc éte ra, etcétera.
L os que estam os con el jaz z no vemos en
ta le s pavadas sino la prueba de que sus autores
no tienen la m enor idea de la exacta situación
del pro b lem a; parece ra ro , entonces, que las
frecu en tes réplicas de la o tra o rilla se p re ­
senten como un p ro ducto polém ico: me resisto
a a c e p ta r esa posibilidad, ja m á s supondré que
tu n o ta, p o r ejem plo, te n g a por fin poner en
su lu g a r a F u la n ito de T al que b a rb o ta in­
consecuencias desde a lg u n a re v ista o. alg u n a
audición com entada.
A viesam ente re p ito : ¿ por qué, entonces? ¿E s
necesario co n tin u a r “ poniendo en vereda
a:
pobre jaz z que no se m ete con la m úsica de
conciertos, que no a sp ira al Colón, ni siquiera
al G ran Rex?
H echa la p re g u n ta , procedo a d ecirte que
la re sp u esta no me interesa d e m a siad o ; creo
que todo acercam iento del jazz a la m úsica
c u lta , y viceversa, d eterm ina hibridaciones que
poco sig n ific a n m usicalm ente. S i alg u n a in ­
tención tiene mi c a rta , es la de esbozar una
situación del ja zz, y m o strar que sólo en un
plano técnico (como los que tú señalas) cu­
pieron o caben algunos puentes o influencias
e n tre el jaz z y la m úsica c u lta : pero que el
resto, la in flu e n cia estética en sí, no se opera
sino de la m úsica al jazz, y no de éste a
aquélla. Y que — p a ra a d e la n ta r una fórm ula
que luego veré de hacer m ás eficaz—- la m ú­
sica c u lta se mueve d entro de u n a estética,
m ien tras el ja z z lo hace d entro de una poética.
L a m úsica es un producto m usical, y el jazz
es un producto poético.
T u n o ta es fin a , es com prensiva, y no abo­
m ina del jaz z como tienden a hacerlo otros
musicólogos. E n ap arien c ia re p re se n ta sólo un
oteo de lo poco que —en d e fin itiv a y a clarad as
las verdaderas fu e rte s de muchos a p aren tes
jazzism os franceses— la m úsica n egra influyó
sobre Debussy. Ravel y sus sucesores. Stra-

WITCOMB

vinsky com prendido. Mi a la rm a se abre paso
ta n pronto como, casi de p a sa d a, dices: “ El
jazz debió su rá p id o buen éxito a la oportu­
nid ad do su ap arició n (e n F ra n c ia ) que llamó
la atención do los m úsicos” , etc. E ra — “ en
fo rm a e m b rio n a ria ” — en 1918. F in de la
g u e rra . D ada, p lenitud del cubism o y a en re ­
poso. E l surrealism o iba a nacer. E l ragtim e
lleg a a P a rís, muy o p ortunam ente según tú.
¡ P ero qué entiendes por op o rtu n id ad ? Según
leo. porque el ra g tim e ofrece un m edio de r e ­
accionar c o n tra “ l ’extase langoureuse ” del
im presionism o. D im e: {Y P etroushka, y Le
Sacre, y X oces, y S a rtier? ; No daban muchos
m ejores p u n to s de apoyo? ( 3 ). E ste brusco
fa v o r del jaz z en tre les S ix , M ilhaud, etc.,
¿ será veraderam ente p ro ducto de un — ¡oh,
Carmelo B o n e t!— vaivén p en d u lar estético?
N o sé h a sta qué pun to el ra g tim e de 1918
e ra b r u t a l ; m is prim eros discos son del 26 y
suenan como los án g eles; pero me cuesta creer
que su p e rara , como d e stru cto r de cendales sansebastianescos, la D anza V ernal de 7,e Sacre.
Sospecho, D aniel, que si a c ie rta s al h ab lar de
la o p o rtu n a lle g a d a del jazz a F ra n c ia , esa
o p o rtu n id a d es m uy o tra de la m eram ente es­
té tic a (ism o c o n tra ismo, técnica v. técnica)
que te im aginas.
El ra g tim e fué oportuno en 1918 porque el
fin de la g u e rra señaló el m om ento en que una
c a n tid a d de europeos coincidieron desde s&gt;is
diferencias instrum entales — verso, música, no­
vela, p in tu ra , conducta, ciencia— en una co­
rrie n te común de liberación hum ana que yo
he llam ado en o tra p a rte poetism o (4 ). Aunque
la enum eración sea confusa a p rim e ra vista,
F re u d , Rilke, P icasso, B retón, Law rence de
A ra b ia, L ouis A rm stro n g y P a b lo N eruda lle­
n a n el período 1915-1930 con el estallido si­
m ultáneo y coesencial de su poetism o. Aquí te
pido la sola consideración sim u ltán ea de los
dos nom bres que re p re se n tan , respectivam ente,
el surrealism o y el jazz en sus ápices: Andró
B retón y Louis A rm strong. Me b a sta rá con
ellos p a ra f i j a r la v e rd ad era n a tu ra le z a de
la oportunidad del jazz, su inev itab le y nece­
sa ria e n tra d a en la F ra n c ia de la o tra post­
g u e rra .
Ig n o ro si se h a esbozado y a el estudio con­
ju n to del surrealism o y el jazz. Los musicó­
logos, cosa ra ra , parecen sab er m ás del prim ero
que del segundo, y los señores Coueroy y
S c h a effn e r no d e stac an sino m arginalm ente
los elem entos c ap ita le s del jaz z (5 ). L a im­
provisación; por ejem plo, que constituye la
razón m ism a del jaz z, aparece allí m encionada
un as pocas veces y sin el én fasis necesario.
P ero he aquí que el jazz no es sino eso (dentro,
claro, de sus rigores y sus convenciones estéticotéc n ica s: ritm os, n o tas “ b lu e ” , e tc ) ; no es
sino el nacim iento continuo e inagotable de
fo rm as m elódicas y rítm ica s y arm ónicas, ins­
ta n tá n e a s y perecederas (salvo cuando las
conserva el d isco ), al ig u al que los juegos de
la e sc ritu ra a u to m á tica y el d ib u jo onírico que
llenaron la p rim e ra y m ás a lta e ta p a del su­
rrealism o.
N a tu ralm e n te que la im provisación, como
producto de un tem peram ento m usical, no es

�cosa nueva, y ta n to J u lio Perceval como Pe­
dro "M affia harr sabido siem pre — al igual que
H arh y César F ranck— lo que se puede hacer
con un órgano o un bandoneón: n a tu ra lm e n te
que los tráganos y los acordeonistas “ muset t e ” se las a rre g la n p a ra reto car los tem as
y a p a rta rs e sensiblem ente de ellos en el calor
de la e je cu c ió n : a hora bieir, en todos ellos la
im provisación es un adorno, un juego, un v ir­
tuosism o: nunca es la liberación pro fu n d a,
nunca la creación de una música nueva. E sto
sólo alcanza a serlo p a ra el jazztnan negro,
y constituye la esencia p rim e ra y ú ltim a del
jazz.
E n sus buenos días del 2S, L ouis A rm strong
a ta c a b a quince veces seguidas un tem a le
blues. y sólo el a gotam iento físico lo a p a rta b a
de ese flu ir inacabable en el que, sucesiva­
m ente. a cababan de ser creados y olvidados
quince nuevos blues. E n esos m ismos días. E a 'l
lliires ace p ta b a re g is tra r p a ra el disco sus
im provisaciones sobre I ain ’t got nobody, don­
de la invención parece in fin ita — es fácil
a d v e rtir que la o b ra se term in a porque el
tiem po concedido llega a su fin — , o producirá
sus “ 57 V a ria tio n s” que exploran en una serie
de fu lg u ran tes hallazgos las posibilidades r í t ­
m icas del piano. Mrs. Coeuroy y S c h a effn e r
no tienen la m enor idea de que el ja z z llega
con estas intenciones y estos logros a F r a n ­
cia, y que un a za r feliz lo acerca a una para­
lela liberación que trad u cen , por p a rte del
hom bre blanco, su lite ra tu ra , su filosofía, v
su poesía que asom a desde to d as ellas y hace
de la actividad de 1915 en a d elan te un poe­
tism o invasor e indeclinable.
No es. pues, por razones e stética s que el jazz,
re su lta oportuno en F ra n c ia . S í lo es por ra ­
zones poéticas. S ería obvio m o strar la a n alo ­
gía (la equivalencia, m e jo r) e n tre la precep­
tiva del M a n ife sté du Surréalism e y la con
ducta de un e je cu ta n te negro como L ouis. H as­
ta la frase rim b au d ian a que b rilla al principio
de todo surrealism o, acerca e x tra ñ a y proféticam ente la poética verbal a la poética ja z z :
.Si le cuivre s ’éveille clairon, il n 'y a ríen de
ma fa u te . (L e ttre du V o v a n t).
P orque “ la in m aculada concepción” (6 ) del
poema autom ático no es sino el exacto m eca­
nismo (o abolición del m ecanism o) de la e je ­
cución jazz. L a prim era es en a p a rie n c ia m ás
p u ra y libre, pues no se apoya necesariam ente
en un esquema al cual el jazzm an debe obe­
diencia m ientras im provisa. Yo creo (después
de haber probado am bas cosas m uchas veces)
que el jaz zm a n saca p a rtid o de esa sujecióu
en la m edida en que V alérv veía las re g la s de
todo juego como tram polín p a ra alcan zar una
m áxim a lib e rtad . L a a n arq u ía del poem a a u to ­
m ático lo m alogra m uchas veces; no en vano
liaym om l Roussel se c re a b a im ágenes p artien d o
de las asonancias in te rn a s de las fra se s para
p a sa r de unas a otras, como im poniéndose, en
plena lib ertad in tu itiv a , un rig o r de tablero
de a je d re z ; en cam bio la sujeción a un es­
quema arm ónico bine, o a cualquier m elodía
hot, d a al jaz zm a n una *cguridtu! previa p a ra
su im provisación, y su canto es así u n a larga
frase nueva que descansa en apoyos arm ónicos

y a previstos como in te g ra n te s de la construc­
ción. C o n tra la a p a re n te sim ilitud que esta
sujeción debería d e te rm in a r en todas las im­
provisaciones sobre un tem a dado, la riqueza
im ag in ativ a del jazzm an le perm ite tom ar cien
veces un mismo coro sin repetirlo ni repetirse.
1.os discos, g ra cias a los cuales el m ejor jazz
quedó aprisionado p a ra nosotros como las a b e­
ja s en el ám b ar, han m ostrado h a sta a los
m usicólogos franceses la form idable riqueza
de la im provisación negra. Incluso los g randes
jazzm en que se escuchaban a posteriori en el
disco, e le g ían sus m ejores im provisaciones y las
ap ren d ían , fa lta n d o a su propio deseo, p a ra
com placer com ercialm ente a públicos que de­
seaban oir o tra vez el solo de L ouis en M ahog a n y HáU S to m p o el a ta q u e de B ix B eiderbecke en I ’m Corning, V irginia.
Con todo, {por qué im provisar?
H ay en el jaz z u n a m anera llam ada sicing
en la que buenos arrangers p re p ara n todo ta l
como lo hace cualquier músico culto, p a ra que
luego este cla rin e te toque ta l cosa m ien tras
esas tro m p e ta s se despachan m etódicam ente
ta le s otras. Xo hay a llí sitio p a ra la im pro­
visación in sta n tá n e a ( 7 ) , y la única creación
m usical es la del arranger tra b a ja n d o sobre
un tem a de cualquier a u to r. E n cierto modo
el arranger ha motado su pro p ia im provisación
sinfónica (la s p a rte s de todos los in stru m en ­
to s ), y lo que pueda hab er de jaz z en el sw ing
reside, por ta n to , en la inspiración del arreglo.
A quí el térm ino inspiración vale con to d as sus
im plicaciones tradicionales. Beethoverr, notando
u n a sin fo n ía, o p erab a d entro de un proceso
análogo — digo: análogo— al de un arranger
n otando u n trozo de sw ing. Y la orquesta del
Colón, tocando la Séptim a, hace exactam errte
lo mismo que los m uchachos de Glenn M illcr
tocando Sercnade in Blue.
E l “ sw in g ” , lleno de hallazgos finísim os,
equilibrado y e n tra d o r, h a valido al ja z z su
cómoda sinecura en la s casas de fa m ilia y en
los bailes populares. Sospecho a veces que los
m usicólogos estim an el jaz z en térm inos de
sw ing, ta l vez porque éste fué llevado a la
p o p u larid ad por intérpretes (3 ) blafícos. y
porque H ollywood y el disco le abrieron g ra n ­
des las p u e rta s, todo lo cual tiene su in ­
fluencia. A dem ás, es en el sw ing donde cabe
a p re c ia r las influencias de la m úsica culta so­
bre el jaz z (arm onías, color, occidentalism o) ;
esto excita la im aginación de los Renú Dum esnil, que sólo entienden las correspondencias
ja zz-m ú sica culta, y son incapaces de d a r un
paso en busca del jaz z negro, lo e v itan todo
lo posible en cuanto lo advierten irreductible-,
le tem eir (porque c iertas m úsicas cu ltas m ues­
tra n su deliciosa, corrosiva p resen cial y sólo
lo adm iten y a ú n a la b an en sus form as m ás
re fin a d a s (eoineidentes con los refinam ientos
ravelianos o stra v in sk ia n o s), digam os Duke
E llington o Jim m v L unveford. (E l caso E llington es único y m erecería otro estudio que cae
fu e ra de e sta c a r ta ; por lo dem ás, hay bib lio ­
g r a fía de sobra, y 56 discos en mi casa que
quedan a tu disposición, cronológicam ente o r­
denados.)
E s ta re la tiv a com prensión del sw ing por
p a rte de los m usicólogos, p ru e b a claro que

L I BRERI A

ARTE
ARQUITECTURA
INGENIEROS CIVILES
CONSTRUCCIONES
Suscripciones de Revistas
♦

V IA M O N T E 541 — T. E. 31 -5 7 6 5
B U E N O S
A I R E S

estam os a n te la m anera estética del jazz, m a­
nera correlativa de las form as m usicales cul­
ta s europeas. Con o tra s p a la b ra s : uir m usi­
cólogo e n te n d erá (aunque no acep te) u n a m ú­
sica jaz z en cuanto reconozca en ella un p ro ­
ducto estético (au n q u e le parezca pobre, to n ­
to, etc) ; pero un musicólogo no podrá en ten ­
d e r — y. por emle. a c e p ta r— una m úsica cuya
ra íz se le descubre como no estética. Incapaz
de a d v ertir, en el jaz z negro de autocreación.
que su ra íz no es estética sim plem ente porque
es poética, este musicólogo tenderá a creer
que la liquidación estética que a llí tiene lu g ar
es sim ple nihilism o, h isteria vudú. desenfreno
fisico y rítm ic o : ni p o r un m omento a d v e rtirá
el pobre que tiene a m e sus oídos lo mismo que,
cinco m inutos an tes, ten ía a n te sus ojos b a jo
la firm a de B retón o René C revel: un producto
poético, u n a m anifestación m usical del poe­
tism o (9 ). De ahí el m alentendido grotesco que
se sigue, la aplicación de cánones a una m a­
te ria e x tra ñ a a ellos, to d a la fa lsa c rítica que
a ta c a b a a Desnos en nom bre del ‘ ‘ verso ” o la
“ in te lig ib ilid a d ” , a B raque en nom bre del
“ o b je to ” y a Jo h n n y H odges en nom bre de
Sibelius.
P re g u n ta b a : ; por qué im provisar? L a res­
p uesta esencial del jaz z reside ju stam e n te en
esta respuesta. Y coir ella, im plicaciones e x tra ­
m usicales que tocan el problem a de la persona
del e je cu ta n te que im provisa. E s frecuente el
irrita d o reparo de los “ c u lto s ” a una ja m
session negra, con sus p a y asad a s (p a ra un
b lan c o ), sus fa lta s de gusto (p a ra un blanco,
sin c ontar que “ g u s to ” es cosa estética y no
poética, ¡ o j o ! ) ; se suele decir en esas ocasio­
nes que “ eso no es m ú sica ” , sin a d v e rtir que
la a firm ac ió n en cierra una verdad insospe-

�40

9 ARTES

...&gt; Muchos más en un Diccionario
A c a b a d e a p a r e c e r “ U n e r r o r de
a r m o n í a e n el C l a v e b i e n t e m p e r a d o ,
que no p uede im p u ta rs e a B ac h "
p o r V íc t o r d e R u b e r t is . (A v iso en
L a N ació n , a b r il 4 do 1 9 4 8 ) .
T o d o s r e c u e r d a n c ó m o S ó c r a t e s , e n el c o m i e n z o
d e l d i á l o g o d e n o m i n a d o P r c t á g o r a s . d i s c u r r e con
H i p ó c r a t e s s o b r e la s p r e c a u c i o n e s q u e d e b e n t o ­
m a r s e c o n “ lo q u e s e c o m e y lo q u e s e b e b e ” , y
cóm o p reco n iza idéntico b uen cuidado p a r a a d q u irir
lo s “ a l i m e n t o s d e l a l m a ” q u e d e b e n c o n d u c i r n o s
al c o n o c i m i e n t o .
A l g u n o s s i g l o s h a n c o r r i d o d e s d e e n t o n c e s , y la s
cosas no p are c e n h a b e r m ejorado mucho. A nda por
al lí l a s e g u n d a e d i c i ó n , c o r r e g i d a y a u m e n t a d a
— ¡ D i o s , c ó m o s e r í a l a p r i m e r a ! — d el P e q u e ñ o
D icc io n ario M u sic a l de V íc t o r de R u b e r t is , en cuyo
p r e f a c i o el a u t o r a g r a d e c e
especialm ente a
l o s d i r e c t o r e s d e a l g u n o s c o n s e r v a t o r i o s d e la C a ­
p i t a l y d e l I n t e r i o r , q u e h a n t e n i d o la b o n d a d d e
i n c l u i r l o e n el p r o g r a m a d e e s t u d i o " . P r o p o n e m o s
al le cto r re c o rre r bre v e m e n te este “ alim e n to ” , que
d e s d e el s u b t í t u l o ( “ T e c n o l ó g i c o y b i o g r á f i c o ” ) n o
es catim a p reten s io n es ni p e d a n te ría .
P a r a h a c e r bien u n diccio n ario — d e cu a lq u ier
cosa que sea— co rresponde:
1 ) S a b e r b ie n esa cosa.
2 ) D o m i n a r el i d i o m a en q u e s e v a a e s c r i b i r ,
p a r a que ese conocim iento p u ed a tra n sm itirse .
3 ) E s t a r al t a n t o d e la t é c n i c a r e q u e r i d a p a r a
h a c e r u n a o b r a d e r e f e r e n c i a , p a r a q u e la t r a n s ­
m isió n del conocim iento sea fácil y efectiva.
A n a liz a re m o s esas t r e s co n d icio n es en o rd e n in ­
verso, sin p e rju ic io de q u e h a y a e rro s com unes
a d o s o t o d a s el la s .
I)

FALTA

DE

TEC N IC A

B IB LIO G R A FIC A

U n a v e z r e s u e l t o s , lo s d i v e r s o s p r o b l e m a s d e l a
t é c n i c a b i b l i o g r á f i c a c o n d u c e n a p e r m i t i r la c o n ­
s u lta rá p id a y fru ctu o sa de u na ob ra de referencia.
C a d a u n o d e lo s t é r m i n o s t r a t a d o s d e b e e s t a r en
s u l u g a r , d e b i d a m e n t e e n t r a d o , p a r a lo c u a l h a y
r e g l a s e s ta b le c id a s que no d e b e ig n o r a r quien
em p ren d e un tra b ajo sem ejante. Los nom bres p ro ­
p i o s s e o r d e n a n a l f a b é t i c a m e n t e p o r a p e l l i d o , al
q u e s i g u e n , t a m b i é n a l f a b é t i c a m e n t e , lo s n o m b r e s
y p a r tíc u la s : "N nrváez. L u is d e” , p o r ejemplo,
q u o a n a d i e s e le o c u r r i r í a b u s c a r e n “ L u i s " . S o n
p o r lo t a n t o i n ú t i l e s c i e r t a s r e f e r e n c i a s d e e s t e
diccionario, como “ T o ti D al M onte, v e r D al M o n te
T o t i” . y es in c o rre c to e s c r i b ir “ B ee th o v en ( v a n )
L u is: E sch e n b ach (v an ) W o lfra m : Lasso (di) O r­
la ndo: M otta (d a ) Jo sé V in n n a; W e sterh o u t (v an )
N i c o l á s ” , q u e l l e g a n al g a l i m a t í a s e n " G r e g o r i o
( S a n ) M agno” , “ D itte rs (von D itte rs d o rf) C arlos”
y al d i s p a r a t e en “ N eri ( S a n ) F e li p e ” y “ Florenti a ( d e ) J o h a n n e s ” . I g u a l m e n t e , en u n d ic cionario
peq u eñ o , so n in ú tile s r e f e r e n c ia s como e s ta ú ltim a
— q u e r e m i t e a " C a s c i a ( d e ) J u a n ” , lo q u e t a m ­
b i é n e s t á m a l. p o r q u e e s t e c o m p o s i t o r d e b e r í a
e n t r a r p o r “ G i o v a n n i d a C a s c i a ” — y o t r a s com o
“ D esprés Josse. V éase: Josq u in des P r é s f s i c ] ” , ya
que en u n a o b ra pequeña cada a u to r debe en tra r
s o l a m e n t e p o r la f o r m a m á s c o n o c i d a d e s u n o m b r e .
E n el m i s m o e r r o r q u e c o n “ C a s c i a ( d e ) J u a n ” se
in c u rre en “A n nibale P adovano. V éase P adovano
A n í b a l ” y a q u e e s t o s a u t o r e s d e b e n e n t r a r p o r su
n o m b r e d e p i l a — ú n i c o c o n o c i d o — y n o p o r su
lu g a r d e na c im ie n to . Y q u e a lg u ie n tom e “ P a d o ­
v a n o ” p o r u n apellido, en este caso p a rt ic u l a r,
i n d i c a q u e n o c o n o c e s u f i c i e n t e m e n t e lo q u e t i e n e
entro m anos.
A demás, i son im p rescin d ib les in fo rm acio n es tan
a m p lia s como la de “ T e n o r ” ap lic a d a p o r igual
a D i n o B o r g i o l i , F e r n a n d o d e L u c í a . B e r n a r d o de
M u r o . B e n j a m í n G ig li , J u a n M a r t i n e l l i . A u r e l i a n o
P ertile. T ito Schipa. etc.? (H a c e gloriosa ex c ep ­
c i ó n C a r u s o , c a r a c t e r i z a d o c o m o “ C é l e b r e t e n o r ” .)
E n lo q u e r e s p e c t a a los t é r m i n o s m u s i c a l e s ,
ta m b ié n deb e n e n t r a r p o r su fo rm a más c o m ú n :
la d a n z a l l a m a d a c o u r a n t e o c o r r e n t e e s m á s c o n o ­
c i d a a s í q u e c o m o c o r r i e n t e , n o m b r e p o r el q u e
s e le d a e n t r a d a : d e l a m i s m a m a n e r a , si el a u t o r ,
en corno, r e m ite a t r o m p a p o r u n a f á n de c a s t i ­
c i s m o , ) p o r q u é a r e n g l ó n s e g u i d o s e o c u p a d el
c o r n o i n g l é s s i n r e m i t i r n o s a la t r o m p a á n g l i c a ,
lo q u e t a n p o c a p e d a n t e r í a p o d r í a a ñ a d i r al v o ­
lum en !
E n v e r d a d , a ú n t o d o lo d i c h o p o d r í a p a s a r p o r
p e c c a t a m i n u t a s i no c o n s t i t u y e r a u n í n d i c e r e v e ­
l a d o r d e l t o t a l d e s c u i d o d e la o b r a , d o n d e la ú n i c a
l e y e s la a r b i t r a r i e d a d . L a s d e f i n i c i o n e s s o n. en
g eneral, n ad a defin id o ras, y m u c h as veces d e s a ­
p a r e c e el s i g n i f i c a d o f u n d a m e n t a l d e u n t é r m i n o
a n t e floreos d e to d o estilo. E j e m p l o s: “ R e g istro . I I )
[ e l p r i m e r a r t í c u l o s e r e f i e r e a los r e g i s t r o s v o ­
c a l e s , y e s p r e f e r i b l e d e j a r l o ] . E n el ó r g a n o , c a d a
u n a d e l a s p i e z a s m o v i b l e s c o l o c a d a s a la d e r e c h a
t a la i z q u i e r d a d e lo s t e c l a d o s [ i y p o r q u é - n o
a r r i b a , como en m u c h o s m odelos e l é c t r i c o s ! ] , p o r

l) i \ I E L I) E V O T O
m e d i o d e l a s c u a l e s s e c a m b i a el t i m b r e d e los
so n id o s” . El a u t o r p arec e o lv id a r que los v e rd a d e ro s
r e g i s t r o s s o n l a s s e r i e s d e t u b o s , y n o la s p a l a n c a s
o b o t o n e s q u e lo s p o n e n en f u n c i o n a m i e n t o . A s í
t a m b i é n . C o r o e s t a n s ó l o el “ c o n j u n t o d e p e r s o n a s
q u e en u n a ó p e r a u o t r a f u n c ió n m u sic al c a n ta n
s i m u l t á n e a m e n t e ” ; s i n c o n t a r q u e la d e f i n i c i ó n
n o e s m u y b r i l l a n t e , c o r o e s p r i n c i p a l m e n t e la
c o m p o s i c i ó n c a n t a d a , p o r lo m e n o s e n u n o r d e n
e s t r i c t a m e n t e m u s i c a l : p o s p o n e r l a , c o m o h a c e la
A cadem ia E spañola, ya está m a l: qué no será
olv id arla , como a q u í sucede.
P o r lo q u e h a c e a d e f i n i c i o n e s a m b i g u a s , si la
a p o y a t u r a l a r g a es ‘S o n i d o c u y o v a l o r e s t á r e p r e ­
s e n t a d o p o r la f i g u r a co n q u e s e e s c r i b e ” , y n a d a
m á s , n o c a ig o e n q u é s e d i s t i n g u e d e l o s o t r o s
e l e m e n t o s d e la e s c r i t u r a m u s i c a l : y si e n c u e n t r o
q u e s o l f e o e s “ L e c t u r a d e la m ú s i c a ” , n o v e o en
q u é p u ed e d ife re n c ia rse de la ejecución i n s t r u ­
m e n ta l o del canto. L a defin ició n p r e t e n d e c o m ­
p l e t a r s e dic iendo q u e el solfeo “ p u e d e s e r h ab la d o
y c a n t a d o ” . C o n f e s a m o s n o c o n o c e r el p r i m e r o :
q u i z á s el a u t o r e n t e n d i ó p o r él el s o l f e o r e z a d o ,
o q u i z á s s e t r a t e d e l s o lf e o q u e h a y q u e e s t u d i a r
p a r a e j e c u t a r e s o s r a r o s “ r e c i t a t i v o s d e la C a r m e n
de B iz e t que en o rig e n
(sic) eran hablad o s” .
¿ C r e e el a u t o r , d e v e r d a d , q u e el r i t m o s e a s ó l o
u n a “ su c e sió n d e so n id o s a c e n tu a d o s y débiles, de
d i f e r e n t e o d e l a m i s m a d u r a c i ó n " , q u e la m ú s i c a
r o m á n t i c a s e a la q u e “ d a c i e r t a l i b e r t a d a la s f o r ­
m a s ” , q u e los a p a g a d o r e s d e l p i a n o s o n d e v e r d a d
“palancas cu b iertas de fieltro” , que un grupeto
esté bien defin id o como J a " su c e sió n d e 3 o 4 s o ­
n i d o s : el r e a l y s u s g r a d o s c o n j u n t o s ” , q u e su
d e f i n i c i ó n d e f o l k l o r e m u s i c a l —-con s u s p a l a b r a s
“ en d ia le c to ” y su s “ a u t o r e s ig n o to s”— ca b e en u n
d i c c i o n a r i o q u e n o s e a al m i s m o t i e m p o a n t o l o g í a
l í r i c a ? N o es u n P e q u e ñ o D i c c i o n a r i o el m e j o r
l u g a r p a r a m a n i f e s t a r q u e la S o n á m b u l a d e B e l l i n i
e s “ m o d e l o i m p e r e c e d e r o d e s u a v e id i li o c a m p e s ­
tre . y N orm a “tra g ed ia p até tic a y g ra n d io sa " : que
la b e r c e u s e ( “ n an a , o s e a : c a n c ió n d e c u n a ” ) se
h a c e “ co n m e l o d í a a f e c t u o s a ” , q u e la s o b r a s d e
H a v d n “ están ca ra cterizadas por u n a serenidad
joc osa u n id a a u n a sencillez de s e n ti m ie n to ” y
q u e el s o n i d o i n d e t e r m i n a d o e s “ el q u e n o t i e n e
n o m b r e y -„que. p o r lo t a n t o n o e n c u e n t r a s u u n í ­
s o n o e n la e s c a l a d e los s o n i d o s m u s i c a l e s " . L a
d e f i n i c i ó n d e " S e r e n a t a ” e s u n a j o y i t a lí r i c a , n o
a m i n o r a d a p o r r e m i n i s c e n c i a s d e la A c a d e m i a — vía
P e d r e l l — y y a l e lo s c i n c o p e s o s q u e c u e s t a el
P e q u e ñ o D i c c i o n a r i o , p o r lo q u e n o la t r a n s c r i b i ­
r e m o s . l i m i t á n d o n o s a p r e g u n t a r a s u a u t o r si c r e e
q u e s e p u e d e c a l i f i c a r d e “ i n t e r e s a n t e ” la p r o d u c c i ó n
de R ave l — p a r a luego s e ñ a l a r como ú nic os e je m ­
p l o s la S o n a t i n a y el B o l e r o — . si s e p u e d e h a b l a r ,
re f irié n d o s e a la é p o c a d e G u id o d e Arezzo, de “ un
c a n t o l i t ú r g i c o p o r e n t o n c e s m u y e n b o g a ” , y si
cree im p re sc in d ib le re c a lc a r qu e S a n G regorio fué
“ P a p a d esd e 5 9 0 h a s ta su m u e r t e ” , como hecho
m u y n o t a b l e y n o r e p e t i d o e n la h i s t o r i a d e la
I g l e s i a . S i s e n o s r e s p o n d e q u e la c o n c i s i ó n y
clarid a d a u s e n te s e stá n reco m p e n sa d a s p o r otros
m éritos, pasem os a
II)

C U ESTIO N E S

DE

ID IOM A

U n a d e la s p r i m e r a s s o r p r e s a s q u e a g u a r d a n al
q u e c o n s u l t e el P e q u e ñ o D i c c i o n a r i o es la p r e t e n ­
sión de p u re z a lin g ü ístic o -m a te m á tic a en las in d ic a ­
ciones de co m p á s : “de tre s c u a rto s o tre s o ctav o s”
( la s e g u id illa ), “ seis . . o doce o cta v o s” ( la sicilia­
n a ) , “ d o s c u a r t o s o s e i s o c t a v o s ” ( l a b e r c e u s e ) en
l u g a r d e la s d e n o m i n a c i o n e s , j u s t a s y t r a d i c i o n a l e s ,
d e t r e s p o r c u a t r o , o t r e s p o r o ch o. et c. N o s g u s t a r í a
s a b e r c ó m o l l a m a el a u t o r a l c o m p á s d e 1 2 / 1 , p a r a
el q u e “ d e d o c e e n t e r o s ” n o s p a r e c e u n a d e n o m i n a ­
c i ó n h a r t o h í p i c a . P e r o a q u í , c o m o e n t o d o el D i c ­
c i o n a r i o . la a r b i t r a r i e d a d e s l a q u e p r e s i d e . C i e r t o s
p r u r i t o s d e p u r i s m o a c o n s e j a n t r a d u c i r lo s n o m b r e s
de pila, y así te n e m o s (el n o m b re v e rd a d e r o e in ­
t r a d u c i b i e s i g u e e n t r e p a r é n t e s i s a la s c r e a c i o n e s
del D icc io n ario ) : M axim iliano (M a x ) p a r a B ru c h
y p a r a R e g e r . J u a n ( J o h n ) Bu II , B e n i t o ( B e n e d e t t o ,
p e r o la s i m p a t í a . . . ) M a r c e l l o . F e d e r i c o ( F r i t z )
K reisler. O tón (O tto ) K lem perer, etc.; pero ta m ­
bién h a y “ G iar.notto” B astian elli, “ S averio” M e r­
e n d a n t e . y c o m b i n a c i o n e s e s p e l u z n a n t e s c o m o Alb a n o B e r g . A le s io C h a b r i e r . A r r i g o K l e i b e r , s in
c o n t a r q u e n i C a r i s s i m i n i P u c c i n i t i e n e n la o b l i ­
g a c ió n de llam a rse J a im e , y q u e n o alcan za m o s de
d ó n d e p u e d e n s a l i r E g i d i o ( G i l í e s : E g i d i u s e r a la
la tin iz a c ió n d e su n o m b re ) B in c h o is o T eodorico
( D i e t r i c h ) B u x t c h u d e . E n el m i s m o c a s o q u e C h a ­
b r ie r (que firm a b a con su seg u n d o nom bre. Emm anuel. y no A lexis) e stá “ E n r i q u e ” P ie rn é , que
s i se lla m a b a H e n r i- C o n s ta n t- G a b r ie l. u só s ie m p re
s u t e r c e r n o m b r e . T a m p o c o es e x a c t o m a n i f e s t a r

q u e el “ v e r d a d e r o n o m b r e " d e " R o s i t a " S t o l t z es
" V i c t o r i n o " Noel, c u a n d o V i c t o i r e N o e l f i r m a b a
R o sin e Stoltz.
N i lo s n o m b r e s g e o g r á f i c o s s e l i b r a n d e e s t a s
m e ta m o rfo sis, y po d em o s le er " M e lb o u r n a ” u n p a r
d e v e c e s , F r a n c f o r t " d e l M e n o " y, lo q u e e s m á s ,
“Carlos de A njeo"
(en castellano,
" a n j e o ” es
‘" t e l a d e e s t o p a o d e li n o b a s t o " c o m o p u e d e c o n ­
t r o l a r el l e c t o r d el Q u i j o t e e n la e d i c i ó n c o ­
m e n t a d a p o r R o d r í g u e z M a r í n , la d e L a l e c t u r a ,
el t o m o I I , p á g . 3 6 ) . S i a e s t o s u m a m o s io s
títulos de o bras — L a dam nación de F a u s to ; Las
c a n t a d o r a s v illa n a s ( L e c a n ta tr i c i villane, de Fior a v a n t i ) ; el D i s e ñ o h i s t ó r i c o , d e D e l l a C o r t e ; L a
ca m p an a del erem itorio (de S a rria ) ; E l libre ca­
z a d o r ( d e W e b e r ) — p o d r í a m o s l l e g a r a la p e n o s a
c o n c l u s i ó n d e q u e el s e ñ o r D e R u b e r t i s t r a d u c e d e
o íd o, lo q u e e s m u y t r i s t e p a r a u n m ú s i c o con
ta n ta litera tu ra, pero otros detalles — U n sueño de
v a l s , d e O s c a r S t r a u s s , u n a r i a d»- L e s H u g u e n o t s
c i t a d a e n i t a l i a n o y , s o b r e t o d o , la C a b a l l e r o s i d a d
r u s t i c a n a — nos co n v e n cen de q u e aquí, como s ie m ­
pre. in t e rv ie n e su d e lic a d a f a n t a s í a lírica. ( 1 )
D isim ulem os, en u n te rre n o m á s p e d e stre m e n te
o rto g rá fico , a c en tu ac io n es a r b i tr a r ia s de apellidos
— q u e . r o m o e n el c a s o d e S c h ú m a n n , no a c l a r a n
u n n o m b r e conocido p o r todos y van c o n t r a las
r e g l a s d e a c e n t u a c i ó n — : d e j e m o s dito ( p á g . 7 3 ) y
d i i e t t o ( p á g s . 7 3 y 1 5 5 ) d e l a d o : no r e p a r e m o s
e n g a m m a y t a r á n d o l a e n i t a l i a n o , n i en s u c e s o
p o r "b u e n éxito” (p ág . 2 7 ) , líric a s p o r “ m elodías”
(la s d e D u p a r c ) y o tro s i t a l i a n i s m o s : y sin a d v e r ­
t i r e s o s n ú m e r o s c a r d i n a l e s q u e d a n n o m b r e a los
in te rv a lo s, y no son c a rd i n a le s sino ord in a les, d e je ­
m o s t o d o es o y a d m i r e m o s la c a s i i m p e r c e p t i b l e i r o n í a co n q u e s e n o s d i c e q u e B il li f u é “ c o m p o ­
s i t o r d e m ú s i c a l e v e ” , q u e e! o b j e t o d e l c o n c i e r t o
“ es el d e p o n e r e n r e l i e v e l a v a l e n t í a de l e j e c u ­
t a n t e " , y co n q u é p e r f i d i a , e n la p á g . 180 , s e llamaai e j e c u t a n t e " e j e c u t o r ” . O t r a s f l o r e s d e r e t ó r i c a ,
m o d e s t a m e n te d isim u la d a s, r e c o m p e n s a n al p a c ie n te
l e c t o r : p o r e j e m p l o la d e f i n i c i ó n d e l a c o r d e ó n , e s ­
c r i t a e n v e r s o s p e r f e c t o s , co n u n a s o la s í l a b a i n ­
te rp u e s ta . como decíe Satie. “ p o u r T éloignem ent
des s tu p id e s” :
I n s t r u m e n t o p o r t á t i l d e v ie n to ,
con teclas y fu elles:
la m a n o d e re c h a m a n e ja las teclas
( y ) l a i z q u i e r d a los f u e l l e s .
( P a r a que n a d a falte, h a s ta e s tá la " r im e riclie”
d e los p r e c e p t i s t a s m e d i e v a l e s ) . A d m i r e m o s t a m ­
b i é n la n u e v a f i g u r a i n v e n t a d a p o r el a u t o r , p a r a
l a q u e p r o p o n e m o s el e u f ó n i c o n o m b r e d e “ M e g a lo g ra fism o ” . S u esquem a es:
F u l a n o e s el m a s g r a n d e . . . ( f o r m a p u r í í )
o u n o d e lo s m á s g r a n d e s . . . ( f o r m a i m p u r a ) .
Ejem plo:
B e r l i o z e s “ El m á s g r a n d e m ú s i c o f r a n c é s ” .
R a m e a u e s “ U n o d e lo s m á s g r a n d e s mú sic os franceses” .
Su com odidad e s trib a en qu e no h a y que d a r
n i n g u n a e x p l i c a c i ó n — p o r lo m e n o s el a u t o r sec o n s id e r a e x e n to d e ta n b a j a p r e o c u p a c ió n — y se
ap lica i n d i s t in ta m e n t e a A rnold B ax, B ee thoven,
B e r l i o z . C i m a r o s a . Cui. D a U ’A b a c o . D a l l a p i c c o l a ,
E lg ar, W o lfram von E s ch e n b ach . O rlan d o G ib b o n s,
W a l t e r G ieseking. C arlos Gómez. H a v d n . H in d e m i t h . K e i s e r . L i s z t . M a c D o w e ll , E n r i q u e M a i n a r d i .
la M e lb a . G i u s e p p e M a r t u c c i , M a s s e n e t . M é h u l .
M eyerbeer. M ozart. M u so rg sk y . N ikisch. P a g a n in i.
P a l e s t r i n a . la . P a t t i . P e t r a s s i . P h i l i d o r . P u r c e l l . P e ­
d r o R aim o n d i. R avel. R im sk i (co n i la tin a y todo)
R o s s i n i ( “ v e r d a d e r o g e n i o m u s i c a l ” , c o m o si los
g e n i o s a d u l t e r a d o s s i r v i e r a n p a r a a l g o ) . S a t i e . los
dos S c a rla tti. C v ril Scott. S c ria b in . S c h u b e rt. Schum a n n . S c h ü t z . A n d r é s S e g o v ia . T u l i o S e r a f í n , S i b e li us . S m e t a n a . S t r a d i v a r i u s ,
S travinski
(ta m b ié n
" a l i a p o l a c c a ” ), J a c q u e s T h i b a u d , T o s c a n i n i .^ V a u g h a m W illiam s, V erdi, V icto ria, V ivaldi, W a g n e r
y Cario Zecchi.
Si to d a v ía se nos o b je ta que todo esto no b a s ta
p a r a p r e s ti g ia r y s i n g u l a r i z r r u n diciconario, p a ­
sarem os a
III)

en

E L M A T E R IA L TECNOLOGICO
E H IST O R IO G R A F IC O

E l c o n t e n i d o d e e s t a s e c c i ó n es t a n r ic o , q u e
e l la s e p o d r í a , c o m o d i c e J u a n d e V a l d é s .

(C ontim ia en la página 41)
(1)
A d m i t i m o s q u e d a m n a c i ó n e s a r c a í s m o , lo
m i s m o q u e r u s t i c a n a , q u e en s u s e n t i d o m á s g e ­
n e ra l q u ie re d e c ir “ s ilv e st re ” y "se ap lica al r á b a ­
n o y o tr a s p l a n t a s ” ; q u e c a n t a tr i c e s y v illa n a s se
e n t ie n d e n sin d e m a s ia d o t r a b a j o ; p ero c o n c éd ase­
n o s q u e s u e m p l e o es r i d í c u l o , q u e d i s e ñ o h i s t ó ­
rico p o r d ise g n o y ere m ito rio p o r rom itoio — que
e s e r m i t a y e r e m i t o r i o el p a r a j e d o n d e h a y u n a
o m á s e r m ita s — son f r a n c a m e n t e d e lir a n te s , e in ­
v a l i d a n t o d a i n t e n c i o n a l i d a d e n el e m p l e o d e los
o tro s té rm inos.

�41

9 ARTES
4
ABRIL

1949

CONTENIDO DEL N&lt;? 3:
WILLIAM SHAKESPEARE (Jr.)
Condición del artista en el si­
glo X X : El derecho a no ser
purgado

ANA ITELMAN
Significado de las
danzas modernas

JUAN BAY
N uevo d errotero de la
pintura en Europa

JUAN CARLOS PAZ
La contribución de Edgar Várese
a la música experim ental

EMILIO PETTORUTI
Un gran escultor de Am érica
Conferencia
de Hermann Scherchen

ALBERTO SARTORIS
La pintura en Italia
Tres opiniones mientras se va
haciendo la doctrina del cine
H oy com o ayer
Noticias

A g ra d e z c o e l c a n je
G ra d is c o il c a m b io
Je

dem ande

l ’é c h a n g e

A g ra d e c o o c a m b io
I b e g fo r e x c h a n g e
A u s ta u s c h e rw u n s c h t
M i d a n k a s la in te r s a n g o

60 CENTAVOS ARGENTI­
NOS EN TODA AMERICA
Suscripción a
10 números ..................... S 5 .—
5 números ..................... „ 2.75

REDACCION
H IPO L IT O Y R IG O Y E N 3700

B u e n o s

A i r e s

A R G E N T I N A

“ e scoger como e n tr e p e r a s ” . P a r a no a la r g a r n o s
m á s, d e j a r e m o s t o d o lo m e n u d o ; q u e d a n d o s e n t a ­
do. e n lo q u e a la s e x t e n s i o n e s d e los i n s t r u m e n ­
to s se re fie re , q u e no s e ñ a la re m o s s o n o rid a d e s a c ­
c e s i b l e s ú n i c a m e n t e a s o l i s t a s y v i r t u o s o s , s in o
q u e n o s r e f e r i r e m o s a l u s o c o r r i e n t e d e los i n s ­
t r u m e n t o s en la o r q u e s t a .
ADAM D E LA H A L L E :
. . C o m o t e n í a g ib a ,
f u é l l a m a d o E l j o r o b a d o d e A r r á s . " No es e x a c to .
Y a su p a d r e e r a l l a m a d o “ m a i t r e H e n r i L e B o s s u "
( L e j e u d e R o b í n e t M a r i ó n , ed. d e E r n e s t L a n gl o is, i n t r o d u c c i ó n , p á g . I . ) E n c u a n t o a a s e g u r a r
q u e la p a r t e c a n t a d a d e l J e u lo e r a “ s in a c o m ­
p añ a m ien to ” , h abría que pensarlo.
A M B R O S I O . S A N : “ S e le a t r i b u y e n a l g u n o s c a n ­
to s , e n t r e el lo s el T e d é u m ” . S e r á " s e le a t r i b u í a n " :
“De acuerdo
co n la le y e n d a .
f el T e D e u m ]
f u é i m p r o v i s a d o a la v ez p o r S a n A m b r o s i o y
S a n A g u s t í n , m i e n t r a s el p r i m e r o b a u t i z a b a al
s e g u n d o . E n la E d a d M e d i a s e le l l a m a b a a
v e c e s H y m n u s A m b r o s i a n u s . S e c r e e a h o r a , sin
e m b a r g o , q u e el T e D e u m f u é e s c r i t o p o r N i c e t a s
d e R e m e s i a n a ( a l r e d e d o r d e 3 3 5 - 4 1 4 ) " . (G . R e e s e ,
M u s i c i n t h e M í d d l e A ge s . p á g . 1 0 5 ) .
A P O Y A T U R A : " . . . p r e c e d e al s o n i d o r e a l a
la d i s t a n c i a d e 2 * m a y o r o m e n o r s u p e r i o r , o 2^
m e n o r i n f e r i o r ” . No h a y s i n o h o j e a r u n a p a r t i ­
tu r a de L ully o de R a m e a n p a ra e n c o n tra r in n u ­
m e rab les ejem plos de a p o y a tu ra s in fe rio res a una
s e g u n d a m a y o r d e la n o t a r ea l .
A R IA : “ Trozo v o c a l . . . ” ¿Y no in s tr u m e n ta l?
(F rescobaldi, Bach,
Z ip o li, R a f a e l A n g l é s , et c.
etc. e t c . )
A RM O N ICOS:
" ...
Llám ase arm ónicos ta m ­
b i é n los s o n i d o s a r t i f i c i a l e s q u e s e o b t i e n e n en
los i n s t r u m e n t o s d e a r c o y e n los d e p u n t e o . . . ”
i Y n o en los d e v i e n t o ?
ARS NOVA: " . . .
u n n u e v o e s ti lo p o l i f ó n i c o
que. n a c i d o e n F l o r e n c i a a p r i n c i p i o d e l s ig lo X I V ,
s e d e s a r r o l l ó e n d i c h a c i u d a d y en F r a n c i a ” .
Falso. A cudim os de in te n to a u n a fu e n te ita li a n a :
“H o y p a r e c e a s e g u r a d o q u e e n la n o b l e c o n t i e n d a
F r a n c i a f u é la p r i m e r a . E s c u e s t i ó n d e f e c h a s ,
no de h o n o r n a c i o n a l . . . ” (E . M agni Dufflocq.
S t o r i a d e h a m ú s i c a , 2 ? ed.. t o m o I, p á g . 1 9 1 ) .
A U L O S : “ . . . s e t o c a b a co m o el a c t u a l c l a r i ­
n e t e ” . i C o n ll a v e s , S r . D e R u b e r t i s ? Y b r o m a s
a p a r t e : ¿ q u é t i e n e q u e h a c e r el c l a r i n e t e s i el
a u l o s e r a u n ó b oe , co n su d o b l e l e n g ü e t a ?
B E R L I O Z : " . . . y los p o e m a s s i n f ó n i c o s R o ­
m e o y J u l i e t a , E p i s o d i o d e la v i d a d e u n a r t i s t a
y H a r o l d o e n I t a l i a ” . N o es c i e r t o . Ni R o m e o y
J u l i e t a , ni el E p i s o d i o . . . — m á s c o n o c id o com o
S infonía F a n tá stica—
n i H a r o l d e n I t a l i a s on
poem as sinfónicos.
B IZE T: " . . .
s u s ó p e r a s p r i n c i p a l e s s on L o s
p es cad o re s de perlas. L a A rles ia n a y C arm en " .
No. L a A r l e s i a n a no e s u n a ó p e r a .
C A M PA N A S T U B U L A R E S . E ste bonito n o m ­
b re c o rre s p o n d e al in s tr u m e n to d en o m in ad o h a b i ­
t u a l m e n t e c a m p a n ó l o g o o. p o r e x t e n s i ó n , c a r i l l ó n ,
t é r m i n o s q u e, n a t u r a l m e n t e , f a l t a n en el P e q u e ñ o
D i c c i o n a r i o . L o q u e n o e s n a d a c o m p a r a d o con
el l i g e r o c o n t r a s e n t i d o d e h a c e r t u b u l a r e s a la s
c a m p a n a s , c o n lo q u e d e s a p a r e c e n o t r o s s i g n i ­
f i c a d o s d e c a m p a n a , a c a m p a n a d o , etc .
C A N O N . S o b r e q u e la d e f i n i c i ó n e s i n c o m p l e t a ,
“ el c r e a d o r d e l c a n o n ” n o “ f u é el f l a m e n c o J u a n
O keg h em ". F u e r a de las fo rm a s c a n ó n ic a s co­
m u n e s a c a s i t o d o s los p u e b l o s p r i m i t i v o s ( S a c h s ,
T h e r i s e of m u s i c ) el c o n o c i d í s i m o c a n o n i n g l é s
S u m e r is i c u m e n i n s e f e c h a g e n e r a l m e n t e h a c i a
1240, unos doscientos añ o s a n te s del nacim iento
d e O c k e g h e m . E l e r r o r se r e p i t e e n el a r t í c u l o
Ockeghem.
C I F R A : “ A n t i g u a e s c r i t u r a d e la m ú s i c a p a r a
i n s t r u m e n t o s p o l i f ó n i c o s . . . ” Y d e los o t r o s : h a y
ta b la t u r a s de fla u ta. A dem ás, la clasificación de
D e R u b e r t is es erró n e a .
C O M A : “ D i f e r e n c i a e n t r e el t o n o m a y o r y el
t o n o m e n o r ” . No h a y u n a co m a, s i n o v a r i a s e s p e ­
cies de com as, to d a s d ife ren tes.
C O N T R A B A J O : E l a u t o r o l v i d a la q u i n t a c u e r ­
d a. “ q u e p e r m i t e o b t e n e r c u a t r o n o t a s s u p l e m e n ­
t a r i a s e n l a o c t a v a i n f e r i o r d e los s o n id o s , lo q u e
es c a s i i n d i s p e n s a b l e p a r a t o c a r la s o b r a s m o ­
dernas".
( G u i r a u d - B u s s e r , T r a i t é p r a t i q u e d ’in s tru m e n ta tio n . pág. 3 1 ).
C O N T R A FA G O T . E n su extensión fa lta n cuatro
n o t a s , d o s e n el a g u d o y d o s e n los g r a v e s .
C O R N O I N G L E S . F a l t a n d o s n o t a s e n el a g u d o .
C R O T A L O : " I n s t r u m e n t o d e p e r c u s i ó n d e los
an tig u o s egipcios", i Y su nom bre, griego?
CHALUMEAU:
“ . . . En
1690 fué tra n s fo r­
m a d o e n el a c t u a l c l a r i n e t e p o r el a l e m á n C r i s ­
t ó b a l D e n n e r ” . N o : la e v o l u c i ó n d e f i n i t i v a c o ­
m e n z ó co n J u a n C r i s t i á n D e n n e r . y. e n r e a l i d a d ,
fu é lle v a d a a cabo p o r s u h ijo J u a n hac ia 1720.
(Cf. Sachs. T h e h is to r y o f th e m u sic a l I n s tr u ­
m ents. pág. 4 1 2 ) .
D E B U S S Y : “ . . . s u ó p e r a l í r i c a P e l l e a s y Mel i s e n d r a ” . i Q u é es u n a ó p e r a l í r i c a ? j Y q u é u n a
ó p e r a t e a t r a l , co m o l a s n u e v e q u e e s c r i b i ó D v o r a k
o la s d o s d e F a u r é ? ( V e r a r t í c u l o s D v o r a k y
F au ré.)
FA G O T: Su extensión tiene u n a cu a rta au m en ­
t a d a m á s e n el a g u d o .
F L A U T I N : T i e n e , e n el ag u d o , d o s n o t a s m a s
d e la s q u e i n d i c a el P e q u e ñ o D i c c i o n a r i o .
F O L IA : “ A ntigua d a n z a ..
de m o v i m i e n t o l e n ­
t o " . N o : el a u t o r c o n f u n d e la f o li a, d a n z a v iv a

— de d o n d e s u n o m b r e d e “ a l o c a d a ” — con ei
te m a lento v a ria d o p o r c lav ecin istas y violinistas,
que ya no era danz a.
M E L O D R A M A : “ Lo m i s m o q u e ó p e r a " . ¿ S e ­
guro ?
M ESSAGER: " . . .
D e sus óperas recordam os
L o s d r a g o n e s d e l a e m p e r a t r i z ” . El a u t o r r e c u e r ­
d a m a l : L o s d r a g o n e s d e la e m p e r a t r i z es u n a
opereta.
M ODO: “ D iferen te m a n e r a de f o r m a r u n a es ­
c a l a " . E x a c t a m e n t e al r e v é s , p u e s t o q u e la es c a l a
es la o r d e n a c i ó n s u c e s i v a d e los g r a d o s d e u n
m o d o . A d e m á s , e n el m i s m o a r t í c u l o , los m o d o s
eclesiásticos e s tá n m al nu m e rad o s, y no es cierto
o u e " t a n t o e n los a u t é n t i c o s c o m o e n los p l á g a l e s ,
la f i n a l es s i e m p r e l a m i s m a ” , lo q u e s ólo o c u r r e
co n c a d a a u t é n t i c o y s u r e s p e c t i v o p la g a l.
M O D U L A C I O N . F a l t a el s e n t i d o p r i m e r o y m á s
g e n e ra l del té rm in o .
M O N O D I A . E l a u t o r no d i f e r e n c i a la m o n o d i a
p u r a — el c a n t o g r e g o r i a n o , p o r e j e m p l o —
de
la s m e l o d í a s co n a c o m p a ñ a m i e n t o i n s t r u m e n t a l ,
c o m o la s d e la C a m e r a t a .
O B O E . E s t e i n t e r e s a n t e D i c c i o n a r i o le e s c a ­
t i m a d o s n o t a s , e n el r e g i s t r o ag u d o .
O R G A N U M . D e fin ic ió n poco clara, como que
e s c a m o t e a el o r g a n u m p r o p i a m e n t e di c h o , a l h a ­
b l a r s ó lo d e s u c o m i e n z o y f in a l, y o l v i d a q u e
p o d ía s e r — y g en e ra lm e n te era — a más de dos
v oce s.
P E N T A T O N IC A ( E S C A L A ) : “ E scala de cinco
s o n i d o s u s a d a e n C h in a . P o l i n e s i a , A m é r i c a . E s ­
coc ia, I r l a n d a y F i n l a n d i a ” . ¿ H a y u n a s ol a e s ­
c a l a — e s d e c i r u n s olo s i s t e m a d e r e l a c i o n e s p a r ­
tien d o d e u n sonido co m ú n — o son in n u m e ra b le s
la s g a m a s p e n t a t ó n i c a s ?
Q U E N A : “ . . . E n el M u s e o E t n o g r á f i c o d e la
F a c u lta d de F ilo so fía y L e tr a s de B uenos A ires
s e c o n s e r v a u n a q u e n a p r e h i s t ó r i c a , la c u a l t i e n e
c i n c o o r i f i c i o s q u e p r o d u c e n los s i g u i e n t e s s o n i ­
d o s . . . ” j No c o n o c e el S r . D e R u b e r t i s l a c a r t a
en que V erdi h a b la de Fetis. que p re te n d ía h acer
s o n a r u n a f la u ta egipcia? ¿T am poco tien e noticia
d e los t r a b a j o s de v o n H o r n b o s t e l s o b r e tu b o s
musicales, m edición de f l a u ta s y p re s c in d e n c ia
d e los s o n i d o s q u e h o y p u e d e n o b t e n e r s e c o n i n s ­
tru m e n to s antig u o s? ¿ Ig n o ra ta m bié n la absoluta
f a l t a d e s e n t i d o d e la p a l a b r a p r e h i s t o r i a r e f e ­
rida a A m érica?
R A P S O D I A : “ T r o z o i n s t r u m e n t a l c o m p u e s t o con
m e l o d í a s p o p u l a r e s " . ¿ Y la R a p s o d i a s o b r e u n
t e m a d e P a g a n i n i d e R a c h m a n i n o f f ? ¿ Y la R a p s o ­
d i a p a r a c l a r i n e t e de D e b u s s y ? ¿ Y la R a p s o d i a
esp añ o la de R avel?
R A Y A . E l a u t o r l l a m a r a y a a la b a r r a d e e n l a c e
d e la s f i g u r a s , y c o m o s e q u e d a s in n o m b r e p a r a
la r a y a d e c o m p á s , la o m i te . Y y a e s t á .
S I C I L I A N A : " . . . la célebre sicilian a de Perg o l. &gt; i T r e g i o r n i s o n c h e N i n a . . . " U é le b r e y s i c i ­
li a n a . p e r o n o d e P e r g o l e s i . D e s d e 1 8 9 9 — p o r
lo m e n o s — s e s a b e q u e es d e C i a m p i , c o m p o s i t o r
que no fig u ra en este Peq u eñ o Diccionario.
S O P R A N I S T A : " . . . q u e t e n í a la vo z f e m e n i l
de s o p ra n o ” . Los s o p r a n is ta s p o d ía n ta m b ié n s e r
contraltos.
T I M B A L . Los tim b a le s reales, y no teóricos,
d a n u n a n o t a m á s e n el g r a v e y o t r a m á s e n el
a g u d o q u e la s q u e in d i c a e s t e D i c c i o n a r i o .
Y este bro ch e de o ro : “ L eslie A lfredo. V éase
Satie E r i k " . y " S a ti e E r i k :
...S u
verdadero
n o m b r e es A l f r e d o L e s l i e . ¿ A p a r e c e r á n , en a l g u n a
p r ó x i m a e d i c i ó n d e l P e q u e ñ o D i c c i o n a r i o , los d a ­
tos "C risó sto m o J u a n . V éase M ozart W o lfg a n g
Amadeo” y
“ M ozart W olfang A m adeo:
...S u
verdadero nom bre era J u a n Crisóstom o"? P orque
Satie, como M ozart — o tra sem ejanza.
Sr. De
R ubertis— tenía muchos nom bres. . . Y hay que
u s a r m e j o r el D i c c i o n a r i o d e B e l l a C o r t e y G a t t i . . .
IV )

Y LA YAPA

P e ro h a y m ás. H a y que un diccionario qu e d e s ­
pacha a Schonberg « m
la s o m e r a e t i q u e t a de
“ C o m p o s i t o r u l t r a m o d e r n o ” y d e d i c a s e i s lí n e a s
a M ozart. halla lu g a r de so b ra p a r a in n u m e r a ­
bles m e d io c rid a d e s ita li a n a s : G uido Agosti, J o sé
A p o ll o n i . V i c e n t e A p p i a n i , S a l v a d o r A u t e r i M a n zoc chi o, F r a n c i s c o B a j a r d i . H u b e r t o D » o d i n i ( o c h o
líneas:
dos
más
que
Haendel.
una
más
que
B ach).
G ian n o tto
B astianelli,
Julio
B riccialdi,
A n t o n i o C a g n o n i , E r n e s t o C a v a l l i n i . C a r l o s Coc*
cia, E r n e s t o C o n s o lo , M a r i o C o s t a ( d i e z l í n e a s :
u n a m ás que B ee th o v en ), S erafín Amadeo de F e r ­
r a r i . N i c o l á s d e G io s a, P e d r o F l o r i d i a . J a c o b o
F lo ro n i ( a u t o r de “ c u a tro ó p eras y v a ria s o b e r ­
t u r a s ” : o c u p a t a n t o l u g a r co m o M o z a r t ) . P e d r o
G e n e r a l i ( n u e v e lí n e a s , t a n t a s com o C h o p in y m á s
que S c h u b e r t ) , V íc to r Gnecchi (diez líneas, p a r a
c o n t a r u n c h i s m e c o n t r a S t r a u s s ) , E s t e b a n Gob a t t i . E s t e b a n G o li n e lli . R e g i n a l d o G r a z z i n i ( c i n ­
co l í n e a s , ig u a l q u e R a m e a n ) , T e ó d u l o M a b e l lini, R o m u a l d o M a r e n c o ( ¡ a y , el d e E x c e l s i o r ! ) . . .
F a l t a n f u e r z a s p a r a c o n t i n u a r con la s i g u i e n t e
v e i n t e n a d e m e d i o c r i d a d e s . E s la m i s m a m i o p í a
n a c i o n a l q u e h a c e d e c i r q u e la A r s N o v a n a c i ó en
F l o r e n c i a , q u e t r e s d e la s m á s h e r m o s a s f u g a s d e
B a c h e s t á n i n s p i r a d a s en s o n a t a s d e A l b i n o n i ,
q u e M a u r o G i u l i a n i “ hi z o p a l i d - c e r . c o m o e j e c u ­
t a n t e , la p e r i c i a d el m á s g r a n d e g u i t a r r i s t a e s ­
p a ñ o l : S o r s ” ; l a m i s m a q u e h a c e i n s i s t i r , a lo
l a r g o d e l d i c c i o n a r i o , s o b r e la s r e l a c c i o n e s de

�9 ARTES
y

M UC H O S MAS EN UN D ICCIO N A RIO

C O N S ID E R A C IO N E S IN A C T U A L E S S O ­
B R E LA C R IT IC A D E A R T E EN IT A L IA

( Viene de la pág. 41)
T u o rtc y V iotti (artícu lo s arco. Tourtes. V io tíi),
la q u e h a c e e n t r a r l a m u s e t t e . d a n z a f r a n c e s a ,
p o r el n o m b r e i t a l i a n o y v e r i s t a
d e m u s e t t a . la
q u e h a c e a p l i c a r a c u a l q u i e r m ú s i c o n o it a l i a n o
u n a e t i q u e t a p e n i n s u l a r : B y r d f u é l l a m a d o ‘‘el
P alestrina de
Inglaterra".
O rlando
D i l a s s o “ el
P a l e s t r i n a de l N o r t e ” . G a v i n i é s
“ el T a r t t i n i de
F r a n c i a " , L e c l a i r " e l C o r e l li f r a n c é s " ,
Serváis
" e l P a g a n i n i d e l v i o l o n c e l o " , et c. e t c . et c. etc.
L o p e o r es q u e — c om o e n t o d a s la s p a s i o n e s
extrem as— se trata de un am or
equivocado. En
p r im e r lugar,
a I t a l i a le s o b r a n m é r i t o s p a r e
r e b a j a r l a c o n l i m o s n a s y p o s t i z o s ; en s e g u n d o ,
q u e el S r . D e R u b e r t i s d e s ’ in a m a l s u s a d m i r a ­
c i o n e s i t a l i a n a s y a d o r a f a l s o s ídol os. S e g ú n su
P e q u e ñ o dic cionario, M alipiero es "C o m p o sito r"
a s ec as , y C a s e l l a a p e n a s a l g o m á s : “ P i a n i s t a y
co m p o sito r” . E n cambio, P e d ro R aim ondi (m uc ho
g u s t o ) e s " e l m á s g r a n d e c o n t r a p u n t i s t a d el sig lo
X I X " , J o s é M a r t u c c i " f u é u n o d e los m a y o r e s
c o m p o s i t o r e s i n s t r u m e n t a l e s d e s u é p o c a " ( n o lo
d i s c u t i m o s , p o r i g n o r a r lo q i e es u n " c o m p o s i t o r
instrum ental"),
y
C aballerosidad
rusticana
es
" u n a d e la s ú l t i m a s v o ce s d e la v e r d a d e r a m ú s i c a
i t a l i a n a " . F e l i z m e n t e : y si el a u t o r c r e e q u e no
c o r r e s p o n d e j u z g a r so b re e s te p u n to a q uie n no
es i t a l i a n o m á s q u e p a r a el " j u s s a n g u i n i s . v e a
l a s c o s a s p u e s t a s e n su s : t i o en u n a c a r t a d o n d e
A l f r e d o C a s e l la r e s p o n d e a p a l a b r a s d el p r o p i o
M a s c a g n i : e n c o n tr a r á a m b a s piezas rep ro d u cid as,
e n lo e s e n c i a l, e n I I r l n n o v a m e n t o m u s i c a l c I t a ­
l i a n o d e A d r i a n o L u a l d i ( C o p i o in e x t e n s o la
i n d i c a c i ó n b i b l i o g r á f i c a q u e q u i z á s s a t i s f a g a al
Sr
De R u b e rt is
Q u a d e r n i d e l l ’I s t i t u t o N a a i o n a lo F a s c i s t a d i C u l t u r a , s e r i e t e r z a . 4-5, M ila n oRoma. T reves-T reccani.Tum m inelli. 1 9 3 1 ).
D o n d e el S r . D e R u b e r t i s n o p o d r á n e g a r n o s
c o m p e t e n c i a es en e s t o : su P e q u e ñ o D i c c i o n a r i o ,
e s c r i t o e i m p r e s o en la A r g e n t - n a . y d e s t i n a d o a
e s t u d i a n t e s a r g e n t i n o s , d a c a b i d a a u n so lo m ú ­
s ic o a r g e n t i n o : H é c t o r P a n i z z a — q u i z á s d e b i d o
al P re m io C e rta n i que g a n ó en Bolonia. L ejos de
n o s o t r o s t o d o a f á n n a c i o n a l i s t a al s e ñ a l a r e s t a s
sig n ific a tiv a s a u s e n c ia s : y sólo las hacem os co n s­
t a r p o r q u e el p r o p i o S r . D e R u b e r t i s s e o c u p a
d e la m ú s i c a a r g e n t i n a — e s a m ú s i c a d e n t r o d e
la c u a l q u i s o v a n a m e n t e d e s e m p e ñ a r el p a p e l de
O g r o Ma lo— p a r a a c u s a r a u n s e ñ o r J . .1. B ernardi
qu e. s e g ú n el a u t o r ,
• d e m u e s t r a q u e la
c o n o c e só lo a t r a v é s d e . . .
¡ l o q u e e s c r i b i ó en
1931 la s e ñ o r a J u l i e t a T e l l e s d e M e n e z e s en L a
R evue M usicale de P a r í s ! . . . "
Los le c to re s del
P e q u e ñ o D i c c i o n a r i o n i s i q u i e r a s a b r á n eso.
E l P i c c o l o D i z i o n a r i o es. e n r e a l i d a d , u n a o b r a
m á s j u g o s a d e lo a c o s t u m b r a d o , co n la q u e qu i
t a n d o lo q u e s o b r a , p o n i e n d o lo q u e f a l t a y r e ­
m e n d a n d o el r e s t o , p u e d e h a c e r s e u n d i c c i o n a r i o
económ ico cu y a s d o sc ie n ta s p a g in ita s sean de v e r ­
d a d e r a u t i l i d a d a lo s a l u m n o s n o m u y a v e n t a j a d o s .
A s í c om o e s t á , s i n e m b a r g o , e s d i g n a d e o c u p a r
u n l u g a r s e ñ a l a d o e n t r e o t r a s d el a u t o r , c om o el
S c h e r z o s u ll e l e t t e r e G. D. A. ( ¡ m e r e c i d o h o m e ­
n a j e a la s G r a n d e s D e s p e n s a s A r g e n t i n a s ! ) y el
H i m n o o f i c i a l d e B i l l i k e n , y s in d u d a h a r á q u e
s e ll a m e a s u a u t o r , en u n f u t u r o p r ó x i m o , “ el
p ic c o lo F e t i s í t a l o a m e r i c a n o ” .

D A N IE L DEVOTO

E L O G IO D E L JA Z Z
C A R T A E N G U A N T A D A A D. D E V O T O
(V ie n e de la pág. 39)
c h ad a : porque el jazz no es la m úsica in ­
m utable, ya-para-siem pre-así-y-fuera-del-hom brc
(la Q uinta, la P asión, el trío K. 498), la m ú­
sica atem poral y sin com prom iso fu e ra del de
su y a m uerto o d istan te a u to r: en una jam
session la m úsica está naciendo y m uriendo
in stan tán eam en te, es la creación por el acto
mismo de. c rear, como me sospecho que h a b rá
sido la O tra. U n a noche, im provisando blues,
las lág rim as co rrían por la cara de Louis
A rm strong, tal como en viejas películas veía­
mos re ír y a g ita rse a “ F a t s ” W aller cuando
le salían bien sus frases en el piano. Inocen­
tem ente — por eso con ta l pureza— , el negro
hace su m úsica más acá pero m ás a llá de la
m úsica; por eso tam b ién le im portan menos
los hallazgos en p rofundidad (creados p a ra
d u ra r, p a ra ese ídolo D uración del hom bre
blanco, que es su grandeza y su desdicha)
que los juegos in stan tá n eo s de la belleza,
cread a por él pero para él y por él. L a
m úsica c u lta es siem pre urr a modo de hipóstasis de su a u to r; el ja z z es su autor. Ni
m á s . . . ni menos. Y si estéticam ente hay aquí
u n a enorm e pérd id a, {podrá negarse, en este

(Continua en la página 43 )

(V ie n e de la pág. 34)
Qué nos reserva el porvenir, después de
u n a c a tá s tro fe como la que ahora vivim os, es
algo que nadie puede decir. P e ro es cierto
que el len g u aje a rtístico que ha de prevalecer
en la po stg u erra deberá seguir las huellas del
len g u aje que ha prevalecido en el m undo en
lo s prim eros cu aren ta años de nuestro siglo.
E stu d ia r aquel lenguaje, com prender sus r a ­
zones, precisar sus lím ites a fin de sobre­
pasarlos, tal será la ta re a de los pintores y
los críticos de postguerra. Si el len g u a je fu tu ro
se originase en Ita lia , ninguno ten d rá m ás
a le g ría que nosotros.
P ero m ie n tras no se estudie y no se com ­
prenda el len g u aje a ctu al, se harán obras de
arqueología y iro de a rte . L a renovación de una
trad ició n a rtís tic a no se h a debido nunca a
un reto rn o al pasado, sino a una p a rtid a desde
las necesidades de hoy h acia el porvenir des­
conocido.
L a c rític a de a rte h a tenido m ucha culpa
del destino del a r te italian o . H a sta ah o ra ha
sido m ás un obstáculo que una a y u d a a las
lib res m anifestaciones de los a rtis ta s autéir
ticos. P o r falso nacionalism o, por perezoso cla­
sicismo o por soberbia d o c trin aria , ha hablado
del pasado con las ideas del pasado, sin una
viva experiencia del a rte actual, y por ello
no ha podido cum plir su tare a.
L inello V enturi.

M ú s ic a

D e a p e a Ió n ic a

• A caba de co n stitu irse en New York la
Bomatrt M usic P ublica!ionx con el fin de “ p u ­
blicar las composiciones h a sta a hora in éd itas
de los m aestros contem poráneos de E uropa v
A m érica, y p roporcionar tura o p o rtunidad de
publicación p a ra la generación de com posito­
res jóvenes que no han alcanzado aún a g a ­
n a r el fav o r público que m ere ce ” .
E sta E d ito ria l ha dado comienzo a su la ­
bor con las ú ltim as o b ras de A rnold Schoe.ib e rg : T río de cuerdas, op. 45, E l sobreviviente
de V arsovia, K o ln i Dre y v a ria s canciones p a ­
ra voz y piatro. A continuación publicará m ú­
sica de C harles Ives, gan ad o r del P rem io Pulitzer. y de varios com positores estad o u n id en ­
ses: I.ou H arriso n , E rn s t K rének, W allingfo rd R iegger, C ari R uggles, E d g a r V árese,
Ben W eber, etc. E u ro p a y Sud A m érica e s ta ­
rá n re p re se n tad a s por obras de num erosos
com positores, e n tre ellos A ntón W ebern, René
L eibow itz, L u ig i D allapiccola. R olf L ieb erm an n ,
Y lad im ir Vogel, H um phrev Searle y Juan- C a l­
los P az.
A dem ás la B om art M usic P ublications p u b li­
cará nuevas ediciones e m úsica del R enacim ien­
to y del B arroco p re p ara d as en notación m o­
derna p a ra su ejecución p r á c tic a : fig u ran d o
e n tre las prim eras, o b ras vocales de M arenzio,
G randi, M onteverdi, V ictoria, y com posiciones
instrum entales de Sehütz y B uxtehude.
P O E S IA S O C IA L . A R T E P O L IT IC O

N O SO Y A R T IS T A
(V ie n e de la pág. 35)
pongo poemas, ni pinto, ni musiqueo, iri escul­
po, ni film o, ni danzo ni arq u itectu ro . A me­
llos de que con el tiem po decaiga en mí &gt;—y
e sta decadencia se sublim e en obra a rtís tic a —
la pasión de ser un hom bre en tre los hom bres:
un hom bre fin ito , efím ero, que no pidió nacer
ni m o rir; que pasa sus día3 y sus noches v a ­
g abundas en cualquier ciudad m irando e stre­
llas. som bras, ángeles, piedras, nube».
N i siquiera e sta confesión, la única efusión
que pude in te n ta r, puedo firm a rla y o ; la ha
escrito por mí un am igo que hubiera querido,
sin necesidad de p alab ras, tra slu c ir su sim ­
p a tía por u n a c ie rta calidad en mi presencia
silenciosa en el a rte , pero, escritor, no pudo
d e ja r de u sa r la p a la b r a ; no conoce aún la
adivinación de alm a a alm a. Quizá en algún
fu tu ro , seres m ás p erfectos o im perfectos sien­
ta n que yo fu i m ás a r tis ta que él, y mi si­
lencio mudo m ás valioso que su silencio escrito
o versificado. P ero yo le agradezco no sin
alg u n a lág rim a su ím petu por com prenderm e.
P A T R IC IO V IL L A F U E R T K

¿No fuiste tú el primero que me
recomendó fuera cauto vara el fol­
klore y su aplicación al arte creador?
Recuerdo aún una de tus violentas
reacciones contra esos países que
pretenden competir con las cultu­
ras francesas, anglosajonas, italianas,
ibéricas, germanas o rusas contrapo­
niendo a Pascal o Dante, Goethe o
Shakespeare, Cervantes o Dostoievski algunos cantarcillos infantiles, al­
gunos pantalones extrañamente bor- j
dados y una manera muy particular
de bailar mientras se hace ondular i
un pañuelo?
LEON KOCHNITZKY

(V ie n e de la pág. 34)
algún más, aún cuando el desvelo de la j u s ti­
cia hub iera d istrib u id o a cada uno su pan
circo ju sto . C ualquiera sea su ím petu, por ser
o b ra de esperanza de a rte es obra de fervor,
va c o n tra el no-hom bre, sea la n atu raleza o
la fa ta lid a d . ¡ Acaso si. realizáram os la p e rfe c ­
ción social h abríam os resuelto nu e stra latem- a
d ra m á tic a? No soy pesim ista y creo que m u­
cho dolor civil y social se puede a liv ia r (y
como ciudadano lucho, procuro e stu d ia r los
problem as públicos y ser to le ran te con los que
no p ien san como yo) ; pero quedan dos espec­
tro s: el cosmos y nuestro enigm a p erso n al: y
aquí no hay sím bolos ju stic iero s o p ro se litistas
que conjuren felicidad. ¿N o puede aquí la P o jsía o E sp íritu o E speranza ex p lay ar su don
de salvación, m ás a llá de las consignas ideo­
lógicas?
P oesía es donación de fa n ta s ía , te rn u ra con
los seres, con el m undo, p a ra su p e rar al mal
y al dolor e sté ril; es enaltecim iento del hom ­
bre de heredero de un cuerpo a poseído de una
conciencia, de sensación a pasión, de paciente
de un dram a m aquinal a a cto r de un dram a
personal; es ta l vez la única salvación p a -a
los que no se reconcilian de otro modo (R e­
velación. M editación) con el m isterio radical
de todo lo que es y que a su vez no se allana i
a que la tie rra sea todo y la m uerte el fin
de ese todo.
P asión m ás ilum inante que la pasión polí­
tic a : pasión poética, lla y mucho que hacer p a ra
la t i e r r a : mucho egoísmo que sa c rific a r tra s
crea r una P az. P ero m ás es crear, a n te s v
después, el fervor, la pasión de la conciencia,
lib e rta d a del cuidado cósmico por la exaltación
de la fa n ta sía . A menos que P a z quiera lla ­
m arse al E sp íritu , a la Conciencia.
Vocación y oficio p a ra el poeta, que r.o
a sp ira a o fender al cosmos corr la técnica m a­
nipulando radiaciones y potencias, deshaciendo
las postreras p a rtícu la s indivisibles, e x tra y en ­
do energía de las m areas. No piensa dom inar,
ni racionalizar las fu ria s económ icas, pero por
fecundidad inherente a su creación el hom bre
se lib e ra poco a poco de su dolor zoológico,
de su adscripción fo rzad a a un cosmos que lio
se le consustancia.
E l hab er nacido tiene otro sentido y otro

�9 ARTES
e sp erar, la tris te z a queda p u rg a d a de dolor,
no es la im poteneia del su frim ien to anim al.
T lasta el a rte m ás tris te d e ja u n a reconcilia­
ción. una ju stic ia . L a esperanza que p rocura
no coincide con una a le g ría o placer in fa n til,
en la que fa lta r ía la tentación d ra m á tic a, sino
con u n a decisión consciente de com prender y
contem plar. I.a poesía puede ser, en esta fase
terre n a, entrevisión o presentim iento de o tra s
prom isiones. No se le busquen otros servicios,
y a que logra el m ás alto B ien : crea r y n u trir
la esperanza, la canción.
A D O L F O D E O B IE T A

un B audelaire, que escribió Les flc u rs du mal,
o a un V erlaine, un b orrachín a u to r de una
poesía incom prensible.” — León T o lsto y:
“ ¿Qué es el a r t e ! "
♦

D E B U S SY . — “ Muy sensual y decadente.
Inyección sub cu tán ea que puede llegar a pro­
ducir peligrosas erupciones en la ju v en tu d d ? l
f u tu r o .” — Charles D arcours: “ L e F ig u r o "
3-IV-1893, en ocasión del estrena de “ La de
moiselle c in e ' ’.
♦

W AGN'ER. — “ Los am antes, en su tea tro ,
se conducen como a lborotados g ato s reproduc­
tores, deshaciéndose en convulsiones y co n to r­
siones a n te u n a ra íz de v a le ria n a .” — Dr. M ax
X o rd a u : “ D egeneración” .
M O L IE R E . — “ E s lástim a que M oliere no
sepa e s c rib ir.” — Fenelón.
♦

♦

M O L IE R E . — “ M oliere es un infam e h is­
tr ió n .” — B ossuet.

N IE T Z S C H E . — “ ...p e rte n e c e en cuerpo
y alm a al rebaño de las ovejas sa rn o sa s.” —
Dr. M ax X o rd a u : " D egeneración” .

♦

S K R IA B IX . — “ ...c o n sid e ra m o s a Skriab iir como a uno de nuestros m ás encarnizados
enem igos m usicales, porque su obra tiende a
u n erotism o insano, como tam bién al m isticis
mo y la pasividad, haciendo que, en consecuen­
cia, uno se evada de las realidades de la vida. '
— De un reportaje a D m itri Shostakovich.
♦

COROT. — ‘ ‘ E sa cómica m uñeca — el Orfeo— seguida por una E u ríd ice ríg id a como
un m onigote, provocaría la risa , si es que uno
p u d iera re irse de ese excelente M. Corot, tan
eiram orado — y tan convencido— de su a r t e . ”
— Teophile G a u tier: “ Abecedario del Salón de
1861.

S H A K E S P E A R E . — “ Shakespeare todo lo
sa c rific a a la c a n a lla .” — L a Jlarpe.
SC H Ü M A N N , M E X D E L S S O H X . — ‘ “ Qué
d iría n Ila y d n y M ozart si oyeran- el ruido in­
fe rn a l que se nos ofrece hoy con pretensiones
de m ú sica?: lo digo a raíz de experiencias re ­
cientes, pues acabo de escuchar composiciones
de M endelssolm y de Schum ann. — L u x
Soohr: carta a su alum no IJauptm ann. —11-X-1S3.3.
♦

B R A IIM S. — “ Me han asegurado que Mousieur B rahm s ha com puesto m ú sica ” . — C ana
de Cósima IVagner, en ocasión de la muerte
del com positor.
♦

COROT. — “ N in g u n a variedad en su inven
tiv a , n in g u a diversidad en sus tonos ni en sus
lín e a s; su composición es uniform e, su color
inverosím il, su d ib u jo falso y siem pre flo jo .”
— C astagny: “ Salón de 18:39” .

B E E T IIO Y E X . — “ L a sesión académ ica
de ay er no ha servido p a ra au m en tar el e n tu ­
siasm o por el talen to de este com positor, qu"
tiene sus p a rtid ario s. F re n te al bando do sus
adm iradores, en cuya prim era fila fig u ra n Razumowskv, A ponnyi, K ra ft, etc., que adoran a
Beethoven, se yergue una a p la sta n te m ayoría
de inteligentes, que se niegan en absoluto a
escuchar, de hoy en adelante, sus composicio­
n e s.” — D e un com unicado de la P olicía de
Cieña al Barón U ager. — 30-XI-1815.

Y E R L A IN E . — “ . . g ra n estupor debe sen­
t ir un cam pesino b retó n o provenzal cuando se
e n te ra de que v a a elevarse un m onum ento a

E L O G IO D E L JA Z Z
(V iene de ¡a página 42)
tiem po de aire s existencialistas, que el hom bre
como ta l tiene en el jaz z uno de los cam inos
ciertos p a ra ir a buscarse, acaso a encontrarse?
Si a e sta a ltu ra me urges p a ra que aclare
la antin o m ia estética-poetism o que mencionó
antes, creo posible hacerlo en pocas lineas:
P a re c e ría ( a p a r tir de L au tréa m o n t, ta l vez)
que la poesía avanza como m anifestación d i­
re c ta e inm ediata de la urg en cia creadora,
invadiendo te rrito rio s form ales h a sta entonces
priv ativ o s de la estética, como la novela y la
plástica, donde la razó n crea d o ra u ord en a­
d ora do lo creado h ab ía im puesto sus cá­
nones; por eso en las novelas, digam os h asta
Ulysses, el lenguaje sirve estéticam ente a los
fines racionales del novelista, y la poesía
sólo está allí como a tm ó sfera, adorno, a p o ­
y a tu ra y complemento. P e ro la ta b a so d a
vuelta con R im baud y el surrealism o, que
m andan al diablo el len g u a je m ediatizado y
reclam an (a veces obtienen) un verbo de d i­
recta notación p o é tic a : lo que e ra cobre se
d esp ierta clarín (1 0 ).
¿Cómo no ver, entonces, que el jaz z negro
cum ple inocentem ente la m ism a urgencia de
inm ediatización cread o ra en la m úsica? P ero
si es así, algo a la vez m uy sim ple y muy

♦

IB S E X . — “ ...s im p lo te , m aligno y a n ti­
social ’ ’. — id., id.
♦

♦

♦

♦

♦

SC H O E X B E R G . — “ Ya todos comienzan a
convencerse de que la m úsica d e Sehóenberg
iro es ni a n tig u a ni m oderna, ni clásica ni b a ­
rroca, sino solam ente el m aloliente produo'o
de laboratorio de un pedante académ ico. Es,
sim plem ente, la negación de la música y de la
m usicalidad. A yer, m ien tras g ran p a rte del
público de la T onhalle (1 ) dorm ía — ¡que
sueño ag itad o , pobres g e n te s!— , algún italiano,
que no lograba y a escuchar, pensaba que los
perros de Z urich, ^ue se pasean sin cadena y
sin bozal, deberían convertirse, por un cuarto
de hora, en tiburones lacustres y comérselo,
e n tre todos, a este pedante con toda su m úsi­
c a : pero tam bién en función de com estible,
aún p a ra un estóm ago de tiburón, Sehüeirbcrg
re su lta ría todavía in d ig e sto .” — A driano Luc.ldi: “ V iaggio musicalc in E u ro p a ” .
(&gt;) S ala de coniertos, en Zurieh.

hondo se ha producido en lo m usical. Y a se
sabe que la m úsica es la m ás tu rb ia de las
actividades “ a r tís tic a s ” , puesto que a ur,puñado de creadores se adhieren millones de
“ in té rp re te s ” , raros seres con un pie en ¡a
m úsica y otro quiési sabe dónde, “ a r ti s t a s ” ,
can tan tes, directores de orquesta, bandoneon istas, etc. T ipos O. K., pero que practican
u n a especie de goce creador vicario, gozando
con el goce ajeno, ¿verdad?, palideciendo
cuando tocan la P a té tic a con una palidez
que Beethoven les fía desde su ya concluido
dolor. T ipos excelentes, pero que si no tu ­
viesen proveedores de emociones deberían de­
dicarse a otros oficios m anuales o in su flatorios. V am piros, si quieres, que viven de
san g re aje n a. Muy sim páticos, por lo demás.
L os jazzm en negros son, en- eam bio, unos
m úsicos que, incapaces o sin deseos de crear
estéticam ente una m úsica (aunque m uchos lo
hacen a sus h o ra s), tam poco se reducen a la
condición de los vam piros. X o es que se h a ­
yan planteado jam á s la cosa con esta proli­
jid a d m ía de hom bre blanco. Sim plem ente son
m úsicos irreductibles a toda m ediatieaoión,
sea la de u n a e stética m usical cualquiera,
sea la de um» interpretación. Sus sum isiones
(a l ritm o, su espléndido am o; al tonalism o, a
pesar de sus c u arto s de tono tan frecuentes
en los m etales) carecen de la obligada servilid ad que un concertista debe a sus déspotas;

W A LT W H IT M A X . — W hitm an es tan ig ­
n o ran te en a rte como un cerdo en m atem áti­
c a s .” — De una crónica de “ C ritic ” , de L on­
dres. — J u lio 18-3.3.
F E R R U C C IO B U S O N I,
o la a g o n ía d e l d ia to n ism o
(V iene de la página 37)
Si el gran d e e sp íritu que fué Busoni, teórico,
pedagogo, com positor y p ia n ista em inente, y
com pilador y divulgador de la m ejor música
de todos los tiem pos, no llegó a lo g rar m ás que
realizaciones p arciales y valederas como expe­
rim entación en el terreno creaciom il, ha con­
tribuido en cam bio a la histo ria de su arte,
por o bra de su honda sabiduría y de su visión
p ro fética , con una docena de aforism os que han
incitado y orientado h acia nuevas búsquedas y
nuevos rum bos: y que aún hoy pueden im ­
pulsar hacia la solución de los m últiples p ro ­
blem as en que se debate la conciencia m usical
contem poránea.
(1)
M él o s .

E n s a y o de B u soni p ublicado

JC A X

e n la r e v i s t a

CARLOS PAZ

son m ás bien — te rep ito el recuerdo de Valéry— las reglas del juego.
P ero esto — ahora ha de ser más c la ro representa precisam ente la a c titu d poetista del
siglo. Y tam bién (aunque no quiero tocar !¡
cosa en esta c a rta ), la a ctitu d existcncialista
; Acaso el problem a de la lib ertad no se ju eg a
en un clarin ete de jazz con la m ism a an g u stia
que en el ja rd ín botánico de L a X a u sé c l Cada
vez. D aniel, siento m ás próxim os al su rre alis­
mo y al existencialism o. Cada vez comprendo
m ejor la oportunidad de la llegada del jazz
negro a F ra n c ia . P o r camiiros sólo técnica­
m ente d istintos, el poetism o avanza hacia una
superrealidad. Modesto y sin pretensiones, el
jaz z negro ha sido y es uno de esos muchos
cam inos catárticos. X unca quiso (n i hubiera
podido) a ca b ar con la m úsica entendida esté­
ticam ente ; tam poco T rista n T za ra hubiera he­
dido a ca b ar con P a u l Claudcl, ni J o a n Mirecon Van Dongen. L as líneas tradicionales con­
tinúan. P ero algo está podrido en D inam arca,
y tal vez sea esa presencia corrom pida lo que
precip ita periódicam ente a Ju lien Bernia contra
el poetismo, y a los musicólogos contra el ha;z
hot. L a lección del jazz a la m úsica culta no
es una lección musical —que en eso el jazz es
m enguado alum no de Mine. E urope— ; consiste
(y los musicólogos lo atisb an inquietos y azo­
rados) en una lección de contenido m etafísico,

�9 ARTES

LIBROS DE ARTE Y MUSICA
L E O N A R D O DA Y IN C I: T r a ta d o d e la p in tu r a

. S 40.—

LUCA

P A C IO L I: L a d iv in a p ro p o rc ió n

................. S 40.—

A D O L F O S A L A Z A R : L a m ú sic a m o d e rn a . L a s c o r rie n te s
d ir e c tr ic e s e n el a r te m u sic a l c o n te m p o rá n e o S 25.—

E l p r im e r lib ro e n q u e a p a r e c e n la s b a s e s d e la
“ s e c c ió n d e o r o ” q u e t a n t a in flu e n c ia h a te n id o s o b re
el a r t e r e n a c e n tis ta y s o b r e L e o n a rd o d a V inci en
e s p e c ia l. T ra d u c id o d ir e c ta m e n te d e la e d ic ió n o r ig i­
n a l d e 1509. R e p ro d u c c ió n f a c s im ila r d e los g ra b a d o s .
U n v o lu m e n d e 344 p á g in a s , g r a n fo rm a to , lu jo s a ­
m e n te e n c u a d e r n a d o e n te la b la n c a .
JA C O B B U R C K H A R D T : L a c u ltu r a d e l R e n a c im ie n to en
I ta lia ...................................................................................... S 40.—
L a in te r p r e ta c ió n m ás c o m p le ta y a n im a d a d e la v id a
p o litic a y c u ltu r a l e n la I ta lia d e l 1400. N u e v a e d ic ió n
a u m e n ta d a c o n n u e v a s lá m in a s e n n e g ro y e n c o lo r.
R O L A N D -M A N U E L : M a n u e l d e F a lla .....................
S 9.—
U n e s tu d io m in u c io so y c o m p e te n te d e to d a s las
o b ra s d e l g r a n m ú sico e s p a ñ o l. U n v o lu m e n d e 124
p á g in a s , c o n g ra b a d o s , e n c u a d e r n a c ió n d e lu jo .
A A R O N C O P L A N D : M ú sic a y m ú sic o s c o n te m p o rá ­
n e o s ........................................................................................ S 14.—

T o d a s la s e s c u e la s , to d o s los p ro b le m a s , to d a s la s
g r a n d e s f ig u r a s d e la m ú sic a c o n te m p o rá n e a , e x p u e s ­
to s e n fo rm a c o m p le ta p o r el p r im e r m u sic ó lo g o c o n ­
te m p o rá n e o . U n v o lu m e n d e 505 p á g in a s , c o n r e tr a to s .

L o s m á s fa m o s o s c o m p o s ito re s d e l d ía e s tu d ia d o s con
p e n e tr a c ió n e im p a rc ia lid a d p o r u n g r a n m u sic ó lo g o
n o rte a m e ric a n o . U n v o lu m e n d e 270 p á g in a s , e n c u a ­
d e rn a c ió n d e lu jo .

P r i m e r a e d ic ió n í n te g r a e n id io m a e s p a ñ o l, q u e c o m ­
p r e n d e los c a p ítu lo s D e la so m b ra , d e la luz y d e la
p e rs p e c tiv a , c u id a d o s a m e n te re v is a d a y c o te ja d a con
to d a s la s e d ic io n e s p u b lic a d a s h a s ta la fe c h a , i lu s tr a d a
c o n 188 v iñ e ta s y 147 d ib u jo s g e o m é tric o s , to m a d o s d e
lo s m a n u s c rito s o rig in a le s y 92 p la n c h a s fu e ra d e te x to ,
e n n e g ro y e n c o lo re s, d e la s p rin c ip a le s o b ra s d el
g r a n m a e s tro . L a c o m p le ta n la b io g ra fía d e L e o n a rd o
p o r V a sa ri y u n e s tu d io d e P a u l V a lé ry . U n v o lu m e n
d e 548 p á g in a s e n c u a d e r n a d o e n b rin b la n c o con
a p lic a c io n e s e n o ro fin o .
C A R L O S V E G A : P a n o ra m a d e la m ú sic a p o p u la r a r g e n tin a .
C on u n e n sa y o s o b re la c ie n c ia d e l fo lk lo re . . S 10.—
U n v o lu m e n d e 361 p á g in a s , c o n 150 m e lo d ía s . 8 l á ­
m in a s y 6 m a p a s. Ilu s tr a c io n e s d e A u ro ra P ie tro .

EDITORIAL LO SAD A S. A.

ALSINA 1131, BUNOS AIRES

donde la m úsica cesa de ser un a rte p a ra con­
v ertirse en u n a p rueba, la prueba del hom bre.
Tuyo,
Ju lio .
( 1 ) P a l a b r a n e c e s a r i a y a q u e , c o m o s a b e s , el
jazz m e re c e d o r de re c u e rd o es sie m p re crea ció n
y jam ás — JA M A S — interpretación.
( 2 ) P o r c i e r t o q u e la a c t i t u d m e r a m e n t e t é c ­
n i c a e x p l i c a b u e n a p a r t e d e la s t o n t e r í a s q u e
los m u s i c ó l o g o s d i c e n a c e r c a d el j a z z , a s í com o
la a p l i c a c i ó n d e la p l á s t i c a d e t r e s d i m e n s i o n e s
a los c u a d r o s d e P i c a s s o h iz o m a c a n e a r i n a c a b a ­
b l e m e n t e a m e d i o m u n d o e n t r e 1 9 1 0 y 1 9 15 . U n
d i s c o d e E a r l H i ñ e s c a r e c e d e c o r r e c c i ó n e n la
m i s m a m e d i d a e n q u e u n a t e l a c u b i s t a c a r e c e de
p r o f u n d i d a d , o yo d e a l a s . ( P e r o e s t o e s i n c u r r i r
en e je m p lifació n analógica,
t a n t e n t a d o r a com o
repudiable.)
( 3 ) Lo s p e r s e v e r a n t e s C o e u r o y y S c h a e f f n e r l l e ­
g a n a d e c i r — m u y j u s t a m e n t e , p u e s t o q u e d e o íd o s
b l a n c o s s e t r a t a — : “ II se p e u t d ' a i l l e u r s q u ’en
K u r o pe, s a n s la v e n u e p r é a l a b l e d u S a c r e , le ja zz
n ’e u t eu a u c u n e c h a n c e d ' é t r e c o m p r i s . . . ” ( L e J a z z ,
p r 9 8 ) . R e p i t o : j p a r a q ué . e n t o n c e s , n e c e s i t a b a n
del j a z z ! Y m e ap o y o , c om o v es , e n t u m á s f r e ­
cuentada autoridad p a ra preguntarlo.
( 4 ) E n “ T e o ría del T ú n e l" , ladrillo ya citado
y de cuya lectura he querido disp en sarte hasta
la f e c h a . All í s e p a r t e d e l h e c h o e v i d e n t e del
a v a n c e p o é t i c o s o b r e t o d o s los g é n e r o s c o n s i d e ­
r a d o s h a s t a el s ig lo p a s a d o c om o f u n d a m e n t a l
m e nte estéticos ( l i t e r a t u r a , poesía, aún filosofía,
M ás a d e la n te a c la r a r é m e jo r este a s u n to del p o e­
ti sm o.
( 5 ) H a y q u e v e r q u e e s t e l i b r o s e t e r m i n a con
u n a d o b l e a p e r t u r a d e b o c a a n t e “ le j a z z b a n d le
p l u s c o m p l é t e " . o s e a la o r q u e s t a d e . . . P a u l W h i
t e m a n ! Oh. b o y ! Y q u e los a u t o r e s d e s c o n o c í a n ,
e n 1 9 2 6 , n a d a ru eñ o s q u e a K i n g O li v e r . Lo u i s
A r m s t r o n g . J e l l v Rol l M o r t o n . K a r l H i ñ e s . D u k ^
K ll i n g to n y F l e t c h e r H e n d e r s o n . E n t r e 1 9 2 3 y la
fecha de este libro m e jo r in ten cio n ad o que quienes

MONTEVIDEO - SANTIAGO DE CHILE

lo u s a n . A r m s t r o n g h a b í a g r a b a d o 3 0 d i s c o s co n
K i n g O li v e r . c o l a b o r a d o co n H e n d e r s o n . y a c o m ­
p a ñ a d o a R c s s i e S m i t h ; J e l l y R ol l M o r t o n g r a b a b a
S w e e t h e a r t O ’M i n e en a b r i l de 1 9 2 6 , y K ll i n g to n
*
t a p r o d u c i r n a d a m e n o s q u e E a s t S t.
L o u i s T o d d l e - O O . P e r o C o e u r o y y S c h a e f f n e r se
p a s m a n a n t e la o r q u e s t a d e P a u l W h i t e m a n p o r q u e
t i e n e 2 3 e j e c u t a n t e s , c a d a u n o d e los c u a l e s to c a
• a r i o s i n s t r u m e n t o s , e t c. , e t c . ( S o b r e lo q u e t o ­
c a n. ni u n a p a l a b r a : lo c u a l es a c a s o p r e f e r i b l e ) .
(6)

E l u a r d y B re tó n , “ L ’Im m a c u lé e C o n c e p tio n ” .

( 7 ) E s to en g e n e ra l. Los " a r r e g l o s ” d e un F le t­
c h e r . H e n d e r s o n p a r a B e n n y G o o d m a n ( p a t r ó n del
swing, h e l a s ! ) d e ja n huecos e n t re ensem ble y en­
s e m b l e p a r a q u e los " s t a r s ” d e la b a n d a im p r o v i s e n
a su g u s t o . E n o t r a lí n e a , i n f i n i t a m e n t e m á s p r o ­
f u n d a y h e r m o s a , e s t á la t é c n i c a d e D u k e K ll i n g to n
en s u s a r r e g l o s .
( 8 ) F í j a t e q u e e m p le o d e l i b e r a d a m e n t e el t é r ­
m in o . q u e s e r í a a b s u r d o a p l i c á n d o s e a u n e j e c u ­
t a n t e n e g r o d e la p u r a l í n e a h o t.
( 9 ) “ M u s i c a l " : r e s p e t e m o s la p a l a b r a .
( 1 0 ) P o r si el u s o d el t é r m i n o " e s t é t i c a " r e s u l t ó
a b u s i v o o c o n f u s o , lo c o n n o t a r é s e g ú n lo p i e n s o
aquí. La ra z ó n — o r d e n a n t e y tipific adora. am iga
d e ' g é n e r o s ' ’ y " e s t i l o s ” , q u e s on c o m o c o n c e p t o s
d el a r t e p o r a n a l o g í a co n los d e la l ó g i c a — . e r i g e
sus construcciones m ediatizando obligadam ente, por
r a z o n e s i n s t r u m e n t a l e s , los p r o d u c t o s d i r e c t o s ^ d e la
a p r e h e n s i ó n i n t u i t i v a . T o u t c a c h e z B e r g s o n . e t c ).
C o n s i d e r a a t a l e s p r o d u c t o s com o m a t e r i a b r u t a
h a s t a q u e . e n c a u z á n d o l a e n c á n o n e s r a c i o n a l e s , la
“ elev a" a u n a L i te r a t u r a , u n a M úsica, u n a P in tu r a .
E s t o s ú l t i m o s p r o d u c t o s s on los q u e d e n o m i n o
e s t é t i c o s ; s u s f o r m a s e x t r e m a s y r e a c c i o n a r i a s se
e n c u e n t r a n , p o r e j e m p l o , e n la m ú s i c a s e g ú n la S cho l a C a n t o r u m o la p i n t u r a s e g ú n I n g r e s . N a d a d e e s to
e s tá p e y o rativ am en te enu n ciad o , pero tie n d e a afirf a r q u e la c r e a c i ó n e x c e d e lo e s t é t i c o t o d a v ez q u e
el h o m b r e ( c o m o en m u c h o s m o m e n t o s i n d i v i d u a l e s
d e l p a s a d o , y m á s c o l e c t i v a m e n t e d e s d e 1 8 7 0 ) se

LIMA

niega a d e s d o b la r su s e r de su hacer, y a sp ira
a a u t o r r e a l i z a r s e en la ú n i c a f o r m a q u e lo c o m ­
p r o m e t e y lo l i b e r a en u n m i s m o a c t o : el d e la
c re a c ió n poética.
P o r es o el p o e t i s m o , c u a n d o s u r g e en el v e r b o
( s u r r e a l i s m o ) , p r o c e d e a l i q u i d a r el i d i o m a l i t e r a r i o ,
idiom a p o r esencia e sté tic o y m ediatizad o r. P o r
es o el p o e t i s m o . c u a n d o s u r g e en la m ú s i c a ( h o t
j a z z ) , s i g n i f i c a el r e c h a z o d e la s " i n t e r p r e t a c i o ­
n e s " r n e d i a t i z a d o r a s , v s a t i s f a c e el d e s e o d e a u t o
. - r ea l iz a ci ó n co n el r e c u r s o a d m i r a b l e d e e j e c u t a r
im pro v isan d o , de e j e c u ta r u n a co n tin u a creación
sonora.
________________

COMPAÑIA

ZI GZAG
SO C . D E R E S P . L T D A .
C a p ita l m $n. 250.000
♦

B R A S I L

1170

T. E. 23 - 5479 y 23 - 3143
BUENOS

AIRES

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                <text>Obieta, Adolfo de&#13;
Venturi, Lionello&#13;
Gombrowicz, Witold&#13;
Villafuerte, Patricio&#13;
Leibowitz, René&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Cortázar, Julio&#13;
Devoto, Daniel</text>
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                    <text>ARTES

I FUNDACION ESPIGAS
j Sueno* A ir» - Arytu’ioa

J U N I O 1948
H I P O L I T O I H I b O Y E N 3 7 00
BUENOS AIRES ARGENTINA

C O N T I E N E
\\ ILLIAM
SU AKESPEARE i J im
C o n d ic ió n d e l a r tis ta en
el si jilo X X : E l d e re c h o
a n o se r ¡tu rb a d o

\ . \ A 1TELMA.N
S ig n ific a d o d e las
d a n z a s m o d e rn a s

JUAN BAY
'Sueco d e r r o te r o d e la
p in tu r a en E u ro p a

.11 \N CARLOS PAZ
L a c o n trib u c ió n d e
E d g a r I á re s e a la
m ú sica e x p e r im e n ta l

EMILIO PETTORl'TI
l n g ra n e s c u lto r d e
A m e ric a

C o n fe re n c ia
d e H e rm a n o S e h e rc h e n

ALBERTO SARTORIS
L a p in tu r a en I ta lia

I res o p in io n e s

m ie n tra s

se va h a c ie n d o la
d o c trin a

del

cin e

H o y co m o a y e r

¿ S olidas

MONUMENTO A LA MAESTRA CHILENA

SAMUEL ROMAN

�9

ARTES

CONDICION D EL A R T IS T A EN E L SIGLO X X :
E L DERECHO A NO SER PlIROADO
— " E l fascismo no ha logrado
crear su narrativa, ni su lírica
ni su teatro. ’’
Bontempelli.
— " L o que muchos denominan
arto social no es más que el con­
ducto por donde deslizan la mala
pintura, lo. pésima literatura, la
peor de las músicas que se haya
escrito. — J. C. Paz.
— ‘ ‘ Esperamos con impaciencia la
publicación de un tratado de Ar­
monía roja que determine, el pro­
cedimiento para resolver las notas
sensibles a la uñara comunista
Dagar Feder.
En esta era &lt;le codificación universal de los
derechos —código del trabajador, código de
la mujer, código del niño—. en que todo se
codifica menos los límites y deberes del Esta­
llo. va a ser necesario propiciar universalmente
un nuevo estatuto: el del artista, y, genera­
lizando. el del intelectual. A los obreros los
ampara la ley en sus derechos económicos y
morales; el Estado asume subsidiariamente el
deber de ampararlos, recrearlos, mejorarlos:
a los artistas, que gravitan menos tangible­
mente en la economía nacional, que carecende número favorable para significarse política
o socialmente y cuya eficiencia menos fácil­
mente se capta, si no se los quiere ver enfla­
quecer definitivamente tendrá que asegurárseles
una mínima asistencia jurídica.
Tan poco problema nacional parecen ser los
artistas, que no nos atrevemos a pensar en que
valga la pena asegurarles un mínimo de sub­
sistencia económica o servicio social (jen qué
país del mundo hay un hospital o asilo para ar­
tistas o intelectuales?); dejemos a los poetas,
músicos, pintores, pensadores o cientistas que
vivan como puedan en pequeños empleos o ta­
reas materiales más o menos groseras; no se
preocupe la sociedad por ellos; pero si consá­
grese esta mínima soberanía: el derecho a no
ser - ‘purgados” . Va que para ellos no tiene
sentido hablar del derecho a la “ huelga” o al
“ block-out” , sensibilícese la sociedad para re­
conocerles ese derecho moral á la fidelidad de
la propia obra. Derecho del artista a no ser
purgado; a tro ser fusilado, perseguido en su
familia, exilado o humillado si su obra no
agrada a algún funcionario ocasionalmente a
cargo de la dirección central o de alguna sec­
ción del Estado: deber de trabajar ocho ho­
ras en cualquier tarea ‘ ‘ útil
pero derecho a
crear en. su ocio lo que se le ocurra, como se
le ocurra, y a no ser reprimido dentro de la nor­
ma de actividad privada: mientras no viole las
leyes generales del Estado. 1.a misma lucha
jurídica que en el siglo A l l í estableció que no
el rey sino el parlamento debía fijar los im­
puestos. debe en el siglo XX obtener la pro­
tección jurídica del artista y del intelectual, ya
que la novedosa discrecionalidad de la fuerza
en este siglo ataca una y otra vez la persona
del artista como artista.
, El problema de la relación entre Estado y
Arte ni es nuevo ni es fácil y tiene muchos
aspectos; El Estado “ apoya” el arte, encarga
trabajos, premia obras y sostiene museos V bi­
bliotecas y academias: fomenta un arte o fi­
cial o académico, grato al gusto de los fun­
cionarios; y por gusto de esos funcionarios,
de tanto en tanto, reprueba el “ arte moderno”
&lt;le cada época y alaba el arte “ artístico” de
1:-. época precedente, que había sido a su turno
rep.obado por la generación anterior de funcicnarios, mientras a aquél lo proclama un-

W IL L IA M SH A K E S P E A R E (.Ir)
disparate, una degeneración, un- capricho. Xo
interesa aquí un estudio histórico o jurídico del
tema: pero si apuntar que en la mejor doctri­
na jurídica el arte está sujeto, como toda acti­
vidad social, al poder legislativo del Estado,
al mínimo poder de policía — necesario. I.a ex­
hibición v circulación de las obras de arte o
doctrina (no su producción que pertenece a lo
inviolablemente privado, al derecho al pensa­
miento y la fantasía), como la circulación de
alimentos o drogas, o la cría de animales o el
ejercicio de la medicina o la albañilería, está
sujeto a la ley general. Xo se pide, pues, para
el artista el privilegio de eximirse de toda nor­
ma : no. y aunque ridículos o reprobables los
procesos habidos a artistas por pretendida in­
moralidad de sus obras —en- E'rancia, Ingla­
terra, Argentina— han podido ser fundados
jurídicamente.
El derecho a no ser purgado no es un pri­
vilegio, iro tiene que ver con una ilegítima
exención al poder normal de policía de todo
Estado organizado, sino con una hipertrofia
de las funciones o designios o pretensiones
del Estado, con una forma teratológiea de
la actividad política. Dentro de esas fór­
mulas máximas según las cuales el individuo es
la nada y el Estado el Todo —aquella fórmula
de “ nada sobre el Estado, nada fuera del
Estado, todo ]&gt;or el Estado: :— los nuevos teorizadores de la Estatolatría sostienen la uni­
versal e inconvliconal sumisión de la creatura
al Creador (Estado), y piensan que no sólo
pertenecen al Estado la actividad útil del indi­
viduo sino sus ideas, sus sentimientos, sus creen­
cias. A la mayor gloria del Estado (y mejor
del Gobierno) se debe la total energía indivi­
dual; y si el Estado cree que algún- modo de
ejercicio de esa energía, por ejemplo, la acti­
vidad artística, puede ser idóneo para el fin del
crecimiento infinito de esa gloria, puede exigir
que a esa actividad se le dé la orientación ne­
cesaria. Xo es necesario hablar de expropiar o
confiscar la facultad de crear arte o ciencia
o filosofía, pues aquellas palabras pertenecen al
antiguo régimen jurídico; en el nuevo es tan
natural que e l individuo se debe en cuerpo y
alma al Estado, que lo patológico sería qqe no
-«• le ocurriera pedir permiso u oriéntaciVh al
Estado para'pénsár algo, crear algo. 1.a nueva
Constitución de derecho y de hecho es la cono
cida: Estado = Todo; Individuo - Xa da.
Se sospecha que no nos atrae esta posicióny que no la defendemos, sino que la rechaza­
mos en absoluto; ya la llamamos forma teratológica del Estado que, con el pretexto de la
justicia social destruye la esperanza en la pro­
gresiva constitucionalización del Estado, tra­
bajo de maduración secular en el derecho'oc­
cidental. Aceptamos el poder de policía del
Estado respecto del Arte como fatalidad ne­
cesaria — reducida al mínimo, naturalmente— ;
pero nos repugna ese nuevo Baal tonante, aho­
ra que el mundo se había acostumbrado a dio­
ses más dulcificados, menos inquisitoriales y
sanguinarios.
HECHOS BECTEXTER QUE FUXDAMEXTAX LA LEGISLACION' PROPICIADA
Prescindimos de recordar hechos semejantes
ocurridos en Rusia. Alemania, Italia. España,
que están en la memoria pública. Xos referi­
mos a hechos absolutamente recientes ocurri­
dos en Rusia.

— Purga musical—
Febrero lo de l!*4R. — Decreto del ComitéCentral del Partido Comunista a propósito de
la ópera de Muradeli “ La gran amistad” :
cnstiganse las deficiencias de la música
victica contemporánea. Re ataca la orientad
corriente en la música y se dictan norma*,
sobre todo desde el punto de vista ideológico.
Con anterioridad el Comité Central había
purgado el teatro —‘ ‘ El entusiasmo mostrado
por los autores extranjeros en nuestros teatros
no puede ser considerado como cornial. Estas
obras no tienen valor artístico y son- ajenas
al espíritu del público soviético” —y le in­
dustria cinematográfica. Re llama la ‘atención
a los compositores Prokofieff, Muradeli, Sh—
takovich, Rhebalin y Katehaturian. (Segunda
vez que Rhostakovieh es criticado, pues su
ópera “ Lady Macbeth de Mtsensk” fué denun
ciada en lí&gt;3&lt;¡. Xo obstante, con posterioridad
a su consiguiente retractación fué laureado mr
su Séptima Sinfonía (Leningrado) en 1942.
llevada en avión y microfilm para ser estre­
g a d a en Norteamérica). Muradeli, Shostakovich, Rhebalin y Katehaturian reconocen pú­
blicamente su error.
Posteriormente (marzo 28 de 1948) se revela
que Rhostakovieh ha sido forzado a dejar su
cátedra en el Conservatorio de Música de Mos­
cú : Rhebalin ha sido alejado del directorio del
conservatorio y Katehaturian reemplazado como
jefe del Comité organizador de la unión decompositores soviéticos.
—Purga científica. — Marzo 25 de 1948.
Sois economistas son acusados públicamente
condenados severamente ñor descarriarse de la
ideología comunista y elogiar el desarrollo eco­
nómico de Estados Unidos u otras naciones ca­
pitalistas. Se critica también al Instituto de
Economía de la Academia Soviética de Cien­
cias. por haber publicado las obras, pues edi­
tores y autores se revelan en “ cautividad de
la metodología burguesa” . Los escritos d e los
economistas soviéticos deben servir como una
lucha, “ un arma agresiva en la lucha contra
la ideología burguesa '. Los condenados son :
Trachtenberg, Eventon, Yishnen, Bokshittzkv.
Roitbnrd, Santalon. Tiempo antes se había
responsabilizado a Xarga, uno de ios primeros
economistas.
Purgas literarias. — Continúan las inicia
d a s en agosto de 194t&gt;, y puede decirse que
sobrepasan a las similares de cualquier otra .dé­
cada. Se dirigen a un conglomerado de escri­
tores cuya única común característica es su
desviación, en cualquier dirección, de la linea
de posguerra del partido. Alexandre Rasumovskv las agrupa documentadamente en -n-is
categorías ( “ Tho soviet literary purge” . Partisan Review, marzo 1948):
1) Los demasiado influenciados por el Oes­
te* Periodistas que visitaron Europa Central
\ cuyos relatos no trataron con el requerido
desdén las condiciones existentes. ( “ Si- ha
publicado un- cierto número de obras cuvo es­
píritu era el de adulación ante cualquier cósa
extranjera ). 2) Sátiras a expensas de la bu
roe rucia y el gobierno: Zoshenko, expulsado
de la Unión de Escritores Soviéticos. 3) Ar­
tistas puros: Anua Akhmatova, expulsada;
Boris Pasternak, atacado, dos de los mavorelíricos; I Iva Relvinkv. 4) “ Pesimistas” :
Knorre. Acusados de escribir poesía que no
tiene relación con la realidad presen-te. “ En
la obra de unos (roeos poetas jóvenes ha apa­
recido una alegría mórbida en el sufrimiento
y la mortificación” . 5) Demandas de más li­
bertad: Panferorr, Panch, Grossmau. ( “ Cada
(Continúa en la pág. di

�9

ARTES

Significado de las D anzas M odernas
R IO S son los aspectos de la
V Adanza
m oderna que debemos

ANA

I 7 ELMAN

analizar si queremos conocer sus
problemas y llegar a una mejor pe­
netración de la misma. N o basta
preferir actualmente el Ballet Clási­
co o la Danza Moderna. Se va más
allá, se exige el por qué de ésta o
aquella predilección. Es el por qué
del hombre racional. ¿“Por qué” ya
no nos satisface del todo el ballet
Clásico, “por qué" aún no han lle­
gado al público en general las Dan­
zas ModernasI Todos estos “por
qué” sólo se pueden responder por
parte, a medida que se plantean los
diferentes problemas de la Danza.
En esta breve relación me referiré
a algunos caracteres generales de la
Danza Moderna.
I.a actitud clásica es esencialmen­
te impersonal. Es la presentación
impersonal de movimientos gene­
ralmente concebidos por otra per­
sona. “el coreógrafo”. Los temas
danzados se alejan de la realidad.
N o existen, en principio, destellos
de emociones humanas. Se baila “La
Bella D urm iente del Bos(¡ue". "H o ­
jas de Otoño". “La Hija del Danu­
bio". "La muñeca H ada", etc. En la
actualidad dichos títulos, impreg­
nados de fantasía, se ven desplaza­
dos por otros como “Atavismos",
“Un extraño Funeral Am ericano",
"H uelga", "Trabajo y Juego".
Su sola enumeración nos habla
de! enorme salto dado por el arte
de la Danza Moderna. Ésta procla­
ma esencialmente la libertad del
artista.
Martha Graham afirma: “Es ne­
cesario que haya algo que necesite
ser bailado", coincidiendo con el
concepto de AI. IVirislow: en la
teoría moderna la danzarina expresa
sus relaciones con las cosas, ya sean
concretas o abstractas". Y Doris
H um phrey: “mi danza es un arte
vinculado con valores hum anos".
Ale ríe Armitage: “las danzas moder­
nas son motivadas por una inter­
pretación original de la vida". Se­
gún se ve. existe una absoluta con­
cordancia entre artistas y críticos

sobre el sentido de las Danzas M o­
dernas.
Por su profundo sentido realista
la danza nos brinda un medio alta­
mente eficaz para manifestar lo que
la generación presente desea trans­
mitir. Toda la tendencia clásica se­
para los movimientos gimnásticos
y corporales de la mente. El Ballet
Clásico tiene sus raíces en la tra­
dición. los balletómanos se sienten
cómodos ante tales espectáculos por­
tille ven claramente en ellos el re­
flejo de su entura. Saben que se
requiere una gran destreza para eje­
cutar los “ronds de jambes foutés",
y no quieren ser defraudados en
escena.
En las Danzas Modernas no se
consideran apropiadas las represen­
taciones maquinales donde el dan­
zarín pone en juego su habilidad
y destreza, sino que de la técnica se
extrae lo que ella pueda dar como
vocabulario que ayude a la exteriorización o expresión de algo.
Asi Martha Graham dice: “no

tunero ser un árbol, una flor o una
ola cuando danzo. N o quiero im i­
tar la naturaleza, ni ser una exótica
creatina de otro planeta; quiero ser
yo misma, algo del milagro que es
el ser humano nervioso, disciplina­
do, y concentrado". Los aficionados
a la danza moderna son aquéllos
que quieren ver reflejada la vida y
experiencias actuales, y no presen­
ciar el desarrollo de un cuento de
hadas o admirar decoraciones y ves­
tuarios t/ue les proporcionen un
mero placer visual.
N o implica esto que desprecien
o dejen de lado el placer estéticovisual de la danza; sino que los sen­
tidos están tan unidos a la inteli­
gencia que no se los puede seducir
mediante una adulación desprovis­
ta de interés humano.
Am én de este alejarse de la fan­
tasía ensoñadora, la danza moderna,
como la pintura moderna, no quiere
ser una reproducción fiel de la na­
turaleza, pues para ello contamos
con sistemas fotográficos, tiñe son
formas acabadas de reproducción. .
Las danzas (¡ue traten de expresar
¡a ira por movimientos convulsivos
del cuerpo y rostro, o la alegría por
movimientos más expansivos, ha­
ciendo que rostro y cuerpo copien
aproximadamente esos estados, no
hacen más (me reproducir una emo­
ción sin añadir un ápice a lo que
cualquier individuo de escasa sensi­
bilidad puede percibir. Es por ello
(¡ue. a mi entender, el expresionis­
mo en la Danza ha sido superado,
ya (¡ue el artista debe expresar sus
experiencias lo más sutilm ente posi­
ble.
Debemos danzar como somos, co­
mo sentimos, y con las reacciones
provocadas por la Vida (¡ue nos
rodea.
Asi no somos sólo nosotras, las
danzarinas, quienes danzamos, sino
lid., el espectador y todos los seres
humanos del M undo. Y por este
medio nos ayudamos mutuamente:
haciéndonos comprender y com­
prendiendo a los demás.
Danza es movimiento, y movi­
miento es vida.

�9

ARTES

EL NUEVO DERROTERO DE
LA P IN T U R A EN EUROPA
./

L

A

N

Cuando el color es opulento
la forma alcanza su plenitud
H oy mucha más gente hábil para
dibujar que otras capaces de alcan­
zar el objeto por el lado ■del color.
VAX GOGIL

estatuaria y la pintura primitivas
han desempeñado por
mismo papel de necccidad práctica que en la hora que atra­
vesamos desempeña la fotografía. En
aquellos tiempos ya remotos, la físi-a
la química no habían pensado toda\ i-:
en la cámara obscura, y a los artistas
áulicos les tocó la muy paciente y fati­
gosa tarea de mecanizar el ojo por es­
pacio de dos siglas y medio í 1-'100-1.150 i.
al punto de alcanzar la precisión óptica
requerida.
Pese a Platón, determinista físico en
arte, en nuestros días la lente de la má­
quina ha suplantado con ventaja sor­
prendente el ojo del artista, lo mismo
por la celeridad que por la reproduc­
ción exacta. Debido a este hecho, el ar­
tista contemporáneo se ha rehusado con
razón a copiar el objeto tal como dic­
taba el cánon tradicional, ya que esa
antigua necesidad de documentar per­
sonas y relatos cronísticos ha pasado de­
finitivamente a los campos de la indus­
tria y la prensa.
El artista de hoy se ha quedado con
tina riqueza interior que los pintores
del renacimiento europeo, aún poseyen­
do grandes dotes de ingenio y de sensi­
bilidad. no conocieron jamás, a causa
de ese objetivismo casi absoluto que se
había infiltrado en todo. De esta riqueza
debemos agradecer primeramente al im­
presionismo francés y al macchiaiuolismo italiano. La rebelión de éstos contra
el realismo y los cánones académicos,
coincide exactamente con el perfecciona­
miento de la cámara oscura. Luego esa
rebelión fué inficionada en parte por
los principios tradicionales, y este acto
de debilidad comprometió las intencio­
nes. En segundo lugar debemos agrad cer a Cézanne quien, con mucha audacia
y alto ingenio logró desentenderse ple­
namente de la forma y de la artificiosa
escala tonal. Su revolución fué decisiva
y es justamente de él que hemos apren­
dido que el cuadro de hoy debe ser ab­
solutamente plástico. Este método de
abolir los planos y los volúmenes del
cuadro por medio de las equivalencias
tonales —equivalencias (pie ya el pasatismo calificó inconsultamente de ingea

Ly clásicas,
varios siglos el

n

a

y

mías desentonaciones lia tenido amplia
aceptación sobre todo en la primera dé­
cada del siglo por los mayores represen­
tantes del post-impresionismo. Actual­
mente ha tomado gran auge entre el
elemento joven de Europa y de fuera,
aunque l’ettoruti lo haya impuesto en
Argentina con una aprioridad de veinte
años. Sin embargo, debo aseverar (pie
si la pintura aparentemente atonal y
arrítmica de Cézanne apariencia que
se puede también hallar en el teatro,
en la poética, y en la música actuales—
lia logrado alcanzar el punto capital que
justamente merecía, débese sobre todo
a las experiencias que por un lapso de
más de treinta y cinco años han hecho
los fauces y los cubistas en París. En
efecto, a raíz del empeño que pusieron
en crear, sobre el único plano del cua­
dro. las estupendas y muy celebradas
modulaciones de color que ya conoce­
mos, estos ismos han acabado por impo­
ner los originales principios del gran
aficionado Paul Cézanne.
En la actualidad no hay indudable­
mente en Italia un solo estudiante de
bellas artes que no conozca a fondo el
tono plástico v constructivo que Cézan­
ne ha planteado hace de esto medio si­
glo. y que no se eche de lleno a estudiar
las arduas cuanto sapientes y esotéricas
descomposiciones de Picasso, o las ultrafinas y recientes sinfonías de Matisse.
Esta actitud de los jóvenes de analizar
con pasión la obra de los grandes maes­
tros noveeentistas, no es solamente el
método más adecuado para compren­
derlos, sino también para establecer el
alto grado de interioridad sensible que
éstos han alcanzado respecto al formu­
lismo austero y anecdótico de los clásicos.
Hace rato que algunos directores y
profesores de las más célebres academias
de Bellas Artes de Europa se han cer­
ciorado del muy importante papel que
en los últimos años está representando
en el mundo la famosa Escuela de Pa­
rís. y al mismo tiempo de! poco interés
que los discípulos manifiestan por el
arte de antaño; pero permanecen inde­
cisos cuando se trata de transformar
radicalmente los programas de enseñanza
artística. Alas no creo que pasará mu­
cho tiempo sin que se tome una resolu­
ción en este sentido, ya que nuestro
arte marca un derrotero diverso del que
marcaban las extrinsecaciones de los
pintores áulicos. Y ello porque nuestros
esfuerzos no tienden ya más a reprodu­
cir los objetos tal como aparecen al ojo

S a l o n

d e

O t o ñ o

Resulta increíble que una Socie­
dad que se jacta de agrupar a
los mejores artistas del país —in­
clusive los más avanzados— ofrez­
ca un espectáculo tan triste como
el Salón de Otoño que acaba de
realizar. No se explica que la Di­
rección de esta Sociedad no ha\ a
escogido un Jurado compuesto de
artistas competentes \ con valen­
tía personal como para seleccio­
nar una muestra rigurosa (¡ue die­
se a la opinión pública la idea
cabal de la capacidad artística de
sus asociados.
Y por ello —el mal arraiga en
la falta de buenos jurados— en
lugar de dar una lección al pú­
blico, que es el fin artístico de
toda exposición, máxime cuando
la organiza una Sociedad de Ar­
tistas Plásticos, han ofrecido la
muestra lamentable que es el Sa­
lón de Otoño.
Por eso protestamos. Queremos
menos cuadritos y más calidad:
más Salón y menos Otoño.

mecanizado, sino a manifestar con libre
albedrío las imágenes que se sienten y
se sueñan íntimamente.
El problema actual, como opina per­
fectamente Matisse, no está justo cu el
objeto real, en el tema y en los viejos
cánones. Está únicamente en el hecho
de crear un cuadro.
Este es también el programa harto
( C ontinúa en In páff. 31)

LIBRERIA

LIBRO S
A YT I C I O S
Y

1/ O D E R N O S

TUCUMAX 812
B u e n o s

T. A. 31-1510
A i r e s

�9

niNTRiium oN
A LA M U S I T A
“ Una idea que lio en peligrosa no
merece en absoluto .ser tenida por
una idea.” — Oscar AVilde.

ARTES

DE EDO Alt V A R E S E
EXPERIMENTAL

J U A N CARLOS PAZ

no es lo que puede definirse como un cornppcampo experimental, constantemente am­
sitor prolífico—, comprende varias obras or­
pliado en el período de la música (pie parte
de comienzos ilel siglo, ha determinado situa­questales: Tres piceas, Rhapsodie romane, Gargantúa, Chansons de jeunes hommes, Preluele
ciones especialísimas en los dominios de ese
ella fin a ’un jour, Les cicles du Xord, fíourarte, abocando 'al compositor a incesantes pro­
gogne Melir Licht, Ameriques, Arcana-, y para
baturas y experimentaciones. Si recordamos
pequeño conjunto instrumental: Hiperprism,
someramente el itinerario recorrido por la mú­
Oetanelre. Integrétles, Offrondes. Luego trabajó
sica contemporánea, desde la exposición de las
teorías de Busoni (1907), la implantación del
The onc atl alone en colaboración con el poeta
atanatismo (1909), la politonalidad (1912),
y musicólogo cubano Alejo Oarpentier, así co­
el microtonalismo (1920), la técnica de los doce
mo también en La canción de la niña enferma
tonos (1925) y la técnica de la composición
etc fiebres. Este compositor respetuoso de la
atemática (1929), veremos que el aporte de la
tradición, al punto de sostener una perpetua
faz técnica y experimental lia sido enorme y
posición admirativa ante los grandes valores
sin paralelo alguno en la Historia de la Mú­
que encierra la producción de los maestros de
sica.
todas las épocas, se ha apartado de las rutas
seguidas por sus contemporáneos, así como del
Los enemigos de la música actual —entre
cúmulo de escuelas afinos y contradictorias, y
cultores y plagiarios del pasado— intérpretan
ha penetrado valientemente en el terreno expe­
naturalmente el hecho como demostración de
rimental, entendiendo la música, por encima de
que esa música es algo meramente cerebral y.
todo sentimentalismo romántico o realista, o
por lo tarrto, aportadora de valores exclusiva­
de todo formulismo académico, como un resul­
mente técnicos, ya que los pioneros y los ex­
tado y una sintesis lograda a base de una orga­
perimentadores, según afirman, rara o ninguna
nización de sonidos. Busca en su música los
vez son creadores. Por supuesto que al sostener
planos, los volúmenes y las masas sonoras a tra­
tal cosa olvidan a Tartini, Ramean, Juan Se­
vés do un lenguaje atonal, en cuyo desenvolvi­
bastián Bach, entre los antiguos, o a Busoni,
miento la insistencia de ciertas notas escogidas
Schiinberg. Oboúkow. Alois Haba, Julián Carri­
deliberadamente, a manera de tónicas, constitu­
llo, entre los contemporáneos. Pero en la mú­
yen los pivotes en torno de los cuales gira la
sica. más que en las demás artes, es imposible
acción musical. El interés de sus desarrollos
un cambio fundamental sin profundas modifi­
es mantenido por la oposición de los planos y
caciones en la faz técnica; de manera que es
la movilidad de las perspectivas sonoras —con­
posible afirmar que en realidad no ha existido
cepción de la música espacial— , al presentar ba­
un creador-músico de importancia decisiva que
jo diferentes aspectos los esenciales elementos
no haya sido a la vez un experimentador más
de unidad.
o menos directo y efectivo, así como también
Para lograr éxito en su concepción de la mú­
un teórico y un incitador. El compositor crea
sica construida a base de ¡danos superpuestos.
la técnica indispensable para hacer viable su
Várese comienza por declararse insatisfecho,
verbo; por tal razón, una y otro son insepa­
con plena razón, de la estructura actual de la
rables, gracias a lo cual logran obtener la uni­
orquesta. Xo hay que olvidar que ese organismo
dad espiritual.
sonoro es bastante deforme, ya que en él se
Entre los máximos experimentadores actua­
agrupan sin ninguna lógica los instrumentos de
les en el terreno de los sonidos no temperados, a
sonidos temperados y de sonidos no tempera­
la vez que en la poliarmonía, la abolición de las
dos; donde los bajos son débiles o insuficien­
frases tradicionales, el cultivo intensivo de la
tes y los agudos sin completar; donde la conti­
disonancia como realidad musical y de la polinuidad de los timbres hacia el agudo o hacia
ritmia, figura el franco-americano Edgar Vá­
el grave se ve a menudo interrumpida por la
rese, “ trabajador en ritmos, frecuencias e in­
limitación del registro de los instrumentos; y
tensidades” . Con una base eminentemente cien­
donde las familias de esos mismos instrumen­
tífica, este arquitecto tn sonidos, luego de un
tos aparecen lamentablemente incompletas. (1)
aprendizaje rudamente escolástico de cuyos re­
Várese propone el empleo de instrumentos
sultados da fe su profundo conocimiento de los
eléctricos capaces de establecer potencia, equi­
estilos polifónico y contrapuutistico del pasa­
librio y extensión — hasta más allá de tres oc­
do, se aplicó al estudio de los principios cien­
tavas sobre el registro actual de la orquesta—
tíficos de la música y durante largo tiempo
y en que los sonidos se producirían en cual­
ha venido experimentando en instrumentos’ eléc­
quier frecuencia e intensidad. Por ejemplo, sue­
tricos destinados a producir el sonido que se de­
le emplear el compositor acordes que compren­
see. además de reproducir los ya existentes ba­
den una gran extensión entre el grave y el so­
sados en nuestro convencional sistema tempebreagudo, y c¡ue partiendo de un pianissimo
rad¿&gt;. En principio, esta actitud es promisora
alcanzan, gracias a una especulación de las dis­
y edificante, sobre todo si la comparamos con
tancias sabiamente calculada, un gran volula ¡mstura reaccionaria que suponen todos los
mer.* sonoro en el espacio de un segundo. Y res­
reti rnos contemporáneos, de Strawinsky a Hinpecto al aumento en las sonoridades individúa­
dtynith.
le:. dentro del conjunto orquestal, Várese ofre­
Edgar Várese estudió en la Schota Cantorum,
ce este ejemplo aclaratoria: un instrumento
de París, con Vineemí D 'lndy, continuando
cualquiera que tuviese la energía de un watt,
lingo el contrapunto con Albert Roussel v si­
podría producir millares de ellos con la apli­
guiendo los cursos de Charles M. Widor en el
cación de un pequeño aparato eléctrico, de uso
Uunservatorre. Luego de intensa actividad co­
muy simple.
mo director de coros en París y en Berlín, prac­
Muchas de las experiencias y especulaciones
ticó la dirección de orquesta en Praga, y pasó
de que están colmadas las partituras de Várese,
luego a radicarse en los Estados Unidos, don­
sol.’ impracticables para los recursos actuales
de fundó la International Composcr’s ( ,iiild v
de la orquesta y los límites acústicos a que se
llegó a actuar en forma continuada como di­
nos ha habituado; p.ero, como están calculadas
rigente de masas orquestales y corales.
con rigor científico, es imposible dudar de su
Su producción, que no es abundante — Várese
resultado y de que agregando a nuestros soni­

E

l

dos fundamentales series de armónicos im­
puestos por las necesidades del discurso musi­
cal, se producirían sonidos individuales o com­
binaciones sonoras inauditas como variedad,
novedad v riqueza de timbres.
Para compensar en parto la imposibilidad elelograr ciertos resultados eon los medios actuales,
a la vez que para exprimentar con estos mis­
mos recursos en terrenos poco explorados aún.
Várese ha anticipado algunos aspectos de sus
concepciones respecto de los sonidos atempe­
rados, en varias composiciones destinadas a
pequeños conjuntos instrumentales. Para lograr
esos resultados ha planteado nuevas posibili­
dades en el empleo y acoplamiento de nume­
rosos instrumentos de percusión, lonisation.
por ejemplo, es una obra escrita en su totali­
dad para esa clase de instrumentos, de los que
emplea trece diferentes; en 1 ntegrelles llega a
reunir diecisiete instrumentos de batería.
Cree Várese que la música está aún en la
infancia, si nos atenemos a las perspectivas que
la ciencia le ofrece. Xo hay que olvidar que
la música es un arte que es también ciencia. La
música ha entrado en una nueva faz — ¡era ya
tiempo!— que trasciende de las limitaciones
que le imponía nuestro vetusto sistema de es­
calas basadas en el sistema temperado, cuya
última etapa la constituye la técnica docc-jonal.
El politonalismo, el post-impresionismo, las di­
versas escuelas nacionalistas, la música social,
los retornos al pasado de los neo-clasicistas y
neo-román-ticos, no son más que prolongaciones
harto redundantes de estados sensibles y men­
tales ya superados, y que se basan en recursos
técnicos que hace casi medio siglo que atravie­
san una crisis total, así como el sistema de es­
calas que les dió base, las formas llamadas
“ clásicas” , y la absurda simetría melódica,
especie de “ música en verso’’, según la aguda
definición de Krének. Xada de eso tiene ya
valor del punto de vista de la posibilidad.
El porvenir da siempre razón- a los innova­
dores y la quita a los imitadores. ; A qué. pues,
la manía suicida de imitar eternamente el pa­
sado aplicándose a la producción de sonatas
dieciochescas, óperas ‘ ‘ veristas ’
piezas de
un impresionismo extemporáneo, poemas sinfó­
nicos y ballets ¡denos de explicaciones litera­
rias y que rehuyen desesperadamente el pro­
blema de la forma í Entre los que desechando
por inútiles esas tentativas impotentes, y avan­
zando en terreno desconocido conjuntamente
a otros pioneros de la música de nuestro tiem­
po. como Sehonberg, Haba, Krének. Webern y
quizá algún otro, tiene su puesto Edgar Várese,
indiscutiblemente; y la punta de lanza que ha
hecho penetrar en el terreno de la posibilidad,
ha servido de incitación y ejemplo edificante
quo ya no puede desdeñarse. Asi lo lian com­
prendido algunos jóvenes compositores de los
Estados Unidos que, como William Russell. Da­
vid Oreen, John Oage, Harold G. Davidson,
Gerald Strang. marchan a la vanguardia de
a los hallazgos en el terrean físico del sonido
las corrientes musicales de América, en lo que
y su aplicación práctica a cargo de recursos
totalmente inéditos se refiera.
( 1 ) K1 c o m p o s i t o r y t e ó r i c o m e x i c a n o J u l ó n C a ­
r r il lo . p r o p o n e , e n s u p o r d e m á s i n t e r e s a n t e T r a t a d o
do instrumentación, la c r e a c i ó n d e e s c a l a s d e t i m ­
b r e s uniforriles que a lc a n z a n u n á m b ito i n i n t e r r u m ­
p i d o d e e x t e n s i ó n m u y s u p e r i o r a la n o r m a l . I . a
realización práctica de b a s ta n te s instrum entos qu e
a m p l i a r a n el r e g i s t r o d e los a c t u a l e s h a c i a el g r a v e
y el a g u d o , d a r í a a n u e s t r a d e f i c i e n t e o r g a n i z a c i ó n
orquestal una sum a de posibilidades in a u d ita ; y a
1.-. vez. c o l m a r í a los h u e c o s y la f a l t a d e h o m o g e n e i ­
dad. d e q u u a d o l e c e .

�UN GRAN ESCULTOR DE AMERICA
Hdando se vive una época como
J la presente en que excentrici­
dad y venalidad se dan la mano; en
que el viento de la reacción pugna
por abatir los ideales conquistados
con sangre por generaciones de ar­
tistas; en que el interés da por
tierra con los mejores aprovechan­
do momentos de confusión o debi­
lidad: en &lt;| ue sugestiones de toda
índole brotan de aquí y de allá
como si abolido el espíritu de re­
beldía se quisiera vej al arte en
llanca subordinación a las capri­
chosas ten d en cia s del momento,
políticas, sociales, nacionales, etc.;
en que la ambición es llegar, no
importan los m edios, antes que
perseverar, reconforta el encuen­
tro con un artista só lid a m e n te
asentado sobre sus talones, conse­
cuente con su destino, seguro de
su derrotero y absorbido por su
pasión. Samuel Román es este ar­
tista, chileno de nacimiento, uni­
versal por su criterio estético y
la calidad de su obra y de su es­
píritu.

(

Érame familiar su nombre y co­
nocía una iiue otra obra suya, lo
bastante para considerarlo un es­
cultor; pero después de ver sus úl­
timos trabajos, incluido el gran mo­
numento emplazado en la Alame­
da de las Delicias, decir que es un
escultor no es decir mucho, pues
estamos, real y desapasionadamen­
te, ante un gran artista.
Bastaría para acreditarlo visitar
su taller de la Escuela de Bellas
Artes donde tiene reunida buena
parte de su obra, v contemplar sus
dos monumentales figuras al aire
libre; pero está también su serie
de retratos de los Presidentes de­
cidle, en el Palacio de la Moneda.
Ante éstos se siente el regocijo depoder afirmar en el hecho una ver­
dad teórica, y es que si el artista
se mantiene fiel a sus principios,
serán los profanos quienes modifi­
quen sus ideas. En efecto, a dife­
rencia de lo que estamos acostum­
brados a ver en esta clase de traba­
jos oficiales, los retratos de la Ga­
lería de los Presidentes de Chile
ejecutados por Sam uel Ro­
m án, son verdaderas obras dearte y no simples bustos recor­
datorios de los rasgos fisonómicos d e tal o cual mandata­
rio. Eslo, que podría conside­
rarse -como una conquista deorden externo, va unido a otra
conquista de orden interno:
el haber logrado, por medios
puramente plásticos, sin clan
dicación de su línea de con­
ducta y sin restarles nada a
los parecidos, exaltar la pérsonalidad de sus retratados al
punto de hacer con ellos obra
de categoría artística.
Posee Samuel Román todas
las cualidades innatas al plás­
tico de raza, cualidades vírge­
nes y robustas que en vez de
debilitarse, acrecen con el co­
rrer del tiempo cuando el que

EMIL IO

las posee es un insatisfecho que bus
ca superarse, un verdadero artista. Y
no hay duda que Román lo es. Ahí
tenemos su monumento a las maes­
tras Tarrago y Lebrón, del año
1946. Este monumento, de amplias,
armónicas y simples líneas, mal em­
plazado entre los árboles que im­
piden admirarlo en su totalidad, es
uno de los pocos grandes monumen­
tos de América y, halagadora cir
constancia, concebido por un ame­
ricano.

PE T TO R U Tí

LA

SEGADORA

*
Samuel
ti c a s

Román

parece

nació

haber

herm osos

estribos

excelente

d ibujante

lince

cuarenta

despertado
para
al

los

añ o s ,

muy

hacendados

d e c o r a r con

de

tem prano,
de

frisos

padres cam pesinos.
a

Su i n t e r é s p o r

la s

m u n i f o M .. c ió n o s

artís­

la v i s t a d e u n tío s u y o q u e t r a b a j a b a los m e t a l e s h a c i e n d o

la región. D ic e u n o do s u s b i ó g r a f o s q u e a los

10 a ñ o s se r e v o l ó

la s p a r e d e s d e s u c a s a , y q u e s i e n d o m u y n i ñ o

hubo de e n f r e n t a r

la d u r a r e a l i d a d , v i é n d o s e o b l i g a d o a c o n t r i b u i r a la s i t u a c i ó n e c o n ó m i c a d e la f a m i l i a . Kn el a ñ o 1924,
c u a n d o R o m á n c o n t a b a d e 15 a 1G a ñ o s , su p a d r e lo llevó a S a n t i a g o , m a t r i c u l á n d o l o en la E s c u e l a de
H el i as

Artes,

aconsejaba

cosa

evitar

solam ento

para

En

no

consiguió

inútil

individuos

p ro n to que poseía
en

que
la

tan

experiencia,

lo p r i m e r o y a s í lo v e m o s o b te n e r

se p r e s e n t ó a un co n c u rso

escultura
in e n t e

a

que

de convencer

al

con t a l e n t o o d i n e r o " . A u n q u e e s c a s o

192H, un p r e m i o al r e t r a t o , y c a s i
1937

f á ci lm en te , d e b i d o

tratando

en

192 5,

la

s ecretaria de

cam pesino

de
en

de

lo s e g u n d o ,
el

aquel

que

Suifniel

S a l ó n Of ic i al ,

exposición

por

la

estudios

Román

una

‘‘e r a n

probó

Tercera

crítica.

Concurrió

d e la q u e p a r t i c i p a r o n

22 p a í s e s

a la E x p o s i c i ó n

Internacional

europ eos y l a t i n o a m e r i c a n o s ; e n

efectuada

muy

M edalla;

s i n i n t e r r u p c i ó n d i v e r s o s p r e m i o s en los a ñ o s s u b s i g u i e n t e s , h a s t a
y o b t u v o la beca i l u m b o l d t q u e lo lle vó a E u r o p a poi

y a r t e s a p l i c a d u s en la A c a d e m i a d e Be rl ín, c i u d a d e n la q u e p r e s e n t ó su o o b r a s

com entadas

esta blecim iento

esos

193G.

dos a ñ o s . E s tu d ió
y f u e r o n el o g io s a

en

H erlín

dicho c e rta m e n

en

193H,

o b t u v o el P r e ­

mi o d e H o n o r o t o r g a d o p o r el G o b i e r n o d e D i n a m a r c a ; el d e A l e m a n i a a d q u i r i ó p a r a el p u e r t o a é r e o d e T e m pelhoff su ob ra

"lia

novia del

viento".

I)e r e g r e s o a s u p a t r i a

nuevos

prem ios

se su m a r o n

a los y a o b t e ­

n i d o s en ella, s i o n d o el m á s i m p o r t a n t e el g a n a d o con m o t i v o do la c e l e b r a c i ó n d el I V C e n t e n a r i o d e S a n t i a g o
(1941)

dondo

so le c o n c e d i ó el

I t e m i ó d e H o n o r N a c i o n a l d e la U n i v e r s i d a d d e C hi le , m á x i m a r e c o m p e n s a

q u o s e o t o r g a en d i c h o p a í s a u n a r t i s t a . P e s e a estos c o n s e c u t i v o » g a l a r d o n e s y a los d i v e r s o s b u s t o s re a l i
/ados
un

para

el G o b i e r n o

reconocim iento

a

la s

do su

patria,

sobresalientes

am én
dotes

de dos o t r e s

m onum entos,

de este a r t i s t a .

Samuel

e n s e ñ a r a la s j ó v e n e s g e n e r a c i o n e s la s le y e s d e la foVina y la a r m o n í a ,
f e s o r en u n a e s c u e l a d e A r t e s A p l i c a d u s . .

hechos

to d o s q u e p a r e c e r í a n

R o m á n , el e s c u l t o r
no t i e n e c á t e d r a

más

indicar

in d i c a d o

«le e s c u l t u r a :

es

para
pro­

Samuel Román es un escultor de
hoy, un constructor de nuevas for­
mas plásticas. Embebido de noble­
za actual, nos da por medio de rit
mos su visión del mundo que acaso
en la realidad no viva ni vivamos,
pero que sí amamos y soñamos.
Temperamentalmentc es un clási
co, a muchísimas leguas del pseudo
clasicismo en que* se escudan cien­
tos pretendidos artistas del instante
que no pasan de ser remedos deuna mal aprendida academia. La
honradez artística, pasaporte sin el
cual no abre sus puertas la frontera
de la inmortalidad, palpita en
cada centímetro cuadrado demateria trabajada por este ar­
tista; transformador de las apa­
riencias reales, nos habla en
ella de cada posibilidad de su
idealismo y de su lógica con el
lenguaje claro y limpio de sus
grandes masas, sus huecos y sus
planos, transmitiéndonos un
mensaje de grave y noble plas­
ticidad. Bien lejos está de la li­
teratura superflua a la que acu­
den otros contemporáneos ca­
rentes de esas cualidades vír­
genes y robustas.
Un gesto decorativo y seño­
ril prevalece en la obra de esteescultor y al hacer referencia
a él aludo a ese hálito que en­
vuelve las grandes obras detodos los tiempos y nada tiene
en común con el sentido que

solemos dar vulgarmente a la pa­
labra. Ese gesto, o esencia, emana
de las formas simples y amplias,
ya sea de cada detalle o de la to
talidad, y es una gracia especial
e inexplicable, a la par que uno
de los elementos que aunándose i
los demás en simultaneidad de fot
mas vivas y palpitantes, const-itu
yen la obra de arte.
Da en su obra este apasiona
do escultor una expresión de be­
lleza simple y serena, que a la
vez. es potente, y completamente
alejada del almibaramiento y las
violencias, almibaramiento y vio­
lencias inútiles, por lo demás, pues
no es merced a las desproporcio­
nes estilísticas como se alcanza la
belleza ni el concepto de modet
nidad. Para llegar a sus fines es
téticos. a ese realism o aparente,
que anima sus co m p o sicio n es,
cuenta Samuel Román con su in
tuición de p lá stico g e n u in o y
con su verdadera y depurada ar­
tesanía.

�9

ARTES

LOVE'S LABOUH'S 10ST
O LA CONFERENCIA DE H ERM ANN SCHERCHEN EN LA LIGA DE COMPOSITORES
Kl 26 de mayo pasado, el maestro Hermana
Scherchen repitió, en la Liga de Composito­
res, y como base de una discusión posterior, los
lincamientos generales de su conferencia sobre
El problema de la música moderna.
Vuestro corresponsal secreto, Daniel Devoto,
tomó notas de la disertación y el debate. Ofre­
cemos un resumen de ambos; las frases entre
comillas reproducen expresiones textuales dei
ilustre visitante:
Kl problema fundamental de la música con­
temporánea consiste en un cambio de posición
frente a la materia sonora. En el período que
media entre los siglos X V III y XIX encontra­
mos como base de la música algunos hechos
que parecen ser proporcionados por la natura­
leza misma. La diversidad modal del período
anterior y la variedad de afinaciones diferen­
tes ceden ante los descubrimientos de Sauveur, creador de la acústica, que descubre los
nodos y vientres de la cuerda vibrante y cuya
teoría de los armónicos permite la célebre afir­
mación de Rameau: “ La música se basa en
el acorde’ ’. El mismo Rameau probó cómo el
cambio de la armonía transforma la expresión
de un trozo musical, rearmonizando una melo­
día de Lully; otro ejemplo lo da Bach en la ar­
monización de su última obra, que la hace tan
distinta de otra de su juventud compuesta so­
bre el mismo coral: “ La primera es un canto
de lucha: la última no es triste, pero sí trans­
parente, como alejándose de todo." El acorde
•la nacimiento a la forma musical: la de la
sonata es una consecuencia de la gama, con lo
que la forma misma aparece como un fenó­
meno de la naturaleza. El acorde es también el
que engendra la melodía: el tema de la Sin­
fonía Heroica es el acorde de mi bemol mayor,
en sus dos aspectos, estable y dinámico. Tan
permanente es este estado de cosas, que el mis­
mo Sehoenberg, que aspira en sus comienzos a
liberarse de la tutela clásica, “ comienza a
componer su Sinfonía de cámara en acordes
e intervalos de cuarta: seis cuartas que se su­
ceden y se mantienen como acorde. Es el mis­
mo esquema de la música clásica. Sehoenberg
(aparece así. podríamos decir, tímido y fiel,
lleno de respeto y audaz a un tiempo.”
Va con la música romántica comienza la des­
trucción del acorde, que deja de ser una enti­
dad clasificada o clasificaba, recognoscible a
través de sus variantes y alteraciones. Un ins­
tante determinado de una composición se con­
vierte en algo que carece de nombre específico.
••Oír se torna más difícil: la posibilidad didác­
tica desaparece.” “ El auditor debe comenzar
a oír activamente la música, sin lo cual se con­
vierte en la presa de sensaciones estúpidas y de
otro tipo de excitación’’. Este devenir musical
es fa ta l; ‘ ‘ los mismos compositores han sentido
que no &lt;xiste ley alguna eterna: lo han sentido
siempre. Bach, Verdi. otros, han dudado de la
!etemidad de la gama diatónica."
“ ¿Cómo puedo todavía permitirme escribir
una sinfonía basada aún sobre la oposición de
Jdos temas?” La forma se ha perdido, con la
pérdida del acorde y la de la melodía. Xo se
referirá Scherchen a los ensayos que, como el
neoclasicismo, han intentado detener este esta­
do de cosas: “ no se trata de intentos que con­

LETRAS

ciernen a la naturaleza de la música, sino de
meros esteticismos. Sólo Sehoenberg ha osado
tocar al fenómeno musical en sí cuando lia
planteado el cambio definitivo, intentando dar
una nueva ley. Sehoenberg es enteramente con­
secuente con sus principios al afirmar que cada
compositor debe formar para sí mismo el mo­
delo que reemplace a la gama. Xada hay ya
dado por la naturaleza sino la altura del so­
nido: es la ley espiritual del hombre la que
debe formar el orden. Situación grandiosa y
terrible. ’ ’
Las posibilidades de esta reforma son in fi­
nitas al sumárseles “ la mayor conquista téc­
nica de orden musical: el contrapunto imita­
tivo.” Utilización del timbre como elemento
constructivo. “ Con harta seguridad, el desen­
cadenamiento de los elementos musicales es una
complicación que demanda un esfuerzo mucho
mayor de parte del compositor y de los intér­
pretes. La exaltación —que en el caso de la mú­
sica de Beethoven y de los románticos es a ve­
ces un sustituto de la ejecución— hoy no basta:
es menester la total pureza de lo audible. ’ 1 La
música ha perdido también mucha de su capa­
cidad de autoiluminación a la simple audición
—que Scherchen denomina “ capacidad di­
dáctica”— , lo que también dificulta la audi­
ción de una obra musical. Tal es el problema
de la música contemporánea, hecho acompaña­
do por otro, mucho más consolador. ‘ • Hoy. el
hombre realiza el cuerpo sonoro de ideas que
sólo existen como ideas, como movimiento de
la eternidad que existe y que pasa. Muchas
veces me he preguntado por qué me dedico a
la música. Xo es por ambición, no es por el
dinero, sino porque ella desarrolla en nosotros
cualidades que no poseemos todavía, pero de
las que seremos capaces.” Hemos realizado el
gran esfuerzo de síntesis musical, y “ crear es
una nueva manera de vivir.” De donde'surge
nuestro optimismo: “ somos la vanguardia de
cosas que el hombre sólo puede llegar a cono­
cer gracias a la música.”
El debate —que no fué tal, sino una senci­
lla interrogación escolar— agrupó dos series
de consultas. De una de ellas ( “ ¿Existen los
cuartos de tono?” “ ¿Qué porvenir tienen?” )
es mejor no ocuparse, porque rayan en la es­
tupidez (auxiliada por la ignorancia) y co­
rresponden a preguntar si los músicos pueden
ganar la lotería o si es posible que en el año
2.006 se oiga música por la nariz. Son pregun­
tas que evitan el manejo de una bibliografía de
divulgación y confunden a un músico inteli­
gente (cosa rara, en verdad) con una pitonisa.
Las otras interrogaciones entran por lo me­
nos en el terreno de la problemática y pueden
resumirse en ésta, textual: “ ¿La música coirtemporánea habla, sí, o no, al hombre contem­
poráneo?” La destacamos, sobre todo, porque
puede ser ampliamente peligrosa y puede apo­
yar todos los ensayos contemporáneos de ni­
velación por lo bajo: marchas atrás, interven­
ción de poderes extramusicales en la creaciónmusical, etc., si no se tienen bien presentes
sus contrapreguntas: “ ¿Qué capacidad de apre­
ciación tiene el hombre medio contemporáneo,
que recién comienza, lentamente, a digerir a

IA

Rimsky Korsakoff?" ' ‘ ; Por qué el arte i ontemporáneo debe abandonar su posición de con­
quista. de avance, que ha sido la del arte de
todas las épocas?” “ ¿Es lícito limitar al arte
esta capacidad de enjuiciamiento popular, sin
extenderla a las otras actividades del espíritu,
y preguntar si la física atómica, la geometría
neuclidiana, hablan o no al hombre contem­
poráneo?” Scherchen contesta atinadamente
que ya respondió al decir “ que la música, c o ­
mo fuerza creadora, ya está definitivamente
establecida. La gran desesperación, y el gran
honor del hombre contemporáneo, es que c u n e ,
ile convenciones que lo ayuden. Lo que no sig­
nifica que la música contemporánea sea un
caos, apreciación que nadie tiene el derecho de
arriesgar. V por lo demás, no siempre el publi­
co tiene razón. Aduce Scherchen el caso de Bee­
thoven. que cercena la fuga de su cuarteto op.
130, porque al público no le gustó y porque
Beethoven era “ la honestidad misma. Destru­
yó así toda su obra, en la que había hecho la
síntesis de la forma sonata con la doble fuga.
Esta es una respuesta muy limitada, peromuestro así que el problema ha existido siem­
pre ’ ' Destaca Scherchen, además, el problema
de los intérpretes que abordan- las obras con­
temporáneas. “ Cuando he dirigido música m o ­
derna. siempre he tratado de hacerlo de la
manera más deslumbrante posible, para dar el
mayor placer al oído. Siempre —y se corrige
de la manera más encantadora— frecuente­
mente, he conseguido interesar al oído de ma­
nera que aceptara cosas que no habría tolerado
de otro modo.” Xo bastan las explicaciones
teóricas; es menester hacer aceptar los pro­
blemas por el sentido al que van dirigidos:
“ hay que lograr la restauración del goce au­
ditivo en la música contemporánea. Xada de
interpretaciones con un número insuficiente de
ensayos: sería mejor no tocar música contem­
poránea que hacerlo en esas condiciones." Xo
se trata tampoco de meros problemas de difi­
cultad sonora, sino de lograr la aceptación de
un nuevo espíritu, lo que siempre ha desorien­
tado a los contemporáneos: en 1817. años des­
pués de estrenada la Séptima Sinfonía, Wieek
declara que nadie, en el final, ‘ ‘ puede sopor­
tar ese exceso de sonoridad.” V ese final, que
era una simple contradanza, nada tenía de
extraordinario como problemas de melodía o
de armonía, pero en él - ‘el espíritu de Beetho­
ven se manifestaba por completo.’ ' ‘ ‘ En cuan
to a mi opinión personal —agregó— estoy
gliro de que la música quiere llegar a todos.''
En resumen: la disertación- de Scherchen ha
sido — por lo menos para la parte “ oficial"
de su aditorio— pena perdida. Han percibido,
todo lo más, algunos hechos aislados, recono­
cidos como “ cosa sabida", fórmula cornudísi­
ma que exime de examinarlos de nuevo. Xo
han parado mientes ni en el desarrollo medular
de la conferencia ni en la cantidad de cosas
i.-obles y bellamente dichas que abundaban cu
ella. Fieles a su propósito de ser modera.la­
mente modernitos, deliberadamente incapaces
de aceptar un razonamiento hasta sus últimas
consecuencias, no han parangonado la situación
de Beethoven y su público con la del creador
contemporáneo, ei.- la que ellos representan el
papel de público: Y viven en paz.

I l l l II E I I I A II E LA .1 II V E \ I I I II II M I E II H I I A I I I A
\ II V E II A II E S II E F H A A C I A

Viamonte 472

31 - 2612

�9

9 ARTES

ARTES

L A I 'I N T I I K A EN I T A L I A
ALBERTO

JUNIO

1948

CONTENIDO

DEL. N° 2:

Jl \N CARLOS PAZ
Reflexiones sobre la música de
nuestro tiem po

ALBERTO SARTORIS
La escultura en Italia

\DOLFO DE OBIETA
Novedades en ininteligibilidad

EDUARDO CATALANO
Ln auditorium

DANIEL DEVOTO
A ota sobre el elem ento tradicional
en las canciones de Federico
García horca

W A LLIN G FO RD RIEG G ER
Cultura e improvisación

Fragmento de carta
i Carta a 9 ARTES I

Agradezco el canje
Gradisco il cambio
Je dem ande l ’échange
Agradeqo o cambio
I beg for exchange
A ustausch erwunscht
Mi dankas la intersango

O l a primera vista la situaeión actual de la
‘■T pintura italiana puede parecer muy confusa
a ni.1 espectador inexperto, sobre todo a causa
del estruendo artificial producido por la ino­
portuna pero perecedera especulación perio­
dística, hay que mirar bien hasta el fondo de
la misma, a f¡ir de indagar si en ella no apun­
ta el perfil de una dirección sintomática en lo
que respecta a las posibilidades creadoras que
pudiera llevar a la pintura, sin disputa, hacia
un sólido afán generativo. Desde 1943, duran­
te casi tres años, de modo general, con ritmo
creciente y cada vez más desenfrenado —salvo
alguna rara excepción— se produjo en Italia
una pustulaeión de “ muestras” inspiradas en
bajos propósitos comerciales y en un ambiente
inadecuado a la meditada consideración del
hecho estético. Una verdadera epidemia de ex­
posiciones y una paralela fiebre de insensatas
adquisiciones, produjeron la confusión en el
mercado normal de arte. Pero pasado, con
su peligro y su estupidez, uno de los excesos
más desoladores que recuerda la historia, la
pintura italiana se endereza actualmente con
rigor casi absoluto, sobre las huellas dejadas
por las maduras faenas de aquellos artistas que
trabajaron1 en la mayor soledad buscando así
la vía que ha de seguirse y aquélla que deberá
ser evitada.
Un verdad, es necesario reconocer que en ese
período de irracional negación de toda sensi­
bilidad poética, el anárquico panorama artísti­
co que ofrecía Italia producía la impresión
de que su pintura estaba profundamente da­
ñada. La ascendente marea de la mediocridad,
alimentada por el hervor de un enjambre de
críticos improvisados, determinó en el público,
y también eir ciertos intelectuales, una deso­
rientación capaz de hacer vacilar con respecto
a las posibilidades de renacimiento de un arte
auténtico en Italia. Entretanto, la acusación
de política a la pintura moderna, no estuvo
ausente. ¡Como si el arte y los artistas fuesen
responsables de un estado de cosas que induda­
blemente ha arrastrado al mundo al abismo de
una locura a la vez homicida y suicida! Prescin­
diendo, empero, de esta mísera malevolencia
puede asegurarse que hoy, en Italia, se está
valorando más juiciosamente la importancia
espiritual de la pintura. Se experimenta la
clara sensación de que el arte forja sus ins­
trumentos en una especie de sueño-vigilia que
parece acusar ya la voluntad de transformarse
en alegre y benéfico despertar. Preludio gra­
duado por enérgico pero sereno compás po­
lémico, el cual servirá para allanar las diver­
gencias interpuestas entre los puntos de vista
de las numerosas tendencias vigentes enfrenta­
das en un magnífico torneo emulativo y cuyo
resultado no podrá ser sino el aguijoneo hacia
el ajustamiento de un clima artístico favora­
ble a los descubrimientos.
Deletéreas improvisaciones aparecerán en to­
das partes, todavía: uir inútil sentimiento caó­
tico descompaginará aun la visión de los ar­
tistas; agonizantes teorías intentarán, asi­
mismo, desesperadamente, jugar su última car­
ta —inclusive con trampas— para abrirse una
vía de escape; un infausto asentimiento carac­
terizará, todavía, por cierto tiempo, la acción
de los poderes civiles; pero es dable sostener,
con certeza, que el arte nuevo no será seria­
mente conturbado, dado el vigor con que los
verdaderos pintores presentan los problemas
de su propia autonomía. Al arte italiano ter­
minará por abrírsele un amplio, infinito ho­
rizonte.
Ahora, luego de haberse analizado con- cau­
tela y sin apasionamiento “ .1ti vida” de Car-

SARTORIS
los Carra y la ‘‘ Memoria ¿Ir mi vida” de Giorgio de Chirico; trasportadas al terreno general
de las artes figurativas sus reflexiones e in­
ducciones. me parece lícito preguntarse si en
parte, no dependerá del término de la disensión
que tales comentarios suscitan, y del allana­
miento, sobre un terreno de conciliación pro­
ficuo y fértil del antagonismo que hace en apa­
riencia irreductibles las posiciones alcanzadas
por los dos grandes creadores, si no dependerá
do ello, digo, la posibilidad de liberar de mo­
do completo la esencial idea de renacimiento.
Mientras perdure el daño de un dilema sobre
el cual, al fin. yace en equilibrio la suerte de
la poética del arte, la nueva pintura italiana
no acertará a llevar consigo los elementos in­
dispensables para una segura renovación. Mien­
tras el debate en torno del excluyente duelo
Carrá-de Chirico permanezca abierto sin posi­
ble resolución que lo concluya, creemos que los
términos del arte acusarán siempre un signi­
ficado antitético y un carácter aproximativoc
Va igualmente añadido que. en conexión a tan
neesaria empresa, deberá ser totalmente reva­
lorada la decisiva contribución de Jorge Morandi a la pintura abstracta y a la prenovecentista, a fin de que la clarificación se haga sobre
un campo de insospechable integridad.
Ha de entenderse que no deberemos hacer la
crítica de la crítica, pero sí actuar dentro de
los planos de la responsabilidad pictórica, de
modo de precisar aquello que constituye el
anhelo vivo de la esperanza. En el ámbito del
arte, una crítica parcial, aunque aparezca ani­
mada de intenciones pacificadoras, la conside­
raremos como crítica interesada, como una es­
pecie de “ maquillaje'’ colocado sobre para­
dojas decrépitas.
Un examen1 imparcial de la controversia Ca­
rrá-de Chirico y de aquellas nociones imagi­
nativas de estética superior que contempla el
arte innovador de vanguardia, nos permite ver
lo que sobre viejos programas o doctrinas pre­
concebidas refleja mejor el cuadro fenoménico
de la pintura italiana actual y el touo que ella
deberá conquistar. En efecto, Carrá ha demos­
trado en el momento oportuno cómo debe sen­
tirse eir su virginidad el contenido poético del
arte; cómo debe darse a los planos plásticos
una expansión esférica y elástica en el espacio
(obteniendo el sentido de perpetuamente móvil,
propio de todo lo que es viviente) ; cómo debe
renovarse el contenido constructivo de los pro­
blemas estéticos inherentes a la trascendencia
plástica: cómo debe entenderse la geometría
euclidiana y el valor universal del ‘ ‘ número
de oro’ ' cuyas más altas expresioires fueron
concretadas hace siglos a lo largo de la obra
imperecedera de I’aolo Uceeilo y de I’iero della
Francesca: cómo debe crearse una represen­
tación mítica de la naturaleza en sus síntesis
¡primordiales. Por su parte, de Chirico a me­
nudo expresa y magnifica el misterioso y fuerte
sentimiento épico y lírico de la suprarrealidad,
sobre las huellas o paralelamente a Carrá y
Morandi, o siguiendo el profumlo surco abier­
to por Giáeomo Baila, por Umberto Boccioni
y por Gino Severini, cada uno en su propia es­
pecialidad (geometría cromática, matemática
pictórica, arte sacra, escenotécnica, baile, meprarrealista, composición absoluta, arte plurimateria), etc.); de Giovanni Acquaviva a
Cario Badiali, de Franco Bassi a Ezio Filippo
de Mario G. Dal Monte a los hermanos Italo
y Vincenzo de Grandi; de Mario Deluigi a
Bonini, de Aristide G. Bianchi a Pompeo Bo­
rra, do Massimo Campigli a Felice Casorati,
Fortunato Depero, de Filippo de Piscis a Eleo( Continúa en la páff. SI)

�9

30

ARTES

HOY como AYER
• BACH
“ Este gran músico podría llegar a constituir
un motivo de admiración universal si en vez
de acentuar el atractivo de sus composiciones
no se preocupara más que de exagerar y con­
fundir a su auditorio. Todas las bellezas que­
dan de ese modo malogradas por exceso de
preocupaciones técnicas." De II. Schreibc, emi­
nencia de la crítica y contemporáneo de Bach.

• MOZART

XXIV BIEN AI. DE VE NECIA
Este año, con su exposición extraordinaria,
la Bienal de Veneeia (institución oficial)
celebrará su cincuentenario presentando en am­
plia forma el testimonio de los movimientos
más vivos verificados en los últimos decenios
y que fuera parcialmente dados a conocer
en nuestras anteriores realizadas en la propia
Italia. Ea X X IV Bienal de Veneeia será cu­
esta ocasión un extenso documento del des­
arrollo del arte mundial en lo que va desde
el naturalismo impresionista al arte abstracto.
Se mostrarán obras de Manet, Monet, Sisley, Pissarro, Renoir, Degas, Seurat, Toulouse-Lautrec, Cezánne, Van Uogh, Gauguin,
provenientes del Maneo del Impresionixmo, del
Maneo de Arte Moderno y del P etit Palaix
de París; de los museos de Eyon, Grenoble,
Xancy. Strasburgo. Albi, Algeri, como asi­
mismo de colecciones y galerías de Bélgica,
Holanda, Suiza, Inglaterra, Austria, Hungría,
Alemania y Estados Unidos.
En cuanto al arte italiano, estará esta vez
representado en los aspectos menos conocidos
y más excepcionales, por muestras retrospec­
tivas: de De'('hiriro\ *PaTrá~y Morarrdi, con
obras del período metafico que va de 1910 a
1920; de los desaparecidos Arturo Martini
y Scipione, además de las pequeñas muestras
retrospectivas dedicadas a Baroffio, Parodi,
Pozzati, Fanccllo, Brass, Agostini. Moggioli,
Nathan, Turri, Consolo y Achille Lega.
I.as invitaciones han sido hechas con la pre­
ocupación. sobre todo, de dar amplio espacio
a aquellas corrientes más vitales (cubismo,
futurismo y en general todas las artes abs­
tractas) que maduraron en los últimos años
y que fueron sistemáticamente combatidas o
hábilmente dejadas de lado por los conserva­
dores del viejo orden caduco.
En las exposiciones extranjeras figurarán
Austria, Francia. Holanda, Bulgaria. Polonia,
Checoeslovaquia, Suiza, Inglaterra y Bélgica.
Figurarán obras de Kokoschka, Klec, Picasso,
Bracque, Chagall y Moore.
Particular y significativo atractivo tendrá
el conjunto presentado por la Colección Guggenheim de Nueva Vork, la más importante
del mundo en arte abstracto.
I.a X X II' Bienal de Veneeia hará refle­
xionar un poquito a los retrógrados que se

“ Con estos dos fragmentos, poddmos afir­
mar que el compositor —que no conozco ni
quiero conocer— , es sólo un pianista de oído
depravado. E.s un sectario del falso sistema
que divide a la octava en doce semitonos igua­
les, sistema suficientemente conocido por los
artistas inteligentes y reconocido como falso
por la ciencia de la armonía.
; Puede un gusto sano permitir que el primer
violín entre de manera ta c disonante como en
los compases don y neis del primer ejem plo.’
El compositor, ¿lo hace para llenar de ver­
güenza al instrumentista o para que el audi­
torio grite: “ ¡Está desafinando! ’ ’ ? En re­
sumen. si este compositor atiborra sus obras
con tales defectos capitales como hemos visto
que hace en estos dos fragmentos, podemos es­
tar seguros de que será menospreciado por todo
el que tenga oidos buenos y no pervertidos.
Podría decir con él inmortal Rousseau: Pe la
muxique á fa in boucher Ies orcilles. *’ — Giuseppe Sarti.
( I.os fragmentos de referencia son de los
Cuartetox &lt;n do mayor — K. 465 — introduc­
ción. y en re mayor — K. 421.)
•

BEETHOVEN
“ Nuevamente nos demuestra su autor que
carece en absoluto de gusto musical.
(De una crónica del estreno de la Ociara
Sinfonía, i

empeñan en creer que el mundo no marcha pol­
la muy simple razón de estar ellos estanca­
dos. y responderá ampliamente a los innúme­
ros interrogantes que vienen surgieirdo desde
hace ya muchos años en críticos, estudiosos.
cmateurs y público en general, frente a los
difíciles problemas del arte y de la cultura
do nuestra época.
NUEVA YORK. — La Sección Estadouni­
dense Ue la I.S.C.M.- (International Society for
C¿n I&lt;mparar y M uxic i ha iniciado sus activi­
dades del año con las siguientes audiciones:
Primer concierto (enero 16. en el Museo de
Arte Moderno): Séptimo cuarteto, op 96, de
Ernst Krér.vk: Saite Lírica, de Alban Berg:
Tercer cuarteto, de Walter Pistón. Por el
cuarteto Pro Arte de la Universidad de Wisconsin (Rudolf Kolisch, Albert Rahier. Bernard
Milofsky y Ernst Friedlander).
Segundo concierto (febrero 23. en el Museo
de Arte Moderno): Cuarteto, de liarold Sha
pero; Segunda nonata para piano, de Roger
Sessions; Pue lirichc di Anacreontc (I, Uan-oni, II, Variazioni), de Luiggi Dallapiccola:
Sexto cuarteto, de Béla Bartók. Por Robert
Helps, piano; el cuarteto .luilliard (Robert
Maun, Robert K off, Raphael Ilillyer y Arthur
Winograd); y Sylvia Carlisle (canto), acompa­
ñada por Ignace Strasfogel (piano), Sidnev
Keil (clarinete en mi bemol), Eric Simón (cla­
rinete en la) y Walter Trampler (viola).
Primer concierto del Grupo Forum de la
I .S .C .M . (febrero 7, Auditorium Dalcroze):
Sonata 1!. op. 16, de Ben Weber (Broadus
Erle, violín, y Harriet Salerno. piano); The
( Continúa en la péig. 32)

• e iio p iN
“ Es infatigable, «asi hasta dejarnos exhaus­
tos, en sus terribles disonancias, sus forzadas
transiciones, sus feas distorsiones de la melodía
y del ritmo. Todo lo increíble es aprovechado
para producir el efecto de la originalidad." —
Del famoso crítico Rellstab.
• RAVEL
I.a declamación, en esta obra, hace pensar
en la de Pillean, de Debussy, como repetida
por un fonógrafo cuyo movimiento estuviera
excesivamente retrasado. Ravel es todo insensi­
bilidad.-’ — Del famoso crítico Pierio Lalo,
en su crónica del estreno de I.'luur, expugnóle.
• ALBAN BERG
“ Abandoné el teatro con la sensación de
haber estado, no en la Opera de Berlín, sino
en ui.- internado para enfermos mentales.” —
Crítica periodística del estreno de II’ozzecl.

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m e j o r e s y inás i l u s t r a d o s - s p í r i t u s d e E s ­
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les d e l a u t o r . E n e ..................................$ 15.—

Li brerí a y Edi t ori al
EL A T E N E O
FLORIDA 340

Buenos Aires

�31
{ Vil l\r íh Ití /Hit/.
llora Kiiri. (1«&gt; Achille Fuñí a Baldo Buberti,
de Virgilio Guidi a Guillo Gonzato, de Luigi
Fillia a Virginio Ghiringhelli, de Osvaldo í-i••ini a Alberto Magnelli, de Antonio Marasco
a Bruno Munari, de Piero Marussig a Galliano
Mazzon; de Amadeo Modigliani a Knrico Ragni, de Marcello Xizzoli a Giuseppe Oriani. de
Vinicio Paladina a Ivo Pannaggi, de Emilio
Pettoruti a Enrico Prainpolini, de ( arlo Prina
a Mario Radice, de Mauro Reggiani a Manlio
Rho, de Ricardo Ricas a Ottone Rosai, de Pier
Cario Regheusi a Bruno Baetti. de Alberto
Salietti a Ettore Eottsass í . T . ) ; de Mario S¡nari a Antonio Atauasio Soldati, de Renato
Paresce a Gino Rossi, de. Alberto Savinio a
Ardengo Soffici, de Luigi Russolo a Arturo
Tossi, de Mario Tozzi a Gianfilippo Usellini,
de Emilio Vedova a Luigi Veronesi (y la lista
es, en verdad, incompleta), un onirismo órfico
y una fantasía despreocupada lian explicado
ya sus efectos significativos. Ahora se advierte
quo la armonía metafísica de los modernistas
presume, con verdad, de configurar el indice
y la nueva orientación de un principio italiano
que, en- un conjunto extremadamente diverso,

PAL KELEMEN. — “M edieval A m e­
rican A rt”, 2 volúm enes, tom o I,
414 pág. de texto; tom o II. 306 pá.
ginas ilustradas. N ew York 1946.
Encuad. tela ...................... S 150.—
F. HOFFMANN - H. READ. — “ Kokosehka” (life and work), 1 volu­
men en 8? mayor de 367 págs.; 83
reproducciones en negro. 5 en co­
lor. Edición: Faber and Faber L i­
m ited. London. Ene. tela S 30.—
J. CONON AZNAR. — "La A rquitec­
tura Plateresca", 2 volúm enes, to ­
mo I. 455 págs.: tom o II. 24 págs.:
602 figuras. Madrid 1945. Encua­
dernado tela ...................... S 60.—
LEON PALLIERE. — Diario de Via­
je por la América del Sur 18561866. 1 volum en en 4o. 344 págs.
num eradas, profusam ente ilustra­
das con obras del autor: acuarelas,
grabados y dibujos recogidos a tra­
vés de su viaje por la A m érica del
Sur y Europa. Traducción y prólo­
go a cargo de M iguel Sola y R i­
cardo Gutiérrez. Edie.: Peuser, Bs.
Aires 1945. Ene. tela . . S 70.—
C. BERNALDO DE QUIROS. — 1
volum en en 49 mayor. 104 págs.: 55
reproducciones en negro. 8 en color
(fuera de texto). Nota prelim inar
por José León Pagano. Edición P eu ­
ser. Buenos A ires 1944. Encuader­
nación tela ........................ S 30.—
A. TAULLARD. — “El M ueble Colo­
nial Sudam ericano”, 1 volum en en
49, 281 págs. num eradas. 391 ilu s­
traciones de las más variadas pie.
zas existen tes en Sudam érica so­
bre m uebles, tallas en madera, h e­
rrajes, etc. Edición Peuser. B ue­
nos A ires 1947 (segunda edición).
Encuad. cartoné ............... S 60.—
D E E A M .IM EXTO

BELLAS

ALTES

PEIISEI S. i
FLO R ID A

750 —

T. A. 3 2 - 1 7 0 0 -

RUENOS AIRES

31-9702

representara los intereses espirituales &lt;y* la
Nación. Tiene razón Carlos Carrá cuan&lt;V&gt; afir­
ma que es preciso restablecer el pensamiento
de Giovaniri Battista Vico para el cual "la
verdad poética es una verdad metafísica, frente
a Jo cual Ja verdad física, cuando no se con­
forma a rila, debe ser tenida por fa lsa " .
Con el intento de sumar y superar, como
hecho europeo, la experiencia del futurismo,
del cubismo, del abstractismo y del suprarrea­
lismo, un fermento insólito imprima hoy a la
pintura italiana la -voluntad de remover desde
el principio los fundamentos de la doctrina
artística para librarla de la condición servil
a la cual a menudo fué condenada. Pero, para
abatir el pesado edificio de una cultura per­
turbada, se adivina que los pintores italianos
buscan una relación más justa en-tre realidad
y valores intelectuales donde establecer las bases
de una nueva gran civilización mediterránea.
Por esto, para que un arte respire plenamente
y sea como una parte orgánica de la vida,
con rasgos fisionómicos de existenvia, lógica­
mente debe expresar un mundo éon los ele­
mentos que la misma vida no revela a todos.
Esto, entretanto, parece ser el estado de es­
píritu, el único contenido ideológico de la pin­
tura italiana. Comprendido como irradiante feívómeno histórico, ello se manifiesta en el mag­
ma intrincado donde se influencian alternativa­
mente necesarios reagrupamientos de tendencias
afines.
Hoy que los artistas libremente reunidos pa­
ra hacer triunfar sus ideas tienen*1*la posibilidad
de lanzarse en la más temeraria aventura y
hacer surgir del mismo indispensable choque
de sus opiones la marca de audacia que pro­
voca ese estímulo patético cuyo fin habitual es
crear el sentimiento vigoroso del equilibrio, se
puede argüir que de este inmenso crisol donde
se agita la idea de Italia florecerá la forma
do una verdad actualista madurada en el filtro
del puro cristal de la inteligencia.
Sin arrojarse al hedonismo de vacías fór­
mulas geométricas: sin oponerse, por otro la­
do, a la superación del concepto de estatismo
arquitectónico: sin entregarse al gusto infíSl
del deformismo, la pintura italiana, en con­
junto, dará la visión prismática de su sentir,
ofrecerá el signo inconfundible de su comple­
ja diversidad, de su imponente y tradicional
unidad estructural.
Es ciertamente prematuro anunciar la deca­
dencia total de lo* métodos mediante los cuales
el verismo, durante muchos decenios, ha retar­
dado la evolución del arte; pero se obser.a.
no obstante, que es enérgicamente rechazado
en los propósitos de la nueva pintura italiana.
En tal virtud, no iludamos «le que pronto lle­
gará para Italia el monientó- feliz del arte en
el que los pintores podrán pintar cantando. La
suerte de un país pobre, como lo es el nuestro,
reside en dedicarse a la afirmación del natural
primado artístico al que siempre fué llamado
y el que siempre ostentó, cuando ellirtuitbs
ajenos a su misión no le impulsaron a perse­
guir insensatamente el espejismo de una en­
gañosa e inútil hegemonía. Para Italia, el
presente es el tiempo del arte- Sus artistas,
más que otros algunos, se sienteu los herederos
de la fuerza pura del espíritu.

( Viene de Ja pág. ¿4)

difícil que lia elegido el teatro abstracto,
la poética surrealista y la música ato­
nal, cuyas aspiraciones son las de crear
una composición.
La gran poesía, el gran teatro y la
gran música contemporánea deben agra­
decer esta transmutación de valores a
Cézanne v al post-impresionismo fran­
cés.
J u a n B ay
l.lo u n x o (Italia)

a bri l

do I 9 4 S.

*
r

Acaba de Aparecer
H . G. WELLS

A PRIIPIISITH DE lllll HUIA
l-no de los más famosos escritores in­
gleses de nuestro tiempo nos hace asistir
a la experiencia atroz de trece años ele
matrimonio convertidos en “ el caso de
Stephen liilb eck contra Dolores9 \ Por­
gue la vida es mui/ distinta del. amor
imaginativo, y tiene realidades imperio­
sas (¡uc el autor analiza valiéndose de
las múltiples facetas ehl matrimonio co­
mo de un prisma de singular luminosi­
dad u eficacia que va enfocando a lo
largo de éste que él denomina “ un
relato sobre Ja felicidad i/ la soledeid
del espíritu

Di publicación inmediata
ni la misma Colección

LA ESCUELA Je la , M UJERES
por Anclré Gide

ROBERTO - GENOVEVA
por Andró Gide
(Continuación del anterior)
Pida estos ¡¡brees a las buenets librerías
o e‘ont rorreem bol so a la

EDITORIAL POSEIDON
PERU

973

Buenos Aires

( V¡&lt; iir de la pág 22)
ciudadano del Soviet —campesino, obrero, o fi­
cial. intelectual, artista— debe ser un activo
luchador por el cumplimiento del nuevo plan
quinquenal, v un real luchador solamente es
bueno si es animoso y eree en su caso sin te­
mor a las dificultades. La enseñanza de estas
valiosas cualidades es la más importante ta­
rca de las organizaciones del partido, la latín
primaria dt la literatura y orí, tov¡itieo*’, i
(i) Los nacionalistas (no-rusos): Ucranianos,
Tártaros Urbecks.
Se ve la inanidad de los fundamentos y la
inocencia de creer que, manu militan, se va
a crear el arte ad-hoc. Para la música se
preseribe. por ejemplo: “ Se debe purificar la
música a lo largo de líneas de ritmo simple,
para que los trabajadores puedan marcar el
tiempo y canturrear mientras tratan de ace­
lerar la producción:’ ’. Se puede crear un noarte que sea útil; una literatura periodística
o novelística o poemática que ensalce a un ré­
gimen y denigre a otros: una música que cree
los himnos o marchas o sinfonías necesarios
( Continúa tn la ¡&gt;ág. 32)

�9

PASTIll

TURE

ARTES

Rojo, Santamia y Cía., Soc. ResP. Ltda
ESTABLECIMIENTOS DE PRODUCTOS GRASOS
Tandil 6605

T. A. 68 - 0040

TRES OPINIONES, MIENTRAS SE VA HACIENDO
LA DOCTRINA DEL CINE

.

1) “ Xo veo más que un- hombre en América
que haya sabido sacar del cine algunos de los
medios de expresión radicalmente nuevos que
permite: es Walt Disney. Los otros están aún
fotografiando comedias, dramas, amueblamientos o jardines como podemos verlos sin el auxi­
lio de una cámara, y sobre los ritmos habituales
de nuestra vida. Lo que es decir que olvidan
o rehúsan las posibilidades únicas del cine.
E l análisis del movimiento, la velocidad o
lentitud loca, los objetos que suben y vuelan
en lugar de caer, las deformaciones expresivas,
las superposiciones de imágenes o de cuerpos
por transparencia, la sincronización de los ges­
tos y la música, veinte otros procedimientos
menos fáciles «le definir en dos palabras: he
ahí el dominio que sólo Disney tiene hoy el
coraje de explorar. ’ ’
Penis de Bougemont, “ Vivre en Amérique” ,
París, 1947.
- ) “ En un m undo to d a v ía o b se d id o
por el terror y el odio, en el que la realidad
no es casi jamás amada por ella sino sola­
mente rehusada o defendida como signo po­
lítico, el cine italiano es ciertamente el único
que salva, en el seno mismo de la época que
representa, un humanismo revolucionario.
” Desde el fin de la herejía expresionista
y sobre todo del parlante, se puede considerar
que el cine no ha cesado de tender al realismo.
Entendamos, en general, que quiera dar al
espectador una ilusión tan perfecta cuanto po­
sible de la realidad, compatible con las exi­
gencias lógicas del relato cinematográfico y
los límites actuales de la técnica. Por ello el
cine se opone netamente a la poesía, la pintura,
e lteatro, para aproximarse de más en más
a la novela.
’ ’ Xo es el menor mérito del cine italiano
reciente haber sabido encontrar para la pantalla los equivalentes propiamente cinematográ­
ficos de la más importante revolución moderna
(la novela norteam ericana).'’
Andró Baria, “ Esprit’ ’, enero 194S, París.
3) “ El cine no es un arte literario o dra­
mático trasplantado, tanto como no es un arte
plástico. Tiene elementos de todos éstos, pero
en su estructura esencial está más cerca de
la música, en el sentido de que sus más finos
efectos pueden ser independientes de un sig­

nificado preciso. . . que sus transiciones pueden1
ser más elocuentes que sus más iluminadas es­
cenas. . . Xo es sólo el cine un arte, sino que
el único arte enteramente nuevo que ha sido
desarrollado en este planeta desde cientos de
años. Es el único arte en el cual nosotros los
de esta generación tenemos alguna posible
chance de sobresalir grandemente. ” lla/imond Chandler, “ Atlantic’ ’, marzo 1948.
Boston.

LA

CONTINENTAL
ANTONIO CALABRESI
INSPECTOR

Avenida CORRIENTES 655
T. A. 32 - 3001 - 3002 — Interno 53

no sabe si sonreír, si irritarse, si desesperar.
(Viene de la pág. 31)
Sabe que el intento de someter al arte fraca­
para cantar las glorias y victorias y dichas
sará, pero le duele por la persona de los ar­
de un régimen; una arquitectura que realice
tistas humillados y por el esfuerzo creador
los arcos de triunfo, palacios, edificios públi­
bastardeado o perdido: obras maestras que
cos. templos, rascacielos, necesarios para se­
no se han creado en tantos años de diversas
des, exposiciones, estadios, cultos: una escul­
dictaduras; especulaciones filosóficas y cientí­
tura que erija estatuas, obeliscos, mausoleos,
ficas interrumpidas o perdidas. ..
estelas, según las dimensiones apetecidas; un
Xew York. T11-1948.
cine que glorifique el pasado o el futuro. Todo
este no-arte cumple su función útil, práctica,
(Viene de la pág. SO).
importante, no sólo en tales regímenes abso­
lutistas. sino en los no absolutistas; es una
limes are nightfall, de León Kirsehner (Henmasa de actividad humana confundida á nie-' rietta Harris, soprano, y Alvin Baurhan, pia­
nudo con la artística, pero que no es expre­
no); 10 piezas sobre una serie en los doce
siva ni creadora sino comunicativa, recorda­
tonos, de Juan Carlos Paz (Wililam Masselos.
toria, moral, patriótica. Pero creer, o simular
piano) ; Trío, de Merton- Broun, y Tercer cuar­
creer, que la estricta obra de arte debe servir
teto, de George Perle ( Broadus Erle, Sherman
a fines inmediatos —imperialistas o antiimpe­
Goldseheid. Abram Loft y Olaus Adam). Es
rialistas, capitalistas o anticapitalistas, comu­
la cuarta vez que se incluyen composiciones
nistas o anticomunistas— es confesar una per­
de nuestro compatriota Juan Garlos Paz en
versión mental absoluta — o una ignorancia
programas de la I. S.G. M .: en Amsterdam
grotesca. V cuando no sólo se pretende dar
(1933), París (1937) v Xen York (1941
directivas o inspiración al artista —convir­
y 1948).
tiendo a un comité del Estado en Junta de
BUENOS AIRES.
El Calle gium Musita m
Musas— y obligarlo a que recurra a ese He­
publica el primer número de su prospecto do­
licón! burocrático a buscar la melodía para
minical, en el que se propala que los aborígenes
una sonata o él ritmo para un poema, sino
“ quedaron deslumbrados’ ’ cuando esa institu­
que se castiga y se humilla al creador o al
ción les habló de “ ¡conciertos de órgano!’’.
investigador por fracaso artístico o “ error
La afirmación queda un poco empañada cuando
intelectual’ ’ —a juicio del Burócrata perti­
a continuación se insinúa que “ Creo que ni
nente— , la necesidad dramática de una De­
el mismo Zeoli, el organista, calculaba por
claración de los Derechos del Artista y el In­
entonces el esfuerzo titánico que se echaba
vestigador se hace perentoria. Derecho a la
a espaldas” , así como el nulo resultado artís­
aventura, al capricho, al servicio libre del es­
tico, por supuesto. De ahí, sin duda, el des­
píritu. a la investigación pura; derecho a
lumbramiento de los aborígenes, bastante li­
fracasar: derecho a ser inocente e innecesario.
mitado. ya que éstos aún tenían fresco el re­
He ahí lo fundamental del status jurídico del
cuerdo de los cielos de.audiciones de órgano
artista y el científico.
de verdaderos maestros: Julio Perceval, Jules
El espectador de tales hechos —de tales vici­
Beyer. Renée Xizam y el propio Gamillo Saintsitudes en la historia de la cultura contra la
ciega voluntad o el fanatismo del Mando-—

ALESSI &amp; C í a .
FABRICA DE PRODUCTOS GRASOS COMESTIBLES E INCOMESTIBLES
Guardia Nacional 183 6

T. A. 68-2244 - Bs. Aires
IM PR E N T A

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Perú

565

Buenos

A ires

'

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Itelman, Ana&#13;
Bay, Juan&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Pettoruti, Emilio&#13;
Sartoris, Alberto</text>
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                    <text>| rcNweioN esvigas ]
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ART

« * -* ,{ * * I

DICIEMBRE 1947

REDACCION: H. YRIGOYEN 3700
BUENOS A IR ES

A R G E N T IN A

CAT EDRAL E N C E M E N T O ARMADO, VIDRIO
Y M A R M O L E S P O L I C R O M O S AÑO
1931

ARQUITECTO:

ALBERTO

SARTORIS

f ' m t f T T Í ’ MÍ ’

■ REFLEXIONES SOBRE LA MUSICA DE NUESTRO TIEMPO, por JUAN CARLOS PAZ
U U N 1 I C ilN I i : LA ESCULTURA EN ITALIA, por ALBERTO SARTORIS • NOVEDADES EN ININTE­
LIGIBILIDAD, per ADOLFO DE OBIETA • UN AUDITO RIUM, por EDUARDO F. CATALANO • NOTA SOBRE
EL ELEMENTO TRADICIONAL EN LAS CANCIONES DE FEDERICO GARCIA LORCA, por DANIEL DEVOTO
CULTURA E IMPROVISACION • WALLINGFORD RIEGGER • FRAGMENTO DE CARTA (Corta a 9 ARTES)

r

�9 ARTES

10

R E F L E X I O N E S S O B R E LA M U S I C A
DE N U E S T R O T I E M P O
"Las leyes del hombre de ger.io son
las leyes de la humaridad futura."
A Schónberg.

JUAN

CARLOS

PAZ

d a s — cu y a eficacia se afirm a c a d a día
S evidente q ue en período histórico
con m ayor fuerza y am plitud (=1 pro­
blem a técnico y cultural) y en pro­
alguno h a n sufrido los problem as
estéticos u n a conm oción m ás violenta fundidad (la faz expresiva y estética).
Straw insky, luego de elev a r a un
q ue en nuestros días. Es la época del
relativism o filosófico, científico, artísti­ plano épico lo ancestral de su raza,
co. El terreno que pisáb am o s ayer, y em prende la defensa d e O ccidents con
q ue nos ilu sio n aba respecto a las ver­ su afirm ación de la totiaiidad y de las
d a d e s inm utables de las ciencias físi­ form as clásicas. Solución reaccionaria,
ca s y m atem áticas y de los eternos pero que pudo ac ep tarse como disci­
cán o n es de la belleza, se tom a hoy to­ plina transitoria, a m odo de rep resa
que contuvo los desbordes im presio­
talm ente inseguro, y a que todo paso
nistas: retom o al arte puro —Bach—,
en falso y todo desconocim iento de
al cultivo de la m ateria m usical deli­
am biente, época y posibilidades, d a
por tierra con realizaciones y esp e ran ­ b erad am en te ex p u rg ad a d e toda ex­
zas factibles y lógicas, ciertam ente, p e­ presión personal y lib rad a a su pro­
ro y a circunscriptas a un p a sa d o irre­ p ia im pulsión física: objetivism o m u­
m ediable, an te la a v a la n c h a de nue­ sical. La S onata, el Octeto, el C oncer­
tó, el Capriccio, son perfectos m odelos
v a s y au d a c e s concepciones.
d e e sa postura estética, en cuyos do­
En ese continuo suceder de escuelas,
tendencias, teorías, enfoques y concep­ minios el sonido y el tim bre están con­
siderados como elem entes constructi­
tos estéticos que b u sca n la explicación
—la justificación— o la clasificación de vos, y desprovistos de todo valor sen ­
las inquietudes contem poráneas en el timental, evocativo o pintoresco.
Paul Hindemith, nutrido de tradición,
terreno ariístico, trasunto de la insta­
bilidad social propia de la época, los contrapuntista nato, creador d e un ver­
dad ero arse n a l de cáncnes, fugas,
espíritus derrotistas ven, a través de
su propio cansancio, la indudable d e­ p a ssa cag lias, ostinatos, variaciones,
cad en cia del arte actual; pero quienes toccatas, a p e sa r de su entronque con
ac tú a n en la b ú sq u ed a de un nuevo los m aestros artesan o s del período b a ­
estilo consideran a ese arte como ló­ rroco, y especialm ente con Bach, a rra s­
gico resultado de las m cd alid ad es que tra d em asia d as rem iniscencias rom án­
ticas que rev elan indiscretam ente al
le precedieron, a las que h a y que
a g re g a r el enorm e cam po de posibili­ forjador d e form as voluntariam ente
concebidas, en oposición al so ñ ad o r de
d ad e s que h a logrado concretar, y y a
im aginación sensible y no m uy exien b u en a parte, realizar.
Exists u n a característica sobresalien­ . gente en cuanto a la calid ad de su li­
te en el período m usical que vivimos, rismo. Esta contradicción b ásica entre
y es su sem ejanza con las postrim e­ uno y otro d e am bos factores, en rigor
rías de la Edad M edia, cuando los antagónicos, ese desborde de ingenie
agrio y violsnto, de a r is ta s cortantes y
morios eclesiásticcs h a c e n crisis y se
b u sca afan o sam ente su suplantación; p ú a s ag resiv as, y los a b a n d o n o s de
u n a sensibilidad no m uy calificada,
siendo curioso com probar q u e siem pre
se h abló d e d ecad en cia cuando sur­ im piden considerar a Hindemith como
gió u n a solución en esos casos, y nun­ algo capital y definitivo —sí bien con­
ca cuando las form as y las expresio­ sid erab le— en la evolución de la m ú­
sica contem poránea.
nes tradicionales prolongaron u n a
A m cld Schónberg, "el artista m ás
existencia redundante, ante la impo­
a u d a z de nuestro siglo" (1), h a dem os­
sibilidad de prolongar su ciclo vital.
De e s a m an era, Skriabin, D ebussy o trado que nuestra pretendida escara
R avel fueron clasificados como d e c a ­ n atu ra l es la m enos natural y m ás
arb itraria que existe; que el concepto
dentes de la m ism a m an era que
de consonancia y disonancia es re la ­
Schónberg, A lban Berg o Alois H áb a
lo son ah o ra. Sin em bargo, estos últi­ tivo a las distintas épocas históricas;
que la tonalidad es sólo un recurso
mos son q u ienes h a n ofrecido las m ás
eficaces y am p lias soluciones a los convencional; que la s leyes m usicales
problem as en que se d eb a te la con­ no son eternas, sino que c a d a época
ciencia m usical de nuestro tiempo, pre­ crea las que le son propias; y Alois
H ába, el prim er aplicador consciente
cipitando los valores h ered ad o s y y a
en desuso d e tonalidad, forma, sonori­ de los sistem as d e cuartos y sextos de
d ad , sim etría, a u n a total dispersión, tono, y fundam entador de la com po­
substituyéndolos por otros —atcnali- sición en estilo atem ático, d esp eja a n ­
d ad, atem atism o, sonoridades libera- te nuestra vista el postrero horizonte

E

que h a llegado a contem plar la m úsi­
ca b a s a d a en la tradición de O cciden­
te, c u y a cultura, como en otras opor­
tunidades, p arecería im potente p a ra
conjurar este nuevo v en d a v al que vie­
ne del Este.
En la m úsica de hoy, m úsica de
problem as, late u n a voluntad de es­
tilo que busca nuevos cauces. P ara
dem ostrar que e sa m úsica no es un
producto antojadizo, y a que entronca
directam ente con los m ovim ientos es­
téticos que la h a n precedido, b astaría
recordar que el atonalism o y dem ás
fraccionam ientos super-crom áticos tie­
n en su origen en la arm onía ro m án ­
tica que h ace crisis en Tristón, así co­
mo nuestro politonalism o y el retorno
a las forrñas puras p u ed en explicarse
como un lejano reflejo del período clá­
sico: que es un período reaccionario
si lo com param os con el vitalism o del
barroco, por otra parte.
Sabem os que en nuestros días se vie­
ne realizando un trem endo y ag otador
esfuerzo por estab lecer u n a n u ev a es­
tructuración en los valores m usicales.
Los constructores de u n a n u ev a m úsi­
ca h an ofrecido y a soluciones de for­
m idable significado y contenido, como
el Pierrot Lunaire, el C uarteto IV o el
Concierto p a ra p iano y orquesta, de
Schónberg, las F an tasías, toccatas y
cuartetos de Alois H ába, las v erd ad e­
ra s visiones sonoras de A ntón W ebem ,
las V ariaciones y los últim os cuartetos
d e Krének, el W ozzeck y la Suite lí­
rica, d e Berg, y a lg u n a s e b ra s de Hin­
dem ith, de Honegger, de Cari Ruggles,
d e M ilhaud ,de E dgar V árese, Roger
Sessions, W allingfcrd Rieqqer, Slavko
Osterc.
Los heroicos esfuerzos de todos ellos
p a ra estabilizar u n a n u ev a realid ad
m usical, h a n dad o por resultado in­
m ediato que, ante lo ccm plejo y des­
u sad o de los resultados obtenidos, los
espíritus tradicionalistas, reaccionarios
y d em ás p arásito s del p asad o , m ue­
llem ente instalado s en sus sem piternas
series de consonancias y sus no m enos
vetustas y previstas series disonantes,
am én de sus honorables y correctos
calcos de las form as clásicas, a c u s a ­
ra n a aq u e lla s m anifestaciones noconfcrm istas, de ser expresiones p u ra ­
m ente cerebrales.
A esto podría contestarse que ted a
la m úsica a v a n z a d a de hoy es n atu ­
ral que po sea u n a considerable dosis
de cerebralidad, puesto que está lo­
g rándose luego de u n a intensa y rá ­
p id a evolución, de Beethoven a Schón­
berg, que supone u n trem endo desgas(1)

H.

(C ontnúa en la pág. 18)
L e ic h te n tritt. - - “ M úsica c Id e a s” .

�9 ARTES

11

LA E S C U L T U R A EN I TALI A
no es d ab le p en sa r que la n u ev a
SI pintura
italia n a p u e d a enquistarse

dentro de las posiciones postpicassean a s luego de h a b e r asim ilado y su p e­
ra d o el dinam ism o plástico y el abstractivism o q ue v a desd e Giorgio Mcra n d i h a s ta G iacom o Baila, tam poco
se p u ed e suponer que la n u ev a escul­
tura h a y a de concentrarss en el cubis­
m o de O ssip M orandi y de Jacques
lipschitz tras h ab erse enriquecido con
las id eas o riginadas en la sim ultanei­
d a d de los m úsculos en velocidad, la
construcción espiral, la s form as úni­
cas de la ccntinuidad en el espacio, la
síntesis del dinam ism o hum ano, la for­
m a-fuerza de los objetos, la fusión de
cuerpos y elem entos arquitectónicos,
la com penetración de figura, luz y
construcción en señ ad o por Umberto
Bcccicni, los futuristas y los constructivistas. N utrida en el trcnco fundam en­
tal del m odernism o, se h a a p a rtad o
naturalm ente, durante su evolución,
del entendim iento cristalizado e involutivo d e los sistem as estéticos y a arri­
b ad o s a su m eta.
Se presum e, sin em bargo, que el es­
tad o actu al d e la escultura en Italia,
no resulta d e m uy fácil ubicación. En
efecto, m ientras se advierte claram en ­
te que la pintura logra incluso vivir
tem poralm ente sin destruirse bajo el
cctidiano acontecer, la escultura re­
ch aza ex presarse si no es a b a se de
u n a contem plación largam ente m edi­
tad a. A despecho de la intensa d es­
v en taja inicial, de esa inferioridad fí­
sica a la que y a en su tiem po aludió
L eonardo d a Vinci, a l evidente com ­
plejo que la lleva a no poder com ple­
tarse en un estado interm edio de quie­
tud, no por ello h a de creerse que la
escultura italia n a ss incline h a c ia la
re ta g u ard ia en pos de un ritmo res­
trictivo.
Precisam ente, un espejo que refleje
con exactitud el fatigado rostro de su
estad o actual, p u ed s h allarse en las
categóricas observaciones form uladas
por quien h a sido, sin disputa, el m ás
q ra n d e escultor del siglo, el M asaccio
de la escultura: Arturo Martini. En "La
escultura, len g u a m uerta" (título de
u n a prim era colección de p ensam ien­
tos por m edie d e los cuales el gran
artífice de Treviso p lan tea el problem a
d e su arte con estilo polém ico, pulcro
y m uy agudo) c a rg a el acento sobre la
d ram ática lim itación de la escultura,
en tanto q u e hecho contem poráneo, y
re v ela aq u e lla s razones que le h an
im pulsado a a b a n d o n a r su ejercicio
p a ra en cam in arse transitoriam ente h a ­
cia la pintura. Por su parte, Benedetto
Croce responde con vivo interés al gri­
to de a la rm a d e Martini, y h allando

ALBERTO SARTO RIS
en él algo tan nuevo como grave, en ­
tiende que debem os detenernos con
toda n u sstra atención en las razones
que le h a n conducido a su solem ne
co n d en a d e la escultura.
Signos tangibles nos inclinan a no
rendirnos a la opinión seg ú n la cual
la escultura se h a extinguido en Ita­
lia. M ás todavía: considerables razo­
n es ob ran en favor d e su re-continui­
dad, a p e sa r de ser obvio que ella no
h a establecido a ú n la m an era d e en­
tregarse a u n a n u ev a tram a estética,
central, a u n a id ea filosófica o a la in­
dispensable su b stan cia religiosa, úni­
ca, a l cabo, que p u ed e sostenerla,
inspirarla y ccndicionar su resurgi­
miento. En estos últimos años, la es­
cultura se en co n trab a estan c ad a, a
c a u sa d e su orfandad con respecto a
la d iáfa n a energía que le d iera conte­
nido y a ese inspirado a len ta r sin el
cual no podría ella g en erarse dentro
de u n a estructura histórica im perativa­
m ente creadora. Pero, u n p aís como
Italia que, ad e m á s de la contribución
excepcicnal de Arturo Martini, h a g ra ­
b ad o en el tiem po la s p ru e b as visibles
de su genio a través de u n a g am a v a s­
tísim a de tem peram entos, p ru e b as que
v a n de M edardo Rosso y d e Adolfo
W ildt a Evaristo Boncinelli, de M arino
M arini a F rancesco M essina, d e Er­
nesto de Fiori a Fausto Mslotti; de
Lucio F ontana a Aldo Galli, d e Arnaldo d'Altri a Umberío Milani, de Dom enico R am belli a G iuseppe Raimondi; de Timo Bortolotti a C ario Conte,
de G iacom o M anzu a Pericle Fazzini,
p a ra no nom brar m ás, no podría des­
cender de su ra n g o en el arte y con­
tin úa orgullcsam ente vivo en el pre­
sente.
P ara rem ediar los dañosos efectos
del "stasi" im portaba, an te todo, d es­
cubrir el m al que a q u e ja b a a la escul­
tura. Fué M artini quien lo individuali­
zó de m an era inexorable. Ella no siqnifica, sin em bargo, que la m om entá­
n e a am n esia cread o ra que h a pad eci­
do la escultura italia n a sea, en reali­
d ad , m ay o r que la a c u sd a por las de­
m ás naciones. Se com prende que p a ­
ra conseguir u n a pronta elevación ella
tenga que concebir, seg ú n el lapidario
aforismo d e Guillerm o Apollinaire,
aquellos "m onum entos d esinteresados
d e proporciones superiores al fin que
se quiere llegar". Sólo por e s a vía en­
contrará la posibilidad del m ilagro
que M artini p re sa g ia b a , e sc ap an d o a
las tres dim ensiones que él, asim ism o,
tan justam ente reprochó.
A la esp e ra de revivir al calor se­
d an te de n u ev a s fa en as civiles, la es­

cultura italia n a se enfrenta actu alm en ­
te a u n a crisis de n atu ra leza cosm o­
gónica. Es de no tar q ue M artini, m ien­
tras se lan za contra el v ituperable p re­
juicio que h ac e d e la escultura la eter­
n a repetición de la estatu a, y a p esa r
de su negación de principio, d eja
abierto, no obstante, el cam ino h a c ia
la constitución de un arte espiritual, h a ­
ciéndonos vislum brar el nacim iento de
un m undo que, si bien to d av ía b alb u ­
ciente e im preciso, y a configura un
orden d e ca rác te r selectivo. Se diría
que Martini, sin transferir la p rerro g a­
tiva que supone s u dem iurgia, procu­
ra im poner, d e cu alq u ier modo, su vo­
luntad a la obra: C a íd a hiperbólica en
el infinito, suprem o enriquecim iento de
la fantasía. C cn Arturo M artini —es
d ab le decirlo— el orden italiano h a b ía
llegado a ser, desd e h ac e años, el or­
den europeo. Y esta posición se m a n ­
tiene a todo evento.
Dentro de los supuestos, m ediante
les cuales a p o y a M artini su a ta q u e
centra la escultura, figura el siguien­
te: "Si ningún confin delim ita el do­
minio de las artes, ¿por q u é la escul­
tura no p u ed e h a c e r u n a m a n z a n a ? "
Sin em bargo, adm itiendo q u e u n a
m an za n a producid a por el aúlico cla­
sicism o terrestre de Aristide M aillol no
p u d iera sufrir el p aran g ó n con u n a
p in tad a por el Tintoretto o por Chardin, el hechc no d a ca u sa le s p a ra re ­
p u d iar la escultura; del m ism o modo,
no se rech aza la pintura en virtud de
que ella no pued e construir u n a casa.
Arturo M artini está, no obstante, en la
verdad, cu an d o afirm a q u e la escul­
tura, com o estatu aria, está su p erad a.
De hecho, la estatu aria, d esp u és de
h a b s r reem plazad o a la escultura, fué,
a su vez, substituida por el retrato pic­
tórico, com o consecuencia del d escu ­
brim iento de la s ley es de perspectiva;
por lo cual es viab le co n sid erar las
g ra n d es obras escultóricas p roducidas
a lo largo ds los siglos, en p arte como
com prom isos dilatorios. No d eb e ol­
v id ar M artini que, seg ú n le ocurre a
lta pintura, es posible concebir u n a es­
cultura totalm ente le ja n a d e la n a tu ­
ra le za y gue, así, dentro d e tan loable
intento, a d v e n g a a lo universal. C osa
que sucede, por ejem plo, con el con­
junto de esculturas in d ias e in caicas,
las cuales no fueren estilizaciones de
m asas, como las egipcias, sino, a la
vez, conceptos superiores reunidos en
m onum entales esq u em as plásticos a
g u isa d e inm enso nudo escurridizo.
P ara co n saq rar el yo titánico del se n ­
tir d e Arturo M artini y c a n celar el yo
ncncieeo de sus contem poráneos, la
escultura italia n a d eb e suplir a la pre(C ontinúa en la pág. 18)

�9 ARTES

12

NOVEDADES EN ININTELIGIBILIDAD
A D O L F O
EMOS por supuesto lo que sobre
D
oscuridad y claridad en poesía y
literatura, sobre "sentido lógico" y

DE

O B I E T A

pensam iento-asociación (a diferencia
del pensam iento-frase o discursivo) no
"Un beso oloroso de estiércol y carne humearte
obedece a la lógica racional, es difí­
Apaga las arenas que chisporrct:&lt;xban soño­
cil que no adm ita ninguna ley o regla,
lientas."
oiéi^W »4m«kfes-sHt»ligeiiiee»peKábi6constituyendo u n a excepción capaz de
O
destruir la noción del determinismo
universal de que no podem os pres­
’ "Yo que fui disparado por un asombro
cindir. Ram ón Gómez de la S em a
que se oculta en un día domingo de arterias
tam bién dirá ("La p a la b ra y lo inde­
[sin preferir."
cible") en "Lo cursi", 1943); "La nueva
p ee sía y la nu ev a literatura h an liber­
Nc aludo, pues, a grados de exce­ tado las p a la b ra s y la s p alab ras obran
lencia de possía, o al prosaísm o que por su cuenta, seg ú n u n a ley incons­
debilita un poem a, ni siquiera a los ciente y segura". O sea: el arte mo­
poem as m ediocres o malos, sino a los derno aniquila definitivam ente el pres­
no-poem as, a las n a d a s poem áticas, a
tigio de la lógica práctica como crite­
la nihilidad de poeta, a la anodinidad rio de la v erd ad artística, pero se de­
de no decir n a d a o de decirlo impro­ be a u n a lógica o ley propia, explícita
piam ente; (Croce sonreiría de esta o intuitiva: aq u e lla ley inm anente a la
condescendencia de que algo p u ed a
creación estética q ue la distingue a la
ser intuido bien y expresado mal); vez del orbe convencional lógicotam poco aludo a grados de oscuridad práctico y del caes o la irracionalidad
o ininteligibilidad. La frase de Blake: pura; adm itir el m aterial onírico o sub­
"La Eternidad está está en am o rad a de consciente no im plica d ejar de ser un
las obras del tiem po" ("Eternity is in artista consciente (a m enos que se in­
love with the producticns of time", en terpretara e sa literatura de la ilogici"La Boda del Cielo y el Infierno") no d ad absoluta como u n a tentativa de
se entiende claram ente (por oscuridad expresión del caos, del sin sentido del
m etafísica o religiosa, o por m era mis- m undo, o de la irracionalidad del m un­
teriosidad del artista-pensador que la do m o d e rn o ...).
escribió), pero no im presiona como una
Si, pues, el ilogismo, el non-sensu
inanidad, se sospecha que alg ú n con­ respecto de las categorías del m undo
tenido hubo en la conciencia de quien fáctico, son notas de la poem ática mo­
la escribiera y com place a quien la d ern a (aunque en todo g ran arte del
lee; h asta si fuera un sim ple juego p asa d o hubo su dosis de ilogismo, de
(mezclar los conceptos de eternidad, superrealism o), no todo ilogismo es
tiempo, a m o r .. .) h ab ría resultado un poesía, o puede reconocerse que h ay
juego feliz. Lo mismo p a ra este pen­ un ilogismo con calid ad poética y un
sam iento: "El rugido de los leones, el ilogisme estéril, que no conquista ni
aullido de les lobos, la cólera del m ar por su sentido lógico ni por su au sen ­
tem pestuoso y la e sp a d a destructora,
cia de sentido lógico, ni por arte ni
son porciones de eternidad dem asiado por juego.
grandes p a ra el ojo del hom bre". Y
notorios grados de oscuridad delibera­ • "En la cesta del corazón recogí
d a o indeliberada h ay en Rimbaud, las ctTezas del árbol de la tarde
M allarm é, Milosz, Valéry, Eluard, Bre­ Los cerezas se ensartan cómo besos
tón, Elict, G arcía Lorca, Neruda, Al- cargamento de besos lleva tu boca barca...
berti —com patible con preciosa poe­
Pendiente de tu cuello ríe
sía. La ininteligilidad a que aludo,
el
sonajero de tu alma
pues, no proviene ni de cau sa gram ati­
Cogidos
de las manes
cal, ni de esoterism o o hermetismo
profundo, sino —presum iblem ente— saltaremos las combas di&gt; horizontes
de que no hubo estado poético en el y cuando el Sol descienda
espíritu ds quien escribió; es la ininte­ entraremos en él
ligibilidad por inanidad expresiva.
por el puente de un rayo
O

"sentido poético" sab e n Jacques y
R aissa M aritain o Karl Vossler o A m a­
do Alonso, y tem poralicem os y locali­
cem os el tsm a: p er qué se escribe, en­
tre nosotros, tanta oscuridad o ininte­
ligibilidad: poem as (poéticamente) in­
inteligibles, p rosas (artísticamente) in­
inteligibles, en sayos (lógicamente) in­
inteligibles. Por qué leem os "poem as"
que no nos producen em oción poética,
"p ro sas” que nc nos em ocionan como
arte, "en say o s" que no nos com unican
pensam ientos. No pedim os, pues, que
un texto místico sea inteligible racio­
nal o literaria o poéticam ente, sino
m ísticam ente, ni que un poem a sea en ­
tendido por su valor de v erd ad c ra ­
zón, sino por su valor de poesía; pero
esto supone siem pre algún m odo de
ser captado o recibido, una intelección
posible; lo que no suponem os (salvo
com o juego) es que alguien trabaje
piezas escritas, o plexos de signos ex­
presivos, que no produzcan ninguno
de los resultados que consuetudinaria­
m ente se adscriben a l uso de la p a la ­
bra; • palabra-concepto (ideas, p en sa­
mientos), p alabra-im agen (poesía, mi­
tos, misterios), palabra-poder (magia,
plegaria).
A islándonos de las prosas que no
producen em oción artística o las fór­
m ulas m ágicas que no conjuran, ex a­
m inem os los poem as que no despier­
tan p eesía; los poem as ininteligibles;
bien construidos, gram aticalm ente im­
pecables, bien rim ados y ritm ados a
veces, o bien desm edidos y liberados,
y que no ca u san ese encantam iento,
sugestión, fan tasía con que habitual­
m ente se alu d e a la Poesía. Es ele­
m ental que tal incom unicación entre
el autor y el lector puede provenir de
tres situaciones: sim ulación voluntaria
o involuntaria de u n a intuición c con­
tenido a expresar, en el autor; inepti­
tud del autor p a ra expresarse (impro­
p ied ad del texto); ineptitud del lector
p a ra entender el poem a. Prescindam os
de nuevo de sutiles problematizaciones; p a ra nunca ponem os de acuer­
do, quizá, es mejor que com encem os
a h e ra mismo y directam ente; y uso
del privilegio de ser yo quien ahora
• En 1920 (hace 27 años), le a n Epsescribe p a ra decir que no me siento
responsable de no entender, de no tein en "La N ueva Poesía" advertía
em ocionarm e, de no entrar en el éxta­ que las letras m odernas parecen com­
pletam ente faltas de lógica, qus se
sis poético con versos como éstos:
desprende de ellas una im presión de
"Por los arroyos tibios de azúcar y palomas
deshilvanado, de despropósito, de sue­
Se des’iza un fantasma di» silencios oscuros
ños desenfrenados, y y a an o tab a tam ­
En ei jardín las rosas alegres de v.o'ines
bién la "suprssión de la gram ática".
(1) No obstante, reconocía y a que si el
Oscurecieron todas de blanco entristecido."

bajo el orco triunfal de un nob e ocaso
Pasado mucho tiempo
pescaremos recuerdos naufragados."
("Proa", 1922)
"Con sus ruedas cargadas d = infin to
E! tren desnuda el campo a la mirada.
Iiocien das grises, casas pobres, árboles.
Fero más ia distancia

�9 ARTES
Como una fuerts y simple melodía terrosa.
Los caminos empolvan la canción de la
[marcha..."
("Martín Fierro", 1927)
Plácidas cordilleras moreras
llevan tierra al triste arco iris.
Duele en la garganta
la alucinante- pupila
paralizada en el reto, la ira,
la contorsión agónica. . .
Si pudiera
—cómo se me estremece el cuerpo—
qué furor retorciento aletas
me abriría el pecho hasta devorarme los
[pulmones..."
("Cosmorama", 1944)
"Condensan a prepósito
la resistencia de pañuelos de metal
está desatado en la jaula el origen de la ceniza
está en la dob’ez del cielo arrodillado
una distarcia del cielo a la frente
una distancia de una valija
de ojes revisados en la despsd da
se ve fácilmente un calendario sonámbulo
que radiografía el depósito de permanencia en
[ la noche
el cadáver de 1 KILOMETRO DE HORIZONTE.
Un cadáver más
al otro lado del meridiano
microbios en marcha forzada deciden la púa
[del bronce."
("Arturo", 1944}
Mas como nadie gobierna a sus puertas el Ser
(huye:
ds donde voy sintiendo dolor de sus huellas;
si. dolor de envío porfiado, indeleble
moviendo esta angustia sin cansancio posible.
("Sed", 1947)

Pero lo que cum plía función histórica
—si m enos artística— en 1922, no con
la m ism a ac tu a lid a d p u ed e cum plirla
en 1947, p u es p a ra la velocidad m oder­
n a de la historia un cuarto d e siglo p a ­
rece d em asiad o p a r a que u n a revolu­
ción estética o social p srm an ezca sin
sensible consum ación. H ay derecho en­
tonces a ex am in ar si el poem a puede
seguir siendo u n d isp ara d ero d e im á­
gen es o d e im presiones, un fluir del
pen sam ien to asociativo, un az ar de vo­
cablos.
A dem ás, digam os que no faltaron
q uienes a ú n e n su m om ento ob serv a­
ron lo que de juego o n ad e ría h a b ía en
esos ejercicios "poem áticos"; a sí en
"Proa" (1922), al p resen tar un poem a
de Emile M alespine:
Bonito, muy bonito
El Palacio es muy chic
Rodea la gamuza los dedos del hidalgo
En el hall se adelanta
con 200 antepasados enganchados e*i sus
[bigotes. . .

La señorita, en el rocking-chair
licueface su sexo
con novela chiaro di luna
Ficta muselina palabras papillotes sobre labios
[mariposa. . .

se advierte que se publica u n a "trav e­
su ra lírica, com puesta en jerigonza in­
ternacional, de un burlón jerihablista
y au d a z b a ra ja d o r de idiom as", es d e­
cir, un hom bre que juega. En "M artín
Fierro", 1925-26, varios artículos de A n­
tonio V allejo critican la poem ática de
entonces y el auje del "d isp arate lí­
rico". En "La N ueva P oesía A rgenti­
n a", 1930, Néstor Ib arra an a liz a la re­
tórica del ultraísm o y dice de los sím ­
bolos d e oscuridad poco defendible,
"q ue la única im potencia de que a c u ­
sa n al lector es el desconocim iento de
u n a clave; traducidos, la oscuridad del
verso (su pretendida eficacia) se pier­
de: tram p a de operación inversa al
m étodo de legítim o m isterio que pide
g en eral inteligencia y no c a su a l inicia­
ron p u es h ac e y a 25, 20, 15 años, lo
que h a b ía de fatuo en tal poem ática.
Es juego o, h asta, sim ulación de juego.
Es distinto cu an d o se advierte explícita­
m ente, o por el título, que se juega, por
ejem plo en "Scherzo", poem a en
"Sed", N? 7, 1947:
"El mar tiere un caballo de tiza que le escribe
y un cabal'o de vidrio con las patas cortadas
El mar tiene un caballo que le habla por teléfono
y un caballo que come guantes de espuma
{^helada."

• Torres-G arcía en "C on respecto a
u n a futura creación literaria" ("Artu­
ro", verano 1944) adoctrina: "Todo
.bienvenido en nom bre d e la locura, en
nem bre de la expresión libre, incon­
trolada, a u d a z y ag resiv a" p a ra "rom ­
p er el orden lógico, la m ala costum bre
descriptiva n aturalista"; pero com ple­
m enta: este prim er m om ento n e c e sa ­
rio, indispensable, en que "tenem os
que sentim os libres, sin im pedim enta
a lg u n a y decirlo todo —tom ando di­
rectam ente, no de seg u n d a m ano— h a
d e se r provisional; de no pen sarse así
se iría a la ruina". Y aún: "Vivo yo
tal cosa, y lo digo. Siento tal cosa, y
la digo. Y lo digo poniendo a la m is­
m a cosa, pues la cosa h a de estar
allí. Y e sta rá junto a otra, pero no co­
mo en el m undo, sino dentro de un
ritm o en el cual yo quiero que esté.
Y a sí y a estoy en el segundo momento.
En el de la construcción".
La doctrina es correcta, pero hace
treinta o m ás añ o s que en arte se es­
tá dem oliendo, que se h a sistem atiza­
do la voluntad de nihilismo respecto
del p asad o , la voluntad de u n a n u ev a
era; futurismo, cubism o, dadaísm o, su­
perrealism o h a n trab a jad o preciosa­
m ente en e sa desarticulación de cate­
gorías ag o tad a s. ¿Todavía falta m u­
cho p a ra p a s a r del prim er m om ento al
segundo? La escu ela literaria que en

13
el último París no se conform a con los
po em as de p a la b ra s sueltas pero ente­
ras, sinc que las descom pone en síla­
b as, ¿está en el prim ero o en el segun­
do período? ¿Falta descom poner las sí­
la b a s en vocales y consonantes? (2).
Y los p o em as que a b u n d a n en nu es­
tras revistas y libros, e n los que la lo­
cura o ca e s p arece n absolutos y la in­
inteligibilidad perfecta, ¿to davía son
ensayos, necesarios, d e sentim os li­
bres, "sin abuelo s ni bisabuelos", co­
mo "hijos directos d e la tierra", o y a
son constm cciones cread o ras? En la
historia del arte (y d e la ciencia) son
útiles eses períodos d e desintoxicación
de retóricas cad u cas, d e ventilación
del stock de sím bolos o tab ú s o fór­
m ulas; pero no sobrevienen m uy fá­
cilm ente la s n u ev a s eras, la s solucio­
nes de continuidad artística, com o las
de continuidad ética o biológica. ¿No
padecem os y a un poco la retórica de
la ininteligibilidad, u n a neo-inssnsibilid ad ? A ntes hubo la retórica de las
m a rq u e sa s y nenúfares, luego y ac­
tualm ente km de las p alo m as (sacrifi­
cio de la palom a, nudos de palom as,
regiones donde m uere la palom a, ah
pretérito am ad o r de la palom a) y la
v eg etalid ad (fantasm as vegetales, te­
rrores vegetales, estatu as vegetales, lu­
ces vegetales, dioses vegetales, deli­
rios vegetales, litorales vegetales, sa n ­
gres vegetales, rosas vegetales) o la
de "Aún el tiem po no cam b ia de co­
lor y el día es u n a h erid a que no s a ­
n a " o "¿En qué can san cio y tiem po
se p erpetúa un m uslo?"
En ñn, es difícil o cu p arse del tem a
de la Ininteligibilidad sin hacerle el
juego a los profesores d e claridad, p a ­
ra los que en arte todo tiem po p asa d o
fué m ejor y no h a y como la Antigüe­
d a d en que el arte era diáfano y clási­
co y p a ra ser entendido. Pero el si­
lencio es u n a resp o n sab ilid ad ; tam po­
co h a y que favorecer a los q ue creen
que el no entenderse (ni por la d ere­
ch a ni por la izquierda) es el signo del
gran arte.

(1) SO ó 100 años antes. Schlegel habia escrito:
“ El com ienzo de toda poesía es suspender la m archa
y las leyes de la razón, resum ergim os en el bello
extravio de la fa n ta sía ; en el caos prim itivo de la
naturaleza hum ana. El b u en placer del poeta no
sufre ninguna ley por encim a de él".
(2) D iversa es la te n ta tiv a de esperanza de A l­
b e rto H idalgo (" T ra ta d o de p o ética") sobre los fu­
turos poemas de silencio, pues ya los hay vividos
en la poesía in escrita de los alm as, o en el m ucha­
cho “ que no sabe m ás que m irar ydecir a a a com o
J erem ías” (J M a r ita in : “ Situation de la Puesie").

�9 ARTES
4QUE SE BUSCABA EX LA PL A N I­
FICACION DE LA OBRA?
P XPRESAR 011 ella las inquietudes do lo.tiempos actuales, simplificar lo» oonccjitos, brindar posibilidades a las nuevas tendencas do la músioa, la danza, literatura esceno­
grafía dinámica, ote., reemplazar el espectácu­
lo individual por el do conjunto, exaltar prin­
cipalmente las ilimitadas posibilidades de la
electricidad o iluminación para las visualizaclones plást icas, e integrar la obra con los ade­
lantos técnicos acásticos, eléctricos y estructu­
rales.
QUE OPINION DEBE ACATARSE: ¿l.AS
DE LAS MAYORIAS ES I’BOTAN T ES O
LAS DE LAS MINORIAS I)E BUSQUEDA?
Los que escriben sobre Arquitectura opinan
que las obras de valor arquitect 'mico reflejan
el momento histórico de los pueblos. En todos
los países del mundo, Arquitectura es expre­
sada por grupos que encabezan los movimien­
tos de evolución, minorías progresistas que
construyen para las mayorías indiferentes. Ora­
das a esas minorías de búsqueda, la gente vue
la, dispone do estreptomicina, o goza de los
beneficios de la imprenta. En construcciones,
si se hubiera aceptado la inercia de las mayo­
rías, seguiríamos viviendo bajo el dolmen.
CADA

EPOCA DEBE SER EXPRESADA
CON VALORES PROPIOS

tiempos actuales.
EL VALOR DE l ’ N A OBRA .NO SOLO
D EPEND E DE QUIENES LA PROYECTAN
Esta obra debía hacerse con un programa
definido. Al establecerse éste, debía croarse
simultáneamente la organización artística que
actuara en él. Preparar los obreros y técnicos
para manejar ¡a máquina a construirse y estar
Intimamente ligado a la evolución cultural por
la que pasamos. Del mayor o menor cumpli­
miento de esto surge una obra reflejo de un
teatro tradicional con balbuceos de progre­
sista o una que es expresión del movimiento
artístico y técnico más avanzado.
¿QUIENES SON LOS QUE DETIENEN EL
AVANCE DEL ARTE ESCENICO?
v

Lo espectadores del mundo, en su mayoría,
tienden a no crearse problemas de abstracción,
y favorecer con la indiferencia el manteni­
miento de un sistema artístico formado por em­
presarios con eslabones de salas de espectácu­
los literatos, músicos, arquitectos, actores, can­
tantes, bailarinas, escenógrafos, fabricantes de
pinturas, técnicos de iluminación, sonidos, crí­
ticos de arte, y hasta boleteros que viven de
]a no imaginación propia y de la de los es
peet adores.
BIBLIOGRAFIA
La falta de documentación técnica creaba
dudas y liberaba a la vez la imaginación.
Ciertos libros traían gráficos y descripcione;
para profanos, otros en su mayor parte esta­
ban dedicados al arle escénico. Aquellos alta­
mente documentados no respondían a las nece­
sidades culturales y técnicas de nuestros días.

COMO HABRIA SIDO UN NUEVO AUDI
TORIC.M PROYECTADO OTRA VEZ POR
OTROS TECNICOS

Se eonultaron técnicos nacionales y algunos
extranjeros. Los nacionales, en su mayoría ope­
rarios, tenían una vasta experiencia alquimia
a ravég de 50 años de trabajo en el mismo
teatro. Directores de orquesta nos eliminaron
muchas dudas importantes. Los técnicos ex­
tranjeros conocían los más modernos equipos
eléctricos, ul servicio del teatro convencional.
Pocas veces se había planteado un programa
de tal magnitud. Los arquitectos e ingenieros
que intervinieron en sus planificaciones no
contaban, en ese entonces, con los adelantos
técnicos de la óptica y electricidad actuales,
ni con materiales acústicos y técnica construc­
tiva tan perfeccionados.

lisis de la técnica y materiales empleados, el
sistema estructural, el tipo de equipo a instalarse, etc. En el Auditorum el costo de Ja
obra, el ti]&gt;o de materiales a usarse y el tiem ­
po de construcción requerido imponen encarar
su planificación como obra de carácter per­
manente. De su valor arquitectónico depen­
derá que ella perdure a través del tiempo. De
la mayor o menor jerarquía con que se en
carón los espectáculos artísticos, dependerá que
cumpla una función digna que justifique su
Construcción.
¿CUAL

EL PROGRAMA SE DE El N l() PARALELA­
MENTE AL PROCURO DE ESTUDIO

EXPERIMENTA OI ON F UNDAM E NT AI,
UNA VEZ “ TERM INADA” LA OBRA
La obra que publicamos es el resultado de
casi un año de trabajo. Ella no está aún com­
pleta. Gran parte de la experimentación debo
continuarse durante el proceso de construcción.
Muchos equipos deberán ser ajustados por las
experiencia.» adquiridas durante el funciona­
miento de ellos.
¿CUAL ES LA .1 E.RARQU IZAOION DE LAS
ESPECI ALIDA DES CONSTRUCTIVAS ?

¿GOMO HABRIA SIDO UN NUEVO AUDI
TORJUM PROYECTADO OTRA VEZ POR
LOS MISMOS TECNICOS?

Fotografía de la maquette del Auditorium visto desde la parte
posterior. T iene una capacidad de veinte mil espectadores sentados.

(•/nciilail . Acústica - Estructura
Como resultado de que lo fundamental es:
ver y oir correctamente.
¿DEBE SER EL AUDITORIUM UNA OBRA
TEMPORARIA O PERMANENTE?
Constructivamente so establece si una obra
es permanente o temporaria mediante el aná

T res fotografías de la maquette de la estructura del balcón del Auditorium.

EXPRESIONES FORMALES, PRODUCTO
DE UNA IMAGINACION QUE VA MAS
ALLA DE LAS POSIBILIDADES TECNICOCONSTRUCTIVAS DE LA EPOCA
En muchos casos, mediante una expresión
puramente formal se materializó como grito
una necesidad que reclama una solución técni­
co-constructiva, aún no encontrada, pero quo
so resiste a caer dentro de expresiones que no
condicen con el espíritu de nuestro tiempo

ES LA EXPRESION PLASTICA
DE NUESTRO TIEMPO?

Sabemos que por progresista ésta es una épo­
ca de transición. La investigación en el cam­
po de las artes plásticas renueva los problema
de la relación forma-color-textura de los ma­
lcríales que intervienen en la obra arquiteetó
nica. E.l Arte de nuestro tiempo es definitiva
mente no objetivo, concreto puro, con-tructivo.
Por medio del balance de elementos geométri­
cos de invención, simples, tiende a convertirse
en el común denominador de las sensaciones
emociona les de los pueblos.

Esta vez una obra arquitectónica no fué
estudiada con un programa rígidamente esta­
blecido, donde los técnicos aportaban expe­
riencias anteriores que se componían de acuer­
do a métodos de integración arquitectónica.

Desechando la posbilidad de que esa dife­
rencia fuese puramente formal, croemos que la
polémica básica de otro rabajo se fundamen­
taría en la diferente jerarquizada de las es­
pecialidades y elementos.

Documentaciones t.an simples como son las
definiciones formaron parte de la bibliografía.
Liberada la imaginación, cada especialista se
puso al servicio del otro en el justo balance
de las posibilidades. Así, de acuerdo a las
funciones u que cada una de las partes estaba
destinada, se valoró, con diferente jerarquización la relación cstructura-acústica-iluminneióii.
La técnica abarca campos tan amplios que
permito una flexibilidad ilimitada en la inte­
gración arquitectónica. El acierto de ésta os
cuestión de la existencia o no existencia de un
concepto director homogéneo y simple. Al ac­
tuar con un concepto único, invariable, ante la
posibilidad de proyectar de nuevo la obra,
hubiésemos exaltado la simplificación del todo,
una mayor cohesión en la integración y una
mayor nitidez en la jerarquización.

LA NUEVA ESCALA VISUAL Y AUDITIVA
IMPONDRA UN ESPECTACULO NUEVO
Un Auditorium para 20.00.0 espectadores, con
nueva escala visual y auditiva, crea nuevas ba­
ses para la mu relia del arto escénico. Plastea
problemas diferentes de aquellos, que exisen
en los espcc:úculos tradicionales. Abre nuevos
rumbos a la integración de la música, la dan­
za y las \ -ualizacionos plásticas, con sus elec­
tos de espacio exaltados por las ilimitadas po­
sibilidades de la electricidad.' Por eso no
debe decirse que es un error construir un
auditorium para 20.000 espectadore:, v quo se­
ría preferible construir 10 mías de 2.000 ó
100 de 200 espectadores. Los que así piensan
limitan las posibilidades del arto escénico y nie­
gan la contribución de la tecuca en la mar­
cha del arte.
NADIE. PUEDE ESTAR SATISFECHO DE
SU PROPIA OBRA
Al evolucionar en un:i constante superación,
el espíritu crítico va más allá de lo realizado.
Analizada la integración del proyecto, ios au­
tores desean iniciar de nuevo su planificación.
Es que nadie puede estar satisfecho con su
propia obra. Siempre se adquieren nuevas ex­
periencias, se simplifican los conceptos y so
vislumbran nueva . posibilidades,
RARO A LOS PROFANOS DE LA
ARQUITECTURA.
Aupiciar o propiciar una obra de tal enverPOR QUE EL AUDITORIUM PARECE
gadura no es iniciativa de todos los días. De
ahí que pocas veces se ha intentado la cons­
trucción de un auditorium similar. Algunas go­
biernos europeos intentaron repetidamente la
construcción de ellos, propiciando concursos in ­
ternacionales de •arquitectura, ninguno de los
cuales alcanzó la etapa constructiva. Es así
que uo existe precedente alguno, para referir
ni auditorium con respecto a otra obra que
cumpla funciones análogas, y establecer así
relaciones o polémicas sobre los conceptos ar­
quitectónicos de cada uno. Se recurre entonces
a alguna obra de similar magnitud y uso dis­
tinto, reduciendo la relación a un problema de
estética, con todos sus peligros, sin relacionar
la evolución de la técnica. Se lia saltado así
bruscamente, en obras (le, esta naturaleza, del
periodo de los circos romanos a los tiempos ac­
tuales, sin tener la oportunidad de conocer, por'
inexistentes, las obras arquitectónicas similares
que corresponderían a períodos intermedios.
Por eso el Auditorium parece raro, como pare­
cería raro el último modelo de Studchackor en
relación al primer Ford de bigote, si so hu­
bieren omitido todos los modelos intermedios.

�9 ARTES

16

N O T A S O B R E EL E L E M E N T O T R A D I C I O N A L
EN LAS CANCIONES DE FEDERICO GARCIA LORCA
D A N I E L

A

HORA que la obra de García Lorca pue­
de nparecérseuos como un todo cabal, y
que su figura y su Sentido aprovechan,
por fin, tras un período mareado por fervores
de toda suerte, de una quietud de buen augu­
rio, no es poco aleccionador considerar su tra­
yectoria. Canciones (1921-1924), inmediata­
mente anterior al Romancero gitano y su pri­
mer gran libro, es la obra que muestra plenamene algunas de sus cualidades más substan­
ciales, y en la que el elemento tradicional
aparece para el poeta como el medio que le
permite encontrarse y mostrar su manera pro­
pia y su propia personalidad.
Tradición es, para hablar de García Lorca,
palabra con un doble sentido, si no triple.
Una es la tradición netamente tradicional, la
de la poesía popular; otra la tradición litera­
ria, la de los grandes líricos del idioma: la
tercera, la de esa línea de artistas cultos —Dá­
maso Alonso señala este carácter en Gil A icente, en Lope de Vega— que coinciden con la
vena popular hasta el punto de hacer difícil
un dictamen sobre la originalidad de ciertas
piezas. Esta tradicionalidad de cultura, tan
peculiarmente española y por ende tan prove­
chosamente apropiada para creadores españo
les, este tercer espejo ha sido para García
Lorca el más útil, el más aleccionador y aquél
en el que mejor pudo ver y forjar su figura
poética.
La versificación de las Canciones responde
plenamente a esta descendencia de los anti­
guos cancioneros. Los metros cortos, el juego
aéreo de los estribillos — hay canción que es
casi solamente estribillo— que se entrelazan,
apenas regidos por el hilo de araña de la
asonancia, todo es obra de un poeta que sabe
ya su técnica y la de los demás maravillosa­
mente.
Pero es en el contenido de los poemas don­
de se advierte mejor la voluntad de una tra­
dición. Está en esa’ llave de “ plata fin a ’ ’ que
viene del romancero, y en los torerillos “ delgaditos de cintura” ( “ apretados de cintu­
r a ” dice un romance de los de Durán, en B.
A. E. 1G, pág. 655, X'' 1722). D dgaditas (le
cintura■se lee en el X9 1646 de los Cantos po­
pulares españoles de Rodríguez Marín; del­
gado de cintura dos veces en el 2041; delga
dita de cintura es octosílabo común a los 1355,
1357, 1358 y 1359 y aparecen rasgos semejan
tes en los cantares siguientes; la nota 88 de
la sección Requiebros se refiere en particular
a este rasgo de belleza.
X'o creo excesivo afirmar que García Lorca
debe a este cancionero de Rodríguez Marín tan­
tas sugestiones, por lo menos, como a su des­
pierto sentido de captador de los popular. A
l°s'ejemplos del textos sírcense: la copla “ La
Virgen lava pañales” , variada en la 6500 de
Rodríguez Marín; el “ río de Sevilla ’ ’ en la
7688; el “ giierto naranjé” de la 6506; “ oro”
y “ moro” en la 220; “ monja-toronja” en la
116; “ a la mar fui por naranjas” (otra ver
sión) en la 1983,, v esta otra resonancia;
Ay, qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!
(Canciones, pág. 56)
Bárgame Dios, compañera,
lo que me cuesta er quererte!
(R. Marín, X 9 5100)
Más manifiesta es la inclusión de unos desen­
fadados versos de la pieza 181 de Rodríguez
Marín en el Retablillo de Don Cristóbal; la
rima “ vieja-teja” aparece también .a
1
X 9 90; y en lo amargo de la adelfa, y &lt; la
gracia tan popular de los acentos cámbenlos,

D E V O T O

en arbolé y verde (ya la observa Henríquez
Ureña, en La versificación española irregular,
29 ed., Madrid, 1933, pág. 300). Está en eso,
v en más que eso: juega en el eco de ciertas
alusiones:
Agua, ¿dónde vas?
Riyendo voy por el río. . .
(pág. 135)
recuerdo de una de las coplas tradicionales
más hermosas:
La Virgen lava pañales
y los tiende en el romero.
Los pajaritos cantaban,
el agua se iba riendo;
y en la evocación del “ río de Sevilla” —tan
cantado por Lope— donde
cinco barcos se mecían,
con los remos en el agua
y las velas en la brisa. ..
recuerdo seguro de las seguidillas antiguas:
Salen de Sevilla barquetes nuevos
que de verde liava llevan los remos.
Rio de Sivilla,
de barcos llena.. .
(de cancioneros antiguos publicados por Foulelié-Delbose en la Rerue H ispanique: tomo
LXV, pág. 160 y sigs., Les romancerillos de
Pise, pág. 232. X9 79; tomo V IH , pág. 309
y sigs., Séguidilfes ándennos, pág. ’326, X 9
253. Véase también, para el primero, los Car.
tapados literarios salmantinos riel siglo X'V I
publicados por Menéndez Pidal en el Boletín
de la Real Academia Española, T, 1914, págs.
311-313).
Y más patente todavía es el trabajo de in­
corporación visible en algunas composiciones:
la Candoncilla sevillana, por ejemplo:
Amanecía
en el naranjel.
Abejitas de oro
buscaban la miel.
¿Dónde estará
la miel?
Está en la flor azul,
Tsabel,
En la flor
del romero aquel.
(Sillita
para el
Silla de
para su

de oro
moro.
oropel
mujer).

Am.necia,
en el naranjel.
(págs. 39 y 40)
La forma naranjel, por naranjal; es forma
dialectal (como ese cuido que la prodigiosa
zapatera promete a su pródigo marido, si vol­
viera) y figura en una canción asturiana que
volveremos a encontrar:
...h a sta los liaran joles
han florecido. . .
La tercera estrofa es lo respuesta de un

viejo cantar (pie pasó por -muchas manos ilus­
tres: Calderón (E l alcalde de Zalamea, Jor­
nada II, escena V III), Lope (que en Los
pastores de Belén lo vuelve a lo divino: Las
pajas d d pesebre, / niño de Belén, / hoy sen.
flores y rosas, / mañana serán hiel), Góngora (Las flores del romero, / niña Is a b e l...
tomo I de la ed. de Foulehé-Delbosc, pág.
296: cosa curiosa, no lo cita Martínez Tornet en su estudio sobre los temas populares en
Góngora, Revista de Filología Española, t.
X IV ), Correas, que lo da como canción popu­
lar en una versión ligeramente diferente!
La flor del romero,
niña Isabel,
hoy es flor azul
y mañana será miel
en su Vocabulario de refranes, pág; 217 de
la 2‘ ed.. Madrid. 1924, y en el A rte grande
de la lengua castellana). Sin contar que el
final es una copla infantil, y que oro y moro
son consonancias obligadas en el cancionero
y refranero tradicional, como la monja y la
toronja del Vals en las ramas.
Más complejos (más insinuados, menos di­
rectos) son los elementos de otra canción:
A Irene Carda (criadb) :
En el soto,
los alainillos bailan
uno con otro.
V el arbolé,
con sus cuatro lio.jitas
baila también.
¡Irene 1
I.negó vendrán las lluvias
y las nieves.
Baila sobre lo verde.
Sobre lo verde verde,
que te acompaño yo.
; Ay cómo corre el agua!
¡ Ay mi corazón!
En el soto,
los alamillos bailan
uno con otro.
Y el arbolé.
con sus cuatro hojitas
baila también.
(págs. 74-76).
Dejando de lado el papel del álamo en las
rosas, y ateniéndonos a las reso­
nancias más concretas, dos cantares asturianos
—como lo sería Irene García— corren bajo
el poema. Uno’ e s :
Tres hojitas, madre,
tiene el arbolé,
la una «n la rama,
las dos en el p ie .. .
(I)ábalis el aire / balanceábanse... dice
más adelante. Citamos según Kurt Schindler,
Música y poesía popular de España y Portu­
gal. Xew York, 1941, X' 9 77 y pág. 6, versión
de A vila). El otro es una añada, o canción
de cuna, del Cancionero asturiano de Baldo­
mcro Fernández:
A los campos de
rey vas, Irené.
¡ Ay, morenita,
cómo Huevé!
(C ontinúa en la pág. 18)

�9 ARTES

íulfum c Improvisación
O I estuviéramos tentados de establecer un
* 3 paralelo y una comparación entre i a mú­
sica culta que ofrecen los Estados Unidos
y la producción de igual categoría de todo el
re-to de América, la cuestión de la superiori­
dad v de la jerarquía quedaría planteada en
términos irrebatibles. En efecto, y quizás sea
ello debido a la magra educación musical que
siempre ostentó la América Latina, es ésta la
hora en que hay que confesar que si'una me­
dia docena de compositores descollantes lia
producido —en México, Brasil, Chile y Argen­
tina—, ello se debe, más qua otros factores,
al conocimiento y a la asimilación directa de
las modernas tendencias europeas. En los Es­
tados Unidos hubo al menos, v desde ya leja­
nos tiempos, profesionales eminentes que ense­
ñaron los diversos tópicos de la especulación
musical y de la técnica de la composición.
John Krowles Paine ocupó en Harvard la pri
mera cátedra universitaria de música; Horatio Parker ya era profesor de música en Vale
desde 1894; Edward Mac Dowell enseñó en
la Universidad de Colombia Entre los com­
positores musicólogos contemporáneos que dic­
tan cátedra en universidades y colegios esta­
dounidenses se encuentran Philip 6 . Clapp,
en la Iowa University; Richard Douovan, y
hasta hace unos meses Paul Hindemith, en la
Vale University; Howard Hanson, -en la Rochester University; Igor Strawinsky y Walter
Pistón, en la Harvard University; Ernst Krének, en la St. Paul University, en Minnesota;
Arnold Schónberg enseñó durante seis años
en la California University; Paul A. Pisk, en
la Redlands University; Werner Jostcn y Alfred Einstein, en el Smitli College: Norman
Lockwood, en el Oberlin College; Curt Sachs,
en la New York University; Darius Milliaud,
durante siete años enseñó en el Mills Col .ye.
California.
En Latinoamérica, la educación musical fué
abandonada, cuando la hubo, a la ventura:
a la aventura. Además, y como positiva ven­
taja inicial, el estudiante estadounidense de
música posée al menos una intuición polifóni­
ca, por herencia y tradición, que le hacen mu­
cho más accesibles las etapas de los estilos
polifónicos y contrapuntísticos, bases d&lt; toda
cultura musical. En Latinoamérica, con la mú
sica solitaria e individualista, ajena por com­
pleto a todo sentido de colaboración efectiva
entre los miembros de una colectividad, sin
una tradición musical culta, y con una esca­
sísima o nula educaciónmusical en los grandes
centros urbanos, cundió y arraigó lo que era
más accesible en su simplicidad melódica o en
su primario efectismo colorista: en el siglo
XIX, la ópera italiana: en el XX, el impre­
sionismo francés. Ambas influencias han sido
y continúan siendo nefastas, y encarnan el
triunfo del sentimentalismo y de la sensación
pura, hermanados en los curiosos pastiches
con temática aborigen y técnica europea do
comienzo del siglo.

Wallingford Riegger (1885) es el composi­
tor estadounidense más considerable de la
generación siguiente a la de Charles Ives y
de Cari Ruggles. La elevada jerarquía que
le es propia no la obtiene por la cantidad de
labor cumplida, pues ésta es más bien limita­
da —aunque no en la proporción de la de
Ruggles, por ejemplo— sino por la distinción
y alta calidad de lo que hasta ahora lleva rea­
lizado. ¡si la corriente atonalista y docetonal
que surgió en Viena, no hubiera abonado ya
diversas comarcas tan apartadas del foco ini­
cial ( 1), o hubiese demorado más tiempo en
manifestarse, posiblemente la trayectoria de
Wallingford Riegger como músico creador hu­
biera sido muv distinta, como alcance y pro­
yecciones de la que ha cumplido hasta hoy.
Encarna este compositor el caso del artista
que se debate entre diversas corrientes conser­
vadoras y hasta reaccionarias, hasta que el con­
tacto con técnicas más evolucionadas y que
llegan a interesar a su intelecto y a tu sensi­
bilidad, le revelan una nueva situación y hasta
le obligan a un acondicionamiento de esa sen­
sibilidad y de sus fuerzas incitadoras hacia
otras posibilidades, que antes de semejante
proceso no entreviera, o que quizá ni llegara a
sospechar de su existencia. El resultado obte­
nido por Riegger en su transmutación de valo­
res especulativos, técnicos y estéticos, es siem­
pre, y dentro de una modalidad disonante y
atonal de características abstractas, la con­
quista de una materia sonora rica y abun­
dante, animada por una técnica estricta e
impecable, que se ciñe como una malla a las
exigencias del discurso musical; a la vez el
planteo frecuentemente renovado de diversos
problemas, le exige, lógicamente, muy diversas
soluciones. Riegger es, efectivamente, un. cul­
tor de la música de problemas, según lo de­
muestra en su Dichotomy, verdadero experi­
mento orquestal a base de “ series” dodecatcnicas y otros procedimientos típicos de la
técnica de doce tonos, como la polifonía esen­
cial, el estilo de la música de cámara aplicado
a la orquesta y la incesante preocupación por
el elemento unificador, a los que se agrega en
esta oportunidad otros elementos que llevan
hacia la culminación final, en la que intervie­
nen agregados mierotonales; o quizá sea su cu­
rioso Estudio de sonoridad, para diez violines,
cada uno de los cuales ejecuta una parte dis­
tinta. un exponente clásico de esa línea de
conducta que auspicia el uso de la fantasía
dirigida.
La técnica de doce tonos adquiere en Riegger
una ductilidad que constituye sin duda el me­
jor y más eficaz apoyo de su musicalidad in­
trínseca: sus linos fo r Thr-.r IVoodwinds, es­
critos dentro de la técniea docetonal más orto­
doxa. y sus Three Canons, para cuatro instru­

9 A R T ES
D I C I E M B R E
REDACCION:

BUENOS

5 0

EN

H.

AIRES

1947

YRIGOYEN
-

3700

ARGENTINA

CENTAVOS

TODA

AMERICA

17
mentos de aire, realizados en estilo atonal li.
bre constituyen claros ejemplos. El Cuarteto
de cuerdas, admirable como exposición y co­
mo desarrollo contrapuutístico, el Divcrtimcnto
para flauta, arpa y violonchelo, una Música
para roe y flauta, una Suite para flauta sola y
Four Tone Pictures, para piano, exhiben una
elevada realización técnica y estilística. En un
plano de creación muy distinto, y por encargo
de la danzarina Martha Graham, realizó dos
músicas de danza — Evocation. Bacanal— pa­
ra piano a cuatro manos. A este género espe­
cial de aplicación de la música a los movi­
mientos ya fijados por los danzarines pertene­
ce asimismo .Vcu- Dance, escrita para la dan­
zarina Iloris Humphrey, en que emplea giros
y ritmos de actualidad, si bien deja entrever
ciertos convencionalismos y una falta de sol­
tura originada, posiblemente, por las imposi­
ciones de! sujeto extramusical.
(1 ) I-a corriente “ docetonal*’ fué iniciada en los
E sta d o s U nid s por C ari R uggles, y continuada por
W. R iegger. H arrison K err. Adolph W eiss, G erald
S trang. En la actualidad, y debido a la enseñanza
de. ti. Krénelc y del propio Schónberg, lo m ás d e s ta ­
cado y prom isor de la nueva generación de compos: lores estadounidenses es “ d ocetonalista” , y Ben
W eber, (¡eorge Perle. W illiam B ailev. M ax Brand.
han superado el sistem a ortodoxo, am pliando consi­
derablem ente sus fronteras.

Fragm ento de Carta
( Carta a 9 ARTES)

He llegado a la conclusión que la música de
Copland es una manifesaeión sensorial que ha
sido concebida fuera del cuerpo. Ha sido pro­
yectada de la mente, que la ha barajado en
el buen sentido del artesanato y de la habi­
lidad, más allá de toda vida interior y de
toda idea filosófica, que al fin de cuentas
deberla esperarse. También la lógica, que al­
gunas veces parece guiarla, es más de orden
utilitario que de índole estructuradora. Y lo
que es peor, sólo escribe música, este compo­
sitor. para obtener efecto inmediato en un
público de conciertos que está enteramente
viciado. El deplorable Betrato de Lincoln,
con sus truculencias de melodrama para tem­
porada veraniega, y la minuciosamente culti­
vada vulgaridad de la 3? Sinfonía pueden
servir de elementos incondicionales de prueba.
Una cosa es de admirar en Copland,, esa
refinada habilidad de emplear en lo suyo ele­
mentos de otros; no es una admiración en
el sentido de que “ yo quisiera ser igu al” , pe­
ro sí porque tiene algo de mefistofélico, de
ra ffin é en el más puro sentido. ¡Cómo ha
aprovechado lo que otros hicieron consigo mis­
mos, a modo (le experimento: Hindemith, Prok ofieff y Strawinsky! yo creí encontrar una
vibración interior en Primavera en los Apa
laches, algo más que exhibicionismo sobre la
base de efectismos sorpresivos en timbres y
ritmos, pero me dejó bastante indiferente y
creo que la obra en sí es demasiado extensa
para contener tan poco.
Verdad que desde Salón México, y especial­
mente desde el Danzón Cubano y la Sonata
para violín y piano hubiera sido muy inge­
nuo esperar algo elevado que procediera de
la pluma de este compositor.
Su adhesión a la música utilitaria — Gebrau.
chsm uük-— , de utilidad pecuniaria, señala,
en sus resultados prácticos, infinitamente más
concesión que convicción. El maestro, adicto a
fines prácticos, abandona la convicción a sus
admiradores.

�9 ARTES

18
(Viene de la pág. 11)

caried ad del circuito de resonancia que
h ac e to d av ía de este arte un p araíso
d e diletantes. P ara justificar su super­
vivencia en el tiem po m oderno, la es­
cultura italian a d eb e llegar a ser u n a
arquitectura de form as no habitables,
siguiendo ese ritmo fascinante y uni­
v ersal que, no obstante servirse d e la
re alid ad y de la m etáfora, crea un
m undo alusivo, poético, m ágico. P ara
sugerir potentes visiones a los líricos
de la á u re a forma, cuyo destino con­
siste en volver a insuflar a la escul­
tura su v erd ad era naturaleza, es d e­
cir, liberarla dentro de aq u ella atm ós­
fera donde la arquitectura no ap a re c e
y a como esc la v a de som bras y luces,
los escultores italianos d eben com pren­
der que n in g u n a creación seren a es
viable sino a condición de que la a u ­
toridad, la rebelión, el choque, en. fin,
del cu al su arte nace, no se anulen
h a s ta la raíz de su raíz y se dispon­
g an, de u n a vez, a aprehender, de mo­
do absoluto, el espíritu.
E n cad en ad a a viejas teorías, c a n sa ­
d a de am bular, de no poder surgir h a ­
cia lo que contem pla y sueña, de no
poder ex p resar plásticam ente e n c an ­
tam ientos como aq u e l que Arturo M ar­
tini coloca en calid ad de prem isa: "¡a
au ro ra de rosados dedos", la escultu­
ra d eb e ac tu a r en profundidad a fin
de transform ar y trascender el cam po
de sus experiencias; debe hablar,
tam bién, el lenguaje d e la m ás elev a­
d a osad ía, el lenguaje del arte m en­
tal. Son innum erables las im ágenes
q u e la escultura m oderna no h a inten­
tado to d av ía desarrollar. Por eso, de­
be transform arse en u n a escultura que
sea, a la vez, arquitectura y no un
conjunto únicam ente ornam ental. Sin
d esc artar sím bolo alguno de a n te m a ­
no, h a de producir m onum entos com ­
puestos, por ejem plo, de tres o m ás
¡figuras nu ev as, iguales, que den for­
m a y v id a a id eas y pensam ientos ele­
vados. Debe lleg ar a ser escultura a n i­
m ad a, d inám ica hidráulica, suprarreal,
m arin a p arlante, móvil, táctil, cantante,
olorosa, m usical, como lo sugieren en
p arcial im agen las fuentes y "espejos
de a g u a " de los jardines renacentis­
tas y barrocos de Italia.
S ea como fuere, p a sa d o y a el relám ­
p ag o subversivo del reciente cataclis­
mo, considerando las proposiciones
autén ticas de algunos artistas, parece
que la escultura italian a quiere cono­
cer n u ev a s form as y nuevos injertos
d e vida. U na voluntariosa en erg ía la ­
te en ella, un m eteórico juego d e ins­
piración virginal fluye lentam ente h a ­
cía la, cated ral d e la invención a u g u ­
ra d a por Arturo Martini. Insistimos, to­
d a v ía u n a vez, en que la escultura no
se rá m ás u n a infeliz estatu aria y sí,
en cam bio, arquitectura, de p u ra s for­
m as m onum entales. Pero esto su ced e­
rá el d ía q ue ella no s e a m ás ese ob­
jeto, ese m ueble utilitario de vestíbulo
-—el perchero— en el que de b u en a

g a n a se colgaría el sobretodo y el
som brero y al cual, a lg u n a vez, dan
g a n a s de estrecharle la m a n o . . .
(V iene de la pág.

10)

te de posibilidades en la b ú squeda
y el procedim iento, al límite del cual
d eb e producirse, forzosam ente, un a r­
te m ás reflexivo que espontáneo. Es
perfectam ente naiural que toda m úsi­
ca cre a d a en u n a época decisiva en
cuánto a revisión y transm utación de
valores, que llega luego ds u n a d en ­
sid ad cultural extrem a, acuse dicha
característica. Es m ás: conviene pre­
gonarlo en vez alta, e interrogar a los
enem igos de la "n u ev a m úsica" ac er­
ca de qué soluciones se h an planteado
ellos con vistas a la constante evolu­
ción de su arte; qué salid a h a n im a­
ginado p a ra los problem as que se p la n ­
tea el com positor contem poráneo cu an ­
do le an im a la voluntad de creación,
que es la antitesis del im pulso Senti­
m ental sin control (2).
Pero el im pulso sentim ental puro
pertenece a los cantores populares, que
ex p la y a n a cualquier hora su im pro­
visación. El m úsico-creador ds nues­
tro tiem po es, antes que otra cosa, un
hom bre de problem as culturales, vi­
tales, que a v a n z a entre continuos in­
terrogantes, y a que no h a lla a su al­
can ce el clim a logrado que h a c e n que
un Bach, o un Mozart, por ejem plo,
p u e d a n crear con ab u n d a n c ia y facili­
dad,- sino que llega en la s postrim e­
rías d e todo un ciclo cultural, h alla
todos los sectores y las sen d a s col­
m a d a s y se ve forzado a tom ar un
atajo: la atonalidad, la politonalidad,
la técnica de 12 tonos, el estilo atem ático, los sistem as m icrotonales: pers­
pectivas que surgen naturalm ente en
el fin de la e ra tonal, a cu y a postrera
e ta p a asistim os (3).
P ara av a n z a r por la n u ev a sen d a
n u n ca m ejor com pañía que un p erp e­
tuo estad o de alerta y de auto-control,
dejan d o lo inm ediato, lo fácil y lo pre­
visto p a ra el com positor sentim ental.
Por sentim ental calificam os al que a s ­
p ira a instalarse definitiva y cóm oda­
m ente en lo heredado, y a se a el factor
escolástico, rom ántico, im presionista o
folklorizante ,y por "cerebral" —cali­
ficativo m uy honroso en rigor, si re­
cordam os la cereb ralid ad profunda de
Leonardo, de Bach, d e Mozart, d e Goe(2 ) L a a ctitud fatigada de los com positores que
ya no pueden m an ten erse en la linea tensa de las
co rrie n te s contem poráneas, se define / actu alm en te
por un blando neo-rom anticism o que canta la p ali­
nodia por boca de H indem ith. ITonegger, C opland
y o tros claudicantes de m enor im portancia. “ El
águila, cansada de raid s im periales, aspira, en su ve­
jez. a la cómoda seguridad de un g a llinero’’.
(3 ) 1 os reaccionarios m u s’c a 'ts de te d a s p artes
se vengan de que S chónberg, sus continuadores y d is­
cípulos los hayan relegado al desván de las in u tili­
dades históricas, afirm ando que “ todo eso ya ha
pasado” . Pero aunque así fuese — y fá c ilm .n te pue­
de dem ostrarse lo contrario— , esa sola afirm ación
ts p rueba de un estado m ental anacrónico, y lo
que es no menos grave, de u n a carencia total de la
m ás superficil inform ación sobre el desarrollo de la
m úsica de n u estro tiempo.

the—, al qus no b astán d o le repetir
inútil y correctam ente el m ensaje de
otras generaciones, procura h a lla r un
cam ino a través de lo actual, en pos
de una superlógica que está en el lí­
mite de las posibilidades y de los
enigm as: estado p a ra el cual las ten­
dencias de la m úsica de hoy, m ás a ú n
que la expresión concreta de sus m a­
nifestaciones, suponen, del punto de
vista de la posibilidad, un claro y lu­
m inoso signo de profecía.
(V iene

de la pág.

16)

Tanto lia llovido
que hasta los naranjelés
han florecido,
pino verde.
¡Qué serenita
cae la nieve!
Ea, ea, ea.
duérmete mi b ie n ...
(en Henríquez Ureña, ob. cit., pág. 306, hay
una versión diferente de este cantar).
1.a poesía tradicional suministra al poeta
alguno de sus versos más extraños:
La mar no tiene naranjas.
Ay amor.
( Adelina de paseo, pág. 51)
que proceden de la copla:
A la mar fui por naranjas,
cosa que la mar no tiene;
toda viene mojadita
de olitas que van y vienen.
¡A y mi dulce amor!
(Eduardo Martínez Torner, Cancionero as­
turiano; citado por el mismo Torner en Fotllore y costumbres de España, I, pág. 141;
véase también la Perista de dialectología y
tradiciones populares, t. II, euad. 2, pág. 272).
Abordamos ahora la cuestión fundamental
de este estudio breve, que no es ni pretende
ser exhaustivo, pero que permite apreciar la
proporción de material tradicional de las Candones que no es de ninguna manera excesi­
vo, en un libro que comprende eart noventa
poemas, llenos todos de Garéía Lorca. X'i
siquiera interesa la mera procedencia de los
materiales — si los hemos expuesto largamen­
te es para hacer apreciar lo que Lorca obtiene
de ellos— como no interesa que Utrillo se
inspire en tarjetas postales o Bach utilizara
los corales luteranos que oía cantar todos los
días. Interesa, en cambio, lo que el artista
saca de esos materiales, cómo se los incorpo­
ra y hace, propios. Evidentemente, nada se
hace con nada, y las cosas que el poeta canta
proceden de alguna parte. El árbol y la copla
que hablan del árbol son de idéntico valor
inicial, y están destinados a un idéntico fra­
caso o buen éxito idéntico según caigan o no
al alcance de un poeta. Pero, y aquí está lo
crucial de esta intención de ensayo, si el exa­
men de la obra de un artista es siempre una
lección, la evolución de García Lorca; idénti­
ca a la de Manuel de Falla, nos ilustra de
manera perfecta sobre ese paso decisivo de
lo nacional — casi lo regional— raíz y trompolin, a lo universal, a lo de todos y de siem­
pre. Las alusiones tangibles (por decir así)
a lo español o lo españolista van desapare­
ciendo de la lengua de estos dos creadores,
que utilizan lo quo los rodea para reconocerse
y componerse, y luego ascienden y trascienden
en una total universalización: el poeta, en
Poeta en Nueva Y orl: y sus composiciones úl­
timas; el compositor, en su Co-ncerto. Lo cual,
además, tampoco significa que esa trayecto­
ria deba repetirse fatalmente. Xo creo que
sea un sofisma de generalización, una fa lla ­
ría aecidentis afirmar quo esa fué tarea para
los artistas de aquella generación, y que nos
toca una diferente, so pena del peor de los
castigos: porque es de ley, en arte, que la
roca demasiado manejada termine cayendo en
la propia cabeza de Sísifo.

�9 ARTES

19

9 ARTES
S U M A R I O

DEL

N.°l

Adolfo de O bieta
F A L T A

DE

R I G O R

Emilio Pettoruti
M I S I O N
*

DEL

A R T E

D aniel Devoto

POR UNA M U S IC A

ARGENTINA

Elias Lapzeson
LOS CINE-CLUBS Y EL FESTIVAL
CINEMATOGRAFICO DE C A N N E S
Alberto M orera
M

A

T

I

S

S

E

Juan C arlos Paz
L I G A DE
DE
LA

COMPOSITORES
A R G E N T I N A

Dr. JORGE S. CASTRO
A bogado

N

O

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JEANNE

A

D'AR

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A A R O N
C O P L A N D
Y
LA
G E B R A U C H S M U S I K
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LITERATURA

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H I S T O R I A
LINGÜISTICA

BUENOS AIRES

iiimimimiiiiimimmimimmimmmimimiimimmimimi

1111111111 m 11111111111111111111111111111111........ 1111m 111111

N

�f

EL TEATRO CONTEMPORANEO
por AL FREDO DE L A

PRECIO

La critica d ram ática no tiene cultores num erosos en nuestro idioma.
M ientras la literatura en general — y dentro de sus fcrm as la po esía lírica
y la novela— a tra e constantem ente la atención de los estudiosos, q ue le
d edican con preferencia com entarios y exégesis, el teatro h a logrado reunir
sólo u n a e sc a sa bibliografía en len g u a española. A ún m enor si ella se
refiere a las m anifestaciones escénicas m odernas.
El Teatro C ontem poráneo tiene, por eso, u n a im portancia q ue debem os
señalar. Es la prim era obra esc rita en castellano que expone y an a liz a el
desenvolvim iento del arte dram ático desd e m ediados del siglo XIX h asta
nuestros días, con am plitud universal dentro de u n a síntesis m ed id a y clara.
A grúpase y clasifícase en este trab ajo a los autores de la esc en a contem ­
p o rá n ea tanto por gén ercs com o por nacio n alid ad es, a fin d e ofrecer al
lector un p an o ram a c a b a l y ordenado, fácil p a ra la com prensión y el
recuerdo.
La n u ev a obra de Alfredo de la G uardia p resen ta al teatro in tim am en te
ligado a la evolución social, como expresión directa de l a v id a —la tierra
y el hom bre—, y de la cultura en general; de a h í que se ap o y e frecuente­
m ente en la Filosofía y la Psicología, sin los cuales no existe crítica d ra m á ­
tica, según viene a decirlo su autor.

DEL

EJEMPLAR:

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GUARDIA

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EDITORIAL SCHIAPIRE

RIVADAVIA 1255

BUENOS AIRES

n
presentan su

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la música como red y corona.
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DE DOCE TONOS
(Piano)

LA MUSICA EN "EL CORTESANO"
de Castiglione
Texto italiano y versión de Boscán
Selección y notas de Ernesto Krebs

JUAN

EL AREITO
M úsica, canto y d anza de la s Islas
Selección de textos de cronistas por Alberto
M. S alas

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P. Antonio Eximeno:
AUTOBIOGRAFIA INEDITA
Texto italiano original y con versión castellan a

DANIEL

Villiers de l'Isle Adam :
LA SOMBRA DE MEYERBEER
Relato postum o del autor de los "Cuentos crue­
les. Versión y escolio de Julio Cortázar. Con
u n a Fortuna de M eyerbeer.

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1944

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(Voz y piano)

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                <text>Paz, Juan Carlos&#13;
Sartoris, Alberto&#13;
Obieta, Adolfo de&#13;
Catalano, Eduardo F.&#13;
Devoto, Daniel</text>
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                    <text>FALTA D E RIGOR
ADOLFO

trata de saber qué es mejor: si
S Eadormimos
en la creencia de que

DE OB I E T A

nuestra cultura está definitivamente
evolucionada (dentro de la relatividad
de aserciones de esta índole), o des­
pertarnos para analizar si una sociedad
con nuestras dotes mentales, morales,
espirituales, produce las labores artís­
ticas, especulativas y -científicas, que
es legítimo esperar.
Afrontemos ponemos en un punto de
vista estricto y reconocer que nuestra
contribución (y la americana en gene­
ral) al arte del mundo no es lo signifi­
cativa que debería ser. Esto no implica
desvalorizar nuestras aptitudes, sino
aceptar la incipiencia de nuestra cul­
tura como cultura autónoma, su inma­
durez natural por nuestra reciente for­
mación y consolidación como comuni­
dad propia. No nos interesan pues las
causas de esa posible minoridad cul­
tural respecto de los grandes períodos
de creación artística, científica o filosó­
fica, estudiadas por los sociólogos del
arte, sino imaginar si ciertas correccio­
nes en nuestras costumbres artísticas
pudieran repercutir favorablemente,
ahorrando tanteos en la experiencia de
creación.
Una de esas circunstancias negativas
parece ser la desorientación de la ju­
ventud en su cultura artística. ¿Le es
imputable a la juventud misma, o a la
deficiencia en la enseñanza, o a la
claudicación de los grandes artistas en
asumir su función rectora? Se advierte
ciertamente en la juventud falta de
formación, a pesar, en muchos casos,
de los largos cursos seguidos en escue­
las y academias y conservatorios; falta
de información, de ejemplo vivo de la
artesanía, de conocimiento de la histo­
ria y presente del arte; de todo lo que
el genio puede no necesitar pero que
el no-genio no puede espontáneamente
suplir; de tcdo lo que el oficio significa
como preparación al momento estricto
de la creación personal —y no hay
otra—. No es que la juventud se desin­
terese de su responsabilidad de infor­
marse, sino que se extravía, por la pro­
pia falta de discernimiento para elegir
entre tantos ejemplos y seudoejemplos.

Cuánto esfuerzo gastado por falta de
disciplina; por una parte quizá, por au­
sencia de verdaderos maestros o de
quienes, pudiendo serlo, se abstienen
de su responsabilidad, con lo que de­
jan que la juventud se pierda o per­
vierta, o sea ganada por los demago­
gos del arte; por otra, quizá, la ausen­
cia de actitud humilde en la juventud
para saber estudiar, discutir, aceptar
objeciones y objetar. Pienso en la can­
tidad de revistas literarias y poéticas
juveniles que aparecen y desaparecen
en el país, en los teatros experimenta­
les, en las antologías y exposiciones
de pintura o escultura, en los intentos
de cine experimental... No quiero
—infantilmente, a mi vez— privar a la
juventud de consumar el espíritu de
rebeldía, la necesidad incluso del fra­
caso; pero creo insignificante el su­
perávit, y que, sin abdicar del derecho
a la aventura y al error, podría, con­
jugando autoridad sabia y entusiasmo
novador, posibilitarse experiencias más
felices. De esta desarmonía en la for­
mación artística resultan los casos de
jóvenes iconoclastas cuya universal
desaprobación de lo hecho y cando­
roso creer que ellos lo están haciendo
todo, que la historia del arte comienza
con ellos, no proviene sino de insufi­
ciencia de información, a veces la más
cruda: ignorar que la pintura o la mú­
sica o la literatura que propugnan fué
ya consumada &lt;d desestimada hace si­
glos; o que confunden originalidad fí­
sica —como hacer renguear un verso,
o poner una rima entre versos libres,
o suprimir el marco de un cuadro, o
introducir un intervalo extremo— con
originalidad creadora, espiritual.
(Aludimos a los jóvenes sinceros, no
a los de dudosa buena fe que, para
defenderse de su precario ímpetu crea­
dor —y hasta de su impotencia des­
creadora— ejercitan la voluntad de
ignorar todo el arte presente y pasado
y proclaman que pintura, escultura,
literatura, música, danza, arquitectu­
r a ... empiezan hoy y aquí: tal día de
tal año en Buenos Aires —no antes de
ayer ni en Santa Fe. Estos decretos de
extinción son fáciles; no tanto las obras

SUMARIO
A D O LFO D E O B IET A
Falta de rigor
EM ILIO PET T O R U T I
Misión del Arte
D A N IE L DEV O TO
Por una música argentina
JU A N CARLOS PAZ
Liga de Compositores de la
.
Argentina
E LIA S LAPZESO N
Los cine-clubs y el festival
cinematográfico de Carines
ALBER TO M ORERA
Matisse

que evidencien que acabamos de aban­
donar la prehistoria del arte. Se reem­
plaza la seriedad de la construcción
por los artesonados retóricos, y a me­
nudo los caos dialécticos y aún con­
ceptuales y gramaticales, de los "ma­
nifiestos", con la novísima doctrina del
arte.)
¿Dónde están, a su vez, los grandes
artistas argentinos que sienten que la
vocación también implica educar para
el arte, sensibilizar, orientar? Los que
pudieran hacerlo, por rigor de obra y
conducta, no hallan el modo, o se des­
moralizan por la indiferencia o solem­
nidad de la juventud; se recluyen y
salvan sólo la mitad de su responsabi­
lidad: su obra; no se esfuerzan por
ganar a los jóvenes no para su pro­
pia escuela sino para la incesante lu­
cha por el arte. (Así también los artis­
tas maduros pierden el estímulo que
significa el contacto con la inquietud y
legación de los novicios.) A veces es
¿ue se les ha enseñado a los jóvenes
por las academias y otras esclerosis,
¿ue son, naturalmente, lo más abulta­
damente existente) que tales maestros
o son demasiado avanzados o se han
juedado.
Si se abren los cuantiosos tomos de
dgún celebrado crítico sobre el arte
irgentino y si, por un instante, se hace
la condescendencia de olvidar al Arte
del Mundo (Louvre, Prado, Uffizii, Na­
tional Gallery), uno se deslumbra por
la profusión de nombres propios y de
(Continüa tu la pág. 7)

�2

9 ARTES

M I S I O N

DEL

aspira todo arte sino a cum­
A qué
plir una misión social? ¿En qué E M I L I O P E T T O E U T I
consiste esa misión social?

Consiste en dar al hombre una orga­
nizada cuanto depurada traducción del
pensamiento y los sentimientos huma­
nos.
La obra de arte que nos invita a
la meditación elevándonos al mismo
tiempo hacia esferas en las que nues­
tra alma siente el sacudimiento de una
sana y vibrante reacción, ha cumpli­
do, sin duda, con su misión orienta­
dora y redentora. La Gioconda cumple
una misión social.
Obra de arte es aquella qup propor­
ciona goce a nuestros ojos, disfrute a
nuestro espíritu y provecho a nuestra
inteligencia. Por eso, cuanto más com­
pleto es el artista, mayor número de
posibilidades de goce nos proporcionan
sus obras; y cuanto más desarrolladas
se encuentren las facultades del espec­
tador, mayor será la proporción de go­
ce y enseñanza que extraerá de la
contemplación de ellas. Esto es tan
claro que por fuerza ha de parecemos
obscurecedora toda teoría que abogue
por nutrir de pintura anecdótica a los
pueblos, so pretexto de situarla al nivel
de su comprensión, en vez de darle
calidad plástica, es decir, poesía pictó­
rica. Tal teoría es hoy antipedagógica,
y hasta denigrante, desde que apriorísticamente niega al pueblo cualida­
des superiores sensibles y de compren­
sión, amén de capacidad para ir evo­
lucionando hacia el entendimiento de
la sugestión ,de las formas.
El estado de convulsión y confusión
porque atraviesa el mundo ha traído
como consecuencia —entre muchas
otras perturbaciones— el pretender su­
plantar calidad artística por represen­
taciones del momento. Así surgió lo
que se da en llamar aún "arte social",
escalofriante objetivismd desprovisto
de cuanto concierne al arte y ya cir­
cunscrito dentro de una órbita por las
razones que vamos a analizar:
Cada época tiene sus imperativos, y
el más agudo en nuestros momentos
es el que tiende a la conquista de una
paridad social que elimine las injusti­
cias soportadas por la mayoría en
provecho de una minoría. La querella
está planteada a la luz del sol y a la
luz de cada conciencia, y sabemos que
quien la posee se hace eco del proble­
ma y solidario de las grandes reformas
sociales que condicionarán el porvenir
de manera más ecuánime y más ar­
mónica. Si de artistas se trata, no ha-

brá muchos que regateen su contribu­
ción; pero la contribución no se da
ciertamente comentando un tema de
miseria con mala pintura.
No se hace arte narrando una paté­
tica escena de hambre o congregando
muchos puños en alto; eso es anécdo­
ta; el cuadro se hace pintando. Querer
impresionar mediante el tema es prác­
tica perniciosa y peligrosa por partes
iguales para el pueblo y para el arte,
desde que equivale a darle al primero
una tergiversación moral en temas que
le provocan reacciones físico-sentimen­
tales fácilmente confundibles con emo­
ciones puras del espíritu, y supedita
la substancia plástica del segundo a
efectismos literarios extra-pictóricos.
Hubo épocas, por fortuna muy supe­
radas, en las cuales lo descriptivo cons­
tituyó una necesidad por carencia de
substitutos que las describiesen fiel­
mente y narrasen a los pueblos todo
aquello que los pueblos debían no
ignorar. Hoy, para interiorizamos a
fondo de cuanto nos incumbe y pro­
pagar lo que nos interesa, tenemos
numerosas fuentes de recursos de más
amplia difusión, más directas y ade­
cuadas, verbigracia la radio, el disco,
la prensa, la imprenta, la fotografía y
el cine. No existe, pues, actualmente,
la necesidad de que el arte sea apli­
cado o dirigido a obtener un efecto
dado, y sí la urgencia de afianzar la
libertad de expresión de que hoy dis­
fruta el artista gracias, precisamente,
a los medios mecánicos de propagan­
da. No es la nuestra época de supedi­
taciones serviles; es época de creación,
y serviremos mejor al hombre hablan­
do a su alma con lenguaje puro que
proporcionándole sensaciones epidér­
micas por la vía fácil y negativa del
comentario al óleo.
Esto no significa que el artista deba
vivir en torre de marfil. Siempre estu­
vieron ellos en contacto con el pueblo
y las convulsiones de las épocas que
vivieron, hoy como ayer. Ningún pro­
blema contemporáneo escapa a la ima­
ginación del creador sensible de hoy,
que elabora con ellos un arte limpio,
hondo, cuyo sentido únicamente per­
manece oculto a las mentalidades gro­
seras, carentes de imaginación y que
se aferran, por impotencia casi siem­
pre, a fórmulas dañinas y más caducas

ARTE
que las académicas, a truculencias que
el verdadero arte jamás les dió ni les
dará, y tanto menos el nuevo, que quie­
re sugerir y no decir, comunicarse con
el alma y no con los sentidos, por me­
dio de imágenes cargadas de emoción,
de vida, de pensamiento, de humanidad
y en cuya síntesis disciplinada vibra
el fervor con que el artista hace de la
realidad una transposición plástica
pura, adelantándose a crear la fina
realidad que busca el hombre.
La pintura contemporánea, mal que
pese a los retardatarios, sigue el curso
natural d§ su evolución hacia grandio­
sas posibilidades. Nunca las tuvo más
favorables, porque nunca hubo una
renovación tan total de esencia y de
forma en la Historia de la Tierra. Lim­
pia de todo lo plásticamente impuro,
la pintura contemporánea mira confia­
damente al porvenir con los ojos de los
grandes maestros del presente. Se ha
desprendido, o sacudido, por decirlo
así, de galas inútiles y va en vuelo
hacia espacios ilimitados.
Quienes quieren verla alicaída o de­
batiéndose en un caos, cuentan su pro­
pia lastimosa historia de seres mal do­
tados artísticamente, e intelectualmente
confusos en momentos en que la clari­
dad ordenadora es un factor sine qua
ncn para asentar una nítida estructura­
ción que haga frente y proyecte su lu­
minosidad hacia el futuro.
Ei estado caótico, al que suele alu­
dirse con torpeza, no pasa de ser el
caos personal reproducido en miles
de fracasos. No es artista todo el que
pretende serlo. La prueba es que mu­
chos hacen y poquísimos quedan. Pero
como todos quieren quedar, en la lu­
cha del anhelar ser y no poder, surgen
los manotones al vacío, la negación.
del arte moderno, las lánguidas mira­
das al pasado y la propuesta absurda:
marcha atrás. Imitar es más fácil que
crear; de ahí el calor con que los inep
tos propician el retomo hacia distintas
formas que nos den el remedo del pa­
sado, en la esperanza de que el falso
tradicionalismo con postizos de moder­
nidad les proporcione la notoriedad que
les niega un arte más evolucionado.
En los altos períodos artísticos creacionales, al iniciarse sobre nuevas ba­
ses el ciclo vital que sigue a la termi­
nación del precedente, el artista se ve
abocado a problemas de magnitud no
conocida. Ya no bastan el solo oficio
ni el solo instinto, ni la desesperada y
anacrónica fidelidad a tendencias que
(Continúa en la pág. 4)

�9 ARTES

3

POR UNA MUSICA ARGENTINA
D A N I E L
músicos y nuestros críti­
N UESTROS
cos —si es que lo han sido— su­
frieren hasta no hace mucho la obsesi­
va necesidad de crear un arte musical
americana folklórica, en lo posible más
argentina que americana, y hasta más
aborigen que argentina. Dejando de
lado los todavía muy numerosos casos
en que tal obsesión se perpetúa, bien
acompañada por lo general de otras
semejantes, convendría examinar las
posibilidades de este fervor autóctono,
fervor que a través de tantas genera­
ciones de rancheras y éxtasis mocovíes
no ha mostrado frutecer como se espe­
raba de él. No es nuestro deseo en­
juiciar una vez más todo el movimiento
musical nacionalista. Ya se han mos­
trado ampliamente las fatales condicio­
nes en que se produjo, y ya se le ha
extendido su definitivo certificado de
defunción. Nos interesa aquí revisar
nuestro propio movimiento nacionalis­
ta musical, puramente simiesco puesto
que no surgió de las mismas causas
que el nacionalismo musical europeo,
sino que fué engendrado por la super­
ficial imitación de una actitud extran­
jera, y con el retardo usual. Nuestro
nacionalismo —paradoja nefasta— es
sólo imitación de nacionalismos ajenos.
Más ilustrativa que el examen de
sus imposibilidades y limitaciones, que
no han impedido su fabricación inten­
siva, será la inquisición de sus venta­
jas, que nos iluminarán sobre su éxito
político-comercial. Tres son las prin­
cipales. La primera es su facilidad. Es
evidentemente más fácil escribir un
gato que une fuga, y una chacarera
que un allegro de sonata; y entre alle­
gro de sonata y allegro de sonata, es
\más difícil el que tenemos que escribir
solos que un dudoso allegro de sonata
con tema de malambo, ritmo de malam­
bo y factura de malambo, e inclusive
armonización de malambo. En algunos
casos, ha bastado con oír y apuntar,
rellenar con algunos arpegios sensiti­
vos un guitarreo cualquiera, y publi­
carlo con nombre y apellido, no el del
cantor popular, por supuesto. Esta prác­
tica se mantiene hasta hoy, pero a pe­
sar del aumento creciente de acordes
de séptima —hasta de segunda espe­
cie— no muestra suficiente garantía de
calidad estética.
La segunda ventaja de la música
''americanista", es la colaboración de
lo que debiera llamarse el "chantage
sentimental". Ya se empieza a saber

D E V O T O
que no basta con escribir; "¡Madre!..."
para presentar una obra poética sobre
el amor filial; debería ya saberse que
las efusiones patriótico-lugareñas son
perfectamente separables de las cate­
gorías musicales. Los que presentan
como obra de arte un producto apenas
manufacturado, amparándose con la
cooperación sensiblera de sentimientos
muy respetables pero que nada tienen
que ver con la música, son estafadores
de la peor especie. Y eso sin hablar
de tanto yuyo político como suele cre­
cer a la sombra de lo "nacional".
La tercera ventaja —quizás la prime­
ra, e íntimamente ligada con la segun­
da— la constituyen los beneficios ma­
teriales que se desprenden de la adu­
lación a nuestro amor propio de recién
llegados a la civilización. "Somos una
nación joven, pero ya tenemos nuestro
arte, nuestro lenguaje, nuestra expre­
sión". Preferimos creerlo, y no ver que
todo eso es postizo, ordeñado de una
ubre vacía, y no pensar tampoco en
el trabajo que costará deshacer tanto
fantasmón creado —en los casos me­
jores— con caridad mal entendida.
El disparate fundamental no está en
querer hacer una música nativa sino
en proponerse hacer algo americani­
zante a la fuerza, lo que vale para
nuestra música como para la del Asia
Menor o la de los hotentotes; en que­
rer ser algo determinado, cueste lo que
cueste, con gozosa mutilación goberna­
da, en vez de ser sencillamente lo que
somos, una vez liberados de las impo­
siciones de uñ oficio limitado, sin adop­
tar, en cambio, anteojeras que nos cie­
rren todo lo que no sea quichua o
querandí. Debemos tratar de conseguir
lo que, por desgracia, no se ha conse­
guido hasta ahora: establecer una ar­
tesanía, aprender y enseñar definitiva­
mente que no basta "tener muchas
inquietudes" ni "ser muy artista" para
presentarnos como creadores. Y esto es
válido para el músico como para el
arquitecto, cuya sensibilidad está con­
trolada por la estabilidad y la utilidad
de sus concepciones. Restablezcamos
la dignidad del oficio por encima de la
"genialidad" del improvisador más o
menos dotado; seamos capaces de ex­
presamos con honradez y todo se nos
dará por añadidura. Entonces surgirá
fatalmente nuestra música propia, ame­
ricana y universal a un tiempo,‘porque
(Continúa en la pág. 6)

JUAN CARLOS

PAZ

Tal es la denominación adoptada
por una nueva entidad que ha crista­
lizado en el ambiente. Quizás hubiera
convenido denominarla, con más pro­
piedad, "Liga de algunos compositores
de la Argentina", ya que en rigor no
pasan de un poco más de seis sus com­
ponentes. Pero lo que más puede inte­
resamos es la síntesis de la labor cum­
plida y la trayectoria que se aspire a
cumplir, y que según los enunciados,
tendrá una proyección bi-facial: divul­
gación de las obras de los agmpados,
así como de obras de música contem­
poránea en general.
Dada la actuación de los componer,
tes de la agrupación, y teniendo en
cuenta la ya extensa obra realizada
por los que ya han llegado o superado
la cincuentena, puede esperarse una
acción honesta, profesoral y un tanto
redundante. Redundante en cuanto a
lo que a obras propias se refiera, es
decir, en lo concerniente a los princi­
pios sustentados en las correspondien­
tes prácticas que todos conocemos, y
que en algunos de ellos se manifiestan
en inconmovible fidelidad a los ideales
estéticos de comienzos del siglo, mien­
tras otros, más modernos, parecen ha­
ber anclado definitivamente en el pe­
ríodo inmediato a la primera guerra
mundial. Es decir, que unos y otros
aún oscilan entre el impresionismo con
que Debussy y Ravel escandalizaban
hace más de cuarenta años —y cuyos
efectos aún imitan—, el ndeionalismo
eclectizante y pintoresco que sus pro­
pios gestores —Strawinsky, Bartók, Fa­
lla— abandonaron hacia 1920, amén
de las manías neo-clasicistas del Hindemith sofista y converso, y del propio
Strawinsky en su perpetua manía de
retomos y adoptador de una nueva
postura a cada temporada.
De manera que no aportando esta
"Liga de algunos compositores" en la
conocida obra de creación de sus com­
ponentes, otra cosa que un redundante
apoyo a tendencias que hace más de
un cuarto de siglo cumplieron su ciclo
vital —y que reciben perpetuo home­
naje de adhesión en las propias obras
de esos compositores, que también as­
piran a divulgar la música contempo­
ránea, es decir, la que niegan en la
práctica con su ejemplo vitando, pasa(Continúa en la pág. 5)

�4

9 ARTES

AAEON COPLAND Y LA
"GEBRAUCHSMUSIK"
“ El co m p ositor estadounidense maestro
Aarón Copland hizo ayer declaraciones sobre
la orientación actual de la música mundial y
sobre el movimiento artístico de su país. Se­
gún 61, la era de la disonancia tiende a de­
clinar, como único medio de expresión, pues la
mayoría de log compositores, aprovechando los
elementos modernos, se están orientando ha­
cia un neorromanticismo, en gran parte debi­
do a la acción de la radiotelefonía que ha
formado muchos millones de auditores que la
cultura popular exige satisfacer. Ya no es po­
sible, pues, escribir para circulillos cerrados y
deber de todos es hacer arte para la mayoría,
desde luego sin apartarse del arte superior” .
(De una entrevista a Aaron Copland - La
Prensa, 24 de octubre de 1947).
• Xo hay que impresionarse por los párrafos
precedentes: contienen ideas ya en desuso, y
que tuvieron origen en la Alemania nazi y en
la U.R.S.S., quienes las tomaron de los artis­
tas de Praga, que las cultivaron transitoria­
mente. En efecto, compositores de real talen­
to y personalidad, como Josef Stanislav, Vit
Xejedly, Envin Schulhoff, Karel Reiner y Jaroslav Jesek, todos afiliados a la tendencia
denominada “ m úsica para las m a sa s” , la
ab an d on aron en cuanto se comprobó que
siguiendo tales principios la calidad artística
se evaporaba rápidamente. Si recordamos que
ni en la U.R.S.S. ni en la Alemania nazi pro­
dujo la Gebrauclis musite —música práctica, o
música de utilidad— un solo compositor o una
sola obra de valor efectivo, a la vez que por
antítesis, en los círculos minoritarios de Yiena,
Praga, París, Roma, Liubljana, se gestaba y

llevaba a cabo la música renovadora y de má­
xima jerarquía de nuestro tiempo, nos parece
excesivo el optimismo de Mr. Copland acerca
de tau discutible ideología artística.
Una respuesta exacta e inteligente a tales
enunciados puede encontrarse en la cita que
va a continuación. La reproducimos en obse­
quio de Mr. Copland y de sus ingenuos cori­
feos y admiradores.
— ‘ ‘ Hacer descender el arte al nivel de to­
dos, significa destruirlo. Xo hay quimera más
absurda que la de un arte universal. Falsa en
todos los países, esta amable utopía es parti­
cularmente inconcebible en Francia donde la
producción artística, sea cual fuere, se dirige
siempre a una “ élite” . Xo es para el pueblo
que Couperin y Rameau componían sus encan­
tadoras músicas, y si Fauré, Debussv y Ravel
hubiesen buscado agradar a su “ concierg e ” , Francia no ocuparía hoy el lugar de ho­
nor que ella merece en la jerarquía musical.
Escribir para la muchedumbre, es reemplazar
Britannicus por el Cyrano de Bergerae, el
diamante por el collar de vidrio, es hacer pa­
sar Los Misterios de París antes que La Co­
media Humana, Xavier de Montépin antes que
Marccl Proust y el repertorio del Ambigú an­
tes que las piezas de Giraudoux. Pues que se
deje al pueblo tranquilo. Librado a sí mismo,
él sabrá encontrar por sí solo las diversiones
que le convengan. Los Toscanos no tuvieron
necesidad de nadie para crear las “ Maggiolate ” , y ahora, ¿no están acaso el cine y la
radio para dar a la multitud los medios de
evasión necesarios a su equilibrio y satisfacer
su voracidad artística?” . — Maurice Edgar
Coindreau, LA FARCE EST JOULE.

NOTICIARIO
— Gran revuelo han causado, en el mundo
artístico de París, los decorados de Valentine
Hugo para Pelléas et Mélisande de Debussy,
repuesta en la última temporada en la Opera
Cómica. Dos bandos se han formado. Hay crí­
ticos que elogian dichos decorados, que repre­
sentan largas cabelleras que se enroscan y se
expanden por todos los decorados. Hay otros
críticos que sin desconocer el talento de Valen­
tine Hugo, consideran que no es ésa la deco­
ración adecuada para la obra de Debussy.
•

— De tiempo en tiempo los periódicos anun­
cian la vuelta a las actividades artísticas de
Xijinski, quien estaría ya completamente res­
tablecido y capaz de dirigir ballets, fundar
escuelas de danza en Londres y Xew York y
otras cosas por el estilo. Pero como esas noti­
cias ya hace' tiempo que se vienen publicando
y Xijinski no sale de su aislamiento, nos hace
pensar que dichas noticias no sean más que
pura fantasía.
•

— Para el Museo de Arte moderno inaugu­
rado últimamente en París, Picasso ha donado
diez de sus cuadros ejecutados después del año
1925 y que representan algunas las sus épocas
más audaces y avanzadas de su producción
artística.
La E.I.M.C. ofreció un festival de música
contemporánea en la Hamenly University (Es­
tados Unidos), cuyo Departamento de Música
dirige Ernst Krenek. En el programa figura­
ban el Socrate de Erik Satie, una sonata para
flauta sola de Virgil Thomson, tres canciones
de Beu Weber y dos composiciones de autores
sudamericanos: la T-crcera Sonatina, de Juan
Carlos Paz, y la Música 1941, de H. J. Koellreutter, ejecutadas en piano por E. Krenek,
dos de cuyas obras corales cerraban el pro­
grama.

MISION DEL ARTE
( Viene de Ja pág. 2)

cursaron y finalizaron su etapa: hay
que nacer espiritualmente, originarse a
sí mismo, ir a la conquista de expre­
siones sin antecedentes, crear formas
inéditas, sentar la proposición para un
mañana. Esto no es fácil ni bastan,
para su logro, pequeñas cualidades de
aplicación, conciencia artística, gusto,
etc. Hoy, para representar y ser en el
campo de las artes, se requiere una in­
tuición penetradora, una sensibilidad
reverberante, capacidad imaginativa,
compenetración técnica, humildad per­
severante, don experimental, sólida cul­
tura, honestidad artística y una inteli­
gencia clara, puesta en orden.
Es natural que el camino parezca ás­
pero, y natural que el instinto de de­
fensa lleve a los buscadores de 1as
consagraciones fáciles a la actitud con­
servadora. Contra esos elementos de
la reacción se agrupan espiritualmente
los que miran hacia adelante.
«

�9 ARTES

en una flagrante impotencia creado­
ra para superar en alguna forma lo
ya estabilizado en el mundo, y re­
petido, falsificado, superado y archi­
centro sensible habitqa!, sino que nos inhibe vado. Esto, y ser prácticamente ene­
y nos retrae; y al situarse en ese plano rela­ migo de las tendencias radicales de
tivo de lo circunstancial, confiesa su falta de la música actual es todo una, por­
autonomía y de infalibilidad, supremas cuali­ que el arraigo a cosas ya suplantadas
dades que hacen que una obra de Ravel, de
Strawinsky) de SehonbeTg o de Alban Berg, supone automáticamente la aversión a
— X a míre l ’oye, L ’histoire du soldat, Pierrot todo cuanto ha contribuido a suplan­
lunaire. Suite lírica—, dé la impresión de que
Es una actitud perfectamente
ha tenido que ser resuelta como lo fué, y que tarlas.
natural,
como también es natural la
de manera distinta hubiera sido imposible.
Pero como la música de Jeanne d ’Arc se con­ embolia. Esta “Liga" padece una embo­
creta al plano sentimental y recordatorio, es lia musical, concretada en sus debusdecir, vagamente conformista, no exige sino sysmos, ravelismos, neoclasicismos to­
pasividad y entrega total, sin otro género de
nales, nacionalismos strawinskianos y
•preocupaciones.
• Decía Strawinsky que la función del artis­ otras voluntarias posturas reacciona­
ta creador consiste en pasar por el tamiz los rias, que intentan, en las postrimerías
elementos que escoge para la creación. Si la de la era tonal a que asistimos, urna
observación de Strawinsky no es precisamente actitud similar a la de los wagnerianos
muy novedosa, es bueno recordarla en casos
como el que nos ocupa; porque sin duda el en plena efervescencia impresionista,
tamiz que emplea Honegger no debe ser del o a la de los brahmsianos en el auge
todo eficaz, ya que por él se cuelan bastantes del wagnerismo; un paso adelante y
reminiscencias de muy diversos y contradicto­ dos atrás, con la apreciable diferencia
rios orígenes, como Wagner, Franck, Strauss,
RaveT, Strawinsky, además de bastantes fór­ de que aquí el paso adelante no es
mulas propias y expuestas en diversas oportu­ muy perceptible, y en cambio los otros
nidades -y que carecen, por lo mismo, de la dos son evidentes.
frescura, la fuerza, el impulso y el hondo dra­
No entramos a discutir tal actitud;
matismo y el soplo épico de cuando fueron
empleadas en Judith, Éorace victorieux, Chant una enfermedad no se la discute, sino
de Joie, Eoi David, Fedra, Pacific 231, Bugby ; que se la combate. Nos concretaremos
amén de efectos y trucos pueriles, que ya han por ahora —no faltará ocasión de con­
sido desterrados a los dominios de la novela
radial o de las películas truculentas, como, el signar más elementos de juicio— a dar
tan decantado “ juego de ondas” .
una voz de alerta a la gente joven
• El conjunto nos muestra, junto a muchas acerca de la modernidad que aquella
páginas estimables —especialmente de la par­ “Liga" deja suponer que amparará;
te vocal—, mucho que podría ser elocuente
si se le despojara del lugar común y hasta de pero ateniéndonos a lo demostrado en
vierta vulgaridad. Y aquella continuada osci­ kts propias obras de sus componentes,
lación entre moderno y no moderno, entre re­ comprobamos que es aquella moder­
cuerdos ancestrales y reminiscencias de actua­ nidad en la que todos creíamos hace
lidad, cristaliza en un conjunto híbrido —como
monótono de la acción, en la segunda parte veinticinco años; la híbrida realidad en
de la obra, con la insistencia do “ las voces” que anclaron, al parecer definitiva­
y el reiterado recuerdo y despedida del Tri. mente, tantos que ni siquiera arriesga­
mazo, obligan al músico a nada menos que á ron la acción liberadora y el consi­
tres finales concertantes antes del final defi­
nitivo, apoteósico, que resulta, debido a la guiente acopio de labor y de experien­
insistencia del procedimiento, el menos eficaz, cia de tantos hijos "pródigos que hoy
y en consecuencia, el más redundante. Enton­ toman, lamentablemente, a una cómo­
ces, corno recurso de emergencia, aparece todo da, seria, sólida posición burguesa:
el viejo arsenal efectista, y la escena tam­
bién se colma de toda clase de elementos posi­ cultivando celosamente su propia y
bles. Una apoteosis tardía y a base de efecto; anticipada muerte, y temblando, por
y en la que naufragan, irremediablemente, los paradoja, ante los cambios que pue­
valores musicales que en determinados instan­
dan sobrevenir.
tes ocupan nuestra atención.
• Jeanne d ’Arc au Bucher fué presentada en
Esos hijos pródigos —Strawinsky,
el Teatro Colón por Nicolás Benois con una Hindemith, Prokofieff, y, varios pisos
eficacia que no dudaríamos en calificar de más abajo, Aarón Copland —regre­
magnífica. Excelentes, asimismo, la versión
musical de Erieh Kleiber y el aporte coreo­ sivos, formalistas, claudicantes, que­
gráfico de Margarita Wallmann.
jumbrosos, acomodaticios, ocupan hoy
el sitio que a su vez ocuparon los
y los brahmsianos a que
Liga de Compositores de... wagnerianos
nos hemos referido; y, naturalmente,
(Viene de la pág. 3)
sirven de musa inspiradora a quie-,
nes,
ocupando una posición declara­
tista y claudicante—, cabe preguntarse damente
parasitaria y obstruccionista,
qué gravitación cultural puede llegar a se autotitulan
—paradójicamente tam­
cumplir en el ambiente la nueva en­
tidad, vestida con libreas tan en de­ bién— modernos.
suso, como no sea de acción retrógra­ Pero nunca demasiado, pues eso
da, en desesperada defensa —autode­ produce inquietudes. Vayan en malafensa— de todos los valores musicales hora las inquietudes, y vivan, en cam­
bio, las posturas morigeradas; que al
en derrota.
Las tendencias inactuales que culti­ fin y al cabo son las que las gentes
van todos esos compositores arraigan mejor comprenden. Y comparten.

JEANNE D’ARC AU BUCHER
El estreno de uu:i obra de Artliur JIonegger
supone indudablemente un aeonteciinicnto. A
la dilatada lista de composiciones que de él
conoce Buenos Aires, desde los inolvidables
tiempos de Ansermet, hay que agregar ahora
su Jeanne d ’Arc au Bucher, con texto- de
Paul Claudel y montaje escénico de Nicolás
Benois.
• Prescindamos del texto de Claudel, cuya
crítica detallada no es de nuestra incumbencia,
aunque podamos anotar, de paso, que no es
precisamente ni antiguo ni moderno, y consti­
tuya en realidad algo que tampoco es teatro,
sino más bien un espectáculo barroco e híbrido,
con su babilónica amalgama de géneros y esti­
los, propia de un arte decadente. Claudel se
ha declarado, en teoría, admirador incondicio­
nal de la síntesis escénica del teatro oriental;
pero prácticamente se empeña en colmar sus
escenarios con cuantos elementos y recursos
pueda hallar: muchedumbres populares, con­
juntos diabólicos, conjuntos celestes, símbolos,
comparsas, bailes, desfiles, procesiones, y'hasta
cinematógrafo inclusive, como en su Cristóbal
Colón. Así pues, preseiudamos del texto de
Claudel, limitándonos a comentar el aporte
musical de Honeggcr.
• Artliur Honeggcr no es, precisamente, una
personalidad muy definida dentro de la músi­
ca contemporánea. Es un ecléctico que no va­
cila en utilizar cuanto recurso haya recogido
su memoria. Sin embargo, la cantidad y la
amplitud de su labor, su potencia e impulsó,
su diversidad de enfoques —maquinismo, jazz,
deporte, tendencia al gran estilo épico-dramá­
tico, su dominio de las grandes formas y de
las masas corales e instrumentales, y un firme
asiento en la tradición de Baeh y Handcl—,
suman una serie de cualidades positivas que
concurren a concretar en él un valor destaeable
y digno de alta consideración. De manera que
la espectativa ante la inminencia del estreno
de Jeanne d ’Arc au Bucher era justificada.
Si lo que nos ofrecieron correspondió a esa
espectativa, es cosa que cada eual contestará a
su modo, y nosotros al nuestro.
• La música que Honeggcr compuso para el
texto de Claudel es algo que se impone a nos­
otros, más que por otra cosa, por sus valores
psicológicos. Obra err nosotros, no por méritos
musicales intrínsecos, sino por la resonancia
que halla en reminiscencias y recuerdos —lite­
rarios v musicales— y hasta en experiencias
personales acumuladas en nosotros, a las que
sacude y despierta de un letargo que suponía­
mos definitivo. De ahí nuestra inmediata toma
de contacto .con ella por vía del recuerdo y la
sugestión—, como si se tratara, y en realidad
se trata, de una música que conocíamos vaga­
mente y que de igual manera recordamos aun­
que en ese preciso instante no hubiéramos po­
dido determinar con certeza su proee’deneia.
Por eso también, porque nos hace fluctuar en­
tre reminiscencias y vaguedades, y hasta en
verdaderos lugares comunes, como en la esce­
na de la constitución del Tribunal, el ballet
del Juego de cartas, la marcha del Rey y su
cortejo hacia Reims, etc. —en el aparentemente
loable esfuerzo de obtener un vocabulario mu­
sical populista, del cual, al fin y al cabo, siem­
pre resulta la música perjudicada, y nosotros
con ella—, es por lo que nos asalta la duda de
su eficacia en el supuesto caso de que pudiéra­
mos desprendernos de las experiencias artísti­
cas y personales a que aludíamos. Xes parece
que, en ese caso problemático, esa música fa­
llaría en cuanto a sus fines perseguidos.
• Una música —un arte— que no brilla con
luces propias, sino que obra en nuestra sensi­
bilidad por su coincidencia cou las auto-expe­
riencias a que aludíamos, queda localizada en
el plano de lo sentimental, de lo circunstancial
y lo conformista. Xo nos desplaza de nuestro

5

�i
6

9 A R T E S ______________________________ _______________ .

LOS CINE-CLUBS Y EL FESTIVAL CINEMATOGRAFICO DE CANNES
festival que se realizó gracias a ios
ESTE
esfuerzos personales del “ Maire” de la

Ciudad de Caniles, Dr. Raymond Picaud,
y costeado por la “ M am e” , con un gasto de
40 millones de francos, tuvo además el mérito
de prohijar la realización del primer Congre­
go Internacional de Cine-Clubs.
Concurrieron a este Congreso, que se des
arrolló en ocho sesiones durante los días 12 al
2o de soptienibre pasado en uno de los vetustos
salones del Hotel Majestic, cura versallesca
entrada da sobre la “ Croisette” de Canues,
una veintena de delegados.
Asistieron representantes de los Cine-Clubs
de once países, a saber: Argentina, Brasil,
Bélgica, Egipto, Francia, Holanda, Inglaterra.
Irlanda. Italia, Portugal y Uruguay.
Los de la Argentina y el Uruguay estuvie­
ron representados por el autor de esta nota.
Por el simple hecho de la enorme diferencia
de edad entre el cinematógrafo y cualquier
otro medio de expresión (literatura, pintura,
música', etc.), es ya vanamente estéril la larga
polémica sustentada por apologistas y detrac­
tores, acerca de si el cinematógrafo puede o
no considerarse una expresión artístico.
Las ciudades (la civilización), han tendido
en todos losj tiempos a conservar —para rcvalarizarlas en su momento, o simplemente para
actualizarlas, dándolas a conocer a las genera­
ciones posteriores—, las obras trascendentes de
sus artistas.
Ha creado para ello lugares que, amén de
conservar la obra realizada la ponen al alcan­
ce del espectador futuro. Bien se ha dicho que
la destrucción de la biblioteca de Alejandría
atrasó la evolución del pensamiento humano
en varios siglos.
; En cuántos años podrá justipreciarse (la
taquicardia de nuestra época obliga a hablar
de años y no de siglos)’ el retroceso en el des­
envolvimiento de la expresión cinematográfica
por la falta de actualización, por la destruc­
ción en su caso, de las películas que jalonan
la historia del cine?

A subsanar en la medida de lo posible este
Francia tiene su Cinematéque Fran^aise,
peligro tiende la existencia de los Cine-Clubs. constituida sobre la base de la colección orga­
Francia fué el primer piáis (cimentando una nizada por Langlois, y, sin ser una organiza­
vez más con ello su condición de pueblo irra­ ción estrictamente oficial, recibe una subven­
diador de directrices culturales) que adquirió ción del Estado.
«
conciencia de la -importancia del problema. Be
Una de las ideas generatrices del Congrc.-o
ahí que el movimiento de los Cine-Clubs tuvie­ Internacional de Cine-Clubs, fué, amén de fijar
ra un desarrollo vertiginoso, apenas, interrum­ los principios básicos dentro de los cuales de­
pido durante el período 1940-1945. Hoy, su­ ben desarrollar su activiflad los Cine-Clubs
perada esta solución de continuidad, se cuen­ (exhibiciones exclusivamente para sus asocia
tan ya más de cien mil adherentes a todos dos, prohibición de toda finalidad comercial,
los Cine-Clubs desparramados por los cuatro presentación de las películas por los Directo­
rincones de Francia.
res de cada Cine-Club, con reseña del valor,
Esje hecho extraordinario, que prueba el es­ ya técnico, ya artístico, que justifica su pre­
tadio de cultura del pueblo francés, creó la sentación, y discusión posterior por los asis­
necesidad de canalizar* para mejor aprovechar­ tentes —con prescindencia de tono polémico—
la, esta inquietud. Y para ello se fundó la sobre si dichos valores lian sido o no logrados,
Federación Francesa de Cine-Clubs, cuya opi­ etc.), la idea generatriz, decía, fué estudiar
nión merece tal respeto, que se encuentra re­ y tratar de. resolver el hoy prácticamente im­
presentada en la Comisión de Control Cinemato­ posible problema del intercambio de las pelí­
gráfico (censura), por dos de sus miembros. culas que constituyen las distintas cinematecas
A su vez; los Cine-Clubs están representados, dispersas por el mundo.
. Del Congreso así reunido, surgió la Federa­
a través de la Federación, en el Consejo Su­
perior de Educación Popular, dependiente del ción Internacional de Cine-Clubs, cuyas tgrea*
Ministerio de Educación. Pero este organismo están a cargo de un- Consejo de Administra­
comportó sólo la solución de una parte del pro­ ción. del que fué designado Presidente el se­
blema: La ' exhibición de las películas cuyos ñor Oliver Bell, delegado de Inglaterra y Se­
valores hacen a la historia del cine, trayendo a cretario General el señor Georges Sadoul, ha­
las nuevas generaciones el conocimiento y el biéndose fijado su sede central en París. El
Consejo se reunirá dos veces por año, habien­
mensaje que ellas contienen.
quedado establecido que la próxima reu­
Al mismo tiempff era menester reunir, selec­ do
cionar, cuidar y suministrar a los Cine-Clubs nión se realizar';! en Londres y las subsiguien
estas películas. Vale decir crear la “ bibliote­ tes en las ciudades que se fijará.
Félix Gategno, del Servicio Fian
ca” cinematográfica, la cinemateca en una césEldeseñor
Informaciones, organismo dependiente
palabra.
la Embajada de Francia en Buenos Aifes,
Así como hay perdidos por. todas partes co­ decuya
gentil invitación se debió que los Cineleccionistas particulares de objetos artísticos, aClubs
de la Argentina v del Uruguay estuvie­
así hubo, y aun quedan, coleccionistas de pe­ ren representados
.en el Congresb de Canues,
lículas. Pero convertir una “ colección” , en una opina que las Embajadas
prestar su
cinemateca, es hoy ¡problema que escapa a las apoyo a estas iniciativas, quedeben
son las que en
posibilidades económicas de un particular. Va­ definitiva, traerán beneficios directos
sobre la
rios países — Inglaterra, Francia, Estados Uni­
dos—, comprendieron la trascendencia del pro­ cinematografía en general.
E L IA S LA PEESOS
blema y organizaron cinematecas, hoy ya va­
Miembro de la Federación Internacional de Cine-Clubs
liosísimas.

M A T

E

S la primera vez que se exhibe en Buenos hoja blanca con unos arabescos más o menos
Aires una tan magnífica serie de dibu­ ingeniosos; es que para gustar de los dibujos
jos del pintor francés Henri Matisse. de Matisse se necesita de parte de quien los
Todas las paredes de las salas de exposiciónobserva una preparación y, si no ya una cul­
de la galería Peuser están ocupadas por osas tura, por lo menos un estado espiritual libre
joyas que son la depurada síntesis de un arte
la trabazón que el cotidiano mal gusto in­
V el reflejo de una cultura. Matisse ocupa hoy de
filtra aún en las personas mejor prevenidas.
en la pintura moderna una jerarquía difícil­
conocer a fondo a un artista nada mejor
mente igualada; no diremos que es el prime­ Para
que.
estudiar
dibujos; es en ellos en donde
ro, por no caer en la absurda clasificación se puede ver sus
lo
que
de superficial o profundo
hoy tan en boga entre ciertos críticos prima­ hay en sus obras, pues
ellos son la génesis de
rios, pero sí diremos que él y muy pocos otros sus realizaciones más evolucionadas:
pintura o
son los que marcan un jalón en la historia de escultura.
la pintura actual. Mantener el espíritu joven
Puede el espectador preferir, en Matisse, los
a los cincuenta años y continuar teniéndolo al
llegar a los ochenta, es fruto de algo que per­ trabajos al carbón a los a pluma o vice-versa,
dura sobre todos los cataclismos y todas las pero tanto unos como los otros son todos de
miserias de una Europa y especialmente de alto valor artístico y un regalo para el espíritu.
una Francia que muchos, por sentimiento de
'Sería de esperar que esta exposición no fue­
inferioridad ‘ e impotencia, quisieran ver abo­ se un acontecimiento aislado y que en un
lidas. '
futuro próximo pueda Francia enviarnos las
Es indudable que para una gran mayoría pinturas de Matisse, Bonnard, Braque, Roulos. dibujos expuestos no pasan de ser meros ault, Bufy y tantos otros artistas tan mal
croquis que cualquier recién llegado es capaz conocidos por estas latitudes.
de fabricar con sólo dejar correr la pluma
A. Morera
v sin más preocupación que la de llenar una

mi

POR UNA MUSICA. . .
,

(Viene de la pág. 3)

será ol¡ra de americanos no en el sen­
tido meramente geográfico sino en el
hondamente, puramente, dignamente
humano. Y no es sólo esperanza: ya
vemos aflorar este arte nuestro en aque­
llos pocos artistas que tenemos dignos
del nombre de creador y del de maes­
tro. ¿Hay algo más nuestro, más argen­
tino, que el sol de mayo que florece en
la pintura de Pettoruti? Y por encima
del milongueo que se pudre en nuestro
desamparado panteón musical, nada
conozco yo más limpiamente nuestro
que el recato, la dignidad perfecta, la
redonda nobleza de una partitura de
Juan Carlos Paz.

9 ARTES
50 CENTAVOS EN TODO EL PAIS

�9 ARTES

FALTA DE R I G O R
( Viene de Ja pág. 1)

adjetivos de lo positivo que se les apo­
nen. El crítico ahorra crítica pero dila­
pida los calificativos de la cordialidad,
de la amistad, de los intereses de gru­
po, de los recuerdos de adolescencia
o de la sentimentalidad patriótica (pa­
rece más patriótico hinchar que des­
hinchar valores); el joven que ignorara
que existen Grecia, Italia, Francia, Ale­
mania, España ... haría bien en sentar­
se a descansar. Si estudia arquitectu­
ra, se entera .de que cuatro escuelas
se disputan la recreación arquitectóni­
ca de Buenos Aires, y, aunque todas
disienten, todas han triunfado y Buenos
Aires es la más bella arquitectura del
mundo; los mismos adjetivos se dosifi­
can para cada escuela y el autor no
queda disgustado con ningún arquitec­
to y tranquiliza su sentimiento patrió­
tico. El arte argentino parece así una
indicación peyorativa; sería bueno que
hubiera menos "arte argentino" y más
Arte, al que deben aspirar a ser dignos
los artistas argentinos.
Si se lee una gacetilla de periódico
se ven repetidos tales adjetivos de ma­
ravilla para cualquier libro de versos
o sinfonieta, que el joven cree que no
hay más que seguir inventando obras

C A R T A S
por

geniales; que el talento, la disciplina,
el ascetismo en publicar, huelgan; que
basta con que cada uno de los cientos
de pintores o poetas suelten su inspi­
ración celeste. Estamos tan estragados
de alabanzas (suave musicalidad, voz
cálida y armoniosa, rica paleta, exqui­
sita sensibilidad, estimables aptitudes,
don constructivo, técnica segura, ten­
sión novelística, fina espiritualidad, tem­
peramento apasionado), lo mismo para
juzgar a Picasso, Cocteau, Toscanini,
Cortot, Grammatica, que a cualquier
aprendiz de barrio, que un joven tiene
derecho a creer que el amigo que aca­
ba de festejar su décimooctavo cum­
pleaños con un libro de sonetos (pri­
moroso, fresco, inspirado, sincero, bien
rimado y ritmado), es uno de los tantos
Rilke que promete su generación, de
la cual él será el autor de los nuevos
"Cuadernos de Malte". En las revistas,
a su vez, se puede encontrar en la mis­
ma página en que colabora Jules Supervielle delicuescencias de cualquier
expendedor de sentimientos.
Tanto esfuerzo gastado en libros, pe­
riódicos, conciertos, exposiciones, tea­
tros de aficionados ... ¿qué falta? No
ciertamente el talento, la honestidad,
el fervor, la habilidad, la gracia ni, a
veces, el dinero. ¿Falta disciplina de
grupo, cohesión, subordinación sana,
morigeración del yo individualista?

A

CHARLES

Hay aqui ana nueva faceta del genial creador de la*
Fleurs du mal, una faceta que — particularmene en este
caso— hace completa la apreciación del artista: la del
hombre que tiene que vivir en un mundo no hecho a su
medida y que tiene que vivir en él “ veinticuatro horas por
día' \
“ Sólo en base a los poemas no es probable que captemos
el verdadero sentido de la mente de Baudelaire9 dice T. S.
Eliot. Es a través de la comprensión de su vida como se
puede llegar a la valorización total del poeta. Vemos en
las cartas a la madre —que él confiesa su único amor
verdadero y su único amigo de siempre— más de veinte
años de sufrimiento, en los cuales lucha constantemente
con la pobreza, las deudas, la enfermedad v el&gt; amor sin
desfallecer un momento, orgulloso y diabólico a veces, pero
sin dudar un instante de su misión de profeta de la pee-

¿Qué queda de las antologías poéticas
con decenas o cientos de nombres; de
los salones de pintura y escultura; de
los premios municipales y nacionales;
de las grandes crónicas y críticas lite­
rarias; de las fachadas de edificios
premiados por las municipalidades?
Mientras se preparan antologías de
poetas jóvenes, con reproducción de
manuscritos que se supone interesan
tanto como los de Rimbaud o Milosz;
mientras se clasifican nuevas promo­
ciones de poetas (1938, 1940, 1945, 1947)
el Olvido prepara su implacable im­
posición; el Olvido agujerea dilecta­
mente las antologías.
No falta sino el rigor que salva a las
capacidades menores y engrandece a
las grandes. Y de ese irrigor son res­
ponsables la enseñanza artística inerte
o retardataria, la ausencia de maestros,
la ausencia de disciplina en la juven­
tud, la ausencia de críticos vocacionales o de lugar para críticos en los pe­
riódicos, la ausencia del estudio ince­
sante de la doctrina del arte. Tenemos
toda la aptitud para contar con buenos
poetas, pintores, músicos, pero falta
cierta humildad, ascetismo, pudor en
la creación y la conducta, fervor por
la obra propia y ajena y no por la
figuración social o retribución de autor
—menos improvisación y más medi­
tación.

L A
M A D R E
BAUDELAIRE
sía. Este es el Baudelaire de las “ Cartas a la madre” .
La otra figura que cobra vida en el libro es la madre, a
quien él hace receptáculo de todos sus dolores v que, sin
comprenderlo del todo a veces, ¡o ayuda siempre con un
amor renovado día a día. Así el poeta y su madre viven
ese amor, extraño y duradero que los mantiene unidos y
vivos en este mundo.
No falta en las cartas la crítica, literaria o soc'al, poli
tica a veces, siempre fina y punzante.
Culmina la parábola de su vida en las últimas cartas,
que ya no escribe sino que dicta, imposibilitado por la en­
fermedad que lo lleva a la tumba.
La edición presenta un estudio preliminar sobre la inadre
del artista y un epílogo sobre Baudelaire del conocido
escritor Clises Vetit de Murat a guien se debe la versión
castellana.

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                    <text>A B R I L
a ñ o

15

D E

1 9 3 0
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Julio

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S ig ü e n z a - A lfredo

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0.10

Adm inistrador:

A T R A S A D O ......................................... ”

0.20

L U IS R E Y C A R R E R O

SU SC R IP C IO N A N U A L, A D E L A N T A D A
N U M E R O S U E L T O ................
NUMERO

-

. . . .

RI T m O P O L I T I C O
Y
R I T m O
S O C I A L

I
, no, ha sido la divergencia entre la másHasta los tiempos presentes, la polí­ i cara preparada y retocada de lo que se
tica ha sido muchas veces un artificio llama Estado y la vida interior y múl­
y una simulación. Nos referimos a fe­ tiple de ese Estado, donde el ritmo vi­
nómenos repetidos en muchas épocas tal no obedece sólo a propósitos y a
de la Historia, donde lo externo, condi­ programas, sino al fluir de la corriente
ciones de gobierno, fórmulas de ocasión, de los tiempos, donde varios caudales
procedimientos circunstanciales son un de ideas, de emociones y de deseos van
puro equilibrio, fuera de todo impulso formando el estrato, el residuo, de un
vivo, de toda esa corriente de ideas y mañana diverso, peor o mejor, según
de sentimientos que en instantes aven­ sea progresiva o regresiva la evolución
tureros y transitorios, como todo lo que social íntima del Estado.
IV
existe, forman el sentir íntimo más o
La vida íntima de la masa de un pue­
menos completo de un pueblo.
blo y su vida oficial pueden ir, aunque
.
11
El ritmo social (esto es, la ideología parezca imposible que tal suceda, en
y las aspiraciones de lo que está más o perpetua divergencia, aunque esa diver­
menos vivo en un mundo) es siempre gencia dure siglos de historia. Por eso
diverso. Puede ser unánime el descon­ se repite con cierta periodicidad, en
tento o parcial. Pueden entrecruzarse momentos culminantes de un pueblo, el
distintas corrientes de opinión; pero advenimiento de acontecimientos que
aún entresacando un sentir más o me­ sorprenden a las miradas superficiales
nos confuso, más o menos lejos de de cronistas, historiadores y estadistas
plasmarse en ideas precisas, el resulta­ de segunda o tercera mano. General­
do es que el ritmo social es siempre mente suele vivirse de tópicos, no siem­
algo en formación, cuya deriva depende pre vulgares. Los tópicos aristocráticos
de un sinnúmero de hechos accidenta- suelen ser los más peligrosos. General-

M

su gran cultura a cuestas; pero los
tiempos hoy, pese a los nacionalismos
funestos en ebullición, tienden a una
concreción más amplia y a un futuro
internacionalismo.
V
La idea clásica del Estado, que pare­
cía intangible, decrece. De Hegel aca,
en pocos años — un instante en el tiem­
po — varias tempestades de desconten­
to y de inquietud han resuelto las al­
mas. Una tendencia práctica hacia las
técnicas y el mecanismo han helado
muchos entusiasmos y han modificado
fundamentalmente la marcha del mun­
do. Uno de los fenómenos más de ma­
nifiesto ha sido este artificio, cada día
más visible, entre el vivir oficial y el
vivir real. Si el tiempo no los pone de
acuerdo, cosa difícil, este desequilibrio
cada vez más patente, derribará muchas
cosas en buena parte del mundo.
La gran política de mañana irá de
acuerdo con las grandes corrientes vi­
tales. Hasta ahora, la política muchas
veces se ha opuesto a ellas. Y por eso
un día, quizá no lejano, se derribará
con esa política todo el fundamento de
una constitución social, cada día más
gastada y más ineficaz.
JA C IN T O

j.

c

o

u n e o

LA CRITICA FRANCESA Y LA EXPO­
SICION DE LOS URUGUAYOS CU­
NEO Y MICHELENA, EN PARIS.—

GRAU.

les difíciles de concretar “a priori” .
El ritmo gubernamental, en cambio,
es, por oportunista que sea su conduc­
E S C R I B E N :
ta, algo concreto, con una unidad bien
delineada. Le apoya en una acción co-j
Jacinto Grau, A n g e l Aller, A lfre d o M a r i o Ferreiro, Jesualdo, Julio
mún, en un fin por realizar, en una p o -,
Sigüenza, E n r i q u e B u st a m a n te y Ba lllvian, L u i s Bertrán, Enr iq u e
lítica destacada, cuyos vaivenes pueden I
E. Potrle, L. Glordan o, A. Z u m Fel de, M a r í a Ele na Muñoz, Gerardo
modificar las circunstancias; pero cu- ;
del Valle, N ic o lá s F u s c o Sa nsone, E s t h e r de Cáceres, E m ilio Fruyos objetivos, ‘latentes o manifiestos,
goni, E u g e n i o M o n t e s y José
M a r í a Egure n.
obedecen a un pensamiento común, por
poco que un Gobierno sea digno de tal
I £.
U S T R A N s
nombre.
M e lc h o r M é n d e z M a g a r i ñ o s y José Cúneo.
Así, salvo en períodos revolucionarios
o de reconstrucción, donde el ritmo so­
cial resuena en la superficie, el ritmo
gubernamental puede estar muy cerca o mente vienen a cristalizar en imperati­ G.
Guillot M u ñ o z
muy lejos de todas las vibraciones ínti­ vos que se peírifican un tiempo, a ve­
mas de una colectividad diversa y com­ ces muy largo, sirviendo para desvir­
En el hotel del Prado se llevó a cabo
pleja. El problema está, pués, en si tuar el espíritu alerta a esas realidades la demostración de simpatía a Gervasio
puede ser o no posible un paralelismo, complejas, difíciles de encasillar y su­ Guillot Muñoz, por parte de muchísimos
más o menos sostenido, entre dos tra­ jetar a un pnesamiento y a una defini­ amigos, con motivo de su reciente nom­
yectorias. La que podemos llamar aquí ción.
bramiento para la sub-dirección del Mu­
política externa de un Estado y sentir
El hombre tiende, generalmente, a re­ seo de Bellas Artes de Montevideo.
íntimo del pueblo o de los pueblos que posarse en el prestigio de ideas fla­
La comida transcurrió en medio de
constituyen, ese Estado.
mantes que durante un cierto tiempo una sostenida animación, cosa rara en
III ■
parecen gozar de un consenso de mino­ este género de fúnebres episodios.
Salvo en casos excepcionales, casi
Hay que creer: los banquetes resultan
rías inteligentes. De ahí ha nacido un
siempre fecundos en mal, o en bien, en
sentir aristocrático, de espíritus más cuando los homenajeados se los mere­
que una gran figura, secundada por va­
conservadores que revolucionarios, aun­ cen.
rios co rife o ry por coyunturas propicias,
Gervasio Guillot Muñoz, estuvo entre
que por su trasiego y viveza mental se
acomete desde el Poder una gran trans­
crean ser esto último, sin serlo. Este Carlos Reyles y Julio Supervielle.
formación social, como el caso recien­
Rodearon la mega los mejores inte­
reposarse en conceptos que parecen
te dé Turquía, salvo en esos casos poco
axiomas y no lo son'lleva siempre a un lectuales en "trainning” .
frecuentes en que se fúnden el ritmo so­
CARTEL, por boca de Fereriro, tuvo
cial y el ytm o gubernamental, un fe­ estatismo funesto. Es muy posible que que hacer uso por dos veces de la pa­
haya pueblos muertos y que entre en
nómeno histórico, hasta ahora poco es­
su ocaso todo el occidente europeo, con labra.
tudiado en su esqueleto y en su contor-

De “Montparnasse”, diario parisino,
traducimos el siguiente suelto:
“Cún eo - Michelena. — Dos grandes
amigos de nuestro Montparnasse. Dos
artistas, naturales del Uruguay, que, en
estos días, ofrecen a sus numerosos c a ­
maradas parisienses, en el salón Zak, el
fruto de su más reciente labor.

“ Cúneo se ha impuesto en Sudamérica con telas estimables

pintadas

con

una maestría personálísima. Lo suyo
que l^oy se nos muestra ha sido creado
casi exclusivamente en el Mediodía fran­
cés.
‘■Pueden verse treinta y cinco pintu
.ras de una factura sobria, sin vacilacio­
nes. Paisajes — que

osamos

llamar

atléticos, — en los que la fuerza inte­
rior, luminosa, desórdena una libertad
de planos. Cúneo se exalta cuando pin­
ta. Conoce, como todo artista profun­
do, los placeres que puede ofrecer la
naturaleza a quien sabe comprenderla
para extriorizarla rítmicamente.
“ Las esculturas de Michelena, que
son diez, forman un sólido conjunto. Su
“ Eva” , su “ Maternidad” , están concevidas y ejecutadas

humanamente,

sin

afectación. Un conocedor sobrio, en el
que la seguridad técnica es sorpren­
dente” .

�CARTEL

CARTEL

S

H O

T

S

POLEMICA
uou ex nuevo formato de CARTEL., la dirección del mismo lia acordado
agregar a su enunciado "panorama mensual de literatura y arte” la palabra
"polémica” .Es esta una necesidad vivamente sentida en nuestro medio en
donde todas las cuestiones que afectan a la comunidad artística y literaria
quedan siempre envueltas en la sombra y reducidas a una “ camarilla” que las
compone, cose y remienda, en beneficio de no sabemos quién. Como CARTEL
desea que las cuestiones artístico-literarias se ventilen a la luz del día, abre,
desde hoy, sus puertas, a toda persona responsable que tenga algo que decir,
denunciar, criticar, o comentar. Por demás está advertir que no admitiremos
personalismo alguno y que sólo deseamos, con nuestra actitud, justificar la
necesidad, harto sentida, de renovación dei ambiente, librando a la vez, a
nuestra publicación, de convertirse en una “ antología” más de las muchas que,
con el nombre de revistas, aparecen entre nosotros.
Queda, pues, franca la puerta, para todo el que tenga algo que decir.
Sólo pedimos la corrección provervial de las gentes bien educadas y cultas,
y la capacidad necesaria para sostener las afirmaciones que deban ser pu­
blicadas.

P

R

E
(Pard on,

T
M.

C

Gide)

Al reconocer la crítica literaria que
tal o cual escritor posée ya formaado su
estilo propio, en el sentido de concep­
tuarlo brillante y musical, jamás debe­
ría estimarlo a título de mérito. La pa­
labra es el vehículo del pensamiento, pe­
ro como es sabido, deficiente, y el sig­
no escrito, que es su cristalización, es
lo más aún, porque siendo fluido por
esencia no puede ser cristalizado sin
sufrir mutilaciones capaces de alterar,
Algunos señores literatos se han creído en el deber de acercarse hasta al verterse, la temperatura de su clima
prístino y con él sus matices, entona­
la dirección de CARTEL para advertirnos que en nuestro último número han
ción, perspectiva y claroscuros. Un es­
aparecido varias firmas de autores nuevos. En vez de congratulación, la cita tilo desprovisto de estas cualidades vie­
envolvía reproche. Olvidaron aquellos literatos del “antiguo régimen , que ne a ser algo así como la armadura o
ellos, antes de ser la cosa vieja que ya son, fueron nuevos y flamantes. Tam­ caparazón del pensamiento. Cuando más
dueño de tal estilo sea el escritor, tan­
bién olvidaron que nuestra publicación es joven y ágil, y no puede ni quiere to mayor será su propensión a encerrar
vivir acartonada.
sus concepciones dentro de moldes de­
terminados, los cuales actuarán sobre
La misión, que hemos asignado a CARTEL sus directores y fundadores,
y por demás está advertir que es la que sostendremos
, es, precisamente, sus ideas un poco a la manera del le­
ésa de apoyar toda manifestación de arte elevado que se produzca en nuestro cho de Procusto. En general, puede de­
cirse que el estilo no es el hombre si­
medio sin que nos importe para nada la edad puramente física de los autores. no una parte de él, porque estilo equi­
Ya hemos dicho en CARTEL, que para la medida del arte o de la ciencia vale a limitación del pensamiento, en
virtud de hallarse sujeto a tiránicas
no cuentan, con nosotros, los años.
Y ahora esta aclaración final:
Si hubiéramos de limitar CARTEL a lanormas de eufonía y estética particu­
lares. Los admiradores del estilo retó­
recolección de las producciones de
los ya consagrados, viviendoal margen de
rico y grandilocuente consideran a cier­
la juventud y de nuestro tiempo, no lo hubiéramos fundado nunca. Y nada más. tos escritores carentes de estilo litera­
rio, porque usan de un estilo llano y un
tono familiar de conversación en su li­
teratura. Gravísimo error: cabalmente
con ese tono menor son los más capa­
CARTEL no cobra nada de nadie ni aspira a cobrar nunca. Tiene su
citados para traducir los estímulos más
propia esquela de defunción preparada para cuando, por falta de medios eco­ finos de su sensibilidad, y por ello al­
nómicos, no pueda seguir publicándose Creemos que ésto va para largo. canzar una belleza de fondo, de índole
Pero CARTEL aspira a que el que cobra cumpla o que, de lo contrario, no espiritual, muy superior a la meramen­
cobre. Esas revistas que cobran en el Ministerio de Instrucción Pública una te formal. Én España, Ricardo León, es
el arquetipo del escritor de estilo orna­
cantidad mensual, deben salir mensualmente. No es posible ni legal que se mental y de tono mayor, “que intenta
publique un número cada tres meses y se cobre re ligiosa m en te cada mes. dar solemnidad a todo, a lo que ya lo
Llamamos la atención del señor Ministro, pues lo denunciado nos parece de tiene de por sí y a lo que no lo tiene” .
una inmoralidad manifiesta. No nos oponemos a que se pague, poco o mucho, Baroja representa el modelo opuesto;
logra alcanzar la auténtica belleza lite­
cuanto más mejor, a publicaciones que, bien o mal, cumplen una misión de
raria sin valerse de los chirimbolos re­
cultura. Nos oponemos, si, a que se siga cobrando mensualmente, con toda tóricos, porque aquella fluye de la in­
puntualidad, y las publicaciones aparezcan englobando tres números en uno timidad de sus personajes, cuyas vidas,
y cobrando como tres en el Ministerio. Y conste que somos de opinión de en medio de sus fracasos y rebeldías,
que el dinero invertido en la protección a estas revistas, estaría mejor desti­ muestran gestos puros de ascensión.
nado a la confección de una gran publicación nacional que, además de cumplir
***
su cometido cultural, pagara a los autores Su colaboración. Insistiremos per­
manentemente sobre este asunto si no se escucha nuestra voz.
A la conciencia moral y lúcida básta­
le con la irradiación de las cosas; la
conciencia henchida de sentido prácti­
co actúa directamente sobre la materia;
la primera enfoca sobre el área espec­
Las gentes de letras, ese mundillo que por ahí se agita en cuanto el tral de todo cuanto la circunda, la. se­
gunda mide, pesa y calcula.
gobierno ofrece cuatro vintenes, quiere leer de arriba.

COLABORACIONES

ESAS REVISTAS QUE COBRAN

LA VENTA DE LAS REVISTAS LITERARIAS

Esta manía de leer gratis cuanto se publica estriba en aquel reparto que
de sus producciones impresas hacían los que no eran tolerados en los cafés
o en las peñas artísticas.
Regalando las producciones ya convertidas en libro, folleto o periódico,
conseguían aquellos para quienes todos endurecían las orejas, ser leídos por
el mundillo literario.
Más las cosas, como todo en el mundo, han ida sufriendo fundamental
cambio.
Ni nosotros vamos a leer nada a nadie, ni nadie tiene por qué incomodarse,
ante nuestras lecturas.
De ahí que saquemos en consecuencia que sólo a poderosas razones de
clásico amarretismo responde ese prurito de querer que regalemos CARTEL.
CARTEL, queridos colegas, es una cosa seria. Y, además cuesta dinero.
El dinero que empleamos en CARTEL no lo conseguimos vendiendo
libros para los niños, ni enjaretando malas estatuas en el Prado, ni progra­
mando carretas de $ 50.000, ni ligando algunas de las conferencias con que
obsequiaremos a los turistas de literatura que nos visiten en julio próximo.
La plata que abonamos mensualmente en la “Editorial Apolo”, por con­
cepto de confección del periódico, la ganamos en nuestros respectivos empleos
donde — tampoco son prebendas ministeriales — tenemos que trabajar de
firme por la mañana y por la tarde.
Eso, unido a la generosidad de algunos amigos que nos facilitan anuncios
de sus casas de negocio, financia la aparición de CARTEL.
Es decir, no es completa la financiación, pues siempre queda un resto
( P a s a al frente).

***
La mujer parecerá tanto más bella
cuanto más irradie la sugestión de su
sexo.
***
El progreso del maquinismo es conti­
nuo, al paso que en bellas artes es
discontinuo, porque aquél se reduce, en
última instancia, a indefinida incitación
y superación numérica, afán perenne y
actvo que alienta en el hombre; en tan­
to que éstas son inspiradas por fuertes
corrientes espirituales y emocionales,
sólo posibles merced al advenimiento de
una religión capaz de ,'estremecer el
alma de todo un pueblo.
•***
Hay sujetos cuya inquietud da la sen­
sación de que estuviesen oteando el ho­
rizonte desde una torre ideal, a la es­
pera de algo que nunca les llega. Has­
ta en la conversación nótase la influen­
cia perturbadora de ese prurito. Nunca
se abandonan enteramente al asunto so­
bre el cual tratan, porque están como
azuzados por un incógnito aguijón que
los obliga a desplazarse de continuo de
un determinado centro. Los veo ideal-

X

T

O S

mente cqn la mano en visera sobre la
rente, fijando obstinadamente la mira­
da en un punto distante. .
***
Definición del héroe guerrero: volun­
tad inconsciente de consubstaneiarse en
la substancia cósmica.
***
La tragedia íntima-secreta-del hom­
bre comienza cuando contempla todo lo
que ama con la aguda sensación de
asistir a su fuga.
***

Aun la amistad más acendrada nece­
sita períodos de ausencia para airearla.
***

Para extraer la gota de divinidad que
todo hombre atesora, es menester antes
sumergirse impávido en las profundida­
des y meandros de su egoismo.
***
Siguiendo la brillante clasificación del
gran psiquiatra Jung, acerca de los ti­
pos extravertidos e introvertidos — los
primeros sienten principalmente como
motivos los factores externos y los se­
gundos lo intevno o subjetivos — pue­
de uno discriminar entre las varias mo­
dalidades de escritores dos grandes ca­
tegorías que se ajustan bien a la clasi­
ficación de .Tung. Como el tipo extra­
vertido es más común que el otro, es
natural que el número de escritores de
esta clase sea mucho mayor. Son por
excelencia caudalosos, superficiales y
retóricos. El tipo opuesto es sobrio, ori­
ginal, profundo, y su forma de expre­
sión es a menudo desaliñada. Su apti­
tud consiste en el análisis, descuidando
cuanto le rodea o lo que podríamos lla­
mar la decoración externa. Estudia el
alma inagotable del hombre con la mis­
ma atención que el biólogo cuando enfo­
ca el ojo en el microscopio y rastrea
en la célula viva el secreto funcional
de la vida. Dado el cúmulo de funcio­
nes reprimidas, su inconsciente, en ex­
presión, las sugestiones de las imágenes
sensoriales, ante bien, éstas caen en
buena parte en el campo de lo incons­
ciente a enriquecer su psiquis. El extra­
vertido puede' ser tan receptivo o más,
pero la calidad de su producción carece
de la substancialidad y d i m e n s i ó n de la
de su tipo opuesto, porque su natural
espontáneo no permite a sus ideas ad­
quirir la necesaria madurez y decanta­
ción. Ejemplos ilustrativos: piénsese en
los personajes del novelista Pereda; no
llegan, a pesar del lujo descriptivo — fo­
tográfico— con que están dibujados, a
dos dimensioines. Aquí la letra mata
al espíritu. En cambio, la vida de los
seres creados por Dostoiewski — tipo
representativo del escritor introvertido
■
— rebasa las tres dimensiones euclidianas, en virtud de los conflictos divinos
y demoníacos que traspasan sus almas
atormentadas.
Para abolir el pasado en el misterio
de la conciencia, el hombre nuevo debe­
rá inclinarse furiosamente hacia el por­
venir.
***
La prosa, para llegar a una rango ci­
mero, debe lograrlo por la fuerza y la
nobleza de su fondo, jamás por su ade­
rezo y lujo idiomático. O en otros tér­
minos; además del estilo derivado de la
letra, hay un sobreestilo dimanante de
la irradiación del espíritu a través de
la letra; aquél halaga el oído, éste pue­
de hablar al alma. La belleza no es
sino la expresión de la eficacia, ha di­
cho Emerson, y no se olvide que la
euritmia del edificio reside en su ar­
mazón .
Enrique

E. P O T R I E .

f

�wm

CARTEL
(V iene

CARTEL

del frente)

que debe ser cubierto de cualquier modo. A esto debe agregarse el costo de las
estampillas de la copiosa expedición que hacemos al exterior, los gastos de
locomoción y tiempo mientras solicitamos las colaboraciones, y el trabajo de
ordenar todo, leer todo, corregir todo y armar todo, más el reparto a las casas
que expenden el periódico.
Todo éso, queridos señores, no nos reporta ningún otro beneficio que el
de salimos con la nuestra de mantener una revista mensual que sale todos los
meses, sin subvención pública y sin concesiones a mayorías inartísticas.
Por todas esas razones y otras cuya enumeración no concluiría nunca, es
que exhortamos a todos los compañeros residentes en Montevideo — colabora­
dores o no — para que compren CARTEL, a diez centesimos, en los sitios
donde se vende.
Que lo compren, porque estamos dispuestos a contestar como se debe a los
que vienen hasta nosotros para pedirnos un numerito. . .

TAMBIEN EL MUSEO NACIONAL
No debe ser facultativo del señor Director del Museo Nacional, la compra
y colocación de ¡as obras que vayan a enriquecer el mismo. Tenemos enten­
dido que había una comisión de compras, y no sabemos por qué razón esta
Comisión no funciona ya. Hemos realizado una visita al Museo y da verdadera
pena contemplar aquello. Aún con el acuerdo feliz del nombramiento del
señor Gervasio Gillot Muñoz para la subdirección, es necesaria la Comisión
de compras. Y es necesario también que las copias u obras que envían nuestros
pensionados en Europa puedan ser contempladas por el público, en uno u otro
sitio, o en los escaparates de las tiendas, antes de ser arrumbadas en donde
están actualmente El público, que en definitiva es el que paga las pensiones,
tiene, por lo menos, el derecho de saber a quién pensiona y para qué lo pen­
siona.
Hay mucho, muchísimo, que hacer en el Museo Nacional. Hablaremos del
asunto en números sucesivos.

ESOS INSULTOS
No nos parece bien el insulto por que lo creemos propio de gentes mal
educadas. Y menos nos parece bien el insulto llevado, por medio de la letra
impresa, al dominio público. El escritor Filartigas acaba de ser insultado por
medio de las columnas de “La Tribuna Popular” que, sin respeto alguno para
el caballero, se despachó a su gusto y como le vino en gana contra este
escritor. Una cosa es criticar la obra de un intelectual, buena o mala, pero
con “criticas y razones”, y otra es el insulto personal. Quien tenga que insultar
a un señor, sea cualesquiera que sea, debe hacerlo casa a cara y ateniéndose
a las consecuencias que de su acto puedan derivarse. El señor Filartigas
tiene su obra impresa, a la venta pública, y por lo tanto la crítica de la misma
consideración sicial que se otorga a todos los hombres.

LAS ASOCIACIONES DE ARTE
No es posible que cada vez que |un sañor cualquiera se levanta de mal
humor, tengamos una citación para; constituir un “ COMITE DE ARTE” .
En el Uruguay el arte no necesita comités de tal naturaleza. Ya sabemos lo
que suelen resultar tales Asociaciones!y qué fines se persiguen con la llamada
a constituirlas. Cuando un señor necfesite vender los objetos que fabrica en
su industria debe hacerlo por cuenta propia y no mezclar en el asunto a poetas,
escritores, pintores, etc., etc., que nada tienen que ver con el comercio. Está
muy reciente aún el recuerdo de ciertas embajadas y recepciones, de las que
todos nos hemos reído algo. No queremos reirnos de nuevo y además queremos
que cuando alguien tenga ganas de Viajar, vaya con su sola representación
y pague los gastos de su bolsillo particular. Avisamos al Ministerio respectivo
para que se ponga en guardia. También avisamos a la Comisión del Centena­
rio por que, a lo mejor, resulta que esta vez los tiros van hacia aquél lugar.

C A B L E S
t .
En la Gran Calle de los Panaderos
pude ver las piernas más deliciosas Las
mismas que trotan por las orillas del
Alster, bailan en Alkazar y, por los
canales, en el romántico bote hambur­
gués, se colorean con las tenues luces
de los húmedos crepúsculos.

rado en Venecia el sentido de la melan.
colía

—Vengamos, amigo Bocaccio, amigo
Maurras, a ver desde sus colinas a Firenze, tan armadura. Si os parece toma­
remos un cokctail con Fiammeta y gri­
taremos como fascistas frente a la Lo­
—Desde Sullberg, el Elba es cara- gia de los Lanzi.
vansello de los transatlánticos.
El barroco de Roma se entra des­
El Edén Hotel, como los reyes, tie­
pacio y por tortuosas sendas al alma.
ne su corona en la cabeza: sobre el
El topacio del Tiber e3tá estratificado
amplísimo Berlín de cielos celestes, su
como un metal líquido desde que lo vió
admirable azotea, abre, bajo las alfas
Cellini y el ruido de la calle de los Dos
del Norte, sus techos de cristal. BrighitMacelli, ahoga las disonancias de Respi.
te Helm comparece, armiñada, florido
ghi y hace pensar en que Víctor Ma­
de raras orquídeas el brazo y en la
nuel haya emprendido el galope con su
frente el halo de la mujer mecánica.
pingo, huyendo del altar de la Patria.
Flor difusa, témpano de la helada be­
Esto que parece una broma, es lo
lleza de sus ojos.
más natural: la Toscana es tosca y Sie­
—Aquí han terminado los escrúpu­ na, tierra de Siena. Aunque ésta tiene
los se dice en el Tiergarten. Jardín me­ un poco de rosado.
dio selva en el gran Berlín, obscuro,
Pisa: la voluptuosidad bella y ma­
claro o silencioso. Todavía es aquí ro­ dura.
mántico el amor. Aunque sea muy bur­
—Los Diez han escrito “El zar no ha
gués.
La aristocracia de un 'sentimiento, muerto” y M. Rostand “ El último zar”—
en cambio, uno la percibe de pronto, en ' y lo ha representado él mismo! — con
los ojos de la desconocida que calza sus lo que está dicho que las cosas rusas
chinelas en el wagón_cama: llenos de preocupan aún a los espíritus más vul­
gares.
de promesas, sin egoísmos.
—De lo más trágico que he podido
—En el corazón de la Hesse: qué ro­ ver en París es el beso que hay que dar,
jizos los frenos! Son los árboles efec­ a hurtadillas, en el square sombrío,
tivamente acogedores del diálogo es­ cuando toda la noche de amor anda
tético. Por su altura, y el temblor del suelta por los bulevares y hace desbor.
augusto espíritu que desciende de sus dar el Sena.
ramas.
—Las tarjetas postales del lago Le­
— Las cortinas de la casa de Goethe man, con todo, no pueden dar una idea
son un espectro. Girón a girón todas las de lo siniestro que es el chirle suizo.
miss del mundo han creído llevarse,
—El Greco ha sacado de algún círcu­
con el hilo inocente, el secreto de la
lo extradimensional las "persistencias de
juventud.
sus lívidos y .sus “libidos”.
—En Nurberg, de noche, los zótanos
— Cuando dos vecinas pelean a gritos
rebosantes de Durer, hierven de cancio­
entre el volido de un murciélago, Toledo
nes, de humo y de deseos. Arriba, las
toma su copa única de alcohol: un cog­
calles sumidas de misterio, el Pegnitz !
nac sobrio, y bien seco. Pero basta para
lánguido, la bella fuente enmudecida;
perder la idea de tiempo.
abajo, la canción del teimpo, el beso di­
—El espectáculo de un mercado de
choso, la contemporánea risa.
mariscos, bajo el cielo aventado y alto
—Ni Baldüng, ni Cranach, han logra-!
de Madrid basta para hacer olvidar a
do desprenderse de esa manera alema- ¡ los presumidos de la calle de Alcalá.
na del grotesco.
—He aquí la cultura: una madre ga­
—Se puede erigir un monumento en i llega reprende a sus hijos porque me
las Dolomitas y si el escultor es bas- I gritan “alemán” y, al saber que soy
tante genial no se notaría.
español, tórnase su cólera furiosa y les
—En el Excelsior hay que sufrir la castiga.
presencia de los hombres en pijamas
lilas; pero, a pesar de ello, he recupe­
L. G I O R D A N O .

EMPLEOS, LIBROS PARA ESCUELAS Y BIBLIOTECAS
El intelectual que niegue que el Uruguay es el mejor país del mundo;
miente como un bellaco. Pueden contarse con los dedos de la mano los
plumíferos de nuestro medio que no estén perfectamente ubicados en el presu­
puesto de la Nación. Todos son servidores de la República, y naturalmente,
todos cobran muy justamente sus servicios. Nos parece bien que los intelec­
tuales trabajen.
Lo que ya no nos parece ni medianamente bien, es que esos mismos
intelectuales, valiéndose de la amistad o de lo que sea, encajen sus libros,
cobrando muy bien su importe, en las escuelas públicas de la Nación. Algunos
hay, tan avispados, que ya logran la consignación de su libro antes de
tenerlo escrito. Otros, en cambio, hacen reediciones de libros que han publi­
cado hace años, y los encajan a los pobres muchachos de las escuelas que
no tienen culpa alguna de que en el país los poetas y escritores crezcan como
la hierba. Como la mala hierba inútil.
Se está forjando, con tal procedimiento, una generación que, sin duda
alguna, ha de resultar digna de estudio para las venideras. Se inundan las
escuelas de libros sin orden pedagógico alguno, escritos por adultos para
adultos, y rechazados por el criterio público que no ha visto en ellos cosa
alguna que merezca la pena. Todo autor nacional que publica un libro que no
se vende, ya sabe de antemano a donde tiene que enviarlo: a las escuelas.
Se admite de todo: versos, filosofía, sociología y macanas. Hay que arreglar
ésto, señor Ministro de Instrucción Pública, y nombrar comisiones que dicta­
minen, aprueben y rechacen los libros destinados a la enseñanza Igual con
la Biblioteca Nacional, ya que no es posible tolerar que al criterio de un solo
señor quede librada la facultad de comprar cientos de libros a quien le de
la gana.

A

H

O

R

R

E

!

hoy para a frontar con t r a n q u i l i d a d el futuro y piense que al labrar
así su independencia económ ica, Vd. colabora al en grandecimiento
de la Patria.

DEPOSÍTE

SUS

ECONOMIAS

EN

EL

SANCO POPULAR DEL URUGUAY
Quien a d hiriéndose a la co nmemora ción
del Cente nario de la Independencia de
la República, ha resuelto a b o n a r por de­
pósitos en C ajas de A h o r r o s hasta
$ 3.000 E L
IN T E R E S A N U A L
DEL
EL BANCO R E A L IZ A TO D A C L A S E DE

6

O P E R A C IO N E S

B A N C A R IA S

Casa Central: 25 de Mayo, 402 esq. Zabala
Agencia Goes: Av. Gral. Flores 2381-83

�■—

CARTEL ~ L —

L a C o m p r a d el
“ Da viD’ ’
M ig u e l

De

A ngel

Después de haber asistido al torneo
de macanas entre “ El Día”, “ El Ideal” ,
“El Diario” y “La Mañana” , sobre el
“David” de Miguel Angel, vamos a de­
cir alguna cosa, ya sin sonrisa compa­
siva.
Primero: los diarios de cierta circu­
lación deben hacerse la obligación de
consultar a los que entienden antes de
largarse a macanear como han maca­
neado en este asunto.
Tanto en la redacción del diario batllista como en la del diario riverista se
conoce a varios escultores de nota, a
quienes debiera haberse consultado.
Segundo: el segundo “David” , el pos­
terior al que se pretende comprar, es
infinitamente superior, como obra de
arte, al primero; pero tampoco sirve pa­
ro lo que se pretende porque es muy
pequeño.
Tercero: las copias en mármol de las
obras de arte, son todas malas.
Prueba: el “David” de la plaza de la
Señoría, en Florencia, es infinitamente
inferior al original. Hay que tener en
cuenta que esa copia fué hecha para el
gobierno italiano por un artista. Pién­
sese lo que va a venir aqui, hecho por
un marmolista golpeador...

Ultimo Romance
E s p in ó la
(

a

n

o

Gaucho Perdido

del
en

la

S ie r r a

i

m

n

o )

Ya brumas de otoño, frías,

la madrugada en el flanco.

No más fanfarria de espuelas,

viene el aurora llorando.

Lleva tembloroso el belfo;

no ceñidores, no lazos,

alto el ijar y temblando.

ni la divisa en la frente,

En las anchas soledades

ni erguida lanza al costado.

le bate la dura mano

Vagares de peregrino

del viento de Mal Abrigo,

arrastra quien fué centauro.

que mal abrigo le ha dado.

Por negras sendas, la carne

Jaeces no le oprimieron

vásele desparramando.

ni riendas le gobernaron;

Sin dueño corre en la bruma,

pues quien domeñarle pudo

flecha de sombra, el caballo.

vive, ha tiempo, domeñado.

Cimera en los peñascales

Sin ánima, desque amores

está la tarde flotando.

el ánima le robaron,

Cuevas de la serranía

ha, el jinete, las nativas

cobijan al ermitaño

preseas abandonado.

que, sin morir, ya muriendo,

Luminarias del oriente
vístenle de plata el llanto.
Claros tropeles de niebla
mueven por el aire claro.
Verde monte, verde sierra,
oro-verde de los campos,
en briales de misterio
se fueron arrebujando.
Armonía de silencios.
Silencio de sones vagos.
'Ceñido de lejanías
anda un balido rodando
por la sierra, por el monte,
por el abra, por el llano.

sueña que vive soñando.

Cardenales mañaneros

Sayal de parda estameña

—yelmo rojo, peto blanco —

le cubre el cuerpo menguado.

desvaídos en la bruma

Sobre la llaga del hombro

volando pasan, volando.

tiene un gavilán posado.

No llevan, como solían,

La voz, cansada y distante,

gozoso el vuelo, ni raudo;

suena, favores clamando:

sueños de soles y cumbres

‘ ‘ Señora Santa María:

soñando pasan, soñando.

Sáquesme deste quebranto” .

La mañana, quieta y fría,

Le nace un lirio en el pecho.

escucha un rumor de cascos.

Lágrimas le van regando.

Negro de angustia y de noche,
el potro llega, trotando.
Gualdrapas de luz le tiende

Sierras de Mal Abrigo.
Abril de 1930.

Cuarto: las obras de mármol, a la intemperie se ponen feas. El mármol no
es para la intemperie.
Quinto: las dimensiones del “David”
— 5 metros 50 centímetros, más dos
metros (minimun) de pedestal: 7 me­
tros 50 — no encajan, de ninguna ma­
nera, en la esquinita de Rivera y Jackson.
Sexto: hay que ver si la decoración
del muro, pega con la obra que se pien­
sa adquirir. Porque aquí al mármol se
le obliga a hacer los firuletes que tiene
el Palacio Legislativo, por ejem plo...
Séptimo: la cultura de los pueblos no
se eleva comprando copias. Hay que fo­
mentar la producción original para que
aquí pueda aparecer un artista de ver­
dad. El gobierno debe destinar esa su­
ma para que un escultor de por aqui
haga una estátua para ese lugar.
Octavo: si se piensa adquirir una re­
ducción del “David” , para ponerlo a to­
no con las dimensiones de la pared de­
corada, entonces... ¡apagá y vámonos
con escape lib r e !...

R A D A E L L I
En Montevideo, alojándose en el
“ Parque-Hotel” se encuentra Radaelli
desde hace unos diez días. De sopetón
acaba de llegar el impagable dibujante
y el fino ironista.
Desde la punta del Africa, (saliendo
ae Pocitos, por sobre el agua, en línea
recta siempre al Este) ha seguido el
movimiento de Montevideo, ha enviado
periódicas colaboraciones llenas de in­
superable sprit, y se ha carteado en
inglés, en ¡os rotativos sudafricanos,
con “ Boy” , que tuvo que recurrir al
jdioma de las señas para entender el
inglés de Brvan de G-rineau.
Por poco tiempo estará Radaelli enire nosotros. De aquí saldrá para Sudufrica, de allí a Rusia, de Rusia ¡sabe
Dios adonde!
Al espíritu puro dd Radaelli, CARTEL
.e tiende su diestra en el encuentro de
esta llegada.

�■
[ CARTEL*

! C A RT E L ■

VAZ

CARLOS

FERREIRA

Este estudio inédito, que el autor entrega a CARTEL, forma
parte de la obra P r o c e s o Int electua l del U r u g u a y , y C rítica de su
Lite ra tu ra . — el mayor trabajo de crítica realizado basta h o y en el
pais — y que aparecerá próximamente, publicado en dos grandes
volúmenes, bajo los auspicios de la Comisión Nacional del Cente­
nario.
I

no han llegado a publicarse. Sería el
primero, una serie de tomos o fascícu­
los, de publicación sucesiva, semejante
a “ El Espectador” o al “Glosario” que
en España publican Ortega y Gasset y
Eugenio D’ Ors.
Fe rm e n t a l es una expresión favorita
de Vaz Ferreira, — tomada de la Quí­
mica — refiriéndose a las ideas que, sin
tener carácter doctrinario, ejercen so­
bre el pensamiento una acción sugerente y renovadora. De los “Psicogramas”
ha publicado muchos, sueltos, en revis­
tas del Plata; son, en gran parte, frag­
mentos desglosados de sus Conferen­
cias.

no sólo de definir tipos intelectuales
distintos. Es en este sentido que quere­
El Maestro de Conferencias de la Uní- ¡ mos señalar a Vaz Ferreira como el úni­
versidad de Montevideo, es el único ti-, co tipo neto de filósofo, fenómeno ra­
po de filósofo puro que se baya produ-! ro en estas tierras.
cido basta ahora en el Uruguay; y pro-1 Tal vez por ello, precisamente, la
bablemente, en toda Hispano-América. j personalidad y la obra de Vaz Ferreira
Hemos tenido, sí, en estos países, al­ no han alcanzado en América la difu­
II
gunos escritores dotados de agudo t a -' sión y el prestigio que gozaran las de
Ocupa Vaz Ferreira, dentro del mo­
lento y vasta cultura general, cuya obra Ingenieros o Rodó, por ejemplo. Cierto
versa sobre problemas éticos o socia­ que le ha faltado, en gran parte, el in­ vimiento filosófico contemporáneo, una
les; ensayistas de corte literario, como |terés vivo e inmediato de las cuestio­ posición intermedia entre el positivis­
Montalvo, Ingenieros o Rodó, para ci- ■nes éticas palpitantes que aquéllos ofre­ mo y el intuicionismo, aunque, de un
tar los más famosos. Pero el filósofo cían. Pero lo que le ha faltado sobre to­ modo general, mucho más cerca de
puro, no sólo consagrado por entero do, en cuanto a ese efecto, es el atrac­ aquél que de éste. Puede definírsele
al estudio de los problemas especifícos tivo de la forma literaria, que aquellos acaso como un libre continuador de la
de la Filosofía, sino formado y soste­ otros escritores en alto grado poseían. escuela empirista inglesa, procediendo
nido dentro de sus disciplinas riguro­ Tal carencia de sugestión estética, no más directamente de Stuart Mili, de
quien, en cierto modo y hasta cierto
sas, ese no se encuentra sino llegando sería óbice al prestigio de una obra
a Vaz Ferreira; salvo algún nombre es­ puramente filosófica, en el ambiente eu­ punto, es discípulo. Pero discípulo én
casamente conocido que podemos omi­ ropeo; pero sí, lo es en el americano, el más noble y alto sentido; vale decir,
tir, y de ahí la prudencia del “ proba­ donde la cultura sigue siendo esencial­ aquel que prosigue el método y la la­
bor del maestro, pero no como simple
blemente” empleado.
mente literaria.
extensión y aplicación, sino como des­
La Filosofía ha estado, en esta Amé­
Mas, conviene advertir que Vaz Fe­ arrollo evolutivo, por lo cual si el pen­
rica, en manos de los literatos. Aún si­ rreira está, asimismo, a mucha distan­
samiento del maestro es el punto de
gue, en general! estándolo. Se ha he­ cia del tipo común, y aún del mejor
partida del continuador, no es el de lle­
cho aquí, no una filosofía de técnicos
— por así decirlo — sino de aficiona­ tipo, de simple profesor universitario de gada; los resultados de su labor pro­
pia pueden estar mucho más lejos que
dos; y nutrida, no del estudio arduo Filosofía, quien, sabiendo quizás perfec­
los del maestro — y deben estarlo —
de las obras fundamentales ni basada tamente su materia, carece de criterio
sin perder la línea de identidad gené­
en el difícil dominio de los primeros propio, limitándose a cumplir, más o tica.
problemas, sino de una filosofía ya pa­ menos eficazmente, en el aula o en el
Si el mejor discípulo es, según lo ase­
sada a su vez por la literatura, o, me­ texto, su función pedagógica. Pues, no
guraban ya los griegos, aquel tue su­
jor, de una literatura filosófica, que tal es necesario detenerse mayormente a
pera al maestro, — no en talento, que­
es, — no más, no menos, — la de Re­ comprobar que aquellas disciplinas di­
dácticas a que antes nos referimos, si rían decir, sino en sabiduría, — Vaz Fe­
nán, Guyau, Carlyle o Emerson.
rreira es, sin duda, el mejor discípulo
Nuestros escritores filosóficos, nues­ pueden bastar, por sí solas, para hacer
de Stuart Mil!, pues que ha llevado su
un
excelente
profesor
de
filosofía,
no
tros ipensadores ^latinoamericanos han
propio método lógico hasta las últimas
conocido directamente poco a Bergson bastan, ni con mucho, para hacer un posiciones posibles.
o a James; casi nada a Hegel o a Bere- filósofo. Requiriendo empero, ambos ti­
Esas últimas posiciones tocan ya, co­
keley; nada absolutamente a Kant o a pos, esta misma base disciplinaria, el
mo veremos, en las fronteras del IntuiHume; siempre que por conocer £e en­ filósofo propiamente dicho recién em­
cionismo vitalista — procedente de
tienda, claro está, algo más que las no­ pieza a ser, donde el profesor termina.
La labor didáctica del profesorado Bergson, — y aún en cierto modo, en­
ciones elementales y vagas de los resú­
menes enciclopédicos y los textos de universitario ha absorbido, sin embar- tran en su campo mental, participando
go, lo más y lo mejor del tiempo y del de algunos de sus elementos específi­
clase.
La profundización propiamente filosó­ esfuerzo mental de Vaz Ferreira. Su la­ cos. Así es como las conclusiones a
fica de nuestros más preparados “ pen­ bor propia se ha desarrollado toda al­ que arriba Vaz — las puntas, digamos,
sadores” de los primeros lustros de es­ rededor de la misma cátedra, (regla­ de sus ideas —- tienen ya un valor pro­
te siglo no había pasado, en el estudio, mentaria, de Filosofía, primero; libre I pio y distinto de las del autor de “ Sis­
más allá de Compte o Spencer, es de­ de conferencias, más tarde); mas, ha teme of Logic” .
Siguiendo el curso de su desenvolvi­
cir, lo menos profundo. Es seguro que logrado infundir en esa ímproba labor
Rodó, por ejemplo, no había nunca leí­ universitaria, valores propios, injertan­ miento filosófico, se ve acentuarse en
do directamente a Kant, ni a Spinoza, do, digámoslo así, en el normalismo su pensamiento a medida que avanza,
ni a Hegel, ni a Hume, ni a ninguno oficial de los cursos, su pensamiento este rasgo de carácter vitalista, habien­
de los grandes filósofos; a lo sumo, los crítico; o, para usar un símil caro a do sido más puramente stuart-milleano
“ Primeros Principios” de Spencer; y su misma expresión: poniendo en ellos en sus comienzos. Sin embargo, una vi­
va unidad y consecuencia de pensamien­
por cuanto se infiere de sus propios es­ su fermento ideológico.
En varias ediciones de sus trabajos to — y de actitud — rige toda la labor y
critos, con seguridad, sólo conocía di­
rectamente sus “ Principios de Sociolo­ reitera la advertencia de que no dispo­ la conducta de Vaz Ferreira desde su
gía” . Sus lecturas absorbentes eran Re­ ne de tiempo ni recogimiento suficien­ iniciación hasta el presente.
nán, Guyau, Emerson, Carlyle, los en­ tes para escribir libros, que no puede
A partir de sus primeras manifesta­
sayistas de índole un tanto lírica. Y hacer obra directamente destinada a la ciones intelectuales, al asumir la cáte­
imprenta,
y
se
limita
por
tanto
a
corre­
en cuanto a Ingenieros, — el Pontífice
dra de Filosofía en 1896, — ganada por
del Positivismo Científico en la Argen­ gir un poco sus apuntes de clase, o las concurso a los veinticinco años de su
tina — no iba tampoco mucho más hila versiones taquigráficas de sus conferen­ edad, — ha mantenido hasta el presen­
de las fronteras doctrinarias de su es­ cias semanales. “ Moral para intelectua­ te una posición idéntica; y así su ac­
cuela, supeditando siempre, por lo de­ les” (1909), y “ Lógica Viva” (1910), sus ción docente como sus trabajos origi­
más, las verdaderas disciplinas filosó­ dos libros más significativos, son un nales, presentan una firme línea de con­
ficas, a sus aficiones de escritor cientí­ conjunto de apuntes de sus cursos re­ tinuidad, siendo todo lo suyo como fa­
glamentarios de Moral y de Lógica. Así ces integrativas del mismo criterio.
fic o - literario.
Puede afirmarse que todo el movi­ también “ El Pragmatismo” (1909), “ Pro­
Decía ya en el proemio de su Curso
miento criticista e idealista de la filo­ blemas de la Libertad” (1915), "La Expositivo de Psicología
Elemental
sofía alemana posterior a Kant, así co­ Propiedad de la Tierra” (1918), y otros, (1897): — "Al escribir la parte#de Psi­
sin
contar
sus
textos
de
Psicología
y
mo el empirismo y el utilitarismo in­
cología del texto de Filosofía de nues­
glés, han sido ignorados por la intelec­ Lógica Elementales (1897), con que ini­ tra Universidad, me he propuesto evi­
ció,
a
temprana
edad,
su
magisterio.
tualidad latino-americana, en sus fuen­
tar esos males (se refiere al exclusivis­
A ello habría que agregar “ Ideas y mo doctrinario) que antes ha señalado.
tes, al .menos. Atenida al magisterio in­
Observaciones”
(1905)
y
“
Conocimiento
telectual de Francia, esta América ha
Sin embargo, el método que he seguido,
recibido nociones vagas de todo ello, a y Acción” (1908), que recogen sus pri­ estrictamente imparcial, que concede
través de la crítica francesa. En fin, meros trabajos críticos, ligados también un lugar a todas las teorías importan­
que la literatura filosófica en nuestros de un modo o de otro a su actividad tes, aun a riesgo de dejar gran número
países se ha desenvuelto ajena a toda docente; y algunos folletos sobre pro­ de cuestiones sin solución definitiva,
disciplina seria, sin que ello implique, blemas pedagógicos, los . más de ellos podría prestarse a una objección: —
desde luego, negar, ni las posibilidades Informes presentados en distintas opor­ ese método, se dirá quizás, debe condu­
del solo pensamiento intuitivo, fuera de tunidades a los Consejos educacionales cir forzosamente a la duda y al escep­
ticismo .
tales disciplinas, ni la existencia de de que formara parte.
El llamado “ Fermentario”, como así
ideas y tendencias definidas respecto a
Es fácil responder a esa objección.—
los problemas generales de la cultura. mismo “Psicogramas”, anunciados en el Debe responderse en primer lugar que
Y, sobre todo, no se trata aquí de es­ plan de sus obras, conteniendo refle­ las ciencias filosóficas, y en nuestro ca­
tablecer un juicio de superioridades, si­ xiones sueltas sobre diversos motivos so la Psicología, no se componen ex­

clusivamente de hipótesis y discusiones,
que hay en ellas hechos y leyes, aun­
que en menor número que en otras
ciencias, y que en ese terreno sólido,
por reducido que sea, puede apoyarse
la creencia sobre el acuerdo de todos
o casi todos los autores.
Y debe responderse en seguida, que
en cuanto a lo demás, a las hipótesis y
discusiones restantes, esa duda que se
teme es precisamente un bien, y no
un mal, porque es el estado de espíritu
•más natural, más legítimo y también
más fecundo, cuando lo que se exami­
na son simplemente interpretaciones
más o menos inseguras y teorías más
o menos verosímiles. ¿Puede considerar­
se razonablemente, en el espíritu de los
estudiantes, sobre puntos que no han
sido aclarados definitivamente por la
controversia de los psicólogos? Por mi
parte he visto siempre, ¿por qué no de­
cirlo?, cierta falta de honradez intelec­
tual en los que así proceden. Hay en
cambio, lealtad y franqueza en el au­
tor o profesor que dice a sus discípu­
los: Os doy una filosofía tal cual es: .
algunos hechos, algunas leyes empíri­
cas, algunas teorías más o menos vero­
símiles, y en cuanto al resto una cla­
sificación de interrogaciones; no os doy
más por que no sabemos más.
Para prometeros otra cosa, yo tendría
que ser un genio o un ignorante.”
"A mi juicio, la enseñanza misma del
profesor debe estar inspirada en idén­
tico espíritu, y sus lecciones, lejos de
tener por objeto producir en las inteli­
gencias a que se dirigen el predominio
exclusivo de ciertas ideas, deben al con­
trario penetrarse constantemente de la
más sincera imparcialidad y de la más
amplia tolerancia.”
Toda la posición filosófica de Vaz
Ferreira está contenida en esas decla­
raciones del profesor: “A l g u n o s hechos,
a lg u n a s leyes empírica s, a lg u n a s teo­
ría s m á s o me nos verosím ile s, y en
cuan to al resto una clasific ación de in­
t e rr o g a c io n e s ”. De acuerdo con tal prin­

cipio, toda la crítica de Vaz Ferreira
se dirige a combatir los sistemas; no
los sistemas tales o cuale», sino todos,
o mejor dicho, el espíritu de sistemati­
zación en sí mismo, considerándole el
origen de los mayores errores, así teó­
ricos como prácticos. Su “Lógica Viva”
está destinada a demostrar con análi­
sis y ejemplos los vicios del razona­
miento, — las falacias y los paralogis­
mos — en que se fundan siempre los
sistemas, y que éstos a su vez, gene­
ran.
Ya, desde que apareció en el escena­
rio intelectual del país, apareció com­
batiendo el sistematismo. En tanto que
toda su generación era positivista spenceriana, y admitía, casi como dogma
incontestable la teoría de la Evolución,
— que era, por lo demás, yf como ya
dijimos, la doctrina casi oficial de la
Universidad hacia 1900 — Vaz Ferrei­
ra, aún cuando aceptaba muchas de las
ideas de Spencer, señalaba las graves
insuficiencias del Evolucionismo desde
el punto de vista filosófico, que le im­
pedían admitirlo íntegramente. En el
texto de Psicología ya citado, apunta,
por ejemplo, y esto para los mismos
estudiantes, que la psicología evolucio­
nista falla en un punto capital: el de
la conciencia; pues, “la conciencia es .
un fenómeno especial — dice — que
difiere no en grado sino en e sen­
cia, de todos los otros órdenes de fe­
nómenos; y por eso, si no se la supone
existente desde el principio, es impo­
sible explicar d esp u és su nacimiento,
sin solución de continuidad” ; “es im­
posible determinar en qué momento de
la evolución y continuidad de los fenó­
menos, nace o se produce ese hecho” .
Vaz Ferreira ha llevado el empiris­
mo filosófico a su grado máximo de ri­
gor. No sólo funda en la observación
y en la experiencia todo conocimiento
cierto, y toda posible teoría, sino que
sólo admite una lógica ceñida extrictamente a los hechos, llevada de la ma­
no por los datos de la experiencia. Se­
gún él, toda falacia, todo paralogismo,

El Café de “ CARTEL” Tupi - Nambá
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M O N T E V ID E O .

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CARTEL
__ y, por tanto, toda sistematización —
provienen del razonamiento puro, que
opera no con hechos sino con pala­
bras. La humanidad habría asi confun­
dido hasta ahora el pensamiento con las
palabras; especulando con verbalismos
ha creído manejar hechos. A la lógica
verbalista, tradicional, — y que el Po­
sitivismo sistemático había heredado
sin darse cuenta — Vaz Ferreira opo­
ne la lógica empírica o experimental,
que tal significa viva.
Ha dado Vaz un paso — un largo
paso — más allá de la lógica inductiva
de Stuart Mili. Las consecuencias son,
por ende, más radicales. El filósofo
■uruguayo completa y ultima la obra de
oposición a los sistemas racionalistas
ya comenzada por el inglés, y rigoriza
aún más el método de análisis de los
errores lógicos en que se fundan.
Una observación de Hoffding sobre
Stuart Mili es íntegramente aplicable a
Vaz Ferreira. "La fuerza principal de
Stuart Mili como pensador, consiste es­
pecialmente en la discusión infatigable,
en el valor con que da vueltas y más
vueltas a los problemas, para llegar a
sus últimas condiciones” . El análisis ló­
gico - empírico del Profesor montevidea­
no, es tan sutil, desmenuza y disasoc'.a
de tal modo las teorías, que al fin, de
vastas doctrinas, no queda entre sus
manos más que un polvillo de realidad,
y a lo más, algunas ideas para tener en
cuenta. Perfilándose, siempre desconfia­
do, vigilante y astuto, su ojo asoma por
detrás de todos los ángulos y las aris­
tas de las cuestiones. No quiere enga­
ñarse ni engañar. Nada de forzar la
creencia; nada de pragmatismos esti­
mulantes .
De acuerdo con tales normas, una de
las más empeñosas campañas intelec­
tuales de Vaz Ferreira ha sido la rea­
lizada contra el Pragmatismo; contra
todo pragmatismo filosófico, más o me­
nos disuelto bajo diversos rótulos; pe­
ro especialmente contra el definido y
doctrinario que representa William Ja­
mes, al que dedicó varias conferencias,
editadas luego en volumen.
A propósito de este estudio, y refu­
tando la afirmación de James, de que
Stuart Mili es, (por sus Estudios sobre
la Religión) uno de los precursores del
■Pragmatismo, — declara Vaz; — “Si
Stuart Mili hubiera llegado a conocer
el Pragmatismo actual, si lo hubiera
criticado — como él criticaba, con su
inteligencia y con su sentimiento — hu­
biera hecho de esta doctrina una críti­
ca de la cual, estoy seguro, dará una
idea esta mía, como puede darla de una
obra maestra, un imperfecto aunque
sincero esbozo” .
El error de pensar por sistemas y no
por “ idea s para tener en cu en ta”, es —
según él — el origen falaz de casi to­
das las controversias doctrinarias, y
crea el paralogismo de las falsas opo­
siciones teóricas, impidiendo que la par­
te de verdad que contienen los siste­
mas, pueda ser reconocida y aprovecha­
da. Pues, todos los sistemas, si como
tales son falsos, contienen, no obstante,
algunas ideas verdaderas o probables.
De su sistematización paralogística pro­
viene la general falsedad del sistema.
Esta selección de ideas conduce a una
especie de eclecticismo, que podríamos
llamar ino rgánico, pues organizar esas
ideas para tener en cuenta en un cuer­
po colectivo, sería ya darles una estruc­
tura sistemática.
Alguien, adversario filosófico de Vaz
— un pragmatista, por ejemplo — po­
dría llamarle cole ccionista de ideas. Y
acaso Vaz no se sentiría mayormente
mortificado por esa frase, ya que cabe
perfectamente dentro de su escepticis­
mo ideológico. Por lo demás debe ad­
vertirse que no es, el suyo, un escep­
ticismo sistemático, pues que está dis­
puesto a admitir como verdaderas algu­
nas ideas; no dice que nada se sabe ni
se pueda saber, sino que se sabe algo
y se puede llegar a saber más. Y sobre
todo, tiene confianza en la vida; y en­
trega a la vida misma — no reductible
a fórmulas ideológicas — gran parte de
las soluciones problemáticas, en cuanto
al plano práctico se refiera.

III

Naturalmente, se ha objetado a Vaz
que su actitud filosófica, tenia el gra­
ve inconveniente práctico, de inhibir al
hombre para la acción, puesto que le
mantiene indeciso frente al análisis,
sin ofrecerle ninguna solución concre­
ta, ninguna dirección definida. En “Co­
nocimiento y Acción” ha procurado el
filósofo responder a esa objeción grave,
aunque no, quizás, con la eficacia con­
vincente que fuera menester.
“ Cuando cualquier inteligencia no
cristalizada y todavía plástica, se apli­
ca a profundizar los problemas nobles,
cierto escepticismo empieza fatalmente
a penetrarla. Desde ese momento pue­
den suceder dos cosas: o bien ese es­
cepticismo infiltra todo el espíritu (en­
tonces, a veces lo pudre y otras lo em­
bebe de una tolerancia dulce, pero hi­
riéndolo de inacción), o bien se orga­
niza por separado. En este último caso
se forma un órgano mental dirigente,
de función reguladora y algo inhibito­
ria, como es la de los centros superio­
res. Cuando nos deja obrar, hacer el
bien, como deja el cerebro a la médu­
la abrochar los botones y llevar la co­
mida a la boca; cuando no nos inhibe
sino para hacernos más benévolos y
piadosos en la acción, resulta una de
las variedades más simpáticas y respe­
tables de hombres que puedan encon­
trarse. El escepticismo organizado así,
no paraliza la acción: la suaviza” .
“Los hombres de nuestro tercer tipo,
en el plano de la acción obran como los
dogmáticos; quizás su acción no pueda
llegar a ser tan extrema; pero, en cam­
bio ofrece mayores garantías de acier­
to, por lo cual, aunque los unos dieran
mayor suma de acción en bruto, los
otros dan una mayor suma de acción
buena”. “ En cuanto a mí, la experien­
cia de la vida, y lo que sé del alma de
los hombres, me hacen esperar en la
práctica, de esta clase de tipos, aun­
que no se puedan hacer al respecto de­
mostraciones ni cálculos, un mayor pro­
medio intelectual y moral que de los
afirmativos dogmáticos” .
Fiel en este caso a su criterio empí­
rico, Vaz, no pudiendo dar solución sa­
tisfactoria al conflicto en el plano teó­
rico, lo resuelve, o cree resolverlo sim­
plemente por el hecho. En “ Lógica Vi­
va”, se ha referido ya al “sentido co­
mún h ip e rló gico”, como árbitro en las
cuestiones de orden práctico que no tie­
nen clara solución racional. Vaz se con­
fía a ese sentido, aun cuando no pue­
da o no intente explicar su naturaleza
psicológica; existe, acciona, lo experi­
mentamos, es un hecho: él se limita a
la constatación.
Es imposible no reconocer en este
factor hiperlógico una cierta relación
con la psicología intuicionista, puesto
que el autor reconoce en la conciencia
la acción de un sentido de io verdade­
ro o de lo conveniente, de orden noracional, o cuando menos no racionallógico, cosa que el positivismo no ad­
mitía, pero que no está en contradic­
ción con el empirismo puro, que él
profesa, ya que se trata del reconoci­
miento de un hechco psicológico expe­
rimental, no importa cual sea su natu­
raleza .
Vaz no ha querido, sin embargo, aven­
turarse más allá en la exploración de
ese sentido hiperlógico, camino proble­
mático que le está vedado a su méto­
do. La, lógica viva lo conduce hasta allí
y allí se detiene; no podría seguir sin
romper sus amarras; ese sentido es só­
lo una puerta de escape para los con­
flictos de su lógica.
Mayores son, quizás, sus conexiones
con el vitalismo intuicionista, al refe­
rirse a los problemas morales. Porque
donde el conflicto inherente a su es­
cepticismo, o más exactamente a su
anti-sistematismo, se agudiza, es al en­
frentar los problemas de la conducta
moral.
“Moral para Intelectuales” sería, en
general, un libro de moral aplicada,
puesto que procura dilucidar la mejor
actitud del hombre en el ejercicio de
las diversas profesiones y en relación

frfl(U)|p)!Ml®llllLI

con las circunstancias prácticas, des­ es lo que singulariza la posición del fi­
arrollando una verdadera casuística lai­ lósofo uruguayo.
Cierto que esta posición aparece,
c a ... La última parte del libro contie­
ne, empero, algunos breves capítulos de por momentos, un tanto indecisa,
carácter general y teorético, en los cua­ tímida, incolora, neutra. Pero Vaz resles el autor renueva y adapta a los pro­ pondería que su honradez filosófica no
blemas morales — o, mejor, al proble­ le permite ser más afirmativo. “Algu­
ma de la moral — el criterio empírico nos hecchos, algunas hipótesis verosí­
de su lógica. Moral empírica también, miles” ; tal, según él, todo lo que sa­
es pues, esta de Vaz Ferreira, que se bemos. Y tal es, en efecto, el límite fi­
apoya, en último término, en los s e n ­ losófico de Vaz Ferreira.
tim ientos morales, como un hecho psiIV
colóligo, sin entrar a explicarlos.
Estos dos libros comprenden lo ca­
Opuesto a todo s istem a de moral, a pital de sus ideas. Otros, como "Los
toda moral doctrinaria e ideológica, — Problemas de la Libertad”, se concre­
como ya se supone, de acuerdo con su tan a aplicar el análisis de su lógica
criterio general — sus lecciones, orde­ v iv a al estudio del determinismo y del
nadas en este libro, tienden a demos­ libre-arbitrismo, para demostrar los pa­
trar que, lo que importa, no es llegar ralogismos de falsa oposición en que
a una escuela,si no a un estado de espí­ incurren las diversas doctrinas, confun­
ritu. Así como en los conflictos de la diendo las cuestiones de palabra con
lógica, Vaz se apoya (o se escap a...) las de realidad. No es su intento, de­
en el sen tido com ún hiperlógico, en los clara, resolver el problema, sino plan­
conflictos de la moral se apoya (o se tearlo en sus verdaderos términos, y
esca p a ...) en los sen tim ientos, dete­ registrar las ideas aprovechables (para
niéndose, en este como en el otro caso, tener en cu enta ), una vez desglosadas
en la puerta misma de salida. Estos de su sistema falaz.
“ Y con eso ya alcanza — dice al fi­
sentimientos existen en nosotros, ac­
cionan, los experimentamos; admitien­ nal de ese estudio — para sentir cuán
do tal hecho y partiendo de él, el filó­ Imperiosamente se impone repensar la
sofo entiende que el solo método de la cuestión. Hacer nuevos argumentos,
moral debe ser cultivarlos, aclararlos y descubrir nuevos aspectos es necesidad
fortalecerlos, — lo mismo que si se secundaria al lado de la esencial de
tratara de órganos físicos — de .manera deshacer las confusiones para pdder
que lleguen a cobrar un firme imperio apreciar y utilizar la obra intelectual
sobre la conciencia del individuo; la que atraída por estos problemas, ha
moral de cada uno no ha de ser un realizado la inteligencia humana” . “Por
con junto de re gla s sino un estado vivo. oposiciones ficticias, la humanidad se
Producido ese estado vivo, el individuo cree obligada a elegir, a abandonar una,
obrará moralmente bien en todas las cosa para poder conservar otra, no só­
circunstancias, de manera casi espontá­ lo en los casos en que realmente lo im­
nea y natural En los casos de moral so­ pone la lógica, sino en otros muchísi­
cial o política! que tienen relación con el mos en que no es así; y en ninguna
Derechco Público, y donde lo puramen­ cuestión como en la presente, esta tan
te moral, se complica con problemas humana tendencia a tomar lo comple­
de orden objetivo, — ejemplos: el di­ mentario por contradictorio, se mani­
vorcio, la pena de muerte, las guerras, fiesta falsamente exagerada” . Ya se en­
las dictaduras — el autor permanece trevé cómo esa confusión inutiliza gran
fiel así mismo a su método empírico; parte del trabajo intelectual, como con­
aconseja tener confianza en las solu cio­ duce ai error haciéndonos continuamennes de libertad y de piedad; mas no me concluir (sacar conclusiones) sobre
por ningún principio teórico, sino por­ una cosa cuando ya hemos empezado a
que la experiencia histórica demuestra razonar sobre otra distinta; a sostener
que esas soluciones han sido siempre 0 a combatir una tesis porque creemos
deber sostener o combatir otra, y no
las mejores.
comprendemos con claridad ni las di­
En esta su moral “ viva” como en
ferencias ni las relaciones lógicas fie
aquella su lógica viva, ha de verse an­
te todo, ciertamente, un desarrollo ri­ am bas.. . ”
En “ La Propiedad de la Tierra” (se­
guroso y extremo de aquel empirismo
opuesto a toda sistematización ideoló­ rie de conferencias de cátedra), ha lle­
gica, que, falaz en sí misma, cierra ade­ gado el autor a conclusiones algo más
más el, paso, con sus cristalizaciones concretas que en sus otros trabajos.
dogmáticas, a la investigación y a la Sintetiza su tesis al respecto, este acá­
crítica. Pero hay también en ello algo pite del libro: “El derecho de habitar,
de ese concepto bergsoniano de la plas­ — derecho de estar — cada individuo,
ticidad esencial de la vida, que no pue­ en su planeta y en su nación, sin pre­
den contener los rígidos esquemas inte­ cio ni permiso, es el mínimun del dere­
lectuales; y algo asimismo de las rea­ cho humano; derecho que no ha sido
lidades intuitivas de la conciencia, más reconocido ni bien establecido, a causa
allá de las categorías racionales de la principalmente de que tanto los que de­
fienden cómo los que combaten el or­
lógica.
den económico actual no distinguen
Refiriéndose al estado vivo de la con­
bien el aspecto de la tierra como medio
ciencia moral, fuera de un cuerpo de
reglas doctrinarias, dice Vaz que “no de habitación, de su aspecto como medio
se puede reducir a fórmulas, justamen­ de producción” . El resto del problema
te como todo lo vivo” . Y dice, refirién­ soeial-económico, su solución colectiva o
dose a las sistematizaciones ideológicas, individualista seria aparte y después de
que son las que “nos cristalizan el es­ este derecho de habitación de la tierra
píritu, las que nos quitan la movilidad, -— que en el hecho daría a cada indi­
la plasticidad que caracteriza la vida, viduo o familia la propiedad o la gray la progresividad intelectual y moral” . tuidad de su vivienda — y se entablaEn cuanto a la metafísica, “ debe con­ 1 ría sobre el otro aspecto de la propie­
tribuir ampliamente para la moral ideo­ dad, o sea la tierra como medio de pro­
lógica, y para la moral afectiva, pero ducción. Esta tesis constituye sin duda
no tanto con teorías y con definiciones otra excelente “idea para tener en cuen­
s in o con sugestiones, y con la inmensa
visión de sus posibilidades, etc.” Se re­ ta”, — como diría el a u tor..., — den­
conoce en tales conceptos, la influen­ tro del programa político-económico de
cia del movimiento vitaiista, bersognia- una democracia social (programa míni­
no, y post bersogniano, que es, bajo di­ mo socialista o laborista). Pues, no, de­
versas modulaciones, el pensamiento es­ ja de ser una ilusión teórica (y en es­
te caso, Vaz se ha apartado un poco de
pecífico de nuestro tiempo.
Bien es cierto que Vaz no se aventu­ su empirismo) al creer que las clases
ra tampoco, en la exploración de este sociales b u r g u e s a s y los partidos neta­
camino de la conciencia moral, limitán­ mente individualistas, es decir, capita­
dose a hacer de ello una puerta de es­ listas, admitan buenamente, en la prác­
cape para los conflictos de esa moral tica, ese principio jurídico de su tesis.
V
empírica, como ya hiciera, con el sen­
tido común hiperlógico, para los de su
Vaz Ferreira es quien ha estudiado
más a fondo los problemas educaciona­
lógica viva.
Esta especialísima conexión del em­ les, y quien en ei Plata, ha vertido acer­
pirismo lógico con el intuicionismo vi- ca de ellos, conceptos más certeros. De­
talista, (Stuart Mili más Bergson, o me­ signado vocal del Consejo de Enseñan­
jor quizá, Bergson menos Stuart Mijl...) za Primaria, en 1900, se abocó al estu-

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Justino Zavala Muniz

Julio Superviene ha vuelto a encender
los farolillos del elogio en todas las cri­
ticas literarias de los más eminentes
diarios de Europa y América.
Al admirado poeta, nuestra alegría
por sus triunfos y por su venida al país.

ros premios, diez y siete segundos pre­
mios y diez y siete terceros premios
destinados a fomentar la producción ar­
tística en todo el territorio de la Re­
pública.

LU IS P E D R O
OI O N D I N O

Los primeros premios serán de $ 800
para obras literarias en prosa y en ver­
so, para composiciones musicales, para
obras escultóricas, para obras pictóri­
cas, para la mejor serie de diez graba­
dos (madera, litografía, dibujo, e tc .).
Los segundos premios serán de ? 400
y los terceros premios de $ 200.
Por otro artículo se destina hasta la
suma de $ 40.000 anuales para la forma­
ción y funcionamiento de la Compañía
Nacional de Arte Dramático.
Por otro artículo, se destina la canti­
dad de &amp; 15.000 anuales para la adqui­
sición de obras de arte.

CARTEL opina que, estando en el Mi­
nisterio de la Cultura, el Dr. Demichelli,
se podrían intensificar los trabajos ten­
dientes a conseguir el pronto despacho
parlamentario de la citada ley.
Por ella se crean diez y siete prime­

Para sufragar en parte estos gastos,
el distinguido legislador propone en el
Art. 13 de su proyecto que se grave
con un impuesto de 5 ojo sobre el pre­
cio de adquisición toda obra de arte
extranjera venida al país.
Este proteger sin parodia el arte uru­
guayo, hace de Justino Zavala Muniz
II ne s ait pas m on nom
una figura de proyecciones entre los an­
C e coeur dont je s u i s l’hóte,
gustiados por la vida frente a la nece­
II ne s ait ríen de moi
sidad de crear. Justino Zavala Muniz,
Q ue des ré g lo n s s auvages.
que es de nuestros primeros valores li­
H a u t s plate au x f alts de sang,
terarios, afronta de una manera quijo­
E p a l s s e u r s interdltes,
tesca el arduo problema de hacer enten­
C o m m e v o u s co n q u é rir
der que la protección del arte no es
S a n s v o u s d o n e r la m o r t ?
tirar plata a la calle; y tan así lo ha­
C o m m e n t v o u s remonter,
ce que, de entrada, en su exposición de
R l v i e r e s de ma nult. . .
motivos dice que si de algún defecto
adoloce su proyecto es, precisamente,
El autor de esa maravillosa estrofa
de excesiva modestia comparada con lo
está en Montevideo. Quemamos benga
que aún queda por hacer.
las de alegría en torno a la alta figura
CARTEL pide a los intelectuales que
alta — apoyado en el cielo con los ojos
sacudan un poco la modorra en que es­
—, de nuestro compatriota.
tán siempre sumidos, y se dirijan al
París se desprende de él como un ha­
ministerio de la Cultura pidiendo la
lo, y le acompaña, asombrado del pai­
pronta intervención del Dr. Dimiclielli
saje de Montevideo.
para que, por los resortes que corres­
Y Supervielle, a quien — fugazmente
ponda, pueda obligarse a la Camara
— vimos a la izquierda de Gervasio Guia ocuparse de un asunto de capitalísima
llot Muñoz la noche de la demostración
importancia para el porvenir de la Re­
en el Prado, anda por esas calles lar­
pública.
gas que cortan — tiras de hormigón de
En nuestra redacción recibimos adhe­ cielo a cielo — las tupidas quintas de
siones, y en nuestros números sucesi­ los alrededores.
vos daremos la nómina de adherentes al
Con sus dos recientes éxitos: “Le vopetitorio referido.
leur d’enfants” y “ Le forcat innocent” ,

dio de las cuestiones pedagógicas que
su posición le planteaba. En 1905 era
designado Decano de la sección de En­
señanza Secundaria de la Universidad;
y extendió entonces, al plano universi­
tario, los estudios que ya habia elabo­
rado en el terreno escolar. Sus ideas
pedagógicas -— que tienen perfecta uni
dad fundamental en ambas "aplicaciones
— han sido expuestas analíticamente
en muchos trabajos breves, — infor­
mes, en mayoría — que luego ha ido
publicando en volúmenes; tales: “Dos
Paralogismos Pedagógicos y sus conse­
cuencias” , “Dos ideas directrices peda­
gógicas y su valor respectivo”, “Sobre
Enseñanza Secundaria” , “ Problemas Pe­
dagógicos", “ Informe in Voce” , y otros.
Vaz Ferreira ha distinguido y sepa­
rado en toda enseñanza — sea prima­
ria o superior — el elemento re gla d o o
metódico, del elemento libre o pen etra ­
ble. (Las expresiones que subrayamos
son suyas). El primero es el que pro­
cura enseñar con sujección y medida
estricta a un programa; el segundo es
el que pone a disposición del alumno
el máximun de conocimientos, dejando
libradas sus mayores o menores adqui­
siciones a su propia facultad de asimi­
lación. Al primer procedimiento corres­
ponde el texto, que da al alumno las
nociones esquemáticas o emulsionadas,
en medida y gradación fijas ya deter­
minadas de antemano: nada más que
aquello que se supone deba y pueda
aprender. Al segundo procedimiento co­

rresponde el libro propiamente dicho,
el libro original de los escritores (hace
un distingo fundamental entre el libro
y el texto) que da al escolar o al estu­
diante, la materia viva y original del
pensamiento, sea tal materia científica
o literaria, sin dosificarla previamente,
a fin de que el alumno penetre en ella
con su comprensividad hasta donde
pueda.
Según Vaz, es un simplismo pedagó­
gico — y antes, simplismo psicológico
— suponer que el muchacho va adqui­
riendo los conocimientos y desarrollan­
do su conciencia intelectual en un or­
den perfectamente esca lo n a d o ; la inte­
ligencia y la intuición, de consuno,
obran de un modo completamente dis­
tinto; los procesos mentales de induc­
ción o deducción en el alumno, y en la
edad escolar, no se ejustan a los mé­
todos reglísticos; de ahí la convenien­
cia, más aun, la necesidad, de poner a
su disposición no sólo la mayor suma
de conocimiento posible, sino el propio
pensamiento vivo en las obras origina­
les, para que esos procesos obren por
sí mismos, en la medida y manera que
correspondan a la naturaleza mental de
cada individuo.
Pero, — enemigo siempre de todo sis­
tema exclusivo, — lo que propone no
es una entera sustitución del texto por
el libro, ni un desechamiento de toda
enseñanza reglada, para cultivar sólo
lo penetrable; lo que propone es equi­
librar lo uno con lo otro, concediendo

f

DE

UNA
QUE

VEZ

SE
DE

POR

T IE N D E
VERDAD

TODAS
A
EL

PARECE

PROTEGER
ARTE

Nobilísimo es el propósito que anima
el proyecto presentado a la Cámara de
diputados por el escritor Justino ZavaUuniz.
Le atención que reclama del Estado
para los empeñados en la angustiosa ta­
rea de crear belleza, no puede ser más
simpática, ni más oportuna, ni — aun­
que todavía se dude — más patriótica.
Las patrias precisan, antes que de
ninguna otra cosa, de sus artistas. Lo
único que puede mover un país es la
inteligencia creadora, laboriosa y des
lumbrante a la larga.
Así lo ha entendido el autor del pro­
yecto, y en una exposición de motivos
ya divulgada, apuntala su moción de la
necesidad nacional con un cúmulo do
razones irrebatibles.

U

E.

E

S

su peR vieixe

al reglismo y al texto un mínimun con­
veniente, pero confiando lo más y lo
mejor al cultivo de lo penetrable, que
es lo que abre los caminos y las pers­
pectivas al desenvolvimiento propio de
la verdadera cultura. “ No hay — dice
— tipo intelectual más estrecho, cerra­
do y estéril, que el de aquellos que se
formaron sólo con textos” . Y en tal nú­
mero coloca a la mayoría de los mis­
mos maestros normalistas actuales, for­
mados en métodos réglisticos y textivos esterilizantes.
Aplicado este concepto a la enseñan­
za secundaria, Vaz propuso la reduc­
ción al mínimun posible de la materia
reglada para exámenes, y, en cambio
la mayor extensión posible de la ma­
teria de cultura — libre del examen y
clasificaciones — que seria, en este ca­
so, lo penetrable. Pero el problema, en­
carado en el terreno universitario, se
relaciona ya — como puede verse en el
capítulo so'ore la crisis de la cultura
universitaria — con otros factores de
orden social que le tornan más comple­
jo aun en la práctica.
No parece que pueda decirse por aho­
ra nada mejor, acerca de la enseñan­
za, así primaria como secundaria, que
lo dicho por Vaz Ferreira; pues, cual­
quier método práctico que tienda a sus­
tituir el actual sistema de textos por
otro más libre e intuitivo, está com­
prendido dentro los principios de psico­
logía pedagógica por él afirmados. Ad­
vertimos, sin embargo, que nuestras

Del diario parisién “ Comedia” ex­
tractamos la siguiente noticia:
En el “ Círculo de la Unión Interalia^
da” ofreció el señor Rodríguez Escale­
ra, conocido periodista español, una re­
cepción en la que actuó el famoso cuar­
teto de laúdes Aguilar, ejecutándose
muchas piezas clásicas y algunas her­
mosas composiciones del uruguayo Luis
Pedro Montino.
La concurrencia, encabezada por la
infanta Eulalia de España, brindó a
nuestro compatriota la triunfal acogida
a que se ha hecho acreedor su talento.
—

o —

Del servicio informativo de nuestros
diarios;
En la sala Gaveau de París, el cuar­
teto de laúdes Aguilar, de fama mun­
dial, que acaba de regresar de Estados
.Unidos, después de una brillantísima
gira artística, dió un concierto del que
dedicó una parte a la ejecución de com­
posiciones del uruguayo Luis Pedro
Mondino.
El público que llenaba la sala Gaveau
— que se distingue por la afluencia de
entendidos — premió la labor de los
concertistas y la belleza de las compo­
siciones de nuestro compatriota con una
nutrida ovación.

c u n e o
Está Cúneo en Montevideo. Conjun­
tamente con Basso Maglio, Casal y Princivalle, hemos charlado con el magnífi­
co artista.
Casi tres años ha pasado en Europa
el aplicado pintor; viene rebosando
aquel ambiente. Ha trabajado. Ha vis­
to. Ha estudiado. Cúneo une, a su ta­
lento indiscutible, una atrayente ma­
nera de trato.
Nuestra fraternidad para José Cúneo.

Instituciones educacionales están bas­
tante lejos de haber, por ahora al me­
nos, comprendido o aceptado estas ideas
de Vaz Ferreira. En la Instrucción Pri­
maria es muy poco lo que se ha evo­
lucionado en tal sentido, si bien exis­
ten, dentro de ella, ciertas tendencias
favorables. En Secundaria, en cambio,
las cosas, han ido modificándose cada
vez más, p e r o ... en sentido opuesto,
hasta llegar a ser hoy, aquella rama de
la enseñanza, — y por factores que se
exponen en el capítulo referido — pre­
cisamente lo contrario del predicado de
Vaz Ferreira.
Habiendo dado a la Universidad lo
mejor de sus energías, — y puesto en
ella, quizás, lo más caro de sus es­
peranzas — la Universidad ha acabado
casi por destruirle. Hombre de consti­
tución débil, hipernervioso y de una
susceptibilidad moral extrema, graves
conflictos y hasta odiosas incidencias
personales ocurridos en estos últimos
tiempos, — con los estudiantes y con
las autoridades, — le afectaron a pun­
to de provocar un estado de crisis pro­
funda en su salud, obligándolo a aban­
donar toda labor, incluso la cátedra.
Nombrado Rector en 1929, tuvo que re­
tirarse casi de inmediato a la intimi­
dad, en uso de licencia por tiempo in­
determinado. Cabe agregar que, la fi­
gura moral de Vaz Ferreira presenta,
a través de toda su vida pública y pri­
vada, una línea de austeridad ejemplar.

Alberto ZUM FELDE.

■

�CARTEL

CARTEL
V

I

R

A

Z

O

N

Mi corazón en fuerza me arranca de la hora,
Y mis ojos desandan la ruta cruzada
Los recuerdos se filman. . . .
¡Grifos abiertos del ayer!
Virazón del latido que aviva aquella luz
Y apaga estas luciérnagas opacas;
Que enlaza las esencias
Y comprime distancias.

FINO CUERPO EN EL AGUA
QUE CANTA ALEGRIA

Y es un nacer de estrellas en mi cielo
Ignorante de secos horizontes.
Zona inconmensurable, donde entro
Para fundirme entera
En los días perdidos,
Que no son días muertos.

Fino cuerpo en el agua que canta alegría
,me trae el mar en su mediodía.
Los ojos sueñan miradas de amor
que caen entre los brazos
florecidos en la luz del cielo.

Está sordo el instante.
Revoluciono el orden del espejo y del tiempo.
.. .¡Estoy enagenada1. . .
Onda que va pasando entre las lunas
Y amalgama en mi savia
Aquel zumo de lejos.

¿Adonde va la canción que nace en el mar
y parte sin muerte en los vientos vagabundos?
¡Y está su boca dándose en silencio1
Fino cuerpo en' el agua que canta alegría
me trae el mar en su mediodía.

Focos en la estampa de la ausencia;
Resonancia de astros;
Balbuceo de siempre;
Tierra que voy pisando
Donde siento
Otros pasos silentes.

¡Soledad de gacela que corre
en la bandera abierta del horizonte!
¿Qué lejano tamboril nocturno
llegará hasta la sombra de su perfil
tocando la madurez de su música?

Agilidad del viento
Que en una curva elástica
Abraza a un solo impulso
El antes y el momento.

Fino cuerpo en el agua que canta alegría
me trae el mar en su mediodía.
En sus manos los peces dejan
un júbilo fresco de amanecer.

Y se van sacudiendo las ramas de mi árbol
Tendidas a las músicas del tiempo.
María Elena MUÑOZ.

F O T O G E N I C A S
OH ARETE OHAPLIN
Cataptromancia tragicómica de la vida
sus gestos caricaturizan su svanidades
su indumentaria se rie
de sus embustes y
el bastón
pluma, batuta, fusil, cuchillo de comer,
extrae de los estómagos burgueses
el plomo de sus monedas falsas
Charlie Chaplin
en una de tus caídas clownescas
he visto reir a un banquero y
supe al otro día que una de sus víctimas
se había suicidado.

Se dan sus pasos a los caminos
en la ternura luminosa de .su voz
que tiene el mismo alejamiento sin ruidos
de los días que se van de nuestra ansiedad
cómo si estuvieran perdidos...
Fino cuerpo en el agua que canta alegría
me trae el mar en su medodía.
Nicolás Fusco SANSONE
(Del libro en prensa, “ Preguntas a las cabezas sin reposo” )

POEMA DEL RENUNCIAMIENTO
Desde la puerta en que dejé mis ojos,
Desde el más puro amanecer
Y la más embrujada noche,
Todas las cosas que amé
Me llaman

GRETA GARBO
Los fjords se acoman a sus ojos
de catóptricas tentaciones
y conectan 1.000.000 de k.' w.
en la red arterial
de nuestra planta fisiológica.

Aquella fuente del hondo
Aquel humo amatista de
Y aquella ventana de la
Todo quiere llegar hasta
Impenetrable.

encanto quieto
todas mis tardes,
más libre claridad.
este cielo

LON GHANEY
SingiSing de delincuentes
manicomios asilos de lisiados
fanfarria goyesca de borrachos
el puñal, el veneno, la pistola,
rima su arte toda la humanidad
de Zola, Dostoiewsky y Gorki
con versos de Edgar Poe
involuehados.. .
Cotel de dramas y en la última gota
siempre una mujer
Habana, 1930.

Pero yo que vencí el secreto del Tiempo,
Y que he andado caminos de silencio
De olvido y de desesperanza
He de tender un silencio más
He de levantar un muro más, .
Sin mirada y sin voz
Llegaré al día más ágil para el renunciar perfecto;
Sin mirada y sin voz
He de romper el último encanto.
Gerardo DEL VALLE.

Esther de CACERES

�CARTEL

CARTEL

ALI GERATE

BIEN

Aligérate bien. Igual que el corzo
ten pronta y tersa tu agilidad,
que ya viene en tu busca el acompañante fiel
que ha de conducirte por los atajos
que van de estrella a estrella,
y te ha de llevar al astro que nació contigo
y que te espera desde siempre.

A M A N E C E R

Aligérate bién. Desnúdate todo, todo,
tu alma, recién lavada,

¡y que

No es porque esta nube me afine más el alba;
ni porque aquel balido me disipe los cielos.
Está en el cacareo del gallo que martilla en las luces
de la clara herrería toda llena de negro,
Pausadamente, un carro desacongoja el eje
con la esperanza en línea de una pronta llegada.
Y corrigen su plana de palotes las luces
caídas de la estrella que marchó rezagada.
Trabajador del alba, camina el día a pasos
•pausados por la línea del casco de los cielos.
Manchado, el campo corre a su encuentro.
Efusión de llegada. Con humo de las fábricas,
sobre alargados tubos, van haciéndose las manos:
saludo para los primeros aviones.

a

n

o

c

h

e

c

e

reviva las inconscientes horas del nacimiento.
Sólo así lograrás evocar el recuerdo de otros viajes análogos;
de los otros viajes que ya hiciste,
cuando el acompañante de hoy, como esta vez,
llegó en tu busca y ya eras ágil como el corzo,
tenías el alma desnuda,
y fuiste por la escala de las estrellas
hasta fundirte en aquella que nació contigo.
Julio SIOÜENZA

CERRO
r

Los árboles, maneados, ya no pueden moverse.
La sombra los amarra para enfundarlos luego
en el azul espeso del negro que ven todos.
Empiezan a encenderse las luces.
La ciudad, en cuclillas, bajo los faroles
espera, con paciencia de gato, el sol para cazarlo.
Las luces hacen vela, salpicando las estrellas:
cernidor luminoso para colar lá obscuridad.
Y el cielo se desgaja en colores tranquilos.
•Sólo en lo hondo, a ras del suelo, el negro
se calienta en lo obscuro y se aterciopela.
La ciudad está desierta. Desde los extramuros
se ve cómo la sjjices se apiñan en el centro
y toman por asalto las torres para leer los avisos.

DE

PASCO

Cielo nublado de oxidaciones
que enturbia los ojos y los cristales.
Cauces de verdores cobrizos
que roban metales a la Smelter.
Bungalows de la Esperanza
que no han podido subir la cuesta
y están esperando
ir a la ciudad en un fordcito.
Iglesias de; torres enmaderadas!
como los sovacones.
para impedir que Dios se derrumbe
en esta tierra llena de agujeros
donde el piso se sostiene bajo su palabra de honor,
y las bolsonadas
le quitan .importancia a la eternidad.

Alfredo Mario FERREIRO.
“ La Goleta”
con todas sus bodegas llenas de agua
está durmiendo bajo la Matriz.
La boca de su pique se ha cerrado
entre el altar mayor y el pulpito.
24 horas cada día entre las minas
y unas cuantas de descanso
a sombra de las cartas de poker
que llenan de misterio a las miradas
para que despierten alegres
persiguiendo el filón de los dados
que puede ser de oro
en unos treses de a cien libras
Un dulce abrigo de chimenea en los pies
y en las entrañas un calorcito de whisky.
Ascensores que se han parado de cabeza
para meterse en las minas.
Bombas que son pulmones
para millares de obreros.
(La Cooper ha metido a los indios
800 pies dentro la roca
pero nadie ha podido entrar
un milímetro en sus almas,
aunque estén vestidos de over-all).
Enrique BUSTAMANTE y BALLIVIAN.
(Del próximo libro serrano “ Junín” ).

�CARTEL .S.. .

UNA

NUEVA

La tendencia a negarle a las mujeres
los derechos de que con el hombre dis­
fruta y la tendencia a concedérselos,
responden en primer término a dos
conceptos distintos sobre el encanto de
la personalidad femenina, o sea, a dos
opuestas concepciones de la mujer ideal.
Hay quienes aman en la mujer un con­
junto de gracias frágiles y sutiles que
necesitan ser cultivadas en el ambien­
te reducido de la vida doméstica y de
los salones discretos y que parecen no
resistir el contacto con las costumbres
de una existencia más abierta a los
vientos del mundo y de la cultura uni­
versal. Ellos ño conciben a la mujer
despojada de cierto aire o apariencia
de ingenuidad pueril que le es impues­
ta, como una especie de librea espiri­
tual, por la obligación que tiene de ig­
norar nuevas cosas. Esos son los que
temen, como una desgracia irreparable
para los destinos de la humanidad, el
peligro de que la intervención del se­
xo femenino en las agitaciones de la
vida contemporánea le haga perder esos
atractivos tradicionales. ¿Son lógicos?
Desde luego no lo son, porque lo que
conspira contra la belleza y la sedución
femenina en su esencia íntima no son
los derechos civiles y políticos y hasta
morales que nosotros queremos consa­
grar, sino los deberes, las obligaciones
materiales que impulsan a la mujer a
entrar en la circulación de la vida acti­
va, fuera de las cuatro paredes de su
casa, para trabajar penosamente y lle­
narse de preocupaciones que en su tiem­
po parecieron exclusivamente masculi­
nas. Frente a esta necesidad que los
enamorados del tipo femenino angélico
no han podido evitar ni se han preocu­
pado de hacerlo — y en vano se hubie­
ran preocupado porque, como es sabido,
eso obedece a factores integrantes de
todo un sistema social — empeñarse en
desear la adhesión del espíritu femeni­
no a las modalidades arcaicas, mante­
niéndolo lejos de la vida y sus ense­
ñanzas fecundas, cerrado a la luz de los
conocimientos humanos, manifestándo­
se en una mentalidad algo infantil, li­
mitada y balbuciente, es absurdo y fe­
roz. Pero además revela ignorancia de
la inagotable riqueza de recursos del
alma humana para reconciliarse con la
vida. La cultura superior, un mayor co­
nocimiento de la existencia y un más

CARTEL

FCM IflIDAD
amplio ejercicio de los derechos moderuos, lejos de ser peligrosos para algún
ideal de belleza femenina, son, por el
contrario, los medios de defensa que de­
bemos ofrecer a las mujeres para con­
trarrestar los efectos de un estado de
cosas que las obliga a competir con el
hombre en ocupaciones y preocupacio­
nes. Con esos medios ella ha de ten­
der a evitar que se la haga víctima de
cargas demasiado pesadas para sus dé­
biles fuerzas y se estropéen sus encan­
tos materiales con los excesos de una
explotación o de una tiranía económi­
ca implacables. ¿Es posible pensar que
retrocediendo a épocas pasadas, la mu­
jer vuelva a quedar consagrada en ab­
soluto a ese mundo pequeño de las ac­
tividades domésticas, a la tranquila obs­
curidad carcelaria del gineceo griego o
romano? Si esa vuelta al pasado no es
posible ni deseable, fuerza es admitir
que debe modificarse, de acuerdo con
las nuevas condiciones de hecho, el tra­
tamiento civil, legal y educativo de la
mujer, para que no quede desarmada
en la lucha a que la arroja la corrien­
te del tiempo y el inevitable designio
de la historia.
No se crea que una educación o una
capacidad espiritual y jurídica adecuada
a sus nuevas' necesidades desfemlnlcen
— séame permitido el término — a la
mujer. Si por feminidad ha de enten­
derse inferioridad, incapacidad o sumi­
sión de esclavas, no nos preocupemos
de conservarla, sino, por el contrario,
apresurémonos a destruirla. Si por fe­
minidad ha de entenderse las caracte­
rísticas del sexo en la sensibilidad de­
licada, en el sentimiento maternal, en
la gracia armoniosa que fluye natural­
mente, espontáneamente de la persona
física y moral, como el perfume de las
flores, entonces tengamos la seguridad
de que al ampliar el ambiente de la vi­
da femenina, al renovarlo con las au­
ras de la naturaleza, con las palpitacio­
nes del mundo, y al aclararlo con la
luz de una cultura elevada, permitimos
a esa feminidad manifestarse con ras­
gos más firmes y luminosos, del mis­
mo modo que las plantas más bellas son
las que se crian al aire libre, entre las
caricias del viento y los ardientes besos
del sol. También nuestros abuelos, im­
buidos de ascetismo católico-romántico
y olvidando, las enseñanzas de las civi-

lizaciones paganas, especialmente las
de la antigua Grecia, en que vemos a
las jóvenes correr y danzar al aire li­
bre, en la amplia y clara serenidad de
las praderas, para desarrollar la pura
línea de los cuerpos esculturales y dar­
les un encanto alado hecho de agilidad
y de armonía, llegaron a creer que no
había belleza y atractivo sino en la
mujer cuyo recato se confundía con una
parsimonia de movimientos, una inmo­
vilidad de actitudes que hoy nos pare­
cerían torpeza. En sus tiempos las mu­
jeres apenas se movían al bailar, no se
permitían reir, sino sonreír; no corrían,
no saltaban en presencia de los hom­
bres; no se bañaban___ digo, no se
bañaban en público; no cruzaban las
piernas en los salones. Había siempre
en ellas un estudiado hieratismo, que
las modas acentuaban con los miriña­
ques rígidos que les dificultaban los mo­
vimientos; las faldas largas, que les da­
ban una elegancia suntuosa y decorati­
va; el inflexible corsé y hasta los ho­
rribles polizones de grotesca memoria.
Los que se habían acostumbrado a esas
formas de la feminidad vieron sin du­
da con horror la propagación de las
nuevas costumbres femeninas, importa­
das de Norte América, con esa afición
a los juegos al aire libre, a los baños
de playa y a las danzas llenas de dina­
mismo. Creyeron que las mujeres per­
derían todo encanto, que se volverían
horribles; que olvidando la mesura de
los movimientos de antaño, el pasito
menudo y la pulcra gracia, leve y que­
bradiza, de niñas cloróticas cantadas
por los poetas románticos, se transfom¡trían en seres monstruosos, dotadas
de fuerzas en vez de debilidad, y de
salud y alegría en vez de ese velo de
enfermiza tristeza que fué la más terri­
ble seducción de las novias del año 30.
Y bien: las mujeres formadas hoy bajo
el influjo de las nuevas costumbres,
desarrolladas por el deporte, agilizadas
por el esfuerzo gimnástico, desenvueltas
en sus maneras, buscando hacerse inte­
resantes por el color de salud y la irra­
diación de alegría, mostrando la piel lu­
minosa en los audaces rostros y bajo
las mangas cortas, mostrando también
— benditas sean! — bajo el ruedo de
la saya exigua lo que en otros tiempos
se ocultaba celosamente con la coquete­
ría hipócrita y artera de darle a su de­
bido tiempo el valor de una revelación
deslumbrante; las mujeres de ahora po­
seen, si no para nuestros abuelos, para
nosotros, un atractivo irresistible, y no

creo que ante un concepto estético su­
perior e im.parcial, tenga nada que envi­
diar estas vivientes esculturas que el
ejercicio físico modela y colora, a aque­
llas suaves estampas de oleografía que
nuestros antepasados acercaban elegan­
temente a sus largos bigotes retorcidos
con cosmético__
Si esto ha ocurrido por lo que se re­
fiere a las maneras exteriores, a las
formas visibles de la feminidad, lo mis­
mo ha de ocurrir por lo que se refiere
a la educación y modelación de los espí­
ritus. No temamos que una cultura ca­
paz de transformar la mentalidad de las
mujeres elevándola y ampliándola, des­
truya en ellas sus delicadezas esenciales
y las desfeminice. Si para nuestros
abuelos la mujer ignorante y frívola era
la más encantadora, y hasta un escri­
tor nos aconsejaba desconfiar de las
mujeres que tienen buena ortografía,
para nosotros, hombres de otra edad, la
ignorancia no puede ser un atractivo,
y hemos de encontrar en la mujer de
intelecto bien nutrido virtudes nuevas
que nos harán ver bajo una nueva luz
sus bellezas naturales, los encantos pro­
pios de su sexo, el inmortal esplendor
de lo que Goethe llamara “ el eterno fe­
menino” .
Si somos partidarios de la elevación
intelectual de la mujer, debemos por
fuerza serlo de su adquisición de todos
los derechos humanos. Por lo que res­
pecta a los derechos políticos, yo no
creo — claro está — que por el simple
hecho de adquirirlos ella ha de trans­
formar su mentalidad y su cultura. Tam­
poco ocurre tal cosa con los hombres.
El voto no los hace más sabios. Pero
sería enormemente contradictorio pro­
clamar el derecho de la mujer a la cul­
tura y a la vida, en toda la extensión
de la palabra, y negarle un derecho con
el cual los hombres pueden decidir de
la suerte de las mujeres. Dígase üaellas lo que tantas veces se ha dicho
de los hombres: no bastará que pue­
dan votar, es necesario que sepan votar.
Los hombres no han aprendido todavía.
Para que las mujeres hagan buen uso
de ese derecho, habría que colocarlas
en 1?. vía de la preparación. Y nada po­
drá movernos tanto a preocuparnos de
que adquieran su capacidad como el fa­
cultarlas a ejercer un derecho con el
cual —- a idéntico título que los hombres
incapaces facultados para lo mismo —
podrían perjudicarnos.
E m i li o

FR U G O N I.

ñl WHHWl"i Y W,IWH

Tomas Marín, Premio Nobel
j
Fué en Berlín, en una tarde tórrida pueda escribir la historia de la litera. ¡
de estío, cuando yo veraneaba orilla a tura universal.
la amistad En aquella sala de la Em.
Alemania no produjo un tipo de noserstrasse, acortinada de penumbras, hu­ vela, tal vez por ser un país de poesía.
meaban los cigarros y los diálogos. El Goethe fracasó como novelista. Porque
limón, el pairo, sesteaba en el mar sin no podía dejar de sentir poéticamente.
viento de la taza rubia; sangraban las La novela es objetividad Y en Goethe
uñas rojas; brillaba el charol de los todo era peripecia personal. Autobio­
dátiles, desnudos y relucientes como grafía. Lirismo.
El prestigio incalculable de los her­
criollas; morían lánguidas las manos y
manos Mann en el mundo germánico—
las voces.
y en los países nórdicos que gravitan
Yo dije de pronto a Klaus Mann:
— Si usted me presenta a Spengler en torno a la cultura alemana — es di­
soy capaz de ir a Munich.
fícil de comprender para un extranje­
—No puedo —respondió, sonriendo, el ro. A ellos les entusiasma el hecho de
hijo del escritor sobre quien recae aho­
ra la gloria abrumadora del premio No­
bel —, no puedo. Spengler es enemigo
de mi padre.
Toda la literatura de Tomás Mann
se me presentó entonces iluminada por
el resplandor de esta confesión fami­
r e v is t a
m e n s u a l
liar de la enemistad spengleriana. To.
más Mann es el anti-spengler. Es el
De Letras, Arte, Historia, F ilo ­
hombre que cree en Occidente. Que
sofía, C ien cias Sociales
quiere conservar la cultura unitaria. Que
quiere conservar el clasicismo. Que ama
Dire ctore s: ALFREDO A. BIANel azul tópico mediterráneo y el caca­
CHI Y ROBERTO F. GIUSTI
reo del gallo francés.
Se cre ta rio:
EMILIO SUAREZ
CALIMANO

NOSOTROS

Pese a quien pese, es lo cierto que
Alemania no tiene tradición novelística.
No hay una novela alemana, como hu­
bo una novela española, y como hay
una novela rusa y una novela francesa.
Desde mi punto de vista, extremo y
personal, esto no es una inferioridad,
porque no creo esencial la novela para
la existencia de la literatura. Después
de todo, griegos y romanos y árabes y
europeos medioevales vivieron sin co­
nocerla. Y no creo que sin griegos y
romanos, sin árabes y medioevales se.

Pre cios

de suscrip ción

(adelantada)
SEMESTRE $ m¡n. 10.—
ASO $ m|n. 18.—
Exterior, año: 8,00 dollares

Lavalle 143o
BUENOS

A IR E S

que alguien haga en idioma tudesco no­ El camino de Venecia. El camino del
velas comparables a las de un Flau- ¡ fuera de la ley. El camino del músico.
* ''* ” ’ *
bert. Pero a nosotros, esto no puede I "V or&gt; n n i n n o o i r n o W W n ~ X T « o m

�CARTEL

CARTEL

M O T I V O S

e S T C T I C O S

den luces de ágata y vuelan sombras ra con relación a la nuestra y a los pre­
bosquecinas; a lo lejos tiemblan las la­ cios de los libros. Es fácil imaginarse
gunas a donde bajan los luceros; duer­ cómo acogerían esa propaganda verda­
La belleza es indefinible. Podría ser me; el bambú susurrante de la serpien­ me la quinta de terciopelo, rumorosa deramente bolchevique, las demás libre­
la santidad objetiva de los ojos, el éx­ te armoniosa. La belleza es lo bueno cincela la manción de las mangas y en rías de la plaza y de Buenos Aires, que
tasis del movimiento. Una pluralidad como principio puro; es la armonía del I la ribera mece el mar sus fantasmas siempre habían esquilmado cuanto ha­
armónica como el gusto, daría tantas misterio; sin éste se borra en un com- \ espumosos. La belleza es de origen di- bían podido al paciente e incurable lec­
bellezas como gustos diferentes. Los pás monótono, en la nada. Las belle- 1 vino; los griegos la odoraron, Ruskin tor.
Poco a poco, las otras casas fueron
nórdicos adoran sus vírgenes de nieve zas naturales son arcanas; huyen de los ; hizo de ella su religión. El amor es la
y los africanos sus ángeles negros. Co­ sentidos, laten en un continuo desper­ cumbre de la belleza y la primera vir­ poniéndose a tono de la extranjera: los
mo atrayente de amor, con sus líneas tar; principio de la vida, tienen algo de tud. Es espontáneo; ni la inteligencia, precios, pues, se estabilizaron en una
gráciles y sus colores activos, la belle­ infantil y femenino. La hermosura del ni la voluntad lo adquieren; suele po­ línea, más o menos prudencial, y así
za sería principio de vida, la verdad de hombre tiende a lo sublime, a la fuer­ nerse en fuga con la suavidad que ha nos alcanza el año de gracia de 1929.
A fines de ese año se produce el “ con­
la vida y lo que se apartara de ella, za elemental; la de la mujer a la sen­
traído, nos rinde como el sueño. El prin­ sorcio” a que nos venimos refiriendo
negación y muerte. La belleza podría sualidad, al ideal; por su finura se re­
demostrarse por si misma, por el sen­ monta al punto más alto como la libé­ cipio del amor es una nota de dulzura, en estas notas y que detallaremos en
timiento en comprensión universal y lula. La clasificación de la belleza se­ algo imperceptible por su tenuidad; na­ las próximas que seguiremos dedican­
tácita. El arte es el instrumento para ría interminable; existen características ce en lo íntimo del ser, en el corazón do a este interesantísimo asunto.
exteriorizarla.. El genio la crea en el generales, afinidades entre la mujer y y vibra en toda la Naturaleza. Lo ha­
arte, y la. primera causa, Dios, en la ciertas plantas y gemas; esquemas ra­ llamos en las falenas de la tarde y en
“C .”
Na uraleza. Descorrido apenas el velo ras que se tocan. Las especies espiri­ las barcarolas liliputienses de las ri­
misterioso del tiempo, la belleza se no 3 tuales son imperceptibles e innúmeras. bas, en las barandas alegres como ave­
revela en la música, que viene del in­ Como hay familias y generaciones atá­ nidas donde juegan los insectos, en las
finito; porque siempre es lejana y de vicas de una pasión dominante, así hay falacias de luciérnagas titilantes y en
luz antigua. La sentimos cuando ha pa­ especies de belleza que corren una mis­ las sonatas de los cuentos de niños.
sado; es el arte que más sugiere, inde­ ma línea; un mismo amor las modela y Está en el corazón y sube la escala de
terminado y trémulo. Siempre maña­ precisa y se plasman en símbolos vj.l la verdad como un perfume. La bellenera, en actitud de nacer, la música es vientes. La belleza es una síntesis; ya za es ^a beceusse úe la vida, la emana­
el lloro y la risa, expresión directa de sen la canción simétrica de los meló-1 ción de un Plano superior, de un cielo;
La puñalada de
la sensibilidad; más que creación pare­ distas o las vagancias mañaneras de e? e' principio novador de la existenla noticia desde el
ce expansión; es como el sueño: conso­ Debussy: “ La filie au Cheveux de Lin” ma, una afirmación y una esperanza.
barracón de los avi­
nancia velada de la vida. La belleza es o el Scherzo de Proltojieff. Lo bueno Por la carrera de los años se descubren
sos telegráficos de
de recuerdo. Tiene en su gama la ter­ requiere un juicio; es par y consonan­ tonos prístinos en las rosas de los sue­
nura y el espanto, las pasiones de la te; lo bello es una armonía ascendente, ños y en las umbelas melodiosas, en los
un diario.
Naturaleza; las tempestades y las obs­ abierta a disonancias. La pir*.ura es la Kioskos celestes y en las miniaturas
La puñalada tra­
curas calmas. La música moderna tien­ más objetiva de las artes. Picasso, Chi­ de la noche. Hay bellezas que parecen
pera,
hasta lo hon­
de a lo universal; es un timbre de tim­ neo, varios surrealistas, la afirman arte hóstiles, inadaptables en este mundo
do, de puñal clava­
bres, una orquesta de orquestas. Falla propio del hombre, que no imita el ob­ dual de fuerzas encontradas; en este
do.
sube sus campanas en una altura de jetivo circundante, campo de la fotogra­ dos terrible de amor y muerte. En la
alturas; Debussy colorea los colores. fía. La naturaleza es bella en cuanto es ¡ espantable ronda de las almas negras
Se ha ido MariáVarias canciones forman al unísono una dinámica. Volidora e inmanente crea ; y de las horas vulgares, en el pórtico tegui y, con él, se ha ido el ánimo de
canción suprema. Sincronismo de seme­ estados de alma y múltiples sugeren- neblinoso de la retirada vibra un canun hombre libre.
janza y sugerencia. Oí una noche en cias. En el sueño de la mañana el can­ to de gracia por la primavera de las
Quisiéramos hablar de toda su obra.
una velada amiga una discusión de to del ave gris parece que abriera una flores y la balada del recuerdo, por la
amor. Varias voces decían a un tiem­ puerta mágica. La belleza de amor es belleza del amor, única razón de la Como en las composiciones nuevas, son
po diferentes motivos, las frases de la el gran mito, el primer color, la prime­ vida.
tantos los temas que más vale asistir
emoción iban al vuelo como los finales ra luz, el acento que ha dictado el poe­
mudamente a la contemplación del con­
de una sinfonía adorable. Era la mú­ ma del universo inefable. Despierta en
Lima 1930.
junto.
sica del pensamiento. De parecido mo­ la mañana de las rosas y aletea en los
J osé M. E G U R E N .
Mariátegui hizo la luz. Y picaneó la
do vibran en la noche las melodías glo- ojos de la rubia que enciende las lám­
marcha de ese Perú que no va todo lo
rietales y el canto del ensueño. La no­ paras de la tarde. La pasión en los
che responde la pregunta silenciosa; ca­ ojos; hay un tremor azul en toda las
bien que deseamos.
da ser revela parte de su secreto melo- d.Ttancias; un idioma no inventado y
Mariátegui, sin quererlo él, sin darse
dial. La música es anunciadora; será presentido que cantará ternura en vez
cuenta, tuvo discípulos en toda Améri­
siempre el preludio de un arcano her­ de otras canciones. El conocimiento de
ca latina.
moso. La, belleza inmanente es inase- la belleza es la sabiduría, la máxima
otuble. pertenece a un plano innatural. penetración, el elán de un nuevo plano
Discípulos que, — ;y esta será la
No se trata de un consorcio para me­
La belleza pura excede a nuestro senti­ sensorial, la isla del poder y de la
jorar las condiciones del negocio, con revancha de sus penurias! — serán mados, de presentarse a ellos los apaga­ bondad creadora. El enigma; los insec- ■vistas a obtener beneficios para los lée­ Iriateguistas pese a quien pese.
ría. LTna finura intensa de color y de
los de le. noche coloridos e invisibles' toros y los libreros.
Porque las semillas que volcó Mariá­
líneas sería venenosa; un amor absolu­ para el hombre indican un mundo igno­
Se trata, como anticipamos en una tegui eran de selección y de fermento
to quemaría el espíritu de la Tierra. rado y sensible. Hay rostros de mujeres
breve nota de nuestro número anterior,
El principio de 1a. belleza es de simpa­ que parecen surgidos de esta tiniebla
asegurado.
de un consorcio de libreros para ase­
tía, mora a la vez en el objeto y el su- mística. Desde Boticelli hasta Ernst vi­
CARTEL cumple con el deber de di­
gurarse la explotación, el desbalija’ eto sensible: dos movimientos integra­ bra la gloria de los ojos infantiles de la
vulgar la espantosa nueva por el sector
miento
del
lector.
Es,
pues,
una
cosa
les y un solo amor. La mayor belleza sombra. No es la penumbra espirita­
sería un movimiento de infinitos espa­ da que oculta el mito de las cien fac^ muy distinta y, por lo pronto muy alar­ de su derrotero ideológico.
cios, un todo armónico de desarmonías. cienes, es la belleza fémina que triun­ mante. ..
Hasta hace unos años, el negocio de
La explicación de la belleza viene del fa do la noche, al apocalipsis de las
sentimiento y el buen gusto que carecen flores y de las vírgenes. El amor elige librería era, en nuestro país, una me­
de normas. Una faz que en los siglos a la mujer, la corona de ensueños ma­ rienda de negros. Quizá era Montevi­
ha parecido hermosa, sufrirá diferen­ gos, le pinta la frente y las pupilas de deo la ciudad del planeta donde más
tes apreciaciones pero sólo por excep­ esperanza. La belleza natural y la ar­ caros se pagaban los libros. En virtud
“L E F O R C A T I N N O C E N T ”
ción se le acusará de fealdad. El buen tística corren paralelas. La Naturaleza de qué ley misteriosa sucedía eso, na­
gusto no se puede precisar; pero senti­ supera al arte en extensión, luz y per- die lo sabía. Pero sucedía, y el ser lec­
tor en aquel entonces suponía ser un
mos que gravita una fuerza selectiva,
P o r J u le s S u p e r v i e n e
— &gt; Lene orobablemente sus leyes y fume. Nunca se logrará pintar el- mar ¡ fuerte rentista o algo por el estilo,
que se imoone en el tiempo. Como sa­ perfecto; pero el arte es el alma misma j Por esa misma época existía en la
París, marzo de 1930.
bemos 1? belleza se expresa por el ar­ del hombre. El ocultismo de la Natura- calle Colonia, casi esquina a Andes,
te oue es su figuración o reflejo. El leza se adivina con lentitud prolija. De-¡ ^na tienñ¡ta c-e figurines y algunos liEsta nueva colección de versos de
hombre no llega a crear, sólo compone bussy en la música. Proust y los n o-’ í’f 08’ , en a que oasl nadie reparaba.
e inventa. El arte es solamente una me­ velistas de vanguardia plasman la su­ No obstante, se trataba nada menos /ules Superviene aparece compuesta
táfora. y al artista se le llama creador cesión de los momentos vitales. Es un que de la representación en Montevi­ por diversas obras menores que Super­
por semejanza. El conjunto creciente de avance; Soupaul mezcla las almas con deo de una de las más fuertes empre­ viene ha publicado en estos últimos
todas las artes, en una gran metáfora, los colores nocturnos como en una pin­ sas de librería y publicaciones que exis­
años y a las que se agregan algunos
ten en el m undo...
se-ís el espejo mágico del espíritu. La tura; Bretón crea su adorable Nadja,
Y, un buen día, la tiendita se trans­ poemas inéditos. Afírmase en ella el
música es un presentimiento, la poesía, flor de la calle y la locura; Valery Larformó en una magnífica casa del cen­
una determinación; las manifestaciones baud, su Fermina deliciosa. De un la­ tro de la ciudad: un verdadero palacio, gran talento de este poeta, pero obser­
do el arte viejo, la actividad de genios
vamos en él una evolución. Supervie­
de ésta parecen explicativas pero de que levantaron la casa del pasado y es­ incluso con personal “ palaciego” ; que­
ne
abandona cada dia más esos poe­
remos
decir
que
todo
se
puso
allí
en
haber comparación entre las artes, sería tilizaron el pensamiento y la sombra.
la primera; pues una pintura o melo- Los imagineros, los góticos de Boticelli, grande y en brillante. ¿Quería eso decir mas animados por un impulso lírico
peya sin poesía es un signo muerto. los renacentistas: Rafael con sus bel­ que los negocios de la tiendita habían avasallador que se alargaban en tan
El niño desde la cuna sonríe a la bon­ dades italianas, Moreau de verdes orien­ sido tan buenos que dejaban margen bellos versos de trece o quince pies,
dad y a la gracia; notas de belleza. tales. De otro lado arte de juventud para realizar tan grande transforma­
al modo de los de Claudel. Ahora ha
Después escucha el canto, corre a su que va con sus aviones a la ciudad noc­ ción? Nada de eso. Pero la casa extran­
primer paisaje; vienen los años y su be­ turna de los faroles. Son bellas las ho­ jera en cuestión se había decidido a ceñido su verso, ha condensado su ex­
presión. Vuelve con más frecuencia a
lleza es amor. Siempre recordará su
ras de la libélula que gira en un triun- conquistar el Río de la Plata, echando
canto, su paisaje y sus rojos claveles; fo de jardines y colores; vive y muere, aquí
el
resto
como
vulgarmente
se
dice:
la
rima y a la asonancia, se encierra
.
.
vuela el tiempo, se va apagando la lám­ en el viento con hilos de Eros y la ! instalándose regiamente con numeroso en las formas clásicas del alejandrino
para y los ojos se velan. De tarde en ronda breve de la pavonia que se que- i Pers° na1' raptdos y amplios servicios de
tarde vuelve la lejana aurora que creía­ ma en su ideal ardiente. Son bellos co- uovedades y, — aquí viene lo importan- o en ¡os versos de seis o siete pies di­
mos muerta; un sueño infantil de áto­
. .
,
i te — precios bajos, enormemente b ajos1 vididos en estrofas. Se encuentran
siempre se ha-! siempre en ellos sus dotes de poeta há­
na dulzura o un rostro tenue nos en mo sentimiento la ternura caritativa y ; con relación a los
el heroísmo oculto Es interminable la b¡an pagado entre nosotros La empre. bil para atravesar las zonas más mis­
cantan. He visto en una sala marina
belleza con las etapas de su camino sa en cuestión hizo lo propio en Buenos:
bajo el mismo pórtico, con igual sombra
siempre ignotas. La emoción que de Aires, con lo cual se comprenderá cuál ¡ teriosas de la vida y de la muerte, pe­
azul, la cara en blanco y cielo que soñó
ella viene es una viva sorpresa, un re -: ser¡a ]a ..revolución.i qu e‘ se araló ” n. ro, al mismo tiempo, le vemos también
antaño. Toda belleza tiene un raro po­
lámpago
verde como una nueva auro-! tre el público lector. ;A1 fin se podría! contraerse y depurarse, prisionero de
der causaría temor como todo lo que
parece superar las leyes naturales; más ra; después un recuerdo musical, gentil ; leer por poco dinero! ;A1 fin estaría- una forma más estricta, más brillante,
igualmente emotiva quizá, pero de un
el temor pertenece al campo de lo su- soplo de ensueño. Desde la curva del mos al día en materia de novec^des!
La nueva casa enseñó al público, con lirismo menos vigoroso.
blim*. La belleza debe ser suave, pues camino se escalonan los mirajes rosaes un movimiento inicial de simpatía. dos, las colinas canoras, las lontanan- un desinterés digno de todo encomio,
Georges P I L L E M E N T .
Es difícil distinguir lo bello de lo subli­ zas florecidas. Cae la noche, se encien- las cotizaciones de la moneda extranje­

JUAN C A R L O S
M ARIATEGUI

C o n s o r c i o de
L i b r e r í a s

L o s u r u g u a y o s en
el e x t r a n g e r o

�PAnORAfTIA
A B R I L
A Ñ O II

15

M E nSU A L

L IT E R A T U R A ,

DE

N. o V

Julio S ig ü e n z a

-

RE

A lfredo M ario E erreiro

cuando apareció C A R T E L del que nin­
gún crítico dijo nada, con excepción de
“ Boy” cuyo suelto reproduje en la “ R e ­
vis ta U r u g u a y a de B i b li o g r a fí a ” que en
paz descanse.
Lo que quiero hacer ahora es reco­
ger, en un haz, muchos, (no todos por­
que sería interminable), de esos he­
chos, para que se vea que los prece­
dentes no faltan y que, por ahora, no
sólo no hay remedio para nuestro mal
sino que, a juzgar por los últimos acon­
tecimientos, parece que se agrava y
mucho.
No hay critica literaria. — ¿Quién
ejerce entre nosotros ese,difícil minis­
terio? Nadie. Hasta hace poco,_ un se­
ñor ejercía de tal desde un diario ves­
pertino, pero se recordará que por me­
terse entre faldas salió despedido co­
mo bala de cañ ón...
Antes y después de eso, existía y
existe una especie de “ sociedad del
bombo mutuo” que actúa del siguiente
modo: un zascandil cualquiera publica
un libro el tal señor no se preocupa, lo
más minimo, de colocarlo bien y vigi­
lar su venta, sino de obtener una lis­
ta de personalidades a cada una de
las cuales remite un ejemplar con su
correspondiente dedicatoria. Las perso­
nalidades leen, o no leen,'el libro; pe­

titos.

A ese respecto se puede observar el
siguiente hecho sintomático: cuando se
publica un libro serio, de fondo, o un
libro de una especialidad poco común,
el sueltito elogioso termina casi siem­
pre con estas o parecidas palabras:
“ Con más tiempo, expondremos detalla­
damente los altos valores que encierra
esta obra” .
Y en el 99 por ciento de casos, esa
exposición no se publica jamás. Es que
no hay nadie capaz para hacerla.
Otro hecho característico: la crítica
elogiosa, ditirámbica sistemáticamente.
Y si al menos, como compensación,
existiese la otra, la sistemáticamente
negadora, siempre sería un alivio, pero
no hay tal.
Por lor común, el crítico, aquí, es a
su vez autor de obras, es decir, que
necesita a su vez que lo critiquen. Pero
si un señor publica un libro de arte o
literatura malo, pésimo, y al mismo
tiempo cultiva la crítica, ¿quién es el
que se atreverá a decir que esa obra
es mala si su autor, puede a su vez,
tomar represalias en una próxima opor­
tunidad?
Quieras que no, vamos a pasar, de
bocas a manos, a la “ sociedad del bom­
bo mutuo” .

a

J O S E

n

O

N

T

E

V

I

8 7 0
D

E

O

L U IS R E Y C A R R E R O

m

Al dar cuenta en la “ R e v is t a U r u g u a ­ ro redactan una carta de puro co m p ro ­
ya de B ib lio g ra fía ” de la aparición de m iso elogiando al autor y éste publica
C A R T E L aproveché la ocasión para de­ esa carta en un periódico. A veces, en
cir, usa vez más, esto: “la crítica de los diarios, aparecen sueltos elogiosos
la prensa diaria en nuestro país sufre para algunos libros y el público cree
de una indigencia que da grima. No que en esos diarios hay críticos litera­
hay crítica literaria, ni artística, ni rios como los hay teatrales, según pa­
musical, ni siquiera teatral, que sea ca­ rece.
Jío hay tales críticos. La mayor par­
paz de informar al público y educar­
te de esos sueltos — cuando se refie­
lo dirigiendo su afán de curiosidad” .
ren a obras nacionales — los hacen los
Y esto otro:
“ Los lectores cultos ya hace tiempo mismos autores los cuales, no siendo
que viven, intelectualmente, vueltos de ricos, tienen que acudir a ese procedi­
espaldas a esa prensa, artística e inte­ miento para tratar de vender ejempla­
res y poder así pagar a la imprenta.
lectualmente analfabeta” .
El sueltito en cuestión — que yo re­ En el fondo, la mayor parte de los que
dacté — no llevaba firma alguna, pero acuden a ese procedimiento, no se ha­
los directores de C A R T E L , al repro­ cen ilusiones respecto del valor de sus
ducirlo en parte, tuvieron a bien nom­ propias obras. . . Otros, no se hacen los
brarme y eso fué lo que me ha obli- sueltos elogiosos de sus libros, pero co­
gado a escribir ahora el presente ar­ mo aquí todos nos conocemos y, si ras­
tículo para que no se crea que aquello camos un poco la piel, resultamos pa­
fué una explosión de envidia o de des­ rientes, ¿quién no tiene un amigo en
p ech o... ¡cosas de las que, según pa­ un periódico y qué amigo es el que se
rece, ahora se padece bastante en nues­ niega a hacer un sueltito elo gio s o ? Hoy
por ti; mañana por mí. El amigo perio­
tro ambiente litera rio!...
Por lo que hace a mí, esa opinión dista leerá, o no leerá la obra, pero
sobre la crítica uruguaya no es nue­ el sueltito aparecerá. Y así se da el
va: lo vengo diciendo desde hace mu­ caso de que todos los sueltos se pa­
chos años y, de yapa, cada vez que lo recen entre sí, todos dicen lo mismo y,
dicho he tenido la generosid ad de de­ al fin, el público ya no se fía ... De to­
mostrarlo con h echos... Así sucedió dos modos continúan publicándose suel

M

A dm inistrador:

83

CRITICA

POLEMICA

Y
s

D E

$ 1.00
SU SC R IP C IO N A N U AL, A D E L A N T A D A . . . .
N U M E R O S U E L T O . . ................................... ” 0.10
N U M E R O A T R A S A D O ..................................... ” 0.20

DE

ARTE

Toda sociedad tiene su interés colec­
tivo, casi diría de clase. De ahí la for­
mación de un ambiente turbio, enchar­
cado, que han venido a enriquecer to­
davía más los premios en vil y aurí­
fero metal que tantos apetitos inconfe­
sables despierta.
A todo eso, ¿qué se ha hecho de la
crítica?
De la crítica no se tiene ya ni el
más remoto concepto en la prensa uru­
guaya.
Corolario: en mi concepto hay tres
críticos notables, de primera línea en
nuestro país, y son:
Raúl Montero Bustamante
Mario Falcao Espalter
Gustavo Gallinal.
Pues bien: ninguno de ellos publica
nada en la prensa nacional. Sus estu­
dios aparecen en la prensa extranjera
donde, para vergüenza nuestra, los ava­
loran como es debido, porque allí no se
vive de la piratería, del recorte, etc.,
sino que hay criterio para elegir y el
dinero de las empresas periodísticas se
emplea en dotar a los diarios de todas
las mejoras que necesitan.
N o ha y crítica artística. — En este
capítulo estamos peor que en el ante­
rior. Cualquier fabrica nte de c u ad ros
para com ed or recibe aquí el espaldara­
zo de artista. ¿Quién da el espaldarazo?
Generalmente el suelto anónimo: anó­
nimo de todo, hasta de sintáxis y or­
tografía. Pero el fabricante hace, entre
tanto, su agosto.
Y, 'entre tanto, los verdaderos artis­
tas tienen que morirse de hambre, tie­
nen que emigrar o emplearse como es­
cribientes.
Desde el punto de vista educativo la
carencia de crítica artística se mani­
fiesta por esa absoluta confusión y va­
guedad ,en que se agotan los buenos,
los talentosos, los sinceros, carentes
como están del índice que debe propor­
cionar la crítica, que no lo proporcio­
na porque no existe.
No hay crítica mu sical. — Cuando se
ve que las mamarrachadas carnavales­
cas que propician los políticos profesio­
nales para seguir manteniendo la clien­
tela electoral, se elevan a categoría de
arte popular, se puede colegir la horfandad terrible en que nos hallamos en
ese sentido. ¡Hasta eso hemos descen­
dido!

música y el canto orfeónicos ante la vi­
sita de los Coros Ukranianos, sobre los
cuales se dijeron tantas y tan profun­
das tonterías?
El que habla, es siempre el suelto
anónimo, o a veces, un literato en
agraz, que porque él descubre recién la
sopa de ajo, cree que los demás no la
conocen todavía.
Total: que no hay crítica musical.
No hay crítica teatral. — En mate­
ria de crítica teatral, estamos en ple­
na y risueña opereta, lo que no deja
de estar en carácter.
Con la única excepción de Cyro Seoseria — culto, fino, observador, etc.,
etc., — ¿quién ejerce aquí la crítica
teatral? Y sobre todo, ¿cómo se ejerce?
Ahi están los hechos. No hay un solo
artículo de verdadera crítica y ésta se
expresa es sueltos que, con poca dife­
rencia, son del mismo género que los
otros, con la excepción de los que re­
dacta Scoseria, que es tan culto y tan
personal que hasta en una breve gace­
tilla dice lo que debe decir y como de­
be decirlo.
Ahora, un critico teatral, acaba de
adoptar, a través de otra adaptación,
una obra extranjera.
Ya sólo con eso estamos frente a
una ensalada que promete ser suculen­
t a ... ¿Quién se ha atrevido con el
plato?

Otro dia fué Bellán el que estrenó
una obra digna de un serio estudio crí­
tico: “La ronda del hijo” . Salvando a
Scoseria, ¿quién fué el que dijo algo
serio y atinado de esa obra? Nadie.
Y así en isfinidad de casos que, re­
pito, sería interminable detallar.
No hay, pues, crítica de ninguna cla­
se y en su lugar lo único que existe es
la “ Sociedad del Bombo Mutuo” , lo cual
explica perfectamente, que el lector cul­
to viva de espaldas a los comunicados
de esa sociedad.
Por lo demás no he querido citar
más casos concretos de otra especie
porque ios que dejo sumidos en la ne­
grura del tintero son del género des­
agradable y no siento ninguna vocación
ni por el deporte de las gestiones ca­
ballerescas ni por el más científico de
reventar tum ores... aunque éstos sean
de pedantería, y vanidad.
En cambio séame permitido consig­
nar aquí la esperanza de que si C A R i EL tiene larga ^vida ha de resultar
No hablemos de la crítica musical provechosa para la crítica pues al fin.
propiamente dicha. ¿Quién comenta la depurar y elegir las colaboraciones,'e 3
ejecución de un cuarteto de tal o tal también una función de crítica y un
maestro? ¿Quién borda “firuletes” a la procedimiento educativo del gusto; en
expresión de tal o cual violinista? resumen un índice como otro cual,
¿Quién se atreve a hablarnos —- ¡Dios quiera.
nos tenga en sus manos! — de la téc­
Dios quiera que asi sea.
nica de un Iturbi, o de un Baclchauss?
¿Quién explicará el significado de la
Luis

mm

Bertrán.

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Potrie, Enrique E.&#13;
Giordano, L.&#13;
Zum Felde, Alberto&#13;
Muñóz, María Elena&#13;
Sansone, Nicolás Fusco&#13;
Del Valle, Gerardo&#13;
Cáceres, Esther de&#13;
Sigüenza, Julio&#13;
Ferreiro, ALfredo Mario&#13;
Bustamante y Ballivian, Enrique&#13;
Frugoni, Emilio&#13;
Eguren, José M.&#13;
Superville, Jules&#13;
Pillement, Georges&#13;
Betrán, Luis</text>
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                    <text>Letra                                                                                                                               3&#13;
&#13;
y&#13;
&#13;
Línea  &#13;
&#13;
Revista de cultura contemporánea. Artes plásticas. Literatura. Teatro. Cine. Música. Crítica&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Director&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI&#13;
&#13;
Comité de Redacción&#13;
&#13;
MIGUEL BRASCO&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE&#13;
&#13;
LLINAS DE SANTA CRUZ&#13;
&#13;
ENRIQUE MOLINA&#13;
&#13;
ERNESTO B. RODRIGUEZ&#13;
&#13;
OSVALDO SVANASCINI&#13;
&#13;
MARIO TREJO&#13;
&#13;
ALBERTO VANASCO&#13;
&#13;
JUAN ANTONIO VASCO&#13;
&#13;
&#13;
Francis Picabia (1878-1953)&#13;
&#13;
&#13;
"EL CRISOL" DE ARTHUR MILLER&#13;
&#13;
HOMENAJES A&#13;
&#13;
FRANCIS PICABIA Y DYLAN THOMAS&#13;
&#13;
&#13;
SUMARIO&#13;
&#13;
TOMÁS MALDONADO: Picabia, gran acreedor.&#13;
&#13;
PICABIA : Reflexiones.&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI: A Francis Picabia.&#13;
&#13;
MIGUEL BRASCO : El juego de ajedrez.&#13;
&#13;
OSVALDO SVANESCINI: Paradojas sobre la poesía.&#13;
&#13;
JUAN CARLOS PAZ: Edgar Varese.&#13;
&#13;
DYLAN THOMAS: Poemas.&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE: Poemas.&#13;
&#13;
JUAN FILLOY: Silencio responsable.&#13;
&#13;
ENRIQUE MOLINA: Buenos Aires y Guibert.&#13;
&#13;
Polémicas. Cine. Libros. Artes Plásticas. Revistas.&#13;
&#13;
&#13;
DICIEMBRE 1953 - ENERO 1954&#13;
&#13;
BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA, GRAN ACREEDOR&#13;
&#13;
por Tomás Maldonado&#13;
&#13;
&#13;
 Francis Picabia, cuya muerte ha ocurrido en París hace unos días, es&#13;
&#13;
el gran acreedor. En sentido estricto. Es decir, alguien a quien todos, hoy&#13;
&#13;
por hoy, debemos algo, sea por acuerdo mutuo, sea por apropiación alevosa.&#13;
&#13;
Es, entonces, lo contrario del “faro” baudelairiano; del hombre que ilumina&#13;
&#13;
o guía en una situación sin luz cualquiera, catacumharia, tempestuosa o alu-­&#13;
&#13;
vional. No está más allá de nosotros; está con nosotros, asistiéndonos, alcan­-&#13;
&#13;
zándonos lo que necesitamos, dejándose robar — por cálculo.&#13;
&#13;
 Al “faro”, sin duda, se lo caracteriza de otro modo. Tiene otros síntomas,&#13;
&#13;
También otro diagnóstico,&#13;
&#13;
Burlón y nada personaje, Picabia, antes que un dador voluntario de&#13;
&#13;
luz (“faro”, héroe, profesor, apóstol), prefirió ser un dador involuntario&#13;
&#13;
de sangre (antimártir: creador en todos los sentidos, aun en el sentido des-­&#13;
&#13;
tructivo). La sangre de Picabia, la dimensión (o tensión) que él ha inaugu-­&#13;
&#13;
rado, es un milagro de fecundidad. La hemoglobina picabiana, aunque pocos&#13;
&#13;
lo sospechen, se ha adueñado de nuestro mundo, de ahí que nuestro mundo&#13;
&#13;
todavía respire y tenga color.&#13;
&#13;
 Si alguna vez la luz logró interesarle no fué nunca con propósito “ilu-&#13;
&#13;
minista”; nunca fué su debilidad ni la “aufklärung” de los profesores ale-­&#13;
&#13;
manes ni la “lucidité” de los juncos impensantes de “Saint Germain des&#13;
&#13;
Prés”. Su propósito, en las pocas ocasiones que la luz pudo tentarlo, fué&#13;
&#13;
encandilar, devolver al ojo — transitoriamente— su ceguera original. Ano-­&#13;
&#13;
nadar primero para reinventar después. El ojo. El universo entero.&#13;
&#13;
Ciertamente, algunos, por ahora, le deben nada más que dinero, trajes&#13;
&#13;
“palm-beach”, automóviles “ Sedan” de ochenta puertas, un crucero en Yacht&#13;
&#13;
por el Caribe o una noche con la más resplandeciente muchacha de París,&#13;
&#13;
Nueva York o Barcelona. Porque Picabia tenía dinero. Y era dadivoso con&#13;
&#13;
sus amigos — también con sus enemigos encubiertos. No obstante, deudores&#13;
&#13;
tan seculares pueden estar tranquilos. Picabia ha muerto. Además, tuvo&#13;
&#13;
demasiadas mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, inteligentes y estúpidas, leales&#13;
&#13;
y brujas. En ocasiones tan poco propicias, ninguna acción judicial podría ser&#13;
&#13;
coordinada con éxito. Por otra parte, la resurrección de Picabia, aunque&#13;
&#13;
deseable, es poco probable. Y aun en el caso que esto ocurra, él nunca&#13;
&#13;
terminará pidiendo cuentas de nada, porque lo que Picabia intentó toda&#13;
&#13;
su vida fué precisamente disolver las cuentas, hacer irreconocible el debe&#13;
&#13;
y el haber. Picabia comprendió desde muy joven la pasmosa fragilidad del&#13;
&#13;
actual sistema monetario; así, llegó a demostrar, con compleja maestría,&#13;
&#13;
que el uso absurdo del dinero (no confundir con el despilfarro o el rasta-&#13;
&#13;
cuerismo) puede ocasionar graves resquebrajamientos en sus mecanismos&#13;
&#13;
circulatorios; invalidar, en poco tiempo, los pacientes esfuerzos de miles&#13;
&#13;
de técnicos por dar a una economía salud, equilibrio y cordura.&#13;
&#13;
 Hay otras deudas. Otros deudores, por lo tanto. Nuevas formas de la&#13;
&#13;
seducción, de lo festivo, de la poesía, del cine, de la moral artística, de&#13;
&#13;
la pintura.&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA Y LA SEDUCCIÓN&#13;
&#13;
&#13;
 Los procedimientos modernos de la seducción amorosa, que hoy son&#13;
&#13;
usufructuados por cualquiera — inconsultamente— son, en su mayoría, de&#13;
&#13;
origen picabiano. Olga escribe: “los seductores más sutiles concuerdan en&#13;
&#13;
considerarlo (a Picabia) excepcional”.&#13;
&#13;
&#13;
LO FESTIVO&#13;
&#13;
&#13;
 En Cannes, Picabia inventó — la palabra, como después veremos, es la&#13;
&#13;
más adecuada — algunas fiestas memorables. Inventar fiestas, y nada menos&#13;
&#13;
(que en Cannes, no suena, por cierto, del mejor modo. Principalmente, sor-­&#13;
&#13;
prende. a primera vista, que sea Picabia — un rebelde— su responsable. En&#13;
&#13;
realidad, es difícil suponer las cosas más frívolas de un organizador (o inven-­&#13;
&#13;
tor) de fiestas en Cannes. En el caso de Picabia, único caso, estas suposicio-­&#13;
&#13;
nes son infundadas. No sólo Mrs. Simpson no fué invitada a sus fiestas — lo&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
2                                                                                                      LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
Caoutchouc (1909)&#13;
&#13;
&#13;
que ya es, de por sí, una garantía— , sino que todas las leyes y convenciones&#13;
&#13;
de lo festivo, sobre todo de lo festivo en Cannes, fueron minuciosamente&#13;
&#13;
subvertidas. Ni refinamiento. Ni galantería. Ni preciosismo. Ninguna “cor-&#13;
&#13;
tegiana onesta” reinando. Tampoco reinando ningún calígula de la política,&#13;
&#13;
de das letras, del sexo o del buen gusto. Benozzo Gozzoli, Carpaccio, Leonar-­&#13;
&#13;
do, Rubens y Walteau, organizaron, sin duda, fiestas de extraña belleza.&#13;
&#13;
Su imperfección, con todo, resulta hoy bastante imaginable; rara vez habrán&#13;
&#13;
podido esconder su turbio origen servil o demagógico. Las fiestas de Picabia,&#13;
&#13;
en cambio, realizan lo festivo plenamente, puramente, sin concesiones. Su&#13;
&#13;
procedimiento es el absurdo; su finalidad, la invención de una alegría ruda&#13;
&#13;
y fraternal. Una nueva era de lo festivo.&#13;
&#13;
&#13;
LA POESÍA&#13;
&#13;
&#13;
 “En cuanto al deseo, aconsejaba Epictcto, moralista y esclavo, suprímelo&#13;
&#13;
radicalmente por el momento”. La poesía de Picabia nos propone lo contra-­&#13;
&#13;
rio: la exaltación del deseo. Sólo el deseo — “la voluptuosidad del ser (Jean&#13;
&#13;
van Heeckeren)— puede restituir a la poesía su antigua utilidad comuni­-&#13;
&#13;
cativa. El deseo, más allá de ciertos límites, conduce a lo extraordinario.&#13;
&#13;
El deseo inventa; sólo la cobardía imita. Picabia-poeta, por su fidelidad&#13;
&#13;
a este modo de ver, es un gran poeta de este siglo. Tzara (el mejor Tzara),&#13;
&#13;
Hans Arp), Hugo Rail (el primer Hugo Ball, no el último), van Hoddis,&#13;
&#13;
Schwitters-poeta, son los pocos, tal vez podrían agregarse algunos nombres&#13;
&#13;
más, que están a su mismo nivel.&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA Y EL CINE&#13;
&#13;
&#13;
 “El mejor film de Rene Clair (“Entr’acte”) no es de él", dice Michel&#13;
&#13;
Perrin.&#13;
&#13;
&#13;
LA MORAL ARTÍSTICA&#13;
&#13;
&#13;
 El espectáculo de un espíritu fiel a su particular complexión, es decir,&#13;
&#13;
libre de cualquier compromiso exterior, merece siempre, al principio, juicios&#13;
&#13;
tolerantes y risueños. Es lo diferente, lo inesperado, lo raro, y eso divierte.&#13;
&#13;
No obstante, si la duración del espectáculo se prolonga más de la cuenta,&#13;
&#13;
si su persistencia rebasa los límites que la urbanidad tiene previstos, no&#13;
&#13;
faltan, por supuesto, los que terminan por estimarlo injurioso. Es el caso&#13;
&#13;
de la libertad (o libertades) de Picabia. Sus primeras manifestaciones fueron&#13;
&#13;
acogidas con ánimo jocoso; nadie, al parecer temía las rarezas del descon­-&#13;
&#13;
certante millonario. Más tarde, la actitud, por su ya incómoda insistencia,&#13;
&#13;
comenzó a ser sospechosa. La benignidad de un comienzo trocóse, de pronto,&#13;
&#13;
en irritación general. Todos los que estaban en el “gran juego —hombres&#13;
&#13;
de reputación (buena, claro está, artistas “serios”, críticos y boticarios del&#13;
&#13;
arte, suministradores y administradores de prestigio—; todos se descubrieron&#13;
&#13;
víctimas, burlados y, lo que es peor aún, denunciados. Es que, en Picabia,&#13;
&#13;
el desdén por las complicidades consagratorias no era una táctica. Tampoco&#13;
&#13;
lo era su agresividad. El atacaba por odio, por humor o por convicción.&#13;
&#13;
Nunca por arribismo. Por eso, cuando Picabia, en “391” , denuncia la farsa,&#13;
&#13;
la inepcia y la corrupción de sus contemporáneos ilustres, lo hace sin dete-­&#13;
&#13;
nerse en nada, sin reconocer en su adversario ningún tipo de virtud última&#13;
&#13;
o secreta; ningún punto de apoyo para una posible reconciliación ulterior&#13;
&#13;
— “un almuerzo íntimo para zanjar diferencias y conocerse más”.&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: EX PRODIGIO&#13;
&#13;
&#13;
 A los 15 años (1893), Picabia, después de una fugaz [estadía] en el&#13;
&#13;
“atelier Cormon”, se había ya adueñado de la más depurada técnica natu-­&#13;
&#13;
ralista del arte de su época (Cormon, Bouguereau, Meissonier). Fué, en&#13;
&#13;
efecto, un “niño prodigio”, pero no durante mucho tiempo. Dejó de serlo&#13;
&#13;
antes de lo necesario, prematuramente. Muy joven, cuando cualquier otro&#13;
&#13;
hubiera empezado a tomar conciencia de su excepcional condición, Picabia&#13;
&#13;
desertó, pasando, sin remordimientos, a la categoría de ex prodigio. Norbert&#13;
&#13;
Wiener, en su reciente autobiografía, cuyo título es precisamente “Ex Pro-&#13;
&#13;
digy” (Simón and Schuster, New York), señala que el revolucionario es&#13;
&#13;
muy a menudo un ex prodigio. A la luz de esta observación, Picabia ex pro­-&#13;
&#13;
digio y Picabia revolucionario adquieren una insospechada coherencia,&#13;
&#13;
su rebeldía de infancia aparece condicionando su rebeldía de madurez.&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: LAS “ISLAS CONCRETAS”&#13;
&#13;
&#13;
 Arp ha escrito: “Es él (Picabia) quien ha descubierto las “islas con-­&#13;
&#13;
cretas”, donde los señores abstractos se devoran.” Esto, aunque no hay acuer­-&#13;
&#13;
do total, parece cierto. Picabia, entre 1907 y 1908, sin haberse apartado&#13;
&#13;
todavía del impresionismo, habría realizado los primeros dibujos abstractos&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
El niño carburador (1917)  Yo vuelvo a ver en recuerdo a mi querida Udnie (1913)  Desfile amoroso (1917)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LÍNEA                                                                                                          3&#13;
&#13;
&#13;
Catch as catch can (1913)&#13;
&#13;
&#13;
conocidos. Además, en su cuadro “Cautchou” , pintado en 1909, los elementos&#13;
&#13;
figurativos son mucho menos discernibles que los usados por Kandinvsky&#13;
&#13;
y Kupka en esa misma época. Sin embargo, la contribución más importante&#13;
&#13;
de Picabia a la pintura contemporánea son sus obras de 1912 a 1918 (Pro­-&#13;
&#13;
cesión en Sevilla, Cultura física. Edtaonisl, Catch as Catch can, Udnie: joven&#13;
&#13;
muchacha americana, Vuelvo a ver en mi recuerdo a mi querida Udnie,&#13;
&#13;
Un raro cuadro sobre la tierra, Los discos, Dedée de América).&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: LA CAÍDA COMO DISPONIBILIDAD&#13;
&#13;
 Picabia profesaba la ética de la disponibilidad estética. Artísticamente&#13;
&#13;
era un ansioso. Siempre anhelaba pasar a otra cosa; siempre sospechaba&#13;
&#13;
estar cabalgando sobre el error. “El arte, dice, es el culto del error”. A esta&#13;
&#13;
ansiedad debemos los momentos más altos de Picabia (1907-1925 y 1945-1953),&#13;
&#13;
pero también sus caídas más penosas: sus veinte años intermedios de majas,&#13;
&#13;
bailarines y desnudos del más desesperante academicimo.&#13;
&#13;
 “Picabia parece desear un arte de movilidad’’, aventuraba, no sin reti­-&#13;
&#13;
cencia, Apollinaire en 1913.&#13;
&#13;
&#13;
PlCABIA y EL ARTE&#13;
&#13;
&#13;
 Dadaísta nato, Picabia se sentía inclinado a respetar más a un boxeador&#13;
&#13;
que a un poeta — "prefiero a un boxeador negro que a un estudiante negro,&#13;
&#13;
decía Arthur Cravan, poeta y boxeador. La descalificación rasante del este-­&#13;
&#13;
ticismo e intelectualismo fué uno de los grandes aciertos de “dada”. El&#13;
&#13;
artista, según el siglo pasado: “pobre diablo” fabricante sumiso de objetos&#13;
&#13;
excelsos, debía ser fusilado. Sus muecas apesadumbradas, sus infortunios&#13;
&#13;
(reales o imaginarios) y su inteligencia desierta, no interesaban ya a nadie.&#13;
&#13;
Duchamp, Picabia, Tzara, Vaché y Cravan se propusieron su aniquilamiento.&#13;
&#13;
Y lo lograron. La aparición, empero, de algunos artistas de nuevo tipo&#13;
&#13;
(Brancusi, Arp, Sophie Taueber, Max Ernst, Van Doesburg, Mondrian,&#13;
&#13;
Gabo y Pevsner) advirtió sobre la necesidad de reconocer, de buena o mala&#13;
&#13;
gana, que el artista, como arquetipo humano, no estaba agotado; que el&#13;
&#13;
arte, después de todo, no era una tontería sin vigencia (Vaché, sino el&#13;
&#13;
más importante instrumento de transformación de la vida. Esta nueva po-­&#13;
&#13;
sibilidad fué, en esa época, alrededor de 1920, muy resistida por los pioneros&#13;
&#13;
del dadaísmo. En realidad, se han necesitado treinta años, en el curso de los&#13;
&#13;
cuales los pujantes arquetipos no-artísticos del 900 han demostrado su inefi­-&#13;
&#13;
cacia, para que Picabia, poco tiempo antes de morir, devuelva al arte su&#13;
&#13;
mayor confianza, su única confianza: “En tanto que fenómeno estético, la&#13;
&#13;
existencia es insoportable, pero, por medio del arte, lo extraordinario nos&#13;
&#13;
descansa de la vida, y es esta proyección que nos descansa de nosotros&#13;
&#13;
mismos” .&#13;
&#13;
&#13;
Pintura (1950)&#13;
&#13;
&#13;
REFLEXIONES DE PICABIA&#13;
&#13;
&#13;
Mi pensamiento me dice donde me encuentro, pero no me indica&#13;
hacia donde voy. La ignorancia del porvenir es mi vida, mi vida&#13;
&#13;
que no puede vivir por anticipaciones. Soy el éxito del fracaso.&#13;
&#13;
No deseo ni resultado, ni meta.&#13;
&#13;
 El conocimiento es un viejo error que piensa en su juventud.&#13;
Los descontentos y los débiles hacen la vida más bella.&#13;
Las leyes están contra la excepción, a mí sólo me atrae la excepción.&#13;
El diablo me sigue noche y día porque tiene miedo de estar solo.&#13;
 Muchos artistas consagran el tiempo a su pintura, yo me pregunto&#13;
por qué esas gentes gustan de las malas compañías.&#13;
&#13;
El arte es el culto del error.&#13;
 El amor del odio es el más bello amor.&#13;
 Considerada como fenómeno estético la existencia es insoportable,&#13;
pero gracias al arte, lo extraordinario nos hace descansar de la&#13;
&#13;
vida, y es esta proyección la que nos hace descansar de nosotros&#13;
&#13;
mismos.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
4                                                                                                                       LETRA Y LÍNEA    &#13;
&#13;
&#13;
A FRANCIS PICABIA&#13;
&#13;
por Aldo Pellegrini&#13;
&#13;
&#13;
Dame la moneda de sueño dame un día de asombro ante las máquinas&#13;
&#13;
las ruedas han suprimido al hombre y su tumulto&#13;
&#13;
el ruido corroe el silencio dame la moneda de sueño&#13;
&#13;
para comprar el contrasueño de risa de marsopa&#13;
&#13;
&#13;
Dame la historia en el amanecer del mundo&#13;
&#13;
y la canción de piedra los viernes ya muy tarde&#13;
&#13;
donde el caminador se oculte&#13;
&#13;
allí mismo lo persigues con tu alfiler de nieve&#13;
&#13;
&#13;
Si la sangre no corre brota el estupor de la mirada&#13;
&#13;
los pozos insondables seducen a las vírgenes borrachas&#13;
&#13;
en las grandes usinas tropiezan soles ciegos&#13;
&#13;
y nadie los advierte&#13;
&#13;
&#13;
Nadie advierte&#13;
&#13;
que el tiempo de las sonrisas adormece a los relojes&#13;
&#13;
que sólo el acero piensa y máquinas virginales&#13;
&#13;
derrumban el pasado&#13;
&#13;
&#13;
Máquinas virginales y torbellinos de incienso&#13;
&#13;
ahuyentan el olor de la vida&#13;
&#13;
máquinas hasta el supremo límite&#13;
&#13;
azul y rojo&#13;
&#13;
donde los pasos se detienen&#13;
&#13;
&#13;
Con un gesto calmas la ferocidad del acero&#13;
&#13;
estalla un canto que no se puede detener­&#13;
&#13;
los automóviles giran a tu alrededor con la elegancia de mártires&#13;
&#13;
    hipnotizados&#13;
&#13;
las galerías de hombres se extienden basta la inmovilidad&#13;
&#13;
los torturadores rugen en voz tan baja que no es posible contener la risa&#13;
&#13;
un ruido de pájaros deja su humo de color en las usinas&#13;
&#13;
&#13;
El tiempo de tu sonrisa despierta a los relojes&#13;
&#13;
el tiempo de tu sonrisa acelera a los relojes&#13;
&#13;
lanzaste el canto que no se puede detener&#13;
&#13;
el canto que sacude a los personajes inmóviles&#13;
&#13;
tu aparición ilumina las sombras&#13;
&#13;
en esa noche que agotó los días&#13;
&#13;
dioses de pesadilla&#13;
&#13;
se guían por tu brújula extraña&#13;
&#13;
&#13;
Manejando la química de la aventura&#13;
&#13;
paralizaste el mundo delirante de las máquinas&#13;
&#13;
burlador del presente engañaste a la vida&#13;
&#13;
simulando nacer ayer nacerás mañana&#13;
&#13;
y para aliviar el terror de un vacío siniestro&#13;
&#13;
inventaste la máscara bufona del misterio&#13;
&#13;
&#13;
Al destruir se crea al crear se destruye&#13;
&#13;
la lógica de los hombres conduce hacia lo absurdo&#13;
&#13;
la lógica de la vida sucumbe ante lo absurdo&#13;
&#13;
todo lo explica lo absurdo la eternidad nos crea&#13;
&#13;
la vida nos destruye&#13;
&#13;
sólo el humor es eterno&#13;
&#13;
&#13;
Es necesario vivir he ahí tu ejemplo absurdo&#13;
&#13;
vivir rodeado de muertes&#13;
&#13;
de la muerte del viejo del perro del gusano del guerrero del timador&#13;
&#13;
de la muerte del silencioso del prudente del nocturno del solitario&#13;
&#13;
vivir en la travesía de la muerte&#13;
&#13;
donde la alegría de crear y la alegría de destruir&#13;
&#13;
se mezclan en la misma y única alegría&#13;
&#13;
&#13;
Vivir en la delirante vida de las máquinas&#13;
&#13;
con tu canto y color que no se detienen&#13;
&#13;
burlador del presente engañaste a la muerte&#13;
&#13;
simulando nacer ayer nacerás mañana&#13;
&#13;
&#13;
Para destruir lo que nos destruye&#13;
&#13;
dame tu moneda de sueño dame&#13;
&#13;
tus largos caminos de humor&#13;
&#13;
a mitad de la ruta&#13;
&#13;
un desconocido preguntará por tu templo de risa.&#13;
&#13;
&#13;
EL JUEGO DE AJEDREZ&#13;
&#13;
por Miguel Brascó&#13;
&#13;
&#13;
No existe ninguna cárcel inexpug­-&#13;
&#13;
nable, no al menos las cárceles orga­-&#13;
&#13;
nizadas según el concepto común de&#13;
&#13;
reducir sus precauciones a la coacción&#13;
&#13;
puramente física de los prisioneros.&#13;
&#13;
El alma de los hombres es salvaje­&#13;
&#13;
mente libre y siempre encuentra la&#13;
&#13;
oportunidad de transmitir esa liber­-&#13;
&#13;
tad al cuerpo que la contiene. Habría&#13;
&#13;
que establecer, en todo caso, otro&#13;
&#13;
tipo de prisión: una prisión que no&#13;
&#13;
retenga los cuerpos sino las almas.&#13;
&#13;
&#13;
El coche se sacudía con un crujido de&#13;
&#13;
madera y vidrios, no tanto por la rapidez&#13;
&#13;
de la marcha cuanto por los baches e irre-­&#13;
&#13;
gularidades del camino; por momentos se&#13;
&#13;
inclinaba tan pronunciadamente contra uno&#13;
&#13;
de sus costados que el vuelco parecía in-­&#13;
&#13;
evitable, pero luego recobraba el inestable&#13;
&#13;
equilibrio sin otro desmedro que el de los&#13;
&#13;
tres hombres que viajábamos en su interior.&#13;
&#13;
 El sol de la mediatarde, ya pálido, ponía&#13;
&#13;
un reflejo violáceo sobre las dos ventanillas&#13;
&#13;
del oeste y marcaba con sombras largas y&#13;
&#13;
lánguidas los árboles del territorio. Por cen­-&#13;
&#13;
tésima vez me acomodé sobre el respaldo&#13;
&#13;
tratando de evitar el contacto con la rodilla&#13;
&#13;
del guardián que dormitaba a mi lado. El&#13;
&#13;
otro, sentado enfrente, me miraba fijamente&#13;
&#13;
sin ver, con una expresión a la vez fatigada&#13;
&#13;
y torpe. Cerré los ojos. Afuera se oía el&#13;
&#13;
grito repetido del postillón, y el trote pau­-&#13;
&#13;
sado de los caballos. El fin del viaje estaba&#13;
&#13;
próximo; el vehículo se detuvo primero y&#13;
&#13;
rostros ansiosos se pegaron a los vidrios&#13;
&#13;
escrutando el interior. Casi inconsciente­-&#13;
&#13;
mente oí las palabras cambiadas con el&#13;
&#13;
guardián, sentí una ráfaga de viento fresco&#13;
&#13;
que entraba por la portezuela abierta, mez­-&#13;
&#13;
clada con olor a tabaco fuerte y tierra. El&#13;
&#13;
hombre rió, el coche rodó otra vez sobre&#13;
&#13;
un camino mucho más cuidado y se detuvo&#13;
&#13;
por fin. El guardián sentado enfrente de mí&#13;
&#13;
se incorporó golpeando al otro en las rodi­-&#13;
&#13;
llas con la palma de la mano y descendió.&#13;
&#13;
Yo lo hice detrás sin esperar a que me&#13;
&#13;
invitara, pasando entre las piernas del guar-­&#13;
&#13;
dián dormido.&#13;
&#13;
La casa no alcanzaba a distinguirse desde&#13;
&#13;
allí; tal vez estuviera mucho más lejos&#13;
&#13;
o quizás los árboles la ocultaban desde&#13;
&#13;
aquel costado. Caminamos por el sendero&#13;
&#13;
entre macizos de tulipanes y sórdidas ca-&#13;
&#13;
suchas de madera, sintiendo crujir la arena&#13;
&#13;
bajo las suelas. El hombre caminaba detrás&#13;
&#13;
llevando el atado de ropa que, apresurada-­&#13;
&#13;
mente, me permitieron reunir dos noches&#13;
&#13;
antes, cuando pasaron a buscarme. Reconocí&#13;
&#13;
una vez más que todo estaba perdido. Para&#13;
&#13;
afianzar esta certidumbre allí estaba la casa&#13;
&#13;
con sus ventanales enrejados, el techo de&#13;
&#13;
pizarra gris, con ese aspecto vigoroso que&#13;
&#13;
le daban sus paredes de piedra gótica y la&#13;
&#13;
puerta sombría y metálica entre dos arcos.&#13;
&#13;
A medida que nos acercábamos pude ver&#13;
&#13;
las otras alas de la construcción, extendién­-&#13;
&#13;
dose hacia atrás en dos pisos chatos.&#13;
&#13;
 — Es la casa — consignó el hombre detrás&#13;
&#13;
de mí. Inútilmente y sin quererlo apresuré&#13;
&#13;
el paso.&#13;
&#13;
 Pero cuando la puerta se cerró a mis&#13;
&#13;
espaldas y pisé por primera vez sus losas&#13;
&#13;
húmedas precedido por el guardián, ya ha­-&#13;
&#13;
bía olvidado mis vacilaciones y el pensa-­&#13;
&#13;
miento de la evasión estaba presente en mi&#13;
&#13;
confianza habitual. Mi atención estaba tensa&#13;
&#13;
y lúcida; guardé, detalle por detalle en mi&#13;
&#13;
memoria, la conformación y aspecto de cada&#13;
&#13;
uno de los corredores recorridos.&#13;
&#13;
 Se me fijó toda una sección del edificio&#13;
&#13;
por la cual podía moverme libremente; me&#13;
&#13;
dieron alojamiento en una habitación con&#13;
&#13;
una cama flanqueada por cuatro columnas&#13;
&#13;
pero sin dosel, lo cual le comunicaba una&#13;
&#13;
sensación de cosa incompleta, de precarie-­&#13;
&#13;
dad desagradable. Confieso que me descon-­&#13;
&#13;
certó la aparente inseguridad de las me­-&#13;
&#13;
didas adoptadas por los guardianes para&#13;
&#13;
evitar las evasiones. Este desconcierto y este&#13;
&#13;
descuido fueron precisamente los que me&#13;
&#13;
hicieron extremar mis precauciones. De so­-&#13;
&#13;
bra sabía que mis enemigos tenían sobrado&#13;
&#13;
motivo para evitar en cualquier forma mi&#13;
&#13;
fuga; luego, sin duda, aquella prisión les&#13;
&#13;
merecía una entera confianza.&#13;
&#13;
El primer contacto que me permitieron&#13;
&#13;
con otros prisioneros después de una sema-­&#13;
&#13;
na de rigurosa soledad, confirmaron mis&#13;
&#13;
presunciones. Los interrogué de inmediato&#13;
&#13;
sobre las tentativas de fuga registradas, so­-&#13;
&#13;
bre los planes existentes, las posibilidades&#13;
&#13;
y los peligros, todos los interrogantes que&#13;
&#13;
obsesionaron mi primera semana de reclu­-&#13;
&#13;
sión solitaria. Aquellos hombres movieron&#13;
&#13;
negativamente la cabeza.&#13;
&#13;
 -No piense más en eso —dijeron— . No&#13;
&#13;
alimente inútiles esperanzas. La evasión es&#13;
&#13;
imposible.&#13;
&#13;
Me explicaron que fugas intentadas en&#13;
&#13;
otros tiempos, cuando inclusive el sistema&#13;
&#13;
de la prisión no había alcanzado las per­-&#13;
&#13;
fecciones actuales, había fracasado; en ver­-&#13;
&#13;
dad hablaron de dificultades insalvables,&#13;
&#13;
pero no conseguí que las concretaran.&#13;
&#13;
 Después de aquella primera entrevista,&#13;
&#13;
permanecí dos días sin salir de mi habita-­&#13;
&#13;
ción. El guardián no tuvo inconveniente en&#13;
&#13;
llevarme allí la comida al mediodía y a la&#13;
&#13;
noche. Por la mañana, a través de la alta&#13;
&#13;
ventana entraba el sol dando al aposento&#13;
&#13;
un aspecto casi alegre. El muro era tan&#13;
&#13;
grueso que la ventana parecía excavada&#13;
&#13;
como un túnel y los barrotes casi no al­-&#13;
&#13;
canzaban a tocarse. Un pájaro había hecho&#13;
&#13;
su nido contra esos barrotes. Cuando me&#13;
&#13;
asomé, se produjo un revuelo y el nido&#13;
&#13;
quedó vacío.&#13;
&#13;
 Los dos días de voluntaria soledad fueron&#13;
&#13;
penosos, pero el tercero me encontró ya&#13;
&#13;
tranquilo, acostado de espaldas sobre el&#13;
&#13;
lecho, con las manos cruzadas por debajo&#13;
&#13;
de la nuca. Me entretenía imaginando la&#13;
&#13;
situación embarazosa que habría creado mi&#13;
&#13;
repentina desaparición. Casi me divertía&#13;
&#13;
imaginando a Luis recorriendo a largos&#13;
&#13;
pasos su despacho y mordiéndose nerviosa­&#13;
&#13;
mente el bigote. Pero la ruina de Luis era&#13;
&#13;
la mía propia. Era necesario, pues, poner&#13;
&#13;
toda la inteligencia y la voluntad para es-­&#13;
&#13;
capar de allí lo antes posible.&#13;
&#13;
En la primer comida que compartí con&#13;
&#13;
los otros internados, me mantuve silencio-­&#13;
&#13;
so; intuía que aquellos hombres eran mis&#13;
&#13;
enemigos con tanta intensidad como los car­-&#13;
&#13;
celeros. Estudié con atención cada uno de&#13;
&#13;
los rostros; todos eran burgueses de la clase&#13;
&#13;
alta o aristócratas venidos a menos. Enfren­-&#13;
&#13;
te de mí se sentaba un hombre gordo de&#13;
&#13;
ojos saltones y patillas desordenadas y ca­-&#13;
&#13;
nosas. A su lado un anciano con aspecto&#13;
&#13;
de barón bebía vino continuamente, lim- ­&#13;
&#13;
piándose luego los labios con un pañuelo&#13;
&#13;
de color celeste, más allá otros dos caballe-­&#13;
&#13;
ros ya maduros en cuyos rostros curtidos se&#13;
&#13;
adivinaba al hombre de la tierra o al mi-­&#13;
&#13;
litar, discutían animadamente. Sin prestar&#13;
&#13;
atención a sus palabras y sin que ellos pa-­&#13;
&#13;
recieran preocuparse tampoco de mí, me&#13;
&#13;
dediqué a estudiar a los comensales; des­-&#13;
&#13;
cubrí luego que se discutía sobre un tema&#13;
&#13;
de ajedrez. Soy un buen jugador y con el&#13;
&#13;
ánimo de ganar cuanto antes le amistad de&#13;
&#13;
aquellos hombres, me decidí a intervenir:&#13;
&#13;
 -Esa partida a la que ustedes se refie­-&#13;
&#13;
ren — dije de pronto—, no terminó con&#13;
&#13;
mate de rey y torre sino de una manera&#13;
&#13;
muy diferente. Es posible que la confundan&#13;
&#13;
con otra semejante realizada entre M. y J.&#13;
&#13;
en el mismo torneo.&#13;
&#13;
 Estas palabras me convirtieron de pronto&#13;
&#13;
en el centro de atención de todos.&#13;
&#13;
 — ¿Está seguro? - preguntó el barón lim- ­&#13;
&#13;
piándose los labios con su pañuelo.&#13;
&#13;
—Tuve oportunidad de asistir a ese tor­-&#13;
&#13;
neo de Leipzig y tengo frescas en la me­-&#13;
&#13;
moria estas partidas.&#13;
&#13;
¿Usted asistió al torneo de Leipzig?&#13;
&#13;
-preguntó esta vez el hombre gordo de&#13;
&#13;
las patillas desordenadas, con el tenedor a&#13;
&#13;
medio camino entre el plato y sus labios.&#13;
&#13;
El anciano barón dejó la copa sobre la&#13;
&#13;
mesa.&#13;
&#13;
— Fui suplente del equipo de nuestro&#13;
&#13;
país, pero no tuve oportunidad de inter­-&#13;
&#13;
venir.&#13;
&#13;
Se produjo una escena confusa, tras la&#13;
&#13;
cual fui obligado a decir mi nombre que&#13;
&#13;
algunos avisados creyeron recordar levan­-&#13;
&#13;
tando sus índices en el aire como sancio­-&#13;
&#13;
nando la efectiva realidad de mi existencia.&#13;
&#13;
Me solicitaron detalles que proporcioné con&#13;
&#13;
fidelidad primero y dejándome llevar por&#13;
&#13;
la imaginación después.&#13;
&#13;
Luego de la cena, la conversación conti­-&#13;
&#13;
nuó en el salón basta tarde; allí se nos&#13;
&#13;
reunieron los guardias que se mostraron tan&#13;
&#13;
interesados como mis compañeros en co-­&#13;
&#13;
nocer mis actuaciones en aquel torneo de&#13;
&#13;
Leipzig. Esa noche, me acosté con la certi-­&#13;
&#13;
dumbre de haber avanzado un buen trecho&#13;
&#13;
en el camino de mi liberación.&#13;
&#13;
Y en efecto lo había avanzado. Sí. En&#13;
&#13;
cierta forma, comencé a madurar aquella&#13;
&#13;
misma noche el proyecto de mi evasión.&#13;
&#13;
A la mañana siguiente me despertaron&#13;
&#13;
unos leves golpes en mi puerta. Escuché&#13;
&#13;
luego el juego metálico de la llave en la&#13;
&#13;
cerradura. Se abrió la puerta y en el vane&#13;
&#13;
pude distinguir apenas, con mis ojos soño-&#13;
&#13;
lientos, la figura de un guardián.&#13;
&#13;
— El señor Ferretti desea verlo.&#13;
&#13;
El hombre gordo espiaba por encima del&#13;
&#13;
hombro del guardián. La conversación de&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LÍNEA                                                                                                                5&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
la víspera le había interesado tanto que&#13;
&#13;
se atrevía ahora a molestarme a esa hora&#13;
&#13;
temprana. No, no era molestia. Le rogué&#13;
&#13;
que se sentara mientras me lavaba y me&#13;
&#13;
vestía un poco. Mientras llenaba con agua&#13;
&#13;
la jofaina, el guardián se retiró.&#13;
&#13;
 — El ajedrez es el juego total — dijo el&#13;
&#13;
hombre gordo juntando el pulgar y el índi­-&#13;
&#13;
ce a la altura de sus labios. Estábamos en&#13;
&#13;
el patio interior donde los prisioneros po­-&#13;
&#13;
dían pasear después del almuerzo. Era un&#13;
&#13;
patio grande rodeado por dos pabellones y&#13;
&#13;
paredes altísimas de piedra gris, cubiertas&#13;
&#13;
de hiedra. En los rincones, entre las lajas&#13;
&#13;
del suelo, crecía la hierba; tres naranjos&#13;
&#13;
proyectaban una mínima sombra. El día era&#13;
&#13;
desapacible y solamente el gordo y yo ha­-&#13;
&#13;
bíamos salido al paseo mientras el resto&#13;
&#13;
permanecía refugiado en el salón.&#13;
&#13;
 — Hay quienes se identifican con la reina,&#13;
&#13;
quienes con la torre. Yo amo el alfil, amo&#13;
&#13;
su astuto golpe diagonal imprevisto, su es-­&#13;
&#13;
tatura elegante coronada por una esfera. La&#13;
&#13;
esfera es la perfección, la totalidad idén­-&#13;
&#13;
tica siempre a sí misma en todos sus pun­-&#13;
&#13;
tos. ¿Con qué piezas se identifica usted?&#13;
&#13;
 Contesté sin entusiasmo, vagamente, que&#13;
&#13;
no prefería ninguna en especial. La conver­-&#13;
&#13;
sación decayó luego y caminamos quince&#13;
&#13;
pasos en silencio.&#13;
&#13;
 — Sin el ajedrez la vida aquí sería im­-&#13;
&#13;
posible —recomenzó el gordo entrecerrando&#13;
&#13;
sus párpados prominentes—. En la casa&#13;
&#13;
existen diez secciones semejantes a la nues-­&#13;
&#13;
tra; cada sección contiene diez prisioneros.&#13;
&#13;
 — ¿Y guardianes?&#13;
&#13;
 — Hay diez.&#13;
&#13;
 —¿Solamente diez?&#13;
&#13;
 — Un equipo.&#13;
&#13;
 — ¿Cómo es eso?&#13;
&#13;
 — Sí. Cada sección constituye un equipo&#13;
&#13;
de ajedrez; cada dos meses la Dirección&#13;
&#13;
organiza un certamen en el que participan&#13;
&#13;
todos. Las semanas entre torneo y torneo&#13;
&#13;
se aplican a discutir, a estudiar y perfec-­&#13;
&#13;
cionar nuevas tácticas de defensa y ataque.&#13;
&#13;
El mejor equipo es, sin duda, el de los&#13;
&#13;
guardianes.&#13;
&#13;
 ¡Solamente diez! El viento me golpeó en&#13;
&#13;
la mejilla. Dos golondrinas cruzaron ver-­&#13;
&#13;
tiginosamente. En una ventana que daba al&#13;
&#13;
patio se veía un hombre, detrás de las&#13;
&#13;
rejas.&#13;
&#13;
 — Si usted ... si usted aceptara integrar&#13;
&#13;
nuestro equipo, tal vez ...&#13;
&#13;
Miraba sin duda las golondrinas fugaces.&#13;
&#13;
 — ...tal vez mejorase nuestra posición&#13;
&#13;
que por ahora es muy comprometida.&#13;
&#13;
 Estábamos frente a la puerta que comu­-&#13;
&#13;
nicaba con el salón. El gordo dió tres golpes&#13;
&#13;
fuertes con los nudillos. Después me miró&#13;
&#13;
con fervor. La puerta se abrió.&#13;
&#13;
 —¿Jugará usted con nosotros? —pregun-­&#13;
&#13;
tó el gordo.&#13;
&#13;
 — Sí. Creo que sí. Por supuesto, sí, jugaré.&#13;
&#13;
 La prisión distaba mucho de ser inexpug­-&#13;
&#13;
nable. Comencé a observar y anotar cada&#13;
&#13;
detalle, cada costumbre. Pero era necesario&#13;
&#13;
no despertar sospechas, entrar en la vida de&#13;
&#13;
todos, ganarse la confianza de los guardias.&#13;
&#13;
El ajedrez era un magnífico pretexto. Fal­-&#13;
&#13;
taba un mes para el próximo torneo cuando&#13;
&#13;
acepté integrar uno de los equipos. Recién&#13;
&#13;
entonces aprecié la pasión con que los&#13;
&#13;
internados tomaban el juego. Leían engo-­&#13;
&#13;
rrosos tratados, discutían interminablemente&#13;
&#13;
las jugadas o improvisaban partidas en&#13;
&#13;
cualquier momento, en los lugares más&#13;
&#13;
inesperados.&#13;
&#13;
 La noticia de que un jugador se había&#13;
&#13;
sumado al equipo de la sección cuatro, se&#13;
&#13;
difundió por los pabellones. Mientras per­-&#13;
&#13;
feccionaba los detalles de mi fuga, entré de&#13;
&#13;
lleno en aquel vértigo de enroques y gam­-&#13;
&#13;
bitos. La disciplina intensiva, la dedicación&#13;
&#13;
casi única, hora tras hora, al tablero de&#13;
&#13;
casillas negras y blancas, no me desagradó.&#13;
&#13;
Era un buen jugador y aquellas semanas de&#13;
&#13;
riguroso estudio me revelaron nuevas y&#13;
&#13;
eficaces combinaciones.&#13;
&#13;
 Al llegar el día del certamen, no defrau-­&#13;
&#13;
dé las esperanzas de mis partidarios, sólo&#13;
&#13;
que éstos no pudieron hallar luego al héroe&#13;
&#13;
de la jornada que llevó a la sección cuarta&#13;
&#13;
al triunfo, porque esa misma noche, pre­-&#13;
&#13;
ciso e inevitable como una jugada más en&#13;
&#13;
mis complejas partidas, logré evadirme de&#13;
&#13;
la prisión y perderme entre las vagueda-&#13;
&#13;
&#13;
LIBRERIA FAUSTO&#13;
&#13;
&#13;
Recientemente inaugurada&#13;
&#13;
Literatura y Arte&#13;
&#13;
Libros nacionales y extranjeros&#13;
&#13;
CORRIENTES 1311&#13;
&#13;
&#13;
WITCOMB&#13;
&#13;
Fotografía&#13;
&#13;
Salones de Arte&#13;
&#13;
FLORIDA 760&#13;
&#13;
&#13;
des de la oscuridad y los bosques que pro­-&#13;
&#13;
longaban los dominios del castillo hacia&#13;
&#13;
el oeste.&#13;
&#13;
Me resulta difícil ahora reconstruir con&#13;
&#13;
exactitud las alternativas de la evasión. Yo&#13;
&#13;
jugaba una doble partida y contra el mismo&#13;
&#13;
adversario. El certamen se había prolongado&#13;
&#13;
por dos días; esperé la noche del segundo,&#13;
&#13;
cuando ya era claro el triunfo de los míos.&#13;
&#13;
Me tocaba entonces enfrentar al más hábil&#13;
&#13;
de los guardianes. Era un hombre todavía&#13;
&#13;
joven, de rostro cetrino y cabellos negros.&#13;
&#13;
Sus manos eran buidas y nerviosas. Tenía&#13;
&#13;
un modo desconcertante de levantar la pie-­&#13;
&#13;
za en el aire, dudar un instante y luego co­-&#13;
&#13;
locarla, certero y terrible, en la casilla pre-­&#13;
&#13;
cisa. Pedí como concesión especial que nos&#13;
&#13;
dejaran solos en el cuarto. El más leve&#13;
&#13;
rumor o movimiento pueden ser suficientes&#13;
&#13;
para perturbar el delicado mecanismo inte-­&#13;
&#13;
lectual de una jugada. Ante este pedido&#13;
&#13;
hubo protestas y negativas: nadie quería&#13;
&#13;
dejar de presenciar aquella silenciosa ba­-&#13;
&#13;
talla final. Pero me mantuve firme y con­&#13;
&#13;
seguí que accedieran a mi deseo. Solos, el&#13;
&#13;
guardián y yo, alumbrados únicamente por&#13;
&#13;
una lámpara, hicimos los primeros movi­-&#13;
&#13;
mientos. Mi juego era lento pero más se­-&#13;
&#13;
guro. Además, me animaba la certeza de&#13;
&#13;
mi otro triunfo. La evasión estaba prepa­-&#13;
&#13;
rada: en cualquier momento de aquella&#13;
&#13;
partida yo podía levantarme y el minucioso&#13;
&#13;
plan comenzaría a cumplirse sin posibles&#13;
&#13;
inconvenientes. Sin embargo dejé pasar los&#13;
&#13;
minutos y me empeñé en lograr una doble&#13;
&#13;
victoria. El silencio era perfecto, apenas&#13;
&#13;
tocado por el golpe sordo de la base afel­-&#13;
&#13;
pada de las piezas contra la madera del&#13;
&#13;
tablero. El plan de juego era estricto. Re­-&#13;
&#13;
sultaba increíble que yo pudiese prever con&#13;
&#13;
tanta seguridad las jugadas más remotas del&#13;
&#13;
adversario, colocar en la posición exacta mis&#13;
&#13;
peones, simular tres ataques diferentes en­&#13;
&#13;
cubriendo la emboscada verdadera del ca­-&#13;
&#13;
ballo. ¡Ah, sí! Mi pieza favorita, podía&#13;
&#13;
decir ahora, era el caballo, tan ágil para&#13;
&#13;
superar el obstáculo de la amurallada torre,&#13;
&#13;
vencer el cerco de peones. La luz vacilaba&#13;
&#13;
reflejándose en el marfil blanco de las&#13;
&#13;
piezas. Me levanté y continué el juego de&#13;
&#13;
pie. El guardián me observó un segundo&#13;
&#13;
con ojos imprecisos y regresó inmediata-­&#13;
&#13;
mente al ámbito del tablero. En dos juga­-&#13;
&#13;
das más, todo había concluido y luego obré&#13;
&#13;
sin vacilaciones: el hombre cayó inconscien-­&#13;
&#13;
te sobre el suelo y cambié mis ropas por&#13;
&#13;
su uniforme de paño gris. El segundo plan,&#13;
&#13;
había comenzado.&#13;
&#13;
 Los detalles posteriores no interesan. Lo&#13;
&#13;
cierto es que logré escapar, corrí por el&#13;
&#13;
campo oscuro de la noche, gané el bosque&#13;
&#13;
cercano al edificio y luego de dos horas&#13;
&#13;
de camino llegué hasta los suburbios de la&#13;
&#13;
ciudad. Conocía la topografía de sus calles;&#13;
&#13;
evité las más concurridas y caminé por las&#13;
&#13;
laterales, solitarias y oscuras a esa hora del&#13;
&#13;
amanecer, basta el hospedaje de Kausky,&#13;
&#13;
donde me permitieron refugiarme hasta tan­-&#13;
&#13;
to Luis diese conmigo. Hice sacar a Kausky&#13;
&#13;
de su dormitorio y le expliqué mi situa­-&#13;
&#13;
ción. No eran épocas para predisponerse&#13;
&#13;
en contra de las autoridades; Kausky lo&#13;
&#13;
sabía tan bien como yo y temí por un&#13;
&#13;
momento que mi antiguo amigo no estu­-&#13;
&#13;
viese dispuesto a ayudarme, pero me equi­-&#13;
&#13;
vocaba. El viejo judío sonrió afectuosamen­-&#13;
&#13;
te y me condujo, escaleras arriba hasta una&#13;
&#13;
pequeña habitación interior. Allí, sentados&#13;
&#13;
uno al lado del otro en la cama de hierros&#13;
&#13;
blancos, le narré lo mejor que pude lo que&#13;
&#13;
había sucedido. Kausky tomó nota del men­-&#13;
&#13;
saje que debía enviar a Luis y salió, reco­-&#13;
&#13;
mendándome que tratase de dominar mi&#13;
&#13;
nerviosidad durmiendo un poco. Luego&#13;
&#13;
quedé solo, esperando.&#13;
&#13;
 Había una sola ventana, pequeña, que&#13;
&#13;
daba a un patio penumbroso y gris. Por&#13;
&#13;
un momento miré a través de los vidrios&#13;
&#13;
polvorientos y después me recosté intentan­-&#13;
&#13;
do dormir o al menos tranquilizarme. Igno­-&#13;
&#13;
raba todavía que era inútil, que no podría&#13;
&#13;
lograrlo.&#13;
&#13;
 Para concluir estas memorias necesitaría&#13;
&#13;
rehacer minuto por minuto aquellos días&#13;
&#13;
desdichados e incoherentes, las horas de tor-&#13;
&#13;
tura tratando de dominar la terrible verdad&#13;
&#13;
que sospechaba, la certidumbre de que la&#13;
&#13;
prisión, finalmente, era inexpugnable. Mi&#13;
&#13;
fuga había encontrado todas las puertas&#13;
&#13;
abiertas, los corredores solitarios, los pues­-&#13;
&#13;
tos de guardia abandonados. Pero en la&#13;
&#13;
soledad de mi habitación de la casa de&#13;
&#13;
Kausky, reconstruyendo los complejísimos y&#13;
&#13;
perfectos momentos de mis partidas, luchan-­&#13;
&#13;
do por pensar en otros temas, fracasando en&#13;
&#13;
mi anhelo de imaginarme en otros lugares,&#13;
&#13;
participando de otras circunstancias, las que&#13;
&#13;
constituían mi vida anterior y en las cuales&#13;
&#13;
nunca más podría empeñarme, comprendí&#13;
&#13;
que ya nada tenía sentido fuera de aquella&#13;
&#13;
otra pasión elegante y silenciosa. Corrí casi&#13;
&#13;
todo el tiempo y golpeé jadeante en la&#13;
&#13;
puerta de la casa.&#13;
&#13;
 Nadie hizo ningún comentario. El señor&#13;
&#13;
Ferretti sonrió, sin embargo.&#13;
&#13;
 — He aquí nuestro huésped —dijo.&#13;
&#13;
Otros presos se acercaron para salu-­&#13;
&#13;
darme.&#13;
&#13;
&#13;
PARADOJA PARA LA POESIA&#13;
&#13;
&#13;
por Osvaldo Svanascini&#13;
&#13;
&#13;
 Los zapatos que deben usarse pa­-&#13;
&#13;
ra hacer poesía tienen a menudo la&#13;
&#13;
dimensión de la sangre que divide&#13;
&#13;
sus propias audiencias. Es posible&#13;
&#13;
que un poema sea un hombre pero&#13;
&#13;
es más factible admitir que es la úni-­&#13;
&#13;
ca autoridad capaz de juzgarnos.&#13;
&#13;
&#13;
 La destrucción, defensa de las ac­-&#13;
&#13;
titudes insólitas o conjugación del&#13;
&#13;
fracaso, son elementos de aporte po-­&#13;
&#13;
sitivo. Por primera vez la belleza no&#13;
&#13;
tiene la posibilidad del afeite. Ahora&#13;
&#13;
es una llaga minuciosamente belige-­&#13;
&#13;
rante. Los momentos del conformis­-&#13;
&#13;
mo con el disconformismo deben re-­&#13;
&#13;
gir los horarios de los ferrocarriles.&#13;
&#13;
He allí una forma de arribar a la&#13;
&#13;
hora.&#13;
&#13;
&#13;
 Hacer poesía con los dedos — Olvi­-&#13;
&#13;
dar los testamentos sin olvidarlos —&#13;
&#13;
Perseguir el vínculo con el tempera­-&#13;
&#13;
mento y engendrar — Ocasionar los&#13;
&#13;
estampidos y los desconciertos a fin&#13;
&#13;
de promover el descubrimiento -— .&#13;
&#13;
Además, la calidad poética, su pro­-&#13;
&#13;
fundidad, son atributos que sola­-&#13;
&#13;
mente el poeta insufla. Quienes gra­-&#13;
&#13;
vitan en la falsa modernidad o en la&#13;
&#13;
retórica insuficiente pueden llegar a&#13;
&#13;
ser buenos libreros.&#13;
&#13;
&#13;
 El ejercicio de la reacción, ese sa­-&#13;
&#13;
berse perder en plena exaltación, es&#13;
&#13;
evidentemente un sistema vital para&#13;
&#13;
integrarse en la poesía nueva. ¿Hasta&#13;
&#13;
dónde habrá que excusar a la poesía&#13;
&#13;
sin compromisos? Hoy- ahora el prin-­&#13;
&#13;
cipio de la poesía tiene que ser com­-&#13;
&#13;
prometido como el hombre. ¿Qué&#13;
&#13;
importancia tiene el arribismo a cos-­&#13;
&#13;
ta de la pérdida de la misma facul­-&#13;
&#13;
tad de saber afrontar la creación in-­&#13;
&#13;
volucrada en el estallido, en la me-­&#13;
&#13;
tamorfosis, en el reencuentro de to­-&#13;
&#13;
do material ignorado?&#13;
&#13;
&#13;
 Y si el hábito es el enemigo de la&#13;
&#13;
poesía convengamos que ésta no pue-­&#13;
&#13;
de ser ese cubo de rompecabezas ca­-&#13;
&#13;
paz de solucionar los menores con­-&#13;
&#13;
tratiempos de un juego. Para crear&#13;
&#13;
los órdenes de la poesía fueron nece­-&#13;
&#13;
sarios tantos desórdenes como los&#13;
&#13;
que a veces tratamos de concretar.&#13;
&#13;
&#13;
 Expresión: eso que a veces idea­-&#13;
&#13;
mos para cazar focas en el fondo de&#13;
&#13;
las hogueras y que ahora se prodi­-&#13;
&#13;
ga en las formas del lenguaje.&#13;
&#13;
&#13;
 Ya no es posible valorizar la opi­-&#13;
&#13;
nión de esos aletargados en relación&#13;
&#13;
a su tiempo, que persisten en una&#13;
&#13;
ignorancia con respecto a la comuni­-&#13;
&#13;
&#13;
NEIRA Y EZCURRA&#13;
&#13;
INGENIEROS AGRÓNOMOS&#13;
&#13;
PARQUES Y JARDINES&#13;
&#13;
TUCUMÁN 348 TE. 31- RETIRO 5735- 5688 BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
cación actual. El escritor debe servir&#13;
&#13;
a su tiempo a pesar de los tranvías.&#13;
&#13;
Sin embargo lo más grave de todo&#13;
&#13;
esto es el desconocimiento. ¿Es posi­-&#13;
&#13;
ble, aun, desentenderse de proble­-&#13;
&#13;
mas tan capitales y basta tan verda­-&#13;
&#13;
deros dentro del proceso poético?&#13;
&#13;
¿Es lógico, además, que hablen de&#13;
&#13;
movimientos caducos — refiriéndose&#13;
&#13;
al creacionismo, dadaísmo, surrea­-&#13;
&#13;
lismo, etc.— quienes continúan en&#13;
&#13;
un sospechoso parnaso o ni siquiera&#13;
&#13;
hundieron sus magros pelos en otros&#13;
&#13;
ámbitos que los de su propia y dis­-&#13;
&#13;
cutible inepcia?&#13;
&#13;
&#13;
 Por primera vez el cerebro entra&#13;
&#13;
en la poesía sin descartar a la sangre&#13;
&#13;
y permitiéndole a ésta pilotear el&#13;
&#13;
tronco. El mar nos parece un ele­-&#13;
&#13;
mento movido por palabras como re­-&#13;
&#13;
mos enormes. Pero también la poe-­&#13;
&#13;
sía se compone de otra nueva reali-­&#13;
&#13;
dad, del sueño visto desde una torre,&#13;
&#13;
de los días que estamos soportando,&#13;
&#13;
de la heterodoxia con nosotros mis­-&#13;
&#13;
mos, del grito y la desventura, pero&#13;
&#13;
sobre todo de una necesidad incues-­&#13;
&#13;
tionable de vitalizar las premisas y&#13;
&#13;
la conciencia de nuestra propia fa-­&#13;
&#13;
cultad de existir.&#13;
&#13;
&#13;
 Además de un lápiz los poetas de­-&#13;
&#13;
cadentes usan cierto recato de noche&#13;
&#13;
de boda. Pero la poesía tiene justa­-&#13;
&#13;
mente un desenfado marinero que&#13;
&#13;
necesita alterar las algas y predispo­-&#13;
&#13;
ner a la conjuntivitis. De allí que los&#13;
&#13;
oftalmólogos prefieran atender a los&#13;
&#13;
astigmáticos.&#13;
&#13;
&#13;
 Esta época nos obliga a hacernos&#13;
&#13;
duros, casi tanto como la misma im­-&#13;
&#13;
paciencia: eso hace posible la subsis­-&#13;
&#13;
tencia del poeta. Y la vida cotidiana&#13;
&#13;
tiene durezas elevadas a la categoría&#13;
&#13;
de cáncer. La poesía resulta de ello&#13;
&#13;
facultad de resumen; una agresivi­-&#13;
&#13;
dad movida ante el contraste con el&#13;
&#13;
mundo, una creación de la destruc-­&#13;
&#13;
ción. Y la paradoja devuelve el equi-­&#13;
&#13;
librio. Es el peligro de la electrici­-&#13;
&#13;
dad: y sin embargo usamos la plan-­&#13;
&#13;
cha.&#13;
&#13;
&#13;
 No representar los estados sino la&#13;
&#13;
cosa en sí — Pasión y compromiso:&#13;
&#13;
he allí los indicios para erigir futu­-&#13;
&#13;
ras catedrales — Hacer del mundo&#13;
&#13;
real una hélice para licuar los con-­&#13;
&#13;
vencionalismos -— Influir sobre las&#13;
&#13;
maneras de anticipar los cinco senti-­&#13;
&#13;
dos —- Redimir, redimir los altos ce­-&#13;
&#13;
menterios, los hombres pegados a la&#13;
&#13;
madera gestatoria, las fuentes de lo­-&#13;
&#13;
za que han sostenido a los poemas&#13;
&#13;
del oprobio: La poesía es el único&#13;
&#13;
vicio de la virtud.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
6                                                                                                                      LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
LA CONTRIBUCION DE EDGAR VARESE&#13;
&#13;
A LA MUSICA EXPERIMENTAL&#13;
&#13;
por Juan Carlos Paz&#13;
&#13;
&#13;
“Una idea que no es peligrosa no merece en abso-­&#13;
&#13;
luto ser considerada como idea.” — OSCAR WILDE.&#13;
&#13;
&#13;
 El campo experimental, constantemente ampliado en el período de&#13;
&#13;
la música que parte de comienzos del siglo, ha determinado situaciones&#13;
&#13;
especialísimas en los dominios de ese arte, abocando al compositor a in­-&#13;
&#13;
cesantes probaturas y experimentaciones, desde la exposición de las&#13;
&#13;
teorías de Busoni (1907), la implantación del atonalismo (1909), la&#13;
&#13;
politonalidad (1912), el microtonalismo (1920), la técnica de los doce&#13;
&#13;
tonos (1925) y la técnica de la composición atemática (1929), veremos&#13;
&#13;
que el aporte de la faz técnica y experimental ha sido enorme y sin&#13;
&#13;
paralelo alguno en la Historia de la Música.&#13;
&#13;
 Los enemigos de la música actual — entre cultores y plagiarios del&#13;
&#13;
pasado— interpretan naturalmente el hecho como demostración de que&#13;
&#13;
esa música es algo meramente cerebral y, por lo tanto, aportadora de&#13;
&#13;
valores exclusivamente técnicos, ya que los pioneros y los experimenta­-&#13;
&#13;
dores, según afirman, rara o ninguna vez son creadores. Por supuesto que&#13;
&#13;
al sostener tal cosa olvidan a Tartini, Rameau, Juan Sebastián Bach,&#13;
&#13;
entre los antiguos, o a Busoni, Schönberg, Oboúkow, Alois Hába, Julián&#13;
&#13;
Carrillo, entre los contemporáneos. Pero en la música, más que en las&#13;
&#13;
demás artes, es imposible un cambio fundamental sin profundas modifi­-&#13;
&#13;
caciones en la faz técnica; de manera que es posible afirmar que en&#13;
&#13;
realidad no ha existido un creador-músico de importancia decisiva que&#13;
&#13;
no haya sido a la vez un experimentador más o menos directo y efectivo,&#13;
&#13;
así como también un teórico y un incitador. El compositor crea la técnica&#13;
&#13;
indispensable para hacer viable su verbo; por tal razón, una y otro son&#13;
&#13;
inseparables, gracias a lo cual logran obtener la unidad integral.&#13;
&#13;
 Entre los máximos experimentadores actuales en el terreno de los&#13;
&#13;
sonidos no temperados, a la vez que en la poliarmonía, la abolición de&#13;
&#13;
las frases tradicionales, el cultivo intensivo de la disonancia como realidad&#13;
&#13;
musical y de la poliritmia, figura el franco-americano Edgar Várese, “ tra­-&#13;
&#13;
bajador en ritmos, frecuencias e intensidades”. Con una base eminente-­&#13;
&#13;
mente científica, este arquitecto en sonidos, luego de un aprendizaje&#13;
&#13;
rudamente escolástico de cuyos resultados da fe su profundo conocimiento&#13;
&#13;
de los estilos polifónico y contrapuntístico del pasado, se aplicó al estudio&#13;
&#13;
de los principios científicos de la música y durante largo tiempo lia venido&#13;
&#13;
experimentando en instrumentos eléctricos destinados a producir el soni­-&#13;
&#13;
do que se desee, además de reproducir los ya existentes basados en nuestro&#13;
&#13;
convencional sistema temperado. En principio, esta actitud es promisora&#13;
&#13;
y edificante, sobre todo si la comparamos con la postura reaccionaria que&#13;
&#13;
suponen todos los retornos contemporáneos, de Strawinsky a Hindemith.&#13;
&#13;
 Edgar Várese estudió en la Schola Cantorum, de París, con Vincent&#13;
&#13;
D ’Indy, continuando luego el contrapunto con Albcrt Roussel y siguiendo&#13;
&#13;
los cursos de Charles M. Widor en el Conservatoire. Luego de intensa&#13;
&#13;
actividad como director de coros en París y en Berlín, practicó la direc-­&#13;
&#13;
ción de orquesta en Praga, y pasó luego a radicarse en los Estados Unidos,&#13;
&#13;
donde fundó la International Composers Guild y llegó a actuar en forma&#13;
&#13;
continuada como dirigente de masas orquestales y corales.&#13;
&#13;
 Su producción, que no es abundante — Várese no es lo que puede&#13;
&#13;
definirse como un compositor prolífico— , comprende varias obras orques­-&#13;
&#13;
tales: Tres piezas, Rhapsodie romane, Gargantúa, Chansons de jeunes&#13;
&#13;
hommes, Prelude a la fin d’un jour, Les cicles du Nord, Bourgogne Mehr&#13;
&#13;
Licht, Ameriques, Arcana; y para pequeño conjunto instrumental: Hiper-&#13;
&#13;
prism, Octandre, Integrèles, Offrandes. Luego trabajó The one all alone&#13;
&#13;
en colaboración con el poeta y musicólogo cubano Alejo Carpentier, así&#13;
&#13;
como también en La canción de la niña enferma de fiebres. Este compo-­&#13;
&#13;
sitor respetuoso de la tradición, al punto de sostener una perpetua&#13;
&#13;
posición admirativa ante los grandes valores que encierra la producción&#13;
&#13;
de los maestros de todas las épocas, se ha apartado de las rutas seguidas&#13;
&#13;
por sus contemporáneos, así como del cúmulo de escuelas afines y con-­&#13;
&#13;
tradictorias, y ba penetrado valientemente en el terreno experimental,&#13;
&#13;
entendiendo la música, por encima de todo [sentimentalismo] romántico&#13;
&#13;
o realista, o de todo formulismo académico, como un resultado y una&#13;
&#13;
síntesis lograda a base de una organización de sonidos. Busca en su&#13;
&#13;
música los planos, los volúmenes y las masas sonoras a través de un&#13;
&#13;
lenguaje atonal, en cuyo desenvolvimiento la insistencia de ciertas notas&#13;
&#13;
escogidas deliberadamente, a manera de tónicas, constituyen los pivotes&#13;
&#13;
en torno de los cuales gira la acción musical. El interés de sus desarrollos&#13;
&#13;
es mantenido por la oposición de los planos y la movilidad de las pers­-&#13;
&#13;
pectivas sonoras — concepción de la música espacial— , al presentar bajo&#13;
&#13;
diferentes aspectos los esenciales elementos de unidad.&#13;
&#13;
 Para lograr éxito en su concepción de la música construida a base&#13;
&#13;
de planos superpuestos, Várese comienza por declararse insatisfecho, con&#13;
&#13;
plena razón de la estructura actual de la orquesta. No hay que olvidar&#13;
&#13;
que ese organismo sonoro es bastante deforme, ya que en él se agrupan&#13;
&#13;
sin ninguna lógica los instrumentos de sonidos temperados y de sonidos&#13;
&#13;
no temperados; donde los bajos son débiles o insuficientes y los agudos&#13;
&#13;
sin completar; donde la continuidad de los timbres hacia el agudo&#13;
&#13;
o hacia el grave se ve a menudo interrumpida por la limitación del regis­-&#13;
&#13;
tro de los instrumentos; y donde las familias de esos mismos instrumentos&#13;
&#13;
aparecen lamentablemente incompletas (1). Várese propone el empleo de&#13;
&#13;
instrumentos eléctricos capaces de establecer potencia, equilibrio y exten­-&#13;
&#13;
sión — hasta más allá de tres octavas sobre el registro actual de la or­-&#13;
&#13;
questa— y en los que los sonidos se producirían en cualquier frecuencia&#13;
&#13;
e intensidad. Por ejemplo, suele emplear el compositor acordes que com­-&#13;
&#13;
prenden una gran extensión entre el grave y el sobreagudo, y que par­-&#13;
&#13;
tiendo de un pianissimo alcanzan, gracias a una especulación de las dis­-&#13;
&#13;
tancias sabiamente calculada, un gran volumen sonoro en el espacio de&#13;
&#13;
un segundo. Y respecto al aumento en las sonoridades individuales dentro&#13;
&#13;
del conjunto orquestal, Várese ofrece este ejemplo aclaratorio: un ins­-&#13;
&#13;
trumento cualquiera, que tuviera la energía de un watt, podrían producir&#13;
&#13;
millares de ellos con la aplicación de un pequeño aparato eléctrico, de&#13;
&#13;
uso muy simple.&#13;
&#13;
 Muchas de las experiencias y especulaciones de que están colmadas&#13;
&#13;
las partituras de Várese, son impracticables para los decursos actuales de&#13;
&#13;
la orquesta y los límites acústicos a que se nos ha habituado; pero, como&#13;
&#13;
están calculados con rigor científico, es imposible dudar de su resultado&#13;
&#13;
y de que agregando a nuestros sonidos fundamentales series de armónicos&#13;
&#13;
compuestos por las necesidades del discurso musical, se producirían so-­&#13;
&#13;
nidos individuales o combinaciones sonoras inauditas como variedad, no­-&#13;
&#13;
vedad y riqueza de timbres.&#13;
&#13;
 Para compensar en parte la imposibilidad de lograr ciertos resul­-&#13;
&#13;
tados con los medios actuales, a la vez que para experimentar con estos&#13;
&#13;
mismos recursos en terrenos poco explorados aún. Várese ha anticipado&#13;
&#13;
algunos aspectos de sus concepciones respecto de los sonidos no tempe­-&#13;
&#13;
rados, en varias composiciones destinadas a pequeños conjuntos instru-­&#13;
&#13;
mentales. Para lograr esos resultados ha planteado nuevas posibilidades&#13;
&#13;
en el empleo y acoplamiento de numerosos instrumentos de percusión.&#13;
&#13;
Ionisation, por ejemplo, es una obra escrita en su totalidad para esa&#13;
&#13;
clase de instrumentos, de los que emplea 42 diferentes; en Integrèles llega&#13;
&#13;
a reunir 17 instrumentos de batería.&#13;
&#13;
 Cree Várese que la música está aún en la infancia, si nos atenemos&#13;
&#13;
a las perspectivas que la ciencia le ofrece. No hay que olvidar que la&#13;
&#13;
música es un arte que es también ciencia. La música ha entrado en una&#13;
&#13;
nueva faz — ¡era ya tiempo!— que trasciende de las limitaciones que le&#13;
&#13;
imponía nuestro vetusto sistema de escalas basadas en el sistema tem­-&#13;
&#13;
perado, cuya última etapa la constituye la técnica doce-tonal. El politonalismo, el post-impresionismo, las diversas escuelas nacionalistas, la&#13;
&#13;
música social, los retornos al pasado de los neo-clasicistas y neo-román­-&#13;
&#13;
ticos, no son más que prolongaciones harto redundantes de estados sen-­&#13;
&#13;
sibles y mentales ya superados y que se basan en recursos técnicos que&#13;
&#13;
hace casi medio siglo que atraviesan una crisis total, así como el sistema&#13;
&#13;
de escalas que les dió base, las formas llamadas “clásicas” , y la absurda&#13;
&#13;
simetría melódica, especie de “música en verso”, según la aguda defini­-&#13;
&#13;
ción de Krének. Nada de eso tiene ya valor del punto de vista de la&#13;
&#13;
posibilidad.&#13;
&#13;
 El porvenir da siempre razón a los innovadores y la quita a los imi­-&#13;
&#13;
tadores. ¿A qué, pues, la manía suicida de imitar eternamente el pasado&#13;
&#13;
aplicándose a la producción de sonatas dieciochescas, óperas “veristas”,&#13;
&#13;
piezas de un impresionismo extemporáneo, poemas sinfónicos y ballets&#13;
&#13;
plenos de explicaciones literarias y que rehuyen desesperadamente una&#13;
&#13;
nueva problemática? Entre los que desechando por inútiles esas tentati­-&#13;
&#13;
vas impotentes, y avanzando en terreno desconocido conjuntamente a otros&#13;
&#13;
pioneros de la música de nuestro tiempo, como Schönberg, [Hába], Krének,&#13;
&#13;
Webern y quizá algún otro, tiene su puesto Edgar Várese, indiscutible­-&#13;
&#13;
mente; y la punta de lanza que ha hecho penetrar en el terreno de la&#13;
&#13;
posibilidad, ha servido de incitación y ejemplo edificante que va no&#13;
&#13;
puede desdeñarse. Así lo han comprendido algunos jóvenes compositores&#13;
&#13;
de los Estados Unidos que, como William Russell. David Green, John&#13;
&#13;
Cage, Harold G. Davidson, Gerald Strang, marchan a la vanguardia de&#13;
&#13;
las corrientes musicales de América, en lo que a los hallazgos en el terreno&#13;
&#13;
físico del sonido y su aplicación práctica a cargo de recursos totalmente&#13;
&#13;
inéditos se refiera.&#13;
&#13;
 (1) El compositor y teórico mexicano Julián Carrillo, propone, en su por demás&#13;
&#13;
interesante tratado de instrumentación, la creación de escalas de timbres uniformes&#13;
&#13;
que alcanzan un ámbito ininterrumpido de extensión muy superior a la normal. La&#13;
&#13;
realización práctica de bastantes instrumentos que ampliaran el registro de los actuales&#13;
&#13;
hacia el grave y el agudo, daría a nuestra deficiente organización orquestal una suma&#13;
&#13;
de posibilidades inaudita; y a la vez, colmaría los huecos y la falta de homogeneidad&#13;
&#13;
de que adolece.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y  LÍNEA                                                                                                                      7&#13;
&#13;
&#13;
POEMAS DE DYLAN THOMAS&#13;
&#13;
&#13;
 Dylan Thomas (Swansea, 1914) desempeña hasta 1939 diversos cargos periodísti­-&#13;
&#13;
cos. Rechazado por el ejército, empieza a trabajar para la B.B.C. y para el cine,&#13;
&#13;
adquiriendo reputación como argumentista en ambas tareas. En 1933 gana el Book-prize&#13;
&#13;
con su poema The force that through the green fuse drives the flower que pasaría a&#13;
&#13;
integrar su primer volumen. El 9 de noviembre de 1953 muere en Nueva York, adonde&#13;
&#13;
había llegado para dar una serie de conferencias. La nómina completa de sus obras&#13;
&#13;
incluye: 18 Poems (1934) ; Twenty-five poems (1936) ; The Map of Love (dieciseis&#13;
&#13;
poemas y siete textos, 1939) ; The World I Breathe (1939) ; Portrait of the Artist as&#13;
&#13;
an Young Dog (colección de relatos autobiográficos, 1940) ; Deaths and Entrances&#13;
&#13;
(1946). Collected Poems reúne el total de sus poemas escritos hasta noviembre de&#13;
&#13;
1952. Edith Sitwell, Stephen Spender y Herbert Read han sido descubridores y defen-­&#13;
&#13;
sores de su obra. Sobre Dylan Thomas puede leerse además: “Dylan Thomas: APio­-&#13;
&#13;
neer”, de Francis Scarfe en Anden and After y “ An approach to Dylan Thomas” de&#13;
&#13;
Linden Huddlestone en el Penguin New Writing N° 35.&#13;
&#13;
Un artículo esclarecedor en lo que se refiere a las relaciones de su poesía con&#13;
&#13;
la política, la religión y la tradición poética galesa es el de John L. Sweeney que sirve&#13;
&#13;
de prefacio a Selected Writings publicado por New Directions. Sin embargo, The&#13;
&#13;
Poetry o Dylan Thomas de Henry Treece (poeta, galés y participante del movimiento&#13;
&#13;
Apocalipsis que apadrinara Thomas) sigue siendo, sin lugar a dudas, el estudio más&#13;
&#13;
importante y minucioso sobre la obra del poeta.&#13;
&#13;
 Las traducciones que siguen —hechas con la colaboración de Elena Cruz— no&#13;
&#13;
pretenden ser más que un primer ejercicio de poesía.&#13;
&#13;
&#13;
MARIO TREJO&#13;
&#13;
&#13;
AMOR EN EL ASILO&#13;
&#13;
&#13;
Una desconocida ha llegado a compartir mi cuarto&#13;
&#13;
en esta casa no bien de la cabeza.&#13;
&#13;
&#13;
Una muchacha loca como los pájaros&#13;
&#13;
echando los cerrojos de la noche en la puerta,&#13;
&#13;
con sus brazos, sus plumas.&#13;
&#13;
&#13;
Rígida en su asombrado lecho&#13;
&#13;
o paseándose por la pesadilla de su cuarto, libre como los muertos,&#13;
&#13;
ella alucina la casa a prueba de cielos&#13;
&#13;
con nubes que están en el secreto&#13;
&#13;
o navega imaginarios océanos de guardianes.&#13;
&#13;
&#13;
Ha llegado poseída la que admite la luz ilusoria&#13;
&#13;
a través de los sólidos muros.&#13;
&#13;
Poseída por los cielos&#13;
&#13;
duerme en su angosto pesebre,&#13;
&#13;
sin embargo, atraviesa las cenizas&#13;
&#13;
y delira a su gusto sobre el escenario del manicomio&#13;
&#13;
gastado a fondo por mis lágrimas en pena.&#13;
&#13;
&#13;
Y tomado por la luz en sus brazos&#13;
&#13;
al prolongado y costoso fin&#13;
&#13;
tal vez sufra sin falta&#13;
&#13;
la primera visión que incendió las estrellas.&#13;
&#13;
&#13;
DE ESTE LADO DE LA VERDAD&#13;
&#13;
para Llewelyn&#13;
&#13;
&#13;
De este lado de la verdad&#13;
&#13;
no puedes ver, hijo mío,&#13;
&#13;
soberano de tus ojos azules&#13;
&#13;
en la enceguecedora comarca de la juventud,&#13;
&#13;
que bajo el ciclo indiferente&#13;
&#13;
todo está desprendido de culpa e inocencia,&#13;
&#13;
y que antes de que inicies&#13;
&#13;
un gesto de tu corazón o tu cabeza,&#13;
&#13;
ya está amontonado y esparcido&#13;
&#13;
en las tortuosas tinieblas&#13;
&#13;
como el polvo de los muertos.&#13;
&#13;
&#13;
Lo bueno y lo malo, dos maneras&#13;
&#13;
de dirigirte hacia tu muerte&#13;
&#13;
junto al mar hecho trizas,&#13;
&#13;
soberano de tu corazón en tus ciegos días,&#13;
&#13;
soplado como el alienta,&#13;
&#13;
van gritando a través de ti y de mí&#13;
&#13;
y de las almas de todos los hombres&#13;
&#13;
hasta las tinieblas inocentes y las tinieblas culpables,&#13;
&#13;
y la muerte buena y la mala muerte,&#13;
&#13;
y entonces, en el último elemento&#13;
&#13;
vuelan como la sangre de las estrellas,&#13;
&#13;
como las lágrimas del sol,&#13;
&#13;
como semilla lunar, escombro y fuego,&#13;
&#13;
el volador estruendo del cielo, soberano de tus seis años,&#13;
&#13;
y los perversos deseos&#13;
&#13;
bajo el principio de las plantas y animales y pájaros&#13;
&#13;
y del agua y la luz, la tierra y el cielo&#13;
&#13;
están ordenados antes de que te muevas, y todos tus actos y palabras,&#13;
&#13;
cada verdad, cada mentira,&#13;
&#13;
mueren en un inenjuiciable amor.&#13;
&#13;
&#13;
VEINTICUATRO AÑOS&#13;
&#13;
&#13;
Veinticuatro años conmemoran las lágrimas de mis ojos.&#13;
&#13;
(Enterrad a los muertos por temor de que caminen hacia la tumba&#13;
&#13;
en construcción.)&#13;
&#13;
En la arista de la natural entrada&#13;
&#13;
yo me agazapaba como un sastre&#13;
&#13;
que cose una mortaja de viaje a la luz del sol carnívoro.&#13;
&#13;
Vestido para morir, empezó el contoneo sensual,&#13;
&#13;
con mis rojas venas llenas de dinero,&#13;
&#13;
en la dirección última del pueblo elemental&#13;
&#13;
avanzo mientras dure lo que para siempre es.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
8                                                                                                                       LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
EL CRISOL&#13;
&#13;
drama de ARTHUR MILLER&#13;
&#13;
(acto 1°)&#13;
&#13;
&#13;
 Nacido en New York en 1915, criado en&#13;
&#13;
Brooklyn, educado en la Universidad de&#13;
&#13;
Michigan, Arthur Miller goza hoy, antes de&#13;
&#13;
los cuarenta, del raro privilegio de ser acla­&#13;
&#13;
mado por los más vastos concursos de “pú-­&#13;
&#13;
blico grueso” al mismo tiempo que es objeto&#13;
&#13;
de codiciadas distinciones por parte de las&#13;
&#13;
más refinadas minorías de “entendidos”.&#13;
&#13;
Suyos son ya, y reiteradamente, el premio&#13;
&#13;
de los Críticos Teatrales de Estados Unidos,&#13;
&#13;
el premio Pulitzer, el premio Antoinette&#13;
&#13;
Perry, por mencionar sólo los más conoci­-&#13;
&#13;
dos. Se lo ha situado junto a O’Neill en la&#13;
&#13;
dramaturgia norteamericana de hoy y no&#13;
&#13;
falta quien lo considere aún de mayor sig­-&#13;
&#13;
nificación y trascendencia en el teatro de&#13;
&#13;
nuestro tiempo.&#13;
&#13;
&#13;
 “El Crisol” — cuyo primer acto ofrecemos&#13;
&#13;
en calidad de primicia absoluta para los&#13;
&#13;
lectores de habla castellana—, fué estrenada&#13;
&#13;
en New York, el 22 de enero del año 1953&#13;
&#13;
y constituyó uno de los motivos de más&#13;
&#13;
viva discusión en aquel medio.&#13;
&#13;
&#13;
 La obra se ajusta estrictamente a un he­-&#13;
&#13;
cho histórico —la “ caza de brujas” en Sa-­&#13;
&#13;
lem, en 1692—, hasta el punto de que nin­-&#13;
&#13;
gún crítico ha podido señalar la más mínima&#13;
&#13;
desviación ni tergiversación, no obstante el&#13;
&#13;
impresionante paralelo que de ella se des­-&#13;
&#13;
prende ante la actual situación política de&#13;
&#13;
aquel país.&#13;
&#13;
&#13;
 Lo cierto es que “El Crisol” revela la&#13;
&#13;
naturaleza esencial de uno de los más ex-­&#13;
&#13;
traños y terribles capítulos de la historia&#13;
&#13;
humana. La publicación de este fragmento&#13;
&#13;
nos ha sido especialmente autorizada por&#13;
&#13;
International Editors Co.&#13;
&#13;
&#13;
ACTO I&#13;
&#13;
(A modo de obertura)&#13;
&#13;
Un pequeño dormitorio en el piso alto&#13;
&#13;
de la casa del Reverendo Samuel Parris, en&#13;
&#13;
Salem, Massachussetts, en la primavera del&#13;
&#13;
año 1692.&#13;
&#13;
A la izquierda, una angosta ventana; a&#13;
&#13;
través de sus paneles cuadriculados fluye&#13;
&#13;
el sol matutino. Aún arde una vela cerca&#13;
&#13;
de la cama, a la derecha. Un arcón, una&#13;
&#13;
silla y una pequeña mesa completan el mo­-&#13;
&#13;
biliario. En el foro, una puerta conduce al&#13;
&#13;
descanso de la escalera que lleva a la planta&#13;
&#13;
baja. En la aseada habitación reina una at­-&#13;
&#13;
mósfera austera. Las vigas del techo están&#13;
&#13;
a la vista y los colores de la madera son&#13;
&#13;
naturales y sin lustre. Al levantarse el te­-&#13;
&#13;
lón, el Reverendo Parris está arrodillado&#13;
&#13;
junto al lecho, en el que yace, inmóvil, su&#13;
&#13;
hija Betty, de diez años. Parris reza y aun­-&#13;
&#13;
que no podemos escuchar sus palabras, per-­&#13;
&#13;
cibimos que es presa de la confusión. Mur­-&#13;
&#13;
mura, luego parece estar a punto de sollo­-&#13;
&#13;
zar; luego solloza y entonces reza de nuevo,&#13;
&#13;
pero su hija no se mueve.&#13;
&#13;
 Se abre la puerta y entra su esclava negra.&#13;
&#13;
Títuba tiene más de cuarenta años. Parris&#13;
&#13;
la trajo de Barbados, donde él había vivido&#13;
&#13;
varios años como comerciante antes de in-­&#13;
&#13;
corporarse a la Iglesia. Títuba entra como&#13;
&#13;
quien ya no soporta la separación de un ser&#13;
&#13;
más querido, pero también muy asustada&#13;
&#13;
pues su instinto de esclava le ha advertido&#13;
&#13;
que, como siempre, las dificultades en esta&#13;
&#13;
casa terminan por caer sobre ella.&#13;
&#13;
&#13;
TÍTUBA (dando ya un paso atrás): ¿Mi&#13;
&#13;
Betty, sanita pronto?&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Fuera de aquí!&#13;
&#13;
TÍTUBA (retrocediendo hacia la puerta): Mi&#13;
&#13;
Betty no morir...&#13;
&#13;
PARRIS (incorporándose, furioso): ¡Fuera de&#13;
&#13;
mi vista! (Ella ya se ha ido) Fuera de&#13;
&#13;
mi. .. (Es dominado por los sollozos. Los&#13;
&#13;
acalla apretando los dientes; cierra la&#13;
&#13;
puerta y se apoya en ella, exhausto.)&#13;
&#13;
¡Dios mío! ¡Dios, ayúdame! (Temblando&#13;
&#13;
de miedo, murmurando para sí entre so-­&#13;
&#13;
llozos, va hacia el lecho y toma suave­-&#13;
&#13;
mente la mano de Betty.) Betty. Criatura.&#13;
&#13;
Niña querida. ¿Despertarás, abrirás tus&#13;
&#13;
ojos? Betty, pequeña... (Se inclina para&#13;
&#13;
arrodillarse nuevamente, cuando entra su&#13;
&#13;
sobrina, Abigail Williams, de 17 años,&#13;
&#13;
una muchacha de llamativa belleza, huér-­&#13;
&#13;
fana, con una infinita capacidad para la&#13;
&#13;
simulación. Ahora rebosa preocupación,&#13;
&#13;
aprensión y compostura.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: Tío. (El la mira.) Susanna Walcott&#13;
&#13;
viene de lo del doctor Griggs.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Sí? Que entre, que entre.&#13;
&#13;
ABIGAIL (asomándose a la puerta para llamar&#13;
&#13;
a Susanna, que está unos escalones más&#13;
&#13;
abajo): Entra, Susanna. (Entra Susanna&#13;
&#13;
Walcott, una muchacha nerviosa, apresu-­&#13;
&#13;
rada, algo más joven que Abigail.)&#13;
&#13;
PARRIS (ansiosamente): Hija, ¿qué dice el&#13;
&#13;
médico?&#13;
&#13;
SUSANNA (empinándose para ver a Betty&#13;
&#13;
por encima de Parris): Me manda venir&#13;
&#13;
a deciros, Reverendo señor, que para eso&#13;
&#13;
no puede encontrar en sus libros ninguna&#13;
&#13;
medicina.&#13;
&#13;
PARRIS: Debe seguir buscando, entonces.&#13;
&#13;
SUSANNA : Sí, señor; ha estado buscando en&#13;
&#13;
sus libros desde que lo dejasteis, señor.&#13;
&#13;
Pero me manda deciros que podríais bus­-&#13;
&#13;
car vos la causa de esto en algo anti­-&#13;
&#13;
natural.&#13;
&#13;
PARRIS (dilatándosele los ojos): No . . . no.&#13;
&#13;
Nada de causas antinaturales. Dile que he&#13;
&#13;
enviado por el Reverendo Hale, de Bever-&#13;
&#13;
ly y el señor Hale seguramente lo confir­-&#13;
&#13;
mará. Que busque en la Medicina y dese-­&#13;
&#13;
che toda idea de causas antinaturales, que&#13;
&#13;
aquí no las hay.&#13;
&#13;
SUSANNA: Sí, señor. El sólo me mandó de­&#13;
&#13;
c iros ... (se vuelve para salir.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: No digas nada de esto en el pue­-&#13;
&#13;
blo. Susanna.&#13;
&#13;
PARRIS: Vé directamente a casa y no hables&#13;
&#13;
de causas antinaturales.&#13;
&#13;
SUSANNA: Sí, señor. Rogaré por ella.&#13;
&#13;
(Váse.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: Tío, cunde el rumor de que es&#13;
&#13;
brujería; creo que lo mejor será que&#13;
&#13;
bajéis y lo neguéis vos mismo. La sala&#13;
&#13;
está llena de gente, señor. Yo me quedaré&#13;
&#13;
con ella.&#13;
&#13;
PARRIS(abrumado, se vuelve hacia ella):&#13;
&#13;
¿Y qué he de decirles? ¿Que a mi hija y&#13;
&#13;
a mi sobrina descubrí, bailando como he-­&#13;
&#13;
rejes en el bosque?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Sí, tío. bailamos. Habréis de de­-&#13;
&#13;
cirles que yo lo confesé. Y seré azotada&#13;
&#13;
si debo serlo. Pero hablan de brujería.&#13;
&#13;
Betty no está embrujada.&#13;
&#13;
PARRIS: Abigail. no puedo presentarme ante&#13;
&#13;
la congregación sabiendo que no te has&#13;
&#13;
franqueado conmigo. ¿Qué habéis hecho&#13;
&#13;
con ella en el bosque?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Bailamos, tío. Y cuando aparecis­-&#13;
&#13;
teis de entre los arbustos, tan repentina­-&#13;
&#13;
mente, Betty se asustó y se desmayó.&#13;
&#13;
Y eso fué todo.&#13;
&#13;
PARRIS: Hija, siéntate.&#13;
&#13;
ABIGAIL (temblando al sentarse): Yo jamás&#13;
&#13;
le haría daño a Betty. La amo tierna­-&#13;
&#13;
mente.&#13;
&#13;
PARRIS: Atiéndeme, criatura. Tu castigo ven­-&#13;
&#13;
drá a su tiempo. Pero si en el bosque&#13;
&#13;
habéis traficado con espíritus, debo sa­-&#13;
&#13;
berlo ahora, pues sin duda llegarán a sa-­&#13;
&#13;
berlo mis enemigos y con ello me arrui­-&#13;
&#13;
narán.&#13;
&#13;
ABIGAIL: Pero es que no conjuramos espí­-&#13;
&#13;
ritus. ..&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Entonces por qué desde la media­&#13;
&#13;
noche ella no puede moverse? La chica&#13;
&#13;
no tiene remedio. (Abigail baja la vista.)&#13;
&#13;
Esto saldrá a la luz, forzosamente... mis&#13;
&#13;
enemigos lo pondrán en descubierto. Di-&#13;
&#13;
me qué es lo que habéis hecho allí. ¿Abi-­&#13;
&#13;
gail, te das cuenta de que tengo muchos&#13;
&#13;
enemigos?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Oí decirlo así, tío.&#13;
&#13;
PARRIS: Hay un bando (pie ha jurado arro­-&#13;
&#13;
jarme de mi púlpito. ¿Comprendes esto?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Así lo creo, señor.&#13;
&#13;
PARRIS: Y bien; en medio de semejante&#13;
&#13;
embrollo, mis propios familiares resultan&#13;
&#13;
ser el mismo centro de no sé qué práctica&#13;
&#13;
obscena. En el bosque se hacen barbari­-&#13;
&#13;
dades. ..&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Jugábamos, tío!&#13;
&#13;
PARRIS (señalando a Betty): ¿A esto le lla­-&#13;
&#13;
mas jugar? (Ella baja la mirada. El supli­-&#13;
&#13;
ca.) Abigail, si sabes algo que pueda&#13;
&#13;
ayudar al médico, por amor de Dios,&#13;
&#13;
dímelo. (Ella calla.) Al sorprenderos, vi&#13;
&#13;
a Tituba agitando sus brazos sobre el&#13;
&#13;
fuego. ¿Por qué hacía eso? Y oí cómo,&#13;
&#13;
de su boca, salía una chillona jerigonza.&#13;
&#13;
¡Se bamboleaba como una bestia estúpida&#13;
&#13;
sobre esa fogata!&#13;
&#13;
ABIGAIL: Siempre canta sus cantos de Bar­-&#13;
&#13;
bados, y nosotras bailamos.&#13;
&#13;
PARRIS: No puedo cerrar los ojos a lo que&#13;
&#13;
vi, Abigali. pues no han de cerrarlos mis&#13;
&#13;
enemigos. Vi un vestido tirado sobre la&#13;
&#13;
hierba.&#13;
&#13;
ABIGAIL (inocentemente): ¿Un vestido?&#13;
&#13;
PARRIS ( . . . e s muy duro decirlo): Sí. un&#13;
&#13;
vestido. ¡Y me pareció ver ... a alguien&#13;
&#13;
desnudo, corriendo entre los árboles!&#13;
&#13;
ABIGAIL( aterrorizada) : ¡Nadie estaba des-­&#13;
&#13;
nudo! ¡Os engañáis, tío!&#13;
&#13;
PARRIS (con enojo ): ¡Yo lo vi! (Se aleja de&#13;
&#13;
ella. Con resolución): Sé sincera conmigo,&#13;
&#13;
Abigail. Y te imploro, doblégate bajo el&#13;
&#13;
peso de la verdad, pues lo que está en&#13;
&#13;
juego es mi ministerio... mi ministerio&#13;
&#13;
y tal vez la vida de tu prima. Cualquiera&#13;
&#13;
haya sido la enormidad que habéis con­-&#13;
&#13;
sumado, dímelo todo ahora, pues no me&#13;
&#13;
atrevo a presentarme ante ellos, allí aba­-&#13;
&#13;
jo, sin conocer la verdad.&#13;
&#13;
ABIGAIL: No hay nada más. Lo juro, tío.&#13;
&#13;
PARRIS (la observa; luego asiente con la&#13;
&#13;
cabeza, convencido a medias): Abigail, he&#13;
&#13;
luchado aquí durante tres años para que&#13;
&#13;
esta gente testaruda se me someta y ahora,&#13;
&#13;
justamente ahora cuando la parroquia co-­&#13;
&#13;
mienza a dar señales de algún respeto&#13;
&#13;
hacia mí, tú comprometes nada menos que&#13;
&#13;
mi reputación. Te he dado un hogar, cria-­&#13;
&#13;
tura, te be cubierto de rop a s... dame&#13;
&#13;
ahora una honrada respuesta. En el pue­-&#13;
&#13;
blo ... ¿tu nombre es completamente in­-&#13;
&#13;
maculado?&#13;
&#13;
ABIGAIL (con una pizca de resentimiento):&#13;
&#13;
Claro, estoy segura que sí, señor. Mi nom-­&#13;
&#13;
bre no tiene de qué avergonzarse.&#13;
&#13;
PARRIS (concretando): ¿Abigail, aparte de&#13;
&#13;
lo que me has dicho, hay alguna otra cau­-&#13;
&#13;
sa por la que te han despedido del servi­-&#13;
&#13;
cio de la señora Proctor? He oído decir,&#13;
&#13;
y tal como lo dijeron te lo cuento, que&#13;
&#13;
este año ella viene a la iglesia tan raras&#13;
&#13;
veces sólo por no sentarse tan cerca de&#13;
&#13;
algo sucio. ¿Qué querían decir con eso?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Me odia; sin duda, tío, porque no&#13;
&#13;
quise ser su esclava. Es una mujer cruel,&#13;
&#13;
una mujer mentirosa, insensible, llorona,&#13;
&#13;
y yo no quiero trabajar para semejante&#13;
&#13;
mujer.&#13;
&#13;
PARRIS: Tal vez lo sea. Y sin embargo me&#13;
&#13;
ha preocupado que estés fuera de esa casa&#13;
&#13;
desde hace siete meses y que en todo est&#13;
&#13;
tiempo ninguna otra familia haya pedido&#13;
&#13;
tus servicios.&#13;
&#13;
ABIGAIL: Quieren esclavos, no gente como&#13;
&#13;
yo. Que vayan a buscarlos a Barbados.&#13;
&#13;
¡No me ensuciaré la cara por ninguno de&#13;
&#13;
ellos! (Con mal disimulado resentimiento&#13;
&#13;
hacia él): ¿Me regateas mi cama, tío?&#13;
&#13;
PARRIS: N o . . . no.&#13;
&#13;
ABIGAIL(con arrebato): Tengo buen nom ­-&#13;
&#13;
bre en el pueblo. No permitiré que se&#13;
&#13;
diga que mi nombre está sucio. ¡La se­-&#13;
&#13;
ñora Proctor es una charlatana embus­-&#13;
&#13;
tera! (Entre Ann Putnam. Es una mujer&#13;
&#13;
de cuarenta y cinco años, de alma ator­-&#13;
&#13;
mentada, obsesionada por la muerte, aco-­&#13;
&#13;
sada por los sueños.)&#13;
&#13;
PARRIS (apenas comienza a abrirse la puer­-&#13;
&#13;
ta): N o ... no. No puedo recibir a nadie.&#13;
&#13;
(La ve y en él surge cierta deferencia&#13;
&#13;
aunque sin disipar su ansiedad): Ah, se­-&#13;
&#13;
ñora Putnam. entrad.&#13;
&#13;
ANN ( agitada, con los ojos encendidos): Es&#13;
&#13;
un prodigio, no cabe duda de que os ha&#13;
&#13;
tocado un rayo del Infierno.&#13;
&#13;
PARRIS: No, señora Putnam, e s ...&#13;
&#13;
ANN(aludiendo a Betty): ¿Hasta (pié altu­-&#13;
&#13;
ra voló, hasta qué altura?&#13;
&#13;
PARRIS: No. n o . . . no voló ...&#13;
&#13;
ANN (muy satisfecha de ello ): ¡Cómo! ¡Es&#13;
&#13;
seguro que voló! ¡El señor Collins la vió&#13;
&#13;
pasar sobre el granero de Ingersoll. y&#13;
&#13;
descender con la ligereza de un pájaro,&#13;
&#13;
dice!&#13;
&#13;
PARRIS: No, señora Putnam, escuchad, ella&#13;
&#13;
no ha ... (Entra Tilomas Putnam, un&#13;
&#13;
duro terrateniente acomodado, cincuen-­&#13;
&#13;
tón.)- Ah, buenos días, señor Putnam.&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡E s una suerte que la cosa haya&#13;
&#13;
brotado, por fin! ¡Es providencial! (Va&#13;
&#13;
directamente hacia el lecho.)&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Qué cosa ha brotado, señor,&#13;
&#13;
q u é ...? (Ann va hacia la cama).&#13;
&#13;
PUTNAM (mirando a Betty): ¿Pero sus ojos&#13;
&#13;
están cerrados! Mira tú, Ann.&#13;
&#13;
ANN: Sí que es extraño. (A Parris): Los&#13;
&#13;
de la nuestra están abiertos.&#13;
&#13;
PARRIS( sobresaltado) : ¿Vuestra Ruth está&#13;
&#13;
enferma?&#13;
&#13;
ANN (con maligna certidumbre): Yo no&#13;
&#13;
diría enferma; el toque del Diablo es&#13;
&#13;
más grave que estar enferma. Es la muer-­&#13;
&#13;
te, sabéis, es la muerte diabólica que se&#13;
&#13;
mete en ellas, con horquilla y con pe­-&#13;
&#13;
zuñas.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Oh, no, por favor! ¿Por qué, qué&#13;
&#13;
es lo que tiene Ruth?&#13;
&#13;
ANN: Tiene lo que se merece...No se&#13;
&#13;
despertó esta mañana, pero sus ojos están&#13;
&#13;
abiertos y camina, y nada oye. nada ve,&#13;
&#13;
y nada puede comer. Su alma está poseída,&#13;
&#13;
seguramente. ( Parris queda paralizado.)&#13;
&#13;
PUTNAM (com o pidiendo más detalles): Di­-&#13;
&#13;
cen que habéis enviado por el Reverendo&#13;
&#13;
Hale, de Beverly...&#13;
&#13;
PARRIS (con menos convicción ahora): Es&#13;
&#13;
sólo una precaución. Posee gran experien-­&#13;
&#13;
cia en todas las artes demoníacas, y yo. ..&#13;
&#13;
ANN: Ya lo creo; y el año pasado encontró&#13;
&#13;
una bruja en Beverly, recordadlo bien.&#13;
&#13;
PARRIS: Vamos, señora Ann, sólo pensaron&#13;
&#13;
que era una bruja, y estoy seguro de que&#13;
&#13;
aquí no hay nada de brujería.&#13;
&#13;
P UTNAM : ¡Nada de brujería! Vamos, señor&#13;
&#13;
Parris, ved que ...&#13;
&#13;
PARRIS: Thomas, Thomas, os ruego, no ha­-&#13;
&#13;
bléis de brujería. Sé que vos no me desea­-&#13;
&#13;
ríais, y vos menos que nadie, Thomas, tan&#13;
&#13;
desastrosa acusación. No podemos pensar&#13;
&#13;
en brujería. A gritos me echarán de Sa­-&#13;
&#13;
lem por semejante corrupción en mi casa.&#13;
&#13;
PUTNAM (en este momento está decidido&#13;
&#13;
a empujar al abismo a Parris, por quien&#13;
&#13;
siente desprecio): Señor Parris, en todas&#13;
&#13;
las disputas aquí habidas he estado de&#13;
&#13;
vuestra parte, y así continuaría; pero no&#13;
&#13;
puedo, si os resistís en esto. Espíritus&#13;
&#13;
dañinos, vengativos, están arrebatando a&#13;
&#13;
estas criaturas.&#13;
&#13;
PARRIS Pero Thomas, no podéis ...&#13;
&#13;
ANN: Reverendo Parris, be dejado bajo tie-­&#13;
&#13;
rra a siete niños sin bautizar. Creedme,&#13;
&#13;
señor, jamás habéis visto nacer niños más&#13;
&#13;
robustos. Y sin embargo, cada uno de&#13;
&#13;
ellos estaba destinado a marchitarse en&#13;
&#13;
mis brazos la misma noche de su naci­-&#13;
&#13;
miento. Yo nada he dicho, pero es mi&#13;
&#13;
corazón el que ha insinuado a voces.&#13;
&#13;
Y ahora, este año, mi Ruth, mi única ...&#13;
&#13;
la veo tornarse extraña: critura taciturna&#13;
&#13;
se ha vuelto este año y se está encogiendo&#13;
&#13;
como si una boca sedienta le sorbiese&#13;
&#13;
hasta la vida. Y entonces pensé en que&#13;
&#13;
viera a vuestra Títuba.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿ ¡A Tituba!? ¿Qué podría Tí­-&#13;
&#13;
tuba..?&#13;
&#13;
ANN: Títuba sabe cómo hablar a los muer­-&#13;
&#13;
tos, señor Parris.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Señora Ann ... es un enorme pe-­&#13;
&#13;
cado invocar a los muertos!&#13;
&#13;
ANN: Mi alma cargue con ello; ¿pero&#13;
&#13;
quién, si no. podría decirnos con certeza&#13;
&#13;
qué persona mató a mis niños?&#13;
&#13;
PARRIS (horrorizado): ¡Mujer!&#13;
&#13;
ANN: ¡Fueron asesinados, señor Parris! ¡Y&#13;
&#13;
tomad nota de esta prueba! ¡Tomad nota!&#13;
&#13;
Anoche, mi Ruth estuvo más cerca que&#13;
&#13;
nunca de sus almitas; lo sé. señor. ¿Pues&#13;
&#13;
cómo es que ha enmudecido ahora, si no&#13;
&#13;
porque algún poder de las tinieblas le ha&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                       9&#13;
&#13;
&#13;
paralizado la boca? ¡Es una señal prodi-&#13;
&#13;
­giosa. señor Parris!&#13;
&#13;
Putnam: ¿No comprendéis, señor? Hay&#13;
&#13;
entre nosotros una bruja asesina, decidida&#13;
&#13;
a mantenerse en las sombras. (Parris se&#13;
&#13;
vuelve hacia Belly evidenciando un terror&#13;
&#13;
frenético creciente.) Dejad que vuestros&#13;
&#13;
enemigos piensen lo que quieran, vos no&#13;
&#13;
lo podéis ignorar.&#13;
&#13;
Parris(a Abigail): Entonces, invocábais es-&#13;
&#13;
­píritus, anoche.&#13;
&#13;
Abigail(en un susurro): Yo no, señor...&#13;
&#13;
Tituba y Ruth.&#13;
&#13;
Parris(se vuelve ahora, con nuevo temor;&#13;
&#13;
va hacia Betty, la observa y luego, con la&#13;
&#13;
mirada fija en el vacío): ¡Oh. Abigail,&#13;
&#13;
qué adecuada retribución a mi generosi­-&#13;
&#13;
dad! Ahora estoy perdido.&#13;
&#13;
Putnam: No estáis perdido. Hacéos fuerte,&#13;
&#13;
ahora. No esperéis a que nadie os acuse.&#13;
&#13;
Declaradlo vos mismo. Habéis descubierto&#13;
&#13;
una brujería…&#13;
&#13;
Parris: ¿En mi casa? ¿En mi casa, Tho-&#13;
&#13;
­mas? Me derribarán con esto. Harán de ello una...&#13;
&#13;
(Entra Mercy Lewis, la sir-&#13;
&#13;
­vienta de los Putnam, una gorda mucha­-&#13;
&#13;
cha de diez y ocho años, taimada y des-&#13;
&#13;
­piadada.)&#13;
&#13;
Mercy: Con vuestro perdón. Sólo quise ver&#13;
&#13;
cómo está Betty.&#13;
&#13;
Putnam: ¿Cómo es que no estás en casa?&#13;
&#13;
¿Quién está con Ruth?&#13;
&#13;
Mercy: Vino la abuela. Mejoró algo, creo...&#13;
&#13;
Antes, dió un tremendo estornudo.&#13;
&#13;
Ann: ¡Ah. es un signo de vida!&#13;
&#13;
Mercy: Yo ya no temería, señora Putnam.&#13;
&#13;
Fué un gran estornudo; otro así y estoy&#13;
&#13;
segura que del sacudón le vuelve el juicio.&#13;
&#13;
(Va al lecho a mirar.)&#13;
&#13;
Parris: ¿Queréis dejarme ahora, Thomas?&#13;
&#13;
Rezaría un momento a solas.&#13;
&#13;
Abigail: Tío. habéis rezado desde media­-&#13;
&#13;
noche. Por qué no bajáis y…&#13;
&#13;
Parris: No... no. (A Putnam): No tengo&#13;
&#13;
respuesta para esa multitud. Esperaré&#13;
&#13;
hasta que llegue Hale. (Invitando a Ann&#13;
&#13;
a salir): Tened a bien, señora Ann…&#13;
&#13;
Putnam: Y bien, señor. ¡Lanzáos contra el&#13;
&#13;
Diablo y el pueblo os bendecirá por ello!&#13;
&#13;
Bajad, habíadles. .. orad con ellos. Están&#13;
&#13;
sedientos de vuestra palabra, señor. Con-&#13;
&#13;
­fío en que oraréis con ellos.&#13;
&#13;
Parris(dominado): Los guiaré en un sal-&#13;
&#13;
­mo, pero nada digáis de brujería por&#13;
&#13;
ahora. No he de discutirlo. La causa es&#13;
&#13;
aun desconocida. He tenido bastantes&#13;
&#13;
disputas desde que llegué. No quiero más.&#13;
&#13;
Ann: Mercy, tú vas a casa a acompañar a&#13;
&#13;
Ruth, ¿me oyes?&#13;
&#13;
Mercy: Sí, señora. (Sale Ann Putnam.)&#13;
&#13;
Parris(a Abigail): Si se lanza a la ventana,&#13;
&#13;
llámame enseguida.&#13;
&#13;
Abigail: Lo haré, tío.&#13;
&#13;
Parris (a Putnam): Hay una fuerza terri­-&#13;
&#13;
ble, hoy, en sus brazos. (Sale con Put-&#13;
&#13;
­nam.)&#13;
&#13;
Abigail (con contenido azoramiento): ¿Qué&#13;
&#13;
tiene Ruth?&#13;
&#13;
Mercy: Es espeluznante, no sé ... desde&#13;
&#13;
anoche parece caminar como una muerta.&#13;
&#13;
Abigail (se vuelve súbitamente y va hacia&#13;
&#13;
Betty; con temor en la voz): ¡Betty!&#13;
&#13;
(Betty no se mueve. La sacude): ¡Acaba&#13;
&#13;
de una vez! ¡Betty! ¡Levántate! (Betty&#13;
&#13;
no se mueve. Mercy se acerca.)&#13;
&#13;
Mercy: ¿Ensayaste golpearla? Yo le di a&#13;
&#13;
Ruth una buena y eso la despertó por un&#13;
&#13;
rato. Ven. déjame a mí.&#13;
&#13;
Abigail (rechazando a Mercy): No, él subi-&#13;
&#13;
­rá en seguida. Escúchame. Si nos interro-&#13;
&#13;
­gan, diles que bailábamos... Eso es todo&#13;
&#13;
lo que yo le dije.&#13;
&#13;
Mercy: Bueno. ¿Y qué más?&#13;
&#13;
Abigail: El sabe que Tituba conjuró a las&#13;
&#13;
hermanas de Ruth a levantarse de la&#13;
&#13;
tumba.&#13;
&#13;
Mercy: ¿Y qué más?&#13;
&#13;
Abigail: Te vió desnuda.&#13;
&#13;
Mercy (batiendo palmas, con una risita&#13;
&#13;
asustada): ¡Jesús! (Entra Marx Warren,&#13;
&#13;
sin aliento. Es una muchacha de diez y&#13;
&#13;
siete años, servil, simple, triste.)&#13;
&#13;
Mary: ¿Qué haremos? ¡El pueblo está en&#13;
&#13;
la calle! ¡Recién llego de la granja; toda&#13;
&#13;
la comarca habla de brujería! ¡Abby. nos&#13;
&#13;
acusarán de brujas!&#13;
&#13;
Mercy (apuntando y mirando a Mary): Ella&#13;
&#13;
piensa confesar, lo sé.&#13;
&#13;
Mary: Tenemos que confesar, Abby ¡Por&#13;
&#13;
brujería ahorcan... ahorcan como en Bos­-&#13;
&#13;
ton hace dos años! ¡Abby, debemos decir&#13;
&#13;
la verdad! Sólo te azotarán por bailar y&#13;
&#13;
las otras cosas.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Oh... nos azotarán!&#13;
&#13;
Mary: Yo no hice nada de eso, Abby. Yo&#13;
&#13;
miraba solamente.&#13;
&#13;
Mercy (yendo amenazadora hacia Mary):&#13;
&#13;
Ah, tú eres especial para mirar, no es&#13;
&#13;
cierto Mary Warren? Para espiar sí que&#13;
&#13;
eres valiente. (Betty, en la cama, se queja.&#13;
&#13;
Abigail se vuelve instantáneamente.)&#13;
&#13;
Abigail: Betty. (Va hacia Betty): Ven, que-&#13;
&#13;
­rida. Betty, despierta ya. Es Abigail. (La&#13;
&#13;
incorpora y la sacude furiosamente):&#13;
&#13;
¡Betty, voy a pegarte! (Betty se queja);&#13;
&#13;
Ahá, parece que mejoras. Hablé con tu&#13;
&#13;
papá y le conté todo. De modo que no&#13;
&#13;
hay nada que....&#13;
&#13;
Betty (asustada de Abigail, salta de la&#13;
&#13;
cama como una luz y pegada de espaldas&#13;
&#13;
a la pared): ¡Quiero a mi mamá!&#13;
&#13;
Abigail (con alarma, mientras se aproxima&#13;
&#13;
cautelosamente a Betty): Betty, ¿qué te&#13;
&#13;
pasa? Tu mamá está muerta y enterrada.&#13;
&#13;
Betty: ¡Quiero volar hacia mamá! ¡Dejad-&#13;
&#13;
­me volar! (Extiende los brazos como para&#13;
&#13;
volar, largándose hacia la ventana por&#13;
&#13;
donde alcanza a pasar una pierna.)&#13;
&#13;
Abigail (ararstrándola lejos de la ventana):&#13;
&#13;
Le conté todo; él ya sabe, ahora ya sabe&#13;
&#13;
todo lo que nosotras…&#13;
&#13;
Betty: Tú bebiste sangre, Abigail. eso no&#13;
&#13;
se lo contaste.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Betty, no volverás a decir eso!&#13;
&#13;
Nunca, jamás..&#13;
&#13;
Betty: ¡Lo hiciste, lo hiciste! ¡Bebiste un&#13;
&#13;
encantamiento para que muera la mujer&#13;
&#13;
de John Proctor! ¡Sí! ¡Bebiste un encan­-&#13;
&#13;
tamiento para matar a la señora Proctor!&#13;
&#13;
Abigail (la abofetea): ¡Calla! ¡Basta ya!&#13;
&#13;
Betty (desplomándose en el lecho): ¡Ma-&#13;
&#13;
­ma. mamá! (Se deshace en sollozos).&#13;
&#13;
Abigail: Atended. Vosotras todas. Bailába­-&#13;
&#13;
mos. Y Tituba invocó a las hermanas de&#13;
&#13;
Ruth Putnam. Y eso es todo. Y acordáos&#13;
&#13;
de todo esto: que se os escape una pala-&#13;
&#13;
­bra, a cualquiera de vosotras, o la som-&#13;
&#13;
­bra de una palabra acerca de las otras&#13;
&#13;
cosas, y apareceré en lo más negro de una&#13;
&#13;
noche horrible y os ajustaré las cuentas&#13;
&#13;
hasta el escalofrío. ¡Y vosotros sabéis que&#13;
&#13;
yo puedo hacerlo; he visto cómo, sobre&#13;
&#13;
la almohada junto a la mía, los indicios&#13;
&#13;
destrozaban las cabezas de mis pobres pa-&#13;
&#13;
­dres, y he visto algunas otras sangrientas&#13;
&#13;
faenas realizadas en la noche, y puedo&#13;
&#13;
hacer que vosotras os lamentéis de haber&#13;
&#13;
visto siquiera que se puso el sol! (Va&#13;
&#13;
hacia Betty y rudamente la incorpora):&#13;
&#13;
¡Vamos, tú ... siéntate y acaba con esto!&#13;
&#13;
(Pero Betty se desploma en sus brazos&#13;
&#13;
y yace inerte en el lecho.)&#13;
&#13;
Mary (histéricamente asustada): ¡Que le&#13;
&#13;
dió! (Mirando despavorida a Betty):&#13;
&#13;
¡Abby, se va a morir! Conjurar es un&#13;
&#13;
pecado y nosotras…&#13;
&#13;
Abigail (yendo hacia Mary): ¡Mary Wa-&#13;
&#13;
­rren te he dicho que te calles! (Entra&#13;
&#13;
John Proctor. Al verlo, Mary retrocede&#13;
&#13;
asustada).&#13;
&#13;
Mary: ¡Oh! Ya me estoy marchando a&#13;
&#13;
casa, señor Proctor.&#13;
&#13;
Proctor: ¿Eres boba, Mary Warren? ¿Eres&#13;
&#13;
sorda? ¿Te prohibí dejar la casa, no es&#13;
&#13;
cierto? ¿Para qué te pago? Tengo que&#13;
&#13;
vigilarte más que a mis vacas.&#13;
&#13;
Mary: Sólo vine a ver los grandes aconte­-&#13;
&#13;
cimientos del mundo.&#13;
&#13;
Proctor: Grandes acontecimientos en el&#13;
&#13;
traste voy a darte yo uno de estos días.&#13;
&#13;
¡Vete a casa, mi mujer tiene tarea para&#13;
&#13;
ti! (Ella sale lentamente, tratando de con­-&#13;
&#13;
servar un resto de dignidad.)&#13;
&#13;
Mercy (extrañamente fascinada y a la vez&#13;
&#13;
atemorizada): Es mejor que me vaya.&#13;
&#13;
Debo atender a mi Ruth. Buenos días,&#13;
&#13;
señor Proctor. (Evitando la proximidad&#13;
&#13;
de Proctor, Mercy sale rápidamente. Des­-&#13;
&#13;
de la aparición de Proctor. Abigail ha&#13;
&#13;
permanecido como en puntas de pie, be-­&#13;
&#13;
biendo su figura, con ojos dilatados. El&#13;
&#13;
le echa una mirada y va hacia el lecho de&#13;
&#13;
Betty.)&#13;
&#13;
Abigail: ¡Por Dios! ¡Ya casi había olvi-&#13;
&#13;
­dado lo fuerte que eres, John Proctor!&#13;
&#13;
Proctor (mirando a Abigail con una vaga&#13;
&#13;
sonrisa de inteligencia apenas esbozada en&#13;
&#13;
el rostro): ¿Qué diablura es esta?&#13;
&#13;
Abigail(con una risita nerviosa): Nada;&#13;
&#13;
sólo está medio tonta.&#13;
&#13;
Proctor: Desde la mañana, el camino de&#13;
&#13;
mi casa se ha convertido en una peregri­-&#13;
&#13;
nación de Salem. El pueblo entero habla&#13;
&#13;
de brujería.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Bah, cuentos! (Se le acerca, per-&#13;
&#13;
­suasiva, con un aire confidencial y tra­-&#13;
&#13;
vieso): Anoche estábamos bailando en el&#13;
&#13;
bosque y mi tío nos sorprendió. Ella se&#13;
&#13;
asustó. Eso es todo.&#13;
&#13;
Proctor (ensanchando su sonrisa): Ah,&#13;
&#13;
¿traviesa como siempre, no? (Esperanza-&#13;
&#13;
­da, Abigail deja escapar una risita y se&#13;
&#13;
atreve a acercársele, mirándole febrilmen-&#13;
&#13;
­te en los ojos.) Te meterán en el cepo&#13;
&#13;
antes de que cumplas los veinte. (Hace&#13;
&#13;
ademán de irse pero ella se interpone.)&#13;
&#13;
Abigail: Dime algo, John. Algo tierno. (Suve&#13;
&#13;
hemencia destruye la sonrisa de Proc­-&#13;
&#13;
tor.)&#13;
&#13;
Proctor: No. Abby, no. eso ha terminado.&#13;
&#13;
Abigail (insultante): ¿Cinco millas viajas&#13;
&#13;
tú por ver colar a una tonta? Te co­-&#13;
&#13;
nozco …&#13;
&#13;
Proctor (apartándola con firmeza): Vengo&#13;
&#13;
a ver qué enredo está tramando tu tío&#13;
&#13;
ahora. (Categórico): Quítatelo de la ca­-&#13;
&#13;
beza, Abby.&#13;
&#13;
Abigail (asiéndole una mano antes de que&#13;
&#13;
él la haya soltado): John... me paso las&#13;
&#13;
noches esperándote.&#13;
&#13;
Proctor: Nunca he prometido venir a verte,&#13;
&#13;
Abby.&#13;
&#13;
Abigail(no puede creerle; con cólera cre-&#13;
&#13;
­ciente): ¡Creo tener algo más que pro-&#13;
&#13;
­mesas!&#13;
&#13;
Proctor: Abby, te quitarás eso de la ca­-&#13;
&#13;
beza. No vendré más por ti.&#13;
&#13;
Abigail: Te estás burlando de mí.&#13;
&#13;
Proctor: Tú sabes que no.&#13;
&#13;
Abigail: Lo que sé es cómo me estrechabas&#13;
&#13;
en los fondos de tu casa, y sudabas como&#13;
&#13;
un caballo cada vez que me acercaba. ¿O&#13;
&#13;
es que lo he soñado? Quien me echó fué&#13;
&#13;
ella, no puedes simular que fuiste tú, Te&#13;
&#13;
vi el rostro cuando ella me echó, y me&#13;
&#13;
amabas entonces y me amas ahora.&#13;
&#13;
Proctor: Abby, eso es decir una salvajada.&#13;
&#13;
Abigail: Una salvaje puede decir salvajadas.&#13;
&#13;
Pero no tanta salvajada, creo. Te he visto&#13;
&#13;
desde que ella me echó; te he visto por&#13;
&#13;
las noches.&#13;
&#13;
Proctor: En estos siete meses apenas si he&#13;
&#13;
salido de mi granja.&#13;
&#13;
Abigail: Soy sensible al calor, John, y el&#13;
&#13;
tuyo me ha arrastrado hasta mi ventana&#13;
&#13;
y te he visto mirando hacia arriba, ardien-&#13;
&#13;
­do en tu soledad. ¿Vas a decirme que no&#13;
&#13;
has mirado hacia mi ventana?&#13;
&#13;
Proctor: Puedo haber mirado.&#13;
&#13;
Abigail(ablandándose): Con seguridad,&#13;
&#13;
John. No eres de invernadero. Te conoz-&#13;
&#13;
­co. John. Yo te conozco. (Está llorando.)&#13;
&#13;
Los sueños no me dejan dormir; en cuan­-&#13;
&#13;
to empiezo a soñar me despierto y camino&#13;
&#13;
por la cama como si fuera a encontrarte&#13;
&#13;
viniendo por alguna parte. (Lo abraza&#13;
&#13;
desesperadamente.)&#13;
&#13;
Proctor (apartándola suavemente, con gran&#13;
&#13;
compasión pero firmemente): Niña…&#13;
&#13;
Abigail (en un arranque de ira): ¡Cómo&#13;
&#13;
me llamas niña!&#13;
&#13;
Proctor: Puede que te recuerde con dul­-&#13;
&#13;
zura de cuando en cuando Abby. Pero&#13;
&#13;
me cortaré una mano antes de volver a&#13;
&#13;
tocarte. Bórralo de la mente. Nunca nos&#13;
&#13;
hemos tocado, Abby.&#13;
&#13;
Abigail: Es que sí nos tocamos.&#13;
&#13;
Proctor: Es que no nos tocamos.&#13;
&#13;
Abigail(con amargo enojo): Oh, me admi­-&#13;
&#13;
ra que un hombre tan fuerte pueda per­-&#13;
&#13;
mitir que una esposa tan débil …&#13;
&#13;
Proctor (enojado... como si también se lo&#13;
&#13;
dijese a sí mismo): ¡No dirás nada de&#13;
&#13;
Elizabeth!&#13;
&#13;
Abigail: ¡Ella está ensuciando mi nombre&#13;
&#13;
en el pueblo! ¡Anda diciendo mentiras de&#13;
&#13;
mí! ¡Es una mujer fría y llorona, y tú&#13;
&#13;
te sometes a ella! Deja que te convierta&#13;
&#13;
en…&#13;
&#13;
Proctor (sacudiéndola): ¿Quieres que te&#13;
&#13;
azote? (De abajo llegan voces entonando&#13;
&#13;
un salmo.)&#13;
&#13;
Abigail (entre lágrimas): ¡Quiero a John&#13;
&#13;
Proctor, el que interrumpió mi sueño y&#13;
&#13;
abrió los ojos de mi corazón! Yo no sabía&#13;
&#13;
lo hipócrita que era Salem, ni me&#13;
&#13;
daba cuenta de las mentiras que me enseñaban&#13;
&#13;
todas esas mujeres beatas y sus aliados&#13;
&#13;
esposos. Y ahora pretendes que me arran­-&#13;
&#13;
que esa luz de los ojos. ¡No lo haré, no&#13;
&#13;
puedo! ¡Me amaste, John Proctor, y por&#13;
&#13;
más pecado que sea, aún me amas! (El&#13;
&#13;
se vuelve bruscamente para salir. Ella co­-&#13;
&#13;
rre tras él): ¡John, piedad... ten piedad&#13;
&#13;
de mí! (Al oírse las palabras del salmo&#13;
&#13;
“Yendo hacia Jesús”, Betty se tapa súbi-&#13;
&#13;
­tamente los oídos y se queja en voz alta.)&#13;
&#13;
Abigail: ¡Betty! (Corre hacia Betty que&#13;
&#13;
ahora está sentada, chillando. Mientras&#13;
&#13;
Abigail trata de bajarle las manos, Proctor&#13;
&#13;
se acerca diciendo “ ¡Betty!”)&#13;
&#13;
Proctor (con creciente nerviosidad): ¿Qué&#13;
&#13;
estás haciendo? ¿Niña, qué te ocurre?&#13;
&#13;
¡No grites así! (El canto se ha detenido&#13;
&#13;
y ahora irrumpe Parris en la habitación.)&#13;
&#13;
Parris: ¿Qué ocurrió? ¿Qué le estás ha-&#13;
&#13;
­ciendo? ¡Betty! (Corre hacia el lecho&#13;
&#13;
gritando “¡Betty! ¡Betty!” Entra Ann&#13;
&#13;
Putnam, con curiosidad febril y, tras ella,&#13;
&#13;
Thomas Putnam y Mercy Lewis. Parris,&#13;
&#13;
junto al lecho, palmoteo suavemente el&#13;
&#13;
rostro de Betty, mientras ella gime y tra-&#13;
&#13;
­ta de levantarse.)&#13;
&#13;
Abigail: Os oyó cantar y de pronto se le­-&#13;
&#13;
vantó gritando.&#13;
&#13;
Ann: ¡El salmo, el salmo! ¡No soporta que&#13;
&#13;
se pronuncie el nombre del Señor!&#13;
&#13;
Parris: No, no lo permita Dios. ¡Mercy,&#13;
&#13;
corre a lo del médico! ¡Cuéntale lo&#13;
&#13;
ocurrió aquí! (Mercy Lewis sale co­-&#13;
&#13;
rriendo.)&#13;
&#13;
Ann: ¡Un indicio! ¡Ved en ello un in-&#13;
&#13;
­dicio! (Entra Rebecca Nurse, de setenta&#13;
&#13;
y dos años de edad, de cabellera blanca,&#13;
&#13;
apoyándose en su bastón.)&#13;
&#13;
Putnam: (Señalando a la sollozante Betty):&#13;
&#13;
¡Este es un evidente indicio de brujería&#13;
&#13;
desatada, Rebecca Nurse, un prodigioso&#13;
&#13;
indicio!&#13;
&#13;
Ann: ¡Mi madre me lo dijo! Cuando no&#13;
&#13;
pueden soportar que el nombre del Señor&#13;
&#13;
sea…&#13;
&#13;
Parris(temblando): Rebecca, Rebecca, acu­-&#13;
&#13;
de a ella, estamos perdidos. Repentina-&#13;
&#13;
­mente, no soporta que el nombre del Se­-&#13;
&#13;
ñor sea. .. (Entra Giles Corey, de ochenta&#13;
&#13;
y tres años, musculoso, digno, inquisitivo,&#13;
&#13;
poderoso todavía.)&#13;
&#13;
Rebecca: Hay un enfermo grave aquí, Giles&#13;
&#13;
Corey, haz el favor de guardar silencio,&#13;
&#13;
pues.&#13;
&#13;
Giles: No he dicho una palabra. Ninguno&#13;
&#13;
de los presentes puede acusarme de haber&#13;
&#13;
dicho una palabra. ¿Va a volar otra vez?&#13;
&#13;
Dicen que vuela.&#13;
&#13;
Putnam: ¡Cállale, hombre! (Todo es si-&#13;
&#13;
­lencio. Rebecca cruza la habitación hacia&#13;
&#13;
el lecho; rebosa dulzura. Betty, con los&#13;
&#13;
ojos cerrados, solloza quedamente. Rebec-&#13;
&#13;
­ca simplemente se ha plantado ante la&#13;
&#13;
niña, quien se aquieta gradualmente.)&#13;
&#13;
Ann (atónita): ¿Qué has hecho? (Rebecca,&#13;
&#13;
pensativa, se aleja del lecho y se sienta.)&#13;
&#13;
Parris (maravillado y aliviado): ¿Qué pien­-&#13;
&#13;
sas de esto. Rebecca?&#13;
&#13;
Putnam (ansiosamente): ¿Rebecca Nurse,&#13;
&#13;
irás a ver a mi Ruth y tratarás de des-&#13;
&#13;
­pertarla?&#13;
&#13;
Rebecca(sentada): Creo que despertará a&#13;
&#13;
su tiempo. Por favor, calmáos. Tengo once&#13;
&#13;
hijos y soy veintiséis veces abuela y los&#13;
&#13;
he acompañado a todos en sus temporadas&#13;
&#13;
bobas y cada vez que les agarraba, sus&#13;
&#13;
diabluras dejaban chiquito al mismo De­-&#13;
&#13;
monio. Creo que despertará cuando se&#13;
&#13;
cansé de esto. El alma de una criatura es&#13;
&#13;
como una criatura, nunca podréis alcan-&#13;
&#13;
­zarla corriendo tras ella; hay que que­-&#13;
&#13;
darse quieto y pronto volverá por sí mis-&#13;
&#13;
­ma. en busca de cariño.&#13;
&#13;
Proctor: Sí, Rebecca, ahí está la verdad.&#13;
&#13;
Ann: Rebecca, esto no es ninguna tempo-&#13;
&#13;
­rada boba. Mi Ruth está aturdida, Rebec­-&#13;
&#13;
ca; no puede comer.&#13;
&#13;
Rebecca: Tal vez no esté hambrienta toda­-&#13;
&#13;
vía. (A Parris): Espero que no estéis de­-&#13;
&#13;
cidido a salir en busca de espíritus erran-&#13;
&#13;
tes, señor Parris. He oído anunciarlo&#13;
&#13;
afuera.&#13;
&#13;
Parris: En la parroquia se extiende la&#13;
&#13;
creencia de que el Diablo puede hallarse&#13;
&#13;
entre nosotros y estoy dispuesto a cumplir&#13;
&#13;
con ellos demostrándoles que están equi-&#13;
&#13;
­vocados.&#13;
&#13;
Proctor: Entonces hablad claro y decidles&#13;
&#13;
que están equivocados. Antes de llamar&#13;
&#13;
 &#13;
&#13;
&#13;
&#13;
10                                                                                                                     LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
a ese ministro a que busque demonios,&#13;
&#13;
habéis consultado con los consejeros?&#13;
&#13;
Parris: ¡No viene a buscar demonios!&#13;
&#13;
Proctor: ¿Entonces, a qué viene?&#13;
&#13;
Putnam : ¡En el pueblo hay niños murién-­&#13;
&#13;
dose, caballero!&#13;
&#13;
Proctor: No veo morirse a ninguno. Esta&#13;
&#13;
comunidad no ha de ser un juguete para&#13;
&#13;
que lo agitéis a vuestro gusto, señor Put-­&#13;
&#13;
nam. (A Parris): Habéis convocado a se­-&#13;
&#13;
sión antes de...&#13;
&#13;
Putnam : ¡Estoy harto de sesiones! ¿Es que&#13;
&#13;
el pobre hombre no puede volver la ca­-&#13;
&#13;
beza sin tener que convocar a sesión?&#13;
&#13;
Proctor: Puede volver la cabeza, pero no&#13;
&#13;
hacia el Infierno.&#13;
&#13;
Rebecca: Te ruego, John, cálmate. (Pausa.&#13;
&#13;
El cede ante ella.) Señor Parris, creo que&#13;
&#13;
lo mejor será que, tan pronto como venga,&#13;
&#13;
mandéis al Reverendo Hale de vuelta.&#13;
&#13;
Esto nos va a traer nuevas disputas en la&#13;
&#13;
comunidad y habíamos quedado en que&#13;
&#13;
este año habría paz. Creo que ahora debe-­&#13;
&#13;
ríamos confiar en el médico y en una&#13;
&#13;
buena plegaria.&#13;
&#13;
Ann: ¡Rebecca, el doctor está desconcer­-&#13;
&#13;
tado!&#13;
&#13;
REBECCA: Entonces, si lo está, acudamos a&#13;
&#13;
Dios. Hay un peligro monstruoso en po-­&#13;
&#13;
nerse a buscar espíritus errantes. Lo te-­&#13;
&#13;
mo, lo temo. Es mejor que busquemos la&#13;
&#13;
culpa en nosotros y que ...&#13;
&#13;
Putnam: ¿Cómo hemos de culparnos a&#13;
&#13;
nosotros? Yo soy uno de nueve hijos; la&#13;
&#13;
semilla de los Putnam ha poblado esta&#13;
&#13;
región. Y sin embargo, de ocho criaturas&#13;
&#13;
sólo me queda una ... y esa una se está&#13;
&#13;
marchitando.&#13;
&#13;
Rebecca: Esto no puedo desentrañarlo yo.&#13;
&#13;
Ann (con un creciente dejo de sarcasmo) :&#13;
&#13;
¡En cambio yo debo! ¿Crees que es obra&#13;
&#13;
de Dios el que tú jamás debas perder un&#13;
&#13;
hijo, ni un nieto, y que yo en cambio&#13;
&#13;
deba enterrarlos a todos menos a uno?&#13;
&#13;
En este pueblo hay ruedas moviendo rue-­&#13;
&#13;
das y fuegos nutriendo fuegos.&#13;
&#13;
Putnam (a Parris): Cuando llegue el Re­-&#13;
&#13;
verendo Hale, procederéis a buscar ras­-&#13;
&#13;
tros de brujería en esto.&#13;
&#13;
Proctor (a Putnam): No podéis dar órde­-&#13;
&#13;
nes al señor Parris. En esta comunidad el&#13;
&#13;
voto es por persona y no por hectárea.&#13;
&#13;
Putnam : Nunca os he notado tan preocu­-&#13;
&#13;
pado por esta comunidad, señor Proctor.&#13;
&#13;
No creo haberos visto en nuestras reunio­-&#13;
&#13;
nes sabáticas desde las últimas nevadas.&#13;
&#13;
Proctor: Bastantes preocupaciones tengo&#13;
&#13;
sin viajar cinco millas para escucharle&#13;
&#13;
predicar no más que tormentos infernales&#13;
&#13;
y condenación eterna. Creed en lo que&#13;
&#13;
os digo, señor Parris. Hay muchos otros&#13;
&#13;
que hoy se apartan de la iglesia porque&#13;
&#13;
ya casi nunca mencionáis a Dios.&#13;
&#13;
Parris (excitado): ¡Cómo! ¡Esta es una&#13;
&#13;
acusación muy grave!&#13;
&#13;
Rebecca: Hasta cierto punto es verdad: hay&#13;
&#13;
muchos que no se animan a traer a sus&#13;
&#13;
hijos. ..&#13;
&#13;
Parris : No predico para niños, Rebecca.&#13;
&#13;
No son los niños quienes descuidan sus&#13;
&#13;
obligaciones para con este ministerio.&#13;
&#13;
Rebecca: ¿Realmente hay quienes las des­-&#13;
&#13;
cuidan?&#13;
&#13;
Parris: Yo diría (pie más de la mitad del&#13;
&#13;
pueblo de Salem...&#13;
&#13;
Putnam (interrumpiendo): Y más que&#13;
&#13;
eso...&#13;
&#13;
Parris: ¿Dónde está mi leña? Mi contrato&#13;
&#13;
estipula que se me provea de toda mi&#13;
&#13;
leña. ¡Desde Noviembre estoy esperando&#13;
&#13;
una astilla, y aún en Noviembre mismo&#13;
&#13;
tuve que andar exhibiendo mis manos&#13;
&#13;
heladas como un mendigo cualquiera!&#13;
&#13;
Giles: Se os asigna seis libras anuales para&#13;
&#13;
comprar vuestra leña, señor Parris.&#13;
&#13;
Parris: Considero esas seis libras como&#13;
&#13;
parte de mi salario. Bastante poco se me&#13;
&#13;
paga sin que gaste seis libras en leña ...&#13;
&#13;
Proctor: Sesenta, más ¡seis para leña ...&#13;
&#13;
Parris (interrumpiéndolo): ¡El salario es&#13;
&#13;
de sesenta y seis libras, señor Proctor!&#13;
&#13;
No soy ningún predicador de campaña con&#13;
&#13;
el librito bajo el brazo; soy diplomado&#13;
&#13;
del colegio de Harvard.&#13;
&#13;
Giles : ¡Así es, y bien versado en arit­-&#13;
&#13;
mética !&#13;
&#13;
Parris: ¡Señor Corey, deberéis buscar mu­-&#13;
&#13;
cho para encontrar un hombre de mi cla-­&#13;
&#13;
se por sesenta libras anuales! No estoy&#13;
&#13;
acostumbrado a esta miseria; abandoné&#13;
&#13;
un buen negocio en Barbados para servir&#13;
&#13;
al Señor. No alcanzo a desentrañarlo:&#13;
&#13;
¿por qué se me persigue aquí? No puedo&#13;
&#13;
proponer nada sin que se produzca un&#13;
&#13;
alboroto de gritos y discusiones. Me he&#13;
&#13;
preguntado a menudo si no estaría el&#13;
&#13;
Diablo en esto; de otro modo no puedo&#13;
&#13;
comprenderos.&#13;
&#13;
Proctor: Señor Parris, sois el primer pá­-&#13;
&#13;
rroco que ha exigido el título de propie­-&#13;
&#13;
dad de esta casa ...&#13;
&#13;
Parris (interrumpiendo): ¡Hombre! ¿Es&#13;
&#13;
que un párroco no merece una casa donde&#13;
&#13;
vivir?&#13;
&#13;
Proctor: En donde vivir, sí. Pero preten-­&#13;
&#13;
der la propiedad es como si fuéseis dueño&#13;
&#13;
de la misma capilla; en la última asam­-&#13;
&#13;
blea a la que acudí hablásteis tanto de&#13;
&#13;
escrituras e hipotecas que creí estar en&#13;
&#13;
un remate.&#13;
&#13;
Parris: ¡Pretendo una prueba de confian­-&#13;
&#13;
za, eso es todo! Soy vuestro tercer pre­-&#13;
&#13;
dicador en siete años. No quiero ser echa­-&#13;
&#13;
do como el gato cada vez que ese sea el&#13;
&#13;
capricho de cualquier mayoría. Vosotros&#13;
&#13;
parecéis no comprender que un ministro&#13;
&#13;
es el representante del Señor en la parro-­&#13;
&#13;
quia; a un ministro no se le ha de per­-&#13;
&#13;
turbar ni contradecir con tanta ligereza. ..&#13;
&#13;
Putnam: ¡Eso es!&#13;
&#13;
Parris : ¡Habrá obediencia, o la Iglesia ar­-&#13;
&#13;
derá como arde el Infierno!&#13;
&#13;
Proctor: ¿E s que no podéis hablar un mi­-&#13;
&#13;
nuto sin que vayamos a parar al Infierno&#13;
&#13;
nuevamente? ¡Estoy harto del infierno!&#13;
&#13;
Parris: No sois vos quien decidirá lo que&#13;
&#13;
os conviene oír.&#13;
&#13;
Proctor: ¡Creo que puedo decir lo que&#13;
&#13;
pienso!&#13;
&#13;
Parris (furioso): ¿Qué, somos cuáqueros&#13;
&#13;
acaso? Todavía no somos cuáqueros aquí,&#13;
&#13;
señor Proctor. Y podéis decírselo así a&#13;
&#13;
vuestros partidarios.&#13;
&#13;
Proctor: ¡Mis partidarios!&#13;
&#13;
Parris (por fin se desahoga): En esta igle­-&#13;
&#13;
sia hay un partido. No estoy ciego; hay&#13;
&#13;
un bando y un partido.&#13;
&#13;
Proctor: ¿Contra vos?&#13;
&#13;
Putnam : ¡Contra él y toda autoridad!&#13;
&#13;
Proctor: ¡Ah ! Si es así, debo encontrarlo&#13;
&#13;
y unirme a él. (Hay conmoción entre los&#13;
&#13;
demás.)&#13;
&#13;
Rebecca: No quiso decir eso.&#13;
&#13;
Putnam : ¡Acaba de decirlo!&#13;
&#13;
Proctor: Lo sostengo solemnemente, Re-­&#13;
&#13;
becca; no me huele bien esta “autoridad”.&#13;
&#13;
Rebecca: No, no puedes quitarle el apoyo&#13;
&#13;
a tu párroco. Tú no eres de esos, John.&#13;
&#13;
Estrecha su mano. Haced las paces.&#13;
&#13;
Proctor: Tengo grano para sembrar y leña&#13;
&#13;
que arrastrar a casa. (Va enojado hacia&#13;
&#13;
la puerta y se vuelve hacia Corey con una&#13;
&#13;
sonrisa): ¿Qué te parece, Giles?, encon-­&#13;
&#13;
tremos ese partido. Dice que hay un&#13;
&#13;
partido.&#13;
&#13;
Giles: John, he cambiado mi opinión sobre&#13;
&#13;
este hombre. Os ruego que me perdonéis,&#13;
&#13;
señor Parris; nunca pensé que en vos&#13;
&#13;
hubiese tanta fortaleza.&#13;
&#13;
Parris (sorprendido): ¡Cómo...gracias,&#13;
&#13;
Giles!&#13;
&#13;
Giles: Esto le hace pensar a uno en cuál&#13;
&#13;
ha sido la dificultad entre nosotros todos&#13;
&#13;
estos años. (A todos): Pensadlo. ¿A qué&#13;
&#13;
se debe que todos andemos demandándo­-&#13;
&#13;
nos los unos a los otros? Pensadlo bien.&#13;
&#13;
Es algo profundo y negro como un pozo.&#13;
&#13;
Este año he comparecido seis veces ante&#13;
&#13;
la justicia...&#13;
&#13;
Proctor (interrumpiéndolo familiarmente,&#13;
&#13;
cordialmente, aunque sabe que con esto&#13;
&#13;
se acerca al límite de la paciencia de Gi- ­&#13;
&#13;
les): ¿Es culpa del Diablo que uno no&#13;
&#13;
pueda decirte buen día sin que lo deman­-&#13;
&#13;
des por calumnia? Estás viejo, Giles, y no&#13;
&#13;
oyes tan bien como antes.&#13;
&#13;
Giles (no puede ser desviado): John Proc­-&#13;
&#13;
tor, hace apenas un mes que cobré cuatro&#13;
&#13;
libras de daños y perjuicios porque decías&#13;
&#13;
que yo quemé el techo de tu casa, y yo. ..&#13;
&#13;
Proctor (riendo): Nunca dije tal cosa, pero&#13;
&#13;
te he pagado por ello, de modo que puedo&#13;
&#13;
llamarte sordo sin que me cueste. Ven,&#13;
&#13;
acompáñame Giles y ayúdame a arrastrar&#13;
&#13;
mi leña a casa.&#13;
&#13;
Putnam: Un momento señor Proctor. ¿qué&#13;
&#13;
leña es esa que arastráis, si puedo pre­-&#13;
&#13;
guntaros?&#13;
&#13;
Proctor: Es mi leña. De mi monte junto&#13;
&#13;
al río.&#13;
&#13;
Putnam : Vamos, nos hemos vuelto locos&#13;
&#13;
este año. ¿Qué anarquía es esta? Ese tre-­&#13;
&#13;
cho está dentro de mis límites, dentro de&#13;
&#13;
mis límites, dentro de mis límites, señor&#13;
&#13;
Proctor.&#13;
&#13;
Proctors ¡De vuestros límites! (indicando&#13;
&#13;
a Rebecca): Le compré ese pedazo al ma-­&#13;
&#13;
rido de la señora Nurse hace cinco meses.&#13;
&#13;
Putnam: El no tenía derecho a venderlo.&#13;
&#13;
Pn e! testamento de mi abuelo dice cla­-&#13;
&#13;
ramente que todo el terreno entre el&#13;
&#13;
río y ...&#13;
&#13;
Proctor: Vuestro abuelo tenía por costum­&#13;
&#13;
bre legar tierras que nunca le pertene­-&#13;
&#13;
cieron. si es que puedo decirlo sin rodeos.&#13;
&#13;
Giles: Esta es la pura verdad; también ha-­&#13;
&#13;
bía cedido mi pradera del norte; pero&#13;
&#13;
sabía que, antes de que alcanzase a firmar&#13;
&#13;
ese testamento, yo le hubiera roto los de­-&#13;
&#13;
dos. Vamos a llevar tu leña a casa. John.&#13;
&#13;
Siento que me vienen unas tremendas&#13;
&#13;
ganas de trabajar.&#13;
&#13;
Putnams ¡Cargad uno solo de mis robles&#13;
&#13;
y tendréis que pelear para arrastrarlo a&#13;
&#13;
casa!&#13;
&#13;
Giles: Está bien, y además venceremos,&#13;
&#13;
Putnam ... este bobo y yo. ¡Vamos! (Se&#13;
&#13;
vuelve a Proctor e inicia la salida.)&#13;
&#13;
Putnam : ¡Tendrás que vértelas con mis&#13;
&#13;
hombres, Corey! ¡Te encajaré una de-­&#13;
&#13;
nuncia! (Entra el Reverendo John Hale,&#13;
&#13;
de Beverly. Aparece abrumado bajo el&#13;
&#13;
peso de media docena de voluminosos&#13;
&#13;
libros.)&#13;
&#13;
Hale: Por favor, alguien que me ayude.&#13;
&#13;
Parris (complacido): Señor Hale...es&#13;
&#13;
bueno veros de nuevo. (Tomando algunos&#13;
&#13;
libros): ¡Oh, qué pesados!&#13;
&#13;
Hale (depositando sus libros): Así deben&#13;
&#13;
ser: tienen todo el peso de la autoridad.&#13;
&#13;
Parris (algo asustado): Ah. venís prepa­-&#13;
&#13;
rado, por lo que veo.&#13;
&#13;
Hale: Tendremos mucho que estudiar, si&#13;
&#13;
se trata de encontrar la pista del Viejo.&#13;
&#13;
(Advirtiendo a Rebecca ): ¿No seréis Re­-&#13;
&#13;
becca Nurse, por ventura?&#13;
&#13;
Rebecca: Lo soy, señor. ¿Me conocéis?&#13;
&#13;
Hale: Es extraño que os reconociera: pero&#13;
&#13;
supongo que será porque vuestro sem­-&#13;
&#13;
blante refleja la bondad de vuestra alma.&#13;
&#13;
En Beverly, todos hemos oído hablar de&#13;
&#13;
vuestra generosidad.&#13;
&#13;
Parris: ¿Conocéis a este caballero? El se-­&#13;
&#13;
ñor Thomas Putnam. Y su buena esposa&#13;
&#13;
Ann.&#13;
&#13;
Hale: ¡Putnam! No esperaba compañía tan&#13;
&#13;
distinguida, señor.&#13;
&#13;
Putnam (complacido): Hoy, esto no parece&#13;
&#13;
sernos muy útil, señor Hale. Confiamos&#13;
&#13;
en vos para que vengáis a casa a salvar&#13;
&#13;
a nuestra hija.&#13;
&#13;
Hale: ¿Vuestra niña también está enferma?&#13;
&#13;
Ann: Su alma, su alma parece haberse vo­-&#13;
&#13;
lado. Duerme, y sin embargo camina...&#13;
&#13;
Putnam: No puede comer.&#13;
&#13;
Hale: ¡No puede comer! (Lo piensa. Lue-&#13;
&#13;
go, a Proctor y Giles Corey): ¿Tenéis&#13;
&#13;
vosotros, hijos enfermos?&#13;
&#13;
Parris: No, no, estos son campesinos. John&#13;
&#13;
Proctor...&#13;
&#13;
Giles Corey : . ..que no cree en brujas.&#13;
&#13;
Proctor (a Hale): Nunca hablé de brujas&#13;
&#13;
en un sentido ni en otro. ¿Vienes, Giles?&#13;
&#13;
Giles : No, no. John, creo que no. Tengo&#13;
&#13;
algunas preguntas especiales que hacerle&#13;
&#13;
a este tipo.&#13;
&#13;
Proctor: He oído decir que sois una per­-&#13;
&#13;
sona sensata, señor Hale. Espero que&#13;
&#13;
dejéis algo de ello en Salém. (Proctor&#13;
&#13;
sale. Hale permanece embarazado un mo­-&#13;
&#13;
mento.)&#13;
&#13;
Parris (rápidamente): ¿Queréis examinar&#13;
&#13;
a mi hija, señor? (Guía a Hale hacia el&#13;
&#13;
lecho.) Trató de saltar por la ventana; la&#13;
&#13;
descubrimos esta mañana en el camino,&#13;
&#13;
agitando los brazos como si fuera a volar.&#13;
&#13;
Hale (entrecerrando los ojos ): Trata de&#13;
&#13;
volar.&#13;
&#13;
Putnam: No puede soportar que se pro­-&#13;
&#13;
nuncie el nombre del Señor; esto es un&#13;
&#13;
indicio de que hay brujería, señor Hale.&#13;
&#13;
Hale (levantando las manos): No, no. Per­-&#13;
&#13;
mitidme que os instruya. No podemos&#13;
&#13;
caer en supersticiones. El Diablo es pre-&#13;
&#13;
ciso; los rastros de su presencia son tan&#13;
&#13;
definidos como la piedra, y debo preve­-&#13;
&#13;
niros que no pondré manos a la obra si&#13;
&#13;
no estáis dispuestos a creerme en caso de&#13;
&#13;
que no la encuentre (por Betty) chamus­-&#13;
&#13;
cada por el fuego del Infierno.&#13;
&#13;
Parris: Está convenido, señor... está con­-&#13;
&#13;
venido ... nos someteremos a vuestro&#13;
&#13;
juicio.&#13;
&#13;
Hale: Bien entonces. (Va hacia el lecho y&#13;
&#13;
observa a Betty. A Parris): Decidme,&#13;
&#13;
¿cuál fué el primer síntoma que advertis­-&#13;
&#13;
teis en este extraño caso?&#13;
&#13;
Parris: Os diré, señor... la descubrí a ella&#13;
&#13;
(indicando a Abigail)...y a mi sobrina y&#13;
&#13;
a diez o doce de las otras muchachas,&#13;
&#13;
bailando en el bosque, anoche.&#13;
&#13;
Hale (sorprendido): ¿Vosotros permitís la&#13;
&#13;
danza?&#13;
&#13;
Parris: No, no, era en secreto...&#13;
&#13;
Ann (incapaz de esperar): La esclava del&#13;
&#13;
señor Parris sabe como conjurar.&#13;
&#13;
Parris (a Ann): No podemos estar seguros&#13;
&#13;
de eso. señora Putnam ...&#13;
&#13;
Ann ( asustada, muy suavemente): Yo lo sé.&#13;
&#13;
señor. Envié a mi hija. .. para que Títuba&#13;
&#13;
le dijera quién mató a sus hermanitas.&#13;
&#13;
Rebecca (horrorizada): ¡Ann! ¿Enviaste a&#13;
&#13;
una niña a invocar muertos?&#13;
&#13;
Ann: ¡Cúlpeme Dios, Rebecca, pero no tú,&#13;
&#13;
no tú! ¡No dejaré que tú me juzgues&#13;
&#13;
más! (A Hale ): ¿Es cosa natural perder&#13;
&#13;
siete hijos antes de que alcancen a vivir&#13;
&#13;
un día?&#13;
&#13;
Parris: ¡Shhh! (Rebecca, muy dolorida,&#13;
&#13;
vuelve el rostro. Hay una pausa.)&#13;
&#13;
Hale : Siete que han muerto al nacer.&#13;
&#13;
Ann (suavemente): Así es. (Su voz se quie­-&#13;
&#13;
bra; lo contempla. Silencio. Hale está&#13;
&#13;
impresionado. Parris lo mira. Hale va ha-­&#13;
&#13;
cia sus libros, abre uno. lo hojea, y luego&#13;
&#13;
lee. Todos esperan ávidamente.)&#13;
&#13;
Parris (en voz baja): ¿Qué libro es ese?&#13;
&#13;
Ann: ¿Qué dice allí, señor?&#13;
&#13;
Hale (con la fruición de quien saborea un&#13;
&#13;
ejercicio intelectual): Aquí está todo el&#13;
&#13;
mundo invisible, atrapado, definido y cal­-&#13;
&#13;
culado. En estos libros está el Diablo&#13;
&#13;
desnudado de todos sus torpes disfraces.&#13;
&#13;
Aquí están todos los espíritus que os son&#13;
&#13;
familiares; vuestros íncubos y súcubos;&#13;
&#13;
vuestras brujas que viajan por tierra, por&#13;
&#13;
aire y por mar; vuestros hechiceros de la&#13;
&#13;
noche y del día. No temáis... lo encon­-&#13;
&#13;
traremos si es que se ha mezclado entre&#13;
&#13;
nosotros, ¡y me propongo destrozarlo por&#13;
&#13;
completo en cuanto muestre la cara! (Va&#13;
&#13;
hacia el lecho.)&#13;
&#13;
Rebecca: ¿Dañará a la niña, señor?&#13;
&#13;
Hale : No puedo decirlo. Si realmente está&#13;
&#13;
en las garras del Diablo, tal vez haya que&#13;
&#13;
rasgar y arrancar para poder liberarla.&#13;
&#13;
Rebecca: Entonces creo que me iré. Soy de-­&#13;
&#13;
masiado vieja para esto. Se levanta).&#13;
&#13;
Parris (tratando de ser convincente) : ¡Va­-&#13;
&#13;
mos, Rebecca, hoy podemos dar con la&#13;
&#13;
clave de todos nuestros trastornos!&#13;
&#13;
Rebecca: Esperémosle así. Rogaré a Dios&#13;
&#13;
por vos, señor.&#13;
&#13;
Parris (con agitación y resentimiento):&#13;
&#13;
¡Supongo que no quieres decir que aquí&#13;
&#13;
rogamos al Diablo! (Breve pausa.)&#13;
&#13;
Rebecca: Ojalá lo supiera. (Sale; los de-­&#13;
&#13;
más se sienten resentidos por su nota de&#13;
&#13;
superioridad moral.)&#13;
&#13;
Putnam (bruscamente): Venid, señor Hale,&#13;
&#13;
prosigamos. Sentaos aquí.&#13;
&#13;
Giles : Señor Hale, siempre quise pregun-­&#13;
&#13;
tarle a un hombre ilustrado... qué sig­-&#13;
&#13;
nifica la lectura de libros extraños.&#13;
&#13;
Hale : ¿Qué libros?&#13;
&#13;
Giles : No podría decirlo; ella los esconde.&#13;
&#13;
Hale : ¿Quién los esconde?&#13;
&#13;
Giles : Martha, mi mujer. Me he despertado&#13;
&#13;
más de una noche y la be sorprendido&#13;
&#13;
leyendo un libro. ¿Qué opináis vos de&#13;
&#13;
esto?&#13;
&#13;
Hale: Bueno, ésto no es necesariamente...&#13;
&#13;
Giles : Me incomoda. Anoche ... notad es­-&#13;
&#13;
to...lo intentaba y lo intentaba y no&#13;
&#13;
podía decir mis oraciones, y entonces ella&#13;
&#13;
cierra su libro y sale de la casa y de re­-&#13;
&#13;
pente. .. notad esto... ¡de repente puedo&#13;
&#13;
rezar nuevamente!&#13;
&#13;
Hale : Ah, oración interrumpida... es raro.&#13;
&#13;
Hablaré con vos de esto.&#13;
&#13;
Giles: Aclaremos, no digo que ella haya&#13;
&#13;
sido tocada por el Diablo, pero me gus-­&#13;
&#13;
taría saber qué libros lee y por qué los&#13;
&#13;
esconde. A mí no me contesta, ¿sabéis?&#13;
&#13;
Hale: Comprendo; ya lo discutiremos. (A&#13;
&#13;
todos): Ahora escuchadme: si el Diablo&#13;
&#13;
está en ella seréis testigos, en esta habi­-&#13;
&#13;
tación, de algunos portentos indecibles,&#13;
&#13;
conque os ruego que os mantengáis se­-&#13;
&#13;
renos. Señor Putnam, permaneced cerca&#13;
&#13;
por si vuela. Y ahora, Betty querida,&#13;
&#13;
¿quieres sentarte? (Putnam se acerca, lis-&#13;
&#13;
to para ayudar. Hale sienta a Betty, pero&#13;
&#13;
ella yace inerte en sus manos.) Hummm.&#13;
&#13;
(La observa atentamente. Los otros miran&#13;
&#13;
sin aliento.) ¿Me oyes? Soy John Hale,&#13;
&#13;
párroco de Beverly. He venido para ayu­-&#13;
&#13;
darte, querida. ¿Recuerdas a mis dos hiji-&#13;
&#13;
tas. en Beverly? (Ella no se mueve.)&#13;
&#13;
Parris (asustado): ¿Cómo puede ser el&#13;
&#13;
Diablo? ¿Por qué habría de elegir mi&#13;
&#13;
casa? ¡En el pueblo tenemos toda clase&#13;
&#13;
de gente licenciosa!&#13;
&#13;
Hale: ¿De qué le serviría al Diablo ganar&#13;
&#13;
un alma ya corrompida? El Diablo quie­-&#13;
&#13;
re a los mejores y ¿quién mejor que el&#13;
&#13;
ministro mismo?&#13;
&#13;
Giles: Eso es profundo, señor Parris, pro­-&#13;
&#13;
fundo, profundo.&#13;
&#13;
Parris (resueltamente ahora): ¡Betty, res-­&#13;
&#13;
póndele al señor Hale! ¡Betty!&#13;
&#13;
Hale : ¿Alguien te hace mal, niña? No tie­-&#13;
&#13;
ne por qué ser mujer, ¿sabes?, ni hom­-&#13;
&#13;
bre. Tal vez viene a ti un pájaro que es&#13;
&#13;
invisible para los demás... tal vez un&#13;
&#13;
cerdo, un ratón, o una bestia cualquiera.&#13;
&#13;
¿Hay alguna aparición que te incita a&#13;
&#13;
volar? (La niña permanece inerte. En&#13;
&#13;
silencio él vuelve a depositarla sobre la&#13;
&#13;
almohada. Ahora, extendiendo las manos&#13;
&#13;
hacia ella, entona): In nomine Domine&#13;
&#13;
Sabaoth sui filiique ite ad infernos. (Ella&#13;
&#13;
no se mueve. El encara a Abigail, entre­&#13;
&#13;
cerrando los ojos): Abigail. ¿qué era lo&#13;
&#13;
que bailabas con ella en el bosque?&#13;
&#13;
Abigail: Pues... bailes corrientes, eso es&#13;
&#13;
todo.&#13;
&#13;
Parris: Creo que yo debería decir que ...&#13;
&#13;
que vi una marmita sobre la hierba, en&#13;
&#13;
donde estaban bailando.&#13;
&#13;
Abigail : Si eso no era más que sopa.&#13;
&#13;
Hale: ¿Qué clase de sopa había en esa&#13;
&#13;
marmita, Abigail?&#13;
&#13;
Abigail : Nada, eran habas... y lentejas,&#13;
&#13;
creo, y ...&#13;
&#13;
Hale: Señor Parris, ¿no habéis notado&#13;
&#13;
nada vivo en la marmita, no es cierto?&#13;
&#13;
¿Un ratón, por ventura, una araña, un&#13;
&#13;
sapo. . . ?&#13;
&#13;
Parris (temeroso): Yo ... sí creo que algo&#13;
&#13;
se movía ... en la sopa.&#13;
&#13;
Abigail : ¡Eso habrá saltado adentro...&#13;
&#13;
nosotras no lo pusimos!&#13;
&#13;
Hale ( rápidamente) : ¿Qué es lo que saltó&#13;
&#13;
adentro?&#13;
&#13;
Abigail: Nada ... saltó un sapito muy pe­-&#13;
&#13;
queño . . .&#13;
&#13;
Parris: ¡Abby!, ¿¡un sapo!?&#13;
&#13;
Hale ( aferrando a Abigail): Abigail, tu pri­-&#13;
&#13;
ma tal vez se esté muriendo. ¿Convocas­&#13;
&#13;
teis al Diablo, anoche?&#13;
&#13;
Abigail: ¡Yo no lo llamé! Títuba, Títuba...&#13;
&#13;
Parris ( palideciendo) :&#13;
&#13;
¿Ella llamó al&#13;
&#13;
Diablo?&#13;
&#13;
Hale : Me gustaría hablar con Títuba.&#13;
&#13;
Parris: Señora Ann. ¿queréis traerla? (Ann&#13;
&#13;
Putnam sale.)&#13;
&#13;
Hale: ¿Cómo lo llamó?&#13;
&#13;
Abigail : No sé ... hablaba en su idioma de&#13;
&#13;
Barbados.&#13;
&#13;
Hale: ¿Sentiste algo extraño cuando lo lla-&#13;
&#13;
Concluye en la pág. 12&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                     11&#13;
&#13;
&#13;
POEMAS DE CARLOS LATORRE&#13;
&#13;
&#13;
EL PUNTO DE PARTIDA&#13;
&#13;
No es necesario insistir en el elogio de la fiebre&#13;
&#13;
En el inútil sufrimiento&#13;
&#13;
 de la inteligencia empeñada en propiciar maneras más tiernas&#13;
&#13;
En algunos desarrollos insensatos del espíritu destinados a controlar los&#13;
&#13;
 juegos entre el prójimo y el límite de las fuerzas&#13;
&#13;
Es tan natural dar una vuelta sobre sí mismo que uno puede detenerse&#13;
&#13;
 una noche para atender a los descubrimientos&#13;
&#13;
No los que coinciden con los móviles de la muerte sino aquellos otros&#13;
&#13;
que proporcionan la buena suerte&#13;
&#13;
Los que ponen la vida al alcance de la mano&#13;
&#13;
Está bien claro&#13;
&#13;
No quiero ver a la naturaleza por la mira de la escopeta&#13;
&#13;
El telescopio está en mis gestos&#13;
&#13;
El lago cabe en la respiración El hombre también&#13;
&#13;
Cuatro sentidos todavía para pervertir a los símbolos menores porque&#13;
&#13;
la divinidad queda indefensa si se consigue hacerla sonreír&#13;
&#13;
Cuando voy hacia la nada voy en lastre&#13;
&#13;
Así me siento más cerca de la eternidad sin funerales al parecer&#13;
&#13;
 imprescindibles&#13;
&#13;
Uno comienza a descubrir que el amor tal como lo profesara era ese&#13;
&#13;
papel incendiario que se quema muy arriba porque carece de&#13;
&#13;
 peso específico&#13;
&#13;
Es más útil ese fuego terrestre que guía a los barcos y a las bombas de&#13;
&#13;
 incendio tan seductoras para la niñez&#13;
&#13;
La tarea es deliciosa Uno rompe las palabras para ver lo que tienen&#13;
&#13;
 dentro y encuentra los hechos fortuitos y restos de civilizaciones&#13;
&#13;
 en contradicción&#13;
&#13;
La raza de un hombre está en sus manos&#13;
&#13;
&#13;
LA TAREA DE LA EXISTENCIA&#13;
&#13;
&#13;
Todos saben que con una sola proeza nadie puede lograr la posesión&#13;
&#13;
 de su víctima&#13;
&#13;
Por eso los que uno llama vosotros proponen el amor sin pérdida de&#13;
&#13;
 tiempo&#13;
&#13;
El hecho consumado&#13;
&#13;
La verdad en el punto de unión entre la soledad y la dispersión de&#13;
&#13;
 las razas&#13;
&#13;
Pero llegada de extremas distancias de fin natural la vida tiene cierto&#13;
&#13;
 derecho a perpetuar los argumentos del universo&#13;
&#13;
&#13;
EL HECHO CONCRETO&#13;
&#13;
El canto es necesario esa combinación entre los elementos&#13;
&#13;
naturales que se rozan entre sí como las manos&#13;
&#13;
de los personajes históricos&#13;
&#13;
El agua arrastra detritus de algunas viejas maneras y&#13;
&#13;
propicia también la experiencia inmediata&#13;
&#13;
La piedra encierra una república una edad en preparación&#13;
&#13;
Sin embargo algo tiene que cambiar para que el mundo tome&#13;
&#13;
 la forma de los cuerpos que lo contienen&#13;
&#13;
Son siempre los deseos los que modifican los libros&#13;
&#13;
 ejemplares y estimulan la mecánica de la clarividencia&#13;
&#13;
 en cuya velocidad se advierte la desaparición de&#13;
&#13;
 los hechos gratuitos&#13;
&#13;
Lo he dicho ya&#13;
&#13;
El cauce comienza con el paso adelante y cualquier bosque&#13;
&#13;
 tiene su lenguaje en libertad&#13;
&#13;
&#13;
SILENCIO RESPONSABLE&#13;
&#13;
por Juan Filloy&#13;
&#13;
Estaba contemplando las grandes avenidas del pen­-&#13;
&#13;
samiento, desde la ventana que da al futuro del poema.&#13;
&#13;
Y el hombre concreto, de recia mandíbula y corazón de&#13;
&#13;
escarcha, me increpó;&#13;
&#13;
&#13;
— Basta ya de sofistería metafórica. De efugios y subterfugios. De&#13;
&#13;
tintamarra y tintirintín. Edifiquemos la poesía sobre cimientos macizos,&#13;
&#13;
hendiendo el humus de la carne. No sobre el humo de estilos afeitados,&#13;
&#13;
sin orín, origen ni originalidad.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque me afeito solo y tengo a menudo la&#13;
&#13;
barba herrumbrada. . .)&#13;
&#13;
&#13;
__ Es necesario engordar la inspiración anemiada por el abuso de&#13;
&#13;
absurdos, alcaloides y aberraciones. Propendamos a que la poesía tenga&#13;
&#13;
músculos. Y se entrene en lo noble. No en la inteligencia pura, sino en el&#13;
&#13;
acto puro. No en el arte puro, sino en la vida pura.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque mis ochenta kilos literarios se enter­-&#13;
&#13;
necen diariamente en algunas flexiones. . . )&#13;
&#13;
&#13;
— ¿Hasta cuándo flameará la poesía sus artificios verbales? Luces de&#13;
&#13;
bengala que encandilan a los bobos. Hilachas aéreas que se disipan al&#13;
&#13;
soplo del fastidio. ¿No ves que hay en el mundo un apetito furioso&#13;
&#13;
certidumbres? Las almas quieren comidas suculentas. Poemas que se&#13;
&#13;
puedan cortar en rodajas.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque me alimento con grageas de Cocteau&#13;
&#13;
y píldoras de Joyce, y, sólo de tarde en tarde, pruebo&#13;
&#13;
las tortas fritas de Martín Fierro ...)&#13;
&#13;
&#13;
__ Urge abolir el fanatismo de lo abstracto. La belleza  está en la co-&#13;
&#13;
laboración del ojo que mira el cuadro, del oído que escucha el lied,&#13;
&#13;
de la sensibilidad que capta la emoción del verso.&#13;
&#13;
Se hacen demasiadas&#13;
&#13;
sutilezas estrafalarias. Ni la intuición aprehende ya la esencia larval,&#13;
&#13;
onírica, fantasmagórica de la poesía de hoy.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque ser poeta implica, para mí ser, ser mis-&#13;
&#13;
teriarca y saber espiar con ojo pitagórico la cerradura&#13;
&#13;
del enigma…)&#13;
&#13;
&#13;
— Un arte sin conexión humana no sirve para nada. Globo cautivo&#13;
&#13;
de cierta minoría, es menester cortarle el cable, para  que desaparezca,&#13;
&#13;
o traerlo a tierra para se desinfle. No hay poesía sin eco, resonancia,&#13;
&#13;
memoria. La fatalidad de la poesía snob — sine mobilitatem— está en no&#13;
&#13;
dejar recuerdo.&#13;
&#13;
 &#13;
&#13;
(Callé, porque barbotaba en mí este verso sublime&#13;
&#13;
de la “Macchina lírica” del pioneer futurista: “Stan-tuff&#13;
&#13;
stan-tuff stan-tuffoo stan-tuffoo”...)&#13;
&#13;
&#13;
¿ Y lo nuestro? ¿Por qué extravasamos en formas y conceptos aje­-&#13;
&#13;
nos a nuestra idiosincrasia? Desde el balcón atlántico de Buenos Aires&#13;
&#13;
la mirada huye imantada al exotismo. ¿Acaso el rancho con su lechuza&#13;
&#13;
no es un Parthenon primario con una acróptera de pluma?&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque eludo al trotecito los suburbios del&#13;
&#13;
folk-lore, profiriendo mentalmente:&#13;
&#13;
Bien, digamé Don Isauro:&#13;
&#13;
¿qués mejor aquí en el campo,&#13;
&#13;
montar en pelo un centauro&#13;
&#13;
o ensillado un hipocampo?...)&#13;
&#13;
&#13;
Nadie puede recitar de memoria un poema de Tristán Tzara, ni&#13;
&#13;
reproducir de memoria un diseño de Paul Klee, ni repetir de memoria&#13;
&#13;
tres compases de Schönberg. La fatalidad de este arte up to date, de esta,&#13;
&#13;
poesía vient de paraître, está en que resbala irrefragablemente hacia el&#13;
&#13;
olvido. Por eso el olvido será la mejor y la más sabia de sus críticas.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque ante el boycot del producto, conviene&#13;
&#13;
decretar el lock-out de la imaginación creadora ...)&#13;
&#13;
&#13;
Yo anhelo que cada poema tenga su cardiosfera. Que el espíritu&#13;
&#13;
que se condense en él sea ágil, audaz, valiente. Que la pirueta y la boutade&#13;
&#13;
sucumban en su propia estolidez. Y que el arte exilado vuelva a las&#13;
&#13;
profundas realidades de la vida. Desde la erudición clásica o desde el&#13;
&#13;
fuego romántico. ¡De dónde esté! Porque es el único que ha cumplido&#13;
&#13;
dignamente la proeza de embellecer la razón.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque, lo mismo que Kierkegaard, yo sufro&#13;
&#13;
el martirio dle la razón...)&#13;
&#13;
&#13;
El intruso calló también, por fin. Y seguimos con­&#13;
&#13;
templando las grandes avenidas del pensamiento, desde&#13;
&#13;
la ventana que da al futuro del poema.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
12                                                                                                                     LETRA y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
BUENOS AIRES Y GUIBERT&#13;
&#13;
&#13;
(A propósito del libro: “Poeta al pie de Buenos Aires”)&#13;
&#13;
por Enrique Molina&#13;
&#13;
&#13;
 Para las perezosas ratas de la crítica re-­&#13;
&#13;
sultará muy superior a su roer de costum­-&#13;
&#13;
bre la envergadura, la extraordinaria fluen-­&#13;
&#13;
cia lírica y el esfuerzo de sostener a lo lar­-&#13;
&#13;
go de más de doscientas páginas —sin de-­&#13;
&#13;
caer un instante— la ardiente arquitectura&#13;
&#13;
de un poema dedicado a Buenos Aires.&#13;
&#13;
Inútil será extraer algún pequeño fragmen-­&#13;
&#13;
to, picotear en los zócalos, arrancar un tro­-&#13;
&#13;
zo de tapiz, arañar una frase. La obra de&#13;
&#13;
Guibert perdurará por la virtud de su ener­-&#13;
&#13;
gía original, por la inviolable sustancia que&#13;
&#13;
ha elaborado. Por lo demás es sintomático&#13;
&#13;
el sospechoso silencio y los desconcertantes&#13;
&#13;
comentarios que han rodeado la aparición&#13;
&#13;
de una obra cuya dignidad y cuya violencia&#13;
&#13;
expresiva divergen totalmente con el sopor&#13;
&#13;
de nuestra atmósfera intelectual. De una&#13;
&#13;
obra que tarde o temprano acabará por im­-&#13;
&#13;
ponerse como lo que es: una obra viviente&#13;
&#13;
y original dentro de la moderna poesía&#13;
&#13;
argentina.&#13;
&#13;
 El solo hecho de proponerse como moti-­&#13;
&#13;
vo de esta epopeya el tema de Buenos Ai-­&#13;
&#13;
res ya es un índice de audacia y de fe, por&#13;
&#13;
su caótica vastedad y la ambiciosa inten­-&#13;
&#13;
ción de pretender fijar, registrar, el conte­-&#13;
&#13;
nido emocional, el tono entrañable con que&#13;
&#13;
la urbe resuena en la eternidad. No se trata&#13;
&#13;
de un largo discurso retórico en el que los&#13;
&#13;
nombres propios crean el decorado, a la&#13;
&#13;
manera del “Canto a Buenos Aires” de Mu-&#13;
&#13;
jica Lainez (especie de vago muestrario de&#13;
&#13;
postales), sino de un diálogo inmenso con&#13;
&#13;
cada uno de los elementos de esa realidad&#13;
&#13;
multiforme de la ciudad. No un retrato,&#13;
&#13;
una visión estática e inmóvil, sino un diá­-&#13;
&#13;
logo agotador, vibrante, con todas sus ma-­&#13;
&#13;
terias y sus seres. Guibert logra captar, por&#13;
&#13;
medio de un instrumento verbal de inagota­-&#13;
&#13;
ble carga poética, el proceso lento, vegetal,&#13;
&#13;
orgánico, de una enorme ciudad creciendo&#13;
&#13;
desde su primera piedra, desde su primera&#13;
&#13;
pisada humana, ampliándose en círculos a&#13;
&#13;
través del tiempo, siguiendo su huella, la&#13;
&#13;
veta invisible de su destino, lo que de ella&#13;
&#13;
perdura como carácter, espíritu, color, con­-&#13;
&#13;
fabulándose con nuestra sangre, edificán­-&#13;
&#13;
dola de nuevo, llama a llama en el corazón&#13;
&#13;
de sus hijos. Guibert no la observa con la&#13;
&#13;
mirada ligera del turista: la escruta con­&#13;
&#13;
fundido con sus materiales, a su vibración,&#13;
&#13;
percibiendo su ser oscuro y centelleante&#13;
&#13;
desde su propio núcleo, desde su más pro­-&#13;
&#13;
funda nebulosa original. Toda la confusa&#13;
&#13;
majestad de ese inmenso organismo que&#13;
&#13;
crece, asentado en los bordes de la llanura,&#13;
&#13;
propagándose en mil direcciones desde su&#13;
&#13;
germen hasta la realidad presente, todas sus&#13;
&#13;
grandes líneas de fuerza convergen, se in-­&#13;
&#13;
terpenetran y se resuelven en ese vasto mo&#13;
&#13;
vimiento sinfónico del poema, cuya babé­-&#13;
&#13;
lica arboladura acaba por ordenar en sus&#13;
&#13;
espirales el latido, el soplo de eternidad y&#13;
&#13;
de violencia que nutre las raíces de su pla-­&#13;
&#13;
netario Buenos Aires.&#13;
&#13;
 La obra de Guibert, viva, experimental,&#13;
&#13;
audaz, de mágica certidumbre, es un foco&#13;
&#13;
de profundas incitaciones y necesariamente&#13;
&#13;
vuelve a plantear el dramático problema de&#13;
&#13;
la expresión, el problema esencial de toda&#13;
&#13;
creación artística, máxime cuando en este&#13;
&#13;
caso el propio tema presupone la necesi-­&#13;
&#13;
dad de un lenguaje poético que al mismo&#13;
&#13;
tiempo debe fluir y ser síntesis de la reali­-&#13;
&#13;
dad espiritual de la ciudad. Todo auténtico&#13;
&#13;
creador está constantemente obligado a&#13;
&#13;
romper los moldes estratificados del len­-&#13;
&#13;
guaje, las formas expresivas a las que el&#13;
&#13;
uso acaba de quitar su poder de comunica-­&#13;
&#13;
ción. Guibert crea así un verbo poético ex­-&#13;
&#13;
traordinariamente dinámico, de gran capa­-&#13;
&#13;
cidad explosiva, por completo original, vir­-&#13;
&#13;
gen, en cuyo haz se concentran a lo largo&#13;
&#13;
de cualquier frase múltiples asociaciones de&#13;
&#13;
índole sensorial, reflejos sentimentales, es­-&#13;
&#13;
tímulos. Se irisa, reverbera, accede a los&#13;
&#13;
planos más hondos de la emoción, articu­-&#13;
&#13;
lándose de manera fulgurante con todo el&#13;
&#13;
contenido del inconsciente. Guibert somete&#13;
&#13;
el idioma a un verdadero proceso de alqui-­&#13;
&#13;
mia. Los giros más populares, los modismos&#13;
&#13;
callejeros son incorporados y transforma­-&#13;
&#13;
dos, expuestos a una nueva luz, cargándose&#13;
&#13;
de un sentido nuevo y fresco en el que dia-­&#13;
&#13;
lectalmente se niega el viejo sentido ya&#13;
&#13;
gastado por el uso y al mismo tiempo se lo&#13;
&#13;
afirma y se le recrea. Esta experiencia que&#13;
&#13;
constituye uno de los puntos capitales de&#13;
&#13;
la obra de Queneau, es llevada por Gui­-&#13;
&#13;
bert a un punto de alta tensión, siempre&#13;
&#13;
lejano de todo tono discursivo.&#13;
&#13;
Cuando basta un campeón del raciona­-&#13;
&#13;
lismo más cerrado, como Julien Benda, lle-­&#13;
&#13;
ga a admitir que: “En cuanto al propósito&#13;
&#13;
de la poesía de ser la vida y no un juicio&#13;
&#13;
sobre la vida, repito que no me detengo en&#13;
&#13;
él, porque me parece su esencia misma”,&#13;
&#13;
habría que admitir, sin temor al error, que&#13;
&#13;
es necesario revisar, de una vez por todas,&#13;
&#13;
los conceptos y los procedimientos del liris­-&#13;
&#13;
mo tradicional. ¿En qué consiste esa pre­-&#13;
&#13;
tensión de la poesía de ser la vida misma?&#13;
&#13;
Sólo en comunicarse del modo en que la&#13;
&#13;
vida se comunica. Si estoy sentado al sol&#13;
&#13;
en una plaza, ese instante no llega a mi&#13;
&#13;
conciencia a través de frases lógicas y con-­&#13;
&#13;
ceptos ordenados según una jerarquía ra­-&#13;
&#13;
cional. Me asalta por los sentidos, múltiple,&#13;
&#13;
unánime, alcanzando a la vez mis nervios y&#13;
&#13;
mis vísceras, todo mi mundo orgánico y&#13;
&#13;
espiritual. Hasta para Benda está fuera de&#13;
&#13;
duda que la poesía debe coincidir con la&#13;
&#13;
vida, “no ser un juicio sobre la vida”. To-­&#13;
&#13;
do el poema de Guibert se mueve en tal&#13;
&#13;
sentido. Sus imágenes, más que visuales son&#13;
&#13;
orgánicas, más que plásticas o intelectuales&#13;
&#13;
son, si pudiera decirse, de naturaleza so-­&#13;
&#13;
mática. Su materia poética no se petrifica&#13;
&#13;
en ningún instante, actúa de manera sinfó-­&#13;
&#13;
nica, fluyente y viva como una llamarada.&#13;
&#13;
Desde el primer instante y todo a lo largo&#13;
&#13;
del poema se dirige más a la sensación y&#13;
&#13;
al sentimiento que a las facultades lúcidas&#13;
&#13;
del intelecto. Crea directamente —no lo&#13;
&#13;
alude— el fuego, el frío, la luz, la angustia,&#13;
&#13;
la noche, la sombra, todos los elementos,&#13;
&#13;
todo el influjo infinito de la vida. De pron­-&#13;
&#13;
to, como una espesa y enorme burbuja, des­-&#13;
&#13;
de el fondo de ese mar de los Sargazos que&#13;
&#13;
es su poema, asciende una oleada de sen­-&#13;
&#13;
saciones de intenso magnetismo poético.&#13;
&#13;
Véase, por ejemplo, el canto trece, de un&#13;
&#13;
poder erótico pocas veces alcanzado en la&#13;
&#13;
literatura. Una verdadera manigua de ape­-&#13;
&#13;
tito y sensualidad que pone al descubierto&#13;
&#13;
el espectáculo secreto y existencial del&#13;
&#13;
amor nocturno, la gran vía láctea carnal&#13;
&#13;
que ilumina la noche de Buenos Aires. En&#13;
&#13;
éste, uno de los más hermosos momentos&#13;
&#13;
del poema, se pone de manifiesto la inten-­&#13;
&#13;
sidad expresiva del lenguaje de Guibert.&#13;
&#13;
Intensidad que se mantiene al definir la&#13;
&#13;
estatura mítica del habitante de la urbe, al&#13;
&#13;
desentrañar el contenido espiritual de su&#13;
&#13;
personalidad difusa pero sensible, incohe-­&#13;
&#13;
rente pero viva, informe pero esencial y a&#13;
&#13;
la que por un juego de alusiones, de innu­-&#13;
&#13;
merables resonancias sentimentales, que po­-&#13;
&#13;
nen al descubierto el fuego central de su&#13;
&#13;
existir. La congoja de la vida deformada,&#13;
&#13;
frustrando, sin escape posible dentro del&#13;
&#13;
monumental decorado de la ciudad, el re­-&#13;
&#13;
petirse de los gestos humanos, cada vez&#13;
&#13;
menos humanos, movidos solamente por las&#13;
&#13;
poleas invisibles de ese monstruoso meca-­&#13;
&#13;
nismo donde el hombre acaba por olvidar&#13;
&#13;
su condición. Buenos Aires se levanta ávi­-&#13;
&#13;
da, feroz, tierna, incesante, compuesta de&#13;
&#13;
los millones de gestos, de los millones de&#13;
&#13;
escenas y relámpagos que pululan por su&#13;
&#13;
pecho de acero. La gran masa sinfónica que&#13;
&#13;
Guibert desencadena disuelve en su impul­-&#13;
&#13;
so todas las esencias de la ciudad. Es una&#13;
&#13;
especie de enorme diamante blando cuyas&#13;
&#13;
facetas ondulan sin cesar en el viento de&#13;
&#13;
la poesía. Su canto deshace la ciudad, la&#13;
&#13;
pulveriza, crea la ciudad, la proyecta al&#13;
&#13;
mito, al fuego.&#13;
&#13;
&#13;
EL CRISOL&#13;
&#13;
(conclusión)&#13;
&#13;
&#13;
mó? ¿tal vez una repentina brisa hela­-&#13;
&#13;
da? ¿Un temblor bajo la tierra?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No vi a ningún Diablo! (Sacu­-&#13;
&#13;
diendo a Betty): ¡Betty, levántate, Betty!&#13;
&#13;
¡Betty!&#13;
&#13;
HALE: No puedes evadirme, Abigail. ¿Tu&#13;
&#13;
prima bebió la mezcla que había en esa&#13;
&#13;
marmita?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella no bebió nada!&#13;
&#13;
HALE: ¿Bebiste tú?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No, señor!&#13;
&#13;
HALE: ¿Te pidió Títuba que bebieras?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Lo intentó, pero yo rehusé.&#13;
&#13;
HALE: ¿Por qué finges? ¿Te has vendido&#13;
&#13;
a Lucifer?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No me he vendido! ¡Soy una&#13;
&#13;
buena chica! ¡Soy una chica decente!&#13;
&#13;
(Ann Putnam entra con Títuba e instantá­-&#13;
&#13;
neamente Abigail señala a Títuba.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella me obligó a hacerlo! ¡La&#13;
&#13;
obligó a Betty a hacerlo!&#13;
&#13;
TÍTUBA (sorprendida y enojada): ¡Abby!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Me hace beber sangre!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡¡Sangre!!&#13;
&#13;
ANN : ¿La sangre de mi hijita?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡No, no, sangre de pollo! ¡Y o dar­-&#13;
&#13;
le sangre de pollo!&#13;
&#13;
HALE : Mujer, ¿has reclutado a estas criatu­-&#13;
&#13;
ras para servir al Diablo?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡No, no señor! ¡Y o no tratar con&#13;
&#13;
ningún Diablo!&#13;
&#13;
HALE: ¿Por qué no puede despertar ella?&#13;
&#13;
¿Eres tú quien hace callar a esta criatura?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡Yo querer a mi Betty!&#13;
&#13;
HALE: ¿Has desencadenado tu espíritu so­-&#13;
&#13;
bre esta niña, no es cierto? ¿Estás reclu­&#13;
&#13;
tando almas para el Diablo?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella me pasa su espíritu en la&#13;
&#13;
iglesia; ella hace que me ría durante las&#13;
&#13;
oraciones!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Se ha reído a menudo durante las&#13;
&#13;
oraciones!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Viene a buscarme todas las no­-&#13;
&#13;
ches para que salgamos a beber sangre!&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¡Tú pedir a mí que conjure! Ella&#13;
&#13;
pedir a mí para hacer hechizo...&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No mientas! (a Hale): ¡Ella vie­-&#13;
&#13;
ne mientras duermo; siempre me hace&#13;
&#13;
soñar perversidades!&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¿Por qué decir eso, Abby?&#13;
&#13;
ABIGAIL : ¡A veces me despierto y me en­-&#13;
&#13;
cuentro parada ante el portal abierto sin&#13;
&#13;
una prenda encima! Siempre la oigo reír&#13;
&#13;
en mis sueños. La oigo cantar sus cantos&#13;
&#13;
de Barbados y tentarme con...&#13;
&#13;
TÍTUBA : Señor Reverendo, yo nunca ..,&#13;
&#13;
HALE (resueltamente): Títuba, quiero que&#13;
&#13;
despiertes a esta niña.&#13;
&#13;
TÍTUBA: Señor, yo no tener poder sobre esta&#13;
&#13;
niña.&#13;
&#13;
HALE : ¡Por cierto que sí, y ahora mismo&#13;
&#13;
la dejarás en libertad! ¿Cuándo pactaste&#13;
&#13;
con el Diablo?&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¡Yo no pactar con ningún Diablo!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Has de confesar, Títuba, o te lle­-&#13;
&#13;
varé afuera y te azotaré hasta la muerte!&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡Esta mujer tiene que ser colga­-&#13;
&#13;
da! ¡Hay que arrestarla y colgarla!&#13;
&#13;
TÍTUBA( aterrorizada. cae de rodillas): ¡No,&#13;
&#13;
no, no colgar a Títuba! Yo, señor, decirle&#13;
&#13;
que no querer trabajar para él.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Al Diablo?&#13;
&#13;
HALE: ¡Lo has visto, pues! (Títuba llora).&#13;
&#13;
Vamos Títuba, yo sé que cuando nos li­-&#13;
&#13;
gamos al Infierno es muy difícil romper&#13;
&#13;
con él. Te ayudaremos a desembarazarte&#13;
&#13;
de él . ..&#13;
&#13;
TÍTUBA (asustada por el procedimiento in-­&#13;
&#13;
minente): Señor Reverendo, yo si creer&#13;
&#13;
que algún otro embrujar estas chicas.&#13;
&#13;
HALE: ¿Quién?&#13;
&#13;
TÍTUBA: N o sé, señor, pero el Diablo tener&#13;
&#13;
muchas brujas.&#13;
&#13;
HALE: ¿Muchas, eh? (Es una pista.) Títuba,&#13;
&#13;
mírame a los ojos. Ven, mírame. (Ella&#13;
&#13;
levanta sus ojos hacia él, asustada.) Que-­&#13;
&#13;
rrías ser una buena cristiana, ¿no es&#13;
&#13;
cierto, Títuba?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Sí, señor, una buena cristiana.&#13;
&#13;
HALE: ¿Y amas a estas niñitas?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡Oh, sí, señor! ¡No quiero lastimar&#13;
&#13;
niñitas!&#13;
&#13;
HALE: ¿Y amas a Dios, Títuba?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Amo a Dios con todo mi ser.&#13;
&#13;
HALE: Pues bien; en el sagrado nombre de&#13;
&#13;
Dios ...&#13;
&#13;
TÍTUBA: Bendito sea, bendito sea.. (Se ha­&#13;
&#13;
maca sobre sus rodillas, sollozando ate-&#13;
&#13;
rrorizdaa.)&#13;
&#13;
HALE: Y por Su gloria...&#13;
&#13;
TÍTUBA: Gloria eterna. Bendito sea ... Ben­-&#13;
&#13;
dito sea Dios ...&#13;
&#13;
HALE: Confiesa, Títuba... confiesa y deja&#13;
&#13;
que la sagrada luz de Dios te ilumine.&#13;
&#13;
TÍTUBA: Oh, bendito sea el Señor.&#13;
&#13;
HALE: Cuando se te aparece el Diablo ...&#13;
&#13;
¿viene con alguna otra persona? (Ella lo&#13;
&#13;
mira a la cara). ¿Tal vez otra persona&#13;
&#13;
del pueblo? ¿Alguien a quien conoces...?&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Quién vino con él?&#13;
&#13;
PUTNAM: ¿Sarah Good? ¿Viste alguna vez&#13;
&#13;
a Sarah Good con él? ¿O a Osborn?&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Era hombre o mujer quien venía&#13;
&#13;
con él?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Hombre o mujer. Era ... era mujer.&#13;
&#13;
Parris: ¿Qué mujer? Dijiste una mujer.&#13;
&#13;
¿Qué mujer?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Haber mucho oscuridad y yo .. .&#13;
&#13;
PARRIS: Podías verlo a él, ¿por qué no po­-&#13;
&#13;
drías verla a ella?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Y...todo el tiempo hablaban; to­-&#13;
&#13;
do el tiempo corrían y seguían...&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Quieres decir de Salem? ¿Brujas&#13;
&#13;
de Salem?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Sí, señor, yo creer así... (Hale la&#13;
&#13;
loma de la mano. Ella se sorprende).&#13;
&#13;
HALE: Títuba. No debes tener miedo de de­-&#13;
&#13;
cirnos quiénes son, ¿entiendes? Nosotros&#13;
&#13;
te protegeremos. El Diablo nunca puede&#13;
&#13;
vencer a un ministro. Tú sabes eso, ¿ver­-&#13;
&#13;
dad?&#13;
&#13;
TÍTUBA (besa la mano de H ale): ¡Oh, sí,&#13;
&#13;
señor, yo saber!&#13;
&#13;
HALE: Te has confesado bruja y eso signi­-&#13;
&#13;
fica que deseas ponerte de parte del Cie­-&#13;
&#13;
lo. Y nosotros te bendeciremos, Títuba.&#13;
&#13;
Títuba (profundamente aliviada): ¡Oh!&#13;
&#13;
¡Dios os bendiga a vos, señor Hale!&#13;
&#13;
HALE (con creciente exaltación): Tú eres el&#13;
&#13;
instrumento de Dios puesto en nuestras&#13;
&#13;
manos para descubrir a los enviados del&#13;
&#13;
Diablo que están entre nosotros. Tú eres&#13;
&#13;
la escogida, Tituba, tú eres la elegida para&#13;
&#13;
ayudarnos a limpiar nuestro pueblo. Ha­-&#13;
&#13;
bla, pues, dínos todo, Tituba, vuélvele la&#13;
&#13;
espalda y encárate con Dios...encárate&#13;
&#13;
con Dios, Títuba, y Dios te protegerá.&#13;
&#13;
TÍTUBA ( uniéndose a él): ¡Oh, Dios, prote-­&#13;
&#13;
ge a Títuba!&#13;
&#13;
HALE (dulcemente): ¿Quién se te apareció&#13;
&#13;
con el Diablo? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cuán­-&#13;
&#13;
tos? (Títuba jadea y vuelve a hamacarse&#13;
&#13;
mirando fijamente hacia adelante).&#13;
&#13;
TÍTUBA: Haber cuatro. Haber cuatro.&#13;
&#13;
PARRIS (presionándola): ¿Quiénes? ¿Quié­-&#13;
&#13;
nes? ¡Sus nombres, sus nombres!&#13;
&#13;
TÍTUBA ( explorando de pronto): ¡ Oh, cuán­-&#13;
&#13;
tas veces él pedirme que os matara, Sr.&#13;
&#13;
Parris!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Matarme a mí!&#13;
&#13;
TÍTUBA (hecha una furia): ¡El dijo, Sr.&#13;
&#13;
Parris morir! ¡Sr. Parris no buena per­-&#13;
&#13;
sona, Sr. Parris hombre malo y no buena&#13;
&#13;
persona y me mandó levantarme de mi&#13;
&#13;
cama y cortaros la garganta! (Los demás&#13;
&#13;
se sobresaltan). Pero yo decirle “¡No!&#13;
&#13;
Yo no odio este hombre. Yo no quiero&#13;
&#13;
matar este hombre.” Pero él dice: “¡Tú&#13;
&#13;
trabajar para mí, Tituba, yo hacerte li­-&#13;
&#13;
bre! ¡Yo te doy lindo vestido, y te llevo&#13;
&#13;
alto por el aire, y tú volar de ¡regreso a&#13;
&#13;
Barbados!” Y yo digo: “¡Tú mientes,&#13;
&#13;
Diablos, tú mientes!” Y entonces él viene&#13;
&#13;
una noche tormentosa y decir: “¡Mira!&#13;
&#13;
Tengo gente blanca que me pertenece.” Y&#13;
&#13;
yo mirar... y allí estaba la señora Good.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Sarah G ood!&#13;
&#13;
TÍTUBA (Hamacándose y llorando): Sí, se­-&#13;
&#13;
ñor, y la señora Osborn.&#13;
&#13;
ANN: ¡Yo lo sabía! La Osborn fué mi par­-&#13;
&#13;
tera tres veces. Te lo había pedido,&#13;
&#13;
Thomas, ¿no es cierto? le pedí que no&#13;
&#13;
llamara a la Osborn porque le tenía mie­-&#13;
&#13;
do. Mis pequeños siempre se consumían&#13;
&#13;
en sus manos.&#13;
&#13;
HALE: Cobra valor. Debes darnos todos sus&#13;
&#13;
nombres. ¿Cómo puedes soportar el su-­&#13;
&#13;
frimiento de esta criatura? Mírala, Títu­-&#13;
&#13;
ba. ( Señala a Betty, en el lecho.) Con­&#13;
&#13;
templa su divina inocencia; su alma es&#13;
&#13;
tan tierna; debemos protegerla, Títuba;&#13;
&#13;
el Diablo anda suelto y la oprime como&#13;
&#13;
la bestia oprime la carne de la inocente&#13;
&#13;
oveja. Dios te bendecirá por tu ayuda.&#13;
&#13;
(Abigail se levanta, como inspirada, y&#13;
&#13;
grita.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Quiero confesar! (Todos se vuel­-&#13;
&#13;
ven hacia ella, sobrecogidos. Ella está en&#13;
&#13;
éxtasis, como rodeada de una aureola.)&#13;
&#13;
¡Quiero la luz de Dios, quiero el dulce&#13;
&#13;
amor de Jesús! Yo bailé para el Dia­-&#13;
&#13;
blo ; yo lo v i; yo escribí en su libro;&#13;
&#13;
ya vuelvo a Jesús; yo beso su mano. ¡Yo&#13;
&#13;
vi a Sarah Good cón el Diablo! ¡Yo vi&#13;
&#13;
a la señora Osborn con el Diablo! ¡Yo&#13;
&#13;
vi a Bridget Mishop con el Diablo!&#13;
&#13;
(Mientras habla, Betty se levanta de la&#13;
&#13;
cama, los ojos afiebrados, y se une al&#13;
&#13;
cántico.)&#13;
&#13;
BETTY (igualmente con la mirada extravia­-&#13;
&#13;
da): ¡Yo vi a George Jacobs con el Dia­-&#13;
&#13;
blo! ¡Yo vi a la señora Howe con el&#13;
&#13;
Diablo!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Habla! (Corre a abrazar a Betty)&#13;
&#13;
¡Está hablando!&#13;
&#13;
HALE: ¡Gloria a Dios! ¡Por fin se ha roto,&#13;
&#13;
están libres!&#13;
&#13;
BETTY (gritando histéricamente y con gran&#13;
&#13;
alivio): ¡Y o vi a Martha Bellows con&#13;
&#13;
el Diablo!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Yo vi a la señora Sibber con el&#13;
&#13;
Diablo! (Se va produciendo un gran jú­-&#13;
&#13;
bilo.)&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡El alguacil, voy a llamar al al-­&#13;
&#13;
guacil! (Parris está gritando una plega­&#13;
&#13;
ria de gracias.)&#13;
&#13;
BETTY: ¡Yo vi a Alice Barrow con el Dia-­&#13;
&#13;
blo! (Comienza a caer el telón.)&#13;
&#13;
HALE ( mientras sale Putnam): ¡Que el al­-&#13;
&#13;
guacil traiga grillos!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Yo vi a la señora Hawkins con&#13;
&#13;
el Diablo!&#13;
&#13;
BETTY: ¡Yo vi a la señora Bibber con el&#13;
&#13;
Diablo!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Y o vi a la señora Booth con el&#13;
&#13;
Diablo! (Sobre sus gritos extasiados, cae&#13;
&#13;
el&#13;
&#13;
&#13;
TELÓN )&#13;
&#13;
&#13;
Traducción de Jacobo y Mario Muchnik.&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                     13&#13;
&#13;
&#13;
ARTES PLASTICAS&#13;
&#13;
CORRESPONDENCIA&#13;
&#13;
 Con referencia a una nota aparecida en&#13;
&#13;
el N° 2 de LETRA Y LINEA titulada “Tres&#13;
&#13;
abstractos y un crítico” recibimos una car-­&#13;
&#13;
ta de Julio Payró, que publicamos con la&#13;
&#13;
respuesta correspondiente.&#13;
&#13;
&#13;
Buenos Aires, diciembre 18 de 1953.&#13;
&#13;
Aldo Pellegrini:&#13;
&#13;
 No se necesita ni se demuestra ninguna&#13;
&#13;
aptitud especial — ¡al contrario!— burlán-­&#13;
&#13;
dose de mi prosa y mis ideas. Cualquiera&#13;
&#13;
puede hacerlo. En cambio, nadie — y menos&#13;
&#13;
que nadie un crítico bisoño— puede, hones-­&#13;
&#13;
tamente y en conocimiento de causa, poner&#13;
&#13;
en tela de juicio mi información. Cuando&#13;
&#13;
menciono un hecho, tengo modo de probar­&#13;
&#13;
lo o de citar mis fuentes. Entérese de cuanto&#13;
&#13;
sigue:&#13;
&#13;
1) En su primera autobiografía, escrita en&#13;
&#13;
alemán en 1910 y publicada en 1912, Vassily&#13;
&#13;
Kandinsky incluyó reproducciones de algu­-&#13;
&#13;
nos de sus cuadros, que ya entonces calificó&#13;
&#13;
de Gegenstandlos, vale decir de no objeti­-&#13;
&#13;
vos. En 1911, en su libro “Uber das Geistige&#13;
&#13;
in der Kunst”, publicado por la Editorial&#13;
&#13;
Piper, el mismo artista sentaba las bases&#13;
&#13;
teóricas de un arte no-objetivo y utilizaba&#13;
&#13;
el término cuya paternidad atribuye usted&#13;
&#13;
a Rodchenko. Si Alfred H. Barr, historiador&#13;
&#13;
a quien admiro, dijera como usted, se equi-­&#13;
&#13;
vocaría tanto como los “modestos manuales&#13;
&#13;
de divulgación” en que ciertos escritores&#13;
&#13;
parecen realizar sus buceos más hondos.&#13;
&#13;
Mas dudo de que Barr cometa ese error:&#13;
&#13;
en todo caso, no lo comete en el catálogo&#13;
&#13;
del Museo de Arte Moderno de Nueva York,&#13;
&#13;
edición del año 1942, en que dice tan sólo&#13;
&#13;
lo siguiente: “El término (no objetivo) fué&#13;
&#13;
probablemente empleado por primera vez&#13;
&#13;
en Moscú por Alejandro Rodchenko”. Por&#13;
&#13;
mi parte, y sobre la base de la información&#13;
&#13;
que precede, manifiesto que Rodchenko&#13;
&#13;
puede haber adoptado el término de cuño&#13;
&#13;
kandinskiano después de leer la segunda&#13;
&#13;
edición de la autobiografía de Kandinsky,&#13;
&#13;
que se publicó en idioma ruso en 1918.&#13;
&#13;
2) La no-objetividad no nació en la Ar-­&#13;
&#13;
gentina con el grupo de Maldonado, Lidy&#13;
&#13;
Prati y Arden Quinn. Ellos tuvieron aquí&#13;
&#13;
sus predecesores, entre los cuales cabe citar&#13;
&#13;
a Pettoruti y Juan Del Prete. Alrededor de&#13;
&#13;
1940, Batlle Planas, Sergio de Castro y otros&#13;
&#13;
pintores nacionales o residentes en el país&#13;
&#13;
habían hecho sus primeras armas en el arte&#13;
&#13;
de la no-objetividad. No es materia de in­-&#13;
&#13;
formación sino de apreciación individual&#13;
&#13;
que usted no considere digno del nombre&#13;
&#13;
de “No-objetivo” el tipo de pintura que&#13;
&#13;
algunos practicaron en la Argentina antes&#13;
&#13;
de “Arturo” . Y, en última instancia, la ex­-&#13;
&#13;
presión “hacia 1940” que empleé en el texto&#13;
&#13;
que motiva su comentario, no excluiría la&#13;
&#13;
fecha pura usted fatídica de febrero de 1944.&#13;
&#13;
Julio E. Payró&#13;
&#13;
&#13;
Julio Payró:&#13;
&#13;
Me entero del contenido de su carta y digo:&#13;
&#13;
 El libro de Kandinsky que según el con­-&#13;
&#13;
texto de su carta usted habría consultado,&#13;
&#13;
es imposible que lo haya leído, ni siquiera&#13;
&#13;
hojeado. Aunque personalmente me atraen&#13;
&#13;
los hechos imposibles, debo reconocer que,&#13;
&#13;
por lo menos hasta el presente, no puede&#13;
&#13;
leerse un libro inexistente. La obra que&#13;
&#13;
usted designa curiosamente como “primera&#13;
&#13;
autobiografía”, escrita en alemán en 1910 y&#13;
&#13;
publicada en 1912, ni fue escrita ni apare-­&#13;
&#13;
ció nunca en tales fechas, por lo tanto no&#13;
&#13;
ha podido usted consultar un libro con&#13;
&#13;
esas características. La única autobiografía&#13;
&#13;
que existe (ni primera ni segunda) es la&#13;
&#13;
que publicó en Berlín en 1913 las edicio­-&#13;
&#13;
nes DER STURM con el título Rückblicke.&#13;
&#13;
Esta obra fue traducida al ruso por Kan­-&#13;
&#13;
dinsky y publicada en 1918 con el título&#13;
&#13;
Stupein equivalente exacto del título ale­-&#13;
&#13;
mán. Estos libros sí existen porque, aunque&#13;
&#13;
no figuran en mi poder, los he tenido en&#13;
&#13;
mis manos y los he hojeado, en París, en&#13;
&#13;
casa de la viuda del artista: Nina Kan­-&#13;
&#13;
dinsky.&#13;
&#13;
El error en que usted incurre depende&#13;
&#13;
de la falta absoluta de seriedad de la úni-­&#13;
&#13;
ca obra que ha consultado. No resulta difí-­&#13;
&#13;
cil descubrir esa única fuente suya de in­-&#13;
&#13;
formación, pues es por todos los admirado-­&#13;
&#13;
res de Kandinsky bien conocido el volu­-&#13;
&#13;
men publicado por Hilla Rebay con motivo&#13;
&#13;
de la exposición In Memoriam realizada en&#13;
&#13;
1945 en el Museo de Arte No-objetivo de&#13;
&#13;
Nueva York. Es de todos conocido por la&#13;
&#13;
insolvencia intelectual y falta de seriedad&#13;
&#13;
de dicha persona la cual, en el breve es­-&#13;
&#13;
pacio de una página y media, comete varios&#13;
&#13;
errores groseros de información. Es precisa-­&#13;
&#13;
mente para neutralizar esos errores que Ni­-&#13;
&#13;
na Kandinsky (así me lo declaró) ha esta-&#13;
&#13;
&#13;
BRUNO VENIER: "Sugerencias arcaicas"&#13;
&#13;
&#13;
blecido una rigurosa bio-bibliografía per­-&#13;
&#13;
fectamente sistematizada por fechas y que&#13;
&#13;
ha aparecido in extenso en el volumen&#13;
&#13;
organizado por Max Bill como homenaje a&#13;
&#13;
Kandinsky (publicado en 1951 por Maeght&#13;
&#13;
de París). La misma bio-bibliografía (más&#13;
&#13;
resumida) apareció en el pequeño volumen&#13;
&#13;
sobre Kandinsky (Editions de Beaune, 1950,&#13;
&#13;
París) que ha circulado profusamente en&#13;
&#13;
Buenos Aires, en la revista Art d’aujourd’&#13;
&#13;
hui (N° 6, enero de 1950, dedicado a Kan­-&#13;
&#13;
dinsky) en manos de todos los aficionados,&#13;
&#13;
en el libro editado por Skira: “De Picasso&#13;
&#13;
au Surréalisme” (1950) y en la revista ita­-&#13;
&#13;
liana Forma (N° 2, 1950), editada en Roma.&#13;
&#13;
Todas estas bio-bibliografías sistematizadas&#13;
&#13;
han sido redactadas personalmente por Nina&#13;
&#13;
Kandinsky y no teniendo los textos origi­-&#13;
&#13;
nales en la mano son las únicas fuentes&#13;
&#13;
irreprochables hasta la fecha.&#13;
&#13;
 Pero volvamos a su fuente de informa­-&#13;
&#13;
ción: dice Hilla Rebay en la pág. 91 de&#13;
&#13;
esa publicación: Some non objective pain-&#13;
&#13;
tings reproduced in his first Auto biography&#13;
&#13;
(written 1910 in Germán, published 1912)&#13;
&#13;
he called “Gegenstandslos” or literally&#13;
&#13;
translated “object without” ... (Algunas&#13;
&#13;
pinturas no objetivas reproducidas en su&#13;
&#13;
primera Autobiografía —escrita en alemán&#13;
&#13;
en 1910, publicada en 1912— las llamó&#13;
&#13;
“Gegenstandslos” o traducido literalmente&#13;
&#13;
“sin objeto” ...)&#13;
&#13;
Es visible la coincidencia casi literal con&#13;
&#13;
la mención en su carta, y como ninguna otra&#13;
&#13;
persona en el mundo ha dicho tales cosas,&#13;
&#13;
salvo Hilla Rebay y después usted, no es&#13;
&#13;
aventurado pensar que la fuente de infor­-&#13;
&#13;
mación por usted utilizada es ésa. Ahora&#13;
&#13;
bien, sospecho que de haber usted leído&#13;
&#13;
unas líneas más adelante en la misma nota&#13;
&#13;
de Hilla Rebay le hubieran entrado inten-­&#13;
&#13;
sas dudas sobre la seriedad de la autora.&#13;
&#13;
En efecto, tres párrafos más allá del arriba&#13;
&#13;
citado (pág. 92) dice lo siguiente: Also a&#13;
&#13;
Kandinsky Album appeared in a “Der&#13;
&#13;
Sturm” (The Tempest) publication with his&#13;
&#13;
first autobiography written in 1912 and edi-&#13;
&#13;
ted in 1913. (También un álbum Kandinsky&#13;
&#13;
apareció en una publicación “Der Sturm’&#13;
&#13;
(La Tempestad) con su primera autobio­-&#13;
&#13;
grafía escrita en 1912 y editada en 1913.)&#13;
&#13;
Quiere decir que con el escaso intervalo&#13;
&#13;
de unas líneas la misma obra de Kandinsky&#13;
&#13;
ha sido escrita y publicada en dos fechas&#13;
&#13;
distintas. Es el caso más formidable no&#13;
&#13;
sólo de insolvencia total sino de olvido ins-­&#13;
&#13;
tantáneo y confusión mental que pueda dal­&#13;
&#13;
la palabra escrita. Esa es la “seria” fuente&#13;
&#13;
de información que usted ha utilizado.&#13;
&#13;
Ante todo destaquemos claramente que&#13;
&#13;
la discusión se establece sobre la prioridad&#13;
&#13;
en el uso de la denominación no-objetivo&#13;
&#13;
como equivalente de abstracto, porque sim­-&#13;
&#13;
ples teorizaciones en torno a la no impor­-&#13;
&#13;
tancia del objeto en pintura se remontan ya&#13;
&#13;
a Platón, y en los tiempos modernos exis­-&#13;
&#13;
ten desde Baudelaire, los impresionistas,&#13;
&#13;
Denis, Apollinaire, los cubistas, etc. y es­&#13;
&#13;
pecialmente Worringer que, sin duda nin­-&#13;
&#13;
guna, inspiró a Kandinsky.&#13;
&#13;
 Aclarado bien esto, si recurrimos ahora&#13;
&#13;
al texto de la autobiografía de Kandinsky&#13;
&#13;
(nos referimos a la única existente, la pu-­&#13;
&#13;
blicada en 1913) utilizando la traducción&#13;
&#13;
francesa de Gabrielle Buffet-Picabia (Ed.&#13;
&#13;
René Drouin. París. 1916) revisada por Ni­-&#13;
&#13;
na Kandinsky, observamos que no men­-&#13;
&#13;
ciona para nada el término “no-objetivo” .&#13;
&#13;
Tampoco aparece en ningún momento en la&#13;
&#13;
traducción hecha de la versión rusa por&#13;
&#13;
Boris Berg y publicada en el volumen In&#13;
&#13;
Memoriam que usted posee. Ambas versio­-&#13;
&#13;
nes son prácticamente coincidentes.&#13;
&#13;
Tampoco se menciona el término no-&#13;
&#13;
objetivo en su libro “ De lo espiritual en el&#13;
&#13;
arte” según la traducción inglesa más re-­&#13;
&#13;
ciente (Concerning the Spiritual in Art.&#13;
&#13;
Ed. Wittenborn, Schultz. New York, 1947)&#13;
&#13;
única autorizada y controlada por Nina&#13;
&#13;
Kandinsky.&#13;
&#13;
Y ahora entremos a analizar las razo-­&#13;
&#13;
nes que sin duda movieron a Hilla Rebay&#13;
&#13;
para adjudicar la paternidad del término&#13;
&#13;
“no-objetivo” a la suprema autoridad de&#13;
&#13;
Kandinsky. El nombre de Museo de Arte&#13;
&#13;
No-objetivo con que se bautizó la desigual&#13;
&#13;
colección abstracta creada en torno al gran&#13;
&#13;
número de obras de Kandinsky que poseía&#13;
&#13;
la Fundación Solomon R. Guggenheim, le­-&#13;
&#13;
vantó un sin número de críticas debido a&#13;
&#13;
la ambigüedad del término, mala traduc­-&#13;
&#13;
ción de la palabra alemana Gegenstandslos&#13;
&#13;
(literalmente “sin objeto”). Para resumir&#13;
&#13;
las críticas démosle la palabra a Albers&#13;
&#13;
quien, al hacer un análisis de las nomen­-&#13;
&#13;
claturas propuestas dice (American Abstract&#13;
&#13;
Artists. New York, 1946) : “El más im­-&#13;
&#13;
propio de todos los adjetivos aplicados al&#13;
&#13;
arte es el de “no-objetivo”. Aparece de&#13;
&#13;
entrada como una versión incorrecta de la&#13;
&#13;
palabra alemana “ gegenstandlos” que signi­-&#13;
&#13;
fica en su traducción estricta: “sin objeto” .&#13;
&#13;
Pero “no-objetivo” implica más claramente&#13;
&#13;
“sin objetivo” tanto como “subjetivo”. Ta-­&#13;
&#13;
les implicaciones no sólo crean una confu-­&#13;
&#13;
sión de sentido sino que son directamente&#13;
&#13;
erróneas. Creo que no es necesario seguir&#13;
&#13;
discutiéndolas’.&#13;
&#13;
 Hilla Rebay en su desesperación por bus­-&#13;
&#13;
car antecedentes a la palabra no-objetivo&#13;
&#13;
llega (en uno de los pequeños catálogos del&#13;
&#13;
Museo) a atribuirle el origen a un maes­-&#13;
&#13;
tro chino de la dinastía Tang en el año 600.&#13;
&#13;
Al margen de esto y para definir la per­-&#13;
&#13;
sonalidad de esta señora destaquemos otra&#13;
&#13;
de sus “genialidades”: la de querer colocar&#13;
&#13;
solapadamente la obra de Bauer, mediocre&#13;
&#13;
imitador de Kandinsky, por encima de la&#13;
&#13;
de éste.&#13;
&#13;
 Abandonando los problemas particulares&#13;
&#13;
de Hilla Rebay, puede asegurarse que nin­-&#13;
&#13;
guno de los comentaristas ha visto la in­-&#13;
&#13;
tención de Kandinsky de designar al arte&#13;
&#13;
llamado abstracto como no-objetivo en sus&#13;
&#13;
primeras obras. Desde el primer libro sobre&#13;
&#13;
el artistas publicado por Hugo Zehder (Ru-&#13;
&#13;
dolf Kaemmerer Verlag. Dresden, 1920) pa-­&#13;
&#13;
sando por los libros colectivos de Debrun-&#13;
&#13;
ner (Wir enldecken Kandisky. Ed. Origo.&#13;
&#13;
Zúrich, sin fecha) y el reciente de Max&#13;
&#13;
Bill: Kandinsky (Maeght. París 1951), así&#13;
&#13;
como los numerosos ensayos de Grohmann,&#13;
&#13;
Seuphor, C. Giedion Welcker, Marcel Ar-&#13;
&#13;
land, Feininger, etc., nadie ni siquiera su­-&#13;
&#13;
giere que Kandinsky haya tenido intención&#13;
&#13;
de designar desde sus primeras obras la&#13;
&#13;
pintura abstracta como no objetiva. Toda&#13;
&#13;
esta bibliografía la pongo a su disposición.&#13;
&#13;
Durante mucho tiempo, cuando se refería&#13;
&#13;
a su pintura Kandinsky la llamaba abstrac-­&#13;
&#13;
ta (cosa que puede comprobar leyendo la&#13;
&#13;
primera carta a Hilla Rebay que se publica&#13;
&#13;
en el catálogo que usted tiene entre ma­-&#13;
&#13;
nos) hasta que por primera vez en 1937,&#13;
&#13;
en una carta dirigida a Madame Irmgard&#13;
&#13;
Burchard (citada por Peter Thoene: Mo-&#13;
&#13;
dern German Art. Penguin Books Limi­-&#13;
&#13;
ted. London. 1938, pág. 76) decide llamarla&#13;
&#13;
concreta. Tal designación es motivo del&#13;
&#13;
artículo “Arte concreto” publicado por&#13;
&#13;
Kandinsky en la revista “XX° siècle (1938.&#13;
&#13;
N° 2).&#13;
&#13;
Es cierto que Kandinsky estaba cada vez&#13;
&#13;
menos satisfecho con el término abstracto&#13;
&#13;
que implicaba una referencia a la realidad&#13;
&#13;
natural y en sus cartas del período de&#13;
&#13;
París (1934 en adelante) llega a utilizar&#13;
&#13;
indiferentemente los términos entonces en&#13;
&#13;
uso de abstracto, no figurativo y aún no&#13;
&#13;
objetivo (ya circulando ampliamente en&#13;
&#13;
Alemania).&#13;
&#13;
 Volviendo ahora al origen de la desig­-&#13;
&#13;
nación no objetivo no queda ninguna duda&#13;
&#13;
que fué Rodchenko el primero en usarla&#13;
&#13;
con carácter de nomenclatura. En el libro&#13;
&#13;
de Alfred H. Barr (jr): Cubism and&#13;
&#13;
Abstract Art (The Museum of Modern Art.&#13;
&#13;
New York, 1936) se menciona por prime-­&#13;
&#13;
ra vez la palabra no-objetivo en la página&#13;
&#13;
126, donde dice literalmente: “Malevich&#13;
&#13;
fué el centro de un amplio círculo de&#13;
&#13;
jóvenes artistas, algunos de las cuales bajo&#13;
&#13;
la dirección de Alejandro Rodchenko for-­&#13;
&#13;
maron un grupo cismático que se designó&#13;
&#13;
a sí mismo no-objetivista. Desde 1914 hizo&#13;
&#13;
Rodchenko composiciones geométricas usan­-&#13;
&#13;
do exclusivamente compás y regla” .&#13;
&#13;
Cómo se ve Rodchenko inicia un pro­-&#13;
&#13;
cedimiento de ejecución que más adelante&#13;
&#13;
debía culminar en lo que Van Doesburg&#13;
&#13;
llamaría arte concreto. Justamente la deno­-&#13;
&#13;
minación no-objetivo designaba un tipo de&#13;
&#13;
pintura que era exactamente lo opuesto de&#13;
&#13;
la que hacía entonces Kandinsky. La mane-­&#13;
&#13;
ra de éste la denominaban los críticos de la&#13;
&#13;
época expresionismo abstracto. La base teó-­&#13;
&#13;
rica formalista de Malevich y sus discí­-&#13;
&#13;
pulos y la orientación puramente geomé­-&#13;
&#13;
trica de la pintura rusa se oponía a la con­-&#13;
&#13;
cepción espiritualista y a las formas orgáni­&#13;
&#13;
cas (procedentes de la abstracción expresiva&#13;
&#13;
de formas naturales) utilizadas por Kan­-&#13;
&#13;
dinsky. Fué en realidad éste el que sufrió&#13;
&#13;
el influjo en la escuela rusa (afirmado por&#13;
&#13;
Barr, pág. 68 de la obra citada), derivando&#13;
&#13;
gradualmente su pintura hacia una con­-&#13;
&#13;
cepción geométrica (período de Kandins-­&#13;
&#13;
ky al que se suele llamar constructivista o&#13;
&#13;
no-objetivo) que tuvo su completo des­-&#13;
&#13;
arrollo durante su estada en la Baubaus.&#13;
&#13;
De lo dicho se deduce que los términos&#13;
&#13;
arte abstracto y arte no-objetivo resultaron&#13;
&#13;
en sus orígenes no sinónimos sino opuestos&#13;
&#13;
y en esta forma lo siguieron usando los&#13;
&#13;
artistas de la primera hora, como por ejem­-&#13;
&#13;
plo Moholy-Nagy, hasta época muy recien­-&#13;
&#13;
te; en su libro “ Vision in Motion” (Paul&#13;
&#13;
Theobald. Chicago, 1947) dice en la pág.&#13;
&#13;
141 (nota marginal) : “hay una tendencia a&#13;
&#13;
reunir bajo el rótulo de abstracta la pin­-&#13;
&#13;
tura que parte de la naturaleza y bajo el&#13;
&#13;
rótulo de no-objetiva toda aquella en la&#13;
&#13;
que no existen rastros de punto de parti­-&#13;
&#13;
da natural” .&#13;
&#13;
Si alguien inspiró a Rodchenko la de­&#13;
&#13;
nominación por él utilizada no hay duda&#13;
&#13;
ninguna que ese fué su maestro Malevich.&#13;
&#13;
En 1927 se publica en la serie de libros&#13;
&#13;
de la Bauhaus ( N° 11) la traducción de&#13;
&#13;
los escritos de ese artista con el título “Die&#13;
&#13;
gegenstandslose Welt” (El mundo no-obje-&#13;
&#13;
tivo). El libro, que tuvo gran difusión,&#13;
&#13;
como todos los de la Bauhaus, inicia la&#13;
&#13;
boga que tuvo en Alemania la designación&#13;
&#13;
en cuestión. Allí dice Malevich (citado por&#13;
&#13;
Barr) : “En 1913 en mi desesperada lucha&#13;
&#13;
por liberar al arte de la carga del mundo&#13;
&#13;
objetivo me reduje a la forma del cua­-&#13;
&#13;
drado y exhibí una pintura que no era&#13;
&#13;
más que un cuadrado negro sobre fondo&#13;
&#13;
blanco. No era un cuadrado vacío lo que&#13;
&#13;
había exhibido sino la experiencia de la&#13;
&#13;
no-objetividad”. La fecha que da Barr co-­&#13;
&#13;
mo comienzo del grupo no-objetivo de&#13;
&#13;
Rodchenko es la de 1915; otros autores&#13;
&#13;
dan 1914 (en mi nota hablaba yo de 1918,&#13;
&#13;
que corresponde más bien al período de&#13;
&#13;
culminación del grupo de no-objetivistas,&#13;
&#13;
que al año siguiente se fusionaría con el&#13;
&#13;
de los constructivistas).&#13;
&#13;
2) El no querer considerar a los pintores&#13;
&#13;
que usted menciona (excluyo el caso de&#13;
&#13;
Del Prele, único precursor real) como abs­-&#13;
&#13;
tractos no es un caso de apreciación indi­-&#13;
&#13;
vidual sino el respeto por una perfecta y&#13;
&#13;
precisa convención idiomática que establece&#13;
&#13;
el hecho de las nomenclaturas en cualquier&#13;
&#13;
especialidad. Mediante esas convenciones&#13;
&#13;
bien determinadas se entienden perfecta­-&#13;
&#13;
mente todos los que hablan utilizando una&#13;
&#13;
terminología especializada. Pero todavía&#13;
&#13;
&#13;
EDICIONES de&#13;
&#13;
LOSANGE&#13;
&#13;
BOLSA DE COMERCIO&#13;
&#13;
Oficina N° 213&#13;
&#13;
&#13;
PUBLICACIONES&#13;
&#13;
PERIODICAS&#13;
&#13;
TEATRALES&#13;
&#13;
GEORGES NEVEUX:&#13;
&#13;
Demanda contra Desconocido ................................. $ 10 .—&#13;
&#13;
El más reciente de los grandes éxitos de la escena europea.&#13;
&#13;
FEDERICO GARCIA LORCA:&#13;
&#13;
Títeres de Cachiporra ............................................ $ 8.—&#13;
&#13;
Inédita en Buenos Aires.&#13;
&#13;
GEORG BÜCHNER:&#13;
&#13;
Woyzeck ...................................................................... $ 8.—&#13;
&#13;
Texto original de la obra estrenada en el teatro&#13;
&#13;
Colón en 1952.&#13;
&#13;
HEINRICH VON KLEIST :&#13;
&#13;
El Príncipe de Homburgo ...................................... $ 10 .—&#13;
&#13;
&#13;
DISTRIBUYEN:&#13;
&#13;
TEATRO&#13;
&#13;
COE PLA - ENTRE RIOS 1256&#13;
&#13;
BAJEL&#13;
&#13;
-&#13;
&#13;
MAIPU 356&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                   14&#13;
&#13;
&#13;
más precisa que la expresión abstracto es&#13;
&#13;
la de no-objetivo que usted utiliza y que&#13;
&#13;
más arriba hemos visto significar una pin­-&#13;
&#13;
tura que prescinde totalmente de todo pun-­&#13;
&#13;
to de partida natural. En esas condiciones&#13;
&#13;
considerar a Pettorutti como no-objetivo es&#13;
&#13;
imposible, y clasificarlo como abstracto&#13;
&#13;
equivaldrá a considerar a toda la pintura&#13;
&#13;
universal en las mismas condiciones, por&#13;
&#13;
el hecho elemental y ya ampliamente estu­-&#13;
&#13;
diado por Worringer, de que todo artista,&#13;
&#13;
en cualquier época, al recrear la realidad&#13;
&#13;
utiliza en mayor o menor escala elementos&#13;
&#13;
de abstracción. ¿Por qué no considerarlo&#13;
&#13;
simplemente como cubista o neocubista de­&#13;
&#13;
signación que es la que le corresponde exac­-&#13;
&#13;
tamente?&#13;
&#13;
 Por otra parte hasta los diccionarios co­-&#13;
&#13;
munes ya nos dan definiciones bastante&#13;
&#13;
precisas de todos estos términos.&#13;
&#13;
Finalmente dos palabras sobre la expre­-&#13;
&#13;
sión “crítico bisoño” que me toca personal­-&#13;
&#13;
mente: me niego rotundamente a aceptar&#13;
&#13;
la designación de crítico, tan manoseada&#13;
&#13;
por incapaces e improvisados. En cuanto a&#13;
&#13;
bisoño, no es extraño (dada su “seriedad’&#13;
&#13;
informativa) que entre otras cosas usted&#13;
&#13;
ignore que desde hace muchos años (desde&#13;
&#13;
1928) me ha preocupado el estudio y difu-­&#13;
&#13;
sión de los problemas de la pintura moder­-&#13;
&#13;
na (cosa que conocen perfectamente los&#13;
&#13;
aficionados y artistas que se interesan por&#13;
&#13;
las nuevas corrientes en el arte.)&#13;
&#13;
 De todos modos le ofrezco generosamente&#13;
&#13;
estas informaciones por si alguna de ellas&#13;
&#13;
puede serle útil para remozar su vetenaría.&#13;
&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI&#13;
&#13;
&#13;
BRUNO VENIER&#13;
&#13;
&#13;
 Resuelto en la ejecución, con un tempe-­&#13;
&#13;
ramento desbordante, conjugador de gamas&#13;
&#13;
violentas, de colores mordientes que a ve­-&#13;
&#13;
ces rodean zonas de suave lirismo, cons­-&#13;
&#13;
tructor de formas simples pero incisivas,&#13;
&#13;
encarnando más en el trazo subitáneo que&#13;
&#13;
en la línea demorada o reflexiva, Bruno&#13;
&#13;
Venier va creando una obra de perfiles pro-­&#13;
&#13;
pios y, lo que es más importante, abierta&#13;
&#13;
a la posibilidad de nuevos encuentros. En&#13;
&#13;
la muestra realizada en noviembre en la&#13;
&#13;
galería Plástica vuelve a reconocerse en él&#13;
&#13;
esa virtud de organizador eufórico de la&#13;
&#13;
superficie, esa condición de “catador” de&#13;
&#13;
calidades, al cual le basta un tema elemen-­&#13;
&#13;
tal para suscitar las espléndidas reverbera­-&#13;
&#13;
ciones de sus dones plásticos. La experien­-&#13;
&#13;
cia “fauve” y la experiencia cubista crean&#13;
&#13;
una singular combinación en la pintura de&#13;
&#13;
Venier. Es bien visible en muchas de sus&#13;
&#13;
obras la realización de un fondo planimé­-&#13;
&#13;
tricamente concebido, con colores sensible­&#13;
&#13;
mente relacionados, sobre el cual el artista&#13;
&#13;
proyecta una caligrafía nerviosa, compleja&#13;
&#13;
a veces, con el negro o un valor acorde&#13;
&#13;
como dominante. Por eso a veces el pen-­&#13;
&#13;
samiento y la pasión parecen pugnar entre&#13;
&#13;
sí en sus cuadros buscando la supremacía.&#13;
&#13;
Venier por lo general concede más a la se-­&#13;
&#13;
gunda perdiendo, entonces, en valor analí­-&#13;
&#13;
tico lo que gana en potencia expresiva. Pero&#13;
&#13;
cuando este artista —uno de los más repre­&#13;
&#13;
sentativos de la nueva pintura argentina—&#13;
&#13;
logra concertar, en viviente equilibrio esas&#13;
&#13;
dos formas de su ver plástico nos da obras&#13;
&#13;
de una rara madurez. Así en esta exposición&#13;
&#13;
de Plástica nos detuvieron obras alentadas&#13;
&#13;
por una extraña poesía, como en sus noc­-&#13;
&#13;
turnos, o animadas por una imaginería tí­-&#13;
&#13;
pica, como en sus máscaras. Pero lírico o&#13;
&#13;
patético, violento o tierno, complicado o&#13;
&#13;
complejo, Venier deja siempre claramente&#13;
&#13;
manifestada su condición neta de pintor,&#13;
&#13;
de artista que ama primaria y esencialmen-­&#13;
&#13;
te los elementos de su arte y que supedita&#13;
&#13;
siempre a estos cualquier otro requeri­-&#13;
&#13;
miento forastero.&#13;
&#13;
&#13;
Ernesto B. Rodríguez&#13;
&#13;
&#13;
MARIO DARIO GRANDI&#13;
&#13;
&#13;
 Hace ya largo tiempo —casi una década&#13;
&#13;
cuando nos ocupamos por primera vez del&#13;
&#13;
arte de Grandi en el memorable periódico&#13;
&#13;
“Correo Literario” —que supo generosa-&#13;
&#13;
­mente abrir sus páginas a la presentación&#13;
&#13;
de nuevos valores—señalamos su devoción&#13;
&#13;
fiel e insobornable por esa materia tenue&#13;
&#13;
que es el pastel y a la cual él sabía sacar&#13;
&#13;
un partido insospechado. Seguro, pulcro has-&#13;
&#13;
ta lo minucioso, hacía surgir sus figuras&#13;
&#13;
displicentes o melancólicas —algo relacio-&#13;
&#13;
­nadas con el espíritu y las formas de Mo-&#13;
&#13;
digliani— dentro de una atmósfera de pai­-&#13;
&#13;
saje suburbano. Ese mundo de un intimismo&#13;
&#13;
característico —que Grandi reflejaba poé-&#13;
&#13;
ti­camente más que construía en sus cuadros,&#13;
&#13;
a través de un dibujo ceñido pero sin vi-&#13;
&#13;
­bración—aparece ahora con su vieja tónica&#13;
&#13;
espiritual pero encarnando en una materia&#13;
&#13;
de tramas más enérgicas, donde los acentos&#13;
&#13;
de color y de forma reviven, a veces, cierta&#13;
&#13;
voluntad expresionista. En efecto, Grandi&#13;
&#13;
ha variado notablemente su alfabeto plásti­-&#13;
&#13;
co, y de cuidadoso proyector de imágenes,&#13;
&#13;
del detallismo original a que se entregaba&#13;
&#13;
su mano, punteando con el pastel o la tiza&#13;
&#13;
delicadas calidades, llega ahora a la amplia&#13;
&#13;
visión de color y al trazo sintético y enér-&#13;
&#13;
­gico, buscando una mayor economía de ma-&#13;
&#13;
­teria en sus representaciones. Y si bien&#13;
&#13;
—técnicamente hablando— testimonios hay&#13;
&#13;
en esta muestra que se asoman a su labor&#13;
&#13;
de ayer (ejemplo sus dos “desnudos” ), el&#13;
&#13;
resto de sus obras hablan un lenguaje más&#13;
&#13;
desgarrado, más vehemente, venido de ese&#13;
&#13;
nivel donde los elementos de la pintura&#13;
&#13;
fermentan y hay que cazarlos con cierta&#13;
&#13;
peligrosidad. Obras como “Mujer tejiendo”,&#13;
&#13;
“Guitarrero” , “Muchacho con flores” y “Re-&#13;
&#13;
­quiebro” cabalizan de manera ejemplar lo&#13;
&#13;
antedicho, y testimonian, también, de qué&#13;
&#13;
manera Grandi logra conservar por encima&#13;
&#13;
de la transformación material su antigua&#13;
&#13;
línea expresiva, el tono fundamental de su&#13;
&#13;
 mundo interior.&#13;
&#13;
E. B. R.&#13;
&#13;
&#13;
FOTOGRAMAS DE SIGRID VON&#13;
&#13;
SCHWEINITZ (Galería Galatea)&#13;
&#13;
&#13;
Más aún que la fotografía, el fotograma&#13;
&#13;
se sitúa cómodamente en los dominios del&#13;
&#13;
arte. Los fotogramas expuestos en Galatea&#13;
&#13;
alcanzan la categoría de verdaderos cuadros&#13;
&#13;
en blanco y negro. La luz constituye en&#13;
&#13;
ellos el elemento dominante, el instrumen-&#13;
&#13;
­to utilizado por el artista, que controla me­-&#13;
&#13;
diante el uso de intensidades variables de&#13;
&#13;
luz, el tiempo de exposición y los trucos&#13;
&#13;
de revelado. Se trabaja de ese modo con&#13;
&#13;
un azar sabiamente controlado.&#13;
&#13;
 De los objetos utilizados para impresio-&#13;
&#13;
­nar la placa sensible se aprovechan sólo&#13;
&#13;
sus masas y su comportamiento frente a la&#13;
&#13;
luz en cuanto a las cualidades de absorción&#13;
&#13;
o transparencia. Así obtiene las áreas o for-&#13;
&#13;
mas que entrarán en la composición del&#13;
&#13;
fotograma o contribuirán a crear las mo­-&#13;
&#13;
dalidades de textura.&#13;
&#13;
 El resultado ha sido, en el caso de Sigrid&#13;
&#13;
von Schweinitz, realmente sorprendente.&#13;
&#13;
Manejando con destreza una técnica de es-&#13;
&#13;
­casas posibilidades aparentes, obtiene una&#13;
&#13;
composición equilibrada, organiza activos&#13;
&#13;
ritmos de formas y logra las más extraordi­-&#13;
&#13;
narias calidades de grises y efectos de tex-&#13;
&#13;
­tura que pueda dar la técnica pictórica en&#13;
&#13;
blanco y negro más depurada.&#13;
&#13;
 Se trata de una exposición excepcional&#13;
&#13;
que nos ha revelado la amplitud de posi-&#13;
&#13;
­bilidades en una técnica que parecía ha-&#13;
&#13;
­berse agotado con las obras de los dos&#13;
&#13;
grandes maestros y creadores del género:&#13;
&#13;
Man Ray y Moholy-Nagy.&#13;
&#13;
A. P.&#13;
&#13;
&#13;
CINE&#13;
&#13;
&#13;
LAS CHICAS DE PLAZA ESPAÑA&#13;
&#13;
&#13;
 "El neorrealismo ha muerto”, proclaman&#13;
&#13;
categóricamente los críticos europeos. Ellos&#13;
&#13;
tienen mejores elementos de juicio para opi­-&#13;
&#13;
nar pues han visto mucho más que nosotros.&#13;
&#13;
Si bien desconocemos grandes películas co-­&#13;
&#13;
mo “La terra trema”, “Bellisima”, “Miraco-&#13;
&#13;
lo a Milano” , “El camino de la esperanza”,&#13;
&#13;
que corresponden a fechas diversas y abar-­&#13;
&#13;
can los distintos períodos que atraviesa esta&#13;
&#13;
modalidad, también ignoramos por suerte,&#13;
&#13;
gran cantidad de obras mediocres que ge-­&#13;
&#13;
neralmente no cruzan las fronteras.&#13;
&#13;
La influencia de este tipo de películas&#13;
&#13;
fáciles es considerable en Italia y el públi­-&#13;
&#13;
co parece inclinarse al entretenimiento ino-­&#13;
&#13;
cuo, luego de la sacudida tremenda de la&#13;
&#13;
postguerra, que permitió a auténticos talen­-&#13;
&#13;
tos expresarse libremente y apoyarse en la&#13;
&#13;
candente realidad sin cortapisas ni conven­-&#13;
&#13;
ciones de ninguna clase. A la inclinación&#13;
&#13;
de la industria a satisfacer los bajos niveles&#13;
&#13;
de otrora se sumó acierta desorientación en&#13;
&#13;
los principales creadores. El momento épi­-&#13;
&#13;
co había pasado, y era difícil realizar obras&#13;
&#13;
importantes y estimular la inspiración con&#13;
&#13;
las realidades cotidianas. Algunos elegieron&#13;
&#13;
la vía escapista como Rosellini; otros co­-&#13;
&#13;
mo De Sica y Zavattini, evolucionaron hacia&#13;
&#13;
formas más profundas, buscando expresar&#13;
&#13;
en los más pequeños sucesos su complejidad&#13;
&#13;
vital mediante el análisis exhaustivo de&#13;
&#13;
toda sus implicaciones. Puede esperarse mu­-&#13;
&#13;
cho aún de los geniales creadores de “Um-&#13;
&#13;
berto D”. Por último hubo realizadores de&#13;
&#13;
innegable talento que conservaron una téc­-&#13;
&#13;
nica documental pero limitaron su visión a&#13;
&#13;
la faz superficial, pintoresca, de la realidad.&#13;
&#13;
Entre éstos se encuentra Emmer. En su&#13;
&#13;
primera obra de largo metraje (anterior­-&#13;
&#13;
mente había filmado documentales de arte&#13;
&#13;
con Enrico Gras) “Un domingo de vera­-&#13;
&#13;
no”, la visión era tan ágil, veloz y hábil­-&#13;
&#13;
mente compuesta que trascendía y ocultaba&#13;
&#13;
exitosamente la superficialidad interna. En&#13;
&#13;
“París es siempre París” , y la que comen-­&#13;
&#13;
tamos, ha disminuido (especialmente en esta&#13;
&#13;
última) la calidad formal y se ha puesto de&#13;
&#13;
relieve su trivialidad. Esta trivialidad es&#13;
&#13;
particularmente notable en “Las chichas de&#13;
&#13;
Plaza España”, donde los sucesos son mí­-&#13;
&#13;
nimos en sí y en el tratamiento. Lo que&#13;
&#13;
salva al neorrealismo es que toma hechos&#13;
&#13;
comunes pero los analiza con una concep­-&#13;
&#13;
ción no convencional, apartándose de la&#13;
&#13;
historieta trillada y del pintoresquismo po­-&#13;
&#13;
pular. En cambio, las historias paralelas de&#13;
&#13;
esta película quedan encuadradas en una&#13;
&#13;
básica falta de interés, agravadas por los&#13;
&#13;
lugares comunes de la sensiblería. No debe&#13;
&#13;
confundirse sencillez, con elementalismo.&#13;
&#13;
El tratamiento cinematográfico es análo­-&#13;
&#13;
go al de las obras anteriores: historias pa-­&#13;
&#13;
ralelas, búsqueda de la simultaneidad con&#13;
&#13;
rápidos cambios de escena y acción, sin&#13;
&#13;
fundidos u otra puntuación que interrumpa&#13;
&#13;
la rapidez necesaria para que el ritmo no&#13;
&#13;
decaiga. Debe señalarse que si se conservan&#13;
&#13;
en parte las cualidades de Emmer para lle­-&#13;
&#13;
var ágilmente las distintas acciones, éstas&#13;
&#13;
languidecen frecuentemente, interrumpidas&#13;
&#13;
por diálogos abundantes. La esencial bana-­&#13;
&#13;
lidad de las situaciones —agravadas por la&#13;
&#13;
presencia de un personaje-relator, abso­-&#13;
&#13;
lutamente innecesario, y que inicia y termi­-&#13;
&#13;
na la obra con consideraciones sumamente&#13;
&#13;
cursis— se agrega a un defecto imperdona-­&#13;
&#13;
ble en este tipo de entretenimiento: es bas­-&#13;
&#13;
tante aburrida.&#13;
&#13;
J. A. Mahieu&#13;
&#13;
&#13;
SU PRIMER MILLON&#13;
&#13;
 Los estudios Ealing, cuya dirección artís-­&#13;
&#13;
tica ejerce Sir Michael Balcon, han evitado&#13;
&#13;
en sus producciones el ruinoso camino in-­&#13;
&#13;
dicado por Rank a las otras compañías. En&#13;
&#13;
lugar de competir —inútilmente— con Hol-­&#13;
&#13;
lywood, en estrellas, grandes presupuestos y&#13;
&#13;
equivalente grandilocuencia huera, se pre­-&#13;
&#13;
firió aumentar la calidad sin realizar gran­-&#13;
&#13;
des gastos materiales, enfocando ambientes&#13;
&#13;
y asuntos típicamente ingleses pero sin caer&#13;
&#13;
en un localismo barato; además, gracias a&#13;
&#13;
un grupo homogéneo de libretistas y direc­-&#13;
&#13;
tores talentosos y con suficiente libertad&#13;
&#13;
individual de expresión, como T. E. B. Clar-&#13;
&#13;
ke, Cavalcanti, Thorold Dickinson, Harry&#13;
&#13;
Watt, Charles Frend, Robert Hamer, Ma-&#13;
&#13;
ckendrick, Crichton y otros, pudo crearse&#13;
&#13;
un estilo característico, que debe mucho a&#13;
&#13;
la magnífica escuela documental encabezada&#13;
&#13;
por Grierson.&#13;
&#13;
 Esta excelente película (1) cuya comici-&#13;
&#13;
dad alcanza niveles cercanos a la genialidad&#13;
&#13;
puede considerarse como un ejemplo bri­-&#13;
&#13;
llante de la características citadas. El argu-­&#13;
&#13;
mentista Clarke, cuya fórmula es según&#13;
&#13;
Lambert, “lo normal ultrajado por lo no&#13;
&#13;
familiar” ha concebido la obra en términos&#13;
&#13;
dinámicamente cinematográficos. La fanta-­&#13;
&#13;
sía, el aire vertiginoso de farsa impreso a&#13;
&#13;
las peripecias paradójicas del fiel emplea­-&#13;
&#13;
do de banco (que roba lingotes de oro y&#13;
&#13;
en combinación con un original fabricante&#13;
&#13;
de recuerdos turísticos, los lleva a París de&#13;
&#13;
contrabando convertidos en forma insospe-­&#13;
&#13;
chable), se combina con extraordinaria&#13;
&#13;
frescura e inagotable invención de situa­-&#13;
&#13;
ciones a una sátira mordaz e ingeniosa y un&#13;
&#13;
realismo de tipos y ambientes cuyo localis-­&#13;
&#13;
mo tan lleno de matices logra sin embargo&#13;
&#13;
 (1) La considerable severidad de los juicios emi-­&#13;
&#13;
tidos en los comentarios de las películas tratadas&#13;
&#13;
más arriba no impide que aquéllas hayan sido ele- ­&#13;
&#13;
gidas por un criterio estrictamente cualitativo: es&#13;
&#13;
decir, las consideramos superiores a las demás exhi-­&#13;
&#13;
bidas. En este caso los elogios son mayores y las&#13;
&#13;
tachas mínimas. Por lo tanto puede suponerse en&#13;
&#13;
qué nivel es colocada.&#13;
&#13;
&#13;
Ultimos éxitos de&#13;
&#13;
GRANDES NOVELISTAS&#13;
&#13;
FLECHA EN EL AZUL&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
ARTHUR KOESTLER&#13;
&#13;
Como casi todos los libros de Koestler, tiene éste un incom­-&#13;
&#13;
parable valor autobiográfico, testimonio de un hombre del si­-&#13;
&#13;
glo xx, llevado y traído por las tormentas que son signo de&#13;
&#13;
nuestro tiempo&#13;
&#13;
&#13;
................................................................................................. $24..—&#13;
&#13;
&#13;
EL JUEGO&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
CARLO CÓCCIOLI&#13;
&#13;
El juego del amor, el desencuentro irremediable de las almas,&#13;
&#13;
la angustia y la impotencia que conducen a la soledad; la re­-&#13;
&#13;
beldía o la aceptación del propio destino, son temas que com-­&#13;
&#13;
ponen la trama de esta nueva novela del autor de El cielo y la&#13;
&#13;
tierra ................................................................................................. $ 18.—&#13;
&#13;
&#13;
LA  INVITADA&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
SIMONE DE BEAUVOIR&#13;
&#13;
Como lo ha reconocido la crítica universal, Simone de Beauvoir&#13;
&#13;
no ha superado aún su eximia creación de La invitada . .  $28.—&#13;
&#13;
&#13;
LA NIEVE ESTA DE DUELO&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
HENRI TROYAT&#13;
&#13;
Novela que coloca al autor en la más alta jerarquía de las&#13;
&#13;
letras francesas. Gran Premio literario de Mónaco.......... $16.—&#13;
&#13;
&#13;
MISA SIN NOMBRE&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
ERNST WIECHERT&#13;
&#13;
Ante los escombros de su patria en ruinas, el poeta y escritor&#13;
&#13;
alemán Ernst Wiechert, recientemente fallecido, escribió este&#13;
&#13;
libro como testimonio de una época trágica, de cuyos tonos&#13;
&#13;
sombríos hizo surgir, sin embargo, un canto de serenidad y&#13;
&#13;
esperanza .......................................................................$25.—&#13;
&#13;
&#13;
EMECÉ EDITORES, S.A.&#13;
&#13;
SAN MARTIN 427 - T.E. 32-1695 - BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                         15&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
esa calidad tan rara que lo hace apreciable&#13;
&#13;
en todas partes.&#13;
&#13;
 La delirante fantasía aliada a. la inten-&#13;
&#13;
cionada sátira de costumbres producen al&#13;
&#13;
dejar de ser antagónicas un fascinante im-&#13;
&#13;
pacto de convicción, donde la verdad hu-&#13;
&#13;
mana está enriquecida anímicamente por la&#13;
&#13;
libertad y la gracia.&#13;
&#13;
La conducción de este asunto por Charles&#13;
&#13;
Crichton demuestra una maestría tan flúida&#13;
&#13;
como llena de matices. Ciertas secuencias,&#13;
&#13;
como la de la torre Eiffel o la extraordina-­&#13;
&#13;
ria persecusión de la exposición policial son&#13;
&#13;
memorables y merecen recordarse como&#13;
&#13;
ejemplos de habilísimo manejo de las posi­-&#13;
&#13;
bilidades de cámara y montaje. El humor&#13;
&#13;
es la característica saliente y la más llama-­&#13;
&#13;
tiva de este film. No nos engañemos pen-­&#13;
&#13;
sando que es por ello una obra “menor”;&#13;
&#13;
lo cómico puede ser artísticamente un ejer­-&#13;
&#13;
cicio que sobrepasa el simple entreteni­-&#13;
&#13;
miento para llegar a ser una expresión ex­-&#13;
&#13;
tremadamente pura de la libertad del espí­-&#13;
&#13;
ritu creador. En este sentido, “The Laven-&#13;
&#13;
der Hill Mob” debe considerarse un film&#13;
&#13;
importante y el de mayor calidad en el lap-­&#13;
&#13;
so que abarca nuestra crónica.&#13;
&#13;
 La interpretación, tan brillante como el&#13;
&#13;
resto de la película, destaca la labor, tan&#13;
&#13;
sutil y memorable como la de "Los ocho&#13;
&#13;
sentenciados”, de Alec Guinness. Es indis­-&#13;
&#13;
cutiblemente un gran actor, del género más&#13;
&#13;
apropiado a las virtudes de concisión y pro-­&#13;
&#13;
fundidad de matices que la imagen cinema­-&#13;
&#13;
tográfica necesita.&#13;
&#13;
J. A. Mahieu&#13;
&#13;
&#13;
LIBROS&#13;
&#13;
&#13;
RETABLOS DE NAVIDAD Y DE&#13;
&#13;
LA PASION (Editorial "Raigal")&#13;
&#13;
por Eduardo González Lanuza&#13;
&#13;
 “Retablos de Navidad y de la Pa-­&#13;
&#13;
sión”, de Eduardo González Lanuza,&#13;
&#13;
es un libro bien manufacturado.&#13;
&#13;
 Admito que el elogio parece de&#13;
&#13;
cajón, y como de compromiso, pero&#13;
&#13;
en verdad no abundan las ediciones&#13;
&#13;
correctamente presentadas, que ma-­&#13;
&#13;
nifiesten una preocupación por el li­-&#13;
&#13;
bro en lo que tiene de adminículo&#13;
&#13;
para uso diario.&#13;
&#13;
 La perfección de la técnica bene­-&#13;
&#13;
ficia al lava-ropas (al cepillo de dien-­&#13;
&#13;
tes, al limpiauñas, al limpiaoídos, al&#13;
&#13;
limpiaparabrisas). Raramente al li­-&#13;
&#13;
bro, que suele cumplir también una&#13;
&#13;
tarea higiénica, y no de las menos&#13;
&#13;
importantes.&#13;
&#13;
 No es éste el caso de “Retablos de&#13;
&#13;
Navidad y de la Pasión”. (Quiero de­&#13;
&#13;
cir que sí lo beneficia la perfección&#13;
&#13;
de la técnica).&#13;
&#13;
Ante todo, “Retablos de Navidad&#13;
&#13;
y de la Pasión” se baila muy lejos de&#13;
&#13;
ser un mamotreto. Es un libro de&#13;
&#13;
buen tamaño, cómodo, manuable, que&#13;
&#13;
cabe en un bolsillo o en cualquier&#13;
&#13;
otro hueco similar. Sin embargo, no&#13;
&#13;
lo infecta esa barnizada vulgaridad&#13;
&#13;
de los “Pocket Books”.&#13;
&#13;
 Además, todo el mundo sabe que&#13;
&#13;
los “pockets” se deshojan a la pri-­&#13;
&#13;
mera lectura. Y este libro está bien&#13;
&#13;
cosido.&#13;
&#13;
“Retablos de Navidad y de la Pa-­&#13;
&#13;
sión” viene impreso con pulcritud.&#13;
&#13;
Casi diríamos, con extrema pulcritud.&#13;
&#13;
No hablemos de la tipografía. Desta­-&#13;
&#13;
quemos, más bien, los blancos y los&#13;
&#13;
márgenes. Hay en ellos un derroche&#13;
&#13;
de sutileza y de equilibrio, una per­-&#13;
&#13;
fección casi irónica — valga nuestra&#13;
&#13;
osadía interpretativa—, y a ratos,&#13;
&#13;
hasta emocionante.&#13;
&#13;
 El papel demuestra también a las&#13;
&#13;
claras el celo con que se ha cuidado&#13;
&#13;
la fabricación de este libro. Es papel&#13;
&#13;
blanco —la elegancia suele hallarse&#13;
&#13;
en el propósito de no desentonar, de&#13;
&#13;
no innovar porque sí— , pero, no obs-­&#13;
&#13;
tante, cualquiera puede darse cuenta&#13;
&#13;
de que es buen papel. Excelente pa­-&#13;
&#13;
pel. Si se nos permite la pondera-­&#13;
&#13;
ción, nos atreveremos a afirmar que&#13;
&#13;
es un papel digno.&#13;
&#13;
Pero es en la cubierta donde halla­-&#13;
&#13;
mos la suma de belleza. ¡Esa cubierta&#13;
&#13;
de color ligeramente cremoso, impre-­&#13;
&#13;
sa a dos tintas, y ornada con una sim-­&#13;
&#13;
bólica viñeta! Allí todo es orden, me­-&#13;
&#13;
sura y deleite. El tono exacto de la&#13;
&#13;
tinta verde, la distribución de los tí­-&#13;
&#13;
tulos, hasta el guión tiernamente&#13;
&#13;
ondulado que vibra y aletea entre&#13;
&#13;
“Editorial Raigal” y “Buenos Aires” .&#13;
&#13;
Un primor.&#13;
&#13;
 Mas no nos extendamos en la con­-&#13;
&#13;
sideración de los atributos físicos,&#13;
&#13;
aunque todavía podríamos alabar&#13;
&#13;
la contracubierta, con un perfecto&#13;
&#13;
“ $ 6-m/arg.” a un centímetro y&#13;
&#13;
medio del borde inferior derecho.&#13;
&#13;
No abundemos en el elogio de lo&#13;
&#13;
adjetivo. Es preciso guardar las pro­-&#13;
&#13;
porciones. Vayamos a la pulpa, a lo&#13;
&#13;
sustancial, a la noble materia que&#13;
&#13;
yace bajo la forma. El mismo Gonzá­-&#13;
&#13;
lez Lanuza nos ofrece una honda&#13;
&#13;
adivinación de sentido:&#13;
&#13;
¿Contábais con lo absurdo? No contábais&#13;
&#13;
¿verdad que no? ¡Varones prudentísimos!&#13;
&#13;
 Agradezcamos a Editorial “ Raigal”&#13;
&#13;
este libro, y su preocupación por&#13;
&#13;
“ofrecer a los lectores de nuestra len­-&#13;
&#13;
gua lo más representativo e intere­-&#13;
&#13;
sante de la lírica actual”, como dice&#13;
&#13;
la solapa.&#13;
&#13;
&#13;
JUAN ANTONIO VASCO.&#13;
&#13;
&#13;
SEXTO.—  J. R. Wilcock (Selección EMECÉ&#13;
&#13;
de obras contemporáneas).&#13;
&#13;
&#13;
 En “Sexto”, J. R. Wilcock no se confor­-&#13;
&#13;
ma con adherir a una ex-poética, envilecida&#13;
&#13;
por la repetición infinita de las fórmulas&#13;
&#13;
más agotadas. Se empeña en poner algo de&#13;
&#13;
su propia cosecha, y aporta un mal gusto&#13;
&#13;
deprimente, una cursilera a todo vapor. Y&#13;
&#13;
junto con la gimnasia tradicional, practica&#13;
&#13;
la parodia, la glosa o el refrito de cuanto&#13;
&#13;
le acude a la memoria.&#13;
&#13;
 En el primer instante, se sospecha que&#13;
&#13;
quizás todo el libro pretenda ser una bro­-&#13;
&#13;
ma (por otra parte, chata, y desprovista de&#13;
&#13;
ingenio) pero luego se ve que Wilcock&#13;
&#13;
habla en serio. Paradójicamente, logra en­-&#13;
&#13;
tonces arrancarnos algunas carcajadas. Mé-­&#13;
&#13;
rito involuntario, pero que no sería justo&#13;
&#13;
negarle. He aquí, por ejemplo, un trozo es­-&#13;
&#13;
cogido :&#13;
&#13;
¡Y se besaban en la boca, audaces!&#13;
&#13;
¡Junto a mis libros, junto a mi retrato&#13;
&#13;
celebraban su erótico contrato,&#13;
&#13;
tal vez desnudos, y tal vez locuaces!&#13;
&#13;
Quiero irme por cerúleas galerías&#13;
&#13;
en un barco, entre ríos constelados,&#13;
&#13;
quiero alejarme de esos depravados,&#13;
&#13;
hundirme en grutas húmedas y umbrías;&#13;
&#13;
&#13;
 Y así en cada página. Imposible citar. E&#13;
&#13;
inútil: nunca nos pondríamos de acuerdo&#13;
&#13;
sobre cual es el poema, la estrofa, el verso,&#13;
&#13;
el adjetivo más wilcoekiano de este libro.&#13;
&#13;
Queda, sin embargo, una esperanza: la&#13;
&#13;
de que J. R. Wilcock medite y adopte&#13;
&#13;
como norma de conducta un renglón que&#13;
&#13;
figura en la página 27 de “Sexto” :&#13;
&#13;
 “Esta es la última vez, la última vez.”&#13;
&#13;
J. A. V.&#13;
&#13;
&#13;
LA PATRIA ELEMENTAL.— Por César&#13;
&#13;
Rosales.&#13;
&#13;
&#13;
“La Patria Elemental” es un libro des­-&#13;
&#13;
concertante. En cuanto uno levanta la tapa,&#13;
&#13;
salen en tropel las Euménides, Orfeo, Eurí-&#13;
&#13;
dice, Jano, Castor y Pólux, la Tebaida y el&#13;
&#13;
Aqueronte, un montón de gente antigua,&#13;
&#13;
mal acomodada en las estrechas habitacio­-&#13;
&#13;
nes de nuestros días. Están hacinados en&#13;
&#13;
las 10 estrofas del primer poema, “Canto&#13;
&#13;
a la noche”, y aunque fueran 10 estrofas de&#13;
&#13;
6 x 6, con balcón a la calle, no cabrían&#13;
&#13;
tantos inquilinos.&#13;
&#13;
 Además, el Aqueronte salpica todo. Y ya&#13;
&#13;
se sabe como reacciona la Tebaida cuando&#13;
&#13;
le embarran los pisos recién encerados.&#13;
&#13;
Ubicado cerca del famoso río, el poema&#13;
&#13;
que sigue coloca a "Las Bañistas” en situa­-&#13;
&#13;
ción de privilegio. Lógicamente cuando uno&#13;
&#13;
menos se lo espera, sale Afrodita del agua.&#13;
&#13;
Y a poco andar, la Armonía, que también&#13;
&#13;
estaba refrescándose.&#13;
&#13;
 Luego, a través de 126 páginas, nos topa­-&#13;
&#13;
mos con silfos, hados, piélagos, lámparas&#13;
&#13;
votivas, marmóreas columnas, purpúreos ce-­&#13;
&#13;
lajes, un río de azogue flúido, un helecho&#13;
&#13;
vestido de aljófar matutino, un gato dis­-&#13;
&#13;
frazado de pequeña pantera, cenefas y guir­-&#13;
&#13;
naldas de rosas y amatistas, etc.&#13;
&#13;
 Está Vulcano, está el Erebo, está el Le-&#13;
&#13;
teo, está Némesis.&#13;
&#13;
 Hay un pastor. ¿Qué porta? Un cayado.&#13;
&#13;
¿De qué está vestido? De estameña. ¿Dón- ­&#13;
&#13;
de se sienta? En un poyo de piedra. ¿Qué&#13;
&#13;
cuida? Un hato. ¿Por dónde anda el hato?&#13;
&#13;
Por los alcores. ¿Dónde recogen el hato?&#13;
&#13;
en un aprisco. ¿Qué se oye a lo lejos? Una&#13;
&#13;
esquila.&#13;
&#13;
 “La Patria Elemental” es un libro descon-­&#13;
&#13;
certante porque, ademas de todo eso, trae&#13;
&#13;
la mención Copyright by Editorial Raigal,&#13;
&#13;
Buenos Aires, 1953.&#13;
&#13;
 1953 quiere decir ahora, y nos dan un&#13;
&#13;
libro de antes. El mismo autor lo confiesa:&#13;
&#13;
De un mundo antiguo vengo,&#13;
&#13;
de un país donde el mirto sagrado&#13;
&#13;
y el laurel&#13;
&#13;
entrelazan pletóricos sus ramas&#13;
&#13;
 Más que de un mundo antiguo. Rosales&#13;
&#13;
parece venir de un mundo mitológico.&#13;
&#13;
Y hasta el pobre Polifemo, con su terrible&#13;
&#13;
dolor de cabeza, se ve obligado a acom­-&#13;
&#13;
pañarlo :&#13;
&#13;
es un ojo&#13;
&#13;
sin párpado que mira con cólera y&#13;
&#13;
espanto,&#13;
&#13;
ígneo aún y sangrante como el ojo&#13;
&#13;
que perdió Polifemo.&#13;
&#13;
 Ojo ígneo, sangrante, colérico y espanta-­&#13;
&#13;
do. Ojo de corrector de pruebas de “La&#13;
&#13;
Patria Elemental”.&#13;
&#13;
J. A. V.&#13;
&#13;
&#13;
POETA AL PIE DE BUENOS AIRES.—&#13;
&#13;
Por Fernando Guibert (Santiago Rueda,&#13;
&#13;
editor, 1953) (1) .&#13;
&#13;
 Se nos advierte solapadamente que este&#13;
&#13;
poema alargado a través de doscientas pá-­&#13;
&#13;
ginas de jugueteos formales “está llamado&#13;
&#13;
a ser el que represente el germen épico de&#13;
&#13;
la nueva altamente inspirada poesía argen-­&#13;
&#13;
tina”. Las inmediatas menciones a The was-­&#13;
&#13;
te Land y la Spoon River Anthology, orgu-&#13;
&#13;
llosamente anteceden la declaración de&#13;
&#13;
que “tal vez sea éste y no otro el Poeta que&#13;
&#13;
hemos estado largo tiempo esperando” (sic).&#13;
&#13;
Curiosas afirmaciones. El propuesto germen&#13;
&#13;
de la nueva altamente inspirada poesía ar-­&#13;
&#13;
gentina carece precisamente de toda inspi­-&#13;
&#13;
ración. Su autor se coloca por cierto al pie&#13;
&#13;
de Buenos Aires, tan al pie y no a la cabe­-&#13;
&#13;
za, tan a ras de suelo y no en la altura, que&#13;
&#13;
su trabajo de cuatro años (1949-1953) de&#13;
&#13;
cuartillas minuciosas, se ha limitado a agru­-&#13;
&#13;
par detalles sin selección y sin método, más&#13;
&#13;
abigarrado aún que el mismo abigarrado&#13;
&#13;
vivir, faltando en esa lista de detalles cu­-&#13;
&#13;
riosos la unión íntima, la intuición verte-­&#13;
&#13;
brada y delimitada del mundo o de cierto&#13;
&#13;
aspecto del mundo, que constituye la poesía.&#13;
&#13;
 El amor un poco tenebroso que el poeta&#13;
&#13;
siente por Buenos Aires, no ha sido lo&#13;
&#13;
suficientemente intenso como para organi­-&#13;
&#13;
zar su desperdigada colección de experien-­&#13;
&#13;
cias porteñas ni para evitarle insistir en ese&#13;
&#13;
concepto traspapelado y romántico del poe-­&#13;
&#13;
ta abrumado ante la polifacética ciudadana&#13;
&#13;
—que se soporta hasta el Lorca neoyorkino&#13;
&#13;
inclusive— expuesto con la ya caduca téc-­&#13;
&#13;
nica del simultaneísmo y agravada por el&#13;
&#13;
abuso de recursos meramente fonéticos y&#13;
&#13;
formales , como el constante del adjetivo-&#13;
&#13;
sustantivo del tipo de sonoro-sonando, de&#13;
&#13;
granado-granadero, la máquina-mecánica, la&#13;
&#13;
gente-gentecilla y las figuritas-figurines que&#13;
&#13;
fastidian la lectura desde el principio.&#13;
&#13;
Con muy buenas intenciones, Fernando&#13;
&#13;
Guibert trata de colocarse en la línea de&#13;
&#13;
la gran poesía, renunciando a las desmedra-­&#13;
&#13;
das ediciones de poemas varios sobre pro­-&#13;
&#13;
blemas exclusivamente personales del au­-&#13;
&#13;
tor. Claro que para las grandes travesías&#13;
&#13;
es necesario dominar todas las técnicas de&#13;
&#13;
la navegación celeste, a riesgo, en caso con­&#13;
&#13;
trario, de caer e incendiarse, como en el&#13;
&#13;
de este libro que constituye — según la&#13;
&#13;
promisoria faja del editor— “la revelación&#13;
&#13;
poética que hemos estado esperando” y se-­&#13;
&#13;
gún la fatigosa conclusión del lector, que&#13;
&#13;
con empeño y paciencia logra concluir su&#13;
&#13;
tautológica fluencia, un poema demasiado&#13;
&#13;
extenso, interesante a veces, pero que poco&#13;
&#13;
tiene que ver con la poesía y nada absoluta­-&#13;
&#13;
mente con la poesía argentina de vanguar­-&#13;
&#13;
dia.&#13;
&#13;
M. B.&#13;
&#13;
(1) Ver en pág. 12 el enfoque de Molina so­-&#13;
&#13;
bre el mismo libro.&#13;
&#13;
&#13;
REVISTAS&#13;
&#13;
El hábito no hace al monje&#13;
&#13;
o&#13;
&#13;
Cuando la poesía cambia de traje&#13;
&#13;
pero no de paño&#13;
&#13;
Consideraciones sobre el "Panorama de la&#13;
&#13;
poesía argentina moderna publicado por&#13;
&#13;
POESIA BUENOS AIRES N° 13 y 14&#13;
&#13;
Una información sobre el desarrollo de&#13;
&#13;
las modernas tendencias poéticas en la Ar­-&#13;
&#13;
gentina se ha ido haciendo cada vez más&#13;
&#13;
indispensable. La poesía de vanguardia,&#13;
&#13;
como fenómeno de conjunto, ha contado&#13;
&#13;
siempre con la más profunda y silenciosa&#13;
&#13;
simpatía de los órganos de publicación que&#13;
&#13;
a sí mismos se califican de culturales. Por&#13;
&#13;
esa razón el proyecto de POESIA BUENOS&#13;
&#13;
AIRES basado en el compromiso de una&#13;
&#13;
absoluta objetividad y encarado con la idea&#13;
&#13;
de una mera exposición lo más agotadora&#13;
&#13;
posible, contó desde el comienzo con el&#13;
&#13;
apoyo de todos los sectores modernos. El&#13;
&#13;
resultado de esa empresa (cuyas dificultades&#13;
&#13;
no dejamos de ver) no parece compensar el&#13;
&#13;
esfuerzo realizado y quizás hubiera sido&#13;
&#13;
preferible dejar todavía la difícil tarea por&#13;
&#13;
hacer.&#13;
&#13;
La obra lleva una introducción que trata&#13;
&#13;
de aclarar, el criterio utilizado en la selec-­&#13;
&#13;
ción. Allí se explica cuales son las condi­-&#13;
&#13;
ciones negativas y positivas que permiten&#13;
&#13;
considerar a un poeta como de espíritu nue-­&#13;
&#13;
vo. Aquí se entra en una serie de conside­-&#13;
&#13;
raciones tan terriblemente confusas y con­-&#13;
&#13;
tradictorias que vale la pena detenerse en&#13;
&#13;
ellas porque servirán para dar la clave de&#13;
&#13;
todo el contenido del número. Dice, por&#13;
&#13;
ejemplo: “Queremos no reconocer dentro&#13;
&#13;
de los límites de la poesía a los siguientes&#13;
&#13;
supuestos” y entre esos supuestos mencio-&#13;
&#13;
na “el de la invalidez, la angustia sin sali­-&#13;
&#13;
da, la miseria espiritual del hombre, tema&#13;
&#13;
que se origina sea en un superficial con­-&#13;
&#13;
tacto con el existencialismo, sea en la in­-&#13;
&#13;
fluencia de poetas del tedio y el refina­-&#13;
&#13;
miento burgués (Baudelaire, Rilke, Eliot,&#13;
&#13;
etc.)” . Hay que confesar que esta extraña&#13;
&#13;
declaración deja estupefacto no sólo por las&#13;
&#13;
contradicciones que encierra (la angustia sin&#13;
&#13;
salida, ¿podría ser poética si el contacto&#13;
&#13;
con el existencialismo fuera profundo?) por&#13;
&#13;
la vaguedad y falta de precisión de los&#13;
&#13;
&#13;
JERARQUIA EN LIBROS&#13;
&#13;
LA PRODUCCION NOVA DEL&#13;
&#13;
AÑO 1953 SE CARACTERIZA&#13;
&#13;
POR SU CALIDAD&#13;
&#13;
Historia del humanismo por el doc­-&#13;
&#13;
tor G. Tofanin de la Universidad&#13;
&#13;
de Nápoles; un volumen encuader­-&#13;
&#13;
nado ........................................... $ 98.—&#13;
&#13;
Historia de la historiografía moderna,&#13;
&#13;
por  Ed. Fueter, de la Universidad de&#13;
&#13;
Zurich. 2 volúmenes .............. $ 90.—&#13;
&#13;
La vida social de los niños, por&#13;
&#13;
Roger Cousinet, profesor de la Sor-&#13;
&#13;
bona ........................................... $ 14 .—&#13;
&#13;
El jardín de infantes de orientación&#13;
&#13;
psicoanalítica, por la educadora ale­-&#13;
&#13;
mana Nelly Wolffheim ............ $ 14 .—&#13;
&#13;
La educación en un mundo dividido,&#13;
&#13;
por James Bryant Conant. presidente&#13;
&#13;
de la Universidad de Harvard.&#13;
&#13;
$ 32 .—&#13;
&#13;
Educación comparada, por Nicholas&#13;
&#13;
Hans, de la Universidad de Londres.&#13;
&#13;
$ 42 .—&#13;
&#13;
Psicoanálisis de la exaltación, por el&#13;
&#13;
Dr. Bertram D. Lewin .......... $ 34 .—&#13;
&#13;
Temas de Bibliografía y cultura ve-­&#13;
&#13;
nezolanas, por el Dr. P. Grases&#13;
&#13;
$ 30 .—&#13;
&#13;
Epítome de culturología, por el Dr.&#13;
&#13;
J. Imbelloni. del Museo Etnográfico&#13;
&#13;
de Buenos Aires ...................... $ 45 .—&#13;
&#13;
El análisis literario,, Introducción me­-&#13;
&#13;
todológica a una estilística integral,&#13;
&#13;
por el Dr. R. H. Castagnino . . $26.—&#13;
&#13;
Tratado de las pasiones, por el Dr.&#13;
&#13;
Enrique Mouchet .................... $ 28.—&#13;
&#13;
Solicite catálogos y el&#13;
&#13;
boletín informativo&#13;
&#13;
EDITORIAL NOVA&#13;
&#13;
PERU 613 BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
16                                                                                                                     LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
términos empleados (¿qué sentido da a&#13;
&#13;
“miseria espiritual”, expresión muy usada&#13;
&#13;
por los surrealistas en forma evidentemente&#13;
&#13;
distinta?) sino —y muy especialmente—&#13;
&#13;
por el alto nivel aclaratorio que alcanzan&#13;
&#13;
los ejemplos. Baudelaire, iniciador de la&#13;
&#13;
revuelta poética contra el espíritu burgués&#13;
&#13;
resulta ahora el más acabado representante&#13;
&#13;
de ese espíritu. Sólo una epidérmica apre­-&#13;
&#13;
ciación del tema del Spleen es responsable&#13;
&#13;
de tal interpretación. Faltaría agregar en­-&#13;
&#13;
tonces, como representantes de la espiritua-­&#13;
&#13;
lidad burguesa a los continuadores de la&#13;
&#13;
obra de Baudelaire: Rimbaud. Lautréamont,&#13;
&#13;
Kafka, Artaud. Todos ellos (de quienes los&#13;
&#13;
verdaderos poetas contemporáneos se sien­-&#13;
&#13;
ten continuadores) realizan —según el men­-&#13;
&#13;
tado prólogo— una “escritura de suciedad,&#13;
&#13;
de postración, de caos, de patología, que&#13;
&#13;
nada tiene que ver con el sólido —y a veces&#13;
&#13;
irónico— estoicismo, que sería cuando me­-&#13;
&#13;
nos la traducción poética de un mal se­-&#13;
&#13;
mejante, si es que realmente fuera experi-­&#13;
&#13;
mentado por el poeta”. La lectura de este&#13;
&#13;
párrafo, al que no queda sino suponer un&#13;
&#13;
oculto contenido “a veces irónico”, tiene&#13;
&#13;
la ventaja de colocar directamente en pleno&#13;
&#13;
caos al desprevenido lector. Como no se&#13;
&#13;
aclara el significado que se da a la expre-­&#13;
&#13;
sión estoicismo, tendremos que recurrir a&#13;
&#13;
suposiciones partiendo de lo que normal­-&#13;
&#13;
mente y sin ironía se considera como estoi­-&#13;
&#13;
cismo. ¿Podrá tratarse de una especie de&#13;
&#13;
gandhismo poético? En ese caso cabe espe-­&#13;
&#13;
rar un sistema de huelga de hambre de la&#13;
&#13;
poesía. Quizás la cosa podría resolverse más&#13;
&#13;
fácilmente con un tipo de máquina neumá­-&#13;
&#13;
tica que hiciera el vacío perfecto en el poe­-&#13;
&#13;
ma, librándolo de cualquier rastro de con­-&#13;
&#13;
tenido. La vacuidad poética eliminaría todo&#13;
&#13;
lo patológico, todo lo que ha existido siem-­&#13;
&#13;
pre de rebelión, de insatisfacción y también&#13;
&#13;
de exaltación en la poesía auténtica.&#13;
&#13;
 Ahora bien, el modo de compaginar ese&#13;
&#13;
“estoicismo a veces irónico” con el discon­-&#13;
&#13;
formismo — que se defiende en el mismo&#13;
&#13;
&#13;
FILOSOFIA Y&#13;
&#13;
PSICOLOGIA&#13;
&#13;
ACTUALES&#13;
&#13;
Kurt Kofka: Principios de psi­-&#13;
&#13;
cología de la forma. La obra&#13;
&#13;
fundamental del más importan­-&#13;
&#13;
te representante de la Gestalt.&#13;
&#13;
Encuadernada, 900 pág. con&#13;
&#13;
ilustraciones.................. $ 120.—&#13;
&#13;
C. G. Young: Transformaciones&#13;
&#13;
y símbolos de la Libido. Uu&#13;
&#13;
nuevo método de interpretación&#13;
&#13;
de los sueños, fantasías y pro-­&#13;
&#13;
ducciones imaginativas del ser&#13;
&#13;
humano. Un volumen de 444&#13;
&#13;
páginas, 60 ilustraciones fuera&#13;
&#13;
de texto ........................... $ 65 . —&#13;
&#13;
Karel Horney: La personalidad&#13;
&#13;
neurótica de nuestro tiempo (2da.&#13;
&#13;
edición). Una nueva visión de&#13;
&#13;
los conflictos psíquicos en la&#13;
&#13;
vida social de nuestra época. Un&#13;
&#13;
volumen de 320 pág. . . . $ 34.—&#13;
&#13;
N . Abbagnano: Existencialismo&#13;
&#13;
positivo ................................$ 10.—&#13;
&#13;
Bertrand Russell: Misticismo y&#13;
&#13;
lógica. Un volumen de 227 pá­-&#13;
&#13;
ginas ...................................... $ 30.—&#13;
&#13;
John Dewey: El hombre y sus&#13;
&#13;
problemas. Un volumen de 388&#13;
&#13;
páginas ............................... $ 48.—&#13;
&#13;
&#13;
Editorial PAIDOS&#13;
&#13;
Cabildo 1547  T. E. 76-2440&#13;
&#13;
Buenos Aires&#13;
&#13;
&#13;
PRECIO DEL EJEMPLAR $ 3.—&#13;
&#13;
Casilla de Correo 5289&#13;
&#13;
Registro de la propiedad&#13;
&#13;
intelectual en trámite&#13;
&#13;
Correo Argentino&#13;
&#13;
Central B&#13;
&#13;
FRANQUICIA POSTAL N° 5092&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
prólogo pocas líneas antes— es cosa que&#13;
&#13;
pertenece al caos del lector.&#13;
&#13;
 En el final de dicha introducción llega&#13;
&#13;
a aceptarse una poesía de tono popular&#13;
&#13;
siempre que signifique “una intimidad real&#13;
&#13;
de lengua, cultura y espíritu con el pueblo”&#13;
&#13;
y como ejemplos se mencionan a Píndaro,&#13;
&#13;
Juan Ruiz, Villon, Carlos de la Púa. Es&#13;
&#13;
evidente que se hace allí una confusión&#13;
&#13;
entre el poeta culto que utiliza temas vi­-&#13;
&#13;
tales o cotidianos con el versificador popu-­&#13;
&#13;
lachero. No puede compararse a Píndaro,&#13;
&#13;
cantor de príncipes y héroes, poeta el más&#13;
&#13;
profundo, difícil y refinado de la lírica grie­-&#13;
&#13;
ga (cosa fácil de averiguar con la simple&#13;
&#13;
lectura del prólogo de Ignacio Montes de&#13;
&#13;
Oca a su traducción española de Píndaro)&#13;
&#13;
con un poeta de lenguaje popular.&#13;
&#13;
 Del Arcipreste de Hita puede decirse algo&#13;
&#13;
parecido: poeta que expresa lo vital con&#13;
&#13;
un lenguaje y una calidad muy por encima&#13;
&#13;
de su tiempo y cuyo instrumento poético&#13;
&#13;
está dado por una base cultural no fre-­&#13;
&#13;
cuente en esa época (basta leer la conocida&#13;
&#13;
“Historia de la literatura española” de Fitz-&#13;
&#13;
maurice Kelly si se quiere recurrir a una&#13;
&#13;
opinión autorizada). Y qué decir de Villon,&#13;
&#13;
extraordinario precursor de Baudelaire y&#13;
&#13;
Rimbaud, sacudido por la doble angustia&#13;
&#13;
del deseo y de la muerte.&#13;
&#13;
 De generalizarse ese propuesto sistema&#13;
&#13;
de atribuir carácter folklórico a los can­-&#13;
&#13;
tores de lo cotidiano, hoy habría que con­-&#13;
&#13;
siderar a Faulkner un representante de la&#13;
&#13;
literatura popular. Y conste aquí mi pro­-&#13;
&#13;
fundo respeto por el auténtico folklore, el&#13;
&#13;
producto de una cultura creada por el pue­-&#13;
&#13;
blo y que realmente expresa y condensa&#13;
&#13;
las aspiraciones y los deseos de un grupo&#13;
&#13;
humano. Pero hay tanta diferencia entre la&#13;
&#13;
verdadera literatura folklórica y la litera­-&#13;
&#13;
tura populachera como entre el poeta mo-&#13;
&#13;
dernoide y el poeta moderno.&#13;
&#13;
 Lo que en realidad parece surgir de dicho&#13;
&#13;
prólogo es una posición puramente literaria&#13;
&#13;
y antivital. Justamente esa mera actitud&#13;
&#13;
literaria que aparentemente sus autores com­-&#13;
&#13;
baten. Es como si se diera vuelta a un viejo&#13;
&#13;
traje para adaptarlo a la moda: el paño&#13;
&#13;
sigue siendo el mismo. Se trata siempre de&#13;
&#13;
una poesía académica o no académica que&#13;
&#13;
se deleita en un puro juego verbal sin&#13;
&#13;
consecuencias: literatura de entretenimiento&#13;
&#13;
para salones más o menos refinados, que&#13;
&#13;
prescinde completamente de la conmoción&#13;
&#13;
o el choque.&#13;
&#13;
 Tal actitud explica la total incomprensión&#13;
&#13;
que revelan los comentarios dedicados más&#13;
&#13;
adelante a la poesía surrealista. Se encara&#13;
&#13;
el dadaísmo-surrealismo (conjunción abso­-&#13;
&#13;
lutamente inseparable) al modo de los pro-­&#13;
&#13;
fesores de literatura: como una escuela&#13;
&#13;
literaria más. Se habla así de una “retórica&#13;
&#13;
surrealista” sin notar la incongruencia de&#13;
&#13;
tal expresión, ya que desde el momento en&#13;
&#13;
que se hace retórica, la poesía deja de ser&#13;
&#13;
surrealista. Justamente ese tipo de retórica&#13;
&#13;
seudosurrealista es la que utilizan actual­-&#13;
&#13;
mente muchos poetas en todas partes del&#13;
&#13;
mundo (inclusive aquí). La diferencia está&#13;
&#13;
en que estos últimos en lugar de recurrir&#13;
&#13;
al automatismo (impulso de origen vital)&#13;
&#13;
utilizan un mecanicismo (recurso retórico).&#13;
&#13;
Así se sustituye por ejemplo en la frase “el&#13;
&#13;
perro mueve la cola” la palabra perro por&#13;
&#13;
cualquier otra, digamos: “pisapapel” y de&#13;
&#13;
este modo se obtiene una especie de sor­-&#13;
&#13;
presa primaria de tipo carnavalesco con la&#13;
&#13;
que cualquiera puede darse aire de poeta&#13;
&#13;
moderno. La facilidad atrae y así pueden&#13;
&#13;
verse pulular legiones alrededor de la miel&#13;
&#13;
de un supuesto surrealismo (si se suprime&#13;
&#13;
este nombre comprometedor la sorpresa re­-&#13;
&#13;
sulta mayor). Por tal camino se logra una&#13;
&#13;
beatitud que puede pasar sin dificultad por&#13;
&#13;
optimismo.&#13;
&#13;
 El surrealismo (¿será inútil repetirlo por&#13;
&#13;
millonésima vez?) significa ante todo el&#13;
&#13;
compromiso con una ideología y una con­-&#13;
&#13;
cepción del mundo total. En este sentido,&#13;
&#13;
la poesía (en el concepto vaticinador y con­-&#13;
&#13;
vulsivo de los poetas primitivos) es sólo el&#13;
&#13;
medio de expresión inmediato e integral de&#13;
&#13;
esta actitud frente al mundo. De cualquier&#13;
&#13;
modo, la técnica de creación, aún siendo&#13;
&#13;
auténtica, resulta lo accesorio en el surrea­-&#13;
&#13;
lismo. Lo importante son los contenidos que&#13;
&#13;
se vuelcan a través de ella.&#13;
&#13;
 Pero si nos dirigimos a la poesía moderna&#13;
&#13;
en su sentido más amplio, es expresión de&#13;
&#13;
la libertad del hombre. Poesía y libertad&#13;
&#13;
son intercambiables. Ningún tipo de consig­-&#13;
&#13;
na puede encadenar a la poesía y menos&#13;
&#13;
la consigna del estoicismo porque sí, ya que&#13;
&#13;
la esencia de lo poético está en la rebelión&#13;
&#13;
y la exaltación, y en cuanto a la ironía&#13;
&#13;
(elemento superficialmente intelectual, bur­-&#13;
&#13;
gués y antipoético) se sustituye con el hu­-&#13;
&#13;
mor (elemento de raíz vital).&#13;
&#13;
¿Cómo es posible confundir el disconfor­-&#13;
&#13;
mismo o la insatisfacción, impulso que co-­&#13;
&#13;
loca al poeta en la vanguardia de todas&#13;
&#13;
las transformaciones, con el tedio burgués?&#13;
&#13;
¿No parece más característico del espíritu&#13;
&#13;
burgués el conformismo, el optimismo fácil,&#13;
&#13;
la satisfacción por el ornato intrascendente,&#13;
&#13;
el estoicismo a veces irónico?&#13;
&#13;
 Con tan confusos puntos de partida no&#13;
&#13;
puede extrañar que todo el panorama, la&#13;
&#13;
clasificación, las “notas orientadoras” de&#13;
&#13;
amplia precisión desorientadora, los ejem­-&#13;
&#13;
plos elegidos de modo que no aclaren nada,&#13;
&#13;
todo contribuye a hacer de ese intento una&#13;
&#13;
obra confusa, contradictoria, incomprensible&#13;
&#13;
(en cuya ilegibilidad colabora la utilización&#13;
&#13;
de una jerga de grupo y la multiplicación&#13;
&#13;
de reticencias). Lo único claro es que les&#13;
&#13;
ha sido imposible a los realizadores del&#13;
&#13;
número mantener la objetividad que indu­-&#13;
&#13;
dablemente se propusieron al intentar la&#13;
&#13;
obra.&#13;
&#13;
 En cuanto a los poemas, el número de&#13;
&#13;
autores elegidos (¿50 poetas modernos en&#13;
&#13;
la Argentina?) puede dar idea de la ca­-&#13;
&#13;
lidad. Muchos de los poemas parecen el&#13;
&#13;
resultado de una broma de mal gusto. Son&#13;
&#13;
pocos los poetas que tienen por lo menos&#13;
&#13;
una personalidad definida y exceptuando a&#13;
&#13;
estos, por el “ espíritu nuevo” dominan las&#13;
&#13;
sombras de René Char, bastante menguada,&#13;
&#13;
y a veces Eluard. Habría que destacar entre&#13;
&#13;
los más jóvenes y menos conocidos a Ma-&#13;
&#13;
dariaga, con un tono realmente personal,&#13;
&#13;
cuya ubicación lógica estaría entre los poe­-&#13;
&#13;
tas surrealistas y a Alonso cuyo poema&#13;
&#13;
“Muchacha de las islas Canarias” aunque&#13;
&#13;
muy eluardiano tiene verdadera calidad.&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI.&#13;
&#13;
&#13;
SUR Y LA LITERATURA ITALIANA&#13;
&#13;
 Idéntico destino vincula a dos literaturas&#13;
&#13;
de las que marchan a la zaga del pensa­-&#13;
&#13;
miento y la ficción en Europa: la española&#13;
&#13;
y la italiana. Ambas viven del recuerdo del&#13;
&#13;
esplendor pasado. La primera del Siglo de&#13;
&#13;
Oro, la segunda del Renacimiento. Estos&#13;
&#13;
estupendos antecedentes que debieran ser-­&#13;
&#13;
virles de catapulta y de brújula, consiguen&#13;
&#13;
en cambio maniatarlos, tornarlos nostálgicos,&#13;
&#13;
anacrónicos, afectados y reaccionarios co­-&#13;
&#13;
mo los viejos aristócratas empedernidos que&#13;
&#13;
se niegan a acusar el paso del tiempo y las&#13;
&#13;
diferencias reales que ese mismo tiempo&#13;
&#13;
impone. No nos toca aquí agotar las po­-&#13;
&#13;
sibles relaciones de este paralelo. La lite-­&#13;
&#13;
ratura italiana constituye nuestro objetivo.&#13;
&#13;
Y esto debido al número especial que Sur&#13;
&#13;
acaba de dedicarle. Puesto a salvo el es­-&#13;
&#13;
fuerzo editorial y la dedicación responsable&#13;
&#13;
que esta selección supone, preferimos in­-&#13;
&#13;
tentar un somero análisis de los valores es-­&#13;
&#13;
pecíficos que informan las letras peninsu­-&#13;
&#13;
lares y reducir nuestro elogio al sello edi­-&#13;
&#13;
torial que con intención antológica los&#13;
&#13;
reúne, al reconocimiento del esfuerzo ya&#13;
&#13;
mencionado. En consecuencia, trataremos de&#13;
&#13;
censurar o justificar la limitada gravitación&#13;
&#13;
de los autores italianos en el ámbito de&#13;
&#13;
la poesía y la literatura contemporáneas.&#13;
&#13;
 Nutridos por el esteticismo de Croce, la&#13;
&#13;
grandielocuencia y el decadentismo de&#13;
&#13;
D’Annunzio, el realismo naturalista del si­-&#13;
&#13;
glo pasado, la nefasta dirección de más de&#13;
&#13;
veinte años de fascismo, y el ciego afán&#13;
&#13;
tradicionalista del que casi todos aparecen&#13;
&#13;
contagiados, no sorprende demasiado descu­-&#13;
&#13;
brir el retraso de las letras italianas con&#13;
&#13;
respecto a las posiciones más osadas y clari­-&#13;
&#13;
videntes que asume la poesía y la literatura&#13;
&#13;
de vanguardia.&#13;
&#13;
 Giovanni Papini y el irracionalismo por&#13;
&#13;
un lado, y Marinetti con el futurismo que&#13;
&#13;
tanto iba a influenciar con su dinámica&#13;
&#13;
agresiva sobre los posteriores movimientos&#13;
&#13;
de vanguardia en Europa por el otro, no&#13;
&#13;
alcanzaron a limpiar, ni siquiera a sacudir&#13;
&#13;
el agua estancada en la que continúan hun-­&#13;
&#13;
diéndose la literatura y las artes peninsu­-&#13;
&#13;
lares. Recorriendo las páginas del número&#13;
&#13;
especial de Sur es fácil comprobar lo que&#13;
&#13;
hasta aquí hemos afirmado. No sólo lo ad-­&#13;
&#13;
miten de una u otra manera los ensayistas&#13;
&#13;
cuyos trabajos figuran en la revista, sino&#13;
&#13;
que también lo traducen y mucho más cla­-&#13;
&#13;
ramente, los fragmentos, los poemas o los&#13;
&#13;
relatos que componen el frondoso material&#13;
&#13;
antológico. Están presente la mayoría de&#13;
&#13;
los autores más importantes de los últimos&#13;
&#13;
cincuenta aoñs, muchos de ellos viejos co­-&#13;
&#13;
nocidos nuestros traducidos y difundidos&#13;
&#13;
profusamente por editoriales y publicacio­-&#13;
&#13;
nes locales.&#13;
&#13;
 Montale, ni Quasimodo, ni siquiera el&#13;
&#13;
mismo Ungaretti cuyo talento y calidad&#13;
&#13;
poéticas resultan indiscutibles, llegan, entre&#13;
&#13;
los ya consagrados, a deslumbrar totalmen-­&#13;
&#13;
te; y en cuanto a los representantes de las&#13;
&#13;
nuevas promociones, ninguno de ellos acusa&#13;
&#13;
un verdadero deseo de romper los límites&#13;
&#13;
de una tradición que se revela incapaz de&#13;
&#13;
propiciar la operación poética profunda­-&#13;
&#13;
mente renovadora o la ruptura indispen­-&#13;
&#13;
sable con un mundo que se empeña en&#13;
&#13;
deformar y esclavizar la naturaleza y el&#13;
&#13;
sentimiento del hombre. Quizás lo más dig-­&#13;
&#13;
no de destacar sean los ensayos o los pa­-&#13;
&#13;
noramas mediante los cuales se trata de&#13;
&#13;
situar objetiva y sinceramente la verdadera&#13;
&#13;
dimensión del trabajo de creación en sus&#13;
&#13;
múltiples aspectos en esa Italia decepcio-­&#13;
&#13;
nante sometida a las clásicas maneras de&#13;
&#13;
expresión.&#13;
&#13;
 La sociología convencional, la literatura&#13;
&#13;
de “opinión”, preferentemente política, el&#13;
&#13;
ESPEJO DEL MUNDO&#13;
&#13;
&#13;
Se parecen: En el bastón y en la falta de&#13;
&#13;
títulos para optar a un premio literario. Se&#13;
&#13;
diferencian: En que Churchill ya lo tiene,&#13;
&#13;
pese a todo.&#13;
&#13;
&#13;
Premio Nobel y bastones&#13;
&#13;
 No hay nada que envicie más que el mal&#13;
&#13;
ejemplo. Alentado por el otorgamiento del&#13;
&#13;
premio Nobel de Literatura del último año&#13;
&#13;
al fumador de cigarros, empeñoso pintor,&#13;
&#13;
célebre político conservador y periodista&#13;
&#13;
inglés vastamente conocido como Winston&#13;
&#13;
Churchill, nuestro imponderable Ricardo&#13;
&#13;
Rojas admite que ha llegado la oportunidad&#13;
&#13;
de proponer su melancólica celebridad sud­-&#13;
&#13;
americana a los efectos de que a él también&#13;
&#13;
le llegue el halago de la gloria sueca lite­-&#13;
&#13;
rariamente internacional.&#13;
&#13;
 Se murmura por allí que Ricardo Rojas&#13;
&#13;
merece la distinción antedicha y consecuen­-&#13;
&#13;
tes admiradores recogen adhesiones desti­-&#13;
&#13;
nadas a promover su nombre hacia Esto-&#13;
&#13;
colmo.&#13;
&#13;
Por razones explicables, Manuel Gálvez&#13;
&#13;
no está de acuerdo con esta precandidatura&#13;
&#13;
para la cual él mismo ha sido varias veces&#13;
&#13;
rechazado. Resulta difícil creer ya en el&#13;
&#13;
premio Nobel, otorgado a escritores de mé­&#13;
&#13;
rito muy desparejo, que unas veces hace&#13;
&#13;
justicia, e inmediatamente recae sobre las&#13;
&#13;
ineptitudes literarias. Pero descreídos y&#13;
&#13;
todo, nos preguntamos. ¿Qué ollantay pue-­&#13;
&#13;
de alegar nuestro anacrónico compatriota&#13;
&#13;
para justificar su melena y el prestigio que&#13;
&#13;
tiene por allí de padre de nuestra litera­-&#13;
&#13;
tura? ¿Sus románticas postulaciones sobre&#13;
&#13;
la Eurindia? ¿Su incalificable historia de&#13;
&#13;
las letras argentinas? ¿O sus ripiosos so­-&#13;
&#13;
netos alojados ad efectum gloriam en los&#13;
&#13;
suplementos de la Nación?&#13;
&#13;
&#13;
Juegos Florales en la S.A.D.E.&#13;
&#13;
Consecuente con su línea de buen hu­-&#13;
&#13;
mor, la S.A.D.E. ha organizado con el nom­-&#13;
&#13;
bre de “Fiesta de la Poesía” un espectácu­-&#13;
&#13;
lo inolvidable. Las conferencias y los poe­-&#13;
&#13;
mas recitados han rivalizado entre sí por&#13;
&#13;
su agudo sentido de lo cómico. Esa falta de&#13;
&#13;
respeto por la poesía es una verdadera de-­&#13;
&#13;
mostración de libertad de espíritu que me­-&#13;
&#13;
rece los más cálidos elogios. Esperamos de&#13;
&#13;
la S.A.D.E. la repetición de espectáculos se­-&#13;
&#13;
mejantes que ponen una nota de sana e&#13;
&#13;
incontenible alegría en la vida sin acciden­-&#13;
&#13;
tes de nuestro mundo intelectual.&#13;
&#13;
&#13;
lirismo al uso, el hermetismo escapista, de-­&#13;
&#13;
formada herencia del simbolismo; la psi­-&#13;
&#13;
cología elemental, la ausencia de espíritu&#13;
&#13;
innovador y de audacia verdaderamente&#13;
&#13;
revolucionaria, constituyen las limitaciones&#13;
&#13;
que, sumadas a las ya citadas anteriormen­-&#13;
&#13;
te (realismo narrativo, servilismo hacia las&#13;
&#13;
viejas maneras, nostalgia de un antiguos es-­&#13;
&#13;
plendor ya remoto, cierta exuberancia es­-&#13;
&#13;
tilística, patrioterismo, etc.), descalifican a&#13;
&#13;
la poesía y la literatura italiana para figurar&#13;
&#13;
en el lugar de privilegio que todos desea-­&#13;
&#13;
mos para ella.&#13;
&#13;
 Si el espacio lo permitiera sería posible&#13;
&#13;
poner a salvo el mérito de algunas firmas&#13;
&#13;
que integran la selección. Riccardo Baccheli&#13;
&#13;
con “La verdad sobre el pavoroso caso del&#13;
&#13;
Mary Bonfield”, tenso relato en el que se&#13;
&#13;
mezclan afortunadamente el humor y el ho­-&#13;
&#13;
rror, por ejemplo; y algunos otros trabajos&#13;
&#13;
que no pueden ser citados sin comentarios&#13;
&#13;
justificatorios más extensos, no bastan, sin&#13;
&#13;
embargo, para salvar una muestra que en&#13;
&#13;
su conjunto da el tono exacto de una lite­-&#13;
&#13;
ratura que está situada a apreciable distancia&#13;
&#13;
de toda verdadera peripecia actual y de toda&#13;
&#13;
lucidez salvadora.&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE&#13;
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Brascó, Miguel&#13;
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Thomas, Dylan&#13;
Latorre, Carlos&#13;
Filloy, Juan&#13;
Molina, Enrique</text>
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                <text>La transcripción de los textos de esta publicación se hizo respetando la estructura original del texto y los errores de tipeo. En los casos en los que no fue posible identificar la palabra por errores de impresión, se utilizaron los corchetes para indicar la interpretación.</text>
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                    <text>'Para

el

surco

feraz

de

nuestra

tierra,

la

mejor

simiente

de

la

Humanidad”

ORENO

OLAS AVELLANEDA

A Ñ O

1

-

JUNIO

V

N U M E R O S
- JULIO

-

5 y

6

1945

V

I

HOMENAJE AL
PENSAMIENTO LIBERAL ARGENTINO

�AÑO 1 - JUNIO-JULIO 1945 - NUM ERO S 5 y 6

Latitud
Precio del ejem plar
$ 0.50
Un año de suscripción $ 5.00
DIRECCION Y ADMINISTRACION
Av. Córdoba 836 - Bs. As. - U.T. 32-0470

EDITOR

Rubén Xúñez

I \ l l ¡ 1 I PO X C E

E

y lo s d e b e r e s u e tu a te s
d e la in te tiy e n e ia

LETRAS

Enrique Amorim

Seis años han transcurrido desde la muerte de Ponce, seis años de hechos decisi\os
para la historia del mundo. En los prolegómenos de la gran lucha contra el fascismo, que
acaba de terminar en su aspecto militar. Ponce fue el jefe indiscutido del grupo intelec­
tual de vanguardia, que opuso al fascismo nacional y extranjero una resistencia denodada.
Fuá uno de los primeros desterrados de las dictaduras que se sucedieron desde el año
1930 y que epilogaron en el golpe militar de Junio del 43.

TEATRO

M aría Rosa OI iver

Con el exilio de Ponce. perseguido por la furia desencadenada de la reacción y el
clero falangista, se pretendió asestar un golpe eficaz a la resistencia intelectual que se le
oponía denunciando sus atropellos; así también el destierro de cinco obreros entregados
fríamente a Mussolini por el presidente Justo, fué el comienzo del combate dirigido contra
la clase trabajadora organizada.
Desde 1930 Ponce se lanzó a la batalla, denunció las intrigas y los ataques arteros

ESCULTURA

Luis Falcini

emprendidos contra los principios liberales, advirtió con toda la fuerza de su voz la inmi­
nencia del motín y la asonada de las facciones reaccionarias, que obraban estimuladas por
los éxitos espectaculares de Hitler y Mussolini. Todo tenía que perder y nada que ganar,
si es no ganar el elevarse como una figura señera del pensamiento libre de América, si es
no ganar constituirse en eslabón poderoso
desde el magnífico

PIN TU RA Y G R A B A D O

Antonio fíerni

en la cadena de

resplandor de Mayo, se encaminan hacia

los sucesosy los hombres que
una sociedad democrática como

fundamento necesario de la grandeza nacional.
La muerte en el destierro le im pidió presenciar el fin del más grande drama contem­
poráneo, la guerra, Stalingrado, la derrota del fascismo, las alternativas dolorosas de la
contienda y el triunfo final con las banderas de las naciones unidas sobre las riberas del
Elba, y ondeando sobre el Reichstag y la puerta de Brandeburgo, la bandera de la Unión

M USICA

Leopoldo Hurtado

Soviética.

La muerte le im pidió saber que su pueblo fué el único en el mundo al que

se le prohibió manifestar la alegría infinita de la victoria, que vivió sofocando su grito
de guerra y su pasión democrática, negando su historia y su genio en la alternativa de la
servidumbre o la muerte.
No dudó sin embargo del triunfo final contra la
bajo los

M A PA CO N TIN EN TAL

Aorberlo A .

Fronlini

pliegues de la filosofía de Nietzche

barbarie que surgía en Alemania

y Spengler; se había solidarizado con las

fuerzas proletarias,

seguía paso a paso su historia desde las primeras rebeliones agrarias

hasta la Jacquerie,

la Revolución francesa, la Comuna, las revoluciones del 48 y la Revo­

lución de Octubre.
Se esforzó en hallar los lazos que ligaban la suerte de la patria al movimiento del
inundo en su conjunto. La luz del marxismo amplió sus horizontes y pudo comprender las
causas y móviles de la progresión de la cultura, las ciencias y las artes, así como los

CINE

León Klimovsky

cambios ocurridos en las sociedades humanas en su incesante transformación.
A la

vez que

procuraba derribar enemigos

prosa, se adiestraba en el conocimiento de los

con lassaetas certeras
rumbos nuevos de la

y penetrantes de su
Revolución y desde

el fondo de nuestro pasado liberal lanzaba un cabo hacia el porvenir del mundo.

Creía

que para defender nuestra incipiente cultura del retroceso y la decadencia, era preciso

ARQ U ITECTU RA
Y U R BA N ISM O

Fermín Bereterbide

avanzar sin detenerse, compenetrarse sin recelos ni prejuicios de los conocimientos, expe­
riencias y doctrinas, surgidas de la realidad del agitado mundo contemporáneo.

El exa­

men analítico, histórico y político, le permitió entrever que el progreso técnico y cultural
se operaba sobre las alternativas y sobresaltos bruscos derivados de la forma de produc­
ción, que la marcha era impulsada por la emulación del provecho privado y la explo­

PR O D U CCIO N

Bartolomé M irabelli
Sam Malamud
Jorge Naranjo Cuadra

tación del trabajo; que la ciencia se hallaba subordinada a las contradicciones de un sistema
de convivencia en que la distribución de los frutos del trabajo y la cultura no obedecían
a las necesidades colectivas sino a las exigencias específicas del capital, cuyas crisis perió­
dicas implican una ciega destrucción de la riqueza y cuyas guerras sobrevienen como un

�fundacion

espigas

Eueaoa Aires - Argentina
fiu o m rí M r V i &amp; U d e j X u f d e
quebranto colosal, donde los hombres sucumben
abatidos por los mismo elementos que crearon en
la paz. Consideraba que el apoliticismo pregona­
do por algunos intelectuales era una fórmula
refinada del quintacolumnismo y afirmaba con
Marx que una filosofía que no va unida a una
política no llegará a ser nunca una verdad. In­
telectuales hostiles y ajenos a la p o lític a ... no
¿es eso lo que quieren los tiranos? ¿N o es esa
la clase d.e gente que Gentile y Radice prepara­
ban en las escuelas del fascismo para asegurar
la opresión y envilecimiento del pueblo? Si ade­

OitArrMruX) (P •$. de UÍiíde.

t io^cjue
Cjl'-ú i d , &amp;

más de explicar el mundo la filosofía debe trans­
formarlo ¿qué clase social, se pregunta, tomará
entre sus manos la magnífica empresa? Esta cla­

(ju&amp;

fa X a d de

á tru jx rfe

b X u lén/dcoi.

■Cjue j^ d -í m

e jrjo o a o

í

Cjen&amp;toí-CL

-i&gt;x, dujsíi'tny

od ■ íraÍKxjiv’ a^ue, leu

fia fi&amp;tÁc

i+ o íá r

d e la frio.

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¿ p u e e o -a -|&lt; n /rv L( v

e n o^ue lo

C w

norrio

eño

d e dedlecXd.

oa

doi Vnú dibioi hu-Ueran didoJ oye

dydjttebó&gt;,

aw-cu-M^aov-

(X Yvu, VolurJead/ X e io'drrJriicltni,

CÓCW

de la Revolución, es un deber impuesto por la
dignidad de su inteligencia. Seguro de su paso,
que

u

G £ &gt; n u p ^ /n ,íiu .t&lt; je &gt; lié ‘j

I

un adarme en el fiel de la verdad y la justicia
que anima las luchas reivindicatorías del proleta­
riado, y adiestrarse en la filosofia transformadora

resplandor

-to-m(a

-iluidrClCUl u CxdCx

fdíuma- d e ‘-un exiddiantí d e meditmco.

funda de la Historia su amor por la libertad y la
superación del hombre. Entiende que depositar

el

&lt;¿S -tc iT V

&lt;xdwinra¿LOiv jv&gt;r

sino de la miseria artificialmente producida.
Consciente de los compromisos contraidos con esa
verdad que le ilumina, resuelve apoyarla con toda
su fuerza, llevar al caudal de la corriente pro­

su alma por

0 *C b ,

pirdeyn joor m¿ oiaduiij jexcUr WneArcXneuv

se es el proletariado, concluye, que se distingue
de todas las otras clases esclavizadas o serviles
que la historia ha conocido porque es el producto
no tanto de la miseria naturalmente existente,

iluminada

U

tejí brando

se­

ñalaba en el horizonte su ruta peregrina, sin es­

por ese “ prodigioso portal levantado a mitad del
siglo X IX para que pasara por él rumoroso y
pujante, el espíritu nuevo” . No miró hacia atrás
sino para reparar la marcha con más justeza y
sin errores, para evocar en los momentos de an­
gustia y en los instantes de abandono, propios de
la lucha cruel y desgarradora de todos los días,
las voces amigas de la historia que incansable­
mente le instaban a proseguir su andar.
En ese pasado jalonado de nuestros grandes
proceres y en la construcción triunfante del mun­
do socialista, nutría esa confianza inextinguible
que le animaba a salir al encuentro de la Histo­
ria, “ para decir tan alto como la voz lo permita
que estamos viviendo con lucidez absoluta este
momento, el más dramático de la vida del hom ­
bre, y que tan seguros nos sentimos del porvenir
inevitable cualquiera sea la suerte que el destino
nos reserve, que ya podemos desatar al viento la
infinita alegría de vivir ahora” .
El destino le reservó la muerte en la República
de M éjico, fraternal amiga. Pero la lucidez con
que vivió los com plejos problemas del mundo
con el instrumento flexible del marxismo, hizo
menos amarga su desdicha y su soledad. Sólo
puede comprenderse que el porvenir es inevitable
si, como él lo hizo, contribuimos a determinar
lo que la razón y el sentimiento nos anticipan
como verdadero y justo. Ello despertó en él esa
alegría de vivir, símbolo melancólico de su alma,
hoy que evocamos su recuerdo y procuramos rea­
nudar su marcha interrumpida.
Desde el primer momento Aníbal Ponce ofició
de fiscal acusador ante el tribunal inapelable de
la Historia, ante cuyos estrados llevaba de con­
tinuo a los tiranos y usurpadores de la soberanía
del pueblo que se sucedieron en nuestro país
desde el año 30. Advirtió que la burguesía feu­
dal latifundista, las 200 familias y los reyes de la
industria, desconfiando ya del instrumento legal,
comenzaron a minar el crédito de la democracia y
procuraban perpetuarse por el fraude para ase­
gurarse sucesiones. Mientras esas fuerzas oscuras
y retardatarias se obstinaban en desacreditar un
sistema politico que no parecía ya adecuado a la
conservación y crecimiento de sus privilegios, las
fuerzas nazi-falangistas, aprovechando esa feliz
coincidencia de propósitos, se dispusieron a de-

sreíár el mcú-t

-4-aWa,

forzarse en formar adeptos y confiando sólo en
su amor y su conducta, se lanza decididamente

Canvíé d&amp;yyioXdxeic t v a x e jX ifd

.&lt;jue a-rdma/ e X x iMAoyixjó^

£oi

de

d o rle X
%

UN

M A N U S C R IT O

DE

(o

i TUjCninrodó

A N IB A L

PO NCE

rribar del todo el artificio democrático y asestaron
por fin el golpe definitivo el 4 de Junio de 1943.
Ponce, a la cabeza de un grupo de intelectua­
les de vanguardia constituyó la AIAPE, con el
inolvidable Emilio Troise, y libró desde el pri­
mer momento la batalla en todo el vasto frente
de la cultura, contra los avances del clericalismo
en la enseñanza, contra la filosofía irracionalisla
y escolástica, contra la conculcación de la liber­
tad y la negación de nuestra historia liberal. Su
pluma, por lo general delicada y suave se tor­
naba áspera e incisiva cuando advertía alguna
claudicación en los intelectuales que se evadían
dp la realidad, ya fuera comulgando con el élan
vital y la metafísica espiritualista de Bergson, el
irracionalismo de Rathenau o el intuicionismo de
Steiner, sostenido por el capital alemán.
Su testamento intelectual y político, resumido
en “ Los deberes de la Inteligencia” y “ Un exa­
men de conciencia” , contiene en las mallas deli­
cadas de su estilo la fuerza de todo nuestro pasa­
do liberal y la potencia creadora de la cultura
viva y pujante que le es inherente. Se hacía
necesario a su juicio redimir la inteligencia de
dos fuerzas hostiles y concurrentes, la que de­
pende del mismo pensador temeroso de las con­
secuencias de la verdad y aquella que la sustrae
de sus deberes sociales en la quietud de su re­
fugio. cuando no la convierte en fuerza capaz de
cohonestar los abusos y extravíos de la tiranía.
Para librar a la inteligencia de aquel temor que
invadía a Bruno y Erasmo, apelaba a la dignidad
como virtud primera que hace sentir como un
bofetón las claudicaciones voluntarias ante el des­
arrollo previsible del pensar; y para lo segundo,
invitaba a la inteligencia juvenil a fecundarse en
el contacto vivo de la Revolución. Para una y

otra, Ponce dió a sus conciudadanos el alto ejem­
plo de su conducta civil, su exilio y su muerte.
Fué el ejemplo heroico para una inteligencia que
habiéndose acercado a la verdad se rehusaba sin
embargo a decirla y defenderla, que habiendo
sacudido la tutela de los dogmas desde el mag­
nífico amanecer del humanismo, “ no ha perdido
del todo las costumbres de su vieja servidumbre” .
Acaso, dice, un proceso que marcha paso a paso
hacia lo desconocido criticándose a si mismo con
crueldad implacable, iría a sancionar la quietud
del dogma, la rutina de las tradiciones el gozo
panglosiano de los que nada esperan? Buscar
la solución honradamente, se pregunta, ¿no equi­
vale a poner la inteligencia sobre el camino de
la Revolución?
Estas convicciones sencillas, expresadas a veces
con ingenuidad, dado que se hallaba casi solo en
un mundo asolado por una lucha semejante a
la de las fieras en la jungla, le hicieron insensi­
ble a las consecuencias y emprendió su marcha
en medio de la algarabía de clérigos y fascistas
a quienes había tocado alguna vez con la pun­
zante ironía de sus comentarios. Procuró desco­
nocer como un santo todos los obstáculos. Lle­
vaba en su alma la pasión obstinada de Agenor,
el gusto poético y el amor a la belleza de Idomeneo.
Vivía atento al rumor de las muchedumbres y
en las luchas del pueblo, en la huelga y la insu­
rrección percibía los indicios que anticipan una
vida nueva, que librará por fin a la inteligencia
de los obstáculos que estorban en la práctica su
progreso indefinido.
Entendía que escribir es actuar y que no es­
cribir es también un modo de tomar partido.
Su acción no se circunscribió sin embargo a la

�mera prédica, o firmar manifiestos por la paz.
contra el facism o; acompañó a los obreros en
sus luchas; creó instituciones de combate, como
«1 Colegio Libre, destinado a desarrollar la cien­
cia que en la universidad se ignora o se prohíbe
y la A.I.A.P.E. que continuó en la Argentina la
acción del Comité de Vigilancia de los Intelec­
tuales de Francia.
Consideraba que en una sociedad dividida en
clases el intelectual no puede creer que el progreso
sólo concierne a la inteligencia prescindente y
apolítica.

Para reconocer el m óvil de su propio

desarrollo le es preciso estudiar a fondo los proble­
mas sociológicos, comprender la motivación de los
cam bios históricos, saber en suma para qué y pa­
ra quien se trabaja, cuál es el destino de su pro­
pia creación.
En un mundo de tal modo organizado, en que
la producción se rige por el impulso anarqui­
zante de la explotación del trabajo y el provecho
privado, ¿cóm o puede creerse en la neutralidad
del pensamiento, fruto de una pretendida virtud
inmanente? La verdad es que apenas nacido es
arrancado de las manos que le dieron forma y
se incorpora al proceso del trabajo y concurre
c o n sus descubrimientos a promover las revolu­
ciones de la técnica o a fortalecer la injusticia
y otorgar acaso a nn enemigo de la cultura los
frutos preciosos de su labor. Bien triste cosa
es el mundo de hoy, exclama para quien no
sepa contemplarlo en una amplia perspectiva.
Fascismo, terror, guerra inminente, no son sin
duda para alentar a nadie. Bajo su influencia
inmediata se desesperan unos en la angustia, bus­
can otros en el pasado la solución. El ve seguro
la solución del porvenir y su esperanza estriba
en el mundo y el hombre nuevo que construye
el mundo socialista sobre los cimientos inconmo.
vibles de los planes quinquenales. Ha aprendido
a descubrir en las luchas de clases el motor de
la Historia y “ todo adquiere de pronto una orde­
nación precisa, todo asume de inmediato una
significación que lo ilumina” . Conmovedor ins­
tante de la vida del mundo, exclama, en que sa­
bemos por fin adonde vamos.
Desconociendo el carácter peligroso que mu­
chos asignan a las ideas, advierte en las transfor­
maciones sociales del mundo moderno la conti­
nuidad histórica de los diversos movimientos y
de los documentos teóricos de las clases revolu­
cionarias, ayer la Enciclopedia y el Contrato So­
cial, “ hoy el caudal de las ciencias y el pensa­
miento de Marx” .
Su examen de conciencia es menos doloroso
y desgarrador que el de Romain Rolland. pues
es más joven, se desprende fácilmente del pesado
ropaje y salta con gallardía allí donde otros em­
prenden una marcha vacilante y torpe. No se
limita, sin embargo, a admirar de un modo con­
templativo la obra de creación de un mundo que
nace, de ciudades que surgen en medio del de­
sierto, de una ciencia que progresa al servicio del
hombre, pues ausculta en su propia tierra el ru­
mor de las corrientes profundas y procura abrirles
camino en el alma de su pueblo, para adelantar
la hora de su propia superación. Porque está con
el pensamiento de Mayo, con la organización
nacional, con Moreno, Echeverría, Sarmiento, por
eso, está con la Comuna de París, con la Revolu­
ción Rusa, con la insurrección de Asturias, con la
República Española, contra la ilegalidad que im­
pera en nuestra patria desde el año 30. Su sentir
y su pensar constituyen un todo indivisible y ar­
m onioso.
Para servir a la Revolución debe penetrar en
« í mismo y desprenderse sin miramientos de to­
das las mentiras convencionales V prejuicios que
limitan el alcance de la crítica; se encamina metó­
dicamente, sin prisa, con firmeza. El sabe que sólo
se marcha seguro cuando no se niega ni obsta­
culiza un solo instante la fuerza popular que
forjará la historia. No es un utopista, pues
com prende que la marcha de la Revolución es

desigual como es desigual la marcha y la hora
del ocaso del capitalismo, sabe que en nuestro
país deben cumplirse todas las posibilidades de
la burguesía y que para ello es preciso abatir las
posiciones del feudalismo latifundista que se man­
tenía adherido a los imperialismos mediante go­
biernos fraudulentos y policías políticas. No ig­
nora, además, que la reacción es implacable y
pagará un precio muy alto por su osadía.
Pero aún a expensas de^su dolor proclamará
su fe en el mundo de mañana y cuando el cura
le despoja de su cátedra, aunque herido, su res­
puesta no será un lamento, sino aquel libro mag­
nífico en que analiza la naturaleza y el carácter
clasista de la educación. Qué pueden significar
los sacrificios, decía a los jóvenes, si al mezclaros
en la vida de la época y al batallar en ella vais
sintiendo al mismo tiempo que os aumenta de
tamaño el corazón? A medida que le atacaban,
su figura se aligeraba y su voz adquiría esa re­
sonancia singular que sólo surge cuando las for­
mas del arte revisten de sonidos y colores algo
vivo, auténtico y profundo.

Las tristes circuns-

/ n tr o d a v e ió n d e l á lb u m
d e h o m e n a je a
P e d r o F ig a r i
H a d e m o ra d o un tie m p o la rg o e sta a n s ia d a c o n sa g ra c ió n
de F ig a r i. P a re c e ría q ue e l d e stin o de to d a su o b ra , lo ­
g ra d a en la le n ta m a d u ra c ió n , h u b ie ra in flu id o ta m b ié n
p a ra q u e lle g a r a s in la p re m u ra ir r e f le x iv a el in s ta n te de
le v a n ta r p o r so b re la s fr o n t e ra s , su g ra n no m b re de p in to r.
D e trá s d e su o b ra in m e n sa e s p e ra b a su tu rn o , su p a la b r a
d e lu z . P ud o d a rs e — y c a s i lle g ó a d a rse — y a l poco
tie m p o de su m u e rte , a t a d a a l c o lla r de s o m b ra s en q ue
h a s u frid o el m u n d o . P ero é l, q ue sie m p re m a n tu v o izad a*
en a lt o , a u n m ira n d o h a c ia un d u lc ís im o p a s a d o , su fe en
lo s d ía s n u e v o s y lib e r a d o s , d e b ía d e h a c e r e n tre g a de su
lím p id o m e n sa je a r t ís t ic o , c u a n d o e sa s s o m b ra s se h u b ie ra n
a le ja d o d e la tie r r a .
N o es en v a n o q ue q u e rem o s p o n e r el no m b re d e F ig a ri
— d e s p e rta d o d el s ile n c io en q ue d o rm ía d esd e q ue c a ll a ­
ron su s p in c e le s — en e sta h o ra c la r a de s a lv a c ió n d el m un­
d o . E l, el p in to r, e l filó s o f o , el m a e s tro , el h o m b re , in s is tió
con el le g a d o de su o b ra en e sta m a g n ífic a p a r a d o ja : p u e s­
to de e s p a ld a s h a c ia la v id a — d e s c a rg a n d o un le v e p a s a d o
en su s c a rto n e s— a n u n c ió el oro de lo s n u e v o s d ía s . Con
la m ir a d a v u e lta h a c ia a t r á s , re m o zó sus m a n o s a ñ o s a s en
lo s b ro tes re v e rd e c id o s . Y a h o n d a n d o en la v iv a tr a d ic ió n
d el R ío d e la P la t a , fu e com o la r a íz q ue p e n e tra a l neg ro
m is te rio d e la tie r ra p re s in tie n d o en el o scuro d e s c e n d im ie n ­
to , e l te m b lo r de la s h o ja s en el a ír e de la s p r im a v e r a s .
A s í en ese e n tre g a m ie n to de h e c h ic e ría , b ru jo de sus s e ­
sen ta a ñ o s , d e jó lo m ás g ra n d e q ue p u ed e a p re t a r el h o m ­
b re en su e fím e ro p a s a je p o r la v id a : sus su e ñ o s. F ig a ri
lo s d ió to d o s, y de a m ile s , ro c ia d o s d e fu tu ro . D esp ertó
la s h o ra s d o rm id a s — p ero de e sa s h o ra s c u b ie rta s de ce­
n iz a ,— fu é e l p rim e ro q ue p ud o a r r a n c a r u n a s u s ta n c ia
y un d e stin o n u e v o y p u ro p a ra el a rte a m e ric a n o . La p lá s ­
tic a e s p e ra b a ese a n u n c io lib e r a d o r. Y F ig a ri lo o fre c ió en
c a u d a lo s o r ío de b e lle z a .
Fué a s í q u e e l la rg o p a s a je de su v id a le p e rm itió con­
q u is t a r, m a c e ra d a p or la m e d ita c ió n y e l tr a b a jo , la o b ra
q ue sie m p re é l re c la m a b a p a ra el c re a d o r a m e ric a n o . La
o b ra en to d a su fu e rz a in d íg e n a , h u n d id a en el su e lo n u e­
v o ; re g o c ijo de sus ojo s d e a r tis ta ilu m in a d o ; d e sp u é s re ­
g o c ijo p a ra n u estro s o jo s a c tu a le s , de c a rn e v iv a , en la
re c re a c ió n de to d o su m undo de f a n t a s ía ; y ta m b ié n re ­
g o c ijo p a ra lo s o jo s q ue se a b r ir á n m a ñ a n a en la in s a ­
c ia b le y a tá v ic a in te rro g a c ió n a n te e l p a sa d o .
C A R L O S H E R R E R A M A C L EA N
V ic e p re sid e n te d e la C o m is ió n N a c io n a l d e B e lla s A rte s

2 0 A r t i s t a s fír a s ile ñ o s
E n el M useo P ro v in c ia l de B e lla s A rte s de La P la t a se
in a u g u ró o fic ia lm e n te , p ro g ra m a d a p o r la D ire cc ió n P ro ­
v in c ia l de B e lla s A rte s , la m u e stra de 20 A rtis ta s B ra s ile ­
ño s. R eza el c a tá lo g o q ue sele c c io n ó y o rg a n iz ó la s o b ra s
e l señ o r M a rq u e s R e b e lo , c rític o de a rte c a rio c a con oced o r
de la re a lid a d p o lít ic a y c u ltu ra l d el p rese n te a rg e n tin o .
A p a rtá n d o n o s , m o m e n tá n e a m e n te , de lo s v a lo re s in d is c u ti­
b le s de la s o b ra s e x p u e s ta s , a u n q u e fa lt a n no m b re s entre
e llo s el g ra n S e g a d , no com p ren d e m o s com o se h ace p a r­
tic ip a r a lo s a rtis ta s b ra s ile ñ o s en una a c c ió n o p u e sta y
c o n tra ria a la a c titu d q ue a c tu a lm e n te h a n to m a d o lo m ás
d e s ta c a d o de la in te le c tu a lid a d d e m o c rá tic a a rg e n tin a , a c ­
titu d q ue c o in c id e en un todo con la s re so lu c io n e s d e l P ri­
m er C o n g re so de E sc rito re s B ra s ile ñ o s de S a n P a b lo .
Los
a rtis ta s b ra s ile ñ o s a p a re c e n a q u í ro m p ie n d o la n e c e s a ria
u n id a d q ue d eb e te n e r el m o v im ie n to d e m o c rá tic o in te le c ­
tu a l la tin o - a m e ric a n o . N o d u d a m o s q ue P o r t in a r i, T a r s ila ,
C a v a lc c n t i y to d os los d e m á s a rtis ta s b ra s ile ñ o s ig n o ra n a
q ue fin e s d iv is io n is ta s h a ce n s e r v ir sus no m b re s con la
e x p o s ic ió n d e La P la t a . H ace p oco m ás de un m es un g ru ­
po de in te le c tu a le s a rg e n tin o s se n e g a ro n a d a r c o n fe re n ­
c ia s en el M useo P ro v in c ia l de B e lla s A rte s de La P la ta en
s o lid a rid a d con el m o v im ie n to en f a v o r de la n o rm a lid a d
d e m o c rá tic a d el p a ís . Con e sta e x p o s ic ió n se h a c e so sp e ­
c h a r, a lo s d e s p re v e n id o s, que lo s a rtis ta s d e m o c rá tic o s b ra ­
s ile ñ o s no tie n e n in te ré s en la s o lid a rid a d con lo s a rtis ta s
d e m o crá tico s a rg e n tin o s , cosa que no p ued e n im a g in a r ni
re m o ta m en te q u ie n e s co n o zcan a lg o de lo s a lto s v a lo re s
p e rs o n a le s y a rtís tic o s de lo s p in to re s c u y a s o b ra s se la s
e xp o n e n o fic ia lm e n te la s a u to rid a d e s de la p ro v in c ia de
Buenos A ire s .
A . B.

4

tandas que precedieron su partida no le acorbadaron: siguió pregonando la verdad y su prosa
magistral continuaba restallando en los oídos de
los tiranos. Las palabras que brotaron de su alma
resuenan com o el eco multiplicado de los grandes
pensadores liberales que hablan siempre al alma
juvenil de América, juventud que cien veces aba­
tida, cien veces se rehace, ligera y vibrante, entre
las toscas manos de la tiranía.
Desde la muerte de Aníbal Ponee, los proble­
mas que él señaló con profundidad y belleza in­
superable, adquirieron formas nuevas. Para no
extraviarse, es preciso, si no igualarle en conoci­
miento y experiencia, permanecer adherido a cier­
tos principios esenciales, amar al pueblo, com ­
prender y aplicar en el examen de los hechos
históricos así com o en las diversas disciplinas,
la filosofía política de la clase obrera, que es
fundamentalmente crítica y revolucionaria y que
procura apropiarse, bajo el signo del nuevo hu­
manismo proletario, de todos los valores progre­
sistas de la humanidad en el terreno de la técnica,
las ciencias y las artes.
Ahuyentemos el temor a las ideas, retomemos
el hilo de la historia y estemos atentos al llamado
del mundo nuevo que nace por doquier y se es­
tremece bajo nuestros pies. Seamos dignos de
uno y otro, de aquel que nos llama desde el fondo
de las edades con sns creaciones, sus sabios y
sus poetas y de aquel que nos señala la ruta del
mañana.
La lección de Ponce nos dice que no debemos
bajar la guardia. La barbarie que en Europa ha
sucumbido bajo el peso de las armas no se ha
extinguido todavía y sus formas monstruosas pro­
curan resurgir. Atizando los odios que nacen del
hambre y la destrucción, realizará un esfuerzo
supremo por revivir y jamás se declarará vencida
así quede un solo rincón para su refugio, un solo
pueblo para darle abrigo, un periódico, un libro
para introducir su ponzoña en el alma juvenil, un
solo encapuchado en la escuela y en la Universi­
dad. En el fondo de la escena de la paz se agitan
oscuramente los cóm plices de Munich, de aque­
llos que pesaron sobre el mundo la noche lúgubre
de su sangriento y efímero reinado.
Después de quince años de asfixia y retraso
en que hemos sentido el bochorno de nuestro
impotencia, en que el mote infamante de fascista
ha resonado en el mundo al lado del nombre
lim pio de la República, la democracia se anuncia
pregonada por la voz juvenil, una democracia
vigorosa, asida a la experiencia adelantada del
mundo moderno. No obstaculicemos el conoci­
miento con el pretexto de idiosincrasias incom­
patibles, de culturas de Oriente y de Occidente
o confundiendo las cosas más opuestas identifi­
cándolas com o “ extremistas” de igual categoría.
Para su tiempo, fueron extremistas las ideas ja co­
binas profesadas por M oreno y Echeverría; pero
ellos las distinguieron claramente de la filosofía
y práctica extremistas del despotismo feudal y la
inquisición. Sí el criterio de los hombres de
Mayo se hubiese circunscripto a la experiencia
interna, aborreciendo las ideas por exóticas, la
colonia hubiese prevalecido, los principios de la
Revolución Francesa no hubiesen penetrado en el
pensamiento emancipador y progresista que pro­
clamó la Independencia.
Después de un siglo, cuando aun no hemos
cumplido una mínima parte de aquel legado his­
tórico, cuando nuestro país se ve expuesto a permanecer inerte y empequeñecido en el torbellino
del mundo, bajo la férula de los tiranos, ¿seremos
nosotros menos avisados que nuestros ilustres pre­
decesores? ¿Tendrem os miedo de nuestro propio
pensamiento, so pretexto de que así nos preser­
vamos de toda influencia exótica? Seríamos in­
dignos de aquel pasado magnífico y habríamos
a la vez enajenado la herencia sagrada de la
Revolución y burlado la dignidad de la inteli­
gencia.
J. T.

�CONFERENCIA PRONUNCIADA EN LA FACULTAD DE ARQUITECTURA DE MONTEVIDEO.
C O N EL A U S P I C I O

DE SU C ONS EJ O

DIRECTIVO,

La encrucijada
del superrealismo
por HECTOR P. AGOSTI

I.

La tentación del vaticinio

El final de esta guerra invita a evocar el final
de la otra, a recomponer sus gestos precisos en el
orden político y a reparar en la abigarrada mul­
titud de doctrinas que a su tiempo pretendieron
captar, fugaz o permanentemente, el inédito curso
del fenómeno que se ofrecía a la consideración
del hombre. Dicha circunstancia conduce necesa­
riamente a la tentación del vaticinio. Apenas se
medita acerca de estos temas fundamentales sur­
gen varias interrogaciones, que suponen otros
tantos problemas inquietantes. ¿Cóm o habrá de
reaccionar la conciencia del hombre — y sobre
todo su conciencia artística— ante ese mundo que
se dibuja borrosamente entre el eco de las bata­
llas ¿Es que otra vez habremos de sumirnos, como
en la posguerra angustiosa que desembocó en la
nueva catástrofe, en la pugna tremenda de un
escepticismo que dudaba de todo, hasta de su pro­
pia sombra piruetesca? ¿Es que otra vez habrá
de obstinarse el artista en esa huida dramática de
lo real, en esa evocación afanosa de una “ superrealidad” que señaló con acentos definitivos su
postrada grandeza?

i

En un libro ( ’ ) cargado de sugestión polémica
se ha animado Juan Larrea a internarse en esas
zonas ariscas del vaticinio, tan seductoras en su
ínsito riesgo alucinante. Su ardiente desafío in­
cita a seguirle. Porque Larrea traza el prontuario
del superrealismo y no le perdona en el análisis
uno solo de sus defectos ni una sola de sus simu­
laciones; pero al término del balance nos dibuja
el simultáneo suicidio y esplendor del superrea­
lismo en esta conjugación de Sueño y Realidad
que es el orto inaugural de la América Nueva.
Coloquemos aquí, entonces, la banderilla capaz
de servirnos como punto de arranque en la indig­
nación. Si el superrealismo, como típico fenóme­
no de entreguerras, fenece en su agitado tránsito
europeo, ¿será forzoso que renazca, aunque sea
investido de otras cualidades gentilicias, sobre
nuestras tierras de América, carentes de las razo­
nes concretas que motivaron el nacimiento de la
tendencia? La tesis de Larrea relaciona al super­
realismo con circunstancias y potencias específica­
mente americanas, y es lógica consigo misma, por
lo tanto, cuando anuncia la postrera sublimación
del superrealismo en el ámbito del Nuevo Mundo.
Pero a su turno los poetas “ surréalistes” france­
ses, estremecidos en las andanzas del maquis glo­
rioso, también responden operativamente a este
interrogante, y es entonces Aragón quien reivin­
dica una nueva vigencia de la rima, o Eluard el
que postula una flamante inmersió n en la clari­
dad expresiva, y todos ellos los que abandonan
la Realidad soñada para hundirse en la Realidad
verdadera que la experiencia —y la conciencia cla­
morosa de dicha experiencia— pone a su alcance
entre el fragor de los hechos cotidianos.
(i) -'El Surrealismo entre Viejo y Nuevo Mundo” , ed.
Cuadernos Americanos, México, 1944.

II.

Las formas de la moralidad

Intentar el seductor paralelismo de ambas pos­
guerras en cierta manera comporta indagar lo que
pueda haberse alterado en las formas mudables de
la moralidad, todo lo cual equivale a mirar al
trasluz el cúmulo de esas relaciones sociales de

donde brota la moralidad como expresión sinto­
mática de la conciencia colectiva.
Queda fuera de toda discusión que la primera
guerra mundial, por su insólito carácter universal,
significó una poderosa conm oción de las concien­
cias. La guerra abolió brutalmente las viejas
fronteras de la fantasía, y en el desquicio inhu­
mano de las trincheras comenzó a percibirse — bo­
rrosamente para algunos, lúcidamente para otros—
que había llegado la crisis de la civilización, exhi­
bida en su impresionante podredumbre por el
centelleo de la metralla. La conciencia conmo­
vida respondió de distintas maneras. Algunos,
como el Barbusse de Le feu, sintieron que era
preciso internarse en la realidad repugnante con
decidido ánimo de transformarla. Otros — los
más— perdieron la fe en los valores esenciales
del hombre, y desde el refugio de Zurich ensa­
yaron la descompuesta carcajada de Dadá, descon­
fiando de la comunidad, según lo dijo Tzara en
su Manifiesto liminar, y dudando de todo, abso­
lutamente de todo, incluso de Dadá, pues “ el arte
— declaraba Picabia entre traviesas risotadas fu­
nambulescas— es un producto farmacéutico para
imbéciles” .
No es difícil descubrir el mecanismo psicosocial de ese inmenso resorte roto de Dadá, cuyo
desarraigo absoluto de la civilización que simul­
táneamente lo alimenta y lo repele habrá de re­
producirse en el superrealismo. Crecida en la
veneración casi metafísica de los “ valores eter­
nos” de la cultura, ¿cóm o no iba a sentirse em­
pavorecida o desconcertada esa generación de ar­
tistas ante una civilización que se les representaba
cual una masa de cadáveres anónimos calcinándose
sobre las yertas tierras europeas? Los psiquiatras
han descubierto una psicosis de guerra que se
origina en las torturadas vigilias del acecho y que
se desmorona en las formas de la vida corriente
por la ruptura violenta de los frenos morales que
rigen la conducta colectiva. Esta psicosis de gue­
rra —que a ratos se transforma en una disconfor­
midad anárquica con el orden social— rebulle
furiosamente en la insurgencia artística del da­
daísmo y el superrealismo, y en un artista, que
es por definición una naturaleza sensible, aquella
subversión moral habrá de precipitarse con más
agudo dolor. Pero la sola psicosis de guerra no
explica el descalabro, o apenas si lo explica, pues
en la oscuridad sigue permaneciendo la intrincada
madeja de relaciones sociales a medias develada
por la moralidad. Habrá de verse que la psicosis
de guerra no obra en nuestros días el mismo re­
sultado desquiciante, y en esta diferencia psíquica
de la moralidad, tan descuidada frecuentemente
por los psicólogos puros, radica una de las discre­
pancias sociales en el paralelismo de ambas gue­
rras. Esa discrepancia invalida todo intento de
pervivencia del superrealismo.
La disgregación moral es, por tanto, la conse­
cuencia necesaria de esa desconfianza en la hon­
radez intrínseca del hombre, porque el hombre,
desencajado de los términos sociales que lo condicionan y lo explican, aparece como un individuo
autónomo, como una miserable criatura revestida
de todas las lacras que el romanticismo creyó
oportuno redimirle. Y esas mismas lacras, volup­
tuosamente descarnadas a lo vivo, llegan incluso
a transformarse en temas de poesía que trasladan
5

EL 5 DE J UL I O DE 1945.

h” sta lo más recóndito del mundo el eco de la
¿L-olución moral.
Como núcleo de generación primaria del su­
perrealismo, a Dadá no podría entendérselo ca­
balmente si se lo desvinculara de ese medio de
amoralidad definida que constituye siempre el
clima de una civilización que se desmorona. En
ello consistió su drama: los disloques de loa
dadaístas presentían el derrumbe de ese sistema
de relaciones burguesas brutalmente desnudadas
por la guerra; pero aunque ese sistema les repe­
liera, ese sistema los alimentaba y seguía alimen­
tándolos, a punto de impedirles descubrir los
indicios de una nueva civilidad reemplazante. El
mundo que los nutre les repugna; pero no les
queda fuerza para rechazarlo o enmendarlo, y
apenas si se conforman con asustar por sus pi­
ruetas a los pobres burgueses tradicionales, de­
masiado impresionados de una travesura inofen­
siva que, sin embargo, escarba hasta sangrarla una
irremediable infecundidad. Pues si el cubismo ha­
bía pretendido fijar en normas la quiebra del
concepto aparencial de la realidad, padecido p o r
la conciencia de nuestros días, los dadaístas in­
tentan reducir a la nada esos mismos principios,
en un nihilismo tan desenfrenado que pareciera
tener por misión la fragua del caos prim itivo.
“ Nosotros no reconocemos ninguna teoría. Ya te­
nemos bastantes academias cubistas y futuristas:
laboratorios de ideas formales” , exclama Tristán
Tzara en su Manifiesto de 1918. Con este repudio
violento de toda regla de invención y de solida­
ridad, Dadá se empina en lo más encumbrado
del individualismo: el arte es un acto individual
que sólo interesa al sujeto que lo cumple, y el
mayor agravio para Dadá consistiría en que sus
piruetas pudieran entenderlas los espectadores.
Irritar al espectador pareció entonces lo más ex­
presivo, porque el espectador -—el público—- pre­
sentábase como la materialización congruente de
esa vasta humanidad ruinosa capaz de degollarse
en el asalto de las trincheras. Emergiendo de
la disolución moral y adornado por el desprecio
hacia las masas, el disconformismo no era otra
cosa que un nihilismo anárquico, embriagado de
sólo vociferar.

III.

El desplazamiento de la vida real

¿Simplemente por dicha amoralidad podría ex­
plicarse el superrealismo? Conviene reparar ante
todo en esta distinción: los superrealistas provie­
nen de Dadá, pero en vez de aquel nihilismo
corrosivo traen ya un primer acento de afirma­
ción y un aire de escuela que, no obstante su
individualismo obstinado, pugna por asociarlos
como colectividad y por presentarlos como un
“ agregado” de doble condición a la vez estética
y sociológica. Al desconcierto inicial sucede la
voluntad de encauzar el arte y la literatura por
rumbos sistemáticos. Dadá había sido la nega­
ción de la norma como sistema; el superrealismo
se aplica, por el contrario, a la búsqueda de un
sistema normativo.
Este sistema normativo, ¿dónde encontrarlo con
precisión coherente y a la vez profunda? Los
superrealistas repararon entonces en los hallazgos
de la psicología abismal. Con cierta sobriedad
luciferina estremeciéronse en la trampa de ese
mundo del inconciente, olvidando o desechando
los lazos que lo ataban a la lucidez. Llevados a
evadirse de un sórdido medio señalado por el
viento de la guerra, los superrealistas condujeron
hacia su más extremoso desenfreno esa fuga de
lo real comenzada por los románticos con virtual
sobrecarga de palabras. Los románticos iniciaron
una curva en la cual la visión personal se sobre­
pone a la visión exterior; los superrealistas se
trepan al punto empinado de la comba. Bretón
lo confiesa en su Manifiesto de 1924: el super­
realismo significa el predominio absoluto de la
fantasía, de las razones de la imaginación que
“ la razón —pura— no conoce“ , capaces de des­
plazar totalmente la vida real.
(C o n tin u a r á )

�LETRAS
Dirige
ENRIQUE A M O R IM

A ntología del P ensam iento LiberaI Argentino
DE SAN M ARTIN
“ La presencia de un militar afortunado, por
más desprendimiento que tenga, es temible a los
estados que de nuevo se constituyen” .
“ No busco gloria militar ni el título de conquis­
tador del Perú; quiero sólo libertarlo. ¡D e qué
me serviría Lima si sus habitantes fueran hostiles!
DE M ARIANO MORENO
“ Os hemos hecho superiores a nosotros, a fin de
que descubráis el conjunto de nuestras relaciones,
y estéis fuera del tiro de vuestras pasiones; pero
acordaos de que sois nuestros semejantes, y que el
poder que os conferimos dimana de nosotros; que
os lo damos en depósito y no en propiedad ni a
título de herencia; que vosotros seréis los primeros
que os debéis sujetar a las leyes que establezcáis;
que mañana seréis relevados y que ningún derecho
adquiriréis sino el de la estimación y el reconoci­
miento; y considerad con qué tributo de gloria el
universo que reverencia a tantos secuaces del error,
honrará la primera asamblea de hombres racionales
que declare solemnemente los principios inmutables
de la justicia y consagre a la faz de los tiranos los
derechos de las naciones” .
DE MONTEAGUDO
“ Por rigor de justicia todo el que sea ciuda­
dano tiene derecho de sufragio; la privación de
este derecho es un acto de violencia, un paso al
despotismo y una injusticia notoria” .
DE RIVAD AVIA
“ Ha llegado el momento de oponer los principios
a la espada” .
“ Las revoluciones deben acabarse, y el modo de
que no vuelvan es no temerlas” .
DE SARMIENTO
“ La libertad de los pueblos, pues, no se consi­
gue con la persecución, se consigue por la tole­
rancia y la libertad de conciencia” .
DE ALBERDI
“ El hombre de espada no tiene más que un modo
de ilustrar su carrera terrible en lo futuro, y es el
de no desnudarla jamás de la vaina. La espada vir­
gen, que tanto ha dado que reír a la comedia, es la
única digna de los honores de! soldado del porvenir” .
DE MARMOL
“ Los que besan el pie del tirano
No son dignos de un otro destino;
Son ladrones del nombre argentino,
Son bastardos sin alma ni voz” .
DE ESTEBAN ECHEVERRIA
“ La Democracia, señores, es el ángel de fraterni­
dad que ha reunido todos los hombres de climas
diferentes. ¿Sabéis qué bandera lleva en su diestra?
La bandera de Mayo.
Marchemos, pues, todos unidos como hermanos a
la sombra de ese símbolo santo, que es el galardón
de esperanza y de salud, y que ahora, como en el
pasado, ondeando sobre nuestras cabezas nos abra
el camino de la victoria” .
DE JUAN M ARIA GUTIERREZ
“ ¡E l cielo prospere las armas de la patria y les
conceda el último triunfo sobre los tiranos! En­
tonces se completará aquella época de esplendor
que consiguen los Estados libres, por las ciencias,
la industria y la libertad de com ercio” .
DE BARTOLOME MITRE
“ Poder irresponsable es aquel que no tiene con­
trapeso, ni obligación de dar cuenta a nadie de sus
acciones, ni autoridad superior a él que pueda fis­
calizarlas” .
“Poder despótico es todo poder especial estable­
cido fuera de las condiciones del derecho natural o
escrito y que, por consecuencia, no tiene ley ni
regla alguna a que ajustarse” .
DE JOAQUIN V. GONZALEZ
“ San Martín, cuyo pensamiento democrático tar­
da todavía en volverse conciencia y esencia moral
de nuestro pueblo, ha dejado a todo soldado —y
lodo ciudadano lo es en su hora— el lema impe­
recedero de nuestra Bandera ideal: No desnudar
jamás la espada contra la libertad de ningún pue­
blo, ni en lucha fratricida entre los pueblos de
América, ni para impedir desde el Poder la libre
expresión de la voluntad soberana para darse sus
instituciones y gobernantes.
No habrá paz social sino en el seno de una ver­
dadera democracia” .

D IB U JO

P iú

DE A N D R E S C A L A B R E S E

avanti
N o te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios, que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua, y no la implora. . .
Q ue muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
A LM AFU ERTE

6

�N

o

hay

Literatura

exenta

de

CULTURA FRANCESA
Y CULTURA ARGENTINA
por ROBERTO GIUSTl
T o puede seguirse lu evolución de nuestra cultura sin remontar las diferentes corrientes europeas

N
^

que confluyeron en ella.

Si, com o dicen los enemigos de las actuales instituciones, nuestra

historia del siglo X X ha sido una traición a la patria, una negación de sus orígenes y des­

tino, todo lo que aprendieron los espíritus generosos que nos emanciparon de la esclavitud colonial
e intentaron constituir la nación en las primeras décadas revolucionarias, fueron sin duda quimeras y
sofismas criminales.

Yo veo, en cambio, que la línea del desarrollo cultural argentino se quebró

lamentablemente durante veinte largos años, cuando se pretendió volver las espaldas a Europa. Que,
para trazarla, hay que seguir a la generación de los emigrados y verlos en Chile, en M ontevideo, en
otros lugares de América o en el V iejo Mundo, adiestrarse en el ejercicio del pensamiento libre
y preparar el cem ento con que reedificar la patria soñada, la cual, si ante todo no es un hogar de
civilidad y cultura, nada significa en la historia.

Pero ¿puede haber cultura sin libertad?

La res­

puesta la da la Asociación de Mayo, cuyos miembros creyeron, ilusos, que les seria permitido amasar
ese cem ento en su propia tierra, retornando a los ideales de la generación de 1810.

i

“ La Joven Argentina” , agrupada en torno de
Echeverría, respiraba los vientos ozonizados del
romanticismo poético y político que soplaban de
Francia. La juventud escuchó el mensaje, como
suele decirse hoy, del poeta de La Cautiva. Su
fervor creció, alimentado de discusiones y lectu­
ras, en casa de Miguel Cañé, donde se fundó una
inocente Asociación de Estudios Históricos y So­
ciales, antecedente del Salón Literario de Marcos
Sastre, a su vez origen, cuando Rosas lo clausuró,
de la Asociación de Mayo. La correspondencia
y las memorias de esos hombres nos instruyen
ampliamente sobre sus lecturas. Es larga la nó­
mina de los escritores y pensadores europeos has­
ta entonces desconocidos en el Plata, que encen­
dieron el espíritu de aquellos muchachos. Con
ella puede rehacerse toda la cultura francesa filo­
sófica y literaria de la Restauración. Vicente Fi­
del López describió, ya anciano, en su tantas ve­
ces citada Autobiografía, aquel entusiasmo, aque­
lla fiebre de lectura, el sacudimiento moral que
les produjo hacia 1832, poco después del triunfo
del romanticismo en Francia, esa “ entrada torren­
cial de libros y autores que no se habian oído
mencionar hasta e n ton ces...”
Alberdi también catalogó en la ancianidad sus
lecturas de aquel tiempo y a los autores que
Echeverría y Gutiérrez, principalmente el prime­
ro, le descubrieron. El tucumano, redactor en
1838 de La Moda, el gacetín que escondía bajo
frívolas apariencias ambiciosos propósitos de re­
forma social, repudiaba al romanticismo én poesía
y a su corifeo Víctor Hugo por retrógrados. Sin
embargo, ardoroso sansimoniano y lerrouxista, él
no era menos romántico, puesto que en el román' ticismo cabe un universo de cosas, desde la ado­
ración lacrimosa de la Edad Media hasta la anun­
ciación profética del porvenir. ¿Cóm o no sería
romántico en el secreto de su corazón quien, ya
en los bancos del colegio de Ciencias Morales
había quedado “ hechizado” y con el alma “ inun­
dada de dulces ilusiones” por La Nueva Eloísa?
En el Plata la nueva escuela alimenta a la nue­
va poesía, promueve fecundas discusiones de or­
den estético sobre la función del arte en relación
con la sociedad, ensancha la crítica y la sátira de
costumbres y da nacimiento a la literatura nativista y costumbrista. También renueva la litera­
tura doctrinaria política. El Dogma Socialista fué
escrito bajo la influencia de Saint-Simon y Lerroux y lo anima el verbo inflamado de Lamennais. Abora parece que todo eso fué un extravío.
¿Aceptaremos, pues, de Echeverría, el don de
La Cautiva y rechazaremos el Dogma y natural­
mente El Matadero, condenación de la demagogia
plebeya rosista?
No cabe en los límites de un breve artículo el
examen menudo de las influencias cruzadas que
se ejercieron sobre nuestros mayores poetas. Eso
es propio del estudio monográfico y ya ha sido
hecho. ¿Recordaré que así como Echeverría pro­
cede de Hugo tanto como de Bvron. Mármol no

debe menos a aquéllos que a Zorrilla, y Andrade
es hechura del vate de la Leyenda de los siglos,
a quien pide prestadas imágenes, hasta de sus
novelas? Otro tanto digo de los publicistas. Casi
todos los nombres románticos y prerrománticos
ilustres los hallamos en las citas y recuerdos em o­
cionados de los hombres de aquella generación.
Pero a veces se les pasaba gato por liebre. “ ¡Ah,
qué equivocaciones padecemos! — se lee en un
escrito postumo de Alberdi— . ¡Cuántas veces no
se conoce aquí un nombre de autor francés que
en nuestro país está en todas las bocas!” Ese
Alberdi tan calumniado, sea dicho de paso, en el
cual pueden encontrarse, sabiéndolos buscar, los
más válidos argumentos contra los europeizantes
excesi%os. Era aquél un error de perspectiva jus­
tificable a tanta distancia y más cuando sabemos
que allá también lo padecían en ocasiones de
muy cerca. Es cosa de todos los tiempos tomar
por titanes a pensadores y escritores de media­
nísima estatura.
Desde entonces y hasta entrado este siglo, nues­
tro pensamiento y nuestra literatura reflejarían
con preferencia los movimientos cambiantes de la
filosofía y literatura francesas. En algunos casos,
el calco más o menos voluntario, la trasposición
hábil, la asimilación incompleta son transparentes.
Tampoco fué la francesa la sola literatura sobre
•

ANTOLOGIA DEL PENSAMIENTO
LIBERAL ARGENTINO
DE JOSE INGENIEROS
“ Cuando no hay patria no puede haber sentimien­
to colectivo de la nacionalidad — inconfundible con la
mentira patriótica explotada en todos los países por
los mercaderes y los militaristas” .
Sólo es posible en la medida que marca el ritmo
unísono de los corazones para un noble perfeccio­
namiento y nunca para una innoble agresividad que
hiera el mismo sentimiento de otras nacionalidades.
No hay manera más baja de amar a la propia
patria que odiando a la patria de los otros hom­
bres, como si todas no fueran igualmente dignas de
engendrar en sus hijos iguales sentimientos. El pa­
triotismo debe ser emulación colectiva para que la
propia nación ascienda a las virtudes de que dan
ejemplo otras mejores; nunca debe ser envidia co­
lectiva que haga sufrir de la ajena superioridad y
mueva a desear el alejamiento de las otras hasta el
propio nivel. Cada patria es un elemento de la hu­
manidad; el anhelo de la dignificación nacional
debe ser un aspecto de nuestra fe en la dignifica­
ción humana. Ascienda cada raza a su más alto
nivel como Patria y por el esfuerzo de todos se
remontará el nivel de la especie, como Humanidad” .
DE ANIBAL PONCE
Saber expresar la verdad artística es saber ex­
presar la tendencia del desarrollo; de donde se
deduce que no es posible crear — crear con pulso
tenso, crear con soplo duradero— si no se sabe
distinguir, primero, las fuerzas que conducen al
futuro.

influencias

la cual se modeló la nuestra, pues las influencias
españolas de Zorrilla, Espronceda y Bécquer con­
taron mucho en la era romántica, y las de la ge­
neración del 98 en la modernista. En segundo tér­
mino, las inglesas e italianas, así como las rusas
en ciertos aspectos de la novela, el cuento y el
teatro del primer cuarto del siglo actual. Esto es
decir que nuestra literatura se ha formado bajo
influencias cosmopolitas. Por la imitación, lo
mismo que los niños, empiezan los pueblos cuan­
do nacen a la vida del espíritu, si no están ais­
lados. Por lo demás, no hay literatura ni escritor
que no se desarrolle bajo influencias múltiples.
Si en nuestros escritores los injertos son más
visibles, digámonos que sólo gracias a ellos he­
mos ido formando una literatura con todos sus
órganos, aportando modos más o menos origina­
les a la expresión humana y alcanzando en ciertos
casos una propia e inconfundible.
Además, el amor a Francia nunca fué incom­
patible con el de las cosas de la tierra. ¿Acaso
no fué Echeverría quién descubrió para el arte
la pampa y la exuberante naturaleza tucumana?
Otro tanto puede decirse de Juan María Gutiérrez.
Una vena americana y criollista circula d'esde los
románticos por nuestra literatura. Por algo con­
taba en la nueva estética “ el color local” y había
escrito Chateaubriand sus magníficas descripcio­
nes de las praderas del norte. Facundo fué senti­
do desde su publicación, también por los fran­
ceses, una obra típica de la literatura americana.
El general Mansilla, “ boulevardier” de monóculo
y galera gris, titulaba sus charlas periodísticas
tan porteñas “ causeries” y “ entre nos” (¡q u é cerca
de “ entre-nous” ! ), y salpicaba de terminachos
franceses sus páginas, en lo que le aventajó sola­
mente otro burgués porteño, Cambaceres, de es­
tirpe gala. Era, no obstante, el autor de Una Ex­
cursión a los Indios Ranqueles. Miguel Cañé
titulaba uno de sus libros con afectada modestia
Gallicae constructiones y nos ofrecía en Juvenilia
un nutrido repertorio de galicismos, aunque algu­
nos menos de los que ha pretendido ver con exce­
sivo celo purista don Américo Castro. Con todo,
Juvenilia es un libro muy nuestro, de agradable
sabor criollo. La rica cultura francesa de Martín
García Mérou no le impidió, por el contrario, le
valió, ser uno de los críticos más ilustrados y
estimulantes de nuestras letras. En otro campo,
y sin pretender agotar los ejemplos, el francés
Groussac fué un benemérito arquitecto de nuestra
cultura contemporánea, maestro de historiadores
argentinos.
Merece meditarse el caso de Ricardo Güiraldes.
escritor de refinada cultura francesa, escribiendo,
y no sin galicismos, una de las obras más típicas
de una auténtica literatura argentina: Don Segun­
do Sombra. También es ilustrativo el de Leopoldo
Lugones, temperamento robusto de escritor muy
criollo, convertido en la madurez al apostolado
del nacionalismo — el autor de El Payador, de La
Grande Argentina, de las Odas Seculares, de los
Romances de Río Seco— el cual forjó su instru­
mento sucesivamente en la escuela de Hugo y de
Poe, de Samain y de Laforgue. ¿Y quién sabe
si La Guerra Gaucha, la admirable gesta, pedregrosa e intransitable como la montaña norteña,
habría sido escrita, de no haber leído Lugones
La Legénde de l’Aigle de Georges D’Esparbés?
Por supuesto, de ello no hay cuestión en la
época de Rosas. Esta no nos ofrece ejemplos de
tales antagonismos y reconciliaciones entre lo pro­
pio y lo extraño, porque no había vislumbre, en­
tiéndase que en Buenos Aires, no en la provisoria
patria de los proscriptos, de esta suerte de pre­
ocupaciones. 1 quien las tuviera, que buscara
mejores aires, como lo hizo Lucio V. Mansilla,
sobrino del dictador, por sabio consejo del padre,
(quien conocía a su cuñado), cuando el general
rosista se enteró con susto de que su hijo leía
El Contrato Social.
Groussac ve manifestarse “ el excesivo apego a
la tradición que envuelve el odio al extranjero”
en el grito ¡Mueran los franceses! en que reventó
espontáneamente el entusiasmo gaucho el día de
la entrada de Quiroga en Buenos Aires.
Y por eso la tradición civilizada no se reanu­
daría hasta después de Caseros.

7

i

�Querido Am orim :
E escribo a usted una carta que es poco menos

L

que una engañifa. Con ella, ni cumplo el com ­

promiso de darle una colaboración para LATITL D
ni dejo de cumplirle. Es el caso que cuando tuvo
usted la amabilidad de pedirme tal colaboración,
por ser usted, así com o por la simpatía que esa
revista me inspira, acepté de
luego, recordando

que

inmediato.

el próximo

Pero

número

Un

debate

de

tono

Polémico

EN TORNO A LAS
INFLUENCIAS LITERARIAS

de

por ARTURO SERRANO PLAJA

LATITU D se iba a dedicar, más o menos íntegra­
mente, a estudiar las influencias literarias en la
Argentina, he pensado que meterme a dar opinión
sobre cuestión tan compleja era meterme en un
callejón sin salida. Y para buscarla he dado con
la tangencial manera de enviarle a usted esta
caria abierta.
No está el horno para bollos. Si por algo tan
inocuo como el hecho de comentar riendo, al
viajar en un colectivo a horas de mucho tránsito,
las incomodidades del momento y decir que aque­
llo parecía un instrumento de tortura, hubo quien
me dijo hace días “ que peor estaríamos en un
campo de concentración en Europa” , bien podría
ser que por opinar sobre literatura argentina hu­
biese alguno de esos escritores nacionalistas que
aquí, como en España o en otra parte todos pa­
decemos, me dijese cosas mucho más graves. En
cuanto a mi accidental interlocutor en el colecti­
vo, tuve la fortuna de que la inspiración descen­
diese a mi para poderle contestar lo siguiente:
en primer lugar, que en su afirmación no había
la menor duda: viajar en colectivo, en Buenos
Aires, era mejor que estar en un campo de con­
centración en Europa; que en un campo de con­
centración. por lo demás, había yo estado y por
luchar, en mi patria, contra los nazis como él.
que también por allí se crían; que triste sería la
grandeza argentina si hubiese de esperar a medir­
se con la europea, comparativamente, a que Euro­
pa se hubiese convertido en un vasto campo de
concentración; y finalmente, que los campos de
concentración, al menos teóricamente, ya se ha­
bían concluido puesto que las Naciones Unidas
habían ganado la guerra.
No es que yo cometa el groserísimo error de
adjudicar a semejante energúmeno celoso más
representación que la suya propia y mucho menos,
claro está, la de una nación que me brinda hos­
pitalidad y que está muy por encima de tan ener­
vada y pueril suspicacia. Pero si tal estado de
ánimo no representa ni puede representar a nin­
gún país, por darse en todos (y en el mío ¡ay!
con no poca abundancia) sí representa, sin duda,
un producto, averiado, claro, de nuestro calamito­
so tiempo. Y en alguna manera, como intentaré
ver, en relación con el tema de las influencias en
literatura, tema que soslayo, no en función de la
anécdota, que sería razón menor, sino por la ma­
yor de mi conocida incompetencia para deslindar
orígenes e influencias literarias en la literatura
argentina.
Lo que yo creo que puedo hacer, amigo Am o­
rim, y paso a intentarlo, es escribir alguna cosa
sobre las influencias en general. A una vez es­
crito. someterlo a su juicio para que usted decida
si puede o no ir en ese número de LATITUD.
No concibo, claro está, que haya literatura sin
influencias, ni escritor de cierta grandeza que no
se avenga a reconocer las que sobre él han ac­
tuado. Habría de ser un dios o sería un misera­
ble. Un dios, si consiguiese crear algo de la nada;
un miserable, por no conocer o querer desconocer
— según fuese el color de su miseria— quienes
son, literariamente hablando, sus verdaderos y le­
gítimos padres. Todo eso me parece tan evidente
como seguramente se lo ha de parecer a usted,
y a todos los lectores de LATITUD, y no vale
la pena, por tanto, insistir más sobre ello.
Por consecuencia prefiero sacar un poco las
cosas de quicio. Prefiero fijarme, por ejemplo, en
un aspecto de la cuestión: el que representa el
casticismo o tradicionalismo literario. Porque en
eso de las influencias literarias hay un como fan­
tasma que merodea en torno a ellas: el de lo
fuerte, y lo débil en literatura; el del individua­
lismo, en filosofía; el del nacionalismo en política.
Probablemente, aquellos escritores que niegan u
ocultan sus influencias literarias son los mismos

que en el plano de las ideas que. para llamar de
alguna manera, diré sociales, son tradicionalistas,
casticistas. Y muy consecuentemente.
Quien piensa que su país es ante o sobretodo
(Deutchland über alies, X-land iiber alies) para
decirlo con la deliciosa letra de esa germánica
cancioncilla. no es mucho que se piense a sí mis­
mo, como miembro de esa nación, ante o por en­
cimo de todo, lo que lógicamente conduce a re­
chazar hasta la sombra de toda posible influencia.
Escritor español he conocido yo en España que
declaraba un día no conocer otro idioma que el
castellano; pero no hacía la declaración como en
esos casos se suele hacer, sino apoyándola nada
menos que en toda una teoría según la cual el
conocimiento de otra lengua forzosamente habría
de ir en detrimento de la pureza de su castellano,
que no podría por menos de contaminarse con
giros extraños, con influencias, digamos. Lo que
de ser cierto daría una pobre idea de la robustez,
que el mismo escritor atribuía al idioma castella­
no. que parecía de aquel modo frágil objeto que
había que guardar entre algodones de cuidado.
Traducida esa preocupación a su expresión más
profunda es claro que ha de dar como consecuen­
cia no querer conocer otras ideas que las propias
— que las que se creen propias— para que no de­
formen el ser espiritual original. Teoría que
admite su mejor caricatura aplicándola a un caso
de cultura científica supuesto en una tribu del
centro de Africa: si los tribales razonasen de la
misma manera hay que suponer que nunca deja­
rán de ser tales, por cuanto que el mundo civili-

AN TOLOG IA DEL PENSAMIENTO
LIBERAL ARGENTINO
DE EDUARDO WILDE
“ Los hombres no son grandes sino cuando se
arrodilla el espectador para mirarlos; pero des­
graciadamente hay muchos que prefieren arrodi­
llarse a mantenerse de pie y mirar a la altura de
sus ojos, y mientras los espectadores se arrodillan,
los cómicos guardan un silencio profundo que
puede ser meditación sobre el porvenir de la
patria
DE AGUSTIN ALVAREZ
“ Esa es, en efecto, la descripción perfecta del
espíritu que los hispanoamericanos tuvimos la des­
gracia de heredar de nuestra madre patria, y por
el cual la libertad ha sido siempre pisoteada por
todos los caudillos ambiciosos de poder, sin encon­
trar defensores suficientes y han caído siempre los
gobernantes ilustrados que pretendieron implantar
la primera y la más grande de las libertades huma­
nas: la libertad de conciencia” .
LISANDRO DE LATORRE.
Yo pertenezco al número de los que creen en
los programas. y porque creo en los programas
prefiero a las reformas promovidas a veces aisla­
damente por un hombre superior que llega al
gobierno, la obra integral de un partido, iniciada
en la propaganda doctrinaria, proseguida en la
consulta al pueblo en los comicios y culminada
en el recinto parlamentario.
ALEJANDRO KORN.
La ciencia no ha de hacer bancarrota, pero sí
aquellos que pretenden emplearla como un arma
amoral en la empresa de degradar la personalidad
humana.
JUAN B. JUSTO
Numerosos indicios del moderno movimiento
histórico señalan para la humanidad un porvenir
mejor. Marcha ella en masa hacia la libertad "que
no consiste en la soñada independencia de las le­
yes naturales, sino en el conocimiento de estas
leyes y en la posibilidad así obtenida de hacerlas
obrar metódicamente con fines determinados” .

zado ha realizado algunas conquistas científicas,
pongamos por caso algunas de las de bulto mayor,
como la luz eléctrica que al no ser originales, de
ningún miembro de la supuesta tribu, al no ser
tampoco nacionales se hallarían en colisión con
la cultura autóctona. Pero ese prejuicio de la
originalidad en las letras o del nacionalismo en
lo social, es un producto reciente y fruto de nues­
tra cultura individualista en la cual, el artista,
personalmente, trata de anteponerse al arte y en
la cual el mayor de los méritos artísticos parece
ser el de la’ invención que, generalmente, ha sido
el don de los artistas mediocres. A un Shakes­
peare. por ejemplo, no le preocupaba ni poco ni
mucho, la procedencia de sus temas; y no estan­
do pendiente ni atado a su individualista origina­
lidad, sino concibiendo el arte en función univer­
sal y según la grandeza de su expresión, de su
forma, en una palabra, resultaba de una indivi­
dualidad tal como la que su nombre, con sólo
invocarle, presupone.
Hay en todo eso manía de grandeza: una pe­
queña manía de grandeza. Nada hay más grande,
ciertamente, que el sentimiento nacional cuando
por él se afirma un sentimiento unánime y común
en los diversos grupos humanos que integran las
naciones; cuando por él se afirma, bien que par­
cialmente. el sentimiento universal de una soli­
daridad humana fecunda y positiva que halla en
el marco nacional expresión adecuada; pero nada
hay más pequeño que esa pequeña ambición de
aristocracia que consiste en saberse miembro de
una colectividad importante para ornarse con las
glorias comunes a las que ese pequeño aristócra­
ta. por lo común, no ha contribuido con nada.
La menor de las manías de grandeza es la de sen­
tirse individualmente depositario de las grandezas
de la patria a la que uno pertenece y no que le
pertenece a uno. Pero en fin. si todo eso de la
originalidad, del individualismo y del nacionalis­
mo se quedase reducido a mero desahogo litera­
rio nada habría que objetar. Más ocurre que esa
manía puede asumir formas ciertamente más pe­
ligrosas. La pura originalidad literaria lleva en
germen, me parece, el más puro casticismo. A’
lo que empieza queriendo ser nacionalmente na­
cional y castizo, individualmente original y ge­
nuino a toda costa, las más de las veces termina
por no mantenerse sólo en ese estado de beatífica
satisfacción de sentirse grande por pertenecer a
algo grande, sino que halagado por ese cosquilleo,
dicho sentimiento suele tomar formas polémicas y
agresivos perfiles cuya última consecuencia muy
bien pueden ser, en determinadas circunstancias,
millones de muertos: por ejemplo, los de esta
guerra. Muertes esas cuyo elemental holocausto
era. en sus orígenes, minúscula aunque imprescin­
dible demostración: la que resulta de evidenciar
la vacuidad del X-land iiber alies. En efecto, la
voluntad de los alies, puesta a prueba ha demos­
trado suficiente capacidad para no permitir esa
situación unter X-land que parecía ser la axio­
mática consecuencia de toda una teoría de genia­
lidad castiza.
Por terrible paradoja, en el caso actual, el
X-land que quiso estar iiber alies ha venido a
quedar unter alies. Alemania, vencida en su pro­
pia salsa, quiero decir con sus propios métodos
y en su misma casa, se halla hoy a merced de to­
dos sus vencedores en los que hay que suponer
un mínimo de buen sentido para no hacer con
ella lo que ella hubiera querido hacer con todos.
Precisamente en esa situación viene hoy a en­
carnar la Alemania digna y grande, en grandeza
universal compartida con todos, un alemán que
se sintió excluido de esa agresiva manía de gran­
deza genuina: Thomas Mann. Grandeza la suya
más conmovedora cuanto que siendo evidentemen­
te uno de los alemanes no comprometidos en los

�F L O R E N C I O

ESCARDO

L as infla en eias
sobre
Eduardo Wilde
jg L planteo exige algunas diferenciaciones pre­
vias. Angel Estrada, sobre datos biográficos,
señala una decisiva influencia de D ickens; Morales
supone una disposición racial anglo-frar.cesa y
Smith lo hace ironista sobre, todas las cosas. Los
críticos suelen parecerse a los pitucos en eso de
no poder soportar ninguna presencia sin ponerse
a averiguar quién fue su abueliio. Pero además,
lo anotado sólo apunta al esfuerzo humorístico de
Don Eduardo. Y los auténticos humoristas pue­
den recibir todas las influencias que se quiera,
pero no provienen de ellas sino como el mar
provienen en alguna forma de los ríos que en él
desembocan. Esto es fácil de entender cuando se
entiende que el humorismo no es un género lite­
rario, sino una actitud vital; una fórmula personal
de enfoque esencial que una sistemática para ha­
cer sonreír. Gran parte de la culpa de que esto
no se entienda en seguida la tienen los festivos
que se asimilan a humoristas para darse corte y
com o lo hacen "por gracia” , muchos los dejan
hacer.
Además, en el conjunto de la obra escrita de
JT ilde, la humorística es tan sólo una pequeña
parte y hay que apreciar el total si se quiere
adivinar la influencia que sobre él ejerza. Hayuna influencia bien notoria pero no es literaria,
es de ambiente. El hace de W ilde un pragmático
en el m ejor sentido de la palabra; el panorama
del país le muestra que está todo por hacer, que
hay que hacerlo pronto y que los misoneístas se
van a oponer; entonces toda la obra se dirige
suasiva e insobornablemente en esa dirección; a
urgir la realización y a espantar al pacato, al te­
meroso y al conservador. No son pocas las pá­
ginas de IF ilde en las que se siente que su ánimo
no está impregnado de lo que afirma sino que.
tienden a conseguir un fin concreto. Por eso W il­
de es uno de los argentinos más serios como ar­
gentino. La seriedad — en el sentido de hacer
lo que se debe— y la patria en el sentido de
construirla; he ahí, a nuestro modo de ver, las
influencias que más poderosamente han pesado
sobre la obra de Wilde. No hacen falta otras a
los escritores del presente.

En

torno

a

las

L os pueblos, en el albor de su nacimiento,
por rara paradoja tienen un real sentido de
la vida heroica a la par que ética. Nombro
a Sarmiento; junto a él, anoto; Almafuerte.
Sarmiento, luchador imbatible, hombre de pe­
lea, de pluma como espada; Almafuerte, poeta
de las iras santas, ser de profecía, es decir,
de poesía.
Yo no sé cuánto vale la poética almafuertiana: alguna vez me lo he preguntado y he per­
mitido decirme que su lenguaje poético no es
rico, pero el poeta cantaba como el mar o e’
viento, rugiendo o exaltando a su “chusma” .
Estaba hecho de una pasta aguda y dura­
mente trabajada. Vivió la soledad de la cam­
paña bonaerense, habitó un miserable ranchito aun en La Plata, tuvo una agitada y tor­
mentosa existencia, vió muy de cerca y sintió
la miseria física y los sufrimientos moral:s,
estuvo por años desamparado, pero todo esto
no le impidió atacar a gobernantes y a malos
gobiernos causantes del dolor del pueblo. Su
voluntad y carácter emergían siempre inso­
bornables.
Anécdotas, muchas, dan cuenta de su tajante
vida. No admitía ni la hipocresía, ni el egoís­
mo, ni la petulancia, ni el engreimiento, ni la
cobardía, y hacía el bien por el bien mismo,
sin esperar recompensas. Era un rebelde tenaz;
su vida y su obra giran alrededor de tres o
cuatro conceptos fundamentales: el bien, el
mal. la virtud, la moral cristiana; una mtral
cristiana, esto sí. que nada sabe del olor de los
claustros monacales, ni de las perversiones ca­
tólicas. que combatía audazmente. •
Estas singularidades enumeradas bastan pa­
ra fijarlo, para hacerlo vivo para todos los
argentinos; poseía el ardor, el entusiasmo de
los prohombres de la patria: de los que sabían
jugarse.
A Almafuerte lo veo íntegro, como héroe ci­
vil, en esta anécdota que relataré:
Estaba Pedro B. Palacios de presidente de
un comité radical, en Trenque Lauquen, allá
por el noventa y tantos. Se hizo una elección
y pierde el partido de Palacios. Almafuerte
se queda solo a la puerta del comité, cuando
llega un paisano a caballo y le dice a boca de
jarro: “Ahí tienen lo que hemos ganado por
nombrar presidente del comité a un poeta”.
En eso venia a unas pocas cuadras una atro­
pellada multitud, dando vivas al partido ven­
cedor y mueras al del autor de “El Misionero”.
— Ahora Vd. me va a acompañar adonde yo
vaya, si e s . . . ” contestó resuelto Almafuerte.

influencias

crímenes de los campos de concentración, siente
cernirse sobre si la vergüenza que seguramente
pesará un tiempo sobre Alemania toda y asume
de buen grado una responsabilidad que a él no
le alcanza. Pensando en él me acuerdo de las
palabras de Antonio Machado: “ La verdad es que
Zaratustra. por su jactancia ético-biológica y por
su tono destemplado y violento, está pintiparado
para un puntapié en el bajo vientre que le obli­
gue a ceder el campo a otros maestros más hon­
damente humanos, que la misma Alemania puede
producir; a otros maestros que nos enseñen a
contemplar, a meditar, a renunciar” . ..
El puntapié proféticamente previsto ya está da­
do. Y muy bien puede completar el cuadro de
las previsiones el mismo Mann, con su llaneza
para hablar a los alemanes de los demás hom­
bres; con su dolor porque la nación alemana no
haya sido capaz de liberarse por sí sola de sus
tiranos, de su casticismo; con su humildad para
reconocerse, en tanto que alemán, defectos que a
él no le conciernen en tanto que hombre. En fin,
su libro “ Oid alemanes” 1 invita realmente a me­
ditar, a contemplar, a renunciar.
Quien así razona acerca de su desgraciado país,
sabe muy ciertamente que ser alemán es una de
las muchas formas de ser hombre; que ni Ale­
mania ni cualquier otro país puede pretender es­
tar sobre todos sin que todos, inmediatamente,
se nieguen a estar debajo. Y en definitiva, que la
idea nacional, concebida agresiva y polémicamen­
te lleva en germen su propia destrucción o la del
universo entero, en su incompatibilidad, (hipoté­
ticamente. en el supuesto de que Alemania hitle-

literarias

(continuacióni

rizada hubiese ganado la guerra), lo mismo que
la concepción del hombre aislado, sin influencias,
implica la negación del género humano. O lo que
es lo mismo, que el nacionalismo niega la idea de
nación en la misma medida y de la misma forma
que el individualismo destruye la misma noción
del individuo. Porque la última consecuencia de
un individualismo hipertrofiado habría de ser un
Hitler que atribuyéndose a sí# mismo todos los
derechos del individualismo, fatalmente los niega
a todos los demás mortales, porque su individua­
lidad es de tal especie, sin límite ni medida, que
excluye al género humano. Y a fuerza de no pa­
decer influencia ninguna y de ser enteramente
individualista y castizo, ha tenido que soportar el
citado puntapié en el bajo vientre para que los
demás individuos vuelvan a sentirse libremente en
posesión de su individualidad.
Le suplico, amigo Amorim, que me perdone
estas reflexiones acaso bien impertinentes al pro­
pósito de LATITUD. Pero confesada mi incom­
petencia en la cuestión que c usted y sus compa­
ñeros interesaba, me he permitido desquiciar el
tema hasta traerle a lo que he expuesto. Cosas,
seguramente, sabidas por lodo el mundo y por eso
mismo, creo, que están pidiendo a voces repeti­
ción. porque, como decía Unamuno, son de esas
olvidadas de puro sabidas. Así me parece que
ocurre con la de la absoluta originalidad, el indi­
vidualismo máximo y su colindante genialidad
casticista o tradicionalista. que de esa manera sue­
len definirse a sí mismas.
Le ?aluda muy afectuosamente su amigo
0)

9

E d ito ria l N o v a .

ROMUALDO

B RUGHETTI

.4 Imafaerte
Iteroe Civil
i/ poeta
Sube a un carruaje e invita al paisano, pidien­
do y obligando — bajo su responsabilidad— al
cochero, a dirigirse al encuentro de la colum­
na. Almafuerte, sin más arma que su varita de
bambú, el pecho descubierto, pasa en medio
de la manifestación, abre cancha y grita:
“ ¡Viva el Partido Radical!”
(Demás está decir que el paisano, no bien
vió semejante decisión, se alejó al galope. . . ) .
No se de quién, en nuestros tiempos y en
este país, se podría señalar un rasgo semejante.
•

CARLOS

S A N C HE Z

V IA.M ONTE

Esteban
Echeverría
E cheverría fué la cabal expresión de
su medio y de su tiempo. Siendo genuinamente criollo por su sensibilidad y por su carác­
ter. desempeñó junto con los demás hombres de
la generación del 37 la función de un viaducto
intelectual entre Europa y América. Estuvo en
contacto directo con los intelectuales franceses del
romanticismo y acogió con profunda simpatía la
influencia ideológica y literaria de sus líderes.
Su tono admonitorio y profético no era extraño
al fervor democrático de aquellos tiempos pero se
advierte en él la influencia de Lamennais que
hemos reencontrado recientemente en las ardien­
tes arengas pronunciadas en Buenos Aires por
el Rev. J. V. Ducatillon.
En cuanto a la ideología políticosocial que sir­
ve de fondo doctrinario al dogma socialista y que
da a la personalidad de Echeverría un relieve
cada día mayor, la influencia monitora debe ser
adjudicada a Saint-Simon y en mayor grado aún
a Tocqueville.
Lo fundamental del pensamiento de Echeverría
se halla, sin duda, en su definición de la demo­
cracia, a la que atribuye un claro contenido so­
cial. Esa definición termina con palabras que
Tocqueville escribió en un opúsculo en el que
expuso la síntesis de su gran obra La Democra­
cia en América. Dice Echeverría: “ La Democracia
no es una forma de gobierno, sino la esencia mis­
ma de todos los gobiernos republicanos, o insti­
tuidos por todos para el bien de la comunidad” ,
o de la Asociación.
“ La Democracia es el régimen de la libertad,
fundado sobre la igualdad de clases.
"Todas las asociaciones políticas modernas tien­
den a establecer la igualdad de clases, y puede
asegurarse, observando el movimiento progresivo
de las naciones europeas y americanas, «que el
desenvolvimiento gradual de la igualdad de cla­
ses. es una ley de la Providencia, pues reviste sus
principales caracteres; es universal, durable, se
substrae de día en día al poder humano, y todos
los acontecimientos y todos los hombres conspi­
ran sin saberlo a extenderla y afianzarla» (Toc­
queville ) .
Entre las piezas de un abundante epistolario
que poseo, se baila una carta dirigida a Esteban
Echeverría, desde París, con fecha abril 1*? de
1845, por Gervasio A. Posadas (hijo del Director
Supremo) y en ella le expresa su opinión de que
el Manifiesto de la democracia pacífica, de Víctor
de Considerant parece un plagio de El Dogma
que. sin duda, era conocido en ciertos círculos
intelectuales parisienses.
No está demás recordar que no falta quien con­
sidere que el manifiesto de Considerant constitu­
ye el antecedente directo del manifiesto comunista
rdactado por Marx y Engels a comienzos de 1848.
g

steba .n

�Vida y muerte
de Leopoldo

estos grandes y fecundos acontecimientos, Lugones
se colocó en actitud de adversario. Individualista
y solitario, se dedicó a su arte literario. De aque­
llos años datan sus mejores obras. Trabajador in­
signe, hizo incursiones mentales a otros campos que
el puramente literario. Estudió matemáticas, cien­
cias naturales, filología, filosofía, etc. Y en todos
ellos brilló con luz propia. Asimismo simpatizó
con los aliados en la Gran Guerra. Pronto se hizo
un apasionado y activo aliadófilo y antiprusiano.
Habló y escribió en favor de los aliados a quienes
identificó con la Democracia, y combatió rudamen­
te a Alemania por ser patria del socialismo. Lugo­
nes, oponia, entonces, la Democracia al socialismo.
Para él, la primera significaba la libertad, el se­
gundo la dictadura. Luego cambió radicalmente
de concepto.

por ENRIQUE DICKMANN
T T

onda

impresión

me produjo la trágica

-■-X desaparición de Leopoldo Lugones.
Colocados, política e ideológicamente, en po­
los opuestos, tenia, asimismo, por Lugones, una
consideración

especial:

la consideración

que

se tiene por los robustos talentos sinceramen­
te equivocados.
En tiempos lejanos —-si tiempos lejanos puede
haber en la breve vida de un hombre— tuve admi­
ración por el gran poeta y vigoroso prosista de
aquel entonces. Pronto cultivamos estrecha y cor­
dial amistad. Ello se remonta a más de cuatro
décadas. Salimos del mismo punto de partida; la
rebeldía juvenil contra el orden social existente,
contra la injusticia, contra la mentira y contra la
fealdad. Pero, quiso el destino que nuestros cami­
nos fueran divergentes. Yo quedé en la línea. Leo­
poldo Lugones marchó en la vida ideológica en
zig-zag. Luego viró en redondo. De la extrema
izquierda pasó a la extrema derecha. Yo quedé
donde estaba siempre: en el centro del Partido So­
cialista. Cortamos nuestra amistad, pero no inte­
rrumpimos nuestra mutua consideración. Lo con­
sideraba sincero en el error; no por ello el error
dejaba de ser grave y fatal. Yo denunciaba y re­
pudiaba los tremendos errores políticos e ideológicos
de Lugones, pero respetaba al hombre. Era un
singular ejemplar humano: mezcla de luz y de
sombra, de grandeza y de miseria, de virtudes y
de flaquezas. Cultivaba la paradoja: libaba sil
néctar y tragaba su acibar. En los últimos años
sus trabajos literarios y sociológicos eran abomina­
bles, no por su forma sino por su fondo. Eran la
negación de sus sentimientos y pensamientos ante­
riores. Yo los leía, y me causaban pena y dolor.
Decía para mis adentros: ¡Qué ¿norme talento ma­
logrado !
Frente a su trágica muerte —que puede significar
arrepentimiento y purificación— evoco las palabras
que Shakespeare pone en boca de Marco Bruto
frente al cadáver de Julio César: “ Porque fué mi
amigo, lo lloro. Porque afortunado fué, lo celebro;
porque fué valiente, lo honro; porque fué ambicioso
lo maté. Lágrimas tuve para su amistad; regocijo
para sus triunfos; encomios para su valor, y muerte
para su ambición". Leopoldo Lugones no fué muer­
to como Julio César, sino murió por su propia y
deliberada voluntad. En el fondo de mi corazón
conservo para él un recuerdo cariñoso, recuerdo
que viene de lejos y tiene hondas raíces. Otros
analizarán su obra literaria y artística; yo evoco
lejanas reminiscencias de un pasado común y cer­
canos recuerdos de opuestos modos de sentir y
de pensar.
Conocí a Leopoldo Lugones a mediados de 1895
A poco de llegar del campo, fui invitado a una
reunión de jóvenes en la pieza del practicante José
Ingenieros, en la Cruz Roja, sito calle San José 18.
Ha sido en el balbuceo del movimiento obrero y
socialista argentino. ¡Qué tiempos heroicos fueron
Ruellos! Yo llegaba de la campiña entrerriana,
abandonando la chacra de inmigrante para iniciar
mi carrera universitaria; y Lugones llegaba de la
campiña cordobesa y santiagueña, abandonando su
solar de pura cepa criolla para abrirse camino en
el mundo periodístico y literario. En aquella reu­
nión de media docena de jóvenes se charlaba, se
mateaba y se fumaba. Eramos unos grandes discutidores. Se discutía sobre Speneer. Darwin, Comte.
Kant. Nietzche, Marx, Engels, etc. Me impresiona­
ron entonces la singular vivacidad y la inteligencia
brillante de Pepe Ingenieros, y el vigor y la ro­
bustez del talento de Lugones. Don Leopoldo —co ­
mo lo llamábamos—, hablaba como quien tiene
autoridad: en palabras enérgicas, en frases rotun­
das, en sentencias lapidarias. Yo, el más ignaro de
todos, empece a admirar a aquel grupo de jóvenes
y sobre todo a Ingenieros y a Lugones. más al
segundo que al primero.
Todos militábamos en el naciente Partido Socia­
lista fundado por el doctor Juan B. Justo.
El 19 de Mayo de 1896, en una reunión organi­
zada por los socialistas, en el Club Vorwaert calle
Rincón 1141, para celebrar la fiesta del trabajo,
hablamos Payró, Lugones y yo. La concurrencia
era muy pequeña, pero la oratoria fué abundante,
exaltada y ardiente. El discurso de Lugones fué
en extremo revolucionario: contra la burguesía y
el Estado. Discurso vigoroso de forma y tremebun­
do de fondo, que impresionó profundamente al
reducido pero entusiasta auditorio. El está publi­
cado íntegramente en La Vanguardia de aquel en­
tonces, y cuya lectura recomiendo a los que quieren
estudiar la compleja personalidad de Leopoldo Lu­
gones y sus ulteriores desarrollo y cambios políticos
e ideológicos.
Pronto Lugones tuvo su primera dificultad en el
Partido Socialista. En 1896, llegó a Buenos Aires
el príncipe de Saboya. El temperamento literario
y estético de Lugones lo impulsó a la admiración
de la realeza. Y escribió un articulo ditirámbico
para el príncipe italiano, en el diario “El Tiempo” ,
dirigido por Carlos Vega Belgrano. Le contestó
Domingo Risso. el eximio traductor de los poemas
de Carducci, denunciando el peligro socialista de
una literatura bombástica y ditirámbica para la

Finalizada la guerra y producida la revolución
rusa, Lugones simpatizó con ella. Durante algún
tiempo se inclinó ante el bolchevismo triunfante.
Lenin y Trotzky fueron santos de su devoción.
Pero, esta su nueva actitud duró también poco.
Benito Mussolini y su fascismo conquistaron a Lu­
gones, y a igual del poeta italiano Gabriel D’Annunzio, el poeta argentino Leopoldo Lugones se hizo
ardiente adepto de la nueva doctrina político-social,
reaccionaria y dictatorial. Renegó de su pasado
laico, liberal, democrático y socialista; y proclamó
“ la hora de la espada". Fué el iniciador del movi­
miento fascista en la Argentina, con sus confe­
rencias en el Teatro Coliseo.

monarquía y los monarcas. En la polémica que se
produjo alrededor de ese episodio, Lugones no sa­
lió vencedor. El Partido Socialista censuró su
actitud.
La consecuencia de ello fué una inclinación ma­
yor de Lugones hacia el extremismo revolucionario.
En 1897, él e Ingenieros fundan el periódico socia­
lista revolucionario “ La Montaña", que empezó fe ­
chando su primer número por el calendario de la
revolución francesa.
Lugones e Ingenieros dierpn a su periódico un
tono de rojo violento. Eximio desde el punto de
vista literario, escrito en una prosa virulenta pero
no procaz, matizado de versos de un vigor inusita­
do. los dos jóvenes escritores denunciaron a la bur­
guesía y a sus puntales —el Estado, el Ejército y
la Iglesia— en una forma atroz. Para Leopoldo
Lugones, la burguesía era la más cabal expresión
de la brutalidad, grosería, ignorancia y bajos ape­
titos. El burgués era un ente grotesco, chato, sen­
sual, brutal y antiestético. El Estado era el comité
ejecutivo de la burguesía. El ejército, sus lacayos;
y la iglesia, la prostituta que vende sus favores al
mejor postor. La prosa y los versos de Lugones,
publicados en “ La Montaña", fueron una tremenda
requisitoria contra la actual organización social de
la sociedad. Asombra y desconcierta su lectura.
Traducen temperamentos vigorosos, pero negativos
y destructivos. _ A los pocos meses, y por razones
obvias, el periódico dejó de aparecer.

Factor muy activo en la gestación y realización
de la revolución del 6 de Septiembre de 1930, per­
teneció al grupo áulico de los consejeros del dic­
tador Uriburu. Proclamó la reforma, por cualquier
medio, de la Constitución democrática, para trans­
formar el pais en un régimen corporativo. En su
edad provecta, Lugones abrazó el fascismo con el
mismo entusiasmo y ardor; como abrazara, en su
juventud, el socialismo revolucionario. Lugones
nunca fué hombre de términos medios. Su tempementó se regia por el concepto de “ todo o nada".
Así se explica su transición ideológica de la extre­
ma izquierda a la extrema derecha; su irreductible
oposición a las ideas e ideales democráticos y so­
cialistas que con tanto fervor profesaba en su
juventud.
Me encontré con Leopoldo Lugones pocos meses
antes de su muerte, después de no vernos durante
casi cuatro décadas. Esta vez fué también a invi­
tación de un grupo de jóvenes. Un núcleo de escri­
tores e intelectuales israelitas se propusieron orga­
nizar un movimiento contra el antisemitismo, y
entre los invitados a la reunión figuraba Lugones
y yo. Nuestro encuentro fué sencillo y cordial, con
un fuerte y afectuoso apretón de maños. Como si
nos hubiéramos visto la víspera. Coincidimos sobre
el absurdo y la monstruosidad del antisemitismo, y
coincidimos también que la Argentina no era tierra
propicia para este mórbido y exótico movimiento.
No abordamos otros temas, y nos despedimos cor­
dial y afectuosamente.

Militante activo del Partido Socialista, orador y
escritor, Lugones reprochó al mismo su aburguesamiento y su _ actitud reformista. Lo encontraba
débil en la acción y acomodaticio en el pensamiento.
Y como no pudo modificar su estructura interna
resolvió fundar otro partido socialista revolucio­
nario; y lo consiguió en 1899, fundando la Fede­
ración Socialista de Barracas.
Es un episodio muy curioso, por ser la primera
escisión que soportó el Partido Socialista en la
Argentina; escisión encabezada por Leopoldo Lu­
gones.
Para atraer adeptos a su nueva agrupación so­
cialista revolucionaria, Lugones me escribió la si­
guiente esquela, que conservo en mi archivo: “ Es­
timado compañero: —si quiere venirse el sábado
a la noche por esta su casa (Hornos N9 1094), per­
derá un poco el tiempo, agradablemente me ima­
gino, y oirá una cosa que reputa agradable su
affmo. compañero y amigo, L. Lugones 26 de
abril — 99” .
Concurrí a la reunión, encontrándome con un
grupo de jóvenes como en 1895. como en la pieza
del practicante Ingenieros en la Cruz Roja. No doy
sus nombres, porque algunos de ellos viven aun, y
temerla comprometer su envidiable posición políti­
ca y social.
Lugones quiso convencerme de la necesidad de
la nueva agrupación revolucionaria y atraerme a
sus filas. Yo era, en aquel entonces, estudiante de
medicina y ya activo militante socialista. No me
dejé impresionar ni convencer por la pretendida
nueva ideología. Le dije que dentro del Partido
Socialista cabían todas las modificaciones de esta­
tuto, programa y declaración de principios; pero
que toda actitud fuera de él, yo consideraba una
traición. Nos separamos, para no encontrarnos más
en una conversación téte a téte, hasta pocos meses
antes de su muerte. Encuentro que luego referiré.
La Federación Socialista fundada por Lugones
vegetó un par de anos. El Centro Socialista de Ba­
rracas retomó, en 1902, al Partido Socialista. Leo­
poldo Lugones quedó fuera del partido, para no
volver más a sus filas; y para colocarse poco a
poco frente a él en una actitud irreductible no
solo contra el Partido Socialista de la Argentina,
sino contra el socialismo en general.

A comienzos del siglo en que vivimos, el presi­
dente Julio A. Roca nombró a Leopoldo Lugones
inspector de Enseñanza Secundaria v Normal fun­
ción que desempeñó algunos años, llegando a ser
inspector general de la misma. Partidario de la
candidatura de Manuel Quintana para presidente
de la República, pronunció, en 1904, una conferen­
cia a su favor en el teatro Victoria. Asistí a ella
en compañía de algunos otros socialistas. Nos in­
teresaba escuchar a un socialista revolucionario
apoyando una candidatura presidencial típicamente
oligárquica. La síntesis de la conferencia fué la
vuelta del orador del país de Utopía y su retorno
al país de la Realidad; y que habiendo encontrado
al hombre que él buscaba, y que el país necesitaba
había apagado su linterna! ¡Linterna simbólica!
luz interna del Ideal que alumbra el camino de los
mortales; y. que apagada, deja el espíritu en tinie­
blas, y el rumbo de la vida se hace tortuoso e
incierto!
El oficialismo de Lugones duró poco. Con la
muerte de Quintana, a principios del año 1906 y
el advenimiento a la presidencia de Figueroa Al­
cona, Lugones se hizo opositor terrible de éste.
Desde "El Diario", del entonces senador Manuel
Lainez, Lugones bombardeó, a editorial diario, al
presidente Figueroa. ¡Editoriales tremebundos ’ de
prosa maciza como catapultas!
Vino luego la nueva era de Sáenz Peña, el ejer­
cicio del sufragio universal, la derrota de la oli­
garquía, el advenimiento del radicalismo al gobier­
no, la expansión del socialismo. Frente a todos
10

•
Por un complejo de amargura y decepción. Leo­
poldo Lugones abandonó este valle de lágrimas,
deliberada y voluntariamente. ¡Tremenda decisión!
¿Qué honda crisis mental y moral trabajaría úl­
timamente su espíritu impresionable y cambiable?
No es el caso de discurrir sobre si el suicidio es
un acto de fuerza o de debilidad, un gesto de valor
o de cobardía. Es una terrible realidad. No se
suicida, como no mata, el que quiere, sino el que
puede. _ Lugones. a pesar de su neocristianismo.
prefirió el método pagano de auto-eliminación.
Su vida y su muerte es una tremenda lección de
cosas. Y porque murió pobre, por no haber sido
venal; y porque lo he creído siempre sincero en
el error —grave y fatal error— honro su memoria
con esta nota leal y sincera, producto de una
consideración personal nunca extinguida.
Leopoldo Lugones fué, en vida, un grande y robusto talento verbal, rayano a veces en el genio.
Sus magníficos versos y poemas son obra de un
gran poeta, su prosa maciza y tajante traduce a un
escritor excepcionalmente vigoroso. Fué un eximio
esteta, pero mal pensador y peor político. Lo atraía
y encantaba el bello gesto, pero no la obra lenta
y fundamental. Impaciente, anhelaba lo que no
podía conseguir: y desdeñaba lo que estaba al
alcance de su mano.
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brillante juventud, si hubiera sido fiel a las ideas
e ideales por él entonces abrazados, si hubiera
puesto su vigorosa inteligencia, su brillante pluma
y su robusto verbo al servicio del pueblo laborioso
que el admiraba en sus primeros pasos en la vida:
i
^r.an escritor y qué magnífico orador hubiera
tenido la democracia y el socialismo en la Argen­
tina. Hubiera sido un par entre pares de los poetasc J escritores del mundo: poeta, hubiera sido igual
a Sheiiey y Byron; escritor, igual a Víctor Hugo y
Lmu10 Zola Pero, los dioses torcieron su destino,
i .Tremendo dolor! La línea de su vida se ha queorado. Su pensamiento y acción se tornaron en un
cambio perpetuo de actitudes y gestos. De socialista revolucionario se torna fascista reaccionario;
de librepensador, ateo y pagano, se convierte en
cristiano, pero no en lo que este tiene de eterno y
universal, sino en lo que tiene de dogmático y es, catTollcls™&gt; romano. ¡Qué gran talento
y1 f a t a ¡ ? ° ¿L° redimirá su último gesto simbólico
su va a

"T Juventua argentina de dolorosa y fecunda
d&gt;fía^ OS.aSo=y la&lt; f nseñe lo qne n o 's e puede
haceI ' Sl asi fuera, la voluntaria inmola“ ° “ „ d.el P°eta. serla útil; su dolor, fecundo. Así
como ia crueificcion de Cristo fué un acto de reP®,ra, los demas. la muerte de Leopoldo
ri»g» r r » ^ f de S.er u" acto de Pr°P‘a redención:
de arrepentimiento y de purificación. ¡Es mi ar­
diente deseo que así sea!
geP !° .y, el talento son regalos de la vida que
™
° ? ,S alcanzan. Y el genio y el talento
?o nna irlo L feC“ ndos cuando sirven a la vida en
al
V'en,e d« mas alto y noble: cuando sirven
? e, H,.Justicia, de la Razón, de La Berinía inmortal. Si asi no sucede los dioses castigan
eeí
‘ ^placablemente a los mortales que infrin­
gen sus leyes inflexibles y eternas.
Febrero, 1938.

�muerte del inoculado, ya con menos virulencia. ¿No
exagerarán nuestros hombres de ciencia, al sostener
que contra el Virus 33 no hay cañón, ni bomba, ni
lanzallamas, ni atomismos que valga? Una vez más
es conveniente repetir: al pueblo le funciona el
cerebro y las guerras nunca se ganan con explosi­
vos, porque los explosivos tienen un revés como
los naipes...
(De “ Latitud” , 25 de julio de 1981).

trastienda
por LA ZA R O

TEMAS PROPUESTOS
La Direción de LETRAS propone tres temas
a los autores jóvenes que estén dispuestos a cola­
borar en LATITUD. La publicación de cualquie­
ra de los artículos que se nos envíen autoriza
a hacer efectiva la suma de cincuenta pesos en
nuestra administración.
Los temas son los siguientes:
EL

P E S IM IS M O

EN
LAS

LA

EL A M O R

EN

¿P U ED EN

GO BERN AR

N O V ELA

C A N C IO N E S
LO S

C R IO L L A .
PO PU LA R ES

IN T E L E C T U A L E S ?

NO TE M E T A S ...
Los más notables escritores del mundo participan
en forma activa en la política y en las restantes
actividades de la sociedad a que pertenecen. Abs­
tenerse cuando las garantías constitucionales ase­
guran la libertad de pensamiento resulta una idea
suicida. Actualmente intervienen en la vida de sus
pueblos los siguientes escritores:
ESTADOS UNIDOS: MacLeich.
CHILE: Pablo Neruda.
VENEZUELA: Rómulo Gallegos.
COLOMBIA: Gustavo Santos y Sanin Cano.
URUGUAY: Jesualdo.
CUBA: Jorge Mañac.
ARGENTINA: Ataliva Herrera.
Es curioso comparar los nombres de los presiden­
tes de los PEN Clubs. Jules Romain preside en el
orden Internacional. Wells, el Pen Club de Londres.
Paul Valery, el de París. El de Buenos Aires, acaba
de elegir, después de doce años de permanecer en
ese puesto, a Antonio Aita. Como puede verse, la
actividad de los escritores en todas partes del mun­
do no es de prescindencia cuando se trata de sus
vitales intereses. La prudente "política” de los
apolíticos argentinos, cumple al pie de la letra la
observación de Keyserling: “ No te metás” . Cuando
se escriba la historia de estos momentos de profun­
da significación para la inteligencia, se nos podrán
hacer serios reproches por nuestra insólita tole­
rancia.

R IE T

LAS DOS PROCLAMAS
Para la defensa de Hungría se lanzó la siguiente
proclama, cuyo texto apareció en volantes y en
periódicos:
“ ¡Campesinos de Hungría'.... ¡Obreros de nuestras
fábricas!... ¡Estudiantes!... ¡Salid a los caminos a
defender vuestro suelo! Agrupaos en las encruci­
jadas... ¡Levantad barricadas que el invasor se
acerca!”
La otra proclama, también ‘ patriótica” , que se­
gún nuestras informaciones rodó por las calles de
la capital, decía así:
“ Latifundistas de Hungría, terrantenientes, ban­
queros! Apostaos en las puertas de vuestros des­
pachos... Haced de cada bufet un cantón... ¡De­
fended vuestra comodidad!... ¡Luchad por vuestra
pitanza!.. . ”

LOS ROSTROS PALIDOS
No es el titulo de una película, ni siquiera de
una novela radial. Es el rótulo que se le quiere
dar a cierta gentecita que anda por ahí, contenida,
especiante, pacata. Rostros pálidos en el seno de
la familia (¿por qué no se van un poquito al cam­
po?) Rostros pálidos, en las revistas literarias (¿a
qué tanta evasión. tanto miedo. tanto sacarle el
cuerpo a la actualidad del país?) Rostros pálidos.
en los banquetes, (¿para qué se reúnen ustedes, si
digieren tan mal que resultan un espectáculo de
dificultades gastrointestinales? ¿Por qué no beben
alcohol en abundancia 4 .le una vez por todas, para
probar las violencias de los estimulantes?) Rostros
pálidos en los periódicos, (¿por qué no dejan en
paz las transcripciones de los corresponsales y dicen
lo que piensan?) Rostros pálidos en el teatro,
(¿por qué buscan la risa, por qué insisten en la
chabacanería? Acaso no les daría plata —si es esto
lo que buscan— escribiendo obras con algún con­
tenido?) Rostros pálidos en el cine, rostros pálidos
en los cafés, rostros pálidos en las canchas de fútblo, rostros pálidos en la política, exangües ciuda­
danos de un tiempo criollo sin heroísmo.

FASCISMO ES LO QUE LIM ITA. ¿QUE ATRACTIYO, POR LO TANTO, PO DRIA OFRECER
A UN INTELECTUAL SIENDO ESTE ENEMI­
GO DE LOS LIMITES?
JEAN CASSOU
(Examen de conciencia del intelectual)

VOCABULARIO BELICO
1914 - 18

1 9 39-45

Sin novedad en el fren­
Racismo
te
Coventrizar
Trinchera
Quinta columna
Cruz de palo
Campos de con cen tra ­
Línea Maginot
ción
Kn klux klan
Gestapo
Kulak
Gauleiters
Pogrom
Duce
Espacio Vital
Fuehrer
Madelón
Falangismo
Sisteme D.
División Azul
Boche
Vichy
Estos ascos de la derecha —a mano derecha—
terminaron gracias a la intervención de estas me­
morables palabras:

EL P .E .N . C lu b ¿ e s a n tin a z i ?
¿Qué pretende el Pen Club de Buenos Aires al
mantenerse ajeno a las manifestaciones de grupos
calificados, de sociedades y asociaciones que se ma­
nifiestan en contra de la anormalidad en que se
desarrolla el país? Creemos que el Pen Club se ha
caracterizado por su posición liberal en todos los
congresos que ha llevado a cabo. Resulta extraño
que se haya negado a firmar un manifiesto que
agrupa la totalidad de las instituciones libres. So­
bre todo contando entre los miembros de la comi­
sión directiva a algunos escritores de conocida beli­
gerancia antinazi. ¿Qué se pretende con semejante
hostilidad?

Radar
La R .F .A
Bolsones
Jeep
Punta de lanza
Cabecera de puente
Mosquitos
Superfortalezas
Les maquis
Postdam
T .N .T .
y la señorita Atómica.

VENERABLE VALERY

S O L IC IT A D A
“ Buenos Aires, julio 3 de 1945.
Señor Director del Museo Provincial de Bellas
Artes, don Emilio Pettoruti. — La Plata.
Estimado amigo:
Lamentamos profundamente tener que dirigirnos
a Vd. para comunicarle nuestra decisión de no con­
tinuar el desarrollo del ciclo de conferencias que
acordamos dictar en ese Museo dentro del plan
cultural del corriente año. Pasamos a explicar a
Vd. las razones que motivan esta actitud.
Cuando a fines del año pasado, nos formuló Vd.
que dirige, la aceptamos como acto de solidaridad
su invitación a ocupar la tribuna de la institución
personal y artística con Vd. y con la obra de cultura
que viene desarrollando a través del Museo desde
hace quince años. Pero ya iniciado el ciclo con la
participación de algunos de nosotros, se ha aludido
a nuestra actitud, en círculos oficiales y extraofi­
ciales, en forma tal que nuestro acto de solidaridad
personal con Vd. puede ser interpretado por la opi­
nión pública como un gesto de adhesión al estado
de cosas imperante. Tal interpretación contraría
nuestra posición frente a los problemas públicos.
Quienes hemos pronunciado ya nuestras confe­
rencias, lamentamos haberlo hecho y quienes no las
hemos pronunciado aún, rogamos a Vd. quiera con­
siderarnos desligados de nuestro compromiso.
Mantendremos esta actitud mientras subsista en
el país la actual suspensión de las tradicionales
libertades argentinas y no se devuelva a la Repú­
blica el goce de los principios de tolerancia mutua
y respeto de la dignidad ciudadana sin cuya vigen­
cia la salud de la patria es imposible.
Saludamos a Vd. con nuestra amistad de siempre.
Leónidas Barletta, Mane Bernardo, Arturo
Cerretani, Córdova Iturburu, Alfredo de
la Guardia, Jorge D’Urbano, Gilardo Gilardi, María Rosa Oliver, Jorge Romero Brest,
Juan S. Valmaggia, Javier Villafañe.

EL VIRUS 33
i Tierna ingenuidad la de nuestros abuelos cuando
en aquel agosto de 1945 los cronistas decían que
“ les faltaban palabras para describir el horror de
la bomba atómica” . El radio de acción del “ mons­
truo” ponía los pelos de punta a los habitantes de
las islas japonesas. Las descripciones que se pue­
den leer en las colecciones de los diarios de la
época, son objeto de regocijo de los muchachos de
hoy. Aquellos ilusos de 1945 creyeron que las gue­
rras se ganarían con bombas atómicas! En 1910, mi
bisabuelo escribió un pintoresco artículo en “El
Globo” , anunciando el fin del mundo porque la
gente se lanzaba a la velocidad increíble de 120 kiló­
metros a la hora. ¡Quién iba a decirles que ni el
maquinismo ni las bombas atómicas significaron
nada en el curso de las guerras! Los inventos fabu­
losos resultaron una bicoca. La bomba atómica
aplicada a la industria terminó con un régimen que
hacía del hombre un esclavo. Pero no pasó de allí.
Ahora nos preguntamos: ¿no será una exageración
de nuestro tiempo el atribuirle tanta importancia al
Virus 33? El sabio nazi que lo elabora, asegura su
filtrabilidad y se cree en Alemania que puede cretinizar, nazificar a todo hombre no mayor de 33
años. Las experiencias realizadas en el Congo dan
un resultado sorprendente. El Virus 33 se inocula
desde una distancia de 1120 kilómetros. El sujeto
no advierte su introducción. Acciona hasta la edad
de 33 años y puede proyectarse luego, hasta la

O í. un griego ejemplar, un artífice inigualado
^ que en su “ torre de marfil" escribía para la
eternidad. Sí, el más asombroso rigor en su pa­
labra, la poesía quintaesenciada, purísima, inma­
terial. El pensador sin prisa, el reposado filósofo,
la augusta serenidad del esteta. Pero, además,
que se enteren los destemplados, los que preten­
den vivir fuera de la realidad, en “ ebúrneas”
chozas de barro, que Paul Valery fue el activo
redactor de la prensa clandestina, el sueltista de
los periódicos de la resistencia, el Hombre, en
suma, cuyo pensamiento ardió en las imprentas
a oscuras, montadas por los heroicos maquis.
En el solemne cortejo que conducirá sus res­
tos al Panteón a la sombra de los altos honores
se verá la presencia del más humilde de los
soldados del pueblo.
Magnífico escritor, venerable ciudadano que no
olvidarán los obreros de la Libertad.

H

I

S

Para evitar esto . . .

T

O

R

I

E

T

A

G

R

A

Conviene adelantarse . . .

F

I

C

A

v execrar . . .
Í106E P&amp;OHIRE

...c o n t ie n e n c a b e llo s co rta d o s a 1 5 0.000 m u je re s, m u e rta s
en un cam po de c o n ce n tra ció n d e A le m a n ia . . . “ Y lo s c a ­
b e llo s

e ra n

u tiliz a d o s

en

la

fa b ric a c ió n

de

p a n t a lla s " .

E H R EN B U R G

11

�“ O’NEILL” . EL HOMBRE Y SU OBRA” , por Barret H. Clark. Editorial "Nova” . Buenos Aires.
T A obra de O’Neill dará motivo a múltiples aná■*-' Usis cuando se la enfoque desde los ángulos que
reclama la actualización de sus intenciones. El
teatro de O’Neill será inagotable como tema crítico.
Es, hoy día, el teatro más vigoroso de la escena
mundial.
La editorial Nova, en una cuidada edición de las
que no son muy frecuentes en nuestro medio, y
gracias a una ajustada traducción del señor Manuel
Barberá, entrega al público argentino una tentativa
de biografía a la par que una interpretación de la
obra del gran autor americano. La firma B. H.
Clark. El critico yanqui está autorizado para una
apreciación ponderada de su amigo, pero esta con­
dición quizás lo coloque en un plano difícil para
ahincar en la persona, en el personaje turbulento y
extraño que hay en O’Neill. En cada página se
adivinan prudentes reservas. Es curioso observar
cómo la obra de los grandes autores contemporá­
neos (creemos que también los de cualquier tiempo)
está condicionada a su modo de vivir. O’Neill, que
fué marinero y cargador y cuidador de muías y
que practicó mil oficios, deja en trance de dudas
al escritor de vida reposada, tranquila, burocrática,
rutinaria. ¿Qué se puede esperar de esos “ rostros
pálidos” que andan por la literatura, por la nuestra
en particular? Mientras un Malraux vuela sobre
los campos de batalla y un Cremieux se expone a
la muerte y la logra ejemplar en un campo de
concentración, por el mundo literario circulan los
escritores cuya obra es un minucioso ejercicio men­
tal. O’Neill entró en la vida como un minero. Su
obra es la resultante de ese contacto violento con
la existencia. Por eso será perdurable, por eso
motiva estos libros y muchos otros que sobre él se
escribirán en el correr de los tiempos.
De los estudios que Clark propone de las piezas
de O’Neill, ninguno nos ha parecido tan ligero c o ­
mo la interpretación que nos da de “ Deseo bajo los
olmos” . Interesado en la trama, el crítico americano
descuida el examen del contenido social del drama.
La posesión de la tierra, el sentido de la propie­
dad. encienden la tragedia. La avaricia mueve a
los seres y el asunto pasional se explica tan sólo
por la gravedad de un sistema que engendra la
maldad, el odio y la miseria moral. Barret H. Clark
dice que “ en esta obra sondea los abismos. Se
pone de cara a la vida con valentía y entereza” .
Es bien poco, porque hay algo de más capital
importancia en la obra. Hay una crítica social de
tremendo contenido. Más adelante dice: “ esta gente
(al revés que la gente de la vida diaria) es cruel
y avariciosa” . Creemos que en la exageración está
la magnitud de tal obra, pero sus personajes no
son el revés de la gente de la vida diaria. Es la
vida diaria misma con su régimen sórdido de la
propiedad. O’Neill la magnifica, nada más.
En general, el análisis del critico americano no
es sostenidamente agudo. Pero tiene vigor y valor
informativo. Grabados y anecdotario hacen de esta
obra un libro muy útil para el conocimiento del
teatro de O’Neill.
L. R
"ENSAYOS DE POESIA LIRICA” , por J. R. Wilcock. Buenos Aires.
C » infrecuente es el misterio de la creación poéJ tica, más extraño aún su alcance, más raro su
hallazgo cuando un afán loable induce a la bús­
queda de una depurada, exacta arquitectura de las
formas.
Lograda está en la poesía de Wilcock la difícil
conjunción, airosamente, sin que resten señales del
esfuerzo ni la menoscabe un estéril virtuosismo.
Acendrada voz la suya, de sugerencias perdura­
bles, intimista y honda, evoca de algún modo la
lírica de Luis Cemuda, aunque tal proximidad no
supone una identificación inexistente, que el poeta
domina sus partculares medios expresivos y es
dueño ya de un peculiar acento.
Esperemos un destino nada común para un autor
cuyo primer volumen ofrece generosamente tan
singulares valores.
H. C.

“ RAZON DEL MUNDO” , por Francisco Ayala. Edi­
torial Losada, 1944.
F STE libro pretende justificar la teoría de la írresponsabilidad edl intelectual: la teoría de la
evasión, de su fuga, de la imposible ruptura de sus
vínculos sociales. Ya se sabe en qué consiste en
rreno filosófico, recordemos la “ neutralidad” social
el fondo, toda “ neutralidad” : sin salimos del tede toda ética; la "neutralidad" gnoseológica e his­
tórica de la axiología (que así disfraza toda estimatiya parcial): la "neutralidad” metafísica del
positivismo (que encubría ingenuos principios metafísicos): la “ neutralidad” gnoseológica del Circulo
de V;ena (que lleva implícito el solipsismo de
Mach); la "neutralidad” metafísica y religiosa del
agnosticismo inglés (que deja la puerta abierta a
la metafísica y al fideísmo): la “ neutralidad” de
la teoría de Kelsen (que tan bien se presta a
consagrar toda situación de facto) la “ neutralidad”
política del existencialismo (que no alcanza a en­
cubrir su esencia inhumana y deshumanizada)
Pensemos en la “ neutralidad” , en la perfecta
"aislación” , en la absoluta “ autonomia” de cual­
quier cosa (con la excepción trivial de la totalidad
del universo): de cualquiera de los entes del uni­
verso, todos ellos en constante interacción, en mutua
dependencia, en inescindible unidad dinámica. Pen­
semos, en particular, en el conjunto de la actividad
humana en el conjunto de la civilización y de la
cultura: ¿es posible aislar, sin lesionar la unidad
orgánica total, cualquiera de los aspectos de este
todo? Un sociólogo de verdad —y el Dr. Ayala se
especializa en sociología— no puede intentarlo por­
que sabe de antemano, o debiera saberlo, que asi
consumaría un fraude intelectual. Y un filósofo
—y el Dr. Ayala se interesa por la filosofía—, cual­
quiera que sea su posición, no puede fragmentar
consciente y honestamente el universo de los ob­
jetos de su meditación: puede hacerlo provisoria­
mente, en cumplimiento de preceptos metodológi­
cos: pudo hacerlo en los tiempos de Leíbniz; pero
hoy, en el siglo XX. no puede proclamar el aisla­
miento real o posible y de principio de ninguna
de las "esferas" reales o ideales en que idealmente

X ilo g r o f ía

de

F. M a se re e l

e sca p a ra te

“ EL GAUCHO NUSEZ” , de Enrique Mouliá. Entre
Rios tiene un nuevo novelista. Su búsqueda por
los senderos de una expresión nacional ya se ha
perfilado en otras obras de este narrador, que es
vigoroso y no aparece despreocupado de los grandes
problemas que se exponen a la consideración de los
escritores con inquietudes.
“ LOS DIAS DE LA GUERRA MUNDIAL” , por
Lázaro Riet. La contienda que acaba de terminar
con las banderas de las Naciones Unidas enarbo­
ladas en los mástiles donde flameaba la cruz eswástica, tiene una guía minuciosa en esta recopi­
lación de telegramas confeccionada con un sentido
muy agudo y oportuno. La memoria no ha podido
retener muchos de aparente intranscendencia. “Los
dias de la guerra mundial” es un libro útil para los
periodistas, para los futuros historiadores y para
los que quieran conservar un vivo recuerdo de esta
guerra. Libro de consulta, libro de documentación
y libro de interesante estructura a un tiempo, ha
sido recibido con interés, y su trayectoria, que
abarca desde el primer día de la guerra hasta la
caída de Berlín, lo coloca entre los más originales
que se han publicado últimamente.
C. M.

LIBROS DEL MES
descompone el “ gran todo". Si lo hace en serio o
es deshonesto o es tonto. En cuanto al Sr Ayala
no parece tener pelo de tonto.
Desde luego, no se trata de “ echarles la culpa”
ae todas las calamidades a los Intelectuales: en su
afan por justificar su posición, el Sr. Ayala se
debate con un contrincante inexistente, pero ni
aun asi logra ganar pelea tan bien dispuesta Pero
cuando un intelectual —com o el Sr 'A yala— ha
puesto su iteligencia en la difusión de doctrinas
reaccionarias .antisociales e irracionalistas (toda la
sociología alemana contemporánea), cabe pregun­
tarse si le asiste el derecho de acusar de irracionalismo y antiintelectualismo al "hombre de la ma­
sa ; cabe preguntarse si el "hombre de la masa”
no tiene sobrado dercho d desconfiar de esta clase
de clercs, que no sólo le deja librado a su suerte
?lJ}° %ue pretende justificar su propia irresponsa­
bilidad social y política con bellas teorías, endil­
gándoles la responsabilidad por los males de este
mundo, y por añadidura trabajar intensamente por
la difusión de doctrinas retrógradas e inhumanas
como son las nazis o pronazis; cabe preguntarse si
quien profesa la concepción del mundo del aves­
truz (en el m ejcr de los casos) tiene derecho de
hablar en tono compungido del “ duro destino del
intelectual” .
Para el Sr. Ayala —expatriado, esto es. con cier­
ta experiencia histórica, y desde luego en un "ais­
lamiento” forzoso que por ello mismo no es aisla­
miento— el deber supremo del intelectual como
tal no es poner su inteligencia al servicio de cau­
sas justas, sino mantenerse alejado del combate” *
"en cuanto intelectual, deberá preservar, apartadas
e intactas, sus facultades, como un islote de razón
vigilante en una hora” , etc., etc.; "la lucha propia
del intelectual es la lucha por mantenerse fuera de
ella; su valentía consiste en huir del campo de
batalla” ; “ los peligros de la lucha, con ser tan
grandes, no igualan a los del apartamiento cons­
ciente, ni hay heroísmo que se compare al de la
irreductible soledad . Estas, que podrían parecer
“ brillantes paradojas” en tiempos más calmos —o
en salones wildeanos— son en los que corren afir­
maciones de suma gravedad; y si no son suficientes
para escalar cátedras, lo sen para merecr califi­
cativos muy severos, con mayor razón tratándose
de un sociólogo, que asi pretende desconocer la
función social del conocimiento y en consecuencia
de aquél cuya profesión es alcanzarlo, ampliarlo,
aplicarlo o difundirlo. El autor no da ejemplos
concretos en prueba de su teoría (y con ello se
muestra fiel a la metodología de muchos sociólo­
gos modernos: en una teoría absurda huelgan las
aplicaciones). Pero podemos ayudarle nosotros: el
intelectual ideal de Razón del mundo, el que ha
cumplido ccn sus preceptos ascéticos y asépticos,
es el que silencia su voz —y con ello su produc­
ción— bajo un régimen fascista.
Verbo y acto, protesta y creación, rebeldía y pro­
ducción, critica y construcción,* ¿no van acaso de
la mano como el sí y el no. como lo claro y lo
oscuro? Muera una y languidecerá hasta morir la
otra . Se objetará; también el acatamiento tiene su
voz. Es verdad: la voz del acatamiento, disfra­
zado de purismo y neutralidad, es por ejemplo este
libro Razón del mundo.
M. B.

•NUESTRO VIVIR TORTURADO” , por Ornar Tapella. Montevideo.
ü STE esbozo de una patología de la personalidad,
**"' fué premiado en el Concurso de Remuneración a
la labor literaria del año 1943 por el Jurado del
Ministerio de Instrucción Pública y Previsión So­
cial del Uruguay. El autor, que es médico, de­
muestra una preocupación nada frecuente entre
los graduados, por los problemas de su país en una
visión directa de la realidad. Si se hubiese ajus­
tado a un rigor científico, quizás el libro habría
alcanzado un ajuste mayor, A pesar de no querer
hacer literatura, hay en el libro abundante “ lite­
ratura” , no siempre de calidad superior. Las anéc­
dotas quieren asumir categoría de relatos. Pudo
ser un libro de cuentos de fácil realismo. El es­
critor que hay en este médico observador, quizás
nos dé frutos maduros y mejor sazonados, cuando
no relacione la medicina con la aparente ficción.
“ PECES TURBADOS” , de Venancio Viera. Un li­
rismo con serias perspectivas a condensarse en un
verso más riguroso, ofrece la perspectiva de este
poeta de auténtica visión y singular instinto de
escritor. Su imaginación es rica, pero deberá liber­
tarse, en adelante, de las influencias lorquianas a
las que se inclinan todavía, muchos jóvenes poetas
de la hora actual. Domina su mundo emocional,
pero el verso se ve, a veces, trabado por las exi­
gencias superficiales de una actualización de modos
no siempre felices. Seguramente estamos frente a
un escritor que por sus condiciones y su vocación
dará muestras de su talento en futuras obras. Apun­
ta. un temperamento que abriga el propósito de
originalidad. Es sincero, pero será potente cuando
se encuentre a si mismo.

FRANCE. Ediciones Victoria. Buenos Aires. 1945.
p recedido de un prólogo de Victoria Ocampo.
*
lleno de emoción y del cariño que todos sen­
timos por la noble Francia, este libro despliega,
en magníficos fotograbados, las bellezas del suelo
y la obra del genio francés. No puede hablarse de
Francia sin mentar el nombre de la Libertad y el
código sagrado de los Derechos del Hombre; sin
evocar, en las callejas de sus ciudades seculares, el
nombre de los grandes pensadores que nosotros,
argentinos, atesoramos en el fondo de nuestra cul­
tura y nuestra formación nacional.
El equilibrio, el gusto, la fuerza creadora del
pensamiento, la grancia sencilla de la Hélade, todo
ese conjunto prodigioso de la cultura francesa, se
engarza en la belleza de sus praderas, en su
impar naturaleza.
"Hay landas más ásperas que las de Bretaña
—dice Gide— praderas más verdes que las de Normandía, rocas más calientes que las de la campiña
de Arles, playas más glaucas que nuestras playas
de la Mancha, más azules que las de nuestro M e­
diodía; pero Francia tiene todo a la vez. La luz
de su genio, su lengua y su belleza se han propa­
gado por el mundo, han penetrado todas las cultu­
ras. Ño se puede amar a la propia patria sin amar
también a Francia” .
Hermoso homenaje a la Francia inmortal es este
libro, donde se ha unido, en edición amorosamen­
te cuidada, una fina muestra de muchas de sus
glorias del campo intelectual a una no menos
escogida selección fotográfica de viejas gloriosas
arquitecturas y poéticos paisajes.
CINCO AÑOS QUE CAMBIARON EL MUNDO.
M. Ilin. Ediciones Pueblos Unidos. Montevideo. Se
relee siempre con gusto este hermoso libro del
ingeniero Ilin, cuyo original y ameno estilo narra­
tivo conoce el lector argentino a través de su tan
difundida obra “ Las montañas y los hombres” . Ilin
es un enamorado de esa epopeya representada por
el titánico esfuerzo mancomunado de los hombres
en su lucha vencedora contra la naturaleza; y sabe
trasmitir tal fuerza a su relato que el lector se
identifica, emocionado, con las tareas de este nuevo
Hércules, el pueblo soviético, en sus primeros cinco
anos de lucha ininterrumpida para echar las baSes
de una nueva vida, más justa y más feliz ................
DOS MUNDOS; LOS EXPLORADORES DEL
PLAN QUINCENAL; LA DOMA DEL AGUA Y
EL VIENTO; EL PAIS DE LA ELECTRICIDAD'
MAESTROS DE HIERRO; NUESTRO ALIADO. LA
QUIMICA; LA LUCHA CON LOS KILOMETROS;
son algunos de los apasionantes capítulos de este
libro que conserva hoy toda su actualidad y ayuda
a comprender muchos aspectos del ‘‘ milagro sovié­
tico” , y de su aplastante victoria sobre el nazismo
destructor.
R. N.

CUADERNILLOS “ LILULI”
Hace ya dos años que, bajo la advocación de
Romain Rolland, salieron a las calles el fervor v
las palabras del Grupo “ LILULI".
Sus * cuadernillos militantes de prosa y poesía”
buscan la voz de los escritores jóvenes, pero sólo
la de aquellos que escribiendo aspiren a expresar,
en identificación armónica y total, su condición de
artistas y su condición de hombres.
Si bien vivimos tiempos que exigen más que
nunca esta conducta, tiempos de desprecio y de
esperanzas, en lo humano, tiempos de confusión
y desatino, en lo estético, “ LILULI” no hace de
esta conducta una postura transitoria. Con toda
la fuerza de su sangre joven siente que, cualquiera
sea la posibilidad creadora del artista, el espíritu
debe ser siempre el primer combatiente en la
causa del hombre.
De ahí que el robusto pensamiento de Rolland
encabece la marcha de "LILULI” , marcha sin pre­
mura pero continua que ha ofrecido * ya, junto a
la edición extraordinaria de NUEVE CANTOS del
hondo peeta santafecino José Pedroni.
JORNADA DEL HOMBRE. Poemas, de Guillermo
Etchebehere.
TIEMPO DE MORIR Y TIEMPO DE NACER. Cuen­
tos, de Felipe Rossi.
LA CLAVE ENCANTADA. Títeres para niños, de
Carlos Gorostiza.
TODO VA BIEN. Esbozo de novela, de Floreal
Mazia.
REGRESO DE LA
Oscar Arverás.

ESPERANZA.

Poemas,

de J.

ESTE GRIS ENUNCIADO. Poemas, de Alejandro
González Gattcne.
EL RULO. Cuentos, de Valentín Fernando.
LA ESCUELA EMOTIVA. Ensayo, de Luis F,
Iglesias.

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HOMBRES

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Este libro genial enseña, en un
lenguaje tierno y simple, el secre­
to mundo de las cosas naturales
y el poder del hombre frente a
las fuerzas de la naturaleza. “ Lo
que un solo hombre no pueda lle­
var a cabo, una comunidad entera
tendrá fuerzas para hacerlo” , dice
el autor explicando cuál ha sido
la labor del hombre en la cons­
trucción socialista.

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DEFENSA DEL REALISMO
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El prestigioso ensayista argentino,
publica en este libro, una serie
de conferencias que revelan su
madurez intelectual, de las cuales
la primera sirve de título a la
obra. Los problemas de la crítica:
Los problemas de la novela; A ní­
bal Ponce o el destino de la inte­
ligencia; son otras de las confe­
rencias que integran este valioso
volumen.

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ASI SE FORJO EL ACERO
Nicolás Ostrovski
Con prólogo de Romain Rolland.
Esta novela autobiográfica, tradu­
cida a todos los idiomas y lleva­
da al cine soviético, une a su ex­
traordinario sabor humano el va­
lor del momento histórico en que
se desarrolla, admirablemente re­
flejado.

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CERVANTES
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Originalisimo estudio de Cervan­
tes y de su creación literaria, a
la luz del pensamiento filosófico
materialista, realizado sobre una
magistral visión de la decadencia
del imperio español en la época
de Felipe II.

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Magníficamente editada aparece
esta magistral novela, todavía des­
conocida en forma completa para
el público argentino. La trayecto­
ria de entrega y de traición que
ei proceso a Petain y los crimina­
les de guerra franceses actualiza,
surge vivida, candente, de la plu­
ma de este excepcional observa­
dor de la realidad de su época.

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la vida de un diario, una estación
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le correspondía preferencia sobre un pedido nuevo...

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y, por lo tanto, esperó más tiempo...

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• Es posible que lo hubiera pedido después que usted, co rre s­
pondiéndole la preferencia por las actividades que desempeña,
de acuerdo con el régimen de prioridades en vigor...

H istoria del lib ro ,
por N. I l i n .......................... . S 1.50

• O tal vez la circunstancia de que existiera línea para esa
manzana permitió proporcionarle servicio telefónico, porque le
correspondía por turno.

Mientras subsista la escasez de materiales, a raíz de la cual se han adoptado las
disposiciones que determinan el turno de la asignación de servicio telefónico, no
nos será posible satisfacer los pedidos nuevos pendientes sino en la medida en
que lo permitan las vacantes que se produzcan en nuestras instalaciones.
Por esas razones, le rogamos tenga la certeza de que, dentro de las posibilida­
des existentes, su pedido será atendido con la mayor celeridad.

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�ARQUITECTURA
Y URBANISMO
Dirige
FERMIN BERETERBÍDE

LA NUEVA
CIUDAD DE SAN JUAN
A fines de mayo se conoció la resolución del Gobierno de reconstruir la ciudad de

San Juan en el lugar que ocupaba antes del terremoto. A o se han divulgado aún
las razones determinantes

F ig . 2 . P la n g e n e ra l de la

p ro p u e sta

ciu d ad

de San Ju a n .

El presente articulo es un comentario al ante-proyecto preparado por la primera
Comisión de Urbanismo que actuó en el Ministerio de Obras Públicas durante los me­
ses de febrero a junio de 1944, integrada por los arquitectos Ernesto E. Vautier, Car­
los Muz zio, Jorge Lima y el suscrito.

El lugar. — La región de San Juan es de llu­
vias insuficientes; la vida humana depende del
riego. El valle del río San Juan (fig. 1) es la
principal zona productora de la provincia. Los
nuevos y mejores viñedos se hallan en la margen
opuesta a la de la Capital, a distancia de 10 a
80 Kms. de la misma; los viñedos inmediatos
al sur de la ciudad, son de viejas cepas colonia­
les; enfermos, improductivos, van siendo aban­
donados y reemplazados por olivares y huertas.
Toda la región es sísmica y razones económicofuncionales requerían que la nueva ciudad no se
alejara de las zonas de cultivo, de las bodegas,
comunicaciones y demás factores que constituyen
la riqueza social regional. En consecuencia, la
nueva ciudad, en cualquier parte de la zona que
se construya, deberá hacerse con estructuras antisismicas. En la elección del sitio y en su tra­
zado, la referida Comisión no consideró el pe­
ligro de los terremotos. La creación de la nueva
ciudad debe ser regulada principal, por no decir
exclusivamente, por normas urbanísticas; son és­
tas las que determinaron a aquel organismo a
proyectar su reconstrucción en el m ejor baldío
contiguo al amanzanamiento existente, en el lugar
de las viejas cepas y en parte del ejido actual;
su nuevo centro se hallaría a menos de 4 hilómetros del viejo.
Ciudad de distritos funcionales. — El estudio de
la Comisión de Urbanismo (fig. 2), organiza el
trazado de la nueva ciudad en distritos fundados
en sus diferentes funciones esenciales &lt;fig. 2 bis).
Los usos atribuidos a cada distrito se establecen
de acuerdo con la índole y el horario de las acti­
vidades y con la frecuentación y características del
público. Así los barrios residenciales (Unidades
Vecinales) no aceptan nada que contraríe la vida
apacible y sana, pero no omiten actividad comer­
cial o industria] alguna de las requeridas diaria­
mente por la familia. De igual modo, en el dis­
trito céntrico no se admite la vivienda privada,
reñida con la.fu n ción de las tiendas, bancos, ci­
nes y hoteles; y además, carente de la tranquili­
dad que el hogar reclama, y de la seguridad y
espacios libres que requieren los niños. En este
mismo distrito, el centro bancario y de escritorios,
cuya actividad dominante se desenvuelve alrede­
dor del mediodía, tiene horario y clientelas di­
ferentes del de las de tiendas y diversiones, cuyas
actividades se hacen preferentemente desde el me­
diodía hasta avanzada la noche.
Por estos motivos, el centro financiero, el de
los negocios minoristas, el de los hoteles y es­
pectáculos, el de los mayoristas, el de la industria
general, etc., conforman distritos exclusivos y
colindantes. Los núcleos gubernativos y eclesiás­
ticos componen conjuntos monumentales con sus
alas de edificio de amplias perspectivas; el nú­
cleo comunal contiene la Municipalidad, el Tea­

tro y la Escuela de Arte, el Museo y la Biblio­
teca, entre explanadas, y ligados con pórticos.
La creación de composiciones monumentales con
arquitectura sencilla, como corresponde a una ca­
pital de provincia, no se puede lograr con la
cuadrícula colonial de nuestras viejas ciudades;
el actual —y tan viejo— concepto arquitectural
de la edificación desplegada, la libertad de com­
poner con masas construidas y sus volúmenes
espaciales comprendidos, las perspectivas variadas
abiertas y cerradas, no se concilian con el cua­
drado bordeado por las calles iguales con edifica­
ción heterogénea, de la ciudad colonial.
Distritos residenciales. — La Unidad Vecinal (fi­
gura 3 ), elemento primario de la organización
urbana, consiste en una agrupación de familias,
suficiente para llenar un grupo escolar completo
de seis grados con su jardín de infantes, comedo­
res y gimnasio. Partiendo de las necesidades del
niño, la Escuela constituye el centro de la Unidad
Vecinal y dista menos de 500 metros de la vivien­
da más alejada; dentro de esta Unidad, el reco­
rrido se podrá hacer por veredones arbolados o
a través de parques sin circulación vehicular.
Cada Unidad Vecinal (de unos 5.000 habitan­
tes) conforma un alveolo de la ciudad bordeado
por las avenidas parques (fig. 4) -—radiales y de
cintura— del sistema vial urbano: por estas ar­
terias, sobre calzadas separadas, circulará el trán­
sito general de cargas y el veloz de rodados para
personas, con cruces y paradas muy espaciadas.
Dentro de la Unidad Vecinal, el tránsito, para
servicio local exclusivo, será lento (fig. 5 ), sin
ruidos ni peligros; como le bastan calzadas an­
gostas y económicas, los jardines y las frondas
constituirán su mayor superficie y ornato.
El abastecimiento diario se hará mediante gru­
pos de pequeños negocios (almacenes, carnicerías,
panaderías) que no disten más de 200 metros de
cada hogar; pero el núcleo activo de cada unidad
vecinal, situado junto a su parque respectivo.

F ig . 2 (b is ) - Z o n ific a c ió n p a ra la n u e v a c iu d a d , según el
uso d el su e lo . En lu g a r d el caos y la d is p e rsió n de la s
c iu d a d e s a c tu a le s se cre a un cuerpo c o n fo rm a d o por e le ­
m entos u rb a n o s (lo s d is tr ito s ), c la ra m e n te d e fin id o s como
los ó rg a n o s v it a le s de los sere s v iv o s . " U . V . " : U n id a d e s
V e c in a le s , s e p a ra d a s p o r la s a v e n id a s p a rq u e s (v e r f ig . 4)
(en ca d a centro su g ru p o e s c o la r); 1) D istrito g u b e rn a tiv o ;
2 ) centro e c le s iá s tic o ; 3 ) c in es, te a tro s, ho teles de p rim e ra
c a te g o ría ; 4 ) m ercad o y centro d el tu rism o ; 5 ) d is trito de
neg ocio s y tie n d a s de la p rim e ra e ta p a ; 5 ') ídem d el d e s­
a rro llo fu tu ro ; 6) centro m u n ic ip a l — v e r f ig . 6— ; 7 ) 7 ')
centro b a n c a rio y de e sc rito rio s ; 8) d istrito de m a y o ris ta s ;
10) m ercad o s de a b a s t o ; 11) lo ca l de fe ria s y e x p o s ic io n e s ;
12) e sta c ió n ún ica de fe rro c a rrile s y ho teles de a g en tes co­
m e rc ia le s ; 13) p la y a s fe r r o v ia r ia s y d istrito de d e p ó sito s;
14) d istrito s in d u s tria le s .
De ig u a l modo que los d is trito s , la s v ía s de trá n sito — s is ­
tem as c irc u la to rio s de p ea to n e s y de ro d a d o s— e stán c la ­
s ific a d a s com o la s a rte ria s , v e n a s y v a so s según el v o lu ­
m en, tip o y n a tu ra le z a d el trá n sito . Los " v e r d e s " (v ere-

13

*7 ~

lp

N u e v o EM
rg p b o p u e í
TO POQ L&amp;
(CMI510N.
ZO N A
v ,6 i c 5 . n ,
V l r t E Sc cOs ’ -

*
F ig . 1 - R eg ió n de San J u a n . El lu g a r p rop uesto p a ra la
n u e v a c a p ita l es el m ás a lto y de m ejor suelo de la s in ­
m e d ia cio n e s; con el d e s p la z a m ie n to se lib e ra de la s c in tu ra s
f e r r o v ia r ia s , de los cru z a m ie n to s p or la s ru tas p rin c ip a le s
de la re g ió n y d el a n tic u a d o d am ero de la v ie ja c iu d a d .
" A . J . " : P o sib le s a ld e a s ja rd in e s d is e m in a d a s p or la s zo n as
de los c u ltiv o s , junto a v ía s , cam ino s y b o d e g as, o rg a n iz a n
la in d u s tria liz a c ió n , reducen los tran sp o rte s y crean núcleos
de v id a c u ltu ra l.

de la ciu d a d — co n stitu yen un siste m a re sp ira to rio com pleto
y o rg a n iz a d o ; no d isp erso como los clá sic o s p a rq u e s , p la ­
z a s y p a se o s de nu estras c iu d a d e s. O b sé rv e se que los p a rq u e zu elo s v e c in a le s u b icad o s junto a sus núcleos c o m e rc ia ­
les re sp e ctiv o s — v e r f ig . 3— p or h a lla r s e in m e d ia to s a l
centro a c tiv o p rin c ip a l de la ciu d a d co n fo rm an un conjunto
de p a rq u e s que e n vu e lv e n el centro y lo p en e tran m ed ian te
la g ra n P la z a ; el m a y o r v e rd e donde m ás se n ecesita (ló ­
g ic a , fu n c io n a lis m o , e sté tic a ).

�F¡9- 3 - U n id a d V e c in a l - 1) G ru p o e s c o la r; 2 ) g rup o s de
n e g o cito s; 3 ) m a n z a n a t íp ic a ; 4 ) núcleo a c tiv o (n e g o cio s,
c in e , e sc rito rio s , e tc .); 5 ) d e p a rta m e n to s; 6) centro g u b e r­
n a tiv o p r o v in c ia l; 7 ) C entro de ho te le s y d iv e rs io n e s — v e r
*'9- 6— ; 8 ) g ra n p la z a ; 9 ) p a rq u e s ; 10) a la m e d a s p a ra
p e a to n e s; 11) c a lle s p a ra el trá n s ito lo c a l; 12) c a lle s re ­
s id e n c ia le s ; 13) a v e n id a s p a rq u e s — v e r f ig . 4 — (d e g ra n
c ir c u la c ió n ); 14) a u t o v ía .
D esde ca d a c a s a , h a c ia una u o tra e sq u in a se te n d rá a cceso
a una a la m e d a p a ra p erso n a s (p ea to n e s y b ic ic le ta s e x c lu ­
s iv a m e n te ) o a una c a lle de trá n sito (o b sé rve se la d ife r e n ­
c ia c ió n de d iv e rs a s c a lle s en la u n id a d ).

reunirá eficaz y armoniosamente todo lo que re­
quieren las necesidades físicas y espirituales de
su población (fig. 6 ). Así este núcleo activo com ­
prenderá los locales de negocios con sus recovas
y terrazas hacia el parque, las oficinas de profe­
sionales en un alto, los cines, cafés y el club so­
cia l; otro conjunto anexo — de vida más restrin­
gida— contendrá las reparticiones oficiales —ban­
cos, correos, juzgados, registro civil, comisaria,
asistencia—, compuesto de edificios diversos con
sus accesos, estacionamientos, plazoletas y terra­
zas propias; la iglesia con su casa y jardín parro­
quial, el campo deportivo y los bloques de depar­
tamentos completarán el núcleo de cada Unidad
\ecinal. De igual modo que en la nueva ciudad
en su conjunto, en cada uno de sus distritos y en
cada una de las partes de éstas regirá siempre el
orden, la variedad y la eficacia que admiramos
en los organismos vivos. San Juan puede ser,
p or la calidad de su suelo y el riego, una brillante
conjugación de las arquitecturas con la natura­
leza.
Distritos activos. — En los demás barrios — co­
merciales, industriales y otros— se propone simi­
lar especialización por afinidad; de aquí resultan
amanzanamientos y calles diferentes. Por la di­
versidad de sus aspectos, cada distrito de uso dis­
tinto tendrá una personalidad bien definida.
Los distritos más activos están dispuestos alre­
dedor de la Gran Plaza; así, el centro de tiendas
y negocios (con los talleres y escritorios de pro­
fesionales en altos), por su función de venta para
un gran público atraído por las compras, las vi­
drieras y su propia contemplación requiere mu­
chos pasajes, recovas, galerías, patios y plazuelas
— que todo esto cabe y conviene— exclusivos para
los peatones. Los vehículos para personas bor­
dearán este distrito, o junto con los de carga, lim ­
pieza y mudanza penetrarán en el interior de las
manzanas; aquí los patios comunes asegurarán el
estacionamiento y facilitarán, fuera de la vista del
público, el acceso a las trastiendas, talleres y es­
critorios. La cada día menos soportable interfe­

rencia de peatones y rodados no tiene por qué
repetirse en la nueva San Juan; la gente podrá
en cada distrito marchar tan libremente como
convenga, ya que no es difícil separar, cuanto sea
necesario y deseable, los rodados de los lugares
por donde va el peatón y, si se quiere, bicicletas y
jinetes. Es absurdo aceptar como único espacio
del peatón el peligroso sendero apretado entre
muros y rodados, que es la vereda del presente.

mente; las ilustraciones permiten suplir la omi­
sión (Fig. 7, 8 y 9 ).
Proceso de reconstrucción. — A los dos años y
medio del terremoto, la población que hoy no
ocupa las casillas de emergencia levantadas por
el gobierno nacional, habita en casas de amigos o
parientes de los contornos o en chozas precarias
de tablas y barro, construidas en los fondos de las
casas derribadas.

Contiguo al de las tiendas estará el distrito de
los teatros, cines, hoteles, confiterías y negocios
de lujo y ambos bordearán la Gran Plaza, sin cal­
zadas interpuestas; de tal modo, los sitios de ma­
yor concentración y vida activa en el día y en la
noche dispondrán del más amplio espacio libre
para desahogo y reunión. Este Foro Sanjuanino
— adonde no accede el rodado— dispondrá, como
corresponde a su función y paraje, de estanques
florales, bosquecillos, alamedas con estatuas y ex­
planadas embaldosadas. (En San Juan, el césped
es lujo oneroso, pero el árbol se desarrolla mag­
níficamente.)

Prácticamente, toda la población requiere nuevo
alojamiento: las casas que puedan repararse son
muy pocas; la casi totalidad construida con ado­
bes, se ha derrumbado. Con excepción de las cal­
zadas y de los conductos sanitarios, todo, en San
Juan, deberá ser rehecho.
Definido un ante-proyecto como el expuesto y
la nueva localización, el Estado expropiaría la
superficie necesaria para la población actual y
futura.

Frente a los otros dos costados de la Gran Plaza,
pero separados de ésta por las dos principales
avenidas-parques, que cruzan la nueva ciudad, se
hallarán: el distrito financiero (bancos, agencias,
escritorios de comercios, restaurantes, etc.) y el
de los departamentos de lujo. En este último

La reconstrucción se haría por etapas, mediante
yuxtaposición de manzanas, sin dejar baldíos in­
termedios. Sobre los lotes adjudicados con este
criterio progresivo, se levantarían al mismo tiem­
po las viviendas, la escuela, los comercios y la
industria, comenzándose con una o más unidades
vecinales. Simultáneamente se construirían los
servicios públicos, obras sanitarias, electricidad,
riego, pavimentación y arbolado.

F ig . 7 - P e rs p e c tiv a del cen tro c ív ic o y d el cen tro e c le s iá s tic o . En p rim e r té rm in o a la iz q u ie rd o el cen tro de s a la s de e sp ec­
tá c u lo s y h o te le s de p rim e ra c la s e . M á s a r r ib a la C a te d ra l con sus a trio s y ja rd in e s , su c a m p a n a rio y c a sa a rz o b is p a l.
B o rd e a n d o la e x p la n a d a c ív ic a se e n cu en tra n lo s e d ific io s d e l G o b ie rn o p ro v in c ia l y m ás a trá s el P a rq u e C e n tra l que
s ir v e a la s z o n a s re sid e n c ia le s .

— como en las Unidades \ecinales— no se mezclan
la residencia individual con la colectiva, de ca­
racterísticas incompatibles. Los bloques de los
departamentos se desarrollan aquí en alas exten­
didas con las fachadas de habitación orientadas
hacia el norte, delante de parques y con jardines
al pie; la parcela angosta, el patio cerrado, los
cercos divisorios y las habitaciones sombrías y
muchos otros defectos desgraciadamente demasia­
do conocidos, no se conciben en un trazado racio­
nal como el propuesto.
Los distritos financieros de mayoristas, indus­
triales y otros, así com o sus sistemas ferroviarios,
de parques y deportes y vial, no se describen en
el presente artículo para no extenderlo excesiva-

F ig . 4 - A v e n id a p a rq u e - D iv e rs a s c a lz a d a s p a ra ro d a d o s y v e lo c id a d e s d ife re n te s . C ru &lt;es y p a ra d a s p a ra p a s a je r o s d is ta n c ia d a s (g ra n v e lo c id a d ),
A rb o la d o p ro fu so en lu g a r
d e ja rd in e s (s o m b ra , fr e s c u ra , c o lo r, e c o n o m ía ).

Iniciada la construcción de las primeras unida­
des vecinales se levantarían sus centros de barrio,
se procedería al replanteo de la red vial y de la
forestación, y se comenzaría la ejecución — aun­
que parcial— de los centros de gobierno, de nego­
cios. bancario y de escritorios. Conjuntamente, se
iniciarían los centros mayoristas, de depósitos y
abasto.
Los edificios públicos se irían construyendo,
completos los de barrio cuya utilización desde el
primer día es integral y definitiva «juzgados, re­
gistros, comisarías, dispensarios, etc.) ; los de ma­
yor envergadura y que por su naturaleza se des­
arrollan con el aumento de la población ( centros
gubernativos, hospitalario, etc.) se harían por eta-

F ig . 5 - C a lle re s id e n c ia l.
C a lz a d a s a n g o s ta s sin co rd o n e s.
A rb o le s en e n fila d a o no
so b re la v e re d a m ás a s o le a d a .
R e tiro de e d ific a c ió n sin cerco s (s o m b ra , v a r ie d a d , e c o n o m ía ).

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F ig . 6 - D istrito s cén trico s - G ) nú cleo g u b e rn c tiv o p ro v in c ia l: g) g o b e rn a c ió n ; j) ju s tif ic ia ;
0 ) o fic in a s de a b o g a d o s ; c) co n g reso ; m) M in is te rio s ; cg) c a sa del g o b e rn a d o r; th) tem plete
h is tó ric o ; ec) e x p la n a d a c ív ic a ; a c ) a la m e d a de los c o rtejo s.
1) N úcleo M u n ic ip a l: i) In te n d e n c ia ; c) Concejo D e lib e ra n te ; t) te a tro y e scue la de m úsica y
d e c la m a c ió n ; m ) m useo, e scu e la de a rte s y c la u stro de e sc u ltu ra s; b) b ib lio te c a .
E ) N úcleo e c le siá stic o : c) c a te d ra l y c a m p a n a rio ; s) s e m in a rio ; ca ) c a sa y cla u stro a rz o b is ­
p a l; n) neg ocio s de c u lto ; p p ) p la z a de la s p ro ce sio n es.
T) N úcleo p rin c ip a l de tie n d a s , neg ocio s y e scrito rio s de p ro fe s io n a le s : n) n e g o cio s; p r)
p a s a je con re c o b a s; p ) p a tio s p o rtica d o s o e m p a rra d o s p a ra c o n fite r ía s ; c) c a lle s in te rio re s.
I i) N ú cleo sec u n d a rio de tie n d a s y negocios (fu tu ra e x p a n s ió n d el núcleo p rin c ip a l).

n 1 n
m u LD

H) N úcleo de e sp e ctá cu lo s, ho te le s y negocios de tu rism o : ct) cines y te a tro s sob re la p la ­
z a ; h) ho teles de 1? c a te g o ría ; n) n e g o cio s; t) o fic in a s de tu rism o , correos y e stació n d e
los ó m nib us de e xc u rs ió n y re g io n a le s .
M^ M ercad o p rin c ip a l; pe) p a tio s interno s p a ra ca rro s.
F) N ú cleo fin a n c ie ro : be) b a n co s, c a ja s y seg u ro s; e) e scrito rio s c o m e rc ia le s; p ) p a tio s d e
acceso y e sta c io n a m ie n to ; v ) v e re d o n e s a rb o la d o s ; p e) p a s a je p o rticad o p a ra p e ato n e s.
B) N úcleos a c tiv o s de u n id a d e s v e c in a le s : n) n e g o cio s; m ) m ercad o ; rj) re g istro y ju z g a d o ;
c) c o m is a ría y b o m b ero s; g ) g a ra g e y e sta c ió n de s e rv ic io ; b ) b ib lio te c a ; i) ig le s ia p a rro ­
q u ia l; d ) d e p a rta m e n to s; r) m a n z a n a s de c a sa s in d iv id u a le s .
G P ) G ra n P la z a : b ) b o sq u e c illo s; a a ) a la m e d a y a lb e rc a ; e) e sta n q u e ; v ) e x p la n a d a s ).

Fig 8 - C e n tro M u n ic ip a l. A la iz q u ie rd a — d el lecto r— la In ten d e n cia y el Concejo D e lib e ra n te fre n te a la e x p la n a d a ;
luego el M useo de A rte s con el cla u stro de la s e sc u ltu ra s; d e la n te , la B ib lio te c a y a c o n tin u a ció n el T eatro y e l C o n­
s e rv a to rio (o b sé rve n se los g ra n d e s esp a cio s p a ra ios p e a to n e s). A la d erech a los neg ocio s — con re co b a s— , los p a tio s
de la s c o n fite ría s y los accesos p a ra los ro d a d o s.

F ig . 9 - P e rsp e c tiv a de una nu eva a ld e a . El núcleo lo c o n stitu ye el g rup o e sc o la r, con seis g ra d o s , k in d a g a rte n y b ib lio te c a .
El centro c o m e rcial lo c o n stitu ye la p la z a con los ne g o cio s, d iv e rs io n e s , ig le s ia y o fic in a s p ú b lic a s .
Rodean e sta a ld e a
— u b ica d a junto a una b o d eg a — los lotes de los v iñ a te ro s . Se ha q u e rid o q u e , a s í como h a y que lle v a r a la ciu d ad
lo s b en e ficio s de la n a tu ra le z a , lle g uen a l a g ro la s v e n ta ja s de la c iu d a d , (v e r f ig . 1).

pas, de conformidad con un plan y planos com­
pletos de previsión para cada composición arqui­
tectural. El propósito es el de ir llenando siempre
las necesidades en cada etapa en forma progre­
siva. paralela con el normal desarrollo de la vida
colectiva, con un criterio de inversiones ajustadas
y eficientes, vale decir, económico y remunerador.
Con un fin semejante e igual criterio, desde el
primer momento se determinarían los distritos
industriales y sus unidades vecinales; de tal ma­
nera estas zonas, como las demás, se desarrolla­
rían desde el principio con carácter estable y
definitivo. Donde el loteo urbano —y por ende la
edificación— termine, comenzará nítidamente el
campo, arrendado provisionalmente para huertas
y granjas.
Hacer las cosas y hacerlas bien. — Como se dijo
al comienzo, ya se ha resuelto reconstruir la ciu­
dad en el lugar de las ruinas. ¿Es ésta una deci­
sión definitiva, irrevocable? Esperamos que no.
No conocemos las determinantes de tal resolu­
ción, pero tenemos justificadas dudas de que el
proyecto estudiado para el viejo damero cumpla
las directivas urbanísticas y — por ende— satisfaga
las necesidades presentes y futuras de una vida
urbana racional.
¿Es aventurado afirmar la imposibilidad de or­
ganizar sobre la absoluta cuadrícula colonial una
tan nítida separación de funciones y de tránsitos
como la expuesta, sin su total modificación? Y
de renunciarse a su mantenimiento, ¿qué quedaría
del damero que sea respetable, tanto como para
no preferir un planeo racional y sin compromisos
en un lugar baldío?
Evidentemente, las posibilidades antes apuntadas,
que no por simples dejan de ser extraordinarias,
no se pueden realizar con una modificación ligera
del damero colonial; por ello, la mencionada Co­
misión de Arquitectura, que consideró imperativo
el planeamiento de una ciudad adecuada, desde el
primer momento percibió la imposibilidad de con­
ceder a San Juan, sobre el viejo casco, las inmen­
sas proyecciones de un trazado urbanístico integral.
Preferir, por razones escondidas, una “ solución
práctica” (que no sería solución ni práctica) sig­
nifica renunciar a la única posibilidad que hasta
ahora ha tenido el país de levantar la mejor y
más hermosa de sus ciudades.
La Nación posee técnicos, técnica y riqueza que
le permiten crear una ciudad modelo. ¿Se dejará
malograr una oportunidad que no volverá a re­
petirse?
F. H. B.

0

�LOS FRESCOS DE
SIQUEIROS EN CHILLAN
TOMAS LAGO
se inauguró la Escüela México de Chillón, en marzo de 1941, la gran
sensación de aquel acto era, evidentemente, ver las decoraciones que David
Alfaro Siqueiros —-el gran pintor mexicano— había hecho en los muros de la
biblioteca. Aun recuerdo, en medio de un público tumultuoso que se había desbor­
dado por todos los ámbitos del edificio, cómo en un momento determinado se había
localizado la atención del público junto a la puerta cerrada del segundo piso frente
a la escala. Aquella puerta daba acceso a la biblioteca y allí estaban las pinturas
de Siqueiros.

C

D e ta lle .

Fran cisco B ilb a o y el in d io
C o m p o sició n c h ile n a .

D e talle

D e ta lle .

del

m uro

G a lv a rin o .

m e xica n o .

L á za ro C á rd e n a s y B enito
Co m p o sició n m e x ic a n a .

Ju á re z

UANDO

Se había perdido la medida para llegar primero
a ese sitio. El mundo oficial incluso, formado
por embajadores, militares y políticos estuvo jun­
to a aquella puerta hermética esperando mezcla­
do en abigarrada compañía. La escuela significa
un obsequio que representa — con sus habilitamientos, piscina, sala de sport.— más de dos mi­
llones de pesos, sin considerar las pinturas de
Siqueiros. En Chile la Escuela México es el úni­
co edificio que ostenta decoraciones hechas di­
rectamente en el muro.
Cuando se abrieron aquellas puertas que du­
rante mucho rato habían contenido difícilmente
a la muchedumbre, se produjo un sentimiento de
perplejidad ante la sensación de color vivo, de
violentas oposiciones, de las dos paredes de fon­
do. La gente se agrupó al pié de ellas en silencio.
Esto significa cabalmente que lo que había allí
era totalmente inesperado, fuera de las convencio­
nes decorativas conocidas.
¿Cóm o podríamos describir el trabajo del no­
table artista mexicano? ¿Cóm o podríamos descri­
bir nuestra propia sensación? Pasados ya cuatro
años de aquel día, aun pensamos en medio de una
atmósfera de incertidumbre. Nuestro conocimien­
to de la pintura de Siqueiros obstruye una impre­
sión espontánea de la cual podría salir un con­
cepto clarificado de su arte, (habíamos visto
algunos retratos suyos, reproducciones, y un cua­
dro que hay en el Museo de Arte Moderno de
New Y ork ). Habíamos oído aquella frase, tan
repetida dentro de su lenguaje, de la “ elocuencia
plástica” , todo lo cual en un momento dado ami­
noraba los efectos de una primera impresión; sin
embargo esa impresión subsiste todavía en nos­
otros y a base de ella escribimos este artículo.
DESCRIPCION DE LA OBRA.
Al entrar en la sala, cuyos ventanales dan hacia
la calle por el oriente, se abarca por un movimien­
to de mirada toda la obra; la pared de la dere­
cha correspondiente a representaciones chilenas y
la pared de la izquierda a representaciones me­
xicanas, se unen en el techo mediante una com­
binación de planos articulados que forma la rela­
ción en un todo de las dos composiciones. Estas
vienen a ser en su materialidad plástica como
corrientes visibles de la historia que desembocan
allí en un tráfago incontenible de formas y ale­
gorías. Los colores predominantes son el rojo y
el negro, opuestos casi siempre en planos cerra­
dos, que modifican a veces el gris ceniza y el
amarillo. La objetividad es de formas concretas,
sensibles en un movimiento violento de fuerzas

histórico del pueblo mexicano y el pueblo chileno
respectivamente. Cortes en triángulos y segmen­
tos como puntos de vista o iluminaciones espec­
trales hacen girar o destacan aspectos determina­
dos de la obra, dándole una especie de profundi­
dad mágica a sus elementos.
En el muro mexicano las figuras centrales son
los dioses aztecas, entre los cuales se distingue
el rostro terrible de Huitzilopochtli, que maneja
un arco tenso de dobles alas; en confuso tropel
pasan sobre un hombre de rostro nazareno derri­
bado que ostenta un hierro clavado en el pecho.
A la derecha suben Benito Juárez. — rostro cobri­
zo. puño de hierro y negra levita legal, junto a
Cárdenas que levanta una mano enfundada en
guante blanco mientras con la otra sostiene la
doctrina de la revolución. A la izquierda la fi­
gura de Morelos, Hidalgo y Zapata vienen detrás
de la Adelita de la canción, que con grandes ma­
nos de pueblo los sostiene, surgida de unos pris­
mas de diamante. Sobre el cieloraso la cruz ca­
tólica preside como una visión esta pared.
En el muro chileno la figura central es el
indio Galvarino. héroe de la rebelión indígena
contra los españoles de la conquista, agitando
con alarido salvaje, los muñones sangrientos de
sus brazos cortados, en una carrera loca sobre
la sala; junto a su rostro aparece la cabeza rubia
y noble de Francisco Bilbao, ideólogo espiritua­
lista del siglo xix, discípulo de Lammennais. acu­
sado de blasfemo por la reacción chilena. En
tumulto de puños y de lanzas, pasan sobre las
armaduras de guerreros españoles derribados. A
la derecha O’Higgins, el fundador de la República,
levanta la bandera de Chile y en un claro espi­
ritual, que se produce donde va termina el muro

TECNICA Y DOCTRINA.
Característica de la nueva técnica de Siqueiros
es la modificación expresa del muro recto en
cóncavo que modifica el rectángulo clásico. Am­
bas paredes han sido arregladas en sus ángulos
para unirlos en una perspectiva total que vence
la geometría de los planos. Desde cualquier pun­
to de la sala puede empezarse a mirar la obra
pictórica como una concepción de unidad. A su
vez las líneas de la pintura, lanzas y otras rectas
visibles pasan de la pared vertical a la horizontal
del techo sin quebrarse ni perder su estricta ob ­
jetividad, pero el pintor se atreve todavía a más;
pinta sobre el techo
que está más cerca del

�PINTURA Y GRABADO
Dirige
ANTONIO BERNI

u e

h

la

H i s t o r i a

a s i g n a r á

espectador y en una oposición geométrica de
90°— el segundo plano o fondo de la obra que
se proyecta sin embargo hacia arriba y hacia
atrás.
—“ Y o he buscado — dice Siqueiros— algo que
vaya más allá de la pintura al fresco cuyo esta­
tismo me parece inadecuado para una pintura
destinada al gran público o las masas. Por esto
he querido ir a una cohesión de procedimientos
expresivos. La pintura al fresco es a mi juicio,
como les d ir ía ..., giottesca en una época en que
el Giotto no es posible. Como en cierto período
del arte cristiano en que se trabajaba con medios
paganos, no podemos llegar donde queremos si
no usamos procedimientos nuevos, por esto, he
querido movilizar la pintura desde un sentido
total para darle fuerza a su objeto de acuerdo con
los elementos válidos de nuestro tiempo. Creo
que mi pintura es a la pintura al fresco lo que
el cinematógrafo es a la cinematografía” .
Por de pronto se trata de una teoría entera­
mente nueva de la pintura mural que trastorna
todos los conceptos conocidos. Siqueiros aprove­
cha para su trabajo los medios más perfecciona­
dos de la industria moderna. La decoración de
Chillón está toda realizada con pintura de auto­
móviles, duco, piroxilina empleada de la misma
manera que se pinta un coche por medio de so­
plete. Trabajando el artista vestido de overoll,
salpicado de colores, al levantar pesadamente los
pistoletes pulverizadores no es más que un obre­
ro en la obra.
El procedimiento cambia mucho. A menudo se
emplea en ricos empastes, a veces en superficies
lisas de colores planos. En cierto modo la mura­
lla es como un gran cuadro que no conserva ese
revoque parejo del fresco, que hace que la pin­
tura surja desde adentro como a través de un
tamiz confiriéndole cierto estatismo ritual de per­
manencia. Siqueiros hace pintura en grandes di­
mensiones.
UN ARTE SOCIAL PARA AMERICA.
Sin pronunciarnos sobre los puntos de vista
que pueden barajarse en pro o en contra, lo que
nos parece interesante —y esto alcanza a toda la
pintura mexicana— es su rehabilitación como arte
social. La pintura de nuestro tiempo se moría
de élite, sólo estaba hecha y preparada para mi­
norías cada vez más estrictas. El cubismo y el
surrealismo habían llegado a resultados extremos
a costa de la vitalidad de la pintura como arte
histórico. A todo esto, entre nosotros no había
tenido tiempo de existir. Mientras en Europa
crepuscular eso aparecía como la declinación na­
tural de un proceso de cultura, en América estas
expresiones aparecían como la sombra de una
realidad que no habíamos conocido. Se hablaba
seriamente de la agonía de la pintura. Para ella
no había sitio en la arquitectura moderna. Las
grandes épocas del retrato, del paisaje, podían
declararse cerradas. No se necesitaba la pintura.
Mas he aquí que de pronto, ella adquiere un
carácter funcional puesta en el edificio de utili­
zación colectiva, llenándolo todo con su ense­
ñanza y su revelación material. Esto es lo que
hay que estimarle a la pintura mexicana; ella,
buscando la solución de su propio problema so­
cial y’ político, ha planteado de nuevo los funda­
mentos mismos del arte en su primera ley: la
necesidad de su existencia, su utilidad y destino
humanos. Las proyecciones que las pinturas mexica­
nas tienen en Chile no podemos todavía calcularlas
|¡¡L in te le ctu al chileno Tom ás La g o , n a cid o en este s ig lo , es
au to r de lib ro s de p o e s ía , cuentos y e n sa y o s . En c o la ­
b o ració n con P a b |o N e ru d a p u b licó en 1926 " A n illo s " lib ro
de p rosa p o e m á tic a .
H om bre de se v e ra cu ltu ra e sté tic a ,
ju ic io m esurad o y c la ra com p ren sión d el sen tid o p o lític o
de la é p o ca , fu é no m b rad o a ca u sa de su noble p reo cu­
p ació n por el a rte a u tó cto n o , d ire c to r d el M useo de A rte
P o p u la r de la U n iv e rs id a d de S a n tia g o .
Ha o rg a n iz a d o
esta in stitu ció n con certero c rite rio m useo ló g ico y cum plid o
en e lla una fu n ció n d id á c tic a p le na de in te ré s, siendo su
intenció n a u m e n ta r el núm ero de la s a c tu a le s colecciones
h a s ta a lc a n z a r un conjunto de a u té n tic a fis o n o m ía a m e ric a n a .
Las fo to g r a fía s de los m u ra le s de S iq u e iro s h a n sid o
lealm en te to m ad a s p or el ta len to so a rtis ta chileno A n to n io
Q u in ta n a .—
N. A . F.

a

n u e s t r o

t i e m p o

en toda su integridad. Recordemos que en núestro país no ha habido nunca obras de arte al
alcance del pú blico; fuimos una colonia excep­
cionalmente pobre y ni aún las iglesias han po­
seído jamás tesoros artísticos. Al entrar en la
Escuela México de Chillón, bajo los frescos de
Javier Guerrero, sentimos en seguida como la
revelación de este nuevo sentido de la pintura.
¿Cuándo un campesino pudo haber visto obras
de arte en algún sitio? No era posible. En cam­
bio, ahora como un bien común esta obra de
arte estaba allí para recoger y despertar en los
hombres anónimos el espíritu que tenemos dere­
cho a suponer en nuestro pueblo.
POSTERGACION DE UN JUICIO CRITICO
Mucho se ha discutido y se discutirá todavía
por largo tiempo el procedimientos y los valores
de la pintura de Siqueiros. Personalmente, él
ha dado amplias explicaciones sobre su doctrina
en los círculos artísticos interesados: charlas, reuniones, homenajes de los pintores chilenos a
los pintores mexicanos sirvieron para examinar
desde muchos ángulos su posición estética.
Así como él emplea en su trabajo todos los re­
cursos materiales de la última industria, del mis­
mo modo echa mano de todos los recursos plásD e ta lle

d el

m uro

c h ile n o .

En seg und o

té rm in o

O 'H ig g in s .

ticos de la pintura moderna, incluso hay partes
centrales abstractas en sus composiciones, como
puede verse en los grabados de este artículo.
También ha querido realizar una pintura de épo­
ca arriesgando conscientemente sufrir todas las
contingencias de los valores transitorios que hu­
biese en ella. No puede haber error alguno: su
posición es totalmente afirmativa. No ha desde­
ñado nada. Como un recurso de materia, los pin­
tores de cierto período ponían la materia misma
en el cuadro: Siqueiros ha puesto igualmente,
bajo las armaduras de los guerreros españoles
(com posición Chilena) los trozos de vidrio del
espejo roto con que los conquistadores proyecta­
ban los rayos del sol para espantar a los indios.
Por nuestra parte, si tuviéramos que formular
un juicio sobre la pintura de este extraordinario
artista, podríamos hablar del dinamismo objetivo
de su tema, de las gradaciones simbólicas de su
maduro color, de la fuerza viva y desbordante de
sus formas, pero aún reconociéndolo un maestro
en todo ello, comprendemos que su obra, por sus
dimensiones y compromisos con la hora actual
queda más allá de todo juicio personal responsa­
ble, que tiene que aspirar forzosamente a una
mayor estabilidad. Por eso, ante la obra de Si­
queiros, lo más acertado es decir que se trata de

�unu gran pintura de nuestro tiempo, concebida y
realizada por un artista de nuestro tiempo, con
todos los conceptos y recursos de nuestro tiempo;
solamente que su valoración, por esto mismo,
queda íntimamente ligada, en el futuro, a la suer­
te que la historia asigne a nuestro tiempo.
Santiago de Chile, julio de 1945.

Fragm ento de una conferencia leída
en el Salón Am auta bajo el título de

CARTA

SOBRE

J. C. C A S T A G N I N O
La E d ito ria l L o sad a p u b lic a rá p ró xim am e n te
este tra b a jo de En riq u e A m o rin .

M uro norte de la
M uro

su d :

C o m p o sició n

c h ile n a .

b ib lio te c a .

C o m p o sició n

m e x ic a n a .

T¡^ L pintor frente al paisaje, reacciona de acuer^
do a su sensibilidad, a su estado de ánimo
y a su mundo interior. En ese momento, el pai­
saje avanza hacia el artista, erigido unas veces en
realidad y, en otras, como una fantasmagoría, que
tienta poseer el alma del que lo contempla.
Artista y paisaje se adelantan como a una cita
mágica y es allí, en ese lugar y tiempo imprecisos
donde se define la tercera existencia, vale decir,
la verdadera creación. Se ha producido el en­
cuentro de la imagen elegida, hecha visible rea­
lidad. con la emoción — estado de ánimo— que
domina al artista en ese momento milagroso. Un
paso más hacia el objeto observado y se invade
el campo del verismo fotográfico. Un paso atrás,
y el mundo visible entraría en el terreno de la
interpretación caprichosa lo cual significaría dar­
le espaldas a la naturaleza.
Nuestro pintor frente al paisaje, adopta la po­
sición del poeta que calcula lo abstracto y así
llega al límite donde la realidad se transfigura.
El mundo exterior gravita sobre el artista y sólo
aquel que está dotado para la auténtica creación,
consigue determinar el punto exacto donde lo
visible comienza en él a transformarse en obra
de arte. Castagnino se adelanta con sus pinceles
a la captación de la realidad y el encuentro en­
tre ésta y el pintor, determinan la particularísima
gracia de su estética. Observe usted, Barbeau.
esa inocencia de niño asombrado que tienen los
paisajes de Castagnino. En esos caballos frente
al mar. sorprende la glauca lejanía y con igual
ternura capta los rastros de la osamenta en tierra
donde el verde húmedo de las hierbas abonadas
por los huesos, le proporcionan un goce expre­
sivo. Nos trasmite la noble presencia del caballo
con un algo de “ descubrimiento*’ que los hace
tan distintos y tan suyos a un tiempo (véase “ Pes­
cadores del río” ). Creada la atmósfera campe­
sina. luego de situados armónicamente la tierra
y el mar donde dominan la botánica y la fauna,
el pintor comienza a darse el gusto con las tona­
lidades de nuestra pampa, cuyo caudal entra y
sale de la retina del pintor con abundante ple­
nitud. porque el encuentro entre el paisaje y el
hombre ha alcanzado el punto milagroso de la
creación. De que sea. a su vez, el nuestro, de­
pende de la sensibilidad de cada uno. Pero el
mejor punto donde se sitúa Castagnino. es, sin
ninguna duda, el que mejor se acomoda a un
arte americano, inocente, grande y perdurable.

H om enaje a

PEDRO

FIGARI

Comisión de Bellas Artes de Montevideo ha
organizado ttn homenaje al pintor Figari,
inaugurando tres exposiciones de su obra. Una
serie de conferencias explicarán al pueblo la pintu­
ra de Figari. Un álbum con reproducciones de los
cuadros más significativos acompañados de pági­
nas de escritores que consagran estudios de la obra
figaresca y un catálogo ordenativo, completan el
homenaje. Conviene destacar la intervención ofi­
cial en un plan tan vasto que se debe a Carlos
Herrera Mac Lean, crítico especializado en la
obra del gran pintor y presidente del comité de
hom enaje; a Orestes Baroffio, periodista de es­
trechas vinculaciones en el medio artístico rioplatense y a Carlos Rodríguez Pinto, poeta de fina
sensibilidad, colaborador eficiente en la tarea de
dar perspectivas a la pintura de Figari en el es­
cenario de América. Por la calidad del homenaje,
por las intenciones y por realizarse en una atmós­
fera de libertad creadora, el homenaje a Figari
tendrá el más cálido apoyo de L atitud y daremos
cuenta de su realización en el próximo número.

L

a

�SALON MUNICIPAL
DE OTOÑO
¥7'L verdadero Salón de Otoño que se inaugura
anualmente en la ciudad de Buenos Aires se
fundó hace cerca de quince años por iniciativa
de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos.
Ese nombre propio, no común, de Salón de Oto­
ño. pertenece moralmente a esta Sociedad que lo
tiene ganado como tal por prioridad y por pres­
tigio. No lo han entendido así las autoridades
del Museo Municipal de Bellas Artes que, al
fundar su salón anual, no han tenido reparos en
usar un título que, aún sin registro, se debió
respetar en su calidad de patrimonio ajeno. Si
no nos equivocamos, los mismos premios otorga­
dos en este Salón no son otros que los Munici­
pales que se dan anualmente en el Salón Nacio­
nal. otra falta de iniciativa creadora cuyo saldo
negativo será que este año el Salón Oficial no
contará ya con esas viejas recompensas.
Es así como hemos tenido este año dos salones
llamados de Otoño: uno de la Sociedad Argentina
de Artistas Plásticos y otro de la Municipalidad,
homónimos pero fundamentalmente distintos en
cuanto al pensamiento y jerarquía artística de
los expositores. Mientras el primero se organizó
por la sola voluntad de los artistas asociados, sin
recursos financieros y sin acicates de premios o
recompensas de otra índole; el segundo contó con
todos esos recursos, inclusive el de una propa­
ganda excepcional. No obstante estas desventajas,
el salón de S .A .A .P ., ralizado en los salones de
Peuser, se vió ampliamente apoyado por lo más
calificado entre la mayoría de los artistas ar­
gentinos. El otro salón, el Municipal, no consi­
guió reunir ese conjunto mínimo calitativo de
cuadros sin el cual un salón resulta un fracaso.
De haberle quitado al Municipal unas pocas obras
meritorias, quedaba reducido apenas a uno de esos
tantos saloncitos de socios de un club deportivo
o profesional de barrio.
¿Qué razones existieron para esa abstención, o
m ejor dicho, para esa no colaboración por parte
de lo m ejor de los artistas argentinos? Induda­
blemente. los motivos residen en la obra destruc­
tora realizada en estos dos últimos años por los
encargados municipales de la acción cultural ar­
tística de la Capital. Está presente en la memoria
de todos nuestros artistas el agravio inferido al
gremio con la injusticia de quitar de la Dirección
del Museo Municipal de Bellas Artes a un profe­
sional. el escultor Luis Falcini, cuyos méritos y
competencia museográfica son indiscutibles, para
colocar en su lugar a una persona ajena a las
artes plásticas, de manifiesta y comprobada inca­
pacidad para cualquier tarea técnico-artística exi­
gida por ese cargo. A este hecho se añadieron
otros que podemos calificar de atentatorios: el de
descolgar del Museo Municipal por “ orden supe­
rior” cuadros y esculturas calificadas “ subversi­
vas” , de Badi, Fació Hebequer, Yigo, Falcini y
otros; la destrucción a martillazos de un panel de­
corativo en el ex-Teatro del Pueblo, hoy Munici­
pal, por la sola razón de haber sido realizado por
el que escribe, a encargo del señor Barletta. . .
Todos esos son hechos frente a los cuales los
artistas de conciencia gremial no pueden perma­
necer indiferentes u olvidar con el tiempo. Hasta
que esos daños morales no se puedan reparar le­
galmente, el ambiente artístico vivirá en el des­
contento inquietante provocado por los que no
saben respetar la personalidad humana ni los de­
rechos sagrados de la obra de arte.

S o lic ita d a :
“ Buenos Aires, mayo 27 de 1945.
Señor Director de “ Pintura y Grabado” de
la Revista L atitud .
De mi mayor consideración:
Le ruego a Ud. publique en las páginas
de la Revista L atitud ¡a siguiente acla­
ración:
Quiero dejar constancia que los ejempla­
res acuarelados a mano de la edición “ Evo­
caciones Porteñas” , del doctor Gastón Fe­
derico Tobal, editada por la casa Guillermo
Kraft Ltda. (1945) no fueron realizados por
mí, ni bajo mi dirección, ni respetados los
bocetos originales.
Hago esta manifestación por estar des­
conforme con la citada edición.
Agradeciéndole la presente publicación, lo
saluda muy atentamente.
ENRIQUE FERNANDEZ CHELO:

es un artista en visible proceso ascensional. esto es. en viviente drama de
búsqueda y hallazgo de sí mismo, de su
substancia y su expresión. No otra cosa corres­
ponde. por cierto, a la inquietud de su juventud
auténtica, ávida y ambiciosa de experiencia y de
realización. Su constante desplazamiento viajero
sobre la corteza apasionante de nuestra América,
no es, en suma, sino el esquema dinámico de sus
apetencias profundas. Carybé no es el que pasa
sino el que ahonda. Recuérdense sus cotidianas
caricaturas de actualidad de hace algún tiempo.
Recuérdese aquella etapa suya que no es posible
clasificar sino dentro de la ilustración. No es la
habitual risa epidérmica de los caricaturistas, ni
la ironía más o menos sutil y penetrante del co­
mentario olvidadizo, lo que singulariza aquellas
obras de volandero destino. Carybé no ríe ni son­
ríe. Su instrumental es cruel y penetrante. Des­
carna y sus apostillas asumen la categoría levan­
tada del sarcasmo. Una convicción ennoblecedora
anima su inspiración, mueve su lápiz. La de la
irreductible seriedad de la vida, escenario de un
juego donde hasta la comedia descubre, a través
de inadvertibles fisuras, su fondo insobornable de
drama. No otro sentido asumen, en definitiva,
sus ilustraciones. Pero implican, en el artista, la
manifestación de un nuevo estadio de sus exi­
gencias expresivas, de su necesidad de ahonda­
miento en una realidad obsesionante y de elo­
cuencia y solidez re-creadoras. Algo de esto se
vió, se me ocurre que de manera muy signifi­
cativa, en la exposición realizada hace cuatro o
cinco años en el inolvidable salón del Consejo
Deliberante. Ya está Carybé, entonces, en el ca­
mino del cuadro de caballete; en el camino ás­
pero. erizado de altos problemas, de la pintura.
De cómo los afrontó, con qué honestidad y con
qué coraje, nos lo dijo en su muestra del salón
de Nordyska, hace un par de años. ¿Se resentía
esa serie, todavía, de la presencia del ilustrador
valiosísimo, excepcional, que había sido hasta en­
tonces Carybé? Y o pienso, con todo respeto, que
sí. Había en esa muestra, ya, más de un problema
específico de la pintura airosamente resuelto. Pero
—en términos muy generales— una composición
no bastante equilibrada y un color en que asoma­
ban sus puntas de estridencia, sugerían al espec­
tador la magnitud de la tarea asumida por el
artista en el porfiado propósito de hallarse a
través de una expresión más compleja. Desde
entonces a hoy — desde aquella exposición a la
que acaba de realizar en “ Amauta” — mucho ha
caminado el pintor. Mucho más. desde luego, de
lo que haría suponer la brevedad del tiempo
transcurirdo. Véase como agrupa ahora las figu­
ras y los elementos de sus cuadros, cómo los
envuelve en la unidad de su gama cromática, có­
mo valoriza sus distancias, cómo busca y consigue
sensibles superficies. Su color, sin embargo — un
color cuyas atrevidas purezas pueden traer al
pensamiento alguna remota reminiscencia del
arybé

C

Doña

U rsu la

M oya,

por C a ry b é

CUADROS DE CARYBE
EN "AM AU TA”
‘‘ Aduanero”— es suyo en el atrevimiento de sus
contrastes, en el clima exultante de sus tonos vio­
lentos, levantados. Carybé es uno de esos colo­
ristas en quienes se advierte la presencia de esa
dicha primitiva de mover colores, del gozo pri­
mordial de pintar. Ciertos azules, ciertos verdes,
ciertas tierras suyas, quedan en la retina como
una vibración musical dichosa, inolvidable.
¿Será preciso añadir a esto que Carybé es un
artista de esos que pugnan por revelarnos un
mensaje? Su técnica, cada día más personal, más
suya, más exclusiva, no es sino la consecuencia
de la fatalidad expresiva de ese mensaje humano
de sentido social y americano. Habrá un día que
analizar a fondo ese mensaje. Señalemos, por lo
pronto, que si en su cricatura y en su ilustración
era el sarcasmo el impulso dominante, en su
obra actual, pictórica, es el amor, el desintere­
sado interés, la simpatía humana, los signos que
presiden su apasionado ahondamiento en la viva
realidad del paisaje y el hombre de nuestras
tierras.
C. CO RD O VA ITURBURU

LOS P A I S A J E S DE
"GIAMBIAGGI”
Para el poblador colonial, primero, el criollo
burgués y el inmigrante de toda laya, después,
nuestra tierra — en su naturalidad— es respecti­
vamente una geografía recién nacida y una simple
materia fructificadora. En todo caso el habitan­
te de nuestro país, el físicamente adaptado y el
foráneo — casi siempre de vuelta en la nostal­
gia— es un ser pluralizado de externas urgencias.
Forasteros espirituales de dentro y de fuera, die­
ron. apenas, testimonio de la anécdota, el episo­
dio, la leyenda, el folklore, la epopeya, las cos­
tumbres, el retrato, etc. Pero, el paisaje no fué
objeto de pura contemplación estética. Ahora, los
tiempos han cambiado: el habitante siente la ne­
cesidad de una pronta y justa aclimatación espi­
ritual: el paisaje — el país, el pago— solera de la
de la tierra vivida— es ya una invitación a su
conocim iento por la poesía.
El descendiente actual de coloniales e inmi­
grantes habita con definitiva raíz y anhela el des­
cubrimiento de la tierra en él, sus colores y for­
mas. sus cielos, sus resonancias, sus ritmos, sus
ecos, su inconfundible e ineludible presencia.
Un largo estar en inocencia, en y ante el paisa­
je, es el espejo indispensable del nuevo conoci­
miento. Ni fórmulas, ni repentismos, ni repetición
por los sentidos. La poesía del contagio de la
tierra debe provenir de un sostenido diálogo con
ella. Los paisajes misioneros y misionales de
Giambiagi, expuestos en Amauta, nos dan esta
razón, revelándonos, entre otras visiones, 1?) que
la relación animada —sentimental y consciente—
con el paisaje argentino es de reciente data; 29)
que esta relación debe ser una suerte de con­
substanciación. resultante de una larga amorosa
convivencia; 39) que en nuestro país el paisaje
es todavía casi naturaleza virgen; 49) que, como
es reciente la actitud contemplativa, las creacio­
nes que la expresan deben exponer el asombro
del hombre ante el misterio de la tierra —selva,
sierra o llanura (com o en los paisajes de Castagnino consultan el misterio de la Pampa — dán­
donos su distancia— los caballos regocijados y
alertas); 5) que el paisaje debe darse como si
el espectador estuviese dentro, como el propio
artista le lleva en el corazón después de haberse
dejado traspasar por é l; 69) que el paisaje no es
repelible por la pintura sino recreable por el
color y la relación de las formas en una arqui­
tectura de pura invención; 79) que son un cono­
cimiento verdadero y que el autor es dueño de
un oficio dotado de excelencia; 89) que el hom­
bre es habitante de un contorno terreno-celeste,
ser de circunstancias y que su conversación con
ellas es la fuente primera de su canto.
N . A . F.

�T E A T RO
Dirige
M AR IA ROSA OLIVER

DON JACINTO BENAYENTE
Y SU TEATRO
por BLAS RAUL GALLO

T

ornan

a la vida los muñecos creados por la pluma infatigable de don Jacinto

Benavente. Cuando su obra parecía definitivamente relegada por la irrupción

de la nueva dramática española — encarnada fundamentalmente en la figura del inmor­
tal poeta granadino— . la España franquista y reaccionaria, sin libertad y sin arte,
agita el viejo estandarte benaventino, procurando así cubrir la brecha dejada por la
emigración de la intelectualidad republicana.

Este prurito de resurrección artística ha lle­
gado hasta nosotros. Varias son las salas don­
de se exhiben sendas obras de Benavente,
mientras el cable nos anuncia la inminente vi­
sita del comediógrafo, en compañía, claro está,
de la destacada actriz Lola Menbrives, la misma
que estrenó en España, como paradigma de la
dramaturgia argentina, una obra de Martínez
Payva.
No podría discutirse el derecho que asiste a
cada capocómico de representar al autor de
su predilección. (A lo sumo podría exigirse
el buen gusto de no estrenar una obra tan vie­
ja e innocua como “Rosas de Otoño” ). Lo dis­
cutible es el valor y la oportunidad que de­
terminadas reposiciones suponen y en que
medida puede la crítica aceptar que se silen­
cien obras de autores fundamentales del teatro
contemporáneo, tales como Clifford Odets, Saroyan, T. Wilder. Lennormand, mientras los
programas aparecen saturados por las obras de
un autor harto conocido ccmo Benavente. En
efecto, las piezas de este autor han llegado
a nuestro público profusamente a través del
teatro, el libro y la radio. En todas ellas se
ha elogiado siempre la presencia de un agudo
escritor, sabio componedor de bien graduadas
escenas. Cuando se posee esa virtud y sabe
manejarse el idioma con la destreza de un
elegante ironista. el éxito sobre el grueso del
público está parcialmente ganado. Pero sola­
mente por un determinado lapso, más allá del
cual no puede arriesgarse una insistencia.
Benavente es un escritor que buceando en
los más íntimos problemas de la clase media
rural española, escribió para el gusto de ciertos
sectores de la clase media ciudadana. El re­
verso del formidable Ibsen, que combatiendo
los vicios de la clase media de su país, com­
puso obras del más auténtico sentido revolu­
cionario para todas las épocas.
Benavente es el conflicto familiar. Es el
triángulo famoso del teatro burgués, en el
seno de la familia provinciana. Verdad es que
estos litigios de familia han permitido al au­
tor estructurar recios caracteres femeninos
que en definitiva son la justificación de su
teatro. Así nacieron, la Raymunda de “La
Malquerida” , Dominica de “ Señora Ama”, Feli­
cia de “Pepa Doncel” . Podría recordarse ese
liberalismo suave que suele observarse en mu­
chas de sus comedias, pero ¿quién va, en estos
tiempos aborrascados que vivimos, a tomar
muy en serio al Leo de “Pepa Doncel” ? Queda
sin duda, en el haber benaventino, su indiscuti­
ble habilidad en el remate de las comedias
dando pábulo al inveterado sentido adocenador
moral que parece congénito en la modalidad
de su obra.
En Benavente el drama es apenas una leve

superación del viejo melodrama español que
tan perniciosa influencia ejerció en la evolu­
ción del teatro argentino. De todas sus come­
días, la que más merece los honores de una re­
posición es seguramente “Los intereses crea­
dos”, con la cual nuestro Nacional de Comedias
se asocia a la recepción, incluyendo al autor
en la nómina de sus escritores dilectos (de
paso recordemos que la Comisión de Cultura
no ha permitido nunca la reposición de una
obra de Roberto Payró, el más grande escritor
argentino del presente siglo).
En “Los intereses creados” su autor se apar­
ta de la modalidad general en la composición
de sus comedias. Aquí los valores son más
universales y los personajes adquieren una tó­
nica más permanente. Si bien la farsa no
puede escucharse con la admiración de años
anteriores — fué estrenada en el año 1907—
pues su trama ha envejecido y su filosofía se
ha aniñado con el tiempo, cierto es que el
Crispín se insinúa ágilmente en el ánimo del
espectador, con el inveterado optimismo de su
audacia. Crispín aun subyuga, porque con ser
la creación más artificiosa de Benavente, re­
sulta la más humana. Crispín es el profundo
conocedor del alma humana. Conoce al hom­
bre en la medida que conoce la intensidad de
sus intereses.
Pero este Crispín bien puede resultarnos la
creación más subjetiva de su progenitor.
Cuando lo imaginamos condecorado por las
autoridades franquistas — a él que en 1922 re­
cibió el Premio Nobel— sin esfuerzo nos vie­
nen aquellas palabras con que Crispín adocena
a Colombina:
“Todos llevamos en nosotros un gran señor
de altivos pensamientos, capaz de todo lo gran­
de y todo lo bello. . . Y a su lado, el servidor
humilde, el de las ruines obras, el que ha de
emplearse en las bajas acciones a que obliga
la vida . . . ”
El problema sería que el gran señor ignorase
la existencia del otro, del que ha de “ em­
plearse en las bajas acciones a que obliga la
vida”. Pero esta también tiene sus caprichos
y la verdad es que no todo es farsa en la farsa.
A Federico García Lorca lo mataron los fran­
quistas y no hace mucho por cierto. Su recuer­
do, tanto como su obra, está en el mismo
músculo del pueblo que no ha de olvidarlo con
la misma facilidad con que lo hacen aquellos
escritores y artistas que apuntalan a la dic­
tadura franquista.
Mientras tanto, que nuestra Comisión de
Cultura reciba al autor de “Vidas cruzadas” y
a su dilecta actriz con todos los atuendos que
le permite su frondoso presupuesto. Más tar­
de, pronto quizás, será el silencio.

R IC A R D O
P A S S A N O , m a g n ífic o d ire c to r de e sc e n a , q ue
co n d u jo la c a s i to ta lid a d d e la s o b ra s d el re p e rto rio d e
" L A M A S C A R A " . En el v ie jo te a trito de M o re no 10 33, h o y
a s fa lt o de u n a lu jo s a a v e n id a , v ie ro n la lu z d e la s c a n d i­
le ja s sus m á s e s fo rz a d a s c re a c io n e s . Fue un o de lo s c re n d o re s d el " T e a t ro P r o le t a r io " , de e m o c io n a d o re c u e rd o .

I n a m a fjn ífieu
volatín con
“'V iv e c o m o q u i e r a s 99
ADA seis o siete meses, y algunas veces desgraciadamente
más. en las pausas que le deja libre su constante sacrificio,
"La Máscara", el joven teatro de arte que hace unos años
nos maravilló en su barraca de la calle Moreno, ofrece pequeñas
grandes pruebas de su capacidad escénica. Es asi. como después
de una larga serte de éxitos, entre los que cabe destacar: "D este­
rrados" y "En algún lugar" , de Ernesto L. Castro; "El avaro",
en una versión mucho más digna que la reciente: "Despierta
y canta
de Clifford Odets: " Macbeth" y "E l momento de
su vida', de William Saroyan: "E l bosque petrificado", de
Roben Sherwood. hemos llegado a " Vive como quieras" , la
brillante comedia de Kauffmann y Hart. que ya conocíamos hace
años en su adaptación cinematográfica.
Es una obra que tiene la rara virtud de atrapar la atención
del espectador desde la primera palabra, atención que casi siem­
pre se transforma en carcajada estrepitosa. Puede achacársele,
pese a la buena intención con que ha sido escrita, algunos boca­
dillos de tmte reaccionario, pero en general es sana, desde el
punto de vista de su ingenio aplicado y sentido optimista de
la vida.

C

El reparto bien amplio de " Vive como quieras" , cubierto
modestamente casi en su mayoría por seudónimos, se vió enga­
lanado con los recursos teatrales y la personalidad artística de
cada uno de los integrantes del grupo capitaneado por Ricardo
Passano, director y compañero. Este supo extraer el máximo
provecho de un libreto ágil y pleno de situaciones y sutilezas.
Lástima grande que la acción que declina notablemente en el
segundo acto, casi enteramente diálogo, extrañamente liviano y
cursi, no haya ofrecido el más mínimo asidero para su salvación
Quizás la poda, tan censurable en otros casos, hubiera sido en
este la milagrosa panacea.
Tomás Migliacci creó un Kolenkhov superior, sin duda, al
muy bueno de Mischa Auer: Diana Wells, perfecta en e' difícil
papel de la madre (P en ny) e improvisada escritora; la pareja
romántica integrada por Angel Pierlet y Susana Penny (T on y
Kirby y Aliec Vanderhoff) , cumplió con propiedad su cometido,
falto de brillo en la letra, como dijimos; Lola March, Isidro
F. Valdés, Juan J. Ross. Antonio Cobantes, Nieves Ibar. Pedro
Doril. Jorge Dalbón. Sebastián Menéndez y Pola Márquez, en
sus papeles respectivos de Rheba. Donald. Paul. De Pinna. Sra.
Kirby. Oficial. Policía 2?, Policía J? y Olga Katrina, aprove­
charon bien sus oportunidades. En cuanto a la figura de la
noche fué Pedro Asquini. que en el breve espacio que concede
el libro a Henderson, un cobrador oficial de impuestos, demostró
que un buen actor no necesita de un papel de extensión ni de
jerarquía para su lucimiento. (Claro que nos estamos refiriendo
a la escena independiente y no a los escenarios "comerciales"
donde las llamadas grandes figuras del teatro argentino limitan
al máximo las oportunidades de sus compañeros de labor). Un
aplauso nutrido, a telón abierto, valioso como símbolo, premió
el mutis de Henderson Asombró a muchos espectadores la pre­
cisión con que se desempeñaron los intérpretes, aún en los
papeles que requerían habilidades especificas, como los de Essie.
F.ddy. Martin V anderhoff y Sr. Kirby, conducidos respectiva­
mente por Alejandra Boero. Jorge Giralt, Ricardo Trigo y L eo­
poldo Saporiti.
Durante toda la obra se advierte la mano segura del director,
vigilante en todos los detalles, experta en la complicada evolución
de los personajes. En determinado momento en que actúan en
escena quince de ellos, sus desplazamientos están tan bien
estudiados, que se llevan a cabo armónicamente, sin ocasionar
las habituales interferencias y rupturas en la atención del público.
La dicción, natural en todos los casos, excepto quizá en el
de Susana Penny, que afecta un ligero tono de conservatorio,
pero pasa inadvertido. El montaje, sencillo e inteligente. Las
luces no constituyeron un problema.
Al terminar ¡a función y a requerimiento del público. Ricardo
Passano dijo algunas palabras referentes a la precariedad de
medios y la riqueza de tenacidad de intenciones de "La Más­
cara , un teatro "con los ideales de Romain Rolland". Acto
seguido, efectuó la justiciera presentación de los anónimos cola­
boradores del cuerpo técnico.
Ln síntesis
La velada superó ampliamente todas las espe­
ranzas de un abigarrado público de amigos, que hoy y siempre
estarán con las manifestaciones que impliquen un deseo de dig­
nidad. de altura y de renovación artística.
J . O. A .

20

�( J - + J r + 3 S - t O í - * 0 s - f O G-+¿&gt; S S O (T + O &lt;T*¿&gt; ( T + O G ' f O G - A 3 S - f O G - A 3 6 ^ 3 G - - f J s - t O G - f - ^ G - t O ¡

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UESTO que resulta inevitable aceptar en la
modalidad contemporánea del cine su as­
pecto narrativo, debemos convenir asimis­
mo en sus inevitables relaciones con la novela,
por lo menos con cierto tipo de novela.
Así como el cine se ha dedicado a narrar cosas,
pudo ser un cine poema, utilizando las imágenes
visuales como elementos líricos o simbólicos. Pu­
do ser también un cine-sinfonía, glosando temas
musicales en un desarrollo visual de forma cíclica
o contrapuntística. Pudo ser también un cine de
“ sketches” o un cine como elemento de reportaje
periodístico... Pero, en conclusión, ha evolucio­
nado hacia la forma narrativa, que. con la incor­
poración de la palabra, lo ha llevado hacia dos
formas precisas que podríamos definir como el
“ cine-teatro” y el “ cine-novela” .
A ello han contribuido eficazmente, la atracción
de ciertos títulos, el tiraje asegurador de numero­
sos espectadores, y una médula dramática con si­
tuaciones infalibles en su sugestión.
Pero en ese camino no ha podido solucionarse
un problema básico y de por sí insoluble: la no­
vela tiene una técnica, una mecánica narrativa y
el cine otra. Y son completamente opuestas: a
la novela, de carácter amplio, de evolución cíclica,
rica en personajes y problemas, enmarcados en
un amplio decorado de tiempo y espacio —así
sea el espacio subjetivo— opone el cine la bre­
vedad de su espectáculo: dos horas como máximo,
y la necesaria unidad de su relato. En verdad, el
cuento sería el género ideal de relato cinematográ­
fico. Pero no el cuento literario, en torno a una
situación, sino el de un tema central, recom­
puesto sobre una serie de escenarios y a través
de varios personajes... En resumidas cuentas, un
cuento de forma cinematográfica.
Fatalmente, al incorporar el cine una novela,
comienza por despojarla de personajes y de situa­
ciones, tendiendo a una unidad esquemática que
desnuda . el relato novelístico y lo empobrece.
Además, el reemplazo de la palabra por la ima­
gen, en la narración, trae aparejada una diferencia
profunda de estilos, que disocia completamente
ambas técnicas: por eso un pasaje completamente
desapercibido en una novela, puede dar lugar al
hallazgo más importante de una p elícu la ...
Todo ello crea una serie inagotable de interro­
gantes en torno a la fidelidad más o menos ne­
cesaria, a la eficacia de determinado estilo de
adaptación, o la adaptación misma, al adaptador,
a la conveniencia o no de que sea el mismo no­
velista quien traslade su obra al lenguaje de la
pantalla. Fundamentalmente, cabría convenir en
que novela y cine, son dos lenguajes distintos.
¿Cómo puede pretenderse, pues, que sea el nove­
lista quién vea la forma cinematográfica de una
novela?
Y desembocamos de nuevo en el problema ini­
cial: tratándose de técnicas y formas de narra­
ción distintas, se está intentando la soldadura arti­
ficial de dos géneros distintos, unidos por razones
de éxito e industria. El debate sería agotador y

P

S . M . E IS E N S T E IN

estéril, mientras no se plantee claramente la ne­
cesidad de utilizar sólo parcialmente elementos
comunes a la novela y a la narración cinemato­
gráfica.
Los elementos de sugestión de “ El muelle de
las brumas” , por ejemplo, son puramente plásti­
cos como traductores de una espléndida narra­
ción, mientras que la obra de Mac Orlan, es de
sugestión in terior... “ Viñas de ira” ha sido una
extiaordinaria película de John Ford: porque es
distinta en su concepción y desarrollo a la novela
de John Steinbeck en la que se inspiró. En “ La
carreta fantasma” , Julien Duvivier ha obtenido
una creación narrativa superior al libro de Selma
Lagerloff; pero el prejuicio de la fidelidad a la
obra original, lo ha hecho caer en los mismos de­
fectos literarios de la novela, y esa esclavitud es
la que perjudica notablemente al aspecto cine­
matográfico de su hermoso film.
El caso de la fidelidad escrupulosa nos ha dado
un clásico ejemplo de film malogrado: “ David
Copperfield” , realización fría y opaca, por exceso
de supeditación a la mecánica narrativa de Dickens, y al cuidado de evitar infidelidades ne­
cesarias.
Cuando John Ford se vió obligado a faltar el
respeto literario en su versión de “ El delator” ,
tuvo razón. Y así debió comprenderlo el autor,
Liam O’Flahertv, cuando decidió escribir espe­
cialmente una novela cinematográfica: “ El aluci­
nado” (“ El puritano” ) : ese nuevo film mostró
una construcción admirable de novelista cinema­
tográfico. Pero la disociación continuó existien­
do: en ese caso, la novela, supeditada al cine, se
resintió de una pobreza narrativa, que dió en
cambio intensidad al film. Lo mismo puede de­
cirse de “ La luna se ha puesto” , obra que indu­
dablemente escribió John Steinbeck pensando en
la película que podría realizarse, y que volvió a
demostrar la incompatibilidad de un acierto si­
multáneo: si era mejor el libro desde un punto
de vista exclusivamente cinematográfico, no podía
serlo desde el punto de vista novelístico: por eso
“ El puritano” y ” La luna se ha puesto” son gran­
des libros cinematográficos, pero medianas crea­
ciones como novela, esquemáticas y sim ples... Y
no hablemos ya del caso de un Cronin, escribien­
do “ Las llaves del reino” , en el que se trasluce
excesivamente el trabajo de “ encargo” , con fines
exitistas que resienten por igual la calidad del
film y de la n ov ela ...
Mediocres novelas han proporcionado en cam­
bio elementos para la realización de excelentes
films, como mediocres actores han resultado los
mejores intérpretes del cine; porque al margen
de la calidad literaria o novelística propiamente
dicha, han proporcionado los elementos necesa­
rios para la narración visual cinematográfica. Por
ello seguimos creyendo que el buen “ cinematur­
go” puede surgir más fácilmente de un mal na­
rrador que de un extraordinario n ovelista... Re­
cuérdense los casos siguientes entre otros: “ Or­
gullo y prejuicio” , de la relamida Jane Austin,
21

que con la ayuda de Huxley, permitió realizar
aquella hermosa y fina comedia titulada “ Más
fuerte que el orgullo” . “ Adiós, Mr. Cheaps” , no­
vela sentimental de Hilton, que insufló un real
espíritu poético en su versión fílnlica. “ Rebecca” ,
vulgar novelón de Dn Maurier, al que Alfred
Hitchkock dió original sugestión. “ Un ataúd para
Demetrio” , novela policial que vimos transforma­
da en un extraordinario film intenso y plástico,
bajo la dirección de Juan Negulesco. Y recorde­
mos el humor que extrajo René Clair del más
vulgar de los “ vaudevilles” franceses: “ Un som­
brero de paja de Italia” . . .
El dilema, pues, puede plantearse categórica­
mente en estos términos: o se cuida de la versión
fiel de una novela y se llega a la película antici­
nematográfica. O se utilizan libremente persona­
jes y situaciones de una novela, teniendo en cuen­
ta las leyes de la construcción cinematográfica.
Y este último caso, el único positivo para la
forma fílmica, nos lleva a la única solución acep­
table: la creación libre y completa del libro cine­
matográfico, realizado por el novelista o escritor
adaptado al cine: el “ cinematurgo” . Algunos en­
sayos van señalando ese único y lógico camino,
iniciado hace ya veinticuatro años por Louis
Delluc, que escribió y realizó especialmente los
temas de “ Fiebre” y “ La mujer de ninguna par­
te” , en Francia. Los más recientes son el de
“ Ocho a la deriva” , escrito especialmente para
el cine por John Steinbeck, “ Crimen sin pasión”
y “ Antes que me muera” , dos modelos de narra­
ción cinematográfica, realizados por el escritor
Ben Hecht, y en Francia, los ejemplos de “ Car­
net de baile” y “ El fin del día” , verdaderos
“ cinedramas” compuestos originariamente para el
cine, con una sabia utilización de todos los ele­
mentos narrativos que puedan realizar la imagen
y el son id o...
Nos falta aún conocer la experiencia rusa: el
caso reciente de “ Arco Iris” , adaptado para la
pantalla por su misma autora Wanda Vasilievska, prueban una original visión de las
necesidades de la pantalla: su autora ha cambia­
do el final y aprovechado situaciones secundarias
de la novela, que en el film han logrado con­
vertirse en los pasajes más intensos e inolvida­
bles, por su esencia misma, de profunda verdad
visu al...
Otro ejemplo ruso que inicia quizá una era
distinta en la narración cinematográfica, es el del
cine breve. Liberándose de la convencional me­
dida de las películas de hoy, Rusia realiza ahora
cuentos de una duración que varía entre los vein­
ticinco minutos y los cincuenta. Así se han reali­
zado dos joyas inspiradas en dos narraciones de
Chéjov: “ Jubileo” y “ Matrimonio” , y un film de
18 minutos basado en un bello cuento de G orki:
“ La carta” . He ahí un sano principio que señala
una comprensión y respeto a las necesidades del
cine, tan importantes para su eficacia, como las
de la novela en su propio campo.
I.

K.

�Verdad y Mentira
del "D oblaje”
por ROLAN!)
preocupación por un cine en el que los actores se expresen en idio­
ma castellano data del mismo momento, en que se admitió la posi­
bilidad de un séptimo arte hablado. En 1929, cuando “ La divina
dama” , película filmada muda a la que luego se añadió un fondo
musical, una canción romántica que simulaba entonar Corinne Griffith y
los ruidos destinados a dar mayor realismo a las escenas de la batalla de
Trafalgar, convenció a algunos críticos y a bastante público que el cine
había ganado en buena ley su derecho a la palabra, nadie concebía que
en las inminentes producciones totalmente habladas los actores expusiesen
sus ideas y sus sentimientos en un idioma extraño. Y menos aun imagina­
ban que la hasta entonces cómoda tarea de alternar la visión de las imá­
genes con la lectura de los títulos tendría que hacerse, desde ese instante,
en forma simultánea, obligándose a un incómodo proceso de desdobla­
miento de la atención.

L

a

Hollywood lo entendió así. Y después que las exhibiciones de las pri­
meras producciones habladas y sobretodo musicales (la revista fué la p ie­
dra de toque de ese cine que hizo de la banda de sonido su nuevo amor)
pasaron la etapa de la simple curiosidad popular cobró trascendencia el
problema del idioma frente a los públicos hispanoparlantes. Y casi simul­
táneamente se dió principio a la producción directamente hablada en cas­
tellano. Casi todos los estudios de Hollytvood dedicaron una parte de su
presupuesto anual, tal vez insuficiente y por eso la tentativa fracasó, a
realizar películas con artistas de habla español. Pero la duración de esa
experiencia fué efímera. La incapacidad de los artistas, la mala elección
de los temas y la modestia de recursos con que se filmaron rompió toda
perspectiva de competencia con el resto de la producción hablada en in­
glés. El público prefirió acostumbrarse a ver la imagen y leer los títulos
a la vez y poco se preocupó por los sonidos extraños e incomprensibles
que emitían las gargantas de los intérpretes.
Hubo un período de calma no muy largo. Se interrumpió cuando la
técnica cinematográfica, tan llena de sorpresas y tan vasta de recursos,
perfeccionó el “ doblaje” . Si muchas escenas filmadas en exteriores eran
“ dobladas” luego en el estudio con un resultado óptimo, con un poco más
de trabajo y de paciencia se podría llegar también a “ doblar” , no sólo las
voces, sino también el idioma. La idea se llevó a la práctica, pero por la
imperfección del sistema y porque el mismo se cumplió en zonas locales
(España, por ejem plo) tornando sus voces inadaptables al gusto de otros
países, y particularmente, del nuestro, el más alejado del verdadero cas­
tellano, no prosperó. Esas películas sólo llegaron a nuestro público mu­
cho después de la versión original en inglés directamente a las pantallas
de barrio.
Luego de otra pausa, más pronunciada, ha intentado Hollywood, ya
con armas más poderosas y después de múltiples y minuciosos ensayos,
la imposición de sus grandes películas “ dobladas” en castellano. Técnica­
mente son inobjetables. Sólo prestándoles excesiva atención se descubre
la trampa. De lo contrario se tiene la impresión de que los artistas hablan
realmente nuestro idioma. Pero hay, lamentablemente, un escamoteo irre­
parable: al privamos de la auténtica voz de un intérprete se nos priva de
un factor importante en el juicio de su arte, y aun no entendiendo inglés
se descubre casi siempre un notorio divorcio entre la intensidad de un
gesto, que pertenece al intérprete que estamos viendo, y la intensidad de
la expresión verbal, que pertenece a un intérprete que no vemos, y que,
podemos suponer, por su condición anónima, inferior en mérito al con­
sagrado. Si en cambio, se obligara a los actores originales a recitar su
parte en castellano, aunque fuera mal pronunciado, se evitaría que la bús­
queda de las palabras obedeciera más al movimiento de los labios coin­
cidentes con el inglés, que a t exacto sentido de una frase o de una pa­
labra. (Con lo que se desvirtúa un factor a veces fundamentalísimo: el
diálogo). Ya no habría, entonces, que alterar las palabras originales en
el “ doblaje” . Pero, de todas maneras se crea, así, un nuevo tropiezo en
los méritos del intérprete: expresándose en un idioma que no domina,
sacrifica buena parte de la intensidad de su creación.
Y llegamos a un punto culminante del problema. Aun aceptado el
“ doblaje” como sistema, por sus ventajas para la comodidad de un pú­
blico no exigente, no se puede aceptar un mismo “ doblaje” castellano para
España y todos los países latinoamericanos. Hasta ahora se ha buscado,
evidentemente, un castellano medio, digamos, que oscila entre la pureza
monótona del castellano español y la impureza pintoresca castellano la­
tinoamericano, más marcada cuanto más al sur se desciende. Y si el pro­
cedimiento puede tolerarse en películas de ambiente elegante, refinado,
como “ La luz que agoniza” , no sucede lo mismo cuando se abordan temas
de fisonomía popular, en los que el diálogo exige modismos en forma irrenunciable. Con ese castellano “ standard” no se puede pensar en filmar
películas de bajo fondo o de simples barriadas populares. El “ doblaje”
resulta, así, privativo para una versión de “ Pigmalión”, por ejem plo, o
de la mayoría de las obras de O’Neill, e incluso haría imposible el “ do­
blaje” del lenguaje en “ cockney” de “ Un desolado corazón” , de Lleuellyn.
Es este el grave problema del cine “ doblado” en castellano, cuya lejana
solución estaría en la realización de versiones para cada país sobre diá­
logos escritos por autores locales interpretados por artistas también locales.
Y conste que en esta apreciación general del “ doblaje” no nos hemos
olvidado que, fuera del cine, sólo conocem os a Shakespeare a través de
sus traductores, es decir, no lo conocemos aunque pretendamos que sí; y
que dentro del cine, nunca hemos querido dudar sobre si la voz inconfun­
dible de Bette Davis en idioma inglés pertenece realmente a ella o a una
“ doble” suya. En cuyo caso poco valdría todo lo dicho más arriba.

Con lo p re d e stin a c ió n en su a lm a de su p ró x im o fin no v a c ila en a y u d a r a lo s e s c la v o s .

ROSA
U L IE S S

P E T IT

P E N S A M IE N T O

DE A M E R I C A
DE

M URAT

Y

H O M ER O

S O B R E EL F IL M

M ANZI

R ES U M EN

E X T R A O R D IN A R IO

DE

PO RA

E S T U D IO S

" L A L IT U D "
SA N

SU

M IG U E L .

de América” evoca una gran figura continental: la de Rosa de
Esa figura nos re­
sultó fascinadora por los aspectos que señalaban su más versado y talen­
toso hagiógrafo, el jesuíta Hansen. y que la mayoría de los comensales
ha olvidado, para detenerse en la capacidad penitencial de la Santa. En
primer lugar, señalaremos el antiracismo declarado de Rosa. Hansen lo
señala al afirmar que la Santa combatía los prejuicios de la clase de es­
pañoles elevados hacia los negros e indios. Atendía por igual, con la in­
saciable violencia de una caridad magnífica, de una solidaridad humana
sin límites, en su pequeña enfermería, a todos los enfermos, incluso a los
esclavos negros heridos en las fugas. Nosotros hemos dramatizado estos
resplandores de esa vida casi increíble, que dedicaba doce horas al tra­
bajo, diez a la oración y la mortificación, y tan sólo dos al reposo. Hemos
apuntado un retrato de Rosa, de su acción fervorosa, de la época en que
le tocó transitar por tierras de América naciente: una época en que el
sueño tremendo del Vellocino de Oro conm ovió a las almas de los nuevos
argonautas de la España Imperial y los lanzaba, rabiosos el destierro, ar­
diendo con la fiebre de la codicia, a la conquista brutal, mientras otros,
fija la mirada de una concepción profunda de la eternidad, trataban de
borrar las huellas de sangre que sus camaradas habían dejado. El film
se apoya en la verdad, pero, ante todo, en su relato encaminado a produ­
cir un determinado efecto y una parábola deliberada desde el principio.
Como en “ Su mejor alumno” , hemos aglutinado acontecimientos disper­
sos y, cuando ha sido preciso, hemos inventado, lisa y llanamente. A los
historiadores quedan libradas las difíciles, tal vez imposibles precisiones
de enumerar una vida humana en ese pobre orden asequible a nuestra
más pobre inteligencia: el paso de los hechos, en el tiempo. “ En “ Rosa
de América” , entramos, muchas veces, a la tal vez más verdadera y en
todo caso siempre más hondamente conmovedora, disposición arquitec­
tónica. deliberada, ordenada con toda conciencia de muchas vidas, de
muchas almas entrechocándose.
o sa

R Lima, santificada y declarada Patrona de América.

Rosa (D e lia G a rc é s ) a m a b a a lo s p o b re s, lo s m en esterosos y d e s a m p a ra d o s. Sus h o ra s
la s re p a r tía e n tre la o ra c ió n y la c a rid a d , v is ita b a el a r r a b a l de L im a lle v a n d o consuelo
y re m ed io s p a ra sus m a le s a los neg ros e s c la v o s , lep ro so s, ta re a q ue n a d ie se a n im a b a
a r e a liz a r .

�MUSICA
Dirige
LEOPOLDO HURTADO

L n gran compositor habla de la música de nuestro tiempo
década 1930-1940 marca la terminación de
la fase experimental de la música contem­
poránea. Durante casi cuarenta años, la música
ha pasado a través de una serie de crisis revo­
lucionarias, cuyo resultado ha sido la bancarrota
de las idiotizantes “ reglas” de la armonía, la
frase rítmica y la construcción melódica. Hacia
1930, los compositores de todas las latitudes co­
menzaron a percibir la necesidad de consolidar
las conquistas logradas en tantos años de expe­
riencia. Como Hindemith, deseaban hacer uso
de los descubrimientos de los pioneers, para ha­
cer un inventario de todos los recursos musicales
que estuvieran ahora a su disposición. Además,
desde el punto de vista estético, ya no había nada
que temer del romanticismo; estaba firmemente
establecido que la nueva música, sea cual fuere
su estilo, iba a adoptar una actitud objetiva, a
ser concebida con claridad y a mostrarse refinada
en su expresión emocional.
Este era el movimiento natural del péndulo
musical. En el pasado todo período de experi­
mento, dentro de la esfera musical, había sido
seguido por otro de recapitulación. Esta necesi­
dad de un “ nuevo orden” en la música contem­
poránea fué intensificada por un factor externo
muy importante: la reacción, o más exactamente,
la falta de reacción de parte del auditorio.
Desde los días de Wagner, ha sido un axioma
que el oyente profano es por naturaleza lento en
la comprensión de las innovaciones que se pro­
ducen en el ámbito del arte de combinar bella­
mente los sonidos. Durante los más críticos años
de evolución que sucedieron a la muerte del
genio de Bayreuth, los compositores habían llega­
do a dar por sentado que sus obras sólo podían
ser de interés para los oyentes más alertas. ¿C ó­
mo podía esperarse que el aficionado común,
ajeno, en comparación con los otros, a las diversas
transformaciones que trajeron los cambios gra­
duales que se operaron en los métodos y en los
ideales musicales, entendiera un lenguaje artístico
que sonaba como si procediera de otro planeta?
Los compositores, al final de la tercera década
del siglo, comenzaron a experimentar la sensa­
ción intranquilizadora de que una amplia brecha
los separaba de sus oyentes. Hubiesen sido bas­
tante torpes al no comprender que esta falta de
contacto con el público los colocaba en una si­
tuación crítica. Además, el hecho de que la
nueva música comenzaba a “ normalizarse” hizo
más que nunca deseable y aun necesario que se
realizara un esfuerzo para reconquistar el interés
de los oyentes en la música contemporánea.
La única nueva tendencia discernible en la
música de los últimos diez años, puede derivarse
de la sensación de desagrado por parte de los
compositores ante la falta de una relación salu­
dable con el público. Como resultado de ello,
se tomaron dos medidas: primero, muchos com ­
positores trataron de simplificar su lenguaje mu­
sical, y luego, intentaron tomar contacto con el
público, no sólo en las salas de concierto, sino
también buscando oyentes y ejecutantes donde­
quiera que pudieran hallarlos: en las escuelas
públicas .y en los colegios, en los conservatorios,
en los cinematógrafos, a través de la radiotelefo­
nía y el disco fonográfico: en todo lugar, en
realidad, en donde se escucha o ejecuta música.
Los primeros signos de esta nueva tendencia los
podemos hallar, históricamente, en Europa cen­
tral, durante la tercera década de este siglo.
Era natural que los compositores se percataran
de su falta de contacto con el público musical­
mente educado en los paises en que la música se
cultiva en mayor grado. Para remediar tal estado
de cosas, buscóse una solución típicamente ger­
mana. Los compositores, con Hindemith a la ca­
beza, comenzaron a escribir obras adaptadas es­
pecialmente a las necesidades del “ amateur”
musical. Esta música — más tarde llamada Gebrauchsmusik, literalmente música de encargo,
con un fin determinado— estaba destinada a fa­
miliarizar a los ejecutantes aficionados con reT

e

j

a

LA MUS I CA
ACTUAL
por AARO N CO PLAN D
cursos musicales diferentes de los que emplean
los compositores clásicos, a los que conocían muy
bien. Los primeros pasos en tal sentido fueron
apoyados por los editores de música, que vieron
en ello la posibilidad de lograr nuevas ventas en
un mercado antes no explotado*. Pero el valor
de estos primeros sondeos fué puramente táctico,
pues el contenido musical intrínseco de la mayor
parte de la Gebrauchsmusik era débil. Los com­
positores continuaban reservando sus mejores
pensamientos para la música “ seria” . No obstante,
en esta forma se puso de relieve la posibilidad
de establecer contacto con el aficionado común.
Al mismo tiempo, en Alemania se hizo tam­
bién otro intento de llegar al público. Esta vez
se trató de buscar a los aficionados a la ópera.
Kurt W eill y Emst Krenek, ya mencionados al
hablar de la influencia del “ jazz” , buscaron deli­
beradamente en sus obras escénicas el “ interés
popular” . Ambos eran compositores de gran ca­
pacidad técnica, que podian escribir en el estilo
de más difícil comprensión.
Pero el público de ópera, en la Alemania de
posguerra, no era el relativamente entendido de
la época anterior. Carecía completamente de pre­
paración para apreciar las complejidades atonales
de Berg y Schoenberg. Mediante la introducción
de canciones de un estilo seudo “ jazzístico” , en
lugar de las anticuadas arias, W eill y Krenek le
daban al público algo que estaba a su alcance.
Aquí, nuevamente, quedó demostrado que me­
diante el cambio de sus objetivos, el compositor
podía establecer contacto con un amplio sector
de oyentes.
Pero el tercer signo de la nueva tendencia,
y posiblemente el más significativo, procedió de
Rusia, principalmente a través de las obras del
joven compositor soviético Dimitri Shostakóvitch.
El ejemplo del autor de la Sinfonía de Stalingrado, sin duda, podría multiplicarse si las obras
de los compositores rusos actuales se escucharan
fuera de la Unión Soviética, tan frecuentemente
como las de aquél. Resulta fácil comprender que
un compositor joven, viviendo en medio de una
revolución social, haya pensado principalmente
en el problema de su relación con el público. La
nueva masa de oyentes, sin haber recibido edu­
cación musical, no se hallaba, por supuesto, pre­
parada para captar las sutilezas musicales. Y, sin
embargo, el compositor soviético debe de haber
sabido que sus obras sólo podían dirigirse a esa
misma masa de público.
Es curioso advertir el efecto que esta circuns­
tancia ha tenido también en la música de Serguév
Prokófief, que permaneció muchos años en el ex­
terior, pero que regresó luego a vivir a su patria.
No será éste el más grande de los compositores
modernos, pero ciertamente es uno de los más
deliciosos. Su estilo es fresco, claro y homogéneo,
características éstas demostradas desde el comien­
zo de su carrera. Siempre ha causado sorpresa
comprender lo poco que en esencia ha cambiado
su música durante dos décadas, ya sea en lo que
concierne a su contenido emocional, o bien en
cuanto a su perfección técnica. Solamente en sus
orquestaciones demuestra un progreso con res­
pecto a sus obras anteriores. Se podría haber
adivinado que lo que necesitaba el pueblo so­
viético era su estilo, pleno de invención melódica
y de joie de vivre. Y se lo podría haber pensado
así con razón, porque .hasta donde puede opinarse,
basándose en las obras recientes que se han es­
cuchado en el mundo occidental, su redescubri­
miento de su tierra nativa lo ha inclinado más
23

decididamente hacia la música de expresión di­
recta y de simplicidad absoluta.
Pero la influencia del público no iniciado se
observa con mayor claridad en la producción de
Shostakóvich. A la edad de treinta y cinco años,
es autor de óperas, “ ballets” , obras de cámara,
numerosas partituras de películas cinematográfi­
cas y seis sinfonías, además de otras ya anuncia­
das. La eficacia de su música, ha sido demos­
trada de manera indudable, tanto dentro como
fuera de la Unión Soviética. Pocos podrían decir
que la suya es música de primera calidad. Pero
si por momentos parece innecesariamente trillada
y convencional, resulta imposible negar el extra­
ordinario flair y la invención musical pura de
que se hace gala. No cabe duda de que es un
hombre que sabe escribir. Su empleo peculiar de
la forma es interesante desde el punto de vista
de la estructura, pues la música parece fluir con
facilidad, en lugar de hallarse entretejida de ma­
nera apretada, poseyendo tan sólo material adap­
tado temáticamente, según la costumbre germana.
La intención emocional de la música es siempre
transparente- como un cristal — casi demasiado,
pues uno se hastía pronto de los movimientos que
son demasiado llanos, en un sentido u otro— ;
satírica o sobria, grandiosa o sentimental. Cual­
quiera sea su debilidad, en Shostakóvich la Unión
Soviética posee un compositor con una persona­
lidad propia notable, que conoce la manera de
revivir la tradición de Borodin y Chaikovsky, de
modo de que interese no sólo a las masas prole­
tarias de Rusia, sino al público aficionado a la
música de todas las latitudes. Su influencia es
posible que gravite sobre otros compositores que
posean sus mismos ideales artísticos.
La nueva simplicidad ha dejado una sensación
de desagrado en algunos de nuestros integrantes
de la “ élite” musical. Opinan que constituye una
sustitución deventajosa, con respecto al estímulo
producido por las obras lanzadas durante la ter­
cera década del siglo que corre, época en que
cada año traía numerosas producciones cuyo estilo
o modalidad no podia pronosticarse. Mas este
período ha desaparecido de manera irremisible,
y por más ansiosamente que se piense en ellas
no podrán volver. La última década será impor­
tante históricamente, aparte de la simplicidad, si
ha producido obras de mérito musical sólido.

AARON

C O P LA N D

�ESCULTURA
Pero todavía nos hallamos demasiado cerca de
ella para poder decir con cierto grado de segu­
ridad cuál será el escenario musical en lo futuro.
i En una carta a N ic o lá s S lo n im s k y . e n v ia d a p o r H ijo s
de B. S c h o tt, e d ito re s de las o b r a s de H in d e m ith (cita d a
p o r S lo n im s k y en su lib r o “ M u s ic S in c e 1900". se h ace
una d is t in c ió n e n tre la “ G e m e in s c h a ft s m u s ik ’ ’ , la m ú sica
para la c o m u n id a d , y la “ G e b r a u c h s m u s ik ” , la m ú sica
es crita c o n c ie r to s p r o p ó s it o s d e te r m in a d o s , a d ife r e n c ia
de la d e c o n c ie r t o o a r tís tic a . M ás r e c ie n t e m e n t e , toda
la m ú sica c o n c e b id a c o n a lg ú n p r o p ó s it o p a rticu la r, o
para c u a lq u ie r g r u p o de e je c u ta n t e s a p a rta d o de la e sfe ra
de los c o n c ie r t o s , ha sid o lla m a d a “ G e b r a u c h s m u s ik ” .
(D e l lib r o “ M ú sica y m ú s ico s c o n t e m p o r á n e o s " .
Con
a u to r iz a c ió n de la E d ito ria l L o s a d a ).

Recuerdos de Claudio Debvssy
u cuarto de trabajo estaba a la derecha del
com edor; la mesa delante de la ventana,
y un piano vertical de palisandro detrás. Poste­
riormente, la casa Pleyel, siempre generosa con
los artistas, le ofreció un hermoso instrumento en
caoba, que él me mostró y me hizo oír lleno de
alegría. El sillón destinado a las visitas estaba
a su izquierda y casi frente al suyo. A llí me hizo
sentar y, bajando un poco la cabeza para evitar
mis excusas, comenzó por felicitarme. Pronto me
sentí cóm odo, a causa de su rostro sinuoso que
me recordaba el Extremo Oriente calmo y cortés,
y sobre todo porque yo presentía en él las pre­
cauciones, muy parecidas a las mías, para no rozar
a los extraños, y para no decir nada sin la certi­
dumbre de ser comprendido.
“ Hablaba con una voz baja y nitida, por frase»
cortadas; y de una tirada, sin buscar jamás las
oalabrat, ofrecía de pronto una imagen maravillo­
sa. Su espíritu era el de un poeta. Y o no sé si,
como han afirmado varios amigos suyos, cuando
estaba en el Conservatorio ignoraba todo lo re­
ferente a la literatura; pero de lo que estoy se­
guro es que, desde entonces, ha recuperado mejor
que nadie el tiempo perdido. No es por azar que,
a su regreso de Roma, haya buscado, como únicos
camaradas, la élite de los escritores; consultado
a Henry de Renier, por ejem plo, estando pre
sente Catulle Mendés — según me lo ha contado
después— sobre su texto de las Prosas Líricas,
pronto para iniciar su com posición; y frecuen­
tado asiduamente el cenáculo, prohibido a los
profanos, de Stéphane Mallarmé, donde yo no
creo que haya entrado otro músico. Es allí donde
vió a Whistler tomar un dibujo de Odilon Redon
y preguntar de qué lado había que ponerlo; a
Verlaine sentarse a un rincón de la estufa, llenar
su pipa y pedir a Mme. Mallarmé un ajenjo bien
abundante. Otro dia conoció a Pierre Louys y pa­
só con este exquisito conversador una larga velada,
hasta la madrugada, en la cual los dos amigos
esperaron que se abriera un café en el Bois de
Boulogne para proseguir la conversación durante
varias horas todavía, ante sus tazas de chocolate” .
L.

La Editorial Argentina de Música
o r
iniciativa de la señora Cecilia Benedit de
Debenedetti, acaba de constituirse en Buenos
Aires una editorial de música cuyos comienzos no
pueden ser más halagüeños.
Se trata de la Editorial Argentina de Música, que
se dedicará —Oh, dioses inmortales— a difundir,
en ediciones pulcrísimas, la mejor música que se
escriba en este país. Este propósito implica algo
tan singular en nuestro medio, que debe destacár­
sele en forma especialísima.
Para que el lector pueda tener una idea de lo
que significa “ la mejor música argentina” bastará
hacerle saber que el consejo artístico de la nueva
entidad está constituido por José María Castro.
Jacobo Ficher y Luis Gianneo, y dar una brevísima
nómina de las primeras ediciones que se han pre­
sentado al público.
Figuran en ellas: Siete canciones, de Jacobo Fi­
cher; la Sonata de Primavera, de José María Castro:
una Sonatina para piano, de Luis Gianneo. Cuatro
piezas sobre temas infantiles, para piano, de Was­
hington Castro; Introducción y fuga, para clarinete
y piano, de Honorio Siccardi; Toccata para piano,
de Juan José Castro; “Las horas de una estancia",
para canto y piano de Alberto E. Ginastera; "Malborough's Retum” de Roberto García Morillo; Seis
movimientos corales de Pedro Valenti Costa y varias
Coplas de Gilardo Gilardi.
Esta editorial era algo que nuestro pais necesita­
ba imperiosamente y que se crea ahora merced a
la felicísima iniciativa de la señora de Debenedetti.

P

H.

De Adolfo Solazar
“ Aquellos pueblos que viven una estética mu­
sical “ nacionalista’' relativamente atrasada pasan,
en el momento actual, por un dilema decisivo:
o tienden a superarse o caen en la reacción. Su­
perarse queda entendido com o rebasar los valo­
res contingentes, circunstanciales de tiem po y
lugar, con los valores universales del espíritu” .
{D e

“ S ín te sis

de la h is to ria d e
E d ito ria l P le a m a r ).

la

m ú s ic a "

Dirige
Ll'ÍS FALChM

Fu nc i ó n' e s c l a r e c e dora

de

la C r í t i c a

de A r t e

ATALAYA
SU C O M P R E N S I O N

DE LA E S C U L T U R A

los escritores que se han ocupado del desenvolvimiento de nuestras artes plásricas avanza con perfiles heroicos la recia personalidad de Alfredo Chiabra Acosta,
conocido por A t a l a y a . Todos los aportes renovadores a la pintura y a la escultura
del país, como las fuerzas negativas que se oponían al natural desarrollo de aquéllos,
encontraron en el penetrante espíritu crítico de este hombre extraordinario, unos, la
generosa comprensión nutrida en el conocimiento-intuición de los procesos de la crea­
ción artística: otros, la intrepidez y fuerza moral para señalar desviaciones o fustigar
intereses subalternos. Su labor esclarecedora se desarrolló durante los veinte años
anteriores al de 1932, en el que terminó su existencia de combatiente. En ese lapso,
fué siempre el primero, y a menudo el único, en advertir y estimular la labor de
cuanto artista aparecía en nuestro medio anunciando un noble don expresivo. Ningún
intento de expresión personal, cuando todavía era difícil captar la potencialidad de
la obra en agraz, pudo escapar a su singular aptitud para “ ver debajo del agua".
L a t i t u d , al rendir homenaje al pensamiento liberal, recuerda el de Atalaya, des­
tacando de sus “ Críticas de arte argentino" algunos conceptos sobre la Escultura, —los
modos de expresión, la ética del artista, la de la crítica y el significado del estímulo
oficial,— en virtud de su permanente actualidad.

E

ntre

La Escultura
“ La Escultura, hermana gemela de la
A rquitectura, es el arte de esencias más
nobles, y la que puede contener con m ayor
potencialidad nuestras más insondables
ansias de infinito. N obilísim o simulacro
de la terrible, armoniosa fuerza secular y
m olecular del guijarro y de la montaña,
bloque hum anizado de ella misma, es la
única m edida que tenemos de nuestra
eternidad” ..............................................................

Fórmulas modernas
“ Actualm ente, y en esta era moderna,
más repleta de teóricos que de verdaderos
artesanos — en el más am plio con cepto—
se escribe y se habla de escultura pura, de
construcciones geom étricas en demasía,
quizá con el laudable p rop ósito de reanu­
dar la tradición de las más grandes épocas
escultóricas que tuvo la hum anidad. Y sin
advertirlo, estos mismos que hablan a todo
trapo de estilización y de geometrías, no
hacen sino reducir el problem a a una
cuestión retórica y tal vez a un im presio­
nismo de planos y volúm enes cuando p o ­
nen en práctica esa retórica. Caso co n ­
creto es L ipcliiz” .................................................
“ A brien d o un forzoso paréntesis nos ve­
mos obligados a proclam ar bien alto la
desconfianza que nos infunden esas frasesrecetas, efigies borrosas del lugar com ún,
de los vacuos v platónicos propósitos. Ba­
rajando estas fórm ulas simplistas p od e­
mos ob jeta r que antiguamente, cuando se
lograban épicam ente “ la escultura arqui­
tectural” y “ el sentido constructivo y geo­
m étrico de la form a ’ , nacían de la com p le­
jidad de m uchos factores, y el más básico
entre ellos era el de una necesidad profun­

damente orgánica de expresión biológica,
diríam os, esto es, de la doctrina que ha­
bíase form a do del universo: y no apoyán­
dose en una teoría apriorística, que es todo
lo contrario de una prolongada y lentísima
elaboración evolutiva. Si querem os preci24

A TA LA YA

pitar los factores tendrem os estas teoría-

a priori que dan lugar a todos los artificios
y a todas las artificiosidades” ........................
“ P or esto m ism o, hay que desconfiar de
los conceptos tan redondos, tan hechos,
que pueden hacernos correr el peligro de
no dejarnos pensar, y hasta no sentir por
nuestra propia cuenta. ¡Y a hay muchos
que esculpen y pintan con estos conceptos
va m anipulados, y en verdad cabe decir
que son la peste del m undo, que mancillan
la divina frescura del arte!
“ Se ha dado en creer que únicamente
los cuadros de género, de asunto, las ma­
chines, eran pinturas anecdóticas, y se
encaró el problem a en su más burda faz.
La anécdota, lo anecdótico, es la vulgari­
dad del sentim iento, de la pasión, de la
sensibilidad y del talento. ¡ Eso sí es la
anécdota pura en toda su chabacanería!
¡Y tanto da que un escultor o pintor
cubista construya por planos buscando el

�sentido arquitectónico de la form a, pues
si su inspiración es vulgar, su com posición
adolecerá de todos los defectos de anecdotismos que se le reprochaba a los con ­
vencionales cuadros de g én ero!” ...............

Acentuación del carácter

*

“ Miguel Angel hizo de Moisés el caudillo
de un p ueblo, el creador, un dios de un
aplomo y potencialidad única. ¿E l tau­
maturgo hebreo fué exactamente de ese
modo en la realidad de aquellos lejanos
tiem pos? Probablem ente que no. D ejando
de lado una figura legendaria, pasemos al
Balzac de R odin . Quién buho de trans­
figurar y elevar al ciclo de lo ép ico, una
figura de hom bre que en la feria de la
vulgaridad cotidiana no fué más que un
gordo, rech on ch o, de p o r te a n tie s té tico .
Sin em bargo, todo el p oder creador de
La comedia humana vive en esa estatua,
columna gotizante en sus tonalidades som­
brías, casi maciza, que, en toda su pesadez,
parece que se tuerce, se yergue, en un
dinamismo ascendente, en ligera espiral:
es el artista en el acto de crear, ciclóp eo
esfuerzo; dios tam bién él com o pudo serlo
Moisés. En la con cep ción pura. Rodin
coincide con el Buonarroti a quinientos
años de distancia.
Exaltemos en la criatura humana todo
lo que en ella sea su parcela de etern id ad :
su fuerza, su energía, sus virtudes creado­
ras; lo demás sólo son sentimientos tran­
sitorios. lo que antes calificam os de baja
anécdota"...............................................................
“ Obsedid o p or su constante preocupa­
ción de lo ép ico, de lo grandioso v m onu­
mental — que S . . . siente hondam ente—incurrió un p oco en los efectos. Lo que
se aviene a un m onum ento ecuestre, cree­
mos que no se avendrá a una cabeza. ¿Para
qué excederse, diciendo lo sim ple, lo llano
enfáticam ente? Su obsesión del problem a
plástico, ante todo, fatalm ente habría de
conducirle a m agnificarlo, arrastrado toda­
vía por prurito levem ente estético. ¿Es
un error este? Lo es. aunque en el más
noble sentido de su peración: aun cuando
lo con d u jo a la acentuación del carácter
basta lindar con la recia armonía de lo
caricatural. ¡\ la estética es lo que hay
de más nefasto para el arte! Asimism o,
todo ello se atenúa y se com pensa, porque
siendo S. . . fundam entalm ente escultor, su
forma y su m odelado son fuerzas en p o­
tencia: ya tomadas com o densidad de m o­
vim iento. orden rítm ico, construcción y
actitud estática. V ale decir, que si el efec­
to existe visiblem ente en sus más recientes
piezas escultóricas, se halla ju stificado por
el contenido, hondam ente expresivo de
ellas que laten con poderoso eflu vio de
extraordinaria vitalidad, ingenuamente p o ­
pular. en sus líneas esenciales.
"H em os señalado defectos y cualidades,
que es la trabazón íntima de toda obra de
arte, cuando se realiza con el único, incan­
sable anhelo de estudiar señera v sincera­
mente y siem pre por nuevos derroteros” .

Modos de arquitecturar la Escultura
“ M . .. es un sensitivo de recóndita na­
tu r a lid a d ... Es el artista en vigencia que
se contrae, ante todo, en lo que existe
de espíritu disperso en el m undo de las
formas. Forzosamente su m odelado, la
com posición, la manera de encarar los
temas escultóricos, de cóm o trata la ma­
teria. responden con honda fidelidad a
estas cualidades cardinales . No es m onu­
mental. ni precisa serlo, talvez por ahora.

A N G EL,

c s ta tu ita

en

m c d e ra ,

del

s ig lo

X III

fra n c é s .

Pueden coexistir dos grandes m odos de
arquitecturar la escultura. P or el misti­
cismo ascendente que afina v espiritualiza,
y por la abstracción concentradora que
geometriza o estiliza: góticos v egipcios.
I na íntima, y la otra épica y grandiosa­
mente decorativa. El realismo de M . . .
se arquitectura sobre el espíritu de una
sensibilidad perpetuamente alerta. Hay vi­
da interior. Sus formas jamás pueden ser
pequeñas, aun cuando sus esculturas no
alcancen un gran tamaño, porque en ella
hay ese fondo inexpresable, que no nos
atreveríamos llamar poesía. Todas re p o ­
san serenamente. En su m odelado podrá
haber pequeños errores, pero no zonas
neutras o “ m uertas" v sí obedece a una
contraída sen sibilidad".....................................
’"L n bajorrelieve de tierra cocida, otro
en yeso, un desnudo en form a de tanagra.
y una figura vestida, tratada idénticam en­
te. No no nos explicam os por qué todas
ellas nos infunden la sensación de un arte
de raíces populares. Hay algo de tosca
delicadeza, que parece constituir un atri­
buto exclusivo del p ueblo, entendiendo a
éste no com o un mito de clase y sí com o
la masa anónima donde lo sustancial de
25

la humanidad se funde en una sola alea­
ción. Principalm ente se puede deber ello
a que esta tendencia de arte deriva de otras
qu fueron voluntariamente expresiones co ­
lectivas de estados sociales y culturales de
determinadas civilizaciones: supóngase la
egipcia, las indochinas, donde una m uche­
dum bre de artistas y artesanos anónimos
trabajan para una manifestación total. Y
las artes de vanguardia, si no se han ave­
nido a este anonimato colectivo, en el cual
nadie figura y figuran todos, propenden
a que la escultura y la pintura retornen
a su antiguo rol, utilitario de adorno y
decoración de una masa arquitectónica.
Entonces al artista urgíale expresarse en
otra técnica, menos detallista: proceder
p or grandes planos y vastos volúmenes.
“ Y bien, C . . . supo asimilarse la sola
esencia de esta doctrina constructiva, insu­
flándole, además, la calidez de su tem pe­
ramento m eridional — si no lo es p or su
nacim iento— que se revela en su sensua­
lidad táctil. Así animaba con soplo vital
la abstracción de una teoría plástica. Es
en lo que se diferencia de sus coetáneos,
los deshumanizadores de las formas en un
grado tan extrem o que ya no son abstrac­
tos y sí abstrusos. El artista argentino, aun
cuando esquematiza, conserva siempre la
esencial estructura humana. La despoja
sólo de lo superfluo, para ordenarla en
líneas, volúm enes y planos, dentro de una
com posición rítmica. Tom em os p or ejem ­
plo este desnudo, que tildam os de tanagra
p or la arm oniosidad de sus perfiles, y
ensayemos a decir en qué es contrario al
bihelot. Generalmente se cree que el ta­
maño hace lo estatuario, el m onum ento o
lo monumental. Es una falacidad de idea
y sensación muy difundida. Es com o se
ha tratado las partes de una figura, etc.,
cuando adquirirá grandiosidad: todo ello
en vista del carácter y del equilibrio a
veces agrandado y siem pre exacto, de las
proporciones. Si se tomara una tanagra
griega, agrandándola hasta el tamaño na­
tural, resultaría una estatua quizá tan ática
y graciosamente monumental com o sus
hermanas mayores, los más bellos ejem ­
plos de la escultura griega. Si hemos exa­
gerado un p oco el símil, es con el fin de
una m ayor com prensibilidad. \ tanto el
desnudo y la figura vestida de C . . . llevan
todos los elementos de la gracia arquitec­
tónica de una estatua: en cam bio, una de
un m etro y ochenta, que no participase
de la virtualidad de esas características,
no sería más que un m onstruoso bibelot,
ya p or ser una copia pedestre o frívola ­
mente agradable, en cuya creación no en­
tró para nada el espíritu de un artista” .
“ Las escasas obras que victoriosam ente
se zafan de un nivelador aire de fam ilia,
son las que p or el poderoso im pulso de
una personalidad definida, que sabiendo
lo que se prop on e y quiere logra realizar
más o menos el tema, siem pre en la ten­
dencia de unidad orgánica, para crear algo
viviente. Son aquellos que ven grande.
No de tamaño, y sí p or volúm enes y planos
p lá s tic o s ... ¿Q ué es una escultura si no
se organiza en carácter v la rige un ritmo
general?
A l querer inferirle a C . . . un grandísi­
mo daño, le hicieron el m ayor bien. Esa
soledad penitente le favorecía. Sobre ese
muro, era este bajorrelieve la alegría de
la form a vivificada p or un gran carácter.
La ternura ruda y viril, puesta p or el
artista, le hacía cobrar acentos nobles y
puros a la tragedia eterna del amor. Pero
sobre v por encima de este sentimiento

�“ Los que juzgan con un criterio unila­
teral a ambos artistas com eten el error
flagrante de incom prensión. Y cuando se
discurre del m odelado de planos y de v olú ­
menes, quizás F . . .. instintivamente plás­
tico, siga el consejo de Ingres, quien acon­
sejaba esto: pour arriver a la belle forme,

il faut modeler droit avec des rondeurs” .

Expresión + plástica
“ El ritm o sucesivo que cadencia esta
escultura, acompaña este d olor materno,
manso, callado com o una fuente escondida
que llorase p or dentro. Y esta em oción
contenida que rodea com o un halo de luz
la cabeza materna, inclinada y dolorida,
nos conm ueve más que la desesperación
de una Gorgona, convulsa p or los sollo­
zos . . . E m oción contenida y armonía rít­
mica con ten ida: he ahí el triunfo que sig­
nifica esta com posición escultórica. Es la
unidad del sujeto y del o b jeto, en la obra
concebida orgánicamente. Es lo patético,
dentro de la serenidad, que se enlaza a
la antigua gracia helénica, más p o r el espí­
ritu que p or la form a” .....................................

El artista

R etrato de S e so stris I I I .

( X I P d in a s t ía ). G r a n ito . A ltu ra 1.20

inicial de toda obra de arte, el problem a
de luz y sombra había sido resuelto magis­
tralmente p or la contraposición armoniosa
de largos planos y volúm enes agudos u
obtusos. La justeza de esos valores daba
suavidad de terciopelo a las form as, des­
prendiéndose de ese ritmo continuo e in fi­
nito una sensación de poem a. Es esta una
tosquedad de extremada delicadeza inte­
r i o r . . . Nunca los jóvenes orfebres h u bie­
ran p o d id o sentir este soplo de pasión y
poesía que alienta esa com posición. Ellos,
los catadores del detalle, de la bonitura
fragm entada” .......................................................

El movimiento en Escultura
“ E m pleando una opuesta técnica a la
voluntaria estilización de C. . ., consigue
F . . . las grandes líneas y la caracteriza­
ción del tema que se p ropon e desenvolver.
Su m odelado a grandes planos plásticos,
le otorga una estructura arquitectural a
su figura. Con ello fija y detiene el dina­
mismo que la agitará en gesticulación rete­
nida. Quisiéramos detenernos un segundo
sobre la debatida cuestión del m ovim iento
en la escultura. En esta obra la pose v io ­
lenta ha sido expresa y calculadamente
desechada, para que este recogim iento co ­
brara una intensidad inusitada. Es la ten­
sión nerviosa del acecho. El esfuerzo de
atención contrae toda la figura. Son
fuerzas en reposo, y p or ende eternamente
en m ovim iento. El gran acierto de esta
escultura es im buirnos con esta im presión
de espectativa, que es uno de los instantes
de este juego. H aber logrado esto es ya
un triunfo. Todos los planos huyen hacia
un ritm o indefinido. Si a C . . . le era im ­
prescindible solucionar un problem a de
claroscuro por un solo plano total, F . . .
tuvo que resolver un problem a de m ovi­
miento p or la m ultiplicidad de los perfiles.
Fue su única preocupación, y en este caso
no debía ser otra. ¿H an com pren dido esto
sus críticos v sus gratuitos zaheridores?
P or cierto no tuvieron tiem po ni voluntad
para observar, m editando, cuál idea había
dado pie a la creación de esta figura de
atenta gravedad.

" . . .el arte, simple epifonem a, suma, sín­
tesis. no es más que un fruto maravilloso
que supone el á rb o l: el hom bre.
“ No basta, p or cierto, nacer con una
diminuta veta de aprendiz de creador, o
de poeta, que es lo mismo. Siendo ello
prim ordial para la solución feliz del p ro­
blema de arte, es sólo un oscuro com ienzo.
Es un germen que. según los cuidados que
le prodigue el azar o una tutoría vigilante,
llegará a la madurez de su crecim iento y
podrá ser fecundo y vigoroso.
“ Ser sinceros es perm anecer fieles a
nuestra naturaleza, para serlo después con
los elementos que nos rodean. Esta es la
guía ética — inalcanzable e hipotética pa­
ra la m ayoría— y que deberán seguir, los
artistas. T o d o lo demás les será dado por
añadidura. Técnica, carácter, personali­
dad. siendo un todo indisoluble, tiene sus
raíces en el sustrato m oral de cada uno.
Lo que resta luego sólo es literatura y
metafísica, mala metafísica y pésima lite­
ratura. Los que quieren engañar, hacién­
dole trampa a la vida y a sus coetáneos,
en el reino del arte, se engañan a sí mis­
mos. En la historia inm em orial de todas
las artes queda el tendal de cadáveres que
vivieron com o sombras y desaparecieron
com o sombras deslucidas. Esto le aconte­
cerá a las pasadas y presentes generaciones
de artistas argentinos, con sus raras y
honrosas excepciones.
Las virtudes que deberían adornar a un
temperamento artista, si ansia la máxima
belleza m oral, han de ser viriles y diáfa­
namente veraces y siem pre la valentía en
todo trance. Alguien ha d ich o : valor de­
bajo del cráneo y en los puños; y es lo
único que convertirá a los artistas en leva­
dura, en ferm ento de inquietud, tendiendo
hacia mía perfectibilidad indefinida de los
hom bres” ...............................................................

La crítica y el Salón
“ Nos aplasta la falta de responsabilidad
en los críticos m ejor situados para co n ­
traerse a una labor bienhechora de depu ­
ración y de esclarecim iento artístico. Nos
revienta esta ausencia de dudas al enfren­
tarse a valores espirituales que podrán
poseer cierta o determinada calidad o no,
pero que existen y laten concordes al ritm o
universal. Estamos hartos de com probar
esta carencia absoluta de curiosidad, de
26

. . . ..

inapetencia p or todo lo que es nuevo o
se exorna con la más ínfim a y novedosa
partícula de algo desacostum brado. Con
creces pudim os demostrar esta suficiencia
pom posa e ignara en e llos; y lo que es
más, esta lamentable desaprensión, com o
si sólo se tratara de arrojar chinarros al
r í o : sin arrestos, sin entusiasmo ni bríos,
en una deflagradora inconsciencia que di­
vaga y se despeña al azar, anegando ciertos
nom bres, haciendo flotar otros, porque sí.
Lo mismito que la m ayoría de los e x p o ­
sitores, quienes parecieran pintar de en ­
cargo, p or entregas y con taxím etro. Existe,
pues, una secreta correlación entre la in­
trínseca tesitura de estas obras y esos largos
y babélicos articulones p or los cuales des­
filan con vertiginosidad cinem atográfica
una m ultitud de nom bres, con el apéndice
de un adjetivo gastado y a rch iviejo” .
“ Un salón com o el que aquí realiza cer­
támenes anuales y que vive y se sostiene
p or m edios artificiosos y no m uy lim pios
casi siempre, ha de crear, en lógica pará­
bola. un ambiente artificial de flora ané­
mica y de invernadero. Esas inyecciones
periódicas de dinero son com o las bolsas
de oxígeno aplicadas a un agonizante. No
es con dinero com o se protege el arte, sino
con la enseñanza viva de los maestros.
¿L os hav entre nosotros? No nos referi­
mos a los profesores ni a los estetas que
evaculan sus elucubraciones pastosas y
turbias, sino al maestro espiritual, que
enseña con amor y no p or deber o paga.
El único que tuvimos fué M alharro” .

T 0 R 0 M I R 0 , emocionante testimonio del arte de
tallar imágenes en madera dura que practican
desde antiguo los nativos de la legendaria Isla de
Pascua, de jurisdicción chilena, perdida en el
Océano Pacífico.
El anónimo escultor primitivo que talló esta
figura, expuesta en la galería Amauta, prolonga
a través del tiempo el misterioso poder expresivo
de sus remotos antepasados que tallaron en lava
las colosales esculturas megalíticas, cuyo arcaísmo
induce a los historiadores a considerarlo como
el arte antecesor de la gran escultura polinesia.

�MAPA CONTINENTAL
Dirige
NORBERTO FRONTINl

A r t e

V e r n a c u l a r .

P e r u a n o

RETABLILLOS
DE AYACUCHO
por JOSE SABOGAL

E

l

arte popular en las comarcas ayacuchanas se mantiene aún en plena vitalidad
a pesar de la invasión de juguetería industrial que hizo estragos en la ciudad
de Cuzco en su feria de Cavidad, en el “ Santuranticuy” , en el que han des­

aparecido las mejores expresiones de la vena popular, reemplazadas con las feas y
JO S E

SA BO G A L

extrañas figuras de celuloide importadas.

En Ayacucho, desde los primeros momentos de
la conquista se asentó una fuerte colectividad es­
pañola y erigieron una ciudad -—Huamanga— , im ­
portante como base estratégica y punto obligado
en el dilatado camino entre Cuzco y Lima. Fue
centro importante en las artes y en la artesanía; y
el hombre aborigen, apto en sensibilidad y en
fuerza para asimilar los rumbos artísticos del
Renacimiento traídos por España e interpretarlos
con cadencia india. En Ayacucho se realizaron
esos hermosos jergones para las iglesias y los
estrados de casonas con los ritmos decorativos del
imperio hispano y la cadencia decorativa de “ pocras” y “ chankas” , los pobladores de esta región.
En estas interesantes jergas y tejidos finos se
realiza la pugna de las dos corrientes y se ha
dado en llamar a estas piezas de la “ etapa de
transición” . Después vino el entendimiento, se en­
tendió la armonía decorativa mediterránea, se po­
pularizó y se convirtió el acanto en la flora de la
comarca ayacuchana. La artesanía se hizo famosa
en la platería repujada y afiligranada, en los cue­
ros repujados policromados a la manera de los
de Córdoba en España y en la bordaduría, en el
tallado de madera y en las doraduras al bole. En
la imaginería, Ayacucho tenía su especialidad en
las figuras de piedra de Huamanga -—un alabas­
tro del lugar— que se aprovechaba de su trans­
parencia y se coloreaba con mucha delicadeza.

acusan un admirable sentido de agrupación, de
gesto, de intención. Se continúan en relieve y se
pinta el cielo o el fondo conveniente que ha de
ambientar al “ retablo” . En el campo laico, se
desarrollan las escenas del campo, las “ mingas” ,
las “ jaranas” y cuanta escena lugareña se le ocurre
al festivo artista, que se siente que goza como
un niño al producir estas encantadoras piezas. No
hay colores agrios ni inarmónicos en los retablos,
y en el decorado de pintura del exterior se siente
una armonía admirable de tintas enteras realiza­
das con la decisión y justeza del artista tempe­
ramental.
Estos retablos aparecen en las festividades gran­
des y especialmente en Navidad. Así como en los
“ Mates burilados” , en que hay los maestros des­
tacados, los “ championes” , en los retablos hay los
“ maestros” prestigiosos, cuyas producciones son
solicitadas en las pintorescas ferias ayacuchanas.
Ahora estos maestros han trasmontado con su
faena las fronteras provincianas, han despertado
un interés enorme en los “ turistas” criollos y no

criollos y hasta hay ofertas tentadoras a los ar­
tistas para una producción en gran escala. Se
intenta industrializar un arte vernacular que tie­
ne su valor en eso, en que es espontáneo, íntimo
e ingenuo.
Ayacucho se defiende en este aspecto de su ex­
presión plástica popular por razón de su reciente
carretera — sólo en 1924, para el Centenario de la
batalla de la Quinua, se abrió esta vía— . En Cuz­
co. la invasión de imaginería, juguetería y basta
telas incaicas de importación tiene cerca de cua­
renta años con la llegada del ferrocarril. Claro
es que existiendo latente una fuerza artistica ver­
nacular, después del inevitable trastorno que pro­
ducen los medios modernos de transporte, en
todos los aspectos, esta fuerza emprenderá otra
etapa acorde con los nuevos tiempos; pero entre
tanto tocan a su final estas piezas candorosas que
vienen con aroma de tiempos pasados. Son las
últimas de este carácter y entre ellas se destaca
con brillante relieve el “ retablo ayacuchano” .
Lima, julio de 1945.

R e ta b lillo s de A y a c u c h o (23 x 30 c m s .), fo to de G re te Stern

En el campo de las artes caseras, el “ nacimien­
to” criollo, fué el acicate para la producción de
lindas figuritas ingenuas hechas en muchas ma­
terias, en piedra de Huamanga, en madera y pasta
y telas encoladas y pintadas. La Cruz de Mayo
provee aún de oportunidad para las bellas cruces
de la Pasión, en madera, en pasta y en hoja de
lata. Pero estas manifestaciones tienen su máxi­
ma expresión en los llamados retablos” .

•
Los “ retablos” de Ayacucho son ya las com po­
siciones populares enmarcadas en su caja de ma­
dera y cerradas por una puertecita de dos hojas
decorada en vivos colores en su exterior y en el
reverso de las hojas. En estas agrupaciones de
escultura y de pintura se realizan las escenas
religiosas más populares y en especial la del Naci­
miento del niño Jesús, la Huida a Egipto, la Pa­
sión y Muerte de Nuestro Señor y una serie rela­
cionada con estos asuntos. Las figuras en pasta

En el núm ero 4 de L A TITU D a p a re c ió un b re v e e n sa y o del
e sc rito r ch ile n o A n d ré s S a b e lla , a u to r de la d is c u tid a n o v e la
"N o rte G r a n d e " , v is ió n de la v id a s a litre ra q ue a b a rc a 70
añ o s de a c c ió n , en q ue h a y un e rro r de fe c h a s : e l a u to r
nos p id e re c tific a r lo : la m a sa c re de o b re ro s h a b id a en la
Escuela Sa n ta M a r ía , de Iq u iq u e , a c a e c ió en 1907, e l 21
de d ic ie m b re , y no en 1910 como a h í a p a re c e .
Q ueda,
p u e s, hecha la s a lv e d a d .

27

�El indio v el cambio cultural
por IX IS

L

E. V A L C A R C E L

os mixtificadores no han logrado convencer
a nadie de la ingénita ineptitud del aborigen
peruano para lo que llaman la civilización.
Está suficientemente explicado que el proceso
transcultural, a través de los canales del coloniaje
español y sus supervivencias contemporáneas, ha
sufrido una doble corriente agostadora que ha
traído como consecuencia el empobrecimiento to­
tal de los pueblos indígenas, quienes, de un lado,
perdían infinidad de elementos culturales pro­
pios y, de otro, no adquirían, no lograban absor­
ber por inopia económica, por inferioridad social,
aquellos elementos nuevos integrantes de la cul­
tura occidental. El indio de hoy es una sombra
del hombre de Tahuantinsuyu y no es ni un es­
bozo del civilizado occidentaloide. Pero esta es
una mera “ situación” que no imprime sello per­
durable en el alma india. Todo nos conduce a
afirmar que el indio está saliendo de ese oscu­
recimiento, y que el Perú no se da cuenta aun
del tremendo hecho que significa el despertar
de cinco millones de hombres. Con fe que se ha
calificado de mística o de ilusa hemos esperado
la producción de tan magno fenómeno. “Tempes­
tad en los Andes” simbolizó ese entrever o pro­
fetizar el resurgimiento indiano.’ Esta vez no
somos nosotros, quizá parciales, quizá equivoca­
dos, quienes vamos a ratificar nuestro juicio y re­
novar nuestra esperanza en la aptitud del indio
para entrar a tono en la vida de nuestro tiempo,
que ése es, en último término, el concepto de
modernización. Va a ser la palabra autorizada de
un joven maestro italiano (Antonello G erbi), au­
tor de uno de los libros medulares de nuestra
época: “ El Perú en Marcha” .2 Con la claridad y
madurez del estudioso europeo de este siglo, lim ­
pios los ojos de toda predisposición a mirar las
cosas de este continente como inmaduras o de­
crépitas, el profesor Gerbi analiza y discrimina
la personalidad del Perú. Oigámosle: “ El Imperio
Incaico — dice— desapareció; empero, la energía
espiritual implícita en su tradición sobrevivió a
su caída. Más aún, cristalizándose en las almas
y en los corazones, creció en fulgor inextinguible
como el diamante nacido del oscuro carbón y
pudo así constituir el primer núcleo de una con­
ciencia nacional peruana. Este núcleo adamantino
resistía al principio y hasta se oponía a la pe­
netración española; pero, una vez consolidada la
República, brillaba a través de los elementos im­
portados y asimilados como un sello de antiquísi­
ma nobleza y operaba en el nuevo estado como
un ejemplo atávico, como una exigencia de orga­
nización y de disciplina, de fuerza y orden, como
el mito propulsor característico (por ser históri­
camente verdadero y reciente) de la religión pa­
tria del Perú” . En este párrafo, Gerbi revela la
parte positiva y sobreviviente de la cultura in­
caica que se incorpora al nuevo ser colectivo.
Descubre como núcleo vital, dominante, “ masculi­
no” , esta tónica viril y austera de la herencia
indigena. El sentido señorial que todo viajero
descubre en el alma del Perú arranca de su raíz
originaria, multisecularmente americana.

Sólo México en el norte, otro sector de alta
cultura india, ofrece panorama similar. Cuando
estudia el resurgimiento de los valores indígenas
y comprueba el rápido desenvolvimiento de aque­
llos pueblos que más alejados se mantuvieron
del tráfago europeista, llega a la conclusión de
que es un hecho incontrovertible que son m illo­
nes de hombres los que pueblan los valles andinos
como “ fuertes productores en potencia y pro­
bables consumidores asiduos de toda clase de
artículos manufacturados” y que “ el Perú tiene
una reserva de mano de obra y de capacidad ad­
quisitiva que representa, por lo menos, tanto co­
mo las riquezas mineras de su subsuelo” . En esta
afirmación, Gerbi queda corto, porque el valor
de esos millones de hombres significa para el
Perú su máxima razón de existir. Queda sorpren­
dido el autor de la suma habilidad técnica del
indio, cuando en la Granja Salcedo de Puno le
ve dominar las máquinas y producir artefactos
“ demasiado finos, demasiado elegantes para aque­
lla discreta población” , o cuando en La Oroya,
zona de las grandes instalaciones mineras, trabaja
como mecánico especializado, asombrando su ca­
pacidad asimiladora a los ingenieros y técnicos
norteamericanos. “ Su fuerza está todavía virgen
— dice el profesor Gerbi— y sus aptitudes no han
sido ensayadas en todas las industrias” . La Sierra,
que es la región india por excelencia, ha entrado
en un ritmo acelerado extraordinario que se pin­
ta en el siguiente párrafo:
“ Actualmente — escribe— en toda la Sierra el
desarrollo de las relaciones comerciales, el tráfico
de camionetas sobre las pistas asfaltadas de las
modernas carreteras, los intercambios de hombres,
de productos y de dinero, se desenvuelven en un
ritmo acelerado. Las estadísticas bancarias acusan
un aumento de las operaciones, número de los
pagarés cobrados, letras de cambio descontadas,
depósitos efectuados, mucho más alto en porcen­
taje que el correspondiente a la costa, que tam­
bién es muy fuerte” . No incurriremos en el error
de atribuir todo este movimiento a sólo el pueblo
indio, aun cuando la base de todas las operaciones
se identifica con él. Son los indomestizos y al­
gunos indios económicamente elevados quienes
figuran en este drama de la economía como pro­
tagonistas: la comunidad india juega el papel de
coro, como en la tragedia griega. Es de todo
punto cierto que el día que el indio pueda cam­
biar su burrito o su llama por un camión y su
viejo buey por un tractor, lo hará, como ya lo van
haciendo muchos. Su inferioridad actual no es
sino suma pobreza, absoluta miseria, tanta o ma­
yor que bajo los opresores hispánicos. Gerbi, co­
mo nosotros, es partidario de la aceptación com­
prensiva y entusiasta de la realidad india, de su
“ tamaño fervor que no puede, ni debe, desperdi­
ciarse” , de este “ fecundo entusiasmo que consti­
tuye la mejor garantía de su grandeza futura” .
Pide, tanto como lo hemos pedido siempre, la
incorporación INTEGRAL de los “ elementos étni­
cos, morales, tradicionales, autóctonos, propios de
la población que existía antes de la Conquista” .
Es decir, el cumplimiento del verdadero proceso
de transculturación, desviado, paralizado, perver­
tido, por la absurda política colonial y por su
continuación inconsciente bajo la República. Pue­
de afirmarse, sin hipérbole, que el Perú indígena
con sus cinco millones de habitantes va apenas
a tomar contacto con la cultura occidental, y que
el fervor y entusiasmo que Gerbi ha observado
en todas partes es el presentimiento de la nueva
era transcultural. La civilización traída por los
españoles, y apenas renovada e incrementada en
tres siglos, fué un articulo de lujo para grupos
restringidos de pobladores. La masa india, ayer
como hoy, recibió muy tenues influencias, siendo
más aparente que real la asimilación de ciertos
valores, como el religioso. El indio — no el crio­
llo ni el mestizo— está fuera en gran parte del
comercio de ideas, costumbres y usos que han
transformado a las clases superiores de la pobla­
ción del Perú. Si visitamos la choza de un habi­
tante de la cordillera, apenas hallaremos la hoja
de acero de un cuchillo, como toda representa­
ción de la cultura occidental; y si bajamos a la
IN D IO

B O L IV IA N O " Q U IP IL L A N D O "

UN

FA R D O

E L

I N D I O

E N

admitir como probable este pensamiento:
para el conquistador español el indio es un ser
física y espiritualmente inferior por ser de raza
diferente y por haberle vencido. Este pensamiento
nos explica su esclavitud y su catequización (doy
por mediantes la codicia, el coetáneo concepto de
la riqueza, el sentido misional de la conquista y las
urgentes necesidades de la colonización). La eocplotación del indio es, pues, par del consuelo moral
que se le prodiga en nombre de una doctrina que
dispone, en principio, dejar al César lo que es
del César.
Teólogos y juristas proyectan la legislación de
Indias, pero militares y civiles nacidos con el indi­
vidualismo y el hambre material del Renacimiento
conquistan y colonizan América. El "se acata pero
no se cumple” , de la autoridad local, es fruto del
divorcio entre un derecho metropolitano complicado
y una realidad económico-social exigente de orde­
namientos simples. La historia de los hechos colo­
niales nos informa que la esclavitud del indio —ori­
gen de la aristocracia minera y terrateniente — es
el resultado real de las “ encomiendas” , que obligan
a un grupo de familias indias a prestar su no
remunerado servicio personal a un español, por toda
su_ vida, por la de éste y la de su mujer e hijo
(1513), por tres vidas (1629) y hasta por cuatro
(1714); de las “ reducciones y corregimientos” , que
fuerzan al indio a vivir en aldeas y a prestar su
gratuito servicio personal, y corrigen al nómade
y al huido; y de las “ mitas” , que lo obligan, per
sorteo, a trabajar temporariamente en casas, campos
y minas, a cambio de hospital, doctrina, justicia,
protección y salario, del que se descuenta el tributo.
El régimen de esclavitud destruye, paralelamente,
las formas comunitarias del trabajo campesino abo­
rigen y al indígena mismo: en Perú, dice Mariátegui,
diez millones de indios, en tres siglos de coloniza­
ción, quedan reducidos a la tercera parte. J^a calequización, a su vez, con la necesaria proliferación

P

o d e m o s

profunda selva amazónica, nos asombrará, por to­
da muestra de civilización, un “ abrelatas” conver­
tido en pendantif de puro adorno en la mínima
indumentaria del machiguenga o del huarayo. El
conquistador del siglo X V I , como el cauchero del
siglo X X , no intentaron ni consiguieron otra cosa
que la más despiadada explotación del indio. No
es renuente el indio a la adopción de métodos y
procedimientos, herramientas o aparatos que in­
crementan y facilitan la producción. Todo lo con­
trario. La prueba se presenta a cada paso con el
indio chófer, con el indio mecánico, en la fábri­
ca o en la mina, en el campo o en la ciudad.
Parece más bien un hombre especialmente dis­
puesto para el trabajo técnico, por su impertur­
bable serenidad, su atención persistente, su pa­
ciencia y su habilidad manual. Es por la técnica,
por la escuela del trabajo, por la educación prác­
tica, como el indio alcanzará el dominio de la
cultura occidental. No es con escuelas memoristas, con maestros teorizantes, y con planes educa­
tivos enciclopédicos cómo el estado ayudará al
indio. Tierras colectivas, granjas colectivas, ta­
lleres colectivos: be ahí los grandes y únicos me­
dios eficaces. Lo que el indio reclama, con tanta
razón como derecho, es un aprendizaje de cosas
útiles que mejoren sus condiciones económicas.
El estado apenas parece que va a escucharle, si
se lo permite el latifundista, a quien no conviene
otra cosa que el mantenimiento de la servidum­
bre y de la miseria de millares de labriegos indios.
Pero el estado no sólo tiene que contemplar el
interés de los grandes agricultores, sino también
el de los industriales y comerciantes. Estos piden
un incremento del consumo, una multiplicación
por diez de los actuales consumidores. Pueden
tener, en pocos años, una nueva clientela com­
puesta de cinco millones de productores que con­
sumirán todo lo que un hombre civilizado nece­
sita. Desde el punto de vista económ ico — y no
meramente desde un miraje ético o humanitario—
conviene al Perú enfrentar el problema de la ade­
cuada “ educación” del pueblo indio. Ese plan­
teamiento está pasando del terreno ideológico
reivindicacionista al político de la planificación
industrial. El Perú se aboca a la era de la gran
industria. País de economía feudal, de economía
colonial, país-factoría, se propone ser nación eco­
nómicamente lib r e ... Aquellos millones de ha­
bitantes andinos dispuestos para el trabajo, en for­
ma admirable, bajo la dirección de expertos en
todas las ramas de la industria, deberán desarro­
llar el plan decenal del Perú que opere el mila­
gro de su transform ación... Es preciso ir dere­
cho a la integración nacional, habilitando a la
gran masa india como factor político, económico
y cultural del Perú, por la sola vía indicada.
Lima, julio de 1945.
1 “ T e m p e s ta d en los A n d e s " , L im a . 1927, E d itorial
A m a u ta .
: “ El P e r ú en m a r c h a ” , 1942, L im a . E d ita d o p or B a n c o
de C r é d ito d el P erú .

�HISPANO

AMERICA

de templos, conventos y clérigos —América es campo
propicio para la carrera eclesiástica— es fiesta, con­
suelo y embotamiento del indio, y, como quiera que
sea, conformismo sonámbulo con la realidad política
y económica que le esclaviza.
La Independencia cambia la fisonomía política de
los pueblos de América, pero deja subsistente la
economía colonial: las encomiendas se convierten en
latifundios bajo el régimen de la propiedad indi­
vidual que en modo alguno proteje la rústica, comu­
nitaria, de los indios. La catequización continúa y
llega a consagrarse como principio de derecho polí­
tico positivo. De todos modos, durante y después
de la Colonia, los naturales de Hispanoamérica son
seres marginales.
El indio constituye todavía —salvo el cuso alec­
cionador, en marcha, de México — un más o menos
adrede no resuelto problema del blanco dirigente.
En días próximos, Leguía exige como tributo, para
la construcción de caminos, el servicio personal de
los indios. En las minas estañíferas de Potosí y
Catavi — Bolivia—, en los latifundios azucareros de
Catarvio, Casa Grande, Chiclin — P eni—, en los
arrozales sureños del Ecuador, y en otros sitios más,
en clima de insoportable picardía, subsisten sistemas
de parecida servidumbre. “ Huasipungo", de Jorge
Icaza, y "El mundo es ancho y ajeno’’ , de Ciro Ale­
gría, son, entre otros, altos ejemplos novelados de
la trágica indefensión del indio frente a la auto­
ridad desorbitada y al gamonal abusivo y ente!.
El artículo del Dr. L u is E . Valcárcel, director del
Museo Arqueológico de Lima, profesor universitario,
indigenista y escritor prestigioso, nos muestra la
eficacia del indio peruano en la actual fase de
interculturación. El del Dr. Jesús Reyes Heroles,
becario de nuestra Comisión Nacional de Cultura
y joven y talentoso profesor de Derecho Político
de la Universidad de México, nos muestra, a su vez,
los saludables efectos de una legislación de honrado
estilo en los pueblos indios de su país.
N . A . F.

i se observa el panorama de Latino-América des­
tácase inmediatamente com o uno de sus ras­
gos más característicos la yuxtaposición de cultu­
ras y civilizaciones que en muchos de sus países
se manifiesta. En Indo-América se ve que junto
a la moderna ciudad industrializada y de vida
plenamente occidentalizada, se yerguen ciudades
o conglomerados indígenas con un género de vi­
da específico y una cultura sui-generis. Entre
estos dos mundos coexistentes se alzan barreras
de gran tamaño, encontrándose entre ellos una
gran distancia no nada más material, de simple
progreso, sino espiritual. Del indígena con su
rudimentaria técnica y sus hábitos de vida ances­
trales,’ al habitante de la ciudad latino-americana
moderna, hay tanta distancia com o la que puede
existir entre dos hombres que pertenecen a dos
mundos culturales distintos.
La enunciación de esta realidad nos muestra
claramente que el problema indígena latino-ame­
ricano es fundamentalmente nn problema de homogenización. Es preciso unificar ese mosaico
de razas en un tipo común, persiguiendo también
una simbiosis de culturas, en que los elementos
provenientes de la sensibilidad indígena no se
pierdan, sino que por el contrario, puedan mani­
festarse libremente alcanzando en la homogenización el porcentaje que su calidad merece. Es
decir, en la unificación debe comprenderse que
no se trata de que el indio deje de ser espiritual­
mente tal, pues resulta evidente que su entidad
espiritual le permite hacer una valiosa aportación
en el proceso de integración de las nacionalida­
des latino-americanas.
Planteado así el problema se pensó y sostuvo
que urgía una efectiva incorporación del indígena.
Para ello un sólo m odelo se presentaba: el in­
tento realizado durante la Colonia. En él se
había acertado en lo relativo a la mestización
realizada empíricamente, pero en cambio, en el
proceso de mera incorporación se había errado.
El misionero colonial sólo perseguía un objetivo
en la incorporación de indígenas: hacer católicos.
Al logro de tal propósito se vió que el misionero
incluso aprendía el dialecto indígena y prescindía
de enseñar español al autóctono. El resultado de
este proceso de catolización colonial, fué un indio
que se llenaba de prejuicios y tomaba en la con­
versión religiosa una rica serie de superticiones
que añadir a las propias. El indio permanecía
miserable, analfabeto y lleno de superticiones y
solamente una vez a la semana se le veía bajar
de las serranías a oír una misa y recibir consejos
de un sacerdote que hablaba su dialecto original.
En México el problema se presentaba con toda
crudeza. En 1910 siete millones de indígenas,
entre ellos grandes núcleos de católicos, se en­
contraban dispersos en el país hablando más de
cincuenta dialectos distintos, haciendo una vida
primitiva, sub-humana, recelosos del extranjero y

Una experiencia indigenista
p or JESU S R E Y E S H E R O L E S
del criollo y ajenos en absoluto a la vida econó­
mica, social y política del país. Y es entonces
cuando la experiencia indigenista más amplia de
la América iba a verificarse.
El proceso solucionador del problema indígena
en M éxico, no obedeció a una idea pre-establecida,
no estuvo determinado por un plan teórico pre­
vio, sino que fué una realidad viva la que al
desbordarse lo impuso. En 1910 se inicia en el
país un movimiento cívico encaminado a derro­
car una dictadura que durante treinta años había
regido los destinos nacionales. Dicho movimien­
to era exclusivamente político y simplemente pe­
dia que se respetase el voto popular y que se die­
se libertad, pero al iniciarse la lucha armada, se
ve que en su apoyo vienen campesinos indígenas
que imperativamente reclaman tierras para ellos.
El problema agrario emergía en toda su magnitud
y al hacerlo estaba brindando el método para
solucionar el problema indígena.
La cuestión agraria tenía raíces muy profundas.
En el período colonial las Leyes de Indias se
habían declarado tuteladoras del indígena y para
que ello se pudiera cumplir, expresamente seña­
laban que respetarían el régimen de propiedad
agraria pre-colonial. Ahora bien, antes de la Co­
lonia el agro mexicano se encontraba repartido en
cuatro tipos distintos de propiedad, que obedecían
tanto a la estratificación indígena, como a las dos
modalidades de explotación: la comunal y la in­
dividual. El callpulli o tierras comunales, era la
forma de propiedad agraria más extendida y a
numerosas comunidades indígenas se les otorga­
ron títulos de la Corona española reconociendo
su propiedad. Otras muchas comunidades, no
obstante la ordenación jurídica existente, fueron
despojadas de su propiedad mediante mercedes
reales que auspiciaron la concentración de la pro­
piedad agrícola en manos individuales. En esta
concentración de la propiedad agraria el porcen­
taje más alto correspondió al clero católico mexi­
cano que por medio de donaciones y de muy
variados procedimientos, acaparó el mayor núme­
ro posible de tierras.
El M éxico independiente, encontróse con una
economía estrangulada. La propiedad agraria es­
taba en manos del clero en su casi totalidad, el
indio vivía como peón avasallado en condiciones
miserables y la tierra era explotada en minima
parte. Ello y la captación del liberalismo como
ideología, originó el movimiento llamado de R e­
forma. La Reforma tendía a la secularización de
la propiedad y para ello nada más adecuado que
implantar el régimen de propiedad individual,
aboliendo la propiedad de las comunidades re­
ligiosas. Se inició en ese momento histórico la
liquidación de la propiedad de las comunidades
religiosas, pero las leyes únicamente precisaban
comunidades, de aquí que al secularizar la pro­
piedad agrícola también se afectaron las comu­
nidades indígenas, que sobrevivieron a la Colonia.
La desamortización del agro mexicano realizada
en la Reforma tuvo tres consecuencias funda­
mentales: a) terminó con la propiedad del clero;
b) indirectamente y sin pensarlo, dió la base legal
para despojar a las últimas comunidades indíge­
nas; c) creó la base de la gran propiedad privada
de la tierra, esto es, el latifundismo.
Durante el período liberal y en el lapso de
treinta años de dictadura pre-revolucionaria, se
form ó y consolidó el latifundio como único ré­
gimen de propiedad agraria. Así se llegó el año
de 1910 en que la tierra se encontraba repartida
entre unos cuantos marqueses feudales, en que los
latifundios de más de dos millones de hectáreas
eran varios, habiendo incluso uno de seis. La
tierra era explotada por medios primitivos y ru­
dimentarios, dado que el marqués feudal practi­
caba el ausentismo, esto es, era plácido residente
en Europa y confiaba la explotación a un admi­
nistrador que tenía como única instrucción la de
hacer producir la tierra con el mínimo de gastos.
Este momento puede marcarse gráficamente en la
frase corriente de aquella época: “ El administra­
dor del latifundio hace como que paga y el peón
29

indígena hace como que trabaja” . En esa frase
se señalan los dos fenómenos que el latifundismo
producía: la miseria del indígena y la improduc­
tividad del país en el renglón agrícola.
Desde 1913 y en plena convulsión revoluciona­
ria, los sectores progresistas de M éxico se perca­
taron con toda evidencia que ninguna solución
podría darse al problema indígena sin resolver
previamente la cuestión agraria. Los fuertes núcíeos indígenas que intervinieron en la lucha ar­
mada sólo pedían tierras, su m óvil de lucha era
reclamarlas y lo demás no les importaba. A par­
tir de entonces, se inició la resolución del proble­
ma agrario.
Como antes habíamos visto, los indígenas tenían
títulos de propiedad otorgados por la Corona, que
reconocían y legitimaban su posesión de origen
pre-colonial. (*) Por lo tanto, el problema agrario
era un problema de restitución. Había que resti­
tuir a las comunidades indígenas la propiedad de
que fueron despojadas. Pronto se vió que, por
razones naturales (crecimiento de la población ),
el concepto de restitución era totalmente insufi­
ciente y entonces se creó la dotación de tierras
para comunidades indígenas que carecieran de tí­
tulo originario de propiedad. Con estos dos con­
ceptos — restitución y dotación— el latifundio fué
fraccionado y los indígenas entraron en legítima
posesión de parcelas de tierra, con la única condición de que ellas no quedaran ociosas. Se crea­
ron instituciones crediticias oficiales que refaccio­
naran al trabajador del campo, sabiendo que ten­
drían que soportar pérdidas en el período de
adaptación y conociendo de antemano que el nue­
vo régimen de propiedad agrícola era el impuesto
por condiciones humanas y sociales y no por me­
ras indicaciones de productividad económica.
Sobre lo realizado en materia agraria, baste de­
cir que en la actualidad dos millones de ejidatarios, disfrutan del nuevo régimen de propiedad,
explotando tierra de su legítima posesión.
Concomitante a la repartición agrícola, se inició
en M éxico un tipo de educación adecuado a las
modalidades propias del país. Desde luego se dotó
a la educación de sentido, pensando al respecto,
que el laicismo en una Nación que aun buscaba
su expresión, su peculiaridad nacional, resultaba
meramente negativo. Se requería una educación
unificada en cuanto que debía combatir prejuicios
y supersticiones y sembrar en los educandos una
pequeña dosis solidaria, pero diversificada en cuan­
to que era una educación destinada a comunida­
des de muy variada idiosincrasia. Por ello, al
mismo tiempo que se federaliza la enseñanza, se
practicaron técnicas educacionales específicas pa­
ra cada región nacional, que por sus característi­
cas lo exigieran.
En lo relativo al problema indígena, se creó la
Escuela Rural o sea la escuela de campesinos.
Actualmente funcionan doce mil escuelas rurales
y ellas no sólo enseñan a grandes y pequeños las
primeras letras, sino que además a los niños se
les dan clases rudimentarias de cultivo de acuerdo
con las condiciones climatéricas del lugar, educa­
ción física e higiénica y un sentido social de la
vida. Al mismo tiempo trabaja lo que se llama
misión cultural, que son grupos educacionales m ó­
viles, integrados por un profesor de primaria,
uno de deportes, una enfermera y una trabajadora
social que enseña a las mujeres indígenas los ele­
mentales oficios domésticos. Estos grupos móviles
ponen en contacto comunidades indígenas de dis­
tintos lugares, organizan competencias atléticas
entre ellas, les muestran sus respectivas costum­
bres, sus canciones y danzas, y mantienen latente
su sentido nacional.
Coadyuvan eficazmente con las misiones los
estudiantes de las Facultades de Medicina, que
por disposición legal, antes de obtener el título
profesional, deben hacer seis meses de servicio
social en alguna región del país. Función primor­
dial de las misiones culturales es la de crear
necesidades a las comunidades indígenas, pues al
paso que el indígena de la ciudad, aunada a su
sorprendente facultad para adaptarse a la meca(s ig u e en p é g . 31)

�M is e r i a que clama p or una ju s tic ier a rebeldía constructiva

Misa en una aldea Peruana

ISAJ es una aldea de la cordillera andina
situada a más o menos veinte y tantos
kilóm etros de Cuzco. Transcurre uno de
sus bordes el río Urubamba, de ligeras aguas ama­
rillas y puente colgante. No muy lejos perduran
algunas estimadas ruinas incaicas . La aldea tiene
ancha plaza, a la que se rinde lo principal del
caserío. con árboles de grueso tronco y gigantes­
ca copa nemorosa, de hoja menuda, bajo la que
pulula la dominical feria indígena, com o una
sombra entre movidos colores calientes. En­
carándola se levanta una blanca iglesia de no muy
alta espadaña, portal en arco y umbral espacioso,
que tiene la prestancia y simpatía de forma
de casi todos los pequeños templos coloniales
que se conservan en América desde el norte ar­
gentino a California y Nuevo M éxico. El maestro
albañil de la colonia solía remedar en las fábricas
por él ejecutadas sus débiles memorias de igle­
sias románicas aldeanas y si de algún modo ex­
presaba ingenuamente el espíritu barroco de la
época, infundíale un sentido hasta entonces iné­
dito. La arquitectura popular hispanoamericana
debe al recuerdo vago, a la nostalgia, a la repeti­
ción desfigurada, a la inhabilidad de ese artesano
de las primeras horas, y también al sentimiento
de novedad de la tierra, un estilo simple y gra­
cioso, todavía no suficientemente validado como
expresión primigénita de la sensibilidad americana.
La iglesia de Pisaj es de escaso atrio y conser­
va, en derredor de la amplia puerta y sobre el
muro enjalbegado, unas semiperdidas decoraciones
florales entrelazando desvanecidas imágenes san­
tas. Entré a la misa en una mañana de domingo
de principios de 1944. En lo que fué retablo
mayor y en los laterales había una miscelánea de
bártulos litúrgicos o meramente contemplativos, y
en las paredes algunas telas descoloridas simpli­
ficando biografías del santoral o documentando
con desvaído color y por millonésima vez los pa­
sos de la padecida pasión de Jesús. Sobre el es­
trado y de espaldas al altar de agrietada madera,
con crucifijos, — ya ni cruces ni fijos— costras
de polvo y humo de candelas, imágenes repintadas
o despintadas, candelabros enmohecidos, desvali­
das flores artificiales, rajados espejos, retorcidos
cirios despabilados, incensarios y cálices de plata
y otros chirimbolos de esotérico sentido — o sin
sentido— se destacaba, de pie, el alto empaque
del sacerdote, incorporado en una casulla color
ceniza de envejecidas áureas estofas. En el silen­
cio de la nave, franjeada diagonalmente a trechos
por una transparente niebla de luz que penetraba
por los vidriados ventanales altos, sonaba su voz
sermoneadora. La ululante oratoria sagrada del clé­
rigo rememoraba las tradicionales cadencias del
estilo pero el efecto era para mí rarísimo porque
decía su discurso en quéchua. Como no entendía
ni jota, su voz, huérfana de significación, se me
exaltaba, y sentía otras reminiscentes voces pare­
cidas en diferente articulación de sonidos. La mí­
mica de este graudulón encasullado adolecía de
arrebato suasorio, pero los indios le escuchaban re­
cogidamente.
Cuatro grupos de indios, bien diferenciados,
usistían a la misa y cada grupo parecía desem pe­
ñar un papel calegorial. El primero lo formaba
una docena de hombres de más o menos cuarenta
años, hieráticamente de pie en hilera junto al
muro de la derecha, pero sobre el estrado y a
poca distancia del sacerdote. Eran los caciques o
alcaldes. El color cobre oxidado de la piel armo­
nizaba con su hirsuto negrísimo cabello. Más
bien altos, de cuerpo vigoroso, frente despe­
jada, curvada y ancha nariz, boca severa, pómu­
los angulosos y ojos negros de profunda luz. L so­
ban calza hasta las rodillas, faja roja, camisola

P

de burda lana blanca partida en medio del pecho,
llevando sobre éste colgado del cuello, un gran
crucifijo de plata. Cubríanse los hombres con
gruesos y largos ponchos negros, doblados, de
flecos, y con la mano derecha cogían el bastón
de mando, de casi metro y medio, de mango y aros
de plata labrada, manteniéndolo verticalmente. Es­
taban inmóviles, las caras impávidas, la mirada
fija. Su sitio preferencial, por estar junto al
altar, me recordaba el palco balcón envarillado,
para reyes o señores, de las magnas iglesias me­
dievales y del Renacimiento.
El segundo y tercer grupo lo formaban casi
doscientos misantes populares, arrodillados sobre
el solado de ladrillos. El de la izquierda era el
de las mujeres. Eran pequeñas, tenían las piernas
y pies desnudos, faldas de mucho vuelo, y estaban
envueltas en “ llicllas” con las que casi se cubrían
la cabeza de renegrida cabellera semilrenzada.
La “ lliclla” es un mantoncillo de lana, con fondo
negro, verde o colorado, finamente tejido a ma­
no y decorado con franjas rojas que enhebran
hilos azules, celestes, amarillos, blancos. Es grue­
so y al envolverles el cuerpo les añade una en­
cantadora rigidez de madona románicas o gó­
tica. El de la derecha era el de los hombres.
Llevaban puestos sus ponchos de fondo rojo con
bandas negras, blancas y amarillas; tenían las
piernas y los pies desnudos y com o los caciques,
lustrosas caras tostadas.
Es posible distinguir de cerca, en el variado
color abigarrado de la “ lliclla” , sus sencillos mo­
tivos geom étricos o zoom orfos, pero en conjunto
y en el templo escapábanse los detalles, resul­
tando un espectáculo de brillante fantasía en
contraste orquestal con la llaneza de colores del
grupo masculino y el todo con la solemne y reco­
gida postura de unos y otros y más aún con las
imponentes figuras carbónicas de los caciques.
Era muy difícil saber, a simple vista, si la mi­
rada de los indios, aparentemente triste, respon­
día a un movimiento activo del alma o a simple
repetición de un acto amortajado en viejos sos­
tenidos y supersticiosos miedos. Quien conozca
la posición social del indio, dentro de la no
propia organización económica y política en que
vive, sospechará que su presencia en la iglesia
es una costumbre por la que se le dispersa y pierde
una importante energía del cuerpo y del alma.
El cuarto grupo era el de unos veinte mocetones de más o menos diez y ocho años, de pie,
detrás y a la izquierda de los asistentes popu­
lares. Vestían com o los del tercer grupo, pero sus
caras y sus ojos traslucían una fresca ingenuidad
y un anhelo que no se advertía en los mayores.
Estos mocetones tenían en sus manos sendos “ pututos” , caracolas de más de veinte centímetros de
eje por el centro de cuya espiral, agujereado,
arrojaban un gran soplido inmediatamente trans­
formado en el más heterogéneo y estridente so­
nido de dramática expresión coral que era posible
imaginar en el concierto — o desconcierto— del
ceremonial de la misa.
La misa es un espectáculo teatral que en símbo­
los representa la pasión y muerte de Jesús y al
que los fieles de la platea adhieren con plegarias
más o menos rituales o libres. A veces aumenta
el número de los personajes rectores y a menudo
uno de ellos — predicador o doctrinero— pregona
las historias y comenta los acontecimientos de
actualidad desde el punto de vista ortodoxo. Este
m onólogo es el elem ento variable de la misa. La
relación entre oficiante y misante es una implí­
cita conversación con la divinidad siendo expre­
sión de exaltación religiosa la solemnidad de
la música y el canto coral. En América y en
España— resabios de autos sacramentales y de re­
presentaciones teatrales en atrios y plazas— sue­
len echarse en procesión a la calle, en pleno día,
sacerdotes y fieles, llevando cadalsos rodantes o
en parihuelas, y altares floridos, y el pueblo les
sigue en una confusión de plegarias, canciones
y manducatorias.
Voy a contar de la misa a que asistí los si­
guientes episodios. La monótona monserga del
„ „ cerdote duró media hora; entretanto, tos indio*
30

permanecieron en la misma actitud. Apenas hubo
Sermmado reanudó la lectura del misal, y un
indio, desde el ángulo delantero izquierdo del
estrado, comenzó a ejecutar en un armonio de
baúl yaravíes que los misantes femeninos canta­
ron en quéchua. Eran los mismos yaravíes que
había oído en calles y plazas de pueblos. Mientras
las canciones henchían el templo y los misantes
masculinos permanecían inconmoviblemente de pie,
el sacerdote meneaba ritualmente brazos y manos a
diestro y siniestro. La voz de las indias era suave
y grata y concertaba la música aunque con desga­
no, con seguridad de juego sabido. Alguien me
dijo que la letra de los yaravíes que cantaban eran
versiones quéchuas de villancicos de Navidad.
D e repente, música y canto quedaron en sus­
penso; sonó una campanilla y, en el silencio si­
guiente, atronó a un tiempo el sonido de los
veinte pututos. El efecto fué inesperado, descon­
certante y sugestivo. No encontré modo de enla­
zar armónicamente el bronco son de las trompetas
marinas con la voz del sacerdote, la melodía de
los yaravíes y las delgadas dulces voces de las
indias. Era un chorro de estridentes vozarrones
que hacía temblar el aire del templo y solivian­
taba los nervios. Sospeché que semejante sacu­
dida hundía en olvido o aturdimiento la vida del
indio y que el regreso de la inmersión era una
duradera imposible vigilia. El coro de caracolas
repitió cada dos minutos la misma tremenda
algarabía. Después de esa ebriedad musical — ese
alarido— , todos debieron echarse a gritar y a
bailar porque su paganía era una invitación al
regocijo corporal. Pero los indios permanecieron
quietos y la misa prosiguió.
Cuando el sacerdote dijo a los misantes que la
misa había terminado salieron todos lentamente,
cuchicheando apenas, y se arrojaron a la intensa
luz solar de la plaza, a la caterva de la feria y
a la continuada roña que los apiña y circunda.
En cuerpos fuertes, los indios parecían tener el
alma en estado de miseria — mixtura, mezcla—
y desesperanza. Miseria y desesperanza que cla­
ma no por misericordia ni conmiseración, sino
por justiciera rebeldía constructiva. Si en su de­
rrotero el indio de mis experiencias perdió su
mundo, no recibió otro, en cambio, hasta los ac­
tuales días, que le reanimase su necesaria dignidad
de hombre. Durante la Conquista y colonización,
dirigidas complicaciones de la organización social
y económica, y del espíritu, le fueron adormecien­
do el alma para una vida con persuación de alto
destino terreno. Su duro estado, poco más o me­
nos, todavía dura. ¿C óm o insuflarle nuevo esti­
lo? ¿Cóm o devolverle el señorío de sí mismo?
¿C óm o transformarlo en ser consciente de un mis­
mo destino popular? ¿Cóm o hacerle p u e b lo ? ...
Preciso será empezar desde la tierra y desde
donde el amor es pasión de libertad y justicia
y ansia de activa participación social.
Los caciques fueron los últimos en salir y se
distribuyeron en ambos lados del atrio, junto a
la puerta, a la espera del sacerdote, que a poco
llegó, de sombrero de paja y gabán blanco de
hilo sobre la sotana. Nos saludó cortésmente al
tiempo que extendía la mano al primer cacique,
que la besó reverencioso. Luego nos dijo con de­
leznable sonrisa y repelente afán didáctico: “ Los
indios no inspiran asco". No le dijimos palabra.
Pero ¿d e qué recóndita turbia mezcla de Barto­
lomé de las Casas y Septílveda, de qué precon­
ceptos raciales, de qué amor sin nombre y sin
valor, le venía al cura ese pen sam ien to?... Los
caciques guardaron silencio. No estoy seguro de
que la frase del funcionario de la Iglesia haya
tenido en sus corazones parecida resonancia que
en el mío.
Salimos a nuestra vez a la diáfana luz del me­
diodía. La plaza estaba colmada de indios. Par­
loteaban, bebían, mercaban sus graciosas humildes
creaciones. Brillaba el color de los indumentos y
había baratijas, cacharros, tejidos, chicha. Los
caciques se habían trasladado a la casa del cura
y estaban de pie junto a la puerta, velándole
■—sin desvelo— la ingestión del desayuno.
N. A. F.

�(v ie n e de p á g in a 29)

nización que la industrialización supone
en la
cual revela una retentiva e incluso una inventiva
realmente maravillosas— se convierte rápidamente
en una entidad consumidora de primer orden, el
indígena agricultor señala una desproporción en­
tre su capacidad productora y su bajo índice con­
sumidor, de aquí que la misión cultural atienda
muy en especial a la creación de necesidades que
eleven la posibilidad de consumo del indígena
agricultor.
Trabajan asimismo escuelas regionales en las
que se enseña una educación agrícola media y de
acuerdo con las posibilidades de la región donde
funcionan. A ellas asisten indígenas de las respec­
tivas regiones, que después ejercen una vital fun­
ción directiva. Igualmente son regionales las es­
cuelas normales, con el objeto de que los maestros
?ean nativos de los lugares donde desempeñan
sus funciones, lo cual permita su arraigo y cariño
entre los vecinos.
Un indicio revelador del grado de conciencia
que la escuela rural ha creado entre los indígenas
agricultores, lo señala el hecho de que los miem­
bros de la comunidad contribuyen al sostenimiento
de una escuela cultivando colectivamente una pe­
queña extensión de tierra que a tal objeto se
destina.
Este es, a grandes rasgos, el plan y la realiza­
ción de la educación rural mexicana, que fue cali­
ficado por un distinguido escritor italiano como
“ una bella ópera de acción social” .

## o s

a v u a r t* I a s

ti e I

(» r a l .

O * ## i #/ / / i n s

* * *
Los resultados obtenidos destácanse a través de
un simple esquema estadístico. La población de
México está formada por un poco más de 21.000.000
de habitantes, siendo su composición racial la
siguiente: a) blancos, el 20 por ciento; b ) indí­
genas, el 25 por ciento; c) mestizos, el 55 por
ciento. Ello significa que el asiento de la nacio­
nalidad mexicana está constituido por el mestizo,
que forma un poco más de la mitad de su pobla­
ción total y que constantemente absorbe elemen­
tos pertenecientes a los otros dos tipos raciales.
La distribución de la población, conforme al
trabajo que desempeña, es la siguiente: a) peo­
nes, carentes de conciencia política y social, vein­
te por ciento; b) ejidatarios, esto es, beneficiados
por el programa agrario, gentes dotadas de una
conciencia social y política bastante clara, el trein­
ta por ciento; c) rancheros, o sea pequeño pro­
pietario agrícola, típica clase media campestre, el
diecisiete por ciento; d) obreros industriales, el
15 por ciento, todos ellos con una clara concien­
cia político-social y militantes de alguna central
obrera y fundamentalmente de la Confederación
de Trabajadores de M éxico; e) clase media urba­
na, el diez por ciento; f) servidumbre doméstica,
el cuatro por ciento; g) clase privilegiada, fun­
damentalmente industrial, el cuatro por ciento.
Del cuadro planteado salta a la vista los positi­
vos resultados obtenidos: el problema de México
se reduce a convertir el veinte por ciento de su
población que sigue siendo peón, en ejidatario o
sea cultivador de su propia tierra o en obrero in­
dustrial. La legislación económico-social mexicana
va encaminada a ello. La cifra de peones, casi
coincide con el número de analfabetos que hay en
el país, lo cual revela que el estado económ ico de
esa gente contribuye en gran parte a su bajo nivel
cultural.
* * *

f

i

El b a ta lló n

" N u m a n c ia " re cib e

la b a n d e ra

d el

E jé rc ito

L ib e rta d o r en el puen te de

No quisiéramos terminar sin decir que en la
obtención del mestizaje se cuida mucho que el
indígena al mezclarse no pierda los rasgos distin­
tivos de su entidad espiritual, trabajando al res­
pecto un Departamento de Asuntos Indígenas, que
junto con la Secretaría de Educación, pone espe­
cial empeño en cuidar, incrementar y proteger
las manifestaciones espirituales indígenas: su mú­
sica, su danza, su poesía, su pintura y su cerámica.
Los resultados de ello son un hombre de gran
calidad humana, pues junto al amplio sentido
social que adquiere en su educación conserva su
sensibilidad individual y su ancestral perspectiva
frente a los problemas del hombre y su mundo.
Sobre ellos se levanta el nuevo México.

El G e n e ra l

(*) E m ilia n o Z ap ata, c o n d u c t o r de c a m p e s in o s d u ran te
la r e v o lu c ió n , h a b ía in te n ta d o an tes de ella un litig io por
la p o s e s ió n d e sus tierras y las de n u m e r o s o s v e c in o s
d e s p o ja d o s , a m p a rá n d o se en lo s títu lo s de p r o p ie d a d qu e
d esd e la C olon ia h a b ía n lle g a d o a ellos.

llón peruano “ Numancia” plegado en 1820 al Ejército Libertador.

San

M a rtín

h ace

ju ra r

la

b a n d e ra

d el

E jé rc ito

L ib e rta d o r a l

b a ta lló n

H u a ra .

" N u m a n c ia " .

Durante su adolescencia, morando en Inglaterra, el General O’Higgins estudió dibujo. D e entonces
es unu carta dirigida a su padre, Don Ambrosio O'Higgins. f irrey del Perú, en la que, al darle cuenta
del progreso de sus estudios, hace especial referencia al dibujo y al manejo de las armas “ cosas (qu e)
sin lisonja poseo en particularidad —dice —y me sería de grande satisfacción si varias de mis pintu­
ras pudieran llegar a manos de Vuestra Excelencia*\
Las acuarelas que se reproducen son de la época de su madurez y representan episodios del bata­
variana del Museo de la Magdalena (Lima).— F.
31

Se conservan en la sección Boli-

�O eo

Latitud
R E V IS T A

M EN SU A L

DE A RTES

Y LETR A S

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AVDA.

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836

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BS

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FRANQUEO PAGADO
CONCESION N9 3129

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T A RI FA R E D U C I D A
CONCES ION N ° 2684

3 2 -0470

Precio del ejemplar $ 0 . 5 0

AR-FUNDACION KSPIGAS-KARDEXLATITUD

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                  <text>Ejemplares 1 a 5/6 del año 1 de la revista Latitud, publicados en el año 1945.</text>
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                <text>Año 1, no. 5-6</text>
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                <text>Thénon, Jorge&#13;
Agosti, Héctor P.&#13;
Amorim, Enrique&#13;
Giusti, Roberto&#13;
Serrano Plaja, Arturo&#13;
Escardo, Florencio&#13;
Brughetti, Romulado&#13;
Sánchez Viamonte, Carlos&#13;
Dickmann, Enrique&#13;
Riet, Lázaro&#13;
Bereterbide, Fermín&#13;
Lago, Tomás&#13;
Berni, Antonio&#13;
Córdova Irturburo, Cayetano&#13;
Oliver, María Rosa&#13;
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Sabogal, José&#13;
Valcarcel, Luis  E.&#13;
Reyes Heroles, Jesús</text>
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�Precio del ejemplar
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Un año de suscripción $ 5.00

En la doctrina de
la Revolución de M a y o
reside la única base segura

D IR ECCIO N

Y

A D M IN IST R A C IO N

Av. Córdoba 836 - Bs. As. - U .T . 32-0470

de organización nacional

EDITOR
Rubén Núñez

ACTUALIDAD

Mariano M oreno no fue sólo un doctrinario, sino principalmente un hombre

Jorge Thénon

de acción. Com o tal, dió instrucciones al jefe de la expedición a las provincias
que definen su concepto de la aplicación de la soberanía popular. Ordenaba:
“En estando a cuatro leguas de Córdoba, se hará una intimación al Go­
bernador y Cabildo, para que dejen obrar libremente al vecindario en la elec­

LETRAS
Enrique Amorim

ción de su Diputado.

Se exigirá, com o condición precisa de la libertad del

pueblo para elegir, que el Gobernador y Teniente salgan de la ciudad mien­
tras dure la elección, asistiendo a ella un oficial de la expedición, para pre­
senciar si hay alguna violencia.

Si el Gobernador resistiese esta conducta, se

moverán las tropas contra él, echando antes una proclama en que se anuncie

TEATRO

al pueblo que no se trata de su agresión sino de su defensa, y conminando al

M aría Rosa Oliver

Gobernador con que pagará con su sangre y sus bienes la que hiciese derram ar. . . .
(Registro Oficial, tomo I, N ° 39)

ESCULTURA
Luis Falcini

PINTURA Y GRABADO
Antonio Berni

MUSICA
Leopoldo Hurtado

M A R I AIS O M O R E A O
y la soberanía popular
por RODOLFO P U IG G R O S
Hay un hecho tenaz y persistente que define, mejor que ningún otro, el carácter del
pueblo argentino: la gravitación que ejerce, a través de su historia y hasta nuestros días, la
Revolución de Mayo, Esteban Echeverría lo explicó, hace un siglo, con palabras de una
actualidad manifiesta:
"El problema fundamental del porvenir de la Nación Argentina fue puesto por M ayo:
la condición para resolverlo en tiempo, es el progreso: los medios están en la Democracia,
hija primogénita de M ayo: — fuera de ahí, como lo dijimos antes, no hay sino caos,
confusión, quimeras.
La fórmula única, definitiva, fundamental de nuestra existencia como pueblo libre es:
Mayo, Progreso, Democracia.

MAPA CONTINENTAL
Norberto A . Frontini

“ Los tres términos de esta fórmula se engendran recíprocamente; se suponen el uno al
otro; ellos contienen todo, explican todo: lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos.
“ Quitad a Mayo, dejad subsistente la contrarrevolución dominante hoy en la República
Argentina, y no habrá pueblo Argentino, ni asociación libre, destinada a progresar; no habrá
Democracia, sino Despotismo.
“ ¿Qué quiere decir Mayo? Emancipación, ejercicio de la actividad libre del pueblo
Argentino, progreso: ¿por qué m edio? — por medio de la organización de la libertad, la
fraternidad y la igualdad, por medio de la Democracia.

CINE
León Klimovskv

PRODUCCION
Bartolomé M irabelli
Sam Malamud
Jorge Naranjo Cuadra

“ Resolved el problema de organización, resolveréis el problema de Mayo” .
No existe, que sepamos, otra explicación de nuestra existencia nacional que la iguale en
exactitud, profundidad y síntesis. Los acontecimientos contemporáneos lo demuestran. Rosas
contrapuesto a Moreno es el despotismo, con nuevos ropajes pero la misma entraña, preten­
diendo anular la democracia y conduciendo al caos. Moreno sobreponiéndose a los ultrajes
de minúsculos aspirantes a tiranos es el espíritu de Mayo prevaleciendo para acercar a la
República a su organización equilibrada y sólida en el progreso y la democracia.
La actualidad de la Revolución de Mayo se deriva de que, como decía Echeverría paro
ayer y podemos repetirlo nosotros para hoy, el problema de organización que planteó no ha
sido aún resuelto. Ese problema no es otro que el del ejercicio pleno de la soberanía
popular como fuente, apoyo y garantía de gobierno. Fuera de ella “ no hay sino caos,
confusión, quimeras” .

�i FUNDACION ESPIGAS
I Buenos Aires - Argentina
Mariano Moreno expuso la doctrina y quiso que un congreso, en el que estuvieran libre
y legítimamente representados los pueblos, organizara a la nación.

No encontró al país

maduro para ese salto del despotismo colonial a la democracia que anhelaba.

La Junta

saavedrista lo hizo a un lado y como, según las palabras de una orden del día. “ no tenía
una confianza entera en los pueblos” , resolvió “ no alterar el sistema antiguo” .

La V ic to r ia
y la P a z
6 de Mayo, dia de la Victoria, señala el fin
de la segunda guer armundial y el triunfo de
las democracias sobre las fuerzas destructoras
del nazismo.
¿Contra quiénes se ha ganado esta guerra? ¿Có­
mo asegurar la paz contra todo retomo de la bar­
barie? La experiencia vivida por los pueblos ha
sido tan dolorosa, que bien vale la pena que cada
ciudadano del mundo se formule estas preguntas
y aprenda a preservarse del veneno que todavía
destilan los sobrevivientes y cómplices de la dicta­
dura nazi. Por momentos parecía que todo lo que
amábamos, la libertad, el progreso y la cultura,
iban a sucumbir arrollados por el enemigo de la
Humanidad, pero los pueblos lucharon por su exis­
tencia con denuedo y sellaron el pacto defensivo
que condujo a la victoria, prometiéndose solemne­
mente mantenerse unidos para asegurar la paz y
evitar que un flagelo semejante azotara de nuevo
al mundo atribulado. Para saber cómo ha de edi­
ficarse la sociedad futura y de qué modo será neu­
tralizada la tercera guerra mundial, anticipada por
el nazi alemán von Ivrossik. es preciso recoger la
experiencia de la preguerra, conocer los factores y
las fuerzas que la prepararon y fomentaron y esta­
blecer claramente cuáles son las condiciones polí­
ticas que han de asegurar la destrucción total de
las potencias de la guerra.
El fascismo italiano y el nazismo alemán nacieron
y llegaron a fortalecerse como dictaduras terro­
ristas apoyadas en ei gran capital y en la gran
masa de aquellos que escucharon su propaganda
engañosa, confusa, su demagogia anticapitalista y
pacífica que la presentaba a la vez como una ex­
presión de la justicia social y como un antidoto
contra la revolución proletaria y el advenimiento
del comunismo. Gracias a ese fantasma agitado de
continuo por la radio y la prensa dirigida, el fascis­
mo y el nazismo se consolidaron, aboiieron la liber­
tad sindical, suprimieron la libertad de pensamiento,
destruyeron con saña todos los atributos legados por
la declaración de los derechos del hombre y del ciu­
dadano. dirigieron la economía y esclavizaron a los
hombres, a las mujeres y los niños convirtiéndolos
en autómatas guerreros inflamándoles ei corazón
de odio, preparándolos para la guerra...
La propaganda del fascismo no repercutió sola­
mente en el territorio nacional de Alemania e
Italia, pues su doctrina y sus métodos se difun­
dieron por todas partes preparando la ruina de las
democracias con la ayuda de sus agentes especia­
les y les cómplices de cada nación. Los reaccio­
narios de todo el mundo se agruparon en torno de
la doctrina nazi del espacio vital, de la esclavitud
del hombre, el sometimiento del ohrero, la muti­
lación de la inteligencia y el delito racial. Los
llamados nacionalistas de todos los países se con­
virtieron en adeptos de los amos de Beriín y Roma,
copiaron sus procedimientos, gestos y doctrinas,
propugnando en cada país la destrucción de la
democracia. Y con el pretexto de la defensa de la
soberanía, los Quislings" preparaban en realidad
la entrega de sus países al dictador alemán. Para
lograr este resultado nada mejor que derribar la
única garantía de libertad e independencia de la
patria, esto es. la insobornable y consecuente vo­
luntad de los pueblos soberanos.
La acción de Hitler y Mussolini no fué sólo el
resultado de sus genios destructores: fueron alen­
tados y estimulados desde muchas partes: desde
Inglaterra, Francia, Estados Unidos, y cuanto pais
albergara en su seno núcleos reaccionarios dispues­
tos a conculcar la libertad de sus pueblos para
fortalecer al dictador alemán en su plan imperia­
lista y fundamentalmente en la preparación de la
guerra contra Rusia. La lucha contra la democra­
cia en cada pais era el prolegómeno estratégico de
la gran batalla que Hitler preparaba para la des­
trucción de la U .R .S.S . Muchos ciudadanos de­
mocráticos y honestos que se dejaron arrastrar
por el “ antícomunismo" de Hitler. debieron más
tarde arrepentirse cuando advirtieron que el ata­
que a la Unión Soviética involucraba la pérdida de
su propia independencia bajo la férula de Hitler y
sus “ Quislings” .
l

El problema de la organización nacional, o sea el problema capital de Mayo, quedó así
diferido y vino la anarquía que abrió paso de nuevo al despotismo. Antes de llegar a Rosas,
sin embargo, menudearon las tentativas, todas ellas infructuosas, de hacer triunfar una
democracia muy pregonada pero de difícil realización. Así. un día de octubre de 1812, San
Martín abandonó con sus tropas los cuarteles para “ proteger la libertad del pueblo, para
que pudiera libremente explicar sus votos y sus sentimientos, dándose a conocer de este
modo que no siempre están las tropas como regularmente se piensa para sostener gobiernos
tiránicos; que sabían respetar los derechos sagrados de los pueblos y proteger la ju-ticia de
éstos—

que debía evitarse toda intervención y el mejor influjo de la tropa en una elección

del pueblo; porque hacer lo contrario sería exponerse a la censura de las Provincias Unidas;
además de que su honor no les permitía ni aún indicar sujetos en quienes pudiera recaer
la elección” . Era Mayo resucitando en la acción de San Martin para restablecer, con el
gobierno del pueblo, un orden que perturbaba la camarilla del Triunvirato.
Tampoco el vencedor de los Andes encontró al país maduro para el salto. Ni fuá más
afortunada la Asamblea' del año X III? al querer un gobierno que representara la “ libre y
espontánea voluntad de los pueblos” . Con el Directorio, poder unipersonal y despótico, la
nación se despedazó y no lograron unirla las Constituciones de 1819 y 1826, con su concep­
ción de la soberanía restringida al voto de las minorías propietarias y cultas.
Como lógica consecuencia de la negación de Mayo, se llegó al encumbramiento de Rosas,
que fue su antítesis y trató de ocultar el caos bajo una máscara de terror y servidumbre.
Caseros colocó al problema en su punto de partida: Mayo, Progreso, Democracia.

Pero al

plantearlo de nuevo no lo superó, sino trató de solucionarlo elevando al pueblo a la condi­
ción de soberano por medio de la educación, de la inmigración, del trabajo agrícola e
industrial, de la propiedad, del trasplante del progreso europeo para que brotara en nuestra
tierra de una vez la planta de la democracia.
En los años que siguieron, la soberanía popular, que todavía no caminaba sola, fue
substituida por la acción de estadistas, políticos y educadores en los que renacía el espíritu
de Moreno. No eran elegidos por el pueblo, pero Sarmiento y Mitre consagraron sus vidas
a prepararlo para que pudiera y supiera elegir libremente a sus gobernantes.

El colono y

el ferrocarril, la chacra y la escuela hicieron el resto. Y así llegó el 90 y el verbo de Alem
trajo resonancias de decretos morenistas. Entonces el tribuno, al cabo de ochenta años de
combates, hallaba eco en las masas, era comprendido, podía movilizar y organizar, veía
encarnarse a la doctrina de Mayo.
Los partidos políticos comenzaron a surgir de abajo y, por lo tanto, el problema de la
organización, de acuerdo a “ la fórmula única, definitiva, fundamental de nuestra existencia” ,
se planteaba, al fin, sobre una base concreta. Cuando Sáenz Peña d ijo : “ Quiera el pueblo
votar” , pareció por un momento que la Argentina se encontraba a sí misma en las masas
identificadas con la doctrina de Mayo. Moreno retornaba al gobierno. San Martin abando­
naba su voluntario exilio, Sarmiento podía

esperar ser elegido

por el “ soberano” .

El

problema de organización estaba en camino de resolverse.
Le aguardaba, sin embargo, una prueba dura antes de llegar a esa sintesis que. en la
consubstanciación del pueblo con el gobierno o sea en el gobierno del pueblo, ha de hacer
triunfar, en un futuro próximo y seguro, el pleno contenido de la Revolución de Mayo.
El despotismo, alentado esta vez por tenebrosas fuerzas foráneas, no se resignó a ser ahogado
para siempre por la poderosa y creciente marea de las masas. Descolgó retratos de Moreno
y sacó de los desvanes, olvidados retratos del tirano Rosas.

No atreviéndose a tacar de

frente a San Martín, intentó presentarlo como un epígono del gaucho de Los Cerrillos y
reducir su cruzada contra España colonial y feudal a una campaña sin contenido emancipador.
Cubrió de agravios la memoria de Sarmiento, y al predicar el odio al progreso, procuró
llevar a la nación a un aislamiento suicida. La Argentina de la Revolución de Mayo y de
las guerras de la independencia, se desinteresaba de la suerte de aquellos pueblos que se
desangraban en la gigantesca lucha por las libertades de todos y aparecía ante el mundo
como cómplice de las fuerzas propulsoras del caos, la esclavitud y el retroceso.
Sería incompleto afirmar, para definir la otra cara de la medalla, que el espíritu de
Mayo no ha muerto, porque en estos últimos años una amarga y difícil experiencia ha venido
a sumarse a los acontecimientos internacionales, para elevar al puebTo argentino a un grado
de educación política y social que sólo espera la oportunidad para demostrar que la demo­
cracia ha echado profundas raíces en nuestro suelo.
Nunca hemos estado tan cerca como hoy de ver materializada la doctrina de la Revolución
de 1810. En la acción consciente, organizada y autónoma de la clase obrera, en la preocu­
pación de nuestros millones de campesinos por los problemas nacionales, en la estrecha
dependencia del porvenir de industriales, comerciantes y ganaderos respecto al desenvolvi­
miento de la gestión gubernamental, en la movilización de grandes masas ante los aconte­
cimientos nacionales y mundiales, reside la garantía de que la soberanía popular triunfará
sin que nada pueda detener o amenguar su triunfo.
se ha cumplido el mandato de Mayo.

Entonces podremos decir también que

E

La política de apaciguamiento, en el fondo cri­
minal política de guerra y provocación, aprovechó
ese estado de ánimo exaltado por la prédica espec­
tacular de Hitler. Mientras que en la Liga de las
Naciones la U .R .S.S . y otros estados proclamaban
la paz indivisible y demostraban que las conce­
siones reiteradas conducían indefectiblemente a la
consolidación del régimen de la barbarie y de la
guerra, los apaciguadores, traicionando a sus pro­
pios países, concedieron a los tiranos carta blanca
en Etiopía y Rhenania. apoyaron y financiaron gran
parte del armamentismo alemán, destinado "a con­
tener el bolcheviquismo” y decretaron fríamente
el sacrificio de la heroica España republicana, esto
es, del pueblo español.
(sigue en póg. 4)

3

�Mientras Hitler vociferaba contra Rusia, a la
manera del tero que despista la ubicación del nido,
se armaba hasta los dientes y ocupaba los puntos
estratégicos que anulaban el poderío militar de sus
vecinos. La ocupación de Austria puso a prueba la
tolerancia traidora de los apaciguadores y, por
último, el pacto de Munich, con la consiguiente
entrega de Checoslovaquia, aliada de Francia y de
la U .R .S .S .. mostró ya inequívocamente la futura
dirección del ataque.

lidad, aunque los munichistas la presentaron como
un plan imperialista y de complicidad con el na­
zismo alemán. Ese año y medio de tregua salvó a
la Humanidad, pues permitió a los rusos acrecen­
tar sus fuerzas militares, y acelerar el ritmo de
producción de sus industrias de modo tal, que aun
atacando Alemania en ese solo frente, sin nada que
la preocupase a sus espaldas, el ejército rojo pu­
diese contener por sí solo el alud invasor. Por fin
el dictador, ensoberbecido por sus triunfos en occi­
dente y ante el fracaso de la misión de Hess, se
lanzó contra la U .R .S.S . Lo demás es bien cono­
cido, hasta el epílogo magnífico que hoy celebra­
mos los argentinos con el mundo entero, bien que
en la intimidad de nuestros corazones silenciosos y
oprimidos.
En los cinco años de duro batallar, ¡cuántas ten­
tativas de división fueron frustradas, cuántas obs­
táculos vencidos para llevar el esfuerzo de guerra
al fin previsto! Toda ocasión era buena para se­
parar a los aliados. La rendición final del ejército
alemán, dada la forma que adoptó, significó tam­
bién una maniobra postrera destinada a romper
la firme alianza de las Naciones Unidas. Ellos
mismos proclamaron que el frente del Elba fué
desguarnecido deliberadamente para oponer a los
rusos toda la fuerza disponible, y el mariscal Montgomery se negó a negociar la rendición de los
ejércitos alemanes que luchaban en el Este, según
le proponía el jefe alemán. En el extremo de su
degradación y cobardía intentaron contagiar su
miedo ficticio a los ejércitos y pueblos de América
e Inglaterra. Ello no evitó que la rendición incon­
dicional se firmase entre las ruinas de Berlín ante
los mariscales de las Naciones Unidas, unidas para
la guerra y la paz anhelada por el mundo libre.

ANTE LA AGRESION
Cuando Hitler atacó por fin a Polonia, los apa­
ciguadores no pudieron ya ocultar a sus pueblos
que la ambición y el poderío creciente del impe­
rialismo germano amenazaba la suerte de sus Im­
perios. El monstruo había crecido demasiado y era
imposible domesticarlo hasta el punto de dirigir su
ataque. Fué entonces que Chamberlain y Daladier
declararon la guerra al Gran Reich y comenzó
aquella lánguida batalla de patrullas en el bosque
de Warms, mientras se intrigaba para envolver a
Rusia en esa “ extraña guerra", según se la deno­
minaba entonces, pues nadie combatía.
¿Cómo podían defenderse del fascismo aquellos
gobernantes que lo habían favorecido? Inglaterra,
Francia y Polonia, impregnadas de nazis y apaci­
guadores, habían llevado al extremo la debilidad
militar y la vulnerabilidad estratégica de sus paí­
ses. En cuanto a Polonia, ¿qué resistencia podía
ofrecer? Los coroneles polacos y los dirigentes po­
líticos, muchos de los cuales integran el gobierno
exilado de Londres, conspiraban contra su pueblo
en favor de Hitler y no disimulaban su simpatía
por su oposición a la U .R .S.S . El coronel Beck.
primer ministro y muchos militares polacos, orga­
nizaban cacerías con Goering y creyeron o afecta­
ron creer en sus falsas promesas de amistad. Cuan­
do Checoslovaquia fué avasallada, esos dirigentes
polacos, que hoy dicen defender la libertad de su
pueblo, se lanzaron con avidez contra su vecina y
aliada, apoderándose de las minas de Teschen.

PREMISAS PARA LA PAZ
La paz debe cimentarse en primer término en la
unión inquebrantable de todos los países comba­
tientes, en el castigo ejemplar de los culpables, en
la autodeterminación de los pueblos liberados y
en la ruptura de todo proyecto de bloque que le­
vante de nuevo la bandera del anticomunismo,
grosero pretexto de los herederos de Hitler y
Mussolini que desean redimirse de la derrota en
una tercera güera mundial. Para ello es necesario
destruir el fascismo donde quiera que impere, con
el auxilio del único instrumento eficaz de la demo­
cracia, la soberanía popular y la vigencia de los
poderes legítimos por ella consagrados. Después de
esta guerra terrible, el deber de todos los demó­
cratas, de todos nosotros, argentinos, es luchar por
el restablecimiento de la democracia y la sobera­
nía del pueblo.
La unión de los patriotas en el interior de cada
país y el exterminio de los reductos nacionales
del fascismo, es la premisa de la unión fraternal de
todos los pueblos del mundo para el trabajo, la
paz y el progreso de la cultura.
Rindamos nuestro homenaje a los tres grandes
que salvaron a la Humanidad del caos y la bar­
barie, a sus gloriosos ejércitos, a los pueblos abne­
gados que unidos trabajaron en las fábricas y los
campos contra los nuevos señores de esclavos, a
los guerrilleros, a los patriotas de la resistencia,
a los héroes y mártires que dieron su vida por la
libertad.
J. T.

HABIL POLITICA RUSA
En ese momento, los dirigentes de Francia y de
Inglaterra reclamaban de Rusia el cumplimiento
de sus pactos de alianza, pero los dirigentes pola­
cos se opusieron a que el ejército rojo atravesara
las fronteras para luchar contra el enemigo común.
Si en esas condiciones, en tanto se desarrollaba
tan "extraña guerra” , Rusia se hubiera lanzado al
combate para defender a Polonia, habría dado gran
satisfacción a los munichenses y fascistas de todo
el mundo, pues era evidente que ni Inglaterra ni
Francia estaban preparadas para una lucha deci­
siva. Habría entrado a actuar un gigantesco Comité
de No Intervención, y mientras Chamberlain en
tono plañidero reclamara la ayuda del Todopode­
roso, el plan de Munich de guerra contra la
U .R .S.S. se hubiera consumado. Pero Rusia neu­
tralizó hábilmente la maniobra, mediante su sor­
presivo pacto con Alemania, que obligó a Hitler
a lanzarse contra Occidente. Durante ese año y
medio en que Hitler marchó en esa dirección, el
ejército rojo perfeccionó sus equipos y ocupó los
lugares estratégicos que le permitirían contener el
inevitable ataque alemán. La guerra de Finlandia,
la ocupación de la parte oriental de Polonia, de
los Estados Bálticos y Besarabia tuvieron esa fina­

EL I NF L UJ O DE LAS I DE A S
EN LA R E V O L U C I O N DE M A Y O
por JO SE P. B A R R E IR O

TT'L influjo de las grandes ideas en el proceso
espiritual y político que tuvo com o corolario
magnífico la Revolución de Mayo, es un factor
indiscutido. Sin embargo, hace menos de un lus­
tro, cuando la gravitación de las doctrinas totali­
tarias se reflejaba tan inquietantemente en las cla­
ses gobernantes argentinas, uno de sus exponentes
sombríos — el ex canciller Ruiz Guiñazú, apologis­
ta de “ La Inquisición en América” — afrontó el
difícil problema de sostener, en una declaración
oficial, que las grandes ideas del siglo X V III no
habían tenido vinculación alguna en el aconteci­
miento. Eran los días en que, de acuerdo a las
consignas que venían de Roma, de Berlín y de
Madrid, ciertas minorías de nuestro país se obsti­
naban en negar en los hombres del Plata el influjo
del enciclopedismo y de la Revolución Francesa.
Los hechos ,en todo el decurso del siglo X V III
y en esos primeros años del siglo X IX, habían
demostrado cuán vano era el contralor sobre los
cerebros y la acción de policía realizada sobre las
ideas, que habían constituido la obsesión imperial.
La guerra decretada a los libros —no ya a los li­
bros históricos y políticos, sino a los de simple

imaginación— había resultado innocua. La historia
guardaría, com o documento de una época, la Cédu­
la Real de Carlos III expedida para que la “ Enci­
clopedia Metódica” fuera perseguida en las colonias
americanas. Igualmente no había podido conseguir
unificar las almas aquel documento de su sucesor
Carlos IV en que el monarca español confesaba
“ que el celo infatigable de los ministros del Santo
Oficio no había alcanzado a contener los grandes
perjuicios que causaba al Estado la lectura de los
malos libros” . De idéntica forma, había resultado
tarea ingenua la de impedir la difusión de las
nuevas doctrinas científicas. A pesar de que la
Inquisición amenazaba los cuerpos con su régimen
terrible, en el escenario de las colonias españolas,
sobre todo en Nueva Granada, existían espíritus
que se empeñaban en enseñar que la Tierra se
movía alrededor del Sol, por más que España —la
España de la Inquisición que algunos todavía se
atreven a reivindicar en el ambiente democrático
de América— había resuelto negar las conclusiones
de Copérnico. Ahí están los casos de José Celes­
tino Muttis, la brillante figura de Nueva Granada,
considerada por Linneo com o “ el príncipe de los
botánicos americanos” , o el de Juan Francisco
4

Vázquez, enjuiciados por la Inquisición por pro­
clamar que la Tierra se movía alrededor del Sol.
Existen propósitos estériles, pero probablemente
ninguno com o el de querer mensurar las ideas con
aqueta pragmática que inmortalizó al bárbaro Pro­
custo. Lo probó España en su intensa y vana ac­
ción. Pese a las órdenes reales. las ideas nuevas
llegaron a América e iluminaron el espíritu de los
nativos. Pero ocurrió algo más. Entraron en la
propia España y pusieron una luz en la mente de
muchos de sus hombres de gobierno. Lo prueba
el ejem plo inmortal de Jovellanos. Lo demostra­
ron las Cortes de Cádiz en 1812.
A Belgrano corresponde una participación be­
nemérita en la difusión de las grandes doctrinas,
en la divulgación de las ideas nuevas, más bien
dicho, de las ideas eternas.
En momentos en que Belgrano estudiaba en
Valladolid, irradiaba aún sus terribles reflejos el
Tribunal de la Inquisición. Como lo ha señalado
Mitre, “ apenas hacía dos años que el célebre Olavide había sido procesado por el Santo Oficio y
condenado a penas afrentosas por haber cometido,
entre otros delitos, el de tener en su biblioteca la

�LETRAS

r

Enciclopedia y los escritos de Baile, Montesquieu,
Rousseau y Voltaire” . Pese a ello, ávido de to­
mar contacto espiritual con los escritores del ins­
tante, Belgrano gestionó ante el papa Pío VI
licencia para poseer esas obras. El je fe de la
Iglesia se mostró más tolerante que los gober­
nantes de España. Otorga a Belgrano autorización
para “ leer y conservar durante su vida todos y
cualesquiera libros de autores condenados, aun­
que sean heréticos, y en cualquiera forma que
estuviesen publicados, con tal que los guarde pa­
ra que no pasen a otras manos” . Belgrano, así,
asimila las doctrinas políticas, sociales y econó­
micas que habían comenzado a poner una nota de
hermosa inquietud en Europa. Lee a Montesquieu,
a Rousseau, a Filangieri, a Adam Smilh, a Condorcet, a Jovellanos, a Campomares, a Alcalá Galiani, y se entrega apasionadamente al estudio de la
economía política y del moderno derecho público.
Bien pronto las lecturas asimiladas por Belgra­
no en el ambiente europeo encuentran clima pro­
picio en el escenario de Buenos Aires. En 1805
traduce del inglés la despedida de Jorge ICáshington al pueblo de los Estados Unidos. En 1806,
Hipólito Vieytes elogiaba en el “ Semanario de
Agricultura” a Mirabeau y a Adam Smith. En
1809 Belgrano presenta al virrey Liniers un me­
morial sobre com ercio libre con los ingleses. Poco
tiempo después, Moreno, en el molde de las mis­
mas ideas, redacta la histórica “ Representación de
los Hacendados” . Paulatinamente, Belgrano va ha­
ciendo escuela. Explicaba fervorosamente las doc­
trinas de Smith sobre el valor, los precios, la
moneda, el capital, la tierra y la colonización.
Como ha dicho el profesor Gondra, “ si el egoísmo
de los mercaderes y la desconfianza, el apoca­
miento o la incomprensión de los funcionarios
reales hacían oídos sordos, era indudable que las
nuevas ideas prendían, generosamente, en el espí­
ritu de algunos jóvenes entusiastas, com o Castelli,
Moreno, Vieytes y otros, para los cuales fué Bel­
grano, sin duda, maestro e iniciador revolucio­
nario” .

Dirige
ENRIQUE A M O R IM

La

HIMNO

NACIONAL

Oíd ¡mortales! el grito sagrado:
¡Libertad, libertad, libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas;
Ved en trono a la noble Igualdad
¡Ya su trono dignísimo abrieron
Las Provincias Unidas del Sud!

y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino, ¡Salud!

Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir:
Coronados de gloria vivamos
0 juremos con gloria morir
VICENTE LOPEZ Y PLANES

Pero es en la formación mental y espiritual de
Moreno, es decir, en el numen de la revolución
de Mayo, donde ese influjo se acentúa con ca­
racterísticas inequívocas. Alberdi dijo que “ El
Contrato Social era la brújula de M oreno” . Fué
algo más: fué la brújula de la Revolución de
Mayo, fué una de las luces que iluminaron el
génesis del proceso histórico argentino.
•

arito l ó g i c a

ARGENTINO

En toda esa promoción juvenil que habría de
controlar los primeros pasos de la revolución de
Mayo, el influjo de los enciclopedistas es indis­
cutible. Moreno, por ejem plo, durante sus estu­
dios en Charcas, se había impregnado de las nue­
vas doctrinas que estaban en la biblioteca de
Francisco de Ortega, en la librería del padre
Moscoso, en los anaqueles de Maciel, en los es­
tantes del padre Terrazas. A llí leyó a D ’Agresseau, a Montesquieu, a Reynal, a Bacon, a Fi­
langieri, a Jovellanos. Mientras tanto, aquí en
Buenos Aires, en la biblioteca' de Rivadavia, se
exhibían con orgullo los libros de Voltaire, de
Rousseau, de Necker, de Malby, de Montesquieu,
de Re^-nal, de Condorcet, de Locke, de Bentham.
Esos libros iban formando una conciencia doc­
trinaria en los hombres jóvenes que habían nacido
en el Virreynato.

•

poesía

•

Hiparon iéios. . . !
Ha llegado a nuestro país la embajada intelec­
tual de Francia combatiente. Los argentinos saluda­
mos con regocijo a esta pléyade de hombres escla­
recidos y patriotas, que expusieron su vida por la
libertad de Francia, luchando contra el enemigo ex­
terior y los entregadores de Viehv. Pasteur Yallery-Radot, Albert Ledoux, Raymond Ronce, Emmanuel de Sieyés y Pierre Gabard, constituyen un
ejem plo de como la intelectualidad democrática
debe luchar, en todos los países, por todos los
medios a su alcance, contra las fuerzas de la reac­
ción. Centenares de intelectuales libres han sabido
cumplir en Francia ese mandato. Bienvenidos sean
hoy sus representantes!
5

�¿Cont i nuaremos cantando a la De s es pe rac i ón y a la Muert e?

RILKE
E L

Y

N A Z I S M O

por IS ID O R O F L A U M B A U M
I

de crisis tan profunda
que en ningún otro m om ento
intelectualidad decadente, frente
tradicciones no alcanza a concienciar ni

U

NA época

com o la que nos toca vivir, hace más claro
el hecho de la terrible desorientación de la
a la realidad social que la rodea, cuyas con­
explicarse.

Vem os así a esos intelectuales, colocados en la disyuntiva de postular su fracaso,
su impotencia o el indeterminismo filosófico, refugiarse en el abismo de una estéril
desesperación que desemboca en el culto de las ideas de muerte, angustia y desinte­
gración total, negadoras del poder creador del hom bre, con su suprem o instrum ento:
la razón.
Sobran ejem plos a través de esos períodos históricos a que nos referim os: los
últimos tiem pos del Im perio Rom ano produjeron el estoicismo de la decadencia; el
fin de la Edad Media el m em ento morí jesuítico y manifestaciones afines; por úl­
timo, nuestra época, el existencialismo y cantidad de corrientes sem ejantes; el más
cercano, el de Martín Heidegger, entregándose sin vacilar al poder avasallador del
fascismo alemán.

El existencialismo contemporáneo es la desem­
bocadura de las manifestaciones artísticas y filo ­
sóficas a que nos referimos. Toma todos sus te­
mas aguzándolos y adaptándolos a las condiciones
del mundo contemporáneo. También esta es época
de crisis y por muchas razones, de mayor agudeza
y significación histórica. Por tal razón, el “ muertismo” de los intelectuales decadentes aparece agu­
zado y agresivo, en formas mucho más refinadas
y reflexivas que en épocas anteriores. Es precisa­
mente Alemania, piedra de toque de las contradic­
ciones de nuestra época, el país que posee las ma­
yores manifestaciones en tal sentido.
Rainer María Rilke (1875-1926), es el más gran­
de poeta representante de la corriente actual que
analizamos. Austro-checo de nacimiento, es Ale­
mania el país donde su influencia se hará sentir
más hondamente. Fue postrer representante de
una familia noble venida a menos en momentos
de la decadencia del imperio Austro-Húngaro.
Este hecho, unido a su natural melancólico, deter­
minado por su debilidad constitucional, torna
su espíritu pesimista. Clara exaltación de glorias
pasadas hay en su cuento de juventud “ Hermano
y Hermana” pero sobre todo en su primer gran
poema “ Canto de Amor y de Muerte del Corneta
Cristóbal Rilke” . Dice al comienzo del mismo:
“ __ el 24 de noviem bre de 1663, le fue conce­
dida a Otto von Rilke, en Langenan y Linda, la
posesión de la parte del feudo heredado de su
hermano Cristóbal, caído en Hungría; empero,
debía presentar una contracédula, mediante la cual
dicha posesión quedaba anulada, en el caso de que
dicho hermano Cristóbal ( caído com o abanderado
de un regim iento austríaco de caballería a las ór­
denes del Barón de Pirovano), volviese —
También en los cuadernos de Malte Laurids
Brigge notamos esa característica:
“ __ Todavía en mi pueblo, el anciano chambe­
lán Brigge, llevaba — ello era palpable— su muerte
consigo. ¡Y qué m uerte! D e dos meses de dura­
ción, y tan ruidosa que se la oía hasta en la casa
de labor. La vieja y antigua casa señorial era de­
masiado pequeña para contener esta m u e rte ...
Desde muy joven siente atracción hacia el tema
de la muerte, pero en una forma evidentemente
espontáena. Sólo más tarde se convierte esa atrac­
ción en doctrina y concepción del mundo. Su
formación cultural es europea. Data de una épo­
ca, la anterior a la guerra del 14-18 —en que
ningún conflicto serio enturbiaba las relaciones
entre las naciones europeas, hecho que favorecía
un cierto cosmopolitismo aristocrático entre los
intelectuales de las clases altas, cosmopolitismo

éste, ni muy serio ni muy profundo. Lo defini­
tivo es que Rilke seguía siendo en lo esencial un
alemán, y un alemán aristócrata. Y fué precisa­
mente Alemania el país que lo consagró y donde
su influencia se hizo sentir de manera más acen­
tuada. Esto se debe evidentemente a que Rilke
pertenecía a una corriente intelectual esencial­
mente germana: el existencialismo.
En 1909 se editan en alemán las obras com ple­
tas de Kierkegaard. Rilke, que había manifestado
deseos de aprender el danés para traducir a Kier­
kegaard al alemán, se convierte en partidario en­
tusiasta de las ideas del místico danés y descubre
en su obra elementos singularmente acordes con
su propia manera de ver el mundo. La influen­
cia de Kierkegaard sobre Rilke fué tan profunda
que impregna gran parte de su obra. En la fi­
gura del danés Malte Laurids Brigge podemos
ver claramente el reflejo de la impresión que
causó en el espíritu de Rilke la personalidad de
Kierkegaard. Hay, no obstante, una diferencia
esencial entre Rilke y Kierkegaard. Este último
expone doctrinas que pretenden ser cristianas;
Rilke, en cambio, es en esencia un pagano, como
Hólderlin y Nietzsche. Kierkegaard exalta la
“ existencia teológica” com o el desiderátum en la
vida humana; Rilke, en cambio, exalta un pecu­
liar misticismo telúrico de raigambre eminente­
mente nietzscheana. Dice así el poeta del “ Libro
de Horas” :
“ ¡Q ué locura distraernos hacia un más allá,
cuando nosotros estamos aquí rodeados de tareas
y especulativas y futuro! ¡Q ué fraude, sustraer
imágenes del encanto de aquí abajo para vender­
las en el cielo detrás de nuestras espaldas!”
Como vemos, el elemento nietzscheano confiere
a las concepciones de Rilke un matiz no solamen­
te antirreligioso, sino anticristiano. El filósofopoeta había contrapuesto lo terrenal a lo religioso
en su lucha reaccionaria contra el cristianismo,
para él religión de plebeyos resentidos, incapa­
ces de asumir responsabilidades y que p or eso
atribuyen a Dios.
No obstante, la Tierra es para Nietzsche senci­
llamente el lugar donde habita el hombre. Lo
telúrico carece en él de todo significado metafisico-trascendental. Todo lo contrario ocurre en
R ilke:
“ La caducidad se precipita por doquiera en un
profundo ser. D e aquí que todas las formas de
acá abajo hay que lomarlas no sólo com o tem po­
ralmente limitadas, sino que, en la medida que
nos sea imposible incluirlas en aquellas signifi­
caciones superiores de que participamos. Pero no
6

EN SENTIDO CRISTIANO (d el que siem pre más
apasionadamente me a lejo), sino que, con una con­
ciencia puramente terrena, beatíficamente terrena,
es necesario introducir todo lo contemplado y pal­
pado en este mundo en el más amplio ámbito. No
en un más allá, cuyas sombras entenebrecen la
tierra, sino en un todo, en el todo. La naturaleza,
las cosas de nuestra convivencia y uso son provi­
sorias y caducas, pero, mientras permanecemos
en esta tierra, ellas son nuestra posesión y nuestra
amistad, consabedoras de nuestras penas y de
nuestras alegrías, com o ya fueron los confidentes
de nuestros antepasados. Por esto no sólo no hay
que calumniar y rebajar todo lo de aquí abajo,
sino que justamente a causa de su provisoriedad,
que ellas comparten con nosotros, estas manifes­
taciones y cosas deben ser concebidas y transfor­
madas por nosotros con una comprensión muy
íntima. ¿Transformadas? Sí, pues nuestra tarea
misional es grabarnos esta Tierra provisoria y ca­
duca tan profunda, tan doloroso y apasionadamen­
te, que su ser resurja “ invisible” en nosotros.”
Su culto a la Tierra es un panteísmo pagano
íntimamente relacionado con su concepto de la
muerte. Esta no es para Rilke tránsito a la Eter­
nidad com o para el cristianismo, sino que tiene
valor y sentido por sí misma. Como lo dice en
una carta a W iold von Hulewicz, el hombre que
se adentra en “ su” vivencia de la muerte, en su
“ muerte propia” realiza al mismo tiempo el “ en­
cargo de la tierra” . Pero realizar el “ encargo
de la tierra” no es dado a la gran masa, al vulgo.
Es cosa eminentemente aristocrática y patrimonio
de unos pocos elegidos. Es decir, el panteísmo
pagano sirve para establecer jerarquías humanas
íntimamente emparentadas con la nietzscheana de
“ señor” y “ esclavo” , y que reaparecerán en la
filosofía heideggeriana según las expresiones
“ existencia banal” y “ existencia propia” .
Pasemos ahora a otra cuestión. ¿En qué queda
el Dios que Rilke invoca tan a menudo en sus
pseudo-cristianos poem as? Si analizamos deteni­
damente el concepto rilkeano de Dios, nos encon­
traremos con que es absolutamente distinto del
concepto general acerca de Dios. Dios no es para

Rainer María Rilke

Rilke lo absolutamente objetivo, fuente de donde
proviene todo lo que existe. Es un algo borroso,
distinto para cada hombre y con el cual el indi­
viduo se une y conoce al adentrarse en su
muerte propia . Acentúa hasta el extremo la
subjetividad de Dios, en metáforas y conceptos
evidentemente inspirados en los grandes místicos
germanos, en especial Meister Eckart y Angelus
Silesius:
. . . ¿qu é quiere significar lo otro, sino que
nuestro semblante y la faz divina, que miran ha-

�cia ajuera en la misma dirección, con u n o ? . . . ”
y también:

La obra de d oy ce es corno la vida misma: no puede tener fin

“ Dios y la muerte eran, pues, externos, eran lo
otro, y lo propio (lo intransferible) era nuestra
vida, la que ahora al precio de esta escisión pa­
reció ser humana, pareció ser, en un sentido con­
cluso, la nuestra, íntima, posible, realizable.”
Es decir, el Dios de Rilke es una imagen b o­
rrosa e indeterminada, metáfora y figura poética
a menudo, y cercana a la “ nada” heideggeriana.

en la última página de un libro -d ice ./. S A L A S S U B I R A T -

•

•

•

Entre las concepciones de Rilke y Heidegger
hay, desde luego, diferencias notables. Pero las
similitudes son mucho más numerosas e impor­
tantes. Estas similitudes provienen de que ambos
pertenecen a la misma corriente cultural, la que
preparó ideológicamente el advenimiento del na­
cionalsocialismo. Resulta violento para toda sen­
sibilidad normal relacionar lo que es esencial­
mente la anti-cultura, a un poeta de las condiciones
excepcionales de Rilke. Pero cometeríamos un
error fatal si nos detuviéramos en esta faz pura­
mente externa del problema. No podemos ni de­
bemos olvidar que cosa muy distinta es el precur­
sor de un hecho histórico cualquiera, del actor
del mismo. El nacionalsocialismo no ha produci­
do nada comparable a un Nietzsche o a un Rilke.
Pero es que ambos se nutrieron de la época que
ayudaron a destruir. Es decir, que las manifes­
taciones reales de su talento, en las condiciones
actuales, no hubieran podido revelarse. Las ra­
zones para deducir este hecho sobran. Además,
hay ya una diferencia notable en los méritos de
Rilke como poeta y de Heidegger como filósofo.
Este último es muy inferior. Por otra parte, el
pathos nazi ha asimilado los temas de tierra y
muerte hasta vulgarizarlos al extremo, como lo
muestran las elucubraciones de Keyserling, Klages,
Splenger, Rosemberg y otros taumaturgos de la
Alemania nazi.
Rilke es el paganizador del existencialismo y
uno de los más distinguidos representantes del
renacimiento pagano en la Alemania contempo­
ránea, cuyo sentido histórico social es bien co­
nocido.
El irracionalismo germano, en sus manifesta­
ciones artísticas y filosóficas, pudo aparecer desde
el Romanticismo cristianamente disfrazado, salvo
en los casos de Schopenhauer y Hólderlin. Pero
a medida que acentuaba sus características y acen­
tuaba su agresividad, arrojó su exterior cristiano
por la borda y se mostró en todo su cinismo, a
partir de Federico Nietzsche. ¿Las razones de este
fenóm eno? El cristianismo es demasiado eviden­
temente opuesto a su concepto zoológico del hom ­
bre. En ese sentido, las elucubraciones de un H ei­
degger y el racismo no son sino manifestaciones
de un mismo fenómeno.
Rilke le ha legado al rector de la Universidad
de Friburgo, las bases de su erudita filosofía. Pe­
ro para Heidegger, la muerte, además de ser pro­
blema puramente personal, permite la realización
de la “ historia” , la “ tradición” , el “ destino” , etc.
Heidegger no habla siquiera de D ios; lo ha sus­
tituido por la nada.
En otro trabajo (“ Meister Ekbart y Martín H ei­
degger” Minerva, año I, N ? l ) hemos señalado
cómo Heidegger, apropiándose de temas cristianos
y místicos, ha creado una doctrina esencialmente
anticristiana. En todo ello Rilke se le ha adelan­
tado. Heidegger no ha hecho más que dar un
remate lógico a lo que estaba íntegramente en
el poeta.
En el mundo contemporáneo, pletórico de fuer­
zas renovadoras, existen intelectuales que se ama­
rran a un pasado caduco y levantan como en
otras épocas la bandera de la muerte. Los Berdiaeff, los Chestov, los Rilke, los Unamuno, los
Heidegger, se multiplicaron vertiginosamente des­
de principios de siglo. Su doctrina se constituyó
en erudita filosofía en Alemania, como es lógico.
Q u ien es creem os en el p o r te n to s o d estin o
del hombre sobre la tierra, ¿podem os conciliar
con ellos?

UNA ENTREVISTA
CON EL
TRADUCTOR
DE "LUISES”
A punto de aparecer la versión castellana de
"Ulises". de James Joyce. nos entrevistamos con
J. Salas Subirat, responsable de esa traducción.
—¿Cómo se le ocurrió acometer la empresa de
traducir ‘‘Ulises"?
—Para entender mejor algunos pasajes que me
resultaban oscuros.
—¿Hace mucho tiempo que conoce este libro?
—Alrededor de veinte años.
—¿Cuándo empezó a traducirlo?
—En 1940 empecé a traducir las páginas que no
me resultaban claras. Así lo fui pasando todo, sin
pensar en que esa traducción pudiera publicarse.
Le diré, además, que en estos veinte años me en­
teré repetidas veces de que alguien lo estaba tra­
duciendo en Buenos Aires, lo que hacia innecesaria
mi traducción con el objeto de darla a la imprenta.
Un día. hablando de James Joyce con Santiago
Glusberg, le dije que tenía "Ulises" traducido. Un
tiempo después Santiago Rueda le comunicó a
Glusberg que había adquirido los derechos para la
edición castellana y que Max Dickmann iba a
formar un comité de traductores para emprender
la tarea. Glusberg le habló de mí y el domingo
siguiente estaba Max Dickmann en mi casa, donde
puse en sus manos la versión completa en caste­
llano, desde la primera hasta la última página. Le
pedí tres meses para darle una leída definitiva y
tardé más de un año para entregarlo listo para la
Imprenta.
—¿Es fundada la fama de intraducibie de esta
obra?
—No: se trata sólo de un libro difícil de leer en
el original. No creo, por lo demás, que exista nin­
gún libro intraducibie una vez que se lo ha com­
prendido en el idioma original. Entiendo, por otra
parte, que ninguna traducción puede dar exacta­
mente los valores del original en todos sus aspectos.
—¿Se refiere usted solamente al ‘‘ Ulises"?
—No: me refiero a todas las traducciones. Cada
idioma es como un sistema, cuyas características
le son exclusivas: entre unos y otros hay equiva­
lencias, pero no igualdades: eso hace imposible dar
exactamente el estilo de un gran escritor. Una
traducción no puede ser nunca más que una
aproximación.
—¿Cree usted que un m ejor conocimiento de “ Uli­
ses" permitiría rastrear la influencia de Joyce en
la literatura actual?
—Sin duda alguna. Es indispensable tener en
cuenta esta obra para cualquier estimación de la
literatura actual. A pesar de no haberse difundido
su texto entre nosotros, éste ha tenido, indirecta­
mente, una repercusión indudable, por vía de
autores influenciados por su lectura. Este libro
constituye un caso extraordinario de influencia
directa e indirecta.
—¿Qué relación guarda “ Ulises” de James Joyce
con la “ Odisea" de Homero? ¿Existe, a su juicio,
alguna similitud entre una y otra obra?
—Difícilmente se le ocurriría a nadie, si no fuera
por el título, que existe ese paralelismo. Hay
mucho que decir todavía, sin ignorar a Edmund
Wilson y a Valery Larbaud, no solamente sobre el
contenido simbólico del libro y los protagonistas
que se mueven en él, sino también con respecto a
James Joyce mismo como viajero curioso en las
regiones más intrincadas del pensamiento. A este
fin sería precisa una incursión complementaria en
ese otro mundo que está representado por su obra
siguiente: Finnegan's Wake.
—-¿Entiende usted que después de su traducción
será siempre necesario ir al original para formarse
un concepto acabado de lo que es “ Ulises” ?
—Al pasar de un idioma a otro, los juegos de
palabras palidecen, de igual manera que los giros
onomatopéyicos, y la percusión que tienen las alu­
siones a modalidades y episodios que nos son
extraños disminuye en algunos casos, hasta des­
vanecerse; los neologismos y asociaciones de ideas
pierden a veces su vigor. Es natural, entonces,
que sólo podría prescindirse del original, para un
estudio profundo de la obra, presentando una edi­
ción plagada de notas, explicaciones y citas que
harían perder al libro la agilidad que le imprimió
Joyce.
—¿Agilidad? ¿Acaso es “ Ulises” un libro ágil?
Muchas plumas de categoría han afirmado lo con­
trario.
—No lo ignoro. La opinión de Joung es bien cla­
ra: Me aburre hasta las lágrimas, dice. Pero estoy
convencido de que la agilidad de Joyce ha escapado
7

Jaimes Joyce (Dibujo de Cotton)

a muchos críticos, ya sea por falta de enfoque o
por una actitud mental que llamaría extraliteraría.
Joyce bombardea las escenas desde diversos ángu­
los, sin eludir ninguno, con un lenguaje directo y
libre de limitaciones. Lo notable en esta obra es
el aligeramiento de trascendentalismos para expre­
sar lo trascendental. Se ha dicho ya que no ha
de marearse la cabeza que sea bastante fuerte para
leerlo. No ha faltado quién sostuviera que para
interpretar a "Ulises” se necesita ser un genio o
un alienado. No es para tanto: se trata solamente
de una cuestión de agilidad mental. En el libro
de Herbert Gorman sobre James Joyce hay una
cita de un doctor Joseph Collins, neurólogo, para
quien, según afirma Gorman, todos los autores son
casos clínicos. "Ulises —dice Collins—r 710 podrá
ser leído completo ni por diez hombres o mujeres
de cada cien, y de cada diez que lo consigan, cinco
lo harán como un “ tour de forcé". Soy probable­
mente la única persona, aparte del autor, que
lo haya leído desde el principio al fin.” Y á ren­
glón seguido agrega imperturbable: “ Aprendí en
él más psicología y psiquiatría que durante diez
años en el Instituto de Neurología” . No conforme
aún con esta prueba de irresponsabilidad crítica,
añade: “ Hay otros ángulos desde los cuales Ulises
puede ser revisado con provecho. Pero ellos no son
muchos” . En efecto, hay otros ángulos desde los
cuales puede ser, no solamente reviewed —como
afirma Collins— sino también cotizado y gustado
el "Ulises", y tales puntos de vista, que no sólo
no son escasos, sino numerosos y fundamentales,
no podían ignorarse al Intentar su traducción!
Jung, pensador profundo, recupera intuitivamente
el terreno perdido al aburrirse hasta las lágrimas
en el primer centenar de páginas del “ Ulises” y
salva su prestigio que sobrepasa lo científico al
sospechar “ algo que escapa a nuestra percepción,
un designio secreto que le presta sentido” . Ese
sentido secreto sólo reside en la agilidad con que
Joyce sabe salir de ciertas posturas en que se
vuelve demasiado serio.
—¿Cree usted, como sostienen algunos ensayistas
que Joyce, precedido por Proust y seguido dé
Kafka, ha realizado con ellos, ya sea intencional o
fortuitamente, algo asi como uno de los grandes
sistemas metafísicos de la literatura moderna?
La pregunta es un tanto imponente y no creo
que estas tres figuras solas pudieran ser respon­
sables de tal sistema metafísico. Dejando a un
lado que para dilucidar eso del sistema metafísico
sena necesario un estudio serio y dilatado le
diré que, a mi juicio, se ha intentado con cierta
ligereza establecer una correlación de Proust a
Joyce y de Joyce a Kafka. En lo que se refiere
a los dos primeros, ese intento se explica por la
diferencia de enfoque de ambos autores. Los es­
cenarios mentales que recorre Proust vienen sobre­
cargados de posturas y decorados anacrónicos; sus
personajes parecen asfixiarse dentro de ambientes
en que el artificio y la complejidad de los pre­
ceptos sociales, en desacuerdo con el espectáculo
del mundo a esa hora, dan la visión de épocas re­
motamente anteriores a la que transitan los perso­
najes de Joyce. Es una diferencia que tiene que
ver más con la perspectiva aérea en pintura que
con la correlación apuntada. Como los colores de
conjunto de los cuadros de Proust vienen agrisados
por una materia social en decadencia, se tiene la
sensación de un plano más alejado en el tiempo.
Tanto en uno como en otro autor existe un desme­
nuzamiento psicológico que los aparea en algunos
instantes, y por eso podría afirmarse tal vez, y
tan sólo, la co-existencia de dos sistemas —la si­
multaneidad de sistemas es un fenómeno de épo­
cas: por eso Bergson, Freud, Proust, Joyce, Rilke,
Kafka, etc. ■, derivados de un mismo avance en
la introspección; pero no veo ningún otro aire de
familia. Kafka, que conserva también ese carácter
introspectivo, presenta un panorama que tiene que

�ver directamente con Ja angustia: la angustia del
esfuerzo fallido, realizándose, ese esfuerzo, en una
dimensión fundamentalmente onírica.
—¿Cree usted, como se ha dicho, que "Ulises”
es una expresión del escepticismo del autor y que
ese libro podría calificarse como una “ boutade”
magnífica?
—Indudablemente hay en todo el libro una co­
m ente de escepticismo, pero entiendo que leída la
obra con atención, es difícil engañarse al respecto
Jung cita esta frase del Portrait of the Artist as
a Young Man: "El artista se halla como el Dios
de la Creación, o dentro o detrás o más allá o
por encima de su obra; es invisible, sin vida pro­
pia, indiferente y se limpia las uñas” . Otro pasaje
ael mismo libro hace plausible la sospecha de que
el escepticismo de Joyce es una postura que se
da Fi?1?- j^ ,ecuencia entre
espíritus de aguda
sensibilidad, como una suerte de defensa para
encubrir su alma sollozante. "Y se acordaba Este­
ban de aquel atardecer en que apeándose de una
bicicleta prestada y rechinante, se había puesto a
orar en medio del bosque, cerca de Malahide. Ex­
tático, los brazos levantados hacia el cielo había
dirigido sus palabras hacia la sombría nave de
troncos, conociendo que estaba en un lugar sagrado
y que sagrada era también la hora. Pero al divisar
los guardias, surgidos de un recodo del camino oscuro, había interrumpido su plegaría, para ponerse
a silbar sonoramente una cancioncilla de la última
pantomima” . El episodio de Gerty MacDowell en
que el señor Bloom, nuevo Ulises retenido por el
espectáculo de Nausicaa, surge lentamente trans­
figurado de las meditaciones de una niña descabe­
lladamente mujer, es la creación más notable del
libro desde el punto de vista de la transfusión de
una mente en otra: Joyce asimila y es asimilado
en el reducto psicológico femenino. La fusión es
tan absoluta que se hace difícil concebir una rea­
lización más definitiva. La clave de esta extraor­
dinaria idoneidad nos la da el mismo Joyce en
Dubliners, (A rab y): " Pero mi cuerpo era como un
arpa y sus palabras y gestos como dedos corriendo
sobre las cuerdas” , Se hace difícil, ante estas evi­
dencias, insistir sobre el escepticismo de Joyce.
Esto no impide que, en algunos momentos, se tenga
la sensación de cierta pose “ pour épater les bourgeois” . Eso justificaría señalar la "boutade” mag­
nífica que usted menciona.
—¿Y desde el punto de vista filosófico?
Una vez más estamos ante una pregunta cuya
respuesta exigiría una atención y un espacio de
que no disponemos. Sintetizando, le diré que a mi
juicio la trayectoria de Joyce sigue una línea que
va de Aristóteles a Bergson; el siguiente fragmento
de su libro antes citado (The Portrait, etc.) está
lleno de sugerencias:
Estas cuestiones son muy profundas, señor Dedaíus —afirmo el decano—; es como mirar hacia
el abismo desde la pendiente del Moher. Alguno&lt;

penetran en la profundo para no volver a salir.
Sólo buzos bien adiestrados pueden sumergirse en
esas profundidades, explorarlas y volver a la su­
perficie” .
—“ Si es a la especulación a lo que se refiere
usted, señor —dijo Esteban—, estoy seguro también
de que no hay tal pensamiento libre, puesto que
todo pensamiento está limitado por sus propias
leyes” .
" — ¡Ah!”
" —Pa.ra lo que me propongo, al presente puedo
seguir trabajando a la luz de una o dos ideas de
Aristóteles y de Santo Tomás de Aquino” .
" — ¡Ya! Comprendo perfectamente su idea".
“ —Me hacen falta para mi propio uso y guia
hasta que haya logrado algo por mí mismo a la
luz de ellas. Si la lámpara humea o da tufo, procu­
raré despabilarla. Si no da bastante luz, la venderé
y compraré otra” .
—¿Podría señalarse alguna ' afinidad entre Berg­
son y Joyce?
—Los cuadros de la realidad que nos presenta la
observación, afirma Bergson, son como una serie
de vistas estáticas de una película cinematográfica.
Sólo cuando la película se desarrolla en el proyec­
tor, que es nuestra inteligencia, se produce el
fenómeno vital, que no es la serie de vistas está­
ticas ni tampoco la acción de nuestra inteligencia
que las pone en movimiento. Joyce hace recordar
continuamente, cuando se recorren las páginas de
“Ulises” , el postulado hegeliano de que el todo
trasciende la suma de las partes. Las palabras que
componen un párrafo significan más que las frases
contenidas, la suma de los párrafos de un capitulo
trascienden el contenido del capítulo: una escena,
un diálogo o una descripción, aún mismo el abun­
dar sobre tales o cuales familias de ideas, ponen
en marcha verdaderos regimientos de sugestiones
estéticas que se entrelazan y se incorporan defi­
nitivamente a la mente del lector, creándole una
visión del mundo a la que no estaba habituado y a
la que ya no podrá substraerse jamás, del mismo
modo que no puede olvidarse la emoción produci­
da por algunas sinfonías, que no deriva de la suma
sólo captable en la audición del conjunto, o el
de sus notas, sino de un elemento desconocido,
plan fundamental a base del cual han concurrido
las partes con posterioridad al todo ya existente
por sí, en abstracto también, en la mente del crea­
dor. Joyce, lejos de proponer un código aritmé­
ticamente juicioso, se recrea en un surgir y caer
de imágenes, antes que en rito formal de lo defi­
nido, lo idiomático, lo consabido, lo traducible, lo
palabras. Los números del tiempo y el espacio,
tocados por una acumulación de penumbras —suma
de lo humano—, dejan de disciplinarse en lo descriptible. y una suerte de espectros sombras men­
tales, que giran sin cancelarse en el reducto tiem­
po, se concretan en una cambiante desmenuzada

dispersa recuperación de imágenes captadas en ple­
na huida. La afinidad entre Bergson y Joyce se
pone de manifiesto en “ Ulises” por la conducta
mental de sus personajes.
—Se ha dicho que Flaubert era muy estimado
por Joyce. ¿Hay huellas de tal influencia en
"Ulises” ?
—El doctor Bovary, en el libro de Joyce, con
una señora Bovary en tono menor, no es más que
un señor Bloom intrascendente, cuyas sensacio­
nes y pensamientos más insignificantes se vuelven
trascendentales. La bifurcación de ambos prota­
gonistas parte de una encrucijada: la agilidad men­
tal. Bloom es un Bovary consciente y la señora
Bloom se piensa a sí misma con más universalidad
que la Bovary. Mientras ésta constituye un tipo
de mujer anormal, llevada y traída por su sed de
pasiones, aquélla es la imagen razonada de todas
las mujeres. Claro que, con harta justicia, una
multitud de mujeres, posiblemente todas, han de
repudiar el prototipo propuesto; pero, y aquí se
evidencia la vigorosa creación de Joyce, en un
grado que va desde lo meramente instintivo a lo
consciente, y de lo potencial a lo consumado, la
universalidad contenida en esa figura reciamente
divagadora trasciende las páginas del libro y se
sumerge en las mismas ondas en que flotan, hun­
diéndose y volviendo a la superficie, en un juego
de luz y sombra, los otros esquifes (Esteban Dedalus y Leopoldo Bloom) que, arrojados en medio
de la corriente, se sintetizan, rehacen y encrespan
entre un cortejo de dublinenses habitantes del
mundo y forjadores de imágenes y gestos que
murmuran y son murmurados. Flota en todo este
monólogo la congoja ya señalada por Joyce en
Exiles, en que hace decir a Berta: "No, Brígida,
esos tiempos no vienen más que una vez en la
vida. Y el resto de la vida no sirve más que para
recordar aquellos t i e m p o s La señora Bloom es
un alma típica de mujer lentamente explorada y
que por momentos da sus pensamientos en ralentisseur, para pasar luego a una vorágine en que
el dolor de la vida se vuelve angustia espectral y
humanidad; por eso Joyce nos evita el espectáculo
trágico del envenenamiento en Madame Bovary y
lo reemplaza y hace terminar el torbellino del
monólogo final con una serie de visiones más tras­
cendentes que la muerte: “ ...pu se mis brazos
alrededor de él y lo atraje hacia mí para que pu­
diera sentir el perfume de mis senos sí y su cora­
zón latía como loco y sí dije si quiero si” . Y el
señor Bloom. en su reencarnación, “meten si co­
sas” , en lugar de rodar herido por el rayo de la
vida —" ¡Muerto!”— duerme opíparamente al borde
de una devanadera de luces sombras claroscuros
santidad cinismo madre tierra. El libro de Joyce
termina sin que ocurra nada irreparable. En rea­
lidad no termina. Es la vida misma, que se sucede
de unos a otros y no puede tener fin en la última
página de un libro.

EL DIA DEL ESCRITOR
13 de Junio, la Sociedad Argentina de Es­
critores, (SADE) festeja el Día del Escritor.
Celebramos en estas columnas una fecha tan llena
de sugestión. Todos los escritores del país, se reu­
nirán en un banquete de grandes proporciones.
Pero este año la fecha tiene una significación par­
ticular pues se entregará al escritor Jorge Luis
Borges. la medalla del “ Gran Premio de Honor
de la Sade” . Por primera vez, un premio sin la
más remota intervención oficial, garantizado por
un jurado de categoría, surgido del mismo medio
en que se desarrolla la actividad del hombre de
letras. Por arriba de componendas y de toleran­
cias, lejos de las tómbolas y el toma y daca de
jurados expertos en sacar a flote a tal o cual
escritor de campanillas. Un premio que con el
correr de los años tendrá una austera razón de
existir.
Jorge Luis Borges ha merecido tan alta distin­
ción. Escritor entre escritores, demócrata ciento
por ciento, de posición inalterable y valiente, salu­
damos en él a un hombre libre y lo felicitamos
por su bien ganado laurel.
La próxima entrega de "Latitud” estará consa­
grada al pensamiento liberal argentino y su porta­
da, compuesta con las fotografías de los escritores
desaparecidos que han honrado la cultura desde
sus comienzos hasta nuestros días, tendrá el signi­
ficado de un homenaje de nuestra revista a los
grandes constructores de la patria.

E

por LAZARO RIET

Juan Ramón Jiménez, uno de los tres dioses ma­
yores de los poetas (entonces) jóvenes de España,
les declaró a todos ellos la guerra por medio de un
famoso telegrama: "Retiro mi articulo y mi amis­
tad” al aparecer la revista SIGNO. (Los jóvenes
habían pedido artículos a J. R. J., a Unamuno y a
Antonio Machado: en el número inicial publicaron
el de Unamuno. no el de J. R. J. Desde entonces
J. R. J. ha sacrificado parte importante de su tiempo
a prepararles flechas herboladas y a disparárselas
con su cerbatana disfrazada de flauta pánica. El
último soplo: J. R. J. atribuye (REVISTA DE IN­
DIAS, n? 63), a Jorge Guillén, una ANTOLOGIA
POETICA DEL ALZAMIENTO MILITAR publicada
ahora en Madrid por un no-sé-qué falangista lla­
mado Jorge Villén.
Jorge Guillén fué sorprendido por la guerra ci­
vil en Sevilla. Entre el ruido de los fusilamientos
y de los altoparlantes de Queipa de Llano, Jorge
Guillén tradujo, y no por propia iniciativa, una oda
A LOS MARTIRES DE LA GUERRA ESPAÑOLA,
de Paul Claudel. Esa fué toda su concesión. Es
verdad que J. R. J. no la tradujo, pero también
es verdad que no estaba en Sevilla. Quizá J. R. J.,
en tal trance, se habría dejado perseguir y fusilar
antes que traducir a Paul Claudel; pero el heroís­
mo no es obligación. Jorge Guillén, en 1939, pidió
un permiso precario para dar unas conferencias
fuera de España. En cuanto se víó libre, manifestó
públicamente su intención de no volver más. Y
rechazó amenazas. Desde entonces vive en una
universidad norteamericana, explicando literatura
española y haciendo poesía, y su vida es tan in­
tachable desde el punto de vista político como
la de J. R. J.
A. A.
SOLICITADA

•

•

•

EL OMNIBUS ESTA COMPLETO
La conocida empresa de La Victoria, comunica
a sus distinguidos abonados a La Línea Recta que
en lo sucesivo se verá obligada a colocar el letrero
de COMPLETO en los ómnibus que llevan al Ba­
rrio de La V erdad... La empresa no se responsa­
biliza por los accidentes que pueden sufrir los
encaramados imprudentes, que se suben a los es­
tribos y las plataformas de sus coch es... En la
confusión por falta de nafta —léase ideas claras—
el amontonamiento de público ha obligado a la
empresa a agrandar las salas de espera. Se nota
gran afluencia de público después de ver los horro­
res de los campos de concentración.
Conviene que los que se arriesguen a viajar en
los estribos, tengan cuidado con los vehículos que
pasan en sentido contrario pues es fácil que les
decapiten utilizando la técnica de los Noticiarios...

ALQUITRAN

PARA LAS ESTATUAS
PROCERES

DE LOS

El más violento de los revolucionarios, el más
exaltado izquierdista no recurre al alquitrán ni se
esconde en las sombras, ni rehuye a la polémica.
Pero el rancio reaccionario, el nazi que atenta con­
tra la inteligencia, arma la bomba de alquitrán en
el sótano de su casa.
Sarmiento es el padre de las letras argentinas.
Manuel Galvez se encarga de salpicar de alquitrán
la obra del gran constructor de la nacionalidad.
Entre ambos atentados, entre ambos alquitranes,
desde luego el de Galvez, a la luz del día, es
menos canallesco. Pero los dos pertenecen a la
visión negra de la historia del pensamiento, ambos
son tan repudiables que no necesitan calificativo.
La prensa recogió con indignación el atentado.
Los escritores han “ tenido” que callarse la boca:
con Gálvez, para no hacerle propaganda y con los
que arrojan bombas, por no favorecer a la industria
del alquitrán.
• • •
LLEGO UNA CARRETA TIRADA POR BUEYES
QUE SE DIRIGE A MENDOZA
LUJAN, 19. — A las 10.45 llegó a ésta la carreta
que se propone efectuar el recorrido entre San
Martín y Mendoza.
El vehículo se detuvo frente a la basílica, rodeado
por numeroso público, y en seguida los ocupantes
de aquél penetraron en el templo, donde el párro­
co, Pbro. Armando Serafini, les entregó una pla­
queta de la Virgen de Lujan, patrona de las rutas
nacionales, para ser colocada en el interior de
la carreta. Por la tarde, el comisionado municipal,
Sr. Muñoz Pirón, acompañado por el secretario
y otros funcionarios, se trasladó al puente de las
tropas, donde acamparon posteriormente los via­
jeros, y firmó el pergamino que éstos conducen,
en el que figuran ya las firmas de autoridades y
miembros del clero de las poblaciones recorridas
y que incluirá, asimismo, las de las localidades
de toda la ruta, para ser entregado finalmente al
interventor federal de Mendoza. El señor Muñoz
Pirón entregó a los viajeros una cantidad de di­
nero en nombre de la municipalidad local.
Madrid, 19. (Habas) El Semanario “ La Caverna” ,
“ en su número 3 del Año de la Victoria” se lamenta
de que los aviones que vuelan por la estratosfera
a velocidades tan peligrosas no llevan en el puesto
de comando una estampa de la Virgencita del Pilar,
la misma que Franco hizo grabar en los obuses
destinados a las tropas republicanas. La impru­
dencia de los aviadores es muy comentada en los
círculos científicos de Valladolid.
8

l

• • •
CORREO DE TRASTIENDA
Si, Macedonio Fernández, tiene usted razón, la
razón que ampara siempre al hombre de talento.
Ya sabe usted quiénes se han encargado de afirmar
ya esta perogrullesca aseveración del que suscribe.
Escritores, de los más importantes. Poetas de ver­
daderos méritos. Pero no reclaman de usted, al
parecer, lo que este Lázaro pretende.
Di­
jo Jesús: “ DESATADLE Y DEJADLE IR” . Cuénte­
nos usted sus padecimientos porque todos sufrimos
en la hora aciaga, preparados por sus disconformismo estético, desde un tiempo no venido. Expliquenos usted por qué escribiendo TAN BIEN,
se obstina en un NO ESCRIBIR para nosotros.
“ Tan mal, tan mal no escribo” , dice usted en
“ Papeles de Buenos Aires” . ¡Tan, tan bien DEJA
usted de escribir! Porque usted deja de decimos
muchas cosas, hablando así: "Soy algo bajo; y hu­
biera deseado o bien una adición a mi estatura de
una mitad de una otorrinolaringología” o bien haber
alcanzado naturalmente la talla de cuatro enteras
otorrinolaringologías oñadidas verticalmente” .
Con esta frase se despide usted del lector. Es el
apretón de manos que me dió al salir de sus
“ papeles” .
Reclamamos de usted un Humorismo que nos
permita saber qué es lo que pensó, o dejó de pen­
sar, da lo mismo, la inteligencia aplicada de Mace­
donio Fernández. Los grandes humoristas que le
precedieron en el uso de la pluma, fueron mora­
listas, críticos; fueron constructores de un mundo
que disfrutamos a medias. No me voy a dar
corte con citas que usted bien oye, a la dictando.
Este otro mundo necesita de su ayuda, para dar
(sigue en pág. 11)

�UNA NUEVA ENTIDAU EN PIENU
CENTRO CULTURAL OE Rs. AIRES
Ud. puede pertenecer a ella
En Córdoba 836, sobre la nueva y elegante avenida porteña, abrió sus puertas
AMAUTA, entidad dispuesta a marchar al ritmo de la época, exaltando los au­
ténticos valores de la cultura.
Para que AMAUTA pueda desarrollar cabalmente sus fines, es preciso que cuente
con el auspicio amistoso, con el apoyo moral, de un grupo de personas que se
sientan partícipes de su labor orientadora.
Estas personas tomarán el carácter de miembros adherentes, mediante una cuota
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Linda la preguntita, ¿verdad? Y poco compro­
metedora. Puestos en ese plan, por qué no pre­
guntaron: ¿Por qué existe usted? Cartesius les
hubiera contestado: Pienso, luego existo. Esto me
da una idea: pienso, luego escribo, o m ejor dicho,
a la inversa: escribo, luego pienso. Porque en
verdad, cuando trato de pensar con un mínimo
de claridad y de faltas de contradicción, me valgo
de la escritura. Dios, se me ocurre, tenia pensado
el mundo desde siempre, pero un día se decidió a
escribirlo, y de ahí la Creación, una de cuyas prin­
cipales erratas somos nosotros. Escribo como se
palpa el que duerme cuando en un sueño quiere
cerciorarse de que está despierto. Si estuviese des­
pierto, bien despierto, no me palparia, vale decir,
no escribiría. La poesía para mí es éso: una ten­
tativa de alcanzar la certidumbre del más alto
desvelo.
¿Cuál es su mayor ambición literaria?
Es tan grande que me da vergüenza decirlo. Poco
me importa que a los dos días de morir yo, nadie
se acuerde ni de las iniciales de mi nombre, y
mucho menos me interesa la perduración de esos
abortos que son cada uno de mis libros, vanas ten­
tativas que sólo pueden tener un valor para mí
para ejercitarme en la humildad contemplando su
reiterado fracaso expresivo.
Pero si un verso, un solo verso, un cantar cual­
quiera, totalmente anónimo, desprendido de la mor­
talidad de su autor, acertara a perdurar en la
memoria y en el corazón de los hom bres...
¿Q u é prepara para el futuro?
Pues eso, la inmortalidad del cangrejo. Porque
toda inmortalidad, bien considerada, es la inmor­
talidad del cangrejo: un caminar hacia atrás en el
tiempo, una insistencia en ir hacia el futuro y no
hacia el pasado.
Pero ya sé que por lo menos esta pregunta era
más modesta. ¿Qué libro preparo? Uno de Odas,
un libro en tono mayor, a pleno pulmón, ejercicio
respiratorio no del todo común en la actualidad,
y en el que al menos no tengo mayores posibilida­
des de fracaso que en cualquier otro.

Primero por darme corte (puesto que firmo lo
que escribo), segundo por lucro (puesto que acep­
to el pago de un artículo). Además no estoy segu­
ro de que seguiría escribiendo si lo estuviese de
que nada de lo que escribo se publicaría. En fin,
debo confesar que nunca he sentido con precisión,
y sin poner algo de mi parte, la presión de una
fatalidad ineludible o la de una necesidad interior
que, según lo declaran los demás escritores, cons­
tituyen los motivos que los obligan a escribir. Pa­
ra mí, y no puedo disimularlo, soy un escritor oca­
sional, movido por la vanidad y la necesidad eco­
nómica, cosas ordinarias a todos los mortales, des­
contando la satisfacción de tener razón. Para ser
del todo franco, debo agregar que me hubiera gus­
tado también escribir para ganarme el afecto y la
admiración de las damas. A este respecto he c o ­
metido un error. Debería haber pensado que la
poesía y las novelas de amor eran sin duda más
eficaces a ese fin que los ensayos críticos y abstrac­
tos que suelo escribir.
¿Cuál es su mayor ambición literaria?
Componer un tratado de moral que diese a la
reflexión un punto de partida seguro sobre esta
materia. Pero quizá ésto sería pretender una es­
pecie de cuadratura del círculo, pues es posible
que algún riesgo fuese esencial a la acción moral.
En este caso valdría la pena establecerlo.
¿Q ué prepara para el futuro?
Casi nada: varios estudios que tratan acceso­
riamente de problemas morales, de manera que
puedo hacerme la ilusión de que ellos me servirán
com o preparación del antedicho tratado de moral.
Además, encuentro esa última pregunta un poco
superflua: ¿cóm o no va uno a pensar para el futu­
ro la realización de su mayor am bición literaria?

e sca p a ra te
político, con el progreso de la ciencia y sus pe­
ripecias.

Xilografía de F. Masereel

THE SOCIAL FONCTION OF SCIENCE. Edit Mac
Millan Co., Londres.
Si la ciencia proporciona los instrumentos de cu’
progreso depende la ampliación del conocimiento
el poderío humano, es también cierto que las gu
rras utilizan el progreso de las ciencias para
destrucción de la riqueza y el exterminio de 1
hombres. ¿Que puede hacer el hombre de cieñe
para evitarlo? Los científicos se han lamenta*
siempre de esta contradicción, pero la guerra 1
ha movilizado, los ha convertido en autómatas
servicio del Estado, viéndose obligados a profu
dizar el conocimiento de los medios de ataque
defemsa. ¿Pueden ellos oponerse a semejante de
tino? El libro de Berna! plantea este problema
lo resuene, esclareciendo la conciencia del cié
tífico, a través, del conocimiento de los lazos 01
vinculan el proceso social, histórico, económico

La ciencia ha dejado de ser, como lo era en 1
época de Paracelso y Raymundo Lulio, la ocupació
de un individuo aislado. Se ha transformado e
una industria basada, en grandes monopolios priva
dos por una parte: en el Estado po rotra. La difi
cuitad mayor que debe afrontar la organización d
la ciencia para convertirse en un instrumento di
bienestar y del progreso humanos, son los obstácu
los a la espontaneidad y la originalidad, que so
esenciales en su desarrollo. Este es el problema cu
ya solución preocupa a Bernal, que investiga 1
organización del trabajo científico en las distinta
épocas históricas y en los diversos países contem
poráneos. ¿Es posible conservar la espontaneida
y originalidad del ingenio del investigador, sin qu
esos atributos sean sacrificados a la planificación
cEs indistinto el régimen económico y politico e
que la ciencia se desenvuelve?
El modo de producción capitalista, especialmente
orientado hacia la disminución del costo y la pro­
ducción de instrumentos de guerra, ha tenido co ­
mo consecuencia una extraordinaria desproporción
en el desarrollo de las diferentes ciencias... “ las
ciencias biológicas, y más aún las sociológicas,
han estado en retraso frente al incremento de las
ciencias físicas y químicas” . La ciencia ha mar­
chado con el desarrollo de la producción industnal, y esta, a su vez, le ha proporcionado los
medios que le han permitido perfeccionar su utilaje técnico. Pero el modo de producción capi­
talista ha sometido a la ciencia a las alternativas
de las crisis, a la deformación operada por el pro­
vecho mercantil, y, en la encrucijada terrible de la
guerra, el capitalismo ha utilizado los adelantos
científicos para la exterminación del bando adver­
sario. ¿Pueden los científicos evitar ese desenlace
9

fatal, por el que sus instrumentos se utilizan para
enviar sobre ciudades distantes e indefensas las
modernas bombas voladoras? Pueden, sí, si se con­
vierten en colaboradores conscientes de las fuerzas
progresistas y piensan, en último análisis, que la
ciencia beneficiará a la humanidad, sin peligro de
retrocesos, aquel día y en aquel lugar en que el
modo de producción socialista sustituya al modo
de producción que representa el provecho priva­
do, con todo el cortejo de calamidades que le
conocemos.
Bernal afirma, en consecuencia, que Una discu­
sión sobre la aplicación de la ciencia implica, ne­
cesariamente, cuestiones económicas, y es preciso
establecer cuál de los sistemas que hoy existen, ha
favorecido un desarrollo científico más útil para
el hombre. Además, dice, los hechos económicos
no pueden separarse de los políticos. El adveni­
miento del fascismo y la preparación de la 24 gue­
rra mundial ha afectado a los científicos, no solo
como ciudadanos, sino también como trabajadores.
Reconociendo que el provecho privado en el modo
de producción capitalista, ha elevado el conoci­
miento y el poderío técnico a un grado infinita­
mente superior al de cualquier forma social previa,
también debe reconocerse —dice— que el sistema
social imperante no ha podido utilizar este des­
arrollo en su totalidad, sino para la destrucción
y la muerte que acaecen en las guerras.
J. T.

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LA MENTALIDAD PRIMITIVA. U edición caste­
llana. Editorial Lautaro, 1945.
ta esdeñaíído toda interpretación antojadiza acerca
del pensamiento primitivo, Levy Bruhl acumu­
la los hechos escuetos comunicados por los m ejo­
res observadores, sobre el modo de actuar y expre­
sarse de las mentalidades primitivas que aún
sobreviven. Las diferencias entre el pensar lógico
del hombre evolucionado y el pensar prelógico del
primitivo son tales, que resulta difícil o imposible
establecer comparaciones entre los valores de uno
y otro.
En el examen de la idea de la muerte, Levy
Bruhl pone de relieve las características de la
mentalidad primitiva, mítica y prelógica, animista
y mágica. La causalidad mediata y la concatena­
ción temporal y espacial de los sucesos es subor­
dinada a la actividad caprichosa del mundo invisi­
ble y sobrenatural que rodea al primitivo y que
no se diferencia en modo alguno de su mundo
visible y natural.
El primitivo aspira a establecer el por qué y la
causa de un suceso, pero no la hallará nunca' en
la causalidad lógica y empírica, sino en la influen­
cia misteriosa del “más allá” .
La referencia a tales causas adopta siempre ex­
presiones concretas, nunca abstractas. La muerte
sobreviene por la acción de un hechicero, o emana
de ciertos objetos mágicos como el "turwam" (cris­
tal de cuarzo). Aún la muerte por asesinato pro­
viene de un hechicero (p. 31). “ La mentalidad
primitiva desdeña buscar la causa de los fenóme­
nos” (p. 59) pero ello no establece una diferencia
substancial con la mentalidad evolucionada. Sim­
plemente busca las causas por otro rumbo, no co­
noce el azar ni el determinismo. Los muertos
permanecen en contacto con los vivos y para los
zulúes la sombra del cuerpo es el “itongo” que
luego de la muerte actúa conservando su rango
(pág. 76).

La razón de ser de todas estas diferencias es
expuesta por Levy Bruhl en forma concreta di­
ciendo: “ Es que viven un mundo diferente del
nuestro” . De ese modo Levy Brhul se aproxima al
concepto materialista dialéctico y todos los elemen­
tos de juicio que acumula están orientados en esa
dirección, aún cuando su posición filosófica frente
a la noción del tiempo se resiente de la influencia
de Bergson. La mentalidad primitiva no es ente­
ramente prelógica y mistica. La asociación de cau­
sa a efecto inmediato dentro del orden natural se
pone de relieve en la ejecución de sus instrumentos
técnicos. El primitivo confía en los presagios y
los sueños para iniciar o interrumpir la cacería,
la pesca, o la guerra, pero los instrumentos y la
finalidad de los mismos, revelan que en todo lo
que impone la ejecución de un fin práctico, rige
la causalidad lógica.
De acuerdo con este tipo de mentalidad prelógica
se elabora el lenguaje asintáctico, compuesto de
palabras aisladas, monosilábicas, cada una de las
cuales representa un objeto, una propiedad, una
acción. Cada palabra no es raíz de otra u otras,
según ha demostrado Wundt (Elemente der Volkerpsychologie, t. n i) y para mencionar un nuevo
objeto o acto, el indígena realiza costosos rodeos
sin modificar el rígido vocablo inicial. En las ma­
nifestaciones plásticas del arte primitivo, el len­
guaje abarca contenidos más amplios, valiéndose
de la condensación, la aglutinación, estilización y
desplazamiento, como han demostrado los magní­
ficos hallazgos de Steinen, Schoolcraft y el mismo
Wundt en su tratado. Pero en la formación de
estas imágenes intervienen mecanismos afectivos
que el libro de Levy Bruhl desarrolla en el capí­
tulo de los sueños y presagios.
El sueño es para el primitivo un medio de comu­
nicación con el mundo invisible. Cuando un maorí
de Nueva Zelandia afirma que “ ha estado en rein­
ga” quiere decir que ha soñado y se ha comunicado
con los muertos.
En algunos lugares de Borneo un hombre es cul­
pable de todo lo que otro le ha visto hacer en
sueños. La estructura del sueño y su lenguaje, se
adaptan notablemente al pensamiento prelógico y
místico. La ausencia de principio de contradicción
y las características de su lenguaje que con tanto
provecho ha estudiado Sigmund Freud, le hacen
un instrumento el más adecuado para conectarse
con el mundo de los muertos. Por otra parte su
técnica concuerda con otras disposiciones del alma
primitiva, tales como la omnipotencia del deseo y
el pensar mágico que de ello se deriva.
Sería imposible comentar por separado el denso
contenido de todos sus capítulos. Este es un libro
de consulta indispensable para el psicólogo, el psi(sigue en pág. 10)

�V H v n p u r a ív

(viene de póg. 9)

Dirige

quiatra. el etnólogo, el naturalista, el historiador,
el sociólogo, para todo aquél que quiera conocer
la filogenia del pensamiento humano y sus me­
canismos.
La editorial Lautaro realiza una obra de gran
envergadura en favor de la cultura científica. La
traducción cuidadosa y el excelente prólogo de
Gregorio Weinberg, facilitan el estudio de esta obra
fundamental.
J. T.

“ DE LA CONQUISTA A LA INDEPENDENCIA” .
Editorial FONDO DE CULTURA ECONOMICA.—
Colee. TIERRA FIRME, por Mariano Picón Salas.
T a aparición de América señala el comienzo de
•*-' una vastísima literatura, actual en cada uno
de sus momentos. Tal actualidad se mantiene viva.
El proceso de “ trasculturación” (válganos el neolo­
gismo que Picón Salas aplaude) no ha dejado de
cumplirse. Entonces, como ahora, se escribía sobre
un fenómeno en plena formación, sin la ventaja
de la perspectiva histórica y con la visión inmedia­
ta de los hechos; es decir, teniendo que vencer cir­
cunstancias de lugar y tiempo en la exposición
historiográfica que conspiran contra su objetividad.
El escritor de América hoy más que ayer debe re­
doblar su esfuerzo para evitar ese peligro, porque
es cada día más americano.
Hay pistones y revisiones de la obra colonizadora
de España en América, puestas al servicio de
aquélla o de ésta. A ninguna de ellas pertenece el
libro de Picón Salas. Su acertada exposición de
tres siglos de vida cultural hispanoamericana está
sintetizada en su prólogo: "Cómo se forja la cultu­
ra hispanoamericana, qué ingredientes espirituales
desembocan en ella, qué formas europeas se modi­
fican al contacto del Nuevo Mundo y cuáles brotan
del espíritu del mestizo” .
La imagen que da de los tres siglos es despejada,
precisa: esquiva la cargazón erudita, el tono pro­
fesoral, para que las páginas del libro no estén
huérfanas de la presencia animadora del historiador.
Delinease un carácter para cada siglo: el XVI, de
acento épico, el de la cruzada conquistadora, el
de los varones fuertes, el del español que “ casi
ama más la aventura de buscar la riqueza que la
especulación económica” , el del fraile abnegado por
el mejoramiento del indio, el siglo, en fin, en que
la hazaña del conquistador pudo redimirlo de una
ambición tan indigna de la malintencionada cen­
sura de la leyenda negra como de la ingenua inter­
pretación de la leyenda blanca.
En el siglo XVII va cambiando el temple de los
hombres que llegan a Indias: las nuevas genera­
ciones “ quieren disfrutar más que combatir” ; se
comienza a “ hacer la América” . A ella llegan la
Inquisición, la escolástica y el barroco. La Contra
reforma aleja a España de Europa y en conse­
cuencia a América del mundo moderno. En el
XVIII despierta la conciencia del hombre americano;
termina el siglo con el simbólico nacimiento de
Simón Bolívar.
Durante estas tres centurias todo llegó aquí por
España o a pesar de España; lo importante para la
unidad espiritual de estos pueblos es haber nacido
históricamente al conjuro de los mismos estímulos
y resistencias.
¿Habremos perdido los americanos la conciencia
de nuestro destino común, que despertó el movi­
miento revolucionario, como lo afirma Picón Salas?
Si gsi fuera, a nuestro anhelo de volver a encon­
trarla pueden contribuir libros como éste y otros
que vayan escribiéndose sobre el complejo cultural
de América.
“ No hay historia sin patria” , afirmaba el ameri­
canista Rodó; para invertir la frase e ir hacia la
patria americana por el camino de la historia
puede ser este libro el m ejor de los intentos.
CARLOS F. MINGO.

DIAGONAL Y DIEZ Y OCHO, por Julio Verdie,
Montevideo. Lo interesante de "Diagonal y Diez y
Ocho” radica en las escenas episódicas, que se
desarrollan en el Montevideo que festejó —en me­
dio de una gran depresión económica mundial y
el campeonato mundial de fútbol— el centenario
de la República; que conoció la desocupación y los
albores de la lucha antifascista, las huelgas estu­
diantiles y el movimiento popular por la defensa
de la España Democrática.
CABEZA YACENTE, por Vicente Barbieri. “Des­
tiempo” , Buenos Aires. Una "Oda a Katherine
Mansfield” , de sobria arquitectura y poco frecuen­
te inspiración. Un poema fervoroso, perdurable
por su hondura. Y "Cabeza Yacente", de las más
logradas piezas de un poeta que se mantiene firme
en la primera fila de los escritores de la hora
actual.
TERCERA CLASE, por José Rabinovich. Una se­
rie de cuentos donde campea una humanidad lace­
rada, con sus rebeldías y sus profundos contrastes.
Su prologuista Elias Castelnuovo lo presenta con
elogiosas palabras que se justifican cuando el lec­
tor ha entrado en el mundo dolorido de este obre­
ro entregado a la literatura con no equivocada
vocación.
STEFAN ZWEIG, por Alicia Ortiz Oderigo. Bien
escrito y pensado, con relevantes condiciones para
la critica, Alicia Ortiz Oderigo trata una vida no
como simple biografía, sino como presencia huma­
na en el tiempo. Movida por una simpatía muy
profunda por el autor de "Amok", aprovecha las
consecuencias de su obra para juzgar acertadamen­
te los acontecimientos sociales. De estilo reposado,
ennoblecido oor oportunas citas, la lectura se hace
agradable y 'd e ja la certeza de haber enfrentado
a una escritora dotada de facultades nada comunes
para la biografía.
^
(continúa en pág. 11)

M AR IA ROSA OLIVER

La lucha del pueblo por
su

l i b e r t a d , e t e r no

Lo|»e

de

Vega

tema

inspirador

«m i

(¿eorgia

E l culto del pueblo ruso por todas las manifestaciones artísticas que la civiliza­
ción ha producido, alcanza su nivel máximo en el teatro.
directores y
valioso,

Tal vez no haya país donde

actores hayan logrado para el arte escénico u n iversal un a p o rte tan

marcando jalones decisivos en su desarrollo.

Es interesante comprobar, a

través del artículo de Fevralski aparecido en ‘‘La Literatura Internacional'’, que trans­
cribimos, com o ese entusiasmo no decayó ni durante los momentos más difíciles de la
guerra que el pueblo ruso acaba de rematar victoriosamente, tras epoyéyica campaña.

T^s nuestros días, se representan obras de Lope de Vega en cuatro teatros de la Repú­
blica Socialista Soviética de Georgia. El gran
dramaturgo español es amado en este pequeño
país montañoso de cultura tan antigua y original.
El arte de Lope de Vega ha jugado un gran papel
en el desarrollo del teatro moderno georgiano.
Uno de los más destacados directores de esce­
na soviéticos, Koté Mardzhanischvili, de origen
georgiano (1872-1933), que es conocido con el
nombre de Konstantín Mardzhánov, trabajó largo
tiempo en la escena rusa. En 1919, en Kiev, ca­
pital de la Ucrania soviética, en el teatro ruso
“ Lenin” puso en escena “ Fuenteovejuna” . El
frente de la guerra civil pasaba por cerca de Kiev.
Y el llamamiento de los campesinos de Fuenteovejuna a la venganza contra los tiranos, sonó des­
de la escena como la llamada a la resistencia fren­
te a los enemigos de la Patria revolucionaria. Los
soldados rojos, inspirados por el espectáculo, mar­
chaban desde la sala del teatro directamente al
combate.
Tres años y medio más tarde, los ecos de la
tempestad de la guerra civil del pueblo soviético
fueron llevados a la escena georgiana con la re­
presentación de la obra clásica española. Después
de regresar a Georgia, Mardzhanischvili fué invi­
tado a representar la obra en el teatro principal
de la República, que lleva el nombre del gran
poeta georgiano del siglo XII, Schota Rustaveli y
que se encuentra en Tbilisi, capital de Georgia.
El teatro georgiano, en aquellos días, sufría una
crisis, reflejo de la crisis general del teatro en el
territorio del antiguo imperio ruso en vísperas de
la Revolución de Octubre y que se había agudi­
zado como resultado del dom inio en Georgia,

baile de conjunto, unas veces con un ritmo lento
y acompasado, con la pesadez propia de los cam­
pesinos, otras en forma de baile tempestuoso, en
el que se manifiesta la pasión de una nación
joven, se aspiraba a reflejar la voluntad de la
masa popular, quizás aún ingenua, pero ya cons­
ciente de su fuerza. Algunas características del
espectáculo estaban determinadas por la tarea que
se planteaba el mismo Mardzhanischvili en su
lucha implacable contra la rutina de la escena de
la época. Así se explica lo elevado del dinamismo
del espectáculo y también la tendencia a la co­
media, que a veces debilitaba el dramatismo del
argumento. En los tres actos aparecía la misma
decoración convencional, realizada en dos colores,
el azul y el amarillo (del artista Valerián Sidamón-Eristavi, 1889-1913). A la derecha del fondo
de la escena se veía un arco con unas cortinas.
En algunas escenas las cortinas se corrían y aque­
llas se desarrollaban bajo el arco. De esta ma­
nera, Mardzhanischvili resolvía en este espectácu­
lo el problema de la alternación, de lo que en
el lenguaje cineasta se llama planos general y
principal. La música de la compositora Tamara
Yajvajischvili, hacía que se destacaran los pasa­
jes más emocionantes de la obra.
Causó una gran impresión el famoso monólogo
de Laurencia. La heroína lo dijo comenzando en
un tono bajo, y, después, paulatinamente, fué
exaltándose y exaltando cada vez con mayor fuer­
za a los labriegos que la rodeaban en la escena.
Pasaba entre ellos, que se hallaban sentados, y
esto reforzaba aun más el sentido de las palabras

durante tres años, del partido menchevique, que
era un agente del imperialismo extranjero (19181921). Mardzhanischvili escogió “ Fuenteovejuna”
como una obra cuya representación podía abrir
en la escena georgiana nuevos caminos.
La representación, sencilla en su forma externa,
resultó brillante por la serie de grandiosos recur­
sos escénicos y de ingeniosidades del montaje
empleados, y por el asombroso sentido del ritmo,
del colorido y del dinamismo en la acción. Im­
presionó a los espectadores por su riqueza inago­
table de elementos de expresión.
El héroe del espectáculo de “ Fuenteovejuna” ,
como ocurre en la obra, fué el propio pueblo. El
magnifico director de escena, por medio del arte
teatral, descubrió ante los espectadores la esencia
de este héroe, su valor, su unión y solidaridad,
su pasión, su juventud y espontaneidad. En el
10

Un decorado de “ Fuenteovejuna”
de! escenógrafo Fidamón Eristavi.

�que llamaban a la locha y a la unión. El espec­
táculo arrebató de tal manera a los espectadores
que éstos se sentían atraídos a la acción. Y al
final, a la pregunta que se dirigía al pú blico:
“ ¿Quién mató al com endador?” , contestaban:
“ Fuenteovejuna” .
A la creación de un espectáculo tan apasionado
y arrebatador, indudablemente ayudaron el tem­
peramento revolucionario de la época y la afini­
dad temperamental de los pueblos de España y
Georgia (la Iberia Caucásica). La grandiosa ima­
gen de Laurencia, creada por la artista entonces
principiante, Tamar Chavchavadze (en la actua­
lidad Artista del pueblo de la R.S.S. de G eorgia),
correspondía a la magnífica actuación de otros
participantes en la obra, entre los que se encon­
traban muchos actores bien conocidos ya en
aquella época y otros que después ocuparon un
puesto destacado en la escena georgiana.
La extraordinaria importancia ideológica, ar­
tística e histórica de esta obra, fué comprendida
ya en el estreno, que tuvo lugar el 25 de no­
viembre de 1922, o sea en el 360 aniversario del
nacimiento de Lope de Vega. El público dedicó
a Mardzhanischvili y a los artistas una grandiosa
ovación, siendo la obra muy elogiada por la crí­
tica de entonces. En realidad la representación
de esta obra hizo que se produjera un viraje en
el arte teatral de Georgia. Sonaron otras palabras,
brillaron nuevas formas artísticas: el movimiento,
ritmo, musicalidad y colorido teatral adquirieron
sus derechos. El actor se sentía ligado con la nue­
va vida de su pueblo y comenzaba a representar
de una manera nueva. Esto fué el comienzo del
renacimiento del teatro georgiano sobre la nueva
base soviética.
En 1928, en otra ciudad georgiana, en Kutaísi,
Mardzhanischvili organizó un nuevo teatro que
posteriormente fué trasladado a Tbilisi y, des­
pués de la muerte de su fundador, comenzó a
llevar su nombre. Una de las primeras repre­
sentaciones de este teatro fué una reposición de
Fuenteovejuna” . Esta obra se conservó en el
teatro “ K. Mardzhanischvili” hasta la temporada
1941-1942.
En la actualidad, uno de los discípulos más pró­
ximos de K. Mardzhanischvili, el inteligente y
enérgico director de escena Sergó Chelidze, emé­
rito del arte, director del teatro de Abjazia (R e­
pública autónoma que forma parte de G eorgia),
en la ciudad de Sujumi, ha puesto nuevamente en
escena “ Fuenteovejuna” , en lengua georgiana. (En
este teatro de Abjazia existen tres compañías:
abjaza, georgiana y rusa). El estreno tuvo lugar
el 18 de abril de 1943 y coincidió con el décimo
aniversario de la muerte de K. Mardzhanischvili.
La reposición de esta obra en la nueva escena
y por nuevos artistas ha sido realizada en forma
tan cuidadosa, más aún, con tal entusiasmo y ca­
riño, que el espectáculo tiene un encanto nuevo
por su brillo y su frescura. En este espectáculo
se respira la juventud del teatro soviético y en
la actualidad produce una profunda impresión.
Lo principal es que al espectador llega el tempe­
ramento revolucionario, siempre vivo, de la obra.
El sentido heroico de la lucha del pueblo contra
sus enemigos opresores, las imágenes de gentes
del pueblo dispuestas a realizar cualquier hazaña
y soportar cualquier sufrimiento en nombre de las
causa común, particularmente las imágenes de las
valientes y abnegadas mujeres, hacen que esta
obra esté próxima al espectador de una manera
nueva, en los días de la guerra por la Patria del
pueblo soviético contra los invasores alemanes. Y
esto es la m ejor confirmación de la vitalidad de
este drama y de la importancia de su represen­
tación y es también la confirmación del signifi­
cado histórico del espectáculo en el desarrollo del
teatro soviético.
“ El perro del hortelano” es una de las comedias
de Lope de Vega preferidas por el espectador so­
viético y más de una vez ha sido montada en los
escenarios rusos de Tbilisi. Ahora, en el período
de la guerra, ha sido de nuevo puesta en escena

por el teatro dramático ruso, que lleva el nombre
del famoso dramaturgo ruso Alexander Griboédov.
La obra es presenciada con gran interés. En ella
se siente bullir la pasión, lo meditado de los
detalles psicológicos. El trabajo del director de
escena, Gueorgui Tovstonogov, produce gran ale­
gría por la brillantez de su forma teatral y por
algunos momentos escénicos muy bien logrados.
Los elementos italianos y españoles, de acuerdo
con el carácter de la obra, están reunidos con
gran acierto en el trabajo de la escenógrafa Irina
Stenberg, en el del pintor G. Metonidze, que ha
creado trajes de gran vistosidad y efecto, y en el
del compositor V. Beyer. Sin embargo, entre las
canciones introducidas en la obra hay dos o tres
que desmerecen del tono general de ella.
Otra escenificación de “ El perro del hortelano” ,
presentada ya antes de la guerra, es la del teatro
georgiano de la Comedia Musical, donde ha sido
puesta en escena por el famoso director cinema­
tográfico M ijail Chiaureli, Artista del pueblo de
la R.S.S. de Georgia y laureado con el Premio
Stalin. En esta representación han sido introdu­
cidos muchos intermedios musicales y los artistas
aetúan con agilidad y alegría. Son discutibles al­
gunos detalles en la forma de representar el es­
pectáculo y en su interpretación. A las decora­
ciones de la misma Irina Stenberg han sido
trasladados algunos elementos arquitectónicos del
palacio del duque del Infantado de Guadalajara.
El ya mencionado teatro que lleva el nombre de
Rustaveli, ha montado en la temporada de 19421943, la comedia de Lope de Vega “ Boba para
otros, discreta para sí” . La representación de esta
obra se distingue por un buen gusto que muestra
la compenetración con el estilo de la época. Este
buen gusto se percibe en la dirección escénica
de Dimitri Alexidze, en la ordenación del conjun­
to de los actos, en las características escénicas, en
toda una serie de afortunados aciertos de direc­
ción, en las escenas de pantomima y danzas en
las que ha prestado gran ayuda el coreógrafo Da­
vid Machavariani y el pintor Salomón Virsaladze,
en los efectos de los trajes y en las decoraciones
tan bien concebidas. En esta obra, en relación
con el lugar de la acción de la comedia, predo­
minan los elementos italianos; al mismo tiempo
son oportunos los matices españoles en el trabajo
de Diana y en la música, inteligentemente com­
puesta por Revaz Gabichvadze, que destaca el
temperamento español de Lope de V ega.
Si en “ Fuenteovejuna” , Tamar Chavchavadze
crea una emocionada imagen de hija del pueblo,
la labriega Laurencia, aquí también, en la carac­
terización de Diana en su papel de hija de un
duque, criada en el campo, adquieren el mayor
éxito los momentos que ligan a Diana con los
aldeanos. Unas veces espontánea y sencilla, otras
auténtica o fingidamente ingenua, su interpreta­
ción de Diana contrasta con los nobles fatuos y
amanerados que la rodean.
Con esta Diana, contrasta con éxito su rival,
Teodora: la artista Tamar Bakradze, que hace re­
saltar magníficamente el dominio de Teodora y
su frialdad exterior. Sincero y valiente, con gran
fuerza de sentimiento y voluntad, es el novio de
Diana, Alejandro Médicis, representado por el
artista del pueblo de R.S.S. de Georgia, Gueor­
gui Davitaschvili. Emanuel Apjaidze, artista emé­
rito, interpreta magníficamente el papel de Julio,
contagiando al espectador con su alegría, vivaci­
dad y agudeza.
Tbilisi pronto tendrá ocasión de conocer otra
comedia de Lope de Vega, esta vez en lengua ar­
menia. El teatro dramático armenio de Tbilisi
prepara la comedia “ La viuda valenciana” , m on­
tada por el emérito del arte, Alexander Abarián.
Estos hechos, tomados de la realidad,
el interés por el teatro español solamente
de las dieciséis Repúblicas soviéticas y
nian el cariño inmenso y creciente de los
de la Unión Soviética hacia el heroico
español y su gran cultura.

reflejan
en una
testimo­
pueblos
pueblo

A. FEVRALSKI.
11

p tifíi/ta r a h »

(viene de póg. 10)

NIJINSKY, por Romola Nijinsky. Edit. Siglo Veinte.
El título del libro escrito por Romola Nijinsky,
nos hace, equivocadamente, suponer que se trata
de un nuevo tratado de ballet. No hay tal. La vida
de Nijinsky. contada por su mujer, es una biografía
novelada. El baile interviene muy poco; se trata de
un documento sentimental-escandaloso, que resulta
en partes, ameno y divertido.
Verdad es que el libro adolece de defectos dema­
siado visibles: la insistencia sobre la felicidad del
matrimonio Nijinsky, que no podemos aceptar co­
mo tal, si juzgamos detalles que surgen continua­
mente en la narración; el deseo de ganar la inme­
diata simpatía del lector hablándonos elogiosamente
de Nijinsky, pero sin que los rasgos y anécdotas que
nos cuentan lleguen a mostramos su carácter, que
continúa incógnito. Conocemos hechos, hechos y
más hechos narrados con palabras dulces, de mujer
que se esfuerza en estar y parecer enamorada,
aunque ya no recuerde precisamente cuáles eran
sus sentimientos en la época que relata. Se tiene
la sensación de algo corregido y adulterado, algo
asi como los retoques a la manera de Hollywood,
para dar satisfacción al público. Los detalles para
la venta inmediata del libro de Romola Nijinsky
han merecido especial atención: la poda hábil de
que ha sido objeto dejó pasar detalles escabrosos,
de indudable interés para el lector.
De lo que antecede podría suponerse que no re­
comiendo la lectura del libro, pero no es así. Se
trata (ya lo he dicho) de un libro que conserva
su amenidad y hasta deja cierta nostalgia al ter­
minar los últimos capítulos (que parecen sinceros).
Vale decir, que el personaje de Nijinsky, su bio­
grafía, se defiende de adiciones y supresiones con­
vencionales: nos queda una sensación de extraña
curiosidad por la figura del bailarín, de quien se
nos dice tan poco en las trescientas treinta y cinco
páginas que lo nombran continuamente. Hay un
misterio Nijinsky, apenas insinuado en el relato de
los hechos cotidianos y secretos de su vida (jamás
tenemos la impresión de que se nos cuente real­
mente algo íntimo, pese a los esfuerzos de la auto­
ra por damos la sensación opuesta).
En lugar de encontramos frente a un matrimonio
modelo y bien avenido tropezamos —cosas que se
deslizan sin querer entre las líneas— con una e x ­
traña pareja, que apenas se conoce al casarse, que
habla distinta lengua, que se pelea violentamente
y que jamás llega a entenderse. Nijinsky parece
haber sido un enigma especialmente para su mujer.
Pero el libro tiene otros verdaderos méritos in­
discutibles: nos introduce en el mundo del ballet
tilso en 1912. Nos encontramos en un olvidado am­
biente de pequeñas intrigas y escándalos, en donde
nada se oculta, en donde los temas más escabrosos
se tratan inocentemente (las relaciones de Nijinsky
y Diaghileff, por ej., y la iniciación amorosa del
bailarín). El curioso matrimonio de dos personas
que no podían hablar entre si (tal vez eso no haya
entorpecido la falta de comprensión, sino al con­
trario), se realizó en la ciudad de Buenos Aires,
una ciudad que tiene algo de París, de Madrid y
de Bruselas, un gran parque (Palermo) lleno de
extrañas plantas. La evocación interesa: nos con­
templamos vistos por ojos totalmente extranjeros,
hace treinta años.
Desearíamos saber mucho más sobre Nijinsky,
sobre su extraña vida de niño, hijo de bailarines
ambulantes, que recorrían a fines de siglo las ciu­
dades de Rusia, con su hermano loco desde peque­
ño; de su carácter, mezcla de misticismo y osten­
tación. Asombran sus danzas que presentimos, su
cuerpo que se desliza a pesar de todo en las pá­
ginas, su amor a Rusia y a la familia y su vegeta­
rianismo y búsqueda de Dios.
El libro de Romola Nijinsky nos da todos los ele­
mentos para que construyamos una fantasía a nues­
tro antojo, y éste no es un elogio pequeño. Casi
todos los libros pecan por proporcionarnos dema­
siados elementos y permitir poco vuelo a la ima­
ginación.
ESTELA CANTO

•

tr u stiv n d u

•

•

(viene de póg. 8)

lugar a los otros Macedonios Fernández que deben
fatalmente venir. Esperamos que ellos tengan las
convicciones de que usted hace gala no tener, no
persistir, ignorar. Queremos, un Macedonio Fernán­
dez no repetido, no circular, no indeterminado.
Débil argumentación la mía si he logrado que
usted se autoclasifique como autor innecesario. No
dije tal blasfemia. Innecesaria es esa persistencia
en un descubrimiento —el suyo— que no lo conduce
a otras empresas intelectuales. Ya sé, ya sé que me
pregunta usted sobre esta carilla —mi única cara—
cuáles son esas empresas. Le respondo: las que
se mantienen en las grandes corrientes del fluir
humano; de la búsqueda de mundos más propicios
a la inteligencia; la corriente de las revoluciones
inevitables. Esa es mi Verdad que ambiciona menguadamente juntarse a la suya.
El éxito —respondo al otro lado de su mano,
escribiendo la carta de marras—, el éxito nadie lo
disfruta en la vida, pues enseguida se genera otro
que dejará de ser al oir ¡as voces de los que creen
hacemos justicia. El éxito suyo, el mío y el de
ese otro que se asoma a leemos, el que se mete en­
tre los dos, no debe preocuparle a usted, Macedo­
nio Fernández. Ni la no envidia, ni la envidia
misma, ni esos otros alimentos deteriorados de
los que se nutren los más ilustres literatos de nues­
tro país. Esos que siempre hablan en público y
a quienes el pueblo on escucha.
Lo saluda muy afectuosamente:
L.R.
POSTDATA.—
Estas líneas pueden ser leídas por el poeta, el
excelente poeta Jorge Calvetti, autor de “ Fundadon en el cielo” (•) que en la revista “ Contra­
punto" habla de nosotros dos.
(•) El muy disparatado P. E. N. Club, declaró desierto
el premio de poesía, citando este libro entre los que
no consiguieron el lauro marchito. Es. posiblemente,
el único caso en nuestra literatura en que se hace
saber tan peregrino campeonato definido por falta
de puntaje.

�ESCULTURA
Dirige
¡A IS F A L C IM

MI SI ON
DEL

CULTURAL

MUSEO
por V E N A N C IO V IER A

Venancio Viera, el escritor uruguayo que se ha dado a la tarea americanista de conocer y
divulgar la organización y funcionamiento de las instituciones argentinas de cultura popular, dio el
año pasado a uno de los más difundidos diarios del Uruguay un extenso y meditado trabajo acerca
de la obra que estaba cumpliendo el pintor Domingo Viau en la organización técnica de nuestro
Museo Nacional de Bellas Artes.

Unos meses más tarde, — cuando este artista se vió obligado a

renunciar su puesto de trabajo ante la imposibilidad de dar cima a su plan por la oposición y
dilaciones inexplicables de las dependencias oficiales que debían colaborar en su ejecución—, Viera
nos visitó de nuevo con el fin de comprobar cóm o las nuevas autoridades proseguían la ejecución
del plan que él había visto en obra. Sus comprobaciones las documentó en el artículo que recién
hoy podemos publicar. Si desde el momento de ser escrito pudo variar la ubicación de algunas pie­
zas del Museo, se mantiene todavía la desorientación y el desconcepto general acerca de la obra
que debe cumplir una institución de esa naturaleza.
Detalle del "Retrato de Manuelita Rosas",
por Prilidiano Pueyrredón.

más elementales principios museográficos
que las actividades culturales que
L osindican
debe desarrollar un Museo son de tan grande

y vastísima importancia, que la apertura del Museo
Nacional de Bellas Artes de la Argentina hubo de
ser un acontecimiento de enorme trascendencia in­
ternacional, dado el puesto de excepción que el país
ocupa entre los más cultos e importantes del mun­
do y siempre es a través de su cultura que se
juzga el grado de civilización de un pueblo.

Como sabíamos que la sabia dirección del pintor
Domingo Viau, ex-director del Museo, tras un pro­
ceso de depurada elaboración, había encauzado,
orientado y desarrollado la organización total del
Museo bajo las normas y disciplinas museográficas más modernas y científicas, lo visitamos dis­
puestos a aprovechar la enorme enseñanza que
toda institución de esa naturaleza debe significar.
Y fué entonces que tuvimos el triste, tristísimo
desengaño de ver frustados nuestros más caros de­
seos de conocimiento y estudio. El Museo ha sido
habilitado al público en pobres e inadecuadas con­
diciones de funcionamiento y con una total desor­
ganización cultural, malogrando el largo proceso
de experiencias dolorosas que hubo de llevar a cabo
el pintor Viau para su total realización. Desde el
dintel de entrada comienza la desvirtuación de todo
sentido museográfico, de toda norma educativa, que
se acentúa en cada sala, en cada corredor.
Apenas penetramos al local nos enfrentamos sin
preámbulos, de sorpresa, sin explicación alguna, con
el calco de la Victoria Alada de Samotracia, apri­
sionado a escasa distancia del techo. Este calco tiene
a sus costados dos mármoles académicos italianos
de fines del siglo xix, obras carente de todo valor
artístico. Anotamos así un primero y gravísimo
error, que se irá repitiendo a medida que vayamos
recorriendo el Museo. No es posible mezclar un
calco del más puro arte griego con dos decadentes
esculturas italianas de fines del siglo pasado. La
diferencia de tiempo, de procedimiento, de naciona­
lidad, de civilización, de originalidad, nos eximen de
todo comentario.
Al entrar al corredor de la planta baja, derecha,
nos llama la atención que se expongan cuadros en
un ambiente preparado para la exhibición de blanco
y negro, dibujos y grabados. Y vemos con asom­
bro, con desconcierto, que se haya desconocido y
desaprovechado la experiencia que ofrecen los trata­
dos de Museografia sobre el uso y destino de los
corredores y espacios secundarios. Insistimos, asom­
bro y desconcierto, porque en lugar de exponer di­
bujos y grabados que hubiera sido no ya lo lógico
y natural, sino lo que a cualquier persona de me­
diana cultura se le hubiera ocurrido, se exhiben
óleos. Estos, por estar expuestos en corredores, que
sirven de pasaje entre sala y sala, donde los visitan­
tes pasan continuamente o se aglomeran, con po­
quísima distancia entre la obra de arte y el espec­
tador, con una luz inadecuada para el procedimiento
técnico seguido, nos demuestran que la actual direc­
ción ha cometido otro gravísimo desacierto.
En el primer corredor, a la derecha, se hallan telas
de Kisling, Van Dongen, Gregoriev, Flandin y Utrillo
(la única aguada), colocadas en la pared exterior,
siendo totalmente imposible verlas durante las visi­
tas del día, pues la luz que entra por las ventanas
molesta la vista haciendo dificilísimo todo intento
emocional. En la otra pared lateral, Friesz, Modi-

gliani y Vlaminck, Chapelain-Midy, Foujita y Zak.
expuestos en este orden no solamente atenían entre
sí, sino que desconciertan al visitante impidiéndole la
más mínima comprensión de los pintores indicados.
En la primera sala, donde se hallan expuestos
los maestros franceses impresionistas, nos encon­
tramos a Cézanne junto a Monet, Renoir y Pissarro.
¿Cómo es posible que aún hoy se cometa la im­
prudencia de colocar a Cezanne, sobre todo el Cezanne de “Pan y Huevos", junto a los pintores
impresionistas nombrados? ¿Es que Cezanne, cabría
preguntar, es un impresionista como Monet, Renoir
y Pissarro? Además no es posible colocar el “Re­
trato de Albert Wolf” , por Manet, junto al “Des­
nudo” de Renoir. Es tan tremendamente nociva
esta vecindad, que los tonos bajos del Retrato se
oscurecen, mientras que los tonos claros, transpa­
rentes del Desnudo se pierden, dando falsas sensa­
ciones de blancos y lilas y es que se trata de un
dibujo al pastel. Este mismo hecho se hace evi­
dente al colocar a Gauguin (un Gauguin de la úl­
tima época), entre Van Gogh (Le Moulin de la
Galette) y Toulousse-Lautrec (Retrato de Suzanne
Valadon) o a Daumier (Edipo y el Pastor), entre
dos telas de Lebourg (El Sena en Croisset y Route
par la neige). En esta sala hay dos importantes
obras de Daumier (Edipo y el Pastor y Feydeau
y su hijo) y las dos están colocadas en rincones.
Pensamos que por su valor se les debió dar mayor
importancia en la exhibición.
Estos errores que anotamos en esta primer sala
se van acentuando a medida que recorremos el Mu­
seo, pero no ya en la mala distribución de las obras,
sino en la mezcla de escuelas, tendencias y motivos.
Por ejemplo en otra sala y en los dos corredores
siguientes, últimos lugares habilitados al público
en esta parte, planta baja lado derecho, vemos a
Carriére (Mujer mirando), junto a Fantin Latour
(Violetas y azaleas), a Courbet (Marina), entre dos
Boudin (La Ribera de Port Rieux y L'Escaut par
Temps Orageux), a Rousseau (La Tropilla) junto
a Millet (La esposa del pintor, obra de muy du­
dosa autenticidad), a Roqueplan (Marina) junto a
Jacque (El establo), a Lucien Simón (Bañistas)
junto a André Devambez (El 14 de Julio en la
Plaza Pigalle). Como vemos, la exposición de las
telas, ordenadas por tamaños, se va apartando cada
vez más de toda norma educativa, de toda misión
museográfica.
En los corredores de la planta baja izquierda, se
han colocado las telas que representan las escuelas
española, italiana, inglesa, alemana, holandesa del
siglo xix. Aquí la colocación está más allá de toda
critica. Para el visitante del Museo no es ya posi­
ble ver ni aprender nada. Y todavía como si todo
esto fuera poco, no hay la más simple indicación,
el más elemental catálogo, error fundamental que
ya habíamos notado y que vamos a constatar en la
otra planta del edificio. Además los títulos de las
obras de arte están a veces en castellano y otras
en idiomas extranjeros y en muchos casos cuando
están escritos en francés, presentan errores grama­
ticales o de acentuación. Tal vez esto se disculpe
pensando que el actual Director no conozca el len­
guaje de M oliére...
En otra sala se encuentra expuesta pintura espa­
ñola y se nos hace increíble que se exhiba a Meifren (Las lavanderas) y Mir (El arroyo), junto a
Romero de Torres (Musidora); a Rusiñol (Otoñal)
junto a Alvarez de Sotomayor (Orando); a Anglada
12

Camarasa (Gitana y niño), junto a Meifren (Ba­
ñistas); a Zuloaga (Las Brujas de San Millán),
junto a Anglada (La espera); a Sorolla (La vuelta
de la pesca), junto a Gutiérrez Solana (Procesión
en T oro).
En otro pequeño corredor de esta planta vemos
a los pintores argentinos de fines del siglo anterior
y principios de éste. No se comprende cómo se ha
podido colocar a Malharro (El arado), entre dos
telas de Rodríguez Etchart (Naturaleza muerta y
La toilette); a Fader (Caballos al sol), entre Thibon
de Libian (Vendedor de diarios) y Sivori (Autoretrato) ; a Silva al lado de Schiaffino, a Navazio al
lado de Ballerini, etc. Creemos que se ha preten­
dido restarle méritos a Malharro, a Silva y que
todavía hoy dia se les persigue. Fader que tiene
una coloración tan viva, no puede gustarse cabal­
mente junto a Thibon de Libian, tan neutro de
color, siendo además las telas de tan diferentes
motivos como lo indican sus títulos. En la pared
señera vemos una de gran tamaño y movida com­
posición de Angel de la Valle (La vuelta del ma­
lón), colocada sin causa ni explicación alguna entre
dos retratos de Ballerini y Rodríguez Etchart, es­
tando además enormemente dañada.
En una pequeña sala se encuentran las obras de
Pellegrini, retratos, paisajes y motivos de época
a la acuarela, y tres óleos de otros autores. Dada la
gran cantidad de acuarelas expuestas por Pellegri­
ni, creemos que se pretendió darle el carácter de
homenaje a su memoria, pero no se pensó que al
colocar las telas del chileno García del Molino,
de Fiorini, de Bernabé de María, en lugares de
preferencia, centros de pared, es a estos artistas a
quienes, al colocarlos en sitios señaleros, se les
rinde homenaje, pasando Pellegrini a segundo plano.
En la otra sala vecina a ésta se encuentran ex­
puestas las obras de Pueyrredón. Aquí se hallan
mzeclados los óleos con las acuarelas, los retratos
con los motivos de época, sin orden ni proceso al­
guno. La obra cumbre de Pueyrredón, el gran re­
trato de Manuelita Rosas, se halla en una pared
lateral a poquísima distancia del espectador. Si a
este retrato se le hubiese colocado en la pared
señera, se podría ver de lejos y la luz no le daría
los reflejos y brillos que tanto le perjudican. Cree­
mos que esta exhibición de pintura argentina en el
Museo ha sido expuesta con un total desconocimien­
to de estética museográfica. Se debió cuidar la
colocación de las telas y de tal modo rodear las
obras señeras, que ellas nos fueran llevando a tra­
vés de un plan estético a un plan histórico, cum­
pliendo así de una manera decisiva la verdadera
misión que debe desarrollar el Museo de Bellas
Artes como organismo oficial al servicio de la cul­
tura del pueblo argentino.
Al recorrer de regreso el corredor que nos llevará
hasta la escala para subir a la planta alta, notamos
algo que ya habíamos percibido. Nosotros que ha­
blamos presenciado las experiencias que Viau habla
pacientemente realizado a fin de lograr para las
paredes de las salas y corredores un color gris
neutro ligeramente cálido, vemos como la actual
dirección, en su apresuramiento para abrir el Mu­
seo, no había llegado a darle el verdadero matiz
creado por la ex-dirección. Asi mismo observamos
con asombro que las ventanas carecen de la im­
prescindible tela metálica contra insectos; será po­
siblemente por esto que hay en el Museo una gran
cantidad de moscas que no solamente molestan al

�público, sino que dañan las obras de arte. Por otra
parte no funciona el sistema de aereación que tam­
bién se estaba estudiando sin solución hasta la
renuncia de Viau. La humedad ambiente se ha
intensificado de manera tal. que las telas se en­
cuentran, en la gran mayoría arqueadas, lo que
no solo es contraproducente y atentatorio para su
estudio, sino también para su vida misma.

I

f

Al subir a la planta superior vemos que el pasa­
manos de la escalera ha sido pintado de negro
brillante (diríamos ripolín), lo que molesta, no
solo a la vista, sino al más elemental buen gusto.
Las cuatro esculturas que hay en los descansos
tienen el pedestal también pintado pero de un tono
blanco intenso, en lugar de haberlo hecho de un
gris neutro como primeramente se habia resuelto.
El gran ventanal que da a la parte posterior del
edificio, se encuentra abierto totalmente, lo que
origina una verdadera corriente de aire y polvo.
que atenta poderosamente contra la buena conser­
vación de las obras de arte.
En la planta alta y en el primer corredor se
encuentran ubicados en vitrinas los objetos artísti­
cos de la colección Guerrico (Marfiles, Jades, La­
cas. Abanicos, Peinetones, Platería, Bronces, Minia­
turas, etc.); la distribución de las vitrinas es de un
gusto dudoso y el arreglo de los objetos de arte
dentro de ellas se ha llevado a cabo sin ninguna
disciplina y selección. Volvemos aqui a observar
la total carencia de conocimientos, para organizar
la exhibición de épocas, temas, materia, origen, no
dando tampoco al más mínimo dato o reseña que
ilustre al visitante haciéndole de utilidad prove­
chosa su estadía en el Museo.
En el corredor de la derecha, hay junto a dos
magnificas telas de Tiépolo (Los hebreos recogiendo
el maná del desierto y Sacrificio de Melquíades)),
una tela de Tintoretto (Martirio de San Pedro),
otras de Zurbarán (Monje orando) que siendo fal­
sas están expuestas como originales, y varios telas
anónimas de la Escuela Flamenca (Siglo xvn).
Escuela Holandesa (Siglo xvm ). Escuela Italiana
(Siglo xvi), Escuela Española (Siglo xvii ), Escuela
Francesa (Siglo xvn), se hubieran podido exponer
de una manera más armoniosa si se hubieran segui­
do las más elementales reglas museográficas.
En la sala siguiente, junto con los románticos
españoles Pérez de Villamil, Fortuny Madrazo, se
encuentra en una pared no señera, una tela de
Goya (Ataque a la Diligencia), expuesta como au­
téntica y una tela de Ribera (Músicos), también
expuesta como original.

•

En la sala grande de esta ala del edificio, la
colección Guerrico ha sido mezclada de tal forma
que se la hace desmerecer en su calidad y valor.
Vemos así al lado de Jacques (En el gallinero), a
Harpignies (Coucher de soleil); a Fantin Latour
(Uvas) con Zien (Palacio Ducal en Venecia): a
Van Marcke (Vaches dans paisage) con Courbet
(Rochers): a Menard (Paisaje) con Vellón (Flo­
res), se encuentra expuesta la tela grande de Lefebre (Diana sorprendida). Además de toda esta
inadecuada com binación , notamos que no existe
ninguna línea establecida como cimacio, sino que
las telas se hallan todas a distinta altura. Y en
vez de estar sostenidas por un alambre invisible,
se hallan colgadas por pesados cordones que recar­
gan el ambiente y distraen la atención del espec­
tador. Estas graves faltas, desde luego, se encuen­
tran en todas las salas y corredores del Museo. Y
por último notamos también en esta sala una seria
imprudencia: la tela de Daúbigny (Paisaje, N? 5755.
colección de Guerrico), tiene el marco abierto y la
tela se encuentra casi totalmente en el aire. Aquí
también, como en el piso inferior, el calor, la hu­
medad, las moscas, atenían despiadadamente contra
la vida de las telas, estando la mayoría dobladas, lo
que hace dificultoso su estudio.
En otra sala pequeña hemos visto un Fantin
Latour (Sarah la bañista) en la pared señera, en­
tre dos Rosa Bonheur (Caballos pastando y La
vaca negra). Siendo la diferencia de calidad y de
temas tan fundamental, no nos explicamos como se
ha podido tener la peregrina idea de colocarlos
juntos. Pensamos que solamente por apresuramien­
to y sin ningún control superior haya podido suce­
der esto.

Detalle del ''Retrato de Aimé
Bomplond", dibujo por E. C.
Pellegrini.

En la otra sala grande de la planta baja, se en­
cuentran expuestos los dos grandes tapices: El
triunfo de la Paz y Celebración del enlace de María
Teresa con Luis XIV. Estos tapices, que son pesadí­
simos, al estar colgados se han ido abriendo, mos­
trando ya roturas, y eremos que de continuar
exhibiéndoseles, se irán rompiendo cada día más.
terminando en breve tiempo por quedar casi des­
truidos. Hay en esta sala un cuadro de Goya
(Aparición de San Isidro a San Fernando) que se
exhibe en una pequeña pared lateral que da al
corredor y un Greco (Jesús en el Monte de los
Olivos) que debían de ocupar lugares señeros, dado
su enorme valor. También en esta sala se encuen­
tran Vasari (Bodas místicas de Santa Catalina),
tela a todas luces falsa, un Natier (Retrato de
Mlle. Desfoumell) falso o completamente repinta­
do, un Lawrence (Retrato de A. Canning) falso y
un Oudry (Perros y perdices), presumiblemente
falso también.
Hemos hecho una detenida visita al Museo de
Bellas Artes y la enseñanza recibida por nosotros,
que íbamos ávidos de estudio, fué tan pobre, po­
dríamos decir, tan negativa, que pensamos lo poco
constructiva que ha de ser para aquellos que con
pocas o ningunas nociones artísticas concurren al
Museo, venciendo todavía la gran inconveniencia
del horario y nos dolemos profundamente de que
un centro de cultura como debe ser todo Museo
y más aún el Museo Nacional de Bellas Artes, esté
abierto al público en tan mediocres condiciones de
funcionamiento y de organización, sin trasmitir o
encauzar emociones estéticas de verdadera jerarquía
intelectual.

"Edlpo", óleo por
H. Doumier.

�PINTURA Y GRABADO
- ‘

k

Dirige
ANTONIO BERNI

C

L

a

a

l

t

a

r

reacción totalitaria — fascismo, nazismo o falangismo—

r p a e v

a

contra la cultura hu­

manista, tom ó distintos aspectos según las circunstancias y países donde se ha
desarrollado.

Con notable capacidad de adaptación, m uy característica en los

individuos y en las organizaciones de esa ideología, ha sabido vestirse del ropaje más
oportuno para ganarse parte de las conciencias colectivas.

Todos los medios eran bue­

nos cuando conducían al fin primordial, que era la toma del poder y la ubicación de
sus secuaces en los puestos directivos.

Operada la conquista de las posiciones estratégi­
cas, el resto consistía en la captación colectiva
por la persuasión, el soborno o la amenaza. Los
rebeldes recalcitrantes eran confinados en un cam­
po de concentración o muertos violentamente.
Todo eso. que muchos desprevenidos consideran
como hechos del pasado sin perspectiva inmediata,
permanece latente como fenómeno de actualidad
y como posibilidad futura. La reacción no ha sido
totalmente desarraigada, vive agazapada aquí y
activa más allá, encubriendo sus intenciones bes­
tiales bajo la piel de cordero de un fingido amor
a la democracia.
En el campo intelectual, el fascismo -—tomamos
este término como expresión de un estado mental
más que acción de un partido— ha sabido manio­
brar con extremada habilidad al punto que se
hace difícil, en muchos casos, determinar com pro­
batoriamente la existencia de los hilos conduc­
tores que manejan los notorios activistas. La tác­
tica es compleja y variada, pasa por toda la gama
que va desde la posición franca del ideólogo fas­
cista hasta el vulgar colaborador escudado en
una “ prescindencia” política que no le impide
prestigiar intelectualmente a la reacción.
¿N o vemos a notorios fascistas gesticular y gri­
tar a los cuatro vientos su “ fe democrática” sin
abandonar su odio manifiesto al pensamiento que
ellos llaman “ judaico-comunista” ? ¿N o vemos ya
emplear la táctica divisionista de demostrar simul­
táneamente el odio al ruso y la hipócrita amistad
al inglés? ¿N o los vemos sembrar el derrotismo
alrededor de los verdaderos demócratas y pres­
tigiar en nombre de la “ democracia” a calificados
quintacolumnistas? ¿N o los vemos comprometer

con dádivas de todas clases a los tibios intelec­
tuales del campo democrático utilizando el puente
de la amistad personal o el soborno disimulado?
Es importante conocer todas las variantes polí­
ticas que ha tenido y puede tener la reacción en
el campo intelectual. Entre las tácticas empleadas
en la conquista o utilización del intelectual para
prestigiar esta causa existe una que por su fineza
y disimulo es la que alcanza mayor peligrosidad
en los países donde esa ideología no ha conse­
guido arraigo. Esta fué empleada con todo éxito
en Francia. En París el famoso Otto Abetz, agente
secreto del servicio exterior de propaganda del
nazismo alemán, altamente vinculado, desde años
antes, a lo m ejor de la intelectualidad francesa,
se valía de las amistades personales para organizar
ciclos culturales en Alemania a base de invita­
ciones a pintores y escritores franceses. Algunos
de éstos, que eran magníficamente pagados y aten­
didos, volvían a su país para hablar ingenuamente
a sus compatriotas de las “ maravillas” de aquel
régimen que tan bien los habían “ comprendido”
y acogido. Así fueron envueltos Jules Romain y
Denis de Rougemont.
Las otras tácticas son propias de los países don­
de conquistó el poder, con sus consiguientes
variantes. En Italia de Mussolini, las vanguardias
futuristas fueron las brigadas de choque que
operaron dentro del gremio de los trabajadores
de la cultura. En nombre de “ modernitá” su
“ revolución” estaba íntimamente ligada por afi­
nidades espirituales con la “ revolución” fascista
o cualquier otro totalitarismo antidemocráticó y
antiproletario. De aquí que los más caracterizados
intelectuales surgidos del futurismo buscaron des^

i o 11

arrollar su acción colaboracionista bajo la tutela
de las dictaduras.
En España la reacción se puso el ropaje román­
tico de la añoranza del viejo pasado de esplendor
hispánico. La restauración de la grandeza colonial
de los tiempos de la conquista fué todo un sím­
bolo. Pero sólo se podía alcanzar esta aspiración
restaurando las viejas armas de sometimiento: la
cruz, la espada y la inquisición.

Y

Lo que otrora sirviera para moros e indios de
América, la falange lo usó para la propia España
democrática: asesinó a Lorca y torturó con el
dramático destierro a un Antonio Machado.
En Alemania el nazismo fué directamente a sus
fines, impuso un solo pensamiento con exclusión
de cualquier otro; decretó a la cultura instrumen­
to de la propaganda nazi, colocándola bajo la
tutela incondicional del Partido. Los pintores
de Alemania tuvieron prácticamente un código.
Ejemplo vivo es el folleto editado en Alemania
con el título: “ Arte Alemán y Arte Degenerado”
(Ediciones Deutchen Volksverlag G. M. B. H.
Munchen) equivalente a la cartilla del artista
alemán y cuyo cumplimiento estaba controlado
por la sección cultural de la Gestapo. Este or­
ganismo terrorífico observaba celosamente la vi­
da intelectual del pueblo alemán. Controlaba,
aparte de la actividad política, el pensamiento
filosófico-estétieo del pintor o del esclutor. El
nuevo orden hitleriano debía proyectarse hasta en
la sensibilidad estilística del pensador. Extraemos
algunos párrafos y ejemplos gráficos insertados
en el folleto aludido. La discriminación que
hace el autor no deja lugar a duda ni permite el
equívoco sobre lo que estaba o no permitido
realizar al intelectual alemán. Pintora agresiva,
pintura de guerra, pintura nazi exclusivamente;
lo otro, era lo degenerado, era la traición. Klee,
Gross, Kokoschka representaron para ellos los
“ embadurnadores criminales” dignos de la cár­
cel o de la hoguera.
Esta etapa ha quedado atrás después de la de­
rrota en los campos de batalla, pero el pensa­
miento queda en pie y busca desesperadamente
el apoyo de las permanentes fuerzas grises o con­
servadoras. temerosas de la libertad de los pueblos
y de los hombres.
A. B.

E l e s v u r n i o rfe lo
li e r o i c o

(viam liiag i en
**A m auta”
La galería Amauta presenta desde el 4 has­
ta el 16 de junio una muestra de la pintura
de Carlos Giambiagi. A propósito de este ar­
tista, dice “ Atalaya” , en “ Críticas de Arte Ar­

“ El arte hebreo recu­
rrió a todos los medios
para desarraigar de la
mente del pueblo ale­
mán su alto ideal: el hé­
roe y la vida heroica.
No puso coto a sus in­
tenciones ante los inmo­
lados de la guerra, ridi­
culizándolos, estos borroneadores pertenecien­
tes a hombres inferio­
res!” . Del folleto “ Arte
alemán y arte degene­
rado” .

gentino” :
Carlos Giambiagi, por sobre todo, es pin­
tor. Si la naturaleza misionera sonríe con sus
lapachos rosados o se entenebrece con la cuen­
ca de su río barroso y de su cielo bajo que
parece gravitar sobre los hombres del paisa­
je, son éstos simples pretextos para las varia­
ciones armónicas de su color y para elaborar
sus ritmos sutiles. Si existe una poesía, es pu­
ramente pictórica. A lgo más aún. Son pocos
los que se preguntan qué visión total tiene
un artista de este universo. Ello nos bastaría
para conocer a fondo quién es realmente. Lo
de este artista es sereno, fervorosamente ele­
vado y de una gravedad viril. Porque ya llegó
a su más nutrida y meditativa madurez que
le permitirá evolucionar indefinidamente.

Izquierda: Otto Dir: "In­
válido de guerra".
Antes: Museo Nacional de
Dresden.
Derecha: Kirchner: Despe­
dida de 1914.

14

1

�Picasso no es oficial del
ejército francés
por SIMOME T É R Y
Picasso, ¿está Ud. en París? Toda la
prensa ha anunciado que estaba en el frente.
— Sí. dice Picasso, en los periódicos me han
nombrado oficial, pero a mí no me han dicho
nada. En el Ministerio de Guerra, nadie sabe
nada. Todo lo que sé es que un día me vinieron
a preguntar: “ Picasso, ¿qué le parece si fuera al
frente como corresponsal de guerra? Podría Ud.
pintar allá algunos “ Guernicas” Y. como Ud. sabe,
un corresponsal de guerra tiene el grado de o fi­
cial. ¿O ficial? — contesté— ¡eso es interesante!
— ¿Tanto le gustan los galones, Picasso?
— No tanto por lo de los galones, dijo Picasso
modestamente, pero Ud. comprende que si fuera
oficial tendría mí ración de tabaco. Tal vez tam­
bién me darían un poco de mantequilla y de
carne. Y quién sabe, quizá tendría derecho de
recibir algunos kilos de c a rb ó n ...
Ese genio, el más célebre y más discutido de
la pintura modernq. ese “ fauve” , ese salvaje, ese
niño malcriado de Montparnasse no coincide en
absoluto con la idea que me había forjado de él.
Su poderosa cara morena iluminada por sus finos
cabellos blancos, esculpida de arrugas profundas,
refleja una bondad radiante, una especie de sere­
nidad maliciosa e incluso una dulzura inquietante
en la cual sin duda sería ingenuo confiar.
— ¡C óm o! ¿ni a Ud., un pintor, le dan carbón?
— ¿N o se da usted cuenta?
— Vaya si me doy cuenta. Hace tanto frió en el
taller de Picasso que no me he quitado los guantes.
Un taller inmenso, en el corazón del viejo
París, semejante a un granero de granja campe­
sina, con sus vigas negras sobre un techo blanco
pintado con cal. Un perro largo y flaco, al que
se le pueden contar las costillas, tirita sobre las
baldosas mal ajustadas del taller. Ese perro se
llama, Dios sabe por qué. Kasbek. Kasbek. que
explica Picasso, es el nombre de la montaña más
alta del Cáucaso. En las paredes, en los caballe­
tes, están expuestas las pinturas de guerra de
Picasso con sus tonos fúnebres: gris, azul morte­
cino, negro. Una mujer con forma de mandolina
acostada en un diván, otra que parece un tubo
acodado de chimenea: paisajes de cataclismo y de
teremotos, con una arquitectura poderosa cuyo
aparente desorden está equilibrado por una ar­
monía secreta. Encontramos a nuestro Picasso
de siempre, emergido de la guerra, de la inva­
sión, del terror, más joven, más dinámico que
nunca.
— ¿Es verdad, Picasso, eso cuentan todos, que un
óm o

C

*

"GEORG GROSS, uno de los más lastimeros embadurnadores bolcheviques, se supera en muchas "obras" en
el escarnio del soldado del frente. El cuadro repro­
ducido arriba, figura en "cuaderno de arte" sobre "las
matanzas en un camino campestre". Uno de los crítieos de arte judíos loa esta fanfarronada como de
"una naturaleza aristocráticamente acentuada" y la
galerías compran de buena voluntad sus chapucerías
criminales". "Arte alemán y arte degenerado".

día un oficial de la Gestapo le enseñó una repro­
ducción de su “ Guernica” preguntándole: “ ¿Ha
hecho Ud. esto?” y que Ud. le contestó: “ No,
fué Ud.” ?
— Sí, dice Picasso riendo, es verdad, o más o
menos verdad. A veces algunos alemanes venían
a mi casa so pretexto de admirar mis cuadros;
yo les regalaba postales de mi lienzo “ Guernica”
y les decía: “ Llévensela. ¡R ecuerdo! ¡R ecu erd o!”
— Algunos periódicos americanos han pretendi­
do que su adhesión al Partido Comunista no era
más que una de sus tantas manías y que explicaba
Ud. que el arte y la política no tienen nada de
común.
El rostro de Picasso, lleno de risa, se pone serio
de repente.
— ¡Y o nunca he dicho eso! ¡Es un escándalo!
— Pero los comunistas, querido maestro, pre­
gunta con perfidia una joven americana, ¿los
comunistas comprenden su pintura?
Picasso no se inmuta por tan poco.
— Hay los que la comprenden y hay los que no
la comprenden. Hay quien sabe inglés y hay
quien no lo sabe. Hay quien comprende a Einstein y hay quien no lo comprende. Espérese un
momento (este asunto es muy importante), le
voy a dar una declaración escrita para que nadie
tenga dudas sobre el particular.
Poco después el alborotado Picasso vuelve con
dos hojas de carnet garabateadas con lápiz. Des­
cifro con dificultad estas frases agresivas, del más
puro estilo Picasso:
“ ¿Qué creen Uds. que es un artista: un im bé­
cil que no tiene más que ojos, si es pintor; orejas,
si es músico; o una lira en todos los estantes de
su corazón si es un poeta, o incluso, si es boxea­
dor, solamente músculos? Todo lo contrario. Es
al mismo tiempo un ser político, en acecho cons­
tante frente a los acontecimientos del mundo,
desgarradores, ardientes o dulces modelándose por
entero a su imagen. ¿C óm o sería posible no inte­
resarse por los otros hombres, y en virtud de qué
pereza marfilina podríamos desentendemos de
una vida que nos aportan tan copiosamente? No,
la pintura no está hecha para decorar los depar­
tamentos. Es un instrumento de guerra ofensiva
y defensiva contra el enemigo.”
— ¿Queda aclarado así el asunto? — me pregunta
Picasso con inquietud.
— Creo que no puede estar más claro, Aunque
no todos comprendan su pintura, todos compren­
derán estas palabras . . .
(Cedido por el Servicio
Francés de Información)

Elk Eber: El llamamiento del 23 de febrero de 1933.

Nuevo

Consejo Administrativo

de

la Sociedad

Argentina de Artistas Plásticos
E

l

30 de abril se realizaron las elecciones de la S .A .A .P .

han de regir los destinos de la institución por

el

período

para elegir las autoridades que

1945A6,

quedando

integrado de

la

siguiente forma: Presidente, Juan B. Tapia; Vicepresidente, Juan C. Castagnino; Secretario, An­
selmo P iccoli;
castro;

Vocales:

Prosecretario, Horacio M arch; Tesorero, Juana D ourge; Protesorero, Enrique PoliHoracio Butler. Héctor Basaldúa,

Cecilia

Marcovich,

Luis

Falcini;

Suplentes:

Emilio Centurión, Oscar Barberis, Guillermo Thiemer Casavega, Cecilia Beneditt de Debenedetti,
\ oem í Gerstein, Julia Peyrou ; Síndicos: José Alonso, Marina Bengoechea, Raúl Farías.

Elk Eber: La última granada de mano.

Este nuevo Consejo Administrativo se pro­
pone encauzar las futuras actividades de la
sociedad, de acuerdo a los principios funda­
mentales que dió origen desde su fundación
como ideario básico. Necesidades, éstas, que.
dada la amplitud del desarrollo de las activi­
dades artísticas en nuestro país ha hecho agu­
dizar cada vez más los problemas.
Para llenar debidamente tal cometido, la
Sociedad defenderá la agremiación libre, como
clima ineludible que permita el pleno desarrollo
de la personalidad artística, que sería contra­

riada si rigiera una concepción preestablecida;
como también defender la libertad ciudadana
de los artistas.
Estima este Consejo de suma necesidad re­
editar el órgano oficial de la S . A . A . P .
La subcomisión de trabajo dará un informe
actualizando el sistema de concurso para provi­
sión de cátedras y ejecución de monumentos,
que la Sociedad propiciará ante los poderes
públicos, como asimismo dará a conocer su
concepto con respecto a la organización de los
Museos.

�MUSICA
Dirige
LEOPOLDO HURTADO

Música Brasileña
HANS JOACHIM
Y EL GRUPO

KOELLREU TTER

"M USICA V IV A "

p or J U A J S C A R L O S P A Z

o\ la llegada al Brasil de Hans Joachim Koellreuter, en 1937, puede afirmarse
que comienza en ese país una nueva etapa de su evolución musical: la que une a
un sentido de renovación substancial en el punto de partida de la creación, un cri­
terio de respojisabilidad mayor, en el aspecto cultural, que el que hasta entonces
practicara el com positor nativo, m uellem ente columpiado por fáciles folflorism os, cos­
tumbrismos, espíritu de imitación, e inauditas orgías de colorido instrumental y de sel­
váticas onomatopeyas, planeando sobre un terreno de lacrimosa sentimentalidad.

Era el instante en que imperaba en el país, y
con máxima fuerza, la pueril creencia de que para
hacer un arte nacional era preciso emplear ritmos
o giros melódicos extraídos del cancionero popular
o de las músicas autóctonas. Entonces todo se con­
vertía en excursiones musicales a la selva, al Ama­
zonas, a un indigenismo literario y ornamental, ple­
no de un salvajismo a hechura de la mentalidad
ochocentista del compositor blanco o mestizo, he­
redero directo del Romanticismo de sus mayores,
con su ambición por lo decorativo a todo color,
una saudade importada de Portugal, y fecundizada
por el ambiente soñoliento y propicio a la sensua­
lidad fácil y a la postergación del esfuerzo: físico
y mental.
Toda la producción musical brasileña puede con­
cretarse espiritualmente dentro de esos límites; y
si la voluntad aparecía, en modo esporádico, era
siempre para definirse dentro de una visión lite­
raria y obediente a un clisé obligado —la danza
guerrera de las tribus autóctonas o el candombe—,
o más bien dicho, a una actitud pasiva que se
alimentaba de un culto incondicional del pasado, en
perpetua indiferencia y postergación del presente.
Los elementos indispensables para el logro de es­
tos fáciles tradicionalismos, que obran directamen­
te sobre el oyente por vía de un simple contacto
psíquico, como la risa o el llanto, poco o ningún
esfuerzo significaban para el compositor brasileño
cultivador de tendencia semejante; le bastaba ex­
tender su brazo, por así decirlo, para obtener, sin
gran fatiga, una cantidad de ritmos o de melodías
derivadas en el mejor de los casos de las fuentes
populares, cuando no simplemente calcados de lo
popular o de lo autóctono, para obtener materiales
evocativos y sentimentales para la construcción de
un poema sinfónico, una ópera indo-italiana o una
"suite” , invariablemente descriptivas, pintorescas,
de esencia realista e imitativa, y aderezadas con
los recursos que el impresionismo y aún el "veris­
m o" pusieron en manos de todos los aficionados
del universo. Esa es, sintéticamente considerada, la
labor incontrolada y deforme del nacionalismo mu­
sical brasileño, de Villalobos a Lorenzo Fernández,
Francisco Mignone, Barroso Netto, Fructuoso Vianna, imitadores, satélites y adláteres.
Con una riqueza musical autóctona, de la que es
difícil desprenderse, y a la que, por el contrario,
es cómodo y llevadero entregarse sin mayores es­
fuerzos para estructurar elementos evocativos en
sí, y presentados con las consabidas etiquetas que
conducen al oyente ingenuo al estado de postración
de la siesta o de la noche tropical, o a la volup­
tuosidad o la furia de las danzas negroides, puede
deducirse fácilmente que nunca el compositor bra­
sileño se sintió impulsado a superar ese estado de
cómoda indiferencia por todo cuanto no fuera una
postergación perpetua del mismo, obtenido a tra­
vés de instintiva antipatía a lo que no significara
sensación pura, o por todo lo que obligara a la
reflexión, entendida como punto de partida hacia
una formal estructuración del organismo musical.
Este ha sido, por otra parte, el defecto capital
y el límite de posibilidades de los compositores de
tendencia nacionalista de todas partes del universo,
ya se trate de Smetana, Grieg, Borodin, Rimsky Korsakov, Slavensky, Musorski, Granados, Albéniz
y toda la subsiguiente escuela española con la
excepción de Falla: quien, para superar su etapa
meramente pintoresca y folklorizante se obliga a
retroceder varios siglos — en el "Retablo" y en el
"Concertó"— para lograr al fin una estructuración,
un orden, sin el cual no hay arte posible y sí sola­
mente un balbuceo indefinido o un estado de in­
controlada improvisación O).
•

o

•

En esta etapa de cristalización se hallaba la mú­

sica del Brasil, es decir, en un callejón sin salida
y en una línea de conducta de perpetua repetición
y aniquilamiento por desgaste, cuando Hans Joa­
chim Koellreutter, exilado voluntariamente de Ale­
mania, llegó para perturbar ese inefable estado de
gracia. Nacido en Friburgo, en 1915, habia estudia­
do composición y dirección de coros con Kurt
Thomas. y dirección de orquesta con el Dr. Hermann Scherchen, piano con Martienssen, en Berlín,
y flauta con Marcel Moyse, en Ginebra. Fundó en
Berlin, en 1935, el "Círculo de Música contemporá­
nea", con elementos de vanguardia, en contraposi­
ción al academismo del medio. En 1937 emigró al
Brasil, iniciando sus actividades en giras artísticas
por todo el país, fundando el grupo "Música Viva”
y la Revista del mismo nombre, dedicándose a la
vez, fervorosamente, a la presentación de la mú­
sica nueva y al estudio de los problemas de la
música actual. Desde 1938 profesa en el "Conser­
vatorio Brasileiro de Música” , de Rio de Janeiro,
y en 1941 fué nombrado profesor de contrapunto
y de composición del "Instituto Musical de Sao
Paulo". En 1942 fundó el “ Quinteto instrumental"
de esta misma ciudad.
Su acción como animador y como enseñante y
divulgador de las tendencias modernas ha sido de­
cisiva para el desenvolvimiento de los nuevos com­
positores del Brasil. El Grupo "Música Viva", fun­
dado por él en Río de Janeiro, integra a discípulos
suyos, que como Claudio Santoro y Guerra Peixe,
introducen un idioma nuevo en el ambiente, —el
actual— aplicado a una música de carácter absolu­
to: es decir, que no admite otra lógica que la
emanada de la propia substancia musical, sin in­
tromisión de otras nociones o recursos que los de
la música misma. Esto significa, para el ambiente
musical del Brasil, quemar las naves e introducir­
se en las regiones de lo inexplorado, en procura de
un nuevo reino desconocido. Naturalmente que tal
actitud, si parcialmente puede haber sido compren­
dida, y por muy pocos, en cambio atrajo los rayos
de la indignación estrechamente tradicionalista:
igual que ha pasado entre nosotros por iguales
causas, motivos y aspiraciones.
Parecería que la única misión destinada a las
agrupaciones llamadas "de vanguardia" se con­
cretara en molestar a crítica y auditorios de esen­
cia conservadora; una y otros consideran que el
compositor contemporáneo afiliado a tendencias ra­
dicales tiene la misión especifica de burlarse de
ellos. Pero esto no colma la totalidad de las ocu­
paciones ni del tiempo de que dispone tal composi­
tor, sino que constituye únicamente parte de su
preocupación y actividades; el resto lo constituye
la labor positiva: creación y divulgación; comple­
mentos que forman un todo en la actitud de ata­
que y defensa a que se vé forzado el compositor
contemporáneo, ante la critica rutinaria que pre­
tende medir y clasificar tendencias nuevas con pa­
trones y fórmulas archivables y en desuso.
•

•

•

Dentro de esa actividad bifacial —creación, di­
vulgación—, actúa el grupo "Música viva" en Río
de Janeiro, Sao Paulo, Bello Horizonte. Su presen­
tación oficial fué hecha en 1944, teniendo como
único apoyo la Radio del Ministerio de Educación,
que ha cedido una hora quincenal para irradiar
los programas organizados por la flamante agrupa­
ción de compositores y ejecutantes. El Dr. Fran­
cisco Curt Lange, Director del Instituto Interamericano de Musicología, inauguró con una "canden­
te y cáustica” conferencia las actividades prácticas
de este grupo de jóvenes idealistas, que se inician
en su penosa y peligrosa travesía nadando contra
la corriente. Aldo Parizot, violoncelista que acaba
de obtener una beca para estudios en los Estados
Unidos, Santiago Parflneli, Oriano de Almeida, Hans
Breitinger, Egidío de Castro e Silva, Jaioleno dos
16

de

Vanguardi a

Santos, todos ellos ejecutantes, además de los nom­
brados compositores Claudio Santoro, Guerra Peixe
y H. J. Koellreutter, forman las nuevas fuerzas de
choque en el ambiente musical del Brasil. Claudio
Santoro (1919) cultiva el "atonalismo” , evitando
cuidadosamente en sus obras, todas las influencias
folklóricas y cualquier exterioridad, buscando su
propia expresión sin especiales características de
país o raza determinadas. La estructura de su len­
guaje musical es de una rica polifonía, y su armo­
nía es áspera y voluntariosa. Sus obras más im­
portantes son una "Sinfonía para dos orquestas de
cuerdas” , un "Divertimento” para orquesta sinfó­
nica, un poema sinfónico “ Impressoes de una TJsina
de A so” , un "Concierto para violín y orquesta",
“ Música concertante" para piano y orquesta. "Quin­
teto” para instrumentos de aire, "Trío" para cuer­
das y sonatas para violín, violoncelo, flauta, oboe
y plano. Santoro actúa como violinista en la Or­
questa Sinfónica Brasilera, y su "Cuarteto" de
cuerdas fué distinguido recientemente con mención
honorífica en el Concurso Internacional de los
Estados Unidos.
Guerra Peixe (1914) comenzó su carrera de com­
positor desarrollando en sus obras motivos folkló­
ricos, a veces concebidos por él mismo; luego se
encaminó hacia un virtual neo-clasicismo, hasta
cultivar en la actualidad una tendencia francamen­
te atonalista: o más concretamente, una técnica
dodecatónica, dentro de la que parece haber hallado
su plenitud y su libertad de expresión. De su obra
más reciente, liberada de las influencias de facto­
res puramente locales, pueden citarse "Seis instan­
táneas” , para orquesta, “ Dos piezas" para orquesta
de cámara, "Noneto”, "Música para flauta y piano",
"Música para violín y piano” , “ Sonatina" para flau­
ta y clarinete, "Sonata” para violín y viola, "Cua­
tro bagatelas” , para piano. Todas las obras ante­
riores a 1944 han sido consideradas por el autor
como inaprovechables por carecer de interés.
Koellreutter a su vez ha escrito: "Sonata 1939",
"Preludio, Coral y Fuga", “ 3 bagatelas" y "Música
1941” , todas para piano. Dos Sonatas para flauta y
piano, una para violín y piano; "Música 1942” ,

Hans Joachim Koellreutter

para violín solo. “ Invenciones” , para instrumentos
de aire; "Variaciones 1941", para cuarteto de cuer­
das; “ Cuatro piezas", “ Música 1940", "Música 1942” ,
para orquesta; “Pieza lenta” , instrumentada por
Arturo Pereira; “El arte de la fuga” , de J. S. Bach,
transcripto para flauta, violín, viola y chelo. En
preparación, "Música concertante” para flauta con
acompañamiento de percusión, dos pianos, violas,
chelos y contrabajos; “ Hai-Kais” , para barítono,
com o inglés, clarinete bajo y arpa. Además, ha
publicado recientemente varias canciones sobre
textos de Omeyda Alvarenga y de Ronald de Carvalho. La producción de Koellreutter está basada
en una rigurosa higiene mental, que excluye como
recursos prohibidos e indeseables toda sensiblería
tradicionalista o todo criterio de arte basado en
toda una farmacopea a base de estupefacientes, de
los que tanto empleo se hace a partir de las “ Chansons de Bilitis” , de “ Pélleas et Mélissande” o de la
“ Rapsodie espagnole” . En su evolución, ha avan­
zado Koellreutter a través de un atonalismo inte­
gral, impulsado por el principio que instituye la
“ melódica libre" como único elemento de relación
y de estructuración formal, en procura de un vo­
luntarioso encauce de la fantasía creadora. Este
parece haber sido hallado y concretado en el plano
de la técnica dodecatónica, a la que se ha afiliado
Koellreutter desde 1940, aproximadamente, y que

�SELECTAS

EDICIONES

SALVAT

PREMIO IMPRENTA LOPEZ
CON EL AUSPICIO

DE LA

Sociedad Argentina de Autores

HISTORIA del ARTE HISPANOAMERICANO
por Diego Angulo lñiguez,
Catedrático de la Universidad Central (Madrid).

R esu lta d o

Esta obra constará de tres tomos, habiéndose publicado el primero que
forma un volumen de 720 páginas ilustrado con 834 figuras, 15 láminas
en negro y 5 en color.

El Ju rad o integrado por la Sra. Victoria
Ocampo y los Sres. G uillerm o de Torre,
Adolfo Bioy C asares, Leónidas Barletta y
Ju lio A ram b u ru , después de considerar
detenidam ente los 165 trabajos presen­
tados al certam en, ha adjudicado los pre­
mios a las siguientes obras:

H ISTO R IA del ARTE HISPANICO
PRIMER PREMIO:

por el Marqués de Lozoya,
Catedrático de la Universidad de Valencia.

"El Muro de Mármol", de Estela Canto.
Acaba de aparecer el tomo IV de esta obra que constará de cinco. Un
volumen de 692 páginas, ¡lustrado con 628 figuras y 58 láminas, algunas
en colores.

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"La Caá Yari", de Alejandro Magrassi.

Obras de auténtico valor artístico, únicas en su género, reúnen la
historia del Arte de España y la América Latina.
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Los originales no premiados están a
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�parece haber definido las directivas de su proceso
de creación al impulsarlas desde un principio de
construcción apriorística. Las consecuencias inme­
diatas de esta evolución fueron, desde luego, un
nuevo sentido expresivo emanado directamente de
la adopción del nuevo lenguaje armónico. Una de­
mostración decisiva, como resultado de sus incur­
siones por el terreno dodecatónico, lo constituye
su "Música 1941", para piano, en donde el material
aparece totalmente renovado, y en donde tanto la
armonía como la sonoridad, el desenvolvimiento y
en consecuencia la expresión, hacen de esa obra
una de los escasos grandes exponentes de la lite­
ratura pianística de Latinoamérica, que todavía
sueña con efectos y "glisados” a lo Ravel o con
los reflejos, irisaciones, "nuances" y toda clase de
sugestiones debussystas.
Es natural que una música antisentimental, ce­
rebral en el más elevado sentido, tenga que ser
resistida en su ambiente y aún fuera de él. Hay
que considerar que, en rigor, y si bien se mira y
se analiza la producción musical más caracterizada
de los países del Sur de nuestro Continente, vemos
de inmediato que ella no ha superado la etapa
impresionista con reflejos aún románticos, a pesar
de las inyecciones negroides, indígenas, mestizas,
etc. A fin de cuentas, y resumiendo, hallamos siem­
pre un impulso sentimental no controlado y no
concretado en orden estructural alguno, disfrazado
con derroches de color orquestal y etiquetas lite­
rarias que todo lo explican y nada definen, una
técnica postiza —indios a la última moda europea—
y una continua simulación del compositor blanco
disfrazado de aborigen, en perpetuo carnaval folklorizante. La música y las enseñanzas de Koellreutter tienden a demostrar a los tradicionalistas,
folkloristas y demás plagiarios del pasado que pu­
lulan en el ambiente musical latinoamericano, que
la música es una estructuración sonora, y que di­
rigir la fantasía creadora desde un plano construc­
tivo previamente organizado, es infinitamente más
eficaz —y más difícil— que abandonarse blanda­
mente a improvisaciones sin control, hijas de un
desorden mental y estético lamentable: muy boni­
tas, a veces, mientras duran; pero incapaces de
resistir un análisis severo en cuanto dejan de oírse.
•

•

•

Por cuanto antecede es que hemos calificado el
afianzamiento de Koellreutter en el Brasil como un
acontecimiento y como un nuevo punto de partida
en la creación musical de ese país. Claudio Santoro
y Guerra Peixe amplían las líneas tendidas por el
eficaz animador del ambiente musical brasilero, y
se dirigen a la conquista de nuevas expresiones,
logradas a través de un proceso de estimulación de
las fuerzas creadoras que parte de los dictados del
raciocinio. La síntesis de lo propuesto ha sido
debidamente aclarada en el manifiesto dado a pu­
blicidad por el Grupo "Música viva’', en el que se
revela una elevación de ideales, que inútilmente
procuraríamos encontrar en otras agrupaciones de
compositores latinoamericanos. He aquí el mani­
fiesto del Grupo “Música viva” , tal como fué publi­
cado en la revista “ Clima” , de San Pablo.
“El Grupo "Música viva” surge como una puerta,
que se abre a la producción musical contemporá­
nea, participando activamente de la evolución del
espíritu. La obra musical, como la más elevada
organización del pensamiento y del sentimiento
humanos, como la más grandiosa encarnación de
vida, está en primer plano en la labor artística del
Grupo "Música viva” .
"Música viva” , divulgando, por medio de con­
ciertos, irradiaciones, conferencias y ediciones, la
creación musical de hoy de todas las tendencias,
especialmente del continente americano, pretende
demostrar que en nuestra época también existe
música como expresión del tiempo, de un nuevo
estado de inteligencia” .
“La revolución espiritual que atraviesa actual­
mente el mundo, no dejará de influenciar la pro­
ducción contemporánea. Esa transformación radi­
cal, que se hace notar también en los medios so­
noros, es causa de incomprensión momentánea
frente a la música nueva. Las ideas, sin embargo,
son más fuertes que los preconceptos".
“ De esta manera, el Grupo "Música viva” luchará
por los ideales de un mundo nuevo, creyendo en
la fuerza creadora del espíritu humano y en el
arte del futuro”.
Tal es el ideario del Grupo “ Música viva” . Ya
hemos visto cuáles eran las realizaciones dictadas
por esa linea de conducta. Que uno y otra encaran
la posibilidad de una renovación substancial ya
Iniciada en parte, es cosa indudable. El ruiseñor
romántico y folklórico, de expansiones ilimitadas
en su falta de control mental —su fórmula está en
el Walter de "Los Maestros Cantores", encarnación
típica del dilettanti —que canta sin saber por qué
ni cómo, a base del simple impulso sentimental y
nostálgico, es cosa que en Brasil ha entrado en el
periodo jubilatorio. La improvisación, que carac­
teriza a una larga etapa lograda en base a desechos
rom ánticos, impresionistas, "veristas", folklóricos,
ha terminado y en su lugar comienza la era de la
estructuración conciente, planteada con perspecti­
vas a la liberación de factores meramente localis­
tas, en procura de un sentido general, universa­
lista. Este es el postulado, irrenunciable ya para
la nueva generación de músicos del Brasil que
quiere desprenderse de todo sentimentalismo tradicionalista, améné de la pereza mental consiguien­
te, y que han establecido, en forma heroica y en
un ambiente totalmente adverso. Hans Joachim
Koellreutter y sus continuadores inmediatos. Gue­
rra Peixe y Claudio Santoro.

(i) Es interesante recordar que los pueblos más
ricos en música popular, son los que menos han
contribuido con grandes personalidades al desarrollo
de la música, del punto de vista universal. Así
sucede con España, Hungría, Rusia, Rumania, Bra­
sil o Checoeslovaquia. En cambio, países como Ale­
mania, Austria o los Países Bajos, pobres en música
basada en el elemento popular, asi como la misma
Francia, aportan la casi totalidad de los figuras
cumbres de la música mundial.

Tiranías

y

coplas

populares

A ncora de Salvación
por F E L IX SO L O N I
Américas, históricamente, están en deuda.
Todos sus libertadores tienen monumentos,
a todos sus héroes se les rinde homenaje de
admiración. Las plumas y las liras, la tribuna y la
escena, la paleta y el cincel han creado nuestro
Olimpo de grandes cerebros y grandes corazones.
Mártires y paladines llenan las páginas de nuestra
historia. Pero, oficialmente, hemos dejado pasar
inadvertida una veneración incumplida, que, aun­
que vive en el alma popular de todos nuestros
países, carece de materialización, y su intenso
contenido se diluye en el folklore sin una crista­
lización efectiva.
Las Américas deben nn homenaje visible, tan­
gible y adecuado al elemento máximo que ha
permitido su supervivencia como países libres,
pese a todas sus tragedias internas, a todas sus
miserias, a sus sombrías debilidades, y a su des­
aliento fatalista en ocasiones. Las Américas están
en deuda con su música autóctona que, aún en los
momentos más negros de su historia, desde los
incipientes conatos de emancipación, hasta las tur­
bulencias de su vida independiente, ha sido siem­
pre la válvula de escape, el suspiro de aliento, y
la expresión genuina del alma popular, al través
de todos sus instantes trágicos. Los dictadores
han pasado dejando su estela de sangre y de odios
y de rapiña y también el acompañamiento mor­
daz de los cantos populares. En los minutos más
ominosos de la historia americana, en medio de
los climas de angustia, desaliento y abulia popu­
lar, siempre ha habido el relámpago de una can­
ción, las notas de una copla, los ecos de un cantar
que han encerrado en sus compases protesta, ren­
cor, burla y escarn io...
Han sido girones del alma del pueblo, a veces
impotente, que así ha llorado, castañeándole de
ira los dientes, su indignación y su coraje.
Todas las guerras civiles tienen sus canciones;
todas las luchas de emancipación sus coplas. No
son los himnos oficiales solemnes, rotundos y al­
midonados, hechos para las bandas de metales.
Son esas humildes expresiones musicales que
apenas necesitan una guitarra, donde se vuelca
todo el sentir de la masa, creando a veces una
frase dem oledora; un apelativo aplastante; un
apodo desintegrador. Es la música que se entona
en voz baja, en tono menor, a hurtadillas, una
música que pudiéramos llamar de conspiración;
como una hoja suelta subversiva o un pasquín
clavado al descuido en la propia espalda del tira­
no de tu r n o ...
Los folkloristas de todos nuestros países con
facilidad encontrarán los ejemplos. No es mi in­
tención señalarlos. Pero esa música autóctona
nuestra ha sido el factor de cohesión de nuestros
idealismos nacionales; que se ha cantado en las
plazas públicas y en los remansos del hogar, en
las tinieblas de las cárceles y ante las baterías de
nuestros pobres teatros típicos; en las ferias de
aldea, y hasta en las procesiones del santo pa­
tr ó n ... Esa música ha sido siempre -—cuando
todos los demás vestigios de alma nacional se han
esfumado, o han buscado refugio en el silencio—

L

as

17

lo que ha quedado a flor de tierra ... No hay
dictadura americana que no haya prohibido una
canción— No hay una canción popular que no
haya tenido su parodia de contenido p o lític o ...
Debemos, pues, un homenaje palpable, perdura­
ble y sentido a esa áncora de salvación del ansia
popular, que ha hecho más por la existencia de
nuestras repúblicas que todas las teorías paname­
ricanistas. ..
•

•

•

La música americana — me refiero a la Améri­
ca toda— tiene tres orígenes claros y definidos:
el indio, el conquistador, el esclavo. No es de
extrañar, pues, que la música del continente to­
do, sin exceptuar a Norte América, sea una mú­
sica triste, sentimental, llorosa. El indio nos legó
sólo la música de su decadencia, la música de la
época en que se vió abrumado por la conquista,
que no podía ser alegre. El conquistador cantó
sus nostalgias de la tierra natal lejana. El esclavo
sólo trajo de Africa, y no tuvo motivos para otra
cosa, sus cantos rituales, sus invocaciones a la
divinidad pidiendo auxilio y protección, del mis­
mo modo que los puritanos que llegaron al Norte
en el ‘‘Mayflower” sólo trajeron sus himnos auste­
ros de expulsados religiosos__
Pese a los esfuerzos de los tiempos buenos por
cambiar el ritmo y el tono a la música de nues­
tro continente, si tomamos la más alegre de nues­
tras músicas, digamos el pericón, la zambra, el
jarabe, la rumba, el one step, el joropo, el tam­
borito o el merengue, y las reducimos a un com­
pás lento, caeremos en verdaderas marchas fune­
rales, en las que las melodías son lamentos pro­
fundos, conmovedores e impresionantes.
Y ese efecto en la música nacional, infiltróse y
contaminó la inspiración individual, en los can­
tos de a m o r... El bolero, el bambuco, el tango,
la guajira, las danzas, las mañanitas, los “ blues” ,
¿qué son sino quejas de amor?
Andalucía, Vizcaya, el Calabar, Holanda y Bre­
taña ofrecen la genealogía a nuestra música con­
tinental. La influencia india apenas si es percep­
tible. Y la alegría y vivacidad de algunos de
nuestros bailes no son más que expresiones de
ese deseo de torbellino y vorágine para ahogar
toda la tristeza del momento.
América, desde su descubrimiento, sólo ha te­
nido nostalgia, tristeza y lucha. Su música ha
sido la expresión del sentir popular. Cada cual
puede reconstruir las etapas de su vida enume­
rando canciones. Tanto países como individuos.
Por eso debemos rendir homenaje a nuestra mú­
sica triste que ha acunado todos nuestros dolores
y todas nuestras rebeldías. Es una música amar­
ga como nuestra historia.
¡Ojalá algún día llegue el momento de pleni­
tud y triunfo en que la América — el pueblo
americano— se sienta satisfecho y jovial para
producir su música alegre, que ha de ser, sin du­
da, la sinfonía triunfal de un continente, al en­
contrarse a sí mismo!
New York, 1945.

�una

prosperidad

El
ttrasil ríe hoy y
Posl - y uorra
por C A I O PR.-LDO (Jr .f

L*ar» Un s n o t ú s í c r a

brtáLma*

de majar

tira r úu-Urtzvd, Cria Prado Jtotior es da Un i r
DHI pruAavua juicio.
Braaü C om am porñ ao”

Sm libro ~ f ormacuñi del
fEd. N v t á u . S o

Pablo.

1912/ le n tiú en el p u p o de los estudiosos inte­
resados en prensar la fisonomía histórica de su
país. Su interpretación valoriza lo económ ico con
indudable maestría y pone de relieve tanto ¡a
hondura de

sus pesquisas científicas

com o

un

claro talento crítico ante los innumerables docu­
mentos consultados.
En el presente estudio, Caio Prado Júnior res­
ponde, con gentileza que apadecem os, a la con­
sulta que

le hicimos apenas

se

vislumbró

un

cambio aparentemente fundamental en el rumbo
de la política de su país.

Tiene virtudes que el

lector argentino apreciará, pues, com o Caio Prado
Júnior nos dice en reciente carta, ulos destinos
de nuestros países están hoy tan ligados que nada
de lo que suceda en uno dejará de tener reper­
cusión en el otro” .

Brasil fué un país ampliamente alcanzado
por la ola reaccionaria, representada por el
fascismo internacional, que se propagó por el
mundo sobre todo después de la ascensión de Hitler
al poder, en la Alemania de 1933.

E

l

A fines de 1935, aprovechando la alarma causada
por un levantamiento militar fracasado, las fuerzas
fascistas brasileñas, constituidas sobre todo por el
partido llamado Acción Integralista Brasileña, y
por grupos militares, reducidos pero muy activos,
todos ellos intimamente ligados al nazismo alemán
y al fascismo italiano, consiguen gran influencia
Junto al gobierno, y acaban asimismo conquistando
para sí al Presidente de la República Getulio Var­
gas. Bajo la presión gubernamental, el Congreso
vota una reforma constitucional y decreta el estado
de guerra, entregando con ésto al ejecutivo poderes
discrecionales. C onstituyese, además, el Tribunal
de Seguridad Nacional, formado por jueces de libre
nombramiento y dimisión del Pte. de la República,
destinado a juzgar "de conciencia” los crímenes
políticos o reputados tales. Indicaremos que el
Congreso ya no funcionaba libremente, estando
presos varios diputados y un senador y los demás
bajo amenaza.

El gobierno se aprovechó de estas medidas y del
verdadero arbitrio de que fué revestido para per­
seguir violentamente a todos los partidos, grupos
y luchadores antifascistas más conscientes. Llená­
ronse las prisiones y fueron disueltas o colocadas
bajo un rígido control policial las organizaciones
democráticas y populares (sindicatos obreros y otras
asociaciones de clase). Mientras tanto, los fascistas
ganaban, cada día, nuevas posiciones y ampliaban
su influencia.
Esta situación se agravó en el curso de 1936 y 37.
Finalmente en Noviembre de este último año, el
Pte. Vargas, apoyado por los integralistas y por
grupos militares fascistas, desencadenó el golpe fi­
nal de la reacción: la Constitución en vigor fué
revocada, el Congreso disuelto, y se promulgó una
nueva constitución de pura inspiración nazi-fascista
(10 de noviembre de 1937). El Brasil vivirá de
ahi en adelante en un régimen dictatorial puro,
que suprimirá completamente las libertades pú­
blicas, todas las actividades politico-partidarias, tra­
tando de estructurar la política y administración
del país de acuerdo con el modelo fascista, y el
funcionamiento de sindicatos obreros y patronales
bajo el control gubernamental.
Tal régimen está sostenido por la fuerza, porque
le era contraria la gran mayoría de la opinión pú­
blica. mantenida, sin embargo en estado de su-

~zraoc per eí terror y la vreúBaria. Pero, a poco,
la ooostcLcr rrsarzzaca
se fue
í e e r z a s z c c EV.» ¡razara faen a y aiguzas operf_ - pares ¡
s-s por ; a s o la r a --:.a s
—a ar­
cha per el Brasil en ü-C. Este aero de got-erao ie
fné ar.poesro tarto per uz arr.plae ñ o r aaratn po­
pular rocstg-—ertte al h u rd m en to de saraos tra­
steros por stibraa raros llenares, y q-ae ao fue
posible m p ecir corro por la presioc. a t :s m c « -a? muy fuerte er un país como el Brasil, cuyos
izaereses haBáhaase istm_an.er.te ligados a k-s Es­
tados Unidos. Pero, no obstante la declaración de
guerra, el gobierno traió siempre de impedir una
pa.rucapación activa del Brasil. Comprendía, per­
fectamente. que el esfuerzo de guerra al lado de
las Natrones Unidas estalla intimamente ligado *1
movimiento interno centra la dictadura y en favor
de ias libertades publicas y el restablecimiento de
la democracia. P je k&gt; que sucedió A medida que
Las Naciones Unidas conquistar, victorias el régimen
fascista brasileño se aebilita. Esto culmina con las
victorias angio-amencara y del movimiento de
liberación francés en el frente occidental, con el
avance fulminante de las ejércitos soviéticos y fi­
nalmente. con la conferencia de Yalta. que per­
judicó las últimas esperanzas fascistas de una pat
condicional. Como reflejo de ésto, el Estado Nuevo
inombre oficial del régimen fascista-brasileño), en­
tró en descomposición. El gobierno es obligado a
convocar a elecciones generales por el sufragio
universal (en desacuerdo con la constitución de
1937); la prensa rompe la censura: reanúdame las
actividades politicas partidarias que la dictadura
ya no consigue impedir o controlar. El gobierno
fascista de Getulio pierde completamente el control
de la situación. Este es el momento actual.

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res're&gt;ee.;a así -ea

ie

p

a*

Pero ^&gt;'a refersa ie^e »*•’

Los problemas brasileños se presentan ahora bajo
una doble faz: inmediatos y futuros. Los inme­
diatos derivan de la profundidad de la penetración
fascista en el Brasil, como fué explicado antes, y
consisten en ampliar y consolidar las libertades
ya conquistadas: proceso complicado y que no po­
drá ser instantáneo. El primer paso será ahora
conseguir la amnistía por crímenes políticos: la re­
vocación de las leyes de represión existentes (como
la prohibición de partidos políticos, la intervención
policial en los sindicatos, etc.); la supresión de los
órganos de coacción política (como el Tribunal de
Seguridad Nacional, el Departamento de Piensa y
Propaganda, órgano de censura y de control perio­
dístico. etc.); el restablecimiento de las garantías
jurídicas (estas garantías aún no existen; lo que se
está haciendo en materia de oposición es gracias
únicamente a la debilidad del gobierno: pero puede
de un momento a otro ser legalmente suprimido).
Estos pasos preliminares serán coronados y com­
pletados con la convocatoria de una Asamblea
Constituyente que revoque definitivamente la Cons­
titución fascista de 1937 (ya muy tambaleante,
pero todavía legalmente en vigor), y que promul­
gue un nuevo estatuto político que consagre las
libertades públicas, las garantías jurídicas y un
legitimo régimen representativo.
Tales son las tareas del momento, en que se
empeñan todos los demócratas brasileños. Su reali­
zación creará el ambiente propicio para la solución
de los grandes problemas políticos, económicos y
sociales que la actual fase de la historia brasi­
leña propone. Ellos son. en primer lugar, la extir­
pación definitiva de los remanentes fascistas que
aunque muy abatidos, tentarán, como ya están
tentando, rehacerse sobre nuevas bases. Sin es­
ta limpieza política preliminar, no será posible
llevar a cabo la reconstrucción económica y social
brasileña, tanto internamente como dentro del
equilibrio internacional preconizado por la Carta
del Atlántico y las conferencias de Teherán y Yal­
ta, que representa la salida democrática y progre­
sista de la actual crisis mundial y de la post­
guerra. En segundo lugar, (aunque el proceso
sea simultáneo), el Brasil enfrentará los siguientes
problemas y tareas correspondientes a la fase his­
tórica que vamos a atravesar, que consolidarán
la base fundamental sobre la que el país podrá
asentar su prosperidad futura:
1) Democratización política: la democracia del
Brasil no es sólo una cuestión constitucional y de
estructuración jurídica. Es un proceso que consiste
en ampliar progresivamente la base popular en que
se asienta la política brasileña y el funcionamiento
de sus órganos representativos. Trátase de movili­
zar las grandes masas brasileñas, en particular el
proletariado urbano y rural, para que ellas entren
efectivamente a participar de la vida política del
pais, lo que hasta hoy no hicieron todavía en época
alguna de nuestra historia. Esto se conseguirá so­
bre todo por la elevación del nivel cultural de la
18

El téA lcja ld in h o " —Antonio Francisco Lisboa
(1730-1814)— nació en la famosa ciudad ti*? Omfu
Prcto, del Estado de Minan. Su primer biógrafo
(R. Drctas: 1858), fundado en la tradición oral, dijo
que el susodicho era “ pardo oscuro, de baja esta­
tura, de cuerpo mal configurado, cabeza grande,
cabello negro ensortijado, de fuerte vos g habla
a r r e b a t a d a A Ion 47 años comentó a padecer una
enfermedad que se ha supuesto fuese lepra, Desde
entonces vivió alejado del mundo. De aquí la razan
de su apodo. La legenda le imagina con los pies
maltrechos, andando de rodillas, g trabajando
por
haber perdido los dedos con los Instrumentos ata­
dos en la palma de las manos. No parece verdad
lo último, pues no ha mucho se encontraron bien
trazados recibos de su puño g tetra, datados entre
los años 1706-1805. Durante este tiempo ejecuto en
esteatita gris oscuro —materia blanda conocida como **piedra Jabón" que se desbasta Igual que la
madera— las doce estatuas de los profetas del atrio
del Santuario de Congonhas do Campo (Mirlas),
La de DANIEL que se reproduce
g que recuerda
el retrato del Dante— es una de las de tnagor
Interés del gran Imaginero brasileño,
N.A.f,
entendida en Mentido amplio. No mc trata sólo de
ver la división de. la tierra Mo q u e . por lo
menos en cierta* regionc* del liraaii. era tarca re­
lativamente fácil, pues bastará estimular los factoren que ya er.
en»o presen»*, •/ de larga
data, actúan en el sentido del aparcelamiento d e ia
propiedad rúatica); sino de acompasar esta pro»
ceso con medidas radicales y profundas d e mejo­
ramiento de las condiciones de la vida rural; sa­
neamiento y asistencia medico sanitaria, educaclOfj

^

•«

�popular y amplia difusión de conocimientos agrí­
colas; preparación material del campo (vías de
comunicación, maquinaria agrícola, irrigación, dre­
naje. terraplenamiento, etc.): reorganización de la
producción y del comercio, y en particular por el
cooperativismo. Estas medidas y otras semejantes,
deben ser emprendidas dentro de amplios planos
de realización en larga escala, para lo que se
contará con recursos públicos y privados que en el
régimen actual son desviados, sobre todo para dis­
pendios urbanos burocráticos y suntuarios. Esta
canalización de los recursos nacionales, en grandes
proporciones, para el campo (el sentido inverso es
el que predomina* actualmente), tendrá que ser
realizada por medidas financieras (que compren­
dan tanto providencias fiscales como el estimulo
a la iniciativa privada en el campo) y asimismo
por restricciones impuestas a la prodigalidad pú­
blica y privada que se produce en los centros
urbanos, en particular en los de mayor importancia.
3) Industrialización: La industrialización es con­
dición esencial del progreso económico brasileño.
Ninguna comunidad puede ser rica y próspera, y
proporcionar a sus miembros un nivel de vida ma­
terial y cultural adecuado sin contar con un apa­
rejo manufacturero que asegure la elaboración pro­
pia de las materias primas de su producción, que
provea una buena parte por lo menos de los ar­
tículos industriales de su consumo, y que propor­
cione una numerosa clase obrera de alto nivel.
El Brasil cuenta hoy con una reducida industria
liviana, establecida y mantenida, casi exclusivamen­
te, tanto gracias al desequilibrio crónico de la ba­
lanza de cuentas externas del país y la consiguiente
desvalorización monetaria, como a la protección de
altas tarifas aduaneras, impuestas más al acaso
de necesidades fiscales, que de acuerdo con planes
económicos destinados a estimular el desenvolvi­
miento racional de las industrias. En consecuencia,
la industria brasileña es débil y mal estructurada,
y en gran parte mucho más parasitaria y onerosa
que realmente progresista.
El desenvolvimiento Industrial brasileño depende
de una estructuración planeada que tenga su pun­
to de partida en la movilización efectiva y en
larga escala de los recursos naturales del país. El
Brasil posee algunos elementos de la mayor impor­
tancia para la industria moderna: inmenso poten­
cial de energía hidráulica, reservas considerables
de algunos minerales de primera importancia in­
dustrial, como el hierro, el manganeso, el aluminio;
además de otros en menores proporciones. Cuenta
por lo demás con carbón de piedra suficiente para
alimentar una industria siderúrgica de relativo vo­
lumen. Todos estos recursos todavía se encuentran
en una fase primaria y rudimentaria de explotación.
Debemos también considerar que es imposible pre­
ver lo que se podrá todavía descubrir y aprove­
char en este inmenso territorio brasileño, de cons­
titución geológica tan compleja y enormemente va­
riada. hasta hoy muy mal conocido y aún menos
explotado.
Es de estos elementos que debe partir la es­
tructuración industrial brasileña; y no como se
realiza hoy, de una industria liviana, especializada
y de cúpula, que depende casi enteramente de
maquinarias y materiales semi-acabados de im­
portación. Industria remuneradora para los capi­
tales privados en ella invertidos, pero en general
onerosa para el país en conjunto.
4) Problema de la población; El Brasil resulta
una de las mayores reservas territoriales de la
humanidad. Su Inmensa área de 8 y medio millo­
nes de km’ , toda ella perfectamente habitable y
aprovechable para el sostenimiento del hombre con
un mínimo de trabajos preparatorios, reúne, no obs­
tante, sólo 40 y pico de millones de habitantes. Sin
dificultades particulares, esta población podría ser
multiplicada varias veces. En estas condiciones el
desenvolvimiento demográfico del Brasil repre­
senta no sólo una cuestión nacional sino sobre todo
y en general de la humanidad. Es preciso poner
a su servicio las posibilidades inmensas que el
Brasil encierra, y así el incremento de la población
y el estimulo a las corrientes inmigratorias deben
constituir uno de los principios fundamentales de
la política brasileña del futuro. Pero, ahora, ya con
un criterio completamente diverso de aquél que en
este mismo asunto se usó en el pasado. Hasta hoy,
"poblar" fué en el Brasil casi únicamente sinónimo
de "reclutamiento de brazos" para la gran labran­
za y la minería, en particular del azúcar y del café,
del oro y de los diamantes. Es con este criterio
que hasta mediados del siglo pasado se introdu­
jeron esclavos africanos; y de ahí en adelante, in­
migrantes europeos.
Una política progresista de población e inmigra­
ción debe tener otro objetivo enteramente diverso.
Esto es, dar salida a excesos demográficos de re­
giones super-pobladas de otros continentes y ase­
gurar a los inmigrantes en el Brasil un más favo­
rable régimen de vida, en su propio interés, y no
de la simple obra de mano que ellos pueden re­
presentar. Es el hombre el que debe ser mirado
y no sólo su capacidad de proveer trabajo.
Son éstos, en suma, los problemas y las tareas
que se presentan al Brasil de hoy y de postguerra.
Ellos lacrarán la reconstrucción de un Brasil nue­
vo que no será ya la colonia tropical del pasado,
simple proveedora de materias primas y géneros
alimenticios para mercados extraños y distantes.
Será una nación, efectivamente organizada para
dar bienestar y prosperidad a todos los individuos
que la componen. Es éste el fin esencial que se
deberá tener en vista. El exigirá, como fácilmente
se ve, reformas profundas de la estructura eco­
nómica, política y social del país. Y en una tarea
tan amplía, tendrán que colaborar todas las clases
progresistas del país, desde la burguesía esclarecida
hasta las agrupaciones de trabajadores del campo
y. .de la ciudad. Contará también con la coopera­
ción internacional que el sistema político y econó­
mico de postguerra deberá asegurar, de acuerdo
con los principios firmados en la Carta del Atlán­
tico y en las conferencias de Teherán y Yalta, y
que ya se encuentran en vías de realización en los
acuerdos de Dumbarton Oaks, Bretton Wocds, Chapultepec, y ahora en la conferencia de San
Francisco.
San Pablo (Brasil), 9 de Abril de 1945.
Traducción y nota de N. A. F.

I na L niversidad para endurecerse en Hombre

Epica d el Salitre
por A N D R E S S A B E L L A (h )
a Chile como a cuerpo humano, le
veremos una extraña anatomía, finísima y
arbitraria. La cabeza le queda muy lejos
de los pies, verdaderamente calzados con propie­
dad rey, en hielo, blancor y distancia. Pero, de
su cabeza es que hablaremos ahora, o sea de su
esencialísima zona; la del caliche.
En imagen y en verdad, la pampa es la cabeza
de Chile. Cabeza de frente rotunda que suele
andar en trances de locura. Tal si fuera dominio
solar, por ella pasa el sol más vivo y entero que
hayamos visto jamás; un sol dueño de si y de
todos los horizontes de la pampa, patria de las
piedras que parecen lágrimas del Diablo, caídas
quién sabe en qué infortunio, y del espejismo, la
más hermosa máscara de La Muerte.
Sol desbocado, semillena de piedras, mentiras
que colorean el iris y el ánima, y muerte. ¡H e
aquí la fotografía de la pampa! Y, sin embargo,
allí ha sido, y es, La Vida el acento dominador.
Vida que fué menester traer con el 'agua y el
coraje, venciendo a la puna y a la sed, al acaso y
al desengaño.
irando

M

No sería m ejor definida, se nos ocurre, olvi­
dando, un poco, la modestia, que así: Universidad
para endurecerse en Hombre. No otro destino
puede hallársele a primera vista. En sus pardas
soledades, el hombre fué, poco a poco, sintiendo
que su piel se volvía resistente y brillante, casi
piedra, y que por dentro el corazón estaba sien­
do, a su turno, metamorfoseado: concluiría en
pedrusco; pero, en pedrusco gobernado por mis­
teriosas leyes de ser y de victoria. El corazón,
aqui. encarna gracia redonda y colorada. Merced
a su condición arrebatada, cosida por el sol con
aguja de oro a sus plenitudes, fué posible este
como milagro de domar páramos y desventuras,
lejanías y sacrificios, que representa la conquista
y el desarrollo del desierto salitrero.
En parte alguna fué requerido el corazón con
violencia mayor: cuando, en agosto de 1866, A l­
fredo Ossa, Juan Zuleta y Martín Rojas descubren
las capas feraces de salitre de Antofagasta,. no
gratifica el azar porque si a don José Santos Ossa,
organizador de la afortunada caravana: le grati­
fica por la segura espera que don José Santos
ha hecho, desde años, soportando olvido, miseria
y destierros, mucha sombra amarga que sólo se
aguanta por clase de corazón. Cuando obreros
chilenos levantan la primera línea férrea en terri­
torio boliviano, es el corazón, más que las manos,
el que golpea en el hierro. Cuando, hacia 1890,
surgen las primeras banderas que reclaman Jus
ticia Social, en Tarapacá, es el corazón el carmín
que se ha volcado en ellas. Cuando, en 1902, la
“ Combinación Mancomunal de Obreros” , de Tocopilla, aguza los puñales rebeldes, el corazón se­
ñala los deberes. Y es el corazón el legítimo
oriente por donde despunta el obrero máximo
de Chile, Luis Emilio Recabarren Serrano, muer­
to en 1924, después de fundar la prensa obrera
y el Partido Obrero Socialista O ), apóstol de la
fraternidad, intemacionalista consecuente, tallador
de voluntades proletarias y padre de la F. O. Ch.
aguerrida. &lt;2)
Bella y poderosa cabeza la de Chile. El erario
nacional existió, magníficamente, por el sudor que
de allá caia en la historia. Toda la patria depen­
dió de los “ rajos” ; y en los “ rajos” , se rehizo
el chileno. La pampa lo cinceló, acomodándolo
al tamaño del heroísm o; lo depuró de escorias
sentimentales; mas, nunca ni le desfiguró ni le
debilitó en lo cordial y fecundo: en el corazón.
El pampino ignoró lo mujeril, el arabesco, las
tretas. En cambio, la sabiduría del vivir opulento
le entregó las llaves del reino tremendo de la
borrachera, de la amistad a prueba de “ corvo” ,
y del despilfarro.
¡Oh, tiempos terribles de los “ salones” norte-

ños, donde las mujeres conocían las dimensiones
del delirio, y el dinero caía en las avariciosas
alcancías de la medianoche meretricia!
El “ roto” del Sur se vino “ enganchado” , pen­
sando que en la pampa el oro era cosa de coger
con la punta de los zapatos. El despertar fué
una bofetada h orrible: la pampa era la esfinge
más cruel. El oro rodaba lontano, y había que
ganarlo a punta de llanto y de agonía. La pers­
pectiva negreaba los ojos. Lentamente, la pampa
principiaba su obra: la re-creación de los varones
que le eran entregados para su m ovim iento de
millones y de espectros. El campesino abandona­
ba su aire frutal, leve y transparente, para eri­
girse en juez de su propio destino. ¡A lg o noble
se ganaba, después de t o d o !: mirarse íntegro y
reconocerse Hombre. Por ahí empezaban a deste­
ñirse el temor y el respeto “ al rico” . La máquina
ponía lo demás. La lucha social, de este modo,
repartíase, y era el corazón la sola energía con
que se contestaba a las balas. Si no, ¡que lo
cuenten los muertos de 1906, en Antofagasta; de
1910, en la Escuela Santa María, de Iquique; de
1921, en la Oficina “ San G regorio” ; y de 1925,
en la Masacre de “ La Coruña” ! La esperanza
social de la patria la dictó esta cabeza, amarilla
como el oro, la desmemoria y la mejilla tís ic a ...
Puro temblor de corazón encontramos en la
historia de la pampa: en 1919, las mujeres de
Antofagasta im pidieron que un tren de rom pe­
huelgas llegara “ al Interior” &lt;3), tendiéndose en
la línea férrea; si pasaba el tren, se llevaría rojas
las ruedas, rojas de tanta sangre valerosa que le
desafiara... “ A pata pelá” ( 4) , miles y miles de
trabajadores cruzaron la pampa, dibujando el ma­
pa perfecto de la Necesidad, sin otra fuerza que
la que llevaban en un tarrito con agua. Los
“ calicheros” , trabajando a espalda desnuda, prue­
ban que el corazón es una pieza maravillosamente
fina, para seguirla confundiendo con vano tintero
de esquela sensiblera. Don Clodom iro Castro, exi­
gido por su corazón, decidió su destino de poeta,
en 1896, escribiendo Las Pampas Salitreras, va­
lioso e ingenuo documento, primer homenaje a
la industria que encontramos en Chile. Los ban­
didos del desierto, caballeros de arena, amaron y
lloraron con la cuchilla entre la boca anhelosa,
sintiendo más que la maldad, el carguío sutil de
la aventura: ¿n o conocéis al “ Chichero” , el que,
para salvar su pellejo, se escondió en una pipa
de cerveza y burló, fragante y solemne, a la fiera
Policía?
Dentro del redondel caldeado del desierto chi­
leno, anda La Vida con sus velas' desplegadas,
como barca endemoniadamente fuerte. Y es en
sus arenas, que no repiten dos veces la misma
huella porque no lo toleran ni el Viento ni el
viento de la suerte, que duerme el dulce nitrato,
savia de eternidad que ayuda a la tierra en su
tarea sagrada. (5)
Leche coagulada, prodigiosamente, en la hoya
fascinante de la pampa, el salitre muestra, a ve­
ces, su blancura salpicada de sangre. Es la sangre
de los “ cateadores” y de los soldados del “ 79”
y de la industria, sangre de los ilusionados y de
los siervos que en sus ardientes límites encon­
traron la efigie intransferible de tantos y tantos
monótonos kilómetros demolidos por el paso
creador del hom bre: la pampa es la página pre­
dilecta de La Muerte; en ella, redacta la cotidiana
ración de sus victimas!
Santiago de Chile, mayo 1945.
(1) 1912. En 1921, en el Congreso de Rancogua, se trans­
forma en Partido Comunista.
(2) Federación Obrera de Chile.
(3) A las Oficinas salitreras.
(4) Descalzos.
(5) En 1528, es nombrado, en documento oficial. En 1820,
es llevado a Liverpool el primer cargamento, que se
arroja al mar, por creérsele "tierra inútil". En 1830, se
exportan de Iquique a Europa 18.700 quintales.

19

■■•■■■■■i

�EL PRIMER CONGRESO DE ESCRITORES
BRASILEÑOS EN SAN PABLO
E

l Primer Congreso de Escritores Brasile­
ños, recientemente realizado en la ciudad de
San Pablo, aprobó por aclamación, entre
otras, las siguientes declaraciones:

“ i ? — Si el escritor es la conciencia del
mundo, el Primer Congreso de Escritores
Brasileños representa la conciencia de su
pueblo y es la expresión de su época.
2 ? — Los escritores del Brasil ejecutare­
mos nuestra parte en la tarea de . . re­
construcción democrática del mundo.

5? — Destacamos especialmente, por las

U n m a te Im a n e n
“ El "mate” huanca es vigoroso en la fantasía
de forma y en la novedad de colorido. De la cor­
teza del fruto el artista ha obtenido más delicadas
notas que las de todos los mates de otras regiones
del Perú. La base de la originalidad está en la
coloración, que auxiliada por los tintes modernos,
cubre total o parcialmente la calabaza, para dar
lugar luego a que el cuchillo o el buril realice una
fantástica enredadera de motivos y ritmos admira­
blemente equilibrados. Los huancas cortan y ras­
pan anchos espacios, que dejan en blanco, combi­
nados con el natural del fruto, los matices del
hierro candente y los colores que le aplican. Los
elementos decorativos son glosa de la vida campe­
sina y los motivos que les ofrecen en el aire y en
la superficie las formas de la industria moderna,
involucrando todos los elementos en la rueda ar­
caica de la fantasía india del peruano” . — (José
Sabogal: “ Mates burilados” , Ed. Nova).

afinidades profundas que nos unen, a los
escritores franceses de la resistencia y a
los antifascistas que en Italia supieron com­
batir los principios antihumanos de la dic­
tadura y la práctica deshonrosa de los
métodos de opresión.
4&lt;f — No olvidamos la actividad digna y
ennoblecedora de los colegas españoles, de
los que se encuentran en las prisiones de
la "hispanidad” y de los que pueden resis­
tir en el exterior y preparar el resurgimien­
to de la gran república española. Tampoco
olvidamos, en nuestro afecto y admiración,
a los escritores portugueses no conformes
con las imposiciones del silencio, las medias
palabras y los pensamientos dirigidos de
su país.

5? — a) el nivel cultural del país es defi­
ciente; b) el problema de la cultura depen­
de enteramente, en sus soluciones, de la
organización social, económica y política;
c) la elevación cultural puede ser alcanza­
da por varios procesos, de los cuales el
principal es el sistema de educación orga­
nizado por el Estado. Recomendamos, por
lo tanto, una inmediata reforma que lo ca­

pacite para difundir una enseñanza libre de
las barreras del sexo, raza, religión, posi­
ción económica o credos políticos; d) en la
lucha contra el bajo nivel cultural deben
ser utilizadas todas las fuerzas disponibles.
Los escritores brasileños organízanse des­
de ya para este fin”.
El Congreso aprobó, asimismo, por acla­
mación, una “Declaración de principios”
redactada por la subcomisión de Asuntos
Políticos que integraban los prestigiosos
escritores Astrogildo Pereira, Caio Prado
Júnior, Carlos Lacerda, José Augusto y Hermes Lima. Dicha “Declaración de princi­
pios” reza así:
“Los escritores brasileños, conscientes de
su responsabilidad en la interpretación y
defensa de las aspiraciones del pueblo bra­
sileño, considerando necesaria una defini­
ción de su pensamiento y de su actitud en
relación a las cuestiones políticas básicas
del Brasil, en este momento histórico, de­
claran y adoptan los siguientes principios:
Ib) La legalidad democrática como garan­
tía de la completa libertad de expresión del
pensamiento, de la libertad de culto, de la
seguridad contra el temor de la violencia y
del derecho a una existencia digna. 2b) El
sistema de gobierno elegido por el pueblo
mediante sufragio universal, directo y se­
creto. 3b) Sólo el pleno ejercicio de la sobe­
ranía popular, en todas las naciones, hace
posible la paz y la colaboración internacio­
nales, así como la independencia económica
de los pueblos. Conclusión: El Congreso
considera urgente la necesidad de ajustar
la organización política del Brasil a los
principios aquí enunciados que son aque­
llos por los que se baten las fuerzas arma­
das del Brasil y de las Naciones Unidas” .

F e r ia en e l p u e b l o d e San R e r n a r d o
u chedu m bres ;

M

pregones que suben en la luz

arroyos, sauces, boldos, se mueven y suspiran
desde la Cordillera hasta el trigal de espuma.
Allí va el rozagante conquistador del pueblo
que se enternece ante una linda doncella.
Va la pobreza con su lazarillo, el hambre

entre las bizarras y nobles hortalizas;
rábanos de sangre, lechugas herrumbrosas;

naranjas que a lo largo del Pacífico ruedan;
limones en que el ámbar llora pausadamente;

entre el vaho ardoroso de prolijas fritangas,
que sale de los puestos en oleadas plebeyas.
La gente pasa y mira como ante los bazares
y la naturaleza sus joyas disemina.
¡Ah, canción de lo simple que es centella en el huerto

manjares que se sirven entre el fuego y el humo;
todo el oropel que canta en el domingo,
pescados que crepitan al hervir en aceite;
panes ¡oh, más suaves que un corazón sereno!
Todo el pueblo ha venido a coronar la fiesta,
Vino el huaso en el alba con su manta y espuelas

y fulge en la hortaliza de enmohecido cobre!
¡Ah, canción del durazno que perfuma en la cesta;
miel del higo que embruja al zorzal melodioso;
maravilla celeste y lenta del racimo
que en el lagar del día hasta morir se exprime.

y sus zapatos altos, luminosos de música.
Vino el enamorado para ver a la novia
que en su vestido grácil trae toda la misa.
Oh, carpa de bohemios trashumantes y tristes,
donde todos vocean sus claras mercancías:

Allí la tierra exalta su seno milagroso
y se reparte como la bandada de pájaros,
o como el agua hacia la Rosa de los Vientos.

frutos con el dulce de las tardes de Chile,
¡todo lo que el campo labora para el hombre!
Rosas para las manos que el amor transparentó;

Es la feria el brillante carrusel del domingo,
que hace girar los frutos que dan las Estaciones
— ¡verde, rosado, rojo, amarillo y azul!—
Tú, caballo del pobre que soportas las árguenas
en las que ruborosas nos miran las frutillas,
atraviesas el polvo y haces nacer el alba
bajo las herraduras con ojos de rocío,

lirios para la angustia que no tiene esperanza;
violetas para que ancle el día de la muerte.
Todo canta en la red tirante de la feria;
el juguete del niño, el bastón del anciano;
pájaros de greda; ollas y fuentes puras;
caballos que al galope penetran en la vida;

avanza, que en la feria del pueblo están los niños,

cántaros que perfuman a la tierra divina.

la doncella que viene con el aro del día,
las rosas y las uvas . los caballos de greda! ..

Todo el pueblo está allí. ¡Oh mañana feliz,
más hermosa y azul que una acacia florida!
Un aroma rural distiende su abanico;

Santiago de Chile, mayo 1945.
20

A N G EL

CRUCHAGA

SA N TA

M ARIA

&lt;

�CI NE

Dirige
LEON K L ÍM O V SK Y

El e s p i r i t a de M a y o en el c i n e a r g e n t i n o
nes de nuestros primeros balbuceos cinematográ­
ficos: “ La revolución de Mayo” . “ Amalia” , “ El

A 23 años de

himno nacional” y algunos otros modestos inten­
tos que aparecieron entre 1908 y 1915...

T na nueva

v gloriosa

nación "

Fué un cinematografista culto y apasionado —chi­
leno. por otra parte, de origen— , Julián Ajuria,
quien emprendió la titánica tarea de dirigir en
Hollywood con elementos y actores americanos,

J ’ A una expresión de tan vastas posibilidades com o es el cinematógrafo, puede espe­

una reconstrucción de nuestra epopeya de Mayo,
hace casi veintitrés añ os.. “ Una nueva y gloriosa

rarse siempre un soplo inspirador de nuestros elementales principios sociales y po­
líticos. al margen de las formas puras. Porque el cine, com o toda expresión de arte,
tiene dos caminos a seguir: o el valor estético puro traducido en riqueza plástica o rít­
mica. o la expresión de una idea, entroncada directamente con nuestro ideario, nuestra

nación” , se titulaba esa película en la que el ac­
tor americano Francis ilusionan, encarnaba gallar­
damente a Manuel Belgrano. Para su época, fué
ya un esfuerzo desmesurado en que no sólo mere­
ció destacarse el respeto histórico y las cuidadas
reconstrucciones, sino el espíritu de libertad que

historia, nuestro país.

giraba como tema central de este drama.
Desde entonces no volvió a encararse una em­
presa de esta envergadura, hasta que hace casi
Y puesto que no es dable exigirle en general

tras pantallas, hasta el de nuestra independencia

el primer camino de creación, ya que nuestro ci­

económica —la “ recuperación” tan comentada has­

de franceses radicados en la Argentina, llevó a

nematógrafo se ha ceñido voluntariamente a esti­

ta hace p o c o . . .

la pantalla la gesta libertadora de Mayo y la figura

diez años. Arturo Mom, patrocinado por un grupo

los foráneos, veamos en qué forma ha contribuido

Tampoco en esta forma abundan las expresiones

de San Martín, en su ambiciosa película “ Nuestra

a la expresión o difusión de nuestra Carta, hija

que buscamos en nuestro cine: ni siquiera elemen­

tierra de paz” . Es cierto que el film carecía de

dilecta de la revolución de Mayo.

tal canto por la libertad, el espíritu de Moreno,

una línea narrativa central, y que adolecía de cierto

traducido a imágenes actuales. Recordamos sí. al­

primitivismo escolar, que le daba un carácter de

Así como en el cine americano, vibra frecuente­

gún leve apunte insinuado por Arturo Mom en

estampa animada. . . Pero tampoco puede pasarse

mente el espíritu de Lincoln; en el cine ruso, todo

“ Petróleo”, o alguna frase de humor, incisiva y

por alto, la vibración dramática de sus primeros

el vigor candente de su revolución; en el francés;

penetrante, de Pondal Ríos, utilizada por Sofficci

actos, que reconstruyeron los hechos más destaca­

toda la fuerza crítica de la Revolución Francesa,

en “ Kilómetro 111” . Las más serias lecciones en

dos de la semana de Mayo, expresados con altura

había dererho a esperar una expresión parecida

ese sentido, fueron

por Mario ¿offici.

y dignidad. Y también es cierto, que el realizador

en nuestra modesta y también impersonal cinema­

cuando alentaba en ese director un poderoso so­

se vió obligado a suprimir ciertos pasajes valien­

tografía.

plo sociaL que no ha vuelto a expresarse desde

tes dedicados a Moreno, y a su lucha contra el con-

los tiempos un poco remotos de “ Prisioneros de

servadorismo de la é p o c a ...

En forma directa lamentamos declararlo, nada.

Aclaremos, de paso, que entendemos, que el es­
píritu de nuestra revolución fundamental, no tiene
por qué ser expresado en estampas históricas: pue­

dictadas

la tierra” V “ Héroes sin fama” .

Desde entonces, sólo merece señalarse el desta­

Queda pues, la evocación histórica. Fila inspiró

cado esfuerzo de Artistas Asociados Argentinos,

de flotar en decenas de temas contemporáneos,

nuestros primeros films mudos hace treinta y tan­

realizadores con Demare como director y Petit de

desde el de la inmigración, virgen aún para nues­

tos años y vibró fugazmente en las torpes imáge­

Murat y Manzi, como autores, de “ La guerra gau­
cha

y “ Su mejor alumno” . Mucho mus en la pri­

mera que en la segunda, vibra un auténtico espí­

llna escena de " la Guerra Gaucha4'

ritu libertador, un reflejo fiel y apasionante de
nuestra gesta por la independencia. Piedras liminares de un cinematógrafo más nacional que na­
cionalista. ambas señalan una independencia de
criterio y un lírico vuelo hacia nuestros ideales
más legitimos que no han vuelto a ser -uperadus
ni siquiera imitados en su ambiciosa aspiración.
No sabemos siquiera si alguien seguirá esa en­
señanza: el cinematógrafo no tiene las fuentes ins­
piradoras de otras formas de expresión. El autor
tcutral, puede a veces escribir sin esperar verse
representado en la escena. Y el- teatro gana asi, de
vez en cuando, alguna obra amplia, audaz, ambi­
ciosa.

En cine, generalmente los autores escri­

ben de encargo, según las directivas impuestas por
los industriales que orientan y controlan esa acti­
vidad. Y es muy difícil que esos productores, pue­
I

dan pensar siquiera en la trayectoria necesaria de
un arte como el cine, para mantener viva la dig­
nidad y la libertad de nuestros postulados de .Ma­
yo.

¿alvo que alguna vez, se repita el caso sin

iguaL de un grupo de escritores, actores y direc­
tores, que emprendieron la loca tarea de dar vida
auténtica a nuestra historia auténtica, ¿ i esto vuel­
ve a ocurrir, seguramente no babrá de extinguirse
esa antorcha inspiradora, que ilustra el sello pro­
ductor de los films recién m en cionados...
L K.
21

�L fin una buena, una muy buena película;
no vacilemos en pronunciar la palabra: ¡una
obra de arte! Una obra de poderosa originalidad
que renueva la técnica del cine, superando todo
lo que se ha podido ver en la pantalla desde hace

A

años.
El nuevo film de Marcel Carné reabre el campo
del cine, rompe con todas las rutinas y su autor
osa destruir el conformismo que se asignaba al
rhismo. Digamos hoy, sin titubear, que acaba de
escribirse una página grande en la historia del
séptimo arte.
Original, extraordinariamente original esta pelí­
cula de Marcel Carné; lo es principalmente por
el tema que trata. El autor de “ Les Visiteurs du
Soir” concibió su relato com o una leyenda mara­
villosa, que pone en juego los sentimientos más
elevados con una nobleza y una riqueza poética
que colocan a esta película al lado de las más
grandes obras tradicionales del género humano.
Es el tema del A m or erguido contra el Mal y
que triunfa. Tema romántico, sin duda, que se
afirma en esta obra donde se espera en vano que
el amor encuentre su recompensa.
Todo el film es de una belleza admirable; por
sus maravillosos paisajes llenos de misterio y de
una intensidad inolvidable que superan a los de
la “ Kerm esse héroique” (de la que Marcel Carné
fué asistente al lado de M. Jacques Feyder), Les
Visiteurs du Soir” se coloca en primera línea
entre las obras de arte pictóricas de la pantalla.
K o se olvidan pronto los extraordinarios pai­
sajes del principio que son vistos com o desde
otro planeta y desde alguna distancia en alguna
forma infinita, ni la brillante blancura del castillo
que se eleva en la llanura entre la tierra y las
nubes, ni la mágica hechicería de tanto aire libre
donde la realidad se despoja de la pesadez de la
materia para alcanzar la ligera pureza del ensueño,
ni el desfile de caballos, ni la caza en el campo,
tan hermosos o aim más que los m ejores trozos
llegados de las películas d e Jean Renoir. I\i los
decorados de interiores ( el decorador M. W aévitch
tiene también derecho a su parte de alabanzas)
cuya armoniosa estilización crea un cuadro digno
de una verdadera obra de arte.
Pero sobre todo M. Marcel Carné ha vuelto a
encontrar el secreto olvidado del lenguaje cine­
matográfico, utilizando con rara maestría la expre­
sión del rostro humano, develando ante la cámara
los sentimientos más profundos del alma, lo que
lamentablemente se ha perdido en las películas
americanas. Carné se iguala a sus maestros clási­
cos y hasta los supera por sus medios técnicos
más perfectos. Por otra parte, es secundado por
actores que supo elegir acertadamente, debiendo
hacer resaltar la labor de M. Alain Cuny, que
debuta en la pantalla; Mlle. Arlettv, de un encan­
to equívoco perfecto; Mlle. Marie Déa y M. Jules
Berry, quien encarna perfectamente el Mal.
M. Marcel Carné supo también orquestar a esta
excepcional sinfonía de imágenes con la autoridad
de los grandes maestros.
El cinematógrafo es el arte de los conjuntos.
M. Marcel Carné supo armonizar a sus “ Visiteurs
du Soir” reuniendo a su alrededor a un equipo
de colaboradores cuyo talento debe también ser
reconocido. Ya nombramos a M. Wakevitich y a
los principales actores; no omitimos a M. Jacques
Prévert que escribió los diálogos con exquisito
gusto, y que es autor también, junto a M. Pierre
Lar oche, de los escenarios; citem os aún a M.
Maurice Thiriet, cuya partitura acompaña con una
perfecta justeza de tono a esta película sin pre­
cedentes.
Y retengamos para terminar el nombre de M.
Marcel Carné, en adelante uno de los más grandes
en la historia del cine.

(Cedido por el Servicio Francés de Información)

�M ás a llá
del h o r r o r . . .
Hace mucho que conocemos los campos de con­
centración. Los hombres que llevamos el tiempo
en la conciencia — sin retóricas ni oportunismos—
no nos asombramos dema-iado ante los noticia­
rios. No descubrimos ahora el horror, ni el per­
feccionamiento científico de la barbarie, ni el
cinismo de los enemigos de la libertad. Es más:
hasta teníamos una experiencia por cada uno de
los crímenes, porque, desde que existen, reper­
cuten dolorosamente en nuestra sangre.
•

•

•

Hay una imagen que compendia el terror de
los años de aniquilamiento colectivo. Trátase de
un esqueleto animado por un rescoldo de vida.
Lo extraen de una parva de huesos. Con el últi­
mo destello de lucidez, el hombre une lo que
queda de sus manos en una plegaria, mira hacia
lo alto y muere al fin.
Estemos cerca o lejos del espíritu de ese gesto,
nos sentimos conmovidos. Es, en verdad, lo que
más nos ha impresionado por su tremenda elo­
cuencia y porque resume toda la época cuya pri­
mera parte ha concluido y cuyo final definitivo
se dirime ahora sobre las ruinas.

• • •
El cine al servicio de la verdad nos propor­
ciona hoy este documento. ¡Humanísimo! De lo
que se trata es de que los remisos, los cómplices,
los timoratos — la comparsa gris que mide el sen­
tido de la vida con la vara de sus mezquinas
ilusiones—- comprendan que esta infernal reali­
dad existía desde mucho antes que las cámaras
cinematográficas acompañaran a los ejércitos li­
bertadores, y que después de este desenlace ya
no podrá repetirse la infamia, la demagogia y el
cinismo.

• • •
La escena que encuadramos es más significativa
que todas las palabras. Creamos o no en la ima­
gen sagrada que invoca la plegaria del moribundo,
ese gesto significa ur. interrogante patético, diri
gido hacia el futuro.
Y en ese futuro — que ya estamos viendo— es
donde tiene que consagrarse el más elemental de­
recho a la vida, “ a salvo del temor y la necesidad’.’
• • •
Sobre los campos trágicos, donde se extermina­
ron “ millones de personas inocentes en condicio­
nes de increíble bestialidad” y sobre las ciudades
aniquiladas, todo tiene que resurgir. Las palabras
no alcanzan para nombrar el renacimiento.
¿Y para qué las palabras cuando está creciendo
la realidad viviente que presagiaron?
Hay una fe renacida que asciende desde el
trabajo hasta el alma; desde la conciencia ilumi­
nada hasta el coro libre que voltea las falsas re­
presas.
La justicia conquista su residencia m ora l...
EMILIO NOVAS

Esta terrible escena de un campo de concentración
cercano a Leipzig, descubierta por tropas norteameri­
canas, muestra los cuerpos de trabajadores esclavos
franceses y polacos, electrocutados al intentar huir a
través de las alambradas.

S i n o p s i s

a n

p a r a

f i l m

QUE VIVA MEXICO
p or

S.

M.

Eisenstein

y

G.

A.

Alexandroff

(versión castellana de H. C.)
(CONCLUSION)

Clarines suenan a “ descanso” .
Soldados de artillería desenganchan las muías
y los asnos de los carros de ametralladoras cubier­
tas de polvo; las mujeres buscan a sus hombres.
Pancha encuentra a su soldado, Juan.
Lo agasaja con un pollo asado y tortillas calien­
tes.
Terminada la comida, Juan descansa su cabeza
sobre el regazo de Pancha y canturrea acompa­
ñando a ias guitarras que suenan.
Adelita es el nombre de la canción, y esta can­
ción es el leitmotiv de Soldadera.
Dominado por el agotamiento se queda dormido
y su estentóreo ronquido se junta al coro general
de ronquidos de los soldados durmiendo.
Pancha le lava la camisa y limpia su revólver.
Al amanecer, cuando aún repercute en el de­
sierto el eco del roncar de los soldados, rancha
coloca cinco o seis cartuchos en el revólver de
Juan y lo deja a su lado.
Ella guarda su menaje en el gran saco y ponién­
doselo a la espalda se une a la columna de mujeres
que continúan su interminable peregrinaje.
Oprimidas por sus pesadas cargas, tratando de
calmar a los niños llorosos; mascando los restos
de ¡as tortillas del desayuno, el montón de mujeres
marcha a lo largo del polvoriento y desierto camino.
De pronto, la voz fuerte del autor interpela
a Pancha:
—Dí, “ Soldadera” . ..
Pancha se detiene, vuelve la cabeza hacia la
cámara, primero, encarándose simplemente; luego,
llevándose el índice al pecho, inquiere silenciosa­
mente:
—¿La ha llamado?
La voz de nuevo:
—Mujer, adónde vas?
Ella pensativa, sonríe enigmáticamente, se en­
coje de hombros, como no sabiendo qué decir, y
hace con las manos el gesto amplio con el cual
saben las mujeres acompañar un:
—¿Quién sa be?...
Es arrastrada hacia adelante por la avalancha
de mujeres y se pierde en la moviente masa huma­
na y en el polvo que pone un velo a todas las cosas
frente al ojo humano.
Ametralladoras están bramando.
Se oye el grito de la caballería.
Una batalla estalla.
Juan lucha como los demás soldados.
Descarga su revólver.
Grita: “ . .o r a . . . arriba... ¡a dela n te!...”
Corre al asalto entre granadas que explotan.
Bajo los vagones de un tren de carga las “ sol­
daderas” ruegan por sus hombres en lucha.
Han colgado a sus “ santos” —las santas imáge­
nes de su más cara devoción— de las ruedas del
tren y colocan las pequeñas lámparas votivas sobre
los resortes del eje del vagón.
Las ametralladoras callan.
El tiroteo disminuye.
No se oyen más los gritos de los soldados.
Las soldaderas avanzan hacia la cabecera del
tren, hasta la locomotora y desde allí observan
en dirección de la batalla que termina.
Las soldaderas corren a encontrarse con ellos,
escrutan sus rostros.
Inquieren... “ ¿Ha visto a mi hombre?”
Pancha, excitada, busca a Juan.
—Aquí lo traen herido.
Pancha corre hacia él.
Descubre su ca ra ...
—No, éste no es é l...
Las soldaderas descubren las heridas, las curan
según su mejor conocimiento. Aplican tortillas
sobre las heridas y las atan con fibras de sauce.
Juan está vivo y sano pero preocupado, y debe
subir al vagón de su tropa, pues los oficiales y las
locomotoras dan los silbidos de partida.
Habiéndolo visto subir al tren, Pancha trepa
a la plataforma de la locomotora.
La voz airada del centinela la interpela:
—¿Qué lleva bajo la manta?
Y levantando su rebozo, Pancha responde tran­
quilamente:
—¡Quién sabe, señor; puede ser una niña, o
quizás un v a r ó n ...!”
Las tropas parten ruidosamente. En los atesta­
dos vagones los soldados cantan Adelita. Y sobre
los techos, las soldaderas, con sus cocinas y niños,
están agazapadas tomo cuervos.
Han encendido fuego sobre los techos de hierro
y el voleo de las palmas haciendo tortillas parece
competir con el rechinar de las ruedas del tren.
El tren miiltar desparace en la oscuridad de la
noche.
Al romper el nuevo día el fogonero, cubierto de
hollín, salta de vagón a vagón en el tren en mo­
vimiento —cruza por sobre las mujeres y niños
viajeros.
En uno de los vagones se tiende, pegado de
barriga al techo, y grita a través de la puerta
abierta...
Respondiendo al llamado, Juan, ayudado por sus
camaradas, trepa al techo.
El chirrido del tren ahoga las palabras de men­
saje que el fogonero ha traído a Juan.
Corren ligero hacia la locomotora, asustando a
las mujeres echadas y al llegar a destino bajan
a la plataforma delantera.
Bajo las ropas colgadas para secar sobre los
faroles, bajo la ropa interior de los soldados on­
deando al viento, cerca de la hoguera resplande­
ciente, Pancha está sentada con un bebé recién
nacido.

23

Y el mismo malhumorado guardia sentado junto
a ella, cerca de una ametralladora, le pregunta a
Pancha:
—¿Es niña o varón?
Entre las montañas, junto a las nubes, reso­
plando con esfuerzo en los trechos en pendiente, el
tren militar avanza.
¡Otra batalla!...
De nuevo el repiqueteo de las ametralladoras...
De nuevo las soldaderas aguardando la vuelta
de los soldados heridos...
Esta vez Juan no regresa.
Y cuando la lucha ha terminado, Pancha encuen­
tra el cuerpo de su marido entre las ruinas hu­
meantes. . . Forma una pila de piedras, le construye
una primitiva lápida, le teje una cruz de ju n co ...
Toma su fusil, su cartuchera, su hijo, y sigue
lentamente al cansado ejército que avanza.
Sus piernas apenas pueden soportar a su cuerpo,
que pesa bajo la carga del dolor y del cansancio.
El mismo adusto soldado se acerca, entonces, a
ella y le toma el niño. Pancha se apoya en el
fuerte brazo de su nuevo marido para no caer y
quedarse atrás del ejército.
“ Adelita” es la canción que tocan las cansadas
bandas, desafinada y fuera de ritmo.
El ejército se ha preparado para un ataque, pero
el pueblo de la ciudad se acerca y explica.
La guerra civil ha terminado.
La revolución ha triunfado
Ya no es necesario que Mejicanos luchen contra
Mejicanos.
La banda de cobres descubre una nueva fuente
de energía que le permite tocar “Adelita” vigorosa,
solemne y triunfalmente.
Como estrépitos de trueno retumban los vivas
triunfantes sobre las cabezas de los soldados.
Los ejércitos fraternizan.
En el estandarte se puede descifrar la última
palabra de su lema.
Hacia la Revolución.
Hacia una Nueva V ida... dice la voz del autor.
Hacia una nueva V ida!...
EPILOGO
Lugar y época — México moderno
• «i00
hoy en el camln&lt;&gt; de paz, prosperidad
y civilización.
F^ ^¿cas' *errocarr^es- puertos con enormes bar­
cos; Chapultepec, castillo, parques, museos, escuelas
campos de deportes.
El pueblo de hoy.
Jefes de la Nación — Generales — Ingenieros —
Aviadores.
Constructores del nuevo México.
Y niños — el futuro pueblo del futuro México.
El trabajo en las fábricas.
El silbido de las hélices.
El chiflido de las plantas industriales.
M oderno... Civilizado... Industrial... — México
aparece en la pantalla.
Carreteras, diques, ferrocarriles...
La animación de una gran ciudad.
Maquinaria nueva — Casas nuevas — Gentes
nuevas.
Aviadores — Chauffeurs — Ingenieros — Oficiales — Técnicos — Estudiantes — Expertos agrícolas.
Y los Jefes de la Nación, el Presidente, Generales.
Ministros. Vida, actividad, obra de un nuevo, enér­
gico pueblo... pero si os acercáis, vuestros ojos
encontrarán en el campo y en la ciudad las mismas
caras. Caras con íntimo parecido con las de aque­
llos que oficiaban los funerales de la antigüedad en
Yucatán, de aquellos que danzaban en Tehuantepecde aquellos que cantaban el “ Alabado” detrás dé
los altos muros, de aquellos que con extraños trajes
danzaban alrededor de los templos, de aquellos que
peleaban y morían en las batallas de la revolución.
Las mismas caras — pero un pueblo diferente.
Una patria diferente, una nueva y civilizada
nación.
Pero, ¿qué es ésto?
Tras el bufido de las máquinas de las fábricas.
Tras el desfile de las tropas modernas.
Tras las arengas del Presidente y las órdenes de
los Generales — La Muerte avanza danzando!
No precisamente una, sino muchas muertes; mu­
chas calaveras, esqueletos...
¿Qué es esto?
Esto es el Desfile de Carnaval.
El más original y tradicional desfile: “ CALA­
VERA” , día de la muerte.
Es un día mexicano notable, cuando los mexicanos
recuerdan el pasado y muestran su desprecio a la
muerte.
El film comenzó con el reino de la muerte.
Con la victoria de la vida sobre la muerte, sobre
las influencias del pasado — termina el film.
La vida desborda por debajo de los esqueletos
de cartón, la vida se derrama avanzando, la muerte
retrocede, desaparece.
Un alegre indiecito se quita cuidadosamente su
máscara de la muerte y sonríe con sonrisa conta­
giosa — él personifica el nuevo México que crece.

Con motivo de su viaje a Río, y por falta de tiempo,
Horacio Cóppola ha dejado la dirección de esta sec­
ción, reemplazándolo León Klimovsky.
Cóppola su eficaz colaboración.

Agradecemos a

�O -

CONCESION N° 3129

O
m *“
8 0 Z

TARIFA

Jü ►- &lt;

Latitud
REVISTA MENSUAL DE ARTES Y LETRAS

Precio del ejemplar $

"Mujer del pueblo", óleo de Castagnino.

-

AVDA. CORDOBA 836

-

&lt; U

BS. AS.

-

FRANQUEO PAGADO

OZ_,

R E D U C ID A

CONCESION N9 2684

U. T. 32-0470

0.50

(Soc. Argent. de Artivtas Plásticos).

P. Vallery Radot, presidente de la embajada cultural Francesa.

Una escena de "Les Visiteurs du Soir", último film de Carné.

"Lobarrenechea", óleo de Spilimbergo expuesto en "AMAUTA".

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX LATITUD

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                  <text>Ejemplares 1 a 5/6 del año 1 de la revista Latitud, publicados en el año 1945.</text>
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                <text>Puiggros, Rodolfo&#13;
Thénon, Jorge&#13;
Barreiro, José P.&#13;
Amorim, Enrique&#13;
Flaumbaum, Isidoro&#13;
Riet, Lázaro&#13;
González Lanuza&#13;
Caillois, Roger&#13;
Oliver, María Rosa&#13;
Mingo, Carlos F.&#13;
Fevralski, A.&#13;
Canto, Estela&#13;
Falcini, Luis&#13;
Viera, Venancio&#13;
Berni, Antonio&#13;
Téry, Simone&#13;
Hurtado, Leopoldo&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Soloni, Félix&#13;
Fontini, Norberto&#13;
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Sabella, Andrés&#13;
Klimovsky, León</text>
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                    <text>Para

els u r c o f e r a z

de

nuestra

tierr

m ejor

s im i ente

de

la

H um anidad

�D em ocra cia
R efo rm a t n iversitaria
D IR E C C IO N
Y A D M IN IS T R A C IO N
Av. C ó r d o b a 836 - B s. A s. - U .T . 32-0470

EDITOR

Rubén Xúñez
i)

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ACTUALIDAD

Jorge Thénon

LETRAS

i

Enrique

M USIC A

Leopoldo Hurlado

TEATRO

María Rosa 01 iver
P

PIN T UR A Y G R A B A D O

Antonio Berni

M A P A C O NTIN EN TAL
IT; _ .

Norberto A. Frontini

L a Reforma Universitaria surgió como un m ovim iento renovador y democrático de
los estudiantes argentinos, al fin de la primera guerra mundial. Coincidió su aparición, no
por mero azar, con la derrota del im perialism o alemán y el triunfo de las armas de Ingla­
terra, Francia y Estados Unidos. La Reforma apareció como una necesidad impuesta por
la situación intrínseca de la Universidad, pero reflejaba los efectos de acontecim ientos
internos y externos que elevaban el nivel político de los pueblos, esperanzados en el triun­
fo de la libertad en los campos de batalla de Europa. La R evolución rusa fue el saldo de
la guerra y aunque los aliados de entonces lanzaron sus ejércitos contra la joven República
para contener la R evolución, no pudieron im pedir que su ejem plo y su influencia se pro­
pagaran a todos los rincones de la tierra.
La Reforma triunfó, no sólo porque sus consignas eran justas en el orden universi­
tario, sino porque el clima democrático reinante en la Argentina y en el mundo favoreció
su desarrollo, im prim iendo a sus proclamas ese acento heroico que propagó sus principios
a toda la América hispana. Cuando se hablaba de la Reforma, todos presentíam os en ella
algo más profundo y general, que tocaba al corazón del patriota más que a la inteligencia
del universitario. Es que ella no era tan sólo un conjunto de postulados concernientes a
la organización técnica y administrativa de los estudios superiores; poseía además un
contenido social, pues abría la Universidad a grandes sectores de la población y mediante
la extensión universitaria procuraba llevar al pueblo los conocim ientos que hasta entonces
constituían el privilegio de grupos reducidos. Aunque muchos de sus postulados eran
utópicos, pues chocaban con una organización político-económ ica que tornaba ilusoria la
mayor parte de las promesas reformistas, fué grande su influencia en la Universidad y penetró
como un soplo vivificante en los claustros húm edos y oscuros, reveló nuevos valores y
elevó, sin duda, la calidad de la cultura superior.
Los estudiantes del 18 creyeron derribar una Bastilla de la reacción, un fuerte reducto
de la oligarquía y el clero, un organismo vetusto y herm ético, im penetrable a toda in­
quietud y hostil al progreso técnico y científico. Sin duda era así, pero confiaron en de­
masía en el valor intrínseco de la Universidad y en la propagación de su influencia bien­
hechora sobre la marcha del país. No advirtieron entonces, como lo advierten hoy, que las
alternativas políticas de la República repercuten inevitablem ente sobre la Universidad.
El gobierno de Uriburu asestó un gran golpe a la autonomía universitaria, suprim ió el es­
tatuto reformista y apeló, cuando fué menester, a los m étodos dulces y persuasivos de la
policía política.
La situación universitaria refleja desde entonces, con claridad meridiana, el estado de
cosas imperante en el país. A medida que el fraude electoral, la impostura y el perjurio
se convertían en prácticas republicanas, los centros de estudios se corrompían: el asalto a
las posiciones públicas estimulaba el asalto de las cátedras. Los estudiantes, desalojados ya
de toda función electiva o administrativa, observaban la corrupción de las costum bres; la
lucha por las cátedras tomaba a veces el carácter de una pelea entre fieras, en que los con­
trincantes acudían a todos los recursos: el soborno, la intriga o la calumnia, o rivalizaban
en la conquista de influencias de caudillos, funcionarios y hasta sacerdotes. Los estudiantes
comprobaban con asombro que aquello que aprendían en los textos no tenía aplicación
en la práctica; que la virtud era una debilidad de carácter y que el éxito a cualquier
precio revelaba talento y capacidad. Observaron asim ism o que alguno de sus profesores, en
función de m inistro, encontraba en las más remotas comarcas — casi siempre en Massachussets— la jurisprudencia que justificaba todas las violaciones de la ley; y que otro profesor
no menos famoso y en igual trance, elaboraba un código penal que negaba el espíritu y
la letra de la Constitución que decía defender.
Mas a pesar de todas las decepciones y derrotas, los estudiantes mantuvieron encen­
dida la luz de la Reforma. Sus organismos reformistas, a través de los Centros y Uniones
estudiantiles, luenaron con denuedo por la dignidad de la cultura superior. Sobrevino una
gran pausa; la juventud se recogió en silencio, conservando sin embargo, como lo demostró
en estos días, su fervor democrático y una gran com prensión política, fruto inesperado
del m ovim iento de junio del 43. Este m ovim iento, a su vez, llevó hasta sus últimas con­
secuencias. en el orden universitario, la obra desquiciadora de los gobiernos que la pre­
cedieron. Cada ministro e interventor, sin autoridad ni jerarquía — cuesta ya recordar sus
nombres— llegaba al recinto universitario y, como un ilum inado, vaticinaba el adveni­
miento de una nueva era, fundada en las concepciones políticas del nazismo y el falan­
gismo, sellados con el cuño de la tiranía de Rosas.
El fascismo criollo, hoy en declinación, al adueñarse temporariamente de la Univer­
sidad. demostró en la práctica los vínculos que la unen al Estado. Su lección no ha sido
estéril para los profesores y estudiantes reformistas que no se conforman con la “normalización universitaria” y reclaman el retorno a la vigencia de la Constitución. Nada puede
construirse sobre la arbitrariedad, fuera de las normas de laley, a las cuales deben acata­
m iento por igual los poderes del Estado y el ciudadano más hum ilde. Los estudiantes han
com prendido que una Universidad autónoma no puede subsistir erguida y desafiante como
una fortaleza en medio de un vasto territorio donde reina la ilegalidad y pende sobre
cada ciudadano la amenaza de la fuerza.

�Jiuenos Airea ■Arp^nn.. ,
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P a r á b o l a tlvl S a b io #/ #*/ P o r r o
t i sabio profesor Lapicque. m undialm ente conocido por su cronaxímetro. destinado al
estudio de la corriente nerviosa, ha declarado que durante la ocupación alemana los sabios
franceses fueron som etidos a privaciones extraordinarias, que im posibilitaron la investigación
y el estudio. Lanzados a la lucha ilegal contra el invasor y la Gestapo, cooperaron con los
maquis en el m ovim iento de la liberación. El hambre llegó a ser tan agudo —cuenta Lapicque— que él y su familia debieron alimentarse sacrificando los perros y otros animales
destinados a la experim entación. Tal es, en resumen, la noticia publicada por “La France
N ou velle”, en la segunda semana de marzo.
Han transcurrido ya ocho años desde aquella noche, tan grata para mi. en que el profe­
sor Lapicque pronunció en la Sorbona su conferencia sobre “La l .R.S.S. vista por un fisió­
logo”. Comenzó expresando su fe en la democracia, su desprecio por las dictaduras. Se
consideraba un francés m edio, racionalista, equilibrado, hijo de un país privilegiado, en el
que la Victoria Alada habíase quitado la sandalia.
~Fuí a la U.R.S.S. por invitación del Gran Pavlov al Congreso Internacional de F isio­
logía de Moscú. De otro modo — añadió— no hubiese ido”. Recuerdo la conferencia casi
literalm ente, porque siempre me ha conm ovido el espectáculo de estas grandes inteligencias,
que crean y producen a veces cosas maravillosas, pero sin cuidarse de lo que les rodea, sin
examinar el suelo que pisan, sin averiguar la procedencia y destino de su creación en el
proceso y desarrollo humano. A islados en su disciplina, en el recinto de su propia colmena,
creen que no les incum be pensar en las causas sociales e históricas que im prim en su rumbo
al progreso técnico.
Cuando las fuerzas se agruparon en los prelim inares de la gran contienda, muchos sabios
permanecieron indiferentes o perplejos frente a los acontecim ientos, cuando no se plegaron
por ignorancia a la fuerza desquiciadora que bajo la férula de los tiranos preparaba el de­
rrumbe de la cultura. Muchos de ellos salieron del error cuando la soldadesca y la policía
política invadieron las Ldiversidades y encarcelaron, desterraron o dieron muerte a los in ­
telectuales que habían incurrido en el delito de opinar contra la guerra y el racismo.
Los sabios alejados de aquellos países en que imperaba ya la reacción política, abrigaron.
—como Lapicque— la ilusión de que Francia podía permanecer indem ne por la sola virtud
de su tradición liberal. Cerrando los ojos y tapándose los oídos al clamor de los pueblos
avasallados, creyeron retardar el ritmo de los acontecim ientos, cuando no im pedirlos.
Lapicque fué a la U.R.S.S. como el observador que llega de un mundo lejano, ajeno a
la órbita de su sistema, deseoso de juzgar equitativam ente los adelantos de la Unión Sovié­
tica, prescindiendo de su estructura político-económ ica. Quería saber si el obrero y el paisano
eran felices, si poseían su vaca y sus enseres, a la manera del campesino francés. Habituado
a pensar, en su laboratorio, de acuerdo con los principios del determ inism o y la evolución,
se apartaba de ellos en el examen del nuevo mundo de la revolución proletaria y no podía
concebir que la conciencia de los hombres nuevos de aquel continente hubiera cambiado como
consecuencia del cambio social, económ ico y político iniciado en octubre de 1917. Creía
honestamente que él era el hombre, expresión de valores estables, eternos, en quién todas
las posibilidades de desarrollo estaban dadas, sin necesidad de cambio alguno en el orden
de la convivencia. Encontró en Rusia cosas notables que reconoció sin reservas. Mientras
su laboratorio de París se desenvolvía penosamente, con pequeños aportes del Estado, insu­
ficientes al extremo de requerir su sacrificio personal, en la U.R.S.S. —afirm ó— funcionan
muchos laboratorios sim ilares en que los jóvenes fisiólogos rusos habían realizado innova­
ciones con su propio cronaxímetro. sin que él tuviera de ellos la menor noticia. Y pensar que
si no hubiera sido por Pavlov. Lapicque no hubiese ido a la l .R.S.S. !
Mas, ¿qué significaba todo ésto para un sabio que aborrecía “las dictaduras” y que
identificaba los regím enes según el aspecto exterior, desconociendo su procedencia y el rumbo
general de su desarrollo?
Era necesario sugerir a los franceses que imitaran lo bueno y probar que sin dictadura
del proletariado era posible superar los defectos y atrasos de la técnica. Consideraba que
en Francia se podían lograr aquellos adelantos, el mismo respeto por la ciencia, el formidable
apoyo que el gobierno soviético prestaba a la investigación científica. Lapicque no advertía
el grado de penetración de la fuerza desorganizadora del fascismo en el seno de su propio
país; la intriga, el soborno, la traición. Mientras él medía el paso de la corriente nerviosa,
el Comité Des Forges vendía a Alemania el hierro de Lorena y triunfaba la política de com ­
placer al agresor en Etiopía, Munich, España. La dictadura proletaria no sólo protegía y es­
timulaba a sus sabios, según revelaba Lapicque, pues al mismo tiem po perseguía sin tregua
el espionaje, el sabotaje, neutralizaba la política internacional de guerra y se esforzaba en
crear una industria pesada que diera eficiencia al poder combativo del ejército y del pueblo.
Entendía así proteger al hombre de ciencia que de otro modo hubiera sucum bido. Lapicque
no com prendió esta dura necesidad y retornó a la blanda y tolerante “dem ocracia” francesa,
impregnada de enem igos y espías que labraban su desdicha.
Los años pasaron con su cortejo de dolor y de muerte. La tormenta de acero arrasó el
suelo sagrado de Francia. Y fué el pueblo ruso, organizado por aquella “dictadura”, el que
libró la batalla decisiva, que auguró para Francia el renacim iento de la libertad y para La­
picque la posibilidad de retornar al trabajo que sólo fructifica en la seguridad de sus fines
y la continuidad de su desarrollo. Stalingrado fué la respuesta generosa al francés m edio,
equilibrado j justo que Lapicque representaba. El sabio ha com prendido; las desdichas e
infortunios de su patria han esclarecido al fin su conciencia, ha reconocido el poder amigo
del progreso y de la cultura en el alma del pueblo socialista. El sacrificio de los perros de
Lapicque no ha sido vano.
J.
3

T.

Franklin D. Roosevelt, cuya desaparición enluta a todos
los demócratas del mundo, firmando la "Ley de prés­
tamos y arriendos".

PSJCOM. OOMA
PE LAS MASAS

Lospsicólogos
y psiquiatras han estudiad
la psicología de las
multittomando como
ejem plo sus manifestaciones explosivas y violen­
tas: el m otín, la rebelión armada. Gustavo Le
Bon,
en su "Psicología política’’ y Ortega y
sset, en la “
Rebelión de las han conver­
tido esos hechos aislados en factores decisivos
del m ovim iento histórico. Recuérdese sino el
hecho parado jal de
un pueblo ham briento q
asalta las panaderías y las quem a en lugar de
comer el pan. El filósofo español ha escrito m u­
chas páginas sobre ese hecho, que generaliza al
punto de no decir cuándo y dónde ocurrió.
Con excepción de Freud que, más penetrante
y audaz, sometió al análisis al ejército y la igle­
sia, todos, en suma, han estudiado las expansio­
nes colectivas, no los retraim ientos silenciosos.
Con m otivo de la declaración de guerra de
nuestro país al Eje, el pueblo argentino ha ofre­
cido una manifestación silenciosa que llamará
la atención de los psicólogos. Este pueblo, in te­
ligente y sensible como pocos, estuvo con las N a­
ciones Lnidas desde el com ienzo de
guerra.
La ayuda que prestó a los com batientes fué
mayor y m ejor organizada en toda América. A l­
canzaron contornos im ponentes las pocas m ani­
festaciones populares perm itidas en las grandes
ocasiones. La peregrinación a
Plaza Francia,
con m otivo de la liberación de París, repercutió
en el m undo entero.
Luego de todos estos antecedentes, el gobier­
no declara
la guerra
al Eje, y el p
nece apático, frío, casi indiferente. ¿Puede in ­
terpretarse ésta como una reacción parado jal
dentro de las leyes de
psicología de las
sas?
La explicación de esta actitud de nuestro pue­
blo está en todos los estratos del alma de sus
ciudadanos, que tem en
laprolongación de
galidad im perante, que el estado de sitio se con­
vierta en una necesidad de guerra, como ha sido
declarado antes necesidad de tiem po de paz; que
tem en
la prolongación de este estado de cosas,
el continuism o, y desean participar en los asun­
tos mundiales a través de representantes libre­
m ente elegidos.
El pueblo no ha acudido a la Plaza de Mayo
a aclamar a sus gobernantes, en el dramático
m om ento en que, aparentem ente, se cum plen
sus deseos. L ríase a la declaración de guerra el
llamado a elecciones generales, librem ente rea­
lizadas, y se verá dónde está el pueblo.
J.

T.

�• »

Viva

9 9

lamuerte, muera

Q u é indignación, prim ero; qué colera luego; qué
ansias de venganza subieron a m i garganta después de
lento proceso. al caer el telón en el últim o acto del último
drama de Federico García Lorca. Porque allí termina la
marcha ascendente del más grande ingenio de la España
contemporánea. Pensé que no existirán cenizas de García
Lorca, porqu e sus huesos han de mantenerse como astas
de nuestras invisibles banderas. Recién ahora, en 1945.
al estrenarse “La Casa de Bernarda Alba", puedo penosa­
mente despojarm e del nom bre familiar de Federico.
Ahora es García Lorca, el gran dramaturgo, cien veces
asesinado por los que todavía giran en torno al dictador.
¡Cuánto ha perdido el teatro de nuestra lengua! Nos
faltaba esta obra postuma para contemplar las d im e n ­
siones de su preclaro genio creador. Quizás por esta
patética comprobación se nos enciende un oscuro deseo
de venganza. No existe un culpable absoluto, pero exis­
ten sí, cientos de intelectuales del otro lado, en el campo
enemigo. Porque no nos engañemos, todavía continúa
la batalla. A l caer el telón del Teatro Avenida, con una
Margarita Xirgú transida, deshecha, em pezó a crecer la
marea de la indignación. Nos hemos conformado d e ­
masiado con llamarlo por su nombre, Federico, y, en su
homenaje, al nombrarlo familiarmente, perdonar a Caín.
Demos por terminados los funerales del hermano. A h o ­
ra empieza a padecerse la muerte del extraordinario
dram aturgo, al convencernos que ya no nos quedan
posibilidades de renovar nuestra admiración. Con “La
Casa de Bernarda Alba”, termina la trayectoria del poeta.
Es la muerte misma de García Lorca. N i un paso más
dará su portentoso ingenio. Y esta idea es la que en­
ciende la cólera. Aquí termina el autor dramático que
deslum bró al mundo, pero él debe animarnos en la
lucha contra aquellos que gritaron en Salamanca: ¡Viva
la muerte, muera la inteligencia! ¿O es que la inteli­
gencia no sabe vengarse? ¿O es que ya nadie recuerda
el grito indigno? ¿Es tan im probable que le volvamos
a oír? Si la inteligencia está de nuestro lado y con ella
la Belleza y la Poesía, no perm itamos que una vez más
un puñado de pólvora nos ahogue la garganta. Inteli­
gencia se hizo sinónimo de indulgencia, y también de
tolerancia. Pero los tiempos actuales no son de indul­
gencia, porque se nos acusa de blandura y cobardía.
Aquel grito indigno no debe atravesar el tiempo. Del
otro lado, en el bando enemigo, no hay nadie en quién
vengarse, porqu e nadie vale una descarga de ametralla­
dora. Los pocos que quedan, rehuyen el encuentro con
los fervorosos de l poeta granadino. La otra España —ya
sobre la tierra mancillada o ausente de la península—
/a propagandista de turbios totalitarios ¡qué menguada
sim iente arroja sobre el suelo americano! . . . La poesía
de los Alberti y León Felipe, se adelanta en el tiem po
por el cielo de una España ya liberada. La poesía de
los hom bres libres. Y conviene tener en cuenta que de
la guerra de l 14 ninguna inteligencia dejó un alegato
a favor de la barbarie. ¿D ón de está el Remarque del
bando contrario? ¿Quién escribió en la presente gue­
rra, de sde el otro lado de la barricada, un libro como
“La luna se ha puesto” ? ¿Qué novela, qué cuento, qué
relato han escrito los que oficiaron de quintacolumnistas,
los colaboracionistas de la presente contienda? ¿Algún
poeta cantó a los “quisling”, como Machado a Lister?
Sólo quedan algunos picos de gas. aún abiertos; todavía
se balancean algunas cuerdas siniestras. La poesía no
floreció en el bando de los que humillaron a Salamanca.
Un año antes de la muerte de Federico, yo anduve
con él por las calles de Madrid. Recuerdo que imaginé
su muerte y me hice esta pregunta: ¿Cóm o se sentirá
la desaparición de alguién a quien uno quiere y, al
mismo tiempo, admiran las multitudes? Supe bien pron­
to cómo se sufre la muerte del amigo. No sabía, hata
ayer, cuánto se padecía la muerte de aquel a quién el
mundo admira. Pasó como compartida, diluida entre
gente que le lloraba sin conocerle.
Paz en la tumba de Federico. Grito de alerta desde
los huesos de García Lorca.
E.

A

Foto inédita de Federico, con Ma­
ría Teresa León y Rafael Alberti

Dibujo de LUIS SEOANE para el libro de Alberti "Eh! los toros"

Llanto por
Ignacio Sánchez Mejías
(Fragmento)
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.

tu perfil y
gracia.
tu conocimiento.

Yo canto para luego
La madurez insigne de

Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.
FEDERICO GARCIA LORCA

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A r t e

R E S P U E S T A S A UNA
ENCUESTA

'

Contesta

MAX
DICKMANN

Contesta

ARTURO
SERRANO
PLAJA
¿POR QUE ESCRIBE USTED?
Si no hubiera de p a re cer dem a sia d o insolente,
diría: p o rq u e m e da la gana. Mas para e vita r gro­
serías, diré que p o r vo ca ció n , cosa que en el fondo
vien e a se r lo misino.
Intentaré ex p lica rm e m ed ia n te una an écdota:
A los diez años, pocos m eses des pués de ingresar
en el Real Colegio de Alfonso XIII de San L o ren ­
zo de El Escorial, regen tado por los RR. PP. A g u s ­
tin os, un grupo de co m p a ñ ero s y yo decidim os
escalar el Pico de Abantos, c u m b re de aquellas
serranías. Hicim os la proeza de escalar los m il y
tan tos m e tro s y , en la euforia de la altu ra , supon go
que a título de co n m em oració n gloriosa, surgió el
p ro y ecto de hacer un relato escrito de la e x c u r ­
sión. Al día sig u ien te, cu ando de n u evo nos re u n i­
m o s, re su lté ser el único que había to m a d o en serio
el p r o y e c to (cosa que m e d ep r im ió ); m is cuartillas,
arreb atadas po r el m a y o r de mis amigos, fuero n a
pa rar a m an os del P. G e r a rd o , quien las leyó (lo
que m e p ro d u jo p rofu n da ver g ü en za ) y finalm ente,
publicada s en el “Cuadro de Honor** de la Revista
del colegio, siendo ésa la p rim er a y ú ltim a ve z
que m i n o m b re f ig u r ó , a lo largo de todo el b a ­
chillerato, en el citado “ Cu adro**. Dicho honor,
pasados los p rim ero s m o m e n to s de bochorno, tu vo
la v i r tu d de enso b e rb ece rm e hasta el p u n to de
cr eerm e re d im id o para sie m p r e en lo re lativo a mi
obligación de a p re n d e r a d ivid ir o en cuanto a
sa berm e la tabla de multiplicar.
Pero ocurrió que el P. Regino —que en aquel
curso de ingreso era nuestro ex clusiv o profesor y
que, dicho sea de p aso, no debía c o m p a rtir m i
pu nto de vista sobr e m is tareas escolares— nos
anunció p o r aqu ellos días que hab íamos de reah zar
un ejercicio de compos ición; y acto seguido nos
fué ad m in istra n d o temas. Al llegar a m í me ord enó
que escribiese un artículo sobre el p a rtido de “f ú t ­
bol" habido el di a an terio r en tre los alum nos de
“prim a ria ” y “primero*9. Y p a re cién d o m e que la
palabra “a rtícu lo ” —artículo 37, p o r ejem p lo— d e­
bía q u ere r de cir reglam ento, hice cu anto p u d e y
supe para especificar lo que en ten día —o no en ­
tendía— en relación con los diversos “offsid es”,
“p e n a l t y s ”, etc., en que mis condisc ípulos habían
incurrido. Creo que el hecho de se r aquello un
ejercicio m e inclinaba pa rticu la rm en te a esa i n te r­
pretación de la palabra artículo.

tú eras tonto**) y ro m p ió el escaso fru to de mis
afanes. A c to seguido m e dió un capón, y m e o r d e ­
nó p e r m a n e c e r de rodillas en el aula dura nte el
tiem p o ded icado h a b itu a lm en te a recreo.
Estoy seguro d e que aquel día se acabaron mis
veleid a d es con lo que m e a tre v e ría a llam ar la
“fam a literaria** de que había gozado, du ran te b r e ­
ve s días, ¡ay! fren te a d iverso s m ie m b r o s de mi
familia. Mas si las palabras del P. Regino m e in cu l­
caron la in eq u ívo ca noción de m is escasas d otes
m entales (“t o n te ría ”), no p o r eso se alteró en mí lo
que ahura m e im p o rta señalar. Dura nte aquel m i s ­
mo curso, y en un len guaje cu y a filológica clave
sólo p ose íamos un p rim o m ío y yo, escribí algo asi
como una c o m ed ia -relá m p a g o no destin ada a la p u ­
blicidad. P ie za que, a la larga, ha ve n id o a ser
para m í como la piedra de toque de m i vocación.
Porq ue si, a pesar de todo, v o l v í en tonces a escribir
—aunqu e no, claro está, artícu los— era e v id e n te
que m e daba la gana de hacerlo, era e v id e n te que
nunca habría de tro p e za r con m a y o r resistencia
a escribir.
Quiero aclarar que contesto como lo hago t e n i e n ­
do m u y pre sen te el estricto se ntido de la pregun ta
que form ula “L atitud” : “ ¿Por qué escribe usted?**
y no, como ejem p lo de v a ria nte conceptu al “ . .P a ra
qué escribe usted ? ”
¿SU M A Y O R AM BICION LITERARI A?
Mi m a y o r ambición, en lo esencial, ha sido ya
realizada. P o rq u e un día de rela tiva calm a en el
fren te del Ebro, d ura nte la guerra que so stu vo mi
pueblo contra el fascismo internacional, hube de ir
a p a ra r a una batería dos de cu yos artilleros esta ­
ban leyen d o un libro. Me acerqué a ellos y el libro
resultó ser de versos, titu la d o “El h o m b re y el
tr a b a jo ” apare cido hacía poco t iem p o en Barcelona
y firm a d o p o r el que suscribe estas líneas.
Au n q u e nunca ja m á s hubiese de alcanzar otro
éx ito literario tan increíble, la sola esperanza de
que un libro m ío hallase lector como aquellos, sos­
tendría m i voca ción no años, siglos. Y aún cu ando
tu viese la negra ce rteza de que tal hecho no habría
de pro ducirse nunca más, to d a vía m e habría de
sentir ín tim a m e n te justificado, en m i conciencia
de escritor, si acaso estuvie se seguro de haber co­
municado lo que puse en uno solo de mis verso s a
uno solo de aquellos artilleros.
Porq ue aquellos h om bres eran no sólo pueblo, y
pu eblo al que más amo, sino h o m b res del pueblo
en trance de a firm ar una v e z más, en su eje m p la r
historia, su dign idad de tal, su radical v o lu n ta d de
existe nc ia libre, su jera rq u ía de h o m b res libres.
¿Necesitaré, des pués de to do éso, re p etir las p a la ­
bras de don A n ton io Machado : “ ¡Escribir para el
pueblo! ¿Qué más quisiera y o ? . . . ”
¿QUE P R E P A R A P A R A EL FUTURO?
Creo que está po r aparecer un libro de v e r s o s ,
selección de dos libros m íos ya publica dos en Es­
paña, y de otro inédito recogiendo algunas c o m p o ­
siciones inéditas escritas en Francia, en Chile y
Argen tina, es decir, en el destie rro. Intento, a d e ­
más, concluir una n ovela que, de llegar a buen fin,
se titularía “El otro m u n d o ”.

Todos m is com pañ eros habían ya con clu ido su
redacción y aun estaba yo p en an do con la mía.
El P. Regino se acercó con aire de impa ciencia
m u y fácil de ad ivin a r p o r el m o d o peren torio de
a rrebatarm e el p apel en que yo escribía. Lo tom ó
en sus manos, com en zó a leer lo , em itió en alta v o z
una opinión que m e afectaba (“Si ya decía yo que

F lo ren cio
¿P odría om itir L A T I T U D en este número el
nom bre de Florencio Sánchez ' La obra del autor
de uLa Gringa” y de “M ’hijo el dolor”, de “Ba­
rranca abajo” y de “En familia”, representa, para
el teatro rioplatense, el prim er paso en el camino
de un arte realista, la primera tentativa — en
considerable proporción lograda— de creación
dramática inspirada en la realidad social y hu­
mana de nuestro medio. No quita valor a esta
afirmación la circunstancia de que el teatro de
Sánchez sea, en sus primeras expresiones parti­
cularmente, más uruguayo que argentino. Lo
cierto, lo válido, es que cuando se estrena “W h i jo el do to r”, allá por el año 1903, en el viejo
Teatro de la Comedia, dirigido p or Ezequiel

Soria, su representación constituyó un aconteci­
miento desconcertante. La buena voluntad de
aquellos precursores — los Podestá, Soria, Trejo,
García Velloso, Martín Coronado— no había lo­
grado realizar, fuera de unos atisbos de trasplan­
tes, otro teatro que un teatro de criollismo con­
vencional, de gauchos caballerescos y problemas
de honor de declamatoria ascendencia peninsular.
Frente a aquella literatura teatral absolutamente
desvinculada de toda realidad humana y social,
Sánchez representa la contrafigura de la retórica,
la presencia cálida y conmovedora de lo verda­
dero. Su mérito fundamental es éste. Su mérito
y lo indiscutible. Lo demás ahí está, a someterse
todavía al análisis y a la estimación crítica.
C.
5

I.

¿POR QUE ESCRIBE USTED?
En m i caso, esta prim era pregunta debía haber
sido hecha en dos tiem pos. Es decir: por qué
com en cé a escribir; por qué continúo escribiendo.
P erm ítasem e la libertad de desdoblar así la p re­
gunta.
Como todo m uchacho educado en el período de
transición rom án tico-d ep ortivo que siguió a la p a­
sada guerra m undial, escribí versos, p ubliqué cu en ­
tos y term in é una n ovela. H ice deportes en a b u n ­
dancia y viajé. Todo esto para dar salida a una
energía que andaba en busca de la propia y huidiza
personalidad que entre los diez y ocho y v e in tic in ­
co años escoce a la juventu d .
Cuando m e di cuenta de cuántos años cabales
había em pleado en este jueguito, ya ten ía v e in ti­
ocho cum plidos.
Mi prim er libro: Europa, fu é la realización del
deseo de concretarm e en algo que yo am aba y se n ­
tía. El libro fu é publicado y yo m e encontré al día
sigu ien te ante dos problem as con los que no co n ­
taba de antem ano. P rim ero, para m í Europa estaba
concluida d efin itivam en te. Esto ocurría en 1930.
Con ese libro le decía adiós a v ein tio ch o años
de una educación, una cultura y un m undo en el
que ya no creía. Segundo, sentía la n ecesidad de
reintegrarm e espiritu alm ente a mi país, que no co ­
nocía, que hasta casi ignoraba.
E ntonces m e di a escribir Madre A m érica , para
probarm e a m i m ism o que estaba liberado to ta l­
m ente de una parte de m i vida que ya no m e
interesaba, que para mí no contaba en absoluto.
Con ese espíritu, en ese estado de ánim o p ubliqué
Madre A m é r i c a ; adem ás, m e fortalecía la propia
con cien cia y la satisfacción de que ex istía en m í
la capacidad de sentir y expresar una vida cu yos
problem as com enzaba a intuir.
Una nueva prueba de todo esto fué mi tercer
libro G en te y el cuarto, Los Frutos A m argos, la
confirm ación d efinitiva, ante m is propios ojos, que
sólo el drama de mi patria era el que yo sentía y
era capaz de expresar.
Ahora, ya con cuatro libros a cu estas y nel m ezzo
del ca m m in di nostra vita, m e he preguntado m ás
de una vez:
¿He realizado to talm en te o al m enos en parte el
ideal de expresar ín tegram en te lo que en form a de
inquietudes, sueños, vigilias, penas, dichas y e sp e­
ranzas m e enseña la vida a diario?
¡No!, fran cam ente ¡no!
Por esa razón es que escribo actu alm en te. P o r­
que en la realización de ese ideal trato de rea li­
zarm e a m í m ism o. Eso hace que m i obra literaria
esté con su stan cialm en te ligada a mi vida, en cam ­
bio de ser algo separado de ella.
¿CUAL ES SU MAYOR AMBICION LITERARIA?
Ser un n ovelista total. Un n ovelista que d esen ­
trañe e interprete el m undo que lo rodea. Un n o ­
velista que tom e de la vida, m om entos, seres, s e n ­
tim ientos. h echos y los apriete en las páginas de
n ovelas llenas de vida.
Para ello m e he propuesto escribir una serie de
n ovelas que tien en una vin cu lación de tem a, p er­
son ajes e ideas. Así son m is tres novelas. Si puedo
realizar este ideal, no quiero para m í otra cosa
en la vida.
¿QUE PREPARA PARA EL FUTURO?
Una novela grande que tien e m ás que ninguna
de m is anteriores, las características a que aludía
en la pregunta anterior. Una n ovela en la que
ven go trabajando hace m ás de dos años. He e s­
crito m uchas de sus páginas en las region es m ás
opuestas de A m érica: en Salta, en una estancia
en Lobos y durante mi v ia je a los Estados U nidos,
en N ew York, San Francisco, Los A n geles y Miami.
E xplico ésto para probar que no im proviso m is
libros, sino que los m aduro len tam en te y así ta m ­
bién los escribo. No soy un escritor que plum ea
fácilm en te. Cada página m e cuesta una ím proba
labor, pero de ello no m e quejo.
Mi próxim a novela que se titulará Esta G e n e r a ­
ción Perdida, abarca cuarenta ^ ñ o s de vida a rgen ­
tina y hay en ella m ultitud de h ech os y personajes
que recordarán a m uchos lectores g en tes y escen as
de la vida real.
¿D espués de este libro? P u es otra novela. Una
n ovela bárbara cuya acción transcurre en los cam ­
pos entrerrianos y en la que narro la historia de
una típica revolución sud-am ericana.

�«INFLUENCIA DECISIVA DE

— ¿Qué es ahora de “So/ y Luna*9?

Sol y Luna se desenvolvió siempre con pe­
nuria y en estos mom entos muchos de sus ele ­
m entos más im portantes han tenido que darse a
altos servicios de la Patria. Conmigo la dirigía
antes Mario Am adeo, actualm ente jefe de política
exterior del M inisterio de Asuntos Exteriores;
nMadrid se publican revistas.
hasta después estuvo Ignacio B. Anzoátegui, ahora se­
revistas literarias,
al parecer.cretario
Por de Cultura del M inisterio de Justicia e
Instrucción Pública. “Sol y Luna” volverá a una
que los españoles que quedaron aislados
gran actividad. La última expresión de este orden
del resto del m undo, desean ponerse al día
que me ha llegado de la Argentina es la nueva
con las literaturas de ultram ar. E l m iem ­ revista “Nuestro T iem po”, que continúa la línea
bro info rm a n te con respecto al pensam ien­ trazada por las anteriores, intensificando y depu­
to argentino — no sabemos si de paso por
rando una conciencia de argentinidad dentro de
aquella capital o con alguna m isión d e fi­ los valores católicos, hispánicos y e u r o p e o s...

LA GENERACION DE LOS

TREINTA AÑOS”

nida — es el señor
GoyenSin quitarle
.—¿Qué género literario es el preferido actual­
mente en Argentina?
una coma, he ahí lo que se les hace saber
a los madrileños. E l reportaje aparece en
— Le aseguro que en estos últim os tiem pos se
han puesto en primer plano los problemas na­
E S T A F E T A L IT E R A R IA , núm ero recién
cionales, todos los libros que tratan de esclarecer
llegado a Buenos A ires , de escasa difusión
entre los escritores. Para subsanar su de­ difusión entre las juventudes.
— ¿Cuáles han sido los más relevantes en este
fectuosa circulación le damos este breve
aspecto?
tránsito por L A T IT U D .
L.

R.

*\La charla con Juan Carlos G oyeneche acerca del
actual m ovim iento literario argentino em pieza,
naturalm ente, por los grupos de las nueve genera­
ciones, que han aunado, con fuerte conciencia del
m om ento histórico de su Patria y del m undo, lo
literario y lo p o lítico ; la creación poética y la
fijación y depuración de conceptos políticos. Un
alto sol y un fresco viento nos acompañan, m ien­
tras paseam os por los terrenos casi selen íticos de
la Ciudad U niversitaria.
— El m ovim iento que llevó al Ejército en la
Argentina, en m om entos de gran dificultad, a
asumir la dirección del país para salvaguardar su
soberanía y dignidad internacional ha estado ins­
pirado en la labor fecunda de algunos grupos
literarios políticos, en los que figuran los má­
xim os valores de una generación que tiene por
tope superior los cuarenta años.
— ¿P ero quiénes destacaban entre tales grupos?
— De m om ento le citaré pocos nom bres, pero
seguram ente bastarán: L eopoldo M arechal. Francis­
co Luis Bernárdez, Ignacio B. Anzoátegui, Juan
Oscar Ponferrada, A lberto Franco, en el campo
de la literatura; en el de ensayos filosóficop olíticos, César E. Pico. N im io de Anquin. Ernesto
Palacio, los herm anos Irazusta, Marcelo Sánchez
Sorondo, H éctor Sáez y Quesada, los hermanos
Santiago y José María de Estrada y los PP. Sepich.
M en vielle y D e r is s i...

—¿Qué órganos de expresión eran utilizados
por estos grupos?
— Aparte del libro, al que varios de ellos lle ­
varon sus ideas o creaciones, casi todos colabora­
ron un tiem po en el suplem ento literario del
diario “La N ación”, hasta que se produjeron cier­
tas circunstancias, por las que abandonaron aque­
lla tribuna. Los verdaderos órganos de estos gru­
pos han sido varias revistas como “Nueva P o líti­
ca”, “Sol y Luna”, “ C riterio”, “N úm ero” . . .
(G oyeneche, com o es sabido, ha sido hasta su
venida a España, el director de “Sol y Luna” ).

—¿Trascendía al gran público la labor de es­
tos jóvenes?
— Ya lo creo. De ellos han salido los últim os
prem ios nacionales. Por ejem plo, L eopoldo Marechal, con su “Laberinto de am or” y “El Cen­
tauro”, y Bernárdez, con su “El buque \ han
obtenido el prem io nacional de P oesía. Asim ism o
Ignacio B. Anzoátegui con "Tres ensayos espa­
ñ oles”, obtuvo el prem io nacional de libros de
ensayo. Por cierto, “H az”, la revista del S.E.U.,
inaugurará sus ediciones con una de las citadas
obras de A nzoátegui. Para todas las aludidas aca­
bo yo de terminar los prólogos.

— Entre otros títulos y autores que me vienen a
las mientes, le citaré “La Argentina ante sí mis­
ma”, de Alejandro Ruiz Guiñazú, y “La Unidad
N acional”, de Ricardo Font Ezcurra.
— ¿Entre nosotros y, en general en toda la li­
teratura actual parece que las biografías están de
m oda? ¿Ocurre lo m ismo en la Argentina?
— En efecto, pero con una característica: nues­
tras biografías giran casi todas en torno a “hom ­
bres fuertes” de América. Así M anuel Galvez
— que no es de la nueva generación— está pu bli­
cando una serie entera, de la que recuerdo las
vidas de “Don Juan Manuel de Rozas” (esta per­
sonalidad desfigurada por la historia liberal y par­
tidista, es hoy juzgada por una profusa b ib lio ­
grafía como figura procer entre las fundadores
del espíritu de soberanía nacional argentina) ;
“ Don Gabriel García M oreno” &lt;el gran presiden­
te católico del E cuador), “H ipólito Irigoyen . y
prepara la de D iego Portales, chileno, y la del
dictador Francia, del Paraguay.
— ¿Qué corrientes se advierten en el campo de
la creación poética?
— Dentro del ritmo ordinario se marcan una
preocupación religiosa y otra patriótica. Mare­
chal, v.g.. demuestra una delicadísim a sensib ili­
dad en temas que lindan con la M ística, influen­
ciado del sim bolism o italiano del “dolce stil
nuovo” . . . A nzoátegui, por su parte, ha enrique­
cido su poesía con facetas de alto patriotism o, al
que responden su “F elipe II”, “El Alm irante”,
“Las invasiones inglesas” y otras creaciones que
espero ver reunidas en un volum en editado en
España. A nzoátegui exalta con gran ardor y
gracia nueva, declarándolas como cosa propia, las
virtudes hispanas.
— Esta preponderancia de temas filosóficos y
políticos en la prosa argentina, ¿ha llevado como
correlativo algún olvid o de la novela?
..L e diré que dentro de este grupo generacional
con vocación nacionalista, tanto como literaria, al
que por regla general me refiero por formar yo
m ism o parte de él y ser, por tanto, el que m ejor
conozco: efectivam ente la novela se cultiva poco.
Sin embargo, Eduardo M allea y M anuel Mugica
Lainez, que tienen afinidades con el grupo citado,
cultivan con el mayor éxito ese género.
— ¿ Y los consagrados de la generación a n te rior:
Larreta, Hugo f f a s t . . ?
— Larreta acaba de publicar una colección de
cien sonetos suyos. En cuanto a Hugo ^ ast. tan
conocido en España como en la Argentina, o qui­
zá más. influido del drama gigantesco que vive
actualm ente el mundo hasta parecer próxima la
ultim idad de los tiem pos, cultiva una nueva fa­
ceta novelística con temas de gran sabor apoca­
6

líptico: “ El sexto sello ”, “666” . . . La popularidad
de Hugo 'Vv ast ha sido renovada con las continuas
versiones que se están haciendo de sus novelas al
cinem atógrafo: por ejem plo, de “El camino de las
lla m a s’, “La corbata celeste” y varias más.
Juan (.arlos G oyeneche no9 habla a continua­
ción del gran m ovim iento editorial que existe en
la Argentina y M éjico. La Casa “Estrada” ha
acom etido sim ultáneam ente la edición de dos co­
lecciones de clásicos españoles y argentinos con
prólogos y notas de las m ejores plumas. En
cuanto al m ovim iento cultural religioso, que tan
necesario es en este tiem po, se enorgullece de la
altísima jerarquía que ha logrado en Buenos
Aires, lo cual es signo y promesa de que se
suh sanará finalm ente esa gran falta de una edito­
rial de orientación católica que de a conocer los
valores destacados del pensamiento católico con­
temporáneo. Editoriales de ese tipo existen ya
en otros países como “Sheeph and War”, en In­
glaterra; “Herder”, en Alem ania; “D esclée”, en
Francia y Bélgica; “M orelliana”, en I ta lia ... A l­
ma de esas publicaciones de alta cultura católica
son en Buenos Aires los Cursos de Cultura Ca­
tólica, en los que se han formado los valores de
la nueva generación argentina, que, en m om en­
tos tan difíciles para el país ha sabido hacerse res­
petable ante el mundo. Que se estreche la vincu­
lación hispano argentina — termina Goyeneche—
vinculación tan vital para el futuro. Que se favo­
rezca un mutuo y exacto conocim iento, a fin de
que nuestras relaciones y nuestra común imagen
hispánica no sufran desfiguraciones por intereses
ajenos a los nuestros.
Los señores Eduardo Mallea y Manuel Mujica Láinez nos
ruegan que hagamos saber a nuestros lectores que no tie­
nen ni han tenido vinculación alguna con el grupo nacio­
nalista a que se refiere el señor Goyeneche.

•

•

•

•*7 . 0 0 0 . \ a s i * e n M o H e ú
Querían entrar en Moscú.

Querían arrasar la

ciu dad, arrasar un pueblo. A hí están ahora, dentro
de los muros de la ciudad abierta, en una plaza,
reposando en el suelo fecundo de una tierra ex­
puesta a los grandes vientos.

Pero sus duras es­

paldas tocan las piedras seculares donde la pala­
bra derrota está escrita para la eternidad . . .
¿Son éstos los términos del speaker que anun­
cia la proyección de una de las películas más
em ocionantes

de la época?

Podían

serlo.

Son

57.000 nazis que están tirados sobre las baldosas
de una plaza moscovita, vivo girón de una de las
derrotas más espectaculares de la historia. Gran­
des altoparlantes dan la orden de ponerse de pie
y la cámara va captando la cabeza de la columna.
30 generales, coroneles, capitanes, al frente de sus
pobres huestes, avanzan por las calles con rumbo
desconocido.

La raza superior, personificada en

los más característicos rostros de un m ilitarism o
deshecho, tambaleante, agónico.
la

tropa, marchan

con

A la cabeza de

arrogancia

de

vencidos,

en ese últim o estertor de la fiera acorralada. Se
suceden las im ágenes más patéticas de la guerra,
mientras el espectador transido, fermentando sus
íntimos pensam ientos, medita en la incapacidad de
la pluma de cualquier historiador, para dar una
idea de lo que sucedió en aquel día inolvidable.
Nada más expresivo que la imagen, nada más ro­
tundo que esa lente fría y encendida, ojo pene­
trante de la

cámara cinem atográfica, superando

toda expresión escrita. He ahí una función toda­
vía no valorada del cinem atógrafo.

He ahí un

film que hace estrem ecer a los públicos de toda
América. Aguardemos nuestro turno que, por ser
el últim o, será quizás el más significativo porque
la espera acrecienta el interés y agranda las pers­
pectivas.
E.

A.

�ALEJO TOLSTOY
por
1 enía voz de patriarca. Un cuello de toro ali­
mentado por una savia de tres generaciones de
condes. Y un apellido con dos siglos de fama
literaria. Primero, Pedro, después León, y luejo
Alejo. Astros de diferente órbita.
Ahora acaba de morir el últim o de los Tolstoi,
y uno de los m ejores novelistas contemporáneos.
A l prologar la edición argentina de su novela
“Pedro el Grande*’, decía que el hombre no elige
el momento de nacer, pero le es dado elegir el
momento de morir. Alejo T olstoi nació en una
familia de condes, y murió como el camarada
Tolstoi. mariscal de la gran literatura rusa, con­
decorado por 47 ediciones de su novela “Pedro 1”.
La órbita paradojal y aleccionadora de su vida,
se vió cruzada por el com ienzo de una nueva
era. Tolstoi se inició en la literatura en la torre
del snobism o, el erotismo y el m isticism o. La
torre no era de marfil. Pero Tolstoi no lo sabía.
La torre estaba sobre las ruinas de un mundo des­
tinado a desaparecer. Y viviendo sobre las ruinas,
sin saberlo, es difícil descubrir la brújula de la
historia. Un gran artista jamás pierde su brújula.
Alejo Tolstoi comienza escribiendo poemas, y
pronto se descubre como novelista. En los veinte
volúm enes de su obra figuran entre otros títulos:
“El conde rengo”, “Los raros”, “El suceso en la
calle Baséin”, “El manuscrito encontrado deba­
jo de una cama”, “El p erfil”, “Las aventuras de
Rastioguin”, “El hombre con lentes”, “La dama
espléndida”, “Las hermanas”, “Bajo el agua”,
“Ciudades celestes”, “En el Y olga”, y muchas
otras.
Novelas todas escritas con la maestría y la sen­
cillez de la gran literatura rusa. Reflejan su épo­
ca. Pero son psicológicas, y también costumbris­
tas. Todo ubicado con el equilibrio del genio.
En sus primeras novelas aparece el ambiente se­
ñorial. Jardines soñolientos, hidalgos arruinados,
personajes fracasados. A lgunos muy recios pero
desorientados, cuyo destino el autor no sabe re­
solver. También desfilan los suicidas, los deses­
perados. Las vidas malogradas, derrochadas.
¿Q uién no recuerda aquella "Kasatka”, que v i­
mos adaptada al teatro, representada en Buenos
Aires por la compañía italiana de la temperamen­
tal Tatiana Pavlova?
No obstante, Tolstoi descubre la dim ensión de
sus posibilidades creadoras cuando la gran tor­
menta de Rusia del año 1917 abrió de par en par
sus ventanas. La tormenta respetó su cuna lite­
raria, pero anuló los blasones de su condado. El
conde enfurecido se olvida que es escritor y se
va a París y espera. Pero pasan los años. El

t r a s í i e nd a

&gt;

escritor Tolstoi comprende que se secan las raí­
ces de su origen.
El m últiple dramatismo social de nuestra ép o­
ca golpea todas sus concepciones. El ve que la
historia se bifurca. Además ha perdido al lector.
Un escritor puede perder un condado pero no
puede perder al lector. Y vencido por la verdad
de la tormenta siente que debe ir con ella y
lavarse. Limpiarse y lavarse por fuera y por den­
tro. Por otra parte, en Rusia están dispuestos a
recibir al escritor y no al conde. Entonces A lejo
Tolstoi deja la vieja cultura, pomposa y triste,
de la Europa de Spengler y vuelve a la Rusia
soviética.
La nueva y milagrosa realidad de su patria lo
ganan del todo y aborda los temas más difíciles.
Escribe su novela épica “Pan”, la trilogía “El
camino de las penas”, aborda por séptima vez la
figura de “Pedro I” publica la biografía novelada
de “Ivan el Terrible”.
Armado de un enroque nuevo, descubre el pa­
sado portentoso de su pueblo, que antes no va­
loraba con justeza. Ye m ejor porque está en la
carretera general de la historia.

A los argentinos, que no vivim os ninguna gran
tragedia nacional hace más de cincuenta años,
nos asombra la experiencia de \id a s tan singu­
lares. T olstoi nació en el año 1882. V ivió la gue­
rra ruso - japonesa. La r e v o lu c ió n de 1905, la
guerra de 1914-1918, la r e v o lu c ió n s o c ia lis ta ,
la guerra civil. Y ió lejos las etapas victoriosas de
una reconstrucción admirable y humana hasta el
siniestro del 22 de Junio, cuando H itler invadió
el único país socialista. Y esta vez, Tolstoi no se
fué a otras orillas tranquilas. N o se asustó de la
tormenta. Levantó su potente voz junto a las
banderas del ejército libertador.
Cuando los ex-peones de su condado defendían
con su sangre los restos de la casa de León T ols­
toi arrasada por los nazis en Iásnaia Poliana, su
\o z rugía como los cañones. “ ¡M atemos a la bes­
tia !” Así comenzó su discurso en el Congreso
pan-eslavo, llamando a los últim os resentidos de
su clase a defender la patria socialista. Su voz
era im placable. Desde Stalingrado hasta las puer­
tas de Berlín exigía justicia contra los que u l­
trajaron la tumba de H eine y de Puschkin. Su
voz de valiente amor irreductible marchaba con
los com batientes, junto a los 15 m illones de
muertos rusos y junto al pueblo inmortal que
\ ivirá defendiendo con porfía la libertad ido­
latrada.

(contin uació o

L os in t e le c t u a le s v e r d a d e r o s, lo s q u e n o
d u d a n d e su s c o n v ic c io n e s c iu d a d a n a s , —
a u n q u e te n g a n la s sa lu d a b le s d u d a s r e c o ­
m e n d a d a s p o r la f ilo s o f ía y p o r to d o m é ­
to d o c ie n t íf ic o — n o m e d r a n n i c o la b o r a n
c o n las a u to r id a d e s d e u n r é g im e n tir á n ic o
y to ta lita r io , p o r q u e n o p u e d e n a c e p ta r el
s u p lic io d e so m e te r su p e r s o n a lid a d y su
m e n te a lo s d ic ta d o s d e fu n c io n a r io s o f i ­
c ia le s. P r e fie r e n a le ja r se d e eso s a m b ie n ­
tes sin lib e r ta d , v iv ir e n la p o b r e z a y d ig ­
n a m e n te , d o n d e p u e d a n se g u ir p e n sa n d o
sin tr a b a s; y c u a n d o n o lo g r a n c r u z a r la s
fr o n te r a s d e su p a tr ia , se r e sig n a n a se g u ir
e stu d ia n d o , sin p r o d u c ir p a ra e l p ú b lic o ,
a c u m u la n d o sa b e r p a ra lo s tie m p o s b u e ­
n o s, q u e sie m p r e lia n d e v o lv e r . D e e se m o ­
d o , d e ja n e l c a m p o lib r e a lo s q u e n o a d ­
v ie r te n q u e la s tir a n ía s n o so n e l a m b ie n te
a d e c u a d o p a ra la s in t e lig e n c ia s , p u e sto q u e
e lla s tr a ta n d e s o m e te r la s a sus d e s ig n io s o
a sfix ia r la s.

Del editorial de “La Prensa99
A bril 8 de 1945

“La V anguardia”, siem pre alerta y vigilan te, es
uno de los periódicos m ejor docum entados de la
vida de escritores y artistas. N o ha perdido uno
solo de sus ficheros. Para m uestra, transcribim os
estos elocu en tes párrafos, del núm ero del 27
de m arzo:
Otro e jem p lo más: el p i n to r futu rista Emilio
Petto ru ti, que desde que regres ó al p a í s , si bien no
vo lvió a pin tar, se caracterizó p o r su a m o r al fa scis m o , clama p o rq u e quieren hacerlo aparecer “ co ­
mo c o m p a rtien d o una ideología contrar ia a sus
se n tim ien to s de h o m b re a m a n te de la lib erta d y
extraño en absoluto a to da bandería política que
no co n tem p le una co nducta d em o crá tic a esen cial­
m en te coinciden te con los nobles principios que
dieron fo rm a a n uestra C onstitu ción”. ¡Hay que
v e r . . . Hay que v e r cóm o se m u ltip lica n los B ernard y los P etto ru ti. Y habría que v e r que se
co n virtieran a la dem ocr acia A lbin o P ug n a lin , P ej e r to Osés, el chico G o yen eche, el m u y noble se ñor
de L a b o ug le, o Giordano Bruno Gen ta.
Y lógico es ta m b ié n que se les ponga en cua­
rentena su a r r e p e n tim ie n to , como se pone en
cuare ntena las m anife staciones d em o crá tic a s al s e ­
ñor P e tto ru ti, o las que p u d iera hacer m añana el
se ñor Baldrich.

#

•

•

En estos m o m e n t o s tan difíciles para los in d ife ­
re ntes, una p re g u n ta les resultará cáustica: ¿QUE
HA HECHO USTED P A R A EL TRIUNFO DE LA
D EM O CR AC IA? ¿SE MERECE UD. LA P A Z FU ­
TURA? Si p erm a neció im pasible, bien p u ed e ser
confundido co m o totalitario. Esto se lo v e n im o s r e ­
pitien d o desde el 39. ¿Persiste u sted en su posición
de neutral?
7

Xilografía de F. Masereel

e s e a p a r a te
L IB R O S D E L M E S
L.4 ESPADA D O R M ID A , por Manuel P eyro u . E d i­
torial Sur. Buen os Aires.
No es nada fácil el do m inio de los m ú ltip les re so r­
tes de la n o vela policial. El au tor que se en tre ga
a ese m ágico ju eg o d eb e estar d o tado de una i m a ­
ginación fértil. V ivim o s en un pa ís sin gracia i m a ­
ginativa. Las p a te n te s de in ven ción no han de
ocu par m u ch o espacio en las oficinas destin adas
- esas especu laciones de la inteligen cia. El t e m p e ­
ra m e nto i n v e n tiv o es tan p o b re que hasta en la
política carece de interés . Y no hablem os de la
propaga nda. Buen os Aires es la ciudad m ás opaca
del orbe. Del orb e comer cial y del orb e literario.
P o r eso la n arrativa argentina p u e d e darse po r
satisfech a con el libro de P eyro u . Su fu e rte origi ­
nalidad no la em p a ñ a cier to estilo m u y “asé p tic o ”,
d em asia do frío.
“La espada d o r m i d a ” necesitaría un aire po rteño,
ca llejer o , cotidiano. Ese tono que im p rim ier o n a
sus relatos los Bustos D o m ecq en aqu ellos “Seis
p ro b le m a s para don Isidro P a ro d i”, p recurs ore s
lúcidos de un gén er o en que Manuel P e y ro u consi­
gue notables aciertos. Com ienza m u y bien la n a rra ­
tiva policial de 1945. A g u a r d em o s, con se gura e s p e ­
ranza, el p o r v e n i r de este autor, p o r cier to nada
co m ú n en nuestra literatura.

© •

•

VIDA EN CLARO, por José M oreno V illa.
“Vida en Claro” es el lúcido títu lo del ú ltim o
libro, adm irable b iografía de José M oreno V illa.
P oeta que en “G arba” nos dió una m uestra de su
talen to creador, no dism inuido en ulteriores libros
com o el in olvidab le “Jacinta la P elirro ja ”, de p er­
sisten te m em oria en las m em orias del poeta. P ro ­
sista. logra M oreno V iilla, al poner en claro su
vida, una tal diafanidad de estilo que p u éd ese ten er
com o ejem plar. El español de M oreno V illa es
sencillo y lim pio com o su vida m ism a. Su n a tu ­
ralidad em erge de la razón que le asiste m ientras
escribe. Fervoroso de la única España que atra­
vesará las edades, vale decir, la que no ha oído
a Franco, el poeta y pintor y ensayista, logra un
libro de am ena lectura y de aguda sign ificación .
A lgunas páginas sobre su visita a B uenos A ires
lo m uestran com o refractario a esta tierra, com o
olvidadizo de ese lapso de su vida. P ero la certeza
con que traza retratos, figuras y p aisajes de su
España, lo redim en del error viajero.

•

•

•

LA GRAN LITERATURA IBEROAMERICANA, por
Arturo T orres-R ioseco. Em ece Editores.
H abía una v e z . . . Había una v ez en P arís un
avispado grupo, por un lado sem ifrances, por el
otro sem icentroam ericano, pronto a repartir gloria
y con seguir condecoraciones. (D e ahí salió “El
hom bre que hablo en la S orb on a”, de G erch u n o fi).
Era una especie de A gen cia Cook de la nom bradla.
En Torno a esos bien in ten cion ad os ciudadanos la ti­
nos giraban nom bres de escép ticos y hasta h u m o­
ristas que servían de pantalla. Un banquete y una
Legión de Honor ten ían precio. Se llegó al curioso
ágape en que el orador de turno desconocía por
com pleto la obra y la persona a la que se le
dispensaba el hom enaje. “La A m érica co loread a”
se desquitaba de la in d iferencia francesa. E scritores
del b o u l e v a r d , caren tes de escrúpulos, se sentaban
a la cabecera y com ían a dos m andíbulas. Fué una
em presa provechosa que. ya en vísp eras de esta
guerra, acentuó su decadencia. L legaron a ten er
tal “celeb rid ad ” algu n as ex p o n en tes gen u in os de
nuestra fauna, que regresaban “con sagrados” por
“Le G au lois” y la prensa v en al de París. Y en
B uenos A ires v ivieron m ucho tiem po de la glorióla
parisién. V erdaderos indianos de la plum a, co n se­
guían ser recibidos por can tantes y v e d e t t e s .
El profesor Arturo Torres-R ioseco, nos parece
que sin darse cuenta, inicia la corriente la tin o a m e­
ricana de relum brón. Está creando en los Estados
U nidos un am biente, adecuado a la triste “con sa­
gración , confiado en la buena fe de los yanquis.
Su últim o libro es un batiburrillo, sin m étodo y
sin rigor, totalm en te alejado de nuestra realidad
Por cierto que al lector de U.S.A. le será d ifícil
situar a los escritores sudam ericanos con un m entor
tan arbitrario, tan poco conocedor de los problem as
de nuestra literatura. El “m uestrario” del señor
Rioseco nos hace recordar los opíparos días de la
anteguerra, abundantes en cen ácu los que la discreta
tolerancia francesa recibía con una sonrisa. ¿Sabráu
sonreír tam bién los norteam ericanos?

�MUSICA
Dirige
LEOPOLDO HLUTADO

El Grupo “ Mtenoración M u sica lApuntes de

ta m poco las busca en procura de un “ e f e c to ” .
Esta a m p litu d de con cepto está se rvid a p o r la t é c ­
nica más co m p leta , d otando a sus estru ctura s b á ­
sicas fo rm a les de un fu e rte acento personal.

viaje

a Cuba
D o * gratísimas sorpresas esperan al viajero que
llega a Cuba. Una de ellas es el descubrimiento
de un núcleo de pintores modernos —Víctor Ma­
nuel,

Portocarrero.

Mariano,

Peláez.

Ponce

de

León. Carreño, Lam. Orlando. Arche. Bermúdez.
etc.— de un valor individual y de conjunto como
quizá ningún otro país de América pueda presen­
tar hoy; y la insospechada existencia de un núcleo
de músicos jóvenes, agrupados bajo el título del
epígrafe.

De estos últimos q u erem o s o c u p a m o s aquí. El
Grupo, se gún reza uno de sus m a n ifies to s, “nació
en las aulas del Conserva torio Municipal de La
H ab an a, don de estudian com posició n casi todos sus
m iem bro s. Estos consideran un honor p o d e r traba­
jar en dicho C o n servatorio”. (Sin hacer c o m p a r a ­
ciones odiosas, ¿cuándo p o d rá salir de algún co n ser­
vatorio nuestro un grupo re no v a d o r de la música?).
Están capitanea dos p o r un j o v e n músico español,
José A r d évo l, radicad o de t iem p o atrás en Cuba
y p e r fe c ta m e n te identificado con su vid a artística.
En el con cier to de p re se ntación que el Grupo
dió en La Habana en junio de 1942. A r d é v o l definió
con tod a claridad sus alcances y propósitos: “No
creem os —dijo— m á s que en la música única y
eterna. Estamos co n ven cid o s de que la Música
N u eva y la Música An tig u a son en ver d a d la m i s ­
ma cosa, así com o d e que no vale la p en a d ed ica r­
se a la m úsica actual si no se v e en ésta la natural
con tinuación de la tradición antigua. El músico
d ebe r e t o m a r a la a rtesan ía, p ersiguiendo antes
qu e nada la calidad y la posible p erfe cción de su
traba jo. La Música no necesita de in terpretaciones
ni de alusiones a cosas que le son inferiores. La
música no es un espectácu lo —a pesar de que es
tan frecu en te ve rla ex p lo ta d a así— sino la crea ­
ción que m e j o r explica al h o m b r e ”.
Y m ás ad elante agregaba: “No ex clu im os n in g u ­
na diferen cia person al m ien tra s no signifique una
con trad icción a los prin cipios esenciales de la m ú ­
sica. No nos interes an los “ ism o s” ; los a cep ta m o s
sólo co m o cosas que ya p er ten ecen al pasado, y
com o resultad o in evita b le de causas que les son
superiores. Y p o d ría m o s añad ir: el odio al humo,
a la se rpiente, al p olvo, a la se lva, a lo exótico, a
los ríos que se d e s b o r d a n ; el a m o r a la con stru c­
ción, al dibujo, a lo angélico, a los cu er p o s, a los
pies l i g e r o s . . . ”
Con sus ojos perspicaces, que brillan detrás de
los an teojos, A r d é v o l mira, juzga, aprueba o d e s ­
ap ru eb a. Realiza una labor musical y pedagó gica
en orm e, y, según dice, com pon e co n sta n tem en te.
Las re un iones que el grupo celebra en el con ser­
vator io de Orbón, o en la bella residen cia de A lejo
C a rp en tier —uno de los escritores m ás originales
e in teresan tes de Cuba— son ejem p lo s de afán
corpora tivo, de comunicación espiritual, de d iscu ­
sión v i v a y alerta de todo lo que concierne a la
mÍLsica.
La obra de A r d é v o l es ya nutridísim a, y se
a cr ecien ta de continuo. S eñ alarem os en ella sus
dos Con ce rti Grossi, su p rim era Sinfonía, de 1943
(está term in a n d o a ctu a lm en te la se gun da); su Con ­
cier to para tres pian os y orqu es ta, el Concierto
para piano e in stru m e n to s de vien to , sus varias
sonatas para piano, varios cuartetos, etc. Mención
especialísima m erece su ballet “Form a”, au daz t e n ­
ta tiva de crear en el a m b ien te un poco provincial
de La Habana una obra de gran originalidad y de
la con cepción más moder na.
Este ballet, de a rg u m en to filosófico —es la lucha
del h o m b re en pro cura de su perso nalidad y en la
consecución de su destino— con un p o em a adi cio­
nal de José L eza m a L im a , está escrito para o rq u es­
ta y coro, este ú ltim o en el p apel de es pectador
lírico de la escena coreográfica. La partitura, es­
crita con la m a y o r libertad de expresión y utili­
zan do los recursos de la técnica musical más m o ­
derna, aunque re sp eta n d o los antiguos m o ld es del
ricercar, del rondó, etc., triunfó gracias a los in fa ­
tiga bles esfuer zos de A r d é v o l para llevar a la c o m ­
prensión de la orq uesta y del coro un estilo
nuevo, erizado de dific ultades insólitas para los
ejecutantes.
En sus ob ras A r d é v o l hace un am plio uso de los
recursos a rm ónicos según su adecuación expresiva.
Utiliza el pian o ya co m o i n str u m e n to de percu sión ,
con acor des densos, ya como pu ra línea c o n tra p u n ­
t i s t a . Su ex p resió n es p o r lo general áspera y
fuerte, y sus recursos in strum e nta les sie m p r e n o ­
vedosos. No vacila ante ninguna audacia sonora
cuando así se lo ex ige el sentido de la obra, pero

Entre los discípulos de A r d évo l, la figura que
por el m o m e n to acusa una perso nalidad más d e s­
t acada m e ha pare cido se r la de Harold Gramatges.
Este j o v e n músico ganó p o r concurso una beca
para p erfe ccionar sus estudios en los Estados Uni­
dos, y en su obra tiene ya realizaciones i m p o r t a n ­
tes. Señalare m os la música para el ballet “lc a r o ” .
sobre coreog rafía de Lifar, escrita ex clu siv a m e n te
para in stru m e n to s de percusión y piano, audaz en ­
sa yo que fué coronado po r el m a y o r éxito. La
partitu ra fué co m p u esta después de estar planeada
la coreografía, a la manera de las películas.
G ra m a tg e s es m u y lim pio y pulcro en su es cri­
tura, cualidad es estas que son las car acterístic as
de to do el Grupo. Su flex ib ilid a d de fraseo co n tra pu n tístico le p e r m it e crear obras de gran extensión
a dos vo ces reales, con su m a m o vi l i d a d m elódica;
no hay nada en ellas de su p erp u esto ni del relleno;
to do está henchido de jugo e x p resivo ; y la ex tr em a
diafanidad de la tram a no ex c lu y e un lirismo í n ­
tim o, una particular m anera de pleg a r la línea m e ­
lódica a un co ntenido poético que no es el m en o r
de sus encantos. Tiene G ra m a tg e s en su haber,
adem ás, una Sonata para piano, un dúo para flauta
y piano y otras obras intere santes, que p e r m ite n
augurarle un halagüeño porven ir.
La perso nalidad del j o v e n co m p o s ito r Julián O r­
bón ofrece t a m b ié n característic as propias.
Su
t e m p e r a m e n t o es im p u lsivo , arrebat ado , su dicción
rápida y fu e r t e m e n t e expresiva. Su escritura es
fron dosa, y busca im p o n erse m ás p o r el impulso,
p o r el élan, que p o r una ord enada expos ición de
sus elem entos. La cu idadosa arq uitectura, el ju ego
de las vo ces in t e r m e d i a s , la ju sta concatenación a r ­
mónica, todo des aparece para el o y e n te en el a r r e ­
batado torbellino de su música. Su t e m p e r a m e n to
apasionado y ardoroso pare ce no te n e r frenos ni
obstáculos en el teclado. Música intrincada en su
forma, lleva en sí una poder osa fuerza, un ardoroso
fuego interior que la hace su b yu g a n te, a p esa r de
se r m u y co m p leja y difícil. Las vo ces y los r i t ­
m os se su p erp o n en en un laber into in extricable y
ese cuer po sonoro es m o v i d o p o r el avasalla dor í m ­
p e t u de su espíritu, ansioso de expresa rse t o t a l ­
m en te en cada partícula de su obra. De Orbón
se conocen dos danzas para “La Gitanilla ” de C e r­
va n tes, un Toccata y una Sonata para piano, ca n ­
cion es con te x to de García Lorca, un Capricho
concertante para orques ta de cámara, etc.
Un t e m p e r a m e n to m u y fino es el de Virginia
Fleites. (Uno de los aspectos m ás sim páticos del
G rupo es co ntar en su seno con músicos f e m e n i n o s ) .
Su m úsica busca el estilo de los gra ndes c l a v e cin istas del siglo XVIII y se siente m u y cóm oda
en él, aunqu e dotándolo de un conten ido bastante
libre y m oderno. Gu stan a su espíritu las a n t i ­
guas form as, las delicadez as del lenguaje d iecio ­
chesco, que ella sabe im p reg n a r de una sutil m u ­
sicalidad, con un contrapunto fluido y elegante.
Se so m e te con facilidad a las rígidas n orm as de
los v ie jo s m a estr o s del teclado, per o inculcándoles
una expresión n u eva y propia. Su acento delicado,
ex p u esto lib rem en te y sin trabas, encuentra en
ellos el camino m ás seguro y eficaz para d e s e n v o l ­
verse. Ha escrito una Pequ eñ a Suite para piano,
una Sonata de cámara, y otras obras.
Hilario G onzá lez rep resen ta en el Grupo la t e n ­
dencia a u tilizar en la música culta elem en to s p r o ­
ven ien tes del fo lklo re cubano, ten den cia que tu vo
su m á x im o re p resen ta nte en el m alogra do A m a d eo
Roldán. Esto propor ciona a su m úsica una e x t r a ­
ordinaria riqueza rítm ica. G o n zá lez es uno de los
que se han a den trado más a cer ta d a m en te en el d i ­
fícil pro b lem a de insertar las fo rm a s espontánea s
del folklo re en las re flex iva s de la música e s tr u c ­
turada, aunque n a tu ra lm en te no p u ed e eludir lo
rapsódico y anecdótico que es la consecuencia fatal
de dicha tendencia. La d estreza con que Hilario
González ha sabido a p ro v ech a r los riq uísimos e s ­
qu em as rítm icos populares de Cuba le p e r m ite sa l­
JULIÁN ORBÓN

var la m a y o r p a rte de los in co n ven ien tes de este
origen y crear obras de gran v iv a c id a d y f uerte
sabor regional; pero el p ro b lem a , para él y los
de su escuela, residirá sie m p r e en la superación
de ese p r i m e r plano y la creación de una música
que v a y a m á s allá del fácil atra c tivo racial y e x ­
terno, que ahora of rece n sus Danzas A fro cubanas
y su Pre ludio en conga.
Edgar do Martín co m p a r te las tare as de la c o m ­
posición con las de la musicología y la crítica m u ­
sical en uno de los m ás i m p o rta n te s diarios de
Cuba, crítica que e j er ce con m esura y auster idad.
(De paso diré que el Grupo está re no v a nd o la c r i ­
tica m usical cubana, en gener al casi tan mala como
la nuestra). Esas cualidades de p ro b id a d , de f a c tu ­
ra limpia y expresión pro fu n d a se hallan ta m b ién
en su música, unidas a un lirismo, a una ven a
poética que tra nspare nta a p esa r su yo en cierto
uno de los j ó v e n e s de m ás p o r v e n i r del Grupo, y
así lo ates tiguan su Sonata para piano, sus R o m a n ­
ces, y “La m u e rte de la b a ca n te” pa ra contralto,
flauta, c o m o inglés y fagot.
El ta lento de A rg eliers León p re sen ta ta m b ién
m ú ltip les facetas. Enseña en el Conserva torio M u ­
nicipal Teoría de la Música, Historia de la m ism a
y Psicología musical, disciplinas pa ra las cuales ha
redactado excelen tes textos.
En su música, León se caracteriza p o r su riquez a
rítmica. En sus Cuatro Inve nciones para piano,
po r ejem p lo , trata t a m b ién tem a s folklór icos en un
co n tra p u n to a dos vo ces de e x t r e m a f lu id e z r í t ­
mica, así com o de gran sim p licid a d de diseño. Su
línea melód ica, d es en vo lvién d o se en gracioso ara ­
besco, da a su escritura una in co m p a ra b le va ried a d
de contornos, que se percib e con claridad gracias
a la lim pieza de la ejecución. En su Sonata para
piano tra b a ja con riquez a im a g in a tiva ritm o s e n ­
co ntra dos y contra punteados, llevándo los con su
aco stum b ra d a d estreza de m o vilid a d . Esto es lo
que da ver d a d e r o sa bor cu ban o a su música y no
la tem á tica p ro p ia m en te dicha; está logrado el a m ­
biente, la at m ósfer a, más que la copia o la i m i t a ­
ción de elem en to s to m a d o s de la re alidad. Su
obra co m p ren d e, a d em á s de las Inve nc ione s, una
Sonatina para piano, una Sonata pa ra tro m p eta ,
tro m b ó n y percusión, cuatro escenas de ballet, p a ­
ra tro m p eta , clarinete, piano y percu sión, diversa s
canciones y música coral. En algunas de estas
obras se p ro p o n e León cr ear a m b ien tes t íp ic o s.
Serafín Pro. otro de los in teg ra n tes del Gr upo,
m u estra ta m b ién en su m úsica las cualidad es d o ­
m in an te s del m ism o : lim pieza y claridad de f a c t u ­
ra, con trapu n to flúido y elocución ceñida. Su Suite
Clásica para piano es un p o n d era b le tra b a jo de
im itaciones a dos voces , con un sabor peculiar en ­
tre arcaico y moder no. Toda su m úsica revela
una disciplina clásica m u y seria, que Serafín Pro
deberá su p era r m ás ad elante en procura de una
expresión actual m ás au téntica.
En el Pre ludio y Giga de Gisela H er nández , asi
co m o en su Sonata para piano, hay una graciosa
invención melódica , ex p resa d a con se ncillez y ló­
gica consecuencia, que hacen que estas obras se
escuch en con agrado, p e r m itie n d o ap re ciar la f i ­
nura de los detalles y su delicad o a m b ie n te es p i­
ritual. Es otra de las com positoras j ó v e n e s de
Cuba en plena form ación to d a vía .
v
Desg ra cia d a m en te nada hem os po d id o oir de los
restantes m i em b ro s, Juan An to n io Cámara, Esther
R odríguez y Enrique A p a r ic io , que c o m p leta n por
ahora el G rupo y qu e han estrenado obras en los
concier tos dado s p o r el m ism o. De más está d e ­
cir que to d o s estos músicos se honran con la
h ostilidad de buena p a rte de la critica p e r i o d ís ­
tica, inclinada a f o m e n ta r el “ c u b a n ism o ”. Parece
que Cuba está en tran do recién en el p erio d o del
seudo nacionalismo musical, del cual nosotros —por
fin — v a m o s saliendo, po r lo m en o s en las m a n i ­
festaciones su periores de n uestro arte.
La música de Cuba, b ru sca m en te tronchada por
la p re m a tu r a y trágica m u erte de A m a d e o Roldán
y A leja n d r o García Caturla, renace con el Grupo
a nueva y esperan zad a vida.

HAROLD GRAMATGES

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�TEATRO
Dirige
MARIA ROSA OLIVER

El es t r eno del
LiZ dramaturgia de Federico García Lorca es
una consecuencia evidente de su lírica. Tan hen­
chido está su verso de substancia vital. de grave
m ovim iento.

de

colores

calientes,

de

plástica

airosa, q u e , por fuerza. había de expandirse en
esa forma fundamentalmente humana que es el

t e a t r o

A

ven id

LA CASA DE
BERNARDA ALBA

teatro. Sus canciones tiernas e infantiles del “Li­
bro de Poemas" se convirtieron en los romances
sangrientos de los gitanos y en el estremecido
"Llanto

de Federico (¿arcía horca

por el tore ro. y con desarrollo dramático

semejante al lírico “El maleficio de la mariposa”,
fábula escénica, se trocó en el poema trágico de
la pasión, de los irrefrenables instintos germina­
tivos , y, también, en la doliente elegía de la mujer
olvidada. Próximos y directos o indecisos y leja­
nos. los antecedeentes líricos se adelantan en la
memoria cada vez que ha de examinarse una obra
teatral del poeta.

“La casa de Bernarda A lba” —drama postumo de
Lorca estrenado por Margarita X irgu— los ofrece
tal cual las anteriores creaciones escén icas del
autor de “Yerm a”. Como en ésta m ism a, no son
ni precisas ni inm ediatas aquellas referencias. P e­
ro bien puede advertirse que la idea de la m ujer
encerrada y cohibida, sin natural posibilidad de
cumplir su función de amor fecundo, se vierte en
la estrofa desde las horas de la adolescencia lírica.
Ya un día de 1918, García Lorca escribía en un
poema elegiaco estos versos:
“ Como un incensario lleno de deseos,
Pasas en la tarde lum inosa y clara
Con la carne obscura de nardo m archito
Y el sexo potente sobre tu m irada”.
Y en el “Poema del Cante Jondo” repetía de
otra manera esa lam entación a la recluida Amparo:
“ ¡Qué sola estás en tu casa!
Esta idea había aparecido en el teatro de García
Lorca anteriorm ente a “La casa de Bernarda A lba”.
En realidad, la afirm ación categórica de la mujer
que rechaza todas las trabas para amar según los
dictados más enérgicos de su condición, aparece
en “Bodas de sangre”. Este im pulso vital directo
se com plica espiritualm ente en “Yerm a” y, a causa
de ello, se contiene, por cuanto esa m ujer fina y
profunda no concibe un hijo sin honra, puesto que
es una esposa y no, sim plem ente, una hembra
buscadora de la m aternidad sólo por instinto como
las irracionales. Y en “Doña R osita”, el mismo
deseo, entibiado, se malogra desvaídam ente por
obra del abandono. Ahora, en el últim o drama
lorquiano, aquel arrebato sexual, legítim o o no le ­
gítim o, tropieza con la cruel hipérbole de la trad i­
ción castellana del honor.
Es curioso señalar —aunque sea una digresión—
que esa tradición exacerbada com prende el honor
familiar, el honor conyugal, el honor en todas sus
fases posibles. . e im posibles. Así, el español —el
hispánico —en general— no cela su honor m atri­
monial, únicam ente, como cristiano esposo m onó­
gamo, sino que se siente ofendido de igual modo
en sus relaciones am orosas extralegales, com o el
bigamo m usulm án. Tiene un concepto del honor
a b so rb en te... y elástico. Per más que Federico
García Lorca hiciera burla de tan trem enda cu es­
tión en el “R etablillo” y en “Don P erlim plín”, la
honra le inquietaba, naturalm ente, com o a cu al­
quiera. “ ¡Al agua se tiran las honradas!”, grita
la Madre de “Bodas”. Yerma —queda anotado—
pene su honor sobre su enloquecedora pasión m a­
ternal. Y la misma coqueta Zapatera no se rinde
ni al Corregidor in flu yen te ni al mozo más guapo
que haga piafar la jaca más blanca ante su v en ­
tana de hierro y clavel. Por todo ello, “La cas?,
de Bernarda Alba” se aproxim a por su fondo a la
raíz de Calderón, según lo dijim os hace tiem po
—perdónese el recuerdo propio— y se aleja de la
corriente de Lope de Vega, en cuya obra —lo ob­
serva Vossler, agudam ente— “la locura de amor
no es un problema, sino un resorte”. En cam bio,
en la calderoniana la enajenación amorosa es for­
m idable, los celos son “el mayor m onstruo” y Don
Gutierre posee un concepto del honor realm ente
absurdo por lo retrospectivo, com o lo prueba al ser
“médico de su honra”. Mas la influencia —mejor
diríase la consanguinidad— lopesca no deja de ser
evidente aún en esta obra donde el anhelo lírico
tiene tan escasas fugas. Ahí está para demostrarlo
la ronda de los segadores, que trae a la m emoria
la de “P eribáñez”, canción popular inventada por
su “ poder de gran artista m etido en la raíz afectiva
de su pueblo”, según lo apunta Dámaso Alonso al
referirse a este drama en su ensayo “García Lorca
y la expresión de lo español”.
Lo m ism o que l ’namuno, V alle-Inclán, Antonio
Machado, se va haciendo castellano García Lorca
a m edida que desarrolla su creación dram ática. Esa
Castilla —Castilla es substanciaim ente drama— que
le atrae poco a poco y le subyuga, se presenta ya
en “Bernarda A lba” dura como su m eseta, rigu­

rosa com o el bochorno de su estío. Y es ella la
que le dicta escuetam ente, in exorab lem en te, su dra­
ma final con puntos de tragedia.
“El poeta advierte que estos tres actos tien en la
intención de un docum ental fotográfico”. Federico
García Lorca anticipaba así su inclinación hacia
formas realistas, recogiendo su libertad poética, a
fin de dar mayor brío al conflicto, acaso para que
Ja obra no pareciese a Juan Ramón Jim énez —tier­
no y punzante en la ocasión— una “zarzu elita”
más. Pero ¿hasta dónde iba a llegar este poeta que
siem pre esfum aba la vida —com o su gran M aes­
tro— en su no m uy convencido propósito de im ­
primir seca realidad a su “ drama de m ujeres en
los pueblos de España”? No m ucho más lejos que
cuando se entregaba de lleno a la poesía. Veam os
cómo la m ateria hum ana 9e alquitara y se difum ína, efectivam en te, por gracia del poeta.
El sim bolism o leve que aparece siem pre en la
creación teatral de Federico García Lorca está pre­
sente, tam bién, desde el primer instante, en “La
casa de Bernarda A lba”. A esta Bernarda es d ifí­
cil tomarla com o un personaje de caracterización
individual. Una viuda reincidente, m ujer que dió
al amor todo su alcance en la vida, se m ostraría
poco natural, en una interpretación psicológica, d i­
recta, respecto a la enconada clausura de las hijas.
Queriéndolo o no, se erige indudablem ente en una
figura representativa de la tradición castellana del
honor. Esta silueta sim bólica, donde culm ina en
hosquedad la soterrada poesía del drama, tien e su
oposición en el perfil de la A buela, esen cialm en te
lírico —lo dice su canción de cuna—, cuyo desvarío
inocente es un him no m uy hum ilde a la libre p le­
nitud del amor en los cam pos fértiles o en la orilla
del mar. El jinete, esta vez invisible, no deja de
redoblar con su galope en “el tambor del llan o”.
Es, como en cada una de sus m anifestaciones, un
heraldo de amor y de m uerte; es la m ism a m uerte
que viene a buscar por florecidos senderos n oc­
turnos a la más joven, a la elegida entre las d on­
cellas encarceladas. Esta m ujer quem ada se alza
como un im pulso vital; es la pasión que se desbor­
da ciega y pujante, es la propia corriente de la
vida lanzada en su rapto fecundo, sin im portarle
el in evitable aniquilam iento postrero. Ahí, entre
esas dos figuras, está la boda —unas veces presente,
otras inm ediata— con su aroma de azahares m al­
ditos. com o en los poem as anteriores; con sus sáb a­
nas de encaje que siem pre se tornan en banderas
trágicas. La ráfaga pagana vuela dejando un rastro
de fragancia perturbadora. Como en “Bodas de
sangre”, como en “ Yerm a”, la Criada —o la Vieja
cam pesina—, rotunda expresión de la vida agreste,
evoca la cabalgata lasciva de Paca la Roseta, d es­
nuda y cruzada en el caballo com o un guitarra
al viento. La superstición se vislum bra en la ago­
rería de la sal derramada y las perlas del an illo
nupcial. Y el llanto se reproduce con las Plañideras
entre la salm odia de rezos y m urm uraciones. Todos
ellos son atributos m uy sign ificativos en la obra del
poeta y del dram aturgo, y se presentan nuevam ente
con esa fundida m ezcla de em blem a hum anizado y
de hum anidad estilizada, que se com pleta siem pre
con genuinas sustancias telúricas en el taller im a­
ginativo de Lorca.
I^as “ dram atis persona?” del teatro lorquiano son
criaturas de tierra y nube. En su realism o tam izado,
esta vez el poeta las caracteriza más, con rasgos
tenues y agudos a un m ism o tiem po. Y les ha
dado nom bres de pila. Ha determ inado una d ife ­
renciación espiritual entre todas esas m ujeres que
viven “m etidas en alacenas”. Sabem os que una es
enferm iza y grosera, otra contrahecha y envidiosa,
aquella tím ida, esta descarada, la menor “una m ulilla sin desbravar” ; sabem os que puede incidirse
en el com plejo de inferioridad y en los im perativos
categóricos de la salud más joven y fresca. Son
estos trazos m uy bien conseguidos para el dibujo
de la fam ilia de las Alba, y revelan cóm o el dram a­
turgo llevaba de la mano al poeta para lograr una
psicología mayor en sus personajes.
Cabría hacer, sin em bargo, un paralelo entre estas
figuras fem eninas y otras de obras com puestas a n te­
riorm ente por García Lorca. La Madre de “Bodas”,
tan opuesta a Bernarda, se m uestra extraordinaria­
m ente varona en el final del segundo acto —pide
un caballo, casi romo Ricardo III—, y cuando se
quedó viuda no hizo otra cosa que 'mirar “a la
pared de en fren te”. La de Alba “tapia con ladrillos
ventanas y puertas”. La N ovia n ecesita un “río
oscuro lleno de ju n cos” para apagar su fiebre, sus
llagas. Adela siente un fuego “levantado por pier­
nas y boca ’ y mira los ojos del hom bre com o si
“bebiera su sangre len tam en te”. La P oncia es h er­
mana m elliza de la Criada, la Vieja Pagana y el
Ama de Doña Rosita. Todas estas criaturas se a se­
m ejan tanto porque son, en verdad, m ucho más
representativas que individuales y porque están
hechas de la misma aleación de sangre y estrella
9

Aún cuando su m edio es brusco, están rodeadas
de una atm ósfera poética. El poeta no ced e al pro­
sista en la m etáfora, en la riqueza im aginativa
dentro de la parquedad del estilo. Si bien algo más
directo, todo el diálogo está lleno de Camaradas
líricas, desde las “cuatro mil bengalas am arillas en
las bardas del corral” hasta el caballo blanco y
redondo —poderosa representación del m acho— ,
grande com o una aparición en la oscura noche
estrellada. Late esa poesía, unas veces grave y
negra, según corresponde a día de duelo y cam p o­
santo, en la salm odia cereada de la viuda, y en
otras ocasiones alegre e in citan te en la m elodía de
los hom bres que pasan:
“Abrid puertas y ventanas
las que v iv ís en el pueblo,
el segador pide rosas
para adornar su som brero”.
P oesía inquieta y am arga en el discurso de las
m ujeres enlutadas y encendidas, en el contraste de
la calm a exterior de siesta y rosario, y en el “n u b lo”
oculto de la pasión; poesía de som bra y relám pago.
Podía esperarse, acaso, que esta poesía se levan tase
y cuajara con m úsica y resplandor, com o en el co rte­
jo nupcial de “Bodas de san gre” o en las sonrientes
lavanderas de “Y erm a”. El poeta no lo quiso por­
que el drama no lo pedía, y eso cabe lam entarlo,
pero no confundirlo. A este respecto, hay que dejar
“La casa de Bernarda A lb a” en el plano que le
corresponde: el del drama poético; no el del poem a
dram ático. Drama de la virginidad custodiada por
un orgullo despiadado y estéril, drama de la castidad
forzada e im puesta sobre los naturales deseos de
la sangre, drama del corazón que se rom pe contra
las rejas de su fría, de su oscura prisión.
Vem os, en con secu en cia finaJ, que el neorrom anticism o del teatro lorquiano, incluido en la am plia
y d iversificada ten dencia actual de la literatura
dram ática, se atem pera a pesar de sus elem en tos
poéticos, en “La casa de Bernarda A lb a”, para a ju s­
tarse, para ceñirse a una realidad más asentada,
de m enor figuración, pero siem pre estilizada. El
procedim iento im porta para el drama una m ayor
unidad, pues ni las fugas líricas cortan el d ese n ­
volvim ien to norm al de la fábula, ni la fantasía de
un trasm undo la divide en dos planos distintos. Un
decidido propósito de concentración del tem a y de
igualdad en el tono, hacen de esta obra la más
hom ogénea y prieta creación dram ática de Federico
García Lorca. Hay en ella una seguridad en la
gradación del desarrollo, ausente en com p osicion es
anteriores; una gradación d ifícil por cuanto, luego
del p lanteam iento, el con flicto perm anece laten te,
con grave palpitación hundida, durante todo el acto
segundo —el de m ejor facura— hasta la últim a
escena, y durante toda la tercera jornada —un poco
presurosa— hasta la exp losión final. Esta dificultad
está salvada con una gran habilidad técn ica r e v e ­
ladora de los progresos que hacía en Lorca el
escritor de teatro. La calm a aparente, presagio
insinuado, prepara con exactitu d aq u ellas dos situ a ­
cion es de potente vibración hum ana: la prim era
de una autenticidad dram ática innegable; la segunda
el m em ento más legítim am en te trágico de todo el
teatro de G arcía Lorca. Este crecim ien to de la
m aestría en el “o ficio ” —palabra que le gustaba
al poeta— dem uestra que ya cuajaba, en la bien
fundida unión de los elem en tos con cep tivos y los
procedim ientos form ales —drama, poesía, p en sa­
m iento, técn ica —, la obra cim era del teatro español
en el siglo vein te, gem ela de “La vida es su eñ o ”
en el décim o séptim o.
Margarita Xirgu ha cum plido un largo em peño
de arte, que debe ap radecérsele, no cejando desde
que tuvo noticia de que se había salvado el m anus­
crito de G arcía Lorca hasta conseguir el estreno
del drama. Este fervor se ha logrado por fin en
el teatro A venida —donde diéronse a conocer “La
zapatera p rodigiosa”, “Mariana P in ed a ” y el “R eta­
blillo de Don Cristóbal” —con una representación
muy viva de la obra, que ofrecía, sin duda, no
escasas dificultades, sobre todo, para una com pañía
heterogénea, a la cual no pudo su directora ajustar
a un estilo. Tam poco pudo evitar que la su p erfi­
cialidad de algunas actrices afectara dem asiado a
sus respectivos personajes. La interpretación, en
conjunto, se vertió un poco exteriorm en te cuando
exigía una introversión, una con cen tración m uv
densa. M argarita X irgu perfila el tipo de Bernarda
con su espíritu acendrado, con profundidad de
expresión y adem án plástico. Isabel Pradas, Pilar
Muñoz y Celia Gám ez m erecen una m ención. A n to­
nia Herrero, tan buena actriz, no puede dar a la
Abuela, por su fuerte m odalidad escén ica, el lirism o
que eleva esa figura. De la escen ografía de San­
tiago Ontañón cabe destacar el decorado del acto
tercero.
ALFREDO DE LA GU A RD IA

�El e s t r e n o

d e l T e na t r o

Un

Odeó

"•frróa im o #/
sa
alaioliatla**

“ La novia «le arena** es
un feliz intenlo draniálieo
j?
a lu cin acion es y los sueños, tan pródigos en
v arian tes literarias desde la ju ven tu d de A lain
F ournier y la m adurez de G iraudoux. gravitan con
in q u ieto poderío sobre la heroína de “La novia
de arena*’, leyen d a dram ática que com porta el p ri­
m er in ten to teatral de U lises P etit de Murat y
H om ero Manzi.
Elisa, que con ayuda de S hakespeare puede ser
d efinid a com o la O felia del R iachuelo, presencia
el arribo de un náufrago que de antem ano es su
prom etido. Su im agin ación extrem osa y la am arga
elocu en cia de Jane, han creado esa atm ósfera
p renupcial.
Las salin as deid ad es del mar, que devoran h om ­
bres y m utilan barcos, están p resen tes en el diálogo
de esta obra in ten sa y delicada. B ueno es señalar
que la acción se desarrolla en años de guerra, y
que el padre de Elisa — autor de m ú ltip les b atallas
n a v a les— es un je fe in vestid o de gloria. El n áufrago
que a cced e al am or de aquella, m uere com batiendo
a las órd en es del victorioso alm irante. La rom ántica
m uchacha elig e una m uerte paralela y se destina
al mar.
Si bien los au tores no se dejaron avasallar por
el im perativo de p erfección , han organizado sus
elem en to s dram áticos con destreza continua y la u ­
dable eficacia. A lien ta en ellos una in ten ción evocativa, y se autorizan de cierta leyen d a que arraigó
en las riberas del P lata y que se vin cu la al presunto
su icid io de Elisa Brow n. P ero U lises P etit de Murat
y H om ero M anzi sólo vieron un punto de partida
en estos im probables o ilu sorios h ech os. A n tes que
su fid elid ad a la heredada anécdota, im porta el
destino que le dieron, su reverberación artística.
Y es grato señalar que una fu erte dulzura y un
desolado esplend or irradian las escen as que d efinen
el carácter de la desdichada Elisa.
La fronda m etafórica gravita n otab lem en te sobre
el d iálogo y por m om en tos d etien e el curso de la
acción. A u nque esa op u len cia es poco alentadora,
no la señalam os con rígida in ten ción pu n itiva. Otra
cosa im plicaría caer en la vacilación o dualidad
de q u ien es “so licitan p o esía ” cuando el len gu aje es
t

as

-

llano y desnudo, pero que abom inan del estilo p oé­
tico cuando la obra com entada sobrelleva un diálogo
fastuoso y cincelado.
No son pocas las situ acion es pródigas en persua­
siva fuerza dram ática y, las m ás veces, los perso­
najes aparecen regidos por sus propios im pulsos
y sentim ien tos. Pero las criaturas dram áticas de
“La novia de aren a” no difieren por su idioma
sino que se m uestran dom inadas por las m ism as
propensiones verbales. Un dadivoso fervor cu lte­
rano las id en tifica en la sin écdoq u e y la m etonim ia.
P ese a lo dicho, este considerable drama puede
inscribirse en esa nueva proyección teatral que re ­
basa los preceptos del realism o escén ico y que no
in tenta persuadir m ediante la reproducción facsim ilar del m undo extern o. Los hechos son p resen ta­
dos desde una p erspectiva poética y, por m om entos,
alucinatoria. Las su gestion es del mar y de la noche,
los hom bres dados a la guerra, la calm osa vida de
las ad olescen tes en el Buenos Aires casi agreste
de la prim era m itad del siglo pasado, la patética
nobleza que prestigia (P oe y Rilke lo dijeron de
algún m odo) a la juventu d que se desposa con
la m uerte: todo con trib uye a rodear de sublim ada
y com pleja herm osura a los personajes de “La novia
de aren a”.
Los elem en tos gratos al vasto público —un bello
náufrago, un concurrido oratorio, una joven v u ln e ­
rada por el en su eñ o— no m enoscaban la básica
dignidad de esta realización venturosa. Sus artifi­
cios parciales no im piden la em oción ni le restan
jerarquía artística.
Sobria y natural. D elia G arcés se reveló una
actriz de estim ab les dotes. Identificada con la pro­
tagonista, supo dar exp resión al infortunio que la
in voca y oscurece. Se plegó sin esfuerzo a sus
m udanzas aním icas y, en los m om entos d ecisivos
de la obra, en sayó la entonación dram ática con
vigor un tanto secreto. O restes Caviglia, generoso
de aciertos, cum plió una labor valiosa y destacada.
M ilagros de la Vega, Enrique Diosdado y D om ingo
Sapelli no desanim aron el noble y su gestivo esp ec­
táculo.
CARLOS MASTRONARDI

El

eSt

r

e

n

o

" E l A va ro
r f&lt; &gt;

M o lie r e
éx ito tan g ran de com o natura l —aunque para
algunos haya sido una so rp resa—. no artístico
m
sino tea tra l p u ra y s i m p l e m e n t e , o b ten id o p o r la
ver sió n de la céleb re c o m ed ia m o lieresca p re sen ta d a
p o r Cunill Caba nellas y p ro ta g o n iza d a p o r Luis A r a ta, no y a ce s e g u r a m e n t e , y com o algunos creerán,
en las v i r t u d e s literarias de la obra ni en el rango
in n eg a b le de la versió n que d ia ria m en te se gusta
en el tea tro B uenos Airs, y sí, se gún m i s e n t i r ,
en la in su p era b le eficacia cóm ica de la piez a, que
p ese a cu alquiera ín dole de cortes y m o d ifica c io n es,
se an cu ales f u e r e n , c o n s e r v a , m ás allá de tod a poda
m ás o m e n o s critica b le —eso v a en opiniones— la
r o b u s te z y sa via del i m b a tib le tronco original. Tipos,
situaciones , lenguaje, m a tic e s y d e m á s in g red ien tes
co m u n e s a toda gran creación escénica, dén senos
aquí re u n i d o s , no p o r in sp iración d ivin a y sí com o
resu lta d o de la larga, larguísima ex p erien cia teatral
de su autor, qu e a lo largo de toda una existe ncia
de estud io y afición, fué co n sta ta n d o los efectos,
p ro b a n d o los chistes, e s tud ia n d o las situaciones,
o b s e rv a n d o los c a ra cteres y, re su m ien d o en f i n ,
hasta de stilarlas en sus m ás p u ra s esencias y en
in cre íb le p u rez a las in a ltera b les sales de lo cóm ico
en cu ya dosificación eficaz n ad ie ha p o d id o ja m á s
a ve n ta ja rle .
M a estro en el arte de hacer reír, la bondad de
su ingenio quizás no su p era d o es fácil de c o m p r o b a r
en su actual e f e c t i v i d a d en cu alquiera de las r e p r e ­
se nta cio n es que d i a ria m en te se ce lebran a teatro
llen o , y en las que el p ú blico —ni buen o ni malo,
ni culto ni incu lto— se ríe a más y m e j o r con las
d e s v e n t u r a s del buen avaro, que si ahorra, lo hace
en to d o m e n o s en dars e d isg ustos a sí m ism o y
en hacer re ír a los d em á s. De ahí nuestra g ra titu d
para con él, d es graciado alguacil de sus entrañ as
sin sosiego ni des canso, al p a r que im p o sib le su jeto
de nu estro renc or, ya que en su pro p io p eca d o lleva
la p ro p ia p e n iten cia : fam ilia, servid o r es, amigos,
c o n f id e n te s m ás o m e n o s leales y hasta el propio
d e s t in o , se a únan fá c i l m e n t e para salirse con la
su y a y d e ja r le con su a d o ra d o cofrecillo que a ellos
nad a les i m p o rta y a él no le ha s e rv id o más que
para q u ed a rs e con dos p a lm o s de narices. La m o r a ­
leja se d e s p r e n d e p o r sí sola y la v ieja co m ed ia
de P la u to, d e s p o ja d a de su p r i m i t i v a ru deza y e n ri­
q u ecid a en su ingen ua sim p licid a d , sigu e tan fresca
y v i v a c o m o sie m p r e , evid e n c iá n d o n o s que no es
una nieza pa ra que ú n ic a m e n te la hagan d ivo s
y sí, p o r el co n t r a r i o , capaz de hacerlos. Las c o m e ­
d ias hacen a los a cto res pero los actores no hacen
las c o m ed ia s. Y con. o so b re los actores, las c o m e ­
dias las au tén tica s co m ed ia s teatra les, hechas p o r
y para el p ú b lico en cu en tra n s i e m p r e en este — el
m ism o a t r a v é s d e los t i e m p o s — un eco con fortador,
a g ra d e cid o y fiel.
.
Luis A r a ta , una de las masc ara s h um anas m as

Buenos

ro

d e l

e s t r e n o del A s t r a l

i r es

prodigiosas que hayan visto los escenarios, aum en ta
de día en día su ex traordin aria m ím ica al hacerse
fiel i n térp r ete de la sie m p re ca m b ia n te fisonomía
aním ica del v ie jo en am ora do de Frosina. Helena
Cortesina, la ex celen te actriz de siempre, nos da en
su brillante versió n de la e n tre m e tid a zurcidora de
amoríos, un eco de lo que debió se r aquel teatroteatro que se llamó la “c o m m e d ia delVarte”. Den tro
ta m b ién de este tono se m u e v e la ex presión del
fingido In ten den te. Bien todos los d em ás actores
en tre los que. algunos p o r dem asia do jó ven es, re p i­
ten de m anera quizás e x c e s iv a m e n te mecán ica las
lecciones de su m a estr o y d ire cto r artístico de la
versión.
Una postura escénica concien zuda y fiel a un
crite rio al que no hay p o r qué discutir, sino es
en lo ex cesivo del beato que m u estra la mansión
del avaro y la dem asia da riquez a de los a ta vío s de
sus q uejoso s se rvidores, sirve de fondo a la m a g ­
nífica com ed ia, por cu ya gen erosa incorporación a
la actual tem p o ra d a teatra l hem os de estar p r o ­
f u n d a m e n te agra decidos al gran actor que es Luis
Arata y a la diligencia, f e r v o r e in q u ietud de su
culto y perscna'Asimo director Sr. Cunill Cabanellas.

L a s orillas del Paraná, m osquitos, aguas barro­
sas, una actriz que estudia a Shakespeare, unos
personajes que se tratan castizam ente de tú y de
pronto se apaisanan y dicen “naides”, un retardado
m ental que adora a su alm ohada —es decir, por
primera vez el dadaísmo en el teatro nacional.
Jerónim o ama la soledad y los versos; la alm o­
hada es el sím bolo de su gusto per la lectura y la
vida interior. Se enam ora de Lavinia, la actriz, y
am bos se refugian en el bosque. Allí Lavinia le
confiesa que ha trabajado en las tablas. El es
ingenuo y no entiende. ¿Tablas? ¿Será lavandera?
¿Será planchadora? Jerónim o sigue sin com pren­
der. Acude al diccionario de ideas sugeridas, al
de sinónim os. Tablas, em pate, ajedrez, tablón, se­
pulturero. Pero no: cada vez se aleja más. La
revelación es atroz: ella es actriz. Jerónim o se
hunde en un infierno de horror. No puede amar
a un ser tan pervertido como una m ujer de teatro.
Esta ofensa gratuita fué rápidam ente tomada en
cuenta por Palom a Cortés, Sofía Bozán, Luisita Vehil y otras actrices que estaban en la sala y que,
a la salida, se reunieron para cambiar ideas acerca
de las posibilidades de una acción judicial por
difam ación.
Después vien e una pequeña sesión de filosofía
de la naturaleza, con reflexion es acerca de la “in ­
finita sabiduría de la alim aña”, en contraste con
nuestra torpeza de m eros autores teatrales. Jeró­
nimo com prueba por fin que no hay nobleza como
la del escarabajo ni ternura como la del bicho
canasto. Escruta con devoción la vida privada de
la araña pollito, cae en convulsiones de alegría al
descubrir sentim ientos m utualistas en el yaguareté,
decide no traicionar jam ás la amistad que le ofre­
ce el piojo del m onte.
Llegan los m azorqueros bajo el mando del in ten ­
dente. Este proclama a voz en cuello: “L’Etat c’est
m oi”, aunque es difícil sostener que el personaje
sea una caricatura de un conocido funcionario. La­
vinia acucie en defensa de su am ante, pero su sa­
crificio es inútil. La parábola consiste en que
Jerónim o se queda solo y pierde hasta su “ barco
de plum as”, com o le llama a la alm ohada. En­
tonces el indio fiel establece una granja en el
bosque y cría gallinas. Una escena fuerte es la del
sacrificio de un perro a manos de un m azorquero,
pero por una distracción del autor el suceso ccurre
entre telones.
Una casual afonía de Pepe Arias y el tono suave
de la voz de la herm osa R enée Barell transform a­
ron, en un m om ento dado, el drama en pantom ima,
y luego el teatro en teatro íntim o; privilegiados,
les espectadores de las dos prim eras filas, se n e­
garon al principio a transm itir a las filas de atrás
lo que pescaban del diálogo. Realizadas algunas
gestiones, se llegó a un acuerdo, y el diálogo fué
transm itido de fila en fila, para atrás y hacia los
lados. Esto requirió, por supuesto, la presencia de
apuntadores colocados en las filas im pares. El
efecto de coro griego que con ello se logró fué
inesperado y novedoso, y Pepe Arias y Renée B a­
rell, interesados, se quedaron hasta el final de la
función.
Bueno es advertir que el fracaso de la obra no
se debió a Pepe Arias ni a su afonía, como se ha
querido insinuar, ni tam poco a la versión escénica
de Mottura. E squem áticam ente pueden anotarse en
•‘Jerónim o y su alm ohada”, los sigu ien tes factores
negativos: carencia casi absoluta de escenas, en el
sentido estricto, pues todo ya ha pasado o está por
pasar; inform ación directa de los sucesos sum inis­
trada por los personajes; confuso idealism o, ego­
centrism o ingenuo en el personaje principal, que
no despierta ninguna sim patía; ausencia de efectos
provenientes de las situaciones; discursos banales
sobre la vida, el destino. Dios, el amcr, etc.
MANUEL PEYROU

JAVIER FARIAS

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"L a voz
l profesor lon d inense John van Druten sien te
la preocupación de escribir com edias de pocos
personajes. Más que el barullo de m uchos in té r­
pretes prefiere barajar unos cuantos caracteres bien
definidos. En 1931 estrenó T h e re ’s A l w a y s Juliet
(Siem p re hay una Ju lieta) con cuatro figuras. “La
voz de la tórtola” —¿por qué no “El arrullo de la
tórtola”?— tien e tres. En esta obra —escrita en
tres sem anas de vacacion es en un rancho de Cali­
fornia. adquirida por el em presario A lfred de Liagre, Jr. en vein ticuatro horas y contratados en una
rem ana los tres artistas que la estrenaron en EE. UU.
Van D ruten p lantea cierto problem a que inquieta
a otros autores norteam ericanos. El tedio que sie n ­
ten las m u je ie s por la práctica de “vivir su v id a ”.
Al parecer, las jó v en es que aspiran a un porvenir

E

o

E m p i r e

t!v la
en cualquier actividad, se han cansado de vivir
solas. Eva necesita de Adán. En Stag e Door (La
puerta del escenario) Edna Ferber y George S.
K aufm an ya exh ib ían un m uestrario de m ujeres
que deseaban con vivir con un hom bre —con uno
solo— y arrebujarse en un hogar tranquilo, lejos
del “m undanal ruido”. Las m odelos que sirvieron
para la “m ujer fa ta l”, la w a m p . la del oom ph o la
del se x -a ppeal consideraban que había que regresar
al cam ino recoleto de ser m ujer m ás que hembra.
En Siem pre hay una J u lieta ”, lo m ism o que en
“La voz de la tórtola”, la m ujer entrega su destino
a un hom bre porque tien e el orgullo de no ser
m anoseada. Se resucita el amor y se ¿ e.tru y e el
teorem a de la cam aradería. Es un regreso al honor
fem enin o o, ti se quiere, al orgullo del sexo.

Aída Luz, Juana Sujo y Esteban Serrador, en una escena de “ La voz de la tórtola'

�Van D ruten señala el tedio de la m ujer, cansada
de probar, y que clam a por un solo amor, que no
será el de las p asiones literarias, pero sí sencillo
y cotidiano. Con tres personajes —una joven que
representa este carácter, un hom bre que se en a­
mora y una aventurera que “v iv e su v id a ” y e n v i­
dia el verdadero destino de su an tagon ista— el
autor de Oíd A c q ua in ta n ce (V ieja am istad) ha e s­
crito una ex celen te com edia plena de acción.
La acción teatral no es m ovim ien to. Un diálogo
que plantea y desarrolla un con flicto, desde el
principio al fin, tien e m ás acción que cualquier
com edia en la que vayan y vengan de un lado
para otro cien personajes. La acción es vida y el
m ovim ien to, m ecánica. En “La voz de la tórtola”,
idilio claro y dom éstico, escrito con sen cillez lite ­
raria, Van D ruten va directo al corazón del e sp e c­
tador. La sociedad pacata de las p rovincias n orte­
am ericanas ha protestado su avem en te por el atre­
v im ien to de algunas escen as y ciertas frases que
hieren una sensib ilid ad harto acostum brada a la
literatura rosácea.
La obra es un docum ento fotográfico. Una bur­
guesa historia de am or de n uestros días. El d iá­
logo, en in glés, tien e donaire, suavidad, ternura y
elegan cia.
En B u en os Aires. “La voz de la tórtola” —trad uc­
ción de M anuel Barberá— ha tenido la suerte de
una certera d irección y un ex celen te reparto. E ste­
ban Serrador —director y feliz in térp rete— ha re­
conquistado el puesto a que tien e derecho en su
carrera artística; Aída Luz —clara revelación de
una actriz ev id en te— ha dado sim patía sentim en tal
a su heronía y Juana Sujo ha ofrecido, una vez
m ás. su h abitual y epigram ática coquetería.
La presentación, reflejo de la neoyorkina. tuvo
un acierto sobre la original del Morosco T h e i t r e ,
pues Esteban Serrador luchó en el escenario local
con la peq u eñ ez del m ism o, logrando con in gen io
que hubiera cuanto hay en el norteam ericano, m ás
un clim a de intim idad m ayor.
FRANCISCO

MADRID

El estreno del Teatro National

"S a n g r e X e g r a **
es im posible com entar la versión
L OGICAMENTE,
escén ica de “ Sangre negra” sin recordar los
valores de la novela hom ónim a de Richard Wright,
en su idiom a original “N ative son ”. Y señalar la
inferioridad de la prim era con respecto a la se g u n ­
da, resulta casi un lugar com ún, pues es la suerte
reservada a cuanto esfuerzo se ha hecho por llevar
al proscenio una n ovela de m ayor o m enor calidad.
Tal posibilidad encaja m ejor en los ám bitos más
am plios de la cin em atografía, donde a poco que
d irectores y adaptadores se propongan ese m ínim o
de fidelidad hacia el original que es indispensable
para encarar la tarea con responsabilidad artística,
se logran version es tan m agistrales com o “Viñas de
ira” o “ N uestro p u eb lo”, bajo ciertos aspectos aún
superiores al tex to.
El teatro es celoso de sus prerrogativas; sus e x i­
gen cias son más rígidas, aún contando en la actu a­
lidad con el atuendo de las escen ografías m odernas.
En “ Sangre n egra” su adaptador teatral, Paul
G reen, no logró suplir el ritm o narrativo y descrip ­
tivo de la n ovela —son tres actos d ivididos en diez
cuadros— por la sín tesis indispensable que exige
el teatro.
El espectáculo reem plazó así en gran parte a lo
que debió ser la trayectoria psicológica, fun d am en ­
talm en te dram ática de Bigger Thom as, el hom bre
de color que entra en el recinto privado de la c iv i­
lización blanca, sólo cuando el crim en eleva su
personalidad a la categoría de un ser peligroso para
la sociedad.
El director N arciso Ibáñez M enta en realidad
o b jetiv ó la obra al darle ex cesiv a prim acía al esp ec­
táculo en sí; lógicam en te, los valores p sicológicos
de cada personaje y el con ten ido social de la obra
resultaron sen sib lem en te am inorados. Aún en el
asp ecto in terp retativo, N arciso Ibañez com puso su
tipo con acierto exterior, ob jetivo, pero no marcó,
sobre todo en los prim eros cuadros, el drama su b ­
jetiv o del hom bre de color. Su incorrecta dicción
—d efecto agravado por su ten dencia a trabajar de
espaldas al público, cosa que requiere una dicción
p erfecta y que es im perdonable en un actor de ca te­
goría— resta m atices dram áticos a su labor, que
com o señalábam os más arriba, debió ser de esen cial
fibra dram ática. Si hubiera que resaltar otra d efi­
cien cia técn ica, ella sería la no siem pre bien d istri­
buida ilu m in ación escén ica que con frecuencia
su m ía a los actores en som bras excesivam en te
densas.
Pero com pensando en parte estos errores de reali­
zación —que una crítica sana y con stru ctiva está
en el deber de no silen ciar— hubo aciertos in d u ­
dables, pudiendo m encionarse com o paradigm as elo ­
cu en tes, la escen ografía adecuada, la supresión total
de los en treactos, el oscurecim ien to previo a cada
cam bio de escen a, el d esplazam iento fe iz de los
in térp retes en el proscenio. El resto de los actores
acom pañó con h om ogeneidad la labor del protago­
nista; decorativa y eficien te la actriz Norm a Cas­
tillo, que tam b ién debe corregir su dicción; correcto
pero afectado el veteran o A lberto Contreras, a quien
recordam os en m uchos papeles de gran jerarquía.
R esulta halagadora la franca acogida que el pú­
blico está d ispensando a esta versión de la fam osa
n o v ela am ericana. Ese m ism o público a veces in d i­
feren te a los esfu erzos de superación artística con
que, esporádicam en te, gen te de nuestro teatro p re­
ten de superar el clim a gris y m ediocre en el que
len ta m en te está agonizando la escena vernácula.
Y lo cierto es que N arciso Ibañez con frecu en cia
nos recu erda sus in q u ietu d es por rom per con la
rutina.
B. R. GALLO

GUERRILLAS
o

DEL

TEATRO

una experiencia española
por M A R IA T E R E S A L E O N

p

s una historia vieja esta del teatro. Cada cual
cree que le asiste derecho a añadir un capítulo.
He aquí mi experiencia.
No sé qué afortunado encontró durante la guerra
de España (1936/1939) este buen nombre: ^Gue­
rrillas del Teatro”. Tampoco recuerdo en qué
momento comenzamos a usarlo, ni en cuál lugar
situar su nacim iento, aunque parece ser lo fuá
Valencia. Lo cierto es que así designamos a los
grupos volantes que por todos los frentes repu­
blicanos trataban de burlar la idea de la muerte
con el juego feliz de la im itación de la vida.
Me gusta siempre volver a hablar de ellas. Las
“G uerrillas” han sido durante muchos meses nues­
tra razón de existir. Fueron la expresión teatral
más mínima que haya alcanzado el número más
grande de espectadores. El ritmo de la guerra
hacía que nuestro tabladillo, salpicado de barro
y de metralla, se m ultiplicase acudiendo sin des­
canso allí donde éramos requeridos. ¡Y cuántas
peticiones llegaron hasta nuestro grupo, que se
llamaba “Guerrilla del Teatro del Ejército del
Centro”. Su sede era Madrid.
Puede que algún día nadie recuerde su nombre,
reducido a dos líneas en los manuales de historia
su heroísmo de aleluya, pequeño y audaz. Mujeres
fuertes desarmaban a los hombres cobardes. Tenía
todo algo de carnaval, de día de toros y de entie­
rro. El hombre malo y el hombre bueno; el
valiente y el temeroso. Madrid sacaba su capa
de grana, la que le conoció Napoleón, y parecía
decirle al tiroteo: embiste. La aleluya madrileña
era manóla y varonil, arrogante y cortés. \ o la
he visto dirigirse a una fiesta imaginaria, a unos
fuegos artificiales. Sacaba el pie. y bailaba. Tenía
teatros, cafés, bares con agua de Lozoya. y un
rumor de mercado por las calles donde casi nada
había que vender, y desfiles reclamando cosas mal
definidas que hacían llorar. . . En ese ambiente
hicim os nuestro ensayo de teatro para las masas.
Fuimos hacia nuestros espectadores con una
gran preparación sentimental. El amor y la fe
eran las características de aquellos días. Estábamos
seguros de que el instinto de nuestro nuevo
público sabría comprender nuestros propósitos,
que — ¡oh sueño del retorno teatral a sus orígenes
inocen tes!— estaban basados en restituir el teatro
al pueblo.
¿Cuál fué el espectador que hallamos delante?
Trataré de explicar mi im presión. Nadie que no
lo haya visto conoce al hombre de la guerra.
Nada hay más puro que él, contemplativo y difícil.
Su voluntad de acción está controlada al máximo
por la obediencia militar. Las nociones más ele­
mentales le bastan para su vida diaria. El hori­
zonte mental se le achica al problema de su cu­
chara o su escudilla. Hasta el lenguaje se le
deforma, em pequeñeciéndose, achicándose a las
necesidades nuevas. No nos pareció fácil, al cono­
cerlos, la tarea de ensanchar su panorama con la
aparición farandulera de un carro de cómicos.
Nuestra presencia con su música y su comedia
exigía un esfuerzo contradictorio entre su rea­
lidad casi agresiva y el mundo de las apariencias
que nosotros les planteábamos. Realm ente no&gt;
pareció que aquellos hombres cansados, que nos
proponían como espectadores, no tenían &gt;u e&gt;píritu propicio para ejercicios estéticos, puesto que
parecían haber regresado a una edad incierta de
la infancia, donde el miedo ocupaba otra \ ez un
gran lugar. ¿Con qué lenguaje hablarles a los que
volvían de burlar la muerte? ¡Qué extraño espec­
tador! Se agrupaban todos iguales, con una sola
cara, uniform ados de ojos y maneras. ¿Qué hacer
para entregarles nuestra mercancía? Mercancía
de papel de colores y trajes rutilantes, mercancía
de bailes, música y palabras, consuelo de niños,
gracia de las metamorfosis. Se sentaron dócil­
mente. y com enzó la representación y el milagro.
Yo atribuyo este milagro de comprensión de
tantos m iles de soldados como formaron nuestro
público, a que el hombre de España no ha roto
su tradición teatral, entendiendo por tradición no
11

la fácil repetición milenaria, sino el poso de la
cultura que queda impalpable casi en el fondo
de los seres, esa tradición difícil que Unamuno
quería encontrar en la cueva de M ontesinos ahon­
dándola, escarbándola, recorriéndola como si se
tratase de las propias entrañas. Cuando comen­
zaban los versos de Lope, Calderón o Quiñones
de Benavente. nuestro espectador se iba sintiendo
llamado por la escena, acudía a su reclamo y se
quedaba prendido, siguiendo sin esfuerzo el des­
arrollo de un sainete o un entremés. Nuestro com­
batiente-espectador no era solamente un soldado.
La guerra de España trajo consigo un proceso
moral y político. No entregábamos únicamente
el milagro del descanso, de la evasión y la alegría
en aquellos versos antiguos; era la puerta abierta
a paraísos negados anteriormente, era el teatro
al servicio del pueblo, era la variación de los
tiempos.
¿Y cómo no iban a creer en nosotros, que les
dedicábamos todas nuestras horas? El actor que
tenían delante no era un hombre cómodo que
esquivaba la guerra en un trabajo de retaguardia.
El actor soldado fué una variante afortunada del
actor profesionl. Los actores y actrices estaban
sometidos a una disciplina. Disciplina que obli­
gaba al abandono de muchos vicios teatrales: “No
entre aquí quien desee conservar su vanidad'*.
El sueldo que recibían era el de un soldado. Los
caminos, como en los tiempos de Lope de Rueda,
eran su descanso. No sabían al salir cuando les
tocaría volver, ni si volverían. Se acostumbraron
a los ametrallamientos de las carreteras; a conti­
nuar la representación mientras volaban sobre ellos
los j u n k e r s alemanes; a no sentir fatiga; a dejar
prioridad a las ambulancias cuando comenzaba
una batalla, aún a riesgo de tener que retroceder
bajo el fuego enemigo. Representábamos en todos
los lugares que nos ofreciesen: iglesia rota, campo
libre, bosque o patio de cuartel. Espectadores
con arma al brazo, sentados o rodilla en tierra,
nos escuchaban absortos, prontos a entrar en ac­
ción. mientras otros batallones de su unidad com­
batían no lejos de allí. Los obreros de los altos
hornos de Sagunto detuvieron una hora su trabajo
después de un año de incesante labor para ver
representar a las “Guerrillas en un galpón volado
por las explosiones. Los infantes del Batallón
Alpino salieron a conquistar un monte del Gua­
darrama después de oír nuestras canciones, y lo
mismo aquellas escuadrillas del sur que volaron
hacia el Ebro horas después de aplaudir nuestra
inmensa buena voluntad al no romper en llanto
despidiéndolos. El actor de las “Guerrillas del
Teatro” fué una creación feliz. Creo que también
lo fué su repertorio.
Además del teatro clásico, punto en que unía­
mos a nuestro espectador con la lógica tradición
de su cultura, representamos el “Teatro de L rgencia”. Eran obrillas cortas, algo así como un cartel
hablado sobre la actualidad, resumen teatralizado
de consignas que habían de ser popularizadas por
todos los medios. También cantares. También
bailes. Era corriente, cuando nos encontrábamos,
por ejem plo, en una unidad de catalanes, concluir
la actuación con una sardana que bailaban pronto
todos los soldados.
Todo esto se conseguía con un tablado, cuatro
cortinas y trajes audaces para disimular nuestra
obligada improvisación. Improvisación aparente,
puesto que esa misma compañía pudo representar
más en la retaguardia: El enfermo de aprensión,
de M oliere; El milagro de San Antonio, de Maeterlin k ; La Cantata de los Héroes. de Rafael Alberli; Un duelo, de Antón Chejov, etc.
Yo creo que aquel combate épico en todas las
actividades de la vida española que comenzamos
el día 18 de julio de 1936 no ha concluido aún.
La sustancia del tiempo no puede destruirnos
aquella razón de fe. En las entrañas de las cosas
ha quedado aquel esfuerzo teatral que intentamos.
A lo ancho, alto y largo de nuestra razón y con
ella al hombro, volverem os para continuarla.

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INDEPENDIENTE

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AI RES

p o r L E O N ID A S B A R L E T T A
E l te a tro in d e p e n d ie n te en B uenos A ires, responde a causas \ tiene lincam ientos
d istin to s de los eu ro p eo s y am ericanos. Ig u alm en te se d esarro lla con una p recaried ad
física c o rre sp o n d ie n te a la a ltu ra in te le c tu a l de los fu n cio n ario s que d eb erían fo m e n ta r­
lo. P o r a h o ra , el d e p o rte tien e m ay o r p red ic a m e n to que el arte. Y los gustos v p re fe ­
ren cias de q u ien es p o d ría n o rie n ta r al p u eb lo desde sus cargos, no favorecen las e x p re ­
siones su p e rio re s del a rte de las tablas.
Las causas que dan nacimiento al teatro indepen­
diente entre nosotros, son compleja s y de encon­
trados intereses. El nervio m otor fue la desespe­
ración de tener que padecer un teatro comercial
de tan menguados valores y propósitos. Y la dolo-

actores ingenuos, instintivos, de una bastedad que
no ofrecía posibilidades de ningún refinamiento
poético. Sus limitados recursos, su incapacidad
imaginativa impedían a los autores extender la m i­
rada hacia horizontes abiertos a la fantasía y a la
creación. N o representaban — las excepciones por
escasas no cuentan— obras modernas extranjeras e
ignoraban el teatro clásico. Se debatían en un as­
fixiante naturalismo que ahuyentó a los poetas,
quedando dueños del campo los que se habían im ­
provisado cronistas de teatro y sus allegados. Sin
coacción era punto menos que imposible contar
con la cursilería y ordinariez de los actores que
habían conseguido cierta popularidad aprovecha­
ble.
Pero el teatro no era solamente autor y actor.
¡ Y escenógrafos sí que teníamos! I iejos decorado­
res maravillosos que habían hecho su aprendizaje
en Europa, en talleres de fama mundial, se veían
constreñidos sin embargo, a embadurnar papeles,
a plegarse al absurdo y antiteatral naturalismo de
actores. Directores no había.
Entonces, sin haber logrado una significación, el
teatro se sintió morir. La ciudad perdió su falsa
tónica y las muchedumbres, apasionadas y necesi­
tadas de este arte, defraudadas una y mil veces,
enderezaron derechamente hacia el cinematógrafo
como teatro fotografiado. Pero el teatro argenti­
no o rioplatense murió, aunque conservando apa­
rentemente cierto automatismo. Para una pobla­
ción que posiblem ente excede de los cuatro m illo­
nes, pues se trata de la ciudad y sus aledaños, y
en la que es presumible que un millón de perso­
nas buscan ansiosamente su pan espiritual, ape­
nas una veintena de teatros pueden admitir veinte

mil espectadores en los me pores días. Y el cálculo
es generoso. Hay una sola agencia de autores para
todo el país y sus integrantes todavía no han vuel­
to en sé del pasmo que les produce una recauda­
ción de derechos que alcanza al millón de pesos
anuales; pero que de acuerdo a la importancia de
la ciudad y altura de la civilización no debería
bajar de los veinte millores. Teatros nadie quie­
re construir por que es más productivo instalar
tina tienda que una sala de espectáculos. Los exis­
tentes no están de acuerdo con los adelantos m o­
dernos en el escenario, ni en la platea. Los acto­
res son de la vieja escuela instintiva o de algún
curso retórico que los amanera para toda la vida.
Xo hay directores; los autores son los mismos au­
tores discursivos de hace treinta años; no existen
casi empresarios.
No podemos hacer una síntesis más clara de
las causas que dieron nacimiento al movimiento del
teatro independiente entre nosotros. Quienes sen­
tían la atracción de este arte, comprendiendo la
trascendental misión que le está confiada, como
alta escuela de humanidad, como gran tribuna del
mundo, como expresión del espíritu de un pueblo,
iniciaron su tarea en condiciones inverosímiles.
En quince años ha dado sus frutos. Un núcleo
de poetas de la escena, de categoría que descono­
cen los de la escena comercial; un plantel de ar­
tistas. a veces, quizás menos actores, pero siempre
mucho más artistas que los del teatro comercial;
directores sin otras limitaciones que la falta de m e­
dios y su mayor o menor capacidad artística; d e ­
coradores. electricistas, modistos, maquilladores. sin
los prejuicios de la vieja escena.
El tropiezo mayor que ha encontrado el teatro
independiente en Buenos Aires es la falta de lo­
cales adecuados para sus experiencias.
Pero las autoridades siempre dispuestas a inquie­
tarse por un club de deportes, no sienten espontá­
neo entusiasmo por la cosa artística. Ningún pin­
tore squism o, por ejemplo, es posible en una sala
de teatro de arte, pues le salen al paso un sinnú­
mero de ordenanzas que lo prohíben. Iais innova­
ciones en materia de luz. son poco menos que im ­
posibles por las dificultades que opone la inspec­
ción. sin atender razones artísticas. No ignoramos
los defectos de que adolece el teatro independiente
de Buenos Aires, al que algún viejo autor teatral.
por celos, quiso desprestigiar, sumjndole, en un
concurso oficial, los cuadros filodramáticos que tie­
nen todas las sociedades recreativas, tan necesarios
para hacer tiempo, mientras llega la hora de dar
comienzo al baile del sábado. No ignoramos que
algunos fracasados de la vieja escena han querido
rehabilitarse en el nuevo tablado y que no pocos
mediocres han utilizado este movimiento y el fer­
vor del público, como trampolín para sus m ezqui­
nos propósitos. Pero es halagador comprobar que
los enemigos de adentro y de afuera del teatro in­
dependiente se quiebran los dientes contra una ini­
ciativa que ya no pertenece a sus fundadores, sino
a la ciudad que salva, con los teatros de arte, su
decoro espiritual.

Dos escenas de "La máquina de sumar" de Elmer Rice, representada en el Teatro del Pueblo.

rosa insinuación de algunos extranjeros cultos de
que acaso este teatro era el que correspondía a
la mentalidad de nuestro p u e b lo . Sin e m bargo, es­
ta sospecha era infundada y fueron los teatros in­
dependientes los encargados de desvanecerla.
La vulgaridad irrem ediable de nuestros autores
provenía de un defecto original: no eran poetas.
El teatro no era teatro porque no se le insuflaba
poesía. Está demeís aclarar que no nos referimos
a la poesía en verso, aunque no la descartamos.
Los visionarios peinaban en un comienzo sus m e ­
lenas populares y desarrollaban aburridas tesis en
tres actos. Otros dialogaban ciertas variaciones del
psicologismo y ésto les otorgaba alguna solem ni­
dad y había quienes taquigrafiaban una corrosiva
mixtura de grosería y naturalismo.
Pero el teatro no era solam ente autor y actor,
que vivificara y ennobleciera los materiales e m ­
pleados. Pero el teatro no era exclusivamente el
autor y el de estas regiones fue creado por actores.
Las primarias ansias de representar nos dieron

�Pal u s t i a n o

y

l o s

t i t i r i t e

r o

s

Nos so rp ren d e en c o n tra rn o s fren te al p ap el en blanco p o rq u e desde ju n io de 194/5
no hem os p u b licad o una frase lite ra ria en diario s o revistas. Más nos so rp re n d e aún que,
después de ese ex p licab le silencio, debam os e n fre n ta rn o s con el m undo d isp a ra ta d o de
los m uñecos. H ubiésem os p re fe rid o referirn o s a la e n tra d a de las tro p as aliad as en B er­
lín o

al e x tra o rd in a rio caso del robo de un avión.

m ucho

de esta revista

y

Io d o sea p o r

LATITUD.

E sp eram o s

querem os co n g raciam o s con la d irección p a ra , algún d ía, d a r­

nos el in efab le p lacer de los poetas, esto es: a n o ta r dos o tres no m b res p ro p io s y luego
rociarlos, am etra lla rlo s con adjetivos.

El teatro secreto de Washington Pérez
por
Palustiano decía: “No debéis permitir que los
falaces den vuelta los hechos porque veréis a los
hechos convertidos en víboras; no debéis permitir
a los falaces que utilicen la feria para embaucar
incautos; y llegado el caso, entronizados éstos,
recurrid a los garrotes y a los perros; porque el
burro debe pacer en el pesebre; y las cosas en
su lugar; y los hechos como fueron hechos”.
Se refería a Estroite. su odiado rival, tan ducho
en zancadillas, aquel que le burlara una plaza en
&gt;u tierra natal y a quien más tarde topara en
Sevilla. Se refería al mundo de los muñecos, don­
de también viven las polillas y las pasiones, y es­
pecialmente. se refería a los estipendios que había
obtenido Estroite de unos señores del lugar.
Hemos traído a Palustiano de los pelos para
colocarlo en esta nota mal parida. Pero el maes­
tro siempre sirvió de com odín, porque era un
conceptual tan generoso que del suceso más ni­
mio cosechaba una filosofía. Recordemos la fa­
mosa anécdota: cuando, citado por las autoridades
de un pueblucho, hubo de enterarse, tras un
largo discurso leído por el personero del al­
calde, que en aquel lugar no se daba venia al­
guna a los titiriteros, Palustiano levantó una ma­
no y soltó su conocida sentencia: “El mal es de
causa escrita”.
Por todo esto y mucho más, Palustiano siempre
viene al caso. Y es tan desolado, en general,
nuestro panorama titiritero que no está mal re­
currir a los clásicos para rememorar tiem pos de
bonanza. La hermosa edición de los “Comen­
tarios” que nos ha facilitado don Ernesto Morales
no' permite reproducir textualmente los párrafos
citados. Y ahora, con el alma confortada, vamos
a lo nuestro, en nuestro tiempo.

Aquí no ha pasado nada. Si quisiéramos encon­
trar sucesos, tendríamos que volver a Javierito y
“La Andariega”, a Juan Penales y su muñeca
mágica, a Mejuto. al teatro de Larco y Arancibia.
Todo es viejo y manido. Y del silencio actual
i el silencio que sentimos nosotros) solo surge
una increíble acusación:
Javierito ha traicionado a la titiretería.
Javierito ha hecho mucho bien a los niño? y
mucho mal a los titiriteros al desparramar tea­
tros por los cuatro vientos. Según la estadística
publicada en el último pliego de “Los títere? y
los Niños” pasan de cien lo? teatros escolare*.
He aquí un tremendo crimen. Imaginemos con
qué cara habrán oído esos muñecos las frases di­
rigidas de las última? fie?tas nacionales. Por su­
puesto. eso no quita que los niños se diviertan,
que escriban, pinten, etc., acercándose rápida­
mente a los poetas de Jesualdo. Y, por otro lado,
una vez maduro el zapallo, otra brisa soplará
entre las bambalina* de los tinglados. Pero, ¿y

lo? ?eñore? titiriteros? ¿A la truhanería? ¿Y
nosotros, que pitanza recogem os? La com peten­
cia pedagógica descorazona y son muchos los titi­
riteros qeu han debido tornar al robo de gallinas.
Está mal que se reniegue de una larga tradi­
ción de picardía. El oficio debió permanecer en
secreto. La quinta ley de Palustiano lo dice: “El
público siempre es bobo y aquél que lo desbobalice, palos en las costillas, con sarmientos y
estacas, para que no olvide”.

Con los titiriteros pasa algo semejante a lo
que ?ucede con los gitanos: no se sabe qué hacer
para ubicarlos en el mundo moderno. Es co­
nocido el sistema que se utilizó en la U.R.S.S.
para resolver este último problema. Una leve
presión, mucho alegato y, finalm ente, un empujoncito que los colocó detrás del arado. Sabia
solución que terminó con un círculo vicioso: lo&amp;
gitanos no querían afincarse porque eran haraga­
nes y eran haraganes porque no se afincaban. A
nosotros nos toca resolver el problema de titire­
tería. pero resolverlo ahora inm ediatam ente, sin
e?perar. como sugiere Em ilio Novas, a las resolu­
ciones de San Francisco. Se trata de actualizar un
arte m ilenario sin que pierda su encanto, sin des­
virtuar su proceso histórico, encauzándolo dialéc­
ticamente.
¿Cuál e? y ha ?ido siempre el mayor encanto
de la titiretería? Para nosotros, la picardía. D eci­
mos nosotros, porque en Inglaterra, Checoeslova­
quia. Alemania, etc.. *e buscó una magia distinta
durante elsiglo pasado.
En aquellas tierras de
industria, la técnica superó toda dificultad y logró
ofrecer al público infantil un mundo de maravi­
llas. digno
de Andersen y S. Lagerlóf. Pero,
aunque parezca un ?acrilegio. preferim os la picar­
día. Además, si el títere quiere vivir debe ceder,
en este aspecto, ante el cine. La solución se
ofrece, pues, por nuestro camino. Aprovechem os
la libertad
del titiritero, ?u desvinculación con
toda empresa. Y ahora, hablemos de W ashington
Pérez.

Pocos, muy pocos, conocen el “Teatro Secre­
to’* de \A á*hington Pérez porque su director, ce­

loso tradicionalista. cree en la truhanería y en la
pitanza. Se trata de un remozado titiritero, más
o menos hábil en su arte, que se ha jurado vivir
de los muñecos solucionando la crisis que aqueja
a estos espectáculos. Desde luego, su punto de
vista, coincide con el nuestro. Desem boca direc­
tamente en la picardía y es curioso comprobar
dónde ha ido a encontrar la sim iente. Para
Wá?hington Pérez la picardía está en el pueblo
y dentro de éste, en la crítica mordaz, especial­
mente la política. W áshington no cree en M olie­
re y tampoco en García Lorca. Asegura que las
malas palabras se han desm onetizado y que. en
cambio, el interés público es cosa al día. Su
“Teatro Secreto” será crítico y llevará a los tí­
teres cuestiones palpitantes, figurones literarios,
pelmazos y demás. Escapará del sainete ahondan­
do las causas que provoquen los sucesos y u tili­
zando con toda la am plitud posible los m ágicos
recursos de su oficio (Títeres que vuelan, som ­
bras chinescas y truco? espectaculares!.
Conocem os los m uñecos de su teatro y hem os
asistido a una especie de ensayo. Los títeres son
manejados con hilos y gozan de todos los m o­
vim ientos del hom bre m oderno, hablan, huyen
de la policía, se rascan. Tendrán unos cincuenta
centím etros de altura y los esqueletos han sido
construidos en cedro. El m odelado de la cabe­
za? es sintético y mordaz. Los vestuarios ligero?,
en colores violentos. Todo esto lo vim os al pa­
sar, mientra? ensayaban los prim eros paso? de la
“ Balada para pito, flauta y clarinete”.
En esta obra original, los titiriteros no hablan
e imitan las voces con los instrum entos citados.
El efecto era curiosísim o. Nunca habíamos apre­
ci ado el procedim iento, aunque es sabido que así
■hablaron” los antiguos muñecos españoles.
Del argumento no podem os hablar porque no
lo conocem os, pero indudablem ente, era satírico.
Abundaban uniform es y entorchados y en el cen­
tro de la escenografía habían colocado una enor­
me pila de monedas.
Trucos, sólo gustamos de uno. bastante inge­
nioso. El personaje central, cuya voz la daba la
flauta, tenía un par de alas y volaba. La per­
fección de los m ovim ientos era notable y en
cierto momento el muñeco se posó sojbre la ca­
beza de su contrario. Verlo allí, sentado en el
aire, aplastando lentam ente al enem igo, en tanto
*e confundía el clamor del clarinete con las dul­
ces notas de la flauta fué más que suficiente para
que lo* contado? presentes gritaran de entusiasm o.
A nada más podem os decir sobre W áshington
Pérez. La sombra de Palustiano nos cose la boca.
Oportunamente, cuando toda esta niebla que nos
cubre se deshaga, tendremos el placer de ver
representar al “Teatro Secreto”. Mientras tanto,
en mi casa, esperando las empanadas.

13

�Conversación

sobre

TEATRO
Y TEATRO
p or

el

DE
DE

Teatro

Argentino

IDEAS
MASAS

ALVARO

[ nés M onte — ¿ Qué les parece, a m i g o s , si n ú esira conversación de hoy la d edicam os al teatro?
P edro C imbeles — ¿Al teatro en general?
I nés M onte — N o , doctor: al teatro a rg e n tin o ,
A mador T rola — ¡Puf!
J ulio C eja — ¿Vale la p en a , acaso?
J uan S erú — A m í m e divier te el tea tro a rg e n ­
tino. A y er, p o r ejem plo, reí con ganas o y e n d o ,
o mejor, viendo, lo que hacían esos actores, o
excéntricos, que repre sentan “El Conve ntillo de la
P alo m a” de A lb erto Vacarezza, ahijad o del éxito.
A mador T rola — ¿Y usted llama a eso teatro?
J uan S erú — Tal v e z tenga razón la e x tr e m a
izqu ierda protestando. Recu erdo que mi am igo T i­
to Insausti. otro autor a quien el éxito le pone
pa peles de a cien en la billetera, m e decía: ¿Sabe
po r qué triu nfam os nosotros con este t e a t r o ? . . .
Porqu e aquí no hay buenos circos. Nuestr o teatro
llena sus funcion es ante el público que sólo desea
divertirse , r e i r . . .
P edro C imbeles — ¿El pan y el circo de los e m ­
perad ores romanos? La h u m anidad no avanza.
M artín Y añez — Concé dame que ava nza len ta ­
m en te. Ya lo ve. En lugar de gladiado res d e s ­
panzurrados, el público de hoy busca d ivertirse
vien do d espanzurr ar el se ntido co m ún y el arte, dos
a b str a c c io n e s ... A p r u eb o la propo sición de nuestra
amiga: hab lemos sobre teatro argentino.
J ulio C e j a — ¡El teatro argentino no existe!
M artín Y añez — Yo creo, a pesar de afirm ación
tan neg ativa de nuestro j o v e n amigo, que el teatro
argentino es una realidad.
A mador T rola — ¡Una realidad económica!
M artín Y añez - Neg a r que el tea tro argentino
es una realidad p o rq u e en sus escenarios no se
re pres en tan los dram as que usted desearía, amigo
Cejd, es co m o negar la realidad del ejército a r­
gentino, sea el caso, p orqu e él no ha ganado una
batalla como la de Stalingrado, ni tien e un g e n e ­
ral, supongo, ya que aún no ha tenido o portunidad
de demos trarlo, como los de los ejércitos rusos.
in gleses y yan quis. ¡Y el ejército argentino e x i s t e !

S e n tid o

t! v

E J otro día. leyendo un libro de Havelock Ellis
que no me entretuvo demasiado, tropecé con estas
palabras, que Ellis cita a su vez de no recuerdo
que autor: “A savage doesnt preach religión, he
dances it99 (l'n salvaje no predica la religión, la
baila).
Ahora bien: la danza es la expresión más pri­
mitiva y directa. La palabra “p rim itiv o " empieza
a rehabilitarse últimamente. La danza, por ser la
más prim itiva jornia de arte resultaría, en estos
m om entos, la que puede llegar más directam ente
a nosotros. En la actualidad parece que “el m o­
vim ien to99 comenzara a descubrirse. No tenemos
tiem po para meditar sobre lo estático y el cuerpo
humano comienza también a descubrir p o sibili­
dades insospechadas. ( The art of seeing" de Aldous
H uxley, aunque no se relacione directamente con
lo que antecede, es, en general, un planteo del
problema del m ovim iento). Como lo físico influye
directam ente en lo moral y viceversa, la coordina­
ción armoniosa de los m ovim ientos físicos e q u i­
valdría a una mayor coordinación de los elem en­
tos espirituales.
De ésto se de spre nde que la danza podría llegar
gar a tener en un futuro no demasiado lejano va­
lor educativo. En e f e c to : el baile es la manifes­
tación más directa, porque es, de todas las mani­
festaciones de l arte, la que utiliza directam ente
el cuerpo humano como instrumento. Más que
una emoción, el cuerpo del bailarín debe trans­
mitirnos deseos de repetir sus m o vim ientos, de
seguirlo en su ritmo. A llí donde el m ovim iento
no fluye, no puede haber correspondencia y, por
lo tanto, el baile carecerá de sentido. Pero el

¡Es una re alidad! ¿Quién duda de que el ejército
argentino es una realidad?
I nés M onte — ¿Pero, hablem os del t e a t r o . quieren?
P edro C imbeles — Yo creo que la culpa de la d e ­
cadencia del tea tro la tiene la m u jer.
I nés M onte — ¿Misógino?
J uan S erú — ¡S o lter ó n , al fin!
P edro C im beles . — Me e x p l i c a r é : la m u j e r es
quién lleva al h o m b re a los espectáculos públicos
en Buen os Aires. Ella es la que tiene ti e m p o de
enterarse, leer la crónica de los es trenos. Los e m ­
pre sarios y d ire cto res que lo saben, pre p a ra n e s ­
pec táculos para “f a m ilia s”, com o ellos llaman a ese
co n glom erado de varias m u j e r e s a las que se a g r e ­
ga un h om bre. Y esos espectáculos resu ltan c o m e ­
dias b l a n c a s . . .
A mador T rola — ¡Ñoñería!
J ulio C eja — O sea, una fuga hacia el polo o p u e s ­
to de la originalidad.
P edro C imbeles — Exacto. Ocurre con el tea tro
lo que ocurre con las revista s se m anales . Se fafrican para la m u j e r con p ro fesionales del cuento
amoroso de factura cin em atográ fica . Es decir, d o n ­
de “ellos”, los prota gonistas, sie m p r e term in a n s ie n ­
do f e l i c e s . . .
I nés M onte — ¿Casándose?
M artín Y añez — Es el éxito de los herm an os
Q u in tero . ep italám icos p o r excelencia.
A mador T rola — Agu a con azúcar.
J ulio C eja — H ojeen una revista de hace v e i n t e
años. ” Caras y C a r eta s” o ”P. B. T.” o ”Fray
M ocho” ; verán ustedes las m e jo re s firm a s de la
literatura argentina del m o m en to . ¿Quiénes f irm a n
los cuentos y artículos en las de hoy? ;A n ó n i m o s !
Ya se acabó el tiem p o en que un An íb a l Ponc e
tenía a su cargo la sección bibliográfica de “El
Hogar” y un Nicolás Coronado, hacia profilaxis
desde este m ism o sem anario, m a ta n d o m o sq u ito s
teatrales con el insecticida de su m ord a cid a d .
P edro C imbeles — ¿Culpa de todo? La m u je r.
A mador T rola — La incu ltura de la m u je r.

lianza
m ovim iento debe estar informado por algo inte­
rior. por el gesto espiritual que corresponde al
gesto físico, porque, de lo contrario y precisa­
mente porque toda danza tiene algo de magia,
se pierde el valor del ademán externo. La danza,
en tal caso, se vuelve un juego intermitente, ab­
surdo, sin sentido.
Estamos ahora especialmente preparados para
este tipo de manifestación. El cinematógrafo (en
la época de las grandes películas) , e m pe zó acos­
tumbrándonos al m ovim ie nto. Puede recordarse
en este sentido dos grandes “films'9 en los que el
m ovim iento integraba el argumento, ayudaba a
desenvolverlo, dejando al final la impresión de
dos inmensos “ballets99: “La kerm esse heroica'9 y
“Alejandro Nevsky". El tono de burla y de fan­
tasía de la primera película, unido a su vestuario
y colorido de tapices flamencos y al gran de sp lie ­
gue armónico de las masas, tenía la leve angustia,
la sensación de pesadilla brillante que deja un
“b a l l e t ' bien presentado. En “Alejandro N e v s k y 99
las escenas preliminares de la batalla, en la que
cada gesto tiene un sentido, en las que se siente
la presencia de cada palabra entre el cielo y la
llanura, hasta que las palabras desaparecen y que ­
da en la extensión infinita el interminable avance
de la carga de caballería, se parecen tam bién a
un “ballet". Porque la calidad armónica que si­
túa a estas dos películas fuera de la re alidad, no
está dada por su argumento o la maestría de la
fotografía, sino por su extraordinario sentido de l
ritm o ; vale decir: porque en ambas existe, esen­
cialmente, un sentido de la danza.
ESTELA CANTO

14

y su

realidad

P edro C im beles — Estim ulada t o d a vía po r el afán
de lucro de los e m p resa rio s tea tra les y p eriodís ticos.
E nrique H errero — C reo, amigos, que u sted e s es­
tán to m a n d o el efecto p o r la causa.
I nés M onte — Se busca el éx ito. ¿Y cuál es la
ex p resió n del éx ito para la hora en que vivim o s?
J ulio C eja — ¡El dinero!
I nés M onte — Así es. T riu n fa r es e n r i q u e c e r s e :
An to n io Botta, f a b rica n te de re vistas, e x t r a y e n d o a
su m agn o ingenio un in terés del 200 p o r ciento
m en su al, es un t r i u n f a d o r ; en c a m b i o , Ro m á n G ó ­
m e z Masía m u ere p o b re y. a p e s a r de h a b er es crito
“El se ño r Dios no está en casa”, es un fracasad o.
M artín Y añez — No para nosotros.
I nés M onte — Insignifica nte min oría, tal v e z
con tan te, p ero no sonante.
M artín Y añez — Le hace d e c ir el v e n c i d o H o n o ­
rato Balzac a ese ex tra o rd in a rio m ed io cr e, ente del
éx ito fugaz, que fuera Na p o leó n B o n a p a rte: “para
g o b ern a r a los h o m b re s hay qu e p e n sa r co m o ellos
acerca de los más im p o r t a n t e s asuntos, y d eja rse
co n d u cir p o r la o p in ió n ”. Esto lo hace el po lítico
malo. Y ta m b ié n el mal autor.
A mador T rola — Y a m b o s triunfan: se en riquecen.
J u a n S erú — “A d a p t a r s e es v i v i r ”.
E nrique H errero — P ero no so b r e v iv ir . Creo que
las m e j o r e s ob ras del tea tro a rg e ntin o han q u ed a d o
en el tin tero de sus au tores. Se a d a p ta ro n para
es trenar, y no fue ro n ellos q uienes lograron e s­
trenar. Fueron hom ú nculos para cu ya fa bricación
ellos sólo p re sta ro n su talen to, p er o qu e el p ú b lico
—por obra y gracia del e m p resa rio— m o d eló a su
hechura. Y más qu e en los autores, esta a d aptación
d efo rm a n te, p u e d e p ercib irse en los actores. P e n ­
se m o s lo que hubiera sido ca paz de hacer R o b e rto
Casau x en otro m ed io . Lean el re p e rto r io que su
pú blico le obligó a h a c e r . . .
J ulio C eja — ¡L a m en ta b le!
J uan S erú — Y la hora en qu e se da la función,
de noche, cu an do todos se hallan m ás o m en o s
fa tig a d o s de su tra gín diario, ¿no influirá en la
clase de espectácu los qu e se da a ese público?
P edro C im beles — Es posible.
E nrique H errero — Esp ectáculos qu e son. co m o
dice Paul Gsell, epílogo de la co m id a y p ró logo del
lecho.
A mador T rola — La v id a diaria, dolorida y a fa ­
nosa, p u e d e h a c e m o s bu scar sólo una d iver sió n en
el teatro . V am os a él com o a un baño que nos
limpia de p reocu pacion es. Tal v e z si se dier an es­
pectá cu lo s escogidos los d o m in g o s a la m añ ana,
com o se dan concier tos, se im p o n d r í a en ellos un
tea tro super ior.
M artín Y añez — A una m in oría in telectu a l. Y
esto a m í. p o r e je m p lo , no m e in teresa. A m í
m e in teresa la masa. Hacer que el p u eb lo reciba
esa co rrien te de exaltación p ro p ia de l v e r d a d e r o a r­
te. R e c o rd e m o s las co n dicion es qu e en su sabio
libro “El tea tro del P u e b lo ” ex igía R o m a in Rolland a un tea tro pa ra el pu eb lo . Estas: S e r v i r de
se d a n te alivio, ser f u e n te de en er gía e ilu m in a r
la inteligen cia.
I nés M onte — Y v o l v i e n d o al te m a de n u estra
con versación de hoy, ¿no les pa re ce que es te i n s ­
ta n te de n u estra v id a po lítica , con la su p resió n de
las lib erta d es de prensa y de pa labra, p u e d e haber
influido en la d eca d en cia del tea tro ? El a rte es un
pájaro. Sin lib erta d no vu ela.
M artín Y añez — A r t e es sin ó n im o de libertad, es
cierto. ¿Pero u sted cree, am iga, que en las so c ie ­
d a d es burgues as, hubo alguna v e z la lib e rta d i m ­
pre scin d ib le al gran artista? H ubo si e m p r e un
d es p o tis m o em b o z a d o . Al a u to r que escribía i d e o ­
lógica y aún e s té t ic a m e n t e l i b r e , no se lo ponía
preso, p ero no se le r e p re s e n ta b a su obra. La e m ­
presa, en re sg u a rd o de sus in teres es p articu lares,
obra ba tirá n ica m en te. Su censura econ óm ica a m o r ­
daza ba al au tor, si no tan v i o l e n t a m e n t e co m o bajo
la A lem a n ia nazi, con igual eficacia. Conozco yo
escritores a rg e ntin o s que tien en m á s de una pieza
teatra l en sus ca jo n es d es d e hace años, sólo p o r
haberla es crito a lo artista, lib re m e n te .
J uan S erú — ¿Y los tea tro s in d ep en d ien tes? Creo
que sólo en Buen os A ires su n ú m e ro alcan za a
va rias decen as.
I nés M onte — ¿Pero p o r qu é los tea tro s i n d e ­
p e n d i e n t e s casi sólo dan ob ras ex tr a n je r a s de a u t o ­
res famosos?
M artín Y a ñ e z — P o rq u e no son i n d e p e n d ie n te s.
P o rq u e ellos t a m b ié n se hallan ba jo la féru la del
capitalism o. Los n o m b r e s de S ó fo c les, S h a k esp ea r e
o Calder ón defien d en su bo letería m e j o r que los
n o m b res de d escon ocidos j ó v e n e s argentinos.
A mador T rola — P ero a sí los tea tro s i n d e p e n ­
d ien tes han p e r d id o su p rin cip a l razón de ser. la
de con stitu ir un m an an tia l de n u e v o s va lores.
P edro C im beles — ¿Para qu é re p re s e n ta r, p o r
ejem p lo , m e d ia n te ac tores n o v a to s “La da m a de
las ca m elia s”, y a hecha p o r a cto res del llam ado
tea tro com er cial, pero eficaces por lo diestros?
I nés M onte — Entre n osotros el t e a tro in d e o e n dien te ha p er d id o su ca rá cter e x p e r i m e n ta l . Si no
es un ta ller de autores, actores, d irecto res, es c e n ó ­
grafos, ¿por qué inten tarlo?
A mador T rola — Esto han sido los tea tro s i n ­
d e p e n d ie n te de Europa: una f u e n t e de re no va ció n .
De ellos han surgido a u to res audaces.
J ulio C eja — ¿Y nuestros t ea tro s oficiales? ¿Qué
m e dicen del d éficit con que el te a tro M u nicipal
inició su vida?
A mador T rola — ¡Un es cán dalo!
J ulio C eja — ¿Y el otro, el p ro h ija d o p o r la Co­
m isión de Cultura?
A mador T rola — Se d eja m ecer, tra nquilo, el
a m p a ro de la se nectu d .
I nés M onte — Tan to qu e e s p era m o s algunos cu a n -

�do directores de la capacidad de Cunil Cabanellas
o A rm an do D is c é p o l o . . .
J uan S erú — Si al m*&gt;'or general le pone usted
un estado m a yo r de d o c to r e s, v ie jo s y g otoso s, esté
seguro que pi erde toda s las batallas. Igual le o cu ­
rre a cualquier di rector artístico de nuestro tea tro
oficial. ¿Cómo da r un paso hacia la audacia? ¿Có­
mo intentar lo im p revis to , có m o en sa ya r lo n u evo
llevando ese peso m u erto de opiniones m u y siglo
XIX. de a dm ira dores de Eche garay y Scribe como
estado mayor?

Dirige
NORBERTO FRONTIN!

A mador T rola — El arte oficial sie m p r e ha sido

un fracaso.
J ulio C eja — “ El Estado —dice Rollan d— p e r t e ­
neció y p erten ece al pasado. Detien e cuan tas f o r ­
mas nuevas surgen. Pero a la vid a no p u ed e i n ­
movilizarla. El papel del Estado es p etrif ica r cu an ­
to toca, con vertir un ideal v i v i e n t e en un ideal
bu rocr ático”.
M artín Y áñez — ¿Y por qué no ocurre ésto con
los teatros estatales de la U. R. S. S.?
I nés M onte — ¿Y po r qué el teatro in d ep en d ien te
de Norte América, que es re volucionar io en am bas
direcciones, ideológica y estétic a m e nte , co m p ite
con el teatro comercial, aún en el ca m po de éste,
en el negocio?
M artín Y añez —¿Por q u é ? . . .
P edro C imbeles — Oigamos

El fra terno
paña

en

gislatura

pueb lo

chileno

ha

elegido

el c o ra zó n ”, de su corazón
de

Chile

anhelando

para

se na d o r de
en

la República

España.

su v o z

a Pablo

C e le b rem o s a le g r e m e n te

N eru da,

el

p o eta

de

su incorp oración

una espiritual d im en sió n amer icana.

Para

que

“Es­

a la L e ­
le re c u e r ­

den quienes le quiere n y a d m ira n en su poes ía de tan digna hum ana prese ncia, re p ro d u c im o s su f e r ­
voroso segundo canto a Stalingrado, ciudad que en el m artirologio de esta guerra, es un n u e v o p u n to

a

Lope

de

Vega:

“Sepa quién para el público trabaj a
que tal v e z a la plebe c u l p i en v a n o ,
pues que si le dan paja come paja,
siem p re que le dan grano, co m e g ra n o ”.
M artín Y añez — Yo creo en el instinto artístico
del pueblo. Los empresarios in terp u esto s en tre el
autor y el público, im piden que aquel se le llegue
y lo despierte. Para mí. la culpa de la decaden cia
artística del teatro argentino, decad en cia de la cual
participa todo el teatro de Europa, e x cep to Rusia,
reside en la organización comercial del teatro , en
que es una em pr esa particular, el negocio de un
señor que en él quiere sacar fru to a su dinero.

de partida —p a rtida y parto— en el destin o de los pu eblos del m u n d o .
histórico,
de

lo es p o r la real

responsa bilidad

del

y

de

h om bre

de

a rdiente
tal

Si Stalingrado es un sím b o lo

m em o r i a m illonaria m u erte, p o r la em o cio n a n te con cien cia

tam aña g e s ta

heroica

y

por

la espera nza

de

vid a

de

noble

estilo de su pelea y de su moral su p erviven cia . — F.

em
itoilea m o r a STA IA X t.lt. 1 //O

X itero

escribí sobre el tiempo y sobre el agua,
describí el luto y su metal morado,
yo escribí sobre el cielo y la manzana,
ahora escribo sobre Stalingrado.
^La la novia guardó con su pañuelo
el rayo de mi amor enamorado,
ahora mi corazón está en el suelo,
en el humo y la luz de Stalingrado.
Yo toqué con mis manos la camisa
del crepúsculo azul y derrotado;
J uan S erú — ¿ S ab en , amigos, que nos hemos
ahora toco el alba de la vida
puesto peligrosos? ¿No sería m e j o r “d i s o l v e m o s ”,
naciendo con el sol de Stalingrado.
para em plear un térm ino adecuado?
Yo se que el viejo joven transitorio
J ulio C eja — ¿Y por qué adecuado?
de pluma, como un cisne encuadernado,
J uan S erú — ;Por ser policial, pues!
desencuaderna su dolor notorio
P edro C imbeles — Los amigos Y a ñe z y Herrero
no se andan po r las ramas, según parece. Escar­
por mi grito de amor a Stalingrado.
ban en la raíz. Ellos, para ten er otro teatro, ¿pre­
Yo pongo el alma mía donde quiero,
tenden antes ten er otra s o c i e d a d ? . . . ;Caracoles!
I nés M onte — Empresa difícil.
y no me nutro de papel cansado,
A mador T rola — Lenta.
adobado de tinta y de tintero.
P edro C im beles . — ;A rries g a d a !
Nací para cantar a Stalingrado.
J uan S erú — Nos hemos p u esto e x c es iva m en te
Mi voz estuvo con tus grandes muertos
trascendentales. Y no m e gusta. La conversación, el
contra tus propios muros machacados,
palique como dicen los hispan os, la “ca uss erie” de
mi voz sonó como campana y viento
los franceses, esa “ causserie” tan grata a nuestros
López, Wilde. Cañ é, Mansilla, C a m b a c e re s. . .
mirándote morir, Stalingrado.
I nés M onte — ;A todo s los he oído!
Ahora americanos com batientes
J uan S erú — Esa “causs er ie” que ya prac tic aban
blancos y oscuros como los granados,
los amab les chinos milenarios, debe se r una cosa
matan en el desierto a la serpiente.
leve, dicha so nrien do, ágil, ponién dole alas de an éc­
dotas. Les narraré una, que tal v e z p u eda ser
no estás sola, Stalingrado.
ejemplar, sin d eja r de ser risueña: Hace años, un
Francia vuelve a las viejas barricadas
joven poeta llevó una pieza a Pascual Ca rca va llo,
entonces em pr esar io y director, según es habitual
con pabellón de furia enarbolado
en nuestros teatros, de una compañ ía que actuaba
sobre las lágrimas recién secadas.
en el Teatro Nacional. Carcavallo rech azó su pieza
al poven poeta y para ello inten tó dar razones de
no estás sola. Stalingrado.
orientación estética. El creía que el camino se ha­
Y los grandes leones de Inglaterra
llaba en el sainete, como “ Tu cuna fué un c o n v e n ­
tillo”, no en el áspero grotesco, influen ciado p o r
volando sobre el mar huracanado
los rusos Chejof, Andreief, que el jo v e n p o eta le
clavan las garras en la parda tierra.
ofrecía. Este lo interr um pió : “Escuche, Don P a s­
cual. A q u í no se trata de que discutam os acerca
Ya no estás sola. Stalingrado.
de nuestros respectivas estéticas. No disentim os por
Hoy. bajo tus montañas de escarmiento
ellas, precisam en te. Dise ntim os po r esto: Usted
tiene un negocio de z a p a te ría ; yo, fabricante de
no sólo están los tuyos enterrados,
sombreros, ve ngo a ofrecerle una m erca d ería que
temblando está la carne de los muertos
usted supone no ven d erá a su clientela. ¡No la
compra! Eso es to d o ”. Y se fué.
que tocaron tu frente, Stalingrado.
E nrique H errero — Sin em ba rgo , la anécdota es
Deshechas van las invasoras manos,
más seria de lo que usted quiere.
triturados los ojos del soldado,
I nés M onte — ¿Y en qué hemos re m ed ia d o la
están llenos de sangre los zapatos
situación de nuestro teatro con la charla de hoy?
que pisaron tu puerta, Stalingrado.
A mador T rola — ¡En nada!
Tu acero
azul de orgullo construido,
J uan S erú — ¿Pero acaso buscamos algún r e m e ­
tu pelo de planetas coronados,
dio conversando?
tu baluarte de panes divididos.
M artín Y añez — A d e m á s: El rem edio de cu alquier
tu frontera sombría, Stalingrado.
mal no se halla buscándolo. Se lo encu en tra ha­
ciendo.
Tu patria de m artillos y laureles,
P edro C imbeles — ;Eso es! F u n d em o s una S o ­
la sangre sobre tu esplendor nevado,
ciedad filo-dr amática como hacíamos los m u c h a ­
la mirada de Stalin a la nieve
chos de a n t e s . . .
tejida con tu mano, Stalingrado.
J ulio C eja — Los co n tem p o rá n eo s de Bataglia,
Angelina Pagano. Pablo P o d está* Alippi, Muiño.
Las condecoraciones que tus muertos
Pidam os obras. Vendrán p o r cientos. Habrá cinco
han puesto sobre el pecho traspasado
o seis buenas, quizás excelentes. Se ofrecerán a c to ­
res y directores por decenas. ¡Y hagamos!
de la tierra, y el estrem ecim iento
A mador T rola — ¿Qué?
de la muerte y la vida, Stalingrado.
E nrique H errero — Lo que otros no han hecho.
La sal profunda que de nuevo traes
El sendero de la gloria y hasta el de la fortuna
al corazón del hombre acongojado
está allí. Darle la espalda al a n ch o -c a m in o a b ie r­
to, y abrir otro. De todas man eras, ¿no es m e j o r
con la rama de rojos capitanes
cansarse cortando zarzas que cansarse de ca m inar
salidos de tu sangre, Stalingrado.
hundiéndose en un camino embarrado ?
E nrique H errero — Me parece que p o r este c a m i­
no sí llegamos a la causa de la postración del teatro,
y tal ve z de todo arte, en las socied ades ca p ita ­
listas. Si el pu eblo tiene el gober nante que mer ece,
la sociedad ta m bién tien e el arte que mer ece. La
sociedad capitalista, afanada, en la m a yo ría de
sus compo nen tes, sólo en ganar, lo m ás y lo antes
posible, ¿qué arte teatral m e r e c e , sino un arte
m edian te el cual su p ro d u cto r sólo busca dinero?
Y me particularizo en el arte teatral p o r se r el
que más d epen de del m undo que lo rodea. Un
poeta lírico pu ede apare cer en tod o m o m e n to de
una nación. ¿Por qué la Grecia dominada p o r A l e ­
jandro no dió otro Esquilo?

15

La esperanza que
como la flor del
la página grabada
las letras

rompe en los jardines
árbol esperado,
de fusiles
de la luz, Stalingrado.

La torre que concibes en la altura,
los altares de piedra ensangrentados,
los defensores de tu edad madura.
los hijos de tu piel. Stalingrado.
Las águilas ardientes de tus piedras,
los metales por tu alma amamantados,
los adioses de lágrimas inmensas
y las olas de amor. Stalingrado.
Los huesos de asesinos malheridos,
los invasores párpados cerrados,
y los conquistadores fugitivos
detrás de tu centella. Stalingrado.
Los que hum illaron la curva del Arco
y las aguas del Sena han taladrado
con el consentim iento del esclavo.
se detuvieron en Stalingrado.
Los que Praga la Bella sobre lágrimas,
sobre el enm udecido y traicionado,
pasaron pisoteando sus heridas,
m urieron en Stalingrado.
Los que en la gruta griega han escupido,
la estalactita de cristal truncado
y su clásico azul, enrarecido . . .
¿Ahora dónde están. Stalingrado?
Los que España quemaron y rom pieron
dejando el corazón encadenado
de esa madre de encinos y guerreros,
se pudren a tus pies, Stalingrado.
Los que en H olanda, tulipanes y agua
salpicaron de lodo ensangrentado
y esparcieron el látigo y la espada.
ahora duermen en Stalingrado.
Los que en la noche blanca de Noruega
con un aullido de chacal soltado
quemaron esa helada primavera.
enm udecieron en Stalingrado.
H onor a tí por lo que el aire trae,
lo que se ha de cantar y lo cantado,
honor para tus madres y tus hijos
y tus nietos, Stalingrado.
Honor al com batiente de la bruma,
honor al com isario y al soldado,
honor al cielo detrás de tu luna.
honor al sol de Stalingrado.
Guárdame un trozo de violenta espuma,
guárdame un rifle, guárdame un arado,
y que lo pongan en mi sepultura
con una espiga roja de tu estado.
para que sepan, si hay alguna duda,
que he muerto amándote y que me has amado,
y si no he com batido en tu cintura
dejo en tu honor esta granada oscura.
este canto de amor a Stalingrado.

�LOS ABSTENCIONISMOS Y LOS “ VALORES ETERNOS” PUEDEN
QUEDAR PARA D E S P U E S . . . DIJO

MA R I O «|«&gt; A N D R A D E
H a poco más de dos meses falleció en San Pablo el poela brasileño Mario de Andrade. N ovelista,
crítico, ensayista, musicólogo, folklorista, su obra tuvo resonancia en todas las inteligencias creadoras
de su patria. Su verbo, de buena estirpe, fue uno de los más vigorosos y claros de la intelectualidad
contemporánea del Brasil. En 1943. con inigualable serenidad, proféticam ente nos decía: “mi vida tie­
ne ya un lím ite preciso, no viviré más de tres años’’. En aquella ocasión tuve el privilegio de escu­
char de su propia voz — rica de calidades y matices expresivos— la lectura de su entonces últim o y
maravilloso poema. “El Café*’, un ballet. —cuya música debía estar a cargo de Camargo G uarnieri—,
elaborado con formas rítmicas populares —las más afrobrasileñas— y cuyo tema, resuelto con satí­
rica intención, es la revolución social consiguiente a la crisi&gt; de la industria de los cafetales y a la
inevitable desocupación y hambre colectiva. Obra aquella que por sus enorm es exigencias técnicas
y musicales únicamente podía producir el poético y científico ingenio privilegiado de Mario.

La novela que le diera estrepitosa fam a fué
"Macunaima, el héroe sin ningún carácter”. Osorio
de Oliveira dice: “Se trata de un libro que en
su propio estilo pretende ser una rapsodia del hablar
brasileño y que por la m ateria que con tien e es
una antología del folklore variado y h eterogén eo
del Brasil. Sólo un hom bre de la vastísim a in for­
m ación folklórica y de la cien cia etnográfica de
Mario de Andrade podía realizarla en la form a
truculenta, desm edida, absurda y fulgurante que la
torna tal vez la creación más original de toda la
literatura b rasileñ a”.
Inspirador y coautor principalísim o del M ovim ien­
to M odernista, hizo de él un severo juicio crítico
en su ya fam osa conferencia. El M ovim iento M o­
dernista fué una honda y esforzada lucha por la
libertad de expresión “contra la d isciplina portu ­
guesa de la lengua y la disciplina francesa del
gusto, del equilibrio y de la m ed id a”. Aunque el
M odernismo fué cosa de exportación, en realidad
sólo predicaba la libertad: por eso “sirvió de e stí­
mulo a la com pleta em ancipación, a la absoluta
independencia y por lo tanto a la d efin itiva n acio­
nalización de la literatura b rasileñ a”. Mario de
Andrade —dice el escritor A ugusto de A lm eida—
es ante todo y sobre todo un sím bolo que se afirm ó
y d esenvolvió en la lucha contra la ru tina”. Su
gravitación aleccionadora sobre el espíritu de los
escritores de su generación y de la que le sigue
ha sido asim ism o personalm ente directa: sólo cu an ­
do se publique su num eroso epistolario se tendrá
una exacta visión de la m edida de su generosa y
patriótica influencia en pro de la form ación de
una libre y auténtica cultura brasileña.
En la referida con feren cia —abril de 1942. ya en
tiem pos de guerra—, Mario de Andrade hizo la
revisión del M ovim iento M odernista y entonó un
mea culpa que es a la vez una preceptiva em ocio­
nada de la dignidad del escritor. Como hom enaje
a la m em oria de uno de los hom bres m ás rep resen ­
tativos de la m ejor y m ás noble in teligen cia a m e­
ricana transcribim os fragm entos de los últim os
párrafos de aquélla:
“El arte tien e una función hum ana, inm ediata y
m ayor que la creación h edonística de la belleza.
Y es dentro de esta función hum ana del arte que
el “asu n to” adquiere un valor prim ordial y rep re­

#

o

r r n s p n n t iv n v it i

senta un m ensaje im prescin d ib le. Es com o actu a­
lización de la in teligen cia artística que el m o v i­
m iento m odernista representó un papel con trad ictodio y m uchas v eces gravem en te precario.
“A ctu ales, actualísim os, un iversales, aún a v eces
origin ales en n uestras in vestigacion es y creacion es,
los participantes del período llam ado “m od ern ista”,
fuim os, con algunas excep cion es, nada con vin cen tes,
víctim as de nuestro placer de la vida y de la fe s ­
tividad en que nos desvirilizam os. Si todo lo cam ­
biábam os en nosotros, una cosa nos olvid am os de
cam biar: la actitud interesada ante la vid a co n ­
tem poránea.
“Yo que siem pre m e pensé, que aún m e sentí,
salu d ab lem en te bañado de am or hum ano, llego, en
el d eclivio de m i vida, a la con vicción de que m e
falta hum anidad. Mi aristocratism o m e castigó.
Mis in ten cion es m e engañaron. V íctim a de m i in d i­
vidualism o, busco en vano en m is obras, y tam b ién
en la de m uchos com pañeros, una pasión m ás du ra­
dera, un dolor m ás viril de la vida. No los hay.
Lo que hay en m uchos de nosotros es una anticuada
ausencia de realidad. P ercibo la in su ficien cia del
ab sten cion ism o . D ebim os haber inundado la cad u ­
cidad utilitaria de nuestro discurso de m ayor an ­
gustia del tiem po, de m ayor rebeldía contra la vida
com o está. Si ahora recorro mi obra, no m e veo
una sola vez asir la m áscara del tiem p o y ab o fe­
tearla com o ella m erece.
“No m e supongo p olítico de acción. Pero nosotros
estam os vivien d o una edad política del hom bre y
a esto yo tenía que servir. Tam poco m e desearía
escribiendo páginas exp losivas, dando palos por
ideologías y ganando los fáciles lau reles de una
prisión. Nada de esto soy ni es para m í. Mas esto y
con ven cid o de que debíam os habernos con vertid a
de esp ecu lativos en especuladores. N os v o lvim os
abstencionistas, abstem ios y trascend en tes. U nos
verdaderos in con scien tes. Mas por lo m ism o que
fui sincerísim o. que d eseé ser fecu n do y ju gu é
lealm en te con todas m is cartas a la vista, alcanzo
ahora esta con cien cia de que fuim os bastante
inactuales.
“Todo lo que hicim os, todo lo que yo h ice fu é
una celada de mi felicid ad personal y de la fiesta
en que vivim os. Es, adem ás, lo que con azucarada
decepción nos exp lica h istóricam en te: nosotros éra­
mos los últim os hijos de una civilización que se

tir u t it io r

Angel Rojas es uno de los más jóvenes escritores del
Ecuador y pertenece, con Demetrio Aguilera Malta,
Enrique Gilbert, Joaquín Gallegos Lara y algihi
otroy al grupo de Guayaquil. La carta que se trans­
cribe vale por lo que tiene de documento vivo au­
téntico y por haber sido escrita, diríamos, casi en el
fragor de la revolución ecuatoriana. Juzgamos nece­
sario agregar que es Angel Rojas un poeta muy ame­
ritado.
Señor Norberto A. Frontini. — Buenos Aires. —
Kstin ado am igo: Los hechos acaecidos en la últim a
semana le habrán explicado el por qué de mi silencio
al demorar la respuesta a su carta anterior. Hoy
acabo de recibir otra suya, fechada el 2 del actuai,
a los ocho días de haber hecho nosotros nuestra
modesta pero form idable revolución popular, que se
trajo al suelo la ignom iniosa dictadura de Arroyo
del Río. En una ocasión le dije ya a usted cóm o
me había dolido no poder hablar oportunam ente,
largam ente con usted para presentarle nuestro punto
de vista: el de las agrupaciones políticas que habían
constituido un solo frente, A lianza D em ocrática
Ecuatoriana, que son. entre otras, el Partido Con­
servador. el Socialista (el m ío) y el Com unista, y
que pudieron elaborar un program a político que
tratan de defender. Pues bien: esa coalición, viendo
la absoluta im posibilidad de im ponerse en los com i­
cios para la elección presidencial, ya que el fraude
electoral lo sabíam os consum ado de antem ano, re­
solvió seguir el cam ino del golpe m ilitar, y en

esta ciudad de G uayaquil y en la de Quito em p e­
zamos a vincularnos con elem en tos de las fuerzas
arm adas que fueran de izquierda o, por lo m enos,
que tuvieran fervor dem ocrático.
Se pensó en organizar pronunciam ientos sim u l­
táneos en Quito y G uayaquil, pero en un m om ento
dado hubo necesidad de acelerar la cosa en esta
ciudad, ante el peligro del contragolpe del gobierno,
que descubrió en parte el com plot. En las filas del
electorado (se hicieron num erosos com ités electo ­
rales para trabajar por la candidatura del doctor
Velazco Ibarra) escogim os con todo cuidado un
considerable grupo de hom bres resueltos, con el
cual h icim os una guardia de choque que, cuando
fué preciso, tom ó las armas en la noche del dom ingo
28 de m ayo últim o. El problem a m ilitar central
era dominar el cuerpo de carabineros atacándolos
en su cuartel. Esa operación duró desde las diez
y m edia de la noche hasta las seis de la m añana
del día sigu ien te, hora en que nuestras fuerzas
se tom aren el cuartel. Corrió sangre a torrentes.
Ese cuartel y los alrededores quedaron literalm en te
cubiertos de cadáveres. Pero conseguim os, a las
prim eras horas, dominar la situación En la m ism a
mañana hicim os un cable a Velasco Ibarra in v itá n ­
dolo a venir a la zona liberada, y em pezam os a
esperar el resulado de la conspiración de Quito.
El gobierno no trató en un principio de sofocar
nuestro m ovim iento, ordenando la m ovilización de
tropas sobre G uayaquil, mas pudim os interceptar
tedas esas órdenes y oponernos a ellas en form a
eficaz. Una de las gu arn icion es que debía hacer
el cerco, la de Ríobam ba, a m edio día, se p legó a
nuestro m ovim iento. Y se inició, desde las prim eras
horas del lunes, la rebelión sistem ática en todos
16

acabó, y es sabido que el cu lto d eliran te del p lacer
in d ivid u al reprim e las fuerzas de los hom bres sie m ­
pre que una edad m uere. H ay una ob servación
que puede traer alguna com p lacen cia para lo que
yo fui y es que yo estaba en gañ ad o. Creía sin c e ­
ram ente cuidar m ás de la vida que de m í. D eform é,
nadie im agina cuánto, m i obra; lo que no qu iere
decir que si no h iciese eso, ella fu ese m ejor. Y ahora
llego a esta paradoja irrespirable: h ab ien do d efo r­
m ado toda mi obra por un an tin d iv id u a lism o d iri­
gido y volu n tarioso, toda m i obra no es m ás que
un h ip erin d ivid u alism o im placab le! Y es m ela n có ­
lico llegar así al crep ú scu lo sin contai* con la s o li­
daridad de sí m ism o. No p uedo estar sa tisfech o
de m í. Mi pasado no es m ás mi com pañero.
“Yo creo que los m odern istas de la “S em ana de
A rte M oderno” no d eb em os serv ir de ejem p lo a
nadie. P ero podem os servir de lección . El hom bre
atraviesa una fase in teg ra lm en te p olítica de la h u ­
m anidad. N unca jam ás él fu é tan “m o m en tá n eo ”
com o ahora. Los ab sten cio n ism o s y los v a lo res
etern os pueden quedar para desp u és. Q uiero e x a c ­
tam en te decir que en una edad hum ana com o la
que vivim os, cuidar sólo de esos v a lo res y r e fu ­
giarse en ellos, en libros de ficció n y aún de
técnica, es un a b sten cion ism o d esh o n esto y d es­
honroso com o cu alq u ier otro, una cobardía com o
cu alq u ier otra. P or lo dem ás, la form a p o lítica de
la socied ad es un valor etern o tam b ién . A p esar
de nuestra un iversalid ad , una cosa no fa v o recim o s
verd ad eram en te, de una cosa no participam os: del
m ejoram ien to p olítico social del hom bre. A h í está
la esen cia m ism a de nuestra edad.
“Si de algo p u ed e v a ler m i d isgu sto, la in sa tis­
facción que yo m e causo, que los otros no se
sien ten , así, a la vera del cam ino, espian d o a la
m ultitud pasar. H agan o se reh ú sen a h acer arte,
cien cias, o ficios. P ero no se qued en sólo en espías
de la vid a cam u flad os de técn ico s de la vid a. M ar­
chen con las m u ltitu d es. A los esp ía s nunca les
fu é necesaria esa “lib erta d ” por la que tanto se
grita. La vida hum ana es algo m ás que cien cia,
artes y p rofesion es. Y es en esa v id a donde la
libertad y el derecho de los hom bres tie n e un
sentid o. La libertad no es un prem io, es una sa n ­
ción que d ebe v iv ir ”.
F.

los distritos electorales —las parroquias— . En la
tarde, ante el giro de los a co n tecim ien to s, y en
vista de que una gran parte de la gu arn ición m ili­
tar de Quito se preparaba para atacar a los ca ra ­
bineros, que sosten ían in co n d icio n a lm en te al g o ­
bierno, éste, viendo el juego perdido, dim itió. Los
carabineros se rindieron, en vez de ser red u cid os
a polvo com o aquí, y a m edia n oche, A lianza D em o­
crática ocupaba el P alacio de G obierno y estab lecía
un n u evo régim en. La Junta Civil y M ilitar de
G uayaquil, de la cual form é parte rep resen tand o
al Partido Socialista, vien d o la rev o lu ció n triu n ­
fante, y en virtud de haber ven id o al Ecuador el
doctor V elasco Ibarra, el candidato de A lianza, p re­
cisam en te, resignó sus fa cu lta d es una vez que n u es­
tro candidato, recibido triu n fa lm en te en Q uito, asu m ió en m ando suprem o y ordenó la con vocatoria
de una asam blea co n stitu y en te, que estará reunida
el 10 de agosto próxim o.
T enem os ahora una rabiosa* libertad, y la libertad
electoral va a dejar de ser un m ito. Nos hallam os
organizando en todas partes n uestras fuerzas, ya
ahora operando con toda franqueza, para con stitu ir
un electorado fuerte y d isciplinado. Hace una hora
que V elasco Ibarra retornó a Quito. Ha pasado en
esta ciudad desde el dom ingo, en donde ha reci­
bido el h om enaje fervoroso de una población que
le ha exaltad o hasta el delirio. H em os hablado largo
con él. H em os con ven id o en m uchas cosas in te re­
santes. Hay razón para estar sa tisfech o s. Los par­
tidos de izquierda hem os dejado de ser cosa p roh i­
bida. Y en el m es próxim o, con el franco apoyo
del gobierno, va a reunirse un form id ab le con greso
obrero, para dejar co n stitu id a la C onfederación de
T rabajadores Ecuatorianos.
Ya he de seguir con tánd ole cosas, de estas casi
in verosím iles que están su cediend o.
E ntretanto, le abraza y recuerda
A. F. ROJAS

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cultura, es una de las más sig­
nificativas, valiosas y fecundas
conquistas filosóficas de este si­
glo. Una de sus corrientes más
importantes, fue, indudablemen­
te, la encabezada por Durkheim,
quien con la publicación de sus
valiosos estudios, y desde la di­
rección del Année Sociologique,
ha contribuido como pocos a
orientar y fundamentar esa ten­
dencia.
Perteneciente a esa escuela,
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original, en el presente caso apli­
ca esos métodos al estudio de lo
que ha dado en llamarse gené­
ricamente, la mentalidad primi­
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EDITORIAL L A U T A R O , inicia
con el presente libro, una nueva
colección denominada TRATADOS
FUNDAMENTALES. Consciente de
la responsabilidad que adquiere
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to de todas las épocas, lo hace
en defensa de la razón y de la
ciencia, considerándolos puntales
insubstituibles de la vida civili­
zada, y siguiendo en esta forma
las mejores tradiciones y las ten­
dencias más fecundas, aquellas
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nan su destino.
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F O T O G R A F I A

DE

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Federico G arcía Lorca es, sin duda alguna, la figura contem­
poránea que más influencia ha ejercido en la poesía y el
teatro dramático de nuestros días. A casi diez años de su
desaparición, su recia figura aparece más procer y de gra­
vitación de más en más poderosa, presidiendo aun las lu­

U. T. 31 - 8867

RECONQUISTA 450

chas de renovación espiritual de nuestro mundo iberoame­
ricano. Un exacto conocimiento del hombre y su obra, el
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A IR E S

�T? l chicle se cosecha en una vasta zona de más
-*-J de 8.000.000 de hectáreas, de propiedad fiscal,
que va de Campeche a Quintana Roo, en la penín­
sula de Yucatán, y de Champoton a Valladolid.
Lo produce un árbol llamado Chicozapote, que
suele tener hasta veinte metros de altura. Su copa
es alta, pequeña y muy verde la hoja y dura la
madera. Lo explotan varias compañías. El diez
por ciento lo recoge la “R igle” y el noventa por
ciento restante una compañía americana, llamada
la “American Chicle Company”, que tiene una
subsidiaria llamada a su vez “Mexican Explotation
Company”. Campeche produce el cuarenta por
ciento del chicle mundial. Dichas empresas vienen
trabajando desde el año 1890. Pero fue un tal
Roberto Boy el primero que empezó a explotarlo
en el año 1860 durante la guerra de secesión. Se
instaló en Tuxpan y desde aquí lo enviaba en
pequeñas cantidades a Norteamérica. En el año
1884 se establecieron las primeras explotaciones
mexicanas. El chicle era conocido por los indios,
que lo llamaban chilli, pero su generalización es
un fenómeno norteamericano, y en este sentido
puede considerarse como invención suya. Los
mayas también lo conocieron pero con el nombre
cha y denominaban al árbol yah. Los indios lo
mascaban puro, sin cocer.
La explotación del chicle se hace mediante inter­
mediarios. quienes contratan, para las grandes em ­
presas, a los obreros que van a los chenes. Los
chenes son los bosques, la jungla, donde se en­
cuentra el chicozapote. Los obreros son llamados
rhicleros. Trabajan desde junio a febrero inclusi­
ve. Parten en grupos hacia los chenes, desde el
pueblo más inmediato. Tardan más de ocho días en
llegar y cuando se han internado escogen un lugar
apropiado para la instalación de los hatos, palabra
que ellos pronuncian aspirando la h. Construyen,
por lo general, seis o siete en derredor de una
oficina que está en el centro de un terreno de
forma poligonal de igual número de ángulos, y
en la dirección de cada uno de ellos, pero a
larga distancia del mismo. El jato viene a ser.
así, una suerte de caserío de enramada hacia donde
los chicleros regresan cada día, después de la
jornada de trabajo. Los jatos se establecen, pues,
en medio de la jungla y en plena libertad, pero
sujetos a las lim itaciones sin cuento de la jungla
misma, separados varios días de marcha a muía
de la oficina central y semanas del pequeño centro
civilizado de donde partieron. Los chicleros ini­
cian las jornadas desde los jatos, en plena oscu­
ridad. pues los abandonan a las tres de la madru­
gada. Van con linternas, penetrando profunda­
mente en los chenes, casi siempre pantanosos y
siempre llovidos. Como la arboleda es espesa y
la menuda ramazón tupida y enredada, los chi­
cleros van abriéndose paso a machete. Toman
precauciones para el regreso — podrían perderse
definitivamente
dejando un intermitente sendero
de muescas en la corteza de un árbol que llaman
chit. Cuando les parece conveniente, se separan
unos de otros y comienzan el trabajo. Regresan
a las tres de la tarde, a la hora en que empiezan
las lluvias. Los chicleros se alimentan con carne
de venado, jabalí o faisán y con fríjoles. Cuando
no les envían alimentos, comen una raíz del lugar.
Con cada 20 chicleros, o con el grupo que inte­
gra cada jato, va una mujer que sirve de cocinera
y a la que el chiclero paga diez centavos por vez
que le hace la comida. Pero la mujer sirve ade­
más para lo que sustitutivamente se llama “el
lavado de ropa”. La mujer es, pues, cocinera y
concubina colectiva. Mientras ella ejecuta esta
doble locación de servicios como quien cumple
una función de orden público, nada grave acon­
tece en el jato. Pero la tragedia se cierne el día
en que ella se decide convertirse en barragana
exclusiva de un solo chiclero. La^ cuestiones y
pendencias domésticas se liquidan a juego lim pio
y las más peliagudas a machete, un corvo machete
filosísim o, de más de ochenta centím etros de
longitud, que los chicleros, por razón de su o fi­
cio, usan para tajear la corteza de los árboles
para que de ellas escurra el chicle. Con ese filoso
instrumento de trabajo, los chicleros resuelven
las enconadas broncas de carácter sexual que se
promueven cada vez que uno de ellos monopoliza
el servicio de “lavado de ropa” de la mujer del
jato. Los duelos a machete por una mujer son
duelos a muerte. Fuera de los duelistas, ningún
otro interviene: los demás son simples especiado-

¡CHICLE!
Fué en 1940, en ocasión de mi estada en
Méjico, cuando Juanito de la Cabada, el
enjundioso autor de uPaseo de Mentiras”,
me contó cómo es la vida de los chicleros.
Juanito de la Cabada, que conoce de cora­
zón los más interesantes rincones de M é­
jico, que tiene estrafalarios amigos en los
pintorescos mercados de la ciudad capital,
que sabe despertar voces cordiales en la
nocturnidad de sus calles, que estuvo en
España durante la guerra civil con los
escritores libres de América, convivió una
larga temporada con los chicleros de Cam­
peche, para descubrir, en la penumbra de
la selva, el estilo de vida de unos hombres
miserables. Fruto de esa convivencia es
la novela que prepara. Con los recuerdos
y las notas que con su anuencia en aquella
ocasión tomé redacto la siguiente escueta
memoria.

res y a veces ni siquiera eso, pues el duelo suele
cumplirse como un rito en la soledad de la selva.
Cada hectárea rinde, por año, dos árboles pro­
ductores de chicle; el árbol sólo admite una faena
cada cuatro años. Pero los árboles no ofrecen
sus jugos espontáneamente. Es necesario herirlos
en forma técnica adecuada para que puedan dar
su viscosa resina blanca. El chiclero debe hacer
con el filoso machete tajos regulares a todo lo
largo de la corteza, sobre el tronco y las ramas
importantes. Este trabajo lo hace de abajo hacia
arriba, subiendo por el árbol sujeto a una gruesa
cuerda que a la vez que rodea el tronco rodea
su propio cuerpo y le sirve pora posar las asen­
taderas. La ascensión es peligrosísim a. Los tajos
que hace el chiclero en la corteja a medida que
va ascendiendo inciden unos en otros, en ángulo
recto, formando un canal en zig-zag, en cuyo
extremo inferior se coloca la bolsa que recoge el
cicle. Es maravilloso el dom inio que tiene el
chiclero en el manejo del machete: los cortes
deben tener la profundidad exactamente necesaria,
pues cualquier exceso malogra la faena y perju­
dica la cosecha. El brazo del chiclero blande el
machete, seguro, preciso y continuo. A veces,
cuando está en lo más alto del árbol, la cuerda
se zafa y el chiclero cae por entre las ramas
ensartándose en ellas o en su propio machete.
El árbol da de 2 a 20 litros de chicle. El chi­
clero siente una gran alegría cuando halla un
árbol del que comienza a manar chicle en abun­
dancia. Calcula los litros que va a rendir y el
lucro posible. Esta alegría es explicable pues la
faena es la misma, se trate de un árbol de óptima
o menguada cosecha.
Cada semana los chicleros llevan el chicle a la
oficina central. El transporte lo hacen en muías.
Las muías marchan solas pero junto a ellas va
un arriero. El camino es pantanoso; deben atra­
vesar frecuentes charcas y seguir a menudo por
el borde de lagunas profundas. A veces la muía
resbala y desaparece con su carga de chicle, y
a veces, también, arrastra al arriero empeñado
en evitar el desastre. Durante la travesía, los chi­
cleros duermen en chinchorros que tienden entre
los troncos de los árboles, en medio de la espe­
sura. Para defenderse de las picaduras de los
mosquitos productores de la fiebre palúdica usan
m osquiteros; ellos los llaman pabellones. El m os­
quito enferma a casi todos los chicleros. Además
hay en los chenes otro terrible enem igo: la mosca
chiclera, que pica en los cartílagos de la nariz
y las orejas dejando sus larvas. Sólo cuando las
larvas empiezan a evolucionar los chicleros des­
cubren su existencia; entonces se cortan con el
machete la parte larvada del cartílago. Esta cirugía
la practican con estoica resignación, liberándose
de la podre con un solo tajo de su instrumento
de trabajo, arma y bisturí. Cuando no pueden
hacerlo ellos mismos lo hacen sus compañero?.
Hay también serpientes de picadura letal: la cuatronarices. la barbamarilla. la cascabel. Contra la
17

picadura de las serpientes usan un contraveneno
eficaz.
El chicle es llevado a la oficina central y aquí
se le deposita en grandes peroles de cobre esta­
ñado, donde se lo cuece. Después es volcado en
marquetas de diez kilos, con siete de las cuales
se hace un fardo.
La psicología del chiclero es muy curiosa: per­
tenece a todas las razas y nacionalidades y procede
de todos los lugares del mundo. M uchos tienen
cuentas pendientes con la justicia. Los hay m eji­
canos, japoneses, chinos, alem anes, guatemaltecos,
españoles, árabes. Los contratistas son, por lo
general, árabes. Todos son de un extremado in d i­
vidualism o. Durante las faenas no se hablan; sólo
conversan en los jatos en las horas de descanso
que son las horas de las lluvias. La conversación
es siempre anecdótica y sobre cosas del trabajo.
El regreso del chiclero al pueblo es de un espe­
luznante dramatismo, aunque ni él ni las gentes
tengan conciencia moral alguna del significativo
espectáculo. Lo espera, voraz y vocinglero, poco
menos que todo el pueblo. El farmacéutico, para
venderle rem edios, pues el chiclero vuelve enfer­
mo y casi siempre palúdico. Los fulleros para
m alquitarle las ganancias del penoso trabajo. Los
com erciantes para sonsacarle diez por la bagatela
que cuesta uno. Las prostitutas para su m erce­
nario q u eh a c e r ... Durante ocho m eses de trabajo
en los chenes, apenas si ha ganado 400 pesos
m ejicanos, o sea un jornal inferior a un peso y
setenta centavos. En el pueblo el ritmo de su
vida adquiere una urgencia pavorosa y en un par
de días se queda sin un cobre.
Cuando está por comenzar nuevam ente la tem ­
porada el chiclero se pone fuera de sí. Siempre
se promete no volver a los chenes. Pero el pobla­
do no es su am biente. Tolera m ejor las lim ita­
ciones y exigencias de la selva. En ella goza
de una libertad casi absoluta. Se siente dueño de
sí m ism o, pues la conoce bien y la ama y sufre
como a una apasionada costumbre metida ya en
el tuétano de su vida. Su m ente y sus brazos son
duchos para ejecutar una faena perfecta y para
abrirle camino en la espesura de los chenes, pero
de poco o nada le sirven en la abigarrada y
d ifícil espesura de la picardía pueblerina. De la
mosca chiclera se defiende a tajos reductores de
su propia hechura corporal y es capaz de sufrir
el paludism o y la mordedura de las serpientes;
pero no sabe defenderse del hom bre civilizado.
Ignora, y acaso no podría com prender jamás, que
la miserable vida que lleva — y que lo lleva—
es también pecam inoso fruto de la civilización
actual. V uelve, pues, el chiclero al chene, porque
en el chene se siente libre y hom bre. U n día dice
secamente: “Me voy” Es inútil preguntarle a
dónde. Nada ni nadie podrá detenerlo ya.
El chiclero muere en la selva. La ciudad y
el poblado le han impuesto un sufrim iento incom ­
prendido y una soledad que no se alivia con
diálogo alguno. La selva, en cambio, es una p eli­
grosa pasión sin trampa. La presencia de esta
vida vegetal, lluviosa y enmarañada — que en algo
se le parece— le estrem ece las fibras más hondas
del corazón. La selva es su asilo y su tumba.
N.

A.

F.

La contrafigura del chicle de los chenes tien e
otra pinta. Sostén oculto de una pa sta de azúcar
p er fu m a d a y o b je to n eu tro de un m a sca r que no
a li m e n t a , pone en las caras gestos de indiferen cia
o locu ra , siendo su fo rz osa expu lsión causa de v e r ­
gonza nte dem o ra .
E v id e n te su b ter fu g io de una
ener gía humana d esvia d a e indicio quizá de un
desequilibrio n e r v i o s o , es có m o d o d isim u lo de p e ­
rezas m en ta les y un se guro lim ita d o r y es tro p e a dor del habla. En todo cas o, ju g u e t e frívo lo de
much ach as y m uch ach os de escasa im ag in ación

�PINTURA Y GRABADO
Dirige
ANTONIO BERNI

‘'Un buen jardinero se conoce en los rincones de su jardín

LA ESCENOGRAFIA
EN NUESTRO TEATRO
L o s teatros de Buenos Aires, tomando como medida la calidad y el valor interpretativo de las
obras que llevan a escena. se pueden clasificar en dos categorías, distintas y diametralmente diferen­
ciadas; unos. los menos, se dedicaban al A rte , procurando alcanzar, con 51/ labor honesta. inteligente y
tenaz, la altura de las grandes obras y de los mejores artistas que han hecho historia en el teatro
universal. Otros, /os más, buscan, antes que cualquier otra cosa, el éxito de taquilla, con el menor
gasto posible en todo aquello que consideran superfluo. Estos teatros responden a empresarios que

"Estcncia". Ballet de Ginastera. Decorado de Horacio Butler.

improvisan compañías alrededor de una o más vedettes de moda, impuestas artificialmente al público
por medio de una propaganda desenfrenada de radio, diarios y revistas. Anualmente se estrena en Bue­
nos Aires docenas de piezas; algunas responden a.plausibles intenciones artísticas; el resto pertenece
al teatro comercial, sainetero y cursi.

Es indudable que el nivel cualitativo del teatro
argentino no es muy halagüeño. Lo salva de una
crisis total un puñado de directores y artistas, lu ­
chando desventajosamente, sin desfallecim iento, en
un medio deliberadamente adverso. Toda deca­
dencia conceptual en el teatro, repercute sobre
cada una de las partes que lo componen. Se des­
engaña el autor de ingenio al no encontrar em ­
presario o compañía que se interese por su género
literario; se resiente el actor al verse obligado a
soportar los papeles más anodinos; el escenógrafo
al sustituírsele la creación por los telones de fondo
de utilería; y así, todo ese conjunto de profesiona­
les o aficionados que participa en el montaje de
un drama.
La escenografía es un com plem ento del que no
puede prescindir el arte de las tablas; es, en cierta
medida, lo que mejor descubre el alcance artístico
de un director de compañía. “El buen jardinero
se conoce en los rincones de su jardín*’, dice un
proverbio. En la escenografía, como en los pocos
minutos intercalados de música o de danza, el di­
rector toca un terreno de gran amplitud mental,
que pone a prueba su cultura universal, erudita y
calificada, sin cuyo requisito no puede llegar a
desempeñar correctamente la m isión de seleccionador, organizador y animador de las personali­
dades que deben integrar una buena escena. Para
discriminar, en escenografía, la sensibilidad es tan
importante como en artes plásticas. El director,
si conoce la vida artística y trabajos de los plástiEscenografía

de

Christian Bérard, para
femmes", de Moliere.

"L'Ecole

des

eos del país en que actúa, está capacitado para
seleccionar personalmente al pintor escenógrafo;
de lo contrario, debe hacerse asesorar para esta
selección o recurrir al primero que encuentre. L na
escenografía ajustada a un drama, es como la
ilustración de un libro adecuada al texto. Existe
un formato, una planta, un lincam iento y una co­
loración, todo ilum inado convenientem ente para
favorecer y exaltar los personajes del drama. Cuan­
do no se acierta en esta conjugación, el decorado,
aunque tenga valor plástico por sí mismo, disi­
mula, molesta o contradice las otras partes de la
escena. La escenografía tiende — y tiene que
serlo— a un adaptación estética al espíritu del
drama. Ella puede construirse utilizando desde
los elem entos más simples y humildes hasta las
más costosas y palaciegas figuraciones; pero in­
discutiblem ente, en cada caso, concebida con la
aguda sensibilidad que sólo la educación artís­
tica seria y experimentada puede resolver. Esto,
que es axioma, lo ha desconocido la mayor parte de
los directores de escena, compañías y empresarios.
Con la escenografía se ha procedido como el
buen burgués procede cuando cree poder prescin­
dir del arquitecto para proyectar su soñada “her­
mosa” casa. Desde luego, no en todos los casos
es necesario recurrir al especialista para la solu­
ción de una escenografía, pero siempre hace falta
un mínimun de sensibilidad y experiencia por
parte de quien concibe y ejecuta. Para confirmar
la justeza de nuestro punto de vista, tenemos los
ejem plos más positivos y famosos dados durante
este siglo por los mejores teatros del mundo. Ellos
no dejan el menor lugar a dudas sobre la impor­
tancia que corresponde al decorado en la calidad
y expresión del arte escénico: M eyerhold en Rusia;
Piscator en Alem ania; los Ballets Russes y la
Comédie Fran^aise en Francia; es decir, todo lo
más calificado del escenario, mundialmente, con­
firma sin excepción esta regla.
En la Argentina, la escenografía como arte, no
obstante el desamparo colectivo en que se encuen­
tra, se ha mantenido en la tradición, por obra de
grupos de artistas que han defendido la calidad
del arte de las tablas contra todo derrotismo o
incapacidad profesional. La escenografía tendrá la
jerarquía que le corresponde cuando el buen tea­
tro deje de ser una excepción y consiga un verda­
dero arraigo popular.
A.
18

■

B.

Bramante Decorado de teatro (grabado).

El Salón
ile la Liberación
en M*arís
Esta vez se habla del Salón de Otoño mucho más
que de costumbre y ello se debe a que este año
tuvo una importancia excepcional fácil de com ­
prender. Fue el Salón de la Liberación. El pri­
mero desde hace cuatro años en que los artistas
pudieron exponer libremente, sin que mediaran
cuestiones de raza o de opinión política. Un Sa­
lón libre, en una palabra, que aleja para siempre
la amenaza que los alemanes significaban para el
arte francés, amenaza que se hubiera transformado
en opresión definitiva si no hubiésemos sacudido
a tiempo el dominio germano. ¡Loado sea Dios!
En nuestra pintura no hay huellas de la ocupación.
Expuso en este Salón Pablo Picasso. Se pre­
sentó con ochenta cuadros y esculturas. También
estaban presentes los viejos maestros: Matisse,
Bonnard. Duf y , Brague, Gromaire y Lothe.
El realismo ocupó también un puesto de honor,
de acuerdo a su jerarquía dentro del arte francés
contemporáneo. La pintura joven estuvo presente;
iniciada poco antes de la guerra y continuada
durante estos últimos cuatro años, se destacó por
su marcada tendencia humanista, aunque picturalmente mantenía una acentuada influencia del arte
abstracto post-fauvista.
(Extraído del artículo de André Warnod)

f

�HABLAN

LOS

ARTISTAS

ARGENTINOS

Con m otivo de la clausura de su Pri­
mer Salón de A rte Plástico, realizado

Dice
en Mar del Plata del 5 al 19 de fe ­

DEMETRIO
U RRUCH UA

brero últim o.

a u to r d el óleo

encuesta entre los expositores. R es­

66C abeza"

L a t it u d

organizó una

pondieron a ella, en esa oportunidad,

ser m ás breve, trataré de con d en sar las
*
cinco respuestas en una sola.
P refiero siem pre la calidad de h o m b re que hace
un determ inado tipo de arte, a la posición que
puede determ inar solo una actitud política, cuya
obra no estará obligada a una ex ig en cia social.
Por ello no creo que en el arte con tem p orán eo
solo sea ju sta m en te cu estión de posición estética
o no. Lo esen cial es ten er la condición in d isp en sa­
ble para asim ilar el drama, la an gu stia y el pro­
blem a presente. En últim a instancia, tam bién p o ­
dríam os afirm ar, que cuando la calidad com o h o m ­
bre, es honda, au téntica y hum ana, la posición
resulta ex a c ta , v ale decir: a la obra la alienta, la
m ueve y le da grandeza un desbordante principio
moral, económ ico y social, lo cual el gran arte que
m arcará la hora y el carácter de nuestra época no
puede ignorar, ni exclu ir de su seno ese anhelo
grandioso de los pueblos, que es clam or un iversal
y fondo m ism o de la pintura m ás profunda y s e ­
ria. Es por ello, en tonces, que el tem a siem p re
actual de m is trabajos ob ed ece a este fin: sim b o­
lizar, cantar, o en altecer la lucha por la cual los
hom bres buscan una nu eva vida.
Seguiré trabajando en los m ism os tem as de un
m odo u otro, pues nada tra nscurr e en m is obras
que se pueda sindicar com o tem a ocasional. P e r ­
fectam en te organizado, procuro en todo lo posible
ser intérprete fiel de la realidad m undial, y co n ­
sidero que un tem a se d esprende de otro, así c o ­
m o una im agen trae prendida otra n ecesariam ente,
pero todo ello, o la obra en total, tien en un solo
eje, una sola m ística: la vida del hom bre. Com ­
prendo que ésto parezca m uy pretencioso, pero
es así, pasional y am biciosam en te así, y no podré
dejar de hacerlo de este m odo, por cuanto co n ­
sidero que el artista no puede viv ir un m undo
aparte: por el contrario, es quién, antes que nadie,
percibe el sentido y la voz de la realidad.
Si así no lo hiciera, in d ivid u alm en te m e co n sid e­
raría, traidor al hom bre, com o tal, e incapacitado
para ver y sentir el m undo, e incapaz de dar com o
artista un verdadero m ensaje pictórico, fraternal y
solidario, adem ás de no desear sentirm e jam ás
turista de la vida o desertor del pueblo.
i &gt; a ra

G ER T R U D IS
CHALE
explica el
porqué
de su obra

i tela “P rim eras casas” es la sín tesis de una
su cesión de im presion es recogidas en d istin tos
lugares de un m ism o paraje. V iajando y paseando
con tin u am en te entre B u en os A ires y Q uilm es, he
E. Centurión, M. C.olmeiro. J. C. Casobservado la vida del suburbio, las andanzas de
sus habitantes, y he con ocid o su s problem as. A sí,
fu i com poniendo, poco a poco, éste y otros cuadros
tagnino
y A.Berni. cuyas respuestasque p ueden ser de todos los suburbios del país.
* Estos ú ltim os han sido y serán p rob ab lem ente el
leit m o t i v de m i obra; porque allí se m e apareció
la A rgentina, desp u és de buscarla sin éx ito en la
se publicaron en nuestro núm ero an­
ciudad. A llí en el bañ ad o de Q uilm es —suburbio
del suburbio— por prim era vez m e sen tí invadida
por el espacio. Me sen tí por fin m uy lejo s de
Europa,
y m uy cerca tam bién de una verdad h u m a ­
terior. Transcribim os hoy las de G.
na (por no decir social) que hasta en to n ces había
ignorado.
Pero nada hubiera pintado si no h u b iese e n co n ­
Chale, D. L rruchúa y L. Seoane.
trado en esto s paisajes una fu en te in agotab le y
original de em o cio n es e in sp iracion es pictóricas.
Me sentía descubridora de otro m undo; de algo que
sólo a m í perten ecía, pues no lo había visto e x p re­
sado en ningún otro cuadro.
A llí nada es trivial. Todas las cosas tien en un
las gen tes sus tem as folklóricos, sus leyen d as, co n ­
sig n ifica d o, una fun ción . (El surrealism o está en
tem plando los trabajos de todos los días y con ­
la calle, en los objetos: se ha m aterializado en form a
m ovién d oles las alegrías y los dolores populares.
racion al). Basta v iv ir un poco por allí para ver
Me gustaría clasificarm e entre éstos. P orque ta m ­
que lo ap aren tem ente absurdo e in sólito tien e hondo
bién los hay que “p resien ten ” al pueblo y p reten ­
sentid o y corresponde a d eficien cia s o n ecesid a d es
den hacer un arte popular, a veces con técn icas
hum anas.
trasnochadas, reflejand o unas gen tes deform adas,
T am bién veo allí cristalizada y hasta sim bolizada
con stan tem en te doloridas y enferm as que a m i
la inestabilidad de la con d ición hum ana, tan ca ra c­
ju icio no tien en nada que ver con la energía, con
terística
de n uestros tiem pos, com o tam bién todos
la alegría y con el dolor de la vida creadora de los
sus problem as v ita les al desnudo. Por lo dem ás,
trabajadores. Tales artistas ni exaltan ni ayudan
el asp ecto plástico del hom bre de aquellos parajes
al pueblo, ni sirven a las causas que creen servir.
es m ás verdadero, m ás au téntico, jam ás disfrazado
No han oído jam ás una canción tierna y sana en
com o en las urbes, y por éso m ás u n iversal y
el in stan te m ás terrib le de una huelga, o e sc u ­
m ás etern o.
chado el alegre coro im provisado al regreso de
Mi im perativo es reflejar im ágen es sin tética s de
una faen a cam pesina.
un sector de la A rgentina actual, rehabilitando p a ­
Los hom bres d eben recon ocerse en la obra de
rajes, g en tes y cosas, que d esp ectivam en te, erró ­
arte o deben recon ocer en ella aquello que m ás
n eam en te se ca lifican de “fe a s”. P ero tam bién
quieren. P or m i parte, no ten go tem or alguno
rep resentaré la tierra argentina com o fen óm en o
a ser un “pintor literario”, aún ignorando el se n ­
integrador de A m érica, en sus asp ectos etern os e
tido exacto de esta clasificación . El tem a m e
inm
utables. Q uisiera pintar in co n fu n d ib les im á g e­
pareció siem pre no m en os revelador de un artista
nes de la tierra argentina; ta les que se vea en
que el grafism o de su dibujo.
ellas algo de su trem enda realidad y de su m iste­
El arte de la A rgentina ocupa, a m i ju icio, uno
rio. A lgo que sea d istin to a todo lo dem ás. Ese
de los p uestos prim eros del co n tin en te y creo que
algo inm enso y hondo que, a u n q ue no se ve, está
a m edida que los artistas argentinos com enzaron
detrás de todas las cosas, y llevarlo, por su calidad,
a estudiar seriam en te la propia realidad hum ana,
a un n iv el universal.
el aire y la naturaleza que les rodea, sacu d ién d o­
En cuanto a la in vitación para p articipar en la
se del pintoresquism o, fueron h acién d ose m ás ar­
exp osición organizada por LATITUD, he sido m uy
gentinos. Lo d iferen cial está en el aire, en los tonos
sen
sib le a ella, porque m e sien to m ás a gusto e n ­
que produce la n aturaleza y en los gestos de las
tre com pañeros que andan por parecidos cam inos.
gentes.

M

í'orrcsp om ivn cia fiel l ’ru q u n y
Estimado colega:
A propósito de su nota en el prim er nú mero de la revista L A T I T U D , relacionada con la ex­
posición de artistas uruguayos en la Galería C o m te , rogamos a Vd. tenga a bien publicar la siguiente
aclaración.

Obispo A daúlfo” form a parte, desde luego,
de los tem as que m e gusta desarrollar y que
pertenecen, algunas veces, al folklore de G alicia.
Otras reflejan trabajos cam pesinos o m arineros de
esa tierra, o son escogidos de la historia m ed ioeval
y legendaria del pueblo gallego, com o ocurre en
este caso del Obispo, acusado de sodom ía en el
siglo X. por lo que fu é condenado a “la prueba
del toro” y cuya inocencia está proclam ada en la
actitud reverente del toro.
Los temas, como ejecu ción de la obra de arte,
son producto casi siem pre de una m editación ra­
zonada y de las convicciones, a veces no m uy
analizadas, del artista. M uchas veces surgen e s­
pontáneam ente. El grabado que exp u se en “LATIcon stituye una con secu en cia lógica de mi
obra anterior, por lo m enos de mi tem peram ento.
Solo creo en un arte que nace de la tierra,
aquella tierra que cada uno ama librem ente, al
margen de las oficinas del R egistro Civil. Cada
pintor, cada artista, al m ism o tiem po que debe
buscar su propia definición fren te a aquella n a ­
turaleza que más ama, debe desarrollar en sí
mismo aquellas cualidades d iferen ciales que le h a ­
cen distinto a otro artista, de m odo que sea
siem pre él.
En cuanto a escuelas, considero que el artista
no debe tem er violar cualquier disciplina im positiva. El arte es individual. Para el artista no debe
existir ninguna ortodoxia que im ponga reglas a su
producción. Debe, a mi juicio, seleccion ar de la
realidad, la externa e interna, la que lleva dentro,
aquellos elem entos que estim a m ás para exaltarlos.
No creo en el artista apartado, com o hom bre, del
pueblo y al m argen de sus luchas. Los hay que
se desarrollaron en m edio de la calle, entre las
inquietudes populares, escuchando de los labios de
t? l

“£n oportunidad se invitó a un grupo de plásticos para concurrir a una exposición organizada
por la Sra. Giselda Zanni y propiciada por la Sociedad Am ig os de l Arte de M o n te v id e o , manifestándo­
les que se trataba de una muestra representativa de los valores actuales y sin ninguna otra finalidad.
Con gran sorpresa nos enteramos posteriorm ente, que en realidad se trataba de utilizarnos para
prestigiar, con nuestra presencia, la escuela Torres García, dándosele preferencia, es claro, en nú mero
y ubicación a la obra de este señor y sus discípulos, quienes llenaban la sala, mientras los demás artis­
tas, enmarcando la tendencia predominante, la justificaban con su presencia, pero anulada de antemano
su representación por cuánto sólo correspondía una obra por autor.
Para m ejor ilustrar sobre la forma y procedim iento usados, anotamos el caso del grabador Car­
los González, quien invitado, se rehusó a mandar obra; no obstante se le hizo figurar, habiéndole re ­
tirado a tal efecto. sin su autorización ni conocimiento, un grabado que se hallaba deposita do en la ca­
sa Moretti.
En cuanto a lo manifestado por Vd. en la referida nota, declaramos que la pintura post&lt; u b istu designada en su hora constructivista, no sólo no representa al arte nacional en ninguno de sus as*pecios funcionales: físico, étnico, económico o político-social, lo que m overía a risa; sino tampoco en
la actualidad a ningún otro país.
Más aún, al evadirse de la realidad, niega estos elementos fundamentales a través de los cua­
les se representa al hombre. Tremenda inconciencia; negación absoluta de los grandes valores hum a­
nos en esta hora dramática y decisiva en que mueren millones de hombres, mujeres y niños por un m un­
do mejor. Rezagado trasplante de una ya vieja especulación intelectual m uy su perada, pero con razón
de ser en su época y tan sólo como un eslabón necesario a la elaboración dinámica y no estática del
pensamiento vivo en constante su p er a ció n 9.
Muy agradecidos de antemano, saludamos a Vd. m uy cordialmente.
Carlos González, Luis Mazzey, Bernabé M ichelena. Ricardo Aguerre
19

�Dirige
LÍ IS

D

o

u

m

n

F.4L

o

LIBERTAD
DE C R E A C I ON
E ntendem os que el arte es conocim iento de
sensible; que se dirige a

vida

form a de intuición viva y

lanaturaleza sensible del hombre, y trasciende en

tagio em otivo, im pulsando su actividad

espirtu;

da, sino que la explica. 1 en determ inados momentos

el arte no solo

a significar juicio? sobre

sus manifestaciones.

'Ni ver, ni oír, ni hablar", de Raquel Forner.

"Nocturno español", de Aquiles Badi.

Relieve para una casa sindical", de Luis Falcini.

Si la ciencia analiza, el arte sintetiza. Este,
como aquélla, da verdades objetivas. La percep­
ción artística no deja de ser objetiva ni cuando
es lírica. Pero la percepción no es involuntaria,
no es pasiva. Si el artista no se lim ita a la per­
cepción, tiende naturalmente al sentim iento y
por él, a la idea. Si no se detiene en el aspecto
exterior del objeto, de los fenóm enos, se interna
en el hombre, en su compleja vida interior. La
historia, en sus momentos creadores, demuestra
en qué medida el arte puede impulsar a los hom ­
bres a la acción. Siendo el contenido del arte to­
da la vida, sin lim itaciones ni prohibiciones, es
absurdo prohibirle que tome m otivos políticos o
sociales.
No pocos escultores, pintores y grabadores ar­
gentinos se sienten com penetrados con las gran­
des ideas emancipadoras de nuestro tiem po, pene­
tran el espíritu de las mismas y tratan de inter­
pretarlas a través de su temperamento de artistas.
Sus producciones constituyen un ponderable apor­
te al humanismo artístico en formación, por la
innegable resonancia que ellas provocan en los
sectores de la sociedad cuya realidad material y
espiritual tienden a expresar. Testim onian acerca
de la importancia de esta corriente expresiva en
el arte nacional, los ataques liberticidas de que
viene siendo objeto, por parte de una obscura
minoría cavernaria, político-confesional, pregonera
de un “arte puro”, deshumanizado, cuyos turbios
propósitos de dom inación niegan libertad de crea­
ción a todos los artistas que no acusen manifiesta
indiferencia político-social. En nombre de un ex­
clusivo nacionalism o nazi-clerical, se opone a la3
nuevas imágenes. Teme su contagio em ocional y
la actividad espiritual que ellas suscitan. Oscu­
ras m entalidades de primarios, temen el poder tras­
cendente de estas imágenes, y tratan de im pedir­
las como el troglodita se oponía a su represen­
tación, temeroso de que la magia ejerciera, a tra­
vés de ella, sortilegios contrarios a su poder en
la tribu; como el clero de la remota edad media,
—los “rompedores de im ágenes” del siglo A III,—
sum ió al arte en la barbarie porque ellas distraían
al pueblo de los sofismas teológicos; como H itler
y sus ideólogos nazis desterraron el arte moderno
de los museos de Alemania, calificando a sus
más altas expresiones de “arte degenerado , por­
que ellas denunciaban el ejercicio de la libertad,
que se proponían desterrar del mundo.
Su fanatismo no conoce, no admite la duda fi­
losófica. La libertad de expresión le infunde
terror, le hace temer por la “verdad revelada .
Llegados al poder por obra de circunstancias
conocidas, se constituyeron en “id eólogos” de la
revolución junia y comenzaron la tarea destruc­
tora, dando vía libre a su furor liberticida. Sus
20

desmanes no encontraron frenos ni en las auto­
ridades de hecho ni en la mayoría de los intelec­
tuales que, en lugar de erguirse como defensores
de la ciudadanía y de la cultura agraviadas, pre­
firieron desentenderse de lo político-social en nom ­
bre del espíritu.
Los pasquines diarios y periódicos, haciendo
de “squadristi”, denunciaban a las instituciones
de cultura popular y a sus directores progresista?,
cuya ejecución pidieron y obtuvieron. Fué así
que en Septiembre de 1943 el General Pcrtiné.
respondiendo a esos reclamos, dispuso, primero,
el retiro de las pinturas, esculturas y grabados de
“contenido ideológico” existentes en el Museo
M unicipal de Bellas Artes de la Ciudad de Bue­
nos Aires, y, luego, la cesantía del profesional
que había organizado y dirigía desde su creación
esa pinacoteca del arte nacional, con el consenso
público conocido. Para que la destrucción se
llevara a cabo en forma eficiente, el técnico que
dirigía este museo fué reemplazado por un len­
guaraz. como en 1931 el director del Museo
Provincial de Bellas Artes de La Plata fué sus­
tituido por un guitarrero, de hilarante memoria.
La “purga”, que comenzó con el retiro de “Cha­
careros” de Berni y los “R elieves” de Falcini, al­
canzó luego a “Nocturno Español”, de Badi, “Ni
ver. ni oir. ni hablar”, de Raquel Forner, “Com­
posición”, de Urruchúa y a las litografías de
Fació Hebequer. entre otras piezas sustraídas al
conocim iento público. Con evidente propósito
de sepultar la obra realizada por esa institución
hasta 1943, se prohibió la difusión del prospecto
ilustrado que documentaba la labor cumplida en
el acopio, conservación, clasificación y presen­
tación didáctica de las producciones más signifi­
cativas de las artes argentinas. A esta tarea “re­
paradora” siguió el traslado del museo a su nuevo
local y la afligente colocación actual de las obra-,
que todos los artistas conocen.
La verdad histórica exige que se documenten
estos hechos, en momentos en que la inminencia
del Salón M unicipal aconseja a las autoridades
sacar de la encerrona a algunas de las piezas aludi­
das. Pero la interesada liberalidad no alcanza a
todas. En efecto, permanecen aún incomunicadas y
bajo llave varias obras, entre la? cuales las tres
que ilustran esta nota.
La Intendencia Municipal viene a confirmar lo
expuesto en esta nota con su reciente decreto que
modifica el reglamento del Museo, deroga la Or­
denanza 5259 que lo creóy y con ella las caracte­
rísticas de Museo del arte nacional que lo distin­
guió de los demás, sin dar a conocer los fundamen­
tos de la medida.
L. F.

�De la creación se derivan p ara el artista derechos que son inalienables
9

L a Sociedad suele interesarse en la d ifu ­
sión de las obras de o rd en e sp iritu a l en
cuanto ellas sirven a su educación y p e r­
feccionam iento. Pero si se a te n d ie ra ú n i­
cam ente este interés p o r la d ifusión, la so­
ciedad acordaría todo al p ú b lico y n ad a al
au to r de la obra. Así lo e n tie n d e el D ere­
cho, cada vez m ás, en la ju ris p ru d e n c ia re s­
pectiva que garan tiza los derechos del a u ­
tor sobre su obra, fu n d ad o en que éstos
d erivan de la creación, sin discrim in ació n
de sus valores artísticos. E stablece que todo
artista que ha creado u na o b ra tie n e : a) el
derecho moral , in h e re n te a su p e rso n a li­
dad. de h acer conocer sus ideas cuán d o y
cómo m ejo r lo e n tie n d a : b) el d erecho p a ­
trim o n ial, ap reciab le en m etálico, o sea
pro p ied ad m aterial del o b jeto creado y d e­
recho de o b te n e r provecho m ed ia n te re p ro ­
ducción o exhibición, en ten d id o s com o as­
pectos inseparables de un m ism o derecho.

Siendo el derecho del autor sobre su obra un
derecho intelectual —“la libertad personal del
-utor en uno de sus aspectos, la independencia
del ejercicio de sus facultades”— el derecho m o­
ral es en realidad, el que pertenece a cada uno
de protejer su personalidad. Hacer conocer su
obra implica asumir una responsabilidad, por la
influencia que puede ejercer sobre lo&gt; demás, que
sólo a él compete.
Consiguientemente, considera que el derecho
moral del artista es un atributo de la personalidad
humana, y la obra una exteriorización de esta per­
sonalidad. Al referirse a las artes plásticas, pre­
cisa con toda claridad que el artista al enajenar
una obra, enajena solamente la propiedad ma­
terial de la misma, y que puede oponerse a
cualquier cambio, como reclamar indem nización
si se hace aparecer bajo su nombre una obra
que ya no es suya, porque se la ha m odificado
o mutilado, o si se borra su firma. Enajena sus
derechos patrimoniales, conservando el derecho
de hacer respetar la integridad de su pensamiento.
Solamente el autor puede modificar su obra o
autorizar retoques; aún en casos de cesión —salvo
acuerdo en contrario— tiene el derecho de opo­
nerse a cualquier cambio en su obra. Los jueces
no pueden entrar a considerar si las alteraciones
perjudican o no a la reputación del artista. Sólo
éste puede apreciar el carácter y la importancia
de las m odificaciones operadas en su trabajo.
Después de la muerte del artista, los herederos
integran este derecho a su patrimonio y deben
oponerse a que se m odifique o desfigure su pen­
samiento. La obra queda ne varietur por la muer­
te del autor. Nadie puede cambiarla. N i los
herederos pueden violar el pensamiento del ar­
tista. Este derecho pertenece a todos los artistas
sobre sus obras, salvo que sean copias. N i antes
ni después de la muerte del artista, el que ha
recibido en donación una obra de arte posee
el derecho de reproducción, salvo que exista un
acuerdo expreso que lo autoriza. Pues no se
puede inferir del hecho de la donación de una
estatua o de un cuadro, que el artista ha regalado
el derecho de reproducción.
Se incurre, pués, en delito de orden común
ruando se reproduce una obra sin autorización
del autor o de sus herederos, cualesquiera sean
las circunstancias en que se efectúa. La legisla­
ción sobre derechos de autor considera la repro­
ducción total o parcial, como robo de la forma
de la obra. El cambio de destino o de materia
de la misma no altera el delito.
Las precedentes garantías, que integran el cuer­
po de la doctrina comentada tan inteligentem ente
por Renée-Pierre Lepaulle ( * ) , se fundan en la
necesidad de legislar acerca de los derechos del
autor sobre su obra, y en la conveniencia de ase­
gurar la integridad de ésta a los miembros de la
comunidad en que actúa, para que ejerzan el dere­
cho de conocerla, gustarla y juzgarla en la plenitud

DERECHOS DEL
ARTISTA
SOBRE SU OBRA

"Niño" obra de Medardo Rosso violada en el Museo
Nacional de Bellas Artes.

de su&gt; valores originales, a los efectos estético.- e
histórico-sociales. ya que la alteración de las for­
mas de origen puede inducir a errar acerca del
verdadero valor artístico de la obra y de las fa­
cultades creadoras del autor; del valor docum en­
tal sobre la realidad histórico-social que ella tra­
duce como expresión artística, desviando el juicio
crítico y las resonancias espirituales que provoca
en los espectadores.
Para asegurar esta verdad histórica y su debido
conocim iento, las propensiones naturales del hom ­
bre y sus com unidades a salvaguardar los frutos
de la cultura son anteriores a ley que las inter­
preta. Q uienes han recorrido Europa para cul­
tivar su espíritu, recordarán haber visto en sus
museos, cuidadosamente conservados, unos m o­
delos en cera de obras realizadas o no en ma­
terial definitivo, mármol o bronce, por escultores
del Renacim iento. Se habrán detenido, en F lo­
rencia, ante unas esculturas de arcilla sin cocer,
con sensibles rajaduras por contracción de la
tierra al secar, modeladas por M iguel Angel, man­
tenidas así, fielm ente, desde la muerte del artista.
Habrán visto, igualm ente, en Francia y otros países,
m odelos en yeso de esculturas de los siglos XVII.
X V III y XIX.
Semejante sentim iento natural de respeto hacia
la obra del artista, es extraño a los secretarios eri­
gidos sucesivam ente en directores de nuestro
Mu-eo Nacional de Bellas Artes, según hemos de
documentarlo a continuación, lim itándonos por
; hora a los casos concretos que se refieren a obras
escultóricas.
En 1920 llegó al país el “N iño”, cera original
de Medardo R o - o . Fué adquirida por un escritor,
y luego por nue-tro Museo. Un día los diarios
anunciaban el envío a provincias de una repro­
ducción en yeso de esta pieza. Esto anticipaba
su fundición en bronce, lo que aconteció, según
quedó demostrado al exhibirse la reproducción,
durante años, en lugar de la cera original. Los
que han conocido a este singular artista, saben
que su sentido de la exactitud lo llevaba a eje­
cutar su- obras en todos los aspectos técnicos

hasta el estado definitivo de las mismas, en cera
o en bronce; no autorizando a nadie a fijar el
material definitivo, ni a reproducirlas. Al ex­
tremo de poderse afirmar que ninguna de sus
producciones que no haya sido fundida en cera o
en bronce por Rosso mismo, es pieza original
de este artista.
La “Bacante”, escultura de Bourdelle. ejem ­
plar en yeso procedente del taller del artista, que
figuraba hasta hace poco en el apartado de Es­
cultura del M useo, fué sustituida por una re­
producción en bronce, fundida en Buenos Aires,
no sabemos si con autorización del autor expedi­
da desde la Eternidad.
De este mismo escultor, una “Cabeza de M ujer”,
en yeso, dedicada al escritor Enrique Larreta y
que en determ inado m omento sufrió alteraciones
en su forma, fué a parar al Museo en concepto
de depósito o de donación. A llí se reconstruyó
de “pálpito” la parte destruida. Y luego repro­
ducida en bronce. Hay más que ind icios para po­
der afirmar que esta operación no se hizo con
autorización de la heredera del artista, ni con la
de quien la recibió en donación, ya que éste no
podía por sí mismo tomar tal determ inación.
Muchos son los que recordarán aún la serie de
retratos realizados por el escultor belga Lagae.
cuyos pulcros yesos figuraron durante muchos
años en la galería del Museo. Pues bien, han sido
reproducidos en bronce y enviados los originales
a museos del interior.
En cuanto al “Esclavo”, escultura del malogrado
escultor argentino Cafferatta. ingresó con otros
trabajos trabajos en yeso de su producción. Un
buen día resolvieron reproducirla en bronce y
mandar el m odelo a un museo del interior. Pero

Escultura de barro y cera tal como se conserva en
Florencia, con la obra de Miguel Angel.

�CINE
llegó la ‘intrusa bajo la forma de una prueba
en bronce de esa misma obra; al parecer de la
época en que vivía el escultor, que ofrecía a la
vista una pureza de ejecución que no aparecía
en la reproducción existente en el Museo. El
director, que en 1943 lo era el perito de arte
D om ingo \ iau. después de un prolijo examen de
los dos bronces comprobó la superioridad de la
pieza salida a subasta pública en el Banco Muni­
cipal y aconsejó su compra. En un reciente tra­
bajo aparecida en Buenos Aires, sobre la pericia
en arte, quedó demostrado fotográficamente que
las autoridades que ordenaron la reproducción
en bronce del “Esclavo” ignoraban, además, que
existía una prueba de época.
Por lo documentado someramente en esta nota
podrá advertirse que el acervo artístico del Mu­
seo Nacional de Bellas Artes está librado al
discrecionalism o irresponsable que hace tabla ra­
sa de derechos consagrados universalm ente por
los preceptos legales y el amor a la cultura.
Solamente el desconocim iento de estos \ otros
hechos podría explicar la reciente declaración de
algunos intelectuales.
( * ) . R e n é e P i e r r e L e p a u l l e . “ Les d r o it s de
so n o e u v r e ” . P a r í s 1927.

l'au teu r

L.

sur

El escritor argentino Héctor Agosti pronunció
últim am ente en la Facultad de Arquitectura del
enjundiosa

defensa

del

realismo.

“ Amauta” anuncia su próxima aparición en libro.
transcribiendo

el

siguiente

párrafo

sobre

INFLUENCIA TEATRAL EN EL CINE

L as gentes satisfechas
y burguesas de fines del siglo pasado, ab
das los ojos, ante
lavisión im perfecta de las fotografías animadas: las olas del mar,
llegada del tren, las primeras carreras absurdas de Le Prince y Toribio Sánchez, las
gracias de dandy de Max Linder, algunos dramas de cinco minutos, heredados del viejo
teatro de provincias, y decorados de papel, cenefas, cortinas, jarrones y palmeras por
doquier. 1 sobre todo,
la mágica inventiva aplicada a los primeros trucos, qu
nacim iento a la poesía del cine: Meliés. Fué
época maravillosa de un cine superficial
y deslum brante, que Rene Clair recuerda con nostalgia en
“Un sombrero
de paja de
Italia",y hasta en la persecución infantil de su más reciente producción:
“H oy es mañana”.

F.

Inofensa
del
rea lism o
Uruguay, una

DEBE Y HABEK DE LA

‘7a

reconquista del h o m b re *\
“Para el realismo, en última instancia, el hom ­
bre vuelve a señalarse como centro del mundo,
y es en este sentido antropomórfico que puede
hablarse de un nuevo renacim iento, de una nue­
va sum isión a las esencias terrenas. La deshuma­
nización había significado nada menos que la
insurgencia fecunda frente a la trivialidad del
antiguo realismo antipoético. Mas en virtud de
esa repugnancia, la reconquLta de los valores es­
téticos de la forma quedaba desmedrada por el
abandono de los valores éticos del contenido. El
desprecio del tema, especialm ente en pintura, de­
rivábase de una inconcebible confusión entre la
anécdota, que es la exterioridad transitoria del
tema, y el tema mismo, que es el intersticio para
introducirse en la esencia última de la realidad.
La revolución del arte abstracto fué así. por largo
tiem po, un heroico ascetismo de las formas, una
tortura inacabable para despojar a las formas de
toda substancia carnal, para hacerlas vibrar por
su pura y absoluta necesidad de formas abstrac­
tas. Pero el arte no podía obstinarse en ese divor­
cio del mundo real, sin correr el riesgo de abdicar
de su propia condición transformadora. La rela­
ción entre el artista y el espectador —ese elem ento
funcional de la obra de arte que cobra tan em ­
pinada jerarquía para el realismo dinámico— ,
¿era posible conseguirla, pongamos por caso, me­
diante el extremismo de la evasión c u b is ta ? ...
Y bien: este retorno al hombre es lo que, si la
fórmula no estuviese tan desacreditada, yo diría
que recoge el realismo como un mandato histó­
rico. Pero este realismo ya no es un antípoda del
arte abstracto, sino una superación hereditaria de
ese arte abstracto, por que recoge todos los resul­
tados de sus excursiones técnicas y los enriquece
con la pompa soberbia de un flamante contenido
humanizado. ¿Q uiere decir, entonces, que el tu­
m ulto de las escuelas abstractas ha sido una ex­
periencia inane? Cuanto hemos dicho hasta aho­
ra sirve para asegurar que este nuevo realismo
sería incom prensible si se lo despoja de esa
riqueza de análisis que los subjetivistas brindaron
al arte m oderno. Aquella riqueza a los subjetivis­
tas los desarraigaba del m undo; a los realistas
les sirve, en cambio, para insertarse en el mundo
y para hacer de su arte de representación también
un instrumento de transformación del mundo*'.

Pero un día. se descubrió que. si el cine era
espectáculo, bien valía la pena utilizar los ele­
mentos básicos del espectáculo teatral: actores,
escena y obra. Estaban tan a m a n o ... Y MonetSully, reeditó su célebre monólogo de “Edipo”.
se creó de nuevo el drama operístico del asesi­
nato del Duque de Guisa; Mme. Rejane, sexage­
naria. jugaba la ingénua con penosos y exageradas
ademanes en “Mme. Sans Gene” . . . Era el teatro
incorporado al cine.
Desde entonces, data para los enamorados del
cine de imágenes, la adversa influencia del teatro
en el cine. Y es verdad que esta influencia de­
tuvo durante casi dos décadas, la maravillosa evo­
lución del arte cinematográfico, que comenzó a
parodiar en serio un teatro, más que mudo, amor­
dazado, e impotente, sujeto a la inm ovilidad del
teatro sin su maravillosa vibración de vida; al
ademán del teatro sin su relieve y su palabra; a
la unidad del teatro sin su luz y su público y
su tercera dim ensión: a una sombra mortecina
del teatro.
\ surgieron los dramas dannunzianos en Italia,
las enfáticas tragedias wagnerianas en Alemania,
los romances de Bataille y Bernstein en Fran­
cia. Hasta que Griffith. Ince y De M ille. desa­
taron sus caballadas vertiginosas en la luz del
Far West, en rítmicas epopeyas de la dura con­
quista, y Chaplin nos enseñé su inim itable len­
guaje sin palabras, trayendo otra vez al cine, de
una oreja, hacia los campos infinitos de la poesía.
Cada actriz famosa del teatro, era una lamen­
table fracaso en el cine: Geraldine Farrar, Sarah
Bernard. Eleonora D u s e ... Pero los intérpretes
m ediocres en la escena, o la gente que no pisó
las tablas, infundían vida a la pantalla: los William Hart, Perla W hite, Francisca Bertini, Max
Linder y todos los d e m á s... Parecería que el
aporte teatral al cinematógrafo, sólo había de
significar cada vez una nefasta reacción, un re­
troceso de años sobre la imagen naciente.
Cuando en las postrimerías del cine mudo, se
afirmó un cine de vanguardia, inspirado a la vez
en las formas nuevas de la poesía, y en la épica
realista y vibrante de ritmo, inventado por los
cineastas rusos, pareció iniciarse una definitiva se­
paración del cine y de la escena. El arte cinema­
tográfico se orientaba hacia el juego libre de la
luz y el ritmo: desde “Potem kin” hasta “El perro
andaluz”, una dramática intensa y plena de ima­
ginación. señalaba un camino al parecer defini­
tivo, hacia un séptimo arte.
Hasta que la incorporación de la palabra a la
imagen, pareció arrasar con todo lo hecho: pe­
lículas “habladas 100
versiones teatrales de
obras te a tr a le s ... Sí; el teatro había vuelto a
ganar su maléfica batalla.
El teatro, siempre el te a tr o ... Pero las gentes
amantes del cine, no se ocuparon, ni entonces ni
después, de discriminar entre el concepto de tea­
tro, y el del mal teatro viciado, cuyos vicios sin
sus virtudes, aparecieron en el c in e ...
Porque de un teatro como el de Baty, o Pitoeff. de gran pureza narrativa y de bella visua­
lidad. surgieron los film s inolvidables de Louis
22

Delluc. y aquella sugestiva intérprete que fué
Eve F r a n c is ... Del de un Piscator o un Hans
Riehter. la inolvidable pesadilla del “Calegari”
y toda su secuela del expresionismo, que solo
era un expresionismo teatral. Del teatro de un
Tairoff o un Stanislavsky, surgió un Einsestein o
un Pudovkin. que transvasaron la noción de un
extraordinario teatro “teatral” a un extraordina­
rio cine cin em atográfico... en los dos casos un
espectáculo de equilibrio, con medios p r o p io s...
Esos nombres dados así, un poco a la ligera, in­
tentan sólo señalar las dos tendencias definitivas
que siempre existieron en el cine como en el tea­
tro: el esfuerzo fácil para dar la obra efectista,
cuyos resortes saltan descompuestos al menor es­
fuerzo. frente al espectáculo aparentemente fácil,
pero producto de mil recursos ocultos y difíciles,
para crear la obra que funciona por sus propios
medios de e x p r esió n ... Dualismo eterno, en que
tienden a confundirse los creadores con los si­
muladores.
Pero el aporte de la palabra al cine, pasada la
primer tempestad, sirvió para aplacar los ánimos
y plantear una necesidad evidente: la de humani­
zar el cinematógrafo, en forma de combinar su
fascinadora imagen, con la profundidad de ex­
presión de la p ala b ra ... En fin, puesto que el
cine tiene que ser. por lo menos en su etapa
actual, un arte narrativo, que al menos lo haga
bien.
Dos caminos intenta desde entonces explotar el
cine —si se descuenta el tercero y más difícil:
el de sus propias creaciones. El de recurrir a la
novela, por una parte, utilizando su inventiva de
la narración, y el de depender del teatro, utili­
zando no sólo el éxito ocasional de ?u tema, sino
?us propios recursos, traducidos en un ritmo de
acción, por medio de una gran cantidad de
decorados.
Puesto que. como decimos, el cine es un es­
pectáculo. no puede negarse que en dicho sentido,
el teatro le ha sido extremadamente útil: le apor­
tó actores perfectos y cuyo nombre constituye ya
un atractivo para el espectador. Le dió obras de
éxito resonante que aseguraban la fácil venta de
una película, y sobre todo le evitó esforzarse de­
masiado en crear situaciones, prestándole otras
cuyo efecto estaba ya probado y asegurado.
L.
Una escena de "Alejandro Nevsky".

K.

�Desde el punto de vista de la difusión cultural,
la obra ha sido importante: “Sueño de una noche
de verano” y “Romeo y Julieta”, no eran obras
cinematográficas sino verdiones teatrales inm en­
sas en su despliegue, y respetuosas en su espíritu
shakei-periano, que permitieron a m illones de
hombres, gustar una versión pura y fiel de una
gran obra de teatro. “El bosque petrificado” y
“Bajo el puente”, en América, y “Tempestad”, de
Ostrovsky, en Rusia, aportaron al mundo el co­
nocimiento de un teatro que solo conocíamos de
nombre. Y además, el cine devolvía generosamen­
te esos préstamos, difundiendo en forma decupli­
cada, la fama inicial aportada en el teatro por
sus actores y autores.
Pero fuera de ese aspecto divulgador o vulga­
rizados no se ha resuelto el problema de la li­
beración de esas influencias: es evidente que el
teatro y el cine deben ser dos espectáculos distin­
tos. Y sin embargo viven de continuo el drama
del parasitism o... Los autores cinematográficos,
no son autores de teatro, su diálogo es com pleta­
mente distinto en sus periodos, en su sintaxis. Y
ningún gran autor de teatro, aportó una dramá­
tica cinematográfica. Pero las obras de teatro han
sido utilizadas —y lo seguirán siendo, segura­
mente— en “adaptaciones” que sirven sólo para
empobrecer su grandeza, sin aportarle ninguna
ventaja.
¿Es que, por lo menos, el teatro deja un sedi­
mento favorable en su acercamiento o utilización
por el cine? No, fuera de su utilidad com ercial:
evidentemente, el utilizar el teatro perjudica no­
tablemente a la creación cinematográfica. El día
que directores y autores, se esfuercen conjunta­
mente en crear una temática del cine, como hay
un lenguaje del cine, éste ganará una batalla gi­
gantesca, y su triunfo será generoso y rico en re­
sultados. Su camino debe orientarse hacia la ép i­
ca y la fantasía, aprovechando todo aquello que
el teatro no puede realizar, y como lo probó hace
veinte años, aquel inolvidable “Acorazado Potemkin’\ Como lo prueban los film s de Disney.
Y “El ciudadano”.
Pero este último ejemplo nos acerca en una
suave parábola a otra verdad que debemos ad­
mitir: que el teatro es una gran escuela del cine
si se conocen bien ambas técnicas, y se tiene
talento e imaginación. Porque no se resiente por
cierto de vicios teatrales, la actualización del
Mercury Theatre, al frente de su brillante direc­
tor. .. Porque son los países que tienen gran
teatro, los que tienen un gran cine: Estados U n i­
dos, Rusia. Alemania (hasta 1925), cuando tenía
un gran teatro), como Francia, desde 1935 (cuan­
do Jouvet y Baty, recogieron la rica cosecha de
Pitoeff y otros). U lises Petit de Murat, lo señaló
hace poco en una conversación: España, cuyo
gran teatro del siglo de oro, sólo vive hoy de re­
cuerdos, no tiene teatro (salvo Lorca) y no tiene
cine ( salvo “La traviesa m olinera” ). Y M éjico,
que no tiene un teatro mejicano, lucha denodada­
mente por imprimir un carácter definido a su
cine, que padece la ausencia de figuras inter­
pretativas.
Y por eso también, el cine argentino, creció
industrialmente con tanta rapidez: porque si su
teatro no es de creación en cuanto a obras, lo
es en cuanto a espectáculo: porque tiene actores,
grandes actores, y algunos grandes autores. Y
algunos de sus buenos directores, proceden del
teatro. Aunque también procedan de él sus mu­
chos malos realizadores. Nuestro mal reside, por
ahora, en la falta de personalidad de los direc­
tores, porque seguimos, demasiado al pie de la
imagen, el estilo americano, que es en gran parte
teatral. Y porque es tan fácil seguir la huella de
un espectáculo ya seguro y probado, como es el
tea tro ...
Pero no nos quejemos en d e m a sía ... por aho­
ra. ¿Acaso no acabamos de observar los mismos
vicios en el cine medio americano? Las cosas
han de cambiar seguramente en nuestro medio,
cuando podamos dejarnos influenciar por el cine
ruso, francés y alemán de post - guerra, que nos
enseñarán nuevos c a m in o s... ya que no preferi­
mos seguir el propio. Y que conste que sabemos
lo que nos van a observar: que no es fácil se­
guir el propio camino. Y que es más fácil
juzgar que hacer. Seguramente, tienen razón.
L. K.

Sinopsis

para

un f i l m

QUE VIVA MEXICO
p o r S.

M.

E
isensteiny G. A . A l e x a n d r o f J
(versión castellana de H. C.)

(CON TINUACION)
TERCER CUENTO: LA FIESTA
E p oca de la acción : la m ism a que en “ M agu ey” ,
es decir an terior a la R evolu ción de 1910.
La acción in clu ye escen arios de todos los m ás
bellos lu gares de estilo e in flu en cia colon iales e s p a ­
ñoles en el arte, ed ificios y población de M éiico .
(Ciudad de M éjico, X och in ilco, Mérida, Taxco,
P uebla, Cholula, etc .).
La atm ósfera de e s ta parte es de puro carácter
h isp án ico.
P erson ajes:
1. B aronita, picador y Don Juan.
2. El M atador (rep resen tad o por el m atador
D avid L ice a g a ).
3. Señora Calderón, una de las rein as de las
corridas de toros.
4. Señol Calderón, su esposo.
5. M iles de “d a n za n tes” ritu ales, fren te a la
b asílica de G uadalupe.
6. M uchedum bre de p eregrin os y crey en tes.
M uchedum bre en la plaza de toros y en los
jard ines flo ta n tes de la V en ecia M ejicana X ochim ilco.
L a F iesta

F antasm agoría, rom ance y en can tam ien to c o n s­
titu yen la com posición de la tercera h istoria. A sí
com o en el barroco colonial español está n tr a b a ­
jados la piedra en cap rich oso en caje y la s cin ta s de
hierro de colu m nas y altares, a sí la com p leja e s ­
tructura, la com posición elaborada de e ste episodio.
Toda la b elleza que los esp añ oles han llevad o
con ellos a la vida de M éjico, ap arece en e sta parte
del film .
A rq u itectu ra española, trajes, corridas de toros,
am or rom ántico, celos m erid ionales, felon ía, fa c i­
lidad para em puñar el revólver, m a n ifiésta n se en
esta h istoria.
En el viejo M éjico p re-revolu cion ario tien e lugar
la festiv id a d del cu lto a la S an ta V irgen de G u a­
dalupe.
D e ahí la ab u n dan cia de tiovivos, ferias, flores,
m u ltitu d es de g en tes.
P eregrin os de todas p artes del p aís vien en a la
fiesta.
D a n za n tes de las d an zas ritu ales preparan su s
trajes y m áscaras fa n tá stic a s. O bispos y a rzo b is­
pos se revisten con su s su n tu o sa s ropas de rango.
L as jó v en es d estin ad as a figurar com o rein as
en las corridas de toros, se ponen su s co sto sa s p e i­
n etas y m an tillas con un estre m ecim ien to de v a n i­
dad. Y, finalm en te, los h éroes de e s ta h istoria, los
fam osos m atad ores, se trajean para la corrida, en
la veran d a de un p atio español, entre el rasgueo
de las gu itarras y los son es de b elicosas can cion es
de la arena.
El m ejor m atador es rep resen tado por D avid
L iceaga, el m ás renom brado m atador de M éjico y
cam peón de la “oveja de oro” .
F ren te a la pared de espejos, en greíd os con la
con cien cia de propia gran d eza e im portan cia, los
m atad ores se ciñen su s trajes de luces.
Más aún que los otros, se m en ea fren te al
espejo (el m ás preocupado por su ap arien cia p er­
so n a l), el picador libre de cuidados, el p erezoso
Don Juan B aronita.
P resta toda aten ción a cada d etalle, p u es espera
un en cu en tro m ucho m ás azaroso que la corrida
de toros.
¡T ien e una cita con la esp o sa de otro! Ya listo s,
los m atad ores se en cam in an h acia la C apilla de la
S an ta V irgen, patrona de su p eligroso arte.
L uego de arrodillarse fren te al a lta r y de m u r­
m urar su ruego a la V irgen, pidiendo su bendición,
el m ejor de los gran d es m atad ores se d irige a la
casa tranquila de su m adre para darle el ¡adiós!
A caso por ú ltim a vez.
Y en la plaza una m ultitud de u n as se se n ta mil
p ersonas, m ezcla con ap lau sos gritos de im p a cien ­
cia. La orq u esta, con arm on ías llen as de alegría,
inicia la m archa oficial de ap ertu ra y los m atad ores
salen a la arena.
D urante la parada, el picador B aronita ap arece
en pleno esplendor, m ontado en su cab allo blanco
y lanza una fu rtiva m irada en dirección al palco
de las reinas.
Las b eldades de la ciudad con c o sto so s en ca jes,
refrescán d ose con el aire de los ab an icos y en
ab ierta coq u etería, ocupan el palco “real” .
B aronita procura localizar la reina de su in fla ­
m ado corazón y en viarle su m irada “m atad ora” . Y
com o en la trad icional “C arm en” , los ojos de los
m atad ores cam bian m iradas con los oscuros ojos
de las h erm osas rein as y com o lo dicta la tra d i­
ción, esta m irada en cien d e la llam a del coraje en
los ojos del m atador.
Los se sen ta m il esp ecta d o res su eltan un ¡A H !
de adm iración cuando el toro sale corriendo a la
arena. El m uy fam oso D avid L iceaga d esp liega
toda la b elleza y eleg a n cia del arte del m atador.
Lleno de g racia y coraje danza su “d an za” al
borde de la m uerte y el triunfo.
Im perturbable en su p u esto, aún cuando los
cuernos del toro p asen a un pelo de su cuerpo,
no tiem bla, pero son ríe sereno, y com o rem ate de
todo, acaricia los afilad os cu ern os del anim al, p ro­
vocando una sa lv a je e in term in ab le exp losión de
en tu siasm o en la m uchedum bre.
Pero el toro, rabioso por el toreo de L iceaga,
23

derriba el cab allo del in fa tu a d o B a ro n ita , quién
se ve forzado a sa lta r v erg o n zo sa m e n te la tap ia
bajo los bram idos de risa y de burla de la m u c h e ­
dum bre.
No o b sta n te todo ésto , su am ada sig u e fiel a
su p ersona —ella le en v ía la señ a l lev a n ta d a de la
posibilidad de la cita .
Al m ism o tiem po, en la p laza, feria s y m erca d o s
de la ciudad, una m uchedu m b re de v a rio s m ile s de
p erson as con tem p lan la cerem o n ia de la s d a n za s
ritu ales de los indios, tra jea d o s con brocado d o ra ­
do, p lum as de a v estru z y en orm es m á sca ra s.
B ajo el repique de las a n tig u a s ca m p a n a s de la
ig lesia esp añ ola, bajo los so n es de la m ú sica y el
redoble de tam b ores y el estru en d o de los co h etes
exp lotand o en el cielo, florece la fie sta . B a jo el
bram ido de la m uchedum bre ex a lta d a , en la otra
plaza, el toro m atad o es retirad o de la a ren a.
Un rem olino de som b reros y una o vación de
ap lau sos acom p aña la sa lid a del v a lie n te m atad or.
B aron ita se en cu en tra con su “r ein a ” . C u b ierta
con una capa, la p areja de a m a n tes se en ca m in a
por e stre ch a s ca lleju ela s esp a ñ o la s h a cia el em b a r­
cadero de los b o tes ad orn ad os con flores.
Su bote n a v eg a en tre lo s ja rd in es flo ta n te s a
tra v és de los ca n a les de en su eñ o de X och im ilco,
llam ada la V en ecia de M éjico.
B ajo la som b ra de un toldo y ju n to al rum or
de gu ita rra s y m arim b as los dos a m a n te s olvidan
su s cuidados.
P ero los d isg u sto s no los olvid an a ellos.
La esp o sa a p ercib e a su m arido; la p a reja se
escon de tras una cortin a y v elo z cam b io de d ir e c ­
ción los sa lv a de una trá g ica ojead a.
El m arido está furioso, d eliran te, porque no
en cu en tra h u ella de su esp osa.
U na loca p ersecu ción a tra v és del la b erin to de
los tem p los flo ta n tes del am or, cu b ierto s de flo res...
El bote de los a m a n tes p a sa bajo su m ism a
nariz y d esa p a rece en tre cien to s de o tros b o tes
adornados v isto sa m en te.
En retirad o escon drijo de un rem oto ca n a l la
“B arca del A m or” h ace p uerto. B a ro n ita con d u ce
a su am or prohibido a la cim a de u n a m o n ta ñ a
h a sta un gran cru cifijo de piedra, d esd e donde
con tem p lan la p u esta del sol y cam b ian b esos.
En el in sta n te de m ayor arro b a m ien to son so r ­
prendidos por el m arido. El em p u ñ a su v isto sa
p istola españ ola. E stá pronto a d isp arar y por
puro m ilagro B aron ita elude la m ano v e n g a d o r a ...
La can ción final de la gran fie sta term in a el día.
F eliz, rom á n tico es el fin a l de e s ta h isto ria de
la a n tig u a y h erm osa festiv id a d españ ola.
CUARTO CUENTO: LA SOLDADERA
El fondo de e s ta h isto ria es el tu m u ltu o so c u a ­
dro de los in in terrum p id os m o v im ien to s de ejército s,
b atallas y tren es m ilita res que sig u iero n a la r ev o ­
lución de 1910, h a sta el esta b lecim ien to de la paz
y del n u evo orden del M éjico m oderno.
D esierto s, se lv a s, m o n ta ñ a s y la c o sta del P a c í­
fico en A capulco y C uantía, M orelos, son lo s p a is a ­
jes de esta h istoria.
P erson a jes:
1. P ancha, la sold ad era— la m ujer que a co m - m
paña a los soldados.
2. Juan, el soldado de P a n ch a .
3. El cen tin ela , seg u n d o soldado de P a n ch a .
4. El hijo de P an ch a.
5. El ejército en m arch a y en lucha.
6. C ien tos de sold ad eras, e sp o sa s de sold ad os,
acom p añan d o los ejército s.
S oldadera

G ritos de guerra, v iv a s, grito g en era l a d egü ello
y saqueo, parecen rein ar en el p eq u eñ o pueblo
m ejicano.
En un prim er m om en to se e s tá aturdid o — no se
puede s a b e r qué p a sa — , m u j e r e s que escon den
gallin as, puercos, pavos; m u jeres qu e recogen con
gran apuro to rtilla s, ch ile, para gu a rd a rla s en la s
ca sa s.
M ujeres riñendo, peleando, g ritá n d o se u n as a
otras ..
¿Q ué p a s a ? ...
A q u éllas son esp o sa s de soldados, “so ld a d era s” ,
van gu ard ia del ejército que ha in vad ido el pueblo.
E s ta s son la s so ld a d era s que se a p rovision an
para a lim en ta r a su s fa tig a d o s esp o so s.
U n a de ella s es P ancha; una cin ta de ca rtu ch o s
de am etrallad ora cu elg a cru za d a sobre su s h o m ­
bros; un gran saco co n ten ien d o u te n silio s d o m é s­
ticos cu elg a p esa d a m en te sobre su e s p a ld a ...
H ab ién d o se apropiado de un pollo y dado su
seca rép lica a la s p ro testa s de la dueña, P a n ch a
en cu en tra un lu gar ad ecu ad o para el cu ertel del día.
L as sold ad eras a cam p an en el banco del río
jun to al p u en te; sacan su s b a tería s de su s sa co s,
d esgranan m aíz, en cien d en fu eg o s, y el a g ita r de
su s p alm as, el voleo de la s to rtilla s en los m oldes,
parecen an u n ciar la paz.
U na n iñ ita llora, y para con solarla, la m adre
a fa lta de go lo sin a s, le da un cartu ch o. La niña
chupa la bala du m -d u m y se reg o cija con el b ri­
llan te ju g u ete.
El fa tig a d o ejército llega al pueblo y los so ld a ­
dos, en voraz a n ticip o, in h alan el hum o de la s h o ­
gueras.
(c o n t i n u a r á )

�A

Latitud
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                <text>Buenos Aires, abril 1945</text>
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                <text>Thénon, Jorge&#13;
Amorim, Enrique&#13;
García Lorca, Federico&#13;
Serrano Plaja, Arturo&#13;
Dickmann, Max&#13;
Riet, Lázaro&#13;
Guerrero, Lila&#13;
Hurtado, Leopoldo&#13;
Oliver, María Rosa&#13;
Mastronardi, Carlos&#13;
Farías, Javier&#13;
Peyrou, Manuel&#13;
Madrid, Francisco&#13;
León, María Teresa&#13;
Gallo, B. R.&#13;
Barletta, Leónidas&#13;
Wernicke, Enrique&#13;
Yunque, Álvaro&#13;
Fontini, Norberto&#13;
Berni, Antonio&#13;
Urruchua, Demetrio&#13;
Chale, Gertrudis&#13;
Seoane, Luis&#13;
Falcini, Luis&#13;
Klimovsky, León</text>
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                    <text>Para

el s u r c o f e r a z

de

nuestra

,

la

mejor

simiente

de

la

Humanidad

�AÑO 1 - MARZO 1945 • N U M E R O 2

A

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A

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Latitud

r

P U B LICACION

MENSUAL

P r e c io d e l e j e m p l a r

$

U n a ñ o d e s u s c r ip c ió n $ 5.00

DIRECCION Y ADMINISTRACION
Av. Córdoba 836 - Bs. As. - U.T. 32-0470

EDITOR

R O M A IN R O L L A N D
Y LA IN D E PEN D E N CIA
D EL E S P IR IT U

Rubén Núñez

ACTUALIDAD

Jorge Thénon

fj

LETRAS

Enrique

m

jm

M USIC A

U,'

Leopoldo Hurtado

%

TEATRO

María Rosa OI iver

PIN TURA Y G R A B A D O

Antonio Berni

M A P A C O NTIN EN TAL

%

jfl

Norberto A . Frontini

CINE

Horacio Cóppola

ESCULTURA

Luis Falcini

P R O D U C C IO N

Bartolomé
Sam Malamud
Jorge Naranjo Cuadra

L a obra de R o llan d es una sola en su varia m u ltifo rm id ad . Ella representa un continuo
y doloroso exam en de conciencia, a p a rtir de lo que él m ism o ha llam ado su “ obstinada ilu ­
sió n ”, la in d ep en d en cia del e sp íritu , cuyo más alto destino —declara— solo se alcanza cuan­
do se convierte en soldado de la A cción que renueva al m undo, abandonando su actitud
p rescin d en te y contem plativa.
Nace a la vida del arte y del e sp íritu con la exaltación apasionada de los grandes va­
lores de la lite ra tu ra , la m úsica y la plástica. P ero ya entonces, sum ido en el encanto de la
m ás expresiva y vaga de las artes, deja e n tre v er la intención, aún tenue e indecisa, que se
incuba en su alm a so ñ a d o ra: en el secreto de la obra de arte busca afanosam ente al hom bre
y p ro c u ra c o o rd in a r la vida in d iv id u a l del genio con su actividad c rea d o ra; la recíproca
dependencia del arte y la conducta social, del bien y la belleza. M iguel A ngel, Beethoven
y T olstoi son, e n tre otros, sus arq u etip o s, sus ideales hum anos, elevados a las altas cum bres
donde la vida e sp iritu a l se desenvuelve en sosiego, ajena a las alternativas de la vida colec­
tiva, sobre la cual proyecta sin em bargo su benéfica influencia. A tenaceado p or un m iste­
rioso llam ado de la vida, sensible a los dolores y angustias de los hom bres, R olland consi­
dera que todo debía darse desde la a ltu ra donde los e sp íritu s escogidos elab o rab an la b e­
lleza com o un suprem o bien. ¿A caso no herm an an a los hom bres las em ociones com partidas
en un Edipo-R ey o en una S infonía? Su defensa de la lib e rtad del e sp íritu no le exim ía
po r lo tanto de la acción, acción rectora y norm ativa, serena y desapasionada, de los que se
a le jan del tu m u lto y que pu ed en y deben a n tic ip a r a las m uchedum bres el itin e rario his­
tórico, a la m anera de la V erdad revelada, esta vez. p o r las é lites.
R olland proclam ó desde el p rim e r m om ento que el e sp íritu no podía guardar su in ­
d ependencia al m odo de P ilatos “ que se lava las m anos de la sangre del Justo, al que sabe
in ju sta m en te con d en ad o ”. Las creaciones del e sp íritu evolucionaban de acuerdo con un
d esarro llo in d ep e n d ien te, flotante sobre el proceso histórico de la H um anidad, sobre el cual
de rra m ab a su luz, sin p a rticip a r, no obstante, de sus violentas a lte rn a tiv a s; sin contam inarse
de sus m iserias e in fo rtu n io s.
Los hechos dram áticos de la guerra del 14, sus prolegóm enos y consecuencias, fueron
d e rrib a n d o los frágiles ensueños de R olland. El tránsito del pensador, del e rro r a la verdad,
se realizaba a expensas de los m ás grandes desgarram ientos sociales y los cam bios más p ro ­
fundos que haya p odido p re sen c iar y so p o rta r jam ás hom bre alguno. E ntre una religión que
se iba y u n p ensam iento nuevo que venía, dice Bloch, la inteligencia y el arte de O ccidente
flotaban sin sostén, sin finalidad, sin justificación. R am ain R olland vivió efectivam ente este
m om ento del m undo.
El d e rru m b e de la revolución espartaquista en A lem ania y el asesinato de L iebneckt
y de Rosa L uxem burgo, conm ueven como n ingún otro suceso la paz de su retiro, y desciende
al com bate p ro teg id o siem pre p o r el escudo de su “ obstinada ilu sió n ” . Sin de ja r de com ­
b a tir, se esfuerza todavía en resolver la an tinom ia de la independencia del esp íritu y el
de b er im p e rativ o de p a rtic ip a r en la contienda. En su carta a M orel esboza un plan para
una “ O rganización In tern a cio n a l del E sp íritu ”, “algo así como un cerebro de la sociedad
po r llegar, desde la cual los intelectuales h a b ría n de ser los esclarecedores del cam ino que
h a b ría n de c o n stru ir los trab a ja d o re s p ro le ta rio s”. Mas la m ism a fuerza social que había
corro m p id o e l significado de las grandes palabras de la R evolución Francesa, llevó a las
aguas de su m olino la iniciativa de los “E sp íritu s In d e p en d ien te s”, y los propósitos gene-

�{

fundación espigas
Aires -Aroen,,..

í

rosos d el obstin ad o so ñ ad o r q u e d aro n anegados en el In stitu to de C ooperación Intelectual,
que no ta rd ó en a le ja r de su seno a los in telectu ales rebeldes que lo in sp iraro n . Cleram b a u lt se eleva entonces com o un rép lica v ib ran te fren te a la tibieza de los que h u ían del
c o m b a te ; expone su vida, arriesga su lib e rtad , y proclam a su fe renovada y a rd ie n te que,
com o una llam a votiva, ilu m in a a los dioses caídos en el a lta r del e sp íritu in d ep e n d ien te.
A prende así que en la lucha social c ontem poránea, toda utopía, toda posición in d ep e n d ien ­
te y a p o lític a, sirve a d m irab le m e n te a las fuerzas regresivas.
F u e entonces, cuando lib ra b a su b atalla final contra los m olinos de viento de los p re ­
ju ic io s y e rro re s, que p o r su m al creyó que eran verdades eternas, que una nueva ilusión le
p e n etró en el alm a a trib u la d a . La figura descarnada del M ahatm a se adelanta al e ncuentro
del ensueño p o stre ro de R olland. llevando e n tre los pliegues de su túnica y en las escuá­
lid a s u b re s de su cabra, la esencia que h a b ria de n u trir de nuevo aquella su “ obstinada ilu ­
sió n ”. G andhi se le ap arece a R olland com o el sím bolo viviente de la om nipotencia activa
d el e sp íritu , capaz de a d e la n ta r el progreso del m undo sorteando las alternativas dolorosas
de la R evolución. M ientras t a n t o .. . la tie rra se m ovía a los pies del pensador, que oteaba
en las a ltu ras la señal in d ic a d o ra del ru m bo in cierto de la H isto ria. La reacción m undial,
obstaculizaba p o r el asedio el progreso de la p rim e ra R epública p ro letaria , p re p ara b a con­
tra ella la g u erra de agresión y a p u rab a la descom posición política en todos los rincones del
m undo. R o lla n d c o m p re n d ió entonces que los brazos caídos del M ahatm a no pod ían sos­
te n e r siq u iera la palabra-espada que el creyó más eficaz que la espada de a ce ro ; co m p ren ­
dió que el sacrificio in d iv id u a l y colectivo, el silencio y el m artirio , d ebían ser sustituidos
p o r la lucha activa y organizada. El nazism o llevaba ya m uchos años de delan tera, en fuerza
V ex p erien cia, a los filósofos y soñadores que o ponían a las arm as de fuego su confianza
in a lte ra b le en el e sp íritu , en el p rogreso, en el contenido a n tih istó rico de la d o ctrina nazi
y en su espo n tán ea decadencia. M ientras ellos creían en la om nipotencia del e sp íritu y el
a p o liticism o de la c u ltu ra, el fascism o, p ro b ab a de hecho todo lo co n trario , d e sterra ­
ba a H eine del recin to de los in m o rta le s y p roclam aba el rein ad o de la b a rb arie y la
se rv id u m b re de la c u ltu ra. El fascism o dem ostró a los intelectu ales las relaciones de la te o ­
ría y de la p ráctica, se a dueño de naciones poderosas, p e n etró en las organizaciones civiles
y m ilita res de todos los países, violó las restricciones arm am entistas, y en tanto que el m i­
n istro inglés se d edicaba a la pesca y el polaco a la caza de venados, se oía en G inebra la
voz de R usia p ro c la m a n d o la in d iv isib ilid a d de la paz. y los o b rero s de A ustria, de A lem a­
n ia, de F ran cia, c om batían en cada país contra las avanzadas del nazism o, en defensa de esa
lib e rta d y su c u ltu ra . La m ism a clase social que o tro ra e m puñó la antorcha de la lib e rtad ,
pisoteaba sus p ro p ias leyes y volvía sus arm as m ortíferas contra aquellos que apelaban a
los sublim es p rin cip io s del 89. A nte la in u tilid a d de su esfuerzo in d iv id u al, R olland se
dispuso a c o m b a tir sin a b an d o n a r sus escrúpulos, sin a b d ic ar de nada de lo que había ce­
leb ra d o . . . “ del lib re e sp íritu que ha cantado en Ju a n C ristóbal, en Colas B reugnon, en Cíera m b a u lt” . En su respuesta a B arbusse, expone su p lan de co m b atir sin descanso, juzgando
p o r un lado los actos del p o d e r am igo y conm oviendo p o r otro la conciencia del adversario.
Su lem a es entonces “ m an te n er la in te g rid ad del p ensam iento lib re , aún contra la R evolu­
ción, si ella no co m p ren d e la necesidad vital de aq uella lib e rta d ” . (L ’art lib re , 1922).
La ex p erien cia dolorosa de esos años acude de nuevo en auxilio de R olland. El e n ­
carcelam ien to , la m u erte y el exilio de los m ejores exponentes del pensam iento, le inducen
a d a r u n paso m ás hacia adelan te, reclam a su puesto “en las filas de los ejército s p ro letario s
d el p ro g reso ” e in teg ra con E instein, B arbusse y L angevin, el C om ité M undial contra el fas­
cism o. “ Mi p rin c ip a l e rro r y mi decepción más acerba de esos años —d irá más tard e— estuvo
c o n stitu id a p o r mi sobreestim ación de los espíritus lib res, cuya m ayoría (e n tre quienes no
estab an los m enos ilu stre s) se eclipsó ante los peligros, replegándose tras el orden social
existen te que, m ed ian te su garantía de p erm a n ec e r juiciosos y discretos, se constituyó en su
defen so r. T om a y daca. El e sp íritu fué lib re en su n ich o ”. Ju a n C ristóbal resuelve a b an ­
d o n a r p ara siem p re “ su viv ir para v iv ir” . R o llan d tom a p a rtid o en el frente único de los tra ­
ba ja d o res m anuales e in telectu ales y llam a a la un ió n a todos los hom bres h o nrados d ispues­
tos a b a tirse p o r la d ig n id a d del h o m b re contra el oscurantism o y la guerra. En el congreso
de A m sterdam . en 1932, R o llan d se ad elan ta p o r fin al en cu en tro de su lib e rtad , la única, que
no consiste en el ensueño de una acción in d ep e n d ien te de las leyes de la naturaleza, dice
E ngels, sino en el co n o cim ien to de esas leyes y en la p o sib ilid a d , así dada, de hacerlas obrar
en un se n tid o d e term in a d o . El cam ino está ab ie rto al fin y la luz que le orien ta es la m ism a
que guía los pasos de la h u m an id a d tra b a ja d o ra y p rogresista. D espués de quince años de
co m b a te co n tra los e rro re s p ro p io s y ajenos, saluda alborozado el cortejo de sus sueños fu ­
gitivos, bellos sueños que al disiparse, se in co rp o ra n a la nueva sociedad donde a d q u ie ren la
fe cu n d id ad de la form a y de la vida. Com o E neas y D ante, había descendido a las p ro fu n d i­
dades de la conciencia y de la tie rra cuyo contacto ab o rrecía. A llí escuchó la voz de las co­
sas m uertas, los sofism as y las palab ras sagradas, tergiversadas p o r los usu fru ctu ario s del p o ­
d er. “ El a u to r a p ren d ió a sus expensas que la lib e rta d de e sp íritu de que tanto se ufanan los
esc rito res de la dem ocracia estaba tan lejos de los hechos como todos los otros “ D erechos del
H o m b re ” que la R evolución Francesa h abía p a te n ta d o ”.
Q uince años de com bate y P or la R ev o lu c ió n a la paz son —dice A níbal Ponce— el
d ia rio d oloroso de un e sp íritu que se va a rra n c an d o a jiro n e s de la carne viva del alm a, los
p re ju icio s, las m entiras, las ilusiones, depositadas en largos años de educación burguesa.
“ D ía a día nos va m o stran d o en ellos cóm o la guerra y la R evolución fueron para él —y
con él para un puñ ad o de in telectu ales h o n ra d o s— una escuela p rim a ria de educación po ­
lític a ; escuela p rim a ria, en efecto, p o rq u e todo lo tenían que a p re n d e r” , i P o n ce: De Erasm o a R om ain R o lla n d ).
R o m ain R o lla n d ha m u erto cuando desde la lejan ía llegaban a sus oídos los bellos
sonidos de los cañones victoriosos. Sobre los hom bros de los m aquis, el viejo cam arada
será llevado al P a n teó n . Es el m ism o p u eb lo de la B astilla, del 48. de la Com una, la turba,
la m u ch e d u m b re , que desdeñaba C leram b au lt. M ultitu d en m archa, creadora de una nueva
sociedad sin serv id u m b re , “ que a b rirá al trab a jo hum ano un cam po de progreso ilim ita d o ” .
J. T.

ROMAIN ROLLAND ADOLESCENTE.

Rolland

y

s u s detractore

A l cum plirse el
65° aniversario del nacim ie
de Rom ain R olland, la revista EUROPA le d e­
dicó un núm ero especial de hom enaje. El es­
píritu francés, siem pre alerta, agregó un apén­
dice que hoy adquiere singularísim a im portan ­
cia. B ajo el rótulo de “
A nthologie de la
sottise ” hizo desfilar a los enemigos de Rolland,
a los que le atacaron por su condición humana
y su valentía ejem plar. D ebem os recordar aho­
ra, con in evitable delectación, que la mayoría de
los seudodetractores d el gran escritor, enrique­
ce la lista de los traidores de la Francia eterna.
A quellos integrantes de la original antología,
aparecen ahora fatigando la infamia en una lista
que la prensa parisiense publica para vergüen­
za d e los mismos. Figuran en ella: Cam ille Mauclair, A ndré T herive,
MauMartin du Gard,
A n dré M aurel, G abriel Boissy, H enri Massis.
He ahí un faccu sse de 1931, que viene a dar
sus frutos negros en 1945.
E. A.

ALEXEI TOLSTOY
Junto a millones de seres que han dado su
vida por la libertad del mundo, desaparece el
escritor soviético Alesei Nikolayevitch Tolstoy,
en quien la U.R.S.S. pierde a uno de sus más
destacados intelectuales. Un proceso de com­
prensión. que su honestidad y su talento expli­
can suficientemente, lo llevó a identificarse con
la nueva organización de su pueblo en esta eta­
pa decisiva de su historia. “Nosotros somos
realistas; estamos en presencia de un milagro
—ha dicho alguna vez— : el nacimiento del
hombre nuevo, la refundición de la concien­
cia. objetivos, usos, hábitos de enormes masas
humanas”.
Sin tiempo material para ocuparnos de su
personalidad en este número, reservaremos para
el próximo número de abril el estudio que
ella merece.

�LETRAS
Dirige
ENRIQUE AMORIM

Acerca

de

kía n a

obstinada

ilusión"

UNA VISITA A
ROM AIN ROLLAND
por JULIO NOE
Sin h aberse apagado to ta lm e n te el eco de las encontradas o p i­
niones qu e su posició n “au-dessus d e la m é lé e 9 había p ro vo ca d o ,
a p o co d e con clu ida la p r im e r guerra m u n d ia l, com enzaba a com ­
p re n d e rse en F rancia la a c titu d d e R o m ain R o lla n d du ran te la
cru el con tien d a . G racias a e llo , el escrito r, que p o r varios años
h abía re sid id o en Suiza, v o lv ió a su p equ eñ o a p a rtam en to p a ri­
sién d e la ‘Vue B o isson ade99 y con tin u ó la vid a recoleta que antes
d e la ca tá stro fe h abía lleva d o .
Y a no era el suyo, exclu sivam en te, uno de los más altos n om ­
bres d e la litera tu ra u n iversal, sino, tam bién , de la conciencia hu­
m ana, qu e en m ed io d e las te rrib le s pasiones desatadas p o r la
lu ch a fe ro z d e los p u e b lo s más civ iliza d o s de E uropa, anhelaba
una reform a fu n d a m en ta l que hiciera p o sib le la p a z y la ju sticia
e n tre los h om bres. P or ellas había clam ado el escritor ilu stre d es­
d e el m o m en to m ism o en que las fu erzas d el m al habíanse lan ­
za d o so b re e l m undo. P or ellas h abía d irig id o , en setiem b re de
1914, su carta p a té tic a a G erh a rt H au ptm an n in tim á n d o le en
n o m b re d e la civ iliza c ió n p o r la cual luchaban, desde hacía si­
glos, los m ás gran des esp íritu s, a p ro te sta r con la postrera en er­
gía con tra e l crim en alem án d e d e stru ir a B élgica inocente.
Y p o r ellas h a b ía acusado a los resp o n sa b les
de la c atástro fe — in te le c tu a le s, p o lítico s y sa­
c e rd o te s— p o r la m ald a d o p o r la c o b ard ía con
q u e h a b ía n a ctu ad o . D espués, h a b ía p e d id o a la
o p in ió n p ú b lic a u n iv e rsa l, y m uy esp e cialm en te a
los e sp íritu s lú cid o s de to d o el m u n d o , la c o n sti­
tu c ió n de u n a S u p re m a C orte M oral, de “ un t r i ­
b u n a l de c o n cien c ias” , que c u id a ra y ju z g a ra to d as
las v io la c io n e s al d e rec h o de gentes, c u a lq u ie ra
fu e ra su o rig e n y el cam po en que se h u b ie ra n
p ro d u c id o . Se le h a b ía d ich o — cla ro está— que
cu an d o la m e jo r ju v e n tu d de F ra n c ia se d e sa n g ra ­
ba en d efen sa d el suelo n a ta l in v ad id o , no d eb ía
in ic ia r el p ro c eso de q u ien e s, en su in te rio r, in c i­
ta b a n al o d io , y m enos a ú n te n e r c o n m ise rac ió n
p o r q u ie n e s, e n tre los en em ig o s, re n e g a b a n de la
g u e rra q u e les h a b ía im p u e sto “ el e sp íritu de im ­
p e ria lis m o á v id o y de o rg u llo in h u m a n o ” . N o p o r
e llo h a b ía c am b iad o R o m ain R o lla n d . C onfiaba
en las “ é lite s ” de las n u ev as g e n era cio n e s e u ro ­
peas y en los jó v en e s de to d o el m u n d o p a ra su
g ra n cru za d a re d e n to ra . Y esto lo h acía re sp e ta ­
b le a ú n p o r a q u e llo s que, e scép tico s o d e sc re íd o s,
no a d m itía n la p o sib ilid a d d el p re d o m in io en A le ­
m an ia de o tro e s p íritu q u e el de lu ch a y d o m in a ­
ció n u n iv e rs a l. L ejo s e stab a e n to n c es de p e n sa r el
g ra n d e h o m b re v a lie n te y gen ero so , qu e en los m o ­
m en to s m ism os en qu e él lu c h a b a p o r la d e fin i­
tiv a re c o n c ilia c ió n de los p u e b lo s, e n tre los jó v e ­
nes a le m a n e s n acía, con c ara cte re s de su p re m a in ­
h u m a n id a d y m a ld a d d ia b ó lic a , el e s p íritu que los
lle v a ría a u n a n u ev a y m ás d e sp ia d a d a g u e rra , y
q u e su p a tria , y E u ro p a to d a, de la q u e él era
u n a de las m ás lim p ia s y n o b le s fig u ras, se rían
h o lla d a s, d e stru id a s y v e ja d as p o r el p u e b lo ir r e ­
d im ib le y feroz.
P e ro esto no se q u e ría c re e r a los pocos años
d e c o n c lu ir la p rim e ra g u e rra . Se p en sa b a en u n a
“ n u e v a e ra h u m a n a ”, com o decía el m uy fran c é s
y m u y a rg e n tin o P a u l G ro u s sa c ; la S ociedad de
las N a cio n e s in te n ta b a , e n tre tre m e n d a s d ific u lta ­
des, la c re a c ió n de u n n u ev o o rd e n a m ie n to j u r íd i ­
co a fin de a se g u ra r la paz y la lib e r ta d ; R u sia h a ­
cía su tra s c e n d e n ta l re v o lu c ió n y A le m a n ia p a re ­
cía o rie n ta rs e h a cia n u e v as n o rm a s p o lítica s.

E n tales m om entos d el m u n d o , llegué a c o m ie n ­
zos de una ta rd e de in v ie rn o de 1921 a casa de R o ­
m ain R o lla n d . Me sentía, com o tan to s otros jó v e ­
nes de los cinco co n tin e n te s, llam ad o p o r la voz
n o b ilísim a del c re a d o r de “Je a n -C h risto p h e ”, y
q u e ría , tam b ién com o otro s m uchos, d e cirle la a d ­
m ira ció n que p o r él sentíam os los a rg en tin o s de
la p ro m o ció n m ás re cien te . M anuel G álvez, que
con R o b e rto F. G iusti h ab ía trad u c id o poco antes
su “ C lé ra m b a u lt”, h a b ía m e en tre g ad o e sp o n tán e a ­
m ente, al p a rtir de B uenos A ires, una carta de p re ­
sen tació n p ara el m aestro ilu stre , y v alido de ella
d e cid ím e a v isita rlo , no sin v encer alguna resis­
ten cia tem p e ra m en ta l.
H e tem id o sie m p re la ap ro x im ac ió n a los g ra n ­
des e sc rito res. ¿ Q u é p u e d e n o frec e r m e jo r que
sus o b ra s? ¿ P a ra qué con o cerlo s p e rso n a lm e n te ?
P e ro en esa circ u n stan c ia no era el e sc rito r q u ién
m e in te resab a , sino el h o m b re. A un así la visita
p o d ía d e silu sio n a rm e. Si d e sc u b rie ra p o r a lguna
p a la b ra , p o r a lg ú n gesto — m e decía al d irig irm e
a su casa— que su a ctitu d , a p a re n te m e n te tan sin ­
cera, ha sido d e te rm in a d a p o r re sen tim ie n to o p o r
calcu lad o d isco n fo rm ism o , ¿ q u é gan aría con la
v isita ?
C reo que cu an d o llam é a su p u e rta , aú n estaba
d o m in a d o p o r la du d a. Y es p o sib le que ya casi
deseara no h a lla rlo .
P e ro el p ro p io R o m ain R o lla n d a te n d ió el lla ­
m ado, y con lig e ra so n risa m e in v itó a p asar a la
salita de e stu d io en la que, e n tre lib ro s, re tra to s
y p e rió d ico s, un p ian o estaba a b ie rto . N ada in d i­
caba que h u b ie ra in te rru m p id o el tra b a jo p ara
a te n d e rm e .
M ie n tra s la co n v ersació n girab a en to rn o de los
tem as que el azar p ro p o rc io n ó en los p rim e ro s m o ­
m en to s, o bservé su fisonom ía, en la que d o m in a ­
b a n la fre n te alta y la m ira d a fu e rte . Su tip o fí­
sico, m ás de suizo que de francés, m e hizo sospe­
c h ar q u e su d isc u tid a posició n h u b ie ra sido d e te r­
m in a d a , en cierto m odo, p o r m otivos raciales. “N o
es un fran cés p u ro ”, lleg u é a p en sar.
N o supe después, y hasta a h o ra lo ign o ro , si esa
im p re sió n era a ce rta d a . La v e rd ad es que si en
4

p a rte m e servía p a ra c o m p re n d er la posición de
R o m ain R o lla n d , m e p lan te ab a otro p roblem a. Y
era é ste: ¿ p u e d e n colocarse “ p o r encim a del tu m u l­
to ” quienes, si b ien od ian la in ju stic ia y la gue­
rra, están dom in ad o s p o r an cestrales sentim ientos
n acionales, raciales o relig io so s? E inversam ente,
¿es preciso p ara que tal cosa sea posible, desnatu­
ra liza rlo s, d ism in u irlo s o tra ic io n a rlo s? ¿H asta
d ó n d e es ésto a d m isib le?
(N o conocía yo, p o r ese entonces, el ju icio cruel
de A n d ré G ide, que negó a R om ain R olland todos
los dones del gusto y del idiom a francés. “ El de­
sastre fin al de F ra n c ia d aría a su Jean-C hristophe
su m ás grande y defin itiv a im p o rta n cia ”, había d i­
cho G ide, “p o rq u e tra d u c id o , es m e jo r” ).
La re co n c iliac ió n de los “ herm anos enem igos”
p o r la que R o lla n d luchaba, su fe en una h u m an i­
dad más cuerda y b o ndadosa, su odio al bism arkism o y a la m en tira crim in al, era lo que nos a d ­
m irab a en esos años de grandes esperanzas. Y po r
éso h a b ía llegado yo hasta él.
D espués se ha visto que todos sus sueños eran
im posibles. La paz que había reclam ado, jam ás fué
alcanzada. Ya no fu ero n enem igas, solam ente, las
naciones que h a b ía n luchado, sino, den tro de cada
una de ellas, las clases, las sectas, las razas y los
p a rtid o s. Y tam b ién , com o antes y como siem pre,
los “ serv id o res del E sp íritu ”, de quienes R olland
esp erab a la salvación.
No sé cuáles han sido sus pensam ientos en los
últim o s años, y m enos aún en los de la guerra
a ctual. \ a apenas lo leíam os y casi lo teníam os
o lvidado.
La nueva catástrofe, que él p re sin tió a fines de
1918 com o necesaria consecuencia de los odios en ­
tonces renovados o nacidos, debió ensom brecer sus
últim o s días. El tu m u lto fo rm id ab le alcanzó a
todos, y n ad ie pu d o colocarse p o r encim a de él.
A lguna vez sabrem os de las dram áticas
que deb ió vivir, antes de h u n d irse en la
q u ien confió en las fuerzas m orales, y acaso
p ro b ó , angustiado, la te rrib le y desoladora
ria de los hom bres.

horas
nada,
com ­
m ise­

�“ La frate rn id a d que me liga a M áxim o G orki
es tanto más n o table cuanto que hem os llegado a
e ncontrarnos desde dos puntos opuestos del h o ri­
zonte. El, de la vieja Rusia y de raza p opular,
robusta y end u recid a. Yo, de la vieja burguesía
francesa, déb il de salud, pero in q u eb ra n ta b le de
e sp íritu .
El se ha in stru id o gastando las p lantas de
sus pies p o r todos los cam inos. Yo, gastando sobre
los bancos de las escuelas y las universidades, m is
codos y m is posaderas. Y es seguro que G orki ha
llevado la vida, m aterialm ente, más ruda. P ero no
es tan seguro que haya tenido, m oralm ente, la más
dura vida. Los dos hem os tenido que ab rirn o s
nuestra ru ta a través de ciénagas y selvas de p re ­
juicios. H ay los del p u eblo y los de la burguesía.
Y los de la burguesía no son los m enos envene­
nados. Es una ruda faena la de tra ta r de hacer el
día en esta noche de ignorancia y de m ala v o lu n ­
tad.
Lo bello es que, penando cada uno po r su lado,
al final de nuestros esfuerzos, nos hayam os encon­
trado y que, desde la p rim era m irada, hayam os re ­
conocido que éram os com pañeros. P o r diferentes
que fueran las circunstancias de nuestras vidas y
nuestros tem peram entos, hem os debido pasar p o r
la m ism a experiencia. L’na experiencia de dos fa­
ses: p o r una parte, habíam os sentido apasionada­
m ente la grandeza de la c ultura hum ana, el precio
de los tesoros am asados p o r la in teligencia en el
curso de los siglos. P o r otra, hubim os de cons­
tatar la indignidad m oral de casi toda la clase
que se había constituido en la guardiana, esa cas­
ta de la intelligentsia que, en F rancia desde hacía
dos siglos, consciente de su su p erio rid ad , había
m inado el p o d er de la nobleza soberana y p re p a ­
rado la R evolución del 89, no para lib e ra r al p u e ­
blo entero, sino para su stitu ir su p ro p ia a risto c ra ­
cia del esp íritu a la aristocracia de nacim iento,
que ella destruía y para in stalar sobre estas ruinas
el gobierno de la clase burguesa, de la que se es­
tim aba cabeza orgullosa.
En un artículo de D. Zaslavsky, aparecido en la
revista Ara L ieteratournem P ostou (a b ril de 1931)
leo que antes de la R evolución de octubre, G orki,
en sus cam pañas de prensa, em peñó la lucha po r
la verdadera cultura, contra la intelligentsia b u r­
guesa de Rusia, e hizo el proceso despiadado de
esta casta intelectual, de su pasividad, de su m o li­
cie de alm a y de su verbalism o hueco. En los m is­
mos años, mi Juan C ristóbal lib rab a b atalla contra
la Feria de la plaza de P arís, contra la “m entira
idealista” de los estetas y de los rectores. Se ha
dicho de la religión que es “el opio del p u e b lo ”.
¡ C uánto más verdaderas serían todavía estas p a ­
labras aplicadas al arte y a la lite ratu ra de E uropa
desde hace m edio siglo! H an em botado la con­
ciencia pública y le han facilitado coartadas para
escapar a sus responsabilidades sociales; castillos
d onde encerrarse al abrigo de lo re a l; pretextos
para volver la espalda a la acción y d e cir: “me
lavo las m anos de las in ju stic ia s” . Los más c la ri­
videntes, como F lau b ert, juzgaban que ver y p e n ­
sar dispensaban de obrar. Poco ha faltado para
que d ije ran que la acción era el estado llano del

Un a b r a z o

fraternal

a

de

l as

on l e r a s

DE ROMAIN ROLLAND
A MAXIMO GORKI
e sp íritu . C uando, hacia el fin del siglo últim o, la
crisis del affaire D reyfus llevó bruscam ente en su
torm enta a esp íritu s generosos com o Zola, no fué
más que una h ora de re b elió n donde se e n co n tra ­
ron m om entáneam ente reu n id o s el p u eblo y los
más valerosos intelectuales. En seguida, estos vo l­
vieron a su tienda y no han salido más. H asta es­
tos quince ú ltim os años, los m ejores de en tre nos­
otros no pod ían lib ra rse del c allejón sin salida del
individualism o. N osotros obrábam os aislados, guia­
dos ú nicam ente p o r la voz de n uestra p ro p ia co n ­
ciencia. Era a la vez n uestra fuerza y nu estra d e­
b ilid a d . Le hem os d ebido —todos ju n to s— n u e s­
tra ind ep en d en cia y nuestra im potencia. El que
escribe estas líneas lo ha sabido m ejo r que nadie
cuando, a p rin cip io s de la guerra de 1914, lanzado
su g rito : Por encim a de la c o n tie n d a , escribía con
una altivez am arga de v en cid o : — “N o hablo para
convencer a E uropa, hablo para aliviar m i co n ­
ciencia '. Nos faltaba tie rra firm e en que a p o y ar­
nos. La indep en d en cia del e sp íritu , tal com o la
entendía en 1919, cuando elevé un llam ado en su
nom bre, es un árb o l que tien d e sus ram as hacia
el cielo, pero sus raíces están casi e n te ram e n te fue­
ra del suelo. Está condenado a m o rir si no se lo ­
gra p lan ta rlo en plena hu m an id ad , en esta “ tie rra
n eg ra” que es el pueblo del T rab a jo . G orki lo ha
conseguido. H oy hace cuerpo con la conciencia
m isma del p ro letaria d o . Es la coronación intelec-

trastienda
por LAZARO

• “LA TIERRA DE SANABRIA” (Vocación auto­
nómica de la Banda Oriental) del Dr. G. García
Moyano , es una lúcida y precisa investigación his­
tórica. El profesor uruguayo elucida un tópico fun­
damental en la historia del Río de la Plata: la
obstinada tendencia a la autonomía de la Banda
Oriental. El rigor en la investigación se alía con
la fluidez del estilo: difícil conjunción en trabajos
de la índole del presente, que capta la atención
del lector, y aún le subyuga. “Su vocación auto­
nómica —dice G. García Moyano — llevó a la Banda
Oriental a la soberanía absoluta. La estructuración
estática constituyó un penoso proceso, en el que
debieron solucionarse trem endos problemas, de
orden interno e internacional. La historia del Uru­
guay es la historia de las repúblicas de América,
que debieron luchar contra los factores disociantes
de dentro y contra los imperialismos en todas sus
formas. Pequeño estado de raíz democrática, des­
pués de un azaroso aprendizaje llegó a darse una
apreciable estructura progresista. Su historia de
país independiente es el camino recorrido hacia la
efectividad de su liberación para convertir la in­
dependencia en positiva y verdadera, que su eco­
nomía semi-colonial iba a dificultar grandemente.
Todavía se encuentra recorriendo ese camino. Aún
deberá pasar por m omentos difíciles, pero la m ar­
cha, aún llena de tropiezos, tendrá un sentido
ascensional. Porque su destino —que es el destino
de América — debe llevarlo hacia un mundo m ejor.
(Editorial “SELECCIONES”, M ontevideo).

través

RIET

• J. L. B. escritor de prim era categoría, al que
se le han consagrado números extraordinarios
de revistas literarias —recuérdese un significa­
tivo homenaje de SUR— no ha sido favorecido
por la clase oficial. El mayor premio en me­
tálico, todavía se m uestra esquivo. No así el
GRAN PREMIO DE HONOR, que la SADE ha
resuelto otorgar en el presente año, el Día del
E scritor. E ntre los posibles candidatos ya se
perfila la figura de Jorge Luis Borges. Su re­
ciente libro FICCIONES reclam a el lauro má­
ximo. (Ediciones “S u r” ).
•

•

•

• La inteligencia de hoy, justo es decirlo, no
siente como antes la b rutal tu tela de quien
manda. Pero no ha perdido del todo su vieja
servidum bre. Muchas ligaduras le quedan to­
davía y m ientras el intelectual aguarde una
dádiva, aspire a un favor, cuide una prebenda,
seguirá revelando todavía en la m archa inse­
gura y en la voz cortesana, el rastro profundo
de la antigua humillación.
A níbal P once. “ L os deberes de la inteligencia”.
5

tual. Son in sep arab les el uno del otro . M enos fe­
lices que él, los h om bres de m i su erte, en O cci­
dente, buscan en vano su p u e b lo p ara a rra ig arse.
\ o lo he buscado tre in ta años. E sc rib ien d o en
1900 el Teatro d e l P u e b lo , term in o el lib ro con
estas p a la b ra s : “Q ueréis un arte d e l p u e b lo ? C o­
m enzad por tener un p u e b lo de e sp íritu lib re , un
p u e b lo al que no aplasten la m iseria, el trabajo
sin descanso; un p u e b lo al que no e m b ru te zca n
todas las su p ersticio n es, todos los fa n a tism o s, un
p u e b lo am o de sí y vencedor d el com bate que se
libra h o y d ía !"
No he e n co n trad o este p u e b lo en O ccidente. Lo
espero, lo llam o, lo a nuncio desde m i infancia.
El suelo de O ccidente está seco y e n d u rec id o a l­
re d e d o r de m í, p ero yo a larg u é m is raíces, yo he
ido p o r deb ajo de la d u ra corteza de E u ro p a al
e n cu e n tro de las capas fecundas de los p u e b lo s
soviéticos, de la inm ensa vida d e sp ertad a en las
p ro fu n d id ad e s de la U.R.S.S. Y es al final de es­
te trab a jo su b te rrán e o que m is raíces se han j u n ­
tado a las de G orki. N uestras m anos frate rn as se
han an u d ad o . A hora, com pañeros de un extrem o
a otro de E u ro p a, m ezclam os nu estro a lie n to y
nuestra sangre. ¡P o n em o s en com ún n u estras e n e r­
gías! ¡E l e sp íritu cam ina in v isib le p o r toda la
tie rra ! ¡Q ue él sea la savia del m ayo n u e v o !”
(E l presente saludo de R o lla n d fu é e nviado en
ocasión d e l regreso de G o rki a la U .R S S .)
• Los libreros de Buenos Aires han aprendido a
discriminar. Se puede obsei~var en los escapara­
tes, grupos de autores perfectam ente diferenciados.
Aún en los anaqueles ya se les ve am ontonados de
acuerdo a la ideología que profesan. Así vem os
en armónica gavilla, como después de la cosecha
los libros que responden a una ideología d eterm i­
nada. No es necesario especificarla, porque el lec­
tor ya sabe a qué atenerse. José María Pemán
al lado de Manuel G alvez y Fernández Flores, codo
con codo con Arturo Cancela. Le siguen, César
Carrizo, Carlos Obligado, Cambur Ocampo que en
la revista “A ntología” recoge artículos de Emilio
P ettoruti, organizador de ciclos p r o v in c ia le s de
notoria repercusión en el oficialismo, o de H ome­
ro M. Guglielm ini, exégeta de todo pensam iento
totalitario. La lista la com pletan otros intelectua­
les c ó m o d a m e n te situ a d o s
tras los cristales de vid rie­
ras hábilmente ordenadas
por el librero propagandista.
La novedad en m ateria edi­
torial, no puede pasar inad­
vertida y menos aun, silen­
ciada. Están todos o casi to ­
dos: Ponferrada, Carlos Astra d a , C arlos Ib a r g u r e n ,
Leopoldo Marechal, Lisardo
Zía, Ignacio V. Anzoátegui
y otros.
No cab e duda que los
m ercaderes del libro, han
empezado a discriminar en
fo r m a a tin a d a . D e b em o s
agradecerles la clasificación.

•

•

•

En un diario de La Plata, capi­
tal de la primera provincia ar­
gentina, el aviso al margen.

Cuchillo de punta pa­
ra carnear extranje­
ros a ....................... $

5.90

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A

L

O

G

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A

a lister
Jefe en los ejércitos del ebro
Tu carta — oh noble corazón en vela,
español indomable, puño fuerte
tu carta, heroico
Lísteme consuela
de ésta, que pesa en mí, carne de muerte.
—

Fragores en tu carta me han llegado
de lucha santa sobre el campo ibero;
también mi corazón ha despertado
entre olores de pólvora y romero.
Donde anuncia marina caracola
que llega el Ebro y en la peña fría
donde brota esa rúbrica española
de monte a mar, esta palabra mía:
“ Si mi pluma valiera tu pistola
de capitán, contento moriría.’&gt;
ANTONIO

MACHADO

Dibujo de SEOANE

otra a largo p la zo . Esta no debe hacer descuidar
aqu élla . N i aquélla debe b loquear todo el h o ri­
zo n te d e l p e n sa m ie n to . N in g u n a de las dos debe
ser sacrificada por un verdadero y v iv ie n te “in te ­
lectual” . E l h o m b re que piensa debe proyectar
sie m p re su p en sa m ie n to en el surco de la uno y
la otra. U n p en sa m ie n to q u e no obrara, sería un
p e n sa m ien to que no piensa, la in m o v ilid a d , la
m u erte. E l estetism o in fe c u n d o en qu e se m antieune una élite de n uestro tie m p o , “el pen sa m ien to
po r el p e n sa m ie n to ”, está a dos dedos de la fosa.
A p esta a cadáver. S ólo v ive q u ien o b ra __
Im A nfang w ar die T a t . . .

Xilografía de F. Masereel

• . . . N o era, por cierto, para em plear sus p ala­
bras, “la fétid a in d ifere n c ia ” ; pero era sí la a fir ­
m ación term in an te de la suprem acía del hom bre
que p ien sa sobre el hom bre que v iv e; el desdén
por la lu ch a y por la acción; la soberbia de la
élite in telectu a l, con su certid u m b re orgullosa de
que fuera de ella no hay en el m undo m ás que
a g ita ció n sin im portancia. Egoístas élites que por
con servar m enguados p rivilegios continúan d efen ­
diendo un ESPIRITU y una LIBERTAD en ab s­
tracto que la realidad sin cesar se los d esm ien te;
candorosas élites cu yos su eñ os absurdos son fo ­
m en tad os por los m ism os que de ellos b en efician;
porque son esas con stru ccion es del “arte puro” y
de la “in te lig en cia pura” las que d esvían los ojos
de las grandes m asas de la única escen a en que se
desarrolla de veras el dram a de la historia. Las
clases g ob ern an tes estim u lan con m aña a esos ar­
tista s que son com o niños; a esos sabios que son
com o Juan de la Luna. Y los prefieren, y los
cu id an y los cargan de honores; hasta que llega
el día en que una palabra im prudente, o un d escu ­
brim iento inesperado, los arroja sin saber por qué
de los p riv ileg ios y los cargos.
A N IBA L PONCE — De Erasm o a Rom ain Roiland.

•

•

•

M I M E N S A JE A LA JU V E N T U D
— “¡N o separéis nunca el p en sa m ie n to de la ac­
c ió n !" H ay dos acciones: la una in m e d ia ta , la

E n consecuencia, m i incesante exhortación a la
ju v e n tu d es a la energía. N in g ú n tie m p o la ha
reclam ado más. Este tie m p o es fe r o z9 cru e ly car­
gado de devastaciones, pero ta m b ién es poderoso
y fec u n d o . D estru ye y renueva. N o es hora de
gim o tea r y p o n e r ceño adusto a la tarea. Es hora
de rem angarse los pu ñ o s y de acogotarse en tanto
que el día llega. Es el com bate de Jacob con el
A n g el. D urará hasta qu e el alba se levante.
. . . Y el A ngel d ijo : “ D éjam e, pues el alba ha
lle g a d o ”. P ero Jacob d ijo : uNo te d e ja ré hasta
que m e hayas b e n d e c id o ” .
E ntonces el A ngel d ijo : “ T ú has luchado con
D ios y con los h o m b res y tú has sido el más fu e r­
te ”
N osotros hem o s de luchar ahora con D ios y
con los h o m b res: con las ideas v ieja s, los dioses
m u rie n tes y asesinos, y con los m illo n e s de e sp í­
ritu s sin ojos que los sirven ciegam ente. H em os
de crear dioses nuevos y una nueva hu m a n id a d .
N o lo po d rem o s sino a costa de la más intensa
energía y de un co m p leto sacrificio. ¡D ios sea
lo a d o ! N osotros no faltarem os a la o b ra __ ¡V iva
la a cció n ! ¡ Y viva la pa z, h ija de la a c c i ó n ! __
P ues la paz que yo sirvo es la que he tom ado
de la divisa de m i m aestro S p in o za :
Pax enim non b e lli p riv a d o ,
Sed v irtu s esL quae ex anim i fo rtitu d in e o ritu r
La paz no es la ausencia de la guerra,
Es la v ir tu d que nace d e l vigor d e l alm a.
ROMAIN

6

ROLLAND

Ser inteligente, es necesario; vivir no es
necesario.
No está uno en donde está, sino en donde
está su espíritu.
Es curioso. A veces, se conquista la libertad
en poesía para ser más obscuro.
EMILIO ORIBE

EL

LECTOR Y

EL LIBRO

Para establecer un vinculo entre los lectores
y los libros XACIOXALES , rogamos a nuestros
amigos que remitan al director de esta sección
la letra de páginas memorables de las obras
de sus bibliotecas. A través de los márgenes
(citar capítulos, páginas. párrafos)y intentare­
mos un entendimiento significativo entre el
lector y el autor.
R e sp o n d e n :
G regorio D. A lem ani, de La P la ta : lo m arginado
en p ágina 46 de “R adiografía de la P am pa". El
cuchillo. Ed. Losada.

C arm en

A ram ayo

R íos, de

R esistencia,

Chaco:

T iene señaladas las páginas 203, 204 y 205 de
Ensayos A m ericanos de N ew ton F reitas. E d ito ­
ria l S chapire. B uenos A ires.

Ju lio José, de A sunción del P araguay, suele releer
el p rim e r acto de “P ájaro de B arro” de Sam uel
E ichelbaum .

Ju lio V alle C isneros, de M ercedes, P rov. de Bue­
nos A ires - In d ica “ S arm iento, santo y seña de
h oy”, de Crítica y E stim ación de L uis E m ilio
Soto, e d ito ria l Sur.

�EN CORDOBA 8 5 6 , SOBRE LA NUEVA Y ELEGANTE AVENIDA PORTEÑA

MJ
«

el sig n o d e l a m a u ta - e l s a b io , e l m a e s tr o - a b r e s u s p u e r ta s u n a e n t i d a d d is p u e s ta a m a r c h a r
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AM AL
IAt
l i b r e r í a ,e d i t o r i a l y g a le r ía d e en su t r ip le
e n c a u c e ,e s ta r á d e d ic a d a a e x a lta r lo s a u té n tic o s v a lo re s d e la
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�La voz
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El gran semanario francés de Sudainérica
POLITICA - LETRA - ARTE - MODAS

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D ir e c c ió n -.4 I r n i n i s t r a c ió n :

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Buenos Aires

o m e n a je a

W L o m a in

W o lla n d

bajo los auspicios de la Comisión Organizadora del
Día de la Música

GpSlen d id

en el T eatro
SANTA FE 1860
con la ad h e sió n de la

ASOCIACION DEL PROFESORADO ORQUESTAL
del m aestro

JUAN JOSE CASTRO
y del S r.

MAX GLUCKSMANN
EN

EL

SIN FO N IA

PRO GRAM A:

N? 3

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de Beethoven

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A LS INA

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B U E N O S

A I R E S

�Homenaje a Homain Holland
bajo

los

auspicios

de

la

Comisión

Organizadora

del

Día

de

la

Música

en el Teatro Grand Splendid, Santa Fe 1860
con la adhesión de la

A SO C IA C IO N

DEL PR O FE SO R A D O O RQ U ESTA L
del maestro

JU A N JO SE

C A ST R O

y del Sr.

•/

M A X G L IT K S M A X X

A

D

En el

Programa:

H

S

E

I

O

SINFONIA

N

N° 3 (Heroica)

D E

L

A

T

I

T

U

D

�RESPUESTAS A UNA

p ero yo no invoco m i situ ac ió n com o un estado
de perfecció n v irtu o s a ; h ab lo de un m étodo, cuyo
ascetism o, cuyo supuesto cilicial. han sido m enos
elegidos que im p u esto s p o r las circ u n stan c ias “ mesológicas” y tem p e ra m en ta le s, y han sido sie m p re
m al a d m itid o s p o r m í).

ENCUESTA
¿PO R QUE E SC R IB E U STED ?
L IT E R A R IA ?

¿C U A L ES SU M A Y O R A M B IC IO N

¿Q U E P R E P A R A P A R A EL F U TU R O ?

Jorge Luis Borges y Eduardo Mallea, han contestado en el primer
número de LATITUD y ambos enfocaron las tres cuestiones en forma su­
mamente personal. No menos sinceras y de profunda significación para
sus numerosos lectores, son las respuestas de Amado Alonso, el renombra­
do filólogo y de Bernardo Canal Feijóo, ensayista y poeta de pareja en­
vergadura.

Contesta

CANAL

FEIJOO
¿P or qué escribo? — No lo sé. No m e satisface
pensar que sea sólo p o rq u e no puedo d e ja r de
hacerlo. A pesar de que siem pre m e descubro es­
c rib ien d o m ás de lo justo, nunca me he sentido
aqu ejad o de grafom anía. Las circunstancias de m i
vida y un sentim iento quizá suicida de la re sp o n ­
sabilidad lite ra ria , han hecho para m í de las letras
un oficio casi penoso. D ebo p ro fesarlas e n tre c ró ­
nicos cansancios e x tra litera rio s y p e rm an en tes in ­
c ertid u m b res intelectuales. Supongo que el m e­
dio histórico y m oral, poco resonante (creo que
el e sp íritu vive de re so n an c ias), en que me ha to ­
cado e n co n trarm e sum ergido, desde m uy te m p ra ­
no. me ha despojado de esa gustosa vanidad p e r­
sonal que es el p rin cip io de tanta riqueza lite ­
raria. He debido p ro fesar la letra com o un ofi­
cio sistem ático de m odestia, de ren u n cias m uy ín ­
tim as, de m etódica co m unidad. De ahí sin duda
el descontento rad ical que me aflige respecto de
todo lo que llevo hecho, y m i escepticism o acerca
de lo que aún tu v iera que hacer. (C o m p ren d o que
ésto significa que, en re alid a d , no he sido capaz
de re n u n c ia r ín tim am en te a la vanidad p e rso n a l;

Contesta

AMADO

P re sie n to que si d e ja ra de e sc rib ir, te rm in a ría
—según la regla c o m p ro b a to ria c o n o cid a — m u rié n ­
d o m e ; lo cual no significa que no m e sienta ca­
paz de d e ja r de e sc rib ir en c u a lq u ie r m o m en to ,
— p e q u eñ a fantasía hero ica que no p o d ría so b re ­
estim ar, p o rq u e e n tie n d o que éso sólo im p o rta ría
su b stra e rm e a lo que re su lto h a cien d o y no a lo
que h u b ie ra p o d id o o al m enos deseado hacer. Así
com o no sé qué escribo, tam poco sé p a ra qué, ni
en g eneral p a ra qu ién .
¿C uál sería m i m ayor am b ició n literaria? — H a ­
cer c o in c id ir en m is letras un estado de felicid ad
lite ra ria m ía (n u n ca alcanzada en n in g u n a de m is
te n ta tiv a s ), con un estado de felicid ad hom ologa
del lecto r (q u e com o lec to r de otros esc rito res la
d isfru to a m e n u d o ). Uso la p a la b ra felicid ad en
toda su la titu d p o sib le ; no excluyo la did ascalia,
la m etafísica, la p o lítica , la m ística, la re v o lu c ió n ,
ni la sim ple bio lo g ía. Sé que un lec to r feliz es
capaz de lo g ra r luego lo que n unca han p o d id o
lo g rar d irec ta m en te los escrito res, p o rq u e los p ro ­
gram as del m undo son tras-litera rio s, y los e sc ri­
tores están siem p re un poco antes de la le tra (de
otro m odo no h a b ría letra, ésa que al p a re c e r si­
gue siendo necesario que e n tre con sangre, y que,
p o r tan to , no p o d ría ser m an ejad a p o r q u ién la h a ­
ce; los b uenos e scrito res son m alos pedagogos y
n a tu ra lm e n te m alos p o lític o s ).
¿Q ué preparo para el p o rv e n ir? — La v o lu n ta d
de su b sistir rectam en te b a jo o e n tre los o sc u rec i­
m ientos del tiem po h istó rico gen eral y d el tie m p o
biológico p erso n al. Ese es el tra b a jo co n stan te y
a veces d esesperado. T am b ién — y e n tre otras co ­
sas— p re p aro un “ A lb e rd i”, p ara la e d ito ria l m e­
jican a “ F o n d o de C u ltu ra E conóm ica”, en que
ensayo una ex p erien cia biográfico-crítica del gran
p a trio ta, to m án d o lo , p o d ría decir, con ánim o de
raíz y de in te g ral re d esc u b rim ie n to , com o si ig ­
n o ra ra lo m ucho, y bu en o y siem p re lim ita d o que
se ha escrito de a q u ella insigne figura de la p a ­
sión a rg en tin a .

t í CAs* a je M**

ALONSO

Yo no puedo alegar al im perativo del num en,
po rq u e yo no soy un p ro d u c to r de arte sino de
ciencia, o a lo m enos a éso he tendido toda m i
vida. A p ren d er lo averiguado y averiguar en lo
desconocido son las dos ocupaciones de todo h o m ­
b re de ciencia. ¿Q ue para qué escribo? D ebe ser
un sereno placer exponer arm ónicam ente lo a p re n ­
dido, pero yo nunca me he dado ese gusto. Yo es­
cribo para averiguar. Cuando me tienta un en ig ­
ma con su posible vencim iento, suelo h acer la r­
gas prep aracio n es (ya sabes cómo es el taller de
un e ru d ito ), y casi siem pre me pongo a red actar
creyendo que sé bastante del asunto para salir con
bien. P ero la verdad es que sólo entonces e m p ie­
zo a ap ren d er, cuando en la soledad de mi fuero
in te rn o me pongo a considerar sobre el grado de
p ro b a b ilid ad de cada conocim iento. Cada idea es­
tá siem pre enganchada con im previstos problem as
laterales, de m odo que, creyendo ir a cazar a tiro
hecho, uno va husm eando como perd ig u ero p o r
p ajo n al. Sí, am igo A m o rím ; el esc rib ir resulta
así una aventura. No es, pues, el enseñar, ni el
ten e r averiguado, sino el av eriguar lo que me p ro ­
voca un placer e sp iritu al tan intenso que, me fi­
guro, se debe p arecer un poco al que en los p o e ­
tas llam am os in spiración. P o r desgracia ni la in s­
p irac ió n en los poetas ni la exaltación esp iritu a l
en el científico son estados p e rm a n en te s; y, sin
em bargo, uno sigue escribiendo. Pues, c la ro ; m i

d eb er es h acer lo m ejo r que pueda, y sin d e se r­
tar, la tarea que se me ha encom endado.
U n m om ento, que me da vergüenza p in ta rm e
tan noblem ente. H ay tam b ién una razón de v a n i­
dad o, com o se dice, de validez p e rso n a l: cuando
otros im pulsos fallan, m e asiste todavía el deseo
de ser yo el que e m p u je un poco más lejos los lí ­
m ites de lo desconocido.
¿C uál es su m ayor am b ició n ?
No sé si me dices lo m ás grande que am bicione
o lo que am bicione m ás a rd ie n te m en te . Com o sea,
te diré que tengo una am bición d eshauciada, con
lo cual ya no la creo am bición, p o rq u e una a m b i­
ción sin esperanza, ya nos deja de atosigar, que
es (q u e e ra ), la p re p ara ció n de un D iccionario
histórico de la lengua literaria hispanoam ericana;
necesitaba un e jé rcito de co lab o rad o res técnicos,
una m illonada y a b an d o n a r todo otro tra b a jo p ara
ded icar al D iccionario todos m is días. Mi am bición
su p erviviente es hacer un D iccionario histórico de
los indigenism os am ericanos en el español y en
las otras lenguas europeas.
¿Q ué hago en estos m o m en to s?
Estoy term in an d o
ción d e l español en
sistem a fonético de
dia y la revolución

un lib ro sobre La p ro n u n cia ­
el siglo X V I , donde estudio el
nuestra lengua en la E dad M e­
que sufrió de 1550 a 1620, con
7

que se pasó rá p id a m e n te, au n q u e tras secular p re ­
p aració n , de la p ro n u n c ia ció n m edieval a la m o­
derna. Y a ese lib ro seguirá otro sobre E l castella­
no en A m érica en el siglo X V /, ya m uy a d e la n ta d o ,
y que in te rru m p í para te rm in a r el otro, d o n d e te ­
nía que reso lv er cuestiones previas.

�MUSICA
Dirige
LEOPOLDO

U n nuevo valor a r t í s t i c o
de n u e s t r o m e d i o
[ S o es fre c u e n te en n u estro m e d io lo aparición de un m ú sico n u e vo que, com o E itle r,
d e je una im p re sió n tan halagüeña acerca de su ta len to artístico y de sus recursos téc­
nicos. La p resen ta ció n de este jo v e n c o m p o sito r en el T eatro d e l P u eb lo p e rm ite in ­
co rp o ra rlo d e una m anera d e fin itiv a al m u y re d u c id o n ú m e ro de m úsicos argentinos
— o radicados en e l p a ís, q u e es lo m ism o — q u e tie n e n una obra sig n ific a tiv a y q u e
están llam ados a g ravitar e fe c tiv a m e n te en las a ctividades artísticas de nuestro m ed io .

Esteban Eitler
N o se tra ta , claro está, de una o b ra re aliz a d a y
co n clu id a, que p u e d a e x am in arse con visión p a ­
n o rá m ica . E itle r es u n jo v en que está todavía
b u sc á n d o se, que ensaya una y o tra salida, que
in d ag a , e n tre las m il so licitac io n e s que le p re sen ta
el cam po de la com p o sició n , a q u ello s cam inos que,
p o r c e rte ra in tu ic ió n , sabe qu e han de lle v a rle a
b u e n té rm in o . ¡P e ro con qué se g u rid ad se o rien ta,
y q u é b u e n o s fru to s va d e ja n d o en las etapas de
su a u to -d e sc u b rim ie n to !
E l p ro g ra m a , e la b o ra d o en form a cro n o ló g ica,
p e rm itió se g u ir m uy de cerca la e v o lu ció n de su
e stilo , que en u n lapso so rp re n d e n te m e n te breve,
en tres o c u atro años, ha pasado de los ensayos incaico -p en tato n ales, de fácil sed u cció n p ara todo
m úsico in c ip ie n te en este país, a sus ú ltim as te n ­
tativ as en la técnica n ovísim a de los doce tonos.
E l d e sa rro llo de este cam ino, a trav és del im p re ­
sio n ism o , d el neoclacisism o, de la p o lito n a lid a d y
la técn ica d o c eto n al, si b ie n ha d o c u m e n tad o la
afanosa b ú sq u e d a de su p e rso n a lid a d p ro p ia , ha
p e rm itid o asim ism o d e stac ar alg u n as de sus cu a­
lid a d e s g en erales, a q u e lla s que dan la tó n ica de
su o b ra , tan to en sus p rim e ro s ensayos com o en los
ú ltim o s.
N os p a rec e q u e la c u a lid a d d o m in a n te en él es
su gozosa flu en c ia c rea d o ra, su de se n fa d a d o y ágil

BEETHOVEX

m an ejo del m ate ria l sonoro. Q uizás el hecho de
que E itle r haya ten id o que ganarse la vida tra b a ­
ja n d o en una o rq u esta de “jaz z ”, le ha dado una
e x tra o rd in a ria fa m ilia rid a d con el in stru m e n tal,
una riq u eza rítm ica y una facilidad discursiva que
re cu e rd a m ucho a la de las obras de ju v e n tu d de
H in d e m ith . En uno y otro caso, se trata de una
c u alid ad que p ro v ien e de la actividad p ro fesio n al
d el a rtista , m ás que de su p re p a ra c ió n escolástica.

de su d e sa rro llo m elódico, sacan todos los re c u r­
sos im aginables de los estrechos lím ite s que el
tem a le ha im puesto.

Esa ex h u b era n cia crea d o ra, esa fuerza expansiva,
v erbosa de su m úsica, expuesta sin p re ju ic io s ni
trab a s, 6e va ciñ en d o p a u la tin a m e n te a form as
a ju sta d as, a u n c o n tro l cada vez m ayor de sus e le ­
m entos, a m edida que nos acercam os a sus obras
actuales. Son evid en tes los p rogresos que realiza
el a rtista en el d o m in io de las form as, en la es­
tru c tu ra a rm ó n ica y c o n tra p u n tística , en el sentido
cada vez m ás sutil del tim b re y de las a g ru p acio n es
in stru m e n ta le s con un p ro p ó sito con stru ctiv o . Y
es p len a m en te d e m o stra tiv o de su tale n to el hecho
de que este pro g reso haya p o d id o ser realizad o
en tan corto n ú m ero de años.

Las R em in isc en c ia s, con sus dos flautas que se
m ueven en d istin to ám bito to n al, son un curioso
y b ien lo g rad o ensayo de c ontraste en tre la bu s­
cada m o n o to n ía de color de las flautas, y la cons­
tan te in te rfe re n c ia rítm ica y arm ó n ica de la gui­
ta rra a co m p añ an te. Este tra b a jo de indagación a r­
m ónica, de c o m p le jid ad ton al, u n id o a una gran
fluidez m elódica, se pone en evidencia en el Div ertim e n to , de 1943, tra b a ja d o con un exquisito
sen tid o del re n d im ien to de cada in stru m e n to y de
sus fricciones arm ónicas y crom áticas, inevitables
e n tre in stru m e n to s tan disím iles com o el flautín, la
flauta, el c la rin e te, el c la rin e te b ajo y la g uitarra.

Ya la S erie B o liv ia n a , que data de 1941, nos pone
de llen o an te la riq u eza im ag in ativ a del a u to r p ara
e la b o ra r elem en to s tan in g rato s y p o b res com o los
que p ro v ien e n del p e n ta to n ism o . Su ag ilid ad r ít­
m ica, su a rm o n ía a cid u lad a y sabrosa, la fa cilid a d

“ S erie S e n tim e n ta l” no es quizá el títu lo más
in d icad o para la serie de piezas que com prende,
otra de sus obras escrita p ara distintos in stru m e n ­
tos solistas. U na vez m ás apreciam os aq u í el do­
m inio in stru m e n ta l de E itler, sus recursos de toda
ín d o le p ara e x p lo ra r cada p o sib ilid a d de sonido
y de tim b re , su im aginación d e sb o rd an te para m an ­
te n e r el in te ré s de este renovado solilo q u io , es­
crito con su fluencia característica.

Y EL D I N E R O

Veámoslo,
talcomo es, con los rudos reversosIVOWsO
de
VAN BEETHOVEN
;
i s rudas virtudes; como un sólido burgués que, a despe­
go de su apariencia desordenada y del fogoso idealismo
ue arde en su cerebro, tiene una visión muy realista de la
ida; está felizmente habituado a luchar con las
es y prosigue ese cuerpo a cuerpo hasta su muerte —que
rranca al destino el alimento, la independencia—, el capital
ue necesita, y que se da maña para conservarlo y hacerlo
jler. Pero él sabrá, asimismo, en medio de las estrecheces,
srvir a la comunidad; ya que es el más fuerte, el mayor
se reconoce o se abroga, sobre los mas débiles, deberes de
rotección. 2¡o sólo de su sobrino es tutor. Lo es de los
obrés y los desgraciados. Este hombre, duro consigo mismo
con quienes se le aproximan, tiene el alto sentido de las
ssponsabilidades sociales
(otropunto de semejanza con
Hguel Angel).
Permanecerá toda la vida siendo aquél que, joven,
ia a su amigo Wegeler su sueño de que su arte pudiera
onsaararse solamente al bien de los pobres
dann solí
ich meine Kunst nur zum Besten der Armenzeigen..
Excusemos, pues, su afición a ganar y a guardar. La
ida es para él un combate. Y está orgulloso, con todo dereho, de haber ganado este combate por ¡a existencia. Todas
pasiones, todas sus virtudes, todos sus defectos, son
AGUAFUERTE DE EMIL ORLIK
iriles.
.
Beeth

o ven

,

por R om ain R oliand.

8

En la Sonatina para guitarra, de 1942. nos m ove­
m os ya en un clim a d istin to . Las to n alid ad e s fluctu an tes de su m elódica están apoyadas aquí en
una rítm ica a le rta y vivaz, que consigue e stru ctu ­
ra r y d a r sentido orgánico a elem entos arm ónicos
en a p are n te d isp ersió n .

De a q u í en a d elan te , en el T río, en la Pieza
para guitarra, y en las C uatro fábulas de D aniel
D evoto, que son obras recien tísim as, presenciam os
el aju ste p rogresivo de todas estas cualidades, que
si p o r algo pecan es p o r exceso de entusiasm o y de
ju v e n il d e se n v o ltu ra. P ero el T río revela una ce­
ñ id ísim a tram a c o n tra p u n tística , que em plea los
recursos m ás á rd u o s con sin g u lar so ltu ra ; en la
P ieza para guitarra asistim os a un m inucioso tra ­
b ajo de com posición, en el estricto sentido de la
p a la b ra, c o n striñ e n d o su im aginación desb o rd an te
a un rig u ro so p lan de d e sa rro llo ; y en las fábulas
c om probam os cóm o ha sabido E itle r salvar los
escollos de la c onstrucción d ocetonal en la in te r­
p re ta ció n em otiva de un c o ntenido poético, que
a p rim e ra vista d ifíc ilm en te p u ed e com paginarse
con un tratam ien to tan ajeno a las ha b itu a le s con­
venciones de la exp resió n sen tim en tal.
H ay en E itle r una condición sim pática en tre
to d as: se ad v ie rte que se goza en la m úsica y en
su m úsica, que se m ete en ella com o el n ad ad o r
se zam b u lle in tré p id o en el río. P e ro ya ha a p re n ­
d ido a d o m in a r el flú id o elem ento com o para avan­
zar d e rech am en te hacia la m eta que se ha p ro ­
puesto.
L H.

�E l teatro de Rom ain R o lla n d
por iMARCEL MARTINET (*)
* * R e c u e rd o la in d ig n a c ió n y el desp recio que
se n tí, cu an d o al lle g a r p o r vez p rim e ra a P a rís,
d e sc u b rí el a rte de los b o u lev a rd s p a risin o s. Ya
no siento in d ig n a c ió n , p e ro me q ueda el d e sp rec io ” .
Esas lín e a s de R o m ain R o lla n d son sacadas de
ese T eatro d e l P u eb lo que, después de casi vein te
años, sigue siendo el lib ro d o n d e a q u éllo s que
su e ñ a n con u n te a tro a ere ad o , v e rd ad e ro y noble,
a p re n d e n a sa b e rlo e sp e ra r, a c u id arse y d e se arle.
Las he citado a q u í, a n te todo com o p u n to de p a r­
tid a , com o testim o n io de las d e stru ccio n es n ece­
sarias, de la lim p iez a sobre la cual un c rea d o r
establece los cim ien to s de su obra.
La o bra, q u e ya e ntonces h a b ía su p e rad o la fa­
se in ic ia l, era una c o n stru cc ió n audaz y sobria,
d o n d e el p e n sa m ien to del a rtista a d elan ta b a ya
la to ta lid a d del m o n u m e n to .
M al c o m p re n d id a , o m ás b ie n in a d v e rtid a , no p o ­
d ía el p ú b lic o — el de los esp e ctad o re s— ver una
o b ra que el otro p ú b lic o , el de los d e sc u b rid o re s
de v iejas lu n as de cartó n , el de los d irec to re s y de
los crítico s, d e b ía e sc o n d erle, sin d u d a m ás p o r
in stin to que p o r re n co r, puesto que la estu p id ez
es m ás com ún que la p e rfid ia , y la pereza y la
ru tin a m ás que la e stu p id e z. C ap tar una poesía
v e rd ad e ra, fu e rte , p len a , los m u rm u llo s de la sel­
va h u m an a o el soplo d el m ar p u rific a d o de la
p re sen c ia h u m an a , y la n z a r ese v iviente escándalo
en m edio de los e strib illo s se n tim e n ta le s; en el
a ire ag ria d o d el pseu d o -realism o o e n tre el p a la ­
b re río p seudo-m etafísico de los p e n sa d o re s p ara
p erso n as p álid as, re q u e ría sin d u d a no poca re ­
flex ió n y una au d acia su p e rte a tra l.
Es así com o la leg ió n de am igos que p e d ía a
Juan C ristóbal el v a lo r y la ale g ría de los h e rid o s
que no a ce p ta n la d e rro ta ; el v a lo r y la aleg ría
d el fin al de la N o v e n a ; en su m ay o ría ni sospe­
ch ab a n siq u ie ra al p o eta d ra m á tic o que, en R o ­
lla n d , so b rep asa quizás a Juan C ristó b a l. E n esa
leg ió n secreta, p ro fu n d a , dem asiado secreta a ve­
ces, la n ovela h a b ía p o d id o p e n e tra r p o r un m is­
terio so e n c a rn a m ie n to de alm a a a lm a ; p e ro el
te a tro exige p a ra sus co n q u istas m ás b ru ta le s el
d e sp lie g u e de los m edios y la p ru e b a p ú b lic a . A l­
gunas re p re se n ta c io n e s aisladas en escenarios casi
desco n o cid o s y en c irc u n stan c ias poco favorables,
y de nuevo el silencio. La o bra, com o casi todas
las o b ras de gran calid ad , lleg ab a a d e la n ta d a ; ne
cesitaba e sp e ra r, c rearse un m edio. Su tiem p o lie
g aría. L le g aría cuan d o el a rtista , según la m edi
da trág ica de su d estin o , ya a le ján d o se de ella, ha
b ía de e sta r m ás lejo s, m ás alto , y sie m p re solo
L le g aría el tie m p o . P e ro no a p risa. E n tre las
sin iestra s payasadas de los ú ltim o s años, una de
las m ás sin ie stra m e n te re p u g n a n te s fué la choca­
rre ría de to d o lo que se agita, grazna y trafica
en to rn o al E sp íritu de la P atria, el A rte y dem ás
p ro v ech o so s a rtíc u lo s de consum o con m ayúscula,
de to d o s esos h ip ó c rita s p o lic h in e la s que d ecla­
ra b a n g u e rra sin treg u a a las in ep ta s p o rq u e ría s
de la escena lla m ad a p a risie n se , que re clam a b an
a g rito s un te a tro sim p le, generoso, sano, que h a ­
blase a los h o m b res de sus luchas, de sus su fri­
m ie n to s, de sus a le g ría s y sus sueños, que a n u n ­
c ia b an cada m añ an a la re su rre c c ió n p a ra vo lv er
cada no ch e a c h ap u c ea r en su vóm ito y p escar la
p ro p in a , y que, de m añ an a o de noche, si p o r des­
g racia se to p a b a n con el a rte que sim u la b a n d esear
y q u e existía, b a ja b a p ú d ic a m e n te los ojos, d e cla ­
ra n d o in o c e n te m e n te que no h a b ía n visto nad a.
H e a q u í p o r qué ta rd ó tan to en lle g a r el tie m p o .
Sin em b a rg o , en to d as las lenguas, so b re todos
los tab la d o s, tan to en el Ja p ó n com o en C hecoes­
lo v a q u ia , en N ueva Y o rk com o en M oscú, el te a ­
tro de R o m ain R o lla n d , a trav esad o p o r el soplo d el
alm a u n iv e rsa l, p e ro am asado en siglos de p e n sa ­
m ie n to fran cés e irra d ia n d o la c la rid a d de la le n ­
gua fran cesa, ig n o ra d o en F ra n c ia , era re p re se n ­
tad o en el resto d el m u n d o , y reco n o cid o y a cla ­

m ado p o r las m u ltitu d e s com o un canto de lib e ­
ración.
P o r m aravillosa co incidencia, la grandeza del
h o m b re, es aq u í una con la grandeza del artista.
V iv ir no es b uscar la tem pestad ni h u ir de ella.
V iv ir es ace p ta r la tem pestad y d o m in a rla ; es el
co n ju n to de con trad iccio n es que se d estrozan sin
cesar e n tre ellas y que sin cesar vuelven a ju n ­
tarse, y sin las cuales el corazón y el e sp íritu son
sólo cadáveres. Dos c o rrien tes, n inguna de las
cuales a n iq u ila jam ás a la otra, atraviesan y a n i­
m an co n stan tem en te la d ra m a tu rg ia de R o lla n d :
la n ecesidad de escuchar en lo m ás p ro fu n d o de
sí m ism o esas fuerzas en lu c h a ; la necesidad de
c ap tar los fulgores que em iten y de lanzarlos, a n ­
to rch as c en tellean tes y ensangrentadas, en las ti­
nieblas de los hom bres. P oeta del in d iv id u o y p o e ­
ta para las m u ltitu d e s. A hon d am ien to de los re ­
p liegues oscuros, de las tin ieb las, ante las cuales
los más v alientes re tro c ed e n . R e tiro a las a ltu ras
serenas, do n d e arran cam o s de nosotros el d o lo r

Dibujo de FRANS M ASEREEl

y d o n d e el m al m ism o se ilu m in a con la m úsica
de las esferas celestes. V o lu n tad que nada a m o r­
daza, fe inco n m o v ib le. U n tea tro para los m ás
p ro fu n d o s in te rro g an te s del alm a so lita ria y un
gesto de los p ueblos. El com bate e n tre los com ­
b a tie n te s. El com bate de uno co n tra todos. El
com bate de cada uno contra sí m ism o, sopla p o r
d o q u ie r su h á lito ru d o . De p ie fren te a su llam a,
sentim os que nos calienta los ro stro s a la vez que
un v iento a lp e stre, que re cu e rd a la frescura de
m ontes y glaciares, d istie n d e y fortalece el c o ra ­
zón. La re a lid a d y la a ltu ra ayudan a quí, p o r p a r­
tes ig u a le s; son ig u alm en te necesarias. A parta dos
pelig ro s, tan m o rtales el uno com o el o tro ; el “ dilettan tism o in d ife re n te ”, p o r supuesto, y la “ p e ­
dagogía m o ra l”, que p o r cierto no vale m ás. N u n ­
ca hay “ tesis” en sus piezas cálidas de p e n sa m ien ­
to, ni u n “ ra z o n a d o r” e n tre esos p e rso n ajes d e­
vorados, tanto de pasión in te lec tu a l com o de p a ­
sión de am o r. P e ro en ellos vela el dios oculto
que in fu n d e vida a los re cita n tes exactos.
V ida n u trid a p o r la v e rd ad e ra vida que vivie­
ro n , pero que la trascien d e m ás allá de la vida re ­
co n stitu id a que re en c u en tra sobre las tablas.
H isto ria d o r, R o m ain R o lla n d ha d escartado la
in v en ció n falsa y p e d id o au d azm en te a la h isto ria
una m ate ria que su im ag in ació n h ab ía de re su ci­
9

tar. V arias razones lo llevan a esa elección, a esa
peligrosa selección, pero sabiendo, tam bién en
ésto, que de triu n fa r se ju stificaría. Sin duda, con­
sideró ante todo que de triu n fa r, la obra, tallada
así en m ateria au téntica, m an ten d ría un acento
más p leno, una resonancia m ás de acuerdo con
los fines a los cuales tendía. Y no eran fines de
h isto ria d o r. Las piezas de R om ain R olland. p ie ­
zas históricas, son piezas de actualidad. No po rq u e
busque m ezquinam ente en la h istoria la alusión
al p re sen te : la actu alid ad no reside en una soli­
citación y un recuerdo de los hechos sino en el
m ovim iento de los pensam ientos y de las aspira­
ciones. N acido de la m editación sobre lo actual,
ese teatro donde el pasado palpita, está todo él
vuelto hacia el presente y el fu tu ro ; y el público
lo re co n o ce; algunos de los dram as del Teatro de
la R e v o lu c ió n , representados fuera de F rancia, a n ­
te m u ltitu d e s parecidas aún po r la tem pestad que
había pasado sobre ellas, d e se n te rraro n la re ali­
dad de su tum ba, fresca todavía, y le im pusieron
la resu rrecció n , en una luz tan trágica que un vér­
tigo poseyó a los espectadores, que veían ante ellos
no el reflejo del dram a, sino el dram a m ism o, más
desnudo, más entero, más verdadero, el dram a p a l­
p itan te de sus corazones.
U n tal testim onio de la fuerza de una obra ga­
rantiza la p ro fu n d id ad de las fuentes de esa fu e r­
za, su vivacidad, su riqueza. El talento construc­
to r del a u to r tiene su parte en éllo, al diseñ ar n í­
tidam ente, en cada pieza, la perso n alid ad de cada
actor y, todas unidas em pero, sólo unidos todos
hacen el dram a, existiendo cada uno no sólo p o r
el reflejo y las som bras que prov ien en de sus
com pañeros, sino p o r su pro p io secreto. P ero la
gracia, en el artista que es R olland, nunca se re ­
duce al virtuosism o. Es la gracia de una fuerza
más esencial. Esa so lid arid ad en tre los p e rso n a ­
jes de una m ism a obra —aún, a veces, especial­
m ente cuando se e n fre n tan — que hace a cada uno
más viviente, trad u ce la de esa vida en los e n cu en ­
tros del p resen te y en el curso de los siglos; ven­
tana p equeña pero b ien ab ierta hacia lo descono­
cido. Y ese desconocido m ism o, im perioso y p re ­
sentido p o r d o q u ier, que m ueve a cada héroe con
una in te n sid a d y to n alid ad propias, la fuerza m is­
teriosa que la razón ind iv id u al, en rebeldía, trata
vanam ente de c o n tro lar y red u cir, y que, a veces,
es una form a su p e rio r de la razón, ese descono­
cido ¿no es acaso, bajo otra luz, la solidaridad
oculta, inexpresable, que no une tan sólo en tre
ellos a los héroes de un dram a, sino que nos une
a e llo s: nos invita a e n contrarnos en ellos?
H é r o e s ... La sagrada fuerza actúa aún sobre
el h e roísm o. H éroes, lo son esos actores del d ra ­
ma de la h isto ria y, en una época en la cual para
p a rec er sincero hay que a d o rar la m ediocridad, la
v u lg arid ad , la d eb ilid ad . R olland no las ha dis­
m in u id o de talla, no ha aflojado la firm e textura
de sus alm as. H éroes, pero seres vivientes, y cu an ­
to m ás estrecham ente tom ados están p o r la idea
p o r la cual viven y m ueren, m ás patéticam ente,
b ajo la v o luntad sobrehum ana, sangrará el cora­
zón hum ano, dem asiado hum ano. Son los más fu e r­
tes los que p ueden y saben su frir más. Son ellos
quienes m ejo r saben dar fuerza a quienes la n e ­
cesitan. El secreto de la vida de este teatro re ­
side en lo sig u ien te : no se sale de él p ersuadido
ni satisfecho, pero la idea, que era el dram a m is­
m o, siguiendo al ho m b re que vuelve a su sole­
dad, ilu m in a secretam ente su ser y su cam ino. Se
va después, exaltado, conm ovido, en tre estos dos
com pañeros que ya nunca lo a b an d o n arán del to ­
d o : la seren id ad de los fuertes y la recia alegría.
* Publicado en el núm ero extraordinario de la revista
"E uropa” con m otivo del 6SQ aniversario de Rolland.
T rad u cció n de M .R.O.

�PINTURA Y GRABADO
Dirige
ANTONIO BERNI

Con una original iniciativa, clausura
E xcepcion al repercusión alcanzó el P R IM E R SA LO N DE A R T E P L A ST IC O o r­
ganizada p o r nuestra revista , en h om en aje a tres grandes pin to res argentinos del pasa­
d o : P rilid ia n o P u eyrred ó n , E du ardo S ívori y M artín M alharro , que tuvo lugar , d el 5
al 19 d e feb rero ú ltim o , en la G alería W itco m b , de Mar d el Plata. La nóm ina de los
37 ex p o sito res , que insertam os en esta página , da idea de la alta calidad de la m uestra ,
cuya origin al clausura congregó a un num eroso p ú b lico , entre el cuál m uchos artistas
y escritores de p restig io . C uatro de los expositores respondieron a un interesante re­
p o rta je , que transcribim os. En núm eros sucesivos darem os las respuestas que sobre los
m ism os pu n tos nos hagan llegar los dem ás concurrentes a dicha m uestra.
E s t a exposición, o r g a n i z a d a p o r la r e v i s t a
L A T IT U D , tien e un claro y d e te rm in a d o sentido,
com o lo tien e y re fle ja la m ism a revista, a través
de sus diversas secciones. U n grupo de p in to re s a r­
gentinos, de lo m ejo r e n tre los m ejores, se d isp o ­
ne a m an ifestar su in d ep e n d en c ia fren te a toda si­
tu ació n negativa de los valores m orales e in te le c ­
tuales.
E n tram o s en una nueva etapa h um ana. A cada
cual se le p re g u n ta rá ¡si lo tien e! cóm o ha hecho
su caudal. E n toda exp resió n in te lec tu a l im p o rta
cada día m ás saber de q u ié n es, qué cosa dice y
cóm o la dice. P o rq u e en toda expresión va im p lí­
cita una a ctitu d , p ositiva o negativa, con relación
a la colectividad.
A todos estos artistas que aq u í exponen, los ve­
rem os dispersos en docenas de salones a rgentinos,
pero p e n d ie n tes de una constante, determ in ad a
idea fija : la de alcanzar para el arte a rgentino
las n ecesarias condiciones m ateriales y e sp iritu a ­
les que p e rm itan el d e sa rro llo y flo ració n de una
gran p in tu ra .
T odo m ovim iento artístico que ha m arcado
con su sello la época vivida, ha sido siem pre,
a la p a r que una idea estética, una acción v i­
va y eficaz sobre el m edio social. Este aspecto ha
pasado, en general, d e sap ercib id o p ara la p o ste­
rid ad , no o bstante ser lo esencialm ente im pulsivo,
el nerv io y din ám ica de la cu ltu ra.
A quí, en esta exposición, existe una c o in c id en ­
cia que tie n e toda su ló g ica: la posición in d e p e n ­
d ien te coincide con lo m ás m o derno y progresista
de la p in tu ra arg en tin a . P u e d e h a b er excepciones
a ésto que es regla, p ero se confirm a p o r su cons­
tan te re p e tic ió n en todos los tiem pos y en todos
los lugares. A quí están rep re se n tad a s las más d i­
versas ten d e n cia s: fauvism o, cubism o, surrealism o,
nuevo-realism o, y sin em bargo, se apoyan sobre
una p lata fo rm a com ún que las une in v isib lem en te
y las o rien ta hacia una d e te rm in a d a fin alid ad .
Cada uno de estos artistas, com o cada uno de
todos los otros in te lec tu a les, acicateado p o r el a n ­
helo de la lib re creación en un m u n d o p o sitiv o ,
siente el trem en d o obstáculo de una nube a sfixian­
te de conform ism o e in to le ran c ia , que sólo la ac­

ción com ún y unificada pu ed e lle g a r a disip ar, d e ­
fin itiv am en te. Este es el p ro b lem a e se n cial; p ara
el a rtista arg en tin o , no c o m p re n d erlo im plica ca­
re ce r del necesario alcance m ental, o b ien caer en
el m ás grave cinism o a rrib ista . H oy, m ás que n u n ­
ca, cuando las in stitu cio n es fracasan, lo m ás avan­
zado, lo más d ecidido de la in te lec tu a lid a d debe
da r su p a la b ra y su acción para ay u d ar a e stru c ­
tu ra r el m undo lib re , im p re sc in d ib le a la vida y
m anifestación de lo que es m ás esencial del se r:
la pasión creadora. P o r ella y hacia ella abrim os
estos cam inos conducentes.

su Primer Salón de Arte

HABLAN LOS
ARTISTAS
ARGENTINOS,

1

|

—Tom e usted la pregunta com o una necesidad
didáctica o com o una cordial im posición de los
am antes de su arte pictórico . . .

—Vaya entonces como una rápida intención di­
dáctica , cosa que me satisface al ser interrogado
por ustedes. Es una loable finalidad. A sí , resultará
interesante ver cómo en la m ayoría de los casos,
el autor ha enfrentado los problem as sim ples de
pintor y no los retóricos e intelectuales que le
asigna la crítica en general. Lamento que de mis
obras “A tardecer” no sea precisam ente la más
apropiada para referirse a problem as específica­
m ente pictóricos, ya que en definitiva, de ésto se
trata y no de bueyes p e rd id o s... El tem a o el
asunto, estará siem pre más a la vista y alcance
del espectador.

bía pintado muchas veces. Al cruzarlo, al hallar­
me en la otra orilla, me despedí de él, pareciéndome ver m ultitud de brazos, de pañuelos que
me hacían señales de adiós, de viejo signo que
tomaba dramático sentido.
A quí, en América, a la distancia, cobró para m í
sentido poético aquella despedida, y apareció en
mis cuadros de diverso modo.
¿Cuál es mi posición frente a los problem as es­
téticos actuales?
La pregunta es interesante, y aunque sería nece­
saria una m ayor extensión para contestar adecua­
damente, diré algo que pueda dar una idea de mi
posición. La variedad de las teorías y escuelas de
estos últim os tiem pos tiene relación con la trans­
formación social de nuestra época. Su valor polé­
mico es im portante, pero como la finalidad del
artista no es precisamente teorizar, sino crear, ga­
nar libertad para su obra en constante y conciente
lucha, creo entonces en un arte vital, vivo, cuyo
valor esencial resida en sí mismo, no en el sentido
especulativo que se intente darle.
El arte plástico es emanación directa de la vida
y no teoría imaginada; es pensam iento en acción
cuya trascendencia no puede prever el mismo ar­
tista. Por ello considero al artista un ser, un hom­
bre, responsable tanto de su actuación como de su
obra, de su labor. La obra de arte no es planta cuya
semilla pueda ser m ejorada en un laboratorio de
genética; sólo su creador tiene derecho a concebirla
sin amparo ajeno. Prefiero trescientos años de arte
independiente a tres mil de arte dirigido. Esto es
tan evidente como lo es que la m ejor selección la
hace el tiempo.
La plástica argentina está en pleno desarrollo y
sus artistas logran obras de reconocido valor. A mi
juicio, las posibilidades plásticas de un país son
tanto m ayores cuanto más se aproveche los elem en­
tos humanos y naturales del mismo.

—H ablem os de este m odelo, en particular . . .

—En el cuadro que mandé al salón de LATITUD,
he sentido y abordado el personaje en su aspecto
su bjetivo a través de los principios plásticos del
trinom io DIBUJO, FORMA y COLOR, tratando de
llevar sus argumentos a una exaltación expresiva.
Es el resultado de una serie de dibujos y bocetos
realizados con el mismo modelo donde el tema ha
sido repetido en distintos aspectos. Sistema muy
aconsejable para desentrañar la esencia íntim a del
ASUNTO. Tal el ejem plo que nos han dado m u­
chos grandes m aestros: Holbein, Ingres, El Greco,
Cézanne, Picasso, etc.
—¿Qué preconiza usted para una superación o
estructuración seria en nuestras artes plásticas?
—SEÑOR CENTURION, ¿nos puede exp licar usted
los m otivos de orden estético que determ inaron la
con cep ción de su tela “A tard ecer”, exp u esta en el
P rim er Salón de LATITUD?

—Es tan eviden te que un cuadro no necesita de
la explicación de su autor que no recuerdo que
alguno lo haya hecho , por lo menos en form a es­
crita. Y es natural que así sea , ya que toda obra se
presenta al final de cuentas , clara y depurada en
su idea y realización ante el espectador. Su len­
guaje expresivo está en la pintura misma como lo
está en la obra del escritor , quedando el artista en
actitud de silencio con sus naturales reservas de
escrúpulo.

—Creo en un arte con una fisonomía consistente
y recia, sincronizado con los difíciles momentos de
nuestra época y enriquecido por las m últiples espe­
culaciones de la técnica moderna; no en un arte
condicionado y aprisionado por las conquistas ideo­
lógicas, ni tampoco en el arte desaprensivo y con­
vencional de los tiem pos holgados. Un arte que
participe de los buenos fundamentos clásicos de la
pintura y pueda a la vez ser libre y sin trabas,
tanto en sus cualidades de forma cuanto en las de
su contenido. Un arte que pueda adm itir la abs­
tracción y la realidad —el sentim iento y la razón —,
la técnica y la idea al mismo tiem po, conservando
un sentido humano y profundo de las cosas y de
los seres.

Roberto Azzoni
Héctor Basaldúa
Marina

Bengoechea

Antonio Berni

DE

Contesta Juan C. Castagnino, que p resentó el óleo
“P aisaje del río”.

—¿Es éste un tema ocasional o responde a un plan
orgánico dentro del conjunto de su producción?
—En esto s ú ltim os tiem p os he esta d o abocado
al estu d io del p a isa je de la llanura, tratan d o de
“dar” con su tono y con su s elem en to s esen cia les.
H e pasado a lgu n os a ta rd eceres ob servand o y p in ­
tando n u estra s la g u n a s y arroyos. A e s ta eta p a
p erten ece la tela ex p u esta .

Gertrudis Chale

Anselmo Piccoli

Armando Chiesa

Orlando Pierri

Minerva Daltoe

Enrique Policastro

Nelly Dobranich

María Carmen Pórtela

Juana Dourge
Norah Borges
Manuel O. Espinosa
Horacio Butler
Andrés Calabrese
Lucía Capdepont

D esde luego que el tem a es in agotab le; pero h áy
algo m ás poderoso que seg u ra m en te m e obligará a
in sistir en esto s asu n to s: es mi p asión por la s
cosas de n u estra tierra, tanto en lo que a ta ñ e a
su elem en to hum ano com o a su p a isa je.

EXPOSITORES

Raquel Forner

—¿Cuál es su posición frente a las diversas es­
cuelas plásticas actuales?

Luis Seoane
Hércules Solari
Lino Spilimbergo

Carlos Giambiaggi
Juan B. Tapia
Nina Haeberle

Carybé

Amadeo

Juan C. Castagnino

Manuel Angeles Ortiz

López Armesto

Emilio Centurión

Alicia

Pérez Penalba

Manuel Colmeiro

Julia Peyrou

Demetrio Urruchúa
Domingo Viau
Abraham Vigo
Sofía Zarate

La obra de arte no es planta cuya sem illa pueda
ser m ejorada en un laboratorio de genética, dice
Colm eiro. autor del óleo “M ujeres y m ar”.

Hay cuadros que no son más que una parte de
la obra de un pintor, por m uy completa y defini­
tiva que esa parte sea. La tela expuesta en el
Primer Salón de LATITUD fué pintada al año de
llegar a Buenos Aires y tiene relación con otras
sem ejantes; con otras despedidas. Dejé mi país
contra mi voluntad, forzado por una lucha de todos
conocida. Salí precisamente por ese mar que ha­

JEAN

CASSOU

Principios orientadores
a c e r c a d e un r e a l i s m o a c t u a l
A rtistas, vuestro rein o es de este m u n d o !
P o r ésto apelo a vosotros, c o n ten to s y d esco n ten to s,
pero que am áis la vida y sabéis lo que es la luz, y os d ig o : d irig id vu estro s ojos llen o s de p rism as y
vuestros corazones de poetas hacia la re alid a d triu n fa n te , hacia lo real, c arn e y su stan cia d el a rte p o r
nacer.
A n u n c io pues un “n u e v o ” realism o en el arte. C on ésto no su p o n g o de n in g ú n m o d o un re to r­
no al v ie jo realism o. E l arte no p u d o haber pasado im p u n e m e n te po r las e xp erien cia s de los ú ltim o s
ochenta años. R eten d rá seguram ente lo esencial.
L os “realistas” d e l Seg u n d o Im p e rio eran realistas vulgares, a u n q u e contaran con grandes p in ­
tores com o C ourbet. Su realism o era n aturalism o. La naturaleza era su n o r te ; la c o n clu sió n q u e el arte
trataba de alcanzar. Su p apel consistía en copiar a la naturaleza. L os “realistas” de los días d e l F re n ­
te P opular no p odrían ser naturalistas. La naturaleza no es para ellos el b ien y la be lle za suprem as.
P ertenecen a un tie m p o en el cual los h o m b res han e m p re n d id o la tarea de tra n sfo rm a r a la n a tu ra le ­
za. Es d e cir, que la naturaleza sólo les p ro vee los e le m e n to s de su arte, pero q u e ellos tra n sfo rm a n
para que estos ele m e n to s resu lten provechosos al h o m b r e ; desarrollo a rm o n io so d e l h o m b r e d u e ñ o de
la naturaleza. A la ilusión n aturista, fu e n te d e l n a tu ra lism o , q u e p rocede de R ousseau el G in e b rin o ,
im p o n d rá n ¡a realidad. La exp resió n h u m ana en el arte ya no les será dictada p o r las fu erza s d e la
naturaleza, será el resultado de las fuerzas hum anas, y traducirá c o n sc ie n te m e n te , sin los ro d eo s de
antes, a los h o m b re s, no com o detalles d e l paisaje, ni e xistie n d o in d e p e n d ie n te m e n te los unos de los
otros, sino com o d ete rm in a d o s los unos y los otros, po r relaciones sociales. E ste rea lism o dejará de
ser un realism o d o m in a d o por la naturaleza, es d e cir, un naturalism o, para ser un rea lism o , e xp resió n
consciente de las realidades sociales, y parte integrante d e l c o m b a te q u e m o d ifica rá esas realidades.
LOUIS ARAGON

—¿Piensa insistir en estos temas?

LISTA

LOUIS ARAGON

Creo firm em en te en la acción ren ovad ora que
cabe a las escu ela s de v a n g u a rd ia y esp e cia lm en te
al grupo de P arís, con Spilim bergo, B erni, B u tler,
etc., a los que hay que a g reg a r lo s nom bres de
Góm ez Cornet, Sibellino, F a lcin i y otros que s o s ­
tuvieron la a ctitu d n ecesa ria del cu b ism o y la s
n u evas ten dencias fren te a un a m b ien te d efo rm a ­
do por las m alas escu ela s europeas, por el cu a drito “de buen g u sto ” y de tem a cursilón, que aún
exhiben las ga lería s p orteñ as.
Por eso creo oportuno este h om enaje a los
m aestros Pueyrredón, Sívori y M alharro. E llos
encararon n u estro p a isa je y n u estra s co sa s con
un len gu aje nada p recio sista y un co n ten id o lle ­
no de poesía.

—¿Y con respecto a la plástica argentina?
—Creo que la p lá stica a rgen tin a, a p oyán d ose en
esto s tres precursores y en la ren ovación a p o rta ­
da por todas las escu ela s m odernas, cum plida su
etap a de superación, llegará a su verdadero s e n ­
tido, para adquirir el valor u n iv ersa l que co rre s­
ponde a una expresión propia.

Los p intores, fre n te a la fo to g ra fía , adoptaron diversas actitudes. D esp recio p rim e ro , em u la ció n
después y pánico más tarde. V iero n en el aparato foto g rá fico un c o m p e tid o r. L o m ira ro n co m o los o b re ­
ros d e l siglo X IX a las m áquinas. L o h icie ro n responsable de sus desgracias. T rataron de no hacer
lo m ism o que él. E sto c o n stitu y ó su idea d o m in a n te. T a l d e sc o n o cim ien to de una a d q u isic ió n h u m a ­
na, de un in stru m e n to para aum en ta r el cam po d e l c o n o c im ie n to , deb ía n a tu ra lm e n te c o n d u cirlo s a la
negación de los c o n o cim ien to s, es d ecir, a un c o m p o rta m ie n to reaccionario. Q u isie ro n q u e su p in tu ra
representara y significara cada vez m enos. Se d ilu y e ro n en la delecta ció n de la m anera, d e la m ateria.
Se p erd iero n en la abstracción. l\a d a de lo h u m a n o q u e d ó en sus telas. L es sa tisfizo c o n v e rtirse en
dem ostradores de problem as técnicos de la pin tu ra . D eja ro n de p in ta r para los h o m b r e s y solo p in ta n
para los p in to r e s . . .
Las con d icio n es sociales que p e rm itie ro n esta extraña e v o lu c ió n , esta fuga ante la re a lid a d , hacia
cerem onias mágicas y a todo un jueg o de alusiones a la histo ria d e l arte, q u e se lla m ó la “E scuela d e
P arís”, esas con d icio n es ya no e xisten . E m pero, los p in to res, en tre los cuales la in q u ie tu d su e le ser
m u y grande, son lentos en revisar ideas que, es preciso decirlo, son las de toda su vida.
LOUIS ARAGON

El a rtista no es tan sólo un re g istra d o r. Es an te todo un tra n s fo rm a d o r de e n e rg ía ; u n h o m ­
b re que hace uso de cierta “p e rsp ec tiv a ” . No hem os n acido p o r c ie rto p a ra c o m p ila r d ato s acerca de
la existencia de d e te rm in a d a n a tu ra le z a. E v ita r la p in tu ra p u ra p a ra caer en el o tro exceso q u e p o d ría
ser “el espectáculo p o r el esp e ctác u lo ” — es d e cir, el espectácu lo sin c o n clu sió n — y de sp u é s de h a b e r
reg istrad o un aspecto de los fenóm enos re tira rn o s satisfechos, sería re co m en z a r la e x p e rie n c ia n a tu ra ­
lista sin re aliz a r n in g ú n avance. Es preciso a h o n d a r en la idea de que el e sc rito r, com o el a rtista , tie ­
nen el com etido de a ctu a r sobre el m u n d o e x te rio r o so b re el m u n d o sim p le m e n te y tra n s fo rm a rlo .
En ésto radica, de hecho, n u e stra d ig n id a d .
El realista, debe carg ar su obra, hasta hacerla e stallar, con todo el a rsen a l de los se n tim ie n to s,
necesidades y exigencias de la h o ra que vive, que es la suya. C arg arla de cosas claras, si son cla ras
en él. y de cosas no del todo claras, si no p u e d e h acerlo m ejo r. Su fuerza a p u n ta rá , e v id e n te m e n te , en
el tacto con que trate de h a ce r va le r la altísim a tra n sfo rm a c ió n q u e a m b ic io n a . Y sie n d o de esta s u e r­
te actual, será p ro fu n d a m e n te “ c o n fo rm ista ”, en la m e jo r acepción.
JcAN

LURCyAT

E l realism o que exalta el apego d e l h o m b re al h o m b r e y d e l h o m b r e a la naturaleza, parece
haber sido el poderoso fe r m e n to de las grandes épocas. E l artista, p o r solo q u e se e n cu e n tre, si se
siente c o m p ro m etid o en este pacto, p u e d e, desde el in terio r, arrancar a la re a lid a d sus secretos. E l ar­
tista que, po r el contrario, se coloca, por sí m ism o , al m argen, y se c o n fo rm a co n el p a p e l m e n o s p e ­
ligroso de espectador, no tardará en in te rp o n e r en tre él y e l o b je to , la p a ntalla de lo c o n v e n c io n a l.
(sigue a la vuelta)

10

11

�Ya no se nutre de la acum ulación de fu erza v ita l q u e le ofrece el o b je to . E l artista queda so lo ; v iv e
de sus propias reservas; si éstas son considerables, una cultura de in vern a d ero p u e d e hacerlas durar
cierto tie m p o ; si no, es el academ icism o. E l artista q u e ya no considera al o b jeto c o m o su in ev ita b le
com pañero de juego, com o su in evita b le a d v ersa rio ; q u e no lucha con él de igual a igual, se ve o b li­
gado a una usura sin reposición. A sí han m u e rto m uchas épocas. M A R C E E G R O M A IR E .
E xiste en todo estilo una p o sib ilid a d p erm a n e n te de cam bio. E sto es lo qu e d ife re n cia al es­
tilo de la fó rm u la académ ica. Y es p o r lo cual el estilo nada tie n e q u e tem er de un ca m b io social,
m ientras que la fó rm u la académ ica d ebe tem er todo. S in e m bargo , d eb em o s darnos más apasionada­
m ente que nunca a d istin g u ir lo que es e stilo , de lo que es fó rm u la académ ica, y c o n sig u ie n te m e n te
a aligerar nuestra noción de estilo de todo lo q u e , en u n estilo d a d o , es p ro c e d im ie n to . Es preciso
que im ag in em o s, más allá de los p ro c e d im ie n to s qu e c o m p o n en el arte de cada uno de n o so tro s, otra
cosa, que es el estilo m ism o , es decir, la facu lta d qu e posee este arte de adaptarse c o n tin u a m e n te a la
vida. N o deb em o s considerar n uestro arte personal com o un c o n ju n to de p ro c e d im ie n to s q u e cada uno
ha d escubierto y explota para d eterm in a d o s clientes.
N uestro arte no nos p erten ece. ¿S abéis qué es un p ro le ta rio ? Es el h o m b re que no posee m as
que su p ro p ia existencia, de la cual saca sus m edios de existencia. Lo m ism o acontece con el a rtista ,
q u ién sólo saca frutos de su estricta y d esnuda existencia. Es d el e n cu e n tro de esta ex istencia, de este
destino, con la re alid a d actuante, que extrae sus obras. Lo que p ro d u jo una vez ya no le p e rte n ec e , en
cuanto esta obra expresa una re la ció n que no volverá a re p re se n tarse.
P ero el a rtista se com porta com o un p ro p ie ta rio cuando considera, no ya su arte, sino los p ro c e ­
d im ientos de su arte, com o in venciones p a ten tad as, d eb id as solam ente a su genio, las que seg u irá ex ­
plo tan d o d u ra n te toda su vida. E ntonces se le plan tea n a tu ra lm e n te la c uestión de sab er si estos p ro c e ­
d im ientos serán del gusto de los nuevos clientes. E l a rtista que se conduce com o un p ro p ie ta rio , es el
académ ico, el artista que solo m ira a los p ro c ed im ie n to s de su arte.
P ero el a rtista autén tico que piensa, no ya en térm in o s de p ro c ed im ie n to s, sino en té rm in o s de
estilo, sabe que, según la fam osa e in m o rta l d efin ició n de n u e stro X Y III9 siglo h u m an ista , el estilo es
el h o m b re. P o r encim a de los p ro c ed im ie n to s de n u e stro arte, está la vida de éste, las p o sib ilid a d e s
de tran sfo rm a ció n del a rte en carn ad as en las p o sib ilid a d es de tran sfo rm a c ió n del a rtista , e n c a rn ad a s
en el ho m b re, el h o m b re estricto, d esnudo, que acepta a le g rem e n te las tran sfo rm a cio n e s de la re a li­
d a d . La re alid a d cam bia, el m undo se m ueve, u n univ erso nuevo está p o r n acer. E l h o m b re tam b ié n
cam biará, y con él el arte, y al c am b iar cum ple su fu n ció n esencial que es la de c am b iar c o n stan te ­
m ente. Esto no se h ará p o r d ecretos e x terio res. Esto no “ p u e d e h a ce rse ” p o r de cre to s e x te rio re s.
P e ro son los artistas en p resen cia de una re alid a d nueva, que su stitu y e a una re a lid a d cad u ca,
quienes e n co n tra rá n en la p ro p ia conciencia razones m ás claras p a ra d e sp re n d e rse de las fó rm u la s gas­
tadas, con el fin de ex p resar un nuevo acu erd o del h o m b re con los h o m b res y del h o m b re con el u n i­

Pablo Picasso en la actualidad.

PABLO PICASSO
EN UNA
NUEVA ETAPA

verso.

Pablo Picasso, el artista más celoso de su
libertad, de la libertad de expresión, ha expues­
to a un diario de los EE. UU. las razones de su
reciente ingreso a la política m ilitante, como
afiliado al partido francés que luchó con más
bravura contra el invasor. “Mi ingreso, ha
dicho, constituye un paso lógico en mi vida y
en mi trabajo, paso que da a éstos su signifi­
cación. Mediante el dibujo y el color he tra ta ­
do de lograr un conocimiento más profundo
del mundo y de los hombres, a fin de que este
conocimiento sirva a liberarnos. Siempre he
expresado , a mi manera, lo que consideraba
más verdadero, más justo y mejor y era por
lo tanto más bello; pero durante la opresión
y la insurrección advertí que ésto no era bas­
tante; que debía luchar no sólo con mis pince­
les, sino con todo mi ser. Una inocencia pecu­
liar, me había impedido antes compréndelo así”.
A clara luego que se afilió a ese partido
porque “se esfuerza más que cualquier otro
por conocer y por edificar al mundo, convir­
tiendo a los hombres en pensadores más claros,
más libres y más felices”. Y term in a con esta
lúcida afirm ación de valores hum anos: “Jam ás
me he sentido más libre ni más completo que
desde que ingresé. M ientras espero el momento
en que mí país pueda acogerme de nuevo, ese
partido de F rancia será para mí una patria.
En él me he reunido de nuevo con todos mis
amigos —los grandes hombres de ciencia Paul
Langevin y F rederik Joliot-Curie, los grandes
escritores Louis Aragón y Paul E louard— y
tantos bellos rostros de los insurgentes de
París. De nuevo vuelvo a encontrarm e entre
mis herm anos”.
(•) El gobierno de Francia acaba de informar
que Pablo Picasso, por sugestión del General De Gaulle, se incorporará al ejército
para realizar. como primera misión, pintu­

ras de la guerra.
L F.

A d vertid com o el arte se re tra e, se co n tra e en sí m ism o, se reh ú sa y re b ela, com o niega, p e ro
com o en esta m ism a negación reside la prom esa de su a m o r al h o m b re y de su re co n c ilia c ió n p o sitiv a
con un m undo m ejo r. Basta a d q u irir conciencia de este d o b le m o v im ien to p ara e sp e ra r el p o rv e n ir con
confianza, y no solam ente esp e ra rlo , sino d e se a rlo ; m ás aú n q u e re rlo , y no q u e re rlo so lam en te, sino
p a rticip a n d o para ello desde ya con toda n u e stra en erg ía c re a d o ra ; con esta fa cu lta d que re sid e en n o s­
otros, artistas, esta m aravillosa facultad, este m aravilloso p riv ile g io de re ju v e n e c e r c o n stan tem e n te en
nosotros la presencia del m undo.
U na nueva sociedad, una nueva c o m u n id a d se form a, en la cual debem os e n tr a r ; al m ism o tie m ­
po que una nueva re alid a d se form a, de la cual es p reciso to m a r conciencia. U n nuev o a cu e rd o va
a p ro d u c irse e n tre nosotros y el m u n d o . El m u n d o , p o r v uestro in te rm e d io , p ro d u c irá u n a e x p re sió n
nueva. Esto, h a b rá que p ro p o n é rselo . El a rte p o r v e n ir no d e p en d e de dogm as e x te rio re s ; d e p e n d e de
vosotros. La lib e rta d y la o b lig ació n artísticas d e m añana serán vu e stra lib e rta d y v u estra o b lig a ­
ción. De vuestra u n ió n y de vuestra v o lu n ta d de p a rtic ip a r en la nueva vida, d e p en d e el e m b e lle c i­
m iento de ésta, su p ro g ram a c onstructivo, su fuerza y la fu n ció n de in g en ie ro s de las fo rm as q u e a su ­
m iréis en ella.
JEAN CASSOU

•

Viaja

E xtractado de “L a Q u e re lle d u R é a lism e ”, p o r L . F .

a México e l . p i n t o r

uruguayo

Berdía

Entrevistado por L atitud , Berdía form ula las siguientes declaraciones:
“Voy a México, a estudiar el m ovim iento artístico que la historia del arte
moderno califica con el nom bre de renacim iento m ejicano. Creo que, en lo
que va del siglo, después de la acción depuradora de las búsquedas y de los
nobles ferm entos de la Escuela de París, aquél es el m ovim iento artístico de
conjunto más im portante del mundo.
Su proyección sobre el arte de toda Am érica se hace sentir con eficiencia,
y estoy seguro de encontrar, en la obra de los m aestros m ejicanos, la ruta más
segura para m i labor.
Observemos que son los prim eros que han provocado la curiosidad, y luego
la admiración y el estudio, por parte de la alta critica europea, sobre la
expresión plástica de un pueblo americano; adm iración conquistada por una
obra en la que inciden la potencia y grandiosa vitalidad de la revolución
m ejicana y la acción conjugada —y no individual — de poten tes personalidades
que, como en todas las grandes épocas, han sido el m ejor eco de un alto ideal
fundam entado en una aspiración colectiva.
Observemos que la grandeza de esa obra se afirma, al partir de la trem enda
sencillez de una emoción para llegar a la estructura sinfónica total, arqu itecturada al servicio de une idea. Partiendo de una realidad local, ellos llegan
a lo universal; usando una expresión nacional, llegan a la universalidad, por
su emoción y contenido.
Y creo que es bien válido destacar, en este m om ento, cuán definida fué
la posición que ellos tomaron en esa hora de lucha, de tanta trascendencia
para la historia de Méjico.
Intentaré aprender de ellos la com pleta eficiencia técnica con que se
expresan en la pintura mural, tratando a m i re to m o de poner esa técnica
bajo el m andato de m i pueblo, en el afán de cum plir tan alto destino como
el que ellos cum plen.
12

NORBERTO BERDIA

�M APA CONTINENTAL
Dirige
NORBERTO FRONTINI

Sobre i nsurrecci ones de esclavos en el B r a s i l

A rtu ro R am os — psiq u ia tra
m édico
legisla brasileño — nació en Alagóos y p a ­
só su infancia ju n to a las poblacion es ne­
gras de los ingenios d e azúcar. Fue d iscí­
pu lo d e N ina R odrígu ez, el in iciador d e
los estudios de an tropología negra en e l
Brasil. C ontinuador de los trabajos d e és­
te, A rtu ro R am os es h o y la más alta au to­
ridad brasileña en dich a ciencia y sus in ­
vestigaciones han sido y son d e una sin­
gularísim a im portan cia en un país que co­
m o el B rasil cuenta con casi 6 m illones
ab o lició n , h ubo q u ilo m b o la s, que h u ía n a isla d a ­
de negros en tre 40 que form an la población
m ente, enzarzándose en las selvas u o rg a n iz án d o ­
total. Sus obras más destacadas son: “E l
se en grupos, en q u ilo m b o s y que re accio n ab an con
N egro
B rasileño”(h a y traducción españo­
violencia a la c ap tu ra.
la de reciente d a ta ), “E l F olklore negro
siglo X V II, en el p e río d o que va desde
del B rasil”, “
Las culturas negras d eEn
l Nelu e­
1630 a 1697, los negros esclavos del N o rd este b ra ­
vo M undo” y “La aculturación negra en el
sileño conseguían h u ir y se org an izab an en aldeas
B rasiV \ de don d e se ha ex tra íd o el p r e ­ ( q u ilo m b o s) de los cuales el m ás c éleb re fué P a l­
m ares, en A lagóas.
sente trabajo (V o l. 224 Ed. B rasiliana. San
Pablo, 1942; pgs. 131/140).
P e ro no fué sólo P alm ares. E n 1650, los escla­

UN E S T ADO NEGRO
EN EL SI GLO XVI I

H a sido un e rro r la afirm ació n re p etid a p o r
h isto riad o res y sociólogos b rasileñ o s de que el
negro, a diferencia del indio, fue en el B rasil un
elem ento pasivo y resignado al régim en de es­
clavitud y de que había sido ésta la causa de la
sustitución de la esclavitud in d ia p o r la african a.
Según aquellos h isto ria d o res, el in d io se resistió
v iolentam ente a la esclavitud, huyendo hacia las
selvas, al paso que el negro africano, h u m ild e y
dócil, dejóse cap tu rar, som etiéndose sin pro testas
al trab ajo esclavo.
Es ésta una p erspectiva que la lección de la so­
ciología y de la h isto ria d esm iente de m odo cate­
górico. La an tro p o lo g ía c u ltu ral nos m uestra que
la adaptación del negro a los trab a jo s agrícolas,
en el B rasil, fué una consecuencia de la coinci­
dencia de regím enes. El ind io fué un m agnífico
esclavo antes de la fijació n ag raria que lo iba a
arra n c ar de su sistem a c u ltu ral. A l pasar del n o ­
m adism o al trab a jo sed en tario , el in d io fracasó.
En cam bio el negro se adaptó m arav illo sam en te a
la faena agrícola com o consecuencia de su estado
de cu ltu ra, su p e rio r al del in d io .

vos de R ío de Ja n e iro se o rg a n iz aro n en q u ilo m ­
bos que d iero n m ucho tra b a jo a las a u to rid ad e s
policiales, h a b ie n d o sido p o r fin d e stru id o s p o r
el cap itán M anuel Jo rd á n da Silva.
En el N o rd este, se fo rm aro n varios p o r el m o ­
delo del de P alm ares. De estos q u ilo m b o s secu n ­
darios, el m ás im p o rta n te fué el de C um be, en
P a ra ib a , hoy usina Santa Cruz. D espués de la des­
tru cc ió n de P alm ares, varios negros h u id o s de a llí
se re u n ie ro n con otros de P a ra ib a y fo rm aro n un
la zona de la p lan ic ie aquel a g u errid o q u ilo m b o .
En v irtu d de carta regia este q u ilo m b o re cib ió o r­
den de d estru cció n en 1731. U na p rim e ra ex p e­
dición de cu aren ta ho m b res arm ados, b ajo el co­
m ando de Je ró n im o de M acedo, fué d e rro ta d a. El
q u ilo m b o se to rn ó tem ib le. S olam ente después,
pu d o Ju a n T avares de C astro, en una exp ed ició n
de esclavos y m ercen ario s, d e stru ir el q u ilo m b o
de C um be.

La experiencia histó rica nos m uestra, p o r otra
parte, que el negro no fué en absoluto ese tip o
dócil, lleno de sum isión e incapaz de reaccio n ar.
Es verdad que el tipo del P a d re Ju a n , m anso y
hum ilde, pasa m uchas veces d elan te de n u estro s
o jo s; pero ésta no es la regla.

La frecuencia de esta fuga de esclavos y la fo r­
m ación de los q u ilo m b o s o rig in ó enérgica reac­
ción p o r p a rte del R eino de P o rtu g a l. O rdenes
regias y A lbalás sucesivas d e te rm in a ro n las m ed i­
das a to m a r: m arc ar a fuego con la letra F (fu ­
gado) y el corte de una o re ja , si re in c id ía , al n e ­
gro h u id o que fuese cap tu rad o , castigo de azotes,
etc., a p arte de las p ro v id en c ia s que, p o r su p ro ­
pia cuenta, tom aban los señores, com o el castigo
de las novenas y trezenas que consistían en azo­
tainas a los esclavos que d u ra b a n nueve o trece
días seguidos.

El negro, no obstante ser m ás capaz que el in d io
en el trab a jo agrícola, se resistió a veces v io le n ­
tam ente al régim en de esclavitud. F ué b u en tra ­
b a ja d o r y no obstante m al esclavo. Los cuatro
siglos del régim en esclavista nos m uestra sus re ­
beldías y revueltas tanto en el B rasil com o en las
otras partes de A m érica. D esde las fugas hasta
el suicidio. D esde la fuga in d iv id u a l hasta los
grandes m ovim ientos de in su rrecció n colectiva. E n
estos m ovim ientos se destacaron sus c ualidades de
gobierno y de organización, el ím petu del com bate
y los sentim ientos de afirm ación de la d ig n id a d
personal.

No o bstante los q u ilo m b o s no d ism in u ía n . E s­
tab a n co n stitu id o s p o r negros, h u id o s de los tra ­
bajo s de las m inas y de las fazendas, que se es­
tab le ciero n en los sertones del oeste y al su r de
Sapucal. V arias com itivas fu e ro n o rganizadas p a ra
c o m b atirlo s y fu ero n destrozadas. Los negros h a ­
b ían o rganizado un servicio perfecto de v ig ila n ­
cia con espías en las calles, en las aldeas y villas.
V iv ían del com ercio con oro, pieles y otros gé­
neros que v e ndían p o r sus agentes secretos, o cam ­
b iab a n m un icio n es y géneros alim en ticio s. P u d ie ­
ro n así re sistir p o r m ucho tiem po, hasta las d eci­
sivas cam pañas d irig id a s p o r B arto lo m eu B ueno.

Ya en los p rim e ro s tiem pos de la esclavitud,
eran frecuentes las fugas de esclavos. Los escla­
vos huidos denom inados q u ilo m b o la s, re u n ía n se
m uchas veces en agrupaciones organizadas, lla m a ­
das q u ilo m b o s O ) . Estos m ovim ientos fu e ro n
más intensos en el siglo X V II, cuando o c u rrió la
form ación de la célebre rep ú b lica de P alm ares, y
en el siglo X IX , con los m ovim ientos de guerra
santa de los M alés, en B ahía.

Los q u ilo m b o s de P a lm a res siem p re m e re cie ro n
un estudio especial de n u estro s h isto ria d o re s y so­
ciólogos. P alm ares fué la p rim e ra gran epopeya
que los negros e sc rib iero n en el B rasil. No fué u n
sim ple q u ilo m b o com o los otros. P alm ares pasó a
la h isto ria b ra sile ñ a com o una gran ten tativ a negra
de organización de E stado. Un E stado con tra ­
diciones african as d e n tro del B rasil. F ué una d es­
esp erad a reacción co n tra la disgregación c u ltu ra l
que el africano sufrió con el régim en de la escla­
vitu d . Algo sem ejan te al fenóm eno de la Guayana holandesa, con las fugas de esclavos a p rin c i­
pios d el siglo X V III.

Desde los p rim e ro s tiem pos del tráfico, los s e ­
ñores q u ejábanse de las rep etid as fugas de los n e ­
gros y a pelaron a los po d eres p úblicos y después
a los servicios del capitán de cam po y a los a n u n ­
cios en la pren sa, para que fuesen cap tu rad o s los
negros huidos. D u ran te cuatro siglos, hasta la

por ARTU RO RAM OS

r

La R e p ú b lic a de los P a lm a res fué un E stado
N egro que los esclavos fu n d a ro n en el B rasil en

El esclavo Isidoro encadenado (dibujo de un artista popular
alagoana

de 1888).

plen o siglo X V II. L o calizado en el N o rd e ste b r a ­
sileño, en el cen tro d el a ctu al estado de A lagóas,
P a lm a res se e x te n d ió de 1630 a 1697. D u ró p o r
lo tan to , esta e x tra o rd in a ria em presa, m ás de m e­
dio siglo. F ué tan in c re íb le , que la c rónica de P a l­
m ares to davía hoy se h a lla e n v u elta en un espeso
velo de leyenda.
La m ayoría de los h isto ria d o re s señala el año
1630 com o el de in ic iac ió n de los q u ilo m b o s qu e
ib an a c o n stitu ir P a lm a res. Mas todo in d u ce a
c ree r que las fugas de los negros esclavos de a q u e ­
lla reg ió n veníanse p ro d u c ie n d o desde fechas m uy
a n te rio re s. H u id o s de las c iu d ad es y de los in g e ­
nios, los negros se in te rn a b a n en las selvas de A la ­
góas, en el valle del río M u n d aú , com o p ru e b a n
docu m en to s de p rin c ip io s de siglo X V II.
La inv asió n de los ho lan d eses en P e rn a m b u c o y
las luchas que sig u iero n p ara la e x p u lsió n de los
invasores d ie ro n a los negros una m agnífica o p o r­
tu n id a d de o rg a n iz ar sus q u ilo m b o s. Lo» c ro n is­
tas del d o m in io h o lan d é s en el B rasil y e sp e c ia l­
m ente G aspar B arleo, re fié ren se a los q u ilo m b o s

�/

\

de P a lm a res y a la e x p ed ició n victoriosa llevada
a cabo p o r R od o lfo B aro, en 1644. Estos q u ilo m ­
bos e stab an situ ad o s pró x im o s al lu g ar d onde hoy
está la c iu d ad alagoana de P u e rto Calvo. E staban
d iv id id o s en p equeíios y grandes palm ares, n o m ­
b re que se debe a la gran a b u n d an c ia de p alm eras
(p a lm ae ) ex istentes en la selva de A lagóas.
N ina R o d ríg u ez, uno de los m ás com pletos h is­
to ria d o re s de P alm ares, d istin g u ió allí tres fases:
la del P a lm a res h o lan d és, d e stru id o en 1644 p o r
B a ro ; la del P a lm a res de la re stau ra ció n pernam b u c an a (1674) y la del P a lm a res term in al, d e stru i­
do d e fin itiv a m e n te en 1697.
Es im p o sib le , sin em bargo, d e sig n ar p e río d o s
d istin to s y n ítid a m e n te d e lim ita d o s a los q u ilo m ­
bos de los P alm ares. P arece c o n stitu ir un ciclo
de activ id ad es, con una serie de q u ilo m b o s, su ­
cesivam ente d e stru id o s y re stau ra d o s, con p e río ­
dos altei nados de decadencia y de esp len d o r.
P a lm a re s no sólo asom bra p o r el v alo r m ilita r
que re v elaro n los líd e res negros, sino tam b ién p o r
el e je m p lo de o rg an izació n p o lítica y económ ica
que o freció este v e rd ad e ro E stado N egro, en el
B rasil, en p len o siglo X V II. C o n stitu id o al p r in ­
cip io p o r esclavos h u id o s de los ing en io s y de las
ciu d ad es ( q u ilo m b o la s) se fué tran sfo rm a n d o en
q u ilo m b o s, o ciu d ad es negras, un id o s e n tre sí p o r
lazos de so lid a rid a d p o lítica y m ilita r. Los negros
que h u ía n de los ing en io s e n c o n tra b a n a brigo y
p ro tec ció n en los q u ilo m b o s. Con el tiem po d e ­
b ie ro n los negros ro b a r las m u je res de que c are ­
cían, v e rd a d e ro ra p to de las Sabinas, com o d e sta ­
c aro n los h isto ria d o re s. P a lm a res llegó a te n e r
una p o b lac ió n de 20.000 alm as.
La o rg an izació n económ ica era p erfecta. Los
neg ro s m an te n ía n re lacio n es com erciales con los
h a b ita n te s de las v illas vecinas llev an d o los p ro ­
du cto s de su tra b a jo , caña, b a n an a , frijo l, etc., y
c am b ián d o lo s p o r los a rtíc u lo s que necesitaban,
com o tejid o s, in stru m e n to s, arm as y m uniciones.
Los negros e ran re cib id o s sin desconfianza y los
neg o cian tes a te stig u ab a n la p ro b id a d de su com ­
p o rta m ie n to . C uando la lu ch a se desen cad en ó c o n ­
tra ellos to rn á ro n s e p reca v id o s y en v ia ro n agentes
secretos qu e c o n tin u a ro n siendo los in te rm e d ia ­
rios de sus negocios.

equivalente a aldea o ciudad o Estado, rebeldes en
épocas de esclavitud, pasa a nom brar los hacina­
m ientos de negros en barracones de estancias del
Brasil sureño y del Uruguay, en épocas posteriores
a la abolición de aquélla. Hace algunos años, un
escribano de M ontevideo, al inquirir en infolios no­
tariales el rumbo histórico de un título de dominio,
observó que en algunos testam entos se instituían,
a hijas o sobrinas, l e g a d o s de t i e r r a s “con el
quilombo sito en ellas”. La natural sorpresa del
escribano desprevenido se disipó, luego de com pro­
bar que los tales eran barracas de negros, segura­
m ente ex esclavos o evadidos del Brasil, transfe­
ridos con la herencia, como cosa cualquiera. El dato
com prueba la existencia de quilombos en la otra
banda y justifica, por las razones que se dan en
seguida, la otra significación, o sea la que resulta de
su referencia a los hacinamientos de blancas en
burdeles, luego de aclimatada en nuestros pzises, a
fines del siglo XIX, la trata de las mismas. En el
tránsito de la segunda a la tercera significación ha
intervenido, decididam ente, la bullanga o alboroto
más o menos común de los negros o blancos haci­
nados. Los negros han sido —felizm ente — gentes
de entusiasmados bailes y de cantos a todo pulmón.
Los “candom blés, o macumbas, o xangós o catim bós”
en el “terreiro”, los batuques, las zambas, etc., y el
decorado a veces histérico de contorsiones y vocin­
glerías que los envuelve, han debido provocar en los
blancos establecidos en la otra banda —sobre todo
a los nuevos blancos de la inmigración — exclam a­
ciones de sentido peyorativo (todavía en el Uruguay
suele decirse de embarullados sitios o de líos m uy
enredados, que son “quilombos de negros”). A fines
del siglo XIX y a principios del que corre, en épocas
en que las regiones platenses fueron invadidas por
la inmigración europea y cuando entre la ciudad y
el campo no existía la solución de continuidad que
es el arrabal, que después se les interpone —los

P

L

A

S

T

I

C

A

muchachos porteños y los montevideanos solían fre­
cuentar los burdeles metiendo escándalos, incitantes
de la peripecia que le va a ocurrir a la palabra —.
A propósito de la bullanga de los negros he oído a
más de un abuelo porteño esta rememoración: por
el año 80 solía llegar al centro actual de la ciudad,
en los atardeceres de verano, el gangoso tan-tan de
los “candombes”, venido desde las orillas (entonces
muy cercanas a ese centro) como testimonio de la
emocionada y alegre existencia de sus habitantes
de color. Y a propósito de cómo fué naciendo el
tango en Buenos Aires —fenómeno probablemente
parejo al de Montevideo — solia contarme nuestro
tan fraternalm ente querido y recordado poeta Mi­
guel A. Camino, que a principios de siglo y a falta
de teatros, cines, deportes, etc., los muchachos por­
teños —con alguno que hacía punta por sus viajes
a París y su cultura musical— se reunían en patotas
para invadir, en sábados y domingos, los burdeles
de la ciudad, que así quedaban colmados y clausura­
dos para parroquianos extraños a aquéllas. La m u­
chachada, a la vez que dedicada a sensualidades ele
baile, bebidas y otros entretenim ientos, inciaba los
pininos rítmicos de nuestro tango. Nada más natu­
ral que terminasen los susodichos encierros burdelescos en escándalos de marca m ayor. Peringundines
o academias o lupanares, de la otra banda o de ésta,
de sem ejante abolengo escandaloso, encontraron al
final la enjundiosa y apropiada palabra —con nueva
resonancia espiritual — para denominarlos. La sim i­
litud de la apariencia ruidosa fué el incentivo de la
nueva significación y mientras el “quilombo” negro
quedaba como sim ple noticia escrita en papelotes de
escribanía y administración, el blanco, de parecido
bullicioso escenario, adquiría nueva y desagradable
fisonomía social en las regiones que bañan las aguas
del Río de la Plata.
(Traducción del portu­
gués y notas de N .A .F .)

P

E

R

U

A

N

A

JULIA CODESIDO nació en Lima, recibió allí su primera instrucción en la Escuela Nacional de Bellas Artes, y posteriormente
fué miembro de su Facultad, posición que ocupa hasta ahora. Lima fué el lugar de su pr.mera exhibición, llevada a
cabo en 1932. Cuando expuso en el Palacio de Bellas Artes, ciudad de México, tres cños después, los críticos manifes­
taron gran entusiasmo. Al año siguiente, cuarenta pinturas y diez grabados en madera fueron presentados en Nueva
York. Su obra ha sido también expuesta en San Francisco y Santa Bárbara, California.

H a b ía o rd e n en los q u ilo m b o s y todos e ran go­
b e rn a d o s p o r un rey electivo. De a q u í que el h is­
to ria d o r R ocha P itta com parase a P alm ares con
una “ re p ú b lic a rú stica , b ien o rd e n ad a a su m o­
d o ” . M e jo r sería lla m a rla “ m o n arq u ía e le ctiv a ”
com o lo hizo A yres de Casal.
S u b o rd in a d o s al rey, o Z a m b i, estab an los ca­
p ita n e s, sus e je cu to re s de ó rd en es. Estos eran
escogidos e n tre los jefes m ilita re s m ás valien tes
y capaces. La u n id a d p o lítica y social era el q u i­
lo m b o , re u n ió n de p e q u eñ a s h a b ita cio n es o mocam bos c o n stru id o s en un re cin to fo rtifica d o , de
cerco de p alo a p iq u e, v e rd a d e ra m u ra lla de g ru e ­
sos tro n co s, a veces disp u esto s en tres órd en es de
cerco, te n ie n d o en la p a rte in te rn a y en la e x te r­
na, a nchos y p ro fu n d o s fosos, en cuyo lecho h a ­
bía m ad e ras de p u n tas agudas. D e n tro de este
re c in to los m o ca m b o s se d isp o n ía n en calles ir r e ­
gulares. La h a b ita c ió n d el rey era sie m p re una
casa m ay o r q u e las o tras y servía ta m b ié n de casa
de c onsejo y de c u artel.
El Z a m b i ten ía su g u a rd ia p e rso n al, m in istro s
y poseía m uchas m u je re s y esclavos. Sus súbditos
ío v e n era b an , le o b e d ec ía n c iegam ente y solo le
h a b la b a n de ro d illa s.
E n esta “ re p ú b lic a ” d esenvolvióse un código m o­
ra l elev ad o . El e sp íritu de d isc ip lin a era a b so lu ­
to. In stitu y e ro n trib u n a le s de alta ju stic ia p a ra los
casos que p asa b an de com unes. El h o m ic id io , el
a d u lte rio , el ro b o , la d e serció n , e ra n castigados
con la p e n a de m u e rte .
L os usos y c o stu m b re s de los q u ilo m b o s de los
P a lm a re s c o p ia b an las o rg an izacio n es africanas,
de o rig e n bantú, p e ro con las m od ificacio n es in ­
tro d u c id a s p o r los h á b ito s a p re n d id o s en el N u e ­
vo M un d o . D e sg ra cia d am en te no se ha lo g rad o
h a c e r un e stu d io d e ta lla d o de la o rg an izació n de
los P a lm a re s. Solo d isp o n e m o s de alg u n o s datos
a trav és de los re la to s de los cro n istas ) e x p e d i­
c io n a rio s de la época. C on to d o , lo que los escla­
vos b ra sile ñ o s o rg a n iz a ro n en el siglo X \ II fué
re a lm e n te un E stado N egro, h a b ie n d o con ello
e v id e n cia d o la c ap acid ad de lid e ra n za , de a d m i­
n istra c ió n , de táctica m ilita r, de e sp íritu asocia­
tivo, de o rg a n iz ac ió n económ ica y de co n stitu c ió n
le g i s l a ti v a ... d el N egro B ra sile ñ o . 1
1) Esta palabra ha seguido un curioso itinerario
sem ántico desde su noble sentido afro-brasileño has­
ta el peyo ra tivo actual ríoplatense. No es difícil,
em pero, conjeturar su transición. De significación
14

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p a ís y a que sea una b e lla re a lid a d , en

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VENTA

E N TO D AS

LA S , DUEÑAS

retratos

L IB R E R IA S

s a de r ma n
de

er

E D I T O R I A L NOVA
Av. DE MAYO 878 -

U .T . 34-8698

-

BUENOS AIRES

I a v a I I e 547

u.

t.

3 1 - 4579

�¿P O R Q U E

no p u e d o e o n se t/u ir t e l é f o n o a h o r u ?

En estos m om entos, q u izá s m ás que en c u a l­
q u ier otra ép oca, nos se ría sum am e n te g rato
p ro p o rcio n ar se rvicio telefónico a toda p e r­
sona que lo so licite, pues una de las p rin c i­
pales fin a lid a d e s que p ersegu im o s es poner
este m oderno elem ento de co m u n icació n al
alcan ce de todos. Las d ific u lta d e s o rig in a d a s
por la g u e rra im p id en , por la fa lta de e q u i­
pos in d isp e n sa b les, cu m p lir ese propósito en
la m ed id a de nuestros deseos y s a tis fa c e r en
fo rm a n orm al los pedidos que se nos h a g a n .
N uestras in sta lacio n e s están re c a rg a d a s al
m á xim o . A d q u irim o s todos los m a te ria le s p a ­
ra te le fo n ía que la p u ja n te in d u stria n a cio n a l
puede b rin d a rn o s, pero éstos no b astan p a ra
reso lve r nuestro p ro b le m a , a g ra v a d o por la
circu n sta n cia de que aú n no se m a n u fa c tu ra n
en el p aís d iverso s e q u ip o s, entre otros, los
au to m ático s.
Por las cau sas s e ñ a la d a s , sólo estam os en co n­
diciones de d a r curso a un núm ero lim ita d o
de so licitu des, dep end iend o en g ran p arte la
in sta lació n de nuevos teléfonos de las v a c a n ­
tes que se v a n o rig in a n d o en las lín e a s , cab le s
o co nm u tado res, a m ed id a que los ab o n ad o s
can cela n su se rv icio . N atu ra lm e n te , estam os
o b lig ad o s a d a r p refe ren te atención a los p e ­
didos del go b ierno p a ra p ro v e e r los s e rv i­
cios necesario s a la d e fe n sa n a c io n a l, se g u ­
rid a d y salu d p ú b lic a .

Si usted está a la espera de turno para conseguir teléfono,
tenga la certeza de que su pedido merece nuestra mayor y
mejor atención, y que apreciamos debidamente cuanto nece­
sita este servicio, que confiamos poder facilitarle en la prime­
ra oportunidad, lamentando no poder hacerlo de inmediato.

U N I O N

T E L E F O N I

C A

N ovedades
FEDERICO GARCIA LORCA

DEODORO ROCA

LA CA SA DE B E R N A R D A A LB A

................................ S 1.50

O bra postum a del genial poeta español, que después de creerse
perd id a d u ran te varios años, acaba de e stren a r con éxito clam o­
roso la em inente actriz M argarita X irgu.

LA S O B R A S Y LOS D I A S ...................................................... S 4.—
Una reco p ilació n de las m ejo res páginas en h o m en a je a un e sp í­
ritu de excepcional calidad, e je m p lo in te lec tu a l y cívico, una de
las figuras pro ceres de nu estro país.

ANDRE MAUROIS

F. GINER DE LOS RIOS

H IST O R IA DE LOS E STAD O S UNIDOS
Tomo II (1829A 940) ...........................................................

E N SA Y O S SO B R E E D U C A C I O N .................................... $ 5.—
$

5 .—

La vida política y social de N o rteam érica, desde 1829 hasta el día,
n arrad a con la destreza y la am enidad excepcionales que tantos
éxitos han valido a A ndré M aurois.

SIGMUN FREUD

M OISES Y LA R E L IG IO N M O N O T E IST A . . . .

S 2 .—

En esta obra, aparecida poco después de la m uerte del em inente
hom bre de ciencia, se psicoanaliza con agudeza el antisem itism o.

SWAMI VIJOYANANDA

LA C IV IL IZ A C IO N M O D ERN A

...................................... $ 3 .5 0

Una prestigiosa figura de la in telectu alid ad h in d ú analiza en esta
obra los tiem pos actuales.

ISIDORO SAGUES

M AL DE CIU D A D

.........................................................................

$ 4 .—

Una novela genuinam ente a rgentina donde se describen con gran
relieve características del vivir u rbano hasta ahora poco tra ta ­
das p o r nuestros novelistas.

La obra esencial del gran e d u ca d o r, re n o v ad o r de la c u ltu ra h is­
pánica.

JULIAN HUXLEY

EL IN D IV ID U O E N EL R E IN O A N IM A L . . . . S 4.—
D el in d iv id u o a la p ersona. Las vicisitudes de una a sp irac ió n que
va cum p lién d o se desde la célula al e sp íritu .

GEORGES DUHAMEL

D IA R IO D E UN A S P IR A N T E A S A N T O ............ S 1.50
A gotada esta novela en su p rim e ra edición, la in co rp o ra m o s hoy
a n uestra B iblioteca C on tem p o rán ea a fin de h acer lle g a r esta
obra o rig in al a un m ayor n ú m ero de lectores.

ANDRE LALANDE

L A S T E O R IA S D E LA IN D U C C IO N Y LA
E X P E R IM E N T A C IO N ............................................................ S 5.—
Los orígenes del m étodo e x p erim e n tal, la in d u cc ió n b a co n ian a , el
d esarro llo de la h ipótesis com o c o n je tu ra , los p rin c ip io s y el fu n ­
dam ento de la inducción.

E D IT O R IA L LO SA D A S .A .
A L S I N A 113 1
BUENOS AIRES
Argentina

M IT R E

991

R O S A R I O

COLONIA 1060
M O N T E V I D E O
Uruguay

Av. O'HIGGINS 253
SANTIAGO DE CHILE
Chile

�C I N E
O ír i ge
IIOK

ICIO

Un retrato, cuatro notas y unas declaraciones de
R I T M O

E l suelo deslizándose bajo un “ capot*' de a u to ­
m óvil. Dos puños tendidos. U na boca que grita.
A rboles engullidos uno tras otro p o r las fauces
de la p antalla.
La velocidad del pensam iento rivaliza con la
sucesión de im ágenes. P ero se atrasa y, vencido,
el pensam iento se entrega a la sorpresa. Se a b an ­
dona. La pantalla, nuevo m irar, se im pone fren te
a nuestro m ira r pasivo. Es en este in stan te que
el ritm o puede nacer.
Se ha dicho “ritm o ” y nos hem os dado p o r sa­
tisfechos. Se descubre un valor rítm ico en todos
los film s, con algo de com placencia. Y parece, no
obstante, que de este valor, el orbe film ado está
notablem ente desprovisto. N ada más in co h e ren te
que el “m ovim iento in te rio r” de la m ayor p a rte
de los film s. La in fo rm id ad de esa m asa de im á ­
genes sería desconcertante si no supiéram os que
esta últim a se e ncuentra en la época de caos. A
veces, una esperanza. T res breves llam adas de ta m ­
bor. El cuerpo del espectador p ro n tam en te se em o ­
ciona. A legría dem asiado breve. El to rre n te de
visiones continúa ch o rrean d o b lan d a m en te e n tre
los engranajes de acero bien regulados.
D efin ició n general d el ritm o : La últim a parece
ser la del P ro feso r S onnenshein. El ritm o sería
“ una serie de acontecim ientos en el tiem po, que
p roduce en el e sp íritu que la capta una im p resió n
de p ro p o rció n en tre los tiem pos de d u ració n de
los acontecim ientos o de los grupos de aco n teci­
m ientos que com ponen la se rie ”. Sea. P ero , en la
p antalla, la serie de acontecim ientos se p ro d u ce
en el tiem po y en el espacio. H ay que te n e r en
cuenta el espacio. La calidad sentim ental de cada
acontecim iento dá a su duració n m en su rab le un
valor rítm ico com pletam ente relativo. No nos a p re ­
surem os para d e fin ir la naturaleza del ritm o c in e ­
m atográfico. A bram os los ojos.
Yo pensaba, hace tiem po, antes de in clin arm e so­
bre la mesa lum inosa donde se unen las im ágenes,
que sería fácil darle al film ritm os regulares. D is­
tinguía en el ritm o del film tres factores, gracias
a los cuales se p u d iera o b ten e r una cadencia no
sin relación con la de los versos latin o s:

RENE CLAI R
R ene C lair es un m aestro y un ex p erim en ta d o r. Sus realizaciones perdu rarán com o
ejem p la res. El p roblem a de la lib e rta d le in spiró su film “A nous la lib e rte \ d e fresca
m em oria. Creem os que ocupará un sitio de p rim e r plan o en la cinem atografía fran ce­

sa de la reconstrucción.
talos para acogerte en su corazón suavizado. H azte
estatua, casa, p e rro joven, bolsa de oro, c o rrie n te
d eslizante de las encinas. Ya no sé cóm o a isla rte
en m edio de tu re in o , oh cazadora.
Las frases no p o d ría n lle v a r p o r m ucho tiem po
el ilogism o en su seno sin que o b ra ra a favor de
su p ro p ia m uerte. P ero esa serie de im ágenes a
la cual n in g ú n sentido lógico se relacio n a y que
no atan los viejos hilos del pensam iento, ¿ p o rq u é
se e m b arazaría con una lógica?
R ub ia, levantáis la cabeza y vuestra cabellera
en círculo descubre vuestro ro stro . A esa m ira d a,
gesto hacia la p u e rta supuesta, yo puedo d a rle un
sentido a m i elección. Si las pa la b ras os d iera n
la vida, m e sería im p o sib le su straero s a su a ju s­
tado p o d e r; seríais su esclava. Sed mi am ante,
im ágen.
Sois para m í, q u e rid a ilu sió n óptica. P a ra m í,
este universo recreado cuyos aspectos c o m p la cien ­
tes o rien to a mi agrado.
(de “ Les cahiers du m ois” 16/17/1925)
C IN E PU R O Y C IN E C O M ER C IA L
El cine es, ante todo, una in d u stria . La ex isten ­

19 la d uración de cada visión.
29 la sucesión a ltern a de las escenas o “ m otivos”
de la acción (m ovim iento in te rio r).
39 el m ovim iento de los objetos registrados p o r
el objetivo (m ovim iento e x te rio r: el juego del
actor, la m ovilidad del decorado, etc.)
P ero las relaciones en tre estos tres factores no
son fácilm ente definibles. La d uración y la a lte r­
nación de las visiones están som etidas en su v alor
rítm ico al “ m ovim iento in te rio r” del film y cuya
calidad sentim ental es in ap reciab le. Y ¿ q u é leyes
m étricas resisten a ese balanceo del esp ectad o r y
del paisaje ig ualm ente m óviles a lre d e d o r del eje
que la p antalla constituye? ¿A ese incesante p a ­
saje de lo objetivo a lo subjetivo gracias al cual
vivim os tantos m ilagros? Así, el esp ectad o r que
vé sobre la tela alguna lejan a carre ra de au to m ó ­
viles es a rro ja d o de pro n to bajo las ru ed as e n o r­
mes de uno de los coches, escudriña el velocím e­
tro, tom a en sus m anos el volante. Se hace a cto r
y vé, en los virajes, cómo los árb o les sacudidos
se h u n d en en sus ojos.
AGNOSTICISMO
N uestra generación ¿conocerá lo que debe p e n ­
sarse de tal p roblem a p lan te ad o p o r el film y del
film m ism o? Lo dudo. U na actitu d tal p uede ju z ­
gársela incon ciliab le con aq u el conocim iento que
de su arte se sim ula exigir a un artista. R eclam e­
mos para el cine el derecho a no ser juzgado sino
p o r sus prom esas.
P ara m í yo sabré resignarm e fácilm ente y a d m i­
tir en n uestros días la ausencia de reglas y de ló ­
gica en el m undo de las im ágenes. La m aravillosa
b a rb arie de este arte me encanta. Al fin, he aq u í
tie rras vírgenes. No me disgusta ig n o ra r las leyes
de este m undo naciente al cual no lo o p rim e n in ­
guna pesada esclavitud. Siento fren te a estas im á ­
genes un placer que frecu en tem en te no es aq u el
que se q u ería d e sp e rta r en m í, una sensación de
lib e rtad m usical.
G alopa, am azona. Que se v u elq u en los h o riz o n ­
tes levantados y que el abism o e n tre a b ra sus p é ­
15

cia de un “ cine p u ro ”, c o m p a rab le a la m úsica
“p u ra ”, parece, hoy día, dem asiado som etida al
azar com o p ara que se la exam ine se riam en te .
¿ E l p ro b lem a del cine p u ro está ín tim a m e n te li­
gado al del cine “a rte o in d u s tria ? ” . P a ra re sp o n ­
d er a esta p re g u n ta h a b ría que co m en zar p o r d e ­
fin ir con p re cisió n el concepto “a rte ” . A hora b ien ,
n u e stra época no es fav o rab le a tales p recisio n es.
A dem ás, sería n ecesario tra s to rn a r las con d icio n es
de la existencia m ate ria l del cine. U n film no ex is­
te sobre el p apel. Un film sólo existe so b re la p a n ­
talla. Y e n tre el cere b ro que lo co ncibe y la p a n ­
talla que lo re fle ja está toda la o rg a n iz ac ió n in ­
d u stria l y sus n ecesidades de d in e ro .
L uego, parece vano
“ cine p u ro ” m ie n tras
de existencia del cine
evolucione el e sp íritu

p re v e r la ex istencia de un
las co n d icio n es m ate ria le s
no sean m odificadas o no
d el p ú b lic o .

Sin em bargo, el cine p u ro ya se an u n cia. Se lo
en cu e n tra , frag m e n ta riam en te , en m uchos film s;
en efecto, parece que un frag m en to de film llega
a ser cine p u ro cuando en el e sp e ctad o r se p ro v o ­
ca una sensación con la ayuda de m edios p u ra ­
m ente visuales. D e fin ic ió n a m p lia, sin du d a, p e ro

�su ficien te p a ra n u e stro tiem p o . De ahí que la ta ­
rea p rin c ip a l del “ re a liz a d o r” actual consiste en
in tro d u c ir, con un cierto m odo de astucia, el m a­
y o r n ú m ero de tem as visuales en el “e sc en a rio ”
hecho p ara c o n te star a todo el m undo. P o r otra
p a rte , el v a lo r lite ra rio del escenario es d ejado
c o m p letam en te a un lado.
4de “ Les c a h i e r s ... etc.)
C IN E Y SU R R EA LISM O
Las relacio n es e n tre el su rrealism o y el cine han
sido b ien e stu d iad as p o r M. J. G oudal en la “ Revue H e b d o m a d a ire ” . Sería dem asiado largo discu­
tir a q u í sus ideas. U n p u n to , sin em bargo, m erece
b reve co m en tario . M. J. G oudal e sc rib e : “ que
la a p licació n de las ideas su rre alistas en el cine,
escapa a las objecio n es que p u e d en hacerse al su­
rrea lism o lite ra rio ”. Sea. P ero otras o bjeciones
se p re sen ta n . Si el su rrealism o tie n e su técnica
p ro p ia, tam b ién el cine tien e la suya. Lo que m e
in te resa en el su rre alism o es lo que de “ p u ro ”, de
extra a rtístico , m e revela. P a ra tra d u c ir en im á ­
genes a la m ás p u ra concepción su rre alista, h ab rá
que so m eterla a la técnica cinem atográfica, y se
c o rre el riesgo de h acer p e rd e r, a ese “a u to m a tis­
m o psíq u ico p u ro ”, una gran p a rte de su pureza.
P o r esta razón, yo no creo que el cine sea el
m e jo r m edio de e x p resió n su rre alista. P ero el c i­
ne y el su rre alism o lejo s están de p e rm a n ec e r ex­
trañ o s uno al otro. E n ésto, estoy de a cuerdo con
M. J. G oudal que señala el c arácter de a lu cin ació n
d el cine y la in u tilid a d de todo com entario lógico
fren te a los hechos que p re sen ta la p a n ta lla . A u n ­
que el cine no p u e d a ser u n m edio perfecto de
ex p resió n p ara el su rre alism o , constituye, sin em ­
bargo. un cam po de activ id ad su rre alista in co m ­
p a ra b le p a ra el e sp íritu del esp ectad o r. El n o ta ­
b le “S h e rlo c k H o lm e s jú n io r ” de B usten K eaton
ha dado de este carácter del cine una especie de
crítica d ram ática co m p arab le a lo que fué p ara el
tea tro “Seis personajes en busca de un autor” de
P ira n d e llo .

EN H O LLY W O O D , 1941
. . . R ené C lair . . . asegura, “sin exceso de m odes­
tia ” , que se lo ha elogiado dem asiado. Le re co r­
dam os el estudio de M aurice B ardeche y R o b ert
B rasillach sobre su obra.
— Lo escribió —dice— gente joven que en E u ­
ropa no estaba m uy fam iliarizada con el m aravi­
lloso desenvolvim iento del cinem atógrafo n o rte ­
am ericano. N ada ha tenido, ni tiene im portancia
al lado del cine de la U nión. E ntiendo exacta la
noción de “b a lle t” en la exégesis y en la e stru c­
tu ra de m is film s, pero responde a un período, el
p e río d o que podem os lla m ar de la teoría. A hora
estoy en el de la práctica, en la época de co n stru ir
cosas más ligeras, m ás dig erib les para el grueso
del público. Me he dedicado a e x p erim en tar d u ­
ran te toda m i carrera. D ejé de hacerlo cuando ro ­
dé “E l espectro errante”, la pro d u cció n de A le­
ja n d ro K orda, para q uien debía d irig ir otra p e lí­
cula que no d irig í p o r no c o m p a rtir sus puntos
de vista. C ontra lo que se piense p o r ahí, “£Z es­
p e ctro errante” m e satisfizo.
. . . R ené C lair . . . afirm a que no conviene que
los d irecto res conduzcan frente a las cám aras sus
p ro p io s argum entos. Se in to x ic an ; no divisan los
erro re s. Lo afirm a después de echar un ráp id o vis­
tazo a su pasado y de confesar que su m ejo r film
es “ Un som brero de paja de Italia” y que el que
recu erd a con m ás cariño es el p rim e ro suyo, “Pa­
rís q u i d o rt”, realizado con desnuda pobreza.

— ¿N o le satisfizo “París que ríe ”?
— En parte, sí; en parte, no. El argum ento era
m uy m alo.
— ¿D e quién era el arg u m en to ?
—Mío.

— No se debe co n fu n d ir la necesidad con el ta­
lento. Mis invenciones en “B ajo los techos de Pa­
rís” su rgieron de la carencia de m edios, de las
dificultades técnicas al re c u rrir al sonido, de una
urgencia de escam oteo, y no de una t e o r í a ...
— Lo que no im pide su ingenio . . .
— Quizás un ingenio forzado. Se ha hablado m u ­
cho de lo artificial y m ecánico de algunas de mis
películas, de su falta de alm a, sin que se haya
reparado en los obstáculos técnicos. En cine, se ha
vivido en E uropa im provisando, po r lo m enos en
la E uropa latina. El clim a, la idiosincrasia, la in ­
com prensión se han confabulado. No existe o r­
ganización, ni genuino aliento de em presa. En
los E stados U nidos se ha cultivado la m áquina y
se ha estim ulado al hom bre. En los países m eri­
dionales, no.

(de “ R ené C lair en H ollyw ood”, por
M. Peña R odríguez. La N ación, 17-841).
H. C.

1922 — Parí* que duerme.

1924 — Entreacto.

1928 — El sombrero de paja de Italia.

1928 — Los dos tímidos.

(de “ Les c a h i e r s ... etc.)
M IL L O N E S
Sobre la p a n ta lla a p are ce n todos los años m i ­
chos “ grandes film s”. Sabed que así se llam a a
las p e líc u la s cuya realizació n significa un gasto
m ín im o de cinco m illo n es (de francos o dólares,
poco im p o rta , puesto que cinco m illo n es de fra n ­
cos son m ás ra ro s en F ra n c ia que cinco m illones
de d ó lares en los E stados U n id o s).
Y la p ren sa se m a ra v illa ; fren te a la pa n ta lla
lle n a de yesos ru in o so s y de m u ch e d u m b re m aq u i­
llad a, ciertas alm as buen as descu b ren la grandeza
d el cine. Los re aliz a d o res de esos film s, a veces
h o m b res de gran talen to , son in m e d iatam e n te co n ­
sagrados grandes ho m b res. (E n el cine, el v alo r
de un a u to r crece p ro p o rc io n a lm e n te al nú m ero
de m illo n es que g a sta). Así, todo el m undo q u e ­
da co n ten to . ¿ Q u ié n está de tu rn o ?
Es gracias a prácticas parecid as que el cine (al
m enos lo que unos pocos llam am os cine) se e n ca ­
m in a hacia un fin d o rad o . Se ha son reíd o cuando
he h a b la d o d el fin del cine. No he ten id o la in ­
ten c ió n de h a ce r b ro m a s: el cine m o rirá p o r el
d in e ro .
A rte y d in e ro ; in te lig e n cia cread o ra y reglas fi­
n a n ciera s están aq u í en lucha. A te n ció n : o rie n ta r
n u e stro a rte hacia realizacio n es “ suntuosas”, acos­
tu m b ra r a la gente a espectáculos cuya p rin c ip a l
calid ad re sid e en su riq u ez a, es ju stam e n te a rro ­
ja rn o s en boca del lobo. Es h a ce r al film cada
d ía m ás esclavo del d in ero cuyas leyes ya lo a h o ­
gan. U n a u to r que no p u e d e d a r p ru e b as de su
genio o de su tale n to sino a golpes de m illones, a
m en u d o confiesa así su d e b ilid ad , p ero tam b ién
traicio n a , m uy frecu en tem en te, los intereses su ­
p e rio re s d el cine. C uanto m ás necesidad ten g a ­
m os de la ayuda de los fin an ciero s, tanto m ás te n ­
d re m o s que d e ja r en sus m anos lo poco que nos
q ueda de n u estra in d ep e n d en c ia artística.
Si no d esesperam os del todo del p o rv e n ir del
cine, es p o rq u e creem os en la creación de salas
no ta n en o rm es com o los palacios p o p u lare s, d o n ­
de se p asarán film s m ás p o b re s de d in ero y m ás
ricos de e sp íritu que las “ su p e rp ro d u cc io n es” na­
cidas en casa de b an q u ero s. Ya han nacido las
p rim e ra s de estas salas. N acerán otras en todas
las c iudades del m undo. En ellas la p a n ta lla no
re fle ja rá , com o lo hace en otras, las m ás som brías
p ru e b a s de la idiotez hu m an a. A llí el cine reco ­
n o cerá a los suyos.
(d e “ Le R ouge et le N o ir”, julio- 1928)

1929 — Bajo los techos de París.

1931 — El Millón.

1934 —

El último millonario.

�Sinopsis

p

QUE VIVA
MEXICO
por S.
M.Eisenstein y
G.
.A A le x a n d r o ff
(Continuación)

La propuesta m atrim o n ia l . . .
m an tien e tem b lan d o a C oncepción, p en sa tiv a , a s u s ­
tada. En este m om en to el au tor habla:
—¿Por qué, C oncepción? ¿N o es ésto lo que
bu scab as? ¿N o es lo que esp erab as? En resp u e sta
a la voz del autor, C oncepción son ríe, in clin a su
cab eza en a se n tim ien to .
¡Pero! ¡L a m adre del novio es una m u jer p r á c ­
tica! M anda a su s m u jeres a la ca sa de la n ovia
para que tom en n ota de la d ote y a se g u r a rse de
que todo e s tá en regla.
Si h ay su fic ie n te s en a g u a s en el ajuar. Si las
m onedas de oro del collár e stá n com p letas.
V ieja s ex p erim en ta d a s, casi c en ten a ria s que han
intervenido en c a sa m ien to s d u ran te tres^ g e n e r a ­
cion es entran en la ca sa de C oncepción. E xam in an
toda su v a jilla , ta n tea n el terciop elo, h u elen la
seda, cu en tan la s m on ed as del collar so m etién d o la s
a la prueba de su s d ien te s para com probar la p u re­
za del oro.
E x cita d a en lo m ás profundo de su alm a, C on­
cepción ríe a legre y feliz. L as v en era b les m u jeres
pronuncian su ju icio:
¡Todo e s tá p erfecta m en te en regla! A sí, los
ritos tra d icio n a les com ien zan .
A m ig o s de C oncepción le traen los regalos: u na
v a ca en ja eza d a con arreos de m áscara, cab ras con
m oños en el p escu ezo; sobre su s h om b ros traen
gallin as, p avos, lech o n es y otros ob seq u ios y a sí
a v an zan en a rca ica p rocesión h a cia la ca sa de
la novia.
D e acuerdo a la trad ición c en ten a ria le traen
v ela s de cera pura de ab ejas fa n tá stic a m e n te d e c o ­
radas. M ujeres m adu ras está n ocu p ad as en la
preparación de los d elicio so s m an jares típ ico s para
el in d isp en sab le y p ecu liar b an q u ete.
Todo T eh u a n tep ec e s tá ex cita d o con e s te a c o n ­
tecim ien to .
T odas la s jó v en es llevan v isto so s tra je s r eg io n a ­
les y esperan a los recién ca sa d o s ju n to a la ig lesia .
El repique de esp o n sa les de las cam p an as cubre
la procesión que se d irige a la c a sa de la joven
pareja llevan d o h ojas de palm era.
Y cuando se quedan solos, C oncepción tím id a ­
m en te p erm ite a su esp oso q u itarle el ob jeto de su
orgullo —el collar de oro.
A bundio sa le al balcón y an u n cia en a lta voz a
los T eh u a n teca n o s e s p e c ia n te s que C oncepción —la
doncella—, es ahora C oncepción la m ujer.
C ohetes se elevan en el cielo, fu e g o s a r tific ia le s
esta lla n , tod as las jó v en es a m ig a s de C oncepción
dan v u elta su s co fia s com o una b andada de p á ja ­
r o s . . . exten d ien d o su s alas, y bailan y ca n ta n .
La Sandunga
L a S an d un ga que siem p re su en a en el aire
dondequiera lleg a la felicidad — se a en su eñ o s o en
la realidad.
M ientras la v id a co n tin ú a su cu rso cu otid ian o
h a b itu al a tra v és de la se lv a trop ical bajo la a p a c i­
ble fra g a n cia de las p alm eras.
Los v iejo s m onos acu n an a su prole para que
duerm an.
Loros en señ an a ch illar a su s p ich on es.
P elíca n o s traen pescado p ara su s p eq u eñ ito s en
el pico.
El tiem po p asa, n u evas flores florecen . C on cep ­
ción, la m ujer, es ah ora m adre feliz.
A sí lleg a a su fin la h istoria de C oncepción, con
el retrato de padres c o n ten to s y fe lic e s y un niño
son rien te.
Con el sol p on ien te tras el océano.
Con la ap acib le canción lírica de b ellas jó v en es
en soñadoras.
T erm in a el rom ance de T eh u an tep ec.

Segundo cuento: Magüey
La acció n de e s ta h istoria tran scu rre en los
in fin ito s cam p os de M aguey en los “L lan os de
Apam " y en la a n tig u a H a cien d a de T e tlap ayac,
E stad o de H id algo. “L lan os de A p am ” es la p ri­

m era s e c c i ó n de M é j ic o en la p r o d u c c ió n de
“pulque*'.
E poca de la acción : co m ien zo s de sig lo bajo la s
con d icion es so c ia le s de la d ictad u ra de P orfirio
D íaz.
P erso n a jes:
1. S eb a stiá n , peón indio.
2. M aría, su n ovia.
3. Joaq u ín, padre de la novia.
4. A na. la m adre.
5. E l H acen d ad o.
6. Sara, su h ija.
7. Don Julio, su prim o.
8. Don N ico lá s, el ad m in istrad or.
9. M elesio, su m ozo.
10. S eñ or B a ld era s, un h u ésp ed .
11. F élix .
12. L u cian o, p eon es, a m ig o s de S eb a stiá n .
13. V alerio.
14. C harros, m ozos, h u ésp ed es y p eon es.
E l M aguey

A g resivid ad , virilid ad, a rro g a n cia y a u sterid a d ,
ca ra cteriza n e s ta h istoria. A sí com o se d iferen cian
*1 P olo N orte y el E cuad or, a sí tam b ién el T e h u a n ­
tep ec en soñ ad or y los fa m o so s “ L lan os de A p am ".
A sí su s h a b ita n tes, la s co stu m b res, m odos y
m a n era s de vivir.
Al pie de los a lto s v o lca n es, a u n a a ltitu d de
tres m il m etros, en e s ta tierra d e sie r ta crec e el
gran c a c tu s —el m a g ü e y .
Con su s b ocas ch u p an el ju g o de e s te c a c tu s
para h acer la beb id a india con ocid a con el n om bre
de “pulque".
B lan co, com o lech e — un reg a lo de lo s d io ses,
se g ú n la ley en d a y la cree n c ia — e s te fu e rte tó x ico
a liv ia la s p en as, in flam a la s p a sio n es y h ace salir
volan d o los rev ó lv ere s de su s fun d as.
E sta d o s feu d ales, an te rio rm e n te m o n a sterio s de
los co n q u ista d o res h isp á n ico s, se alzan com o fo r ta ­
le z a s in ab ord ables en m ed io de v a s to s m ares de
m onte de ca ctu s.
M ucho a n te s del am an ecer, m ucho a n te s de que
lo s p rim eros rayos del sol en cien d an lo s p icos n e v a ­
dos de lo s v o lca n es, por sobre los a lto s m uros de la
co m p a cta co n stru cció n rural, se elev a n la s tr iste s,
le n ta s v o c e s de una can ción .
“ El A labado", a sí la llam an los p eon es.
E llos la can tan to d a s la s m a ñ a n a s a n te s de ir al
trab ajo.
E s un h im n o con el cu al ru eg a n a la S a n ta
V irgen para que los a yu d e d u ran te el n u evo día
que a m a n ece. C uando los a lto s p icos n ev a d o s de
la s m o n ta ñ a s em p iezan a brillar con el sol n a cien te,
los p esa d o s p orton es de la H a cien d a se abren com o
p u ertas de u n a fo rta lez a y sa le n , term in an d o su
can ción , los p eon es c eñ id a m en te arrop ad os en su s
sarap es, llevan d o en la m ano los gra n d es so m b r e ­
ros, h a cia los cam p os de m a g ü ey , p ara e x tr a e r el
ju g o y recogerlo con ca la b a za s esp e c ia lm e n te a rre­
glad as.
V erán U d s. en la p a n ta lla el sorp ren d en te y
origin al p roced im ien to de la producción de pulque
— cu yo origen d a ta de sig lo s y que no h a variad o
h a sta la ép oca de e s ta h isto ria .
M ás tarde, cu an d o la n ieb la se h a d esv a n ecid o ,
cu an d o el sol h a c a len ta d o la tierra, la g e n te de
se rv icio en la c a s a del patrón de la tierra co m ien za
los p rep a ra tiv o s para la tarde, p u es en e s te día se
celeb rará la f ie s ta an u al de la H acien d a.
L os “charros" v iste n su s m ejo res tra je s en h o ­
nor de los h u ésp ed es y exh ib en con ja c ta n c ia su s
n o ta b les cab allos.
M ien tras tan to, en lo s cam p os de m a g ü ey , donde
trab aja el peón S eb a stiá n , tien e lu gar una reu n ión .
L os p adres de M aría traen a su h ija p ara p on erla
en m an os de su n ovio.
D e acu erd o con la trad ición , S eb a stiá n d eb erá
llev a r su n ovia al p atrón de la H a cien d a , com o
h om en aje.
P ero los ch arros que m on tan gu ard ia en la c a sa
del patrón no d ejan p asar a S eb a stiá n , que debe
a sí p erm an ecer en el p atio de en trad a.
17

En la terraza, el p atrón e s tá b eb ien d o en c o m ­
p añ ía de un gru p o de su s a m ig o s m á s ín tim o s,
y su s e sp ír itu s se aleg ra n .
El “h a cen d a d o ’* recib e a M aría; es un v iejo
borrachón; h u rg a en lo s b o lsillo s de su ch a q u e ta en
b u sca de a lg u n o s p eso s con que o b seq u ia r a la
n ovia. P ero en e ste m o m en to se a c e r c a rápido un
a n tig u o ca rru a je tirad o por se is m u ía s.
L a h ija del p atrón, Sara, h a lleg a d o .
H a traíd o a su prim o con ella y h a irrum pido
en el gru p o de la v era n d a en u n a to rm e n ta de
risa s y a leg ría . V u ela en b razos de su padre. Y
tod os los a m ig o s brindan a su sa lu d .
M aría es olvid ad a.
S eb a stiá n se pone im p a c ie n te, esp era n d o en el
p atio de en tra d a . Su b ien a m a d a ta rd a en v o lv er
y la s r i s a s e x p l o s i v a s de la v era n d a in s p ir a n
so sp ech a s.
M aría, o lv id a d a , a s u s t a d a , sin e x p e r i e n c i a ,
a g u ard a su su erte.
L a m a la su er te a p a rece en form a de un h u ésp ed
g rosero y borracho, de g ra n d es b ig o tes.
D án d o se c u en ta qu e la co m p a ñ ía e s tá d em a sia d o
e n tr e te n id a con la s b eb id as y la ch a n za , a g a rra a
M aría por d etrá s de u n a p u erta y la a rra str a h a cia
un h a b ita ció n a leja d a .
U no de lo s sir v ie n te s, a m ig o de S eb a stiá n , t e s t i ­
go de e s ta escen a , corre con to d a s su s fu e rza s
h a sta el p a tio de en tra d a con su a la rm a n te n o tic ia .
L a sa n g re in d ia de S e b a stiá n d icta su a cció n
su b sig u ie n te .
D isp a ra h a cia la v era n d a v o ltea n d o a lo s g u a r ­
dias, e irrum pe com o un h u ra cá n en m ed io de lo s
a le g r e s h u ésp ed es.
P id e por M aría, su n ov ia .
U n a lu ch a se orig in a , que term in a tan p ron to
com o h a em p ezad o y m a g ra es la su e r te de S e b a s ­
tiá n , solo fren te a to d a la reu n ió n .
S eb a stiá n e s arrojad o rodando e s c a le r a s a b ajo,
por su au d az in so len cia .
U n a p u erta se ab re y a p a rece, fren te al a c a lo ­
rado grupo, el v illa n o borracho.
A tu rd id a, en lla n to , M aría se d e sliz a tr a s él,
fu r tiv a m en te .
L a ten sió n de la situ a c ió n se a g ra v a . P ero el
“H acen d ad o" es un v ie jo b orrach ón . N o q u iere
m o rtifica r a su s h u ésp ed es, no q u iere ech a r a p er­
der la fie sta . P a ra d istra er a la g e n te d a órd en es
de com en za r a to ca r m ú sica , en cen d er lo s fu e g o s
a r tific ia le s e in icia r lo s ju e g o s.
M aría es p u e sta b ajo lla v e h a sta la m a ñ a n a
sig u ie n te , h a sta la v is t a del ca so .
Con el barullo de la m ú sica , la e x c ita c ió n de lo s
ju e g o s y la em b ria g u ez del júb ilo, el tr iste in c i­
d en te q u ed a olvid ad o.
C uanto m ás b rilla n tes son lo s fu e g o s a r tific ia le s ,
m ás v io le n ta es la ira q u e b ram a en el corazón
de S eb a stiá n .
L a v e n g a n z a g erm in a en su m en te.
L a v e n g a n z a en g en d ra la co n sp ira c ió n .
T res de su s ca m a ra d a s se o frecen para a y u d a rlo
a o b ten er v en g a n za .
En m o m en to p rop icio d irigen lo s c o h e te s e n c e n ­
didos co n tra p a rv a s de h en o. L a s lla m a s se e x t ie n ­
den en fu eg o v io len to .
M ien tra s la reu n ió n es p resa de p á n ico , S e b a s ­
tián y su s co m p a ñ ero s se p ro v een de a rm a s y
ca rtu ch o s en los d ep ó sito s del p a tró n e in te n ta n
re sc a ta r a M aría de su c o n fin a m ien to .
P ero lo s g u a rd ia s c o n te sta n con fu eg o y lo s
con sp irad o res d eb en huir.
B ajo la oscu rid ad de la n och e lo s fu g itiv o s se
su str a en a la p ersecu ció n .
L a m a ñ a n a lo s to m a en u n a s e lv a en la la d era
de u n a m o n ta ñ a .
D irigien d o su ca m in o h a c ia el p a so de la m o n ­
ta ñ a a tr a v ie sa n lo m a s y se a fa n a n tra b a jo sa m e n te
a tr a v é s de lo m á s cerrado del b osq u e feérico . L os
ch arros, sin em b argo, en su s fin o s ca b a llo s, a c o m ­
p añ ad os por la in d om ab le S ara y su prim o, lleg a n
prim ero y lo s in te rcep ta n .
F u eg o cru zad o se abre en la m a ra ñ a del m o n te
de n op ales.
Sara, fa scin a d a por el tiro teo , h a c e in te n to s por
a v a n za r y su prim o debe, a la fu erza , su je ta r la del
paso de la s b a la s silb a n tes.
S ara m a ta a un peón y p a g a con su v id a su
a trev im ien to .
U n a b ala en cu en tra el ca m in o de su corazón a
tr a v é s del reloj que S ara lle v a con cariñ o. E l m e ­
ca n ism o tiem b la con lo s d isp a ro s y le n ta m e n te
para su s m o v im ien to s.
Su prim o pone el cu erp o de S ara so b re la silla
de su cab a llo y la a leja del cam p o de b a ta lla . E l
tiro teo reco m ien za con m ayor v io len cia .
L os fu g itiv o s retro ced en h a c ia lo s ca m p o s de
m agü ey.
P a ra p eta d o s tra s un en orm e c a c tu s, tr e s de ello s
b u scan refu g io .
L as silb a n te s b a la s a tr a v ie sa n la s h o ja s s u c u ­
le n ta s del m a g ü e y y el ju g o , com o lá g rim a s, g o te a
a lo largo del tronco.
Se term in a n lo s ca rtu ch o s.
L os p eo n es in te n ta n huir.
L os á g ile s ch a rro s rev u ela n su s la zo s a lred ed o r
de los fu g itiv o s y lo s ca p tu ra n .
S eb a stiá n , v a c ila n te , todo d esg a rra d o , e s llev a d o
con d os de su s co m p a ñ ero s v iv o s h a c ia el lu g a r del
fu n eral de Sara.
Ojo por o j o . . . P a g a n con su v id a su o sa d ía .
E n tre los m a g ü e y s, donde S e b a stiá n h a tr a b a ­
jado y am ado, en cu en tra su trá g ico f i n . . .
M ás a llá de la s g ra n d es cim a s n e v a d a s de lo s
v o lca n es se pone el sol. E l d ía e s tá m urien do.
L as a n c h a s p u erta s de la h a cien d a se cierra n .
M aría e s p u e sta en lib erta d y v a en b u sca del
cu erp o de S eb a stiá n en m ed io de lo s m a g ü e y s.
Su ap a rició n e sp a n ta a lo s b u h arros q u e se
a leja n volan d o.
M ien tras, flo ta n lo s la m e n to s sobre lo s m u ro s
de la h acien d a .
Un la m en to p lañ idero, p ro lo n g a d o — el a d ió s
indio del sol p o n ien te.
M aría en cu en tra lo s r e s to s de su am a d o , de
quien d eb ía lleg a r a ser su esp o so , que le v a n tó su
brazo para d e f e n d e r la ... so llo z a c o n v u lsiv a m e n te
sob re su cu erp o m uerto.
M ás allá de lo s a lto s m u ros de la h a cien d a lo s
p eon es en to n a n su c a n to crep u scu la r ta n q u e ju m ­
b ro sa m en te com o su “E l A lab ad o" m a ñ a n ero .

(Continuará)

�E SCULTURA
Dirige
LlIS

Hacia

FAL

una

liberación

de

ataduras

fo rmalistas

ALFREDO STURLA
L a reciente exposición panorámica de la obra escultórica realizada por Alfredo
Sturla en su corta y activa existencia, organizada en su homenaje por la Sociedad Ar­
gentina de Artistas Plásticos, vino a actualizar la pérdida experimentada con la tem­
prana desaparición de este joven escultor.
A través de las esculturas expuestas, el público pudo conocer la trayectoria se­
guida por el artista en busca de su propia expresión. Le vió partir de la realidad inme­
diata; luego, desviarse detrás de actividades estéticas; más tarde, volver a la realidad y
ahondar en sus formas basta transformarlas de acuerdo con su auténtica sensibilidad
de plástico, capaz de captar y de expresar la vida en constante devenir.

D urante este alejam ien to de su entraña,
cuando todavía no dom inaba a la reali­
dad, se d ió a la rebusca de “
”, sin ad­
vertir que éste es la síntesis de un proceso
in d ivid u a l o colectivo, de sucesivas gene­
ralizaciones que se concretan en form as
depuradas, cuya econom ía d e m edios suele
produ cir e sp e jism o s. . . Las esculturas “Se­

''Venus", obra postuma de Sturla.

D esde sus prim eros in ten tos de dar for­
ma a su vocación de escultor, Sturla abor­
da la interpretación de im ágenes fa m ilia ­
res o de su m edio real, in m ediato. D el in ­
cipien te retrato titu lado “Mi padre”, rea­
lizado con verism o d escriptivo, asciende
por grados al objetivism o-su bjetivo de “La
obrerita”, que significa sobre la escultura
anterior un avance sensible en el estudio
de la realidad.
En este m om ento de su proceso evo lu ti­
vo, se produ ce una ruptura de continuidad.
Sin un conocim iento sólido acerca de las
leyes de la gran escultura del pasado y ur­
gido p o r la necesidad de adquisiciones cul­
turales, se deja llevar, com o m uchos otros,
en seguim iento de soluciones form alistas,
en lugar de seguir avanzando p o r el cam i­
no de sus prim eras intuiciones. C om ienza
el p e rip lo que durará hasta las p o strim e­
rías de la pen ú ltim a etapa de su labor.

rena”, “Cabeza de mujer”, “Aurea”, “Pri­
mavera” y “Cabeza de bañista” denuncian
esa preocupación que le hace descuidar
las calidades plásticas de un m odelado en
p ro fu n didad para atenerse a ex terio rid a ­
des estilísticas. A esta persecución d e l es­
tilo, sigue la de la com posición: las figu­
ras “Ritmo” y “Náyade” revelan un in te ­
rés exclusivo p o r el continente, y una sub­
estim ación d el contenido sensible, de la
pla sticid a d de sus form as interiores. Pero
el virtu al escultor que existe en Sturla p a ­
rece sentir sus contradicciones. En reno­
vados in ten tos p o r alcanzar el secreto de
la com posición y de los valores plásticos,
si bien todavía p o r un cam ino que va de
afuera adentro, trata ahora de com pon er
sus figuraciones m edian te eq u ilibrios de
masas en las tres dim ensiones, según lo tes­
tim onian “Susana”, “Leda” y “Cadencia”.
Sus form as son todavía am pulosas, pero

i r a g m
.. . N o levanto estatuas a héroes inaccesibles. Odio
al idealismo cobarde que desvía los ojos de las
miserias de la vida y de las flaquezas del alma.
Es preciso decir a un pueblo demasiado sensible a
las ilusiones engañosas de las palabras sonoras: la
m entira heroica es una cobardía. En el mundo
existe un solo heroísmo: es el de ver al mundo tal
cual es, y de amarlo.

•

•

•

...Ita lia se tom aba m ojigata; no tardaría mucha
la Inquisición por la
inconveniencia de su “Cena en casa de Simón”. No
faltaron los que se escandalizan ante “El Juicio
Final”. Quien gritó más fuerte fué el Aretino. El
maestro pornógrafo endilgó lecciones de decencia
en llevar a Veronese ante

acusan un ritm o y una sen sib ilid a d plá s­
tica que anuncian la m etam orfosis que a fir­
mará a Sturla en nuestra escultura. P ero
antes d e produ cirse el hecho auspicioso
que celebram os, com pletará el ciclo d e ex­
ploración exterior con incursiones en e l ar­
caísm o, com o la d e l ‘'Busto de mujer” rea­
liza d o en piedra.
Tras tan em peñosa persecución d e ele­
m entos form ales, Sturla se concentra en su
in tim id a d , com pren de que sólo p u ed e ex­
ternar sus sen tim ien tos en im ágenes sensi­
bles p o r un cam ino que lleva d e aden tro
afuera, es decir, opuesto al que transitaba
la víspera.
La transform ación asoma ya en el bron ­
ce d e “Marina”. P ero la revelación cobra
resonancias singulares en la figura d e “Ve­
nus”, la obra inconclusa ante la cual cayó
h erido d e m u erte el joven escultor. Sus
form as aún en d even ir revelan una sensi­
b ilid a d depu rada, un ritm o claro d e m o­
vim ien tos, cálida p lasticidad. Las anim a
un lirism o lib era d o d e ataduras fo rm a lis­
tas y un m ayor d o m in io expresivo. E sta
liberación, d e la que tan to necesita nuestra
escultura, es lo que celebram os en estas lí­
neas críticas d e h om en aje a Sturla.
L. F.

e n t o s

al casto Miguel Angel. Llegó a escribirle una carta
de Tartufo impúdico. Lo acusaba de representar
‘“cosas que harían sonrojar a una casa de corrup­
ción”, denunciándolo de im piedad a la naciente
Inquisición; “pues seria m enor crimen no creer,
decía, que el de atentar de ese modo a la fe de los
otros”. Incitaba al papa a destruir el fresco. Mez­
claba en sus denuncias de luteranismo innobles insi­
nuaciones acerca de las costum bres de Miguel Angel;
y, para term inar, lo acusaba de haber robado a
Julio II. A esta infame carta de extorsión, donde
todo lo que había de más profundo en el alma de
Miguel Angel — su piedad, su am istad, su sentim iento
del honor —era salpicado y ultrajado; a esta carta
que Miguel Angel no pudo leer sin reír de desprecio
y sin llorar de vergüenza, nada contestó. Sin duW/*
pensó lo que solía decir de ciertos enemigos, con su

18

aplastante desprecio: “que no valia la pena de com ­
batirlos; pues la victoria sobre ellos no tiene im por­
tancia”. Y cuando las ideas del A retino y de Biagio
sobre su “Juicio Final” se extendieron, nada hizo
para contestarlas ni para detenerlas. Nada dijo,
cuando su obra fué considerada “basura luterana
Nada dijo, cuando Pablo IV quiso destruir el fresco.
No dijo nada, cuando, por orden del papa, Daniel de
Volterra puso taparrabos a sus personajes. Al p re­
guntársele qué pensaba de todo eso, respondió sin
cólera, con cierta m ezcla de ironía y de piedad:
“Decid al papa que eso es m uy poca cosa, m uy fácil
de arreglar. Que Su Santidad se cuide solam ente de
poner orden en el mundo: restaurar una pintura no
cuesta m ucho” . . .
R o m a in R olland

“La v ie de M ichel-Ange*'

�P o r una feliz casualidad tuve ocasión de
trabar conocimiento con esa “
Fe­
menina” de Bruno Giorgi, pieza enteriza
y sólida que me recuerda las buenas cosas
de Maillol y Despliau. No se porqué, es
decir, sé pefectamente porqué, al mirarla
surgen a mi memoria, lentamente, los ver­
sos de Baudelaire:
“/e suis belle, o m ortel, como un reve de
p ie rre !”

Creo que nada ilustra mejor el famoso
soneto que esa estatua, de perfecto equi­
librio monumental. Bruno Giorgi es un
clásico y no obstante no carece de senti­
miento. La densidad es el carácter primor­
dial de su poesía: es tan profunda, tan
fuerte, tan viril, que se la siente como con­
tenida en la euritmia de los amplios equi­
librios, de los sólidos volúmenes dentro
de cuyos límites no cabe un solo rincón
vacío.
Lo clásico griego fué un poco amable
demás e intelectual en exceso. En las Ve­
nus, las Dianas y en los Apolos de los gran­
des siglos hay siempre un reflejo de la fi­
losofía establecida, aunque sutil y precio­
sa, de toda una diligente ‘'élite”. Hay al­
go de refinado y epidérmico en la concep­
ción de la belleza de los griegos. Le falta
inquietud. El nuevo clasicismo que viene
de Maillol surge más puro y sujeto a la

U N A

C O L A B O R A C I O N

B R A S I L

LAS ESCULTURAS DE

BRUNO GIORGI
p o r Sergio Milliet
dura realidad, y por otra parte, más que
el griego, ?e integra en lo monumental.
Bruno Giorgi entiende así su arte. Tomó
de los griegos el equilibrio y de los egip­
cios el hieratismo. Agregó la construcción
geométrica del edificio moderno y dentro
de ese molde de ritmos serenos y evidentes
encerró el lastre del sentimiento del mun­
do. No hay concesiones en su escultura ni
a la moda del día, que ya se inclina hacia
el barroco, ni al academicismo sin raíces
en nuestra vida presente.
Hay entre los modernos ya envejecidos
venidos del surrealismo o del expresionis­
mo de la pre-guerra, cierta tendencia ha­
cia una indisciplina formal tan violenta
que fatalmente llevará al más descomedí-

romántica y a la vez viril cabeza procer de Castro Alves, realizada en
travertíno, y un "Fragmento", son las dos logradas creaciones de Bruno Giorgi
que ilustran esta página.

La

D E L

do romanticismo. De un lado las muecas
barrocas de Lipchitz, de otro las interjec­
ciones primarias de la poesía instintiva. El
gran arte no se satisface con la materia
prima: exige una forma que lo defina y
lo comunique al público. Porque es a tra­
vés de esa forma que el arte cumple su mi­
sión de expresión comunicativa y de enri­
quecimiento emotivo. Bruno Giorgi supo
encontrar el camino y demostrar que es
posible ser docto y conmover, sin explotar
lo vulgar. Su escultura se integra en el es­
píritu de los hombres sanos que recons­
truirán el mundo y que harán de él una
armonía viva, densa, disciplinada, y a un
tiempo libre.
San Pablo l Brasil) enero de 1945.

�Latitud
REVISTA MENSUAL DE ARTES Y LETRAS

-

AVDA. CORDOBA 836

-

BS. AS.

-

U. T. 32-0470

O

FRANQUEO PAGADO
CONCESION N° 3129

g ooczUJ
&lt;u

TARIFA

REDUCIDA

CONCESION N ° 2684

1

"MONUMENTO A LA JUVENTUD" (ESTUDIO) y ' FRAGMENTO", EN PIEDRA, OBRAS DE BRUNO GIO RGI QUE
ILUSTRAN EL ARTICULO QUE APARECE EN ESTE NUMERO, FIRMADO POR SERGIO MILLIET.

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                  <text>Ejemplares 1 a 5/6 del año 1 de la revista Latitud, publicados en el año 1945.</text>
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                <text>Thénon, Jorge&#13;
Amorim, Enrique&#13;
Noe, Julio&#13;
Riet, Lázaro&#13;
Machado, Antonio&#13;
Rolland, Romain&#13;
Oribe, Emilio&#13;
Canal Fiejoo, Bernardo&#13;
Alonso, Amado&#13;
Hurtado, Leopoldo&#13;
Martinet, Marcel&#13;
Oliver, María Rosa&#13;
Berni, Antonio&#13;
Centurión, Emilio&#13;
Colmeiro, Manuel&#13;
Castagnino, Juan Carlos&#13;
Cassou, Jean&#13;
Berdía, Norberto&#13;
Ramos, Arturo&#13;
Fontini, Norberto&#13;
Coppola, Horacio&#13;
Falcini, Luis&#13;
Milliet, Sergio</text>
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                    <text>L atitud
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simiente

Humanidad

�ANO 1 - FEBRERO 1945 - NUMERO 1

Latitud
PUBLICACION

MENSUAL

Precio del ejem plar
$
Un año de suscripción $ 5.00

DIRECCION Y
Av. de M ayo 1370

ADMINISTRACION
Bs. As. U.T. 38-3330

EDITOR
Rubén Núñez

SENTIDO DE
UNA TRAYECTORIA
L a conmoción espiritual ocasionada por el desarrollo de la guerra y su epílogo inmi­
nente, han impuesto a los intelectuales la tarea urgente de comprender el curso de los
sucesos, advertir su rumbo probable y adelantar en lo posible la hora de las soluciones
pacíficas y progresistas.
No están lejanos los tiempos en que el mérito más alto de la inteligencia, consistía en
apartarse del tumulto y rehusarse sistemáticamente a todo contacto con la realidad social,
con la suerte del hombre, el proceso del trabajo, las luchas y las crisis profundas que ello
originaba. La inteligencia se evadía entonces de la realidad; el intuicionismo se situaba por
encima del pensamiento racional; el neovitalismo y las concepciones de Sorel, se ubicaban
en el lugar de la ciencia positiva y la Sociología. Prodújose. diría Morente, una reacción
antiintelectualista, en que el romanticismo filosófico consagraba la supremacía del sentir
intuitivo e inefable sobre la razón y el concepto.
La reacción en lo económico y en lo político, condicionaba un retroceso similar con
respecto a la concepción del mundo, que otrora inspiró la teoría revolucionaria de la burgue­
sía progresista de la diosa Razón y la Enciclopedia, cimentando en cambio, filosofías conso­
ladoras y engañosas. Paralelamente, surgieron en el arte, el simbolismo y el movimiento
surrealista, en la Historia prevaleció la doctrina del héroe, del hombre providencial opuesto
a las masas amorfas y sumisas, y en las ciencias psicológicas, extendieron su vastísimo
dominio las doctrinas del inconsciente, aplicadas luego a la interpretación de los sucesos
históricos, las costumbres y los cambios sociales y políticos, el contenido de la obra de arte
y las diversas modalidades de la expresión estética. De ese modo, aunque el desarrollo do
la técnica había ampliado hasta lo increíble el dominio del hombre sobre la naturaleza, se
adueñaba de los intelectuales una concepción del mundo cada vez más pobre y deformada.
El cálculo y el instrumento de alta precisión, habíanles permitido discernir los cambios más
delicados de los fenómenos físicos, penetrar la estructura de la materia y el mecanismo
íntimo de los fenómenos biológicos; pero actuaban a ciegas con respecto a la procedencia y
destino de su labor, a las relaciones existentes entre el desarrollo de las ciencias y las artes
y el proceso general del trabajo.
Ignorando la procedencia y determinismo social de su labor, llegaron a creer incluso,
que el progreso técnico constituía un factor de desconcierto y que, muy lejos de asegurar
la felicidad de los hombres, labraba su desdicha, creaba nuevos incentivos de temor e
incertidumbre. Tal era el precio de esa constante evasión de la realidad que caracterizó
la concepción del mundo de muchos intelectuales y artistas que predicaron el apoliticismo
de la cultura y se aislaron herméticamente en sus talleres, mientras las fuerzas oscuras y
antihistóricas preparaban las grandes crisis que traban el desenvolvimiento de la producción,
mientras estallaban las guerras destinadas a destruir aquello que más amaban y cultivaban
con esmero en el sosiego de los laboratorios.
La guerra actual, con sus inenarrables horrores, tuvo la virtud de despertar de su letargo
a un número inmenso de intelectuales y artistas. La lección de los hechos fué dolorosa y
terrible, pues ante sus ojos atónitos, la barbarie se adueñaba del solar de las más viejas
culturas, se desterraba a los sabios, se incendiaban las bibliotecas y se regimentaba la inte­
ligencia, para dirigirla hacia la preparación material y moral de la guerra, por los principios
bárbaros del racismo y la hegemonía mundial de la fuerza y la incultura.
Tuvieron entonces la evidencia de que la investigación y la técnica perfeccionadas con
tanto ahinco, no eran independientes del proceso del trabajo y que sus hallazgos en el orden
científico y artístico, se incorporaban a un sistema de convivencia basado en el máximo
desarrollo de la socialización del trabajo y en constante antagonismo con la apropiación
privada de sus frutos. Esta contradicción profunda que condicionaba por una parte el des­
envolvimiento de la riqueza y el progreso técnico que nos enorgullecía, determinaba a la
vez retrocesos periódicos, crisis y guerras que convertían los instrumentos de trabajo y
los adelanto» de la ciencia, en factores de muerte y exterminio. Grandes núcleos de
hombres de todas las disciplinas, los espíritus más esclarecidos, procuraron advertir en el
complejo y largo período de la guerra, cuáles eran de las fuerzas en presencia, aquellas que
podían asegurar la subsistencia de la civilización; cuáles otras las que socavaban la libertad
de los pueblos derribando hasta sus cimientos la civilización que decían defender.
La elección no era difícil si se analizaban los sucesos que precedieron al estallido de la
guerra... Antes de que muchos sabios y artistas advirtieran el peligro que les amenazaba,
los hombres humildes del trabajo se alistaban para el combate desigual. Fueron los obreros
de Altom. de los muelles de Hamburgo, los obreros de \ iena, de París, de Asturias, y con
ellos muchos pensadores, hombres de ciencia y artistas quienes defendieron los fueros de
la libertad, se opusieron a conceder al agresor el atributo de su dignidad y confraternizaron
con la China heroica en su combate interminable con el invasor. Ellos fueron, como antaño
(sigue en la pág. 5)

�LETRAS

FUNDACION ESPIGAS}

Dirige
ENRIQUE AMORIM

F

L ARTISTA

E

u

n

d

a

m

e

n

t o

s

d e

u n a

e n c u e s t a

ambicioso supera a su tiempo. Aun de su obra sin realizar

perdurarán las intenciones.

y

lo que en ella hay de vital y profundo

puede transmitirse a otra generación. Colón era un ambicioso y acabó
en visionario.

Se trata. por lo tanto, de reclamar obra visionaria.

Cuando la ambición toca sus límites de posibilidades materiales, la
palabra suena a utopía. Sarmiento fue el más ambicioso de los argéntinos. Todavía están por materializarse algunos de sus ideales. En ello
finca la magnitud de sus propósitos.

En general, nuestros artistas carecen
de ambiciones. Ambición, es perspectiva&lt;*en el tiempo, anhelo de perduración.
Escritores, pintores, músicos, dotados de
fuertes medios expresivos — estilo pe­
netrante, paleta múltiple, maestría en la
ejecución— se malogran por lo pequeño
de su anhelo. Escriben, pintan, com po­
nen. sin la seguridad de una cierta pro­
yección en el arte. Así, nos preguntamos
muchas veces: ¿Qué se propone Fulano?
¿Hacia dónde se dirige Zutano? ¿Cuál
es su aspiración? ¿Por qué escribe?
La obra escasamente totalizadora se
produce con un ritmo pausado, apenas
para no dejarse devorar por los años.
Raro es el escritor que enfrenta la rea­
lidad de su tierra. Muy pocos pintores
orientan sus pinceles con una idea cen­
tral — convicción ardiente— que pueda
conducirlos al descubrimiento de su
América visionaria. Entre los desapare­
cidos, Fígari fué el más ambicioso.
Una gran novela, una gran tela, pue­
den quedar detenidas en el tiempo. Son
meros hitos aislados, por falta de ambi­
ción en los artistas que las crearon. La
vida argentina y americana, rica en la

naturaleza y en la historia, suele ser es­
camoteada al prescindir de su realidad.
Un hecho de magnitud extraordinaria
— valga el caso— fué el terremoto de
San Juan, que quedó entre las líneas
apresuradas de los cronistas. .No se en­
vió al artista al campo de la tragedia:
al escritor capaz de recoger la visión de
la tremenda realidad. Nadie ambicionó
ser el historiador de la catástrofe. Ape­
nas si el “ noticiario” asomó sus frías
narices sobre las calientes ruinas. Unas
frases huecas y sensibleras. Eso fué to­
do. Como el terremoto de San Juau
existen otros cataclismos que quedan al
margen de nuestra intención.

DELA
ALTA
AMBICION
EN EL ARTE
¿ P O R QUE
E S CR IB E U S T E D ?

Creemos que no se cumplen las fun­
ciones nobles que reclamaban nuestros
antepasados. Cualquiera de ellos, se apo­
yaba en la realidad para proyectar su
sombra sobre el futuro de la tierra que
habitaba. La obra aislada —el cuadro,
el libro magistrales, resulta un intento
de superación individual, si no está abo­
nada por la alta ambición que reclaman
los tiempos más violentos que se han
registrado en la historia del hombre.

AMBICION LIT ER AR IA?

¿ QUE P RE PA RA
P A R A EL F U T U R O ?

E. A.

Cont est a

FOTO SADERMAN

¿ C U A L ES S U M A Y O R

EDUARDO

\ T o SÉ lo QUÉ es la ambición literaria; en puri^
dad no sé lo qué es. Puedo imaginármela,
puedo hacerme a la idea de que es algo así como
una convención de naturaleza retórica según la
cual un señor dado se propone obtener de un
dado público ciertas calificaciones presuntas. Pero
la palabra no me gusta. Implica, en cualquier
forma, cierto trueque, y en este cambio es a veces
más ilegítimo lo que se da que legítimo lo que
se obtiene.
A la palabra ambición prefiero la voz proyecto:
me parece más próxima de la artesanía proble­
mática y menos garantizada de complacencias cos­
tosas. Por lo demás escribo en virtud de un
proceso cuya calificación no es tan simple. Elija­
mos una palabra: catártico. Catártico en lo perso­
nal; ¿pero qué tiene que ver “ lo personal" con
la función real de escribir? El esteta puede ajus­
tarse a un ejercicio de tal modo suntuario, privado,
fortuito, presuntuoso; pero nadie más. Escribir,
en el sentido decente del término, entraña otros
contratos. Por lo pronto, una necesidad de estruc­
tura, o de relaciones proporcionadas, entre el ob­
jeto producido y el medio en que se produce. No
es menester siempre que la literatura refleje su
tiempo; es a veces menester —es a veces forzoso
por un complejo de secretas leyes— que la lite­
ratura refleje lo que está en su tiempo sin ser
visto o lo que su tiempo reclama por conductos
tácitos que sólo por la creación producida se
hacen — y a veces sólo a largo plazo— explícitos.
(Chaucer - Dante).
Un escritor refleja de su tiempo lo que su

MA L L E A

tiempo no encuentra. Por eso cuando la política
prevalece atacando la libre expansión creadora de
la criatura humana, la literatura recoje tiempo en
sus trojes. Una literatura llamada a perdurar es
generalmente profética; en raros casos apologé­
tica; menos aún de propaganda. Cuando la lite­
ratura no es de anunciación, de suscitación, se
vuelve mostrenca, subordinada, subalterna. Como
los cleros, la literatura necesita para ser grande
engrandecerse en la privación y nacer de un pro­
lijo y noble tormento. Dostoieicsky está bien en
el tiempo de Dostoieicsky. Su concepción de su
tiempo llevaba ventaja sobre el tiempo. Pero los
países fascistas han matado su literatura; con eso
sólo, por mucho que blandón otros estandartes*
han renunciado ya a la mitad de su genio.
Cervantes es tan importante como Lepanto; en
muchos sentidos más: porque lo que una batalla
tiene de eterno es su leyenda, pero lo que un genio
nacional artístico tiene de eterno es su eterna
actualidad.
No sólo persiste el escritor, según su verdadera
ley, en hallar lo que su tiempo no encuentra,
sino lo que él, en tanto que hombre dotado de
medios expresivos, halla en su medio inexpresado.
De ahí que algunos no nos hayamos dado la
paciencia de limitarnos y estemos todavía dando
manotadas acumulativas, tocando a veces temas
que no elegiríamos y empleando a veces registros
que sin causa decisiva no utilizaríamos y exten­
diendo nuestro abarcar en vez de ajustar nuestro
apretar.
¡Cuánto tiempo hace que no me doy yo el gusto
(sigue en la pág. 4)

3

�(viene de la pág. 3)

de escribir un libro a mi gusto! Estoy escribiendo,
por mi parte, sobre lo que creo que no puede
pasar sin ser recogido, aunque no sea más que
para acusar el tema y dejarlo fuera del limbo,
fuera de la región de lo inexpresado.
\ de este modo yo mismo considero mis libros
como voluminosas aproximaciones. Pues no quiero
dejar — ni a trueque de darme un gusto a mí
mismo— de acercarme y enfrentarme con materias
que no podemos dejar imprevistas, que no pode­
mos dejar inéditas, que no podemos dejar ocultas
en la masa indiferenciada. Y sucede después como
en los edificios: si uno llega a techar los basti­
mentos la obra se salva, y si no, no.
Así, pues, a lo que tiendo es a ir figurándome
los libros que podrán servir de techo. Si los ob­
tengo, las voluminosas aproximaciones obtendrán
mecánicamente su sentido parcial y su justificación
general; y si no. quedarán como eso, como meras
masas aproximativas, aproximativas a unas paredes
y a un techo, de una arquitectura sustantiva, que
nunca se consumaron.
Mientras tanto nuestro quehacer es una labor
ímproba, una labor a la que no le importa más
que poseer un fin y estar desarrollando un ejer­
cicio, un ejercicio hacia ese fin. Libro escrito
es libro al que ya somos extraños: nuestra aten­
ción está de nuevo reclamada por otros objetivos
y por otros ritmos. ¿Quién puede favorecer o
contrariar el destino de un libro ya lanzado? No
hay injusticias en materia de arte, no hay botellas
en el mar. Por eso son tan pocas las obras total­
mente ignoradas que las posteridades descubren.
Hay libros que se reactualizan, pero casi nunca,
prácticamente nunca, libros que se descubren, que
se traen a la vida de la muerte. El libro que
no halla vida es el que nace muerto. Los que
llegan a la vida con vida pueden conocer vicisi­
tudes pero no óbito. ¿D e qué vale que nos empe­
ñemos en matar, o en ayudar, a un ente que
nace muerto, o a uno que va a vivir? ¿Qué tiene
que ver eso con nosotros? Amigo, crítico.
En cuanto a las preguntas concretas sobre lo
que actualmente estoy haciendo, ¿a quién importa?
Que salga a la luz y allá veremos si vive o está
muerto. Eso sólo es lo que para los demás — y
para mí— puede tener alguna significación.

vocabulario
•

BIEN

•

Hay una cantidad de gente que dice estar más
allá del Bien y del Mal. Pero, por alguna razón
curiosa, son gente que está siempre en el Mal.
•

DIOS DE LOS FILOSOFOS

Esta Potencia ha imaginado un castigo para los
que hablan mal de la filosofía:
que esas habladurías sean tam­
bién filosofía, pero mala.
£

OSCURIDAD

Aparte de razones vinculadas a la psicología de
la infancia, el prestigio de la oscuridad se debe al
hecho de que lo profundo es frecuentemente oscuro,
lo que — desde luego— no implica la verdad recí­
proca. Especulando sobre este alegre paralogismo,
muchos escritores modernos han logrado fama de
grandes psicólogos a causa de
que sus personajes son tene­
brosos.
Habría que distinguir, como
ha dicho alguno, la oscuridad
de expresión y la expresión de
la oscuridad. Es cierto que hay
problemas oscuros, como el de
Dios o el del libre albedrío.
Pero al menos es deseable que
un filósofo haga ver claramen­
te en qué son oscuros.

ESPRIT DE MESURE

Es sabido que la literatura
francesa se caracteriza por su
espíritu de medida. Por alguna
circunstancia desconocida — no
obstante— muchos se empeñan
en considerar como franceses
a Fran^ois V illo n , R abelais,
M on taign e, P ascal, M oliere,
Voltaire, Balzac, Stendhal, Rimbaud, León Bloy, Lautreamont
y Paul Claudel.
•

•

INVENCION
Y DESCUBRIMIENTO

Podría decirse que cuando
un hombre inventó el ajedrez
quedaron dadas, potencialmen­
te, todas las partidas: a través
de los siglos, los jugadores des­
cubrirían penosamente las par­
tidas preexistentes, como en
una selva.

s&amp; 'v *
DIBUJO

Pero dando un paso más
atrás, se podría decir que el hombre no inventó
sino descubrió el ajedrez. Considerando el Universo
como dado, todas las creaciones e inventos del
hombre serían como partidas en este Gran Ajedrez
y, como tales, descubrimientos en esa Gran Selva.
Pero dando otro paso más, se podría decir — qui­
zá— que este Universo no ha sido creado sino que
ha sido descubierto en una Selva de Universos
Posibles, selva difícil, oscura, sublime, en que sólo
un Dios puede aventurarse.
•

POESIA PURA

Algunos opinan que en la
poesía pura no deben interve­
nir elementos didácticos; otros
han prohibido la filosofía, la
política, las teorfas raciales, la
ciencia; otros, los valores mu­
sicales, como la rima y el rit­
mo.
Sería bueno escribir un
poema purificado según todas
estas recomendaciones: no que­
daría nada.

OFICIO

En literatura el oficio consiste en que el lector
no lo note.

v_ '

V

Se cree que el problema de
la poesía pura es un gran pro­
blema porque es interminable,
olvidando que también eran interminables las dis­
putas medievales sobre los granos de trigo que son
necesarios para formar un montón. Los logísticos
modernos dirían que tanto uno como otro son seudoproblemas de definición: dada una definición se
termina la disputa, que simplemente se debe a que
cada uno habla de algo diferente.

DE NINA

HAEBERLE

En general, todos los conceptos en que entra la
palabra “ pura” son sospechosos de escolasticismo:
poesía pura, raza pura ,música pura.
Propongo la siguiente definición: “ poesía pura
es toda poesía exenta de impurezas” . Puede parecer
irritante, pero hay que reconocer que es irrebatible.
ERNESTO SABATO

En los próximos números —y por estricto orden de recepción— daremos a conocer las
respuestas de Cordova Iturburu, González Lanuza, Max Dickmann, Canal Feijoo, Amado
Alonso, Serrano Plaja, Roberto Giusti y otros.

Contesta JORGE LUIS BORGES

¿POR QUE ESCRIBE USTED?
T J orque n o puedo no escribir, sin ese peculiar
A sentimiento de desventura que engendran la
cobardía y la deslealtad. Me creo mejor razonador,
mejor inventor, que otros escritores; sé que casi
todos escriben mejor que yo, que a casi todos
los asiste una espontánea y negligente facilidad
que me está vedada y que no lograré ni por la
meditación ni por el trabajo ni por la indiferencia
ni por el magnífico azar. Escribo, sin embargo,
porque para mí no hay otro destino. (Eso lo sé,
desde la ya remota niñez). Para mi salvación,
de nada me serviría ganar batallas como mi bis­
abuelo Suárez, ni morir en la cruz como el Reden­
tor, ni traicionar por treinta dineros al Redentor
como Judas Iscariote lo hizo; Judas, cuyo miste­
rioso destino era traicionar. Cada hombre tiene
su destino, más allá de la ética; ese destino es

su carácter (hace dos mil quinientos años lo dijo

Heráclito en el Asia Menor) ; ese destino es la
ética secreta del hombre; así interpreto yo el
apotegma que se lee en la falsa carátula de cada
uno de los cuatro volúmenes de la Historia de
San Martín: “ Serás lo que debes ser, y sino no
serás nada” . (Mi padre discutía conmigo esa inter­
pretación; afirmaba que San Martín dijo más o
menos: Serás lo que debes ser — serás un caba­
llero, un católico, un argentino, un miembro del
Jockey Club, un admirador de Uriburu, un admi­
rador de los extensos rústicos de Quirós— y sino
no serás nada — serás un israelita, un anarquista,
un mero guarango, un auxiliar primero; la Comi­
sión Nacional de Cultura ignorará tus libros y el
doctor Rodríguez Larreta no te remitirá los suyos,
avalorados por una firma autógrafa... Sospecho
que mi padre se equivocaba).
¿CUAL ES SU MAYOR AMBICION
LITERARIA?
Escribir un libro, un capítulo, una página, un
párrafo, que sea todo para todos los hombres, como
el Apóstol (1 Corintios 9 :2 2 ); que prescinda de
mis aversiones, de mis preferencias, de mis cos­
tumbres; que ni siquiera aluda a este continuo
J. L. Borges; que surja en Buenos Aires como
pudo haber surgido en Oxford o en Pérgamo;
que no se alimente de mi odio, de mi tiempo,
de mi ternura; que guarde (para mí como para
4

todos) un ángulo cambiante de sombra; que co­
rresponda de algún modo al pasado y aún al
secreto porvenir; que el análisis no pueda agotar;
que sea la rosa sin por qué, la platónica rosa
intemporal del Viajero querubínico de Silesius.
¿QUE PREPARA USTED?
Para el remoto
larga narración o
El Congreso y que
más explícito) los
Kafka.

y problemático porvenir, una
novela breve, que se titulará
conciliará (hoy no puedo ser
hábitos de Whitman y los de

Para el porvenir inmediato, un cuento fantástico
sobre una ciudad de inmortales, que ilustrará
Leticia Alvarez de T oledo; un cuento simbólico
(a la manera de ciertas composiciones de Browning) que procede de un párrafo de Renán y que
se llamará A verroes; otro cuento fantástico sobre
el tema del eterno regreso, que se titulará, si no
me equivoco, El traductor de H um e; un cuento
de contrabandistas que ocurrirá en 1890, cerca del
Arapey; un cuento policial, en colaboración con
Adolfo Bioy Casares, cuyos protagonistas son Isi­
dro Parodi, Gervasio Montenegro y el inédito
Marcelo N. Frogman (que es una hipérbole de
Savastano), y cuyo título ignoramos aún.

f7^
J

C

�Sentido de una trayectoria

La poesía aníológica

.

los hombres del 89, del 48, como todos los pue­
blos levantados contra el despotismo, baluartes
incorruptibles de la soberanía y la independencia
de su tierra; los primeros que, al oponerse al na­
zismo, defendieron la cultura.
Los intelectuales han hallado, en su contacto
con los pueblos combatientes, los maquis del
mundo, los vectores del gran caudal de energía
que ha de nutrir el ingenio del artista e impulsar
a la ciencia por el rumbo de una incesante crea­
ción, sin las limitaciones impuestas por las alter­
nativas mercantiles, estimulada por la demanda de
una sociedad progresista y las posibilidades inhe­
rentes al desarrollo de la técnica.
En nuestra Argentina, en nuestra América, la
tarea decisiva consiste en tomar contacto con la
entraña de nuestro pueblo, con su tradición de
libertad que nos hermanó con los pueblos libres
del mundo en las guerras emancipadoras, con los
proceres que lucharon contra la tiranía y nos
dieron la Constitución, que es nuestro orgullo y
que inspiró a los creadores de nuestra jerarquía
nacional. Su prédica y su conducta nos dicen que
la cultura argentina digna de tal nombre es liberal
y que su expansión será tanto más amplia cuanto
más sensible y profundamente nos incorporemos
a las corrientes liberales de nuestra historia, re­
husándonos a compartir ese estrecho nacionalismo
excluyeme y xenófobo que exhorta al retorno a
formas primitivas de la cultura nativa. Los de­
beres contraídos con nuestras tradiciones nos im­
ponen rumbos muy distintos. Las corrientes huma­
nas procedentes de toda la tierra han enriquecido
la República con su potencia racial y su cultura,
y nuevas corrientes humanas nos elevarán todavía
a alturas mayores. Ello no disminuirá nuestro
acervo ni será un menoscabo para nuestro pen­
samiento y arte nacionales. Diremos tanto mejor
lo nuestro cuanto más grande y profunda sea
nuestra solidaridad con las colectividades libres
del mundo, pues sólo los pueblos libres engendran
una ciencia vigorosa, un arte digno de las mejores
tradiciones de su cultura.

SONETO
Entra la aurora en el jardín; despierta
los cálices rosados; pasa el viento
y aviva en el hogar la llama muerta,
cae una estrella y raya el firmamento;
canta el grillo en el quicio de una puerta
y el que pasa detiénese un momento;
suena un clamor en la mansión desierta
y le responde el eco soñoliento;
y si en el césped ha dormido un hombre
la huella de su cuerpo se adivina;
hasta un mármol que tenga escrito un nombre
llama al Recuerdo que sobre él se inclina . . .
Sólo mi amor estéril y escondido
vive sin hacer señas ni hacer ruido.

El profesor Georgalas, de la Universidad de A te ñas, ha formulado — desde la radio de los guerri­
lleros griegos— un patético llamado a los intelec­
tuales del mundo, solicitando su apoyo en momentos
en que la artillería inglesa disparaba sobre su
pueblo en la roca sagrada del Acrópolis.
DIBUJO DE USA

E l l ec t or
y el L i b r o

Para establecer un vínculo entre los lectores y los libros
nacionales, rogamos a nuestros amigos que remitan al
director de esta sección la lista de páginas memorables
de las obras de sus bibliotecas. A través de los márgenes
(citar capítulos, páginas, párrafos) intentaremos un en­
tendimiento significativo entre el lector y el autor.

trastienda
a PAPELES DE RECIENVENIDO,
donio Fernández. Ed. Losada.

de

Mace-

No era muy necesaria su reedición. Humorismo
con trampa, puesta en descubierto por hábiles
exégetas, resulta un poco pasado de moda. He
ahí un libro, y, también un autor, fácil al pasti­
che. Kafka, si continúan explicándolo con tanta
lucidez, nos dará idéntico disgusto. (Guardando
las distancias, se entiende).
• ANTES QUE MUERAN, de Norah Lange.
Una escritora con fervor literario, pero sin ningu­
na convicción. Trabaja con intimidad, quizás con
fervor. Gómez de la Serna aparece de vez en
cuando en sus observaciones menos audaces. Siem­
pre hemos creído en la señora Lange. Terminamos
por convencernos de su calidad, de su buen gusto
poético, con esta última entrega que lanza don
Gonzalo Losada, editor.
• POESIA, de Emilio Oribe. Oribe es un gran
poeta. De los primeros del Uruguay. Su poesía
filosófica, quizás se recuerde a la par que la otra,
la menos intrincada y de natural presencia. Y es
mucho decir, porque no siempre los poetas del
Río de la Plata son filósofos y sensibles a la
belleza, en una misma medida.
Ed. “ Mundo Libre” , Montevideo.
• LA VENTANA ENTREABIERTA, de Gon­
zález Carbalho. Cuando un poeta hace prosa, 6e

comparan ambas manifestaciones y el crítico le
insinúa que siga haciendo poemas. A González
Carbalho se le reclama más prosa, porque ya co­
noce el oficio y los secretos del cuentista con los
que logra muchas piezas de valor perdurable.
Ed. “ El Ateneo” .
® NUE\ E CANTOS, de José Pedroni. ¡Qué
gran poeta es este sencillo cantor del solar santafesino! Admirado y admirable, en su robusta po­
sición de hombre, de labriego de la tierra de
arriba y de la de abajo. Hombre en vecindad con
el otro hombre, con el del pueblo, Pedroni me­
rece siempre el respeto de sus contemporáneos
que no será desmentido en ningún futuro, ni
próximo ni lejano. Nueve cantos, en una edición
desacostumbrada —lomo cosido por un hilo de
alambre como los anotadores a los que se Ies
arranca una página y se mantienen igual—, N ueve
cantos, cuadernillo de Lilulí, conforma el gusto
poético más exigente.
• SUR, en el número correspondiente al mes de
noviembre, publica un patético relato —escrito con
el apresuramiento de los que no mienten, urgidos
por el amor a la verdad que es el amor a la
libertad— firmado pt&gt;r Jean Paulhan. Conviene
que la gente de letras de por aquí, lo lea con
detenimiento. Quedan algunos hombres valientes,
todavía.
LAZARO RIBT
5

Frente al clamor unánime de todos los sectores
progresistas, incluso del propio pueblo británico, el
señor Churchill se encarga de dem ostram os, con
trágica evidencia, la realidad de su aserto de que
‘no ha sido llevado al cargo que ocupa para liquidar
imperios” . En cumplimiento de esta afirmación hace
tabla rasa de las conquistas que representan, para
la causa de la libertad y la democracia que sus­
tentan las Naciones Unidas, la Carta del Atlántico
y el Pacto de Teherán; suma al horror de la ocu­
pación alemana una nueva ola de violencia contra
la sagrada cuna de la civilización occidental, y ame­
tralla a los descendientes de los héroes de las
Termopilas, de los defensores de las libertades del
ágora.
Desde estas columnas asociamos nuestra voz a la
del profesor Georgalas, expresando nuestra indig­
nada protesta por las masacres de Atenas y las
tentativas de imponer al heroico pueblo griego un
gobierno títere reaccionario que salvaguarde los
tambaleantes intereses imperialistas en la cuenca
mediterránea.

• • •
En prensa ya esta revista nos llega la dolorosa
confirmación de la muerte de Romain Rolland. acae­
cida en Vezelay (Suiza) el 30 de diciembre. A la
lista de espíritus superiores que hemos visto des­
aparecer en estos trágicos años se agrega el nombre
de quien para nosotros representa la pérdida más
sensible. Romain Rolland, maestro de la juventud,
auténtico humanista, incorruptible buceador de la
verdad a través de toda su épica existencia. Ren­
dimos desde aquí emocionado homenaje a este aban­
derado de la libertad de todos los pueblos, algunos
aspectos de cuya obra estudiaremos en nuestro
próximo número.

• • •
Leopoldo Hurtado, director de nuestra página de
música, se ausentó para Cuba como delegado de
la S.A.D.E. al Congreso de la F.I.S.A.C. (Federación
Interamericana de Sociedades de Autores y Com po­
sitores). Este viaje ha de permitir, sin duda, a
Hurtado, brindar a nuestros lectores aspectos inte­
resantes del movimiento musical de Centro América
y de Estados Unidos, país que también visitará.

�PINTURA Y GRABADO

Nuestra plástica
y sus p ro yeccio n es

Dirige
ANTONIO BERNI

SECCION, dedicada particularmente a la pintura, el dibujo, el grabado, tenderá
a reflejar una síntesis de los hechos salientes propios de las artes plásticas del
país y del continente americano, ubicándolos sobre el telón de fondo del
ma universal del arte contemporáneo.

E

STA

I na misión importante se atribuirá esta sección: será la de aportar
recoger to­
do juicio, punto de vista o doctrina, sin excepción ni dogma, considerados útiles a la
definición y divulgación de los conceptos que caractericen nuestro pensamiento y nues­
tra sensibilidad. En este sentido, pretendemos llegar a una labor especulativa. No con­
sideramos el arte como una elaboración, en abstracto, del pensamiento o del espíritu.
Consideramos el arte como un fenóm eno privativo de personas, grupos o clases, engra­
nados dentro del fenóm eno universal de pensamientos afines.

DIBUJO DE MIRABELll

Consideramos interesante destacar como ejemplo
de solidaridad, el nuevo frente común constituido
per los tres grandes líderes de la revolución artís­
tica mejicana, Siqueiros, Rivera y Orozco, a raíz
del rechazo del grabado “ El gran atentado” , de
Leopoldo M éndez, en el salón anual de la Galería
Decoración “ Eduardo M éndez99.
Los tres artistas firmaron un manifiesto expre­
sando: “ Este humillante acto de discriminación fué
llevado a cabo contra el artista por causas políticas.
La razón es precisamente que el artista difundió
el interés progresista del pueblo mejicano. A ren­
glón seguido, diez de treinta y siete artistas reti­
raron dieciséis de cincuenta obras del salón, efec­
tuando su propia muestra en el “ Taller de Arte
Gráfico Popular99.
Como documento que refleja la firme posición
que adoptan los artistas de ese país en defensa de
los principios plásticos que sustentan, transcribimos
a continuación la diatriba de Rivera contra un juicio
crítico del escritor español Bergamín, dejando a
salvo el respeto que nos merece este último en
su terreno específico de actuación.

UNA CARTA DE

Al Seminario de Cultura Mexicana, y especial­
mente a los miembros de la Sección de Artes
Plásticas. — Presente. — Respetables miembros
de esa institución:
Con el mayor respeto y dentro de la estimación
muy grande que tengo por la institución de que
ustedes son cuerpo, y sobre todo en completa
cordialidad, les ruego me permitan llegar hasta
ese Seminario de Cultura con esta carta para
presentar ante él. por medio de ella, mi protesta
enérgica que juzgo ser justa, contra los conceptos
que un escritor extranjero a nuestro país, más
por su sensibilidad ajena a la nuestra que por
su nacionalidad de origen, expresó respecto al
gran maestro de la pintura mexicana José María
Velasco y al grande artista contemporáneo nuestro
José Clemente Orozco. Esos conceptos aparecie­
ron en el Boletín de ese Seminario en un artículo
referente a la obra de mi amigo el excelente
pintor Antonio Ruiz. miembro de él.
Si ese Boletín fuera sólo una revista literaria
y artística, nada encontraría yo de objetable en
el caso; aun me parecería laudable por parte de
los editores responsables, abrir tribuna libre hasta
para los conceptos contrarios a nuestros más altos
intereses nacionales. Un hecho semejante sería
materia de polémica y clarificación, que siempre
pueden llegar a ser útiles.
Pero no es ese el caso; el Seminario de Cultura
Mexicana tiene sobre sí y ante el país una gran
responsabilidad clara y definida. No puede ser
considerado como un cuerpo difusor ecléctico e
indeferentista. que lance a los cuatro vientos toda

Esta conducta no puede dar lugar a equívoco, atribuyéndosenos desinterés y opo­
sición acerca de sensibilidades o escuelas surgidas en horizontes distintos al nuestro.
Por el contrario, ellas se darán a conocer después de severos análisis que nos den la
certeza de si pueden o no ser injertadas a nuestro tronco en formación. No toda co­
rriente estética, de valores positivos en determinado momento y lugar, ha de ser buena para nosotros en esta etapa. Muestro defecto ha sido, hasta hoy, el de recoger ciega­
mente, sin decantamiento, sin depuraciónf toda escuela de arte impuesta y prestigiada
en los más grandes centros de cultura. Así nos hemos iniciado en una despersonaliza­
ción que continúa "in crescendo . Para ello se han asignado su parte ciertas críticas:
la "snob por un lado: la conservadora '‘cursi” por otro. Colaboran también en esta
tarea algunas editoriales de arte, sólo preocupadas en la fácil traducción de textos y
divulgación productiva de libros con láminas, mal tomadas de otras láminas, o con
introducciones escritas por quienes jamás vieron las obras originales a las que se refie­
ren.
A oso tros creemos, mejor dicho estamos seguros, de que el mejor ejem plo no con­
siste en imitar la obra maestra, sino el gesto del hombre de genio: l a p a s i ó n c r e a d o ­
r a . Esta distinción es importantísima en e;tos momentos en que, en el Río de la Pla­
ta, dos nefastas desviaciones quieren sacar de su cauce una corriente que se encamina
hacia un mundo real y humano, para agotarla, una en la charca de la imitación "pu­
rista", sin ninguna concomitancia sensible con nuestros verdaderos problemas ideoló­
gicos y psíquicos, y otra en un doble pasatismo de viejas estéticas y de caducos tipos
folklóricos ya inexistentes.
es:

Nosotros nos encaminamos resueltamente hacia nuestros propios problemas inter­
nos; ellos son difíciles porque exigen la solución por obra de nuestro pensamiento v
de nuestro propio trabajo. Lo otro es fácil: es tomar lo ya realizado sin preocuparse
por lo que ha de llevar de nuestro aporte. Llegar a afirmar nuestro arte sobre una ba­
se real y positiva, en un doble fundamento: plástico y objetivo, es la tarea más inme­
diata y necesaria. Hacia esta afirmación encauzaremos toda nuestra más cara energía.

semilla para que los hombres y el tiempo escojan
los frutos de ella si es que llega a darlos. No. el
Seminario de Cultura tiene que tener sobre sí,
y que cumplirla, la tarea de escoger aquellas
semillas que sean las más útiles para la marcha
progresiva del pueblo de México, en el camino
de su cultura nacional; entendiendo por ésta
aquella que sirva al desarrollo de lo que es nues­
tro, hasta el grado máximo posible, y el injerto
en el árbol propio de aquello que pueda hacerle
dar mejores frutos; el Seminario debe también,
como parte de esta tarea, llevar a cabo la elimi­
nación cuidadosa de todo lo que estorbe el des­
arrollo de esa cultura nacional.
La difusión de juicios injustificados e incom­
prensivos, fundados tan sólo en la opinión perso­
nal de un señor que se autoriza a sí mismo para
emitirlos, sin poseer calificación profesional nin­
guna en las artes plásticas, respecto a dos de
nuestros grandes valores, no es ciertamente una
tarea de acuerdo con las funciones técnicas, socia­
les y culturales que son de esperar sepa cumplir
un cuerpo de la importancia del que ustedes
forman.
Dice el señor Bergamín, autor del artículo, res­
pecto a don José María Velasco:
“ Naturalismo romántico, como todo el natura­
lismo lo fué. retrato y paisaje tienen en la pintura
mexicana del siglo XIX originalísima fisonomía
propia. De Estrada a Velasco que bastarían para
recordárnoslo. Parece que nada tienen que ver
los grandes lienzos de este último con toda la
pintura moderna. Su proyección de gran super­
6

ficie especular, luminosa y vacía, se aleja de nues­
tros ojos, como sus encendidas perspectivas, sin
dejarnos siquiera un solo eco o resonancia humana
por la huella de su panorámico romanticismo.
“ Nada más ajeno al parecer a la pintura de
Ruiz que estas deshumanizaciones de espejo; que
estas iluminadas figuraciones naturales del pai­
saje, panorámico siempre, que este ilusorio pano­
rama teatral de Velasco, reproducido como en la
placa de una cámara fotográfica; nada más ajeno,
decimos, a estas otras concentraciones pictóricas
que en Ruiz se nos ofrecen” .
Cuando el funcionamiento glandular de una per­
sona es irregular, especialmente por lo que con­
cierne a la producción de hormonas y adrenalina,
muy particularmente esta última, el individuo se
vuelve no emocional, sino neutro, y en consecuen­
cia puramente intelectual; en este caso no puede
ser sensible a una pintura profundamente sensual
y emotiva por su propia plástica, sin auxilio de
anécdota y representación de situaciones humanas,
permitiendo al intelectual frío y neutro bordar
sobre ellas literatura y falsa poesía. Las palabras
del señor Bergamín permiten un preciso diagnós­
tico respecto a su caso; su solidarización con ele­
mentos españoles y mexicanos de naturaleza ine­
quívoca en su neutralidad, confirman lo que él
mismo enseña en su escrito. Pero si es preciso
situar la personalidad del crítico a quien el
Boletín del Seminario dió hospitalidad, lo im­
portante es cotejar su juicio con lo que realmente
existe en la pintura de Velasco.

�DOS GRANDES PRODUGCIONES
DE LOS ESTUDIOS SAN MIGUEL
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Duende
os hallamos ante

lacabal demostración de que el cin

nacional ha superado su estapa de tanteos, en que lo primi­
tivo de la realización unido a la chabacanería de los temas
provocaba la huida de los espectadores. Hoy, escenógrafos,
artistas, argumentistas, directores, modistos, han logrado
crear una hermosa realidad, que anticipa perspectivas aun
más promisoras.

LA C A B A L G A T A D E L C I R C O

Aparecen en la foto algunos de los principales intérpretes de ''La Dama Duende", verdadera fiesta
del espíritu que se aprestan a brindarnos los Estudios San Miguel.
E s interesante destacar el gran progreso
logrado en materia de argumentos, domi­
nio en el cual, afortunadamente, se ha
roto con la tendencia que tanto perju­
dica a nuestro teatro n acional. Nos
referimos a la estereotipia de tipos y
ambientes rep etid os en in nu m erables
sainetes que pretenden, por una parte,
reflejar típicos aspectos de nuestra reali­
dad nacional; satisfacer, por otra parte,
exigencias de nuestro público. Nada más
falso. Lo demuestra el éxito alcanzado
por argumentos cinematográficos vincu­
lados a grandes crea cion es literarias,
desde “ Los caranchos de la Florida” , de
Benito Lynch, con la cual Alberto de
Zavalía marcó el camino a seguir, hasta
Malambo, La guerra gaucha, Tres hom­
bres del río, Juvenilia, pasando luego a
las fuentes extranjeras, inagotables para
el logro de films de gran categoría.
Siguiendo esta p on d era b le tendencia.
Estudios San Miguel se ha abocado al
esfuerzo que representa llevar a la pan­
talla “ La Dama Duende” , clásica come­
dia de D. Pedro Calderón de la Barca,
adaptada por los talentosos escritores
emanóles María Teresa León y Rafael
Alberti. Esta obra, plena de belleza, ha
de constituir, sin duda, una verdadera
fiesta para el espíritu, por el chispeante
ingenio que campea a través de todo su
desarrollo y la exactitud lograda en la
reconstrucción de la época. A tal efecto,
Gori Muñoz ha hecho un serio estudio
de los estilos arquitectónicos imperantes
en la España del siglo X VIII, y con am­
plio dominio técnico ha combinado el
estilo español con el rococó importado
de Francia y el seu d o-clásico itálico.
Ha logrado así, triunfando ampliamente
en una empresa de suma responsabili­
dad, un reflejo fiel de la época de Goya,
donde se trasunta un conocimiento de la
historia, costumbres y ambientes de su
país, que llega a los mínimos detalles.
En posesión de todos esos elementos,
G ori M uñoz dibujó bocetos que, con
gran fidelidad y fina concepción, corres­
ponden totalmente a la plástica cinema­
tográfica. M erecen destacarse, entre
otros, el dormitorio de la posada, la
callejuela del Soto, la plaza del pueblo,
la cocina del palacio, el patio de la

¿Ha pensado Ud. alguna vez en
el real estado de ánimo del payaso
que le divierte en el circo? Tema
de inspiración de poetas, músicos,
pintores, ha sido la antítesis entre
las carcajadas de la pista y los
pesares que llevan por todos los
caminos estos trashumantes sem­
bradores de alegría. El genial
Garrick sigue paseando su incu­
rable melancolía a través de los
tiempos.
Este hermoso tema ha sido cap­
tado brillantemente por Francisco
Madrid y Mario Sóffici, quienes
han llevado a la pantalla, por in­
termedio de Estudios San Miguel,
un ágil libro cin em atográfico,
bajo el nombre de “ La Cabalgata
del Circo” . Aparece allí el histó­
rico circo Politeama. de la calle
Florida, destruido por un incen­
dio, que fuera sede tradicional
de esa clase de espectáculos y

cuna de nuestro teatro nacional.
S ó ffici ha con segu ido una fiel
reproducción de ese am biente,
secundado por Eduardo Bonero
y Leo Fleider. Contribuye eficaz­
mente a realzar el interés de este
herm oso espectáculo un ininte­
rrumpido desfile de canciones de
la época: El dúo de los payasos
(1893), La canción de la panade­
ra; Caburé; Melenita de oro; Ay,
Aurora; Maldito tango; Mi noche
triste; El porteñito, etc.
La respon sabilidad de la inter­
pretación de los papeles principa­
les ha sido asumida brillantemente
por Libertad Lamarque y Hugo
del Carril, secundados por un efi­
caz elenco de reconocidos méritos:
José Olarra, Orestes Caviglia, Juan
José Míguez. Evita Duarte, Arman­
do Bó. Ilde Pirovano, Elvira Quiroga y otros. Actúa como jefe de
producción Francisco Cárdenas.

Delia Garcés, que supera sus ya extraordi­
narias creaciones anteriores con el papel protagónico de "La Dama Duende".

posada, los exteriores del convento, la
entrada a palacio y el puente que atra­
viesa el pueblo, v e r d a d e r a o b r a de
ingeniería.
El personaje central de la película ha
sido confiado, con todo acierto, a la
actriz Delia Garcés, a quien acompañan
Enrique Diosdado, Ernesto Yilches, An­
tonia Herrero, Amelia Sánchez Ariño,
Manuel Collado, Andrés Mejuto, Elena
Cortesina, Paquita Garzón, Alberto Contreras, Francisco López Silva, Alejandro
Maximino. La dirección ha sido ejercida
por Luis Saslavsky, acompañado por sus
ayudantes F rancisco Tarantini y I u¡i
María Cáceres.
Gracias al alto grado de capacitación
alcanzado por el personal técnico y artís­
tico de Estudios San Miguel, los pueblos
de América conocerán pronto este bellí­
simo ambiente español reflejado en la
grandiosa producción “ La Dama Duende .

Mé* Pirovano, José Olarra y Orestes Caviglia, en una escena de "La Cabalgata del
Circo", magnífica reconstrucción de un aspecto del 900.

En números sucesivos daremos a conocer en esta página
interesantes aspectos del plan de producciones que Estu­
dios San Miguel presentará derante e! año en curso, y
que han de constituir otros tantos éxitos de la temporada.

�Jídd (X&amp;k&amp;d

(fuemud de íeeft

LA CIUDADELA, novela, por el Dr. J. A. Cronin, 4 16 p ág in as . . . .
EL MATRIMONIO PERFECTO, estudio de su Fisiología y su Técnica,
por el Dr. Th H. Van de Yelde, 4 7 0 p á g in a s .........................................
LA NOCHE QUEDO ATRAS, por Jan Valtin, 7 0 0 p á g in a s, e n cu ad .
IM PACIEN CIA DEL CORAZON, novela, por S te fa n Z w e ig , 350
p á g in a s

...............................................................................................................................

POR

Q U IEN D OBLAN LAS CA M P A N A S , novela, por Ernest
Hemingway, 5 0 0 p á g in a s ..........................................................................................
OBRAS COMPLETAS DE EDGARD ALLAN POE, por Armando Barón,
6 7 2 p á g in a s

.............................................................................................................................

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Todo aquel que tenga sensibilidad ocular y
no se distinga por padecer incapacidad glandular
y en consecuencia estado mental anormal y mu­
tilado, puede darse cuenta del desarrollo ascensional de la personalidad de Velasco a todo lo
largo de la producción de su obra. Empezó pre­
cisamente como todos los pintores europeos del
tiempo en que él se inició en la pintura; entonces
sí tenía con ellos la conexión que no le encuentra
el señor Bergamín.
Buscaba crear el espacio de sus cuadros por
medio de una gradación de contrastes de valores,
oponiéndolos de claro a oscuro, del más negro
al más blanco en los primeros términos, hasta
los grises más sutiles armonizados en las lejanías;
a esos valores acompañaba el color pero no era
el color mismo el que creaba la situación en el
espacio de los objetos construidos dentro del
cuadro.
Así fué toda la pintura europea hasta la apa­
rición del impresionismo, post-impresionismo y
neo-impresionismo, nacidos todos ellos del gran
maestro precursor, Eugenio Delacroix. En esas
tendencias, se sustituyó el contraste de blanco y
negro por el de colores fríos y cálidos; se tradujo
a colores la escala de valores, pero de todos modos
no era sino el claro y oscuro colorido que seguía
sirviendo para crear el espacio del cuadro. Por
esta etapa pasó también Velasco, pero rápida, casi
fugazmente; su Alta Mar y su Marina del puerto
de la Habana, pintadas durante su viaje de vuelta
de Europa hacia 1889, son ejemplos de esto, y su
parentesco con los grandes maestros del impre­
sionismo contemporáneos a esas telas, a quienes
Velasco iguala en calidad, es en tal forma evidente,
que se necesita ser un Bergamín para no percibirlo.
Desde allí, la ascensión de Velasco es continua.
A partir de entonces sí puede decirse realmente
que su pintura no tiene conexiones con la pintura
moderna ni con la antigua; pero para ser exactos
deberemos decir que tanto la pintura antigua como
la moderna ya no alcanzan a conectarse con la
de Velasco. A la escala de valores, al claro oscuro
colorido hecho con la gama de colores cálidos
en contraste con los fríos, pero establecidos en
el espacio del cuadro, claro a más claro, que
equivalía, aunque en más luminoso, a la antigua
gradación de negro a blanco; Velasco sustituyó
no una nueva escuela sino una nueva valorización
intrínseca del color, el que, de por sí, ocupa un lu­
gar en el espacio del cuadro según los elementos
que contiene. Creó Velasco una paleta cuyos dife­
rentes tonos al ser hechos sobre ella tenían ya
un lugar determinado en el espacio del cuadro
aparte de las relaciones de valor (puesto que
siempre hay un valor inherente al color) que
pudieran tener con el resto de la composición.
Este hecho no tenía precedente en toda la his­
toria de la pintura ni ha tenido consecuente toda­
vía. Velasco llegó a ser y permanece siendo único
en toda la vida del arte humano. Su genio tuvo
tal grandeza, que se envolvió en una sencillez
enorme tomada de la apariencia del mundo físico,
cuando en realidad su pintura es creación pura.
Su elegancia suprema lo llevó a envolverse con
esa apariencia sencilla e inmensa que hace que
ante un cuadro de él los pobres Bergamines se
crean delante de un espejo; en cambio, las gentes
sencillas, capaces de emoción, obtienen de la obra
del maestro el máximo de placer de que son capa­
ces. Velasco tuvo la altivez superior de hacerse
accesible a los humildes e inaccesible e impene­
trable a los mediocres, a los pedantes y a los
mentecatos, aunque sean “ poetas’' o “ investiga­
dores estéticos” .

\ elasco descubrió una geometría en el espacio
por el color. Su talla se agigantó en tal forma
que es muy difícil apreciar su verdadera altura
desde abajo, especialmente para quien no posee
el orgullo humilde necesario para no creerse un
gigante cuando no se es sino un señor cualquiera.
^ elasco jamás copió ni repitió una forma ni un
solo color; creó un mundo paralelo al mundo
físico ,tan próximo a él como lo está el aire a la
superficie del agua de un lago; pero siguen siendo
medios diferentes. Ese paralelismo hace que los
mediocres, cuando ven un cuadro de Velasco,
crean que están mirando una fotografía. La obser­
vación del maestro fué en tal forma potente y
entendió tanto el mecanismo de las fuerzas uni­
versales, que creaba, hacía y deshacía y jugaba
con las montañas, como el héroe del Popol Vuh.
Su dibujo, más bien dicho, su forma fluyente,
sólo es comparable a la de la maravillosa escul­
tura tarasca.
En realidad \ elasco creó un mundo plástico
nuevo, si la pintura es color, y es evidente que
lo que no es color sólo puede ser gráfica, dibujo,
bajorrelieve o escultura, pero jamás pintura; si
pintor es aquel que se expresa básicamente por
medio del color, entonces José María Velasco será,
y lo es, señores, por su propia grandeza de creador
y por la magnitud de su descubrimiento, no por
la opinión de nadie, ni por la mía propia, insig­
nificante, aunque apoyada en cuarenta años de
ejercicio de oficio plástico, EL PINTOR POR
EXCELENCIA, con el cual la pintura más “ mo­
derna” aun no alcanza a tener conexión.
Velasco pudo alejar sus últimos planos, ponerlos
a distancia mensurable con equivalente en el
espacio físico, pintar cielos que tienen años de
luz de profundidad, poniendo en sus más lejanos
el color valor más oscuro, pero como color de
Velasco era el más lejos, mientras que en sus
primeros términos pudo hacer existir los colores
valores más claros porque el color Velasco de
éstos era tan próximo, que la mano de los simples
y limpios de corazón, y la de los falsos poetas
y criticoides pedantes, pueden creer que tocan,
una realidad maravillosa los primeros; la superficie
de un vidrio que refleja, o una fotografía del natu­
ral, los segundos.
Respecto a José Clemente Orozco dice Bergamín:
“ La expresión pictórica, por serlo tan intensa,
puede parecer exageración caricaturesca; y muchas
veces este parecer puede llegar a convertirse en
el ser mismo de una pintura, cuando ésta fracasa
en su propio intento de forma o figuración tan
intensamente expresiva; cuando la impotencia crea­
dora del pintor, que no mide su propio ímpetu,
lo hace caer, involuntariamente, en esa dolorosa

QUIHOS

y grotesca caricatura de sí mismo. Este es el caso
en la moderna pintura mexicana del desorbitado
pintor Clemente Orozco” .
La verdadera impotencia emocional ante una
grande obra de arte que manifiesta el señor Ber­
gamín en el caso de Velasco, la sufre ante la
de José Clemente Orozco. La enorme fuerza diná­
mica de Orozco lo sobrepasa, es demasiado para
sus posibilidades receptivas y sus creaciones endocrino-simpáticas; no se entera de ella, ni siente
la estructura finísimamente geométrica de vida
en movimiento que rige desde el interior de ella
toda la obra de Orozco. Extraño tiene que serle,
y le es, el tremendo poder mágico, demoledor de
mitos, del gran Orozco; poder ordenado en su
movimiento, profundamente ordenado en medio
de su gran violencia.
En el arte mexicano antiguo cupieron desde las
pirámides bellas y formidables hasta los diminutos
jades maravillosos; en el arte mexicano contem­
poráneo caben desde los murales monumentales
del Hospicio de Guadalajara. hasta los paisajes
construidos dentro del hueco de una nuez y las
pulgas vestidas. La obra de Velasco es más grande
que un mural y una pirámide, es un poema del
color con estrofas que son montañas; pero Ber­
gamín prefiere las pulgas vestidas.
El caso del señor Bergamín no es único ni le
faltan precedentes, hasta ilustres precedentes; la
sensibilidad del artista, el poeta y el escritor espa­
ñol son muchas veces contrarias a las nuestras,
precisamente por la diferencia de nuestras dos
tradiciones inamalgamables; misticismo que se
expresa con realismo subjetivado en la española,
y materialismo ocultista y poético, que se expresa
con realismo monumental abstractivado en la mexi­
cana. Esta diferencia que antagoniza dos tradi­
ciones y que hace que la española no sea un
elemento asimilable para la mexicana, es un hecho
que no debe ser motivo ni para lamentos ni para
dicterios. Pero es preciso tenerlo en cuenta. No
es posible hacer que los organismos creados para
el engrandecimiento de nuestra cultura nacional
sirvan para la difusión de juicios que para nos­
otros son perjuiciosos, originados en la lamentable
pero inevitable incomprensión.
Señores miembros del Seminario de Cultura
Mexicana: espero se sirvan ustedes recoger mi
protesta cordial y respetuosa.
Anticipo a ustedes las gracias por la atención
que quieran acordar a las palabras de un discípulo
de José María Velasco y compañero de José Cle­
mente Orozco, que se honra con ser ambas cosas.
Muy atentamente a las respetables órdenes de
ustedes,
DIEGO RIVERA

- T O R R E S

En la Galería Comte se realizó una exposición
de Pintura Moderna del Uruguay, organizada por
una comisión de damas y caballeros. Reza el catá­
logo: “ Los organizadores de esta exposición han creí­
do más eficaz constituirla en un sentido crítico” .
Nosotros entendemos el sentido “ crítico” particular
de los organizadores, porque no se concibe que en
una muestra donde se han seleccionado sólo trece
pintores uruguayos, entre otros tantos valores, figu­
ren juntos, y en calidad de artistas representativos
del arte de su país, veinte alumnos del taller de
Torres García. Con el mismo derecho, o mayor aún,
podrían figurar treinta o más alumnos de la Aca­
demia de Bellas Artes de Montevideo.
Como crítica, como orientación, esto deja mucho
que desear. Hacer del taller de Torres García el
eje de la pintura uruguaya moderna es estar fuera
de la realidad, del conocimiento del arte como
fenómeno humano.

GARCIA

En otras salas, en el Museo Nacional de Bellas
Artes, otra comisión organizó una gran exposción
de las obras de Cesáreo Bernaldo de Quirós. Como
Torres García, ese pintor tiene su base en el pen­
samiento vivo y sensible de su tiempo. Quirós es
un post-iinpresionista y su estética deriva del im­
presionismo. Torres García es un post-cubista y
su estética deriva del cubismo. Las diferencias for­
males no invalidan la identidad de pensamiento
existente en ambos pintores: “la evasión de la rea­
lidad” ; el uno en el sujeto, el otro en la forma. El
uno hace tipos irreales; el otro imágenes irreales;
el uno es el romanticismo sensible de cosas pasadas;
el otro la especulación teórica de cosas desvitali­
zadas. .Ambos operan sobre la base de influencias
teóricas, no pudiendo ninguno de los dos, en un
sentido o en el otro, dar la tónica de un arte
realmente personal o local.
A.

B.

�ESCULTURA
Dirige
LUÍS

L

a

FA

El redescubrimienlo de u^a obra m aestr

PLENITUD c r e a d o r a

deAugusto Rodin. en la hora de sus más audaces realizaciones, dió

al mundo de las formas expresivas la verdadera estatua de Sarmiento V una de las más
altas afirmaciones de la escultura contemporánea. La imagen de Sarmiento pertenece al

ciclo heroico que culmina en la efigie de Balzac.

Para valorarla con sentido universal con­

EL S A R M I E N T O

viene recordar que Rodin la libró al conocimiento público en 1898, es decir, un año después
de haber terminado la extraordinaria figura del creador de la Comedia Humana.
De esta certidumbre y de la libertad de expresión que informan las dos concepciones, se in­
fiere que ellas solicitaron simultáneamente las facultades creadoras del gran escultor, durante

DE

el largo y paciente proceso de gestación a que sometía sus obras.

RODIÑ

Para abarcar la totalidad de Sarmiento y poder crear la imagen
más expresiva que se conozca de nuestro gran constructor, Rodin
comenzó por internarse en el hombre, en el medio y en la obra
del ilustre argentino. Luego se dejó desbordar por esa fuerza de
la naturaleza hasta captar su ritmo, cuyo conocimiento le permi­
tiría crear la equivalencia plástica capaz de evocarla. Ese cono­
cimiento le reveló hasta qué punto el dinamismo interior, la fe
encendida por la visión de una Argentina mejor, transfiguraban
de continuo los rasgos físicos de la tumultuosa figura de nuestro
liberalismo ascendente.
En posesión de esa imagen elemental, Rodin emprende la
tarea de retratar a Sarmiento según su concepto de la proporción
óptica, la perspectiva y la semejanza integral, mediante formas
que han de vivir en plena luz. Aplica sus conocidos principios
plásticos: imprime a la masa de su estatua el movimiento domi­
nante, movimiento que estudia desde todos los ángulos en suce­
sión circular de siluetas, que se han de perfilar en el cielo;
modela los planos como una suma dinámica de todas las siluetas,
unidas sumariamente para lograr lo que él llamaba “ un movi­
miento en el aire” , de acuerdo a las leyes naturales de la escul­
tura para ser vista al aire libre, las que llevan a la búsqueda del
perfil y del valor, cuidando que los detalles no distraigan del
conjunto, del movimiento principal del personaje y, consiguien­
temente. del espíritu que encarna.
En la realización del movimiento expresivo, amplifica razonada­
mente las partes que puedan concurrir a intensificar la vitalidad,
la energía y el espíritu del personaje, de modo que las formas
acusadas y las otras mantengan la debida relación de dependencia
con la forma total de la obra, que la atmósfera vibre alrededor
de los volúmenes y los modelados esenciales ocupen su lugar sin
dejar de concurrir a la mejor inteligencia del conjunto. Rodin.
al perseguir esta doble síntesis, de realidad y de valores plásticos,
alcanzó la imagen cabal de Sarmiento.
Esta apasionada imagen de Sarmiento fué recibida en el mundo
oficial de Buenos Aires con la misma incomprensión con que el de
París recibió en su hora a la estatua de Balzac. Nuestra clase
dirigente combatió la creación de Rodin en nombre del “ pareci­
do” , del estrecho e inanimado concepto burgués de la semejanza
miope, instantánea, anecdótica. No alcanzó a comprender que el
gran estatuario acusara el carácter, la ley específica del objeto y
del sujeto representado. No comprendió que el artista hiciera
surgir la figura de la mediocridad que lo rodeaba, destacando los
valores dominantes que la individualizaban. Sólo supo escarne­
cerla y cultivar su olvido.

T a documentación fotográfica de es­

tas páginas y la que figura en
la portada corresponden al trabajo
que lleva a cabo actualmente Hora•
ció Cóppola. Destinada a difundir
los valores plásticos y la fuerza
expresiva del bronce epónimo, con­
tribuirá sin duda a d espejar el
malentendido que facilitó el desco­
nocimiento popular.

El Sarmiento por Rodin, lejos de ser una invención arbitraria
de escultor, es la síntesis apasionada de uno de los mayores con­
ductores que tuvo la Argentina, lograda por la intuición genial
del artista. Por ello creemos que la semejanza de destinos de esas
dos obras señeras, puede llegar a completarse. La estatua de
Balzac, después de cuarenta años de negación, tuvo su consagra­
ción pública en las calles de París, al mismo tiempo que muchos
jóvenes escultores de Francia, hastiados de tanto formalismo de
ayer y de hoy, rendían homenaje a esa obra maestra, última evo­
lución de la escultura de todos los tiempos y punto de partida
de nuevos impulsos. Entre los escultores argentinos parece adver­
tirse una reacción semejante hacia la obra rodiniana. Y con ellos
no ha de lardar el pueblo argentino en descubrir en el bronce de
Palermo la verdadera imagen de Sarmiento, el Sarmiento de sus
amores con la libertad.

�MUSICA
Dirige
LEOPOLDO HURTADO

MUSICA
C on' motivo del día de la tradición, ha
habido un recrudecimiento de música po­
pular, especialmente del género folklóri­
co, nativo o indigenista. El viejo reper­
torio, manoseado y falsificado en sus tres
cuartas partes, ha salido a relucir — o re­
sonar— en esta oportunidad, en dosis
abrumadoras.
¿Es esa nuestra tradición musical? ¿Tra­
dición es entre nosotros sinónimo de atra­
so. de analfabetismo artístico, de cursilería,
de mal gusto?
Está bien clara la tendencia de esta cla­
se de exhumaciones. Pertenecen al mismo
plan de exaltación del gaucho y de la vida

1í

TRADICION

primitiva. Interesaba mucho mostrar que
lo genuinamente argentino era la milonga
que el mulato rosista, semi-mamado. ento­
naba en la pulpería de arrabal, y no la
música culta que el “ cajetilla" unitario
tenía que aprender en Montevideo o en
Chile, o las ingenuas piezas de salón que
entonces se escribían por acá. porque la
cultura musical del medio no daba pa­
ra más.
Sin embargo, en medio del candombe
nativista. algo de esa música culta tradicio­
nal ha conseguido hacerse oír. Nos refe­
rimos a esos ingenuos y deliciosos minués
de Alcorta. de Esnaola, a esas piezas de

De Adolfo Solazar
que se hace frecuentemente sobre la autenticidad de un motivo
popular, de una frase o de una melodía entera proviene de otra línea de razones. Es
porque existe aún cierto “ nacionalismo” primerizo que consiste en tomar esos motivos
en colecciones o en el “ natural" (café cantante, prado florido o montaña umbría) y
simplemente acompañarlos con una armonización según el gesto rudo, literal, refina­
do, vejancón o modernista del compositor. Se comprende que esta labor es demasiado
modesta para que se dé, realmente, el nombre de compositor a quien la practica, en
ocasiones, sin más artes que el de hilvanar unos motivos con otros formando "suites
que ni siquiera merecen ese nombre clásico, porque las "suites fueron en su tiempo
series de páginas cerradas, cada cual dentro de su tipo de forma y combinadas opor­
E l HINCAPIÉ

Alberdi que se han podido escuchar aquí
y allá.
Nos resulta particularmente grato que
en la tradición de la música culta argéntina esté el minué. Es algo que nos liga
positivamente a la cultura europea, de
donde salimos y en la que nos formamos.
He aquí la tradición que — creemos— han
de reconocer nuestros músicos cultos, cons­
cientes de su misión de crear entre nos­
otros una música de un nivel equivalente
al que han alcanzado — o habían alcan­
zado— otras manifestaciones espirituales.
No se vea en esto un menosprecio de lo
popular. No es en absoluto admisible que
lo popular sea necesariamente malo. Sin
recurrir al ejemplo de países europeos, de
larga formación cultural, hay en América
muy buenos ejemplos de músicas popula­
res que han llegado a un alto grado de
calidad artística. Bastará mencionar el
“ jazz” , esa formidable contribución neta­
mente popular a la música contemporá­
nea. \ constantemente nos llegan de los
Estados l nidos, de Méjico, del Brasil, ex­
presiones musicales que constituyen apor­
tes valiosos aun para el criterio estilístico
más exigente.

tunamente entre sí."
“ Ocurre así que encontremos en todos los países de América tipos de naciona­
lismo musical retrasados que, al creerse a tono con los tiempos, acentúan las carac­
terísticas de ese retraso en lugar de transformarlas ni de superarlas. Coincidentemen­
te y por fortuna, encontramos también en estos países artistas que, sus codos en
contacto con los codos de aquéllos, han logrado esa superación semejante o equiva­
lente en sus países respectivos a la del ruso Stravinsky, a la del húngaro Bartók o a
la del español Falla. Entre la multitud de músicos nacionalistas de fases retrasadas,
esos otros son figuras de excepción, profetas mal escuchados en sus patrias, pero cuya
voz, “ a control remoto

es la que se dirige al p o rv e n ir...

A dolfo Salazar .

("L a Música

edición Losada. 1944).

"El Cielito", por Carlos C. Pellegrini (18411. De la colección de Alejo B. González Garaño

Nos vemos obligados a denunciar lo po­
pular cuando, como en este caso, se pre­
tende confundirlo con las manifestaciones
espúreas de una música adulterada para
el consumo, cuyo origen popular es de lo
más discutible, y que se exhibe con un des­
precio absoluto del buen gusto.
Por suerte en nuestra tradición musical
tenemos el minué; esas piecitas de Alcorta
nos ponen en el verdadero camino de la
tradición culta argentina. Implican el en­
tronque de nuestro arte incipiente con
Haydn, con Mozart. con Beethoven. Por
ahí vamos bien; esa es nuestra mejor ge­
nealogía, y la única aceptable. Porque si
el lenguaje, la gramática, la sintaxis musi­
cales que empleamos son las europeas,
nuestra tradición está allí y no aquí.
“ Nadie puede saber lo que hay en un
minué” , decía Wanda Landowska. Tenía
razón la ilustre clavecinista. En un minué
puede caber nada menos que todo un pro­
grama de regeneración de las malas prác­
ticas de la música argentina.
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Dirige
MARIA ROSA OLIVER

Aldridgea Paul Robeson

De Ira
Lv

queva a continuación es sacada

SÍNTESIS

American

folleto "Cavalcade of

Negro",publicado a raíz de la Exposición de las actividades negras, reali­

zada en el estado de Illinois, en el año 1940.
Los negros, cQn su vitalidad

y su

sentido del ritmo, de lo mu

mucho antes de llegar a las tablas, fueron fuente de diversión para los demás habi­
tantes de lo que son ahora los Estados Unidos. Primero en las plantaciones del Sur,
donde los esclavos participaban en los festivales organizados por sus amos, y después
en las ciudades del Norte, donde los negros libres cantaban y bailaban en las calles
para ganarse unas monedas...

Consagración

Ballet de los boxeadores, de Carmen Jones, interpretado
por Sheldon Hoskins y Randolph Sawyer.

Recién en el año 1796. el negro hizo su apari­
ción en un escenario de la América sajona, cuan­
do a un muchacho "de color” le dieron un pequeño
papel en El triunfo del amor, de Murdock.
representado en Filadelfia. Luego, en Nueva York
y Boston, se pusieron en boga esas óperas cómicas
donde los actores blancos, con la cara tiznada de
carbón, hacían el papel de los esclavos negros,
caracterizándolos exagerada y caricaturescamente,
como haraganes, supersticiosos, ladrones de galli­
nas y excesivamente aficionados a sacar el cuchi­
llo. Estos “ caracteres” gustaron tanto que pronto
se recurrió a los negros mismos para interpretar
dichos papeles. Estos lo aceptaron debido a las
grandes sumas que les ofrecían por ello.
La tradición de los “ minstrels” , nombre que se
dió a esos bufos de cara tiznada imitadores de los
negros, impidió por muchos años que los verda­
deros negros ingresaran seriamente a la vida tea­
tral. Exceptuando a los pocos que participaron
en la escenificación de La cabaña del Tío Tom,
recién a partir de 1895 tomaron parte en las come­
dias musicales, debutando en las S. H. Dudley y
John Isham. La primera comedia musical escrita
y representada enteramente por negros, se estre­
nó en 1898, se tituló Ln viaje a Coontoicn y su
autor era Robert Alien. En 1905 se crearon dos
grupos, después famosos, de autores, músicos, di­
rectores y actores negros, el de Best Williams
y George W. W alker y el de Robert Alien Colé
y Jy. Rosamond Johnson. A la muerte de su com­
pañero, en 1911. Best Williams se convirtió en
estrella de las Ziegfield Follies, y en la década
de los veinte, la última de su vida, triunfó como
primer actor en Brevedades de Broadivay y Geor­
ge ff ashington Jones.
Antes de que la comedia musical entrara en
una especie de eclipse, que muchos creyeron una
decadencia definitiva, se hicieron célebres en ella
Sissle y Blake, Miller y Lyles, Florence Mills,
Josephine Baker. Ethel Waters y Bill “ Bojangles”
Robinson. Su actuación en producciones tales
romo Dixie to Broadway, Shuffle Along, Choco­
late Dandies y Blackbirds of 1926, elevaron el
nivel artístico de la comedia musical preparando
al público para otras manifestaciones teatrales
más importantes.
Al revisar la trayectoria y el progreso realizado
por los negros en el teatro, no debemos olvidar el
hecho de que los barrios negros tenían sus teatritos

del teatro
negro
locales, donde, a veces, el elemento era mixto. El
primero cuya fama trascendió los límites locales
fué el de Robert Moth Pekín, de Chicago. A ejem­
plo suyo, otros teatritos se superaron y llegaron
al público en general. El precursor de íos actores
dramáticos negros fué Ira Aldridge, oriundo de
la ciudad de Bel Air, estado de Maryland. Exclui­
do de los escenarios americanos debido a su color.
Aldridge marchó a Inglaterra y el 10 de abril de
1833, debutó en Londres, haciendo el papel de
Otelo frente a la Desdémona de Ellen Terry. Ira
Aldridge murió en Lodz, Polonia, en 1867, y ha­
brían de transcurrir cincuenta años antes de que
otros grandes actores dramáticos negros llegaran
a ocupar en los escenarios de su país el lugar que
les correspondía. Esto sucedió el 5 de abril de
1917, día en que los Estados Unidos entraron en
guerra con Alemania. En esa fecha, los actores
de Hapgood iniciaron el movimiento en favor del
establecimiento del teatro negro, ofreciendo en su
programa tres obras en un acto de Ridgley Torrence, el poeta del Garden Theater de Nueva
\ ork, bajo la dirección de la señora de Norman
Hapwood y de Robert E. Jones.
Aunque el momento de la presentación no re­
sultó oportuno, obras, directores y actores fueron
aclamados por la crítica. A raíz de ese éxito, el
autor de las obras, Ridgley Torrence, escribió:
"He pensado muchas veces que el negro, siendo
igual al blanco en todos los otros sentidos, puede
llegar a producir el arte teatral más directo, más
poderoso y más grande del mundo” . Por primera
vez, los negros tuvieron en Broadway papeles es­
telares. La tradición de los “ minstrels” estaba
superada.
Con el retorno a la vida normaL tres grupos
experimentales dieron gran impulso al arte dra­
mático negro y despertaron el interés general por
los problemas raciales. Estos tres grupos fueron:
el de la Universidad de Howard. el de los actores
de Provincetown y el del Teatro de Arte Etíope,
que produjeron, entre otras obras, tres de Eugene
O’Neill, El niño que sueña (un acto sobre la vida
de los bajos fondos de Harlem ), El emperador
Jones y Todos los hijos de Dios tienen alas* Ex­
ceptuando a O’NeilI, el mayor éxito obtenido en
el teatro negro fué el de Paul Green con sus
obras Trajes blancos, Abuelita Bobing, El inútil
y En el seno de Abraham, representadas por el
grupo de Provincetown.
11

La lista de obras de importancia en la historia
del teatro negro incluye El camino de las cabras,
de Howard Culbert; El muchacho negro (historia
de un campeón de b ox ), de Tully y Dazey; En el
fondo del cáliz, de Battle y Perlman; Estigma (la
tragedia de la mujer de las razas negra y blanca),
de Donald y Dorothy D uff; Tierra, de Jo Em Bash
y la ópera con música de jazz Río Profundo,
donde Jules Blesdoe encarnó a un rey Yudú. A
ellas debe agregarse la Sulú bella, de David Belasco; la representación de Porgy en el teatro
Guild. de Nueva \ ork ; el Show Boat, de Ziegfied
y la niás célebre de todas, Praderas del Cielo,
con Richard B. Harrison en el papel de “ Nuestro
Señor” .
En los años de la depresión económica, cientos
de actores negros quedaron sin trabajo, pero, al
poco tiempo, el proyecto del Estado creando el
Teatro Federal, brindó empleo a todos, hasta a
aquellos, ya célebres, que creían su hora pasada
para siempre. En Chicago, dentro de esa orga­
nización estatal, se fundó el grupo División Ne­
gra, destinado a utilizar a los artistas de color,
llegando en su afán a crear de nuevo los antiguos
"minstrels” y los presentó en parques, hospitales
y colegios, hasta que, habiendo llegado a conse­
guir el Igae Hall, el grupo volvió a dedicarse a
la producción dramática. Aunque el local no era
del todo adecuado para el drama o la comedia
en tres actos, las obras ¿P ecó Adán?, Todo el
mundo en su humorismo y Rom y and July fue­
ron aclamadas por el público. Rom y and July
fué un ensayo de adaptación del drama de Shakes­
peare; se la traspuso al dialecto negro para na­
rrar la enemistad entre una familia de las Indias
Orientales y una de Harlem. El mismo sistema de
adaptación se empleó para la opereta de Gilbert
y Sullivan Swing Mikado. Luego, el Proyecto de
Teatro Federal alquiló otra sala más adecuada para
que el grupo siguiera produciendo. Allí se ensayó
El himno al Sol Naciente, de Paul Green. cuya
representación fué impedida por algunos de los
accionistas, miembros de la comisión, por encon­
trar en la obra una condena demasiado franca de
la vida de los presidiarios del Sur. A pesar de
ello, el grupo siguió adelante y al poco tiempo
presentó El arco iris del Mississippí, de Brownell,
donde actuaron Hermán Green y Theodore Ward,
autor este último de la obra que más fama había
(sigue a la vuelta)

�(viene de la página anferior)

de dar al grupo División Negra: La gran bruma
blanca, donde se trata de una familia de los Es­
tados del Sur que vive en un ambiente dominado
por el prejuicio racial.
El éxito del Teatro Federal renovó el interés
del público por la comedia musical negra, género
en el cual se destacaron otras dos adaptaciones,
la de Sueño de una noche de verano, hecha por
Bennv Goodman bajo el título de Swinging the
Dream y Hot Mikado, con los mirobolantes pasos
de danza de Bill Robinson, y la original obra
John Henry, cuyo principal intérprete fué Paul
Robeson.
Aquí termina la síntesis publicada en “ Cavalcade
of the American Negro". Desde 1940 hasta hoy,
el teatro negro en Nueva York ha triunfado en
varios géneros. En la comedia musical basada en
una balada popular, Porgy and Bess; en la adapta­
ción de la Carmen de Bizet. que bajo el título de
Carmen Jones describe el drama de amor entre
una cantante negra y un boxeador; en el melo­
drama de Richard Wrighl Nati ve son (novela
publicada aquí bajo el título de Sangre negra,
puesto en escena por Orson Welles y teniendo por
intérprete principal al talentoso actor negro Ca­
ñada Lee; en el drama de Shakespeare donde el
más grande de los artistas de color, Paul Robeson,
encarna a Otelo.
Más de cien años han transcurrido desde que
Ira Aldridge tuvo que emigrar a Londres para
poder actuar entre actores blancos. Sólo diez años
atrás se prohibió una obra por ser demasiado
audaz su crítica al racismo. Hoy, Paul Robeson es
aclamado en Broadway, y la obra de Wright Natire son, acérrima condena contra la discriminación,
se ha mantenido más de dos años en su escenario
neoyorkino. El progreso ha sido lento pero se­
guro, y la crítica, sin excepción, admite que los
actores, autores, músicos y cantantes negros han
dado una nota intrínsecamente americana al tea­
tro de su país.
M. R. O.

Margarita Xirgu, en un pasaje de su magní­
fica interpretación de "La dama del alba".

La «lanía
del
alba
4Í*&gt; i h’jumlro 1 a nona

. A c e r c a r s e a la tierra implica casi siempre,
para el escritor y el artista, desprenderse de lo
superfluo y de lo retórico, y tomar o dejarse tomar
por los fenómenos elementales. Aun cuando se
trate de artistas inclinados y formados en un arti­
ficio compacto, como en el caso de D’Annunzio,
ese movimiento de aproximación resulta en extre­
mo provechoso para el arte, como lo prueba “ La
figlia de Y orio” , que cuenta entre lo más perdu­
rable del autor de “ Laudi” . En Alejandro Casona
el propósito de acercarse a la Asturias de su naci­
miento, después de variadas experiencias dramá­
ticas realizadas sobre temas y climas urbanos, ha
sido singularmente promisor. La dama del alba,
obra reveladora de tal propósito, es, a nuestro jui­
cio, la más equilibrada y la más armoniosa de sus
comedias. Es verdad que ese equilibrio y esa
armonía logrados no tienen vínculo aparente con
el espíritu de su suelo, sino más bien con la con­
ciencia profesional vigilante, mas esas virtudes
están presentes en el retablo y nadie puede afir­
mar que no exista una secreta relación entre los
elementos utilizados por el escritor y la delectación
de las fuerzas interiores que se movilizan para
realizar una comedia. El gozo íntimo puede ser
y es, con frecuencia, la mejor explicación de una
venturosa labor.

La dama del alba, que presentó Margarita Xirgu
en el Avenida, desarrolla lo que podríamos llamar
el reverso de una leyenda, paralelamente a la
leyenda misma. Esta consiste en lo siguiente: una
recién casada abandona al marido, y nada más
se sabe de ella. Las gentes del lugar lanzan la
conjetura de que se ha tirado al río. Los familia­
res y el marido la buscan angustiosamente, pero
el cadáver de la moza no aparece. Transcurren
varios años y un día los aldeanos hacen el hallazgo
del cadáver antes buscado en vano, y lo llevan
a la casa de la madre y del abuelo. El conflicto
dramático imaginado por Casona intenta explicar
los hechos que originaron la leyenda. Angélica
—que así se llama la moza en La dama del alba—
abandona a su marido. Martín de Narcés, al tercer
día de casada para huir detrás del hombre al que
verdaderamente ama. Bacante tiempo más tarde
aparece en la casa de aquélla una joven, Adela,
cuya desventura mueve a tanta piedad que la ins­
tan a que permanezca allí, donde visible y sensi­
blemente irá ocupando el lugar de la desaparecida,
incluso en el corazón de Martín, que la rehuye
sospechosamente, actitud que la reemplazante sólo
comprenderá cuando él le confiese sus sentimien­
tos y le haga conocer la verdad en tom o a la
misteriosa desaparición de Angélica, lo que ocurre
en un día de festividad religiosa, en que todos se
van al pueblo. Esa misma tarde, en que también los
nuevos enamorados se van a la fiesta, vuelve An­
gélica, arrepentida y derrotada, pero resuelta a
ocupar su puesto en la casa y en los sentimientos
de todos, sin excluir los del marido. Angélica es
recibida por un extraño personaje, La Peregrina,

que es nada menos que un símbolo de la muerte.
Esta Peregrina narra a la moza la leyenda susci­
tada con su desaparición y la hace comprender
lo bello que sería salvarla, yéndose, es decir, sa­
crificándose por su propia leyenda. Angélica se
deja persuadir y se va para — ésta vez ciertamen­
te— hundirse en las aguas del río, de donde no
tardarán en extraerla las gentes del lugar.
En La dama del alba todo está realizado con
mesura. Las situaciones dramáticas están levemen­
te expuestas y todos los personajes, hasta el resen­
tido Martín y la parlanchína criada Telva, se
caracterizan por una común discreción. Pero la
fragancia seca y densa de la tierra no se percibe.
En todo caso, un perfume que apenas se le parece,
en los trozos de diálogo en que alguna sentencia
o dicho campesino recuerda que no todo lo que
se oye es la prosa limpia y desindividualizada de
Casona. Ello induce a creer que el comediógrafo
de “ Nuestra Natacha” ha ido medrosamente a
abrevar en las aguas del terruño, lo que ha impe­
dido, por igual, que fuera tomado por los elemen­
tos de la tierra o que los tomara él decididamente.
En cuanto al extraño personaje de La Peregrina,
que tanta intervención tiene en la trama de la
obra, es evidente que Casona ha querido dar una
noción, digamos amable, de la muerte, lo que sin
duda ha comprometido la gratitud de no pocos
espectadores, pero la idea de la muerte queda así
“ viciada de nulidad” , como diría un jurista. Cual­
quier ser humano puede tener una idea particular
de la muerte —como lo demuestra Casona, a nuest o entender— pero la muerte misma no puede ser
más que la muerte, es decir, lo que pone término
a la vida visible, sin discriminación de vida alguna,
sin distingos de edades o circunstancias. La Pere­
grina de La dama del alba no sólo se singula­
riza por su ternura en el trance de compartir un
juego de niños, lo cual no deja de ser bello, aun­
que arbitrario —no podemos olvidar que Casona
se ha propuesto dar una explicación “ real” de una
leyenda— sino que también se equivoca presen­
tándose a destiempo, lo cual destruye toda idea
de inexorabilidad, sin la cual la muerte resulta
algo así como un acreedor ahuyentable.
Margarita Xirgu encarna a La Peregrina. Lo
hace componiendo una figura ingrávida, llena de
sugestión y de delicadeza, que hace pensar inme­
diatamente en una imagen inmaterial. María Gámez. en la criada Telva, muestra, una vez más,
sus excelente cualidades; Teresa León, en La
Madre, transmite el pesar que la aflige por la
ausencia de la hija; Amelia de la Torre, en la
Angélica, pone de manifiesto su hosco tempera­
mento dramático, e Isabe] Pradas, en la Adela, se
muestra sensible y expresiva. López Silva, en El
Abuelo, no logra salvar la monotonía de su tono,
y Alberto Closas, en el Martín, nos parece dema­
siado rígido.

Paul Robeson en una escena de "Otelo", de Shakespeare Lo secun­
dan Uta Hagen en el papel de Desdémona y José Ferrer en Yago.

SAMUEL

EICHELBAUM

�MAPA CONTINENTAL
Dirige
NORBERTO

1

Panorama Brasileño
I.

VALOR DE LAS RETICENCIAS
MANUEL BANDEIRA

Hay en las Vozes &lt;TAfrica una sextina, admi­
rable de vigor pictórico, en la que el simple em­
pleo de unas reticencias aviva extraordinariamente
el poder sugestivo, ya de por sí muy fuerte. Es
la siguiente:

DIBUJO DE PORTINARI

De Tebas ñas colunas derrocadas
As cegonhas espían debru^adas
O horizonte sem f in ...
Onde branqueja a caravana errante
E o camelo monótono, arquejante,
Que desee do Efraim” .

H alada
das

Obsérvese, de paso, la fuerza de la descripción
que hace de la propia decadencia de Africa: lo
que fuera grandeza, murió — las columnas de
Tebas de Cien Puertas, derrocadas; e inclinadas
sobre ellas, las cigüeñas pensativas enhebran el
largo mirar en la monotonía del horizonte infinito
que no presenta más que las comunes imágenes
de una civilización difunta: la caravana vagabun­
da y el camello fatigado.
Pero vamos al caso de las reticencias.
Ellas están en el tercer verso, usadas de manera
no muy normal, pues el pensamiento debe prolon­
garse sin solución de continuidad, en los versos
restantes de la estrofa, en continuos “ enjambements” . El tercer verso es, como se vió, O hori­
zonte sem fin . . . La expresión nos sugiere de
pronto el infinito, algo en que somos instados a
detenernos. “ El horizonte sin fin” , oím os; y pa­
rece que una voz interior nos pide en seguida
una pausa, como para la contemplación de ese
infinito. Hay en aquellas cuatro palabras una
atmósfera de sueño. No es posible huir del toque
de cierta emoción, al fijar los ojos en lo ilimitado
del horizonte; y las cigüeñas, que desde las co­
lumnas truncadas, lo contemplan como si soñaran
—humanamente— el extinguido esplendor de que
todavía hablan esas mismas columnas. De aquí la

Foram as sereias.
A ño tardou, voltaram
Com o perdido anel.
Maldito o capricho
De rei
táo
c

TECNICA POETICA
por Aurelio Enarque de Ilollanda

II.

ORIGINALIDAD

Se sabe que la originalidad no siempre es cosa
como por descuido caída del cielo. A veces es
conseguida sin esfuerzo aparente; pero bajo la
supuesta ausencia de cualquier dificultad, cuánta
lucha —lucha sorda, profunda, seguida en lo más
íntimo del subconsciente— . ¡Generaciones ente­
ras trabajaron para el poeta (o el artista, en ge­
neral), sin que de eso él tuviese conocimiento;
el invento, el estallido fué producto de una lenta
y callada elaboración, en que participaron muchas
fuerzas insospechadas! Lo más común, entretanto,

sereias

O rei atirou
Seu anel
aomar
E (lisse as sereias:
— Ide-o lá buscar.
Que se o nao trouxerdes,
Virareis espuma
Das ondas do mar!

TRES ASPECTOS DE

demora, la pausa emotiva, esencial en la lectura
de la estrofa, indicada, en ésta, por las reticencias.
Podría haber una coma en vez de los puntos de
reticencia; pero la coma señalaría simplemente
la pausa, descarnada y desnuda. Sería, sin duda,
de algún efecto, y si su ausencia fuese advertida
en la lectura, dañaría bastante los versos. No
obstante, las reticencias, a más de la pausa, de­
terminan una entonación especial, expresiva del
éxtasis de la contemplación, del estado en que el
alma queda en suspenso; no es por otro motivo
que se les dá también el nombre de puntos sus­
pensivos.
Por otra parte, siendo la pausa de los tres pun­
tos más viva y más característica que la de la
coma, me parece que su efecto contagia los ver­
sos siguientes de la estrofa, que pasan a ser leídos
más despaciosamente, lo que es de buen efecto,
pues la idea de monotonía, de lentitud, domina
los tres versos finales de la estrofa, sobre todo el
segundo, bellísimo, en que Castro Alves nos mues­
tra “ o camelo monótono, arquejante” .

cío r e y

es que el poeta, el escritor, realice conscientemen­
te, a duras penas, la conquista de la originalidad
esquiva y rebelde. Es conocida la explicación de
Edgard Poe sobre el modo como consiguió El
cuervo. Todo allí — confiesa— fué objeto de lar­
ga y cuidadosa meditación: desde el “ Never more”
crascitado en refrán por el ave agorera, hasta los
mínimos accidentes, como la elección del busto
de Pallas, blanco, en el que resaltaría el negro
solemne del siniestro visitante de la media noche.
• • •

Si es consciente o inconsciente, no lo sé decir:
lo cierto es que tiene prodigioso efecto una ori­
ginalidad de Augusto Federico Schmidt, en su
poema Luciana. Transcribo la primera estrofa:
•

As raparigas que dan^avan,
Luciana, a pálida, todas,
Como os frutos, apodresceráo;
Porque só’há um destino,
Con muitos caminhos, embora.

¿Dónde la originalidad? En el segundo verso.
Luciana, a pálida, todas. Existe allí una anomalía.
Después de Luciana, y antes de todas, debería
haber otros nombres de mujer, formándose, de
esta manera, una gradación. Con la huida de lo
convencional de los patrones retóricos, ¡cuánto
ganó el poema! No fué observada la gradación,
y, en consecuencia, adquiere extraordinario real­
ce la figura de Luciana. En realidad, es solamente
de ella que el poeta desea hablar y habla. Aquel
as raparingas que danqavan es un débil marco
para el cuadro en que se muestra, ocupándolo
por entero, la figura de Luciana, con su presencia

O rei atirou
Graos de arroz ao mar
E disse as sereias:
—Ide-os lá buscar,
Que se os nao trouxerdes,
Virareis espuma
Das ondas do mar!
Foram as sereias,
Nao tardou, voltaram,
Náo faltava um grao.
Maldito o capricho
Do mau coraqáo!
O rei atirou
Sua filha ao mar
E disse as sereias:
—Ide-a lá buscar,
Que se a nao trouxerdes,
Virareis espu ma
Das ondas do mar!
Foram as sereias. . .
Quem as viu voltar?. ..
Aao voltaram nunca:
\ ira ra m es pu ma
Das ondas do mar!
MANUEL BANDEIRA
Río de Janeiro, 1944

todopoderosa. Luciana era una de las muchas
muchachas que danzaban. Pero, ¿qué importan
las otras? Danzaban muchas, pero todas se des­
vanecieron en el vértigo de la danza y de ellas
apenas restó en la memoria sencilla del poeta, la
imagen de Luciana. “ Luciana que no se repite” .
Se debe, sin embargo, observar que el todas no
viene inmediatamente después de Luciana; y có­
mo disminuiría — desaparecería, acaso— el efecto
si viniese! ¿Qué hizo el poeta? Dió un epíteto
a Luciana: “ la pálida” . Así amplificado y valo­
rizado, el nombre Luciana parece contener en sí
todos los otros no mencionados. El rostro de la
mujer, crece, afírmase y vive dentro de nosotros.
Y la demora en el “ pa” del esdrújulo — pálida—
fija un linde bien nítido entre la expresión Lu•
(sigue a la vuelta)

13

�E
Dirige
HORACIO COPPOLA

Sinof

PUNTA SECA DE PORTINARI
E l pr o f u n d o sentid o de la realidad del Brasil que demuestran poetas, novelistas, ensayistas y
artistas plásticos brasileños contemporáneos, logra en la pintura de Portinari una leal y rica expresión
en tema, forma y color. La obra por él realizada, Za serie de cuadros para Radio Tupí de Río
de Janeiro, sus exitosas exposiciones en Estados Unidos, su infatigable capacidad de trabajo y su per­
sonalidad, por otros motivos plena de interés espiritual, le colocan en la nómina de los grandes hom­
bres-artistas de América. De su obra más reciente, un formidable fresco de setenta metros cuadrados
en uno de los muros interiores del edificio del Ministerio de Educación de Río de Janeiro, cuyo
personaje múltiple son los niños de toda la geografía del Brasil, ha dicho la gran escritora brasileña
Lucía Miguel Pereira: “ En ella Portinari se supera y concentra toda la ternura y toda la poesía
que se desleían en sus trabajos anteriores, dominados por la exhuberancia de su tumultuoso tempe­
ramento de artista” .
N.

ciana, a pálida y la palabra-síntesis todas, y liga
más estrechamente esta palabra al verso siguiente,
haciendo resaltar el efecto del conjunto. Compá­
rese. Sin el epíteto:
As raparigas que dan^avan,
Luciana, todas,
como os frutos, apodesceráo.
Y con el epíteto:
As raparigas que danyavan,
Luciana, a pálida, todas,
como os frutos, apodesceráo.
III. POCOS VERSOS Y MUCHA POESIA
Es el caso de Andorinha, poema de Manuel
Bandeira. Una realización poética perfecta en
cuatro versos:
Andorinha lá fora está discendo:
— Passei o dia a toa, a t o a ...O )
Andorinha. andorinha, minha cantiga é
[ inais triste. ..
— Passei o dia a toa, a t o a ...
Allí se halla, admirablemente sintetizado, el
paralelo entre el destino del poeta y el de la go­
londrina.
Obsérvese, como nota bien característica, el
tono simple de lengua popular, de conversación
íntima, que da la ausencia del artículo antes de
andorinha. No es la golondrina que habla; ni
una golondrina. Es andorinha, simplemente, inde­
terminadamente. Es muy feliz aquí la omisión de
“ la” : pareciendo a primera vista disminuir a la

A.

F.

pobre ave, en realidad le confiere mayor realce.
Sin artículo (y también con él) acostumbramos
usar los nombres de personas o ciertos nombres
propios. De modo que la falta es, en el caso, un
enriquecimiento: la golondrina gana en realce, se
humaniza como conviene a su alta condición de
confidente del poeta.
La primera repetición —a toa, a toa— sirve
para destacar el desaliento de la confesión. La
otra — Andorinha, andorinha— frisa vivamente la
angustia del poeta para suplicar la atención de la
avecilla hacia un dolor todavía más punzante que
el suyo.
Andorinha lá fora. . . Lá fora recuerda el aban­
dono del poeta acá dentro, sin el dominio de los
aires, sofocado en su desaliento.
El primer verso es un decasílabo musicalLimo.
El segundo y el cuarto, octosílabos. En ellos se
observa un paralelismo de gran efecto. El ter­
cer verso está fuera del ritmo tradicional: es la
combinación de un exasílabo con un heptasílabo
—Minha cantiga e mais triste. Es el gran verso,
aquel en que el poeta llama la atención hacia su
tristeza. Verso cargado de ii nasales, ii tristonas
e ii pungitivas:
Andorinha, andorinha. minha cantiga é mais
triste. . .
Río de Janeiro, noviembre 1944.
Traducción del portugués por N. A. F.
(i)

A tóa, al acaso, inútilmente, tontamente
14

E i s e n s t e i n redactó este escenario "ofi­
ciar' en 1931 con su colaborador G. V.
Alexandroff. Su lenguaje es de prosa poé­
tica sin intromisión de indicaciones técni­
cas. Su método el de proyectar imágenes
escritas sin definir su forma cinematográ­
fica final. Resulta, en cierto sentido, un
conjunto de imágenes del cual el director
extraerá lo que oportunamente necesite
según la decisión creadora del momento.
Su redacción estuvo condicionada por lo
siguiente: primero, la necesidad de Eisen­
stein de ganarse la confianza y la coope­
ración oficial para filmar cualquier cosa
que se le ocurriera; segundo, el contrato
— que resultó el instrumento legal jxira
desposeerlo de su trabajo— con L pton
Sinclair. (Con el material usurpado a
Eisenstein y utilizando la parte "Maguey"
de este escenario, el señor Lesser hizo el
montaje de "Thunder over M éxico" y "de
acuerdo a las ideas de Eisenstein. . . " ) ;
tercero. no figura el detalle de filmación
del vasto material obtenido posteriormen­
te por Eisenstein como parte independien­
te del argumento, ni otros materiales a
usar "como tejido de conexión
en el
montaje final; cuarto, no está expreso el
designio conceptual, inevitable en el di­
rector: la interpretación dialéctica de Mé­
xico. En 1932, Eisenstein mismo declaró
que, considerando la censura mexicana y
su desconfianza creciente para con L pton
Sinclair, lo redactó del "modo más azuca­
rado posible” , y que creía que su lectura
impresionaría desfavorablemente a los co­
nocedores de su obra anterior. Su texto
auténtico y completo fué publicado en la
revista " Experimental Cinema" de I\ueva
York y es el original con el cual hemos
preparado esta versión completa.

L a historia de este film no es una historia co­
rriente; es una entidad que toma cuerpo en forma
de cuatro novelas, encuadradas entre un prólogo
y un epílogo, unificadas en su concepción y espíritu.
Diferentes por su contenido.
Diferentes por el lugar en que acontece.
Diferentes por el paisaje, la gente, las costumbres.
Opuestas en el ritmo y en la forma, crean una
amplia y multicolor film-sinfonía sobre México.
Seis canciones populares mexicanas acompañan a
estas novelas, y estas últimas no son sino cancio­
nes. leyendas, cuentos de diferentes partes de Mé­
xico reunidas en una exposición cinematográfica
unitaria.
Prólogo
El tiempo en el prólogo es de eternidad.
Puede ser hoy.
Puede ser. igualmente, hace veinte años.
O hace mil.
Porque los habitantes del Yucatán, tierra de rui­
nas y de pirámides enormes, aún conservan los ras­
gos y las formas, el carácter de sus antepasados,
la gran raza de los antiguos Mayas.
Piedras —
Dioses —
Hombres —
Actúan en el prólogo.
En tiempos remotos.
En la tierra de Yucatán, entre templos paganos,
ciudades sagradas y majestuosas pirámides. En rei­
nos de muerte, donde el pasado todavía prevalece
sobre el presente, allí se sitúa el punto de partida
de nuestro film.
Como símbolo de evocación del pasado, como rito
de despedida de la antigua civilización maya, se
celebra una fantasmagórica ceremonia fúnebre.
Toman parte en esta ceremonia. ídolos de los
templos paganos, máscaras de los dioses, fantasmas
del pasado.
El acto inmóvil del funeral s*. presenta en la co­
rrespondiente agrupación de las imágenes de pie­
dra. las máscaras, los bajo-relieves y las personas
vivas.
La gente tiene parecido con las imágenes de pie­
dra. imágenes que representan las caras de sus
antepasados.

�En

esta s

paginas
las

sis para un film

e s ta r á n

siempre

Implícitas

sig uie ntes cu estio nes:

• Por qué vamos al cine y qué nos dan a cambio de
nuestro dinero.
• Por qué las películas son como son.
• Cómo el aine influye en nuestra manera de vivir.
• Por qué y cómo se ejerce censura sobre el cine.

. Q U E VIVA
MEXICO
p or

S.
G.

A.

M.

• Por qué el cine es un nuevo “ racket” industrial.
• Qué es el cine nacional, quiénes hacen cine nacional y
qué hacen con el cine nacional.
• Qué temas trata el cine nacional.
• Por qué hay temas “ tabú” en el cine norteamericano.
Por qué Gran Bretaña es la fuente de las grandes pe­
lículas documentales.
• Qué ha logrado el cine en cuarenta años de vida.

isv
E

• Hacia dónde tamos nosotros y el cine.

A lexandroff

La gente parece petrificada sobre el sepulcro de
los muertos en la misma actitud, con la misma ex­
presión en las caras, de los retratados en las anti­
guas piedras esculpidas.
Diversos grupos de personas como petrificadas y
de monumentos de la antigüedad — las partes com­
ponentes de los funerales simbólicos— aparecen en
procesión alterna en la pantalla.
Y sólo el ritmo arcaico de los tambores de la mú­
sica del Yucatán y el agudo canto maya, acompañan
a esta procesión inmóvil.
Así finaliza el prólogo — obertura de la sinfonía
cinematográfica— , cuyo significado será revelado en
los contenidos de los cuatro cuentos siguientes y
del final que sigue al término de estos.
Primer cuento: Sandunga
El Tehuantepec tropical.
El istmo entre los océanos Pacífico y Atlántico.
En proximidad a la frontera de Guatemala.
El tiempo es ignorado en Tehuantepec.
El tiempo corre lentamente bajo variada urdimbre
de palmeras y trajes, y las costumbres permanecen
invariables durante años y años.
Personajes:
1. Concepción, una joven india.
2. Abundio, su novio.
3. La madre de Abundio.
4. Tehuanas (jóvenes de Tehuantepec).
5. Pueblo de Tehuantepec en festivales, ceremo­
nias y una boda popular.
S andunga

El sol naciente envía su irresistible llamado a la
vida. Sus rayos que todo lo invaden, penetran hasta
lo más oscuro de la selva tropical, y, con el sol y
el murmullo de la suave brisa mañanera del océano,
los naturales de la tierra mexicana tropical se des­
piertan.
Bandadas de estridentes loros revolotean atrope­
lladamente entre las ramas de las palmeras desper­
tando a los monos que se tapan las orejas con ira
y se descuelgan hacia el río.
En su carrera espantan a los solemnes pelícanos y
se zambullen luego, dando fuertes gritos, en el agua,
para pescar las bananas y cosas que flotan en su
superficie.
De lo hondo del río se arrastran hacia la orilla,
cangrejos, tortugas, lentos caimanes para asolear
sus cuerpos centenarios.
Jóvenes indias se bañan en el río; yacen en las
aguas poco profundas del cauce arenoso del río. y
entonan una canción.
Lenta como un vals antiguo, sensual como un
danzón, y feliz como sus propios sueños, es una
canción Oaxaca: ‘'Sandunga” .
Otro grupo de jóvenes sobre pequeños botes cur­
tidos se deslizan lentamente sobre la brillante su­

i OATIUIM &lt; l O A »

• Por qué el cine es una nueva formo de arte.

Al .

perficie del agua, abandonándose al lujo del ocio y
al calor de los besos de los rayos del sol.
Una cascada de brillantes cabellos de azabache
secándose al sol muestra a otro grupo de jóvenes,
sentadas junto a los troncos de las palmeras.
Arrogante y majestuosa, como una reina de ha­
das en su natural belleza de doncella, se encuentra
entre aquéllas una joven llamada Concepción.
Bajo la caricia de las ondas de su cabellera se
deja mecer hacia el país de ensueños. Una guir­
nalda de flores corona su frente. Cierra sus ojos
mientras escucha la canción de sus compañeras y
en su imaginación el oro toma el lugar de las flores.
Un collar de monedas de oro adornado con toscas
perlas enhebradas con cadenillas de oro brilla sobre
su pecho.
Un collar de oro es el objeto de todos sus sueños:
es el sueño de toda Tehuana, de las jóvenes de
Tehuantepec.
Desde su tierna infancia toda joven comienza a
trabajar y ahorra con afán cada monedita, cada
centavo, para poder llegar a tener su collar de oro
a la edad de diez y seis o diez y ocho.
El collar es una fortuna, un bien. El collar es la
futura dote.
Y cuanto más grande, más costosa sea, mayor la
felicidad de la futura vida matrimonial.
Esta es la razón del apasionado soñar de Concep­
ción; y el por qué de las visiones llenas de colores
que bailan frente a los ojos de su espíritu.
Jóvenes apuestos alternan en sus sueños con el
collar...
La canción multicolor de las jóvenes flota sobre
el voluptuoso trópico multicolor...
¡O h f ...t nosotros mismos nos hemos dejado llevar
tan profundamente por el ensueño, que no nos
hemos dado cuenta cómo las jóvenes han ido al
trabajo, dirigiéndose a la plaza del mercado para
exhibir sus mercancías: naranjas, bananas, ananás,
flores, cacharros, pescado, y otros artículos para la
venta. El mercado en Tehuantepec ofrece una vista
interesante. Si usted mira de este lado pensará que
está usted en la India.
Si se vuelve usted hacia el otro lado, lo encon­
trará parecido a Bagdad con las grandes tinajas de
barro rodeando a su joven vendedor.
Por algún otro rincón semeja lugares de los Ma­
res del Sud. Sin embargo, rincones hay que a nada
de otra parte de la tierra se parecen, pues sólo en
Tehuantepec se venden peces de cuatro ojos.
Tan pronto como una jovencita vende una frus­
lería, tan pronto como ella recibe en pago los con­
tados centavos, comienza inmediatamente a pensar
en su collar, comienza a calcular cuántas monedas
de oro debe todavía conseguir.
Pues, moneda a moneda, es la forma en que el
collar Pega a hacerse, a aumentar, aunque ¡ay
todavía falta una: la mayor, la moneda central.
Así, Concepción se figura que sólo necesita una.

PASA»

♦ Los cinematógrafos son tan esenciales para un mayor esfuerzo de guerra como todas las municiones
que puedan producirse. Son tan esenciales que es imposible prescindir de ellos. — T rade P aper .
♦ Así era el final que yo creía necesario para “ Blackmail”, pero tuve que cambiarlo por razones
comerciales. — A lfred H itchcock .
♦ La gente está llena de dinero para gastar. Jamás podrá darse una mejor oportunidad para elevar
los precios. — T rade P aper .
♦ Es muy peligroso andar enturbiando las cosas en una industria en la cual la diferencia entre espí­
ritu de empresa y “ racketeering” es frecuentemente escasa y que puede pasar inadvertida en medio de
la confusión. — F. D. K lingender y S tuart L egg.
♦ El cine necesita una continua represión de la polémica a fin de evitar el desastre. — L ord T yrrell ,
presidente del Consejo Británico de Censores de Películas.
♦ De todas las a rte s, la más importante para Rusia es, a mi juicio, el arte cinematográfico. — L e n i n .
♦ ¿Qué clase de películas quiere ver el público?. . . No importa qué tip o . . . Tomad cualquier tema,
tratadlo como se debe, y el público la verá con gusto. — Exhibidor en un Periódico Comercial.
♦ El cine, como la novela policial, hace posible experimentar sin mayor peligro las excitaciones, anhe­
los y pasiones que deben ser reprimidas en un orden humanitario de la vida. — C. G. Junc.
♦ El cine es la forma de arte más vigorosa de hoy. — C on st a n t L a m b e r t .
(De “ FILM”, por R^ger Manvell.
15

Pelican Books, 1944).

justo una moneda más para ganar su derecho a la
felicidad!
Los negocios, sin embargo, caminan lentamente
en el tranquilo, perezoso mercado tropical.
Concepción continúa soñando con esta última mo­
neda mientras la canción, la canción que favorece
la suerte de las jóvenes de Tehuantepec, flota in­
interrumpida en el aire de la plaza.
Pero las bananas son al fin vendidas, esas bana­
nas que debían traer el dinero necesario para com­
pletar el collar. Y cuando el cliente paga a Con­
cepción, ella dice: “ Que su collar le traiga a usted
suerte”.
La feliz Concepción aprieta en su puño la mone­
da largamente deseada.
E l B aile

Lo más hermoso que la selva tropical puede ofre­
cer, flores, bananos, hojas de palmeras, frutos, ador­
nan las paredes del salón de baile.
Allí se ven las Tehuanas más elegantemente tra­
jeadas. La sala de baile es el único lugar donde
pueden encontrarse un joven y una muchacha, don­
de pueden confiarse mutuamente los secretos del
corazón.
Resplandeciente en su mejor vestido y en el col­
mo de su emoción, Concepción se quita el velo de
seda para atraer los ojos de todos los jóvenes y
doncellas y hechizarlos con el esplendor de su be­
lleza y de su nuevo collar de oro.
Después del baile, cuando Concepción se aleja con
su novio hacia un rincón retirado. Abundio le pro­
pone matrimonio. Y ahora:
CONTINUARA

�L a titu d
REVISTA MENSUAL DE ARTES Y LETRAS - AVDA. DE MAYO 1370 - BS. AS. - U. T. 38-3330

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 5/6 del año 1 de la revista Latitud, publicados en el año 1945.</text>
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                <text>Thénon, Jorge&#13;
Amorim, Enrique&#13;
Mallea, Eduardo&#13;
Sábato, Ernesto&#13;
Borges, Jorge Luis&#13;
Riet, Lázaro&#13;
Berni, Antonio&#13;
Rivera, Diego&#13;
Falcini, Luis&#13;
Hurtado, Leopoldo&#13;
Salazar, Adolfo&#13;
Oliver, María Rosa&#13;
Elchelbaum, Samuel&#13;
Fontini, Norberto&#13;
Buarque de Hollanda, Aurelio&#13;
Coppola, Horacio</text>
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                    <text>Año I + Núm. 6

LITERATURA

CRITICA

Buenos Aires,

A R T E

Octubre

de

1945

/C O N T R A P U N T O se adhiere
a la voluntad del pueblo ar­
gentino que expresa su profundo
deseo de ser dueño de sus dere­
chos constitucionales y gozar el
ejercicio pleno de la democracia
auténtica. Como hombres de le­
tras, entienden los integrantes de
este periódico que su responsabi­
lidad es máxima en esta hora. Sin
demagogia, sin compromisos po­
líticos, sin alardfs extemporá­
neos, hacen expresivo su deseo
de ciudadanos argentinos que no
conciben otro modo de conviven­
cia que el que se inspira en la li­
bertad, la legalidad y la 'justicia.
Porque abominan de un pasa­
do próximo de crápula adminis­
trativa y perversión política, por­
que no admiten la dictadura, por­
que confían en la democracia y
el porvenir, unen su voz a las vo ­
ces Te los hombres del pueblo.
Flores de papel

Oleos de DOM INGUEZ N E IR A

CAMBIAR
mundo fatigado y ruinoso que se hunde con los últi
mos estertores de la guerra, se ve cubierto vertiginosa­
mente por ese otro mundo nuevo de la vida que renace siem­
pre sobre toda devastación y contra toda decadencia. Hecho
biológico e históricamente natural, pero que nos incumbe
de manera particular por ser, precisamente, el tiempo que
nos contiene como grupo humano y en cuyo experimentado
dolor reside justamente nuestra más principal razón vital.
Bruscamente, la rajadura tremenda de nuestra sociedad
actual nos ha colocado en el trance urgente de atender a los
imperativos de la vida cotidiana —intensa más que nunca—
donde las 'pasiones pueden ser vulgares, pero, por encima de
todo, imprescindibles. Vale decir, que el cúmulo de aconteceres — quizá pequeño, circunscripto— de la vida diaria y
urbana del hombre medio cobra hoy un valor substancial
porque por él se trasciende y permanece hacia el otro destino,
hacia el destino del grupo humano total, cuya suma de aconteceres ya no es circunscripta ni uequeña, sino que constituye
nada menos que la gran aventura del hombre por el mundo.
N o es improbable que el primer corolario que nos arroja
esta época que se hunde, sea el de que cada hombre se halla
hoy dueño de un íervoi4 real y poderoso, d un fervor que po­
dríamos llamar, si se nos permite, de alteración (téngase pre­
sente aquellos dos conceptos que Ortega y Gas.et dennía co­
mo las dos grandes condiciones diferenciativas del hombre:
capacidad de estar en sí (ensimismamiento), y también de
ser alter (alteración).
Esta posesión (mejor diríamos conciencia) de un fer­
vor — no particularicemos: basta el fervor por una vida dig­
na— decíamos que puede ser un primer corolario; e'1 segundo,
la voluntad de trascender el fervor para los otros, la voluntad
de alterarse. Rápidos suspicaces podrían aducir que esto es
ingenuo, ya que el mero instinto de comunidad y la euforia
reconstructiva son la secuela fatal de toda conmoción social
y bélica en cualquier tiempo de la historia. Ingenuo, quizás.
Pero hay algo que marca un signo diterenciativo en nuestra
hora, y es que el hombre de hoy sabe que algo de su propio
tiempo muere para siempre con este desgarrón profundo que lo
separa de un ayeir aún palpitante y con ecos.

E
C A M B IA R L A VIDA.
D O M I N G U E Z N E I R A : F ig u ra s y F lo re s d e papel

(ó leo s).
P A U L V A L E R Y : C o m m en t je revine á la poésie.
D A N I E L J. D E V O T O : A grupación N u ev a M úsica.
E N R I Q U E A. D I L L O N : Se co n stru y e u n a casa.
A L B E R T O G I R R I : Al Tiem po.
L E O N B E N A R O S : Los re tra to s h istó rico s de O cta­

vio R. A m adeo.
GEORG

KAISER:

‘

Ju a n a .

E M I L I O S O S A L O P E Z : M em ento Morí.
V I N I C I U S D E M O R A I S : Soneto.
N ELI DA E S T H E R

P u e sto d e la desola­

OLIVA:

ción e n tre la luz do jum o.
B R A U L I O A R E N A S : Ha.bía u n a vez.
A L B E R T O M. S A L A S : Cinco vasos, de a lfa re ría de

Nazca.
J U A N C A R L O S P A Z : A rnold Sclioffberg y el fin de

la e ra tonal.
LEONARDO

ESTARICO:

V eint» p in ta re s b ra s i­

leños.
GUILLAUME

APOLLINAIRE:

Los p in to re s cu.

bis tas.
H E C T O R R E N E L A F L E U R : R eflexión e n to rn o a

n u e stra ta re a .
S E C C I O N E S : ¿A dónde v a la p in tu ra ? C o n te sta n :

T o rres - G arcía, Soldi y P oli castro:
Los tra b a jo s de los días.
L es libros, por K. R. L., L. B., P e tit d e M urat.
R aú l Lozza, A. D. K. y D. J. D.
ILUSTRACION

DE LUIS C E N T U R I O N .

REPRODUCCIONES.

o iE

Figura

LA V I D A
Y bien. La política y la economía se aprestar* a configu­
rar el rostro de la sociedad maltrecha. Vivimos la hora de la
gran lección; ningún ciudadano del mundo puede hoy con­
cebir otra forma de convivencia social que la de u na de­
mocracia que le asigna su derecho primordial a la dignidad
de la vida.
A nosotros corresponde preguntarnos con qué actitudes,
qué contenidos de cultura los intelectuales se aprestan a ejer­
cer su función sobre tan rico materia!. Prematuro, y por otra
parte vano, sería exigir al dominio del espíritu un automá­
tico programa de quehaceres, pero pueden esbozarse ten­
dencias en cuanto a todo aquello — por lo menos— que es
posible rechazar. Sospechamos — y en ello nos va la espe­
ranza— que el intelectual de hoy, testigo y actor de dos
épocas, va a cambiar de piel. En nuestra sociedad — el pue­
ble/ de los argentinos— el homo intelectualis ha estado au­
sente como factor dinámico. H a desempeñado sólo su mi­
sión ideal. Espectador de sus semejantes, crítico de la vida
que fluye, creador estático, al intelectual le ha faltado su
integración definitiva al ser físico de las cosas que forma
la materia de sus propios días.
De esta ausencia se desprende como secuela fundam en­
tal la pobreza de influencia y la impopularidad de nuestro
arte. ¡Curioso mundo intelectual el nuestro, cuyos artistas
y escritores no los sospecha el público! Aquí se dá el raro
fenómeno de que nuestros escritores de mayor calidad son,
precir amente, los más desconocidos, los más inaccesibles al
público. (No se diga que la calidad es factor de incom pren­
sión
) Pero sucede que bajo las nuevas luces de esta hora
que deseamos nueva, comprendemos que la calidad accesi­
ble es otra, que hay una calidad y m uy alta, que va por
otras rutas.
¿Estamos ya en esas rutas? ¿Pisamos ya esa zona, en la
cual puede crecer un arte verdaderamente popular, es decir,
el de la más genuina calidad? Permítasenos creer que sí. La
muerte del militarismo agresor y de la gran burguesía capi­
talista constituye la revolución de nuestra hora. He aquí la
entrada a un nuevo hacer, a un nuevo vivir.
Junto a los problemas estéticos que la creación artística
(C ontinúa en la pág. 8)

�CONTRAPUNTO

COMMENT JE REVINS A LA POESIE

VALER Y, por Sem

|
■
;V

%

J E N E SA IS p a r quelle rep rise m ystéJ rieuse, p a r quel re to u r v ers ma jeu nesse, je rev in s 4 m 'intéres-ser 4 la poé.
sie, ap rés p lu s de v in g t a n s que je m ’en
é tais détaché.
P e u t-é tre y a-t-il en nous une mémoire périodique e t lente, p lus profunde
que la m ém oire des im pressions e t des
objets, une 'm ém oire ou une résonance
de nous-mémes 4 longue échéance, qui
nous rap p o rte, et v ie n t nous re n d re 4
l’im proviste nos tendances, nos puissances, e t mém e nos espoirs tré s anciens.
J e m ’apergus que je red ev en ais. Je
ble &amp; ce qui sonne d an s Ies propos. Je
m ’a tta rd a is 4 percevoir la m usique de
la parole. Les m ots que j ’en ten d a is ébranlaien-t en moi je ne sa is quelles dépendances h a rm o iy q u es et quelle présence
im p licite de ry th m e s im m inenfs. Des
byllabes se coloraient. Certains. to u rs,
certain es form es d u langage se dessin a ie n t parfo is d'euxm ém es s u r le s fro n .
tié re s de l ’ám e et de la voix et semb laien t dem an d re á vivre.
Ces com m encem ents de l ’é ta t c h a n ta n t,
ces p rin tem p s in tim es de l'in v en tio n expressive so-nt délioieux, conune e s t délicieux le b alb u tiem en t préalab le de l ’orchestre, quelques in s ta n ts a v a n t q u ’il
s ’ordonne e t s ’assem ble et q u ’il obéisse.
el q u an d il n ’en fa n te encoTe q u ’une varié té v iv an te e t c o n tra rié e de tim b re s
qui s’essaient, q u i s ’e n h ard issen t, s’interro m p e n t, se con tred isen t, et p rép aren t,
chacu n selon sa nat-ure, le u r prochaine
e t m iraculeuse unité.
Peu 4 peu, je -m’accoutum ai, je m ’apprivoisai 4 rev iv re mon adolescence. Je
m e su rp ris v ersifian t. Je reco n n u s en
m oi les soucis et les so in s du poete. Je
m e laissai fa ire avec p laisir. Je confesse
que j ’é tais las d ’a g ite r depuis bien longtem ps d es q u estio n s assez difficiles. Mon
(1 ) Trabajo de Valéry publicado en "Les
Armales", París, 1927.

Retrato y autógrafo tomados del libro Paul
Valéry, por Valéry Larbaud — " Les Quarunte",
colección publicada bajo la dirección de Jacques Des Gachons — Ltbrairie Félix Alean,
1931, París.

A “ Agrupación Nueva Música”
se presentó al público de Buenos
Aires en junio de 1944, en una au­
dición correspondiente al octavo ci­
elo de los “ Conciertos de la Nueva
Música”. Estos conciertos, fruto de
la acción tenaz y aislada de Juan
Carlos Paz, constituyen el núcleo'
de la nueva entidad y son los que
le aseguran el respetuoso y unáni­
me silencio de la erítáca.
A1 propósito inicial, ampliamen­
te cumplido, de los Conciertos, cu­
yo fin es dar a conocer lo más represelntati'vo de la producción mu­
sical contemporánea — se estrenó
cerca de doscientas composiciones
en medio centenar de conciertos —
se han unido los nombres de hasta
ahora cinco compositores del país,
vinculados por su común intención
renovadora pero libre cada uno de
expresarla en el lenguaje que juz­
gue más adecuado a su temperamen­
to; la “ Agrupación Nueva Músi­
ca” es así, dentro de una funcional
intención de modernidad, más la
af'rmaeión de una ética que la de
una estética comunes.
Para hablar de sus integrantes,
me sería imprescindible estar algo
má1’ cerca de Ricihard Engelbrecht,
director de la Orquesta Filarmóni­
ca de Rosario, de quien conozco:
apenas unos pasajes de cartas a
Paz, y no suficientemente en 6u
obra (sobre todo en sus grandes
competiciones orquestales), y, tam­
bién, estar algo más alejado de Ju­
lio Perceval, director del Conserva-,

L

esp rit, occupé d e c e rta in s su je ts qu 'il
s’é ta it donnés e t dont il n 'é ta it pas aisé
de se d é fa ire en le s ép u isan t, se tro u v a it
s ’é tre c o n stru it des cercles in fe rn a u x ; il
re p a s sa it in d éfin in ien t p a r les m ém es
é ta ts de lu m iére e t de ténébres, de puissance e t d ’im puissance com plém entaires.
M ais coinm e je me re m e tía is 4 la poésie, cet esp rit, toutefois, ne me q u itta it
, point; e t je ne ta rd a i p as 4 retro u v er,
sous les p re m ia re s fleu rs de m a nouvelle
saison, bien des problém es e t des énigm es. On en trouve oú l’on veut, et la
poésie n 'en m anque p o in t; c’e s t une af
fa ire d ’exigences. A prés les b o n h eu rs a'e
l ’esquisse et les prom esses d es belles choses qui s ’e n trev o ien t, aiprés que l ’on a
e té séd u it 4 ces d iv in s m u rm u res de la
voix in té rie u re , et que deja de purs frag■ments se so n t d ’euxm ém es d étachés de
ce q u i n ’existe pas, il fa u t en fin en ve­
n ir au tra v a il, a rtic u le r ces ru m eu rs, re .
jo in d re ces m orceaux, in te rro g e r to u t
l'in tellect, le c o n tra in d re q u 'il vienne á
l ’aide.
. . J ’e n tra i d a n s ce tra v a il. Mon dessein
é ta it de com poser une so rte de discours
dont la su ite des v ers fü t développée cu
d é d u ite d e te lle so rte que l ’ensenible de
la piéce p ro d ú isit une im pression analogue 4 celle des ré c ita tifs d ’aut-refois.
C eux qu i se tro u v e n t d an s Glück, e t p artic u lié re m e n t d an s TAlceste, m ’avaien t
beaucoup donné 4 songer.
B ien tó t, je m e h e u rta i 4 des difficulté s étern elles. Un jo u r que j ’a v ais p re s.
que to u t e n tie r consum é &amp; ta ire , 4 dé­
fa ire e t 4 re fa ire quelque p a rtie de mon
poéme, j ’en ai p rise ce dágoüt desesperé
que co n n aissen t to u s les a rtiste s. L ’a r .
tiste se ra it peu de ohose, s ’il ne spécula it su r l’in certain . Je décidai d ’ab an ­
dono er la p a rtie ; je m ’assunai q u ’il falla it ren o n cer; e t v o u lan t ro m p re p a r un
a cte le tr is te en dhantem ent qui m ’e n .
c h a in a it á m es ébauohes, je m e su is contr a in t de so rtir. J ’a i m arch é assez furieu sem e n t dan s les rúes, 4 dem i ébloui
p a r les lu m iéres désordonnées, e t j ’ai
erré, comme u n e pensée b rusquem ent jefée dans le tu m u lte d ’une ville, égaré par
le m ouvem ent d es é tre s et des ombres,
confondu v o lo n ta ire m e n t 4 l’a g ita tio n
gen érale e t in d istin c te de la foule dan s
le soir. Je me se n tá is encore obsédé et,
p a r instam ts, ressaisi, a u m ilieu de tous
ces vívanla en m arche, d es m ém es essa is et des m ém es re fu que je venáis de
fu ir, et d o n t je ch e rc h á is 4 d isso u d re
le to u rm e n t d a n s ce tte m u ltitu d e d ’incom iuis. J ’étais une m auvaise m ere q u i
va, lo in de chez elle, perd re un e n fa n t
q u ’elle ne p e u t so u ffrir.
A prés une m arche fo rt longue, je su is
e n tré d an s u n café d ésert. Les jo u rn a u x
tr a in a ie n t su r le m a rb re . Je p a rc o u ru s
d is tra ite m e n t le m onde e n tier, dont
l’im age de l’incohérence de ses événem en ts sous les d iv ers cieux se substitu a it en moi au désordre des hom m es
d an s la rué. Mes yeux, fu y a n t Ies crimes, les P arlem en ts, la B ourse e t les nouvelles (qui so n t sta tistiq u e m e n t to u jo u rs
les m ém es), d e scen d iren t a u bas du
Tem ps.
Je ne su is pas g ra n d a m a te u r de prém onitions; je resiste á c ro ire 4 ces a ttra c tio n s m ystérieuses p a r lesquelles on
se fla tte d ’expliquer ta n t de coincidences rem arq u ab les q u i s ’o b serv en t dans
to u tes les vies, et les m o d ifie n t ou les
o rie n te n t avec une so rte d ’intelligence.
M ais il me fa u t avouer que quelque cho.

n ir com m e une í'iamme dans une nuil
profonde. L a sobriété, l’énergie et la g ra­
te du geste, Ha maigie du regará', la pureté de la diction, le son grave et métallique d 'u n e voix sans egaie, elle avait
tout, to u t ce qui ch arm e ,tout ce qui en
tra ín e , to u t ce qui exalte. Voir Raeliel"
constance assez sin g u liére m e l ’a m is en ­
c ’e ta it une des g ran d es ém oíloas de i»
tre les m ains. D uran! un séjo u r 4 B m s
vie. E lle é ta it p alé e t m inee, elfe avait
j'eus, naguére, l’honneur, d ’é tre présento u te ; apparence d ’une personne tréc dété 4 un personnage considérable, appaltcate. Ses m ain s é ta ie n t d'une grande
ren té 4 la fam ille royale de P russe, le
d ic tin c tio n ; ses yeux hruns, tré s briiprince Georges, petit-cousin de l ’empeUants, a v a ie n t une profondeur inoine Sa
re u r G uillaum e 1er. II m ’e n tro tin t de Ravoix de co n tralto d escendait ju sq u 'aü 1 a
chel, dont, sa n s doute, — je c ru s le diso an s ce v ers dé B a ja zet:
c e rn e r 4 ses confidences, — il a v a it été
“N ’avra is-je to u t te n té que pour une ri
v a le i
am oureux. II g a rd a it d’elle, de ses intonations, de ses a ltitu d es, de ses gestes,
Que é ta it d it s u r le fa grave, pu is sa
des im pressions, des im ages d’une incrovoix m ontar:. Q uand elle d lsait, d ans An
dronujque:
“ Va, cours, m ais crains encor d’v tren
v e r H erm ione,

Par

Paul Valéry
se m e fa isa it a tta rd e r dañ a ce num ero
e t p re sse n tir que j ’y tro u v erais une substance précieuse. J ’effleurai du regard le
feuilleton d ’A dolphe B ris so n . . . Je lus.
Je relus. Je reconnus m a voie.
Voici le com m encem ent de cet a rtic le :
Commem' n t P a rtiste com posait-elle,
jo u a it-e lle ses roles? Quelques é taien t
ses procédés, sa m aniere, sa m im ique, le
tim b re de sa voix, ga fagon de se m ouvoir
e t de p o rte r le costum e? P a r le phonog rap h e et le ciném a, nos petits-neveux

cours é ta it a it s u r la note u t avec da plu 3
g ra n d e forcé. Le cri qu elle p o u ssait dans
le etnquiém e acte d ’A d r ie m e Lecouvreur
ap res le vers &lt;TAndromaque, é ta it un la
a g fU' EI!e d isP°s a it done de déux octa-

^
Vxru oIajlsr aU.
GepjZcjxfe*. Cjl
Te cjce_ cA

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) Hac/tg t ¿co u*í-¿¿e_ Ae locceept-e
S 'w w .
VIajUaoÍVül+eC&amp;ti
r c fdUAC* t
¿U-uJ 'Te*
(Te a (.A* kJjxAAJU)
{ f \ A * VU o &lt; x-V b*iÁ &gt;
CíLJfíete*.
CuN-—

tí-Uc''U*c,ciyf-

-it

Q-GuV— I/UTKÍJ

LO. reut,
Ú VLÍW yate

(a y&lt;) Cu

dí. iTa

iZ ueJd- U i'o JT o . cdccuM e¿ Ca Ju u * ,ftt tJ r ‘
íía o g * Ja .

-1e**J-euA c(&amp;vu *Tt to en
'l

tZoéí » c
4 cu¿e

'to uJ~ aun. 'y.euujfsli.
d'
a u ro n t s u r le s a c te u rs d ’a u jo u rd ’h u i des
ren seig n em en ts á ipeu p rés exaets. Rachel n ’a p p a ra it pas tré e s v iv an te á travers la prose ly riq u e de G autier et la
prose diffuse de J a n in ; le u rs jugem ents
d o n n en t une idée générale de son jeu,
m ais, quelquefois, ils sont co n tra d ic to i.
re s; ils m an q u ent de precisión. Nous
v o u d ricn s q u ’une rigoureuse et sincére
analyse, que des in d ieatio n s détaillées,
inéticuleuses, eu ssent fixé ces chosea fug itiv es: la physionom ie de l’actrice,
l ’ém oíion éveillée chez ceux qui l ’ecoute n t. Or, ce docum ent existe. Une c ir.

Agrupación

Nueva

.

yable fid élité. Soucieux de ne les point
la isse r p e r d r e , il . s ’é ta it appiqué
4 les fix er su r le papier. I¡ m ’o ffrit un
exem plaire de cette bro ch u re anonym e,
im prim ée p o u r seg am is. Ce précieux petit o uvrage renferm e le com m entaire,
vers p a r vers, la desoription photographique, la n o tatio n m usicale, le procésh-erbal, si l ’on peut dire, des in terp ré tations de l ’illu s tre a rtiste . L a prem iére
page est un h ym ne en son ho n n eu r, et
c ’est au ssi un p o rtra it.
“Raohel! G énie incom parable, a rtis te
sublim e, vous resterez d a n s n o tre souve-

Música

Por
DANIEL
torio Naciomol de Música y Arte
Escénico de la Universidad Nacio­
nal de Cuyo, y de quien he sido
alumno: la excesiva proximidad me
impediría una visión justa. Tampo­
co puedo hablar de Daniel Devoto,
no por no serme lícito (el ejemplo
de Julio César y el de algún cole­
ga para quien “ le moi n ’est pas
haissable” serían justificación sufi­
ciente) sino, desgraciadamente, por
no tener nada que decir — de bue­
no, al menos. Quedan, pues, dispo­
nibles para el examen Esteban Eitler
y Juan Carlos Paz, cabezas visibles
y funcionales de la Agrupación.
En Eitier lo admirable ante todo
es su actitud vital, su aptitud vital.
Se le siente curandero y astrólogo,
un poco truchimán, gozoso de pi­
cardía: se le adivina la malla del
acróbata bajo el pantalón, y que
habló germanesco con Cortadillo.
Eitler, haciendo juglarías con cinco
instrumentos a la vez, sacando so­
nido de un indecoroso tubo de cale­
facción que él llama, sin ningún pu­
dor, flautón, nos aclara por qué en
francés o en inglés tañer instrumen­
tos y jugar — y aun salir airoso de
un aprieto — son una misma pala­
bra. La “ gozosa fluencia creadora”
que con tanto acierto le señala Hur-

J.

DEVOTO

tado no es en Eitler sino' el evapo­
rarse en sonidos de ese excedente
de agilidad vital que le permite ha­
cer esquí, romperse periódicamente
la crisma con su bicicleta, tomar
trescientas fotografías semanalas —
y exponerlas —, estrenar v e i n t e
obras nuevas (suyas y basta aje­
nas) a cada novilunio, organizar a
la minuta una audición con sesenta
y cinco instrumentistas, y vivir, an­
chamente, a pesar de todo ello, y
del trabajo que los mortales here­
daron de Eva. Eitler escribiendo
(para oficleide, sopranista, viola da
gamba, aparato Martenot, bando­
neón y arpa eólica) trece dobles fu­
gas en un cuarto de hora, recuerda
ese libre goce del nadador, dueño
del río, tan maravillosamente can­
tado por Giono. Por eso veo siem­
pre a Eitler como aflorando entre
un equilibrismo de arcos, lengüetas,
mazos y badajos, sonriente e impla­
cable como la Música o como el
mismo Eitler c u a n d o sigue ha­
blando.
Pero si Eitler brinca por atajos
picariles con un tuitti al unísono
listo para deftvalijarnos, otros son
el paso y la senda de Juan Carlos
Paz. Austero sin mal humor, audaz
sin ostentación ninguna, la fideli­

dad a sí mismo sería su condición
más alta de no serlo su serenidad
casi heroica (sin casi) que le ha
permitido vivir incontaminado, vi­
tal y artísticamente. Su labor crea­
dora es de una amplitud que no ha
e x c l u i d o la meticulosidad, y la
Agrupación le debe el haber nacido
con un pasado — siete años de audi­
ciones— y una definida modalidad
presente, edificados por un ejem­
plo y una inflexibilidad crítica ejer­
cida manisamemte sobre sí y sobre
los demás con idéntica y severa
blandura. Paz, de haber sido con­
temporáneo de Eitler y su goliardismo, no hubiera suscitado públicas
quemazones de partituras heréticas
a fuer de ortodoxas, sino' que hubie­
ra invitado a sus autores (difuntos
y por nacer inclusive) a su celda,
y les hubiera brindado el ci'icio de
último modelo que utiliza para com­
poner y que garantiza contra todoarrepentimiento. Tal lo vio, más
clérigo de clerecía que de religión
(las dos palabras en su antiguo sen­
tido). Su ilustración, su integridad
invariable, la tranquila seguridad
con que señala las traiciones de una
partitura (suya o ¡ay! ajena), equi­
libran las audiciones de la Agrupa­
ción que oscilan entre el mrbusiasmo

‘Le plus -souvent, elle re s ta ií, en p ar.
lan t, dans cette éten d u e du fa diése au
m i n a tu re l. D a is Valeria, dram e d ’Atig u ste Alaquet et de Ju les Lacroix, e/lle
Jouait le ro le de l ’im p é ra tric e M essaline
avec une voix grave, ceiui de Lycisca
avec une voix p lu s élevée. S ans étre trés
g rande, elle le p a ra is s a it s u r la scéne.
iSa su re x ciía tio n nerveuse se comm uniq u a it au x sp e c ta te u rs; on friss o n n a it en
su iv a n t ces seénes ém ouvantes; souvent
ti se m b lait que Ha forcé de l ’ém otion alla u la briser. Oui l ’a vue d a n s M arie
S tu a r t se so u v ien d ra c e rta in e m e n t de
1 energie terrib le, sauvage, avec laquelle
elle u isait:
" íía u h e u r, mctlheur á vous, quand, d’une
ív ie austére
i ous venar, t quelque jou.r arracher le
» tt, . . .
[ m anteau ,
v e n te su r vous fa it luiré son fla m [ beau.'
“Le m ot arracher é ta it prononcé avec
une fu re u r inconcevable. E lle é ta it h o rs
d elle, fré m issa n te de rage. A ucune actric e ne s ’est agenouillée devant la rei­
ne E lisab eth avec cette fié re ra id e u r. Je
la vois encore au cinquiém e acte de M a.
ríe S tu a rt, avec son beau costum e de velo u rs no ir, son bonnet bíanc h isto riq u e
dont la-p o in te to u ch ait le front, son long
voile blanc et ses an tiq u e s d e n telles.”
Le iprince m eníionne ju s q u ’aux plus
in s ig n ifia n te s p a rtic u la rité s d e la dic­
tio n de R aohel; il évalue Ha d u rée de ses
silences; il note ses “re s p ira tio n s”.
"Je voudrais a ssister á ta derniére au[rore,
V oir som brer dans les flo ts toen san.glant
Im ótéore,
iR espirant larg em en t.
E e t seule
R espiran!.
au bord des m ers
R espiran!.
r e ip ire r la fra ich eu r

Respirant.
De V éternelle n u it.
“filie respi.rait 4 plein s poum ons av an t
(C ontinúa en la páp. \ )

estrepitc-so de Eitler y sus cohortes
y el umversalmente acatado derecho
al veto de Paz. Creo que si Paz hu­
biera secundado ya a Eitler en el
verano d'e 1248, los ratones de Hamelín hubieran, caído al Wesser de­
bidamente exorcisados y definitiva­
mente — aun entonces— converti­
dos a la técnica de los doce soni­
dos. Porque para Juan Carlos Paz
se escribieron quizás las palabras
del Evangelio: “ Fué un hombre en­
viado de Dios, el cual se llamaba
Juan. . . — Y de su plenitud toma­
mos todos, y gracia por gracia”.
(San Juan, I, 6 y 16). Lo' cual, sin
irrespetuosidad alguna es c i e r t o
para bien de la Música, y gracias
sean dadas por ello.
N. á e R . — L a "A grupación Nueví
¡Música” h a dado a conocer en Buenos
A ires obras d e los sig u ien tes composito­
re s : A. S dhoenberg, I. Straw insky, A.
B erg, A. W ebern, C. D ebussy, M. Ravel,
A. H ába, P. H indem ítb, E. K renek, D.
M ilhaud. E. W ellesz, B. B artók, A. Honegger, R. Sessions, R. H a rris, S. O sterc,
E. Toeh, P. Ja rn a c h , M. de Falla, C.
Chávez, H. Cowelil, H. K au d er, D. Zebre,
J. W iener, K. P a h o r, K. H ába, K. W ie­
n er, B. W eber, G. P erle, G. T rem blay.
A. T ansm an, K. Szym anovsky, G. Auric,
D. -Santa Cruz, J. A rdévol, M. Jacob, G.
S tran g , P. P isk, W. Schum ann, A. Co­
pland, W. R iegger, E. Schulhoff, V. Polivka, K. R ein er, M, Pone, A. Leng, L.
S am insky, F . S tu rm , E. S atie, M. Ponce, II. V illa-Lobos, A. R oussel, A. Sas,
C. S antoro, H. T. K o e llre u tte r, W. G raetzer. J. P ercev al, A. De R aco, E. E itler,
J. C. Paz, D. Devoto, Vi. Jo sten , G;
Peixe. V. T hom pson, P. G arrido.

�Pag. 3

CONTRAPUNTO
URGIAN los cimientos en el te­
rreno recién abierto. Al sol, los
S
montículos de arena y pedregullo y
las bolsas de cemento', ponían deseos
de trabajar en quienes no tenían que
■hacerlo. Una pila de ladrillos estaba
crujiente como pan recién sacado del
horno. Hilos tendidos, soberanamen­
te rectores, daban seriedad científica
a la construcción in c ip ie n te . Los
obreros, sucios, parecían revocados y
hasta el rostro y las manos semeja­
ban estructuras de cemento armado.
Para ellos construir una casa es ab­
solutamente rutinario. Como que las
hacen para otros. Por el suelo las or­
tigas y los yuyos, aplastados por los
materiales. Alguna planta desapare­
cía ahogada por el insuperable abra­
zo de la arena, emergiendo, mustia,
una flor como una humilde queja.
Pero el sol estaba tenaz y el cielo
despejado. El viejo cerco de alam­
bre mantenido vivo' gracias a la ge­
nerosa enredadera, yacía tumbado
en parte, describiendo una curva de
animal vencido, de hombre derrota­
do, de arbusto azotado. En un rin­
cón, una palmera con su lujo de
principios de siglo, con su grueso
tronco de matrona, se sacudía el pol­
vo despaciosamente. Un camión, me­
dio cuerpo adentro del terreno, piso­
teaba, con su peculiar grosería, una
mata de pasto, un poco de arena
(como si hubiera aplastado un re­
lej) y la joya pulverizada de restos
d'e ladrillos.
Daba sentido a todo, el ruido mo­
nótono y desalineado a la vez de una
mezcladora, poderosa en su arma­
zón férrea.
A ambos lados del terreno, y pron­
tas para dar a la nueva casa su
transfusión de argamasa medianera,
dos viejas construcciones aún en pie,
invenciblemente tristes en las man­
chas verdes del moho que mostraban
desde hacía ya muchos años.
El constructor, naturalmente ita­
liano y con color de vino ordinario
en las mejillas ya arrugadas, no po­
día renegar de su anterior condición
obrera. Viejo, trajeado, como cual­
quiera de sus peones, pero' con el
lujo de una gruesa cadena de ese oro
oscuro que sólo se ve ya en las ma­
nos lentas de arterieesclerosis. Con
su bigote enorme, blanco —cal de
tantos años— seguramente adhesión
a algún reinado anterior, a veces
mascullaba cosas que se perdían en
la maraña blanca que- descendía
hasta el labio1 inferior sumido sobre
la encía desdentada.
Cuando esa opresión en las sienes
disminuía un poco, un juramento en
dialecto aborrecía las copas de vino
tomadas en el almacén cercano. No
tomaría tanto, pero no diría a su
mujer la prohibición terminante del
médico. Al principio había sentido
miedo. Cualquier emoción podía cau­
sar el desenlace. Entonces tuvo unos
días de cordialidad con todos. Aun
con ese peón que lo sacaba de qui­
cio, no sabía por qué. De lo que no
estaba seguro1 era de si debería ale­
grarse demasiado. Quizás eso tam­
bién pudiera ser fu n e sto , pensaba.
“ ¡Porca miseria!" Cómo vivir sin
enfurecerse, sin tomar sus vasos de
“ semillón” habituales, sin esas ale­
grías del boliche que le sacudían el
vientre enorme, en accesos de risa.
Cómo vivir. Para qué. Y ese peón.
No podía explicar que lo dejaba en
paz por eso. ¿Y si él creyera que
estaba arrepentido? Además, cómo
hacer las jugadas de murra sin gri­
tar, sin discutir, sin desorbitarse.
Por eso se cuidó pocos días. To­
dos sospecharon del cambio. Era in­
evitable. Síncope, le había dicho, o
rotura de un vaso. El imaginó un
vaso como los de la cantina, volcan­
do sangre dentro del pecho. A veces
se reía de ello. Cuidarse. ‘ ‘ ¡E h ! Qué
sabía el d o c t o r ..." ¡No levantaba
casas hacía cincuenta años! Bien que
estaba viejo, que podría descansar,
que sus hijos podrían devolverle el
sacrificio de tantos años. Pero cómo
dejar, si al ver los materiales le pa­
recía que ellos lo estaban esperando
-■para salir de su quietud. Sus callo­
sas manos acariciaban, más que to­
maban, un ladrillo. Por momentos
sospechaba que ahora, desde este
año, la gente no moriría más. El se-

SE

CONSTRUYE UNA CASA
P o r

ENRIQUE
guiría siempre con peones, oficiales,
y dueños impacientes y molestos-.
Anoche había soñado haber sido
llamado para construir un gran edi­
ficio, en reconocimiento a su labor
en los barrios pobres. Siempre una
pieza, cocina, baño. No le sorpren­
día, ya que con ésta, eran cinco las
casas construidas por él, con come­
dor, dos dormitorios y dependencias.
Evidentemente, progresaba. Claro
que Tin edificio de&gt; tantos pisos no lo
haría, Al pensarlo se reía y, al reir,
las arrugas le apretaron sus ojos la­
crimosos, muy claros, cuyas pupilas
llevaban el halo1 difuso y precursor.
No podría hacerlo. Saber, sabía. Pe­
ro, ¿cómo dejar los compromisos con
los muchachos, casi todos hijos de
sus paisanos? Un suspiro —aún sus­
piraba— irguió el viejo pecho1 y,
combadas las piernas, se fué hacia el
almacén de vino y murra.
Los vasos de “ semillón” le fijaron
los ojos sobre el zinc color tormenta
del mostrador sobre una hendidura,
la más vieja. Recordó, de pronto', a
su mujer. Delgada, arrugada como
esas marquillas de cigarrillos que se

arrojan a las calles. Había dado todo
lo que tenía que dar. Hijos, trabajo1.
Los hombros, descarnados, perpetua­
mente inclinados hacia adelante.
Costumbre de la pileta de lavar.
Siempre callada y dócil. Dócil e in­
diferente. Ni siquiera las incontables
amarguras la hacían mudar. Sus ojos
negros, brillantes, siempre fueron
como ahora. Azorados e inestables.
Como no fuera con la costura, ja­
más estaba sentada. Sus chancletas
o sus zuecos la llevaban constante­
mente de aquí a allá. Recordó una
fotografía de cuando llegaron a la
Argentina y le pareció que no podía
ser de su mujer. Era así, vencida,
hacía tantos añ os... La recordaba
en el barco. Esperaba, probablemen­
te. Muda.
Se dió cuenta de que estos pen­
samientos lo estaban deprimiendo.
Pasó la mano por la cabeza sucia
de polvo. Recordaba el trabajo du­
ro, continuo. Luego los hijos. Con
ellos se dió cuenta de muchas cosas.
La rebeldía de los hijos nacidos
aquí. Rompiendo esa autoridad pri­
mitiva, bárbara, de la aldea lejana.
En la lucha salió humillado. La hija
mayor se fué una tarde cualquiera,
dicen que con un peón de “ stud” ;
el resto no quiso saberlo. El segun­
do dedicado al ‘‘foot-ball", por lo
menos ‘‘ayudaba en la casa". El
menor, cadete, al principio, de una

A.

DILLON

peluquería, ahora ‘‘levantaba jue­
go" y prosperaba. Ni el rigor pudo
con ellos. Todos se rebelaron. Al del
“ foot-ball” había llegado a sujetar­
lo a una columna del patio para que
no se fuera a jugar en vez de estu­
diar. No comprendía cómo así no
reaccionó de acuerdo con sus órde­
nes. Qué distinta esta Argentina de
la aldea en que él naciera. Cierto,
pensaba a veces, que los resultados
quizá fueron peores allá. Pero había
respeto a los padres. Temor. Sin.
embargo, no podía dudar del cariño
de ellos. A su modo, pero lo que­
rían. Al menos los dos que veía. De
la mayor, hacía casi tres años que
no tenía noticias. Nunca él los había
tratado suavemente. Lo consideraba
superfluo. A veces, no obstante, veía
en ellos la huella del trato violento.
Lo sacó de su ensimismamiento
una voz conocida.
—¿Qué tal, don José? Parece que
camina la obra. Recién pasé. Qué
rápido v a .. .
—¿Qué dice ? ¡ E h ! La obra. . .
Tomá una copa. Voy para allá.
—No. Gracias, don José. Estoy

con un apuro bárbaro. Mi mujer
debe estar esperándome. A propósi­
to, ¿está enfermo el peón nuevo ? Lo1
he visto ahí sentado1 en el fondo del
terreno.
—¡ Ma que va a estar enfermo! Es
haragán. Aunque proteste el sindi­
cato, lo voy a echar a empucones un
día. Me tiene harto. Lo que se dice
harto1.
Se había congestionado. Contestó
un distraído “ Addio” . . . Golpean­
do contra el zinc, pidió que le sir­
vieran. Otra vaso dejó su huella en
el bigote, que se limpió con el brazo.
Siempre que se alteraba se acor­
daba de sus hijos. Ninguno para lle­
var la profesión con su apellido. No
les importaba. Habían hecho su vi­
da como habían querido. Sólo la de
él había seguido un curso ajeno a
sus deseos, pensaba.
¡Salió del almacén. El sol lo em­
papó de sudor. Su andar era vaci­
lante de alcohol y de recuerdos.
Ahora se veía a sí mismo, joven,
Colocando ladrillos, siempre ladri­
llos. Sin progreso. Como estos pa­
sos que lo llevaban ahora hacia la
obra. Trabajando y pensando en la
pólvora de las ideas sindicalistas o
anárquicas —no lo sabía bien— que
importaran unos compatriotas suyos,
por allá, para principios de siglo.
Cada ademán suyo, entonces, era
una protesta. Las paredes que le-

vantaba le parecían cárceles de sus
ideas. La pala esgrimida como si
quisiera levantarse contra el pa­
trón. El trabajo en verano. La vida
mísera. Cada ladrillo en su mano
era una amenaza. Después, los hi­
jos. .. Al pensar, se hiz0 más tur­
bia su mirada y los pasos se acor­
taron, lentos. Ni los golpes los ha­
bían guiado. Ya que él claudicaba,
quería a sus hijos en la clase do­
minante, pensaba. Por otra parte,
nunca había logrado entender muy
bien esos ideales bastante difusos.
El sabía que lo llevaban contra algo
y eso era una salidí^ para su ju­
ventud que ardía.
Ya llegaba a la construcción. Los
párpados se le cerraban y un terri­
ble dolor de cabeza le impedía alar­
marse de la opresión que le llenaba
el pecho. Para aturdirse, se recos­
tó contra la mezcladora. En el otro
extremo del terreno, divisó al peón
que le mandara el sindicato. Le
ocuparon el pensamiento todas las
discusiones y reyertas tenidas con él.
Era muy violento. Como era yo,
pensaba a veces. Lo vió sentado

sobre la arena, la cabeza entre las
manos.
Muy joven, robusto, despierto.
Ardía en él la reacción contra las
injusticias del italiano. Hubiera pe­
dido cambio de obra, peto su amor
propio se rebelaba. Y el riesgo de
no poder trabajar quién sabe has­
ta cuándo. Una reminiscencia de la
calle de suburbio recorrida todas
las tardes a la vuelta del trabajo,
lo refrescó con ademán de cabellos
despeinados. Le parecía imposible
que lo persiguiera así, con odio. Re­
cordó con desprecio las enseñanzas

Cambiar

de la escuela. Respetar a los an­
c ia n o s... Uor eso nejaba pasar la»
cosas. Además, lo suyo, lo de él ín­
timo, era libre. Pedia imaginar
cuanto quisiera.| Hasta allí nadie
podia llegar. Había otras cosas. Re­
cordó a su hermano, sucio, orillero,
haragán. Levantó la mirada. Des­
pertaron dos labios como sangre y
sus dedos se pincharon en la barba
crecida. Palpó sus pómulos fuertes
para que retornaran mejillas esti­
radas con los besos de ella, tíe in­
trodujo un poco de viento, por la
camisa adentro. Todo él estaba en
la calle aquella. Lo sacudió la odia­
da voz:
—¡Eh! ¡A trabacar en seguida!
Aquí no se roba el jornal. ¡Mala
pécora!
Se volvió y vió al “ gringo” . Una
súbita rebeldía lo levantó, los puños
cerrados. Reflexionó, sin embargo.
Camino unos pasos, hasta donde
estaba la ropa. La tomó. Estaba
rojo de rabia. Se encaminó hacia
la calle, decidido a no volver. Ya
pensaba cómo lograr nueva ocupa­
ción, cuando lo detuvo la voz difi­
cultosa de alcohol que gritaba in­
terminables improperios. Lo vió le­
jos, miserable. Dudó, porque la dis­
tancia y la decisión de no volver
le hacían sentir como dirigidos a
otro los insultos. Ahora el viejo lo
llamaba, provocándolo y balanceán­
dose tomado del borde de la mez­
cladora. Los pies del peón se ad­
herían contra la tierra de la calleApretó los labios para irse cuando
llegó el “ ¡C ob arde!..." Las mira­
das de los compañeros lo palpaban,
lo1 sopesaban. Uno dió un paso para
hacer callar al italiano. Entonces ya
no se controló. Dejó caer la ropa
entre el polvo y avanzó por el sol,
fuerte de sombras violentas.
El pensamiento anulado. Sus ojos
sólo vieron la pila de ladrillos. Se
desmoronó bajo su zapatilla la zan­
ja abierta y lo hizo caer. Se ende­
rezó, frenético, tomó un ladrillo,
caliente, aun para su mano curtida,
y levantó el brazo, altísimo. Sintió
el vaho del borracho como un in­
sulte más. Pero no pud0 bajar el
brazo Allí quedó, en lo alto, el la­
drillo rojo aun más, por el sol pleno.
El italiano vió aproximarse al
peón y cómo levantaba el brazo. En
la mente, clarísima ahora, creyó
ver, con la figura amenazante, algo
suyo. Como si fueran sus hijos. Sin­
tió una sen sación de vacío debajo
de las costillas. Le faltó la respira­
ción e inclinó la cabeza, la mandí­
bula floja. Creyó sentir el golpe en
el dolor agudo en el centro del pe­
cho. Llevó a él su mano, que se en­
ganchó con la cadena del reloj. Sin­
tió la. nariz seca, anhelante. Y cayó
de costado. En el último momento
y con la impresión de que algo se
le derramaba por el pecho, vió el
cimiento como una esperanza. Su
mano, ya quieta, introducida en la
mezcla preparada, no podía hun­
dirse mas. La otra mano se crispó
en la gruesa cadena, definitiva­
mente.
El peón bajó el braza lentamente.
Miró absorto y, dándose vuelta, sin
prisa, colocó cuidadosamente el 1&amp;drillo en la pila. Sin poder pensar
nada, fué hasta la calle, recogió la
■ropa y se juntó a los compañeros
que rodeaban el cadáver.
Nadie mencionó la disputa.
L a Plata, sep tiem b re de 1945.

la

Vida

CViene de la pág. 1)

supone como pathos primordial, convengamos en concitar
el universo del arte sobre la realidad de ese fervor del hom­
bre que hoy lo sabe suyo. N o dejemos pasar en vano sobre
los rostros ese viento extraño que sopla, trayendo en su sordo
rumor, la presencia plural de la sangre, el sentido profundo
de que el hombre se continúa en el hombre, de que lo per­
durable de la razón humana está en la comunicación de sus
individuos.
El hombre no sabe bien qué es la felicidad, pero conoce
la nostalgia de la felicidad. En este nostalgioso ir y venir del
hombre sobre el tiempo está toda su voluntad de existir, de
desplazar la vida. A nosotros, intelectuales, nos toca bsta
tarea: cambiarla. Como quería Rimbaud: ¡cambiar la vida!

�I

Pág. 4

CON T RAPUNTO

Los Retratos Históricos de

Octavio R. Amadeo
P o r

LEON

BENAROS

E L d o cto r O ctavio R. A m adeo se inició
en la s le tra s con P olítica, libro que publicó alred ed o r de los tre in ta años. M u­
chas de sus p á g in a s sobre la realid ad
a rg e n tin a re s u lta ro n c e rte ra m e n te proféticus. Ju n to a a q u éllas, algunos p eq u e ­
ñ o s ensayos, flex ib les, lúcidos, incisivos,
p refig u rab a n ya a l avezado psicólogo de
Vi das Ar genti nas. El culto del coraj8
es un cap ítu lo q u e debe colocarse ju n to
a los m ejo res in te n to s p a ra ex p licar la
ra íz ,de ese asp ecto de n u e s tra idiosin­
crasia. E s tá lleno de a p re ta d a s razones
y adivinacio n es, y cala — nos p arece—•
más hondo en los m atices de la cu es­
tión q u e las conocidas re fe re n c ia s al
tem a de Ju a n A g u stín G arcía y C arlos
O ctavio B unge.
'Con la re c ie n te 7» edición de Vi das
Ar gent i nas el a u to r d a a 1.a e sta m p a Do­
ce Ar genti nos, n u ev a se rie de re tra to s
h istó rico s que co n fie re n al d o cto r A m a­
d eo ju s to títu lo de m a e stro en el g én ero .

lili

E l retrato —com o el ensayo— es flor
de cu ltu ra. Su a p arició n en el cam po de
las le tra s no co rresp o n d e a lo época v o l­
cán ica del n acim ien to de los pueblos. El
fra g o r de la epopeya exige la lira d e H u ­
go m ás que el b is tu rí de S aint-B euve.
.N uestro país em pieza re c ié n a conva­
le c e r cu ltu ro lm en te de la e ta p a de la
ebullición. H em os su frid o en los p rim e ­
ro s añ o s u n pseudoclasicism o glacial.
•Los ingenios c a n to re s de la noble g e sta
de Mayo h acía n p a rtic ip a r a los r e t r a ­
sad o s .dioses griegos en la co n tien d a
criolla. Sólo se salv aro n la s canciones
del pueblo, la s v id a la s d e viv ac, la s co­
p as e n trañ a b le s, no deslucidlas por la
im itación lib resca.
E l rom an ticism o nos dió m ás ta rd e a l­
gu n as n o ta s h u m a n a s y v e rd a d e ra s. L a
g en eració n del 80 in tro d u jo desp u és el
b u en gusto, la m edida, e l pala,dar lite r a ­
rio, ta n difícil de a lc a n z a r en tie rra s ca­
lientes.
P o r m uchos a ñ o s hem os seguido p a­
deciendo la s tira d a s a ltiso n a n te s, los
b rin d is d6 los b an q u etes, el discu rso
vacuo, lia g u irn a ld a de papel.
N inguno de esos ach aq u es dism in u y e
las pág in as ,de Doce Argentinos. Los
p rieto s, b rilla n te s y sa g a c e s re tra to s h is ­
tóricos de A m adeo continúan, eñ ese
sentido, la m e jo r tra d ic ió n lite ra ria d e
G roussac y L ugones.
La ponderación, el equilibrio son su s
cualidades fu n d am en tales. N in g u n a h in ­
chazón los deform a. E l a u to r alcan za el
ángulo de la ju s ta p e rsp e c tiv a y c o n cita
to d as las fa c u lta d e s p a ra m o d elar la e s­
ta tu a viviente. Así, el p in to r se o d iv in a
en ei trazo fino, colorido, se n so rial; el
psicólogo en la pericia con que induce
el m undo psíquico del re tra ta d o ; el poe­
ta, en el soplo cálido con que com unica
a todos los elem entos v ita lid a d y acció n ;
e l juez, en la se re n a co rd u ra co n que
pone e n la b alan z a el pro y el c o n tra de
los p erso n ajes, p a ra la sín te sis final,
que tam b ién es se n te n c ia h istó ric a
Su prosa tra e de la m ejo r cepa fra n ­
c e sa el esp íritu claro de L u te c ia : la in­
dagación psicológica, env o lv en te y su til:
el h áb il d eslizarse por ja s a n fra c tu o sid a ­
d e s de los hechos p a ra in fe rir de ellos un
sentido, u n modo de ser, u n estilo d e
v id a; el sentido p lástico , ilum inativo, que
do. d isc re to fondo y d ecoración al r e t r a ­
to, sin d is tra e r la a te n c ió n de lia fig u ra
c e n tra l.
P ero — como ta n sag azm en te lo h a ¿ano­
tado el do cto r A ngel A cuña en el e n sa ­
yo que prologa e l libro— el do cto r A m a­
deo pien sa y sie n te en pro fu n d id ad como
a rg en tin o . Su p ro sa v iril corresponde a

con el que el a rm a se in te g ra y alcan za
su plenitud.
L a fra se te rsa d eja v e r el; m úsculo,
como en el dorso de los felinos. Se adi­
v in a el cincel, la severidad en efl c h o rro
,de p alab ras, la sabia poda que ato rm en tó
a F .a ú b e rt. L a arc illa e s tá m odelada
h a sta el grado en q u e 3a sangre aparece
bajó la piel y la estatu a se pone en m a r­
cha.
V éíez S arsfield, F ray M am erto lEsquiú,
V icente López y Pianes, Ju an V ucetich,
P ed ro de Mendoza, U rquiza, del V alle,
S an M artín, F ren ch, E strad a, Leopcído
Lugones y L isandro de la T orre son las
vidas enfocadas. V icetich y ,don P edro
de M endoza ju stifican sin esfuerzo, por
su obra, la ciudadanía arg en tin a.
V eam os funcionar su estilo. H ab la de
Véiez, el codificador: “Vélez e ra alto y
v ertic a l, como si llevara un e sta n d a rte ;
no doblado por ningún viento. D iríase'
que sobre su espaciosa fre n te absorbían
sol sus pensam ientos, bajo los en m ara­
ñados rizos, que debieron ser castaños.
H ab ía fuerza en sus arcos ciliares, cu­

5MSB

riosidad en sus pupilas, burla en su troca
y decisión en su n ariz”.
“Tosco y agil a un tiem po, p a re c ía
uno de esos estan ciero s irlan d eses que(
se veían los dom ingos de o tro tiem po en
las iglesias de cam paña.”
L a sín tesis de L ugones deb e conside­
ra rs*' una de las m ás felices y cabales
que se h an dado e n tre nosotros, y v ale
•por una ex ten sa biografía. S u “ L isandro
de la T o rre ” e stá escrito con la em oción
del am igo; pero ella no oscurece el ju i­
cio lúcido, porque A m adeo es como el
clásico am igo de P lató n , pero m ás a m i­
go de la verdad.
No es inoportuno reco rd ar que una
lím pida tra y e c to ria cívica confiere au to ­
rid ad m oral a las páginas de O ctavio
R. Amadeo. R e salta en P ilas la triple;
p resen cia del h istoriador, ,del juez y del
poeta. Pero, sobre todo, se adivinan es­
critas por un hom bre de bien, p o r una
conciencia en vigilia que busca, en la
pavorosa tin ieb la de n u e stra s h o ra s ac­
tuales, alg u n as se re n a s lu m in arias p ara
m o stra r el cam ino de la v erd ad era a rgentinidad.

Al T i e mp o
Por
ALBERTO

II

ce Ar genti nos

E l a rte de A m adeo es v e rd a d e ra m e n te
p ersonalísim o. Q uien se acerca d e tal
m odo a las v id as ilu stre s p a ra re s c a ta r
lo esen cial d e ellas, no e s un cuáquero
en sus juicios, pero es m ás: un cristia n o
de los p rim ero s tiem pos, lleno de co rd ia­
lidad hu m an a. C om prensivo y flexible,
tie n e — como P a sc a l— la conciencia de
q u e h a y en el h om bre g ran d eza y m ise­
ria , y es peligroso p edirle com porta­
m ien to s dignos del Olimpo a la c ria tu ra
q u e fu é h e c h a de barro . P e ro cree ta m ­
b ién en el d e ste llo superior, a cuyo fue­
go es posible la salvación y el heroísm o,
a u n el m ás hum ilde, el de la v irtu d escon­
dida.
E l oxígeno del pam pero v iv ifica e sta s
■páginas, espejo fiel d e u n pueblo q u e h a
.dado u n a cadena de cum bres m orales,
h o y no re p e tid a s. El ingénito estilo a n ­
tiacadém ico, la nerviosa p rem u ra —que
no es liviano roce del tem a, sino e lé c tri­
c a y to ta l cap ta ció n del o bjeto— , la au ­
d acia en el em pleo de algún térm in o de
ra íz p o p u la r son a trib u to s q u e c o n stitu ­
y e n la sal a rg e n tin a que v italiza esto s
re tra to s. U n estilo re p e n tista , jad ean te,
cálido, 3e d a esa em oción del v iste o e n
el duelo criollo. E s tam b ié n vistoso, co­
mo las fig u ra s del facón en la pe&lt;lea, y
tie n e del a rm a ,de acero su relám pago y
s u so b ria belleza. P ero , como en c ie rta s
dagas, co n serv a tam b ién el d am asquina­
do d e La em p u ñ ad u ra, el conciso adorno,

PREMIO

CONTRAPUNTO
C O N T R A P U N T O organiza un concurso para obras iné­
ditas de imaginación, en prosa (novela, cuentos, relatos), de
acuerdo con Emecé Editores, S. A.
BASES: El premio consistirá en la publicación de la mejor obra
presentada al concurso, por cuenta de Emecé Editores S. A.
Los originales no deberán contener más de 300 páginas ni menos
de 150, escritas a. máquina de un solo lado de la hoja.
Ao podrán presentarse los autores premiados en otros concursos,
sean nacionales, municipales o privados. Los originales deberán ser
firmados.
_ El jurado estará compuesto por dos representantes de CONTRA­
PUNTO, uno por la Sociedad Argentina de Escritores v uno por
Emecé Editores S. A.
El plazo para la recepción de originales vencerá el 31 de enero
de 1946.

j de

C o i (L

Acaba de constituirse este centro
de estudiantes de Bellas Artes, in­
tegrado por alumnos de las Escue­
las ‘'Manuel Belgrano” y ’Prilidiano Pueyrredón” . Define ante to­
do este órgano su aspiración de fe
fe democrática al situarse bajo la
inspiración de la Constitución Ar­
gentina. Propenderán a la divulga­
ción de la cultura artística en t: do
el país, proponiendo la colaboración
de estudiantes y profesores.
El Centro de Estudiantes de Be­
llas Aútes ha instalado su secreta­
ría privisoria en la calle Montes de
Oca 85.
El sábado 8 de septiem bre L A sociación de A r­
te y L etras ImfmUo ofreció una m uestra retrospec­
tiva de la obra de Em ilio P e tto ru ti. A l mismo
tiem po, n u e stro
re d a cto r A lejan d ro DenisK rause pro n u n ció su conferencia " E l m aginativ o y ei paisaje” . C o n clu id a la aplaudida di­
sertación de D enis, el público se trasladó a u n
pintoresco bodegón de una calle de La Boca
y m anifestó, en la m ás alegre cam arad ería, la
estim ación hacia el p in to r y el escrito r argen­

GTRRI

O C T A V IO R. AM ADEO
un pueblo p u jan te, en cuyo orig en está
— como en la pam pa— la pasión por la
lib e rta d . H ila delgado en los m atices e s­
p iritu a le s q u e d escu b re en sus p erso n a­
jes, p ero tra sla d a los tonos con fu e rte em ­
p ero tra s la d a los tonos con fu e rte em ­
p a ste im p resio n ista, como tra b a ja n d o a
e sp átu la. El color ap are c e así im buido
de lo e sp iritu a l y, si a veces deslum bra,
n u n ca ciega.
A p u n ta la m inucia, p a ro sólo cuando
sirv a p a ra co m p letar el re tra to , sin caer
en la pequeñez m orbosa de b u scar los
pun to s negros d e l bronce. Inquiere, so­
b re todo, ejem plos m o rales, h o m b res ca ­
paces de a v a la r lo arg en tin o , v id as p ara
in fu n d irn o s fe en n u e stra g ran d eza y
n u e stro porvenir.
N i los sev ero s m edallones que Groussac escrib ió p ara La Biblioteca, ni los
hombres representativos de E m erson, ni
los re tra to s de C arlyle. tan atra v e sa d o s
d e geniales relám pagos, p e r o enfoca­
dos sólo a la luz v io len ta de un fin ético,
p re fig u ra n la s o rig in ales p ág in as de Do­

tod Ú u Jfajcd

(Quien sepa consultar lo anónimo,
Y conozca el firme, incomunicado descuido
Que preside mis hábitos más altos,
Escuchará sin aturdirse, estas huellas.)

tinos.

. . "me he revolcado en el barro”
Y siento en el inútil conjuro de tus sones,
En la paciencia, seca lumbre del miedo,
Un frío lujoso, terco,
Una ambigua corona dé fábulas,
Ocultando con vergüenza la palabra,
Esa inventada eternidad en la que creo todavía.

Por falta de espacio no nos es
posible incluir en esta entrega las
secciones denominadas “DAlogos del
mes”, “Espejo de lecturas” y “Re­
vista de Revistas".

. . "me he enjugado al aire del crimen”
Y siento que es otra la herrumbre de tu paso,,
En las abandonadas biblias para pobres,
En la memoria, ¡Oh presencia blasfemada!
En las naturalezas muertas, tan absortas y tan leves,
En las* escenas graciosas de este mundo,
Anegando las violetas y las gracias.
En colmada violencia,
Anegando las violetas y las gracias.
. . . "me he burlado de la locura”
Y siento una irritada vocación de nube,
En el murmullo del incienso, en la mirra,
En la triste fluencia de mi rostro,
Que me troncha y adormece sin mudarme.

Cór dova

bles, á bout de tensión, nienacaient de
se rom pre, et la m asse de .retom ber et
•de ge fracasser su r le sol. C ’est alors
q u ’une voix n a q u it du g ran d silence et
c ria de m ouiller les cordes, e t q u ’une
idée m it la ipierre d e b o u í. . ,
Que l ’a rtic le d ’A dolphe B risson et Ies
n o te s du p rin ee Georges de H ohenzolle rn me soint venus si opportuném ent
sú g g érer quelque so tu tio n á m es difficulté s poétiques, on p o u rra it n ’y voir, et
mói-m ém e le n ’y muráis vu, q u ’un évén em en t su b jectif, — c’est-lá-dire á peu
p ré s indépendant de la q u a lité de ces
textes, et presque en tié re m e n t dépendant,
•de mon é ta t d’un soir. M ais il ad v in t,
quelques années ap rés,. mon ouvrage
é ta n t aChevé ou s u r le p o in t de l ’étre,
comm e je le com m uniqúáis á P ierre
L ouys, excellent juge en m a tiére de poésie, q ue je lu í c o n tai c e tte m ém e p e tite
h is to ire . P ie rre s’exclam a, et, co u ran t
au x carto n s oú il e n ta s sa it ta n t de docum ents, il en tira un e g ra n d e coupure
du feu illeto n .du T em ps du 1er. décembre 1913, to u te m arquée, bórdée, souliignée a u cray o n r o u g e ... •

APAKECIO:
PED R O MASSA y SIGFR1DO A. R A D A E L L I

BLASONES
de los

Virreyes del Río de la Plata
Un volum en enc-uad. tola, g ran form ato, con ilu stracio n es ____
E dición especial, en colores ............... ........................................... ............
SA N M A R TIN £00

Quiero que em to d as p a rte s
to ao el que vive,
sepa que el arg en tin o
quiere ser libre.

Cielo y cielito
Cielo porteño
quiero que a todas p a rte s
te lleve el viento.

Comment je revins a la poesie

JACOBO PEUSER

Cielo y cielito
cielo porteño
quiero q ue a to d as p a rtes
te lleve el viento.

Cielo y cielito •
cielo del campo,
qu iero que to d o s te oigan,
cuando te canto.

Septiembre de 1945, Buenos Aires

de p arle r, comm e un e personne qui se
tro u v e au bord de la m er et qui se tiv re
avec joie á la fraío b eu r de l’élém ent.
C’é ta it ad m irab le.”
Etc.
Je ne sa is expliquer á quel point cette lectu re m e íou'oha. L es rem arques n alv es e t p récises du p rin ee allem and, l ’atte n tio n to u t am oureuse q u 'il av ait conc-entrée s u r fla diction de la g ra n d e a rtiste, le se n tim e n t d u vers, rin fe llig e n ce d es ra p p o rts du souffle. du ry th m e.
de la sy n tax e e t des accents, to u t ceci
que j ’y tro u v a is m ’in té re ss a it directem ent, venait, á l’in s ta n t m ém e q u ’il falla it, -m'appoirter le secours dósirable pai­
la voie la p lu s im p r é v u e ... Q uand j'y
songe, le songe á cet in cid en t qni s’est
p ro d u it á Rome, au XVIe siécle. et qui
se t ra p p o rté je n e sais oü. On d ressait,
en présence d u pa¡pe et de to u te sa cour,
l’obéliíque qui est s u r la place S ain t-P ierre. Les m achines m al caleulées, le mon o lith e s’a rr é ta d ans son m ouvem ent en ­
tre 1'horizontaile et la v ertícale. Les cá-

C I E L I T O

Cielo y cielito
cielo del campo,
q u iero que todos te oigan

Q uiere s e r lib re y puede,
cielito y cielo,
porque lib re b a nacido
como el pam pero.

Boca enorme, lúcida, monótona,
Dueña del olvido y con el delirio a cuestas,
Siempre desvaneciéndose y anterior a todo.
En tu sombra inasible,
Se afana la esperanza.

(V ie n e de la pág. 2)

A c o n ta r del presente nú m ero 6 9 de C O N ­
T R A P U N T O , ingresaron a éste los señores
D aniel J. D evoto y C arlos D olz, en calidad
de redacitor y a d m in istra d o r, respectivam ente.

S
„

20.50.-

Buenos Aires

Iturburu

Cantado por el pueblo de B uenos A i­
res el día 1¡) de setiem bre, en la m archa
&lt;le la C onstitución y de la L ibertad.

Nuestro colaborador Vicente Barbien, el poeta de Arbol total y La co­
lumna y el viento, será agasa jado con
Motivo del éxito de su reciente libro
en prosa El río distante. La demos­
tración que consistirá en una comida,
será también un testimonio de la ad­
miración que merece la considerable
obra de Barbieri.
La pianista P erla Brúgola, destacada
fig u ra de la nueva generación de jóve­
nes interpretes, vien e desarropando un
lucido ciclo de conciertos. E l dom ingo 16
de sep tiem b re) ofreció un recital que in­
cluyó com posiciones de Bach, B usoni,
Choptn, Falla, F aurc, D ebussy. C onfir­
mó una vez m ás sus dotes de ejecutante,
ya ju sta m e n te reconocidas por la critica.
En la galería “ A m a u t a ” se real zó una
muestra de dibujos y grabados, der omi nada "Exposi ci ón de la Vi ctoria” . E n la
mi sma participaren numerosos e i mp o r ­
tantes pintores de nuestro píis.

Auspiciado por C O N T R A ­
PU N T O , se realizará en Buenos
Aires el Primer Salón de pintura
■moderna en la argentina, el que
comprenderá las últimas tenden­
cias de la joven pintura en nues­
tro país.
Las bases para la exposición,
así como su fecha, se darán en
nuestro próximo número.

�E l V iejo Criado (Para -4 mismo).
— Es preciso encadenar los pensa­
mientos cuando aúllan en la noche
como los perros a la luna. ¿ Qué tiem­
po hace? ¿Un vientecillo fresco?
¿Las hojas murmuran? ¿Hay que po­
nerse un chal? ¿No sofoca exacta­
mente como si reinase la canícula?
Los buenos consejos es preciso embo♦ellarlos bien y ajustar el corcho.
J uan (Se vuelve). — ¿Para quién
es ese segundo vaso?
E l Viejo Criado (Temblando).—
P a ra ... el vino.
J uan (Rompiendo el vaso en el
suelo) . —'¡Eres demasiado preveni­
do!
E l V iejo Criado. — ¡ Olí! ¡ Era de
cristal! . . .
J uan . — Más que esto he perdido.
(Toma el segundo vaso y lo llena de
vino. Extrae de sus ropas un frasco,
cuyo contenido arroja en el vaso).
E l V iejo Criado (Deteniendo su
brazo). — Señor... Usted... u s t e d ...
beberá... esto?
J uan (Se d e s p r e n d e ) . - — ¿Qué
crees que es?
E l V iejo Criado. — ¡Veneno!
J uan . — No, querido. Es la ambro-'
sía de la vida. De un efecto muy sa­
ludable.
E l V iejo Criado. — A lguien...
J uan (Deja el vaso sobre la me­
s a ).—'¿Quién? ¿La puerta no está
cerrada? ¿Es que tiene alguien lla­
ves dobles? ¿Eres tú el cómplice de
semejante ladrón?
E l V iejo Criado. — Señor... es...
J uan. — ¡Ah! ¿Lo conoces? ¡Bas­
ta de desatinos! . . . ¡ Vete!
E l V iejo Criado (Sale).
J uan (Se cruza de brazos en acti­
tud de espera. J orge entra por la iz­
quierda-. A l advertir a J uan quiere
precipitarse hacia él, pero se detie­
ne).
J orge. —'¿Eres tú, aquel a quien
yo he resucitado en el vacío?
J uan (Se calla).
J orge. — Habla, o no podré creer­
les a mis ojos.
J uan (Mismo juego).
J orge. — ¿Lo sabe Juana?
J uan (Secamente) . —'L a señora
Juana.
J orge (Sereno).— Lo sabes, Juana
es mi mujer.
J uan (Mismo juego). — Lo sabías.
Juana era mi mujer.
J orge (Simplemente). — Los dos
—Juana y yo— te creíamos muerto.
Dos meses después de tu partida,
naufragó tu barco. Sólo se encontra­
ron algunos restos del naufragio en
pleno océano.
J uan. —'Hay en el océano, islas
desconocidas. Comarcas de una resu­
rrección inesperada.
J orge. — ¡ Piasaron cuatro años!
En la aurora del quinto. . .
J uan . — ¡Me escupes en el rostro!
J orge. — Llenamos el vacío de tu
muerte con nuestro amor.
J uan . — Organizásteis festines so­
bre la tumba donde se pudría mi
cuerpo.
J orge. — Tu imagen amparó nues­
tro amor.
J uan. — Yo desciendo de mi ima­
gen y reclamo mi esposa.
J orge. — ¡Hablas de la mía!
J uan (Luego de un silencio). — No
te pido justificaciones. Has sucum­
bido a un error que demasiado he
sufrido en mi mismo. Demasiado he
tardado en dar señales de vida. . . el
amor no me ha devuelto antes (con
fuerza). No ignoro tus sacrificios. No
cuento con el destino que me ha traí­
do de regreso y que me permitiría
exigir tu vida. Pero quiero recomen­
zar una existencia sin recuerdos, a
condición de que tú partas inmedia­
tamente sin dejar una sola huella
de tu p a so ... para mí o para mi
mujer excluso. (Se vuelve).
J orge (Resueltamente).— Mequedaré.
J uan. — ¿Todavía ?
J orge. —¡ Eres tú quien debe irse!
¡Estás en mi casa!
J uan. — Uno de los dos ha de vol
ver a ella. ¿Tú o yo?
J orge (Arroja a J uan una mira­
da de odio, y luego saca de su bol­
sillo un objeto redondo que arroja
sobre el suelo y se rompe(.
J uan . — ¿Qué has roto ahí?
J orge. — Tu retrato.
J uan. — ¡ Pues yu he roto tu copa!
J orge. — ¡ Eres mi enemigo!

U

1

(Están uno frente al otro. El
criado trae candelabros).
J uan. — No podemos batirnos en
este jardín a oscuras. No podemos
batirnos en la sala, ¡porque uno so­
lo de nosotros traspondrá el umbral!
No podemos tampoco aguardar la
mañana. El odio crecería demasia­
do. Y nosotros no queremos estran­
gularnos como perros. Por lo tanto
esto no tiene remedio. Yo llevo como
único botín de mi viaje este frasco
que contiene el grano de una planta
tropical. Ella me hubiese permitido
desaparecer si no hubiese encontra­
do a mi mujer. Así, pues, el brebaje
está listo. Sólo tu llegada lo arrebató
de mis labios. Y he conocido a mi
enemigo. Ahora será la señora Juana
quién designará a la víctima. Le pe­
diremos ambos de beber a una misma
vez. Cada uno insistirá en ser el pri­
mero. Aquel a quien ella ofrezca
la copa, la beberá hasta el fin. ¿Bebe­
rás tú, si es a ti a quien ella la
ofrece ?
J orge. — No la rechazaré. ¿La be­
berás tú si es a ti a quien ella la
ofrece?
J uan . — No la rechazaré. (Al vie­
jo criado): Llama a la señora Juana.
Dile que la esperamos en la mesa.
(El viejo criado sale).
J uan. — Es preciso no despertar
ninguna sospecha. Paseemos por el
jardín y guardemos completa indife­
rencia.
J orge. — Saldré por aquí (a la
izq.)
J uan. — Saldré por allá (a la der.)
(J uana entra con el viejo
f.riado, quien lleva una tercera
silla).
J uana (Junto a la mesa). — ¿Es­
te es el vino?
E l V iejo Criado. — Con mis pro­
pios ojos le he visto arrojar el polvo.
J uana. — ¿Mata?
E l V iejo Criado. — Sólo su per­
fume me ha causado vértigos.
J uana. —¿Y me lo pedirán al mis­
mo tiempo? Y el prim ero...
E l V iejo Criado. — Iré a tirarlo.
J uana. — Nada de eso. No derra­
marás ni una gota.
E l V iejo Criado. — ¿Accederá us­
ted a desempeñar ese papel execra­
ble?
J uana. — Es un duelo entre hom­
bres. Debe fijársele reglas.
E l V iejo Criado. — Pero usted...
Usted sab e... Usted quiere con so
propia m ano.. .

A

N

(CONCLUSION)

por
Qeorg Kaiser
J uana. — ¡ Yo tendré el tiempo ne­
cesario para meditar la sentencia!
E l Viejo Criado (Retrocediendo).
—-Pero esto significa un crim en...
un verdadero crimen premeditado...
(Sale).
( J uan entra por la izquierda
y J orge por la derecha).
J uana (Sonríe. Vuelta hacia J or­
ge) . — No puedo ir a tu encuentro...
(A J uan) Ni al tuyo. Llegásteis en
el mismo instante. Debería partirme
en dos para poder cumplir con este
doble deber. Convendréis conmigo en
que todo esto es imposible, y recono­
ceréis' mi buena voluntad.
( J uan y J orge avanzan y be­
san cada u n o una mano de
J uana).
J uana.'— Vuestro saludo es doble.
Doble es mi respuesta. No hago nin­
guna diferencia (a J uan ) en devol­
verte a ti el tuyo (a J orge) o de­
volverte a ti el tuyo. Es un cambio.
Yo no elijo ni prefiero. ( J uan y J or­
ge se sientan).
J uana (a J uan). — Pero debes es­
tar hoy lleno de cosas por contar. Las
aventuras... tanto tiempo mudas en
tu garganta. . . ¿no quieren cobrar
voz en tu voz, recibir el aplauso ? Es­
tamos pendientes de tus labios.
J uan (Calla).
J uana. —¿No has visto a menudo
Ja muerte cara a cara, y aun algo
peor que la muerte?
J uan (Calla).
J uana. — Rechazas la compasión.
(A J orge) Y tú. ¿Puedes sujetar
en tus labios la marca de tus pala­
bras? ¿Lo que has hecho por el mun­
do, año tras año desde entonces?
J orge (Calla).
J uan. — ¿Vale tanto tu abnega­
ción como sus sacrificios?
J orge (Calla).
J uana. — No quieres gratitud. (A
J uan) Y tú te niegas a blasonar de
la paciencia con que has soportado
los peligros. (Volviéndose hacia uno
y otro) El pudor enmohece vuestros
labios. La confianza sin igual del uno,
la devoción incesante del otro, bo­
rran todo sacrificio y toda miseria.
Mientras más enmudecéis, mejor os

comprendéis. ¡Yo escucho v u e s t r o
diálogo sin palabras! ¡Vosotros sois
amigos!
J u a n (Colocando el vaso sobre la
mesa). — Ilace calor...
J uana. — Y todo vuestro silencio
afluye hacia mí. La ola muda se quie­
bra contra mí. Y grita: ¡Sois ami­
gos ! ¡Vuestro precioso s e c r e t o se
arranca su máscara! Cuando cada
uno de vosotros se aproxima hacia
mí, no hace más que hacer avanzar
el otro hacia mi alma aun más que
él mismo. ¿No lo eleva, acaso, por
encima de sí, quedando sólo su som­
bra en la cual vivimos? Aquel que
vivía en esta casa, ¿no era doble y
simple al mismo tiempo: con el cuer­
po de si mismo y el alma del otro?
J orge (Iniciando un gesto hacia el
raso).— ¡Qué pesado está el tiempo!
J uana. — Yo no siento ninguna di­
ferencia. Permanezco sin cambio. Ja­
más mi deseo titubeó entre el uno o
el otro. Jamás diferencié vuestros
nombres, separándoos o engañándoos.
Vuestra unión se cumplía en mí, ¡y
ella era indisoluble! Y de ese extra­
ño hastío, de ese disgusto que nos
tpma después de haber pertenecido
dos veces al mismo hombre, vuestra
amistad me ha preservado.
J uan. — Sumerges cuchillos en la
sangre.
J uana. — Mi gratitud es infinita.
Yo he permanecido pura. Me senta­
ré cerca de vosotros sin reproches.
Todo pesar se ha evaporado, puesto
que sois amigos.
J orge. — Un fuego me muerde.
J uana. — ¡ Es así como he visto
realizarse el milagro de una amis­
tad ! Esta alabanza de la amistad,
¿no llega acaso hasta las estrellas?
¿No va a agregarse a ellas una nue­
va constelación: las estrellas geme­
las de la amistad? ¿La Vía Láctea
no se apresta ya a recibirla? Y una
mujer se arrodilla sobre esta tierra,
llena de gratitud por haber disfru­
tado la gracia de verles resplandecer
juntas.
J uan. — ¡Tengo sed! ¡Dame ese
vino!
J orge. — Mi garganta arde. ¡ Para
mí el vino!
J uana (Tiene el vaso en las ma­
nos. Sonríe). — He aquí que ambos
me hacéis simultáneamente el mismo
pedido. Me es preciso reflexionar.
Uno de vosotros podría acusarme de
haberlo menospreciado por h a b e r
atendido primero el pedido del otro.
J uan. — Juana, ¡se trata de ti!

E l caballo, óleo de ORLANDO TERU Z, p in to r brasileño

J orge. — Juana, sólo uno de nos­
otros puede vivir.
J u a n a . — ¿Eso es lo que os pre­
ocupa? ¿Vuestra amistad no puede
pasar sobre todo esto como el arroyo
sobre los guijarros y seguir de lar­
go?
J uan. — Cuando se trata de una
mujer, ¡de mi mujer!
J orge. — ¡Cuando o t r o pretende
apoderarse de mi mujer!
J uana. — ¿No sois amigos?
J uan. — Aquel que se sienta en tu
mesa es mi enemigo.
J orge. — Aquel a quien veo junto
a ti, es mi enemigo.
J uana. — ¡El odio os desfigura!
El calor os exalta. Vuestras voces
parecen desmayadas.
J uan. — Juana, ¡el vino!
J orge. — ¡El vino, Juana!
J uana. — ¿No os traicionáis re­
clamando con tanto ardor esta copa?
¿No es extraño que hayáis colocado
sólo una sobre esta mesa? ¿Es que
soy yo quien deba elegir?, ¿hacer un,
juego del que ignoro las reglas? El
que beba prim ero... ¿será a c a s o
quién mande? ¿Cómo habéis prepa­
rado las cartas? ¿Cómo habéis dis­
puesto el juego que ha de convertir­
me en criminal?
J uan . — ¡Apresúrate! Es lo me­
jor. ¡Apúrate!
J orge. — Júzganos: ¿quién beberá
primero ?
J uana. — ¿Quién se irá?, ¿quién
se quedará? ¿Quién beberá? ¿Quién
se levantará y abandonará el jardín...
destrozándome ?
J uan. — Tú no vivirás íntegramen­
te más que para uno solo.
J orge. — Tu fervor será para él...
o para mí.
J uana. — ¿Debo separaros ? ¿He­
rirme con mi sentencia? ¿Pertenecer
a aquel que se quedará. . . y a aquel
a quién perseguirá el otro con su odio
miserable ? ( Con emoción) ¿ Será pre­
ciso sufrir a aquel que triunfando
del otro me deseará aún con más fu­
r ia ? ... ¿Debo conocer yo dos hom­
bres bajo el sol?
J uan . —'Ninguno de nosotros sal­
drá de este jardín.
J orge. — Ninguno de n o s o t r o s
franqueará el portal.
J uana. — Me condenáis a la locu­
ra, que me perseguirá por los apo­
sentos y se arrojará por la ventana:
¿es éste o el otro? ¿Queréis ser mis
asesinos ?. . . Voy a vaciar este vino
con el que habéis querido ponerme
a prueba. El no franqueará vuestros
labios... os ardería terriblemente.. .
(Bebe ron avidez. J uan y J or­
ge se precipitan hacia ella).
J orge. — J u a n a ... ese v in o ...
J uan. — J u a n a ... ese v in o ...
J uana (Desfalleciente sonríe).—
Ya lo sab ía... mi criado es f ie l ...
no lo riñ áis...
J uan . — ¿Por qué no lo has derra­
mado, si querías que viviésemos los
dos?
J uana. — ¿Podríais vivir los dos...
tanto tiempo como yo viviera?
J orge. — ¿Por qué uno de nosotros
no se atrevió a morir?
J uan . — ¿Amas a cada uno de nos­
otros con tanta fuerza?
J uana (Sacude la cabeza). — El
am or... no tiene importancia. Vos­
otros sois amigos. La am istad... en­
tre dos hombres. . . ¡ están rara! Es
preciso salvarla. (Más débil) Yo era
un obstáculo a vuestra am istad...
sin saberlo... sin quererlo... pues
de lo contrario, estaría condenada
eternamente. Pero yo entre vosotros...
yo os separaba... (Con un último
esfuerzo) ¿Qué mujer osaría, con su
pequeño destino, quebrar la unión de
dos hom bres... una gran amistad?
Sólo una cortesana podría preten­
der rozar esta voluntad divina. ¡Vos­
otros no me despreciaréis ja m á s...
al menos!
J uan y J orge. — ¡Juana!
J uana. — ¡ Probádmelo! ¡Colocad
vuestras m anos... a q u í... sobre mi
p e c h o . . . Enlazadlas, estrechadlas
bien. . . sí, yo lo siento, vuestros bra­
zos tiemblan en el esfuerzo... este
buen p u ñ o ... sobre mi se n o ... que
canta! . . . ¡ Vosotros sois amigos!
(Muere. J uan y J orge, de ro­
dillas, se miran con ternura).
TELO N

�1

CONTRAPUNTO

Pjg. 6

M emento Morí
Por

NO ES UN LIBRO
v e h is t o r ia , y

EMILIO

SOSA

LOPEZ

e n s e ñ a h is t o r ia

i
V, ES UN LIBRO
PARA ESTUDIANTES
q ue a p a s i o n a

A CUALQUIER
LECTOR

# NO ES UNA NOVELA
y ATRAE CON
LA FUERZA VE
UNA GRAN NOVELA
ES UNA HISTORIA
V I LA ARG CN Tm
ESCRITA POR LAS
plu m as m a s
b r il l a n t e s v e
n u e s t r o t ie m p o

t ie m p o l

HEROKOS
POR

ÁNGEL RIVERA
Un tomo encuadernado, de
352 páginas, tapa ilustrada
por Jorge Argerich, y 36
dibujos entre texto. $ 3.25
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E D IT O R IA L
KAPELUSZ
M O R EN O .. 372!&gt;- '

piel de odio yace sobre la arena.
N UESTRA
Nuestra piel de odio.
Nuestra piel revive sobre el cactus,
a veces, con un gesto sin voluntad,
a veces, con un grito.
¿Quién oye su convulso?
¿Quién responde, se obliga
al cansancio del muerto?
Nuestra costumbre yace sobre la arena.
Y no nos es dado más que el ciego instante del odio.
Nuestra piel que no cambia.
Nuestra sangre que olvida
el gobierno del mar y la misericordia.
Nuestra piel sobre el cactus
profetizando al viento sus atribulaciones.
Nuestra piel sobre el tiempo de la muerte,
en el lugar de la transmutación;
los ojos con la m uerte de otro tiempo
y el silbido de un sueño
y el filo de las uñas.
El sacramento oscuro del deseo
por la garganta sube
hacia el gesto fraterno y la perennidad.
La sangre endurecida en los cabellos
se olvida de su curso
ante el cordaje inmóvil de la arena.
¡Que alguien transmita el fuego
de la antigua canción!,
lo que en la paz las manos compulsaban.
N uestra estación florece.
Nuestro cansancio ahora
va a la consagración de las espinas.
Se sonríe de pronto sin voluntad
con el ardor de todo lo inesperado.

CÍA.

BUENOS AÍRES

UNA NUEVA
ENTIDAD EN
PLENO CENTRO
CULTURAL DE
BUENOS AIRES

N uestra capacidad de levantarnos.
N uestra capacidad de levantarnos.
N uestra capacidad.
El sueño enteramente nos impulsa.
El sueño nos conduce
a la noción de pronto de los párpados,
de las manos, los labios.
N uestra piel que nos piensa,
no piensa, no palpita.
Y sólo nos es dado el instante del odio.

VINICIUS

DE

BUENOS

AIRES

U

N A luna, en el cielo apareció
llena y blanca; fué cuando emocionada,
la mujer a mi lado se estremeció
y se entregó sin que yo dijese nada.

Pues qué me había dejado, en mi turbación,
una sonrisa de carne en su boca
una gota de leche en su seno.
(Traducción de Marta M itiquera).

R ío de

J a n e ir o ,

septiembre de 1945.

OLIVA

los moradores silenciosos
C OdeN OesasZCOcomarcas
derruidas bajo la luz de junio.
Sólo el guardián blanco e imprevisible
da a su otoño una palidez cardinal.
Si al menos sirviera para recoger este sombrío homenaje.
;Oh! si pudiera evadirme de los acueductos y cuarteles mezquinos
pisoteando estatutos atroces y bermejos
Acaso un rayo desalentado, sordo,
—guarda-viento de alturas- - acumula vestigios
allí donde se pierde la araucaria helada,
donde los muertos de pie,
vacilantes, con ojos cenagosos,
se definen en tierra.
Y en medio de esta conmovedora desolación,
sí, de esta desolación repentina y durable,
el sueño — guinea azul— el sueño milagroso se muere
por entre las torres confiadas y estelares.
Rosario, septiembre de 194).

H a b í a u n a vez
a E N R IQ U E R O SE N B LA T

P or
ARENAS
B R A U L IO A R E N A S , nació en Chile en 1914.
Es actualm ente uno de los poetas jóvenes me"
jor dotados de su país. E stuvo al fre n te del
grupo y la revista "Mandragora*1 y luego de com
laborar en numerosas revistas americanas pu­
blicó en 1941 su libro de poesías "E l inundo y sn
doble”.

MORAIS

Vinicrus de Moráis nació en R ío de Janeho,
en 1915. Fruto de la revolución literaria brasi­
leña, m uy joven conquistó un puesto represen­
tativo entre los poetas de su patria. Su poesía
es fuerte y osada. De sus principales libros,
destacamos: t(Caminho Para a distancia' , 1933 ;
" Ariana , a m ulher”, 193 5; "Forma e exegesa” ,
1937; "N oros poemas,y, 1938.

U. T. 32-0470

ESTH ER

BRAULIO

Mas no me olvidé de ellas; la más loca
apasionó mi pensamiento; lo di
feliz — yo con poco amor y poca vida.

836

N E L I D A

Por

Déjelas cuando llegó la joven mañana
ambas satisfechas blancas y desveladas,
perdida una, la otra abandonada,
una desnuda en la tierra, otra desnuda en el cielo.

A v. CO RD O BA

P or

Soneto

otumúc

¡n c

Puesto de la Desolación Entre
la Luz de Junio

Córdoba, septiembre de 1945.

Ud. puede pertenecer
a ella

AMAUTA

Sueño, óleo de T A R SIL A , p in to ra b ra sile ñ a

ELLO ramaje de nadadoras acostumbradas al fuego
Con la intensidad de ejecución en plena alba
A cuyos rostros salpican las agua de la luz
De la luz biela cuyos hombros rebanan el arlequín.

B

En esta mudez nosotros observamos con pasión
Nosotros desenterramos la luz íbamos a objetos totalm ente furiosos
El tiempo se desprendía de todas partes
En una isla salvaje en una espada única.
El tiempo salino las playas abandonadas
Trastornan el viento hacen girar los rostros
como molinos
Como pequeños molinos de un torm ento continuado.
Rostros que es a donde se ha venido a descifrar todo u n destino
Un destino de carne y hueso como una paloma
De transformaciones esas transformaciones ferm entan u n programa
Ese programa que hace llover que hace brillar.
De semejante panal brotaba un agua de m ar vivo
De ese mar con ramajes em ergían seres invisibles que se olían,
Y cuyas cabelleras flotaban como la imaginación de un ventisquero
Que desciende para fusionarse a un m ar hirviente.
Santiago de Chile, septiembre de 1945.

�Cinco Vasos
Noticia de Alberto M. Salas
Fotografía de Carlos Echenique

'

L

C abeza a n tro p o m o rfa que fo rm ab a p a rte de
u n g ra n vaso; es una pieza excepcional, ta n to
p or la calid ad del m odelado com o p or la es­
casa c a n tid a d de piezas de este tip o publ c a ­
das. E stá a d o rn ad a co n u n a v in c h a y la boca
p o r u n a n a rig u e ra de grandes m ostachos, ad o r-

no este ú ltim o m u y frec u e n te en los rostros
que d eco ran esta cerám ica.

E n los yacim ien­

tos de la c osta peruana se han h allado n a ri­
gueras de oro lam inado que elim inan toda d u ­
da respecto a esta in te rp reta c ió n .

N los arenales de la costa
peruana, en los estrechos
valles transversales que conden­
saban la población, florecieron en
tiempos preincaicos culturas que
aún admiran nuestro callado pre­
juicio de occidentales por la so­
lución que lograron dar a los
problemas que les planteara la
vida, pero fundamentalmente, en
una apreciación directa, por las
manifestaciones artísticas que en
abundancia inagotable nos con­
serva la cálida sequedad de las
/macas. Las tallas en madera y
hueso, las telas que envuelven los
cadáveres momificados, la r i c a
cerámica que constituyen el ajuar
postumo son elementos minucio­
samente estudiados por la arqueo­
logía, pero escasamente conside­
rados en c u a n t o a su valor
artístico.
En esta página reproducimos
cinco vasos procedentes de N a z­
ca (Perú), pertenencientes a las
colecciones del Museo Etnográfico
de la Facultad de Filosofía y
Letras. Imposible resulta mani­
festar en pocas líneas los carac­
teres fundamentales de esta alfa­
rería, c u y a perfección técnica
sorprende más aún cuando consi­
deramos los escasos recursos de
que dispuso el indígena. Pero si

hacemos notar el vigoroso colo­
rido de las decoraciones, la ar­
monía con que se disponen los
rojos, los naranjados, los amari­
llos, grises y violados, los negros
y blancos; si indicamos la fuerte
tendencia hacia la estilización
que oculta en manchas policro­
madas, el secreto sentido de figu­
ras o la complicada símbología de
una divinidad, el aparente senti­
do religioso y mágico de muchas
de sus ornamentaciones, si hacemás notar el predominio de la
pintura y el color sobre el mode­
lado, nos acercamos al antiguo
sentir american.

Vaso a lto , o rn a m e n ta d o con dos registros por
licrom os. E l superior está c o n s titu id o p o r f i ­
g uras serp en tifo rm es, en u n c ie rto g ra d o de
escilizacidn, y el in fe rio r p o r cabezas tro feo .

Vaso de boca am plia c u y a superficie n te rio r
h a sido decorada con una cabeza a n tro p o m o r­
fa dotada de m anos que exhiben diversos a tri­
butos, e n tre los Guales el «más n o ta b le es una
cabeza tro feo , e lem ento m u y persisten te en la
a lfa re ría N azca. E ste ro stro a n tro p o m o rfo que
es, según algunas in te rp reta c io n e s m ás o menos
verosím iles, una etapa de la in f.n ita estiliza­
ción de la fig u ra de una d iv in id a d , presenta
ta m b ié n el a d o rn o facial que hem os indicado
en la pieza
1. E n c o n tra ste con este m o­
tivo, el borde del vaso ha sido decorado con
una serie de pequeños roedores in te rp reta d o s
de m anera realista.

Vaso glo b u lar sobre el cual se ha m odelado y
p in ta d o un pescador. El cuerpo, que no se
puede apreciar en su to ta lid a d en esta fo to ­
g ra fía , está desnudo, en a c titu d de n a d a r; la
cabeza está c u b ierta por una to c a de m alla.

A am bos costados del personaje se a d v ie rte n
redes con peces que han sido figurados en una
perspectiva m u y c a ra c te rís tic a . El ro s tro de!
pescador presenta p in tu ra s faciales, una de las
cuales es evidentem ente o rn ito m o rfa .

EDITO RIAL

G U ILLER M O

KRAFT

Ltda.

A R B A C E S
M AESTRO

DE

A M O R , do A r t u r o C a p d e v l l a

con ilu s tra c io n e s d e R a ú l

M.

R o sariv o .

“ Creo que no he escrito ni volveré a escribir obra mejor que
mi novela AKBACES”, lia dicho el autor en un reportaje
El

e jem plar

...........................................................................................

E r e j e m p l a r de lujo, f i r m a d o

' '

's "

por el a u t o r , en e s t u c h e

^

j g ___

,,

3 0 ._

L a L ib re ría de la E d ito ria l G u illerm o K r a f t L td a . le o fre c e la p o sib ilid a d do
h o je a r s u s ed icio n es e n u n a m b ie n te c o rd ia l y a g ra d a b le . ¡V isíte la !

S -r

■

SALON

KRAFT

#

RECONQUISTA 319

BU EN O S A IR E S

&lt;¡

V aso a lto d ecorado en la p a rte superior con
cabezas an tro p o m o rfas de lengua sal senté, rea-

¡i:adás con una técnica sum am ente curiosa,
aparan ¡.emente en negativo. El registro in fe rio r

■

está

c o n stitu id o p o r u n a s e r i e
tro fe o .

d e cabezas

�Pág. 8

CONTRAPUNTO

la

quizás más apropiadamente la disolución
de la tonalidad y de las formas tradicio­
nales encarada al comienzo de nuestro
siglo y su resultante inmediata, la ins­
tauración de un nuevo estado armónico,
significan otros tantos desplazamientos
de ubicación del objeto artístico, que obli­
gan a un cambio de postura, a una nue­
va revisión de lo heredado y a un plan­
teamiento y ordenación de nuevos elemen­
tos y factores. Dos de esas situaciones
excepcionales se han originado dentro de
los últimos ciento cincuenta años. Con
la primera de eSas oportunidades fue con­
ferida al hombre su carta de ciudadanía

en el país de los sonidos organizados, am­
pliándose en la otra — y en un sentido
que refleja una concepción relativista,
propia de la ciencia y la filosofía de
nuestros días— , los derechos adquiridos
por la música como arte expresivo. Beethoven, entendido como una transición
en el período denominado "clásico” y el
"romántico!’, y , Schonberg entre el últi­
mo extremo admisible de la era tonal y el
tránsito hacia una nueva concepción ar­
mónica y formal de la música, encarnan
dos tendencias revolucionarias, constitu­
yéndose en espíritus-guías, o mejor di­
cho, en notas polarizadoras, a cuyo mag­
netismo no puedan sustraerse, ni él siglo
XIX en el caso Beethoven, ni la música
actual en el caso Schonberg, ya sea del
punto de enfoque de la influencia positi­
va, como del ángulo opuesto de la in­
fluencia negativa.
Beethoven significa, en último análi­
sis, un planteamiento inédito dé los va­
loras musiríais, y como consecuencia,
una renovación total de los valores en
la música de su época. Antes de que tal
situación fuese planteada en la evolución
de la cultura occidental, la música, ar­
quitectura sonora, arte de los sonidos, ig­
nora positivamente la psicología, dosconoce el aporte personal basado en el di- namismo y contraste de pasiones y de
sentimientos que son la expresión inme­
diata de la personalidad humana: el com­
positor se instala dentro de un estado de
ánimo determinado y somete a su rigor
objetivo ese estado único. Con Beetho­
ven, "los derechos del hombre en la m ú­
sica”, la expresión y especialmente la opo­
sición de sentimientos, la vida circun­
dante, la exaltación del yo, cobran impul­
so, ganan el primer plano y llegan a
constituir la finalidad ético-musical. Es
el imperio de la introspección. Ya la for­
ma no es un molde preconcebido v cómo­
do, con el que un autor logre una canti­
dad respetable de cuartetos o de sinfonías
más o menos similares, sino que com­
prenderá parte de la expresión, al some­
terse a cada caso expresivo particular. Y
a un siglo de distancia, en los albores de
una época que encara la posibilidad de
emprender nuevas conquistas en el or­
den social y en la que las nuevas concep­
ciones científicas y filosóficas proyectan

Cas
U lt i m a s Novedades
Iliterarias en
Inglés y Castellano

JUAN
luces sobre lo insólito e inesperado y has­
ta sobre lo conceptuado como inverosí­
mil, Arnold Schonberg, partiendo dé un
riguroso cartesianismo a la más impla­
cable r-visión de valores que haya lleva­
do a cabo un artista, excepción hecha
quizás de Paul Cézanne, añade al relati­
vismo filosófico y científico el relativis­
mo musical; demuestra que la música
puede y debe partir de nuevos principios,
que no serán otros que los derivados de
una "nueva necesidad matemática de la
armonía”, en sustitución de la grosera
teoría de la resonancia superior e infe­
rior, ya circunscripta a su época — y de
los que surgirán las normas mentales y
sensibles que renovarán las bases de la
música.
Esta verdadera Avis Nova moderna
que surge y se desarrolla en un clima de
descomposición de los valores tradiciona­
les y de esfuerzos insuficientes para res­
taurarlos o superarlos, constituyó el ver­
bo definitivo, de orden creacional, plan­
teado en simultaneidad con un conse­
cuente ejemplo práctico. De esta actitud
cartesiana y en plan de experimentación
que arriba a un verdadero fenomenalismo
trascendental de la música nueva, preco­
nizado por Berl, Néhr y Bekker, y reali­
zada en la práctica por Schonberg y los
compositores derivados de su escuela, sur­
ge una liquidación definitiva del "métier” tradicional y de las antiguas jerar­
quías teórico-estéticas de la música. Es
el punto de partida de un Nuevo Estilo,
entendido, no como una simple amplia­
ción de los recursos én el oficio de com­
positor, o sea la adaptación de una nue­
va técnica que arribe a más o menos fe­
lices, cómodos, sensacionales o pedan­
tescos resultados, sino como verdadera su­
peración dé la crisis de toda una época
musical, a la vez que como foco gene­
rador de nuevas fuerzas espirituales en­
caminadas a una transmutación de los
valores en la música contemporánea.
El problema capital de esa música, del
punto de vista técnico, fué, en última
instancia, la liberación de la tonalidad y
la formación de una verdadera "prosa
musical”, basada en la contracción y asi­
metría melódicas, sin más resortes y li­
mitaciones que los impuestos por las nece­
sidades expresivas; y del punto de vista
espiritual, una necesidad de expansión ili­
mitada — fáustica— que impulsa hacia
una búsqueda incesante, y qué parte del
descontento y la desconfianza ante los
valores tradicionales en crisis, ya inútiles
para expresar un nuevo verbo, largamen­
te intuido pero sin la solución técnica
que lo hiciera patente y viable; y luego
la conquista, por sucesivas etapas, de di­
versas modalidades que han ofrecido so­
luciones a veces definitivas a los interro­
gantes en que se debate la conciencia m u­
sical contemporánea: tales como el politonalismo, el atonalismo, el neo clasicis­
mo objétivista y la composición atemá­
tica.
Todas esas modalidades tienden a la
instauración de un nuevo ordm tonal,
en función de foco generador de un idio­
ma sonoro amplio, universalista, atento
a un ritmo general de cultura, a la vez
que al logro de un mayor matiz indivi­
dual. frente al bloque más o menos anó­
nimo de las músicas nacionalistas, de las
músicas neo-románticas, de los desechos
impresionistas, de las fórmulas académi­
cas.

por el uso consciente y reiterado de los
modos eclesiásticos o de escalas orienta­
les; pero si enfocamos la cuestión de$d“
otro ángulo, puede llegarse también a
afirmar lo contrario. En efecto, si bien
cada uno de aquellos eficaces y novedo­
sos recursos, tienden a acentuar el carác­
ter de vagu.dad tonal que en muchos casos ya parecerían anunciar el período de­
nominado "atonal”, se advierte fácilmen­
te que siempre que se emplean, aparecen
apoyados en valores tonales, o que pueden
derivar o converger sin esfuerzo hacia la
escala diatónica.
Los famosos y otrora revolucionarios
"acordes sin enlace”, cuya máxima efi­
cacia estribaba en el factor sorpresa, eran
simples sucesiones de acordes perfectos
pertenecientes casi siempre a tonalidades
lejanas; las quintas aumentadas pueden
ser resueltas de veinte maneras distintas,
todas ellas rigurosamente tonales; otro
tanto sucede con los acordes de novena'
los acordes sin resolución tienden a esca­
par, poéticamente al menos, del cerco
tonal; pero en rigor lo afirman y lo justi­
fican, pues lo no resuelto implica, tácita­
mente, el reconocimiento de un estado de
solución: de resolución. Esta actitud afir­
mativa o solidaria con la tonalidad, aun­
que siempre más instintiva que volunta­
riosa, termina por concretar una nueva
valorización de la armonía, o por lo me­
nos el cultivo concierne de un aspecto ar­
mónico que ya había cumplido algunas
apariciones esporádicas durante el des­
arrollo histórico de la música: el que pos­
teriormente fué definido con el nombr?
de bitonalismo.
De esta manera la doble actitud de De­
bussy respecto de los valores tonales, po­
dría ofrecer argumentos de doble filo: latonalidad es necesaria, pero será bueno es­
capar de ella hasta el limite de lo posible,

CARLOS PAZ
' la música, durante el período que se Asarrolla dé 1915 a 1930: nos referimos a ’a
"politonalidad” . Así pues, la acción de la
armonía .del período que parte en realidad
de Fauré y termina con Ravel, pero qu.
acusa en Debussv una dirección más con­
secuente, centralizada y personal, anuncia
directamente las innovaciones que tien­
den a disolver la tonalidad como factor
"unificador” de una composición, — así
como ya Fauré lo había conseguido en el
orden "articulador” del discurso musi­
cal— , y como segunda consecuencia de
su característica bifronte, al no d.sligarse, o más bien al aferrarse a la tonalidad
entendida como elemento básico impres­
cindible, la presenta remozada en la nue­
va concepción de "modulación en simul­
taneidad”, bitonal, que ampliándose hacia
lo politonal, hizo posible el movimiento
neo-clasicista contemporáneo: de Milhaud a Casella, Hindem ith o Ravel.
Por eso, si bien las innovaciones de De­
bussy fueron decisivas para la exposición
de su verbo personalísimo, y muy auda­
ces para su época, no constituyeron, — si
bien se mira y del punto dé vista de una
renovación definitiva de los valores tona­
les, que las circunstancias propiciaban—
no constituyeron la instauración de una
serie de valores capaces de impulsar el
desarrollo de la música partiendo de otras
bases que las tradicionales, ya a punto de
agotarse. Si en vez de referirnos concreta­
mente a Debussy, ampliamos la referen­
cia, o el comentario a otros compositores
franceses del mismo período, — Dukas,
Roussel, Schmith, Ravel, Séverac— , el
aspecto de la cuestión no varía. Todos
ellos entreven y verifican la "atonalidad” ,
pero sé detienen ante los límites de ese
terreno vedado, así como después Mil
haud y Honegger, cultivando ambos la
"atonalidad”, no se arriesgaran a penetrar

7. Dct kranke Mond.

R e s ita tio n .
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Florida 877 (R. 5) - U. T (31 ) Retiro I 02?

.
m

...

Cuando Claudio Aquilés Debussy co­
menzara a fines del ochocientos, su lar­
va serie de reiterados ataques a los va­
lores tonales, procedía en realidad, y de
una manera puramente involuntaria, a
instaurar una doble actitud, un doble
frente, desde cuyas bases era factible des­
integrar la tonalidad o afirmarla, según
fuese la directiva propuesta. Por poco
qué se observen sus audacias armónicas,
evidenciadas en los acordes sin enlace,
Sucesiones de quintas y de novenas, tria­
das aumentadas, acordes sin resolución y
demás, no nos queda duda acerca de que
todos estos recursos suponen una tenta­
tiva de liberación tonal, acentuada aún

bIeiche«,quaLge.bor-ne«"Blut,

Una página

&lt;*»

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-54»!HH Sí»

M° ” d '

&lt;.p¡errot Wttirc", fío ARNOLD SCHONBERG-

cosa que en rigor ha hecho siempre el 3r'
tista con las disciplinas que han querido
imponerle de fuera; en el otro caso,
tonalidad no será imprescindible, pero 1°5
medios con que contamos para evadir1105
&gt;■ mantenernos fuera de ella no son sul1'
s ntemente eficaces. F.n resumen, pro'-0
raudo evitarla, hemos terminado por *®
marla en una concepción particular, lui
al ser luego ampliada, se convertiría ^
ano de los máximos recursos tonales

en los dominios "docetonales” . Quizás
pueda entenderse esa actitud como un re'flejo de las virtudes ancestrales de orden,
claridad, estabilidad, mesura, propias del
genio galo, en oposición a las fuerzas
misteriosas, esotéricas, subterráneas, ego­
céntricas del Expresionismo centroeuropec. Sea como fuere, el caso es que la po­
sición renovadora de los denominados
"impresionistas franceses”, no puede ser
considerada actualmente como fuerza ju z ­

gada en su tiempo, en que se la conside­
raba tan innovadora como anárquica,
snobista, disolvente, — ¿siempre a. lo que
impulsa los valores hacia un grado más
allá se le llama disolvente?— sino muy
al contrario, abarcando hoy la suma de
sus posibilidades, vemos que su actitud
ante las renovaciones fundamentales de
armonía y de forma que ya surgían pa­
ralelamente a los "Préludes” o las "Images\ a la "Rapsodie espagnole” o "Gaspard de la nuit” , se mantiene en un pia­
no prudencial, quizás involuntariamente
conciliador. Movimiento renovador y ne­
cesario, aunque de ámbito 'imitado.
Conviene tal vez insistir en este aspecto
final de la renovación "impresionista”
operada en Francia, ante la opinión tan
inexacta como generalizada, no solamen­
te entre el público musical de los país's
latinos, sino también en la mayoría d • los
"am ateur” , ejecutantes, compositores,
críticos y cronistas musicales de esos mis­
mos países, de que las innovaciones rnor:e¡ ñas d. orden armonio . emancipadas
de 'os prinen os clásicas de la tonahdad
y de las formas consecuentes, son de ori­
gen francés y se remontan a los comien­
zos de este siglo; es d'cir. que surgen de
aquellas obras en que ya Debussv o Ravel
habían mostrado su inconfundible perso­
nalidad estética.; esto es exacto única­
mente si entendemos la posición de esos
maestros como un desligamiento de ur.
pasado inmediato — que pesaba sobre el
espíritu musical francés de fines del ocho­
cientos, incapacitándolo para la creación
personal— , y como punto de arranque
hacia la conquista del color armónico, el
culto del sonido y de la evocación dé
elementos poéticos pretéritos o lejanos, a
través de un estado perpetuamente nos
tálgico; pero si abarcamos ese movimien­
to renovador en su totalidad, podríamos
clasificarlo como un paso de transición
hacia objetos más amplios, fecundos y
definitivos, que son, en realidad, los que
continúan impulsando el desarrollo de
la música hasta nuestros días.
Ya en 1911, quienes no aceptaran co­
mo un dogma a q u lla afirmación y aque­
lla creencia tan generalizada en los paí­
ses latinos, y se asomaron al "T ratado
de armonía” que acababa de publicar
Arnold Schonberg, comprendieron aue en
Centro Europa existía, desde hacia ya
tiempo, un foco de renovación total de
los conceptos tonales y de forma, de ar
moni a y hasta de timbre; y esos con­
ceptos habían llegado además a cristali­
zarse en productos artísticos cuyo esté­
tica y cuva técnica sobrepasan las más
audaces y fecundas tentativas de la época
H acía ya tiempo que Schonberg, nu­
trido de un intélectualismo inouieto y
denso, y de una desconfianza carfsisn s
frente a los postulados de la música,
conspiraba contra los axiomas y los con­
ceptos fácilmente aceptados y puestos
en circulación por las escuelas tradicionalistas. Su punto de partida y trayectoria
inicial nos lo señala como dedicado pri­
meramente al estudio de las m atem áti­
cas, lueeo incursionando por el terreno de
la pintura cubista y expresionista, para
term :&gt; ir definiéndose en un nuevo olano experimental, los sonidos organizados,
en cuvo dominio llegan a concretarse a’
fin sus convicciones y tendencias de teó
rico v de compositor. Para explicarse m u­
chas de sus actitudes, realizacioes, anábsis llevados a consecuencias extremas, im­
placables sondeos en la historia de la m ú­
sica v en el terreno teórico práctico v
especulativo de la estética en gen-ral. y
dé la estética de la música en particular,
conviene tener en cuenta que el punte
de arranaue de esta personalidad inquie
ta, activa, supersensible y cultivada es
émfmenteínente injtejlcctual. Schonberg,
cuya base científica ha hecho ciue su
destreza en diversas disciplinas abstrac­
tas y su inquietud respecto de los cono­
cimientos generales, sean más que U
cuestión: puramente temperamental el
móvil y punto de partida de sus activi­
dades como compositor, es uno de los
muy escasos de éstos que han sido capa­
ces de meditar, ordenar y exponer una
doctrina propia sobre la evolución de su

GUSTAV M AHLER

CLAUDIO DEBUSSY
arte y los medios para impulsarla; lue­
go la han resumido en una lógica rigu­
rosa, matemática, para concluir ponién­
dola en práctica en buen número de
obras; de las que a la vez pueden extraer­
se otras posibilidades no previstas por el
teórico. Para realizar tarea semejante y
obtener resultados positivos en alto grado,
es preciso ser un investigador a la vez que
un creador. Parece ser que en los casos de
genialidad manifiesta lo uno no estorba
a lo otro; al menos puede esto llegar a
afirmarse apoyándose en los ejemplos
precedentes de Tartini, Rameau o Juan
Sebastián Bach, sin olvidar a los moder­
nos Leos Janác.k, Alois Hába, Julián
Carrillo o Edgar Várese. En último caso,
poaría definirse a Schonberg como un
cerebral, pero de la categoría de un Leo­
nardo, un Bach o un Goethe, investigado­
res y creadoras, no en el Concepto de ce­
rebral que se atribuye habitualmente al
representante de la mera pedantería es­
colástica, personificada en tantos ilustres
profesores y funcionarios de la música.
Vista a la fría luz de un análisis aplicado
a los elementos musicales virtualmente
transformados en problemas mentales, po­
dría aparecer la obra musical de Schónberg como las elucubraciones de un frío
razonador en sonidos, de un poderoso teó
rico a quien le estuviera vedado el esta­
do de gracia de la creación artística. Esto
será evidente para todas aqu.llas perso­
nas que en arte sospechan siempre de to ­
do cuanto no recuerde el pasado; pero
esto ya es cuestión de temperamento, gus
to, educación, comprensión, cuando no
de prejuicio, pereza mental o auto-de­
fensa profesional. Procurando acercarse

JA M E S JOYC.E
Í 9

i m

tuaménte disonantes y su constante in­
quietud: propia, según dicen sus adver­
sarios, de quienes no han logrado una es­
tabilización espiritual nacida del equili­
brio interno.
¿Podría entenderse entonces, a ju z ­
gar por los productos obtenidos ñor ese
arte extraño y logrados a veces como en
estado de trance, que se trata de una
monstruosidad estética, o de un movi­
miento) experimental, inconcreto o de
transición, sin raíces que le acrediten una
estabilización que sobreviva 3 I cuarto de
siglo en que tuvo auge y desenvolvimien­
to? Esta pregunta es difícil de contestar.
N ada sabemos ni nada podemos adelan­
tar acerca de la opinión de la posteridad
al respecto. -Jssqo uapand oiuotueoiufl
varse o estudiarse los resultados a que
han arribado Schonberg y sus principa­
les discípulos — Alban Berg, A ntón Webern— y ubicarlos en el preciso instante
en que han actuado, intentando demos­
tra r que su oportunidad, impulsada por
razones de desenvolvimiento histórico, ha
sido lo suficientemente eficaz como pa­
ra liquidar todo un largo proceso de diso­
lución de la tonalidad; y ofrecer a con­
tinuación, lo cual fué más difícil aún,
los sustitutos indispensables para la pro­
secución de los arduos probl mas musi­
cales de la época.
La crisis de los valores tonales v la ins­
tauración de los nuevos elementos arm ó:
nicos llamados a suplantarlos, llegan pa­
ralelamente al derrumbe de todo un cielo
de la cultura europea y al resurgimiento
inmediato a la primera guerra mundial.

al problema de una manera más objetiva,
podría verse que, al menos, en Schónberg aparecen las visiones sonoras apo­
yadas sobre un terreno acondicionado por
la concepción profética del teórico. El
resultado conduce, en algunos casos, a
una realidad artística perfectamente es­
tabilizada; en otros, en los más, nosible
mente, lo experimental logra siempre,
partiendo de nuevas bases en procura de
senderos hasta entonces no practicados,
un caudal dé sabiduría que puede momen­
táneamente permanecer en reserva, aguar­
dando, como tantos principios artístico,
filosóficos o científicos, la oportunidad
de vivificar nuevas corrientes de la sen­
sibilidad y del pensamiento.
Según se observe una u otra de esas
características del problema y luego de
la renovación schónbergiana, según se en­
foque su actitud bifacial — creación, es­
peculación— puede llegarse fácilmente a
percibir el núcleo principal que confiere
unidad interna a ese proceso revolucio­
nario, y és su desenvolvimiento continuo,
que no conoce el reposo, que acredita
idénticos derechos a la disonancia que a
la consonancia, que agudiza la proyec­
ción oblicua — expresionismo— sin re­
poso posible, en una perpetua fuga hacia
posibilidades no afrontadas en su totali­
dad. Según eso, el arte dé Schonberg y
de su escuela desconoce el sentido esta­
tal, el equilibrio logrado en el instante de
calma y depuración, de superación, y se
precipita en alas de su extremado indi­
vidualismo, en el clima esotérico propio
de los grandes expresionistas, con su afir­
mación del movimiento a ultranza, su
fuga de la realidad, sus procesos perpe-

(Continuará en el próximo número)

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�W
Pag. 10

CONTRAPUNTO

¿ A D O N D E VA L A P I N T U R A ?
C o n testa Tor r es- Qar cí a
Aunque haya millones de seres que
ven y distinguen los objetos por sus
colores y luz que ellos toman, los cie­
gos podrán afirmar que no hay tal
cosa, sino ese abismo negro y unifor­
me en que viven. Porque, en efecto,
como decía el viejo Schopenhauer.
nadie puede ver por encima de si
mismo. Quieren, por esto, y contra
toda evidencia y razón, que el arte
vaya hacia lo temático; que esa es
la flecha que marca la debida orien­
tación actualmente; y de ahí seguir
que el arte deba de ponerse al ser-

fundo. Y además, que como el artis­
ta también es un hombre, da, a tra­
vés de ella, y como al descuido (no
intencionadamente) sentim i e n t o s,
emociones y pensamientos, de hom­
bre. Pero estos llegan a ese ámbito,
donde no hay día ni noche, ni tiem­
po ni cosa, muy filtrados, sin que
logren turbar la paz soberana de
lo eterno.
Llegar a comprender lo que es la
verdadera pintura, es todo; después,
que el artista haga lo que quiera,
pues su norte es él mismo. Pero, a

1°—¿Cuál cree Ud. que es el
porvenir material (en el
sentido de su difusión, su
apogeo social, etci) de la
pintura?
2°—¿Cree Ud. que la pintura
evoluciona hacia lo “ real”
(contenido, t e m a, expre­
sión, etc.) o hacia lo “ abs­
tracto” (elementos forma­
les puros, ausencia de sig­
nificación figurativa, etc.) ?
3°—¿ Comparte Ud. como pin­
tor la frase de Renoir: “ En
arte me conformo con go­
zar”, o cree Ud. que le es
necesario expresar además
algo que excede el puro go­
ce estético?
4°—Si no busca Ud. solamente
un goce estético, ¿puede in­
tentar una explicación ge­
neral —eludiendo el deta­
lle— de esa otra necesidad
expresiva? ¿Considera Ud.
ambos propósitos contradic­
torios?
5°—Si se conforma con el goce
estético, ¿eso obedece a que
en ese goce siente que va
implícita toda su realidad,
o, si tal cosa no sucede, a
que el saldo de Ud. mismo
que queda d^esaf en d id o
—vida cotidiana, proble­
mas del hombre, del mun­
do, etc.—• no le intereso?
En cualquiera de los dos
casos: ¿puede intentar ex­
plicarnos el porqué?

Cont est a Raúl Soldi
Como creo que el artista es
un descubridor, el presente mate­
rial de la pintura, por incompren­
sión, parece estar al margen del
mundo que lo rodea. Pero estoy se­
guro que en el porvenir, con una
mayor cultura general y una más
amplia comprensión de los espíri­

Pero también creo que la razón, sin
sobreponerse, debe ir paralela a la
intuición. Hay un misterio'; dos for­
mas iguales, exactamente iguales,
no pueden contener el mismo mis­
terio.
49 Nio hay contradicción entre
el goce estético y la expresión. Am-

C ontesta

Enrique Policastro

TORRES-GARCIA, C onstrucción universal

vicio de cualquier movimiento revo­
lucionario (los hombres sí, no el ar­
te) y así llevarlo a servidumbre. No,
y mil veces no; el arte se afirma en
su propia base o deja de ser arte.
Naturalmente, todo esto tendría
que probarlo, pero no dispongo de
tiempo para hacerlo y sería intermi­
nable. Hoy, pues, sólo mi opinión, y
quien no esté conforme, allá él. Des­
pués de todo, siempre eso es lo mejor,
y no el discutir, ya que a nada con­
duce. Y tampoco hay que dar el gus­
to a la gente que gusta de eso.
No creo que el arte evolucione (es
decir, que pase de la vulgaridad en
que se encharca, para llegar a la mú­
sica y la verdad de lo profundo)
merced a las teorías de filósofos y
críticos, sino sólo únicamente, pol­
la existencia, en un momento del
tiempo, de hombres dotados para la
creación. Creo que este es el único
pilar sobre que se sostiene el arte.
Pero a veces un artista escribe —se
dirá— y es cierto, pero será, o bien
para poner en orden sus propias
ideas, o para revolverse indignado
contra falsos artistas y teorizadores
que pretenden ser tenidos por crea­
dores o maestros. Pero dejemos eso.
¿A dónde va la Pintura?
La Pintura, en primer lugar, no
va; viene en todo caso: viene de la
tradición de la buena pintura, de las
obras; pero mejor será decir, que
no va ni viene, que se está queda;
firme en su propia base, que es ella
misma, y que existe por la existen­
cia de verdaderos pintores. Los cua­
les, toman de todo lo que ven, y
por esto, en cada momento, da ex­
presiones distintas; es decir, que va­
ría en lo externo, pero no en lo pro-

cierto nivel, todos coinciden (y tiene
que ser lógicamente así ya que con­
templan una misma verdad) y de ahí
los movimientos que se originan. Y
así, variando, la Tradición persiste.
Y esos movimientos se pretenderán
explicar (en vano) y catalogar, sin
que, tal clasificación, sirva de gran
cosa; al revés, creo que sirve para
enturbiar las cuestiones.
La Pintura, existe y existirá siem­
pre, porque siempre habrá espíritus
alertas que si un día ven un cuadro,
despiertau y se sienten pintores. Por­
que, como escribió muy justamente
Malraux (y así vale a escribir de
pintura) viene la visión y el deseo
de pintar, de la vista de una ver­
dadera pintura; y que el poeta, an­
tes de escribir un verso, pensó en
otro verso. Por esto, es seguro que
más aprenderemos en las obras de
Leonardo da Vinci, que en sus es­
critos, que dudo que, salvo muy poca
cosa aprovechable, puedan servirnos
de nada.

I9. — La función social de la pin­
tura, tanto en el momento actual
como en su porvenir, ha de respon­
der a principios puros, simples, pe­
ro de un contenido profundamente
humano: el acercamiento y el cono­
cimiento del hombre por el hombre.
Si alguna finalidad específica se le
puede exigir, es esa: ser el conducto
por el cual los pueblos se sienten
'hermanos, restaurando' .y construyendo así, todo lo que las guerras
han 'destruido. No es posible con­
cebir que el arte esté al servicio de
la fuerza y de la destrucción.
29. — El sentido “ real” y el sen­
tido “ abstracto” pueden ser dc-'s
medios de expresión en la pintura,
igualmente eficaces. Pero estos me­
dios, han de constituir en todo mo­
mento, 'elementos de enlace, de en­
tendimiento, de inteligencia, entre
el artista y el público. De todos mo­
dos, la “ emoción” debe trasuntarse
pese a la forma.
39 y 49. — La necesidad de ex­
presión, cuanda esa necesidad se
refiere no ya solamente a una idea,
sino a un sentimiento de contenido
universal, escapará siempre a la li­
mitación impuesta por un simple go­
ce estético. Va más allá, para con­
vertirse en problema, cuando 110 es

El Salón Independiente
N el local de la Sociedad Rural. Florida 458, se está realizando el
Salón Independiente de los pintores, grabadores y escultores ar­
gentinos.
En su actitud de solidaridad ciudadana de no participar en el Salón
Oficia! de Primavera, nuestros artistas realizan su propio salón libre. Aúí
está presente la obra del sector más importante y numeroso de pintores
agentinos. La actitud de los mismos ha merecido, además, la adhesión de
un amplio grupo de jóvenes artistas cuya obra no ha podido ser presen­
tada por lo reducido del local, y el apoyo de instituciones que representan
la cultura libre y democrática del país.
Como por razones de tiempo no nos ha sido posible dar nuestra opi­
nión sobre el valor artístico de las obras expuestas, haremos nuestro co­
mentario en el próximo número.
Vaya por boy nuestra solidaridad moral con la actitud de os pintores
independientes.

E

RA U L SOLDI, F igura

tus, pueda ser p o s i b l e llevar al
alcance de todos, el goce estético y
expresivo de todas las formas.
2® La pintura no es ni real ni
abstracta y puede ser lo uno y lo
otro. Cada pintor pinta lo que^cree
que es la verdad y está plenamen­
te convencido de que todos la in­
terpretan como tal.
39 En parte s í ; porque frente a
1a. teía nunca sabe realmente adonde
irá y . .. hablemos claramente, el
fantasma se va transformando con­
tinuamente y -de ese fantasma nace
otro (esto es el goce del encuentro).
Además, mal se puede precisar an­
tes del parto, cómo va a ser el hijo.

angurstia, dolor o tor­
mento. Construir para
sí mismo, es limitar lo
que en algunos seres
es ilimitado: la serie
de sentimientos natu­
rales, que por su mis­
ma hondura, procura
afilorar a la superficie
sin normas y sin pre­
ceptos.
59 — Los problemas
del hombre y del mun­
do, son los problemas
del artista y ello cons­
tituye indudablemen­
te la fuerza, el ánimo
pujante de toda obra
límpida y clara. Así,
aquello que parece no
tener solución, debe
ser exhibido, mostra­
do en su completa des­
nudez. incansablemen­
te y a toda hora, Iiasta llegar a la extiroaeión del mal.

has son explosiones simultáneas. Son
como las dos manos del pianista. La
tarea ardua consiste en que no des­
afinen.
5^ El pintor no es ajeno ni a!
drama ni a la comedia de la huma­
nidad, puesto que en ella vive y de
ella percibe sus emociones. El mun­
do que lo rodea siempre, directa o
indirectamente, es su modelo. No ol­
videmos que sólo descubre formas,
colores, planos y temas existentes.
Es una retina que percibe, ahonda
y analiza. Su obra social consiste en
poner de manifiesto la belleza que
toda naturaleza contiene.

VA ■. V.'V';, i .y. ;&gt;v-&gt;

E N R IQ U E PO LIC A ST R O , E stu d io

�Pág. 11

CONTRAPUNTO
N el local del Museo Provincia! de
Bellas Artes de La Plata se ha rea­
lizado una exhibición de artistas del país
hermano.
N o es frecuente reunir un conjunto de
tan homogénea calidad. Es indudable que
sólo una unidad espiritual puede señalar
rumbos certeros a sus plásticos. La geo­
grafía influye decisivamente en los con­
tenidos culturales de toda nación, no en
el sentido que apuntase en su opottunidad
Taine, sino en otros más complejos, pe­
ro no por ello menos decisivos. Los paideumas de caverna o de planicie son secue­
las de tal conformación física. A la vez
conviene recordar que toda economía se
rige por las posibilidades que brinda la
tierra. El hombre de la montaña confor­
ma su psique a las limitaciones que le
impone la proximidad de las alturas, el
de la llanura esfuma sus inquietudes en
la vaguedad del horizonte. Los primeros
enderezan sus- inquisiciones hacia la pro­

E

VEINTE PINTORES BRASILEÑOS
la organización colectiva. La libertad cre­
ció como un árbol generoso a cuya som­
bra el arte dió sus mejores frutos.
América conformó su sistema de go­
bierno a dichos postulados mas sin poder
eliminar de sus dilatados dominios resa­
bios de las rutinas colonizadoras. La an­
glosajona en el norte, la portuguesa en
el Brasil, la hispana en el nuestro, perdu­
raron a través de distintos aspectos.
Los Estados Unidos de Norte Amé­
rica y los de Brasil, a diferencia de la A r­
gentina, recurrieron a la importación en
masa de negros para la explotación de sus
riquezas. Un régimen feudal se implantó
en estos últimos, tuyos rasgos sobresa­
lientes se concretaron en las Casagrandes
y las Senzalas, en las que vivían en ex­
traña promiscuidad señores y esclavos, y

Por
LEONARDO ESTARICO
sus valores son señeros continentales. Es­
ta exposición de 20 pintores brasileños
es una simpática revelación. Sabemos
bien que ella no constituye toda la pintu­
ra brasileña, pero representa sí, la pin­
tura que interesa, la pintura que, como un
alba, anuncia la plenitud del mañana.
Una muestra bien seleccionada confor­
ma una actitud. Sólo el perspicuo crite­
rio de un crítico tan eminente como
Marques Rebelo sabe valorar diferencias
personales de expresividad tan acentuada
como las que evidencian estos artistas,
pero a los que aúna una conceptiva gene­
ral, renovarse.

integrantes de esta original muestra, ci­
taremos en primer término a Cándido
Portinari, de fácil verba, un tanto gran­
dilocuente, pero seguro en el enfoque de
sus temas. Sobrio de color y de ampu­
loso empaste, afánase en encerrar sus fi­
guras en simples formas arquitectónicas.
Como contraste a estos rasgos enfren­
tamos a un artista de fina sensibilidad,
personal sin falsos efectismos, recogido
en si mismo, al que su inquietud no le
impide reclinarse en una exquisita' inti­
midad, cuya superación más’evidente es
un "Paisaje de Sao Joao del Rei” que fir-

Entre los que buscan en la composi­
ción —esa inalcanzable cima de la belle­
za plástica— la respuesta a sus anhelos
de perfección, perfílase Roberto Burle
Marx que, tanto en "Mujeres” como en
"Naturaleza muerta” hace alarde de lo
ya obtenido en el rumbo dilecto.
Quirino Campofiorito esfuérzase por
desprenderse de su entusiasmo objetivo de
otrora, para afianzarse en la esfera del
cubismo, no así Hilda Campofiorito que
permanece fiel a sus primigenias concep­
ciones.
Mucho más segura, y asimismo dueña
de una enérgica decisión se revela Djanira Gomes Pereira, en la que se atisban rasgos que, de perdurar, la perfilan
como una de las figuras promisorias del

T A R SIL A DO AMARAL (L iris m o ): P ueblito

ROBERTO B U R LE MARX (C om posición): M ujeres

fundidad o la elevación, los segundos ha­
cia la extensión. El autor de la "Filoso­
fía del arte” fijó a sus premisas una pri­
macía que observaciones posteriores han
desmentido. La inmutabilidad de la cor­
teza terrestre en el tránsito de civiliza­
ción que nos es conocido ha sufrido pocas
modificaciones, no obstante el arte ha
migrado sin cesar creando alturas subli­
mes y declinaciones lamentables, sin que
se m o d i f i c a s e la geología universal,
El arte, más bien, ha sido condicionado
por el orden social dominante. Los egip­
cios, aficionados a una magia subalterna
y a lana pertinaz observación de la na­
turaleza, aliaron mitos oscuros a creacio­
nes superiores, de cuyos enlaces surgieron
las pirámides y los monstruos antropozoomorfos. que todos conocemos y que
resultan un reflejo fiel de una oligarquía
hermética de faraones y sacerdotes, opre­
sora inclemente de sus habitantes.
El poderlo material de la iglesia culmi­
na en la arquitectura gótica.
Desde la Revolución Francesa, con el
apogeo de la burguesía, el progreso des­
plazó los antiguos sistemas de producción
y la m áquina modificó sustancialmente

PO R T IN A R I (C o n stru c c ió n ): M ujer llorando

en las que, a menudo, las negras satis­
facían los más extraños caprichos eró­
ticos de los amos, desde la adolescencia
hasta la vejez.
El arte, durante está periodo, vegetó
al margen de tan menguadas finalidades,
existenciales.
Esta interferencia afro-negroide gra­
vitaría drásticamente en la configuración
de la cultura carioca. Así los avances
de la cultura estrictamente europea se
verían constantemente refrenadas por
este sustratum amorfo que, con su ac­
ción inhibitoria redundaría benéficamen­
te en la elaboración de una nueva y armó­
nica unidad estética que se proyecta en
su literatura, en su música y en su plás­
tica. Pero este proceso no ha sido de fácil
ejecución y a su éxito han contribuido
no sólo las figuras ya gloriosas, sino tam ­
bién otras que, humildemente, aportaron
sus anónimos esfuerzos a esa obra común
que hace la fama de la patria de Tiradentes.
Es curioso que, a la inversa de lo que
ocurre en otras naciones, en el Brasil Jas
artes plásticas se desplazan a la deriva
de la literatura y de la música. En el má­
gico ámbito de la polifonía, algunos de

Mas este afán de renovación no lleva
implícito el deliquio aventurero, ni la
búsqueda de la originalidad misma, pe­
ríodo que ya ha sido sobrepasado para
dejar lugar a la honesta intención de pro­
fundizar las inquisiciones emprendidas
por el abrupto camino de una severa dis­
ciplina y de un inteligente control cri­
tico.
Un común denominador orienta la di­
versidad de ópticas, el respeto al dibujo.
Extraña conciliación de lo circunspecto
a lo fantasista.
Quienes hayan observado con alguna
atención el desarrollo de las bellas artes
europeas encontrará en esta muestra re­
miniscencias de maestros conocidos, pe­
ro ello ha ocurrido en todos los tiempos:
¿cómo sustraerse ahora a tal modalidad
con medios de reproducción industrial tan
perfectos como los que se emplean en los
libros y revistas de arte? Lo que intere­
sa es que esas influencias no se convier­
tan en el eje de la personalidad, sino que
sólo sirvan de accesorios de los que ca­
da artista se desprende a medida que
avance en la conquista de su yo.
Y, pasando al análisis personal de los

ma José Pancetti, rico de grises y de su­
tiles sugerencias.
"Una familia en la plaza” nos remonta
a otro clima. Una paleta que no elude
los extremos altisonantes pero que sabe
subordinarlos a la totalidad armónica del
conjunto, un dibujo ceñido y descripti­
vo, tales son las cualidades que fluyen
de otro de los más prestigiosos valores de
la pintura carioca, Alberto da Veiga
Guignard.
Tarsila do Amaral, aunque aficionada
a las construcciones geométricas y cro­
máticas de Léger se desprende en esta
serie de "pueblitos” de dicha tutela en
pos de una fórmula menos rígida y más
en consonancia con su gracia femenina.
O tro pintor bien dotado es Emiliano
di Cavalcanti que no se detiene ante las
dificultades que suscita el agrupamiento

futuro inmediato de la pintura del país
hermano.
Integran la muestra: Carlos Leao, ex­
celente dibujante; Clovis Graciano, pin­
tor y sútil grabador; Ibere Camargo; tam ­
bién dedicado a ambas .disciplinas; José
Alves Pedrosa, certero burilador; José B.
Caldoso Júnior, candoroso imaginero; Mil­
lón Dacosta, que resuelve en planos geo­
métricos sus visiones, y Tomás Santa Ro­
sa Júnior, lírico y seguro, como dibu­
jante y como pintor, cierra la nómina de
estos pintores, dibujantes y grabadores
que coadyuvan a la estructuración de
fórmulas estéticas ajustadas a las posi­
bilidades que América reclama para la ple­
nitud de su cultura, bajo el clima pro­
picio de la libertad y el respeto de la dig­
nidad humana al amparo de un ideal con­
tinental de solidaridad y comprensión.

ALBERTO DA VEIGA GUIGNARD (C o lo r): Una fa m ilia en la plaza

de figuras y escenas y de las que sale ai­
América, que desconoce la estrech
roso en su "Carnaval” .
de los limites del viejo continente, !
Orlando Teruz, con limitadísimos re­
de conformar el espíritu de sus creaci
cursos, nos comunica una deliciosa emo­ .. nes a este imperativo de la geografía,
ción que no altera el cstilismo de su len­
fin de no eludir el sino que la histoi
guaje.
le señala.
También Percy de Meló Deane se ape­
Agradezcamos a Marques Rebelo qi
ga a los grises que, apoyados en un ágil
con singular inteligencia y abnegado ei
dibujo, atrae hacia sus óleos una decidi­
peño ha tendido este puente que nos apr
da simpatía.
rim a a lo mejor del arte brasileño.

D O C T O R E S

EDUARDO E. MENDILAHARZU Yy CARLOS MOUCHET
A B O G A D O S

D E R E C H OS
AVENIDA DE MAYO 749

I NTEL ECTUALES
(Ofic. 66)

T eléfonos: 34, Defemea 4560
P ercy de MELO DEANE (A rm o n ía ): Re

PA N C E TT I (D ib u jo ): N iña

BUENOS AIRES

y 33, A venida 1275

�L o s P in to r
por Q u i l l a u m e
Traducción de Evar Méndez

yor parte de los nuevos pintores ha­
cen realmente matemática sin saberlo
o sin saberla, pero aun no han aban­
donado a la naturaleza, que interro­
gan pacientemente con el fin de que
se les enseñe la ruta de la vida.
Un Picasso estudia un objeto tal
como el cirujano diseca un cadáver.
Este arte de la pintura pura si
acaso consigue desligarse enteramen­
te de la antigua pintura, no causará,
necesariamente, la desaparición de
ésta, lo mismo que el desenvolvi­
miento de la música no ha causado
la desaparición de los diferentes gé­
neros literarios, ni la acidez del ta­
baco ha reemplazado el sabor de los
alimentos.
III
FBRN A ND LEG ER, P ein tu re

UCHOS pintores nuevos no pin­
tan sino cuadros donde no hay
tema verdadero. Y las denominacio­
nes que se les encuentra en los catá­
logos juegan entonces el papel de los
nombres que designan a los hombres
sin caracterizarlos.
Del mismo modo que existen Legros (el gordo) que son muy flacos
y los Leblond (el rubio) que son muy
morenos, he visto telas denominadas
“ Soledad”, en donde había varios
personajes.
En los casos de que se trata, se

M

JU A N G RIS, P o rtra it (1912)

JU A N GRIS,

condesciende aun a veces en servirse
de palabras vagamente explicativas
como retrato, paisaje, naturaleza
muerta; pero muchos jóvenes artis­
tas-pintores no emplean sino el voca­
blo general de pintura.
Esos pintores, si acaso observan
aun la naturaleza, no la imitan más
y evitan con cuidado la representa­
ción de escenas naturales observadas
y reconstituidas por el estudio.
La verosimilitud no tiene ya nin­
guna importancia, pues todo es sa­
crificado por el artista a las verda­
des, a las necesidades de una natu­
raleza superior que él supone sin des­
cubrirla. El tema ya no cuenta o si
cuenta es apenas.
El arte moderno rechaza, general­
mente, la mayor parte de los medios
de gustar puestos en acción por los
grandes artistas de los tiempos pa­
sados.
Si el objeto de la pintura es siem­
pre como fué antaño: el placer de los
ojos, se pide en adelante al aficionado
encontrar en ella otro placer que el
que puede procurarle, lo mismo, el
espectáculo de las cosas naturales.

Nos encaminamos por consiguiente
hacia un arte enteramente nuevo,
que será a la pintura, tal como se la
había encarado hasta aquí, lo que
la música es a la literatura.
Esto será pintura pura, lo mis­
mo que la música es literatura pura.
El aficionado a la música prueba,
escuchando un concierto un gozo de
orden diferente del gozo que prueba
escuchando los ruidos naturales co­
mo el murmullo de un arroyo, la
caída de un torrente, el silbido del

PABLO PICA SSO, N a tu re m o rte

L e tambourinai-re (1926)

viento en un bosque, o las armonías
del lenguaje humano fundadas so­
bre la razón y no sobre la estética.
De igual modo, los pintores nue­
vos procurarán a su s admiradores
sensaciones artísticas únicamente de­
bidas a la armonía de las luces im­
pares.

Se. conoce la anécdota de Apeles
y Protógenes que narra Plinio. Hace
ver bien el placer estético, y resul­

Se ha reprochado vivamente a ios
artistas-pintores nuevos, preocupa­
ciones geométricas. No obstante, las
figuras geométricas son lo esencial
del dibujo. La geometría, ciencia que
tiene por objeto la extensión, su me­
dida y sus relaciones, ha sido en to­
do tiempo la regla misma de la pin­
tura.
Hasta el presente, las tres dimen­
siones de la geometría euclidiana
bastaban a las inquietudes que el
sentimiento del infinito pone en el
alma de los grandes artistas.
Los nuevos pintores, no menos que
sus antepasados, no se han propues­
to ser geómetras. Pero se puede decir

GEGRGES BRAQUE, N a tu re m o rte (1927)

tante, sólo, de esta construcción im­
par de que he hablado.
Apeles llega un día a la isla de
Rodas para ver las obras de Protó­
genes, que allí vivía. El artista no se
hallaba en su taller cuando Apeles
entró. Una vieja estaba allí cuidando
un gran cuadro listo para ser pinta­
do. Apeles, en lugar de dejar dicho
su nombre ,traza sobre el cuadro un
rasgo tan desenvuelto que no podía
darse nada mejor.
De regreso, Protógenes percibien­
do el lincamiento, reconoció la mano
de Apeles, y trazó sobre el rasgo otro
de un color diferente y más sutil aun
y, de esta manera, parecía que hubie­
ra tres rasgos.
Apeles volvió aun al día siguiente
sin encontrar al que buscaba, y la
sutileza del rasgo que trazó ese día
desesperó a Protógenes. Este cua­
dro causó largo tiempo la admiración
de los conocedores que lo miraban
con tanto placer como, si en lugar
de representar rasgos casi invisibles,
se hubiera figurado allí dioses y dei­
dades.
!!¡.
Los jóvenes artistas-pintores de
las escuelas extremas tienen por mó­
vil secreto hacer pintura pura. Es un
arte plástico enteramente nuevo. No
está sino en su comienzo y no es tan
abstracto como quisiera serlo. La ma­

que la geometría es a las artes plás­
ticas lo que la gramática es al arte
del escritor. Luego, los sabios, hoy no
se atienen ya a las tres dimensiones
de la geometría euclidiana. Los pin­
tores sé han inclinado con entera na­
turalidad y, por así decir, por intui­
ción, a preocuparse de nuevas medi­
das posibles de la extensión que en
el lenguaje de los talleres modernos
se designaba conjunta y brevemente:
cuarta dimensión.

Tal como se ofrece al espíritu, des­
de el punto de vista plástico, la cuar­
ta dimensión sería engendrada por
las tres medidas conocidas: ella figu­
ra la inmensidad del espacio eterni­
zándose en todas las direcciones en
un momento determinado. Ella es el
espacio mismo, la dimensión del in­
finito; es ella quien dota de plasti­
cidad a los objetos. Les da las pro­
porciones que merecen en la obra,
en tanto que en el arte griego, por
ejemplo, un ritmo en cierto modo
mecánico destruye sin cesar las pro­
porciones.
El arte griego tenía de la belleza
una concepción puramente humana.
Tomaba al hombre como medida de
la perfección. Eí arte de ios pin­
tores nuevos toma al universo infi-

nito como ideal y es a este ideal a
quien se debe una nueva medida de
la perfección que permite al artistapinlor dar al objeto proporciones
conformes al grado de plasticidad
adonde anhela conducirlo.
Nietzche había adivinado la posi­
bilidad de un arte tal:
—“ Oh Dyonisios divino, por qué
me t i r a s las orejas?”, pregunta
Ariadna a su filosófico amante en
uno de esos célebres diálogos sobre
la “ Isla de Naxos”. —“ Yo encuen­
tro algo de agradable, placentero, en
tus orejas, Ariadna: ¿por qué no son
más largas todavía?”
Nietzche, cuando relata esta anéc­
dota, hace por la boca de Dyonisios
el proceso del arte egipcio.
Agreguemos que esta imaginación:
la cuarta dimensión, no ha sido sino
la manifestación de las aspiraciones,
de las inquietudes de un gran nú­
mero de jóvenes artistas mirando las
esculturas egipcias, negras y oceáni­
cas, meditando las obras de ciencia,
esperando un arte sublime, y, que
no se agregue más hoy a esta expre­
sión utópica, que hacía falta anotar
y explicar, sino un interés en cierto
modo histórico.

i

IV

Queriendo alcanzar las proporcio­
nes de lo ideal, no limitándose a la
humanidad, los jóvenes pintores nos
ofrecen obras más cerebrales que
sensuales. Se apartan de más en más
del antiguo arte de las ilusiones de
óptica y de las proporciones locales
para expresar la girandeza de las
formas metafísicas. Es por ello que
el arte actual, si no es la emanación
directa de creencias religiosas deter­
minadas, presenta no obstante mu­
chos caracteres del gran arte, es de­
cir del Arte religioso.

Los grandes poetas y los grandes
artistas tienen por función social re­
novar sin cesar la apariencia que re­
viste la naturaleza a los ojos de los
hombres.
Sm los poetas, sin los artistas, los
hombres se aburrirían pronto de la
monotonía natural. La idea sublime
del universo se derrumbaría con una
velocidad vertiginosa. El orden que
aparece en la naturaleza y que no es
sino un efecto del arte se desvane
cería al punto. Todo se desharía en
el caos. No más estaciones, no más
civilización, no más pensamiento, no
más humanidad, no más vida misma
y la impotente obscuridad reinaría
para siempre.
Los poetas y los artistas determi­
nan de concierto la figura de su épo­
ca y dócilmente el porvenir se dispo­
ne a su arbitrio.
La estructura general de una mo­
mia egipcia está conforme con las

(x) Introducción d e l lib ro “ Los
pintores cubistas” (Meditaciones es­
téticasi, pequeño in 49, con repro­
ducciones de cuadros, editor Figuiere y Cía., París, 1912. Fragmentos de
la segunda a séptima parte. Hemos
preferido traducir hoy estas páginas
del célebre y básico libro al que se
refieren de continuo críticos e histo­
riadores del arte moderno, par en­
tender que es un fragmento muy ob­
jetivo. En ef ect o, aquí Apollinaire
define al cubismo y señala la signifi­
cación de la tendencia, su función,
sus límites, sus normas, hace su his­
toria inicial. La primera parte del
prólogo, que irá en otra ocasión, es
una. meditación estética. El resto de
la obra son juicios acerca de Picasso,
Breque. Metzinger, Gleizes, MUe.
Laurencia, Gris, Léger, Picabia, Duchamp, y Notas.

�mm

s C ubistas

(x)

A pollinaire
figuras trazadas p o r los artistas
egipcios y no obstante los antiguos
egipcios eran muy diferentes los
unos de los otros. Se han conforma­
do al arte de su época.
Es lo propio del Arte, su papel
social, crear esta ilusión : el tipo. Dios
sabe si causaron burlas los cuadros
de Manet, de Renoir! Y bien! Basta
una ojeada a fotografías de la época
para apercibirse de la conformidad
de las gentes y de las cosas en los
cuadros que esos grandes maestros
pintaron de ellas.
Esta ilusión me parece muy na­
tural siendo las obras de arte aque­
llo que una época produce de más
enérgico desde el punto de vista de
la plástica. Esta energía se impone
a los hombres y es para ellos la me­
dida plástica de una época. De este
modo, quienes se burlan de los nue­
vos pintores, se burlan de su propia
figura, pues la humanidad del por­
venir se representará la humanidad
de hoy según las representaciones
que los artistas del arte más viviente

ma época. Es una verdad que es fá­
cil controlar. Y sin embargo quién
osaría decir que las muñecas que se
vendían en los bazares, hacia 1880,
han sido fabricadas, con un senti­
miento análogo al de Renoir cuando
pintaba él sus retratos? Nadie en­
tonces se apercibía de ello. Esto sig­
nifica no obstante que el arte de Re­
noir era lo bastante enérgico, bas­
tante viviente como para imponerse
a nuestros sentidos, en tanto que
para el gran público de la época en
que hacía su aparición sus concep­
ciones cobraban la apariencia de otras
tantas absurdidades y locuras.
VI
A veces, y particularmente a pro­
pósito de los artistas-pintores más
recientes, se ha encarado la posibili­
dad de una mistificación o de un
error colectivos.
Ahora bien: no se conoce en toda
la historia de las artes una sola mis­
tificación colectiva, no menos que un
error artístico colectivo. Hay casos
sería concebir, que bruscamente, en
una nación, todos los niños nacerían
privados de cabeza o de una pierna
o de un brazo, concepción eviden­
temente absurda. No hay errores ni
mistificaciones colectivas en arte, no
hay sino diversas épocas y diversas
escuelas de arte. Si el objeto que per­
sigue cada una de ellas no es igual­
mente elevado, igualmente puro, to­
das son igualmente respetables, y.
según las ideas que uno se forma de
la belleza, cada .escuela artística es
sucesivamente admirada, desprecia­
da y de nuevo admirada.
VII

jJttyRAIN, La cene

habrán dejado de ella. No me digáis
que otros pintores hay que pintan'
hoy de tal manera que la humanidad
pueda allí reconocerse pintada a su
imagen. Todas las obras de arte de
una época concluyen por asemejarse
a las obras del arte más enérgico,
el más expresivo, el más típico. Las
muñecas han nacido de un arte po­
pular; parecen siempre inspiradas
por las obras del gran arte de la mis-

aislados, de mistificación y de error,
pero los elementos convencionales de
los cuales se componen en gran par­
te las obras de arte nos garantizan
que de estos casos no podrían existir
colectivos.
Si la nueva escuela de pintura nos
presentara uno de estos casos, sería
ello un acontecimiento tan extraordi­
nario que podría llamárselo un mila­
gro. Concebir un caso de esta suerte.

PARLO PICASSO, L e s saltim banquis (1906)

La nueva escuela de pintura lleva
el nombre de cubismo; le fué dado
por escarnio en otoño de 1908 por
Henri Matisse que acababa de ver
un cuadro representando casas cuya
apariencia cúbica le chocó vivamente.
Esta estética nueva se elaboró en
primer lugar en el espíritu de An­
dró Derain, pero las obras más im­
partí ntes y las más audaces que ella
produjo de inmediato fueron las de
un gran artista que se debe también,
considerar como un fundador: Pablo
Picasso, cuyas invenciones corrobo­
radas por el buen sentido de Georges Braque que expuso ya en 1908
un cuadro cubista en el Salón de los
Independientes, se encontraron for­
muladas en los estudios de Jean Metzinger que expuso el primer retrato
cubista (era el mío) en el Salón de
los Independientes de 1910 e hizo
admitir también, el mismo año, obras
cubistas por el jurado del Salón de
Otoño. Es igualmente en 1910 cuan­
do en los Independientes aparecieron
cuadros de Robert Delaunay, de Marie Laurencin, de Le Fauconier, que
dependían de la misma escuela.
La primera exposición de conjun­
to del Cubismo cuyos adeptos ha­
cíanse más numerosos, tuvo lugar en
1911 en los Independientes, donde
la sala 41 reservada a los cubistas
causó una profunda impresión. Veía­
se allí obras sabias y seductivas de
Jean Metzinger; paisajes, l ’homme
nu, y la femme aus phlox de Albert
Gleizes; el portrgit de Mine Fernan­
do X . . . y les jeunes f ilies por Mlle
Marie Laurencin. La Tour de Robert
Delaunay, L ’Abondance de Le Fau­
conier. los Ñus dans un paysage de
Fernand Léger.
La primera manifestación de los
.cubistas en el extranjero tuvo lugar
en Bruselas el mismo año, y en el
prefacio de esa exposición yo acep­
té, en nombre de los expositores, las
denominaciones: cubismo y cubistas.
A fines de 1911, la exposición de
los cubistas, en el Salón de Otoño,
hizo un ruido considerable. Las -bur­
las no fueron ahorradas ni a Gleizes
(La Chasse, Portrait de Jacques Nay-

ral), ni a Metzinger (la femme a la
cuüler), ni a Fernand Léger. A estos
artistas se había unido un nuevo pin­
tor, Marcel Duchamp, y un escultorarquitecto, Duchamp-Villon.
Otras exposiciones colectivas tu­
vieron lugar en noviembre de 1911
en la Galería de Arte Contemporá­
neo, calle Tronchet, en París; en
1912, en el Salón de los Independien­
tes, que fué marcada por la adhe­
sión de Juan Gris; en el mes de ma­
yo, en España, donde Barcelona
acoge con entusiasmo a los jóvenes
franceses; en fin en el mes de junio,
en Rouen, exposición organizada por
la Sociedad de los Artistas Norman­
dos y que fué marcada por la adhe­
sión de Francis Picabia a la nueva
escuela. (Nota escrita en septiembre
de 1912).

II

Aquello que diferencia al cubismo
de la antigua pintura, es que no se
trata de un arte de imitación, sino
que es un arte de concepción que
tiende a elevarse hacia la creación
Representando la realidad-conce­
bida o la realidad creada, el pintor
puede dar la apariencia de tres di­
mensiones, puede en cierto modo cu­
bicar. No podría hacerlo dando sim­
plemente la realidad-vista, a menos
de hacer una engañifa en resumen
o en prespectiva, lo cual deformaría
la calidad de la forma concebida o
creada.
Cuatro tendencias se han manifes­
tado entretanto en el cubismo tal
como yo lo he descuartizado. Del cual,
dos tendencias paralelas y puras.
El cubismo científico es una de
esas tendencias puras. Es el arte de
pintar conjuntos nuevos con elemen­

tos tomados, no a la realidad de vi­
sión, sino a la realidad de conoci­
miento.
Todo hombre tiene el sentimiento
de esfa realidad interior. No es ne­
cesario ser un hombre cultivado para
concebir, por ejemplo, una forma re­
donda. El aspecto geométrico que ha
chocado tan vivamente a aquellos que
han visto las primeras telas cientí-*
íicas venía de que la realidad esen­
cial estaba allí dada con una gran
pureza y que el accidente visual y
anecdótico había sido eliminado.
Los pintores de la jurisdicción de
este arte son: Picasso, cuyo arte lu­
minoso pertenece asimismo a la otra
tendencia pura del cubismo; George
Braque, Metzinger, Albert Gleizes,
Mlle Laurencin y Juan Gris.
El cubismo físico, que es el arte
de pintar conjuntos nuevos con ele( C ontinúa en la pág. 1!¡)

M A R IE L A U R EN C IN

M A RIE LAU REN CIN, Picasso, Laurencin, A p o llin a ire

9

�CONTRAPUNTO

f j n fó o ^ a d ic L
JAM ES JOYCE — E L HOM BRE QUE
E SC R IB IO “ Ü L IS E S ”, por H ekbert
G o r m a n . — S an tiag o R ueda, editor.
B uenos A i r e s , 1 9 4 5 . T raducción de
M. Sim inovioh. . 354. pdgs. P iecio, 7 |.
a p a ric ió n d'e ü l i s e s c o n stitu y e el
acontecim iento e d ito ria l m ás im por­
ta n te del afio; h acía fa lta en n u e stro m e­
dio la versión de e sta obra, a 1.a cual el
“snobism o” ha rodeado de m ito, y los
lectores genuinos sólo conocen de oídas.
Y nada m ás opo rtu n o que esta vida, de
Jam es Joyce que Ile rb e rt G orm an escri­
bió hace unos años, y que a h o ra -ale
a la luz en B uenos A ires. Am bos libros
se com plem entan. F a lta b a n , y su falla
se dejaba se n tir; la v id a del genial ir la n ­
dés, y su obra m áxim a.
No e stá dem ás ob serv ar que con el
a u to r de D ubliners ha ocu rrid o —a l m e­
nos e n tre n u estro público le c to r— la cu­
riosa c irc u n sta n c ia de que su persona,
los hechos de su vida y los rasg o s m a te ­
ria le s que siem p re hacen m ás próxim o y
d ire c to el co no cim ien to d e la obra, h a n
perm anecido o b n u b i l a d o s por la fam a
— y a u n la le y e n d a — de su e x tra o rd i­
n a ria o b ra iliteraria.
E n g eneral, la lite r a tu ra europea nos
■tiene a c o s tu m b r a d o s a fa m ilia riz a rn o s
con el hom bre creador y, según el m a ­
yor o m enor g rad o de genio o de m ito
que su perso n alid a d abastece, é sta se
p royecta hacia la o b ra que luego se des­
plaza au reo lad a ya p or u n pTevio a n te ­
cedente hum ano, biográfico.
IA

L as ex cen tricid ad es de Cocteau, las
“■boutades” de A pollinaire. el', halo de
esp len d o r y m iseria que en vuelve la vida
d e O tear W ilde, la a v e n tu ra en la ex is­
ten cia de •Cendrare, etc., son c o n trib u cio ­
n e s a la fam a. A veces, d e ta n ta seduc-

(Vien-e de la pág. 13)

mentos tomados en su mayor parte
a la realidad de visión. Este arte res­
ponde no obstante al cubismo por la
disciplina constructiva. T i e n e un
gran porvenir como pintura de his­
toria. Su papel social está bien mar­
eado, pero no es un arte puro. Se
confunde allí el tema con las imáge­
nes.
El pintor físico que ha creado esta
tendencia es Le Fauconier.
El cubismo órfico es la otra gran
tendencia de la pintura moderna. Es
el arte de pintar conjuntos nuevos
con elementos tomados no a la reali­
dad visual, sino enteramente creados
por el artista y dotados por él de una
potente realidad. Las obras de los
artistas órfieos deben presentar si­
multáneamente un atractivo estético
puro, una construcción que cae bajo
los sentidos y una significación su­
blime, es decir el tema. Es arte puro.
La luz de las obras de Picasso con­
tiene este arte, que inventa por su
parte Robert Delaunay, y donde se
esfuerzan, también, Fernand Léger,
Francis Picabia y Marcel Duchamp.

r

ción p a ra el lecto r que re su lta n m ás
co n cu rrid as que su s obras.
Sin duda, n u e stra h o ra es la h o ra de
la biografía. Sin d u d a es n ecesario o fre­
cer al Sector a c tu a l el episodio biográfico
del escritor. El lector de n u e stro tie m ­
po a sí lo exige, y ello q u iz á esté se ñ a ­
lando el in te re sa n te síntom a de que la
lite r a tu r a va constituyendo una necesi­
dad com ún. L a gente acep ta el libro for­
m ado con su propio elem ento, actuando
ella m ism a como gente, y, al com prender
que se la u tiliza p a ra m a te ria liz a r el des­
tin o dal d ra m a que el a rte rep resen ta,
el lecto r — la gente, el hom bre de todos
los d ía s — sien te curiosidad por el autor,
q u ie re v er su ro s tro y c o n o cer su vida.
■Sucede con Joyce lo que no ha suce­
dido con buena p a rte de los esc rito re s
■de p re stig io m u n d ial; su obra, aun des­
p o la d a del g ra n círculo m ítico que u n a
odisea p ro p ia de su p ersonaje d ilató en
la ex p ec ta tiv a del m undo lector, h a n u ­
blado la fig u ra h u m an a d el autor.
G orm an nos re la ta , con m inuciosidad
¡afectuosa de am igo y agudeza de e n s a ­
y ista , la v ida del a u to r de “E l d e sp e rta r
de F in n e g a n ”. Nos en teram o s asi, que
Joyce es tam b ién un héroe, si no un h é ­
roe de excéntricos a c a e c e r e s , un g ran
héroe de la v o lu n tad hum an a, el ejem plo
m ás in te re sa n te de', tem p eram en to a rtís ­
tico fre n te al d ia rio destino áspero.
B reves d ato s b io g ráfic o relativ o s a la
v id a de Joyce. casi siem p re en función
d e la o b ra lite ra ria o su an écd o ta, es
con lo que se contaba h a sta la fecha, en
castellano. El prólogo de A ntonio Maric h a la r al “R e tra to del' A rtis ta Adoles­
c e n te ” (E d. B iblioteca N ueva, M adrid)
es uno de los pocos tra b a jo s en este
sentido. Sobre la o b ra totail y p arcial es
y a nu m ero sa la biblio g rafía. V alery Lar■baud, el h ab ilísim o tra d u c to r de ü lise s
al fran cés, y agudo an alizad o r de la o b ra
in te g ra en form a ex h a u stiv a el acervo
crítico en torno a la o b ra del g ra n ir­
landés.
Quien busque en el libro de Gorm an
sólo un a n á lisis crítico , un punto de vis­
ta m á s s°'bre e sta o b ra sin g u lar, se v e rá
defraudado. No es é sa la intención de

El cubismo instintivo, arte de pin­
tar conjuntos nuevos tomados no a
la realidad visual, sino a aquella que
sugieren al artista el instinto y la
intuición, tiende desde largo tiempo
al orfismo. Falta a los artistas ins­
tintivos, la lu cid ez y una creencia
artística; el cubismo instintivo com­
prende a un gran número de artistasSurgido del impresionismo francés es'
te movimiento se extiende entretanto
sobre toda Europa.
Los últimos cuadros de Cézanne y
sus acuarelas son de la jurisdicción
del cubismo, pero Courbet es el pa­
dre de los nuevos pintores y Andró
Derain, sobre el cual volveré un día,
fué el primogénito de sus hijos bien­
amados, pues se le encuentra en el
origen del movimiento de los Fauves
que fué una suerte de preámbulo del
cubismo y aún en el origen de este
gran movimiento subjetivo, pero se­
ría demasiado difícil hoy escribir
bien acerca de un hombre que volun­
tariamente se tiene a distancia de to­
do y de todos.

G orm an, p or o tra p arte. C um ple muy
cab alm en te este libro, el relato de la vida
da! a u to r de E xils, la cronología m in u ­
ciosa de u n a ex isten cia en la cual el es­
fu erzo y el ta le n to se u nen p a ra d a r re a ­
lid ad a u n a p e r s o n a l i d a d excepcional.
Joyce es el ejem plo del a r tis ta n ato, del
in te le c tu a l p u ro p a ra efl cu al el m undo
todo, es la v a s ta m a te ria que n u tre la
o b ra d'e a rte ; p ero a la cual sólo es po­
sible lleg ar escindiéndola, sum ergiéndo­
l e on su densa m area de azar, de bana­
lid ad y d e dram a.
G orm an nos c u e n ta el p ereg rin aje de
Joyce a tra v é s de flas ciudades de E u ro ­
pa, en lu ch a con la pobreza, ju n to a su
m u je r y su s hijos, soportando con ente­
re z a increíble la postergación in n u m e ra ­
ble, el rechazo de su obra, h a sta culm inar
en días apacibles d'e m adurez.
E sc rita a n te s de la m uerte de Joyce,
e sta o b ra alcan za el tiem po de la fam a
del e sc rito r en que el reconocim iento de
su genio es y a unánim e.
No vam os a c o n ta r aquí los detalles va­
liosos o interesantísim o!* que se rev elan
en sus p áginas. R em itim os a ellas al lec­
tor. en la seg u rid ad de q ue h a lla rá un
re la to com pleto, vivido de “un g ra n ca.
b ab ero y un g enial e sc rito r”.

•turgo, es su lector y consejero des­
de hace ya treinta años. La nutrida
correspondencia y la minuciosa lec­
tura previa de casi todos los traba­
jos de O’Neill, engendran, sin du­
da, una amistad y dan lugar a una
autoridad sobrada para hacer del
juicio de Clark un juicio exacto,
exhaustivo e inteligente acerca de
una de las formas más sorprenden­
tes del teatro moderno.
Dos aspectos estructuran la revi­
sión crítica que Clark ofrece en es­
te libro: El Hombre, es el primero;
luego Las Obras. Todo cuanto puede
acontecer en los varios e intensos
días de la vida de un hombre —
cuando este hombre es O’Neill— ;
toda ese aparentemente gratuito
II. R. L.
desesperarse en hórizóntes diferen­
O ’ n f .i l l . — El hombre y su O i'ra, por
tes, entre hombres también diferen­
Barrett H. Clark. Ed. Nora, Buenos
tes, todo ese vagabundear impres­
Aires, 1945. 208 páginas. Precio: $ 5.
cindible en años de riesgo y de ex­
cesos
donde la muerte y la vida for­
UGENE Gladstone O’Neill, de
man un sola sustancia maravillosa­
casi sesenta años de edad, naci­
mente plástica, toda la aventura y
do' en Nueva York, gran dramatur­
toda
la experiencia de vivir está in­
go universal y hombre de desbor­
cluido
en la representación que
dante personalidad artística enri­
Clark
hace
del Hombre O’Neill. Vie­
quecida en años de juventud intensa
ne luego su experimentación en la
y de azar, es la materia singular que
sustancia del arte- teatral, cuando
nutre las páginas de esta excelente
ya la otra experiencia, la del in­
biografía de Barett H. Clark.
creíble mundo de rostros y de pai­
El autor, erudito y crítico sagaz
sajes que vió constituían la profun­
del teatro mundial es más que un
da zona creadora de su espíritu.
conocedor profesional de la obra de
La segunda faz del libro compren­
O ’Xeill. Amigo personal del drama- de el análisis crítico ele cada una
de las páginas de O’Neill. El autor
traza su rápida historia —incluyen­
La escuela moderna de pintura me
do valiosos datos epistolares— y emi­
parece la más audaz que haya jamás
te
sus precisos puntos de vista.
habido. Ella lia planteado la cues­
De este modo, el lector asiste a
tión de lo bello en sí.
Quiere ella figurarse lo bello des­ una enumeración detallada y con­
cisa, donde cada drama, tragedia o
pojado de la delectación que el hom­
comedia está sometida al trasluz de
bre causa al hombre, y desde el co­
sus
opiniones. Deja este libro la sen­
mienzo de los tiempos históricos nin­
sación de una metódica disección
gún artista europeo había osado es­
to. Hace falta a los nuevos artistas del elemento teatral; es un libro útil,
una belleza ideal que no sea solamen­ no exento de originalidad, y, sobre
te la expresión orgullosa de la espe-' todo, construido con un método
sencillo y claro cuya primer volun­
cié, sino la expresión del universo,
tad es la de informar.
en la medida en que se ha humani­
zada en la luz.
Esto en cuanto al contenido del
volumen. Dos palabras acerca del
El arte de hoy reviste sus creacio­
procedimiento empleado por el au­
nes de una apariencia grandiosa, mo­
tor y su opinión frente a la obra y
numental, que sobrepasa a este res­
al hombre que comenta. El estudio
pecto todo cuanto había sido conce­
de la obra de Ó’Neill está realiza­
bido por los artistas de nuestra edad.
do, puede decirse, en función de sus
Ardiente a la búsqueda de la belle­
defectos, no de sus méritos visibles.
za, es noble, enérgico y esta realidad
Clark ha procedido en su análisis a
que nos aporta es maravillosamente
la inversa de la mayoría de los crí­
clara.
ticos frente a una obra consagrada
Amo este arte de boy porque amo
ya por el público universal. Siem­
ante todo la luz y todos los hombres
pre es la objeción la que resalta en
aman ante todo la luz, ellos han in­
sus juicios. Es dable suponer que
ventado el fuego.
O’Neill no pudo haber hallado me­
jor maestro y crítico de su gran
obra de artista que a este espíritu
alerta, sincero, y dotado de un agu­
do talento de análisis. Hay un apa­
rente frialdad en su procedimiento,
pero la lucidez y exactitud de su
opinión valoriza La obra así tan
conscientemente considerada.
El hecho sorprendente y final que
este libro implica es que, habiendo
Clark desmenuzado una de las es­
tructuras más extraordinarias del
teatro de nuestro tiempo dejando
desnudas los múltiples errores, los
fallidos propósitos, las fustradas
realizaciones que una obra litera­
ria lleva en sí, ésta resulta aún una
obra de genio.
El autor de esta biografía con­
cluye dejando en el ánimo del lec­
tor la definida figura de un artista
pleno, enfocado sin 'error de para­
laje. Las leyendas al gusto del pú­
blico, los elogiés convencionales y
siempre falsos, la hipérbole hueca,
están ausentes en estas páginas. Es­
tán 'en cambio presentes, el sereno
juicio, la crítica severa y la admi­
ración hacia uu gran talento uni­
versal.
Este libro ha sido escrito hace ya
algunos años, pero la presente edi­
ción —la primera en castellano—
trae agregado' un capítulo que espe­
cialmente ha escrito Bárret H .
Clark con el fin de actualizarlo en
ciertos detalles. La traducción —
muy correcta— es de Manuel Bar-

£

II

n

La Im p r e n ta L ópez
PERU

666

BUENOS

AIRES

Es
unaorganización completa
a l servicio del libro
Su participación en la creación de la industria
editorial argentina ha sido decisiva.- en cal idad, nos
d i c e n n u e s t r o s c l i e n t e s ; en c a n t i d a d ,
podemos a s e g u r a r l o
nosotros

LOS
berá, quien firma una breve intro­
ducción. Se incluyen también nu­
merosas láminas con escenas de di­
versas obras de O’Neill.
H. R. L.
Claude D ebüssy, Señor de los En­
sueños, por M aurice Du me s n i l .
Traducción del inglés por José Al­
berto A rrieta. Supervisión por
Miguel Daux-Deledicque. Buenos
Aires, Librería H a ch ette, S. A..
1945. — 302 págs.
libro es la primera biogra­
Esy:STE
fía novelada de Claudio Debussu primera biografía no-velada
—salvo error u omisión, la de Lockspeiser (Dant, 1936)— aun con su
invariable conducta de témpano es,
con mucho, preferible a la amable
tibieza de esta de Dumesnil. El sub­
género' que Dumesnil elige para en­
focar a Debussy comporta el com­
promiso de cualidades que él uo tie­
ne: todas las que hacen del Shelley
de Maurois un libro de excelente
lectura. Se puede perdonar a una
biografía honesta el no ser amena;
pero una b io g r a fía novelada no
puede prescindir de cierta calidad
literario-informativa ni rehuir la
contemplación del perfil estético del
biografiado. En cuanto a interés, el
de Claude Debussy, Señor de los En­
sueños —o por lo menos la defrauda­
da agradabilidad con que se lo lee—
disminuye, o se mantiene en su débil
proporción, que es lo mismo, a me­
dida que avanza la lectura; en cuan­
to a la apreciación de lo que es De­
bussy —y esto es mucho más gra­
ve— el lector avisado sorprende la
pérfida inclinación de Dumesnil por
lo peor de la producción debussystica: ‘‘Ahora, la Réverie de Debus­
sy goza de esa suprema consagra­
ción (la popularidad), y su Claro
de Luna ha conseguido un lugar en
el atril de todos los planos.” (pág.
5; passim). Se huele, durante todo
el libro, que el elogio, parco, de las
grandes obras de Debussy es más
obligación que devoción, y se cree­
ría de buena gana que ese Claro de
Luna acoplado a la Réverie no es
la versión original, pese a ser Du­
mesnil un distinguido pianista, sino
que pertenece a la serie de adapta­
ciones norteamericanas — con letra
— para coro mixto, donde cantan
«1 Bolero de Ravel con un texto que
d ice:
. . . la la la,
and the señoritas gay, . . .
Si la preferencia de Dumesnil por
las primeras composiciones de De­
bussy, profusamente difundidas en
Estados Unidos, es sincera, malo;
si no lo es, y aun si tendiera a la
más amplia difusión de la obra debussysta, peor aun, pues favoreciera
una deformación nada beneficiosa
para ésta.
La debilidad fundamental de la
obra se ve auxiliada por la traduc­
ción, no siempre acertada: ‘‘La mú­
sica de Claudio Debussy ya no se
discute. Su nombre acompaña a los
más grandes en el llamado Hall de
la Fama” (pág. 6); “ . . . un vino
que no era sometido previamente al
‘‘bautismo'” , conforme los france­
ses llaman humorísticamente al di­
fundido fraude que consiste en aña­
dir agua al genuino jugo de la uva”
(pág. 125; una más frecuente apro­
ximación a los clásicos españoles ha­
bría decidido al traductor a cerce­
nar la explicación, innecesaria para
nosotros); ‘‘También seguía activo
el general, esperando lo imposible
y que lograría recuperar algo”
(pág. 248; ambas esperanzas eran
sólo una); ‘‘Claudio trabaja como
un trovano.
(pág. 255; ¿homenaje
a Berlioz?) ; “ ...la llama de una luz
que resplandecerá eternamente sobre
nuestros musicales destinos” (p. 265;
peig.-.m.n.) que los músicos rusos,
p.roputarios de los ‘‘musicales des­
tinos , obsequiaran a Debussy);
Incendiaron la Iglesia y el Señor
Jesucristo. Y al viejo mendigo que

.

�CONTRAPUNTO

LIBROS
no tuvo tiempo de huir” (páf?. 280:
versión del Noel des enfants qui
n ’ont plus de maison: preposiciones
aparte, traducir “ incendiaron”, re­
lativo' sólo a cosas, donde el texto
francés reza “ ils oont brilló”, crea
la dureza idiomática del “ mendigo
incendiado”) ; “ Por primera vez
había llegado el v e r a n o ...” (pág.
301; por: empezaba el verano). Se­
ñalemos, también, la singular ver­
sión de Sites auriculaires (así se lla­
ma una obra de Ravel, y no Les si­
tes auriculaires, como se empeñan en
denominarla las páginas 188 y 247)
como' Sities auriculares (pág" 173),
más propios de Testut que de Euterpe.
Alguna errata (Daphnis et Cloe,
y no Chloé, como debiera ser, (pág.
170) completaría el cuadro de la
crítica formal, de no ser por algu­
nos errores de información que nues­
tro' desconocimiento del texto ori­
ginal no nos permite imputar con
certeza a autor o a traductor: “ En­
tre los trabajos de Satie, reclamó
la atención de Aquiles una suite
de tres piezas tituladas Gymncpédies, que le gustaron a tal punto que
decidió orquestar una de ellas”
(pág. 168). Ignoro, confieso, cual
fué la decisión de Aquiles, pero lo
cierto es que orquestó dos de las
Gimnopedias, la primera y la ter­
cera. (“ La Prendere et la Troisiéme feont orehestrées par Claude A.
Debussy”, reza la edición de la obra
en su forma original, Rouart, Lerolle et Oie., éditeurs.) “ —Un mo­
mento 1 —'exclamó Chevillard de re­
pente—. Conoce usted las canciones
de Moussorgsky?
“ Claudio no comprendía lo que
quería decir.
“ Hay una titulada Sin sol; el pri­
mer compás de usted es exactamen­
te como el primer compás de esa
canción.
“ Fué hasta sus estantes, sacó un
álbum y le enseñó la canción’ ’. (pág.
192.) Comprendemos que Claudio nc
comprendiera; pero la culpa era de
Chevillard: ¿qué le costaba expli­
carle que Sin sol es un ciclo, y es­
pecificar a cuál de sus seis melo­
días (Interior, Tus ojos me ignoran
entre las gentes, Los días de fiesta
han terminado, El tedio, Elegía,
Sobre las aguas) se refería?
Otros errores —ya más graves,
por ser conceptuales— son señalables: pág. 266; “ . . . Ejecutó tam­
bién con Hartmann una de las so­
natas de Grieg, con el propósito de
demostrar su admiración poT el com­
positor noruego, quien en ese en­
tonces era objeto de ataques por
parte del grupo de la Schcla Cantorum” . Quien quiera saber la ad­

miración de Debussy por Grieg, lea
las páginas relativas a este último
en su Monsieur Croché, antidilettante (selección de artículos perio­
dísticos, 8a. ed.. N. R. F., 1926, pá­
ginas 159 y siguientes): “ Enfin,
j ai pu voir 51. G rieg... De face,
il a l ’air d ’un photographe génial;
de dos, une fa§on de porter les cheveaux le fait ressembles á ces plan­
tes appeléss “ soled”, e'héres auz
perroquete et á ces jardins qui font
Uornement des petites gares de provinee. . . . On peut regretter que le
séjour de 51. Grieg á París ne nous
ait rien appris de nouveau sur son
art; il reste un m usieien délicat
qand il s ’assimile la m usique populaire de son pays, quoiqu’il soit
d ’en tirer le partí que 51.51. Balakirev et Rimski Korsakov trouvent
dans l’emploi de la musique populaire russe. Oeci oté, il n ’est plus
qu’un musieien adroit plus sou■cieux d ’effet que d ’a-rt véritable”
(págs. 161 y 162). Pág. 275, sobre
la novena sinfonía; 'según Debus­
sy, “ la idea tiene una belleza pro­
digiosa... cada progresión es una
nueva fuente de gozo”. Estas pala­
bras son, evidentemente, glosa de
un artículo de Debussy publicado
en la Reme Blanohe en 1901; el tex­
to (citado por Oh. Kóechlin en su
Debussy, París, H. Laurens, 1927,
pág. 114) reza: “ . . . á chaqué bond
qu’elle f a i t c’est une nouvelle
j-oie. . . ” ; y la s u s t i t u c i ó n de
“ bond” por “ progresión”, al cam­
biar un término purament motor
por otro con un definido sentido
musical, falsea el pensamiento del
autor. No es lícito, además, aunque
divertido, inventar una biografía;
pero' tampoco creo que lo sea —y
cito un ejemplo al azar— el que la
página 249 y el comienzo de la si­
guiente reproduzcan, en un orden
ligeramente alterado, las 306 y 307
del Claude Debussy et son temps de
Lean 5rallas (París, Alean, 1932),
máxime en un libro desprovisto de
•toda mención bibliográfica y que
defiende, en el cop yrigh t, “ todos
los derechos de reproducción total
o parcial y de adaptación escénica
o radioteatral” . Lo reprodueible, o
puede ser, en general, tomado de las
fuentes directas, o es no reproducible por naturaleza ( p i e n s o , por
ejemplo, en la opinión de Dumesnil
sobre Satie, pág. 168; lo referente
a su producción puede caracterizar­
se con uno de los adjetivos que Dumesnil aplica a su vida: “ epicú­
reo” (?).
En resumen: este libro, que no
allega nada nuevo al conocimiento
de Debussy (salvo algunas intimida­
des eo'n su segunda esposa, que el

autor conoció) carece de las condi­
ciones de información crítica de que
están provistas otrás biografías mu­
sicales (por ejemplo las magníficas
de Guy de Pourtalés), y está casi
enteramente desamparado de la ter­
nura con que René Peter trata el
mismo tema (Debussy, 3a. ed., París,
X. R. F., 1931). Vale decir que no
da Debussy a quien no lo tiene, y
es redundante (si no un poco reba­
jador) para quien ya lo conoce. Ca­
be indicar que dirigirse a una vasta
amplitud de lectores y la consiguien­
te mediocridad de propósito pare­
cen haber sido la invención del au­
tor.
I). J. I).

A n t o l o g ía , de Vicente Huidobro. Selec­

ción y prólogo de Eduardo Anguita.
Ed. Ziz-Zag, Chile, 1945.

LEGA a nuestro país esta antolo­
gía publicada en Chile, seleccio­
nada y prologada por Eduardo An­
guita, joven poeta chileno que con
justo entusiasmo ubica a Huidobro
como a uno de los poetas más im­
portantes de nuestro siglo, como al
“ poeta en estado puro, el hombre
cuyes ojos lavan el mundo que mi­
ran, tal como nos lo podemos ima­
ginar en los albores de la creación” .
Nunca se es exagerado ni se peca
de parcialidad en la valorización de
quien, como Huidobro, ha inven­
tado la poesía moderna.
Si bien su obra poética no se
adentró en la faz de estructuración
y construcción lograda por un Apoiiinaire o un Max Jacob, la gran
riqueza imaginativa, su exaltación
de la pura imagen inventada y la
joven vitalidad impregnada siem­
pre en ella, dotaron al arte poético
universal de una nueva sabia y de
un extraordinario aporte concep­
tual, legando al mismo tiempo una
perdurable obra personal.
Gran renovador y auténtico poe­
ta. Nuevo en su exacto sentido evolutivo y no de “ pose” novedosa (lo
nuevo no significa siempre calidad
y verdad, pero jamás se ha logrado
nada más verdadero y valioso que
aquello realizado en función de una
profunda renovación). Falsean la
presencia de un auténtico poeta en
Huidobro quienes se refieren dema­
siado a una supuesta actitud de ,‘po­
se para asustar a los burgueses”.
Su “ creacionismo” ensaya en medi­
da más clara, tal vez, que todos sus
contemporáneos ese arte trascenden­
tal del siglo veinte. 5fás feliz sn
verso que su prosa sobre este últi­
mo aspecto, mantiene en cambio en
toda su obra el plano de la dignidad
artística, sin claudicaciones ni re­
trocesos. Promoviendo nn fuerte
cambio y una clara orientación ha-

L

cía la abstracción inventiva, en sus
obras está presente ya ese porvenir
poético que ensayan boy en Chile y
fuera de Chile los valores jóvenes
que están por la verdadera poesía.
La presente antología, donde ha
primado uu claro criterio selectivo,
comienza cpn obras del año 1915 y
termina con un poema inédito es­
crito actualmente. Nos muestra así
treinta años del Huidobro creacionista, durante los cuales^ según opi­
nión de Larrea, todo lo que ha to­
cado sus manos se ha vuelto nue­
vo, lleno de fuerza y encanto.
Raúl Lozza.
C ielo L ejano , por R oberto A m ador Gar.
cía. E d ito ria l E spasa Calpe A rgentina,
S. A. 128 págs. Buenos A ires, 1944.
| O que p erju d ica este libro es la indis“ c rim in ad a acum ulación. U na severa
a u to crítica, un a generosa poda, 'hubiera
reducido m aterialm en te el volum en p a ­
r a g an ar en calidad.
E l balance fin al m u e s tra en R oberto
A m ador G arcía un lírico -discretam ente
dotado, de inclinación petrarquesca. Su
cu erd a incide sobre todo en el im pre­
ciso am or lejano y e n ól m iedo a la
m uerte, a lo absoluto.
E s lá s tim a que m uohas composicio­
nes del au to r, sostenidas por io menos
en un plano de dignidad a rtístic a , cai­
gan de nronto verticalm en te a n te la in­
terpolación de c u alq u ier triv ia lid a d o
•de a lg u n a increíble 'cursilería.
R escatem os algunos versos valederos:
L o ya sin rem isión, lo ya perdido
L len a el estéril hueco de m is manos.

novelistas del p aís que cum ple con su
destino, es decir, que tr a ta de re p re se n torio en su v a sta in teg rid ad . A rdua ta ­
rea, llev ar a la conciencia de los le c to re s '
la visión de n u e stra vida p a ra qu e fru c­
tifique en una responsabilidad colectiva
tendiente a m ejorarla.

A. D. K.
P lan de evasión , por A dolfo B io y Casa.
res (E m ecé E d ito re s), B uenos A i.
-res, 1945.
Q U E un hom bre joven, dotado de u n a
** in telig en cia poderosa, de una decisiva
facultad creadora, se d esen tien d a de la
rasió n , 6S -un hecho so rp ren d en te. Des­
co n cierta del m ism o mo.do que el ascotism o. Sobre todo a los que m iram os ol
m undo con sen su alid ad y lo a p re h e n d e ­
mos vorazm ente. Sobre todo a los qu e
pensam os en u n a v a s ta incom unicación
ue los seres con el universo y con si m is­
m os,falta casi total -de noticias que su e­
le corregir la pasión, haciéndonos c re e r
que nos tra e algunas, sino dignas de c ré ­
dito a lo m enos de aquellas que jo a y u ­
dan a uno a seguir viviendo. E se h o m ­
bre a que aludim os al com enzar esta s
líneas es Adolfo Bioy C asares. L os que
buscan c iertas líneas de El balcón de
BandeCaire o algunos otras de La vi ta
nuova o d eterm in ad as páginas de Dostoyesw sky o las can dencias tie rn a s de
W alter R aleigh o el convencim iento que
importa- re p e tir:
So ¡et us love, dear Love, like as we

.. . u n a lá stim a blanca de azucenas
Los siglos desm oronan su tristeza
sobre la espada de m i pena oscura.
F re n te a esos discretos aciertos, apa­
recen :
E sta indecisión botánica:
claveles de quizás - si.
cip rtses de quizás - no.
E s ta declaración de principios:
. . . y en razón de ser poeta y de ser loco.
E sta confianzuda reflexión:
Y ahora estarás tal vez, u n poco triste,
algo sólita y s o la ... ¿Nada dicest
S eguir esta s enum eraciones sería des­
p e rta r en el lector la suposición de u n a
anim osidad q ue no existe.
Desde sus bien construidos sonetos,
desde sus R om ances de la indecisión o
a p a rtir de poem as como Scherzo, Ro­
berto A m ador G arcía puede, exigiéndo­
se, re a liz a r un a labor poética d e m é­
rito p a ra la que c ie rta s com posiciones
de este lib ro au to rizan a suponerle ca­
pacidad.

L. B.

&lt; C a

m

&amp; v c Í cl

generación perdida , porJiíarr D ickm ann (S antiago Rueda, ed.). Buenos
A ires, 1945.

E sta

ni-CKAIANN d esarro lla esta novela con
v vigorosos trazos, m an eja vidas y p a i­
sajes de nuestro m edio con certeza,
a fro n ta d ire c ta m e n te las escenas y p re ­
se n ta en form a o b jetiv a la acción. A de­
m ás, al acu ciar el in te ré s entrecruzando
arg u m en to s paralelos y d istan tes, logra
a b a rc a r un am plio panoram a, el p an o ra­
m a de esta tie rra en d istin to s asp ecto s
y desde d iferen tes p u n to s de m ira.
“E sta generación p erd id a” in te re sa co­
mo fresco .donde se ponen de m anifiesto
algunos ca ra c te re s cuya p ersisten cia en
n u estro medio crea un verdadero, p alpi­
ta n te problem a. 'Porque si bien esa g e­
neración a la que alude el titulo, e stá
perdida, a sus com ponentes se los e n ­
cu en tra a cada paso. Uno de e-llos, es
F rancisco, el p ro tag o n ista, en éi, Dickm ann -ha configurado a un tipo de in d i­
viduo, E s ese se ñ o r anodino ta n di­
fundido, al que circu n sta n cias de fo rtu n a
y de arraig o -familiar, colocan en situ a ­
ción de ser re p resen tativ o , sin que e sté
habilitado por un a capacidad, -por n o r­
m as m orales p a ra desem p eñ ar u na -fun­
ción recto ra.
Mas, donde se en cu en tran los m ejores
acie rto s de D ickm an es en sus d e sc rip ­
ciones del in te rio r del país, en la p in tu ra
de tipos y costum bres. No n arrad o s, si­
no plasm ados p o r la a-oción y lo s diálo­
gos.
Las c u a tro c ie n ta s p áginas de e s ta no­
vela de fácil le c tu ra y de in terés crecien­
te, ab a rc a n m ás de c u a re n ta años de lo
vida de los perso n ajes. E n edlas podría
o b serv arse ta l o cual d e talle m odifica,
lile, poro su c a rá c te r panorám ico, la pu­
ja n z a de su tram a, llleva a la co nsidenición de que esto no puede ser motivo
de objeciones.
Max D iekm ann es uno ,de los pocos

[ ought:
Love

is the lessen wi ch the Lor d us
[ taught.

con las p ala b ra s de E dm undo Sipenser,
no e n co n trarán ningún agrado en las
pág in as de Plan de evasión a m enos que
tom en su títu lo literalm en te iy salg an
de vacaciones p o r unas pocas h o ras.
Sí; Plan de evasión e stá firm e y fría ­
m ente estru ctu rad o . E s un libro m ag n ifi­
co p a ra el au tén tico goce del pen sam ien ­
to. El -libro que yo (ta n -propenso a los
parén tesis, a las cargazones b arro cas)
m enos podría escribir. Con él Adolfo
Bioy C asares confirm a su a lta situación
un n u e stra lite ra tu ra , afirm ad a, después
de ciertos titu b eo s con La i nvención de
More-l, sin duda la m ejor novela de im a­
ginación que hab ía sido escrita en ,ia A r­
g en tin a h a sta entonces y luego con El
perjurio de la nieve, un a conm ovedora
h isto ria en que a tra v é s de la tra m a du­
ra y calculada trascie n d e un pro fu n d o
aire poético.
A hora llega este sutilísim o Plan de
evasión, un libro de a v e n tu ra cru el y de
m uchísim o horror. T rab ajad o con una
técnica p erfecta de -suspenso, le -hace un
saiudito irónico a La isla del doctor Morea-u de W ells y atac a u n a falencia del
hom bre, su m áxim a y a-terradora im po­
tencia de conocer, con u na exposición
vo lu n tariam en te folletinesca y, a rato s,
casi policial. S upera por com pleto el pe­
queño plan quirúrgico del doctor M oreau
y nos en cara con un desafo rad o qu e
pionsa a s í: “Como en u na crip to g ra fía,
en las d iferencias de los m ovim ientos,
atóm icos el hom bre in te rp re ta : a h í el
sa b o r de u na g o ta de ag u a d e -mar,
ahí el v ie n to en lais oscura^ casu arin as.
ahí una a sp ereza en e l m e ta l pulido, a h í
la frag an cia del trébol en la hecato m b e
del verano, aquí tu ro stro . Si 'hubiera
un cam bio en ios m ovim ientos de los
átom os de este lirio sería, quizá, el gol­
pe de agua que .derrum ba la re p re sa , o
una m an ad a de jira fa s, o la gloria, del
a tard ecer. Un cam bio en el a ju s te de
m is sentidos haría, quizá, d e los cu atro
m uros de esta celda la som bra de m an ­
zano del prim er h u e rto ”. E se g o b ern ad o r
de la Isla del Diablo q u ie re d e se n re d a r
la tram a del u niverso. E so no puede te ­
n er sino u n a saiida trág ica. Bioy 'Casa­
res m u ltip lica el efecto de esp an to con
una ponderada enum eración de hechos.
El gobern ad o r em b aru lla las -pobrísimas
íu en tes del conocim iento y ya nadie sa ­
be q u ién es quién ni donde se está. E s
aquí donde Bioy C asares se h a reh u sad o
m ás a la pasión. Los que cream os m ás
que todo en ella, 1© ipedimos (así sea
m entida) una fidelidad, p erm an en cia y
certid u m b re no sólo a l últim o “te q u ie ­
ro" (que ya puede e s ta r yéndose a pique
en el olvido) sino al universo q u e es -su
testigo. No te-ntaríam os, jam ás, u na es­
peculación de ese tono. P ero A dolfo
Bioy -Casares la h a ten tad o de u n a m a­
nera. m uy difícil de su p e ra r no sólo aquí
(país con u n a prodigiosa can tid ad de re ­
tardados literario s en los q ue — ta l vez—
v ald ría 4a pena ex p e rim e n ta ra el g o b er­
nador de Bioy) sino en otros lu g ares
donde la lite ra tu ra sirve p a ra algo m ás
que d escubrir el hecho asom broso (y un
poco rep u g n an te en su fijeza) d e que aL
m a hace el m ism o ruido que calm a o q ue
dos libros publicados saqueando a G ar.
cilaso, Lorca, G éngora, a u to riz a n a
so licitar cáte d ras, etc. Plan de evasión
tiene un estilo de noble despojam iento.
5 o. pecador en m illares de ad jetiv o s, en
frases a larg ad as h a sta io insoportable,
b a g o un acto de contricción fre n te a laprosa iim plda de Adolfo Bioy 'C asares.

TJilvses Peti't de 5Iurat.

APARECIO :

MEMORIAS DE LOS VIRREYES
DEL R.lO DE LA PLATA
d e s ig f r id o a . r a d a e l l i
Un voulmon de 610 pág in as; con ilu stracio n es

n o t ic ia

p r e l im in a r

e d i t o r i a l

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vovario acaba &lt;le exponer una colección de pasteles en la Asociación Arh„°aZ*n,Z5„¡m» *m * * »
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MAIPU 256

b a j e l
BUENOS A IR E S

�m .
CONTRAPUNTO

Pág. 16

REFLEXION EN TORNO A NUESTRA TAREA

D

m

E N T R O de tres meses
CONTRAPUNTO
cumplirá un año de vi­
da. N o es objeto de es­
tas líneas conmemorar por anti­
cipado un hecho que en la exis­
tencia de las publicaciones lite­
rarias es siempre de cierta noto­
riedad. Dejamos al juicio del lec­
tor el correspondiente balance de
nuestras tareas. Ahora sólo de­
seo hacer algunas reflexiones en
torno al ejercicio del periodismo
literario que C O N TR A PU N TO
practica hasta el presente.
C O N T R A PU N TO n a c i ó de
una necesidad. Det la necesidad
común de un grupo de escrito­
res jóvenes en conceptos, en pun­
tos de vista, en años. Ese grupo
no formó — ni form a— , como
ya se ha manifestado (ver edito­
rial del N 9 1, diciembre 1944)
una generación literaria, sino que
los integrantes de ese grupo par­
tirían "cada uno de su propia
singularidad” unidos en una si­
nergia intelectual. La necesidad
de abrir una brecha en el aire
enrarecido de nuestro medio ar­
tístico, la necesidad de una con­
frontación serena de valores y el
repudio sin gestos altisonantes a
todo aquello que no fuera con­
digno con nuestro sentido de la
vida y del hacer intelectual, for­
maron la plataforma de acción
para esta tarea que las páginas
de C O N T R A PU N TO v ien en
desarrollando a lo largo del año.
Viejo proyecto largamente me­
ditado por algunos de nosotros,
éste de fundar un periódico. Las
circunstancias unieron en cierto
momento los planes a la acción.
Teníamos problemas que plan­
tear y una obra desinteresada de
bien común que realizar. Por es­
to, C O N T R A PU N TO es una
consecuencia y un aspecto más
de la labor que, individualmente,
lleva a efecto cada uno de sus
integrantes como escritorer. No
ha nacido, está claro, a emulación
de ninguna contingencia (hay
publicaciones literarias que son
contingencias), porque una labor
de sacrificio — y no de juego de

literatos para literatos— en l)a
que va identificado el oficio del
escritor al del siemple vivir, no
se realiza por acción del mero
contagio.
Además.
además, si es u r­
gente el caso de buscar estímulos,
nuestro país cuenta con ilustres
genealogías; v. g.: el periódico
Martín Fierro, que cumplió la
única y no superada aún revolu­
ción artística en nuestro medio.
Seis números de C O N T R A ­
PU N T O — muy pocos por cier­
to — han bastado para crear una
hermosa real i dad: C O N T R A ­
PU N TO existe; C O N T R A PU N ­
TO ha engendrado un diálogo
con un p ú bl i c o que también
existe. La realización de los pro­
pósitos enunciados es su realidad
final, es el fruto que el tiempo
sazonará después. Desde sus pri­
meras páginas, ha querido hallar
al nuevo poeta, al nuevo novelis­
ta, al nuevo ensayista, y las ha
abierto a firmas desconocidas, ha
preferido la voz de los que no ha­
llan eco en un medio donde el has­
tío del snobismo, el clan y el re­
blandecimiento intelectual es el
largo bostezo que anticipa el sue­
ño letárgico de los satisfechos. Es­
tas páginas siguen y seguirán ejer­
ciendo aquella voluntad.
Decíamos — bueno es recor­
darlo tam bién— que C O N T R A ­
PU N TO no venía a negar con el
brulote y el enceguecido criterio
la obra mala o buena de nadie;
su intención es la confrontación
serena de un estado de concien­
cia intelectual y al mismo tiempo
el rechazo, también sereno, sin
aspavientos, de toda la maraña
adventicia que prolifera a expen­
sas de secretos jugos vitales. De
ahí que C O N T R A PU N TO haya
orientado sus columnas hacia la
gente que piensa y trabaja con
un nuevo sentido del quehacer
artístico. Esta novedad no la con­
cibe en una pretendida originali­
dad del ingenio, sino en el nuevo
sentido que la vida contemporá­
nea impone al arte despojándolo
de exterioridades y de falsedad

Por
H EC TO R RENE LAFLEUR
para ganarlo en pasión, en con-;
vicción firme.
Todo periódico, toda publica­
ción de arte que no signifique la
mera coincidencia antológica o
el desahogo de plañideras penas
personales, aspira a dejar con la
ayuda — o la enemistad — del
tiempo, una obra. En la medida
que su acontecer representa las
manifestaciones de un organismo
vivo, su permanencia para pasa­
do mañana cobra el,sentido de
documento probatorio del tiem­
po vivido. Esta inaprehensibilidad del tiempo que pasa, esta an-

cha textura de días y dilata­
das noches puede resolverse en dos
o tres hechos humanos que con­
densan en sí la memoria y la
digna ambición por explicar y
hacer posible el vivir común.
Quizá por vez p r i m e r a en
nuestro medio se da una publi­
cación de la índole de C O N T R A ­
PU N TO , en la que sus redacto­
res difieren en edad, en obras, en
gustos estéticos y en posiciones
de orden político (sobre este úl­
timo aspecto, cabe recordar qué
la diversidad de ideologías polí­

ticas está equilibrada por un pa-j
trón común: la fe democrática y
el repudio a toda forma de dic­
tadura). Esta heterogeneidad qué
por lo general suele ser factor ne­
gativo en el desenvolvimiento de
tareas intelectuales, en nuestro
caso ha constituido el resorte di­
námico del esfuerzo compartido.
Jóvenes poetas, jóvenes nove­
listas, jóvenes artistas argentinos
que creéis en una realidad mejor
V próxima para nuestra cultura:
C O N T R A PU N T O os saluda y
os agradece.

CO N TR A PU N TO
LITERATURA - CRITICA - ARTE
Cangallo 1219

59 Plao, dep. 22

T e lé f. 3 5-8278

Bueno» A ires

Secretario:
H éctor Rene Lafleur
Redactores:
León Benarós
A rturo Cerretani
Alejandro Denis-Krause
Daniel J. Devoto
Fernando G uibert
Raúl Lozza
Sigfrido A. Radaelli
Admin., Carlos Dolz
CORRESPONSALES:
Prov. de' Santa Fe: Nélida Esther Oliva.
Prov. de Crdoba: E. L. Rcvol.
Montevideo ( Uruguay) : Fclisberto Her­
nández.
Móxido D. F. : Carmen Toscano.

-------------------Precio del ejem plar................. $ 0.40
Exterior . .
dólar 0.15
Suscripción anual (en el país) $ 4.20
Número atrasado ................. $ 0 . 8 0
(Los giros y cheques deben venir a nombre
del administrador).

E l lo de agosto de 1945 los colaboradores y am igos de C O N TR A P U N TO ’ se reu n iero n en una com ida, e n el Gallo d’ Oro, para agasajar cu dos¡ de sus redactores9 L eó n
llenados y A rtu ro C erretani, prem iados en el Concurro M unicipal de L ite ra tu ra

SO LIC ITA D A
Referente a la nota “ 20 Artista:,,
Brasileños” en el último número (ju­
nio-julio) de la revista “ Latitud”,
ruego al señor director quiera dar pu­
blicidad en su importante diario a la
siguiente aclaración:
La exposición “ 20 Artistas Bra­
sileños” no es particular; vino ba­
jo los' auspicies del Ministerio de
Educación y del Servicio de Coope­
ración Intelectual del Ministerio de
Relaciones Exteriores del Brasil,
obedeciendo, por lo tanto, a disposi­
ciones constantes de tratados cul­
turales entre la Argentina y el Bra­
sil.Responde a la invitación formula­
da en julio de 1944 por la Direc­
ción General de Bellas Artes de la
Provincia de Buenos Aires, la pri­
mera invitación que se hacía a los
artistas modernos brasileños para
exponer en la Argentina, en el Mu­
seo de Bellas Artes de La Plata, cu­
yo director, señor Emilio Pettcruti,
incluyó entre los actc-s oficiales del
año 1»45 la iniciación de una sene
de exposiciones de artistas conti­
nentales, con el democrático prepó­
sito de “ acercar per todos los me­
dies los espíritus de los hombres re­
presentativos de los pueblos, y ra­
da mejor que un intercambio de
obras de arte puede servirnos al
objeto” .
No es esta exposición un panora­
ma completo del arte moderno bra­
sileño, pero es un conjunto, como
su título lo indica, de veinte valo­
res destacados. Diverses obstáculos
—por desgracia siempre se presen­
tan en iniciativas de esta naturale­
za— impidieren al organizador traer
otros valores destacados; por ejem­
plo; Cicero Dias, quien se encontra­
ba en algún lugar do la Francia en
guerra; Carlos Ecliar, soldado de
las fuerzas expedicionarias que lu­
chaban en Italia; en cuanto a¡-señor
Segall, lo visité al efecto en San
Pablo, cuatro meses antes del últi­
mo plazo para la salida de la expo­
sición, y, oportunamente, podrá ser
conocida la copia fotcstática de la
carta del pintor, en la cual, ccn su
habitual atención, me interina y la­
menta qué razones técnicas imv

sibiliten su concurrencia. Sin em­
bargo, esos y otros valiosos artistas
no fueron olvidados en el libro que,
sobre la pintura moderna del Bra­
sil, será lanzado en breve, por la
“ Editorial Pcseidón” de esta Ca­
pital, con un estudio del conceptua­
do crítico y profesor, Dr. Jorge Ro­
mero Brest.
Les valores presentados son vi­
ves y combativos. Todos se sienten
orgullosos de ser expuestos a sus
colegas argentinos, uruguayos y chi­
lenos, conociendo la necesidad de
esa aproximación urgente, artística,
ante todo, pues nadie ignora que
los artistas latino-americanos se des­
conocen casi por completo. Y es po:
este preliminar conocimiento que ss
puede organizar un efectivo y ló­
gico entendimiento, basado en el
justo valer artístico, político y mo­
ral de cada uno.
Referente a las convicciones ín­
timas del suscripto —sin las cuales
no le hubieran entregado obras los
artistas m á s absolutamente van­
guardistas de su país en todo sen­
tido— son por demás conocidas a
través üel mensaje conferido por
la Asociación Brasileña de Escrito­
res para la Sociedad Argentina de
Escritores, y leído en reunión espe­
cial de amistosa confraternización,
mensaje que fué comentado en la
prensa porteña.
Finalmente, en relación a les ctados Principios proclamados por el
Congreso de Escritores Brasileños,
en San Pablo, Principies que la re­
vista “ Latitud” reproduce en for­
ma destacada cinco meses después
de su publicación en los diarios bra­
sileños, cabe decir que el suscripto
fué elegido delegado del Distrito
Federal a ese Congreso. En él fué,
además, elegido secretario de la im­
portante Comisión de Derechos de
Autor y firmó los Principios Polí­
ticos del Congreso en uno de les
momentos más difíciles de la vida
brasileña, cuando ejercía, como aun
ejerce, un cargo de comisión en el
Mmisterio de Educación, el cual de­
pende directamente de la ? ’esidmcia de la República..
MARQUES REBELO.

-

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                <text>Valéry, Paul&#13;
Devoto, Daniel J.&#13;
Dillon, Enrique A.&#13;
Benaros, León&#13;
Girri, Alberto&#13;
Kaiser, Georg&#13;
Sosa López, Emilio&#13;
Oliva, Nélida Esther&#13;
Morais, Vinicius de&#13;
Arenas, Braulio&#13;
Salas, Alberto M.&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Torres García, Joaquín&#13;
Soldi, Raúl&#13;
Policastro, Enrique&#13;
Estarico, Leonardo&#13;
Apollinaire, Guillaume&#13;
Lafleur, Héctor René&#13;
Rebelo, Marques</text>
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I + Núm. 5

LITERATURA

HACIA UN M U N D O M E J O R
A los que pueden o írm e , íes d ig o :

No p ie rd a n

la

e speranza. La m is e ria que nos ha c a íd o e n c im a es sólo
la plaga p a s a je ra de la c o d ic ia , el re n c o r de lo s h o m ­
bres que tie n e n m ied o de to m a r el c a m in o del p ro g re ­
so de la h u m a n id a d . E l o d io de los h o m b re s p a sa rá , y
los d ic ta d o re s p e re c e rá n , y el p o d e r q ue a rre b a ta ro n
af pueblo v o lv e rá a se r del pueblo. M ie n tra s los h o m ­
b re s s ig a n

m u rie n d o , la lib e rta d

n u n ca p e re ce rá ...

P o r esto les d ig o , en n o m b re de la d e m o c ra c ia , use­
mos ese

p oder,

¡u n á m o n o s to d o s !

Luchem os

to d o s

p o r un m u n d o nuevo, un m u n d o de ce nte que p e rm ita
a to d o s d e d ic a rs e a su tr a b a jo , un m un d o que dé un
fu tu r o a la ju v e n tu d y s e g u rid a d y b ie n e s ta r a los a n ­
cia n o s. P ro m e tie n d o

estas cosas, g e n te s d e sa lm a d a s

han s u b id o al poder- ¡P e ro m in tie r o n ! No c u m p lie ro n
ta l pro m e sa . ¡J a m á s la c u m p lir á n !

¡L o s

d ic ta d o re s

c o n s ig u ie ro n su p ro p ia lib e rta d pero han e s c la v iz a d o
- les -púsoles! ¡L u ch e m o s-t odos, pues, p a ra lib e r t a r a l
m undo, para d e rru m b a r las b a rre ra s n a c io n a lis ta s , pa­
ra te r m in a r con la c o d ic ia , e| o d io y la in to le ra n c ia .
L u ch e m o s p o r un m un d o en que d o m in e la ra z ó n , un
m un d o donde la c ie n c ia y el p ro g re s o nos lle v e n a la
fe lic id a d de to d o s n o so tro s...
Ana... ¿Puedes o írm e ? D o n d e q u ie ra te

e n c u e n tre s ,

¡le v a n ta la c a b e z a ! ¡L e v a n ta la cabeza, A n a ! ¡L a s n u ­
bes se están a lz a n d o ! ¡E l sol está s a lie n d o ! ¡E s ta m o s
s a lie n d o
lu z !

de la o s c u rid a d p a ra e n tr a r de lle n o en la

Nos estam os a ce rca n d o

m un d o

a un m un d o nu e vo, un

m ás bondadoso, donde los h o m b re s se a lza­

rán p o r e n c im a de su c o d ic ia , sus o dios y su b r u t a li­
dad. ¡L e v a n ta la cabeza, A n a ! Las a lm a s de los h o m ­
bres han c o b ra d o a la s y al f in

está n a p re n d ie n d o a

v o la r. V u e la n h a c ia el a rc o ir is , h a cia la lu z de la espe­

f

&amp;

Éé 'Sht \m wk n dháfc#r irn

ranza, h acia t i, h a cia m í, ¡h a c ia to d o s n o s o tro s ! ¡L e ­

i V
*J IC-Jf-Úi -- —'/-Ti" --

. .

v a n ta la cabeza, A n a !

H om m e endormi, acuarela

Por
CARLOS

$
E S C R IB IR P A R A L E C T O R E S .

C A R L O S C H A P L I N : H acia u n m undo m ejo r.
J A C Q U E S M E R C A N T O N : Ja m e s Joyce.
D IA L O G O S D E L M E S .
A R T U R O C E R R E T A N I: G eorg K aiser.
M A R Q U E S R E B E L O : De u n D ia r io ...
G EO R G K A IS E R : Ju a n a.
W E R N E R B O C K : E l m uchacho y e l sapo.
C AR LO S

DRUMMOND

DE

m ayor.

ANDRADE:

Mundo

,

M IG U E L D. E T C H E B A R N E : L a Vida.
JO R G E D E L I M A : L á m p a ra m arin a .
O S O R IO D U T R A :

P oem as.

E V A R M E N D E Z : L a g e n eració n de p o e ta s del p e­

riódico “M artin H ie rro ” .
G U IL L E R M O DE T O R R E : Apollúnaine y la g e s ta ­

ció n de su s poem as.
d e M U R A T : E n u m era ció n h onda
y delicad a e n “E l R io D ista n te ”.

U L Y S E S P E T IT

LO S P R E M IO S L IT E R A R IO S DE 1945.

|

L E O N ID A S B A R L E T T A : Sin p ris a y sin pausaS E C C IO N E S :

¿ A d o n d e va la p in tu ra ?

C o n testan :

P e tto ru ti, E sp in o sa, P ie rri y De Santo.
Los L ib ro s , p o r: Sigfrido A. R adaelli y R aúl

Lozza.
Los tra b a jo s de los días.
R e v is ta de re v is ta s , p o r A. C.
R E P R O D U C C IO N E S E IL U S T R A C IO N E S D E : Por-

tiu ari, T assila, A u gustus John, P icasso , Gallien,
P e tto ru ti, Espinosa-, P ie rri, De S anto, N orah
B orges, Lino P alacio, Toño S-alazar, C enturión,
P alo m a r, P. Guitoert y otros-

PARA

OS acontecimientos han determinado el fin de un perío­
do de la historia, el que pasa al incierto reflejo que da
la limitada memoria de los hombres y no es del caso re­
visar en este momento ya que apremia la forja de un porvenir
mejor.
El escritor con la sugestión de su palabra, sus normas para
encauzar el pensamiento, su aguda sensibilidad, debe condi­
cionar la acción futura; es responsable, pues, de una ardua ta­
rea que cumplir, de una función social que desempeñar; por
lo tanto, se le requiere su más lúcido proceder, para que su
cometido sea eficaz en el concierto de las necesidades del hom­
bre. Si el escritor no acepta este deber, no podrá ser intérprete
de su tiempo — la actualidad y a — y su obra sólo atraerá el
asombro minoritario sin gravitación en un mundo pleno de
urgencias.
A dos o tres autores en lo que va del siglo podría aplicár­
seles la denominación de escritores para escritores, porque han
descubierto nuevas dimensiones en las obscuras zonas de la
inteligencia. Pero es el caso que en nuestro ambiente, abunda
una mayoría que sólo escribe con ese propósito. Tal actitud,
creada por múltiples factores, ha traído como consecuencia un
desarraigo total entre la masa de lectores y los libros que aquí
se producen. Se ha olvidado al lector, al simple lector, piedra
angular, soportal de toda página entregada a la imprenta, y
nada se escribe con el propósito de interesarlo. N o se escribe
para él. Hacerlo, se estima que sería subalternizar el Arte,
emocionar al pueblo y lo que pretende esa mayoría de escri­
tores es deslumbrar a otros del oficio con el descubrimiento de
extraños universos. Porque se comprende, al novelista que lee
a otro novelista lo primero que se le revela son las habilidades
técnicas, mientras que el lector una vez aprisionado por la
"trama’, sólo aquilata la mayor o menor emoción que le pro­
duce tal o cual pasaje. Hay que cambiar de ruta a la ambi­
ción. Porque así como no hay teatro sin espectadores, no hay
libro, nacido libro, sin público. Se ambiciona llegar, se ambi­
ciona una consagración, y aquí es del caso repetir la frase de
aquel notable maestro de la pintura francesa: "En mis tiempos

L

M IG U E L C A R L O S V IC T O R IC A : Oleo y a cu arela.

(Discurso final de la película
"•El Gran Dictador ” )

VICTORICA

ESCRIBIR

la c a b e z a !

C A R L O S C H A P L IN

Don Andrés Garmendia Uranga, óleo

MIGUEL

¡L e v a n ta

LECTORES

no se llegaba.” Hay que advertir, que-la amistad o reconoci­
miento de los escritores para un colega, la aprobación oficial
u oficializada de la tarea no involucra más que el juicio de
unos pocos, algunos de ellos carentes de condiciones de crítico,
y todos, lectores con determinado enfoque de especialistas, cu­
yas opiniones no deben pesar más que la del público en general
— público inteligente dedicado a otras actividades y de igual
valor humano muchas veces que el mejor de los escritores— .
Sin que lo enunciado pueda considerarse en desmedro de la
autoridad de los escritores, la aprobación de éstos, debe inter­
pretarse algo así como el otorgamiento de un diploma, que
habilita para una tarea en la que habrá que luchar por el logro
de los propósitos y que no da mérito de por sí.
El afán por el reconocimiento más o menos oficializado
de la tarea, el pronto abatir jalones para llegar, ha determi­
nado el olvido de los temas fundamentales que alimentan la lite­
ratura viva, los sentimientos universales, las características ge­
nerales de los pueblos. Así, se exalta a ingenios culteranos, a
malabarismos verbales, "pastiches” y toda suerte de conoci­
mientos aprendidos en otros libros. El párrafo grandilocuente
suple la elocuencia viva de un gesto captado en la calle. Ade­
más, el ser escritor para escritores obliga a conocer los gustos
personales de su pequeño público, sus tics, sus manías y, en­
tonces, en lugar de creer en la integridad viva del individuo
escritor con sus luchas, sus sufrimientos y sus, a veces, tontas
alegrías, se cercena la personalidad, se la dobla, se la retuerce
se merodea, se hace política "intelectual’, y es necesario que
de este resurgimiento del mundo ensangrentado surjan afanes
mas puros, seres más dignos a los que su estatura humana im­
ponga admiración y no burlonas sonrisas. Para ellos los amplios
horizontes, la gran tarea de que los principios sustentados por
el escritor esten consubstanciados al cabo del tiempo con su
PuebH, porque de él ha extraído los zumos para su brebaje
y a el es a quien está dedicado.
’
Escribir para lectores, para simples lectores es conocer la
tierra en que se vive, es tender la mano a los hombres que
nos rodean, es saber y es enseñar.

««tefe-

�Pág. 2

C O N T R A P U N T O

(CONCLUSIÓN)

E

LLA se confunde para él con su
conciencia de hombre y de artista
que le impone una regla más severa
que la de la fe que ha abandonado.
Es la significación moral del hombre,
que se expresa para él en su deber de ar­
tista y que sobrenada implacable en ese
mar de dudas, de ilusiones trágicas y de
fantasmas grotescos que es la vida. La
que, a su regreso con Bloom después del
episodio de Circe, cuando él se burla de
esta "substancia simple y por consiguien­
te incorruptible”, resiste también a la
irrisión. Y en Blomm, que, adepto de la
fe, del progreso y la ciencia, no admite
nada más que la inteligencia producida
por las circunvoluciones del cerebro, el al­
ma también se hace oír en los mejores
momentos dé su monólogo interior. Es
ella la que lo empuja al recuerdo del
hijo, y es ella la que después de la gran
escena de Circe, sana y salva aunque
Bloom haya descendido hasta él nivel más
animal de su ser, lo levanta y mientras él
se inclina con una ansiedad paternal
sobre Stephen desvanecido, suscita- ante
sus ojos fatigados la imagen de su hijo
crecido, sonriéndole en uniforme de co­
legial de Eton. Es el desenlace del drama.
Y no hay drama sino allí donde hay hom­
bres capaces de representarlo, donde alguna
cosa en el ser humano presenta una su
perficie sólida a la aprehensión estética,
donde el artista no se conforma con di­
solver la realidad para reconstruirla con
la ayuda de los magníficos recursos de
su arte, sino donde desprenda esa cosa
desconocida refractaria al análisis, la con­
firme en su ser, la engrandezca y la ele­
ve hasta el drama. El arte por .sí sólo no
crea el drama: hace falta una realidad,
moral si se quiere, tomando esta pala­
bra en su sentido más general, que el ar­
te sea bastante fuerte para transfigu­
rarla, para convertirla. Se necesita un
sujeto sufriente y una causa secreta a
sus sufrimientos. Recordemos las admi­
rables proposiciones que enuncia Ste­
phen en el Retrato del Artista Adoles­
cente:
"Piedad es el sentimiento que paraliza el áni­
mo en presencia de todo lo que hay de grave y
constante en los sufrimientos humanos y lo que
une con el ser paciente. Terror es el sentimiento
que paraliza el ánimo en presencia de todo lo que
hay de grave y constante en los sufrimientos hu­
manos y lo une con la causa secretad’ (1)

Solamente el más perfecto equilibrio en­
tre la piedad y el terror suscita la emo­
ción trágica. N i un segundo se rompe el
equilibrio en este largo drama del "U li­
ses” que se desarrolla sin más apresura­
miento ni atraso que la marcha misma del
mundo, en un perpetuo presente.
Tan es así, que no hay acaso en la
literatura un libro más serio que este
gran libro cómico, ni obra más grave,
más consciente de las responsabilidades
del hombre que piensa y que crea, na­
da que sea más digno de esta realidad
ineluctable de la vida que ella imita, de­
forma, atormenta, que estira y socava, a
la que presenta los más crueles espejos y
de la que prolonga los ecos más discor­
dantes que hace pasar a través de los pris­
mas, las cribas y el infierno espiritual de
la conciencia más exigente, del pensa­
miento más voluntario, a través de la
sensibilidad más subjetiva y más severa.
No hay obra de arte que reúna más com­
pletamente la vida y todo lo que ella
contiene desde lo más bajo a lo más ele­
vado, dé lo más superficial a lo más pro­
fundo, sin tomar partido por o contra
la vida. Esta gigantesca sátira hiere todo
simulacro de realidad y se sabe cuanto
soporta cada minuto, cada expresión de
nuestras vidas: pero no toma partido por
o contra lo que hay de fundamental en
la realidad humana: no quiere inclinar
él espíritu hacia el terror o la piedad,
hacia lo que atrae o disgusta. Yo sé que
falta cierta cosa: la mujer en principio,
en este eterno femenino que no es el de
la naturaleza carnal, sino el de una na­
turaleza siempre virgen, siempre fecun­
da, siempre más alia de las gestas y de los
deseos del hombre; también el niño, en
su belleza tan intrépida y su divina igno­
rancia dé la muerte. Pero no im porta; por
una vez, el arte está a la altura de las
pretensiones que expresa: crear un mundo
más verdad que el mundo. Esta obra,
que lo coloca en tan gran peligro, le da
( 1)

Edición Biblioteca Nueva. Madrid.

una butína conciencia. Y parece que
ninguna obra se halla mejor dotada para
conservar su valor y su belleza ante una
experiencia verdaderamente profunda de
la vida y no es menos digna de esos mis­
terios que quedan después de toda obra de
arte, la voluptuosidad, el sufrimiento, la
muerte, porque no los explote, porque no
use de los artificios del sentimiento y de
la pasión, porque no se proponga nada
más que tomarlos en su detalle cuotidia­
no, dar una imagen familiar, objetiva y
sobria, ni disminuida ni agrandada, una
imagen hecha de lo trágico y lo cómico,
para construir un mundo un poco más
sólido, un poco más convincente que el
de nuestros sentidos: un mundo cuya
belleza difícil y luminosa no suscite ni
repulsión ni atracción, pero deténga el
espíritu en su punto de perfecto equili­
brio. Esto es lo que diferencia este libro
de otras tantas obras brillantes, persuasi­
vas y amables, én el que el arte emplea
todos sus prestigios y sus habilidades pa­
ra seducir a los corazones, y lo que lo
aproxima a las grandes obra antiguas.
Quisiera tomar como ejemplo la fi­
gura de ese joven ciego que se ve pasar
en muchas ocasiones por las calles de Dublin, que acaba de afinar el piano de las
sirenas y al que Bloom, que es filántropo,
ayuda a cruzar la calle. Oid las reflexio­
nes de Bloom en tanto que guía los
pasos del ciego, contemplad al ciego que
de cuando en cuanto aparece en la es­
quina de una calle como cualquier otro
transeúnte y decid si alguna vez se ha
tomado mejor partido en él gran debate
espiritual del sufrimiento humano, si al­
guna vez se ha explotado esto menos, si
alguna obra de arte se ha mostrado más
digna de lo que hay de trágico cuotidia­
no en el destino del hombre. Qué falta
hace que el artista planeando invisible
como el dios de la creación por encima
de su obra, se haya hecho señor de su
propio destino y se haya hecho objetivo
ante su más íntimo sufrimiento. Pero ja­
más un escritor ha hablado de sí mismo
de manera tan directa y con tanto candor.
En el corazón de Stephen sentimos algo
de su tormento y de su fatiga moral, así
como vemos su ciencia, su intransigen­
cia y ese caos íntim o al que él se empeña
diariamente en dar forma. Aun más, en
el largo monólogo lírico de Stephen al
borde del mar, Joyce evoca sus recuer­
dos de juventud, sus miserias, sus errores,
sin la menor preocupación de adoptar
una pose. Ninguna confesión o confiden­
cia que siempre suponen cierta coquete­
ría. Un hombre que no tiene ya nece­
sidad de ocultarse cuando ha tenido el
valor de escribir el "Ulises”. Un hombre
qué no quiere seducir los corazones por­
que su corazón es fuerte. Tan fuerte
que se ha atrevido a una obra tan obje­
tiva. Porque en efecto, en tanto que un
hombre no sale de sí mismo, no crea na­
da: pero en tanto que no ha regresado
profundamente a su propio interior, en
tanto que no se ha sentido solo ante el
caos de la vida, en tanto qué él deje
no importa qué cosa exterior arrogarse
un derecho sobre su yo más desnudo, no
es libre para crear. N o se atreve a de­
cirlo todo. ¡Y hay que decirlo todo!
Y ahora, ¿cómo definir este mundo
cerrado en que cada objeto material,
transformado, es más fuertemente mate­
rial, donde la nat jraleza se funde en un
universo espiritual, y hay una más tica
consistencia del alma? Un infierno, sí,
si no se quiere ver en Joyce nada más
que una visión católica del mundo, un
infierno cuya terrible justicia va hasta
este admirable incendio de Dublin, en el
episodio dé Circé, que es una de las pá­
ginas más poderosas, más despojadas y
más limpiamente cósmicas del libro:
¡Dublin se quema! ¡Dublin se quema! ¡Está en
llamas. En llamas!

Pero frente al Joyce católico, yo qui­
siera erigir al Joyce griego. " Ulises” se
abre con una invocación al mar y a la
belleza griega que el mar simboliza eter­
namente: Buck Mulligan desde lo alto
de la torre compara el color del mar que
se extiende ante él en la luz del alba, al
del sucio pañuelo de la nariz que Stephen
le ha prestado para limpiar su navaja de
afeitar:

J A M E S
Por
T R A D U C C IÓ N DE JOSÉ
Retrato del Artista Adolescente ha lava­
do las quemaduras de su conciencia dé
adolescente y le ha hecho ver una pri­
mera imagen de la belleza que él quie­
re dar al mundo.
Pues bien, si hay qué dar un patrón a
Joyce, yo no elegiría a Homero ni a
Aristóteles, sino a aquel en el que la sabi­
duría griega ha encontrado su expresión
más audaz y su plena grandeza. Es en el
mundo de Heráclito, que el mundo de
Joyce hace soñar: un mundo que es un
eterno devenir y gran juego de una di­
vinidad invisible, un mundo dé error, de
injusticia, de sufrimiento y de contra­
’

'

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' fe,
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Y Stephen mira el mar, que ya en el

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Retrato a lápiz de James Joyce\ tomado del natural por Augustus John , actualmente en la
colección de la señora Murray Crane

dicción en su perpetuo fluir, un mundo
que parece el juego de un dios y que no
ofrece nada más que irrisión a la mirada
del pensamiento, dramática pesadilla sin
pasado y sin porvenir y que pasa en un
presente inaprehensible, pero donde t-na
intuición más poderosa descubre un rit­
mo en el devenir, leyes ineluctables en el
juego, una unidad en esta diversidad caó­
tica, la augusta justicia de Zeus ejercién­
dose en el centro mismo del drama de
las contradicciones y de los sufrimientos,
un eterno y magnífico incendio regido
por una justicia más rigurosa que todas
las voluntades morales del hombre. N o
existe visión más pesimista del mundo,
nada que responda mejor a un designio
poético, nada qué dé mejor cuenta de
ese gran juego dramático donde todas las
existencias se oponen y se hunden, del
que "Ulises” nos ofrece la imagen. Y es
bastante instructivo que a éste gran au­
tor cómico que es Joyce, haya que darle
como patrón al filósofo orgulloso y soli­
tario, al que la tradición impone la más­
cara más triste que haya llevado jamás
un rostro humano.
*

El mar verde moco. El mar cscrotogalvanizador. Epi oinopa ponton! Ah, Dedalus, los grir
gos! Tengo que enseñarte. Tienes que leerlos en
el original! Thalatta! Tbalatta! Ella es nuestra
grande y dulce madre. Ven y mira.

pensamiento ensancha el espacio para lan­
zar a él nuevos mundos, y es toda la obra
de Joyce la que habría que presentar aquí
como un universo inagotable en el que
cada creación mantiene con las otras muy
ricas relaciones, donde cada obra adquie­
re una significación más profunda en el
plano de una verdadera vida de artista.
Chambe\r Music encierra acaso el secreto
de la profesión de Joyce y de su genio
verbal; los cuentos de Dubliners son una
primera vista fragmentaria y sin íínea
de perspectiva lejana y simbólica del
medio objetivo dé Dublin, de las existen­
cias, de los cortos destinos con los cua­

"Ulises” es un mundo cerrado que se
basta a si mismo, por debajo del q m se
mantiene invisible el pensamiento de su
autor. Este pensamiento no se agota en
una obra, ni aun en la más vasta: este

les Joyce compondrá el estilo universal
del "Ulises”; éste, en fin aparecerá a con­
tinuación del Retrato del Artista Adoles­
cente como un nuevo episodio de la vida
de Stephen a la vez y como el libro que
Stephen se preparaba a escribir. H ay re­
laciones más particulares, más sutiles,
que se proseguirán sobre muchos planos:
un poema de Chamber Music puede ve­
nir a habitar el corazón del abatido Ste­
phen del "Ulises”, la silueta de Leopoldo
Bloom atraviesa ya alguno de los cuen­
tos de Dubliners, el infierno de la ca­
verna de Circe tiene ya raíces en este in­
fierno cuya descripción tan detallada pa­
raliza la conciencia del muchacho del
Retrato del Artista Adolescente. Hay
lugares constantes: Dublin, por ejemplo,
que forma el centro de la obra de Joyce;
el lugar, que hemos visto en cada uno
de sus libros y que volveremos a ver en
W ork in Progress: ni lugar geométrico
en donde el escritor introduce lo qué él
quiere, ni decoración (Dublin no es ja­
más descripto), ni siquiera a medias.
Dublin es mucho más: corazón nutricio,
héroe siempre de pie, fuente del mito y,
en W ork in Progress, verdadera esfera
cuyo centro está en todas partes y la cir­
cunferencia en ninguna. Si su im portan­
cia parece disminuida en el Retrato del
Artista Adolescente, la implacable nece­
sidad con la que el destierro se impone al
joven artista al final del libro, prueba
que sigue siendo grande. Finalmente, de

una obra a la otra a través de las meta­
morfosis del arte de Joyce se vuelve a
hallar esta alianza de una posición ob­
jetiva interplanetaria, del artista fren­
te a la vida y del estremecimiento íntim o
de un alma terriblemente ligada a la vi­
da, esta alianza todavía de una extraor­
dinaria sensibilidad cerebral que analiza
y pesa cada parcela de relidad y de una
potencia lírica que arrastra toda la rea­
lidad. No se puede abordar W ork in Pro­
gress, por diferente que sea del resto de
la obra de Joyce, sin conocer esta obra.
Cada libro de Joyce es profundamente
diferente dé los que lo han precedido,
imprevisible, verdaderamente nuevo: ca­
da vez es una creación en rompimiento
con lo anterior, pero unida con lazos or­
gánicos al pasado. Es necesario conocer
ese pasado, como en la Historia, no para
explicar sino para aceptar cualquier tras­
torno por venir, como hay que buscar en
una larga tradición el fermento mismo de
la revolución más imprevisible y más
completa. Y tenemos aquí un sumario in­
forme sobre una verdadera y muy rara ca­
rrera de artista. Una obra no es nada más
que una tentativa: el artista no se con­
tenta con experimentar sus medios y los
del arte. Pero si cada obra supone una
tentativa, cada obra es una conquista, y
el artista sigue una carrera sin detenerse
ante nuevos obstáculos. Si se detiene, si
se imita, si descansa sobré sus obras, no
se destruye solamente a sí mismo sino
también a sus obras cuya vida y signifi­
cación debilita poco a poco. H ay un ar­
ma oculta en toda actividad artística, la
cual, de la misma manera que da la vida,
da la muerte. N o .hay que volver esta
arma contra uno mismo y contra las exis­
tencias frágiles que no se fortalecen si­
no cuando su autor las entrega a su des­
tino.
Yo no comentaré W ork in Progress.
N o es todavía tiempo de hacerlo y creo
más útil tratar de preparar al lector el
acceso a una obra tan nueva, tan cerrada,
tan compleja en el pleno sentido de la
palabra, de inducir en él una disposición
de espíritu que le haga esperar esta obra,
y desearla. Empresa literaria que va le­
jos, mucho más allá de lo que se puede
pedir a la poesía: hay que despertar
nuestras exigencias. Nada, aun después
del "Ulises”, permitía preverla; ha naci­
do enteramente en el cerebro de su au­
tor, como el mundo en el de Dios. Y sin
embargo, igual que los filósofos proceden
con respecto al mundo, trataré de hacer
sentir que era necesaria, que viene a lle­
nar un vacío que el espíritu puede ig­
norar mucho tiempo, pero en el que no
puede dejar de pensar cuando ha adqui­
rido la trágica conciencia. Y yo plan­
tearé dos preguntas:
¿Qué cosa más natural que requerir
del artista el significado de las palabras
de que se sirve y de qué están hechas
esas palabras y cuál puede ser su conte­
nido? ¿Qué cosa más natural que pedirle
que descomponga una vez ante nuestros
ojos, al mismo tiempo que sus sílabas y
sus timbres, su significación, y luego re­
construya esa significación? Le hemos vis­
to analizar sus medios de expresión, des­
componer el lenguaje en su sintaxis y en
su gramática: prosigue sobre las pala­
bras mismas, el trabajo que ha h e ch o has­
ta aquí sobre sus asociaciones. Del mismo
modo que en química se ha descompues­
to la molécula en sus átomos, y los áto­
mos en elementos más pequeños toda­
vía, así el artista descompone las pala­
bras en sílabas, aun én letras, para hacer
nuevas síntesis.
¿Qué cosa más natural, por otra par­
te, que pedir al artista que se ocupe de
esta vida nocturna, casi desconocida, que
constituye el tercio de nuestra vida?
¿Qué cosa más natural que pedir al arte,
que se ha ido interesando poco a poco en
las partes más ocultas y más irraciona­
les de la vida psicológica, que ha busca­
do su materia, a veces su forma, en los
más secretos lugares del alma y el cuerpo
que lleve hasta el fin su búsqueda y se

�1

. 'J-1"H'.« i" '

Pag. 3

CONTRAPUNTO

JO YCE
MERCRNTON
M O R A G U A R N ID O
introduzca y nos introduzca con él, en
ese sueño que no entrevemos aun sino por
m uy breves y raros fulgores?

una justificación del capricho, una nue­
va inspiración más libre para él arte, un
dominio todavía no explotado que per­
mite cualquier arbitrariedad y cualquier
Estas dos preguntas reúnen en su enun­
facilidad. Desde hace mucho tiempo, es
ciado los dos elementos esenciales de
cierto, algunos grandes enamorados de
W ork in Progress, o si se quiere, su for­
la noche, algunos entusiastas de la muer­
ma y su materia. Los dos aparecen en
te y el sueño, nos han dado la nostalgia
"Ulises”. Desintegración del lenguaje que
del país adonde Tristán e Isolda trans­
conduce a nuevas asociaciones de sílabas,
portan
su amor. Pero la embriaguez pasa,
a la caída de ciertas letras y de ciertas
la
voluptuosidad
se desvanece: volvemos
desinencias, a palabras recompuestas so­
a despertar sin otro recuerdo que algu­
bre otras palabras, a combinaciones por
nas imágenes apenas visibles todavía, sin
analogía, en donde las palabras se trans­
otro beneficio que una herida en el co­
form an, se desenvuelven, se organizan y
razón que no cicatrizará: quedamos en­
se descomponen a lo largo del libro co­
tre dos reinos que mutilan nuestra alma.
mo lo hacen en la historia de la lengua.
Rimbaud sé ha mofado de nosotros como
N o es ya la palabra, es la sílaba, a veces
de sí mismo: no ha trazado un camino
un fragm ento de sílaba, lo que llega a
para que le sigan; en resumen, él tampoco
ser la célula orgánica del lenguaje. Pero
ha regresado. Con Joyce es otra cues­
esta operación que no es nada más que
tión: la potente y lógica construcción
accidental en el "'Ulises”, que Joyce
del universo del sueño, una elaboración
no ha practicado nada más que en cier­
paciente y racional dél mundo nocturno
tos pasajes, 'llega a ser constante en
donde toda realidad conocida encuentra
W ork in Progress. Aquí las palabras for­
su lugar, donde toda vida sufre su meta­
man una nueva materia: ninguna pala­
morfosis, donde todo objeto, todo pen­
bra queda intacta, ninguna palabra se samiento, toda figura gana su verdadero
hurta a la metamorfosis. Y no es un
simbolismo, donde nuestra vida entera se
solo idioma, el inglés, el interesado en es­
descubre. Es con otros ojos, con otros sen­
te trabajo; colaboran un número indefi­
tidos y otros pensamientos con los que
nido de lenguas: una palabra inglesa se
necesitamos sin duda rehacerlo; las le­
transformará bajo la influencia de un
yes del universo visible no rigen ese nue­
nombre propio, por ejemplo, de una pa­
vo mundo. Pero quedan intactas, sin em­
labra rusa, y, por una o dos letras, por
bargo, las leyes fundamentales, aquellas
u n sonido, en una palabra francesa tal
que el artista restaura y de las que hace
como se ve en el estribillo de una can­
el designio general de su obra.
ción a la moda alrededor de 1900. Se
No tiene importancia el saber si la ten­
descubrirá de inmediato la complejidad
tativa de Joyce debe quedar como una
del fenómeno.
excepción en la creación literaria: ella
" Ulises” ya utilizaba ampliamente las
será más excepcional, cuanto menor sea
lenguas extranjeras. Mucho más si este
su éxito. Pero el universo que él inventa
libro es uno de los monumentos de la li­
es un universo objetivo, válido para todo
teratura inglesa, superará el marco de
pensamiento, al menos todo pensamiento
una lengua como ningún otro libro lo
de artista, que no piense sino con su for­
ha hecho hasta ahora. Las traducciones
ma, fundada sobre las normas de una ri­
francesa y alemana de "Ulises”, que han
gurosa verdad estética. Lo que he dicho
tenido el raro privilegio de ser revisadas
de la objetividad de un libro como " Uli­
por Joyce mismo, constituyen una trans­
ses”, es verdad también para W ork in
posición del fenómeno poético sobre otros
Progress. Sin contarnos sus pequeños sue­
puntos de la tierra, en otros lenguajes,
ños y sin fingir tenerlos en plena vigi­
menos puro sin duda, menos perfecto,
lia, Joyce no nos lleva tampoco al Pa­
pero igual de potente acaso, igual de raíso. Si no es un fumador de opio, no
decisivo para el porvenir de esos idio­
es tampoco un místico. El muchachito
mas y de su literatura.
que en Araby, se encanta de los presti­
Hemos visto en otra parte el lugar que
gios y él poder que presiente en el soni­
se dedicaba al sueño, a lo subconsciente,
do de una palabra, no es tampoco un
en el " U l i s e s la gran escena de Circé,
místico del lenguaje. Si se deja seducir
no es otra cosa que una larga, lógica y
por las palabras es para hacerse su señor.
llameante alucinación. Pero aquí hay que
Su trabajo es un verdadero trabajo de
marcar bien la diferencia. N i el menor
artista, lógicamente conducido, adheri­
elemento de la pesadilla es desconocido
do al objeto tanto más fuertemente cuan­
para el lector. Cada figura, cada palabra
to que este objeto tiene menos consisten­
está en relación con un hecho relaciona­
cia, donde nada se ha hecho al azar. Una
do en el correr de las seiscientas páginas
fantasía poderosa no tiene necesidad de
que preceden, sea un acontecimiento ex­
contenerse: desborda siempre al esfuerzo
tensamente descripto, o un recuerdo fu ­
razonable. Un artista no cultiva el azar,
gitivo en la conciencia de Bloom o de
que sabe bien no le falta nunca en la
Stephen, un pensamiento bien desarro­
vida, sobre todo en la del arte y que no
llado o una alusión apenas comprendida.
constituye la grandeza de una obra sino
En W ork in Progress entramos en la vida
cuando la obra ha luchado con él hasta
nocturna sin conservar ningún punto de
amanecer.
referencia afuera. Se olvida la luz; todo
Por esto no hay que temer el presentar
pasa en el sueño y la noche. Insistiré en
el trabajo de Joyce de una manera de­
esto más abajo, porque es el aspecto más
masiado sistemática. Me propongo vol­
importante de la obra y el punto de vis­
ver
a la teoría estética que Stephen des­
ta en el que hay que colocarse para com­
envuelve al final de Retrato del Artista
prenderla.
Adolescente y ver cómo esta teoría es
La literatura moderna ha buscado en
aplicada en W ork in Progress.
el sueño, en la vida inconsciente y noc­
Se recordará que Stephen busca de­
turna, nuevos recursos que ha querido
terminar las fases de la aprehensión esté­
hacer fecundos. Pero se ha encontrado
tica, según los caracteres de lo bello tal
frente a una alternativa: o bien esta in­
como los define Santo Tomas: A d pu-lvestigación del dominio de lo inconscien­
chritudinem tria requiruntur: integrite se hace desde el punto de vista de la
tas, consonantia, claritas. Integritas, es
vigilia, descubriendo en las profundidades
decir,
la imagen estética percibida como
de la vida psicológica elementos de cono­
un
todo
bien delimitado sobre él fondo
cimiento y no extrayendo sino aquello
inconmensurable del tiempo y del espa­
que puede aclarar la vida del individuo,
cio que no es esta imagen. Se le aprehen­
los móviles ocultos de sus actos, en su­
de
como una cosa y como un solo todo.
ma, lo que puede utilizar. N o de otra
Consonantia, es el análisis de la aprehen­
manera procede la ciencia de los sueños
sión después de la síntesis de la percep­
en Freud y sus discípulos: no se ve en
ción inmediata. Después de haber sentido
la noche y en el sueño sino un plano
posterior más confuso, más vasto, in­ la imagen como una cosa, se siente que
es una cosa: compleja, múltiple, separa­
controlado, de la vida consciente y de la
ble, compuesta de partes, resultado y su­
vigilia. O bien se busca en el sueño una
ma de estas partes. Se la percibe en el
liberación frente a la lógica, a la razón,

equilibrio balanceado de esas partes én­
tre los límites del conjunto, en el ritmo
de su estructura. Estos dos caracteres son
verdades de todo objeto de conocimiento
y no dé todo objeto estético. Stephen
tiene el cuidado de evitar todo "charla­
taneo literario” y se sabe que lo hay en
todo discurso sobre la belleza, hasta en
el admirable Poetic Princip de Poe, y des­
pués de éste, hasta en Baudelaire. Pero si
Stephen no está exceptuado de ciertos
defectos tradicionales del artista, no hay
en él ningún dandismo, ni el más noble.
He aquí cómo define la tercera propiedad
del objeto estético: claritas: lo que hace
que se perciba el objeto como él mismo y
no como otro. Es la verdad de los esco­
lásticos, síntesis entre la integritas y la
consonantia. El artista percibe esta cua­
lidad suprema, casi identidad, que cons­
tituye el claro centelleo de la imagen es­
tética y da el luminoso y silencioso equi­
librio del placer.
Pasemos del día a la noche: no nece­
sitamos nada más que tomar el contra­
sentido de esas definiciones. Integritas-,

aun: hablaba hace poco de este límite del
arte que "Ulises” representa. Con W ork
in Progress ese límite retrocede más aun.
Pero es un límite, el de nuestras exigen­
cias, también el de nuestra potencia del
placer, también finalmente el de los me­
dios del artista y el poder de expresión
del lenguaje. Por lo cual este estado de
equilibrio es un estado límite, una su­
prema dilatación de la vida y de su senti­
do, una pausa encantada ante la explota­
ción del caos. Un segundo de más: al sue­
ño sucede la más terrible pesadilla que
arrastra y tortura toda imagen, anula to­
da significación y destruye las fuentes
mismas de la vida y del pensamiento:

cuerdos, las existencias, el río siempre
nuevo donde ningún pensamiento se la­
va dos veces, y la noche desciende en la
caída lenta y cada vez más resbaladiza de
las frases, se extiende sobre el fin del
texto, cubre las voces, apaga el último
canto. He aquí, en otra parte, el sueño
del niño, el primer dormir y el primer
sueño el que no pasa más y hace la fuen­
te de todos los sueños de la vida, y la
dicha, y la paz, la dulzura del hogar, los
padres, la cuna de este primer sueño que
ya rodean figuras de pesadilla, y la ma­
dre que consuela y que hamaca, aquella
que está siempre en el fondo del corazón
del hombre y que lo mecerá en su último
sueño:

...Dentt das Schóne ist ri.chts
ais des Scbrecklicben Anfang, den wir noch
grade ertragen.

"Hogar, dulce hogar ”

Estamos aquí frente al último ángel,
el más bello, el más peligroso, aquel cuya
presencia deja apenas subsistir al hombre.
Y ahora, pensad en la noche: tratad de
recordar vuestros sueños sin interpretar­
los ni coordinar sus circunstancias. ¡Có­
mo se precisa cada detalle, cómo la reali­
dad sensual de un objeto, cómo el valor
espiritual de una palabra es más fuerte
que en el estado de vigilia! ¡Cómo cual­
quier sensación, cualquier sentimiento, es
ilimitado, cómo, fuera del control de la
razón, ponéis vuestra vida entera en el
acontecimiento más fugitivo, cómo un
gesto dura mucho tiempo y cómo una vi­
da pasa rápidamente. Este hombre os ha­
bla, le dais otro nombre, es otro hom­
bre y no os asombra. El tampoco se
asombra de jugar su nuevo papel. Os en­
contráis en esta habitación qué pasa co­

James Joyce (sentado, con gafas) con su ar„ igo John Quitin, Madox y el poda Ezra Pound,
en el estudio de éste en París

no se distingue más el objeto sobre el
fondo del tiempo y del espacio: contie­
ne el espacio y el tiempo indefinido, se
confunde con ellos, se pierde con ellos,
los deja, o bien solo o bien disuelto en
los otros objetos. No constituye más un
todo distinto: lo absorbe todo y es ab­
sorbido por todo en una especie de mo­
vimiento alternativo. Consonantia-. más
relación definida entre las partes, el ob­
jeto es o más bien pesado de un lado, o
más bien ligero, o más pequeño o más gran­
de, o bien indivisible, o bien disgregado,
nunca armonioso, desprovisto de forma,
como cualquier figura de sueño. Claritas,
finalmente: no es nunca lo que es: lo
es todo y es otro, es lo que no es. Sin
cesar se introduce en su ser algo extra­
ño y lo transforma: así, hay una pala­
bra cualquiera dé la que una sílaba da
lugar a la de otra palabra. Así, el perso­
naje cuyas solas iniciales quedan: H. C. E.
Podríamos continuar este juego en de­
talle. No conduce sino a hacernos sentir
cuán profundamente cambian las con­
diciones del arte en una obra como W ork
in Progress, como transforma la condi­
ción nocturna de un libro los caracteres
del objeto estético, cómo sobre todo a un
estado relativamente estable sucede una
continua movilidad, una metamorfosis
incesante, un devenir que ningún acto de
intelección puede detener. Sería necesario
en seguida restaurar la estética del Re­
trato del Artista Adolescente, conside­
rando el nuevo objeto creado y cómo las
reflexiones de Stephen se aplican de nue­
vo bajo su forma positiva. Pero es la
transformación lo que nos importaba.
Volveríamos a hallar la percepción de lo
bello, y la belleza misma concebida como
un estado estático, un equilibrio. Más

mo el campo tras las ventanillas de un
tren. Alguien os habla en árabe o grie­
go, le contestáis en su idioma. Notad
cómo un detalle del vestido, por ejemplo,
os parece importante, decisivo, como si
no llegáseis ya nunca, a limitar el signi­
ficado de nada, como si una sola palabra
colmase el corazón. Descended todavía
más al fondo del sueño: se os aparecerá
como un relámpago de conciencia sobre
una inmensa vía desconocida. Iréis pre­
sintiendo poco a poco, que és allá le­
jos, en el fondo del sueño, en el término
de esas fugitivas claridades del sueño don­
de se desliza el gran río dé vuestra vida
que se mezcla a la del universo, que es
en el cuerpo de esas fugaces sombras,
tan pesadas a veces, coloreadas y sensi­
bles, donde pasa vuestra historia y la del
hombre, que en lo más hondo de la no­
che se va a despertar el mundo. Y he
aquí W ork in Progress: toda la historia
de los hombres, los mitos, todos los hé­
roes aparecen allí según las articulacio­
nes y el ritm o de la fisolofía de Vico.
Ningún punto de partida útil se sirve
de una teoría cómoda, de la cual no se
inquieta mucho por saber si es verdadera.
He aquí a Dublin, y el río Liffey, Anna
Livia la sirvienta, la dulce mujer, la dio­
sa, y dos lavanderas que cambian algunas
palabras mientras agitan sus trapos, y to­
das las historias que caen de la ropa su­
cia y todos los ríos del mundo que pasan,
se deslizan en sus palabras, todo el uni­
verso líquido, su vida y su música, y el
río océano que también corre, y la noche
que cae lentamente sobre las dos mujeres
poco a poco mudas, metamorfoseadas en
piedra y en árbol. Las palabras contienen
los ríos, los ríos arrastran las palabras en
su curso con todas las leyendas, los re­

La madre consuela al niñito que llora:
"You were dreamed, dear. The pav-drag ? The
fawthrig ? Shoe. Hear are no phanthares in the
room at all. No bad jaathern, dear one. Opop
opap capullo, muy malinchily malchick. Gotbgored father dowon followay lomollow the lucky
load to Lubin for make bis througbass grossman’s bigness. Take that two pieces big slap slap
bold honty bottomside pap pap pappa.
"Li ne dormís ?
"S : Malbone dormas.
"Kial li Kial nokte ?
"Parolas infanete. S.
"Sonly all in your imagination, dim. Poor liltle
brittle magic nation, dim fo mind. Shoe to me
now, dear. Sboom of me. Wbile elvery st’eam
winds seling on ¡or to keep this barrel of bounty
rolling.”

En este pasaje relativamente fácil, en
el que Joyce juega con el inglés, el ruso
y el latín, se ve a qué música, a qué ple­
nitud de lenguaje y de sentido, a qué
embriaguez del espíritu alcanza por las
palabras. Pero no hay que contentarse
con esta embriaguez: hace falta explo­
rar las palabras, medir sus implicaciones
y verlas enriquecerse con una significa­
ción cada vez más bella, cada vez más
grave y precisa: hace falta que su músi­
ca conmueva poco a poco las partes más
refractarias, las más exigentes de la in­
teligencia y del alma. Algunas de esas
palabras penetran hasta en esa noche de
la que nacemos sin acordarnos de ella y
que habita aún en el fondo de nosotros.
La precisión científica del " Ulises” da
la vida, nada más que la vida, sólo que
más potente. El gran juego de W ork in
Progress, su virtuosidad, su danza con­
ducen a la necesidad ineluctable sin la
cual no existe obra de arte. Necesidad que
impone cada frase, cada palabra, y nos
obliga a todos, obliga a todo el universo
a poner su vida más profunda en esta
obra. Aquí nos volveríamos a encontrar
con Mallarmé y su libro: aquí todavía,
en el solo pasaje que he citado, podemos
sentir cómo este límite extremo del ar­
te concentra a la humanidad cuotidia­
na. Y he aquí que, por encima de los
diversos lenguajes que hablan los hom­
bres, se eleva una sola lengua de una
potencia mágica, cuya substancia con­
tiene todos los sabores, las sabidurías e
imaginaciones del alma humana, toda su
historia, sus mitos, este peso profundo
del hombre que ninguna obra ha medido
aun. Nunca se ha ejercido un poder tan
fuerte sobre la carne viva y débil de las
palabras, nunca se ha extraído de ellas
tal plenitud de sonido, de sentido y de
energía, jamás se ha exigido hasta tal pun­
to que las entendamos. Y yo creo que es
en esto en lo que reside la dificultad de
esta gran obra, no tanto en la erudición
que supone, no solamente en las impli­
caciones casi inextricables que contiene,
ni tampoco en las fuerzas de intelecto y
de imaginación que pone en ejercicio, si­
no más bien en el peso inusitado, en la
resonancia inaudita de las palabras que
estamos habituados a oír tan ligeramente^
en la formidable síntesis verbal que ame­
naza ensordecer oídos demasiado débi­
les y apagar espíritus mal despiertos. Pa­
ra comprender una página no basta con
tender toda la atención, llamar en ayu­
da toda nuestra ciencia y sus facultades
de análisis: hace falta también que el
espíritu y los sentidos se dilaten, que la
vida entera gane poco a poco la inten­
sidad y las dimensiones que alcanza, por
relampagueos, en el sueño: hace falta que
el cuerpo y el alma sean bastante fuer­
tes para abandonarse a esta embriaguez.
Pero en el término de este esfuerzo, en
la cima de este encantamiento, ¿no ha­
bremos sentido pasar por nuestra alma
pequeña y solitaria una corriente de la
vida universal? En el fondo de esta hu­
manidad mal explorada que duerme en
lo hondo de nosotros, a cubierto de las
claridades del día, ¿no alcanzaremos nues­
tra verdadera substancia de astro?

�I

CONTRAPUNTO

Pág. 4

DEL MES

W ERN ER BOCK
— Permítame antes que nada expresar
mi profundo sentimiento de gratitud a mi
patria de adopción, la Argentina. Mis
bienes materiales he tenido que dejarlos a
mis enemigos los nazis. A veces me pre­
gunto dónde podrán estar mis libros, mi
vieja biblioteca de más de 5.000 volúme­
nes reunidos en tres generaciones, mis
cuadros queridos... Pero esto ya pertene­
ce al pasado. Mis bienes íntimos he podi­
do importarlos a la Argentina, sin pagar
por ellos flete ni derecho alguno de
aduana.
—Si recuerda usted que junto a sus
libros y sus cuadros perdidos yacen millo­
nes de muertos y escombros de ciudades,
hallará sin duda un motivo más hondo
de tristeza, pero al mismo tiempo de re­
signación también.
— Es cierto. Hoy, como argentino ya
arraigado, cuento con numerosos amigos
y compañeros espirituales. Debo mencio­
nar entre éstos a Eduardo Mallea, espe­
cialmente estimado por mí. Este escritor
ha demostrado una gran comprensión de
mi obra. Lo mismo digo acerca de la ju ­
ventud intelectual de este país; su buen
acogimiento me estimula a continuar mi
trabajo. La sensación de plenitud espiri­
tual que me brinda esa comprensión, ha­
ce más decidido mi gesto de dar espaldas
al Viejo Mundo y lanzarme de lleno al
Nuevo Mundo.
— Habiendo transcurrido ya seis años
en ésta tierra, ¿siente la necesidad, o la cu­
riosidad por lo menos, de escribir sobre
temas argentinos?
— Lejos de mí, después de una estada
de casi seis años, muy pocos para conocer
a fondo a un pueblo, el considerarse con
derecho a opinar sobre los problemas de
la cultura argentina. Aunque le diré que,
pese a esta razón, muchas son las perso­
nas que me han sugerido tentar esa tarea.
— De todos modos, como escritor sen­
tirá, sin duda, la necesidad de responder,
aunque sea a usted mismo, a los diversos
planteamientos de problemas que, por
otra parte, son los eternos problemas de
la cultura en general. Nuestro país podrá
ofrecerle, descartando lo típico nuestro,
el fenómeno de la vida espiritual con to ­
dos sus altibajos. ¿Qué es lo que le llama
más la atención en la vida espiritual ar­
gentina?
— Pese a lo ya dicho, de no describir u
opinar sobre temas argentinos, compren­
do que estoy participando en la vida ar­
gentina en la medida de mis posibilida­
des. Si se refiere usted, concretando su
pregunta, a la literatura argentina, le di­
ré que no quiero ni debo ponerme "an ­
teojos rosados” . No debo callar los pun­
tos negros que mis ojos ven.
— En principio, es interesante que us­
ted mire sin cristales de ningún color. A
los extranjeros, en general, se Ies cree y
estima aquí por su capacidad de elogio,
que luego en su país o en cualquier otra
parte se transforma en la enumeración
prolija de los "puntos negros” ... N o nos
advertían que nos miraban con anteojos
rosados.
— ¿Le diré qué es lo que ante todo
salta a mi vista? Bien. En el centro de
Buenos Aires existen cantidad de joyerías,
en cuyos escaparates se ofrecen en la
misma hilera exactamente los mismos
modelos de collares, brazaletes, prendedo­
res, etc. Aparentemente, todos están en­
gastados o hechos de un mismo metal

£ O N T R APU NTO inicia con estas columnas una
serie de conversaciones con escriTores extran­
jeros residentes en nuestro país. Temas de actua­
lidad, tópicos de interés óomún, impresiones ge­
nerales acerca de los problemas de la cultura se
irán tratando en estos breves diálogos, en los que
las opiniones de intelectuales europeos y america­
nos reflejarán, si bien en forma sumaria, aquello
que no siempre aparece dicho en el libro o en la
publicación fragmentaria. Reflexiones sobre lo
circunstancial cotidiano, también sobre lo rela­
cionado con el oficio del intelectual, es voluntad
de consignar en estas charlas.
El Secretario de C o n t r a p u n t o , H é c t o r
René Lafleur, abre esta sección con la palabra
de Werner Bock, escritor alemán, ya familiariza­
do con la vida argentina. En la imposibilidad de
vivir en la atmósfera letal de la Alemania hit •
lerista, Werner Bock ha llegado a nuestra tierra
y se ha convertido en ciudadano argentino. Nació
en Gtessen, en 1893. Descendiente de artistas y
hombres de ciencia, Bock pertenece por su for­
mación cultural a la tradición espiritual huma­
nista del occidente europeo. Poeta y cuentista, cor
labora desde hace un tiempo en reviitas y diarios
del país. En 1943 publicó en Buenos Aires una
colección de relatos "El Eterno T ú ” (Ed. Amer'r
calee). Posteriormente, un volumen de prosa
en su lengua de origen. En esta entrega de C o n ­
t r a p u n t o se publica el cuento "El Muchacho y
el Sapo”.

amarillo y brillante'; en realidad, el oro y
el bronce alternan en ellos. Las piezas de
bronce equivalen al importe de un par
de zapatos; con las de oro es posible ad­
quirir un yate en el Tigre.
— Es quizá una cuestión de sagacidad
de los joyeros. Confían seguramente en
el espíritu de selección del público. ¿Qué
le sorprende?
— Le diré lo que me sorprende. He no­
tado que sólo en este país se presenta sin
distinción especial artículos de bronce y
de oro, bajo una misma apariencia. En
todos los países que conocí, los objetos
son de oro y de bronce, pero se los ex­
hibía separados. A cada metal le corres­
ponde una distinta jerarquía.
— Puede ser una virtud. Es posible que
el público de Buenos Aires entienda que
las joyas poseen una jerarquía por sí mis-

mas, que no han menester de una dife­
rencia de parte del joyero.
— No busque usted atenuantes. ¿Qué
me contesta usted si le digo que lo mismo
he notado yo en la vida cultural argen­
tina? ( y ya estoy opinando, ¿verdad?, no
obstante haber prometido lo contrario).
— Veamos. Eso es lo que deseo, que
opine. Sin palabras ni anteojos rosados.
— Note usted esto: en las librerías, en
los periódicos, en las revistas, escritores
de cuarto y quinto rango aparecen mez­
clados a los de primer rango. El "dilettantismo” más cruel y superficial, inmedia­
tamente al lado de la obra magistral. Re­
cuerdo ahora lo dicho por Wasermann
acerca del "dilettante” : "éste tiene el
arte fuera de sí y pretende ganarlo; el ar­
tista lo lleva dentro de sí y quiere libe­
rarse de él”. He aquí la diferencia funda­
mental, la clave de todo arte auténtico.
— Creo que todo arte, por muy grande
que sea, siempre arrastra cierto adventicio
"dilettantismo” (Sigo "dilettantismo” ,
no "snobismo” ) , que si bien constituye
su material banal, puede serle necesario
a su materia profunda. Hay una miste­
riosa simbiosis de lo inútil con lo ne­
cesario que nadie puede desbrozar.
— De acuerdo, Pero yo advierto aquí
la gravedad del hecho al no hallar un lí­
mite visible entre el "dilettantismo” y el
arte. Las fronteras las encuentro borro­
sas. Lo falso aparece yuxtapuesto a lo au­
téntico de un modo maravillosamente
hábil. Quien no pueda discernir por ins­
tinto en este laberinto lo equívoco de
lo que no lo es, tomará siempre de nuevo
el oro por el bronce y éste por aquél.
— En última instancia, lo que impor­
ta en literatura es su razón de relación
con el hombre. Si lo "dilettante” es lo superfluo, después de haber obrado como
un fermento — o como un lastre— que­
dará al final como un sobrante, como un
residuo sin sangre en el organismo de la
cultura. N o quiero decir con esto que no
reconozca su nefasta patología.
— Importa siempre que no se confun­
da el material. Stefan George, en la bús(Sigue en la pág. 11)

D E U N DIARIO ...
P or

M A R Q U E S

El término medio cabe a las
almas mediocres. La vida necesi­
ta ser completa para ser vida. Y
se pasa un día y el pensamiento
se afina o se complica: la vida
necesita ser vivida para ser vida,
no sufrir cabe a las almas medio­
cres. De ellas nada queda. Renun­
ciar al dolor es cesar de vivir.
*

Si el viento zumba terrible, no
recriminemos al viento : él des­
empeña su papel. Desempeñemos
nuestros papeles. He aquí todo.
¿Cuántas veces no fuimos vien­
tos devastadores en la vida de
los seres?
*

Sensación de olvido, de ausen­
cia; el tranvía corre. De repen­
te, vuelvo al mundo sin que nin­
gún movimiento del mundo me
hubiese solicitado. Sol brillante,
cielo azul, tantos hombres. El
mismo cansancio. Siento que hi­
ce una pequeña Experiencia de
muerte.
*

Toda acción es tristeza. Cada
gesto, cada movimiento, cada ac­
titud, representa dolor. Como si
matásemos algo dentro de nos­
otros. Y lo mejor es callar. Mi
corazón y el mundo hablan un
lenguaje distinto.
*

La juventud es un terreno de
errores. Mimí y Florcita atrave­
saron ese terreno como Jesús so­
bre las aguas. Llegaron a los
treinta años, solteras, puras, pia­
dosas, enteramente dedicadas a la
vieja madre que hoy muñó, y a

REBELO

los sobrinos que las enterrarán.
*

N o soy nada, nadt¿ absoluta­
mente. Pero sé bien quién es
grande y quién no lo es.
*

Me siento asfixiado. N o es que
las cosas que yo tenga para con­
tar necesiten de libertad. ¡No!
Pero siento que sólo puedo escri­
bir cuando hay la libertad para
escribir lo que yo quiera.
*

Sábado. A quí estoy en el si­
lencio de la casa vacía, sin valor
para nada. El sol canta en la calle
con las chicharras. Canta inútil­
mente. Ella no irá de mi brazo,
ligera y grácil, por estas calles
con claridades, bajo este cielo
azul, en la alegría de esta prima­
vera. Un día más perdido, ente­
ramente perdido.
*

Cuando todo parecía que era
melodía extinguida, he ahí que
vuelve la vieja música del cora­
zón. Es la misma, la misma me­
lodía antigua, donde, al par que
algunas notas sombrías, corre un
largo y alegre soplo de primave­
ra. Si es la misma, el corazón es
otro, envejecido, castigado, escép­
tico, gastada caja sonora que re­
produce mal los sones antiguos,
que los deforma, que lo$ desafina,
que los arroja como sones pertur­
badores e inopor trinos.
*

Desaliento... Nadie puede amar
u odiar conforme a sus deseos.
( Traducción de Raúl Navarro )

GEORG KAISER
Por

A RTU R O CERRETANI
A relación de Georg Kaiser con el pú­
blico argentino data desde hace va­
rios años, cuando una conocida intérpre­
te dió a conocer aquella joya del teatro
contemporáneo — que tan poco represen­
ta al autor— y que se denomina "U n día
de Octubre” . La misma intérprete, mu­
chos años después, elige’, para establecer
un nuevo contacto entre público y autor,
otra producción que tampoco lo repre­
senta cabalmente: "Vals” . Entre ambas
obras representadas, alguna publicación
de sus piezas teatrales que —estas sí—
dan un indicio de su exacta personalidad.
A pesar de ello, no cabe decir que exis­
te un verdadero contacto del público
criollo con la labor realizada por Georg
Kaiser, dramaturgo exasperado que acaba
de morir en Suiza, un poco víctima de la
intolerancia criminal que había sentado
GEORG KAISER
sus reales en su patria de origen. Su fa­
llecimiento — ocurrido tan oscuramente
tafísico. Y ésta es su mejor manera, la que
— no es tampoco lo más a propósito para
lo estabiliza en una dramaturgia del fu ­
poner de relieve su nombre en momentos
turo y que lo hace escapar a la estratifi­
como los que corren. A veces la muerte
cación en que cayeron sus contemporá­
no concede un primer plano del cual sólo
neos.
puede ser responsable la verdadera pos­
En el sentido indicado logra su mejor
teridad.
"expresión” con "El incendio del teatro
Y es que Georg Kaiser, como Toller
de la Opera”, pieza en la que están pa­
(otro muerto a destiempo), representa
tentes todas sus cualidades y en la aue hav
un aspecto sobrepasado de la tarea artís­
que rastrear, para anotarlos, algunos de
tica. Siendo modernísimo, actualísimo, se
sus más oscuros defectos. Defectos aue,
dá el caso paradojal de su origen, insta­
por otra parte, son de escuela v de ma­
lado ya en el tiempo. Para situar más o
nera, más que de imperfección íntima.
menos exactamente a Georg Kaiser, es
Aquí también se rehuye, el drama indivi­
necesario remontarse a aquella generación
dual. Aquí también se emplea el estilo te­
alemana que procedente del naturalismo
legráfico. También aauí no se trata de
un poco ingenuo de la primera manera de
entes
con su propio nombre (remanentes
Hauptmann, y rebasando el corte de raíz
de
una
individualización odiosa oara él
que impusieron Stefan George y Rilke,
dramaturgo) sino que se los denomina
abrieron el camino a la expresión exalta­
(va aue para asegurar la existencia de la
da de un Heinrich Mann, por ejemplo.
obra
dramática había que denominarlos
Fué aquello una suerte de neo-roman­
de alguna manera, sin pensar que contra­
ticismo: preeminencia de un "ego” ac­
decía de ese modo la raíz íntim a de su
tuante a modo de pantalla, fuerza y vio­
procedimiento) sino que se denominan
lencia exasperada de las pasiones por ex­
por algunas de sus características diferen­
temporáneas que pudieran presentarse,
ciales. Pero todo esto es lo menor: es el
magnífico crescendo de una idea abrién­
oscuro defecto. Lo aue aueda del drama,
dose camino a brazo partido, con sacrifi­
precisamente lo que hace de ello un gran
cio de todo lo demás. El período elocuen­
drama moderno, es la ferocidad de la
te de corte clásico, quería convertirse en
exaltación, la rigurosidad con aue advie­
frase telegráfica; la idea clara tomaba la
ne acuello aue Tilgher llama la revela­
forma de una nebulosa, pero con fuerza
ción de lo Absoluto convirtiendo al pro­
arrolladora para seguir adelante; la psi­
tagonista en un verdadero ( v lo aue es
cología terminaba de pronto sacrificada
más curioso, en un "natural” ) protago­
a la expresión: no se presentaba la evo­
nista de tragedia.
lución de las pasiones, se la daba toda
"U n soplo vertiginoso, monstruoso v
entera, de golpe, alentada por un soplo
poderoso — escribía Tilgher en La scena
de infinito. (Esta particularidad se hi­
e la vita, studi snl teatro contemporáneo—
zo aguda con George Kaiser, a quien lo
alienta en los dramas de Georg Kaiser, v
Absoluto, según la observación de Adria­
emnuja a los personajes adelante, siempre
no Tilgher, se presenta siempre como
adelante, a la búsaueda de lo Absoluto.
una repentina revelación).
Un buen día, de pronto, el Absoluto se
Todos estos — o casi todos— factores
oresenta en sus mentes y, de pronto, ellos
románticos, tuvieron eco inmediato en
se han puesto en camino para conquistar­
aquella humanidad alemana que buscaba
lo. nara poseerlo, marchando rectamente
entonces, y encontró después, conducto­
hacia adelante, con la inflexibilidad de una
res capaces de llevarlos a la totalización
fuerza natural” .
de la tragedia: sólo la muerte violenta
Con interesante argucia crítica el co­
fué capaz de paralizarlos. Y tuvieron, por
mentarista
anota de oué manera "el es­
dos veces todo lo que necesitaban.
critor hace el vacío ante sí. anula todas
Antes aue Kaiser, Fritz von U nruh y
las fuerzas retardadoras v adaptadoras de
Ernest Toller (y con estos W alter Hasenla vida, de manera aue la marcha no ten­
clever, de quien conocemos un curiosísi­
ga resistencias que vencer v llegue al fi­
mo "Napoleón” y una pieza breve cuyo
nal. fatalmente señalado desde el prin­
titulo se nos escapa ahora), realizaron la
cipio” .
tarea de "expresar” esa ansiedad total
En "El incendio del teatro de la Ope­
alemana. Fueron asi un poco hijos de
ra” el Absoluto revelado es de carácter
Wedeking quien, en el teatro, se opuso el
ético. El motivo inicial, el impulso trans­
primero a la lloradera de Hauptm ann, así
formador, no tiene importancia. En este
como el mayor de los Mann debia opo­
caso es la visión de las niña* de un colegio
nerle su propia exaltación en la novela.
de monjas — todas pureza, la pureza mis­
Kaiser adviene luego, a manera de cierre,
ma— lo que convierten, sin debate pre­
de broche final a una tendencia que dió
vio, a un señor disoluto en un asceta. De
sus frutos amplios y que no resulta en
ese momento en adelante no habrá obs­
manera alguna deleznable.
táculos que logren frenar los logros mo­
En su aspecto exterior todo este lla­
rales de esa posición. Es en vano que el
mado expresionismo que a veces fué for­
protagnista tenga la prueba irrefutable de
zado, aparece poblado de ingenuidades
que la pureza” de que se ha rodeado no
para el lector moderno. Se huye del te­
era tal: entre las ruinas del teatro que
ma sentimental, a gran galope, para ce­
acaba de incendiarse, y en el cual tenía lu­
ñirse a la tesis social. N o advierte al prin­
gar un baile que le estaba prohibido, han
cipio que ha ido allí sólo a la búsqueda
sido descubiertas las cenizas de la mujer
de mayores limitaciones de las que no po­
pura entre puras— en quien descansa­
drá salir sino a costa de inmensos sacri­
ba de un pasado tormentoso y obseno
ficios. Toller, con "H inkem ann” y con
Ninguna evidencia logra torcerlo de
"Los destructores de máquinas” dijo al­
aauel impulso inicial, de aquella fe que
guna palabra definitiva. Georg Kaiser,
advino repentinamente. Extrae de entre
para evadir la obligación de tener que
las ruinas carbonizadas del teatro el cuer­
pronunciar también él definiciones ter­
po de la mujer y lo expone (asegura él que
minantes, buscó la salida en un plano me-

L

(Continúa en la pág. 15)

�C O N T R A P U N T O
P e r s o n a j e s

JUANA

JUANA
JU a N
JORGE
UN V IEJO CRIADO
(Galería frente a la parte posterior
del edificio. A ambos lados, escaleras
que conducen a un jardín frondoso.
Anochece).

Pdg.

Tragedia en un acto

I

J uana. — Anochece, exactamente

como hace un año, cuando celebrába­
mos nuestra fiesta.
J orge. — Los pájaros de los bosquecillos encantados eran nuestros
huéspedes.
J uana. — ¿Nadie más que los pá­
jaros?
J orge ( Sonríe). — Solamente tú,
y o ...
J uana ( L o m ira).
J orge. — Sí. Alguien más.
J uana . — Tu amigo.
J orge. — Tu marido.
J uana. — ¿No era acaso él, no
eran sus manos invisibles las que
prepararon nuestra fiesta?
J orge. — Sí. E ra la fiesta de él.
De él, que muerto, vive eternamente.
J uana. — Que vive eternamente en
gracia de nuestro amor.
J orge. — Nuestro amor reposa so­
bre la amistad que nos unía.
J uana. — Y es esa amistad vues­
tra la que transforma mi tristeza en
felicidad.
J orge. — ¡Cómo! ¿ Acaso puedes
reír otra vez?
J uana. — Porque ahora sé todo.
Comprendo todo. Se fué dejándote
cerca de mí. Su solicitud por mí que­
dó desdoblada en ti. Por eso pudo
partir sonriendo y permanecer lejos
durante cuatro años, hasta el día en
que nos lastimó la noticia de su muer­
te. Su barco se fué a pique. Desde
entonces, él habita con los corales y
los peces.
J orge. — Pero es desde ese mismo
instante que su voz comienza a le­
vantarse. A cada una de nuestras pa­
labras corresponde uno de sus gestos.
Nos toma a los dos, á ti y a mí, y
nos disuelve, dándonos una sola voz.
uniendo nuestro amor a su muerte,
su muerte a nuestro amor. Tres cria­
turas viven en nosotros.
J uana. — De las cuales una está
muerta.
J orge. — El amigo eterno.
J uana. — Que se ha agigantado
durante todo este año, cada día más.
desde el momento mismo que nos uni­
mos para siempre.
J orge. — Esta noche, en que ese
año termina, te mostraré su retrato.
J uana. — ¿Tienes un retrato suyo?
J orge. — Precisamente debo ir aho­
ra a buscarlo.
J uana. — ¿Quién lo tiene?
J orge. — Un artista. Ha hecho de
él su obra maestra. Debe haberlo ter­
minado esta tarde.
J uana. — ¿ Conocía él a mi ma­
rido ?
J orge. — No. Lo pintó siguiendo
mis indicaciones. Yo he reconstrui­
do para él el rostro y el alma de mi
amigo con la fuerza de las palabras.
Al principio parecía difícil evocar
una figura tan familiar, tan conoci­
da. Pero mi entusiasmo encendió el
fervor de lartista. Un año entero he
estado yendo diariamente a su taller,
haciendo revivir a mi amigo. Cuando
el lápiz del artista incurría en error,
el rasgo necesario. Por último, se cumvo retomaba el retrato y acentuaba
plió el milagro; bajo los dedos ilu­
minados del pintor, la amistad de
dos hombres obtuvo su victoria.
J uana. — Con esto mi felicidad es
completa.
, J orge. — ¿Perfecta?
J uana. — Porque mi amor sella
vuestra amistad. Regresa pronto.
J orge. — Antes de que anochezca,
habré vuelto.

de los pájaros desciende. Uno tras
otro los pájaros se callan. Sólo a esos
imbéciles de mirlos se les ocurre chi­
llar.
J uana. — Es cierto. El coro ha
quedado reducido a unas pocas vo­
ces.
E l V iejo Criado. — Está empeo­
rando el tiempo. Pondré los cubiertos
en la sala. (Hace el gesto de entrar
a la casa).

J uana. — No, no. Quiero que esta
cena sea idéntica a la del año pasa­
do, con lámparas que no saben nada
de la noche.
E l V iejo Criado. — No todas las
¿íéhes son iguales.
J uana. — Me pondré un chal.
E l V iejo C riado. — ¿Puede un
chal ocultar los misterios del mundo ?
¿Puede hacer milagros? Yo, yo me
helaría en su lugar.
(E l criado entra en la casa).
J uan aparece en la derecha. Se
aproxima a una ventana y echa
una ojeada. Como el criado re­
aparece, se adosa al m uro).
E l V i e j o C riad o (A rregla la me­
sa en la galería, pone los cubiertos ) —

Un asiento, dos asientos, uno-dos. Es
la vida, es el misterio de la vida
que hace perder la cabeza a tanta gen­
te. Uno-dos: la nuez se ha partido y
puede mascarse el fruto (con placer).
Yo también he sido casado. La hembra
sabe contar hasta tres. Pero a mí no
me gustan las matemáticas. Me fui sin
aguardar el resultado.
(E n tra en la casa).

J uan (S in cambiar de sitio). — Mi

viejo criado, mi buen viejo, como an­
tes: chochea.
E l V iejo Criado (V uelve con dos
silla s). — Una-dos. Todavía, todavía.
IIajTque creer en la ley del dos. Todo
está en el Dos. El hombre tiene dos
manos, dos piernas, dos ojos, dos ore­
jas. Y por lo tanto es contra la Natu­
raleza tener tres ojos, tres orejas,
tres manos y tres sillas en esta mesa
para uña sola pareja. Que Dios nos
preserve de lo que está contra la Na­
turaleza.
J uan (Acercándose). — Mi b u e n

por
Qeorg Kaiser
Versión castdllana de Roger Pía de la
traducción francesa de Iván Goll •)

viejo: ¿Has hecho profesión de sabi­
duría ?
E l Viejo Criado ( Sin levantar los
ojos). — Cuando la cabeza está vacía,
la boca se desborda. No haga caso
de mis chocheos, señor Jorge.
J uan (E rguido ante él). — ¿Jor­
ge?
E l V iejo Criado (E sp a n ta d o ).—
¡S eñor!... ¡ G r a n D ios!... ¿Có­
m o?...
J uan. — He saltado el muro. A
través de las zarzas. He espantado
a los pájaros.
E l V iejo Criado. —¡Señor!... ¿Ha
entrado... en esa forma?
J uan. — Como un ladrón —sobre
el vientre—- me he arrastrado hasta
mi propia casa... (Tomándolo de un
brazo) ¿Soy un intruso en territo­
rio extraño? ¿Sirves tú a extraños?
Si es así, volveré por donde he lle­
gado.
E l V iejo Criado. — No sirvo a
extraños.
•JCa n . —¿Mi mujer vive siempre
aquí?
E l V iejo Criado — La s e ñ o r a
J u a n a ... vive siempre. aquí.
J uan (Con un grito de alegría ).—
¡Pues bien, he vuelto hacia ella!
E l V iejo Criado. — Bien. Voy a
decírselo
J uan. — Aquí la espero. Sobre las
huellas de nuestros viejos festines,
la espero.
E l V iejo Criado. — Voy a decír­
se lo ... (Sale).
J uan (Apoyado en la mesa espera,
los ojos fijos en la puerta. Juana
entra envuelta en un chal y perma­
nece inm óvil en la puerta). ■
J uan (Articulando mal las pala?
bras). — Imagen. Luego de esta lar­

ga ausencia... en la hora que pre­

(Desaparece por la izquierda,
rum bo al jardín. E l viejo criado
sale de la casa, olfateando la at­
mósfera. Muere el canto de los
pájaros).

E l V iejo Criado. — Los grandes
calores disminuyen.
J uana. — ¿Qué saltes tú?
E l Viejo Criado. — El jardín
habla.
J uana. — Pues yo encuentro que
las zarzas arden.
E l V iejo Criado. — Pero el canto

cede a la noche. . . la casa en som­
bras. . . sólo la puerta está en luz, y
tú!
J uana (Avanza, los ojos cerra­
d o s). — Te escucho. ¡Eres tú!
J uan. — Y y o ... yo soy otro, re­
creado por la nostalgia... salido del
am or... hacia t i ! Bajo la luna vitrea
del desierto... bajo el sol desecado
de las ciudades ardientes... yo he
huido de allí para alcanzar el um­
bral de la voluptuosidad. ( Cae de ro­
dillas y levanta los brazos hacia ella).

Fué clamando por ti que yo he reco­
rrido las tierras, ignorando los peli­
gros y soportando una vida mil ve­
ces más áspera que la muerte!
J uana (S in voz). — Y sólo ahora
lograste llegar. Sólo ahora.
J uan. — Quizá demasiado pronto.
Porque la gracia es demasiado gran­
de. .. de sentirte... de abrazarte...
J uana ( Gritando). —¡No 1
J uan (Levantándose). — ¿N o
aqní? Los pájaros demasiado curio­
sos . . . los árboles sin pudor. . . com­
prendo. Entremos!
J uana. — No, no.
J uan , — El viento te a c a r i c i a .
Tengo celos. ¡ Entremos!
J uana (V ivam ente). — E s p e r a .
Cuéntame. Tú te has salvado. ¿Y los
otros?
J uan. — El mar no me quiso. Pu­
so una tabla bajo mi cuerpo y la
arrojó contra las rocas. He recorrido
países... he rodado... he saltado
m uros... como hace un rato. ¿Pero
qué podría contarte que fuese más
maravilloso que este jardín, que esta
casa?
J uana. — Este ja rd ín ... esta ca­
sa. . .
J uan (Sereno).- —Tengo una deu­
da, que no quiero aumentar más aun.
Habíame en seguida de aquel que me
ha ayudado a encontrarte en esta
hora.
J uana (V ivam ente). — ¿No se lo
debemos todo?
J uan. — Quiero saber todo lo que
le debo. Para ser mañana más humil­
de frente a él.

J

J uana. —• Su solicitud iguala a la
tuya.
J uan . — ¡ Pero la de él vale más
aun! Sin duda debió emplear la mi­
tad, o bien toda su fortuna, para
conservarme esta casa.
J uana. — Sí. Así es. Habría dado
su último cobre por mí . .. y por tí.
J uan. — Iré a su casa mañana, en
la primera hora. Haremos cuentas.
J uana. — Podía haberlo perdido
todo, si tú no hubieras vuelto.
J uan. — Todo no.
J uana. — ¿Y si hubieses permane­
cido lejos durante años?
J uan. — La amistad concebida así
lo recompensa todo. Tú no puedes
comprender cómo lo siento.
J uana. — Explícame.
J uan . — Jamás habría emprendi­
do ese viaje sin saber que una puerta
permanecía p a r a mí eternamente
abierta. Yo te sabía segura en esa
amistad a la que te había confiado.
J uana. — ¿La amistad?
J uan . — Fué ella quien desafió la
tempestad. Ella quien me dió la fuer­
za para soportar esta prueba. ¿Cómo
podía esperar volver a hallarte sin
ella? Sin ella, pobre de tí, habrías
caído en el desamparo y quién sabe
quién habría podido recogerte. Todo
esto pensaba y en todo estaba seguro
de mi triunfo. Nada podía sucederte.
Yo sabía cerca de ti a ese amigo cuyo
sacrificio era capaz de levantarte por
encima del fango, en alta pureza.
J uana. — Vuestra a m i s t a d une
nuestras vidas más que la sangre de
los hermanos.
J uan. — ¡Una alegria terrible me
hace amar estos años de miseria!
¡ Qué riqueza inmensa una amistad
como la nuestra!
J uana. — Los dos, los dos no ha­
bláis más que con una sola boca, una
sola voz. No se podría distinguir quién
habla. Tú estás aquí por él. El está
donde está por ti. Sí. ¡Alabad vues­
tra amistad para siempre jam ás! Ad­
miradla, y cerrad los labios para no
marchitar el milagro.
J uan (Con un gesto aprobatorio).
— Yo soy el intruso, y he destruido
la calma que él conservaba piado­
samente. Con esto, falto ya un po­
co a mi deuda. Quiero volver atrás
y marchar en su búsqueda. El me
conducirá por si mismo hasta este
jard ín : aquí él me reintegrará a mi
casa y a ti misma. ¿Vive todavía en
su casa del otro extremo de la ciu­
dad ?
J uana (Hac&gt;e un gesto negativo).
J uan. — ¿Ha perdido su c a s a ?
¿La ha abandonado? ¿Para conser­
var la mía?
J uana (Mirándolo fija m en te). —
La ha abandonado.
J uan. — ¿Lo ha gastado to d o ...
por conservar lo mío?
J uana (Se encoge' de hombros).
J uan. — ¿Cómo vive? ¿Efitá po­
bre, desprovisto de medios? ¿Se alo­
ja en algún pobre cuartucho? ¿En
una de esas callejuelas chatas llenas
de olores y peleas? ¡Dímelo pronto!
J uana (Guarda silencio).
J uan. — ¿Es tan mísera su situa­
ción, que no te atreves a . .. ? ¿O bien,
no te ha dicho nunca una palabra de
todo esto?... ¡Sufre en silencio! ¡Es
preciso que lo vea! ¡ Recorreré la ciu­
dad hasta encontrarle.. . aunque ten­
ga que perder la noche para ello!
J uana. — ¡ Espera!
J uan. — ¡ Quiero saber!
J uana. — Yo sé todo.
J uan. — ¡No pongas mi paciencia
a tan dura prueba!
J uana (L o m ira).
J uan. — ¿ Es tan terrible ?
J uana (Sacude la cabeza).
J uan. — ¿Dónde vive?
J uana. — Donde. .. yo vivo.
J uan. — ¿Tú le has invitado a vi­
vir aquí ?. . .
J uana (Se calla).
J uan.- — . . . ¿Y él no se ha nega­
do? ¿No ha objetado nada?
J uana. — Yo lo he in v itad o ... é?
me ha invitado.
J uan. -—Ju a n a . . .
J uana (Parca en la respuesta ) . —
Yo so y ... ¡su mujer! (Sale).
J uan (Se toma de la silla, los ojos
clavados en la puerta. E l criado en­
tra con dos vasos y una jarra de vino.
Evita la mirada de J uan, quien sin
embargo, no repara en él).

El niño muerto, del p in to r brasileño P ortinari

(Continúa

en el próximo número )

�Pág. 6

C O N T K A P U N T O

EL AlILHACHO Y Eli SilBH)
P or

WERNER

BOCK

el poeta en el barrio fabril de
layo y vacilante, repulsado ora y ora
atraído por el insólito cuadro, un viejo,
la metrópoli, no sabía cómo. Pues
mucho se cuidaba de no entrar allí en suscanoso y de tez apergaminada, le invitó
paseos matutinos. A menudo, él se había
a entrar, si así le agradase, pues parecía­
preguntado: ¿Cómo podré grabarme en
le, dijo, que aquél se interesaba por el
la eternidad yo, hijo de esta época que ya
trabajo allí realizado. De modo que
pronto el poeta se encontró junto a aquel
no se siente en armonía con las fuerzas
anciano, que era no se sabía si jefe o sim­
del universo y que ya no ve el cielo sino
ple contramaestre, caprinando de máqui­
como por acaso y como pobre mancha
azul a través de las grietas en los empaña­
na en máquina. Cada una de ellas lleva­
dos techos de vidrio? El poeta huía, pues,
ba un número, grande y visible a lo lejos
y que, en cada uno de los operarios,
de todo cuanto hiciera al mundo aún más
estrecho, feo y ruidoso de lo que ya se
se repetía en forma de cifra, blan­
había tornado aún allí donde crecían to­
ca y visible a lo lejos, cosida sobre el
azul overall, aproximadamente allí don­
davía los árboles y todavía florecían las
de, desde dentro, late el corazón. Manos
flores. Pues el hollín de las chimeneas ve­
y rostros, atezados o blancos, rugosos o
nia volando desde lejos, desde lejos aún chi­
tersos, mutilados o sanos, pendientes to­
llaban las máquinas, los gases profanaban
dos del incesante y monótono tac, tac, tac
al viento y al sol más resplandeciente lo nu­
de las ruedas, ruedas, ruedas.
Y ante
blaban los aviones en escuadra. En otros
todo rostro vivi nte, ante toda mano vi­
tiempos, — decía para sí el poeta— los hu­
viente, acumulándose los productos de
manos ornaban la madre tierra con sus
hierro y acero, cientos, miles, diez veces
obras: los templos nacían cual hijos del
mil, legión de piezas, distintas las de un
paisaje, digno engaste de casas y talleres,
torno de las del otro y, sin embargo, to­
y entre ellos iban los caminos por la tie­
das iguales, cosas muertas de metal muer­
rra cual nervios en gigantesca hoja. Hoy
to, destinadas a unirse a otras cosas muer­
se desfigura, se tuerce el noble semblan­
tas para cubrir de acero y hierro la santa
te de nuestro planeta. Hoy, si es cierta
tierra
En esto, pues convirtióse el
la antigua creencia en la música de las
ser humano— pensó el poeta y sintió pe­
estrellas, el hombre se empeña en privar
sar sobre sus hombros todo aquel metá­
de la melodía pura a su astro y en des­
lico lastre— ¡labradores y pastores, ca­
templar la armonía de las esferas. En mi
zadores, pescadores, trocados en esto!
oído vibra aún el tono primo y eterno—
sentía con regocijo el poeta cada vez que
De repente, un hiriente campanilleo:
una canción sé formaba en su alma. Mas
había llegado la hora del almuerzo. Brus­
entonces le sobrevenía siempre honda
camente paróse toda la maquinaria.'Las
a lló se

H

UANDO pasen algunos años y pueda
hacerse el estudio comparativo (des­
de puntos de vista exclusivamente artís­
ticos y literarios) de esta postguerra y la
anterior post-guerra, tendremos sin duda,
consideraciones muy sutiles, que han de
traducirse en ríos de tinta y papel impre­
so. Por ahora sólo le resta al mundo ar­
tístico y literario, representar un serio pa­
pel de profeta en el juego de barajar po­
sibilidades. El Hijo Pródigo, publicación
mexicana que llega gallardamente al nú­
mero 2 5, enfoca ese juego bajo dos aspec­
tos: el imaginativo y el real, doble aspec­
to de los problemas a que nos tiene habi­
tuados desde el número inicial el director
de la publicación señalada, señor — y poe­
ta— Octavio G. Barreda. Esta vez, el as­
pecto fantasioso del rema, sólo se presta
a un enfoque humorístico:

C

"Y en las artes, ¡ah!, en las artes, ¡qué m agní­
ficas perspectivas, qué incrementos y qué sorpre­
sas, qué poemas, novelas y ensayos, que arrulladoras promesas! Francia, la vieja y maravillosa
Francia, ¡qué alegrías en letras va a depararnos!
Y qué decir de la romántica Alemania, la "ver­
dadera” Alemania, no la prusiana y nazista, sino
la otra, la eterna, la grandiosa, la que eternamen­
te resucita . etc.

En cambio, el aspecto real del proble­
ma, se presta a una serie inquietante de pre­
guntas que por ahora han de quedar sin
respuesta:
¿Artes, literatura, tal como las hemos gozado y
practicado hasta ahora? ¿Los mismos temas, las
mismas formas, las mismas cadencias o problemas? ¿El mismo espíritu de ánirr.o, las mismas
preocupaciones cuotidianas de antes? ¿Qué tras­
tornos habrán traído en Francia, por ejemplo,
los cuatro años de invasión y colaboracionismo?
¿Cuántos años serán de ocup.ición en Alemania,
y qué aonsecucncias vendrán en su literatura?
¿Qué influencias en sintaxis, en vocabulario e
ideaciones aparecerán con la ya inminente hege­
monía anglosajona, o la rusa? ¿Podrá seguir co­
existiendo esa delicada flor de la lírica, de los
íntimos cantos o quejas personales, ajenos por
completo a las grandes m utitudes y a las nuevas
formas de vida? ¿Será compatible con estas una
vieja mística, o una anticuada e infantil épi­
ca? ¿Qué cementerio espera ya a estas filigranas
del ingenio, que aún llamamos liras y sonetos?

A una idéntica serie de demandas an­
gustiosas se vió abocada la generación
que, en 1918, asistió al final de la guerra
anterior. En Les Anuales del 21 de julio de
1918, Maurice Barrés escribía:
"Todo será renovado después de la guerra, y
se abrirá un nuevo capítulo en nuestra, historia
literaria. Es imposible que, luego de semejante
experiencia, los franceses no se sientan marcados
en su sensibilidad y en su inteligencia. En las
obras que han de escribir o en las que adoptarán,
*e verá la influencia de los sucesos terribles de
los que somos víctim as desde 1914. Y no preten­
do decir que se hablará indefinidamente de la
guerra; ya, en las mismas trincheras, los com ­
batientes 'necesitados de lecturas piden "otra co­
sa, no im porta qué”, que 'los distraiga de su ho­
rizonte; nuestros autores narrarán las historias
que quieran, las más diversas, las más variadas,
pero, hombres o mujeres habrán sido modelados
por la gran guerra. ¿Qué flores brotarán de ese
campo ensangrentado? La pregunta quedará sin
respuesta hasta que surjan los nuevos que hayan
comenzado a pensar en ese matadero. N o se tr a ­
ta de los escritores que han seguido escribiendo
durante la guerra, sino de los recién llegados, na­
cidos a la vida del espíritu bajo la adeión de este
gran terrem oto” .
x

Evidentemente, Barrés, se consideraba
ya sobrepasado, y con él a toda la gene­
ración que lo seguía. Se le escapó la trans­
formación no menos importante del ar­
tista que "vivió” la masacre, o que la oyó,
o que la atisbo. No sólo ha de ser un pri­
vilegio nacer de la guerra, sino — y qui­
zá mayor— sobrevivir a ella.
*
El "Pez que Fuma” es un buen habi­
tante de Letras de México, que a partir
del número 107 (¡9 años de vida!) re­
duce su formato, ensancha su precio, pe­
ro, en compensación, aumenta el núme­
ro de páginas. "El Pez que Fuma” , des­
cubre inesperadamente un fragmento de
Neruda y lo lanza a los cuatro vientos:
Guano de aves marinas y murciélagos,
fosforitas y sales de potasio. . .
"Neruda —dice el Pez— . Un poeta Sudameri­
cano? No; el Pez que fuma está leyendo la úl­
tima lista de productos racionados por el Coor­
dinador, aparecida en el diario oficial. Oh, in­
fluencia tropical y avasalladora del poeta-cónsul
que todo lo abarca!

Ilustró Fernando Guibi rt

tristeza porque su solitario cantar poco
les valdría a los hombres. ¿Cómo eterni­
zarme si no logro dar, con runas perece­
deras, forma perenne a lo que vivo en
ésta mi vida, en ésta mi época, a mi exis­
tencia de hombre entre hombres? H u ­
mana es mi boca, humana mi habla; can­
tar al hombre, mi misión. ¿Pero donde
hay aún seres humanos? Por cierto que
los más dé ellos siempre han sido nada
más que "mercadería fabricada por la
naturaleza” — tal el juicio de uno de sus
más implacables críticos— , idénticos el
uno al otro, hoy más que nunca, inven­
tores de cosas, fabricantes de cosas, sier­
vos de las cosas creadas por ellos. ¿Dón­
de, dónde late aún un corazón en frater­
nal consonancia con los elementos, con
el aire y la luz, con el alma de la tierra y
el andar de las nubes?
Perdido en tales reflexiones, el poeta
se detuvo ante un gran cobertizo cuyo
portal abierto permitía vislumbrar un
sinnúmero de hombres de toda edad, in­
clinados, en tenso trabajo, sobre tornos
de toda clase y todo tamaño. Mientras él
miraba hacia aquel ruidoso sitio, de sos­

cifras de carne y hueso se alejaron dé las
de hierro y acero y corrieron hacia el am­
plio patio. Sin decir palabra, desapareció
el acompañante del poeta y lo dejó solo
entre todas aquellas máquinas que, m u­
das ahora y en medio del súbito e inquie'
tante silencio, lo rodeaban cual mons­
truos acurrucados. Al rato, el poeta fué
en busca de los obreros que comían su
pan, acostados unos, sentados otros, a lo
largo del muro y de la verja. Descubrió
entonces, en medio de la desesperante
tristeza del lugar, un rincón verde, algo
apartado: una mancha de césped, tres,
cuatro, cinco árbol.s enclenques. Alige­
ró sus pasos para ir allí, como impulsado
enigmáticamente hacia ese último resto
de la naturaleza. Lo que allí encontró, no
lo pudo olvidar jamás, y en todo cuanto
más tarde creó y que alzó su obra por
encima de la época y la grabó en la eter­
nidad, quedó algo de lo vivido en aquel
instante, en aquel diminuto oasis dentro
de aquel patio gris de la fábrica.
Sobre el césped, bajo los árboles, es­
taba sentado un muchacho de diecisiete,
dieciocho años. Tenía entre sus dedos una

mosca y miraba, atento, hacia el suelo,
desde donde un sapo, emergiendo a medio
cuerpo de un hoyo, con igual atención
miraba hacia el muchacho. Por largo
tiempo y pacientemente esperó el inmó­
vil sapo, hasta que lanzó cual rayo su ágil
lengua contra el insecto, que desapareció
en sus fauces. El muchacho se dispuso
en seguida a cazar otra mosca y, tras brer
ve pausa en que hombre y animal se mi­
raban con extraño e íntimo entendimien­
to, la alcanzó a su verrugoso amigo que
ya la esperaba con honda y tranquila
confianza. No sé cuándo apareció — dijo
el joven mirando al extraño espectador y
sonriéndole sin remilgos como a un viejo
conocido— , pero desde que le di la pri­
mera mosca, sale todos los días, y al mi­
nuto, de su escondrijo para almorzar con­
migo. El poeta devolvió la sonrisa: tan­
to hubiera podido decir él al muchacho,
pero calló. . .
Le había llegado uno dé esos indecibles
instantes cuando el tiempo cesa y sur­
ge lo eterno. Otros, quizá, habrían visto
en aquel momento, a un joven cualquiera,
tostado y de buenas proporciones, algo
afeado por el aceite y el polvo metálico,
con cabello castaño y ondulante, los ojos
pardos y bondadosos, nariz hecha y de­
recha, labios llenos y algo sensuales, y el
mentón de cierta ternura. Habrían visto
un sapo, feo, gordo, con ojos saltones,
verrugas por doquier y boca desmesurada,
habrían visto la mosca, insecto molesto,
útil por cierto tan sólo para servir de
alimento a ua sapo.
Todo ello lo vió también el poeta. Pe­
ro en su visión desmoronáronse1al instan­
te las altísimas chimeneas, los elevados
paredones de las fábricas; lac máquinas,
roídas por la herrumbre, desintegráron­
se y desaparecieron para siempre, aunque
, poco antes le habían aturdido aun, glo­
riándose, ruidosas, de su compacta e im­
presionante presencia. Pero algo quedó;
quedó ese algo impalpable', mudo, inson­
dable: esa viva corriente de sentimiento
de hombre a animal, de animal a hombre,
de ser a ser, la que manaba, hoy como
otrora, pura e inagotable, desde el cora­
zón de la tierra hacia el mecanizado y
exteriorizado mundo de nuestros días
Todavía comprende pues el hombre —
meditó el poeta— , cual hermano entre
hermanos, el lenguaje de las bestias, seres
encantados como lo es el mismo y en que,
como en él, como en toda vida nacida
de la grande madre, pulsa el eterno mis­
terio. Y siempre, en esa ronda del nacer
y morir, una existencia —y toda exis­
tencia, ay, no es, en el fondo, menos efí• mera que la de la mosca— debe ser sacri­
ficada a otra para que, de eterna des­
trucción, la naturaleza, eternamente fe­
cunda, produzca sin cesar algo nuevo y
perfecto
La campanilla interrumpió sus refle­
xiones. Resignado, levantóse el mucha­
cho, dirigió una amable mirada al ani­
mal, conservando aún esta erpresión cuan­
do inclinó la cabeza para despedirse dél
poeta. Sólo ahora destacóse la alba cifra
sobre su oscuro overall; era indudable­
mente, era realmente: el número uno.
Primer hombre y último hombre — m ur­
muró el poeta, siguiendo con la vista al
que con pasos elásticos y pausados se
perdió en la masa de sus compañeros.
Dondequiera que tú estés -^continuó
‘ensimismado el poeta— , traerás contigo el
aliento de las grandes selvas, así entrares
en las callejuelas más ahogadas de la gi­
gantesca urbe. A quienes des tu amor,
sentirán en tus brazos el oleaje dé los ríos
y de los mares, o creerán que un dios de
las montañas desciende hacia ellos acom­
pañado de las tormentas del cielo qué
sacuden el angosto habitáculo. Tus par­
cas palabras sonarán cual viento en las
copas de los árboles. Las caricias de tu
mano: serán como flores que envuelven a
los seres a qué tú te dés, y la suave luz de
tus ojos brillará sobre ellos cual rocío
matinal. Y tus hijos serán como tú, hi­
jos de la tierra, hijos del cielo, hijos de
la eternidad.
Lentamente, el poeta se echó a andar.
El sapo había vuelto a su antro. Las m á­
quinas atronaban como antes, cuando el
poeta, sin oírlas, atravesó el taller para
salir, consolado milagrosamente y bende­
cido de eternas imágenes que pedían que
él les diese vida.

Eos in telectu ales arg e n tin o s rin d en ho­
m en aje en esto s d ías al e sc rito r cuyano
R icardo T udela, ferv o ro so hom bre de le­
tr a s cu y a activ id ad cu ltu ra l se d ila ta a
tra v é s de tr e in ta años de la v id a a r tís ­
tic a d el país- D u ran te todo ese tiem po
T u d ela h a e je rcid o la in flu en cia d e sú
fro n d o sa p erso n alid a d , com o poeta, e n ­
s a y ista , p e rio d ista y ca te d rá tic o . D ifu­
so r y an im ad o r de los v a lo re s in te le c tu a ­
les de la región de Cuyo, su p robidad e;
in telig en cia h a n e stad o siem p re a l se r­
vicio de un,a vocación.
E n M endoza, una. com isión p re sid id a
por A belardo V ázquez e in te g ra d a p o r
Ju a n B a u tista R am os, J a c in to d e la Ve­
g a R afael M auleón C astillo, M iguel Gómtez B ch ea y A b elard o J u a n A rias, con
u n a ju n ta de co laboradores, h an p re p a ­
rad o lo s a c to s de! festejo .

Desde el 14 de junio el escritor José
Gabriel, viene desarrollando un " Curso
Fundamental de Literatura Española”, en
doce temas, ev el paraninfo'de la Uni­
versidad de la República del Uruguay, en
Montevideo.
El mundo de 'la cultura contem poránea
acaba de perder a. uno de sus más insignes
representantes. Paul Valéry, testimonio —el
más profundo, el m ás singular de nuestro
tiempo— del pensamiento estético de todo
un período de la civilización occidental ha
muerto en París, a la edad de 74 años.
Al cerrarse la edición de esta entrega de
CONTRAPUNTO, nos sorprende la noticia
de su muerte. En el próximo número, nues­
tras páginas ofreoerán -la traducción de
trabajos inéditos en castellano del poeta
francés. En estos días, la nuevn Editorial
Argos —empresa nada comercial, por el
contrario fundada sólo para editar herm o­
sos originales, traducciones fieles y cui­
dadas— lanza su prim er libro con un título
de Valéry: Introducción a la Poética. El
fino volumen en que aparece la obra citada
corresponde a la colección “E l compás
y la rosa", y la versión y nota [Preliminar
ha estado a cargo de Eduardo A. Jonquiérea. L a Editorial Argos está dirigida
por el doctor Vicente Patone. bien conocido
por sus estudios de filosofía oriental.
“ U N A C U A N T IO S A H E R E N C IA ES
D E S T IN A D A EN G R A N
PARTE
A
O B R A S DE B E N E F IC E N C IA ” . —
Con
este t ít u lo ha In fo rm a d o la p re n s a a c e r­
ca de los n u m e ro s o s leg a do s que d e ja en
su te s ta m e n to u na re s p e ta b le señora,
poseedora en v id a de v a rio s m illo n e s . En
la lis ta de fa v o re c id o s fig u r a n p a rie n te s ,
a m is ta d e s y s e rv id u m b re ;- in s titu c io n e s
re lig io s a s , c o n g re g a c io n e s y p a rro q u ia s ;
h o s p ita le s , c a n tin a s , p a b e llo n e s p a ra an
c ía n o s y e n fe rm o s , etc., etc. P ero suce­
de lo de s ie m p re , lo que re v e la la p ro ­
fu n d a In c u ltu r a de n u e s tro p u e b lo : en
esto s e tc é te ra s e n tra to d o m enos una
b ib lio te c a , un m useo, una in s titu c ió n
c ie n tífic a , un o rg a n is m o c u lt u r a l, una
u n iv e rs id a d , una escuela, una so cie d ad
de e s c rito re s o d i a rtis ta s . No se le ha
o c u rrid o a e sta se ñ o ra — co m o no se le
o c u rre a n in g u n o de los ric o s que v a n
m u rie n d o s in d e ja r h e re d e r o s — que con
una su m a ig u a l a la que re c ib e en el
te s ta m e n to de su m u c a m a (50.0001 pesos)'
podría c o s te a rs e becas p a ra e s tu d ia n te s o
p a ra p e rfe c c io n a m ie n to de in te le c tu a le s ;
podría a y u d a rs e a la Casa del E s c rito r, a
la p u b lic a c ió n de v e in te lib ro s , a la p r e ­
p a ra c ió n de c u a lq u ie r o b ra de c u ltu ra ,
p a ra la que n u n ca a lca n za n los d in e ro s
o fic ia le s . E l d ía que d e sa pa re zca esta
b o c h o rn o s a p ru e b a de Ig n o ra n c ia , de d e s ­
p re c io p o r la s cosas del e s p ír itu , ese d ía ,
y no a n te s , se re m o s un p u e b lo c o n s c ie n ­
te de su riq u e z a , de sus p o s ib ilid a d e s ,
de su s e n tid o u n iv e rs a l y h u m a n o .
|

La agrupación' “N ueva Música" está lle­
vando a cabo con éxito, en el T eatro del
Pueblo, su décimoouarto ciclo de cultura
musical. En su “Antología de la-s tendencias
actuales ', nos ha dado a conocer obras in­
éditas de compositores como Paul K inde.
mith, Aarón Copland, Igor Stravineky y
otros, y ha ejecutado en 'primera audición
obras de Juan Carlos Paz, Esteban Eitler,
Pablo Garrido y varios compositores jóvenes
de América.

�T

iembla

la mano derecha

en busca de la hermosura
y sólo encuentra ternura

cuando la izquierda la estrecha.

La dicha tiene otra fecha,
la esperanza otra región; ,
la vida es como plumón
de nido que arrastra el viento:
la forma del sentimiento
se toca en el corazón.

Antropofagia, por la pintora brasileña Tarsila

MUNDO

MA Y O R

Por

CARLOS

DRUMMOND

DE

ANDRADE

Carlos Drummond de Andrade nació en Itabira, Estado de Minas Gerais,
n i 1902. Su poesía está comprendida dentro del movimiento de renova­
ción que se produjo en el Brasil a partir de 1922. Está considerado jus­
tamente como la más alta expresión poética del Brasil. Sus principales obras:
"Algumas poesía”, 1930; "Brejo das Ahr.cs”, 1934; "Sentimento do mundo”,
1940; "Poesías”, 1942.

N

el firmamento logrado
en nube gris se convierte:
la verdad está en la muerte
y el tiempo en lo que ha quedado

Como una daga azulada
brillando en la claridad

es la raíz que en el suelo
hunde la angustia que crece.’
El agua que se estremece
es la que logra el fulgor,
la sangre muestra el color
cuando se asoma en la herida:
la realidad de la vida
se mide por el amor.

me cruza la soledad

Necesito de todos.
Sí, mi corazón es m uy pequeño.
Sólo ahora veo que en él no caben los hombres.
Los hombres están afuera, están en la calle.
La calle es inmensa. Mucho mayor, mucho mayor de lo que yo
[imaginara.
Pero tampoco en la calle caben todos los hombres.
El mundo es grande.
T ú sabes qué grande es el mundo.
Conoces los barcos1 que llevan, petróleo y libros, carne' y algodón.
Has visto los diferentes colores de los hombres,
los diferentes dolores de los hombres,
sabes lo difícil que es sufrir todo eso, amontonar todo eso
en un solo pecho de hombre sin que estalle.

L A MP A R A

POEMAS
OSORI O

M IN IATU RA
N fino, largo mosquito,
debajo de un chato hongo
espera que la lluvia pase.

U

ENTIERRO
h o r a

RECATO
de alas leves . .
N o se aproxima a los astros
Mas nunca queda en el suelo.

C

otorrita

M ARINA

P o r

D U T R A

Osorio Dutra nació en Vassouras, Es­
tado Rio de Janeiro, en 1889. Es diplomá­
tico y dirige actualmente el Servicio de
Cooperación Intelectual del Ministerio de
Relaciones Exteriores. Ha vivido largos
años fuera del Brasil en virtud de su cargos
penetrado por la "Saudade” de las cosas
de su tierra ha hecho pequeñas pinturas
brasileñas de fuerte colorido y gracia. En­
tre sus libros se destacan: "O pais dos
Deuses”, 1921; "lnquietafóes”, 1933;
" Serenidade”, 1937.; "Terra da Gente”,
1944.

A

Mi corazón no lo sabe.
Estúpido, ridículo y frágil es mi corazón.
Sólo ahora descubro
lo triste que es ignorar ciertas cosas.
(En mi soledad de individuo
olvidé el lenguaje
con que se comunican los hombres).

la voz se templa en el suelo
que es el que enseña a sufrir.
Buenos Aires, julio de 1945.

y a pasa e¡ puente. . .
Y se avista un muro blanco.
Llega al cielo un pobre más.

Cierra los ojos y olvida.
Escucha el agua en los vidrios,
tan mansa. N o anuncia nada.
Mientras tanto, corre por las manos,
¡tan mansa! está inundándole todo .
¿Renacerán las ciudades sumergidas?
¿Los hombres sumergidos volverán?

En mí palpita el temblor
de todo el mundo reunido,
mi vida tiene el sentido
del llanto de alrededor.
N o necesito color
ni forma para sentir;
sólo preciso vivir
frente a un pedazo de cielo:

desde el pulso a la mirada.
Pue'de la boca callada
guardar adentro las penas
y las dos manos serenas
disimular el temblor:
para el rumbo del dolor
b,asta el correr de las venas.

Por

En él no caben ni mis dolores.
Por eso me gusta tanto confiarme,
por eso me desnudo,
por eso me grito,
por eso frecuento los diarios, me expongo crudamente en las librerías.

Soy como el musgo que alisa
un paredón carcomido,
a veces verde subido,
siempre amarillo ceniza.
La nostalgia tornadiza
con larga voz me reclama;
tengo firmeza de rama
a la que el viento no lleva:
la pesadumbre renueva
la vida como una llama.

igual que al pasto la llanta.
El ansia que se adelanta
arrastra la vida al lado;

Y si el cantar se parece
al florecer, el desvelo

O, mi corazón no es mayor que el mundo.
Es mucho menor.

JOR GE

DE

LIMA

Jorge de Lima nació en el Estado de Alagoas, en 1910. Es una de las figuras
más prominentes de las nuevas formas poéticas brasileñas. En sus primeras
producciones cantó la vida de la gente del nordeste de su país; volcándose
en el catolicismo, su poesía tomó una forma más trascendente y universal. De
entre sus principales libros se destacan: "O mundo do pequeño impossivel”,
192Í; "Poemas”, 192 6; "Novos poemas”, 1928; ''Pangué e esa Nega Fulót’,
1932; "Poemas escolhidos”, 1933; "A Túnica inconsútil”, 1938.

L

ASi noches se harán inmensas.

La tristeza de las cosas será cada vez más profunda.
Ahora paseas en los jardines intemporales.
Y aquí las noches serán inmensas
y la soledad del mundo tendrá una estatura infinita.
Te veo desapareciendo como arrastrada por líneas divergentes,
diluyéndote misteriosamente como una sombra en la tarde.
Parpadeas muy lejos, lámpara marina,
bajo el último viento que te barrió de la tierra.
¡Las noches se harán inmensas, sí, se harán inmensas!
Entre tanto, yaces inmóvil, acostada y serena
y todo aún está en ti: la misma boca amarga,
los mismos ojos imprecisos, los mismos cabellos
de tus innumerables retratos.

CASCABEL
el salto en las som[bras . .
Parece un montón de hojas.
¡Quién quiera que pase cerca!

P

Antes escuché a los ángeles,
las sonatas, los poemas, las confesiones patéticas.
N unca escuché la voz humana.
Soy en verdad muy mísero.

rispín

Mis amigos se fueron a las islas.
Las islas pierden a los hombres.
Sinjembargo, algunos se salvaron y
trajeron la noticia
de que el mundo, el mundo mayor crece todos los días,
entre el fuego y el amor.
Entonces mi corazón también puede crecer
entre el amor y el fuego,
entre la vida y el fuego,
mi corazón crece diez metros y explota.
¡Oh, vida futura, nosotros te crearemos!

repara

TRISTEZA

Antes viajé
por tierras imaginarias, fáciles de habitar,
islas sin problemas, no obstante, aniquiladoras y convocando al suicidio.

R ío de Janeiro, j u l o de 1945,

N o me asemejo al que canta
y al gozo se restituye,
a mí el canto me destruye

del borde del río.

¿Cómo siendo tan pequeño
C
puedes con tanta tristeza?

Y a través de esta inimaginable quietud serena
desdóblase tu infancia y todavía guardas las manos translúcidas
de la primera comunión, los labios frescos de novia casi impúbera
y la sucesión de fotografías de cuando ampliaste tus senos
y
vientre y tu alma, para contener un hijo.
Sí, las noches se harán inmensas
¡Y la tristeza de las cosas colmará el mundo!
Ahora frecuentas los tiempos sin extensión ni límites de Dios,
pero aún reposas tu cuerpo en la última noche que te arrancó de la vida.

JAN GAD A
troncos de madera. . .
Vela blanca en las olas. . .
¡Pescador! ¡Qué, Dios te ayude!

C

inco

ESCANDALO
de la trocha angosta.
Por un buey que está en la
paró el tren en una curva, [vía

R

amal

Son los mismos senos, la misma frente, la misma boca desmayada,
la misma sucesión de retratos que al fin fué interrumpida.
Pero no hay un solo lugar de tu carne, ríi un miembro siquiera, que
te pertenezca ya.
Dios te raptó en tu totalidad.
Y mientras todo en ti dejó de ser para nosotros,
tú eres la danzarina que El arrebató a los hombres y absorbió en Si.
Y las noches se harán inmensas y más tristes.

Río de Janeiro, julio de 1045.

*

(Traducción de Raúl Naiarro )

(Traducción de Raiíl Naiarro)

Río de Janeiro. 1945.

(Traducción Je Raúl Navarro)

♦

�Pag. í
del tiempo envejece, se
CONafea,el seandar
extingue una modalidad ar­
tística, un lenguaje poético, una £rmula
de creación, una doctrina literaria cual­
quiera. Las formas y las palabras se usan,
se gastan. Los creadores se agotan, vegetan,
repiten se adocenan. El lector y el espec­
tador se fatigan. Ocurre un proceso equi­
valente al cambio de la moda en g.neral,

NaU Roxlo, por Lino Palacio (1925)

que no es capricho ni suceso trivial sino
responde a movimientos lógicos del espíri­
tu y del cuerpo del hombre y suele tener
raíces profundas. En cuanto al indumen­
to humano —no digamos la casa, el mue­
ble—jquién se atrevería a vestir hoy co­
mo en pasados siglos o años? Es preciso
otra cosa. En arte se salva lo perfecto o
tocado por el milagro de la belleza indis­
cutible, la poesía auténtica. Ademas, ni
todo el arte está en los museos ni la poe­
sía en los libros clásicos. Afortunadamen­
te su manifestación es ilimitada. De lo
contrario ya hubiera concluido. Vivirán
mientras el hombre exista, pero, a con­
dición de renovarse.
Hay promociones de artistas y per vi­
vencia de estilo como revelación de un
estado de espíritu -colectivo. Manifesta­
ciones dé ese ;jencro fueron el romantic.smo- la escuela simbolista, el llamado en
América modernismo. Determinan un;
generación, también, otros factores. Nue­
vas formas de vida contemporánea; des
cubrimientos e invenciones (la gran téc­
nica y mecánica actual); investigación
filosófica, hallazgos y comprobaciones
psicológicas (Freud); nuevos horizontes
a la mente abiertos por artistas geniales
(Rimbaud, Proust, Dyce; Cézanne, Pi­
casso),; reconocimiento, moderno, de va­
lores clásicos olvidados o perdidos (Gongora); autores revalorizados (Mallarme)
Todo esto libra rutas inéditas al pensa­
miento, a la sensación. Impulsa medios diferentes de expresión. Asi se opera, antoá
que nadie en el artista, avizor, luego en
sectores del público, y, después, acaso, en
la multitud, transformación de estados de
alma. Surge una nueva visión, una nueva
comprensión de la vida, un nuevo concep
to, también, de la realización artística.
En materia poética yo advertí (y di
una conferencia en 1924, con el titulo:
"De una nueva sensibilidad en nuestra
poesía”), que el h-cho se realizaba. De
ahí nació el apodo "neo-sensibles” que
nos aplicaron los incrédulos o molestos
por la comprobacióryy englobó a la ten­
dencia floreciente a falta de otra mane­
ra mejor de definirnos y calificar el mo­
vimiento inminente. El alumbrar de una
"nueva generación” estaba comenzando.
En forma paulatina iría defini.ndo su
orientación, hasta determinar un matiz
inconfundible (1).
(1) En
ser'c denominada "Poesía argentiníX
del siglo XX”, del ciclo de divulgación cu tura!
difundido desde L S I , por el Instituto Muni­
cipal de Extensión Artística, me correspondió,
accidentalmente, ocuparme, y este es el texto,
del grupo de escritores que se nombra "la ge­
neración de "M artín Fierro”, cuyo rótulo, ofi­
cial, confirma la tácita y general aceptación
de que se produjo en c! país ese acontecer, na­
da frecuente, que es fil surgimiento de una
generación intelectual, nueva y característica
O sea: la presencia, en momento determinado, de
una promoción de hombres de letras que, ade­
más de parejo núiñero de años jóvenes, dotados
de la impulsiva savia renovadora inhe-cnte, y
esto es lo importante, coincide en las mismas
ideas, adopta una orientación similar, emban­
dera un ideal común. Se produce una genera­
ción nueva como un fenómeno social que res­
ponde a la fatal e imperiosa necesidad de un
cambio, de una evolución o revolución estética;
fenómeno de alumbramiento urgido y determi­
nado por la misma razón que se p-oducc, año
tras año, la renovación terrestre de la prima­
vera, es decir, por una necesidad de supervi­
vencia .

CONTRAPUNTO

CONTRAPUNTO
¿Qué pasaba con la lírica argentina?
Que una modalidad universalizada iba
caducando. Y que, por su cuenta y ries­
go, a nuestra poesía, hallándose harta de
vestirse con trajes parisienses de Fin de
Siglo, o con atavíos de princesas orienta­
les y fabulosas, o con peplos griegos, se
le antojo-arrojar sus vestiduras y que­
darse desnuda, con la desnudez pura y
deslumbrante del rayo de sol, de la rosa
o de la espada. Esto asustó a no pocos;
fué considerado impudicia y escándalo;
y posible catástrofe por el pontífice líri­
co Lugones para el cual no había poesía
sin verso, sin forma perfecta, como lo di­
jo al polemizar con nosotros.

La

v'-i:

En el preciso momento en que escri­
tores dispersos y sin relación inquirían
un arte d.stinto, sinceramente actual, y
que no fuera copia, imitación, derivación,
repetición o seguimiento de los maestros
en boga desde comienzos del siglo (Verlaine, Heredia, Laforgue, Samrin, Darío,
D ’Annunzio, Lugones, Herrcra-Reissig),
aparece el periódico "Martín Fierro” que
habría de canalizar la afluencia del des­
pertado manantial, dispuesto con ardien­
te arrojo, a conseguir una renovación to­
tal en materia artística y literaria. Esto
ocurría a fines de 1923. La encuesta de
Nosotros” a mediados de ese año, con­
sultando a los jóvenes de 18 a 25 años,
acerca de sus tendencias y aspiraciones,
maestros que reconocían, gustos y orien-

de P ° e t a s

" M A R T I N F

tación en las letras—, les había demostra­
do, a ellos mismos y sus coetáneos, que
vivían en estado anárquico; nos reveló a
sus espectadores que de su confusión na­
da útil nacería. Y dió comienzo ese ci­
clo de cuatro álgidos años de lucha, para
organizamos y contra la incomprensión,
poetas que iniciaban su labor creativa
desde comienzos de 1924 hasta fines de
hace veinta años, habían oído las voces
1927. La ambición primordial de los di­
de la anunciación. Algunas llegaban par
rigentes del grupo del periódico fué im­
l‘ vía del mar desde el continente ori­
plantar un arte viviente, opuesto al con­
ginario de nuestra cultura, o de Améri­
vencional y acartonado en vigor. Una
ca, o de la propia tierra nativa. Porque
literatura no de glosa o lugar común
aquí también se producía, por idéntica
mental, sino original, personal y argen­
causa, una evolución. Se había operado
tina del día. Un arte literario y poesía,
la del sentir poético en los autores como
no de copia de la naturaleza, (por fiel,
cosa nuestra: por depuración del gusto y
lúcida o noble que ella fuera: simple­
más por intuición que por ciencia y ex­
mente representativa), sino de creación.
periencia de lo foráneo, de lo cual mu­
Una poética reveladora de zonas subjeti­
cho óptimo se desconocía, o no se absorrl¿a. vas, de otros horizontes mentales no mos­
vió ni fructificó según ocurrí#"en par”
trados aún en el idioma. Una poesía no
te más adelante, demostrando, de aquel
tan sólo sin énfasis ni elocuencia (como
modo, el genio vernáculo, capaz de crear
fué la promovida contra el Romanticismo
ese diverso estado y dominio poético a
y el Naturalismo por el Parnaso y el Sim­
su propia costa. La nueva manera de
bolismo, que ahora se repudiaba por fría
ver y sentir, el matiz diferenciado de
o por decorativa, y de donde provinieron
percepción, requería el hallazgo de un estilo, nueva prosodia, nueva s ín te r i^ s T '^ ^ ^os maestros cuya estética se ansiaba superar o diferenciar —y ello sin menosca­
fucra preciso (los argentinos hasta po­
barles su aporte en belleza, gracia y ele­
seemos una propia fonética), en suma:
gancia, plasticidad del lenguaje; feliciun especial instrumento de expresión. Es­
te mecanismo, esta herramienta, fueron
encontrados por los jóvenes, dieron con
su personal Lnguaje poético.
Les guiaba un fuerte designio depura­
dor de la manifestación del lirismo. Un
anhelo sin limites de alcanzar la más pu­
ra poesía. Lo prosiguieron desde el primer
instante de iniciarse esta generación, que,
como tal, se ignoraba a sí misma, pero
cuyos individuos presentían el brillante
destino. Buscaron ese fluido, esa substan­
cia huidiza y etérea que es la poesía, ya
fuera por la vía de una retórica que te­
nía por médula la virtud dinámica y corporizante de la metáfora, por nervio la
imagen, que intensifica la belleza ver­
bal, produce o duplica el goce intelectual,
fija la emoción, vivifica el tropo, elude
el temible prosaísmo. Algunos se enamo­
raron de ella y la desposaron, a semejan­
za de Pigmalión, tal como el escultor
griego se casó con la estatua de Galatea
obra de su cincel, a la que Venus dió
vida. Otros la buscaron por el camino
de la Mística, prometiéndose hallarla en
la beatitud del "estado de gracia”, o en
el conocimiento de la divinidad y des­
embocaron en la hagiografía. Quienes la
buscaron en los acont-ceres de la lucha
social, o' en la dramaticidad de la época
en que vivimos. Algunos la persiguieron
en la historia y el paisaje argentinos, en
el criol.ismo. Hubo aquellos que en lo
pintoresco y gráfico, objetivando a des­
tajo, la buscaron. O quienes en la aven­
tura a donde arroja, osadamente una ri­
ma rara o temerária que, al querer apa­
rearla, hace bordear el precipicio del
desatino, y cuya inventiva, ingenio, ha­
bilidad, fantasía asociadora, realiza el mi­
lagro de una sorpresa feliz. O bien en el
propio y recóndito misterio del lengua­
je. O formándose un universo de pala­
bras torturadas hasta rendir su esencia
para consegu.r un ambiente poético in­
definido. Y, finalmente, aparecieron los
m.neros del aparente extinto yacimiento
del clásico siglo de oro españoleara tra­
tar de exprimirle una gota siquiera!

Generación

Leopoldo Lugones, por F. A. Palomar. (1925).

dad, en su hora, de la alegoría y figura­
ción; musicalidad del ritmo y la palabra
rubendarianas y la riqueza metafórica,
objetivadora, lugoniana), sino una poesía
castigada en su enunciación, sin precio­
sismos; en verso libre, sin rima; sin anéc­
dota, sin sensiblerías.; es decir: ¡heroica­
mente desnuda! En suma: uña aspira­
ción de poesía esencial. La ambición era
grande, tal vez desmedida. ¿Conseguiría­
mos realizarla?
El periódico se llamó "Martín Fierro”.
Tomó ese nombre del poema tradicional
porque la de José Hernández es una obra
de no conformidad. Lo adoptamos como
un símbolo de arg.ntinismo neto, no de
criollismo ni de “folklore”. Poeta y poema
se acomodaban a inspirar el desarrollo de
una obra de emancipación: rotura de ca­
denas retóricas, formas y módulos ca­
ducos, revelación del espíritu argentino
del momento, que debía consagrarse. Así
fué. Al término de un año ya advertía^
el primero^ desde su país, un autorizado
crítico chileno: Armando Donoso, juez
de prestigio en ese instante, que "este pe­
riódico, destinado a dar cauce a la liber­
tad de expresión del pensamiento en pri­
mer lugar, y a emplear, para combatir
la estulticia o para remover las concien­
cias, el humorismo y la sátira, resultará
a poco andar, el vehículo de la joven lite­
ratura, reflejo bastante fiel del movi­
miento intelectual presente”.' Y tres lus­
tros más tarde, Córdova Iturburu en su
artículo "El heroico humorismo de Mar­
tín Fierro”, dijo: “Obró no sólo a mo­
do de revulsivo, de drástico, suscitando

revisiones e inquietudes, y polarizándo­
las. Creó, también, un clima, una atmós­
fera fecunda para nuevas creaciones.
Constituyó el más pujante movimiento
renovador ocurrido alguna vez en nues­
tras letras. A partir de "Martín Fierro”
se escribe y se pinta de otra manera en
el país. Las corrientes renovadoras que
transformaron la fisonomía del arte euro­
peo llegaron a nuestro país, a través, fun­
damentalmente, de "Martín Fierro”.
Recogió sus enseñanzas, utilizó su instru­
mental, y asimiló sus nu.vos criterios ar­
tísticos pero infundiéndolas un nuevo
espíritu: el espíritu de nuestro país. Es­
to explica el éxito fulminante de Mar­
tín Fierro”. ("El Sol”, No. I, Oct. de
1939).
En efecto, este gran movimiento de
juventud, de repercusión en todo el país,
en América, en Europa, por ser el más
sincero, denso y entusiasta que se haya
producido en Argentina, resultó de una
importancia excepcional. El periódico
que le animó fué la obra de un amplio
y compacto grupo de poetas, que lo sa­
bían suyo y se sentían dueños de casa.
Lo fundé (invitado a ello por Samuel
Glusbcrg, el escritor y editor de "Bab-1”, amigo íntimo y confidente de Lu­
gones y Horacio Quiroga, que nos contro­
laban, tentándome a que resucitara el
periódico literario-político del mismo
nombre de que fui partícipe en 1919, con
algunos de sus redactores y otros nuevos,
intento que fracasó, e hice otra cosa)
acompañado por Oliverio Girondo, su
gran animador. Fué cuando, habiendo de­
jado de lado por el periodismo mi ambi­
ción poética, mi espíritu combativo ha­
lló campo a una acción tirante, ¡y qué
mejor! puerta al servicio del arte y la
poesía, consagrada a favorecer en los jó­
venes lo que no me fué posible realizar.
Y que estaba capacitado, por mi for­
mación intelectual, experiencia y an­
tecedentes, para emprender la campaña
reformista —a la cual me adherí y pro­
moví con vigor—, descubrir talentos,
dar unidad al conglomerado heterogéneo,
implantar orden, ser intérprete fiel dé
las direcciones aportadas por los especia­
listas y comprensivo, con toda generosi­
dad y amplitud de espíritu(gue impuso
la voluntaria eliminación de mi persona­
lidad para destacar la de los jóvenes, de
las tendencias más audaces, y dar ejem­
plo de entereza y valentía para arrojar­
se en pro de una idea y afrontar consecuenciasKlo demostró el periódico, que,
como üaf, logré hacerlo de un carácter
singular. Hasta hoy no ha sido superado,
y, por su contenido íntegro, y el movi­
miento producido, obra colectiva, es tras­
cendental. Los jóvenes poetas estaban res­
paldados por algunos mayores, que fui­
mos, al comienzo, como dirigentes de
"Martín Fierro”, Oliverio Girondo y yo
(el Directorio del segundo y tercer año
lo constituyeron además de nosotros, el
prometedor y malogrado Sergio Piñero,
el erudito bibliófilo y "amateur” de ar­
te moderno Eduardo Juan Bullrich, el in­
novador arquitecto y notable crítico Al­
berto Prebisch) y poco después, como co­
laboradores, Ricardo Güiraldes y Macedonio Fernánd.z, también como nosotros
gozosos de impulsar este bello movi­
miento de juventud con su ejemplo, ac­
ción y obra. Por sus páginas desfiló la
producción renovadora primigenia de
casi cincuenta distintos líricos nuevos,
la mayoría con libro publicado, unos
más avanzados que otros, de innegable vo­
cación los más, tradicionalistas algunos
de los primer llegados sometido el con­
junto al trasiego clarificador impuesto
por la aguda tendencia en marcha.
Poetas del grupo redactor-fundador
fueron Luis Franco, Conrado Ñaíé Rox­
lo, Ernesto Palacio, Carlos M. Grünberg.
Era el momento inicial, el de las burlas
y las parodias. Franco, —el hoy exégeta
y escoliasta de Walt Whitman, y ahora
uno de nuestros más grandes poetas—,
triunfante con su fresco "Libro del Gay
Vivir”, emoción eglógica de los valles catamarqueños, debutaba como martinfierrista neto por su gracia y picardía, por
la alegría juvenil, nota típica nuestra,

e

I e

programa donde citamos estrofas de
Hernández como la que concluia: "Pero
yo canto opinan — Que es mi modo de
cantar”.. Mas esto no era la poesía nue­
va, sino una fase de la batalla, el bom­
bardeo de ablandamiento del campo con­
trario, remolino previo a la orientación,
apertura a la expectativa del presunto
auditorio. Ci-rtas notas, algunas traduc­
ciones, un vago matiz político, fueron
antes de independizarnos, quizás, un
adiós al pasado. ¿Hubiéramos podido abolirio? Nadie nace sin raíz, y nadie gene­
ra de la nada.
Para novedad categórica ahí teníamos

satirizando a figuras magnas del ámbito,
muy logradamente con la fraguada res­
puesta del po.ta vasco Enbeita a la reso­
nante "Epístola” de Lugones. Nalé Rox­
lo que con su encantador libro "El gri­
llo” acababa de recibir el espaldarazo lugonjiano proclamándolo de estirpe heineana, era rodeadü por la admiración de
sus coevos y col-gas del plantel originario,
y actuaba por presencia más que escri­
biendo; se le temía por su agudeza diri­
gida al lado flaco del cofrade o el figurón en los corrillos, y fué el "as” de los
epigramas en forma de epitafio: los su­
yos iniciaron el que llegó a ser famoso

MARTIN FIERRO
P E n iO D I c , Q tJ IT íC B N A L

D E

A R T E

v i B I T l C A

La vuelta de^artln Fierro"
■X* -artel. • irI " Manía Frena” 4r Harta ia
*' 10.—ongiulU raa ^ n in lv iM f M e m a toM no Ja
• »••»*«*»»**» qor fu*
ruarstado -u «4
i -** y el eitrsejcro,—r ip ii n v o n profrmm, aasqoa
•o rta» todo «i q*« te Inaú aquel *6rW ia mtntaeye
r ' » * ' . aofoeailo* po» el arebieata cara reculo n ( w *• le platicad, de u * « u Je neniad 7 de aea arapira
•.l-rted «a la ctpratiña fiel poaoaalcata.
*•**«• de reaotaciña y traía romanea aerial, a U*
e»Ii» podU pcm tiecor *j*oo «a aquel M iM it ,
- — ** ew-ooi loa raplntoe ouevoa y lea vaagaardias
.«•curtíale*. rci'rioD explícatela y jo*£* costra mal
*.«id da prrju.no» abmrdaa ieá pt Mico y án km din
»-ai». .1* la opio.ño. .leatra j fuera del p b m M , drev- ct rmcrpto cobra I* locha de díaos,—ra aa p»
••odo HXtfio tía. o rastro aSoa y frsaroa sao iroajeo•ar-itos tacólito^ r bochornoso*.—h u ta CIpreciaora &lt;ft
..-•««a .la la «Ida rolretir* y del eso-1 BU-o tu literaria
. •rilar leo, u i coitar n ía lim ación-» añloplro da la
Siealil nrroialanto, coaatitalaa el faodastea
• o »r CV iniciativa jar rail que te —orreta dando
. Is&lt; - Manía Vitreat'uoclula de t ip r e s r rae aatrrror peorriaM asa e»
l.o f s del rliAro ¿na-hc-co caro saoibn »r toast»
.s a o «loiüola, ai-a.-a.lcre a aa Iradicada de ledepo*•tao»*. costura.' ros •« r-f»n&lt;o all.r* y frasca, y roa
-a corona saeiooil
•‘ Do saidea u ta «I rjooiyre.
Jfaide S atingirse cacee y
\ o digo lo que conviene,
y . el que co tal garra *e (dan*.
Urbe clocar, ruando ranea.
Coa toda lo coi qoe noca ”
Vo. lv* atora “ Martia Fierro” y, aoaqoa' ta* U a*
!&gt;«• so aoa. ce tenor y opaevotamoata, lo* sia so s , bs” 0 ' ose»! ro ol antiguo programa, ea todo casóla
ha srtoalidad reclama, romo ocealo tapono**, a I*
jsrrntod pesáoslo que ba da dirigir, a por lo maoua
•afhicaelar. roa *u p e n só le oto o aoa bneboa, et do»
c-sto! si miento de I* «i.la argootis*. T lo* antiguo» ro­
dadora* «tal periódico qoc co incorpora* a la set sal
raaocaeióa da au u n t e ocia, ta s brava r oso prsotiruaa, al lado do l*j jñvraea gastas por* Isa c a sis
el "Martlo Fierre” da 191» fué la oiejoa tentativa
da primas libre, al igual de loa- aoevoa, eiprraaa co*
el «tajo gaucho nutrido do au clare y aaaeilla I b
•ofia para explicar re prosea*- aitoacaña sspirltasl:
"Y o he conocido cantores
yuo ara un guato H escuchar.
Maa. ao quieran opinar
V so divierten canteado,
Frro yo ciato opinando
«¿ue a» mi modo do «matar ”
A«I deaia, volviendo da «a voluntario destierro as­
ir» loa reirájes, (jotra coméntesela ostro d tipo *tmbolico y la loteaclño do «reo periódico»), etm mayor
experiencia que nunca, ct nativo castor do las des
roabaa fiel pueblo. Y oreo "Marti* F i e r r e q o a guau
la n*a y l* aoar ía , y tan lineo nomo idealista, ama
al canto,—qoi-ra también, por tar bnaaaaniaata rt»
otario, cantando opinar sobre lea barbo*. la» ottrp* y
km bombeas. Por oso repetimos . toa jfireare.
■'!&gt;ocotes, «i aoa cantora*.
El cuitar coa sentimiento;
So tiemples el estramonio
Vor acis al gusto da hablar
Y acc a ito breare a cantar

U B R E

IU m r*IK 4_________

Sr gurvia '/•ora

Balad?, del

AtiO h . Nrrm i

Intendente

deBuenos Aires
I i t Iaa Cirm de «aofiteri» •
Qa , t dd

puro efaoeotete

Obi i .&gt;v*no de ta «Imetri»
fruaco dispárete
tta v .fc ta
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Tú qo* a * ^
lu ódberedtci»
■ tere i» i snestra p tá c n o » ,

' shqre. Ea guardia, lo» cretino»!

cPor EVAR

MENDEZ

¡riódico

r

r

sugiere. Había sido presentado el "ultraís­
mo” el año anterior, 1923, por "N os­
otros”, en la persona de Jorge Luis Borges — su importador al país y uno de sus
promotores en E s p a ñ a (con Rafael
Cansinos'Assens y Guillermo de Torre
éntre otros; ver de éste "Literaturas euro­
peas de vanguardia”, Madrid, 1925)— ,
acompañado por su hermana la original
pintora-poeta Norah, su primo, el sutil y
chispeante Guillermo Juan, Norah Lange, Eduardo González Lanuza, Francis­
co Piñero llorada promesa lírica, Rober­
to A. Ortelli (el cual ese mismo año fu n ­
dara con Brandán Caraffa, Roberto Smith
y Homero Guglielmini la revista "Ini­
cial”, de letras, arte y política, subtitula­
da "de la nueva generación” y que, en
realidad, era un sector de la misma).
M artín Fierro los absorbería luego en
su casi totalidad, como también a los me­
jores elementos que hacían sus primeras
armas dentro del realismo literario en­
castillado en Boedo desde donde nos
combatía con saña por considerarnos ar­
te-puristas y porque amábamos y difun­
díamos obras y autores que boedenses genuinos adoptarían mucho después, demos­
trando un retraso de quince años lo me­
nos, o que fueron ganados y absorbidos
¡en buena hora!, por nuestra acción y
propaganda: no podrían negarlo Barletta,
Teatro del Pueblo, "Conducta” , en cier­
tos aspectos modernos.
Colaboran en los primeros tiempos, sin
llegar a afiliarse decididamente, poetas
calificados como Francisco López Meri­
no, Augusto González Castro, Luis Ca­
ñé. Apoyan el ajetreo, dilucidan, comen­
tan, participan con obra y acción élaboradora, ellos y otros poetas ocasionales o
que abándonan la lira por la prosa: Pa­
blo Rojas Paz, el ahora reputado escritor,
- al que convertimos en nuestro crítico li­
terario, cultiva el ensayo o la glosa tipo
Rodó de algún concepto básico, siempre
con aire lírico, como luego én sus mejo­
res libros: sus recuerdos, su Alberdi; Leo­
poldo Hurtado, crítico musical, del cine
como arte, más tarde el novelista de
"Sketches”, y autor de libros de filoso­
fía y estética de la música, fuerte perso­
nalidad; el interesante escritor peruano
d-saparecido Luis Góngora, que nos es­
tudia a Paul Morand, fama del momento
aquél. Y en esos instantes van incorpo­
rándose cinco poetas qué engrosan el con­
junto de la primera etapa, acentúan cá­
lidamente el movimiento, y* más adelan­
te, dejarán en su género obra duradera
o alcanzarán prestigio. Cultivan la for­
ma regular (tradicional métrica y rima)
como los citados arriba, pero tienen cier­
to matiz o simpatizan con el espíritu
nuevo y se convierten en activos martinfierristas: dos se suceden como secre­
tarios del periódico en el experimento de
compartir la organización: Roberto Ledesma y Horacio Rega Molina; Andrés
L. Caro (del núcleo Palacio-Keller-Nalé),
Pedro J u a n Vignale y Córdova Iturburu. Ledesma, que, a poco, publica
el delicado libro "Caja de música”, sen­
timental, a lo Amado Ñervo, para ga­
nar perfección y profundidad con "Tras­
figuras” y “Tiempo de ceniza”, es el más
rítm ico y de lenguaje más musical de to­
dos. Caro, al que seduce lo pintoresco, lo
ciudadano y lo exótico, se define en "Mapa-Mundi”, donde cuaja un metaforismo
visual, externo. Vignale, que nos estudia
el misticismo italiano, el post-futurismo,
y traduce a Palazeschi, adhiere a la co­
rriente dominante con "Retiro”, superan­
do su inicial "Alba” y luego con “Sen­
timiento de Germana” ; editará después
la gran revista "Poesía” y se consagrará
a estudios de estética de las artes plásti­
cas en que realiza útil obra. Córdova Iturburu, que aparecía dueño del don del can­
to con su romántico y seductor libro "El
pájaro, el árbol y la fuente” — insistió en
su manera con "La Danza de la luna y
cultivó*en adelante la poesía social— , tra­
veseaba con los epigramas e hizo famoso
un poémita en que adivinaba a Norah
Lange, para todos un ser imaginario en
esos días. Rega Molina, con tres pequeños
libros significativos, de raíz lugoniana, ya
en su "Letanía del D o m in g o q u e publi­
camos, afirmaba su metaforismo y el

o
adjetivo de fuente idéntica pero además
un toque definidor de una poética muy
suya, independiente, impregnada de ter­
nura y por un humorismo sonriente, de
versatilidad arlequinesca, desarrollada con
amplitud en lo sucesivo (la recopilación
"Raíz y Copa”, la obra de largo aliento
"Oda provincial” ), calificándose c o m o
el hoy más hábil versificador, millonario
de sorpresas verbales y líricas, halladas en
sus aventuras de rimador funámbulo, im­
pávido en el salto mortal al abismo de
donde a veces aportará un efecto emocio­
nal diamantino.
Y más y más poetas... Llegan también
al comienzo los realistas: Nicolás Olivari,
el de timbre más original, que expande
un humorismo desgarrado en versos al
desgaire en "La amada infiel” y "La mu­
sa de la mala pata”, pintura de ambien­
té popular de la vida porteña y su arra­
bal, páginas sentimentales y pintorescas,
acento y sabor muy personales y cu­
riosos. Santiago Ganduglia, que encuen­
tra su inspiración en elementos de los fe­
rrocarriles, dió páginas de su prometido li­
bro "Pullman”, canciones del tren, los
hombres y la distancia, y mostró que sa­
bía penetrar densamente en estas suges­
tiones,; absorbido por el periodismo, de
vez en cuando hace oír su voz de poeta
bien dotado. Raúl González Tuñón, due­
ño de un soplo lírico poderoso que es
cual un niño al que conmueven como ju­
guetes los aspectos pintorescos de la vi­
da ciudadana, y más tarde, abandonando
temas sentimentales del "Violín del dia­
blo”, abrasado de humanitarismo uni­
versal, cantará las luchas del hombre y
se volcará con pasión, su íntimo carác­
ter, en la poesía social ("La rosa blin­
dada”, “ La muerte en Madrid” ) donde
aparte el no-poético elemento utilitario,
brillará la indiscutible facultad del poe­
ta rico en imágenes y variedad qué es
Juancito Calcinador, asimilando las in­
fluencias diversas del ambiente: de Gi­
rondo a Borges, de Neruda a García Lorca.
Y aparece entre nosotros el “ ultraís­
mo”. Llegaba en la segunda hora a nu­
trir el conjunto, de retorno de Europa
donde se educa, con su espléndida prosa
de "Inquisiciones” y el inovador y reve­
lador po.mario "Luna de enfrente” que
nos daría a conocer de inmediato, Jorge
Luis Borges, el propio introductor de esa
fórmula en 1921 por medio de la publica­
ción mural "Prisma”, la revista de tres
caras "Proa” y su poemario "Fervor de
Buenos Aires” (1923), obra maestra de
la escuela. Más adelante abjuraría del
ultraísmo, atribuyendo (como lo hizo,
definitivamente, en nclta che "El H o­
gar”, febrero 26 de 1937, y en el prólo­
go a la reciente "Antología poética ar­
gentina” per Borges-Ocampo-Bioy Casa­
res) todo el origen metafórico de esa es­
cuela y aun "casi todo el proceso ulte­
rior”, es decir, este que me ocupa, al
"Lunario sentimental” de Lugones, en
oposición, que dura hasta hoy, de su co­
frade Eduardo González Lanuza, el he­
terodoxo, el ultraísta genuino, que se des-

Jorge Luis Borges, por Norah Borges (1925)

envuelve desde sus libros "Prismas” y
"Treinta y tantos poemas”, obras típi­
cas de la tendencia, hasta llegar al ma­
duro "Transitable cristal”, con “ismos” o
sin ellos, si bien cerebral y algo rígido,
sutil y sintético, muy castizo, como un
puro poeta doblado de un critico sagaz
e inflexible y de un Korizador estético

agudo y sabio, que se mostraba ya en el
periódico dilucidando la metáfora y bri­
lla ahora en sus "Variaciones sobre la poe­
sía” que merece recomendarse a quien
desee profundizar en el tema, dado que
allí desentraña el sentido hoy atribuido a
la substancia poética. Y. con ellos tene­
mos a la juvenil poetisa ultraísta Norah
Lange, primera y única musa del grujió
martinfierrista; entrega su libro "Calle
de la tarde” prestigiado por Borges pro­
logándolo, seguido de "Los días y las no­
ches”, hasta culminar con su delicioso
"Rumbo de la rosa”, breviarios perfec­
tos de la nueva escuela, donde la metáfo­
ra abundante cobraba el encanto de su fe­
mineidad, y cuyo talento, ya maduro,
nos daría esa obra maestra "Cuadernos
de infancia”, para redondearse en su úl­
timo libro también autobiográfico "A n­
tes que mueran”, que es todo poesía, ano­
tación en prosa límpida de recuerdos y
alucinaciones captados con penetrante
lucidez El trío Borges-Lanuza-Lange,
dió fuerte envión al movimiento renova­
dor, animó más aún al grupo. Se dividían
las opiniones entre los devotos de la es­
cuela local, la francesa y la española.
Borges imantó la admiración de unos y
la contradicción de otros. Había parti­
darios decididos de la poética substancio­
sa, vital, colorista, gráfica, de la plasti­
cidad del lenguaje, de la violencia idiomática y vibrante expresión pictorial, más el
designio de 'construcción” del poema, ya
fuera éste en verso libre o prosa, de un

Oliverio Girondo, por Centurión. (1925).

Ojiverio Girondo y los girondianos; y los
había de la dirección menos espectacular,
recatada, de metáfora menos brillante,
no objetiva sino sugeridora, y de la versiprosa con antecedente griego, bíblico, en
la poética inglesa y en Whitman, de un
Borges. Las dos personalidades eran del
mayor interés y ejercían influencia Su
diversidad provenía de la diferente for­
mación intelectual, los temperamentos
opuestos y la distinta mentalidad. Gi­
rondo evolucionaria desde su metaforis­
mo objetivo, concreto, pictórico de los
"Veinte poemas” y "Calcomanías” : es­
tampas de viaje, cuadros porteños, visio­
nes crudas de España, traslación excesi­
va de un espíritu fogoso, en resumen:
notas de una vida ardiente, ricamente
sensorial, expresadas sin convencionalis­
mo ni hipocresía; de poeta antisentimen­
tal, no confesional de sí mismo; haría
una curva d.sde su materialismo, hasta
llegar al panteísmo (ya denotado en "Es­
pantapájaros”, todavía más audaz en vi­
sión, lenguaje y exposición que los ante­
riores libros), y al misticismo-pagano, a
lo San Francisco de Asís, que hay en su
magnífico libro incompreridido último:
"P e r s u a c i ó n de los d í a s c u y o
leit-motiv es la arena inestable, jun­
to a su mejor ejemplario de supcr-realisrao, y entremezclado con las agrias dia­
tribas, ese conjunto de composiciones ae
rebelión de una sensibilidad herida por la
trágica y absurda actualidad contempo­
ránea: todo un documento de época, y en
cuya expresión el castellano muestra su
reciedumbre. Por su parte, Borges, emer­
gido de la poética inglesa, pertrechado
de disciplinas filosóficas y lingüísticas,
bien digerido clasicismo, con su amor por
el originario sentido del vocablo que da
a su escritura algún toque arcaico, ela­
bora una alquimia lírica de carácter muy
diferente, sumamente interesante e incon­
fundible, tierna y sentimental su esencia,
sometida al culto de otra especie de me­
táfora, procediendo por imág nes super­
puestas o enfiladas, y aplicándose a la evo­
cación nostálgica de casa y barrio porte­
ño, suburbio y campaña, en su "Fervor
de Buenos Aires” que es, ha dicho él mis­
mo: la expresión poética de su regreso al
país, una gran aventura espiritual por su
descubrimiento de almas y paisajes ("A n­
tología de la poesía argentina moderna”,
Julio Noé, 1926); fué seducida después
por el criollismo —la sugestión del arra¿ r t á t r t v c u t e % te ,
n^d&amp; v¿C L

bal (cuya exégesis acerca de su lirismo
dió tema a un libro dé Cansinos-Assens),
y algo del espíritu de Carriego que in­
fluían en su modalidad iban a mezclarse
además en esa alquimia al amor de lo na­
tivo de los Silva Valdés e Ipuche— y ten­
tada más tarde por las interpretaciones
de hechos históricos argentinos llenas de
un curioso humor, tan arbitrarias como
novedosas y felices, en "Luna de enfren­
te” y "Cuaderno San M artin”, libros me­
morables; hasta definirse como gran en­
sayista y critico, algo disolvente, nihilista
en el fondo, —manifestación de su ansia
de hallar lo absoluto, es un persecutor de
ello, en arte, literatura, filosofía, vida—
que es su esencia y su tónica, porque Bor­
ges es el que duda y vacila, el sediento
de fe, afirmación y certidumbre que in­
fundan firmeza y. duración terránea; co­
mo es asimismo un autor preñado de sa­
ber en sus estudios ("Historia de la eter­
nidad” ) y singular en la literatura ima­
ginativa ("Jardin de senderos que se bi­
furcan”, "Ficciones” ) , un humanista, un
metafísico, un creador, y con la mejor
prosa, más condensada y precisa, en es­
tilo más original y nuevo que hoy se es­
cribe en castellano (ver: Encuesta sobre
Borges, en "Megáfono” N ? 11, agosto de
1933, y Desagravio a Borges, "Sur” nú­
mero 94, 1942), cualidades que fui el
primero en advertir y exponer hace vein­
te años.
Llega la hora en que se suma Ricardo
Güiraldes, considerado precursor de nues­
tras tendencias por su "Cencerro de cris­
tal’’, sin duda Iaforguiano y lugoniano,
su imaginista viaje "Xaimaca”, y que,
respaldado en "M artín Fierro” y estimu­
lado a la creación por el impulso circuns­
tante, entregará a la admiración del pú­
blico su poemático relato pampaeano, 'Don
Segundo Sombra” un triunfo que letfcMÉRP
de alegría y le llenará de gloria, y nos le­
gará sus postumos "Poemas místicos” y
los "Solitarios” testimonios de su evolu­
ción religiosa y teosófica. Ganaba a los
jóvenes su temperamento de argentino en­
trañable y su orientación, que no se opo­
nía a ello, en literatura francesa del díi.
— y «üw_ÍH3úcíale a difundirlos— , con
Valery, Fargue, St. John Perse, Larbaud,
la gente de la "N . R. F.”, "Navire
d’Argent y "Commerce”, en cuya gusta­
ción coincidia con los dirigentes mejor
informados y los más alertas entre nos­
otros. El nos vinculó con el gran poeta
Jules Supervielle; él y Girondo fueron
los abanderados del pintor Pedro Figari,
ese poeta de la evocación costumbrista
negra y el Montevideo de antaño; por ahí
se acentuó nuestro uruguayismo que des­
puntaba con el ya afiliado Ild-fonso Pe­
reda Valdés, poeta de "Guitarra de los
negros” que editamos, y se afirmaría con
la presencia cordial y colaboración de los
poetas Alvaro y Gervasio Guillot Muñoz,
difundidores y biógrafos de Laurreamont
y Laforgue.
Ya era por entonces contertulio de
autoridad y respeto Macedonio Fernán­
dez, el que sal.ó a relucir con la primera
"Proa”, decía Borges, y de ese precursor
del movimiento renovador de ideas, lí­
rica, lenguaje, en que navegábamos, ha­
bía yo descubierto y republicado antiguos
poemas donde se anticipa a ello, cuan­
do le animaría el f.rv o r juvenil y
reconocimiento de su mérito a dejarse
arrancar páginas de su impar humorísti­
ca que fueron escalonando la admiración
y el tributo consagratorio de maestro, hasta que, reunidos, constiawaf 9w'~Iá mayo- ~
ría de sus "Papeles de Revienvenido”,
editados en mis "Cuadernos del Plata”,
1929. Se revelaría un pensador denso y
profundo en su libro de alta especula­
ción filosófica "N o todo es vigilia la de
¡os ojos abiertos” , primero que dió a luz
inducido por martinflerristas. Y un in­
tenso poeta de un arte abstracto en cuya
obra se confunden la mística y la meta­
física con la pura poesía, como surge de
sus poemas de Elena Bellamuerte y otros
inéditos cuyo espíritu incide en la orien­
tación presente de la juv.ntud. Es Ma­
cedonio otro ejemplo de los valores inte­
lectuales que hizo emerger, y obligó a
rendir y superarse "M artín Fierro”.
Otra s rie de poetas que no sólo en­
grosan el número sino diversifican el con­
junto con su variado mérito, le avivan
con su polémica fructífera o hacen útil
obra, están presentes: Roberto Mariana
enemigo del arte puro, que vela por una
poética natural y sin artificio afirmando
que las doctrinas en boga conspiran con­
tra la composición, contra los grandes
géneros literarios sin ver que se intenta-

r

(Continúa en la pág. 13)

d sL

i
i

�Pag. 10

CONTRAPUNTO

Contesta Emilio Pettoruti
la. El p o r v e n i r de la pintu­
ra es el que compete y al que as-)
pira todo arte: cumplir con su mi­
sión social, que consiste en dar al
hombre una organizada traducción
del pensamiento y los sentimientos
humanos, depurada hasta lo crista­
lino.
i
La obra de arte que invita a la
meditación y nos eleva, en espirita
e inteligencia, por encima de lo co­
tidiano, hacia las esferas en que
nuestra alma siente el sacudimiento

social que elimine las prolongadas
injusticias soportadas por la mayoría
en provecho de una minoría. La que­
rella está planteada a la luz del sol
y a la luz de cada conciencia. Todo
el que la posee se hace eco del pro­
blema y solidario de las grandes re­
formas que condicionarán el porve­
nir de manera más sensata y más
armónica, contribuyendo a sostener­
las. Si de artistas se trata, no habrá
muchos que regateen su contribución;
pero las formas que ésta revista

1°— i Cuál cree Ud. que es
porvenir material (en
sentido de su difusión,
apogeo social, etc.) de
p in tu ra ?

el
el
su
la

2°— ¿Cree Ud. que la pintura
evoluciona hacia lo “ real”
(contenido, t e m a, expre­
sión, etc.) o hacia lo “ abs­
tracto” (elementos forma­
les puros, ausencia de sig­
nificación figurativa, etc.) 1
3°— ¿Comparte Ud. como pin­
tor la frase de Renoir: “ E n
arte me conformo con go­
za r”, o cree Ud. que le es
necesario expresar además
algo que excede el puro go­
ce estético?
4■— Si no busca Ud. solamente
un goce estético, ¿puede in ­
tentar una explicación ge­
neral — eludiendo el deta­
lle ■
—• de esa otra■necesidad
expresiva? ¿Considera Ucl.
ambos propósitos contradic­
torias?

La mesa blanca, óleo de Emilio P ettoruti

"■t

de una sana y vibrante reacción, ha
^^^m plido, sin duda, con su misión
orientadora y redentora.
El estado de convulsión y confu­
sión por que atraviesa el mundo ha
traído como consecuencia, entre otras
perturbaciones, la de pretender des­
viar la función específica del arte,
subordinando a lo circunstancial su
rol eterno. Tales propósitos nc po­
drían prosperar desde que no existe
la razón que los aconseje frente a las
mil y una razón que los invalida.
Cada época tiene sus imperativos
y el más agudo en nuestros momen­
tos es el que tiende a la conquista,
lenta pero segura, de una paridad

siempre responderán, en cada cual, a
la fineza de su respectivo espíritu,
a la propia concepción del arte y al
respeto que la humanidad le merezca.
Así vemos que mientras unos brin­
dan su estímulo en un lirismo co­
municante, otros creen darlo en el
tema que comentan.
Pese al buen espíritu que pueda
animarla, esta última práctica desme­
dra, más que eleva, y se hace perni­
ciosa y peligrosa en partes iguales
para el público y para el arte, desde
que.equivale a darle a aquél una ter­
giversación moral en temas que le
provocan reacciones físico-sentimen­
tales fácilmente confundibles c o n

20 A r t i s t a s Brasileños
El 2 de agosto próximo se
inaugurará en el Museo Provin­
cial de Bellasi Artes de La Plata
la exposición “20 Artistas Bra­
sileños”. En forma aislada co­
nocíamos obras de algunos pin­
tores del Brasil, vistas en expo­
siciones individuales o en una
que otra exhibición colectiva,
pero nunca se nos brindó la
oportunidad de poder apreciar

un conjunto tatn considerable.
Está compuesto por 78 obras
representativas y han sido se­
leccionadas por el escritor y
crítico de arte carioca señor
Marques Rebelo, quien fué in­
vitado oportunamente por la Di­
rección General de Bailas Artes
de la Provincia a llenar este co­
metido.

Una Extraordinaria Enciclopedia de América
constituirá la magnífica colección
t i e r r a

f i r m e

que el FONDO DE CULSTTRA ECONOMICA de
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Buenos Aires

FONDO DE CULTURA ECONOMICA
"

—1'

——

——

5°— S i se conforma con el goce
estético, ¿eso obedece a que
en ese goce siente que va
implícita toda su realidad,
o, si tal cosa no sucede, a
que el saldo de Ud. mis'mo
que queda desatendido —
vida cotidiana, problemas
del hombre, del mundo, etc.
— no le interesa? E n cual­
quiera de los dos casos:
¿puede intentar explicar­
nos el porqué?

emociones puras del espíritu, y tien­
de a supeditar la substancia plástica
de éste a efectismos literarios extra­
pictóricos.
Hubo épocas, por fortuna muy su­
peradas, en las cuales lo descriptivo
constituyóse en una necesidad por
carencia de substitutos que las des-:
cribiesen fielmente y narrasen a los
pueblos todo aquello que 1(&amp; pueblos
debían no ignorar. Hoy, para interio­
rizarnos a fondo de cuanto nos in­
cumbe y propagar lo que nos intere­
sa ahondándolo hasta el escalofrío en;
el raciocinio y las venas, tenemos nu-j
merosas fuentes de recursos de más
amplia difusión, más directas y ade­
cuadas, verbigracia la radio, el dis­
co, 1a. prensa, la imprenta, la foto-)
grafía y el cine. No existe, en las
actuales circunstancias, la necesidad'
de que el arte sea aplicado o dirigído y sí la urgencia de afianzar, con)
un rechazo absoluto de todo lo men­
talmente viejo y grandilocuente, las)
conquistas de las nuevas expresiones
logradas y en las que la pintura,
dentro de un orden férreo, ha encon-t
trado la máxima libertad. No es la,
nuestra época de concesiones: es épo­
ca de creación, de liberación, y ser­
viremos mejor a la causa del hombre
expresándonos libremente, dándole
con lenguaje puro el intenso pano­
rama de sn oculta vida interior, que
proporcionándole sensaciones epidér­
micas por la vía fácil y negativa del
comentario al óleo.
2a. — La pintura sigue el cur-j
so natural de la evolución hacia
inéditas y grandiosas posibilidades.
Nunca las tuvo más favorables, por-í
que nunca hubo una renovación tan
total en lo interno y en lo externo,
en la esencia y en la forma. Limpia
de todo lo plásticamente impuro y*
espiritualmente decadente, enrique-f
cida con los elementos aportados en&lt;
el continuo sucederse de los diversos
movimientos pictóricos, la pintura
contemporánea mira confiadamente
al porvenir con los ojos de los gran­
des maestros del presente. Se ha des­
prendido, o .paysudido, {por decirlo)
a-sí, de galas inritiles y va en vuelo
hacia espacios ilimitados.
Quienes quieren verla alicaída o
debatiéndose incontrolada, cuentan
su propia lastimosa historia de seres
escasamente dotados artísticamente,
e intelectualmente confusos en mo­
mentos en que la claridad ordenadora
es un f a c t o r imprescindible para

¿AHONDE VA
asentar una nítida estructuración que
haga frente y proyecte su luminosi­
dad hacia el futuro.
El estado caótico al que suele alu­
dirse con torpeza, es el caos personal
reproducido en miles de fracasos. No
es artista todo aquel que pretende
serlo; la prueba es que muchos ha­
cen y poquísimos quedan. Pero como
todos quieren quedar, en la lucha del
anhelar ser y no poder, surgen los
manotones al vacío, la negación del
arte moderno, las lánguidas miradas
al pasado y la propuesta absurda:
marcha atrás. Imitar es más fácil que
crear, y héte ahí a los ineonforiiiistas
propiciando el retorno hacia distin­
tas formas que nos den el remedo del
pretérito, en la esperanza de que el)
falso tradicionalismo con postizos de1
modernidad les proporcione la noto­
riedad que les niega un arte más evo­
lucionado.
En los altos períodos artísticos
ereaeionales, al iniciarse sobre nue­
vas bases el ciclo vital que sigue a la
terminación del precedente, el artis­
ta se ve abocado a problemas de mag-,
nitud no conocida. Ya no bastan el
solo oficio ni el solo instinto, ni la
desesperada y anacrónica fidelidad a,
tendencias que cursaron y finalizaron
su etapa: hay que nacer espiritual­
mente, originarse a sí mismo, ir a
la conquista de expresiones sin ante­
cedentes, crear formas inéditas, sen­
tar la proposición para un mañana.
Esto no es fácil ni bastan, a su lo­
gro, las pequeñas cualidades de apli­
cación, conciencia artística, gusto,
etc., que, mal o bien, hubiesen bas­
tado, en épocas más favorables a la
divagación, para obtener una posi­
ción medianamente discreta. Hoy,
para representar y ser en el campo
de las artes, se requiere el regalo de

una fuerte personalidad, una intui­
ción penetradora, una sensibilidad
reverberante, capacidad imaginativa,
compenetración té e n i c a, humildad
perseverante, don experimental, só­
lida cultura, honestidad artística y
una inteligencia clara puesta en or­
den. Es natural que el camino pa­
rezca áspero, y natural que el ins­
tinto de defensa lleve a los buscado­
res de las consagraciones fáciles a la
actitud conservadora. Contra esos,
elementos de la reacción, de organis­
mo artístico débil, se alinean los que
miran adelante mejor organizados y
constituidos y mejor conectados ar­
tística y mentalmente a las inquie­
tudes de su época (*).
3a. y 4a. — No creo que de­
bamos tomar la frase de Renoir
al pie de la letra. Puede ser una da
las tantas frases sueltas que se dicen,
al pasar, o que no se dicen y simple­
mente son atribuidas basta que ef
tiempo las patenta. Pero si quere-t
mos tenerla por cierta y contestarla,
despojada del calor que le dió vida,
yo diría que el arte excede en mu­
cho al puro goce estético por llevar
implícita la misión a que aludí al
principio.
Hay muchas formas de gozar una
obra de arte: la gozan los ojos, la
disfruta el espíritu, la aprovecha el
entendimiento. Cnanto más completo
es el artista, mayor número de posi­
bilidades de goce nos proporciona ea
sus obras, y cuanto más desarrolladas
se encuentren las facultades del es(*)
Los conceptos de los renglones
que anteceden han sido extraídos de la
conferencia que bajo el titulo de “ Arte
Nuevo” pronuncié el 7 de setiembre de
1040 en la “ A.I.A.P.E.”, acto en el que
fui presentado por el poeta Córdova Itur­
bar u.

Contesta Francisco De Santo
la. Para que la pintura llene
la función social que le correspon­
de, debe llegar al público en gene­
ral, debe buscar el medio para lo­
grarlo, y éste en pintura, es el arte)
del muralista. La pintura mural es
la que además de difusión, apogeo'
social, etc., asegura a la Pintura unj
“ porvenir material” , una permanen­
cia en el tiempo.
2a. Según el* temperamento de
cada artista, éste puede evolucio­
nar en un- sentido “ real” , o en
un sentido “ abstracto” , mas, siem­
pre deberá crear la obra de arte pa-(
ra el público, entendiendo por su-/
puesto que está en primer término lai
conciencia del a r t i s t a y luego el,
público.
3a. La opinión de Renoir es va­

ledera para su temperamento, lio
podríamos considerarla así, quizás;
para Yan Gogh cuya pintura sólo,
podía darle gozo al verla realizada
después de macerar su dolor.
4a. Creo que, además del goce
estético, está la finalidad de bien
social, con la que espera gravitar to­
do artista, no siendo en modo alguno!
para mi parecer, contradictorio bus­
car el goce estético y el bien de la)
comunidad.
^
5a. El drama del hombre es par­
te principal en el sentir del pita
tor, por eso éste vive luchando su
vida, trabajando, sufriendo, vive in-&gt;
tensamente todos los momentos de la!
existencia, para hacer con ello la co-j
lumna vertebral, la fibra de su obra.'

�LA PINTURA?
Contesta Manuel O . Espinosa

te del goce del autor, un h e c h o
social de trascendencia; todo adi­
tamento expresivo no sólo resulta­
ría superfluo sino que sería perjudi­
cial para la obra. En consecuencia,
que el artista se conforme con gozar,
ajeno a todo propósito extrapictórico,
no significa, en modo alguno, que
con ello limite el alcance social de su
actividad.
j
5a. La vivencia estética que el
goce visual conduce, satisface l a s
exigencias más hohdas y universales
del espíritu humano y, por lo tanto,
no creo que la realización exclusiva)
de los valores plásticos, en una pin-j
tura, resulte extraña a la vida coti­
diana.

Contesta
Orlando Pierri

Pintura , por Manuel Espinosa

la. El movimiento social que se inaceptable la calificación de moder­
inicia a raíz de la victoria popu­ nos y hasta de compatibles con idea­
les políticos progresistas, de movi­
lar permitirá a las artes c a m b i o *
fundamentales. Será posible una gran mientos reaccionarios que se preten­
eultura artística, una comunión más den nuevos, en virtud de que atien­
amplia entre el creador y el pú-* den a algunas recetas de Lothe o de
Rivera, y cuyos corifeos más auto­
blico.
rizados c o n c u e r d a n con Adolfo
2a. La pintura, liberada por las
invenciones mecánicas de la nece­ Hitler, cuando éste decía, refirién­
sidad de la copia, se encuentra hoy dose a las nuevas experiencias:
“ Si estos pintores pintan así de­
en m e j o r e s condiciones que nun­
ca para atender a sus valores pro­ bido a que ven las cosas de esa ma­
nera, entonces esos infelices deberían
pios. Este es el sentido que reviste,
en general, el movimiento del arte ser tratados en el Departamento del
moderno, que no es alejamiento del Ministerio del Interior, en donde set
hombre o desinterés por sus proble-, esteriliza a los insanos para evitar
su desdichada herencia. Si en realn
mas esenciales, sino, por el contrario,
dad estos pintores no ven las cosas
afirmación de su poderío mental y
de esa manera y persisten en su ac­
técnico.
titud de seguir pintándolas como si'
Afirmar que la pintura exige, pa­ así las viesen, entonces esos artistas
ra existir, otras condiciones que las deben ser juzgados por tribunales
meramente plásticas, es, evidentemen­ criminales” . (Munich, julio 18 de
te, mediatizarla. De este modo, se co-f 1937.)
loca a la pintura en dependencia de
Considero que no es realista la
factores que no guardan relación con pintura que aspira, ya por la mera
el proceso que le da origen. Las ex­ copia o ya por la deformación, a
periencias cubistas y las realizacio­ convertirse en signo. La única pin­
nes y especulaciones que las siguie-f tura realista es, para mí, la que bus­
ron — que algunos pintores desdeñan ca, antes que nada, afirmar su rea­
con una ligereza que asombra —- han lidad material (planismo), abolien­
sido presididas por una tendencia an- do toda reminiscencia figurativa me­
t ifigurativa y el proceso, mal que diante una estructura integral. Vale
pese a los que lo creen cancelado y decir, que él único arte realista es
asimiladas a la figuración sus más el A rte Concreto.
3a. y 4a. La invención de una
importantes conquistas, continúa en
obra pictórica de valor implica, aparnuestros días. Por lo tanto, resulta

pectador, mayor proporción de goce
y enseñanza extraerá de la contem­
plación de ellas. Esto es tan claro,
que por fuerza ha de parecemos obscurecedora toda teoría que abogue
por nutrir de pintura anecdótica a
los pueblos en vez de darles calidad
plástica, es decir, poesía pictórica.
Tal teoría es hoy antipedagógica y
hasta atentatoria, desde que apriorísticamente niega al pueblo cualidades
sensibles y de comprensión y toda
capacidad de evolución en materia de
percepción, espíritu e inteligencia.
5a. — No hay ningún problema'
del mundo que le sea indiferente al
artista. A los que siguen atentamente
las corrientes más vivas y recónditas
de la vida actual y son capaces de
ver, en su fluir continuo, algo más
que transmutaciones aparentes, no
les pasará desapercibido que el ar­
tista moderno ha buceado en lo más

hondo de esas corrientes y que su
producción las refleja.
Al hecho y los sucederes contem­
poráneos responde la imaginación
sensible que elabora con ellos un arte
puro, hondo, cuyo sentido únicamen­
te permanece oculto a las mentalida­
des groseras que, por falta de ima­
ginación y sensibilidad, se aferran a
fórmulas dañinas y más caducas que
las académicas, a truculencias que,
por cierto, el arte no les da ni les
dará, y tanto menos el nuevo que
marcha hacia la más completa liber­
tad de expresión entregándose en
imágenes depuradas hechas de emo­
ción, de pensamiento, de vida, da
humanidad, y en cuya síntesis dis­
ciplinada vibra el fervor con que el
artista hace de la realidad una trans-&gt;
posición plástica pura, adelantándo­
se a crear la fina realidad que bus­
ca el hombre.

la. El porvenir material de la
pintura, como de todas las artes, no
depende de los hombres que lo rea­
lizan, sino del grado de inteligencia
del medio que lo rodea. Es preciso
recordar a Van Gogh y a Modigliani, mártires de la sociedad a pesar
de su genio. Ahora sus cuadros ador­
nan las, paredes de los burgueses,
siempre en retardo, que pagan for­
tunas por ellos.
2a. Creo que la pintura evolucio­
na hacia una realidad subjetiva. El
arte va de Picasso al psicoanálisis,
un campo que tiene grandes posibi­
lidades sin desarrollar aún. Estamos
en la aurora, en la partida de nuevos
movimientos. Que no se ponga de
ejemplo a los falsos apóstoles.
Creo en la exaltación de la imagi­
nación, del drama y de la poesía del
mundo interior del artista, pero par­
tiendo de las conquistas del arte mo­
derno.
3a. No sé si pintar es un goce o
un drama. Es goce en cnanto al pla­
cer del encuentro con la imagen; es
drama en lo que respecta a realiza­
ción, o sea la materialización de esa
imagen. Lo que puede decir o hacer
un pintor depende de las necesida­
des del momento.
Yo no veo ninguna contradicción
entre el goce de la creación y la
necesidad de expresión.
Siempre que un artista crea está
expresando algo: un sentimiento,
una idea, una imagen o una sen­
sación.

Diálogos del Mes
(Vierte de la pág. 4)

queda de su gran poesía, se comparaba
maravillosamente a un joyero (esto, sin
quererlo, me vuelve a los escaparates de
las joyerías de Buenos Aires) que intenta
forjar el prendedor legítimo para el cual
no sirve nada más que el metal más pre­
cioso. Refiriéndose al poeta, dice George: Ahora debe ser así: como un racimo
grande y extraño formado de oro rojo
como fuego y de piedras ricas y brillantes.
— ¿No admite usted que existe aquí la
idea clara de lo que debe ser la verdadera
literatura?
— Ya que se parte de una confusión en
la presentación, resulta de antemano difi­
cultoso discernir aquello que posee real­
mente el contenido cabal de que habla­
mos. Que la poesía, el arte todo, no sir­
ve para el mero goce personal, que sien­
do un oficio de santidad exige una perso­
nalidad entera para influir profundamen­
te, para transformar y ennoblecer la vi­
da, la propia, la del pueblo ¿quién lo sa­
be aquí?, donde la mayoría considera el
trabajo del artista como una ocupación
de lujo.
— Esa es ya otra cuestión. La carencia
de un lugar en la sociedad para el artista,
la falta de una conciencia social res­
pecto del escritor como tal de parte del
público, es problema nuestro tan antiguo
como el infierno. Problema demasiado
complejo, cuyas causas, entre otras, ha­
bría que ir a buscarlas en el artista mismo.
¿Observa usted alguna otra lacra más?
No se arrepienta usted y se cale las ga­
fas...
— ¿No me tomará a mal si luego de es­
tas explicaciones le hablo de una situa­
ción abominable, que no puedo manifes­
tar con la necesaria claridad? En tanto
que en tiempos normales, en naciones co­
mo Bélgica, Holanda, Noruega, Dina­
marca, Suecia, cientos de productores de
arte pueden vivir de la remuneración de
sus obras, no pueden vivir de su pluma
una docena de colegas argentinos.
— O tro de nuestros viejos problemas.
Sin embargo, nunca estará demás renovar
su planteamiento. En realidad es una
consecuencia del punto tratado anterior­
mente. Como el oficio del escritor no
involucra para la sociedad el significado
de "profesión”, su corolario inmediato es
que este oficio no sea lucrativo.
— La culpa de este hecho vergonzoso
en un país como éste, de catorce millones
de habitantes, debe buscarse en causas

distintas. En prioridad, la que usted ale- ,
ga es la fundamental. Pero hay otras.
Una de ellas es la indiferencia por la lec­
tura ante la creación realmente valiosa
(pienso en Goethe, que consuela al poeta
no comprendido diciéndole que una pie­
dra echada al pantano no puede causar
circuios concéntricos en la superficie) ;
otra, es la poca o ninguna remuneración
por parte de los periódicos y revistas, dia­
rios y editoriales, casi todos poseídos de
una ambición exclusivamente mercan­
til. Falta absoluta de protección para el
artista. El editor no alcanza aún a enten­
der que el escritor no sólo es un colabora­
dor sino que constituye el elemento irreemplazabL de su empresa.
— Es exacto. Pero todas estas causas
aisladas que usted enumera las veo for­
mando parte de una sola y principal. In­
sisto: se entiende que "el arte no es una
función social, ni una "profesión".
— Pero indigna comprobar cómo en
las altas esferas sociales se gastan sumas
enormes en fines vacuos, sin que se
sienta por lo menos el deber íntim o de
aliviar a un número ínfimo de artistas
de su penuria económica. ¿No piensan
los multimillonarios argentinos que con
una acción de generosidad sus nombres
se incorporarían a la historia espiritual de
su país, mientras que en otro caso serán
olvidados igual que su peón más pobre?
— A los millonarios argentinos no les
preocupa emular a Mecenas. Prefieren
emular a Creso. Conflicto harto doloroso
el de la subsistencia del escritor sin me­
dios económicos. No defendamos la po­
breza, que poco tiene de positiva, pero
admitamos que en arte es la gran piedra
de toque de las vocaciones profundas.
— A menudo se ha discutido si el es- .
critor auténtico debe tener una pro­
fesión al margen de su vocación. Yo ten­
go la opinión de que un joven no puede
"establecerse” sólo como "poeta” . Pue­
de ejercer por cierto tiempo cualquier
ocupación civil sin perjuicio, pero luego
si ha probado su calidad de artista no t.n dría por qué soportar la horrible servi­
dumbre de un creador que d.be traba­
jar por el pan cotidiano. La esencia de la
creación es la concentración. Todo oficio
práctico prolijamente ejecutado precisa
una desconcentración que no puede tole­
rar el artista fino y sensibj-e.
— Vayamos a otros aspectos de la cues­
tión. Frente al estado actual del mundo
en guerra, o en casi post-guerra, ¿cuál
cree usted que parece ser la actitud "va­
ledera” de la literatura? ¿Cree usted en
la preponderancia de un individualismo
en arte, o por lo contrario, supone usted
que el arte marcha hacia una revaloriza­
ción colectivista?
— Creo en una reivindicación del indi­
viduo para bien de lo colectivo.
— Como alemán (no crea que olvido
su actuante ciudadanía argentina), ¿qué
opina usted respecto del desenvolvimien­
to venidero del arte de Alemania?
— El genio alemán, cuya cultura ha
alimentado a la gran cultura de la civi­
lización occidental, continuará, sin du­
da, brindando su luz. El frenesí bárbaro
de H itler no forma parte del eterno espí­
ritu alemán. Los bárbaros no son privati­
vos de este o aquel pueblo; están conte­
nidos en todos, pero no forman su subs­
tancia eterna. Pasan.
— Como escritor, ¿está satisfecho de
su obra hasta el presente?
— No. Me siento tan joven a mis cin­
cuenta años, que todas mis obras hasta la
fecha me parecen sólo ensayos. Un cúmu­
lo de planes madurados desde mucho
tiempo atrás esperan su realización.

EXPOSICION
CASIMIRO DOMINGO
. . . “V erdadero a r tis ta p rim itiv o au to ­
d id acta, ajen o a in flu en cias de escu elas o
de pintores, com enzó a .p in ta r a l e s 53 años
de edad- A bandonó ¡pronto un in ten to de
rep re se n ta c ió n re a lista , p a ra d e d ic a r to­
das sus en erg ías c re ad o ras a la a c tiv i­
dad a u to m á stic a ”.
“Sus cu ad ro s c o n stitu y en au té n tic o s
m undos pictóricos, dinám icos ab so lu ta ­
m en te despojados de elem en to s n a tu ra lis ­
tas, de colores vivos y form as personalisim as, por cu y a exclusiva g ra c ia Be im ­
ponen a n u e stra sen síb il.d u d ”.

El mensaje, óleo de Orlando Pierri

(Del folleto de la Galería "Córate",
presentando a Casimiro Domingo,
que . xpone en dicha sala)

�Pag. 12

CONTRAPUNTO

Apollinaire y la Gestación de sus Poemas

Guillermo de Torre, grabado en madera
de P. A. Gallien

N

I retorno ni revaloración; simple­

mente, persistencia de su actuali­
dad. Hay personalidades que no necesi­
tan ser favorecidas por ninguna de las dos
primeras circunstancias, porque en rigor
nunca perdieron su vigencia. Tal es el ca­
so de Guillaume Apollinaire. En momen­
tos normales la celebración del vigésimo
quinto aniversario de su muerte lo hu­
biera probado. Pero aún en las circuns­
tancias oprobiosas que Francia vivía en
1943, cuando tal aniversario se cumplió,
pudo evidenciarse subterráneamente que
la influencia apollinairiana manteníase
operante. Ya es sabido hoy que los libros
poéticos más famosos y más pluralmente
leidos, entre los publicados en Francia
durante los años de esclavitud que acabade padecer, fueron Créve-Coeur y Les
yeux J ’Elsa, originales de Aragón Pues
bien, aquello que les presta singularidad
y valor no es otra cosa, en gran parte,
que la esencia, el rescoldo de Apollinaire
que dichos poemas trasuntan. En ellos
— señalar la evolución ideológica que
marcan en el autor respecto a sus con­
tradictorias tendencias anteriores sería
tema aparte— , revive, por un lado, un
tono festival — en medio de la tragedia—
al cantar la guerra, parejo al que prevale­
cía en los Calligrammes de Apollinaire;
y por otro lado, su técnica lleva al extre­
mo libertades métricas e innovaciones
prosódicas que el San Juan Bautista del
cubismo adelantó.
Convendría, por consiguiente, que los
lectores de las últimas generaciones, en
trance de acercarse a la obra apollinairia­
na, procedieran con cautela y respeto si no
encuentran siempre a primera vista ente­
ramente! justificado el tono apologético
de sus coetáneos y seguidores inmediatos,
ni ven cabalmene explanado en aquélla
el paradigma de la modernidad que suele
otorgársele. Pero adviértase, que el au­
tor de Calligrammes es antes que nada
un precursor, con toda la grandeza y las
limitaciones que esta condición supone.
Y todo precursor tiene algo de grandio­
so, pero otro tanto de inacabado o trun­
co. Situado entre dos épocas, entre aque­
lla con la cual rompe y la otra que anun­
cia, su espíritu adquiere la significación
de una bisagra donde se gozna el perfil
de dos vertientes. Por eso mismo en nin­
guna de ambas encuadra perfectamente,
rebasándolas, sin encaje armónico, y en­
redándose a veces en un tum ulto de con­
tradicciones.
En el caso de Apollinaire estas anti­
nomias no son íntimas, pero tienen un
exterior desconcertante. Erudito e intuivo .ortodoxo y arbitrario. Su raiz extran­
jera le daba una soltura de maneras, una
actitud ante el pasado poco frecuente en
la literatura francesa. El caso merecería
un esclarecimiento especial, pero basta re­
cordar aquí que gran número de los re­
novadores de esa literatura en la lírica,
llegaron de fuera, desde el parnasianismo
—con J. M. Heredia— hasta el dadaismo
con Tristán Tzara, Francis Picabia, pa­
sando por la edad dorada del simbolismo,
Lautréamont, Laforgue, Moréas, Stuart
Merrill, Maetcrlinck, y los independien­
tes como Supervielle y Miloscz. Si ex­
tendiésemos el caso a la pintura y a la
escultura la lista sería aun más vasta, ya
que según es notorio la mayor parte de
los artistas integrantes de la llamada
"école de París” son extranjeros: Picasso,
Chagall, Klee, Soutine, P a s c i n , Max
Ernst, Miró, Dalí, Lipchitz, Zadkine,
Gargallo, Manolo, González, Bores, Viñes, de la Serna, etc., etc. Nada de esto
sin embargo — advirtamos al punto fren­
te a los suspicaces— puede ser interpreta­

do en detrimento del espíritu francés; al
contrario, véase como un argumento a
favor del internacionalismo de su cultu­
ra, de su virtud absorbente y expansiva
al mismo tiempo. Es decir, de aquellas
cualidades que hicieron en buena parte
su grandeza, fomentada por los mejores
y estorbaba naturalmente por los nacio­
nalistas de vía estrecha y entendederas
más angostas aún.
¿Cómo definir en una palabra el ca­
rácter predominante de una obra tan di­
versa cual la de Apollinaire? Poesia. En
efecto, fué un poeta en aquello que más
sustancialmcnte le importaba: la poesía
propiamente dicha y la critica, de arte en­
tendida como creación. Ahora bien, su
lirismo rebasa las consignas habituales
Sobre todo en Calligrammes abandona
los dos recintos más comunes: el subjeti­
vismo y la motivación concreta. Cuenta
con el mundo exterior, pero traspuesto al
suyo íntimo. Por decirlo con palabras
de alguien que le debe bastarse, Jeaq Cocteau (12) , "Apollinaire fué uno de los prr
meros que desdeñaron el lirismo pura­
mente imaginativo y la analogía llana.
Buscó un equilibrio entre estos dos excecesos. Adoptaba el menor detalle al al­
cance de su mano, transportándolo a un
medio distinto, donde inviste un aspecto
inesperado, sin perder nada de su fuerza
poética” . Su númen corta las amarras
con la realidad inmediata, hundiéndose
en la fluidez movediza del contorno, cap­
tando los mil guiños sueltos que nos ha­
cen las cosas inconexas. De ahí ese as­
pecto de inventarios sorprendentes que
tienen algunas de sus poesías, corno las
tituladas "II y a”, "Lundi, rué Christine”, formada esta última a base de frases
sueltas escuchadas simultáneamente en
un café repleto. Ello revela como Apolli­
naire no era el lírico que necesitara ais­
larse para encontrar su vena; al contrario,
mezclado a la vida, en la terraza de un
café, entre la greguería de las conversacio­
nes, o sobre la imperial de un ómnibus,
podía componer algunos de sus más feli­
ces poemas. "Interrumpido — según nos
cuenta André Salmón— en aquello que
los parnasianos llamaban meditación, apo­
derábase al vuelo dé la frase más insig­
nificante, de la más trivial —y si era in­
coherente tanta mayor fortuna podía
llevarse al "espíritu nuevo”— y sin ador­
narla, sin hacer traición ninguna a la
"revelación”, se alzaba desde aquel plano,
desde aquel último plaíio superpuesto,
por un milagro de unidad, a nuevas as­
censiones en un cielo libre, sin perder de
vista la tierra”. Así nacieron los que Apo-

Por

GUILLERMO DE TORRE
llinaire bautizó con el nombre de "poe­
mas-conversaciones” y donde tanta parte
tiene lo subconsciente; pero un subcons­
ciente en estado puro, no sofisticado con
arrequives científicos, ni endiosado so­
lemnemente, según aparece en las poste­
riores producciones del superrealismo.
Con un ejémplo y la explicación polé­
mica que su génesis suscitó, podremos
aclarar de modo más concreto el procedi­
miento apoilinariano. Tengamos el poema
"Les fenétres”, pieza sobremanera típica
de la nueva estructura poemática; del
poema concebido no como un todo orga­
nizado, sino como un tejido de imágenes
y visiones superpuestas, según una personalísima óptica. ¿Cómo fué escrito
este poema, el segundo de la primera par­
te de Calligrammes? En torno al modo
de su composición, a si debía considerar­
se como una obra artística o una impro­
visación burlona, promovióse hace años
una fuerte polvareda polémica, que yo
historié entonces. (34)
La cosa fué así. A un crítico nada modernólatra, a un comentarista más bien
reacio a este género de literatura, Henry
Bidou, y en lugar tan mesurado como La
Revue de Trance, se le ocurrió cierto día
elogiar entusiastamente "Les fenétres”,
considerándolo como uno dé los poemas
más representativos de l’esprit nouveau
lírico que a la sazón tanto se debatía. Pe­
ro es el caso que precisamente dicho poe­
ma había sido puesto por otro crítico,
André Billy, como ejemplo de la mane­
ra audaz de escribir de Apollinaire, ma­
nera lindante con la superchería, (*)
Otra publicación de aquel entonces, la
Revue de l’Epoque, aparentemente hete­
rodoxa, pero que en realidad "saboteaba”
lo moderno y no perdía ocasión de mani­
festar su animadversión a la modalidad
apollinariana, acusó a Bidou de "mistifi­
cador”, recordando los orígenes del poe­
ma, contados, según decimos, por Billy.
He aquí ante todo el relato de éste: "Q ui­
siera citar otro ejemplo del método de
trabajo de Apollinaire. Él, Dupuy y yo
estamos sentados en él café Crucifix, en
la calle Daunou, ante tres vasos de vermouth. De pronto Guillaume suelta la
carcajada: se le ha olvidado por completo
escribir para el catálogo de Robert Delannay el prefacio que se comprometió a
enviarle por correo, teniendo como últi­
mo plazo aquel mismo día. ” ¡A ver, mo­
zo: papel, pluma y tinta! Entre los tres

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Salón K raft
RECO NQ UISTA

319

BUENOS

AIRES

pronto estará hecho”. La pluma de Gui­
llaume escribe:
Du rouge au vert tout le jaune se meurt
Después se detiene. Pero Dupuy dicta:
Quand chantent les aras dans les fórets
[natales
La pluma continúa, transcribiendo la
frase fielmente, y agrega:
Abatís de pihis.
Se detiene de nuevo. Y ahora me toca
a mí dictar:
11 y a un poeme d faire sur l’oiseau qui
[n’a qu’une aile
Reminiscencia de Alcools que la plu­
ma reproduce sin vacilar. "Lo que esta­
ría bien — digo yo entonces— , puesto
que el prefacio es urgente, sería enviár­
selo por mensaje telefónico.” Y por eso
el verso siguiente es éste:
Nous l’enverrons en message télépho[nique.
No recuerdo ya exactamente los de­
talles de tan extraña colaboración, pero
puedo afirmar que el prefacio al catálogo
de Robert Delaunay salió de allí en bue­
na parte. Guillaume llamaba poemasconversaciones a los poemas de este gé­
nero.
En la discusión intervino también otro
amigo de Apollinaire, testigo de muchas
horas de su vida, André Salmón. Éste en
la revista Action (octubre 1921), des­
cargaba a Bidou de la acusación de com­
plicidad en la superchería y desmentía
indirectamente la versión transcrita de
Billy, escribiendo: "N o, Apollinaire, no
ha engañado a nadie y Bidou no debe
lamentar haberse mostrado sensible y
valeroso” . Salmón además impugnaba las
acusaciones dé La Revue de l’Epoque
atribuibles a su director. Marcello-Fabri,
tratando de demostrar que aun en el su­
puesto — al que no concedía gran crédi­
to— de que el poema hubiera sido escrito
según narraba Billy, no existía en ello es­
cándalo ni superchería, puesto que Apo­
llinaire, improvisando "Les fenétres” ,
"no escribió nada que no fuese suyo” . Y,
en efecto, la línea que dicta Billy proce­
de, según su leal confesión, de Alcools,
en estos versos del poema "Zone” :
De Chine sont venus les pihis longs et
[souples
Qui n’onl qu’une aile et qui volent par
[couples.
André Salmón, en suma, parecía pre­
sentir y adherirse a la nueva versión de
aire más verídico facilitada por Robert
Delaunay, a quién va dedicado el poema
discutido, y ante quien.fué escrito en su
taller. Debo esta última versión al pro­
pio Delaunay, quien además en un artícu­
lo publicado por aquellas fechas (Revue
de l’Epoque, octubre de 1921), desauto­
rizaba totalmente la interpretación de
Billy, revelándonos con profusión de de­
talles cómo fué escrito el poema. Apolli­
naire, a raíz de su salida de la prisión de
La Santé, acusado dé presunta complici­
dad en el robo de la Gioconda, fué a re­
sidir temporalmente en casa de Delau­
nay, mientras buscaba un nuevo aloja­
miento. Allí, y en trance de preparar el
pintor un catálogo con grabados para
una próxima exposición, el poeta se brin­
dó a escribir un poema-prefacio. "El t í ­
tulo "Les fenétres” pertenece a la serie
de mis cuadros con este tema — me dijo
Delaunay— y el poema está sugerido por
la contemplación de varios cuadros de mi
taller que él veía desde su habitación, al
mismo tiempo que también su vista al­
canzaba — a través de una ventana sobre
cuyo alféizar abandonaba yo un viejo par
de zapatos claros— la perspectiva de va­
rias calles de París, en lo alto del Quai
des Grands Augustins, a la vera del
Sena.”
¿Qué versión aceptar? Todas y ningu­
na. Todas, porque en efecto Apollinaire
pudo muy bien comenzar a escribir el
poema en un café, secundado por frases
sueltas que le dictaban sus amigos. Pero
incorporando luego otras de su propia y
exclusiva cosecha, y dando forma defini­
tiva al conjunto. Ninguna, porque el ca­
rácter de este poema y de otros similares
se atiene más bien a las normas sin pau­
tas de lo que luego — en James Joyce—
se bautizaría como monólogo interior,
flujo de la conciencia liberada, sin ata­
duras lógicas y sin mayor adobo litera­
rio. "¡A h, quién libertará a nuestro espí­
ritu de las pesadas cadenas de la lógica!” ,
escribiría años después André Gide. Pues

i
Apollinaire, por Picasso
bien, Apollinaire no sólo se anticipaba a
este designio, sino que prefijaba una nue­
va cosmovisión en los límites particula­
res del poema, superponiendo en un mis­
mo plano tramos diferentes del tiempo y
del espacio. Experimentaba que la reali­
dad, que su visión artística, estaba ya ex­
cesivamente solidificada, que era necesa­
rio poner en ella barrenos violentos para
abrir brechas dé luz. Como nuestro Ra­
món de la Serna, el de la primera época
prometeica, sentía que todo estaba hecho
en literatura, que la faena urgente no era
componer, que lo difícil era descompo­
ner, quebrar las estructuras sólitas de las
cosas para que nos brindasen rostros di­
ferentes. H acía suyas implícitamente
aquellas "siete palabras” de la mocedad
ramoniana: "¡O h, si llega la posibilidad
de deshacer!” A este fin se entregaba
confiadamente al flujo de las corrientes
momentáneas, sin rehuir el riesgo de la
improvisación, atento sólo al latido de las
circunstancias y a los mil rumores del
contorno. Identificaba así el lirismo con
las circunstancias y la poesía con el nunismo. Justamente este último iba a ser
el nombre de otro ismo circunstancial, el
practicado durante algunos años por uno
de los discípulos de Apollinaire, Pierre
Albert-Birot.
De aquí al profetismo, al concepto de
la poesía como profecía, sólo había un
paso y éste también lo franqueó el inven­
tor de los caligramas. En numerosos poe­
mas suyos late esta ambición perforado­
ra del futuro, este ímpetu adivinatorio,
cierto és que sólo intuido oscuramente,
palpado a tientas, como cuando escribe
en "La petite auto” :
fe sentáis en moi des étres neufs pleins
de dextérité
Batir et aussi agencer un univers nouveau.
Y más aún se advierte parejo intento
en diversos episodios de su vida cotidia­
na. Así, por ejemplo, en esta anécdota
que nos narra André Billy. En cierta épo­
ca ambos trabajaban juntos en Paris-Midi.
Apollinaire tenía allí a su cargo la tra­
ducción de periódicos ingleses. "Poseía—
cuenta su compaero— sobre la política
extranjera, como sobre lo demás, ideas
muy personales. Como yo me asombrara
de verle fechar en New York o en Lon­
dres despachos cuyo texto había salido
enteramente de su imaginación, me ex­
plicó: "N o hay mejor manera que ésta
de influir sobre los acontecimientos” . Y
lo creía, estad seguros de ello.”
(1 ) C apítulo del libro Guillaume Apollinaire,
que publicará próxim am ente la Editorial Poseidón(2) Carie blancbc (La Siréne, París, 1920).
(3 ) "U n poema discutido de Apollinaire” ,
en la revista Ultra, n° 19, M adrid, 1 de diciem­
bre de 1921.
(4 ) En dos artículos de Les Ecrils Nouveaux,
noviembre y diciembre de 1920, que luego for­
maron el lib r.to Apollinaire vivant (La Siréne,

París, 1923).

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�CONTRAPUNTO
(Viene de la pág. 9)

ba vivificarlos y darles perfección; el
amateur de arte que aspira a poeta Pedro
V. Blake, al cual sepultó el epigrama
aquel en que un filósofo de empaque,
buscando la "nada hueca” , al leer un li­
bros de Blake, dijo: Eureka! Vienen
César Tiempo, que en 1927, con Vignale, registra la producción del día en
"Exposición de la actual poesía argenti­
na” ; Aristóbulo Echeearav — que cola­
bora a dúo con el anterior, el cual cultivó
luego una poesía de ambiente israelita,
teatro y cine— y d'ó "Poeta empleadillo”
y ahora la novela "Cinco p“sos poca pla­
ta ” ; Sixto Pondal Ríos, independiente de
escuelas, presentado por Córdova Iturburu, oue, tras los primeros ensavos y un
viaie a Europa, entrega un libro denso y
novedoso de poemas, calla y cultiva el pe­
riodismo hum orístico con éxito, se con­
sagra al teatro y cine donde cobra fama
y fortuna; Sergio Pinero, que, aparte poe­
mas en prosa girondianos, nos dió la na­
rración vivida y poemática, rica en imá­
genes, de viajes australes en su "Puñal de
Orion” v era una promesa de escritor
de mérito cuando la muerte le halló en
París’JÉ ocupado en incorporar a "M ar­
tín Fierro” la nueva literatura v arte
franceses; Alfredo B ran d an / debutante "
con "Las manos del Greco” , se' convier­
te en un ultraísta, de mirada cosmogóni­
ca en sus "N ubes en el silencio” , "El si­
lencio y la estrella” y que. en "Visión de
la Pampa” , abarca desde el cielo el pano­
rama territorial y da una interpretación
nueva de nuestra naturaleza, penetrado,
él también, de misticismo.
Y la figura más llamativa y esperan­
z a d o s de gran poeta que nos llega en
ese segundo tiempo, diestro epigrarmsta y
polemizante, Leopoldo Marechal, que, a
impulso del ambiente, da un salto "re­
cord” desde sus primigenios "Aguilu­
chos” lugonianos hasta deslumbrar con
su brillante figuración y cálido lirismo,
plasticidad verbal, vigor mental que con­
jugaban en "D ías como flechas” , y, tras
ese libro pagano evoluciona hacia el mis­
ticismo religioso, nutrirá su poética de
católico y tomista con ello pero sin limi­
tar su amplio vuelo lírico desde "Odas
-ara el hombre y la mujer” en arte muy
"Tíre e Imaginanvo,\verso perfecto, rima
sabrosa, rica metáfora, ¡fó¡U/''/&amp;í'gégÍrt«'
s&amp; A p ip y y "Sonetos a Sophía” , serie es­
piritualista deJ »m»q clásic^f pero cedien­
d o a sijfcemperamento jjno sin algún rapto
dionisíaco, ese espléndido "C entauro”,

mostrándose
"ándose/tomó uno de los más notables poetas surgidos de este movimiento
literario.
Llega un trío de escuela francesa bien
orientado en la más avanzada línea con­
ceptual de qué cosa es, esencialmente, la
poesía, saturado de la evolución más mo­
derna de Europa, que ha seguido por su
cuenta, para enfrentarse con las corrien­
tes dominantes aquí: Lysandro Z. D. Galtier, que nos da una magnífica traducción
de "V einte poemas de Apollinaire”, el
innovador, revelación para el ambiente, y
se empeñó en dar a conocer la obra del
gran poeta lituano de lengua francesa Os­
car W . de Lubicz, fermento que aún hoy
tonifica nuestra lírica; y, en. su idioma
francés familiar nos da obras personales,

ir

is s E i.

Luis Franco, por Paflomar

superadas después por los libros "Itine­
rario”, "Santo y seña” , de un espíritu
nuevo y calidad refinada. Antonio Vallejo, polemista substancioso y teorizador de mérito, abjura del paganismo y la
estética de su promisor libro inicial "Pan
y la fuente” , adopta una expresión lí­
rica con raíz en la obra de Paul Claudel,
ya tocado de misticismo, y luego de en­
tregar notables poemas, su catolicismo
le hace descubrir su vocación, toma los
hábitos de San Francisco y calla. A nto­
nio Güilo empieza ejerciendo la crítica
y no florece poeta sino del 1928 al 40 en
que publica "Distancia” y "Semblante”,
libros de una poesía intimista delicada
sujeta al rigor de un depurado concepto
del lirismo.
En pleno desarrollo de la batalla apa-

ULTIMAS NOVEDADES
PABLO SCHOSTAKOVSKY: Historia de la literatura rusa

...

$

12

D esde los a u to re s m ás rem o to s h a s ta los ú ltim o s soviéticos
e s tá n co m p ren d id o s eu e s te e stu d io debido a la p lum a die u n
e s c rito r q u e se b a sa e n su conocim iento d irectd d e l id io m a y
d-01 .país ruso.

ROGER M ARTIN DU GARD: El buen tie m p o .....................
T e rc e ra p a rte d e ‘‘Los T h ib a u lt”, la o b ra m a e s tra la u re a d a con
el P re m io Nobel.

ALCIDES ARGUEDAS: Raza de bronce

............................

2 50

L ibro q u e fig u ra en p rim e r térm in o e n tre la s g ran d es novelas
a m e ric a n a s d e in te ré s co ntinental-

KOMAIN ROLLAND: Vida de Beethoven . . - ................................

1 50

L a m e jo r b io g rafía de B eethoven en u n a tra d u c c ió n firm ad a
p o r J u a n R am ón Jim énez.

JA C IN T O GRAU: La casa del diablo. En lld a ria ............................

2.50

Dos o rig in allsim as com edias de uno d e los m ás firm e s valores
d e l iteatro co n tem p o rán eo .

ALBERT BAYET: La moral de la ciencia . • ..........................

2 50

Cómo la c ie n c ia h a de e s ta r re g id a siem p re p o r principios
éticos.
1 50

RAFAEL ALBERTI: Marinero en tierra
O bra p rim ig e n ia d e l g ra n poeta esp añ o l que obtuvo, a l a p a re ­
c e r e n E sp a ñ a en 1924, el P rem io N acional de L ite ra tu ra .

FLORENCIO ESCARDÓ: Geografía de Buenos A ir e s .................
U n a psicología d e B uenos A ires llen a d e o rig in alid ad y de re­
lieves ingeniosos.

SILVIO FRONDIZI: El estado moderno

4 —

4.50

U n en say o d e c rític a c o n stru c tiv a sobre la c risis a c tu a l del
e sta d o y sus posibles salidas.

GUSTAVO ADOLFO BECQUER: Leyendas

.................

7 —

L a s h e rm o sas ley en d as del g ra n p o e ta ro m án tico p re s e n ta d a s
e n un lujoso volum en e n c u a d e rn a d o e n te la blanca, con ilu s­
tra c io n e s y ap licacio n es d e oro.

MERLE C. COULTER: Historia del reino vegetal
Los m a rav illo so s s e c re to s del m u n d o v e g e ta l v isto s a ia luz
d e u n e stu d io claro , d ocum entado y práctico.

RICARDO LE VENE: La realidad histórica -y social argentina vista
por Juan A g n ctín García .................
..........
El b rilla n te e stu d io del Dr. L evene a c tu a liz a las im p o rtan tes
ideas y c ritic a s de Ju a n A g u stín García-

CURSOS Y CONFERENCIAS N*? 158

,

1 50

Editorial Losada S.A .
A ls in a 1131

M itr e 991

Bs. A ires

R osario

A R G E N T IN A

C olonia 1060
M ontevideo
U RU G U A Y

Av. O’H Iggins 253
Stgo. d e C hile
CHILE

H uancavellca 288
L im a
PERU

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|

Pág.

13

IkViW
se nos unían en espiritu o acción. H a ^ ^ dejarán consagrado su nombre autores
geniales y talentos verídicos. Es mi senliábamos eco y teníamos intercambio in­
' , que/*
telectual, antes qué con ninguna o t r a f ^ t i r personal, y ésto no importa nada
tierra americana, con Montevideo; conn 7®Iominante en su ODra posterior afpericL
dico, es el misticismo — ¿a qué se debe
Chile, de donde nos respondían Salvador
esa crisis en nuestro país?— condición
Reyes, Pablo Neruda; con Brasil, donde
que merece estudio detenido por quien
nos vinculaba Olivari y cuyos mejores
sepa hacerlo; campea el humorismo; la
poetas modernos participaban dé nuestro
intimidad-Oeupa el lugar que-antaño*&lt;ee*
movimiento, afin al suyo; con Bolivia,
nía el énfasis. En la abundante produc­
donde ocurría otro tanto; con el Perú,
ción no todo fué oro puro: hubo también
de donde presentamos a J. M. Eguren,
mucha viruta, papel pintado y tiempo
Guillen y otros, y teníamos como colabo­
perdido, acaso alegremente. Pero el mi­
rador a Alberto Hidalgo, que promovía
neral decantado, que recogen las anto­
su escuela el “ simplismó” de la orden del
logías y mucho escondido en los npr
"creacionismo” del chileno Huidobro y el
francés Reverdy; dió páginas dilucidadoras de autores nuevos que, por traer un
impulso a la renovación, nos interesaba
propagar; y prolongó nuestra acción con
"Revista Oral” surgida dél seno de "Mar­
tín Fierro” , como ocurrió con la segun­
da "Proa” que dirigieron Güiraldes,
Borges, Rojas Paz y Brandán Caraffa;
presentamos la nueva poesía de Méjico y
la de España, para darla a conocer en sus
figuras mejores, y nos sirvió de enseñan­
za y contraste: estaban con nosotros Al­
fonso Reyes, aquí, Genaro Estrada, Villaurrutia, Pellicer, Torres Bodet, Novo;
los españoles Ramón Gómez de la Serna
y Guillermo dé Torre eran de la casa, lo
que no impidió que con éste y sus cole­
gas tuviéramos la gran polémica del "me­
ridiano de Madrid”, esa trenzada memo­
rable para establecer nuestra independén{(•!, ' VL'i. _ ,
cia intelectual y pretender el dominio
Norah Lange, por Toño Salazar
poético argentino en nuestro idioma. Los
franceses de mayor categoría o colabora-'
9 se realizó mi ancha .ambición»*vislum­
ban o eran estudiados por especialistas
brada hace cuatro lustros. Yo quería y
que servían a nuestra intención renova­
quiero que mi país alcance una poesía
dora y orientaban a los jóvenes y al pú­
tan pura y alta e inconfundible como
blico, entre ellos el recién desaparecido
se piense, pero substanciosa; inteligibié,
como capitán del "maquis” Jean Preno incomunicante; no déshumanizada de
vostjCadmirable autor de una "Vie de
contenido humano: que no significa de­
Montaigne” y "Tentative de solitud!^
cir de nuestras visceras y miserias; ni
nuestro representante en París que nos
tampoco de pasión desbocada "Jila pasión
tenía al día en letras. Y los italianos, los
está en la raíz de todas las cosas impere­
de la casa: Sandro Volta, Sandro Piantacederas, y Macedonio no concibe la muer­
nida, Piero IUari, futuristas, luego su je­
te sino como aniquilamiento de la pa­
fe Marinetti que hicimos venir a Bue­
sión”, "Guarania’, agosto 1942), con
nos Aires para dar conferencias, todos
pasión, sí, mas con el freno del arte, y
los cuales contribuyeron a fecundar, nu­
éste no es simplemente la técnica ni la
trir y expandir el movimiento.
habilidad. Mi convicción de que podría­
La última promoción incorporó a Jamos alcanzar él desarrollo de una gran
cobo Fijman, un notable poeta que se
poesía — creí que los creadores jóvenes
manifestó con "Molino rojo” en densi­
bien dotados pudieran ser los sementa­
dad de poesía e imágenes, se convierte al
les
engendradores, en la Argirópolis agro­
catolicismo, es erudito en liturgia y mís­
pecuaria, de vigorosos recentales del buey
tica; Carlos Mastronardi, que, desde su
Apis, de potros como Pegasos; para el
inicial "Tierra amanecida”, revelándose
país nacido de la Atlántida platoniana
fruto de la poética local ya impuesta, cul­
que acuna el mar epónimo, centauros y
mina con su evocativa y fresca égloga
tritones en los vientres de Erato y Calío"Luz de provincia”, un poema antolópe y la misma Minerva— , y fincaba en
gico; Ulises Petit de Murat, otro discí­
el anhelo de fecundar las almas con la
pulo de Borges en sus "Conmemoracio­
influencia de grandes maestros modernos
nes” y "Rostros”, que se destaca con su
aún desoídos o superpuestos por otros
"Espléndida marea de lágrimas” ; Augus­
menores que fecundaron a los Darío y
to Mario Delfino, que se decide por la
Lugones. Y sigo recordando esta géne­
novela y además prodúce la sugerente evo­
sis de la creación dél mundo poético del
cación "Fin del siglo” ; Lisardo Zia, que
Nuevo Mundo salido del genio ameri­
desparrama aparte ¡agnados epigramas,
cano que engendró a Poe influenciado
composiciones de rico contenido expre­
por Shelley, Coleridge (lakista) y Mrs.
sivo y lírico; Enrique González Trillo,
Browning, que si no engendró, fertilizó a
uno de nuestros críticos, se une a Luis
Baudelaire, que engendró a Mallarmé,
Ortiz Behety y con éste firma una serie
qué engendró a Paul Valéry; Baudelaire
de poemarios cuyo tema es el paisajej^sa
que engendró a Rimbaud que engendró
naturaleza, poemas traspasados de sole­
a Apollinaire, que engendró el super­
dad, con técnica y expresión nuevas.
realismo, etc., etc. La semilla está echa­
Un crítico de espíritu amplio dirá, es­
da, y confío, exultante, en su fruto ve­
pero, algún día, con más autoridad e im­
nidero. Los poetas novísimos tienen la
parcialidad que un protagonista del mo­
palabra. Los de hace veinte años tuvie­
vimiento, cuál es el aporte en pura poe­
ron, por desdicha, fácil acceso a las situa­
sía, cuál es el mensaje que han traído es­
ciones provechosas que colmó el ansia de
tos poetas, y su resonancia en el ánimo
llegar de no pocos. Es mejor aquello de
del público. A través de los veinte años
Degas que puedo yo repetir: "en mis
transcurridos, los mejores, casi todos los
tiempos no se llegaba”. Ñ o dura la for­
que he destacado fueron reconocidos
tuna ni el triunfo rápido sin sangre y lá­
sus contemporáneos, y no pocos laureiigrimas. Y siempre es lamentable vender
dos con sanción oficial. Su labor ha tr;
\ la primogenitura por el plato de lentejas.
formado, definídamente,
----------------- -&gt; en forma
Todavía falta difusión, comentario,
U ? ndoi , h - Roesia atgen üqfl. SujTaráctc:
valoración de obras y autores —y es lo
j p ^ t á n t e para cimentar orgullo por el
que entiendo hacer ahora y haber hecho
* mérito de esta nueva lírica del Plata. Hay
en una decena de trabajos por él estilo— .; i
falta crítica constructiva y no c o n fu n d í/
\ obras V
memorables, aparecieron

rece, atraído desde Vigo por el tumulto
y ya cobrado prestigio exterior del martinfierrismo, un joven poeta de forma­
ción española, nutrido de A. Machado,
Giménez, Valle Inclán y líricos portu­
gueses, y que asimila rasgos del ultraís­
mo: Francisco Luis Bernárdez, serpentea
entre las tendencias: simpatiza con el es­
tilo de Borges, se sitúa del lado de Mare­
chal, frecuenta a Macedonio, absorbe
nuestra orientación más provechosa, y,
luego de superar ensayos incipientes de
"O rto”, "Kindergarten* con la más subs­
tanciosa colección de raíz y ambiente
hispano: "Alcándara” — que si no aporta
nada nuevo, en forma o espíritu, reve­
la a un lírico hábil en el verso categórico
y límpido— su misticismo, ya revelado
allí, se acendra en "El buque” hasta cul­
minar en "Poemas de carne y hueso’
definido el poeta católico y hallando su
personal desenlace. Desde la "Ciudad sin
Laura” aplica una forma de su invención,
ese! largo verso asonantado doble eneasí­
labo más una cauda de cuatro o cinco
donde, como en sus "Poemas elementa­
les”, inflando la voz, encierra sus alego­
rías religiosas o patrióticas, largas odas
en derivativo concepto en que intenta
ver, con ojos dé pura virginidad, las fuer­
zas de la naturaleza.
Entra de lleno Ricardo E. Molinari,
que ya nos acompañaba — procedente de
"Inicial” , de donde surgieron el crítico
literario Luis Emilio Soto y el filósofo
Miguel A. Virasoro, que, con Brandan y
Guglielmini fueron las figuras logradas
de ese grupo— , a unir su voz a la de los
mejores poetas de la generación de "M ar­
tín Fierro”. La "Editorial Proa”, orga­
nización del periódico, le presenta su
"Imaginero”, "Panegírico”, "El pez y
la manzana” que le ubican en primera
línea. Con su aporte para el número de­
dicado a Góngora — "M artín Fierro” , re­
novador a ultranza, no vacila en recapi­
tular, oír el pasado— y su labor sucesiva
comienza en nuestras letras modernas el
retorno al clasicismo del siglo de oro, —
para algunos clausurada ruta del funda­
mento de la lírica actual del habla— que
ha predominado fructificando aquí. Mo­
linari elaboró una poética personal, mez­
clando el arte barroco a la aspiración
odierna hacia una suma poesía; abstracto,
cerrado voluntariamente; nutrido en las
fuentes más limpias y menos divulgadas
del clasicismo y la mística española, ob­
sedido por el empeño dé rendir aún lo in­
expresable; logra producir una obra, sin
duda poco accesible, de donde surge un
innegable soplo de poesía de espiritualidad
y elevación nada comunes. Su arte, que es
el de un voluptuoso de la palabra escrita,
quiere verla impresa con la máxima pu­
reza gráfica, y sus numerosas "plaquettes” y libros — "Elegía de las altas to­
rres” , "Mundos de la madrugada”— le
muestran, aparté del perfecto y erudi­
to bibliófilo que es, un maestro en la ma­
teria. Así hasta llegar a "El alejado” , obra
de madurez, donde su porfía de herme­
tismo se mesura, y, con menos recondidad
pero no menos rigor dé síntesis, sin dejar
de ser el místico y el fino sensual, abre
sus alas a un amplio empuje lírico en
odas que muestran su hondo sentido de
la naturaleza.
Entre nosotros constituyendo una le­
vadura, un fermento, de inquietud poé­
tica renovadora, estaba el pintor-poeta
Xul Solar con su fantasía sin. limites, sus
ideas que eran todo aventura mental, su
sentido profundo del lenguaje, un gus­
tador y un censor de autoridad de la obra
lírica nueva. Estaba Raúl Scalabrini Ortiz, que, como resultado de su entrevero
con los poetas y metafísicos (Borges, Ma­
cedonio, X u l), nos da ese fruto de la en­
c r u c i j a d a de una sensibilidad del momento, poesía y filosofía de la madrugada:
‘El hombre que está solo y espera”, y
nos tradujo para el periódico páginas del
"Eupalinos o el Arquitecto”, de Paul
luí yaV;
lery. Y nos acompañaron Adan Diéh^de
la generación de Güiraldes, con sus fi­
nos apuntes poemáticos como los que dió
en "Revista de Occidente” ; y el Vizcon­
de Lascano Tegui, uno de los primeros
poetas de acento nuevo que nos precedía.
Estábamos, con ese espléndido conjun­
to de poetas de toda categoría y varie­
dad, en nuestra gran hora. El periódico y
la obra de sus escritores repercutían en
el país, en toda América, en Europa. H a­
bíamos recibido influencia y ahora la
ejercíamos. Se formaban a nuestro influjo
figuras como Canal Feijóo en Santiago,
Bonesatti en La Plata, Juan Filloy en
Córdoba, Amado Villar en la capital, y

V

*7

DOCTORES

m m n:

m m m rm

mouchet

ABOGADOS
DERECHOS INTELECTUALES
AVENIDA DE MAYO 749,
T eléfonos: 34, D efensa,

(Ofic 66)
BUENOS AERES
4560 y 33, Avenida 1275

�fa h x ir z ir s z r
ble con la que declara genio a cualquiera
para mostrar entendimiento; la compren­
sión verdadera, entrañable; ni la crítica
dogmática ni la ignorante; y falta com­
prensión del vasto público. ¿Se han ocu­
pado los autores de formarlo, de ga­
narlo?
¿Se encuentra entre estos poetas el que
tmpt
aguí non?
Marcos Victoria señaló ya a uno, no sa­
bemos si acertó, pero tal vez haya más.
Y esto no es querer negar ni suplantar a
Lugones; ni tampoco hace falta un rey
literario que lo reemplace ni un lírico que
implante su imperialismo poético: no
imitemos el pedido de las ranas de la fá­
bula, que no conduce a nada, no inven­
temos otro despotismo ni un dique a la
libertad ya bastante ultrajada. Esta pri­
mordial sed humana, insaciada, la liber­
tad, solamente puede calmarla ahora y
como siempre, el Artej único consuelo
de la soledad del hombre en la tierra, y
vencedor de la muerte.
No falta quien reclame, además, la pre­
sencia del gran poeta argentino por ex­
celencia, o al gran poeta de América, a
esa generación. El espíritu mesiánico sub­
siste, a veces suele confundirse y fraca­
sar: Jesús vivía entre los judíos cuando
lo esperaban aún, lo desconocieron y ma­
taron. ¿Y qué es esó del poeta de Amé­
rica? ¿A dónde está y quién conoce el
poeta de Europa, el de Asia, el de Africa,
el poeta continental que condense el al­
ma ariana, la raza amarilla, la descenden­
cia de Cam? América, "la india virgen y
hermosa .de sangre cálida fué violada por
Europa,t^ so esjun mito. Sería hora de ter­
minar con ese malentendido^ 1 u g a r co­
m ún que Rodó enrostró a Darío y sue­
len revivir panamericanistas y genios de
"A las tres Bolas”. Si hay un poeta de
América ese es W alt Whitman, válido
para el norte y para el sur, poeta de la
América anti-Europa, de la democracia
y del definidor de ella, el amigo, el hé­
roe del bardo: Lincoln. Los pueblos de
origen ibérico, mestizados y promiscuos,
pérdieron su oportunidad; no creo que la
encuentren. Se puede, como la historia
lo prueba, ser poeta representativo de un
país; es Homero de Grecia, Dante de
Italia, Shakespeare de Inglaterra. ¿Sabían
ellos o su nación que llegarían a serlo?
Resultaron por genio o por azar, que es
conjunción de circunstancias o milagro;
lo reconoció, mediando el tiempo, juez
severo, tal vez imparcial* el crítico, el
lector, el pueblo. Vaticinarlo es prema­
turo, exigirlo es ridículo. Pues al poeta
le basta con serlo, nada más, y ¿qué se
le importa de nada después de muerto?
No por la sanción nacional de sus funera­
les olímpicos convence hoy al mundo
que Hugo sea el absoluto poeta de Fran­
cia.
Lo cierto es que hay nombres de his­
toria en la generación poética del "M ar­
tín Fierro”, y sin duda alguna marca
una época.
EVAR MÉNDEZ

CONTRAPUNTO

Enumeración Honda y Delicada
en [El Río Distante'’
Por ULYSES PETIT DE M URAT
L río distante” , de Vicente Bar-I
. bieri, trae un subtítulo eonmoi
E
vedor: ‘‘Relatos de infancia” . El ad-1
jetivo que nos aleja ese río mágico y
luego la palabra infancia que basta
para crear el clima trágico de la vida,
cuando la pronuncia un hombre en
el comienzo de su madurez, vale de-,
cir, en su entrada ineludible al in-i
vierno (a veces, si uno no está enj
algo peor o más insistente, en, la gas,
tralgia, la incredulidad, el tedio y la
frustración). Maeedonio Fernández1
-—-en estos días tan viviente, más ge,
nial que nunca gracias a deleznables/
ataques—• decía que no había trage-.
dia sin la mención de la infancia;
Por eso lo menos que nos puede pa­
sar es resumir en un libro esa época
increíble y tremendamente inalcan­
zable. En los libros el río distante
fluye con una claridad y un rumor
que ya no están contaminados de laj
exasperante actualidad. En ‘‘El ríof
distante” la infancia quiere reinar,'
inviolada, en el rostro secreto de José/
María. Adivinamos que el Descono­
cido que lo arrastra de la mano, casi)
al final, ya lo está poniendo de es-|
paldas a la infancia, como si le exi,
giera, anticipadamente, un rescate de/
belleza a la edad que quedará, al lado)
del pago del Oeste, de sus yuyos, de
su río, sus horas y su cenizas, como/
la frecuentada y maravillosa Dur,
miente, dormida y despertada por ei¡
beso del Príncipe, más tarde, en mi-j
llones de vigilias alucinadas.
¿Es una novela ‘‘El río distante” ?
En el sentido estructural del relata
— Sthendal, Balzac, Flaubert y lo$
demás — no. Se aproxima, más bien¿
a las deliciosas imaginerías de los pe-¡
queños (¡tan grandes!) románticos/
franceses, a los cuadernos de Rilke¿
a ciertos libros de Selma Lagerloff o
Hans Carossa. Para mí, en conjunto,
puede ser calificado ^omo una enu­
meración honda y delicada. Es evi­
dente el proceso enumerativo. Barbieri, con fecundísima memoria, ago­
ta el repertorio de las infancias ar­
gentinas en tal sentido. Se mencio­
nan los textos de estudio, los juegos,
las mareas de los cuadernos, los desa)
fíos banales y sangrientos, sin ren­
cor, las lentas clases, las maestras
inefables, los compañeros grandes y)
pequeños. Y no solamente los de car­
ne y hueso, sino las presencias abs­
tractas y terribles, como las de la)
muerte y el miedo. En tal sentida
el libro de Barbieri se emparenta conj
una corriente enumerativa que suele
aparecer abusivamente en muchas

manifestaciones poéticas y prosísti­
cas del momento. Pero Barbieri, si­
guiendo por su ruta alta, ejemplar
y personal de poeta verdadero, noi
enumera ni los claveles de Lorca, ni
los vinagres o las maderas de Pablo
Neruda, sino que fija su doble vista
(lo visto, uno; el recuerdo de lo vis­
to, dos) en su profunda comarca, enj
los días en que vivió, en su infancia
al margen de su Río Distante. Da
así una lección a los que ignoran que
Neruda si hace que se abran de pron­
to en un poema unas improbable^
alas de carbón y espuma (que pue-*
den o no gustar) es porque es chi­
leno y está saturado de un puertq
que se llama Valparaíso. Y, en este
aspecto, el último libro de Barbieri)
da una base retrospectiva a sus me­
jores poemas, aquellos en los que,
desde un principio, estaba con toda
la voz que Dios le ha dado, plantado)
y listo a cantar.
;
El poeta está más presente que el¡
narrador en “ El río distante” . Aun-¡
que no falte tal o cual efecto de con-)
tenido humorismo —i “ Todavía ten|
esos tiempos era cosa importante te­
ner servicialmente en la mano el som­
brero de una persona mayor” — com-,
parables a aquellas divertidas defi-i
niciones de los anhelos y costumbres
de la clase media inglesa debidos ai,
Chesterton, lo que sobreabunda en/
“ El río distante” es el tono del líri­
co que huye de la prosa hasta enj
enunciaciones tan simples como esta)
del fluir del tiempo: “ A 'su alrede­
dor los días y las cosas se sucedían
graves y continuos” . A ratos parece
que Barbieri va a ceder a los natu­
rales efectismos del narrador: in­
crescendo del interés, como al ha­
blar de la tía, de su cuaderno miste­
rioso, de las vagas relaciones que le
unen con el padre; o develación pos­
tergada : los motivos de la frase mis­
teriosa en el cuaderno, una explica­
ción futura de la partida del padre
de José M aría... Pero no cede. Da
de sí todo lo que pertenece al ámbi­
to de la ausente infancia, sin la exas­
peración minuciosa de Proust, por
un sendero cándidamente abierto,
que cumple el canon primario de
unidad exigido por la estética en ba­
se a un ambiente y a un alma infan-s
til, con temas que quizá no dió al
poema por ser exacerbadamente anec­
dóticos, en la plétora de una memoria:
que recuerda un lugar y está ansio­
sa por todos los medios de alcanzarlo.Y aquí, como siempre, el recuerdo es’
un ángel incomparable, que trae de

LOS
la mano la abolición de los corredo­
res torcidos, de las insuficiencias, de
la dolorosa, atroz impotencia que a
veces comporta la infancia. (Yo me
he reconocido en muchas páginas de
Barbieri; pero también en otras,
cruelísimas, de Charles Louis Phii
lippe.)
Una mención final en esta bellísi­
ma enumeración de Barbieri; la de¡
la muerte. Un ingenuo (al que segu-J
ramente aun no se le habrá picado
la primera muela, ni asentado la del
juicio) ha dicho, hace unos días, algo
así como que es poco vital alzar la
bandera de la muerte frente al “ por­
tentoso destino del hombre” . Ese)
portentoso destino, desde luego, no es
otra cosa que la muerte. Unamuno,
Rilke no son los dueños o inventores;
de la muerte. No hay obra de arta
que no desemboque, cuando cobra al-|
tura, en el cauce vertiginoso de la/

Los

muerte. Así Quevedo, Shakespeare,
Dostoiewsky en las letras. Y milla­
res en todas las otras artes. Barbieri,
quizá porque es un ejemplo tan mag-{
nífico de lucha mano a mano (no a/
través de adjetivaciones insignifican­
tes : “ decadente” y todo lo demás)
con la muerte de carne y hueso}
nos da una versión doble y extraordi-,
naria de muertes que ocurren en laj
orilla de la infancia (en la edad ei^
que es perdonable decir sandeces dj
vacuidades ante la muerte y sin em­
bargo no se dicen). Son las muerteá
de Liria Funes y Juan Sebastián!
Rivero. Yo, hombre mortal, con un,
portentoso destino de muerte, me en­
cuentro en esos dos trances mortales.
Es macha y directa la agonía d^
Juan Sebastián; también opaca, sin
brillo mentido de palabras que le in\
ventan un tono a la heroicidad — escj
callado irse para adentro de la 11a-

r emios

r 'R A N p re m io de h o n o r de la S ociedad A rg e n tin a de E s c rito re s . — E s te 'prem io, insu tituído el año a n te rio r por la Sociedad A rg en tin a de E sc rito re s, se a c a b a de o to rg a r
por primera! vez, y h a co rresp o n d id o a Jo rg e L uis B orges. L a reco m p en sa, conlsi3t 3nte en u n a m ed alla de oro, le fué e n tre g a d a e n el b a n q u e te c e le b ra d o el D ía dea
E scrito r, el 13 de ju n io — a n iv e rs a rio del nacim ienito d e L ugones.
El libro de B orges -publicado e n 194J es “F iccio n es”, y en su s p á g in a s s e recogen
todos los c u en to s d el a u to r de “In q u isicio n es”. B orges es un a d e Jas g ra n d e s fig u ras
de la L iteratura castellan a, y el prem io o to rg ad o por la en tid a d q u e agirupa a los
hom bres d e le tra s tiene, sin d uda, la m ás a lta significación.
P re m io s n a c io n a le s de lite r a tu r a . — L a Com isión N acional de fiu ltu ra aprobó eJ
d ictam en de la C om isión a se s o ra resp ectiv a, y o to rg ó los p rem io s c o rre sp o n d ie n te s
a las obras en prosa publicadas en los años 1942, 43 y 44 a los .siguientes escrito ree q
E duardo M allea, p rim er prem io por las novelas “ Das á g u ila s” y “ R o d ead a e s tá de
su eñ o ” ; U lyses 'P etit de M u ral, segundo prem io , p o r la n o v ela “E l balcón h a c ia la
m u e rte ” ; L eónidas B arle tta , te r c e r prem io, por ia novela “L a ciudad de u n h o m b re” .
Los tre s p rem io s h an sido o torgados a e sc rito re s de firm e p re stig io . M ailea ya
había alcanzado, hace pocos años, un segundo p rem io nacional, p o r “F ie s ta e n no­
v iem b re”. L a obra d.e M allea tien d e a p ro fu n d iz a r los p ro b lem as d el homjbre y del
mundo actual, y el a n álisis de sus ensayos y sus novelas se re a liz a con u n a p ro a a
com pacta, p e rso n a l; a vece&gt;s h erm ética, y siemlpre d o ta d a d e poesía.
P e tit de M urat es a u to r d e herm osos libros de v erso s —se ñ a le m o s “R o stro s” ,

n
La Imprenta López
PERU

BUENOS

AIRES
EDUARDO MALLEA

Es
al

PREMIO P. E. N . CLUB
Consciente de su plausible misión de estímu­
lo a los escritores argentinos — los escritores más
desamparados del mundo en cuanto a premios a
su labor — el P. E. N. Club, venerable institu­
ción de hombres de letras presidida por el señor
Antonio Aita ha declarado desierto el premio
($ 1.000) con que la mencionada entidad aontribuye anualmente a destacar lo más significa­
tivo de la literatura argentina. El jurado, mag­
nífico y olímpico en el gesto prudente de su
juicio, no ha hallado un solo libro premiable
entre todos los presentados.
De pasada anotamos que entre esa indiscer­
nible masa de postulantes se encontraban los
poetas Roberto Paine y León Benarós, casualmen­
te premiados en el Concurso Municipal. La So­
ciedad Cultivadora de Desiertos sugiere se desti­
ne el importe del premio P E N . Club a un
nuevo concurso para literatura pro páramos y
afines.

unaorganización completa
servicio del libro

Su participación en la creación de ia industria
editorial argentina ha sido decisiva: en calidad, nos
d i c e n n u e s t r o s c l i e n t e s ; en c a n t i d a d ,
podemos
asegurarlo
nosotros
ULYSES PETIT DE M URAT

�C O NTRAPU NTO

LIBRO S
ga, del grito, del ahogo, del desalien­
to, del tiempo convertido en un blo­
que duro, inmundo —. Y mágica, en,
la mente del niño, tan fresca, crea-i
dora y poderosamente inocente, la de
Liria Punes.
Todo es morirse, señores vitales.
La esencia de la meditación de esta
tarde, de este artículo, de esta vida
es, lisa y llanamente: hermanos, nos
estamos despidiendo. - Siempre fué
así. Escuchemos también a Barbieri,
uniéndose al gran coro:
“ Esos-inviernos de antes, esas pri­
maveras de antes, esos veranos de
antes, esos otoños de antes. Se fue­
ron con distraídos calendarios, mien­
tras las niñas crecían y los sabores
se hacían recuerdo y los perfumes
tristeza, o sombras, o raudales’’.
r&gt;o distante, ya con altura de
limpias, dulcísimas evocaciones, ya)
mostrando el lecho arenoso, árido, de

M

o n u m e n t o s y l u g a r e s h is t ó r ic o s d e

Adver­
tencia de Ricardo Levene. Buenos Ai­
res, 1944.
la

R

e p ú b l ic a

A

r g e n t in a

.

P ^N un elegante tomito de ISO páginas, la Comisión Nacional do
Museos y Monumentos Históricos pre­
senta la lista de los monumentos y
los lugares declarados “ históricos ”
en virtud de la ley de su creación, y
que llegan a un total de 200, de mu­
chos de los cuales se acompañan fo­
tografías ilustrativas. A dicha listai
se agregan referencias sobre las ca­
sas históricas ubicadas en otros pai­
las enfermedades y las desgracias, ya
arrastrando su limo verdoso en esta*
ciones desesperadas existe y nos dice,
como siempre, adiós. La única pa­
labra.

t e r a r i o s de 1945
C o n m em o rac io n e s”
d e to n o eleg iaco . L a obra. -prem iada lo re v e la u n d ie stro
n a rr a d o r a sp e c to q u e -en o tro g é n e ro de otoras — como s e r su s p elícu las “L a G uerra
G au ch a ’ y “Su m e jo r a lu m n o ”— y a -había sido d a b le d e sta c a r.
E n c u a n to a- -B arletta, su o b ra de e s c r ito r c o m p ren d e lib ro s de c u en to s, p o em as y
n ovelas, a lo c u a l d eb e a g re g a rse l,a c o n sid e ra b le ded icació n que, en larg o s años. h ¿
p re s ta d o ail te a tio . B uena p a rte d-e&gt; .'u o b ra e s tá in te g ra d a p o r
fe rv o r p u esto enís-s o b ra s de los d e m á s. E l pr-eani-o q u e se le h a d isc e rn id o a b a rc a , p u es, la p ersa n a ü d a a to ta l d e u n to ta l h o m b re d e le tra s .
P re m io s m u n icip ales. — Los p re m io s de la M u n icip alid ad de la C iudad d e B uenos
A lie s a la -producción lite r a r ia de 1944 fu ero n a d ju d ic a d o s en la sig u ie n te fo rm a:
o o ra s en v e rso a L eón Beniarós, -por “E l ro s tro in m a rc e sib le ” ; R o b erto P a in e , por
E v a n g e lm a del S u r ”, y O svaldo H o racio Dondo, p o r “ E sp acio en a m o ra d o ”. E n prok- ’ ,a „HéCt01' E a ° f 1’ p o r ‘‘H o m b res c a p a c e s”, c u e n to s ; A rtu ro C e rre ta n i, p o r “E l
b ru to , n ovela, y M anuel P ey ro u , p o r “L a esp a d a d o rm id a ”, cu en to s. C asi to d a s e sta s
o b la s y a fu ero n ju z g a d a s en la s p á g in a s d e C O N TRA PU N TO . Dos de los p rem iad o s
— B en aró s y -O erretani— son re d a c to re s de e s te p e rió d ico
P re m io Im p r e n ta Ló p ez. _ L es p rem io s e sta b le c id o s en e l co-ncureo o rg an izad o
-por la Im prenta . López, c o n la c o la b o ra c ió n de la E d ito ria l L o sad a v la Sociedad A r­
g e n tin a de E s c rito re s fu ero n o to rg a d o s a d e s o b ra s in é d ita s de Estel,a C an to y
A lejan d ro M ag rassi, re sp e c tiv a m e n te . A m bos lib ro s se rá n pu b licad o s e n el curso
d el c o rr ie n te ano.

A R TU R O CERRETA N I

ses — de San Martín en Boulognñ
Sur-Mer, de Rivadavia en Cádiz, de
Sarmiento en Asunción, de los Mitre
en Canelones y de Saavedra en Otuyo. Se agrega, además, un mapa con
indicaciones referentes al tema del
libro.
Esta guía p e r m i t e advertir la
labor realizada en pocos años por es-I
ta Comisión. No hay provincia ni¡
territorio del país en el que no se
hayan señalado aquellos lugares que
deben ser objeto del cuidado y la
veneración del pueblo, porque — se­
gún lo señala el Dr. Levene en la
advertencia — “ son recuerdos im­
perecederos de profundas y renova­
das influencias espirituales del pa­
sado en el presente” .
El señalamiento de los monumen­
tos y lugares históricos servirá par^
encauzar nuevas rutas de turismo ei$
nuestro país, labor que debería coim
pletarse con facilidades efectivas (al­
go más que catálogos de hoteles y
horarios de trenes, para que los es­
tudiantes y los maestros, los intelec­
tuales y los artistas, los obreros y
los empleados, puedan conocer el
país. Es éste, sin duda, uno de los
“ derechos del ciudadano” , al que ja ­
más se ha prestado atención sino en
forma retaceada, mezquina, ininteli­
gente.
S. A. R.
Los

a r t is t a s

p in t o r e s

de

la

E x p e d i­

por José Torre Re­
vello, Buenos Aires, 1944 . — L a e x ­
p e d ic ió n
d e M a l a s p i n a , por H éc­
tor R. Ratto. Colección "Buen Aire”,
Emecé Editores, Buenos Aires, 1945 .
c ió n

M a l a s p in a ,

A obra de Torre Revello ocupa el
1 segundo volumen de la serie Es-,
tu dios y documentos para la historia
del arte colonial publicada por el InsJ

tituto de Investigaciones Históricas
de la Universidad de Buenos Aires.
El libro, de gran formato, contie?
ne una monografía seria y documen-j
tada, como lo son siempre sus traba-i
jos, enriquecida por la reproducciónde 45 láminas, correspondientes a
otros tantos originales ejecutados por
los artistas pintores de la expedición .Guío, Brambila, Cardero, Planes, Del
Pozo, Ravenet y Suría, sin contar
otros anónimos.
Coincide la publicación de este im­
portante volumen con el 1501? ani­
versario de la expedición científica
que dirigió el capitán Alejandro
Malaspina. con las corbetas Descu-i
bierta y A trevida y el concurso de
ilustres sabios y marinos.
El capitón de fragata Héctor R.
Ratto adhiere también a la con­
memoración de la empresa de Malas-.

por e l Conde de Lautréamont. Traducción de Braulio Are­
nas. (Ed. Poseidón. Colección Perseo). Buenos Aires, 1945.

P o e s ia s ,

Prólogo para una obra jamás rea­
lizada, trunca o desaparecida (más
bien profundos conceptos estéticos,
grito contra el medio artístico de su
tiempo) “ Poesias” nos da a cono­
cer por primera vez en lengua cas­
tellana una nueva faz de la persona­
lidad de Lautreamont.
Tan olvidada su obra como discu­
tida su propia vida, incomprendidos
su humanismo y su concepción del
arte, algo extraños en esa época del
romanticismo en decadencia y el sim­
bolismo en gestación, fué Isidoro Ducasse, conde de Lautreamont, recono­
cido solamente como hombre extraño,
espíritu maléfico de pose diabólica.
Nosotros, hoy, debemos considerarlo
valor perpetuo, creador que ha tras­
cendido su siglo, verdadero precur­
sor del superrealismo y esencia de
todos los posteriores movimientos li­
terarios.
Algunos párrafos del libro comen­
tado bastarán también para señalar
la actualidad de sus conceptos sobre
el arte, su sentido de la poesía como
función social, su justa valorización
literaria:
“ No transmitáis a los que os leen
sino la experiencia que se desprende
del dolor y que no es ya el dolor mis­
mo. No lloréis en público” . . .
/

pina con un pequeño libro, en el que
refiere datos sobre la generación de
dicho jefe, antecedentes de los capi*
tañes expedicionarios y aprestos en
España, labor de los hidrógrafos en
el Plata y en la Patagonia, cuerpo
científico de la expedición y tareas
cumplidas en el virreinato, caracte­
rísticas de las naves y rutina de a
bordo, las ideas políticas de Malaspina con respecto a América,.. y el
viaje de regreso y balance de la expe­
dición.
No es por cierto ésta la primera
vez que el capitán Ratto — a quien
mucho debe la historia nacional en
el aspecto náutico— se ocupa del
tema, tan vinculado a la cultura del
Río de la Plata: aparte de diversos
artículos y de referencias en sus li­
bros sobre asuntos de historia naval;
debe tenerse presente el largo prólo­
go a la edición de la obra de Malaspina, “ Viaje al Río de la Plata en
el siglo XVTII” que la Sociedad de
Historia Argentina reeditó en 1938,
base del que aquí comentamos.
S. A. R.

Qeorg K a i s e r

OSVALDO H . DONDO

purificado por las llamas) en su propia
habitación.
No es como se ve, un sentimiento analizado, ni una fe razonada. Es una obsecación. Desde un punto de vista no ex­
presionista, la idea que percute constante­
mente en el drama es inconsistente. Le
salen al encuentro veinte objeciones de
carácter realista y humano. Kaiser no las
tiene en cuenta, ni es menester salirle al
encuentro con argucias elementales. Lo
que vale en el drama kaiseriano es el fre­
nesí, la exaltación, el poder inextinguible
con que envuelve al lector o al espectador
en una atmósfera absorbente de la cual
le será harto dificultoso librarse. Más aún,
llegado el momento, no querrá librarse de
ella.
Y esto no ocurre solamente en ésta
obra típica y representativa. Ocurre tam­
bién en sus grandes obras de tesis social.
Y en las de tono menor, sutilmente poé­
ticas, como “ Un día de Octubre” .
Kaiser no es solamente un dramaturgo,
dueño de una obra realizada que, con el
correr de los años habrá de reintegrarse
al teatro. Kaiser es, antes que nada, una
atmósfera que envuelve y que domina.
Esta atmósfera, ese prodigio de tenacidad
obsecada, es lo que habrá de influir más
adelanté en la dramaturgia universal, do­
tándola de un poder de convicción que
ahora no tiene. Habrá que volver a Kaiser
para "querer algo” y para saber cómo se
expone ese "querer algo” .
Una obra así, como la del dramaturgo
muerto en Suiza, es digna de todas las
consideraciones.

Raid Lozza.

La Agrupación Cine-Estudo ha he­
cho conocer sus propósitos. ‘‘Existe
en Buenos Aires —dice— un núcleo
de cineastas convencidos de las po­
sibilidades artísticas del cinemató­
grafo. Hubo siempre la intención de
unir los mejores esfuerzos dispersos,
y es por ello que nos hemos reunido,
entendiendo la necesidad de traba­
jar para que el cine logre sn pleni­
tud como importante expresión de
arte de nuestro siglo.
‘‘Iniciaremos las actividades procu­
rando realizar paulatinamente fun­
ciones con películas seleccionadas,
poémicas, disertaciones, pubPcac'ones, etc. La realización de estos pro­
pósitos necesita el apoyo efectivo, de
presencia y opinión, por parte de
quienes participen de estas mismas
intenciones” . — Bolívar 1054, Buev
nos Aires.
^
'

LIBROS D E E X IT O R E C IE N T E
RICHARD LLEWELLYN: Un Desolado Corazón.
L a nueva» novela d el a u to r de "O uán verdee e ra m i v a lle ”, con
la q ue co n firm a el fallo unánim e d e la c rític a que le se ñ a la b a
como el m á s g ra n d e n o v e lista de n u e s tra época. Un volum en
d e m ás d e 600 p ág in as ..............................................................................

$

6 .—

O ch en ta y cu a tro ap a sio n a n te s años de la vida de “u n a g ra n
d am a”. N ovela q ue d e m u e s tra la cap acid ad in v e n tiv a del a u to r
die “L legaron las llu v ias” y de “L a c o rrie n te im p e tu o sa ”. U n
tom o de 455 pág in as ....................................................................................... ,

5 __

LOUIS BROMFIELD: La Señara Parkington

ERNEST HEM INGW AY: Tener y no Tener.
L a nov ela de e ste joven e sc rito r que h a sido llevada a la p a n ta lla ,'
es d esc a rn a d a y cru d a. H a rry M organ, su prin cip al p erso n aje,
qu e en o tro s tiem pos huibiera sido p ira ta , cruza e l ma.r C aribe
con su canoa, co n trab an d ea, m a ta y m uere v io len tam en te. U n
volum en d e unas 300 p ág in as ......................................................................

3.50

MARTIN FLAVIN: jornada en las Sombras.
E l esp íritu y el modo de v id a n o rte a m e ric a n o s en las ú ltim a s
seis décadas, reflejad o s en las v e n tu ra s y d e sv e n tu ra s de un
n o rteam erican o típico. E s ta novela obtuvo su cesiv am e n te los
prem ios H a rp e r 1943-44 y P u litzer. U n volum en de 730 p ág in as

„

7 .—

U na m agnífica novela de la a u to ra de ” L a n in fa c o n sta n te ” en la
que dos hijos del viejo S an g er suceden a s u p a d re &gt;eu la v id a d e s­
o rd en ad a y a rtís tic a . Un volum en de 385 pág in as ................................

4 __

MARGARET KENNEDY: El Tonto de la Familia.

De venta en las buenas librerías y en la

EDITORIAL SUDAMERICANA
ALSINA

500

15

“ La poesía personal pasó con sus
piruetas relativas y sus contorsiones
contingentes. Volvamos a tomar el
hilo indestructible de la poesía im­
personal, bruscamente interrumpido
desde el nacimiento del filósofo fra­
casado de Ferney, desde el abort'o del
gran Volt aire” . ..
“ La poesía es la geometría, por
excelencia”.
Corresponde este libro y este au­
tor al grupo que nosotros llamaría­
mos (porque ya es necesario hacer­
lo) de “ la otra” literatura, que no
es precisamente la de los grandes
éxitos materiales. Por el hecho de ha­
ber sido olvidada, la obra de Lau­
treamont ha sido combatida. Una
equivocada concepción artística con­
tribuye a ignorar, en todos los pue­
blos y todas las épocas, la obra
y el pensamiento de determinados
autores. Y siempre la revisión de los
valores se hace parcial, frente a quie­
nes, por ejemplo, nos dicen, como
Lautreamont:
“ ¡No imitéis a esos exploradores
sin pudor, magníficos, para sí mis­
mos, en la melancolía, que encuentran
cosas desconocidas en su espíritu y
en su cuerpo!”
Sumido en la amargura de una
vida humanizada por el dolor, logró
superar su propio individualismo pa­
ra legarnos en este libro el mensaje
de la más sana aventura y el más
franco optimismo. Conocjiendo ya
“ Los cantos de Maldoror” , “ Poesías”
nos permite apreciar su obra total

ROBERTO PAINE

( Viene de la pág. 4)

MANUEL PEYROU

Pag.

BUENOS AIRES

�\

Pag. 16

CONTRAPUNTO

S I N P R I S A Y S I N P A US A
L

A creación de un teatro nue­
vo en Buenos Aires, com­
prende la construcción de una
conciencia artística nueva, sin la
cual no puede operarse la saluda­
ble renovación que se pretende.

Primero ha de saberse, ,a cien­
cia cierta, para qué se hace arte.
Nosotros hacemos arte, por vo­
cación ardiente y hemos adqui­
rido la exacta conciencia de ser
útiles a nuestro prójimo, y la se­
guridad de que cumplimos un
deber ineludible.
Y sabemos ya que el arte es la
manifestación desinteresada de lo
más puro y elevado que cabe en
el alma del hombre.
El arte nos procura los ,goces
y alegrías más intensos, nos hace
la vida comprensible y nos ense­
ña a amarla, nos pone en íntimo
contacto con el hombre y nos
induce a comprenderlo y esti­
marlo.
En estas horas de angustia para
la humanidad, cuando todos los
valores hacen crisis y el desalien­
to cunde, el arte tiene la supre­
ma misión de orientar espiritual­
mente al hombre.
La cultura artística salvará a
la humanidad del caos moral, fi­
losófico, político y social en que
está sumida.
Hay que lograr que detrás de
la idea justa, vaya el oro del co­
razón que la valorice.
Necesitamos este patrón que
garantice la legitimidad de cada
concepto, de cada palabra de
boca de hombre.
N o podemos entender, pues el
"arte por el arte”, ni el "arte de
clases”; entendemos el "arte por
el hombre”.
Durante cuarenta años, aquí,

TEATRO LIBRE DE
BUENOS AIRES
E ha constituido el “Teatro
S
Libre de Buenos' Aires”,
institución fundada por un gru­
po de jóvenes, realizando su
inauguración el 22 de junio en
la calle Viamonte 2561. El ci­
tado teatro inició sus activida­
des con un espectáculo denomi­
nado “Estudio”, que consiste en
una publicación totalmente es­
cenificada. El primer número
de esa publicación reúne el si­
guiente programa: Nueve es­
tampas ilustradas de “Platero
y yo”, en la que se humanizan
varios personajes creados en el
libro; “El Retablo de Maese
Pedro”, un momento del Quijo­
te; “Nacimiento de Esperanza”,
de José Pedroni; “El señor
Cuenca y su sucesor”, un capí­
tulo de “Libro de Sigüenza”,
de Gabriel Miró, y un breve en­
sayo sobre el Teatro Libre en
Europa y en la Argentina.
La interpretación de este pro­
grama estuvo a cargo de Mar­
garita Jané, Roberto Aulés, Lui­
sa Moljo, Nelly Anzarut, Irma
Mucciardi, José Moljo, Alicia
Sagredo, Juan Carlos Wall, Pe­
dro M. Liciarte y Tomás Gonda.
Los apuntes escenográficos y
las luces, a cargo de Lorenzo y
Samuel Coifman. La dirección
general del espectáculo pertene­
ció a Roberto Pérez Castro.

se hizo teatro con dos finalida­
des visibles, a cual más mezqui­
na: la satisfacción de la vanidad
y la ambición del bolsillo repleto.
Nadie se detuvo a pensar en
el criminal atraso que significaba
para nuestro pueblo, que un fac­
tor de cultura tan principal como
el teatro, la única escuela de la
mayoría adulta de la población,
estuviese exclusivamente en ma­
nos del industrial y del que mercantiliza su inteligencia.
También nosotros quisiéramos
la justa retribución por nuestro
trabajo; pero el país no está pre­
parado intelectualmente para sos­
tener a sus artistas puros y los
que no quieren desvirtuar su ar­
te, sufrirán como nosotros sufri­
mos, toda suerte de penurias,
pero dejarán sin mácula su espí­
ritu y no habrán dañado al país
pervirtiendo las mentes y estra­
gando el gusto.
Nosotros queremos establecer
el teatro que necesita un pueblo
escaso dq vida espiritual; y con
tanta sed de ideal, que hace un
ideal de cualquier cosa más o me­
nos apasionante; un pueblo cuya
pobreza espiritual supera con cre­
ces la pobreza material que tanto
parece preocupar a quienes de­
sean verlo rico y dócil, antes que
pobre y dueño de su destino.
Y lo que es más deplorable to­
davía, un pueblo que tiene sed
de ideales limpios, de vida supe­
rior, de arte, y al que sistemáti­
camente se ha menospreciado y
rebajado, justificando sus defec­
tos, toda vez que había de apro­
vechársele, y denigrando sus vir­
tudes.
Podemos hablar de esta guisa
después de tantos años de expe­
rimentar la verdad, en materia de
teatro.
Shakespeare, Cervantes, Gogol,
Lope de Vega, Moliere, Plauto,
Musset, entre otros, fueron re­
presentados por nosotros, por pri­
mera vez, aquí, para un público
cuyo recogimiento nos dió siem­
pre la medida de su íntima emo­
ción.
Se hicieron por fin, las prime­
ras experimentaciones con obras
de escritores jóvenes que se re­
sistían a traicionar al pueblo por
las clásicas monedas, y lo que se
despreció en dinero en nuestra
casa, se ganó en consideración y
respeto de las gentes, en satisfac­
ción de saberse útiles al mundo,
que es, sin duda metal de valor
real.
Se representó al aire libre, para
grandes públicos, con altavoces;
sin escenarios, entre los árboles;
en escenario rústico montado so­
bre una carreta; en los patios de
las escuelas, en tablados improvi­
sados con pizarrones; en los jar­
dines de las colonias de vacacio­
nes, en los pueblos lejanos, y siem­
pre la misma comprensión, idén­
tica consideración entusiasta y
respetuosa nos acompañó. Las ca­
racterísticas que no$ distinguen
son: naturalidad en el decir; sim­
plicidad en el movimiento; nin­
gún orden de jerarquía en la co­
locación escénica, igualdad de pla­
nos para todos; voces comunes;

Por
LEONIDAS BARLETTA

y el máximo de sugestión y emo­
ción humana en todos.
Hemos podido reunir en ca­
torce años un núcleo de estudio­
sos cuya apasionada vocación por
el arte les permite admitir:
"Que no representan para su
lucimiento personal” ;
"que deben acatar y acompa­
ñar a la dirección en aciertos y
en errores” ;
"la supresión de las clasificacio­
nes de primera actriz, primer ac­
tor, característica, damita joven,
galán, etc., resabios de un teatro
que no logra el interés de las gen­
tes” ;
"que había que devolver a la
obra su preponderancia, dentro
de los resortes del espectáculo” ;
"que lo que importa no es el
C O N T R A PU N T O
LITERATURA - CRITICA - ARTE
Cangallo 1219

59 Piso, dep. 22

Teléf. 3 5-8278

Buenos Aires

Secretario:
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Redactores:
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Prov. de Buenos Airess J. G. Ferreyra
Basso.
Prov. de Santa Fe: N é li da Esther Oliva.
Prov. de Córdoba: E. L. Kcvol.
Montevideo (Uruguay): Felisberto Hernández.
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Precio del ejemplar . . ...........$ 0.40
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Suscripción anual (en el país) $' 4.20
Número atrasado . . . . ............. $ 0.80
(L o s g iro s y c h e q u e s deb en i v e n ir

tamos con la presencia inmaterial
de los que comprenden, el calor
de cuya adhesión confortante
percibimos.
El ambiente se ha despejado lo
bastante. Nuevos grupos de entu­
siastas levantan su tabladito en
misión pedagógica, los escritores
aportan; su labor, en el afán de
comunicar emociones e ideas y
ya nadie osa burlarse de la mo­
destia de estas iniciativas.
Hemos abierto una picada, a
filo de hacha, en el matorral es­
peso del teatro comercial, por
donde avanzan, con relativa hol­
gura, que nosotros no conocimos,
los propulsores del nuevo teatro.
Nuestra responsabilidad es, ca­
da vez, mayor, alentados por la
prensa grande del país, rodeados
por los mejores y estimulados por
el público, un público que no
aplaude más que espontáneamen­
te, que siente y piensa y que, te­
niendo, por fin, puntos de refe­
rencia, desprecia ya la diversión
vil.

N o queremos admitir la resig­
nada conformidad del dicho fa­
talista de que "debe ser así”, pues,
' nunca nadie fué profeta en su
tierra”.

A largo plazo el triunfo tiene
que ser nuestro y nadie se des­
aliente por las mortificaciones
que soportamos, porque en s e r
honestos hemos encontrado nues­
tra mayor compensación de ar­
tistas.

Aquí no andan en juego ni el
amor propio, ni el interés perso­
nal de nadie, sino la indigencia
moral de un pueblo, maliciosa­
mente mantenido en la ignoran­
cia artística; un pueblo al que se
le debe dar lo suyo, lo que le per­
tenece por derecho propio, que
es lo mejor que la inteligencia
produce.

CORRESPONSALES:

------------ ♦

aplauso, el éxito, sino que las
ideas y sentimientos contenidas
en la obra, lleguen al espectador
con claridad” ;
"que el actor no debe aparecer
al público, a saludar, cada vez
que se aplaude” ;
"que tiene que intervenir en
la confección de sus ropas y ca­
racterizarse sin ayuda del pelu­
quero” ;
"que sus estudios han de ser
eclécticos y su disciplina estricta”.
N o tuvimos en el país una or­
ganización semejante, y parecía
que todos, sin excepción, la de­
seaban; pero cuando surgió, me­
jor, cuando- empezó a vivir,, se
desató la furia de los que se veían
en descubierto y nos insultaron,
escarnecieron y agredieron. Con
franqueza, nunca Sospechamos
que esta gente agazapada pudiese
llegar a semejante odio, adereza­
do por la irritación permanente
de esa crápula que cree que tea­
tro y libertinaje son sinónimo;
no sospechamos ni remotamente
que hubiese tanta mezquindad
de parte de quienes tenían la
obligación de ayudarnos en nues­
tro esfuerzo por orientar al pue­
blo y contribuir en forma directa
y rápida a su formación espiri­
tual.

a nombre

APARECE TODOS LOS MESES '

Por esto nos aprestamos a lu­
char con más ardor que nunca.
Jamás hemos querido explicar
nuestra obra, pues ha de explicar­
se sola; pero nuestro exordio tien­
de a llamar a un sanaj entendi­
miento a los que han compren­
dido el juego y quieren aprestar­
se a la defensa de los instrumentos
de la cultura.
Hemos estado solos hasta hoy
y sabemos estar solos. Y ya con­

Escena de "La mandragora”, de Maquiavelo, representada en el Teatro del Pueblo con escenarios
de Basaldúa

Unidos y alegres, seguiremos
trabajando por la cultura, en las
buenas y en las malas, sin lamen­
taciones, ni resentimientos, tra­
tando de devolver al teatro toda
su pureza, toda su fuerza espi­
ritual.

SOLICITADA:
B uenos A ires, ju lio 3 ,de 1945.
S eñ o r D ire c to r d el M useo P ro v in ­
cial de B eilas A rtes, Don E m ilio
P e tto ru ti. — L a P lata.
E stim ad o am igo:
L am en tam o s p ro fu n d a m e n te te ­
n e r qu e d irig irn o s a Vd. p a r a co­
m u n icarle n u e s tra decisió n d e no
c o n tin u a r el d esarro llo del ciclo de
co n feren cias que aco rd am o s d ic ta r
en ese M useo d e n tro del p lan cu l­
tu ra l del c o rrie n te año. P asam o s a
ex p licar a Vd. las rab o n es que m o­
tiv a n e s ta actitu d .
Guando a fin es del año p asado
nos form uló Vd. su in v itació n a
o cu p ar la trib u n a d e la in stitu c ió n
que dirige, la acep tam o s com o acto
de so lid a rid a d p erso n al y a rtís tic a
con Vd. y con la o b ra de c u ltu ra
qu e vien e d esarro llan d o a tra v é s
del M useo desde h ace quince añosP e ro ya iniciado el cic.o con la p a r­
ticip ació n d e alg u n o s de n osotros,
se h a aludido a n u e s tra ac titu d , en
círculos oficiales y extrao ficiales,
en fo u n a ta l que n u e stro acto de
so lid arid ad .personal con Vd. puede
se r in te rp re ta d o por la opinión pú­
b lic a com o un g e sto de a d h e sió n al
estad o de cosas im p e ía n te . T al in­
te rp re ta c ió n c o n tr a ría n u e s tra po­
sición fre n te a los p ro b lem as pú­
blicos.
Q uienes hem os pronunciado ya
n u e stra s co n feren cias, lam entam os
h ab erlo hecho y q u ie n e s no las he­
m os p ro n u n ciad o a ú n rogam os a
u sted q u iera co n sid erarn o s desliga­
dos de n u e stro com prom iso.
M an ten d rem o s e s ta actitu d m ien­
tra s s u b s is ta en el p aís la a c tu a l
su sp en sió n de las trad icio n ales li­
b e r ta d e s a rg e n tin a s y no se d ev u el­
v a a la -República el goce de los
p rin cip io s de to leran cia m u tu a y
re s p e to de la dig n id ad ciudadana,
sin cu y a v ig en cia la sa lu d de. la p a ­
tr ia es im posible. '
S aludam os a Vd. con n u e s tra
a m ista d d e siem pre.
L e ó n id as Ba-rletta, M ane B er­
nardo. A rtu ro C e rretan i, Córdova Itumburu, A lfredo de la
G uardia, Jo rg e D’Urbamo, Gilard o G ilardi, M aría R osa Oliv er, Jo rg e R om ero P re s t, Ju an
S. V almagg.ia, J a v ie r V illafañe.

i

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 6 de la revista Contrapunto, publicados entre 1944 y 1945.</text>
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                <text>Victorica, Miguel Carlos&#13;
Mercanton, Jacques&#13;
Cerretani, Arturo&#13;
Rebelo, Marques&#13;
Kaiser, Georg&#13;
Bock, Werner&#13;
Etchebarne, Miguel D.&#13;
Drummond de Andrade, Carlos&#13;
Dutra, Osorio&#13;
Lima, Jorge de&#13;
Méndez, Evar&#13;
Pettoruti, Emilio&#13;
Santo, Francisco de&#13;
Espinosa, Manuel O.&#13;
Pierri, Orlando&#13;
Torre, Guillermo de&#13;
Petit de Murat, Ulyses&#13;
Barletta, Leónidas&#13;
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                    <text>Contra
Año I + Núm. 4

•

LITERATURA

-

CRITICA

-

ARTE

•

Buenos Aires, Junio de 1945

CODIGO 0 DECLARACION DE LOS
PRINCIPIOS QUE CONSTITUYEN LA
CREENCIA SOCIAL DE LA REPUBLICA
ARGENTINA
He aquí el mandato de Dios, he aquf el clamor de la
Patria, he aquí el Sagrado Juramento de la Joven Gene­
ración :
Al que adultere con la corrupción. A N A T E M A .
Al que inciense la tiranía o se venda &amp; su oro. A N A ­
TEMA.

AI que traicione los principios de la libertad, del ho­
nor y del patriotismo. A N A T E M A .
Al traidor, al egoísta y perjuro. A N A T E M A .
Al que vacile en el día grande de los hijos de la
patria. A N A T E M A .
Al que mire atrás y sonría cuando suene la trompeta
de la regeneración de la patria. A N A T E M A .
He aquí los votos de la Joven Generación y de las
generaciones que vendrán:

OL E O S

DE

J U A N

DEL

P R E T E

Gloria a los que no se desalientan en los conflic­
tos. y tienen confianza en su fortaleza.. De ellos será
la victoria.
Gloria a los que no desesperan, tienen fe en el por­
venir y en el progreso de la humanidad. De ellos será
el galardón.
Gloria a los que trabajen tenazmente por hacerse dig­
nos hijos de la patria. De ellos serán las bendiciones de
la posteridad.
Gloria a los que no transigen con ninguna especie de
tiranía y sienten latir en su pecho un corazón puro,
libre y arrogante.
Gloria a la Juventud Argentina, que ambiciona emu­
lar las virtudes, y -realizar el gran pensamiento de los
heroicos padres de la patria. Gloria por siempre y pros­
peridad.
ESTEBAN ECHEVERRIA.
( El Iniciador, Montevideo, 1&lt;? de enero de 1839. Ul­
timo número).

FIN DEL TIEMPO DEL DESPRECIO
E

F IN DEL T IE M P O DEL DESPRECIO.
JU A N DEL P R E T E : Oleos.
EST EBAN E C H E V E R R IA : Código o declaración de

los principios.

JACQUES M E R C A N T O N : James Joyce.
CARLOS VEGA: La vida de la loca Juliana.
J.

G.

FERREYRA

BASSO:

Paisano muerto en

el rio.
JU AN CARLOS PAZ: Ferrucio Buscni, orientador

y profeta.
M AX D I C K M A N N : E sta generación perdida.
E N R IQ U E M O L IN A ( h . ) : Como ayer está el cielo.
JUAN C U N H A ; Dos poemas.
ROBERTO P A IN E : Canción.
LUIS GUDIÑO K R A M E R : Sábado en Helvecia.
HECTOR REN E L A F L E U R : El mendigo.
F E L IS B E R T O H E R N A N D E Z : Historia de un ciga­

rrillo.
E. L. REVOL: Da muerte en el libro.
JORGE ROMERO BREST: El paisajista mexicano

José María Velasco.
R A U L LOZZA: Acotación al nuevo realismo.
J. SALAS S U B IR A T ; Apuntes con motivo dé la

traducción de “Ulises”.
LUIS GUDIÑO K R A M E R : La vida de Sarmiento

que firma Manuel Gálvez.
JOAQUIN O. G IA N U Z Z I: Primera lamentación de

Lázaro bajo los olivos'.
SECACIONES: Los libros, por: Sigfrido A. Radaelli,

Alejandro Denis - Krause, L. B. y H. R. L.
Espejo de lecturas, por Tristán Fernández.
Revista de revistas, por A. C.
Los trabajos de los días.
¿Adonde va la pintura? Contestan: Norah Bor-

ges, Juan Del Prete y Horacio Butler.
IL U S T R A C IO N E S

Y

REPRODUCCIO NES

L mundo amanece al orden, reinaugura su unidad. El
sereno orden de la paz, el deseado regreso del caos.
Frente al ocaso de los déspotas que desataron la bar­
barie proclamando la decadencia del espíritu en nombre de
la muerte y de la fuerza, se alza el sol sobre un mundo desan­
grado y exhausto. Sí, desangrado y exhausto pero más firme
que nunca en su fe por los derechos de la inteligencia, de la
igualdad y de la unión fraternal de los pueblos. Los concep­
tos que entrañan estas tres expresiones últimas estaban aho­
gados, sepultados bajo los escombros de las ciudades destrui­
das y el clamor de una humanidad denigrada en lo más pro­
fundo de su propia condición. Hoy, luego de haber expiado
con sangre y con horror, el mundo sabe qué valor material
y humano, espiritual y corpóreo tienen para el hombre de
carne y hueso que alienta en. las calles de todas las ciudades
de! mundo. Este hombre ha experimentado — allá en Europa
en medio del caos desatado; aquí en América con nuestra des­
garrada ansiedad de hermanos doloridos— una vez más en el
curso de su historia que los principios inalienables de la razón
y de la justicia son el resorte profundo de toda sociedad de
hombres civilizados; que los cuerpos hipertrofiados de los sis­
temas capitalistas de presa, de los pueblos educados para la
guerra, de la ambición imperialista caldeada en el fuego y en
el hierro, son fenómenos antinaturales.
Imaginemos un instante a ese hombre anónimo que de­
ambula su vida rota por entre las ciudades pulverizadas de
Europa. Imaginemos su mirada que afrontó y sobrepasó el
horror, e imaginemos que él la vuelve hacia América donde
sabe que se guardan los derechos que le fueron arrebatados.
La democracia de nuestros pueblos es tradición profunda, es
vena de potente caudal que cruza el cuerpo de América; por
encima de los nacionalismos pequeños, más allá de todo reaccionarismo transitorio y adventicio, la democracia de los
pueblos de América no está dada por los eventuales progra­
mas políticos o económicos, sino que constituye el íntimo

ds:

Juan Del Prete, Norah Borges. Andrés Calabrese, Raúl Lozza, Lino E. Spilimbergo.

fenómeno espiritual del hombre americano, es raíz de su idiosincracia, es realidad de su alma. La conciencia de este hecho
como realidad social e histórica nos coloca en el terreno de
las responsabilidades máximas: somos la custodia de un esti­
lo de vida digno, y nuestro pensar y nuestro proceder deben
trascender ese estilo. Ahora bien; los intelectuales — ese sector
del grupo humano cuya tarea específica es la de conceder a
la vida común la utilidad y el orden del pensamiento— acep­
tarán sin duda la terrible lección que le ofrece la hoguera que
ahora se extingue. Quede para los hombres de la política y
del Estado el cumplimiento fiel del destino que los pueblos
exigen en el orden estatal. Pero quede para los intelectuales,
de una vez para siempre, la plena conciencia de que a ellos
les pertenece la organización de la cultura, la custodia de la
libertad del espíritu, el trabajo infinito de hacer la luz sobre
los problemas que obnubilan los días del hombre común. Es­
ta es, seguramente, la manera más ardua pero más directa de
mantener indemne la libertad.
La batalla aún no ha terminado. Millones de hombres han
muerto, ciudades enteras han desaparecido. Y la batalla aún
no ha terminado. Los ejércitos británicos, soviéticos y norte­
americanos han destruido la máquina infernal de Hitler y la
sangre victoriosa de los soldados de la victoria ha caído sobre
la cabeza ignominiosa de los criminales. A aquéllos, pues, el
homenaje de los hombres libres. Pero aún no ha concluido la
batalla. Ella concluirá cuando la justicia caiga sobre los ase­
sine,s, cuando ellos paguen por lo menos en una mínima parte
todo el horror, la masacre, el hambre y la desolación que cun­
dieron por el mundo. Concluirá cuando muera para siempre
toda forma de fascismo en el mundo.
Hace ya una década — 1935, París— un escritor de esta
hora dió un nombre magistral a uno de sus libros, nombre
que es también el de nuestra época: El tiempo del desprecio.
El tiempo del desprecio, del desprecio por la dignidad hu­
mana, toca a su fin.

�■ ■ m i

CONTRAPUNTO

Pág. 2
(Trad. de José Mora Guarnido).

"ULISES” de James Joyce ha apa­
recido como un nuevo planeta en el
universo. Los que lo exploran no piensan
dar en mucho tiempo una descripción
de él que agote sus bellezas más aparen­
tes V sus tesoros menos ocultos. Son los
'menos los que pretenden calcular desde
hoy su trayectoria y su potencia de atrac­
ción. Les bastará con vivir en él y, sin
tentar siquiera una síntesis de sus expe­
riencias cuotidianas, se contentan con
ocuparse de algunas; de aquellas que se
dejan traducir más fácilmente a la vieja
lengua natal. Que otros, no convencidos
aún, escépticos y sin embargo vagamente
seducidos, se aproximen a juzgar por sí
mismos, es todo lo que desean. Yo no pre­
sentaré, pues, al "ULISES” y no haré un
estudio crítico: me limitaré a insistir so­
bre algunos aspectos de este libro que me
han impresionado particularmente, exten­
diendo esas reflexiones algunas veces a to­
da la obra de Joyce y a su personalidad
de artista, buscando por último un acce­
so a la obra en que trabajó durante quin­
ce años y que lleva el título de Work in
Progress.

E

l

"ULISES” es un planeta, tan necesario,
tan indiscutible como cualquier otro, un
planeta que se ajusta al nuestro y se le
parece terriblemente porque está habita­
do por hombres. Por lo tanto, esta obra,
que representa en primer término una li­
quidación definitiva del humanismo, es
profundamente humana. Joyce no ha
buscado la grandeza, no ha querido al­
canzar el plano cósmico alejándose del
hombre. Comenzando donde se detuvo el
Retrato del Artista Adolescente, el libro
parte del artista completamente conscien­
te que es Stephen, de la vida interior y
del conflicto moral del artista, pasa al
hombre, al hombre cada vez más comple­
to, cada vez menos conocido, y por él
pasa a todos los hombres de los que nada
esencial, ni sus más bajos deseos, ni sus
más puros sueños, lo diferencia, a los
hombres tan comunes a la vez y tan par­
ticulares como él, y concluye en el largo
y monótono soliloquio de la mujer acos­
tada cuyo ritmo se une al del movimiento
de la tierra y se funde en el ritmo mismo
del universo sensible. En esta larga enso­
ñación nocturna, el hombre aparece to­
davía, todo disminuido, es cierto, mi­
núsculo juguete en el gran juego rítmico
de la naturaleza, pero, según una palabra
del mismo Joyce, esta última imagen es
para el hombre, Leopoldo BloOm, el pe­
queño viajante de comercio judío de Dublín, su pasaporte de eternidad. Y la mu­
jer, la naturaleza, la tierra, se acuerda que'
el hombre la ha seducido, y es a él, como
a toda la vida, a quien ella le dice sí.
Edouard Dujardin declaraba en un ar­
tículo que habría que considerar al
"U LISES” como la última obra del sim­
bolismo, acaso la más perfecta. Es posib'e, en efecto, percibir en este libro aquel
que los simbolistas, y el más conscien

entre ellos, Mallarmé, han tratado de es­
cribir; el único libro, el Libro, aquél cuva
idea concibió Mallarmé hace veinte años
y del cual habla todavía en su carta a
Verlaine, el libro que se esforzará por
escribir toda la vida y del cual el Coup
de des es el único fragmento terminado;
este libro "arquitectural y premeditado” ,
"impersonal y viviente” , que sería "la ex­
plicación órfica de la tierra” que la poesía
no realiza sino por raras fulguraciones,

■

i

breves chispazos, por esos relámpagos cós­
micos como los que se encuentran en al­
gunos poemas de Mallarmé mismo:
Calme bloc ici-bas chu d ’un desastre
\obscur
Un peu profond ruisseau calomnié la
[ mort.

J A M E S
P

En el Cotip de des, Mallarmé ha que­
rido desplegar el firmamento y sus as­
tros, contener sobre las dos páginas del
folio los espacios infinitos, en suma, re­
solver el problenja por la descripción y
disposición del texto. Cualquiera sea la
belleza misteriosa y ai la vez lúcida de
este poema, hay que admitir que Mallar­
mé ha sido víctima de un sortilegio: el
problema y su solución, si existe, que­
dan en las palabras, en su sentido y su
sonido. Joyce, por su parte, toma el ca­
mino inverso; no decanta hasta lo infi­
nito, no se esfuerza hacia una abstracción
cada vez más pura, no arroja un solo gol­
pe de dados; se lanza a todos los azares
de la vida, abraza poco a poco toda la
vida en su juego y llega al astro a través
del espesor concreto y la complejidad de
las existencias. Cada parte del "U LISES”
comprende el espíritu, el cuerpo, la aven­
tura psicológica y los elementos de la na­
turaleza. El episodio de las Sirenas, por
ejemplo, es un bar de Dublín con sus ha­
bituales clientes y sus camareras, es una
parada en la jornada de Bloom, que, mien­
tras desayuna, escribe una carta galante,
habla con un amigo y escucha la música
que subleva en su corazón las imágenes,
los recuerdos, los disgustos, las aspiracio­
nes dormidas y las alegrías; es el oído del
hombre tendido hacia todas las músicas
del sueño y del deseo, es la música, músi­
ca de las palabras, de las sílabas mismas
en esas palabras que se descomponen y se
transforman, música de las frases y dea
los temas psicológicos, música de los ges­
tos y de los objetos en donde las palabras
se chocan, se funden y se desgarran, músi­
ca de la fuente de la naturaleza y del gran
devenir eterno. El último episodio del li­
bro, Penélope, largo monólogo de Marión
Bloom, despertada a las tres de la mañana
por el regreso de su marido, ocho frases
de cinco mil palabras cada una que se des­
envuelven de un solo movimiento girato­
rio parecido al de la tierra en el espacio,
es una última imagen de Bloom, de su
carácter y de las circunstancias de su vi­
da, es Bloom, joven de nuevo en el re­
cuerdo de su mujer, es el último episo­
dio de la historia de Ulises, el gesto con
el cual la mujer recibe al hombre que se
acuesta a su lado, es el retorno del hom­
bre al seno acogedor de la tierra que gira,
es la mujer con sus apetitos,. su volup­
tuosidad, su inocencia, su inconstancia
y su fidelidad a la vida, es la forma re­
donda y dulce del cuerpo de la mujer
y los profundos entresijos de su vida f í­
sica, es la naturaleza abundante, obsce­
na y pura, es, en paralelo con el tormen­

to intelectual del artista sobre el que se
abre el libro, la carne que afirma una po­
tencia que el espíritu no conseguirá nun­
ca debilitar, es la fecundidad, la genera­
ción eterna, más fuerte que todas las deses­
peraciones, es, en fin, el planeta mismo
girando con un movimiento lento, regu­
lar, infatigable, arrastrando en su giro
toda la existencia en sueño: él solo, siem­
pre reposado, no duerme. De esta ma­
nera la obra de Joyce encierra poco a

o

r

J n C Q U E S
i

poco el sentido órfico de la tierra, del
que habla Mallarmé, no por abstracción,
no por aprehensión casi mística del se­
creto del universo, sino por un gran es- fuerzo constructor del pensamiento y
de los sentidos, por una creación deta-

te todo, un técnico. Un técnico que en­
tra en la literatura con su primer obra,
la selección de poemas titulada Chamber
Mnsic que resucita por un milagro de
oficio literario y de simpatía creadora la
poesía de la época "elisabethiana”, técni-*

Tres generaciones: Joyce, su hijo y su nielo.

liada del universo que refunde y revela
toda parcela de existencia, por la instau­
ración de una nueva realidad espiritual
y sensible que alarga sus raíces, hasta el
fondo del luminoso secreto de los mitos.
Si no es así como Joyce ha concebido
el libro, no vemos bajo qué otra fbrma
podría ser escrito.
N o es necesario subrayar el poder ar­
tístico que exige una empresa como ésta,
los medios técnicos que pone a la obra.
La sorpresa se prolonga mucho más allá
de las primeras lecturas. Cómo Joyce se
ha asimilado casi todas las técnicas lite­
rarias, desde la del poema lírico a los ti­
tulares de diario, cómo las utiliza dán­
doles una significación nueva, cómo con­
sigue hacerlas entrar todas en el riguroso
plan de su libro, cómo hace entrar en
él, por ejemplo, una topografía de Du­
blín tan completa que, si esta ciudad des­
apareciera, se podría reconstruir según el
"U LISES”, cómo instruye el proceso de
la mayor parte de las formas del arte
literario dándoles una peligrosa perfec­
ción, cómo finalmente usa de la imita­
ción, como de un modo nuevo, extra­
ordinariamente agudo, de conocimiento,
sería preciso irlo estudiando al detalle.
Un solo ejemplo, aun el de los Bueyes
del Sol, donde' el desenvolvimiento del
embrión humano se hace sensible por el
desenvolvimiento de la lengua desde
Chaucer a los surrealistas y donde Joyce,
en una serie de imitaciones que se pe­
netran las unas a las otras, crea una na­
turaleza literaria tan viva y tan fuerte,
tan necesaria como la naturaleza misma,
una sola cita no es suficiente: hace falta
el conjunto del libro, del cual ninguna
página escapa a un sistema de relaciones
muy sutiles y nutridas donde encuentra
sus verdaderas dimensiones. Joyce es, an­

ca por otra parte tan delicada, al servicio
de una sensibilidad poética tan pura, que
es difícil no, ver en ella nada más que
un juego. Su segunda obra, Dubliners, es­
tá escrita en una lengua completamente
clásica, de un rigor, de una sobriedad, de
una discreción que no permiten prever
las proezas de estilo de "U LISES” y de
Work in Progress. Pero Joyce prueba el
instrumento que ha recibido en herencia,
muestra lo que puede hacer con ese ins­
trumento que otros han empleado y lue­
go lo quiebra y lo forja de nuevo. Hasta
aquí, con un desprendimiento muy apre­
ciable, no ha introducido casi ningún ele­
m ento personal en lo qlue ha escritto.
Cuando va a buscar hasta en su infan­
cia al artista que es él mismo, tiene ne­
cesidad de un nuevo lenguaje: el Retra­
to del Artista Adolescente presenta una
continua transformación de estilo desde
los primeros balbuceos del niño, desde
sus primeras imágenes todavía desnudas,
cortas, ya singularmente lúcidas, a la len­
gua rica en palabras, en imágenes, en
símbolos, en vueltas y revueltas de ex­
presión, del artista llegado a su plena
consciencia y a su madurez. Cuando yo
era niño, hablaba como un niño: esta
transformación del lenguaje, de su sin­
taxis y su vocabulario en el curso del
libro, está ligada a la significación nueva
que Joyce le da a esta novela autobio­
gráfica. No cuenta la infancia y la ju­
ventud del artista, no las evoca: las re­
crea, les devuelve la vida que él ha reci­
bido, sumerge al lector con su héroe en
la infancia, después en la adolescencia,
sin ningún llamamiento de recuerdos, sin
guardar una posición privilegiada frente
a esas imágenes, sin usar de los recursos
poéticos del pesar y del deseo. Ningún
informe sobre su héroe, ninguna página
documental, ninguna transición entre las

diferentes épocas y las diferentes horas
que representan sobradamente toda una
vida. Este libro es un poema en el que
cada palabra es sometida a un designio
que se anticipa al relato y es de hecho ya
la creación simbólica de un mundo y la
representación de un destino, el de todo
artista en el mundo. Y el sím'bolo que
elige el joven artista como imagen lu­
minosa y móvil de su destino es el de
Dédalo, el hombre pájaro, el hombre al
que la invención de su genio y de sus
manos eleva en el éter, visión de joven,
de poderío audaz, pero de un poderío ga­
nado por la inteligencia inventiva, por
las habilidades del oficio, por el paciente
trabajo del constructor. Símbolo del in­
geniero, del técnico: hay que detenerse en
esto si se quiere comprender la idea que
de su arte se ha hecho Joyce. En la teo­
ría estética que Stephen expone a su ami­
go, la idea de la inspiración no intervie­
ne: eso sería "charlataneo literario” . Él
no comienza por describir lo que pasa en
el espíritu dc'l artista, sino per determinar.la naturaleza del objeto estético. Los
caracteres que este objeto debe revestir
obligarán al artista a obrar en forma de
producirlos y dirigirán su trabajo. Es el
objete, definido por un riguroso examen
de las modalidades de la aprehensión es­
tética, que se ofrece al esfuerzo del ar­
tista. Moldearlo fuera de la materia in­
forme, como debe ser, integral, armonio­
so, luminoso, éste es el fin de ese esfuer­
zo. Ningún lugar se da a las facilidades
de los sentidos y a las imaginaciones del
corazón.
Seria bastante instructivo oponer aquí
el sím bolo'de Dédalo al de Orfeo, por
ejemplo, el músico, el poeta puro, sin
plan, sin designio constructor, sin técni
ca, que subleva al mundo en sus profun­
didades sensibles, pero del que nada sobre­
vive a sí mismo, sino un eco. Y se sabe
hasta qué punto Joyce es músico y hasta
dónde hace pasar en las palabras un flu i­
do musical, hasta dónde les da una den­
sidad sonora que ni siquiera sopecharon
los simbolistas de la época wagneriana:
se sabe hasta qué punto él es poeta hasta
en las partes más voluntariamente secas
de su obra. Pero este poder mágico, esta
eflorescencia lírica, esta encantación m u­
sical que en W ork in Progress sobre todo
parece devorar todo objeto, queda orde­
nada en un plan constructivo, y cuando
Joyce elige especialmente una forma mu­
sical para un episodio del "U LISES” es la
forma más sabia, la más difícil, la de la
fuga: el episodio de las Sirenas, del que
he hablado hace un instante.
Técnico, virtuoso a veces, como lo ha
sido un Leonardo de Vinci, y se podría
llevar la comparación hasta más lejos,
apartando el sol^ problema del oficio li­
terario. Se ha hablado de la pedantería de
Joyce, pedantería de teólogo escolástico
o de sabio del Renacimiento. Hombre del
Renacimiento, hombre de estudio, no li­
mita el campo de sus curiosidades a la
filosofía, la retórica, la medicina, la eco­
nomía, la historia literaria y nacional, de
las que llena ciertas páginas del "U L I­
SES”, sino por su cuidado de estudiar la
vida en detalle sin rechazar nada, por la
paciencia, la penetración, la avidez de
su mirada que no descuida ¡a menor ex­
presión de la vida, el menor elemento de
la naturaleza física y espiritual. Y si hace
del "U LISES” una Summa, más próxima,
a pesar de la cultura escolástica del autor
y los símbolos sobre los que levanta la
obra, de ciertos tratados enciclopédicos
del Renacimiento que de las Sumirías del
siglo X V III, instituye sobre todo un
método de conocimiento del mundo, ni
científico o filosófico, pero estético. A
diferencia de un Leonardo de Vinci, no
practica este método según el azar de
los gustos y de las ocasiones, según el
designio de una bella vida menos preocu­
pada de las obras que de las tentativas;
lo aplica rigurosa y constantemente para
hacer una obra. Y a una edad en que ha
sido seducido por el método admirable
pero probablemente estéril de un Vinci

�CONTRAPUNTO

NEBCANTON
a medias simbólico, aprende que no hay
experiencia decisiva sino en la obra aca­
bada. ¿Agotará este método una obra
tan vasta como la suya? ¿Exige este mé­
todo poderes que uno sólo habrá poseído?
El porvenir lo dirá.
Cada episodio del "U LISE S ” , crea su
forma tan bien fundida con su materia
que no se les puede separar, ni aun para
la comodidad del análisis. ¿Cómo distin­
guir este extraordinario monólogo inte­
rior, del que importa poco saber si Joyce
es el inventor, puesto que él lo ha hecho
útil para expresar las realidades secretas,
fugitivas, complejas, que habían escapa­
do hasta entonces a la expresión litera­
ria, de la vida interior de Bloom y de
los objetos que lo excitan?, ¿cómo sepa­
rar la forma de la anteúltima parte, por
ejemplo, hecha de preguntas y respuestas,
más circunstanciadas que cualquier infor­
me o análisis, del estado de espíritu de
Bloom vuelto a su casa después de su lar­
ga jornada, de este mundo que se des­
hace, que se agota en la diversidad cada
vez menos significativa de su estructura,
cuando el drama que le da un sentido
concluye y no reencontrará su vida sino
en el seno siempre fecundo de la mujer
y la perspectiva amplificada de su sue­
ño? N o se derrama el vino nuevo en viejos
odres y una vez más es una nueva sig­
nificación espiritual y sensual del mun­
do la que nos ofrece el "U LISE S ” . Una
frase no describe una acción o un movi­
miento: lo trasmite. Para servirme de los
términos de la filosofía tomista que Joyce
ha practicado, no se contenta con esta­
blecer una relación lógica entre la poten­
cia y el acto, sino que expresa el "en
tan to que” , él "qué pasa” lo que ocurre
entre la potencia y el acto. Las palabras
ya no son signos que representan una idea,
un sentimiento, un acontecimiento: for­
man en sus múltiples combinaciones una
pura substancia imaginativa, sensible e
intelectual. Ellas están solas, ordenadas
según una sintaxis extraordinariamente
audaz; se substituyen a esta indicación
que el lector extrae de ellas para olvidar­
las de inmediato: se adhieren a la cosa,
se funden con ella, son la cosa misma. No
sirven tampoco para referir un aconteci­
miento: de una crisis psicológica sólo
subsisten los ecos indefinidamente pro­
longados y a veces amplificados en ellas.
E l libro es escrito como una partitura:
unas partes lentas, otras rápidas: cada
una de ellas tiene su ritm o, como cada
hora de la jornada del hombre. Las síla­
bas, las palabras se responden y se lla­
man. Cada frase es enriquecida por su la­
do secreto, sus alusiones, el peso de pasa­
do y de experiencia que arrastre en su mo­
vimiento y su sonoridad. La poderosa ar­
mazón del "U L IS E S ” sirve de forma a
una época concreta, sin cesar multiplica­
da por ella misma. Cada frase que se re­
pite es nueva, más rica con lo que ella
aporta dé nuevo en un nuevo pasaje, más
rica aún con todos los recuerdos que des­
pierta.
Sin detenerme mucho tiempo en el ofi­
cio de Joyce, no agregaré sino dos obser­
vaciones que, aunque sólo se refieren a
aspectos de detalle, harán comprender
mejor su práctica literaria. La primera,
ésta: cada objeto en el "U LISE S ” , aun el
más insignificante, es descripto por sí
mismo, como un individuo. Nada de des­
cripciones colectivas como las componen
Flaubert y los naturalistas y que son el
signo de un partí p rh del artista frente a
la vida. Cada objeto tiene derecho a la
existencia: el artista no interpone nada
ni siquiera un humor, entre el objeto y
su representación. Ni un recuerdo del
pasado, ni un juicio im plícito en una pre­
tendida "visión artistica” , ni gusto ni
disgusto. Y hay aquí un aspecto de esa
objétividad del arte de Joyce, del que
diré una palabra de inmediato. Es porque
su descripción del mundo exterior es no
solamente más precisa, sino más verda­
dera que la de los naturalistas. Si no re­
clam a los objetos para sacar cueste lo que

cueste un símbolo, no los mutila, no los
ahoga, no extingue todos sus brillos. Les
hace ser lo que son, una apariencia bella
o fea, que toma a veces un carácter y sig­
nifica más de lo que parece a primera
vista.
H e aquí mi segunda observación: en el
Retrato del Artista Adolescente, Joyce
se coloca a sí mismo en sujeto, con la
transposición hacia afuera, sin la cual no

cho conyugal. Lo conocemos a la vez en
lo íntimo, compartiendo sus pensamien­
tos más secretos y más banales, sus pre­
ocupaciones más concretas y sus ensoña­
ciones más vagas, sus inspiraciones más fe­
lices y sus más bajas necesidades, lo co­
nocemos por verle en tantas circunstan­
cias diversas, frente a todos los que se
encuentra durante la jornada; en fin, lo
conocemos por lo que dicen los otros

a veces con reticencias. Tenemos delante
de nosotros a un hombre desnudo, desnu­
do hasta en las capas más ocultas de su
vida, hasta en los instintos que reprime
con el mayor cuidado, lo miramos al tra­
vés y nunca es otra cosa que el hombre
!o que aparece, ni el héroe ni el santo, ni
la criatura de Dios, ni el avaro, ni el mi­
sántropo o el celoso, ni el enajenado o el
idiota. N o es nada más que el hombre y
lo es por entero: aparece bien distinto
sobre el fondo del tiempo y el espacio:
cada parte de su ser forma una armonía
con las otras y con el conjunto. He aquí
el objeto estético tal como lo define Ste­
phen al final del Retrato del Artista A do­
lescente, que nos detiene sin inspirarnos
repulsión ni atracción y nos invita a con­
templarlo en un estado de equilibrio en­
cantado y viviente. Y o no sé si estamos
habituados a considerar al hombre con
tan poca pasión.
Pero la objetividad con la que el hom­
bre no és presentado, tiene en sí misma
cierta cosa, y, en sus mejores instantes,
es él quien expresa esta sumisión a la
vida, sin odio y sin fervor, que el artista
ha conquistado. En el episodio de las Si­
renas, Bloom, escuchando la música deja
desplegarse en su corazón las olas de su
vida íntima con sus penas, sus arrepenti­
mientos y sus placeres. Recuerda a su pa­
dre que se suicidó, a su hijo Rudy que
murió de corta edad, a su hija Milly que
ya es una mujer y a su mujer que, en
éste mismo instante, lo engaña con su
empresario. Hace su cuenta, apacigua su
corazón y aleja los pensamientos de ven­
ganza. Piensa:
Todo desaparecido. Todo caído. En el sitio de
Ross su padre, en Gorey todos sus hermanos ca­
yeron. En W exford, somos los muchachos de
W exford, él lo haría. Ultimo de su nombre y de
su raza.
Y o también, útimo de mi raza. Milly, joven
estudiante. Bueno, culpa mía tal vez. N ingún hi­
jo. Rudy. Demasiado tarde ahora. ¿ Y si no? ¿Si
no? ¿Si todavía?
Él no gustaba odios.
Odio. A m or• Esas son palabras. Rudy. Pronto
soy viejo. ( 1 )

Una curiosa fotografía de las manos de Joyce.

hay arte. Él se crea un estilo particular.
Este estilo se pierde' poco a poco en el
"U LISE S ” . Se le vuelve a encontrar al
principio, en Stephen, el artista; desapa­
rece cuando Stephen se borra ante Bloom,
él hombre, y ante el mundo que es la obra
entera. Es que, en erecto, el creador, lle­
gado a este grado de potencia y de obje­
tividad, no tiene más estilo propio. No
tiene nada más qué el estilo del objeto,
los estilos, del mismo modo que posee to ­
das las técnicas. Es con esta condición
con la que se completa su universo. El
estilo es el límite del artista, lo que lo
encierra én sí mismo, lo que él no consi­
gue quitar a su obra creada para que és­
ta viva por sí sola. En la perfección total
de la obra de arte, que arrastra al arte
mismo.
Vuelvo a la objetividad de Joyce, que
no trataré de definir, lo que sería una
manera de definir a "U LISES” , sino de
hacer sentir con su ejemplo. ¿Qué es el
"U LISES” ?
Es la historia de un hombre o si se
quiere, la jornada de un hombre que ha­
ce toda su historia, en tanto este hombre
es no importa quien, en tanto su destino
y su personalidad son cualquiera, en tan­
to su pasado y su porvenir forman parte
fácilmente de cualquiera de las jornadas
de su vida. Cualquiera, sí ,pero particular,
y tan particular que nosotros no ignore­
mos nada de él, que no haya una circuns­
tancia de su vida, un rasgo de su carác­
ter que se oculte a nosotros en el curso
dé la jornada, que lo veamos en todos sus
papeles, marido, padre, hijo, ciudadano,
habitante de una población, descendiente
de una raza extranjera, miembro de una
logia masónica, amigo, amante, que lo se­
guimos en la calle; a un entierro, un bar,
una iglesia, una biblioteca pública, la ofi­
cina de un diario adonde va para sus ne­
gocios, solo por la tarde a la orilla del
mar, finalmente en el burdel y en el le­

cuando él pasa o cuando los deja, y su
mujer cuando él llega tarde por la noche
a acostarse a su lado. Pues bien, este hom­
bre no nos es entregado como grande o
pequeño, como bueno o perverso, como
heroico o cobarde, como débil o fuerte:
es lo que es con toda la fuerza de su con­
creta existencia y con toda la debilidad
de su condición humana. Es el hombre,
nada de más, nada de menos, el hombre
que somos todos nosotros, que no es ni
ángel ni demonio, este prodigio, este
monstruo, esta quimera, que es la sola
expresión inteligible de la vida. Y yo no
conozco en toda la literatura un hom­
bre tan común a la vez y tan particular,
tan desprovisto de virtud o de vicio ori­
ginal, tan rico de ese compuesto medio
de inteligencia, práctica sobre todo pero
voluntariamente razonadora y jubilosa,
algunas veces bastante penetrante, ide
sensibilidad superficial, desigual, a veces,
bajo el efecto de un recuerdo, de sensua­
lidad exigente, astuta y demasiado corta
sin embargo para extenderse en amplia
voluptuosidad, de esa mezcla de interés
y de indiferencia, de deseo y de saciedad,
de simpatía por otro y de desprendimien­
to de sí mismo, de gusto por la vida y
de involuntaria preparación para la muer­
te, de-mecesidad de vivir con los otros y
de soledad no siempre triste, que se de­
signa con el nombre de humanidad. He­
mos examinado este vago concierto bajo
un aspecto, habríamos podido hacerlo se­
gún otros, poco importa. Tenemos de­
lante de nosotros a un hombre que tiene
los rasgos de su raza, las costumbres dei
país en donde vive, las creencias y las
dudas del hombre de su siglo y su carác­
ter individual, poco original, pero bien
precisado. Judío, sí, griego también co­
mo lo son todos los hombres, incrédulo
pero que pertenece a una edad cristiana,
adepto de la fe en el progreso, con mo­
mentos de pesimismo, poco respetuoso de
ciertos valores y no sin prejuicios, cínico

En estos momentos, el pequeño viajan­
te de comercio judío de Dublín, del qué
no ignoramos ninguna miseria y al que no
salva ninguna dignidad, representa lo que
hay de mejor en el hombre: la riqueza de
un alma estremecida que espera y se re­
signa, la dignidad del que es objetivo ante
su destino.
Pero este hombre es Ulises, y, cada vez
que se piensa en el largo viaje de éste hé­
roe, produce asombro que un hombre de
tan reputada prudencia caiga en tantas
trampas y se atraiga la cólera hasta ese
punto durable de Poseidón. Se cree en la
sinceridad de sus arrepentimientos, en su
ardiente deseo de volver a ver a su patria
y a los suyos, pero también en la volun-

todas partes y prolongando su carrera
casi hasta el final de la noche. Y vemos
nacer el mito, el solo mito de nuestro
tiempo que es espontáneo, la imagen lu­
minosa de su obscura experiencia, el sím­
bolo de sus aspiraciones, de sus conquis­
tas y de sus imposibilidades, menos de su
dolor que de su lucha para vencer el do­
lor, menos de su tragedia que de su es­
fuerzo por triunfar de este conflicto trá­
gico y de sacar provecho de su derrota:
por otra parte no es otra cosa que un
hombre errante en una ciudad conocida,
en donde todo le es familiar, siempre al
encuentro de un vecino, de un compañe­
ro, de un rival o de un amigo, tan ame­
nazado como el primer hombre en la na­
turaleza, perdido como él en el mar don­
de las rutas mejor trazadas se borran, tan
desnudo desde el nacimiento, ante el suírimiento»y la muerte; y siempre solo.
Porque, en efecto, cuando la tierra era
desconocida, sé situaba el mito en los con­
fines del mundo conocido, en los bordes
del río-océano, el reino de los muertos;
y la morada de los dioses en la cima de
la montaña. Hoy, se ha medido la tierra,
el océano ha dejado de correr como un
río y las montañas son escaladas. Es cer­
ca de nosotros, en lo que el hombre ha
creado de más artificial, de más utilita­
rio, de más subjetivo, en lo que parece
debe poseer mejor, puesto que lo ha cons­
truido con sus propias manes, en la ciu­
dad, donde se ha refugiado el mito con
sus muertos y con sus dioses. El misterio
arrancado a la naturaleza por la indus­
tria humana, es la obra del hombre que
se apodera de ello para burlarse del hom­
bre.
Prudente, curioso, los sentidos despier­
tos, el espíritu en acecho, a veces soña­
dor, el nuevo Ulises navega de isla en
isla, de bar en bar, de fachada en facha­
da, de paseante en paseante, seguido co­
mo un navegante por las gaviotas, por la
nube de sus recuerdos y de sus pequeñas
preocupaciones privadas. Nada hay en la
ciudad, ni el menor affiche ni el menor
incidente, que no le interese: está unido a
ella por todas las fibras de su alma de
ciudadano y de civilizado, aunque se le
ocurra pensar en les jardines de Oriente:
como el océano, ella lo lleva, lo aleja, lo
vuelve a traer. Es en su espíritu cambian­
te donde ella toma todos los matices de
su significación. Él sigue todas sus sinuo­
sidades, la persigue en sus retiros y pide
que responda a todas sus necesidades. Y
sin recurrir a lo fantástico, familiarmen­
te, le da sus dimensiones. Dublín se con­
vierte en la ciudad, la sola ciudad lo bas­
tante pequeña para que los que en ella
viven se conozcan todos de cerca o de le­
jos y bastante grande para ofrecer todos
los accidentes de la vida moderna. Se ve
pasar al virrey, al maestro de baile, al pa­
triota irlandés, al profesor, al director de

m

Joyce con su editor.

tad apenas consciente en él, que lo im­
pulsa hacia todas las costas y de costa en
costa lo -arrastra tan lejos sobre el mar.
Se le ve luchar contra las fuerzas adversas
y se siente que un pacto secreto lo liga a
las tempestades, a las sirenas y hasta a esa
playa de los muertos en donde se aventu­
ra. Es así porque él es completamente
hombre. Henos aquí ahora ante el Ulises
de hoy, errante en su ciudad, rodeado de
todos y siempre solo, haciendo escala en
(1 )

ULISES. Edición de Santiago Rueda.

un diario, al turista, etc. Se va del ce­
menterio a la maternidad por todas las
escalas y edades de la vida.
En este mito particular se desarrolla
un mito más general, el del padre y el hi­
jo a la búsqueda el uno del otro, el que,
a pesar de estar contenido en La Odisea,
es sobre todo el centro del drama cristia­
no; y no existe nada más grave ni más
profundo. Bloom se acuerda dé su padre,
con tristeza, con una veneración resig­
nada, con un sentimiento que, de filial,
se ensancha en un simple sentimiento de

�Pág. 4

C O N T R A P U N T O

humanidad. Recuerda al viejo judío le­
yendo su testamento:
La aceña de que siempre hablaba, donde el
viejo Abraham ciego reconoce la voz y le toca
cara con los dedos.

la

— ¡La voz de Natham! ¡La voz de su hijo!
Oígo a voz de Natham que dejó que su madre
muriera de pena y miseria en mis brazos, que
abandonó la casa de su padre y el Dios de su
pad re.
Cada palabra es tan honda, Leopoldo.
/ Pobre papá! ¡Pobre hombre! Estoy satisfecho.
N o entré en la pieza para mirar su cara. ¡Esc
¡O b Dios! ¡O h Dios! ¡Pse! Bueno, quizá
fu e lo mejor para él. (1 )

día!

*

&gt;

Recuerda a su hijo muerto a los once
días y piensa en la alegría que sería pa­
ra él verlo hoy, pequeño colegial en quien
sentiría su vida prolongada. Y , dos o tres
veces en la jornada, se encuentra con el
joven Stephan Dedalus que ha abando­
nado la casa paterna y expone a algunos
hombres de letras en la Biblioteca de la
ciudad su teoria sobre Shakespeare, basa­
da en el drama de Hamlet y en la pasión
del padre y del hijo. Vemos así el tema
desenvolverse sobre primeros planos, co­
mo todos los temas del "ULISES” : aquí
lo volvemos a hallar en el corazón resig­
nado de Bloom y su deseo de tener un
hijo, como en las sutilezas literarias y fi­
losóficas del artista muy cerebral que es
Stephen, donde él introduce también, por
lo demás una preocupación personal. El
mito brota de la realidad psicológica más
concreta y es lo que constituye el elemen­
to dramático del libro: ese largo camino
que recorren Bloom y Stephen, el uno
hacia el otro, hasta que se encuentran, de
noche, en una casa de prostitución, don­
de Bloom cuida de Stephen borracho. Des­
pués, el drama sigue desenvolviéndose
por el regreso lento y tranquilo de los dos
hombres a través de los solitarios barrios
de Dublín. Stephen se deja llevar a casa
de Bloom, pero no se queda allí. El dra­
ma llega a su desenlace, Bloom ha cum­
plido el destino de su jornada: gana el le­
cho conyugal, mientras Stephen desapa­
rece en la noche.
La obra, las obras del hombre se bur­
lan del hombre. Aquí está la fuente de
esa gran corriente cósmica que atraviesa
cada página del "U LISES”, que lo arras­
tra todo a su paso, y los nobles pensa­
mientos, y las bellas palabras, y los gran­
des gestos, las figuras y sus vestidos, los
nombres y los títulos, los edificios y sus
frentes, que se deslizan en cada palabra
que se retiene, en cada gesto que se inte­
rrumpe, en cada aspecto del rostro, que
mezcla lo sagrado y lo más familiar, lo
feo y lo bello, lo verdadero y lo falso, lo
justo y lo injusto, que nutre la obsceni­
dad, hace saltar las blasfemias e infla a
los cíclopes. Potencia cósmica que brota
de la misma vida, que desciende al fondo
del hombre y con su impulso hace girar
la creación entera. Ella está en las cosas,
en el hombre, en la sociedad; y el artista
la desprende para conocerlas. Farsa, pas­
tiche, sátira, gran chiste irlandés, humor
más inocente, ironía a veces dulce y me­
lancólica, a veces seca y ardiente como la
electricidad, que las ideas y las palabras,
desprenden por su frotamiento; irrisión
final, irrisión del hombre, de sus pensa­
mientos, de sus empresas, de su destine,
de sus creencias, revés de todas las cosas
que se quieren dar como sagradas. El hom­
bre, Bloom, tiene su ironía, con frecuen­
cia demasiado irreverente, pero es en sí
mismo el juguete de esta vasta irrisión
del mundo y la víctim a de esta gran risa
que no respeta nada y hace del "U L I­
SES” uno de los libros más insolentes que
jamás se hayan escrito. Broma que no pue­
de tampoco conservarse siempre viva,
rica e insolente, sino que también ella se
agota, debe decaer, va hasta donde se es­
fuma la alegría de crear. Y Joyce va has­
ta el extremo, sin preocupación por sal­
var el espíritu, sin secreta finalidad, has­
ta las voces de los condenados que cantan
Jas loas del Señor al revés:
H ten g'er Tnrtopinmo Dog
Aiulella

Drol

eht

rof,

en la gran escena de C irce, que algunas
veces se cita como la cima del libro, vas­
to pandemónium en el que todo objeto,
toda realidad, todo aquello de que se ha
hablado en el curso del libro, todo re­
cuerdo, todo elemento de la vida de Bloom
y de Stephen, se dilata, se infla en la mul­
tiplicidad de todos sus elementos, / el
río regular se desborda en un mar tem ­
pestuoso. Infierno, tal vez, pero infier(1 )

ULISES. Edición de Santiago Rueda.

L a Vidala de la L o c a Juliana
— La loca Juliana mató a su novio.
• N f por qué no ir más lejos? Sí; más
¿ * lejos. Donde no haya ferrocarriles,
ni caminos asfaltados, ni diarios, ni apa­
ratos de radiotelefonía. Un viaje que
tenga su poco de aventura, de riesgo, de
incomodidades; un viaje que nos enseñe
el reverso de Buenos Aires, el paisaje in­
educado, las poblaciones centenarias, la
vida tranquila de la gente antigua. Se
necesita alguna vocación, es claro. Si la
comodidad de los suntuosos hoteles sig­
nifica mucho para nosotros, lo mejor será
que hagamos como siempre: bajar del
cómodo ferrocarril y tomar un automó­
vil que nos deje en la portada del gran
hotel serrano. O ir directamente en nues­
tro coche por los caminos de cemento.
Pero entonces no conoceremos nunca Be­
lén de Catamarca. Ni podremos oír can­
tar a los beleños cómo
— La pobre -mestiza cantaba su pena en
dolorosas vidalas.
Cuando la línea de los ferrocarriles del
Estado se dispone a pasar de La Rioja a
Catamarca, ábrense dos ramales y avan­
zan estirándose, como si quisieran abra­
zar el centro de la provincia. En un ex­
tremo, Tinogasta, punta de riel; en el
otro, Andalgalá, punta de riel. En el cen­
tro, entre dos brazos de hierro que no se
cierran nunca, el departamento de Belén.

C A R L O S

Baja acariciando, raspando, mordiendo,
rompiendo — según la fuerza— las ban­
das de los cerros que emparedan su m ar­
cha. En un momento dado, el curso tuer­
ce al este y queda sobre la orilla opuesta
un gracioso y fértil valle cuyo centro
ocupa la población de Belén. Los cerros
se abren para que baje el cielo, y tornan
para cerrar después un vago telón de
fondo en la lejanía sureña.
Seis o siete manzanas de antiguas casas
bajas aprietan la calleja central con los
ojos de las puertas. Otras rodean la pla­
za, triste pero gallarda en su cuadrado
de gigantescos terebintos. Alguien trajo
de Chile los terebintos, hace muchísimos
años; alguien, un par de lustros atrás,
quiso cortarlos. Uno de los más robustos
sintió el hacha en el tronco y desplomó
su estampa de abuelo augusto! Algún
viejo lloró. Lloró de veras; yo lo sé.
Fuera de los pocos cuadrados céntri­
cos, una anarquía de callejones culebrea
en descuido, y miles de árboles serviciales,
empenachados de enredaderas, se entre­
tienen en abovedar con sus ramas el cielo
de los caminos. Caminos ambidiestros:
cuando llueve, los riachuelos bajan por
ellos.
— Por esos callejones pasa cantando la
loca Juliana.

V E G A

Don Moisés Balboa — que está en la
gracia de Dios— sabía la historia de Ju ­
liana. Es decir, una de las muchas ver­
siones con que la pobre mestiza quedó
en las noches de recordar.
— Juliana era una mestiza andalgalcña
robusta, esbelta y hermosa. Amaba a un
mozo del pueblo y era amada por él.
Mala gente dijo al novio que ella lo en­
gañaba y él decidió abandonarla. Mordi­
da por la injusticia, la novia llevó a su
hombre hasta la orilla de un río y allí,
después del amor, consiguió hacerlo dor­
mir. Entonces tomó una gran piedra y
le aplastó la cabeza. Se volvió loca. Dió
en vagar por los campos.
Fruto de aquel amor, tuvo un hijo,
junto al río, sobre un lecho de resaca,
bajo los árboles. Un hombre que buscaba
leña halló el cadáver del niño.
Juliana reanudó su vida semisalvaje.

— El cura De Amico salió una noche
con el objeto de administrar el viático a
un moribundo de Choya — cosa de dos
leguas al norte de Andalgalá— , y un
violento temporal lo sorprendió en pleno
descampado. Apuró -la marcha hasta un
refugio próximo, hecho de piedra y ra­
mas. Encendió fuego el peón y, al avi­
varlo, vió el cura relucir los ojos de un
puma que acechaba desde uno de los rin­
cones del refugio. Aterrorizado, el sacer­
dote previno al peón y, seguro de que no
se trataba ahora del lobo de San Francis­
co, se retiró cautelosamente. Afuera,
hostigado por el viento y la lluvia, tomó
su rosario y empezó a rezar. Suavemen­
te habló el puma: " — Tatita cura, ¿me
vais a dar café?
Era la loca Juliana.
Nada he añadido al relato local, uno
de los muchos con que la visión de la
desgracia estimula en el alma los propó­
sitos del bien. Oyen las niñas, oyen los

Paisano Muerto en el Río

A llí vivió, amó, mató, la mestiza Juliana.
Pleno corazón de la provincia de Ca
tamarca. Todo aquello particular e in­
terno, casi secreto: montaña, río, po
blaciones íntimas, como de uso privado.
No quisieron llegar las vías; hasta hace
pocos años no había caminos cómodos.
Un pueblo antiquísimo vegetando de in­
cógnito: Belén.
01 río — un río de ancha cuenca,
agresivo y pujante en las crecientes de
color chocolate— nace por ahí cerca. No
viene de otras regiones.; no va a ninguna
parte. Es un rio particular de Belén, pa­
ra los beleños solamente.

ciosas telas; ahora tienen los ojos dema­
siado abiertos.

P o r

Tercer soneto de homenaje
P o r

J U A N

G.

F E R R E Y R A

BASSO

; L EV A S un siglo galopando y vienes
a ver tu antigua sangre, ya sin guerra,
pero el cielo te sigue hasta la tierra
3 eres la misma luz en que te tienes.
Esa nube que te anda por las sienes
te persigue por eso, y aunque yerra
si en ángel te convierte y te destierra,
me gusta verte así, entre ambos bienes.
La siesta inventa ríos por el llanto:
entre ángel y paisano, sin volverte,
pasas bajo los sauces del verano.
Mas si mi sombra hacia tu luz se inclina
te me llenas de cielo. Es que la muerte
nubla tu mocedad y la ilumina.
Coronel Mom (Prov. de Buenos Aires).

Andando los años volvió al poblado. Era
el terror de los niños. Se la reconocía en
la noche por la característica vidala que
fué desde el crimen depositaría de su
pena:

mozos, — doble hilera de sillas en la ace­
ra— un poco impacientes por las inte­
rrupciones del mate andariego. Y así co­
rren las noches en busca del día.

Hay cien kilómetros desde Cerro N e­
gro. En 1933 era durq el camino por un
desierto de médanos. Hay otros cien ki­
lómetros desde Andalgalá; ruta fácil, que
trepa por retorcidos caracoles hasta domi­
nar un cerro alto, bello e hirsuto. Y allá
en Belén, lejos de todo, vive la buena
gente de la vieja Argentina en su mundo
propio, con su larga tranquilidad apenas
entrecortada por suaves cantares y len­
tos contares.

En el apellido de don Moisés Balboa
resuena la época del Descubrimiento. De
tal estirpe son casi todos los beleños. Por
momentos se advierte en sus rasgos al­
gún vestigio de aquellos primitivos mes­
tizajes peruanos, pero es raro hallar en­
tre ellos el tipo de los ex aborígenes re­
gionales.
Casi todos los pobladores son dueños
de su casita de adobe y del terreno ad­
yacente. Siembran y, además, en todas
las casas se hila y se teje. Ahí están los
telares debajo del emparrado. Son de Be­
lén varias de las mejores tejedoras del
país. Antes vendían por nada sus pre-

Desde la pulpería que intercepta con
su luz el camino oscurecido, llega nítido
el repiqueteo del bombo criollo. Un vio­
lín que no se oye, está frotando cuecas,
gatos y chacareras. Baila la gente del
pueblo, pero también en las reuniones de
las familias principales suelen hacer irrup­
ción las danzas nativas, entre tangos y
valses. Las vidalas, que suspiran todo el
año entre los muros de las casucas, salen
a la calle para carnaval.
Podemos ir a Belén de Catamarca. Es­
tá muy lejos, pero en sus deliciosos pai­
sajes sigue flotando la simplicidad del
alma antigua. De puro viejo es nuevo to­
do aquello; y es cargo de indiferencia
que haya en ¡a Argentina algo nuevo
para los argentinos.

no que ninguna arbitraria voluntad ha
elegido, a donde el mundo, los hombres y
nosotros mismos somos conducidos por
una Voluntad ineluctable. Infierno que
tenemos en nosotros como el creyente
tiene la vida eterna. Gran depuración de
los sentidos, del corazón, del espíritu,
donde son quemados los falsos sentimien­
tos, los fantasmas de ideas, los residuos
de pensamientos y de placeres, toda la in­
mensa materia corrompida que nutre

nuestras vidas y las formas ilusorias y
frágiles con las que nosotros la expre­
samos. Desviación de los sentimientos y
del intelecto: de esta manera el crítico
Stuart Gilbert definió uno de los aspec­
tos esenciales del "U LISES”. Es éste el
aspecto más cruel, despiadado por todo
lo que de falso y de convencional hay en
nuestra vida, por los falsos dioses y eter­
nos de la ciudad, de la casa y del alma.
Joyce es un Sócrates que golpea al hom-

bre como un torpedo, lo paraliza y lo
deja desnudo. Él también sabe hacerse
más sofista que el más hábil de los sofis­
tas. También obliga al hombre a la con­
fesión de su gigantesca ignorancia. Y ,
como Rabelais, hace vivir gigantes para
hacernos reir a expensas del hombre.
Quisiera dar un ejemplo, el más corto,
de esta severidad de Joyce y para ello es­
cogería, no en el "U LISES”, sino en esa
obra teatral, tan estremecedora, de Joyce,

Ay mi negrito, lo hi perdió
Por varios cuentos que ha habió.

"Exilados”. Es un fragmento de diálogo
entre dos hombres:
Roberto: Un beso es un acto de homenaje.
Ricardo: Es un acto que une al hombre y a
¡a mujer. (1 )

He aquí la austera sensibilidad de Joy­
ce en su estado puro. En el "U LISES” es­
ta acción se desarrolla en todos los regis­
tros de lo cómico y lo trágico y consti­
tuye una terrible lección. Va hasta el
fondo de la vida secreta del individuo pa­
ra descubrir los cuerpos impuros, en el
sentido químico de la palabra, y descom­
ponerlos en sus elementos. Pero aquí yo
quisiera hacer algunas observaciones.
Es fácil aproximar el nombre de Freud
al de Joyce y hablar de psicoanálisis a
propósito del "U LISES” .,_ Lo que Freud
practica en el plano médico, lo practica
Joyce en el plano estético. Se sirve de
ios datos del psicoanálisis como se servi­
ría de cualquiera otra ciencia y por el
empleo que hace de esos datos en su arte
les da una nueva dimensión. Les hace en­
trar en un conocimiento general del hom­
bre y les confiere un sentido. Y es en el
arte, sometidos a las condiciones riguro­
sas de una disciplina estética, donde ad­
quieren el valor humano y la verdad re­
lativa que pueden conseguir. Y sobre to­
do, Joyce hace psicoanálisis como ha he­
cho en todo tiempo el artista que se ocu­
pa del hombre, pues sólo el artista puede
hacer algo que sea valorable para la ge­
neralidad, sin mutilar al hombre para cu ­
rarlo. Porque Freud es un sabio más gran­
de que Bloom, pero no es tan artista; lo
que quiere decir que no penetra tan proflindamente en el hombre.
Joyce va hasta el alma y la restituye
en su integridad: éste es el asunto de mi
segunda observación. La gran novela del
siglo X X procede de nuevo a un análisis
exhaustivo de la personalidad. Ningún
nudo, ningún punto obscuro, ninguna
combinación parcial resiste a las sutiles
puntas, a los reactivos infinitamente do­
sificados y variados que el artista emplea.
Disuelve el yo en sus reflejos y sus lineas
de resistencia; sorprende los vacíos, las
huidas, las intermitencias, evita de bus­
car un elemento de sintesis en una me­
moria a la vez frágil e inagotable, o en
un lugar de equilibrio de las fuerzas socia­
les, o en el cuerpo que, por lo menos, po­
see una unidad aparente y una unidad
provisional. Nadie ha llevado con más
rigor que Joyce este análisis: análisis tan
desarrollado, tan constante, que la lec­
tura del "U LISES” exige del lector que
sin cesar opere la síntesis y que la belleza
del libro jamás se da totalmente, no ac­
tuando convincentemente sino para el
pensamiento y los sentidos activos. La per­
sonalidad de Bloom, la de Stephen, se com­
ponen de mil rasgos, de mil palabras, de
mil asociaciones de palabras y de sílabas.
En la escena de Circe ocupan una multi­
tud de objetos, de figuras y de voces. Y
lo más secreto de su vida subconsciente
no escapa a esta iluminación. Pero en
tanto que en un Proust o en un Thomas
Mann, el hombre no aale indemne de es­
ta prueba, en tanto que en ellos no que­
da nada más que el autómata, la pequeña
máquina inteligente y sensual que aspira
débilmente a reencontrar un alma, el
hombre tan duramente golpeado por Joy­
ce, cruelmente despojado y azotado, sale
vencedor de la prueba. Atraviesa la ho­
guera de la Inquisición en la que se con­
sume todo lo que en él era corruptible,
pero salva su alma. Y es éste el solo as­
pecto católico de la obra de Joyce que
me parece importante: el hombre tiene en
sí mismo un alma, la más dolorosa, la
más herida, la más exigente que exista,
desnuda contra la vida y sin defensa, pe­
ro que el análisis más agudo y más lúci­
do no consigue disolver en otra cosa que
en sí misma. Alma solitaria y desespe­
rada, puesto que no puede desembocar
en la corriente de la vida ni cuenta más
con un sobrenatural destino. Es su grito
lo que oye Stephen cuando se acuerda de
su madre moribunda que le suplicaba que
rece; es a causa de su alma y no por rigor
del espíritu por lo que él se negó a cum ­
plir aquella ultima súplica de la madre. Y
es a causa de ella todavía, por lo que con­
testa al inglés que le pregunta si es cre­
yente en el sentido estricto de la palabra,
que para él la palabra no tiene nada más
que un sentido. Y es ella la que sin cesar
lo separa de la vida y le hace meditar
sobre "el amargo misterio del amor” :
love’s Intter mystery.
(Continuará en el
'próximo número)
(1 )

EXILADOS. Edición "Sur”. Lucnu, A.rei.

�BuscdJ vuestra propia forma.

F. B.

C ' l desarrollo multiforme de la música
¿ de nuestro siglo, que ha producido
hasta hoy valores tan diversos, algunos
de ellos quizás definitivos, y que conti­
núa desplazándose desde su eventual cen­
tro de irradiación — los Estados Unid°s
se ha logrado, según se sabe, por
vía de concepciones distintas y hasta
opuestas. El neoclasicismo tonalista de
Strawinsky, Hindemith, Milhaud, Sessions, Casella, Falla: el expresionismo atonalista de Schónberg, Webern, Berg, Koffler, W ellecz: el microtonalismo de Hába,
Carrillo, Zébre, Reiner, Pone, suponen
otros tantos enfoques del problema mu­
sical novecentista, con sus derivados el
atematismo , la técnica docetonal, el
atonalismo integral. Todos los derivados
de estos principios forman en conjunto
un bloque de cien facetas distintas, a
menudo irreconciliables, pero que devie­
nen todas de un principio generador co­
mún, que al dia siguiente de Pelleas et
Mélissande, de Salomé o de Arfarme ct
Barbe Bien, planteara, ante la periclitación irremediable de todo un ciclo mu­
sical, una serie de proposiciones para el
porvenir de la música, tan oportunas y
eficaces, que a pesar de haber transcu­
rrido cerca de treinta años desde su apa­
rición, es ésta la hora en que continúan
irradiando vigorosa sugestión para la mú­
sica contemporánea.

FER R U C C IO
O rientador
mente influenciada por él. El vicios se
impone, erigiéndose en principio, aun
cuando aparezca subordinado al concep­
to instrumental y sinfónico, de Schubert
a Mahler, p a sa n d o p o r Mendelssohn,
Schumann, Listz, Bruckner, Franck o
Brahms. Esta adaptación del canto al te­
rreno instrumental, trajo equiparada una
solvencia en favor de la melódica, que
degeneró fácilmente hacia el plano de la
libre improvisación, espontánea y senti­
mental — el im promtu, la fantasía, la
pequeña pieza lírica — , frente al cons­
tructivismo clásico, saturado de posibi­
lidades temáticas y de desenvolvimien­
to, que exigen un plan conscientemente
meditado y un material justamente equi­
librado y distribuido para lograr la eta­
pa definitiva en el plano estructural. Cé­
sar Franck, en su Sinfonía, pero especial­
mente en su magnífica música de cáma­
ra — Cuarteto, Quinteto, Sonata — evo­
luciona hacia el sinfonismo, aunque sin
despojarlo de sus características ochocen­
tistas esencialmente "cantables” . Lo mis­
mo sucede con Brahms. Aun Debussy,
excepción hecha de sus tres sonatas, en
las que por otra parte cae en una proso­
dia puramente instrumental, la música
no abandona, en su aspecto melódico, su
condición intrínseca de romanza sin pa­
labras.

Cuando Ferruccio Busoni, superada su
brillante etapa de virtuoso errante, y de
productor al estilo romántico, de pará­
frasis y transcripciones destinadas al con­
sumo del gran público, decidió dar a la
publicidad su ensayo sobre "Conceptos
Richard Strauss, paralelamente a Max
para una nueva estética musical” , había
Reger, a Gustav Mahler y a la renova­
sin duda meditado profundamente sobre
ción de la armonía llevada a cabo por
los problemas vitales de la música de
' Debussy, pareció anunciar nuevas fuer­
su tiempo. Una decadencia wagneriana:
zas creadoras; mas’ únicamente lo logra
una liquidación total de la armonía y de
en su aspecto externo. Con su blitzkrieg
¡a forma tradicionales, pulverizadas por
sinfónica, el canto, el vicios romántico,
Debussy: una exaltación de la técnica,
se ubica en la orquesta y degenera en
prodigiosamente desarrollada por Strauss
elemento discursivo, destinado a ilustrar
para no decir nada de una manera com­
un texto literario — un "programa” , pa­
plicadísima; tal era el balance final de
ra decirlo en la terminología de su épo­
la música en los comienzos de nuestro si­
ca — , atento al trazo barroco de una
glo. Se imponía una reacción salvadora,
alegoría en torno a tipos representati­
cuyo punto de partida era buscado afa­
vos como Don Juan, Don Quijote, Till,
nosamente, si bien dentro de los límites
Macbeth, Zaratustra. El hecho, suficien­
tradicionales; salvo en Debussy, por su­
temente probado, de que el Romanticis­
puesto, que disolvía los últimos ligamen­
mo musical no supo o no pudo ahontos de la música occidental, sublimando
daír en la interpretación dé caracteres de
la pura sensación auditiva.
jerarquía universal, de los cuales no fué
La voz de orden era: evadirse del ro­
Fausto el menos afortunado, halla nueva
manticismo y del naturalismo; pero, ¿có­
demostración en Strauss. Toda su tre­
mo hacerlo? Verdad es que Debussy ya
menda e impetuosa "facilidad” , ‘ con su
lo había logrado, aunque con recursos
deslumbrante virtuosismo orquestal cuan­
tan personales y limitados que tendían
titativo, tiende a una completa disper­
más a ser imitados que desarrollados.
sión, de la cual no le salva ni su postrera
Schónberg aun se debatía bajo diversas
actitud ochocentista. En la totalidad de
influencias ochocentistas. La escuela de
su vasta producción no existe un pro­
Cesar Franck languidecía sin pena ni glo­
ceso integral, ni en alcance ni en pro­
ria. Restaban Strauss, Mahler y Reger,
fundidad, similar al que hace tan apre­
los cuales suponían una continuación vo­
ciable y digno de admiración el esfuerzo
luntariosa y redundante de los recursos
de otros de sus contemporáneos, menos
tradicionales, cuyo ciclo podía darse por
dotados de rasgos de brillante exterio­
finalizado.
ridad, pero más eficaces en su enfoque
conceptual, así como en amplitud, al­
En este momento extremo de una cri­
cance y calidad espiritual como sus ilus­
sis casi total en la música europea es
tres colegas de Centroeuropa, Max Re­
cuando Busoni hace oír su palabra inci­
ger, Gustav Mahler, Ferrucio Busoni.
tadora, que plantea nuevos enunciados
e impele hacia nuevas directivas, preco­
Sin embargo, la liquidación de un es­
nizando a la vez el abandono de los re­
tado de cosas que tendía a eternizarse
cursos tradicionales de la estética bur­
— el neoromanticismo — tampoco halla
guesa. Y es hoy aun, a veinte años de
en los planteamientos y respuestas dadas
su desaparición, oportunidad en que le re­
en las obras de esos tres compositores,
cordamos, que el eco de su voz no ha
un nuevo cauce ni una nueva aplicación
perdido autoridad, oportunidad y efica
de lo heredado. En Reger, contrapun­
cia, como que emanaba de un espíritu
tista fanático, hallamos el alargamiento
profético que era un gran maestro a la
dé la expresión logrado a través de la
vez que un gran artista y un prodigioso
cromática a que antes nos referíamos, y
animador.
de lo que la Fantasía y Fuga, op. 57,
Para ilustrar eficazmente sobre su con­
para órgáno, el Prólogo sinfónico para
tribución a la Historia de su arte, retro­
una tragedia y sus últimas composiciones
cedamos medio siglo, ofreciendo así una
de orquesta y de cámara son ejemplos de­
visión panorámica del estado de ¡a mú­
cisivos, Reger retorna a Bach y a la
sica que en los albores del novecientos,
música del Barroco así como sus contem­
prolongaba con limitada eficacia el cul­
poráneos Mahler y Strauss retornaron a
tivo de los recursos legados por la gran
Schubert y al rococó, respectivamente,
tradición clásico-romántica.
con miras a un remozamiento de las an­
tiguas fórmulas, características y moda­
o o
lidades.
La tentativa de evasión del Romanti­
cismo, como podríamos definir la etapa
final del siglo X IX y comienzos del X X ,
consistió en un alargamiento de la ex­
presión conseguido por vía del cromatis­
mo, que afectó directamente la estruc­
tura melódico-armónica de las composi­
ciones de ese período. Toda la música
del ochocientos, desde los lejanos tiem­
pos de "Adelaida” , es lied o está directa­

Strauss concluye, como se tiene dicho
ya, entonando un nica culpa en estilo ro­
cocó. Mahler, desengañado de trascendentalismos filosóficos, a los que su es­
píritu torturado demandara las solucio­
nes supremas, termina por detenerse en
el umbral de la nueva era, que llega a
vislumbrar — Lied von der Erde — , mas
ya cuando sus fuerzas creadoras estaban
agotadas. Reger pulsará hasta el máxi-

BU SO N I,
y Profeta
que del resultado de un cambio psíquico
fundamental.

P o r
JUAN

CARLOS

PAZ

mo el cromatismo diatonal, contribuyen­
do a su liquidación — en un estado per­
petuamente modulante — y en tremen­
do esfuerzo por librarse del romanticis­
mo y del naturalismo. La concentración
de su discurso melódico indica una vo­
luntad de condensación y de ordenamien­
to preclasicistas; con él la música retor­

De estos tres románticos rezagados —
Reger, Strauss, Mahler — , este último,
que tuvo plena conciencia del instante
de derrumbe por que pasaba la música de
su tiempo, como consecuencia del desmo­
ronamiento de todos los valores que cul­
minó en la primera guerra mundial, fué
el único de ellos que a pesar de su pos­
trera visión catastrófica, presintió el pe­
ríodo de nuevas posibilidades que se ave­

Ferruccio Busoni en su estudio.

na a su perdida jerarquía de arquitectura
sonora, partiendo del principio del sonido
entendido como elemento constructivo.
La polifonía a la Bach resurge, así como
las formas puras, todo ello con un sen­
tido totalmente inactual en un período
de la evolución de la música en el que
sé asiste a la disgregación de las formas
y a la plena dominación del color ar­
mónico.
También en Reger, la música aban­
dona el melos, deja de ser canto para re­
tornar al discurso contrapuntístico e ins­
trumental. En ese sentido, la evasión
del Romanticismo, en Reger, es comple­
ta ; mas se trata de una evasión hacia un
período concluso de la música, no de una
tentativa de liberación encaminada a
crear nuevos valores que superaran el
estado de crisis en que el músico actuó.
Su vuelta a Bach está hecha más de imi­
tación o trasplante retórico de un estilo

cinaba para su arte. Así como la armo­
nía cromática del Romanticismo hace
crisis en Tristón, señalando algo así co­
mo un retorno a la normalidad en Los
Maestros Cantares, y la Elektra de Strauss
significa el más agudo vértice de la ca­
cofonía straussiana que precederá su brus­
ca virada hacia el rococó, así la compleja
maquinaria sinfónica y coral de las sin­
fonías de Mahler, renuncia a las com­
plejidades y a los grandes compactos or­
questales y corales, que aumentando pro­
gresivamente, culminan en la Sinfonía
de los mil, para depurarse — espiritual
y estéticamente — en una especie de
divisionismo armónico, aéreo y sutil, que
ilumina, en su magnífico Lied von der
Erde el Simbolismo con que concluye el
Romanticismo en retardo, y con él to­
do un ciclo de la cultura europea. La
trayectoria de Mahler condensa simbóli­
camente todo el ciclo romántico: exal­

DE JU A N DEL PR ETE

tación dionisíaca, ditirambo nietzscheano de todas las energías vitales, enervan­
te buceo introspectivo, interrogantes su­
premos, gran gesto trágico, duda heroi­
ca, y renunciamiento y derrumbe finales.
o

o

Frente a estos artistas militantes, que
quemaron los últimos recursos legados
por la tradición, aunque sin llegar a lo­
grar la creación de nuevos valores, un
teórico genial como lo fuera Ferruccio
Busoni planteó su tesis basada en el li­
bre examen de la cosa artística ; actitud
cartesiana que andando el tiempo se con­
virtió en el evangelio de las tendencias
renovadoras de la música contemporá­
nea: de Schónberg a K réneck; de Alois
Hába a Abrahmov.
Afiliado en un principio al arte clá­
sico y a una incondicionable devoción por
Bach, este prodigioso aninjador — a
quien hay que considerar de distinto
ángulo que a aquellos músicos contem­
poráneos suyos, ya que en él el teórico
y el visionario superan en mucho al com­
positor— , este incitador, decíamos, de
cuantos gestos renovadores hallara a su
paso — Debussy, Strawinsky y Schón­
berg hallaron en él interés y apoyo — ,
evolucionó lentamente hacia una concep­
ción propia y universalista de la música,
que expusiera en su famoso ensayo C on­
ceptos sobre una nueva estética musical,
publicado en 1907. Con las ideas expues­
tas en este verdadero manifiesto de las
tendencias modernas, y en otros escritos
teóricos, dió Busoni impulsos decisivos a
la música contemporánea, especialmen­
te a la de Centroeuropa. Presintió la
teoría de los docé tonos, de Schónberg,
anticipando el cálculo de 113 escalas po­
sibles, expresando, acerca de la renova­
ción necesaria de la música por medio de
la armonía, que "entendía la substancia
armónica en lo concerniente a la música
actual, como una síntesis y contribución
de los doce semitonos de la escala tem­
perada” .
Teóricamente, Móllendorf, Alois H á­
ba, Wischnegradsky, Julián Carrillo, Berrueta, Panach Ramos y demás pioneros
de las tendencias microtonales, deben a
Busoni muchas sugestiones sobre las po­
sibilidades de una música escrita en sis­
temas basados en tercios, cuartos y sex­
tos de tono. Especialmente el primero
de estos sistemas anunciados o propues­
tos por Busoni es de especial interés, ya
que el tercio de tono sobrepuja en no­
vedad, audacia y posibilidades al cuarto
de tono, por ser éste un simple derivado
del semitono usual, cuyo sentido tiende
a conservar — y con ello todo el sistema
tonal de uso desde hace siglos — , mien(Continúa en la pág. 11»

�1
p*8- 6

CONTRAPUNTO
se intoxicaba con él. Encandilado por ese
ideal, aquel joven de veinticuatro años, etc.”

ESTA GENERACION PERDIDA
Ofrecemos al lector un capítulo inédito ie la
notóla del escritor argentino Mjax Dickmann,
"Esta generación perdida”, de Inminente apari­
ción bajo el sello de la Editorial Santiago Rueda.

C

UANDO los pasos de Meré se
apagaron escaleras abajo, F ran ­
cisco corrió en puntas de pie hasta
, el corredor y se detuvo ante una
puerta. Con la cabeza apoyada en el
decorado de madera escuchó un
buen rato, pero' de adentro no venía
ruido alguno. Entonces movió el pi­
caporte y empujó suavemente hasta
que pudo asomar media cara por la
rendija. La habitación estaba casi
en penumbra y la débil luz de un
velador colocado en alguna parte,
echaba un reflejo dorado sobre la
cabeza y la barba encanecida de un
hombre que dormitaba en una silla
de ruedas. Una manta de lana a cua­
dros le cubría las piernas. Francis­
co contuvo la respiración para escu­
char la de su abuelo, qu‘e era inter­
mitente y apenas le levantaba el pe­
cho. El rostro’ amarillento tenía las
mejillas hundidas y los pómulos so­
bresalientes, bajo la alta frente er­
guida ; de un invencible orgullo.
Cerró la puerta con tanto cuida­
do que le llevó un largo instante
ver desaparecer al abuelo en la an­
gosta rendija y cuando estuvo solo
en el corredor, la congoja que le
apretaba la garganta terminó en un
suspiro y en un temblor de los la­
bios que apenas le dejó decir: “ po­
bre abuelo” , con voz tan extraña
que le paFeció estar oyendo’ a otra
persona que se ocultara en la pe­
numbra del corredor.
Al entrar en su dormitorio, fué
eu seguida hasta el ropero, se qui­
tó el paleto y cuando estuvo dentro
del saco con alamares, respiró satis­
fecho y cómodo. Nada le agradaba
más que sentir el calor de esa pren­
da que le ajustaba el cuerpo y era
suave al tacto como piel de m ujer.
Se sentó en la pequeña butaca que
había ocupado Mere, pero la encon­
tró demasiado angosta y se puso a
pensar que ella, con sus caderas es­
trechas, se sintió tan cómoda come
si reposara en el canapé.
“ Como hetelia a la medida d'e su
cuerpo”, se dijo, pero le asaltó de
pronto el recuerdo de que el cuerpo
de ella y el suyo habían caído abra­
zados sobre la cama y la colcha aun
estaba arrugada con la huella que
habían dejado en ella. Se levantó y
fué a alisar el raso floreado y a co­
locar en su sitio las almohadas, en
tanto le entraba la satisfacción de
haber descubierto el engaño de ella
y el escándalo en que quiso envol­
verlo, inventándole un hijo que no
existía, para lograr que él volviera
a ayudarla y a prometerle otra vez
que nun'ca le faltaría nada mientras
viviera y que cuando heredara al
abuelo. . . Bueno, todo eso o'lía de
tal manera a mentira que él se sin­
tió un poco avergonzado. Sacó de la
perilla de la cama uno de los rosa­
rios de cuentas ide vidrio y fué a mi­
rarse en la luna del ropero.
— No' veo que tenga cara de ipuy
creyente, murmuró, ni de hipócrita
petimetre; es que esta Meré tiene
la lengua muy suelta, pero, Dios
mío, qué cuerpo maravilloso tiene y
qué amorosa es y cómo se desvane­
ce en un beso y le hace prometer a
uno lo que ella quiere antes de dar­
se totalmente con esos grititos que...
¡ alh! entonces. . . Empezó a r e z a r
con los labios apretados, la frente
muy erguida y los ojos fijos en los
otros ojos que lo miraban desde el
espejo. Pero no pudo concentrar la
atención en el Fezo; tenía en la na­
riz el olorcito de los polvos ide Me­
re, vago perfume de almizcle y vio­
letas que le repugnaba pero le traía
el recuerdo de que en la nuca de
ella, donde nacían los primeros ri­
zos, había olido un vago extracto
que no era ninguno de los que él te­
nía sobre el tocador, y que quizá
Meré lo estuviera engañando con al­
guien: y el nombre de Soubeyrán,
que ella había dejaído caer como al
descuido, le empezó a dar vueltas
en la cabeza. Durante unos instan­
tes oyó el murmullo de su rezo y vió
que maquinalm'ente movía los labios
como lo hacía cuando rezaba en voz
alta y de rodillas ante la cama an­

P o r
M A X

D I C K M A N N

tes de irse a dormir. Soubeyrán, Sou­
beyrán, Soubeyrán; no, Meré no era
una mujer que pudiera gustarle a él.
Ella no se parecía en nada a las cocottes francesas con las que Soubey­
rán se encontraba tan a gusto, que
basta había llegado a decir que él
nunca amaría a otra mujer que no
fuera cocotte y francesa y que si
Dios las hiciera desaparecer de la
•superficie de la tierra, se metería a
monje o guardaría una castidad ra­
biosa.
Dejó el rosario sobre la carpeta
de felpa verde que cubría el mármol
de la mesa de noche y fué a sentar­
se en su escritorio. Pero cuando pu­
so ambas manos sobre los papeles en
desorden y leyó maquinalm'ente los
títulos de dos gruesos libros encua­
dernados en cuero rojo, le asaltó un
temor que fué agrandándose en su
pecho hasta haberle perder el aplo­
mo con que hasta ese momento ha­
bía estado pensando en todo lo ocu­
rrido.
Levantó la vista hasta el retrato
del abuelo y sin quererlo Se puso a
repetir en voz alta la dedicatoria
que con letra inclinada y firme lle­
naba la parte baja de la figura has­
ta el borde del marco.
"Francisco: La fortuna no es nunca
ingrata con los que perseveran, con los
que se gobiernan a sí mismos, con los
que no desmayan, ni se declaran vencidos
ante los golpes de la adversidad.”

Cuando el abuelo escribió esto, lo
recordaba, él era todavía un niño
que apenas se 'hallaba en la adoles­
cencia y no pensó que de esas pala­
bras necesitaría tanto en la vida,
que hasta hizo de ellas su lema y se
las repetía a menudo, cada vez que
le flaqueaba la voluntad o que la vi­
da le tentaba a evadirse de todas las
responsabilidades o a encaminarse
por el lado más fácil, más muelle y
más cómodo.
El confiaba mucho en ese lema
ahora que Meré quería torcerlo de
su firme propósito de no volver a
dejar los libros y los estudios, los
que meses antes (habían sacrificado
a ella, a sus mejores amigos, a los
placeres fáciles, a la vida apoltrona­
da en que se hundía por períodos de
tiempo, cuando le entraban el des­
aliento, la pereza y la necesidad de
tener constantemente a su lado una
mujer a quien amar y odiar, con
quien sincerarse y engañar al mismo
tiempo, para dar salida a 'esa duali­
dad de sentimientos en que fluxtuaba su carácter cuando no sabía si
seguir ciegamente el camino- que le
había señalado su abuelo, o aquel
por el que quisieron conducirlo su
madre y la finada tía Felicitas.
Se salvaría de esa duda que lo
anulaba, haciendo algo con volun­
tad, dándose a la acción. “ Es en
la acción donde encontrarás la fe­
licidad” , le había di'cho el viejo pa­
dre que lo confesaba dos veces al
mes. “ Es con la acción como com­
batirás la pereza que es un gran pe­
cado para todo buen católico” , le
decía a veces su m adre; “ es mejor
'hacer mal las 'cosas que no' hacer­
las” , le repetía el abuelo, y los pa­
dres jesuítas del colegio, que habían
sido sus profesores, masticaban fra ­
ses como: “ la meditación es perni­
ciosa porque lo enfrenta a uno con
la duda y en la duda está el peca­
do” . Luego, cuando en los prime­
ros años de la universidad se en­
frentó con los estudios de humani­
dades y cuando Roma y el Derecho
clásico, y las reformas justinianas y
el Derecho en el B aje Imperio, y
Aristóteles, Sócrates, Platón, Cice­
rón y Tito Livio se opusieron al vie­
jo catecismo y a los libros de misa,
tuvo noción de cuál era el sentido
de la palabra acción, según el abue­
lo la entendía. Le pareció que de to­
das las definicio’nes, la suya era la
que más se ajustaba a su credo ac­
tual y a su manera de ver y com­
prender el mundo. Fué así como se
libró de la duda en que fluctuaba
de la mañana a la noche, fué así co­

encontró en Mere y en su amor
por ella, en su baja sensualidad y
en su desfachatez que lo enloquecie­
ron desde el principio, un sustituto
para reemplazar esa otra mitad de
su yo 'que haibía resuelto arrojar por
la ventana. Ya no sería más tan re­
ligioso, ni rezaría tanto, ni espera­
ría los domingos la visita de los pa­
dres que venían a cumplimentar al
buen alumno y al mejor donante, ni
se lo diría to'do al cura confesor, pa­
ra no tener 'que hacer penitencias y
que mortificarse 'en desesperantes
continencias que terminaban a veces
en la masturbación. Mere y Soubeyrán lo habían ayudado a cambiar,
ambos le revelaron en la práctica un
mundo que él sólo intuía y al que
por indecisión, cobardía y temor no
se asom ara.. .
Pero después vinieron el hartaz­
go, la repugnancia y la náusea. Meré le hizo conocer los bajos fondos
de la sensualidad, de la carne que ya
no da más de sí, de los placeres qüe,
en cambio de próduteir éxtasis,
arrancan gritos de angustia porque
no alcanzan la sima del abismo en
que se hunden, y Scubeyrán, con
,su maravillosa y extraviada inteli­
gencia, lo había acercado al conoci­
miento de las artes, de la historia, de
los clásicos, pero también de la vi­
da mundana y de la vida cráp u la.. .
Y era ese Cristo de marfil que se
hallaba sobre la cama el que lo ha­
bía salvado; pero también ese árbol
genealógico que llenaba el amplio
marco labrado, donde él ocupaba el
extremo de una rama verde-dorada,
en medio de un círculo rosado como
una manzana, y que en una noche de
angustia se había detenido a con­
templar, con más atención que nun­
ca. La imagen dolorida “ del hombre
que se sacrificó por todos los hom­
bres’’, como decía el cura que lo
confesaba, y la “ severa responsabi­
lidad que significa formar parte de
ese árbol frondoso de orgullosas ge­
neraciones”, como repetía su abuelo,
lo habían vuelto al equilibrio y a la
razón.
.
Desapareció del mundo para Meré
y para Soubeyrán, para la vida
mundana y para la vida muelle y
fácil de los libros de arte, de las pi­
nacotecas privadas y de la música.
Se sumió en una existencia de res­
ponsabilidades que lo apartaron de
toda tentación. Estudió cuidadosa­
mente con el abuelo los problemas
de la administración de su fortuna.
Las estancias, los bienes en la ciu­
dad, las tierras 'en el norte, exigían
mucho cuidado, y además, el asunto
del engorroso testamento de la tía
Felicitas, que lo hacía a él dueño de
todo sin permitirle disponer de na­
da, le ocupaban todas las horas de
sus días. Volvió a los voluminosos
libros de estudio que reemplazaron
hasta en el lecho las fáciles novelas
francesas que le proporcionaba Sou­
beyrán. Se enfrascó en un trabajo
sobre la teoría del dualismo en opo­
sición al idealismo y al materialis­
mo, que lo desveló durante largas
noches, escribiendo páginas y más
páginas que luego abandonó en un
cajón del escritorio y también poco
a poco volvió a reconciliarse con el
buen católico que dormía y velaba al
mismo tiempo en el fondo de su al­
ma, y rezó y fué a confesarse algu­
nas veces, aunque no con el fervor
de antes, pero dejándose penetrar
por el aroma y el ritmo de liturgia
que tenían para él todas las cosas
de la religión.

La autora da, como se ve, un pode­
roso indicio. A ella, pues, y a sus cola­
boradores, el menester de ahondarlo. Es
un deber capital de la hora, una verda­
dera tarea intelectual.

d io

Una tarde, el mucamo' de turno le
alargó en una bandejita de plata
una carta que había traído a mano
un mensajero, y que por el perfume,
la letra y el sello de lacre reconoció
en seguida. Por un instante estuvo
tentado a devolverla o a arrojarla
al cesto de los papeles sin abrirla.
Pero' ese día se sentía un poco can­
sado, un poco solo, y un vago, deseo
de algo le pesaba en la nuca. Des­
pidió al mucamo, se tendió en el ca­
napé y muy lentamente, con una cal­
ma que a él mismo le sorprendió, se
fué enterando por tres páginas de
una escritura endemoniada, de que
iba a ser padre de un hijo' y que de
no decidir algo muv pronto, se ve­
ría envuelto en un enojoso asunto

N

o hemos visto otro comentario se­
rio acerca del suicidio de Drieu
La Rochelle, que el aparecido en el nú­
mero 126 de Sur. A Victoria O c3mpo,
autora del artículo, no debe haberle re­
sultado tarea grata la de comentar esa
muerte. Un amigo había defeccionado:
lo triste era buscarle justificaciones a esa
defección.
Empieza por decir Victoria Ocampo
que el suicidio de Drieu La Rochelle no
ha sorprendido a quienes le conocían ín­
timamente. Más aún, que todo lo que
aquel hombre pensaba, lo que escribía,
hacía sospechar y temer semejante desen­
lace. Fueron sus ideas, pues — " y nada
más que esas ideas” — , el móvil que le
hizo entrar en el campo del colabora­
cionismo.
Hay un hecho concreto. Colaboracio­
nismo es el acuerdo físico y mental con
el enemigo.; la participación consciente
con el enemigo. Y Drieu La Rochelle
fué — como tantos otros — colabora­
cionista.
No se le puede acusar de no haber que­
rido a Francia, dice dolorosamente Vic­
toria Ocampo. Si pecó, agrega, no fué
por falta de sinceridad.
A lo largo de su nota rastrea la auto­
ra los orígenes de esa perversión y al­
canza a darnos la ubicación, los puntos
de partida de la transgresión.
Luego dice:
"Una amistad de catorce años que se man*
tuvo a pesar de las más violentas discusiones
y que atravesó milagrosamente la barrera de
los mutuos rencores, me obliga hoy a hablar
de él. Demasiados son los que no conocién­
dolo se ponen a juzgarlo, para que quienes lo
conocieron puedan decorosamente callar.”

No deben callar quienes lo conocie­
ron. A ejemplo de la comentarista que
comentamos, debe iniciarse la discusión
acerca de tan hondo problema que afecta
la raíz misma de lo intelectual. Gran
problema: a través de las ideas llegar a
la traición.
La investigación de la causa sería a la
vez una exposición de los remedios. Hay
un excedente de colaboracionismo en to­
das partes para que se pueda pasar como
por sobre ascuas a través de esta enfer­
medad.
Nadie mejor que la gente de Sur —
que conoció al hombre y a la obra — pa­
ra darnos una aleccionadora visión de
Pierre Drieu La Rochelle, completando
la apreciación de Victoria Ocampo. Esas
líneas, aunque ajustadas, no pueden ser
las definitivas. El mal subsiste y per­
siste. Los daños son espectaculares y san­
grientos. La elucidación puede ser el
principio del remedio. Conviene que
aquellos que "no pueden estar sin Fran­
cia” encuentren otro remedio para que­
darse allí. Otro remedio que no sea la
muerte en 1914 o en 1945, en Verdún
o en los días de la Liberación, a los vein­
te años o a los sesenta.
Victoria Ocampo transcribe:
"Me be intoxiúado con vuestra fuerza."

Y comenta:
"A h í tiene el error asomando en la ma­
yúscula de la palabra Fuerza. (E n un párrafo
anterior Dr.eu ya había inicialado en grande
ese vocablo aciago.) La actitud del vencedor
que elogia al vencido es siempre generosa y
bella. Pero la admiración desenfrenada por la
Fuerza, la idea de que la Fuerza es “ madre
de las cosas”, es ya la fascinación .que ejerce
en certas almas un modo de pensar y de
sentir nefasto y devastador: el del fascismo,
el del nazismo que no tardaría en invadir al
mundo.
Drieu lo había husmeado ya en el aire y

que ella, su Meré, con todo el dolor
del alma, sacrificio de su amor y su
honor, tendría que provocar por­
que . . .
Francisco sacudió la cabeza como
para disipar una pesadilla. Se le­
vantó y caminó unos pasos hasta el
espejo del ropero. Estuvo un rato
contemplándose, y luego, del cajón
de la mesa de noche sacó una fla­
mante bigotera y un peiúecito de
carey y empezó a hacer el to'cado de
su ligero y negro bigote.

" Insula” inicia en su último número
una encuesta acerca de si es o no posible
una " unión latina” . Destacamos la res­
puesta de Ossorio y Gallardo. Dice que
lo de la Unión Latina le parece bien,
pero le parece poco. Lo que el mundo
exige no son uniones, sino identificacio­
nes: sociales, culturalesy económicas...
“ La lucha mundial se encuentra entablada
entre las tiranías y las democracias. Aquéllas
tienen a su lado el capitalismo, el nvlitarismo
y el clericalismo, fuerzas inmensas para com­
batir las cuales, todos los esfuerzos de las
masas populares serán pocos. Ahora mismo
estamos viendo que lo que ocurra después de
la guerra lleva trazas de ser lo mismo que
había antes de ella. Inglaterra ha proclama­
do, ¡con apoyo de los laboristas!, que no re­
nunciará ni a un centímetro de su Imperio
establecido en tierras ajenas, a pesar de la
Carta del Atlántico; Italia, que ya se repu­
taba país liberado, envia su embajador a Fran­
co; en Estados Unidos se celebra un Congreso
de aviación, al cual se invita a España con
legítima protesta rusa; el despot smo del Bra­
sil, la incomprensión del Perú, el sainete ri­
diculo de Santo Domingo, etc., siguen en auge,
utilizados por gobiernos que se llaman demó­
cratas; contra China subsisten las preveiciones y las suspicacias; el fascismo cunde y se
propaga, apoyado por la Iglesia Católica, en
América del Norte, del Centro y del Sur;
brotan en abundancia los nacionalismos au­
daces que no son sino dis mulo de la absurda
y vituperable teoría nazi; el Papa que hoy
finge querer mucho a los pueblos liberales, es
el que los combatió sañudamente ayer; Churchill hace discursos ensalzando a Franco; De
Gaulle impide a los guerrilleros españoles com ­
batir frente al régimen criminal y maldito
que gobierna a España; Stalin — en quien
tantos ponen su confianza — ya no es hom­
bre del pueblo sino mariscal y lleva todas las
trazas de emular a Pedro el Grande... ¿A ,qué
seguir?

Luego de la amargura y el asco que
destilan estas palabras de Ossorio y Ga­
llardo se ve hasta qué punto es absurdo
(como lo advierte A ndré Gide, en ese
mismo número de "Sur”) ponerse a
discutir si es el estatismo o a lo sumo
la falta de dinamismo lo que puede llevar
a la derrota a una potencia pacífica o
indiferente.
A. C.

En 1943 comenzó a aparecer en Bue­
nos Aires la serle de ‘'Cuadernillos Lllnll’’, publicación de verso y prosa. Man­
tiene desde entonces esta serle una in­
interrumpida publicación de trabajos de
escritores inéditos casi todos. “Jornada
del Hombre” , poemas de Miguel Etchebehere; “Tiempo de morir y tiempo de
nacer’ ’, cuentos por Felipe Rosei; "Da
clave encantada’’, títeres para niños, por
Carlos Gorostiza; “Todo va bien", e s­
bozo de novela por Floreal Maziá; “Re­
greso de la esperanza”, poemas por J . Os­
car Arverás; "E ste gris enunciado", poe­
mas por A. González Gattone, y “El Ru­
lo” , cuentos por Valentín Fernando.
Además, “Nueve C antos’’, de José Pedroni.
Dos años de labor silenciosa y segura
■han producido esta colección en que la
unidad de grupo y la afinidad sensible
son su primer mérito. Casi todos los que
firman estos cuadernos afrontan al pú­
blico y a la critica por vez primera. Bajo
la advocación de Romain Rolland, “L i­
ta11’’ “viene para aventar la voz inédita
ardida en plenitud de fe, y para sumar­
la al coro inaugural de los nuevos
tiempos ’’.
La Municipalidad de la Ciudad de Buenos
Aires realizó en el curso de ios últimos meses
del año anterior una interesante obra de exten­
sión cultural, por su radiodifusora L S I , con­
sistente en la revelación de escritores y artis­
tas jóvenes, sin exclusión de valores consagra"
dos (ver N i 1 de C O N T R A P U N T O ). El pro­
pósito se mantiene en el plan cultural dispuesto
para el presente año, y organizado, como el ante­
rior. por el Instituto Municipal de Extensión A r­
tística. La labor proyectada para 1945, y que ha
s.do iniciada a mediados de mayo, comprende
var os ciclos, sobre temas literarios o aspectos
de la música, con el fin de presentar panoramas
de conjunto sobre los mismos.
El primero de esos dolos se denomina “Poesía
argentina del siglo X X " , y en él ntervienen:
omas e Lara, La poesía de Leopoldo Lugones , Angel J. Battistcssa, “ La poesía de Enri­
que Banchs” ; Vicente Barbieri, "La poesía de
Fernández Moreno” ; Evar Méndez, "L a gene( Sigue en la pjg. 15)

�r - .j

P dg- 7

CONTRAPUNTO

COMO

AYER

POEMAS

CA N CIO N

P o r

P o r

ESTA EL CIELO

JU A N

CUNHA
»
Parada N octurna

P o r

E N R I Q U E

¡ O

M O L I N A

R O B E R T O

(h .)

lejanía abandonada!
Quizás he muerto. Sin embargo

de mí nacen aún flotantes cintas,
cantos de Navidad,
suaves lámparas que arden
sobre un cono de luz y mariposas,
y la lluvia sonando,
— la húmeda y cálida bocanada del

/C A B A L G A T A S austeras de mi tierra,
lento ganado, tardes majestuosas,
quiero tener la vida interminable
para cantaros.

JT’ STO Y sufriendo acorralado sin tregua
Húmedo hasto el hueso de ese sudor acre nocaurno
El mismo que se desprende de la fatiga de la noche
Y como cabalgando un caballo muerto de pie y aún en su actitud
[de galope

Quiero tener la vida interminable
y el corazón tan ancho como el río,
y una guitarra ociosa si se escuchan
cantos más nobles.

Si alguien llegara de pronto y mirara en mis ojos como un relámpago
Cuando fantasmas y la noche y sueños me acosan
Cuando ese terror que conozco me amputa de un golpe brazos
[y piernas,
Y si alguien mirara vería entonces
Cómo un largo fuego negro sin ruido viene a quemarme la última
[pestaña

Una guitarra ociosa si se escuchan
las intensas calandrias del paisaje,
porque mi voz es demasiado amarga
para este cielo.

monte—
cubriendo el corazón de la familia,
el fuego de la casa con su anillo de&lt;
rostros

Estoy parado fijo calado duro secreto
Agaunto la caída que no acaba
De un pájaro fulminado en el centro de ese bosque que es el espacio
[cuando mi frente lo habita

Porque mi voz es demasiado amarga
para honrar esta luz, estas cosechas,
y ha pronunciado silabas de muerte,
vanos lenguajes.

cuyo esplendor ardía en la crueldad,
en la grandeza de unas viejas noches.

Qué extraño es que retenga la hermosura
de un país que se aleja con el tiempo
como los lentos muelles en un viaje.
Una llanura a solas con sus perros,

La

N u b e

jY | IR A podrías decirme tu nombre sombra secreta o llama súbita
O sea ese costado de la noche que no alcanza mi resuello
Podrías soplar en mis dedos remeros de un agua nocturna desvalidos
Escucha podrías rozarme apenas al doblar cualquier esquina o viento
[o sueño
Podrías tocar desnuda a la puerta en donde tan a solas duermo
Allí donde guardo a oscuras la hoja en que te espero

H a pronunciado sílabas de muerte,
ella que es instrumento de alabanza.
No, no soy digno de que el sol me alumbre
como a los pastos.

No, no soy digno de que el sol me alumbre
como si fueran sanas mis raíces:
porque yerbas infaustas todavía
tengo en el pecho.

Con sus roncos arreos llenos de espuma y
sangre,
y sus pálidas velas alumbrando
los rancheríos, junto a los pantanos,
en medio de unas lomas que recubren
la dulce calavera del silencio.

P A I N E

Mira mira podrías herirme de pronto en una de mis sombras
En esta orilla de lágrimas cayendo inacabable y siempre, siempre
Al borde de los silencios que tiemblan y te aguardan mientras tanto

Porque yerbas infaustas todavía
me destierran de toda venturanza.
Muera mi voz, entonces: que la olviden
entre guijarros.

Podrías en un relámpago mira escucha en un relámpago
Montevideo, mayo de 1945.

Aljibes, golondrinas,
terrores con una mano lívida que agita
la rama en la techumbre,
con un ojo de pájaro que espía a través
del tablón.
Y el sótano, el rojizo tragaluz
donde un furtivo corazón acecha y tiembla
sobre su tierna edad,
en lo sombrío,

CONCURSO L IT E R A R IO
R U E M ÍO I M P R E N T A L O P E Z
CO N EL AUSPICIO

SOCIEDAD
DE

D E LA

ARGENTINA

ESCRITORES

sobre el silencio y las botellas muertas,
aquel sabor a antro y escaleras,
las polvorientas telas con secretos.

Quizás he muerto ya. Mas todavía
te nombro: Bella Vista.
Sumida por la arena, con tu triste
amuleto,
tu sueño envenenado por el tiempo
entre ávidas raíces.
Pero de nuevo tus bellas alas flotan en
el alba
de los naranjos, tus llanuras se inclinan
hacia el río,
con tus cobrizas gentes escuchando
tus grandes nervaduras,
y tus troncos defienden como entonces
aquel campo de lluvias y plegarias
donde hay ceniza, polvo sin memoria
sobre mi séptimo cumpleaños.

RESULTADO
El Jurado, integrado por la señora 'Victoria Ocampo y los señores
Guillermo de Torre, A dolfo. Bioy Casares, Leónidas Barletta y Julio
Aramburu, después de considerar detenidamente los 165 trabajos pre­
sentados al certamen, ha adjudicado los premios a las siguientes obras:
Primer Premio: "El Muro de Mármol", de Estela Canto.
Segunda Premio: "La Caá Yari”, de Alejandro Magrassi.
Se procederá a la entrega de los premios en uii acto público, cuya
fecha y lugar se establecerá próximamente.
Los originales no premiados están a disposición de los interesados
en la Imprenta López — Peni 666 — Buenos Aires.

�Pág. 8

CONTRAPUNTO

Sábado
le parecía tan lejano en el tiem­
po, que varias veces se detuvo, va­
cilante, porque no podia retomar el hilo
de sus recuerdos.
Allá, a la vuelta de la plaza, cuántas
veces le dominó esa nostalgia, esa angus­
tia que hace que los jóvenes de los pue­
blos chicos adviertan que están amarra­
dos, encadenados al horizonte estrecho,
ahogados por el aislamiento, la rutina y
la pobreza.
Él sufrió más que otros, tal vez, y no
lo recuerda con trasnochada vanidad. Él
sufrió más que otros porque sus hori­
zontes habían sido cambiantes y su vida
sin arraigo. No fue muchacho de pue­
blo. Su familia no extendía raices en
ningún lugar, de manera que llegó a
habituarse a una vida nómada, de con­
tinuos cambios, en que todo era nove­
doso y los afectos no alcanzaban a cre­
cer cuando ya iniciaba, cálidamente,
nuevas amistades, en otros lugares.
Además, tenía el hábito de la lectu­
ra y una reserva emotiva, una vida in­
terior muy rica, aunque sufriera esas cri­
sis de dipsómano que lo avergonzaban
en lo íntimo y le daban fama de escép­
tico y calavera.

T

en
P o r

odo

L.

GUDIÑO

KRAMER

encanto sin nombre, de esa contradicción
misma, de ese encanallado vivir en cons­
tante remordimiento.

2.

3.
riedad el cronómetro. Estaba evidente­
mente bajo el malacara. Algo le pasaba,
seguro. Como a la mitad del tiro, dos
liebres, había carrtbiado de mano. El co­
rredor lo había peinado dos o tres veces,
livianito nomás, pero el malacara no se
estiró. Se veía qué no tenía aguante. La
partida la había hecho bien.; estaba ligerón de abajo, no había para qué morti­
ficarse y mortificarlo sacándole pieses.
Salió bien levantado en las riendas, pero
se quedó. Se quedó arriba, pero se que­
dó. Esa era la cosa.
Los testigos, discretamente, hablaron
de otras cosas. Aponderaron un bayo cri­
nes blancas, medio chafalote porque era
caballo nuevo, pero que prometía ser li­

Pero el pueblo le alargaba sus opios;
se rebelaba al principio; se entristecía, y
poco a poco una gran abulia y un con­
formismo hecho de renunciamiento y de
escondido halago por la vida contempla­
tiva y parasitaria, le iban dando argu­
mentos psíquicos para quedarse, para
ablandarse en una no resistencia que po­
co a poco iba ganando los repliegues más
profundos de su personalidad.
Cuántas veces la alta noche le sorpren­
día en diálogo sentimental con las estre­
llas, mientras la madrugada lechosa se
aproximaba con sus puñales de frío y
sus brumas de nácar.

gero y guapo. .Se veía. Uno de los tes­
tigos se acercó al corral y acarició el an­
ca de un caballo, y los demás se fueron
despacio hacia el pueblo.

Y se iba a dormir, ligeramente borra­
cho, cansado en la médula de los rebo­
tes y los sobresaltos del juego, intoxica­
do de tabaco, y malogrado en su más in­
timo sueño.

La cancha, el andarivel, quedó sola.
Fernández se alejó, también, pisando
las arenas, enterrando sus zapatos en ese
colchón tibio para las alpargatas, blando
para las botas y los pies desnudos, pesa­
do y hostil para el hábito ciudadano.
¡Lástima de carreras!
Sí. Claro. Él no entendía cabalmente
la preocupación de todos por ese permi­
so. N o alcanzaba a comprender, tampo­
co, cómo esas carreras eran lo único que

Claro que cuando en las noches lar­
gas del invierno se quedaba sobre la mis­
ma orilla del agua viendo rielar la luna
y correr bajo la caricia del sauce el agua
infatigable del San Javier, sentía de gol­
pe una ansiedad de andar, de irse.
Pero se quedaba, nomás, preso de ese

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ENiCUAOíRNADOS

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Vasco Núñez de Balboa, por Carlos L. G. A nderson.......................

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S .—

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S e n t a d o en ese corredor, al reparo,
tomando mate mano a mano con Merendemo, se sintió a gusto.
Claro que antes era la vida perdura­
ble, como quien dice, un viaje en volanta. Ahí nomás acababa de ver la
volanta vieja, la que hacía los viajes de
Santa Fe a San Javier pasando por Hel­
vecia...
— Qué manera de viajar, amigo.
— Me han ofe^tau doscientos pesos por
el carricoche, pero me da no sé qué ven­
derlo...
Merendemo chupó la bombilla y mi­
rándolo de reojo con sus ojos vivaces
iluminando un rostro inteligente que re­
flejaba la personalidad del hombre como
un espejo, vuelto de lleno hacia él,
agregó:
— Fíjate que a veces tenía que cambiar
en Los Cerrillos, a causa del colchón de
arena que se formaba. Las postas queda­
ban retiraitas. De ida pasaba bien, pero
a la güelta sabía ser lo fiero.
Esa vez yo traía un bayito muy vo­
luntario, un bayito zambo, ¿sabés? Zam­
bo porque caminaba zangolotiándose, y
su andar no era propiamente de sobrepa­
so, sino ansí como un zangoloteo, ¿no?
El zambo era guapo y voluntario y esa
tarde venía tirando casi él solo. Los
otros caballos no daban más, mañeriaban, y era al ñudo que ¡os castigara, an­
sí que lo castigaba al zambo pa que no
aflojara. Y , claro, me daba lástima. Tan
voluntario el caballo y tenerle que pe­
gar de ese modo.
Pasamos el médano y esa noche, cómo
sería mi ánimo, que me dormí y soñé
con el bayo. Le iba pegando, ¿sabés?,
meta Jonja, cuando por áhi se da güelta
y me dice:
— ¿Hasta cuándo?
Yo, en el sueño, medio asustau lo que
habló el caballo le digo, ligero:
— ¿Qué decís?
Pero el sueño comenzó a dominarme
y sólo recuerdo que el bayo me contestó
un murmurio, apenas, un ronroneo como
de relincho, nomáj...

Cruza una bandada de patos, muy al­
ta. El frío aprieta. El sol brilla sin ga­
nas. La sobretarde se inicia en el brillo
de los ladrillos recién baldeados, que
muestran la rojez saludable de sus ru­
gosas superficies.
Después nos vamos. Voy yo y mi
alma por la calle ancha e interminable
del pueblo, y no acaba nunca mi viaje,
ni mi viajar. Pienso con alguna tristeza
que hace como veinte años que vengo
viajando por el mismo paisaje, sobre la
misma tierra, entre los mismos hombres;
cuando paso frente a las tapias enjabelgadas que amparan y rodean el último
sueño de mi madre, tan soterrada en sus
sueños inalcanzables, como en la misma
vida, y tan dolorosa y sonriente, al mis­
mo tiempo, comprendo que es una fata­
lidad la que nos tiene así, sujetos a un
destino que no podría ser más alto, por­
que no hay medidas de ningún tamaño
para estos sueños o estos fracasos, pero
que sí podría ser más cordial.
4.

San Francisco de Asís, por Emilia Pardo Bazán (dos tomos)

S A N M AR TIN 4 2 7

la gente grande, los hombres serios, crio­
llos, tenían para entretenerse, para diver­
tirse un poco después de meses y meses
de trabajo. Y , amás, que hablan veni­
do los precios para el maní, y juntamen­
te con el rinde, y había una platita que
se estaba pasmando en los bolsillos (los
antiguos decían en el tirador). Que se
estaba amojosando...

G uardó con gesto de íntima contra­

Cuántas veces, de regreso de la noche
en blanco pasada en la carpeta con otros
aburridos tahúres, se detuvo a ver el bo­
yero, tan lúcido y puro, vibrando en
ese trasmundo de sus antiguas lecturas...
El rodar de los mundos, decía emboba­
do, mirando la vía láctea como un an­
cho camino de leche y recordando que
era del seno de Juno que se habia for­
mado ese sendero cuyo claror le alucina­
ba. Del seno de la jocunda Juno.

El

Helvecia

BUENOS AIRES

Y n o d e j a de ser cordial la voz o
la mirada de los hombres, las mujeres
y los niños que nos salen al paso, y se
nos enfrentan desde un mismo plano de
consciente igualdad, de calor y humani­
dad pareja. Bueno, qué caracho, pienso.
Ya no se sienten los sones ni se escuchan
las notas del arpa de encordado rústico
de aquel paisano de cuyo nombre no me
acuerdo, ni los del acordeón que a cada
rato se les desarmaba a las hermanas Ba­
rrera en los bailes de doña Juana Gauna.
N o importa. Muchas cosas no han muer­
to en el paisaje, y otras han dejado de
existir en nuestros recuerdos, pero la cé­
lula primitiva es la misma y se renueva

Mendigo
P o r

H E C T O R

RE NE

H I está la ciudad. Es otra
ya. La ciudad de hoy per­
tenece a otra época del mundo,
más inextricable pero también más
débil. En su profundo corazón
tiembla una brújula y las oscila­
ciones de su aguja son mucho más
perceptibles e inconstantes. Pero
asimismo es la ciudad antigua, la
vieja ciudad de antes hecha de
hierro y de piedra; y de verdes ar­
boledas. La ciudad que apretó co­
tidianamente en su seno innume­
rables muchedumbres que i n c e ­
santemente nacen y mueren. Ha
habido mujeres de todos los ros­
tros en la ciudad; sus repetidas
noches de amor se iluminaron por
las mismas estrellas durante mu­
chos siglos, y la luz de la luna ha
horadado pacientemente el fondo
trémulo de los lagos, donde pal­
pita una vida sin ojos que se pa­
rece mucho a la eternidad.

A

Alguien (siempre vagabundea
bajo los arcos de las viejas ciuda­
des un ser: niño, mujer, bestia,
cuya alma ha transmigrado en el
tiempo junto a las piedras de la
ciudad) evocará, como recordan­
do vidas anteriores, el antiguo es­
píritu y p o d r á ver llenarse de
pronto la ancha plaza con las
huestes fornidas, mientras el sol
de otros siglos se quiebra en el me­
tal de las corazas relucientes. Po­
drá evocar el ronco fuego que las
hordas levantaron desde los mon­
tes y que avanza, bramador, as­
cendiendo por el fuste de las co­
lumnas hasta lamer los aitos capi­
teles. Podrá presenciar nuevamen­
te, como si fuera hoy, la avalan­
cha parda de los jinetes, mientras
el retumbar de los cascos sobre las
losas se parece a un largo trueno
renovado.
Ese alguien camina ahora, en
esta noche de ráfagas heladas, por
la ciudad de hoy que es también
la ciudad de antes.
El frío había silenciado esa no­
che las calles y la luna blanqueaba
sin morir y sin cambiar. Ahi quedan mis
pisadas en las arenas, y ahí están las an­
teriores, nuevamente en la superficie,
atestiguando mis pasos, y devueltas a la
actualidad por el viento norte.
E l zambo castigado se nos presenta a
cada rato, pero es allá, en la orilla del
río, mirando cómo te retratan las aguas
que corren y sintiendo que a veces de­
seas borrarte de mi alma, cuando me doy
cuenta de que mi destino está ligado a
ti y a estas tierras. Nos amamos tanto
acá mismo, sobre este meridiano... Una
vez, ¿recuerdas?, yo me arrimé a tu so­
ledad y me arrojé a tus brazos como
si nunca más fuera a volver, y te dejé
el cabello alborotado y la cara ardida. Me
llevé el perfume de tu cuerpo para los
días de la ausencia, como otras veces, y
cuando volví, como siempre cuando re­
gresaba, entre tus brazos encontré mi
verdadera patria.
5.
D e j a m o s la esperanza del renacimien­
to de esa larga vida de hombre noble y
austero, como un milagro a realizar por
tus arenas y el aire de soledad de tus ba­
rrancas. La muerte le reclamaba desde
hacía un tiempo, y bien sabíamos que
era igual. Pero un recuerdo de infancia
nos tiembla en la evocación de su ima­
gen dulce y retraída, y no nos resigna­
mos a verle desaparecer con su mirada
azul y su cuerpo sufrido y resignado.
Alto y viril, hermoso y sano como le

L A F L E U R

los frentes de las casas con una luz
irreal y espesa.
El viejo (alguien) atravesó las
calles a la hora tardía en que sus
pasos sonaban claros y solitarios.
Creyó oír a lo lejos el rechinar
del último tranvía de la noche.
(Pero bien pudo ser sólo el re­
cuerdo del rechinar de un tranvía
final atravesando la ciudad).
Se le llamó, de pronto, por su

RL

nombre. Desde alguna ventana
partió la voz: 1—¡Baltasar! ¡Balta­
sar!
Pero el viejo sintió miedo y si­
guió adelante. Apresuró su paso
Las calles parecían multiplicarse
en otras calles laterales, muy blan'cas también por la claridad de la
luna.
Inútilmente, la voz volvió a lla­
marlo: — ¡Baltasar! ¡Baltasar!
El viejo se había perdido ya
detrás de una esquina lejana.
No había nadie en la noche.
Si se hubiese detenido, el viejo
habríase enterado de que su mar­
cha futura sería inútil. Detrás de
una ventana — sería innecesario
indagar cuál— agonizaba el últi­
mo habitante de la ciudad diez­
mada por la metralla y la peste,
y él era el último mendigo cuya
mano sucia se alargaría en vano
— confundida y ciega— hacia la
sombra quieta de los árboles y de
las estatuas.
admirábamos de niños. Y como un niño
él mismo en su inocencia del mundo; co­
mo un héroe en la renuncia a la vanidad.
Delicado y heroico. Equivocado desde la
raíz misma de su ser, peleando contra la
corriente tres cuartos de siglo...
Qué medallón le haríamos con su per­
fil aquilino sobre un cielo de rosascruces, y un rio con puertos para zarpar
constantemente; y la mujer entre sus
brazos como una fruta que se descom­
pone en la más robusta madurez. ¡Y des­
pués el vacío total, por largos arios!

6

.

Y o no sé qué será, pero deseo retor­
nar a ti, a tu seno cálido de arena, a tus
caminos bordeados de algarrobos y cei­
bos, con tus indios y tus gringos de bar­
bas rubias y manos habilidosas.
A llí, metido hasta el encuentro entre
la tierra como el John Carrickfergus de
Hudson, la apuñaría y la levantaría en
la mano hasta los labios y hasta los ojos,
para besarla, y respirarla con el aliento
de la boca, y para mirarla en su forma,
en esa forma inmaterial que constituye
como una angustia plástica.
Qué languidez en el aire...
Qué embriaguez en el sol. Qué calor
de vida antigua este sábado de Helvecia,
al borde de la muerte, a la justa mitad
del infierno.
Santa Fe, 1945.

�"— —— — -

CONTRAPUNTO

Historia de un Cigarrillo

U

H E R N A N D E Z

N A noche saqué una cajilla

de cigarrillos del bolsillo.
Todo esto lo hacía casi sin querer.
N o me daba mucha cuenta que
los cigarrillos eran los cigarrillos y
que iba a fumar. H acía mucho
rato que pensaba en el espíritu en
sí mismo; en el espíritu del hom­
bre en relación a los demás hom­
bres; en el espíritu del hombre en
relación a las cosas, y no sabía si
pensaría en el espíritu de las cosas
en relación a los hombres. Pero
sin querer estaba mirando fijo a
una cosa: la cajilla de cigarrillos.
Y ahora analizaba repasando la
memoria. Recordaba que primero
había amenazado sacar a uno pe­
ro apenas tocándolo con el dedo.
Después fui a sacar otro y no sa­
qué éte precisamente, saqué un
tercero. Yo estaba distraído en el
momento de sacarlos y no me ha­
bía dado cuenta de mi impreci­
sión. Pero después pensaba que
mientras yo estaba distraído, ellos
podían haberme dominado un po­
quito, que de acuerdo con su po­
quita materia tuvieran correlati­
vamente un pequeño espíritu. Y
ese espíritu de reserva podía al­
canzarles para escapar unos, y que
yo tomara otros.
O tra noche estaba conversando
con un amigo. Entonces me dis­
traje y volví a sentir otra cosa de
los cigarrillos. Cuando tenía ga­
nas de fumar y tomaba uno de
ellos, pensaba tomar uno de tan­
tos. Sin querer evitaba tomar uno
que estaba roto en la punta pero
que eso no influiría para que no
se pudiera fumar. Mi tendencia
era a tomar uno normal. Al dar­
me cuenta de esto, saqué el ciga­
rrillo roto más afuera de la caji­
lla que los demás. Invité a mi
compañero. Vi que a pesar de que
ése fuera el más fácil de sacar, él
tuvo el mismo sentimiento de uni­
dad normal y prefirió sacar otro.
Eso me preocupó, pero como se­
guimos conversando me olvidé.
Al rato muy largo fui a fumar, y
en el momento de sacar los ciga­
rrillos me acordé. Con mucha
sorpresa vi que el roto no estaba

!
I

lio roto no me lo había fumado,
se había caído y había quedado
horizontal en el fondo de la caji­
lla. Entonces al escapárseme tan­
tas veces, me volvió la obseción
Tuve una fuerte curiosidad por
ver qué ocurría si se fumara. Sa­
lí al patio, saqué todos los que
quedaban en la cajilla sin ser el
roto; entré a la pieza y se lo ofre­
cí a mi compañero, era el único
y tendría que fumar "ése”. El hi­
zo mención de tomarlo y no lo
tomó. Me miró con una sonrisa
Yo le pregunté: "¿Usted se dió
cuenta?”. El me respondió: "pero
cómo no me voy a dar cuenta”.
Yo me quedé frío, pero él en se­
guida agregó: "¿Le quedaba uno
sólo y me lo iba a fumar yo?”. En­
tonces sacó de los de él y fuma­
mos los dos del mismo paquete.
:{.

;f

V.

Al día siguiente de mañana re­
cordé que la noche anterior ha­
bía puesto el cigarrillo roto en la
mesa de luz. La mesa de luz me
pareció distinta tenía una alian­
za y una asociación extraña con
el cigarrillo. Pero yo quise reac­
cionar contra mí. Me decidí a
abrir el cajón de la mesa de luz y
fumarlo como uno de tantos. Lo
abrí. Quise sacar el cigarrillo con
tanta naturalidad que se me cayó
de las manos. Me volvió la obse­
ción. Volvía a reaccionar. Pero al
ir a tomarlo de nuevo me encon­
tré con que había caído en una
parte mojada del piso. Esta vez
no pude detener mi obseción; ca­
da vez se hacía más intensa al ob­
servar una cosa activa que ahora
ocurría en el piso: el cigarrillo se
iba ensombreciendo a medida que
el tabaco absorbía el agua.
Montevideo, mayo de 1945.

; TROZOS ESCOGIDOS
|

y pensé: "me lo h a b r é fumado
distraído” y me alivié de la obseción.
Ü-

w*

*

*

Esa misma noche en otra de las
veces que saqué la cajilla me en­
contré con lo siguiente: el cigarri-

M uerte

en e 1 L ibro

A Le ¡vis Carroll.

P o r

F E L I S B E R T O

La

Por ANDRÉ GIDE, 369 págs. $ 7.—

La lúcida inteligencia de André (
&lt; Gide encuentra en este volumen
i expresión lo suficientemente hol' gada para que sea cabal índice de
&lt;¡ sus diversos aspectos. Sus análisis 5
( y juicios literarios, como el dedicado a Baudelaire; la moral típica
e inconformista, lírica y hermosu ?
simamente expuesta; las certeras /
impresiones de viajes, paisajes y &lt;
personas; sus opiniones con res- /
pecto al “caso’’ Wilde; rasgos fun. 1
damentales todos del pensamiento ?
de Gide que, sin formar sistema y &gt;
hasta huyendo de él, tienen sin em- ¡&gt;
bargo una perfecta coherencia y
unidad.
rn u n n iii

p nsFinO N

“ T T íes generaciones recordaban el
A nombre del libro. Hombres que en
tiempos mejores y anteriores habían si­
do las glorias del país, se transformaron
desde entonces, desde que se supo el nom­
bre del libro, desde que se supo que el
libro estaba, en autómatas doblegados
por el capricho de esas inflexibles pági­
nas donde se contenía su historia total,
su destino.
Como una monstruosa liana — se es­
taba obligado a pensar en términos de
explorador de los trópicos — que no se
sabe de dónde viene ni mucho menos
adonde llegará, el libro había avanzado
a través del tiempo, instalándose cada
vez más urgente y poderoso, en aque­
llos cerebros preparados por muchos si­
glos para una bondadosa erudición, para
la Universidad, para hacer Constitu­
ciones.
Como en ciertas enfermedades heredi­
tarias, las mujeres habían quedado fuera
del imperio del libro; pero, ¿quién entre
los hombres ignoraba su historia?
¿Quién entre todos ellos había esca­
pado a la obsesión de su búsqueda?
El libro estaba, estaba en alguna par­
te, quizás en todas, quizás todos los li­
bros fueran pedazos de su implacable sa­
biduría (y tampoco esta hipótesis fué
desdeñada por alguno de los malditos);
pero exactas y minuciosas pesquisas de
todas las grandes y pequeñas bibliotecas
de la ciudad, dél país y del continente,
no habían revelado dónde se hallaba. Ya
nada podía esperarse del esmero biblio­
gráfico, de la eliminación lógica, y sólo
se podia confiar a la casualidad la tarea
de entregarlo.

P o r

E.

L.

La escalera seguía y seguía, y el hijo
pensó que tendría tiempo mientras su­
bía por ella de recitar algún poema de
poca extensión, pero cuando llegó a su
final también llegaban a su memoria las
últimas estrofas homéricas, aquellas en
que Minerva ordena a Ulises que cese
de combatir.
Ya estaba en un largo corredor, re­
pleto de anuncios. Allí aparecían edi­
ciones tan memorables cuanto inmemo­
riales de Jean D ’Etienne y Aldo Manucio. Y los nombres de todos los grandes
editores del pasado abundaban en visto­
sos letreros, como si se tratara — pensó
el hijo, amargamente — de vedettes o
de cloivns. Al final del corredor, co­
menzaba la exposición en una gran sala
muy bien 'iluminada, aunque era impo­
sible discernir de dónde venían las lu­
ces. Y , al final de la exposición, en un
rincón obscuro — tampoco se sabía có­
mo ni por qué — la vitrina del libro le
esperaba.
Sin emoción hojeó aquel volumen que
tantas preocupaciones le había costado,
y volvió las páginas con cuidado, obser­
vando los tipos de letra usados con ma­

Ej

Acaban de A p a recer
COLECCION

VIDAS Y OBRAS

JOSE G U T IE R R E Z SOLANA, por Ramón Gómez de

la Serna. — 346 págs., con 141 grabados en negro
y 8 en color. Ene. t e l a ................................................ $ 20.
En este vivaz y certero libro nos cuenta el autor,
con su estilo enjundioso, andanzas, dichos y
obras de Gutiérrez-Solana, el pintor español que,
viviendo en plena época vanguardista, se man­
tuvo al margen de los movimientos modernos y
ejecutó cuadros de un realismo donde el hombre
y la máscara, la vida y la muerte, lo fantástico
y lo insólito conviven y cumplen destinos inter­
cambiables.

Y el temor ansioso del último vástago de esa familia maldita crecía pausa­
da, tranquilamente. Por las noches pen­
saba que en alguna parte había un libro
que contenía la fecha de su nacimien­
to, y donde el instante de su muerte es­
taba marcado sin prescripción.

Ya enfrentó al astuto hombrecillo que
le hablaba de las conveniencias de cier­
tos legados, y ya quedó desheredado un
lejano primo que, a pesar de la tradición
del libro, se concedía el lujo de vivir
al margen de la ciudad — es decir, lejos
de las bibliotecas — en una pequeña
granja donde criaba patos, esos horribles
animales cuyos chillidos tanto pueden
distraer al sabio meticuloso.
Era todavia muy temprano cuando el
abogado se fué pero el hijo quiso ver el
mundo desde ese ángulo para él tan no­
vedoso, que aún desconocía, de la luz
de la madrugada.
Y mientras sus pies caprichosos e in­
acostumbrados guiaban su miopía a tra­
vés de barrios proletarios, las febriles ca­
vilaciones le hacían ver ante sí al libro
sin la página correspondiente a él mismo.
Pero, eso — se dijo — seria horrible,
eso significaría que mi madre...
El pequeño negocio estaba ahora ante
él. Levantaba su mal compuesto letrero
donde se anunciaban "libros usados” y
"viejas ediciones” .
Entro — pensó el hijo — , y ya sus
pies le llevaban por una escala de ma­
deras semipodridas que chirriaban ago­
reras.

Córdoba, mayo de 1945.

i^:a®3Mjaiajaa,aisEEja®aiaEE.0aiaiaaEiaiaHaja!aiaE.,ajaiajaEiajaj'Sía'aE.'a'a,ara,aia'aiaja,a/a,ajrv3

Cuando se hablaba del libro — y na­
die, en todo el pais, ignoraba del todo
su historia — los poseedores del nombre
daban a entender que ya no les preocu­
paba; pero en allá, en el fondo de sus
mentes, aun la última esperanza no es­
taba perdida.

Una mañana, tan cargada de tristes
presagios como lo eran todas para él des­
de hacía largos años, el hijo se levantó
mucho más temprano que otras veces.
Era tan temprano que la luz mortecina
del alba le daba náuseas, tan temprano
que las indisciplinadas tropas de trasno­
chadores aun circulaban zigzagueantes
y, como sus costumbres puritanas le ha­
blan impedido verlos^ antes, pensó que al­
guna nueva y extraña epidemia había
aparecido en la ciudad.
Pero el abogado le habia hablado de
la necesidad de hacer testamento, porque
la fortuna no debía pasar — ¡qué des­
honra sería esto! — a las arcas fiscales,
sino conservarse en los límites de la fa­
milia, cada vez más amplios por la falta
de parientes.

R E V O L

yor atención que las vidas allí encerra­
das, hasta que llegó a su historia.
Sí, efectivamente, allí estaba él. La
fecha de su nacimiento era la exacta; ya
no se podía dudar del libro, como ami­
gos oficiosos de la familia lo habían pro­
puesto. Y el más rotundo mentís a és­
tos era la reseña que ofrecía de su vida:
allí estaba un olvidado viaje por los paí­
ses del norte, allí estaba la amarilleante
fecha de su doctorado, allí estaba la fe­
cha de su muerte.
Pero, ¿cómo iba a mentir ese viejo y
desinteresado mamotreto, tan exacto al
hablar de su pasado, cuando fijaba su
muerte? Pero era el caso que esa fecha
correspondía al pasado; era dos días an­
terior al que el hijo estaba viviendo, o
creyendo que vivía.
Porque al presentársele esa esclarecedora posibilidad, el hijo empezó a sen­
tir que estaba muerto, que ya había
muerto dos días antes. Y ya sólo pensó,
con amargura, en el testamento que iba
a ser refutado por inescrupulosos pero
legales argumentos de aquel primo lejano
que criaba patos.”
¿Me correspondería, ahora, decir como
en los cuentos de hadas que entonces des­
pertó el hijo? Pero, por desgracia, este
no es un cuento de hadas, sino de hombres.

BIBLIOTECA ARGENTINA DE ARTE
J. TORRES-GARCIA, por Claude Schaefer. — 90 pá­

ginas, con 53 grabados en negro y &gt;2 en col. Ene.
Los estudios que en. otros idiomas fueron dedica­
dos al gran pintor uruguayo, creador de la escuela
constructiva, no se encuentran en el mercado
y aquéllos no constituyen, como el presente es­
tudio de Schaefer, la nota aguda y de alcances
panorámicos, que ahora se ofrece al lector de ha­
bla castellana.

COLECCION

LOS

$

9 .__

RAROS

■

Esta nueva colección de la Editorial Poseidbn
se propone abarcar panorámicamente el itinera­
rio aproximado de la literatura que se ha dado
en llamar ''moderna”, presentando algo así como
una visión a vuelo de pájaro del proceso estéti­
co y crítico registrado por varias generaciones
de “raros”.
LA OBRA MAESTRA DESCONOCIDA, ipor Honoré
de Balzac. — Prólogo por Roger P ía .................... $ 3 __
SILVIA, por Gérard de Narval. Prólogo por Roger Pía $ 3 .—
PROYECTOS DE PROLOGOS, para “ Flores de| Mal”
y CONSEJOS A LOS JOVENES ESCRITORES,
por Charles Baudelaire.— Prólogo por Roger Pía $ 3 .—

COLECCION

i?!

PERSEO

CARTAS DE LA VIDA LITERARIA DE ARTHUR
RIMBAUD, por Jean-Marie Carré. — Ene........... $ 5 .—
Libro apasionante, en el que palpita a través de
sus cartas, la extraña existencia del gran .poeta
francés de tan breve vida literaria.
POESIAS, por el Conde de Lautréamorrt. — Ene. . . $ 4 .—
Con “Los Cantos de Meldoror”, que aparecerán
dentro de poco en la Colección Los Raros, y en
francés e ilustrados por J. Batlle e Planas, en la
Colección Aurea de la Editorial Poseidón; el pe­
queño volumen de Lautreamont completa lo que
se conoce de su obra literaria.

BIOGRAFIAS DE AYER Y DE HOY
ZOLA Y SU EPOCA, por Matthew Josephson. — 568

páginas. Ene. teLi ...................................................... $
E a este libro —el más completo y profundo de
cuantos sobre Zola se han escrito—, el infatigable
luchador, casi un profeta, está tratado con va­
lentía y con verdad, homenaje justiciero a quien
ifué valiente y amó la verdad sobre todas las co­
sas. No está tan sólo la historia de su vida, sino
también la de sus ideas y trabajos literarios den­
tro del marco admirable de su época.

15.—

PIDA ESTOS LIBROS EN LAS MEJORES
LIBRERIAS o CONTRA REEMBOLSO A LA

Editorial Poseidón
PERU 973
1

BUENOS AIRES

�■
jl

f
Pag. 10

CONTRAPUNTO

¿ADONDE VA

El Paisajista Mexicano
José María V elasco

1°— ¿Cuál cree Ud. que es
porvenir material ( en
sentido de su difusión,
apogeo social, etc.) de
pintura?

P o r

JORGE ROMERO BREST

E

.VTRE las muchas virtudes que deben reconocerse a la moderna crítica de arte
ai-opea está ¡a de haber sabido descubrir y revalorizar algunos artistas htjus,amei te olvidados. También en América hay quienes han tenido esa virtud: la reestimación de Juan Francisco González en Chile, de Juan Manuel Blanes en Uru­
guay, de Prilidiano Pneyrredón entre nosotros, para no citar sino algunos ejemplos,
demuestra que el americano ha comenzado a tener sentido histórico y que, vueltos
ios ojos hacia su [copio pasado, ha sabido aguzar el instrumento sensible de la critica
para hacer justicia en la propia casa. Tales consagraciones, si se realizaran con ho&lt;nesta intención como en los casos citados y algunos otros, van a tener importancia
excepcional para la formación de las historias del arte regionales y de la historia
del arte continental, s o b e todo porque se trata de revalorar figuras Uñeras del arte
ochocentista, el que cada vez cobra un perfil más definido.
Quizás el reproche mayor que cabe formular a todos los artistas contení forá­
neos es el de haber tratado de desvincularse con el pagado inmediato, sin que advir­
tieran hasta qué punto él filé rico venero de posibilidades que todavía hoy no han
i do debidamente explotadas. ¡Cuánto más justo es el reproche tratándose de los
artistas americanos, ya que ellos han negado y niegan así sus propias raíces existen­
ciales!
Una de esas sonadas revaloraciones tuvo lugar en Méjico cota motivo de la gran
exposición, realizada en 1942, de obras del paisajista José María Velasco (1S40
1 9 1 2 ), hasta entonces poco menos que ignorado. Tal exposición acaba de repetirse
en los Estados Unidos, organizada por el Philadelphia Museum o f Art y el Brooklyn
Museum con la colaboración de la Dirección General de Educación Extra-escolar y
Estética de Méjico, los cuales han editado un bien ilustrado catálogo con una nota
de H enry Clifford.
Ha correspondido a un distinguido crítico de arte español, don Juan de la
Encina, hombre de juicio apasionado pero certero y medido, realizar la tarea crítica
que era menester como complemento obligado de la exposición consagratoria. ?-&gt; Y
lo ha hecho avanzando paso a paso, vinculando las observaciones de carácter psico­
lógico y las que provienen de un estudio minucioso de las obras, can las notas gene­
rales del desarrollo artístico en Méjico y con los grandes movimientos de la pintura
europea. Crítico de formación moderna, poseedor de una concepción estética que
él mismo se ha encargado de explicitar en largos apartados del libro mencionado,
revela una fina penetración estimativa y una comprensión tan clara como se le
puede exigir a un extranjero de los problemas específicamente mejicanos y ame­
ricanos.
Velasco aparece a través del libro de Juan de la Encina como un tranquilo y
sedentario paisajista, discípulo del pintor italiano Eugenio Landesio — académicosnaturalista y ;realizador de paisajes de historia y de ruinas, fuertem ente influido por
la pintura veneciana— , a quien le habría debido una " formación” técnica y espiri­
tual más amplia que la que le proporcionó la Escuela de San Carlos, donde hizo sus
primeras armas. El crítico español hace un análisis m uy riguroso para ubicar a Velasco y encuentra la mayor afinidad con los pintores de la Escuela de Barbizán, añus­
que a diferencia de éstos, que fueron románticos, aquél fu é un auténtico natura­
lista. No se trata de un naturalista miope, que sólo se haya propuesto observar ron
paciencia y representar con fidelidad, sino de un hombre que, enamorado del valle
de Méjico, logró expresar en ellos "el radium vital de las cosas — pura esencia del
arte que intensifica la tonalidad de la vida y nos comunica una verdad más alta
que su mera representación”— , según ha escrito de la Encina; se trata de un pintor
que supo aliar la pasión científica de la investigación minuciosa, como tangos artis­
tas del Renacimiento, y la honda expresión poética que emana de las mismas cosas
estudiadas. El crítico español se encarga de hacer notar cómo supo equilibrar Vk&gt;lasco la percepción microscópica con la visión panorámica, así como el sosiego —
" balanceada serenidad” , dice Clifford— que realizó en toda su obra: aire, nube,
árbol, matorral, peñasco, cerro o cordillera.
Un viaje a Europa realizado en 1889 no parece haber modificado la concep­
ción original del maestro mejicano, ni siquiera el movimiento impresionista enton­
ces en auge, al que seguramente no comprendió porque sus preocupaciones luministas no le hicieron perder de vista la solidez de los objetos. Se alejó de todo lo que
no estaba dentro de "la atmósfera de extremada nitidez” , dice Juan de la Encina,
y' por eso rechazó las nieblas del romántico impresionismo francés. Sus preocupacio­
nes de pintor al aire libre se limitaron, según hace notar aquél, al logro de una
mayor fluidez atmosférica, sin que el vuelo de la imaginación le permitiera alcan­
zar el lirismo de un Monet. Paisajes puros, sin literatura y sin "ilustración” , a la
manera berensioniana, fueron los que pintó, casi siempre sobre el mismo tema- el
talle de Méjico, sin que le tentaran ni la selva, ni el mar, ni las visiones de la ciudad,
menos aún la figura o el bodegón.
H enry C lifford habla del misticismo de Velasco: "Con mística percepción ha
Jintado Velasco el valle de Méjico como Espejo de Perfección de la mttura'eza” ;
pero Juan de la Encina insiste en la capacidad de aquél para extraer de los elemen­
tos materiales del paisaje el meollo expresivo de sus esencias objetivas. El análisis Ti­
las fotografías — siempre tan engañoso, sin embargo— parecería dar la razón al
segundo, pues él permite suponer a Velasco como un pintor carente de sentido
panteísta.
No obstante la persistencia del tema, no habría sido Velasco un pintor mono
tono. "La obra de Velasco, considerada en su desarrollo cronológico, posee no escasa
variedad, aunque dentro de un movimiento lento de variantes, de diferenciaciones
m general no rotundamente marcadas.” Como bien dice, de la Encina se preocupó
menos de variar el "tema externo” que el " tema interno” , es decir, el modo propio y
sensible de la visión, razón por la cual afirma la continuidad evolutiva de la obra
hacia la conquista del arre, de lo que Théodore Rousseau llamó "el modelado de lo
infinito”, aunque algunas pocas obras se presenten como islotes aislados en medio
de la corriente.
El estudio crítico de Juan de la Encina, rico de sugestiones, meduloso y serio,
plantea la posiiblidad de vincular la pintura del mejicano con la de algunos artistas
u'oplatenses contemporáneos de él. A n te todo, la escasa influencia del romanticismo
sobre Velasco, a pesar que Landesio fu é en cierto modo un romántico. Singular
coincidencia con nuestros pintores del siglo pasado y con los pintores extranjeros
aclimatados en ambas márgenes del Plata, que solamente se explica, como lo he /ae­
cho notar alguna vez, por el clima rudamente materialista que imperaba en las co­
lonias hispánicas. El naturalismo "cienticista” de Prilidiano Pneyrredón y el natu­
ralismo pintoresco y costumbrista de Juan Manuel Blanes, a pesar de que ambos
pudieron beber en fuentes románticas, presenta suficientes analogías con el natura­
lismo objetivo de Velasco como para pensar en la existencia de una causa común.
Quizás por las mismas razones, hasta los pintores neo-clásicos que llegaron a
nuestro país durante el siglo pasado, bien pronto trocaron sus "ideas” y sus temas
idealizantes por la ruda naturaleza vegetal o animal y por las pintorescas costum-

el
el
su
la

29— ¿Cree Ud. que la pintura
evoluciona hacia lo “ real”
( contenido, t e m a, expre­
sión, etc.) o hacia lo “ abs­
tracto” (elementos forma­
les puros, ausencia de sig­
nificación figurativa, etc.)?
3?— ¿Comparte Ud. como pin­
tor la frase de Renoir: “ En
arte me conformo con go­
zar”, o cree Ud. que le es
necesario expresar además
algo que excede el puro go­
ce estético?

Contesta Juan Del Prete
19 y 29 — Creo que la pintura, sa­
liendo de su estancamiento y caduci­
dad en que es mantenida en general,
volverá a tomar su verdadero cauce,
reflejando con valentía las conquis­
tas espirituales del siglo en que vi­
vimos.
Premeditadamente no podemos ha­
cer arte para el pueblo, porque se­
ría precisamente la manera de no lo­
grarlo. Siempre que se ha intentado
“ de faeto” tal cosa el valor artís­
tico ha disminuido. En cambio, las
mismas condiciones sociales de la épo­
ca influenciarán y encauzarán el arte.
Y el artista, sincero con su época,
realizará obra social aunque ella no
lo refleje literariamente.
Estos mismos factores definirán
el porvenir abstracto o figurativo de
la pintura.

39 y 49 — L a frase de Renoir encie­
rra una gran verdad, que ha sido tam­
bién la verdad de nuestros grandes
artistas. L a pintura nunca debiera
apartarse de ella. Claro que la evo­
lución nos obliga a aplicarla de dis­
tinta manera, y la actitud de van­
guardia, tanto del arte de Renoir co­
mo de otras escuelas, sería hoy para
nosotros de caducidad y de divercio
con la época. No comprendo, dejan­
do de lado el afichismo y lo literario,
qué separación pueda haber entre et
arte y el goce estético.
Quiero agregar que, ni la literatu­
ra ni la oratoria, y menos la actitud
violenta individual, son fuerzas po­
sitivas para encauzar el arte hacia
su verdadero camino. Estimo el va­
lor y la sinceridad del artista como
fuerza capaz de definir el nuevo ca»
mino de la plástica argentina.

49— Si no busca Ud. solamente
un goce estético, ¿puede in­
tentar una explicación ge­
neral — eludiendo el deta­
lle — de esa otra necesidad
expresiva? ¿Considera Ud.
ambos propósitos contradic­
torias?
59— Si se conforma con el goce
estético, ¿eso obedece a que
en ese goce siente que va
implícita toda su realidad,
o, si tal cosa no sucede, a
que el saldo de Ud. mismo
que queda desatendido —
vida cotidiana, problemas
del hombre, -del mundo, etc.
— no le interesa? E n cual­
quiera de los dos casos:
¿puede intentar explicar­
nos el porqué?
Oleo de Juan Del Prete.

bres de la pequeña aldea. Por eso sorprende que de la Encina insista a propósito del
clasicismo de Velasco; además, porque parece incurrir en contradicción, ya que natifalismo y clasicismo implican [posiciones estéticas, si no adversas por lo menos
diferentes. "A rte clásico, o de tendencia clásica, hecho de ponderaciones, de equi­
librio, de claridad, de definiciones precisas y tranquilas, de medidas justas, de senti­
mientos serenos: tal es, en conclusión — escribe— él arte de José María Velasco. el
paisajista de faz adusta y quieta, de firm e voluntad y corazón de niño.” Tales ca­
racteres definen secundariamente una actitud clásica, pero más aún la tendencia a
reducir las notas procedentes de la observación a un esquema férreo, a una síntesis

Exposición

"A m a u ta "

Clausurada ya su segunda exposición, sobre lo
real a través de la obra de cinco artistas, en la
que intervinieron J. C- Castagnino, M. Colmeiro, A. Rossi, L. Seoane y O. Urruchúa, continúa
"Am auta” su actividad cultural brindándonos en
su salón una muestra individual de óleos, acua­
relas, temperas y monocopias de Lino E. Spilimu
bergó. La obra expuesta, si bien no agrega ca­
lidad a la prestigiada labor de este artista, nos
muestra en cambio en forma total su personalidad.
La búsqueda de motivos de expresión plástica
y humana impera en toda su obra; pero es en
las monocopias donde manifiesta todo su vigor
y temperamento artístico.
De la muestra, un tanto heterogénea, cita­
mos las monocopcas N ° 13 “ Inquietud” como
la más totalmente lograda; la N 9 9 "Naturaleza
muerta”, por su logro constructivo, y el con­
junto N 9 11, expresivo por antonomasia. T am ­
bién volvemos a hallar al Spilimbergo de siem­
pre en el óleo "Paisaje chileno”, donde logra
su acostumbrada estructura y vigoroso color.
Clausurada esta exposición el 4 de junio se
inaugura una muestra de Carlos Giambiaggi.
Elogiable es la labor que "Am auta” desarro­
lla en forma permanente entre los círculos cul­
turales y artísticos del país.

LIBROS
VALLE DE MÉJICO DESDE EL CERRO DEL TEPEYAC — Óleo de Velase*), 1905.

espiritual, a una forma general. "Clasicismo quiere decir orden y disciplina —he
escrito en otwa ocasión— , pero también sujeción a la naturaleza; por eso marca el
punto de equilibrio entre la imagen que aspira a reproducirla y la que surge de una
absoluta abstracción, ya que implica la posibilidad de descubrir por medio dr la
razón un sentido rigurosamente lógico a la realidad material ” Velasco parece dema­
siado enamorado del detalle y demasiado dependiente de las sensaciones para ser un
clásico, aunque sea fácilmente perceptible su tendencia al naturalismo estático y
&lt;ereno.
Juan de la Encina no se ha limitado en su m agnífico libro a la exégesis critica
de la obra de Velasco. En verdad se trata de un breviario de estética del paisaje
moderno y una compendiada historia de la pintura desde mediados del siglo paludo.
Muchas razones, pues, para estimarlo como una valiosa contribución al estudio del
arte americano.

El Canto, por Juan Enrique Acuña
(poesías). Ed. de “M isiones” , Buenos
Aires, 1945.
Las memorias de Maquiavelo, por Juan
Carlos Gómez Brown. Ed. Indepen­
dencia, M ontevideo, 1945
Jardines celestes, por Martín Alberto
Boneo (poesías). Ed. El Ateneo, B u e­
nos Aires, 1945.
Joyce (E| hombre que escribió Ulises),

por H erbert Gorman. Santiago R ué.
da, editor. Bs. As., 1945.
Evangélica del Sur, por ¡Roberto Paine
(poesías), 19444, Bs. As.
Fundación en el cielo, por Jerg» Calvetti, (poesías), 1944, B s. As.
Ser y Tiempo en la poética de Anto­
nio Machado, por O restes Bellé (en .
sayos. 1945, Bs. As.
Tempus Fugit, por Julio Gaxet Mas
(poesías), 1945, M ontevideo.
Siete Azules para una sombra, por Al.

berto Claudio B lasettt (poesías), 1945.
Buenos

por A ngel G. Beruti
(poesias). Colección ”¡Los Trabajos y
los D ías”, Bs. As , 1945.

Latitud Interior,
(1 )
(2 )

José María Velasco. Philadelphia y Brooklyn. 1 9 4 4 /5 .
Juan de la Encina- El paisajista José María VelasAo. El Colegio de Méxli

Ico. 1942.

RECIBIDOS

�CONTRAPUNTO

L A PINTURA?
Contesta
Horacio Butler
l 9 El porvenir de la pintura está
en razón directa del grado de cultura,
a mayor cultura más público, más in­
terés, más difusión.
29 No creo que la pintura evolu­
cione hacia una dirección determina­
da. La pintura que me interesa es
aquella que encuentra un equilibrio
entre la abstracción y la realidad
emotiva.
39 Alguien reprocharía a Renoir
su falta de “ contenido” ?
Al pintar un desnudo o una flor
Renoir pone en la tela todo “ su mun­
d o ” y demos gracias. Dejemos al
cine y al periodismo que se ocupen
del resto.

MONORE DAUMIER
Por GUSTAVO CO CHET. 76 págs.
con 46 grab. en negro y 3 en
color ..................................... $ 9-—

Una parte de la abra pictórica,
que el artista estimaba como la
cosa seria (en la mejor acepción)
de su vida, se reproduce en la pri­
mera monografía en idioma ro­
mance dél batallador y agudo sa­
tírico francés.
E D IT O R IA L

POSEI DO N

Fennecio Busoni
(Vieine de ka pág. 5)
tras que el tercio de tono elimina de
hecho nuestras escalas diatónica y croma
tica, dando origen a otras escalas y a
otras combinaciones inéditas de sonidos,
cuyo planteamiento propuso este inquie­
to Doctor Fausto de la música contem­
poránea.
Todas las proposiciones, tanteos y rea­
lizaciones prácticas de Busoni convergen
hacia un individualismo extremado. Él
es, por excelencia, y filosóficamente con­
siderado, un espíritu fáustico, y como
tal, su impulsión hacia la infinitud y ha­
cia lo inédito es característica dominan­
te. En el problema de la Forma, por
ejemplo — no existen formas preconce­
bidas: todo lo que pretenda serlo no es
más que un calco académico, una burda
imposición escolástica — , sienta Busoni el
principio de que todo contenido implica
automáticamente una forma individual.
Naturalmente qüe atendiendo a ese pos­
tulado, se esfuma, la existencia de toda
idea de "formas-tipo” tradicionales; pe­
ro como éstas no son más que esquemas
de valores gastados y en desuso, no que­
da otro recurso, al menos por ahora, y
mientras no se logre una nueva forma
específica, como lo fuera la "forma-Sonata” en el período diatonal de la música,
que el cultivo de esquemas emanados di­
rectamente de los elementos que escoja
el compositor al disponer su tarea. Tal
sucede en el período "atonal libre” de
la producción de Schónberg y en el es­
tilo atemático, establecido por Alois Hába y su continuador directo, Slavko
Osterc.
Aparte de la influencia decisiva de las
ideas generales de Busoni sobre la forma,
la armonía y la estética musical, sus pun­
tos de vista sobre la ópera han contri­
buido notablemente al desarrollo de ese
género en Alemania, Austria o Checoes­
lovaquia. Concibe la ópera como una co­
media musical fantástica y grotesca Sus
últimas ideas al respecto, expuestas en
el prólogo de su Doctor Fausto
su
tercera ópera a la vez qué su obra defi­
nitiva en el terreno de la creación mu­
sical, confirman su concepción anti­
realista del arte, preconizando la autono­
mía de éste respecto de la realidad y se­
parando cuidadosamente las esferas de ac­
ción de uno y otra.
Concretando la esencia de las ideas de
Busoni obtendremos comprimidos teóri­
cos sintetizados de esta manera: no hay
limitación posible para el espíritu; los
dogmas de escuela no tienen razón de
ser, pues sólo prolongan estados menta­
les y sensibles muy superados por las con­
quistas subsiguientes; hay miles de so-

Acot aci ón al Nuevo Realismo
Po r
RAUL

LOZZA

’ .V movimiento se ha ido acentuando en el país durante los últimos años,
tendiente a definir el arte plástico, a orientarlo hacia un presunto pe­
ríodo de florecimiento. Sin entrar a analizar las condiciones existentes
)&gt;ara el desarrollo de tal esfuerzo (condiciones sobre las cuales tenemos el
derecho de dudar), diremos algunas palabras guiados solamente por la ne­
cesidad de no eludir el problema artístico en su totalidad.
Las discusiones teóricas sobre un nuevo realismo, dentro del pacífico
andar pictórico del país, han logrado acentuar los altibajos y delimitar ten­
dencias antes no muy definidas en nuestra pintura: el camino de la bús­
queda, el disconformismo, con algún hallazgo constructivo en ciertos sec­
tores, y el camino de la adaptación que sojuzga toda libertad creadora.
E l planteamiento no deja de tener su importancia, si nos atenemos so­
lamente al hecho en sí, impulsado por la sana. necesidad de estar a tono
con el desarrollo sOpial, logrando nuevos caminos de expresión. Pero si ana­
lizamos su teorización confusa y alguna obra ya realizada en ese sentido, se
llega a la conclusión de que, lejos de perseguir un nuevo movimiento esté­
tico social, se quiere concitar en su seno un concepto ya caduco del huma­
nismo artístico con una nueva expresión exterior, un nuevo verismo óptico.
Porque un realismo planteado así dejará de ser realismo, acentuando el
zW
MMÍ retroceso y defraudando el verdadero problema social de la pintura. E n tre
el viejo objetivismo de siempre y la realidad esencial de hoy no puede esta­
LA ANUNCIACIÓN — Óleo de Norah Borges. 1943
bléense equilibrio alguno; claro que, agotados los viejos postulados, hay
movimientos contemporizadores que brindan una posición cómoda para la
mentalidad de un nuevo conformismo.
E l confuso medir del universo con el tamaño del hombre y el concepto
irracional de cierta filosofía bastante popularizada, idealizan los fines (le
un arte llamado de retorno, de un arte desde ya divorciado esencialmente de
y limpio, una prioridad de la pin­
l 9 Creo que la pintura es- de las
nuestra
época, que no está de retorno ni es caduca. IJe aceptar una pintura
tura
sobre
el
tema.
artes, la menos amada y comprendi­
39 Como Renoir, todo pintor ver­ realista para el devenir artístico del país, estimamos que no sería plantean­
da. Se escriben y se leen millones
do un problema de fórmulas exteriores, encubriendo en su fondo la reacción
dadero go'za con su obra y creo que
de libros. Las salas de concierto e-artística,
rescatando, hermoseando o deformando para nuestro presente los
le
es
imposible
pintar
lo
que
no
le
tán llenas de gentes extasiadas. es­
viejos resabios y las falsas verdades. Hacer realismo hoy, debe significar en
da placer.
cuchando.
gran parte concretar el goce estético de la época; y para ello más que since­
49 Pero no solo debe de haber
Pero la pintura será siempre her­
ridad con nosotros mismos, necesitamos esa sinceridad superior para con
sensualidad de pintor 'en la pintura.
mética y misteriosa, y muy pocos
el arte y la- vida contemporáneos.
La
obra
debe
de
sentirse
atravesada
sabrán gustarla verdaderamente.
Nuestra nueva generación pictórica no puede ser sincera permane­
por
grandes
corrientes
de
pasión
y
29 Creo que después de 25 años
de espíritu, que es lo que nos arre­ ciendo en la regresión artística; así como no podrá elegir posiciones arbitra­
de cubismo, purismo y surrealismo,
riamente como de un muestrario. Hay una sola verdad artística y un solo ca­
bata en los grandes maestros.
se vuelve de nuevo a la realidad. Pe­
59 Y basta de palabras — que el mino digno, que representará hoy un nuevo humanismo, y será real porque
ro no es el mismo realismo del siglo
pintor debe de trabajar en el si­ será nuestro.
pasado, sino un realismo enrique­
lencio— y su único lenguaje deben
cido con los aportes de esas escue­
De los recientemente pasados movimientos artístii'os no hemos de apro­
de. ser las formas, los sutilísimos vechar solamente el aporte técnico, sino su actitud renovadora cuando no\
las últimas que trajeron: una sabia
tonos v colores.
construcción, un colorido más claro
su concepto plástico. Se ha pretendido en cambia desvirtuar, olvidar la ver­
dadera esencia de ello. E s así como frente a auténticas expresiones de arte',
a honestos esfuerzos por superar lo conformista, se utilizan los más diversos
ramente de cómo el esfuerzo y la visión
motes y las frases más ahuecadas. (Y se habla demasiado del Cézanne no
nidos y de combinaciones sonoras que no
comprendido. Nosotros estimamos más bien al Cézanne bien comprendido
de Busoni se han prolongado hasta nues­
han sido empleadas: el compositor debe,
tros días. El compositor avanzado de hoy
pero olvidado hoy).
en consecuencia, aplicarse al conocimien­
busca — y crea— su propia forma. Ejem­
La generación que interprete, que cree los valores en esta segunda post­
to de ellas y a su posible utilización;
plo de ello es el "estilo atemático” prac­
guerra, no deberá caer en la más burda imitación mintras enarbole el es­
los cánones formales o estilísticos defor­
ticado por las jóvenes escuelas checoeslo­
tandarte de los valores eternos y del nuevo renacimiento artístico. Problema
man la personalidad al ser impuestos co­
vaca y yugoslava, que por otra parte
de saneamiento, problema de recuperación, de reintegración social. Captar
mo si se tratase de un mal necesario;
también cultivan los intervalos microy unlversalizar este vivir nuestro, de hoy, rechazando todo formulismo autocada personalidad artística involucra au­
tonales propuestos en la tesis de Busoni.
tomáticamente un verbo distinto: su pro­
itico, todo envejecido concepto.

U

Contesta Norah Borges

blema consistirá, pues, en hacer viable
ese verbo, pues logrado esto, lo demás
se habrá conseguido, por encima de cual­
quier imposición de estilo o de forma. De
esta manera, este iluminado profeta de
las nuevas tendencias, derivando Hacia
un nuevo clasicismo &lt;l2) y superponiéndo­
se a un arte de sopechosa filiación ro­
mántica o naturalista, exalta el mas ex­
tremado individualismo y propone diver­
sas directivas que conduzcan a un arte
de concepción universalista, liberado de
toda traba y sentimentalismo tradicio­
nales.
Si el grande espíritu que Busoni, teó­
rico, pedagogo, compositor y piimsta
eminente, y compilador y divulgador de
la mejor música de todos los tiempos no
llegó a lograr más que realizaciones par­
ciales y valederas como experimentación
en el terreno creacional, ha contribuido
en cambio a la Flistona de la evolución
de su arte, por obra de una honda sabi­
duría y visión profética, con dos docenas
de aforismos que han incitado y orienta­
do hacia nuevas búsquedas y nuevos rum­
bos; y que aun hoy pueden impulsar ha­
cia la solución de los múltiples problemas
en que se debate la conciencia musical
de nuestro tiempo.
o o
Tal fué la contribución trascendente
de este hombre apasionado y múltiple,
para quien el impulso experimental y la
perpetua ansia de análisis y raciocinio del
objeto artístico, se sobreponen en un
período en que el abuso de las formulas
concluidas, por una parte, y la improvi­
sación surgida del cultivo hedónico del
sonido, propio de los grandes impresio­
nistas, por otra, habían establecido un
estado en que el estancamiento y la diso­
lución, respectivamente, eran caracterís­
ticas dominantes en la música occidental.
Las obras maestras de la música con­
temporánea de Centroeuropa y las que de
ellas se derivan, tanto en los países ger­
mánicos como en los latinos, hablan cla-

La técnica llamada "de los doce tonos” ,
que asimismo fuera intuida por él, cuen­
ta ya con veinte años de existencia, y
partiendo del grupo de Schónberg —es­
pecialmente con Alban Berg y Antón
Webern— ha fecundizado a múltiples
espíritus creadores de diversos países, ten­
dencias y modalidades. Bastaría para de­
mostrarlo citar los nombres de Ernstt
Kréneck, Ffarrison Kerr, Wallingford
Riegger, George Per le, Ben Weber.
Adolph Weiss, en los Estados Unidos;
Joseph Koffer, en Polonia; Robert Gherard, en España; Hans J . Koellreutter,
Max Brand, Claudio Santono y Guerra
Peixe, en el Brasil; Esteban Eitler y el
que suscribe, en la Argentina. El U »h:ersal-Ton-System del compositor soviético
A'brahmov, es una aplicación práctica
de los principios establecidos por Busoni
en lo referente a los sextos de tono; el
mexicano Julián Carrillo, con sus cuar­
tos y sextos de tono, supone otra afir­
mación de los mismos principios.
En suma: cuantos creemos que la épo­
ca de la tonalidad ha pasado, así como el
período de imitación y calco de las for­
mas llamadas clásicas, reconocemos en
Busoni el máximo orientador, teórico de
la música del presente. Todas las realiza­
ciones, atisbos, búsquedas y concreciones
finales a que ha arribado la música de
hoy, posiblemente no hubieran sido rea­
lizados sin la intuición y agudeza men­
tal de aquel vasto espíritu enciclopedis­
ta para medir, profundizar y luego con­
cretar las teorías que expuso como con­
tribución al progreso de su arte. En él
reconocemos y saludamos, pues, recordán­
dolo a veinte años de su desaparición, a
uno de los espíritus más amplios, inquie­
tos, geniales y fecundos que haya produ­
cido la cultura europea en lo que va de
nuestro siglo.

(1 )
Basado, no en el poema de Goethe, sino
en textos de los antiguos teatros de marionetas.
(2 )
Título de un ensayo de Busoni, publ&gt;
cado en 1922 por la revista Mélos, de Mainz.

Una Nueva Enticiad en
Pleno Centro C ljltural
de Buenos Aires
Ud. puede pertenecer a ella
En C ó rd o b a 8 3 6 , sobre la n u e v a y e le g a n te a v e n id a

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A M A U T A , e n tid a d dispuesta a m a rc h a r a l ritm o de la é p o ca, e x a lta n d o los a u ­
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Aw. CORDOBA 8 5 6 - BUENOS AIRES - T. U. 5 2 - 0 4 7 0

�Pag. 12

C O N T R A P U N T O

C

UMPLIDA la traducción de Pli­
ses, me parece oportuno insis­
tir en un punto de vista que entiendo
■ insuficientemente dilucidado. Deriva
del “ traduttore traditore” . Hay in­
finidad de traducciones en que se
nota la afligente gravitación de esas
dos palabras que tan bien combinan
en italiano: ellas son responsables
de lo que llamaría el complejo de in­
ferioridad de los traductores: crean
una inhibición especial a la que se
hace difícil escapar. El espectro de
la crítica se alza detrás de esa trin­
chera. y muchos traductores malo­
gran su obra asustados por tal suer­
te de juicio final. Xo se me escapa
que preconizar la mayor libertad po­
sible en 1a. traducción es un arma de
dos filos, o lo que suele llamarse una
escalera a dos puntas. En efecto, pue­
de afirmarse que sólo bastaría acon­
sejar esa libertad para dar carta
blanca a innumerables políglotas que
hacen figurar diez lenguas al redac­
tar su propio prontuario. Al aconse­
jar libertad para traducir estamos
hablando de otra cosa. Cuando se ha
entendido realmente un original, no
queda otro camino que dar el equi­
valente en el idioma al que se tra ­
duce, y ese equivalente debe ser
construido a base de labor. Se entra
a utilizar un código distinto, donde
las equivalencias exactas no existen.
Así, para traducir es necesario cum­
plir dos etapas. La primera consiste
en lo que corrientemente se entiende
por traducir: dar el significado de
lo que dice el original en otro idio­
ma. La segunda etapa impone escri­
bir y adecentar lo que se ha tradu­
cido Tal cosa no puede cumplirse de
una sola vez (por lo menos yo nunca
he podido hacerlo) ; porque, al dar
el primer paso, la lengua en que está
escrito el original lo tironea a uno y
le hace poner cosas que son de una
fidelidad espeluznante. E l tradditore no aparece entonces por ninguna
parte, pues se ha ido de paseo con
la sintaxis, la claridad y el sentido,
común.
Traducir es crear. Y crear reconsyendo la obra. Lo prueba el hecho de
que jamás dos personas distintas han
traducido de igual manera una mis­
ma obra. E s un fenómeno que hasta
trasciende la extraterritorialidad de
los idiomas. Ha}" personas que rela­
tan pobremente lo que les ha sido
referido en su mismo idioma, y las
hay que enriquecen lo que repiten.
Nadie trasmite lo que ha oído con
las mismas palabras. Obsérvese que
una anécdota pierde o gane valores
según quién la cuenta. Hay personas
que tienen la virtud de hacer inte­
resante cualquier relato, y hay otras
que tienen la infelicidad de amino­
rar todos los efectos. Eso mismo ocurrre con las traducciones. Hay bue­
nas o malas traducciones, pero nunca
traducciones literales. Aparte de que
estas afirmaciones son fáciles de com­
probar con los ejemplos más senci­
llos, daré uno del inglés, cuya fre­
cuencia pocos desconocen. ¿Cuál es
la traducción exapta de “ How do
you d o ?” La respuesta más lógica es
la siguiente:
Según el caso, eso puede querer
decir: “ ¿Cómo está usted?, “ ¿Có­
mo le va?” , “ Encantado de conocer­
lo” , “ Mucho gusto” o . . . “ ¿Cómo
hace usted” , etc., etc,
Si todo esto ocurre con una frase
tan sencilla. ¿qué no pcurrir&amp; al
operar con una obra tan compleja
como Clises? Las dos etapas nece­
sarias de que hablo más arriba ge­
neralmente guardan cierto equilibrio
en cuanto a las dificultades, con la
condición de que exista, claro está,
un conocimiento cabal de los dos idiom?,s en. j ue£°&gt; y que se posea, ade­
más, cierta capacidad literaria en
aquél a que se traduce. Lo que ex­
plica la fama de intraducibie de Cli­
ses es el desequilibrio que existe
entre las dos etapas necesarias a to­
da traducción. Es común, en la de
obras normales que, al presentarse
desequilibrio, ello ocurra en la seguna etapa; vale decir, en la de re­
creación en el idioma al cual (se
traduce. En Clises, ocurre a la in­
versa : la dificultad mayor se presenta
en la primera etapa, durante la cual
debe desentrañarse el sentido del ori­
ginal. Esto equivale a decir que Cli­
sés es un libro de ardua lectura en

Apuntes con Motivo de la Traducción de Ulises
Por

J.

SALAS

SUBIRAT

inglés. El “ sentido secreto” a que innumerables sombras ideas, seres re­
hace mención Jung al^referirse a esta
cuerdos se mueven como buzos aban­
obra constituye un elemento sutil­
donados a su suerte.
mente desorientador en el transcurso
de la traducción, pues ante él se es­
Bergson 'compara la inteligencia
trellan los esfuerzos de los dicciona­
al cinematógrafo, que toma vistas
rios bilingües en su intento de lega­
instantáneas de algo en movimiento.
lizar el paso de una lengua a. otra.
La acumulación de tales instantáneas
Se hace forzoso, entonces, recordar,
no puede dar más que cuadros está­
con Eddington que “ a través del mun­ ticos: falta el movimiento, que sólo
do físico corre un contenido deseose obtendrá en la proyección de la
nocido que ha de ser realmente la
película. Joyce obtiene estas instan­
materia de nuestra propia concien­
táneas, las agrupa en innumerables
cia” . Sólo acudiendo a la conciencia,
combinaciones, y las proyecta ante
recurso tan frecuentemente desesti­ nuestros ojos desandando caminos y
mado en las traducciones, ha sido porecorridos en una fracción de tiem569
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íChJÓMAig.
lió. Ser ÍA íL» di La. U¡¿u. , Aun foMÁM. 4xti O
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axi-Z. jn* p^l-lción (Solleltui, ruego, pe* Aquoofli—rlnpinnar r
t ^ ado) ü tr r.v ó o d
&amp;Á WhAA- ii.
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4-e—re — ’ í l f r o i n lhjs-r-rrt
i f e ~ t.l v i d a , o amo a r ~ff "ljraii.a. U¿--lTi^trÍ-bo4&lt;
3, rog&gt;
ragua) a qáe ■eatu‘t ¿ .
C^/ÍU
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*■¡) Oh. jíautíl
corque el aucee
t a l l a r í a f r e r.pa r ^al,
u n t a , -Ha l á Vl Uu , y « ^ est e
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sible orientarse en este libro extra­
ordinario que es- el Clises.
Refiriéndome especialmente al libro
traducido, creo oportuno insistir en el
paralelo que frecuentemente se ha in­
sinuado entre Proust y Joyce. Para
mí, Proust es la aventura en el mun­
do del subconsciente, Joyce en la lla­
nura de un consciente yo todos si­
multáneo; Proust se lanza a la recu­
peración del tiempo perdido y de los
actos y sueños flotantes en el semiolvido; Joyce se tiende en abanico
sobre la dispersión actual del tiempo
consumándose, y nos presenta unas
manos goteantes de imágenes su p er­
puestas, en las que han quedado pren­
didas diversas formas y posturas del
pensamiento multiforme, a punto de
diluirse, como ojos congregados en
varias latitudes de una misma feacción de tiempo; Proust recorre en re­
troceso la escala del tiempo, Joyce lo
detiene en un, instante dado y consu­
ma el peligro de sostenerlo en vilo
ante nuestros ojos para que podamos
asistir en un minuto único a los dis­
tintos planos en que la vida se cum­
ple ; Proust es un cerebro que piensa
y el tiempo que pasa, Joyce es la aven­
tura de los cerebros que pasan sobre
un tiempo detenido. Pero como ca­
da cerebro recorre y recupera el
tiempo perdido, como en el mundo
de Proust, se da la conjunción, inau­
dita de lo pasadlo iiresente disperso
conjugado, en una tupida trama de
innumerables aconteceres, borbotean­
do bajo un solo rayo luminoso que
explota sobre un mar detenido; ex­
trañas naves, navegando en disper­
sas latitudes, muestran en un mismo
segundo los reflejos de sus cubiertas
y arboladuras bajo el sol, junto a la
penumbra de unas sentinas en que

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* MyíHtCLL^Q^

ÁUAa
T **

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po que había sido consumada pero
que regresa a su conjuro, en un in­
tento de resolver la ecuación impo­
sible de la simultaneidad de espacios
plurales en una misma unidad de
tiempo. De ahí sur je una compleji­
dad, pero a la vez una corresponden­
cia que explica la transfusión y en­
sortijamiento de las formas sintácti­
cas usuales. Así como en el Portrait
of the Artist as a Young Man y en
Dubliners se insinúa en pleno culti­
vo el mundo de las páginas de Cli­
ses, en éste rumorea ya, en ese re­
torcimiento del idioma, la pululación
de ideas palabras, transvaluación de
valores, ambigüedades y disolución
de formas que componen su comple­
ja producción posterior: F in n ega n ’s
Wake. Joyce se coloca en la lógica
posición de quien se propone ejecu­
tar una tarea sólo alcanzable con un
poderoso esfuerzo creador, y así so­
breentiende que será preciso un apor­
te de atetneión, interés y esfuerz»
relativos de parte del lector. E l po­
see la virtud de instalarse en la ma­
quinaria mental de sus protagonis­
tas y desaparece absorbido por los
engranajes que captan, revelan y des­
menuzan las sensaciones íntimas, las
imágenes exteriores presentes y el
arrastrarse semi incorporado de los
recuerdos: éstos acuden sin anun­
ciarse ni ser previstos, respondiendo
al llamado de una voz, de una aso­
ciación de ideas o al sortilegio de
una palabra clave. L a mente del pro­
tagonista, en que acaba de montar­
se una suerte de microscopio Joyce,
compone su mundo, al que el autor,
en premio de su aporte histológico,
tiene entrada fran ca; y él, como acró­
bata de probada audacia, recorre una
cuerda trenzada con un lenguaje li­

bre de toda traba de pureza idiomática, de lógica constructiva o de se­
cuencia de narrador, y asiste simul­
táneamente a los acontecimientos con
que el mundo exterior rodea al pro­
tagonista. Mientras tanto, este pro­
tagonista se mece en sus ideas o en­
sueños, o forcejea con ellos. A veces
esta infiltración catalítica de Joyce
en el laberinto mental de sus per­
sonajes se multiplica y recompone eu
relación a la dispersión provocada
por su número, y entonces las imá­
genes se abren en un haz. Se tiene
la sensación de un mazo de barajas
lanzado al aire, amenazando resol­
verse en puras divagaciones, pero
que vuelve luego a componerse en
mazo, listo para que pueda iniciarse
una nueva partida. E n ella el lector
tomará parte activa, arrastrado por
el encanto de una forma prieta, di­
fícil de concebir y saturada de to­
nalidades musicales.
Los preconceptos que limitan nues­
tros sentidos nos impiden ver lo que
está ante nuestros ojos. Inconscien­
temente seleccionamos las imágenes,
y damos por no existentes aquellas
que no concebimos. Y lo que conce­
bimos es lo estrictamente indispensa­
ble para desorientarnos en una me­
dida pobrísima, soportable. Hay una
defensa equivocada en esta actitud,
y acostumbramos aprobar todo aque­
llo que le es fiel y nos permite vivir
tranquilos, sin vernos obligados a
desentrañar secretos. Joyce, como
Proust, se despreocupa de esta in­
competencia del lector, y apila, sin
ninguna concesión a lo que estamos
habituados a entender por novela (y
hasta por literatura), y se complace
en enumeraciones de cosas, ideas y
escenas que se suceden, hasta extre­
mos inusitados pero siempre con be­
lleza, y que encierran (a poco que
se repita la lectura decididamente
evidente), realizaciones artísticas in­
esperadas.
Por momentos se tiene la sensa­
ción de presenciar un mar de olas
inmóviles, como nubes en luz de luna.
Otras veces las olas parecen hin­
charse a punto de estallar, y las
nubes descender desde un cielo inso­
portablemente bajo; pero una ráfaga
despeja el ambiente y las aguas cal­
madas reflejan resonancias que trans­
curren serenamente. Alguien ha di­
cho que en este libro no ocurre nada.
Y así debe ser, porque por sus pá­
ginas flotan todas las cosas posibles
de la vida, se insinúan todas las ac­
ciones y tienen lugar los más extre­
mados alcances de los sueños. L a
dimensión intuida en que ciertas

Aaca-U-a itUu- Uers

-

notas instintivamente elegidas lan­
zan mensajes intencionados en busca
de repercusiones cambiantes, necesa­
riamente indefinibles, abre una bre­
cha imperceptible en esa niebla que
el alma intenta penetrar desnuda
Joyce, lejos de proponer un código
aritméticamente juicioso, se recrea en
un surgir y caer de imágenes, antes
que en el rito formal de lo definido,
lo idiomático, lo consabido, lo tradu­
cible, lo palabras Los números del
tiempo y el espacio, tocados por una
acumulación de penumbras
suma
de lo humano— , dejan de discipli­
narse en lo descriptible, y una suerte
de espectros sombras mentales, que
giran sin cancelarse en el reducto
tiempo, se concretan en una cambian­
te desmenuzada dispersa recupera­
ción de imágenes captadas en plena
huida “ Allá en otros tiempos — re­
cordaba ya Esteban en “ E l Artista
Adolescente” — {y bien buenos tiem­
pos que era n ), había una vez una vaquita (¡m u !) que iba por un caminito, y esta vaquita que iba por un
c&amp;minito se encontró un niñín muy
guapín, al cuál llamaban el nene de
la ca sa .. . ” Y llega por último — en
el monólogo final de Clises— el
brumoso valle del insomnio en que
flotan desdibujadamente las imáge­
nes del recuerdo, estriadas por los
acontecimientos del pasado más inme­
diato y la proximidad del otro ser
que vive muere fluctuando en una
leve línea de ausencia presencia cor­
pórea fantasmal y que en continuidad
obsesionante ahonda en las tenazas de
una efímera eternidad algodonosa, en
que los pensamientos se acumulan,
fluyen y refluyen como una marea,
en que las olas construyen sombras
fugitivas, y reflejan por instantes
extrañas luces, que sé esparcen entre
colores, tintas apagadas y rostros
tristemente evocados, mezclándose a
gestos desfilando en penosa resurrec­
ción. E s la búsqueda del tiempo per­
dido que se emancipa del hundirse
que es la noche, mientras una suerte
db voz tú yo todos los hombres y
mujeres, la vida, el sueño adiós y
unos sí sí despiadadamente dolorosos,
cribados de muecas angustiosamente
vivas, dan los últimos suspiros con
que la conciencia se hunde en la no­
che lacerada del dolorido mensaje
dulce canción de amor, juventud, te­
soro, adiós.
Los personajes del Clises van
de pasada, y el libro concluye sin
que hayan acabado su tránsito. Lo
que eran y lo que hacían antes de
entrar a él no es de la ingerencia
del autor, que posiblemente piensa,,
recordando a Aristóteles y su con­
cepción microcósmica, en el concepto
teleológico de una realización ya con­
tenida en lo que se realiza, o frente
a ello en desarrollo, en una dirección
determinada para realizarse.

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orcu e Torrjty y J s t k y . C a f f r t y e r a n m e l l i z o s , de c u a t r o aS os

t-fous,

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�CONTRAPUNTO

L a Vida de Sarmiento que Firma Manuel Gálvez
T OS antecedentes literarios de don
•*—*■ Manuel Gálvez autorizan amplia­
mente la desconfianza y temor con que
se comienza a leer su vida de Sarmiento,
a pesar del salvocoducto editorial respecto
a la ecuanimidad con que la obra fue
compuesta y a las advertencias del autor
y las palabras iniciales tomadas del mis­
mo Sarmiento y de Paul Groussac. El des­
pojo de estas opiniones honradamente
formuladas, no se concibe sino en un es­
píritu tan ofuscado por la pasión religio­
sa o el sectarismo como el de Gálvez, y
por su visible inclinación hacia los siste­
mas antidemocráticos,, con los cuales in­
tenta, torcidamente, identificar al viejo
liberal.
La incomprensión absoluta del espíri­
tu de Sarmiento y de los problemas de su
época; la admiración obsecuente y soste­
nida hacia Rosas y un fanatismo que
llega al ridículo, unido a un lamentable
estilo, chato y vulgar, que hace doble­
mente absurda la acusación del autor so­
bre el mal estilo de Sarmiento, jugoso y
original, siempre, convierte este libro en
una fracasada intentona de transformar
a nuestro libérrimo, generoso, jocundo,
desbordante y genial periodista, estadista
de garra, luchador incansable, líder del
progreso y de la civilización europea, en
un vulgar hombre de autoridad. Hombre
con autoridad, como posteriormente otros
señalados por el destino para cumplir una
gran misión en América, y entre nosotros
al estilo de Lisandro de la Torre, por
ejemplo, Sarmiento le gana otra batalla a
don Manuel Gálvez, cuyos errores r.o han
de provenir de mala información, sino de
su ceguera y mala conformación social,
política y literaria. La incomprensión de
Gálvez no pasará a la historia literaria
como un hecho importante, porque su
libro es malo, pero tiene antecedentes in­
mediatos en el libro de Gide, por ejem­
plo, o en algunas notas de escritores co­
loniales del interior al juzgar los fenó­
menos del federalismo.; entre ellos la ma­
yoría dedos libros relativos a los caudi­
llos populares, Andresito, Guarumba.
Estanislao López, Artigas mismo.
También incurre Gálvez en un error de
fecha, al decir que el Facundo aparec.e el
2 y no el 3 de mayo, como apareció. Pe­
ro esto no tendría importancia si todo el
libro no fuera demagógico, pues con poca
disimulada hipocresía el autor trata de
ser justo en aspectos insignificantes del
Liéroe; en algún rasgo de bondad perso­
nal, de modo que en seguida se cree a
cubierto y continúa la polémica absur­
da, página a página, desde que abandona
Sarmiento la infancia.
Así esta vida resulta ser la única de
las publicadlas hasta la fecha, después
del mismo Facundo, en que el autor se
trenza con el personaje y sostiene una
arbitraria discusión. Debemos advertir
que el Facundo contiene páginas de insu­
perable belleza; análisis exactos o certe­
ros de la condición social de estos pue­
blos; estampas admirables de tipos y cos­
tumbres; una exaltada descripción de la
pampa y del paisaje, y que no polemiza,
sino que señala la vida del bárbaro y el
estado de barbarie del país. En cambio,
Gálvez no hace sino interpretar mal, ren­
glón a renglón, como podría demostrarse
fácilmente, las ideas, las acciones y las
consecuencias de la vasta lucha del sanjuanino, contra un medio reacio al progre­
so y la cultura.
Al menos advertido se le habría ocurri­
do que esta clase de vidas no se deben
escribir sino por dos razones: o como hi­
zo Sarmiento, para señalar los errores de
un sistema o de una actuación de carác­
ter equivocado con respecto al porvenir
del país, o para exaltar la vida de un
ciudadano o gobernante, escritor o artis­
ta eminente, de manera que su ejemplo
inflame a las nuevas generaciones y pue­
da apreciarse mejor el valor o la direc­
ción de su obra. Pero con el pretexto de
colocar en su lugar a un héroe literario o
social; de hacer revisionismo desapasio­
nado del juicio de varias generaciones
con respecto al valor de un determinado
conductor o de rendir honor a la justicia
histórica, no se puede descargar todo el
odio de clase, ni los resentimientos del
fanatismo sobre uno de los argentinos más
ilustres, cuya memoria importa conservar
limpia de agravios injustos, porque él
constituye uno de los más seguros ejem­
plos de fidelidad al progreso, de despre­
cio por los nacionalismos agresivos, de
simpatía por la civilización, de amor a

P o r

LUI S
la cultura, de desprecio por las riquezas
personales, de odio al caudillismo y a la
barbarie. El pasado liberal inspirado en
grandes ideales de solidaridad humana,
que en Sarmiento tiene un exponente de

G U D I Ñ O

K R A M E R

gran categoría intelectual, no puede ser
juzgado con ese criterio de sacristía que
utiliza Gálvez, como si se tratara de ha­
cer la apología de un tirano, como las
que no tuvo el menor escrúpulo de escri-

bir. Sarmiento le queda grande para esa
literatura de encargo o de éxito, que es­
tá acostumbrado a realizar, con pacien­
cia mecánica y cierta frialdad técnica que
no constituyen mayor mérito, pero que

M

Guizot ha dicho desde la tribuna francesa: "H ay en América dos partidos;
• el partido europeo y el partido americano: éste es.el más fuerte’’; y cuando
le avisan que los franceses han tomado las armas en Montevideo, y han asociado su
porvenir, su vida y su bienestar al triunfo del partido europeo civilizado, se contenta
con añadir: "Los franceses son muy entrometidos y comprometen a su nación con
los demás Gobiernos” . ¡Bendito sea Dios! M. Guizot, el historiador de la Civilización
europea, el que ha deslindado los elementos nuevos que modificaron la civilización
i emana, y que ha penetrado en el enmarañado laberinto de la Edad Media para mos­
trar cómo la nación francesa ha sido el crisol en que se ha estado elaborando, mez­
clando y refundiendo el espíritu moderno; M. Guizot, ministro del Rey de Francia,
da por toda solución a esta manifestación de simpatías profundas entre los france­
ses y los enemigos de Rosas: "¡Son muy entrometidos los franceses!” Los otros pueb '/s americanos, que indiferentes e impasibles miran esta lucha y estas alianzas de
un partido argentino con todo elemento europeo que venga a prestarle su apoyo,
exclaman a su vez llenós de indignación: "Estos argentinos son muy amigos de los
europeos” ; y el tirano de la República Argentina se encarga oficiosamente de com­
pletarles la frase, añadiendo: "¡Traidores a la causa americana!” ¡Cierto! dicen to­
dos; traidores, ésta es la palabra. ¡Cierto! decimos nosotros; traidores a la causa
americana, española, absolutista, bárbara! ¿No habéis oído la palabra salvaje que
anda revoloteando sobre nuestras cabezas? De eso se trata, de ser o no ser salvajes.
¿Rosas, según esto, no es un hecho aislado, una aberración, una monstruosidad?
¿Es, por el contrario, una manifestación social, es una fórmula de una manera de
ser de un pueblo? ¿Para qué os obstináis en combatirlo pues, si es fatal, forzoso,
natural y lógico? ¡Dios mío! ¡para qué lo combatís!... ¿Acaso porque la empresa
es ardua, es por eso absurda? ¿Acaso porque el mal principio triunfa, se le ha de aban­
donar resignadamente el terreno? ¿Acaso la civilización y la libertad son débiles
hoy en el mundo, porque la Italia gima bajo el peso de todos los despotismos, porque
la Polonia ande errante sobre la tierra mendigando un poco de pan y un poco de li­
bertad? ¡Por qué lo com batís!!... ¿Acaso no estamos vivos los que después de tantos
desastres sobrevivimos aún, o hemos perdido nuestra conciencia de lo justo y del
porvenir de la Patria porque hemos perdido algunas batallas? ¡Qué! ¿se quedan tam­
bién las ideas entre los despojos de los combates? ¿Somos dueños de hacer otra cosa
que lo que hacemos, ni más ni menos, como Rosas no puede dejar de ser lo que es5
¿No hay nada de providencial en estas luchas de los pueblos? ¿Concedióse jamás el
triunfo a quien no sabe perseverar? Por otra parte, ¿hemos de abandonar un suelo
de los más privilegiados de la América a las devastaciones de la barbarie, mantener
cien ríos navegables abandonados a las aves acuáticas que están en quieta posesión
de surcarlos ellas solas desde ab initio? ¿Hemos de cerrar voluntariamente la puer­
ta a la inmigración europea que llama con golpes repetidos para poblar nuestros de­
siertos y hacernos, a la sombra de nuestro pabellón, pueblo innumerable como las
arenas del mar? ¿Hemos de dejar ilusorios y vanos los sueños de desenvolvimiento,
de poder y de gloria con que nos han mecido desde la infancia, los pronósticos que
con envidia nos dirigen los que en Europa estudian las necesidades de la humanidad?
Después de la Europa, ¿hay otro mundo cristiano civilizable y desierto que la Amé­
rica? ¿Hay en la América muchos pueblos que estén como el argentino llamados
por lo pronto a recibir la población europea que desborda como el líquido en un
vaso? ¿No queréis, en fin, que vayamos a invocar la ciencia y la industria en nues­
tro auxilio, a llamarlas con todas nuestras fuerzas, para que vengan a sentarse en
medio de nosotros, libre la una de toda traba puesta al pensamiento, segura la otra
de toda violencia y de toda coacción? ¡Oh! Este porvenir no se renuncia asi no
más; no se renuncia porque un ejército de 20.000 hombres guarde la entrada de la
patria: los soldados mueren en los combates, desertan o cambian de bandera. N o se
renuncia porque la fortuna haya favorecido a un tirano durante largos y pesados
'ños: la fortuna es ciega, y un día que no acierte a encontrar a su favorito entre el
humo denso y la polvareda sofocante de los combates, ¡adiós tirano! ¡adiós tiranía!
No se renuncia porque todas las brutales e ignorantes tradiciones coloniales hayan
podido más en un momento de extravío en el ánimo de masas inexpertas: las con­
vulsiones políticas traen también la experiencia y la luz, y es ley de la humanidad
que los intereses nuevos, las ideas fecundas, el progreso triunfen al fin de las tradi­
ciones envejecidas, de los hábitos ignorantes y de las preocupaciones estacionarias.
No se renuncia porque en un pueblo haya millares de hombres candorosos que toman
el bien por el mal, egoístas que sacan de él su provecho, indiferentes que lo ven sin
interesarse, tímidos que no se atreven a combatirlo, corrompidos, en fin, que no co­
nociéndolo, se entregan a él por inclinación al mal, por depravación: siempre ha ha­
bido en los pueblos todo esto, y nunca el mal ha triunfado definitivamente.
NO TICIA
La aparición de este trozo de la intro­
ducción a Facundo ( 1 8 4 5 ) , no lleva
intención de antología; se sabe que no
es tal el propósito del espejo, sino de in­
citación a la lectura y en este caso, tam­
bién, a la meditación histórica, a pensar
en términos de ciudadanía lo circunstan­
cial y lo esencial de la vida argentina.

Por otra parte, ¡qué difícil envasar a
don Domingo en algunas páginas; su obr.a
fluye irreprimible, como el mar, "toujours
rccommencée !”
Grande, grande hacedor de patria,
Domingo F. Sarmiento, sea éste nuestro
chiquito homenaje a tu lucha ejemplar
por la civilización contra la barbarie.
T ristán Fernández.

suele venderse. Claro que el libro fué ter­
minado en mal momento, fuera de toda
oportunidad. Cuando Gálvez comenzó a
escribirlo, Sarmiento estaba pasando por
un mal momento en el pais. Los Font
F.zcurra y los Pepe Rosas o los Genta y
los Alvarez Prado lo arrancaban de las
escuelas o prohibian sus retratos, sus bus­
tos y sus imágenes. Era en octubre de
1942. Pero al concluirlo, en septiembre
del 44, ya se estaba derrumbando el fas­
cismo en el mundo, y en nuestro país
perdían posiciones sus servidores. Un hi­
jo del escritor, el docto’- Gálvez Bunge,
ministro de la intervención en esta pro­
vincia de Santa Fe, debió abandonar el
cargo, sin poder realizar sus ambiciones
totalitarias, y así, otras esperanzas de los
"nazionalistas” criollos se derrumbaron. El
libro estaba ahí, concluido, resplande­
ciendo de inexactitudes y de torcidas in­
tenciones, y no faltó quien lo editara
con cierto boato.
Verdadera equivocación, pues ciertos
libros no deben divulgarse; hacen daño,
por malos que sean, como ocurre con los
venenos o las mercaderías adulteradas u
otras formas del fraude alimenticio.
La intención proclamada de Gálvez es,
además, deshonesta, pues declara como
virtud de su obra la imparcialidad y la
verdad. Esta imparcialidad no es posible
entre nosotros, país de formación recien­
te, donde las pasiones políticas se encres­
pan a cada rato y vivimos estrechamente
unidos a ese pasado reciente que Sarmien­
to contribuyó a revolucionar. Gálvez no
puede ser imparcial porque él no es un
hombre indiferente a las ¡deas ni al curso
de nuestra vida. Hombre de der.cha, ca­
tólico militante, admirador de Rosas, y
orgánicamente incapacitado para oír los
rumores del pueblo y estimar sus justos
reclamos e ideales, Gálvez pudo defender­
se, desde el punto de vista histórico y aun
literario, con Irigoyen y Saravia. Adelan­
tó un juicio de muy dudosa imparcialidad
respecto a Rosas y a otros tiranos de Amé­
rica, y más o menos felizmente dió fin a
sus tesis como a la serie de novelas de
carácter histórico y dudosa calidad lite­
raria; pero su error más grave ha sido
escribir esta vida de Sarmiento con pro­
pósitos tan mezquinos como los que po­
ne de relieve en cada página de su larga
y tediosa biografía.
Sarmiento no puede ser juzgado así,
con criterio mediocre, ni contabilizado,
día a día, por un tenedor de libros de la
Acción Católica. A él le cabe el tono
apasionado y violento, vehemente y vi­
brante, o la crítica leal y franca, como
la que le hicieron Alberdi 'o Goyena, Nicasio Oroño, José Hernández o tantos
otros, Mitre inclusive. Pero nunca una
apreciación miope y de mala fe como la
de Gálvez.
Las observaciones que pueden hacerse
a este libro para confirmar esa mala vo­
luntad e incapacidad total de Gálvez pa­
ra apreciar el genio de Sarmiento, son
innumerables. No hay casi una página
en que no aparezca una objeción peque­
ña y desde luego capciosa o mal intencio­
nada. Gálvez, como algunos rosistas cuan­
do se refieren a Alberdi, dice que nadie
perseguía en San Juan las ideas de Sar­
miento, y que se exiló, como el tucumano,
por su propio gusto y culpa.
El hombre que se siente cómodo de
cualquier manera, y bajo cualquier amo,
no puede entender cuánto duele la falta
de libertad. El ideal de Gálvez, que no
elige sus personajes, como Zweig, como
modelos para contribuir a exaltar la li­
bertad y el heroísmo, sino para denostar­
los y cantar loas a los tiranos, es opuesto
al de Sarmiento.
La incomprensión de Gálvez se alarga a
través de los capítulos; señala confusio­
nes de E ch a, como un tenedor de libros
en la compulsa de un boliche; critica a
Sarmiento porque funda una escuela nor­
mal sin ser normalista con título; cae
en la burda mistificación de interpretar
mal el chilenismo del gran sanjuanino y
su desengaño y vergüenza de ser argen­
tino bajo un tirano ominoso; se mofa de
su proyecto de reforma ortográfica y se
conduele de que los españoles le juzguen
mal a causa de su afán de independen­
cia idiomática; critica su panamericanismo (pág. 143) y al referirse a las false­
dades del Facundo, entre otras tonterías,
dice: "Expresa Sarmiento que en los al­
tares, junto al Santísimo Sacramento se
( Continúa en la pág. 14&gt;

�CONTRAPUNTO

Pág. 14
C ántico

de la

I magen, por Humber­

to Zarrilli. (Ecl. Independencia.
Montevideo, 1945.)

H

E aquí una pura voz de poeta
de América, (pie nos llega a
través de ese denso mar de ideas que
cumplen el avatar de la poesía en
el poemario que es Cántico de la
Imagen.
Humberto Zarrilli, poeta de madu­
ra experiencia, plena de seguros ha­
llazgos, firme y serena en el ámbito
de su dominio poético, realiza en esta
obra un esfuerzo de extraordinaria
categoría lírica. Más de treinta com­
posiciones articulan el universo de
sus Cánticos, alentando cada uno de
ellos con una vida original y propia
y al mismo tiempo vinculándose en­
tre sí por el nexo profundo de un
gran estilo, que deja al fin en el
espíritu del lector la sensación de
una unidad poética de primer orden,
de una cerrada y conclusa enume­
ración del destino espiritual del
'hombre.
Toda literatura es, en última ins­
tancia, una lucha entre el contenido
y la forma. En general, en este dile­
ma de toda realización de la obra
de arte, el contenido cede a la forma
o la forma a aquél. Es interesante
hacer notar cómo en Humberto Za­
rrilli se da ese dualismo casi utópico
que indica el equilibrio entre el es­
tilo formal y el rigor armonioso de
un contenido rico en ideas. Porque
el objeto poético de Zarrilli (objeto
que ocupa toda la dimensión emocio­
nal del hombre), está expresado en
imágenes de una riqueza de color y
sonido sorprendentes, dando la sen­
sación del sereno discurrir de las pa­
labras en un sortilegio de poderosa
enunciación verbal. Pero se adivina
bajo el sonido de las palabras, un
orden lógico que desde el fondo de
su apasionado espíritu trasmuta las
ideas en su equivalencia poética.
Sereno, musical, a veces tocado de
cierta fastuosidad brillante (se ad­
vierte que Zarrilli no teme al retoricismo, y lo domina al fin), el verso
de este poeta uruguayo contiene ca­
balmente expresado su destino dra­
mático.
\
Poeta de experiencia renovada,
Humberto Zarrilli es uno de los más
altos representantes de la poesía pura
en América.
H . R. L.

C uentos y leyendas del R ío de la
P lata , por Fernán Silva Valdés,

Editorial Guillermo K raft Ltda.,
Buenos Aires, 1944. — L eyendas
A mericanas, por Fernán Silva Val­
dés, Colección “ Buen A ire” , Emecé Editores, Buenos Aires, 1945.

1

L

A leyenda “ es la verdad abierta
abierta de alas” , ha dicho F e r­
nán Silva Valdés Comienza por “ un
punto de verdad” ; la fantasía hace
el resto.
He aquí, pues, un experto de nues­
tra verdad unida a su propia fanta­
sía. Nuestra verdad, porque los cuen­
tos y las leyendas de Silva Valdés son
una cosa nuestra, americana y rioplatense. Cosas que salen de la tierra y
del cielo, de las nubes y del aire que
pasan por los campos nuestros, y del
fondo de los ojos y del corazón y de
la memoria de nuestros hombres y
mujeres, y del color de las mariposas
y de la firmeza de los árboles y del
canto limpio de los pájaros. Son las
cosas que forman la vida de estos
pueblos, a las que Silva Valdés les
busca la genealogía, la misteriosa
unión — que él sólo conoce — con su
realidad y con sus sueños. Y de este
modo nos da sus leyendas y sus cuen­
tos como arrancados de historias fa­
bulosas y también de la realidad co­
tidiana de los campos criollos.
No podría ser Silva Valdés este sa­
bio arquitecto de su fantasía, que usa
con equilibrio la fina argamasa de
las cosas ciertas, sucedidas; de los
seres minuciosos, reales; de la vivien­
te fauna y flora, si no fuera, como lo
es, poeta. Y porque es un gran poe­
ta, Silva Valdés intuye — entre la
compleja urdimbre de relaciones hu­
manas, vegetales y animales — lo que
golpea en nosotros, sus lectores, con
la fuerza de un revelación. Porque
se hunde él mismo, y en nosotros mis­
mos, a través de generaciones y de
distancias, hasta abarcar los confines
de lo americano en una misma raíz.
Su poesía es así, como lo es siem­
pre la verdadera poesía: un arte po­
pular. Sus leyendas y sus cuentos:
un documento popular. Tal es el to­
no, alto y personal, que adquiere la
obra literaria de Silva Valdés; sin
duda, lo más alto y lo más auténtico
a que pueda aspirar un escritor.
SigfrM o A. R A D A E L L I

E l C anto , por Juan Enrique Acu­
ña. (Edición de “ Misiones” , Bs
Aires, 1945.)
De pie, junto al gran rio,
deslumbrado por la noche de la selva,
puede un hombre, de pronto, abierto
[al recio aire,
- descubrirse entre los rojos desgarra[mientos de su tierra,
atado a lo más simple,
en lo profundo ardido.

Transcribo los primeros versos de
E l Canto, poema inicial que precede
a once composiciones y que culmina
un canto final ( Canto a la yerba),
cumpliendo todos un libro de pocas
páginas y de interminable sonoridad
poética. La introducción a un mun­
do de húmedas presencias vegetales,
al sordo bullir de una vida ciega y
profunda que habitan el vegetal y
el agua, al sentido oscuro del ham­
bre que presiente atávicos vínculos
ocn el limo y la bestia, con la selva y
el árbol, va implícita en estos seis
versos primeros como apertura a su
enumeración posterior. Es voluntad
de los sucesivos poemas trascender
esas altas categorías; así es como
luego de transitar el itinerario que el
autor propone, de regreso de un uni­
verso terrible en su belleza, vertigi­
noso en su abigarrada materia verde
y líquida, la espesa vitalidad de sus
imágenes imponen calificar a E l Can­
to, de libro simplemente asombroso.
Es de suponer que Juan Enrique
Acuña ha llegado al exacto despren­
dimiento de toda exteriaridad, de to­
da fácil acomodación a la lujuria de
las palabras y de las imágenes que
un tema como el suyo provocan sin
esfuerzo. Ha expresado la desnuda
sensualidad de un clima poético re­
ciamente colmado de vitalidad, de
una vitalidad que desborda e‘l paisaje
que en él está contenido y cubre al
hombre con la crueldad impasible, in­
satisfecha de cierta belleza poderosa
y salvaje.

E l P oeta C reador, por Carlos Al­

berto Leumann. Editorial Sudameeana, Buenos Aires, 1945.

L

OS grandes libros parecen desti­
nados a recorrer — hasta llegar
a la crítica que los valorizará, al
fin, de modo definitivo — una pará­
bola previsible.
Lo primero en el tiempo es la cró­
nica de tanteo, la regateada alabanza,
la reticencia y el reparo, limitaciones
todas con que la comodidad de lo es­
tablecido y vigente opone su inercia
temerosa a lo nuevo y original.
Ese período de acomodación en que
el gran libro crea su clima, hace respirable su sentido a los más, resiste
y triunfa, insume con frecuencia años
de negación y ceguera.
Pero el tiempo decanta, felizmente,
tanto inútil papel impreso, y la so*
ledad en que quedan los libros desti-

relatando su destino en el mundo má­
gico de la selva (la selva misionera),
y circulando por ella como una co­
rriente de fuerte sangre un canto al
amor que es una afirmación de plenitfid.
¡Oh fábula de amor,
lapacho florecido de dignidad y nu[bts!
Estar junto a los hombres,
sabiendo gue bajan los cuerpos por el
[rio,
yertos, limpios, maduros,
mientras el nuestro tiembla,
vivo en la orilla,
ardiendo.
¡Sentir esa infinita prolongación del
[hombre
sobre las puras .milenarias aguas,
cantarles,
herida la garganta por su piel de
[tabaco,
por su cintura de polcas memorables.

*

Entonces la voz, las hojas muertas,
[tiemblan,
y el canto detenido en las raíces,
allí donde los torpes matorrales es[conden encendidos milagros,
donde una inexorable podredumbre ali[menta los troncos,
el canto sube, se retuerce,
empuja como un verde isipó,
hacia lo alto.
Entonces, de pie,
la soledad descubre su rama devastada
y llora largamente tendida sobre el
[agua natal.

Ubicado exactamente en su sustan­
cia poética, el canto traduce su ex­
presión sensible identificándose con
el vegetal. Hay un poderío verbal,

La Vida Comienza a los Cuarenta
Los hombres de antaño creían que la vida había terminado a los cuarenta;
sus' espíritus flaqueaban, se volvían desconsolados, amargados, duros y miraban a
los jóvenes con una envidia que alzaba una pared entre las generaciones. Pero esta
pared se está desmoronando bajo las clarinadas de una nueva trompeta. Año tras
año disminuye y palidece la línea divisoria entre la juventud y la vejez. La fami­
lia patriarcal ha desaparecido. Padres e hijos son sencillamente seres humanos
de la misma sangre bajo un mismo techo; no son tribus hostiles. E l abuelo baila
en el cumpleaños de su nietecita.
E l antiguo choque de intereses ha sido reemplazado por una división de
trabajo. P ara la juventud las tareas de la juventud; para la vejez las tareas de la
vejez. Y para cada hombre su propia vida, dispuesta y adornada, según su deseo.
E l hombre ya no es el esclavo del hombre, sino que todos los hombres se unen para
esclavizar átomos
moléculas. Mientras antiguamente el niño en estado de creci­
miento debía pasar los años trabajando afanosamente, una máquina lo hace ahora
en su lugar. La Edad de la Máquina emancipa primero al músculo; después, tam­
bién, a la inteligencia y, como trataremos de demostrarlo, hace posible que todos
los hombres sean hombres durante toda la vida.
Lea usted este interesante libro de W alter 13. Pitkin. “ La Vida Comienza
a los Cuarenta” , que puede adquirir por m$n. 3.50 en Librería

j

LOS

•V)

Resulta intiereteatnte consignar la
limpia virtud del decir poético en es­
te autor, ya que el equilibrio armóni­
co de toda la obra consiste, precisa­
mente, en la desnuda expresión fren­
te a la exuberancia de las cosas que
enuncia. Su lirismo, a un mismo tiem­
po cromático y musical, adcanza un
vuelo permanente y la audacia de la
expresión está indicando una singu­
lar sabiduría de poeta. Con imágenes
de una realidad vivida provoca la
sensación casi material de un mundo
virgen, de verdes rutilantes y húme­
dos en un sordo y constante desme­
nuzarse y renacer, Los once poemas,
de pareja envergadura lirica, confor­
man un ámbito concluso.
Del Canto a la yerba, composición
final, copio este fragmento:
Desde lejos,
qmzá desde lo. infancia o aún más lejos,
traigo esta boca- tropical,
esta amarga saliva sin reposo,
iSu oscura fuerza fluye
ceñida como un rio entre barrancas
desde incesantes lluvias y sonoras ca­
taratas,
destruyendo mis labios y el canto que
■
[allí espera,
hasta dejarme solo.
Entonces, sumergido,
de nuevo tierno en mis raíces) milena[rias,
sus verdosas criaturas recupero.
En medio de tus propios hijos,
de aquellos que habitan el olvido
'Como hojas que han perdido su rama
¡
[maternal;
de aquellos que aún desfilan por las
[zafras
interminablemente;
en medio de tu propia multitud,
yo soy el que te llora,
yo el oscuro tabaco envilecido,
yo el triste esposo
del gran río natal que nos está mi-

[rundo:

yo soy el que te proclama tu amar­
g u r a y tu fuerza.

M AIPU

441

barna
BUENOS

AIRES

Se Envía por Contra Reembolso

TEL.

¡Corre, verdor amargo.’
¡Aplácame esta sed, este temblor pro­
fundo,
esta herencia impetuosa
que me despeña en Xa crueldad del

31-4513
,}

[canto,

y déjame morir al pie del agua!

Ignoro si éste es el primer libro de
Juan Enrique Acuña, ignoro toda
otra posible publicación anterior. Tal
ignorancia no impide decir que este
libro' es extraordinario.
H . R. L.

nados a permanecer los hace más fá­
ciles al certero enfoque y prepara su
justicia.
Sin embargo, es entonces cuando
suelen llegar los que se alaban ala­
bando, las gentes de aburrida y sono­
ra trompeta, los declamadores de la
apoteosis “ a outranee” , que hacen,
tanto daño como los otros. Hasta que
adviene el tiempo de la ponderación
y el equilibrio, y se produce esa es­
pecie de creación al revés en que se
remonta el río para analizar las aguas
leográfica, y comprende el período
en que llegaron las pepitas de oro.
La última etapa es, diríamos, pdrevisor de los originales manuscritos,
la anotación de las variantes en el
texto. Entonces nace el mito, se eleva
a primer plano la figura del hombre
que originó la obra, aparecen los co­
leccionistas, se inducen los ciclos-de
la gestación, se estudia la vida del au­
tor, el ambiente en que transcurrió
la misma; se coordina su sistema del
ideas, y la familia — por lo general,
recién enterada— se beneficia de la
gloria postuma.
Por Itodas estas etapas ha pasado
nuestro grande Martín Fierro, y de
todas ha salido indemne.
Ilustres críticos como Unamuno y
Menéndez y Pelayo han aplicado su
cartabón a nuestro libro máximo.
Luego de los conocidos estudios de
Lugones, Tiseornia, Rojas, Senet, lie*
gan los eselarecedores ensayos de Ezequiel Martínez Estrada y de Amaro
Villanueva. /
E l poeto, creador, libro que comen­
tamos, explica “ cómo hizo Hernández!
La vuelta de Martín F ie rro ” .
Carlos Alberto Leumann ha gozado
el raro privilegio de tener consigo,
para estudiarlo sin premura, el va-»
lioso manuscrito de la Vuelta.
Son, explica el autor, “ cinco cua­
dernos de tapas rojas y otro de tapas
azules, en cuyas hojas, de papel ra ­
yado ordinario (cuadernos de cole­
gio), escribió José Hernández el pre­
cioso borrador” .
E l estudio de Leumann logra co­
municar mucho de ese fuego con que*
Hernández enciende sus tan humanos
personajes.
Incidiendo sobre el sentido de va&gt;
ríante, tachas, refacturas, interpola­
ciones, sustituciones,‘ cambios en laí
arquitectura del poema. Leumann lo­
gra con sagacidad intuir las circuns­
tancias de la creación, su proceso
vivo.
Sobre una afirmación de Hernán­
dez, que, al referirse al lenguaje del
gaucho afirma la aparente ilógica de
la trabazón de sus ideas, ligadas con
frecuencia apenas por una “ relación
oculta y rem ota” , Leumann cons­
truye una teoría artística del Martín
Fierro y aborda el misterio de su;
creación poética.
P ara ello, el autor de Adriana Zu-

L a V i d a de
S a r m i e n t o ...

%

(Viene de la pág. 13)
puso el retrato de Rosas, acusación tan
difundida como calumniosa, pues el retra­
to, en lugar del gobernador, que no podía
asistir en persona, era colocado en una
mesita” . (T e x tu a l).
Habla Gálvez del escaso éxito del Fa­
cundo, e insiste en ello, evidenciando su
miopía mental y su visible aislamiento in­
telectual. El Facundo, con Martin Fierro,
son los libros más leídos y de mayor in­
fluencia 'cultural en nuestro medio. Su
programa mismo es recogido por Alberdi
y aparece en las Bases. Gálvez intenta de­
mostrar (pág. 167) qué Sarmiento es
antirrepublicano y antidemocrático.; fal­
ta solamente que diga que Rosas lo era.
Y cita esta expresión de Sarmiento: "Y o
no comprendo la república sino como la
última expresión de la inteligencia hu­
mana, y me desconfío de ella cuando sa­
le del interior de los bosques, de las pro­
vincias lejanas de la capital, del rancho
del negro o del espíritu de insubordinacinó de algún caudillo de jinetes”. Es

�CONTRAPUNTO

LIBROS
El. M endo P oético I n fa n t il , por
Fryda
Schultz de Mantovani.
(E d ito r: . “ E l Ateneo” ).

(
&lt;

libro nos transporta a tra ­
vés de ese país por todos conoci­
do y por todos olvidado, en el que
nuestra mirada se vuelve présbita,
no vemos a sus pequeños habitantes
que nos rodean y apenas alcanza al
“ niño que nos vuelve las espaldas y
se aleja lentamente de nosotros” ,
que es la propia imagen de nuestro
pasado. El hombre no siempre está
dispuesto a dejarse embarcar en tal
excursión, tiene que aprehenderlo la
prosa, y — bajo garantía de que se­
rá un estudio— ésta, impregnar su
espíritu de ese estado de gracia ne­
cesario para que observe el mundo
donde hay que creer para ver.
F ryd a Schultz de Mantovani, con
tantos dones de poeta ya demostrados,
presenta en este libro al pronto, otra
faceta, su encaramiento con el ensa­
yo, ajustándose a este severo género,
en bien documentado estudio y pre­
cisa exposición de problemas, illas su
estilo tan personal, con una suerte de
sutil comprensión del hombre, hace
que amarre a todo lector al tema del
niño y consiga colocarle el prisma de
su sensibilidad, para que así aprecie
tanto su noble afirmación para con­
siderar a ese pequeño ser en sus múl­
tiples manifestaciones, como lo em­
bargue de emoción ante ese mundo
de hadas y travesuras, oscuros terro­
res y hermosas estrellas. Por eso en
sus páginas se alternan hasta con­
fundirse las graves cuéstiones que
plantea, la incomprensión y los te­
máis de eterna poesía. Así apostrofa
a la disciplina coactiva que subyuga
la originalidad del niño, impidiendo
que se formen “ seres fuertemente
personales” por haberle embargado
las prerrogativas que tienen el hom-

E

ste

marán trae a colación las confesio­
nes de Hudson, y las teorías y expe­
riencias poéticas y novelísticas de
Poe, Dostoievsky y Tolstoi.
Estos paralelos no son siempre con-,
dueentes, y pueden multiplicarse ai
infinito. Las largas aunque sagaces
digresiones acerca d e l nacimiento
de E l cuervo, por ejemplo, distraen
del tema central y, aun cuando sir­
ven al fin de una conclusión defini-i
tiya, resultan parasitarias en la a r­
quitectura del libro.
Hernández está bien en lo suyo,
aunque en las alturas se toque con
otros grandes.
No obstante ello, el libro de Carlos
Alberto Leumann, minucioso, analí­
tico, honesto, constituye una muy útil
contribución a la bibliografía hernandiana, avalorada por la circuns­
tancia de haberse escrito sobre ori­
ginales hasta hoy absolutamente iné­
ditos.
L. B.

bre y la mujer, y que sólo al niño no
se le han otorgado; es el “ ciudadano
olvidado” , como dice María Montessori, y si se le reconoce ailgún derecho
es aquel “ material de cuidados, co­
modidades y alimentación, pero no el
más grande y profundo: su derecho
íntimo, e!l derecho a su alma, a su
personalidad de mañana” . Plantea­
miento directo que llega al lector,
con el estremecimiento de un pe­
dido de auxilio, y abre el interrogan­
te a si uno ha impedido ese desarro­
llo. Para darnos en otras páginas, pá­
rrafos plenos de poesía, como cuando
dice: “ Las formas y los movimientos
sobrecogen al niño ;~y en la vigilia pre­
cursora del sueño, cuando éste lo en­
torpece para dominadlo mejor, la sub­
conciencia infantil enreda sus anillos
de imágenes, se puebla de seres me­
nudos que van haciéndose descomu­
nales, y cuando ya van a aplastarlo,
se retiran lentamente hacia una leja­
nía que los torna invisibles. En este
vaivén de pesadilla crece su conciencia,
aguijoneada por los sentidos en cons­
tante asombro y aprehensión de la
vida” .
Por ello, a medida que se avanza en
ese eslabonamiento perfecto de los te­
mas : del sueño a la infancia, de su ex­
ploración al miedo, a la madre, al yo
infantil, al juego, al dibujo, a las di­
mensiones y al movimiento, y en el que
va. forjando en el lector un recorrido
paralelo, autobiográfico, se llega a
esas maravillosas correspondencias
que descubre la autora entre el len­
guaje de la poesía y de la infancia;
y entonces, silenciados los recuerdos,
se comprende, guiado por esa fina
sensibilidad crítica, que se “ ha abier­
to la puerta del género más cerrado
entre todos los de la fantasía: el in­
fantil ’ ’, como lo expresa Gabriela Mis­
tral con respecto a este libro.
E s que Fryda Schultz de Mantova­
ni, a su penetrante visión de los pro­
blemas del niño, de las reacciones del
hombre para con él, y de las de escri­
tores, tales como Alfonsina Storni, Ga­
briela Mistral y Gilbert K. Cherterton, yuxtapone el don de la poesía que
da esa velada impresión de escuchar
cantarinas voces lejanas en angélico
corro. Así alternan la aguda aprecia­
ción y el motivo alado, y de pronto
irrumpen como en segura orquesta­
ción los tonos graves con su cohorte de
severas sentencias, definidoras de pro­
blemas y seres, para continuar con las
notas altas de una ronda, de una
anécdota feliz, y engarzar por último
tres artes diferentes con respecto al
niño. A Alfonsina Storni y sus piezas
para títeres, a las poesías niñas de Ga­
briela Mistral, y a la paradójica posi­
ción de Chesterton enclaustrado en
perpetua infancia. Todo ello realiza­
do con esa soltura que da la facilidad
y gozo en la propia obra, aunque este
libro sea el exponente de uno de los
estudios más serios relacionados con
la temática del niño.
Alejandro D EN IS-K R A V SE

claro lo que Sarmiento expresa; al decir
última se refiere a la superior expresión
de la inteligencia. Pero, ¿no es legítima,
aun hoy en día, la desconfianza de Sar­
miento? Es la demagogia y la mentira lo
que Sarmiento abomina y repudia, y que
Gálvez pretende reivindicar como si Ro­
sas o Saravia tuvieran algo que ver con
la democracia o la república, frutos de
la civilidad, de la cultura, de la igualdad
social. Gálvez califica de rosista a San
Martín y falsea la verdad a sabiendas.
Nadie ignora que Sarmiento hizo más por
San Martín que Rosas y sus adláteres, y
exaltó su memoria en términos justos y
oportunos. Rosas, en cambio, nunca ad­
mitió la colaboración ofrecida por San
Martín en dos o tres oportunidades; no
le abonó sus haberes ni le ofreció ningu­
na ayuda. Gálvez acepta ignorar esto, y
aun acusa a Sarmiento de haber califica­
do mal a San Martin y de haber inten­
tado denigrarlo. La verdad es que el ais­
lamiento en que el glorioso general vivía
y su falta de sentido político, son los cul­
pables del buen concepto en que pudo
tener al tirano de su patria.
Otra preocupación de Gálvez es la de
demostrar que Sarmiento es mentiroso;
se trata de algunas fechas; de si pronun-

ció, o leyó, o entregó o le publicaron un
discurso, o cosas así. A la ecuanimidad
de Sarmiento en sus escritos sobre los
Estados Unidos, Gálvez opone su odio a
los yanquis. De esta manera, claro que
no se puede escribir una biografía impar­
cial, en el supuesto de que tuviera senti­
do escribir una biografía imparcial de
alguien que fué tan claro y definido y
tan poco ambiguo e imparcial como Sar­
miento.
Entre las inefables ingenuidades de
Gálvez merece señalarse ésta: duda de
que Cuitiño fuera un feroz degollador.
También cuando le atribuye a Sarmien­
to ignorancia religiosa, porque dijo el
gran sanjuanino que "la escolástica es
vacía de ciencia y de verdad” .
En realidad esta vida de Sarmiento in­
tenta ser una apologia de Rosas, y por
ello es que repugna a todo espíritu libre
y a todo individuo independiente. Para
ello recoge todo lo que se escribe contra
Sarmiento, como la cita de Saldías de
la página 237.
Gálvez cree anotarse un triunfo al de­
cir que Sarmiento se equivocó con Urqui-

za. La verdad es que la actitud de hom­
bres como Sarmiento y ios que actuaron
después en San Nicolás (ver el libro de
Cárcano, tan ilustrativo) contribuyó a
que Urquiza no se desviara del cumpli­
miento de una misión que la historia le
reconoce y por la cual ha ganado la gloria
y la adhesión incondicional de los argen­
tinos. No hay tal equivocación de Sar
miento, sino tal vez exceso de celo.

ser utilizados, han contribuido a que ese
instituto resultara lo que fué más tarde:
un foco de ateismo y positivismo, de pe­
dantería cientificista, de odio a todo lo
español y aun a todo lo criollo y una in­
cubadora de anarquistas y enemigos del
orden. El mulataje envidioso y no falto
y no exento de brillantez verbal, anidó
en esa casa de estudios y allí se form ó.”
Resultaría aemasiado monótono seguir
a Gálvez en su larga diatriba contra el
Pero Gálvez, en su afán polémico, lle­
gran viejo. Se solaza con sus sufrimien­
ga a decir: "Com o se ve, para Sarmiento,
tos; agrega a la mofa de la oligarquía pre­
que no considera sino la obra de civilizar,
potente
y fanatizada de su tiempo, el en­
todas las religiones son igualmente bue­
cono de su encubierto totalitarismo, y
nas...” Y nosotros preguntaríamos: ¿có­
acusa, incluso, al grande hombre, de ser
mo? ¿Cree Gálvez que todas son malas?
mezquino con doña Benita. Gálvez agre­
A través de este libro, Sarmiento apa­
da por ahí cosas como éstas: que Grous
rece como juzgado por un hombre del
sac opinó que Goyena fué el primer es­
medioevo, y no por un contemporáneo
critor de su tiempo. Ello no es exacto.
de la derrota del fascismo y el triunfo del
Groussac que dedica un largo ensayo a
liberalismo, la democracia y la solidaridad
Goyena en Los que pasaban, más bien
social.
disminuye que acrece la fama que los ca­
Claro que a ratos, Gálvez lleva su celo
tólicos le tejieron. Pero no es del caso
a considerar a Sarmiento como si fuera un
ahora dudar de los méritos de Goyena,
santo, y así lo califica de antiliberal con
sino que señalamos la ligereza con que
estas razones: "N o es liberal quien cree
Gálvez anota un dato. Lo mismo podría
que cada uno puede hacerse justicia con
decirse de aseveraciones como las que
su propia mano” .
estampa en la página 600 al glosar aque­
llas expresiones de Sarmiento: "A no ser
En este libro hay, además, aspectos
que Dios se haya equivocado al dejar, en
francamente repudiables, indignos de una
estos tres últimos siglos, que prosperen
buena tradición critica en la Argentina:
los malos, esto es, la Inglaterra, la Fran­
como cuando llega a injuriar a la madre
cia y los Estados Unidos, y que sean tan
de Dominguito, la compañera legal de
atrasados los buenos”... Dice Gálvez: "Im ­
Sarmiento luego. Esta inclinación de sus
posible más errores en menos palabras.
enemigos a caer en la injuria soez y en el
Inglaterra es poderosa, pero no por la li­
mal gusto de ciertas lenguas largas, es lo
bertad, sino porque ha suprimido toda
que hace exclamar a Sarmiento en el se­
libertad en las colonias de que se ha apo­
nado contra la incomprensión y la mala
derado, haciendo trabajar para ella a los
fe de sus oponentes. En ese Senado de la
nativos. Francia, profundamente católi­
decadencia, como don Lisandro años des
ca, ha aceptado por la fuerza las leyes
pués en el Senado del fraude, Sarmiento
liberales, y no se ha enriquecido ahora,
levantaba el puño lleno de verdades y con­
sino durante el gobierno de Napoleón III,
fundía a sus contricantes. Entre ellos no
vale decir, cuando no habla mucha li­
hubieran tenido cabida los Gálvez, por­
bertad en su territorio” ... Sigue y agre­
que a pesar del tono apasionado de las
ga: "E n fin, entre las grandezas de los
disputas, aquellos ciudadanos nunca lle­
Estados Unidos, el liberal Sarmiento se
garon al insulto familiar, indigno de per­
olvida de la falta de libertad política de
sonas de bien.
los negros. Pero acaso debiera llamarle
En cuanto a la fama de Sarmiento,
el "protestante” Sarmiento, pues la idea
Gálvez la atribuye a propaganda de la
de que el bienestar y la riqueza demues­
masonería y los liberales, y principalmen­
tran la virtud es uno de los principios
te la que le atribuye la siembra de escue­
fundamentales del protestantismo.”
las. En esta imputación aparece desnudo
Claro que Gálvez anota por ahi que lo
el complejo común de aquellos que han
que ha engrandecido a Prusia es el mi­
visto cómo se infla la personalidad de un
litarismo. ¿Engrandecido? Bien. Aquí
Estrada o de un Goyena, en nuestro país,
está Gálvez con todos sus errores, su
o más recientemente la del mismo Gál­
miopía, su mala fe, su fanatismo, su in­
vez o la de su rival en la venta fácil, Mar­
tolerancia, su espiritu mediocre y sus pe­
tínez Zuviria.
queñas condiciones de copista, tratando
También hay sus rasgos de humorismo,
de orientarse en un mundo que demues­
de ese humorismo fúnebre de don Manuel,
tra que sus asertos son falsos y sus de­
como cuando habla de los proletarios
ducciones equivocadas, como cuando afir­
del Chacho contra los extranjeros del
ma que Felipe II fué uno de los más gran­
ejército nacional de Sarmiento y Paunero!
des gobernantes que hayan existido.
Gálvez se equivoca, también, cuando
Habría mucho que señalar, de esta ín­
denigra al periodista y desprecia su labor.
dole, en el libro. Creemos haber demos­
No es cierto que en los diarios no se
trado entereza, paciencia y coraje, si­
pueda escribir con calma y haya que ha­
guiendo a don Manuel paso a paso a lo
cerlo sin meditar, a lo que salga. Y a ve­
largo de su mal intencionado trabajo, per­
mos
cómo Gálvez, que se recoge en la
ro anotaremos solamente que al referirse
Edad Media, y que además es sordo, según
a la vida amorosa y sentimental de Sar­
propia confesión, no consigue escribir
miento, limpia como muchos la quisie­
bien; además, no importa en qué for­
ran para sí, en lugar de utilizarla para
ma o ambiente se escribe, sino con qué
acentuar los rasgos del carácter de su
intención y capacidad. Lo que se escri­
personaje, como ha hecho Manacorda con
be en un momento es generalmente el
Alem y Ludwig con Napoleón, por ejem­
fruto de largas experiencias, de lecturas,
plo, o con extraordinaria discreción Rojas
con San Martín, Gálvez, con moral de ^de una decidida pasión. Sarmiento, co­
mo después Payró, o Bartolito, o los bue­
beata, se explaya en reflexiones de irre­
nos periodistas modernos, del pais y del
frenable vulgaridad, al extremo de que en
extranjero,
no pueden ser calificados ho­
estas consideraciones se aprecia la medio­
nestamente de embaucadores ni de char­
cridad de Gálvez como escritor.
latanes.
Agregaremos otras cosas: Gálvez indi­
Gálvez concluye que Sarmiento no fué
ca que la muerte de Dominguito resulta
un genio ni un estadista. Tenía, dice,
factor de éxito electoral para Sarmiento;
talento de escritor, no de gobernante ni
se escandaliza porque Sarmiento es par­
de
político. Quién pudiera decir lo mis­
tidario del matrimonio civil y porque pi­
mo de su último detractor... Pero des­
de matronas médicas. También se sor­
pués de decir esto, Gálvez se arrepiente,
prende de que Sarmiento, en su discurso
y concluye en que los dos únicos libros
de la masonería, dudase de la infalibili­
de Sarmiento, Facundo y Recuerdos de
dad del papa. ¿Acaso Gálvez intenta ha­
Provincia, no subsistirán por sus false­
cer creer que él no duda de ella? Pero
dades, el primero, por su falta de cosas
más adelante, insinúa un elogio y dice
de interés, el segundo. Su perennidad
que Sarmiento no es un entreguista al
peligra, agrega. Y así trata de destruir
uso de 1943? ¿Qué insinuará con esta
el mito, asegurando que Rosas mediante
frase el eminente biógrafo?
el proteccionismo aseguró la prosperidad
Por ahí el lector encuentra otros mo­
del país, y que apenas se abrió al libre­
tivos de justa indignación contra la mala
cambio la navegación de los ríos, se arrui­
fe de este libro, como la débil y vergon­
nó la industria nacional, lo que es falso
zante defensa del asesinato de Urquiza.
y equivocado. Habrá muerto la pequeña
Más adelante (pág. 4 7 8 ) es contra la es­
industria artesanal, de esclavos, pero pros­
cuela normal de Paraná que Gálvez vo­
peró el comercio general, se inició la agri­
cifera, como lo hizo después Giordano
cultura, la ganadería adquirió caracteres
Bruno Genta o Alvarez Prado, los culpa­
progresistas y la inmigración y el libre­
bles de tanto atropello inicuo contra los
cambio transformaron el país en pocos
maestros y las gentes de bien.
años, dándole características civilizadas.
Dice Gálvez: "Pero es evidente que el
Es igualmente falso que Sarmiento haya
espiritu laico que se le ha dado, su plan
empujado el pais al extranjerismo; tuvi­
de estudios, las personas elegidas para en­
mos que asimilarnos las costumbres ex­
señar allí y los textos que comienzan a
tranjeras e incorporar más europeos a las

Los Trabajos de los Días
CViette de la pág. 6 )
ración de Martín Fierro", y César Fernández
Moreno, "La joven poesía argentina”. A partir
de jul o se iniciará otro ciclo sobre el tema
"Barrios de Buenos Aires", al que seguirá una
«crie de breves disertaciones sobre "Los escri­
tores gauchescos”.
Ha fallecido Ana María Chouhy Aguirre, jo­
ven escritora argentina- Pertenecía a la genera­
ción de poetas que se agrupó en torno a Verde
Memoria, revista de poesía y crítica que fun*
dara con Juan Rodofo Wilcock en 1942. En
193 8 publ có un libro de poemas: Alba gris.
En las páginas de Verde Memoria y en algunas
revistas literarias de Buenos Aires aparecían pe­
riódicamente sus poemas. Fué un poeta de sen­
sibilidad fina, ubicada en L joven generación;
la muerte corta una obra en plena formación.
"V erde Memoria” intentó crear un tono de
poesía nuevo incluyendo a poetas de juventud
fresca, a veces excesiva {en más de una oca­
sión el mérito pareció residir sólo en la eviden­
tísima adolescencia, lo cual para la poesía no es
mérito ni dem érito). 'Por sus páginas desfila­
ron a través de los seis números que alcanzó la
publicación, muchos poetas que ya nos han dado
con algún libro la seguridad de su condición
de tales; también han desfilado otros que, f e ­
lizmente» han calladoUn mérito de esta revista fu é la página de
crítica que al final de cada entrega se ofrecía
al lector. Estas breves crónicas inquisidoras fu e ­
ron valientes y sinceras, loables en su intención,
ya que en la realización no fueron felices las
más de las veces. Sfn embargo, nadie les qui­
tará el mérito (nada frecuente en nuestro m e­
dio) de ser el único grupo de gente joven que
enfrentó a escritores ya consagrados por sus obras,
y les dijo (a muchos de ellos, con justicia) sus
cuatro frescas verdades.

En el mundo de los libros se pro­
ducirá en breve un verdadero acon­
tecimiento: la edición de “ Ulises” , de
James Joyce, a cargo de la Editorial
Santiago Rueda. Después de varios
años de árdua labor, se ha concluido
esta primera traducción castellana.
Su traductor es el escritor J . Salas
Subirat, y la dirección general de la
obra estuvo a cargo de Max Diekmann.

corrientes de la nacionalidad, y así nos
hemos salvado para la cultura. La laici­
dad no ha sido, tampoco, nociva para la
moralidad general, ¿o cree Gálvez. que
somos un país menos culto y moral aho­
ra que durante la colonia?
Pero, ¿qué respeto puede merecernos
el juicio de un escritor que se apoya en
las opiniones de un Font Ezcurra, o que
tergiversa la verdad psicológica, la rea­
lidad histórica y los hechos más simples,
con el pretexto de que así hubiera de­
seado Sarmiento que le trataran, ya que
odiaba la alabanza y la adulonería? Co­
mo dijimos al comienzo, a Sarmiento debe
encarársele de frente, con honradez y
lealtad, y con sentido de la conveniencia
y de la verdad. Aun admitiendo que no
sea más que un mito, ese mito Sarmien­
to debe ser conservado y exaltado, por­
que nuestra democracia necesita su ejem­
plo; el excitante de su profunda honra­
dez, de su coraje, de su ambición de pro­
greso, de su desenfrenado amor a la cul­
tura, de su curiosidad siempre despierta,
de su coraje ciudadano y de su falta de
hipocresía. Solamente que se desee vol­
ver a la colonia con su esclavitud men­
tal, al fanatismo ciego, al aislamiento de
Rosas, al odio al extranjero, a la barba­
rie de chiripá y cuchilla. Pero todo esto,
podríamos preguntarnos, ¿qué tiene que
ver con los ideales argentinos? ¿Qué tie­
ne que ver ese mundo de prejuicios de
Gálvez, con los ideales de Mayo, de Mo­
reno, de Alberdi, de San Martín, de Rivadavia?
El desprecio de Gálvez por el perio­
dismo y por la acción de las ideas esconde
su propio fracaso; su trágico aislamien­
to y la quiebra de sus aspiraciones en
cuanto a crear un mundo mediante Ja
fuerza, el despotismo, la subordinación
al dogma, y cerrado a la crítica inteli­
gente. Sarmiento con Facundo contri­
buyó, posiblemente, más a la caída de
Rosas que el coraje de los criollos que
acaudillaba Urquiza.
Eso lo vemos hoy en dia. Sobre los
monstruosos cañones y los enormes tan­
ques y los terroríficos bombarderos, la
idea de la libertad, de la justicia, de la
solidaridad social. Solamente un demen­
te podría reírse del poder del libro, de
los programas de la prensa, de la cultura,
en una palabra, en la destrucción de los
sistemas de opresión y de ignorancia.
Santa Fe, mayo de 1945.

�CONTRAPUNTO

Pag. 16

/

Primera Lam entación de
L á z a r o Bajo los Olivos
Oleo de
Lino E. Spilimbergo,
que se expuso en la
.muestra de “Latitud”, en
Mar del Plata. Este
artista realiza
actualmente una muestra
en la
Galería "Amauta”

P o r

JO A Q U IN O. GIANUZZI
]0 Era a comienzos Jel verano en la tierra de Judea cuando Lázaro hablaba
bajo los olivos.
29 Y era el tercer día de su retorno a la luz.
3? Palabras son éstas que el dijo en soledad, al tercer día. Porque la sombra
no huye rápidamente de los rostros recién despiertos. Desganada y melancólica ahora
comenzaba a abandonar la frente de Lázaro.
4‘-’ Porque todavía pesaba en la sangre el interrumpido deseo de ser tierra y
de ser aire.
)9 Y era el amanece- y el comienzo del verano.
69 ''Traspuesta la última pasión que la vida aferraba a mis costados, yo dormí.!
mi carne y mis visiones.
70 pe ro la pasión verdadera estaba en la sombra. Y la sombra no era más que
mi tierra.
8° Porque comprender significa estar a oscuras, para irrumpir después a la luz.
9" Y yo estaba a oscuras. Mas tembloroso y anhelante, porque la espera tocaba
a su fin.
10? La espera de lo definitivo. De lo cumplido.
119 La espera de la claridad. .
¡29 Pero algo se interpuso en la comprensión casi alcanzada.
139 Porque aun no estaba madura mi sabiduría.
¡4° Y fué una voz extraña la que interrumpió mi camino del nardo y del agua.
139 Unas palabras que dijeron mi nombre buscando mis oídos y penetran­
do mi cuerpo.
169 Comprendí el retorno. Pero mi cuerpo no comprendía. N o comprendía
porque era negado.
179 Y fu é su dolor cuando sobrevino el ascenso. Un vaho ardoioso tiraba
hacia abajo. Furioso e insistente. .
189 La muerte estaba tendida, descubierta. Y era como un fruto recién des­
gajado, absorto y con gran sorp'-esa.
199 Y aun clamaba a ratos en mis cabellos polvorientos. Pero cada vez más
lenta, más amarga y menos rumorosa. Corho el viento que Im ye y se apag:a poco a
poco entre los árboles.
209 Era otra vez la memoria. Y el cansancio y la vergüenza más vastos aun
que mi memoria.
219 Y la vida.
229 Esa fiar que alienta en la carne.
239 Mi primer encuentro con él fu é un soplo. El arre se hizo lirio.
24?s Él. El doloroso y el fuerte. El amor y el odio. El cumplido y el deseado.
239 Cómo podría olvidar sus ojos ahora. Dondequiera que ruede mi vida ha
de doler en mi carne aquel fuego profundo y tsriste. Dondequiera que yazga.
269 Porque él comprendía.
279 Pues había estado a oscuras, como yo. Y desde mucho tiempo atrás. Antes
de que la sangre del hombre rodara sobre la piedra...
289 Todos dábamos ya la espalda al sueño violado, deshecho entre los escombros
sepulcrales que guardaban mi forma todavía. Pero el viento que venía de la noche
ya la estaba borrando.
299 Allí, en el crepúsculo, nosotros dos éramos los únicos. Porque lo que alen­
taba era la sabiduría de su tristeza y la fatiga de mis ojos. Y estábamos por esto en)
gran soledad.
309 Los demás eran sólo sombras rendidas junto al polvo de nuestros pies.
319 Pero el crepúsculo avanzaba como un ave oscura desde los olivares
32&lt; ¿Cómo podría darse el regreso después de la sombra?
3)9 Porque es verdad que muertos hubo entre los vivos, bajo el cielo.
349 Pero él era conmigo. Y yo lo sabía.
33 9 ¿Se pudrió alguna vez la semilla en la mano del que estuvo por arrojarla
al smrco?
369 Mas él y yo sabíamos que en mi mano debía desvanecerse la semilla.
379 Y sabíamos por tanto quién iba a ser el sembrador inútil.
389 ¿Se tornó, por ventura, polvoriento el libro entre las manos del que estuvo
por leerlo?
399 Mas él y yo sabíamos cómo el libro iba a sellarse con polvo...
409 Mi vuelta acontecía por los últimos días de primavera.
419 El arado seguía la palabra pronunciada por los mayores, en otro tiempo. Y
ahora pasaba por encima de sus propios huesos.
429 V i que el viento apacentaba a los pastores, como hubo de apacentar m.'
cuerpo, convertido en polvo como el de ellos.
439 Y una ascura nostalgia sacudió mis huesos semidormidos todavía...
44 P H oy asciende el deseo, desde la tierra grávida y doloroso.
439 Y de nuevo vuela la golondrina sobre el surco.
469 Pero yo quedo, absorto. Apenas restituido.
479 La imagen del amor no toma la forma ni engendra el latido de la llama en­
tre las rosas del huerto.
489 Y desesperadamente huye hacia lo lejos, envuelto en nubes de ceniza. Para
siempre.
499 Y el pan y el vino quedan abandonados sobre la mesa...
309 Sombras que huyen; deseo que pasa; vida que se dispersa, ¿y para qué?
319 He aquí al hombre, que es una verdad; que pasa, que huye, que se disper­
sa. Siempre tan enorme; y tan oscuros.
329 y p¡e aquí la soberbia y el miedo que muerden sus espaldas en el fatigoso
ascenso de sus días.
339 Pero sus días son como viento; y menos que viento, sombra.
3 49 Y he aquí su carne, dolorosa y vuelta hacia el olvido.
3 39 Porque es sucia la tormenta de su sangre.
369 Pero él busca. Oye y no oye. Y se enfermará sus manos y sus ojos. 3 aún
oculta los lirios bajo la piedra.
379 Aunque está escrito: "Lejos está lo que fu é, y lo m uy profundo ¿quién lo
"hallará?”
389 Porque,
.
en verdad, ¿me ha hallado a m í?
399 .Porque he aquí que yo soy el sembrador inútil. Y el que encuentra el libro
sellado con polvo.
609 (¿H a hallado, pues, mi verdad? Su saber efím ero, ¿en qué para?
619
Verdad es la hoja del árbol. Y el águila que cruza el cielo.
629 Verdaderamente
■
esto vino a decir el que desgajó mi m uerte.
639 Pero
i
él ya no está conmigo. Porque ha comprendido.
649 Sembrad sobre la piedra: el cielo no lloverá porque imposible será la si­
miente.
639 Y yo estoy ahora tendido sobre la piedra.”
669 Era entonces el comienzo del verano y la primera lamentación de Lázaro
bajo los olivos.

■ f*
'■íd'hmi;.

-

CO NTRAPUNTO
L IT ER A T U R A - C R IT IC A - A R T E
J 9 P íjo , dep. 22

Cangallo 1219

Bueno* Aire*

Teléf. 3S-827S

Secretario:
H éctor Rene Lafleur
Redactores:
León Benarós
Arturo Cerretani
Alejandro Denis-Krause
Fernando Guibert
Raúl Lozza
Sigfrido A. Radaelli
CORRESPONSALES:
Prov. de Buenos Aires: J . G. Ferreyn
Bauo.
Prov. de Santa Ee: Nélida Esther Oliva.
Montevideo (U ru gu a y ): Feliaberto Her­
nández.

Precio del e jem p lar.................

$ 0.40

E x t e r i o r ...................................dólar 0.15
Suscripción anual (en el país) $ 4.20
a parece

to d os

lo s

m eses

Programa de conferencias y
conciertos organizado por la Dirección General de Bellas Artes de
la Provincia de Buenos Aires, imciado en marzo de este año. Han
ocupado esta tribuna en fechas

anteriores, Javier Villafañe, Vizconde de Lascano Tegui, Juan S.
Valmaggia, Ramón Columba y
Leónidas Barletta. Continúan estos actos a cargo de las personas
que se indican a continuación:

JU N IO 2 2 :
JU A N CARLOS PAZ: "Música argentina contemporánea”.
JULIO 6
CORDOVA IT U R B U R U : "Poesía qrgentina”.
JULIO 20
JU LIO R IN A LD IN I: "La escultura argentina” .
JU LIO 27
GILARDO GILARD I: "L a música de Cámara y Sinfónica en la Argentina.
AGOSTO 3
A R T U R O C E R R E T A N I: "E l cuento argentino”.
AGOSTO 24
ALBERTO PREBISCH : "L a arquitectura en la Argentina” .
AGOSTO 31
TOBIAS BO N ESA TTI: "L a fonografía y su trascendencia cultural y pedagó­
gica en la Argentina” .
SEPTIEMBRE 14
EZEQ U IEL M A R TIN EZ EST R A D A : "E l ensayo en las letras argentinas” .
SEPTIEMBRE 21
■JORGE D ’UR BA N O V IA U : "E l libro en la Argentina” .
SEPTIEMBRE 28
A N TO N IO PER EZ V A L IE N T E DE M O CTEZUM A : "L a decoración en la
vivienda argentina” .
O C TU BRE 3
A LFR ED O DE LA G U A R D IA : "Cinematógrafo argentino” .
O C TU BRE 19
M ARIA ROSA O LIV ER : "L a mujer en la República Argentina” .
O C TU BRE 2 6
LEO N A R D O ESTA R IC O : "E l dibujo y el grabado en la Argentina” .
NOVIEM BRE 23
M AN E B ER N A R D O : "T eatro de títeres” del Instituto Nacional de Estudios
de Teatro.
NOVIEM BRE 30
CARM ELO Y O R IO : Orquesta de Cámara "La Plata”.

Nómina de los Salones y Expo­
siciones de Arte que incluye el
programa de actos de la Dirección
General de Bellas Artes de la Pro­
vincia de Buenos Aires. De enero
hasta abril del presente año se han
expuesto, entre otras, las obras del

VII Salón de Tandil, IV de M ar
del Plata, cuadros de C. B. de Q uirós y conjuntos de obras de artis­
tas de la Provincia.
Prosiguen las exposiciones y sa­
lones según las fechas siguientes:

M AYO : Del 24 al 17 de Junio
X III9 Salón de Arte de La Plata.
JU N IO : Del 21 al 8 de Julio
Conjunto de artistas de La Plata.
JU L IO : Del 9 al 31
ler. Salón de Arte de Bahía Blanca.
JU L IO : Del 9 al 31
IX 9 Salón de Arte de Pergamino.
JU L IO : Del 12 al 29
11 Escultores argentinos.
AGOSTO: Del 2 .-.1 19
Conjunto de artistas brasileños.
AGOSTO: Del 23 al 9 de Septiembre
Exposición fosé Clemente Orozco.
AGOSTO: Del 23 al 30 de Septiembre
Illra. Exhibición de obras propiedad del Museo.
SEPTIEM BRE: Del 13 al 30
Exposición homenaje: Ernesto De la Cárcova.
O C T U B R E : Del 4 al 21
Conjunto de pintores cubanos.
O C T U B R E : Del 4 al 8 de Noviembre
IVta. Exhibición de obras propiedad del Museo.
O C T U B R E : Del 25 al 8 de Noviembre
Conjunto de grabadores argentinos.
N O V IEM BRE: Del 19 al 9 de Diciembre
I X 9 Salón de Arte de Buenos Aires.
D ICIEM BRE: Del 8 al 15 de Enero 1946
VII9 Salón de Arte de Tandil.
DICIEM BRE: Del 13 al 31

Dibujo de Andrés Calabrese.

Exposición de Acuarelas, organizada gor la "Sociedad de Acuarelistas y Gra­
badores” .
DICIEM BRE: Del 13 al 31
Vta. Exhibición de obras propiedad del Museo.

-W!. .

V

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                  <text>Ejemplares 1 a 6 de la revista Contrapunto, publicados entre 1944 y 1945.</text>
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                <text>Mercanton, Jacques&#13;
Vega, Carlos&#13;
Ferreyra Basso, Juan G.&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Dickmann, Max&#13;
Molina, Enrique&#13;
Cunha, Juan&#13;
Paine, Roberto&#13;
Gudiño Kramer, L.&#13;
Lafleur, Héctor René&#13;
Hernández, Felisberto&#13;
Revol, E. L.&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Del Prete, Juan&#13;
Butler, Horacio&#13;
Lozza, Raúl&#13;
Borges, Norah&#13;
Ferruccio Busoni&#13;
Salas Subirat, J.&#13;
Gudiño Kramer, Luis&#13;
Denis Krause, Alejandro&#13;
Gianuzzi, Joaquín O.</text>
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                    <text>DECLARACION DE M EXICO

OLEOS

DE

HORACIO

MI L I T A N C I A

BUTLER

DEL ESCRITOR

H*

“Los E stad o s d e A m érica, p o r m edio de sus d eleg a d o s
p len ip o ten ciario s reu n id o s e n la C o n feren cia In te ra m e riean a sobre P ro b lem as d e la G u erra y de la P az, d e­
claran :
‘,La com unidad am e ric a n a m an tien e los sig u ien te»
p rin cip io s esenciales com o n o rm ativ o s d e la s re la c io n e s
e n tr e los E sta d o s q u e la com ponen:
“ 1&lt;? E l d erech o in te rn a c io n a l es n o rm a de co n d u cta
p ara todos los E stados.
“2b Los E sta d o s son ju ríd ic a m e n te iguales.
“3b C ada E stad o es lib re y so b eran o y ninguno po­
d rá in te rv e n ir en los a su n to s in te rn o s o e x te rn o s de
otro.
f
“4&lt;? E l te rrito rio d e los E sta d o s am erican o s es in v io ­
lable y es tam b ién in m u tab le, salvo el caso de acu erd o s
pacíficos.
’
“ 50 Los E sta d o s am erican o s no reconocen la v alid ez
de la conquista te rrito ria l.
“60 C onservar la paz y m a n te n e r las m ejo res re la ­
ciones posibles con todos los E sta d o s es m isión d e los
E sta d o s am ericanos.
“ 70 Los conflictos e n tre los E sta d o s so lam en te te n ­
d rá n solución pacífica.
i
“ 80 Se p roscribe la g u e rra de ag resió n en cu a lq u ie ra
de sus form as.
“ 90 L a ag resió n a u n E stad o am erican o co n stitu y e
u na ag resió n a todos los E stad o s de A m érica.
“100 L os 'E stados am erican o s son solidarios en sus
a sp iracio n es e in te re s e s com unes.
“l i o Los E sta d o s am erican o s re ite ra n su fe rv ie n te
adh esió n a los p rin cip io s d em ocráticos, q ue co n sid eran
esenciales p ara la j&gt;az de A m érica.
“120 E l fin del E stad o es la felicidad del hom bre
d e n tro de la sociedad. D eben a rm o n izarse los in te re s e s
d e la colectividad con los d erech o s del individuo. E l
hom bre am erican o no concibe v iv ir sin ju stic ia . T am ­
poco concibe v iv ir sin lib ertad .
“ 130 E n tre los d erechos del hom b re figura, en p ri­
m er térm ino, la igualdad de o p o rtu n id ad es p a ra d is fru ­
ta r de todos los b ie n e s e sp iritu ales y m ate ria le s q u e
ofrece n u e s tra civilización, m ed ian te el ejercicio licito
de su actividad, su in d u s tria y su ingenio.
“14o L a educación y el b ie n e s ta r m a te ria l son in­
d isp en sab les ai d esarro llo de la dem ocracia.
“ 150 L a colaboración económ ica es esencial a la
pro sp erid ad com ún de las n aciones am erican as. L a m i­
se ria de cu alq u iera de su s pueblos, y a sea coipp p o ­
breza, d esn u trició n o in salu b rid ad a fe c ta a cad a uno
de ellos y p o r lo ta n to a todos en conjunto.
“ 160 Los E stad o s a m erican o s consideran n e c e s a ria
la ju s ta co ordinación de todos los in te re se s p a ra c re a r
u n a econom ía de abundancia, en la cu al se ap ro v ech en
los rec u rso s n a tu ra le s y el tra b a jo hum ano, con e l fin
de e lev a r las condiciones de vida de todos los pueblos
del co n tin en te.
)
“ 170 L a com unidad in te ra m e ric a n a e s tá al servicio
de los ideales de cooperación u n iv e rsa l”.
(D eclaración N° XI, conocida con el nom bre de decla­
ración de México. A probada en la sesión p le n a ria del
día 6 de m arzo de 1945).

pasado los tiempos venturosos en que el escritor podía
refugiarse en el espléndido aislamiento de su torre de m ar­
fil, para atisbar, asomado a los ventanales, con la secreta frui­
ción del alquimista, la presencia de los seres misteriosos que
surgen al conjuro de la soledad. Era bello, sin duda, y agrada­
ble ejercicio el que practicaron tantos contemplativos, aten­
tos solamente al rum or de las voces interiores, huéspedes per­
petuos de sus propios asombros, sutiles y melancólicos Robinsones de una isla creada por sus sueños, a la que no alcanza­
ban los ecos del tum ulto. H oy el tum ulto es tan poderoso y
universal, tan profunda la inquietud que conmueve a las con­
ciencias, que el ensimismamiento no es posible. Diríase que
fuerzas superiores, de una potencia análoga a la de las ener­
gías cósmicas, actúan sobre esta criatura desventurada y tris­
te que es el hombre, para hacerle sobrellevar la tremenda res­
ponsabilidad de su destino. La torre de marfil no sería siquiera el
espejismo de un soñador, sino la patria de un gran egoísta,
entregado a vanas complacencias con ídolos verbales, en tan­
to que los demás cumplen su deber de sacrificio, con la digna
altivez que impone la subordinación a un mandato moral.

sin esfuerzo quiera aprehenderlas. Hablar del espíritu sig­
nifica, sin embargo, recrearlo desde la interioridad, que es lo
mismo que renacer en él. Y un renacimiento del hombre es
lo que necesitamos.
A! escritor, por la misión que ejerce, le corresponde for­
jar la nueva esperanza, abrir un camino entre las sombras,
mostrar la milagrosa grandeza del mundo, que comienza en
las hierbas y no termina, quizás, en las estrellas. Afirmaba
Georges Duhamel que el escritor realiza su función social
"cuando es verdaderamente un descubridor, un inventor, un
liberador”. El universo visible es infinito pero más inconmen­

terpretarlas, al margen de dogmatismos sectarios, en el plano

JORGE CALVETT1: C a rta a b ie rta sobre M ace.
donio F ernández.

Más allá de los acontecimientos cuyo decurso registra la
crónica, más allá de la guerra próxima a la previsible crisis
final, se desenvuelve el oscuro drama de los valores espiritua­
les comprometidos, que se fundam entan en la fe y convicción
con que se los sustente. Es fácil, por cierto, proclamar su vi-j
gencia, exaltarlos, magnificarlos, pero es m uy difícil vivirlos
con autenticidad. Se habla a menudo del espíritu y de la pri­
macía del espíritu como si se tratase de cosas simples, co­
munes, casi físicas, que están ahí, al alcance de la mano que

de la militancia del espíritu. Porque el espíritu no tiene fi­

ALEJANDRO DENIS: E stam p as an tig u as.

liaciones políticas, no es de tal o cual bandería, ni se acoge a
los mesurados consejos de la prudencia. Sólo reconoce un cli­

JO SE MARIA ROSBACO: L a F ed eració n de T e a ­
tro s Independientes.

surable es el universo de la conciencia, con sus constelaciones

MILITANCIA DEL ESCRITOR.
HORACIO B U T L ER : Oleos.
RAUL OSEGUEDA P .: H acia u n a m ejo r com pren­
sió n in teram erican a.
ALFREDO FERN A N D EZ
Oro. Siglo de Oro.

GARCIA:

E dad

de

ALEJANDRO D E N IS-K R A U SE : ¡Las o scu ras ¡alas
de K afka.

ideales, con sus paisajes nocturnos, con el desgarramiento de

V ICEN TE B A R B IE R I: D edicatoria.

las preguntas que no encuentran respuesta. Todo escritor, dig­

H ECTOR PABLO AGOSTI: D efensa del realism o.

no de este nombre, incorpora a ese universo una extensión
desconocida, una experiencia inédita que proyectará su luz so­
bre la vida, transformada en conocimiento.
Para cumplir esta tarea el escritor debe identificarse con
el momento histórico, intuir sus corrientes profundas e in­

ma que le es consustancial: el de la libertad; sólo admite una
ley: la norma moral. Con estas únicas armas le basta para
librar victoriosamente sus batallas y trascender las contingen­
cias de lo temporal, desentrañando en ellas la imagen de eter­
nidad que encubre el velo de lo fugaz.

'

SALVADOR IRIGOYEN: P erdónam e, h e r m a n o ...
ARTURO C ER R ETA N I: Defiüppds Novoa.
CARLOS MOUCHET y SIGFRIDO A. RADAELLI:
A taque y defen sa de la c re ació n in te le c tu a l.
JO RGE MELAZZA M UTTONI: L leg ad a a l m ar.
AMERICO CALI: Soneto.

UN NOVELISTA DE LA PROVINCIA DE BUE­
NOS A IRES: C arlos R uiz D audet.
SECCIO N ES: Los libros. E spejo de L ectu ras. Los
tra b a jo s de los días. ¡Revista de rev istas.
¿ADONDE VA LA PIN TU R A ? C o n testan : B erni,
B utler, L arco y M aldonado.
ILUSTRACIONES
Lozza.

DE: Leo G am b artes y R aúl

\

�C O NTRAPU NTO

HACIA

UNA MEJOR C O M P R E N S I O N
INTERAMERICANA

El profesor guatemalteco Raúl Osegu-'da P.
residente entre nosotros, en misión de estudio.
pedagógicos, plantea en el presente artículo uno
de los grandes problemas americanos.

MERICA es heredera de una
superestimación escolástica
A
y romántica del espíritu; nuestra

:

actitud está lejos de ser crítica y,
a veces, decae en superstición. El
espíritu no es para nosotros obje­
tivo sino se le considera investi­
do; las clases dirigentes le han
puesto marca de propiedad y pre­
tenden, a través de sucesiones castales, darle a lo eterno cariz de
permanencia dentro de la transitoriedad; el gran pueblo sólo es
llamado a participar en las mani­
festaciones externas de ese espí­
ritu, razón por la cual el pueblo
carece de propios perfiles y está
prevenido contra el espíritu.
El dogmatismo — hasta cierto
punto indispensable en la escuela
primaria — , se extiende a todo el
engranaje de e sta b le c im ie n to s
mantenedores y trasmiscres de la
cultura; hechos y cosas se estabi­
lizan allí mientras la vida progre­
sa. Todo cambio toma la forma de
sacudimiento, de crisis, cuando se
ha llegado, solamente, a un esta­
do tal de cosas que no se puede
seguir apegado a lo dispuesto.
El apego a la norma, no inte­
gralmente vivida sino apenas sa­
bida y repetida, nos hace super­
ficiales. H ay escasa aspiración a
la sabiduría científica. Botánicos,
zoólogos, geólogos, astrónomos, fí­
sicos, químicos, constituyen abru­
madora miñoría frente a legiones
de poetas, historiadores, periodis­
tas y toda clase de teóricos de to­
da clase de verdades; la docen­
cia es ejercicio de todos y para
todos. El urbanismo, mal de Amé­
rica, es consecuencia de la supers­
tición de lo espiritual y aparente
desapego de lo terreno; abruma­
dor porciento de nuestros técni­
cos lo son de salón y de oficina,
quienes rehúsan incidir en la vida
que bulle alrededor de los cen­
tros donde la cultura es flor de
estufa; lejos de ese invernadero
el aire se enrarece y se piensa es­
tar condenado a progresivo em­
pobrecimiento material y espiri­
tual. El llamado "interior” de
nuestros países, espanta; se le sien-,
te instintivamente como "infe­
rior”, poco importa que de allí
arranquen gruesas y potentes ra í­
ces nutricias que hacen posible la
hipertrofia urbana. La ciudad es
la cabeza, el capitolio, la posibili­
dad suma de poder y la aspiración
universal: es la estación última de
parada.
Nuestra cómoda postura de
mansa aceptación nos hace emi­
nentemente conservadores; las ma­
llas de hábitos seculares nos in­
movilizan; la tradición es cabeza
de H idra por cuanto está siem­
pre allí, y cabeza de Gorgona por
cuanto paraliza. Nos dejamos ha­
cer, meciéndonos en la corrien­
te que nos lleva donde se quiera
llevarnos. Los sillares de nuestra
joven tradición están trabados
con masa de superstición. Y es
que nuestra tradición no es nue­
va pese a nuestras gallardas afir­
maciones adolescentes; heredada

Por

R A U L
más que elaborada se la impone,
se la apuntala, se la dogmatiza,
se la viste de galas americanas.
¿Qué sabemos de nuestros pro­
ceres? Raramente más que sus
nombres, apenas el segundo nom­
bre o apellido; así decimos Sar­
miento, Vasconcelos, Hostos, del
modo como decimos Cristo, Buda
y Mahoma. El contenido de la
brevqf fórmula muchas veces, si
no siempre, es más breve, toda­
vía. Nuestro saber se a m p l í a
cuando al nombre propio le agre­
gamos el hallazgo de un adje­
tivo: el maestro, el santo. Q uin­
taesenciado un ángulo de un pro­
cer, se abre el camino para inevi-

O S E G U E D A

P

modo desviada en postura de dis­
gusto. No rechazamos las figu­
ras sino- los agregados, las pre­
tensiones, las imposiciones. Ellas
no necesitan de loas, ni de ficti­
cios procesos en que se incube su
grandeza. Si ella es legítima es
nuestra. Nuestras grandes figu­
ras americanas valen para la glo­
ria, valen para las generaciones
por todo lo que hicieron y no
por todo lo que de ellas digamos.
¿Qué valen para las nuevas ge­
neraciones nuestras proceres fi­
guras a s í adulteradas? Cierta­
mente poco. Hemos cuestionado
a muchos niños, de muy distin­
tas nacionalidades, s o b r e este

nes sientan el "llamado del héroe’
libremente, que se inclinen a él,
pero que se sientan capaces de afir­
marlo, mantenerlo y superarlo. El
espíritu, hecho objetivo a través
de vidas proceres, solamente así
devendrá activamente normativo,
puro de sí mismo, bueno en sí,
bello en su esplendor.
Proceder de otra manera es
desvincular al hombre del hom­
bre, prevenir al espíritu del espí
ritu, o sea, exactamente, lo que
ocurre en la actualidad. La fac­
turada grandeza de nuestros pro­
ceres no inflama; se ama la peífección pero se la sabe inasequi­
ble. Y siendo esas figuras "per­

Edad de Oro

Siglo de Oro

ser en remoto e impreciso
tiempo sin ley de siervos y señores,
aquella beatitud de los pastores
de dulce flauta en verde paraíso.

el que prodiga el mar indiano.
E(Su nonimboseráagranda
el resplandor cristiano

Debió ser cuando y donde Dios lo quiso,
de flor y miel sin ásperos rigores,
aquel gozado amor de los amores,
en campo fraternal cielo indiviso.

El Siglo de Oro quiere su decoro
limpio de torva idea y brillo vano.
(N o subirá de la divina mano
el que ciego guardó ba)o tesoro.)

Debió ser sin asomo de odisea,
sin ajdladores lobos y sin coro
murmurante de corte ni de aldea. . .

El Siglo de Oro, de grandeza santa,
en sus dominios revivir desea
la Edad de Oro que alabar le encanta. . .

Debió ser antes de que el mar sonoro
sepidtara en sus antros toda idea
del terrenal edén, la Edad de Oro.

Revela mundo, Eldorado crea;
y su voz honda de humildades, canta
menosprecio de corte, amor de aldea.

D

e b ió

l

Siglo de Oro sabe que su oro

sobre las huellas últimas del moro.)

Abril de 1945, La Plata.

A L F R E D O

table adjetivación. El v á l i d o
arranque lleva a la sofistería; su
luz es mimética y basta un gesto
en cualquier otra dirección que
la glorificada, para hacer de nues­
tras grandes figuras poetas, eco­
nomistas, sabios, santos, guerre­
ros, etc., para 'resumir todas las
máximas dignidades en una^sola
persona y también para adulte­
rar nuestras más genuinas figu­
ras. Se hace de personas terrenas
sumums de perfección y devie­
nen modelos, d o g m a s , tabús.
Siendo ellos, magníficos trazos
espirituales, se hace fuerza a tra ­
vés de ellos para imposiciones que
son, precisamente, nada espiritua­
les. Nuestras más grandes figuras
se han convertido así en bande­
ras, en totems,' siendo gregaria­
mente disminuidas — de mode­
los, y por ende universales — en
adustos emblemas regionales, par­
ticularmente rotulados. Celosa­
mente facturadas para la expor­
tación c i r c u l a n por América
agresivas afirmaciones de efecto,
naturalmente, contrario al bus­
cado. La creencia natural hum a­
na, la adhesión nuestra, instinti­
va, a lo que es valioso es de tal

F E R N A N D E Z

G A R C I A

asunto. Valen lo que el triángulo,
el cuadrado, el axioma. Están
allí, siderales, lejanas a la diaria
urgencia, congeladas. El calor de
vida de nuestros proceres no cir­
cula ni contagia á las juventu­
des; ese calor magnífico es en­
friado a través de tendenciosas
repeticiones, de actos que no son
juveniles sino de adultos, de "de­
beres” sin relación alguna con el
alto propósito de inmortalización. Nos es urgente una meto­
dología del panteón americano;
panteón, entendido' antropológi­
camente, en sentido de diviniza­
ción humana de lo humano, de
asequilibidad al qsfuerzo diario,
tenso, continuado. Nos hace fal­
ta divinizar, ciertamente, lo hu­
mano, pero también humanizar
lo divino. La tarea inicial consis­
tiría en poner alto, en la tabla de
nuestras estimaciones, do mane­
ra activa, el diario, hacer de nues­
tras juventudes; afirmar la pro­
pia fe en sus acciones, afirmar
sus condiciones, hacerla^ sentir­
se capaces de incidir, a través del
auto-mejoramiento, en¡ el mejo­
ramiento colectivo. Por otra par­
te, hace falta que nuestros jóve­

feccionadas”, se acaba habituán­
dose a esa estimación que no es
tal s i n o superstición. De allí,
también, la prevención continen­
tal contra las figuras "hincha­
das”, puestas en terrena pugna
entre ellas; hay ansiedad de "re­
cord”, de totalitarismo histórico,
de procaz desafío apabullante, de
actitud niña en "lo mío es mejor
que lo tuyo”. Del espíritu se ha­
ce valor jerárquico y artificial­
mente disminuido, lo que es im­
posible. U na forma práctica de
imposición universal de lo local
es^, deprimir "lo otro”. Los comerciadores de esa laya no va­
cilan, desde los altos puestos de
la política y el periodismo, en
subestimar pueblos y valores ame­
ricanos puestos en desigualdad en
la lucha común, para afirmar con
énfasis lo que les conviene, pues
no puede haber sinceridad de al­
gún valor en esa afirmación de
desconocimiento y celo implícita
en esa conducta sin ansiedad de
conjunto ni afán de magnifica­
ción de lo humano-espiritual do­
quiera exista, doquiera se halle
que fué investido de atributos
psico-físicos para manifestarse.

E1 presente crítico es de revi­
sión. Mann, Sarmiento, Vascon
celos, Hostos, Acosta valen a pe
sar de nosotros mismos. Moreno,
Belgrano, San M artín son impe­
recederos aunque hagamos lo po­
sible por desvirtuar su genuina
grandeza. H o m b r e s íntegros
cumplieron con su momento, in-&lt;
dicándonos lo que nos toca, aun­
que sin imponérnoslo. Proféticamente, augustos en el pasado, nos
hicieron un programa superior,
actual, urgente, eterno, en suma
espiritual. De allí su vigencia. Pe­
ro, su programa fué de acción, es
de acción. Ellos han puesto la luz
en nuestro camino y a nosotro
nos cabe poner el esfuerzo, aquí
y ahora, y evitar que esa luz se
apenumbre o vele. Nuestro con­
formismo americano tiene el más
contundente de los mentís cuan­
do hojeamos, emocionados, ese
ideario con el cual estamos en mo­
ra, p u e s sigue siendo programa
todavía.
Obremos cierta, bella, profun­
damente, del modo c o m o los
grandes de la americanidad se es­
forzaron en o b r a r . Ellos, por
cierto, no lo lograron íntegra y
exhaustivamente; eso es imposi­
ble. Cumplieron con su deber y
por eso son modelos de conduc­
ta, vivos modelos que nos incitan
a hacer nuestra parte con fe, con
altivez, rudamente, para legar a
nuestros hijos su parte en la lu­
cha eterna de estructuración de
un mundo lenta y crecientemen­
te mejor. Por todo esto, entre
tantos grandes, luchó San M ar­
tín. Por eso, somos sanmartinianos, frente a la desolada montaña
de nuestro propio espíritu; como
él intentaremos escalarla.

L IB R O S
R E C IB ID O S
Intermedio lírico y de llanto,
por Francisco Dibella, Ed. Fe­
ria. 1944, Bs. As.
Vaso de arcilla, por Calixto
Núñez, Ed. Argentina Arístides
Quillet, S. A., 1944. Bs. As.
Agua de olvido, por Mario Binetti, 1944, Bs. As.
Canciones del sendero, por Jo­
sé Rexach, 1945, Bs. As.
Anaht, por Blanca Tscliudy,
Ed. Mimdo Americano, 1944,
B. Aires.
Tratado del amor, por Elias
Piterbarg, Ed. Cénit, 1944, Bs.
Aires.
Pobres habrá siempre, por
Luis Horacio Velazco, Ed. Cla­
ridad, 1944, Bs. As.
Benjamín Claro Velazco, por
Miguel Angel González, Institu­
to Cultural Chileno-Argentino,
La Plata, 1945.
Cántico de la imagen, por
Humberto Zarrilli, Montevideo,
1945.
Hilván invisible, por Angel
Duro. Bs. As.. 1945.

�T

Pag. 3

CONTRAPUNTO

L A S O S C U R A S A L A S DE K A F K A
a un hombre entornar las gigan­
tescas hojas de una puerta sin m ar­
co, inconmensurable, las puertas del tiem ­
po. Es Marcel Proust que cierra el si­
glo XIX y se queda de cara hacia nos­
otros. Esa puerta está formada por hor­
migueantes imágenes de su creación, su
comedia humana, la comedia proustiana.
A quí, los sueños de un joven "m uy 1890;
allá, la última — quizá, la total — vi­
sión de "un salón” . — "La heroización
paradojal del snobismo” , al decir de Albert Thibaudet. — Y, al pronto, esas
criaturas parecen retornar de sucesivas
vidas. Vidas que les dieron Stendhal,
Balzac y otros, para encontrar en la en­
carnación proustiana, la última imagen
— imagen en daguerrotipo — de su
existir, de la existencia que les da este
dilatador de la memoria.
Quizá, el terrible esfuerzo, la necesi­
dad de hurgar, encontrar y reencontrar
todo el mundo de ese siglo, le hace mi­
rar el reloj, pensar en el tiempo, el tiem­
po perdido, y entonces, concibe su con­
cepto tan personal de un tiempo medida
literaria. El tiempo de lo escrito, de lo
vivido trasvasado a prosa con un trans­
currir diferente del tiempo de los he­
chos y los dichos, es decir, una deter­
minada dimensión que, más adelante, ve­
remos preocupa a los escritores de estos
últimos años, tales como Faulkner, Saroyan, etc. La coordinación de estos con­
ceptos en expresión definitivamente fi­
losófica la da Henry Bergson casi pa­
ralelamente.
Desde Proust, último escritor del si­
glo XIX (su contador de balance más
preciso), hasta Proust, el escritor que
en 1920 aporta un elemento catalizador
acorde al siglo, otros escritores sólo con­
tinúan, realizan desarrollos de movimien­
tos y esquemas del siglo anterior, sin dar,
sin hallar, las esencias de este otro tiempo
distinto ,en que se vive.

V

eo

Mas, he aquí que, dos años después,
apenas en 1922, Shakespeare and C ? de
París da a conocer una obra de un ir­
landés de corta vista, pero de honda,
profunda visión interior.
En un rincón de Italia luchó por su
obra, libró la batalla para lograr un éxi­
to de la inteligencia sobre esa informe
materia de la que están constituidos los
pensamientos. Incursionó el continente
ignorado de los espacios superpuestos de
la inteligencia. "Ulysses” y Jovce viven
la aventura, no del tiempo perdido y en­
contrado, no de la frase y sus recóndi­
tas asociaciones e involuntarias evocacio­
nes.; sino la del tiempo presente, existen­
te, fortuito, con mutaciones e incalifi­
cables diálogos cotidianos, con "letárgi­
cas inscripciones de los períodos del diplodocus, que corresponden al período
reptiliar de la evolución humana embriónica” y arcos extendidos que abarcan el
torrentoso pensamiento sin el cauce de
la continuidad literaria de entonces. Re­
quisa de los cuatro costados de la con­
ciencia. Su obra es la investigación de
cómo se forma esa conjunción de ele­
mentos que utilizamos para expresar un
poco y dejar trascender lo interior, los
extraños influjos que nos hacen pensar
y obrar. (Y en Finnegar.'s Wake busca
la expresión de esos sus hallazgos, su­
perando la semántica con la que la gen­

Por
ALEJA N D RO DENIS - KRAUSE
te se manejaba, consiguiendo escribir en
idioma Joyce.)
James Joyce es el otro escritor que
nos da elementos esencialmente actua­
les en sus obras.

Y Franz Kafka, en quien la inquietud
de la atmósfera de este siglo le depara ser

su auscultador profundo, el buceador de
lo absoluto, el perceptor de otras esen­
cias de las que destila la tierra al influjo
del tiempo.
Forma con Proust y Joyce la trilogia
de las tres más grandes dramáticas ne­
cesidades de búsqueda y^ encuentro, de
toda la realidad, cada vez más amplia
de esta época.
Si en Proust hay una urgencia por
reconstruir el pasado y en Joyce una
obligación por expresar la vida de su
mundo interior y de su palabra, tam ­
bién, interior; en Kafka existe la nece­
sidad, tan humana, de concertar todos
los elementos, todos los substractos de
la conciencia, los episodios de la vida y
del sueño en una cosmogonía personal.
Ellos, los tres, no han luchado por una
obra literaria. Han vivido la necesidad
de esa actividad con todos sus deseos, las
ansias y los decaimientos que depara la
actuación diaria del vivir. El obrar ha
sido admitir el crecimiento de un brazo,
sin el pensamiento ulterior de lo que
puede hacerse con él. Ha sido el des­
arrollo de una fuerza natural, sin la
especulación de la misma, únicamente,
con la necesidad de su crecimiento. Ha
sido el esfuerzo impuesto a quien se aho­
ga, no con problemas sociales, sino con
otros problemas más peligrosos, más ob­
sesionantes, los que la propia mente le
plantea. Y asi han buscado soluciones
para todos los humanos ante tales cir­
cunstancias.
Sobre una planicie verde metálica don­
de los números y los insectos vagan en
un nunca caer de hojas secas, un hom­
bre con raíces profundas enclavadas en
un submundo de un existir como el nues­
tro arrecido de pequeñas miserias, hace
una ordenación logarítmica de los su­

Carta A bierta
Señor Lázaro Riet.
Presente.
En la sección Trastienda de la Revista "Latitud”, N ° 1, he leído la siguiente
nota firmada por Ud.:
"Papeles de Recienvenido”, por Macedonio Fernández. Edit. Losada.
"N o era necesaria su reedición. Flumcrismo con trampa, puesta al descubierto
por hábiles exégetas, resulta un poco pasado de moda. He ahi un limo y un autor,
fácil al pastiche. Kafka, si continúan explicándolo con tanta lucidez nos dará
idéntico disgusto. (Guardando las distancias, se entiende.)”
Admiro desde hace años a M. F. y considero su obra y su mentalidad, como
dádivas excepcionales en nuestro medio. Es en nombre de ese no breve tiempo de
fervor verdadero por un maestro de nuestra literatura, que le pido me indique quié­
nes son los "hábiles exégetas” a que alude y cuáles razones (que no alcanzo) le

cesos humanos y de todos los seres de
la tierra. Descubre su ordenación, rea­
liza ordenaciones y en ellas se encuen­
tran la humanización de los conceptos
más abstractos, y lo abstracto del exis­
tir humano, si le admitimos el número
entraño que compreiide tocias las po­
sibilidades.
Franz Kafka, en quien los checos, sus
compatriotas, sólo vieron en un princi­
pio a un humorista, y en quien una ge­
neración de franceses lo divulgaron co­
mo surrealista, tiene una personalidad
asaz extraña. Si bien es cierto que sus
escritos pueden producir alguna gracia,
es la gracia que produce lo insólito cuan­
do lo creemos condicionado por elemen­
tos inofensivos. Craso error creer en la
inofensividad de esos elementos. Su gra­
cia es acre, su humorismo es la explica­
ción sumaria de aconteceres entresoña­
dos, con obsesionantes fantasmas, que en
nuestro pensamiento de hombres dema­
siado despiertos por el acoso o en la pe­
sadilla de lo que debería ser el descanso:
nuestro sueño, viven tan patentes que
llegan a amargar como los hechos rea­
les. Si bien es cierto que emparenta su
faz exterior con algunos surrealistas, los
elementos que maneja son eternos, han
nacido con el hombre y si su forma ex­
terior puede encuadrar en una escuela
literaria, sus problemas: esa noción de in­
finito, esa vuelta a los mismos actos con
ligeras variantes, esa amarga posterga^
ción que sufre el hombre en sus actos,
entronca su obra con una concepción
metafísica del existir, que la hace supe­

rar los medios que utiliza para su ex­
presión.
No es Kafka escritor que interese por
las palabras, por sus frases brillantes
(salvo los que descubran a primera lec­
tura todo lo que encierra en sus afo­
rismos), no busquemos en Kafka lo que
se ha dado en llamar un estilo literario.
Sí, y sin necesidad de buscar, encontra­
remos inmediatamente un estilo — lla­
mémoslo — de pensar. El pensamiento
de Kafka es tan particular que sus ca­

racterísticas son bien notorias. La sín­
tesis le es peculiar a todos sus escritos,
aun a sus novelas. El deseo de deter­
minar, determinar aquellos puntos vul­
nerables de los hombres, sus prejuicios
(hasta aquellos que no los habíamos des­
cubierto como tales) y con esta deter­
minación arrasarlos. Y sobre todo, el
manejo de la cosa humana por la in­
teligencia que la supera, por esa inte­
ligencia donde radica su fe. (He aquí
un motivo de optimismo que en el con­
cierto de su obra parezca oculto, ence­
rrado en amargos planteamientos, adivinable sin embargo y puesto de relieve

en quien, en la hora de la muerte, habia
satisfecho, sin necesidad de ulterioridades, todo deseo de trascendencia (J).
En la narración breve, brevísima, a
veces de una página, Franz Kafka es
maestro. Encierra en ella un problema,
una atmósfera, un interés tal, que, di­
fícilmente puedan encontrarse casos de
sugestión tan inmediata. Maestro, pues,
con pocos antecedentes en este campo
tan ceñido, sólo tienen un carácter se­
mejante, algunos relatos de Edgar Poe,
Lewis Carroll, etc.
Lo fantástivo está en su obra, como
está en la vida, sin que lo vean los es­
cépticos. Mas lo real está en su obra,
no como está en la vida, sin que lo vean
los realistas, por supuesto.
Los procesos oníricos han sido obser­
vados como los vigilatorios con igual lu­
cidez. Las miserias humanas son sus pro­
blemas. Mas todo esto está amalgamado
en sus representaciones "absolutas”. Co­
mo expresa muy bien Jean Carrive,
"Kafka piensa en parábolas”.
Sintetizando, se puede decir: Franz
Kafka — laberíntico, numérico, cifrable — proyecta sus oscuras alas interio­
res hacia dentro, en vuelo a la eterni­
dad, repetidamente — es su palabra — ;
la prevé, por lo mismo él debe incorpo­
rarse a ella, aunque ésta lo posea. Ad­
mirable simplificador de instancias, for­
ja situaciones intolerables a verdades co­
munes y elabora con ellas una verdad
dentro de su orden, que no es un or­
den concluso, sino un orden intermina­
ble, infinito. Sus textos dicen de ese
tremendo proceso de integración.
(1) Franz Kafka encorriendó a su amigo
Max Brod que destruyera todos sus escritos,
una vez muerto.

instaron a afirmar que M. F. es "fácil al pastiche” y "está pasado de moda”.
Hasta hoy, sólo he conocido testimonios de la admiración de Jorge Luis Borges,
Ramón Gómez de la Serna, González Lanuza y muchos otros hacia Macedonio,
fiero estoy dispuesto a obsequiarle mi entusiasmo rectificado inmediatamente de que
Ud. demuestre que todos estamos en un error.
Puede imaginarse que será triste para m i, aunque aleccionador, verificarme
tan pertinaz en la equivocación, cuando existen "hábiles exégetas” y comentaristas
a los que podría haber leído y admirado.
Su juicio afecta, o, más exactamente, interesa a todo el libro "Papeles de
Recienvenido”, pues Ud. no hizo salvedad en contrario. ¿Cómo puede afirmar que
"no era necesaria su reedición” si del volumen editado por Losada (276 págs.) sólo
50 páginas son las transcriptas y el restante es material completamente inédito?
Temo, Sr. Riet, que el mayor mérito de su nota no sea la justicia, por eso le
pido quiera satisfacer las preguntas que le expreso.
Lamento no haber podido dejar de molestarle; puede Ud. atribuir mi actitud,
ya que no a la "lucidez” de los Kafkianos, a la fidelidad de los Macedónicos. ("Guar­
dando las distancias, se entiende”)
Quedo de Ud. atto. s.
J orge C alvetti

Buenos Aires, abril de 1945.

»¡ «

A cien años del nacimiento de Federi­
co Nictzsche, la revista local Minerva ha­
ce un alto en sus especulaciones habitua­
les, para consultar a sus colaboradores
acerca de la enigmática personalidad de
uno de los más sanguíneos — son pala. bras de la Dirección — pensadores del
siglo pasado "y uno de los que más influ­
yeron sobre el nuestro” .
Ningún centenario ni ninguna perso­
nalidad más a propósito para ser dilu­
cidados en estos momentos en que la opi­
nión filosófica se halla dividida con res­
pecto a colgarle o a descolgarle a Nietzsche el sambenito de ser el padre del na­
zismo. El profesor Mondolfo, a quien
pertenece el primer capítulo de la en­
trega que presenta Minerva, hace una
afirmación más o menos serena:
"Nietzsche — escribe — repudia la
conclusión pesimista y negativa de Schopenhauer justamente porque acepta y
mantiene el principio voluntarista de la
filosofía de él: quiere llegar a una glo­
rificación de la vida y de la voluntad,
afirmando por encima del dolor y en la
propia aceptación valiente de él, la enér­
gica y triunfadora “ voluntad de domi­
nio”. Voluntad de dominio o voluntad
de poder es afirmación del propio ser,
realización de una conquista progresiva,
liberación de toda sujeción a fuerzas ex­
teriores, esfuerzo de expansión y eleva­
ción propias. Sin embargo, la afirmación
de la voluntad de dominio aparece en
Nietzsche de manera particular vincula­
da con la sujeción e inferioridad de los
más. Su interpretación del helenismo
presenta ya la producción de los tipos
más altos de vida y cultura condiciona­
da por la esclavitud de la masa: de ahí,
luego, su anhelo hacia una renovación
de semejante ideal a realizarse por el he­
roísmo conquistador de los alemanes;
de ahí su polémica contra el liberalismo,
el humanitarismo, el cristianismo (defi­
nidos por él como "insurrección de los
esclavos” en la m oral); de ahí su teoría
del superhombre que vuelve a exaltar a
"la rubia fiera de presa” con Cálicles
del Georgias platónico.”
Por su parte, en la misma entrega,
Mario Bunge recuerda algunos aforis­
mos y expresiones nietzscheanos de gran
transparencia ("Debemos amar y cultivar el error; es el regazo materno del
conocimiento” ) que traen a la memo­
ria las rotundas afirmaciones mentiro­
sas de un Goebbels o las presuntas teo­
rizaciones de un Rozemberg. ("La men­
tira pasa a ser para nosotros condición
necesaria para la vida; lo que necesita
ser demostrado para ser creído no vale
gran cosa” ; "La falsedad de un concep­
to no es para mí una objeción contra
el: la cuestión está en qué medida esti­
mula la vida, conserva la vida y la raza.
Sinceramente creo que las más falsas opi­
niones son precisamente para nosotros Jas
mas indispensables...” )
¿A quién pertenece esta sentencia te­
nebrosa? — se pregunta Mario Bunge__
¿Al resentido y fracasado filólogo o a
un Ubermensch actual? ¿Qué opina Rosemberg sobre la verdad, sino lo que su
maestro dejó escrito cincuenta años anvV s» V par¡ción de Ei mito del siglo
este último impreso se lee:
"Para nosotros, verdad no significa lo
lógicamente correcto o falso, sino que
se busca una respuesta orgánica: ¿fecun­
do o estéril?”. Nadie negará que Nietzs­
che fué profeta, triste profeta, por cier­
to. Como cuando profiere: "Nosotros so­
mos espíritus impacientes y fogosos que
solo creemos en verdades que se adivi­
nan: querer demostrarlo todo nos hace
antipáticos; huimos al espectro de los
«bios y a sus cadenas de silogismos.”
,Udio, pero mas aun temor a la verdad, y
por sobre todo a que la ciencia y sus
verdades se difundan en esa "repugnan­
te mediocridad democrática”.
Por el teatro y la literatura argenti­
nas pasó durante largos años, pero de to­
das maneras como un meteoro, la ex­
traña y fuerte personalidad de Don Joa­
quín de Vedia. Su tránsito se produjo
al fin sin dejar obra alguna capaz de
representarlo ante la posteridad. Ahora,
gracias a la diligencia de José Antonio
Saldías, director del Boletín de Estudios
de Teatro, salen a relucir algunas de sus
cartas que traducen cabalmente "la ma­
nera” de este enconado solitario. He aquí

m

�CONT RAPU NTO

D E D I C A T O R I A
Por

V I C E N T E

B A R B I E R J

tíe (cicL u M
e

Don Pepe Arias quiso dignificar su condición
de actor, y con el fin de asegurarse obras de
alguna calidad recurrió a Enrique Larreta, quien
le escribió "Jerónimo y su almohada”. Nada
diremos aquí de la obra ni de la interpretación
del atítor. Pero lo que nos parece indecoroso es
que don Pepe Arias, al comprobar el poco éxito
de la función que él mismo había organizado,
comprometiendo a un escritor, no ha encon­
trado mejor salida que abandonar súbitamente
sus truenos propósitos y dedicarse a ganar pesos
con una obra de Pelay.

H en ri N ath an sen , g ra n n o v e lista y
d ra m a tu rg o d an és de o rig en jud ío es
o tra de las víctim as de la cru eld ad nazi.
¡El dolor q ue le h ab ía c a u sa d o la p e r­
secución de su s h e rm a n o s de raza, pro­
vocó su suicidio, a los 75 añ o s de
edad. I&gt;a re v ista Dinamarca, en su N9
57, tr a e un n o ta sobre e s te e sc rito r que
íirm a G eorg S tran d ro ld .
“ Books Ab ro ad” y "B rierC liff Q u a r te r ly”, dos publicaciones que aparecen en
los Estados Unidos, dedican páginas a
la lite ratu ra sudamericana. El escri­
t o r Gastón Figueira colabora en di­
chas revistas con comentarios acerca
de libros y revistas de Bs. As. y del con­
tinente.

EL CIELO Y LOS LIBROS. — El ario an­
terior han aparecido tantos libras de poemas
relacionados con el cielo que habrá que pensar
en la existencia de una afinidad inescrutable•
"Fundación en el ciclo" de Jorge Calvetti, ' Cie­
lo de mar” de Afilio Angel Fontana, "Cielo
lejano” de Roberto Amador García, "Barro ce­
leste" de Raúl Eicyza Monasterio, "Jardines
celestes’’ de Martin A. Boneo, "Tiempo de cie­
lo" de Ernesto D. Marrone, "Nivel del cielo"
de Roberto LedesmaJ "Catamarca en cielo y
tierra” de Luis Franco y "Ecos del cielo” de
Pedro Pablo Fracaro. No hace mucho tiempo
’ aparecieron: "I.lave de cielo" de María Raquel
Adler, "Tierra y cielo” de Juan Conte Grand,
" Cielo en las manos” de Raúl Ezeiza Monas­
terio, "Cielo perdido” de Luis García Núñez,
" Calle y cielo" de Marcelino M. Román, "Can­
ción celeste” de Francisco Tomat Guido, "La
lámpara celeste” de Antonio Monti y "El libro
celeste” del vizconde de Lascano Tegui. Y va­
rias ediciones de " Cielo de tierra” de Francisco
Luis Bernárdez.

"S e d ”, ap areció en su 29 núm ero, en ­
tre g a de enero-febrero. T ra e , e n tr e otros,
tra b a jo s de K u rt P a b le n , O liverio G ira n ­
do, M ane B ernardo, A lb erto H idalgo, y
su d ire c to r O. S v an ascin i.

i
unas líneas que envía el 20 de marzo
de 1924 a Enrique García Velloso:
"Mi querido, mi pobre Enrique: Vuel­
vo del Cementerio (García Velloso aca­
ba de dar sepultura a su única hija Luz
María, muerta tempranamente) donde te
he visto y te he sentido. N o quise acer­
carme a ti. ¿Para qué? ¿Para decirte
una palabra confortadora? ¿Acaso la hu­
biera encontrado? ¿O para hacerme pre­
sente? No, porque tú sabes mi presen­
cia en todos tus grandes trances, por­
que no han menester de verme o to­
carme para conocerla. Sin embargo, aho­
ra comprendo que es necesario hacerte
llegar esta palabra de cariño solidario,
porque ni una tarjeta he dejado allí, y
en la ausencia de todo signo que delate
mi comparticipación en tu congoja bár­
bara, tú podrías creer que después de los
ángeles que se van, hay los amigos que
vuelven la espalda. No, viejo, no es eso.
Un abrazo, querido Enrique. — Joa­
quín.”
Enrique Amorim dirige la sección Le­
tras de "Latitud”. Su primer cuidado fué
preguntar a algunos escritoress
— ¿Por qué escribe? ¿Cuál es su ma­
yor ambición literaria? ¿Qué prepara pa­
ra el futuro?
El primer número de la flamante re­
vista trae las respuestas de Eduardo Ma­
lí ea y Jorge Luis Borges.
Mallea se limita a reconocer que has­
ta ahora, como escritor, sólo ha estado
dando "manotadas acumulativas” y ex­
clama:
" ¡Cuánto tiempo hace que no me doy
el gusto de escribir un libro a m i gusto!
Estoy escribiendo, por m i parte, sobre
lo que creo que no puede pasar sin ser
recogido, aunque no sea más que para
acusar el tema y dejarlo fuera del limbo,
fuera de la región de lo htexpresado.”
Agrega en seguida que considera a sus
libros como "voluminosas aproximacio­
nes”. La declaración del autor de "La
Bahía de Silencio” se recomienda por sí
sola como puesta de pie en tierra, única

Silbidos en los vientos brotando en soledades,
Y tensos, desatados, los potros de la espuma.

ha de cantar la paz de amor de la paloma,

S La justa inclinación del sol en el alero.
La voz ha de ser nuestra en la cruz del aroma,

Allí va su galope, ¡oh los cascos ardientes!,
Verdad de enumeradas tierras y latitudes —
La crónica, el misterio, la fe de las simientes;
Su puñal del honor, su escudo de virtudes.

Sin límite la fe y el campo todo entero.
Cantaré, si Dios quiere, exactas treinta y una
Con capitales naipes, silencios y señales —
El tiempo de la sangre, la escondida fortuna,
La voz de las gacetas, faroles otoñales.

Pido cantar mis cosas. Mi voz en la distancia
De una tierra bendita de sombra querenciosa.
Que lo digan las huellas que surca mi constancia
Y el imperial lenguaje del trono de la rosa.

Y por hablar de todo lo que sabe mi canto,
Hablaré de altos carros todos recién pintados;
Del "F IN ” de la novela con tres letras de llanto,
De tortas con grageas y diarios atrasados.
•

Yo conozco esas tierras. Las heredé en el sueño,
Las medí con el pulso, las conté en su latido.
Querencia es como el trébol de cuatro hojas, mi empeño,
Cuando pienso en la tierra pareja en que he nacido.

Iremos hasta el cerco acerado de tunas.
Noviembre es en el aire la flor del duraznero.
¡Mundo de los flamencos en azules lagunas,
Y el pez escama de oro, y el nido del hornero!

III
Juan Sebastián Rivero vivió en estos parajes
Y, es claro, murió en ellos, como cuadra a su hombría.
Yo lo he visto en la clara mañana sin celajes
Y escuché las razones de su filosofía.

Y volviendo la vista: los álamos callados,
El viento en eucaliptos con amargos verdores —
H ubo una tierra así, con vientos desatados
Y plácidos fogones donde ardían amores.

Era un hombre cabal. N ada más, nada menos.
Su vida, vida corta; pero larga en alientos:
N i burla de las cosas, ni tropilla de ajenos,
Pero eso sí: bastante fantasía en los vientos.

Solícitas las cosas se vienen a la mano
Si por el nombre antiguo las llamas y las hieres —
La escarcha de un invierno, los sauces de un verano,
Todo reconquistado, de amor, como tú quieres.

U n orden afirmado disponía la mano
Alcanzando el saludo tan criollo que se daba —
Y así crecía el hondo vínculo campechano,
Sereno el ademán como tiro de taba.

El campo, digo, y pienso. Los pálidos temores,
Debilidad las hojas, el pulso apenas fuerte.
Con un gajo de guindo — la cruz de los sabores —
Despertarás profundas resonancias de muerte.

Como el trigo paciente, que era sudor y pan,
La fe, la fe deá hombre por Dios que está en el Cielo
Se mantenía entera, como cuadra al afán
De todo el que ha nacido por honra de este suelo.

II
Amigos: estas cosas de dura independencia
N o se logran y cantan sin desangre seguro.
Alzo la mano y pido su sagrada presencia
Y un ángel memorioso se eleva a mi conjuro.

Por eso en esta tierra la infancia era más lenta,
Más vista en miradores del milagro dorado.
Y la sangre crecía de su raíz violenta
Inaugurando espejos de amor desesperado.

(U na pasión de vientos y ríos patriarcales,
Una tierra sin mengua de sendas y alambrados,
Con bahías en claros países litorales
Y una canción con nombres de pájaros dorados.)

Y he de cantar, si puedo, de una vida pasada
Sus cuidadosas sombras, su fiel alegoría,
Su vocación de muerte y su cruz inclinada
Allá donde los campos son verdes todavía.

Amigos: solicito mis horas, convencido,
Andando ya infinitos de cruces y mojones,
Mientras los pétreos ojos del ser desconocido
Me miran entre lápidas y oscuras inscripciones.

Allí quiero morir, un dia entre los
U n día — si es posible — de sol y
Frente a los altos juncos, entre las
Y el cielo sobre el pecho, callado

Y también las defensas, las hoscas libertades
Entre sobresaltados fuegos de sal y suma.

Del libro en preparación "C antar de Juan Sebastián” .

posible en estos países geológicamente no
consolidados. En cambio, Jorge Luis
Borges, luego de nombrarse a sí mismo
y de citar las batallas de un su abuelo
Suárez, anuncia que tiene en preparación
un libro, "El Congreso”:
"Para el remoto y problemático por­
venir, una larga narración o novela bre­
ve, que se titulará "El Congreso” y que
conciliará (hoy no puedo ser más explí­
cito) los hábitos de W hitm an y los de
K afka”.
Es de lamentar que Jorge Luis Bor­
ges no se decida de una vez por todas
a publicar un libro que concilie única­
mente los hábitos de Jorge Luis con los
de Borges.
Y a propósito de Kafka, el venezola­
no José Miguel Ferrer narra en Revista
Nacional de Cultura, de Caracas (cuya
dirección ejerce a partir del número 47
don Juan B. Plaza), cómo tomó con­
tacto en Shanghai, bajo las bombas ja­
ponesas de 1937, con un ruso de Vla­
divostok que tocaba el violín en un za­
quizamí de la Concesión Francesa y que
guardaba celosamente, en marco de pla­
ta, un retrato del autor de La Meta­
morfosis.
"La imperiosa figura del retrato —
dice F errer— me atraía en la penumbra
con magnética insistencia. Su semítico
perfil, la boca fina y orgullosa, las cejas
densas y turbias, la polblada cabellera
negra, todo el conjunto surgía desde el
retrato inmóvil. Sus grandes orejas pa­
recían recoger el grito da un mundo
en aflicción. Y el amigo ruso me habló
de Franz Kafka mientras acallaba la que­
jumbre de su violín...”
Queda consignado el dato, a mero t í ­
tulo de curiosidad.
A . C.

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LA C O N C I E N ­

CIA ARTÍSTICA

/'"''A D A vez que se menc.ona este tema
del realismo acuden a mi recuerdo
las palabra? de André Lothe. El gran pin­
tor decía en su famoso Discurso Je Vénc­
ela: Si el artista moderno, aquel que pre­
tende ser de "su tiempo” y que, en efec­
to, ha encontrado medios de expresión
dignos de esta época, consintiera en aban­
donar los temar trillados y desagradables
del modelo de taller, de la guitarra y del
frutero, por aquellos que reclama el m un­
do actual, recorrido por inquietudes y as­
piraciones maravillosas, podría suscitar
una curiosidad y pasiones m uy grandes.
Sería entonces el alba de un nuevo Re­
nacimiento”.
t
Que estamos en la alborada confusa de
un nuevo renacimiento, ¿quién podría negarlo? Hostigados por aconteceres defini­
dores que de pronto mostraron la vani­
dad de ciertas normas de vida presunta­
mente inalterables, no cuesta esfuerzo
descubrir que una nueva conducta inte­
gral ha de plasmarse entre el derrumbe.
Y esa conducta integral habrá de seña­
larse. — está señalándose ya— por una
exaltación del hombre, de sus inquietudes
y sus aspiraciones secretas o radiantes, que
es algo así como el regreso de aquel oscu­
recimiento humano que el arte abstracto
proclamó con henchidas veces de desafío.
¿En qué consistió el drama de la que
ahora nos parece remota anteguerra n ú ­
mero uno, sino en esa "deshumanización”
que privaba al arte de sus resonancias más
generosas? Un realismo chato y sin alma
había provocado por rechazo aquella re­
volución óptica entrevista por Cézanne y
Van Gogh, aquella búsqueda redentora de
las formas perseguida por los cubistas,
aquella inquietud por la simultaneidad di­
námica de las representaciones que to rtu ­
raba a los futuristas, aquella internación
en la zona vedada del sueño y de la irra­
cionalidad con que los superrealistas en­
sancharon la geografía artistica. Pero si la
forma quedaba redimida, en cambio hun­
díase en el vértice casi perverso de la des­
humanización. Todo el arte del pintor
parecía reducirse a la sabia distribución
de los volúmenes y las tintas; todo el arte
del poeta parecía limitarse al ensamblarniento tortuoso de la escritura autom áti­
ca. El tema fué proscripto y m aldito;
por que los artistas suponían que el triun­
fo del espíritu sobre la materia iban a con­
seguirlo volatilizando, extinguiendo casi
el sentimiento del objeto, descarnándolo
de toda sustancia humana y tornándolo
cada vez más esotérico. A la insulsa obje­
tividad de las academias oponíase una sub­
jetividad porfiadísima que abominaba de
la realidad y convertía al artista en supre­
mo demiurgo de los objetos, nacidos en él
antes de existir materialmente fuera de él,
y auroleados por él de una fría vibración
abstracta que aspiraba a la eternidad emo­
cional. El realismo convirtióse desde en­
tonces en una mala palabra, y desde en­
tonces se la pronuncia con todas las car­
gas payorativas del lugar común.
Aquella reación antiobjetiva no estaba
separada, sin embargo, del proceso de las
ideas generales. Al esplendor cientificista
del siglo XIX, le sucedía la metafísica es­
piritualista de la "conciencia angustiada”
como instrum ento del conocer, la intui­
ción sustituyéndose a la experiencia. Y
cuando algún filósofo desesperado enun­
ciaba la necesidad de una nueva edad me­
dia Icomo superación del caos social, ¿po­
día asombrarnos esta desmaterialización
del arte, esta deshumanización del obje­
to tan semejante a la de aquel medioevo
empeñado en negar la objetividad sensual
del hombre? La relación constante con las
ideas generales permite adentrarse en los
altibajos de la conciencia artística. En ese
mundo corrompido por la chata prospe­
ridad finisecular de la gran industria, los
artistas necesitaban protestar contra una
estructura social ajena y contrapuesta a la
fantasía. Plejanov dijo, con mucha cer­
teza, que "la inclinación hacia el arte por
el arte se manifiesta y se fortalece allí
donde existe el desacuerdo insoluble entre
la gente que se ocupa del arte y el medio
social que le rodea”. Bloqueados por el
realismo falsificado y antipoético de las
academias, la rebelión de los artistas de­
nuncia un afán de libertad llevado a los
extremos de una ruptura absoluta con el
pasado, ruptura formalista a tal punto fe­
cunda que por causa suya ya no podrán
pintar los pintores como antes de los cu­
bistas' ni escribir los poetas como antes de

DEFENSA DEL REALISMO
P or

H EC TO R PABLO AGOSTI
los superrealistas. Pero el despojamiento
del contenido objetivo en el arte abstracto
quizá podamos explicárnoslo más cabal­
mente si lo relacionamos con aquella gnoseología de lo incognoscible que en defi­
nitiva es el sustrato de la reacción espiri­
tualista del 900 . Gleizes y Metzinger, dos
epígonos del cubismo, resumen la teoría
del conocimiento de su escuela en un li­
bro publicado en 1906. "N o existe nada
real fuera de nosotros —escriben— . N o
podemos dudar de la existencia de los ob­
jetos que actúan sobre nuestros sentidos;
pero la existencia razonable sólo es posi­
ble respecto de las imágenes que los ob­
jetos sugieren a nuestra. mente” . De lo
cual se deduce que esos objetos, imposibles
de conocer en su realidad verdadera, sólo
adquieren existencia real cuando el sujeto
pensante, como un Dios de los tiempos
modernos, se decide a soplarles su aliento
divino y a otorgarles una forma. Y esa
es la capa de subjetivismo que explica la
porfía de la forma y el repliegue ante los
conflictos reales del mundo, ante los te­
mas "que reclama el mundo actual”, se­
gún la expresiva síntesis de Lothe.
II. — R ea lism o

y v erism o

Semejante gnosiología de lo incognosci­
ble repugna al nuevo realismo. Pero el
nuevo realismo comienza también por
desentenderse de aquella otra manera an­
tagónica de conocer que se atribuían los
realistas tradicionales, prisioneros de una
objetividad sin vuelo, tiranizados por un
determinismo ciego e irredimible que les
impedía reaccionar validamente sobre los
objetos.
Más de un realismo en el sentido mo­
derno del concepto, entonces se trataba
de un verismo detenido en la corteza de
los fenómenos. Sus partidarios buscaban
la representación verídica del fenómeno,
sin advertir que el fenómeno es apenas la
revelación externa, súbita y fluyente de
una realidad más estable y más profunda.
Situábanse ante la realidad como si ella
hubiera de darse pasiva y simplemente, en
un reflejo espontáneo y automático. Que­
daban apresados en un determinismo m e­
cánico de fronteras infranqueables: el
hombre estaba sometido a la naturaleza,
quietamente enmarañado por los objetos
exteriores que le imponían su ley ineludi­
ble. Cuando los discípulos de Medan in­
surgieron contra Zola, por ejemplo, es po­
sible que agraviaran al maestro, pero era
también cierto el reclamo contra una so­
focación que abatía sus ímpetus creado­
res. Eso es lo que pensaba Huysmans al
asegurar que el naturalismo se encontraba
"en un callejón sin salida o, mejor dicho,
en un túnel con la salida obstruida”, sin
otro recurso que narrar de nuevo "el amor
del primer comerciante de vinos con la
primera tendera que se encuentre” . El re­
paro es fundamental en la crítica del vie­
jo realismo, cercenado en los temas y obli­
terado por lo mismo en sus pesquisas for­
males. Atado a un cientificismo filosófico
de base puramente biológica, aquel realis­
mo caía con frecuencia en la ramplonería,
aunque a ratos lo salvase un pintor de la
talla de Courbet o un novelista del tama­
ño de Flaubert.
También Courbet establecía a los gri­
tos la teoría realista del conocimiento, bien
opuesta a la afirmación de Gleizes y Met­
zinger: "¡Sí, es preciso encanallar el ar­
te! . . . ¿Por qué debo tratar de ver en el
mundo lo que no está y de desfigurar con
esfuerzos de imaginación lo que allí se
encuentra” . Y a su turno escribía Flau­
bert: "H ay que tratar a los hombres co­
mo si fueran mastodontes o cocodrilos
¿Acaso es posible entusiasmarse por los
cuernos de unos y las mand5bulas de otros?
Mostradlos, disecadlos metedlos en frascos
de alcohol: he aquí todo. Pero no pronun­
ciéis sobre ellos fallos morales, porque
vosotros mismos ¿quiénes sois para ello
pequeños renacuajos?” . Y el pequeño re­
nacuajo, sumido en la naturaleza, se en­
vuelve en la "sana manía del documento”
con ahinco objetivo. Mas el documento
sólo le ofrece el rostro del fenómeno —yo
diría el rostro maquillado del fenóme­
no— , mientras la traína sutil y endiabla­
damente dialéctica de la realidad esencial

se le escurre entre los simples datos de los
sentidos. En ello consiste el objetivismo
neutral de Zola. Aunque a veces se exal­
te en la utopia casi romántica de los
Evangelios, la supeditación estricta al ob­
jeto acorta su visión. Y esa supeditación
es más notoria todavía en los realistas pos­
teriores a Courbet, cuya ambición no
consiste en otra cosa que la servidumbre
de la naturaleza, erigida por ellos en su­
premo patrón de belleza.
III. — El

fu nd am fnto

d el

nuevo

EALISMO

De este curso de afirmaciones y nega­
ciones emerge el nuevo realismo. Su fun­
damento filosófico no es otro que el co­
nocimiento dialéctico de la realidad exte­
rior, en el contenido sentimental de cuya
contemplación había visto Hegel una
'alienación” de orden semirreligioso. In ­
virtiendo sobre bases materiales el (es­
quema hegeliano, este flamante realismo
encuéntrase con una naturaleza que se
le ofrece como una totalidad de acciones
recíprocas. Ya no es, como en el realismo
tradicional, el sujeto colocado en la dispo­
sición de un sumiso receptáculo de in­
fluencias. La- creación artística, en tanto
que forma particular del conocer, ahora se
presenta como un juego de ida y vuelta
entre la acción de la realidad, y la reac­
ción de la conciencia. Plantado en medio
de su mundo, el artista, al revés del cien­
tífico, propónese reproducir lo esencial
de la realidad en forma de lo singular. No
se erige en demiurgo de los objetos, sino
que aspira a conocer los objetos que per­
viven fuera de él con majestuosa —aun­
que en definitiva sometida— vida autó­
noma. Mas si el conocer es un reflejo de la
realidad, torpe sería el artista que creye­
se en la posibilidad de un reflejo simple,
inmediato, puro, de ■base estrictamente
sensorial, como si fuera un acto semejan­
te a la impresión de una placa fotográfi­
ca. Su grandeza radica en esta seguridad
de transformar su condición de sirviente
en condición de amo de los objetos. Por su
dialéctica de movilidad ese conocer rea­
lista nos resguarda de la impasible fijeza
metafísica y al propio tiempo nos libera
de la eterna coerción de los objetos. Por­
que el pensamiento humano — partido de
la acción sobre lo real para llegar a los
más audaces designios de abstracción— es
en último término un señorío de lo real,
pero es también una anticipación de lo
real en los cuadros huidizos de lo posible.
La realidad queda así exaltada a dimen­
siones mitológicas por estas infinitas posi­

bilidades que bullen en su interioridad con­
tradictoria.
Y aquí nos situamos en un punto ca­
bal de discrepancia. El viejo naturalismo
fijista reflejaba al mundo tal cual es en
la apariencia cortical de los fenómenos, y
ese mundo — como Franz Roh lo señala
con indudable sensatez— era "afirm a­
do . . y aun magnificado con cierto or­
gullo demoníaco” . En el nuevo realismo,
de raíz discursiva y dialéctica, el mundo
posible aspira a abstraerse entre las premo­
niciones del mundo real. Y es que el
m-Jjndo real le viene proporcionado
al artista como una masa confusa de
sucesos, cuyo sentido recóndito fre­
cuentemente queda desfigurado por las
apariencias extrínsecas que es preciso des­
montar implacablemente. El nuevo realis­
mo supone que dichos sucesos ejercen una
acción sobre el artista; pero que el artista,
a su turno, traslada la reacción de su con­
ciencia sobre la realidad exterior que lo
estimula, casi siempre en consonancia con
las ideas generales de su riempo, que son
a su vez expresión anticipada, simultá­
nea o tardía de un sistema dé relaciones
sociales. La realidad contiene múltiples re­
presentaciones coherentes, y en la selec­
ción de cada una de dichas representa­
ciones', en el periplo expresivo de un ar­
tista o en las modificaciones de una obra
de arte desde sus primeros esbozos hasta
su concepción última, esa lucha dramáti­
ca entre el mundo de los objetos y el su­
jeto sensible que pretende penetrarlo, esa
pugna tremenda de intercambios entre
la realidad del mundo y la conciencia del
artista, esa sustitución desgarradora de
los signos aprendidos por los signos que
es preciso inventar para redimir las esen­
cias, todo ello constituye, por así decirlo,
el mecanismo psicológico a’e este proceso
creador que siempre ha sido la nutrición
dolorosa del artista verdadero. Dicho pro­
ceso sobrentiende necesariamente una psi­
cología y una sociología del acto creador,
porque la conciencia individual del artis­
ta está sumergida en un complejo social
cuyas consecuencias padece, aunque a
veces crea soslayarlas.
La diferencia del nuevo realismo con
cualquier otra teoría del arte consiste en
que aspira a tornar conciente esa concien­
cia a veces inconciente con que el artista
aborda los objetos. Si la conciencia obra
de rechazo sobre la materia que pretende
conocer parece una tautología innecesaria
atirmar la conveniencia de que el artista
tenga conciencia de esa conciencia. Y esto,
lejos de empujarlo a un arte de gélidas
proyecciones racionales, lo arroja, por el

contrario, en el hirviente torbellino de las
ideas vivas. ¿No se ha dicho que la cien­
cia del conocimiento, abstraída sobre un
hombre ideal y aislado, necesita integrarse
con una experiencia humana m ultitudina­
ria? Las supervivencias de la razón teóri­
ca aún se sobreponen a la praxis en un es­
quema desprovisto de vitalidad. Si a causa
de ello el renacimiento filosófico tendrá
que señalarse preferentemente por la rup­
tura de las barreras metafísicas entre las
abstracciones racionales y el contenido vi­
vaz y hasta pintoresco de la experiencia,
«el nuevo realismo comienza por asignar
al arte un papel gnoseológico primordial.
El arte podrá captar "directamente, en
las cosas mismas, conceptos que en el es­
tadio actual de la sociedad y de la con­
ciencia son captados aparte de las cosas,
exteriormente a ellas” . Ese destino de co­
nocimiento suplanta la inmovilidad del
viejo naturalismo sometido a la naturale­
za. Por lo mismo que las cosas no le son
dadas de una vez para siempre, este nuevo
realismo descubre su tono en ese movi­
miento incesante de penetración en la ma­
teria inestable, en esa tenacidad con que
pretende descubrir el mundo posible entre
los aparentes rigorismos del mundo real.
La objetividad del viejo realismo era
pasiva y muda; la objetividad del nuevo
realismo es movediza y aclaradora. Su pro­
cedimiento podría resumirse en la fórm u­
la de Engels: los personajes típicos en
las situaciones tipicas, y estas situacio­
nes albergando en sí mismas la posibili­
dad de una nueva realidad pronta a es­
tallar. Por lo tanto, a falta de mejor bau­
tismo, propongo que a este realismo, si­
quiera provisoriamente, lo llamemos
realismo dinámico.
IV. — O b je t iv id a d

y su b je t iv id a d

Pasiva hasta el hastío, aquella objetivi­
dad era forzoso que se entumeciera en la
impotencia, incapaz para reproducir o re­
flejar la realidad cambiante. Y ese hastío
del contenido condenaba al aniquilamien­
to de la forma, cohibida en un recinto
donde toda audacia de invención queda­
ba punto mena? que humillada. Recién
cuando se medita sobre las circunstancias
históricas en que se produjo la revolución
del arte abstracto puede atisbarse una ex­
plicación satisfactoria. Al desacuerdo fun­
damental entre la sociedad y los artistas
habían respondido los románticos exal­
tando un héroe individua! ungido de to­
das las virtudes abismadas por la civili­
zación burguesa; habían respondido los
realistas abandonando al héroe sobrehuma­
no y desnudando el alma pequeña de di­
cha ordenación esencialmente antipoética,;
respondían ahora los epígonos del arte
abstracto evadiéndose de la realidad de
los objetos y fraguando su propio mundo
subjetivo de las cosas. Paradigma de ese
subjetivismo obstinado que pretende arri­
bar a lo real por el atajo de la magia pue­
de ser Schrimpf, aquel pintor que cons-

¿Por qué río pueden circular libremente los libros
argentinos en los paises de habla castellana?
iPor qué deben estar alerta los libreros y edi­
tores argentinos?
iPor qué hay anarquía de precios en Chile?
¿Por qué el juicio sobre la obscenidad de la obra
“Lady Chatterley”?
Los éxitos de librería. — Las novelas en el cine. — Reseñas biblio­
gráficas. — Registro de todo libro aparecido últimamente. — In­
formaciones de todo lo relacionado con el libro panamericano
EN EL NUMERO 23 DE

PAPEL - LIBRO - REVISTA
Editor: Tomás M. F. Barna
MAiPU 441

BUENOS AIRES

U. T. 32-1311

i

�Pdg. 6

C O NTRAP U N TO

truía sus paisajes dentro del estudio, sin
esbozarlos nunca previamente ante la na­
turaleza, erigiéndose él mismo en el arqui­
tecto de su personal naturaleza. Como
oposición a una existencia recargada de
trivialidad consiguieron los cubistas ese
descubrimiento de las preformas primor­
diales que de súbito pareció transportarlos
más allá de la materia concreta de los
objetos. Advierten, en efecto, que el nue­
vo contenido emocional del mundo ya no
puede ser adecuadamente alojado en las
viejas formas de la expresión; pero en
lugar de insertarse plenamente en el mun­
do con una lúcida conciencia adivinatoria
de sus leyes, prefieren adoptar un aire de
fuga que los repliega en la subjetividad
extremosa primero, en el delirio irracional
del superrealismo más tarde. Siempre es
un término de enfrentamientos poláricos
que no consiguen conciliarse: un objeti­
vismo cerrado por un lado, un subjetivis­
mo orgulloso por el otro.
El realismo dinámico aspira a colocarse
entre ambos extremos para fundirlas en
una flamante categoría estética que a am­
bos los hereda y los conjuga. Si el proceso
del conocer es un juego de acciones y reac­
ciones reciprocas entre )a realidad y la
conciencia, este realismo dinámico no
imagina que construye in se los objetos,
pero tampoco se resigna a rescatarlos con
la pasividad receptiva de un espejo. Su
ideal estético consiste en la traducción
de la realidad a través del temperamento,
porque el hombre, en última instancia,
vuelve a señalarse como medida y finali­
dad de las cosas.
Pero este hombre no es, a pesar de todo,
el ente absoluto que imaginaban los se­
cuaces del subjetivismo. El hombre es un
hombre real, sumido en las querellas de
su tiempo, modificado en sus adentros
por las relaciones sociales, constreñido a
plasmar su conciencia individual en con­
junción u oposición con el orden vigente;
aunque al final quede inserto en esa rea­
lidad que procurará conservar o modificar
de acuerdo con sus ímpetus o sus intere­
ses. Ese hombre de carne y hueso es el
que parte a la conquista artística del m un­
do material, exterior y anterior a él. Pero
ese hombre, convertido en artista, si ya
no es el demiurgo de los objetos que pre­
tendían los abstractos, tampoco es el re­
gistrador de los objetos que suponían los
naturalistas. Deja de ser ambas cosas
opuestamente para ser ambas cosas simul­
táneamente. Elevado a la conciencia de sus
fines como artista y como hombre, es aho­
ra un "transformador” de energía, por
que su realismo — según la exactísima de­
finición de Aragón— deja de estar domi­
nado por la naturaleza al apropiarse de
las realidades sociales que procuran mo­

dificar a la propia naturaleza.
El ideal estético del realismo dinámico
consiste, entonces, en la traducción de la
realidad a través de un temperamento,
aunque este temperamento aparezca deter­
minado y condicionado por las circuns­
tancias que acabo de indicar. Sí, esa con­
ciencia social — solidaria— de los fines es
fundamental en la doctrina del realismo
dinámico. Pero el artista irrumpe además
con su propia tonalidad psicológica, por­
que la creación artística es, en definitiva,
un misterioso proceso de conclusión indi­
vidual. La interpenetración constante de
lo individual y lo colectivo es atributo de
este realismo dinámico a! que ya pode­
mos descubrirle otro apellido. Porque no
es ni menguadamente objetivo ni engreídamente subjetivo, yo propondría que,
además de dinámico lo llamáramos suprasubjetivo. (Y me parece, dicho sea de pa­
sada, que esta calificación adquiere algún
valor conceptual suceptible de aclarar ese
debate inacabable sobre el hermetismo y
la transparencia del lenguaje. Si el realis­
mo consiste en la traducción de la reali­
dad a través del temperamento, aquellas
categorías expresivas pierden también su
rigidez dogmática para someterse al des­
pliegue de las psicologías individuales. Lo
que interesa es que el artista ascienda a la
conciencia del objeto, y cuando ha llegado
a esa conciencia bien puede dejársele la
libertad de sus medios expresivos, que se­
rán cerrados o traslúcidos según sea su
nota psicológica individual, a menos que
incurriese en una repugnante traición con­
sigo mismo, anticipo de una segura trai­
ción hacia sus prójimos. . . ).
V. — L a

c r e a c ió n artística

Si toda creación artística equivale a
transformar las realidades sustanciales o
formales en materia de representación, el
modo de representación realista de ningu­
na manera puede circunscribirse en la
aburrida mezquindad de la copia.
El arte es una manera de conocimien­
to; pero, a diferencia del conocer median­
te leyes universales que es privativo de la
ciencia, aquí se trata de un conocer de lo
singular, aunque esta singularidad no sig­
nifique necesariamente la proclamación
abusiva del individuo. Semejante conocer
de lo singular sólo obtiene validez cuan­
do desnuda el cogollo de la realidad. La
copia, — el "documento” de los viejos
naturalistas inmovilizados— apenas si po­
día enfrentarnos con la apariencia de lo
real. El realismo dinámico desdeña, en
cambio, esa figuración externa que con
frecuencia enajena la realidad verdadera;
o, para decirlo más expresamente, sólo
considera dicha apariencia en las relacio­
nes con las causas internas que la gene­

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Editorial Poseidón
PERU

973

B UE NO S

AIRES

ran. Por lo mismo que el conocer no es
un reflejo exacto y continuo del ser, el
realismo dinámico presupone simultánea­
mente una sujeción y una liberación del
pensamiento con respecto a las cosas. El
ser determina el pensar, pero este pensar
no es una ciega operación suicida que se
anula a sí misma en el momento de ejer­
citarse. Desde que se enfrenta con las co­
sas que lo provocan el pensamiento se yer­
gue, por el contrario, a una dignidad que
jamás pudo reconocerle determinismo al­
guno. Naciendo de las cosas el pensamien­
to se apodera de las cosas y sobre ellas
impone su señorío magnífico.
Pero el realismo artístico no opera en
cosas constantemente manuables, ni cons­
tantemente visibles, ni constantemente
presentes. En contraposición al viejo natu­
ralismo, este realismo introduce entre las
agujas de su sangre la capacidad de so­
ñar, esa visión imaginada y entera de la
realidad que intenta dominar en su mate­
ria rebelde y escurridiza. Y la capacidad
de soñar realmente — de soñar en /as co­
sas y entre las cosas— presume en el rea­
lismo dinámico una invención de lo con­
creto que se equipara a la reproducción de
lo concreto. Lo concreto puede reprodu­
cirse; mas lo concreto puede también in­
ventarse artísticamente como una anti­
cipación de lo posible entre las mallas
ceñidas de lo real. En un ensayo sagaz
Max Raphael asegura que las obras de
arte pueden "contener más de lo que
su época les ofrece concretamente, en
la medida en que reproducen material y
formalmente colectivizaciones pertene­
cientes al pasado o imaginarias” . En el
rubro de las "colectivizaciones imagina­
rias”, ¿no está encerrada esa previsión
del futuro que el realismo dinámico sus­
trae del presente mediante la proyección
de su conciencia dialéctica? ¿Y no se
saca de ello que en la doctrina del nuevo
realismo el arte no es sólo una reproduc­
ción sino también una revelación, donde
las formas lúcidas del conocimiento re­
ciben muchas veces el impulso y el an­
ticipo de cierta intuición germinadora?
Esta intuición reveladora — que es co­
mo una luz repentina en la dura que­
rella de las formas y los temas — con­
júgase con aquella abstracción de la rea­
lidad esencial, sin cuyo virtual ejercicio
la realidad se nos desvanecería o se nos
desfiguraría bajo la inacabable m ultitud
de los fenómenos. ¿Cómo podríamos co­
nocer la realidad verdadera si no fuéra­
mos capaces de abstraer, por un acto de
conciencia reflexiva, su esencia primor­
dial y definidora?
A esta altura comienza a alumbrárse­
nos el proceso de la creación artística
según los criterios del realismo dinámico
y suprasubjetivo. El artista encuentra su
materia en el mundo de los objetos, ex­
terior a él. El mundo de los objetos se
desenvuelve mediante relaciones sociales
que el artista padece como objeto, pero
que también procura modificar en su
condición altiva de sujeto. Ese movi­
miento incesante entre la acción de las
cosas y la reacción de su conciencia le
proporciona una m ultitud de apariencias
tras las cuales precisa descubrir necesa­
riamente la realidad esencial. Entonces
recurre a la abstracción, a la separación
de lo accesorio por un acto deliberado
de voluntad reflexiva. Pero la abstrac­
ción, aunque le dibuje la realidad pri­
mordial, todavía no es obra de arte, sino
conocimiento. Dicho conocimiento de lo
real recién será obra de arte realista cuan­
do se transforme en sustancia sensible,
es decir, cuando aquella realidad se tra­
duzca a través del temperamento del
artista. Influido o modificado cuanto se
quiera por el entorno social o por las
apetencias ideológicas, ese temperamento
individual al fin y al cabo está obliga­
do a proporcionar la nota de su psicolo­
gía personal en el vasto tum ulto de vo­
ces que pueblan el universo. Recién en­
tonces, en medio de semejante juego de
acciones y reacciones recíprocas, el co­
nocimiento se convierte en obra de arte:
recién cuando aparece la capacidad de
soñar, que es algo así como la previsión
del futuro en el presente, que es algo así
como la reconquista del presente en el
pasado.
No necesito resguardarme avisando
que lo que acabo de resumir es un es­
quema puramente lógico. Bien saben us­
tedes que en la vida real la emoción es­
tética puede anticiparse al conocimiento.
El nuevo realismo, sin embargo, prefiere

Dama porteña de 1840
Litografía de D ’Hastrel. (Del álbum de don Alejo B. González Garaño.)

que el artista tenga conciencia de sus me­
dios expresivos en vez de librarse al fu ­
ror espontáneo de la inspiración. Si no
temiera incurrir en pecado de bergsonis-,
mo diría que los "datos inmediatos” de
la sensibilidad no bastan al artista según
la doctrina del nuevo realismo. Tales
"datos” habrán de enfrentarlo con la zo­
na del mundo real que más se conjugue
con su personal temperamento. Una vez
realizada dicha operación previa — que
podríamos llamar de elección del ángulo
de enfoque — , al artista le es menester
alguna razón adíaradora para setbreponerse a los objetos en lugar de dejarse
acogotar por ellos. En la entraña del
nuevo realismo — creo haberlo demos­
trado — yace un sistema coherente de
razones aclaradoras. Porque en lugar de
enceguecerse en lo real aparente se ade­
lanta con audacia creadora hacia lo real
posible, apenas si tiene de común con los
anteriores "realismos” la tendencia a con­
siderar el mundo de los objetos como uni­
versalmente válido y fundamental.
Opuesto al arte abstracto por lo que
éste implica de deshumanización y de
evasión, el realismo, sin embargo, con­
vierte a la abstracción en su método pri­
mordial para el abordaje de la realidad.
Ello equivale a adjudicar a la concien­
cia una función peculiarísima y por ins­
tantes dramática. El realismo moderno
desecha la vana desesperación infecunda
de la conciencia ensimismada. En su re­
emplazo postula una conciencia a la vez
retrospectiva y anticipadora, en el sen­
tido de que los repliegues hacia el pre­
térito le iluminan y le amplían el do­
minio de sus condiciones originarias.
Más que formular una teoría de la con­
ciencia en sí, el realismo vuelve a colo­
car sobre su base la especulación acerca
de las condiciones objetivas de la con­
ciencia. Inmergida en el mundo, abierta
a la naturaleza y a las circunstancias de
la vida social, la conciencia es, según la
hermosa alegoría de Hegel, como el buho
de Minerva que sale a la caída de la
tarde. La conciencia emprende su vuelo
triunfal en la madurez del ser. Pero la
conciencia, subordinada al ser del hom­
bre, no es sólo una conciencia del hacer
precediendo y justificando la virtual
conciencia del ser. Por eso la conciencia
es a un tiempo retrospectiva y anticipa­
dora. Al emanciparse de la ilusión idea­
lista que la fingía creadora de sí misma,
la conciencia deviene realmente creado­
ra. N o es una conciencia cósmica y despersanalizada, sino una conciencia entra­
ñablemente personal y humana, hundi­
da en las cosas, que alumbra las impli­
cancias individuales y sociales entre el
pensar y la praxis.

VI. — A c c ió n r e c ípr o c a
El carácter humano y personal de la
conciencia obliga a aludir también a sus
fundamentos psicológicos, nota impres­
cindible en el artista, según quedó se­
ñalado.
El realismo moderno — necesito rei­
terarlo— de ninguna manera significa
la anulación de la persona, como suele
asegurarse sin demasiada meditación.
Acaso porque quienes más lo han dadado - an su difusión donrecta son los
vulgares cultores que lo deforman y es­
carnecen a pretexto de defender una tras­
cendencia meramelnte social. Esos pre­
suntos defensores adoptan un método de
investigación y de representación con­
tradictorio con la doctrina que prego­
nan. Pugnan por forzarse una realidad
que a priori sirva a su "voluntad de pro­
bar” y caen así en aquella actitud idea­
lista que sólo descubre en la historia una
confirmación de las ideas presupuestas.
Los críticos denominan "m étodo exter­
no” (o de la proclamación del indivi­
duo) a éste por el cual se indaga en la
realidad exterior un simple reflejo de los
propios pensamientos, y suelen oponerle
lo que llaman "método interno” (o de
la omisión del individuo), en el cual el
sujeto, anulado por un acto voluntario
a fin de introducirse en la realidad que
se le enfrenta, olvida la existencia viva
de la realidad para averiguarla única­
mente en la historia del pensamiento.
Caducos y falaces por su unilateralidad,
ambos métodos los conjuga el nuevo rea­
lismo en una síntesis de raigambre in­
terno-externa que m omite al sujeto pen­
sante ni lo proclama tampoco por en­
cima de toda otra relación. De ahí que
la relación recíproca entre la realidad y
la conciencia equivalga a penetrar aque­
lla realidad mediante una crítica hacia
adentro, adecuando esta conciencia me­
diante una crítica hacia afuera. La con­
junción de ambos extremos, que parecian
rechazarse en la lógica tradicional, es el
único método para traducir ese fenóme­
no del mundo en su infinita movilidad,
incesantemente rítm ica e incesantemen­
te plástica.
Pero el artista no es tan sólo una con­
ciencia reflexiva, sino una conciencia
emocional, obligado a responder como
individuo a pesar de los afanes que pue­
dan preocuparle como miembro de una
colectividad. La respuesta personal no
significa un arte huidizo o neutral. Por
el mismo repudio de la objetividad como
sistema el nuevo realismo incorpora cons­
cientemente una voluntad de tendencia.
Si esta tendencia responde a los fines ge­
nerales de la obra de arte, de ninguna
manera puede reclamar la uniformidad
(Con tin úa en la pág. 15)

�"

------- —_—
íz z

Pdg • 7

CONTRAPUNTO
ERDONAME, hermano Marcelo,
P
por no haberte comprendido. Y
permití que, en el recuerdo, a tra ­

PERDONAME, HERMANO...

vés de la lejanía absoluta de la muer­
SALVADOR
IRIGOYEN
te, te ciña con mi abrazo' cordial y,
suavemente, para no ajar demasia­ como habíjamos oído aconsejar a aunque vengan degollando. ..
quitó muy luego su última chance
do tu perfecta hombrera, te estre­ nuestras madres, más allá de donde
En tu entierro tus amigos, con sentimental. A qué buscarle vuel­
che contra mi pecho.
nos daban las cobijas, cortonas a derecho propio, legítimamente ad­ tas. Era sólo el cosquilleo' sobre la
Perdóname hermano. . .
m enudo... Nos resultaba, entonces, quirido, nos alternamos en la con­ matadura, me dije.
Cuando mi par de pesos ése, do- cuando nos podíamos a darle vueltas ducción de tu ataúd. Por un mo­
Hasta que, perdóname hermano,
bladito y trenzado, disimulándose en el pensamiento, como un sombre­ mento un asa del mismo quedó libre. yo también sentí la topada, fuerte
entre sus propios pliegues, a cada ro entre las manos, sin perchero cer­ Y entonces del ralo acompañamiento y sorda, de la corriente. Y el cuer­
bolsiqueada ávida, se desdoblaba ca, jorobadora y chocante tu condi­ avanzó un hombrecillo con la cal­ po, con el alma, hermano, yéndoen el peso tuyo. Cuando surgiendo ción de deudor permanente y tu emvicie mal disimulada entre los úl­ seme entre los remolinos...
Te voy a contar, aunque vo's ya
timos mechones. . . Y a todos se
■de los últimos recodos del mes me pilchamiento a lo grande.
lo
sabés de sobra...
nos
ocurrió
lo
mismo.
Es
su
sastre,
arrimabas tu parco “ pechazo” ha­
'A todos nos gustaría cambiar,
nos dijimos.. . Y nos hicimos res­
Fué aquella tarde en que la ad­
bitual. Y te veía atildado como siem­ dos por tres, pilchas nuevas. Pero,
versidad, el destino, o Dios, si an­
pre, con tu impecable y albo cuello no era sólo cuestión de gustos, si petuosamente a un lado. ..
Pero, hermano, ya es hora que da en esto, me entró fiero en el
almidonado, con tu corbata de per­ no de poder dárselos, pensábamos...
fecto nudo y de variado tono, con
Había en nosotros cierta relación vayamos a lo nuestro, a lo de entre alma, a lo hondo, demorándoseme
un instante, que me pareció un ra­
tu camisa sin una hilacha en los puritana, de que parecíamos celo­ vos y yo ..
to largo, con saña, como si me re­
Recuerdo
que
una
vez,
cómo
pa­
puños, ni esas vergonzantes hendi­ sos, entre nuestro exterior y los me­
duras a los costados del cuello, por dios y recursos de que disponía­ ra descargar mi conciencia de hom- volviera el cuchillo en las entrañas,
las clavículas, que parecen incisio­ mos. Ya lo dice la palabra criolla brte que ha hablado d¡e atrás, que para vaciármelas enteras, de cuajo...
No atiné ni a manotearme la
nes de la pobreza, requebrajaduras en consulta estricta al tirador: no es del todo criollo; ni de hom­
por donde se filtra al exterior y se Nuestros “ posibles” . . . N a d a de bre de ley, y para convencerme herida, cuyos bordes, de juro, no
evidencia al menor descuido. Y que fantasías que los desvirtuara. Y a mí mismo de que era capaz de creí alcanzar nunca por lo infini­
es frecuente descubrir en las nues­ menos elegantes y exagerábamos un repetirlo, frente a frente, si cua­ t o .. . De banda a banda...
draba, te fui resbalando lo que pen­
Y salí de aquella casa, tambalean­
tras. Cuando te veía con tu traje poco a nuestras costas.
Era así que comentábamos a ve­ sábamos respecto a tu inclinación do, nada más que para no morir­
siempre planchado y pulcro, a menu­
do nuevo, y gravitando con tus exac­ ces tu posibilidad de cubrir muy
ciones sobre nuestros modestos pre­ bien los sempiternos “ déficits”
supuestos mensuales, entonces, en­ mensuales de que te venías resin­
tonces, en más de una ocasión, per­ tiendo hace tiempo, disminuyendo
dóname hermano, te creía un sin­ la abultada partida que destinabas
a tu guardarropa. Como, sin ir más
vergüenza . . .
Como lo oís, si es que me escu- lejos, lo hacíamos nosotros.
Sabíamos, aunque en los detalles
ehás todavía. ..
No me negaba a tu “ pechazo” de tu vida particular eras reser­
nunca, teniendo, se entiende. Y a vado, que tenías y luchabas en tu
veces pedía a mi vez para satisfa­ casa con estrecheces y enfermeda­
des de los tuyos, sobre los que ve­
cerlo, no fuera |q’ue salieras cre­
yendo que mi negativa tenía otro' labas afectivamente. Y de los que
fundamento que el supremo de an­ te hacías cargo, como' corresponde
dar completamente “ cortado” . Es a todo hombre de honor.
Pero eso mismo fundaría más la
una susceptibilidad de amigo de la
;que he’ sido siempre celoso. Ade­ parquedad y modestia en tu tren de
más, lo he sentido en mí mismo: elegante.
Y nuestra prevención a tu respec­
cuando se pide entre amigos y falla
por cualquier razón la “ manga” se to.
En la oficina o en el café, en rue­
abre un vacío', difícil después de
llenar. Se siente la “ fallada” en sí da de amigos, te solíamos “ entrar”
mismo, como una vergüenza íntima, co’n alguna que otra crítica, hecha
independiente del hecho material siempre a base de la contraproposi­
de la negativa. Es como si confiára­ ción entre vos y nosotros de con­
mos nuestra necesidad y no hubié­ ceptos y actitudes.
ramos sido dignos de que se nos la
—A mi, decía Zoilo Castro, se me
tuviera en cuenta, o se negara ofen­ forman rodilleras, sólo el pensar en
sivamente su autenticidad. Entonces algún “ pucho” que a fin de mes
la empezamos a sentir humillante y tengo que dejar para más luego'...
rencorosamente. Y como si queda­
—Yo, agregaba Barrientos, y creo
ra ella descubierta y al desampa­ no interpretarás esto como una vul­
ro, a la intemperie.
gar alcachofería, que te hablo a
Eso en general y tratándose, se vos y me hablo a mí y al fin de
sobreentiende, de g e n t e suscepti­ cuentas no era más que un resuello,
ble. Particularmente, e£ tu caso, por la herida, que se daban los po­
me intimidaba un poco, te lo confie­ bres. Yo, decía el negro Barrientos,
so, el tono grave, casi litúrgico, con me descompongo, por mis hijos, cuan­
que me formulabas tu pedido. Con do se me acerca el vencimiento del
que lo formulabas a todo.s nosotros, Banco, y no tengo redondeado el im­
tus compañeros, tus amigos. Des­ porte.
—Mis trajes, suspiraba Funes,
pués te debía alguna que otra gau­
chada, para la que tenías siempre tienen más campañas que militar
de trajear de punta en blanco. Creí me en ella... Yo mismo parecía
pedigüeño. ..
como en una pialada, el lazo listo.
acaso que te hacía un bien... Al que me iba sacando, despacito, no
Y yo que tampoco te perdonaba final me recosté feo y lo' atribuí a sea que me quedara ahí no m ás...
Como si quisieras, se me ocurre,
sin ser por eso mal pensado, crear­ mi salmodia hermano, hacía notar
gente que siempre encuentra donde con el resuello cortado para siem­
pre. No hubiera sido de hombre.
te con ello cierto derecho ante nos­ que los míos se me iban azogando afilar la lengua...
de tanto cepillo y estirada de plan­
En el vestíbulo, como hacen los
otros.
Me
miraste
hondo
y
estiraste
tus
Aunque ya la amistad, hermano, cha, a pesar de humeceder el trapo cejas, como para alerarte, en som­ comedidos con el sombrero del ac­
hasta echar humo, y de tanto aga­ bra la mirada profunda. Pareciste cidentado, tomé el mío de la percha
lo fundaba de sobra.
fué entonces que me pareció re­
Después, que devolvías tus “ man­ rrar en tranvía para las afueras...
que ibas a “ picar” en una confi­ Y
pagar,
por extraña imposición lú­
Nos
conversábamos
luego,
medio
gas” tarde o temprano, pero las de­
dencia. Pero te contuviste, al fin,
volvías. No tenías esa desesperan­ bajito.- ¿Lo viste ayer, cuando nos como de un suave tirón de riendas. cida, que tenía el ala gacha, pro­
te impasibilidad de fin de mes de arrimó la solicitud para que se la
Pensaste que no te entendería. nunciada, y las hendiduras laterales
la copa, marcadamente acentua­
algunos de los nuestros. Desmemo­ garantizáramos?... Venía acari­ Que corrías un riesgo inútil. Ahora de
das también.
ciándole
el
ala
a
un
“
verde
olivo”
riados para las deudas por donde
comprendo que te reservabas para
Mejor dicho, todo eso lo recons­
los busquen. Hasta el grado, a ve­ flam ante...
cuando la ocasión fuera más apa­
truí después, pero' lo sentí, cabal­
Podía amainar, caray ... En una rente . . .
ces, de hacer dudar a uno mismo de
mente, en el momento mismo y por
la propia condición de acreedor, o de éstas se nos desmorona por el la­
Quedaron, empero, una palabras, eso pude pensarlo más luego. Al
do
del
guardarropa...
Y
nos
deja
al menos de los derechos de tal, so­
jironadas, contenidas. ..
colocarme el sombrero, eso sí, mis
bre aquellos seres de rostro abstraído enterrados entre los escombros...
—En esto — me dijiste pegán­ dedos se hundieron en los costados
Aunque
como
cumplir,
cumplías,
y remoto, como en la luna, de todo
hendidos de la copa y los demoré
no había nada que decir. Claro que dome un rápido vistazo — h a g o
menudo cotidianismo.
p ié ... Y me voy salvando de la co­ entonces en las blandas cavidades,
teníamos
que
duartearte
vuelta
a
Cuando tu deuda no estaba can­
rrentada. No por mí, que lo mío se con rara voluptuosidad, lo que me
celada y formulabas un nuevo pe­ vuelta...
lo'
llevaron lejos... de remolino en impuso, en su retardo buscado, el
—Para eso están los amigos.. .
dido, hacías con un tono desperso­
remolino...
Y lo que queda se lo ademán de colocármelo con morosa
nalizado, pero firme, su enunciado dirás v o s... Es que sabés, herma­ tiraría a los perros.. No por mí prolijidad.
no, quien más, quien menos, tenía —insististe— sino por los que de mí
por acumulación deudora.
En seguida sentí su ala sombreán­
—Si contás con cinco, se hacen su escaldadura todavía chirriante. ■est án prendidos todavía. .. Por dome la mirada.
Y ya, hombrear un amigo nos pare­ ellos que tienen en la vida su pa­
diez...
Todo esto en segundo término
cía un lujo que andábamos siempre
Pero, hermano, andabas siempre con ganas de economizar... A fal­ rada a mi c arta... con derecho sin como formando el fondo, o el acom­
duda... Yo los arrastraría a todos.
de la cuarta al pértigo. Además nin­
pañamiento de mi entripado.
Al principio tus palabras me im­
Al llegar a la calle siempre con­
guno de nosotros a los que recu­ ta de otra cosa...
Bueno, hermano, tu muerte nos presionaron. Y las anduve c o mo migo a cuestas, pensé. ¿Dónde tiro
rrías, teníamos tu percha, ni actua­
esto ahora? ¿Dónde doy con el fi­
lizábamos con el rigor tuyo nues­ libró después de todas estas cavila­ queriendo colocar una con o tra ...
tra vestimenta. Y pobretes, defen­ ciones . .. Cavilaciones de pobres para concretar y hallar así su sig­ nado?
Doblé, entonces, como ante un
diéndonos panza arriba de nuestros que no se resignan, así como así, nificado. .. lo mismo que los acer­
compromisos, nos privábamos de a abatir este airón tan criollo de la tijos o rompecabezas. Pero me can­ leve llamado amigo, ligeramente la
muchos gustos para no' estirarnos, amistad, cueste ella lo que cueste y sé pronto y tu primer pechazo les cabeza. Y me vi proyectado en una
J

vidriera que se iluminaba.
Tuve que reconocerme. Y recor­
dé en seguida que andaba de traje
nuevo, casi de estreno.
Y vi que el sombrero con su ala
caída, inclinado' sobre la sien dere­
cha, me daba un aspecto de ele­
gante despreocupación. Cierta in­
solencia retadora parecía campear
en aquella persona, bien trajeada
con sil sombrero sentador, con sus
zapatos relucientes de fina punte­
ra. Y con la comba del pecho como
dispuesta a estirarse, elástica, has­
ta donde fuera necesario'.. . No era
el hombre que yo entrevi un mo­
mento en la iluminada vidriera,
por poco que respondiera a su pin­
ta, de correrlo con el poncho ni de
ceder al primer cimbronazo, por
fuerte que fuera.
Esa fué al menos mi impresión.
Y aferrado a ella, hermano, fui ti­
rando, me fui sobreviviendo desde
aquella tarde.
Como sentía aún remolinear la
corriente a mi alrededor, despecha­
da, pues ya se le había hecho cier­
to, agarré despacito para el café.
Y, como te había visto a vos tantas
veces, me senté en una mesa, alzán­
dome con cuidado de un tironcito
los leones y estiré los brazos como
para darle juego a las mangas del
saco. Y revolví mi pocilio, sorbí mi
vaso, sin apuro poco a poco’. A mi
alrededor, en tanto, como en un
acantilado, se iba mochando la co­
rriente bravia.
Y yo, dentro de mi terno flaman­
te, iba sintiendo una rigidez libe­
radora, un perderme en la nada, un
irme por el horizonte azulado de
las afueras. ..
Al volver a casa amaneciendo, y
al desvestirme, mientras iba colo­
cando la ropa, sobre una silla al
pie de la cama, con pausa ritual,
acentuada ésta en el doblez prolijo
de los j|antalo|nes, entonces sentí,
hermano Marcelo, que con un traje
deshilacliado en las botamangas, con
los codos y el cuello raídos, abom­
bados y con rodilleras en los pan­
talones, hubiera llegado esa noche
hasta allí, hasta mi casa y mi cama,
Al menos por mis propios medios.
Hasta allí, con los míos, que me
necesitan todavía, como' al pan y al
agua. . . Gracias a aquella circuns­
tancia, fortuita dei empilehado...
Pero sobre todo gracias a vos, her­
mano Marcelo. Porque vos fuiste, no
lo negués, el que con tus descarna­
dos dedos de difunto acentuaste
las hendiduras de mi sombrero, ba­
jaste su ala y me inspiraste luego
su inclinación y acomodo sobre la
sien derecha, hasta cubrirla. Sobre
la sien derecha, por donde precisa­
mente, se hace saltar la cerradura
de la otra vida, a caño de revólver,
cuando en ésta nos tienen por de­
más apurados...
Y hasta no sé, pero’ en una de
esas, me diste algún tironcito de la
corbata para acomodármela...
Yr luego guiaste mis pasos hacia
el café, como si lo estuviera viendo.
Y en ese largo momento en que me
fui como adormeciendo al golpeteo
de la corriente alrededor de mi me­
sa, fuiste vos que con tu magia de
finado amigo me llenaste de subs­
tancias balsámicas el gran boquete
por donde se me había ido el alma,
y me lo cosiste en un santiamén. Y
velás siempre, lo siento hermano,
sobre mi embalsamamiento de elegan­
te, en el que sobrevino desde aque­
lla tarde en que estuve a un tranco
de pollo, del renuncio definitivo, del
fogonazo sobre la sien. 'Como no vas
a hacerlo, si es tu o b ra...
Perdón hermano Marcelo, por no
haberte comprendicfo. Y gtracias
también hermano, por esta mano
que me estás dando, desde tu más
allá de amigo, y de criollo de ley.
Yo te la he de estrechar personal­
mente. pero será cuando Dios
ra. . . Esto es un decir y un po'n
nombre a lo desconocido. Costum
bre cristiana del apelativo. Hasta
que me llegue mi hora, hermano
Marcelo, he aprendido' tu lección.
La esperaré amortajado en mi ele­
gancia impecable.
Aunque como vos, me imponga
las cuatro palabras y el gesto li­
túrgico del “ pechazo” a un amigo.
Que si cuadra como lo has hecho
vo's, devolveré doblado...

/

�consideración del teatro nacional
en bloque destaca el reconocimien­
to de que su evolución se ha ido operan­
do a saltos. Por lo general siempre ha
sido el actor el punto central en el que
han confluido determinados autores, dán­
dose origen magro a una dramática re­
nacida inesperadamente. Y me remito
ai ejemplo de Orfilia Rico, dando origen
a un teatro costumbrista distinto de
aquel cuyo punto de partida habría que
buscar en Roberto Casaux, o en Camila
Quiroga.
Cada comediante surgido se convertía
en eje de una dramática que prescindía
en seguida, fundamentalmente, de las
dramáticas nacidas a raíz del surgimien­
to de anteriores — o contemporáneos —
comediantes.
Resulta un hecho comprobable que en
nuestro teatro los autores no nacieron de
'autores. No fué Laferrere quien prohi­
jó el advenimiento de aquellos que retra­
taron la realidad cuotidiana a la manera
de Orfilia Rico. Evidentemente, la prohijadora fué Orfilia Rico. Y lo mismo
ocurrió con Casaux más tarde, y luego
con casi todos los demás.
El autor de teatro nacional no tuvo
"maestros” para su técnica. Los tuvo,
sí, abundantemente, para su espíritu.
Ahora, también es cierto que los grados
del "espíritu” son infinitos y caben en
ellos muchas cosas lamentables.
Lo necesario, lo imprescindible, era
que tuviese una técnica que imitar y
que llevar adelante. Lo demás, que he­
mos llamado bastamente espíritu, no era
el actor el destinado a dárselo, sino sus
contemporáneos. Pero el iegador de téc­
nicas es únicamente aquel productor re­
conocido como maestro. Y los maestros
siempre han sido negados en nuestro me­
dio. N o porque no existieran, ya que
cada cual es maestro en la medida en que
supera la labor cuotidiana de los demás,
sino porque no funcionaba a su alrede­
dor un ambiente culto capaz de reali­
zar el descubrimiento de ese aporte téc­
nico que poseía en potencia y que era
necesario indagar, sacar a relucir, para
obtener de este modo una medida de su
valor.
Encontramos pues que no tuvo esa
estirpe de maestros el teatro nacional por­
que no hubo una crítica capaz de jus­
tificar su cometido indagando, exponien­
do los resortes no secretos, pero si ocul­
tos, con que cada labor tomada en con­
junto se iba equilibrando.
a

L

Resulta hasta cierto punto monstruo­
so que Laferrere no haya tenido segui­
dores; que no los haya tenido Florencio
Sánchez, Ernesto Herrera, Payró. Como
también será monstruoso que no los ten­
ga mañana — ya mismo— Samuel Eichelbaum, por ejemplo.
No es posible que exista una dramá­
tica particular, orgánica, sin que sea ella
misma una cadena en la cual tal eslabón
esté enlazado con el precedente y unido
como por un cordón umbilical al que
lo sigue.
Esa labor critica — puesto que el fe­
nómeno señalado se repite en otros ór­
denes literarios — es la que ha compren­
dido y emprendido la nueva generación,
este grupo de hombres que manotean en
el presente sin asidero ninguno en el pa­
sado, en un desesperado esfuerzo creador
de un linaje cuya autenticidad no pueda
ser puesta en duda.
A esta especie de hombres que mano­
tean en el vacío perteneció a su hora
Francisco Defilippis Novoa, que se ha­
bía acercado al teatro con las armas co­
munes, haciéndose eco durante la pri­
mera mitad de su carrera, de aquel es­
píritu — que no tiene por qué dejar de
ser lamentable a veces — que insuflaba
el actor en el escritor que merodeaba
su órbita. Defilippis arrimó a ese círcu­
lo todo un bagaje de obras que repudió
más tarde en un esfuerzo sobrehumano,
para plasmar sus creaciones en moldes
independientes, los cuales, hallados o no,
le dieron categoría futura. Es precisa­
mente por ese desasimiento, por ese acto
de fundamental rebeldía, que su inme­
diata posteridad intenta exaltarlo ahora.
Su gesto lo convirtió, en aquel momen­
to, en hombre representativo de una in­
quietud y de un fervor.
Defilippis nació al teatro en un am­
biente corrompido No obstante supo ser
fiel a su vocación y le dio lo más cabal
de sí mismo, tanto en la corriente sub­
terránea de las emociones y de las idea­
ciones como en el molde en que aqué­
llas y éstas eran volcadas. Durante largos

años probó su capacidad en comedias
normales, exactamente burguesas, hasta
qúe resolvió un día evadir la forma co­
mún a un teatro secular. Fué cuando
avanzó tímidamente un paso adelante,
realizando los tres actos sugestivos de
Los caminos del mundo.
Pero había agotado antes todos los
recursos de lo inamovible. Era por sí
mismo un neorealista (de aquellos que no
podían prescindir de la psicología y an­
siaban llegar por ella a la verdad y, de
la verdad, a un sistema moralizador).
Véase como se resolvía su técnica en
tiempos pretéritos: los de su pieza de
iniciación El Diputado por m i Pueblo.
El vuelo es a ras de tierra. La inspira­
ción resulta menoscabada por un super­
ficialísimo prurito de sátira localista. Su
primer objetivo era retratar, y al retra­
tar se complacía en "psicologizar”, en
moralizar. Abusaba de la triple fórm u­
la común entonces a los mejores repre­
sentantes de aquel arte influenciado por
el comediante que no podía sospechar
otra cosa: realidad, psicología, ética. T ri­
ple fórmula que se resumía en una sola
resultante la más de las^veces: costum­
brismo.
Costumbrismo político en este caso
particular de El Diputado por m i Pue­
blo, observado en un doble aspecto mo­
ral y sentimental. Defilippis Novoa es
todavía — o empieza a ser— el hombre
de capital provinciana que aun no ha
sentido el verdadero impulso universa­
lista que lo aguardaba en el primer re­
codo de su sendero.
La escena final — o prefinal — de
su obra primigenia sirve de ejemplo ca­
bal. Hablan Mauricio y su adversario
político, Sepúlveda. Obsérvese como a
través de los tres ingredientes señalados
se llega aquí a la resultante (la escena
transcripta es también una resultante de
lo que el autor expone a lo largo de sus
tres actos) prevista.
Se pú l v e d a . — La extracción de la bala se hizo

anoche, cuando Ud. resolvió venirse. El médico llegará en el tren de la una. Le pre­
vengo que ha sido una imprudencia traerle...
Pero felizmente salimos bien de la aventura.
M a u r ic io . — Usted lo ha dicho: me devuelve al
hijo con el castigo que no merecía él sino yo,
por mi ambición.
Se pú l v e d a . — Yo no he querido decir eso.
M a u c ic io . —&lt;Pero lo digo yo, porque es la ver­
dad. He necesitado un golpe tan atroz, para
abrir los ojos. Yo herí a mi hijo. No im­
porta que otro disparara el revólver.
Se pú l v e d a . — No diga eso, don Mauricio. UV
ted ha hecho lo que pudo en bien de su hijo.
M a u r ic io . — Eso creía yo, pero vea el resul­
tado. No sé explicarme bien, pero ahora

DEFILIPPIS
por

creo que los padres debemos hacer bien a los
hijos ayudándolos a triunfar en las empresas
que ellos, por sí solos, acometen; no torcién­
doles el camino; pero siempre queremos nos­
otros, los padres, que los hijos sean lo que
nosotros deseamos que sean, no lo que ellos
quieren ser.
S e pú l v e d a . — Y ahora ¿qué hará usted de
Miguel?
M a u r ic io . — Su voluntad.

Se constata en seguida la indagación
de cualquier atisbo ético que el comedió­
grafo ha desparramado aquí y allá a lo
largo de los tres actos. Ahora es de toda
prisa reunirlos y deletrearlos uno a uno.
El teatro "serio” en aquel entonces no
hubiera podido ser de otra manera y,
tal vez por eso, sigue estando en la lí­
nea de Payró, por ejemplo. Véase la in­
sistencia en la prosecución del diálogo:
S e pú l v e d a . — ¿Y si quiere no ser nada, ni ha­

cer nada.
M a u r ic io . — Que ni sea ni haga.

Yo le corté
las alas. Tendré que alimentarle hasta que
le crezcan, por si vuela, o conformarme con
verle andar por tierra.
S e pú l v e d a . — Don Mauricio, yo llegué a us­
ted para seguir adelante. Usted fué un sos­
tén en mi camino, gracias al cual llegué a
un fin que habrá de llevarme adonde quiero
llegar. Yo hablo muy pecio, lo que necesito,
o no hablo nunca. Ante todo el mundo, paso
por ser en política, un picaro, tal vez un
audaz con suerte. Pero créame, pienso, y por­
que pienso y tengo una conducta, llego adon­
de quiero, sin más capital ¡que mi habilidad.
Yo fui ayuda y providencia suya en los pri­
meros años de su vida en Perez; luego fué
usted para m í; y yo le di cuanto pude darle,
sin dañarme. Usted me dió más de lo que
pudo, por ambición. En este juego de la
vida, gana el que sabe medir sus fuerzas, y
no desperdicia energías. Usted perdió: yo lo
comprendí cuando aceptó la candidatura de
su hijo, pero, don Mauricio, usted tenía a
la espalda un millón de pesos, y yo ni un
céntimo, y en el juego nuestro, todos los re­
cursos son de ley. (Estrechándole la mano.)
Le hablé como hombre sincero, que ya casi
estoy olvidado de ser, porque usted puede aho­
ra oírme.
M a u r ic io . — Luchábamos de igual a igual, úni­

camente que esta vez no era yo quien de­
fendía mi causa, como siempre, sino mi hijo»
y mi hijo es otra persona.
Se pú l v e d a . — Don Mauricio, yo soy siempre
su amigo.
M a u r ic io . — Igualmente, pero ahora, amigos a
cara descubierta.

Tampoco deja de verse en lo trans­

cripto — un poco in extenso, ya que esas
réplicas actúan en nuestro caso a modo
de resumen — la preocupación social de
Defilippis que se prolonga a lo largo de
toda su obra, acentuándose por ocasiones,
pero que se resuelve siempre bajo el signo
de la generosidad, signo un poco indeciso,
aunque muy de la época.
Viene luego para Francisco Defilippis
Novoa el período de la producción farra­
gosa, insignificante muchas veces, y otras
con rotundos aciertos de expresión y de
arquitectura teatral. El comediógrafo,
captada la exigencia del medio en el cual
había venido a actuar (desde su natal
Rosario), desparramaba con singular fa­
cundia resortes emocionales, de inmedia­
to eco en las plateas: fué el período en
que dió "La Madrecita”, “La Loba”, "El
Turbión”, "La Samaritana” .
Toda áquella labor — incesante— con­
cretó en él, lentamente, no sólo una esté­
tica para su ética y una aspiración de
carácter social para su abundante gene­
rosidad, sino también una técnica para
su expresión. Sus amigos de aquel enton­
ces sab.n cuál fué su desvelo y cómo fué
operándose poco a poco, lenta pero segu­
ramente, su despertar — en un medio
hosco y hostil hasta la exageración — a
un rumbo que, en la dramática univer­
sal, mantenía en fervor la tarea de sus
más altos representantes.
Puede decirse que en los comienzos,
esa evolución fué el producto de una
congoja que se manifestaba en forma ri­
sueña. Era necesario proceder así para
enfrentar la desconsideración general,
inevitable cuando se tratase de sobrepa­
sar los marcos establecidos.
Defilippis Novoa dió así "T u honra y
la m ía” y "Los caminos del mundo”, a
modo de incursión (a modo de cabeza de
puente diríase ahora), piezas en las que
se insinuaba aquello que más tarde lle­
garía a ser una plétora de impulsos no­
vísimos e inesperadas valorizaciones. La
dramática universal perteneciente a un
mundo más acelerado que el nuestro im­
ponía impostergablemente al dramaturgo
argentino (como luego habría de impo­
ner a otro comediógrafo: Vicente Mar­
tínez Cuitiño) una presión al pedal. El

ARTURO

fenómeno que aquí nos llegaba por con­
ducto espacial se producía fuertemente
en Francia, reelaborando lo ya elaborado
en el tiempo, tocando inclusive a indivi­
duos dramáticos ya anquilosados en una
técnica inmóvil. Tal el caso de Bernstein
que reinicia una nueva dramaturgia a
partir de "La Galerie des glaces”.
"T u honra y la m ía” y "Los caminos
del mundo” constituyen los jalones ini­
ciales de la carrera emprendida por De­
filippis Novoa. Más en la segunda que
en la primera, el vuelco se manifiesta
expresamente: allí señala Defilippis Un
rumbo seguro para la evasión del sen­
sualismo “ que aprisiona las almas en su
cárcel de carne”, y lo logra con una voz
extraña al concierto. Es una voz extra­
humana que indica los rumbos del mun­
do que "descuajan los ríos, horadan las
montañas, traspasan las nubes y van di­
rectamente al corazón del hombre” . Voz
que es escuchada solamente por aquellos
que nacieron para excarcelar su alma.
El tránsito del viejo procedimiento a
la técnica nueva — si bien tímido toda­
vía
no se produce como un mero su­
ceso de carácter formal. FLay en el autor
una suerte de adaptación, de adecuación
a ese molde que ha elaborado en sí mis­
mo. N o era posible que el vino antiguo
no fermentase en los nuevos odres. Y por
eso, tal vez sin proponérselo muy delibe­
radamente, Defilippis Novoa evoluciona
el mismo, fundamentalmente, según el
ritmo distinto que se complace en dar a
su procedimiento.
^ sta comedia — y también, un poco,1
, “ k°nra y
m ía” — marcan un pe- ^
nodo de transición en la obra total de
Defilippis: el dramaturgo abandona, y
esta vez para siempre, sus personajes re­
tratados de la realidad (donde obtiene
logros importantes) para enfrentar con
agudeza que no excluía .cierta valentía |
algunos problemas de conciencia, nuevos'
en su caja de Pandora de expositor de
fábulas. Para ello pasa ciertamente a la
categoría de los dramaturgos levemente
ininteligibles, jugándose la carrera, sin
arrogancia previa.
Si es verdad que todo lo que es divino
corre con pies livianos, este esfuerzo de
Defilippis — humano después de todo —
no se anda sin tropiezos. N o son vacila­
ciones del escritor lo que amengua la cla­
ridad. Es que la técnica adoptada — suer­
te de puesto distinto de identificación de
la realidad — no consigue verterse sola­
mente como recreación del mensaje ya
consignado en obras anteriores sino que.
obligado a nuevas meditaciones, es un
nuevo espíritu el que ha amanecido en
el dramaturgo y son problemas diferen­
tes los que vuelca ahora. Al modificar
Defilippis su procedimiento (quizá no
haya que excluir la deliberación en la
tentativa) resulta a la postre modificado
el mismo y, producto de esa doble intro­
misión (de él hacia la forma y de la for­
ma hacia él) resulta la obra habida pos­
teriormente a las dos que acabamos de
señalar, las cuales actúan en la totalidad
de su expresión dramática a manera de
puente entre dos pueblos en el medio
del cual advierte el transeúunte el cam­
bio de idioma.
Las primeras piezas que atestiguan el
esfuerzo son "El alma del hombre hon­
rado y María la tonta” . Pero, para acla­
rar el vuelco que llegará a ser total, es
riecesario insistir en las características
precisas de "Los caminos del mundo”. El
di ama, el conflicto dramático es allí rea­
lista casi con exceso. Hay encuentro, ení i entamiento, entre hombre y mujer, he­
cho, no ya de malas pasiones puramente,
sino de la expresión bastarda de pasio­
nes. Esta característica, un poco sor­
prendente, ha sido expuesta adrede por
el dramaturgo, que se apresura a virat
hacia el nacimiento de los instintos. Las
pasiones-madre se desatan muy' pronto y
las réplicas suman recursos grotescos.
\ case el planteo verista del conflicto dra­
mático:
f ú y yo. ¿Para qué, pues, seguir min
tiendo mis? Vete tranquila; estás a tiempo
Por ti di mi juventud, mientras tú conser­
vabas en tu aparente dolor, cu lozanía. Mírate

Juan,

�Pág. 9

C O N T R AP U N T O

NOVO A
C E K R E T A N I

al espejo junto a mí y él te responderá que
tus angustias y tus dolores no fueron más que
el despecho del abandono en que te dejó ia
vida. ¡Sacrificio y honradez! ¡Medias de al­
godón! Aquella noche, hace veinte años, te
reiste de m í: ahora yo me río de ti
y con
el mismo rencor oon que me hablaste te ex­
preso mi rencor profundo y mi desprecio.
M aría . — No te canses y no te esfuerces; no

has cambiado. Con dinero o sin él eres gro­
tesco.
J uan . — ¿Yo?
M a r ía . — Grotesco, ridículo y miserable. Pero
ahora más que nunca porque no tienes la ilu­
sión que la juventud te daba. ¡Y por esto he
dejado mi ensueño y roto mi vida! ¡Por esto
% que no merece siquiera el desprecio de mi do­
lor! ¡Por esto que ronca y come y vive junto
a mí como un perro! ¡Por esto que no es na­
da, y que se cree todo! ¡Lo que has cons­
truido con estas paredes es la tumba de nues­
tras vidas! ¡Esta Casa, tu sueño, tu ilusión,
me pe$3 y me aplasta y la maldigo! ¡No!
Aquella noche me pegaste hasta hacer que san­
grara mi boca; esta boca que nunca fué tuya,
como no lo fué nunca mi alma; esta boca que...
J u a n . — ¡Calla! ¡Calla!
M a r ía . — N o callo m ás: g rito
años de silencio; g rito por

p o r los v einte

Sorprende esta transcripción en este
punto, pero resulta indudable que tan
acendrada exposición de realismo sólo
tiene por objeto, en la arquitectura de la
comedia, preparar un advenimiento de
contraste. Se trata de una figura próxi­
ma a aparecer: el Peregrino. Es la intro­
misión que se realiza como efecto de os­
mosis, a través de las paredes de la casa,
en el espíritu alerta de la mujer de la ca­
sa. Es un efecto casi misterioso provocado
por la inclusión de un personaje que es en
sí mismo una entelequia, un concepto, en
el cuadro "real” pintado hasta ese mo­
mento.
Voz

del P e r e g r in o . — Hombre: los caminos
del mundo se hicieron para tí. No son ellos
las tumbas, vuestras casas, ni la cueva de tu
alma, ensombrecida por el odio, ni el egoísmo
animal a que te obliga la materia. Los cami¿&gt;nos del mundo, llenos de luz, cruzan el uni­
verso como las ideas vuestro propio cerebro:
descuajan los ríos, horadan J;s montañas, tras­
pasan las nubes y van directamente ai cora­
zón del hombre. Los caminas del mundo to­
can a fiesta esperando tu visita, hombre del
universo. Yo te invito a recorrerlos.

La voz penetra la casa, sobrecogiéndo­
la. Afuera, el pueblo, también asiste a
su propio asombro y se produce de in­
mediato la reacción negativa:
I

U n a v o z . — -¡ E s tá loco!
O tra vo z . — ¡No sabe lo que dice!
O tra voz . — ¡Déjenlo solo!

Lo extra-real se impone como un par­
to al revés. De afuera hacia adentro se va
aposentando en el pueblo, en la casa, en
el espíritu del hombre y de la mujer co­
mo se aposentó — en un mismo procedi­
miento de parto invertido— en el cere­
bro del dramaturgo durante la gestación:
P e r e g r in o . — Elévate sobre el nivel de las bes­

tias huyendo de tu propia bestialidad. Castiga
las mentiras de tu hambre v de tu sed, que
hacen que te devores a ti mismo y bebas tu
propia sangre. Dios, que es amor y es alegría,
te llama junto a Sí.
U n a v o z. — Vé tú
com er.

a D ios; nosotros vamos a

La generosidad de las concepciones so• 7 ciales de Defilippis Novoa sigue siendo
aún una suerte de "nihilismo constructi­
vo”, valga la expresión, pero se manifiés­
tala través de una tónica imprecisa aho­
ra en la búsqueda de la expresión defini­
d a — que no ha de lograr puesto que
la muerte interrumpe su tarea.
P eregrino , -a—La vida .que te dieron no es la

vida que realizas. Traigo el nuevo verbo de
Dios, que no alcanzó Jesús, y digo: que si ha
de ser tu hijo igual a ti, borra el mandamien­
to que te ordena engendrarlo, que más vale
una buena idea que un hijo semejante. .Hom­
bre de la tierra: ¿qué habéis .lecho del espíritu
divino que alentó vuestro pecho? Construiste*s palacios y puentes y barcos y maquinas
de maravilla: conseguisteis hablaros y recono­
c í 05 a través de la distancia; extendiste tu
cuerpo cuan extensa era la tierra y dejaste que
volara de tu pecho el alma que te hubiera
hecho Dios. Vé, pues, en su busca por los
caminos del mundo; abandona tu casa y rom­
pe en tu corazón tus egoísmos. (Se oye una
risa estridente y un disparo de revólver. Lue­
go una voz que dice-)
Voz.— ¡Bárbaro! ¡Le heriste! ¡Huyamos! (Tro­
pel y silencio).

El efecto de osmosis se ha producido,

pero no plenamente: debe antes franquear
el asombro y el sobrecogimiento:
M a ría . — ¿ Q uién eres? ¿Q uién eres tú?
P e r e g r in o . — Jesús me llam an y soy un paria.
M a ría . — ¿A donde vas?
P e r e g r in o . — A ndo.
M a ría . — ¿Y qué buscas?
P e r e g r in o . — Mi propio espíritu.
M a r ía . — Di, entonces: ¿quién eres?
P e r e g r in o . — U na conciencia, lo que tú g u a r­
das com o u n objeto sin vibración bajo tus
carnes.
M a r ía . — ¿De dónde vienes?
P e r e g r in o . — Del mundo.
^

Estas transcripciones tienen por obje­
to precisar el cambio de ruta de Defilip­
pis Novoa, ese golpe de timón que libró
su arte de las oscuras contaminaciones de
su comienzo o, mejor aún, que elaboró de­
finitivamente su arte.
Con Los caminos del mundo el dra­
maturgo iba aprendiendo un nuevo ofi­
cio que por aquel entonces recibía la
denominación genérica de "vanguardis­
mo” y que resumía ante todo una po­
sición, una actitud, una rebeldía. Por
lo general (en poesía y en novela tam­
bién, pero mucho más en teatro) esa ac­
titud sólo era — y nada la libraba de
serlo — una mera retórica. Como tal,
como retórica (que alguien ha llamado
"el elemento social del estilo” ), no pa­
saba las más de las veces de ser un re­
torcimiento, una contorsión, suerte de
desperezo físico capaz de encerrar en
sus líneas avanzadas todo el viejo vino
sin modificar en absoluto sus elementos
substanciales. Defilippis Novoa no fué
la excepción total en las dos piezas se­
ñaladas. Pero muy en seguida la postu­
ra debía transformarse en posición, la
rebeldía inicial en elucidación serena, y
el esfuerzo de ruptura de moldes en una
segura técnica. Se produjo entonces el
advenimiento de un hombre singular —
por primera vez en la literatura dra­
mática criolla — que realizaba creacio­
nes peculiares en las cuales la audacia
de la forma no sólo estaba justificada
por la hondura del contenido sino que
volcaba un contenido exclusivo, inheren­
te a aquella forma.
Así vinieron El alma del hombre hor­
rado, Maria la Tonta, Despertate Ci­
priano o H e visto a Dios.
Las intenciones del dramaturgo habían
concretado plenamente. Su oficio, ya
aprendido, lo preparaba para mejores
realizaciones.
Revistando papeles viejos encuentro un
reportaje que yo mismo le hice, hace más
de quince años, en La Razón.
— Hay que establecer dos clases de
"vanguardismo” — dijo — . El de la
primera hora, que llamaría vanguardis­
mo heroico: aquel de la primera arreme­
tida, que empezó en los teatros peque­
ños y conquistó luego los grandes esce­
narios: el de las discusiones y del recha­
zo airado del pasatismo, que ha pasado
ya a convertirse en actual; y el perma­
nente vanguardismo o sea el de cons­
tante audacia y renovación, que toma
hoy el nombre de experimental. El pri­
mero ha cumplido su misión: abrir bre­
cha, indicar rumbos nuevos, y señalar
los campos de la fantasía, del impresio­
nismo, de la interpretación del hecho real,
en contraposición a la fotografía del he­
cho, en que fincaba el arte del viejo sis­
tema. El teatro que hasta ayer era van­
guardista es ahora actuante, del día. Los
grandes teatros lo aceptan como cosa ló­
gica ahora; han adoptado su técnica, io
menos molesto, y tienen que resignarse
a aceptar su espíritu, su mejor conquista.
Se resisten a él, los muy cegados por la
pasión de lo viejo y torpe. El otro, el
constantemente vanguardista, era siem­
pre vanguardista al nacer, y viejo al día
siguiente. Ese es el teatro de la inquie­
tud, que no puede vivir del éxito sino
del fracaso.
Estas palabras revelan, por lo menos,
un apasionamiento, un sfer totalmente
carne y uña con la propia aspiración.
Y si se considera cuáles eran sus admi­
raciones (Lenormand, Toller, Vildrac,
etc., expuestas en el aludido reportaje)
no dejará de verse que Defilippis Novoa
era ante todo un hombre actual, capaz
de centrarse en su medio y dar de si,

sin prejuicio y con vario perjuicio, todo
aquellos que había en él latente y no
expresado. Por eso fué figura señera,
maestro, en el sentido que hemos que­
rido darle a la palabra en los párrafos
iniciales de estas consideraciones. Maes­
tro, indiscutiblemente, que en pleno im­
perio vaccarezziano descorre su telón y
da María la Tonta, por ejemplo, obra
con la cual al mismo tiempo que se dice
a sí mismo, se afinca en el derrotero
que había comenzado a señalar para sí
y a indicar a los demás. En un ambiente
tan exitista como el nuestro aquello fué
al mismo tiempo que una consagración,
un verdadero sacrificio.
María la Tonta está clasificada como
"glosario de versículos de una Biblia irreverante”. Defilippis aquí rehace un poco
la leyenda de Jesús y María, a distancia
considerable, en un plano distinto de
aquel en que ocurrió el hecho bíblico.
María, en esta producción, es una pobre
mujer que arrastra por las calles su triste

mismo modo que se ha observado — y
por motivos similares — el carácter de
ilimitado (sin culminación, sin cerco) de
los monumentos medievales. Es que nos
hallamos ante problemas sin solución va­
ledera en lo real del mundo: siempre fal­
tan algunas piedras en una concepción
que evade las soluciones exactas de pro­
blemas universalmente plasmados; y es
inoperante agregarlas, puesto que la im­
presión recogida ha de subsistir, radican­
do como radica en su propia esencia. La
real importancia de Defilippis Novoa es­
tá en haber intentado, cuanto menos,
esta suerte de realizaciones, y de haber
expuesto para nuestro inmediato porve­
nir una posibilidad de teatro de jerarquía
no sospechada.
La totalidad de la producción de Fran­
cisco Defilippis Novoa (y vaya el dato
al futuro investigador que quiera anal.zar más detenidamente el tema) abar­
ca veintidós piezas estrenadas en vida
del autor y dos comedias postumas, una
de las cuales (Sombras en la pared) llegó
a ser conocida por el público a poco de
su muerte. La iniciación se produjo, que­
da dicho, con El diputado por mi pueblo,
en 1917, obra cuyo estreno, si no esta­
mos equivocados, gestionó Alejandro E.
Berruti en un viaje ex profeso realizado
desde Rosario a Buenos Aires con sus

'Defilippis Novoa

asombro de existir (su vagorosidad físi­
ca y su etereidad espiritual la hacen par­
ticipar de los ángeles), y Jesús un fruto
desesperado, nacido en un antro estercolario.
Este nuevo Jesús, sustituido en los
brazos de la madre por un muñeco de
trapo, es paseado a través de todos los
cuadros de la pieza hasta la apoteosis fi­
nal cuyo sentido más íntimo está puesto
en boca de una abstracción representa­
tiva de la Eternidad: "Amar, para saber
morir”.
En esta obra el autor navega de lleno
en un ambiente que le es propicio en su­
mo grado: su imaginación, su filosofía
(su búsqueda de una filosofía) no apa­
recen ligadas ni limitadas por ningún for­
malismo. Cuando cree necesario emitir
el concepto, libre de toda atadura, lo
emite poniéndolo en boca de entes sim­
bólicos, concreciones propias o trasunto
de leyendas o abstracciones consagradas
ya por la imaginación colectiva.
Esta pieza, V algo en otras de las que
produjo más tarde, trasuntan por lo me­
nos una inquietud de orden metafísico
fundida con otras inquietudes, menos
transparentes, de jerarquía religiosa. De
ahi la impresión de arquitectura no aca­
bada que se desprende del conjunto, del

comedias, y las del amigo, bajo el brazo.
Pero con antelación a esa fecha Defilip­
pis habia probado puntería, quizá lo­
grando que alguna compañía en tránsi­
to por la ciudad natal le pusiese en esce­
na un acto único, El día sábado y una
comedia en tres, La casa de los viejos.
Fué sin embargo El diputado por mi
pueblo la obra que le abrió todas las
puertas (entonces, en el teatro las pues­
tas se abrían y un antecedente era siem­
pre un antecedente), especie de boquete
por el que introdujo luego El conquista­
dor de lo imprevisto, tres actos; La Madrecita, tres actos; El cacique, un acto,
y Santos y bandidos, un acto, ambas en
colaboración con Claudio Martínez Payva; Los inmigrantes, un acto; La Loba,
tres actos; Una vida, tres actos; Her­
manos nuest’os, un acto.; El turbión,
tres actos; La Samaritana, tres actos;
Tu honra y la mía, tres actos; Los ca­
minos del mundo, tres actos; El alma
de! hombre honrado, tres actos; Yo tu­
ve veinte años, tres actos; María la Ton­
ta, tres actos; Despertate Cipriano, tres
actos; Tú, yo, y el mundo después, tres
actos; y, por último, He visto a Dios,
un acto, pieza capital en su teatro es­
trenada poco antes de su muerte. Vie­
nen luego las postumas: Sombras en la

pared e Ida y vuelta. Ignoramos la suer­
te corrida por esta última pieza, ya que
la primera sólo era un borrador que no
debió de haber llegado a escena.
He visto a Dios es, además de su pro­
ducción última, su obra capital. La cla­
sificó el autor entre los "misterios mo­
dernos”, clasificación obligada por cier­
ta leve concomitancia que liga esta obra
a los misterios medioevales en los cuales
tenían intervención elementos de la di­
vinidad que con el correr de los siglos
han ido desapareciendo en forma paula­
tina para resurgir en Jas nuevas formas
y corrientes del teatro moderno. Miste­
rio, pues, por la circunstancia apuntada,
y moderno por una circunstancia espe­
cial: aquello que en la edad media era
real, o por lo menos, aquello que en la
edad media tendía a producir en el es­
pectador el sobrecogimiento de la cesa
real (aunque fuera él de índole meta­
física) resulta, en He visto a Dios, una
farsa urdida por el autor y por los per­
sonajes que rodean al protagonista, con
propósitos delictuosos en éstos y exclusi­
vamente de sátira (y de paso de in­
dagación psicológica particular) en aquél.
El elemento farsa es el que actualiza y
da modernidad al tema último de Deíilippis. En esta pieza se propone a un hu­
milde personaje local un problema de
misticismo trascendente especulando con
la ansiedad de infinito que dialoga en el
interior del hombre V que asume carac­
teres de religiosidad cuanto más humil­
des sean las características intelectuales
de dicho hombre. "Y cuando la farsa
se descubre — dijo el autor acerca de su
propio tema — y la rabia y la vergüenza
muerden el orgullo del hombre, el mis­
terio ha tocado lo más hondo de sus sen­
timientos, y está ganado al problema que
un día vino a buscarlo en su rincón de
egoísta.” (El protagonista de H e visto a
Dios es un individuo descreído en los
primeros tramos de la obra, ocupado en
acumular riquezas con prescindencia de
toda otra actividad. Tocado luego por
la farsa — que él supone verdad autén­
tica — se da a un misticismo desaforado.
Luego, descubierto el juego, los resortes
puestos en movimiento no pueden dejar
de actuar — quizá por efecto de iner­
c ia — y, según el autor, "la ascenden­
cia mística reaparece en su espíritu” .)
Esa fué la razón por la cual, según acla­
ró, fué a buscar a su protagonista entre
la inmigración de países tradicionalmen­
te religiosos en los cuales obra una he­
rencia religiosa de siglos.
Y este es otro aspecto de la cuestión.
Los problemas psicológicos trascendentes
puestos en el espíritu y en el lenguaje
tartajeante de ciertos personajes de baja
extracción intelectual establecen una di­
sonancia que, en nuestro medio, ha dado
origen a lo que se llama rd grotesco, gé­
nero en el que se especializó a su hora
don Armando Discépolo. En la mayoria
de los casos hay que convenir en que
no hay tal grotesco y sí una persisten­
cia de la tragicomedia. La presunta no­
vedad del procedimiento queda anulada
al ponerse de manifiesto la antigua rai­
gambre. Ya un poeta farsesco anterior
a nuestra era, proclamaba la posibilidad
de una mixtura de farsa y de tragedia:
"Yo haré de manera” — le hacía decir
a Mercurio desde el prólogo del A n fi­
trión, puesto que de Plauto se trata —
"yo haré de manera que se mezclen la
una con la otra y vengamos a tener tra­
gicomedia.” El grotesco de Discépolo —
y en el caso particular este aspecto de
la obra de Defilippis — es de substancia
tragicómica. Son pasiones y sentimien­
tos reales resueltos en forma advenediza.
Un pensamiento cabal, expresado en for­
ma, no sólo caótica, sino disparatada. l a
expresión no anula la verdad del resorte
psicológico, pero produce una disonancia
dando origen al choque entre la verdad
inicial y (el error de la resolución. A esto
se ha denominado grotesco, y sólo por
esto es grotesco, además de misterio mo­
derno, He visto a Dios.
Deiilippis Novoa llegó a concretar en
esta obra su estilo dramático. Los in­
tentos de renovación formal habían sido
lealizados con María la Tonta y El alma
del hombre honrado, pero sólo a mane­
ra de vuelo planeado para llegar a este
logro que empezaba a ser definitivo. El
mismo problema, puramente exterior, ya
se lo hablan propuesto otros autores crio­
llos de primera línea (Discépolo en
Amanda y Eduardo, Martínez Cuitiño
en su segunda manera, etc.) Tratar de
fundamentar la modernidad de un teaf
■

�Pag. 10

CONTRAPUNTO

DEFILIPPIS
(Viene de la pág. 9)

tro en base a su aspecto formal resulta
absurdo. Pero el problema es antiguo y
subsiste desde Shakespeare y el siglo de
oro español hasta este momento en que
ya hemos asistido al desmembramiento de
los últimos ecos del ultraísmo y presen­
ciamos el advenimiento de un arte depu­
rado de artificios. Es necesario, no obs­
tante, justipreciar el esfuerzo de nues­
tros dramaturgos para aclimatar en nues­
tras latitudes la renovación de las for­
mas escénicas. Y es necesario justipre­
ciarlo dado que se trata, a lo sumo, de
un esfuerzo infructuoso ya de largo re­
suelto. Ante todo, porque existe, y ha
existido siempre un arte de la forma y
una forma del arte, como existe y ha
existido siempre (sin que elvproblema fi­
losófico aquí implicado tenga nada que
ver con el asunto) una forma de la subs­
tancia y una substancia de la forma. Lo
demás, es aquello que Carlyle llama For­
ma de Forma, vacuidad de vacuidades.
El teatro — arte, substancia, religión—
tiene una sola forma posible: aquella que
responde más íntimamente a su natu­
raleza real e íntimo espíritu. Una sola
forma — la teatralidad — que, con ser
su esencia, es también su exterioridad.
Pues con la teatralidad del teatro se da
el curioso fenómeno del hombre que es
al mismo tiempo hombre y traje. Es de­
cir: el hombre desnudo, vestido con su
propia piel.
La teatralidad es la piel del teatro, su
forma única, indestructible e indestruída.
Los renovadores nuestros — con Defilippis Novoa utilizado abusivamente co­
mo portaestandarte — han caído en el
error infecundo de recrear un problema
sobrepasado: división múltiple del espec­
táculo, etc. Error fundamental, como
en la ya citada pieza de Armando Discépolo, Amanda y Eduardo, por insisti­
do ejemplo, en la cual el préstamo so­
licitado a otros géneros precisos, la no­
vela, son variados e improcedentes.
Sólo entendiendo de esta manera las
cosas de la escena se puede apreciar glo­
balmente la labor de dramaturgos tan
distantes, tan opuestos como Lenormand
y Scribe, pongamos por caso. Tanto la
obra del uno como la del otro son per­
fectamente teatrales aunque el primero
haya resuelto un prejuicio de orden téc­
nico y se aferrase el otro a los cánones
de una dramaturgia perfectamente arrai­
gada. Ambos procedimientos — clásico
y romántico: por vueltas que demos no
saldremos de esto — pueden darse al mar­
gen del fervor artístico del comediógra­
fo. La labor de creación dramática es­

NOVOA
tará siempre por encima de todas las
técnicas. Lo único que el dramaturgo no
podrá pasar por alto es la teatralidad
del teatro que está destinado a crear.
Se mantenga o no fiel a las unidades
de acción, de tiempo y de lugar, el dra­
maturgo — cualquiera sea su concepción
estética — deberá afincarse en la tea­
tralidad como resorte íntimo y esencial,
sin cuyo logro no puede existir logro
total, logro fundamental alguno.
Nos hemos extendido un poco en este
último aspecto del tema porque se ha
dado en juzgar a Defilippis Novoa so­
lamente como renovador de ciertos as­
pectos formales del teatro criollo. Al ha­
blar de técnica — antes y ahora — he­
mos entendido siempre una cosa más im­
portante: modos de ver, de sentir, de
trasladar. La distancia que separa a Ma­
ría la Tonta o El alma del hombre hon­
rado de La Loba, de La Samaritana, de
El Turbión, no es solamente una dis­
tancia formal. Hay en aquellas obras
un distanciamiento más profundo que es­
tablecen algo así como un punto y apar­
te en la obra total del autor. Fué una
renovación espiritual lo que produjo el
cambio, y, no del todo a la inversa, un
afán imitativo de las últimas corrien­
tes lo que dió origen a un torcimiento
espiritual.
Cada individuo puede entender aque­
lla teatralidad de que hablábamos — y
puede adoptarla — en la medida de su
posibilidad de creación.
Existe una teatralidad puramente ex­
terior — Bernstein — o una teatralidad
puramente subjetiva — Jean Jacques
Bernard — . Sin embargo, ambas logran
manifestarse cualquiera sea la arquitec­
tura en que se vuelca el pensamiento.
Llegado el momento advino en Defi­
lippis la necesidad impostergable de ex­
presar una intimidad distinta de la que
habla expresado hasta ese momento. Y
creó sus nuevos medios de expresión.
Porque fué protagonista de tal fenó­
meno y porque halló la valentía nece­
saria para no quedarse en el camino, para
no transar con los peores, para jugarse
contra mediatización y porque todo ello
dió nacimiento a una obra cabal, digna
de toda la atención posible, es que cabe
considerarlo como iniciador de rutas, co­
mo implantador de hitos.
A este resultado llegamos en nuestra
indagación a la procura de los maestros
que la indiferencia ambiente niega a ca­
da instante. Revalorar es un poco vol­
ver a crear. El artista necesita venir de
algo, para poder dirigirse a algo.............
ARTURO CERRETANI

(i

i

H

Dirigida por EDUARDO MALLEA
Estia serie comprende en el orden clásico y en el orden contem­
poráneo, un gran conjunto de libros del género, agrupados bajo el
lema de “La cultura como esfuerzo vivo”.
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10 _
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BRE TEATRCy Y RELIGION, por T. S. Eliot. (Dos
tomos}. Elegido “Libro del Mes”, julio ..................... „ 9 50
PAGINAS CRITICAS DEL DIARIO DE UN ESCRITOR,
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por Lewis Munford
NUESTRA JUVENTUD
por Citarles Péguy

Emecé Editores S. A.

UNA EDITORIAL AMERICANA-! PANORAMA UNIVERSAL
SAN MARTIN 4 2 7 - BUENOS AIRES

¿ADONDE
1 °—¿Cuál cree Ud. que es el

porvenir material (en el
sentido de su difusión, su
apogeo social, etc.) de la
pintura?
2?—¿Cree Vd. que la pintura
evoluciona hacia lo “ real”
(contenido, t e ma , expre­
sión, etc.) o hacia lo “ abs­
tracto” (elementos forma­
les puros, ausencia de sig­
nificación figurativa, etc.) ?

VA

Hace aproximadamente un decenio, una revista francesa — Commune, 193 5—
organizó una encuesta, con este mismo título, que tuvo la virtud de suscitar en­
tre los pintores las reacciones más inesperadas. Es cierto que la pregunta iba diri­
gida en un sentido social, y que se proponía dilucidar si el arte debia o no mantenerse audessus de la melée. En este caso, la pregunta, sin duda uno de los interrogantes más ac­
tuales y candentes, tiene, como puede verse, otro carácter: se trata de que el
artista contribuya, mediante su respuesta, a la discusión, de carácter universal,
que actualmente parece estar sobre el tapete, entre aquellos que vuelven a la
consideración de la realidad con su respeto a las formas figurativas del objeto, y
los que, por el contrario, ya para alejarse del objeto o pretendiendo una expresión
más rotunda de él, prescinden del objeto, tal como nos es conocido por la expe-

3°—¿Comparte Ud, como pin­
tor la frase de Renoir: “En
arte me conformo con go­
zar”, o cree Ud. que le es
necesario expresar además
algo que excede el puro go­
ce estético?
4°—Si no busca Ud. solamente
un goce estético, ¿puede in­
tentar una explicación ge­
neral — eludiendo el deta­
lle — de esa otra necesidad
expresiva? ¿Cohsidera Ud.
ambos propósitos contradic­
torios?
5°—Si se conforma con el goce
estético, ¿eso obedece a que
en ese goce siente que va
implícita toda su realidad,
o, .41 tal cosa no sucede, a
que el saldo de Ud. mismo
que queda desatendido —
vida cotidiana, problemas
del hombre, del mundo, etc.
— no le interesa? En cual­
quiera de los dos casos:
¿puede intentar explicar­
nos el porqué?

Desnudo, por Horacio Butler.

Por otra parte, copiar la realidad
CONTESTA JORGE LARGO:
no es afirmarla,- sólo la actitud in­
ventiva, al afirmar lo concreto, no
l 9 No creo que la pintura pue­
CONTESTA TOMAS MALDOinvalida ni desprestigia al mundo. da sufrir mayores cambios que los
NADO:
La pintura evoluciona hacia lo que ha pasado en los últimos cien
l 9 Creo que la pintura será, en concreto, porque en ese sentido evo­ años. La revolución social por que
el porvenir, anónima y práctica, luciona el espíritu humano en ge­ ha pasado la humanidad desde fi­
creadora de todos para todos. Na­ neral. El hombre nuevo, hombre de nes del siglo XVIII, ha obligado al
die dejará de participar en la in­ la Victoria y de la Reconstrucción, arte a dirigirse a las masas, v no
vención de la Belleza: nuevos no podrá aceptar, como expresiones a una minoría selecta como antes
materiales (plásticos y constructi­ ilusión ni la angustia. La actitud de esa revolución. Y este cambio
vos) y nuevos modos de percibir el valedera del nuevo espíritu, ni la concilia oficialmente una expresión
espacio y el tiempo ampliarán has­ espiritual más auténticamente re­ artística original, a que tiende siem­
ta lo inimaginable el niimero de gé­ volucionaria de nuestro tiempo es pre la creación, .con los gustos del
neros artísticos, y, por ende, las la pasión jubilosa por la lucidez y pueblo, y menos con las de los go­
posibilidades creadoras de todos los&lt; lo concreto. Prueba este aserto, que biernos (que son tan poco prepara­
seres humanos. De esta guerra de la ausencia de esta pasión en algu­ dos como las masas y con más pre­
liberación de pueblos, el Hombre nos hombres ha servido, como un tensiones).
saldrá fortalecido en sus valores de arma más, a la estrategia de la
La única solución es una cultura
comunión. El arte será una perma­ Barbarie.
artística más definida y un respeto
nente afirmación de esos valores y,
La Belleza será concreta o no se­ mayor por la creación original.
por ello, uno de los más efectivos rá; la convulsión y el sueño se han
lubricantes de la tensión revolucio­ vuelto incompatibles con el arte.
29 No tiene ninguna importan­
naria de la Humanidad.
El arte evoluciona; la cantidad cia para el arte las evoluciones del
“ deviene” calidad.
momento. El campo del arte es ili­
29 Creo que la pintura evolucio­
mitado y en él se acomodan holga­
na hacia lo concreto, superación
39 Considero que la expresión, damente el realismo más ceñido, la
dialéctica: de lo abstracto. El arte entendida como comunicación a imaginación más atrevida y la abs­
abstracto se ha purificado en un través de símbolos y signos, es ab­ tracción más hermética. Todo de­
sentido real, material, es decir, ha solutamente ajena al arte. Sin em­ pende de la cantidad de pasión y
devenido ARTE CONCRETO. En es­ bargo, no creo, como pretenden al­ pensamiento que el artista ponga
ta nueva etapa de su desarrollo, la gunos, que la cancelación de la en sus obras.
tendencia “abstracta” se divorcia expresión en una obra, aleje a su
en absoluto de todo compromiso creador de los hombres ■creo, por el
39 El sano optimismo de Renoir
con el pensamiento idealista y contrario, que inventar nuevas rea­ era un caso puramente personal. Él
tiende a lina estética objetiva, esto lidades estéticas que afirmen el po­ era un panteísta que no veía más
es, a mía estética basada en la der humano sobre el mundo, es es­ que el lado feliz de la vida, y eso
INVENCION, y no en la copia o tar de un modo más esencial con que su arte no fué siempre muy
en la abstracción. El arte concreto los hombres. Soy partidario del bien acogido. Pero lógicamente no
no abstrae, sino inventa nueva? goce estético despojado de todo podían faltar espíritus más dramá­
realidades. Es el único arte realis­ propósito expresivo. Una obra de ticos, como Daumier, para los que
ta, pues es eminentemente presen- arte no debe contener, sino ser, la vida no era siempre tan dichosa.
tativo.
estar. El goce estético, quo acompa­ A pesar de todo no creo en el arte
Presentar es lo contrario de re­ ña ineludiblemetne a toda creación, que olvida o desconoce el placer
presentar. Un objeto representado no es, para mí, pintor concreto, estético. Es lo mismo que una no­
gráficamente sobre un plano es una una forma de evasión o de consue­ vela con buen argumento realizada
ilusión que niega —ópticamente— lo ; mi goce estético no tiene un por un mal escritor. En el arte no
la realidad material del plano, su sentido de alejamiento, sino de su­ se puede prescindir del estilo; el
bidimensionalidad, su presencia. En prema integración. Por tanto, al estilo es el hombre. Claro que, como
la pintura, lo real es lo tangible, lo admitir la frase de Renoir, no en­ yo, hay mucha gente que preferirá
demás es ficción. La representa­ tiendo complicarme con ninguna es posible decir “ prima facie”
ción sacrifica lo tangible en benefi­ despreocupación por la vida coti­ la obra que lo haga pensar. ¿Pero
cio de io ilusorio. Hacer, pues, del diana; mi actividad creadora, como dónde se puede encontrar el moti­
arte representativo el arte realista la de todos mis compañeros de ru ­ vo más profundo de meditación?
por excelencia, ha sido un equívoco ta, está impelida por un afán de Puede ser ante una batalla o frente
idealista. El verdadero realista no participación efectiva en la. vida de , a los brotes de un árbol, frente al
busca reflejar, sino inventar.
todos los hombres.
“2 de Mayo” de Goya o de unas

..»*____

___ _ . .

^

�V.

Pag. 11

CONTRAPUNTO

LA P I N T U R A ?
/iencia cotidiana y tienden a la creación de elementos formales juzgados sustancia­
les, o simplemente a la exteriorización de contenidos emocionales que no necesitan
para su expresión de la representación figurativa y real. Tal planteo, formulado
en sus posiciones extremas, implica la infinita variedad de matices que caben en­
tre ellos.
Para estas primeras respuestas, hemos elegido dos pintores de obra difundida
y notoria, y un pintor joven. Así, en números sucesivos, iremos alternando las res­
puestas con representantes del arte ya prestigiados por una obra hecha o en pleno
florecimiento, y por jóvenes que asoman con sus primeros trabajos a la considera­
ción del público. Tal compulsa de opiniones, permitirá sin duda cotejos interesan­
tes. — R. P.

manzanas do Cézanne. Más que del
tema, depende de la conjunción de
dos almas: la del creador y la del
espectador.

escuela de arte muralista, único caso
de arte americano que rompe el mar­
co de su país para expandirse por el
resto del mundo. Este movimiento
de destinación social no hubiera po­
49 De acuerdo a mi contesta­ dido alcanzar su acabada realización
ción anterior, vuelvo a repetir que de no haber mediado las condiciones
no se puede sistematizar en arte. determinantes, de no haber tenido en
La forma de expresión, depende, ló­ su momento un gobierno identificado
gicamente, de una necesidad inte­ con un grupo de artistas dueños de las
rior. Y todo artista sincero lia he­ más avanzadas concepciones estéticas
cho, hace o hará obra social por e ideológicas, o mejor dicho de la úni­
muy ajenas que parezcan sus crea­ ca y ventajosa verdad de su tiempo.
ciones a los temas de actualidad, Posteriormente, cuando las condicio­
o lo que ha dado en llamarse ahora nes que dieron origen al surgimien­
pintura social. El tema impuesto to de las corrientes muralistas revo­
por otras razones que no sean las lucionarias desaparecieron en parte,
puramente artísticas, dado que un la vecindad con Estados Unidos, país
artista es un hombre que vibra sen­ poderosamente rico y acumulador in­
timentalmente como los demás, está condicional de todo tipo de cultura,
en peligro de caer (y así lo estamos les dió nuevas salidas para la conti­
viendo muchas veces actualmente) nuidad práctica de lo creado en el la­
en la literatura barata, o en la ilus­ boratorio mejicano. En este mismo
país los grupos rezagados continua­
tración.
ron participando de las comunes co­
59 Esta pregunta ya está con­ rrientes latinoamericanas, los unos te­
testada con la que antecede. ¿Por rriblemente despersonalizados, prac­
qué se pretende de la pintura te­ ticando el snobismo de las corrientes
mas que.no se exigen a otras artes, modernas europeas, y los otros man­
poesía, música, etc.? En un arte teniendo la agonía del colonialismo
abstracto como la arquitectura ha­ pueril y pasatista tipo reaccionario.
En la Argentina no se ha disfru­
llamos realizados los problemas y
los sentimientos de una época. Un tado del momento feliz para el vuelo
preludio de Bach o una, sinfonía de estético trascendente de una genera­
Beethoven nos revelan con toda ción de artistas. El Estado no ha sa­
certeza el alma tranquila del uno, bido estimular ningún embrión reno­
y la atormentada del otro. ¿Por vador en las artes argentinas. Se ha
qué un pintor no puede hacer lo limitado a una acción despreocupada
mismo sin recurrir al argumento? a base de distribución de cátedras y
Cuando las próximas generaciones de subsidios en algunos casos, mal em­
juzguen la obra de Rivera o Pi- pleados por gentes sin idealismo y

Naturaleza muerta, por Héctor Basaldúa.

casso, ¿a quiéq concederán la mas
genuina representación de la épo­
ca? Tanto puede ser a uno como a
otro. Y en la obra multiforme de!
segundo, ejemplo vivo del caos ac­
tual, ¿es más ilustrativa, como re­
presentación de la época, una de
sus extraordinarias composiciones
cubistas o la pintura mural de
“Guernica” ?
CONTESTA ANTONIO B ER N I:
l 9 El porvenir material de la pin­
tura no puede desligarse del porve­
nir económico, político y cultural de
la ciudad o país donde se desenvuel­
ve. De no tener en cuenta el origen
social de la cultura es imposible lle­
gar a una visión científica y real de
ese futuro, para quedarnos limitados
a un planteo o un acertijo sin valor
alguno.
El caso particular de la Argentina
e.» similar al de otros importantes
países latinoamericanos. Méjico fué
el laboratorio de una trascendental

sin conceptos. Por otro lado, el pú­
blico minoritario amante del arte no
ha sabido dar a nuestros artistas nin­
gún sostén efectivo que les permitie­
ra una labor exenta-de compromisos
burocráticos o de menesteres plásticopropagandísticos. Las galerías de ar­
te limitan su alcance a la muestra de
pequeños cuadros para las casas de
los clientes adinerados. Los salones
nacionales —con algunas v ariantesson reflejos en mayor escala de este
tipo de exposición comercial. Por la
publicidad periodística gráfica y crí­
tica que se hace de la pintura y es­
pecialmente por la cantidad de libros
sobre arte editados en la Argentina
se puede pensar aquí como en el ex­
tranjero que las condiciones han cam­
biado totalmente de diez años a es­
ta parte y que nuestros pintores se
desenvuelven en un ambiente incom­
parable. Esto es una dolorosa apa­
riencia, El artista argentino continúa
como antes, sin mercado y sin am­
biente favorable para gozar de una
ilbertad efectiva. Solo se ha operado

un cambio en la caja del editor, don­
de entra hoy más dinero que ayer.
Esas ediciones de arte cuyo valor cul­
tural es transitorio mientras dure la
guerra, puesto que su calidad y su
precio no les permite competir con lo
que se ha hecho y se hará en Europa,
han sido perjudiciales en un aspecto
que no carece de importancia, pues se
tomó como-una forma práctica y de­
liberada de desvalorar todo lo autén­
ticamente moderno y transformador
emprendido en América para exaltar
lo contrario con un valor interior y
exterior de “ traducciones” , vale de­
cir un valor comercial.
Mientras el arte argentino busque
su solución material —-y esto no es­
tá desligado de la ppstura estética—,
esperando la formación de un am­
biente interesado por su tipo de pin­
tura, como existe en París o Nueva
York, nunca saldrá de su condición
menor y paupérrima. Los artistas se­
rán —quiéranlo o no— pintores pa­
ra una clase que mira una exposición
de cuadros o una exposición de flores,
sin cambiar su estado de espíritu
mundano y pedante y sin hacer dife­
rencias entre las funciones decorati­
vas de una cosa o la otra, cuando pien­
san en el lugar que podrían ocupar
en sus alcobas.
Las perspectivas materiales como
espirituales del arte argentino no
pueden ser otras que las de librar
una lucha por su existencia positiva
artística y humana. El cambio será
su vitalización con los nuevos idea­
les y la nueva destinación. Un arte
de valores colectivos nfos traerá la
participación amplia de un nuevo pú­
blico, romperá el cerco cerrado que
hace alrededor de nuestra pintura la
“ élite” snob y el pituquismo inte­
lectual de la calle Florida. Sólo un
arte que registre las nuevas vibra­
ciones dramáticas y el tremendo mo­
mento que viven los pueblos, es decir,
un nuevo realismo o nuevo humanis­
mo monumental y colectivo, puede ser
lo básico, esto materialmente pensa­
do, para ganarse las condiciones ne­
cesarias y únicas posibles a un arte
creativo y libre en todos sus alcances.
29 La pintura no evoluciona ca­
prichosamente por la voluntad inde­
pendiente de algunos profesionales
de la pintura o de la crítica. Existe
un imperativo histórico determinado.
Hemos dejado de ser el primitivo sal­
vaje que desconocía la ligazón que
existe entre la germinación y el par­
to, buscando en éste el origen feti­
chista o divino. Sabemos de donde
venimos y adonde vamos. Con el mo­
vimiento en gran escala de las masas
contemporáneas, el espíritu ha toma­
do una nueva calidad. La sensibili­
dad se ha transformado, surgiendo
de esta renovación nuevas exigencias
que el artista de hondura y de inten­
sidad debe compartir unitariamente
si no quiere situarse fuera del fenó­
meno actual, para vivir en lo que ya
pertenece a la noche del pasado. Para
el hombre nuevo todo está cambiando.
Ya no existe la particularidad del ar­
tista fuera del hombre social, es de­
cir, fuera de los acontecimientos y de
los hechos grandiosos del mundo con­
temporáneo. Medir el fenómeno ac­
tual con el pedantismo estético snob
de los filósofos de salón, es caer en la
postura versallesca de los pelucones
del tiempo de Luis XVI, barridos por
los vientos saludables de la Revolu­
ción Francesa. Toda la especulación
abstracta post-cubista, todas las pre­
ocupaciones por problemas ya resuel­
tos hace tiempo, pasarán a un plano
inferior comparados con la nueva
verdad que va más allá de la artesa­
nía menor de copiar objetos o de crear
imágenes abstractas —por más “ con­
cretas” que se llamen— y otras cosi­
tas para boudoir de damas aburridas
o neurasténicas. El arte será de nue­
vo realista, mal que pese a los boicoteadores reaccionarios de este térmi­
no, que se niegan a darle clasificación
entre las manifestaciones estéticas del
siglo XX. En la nueva exploración
del mundo objetivo humano es una
nueva etapa de la ansiedad del ar­
tista para aclarar los nuevos miste­
rios que anidan en la mente y en la
sensibilidad del ser. Ucello y Masaccio

Mujer del pueblo, por R aquel F orner.

LAS EXPOSICIONES DE "LATITUD"
Del 5 al 19 de febrero en la Galería Wilcomb
de Mar del Plata, la revista ”Latitud” efectuó
una muestra en homenaje a tres grandes pinto­
res argentinos del pasado: Prililiano Pueyrredón,
Eduardo Sivori y Martín Malharro. Participa­
ron de ella 37 pintores y fué cerrada con un re­
portaje verbal a cuatro expositores. Hablaron
ante el público en esta oportunidad Emilio Cen­
turión, Juan Carlos Qdstagnlno, Manuel Colmeiro y Antonio Berni,
_ M

Posteriormente, en la galería de la librería
"Amauta”, coincidiendo con la inauguración dt
su salón de exposiciones, se efectuó una mues­
tra de "Lo real a través del dibujo”. Participa­
ron de ella A. Berni, H. Butler, E. Centurión,
L. Spilimbergo y D. Viau.
Damos en estas páginas unas muestras de
exposición de Mar del Plataf cuyo interés radicó
tanto en la independencia de su organización
como en la calidad de sus concurrentes.

la

con la perspectiva y el claroscuro, el un goce y valía para el pintor en la
impresionismo con la descomposición exploración de su mundo tanto como
de la luz, el fauvismo con su realidad el viaje de Colón para el suyo. Giotto,
desollada, son etapas sucesivas del in­ con sus ojos de cristiano, sentía la
vestigar obsesionante del arte. Esta­ fruición de descubrir mayor realismo
mos en la etapa del nuevo realismo, para sus imágenes. En R-enoir el go­
del hombre multitud, subjetiva y hu­ ce es de valor trascendental. Realiza­
manista, es decir, anti-abstracta, anti­ ba nada menos que el descubrimiento
idealista, y anti-reaccionaria.
de la luz verdadera, físicamente ha­
39 La frase de Ranoir encierra blando, que tiene la tierra; es decir,
una verdad. Pero la naturaleza de que de la penumbra de la realidad pa­
esa verdad es muy distinta según el samos después del impresionismo al
tiempo, el lugar, y la personalidad. disfrute de la claridad meridiana pa­
La masturbación mental es un tipo ra la pintura. En el nuevo realismo
de goce. De aquí que importe la ca­ la significación social enriquece ese
lidad del goce. Existe un goce medio­ goce y en ningún momento está reñi­
eval y un goce renacentista. Ucello do con las auténticas funciones puras
soñaba con la perspectiva. Ella era y sublimes del arte.

¿MOVED A D E S
iimiiiiiiiiiiimiiiimimiiiiiiiiiiMiiiiiiimmiiiiiiiimmiiiimiimmii
Federico García Lorca: L A CA S A DE B E R N A R D A A L B A ....................

$

1.50

|f

4 50

O bra p ó slu m a del gen ial poeta esp añ o l que después, de c re e rs e
perdida d u ra n te varios años, acaiba de e s tre n a r con éxito clam o­
roso la em in en te a c triz M a rg a rita X irgu.
Aldous Huxley:

E L T I E M P O Y LA M A Q U I N A .................... .....................

U na colección de ensayos re p re se n ta tiv o s d e l in g en io y la a g u ­
deza p ecu liares d e H uxley.
Benito Pérez Galdós: E L A B U E L O .................................................................

2 50

U na de las creacio n es m ás p erd u rab les y c a ra c te rístic a s del genio
galdosiano.
Guillermo Francovich;

LA F IL O S O F IA

EN B O L I V I A

.............................

,,

4 __

Un p an o ram a d e la filosofía en B olivia p o r el a u to r d e FILO SO
FO S BRASILEÑOS.
Juan Ramón Jiménez: A N T O L O G I A P O E T I C A

8 __

..........................................

O bra que re ú n e lo esencial de la producción p o ética del a u to r
de PL A T E R O Y YO.
Federico García Lorca: C A N C I O N E S

1 50

............................... -................................

Un (hermoso lib ro lleno de fre s c u ra y levedad, d e giran sig n ifica­
ción d en tro de la o b ra p o ética d e G arcía L orca.
Federico García Lorca:

L IB R O

DE

POEMAS

................................................

O bra prim igenia pero en la q u e y a aso m an m uchos de los m otivos y c a ra c te rístic a s que a p a re c e rá n d esp u és en los libros del
gran p o eta español.
Swami V ijoyananda:

LA C I V I L I Z A C I O N

”

1.50
~

„

3.50

................................................ .

g ,_

MODERNA

.............................

U na p restig io sa fig u ra de la in tele c tu a lid a d h in d ú a n aliza en
e s ta obra los tiem pos actu ales.
Leonor Serrano:

EL M ETOD O

MONTESSORI

E xposición sin té tic a y clara de e ste m étodo incorporado d e fin itiv a ­
m en te a la educació n del niño.
Antonio Ballesteros:

EL

METODO

DECROLY

..........................................

2 •—

Reconocido y ap licad o u n iv ersalm en te e s te m étodo, se p re s e n ta n
aquí sus ideas y técn icas fundam entales.
José Arce:

S E G U R ID A D S O CIAL

EN

LA A R G E N T IN A

....................

(&gt;

3 . __

^

¿ __

„

2 —

Su ju stificació n com o servicio público, a n te p ro y ecto ; e l p ro b lem a
de la a sisten cia m édica a los tra b a jad o res.
Varios: A N A L E S DE LA A C A D E M I A DE C I E N C I A S E C O N O M I C A S .
Serie 2da. Vol. II ........... ’..................................................................................

C olaboraciones sobre seguros, el p ro b lem a d e la vivienda
planes m onetarios in te rn a c io n a le s p a ra la p o stg u erra, e tc
Alfredo Poviña:

S O C IO L O G IA D E L F O L K L O R E

los

. . . . ___ . . . . .

E l folklore como ciencia. Sociología y clasificació n de los hechos
folklóricos.

Editorial LOSADA S. A.
A L S I N A 1131

M I T R E 991

B uenos A ires

R osario

Argentina

C O L O N I A 1060
Montevideo
Uruguay

Av. O ’H I G G I N S 259
Santiago de Chile
Chile

�Entre los problemas que afronta el crea­
dor intelectual, trasciende el de la defen­
sa de su obra contra quienes la usurpan
y aprovechan. El autor cuenta, para su
protección, con el tribunal de la crítica
literaria y científica y, cuando el ataque
es más grave, con las sanciones de la ley.
Buma parte de las agresiones que so­
porta el hombre de letras ) c! artista en­
tran en la esfera del delito, y ha sido, por
lo tanto, misión de! legislador, organizar
una adecuada defensa penal contra aque­
llos ataques. En ocasiones ant riores nos
hemos ocupado de la naturaleza de les
delitos contra el derecho intelectual, y
de la forma en que la legislación organi­
za ,y discrimina las sanciones ( !). Por ello,
en esta oportunidad sólo nos proponemos
exponer las causas o factores individuales
y sociales de tales delitos.
FACTORES INDIVIDUALES. - L O S
PLAGIARIOS Y LOS MALOS NEGO­
CIANTES DE LA OBRA INTELEC­
TUAL
Los factores individuales que originan
estas violaciones de los derechos del au­
tor son, por lo general, la vanidad y el es­
píritu de lucro. La ambición de exhibir
méritos intelectuales, aunque no se po­
sean, ha producido en todos los tiempos
legiones de plagiarios. La historia del ar­
te y de la literatura recuerda que desde la
antigüedad se cometían plagios en profu­
sión, al igual que otros atentados contra
los derechos de artistas y escritores. A uno
de ellos aludió Virgilio, en su famosa bur1
i a*

Hos ego versículos feci, tulit alter ho[nores
(Yo hice estos versos, y otro se llevó los
[honores)
Pero sólo después de la invención de la
imprenta, y más tarde al aparecer otros
medios de difusión en gran escala de la
obra artística o científica, que ponen a
ésta en el comercio, es cuando se genera­
lizan y multiplican los ataques contra el
derecho intelectual.
Muy a menudo, el plagiado es algo más
que un ser inofensivo; es también un
codicioso que, al presen tai como propia
la labor ajena, se propone también un fin
tic lucro. En ciertos géneros de obras muy
productivas, como las didácticas, las ra­
diales y las cinematográficas, es frecuente
encontrar el tipo del aprovechador del ta­
lento y el esfuerzo ajenos.
Los plagios constituyen, en sus formas
más graves, verdaderas lesiones al dere­
cho intelectual, y por lo tanto deben ser
reprimidos severamente, pues la denuncia
de la crítica literaria y artística y aun la
indemnización fundada en la ley civil, no
Siempre constituyen suficiente sanción
contra el despojo. Con la sanción penal se
obtendrá, pues, la verdadera protección de
los derechos particulares del autor y tam­
bién la defensa de los intereses públicos
de la colectividad en el aspecto cultural.
Sin embargo, la legislación de los distintos
países, con raras excepciones, se ha resis­
tido a configurar el plagio como delito;
sin duda por la dificultad de sintetizar
en una norma jurídica la diversidad de
formas de este ataque al derecho intelec­
tual. Hay, incluso, quienes niegan, como
Pessina y Hainneville, que el plagio sea
un delito. Esto sólo es verdad en aque­
llos casos en que la utilización de lo aje­
no se hace en forma menos burda; sin

( 1) Delitos contra los derechos inte­
lectuales, u n vol.j 3a. ed., B u en o s A ires,
(A beledo, e d ito r), 1935. — La tutela pe­
nal de los derechos intelectuales sobre
las obras lite rarias y artísticas, en Rev sta de Policía y Crim inalística, T. V I,
N1? 2.6-27, B ueiic3 A ires, 1942. — Las san­
ciones penales en la ley 11.723 de “ régi­
men de la propiedad intelectu al”, e n La
'Ley, T. 34. 12 y 13 de m ayo de 1944.

A TA Q U E Y DEFENSA DE LA
CREACION INTELECTUAL
P or

CARLOS

M OU CH ET

oue ello implique la ausencia de un ataque
y de la consiguiente sanción.
Pero el plagiario no es el único enemigo
dei creador o productor intelectual, quien
muy a menudo tiene que defenderse con­
tra el despojo y el ataque irreverente que
cometen los malos negociantes de la obra,
movidos por un espíritu de lucro ilícito.
Una de estas formas de despojo es la
utilización y reproducción sin consenti­
miento de la obra intelectual. La im­
punidad és, a veces, facilitada por las de­
ficiencias de las normas legales locales o
internacionales que amparan el trabajo
del autor.
Aparece, así, con inquietante frecuen­
cia, el tipo del editor “ pirata”, comer­
ciante inescrupuloso, sin ¡a dignidad de
su profesión. Formas análogas de pirate­
ría surgen también en la industria cine-

y

SIGFRIDO

A.

RADAELLI

tre las cultas — a quienes repugna ver
en el productor intelectual al dueño de
bienes que, además de valor espiritual, tie­
nen valor económico. Piensan que cuando
el escritor o el artista se oponen a que los
terceros utilicen sus obras sin su consen­
timiento y sin el pago de la retribución
que él pretende, desaparece el idealismo
propio del hombre de espíritu, y se crea
una traba material a la difusión de la cul­
tura. Hay también quien considera que
c-1 hombre de pensamiento pierde así la in­
dependencia moral que necesita para lu­
char por ciertos principios necesarios pa­
ra la creación, como el de la libertad in­
telectual.
Estos equívocos — que llevan a admi­
tir como algo natural las penurias del creadoi que no posea bienes de fortuna — han
sido explotados por los “editores piratas'

Llegada al mar

la propiedad común (mueble o inmue­
ble). Muchas personas que se creen ho­
nestas y no se atreverían a dañar la
casa o el objeto de otro ni a apoderarse
de dinero o valores que no les pertene­
cen, no tienen inconveniente en lesionar
la obra intelectual ajena, reproduciéndola
en forma fragmentaria, perjudicial para
su belleza o su comprensión, o suprimien­
do o modificando su título, u omitiendo
el nombre del autor. Ello se debe a que el
derecho de “ dominio” (derecho real so­
bre “ cosas” ) tiene una larga tradición de
respeto colectivo, y a que su protección
está asegurada por enérgicas sanciones ci­
viles y penales. En cambio, el derecho in­
telectual ha nacido hace poco, y tiene to­
davía que luchar para obtener el recono­
cimiento general. Tampoco se ha difun­
dido suficientemente — ni aun entre los

Soneto
D ’A n n u n z i o .

llegado hasta el mar con todo el pecho
llorando parva, mies, vellón y aguada,
y el volar de la tarde sosegada
primero fue canción y luego lecho.

J S J o te despierte el aire que se augura
^ en el temblor del lirio y de la fuente,
ni te quiebren la paz, niño inocente,
la vana ciencia y la palabra obscura.

Cómo ha sufrido el corazón estrecho
en su prisión de arena. Qué anhelada
la visión de la estrella recordada
en un celeste y olvidado techo.

Libre de amarga luz sea tu mente
como ángel por nacer, y de tu altura
vela por mí, fugaz desgarradura,
tú que me habitas tan profundamente.

Hincha mis venas sangre más amarga
mi sombra es sal, es alga o es promesa
y no tengo siquiera la certeza

Oh réplica mortal, oh fiel tortura,
raíz y duelo de mi desventura,
mejora el árbol, guarda la simiente,

del cardo adusto que el camino alarga.
Llueve la ola su azul y se descarga
en la continua voz de mi tristeza.

tú que puedes salvar mi arquitectura,_
que hasta mi vida se ha tornado pura,
de tanto meditar sobre tu frente.

H

JORGE

MELAZZA

A M E R I C O

M U T TO N I

C A L I

Mendoza, 1945.

matográfica, en el arte aplicado, en la ra­
diotelefonía, etc.
TACTORES SOCIALES. - SITUACION
SOCIAL DEL PRODUCTOR IN T E ­
LECTUAL. - INDECISION LEGISLA­
TIVA FRENTE A SUS DERECHOS
El delito en general es un fenómeno de
patología social, una enfermedad de la vi­
da social. Esta es esencialmente conviven­
cia y cooperación, y frente a ella la crimi­
nalidad se presenta como un conjunto de
hechos sociales negativos, de desintegra­
ción, que ponen en peligro el normal fun­
cionamiento de la vida colectiva.
Ferri menciona, entre otros factores so­
ciales de la delincuencia en general: la
densidad diferente de la población (ciu­
dad y cam po), el estado de la opinión pú­
blica, la organización económica y polí­
tica, la administración pública, la justi­
cia, el sistema legislativo.
Sin dejar de reconocer la influencia que
en conjunto pueden tener los factores se­
ñalados, creemos que en nuestra materia
han obrado y obran aún como factores
sociales: 1° El estado de opinión colectiva
sobre la situación del productor intelec­
tual; 2? La indecisión legislativa en el re­
conocimiento de estos derechos, traduci­
da en textos deficientes.
Existen todavía personas — aun en-

y otros análogos aprovechadores de la
labor ajena, quienes alegan que con sus
ediciones y reproducciones indebidas po­
nen al alcance del público, en forma eco­
nómica, las obras que, de otro modo, no
llegarían a su conocimiento.
Otras veces la piratería editorial suele
invocar — en lo que se refiere a las obras
de autores extranjeros-— un falso “ nacio­
nalismo”. Se dice: no protejamos al autor
extranjero o limitemos su tutela, y reser­
vemos el apoyo de la ley para el autor del
país. Criterio poco afortunado, que, por
desgracia, ha convencido a los legisladores
más de una vez (el artículo 23 de la lsy
11.723 es un caso que comprueba esta
afirmación). Stephen Ladas, especialista
norteamericano en la materia, señala que
la tutela del autor extranjero en igual
forma que la del nacional, beneficia al se­
gundo porque los editores, al no poder re­
producir libremente la obra extranjera,
encuentra conveniente recurrir a la del
autor nacional. La misma tesis habia sos­
tenido, en 1896, el ministro argentino en
Taris Miguel Cañé, en un informe dirigi­
do a nuestro Gobierno, al aconsejar la
adhesión del país a la Convención de
Berna.
Añádase a esto que mucha gente no ha
llegado a sentir por la llamada "propie­
dad intelectual” el mismo respeto que por

Y como se ha dicho mas arriba, tam­
bién contribuye el atraso de la legislación
sobre la materia. La indecisión de los pre­
ceptos legales se traduce en textos impre­
cisos y contradictorios, lo cual, aun en
forma indirecta, alienta a ios infractores.
Cierto es que los derechos intelectuales
constituyen una materia todavía en evo­
lución. Los juristas discuten, sin ponerse
de acuerdo, sobre la naturaleza de talesderechos; no hay uniformidad en la ter­
minología, ni en las soluciones legislativas
de los distintos paises, y de tal modo se
multiplican las dificultades- en la aplica­
ción de la ley.
REMEDIOS PREVENTIVOS

rfEterna Infancia te vindique, hombre pecador ”

e

Tal estado social hace que no siempre el
autor y su obra sean tratados con la con­
sideración que merecen. Asi. por ejemplo,
un director de revista no vacila en mo­
dificar, sin, previa consulta, el texto del
articulo enviado por un colaborador.
Giertos editores, al publicar sus libros,
prevén en último término —y a veces es­
te cálculo no figura para nada en sus cuen­
tas— , cortio el menor de los gastos de edi­
ción, el importe de los "derechos de
autor”. Un comerciante adopta la cos­
tumbre de usar, sin consentimiento, como
característica musical de su propaganda
por radio, fragmentos de obras famosas,
sin pensar o sin importarle que así rebaja
la jerarquía de la obra de arte.

hombres de ley— la distinción jurídica
entre los “ derechos personales” (derecho
moral) y los “ derechos pecuniarios” . La
cesión o autorización a un tercero para ex­
plotar una obra no implica para el autor
la pérdida del derecho de seguir sien­
do reconocido en la paterminad de la
misma y de exigir el respeto de su inte­
gridad y fidelidad.
Debe agregarse, por último, como un
factor social que favorece ei desarrollo de
la delincuencia a que nos referimos, cier­
ta actitud despreocupada — por no decir
despectiva— que existe en algunos secto­
res de la sociedad con relación al escritor,
al sabio y al artista. Aunque en todos los
países se honra oficialmente (por lo ge­
neral, en forma postuma) a las figuras so­
bresalientes de la ciencia, el arte y Las le­
tras, en la realidad no se les reconoce la
jerarquía que les corresponde. En cam­
bio, otros elementos de la sociedad, como
el financista, el rico terrateniente, el po­
lítico, el alto funcionario, cuentan siem­
pre con el respeto de la mayoría de sus
conciudadanos, sin duda porque tienen
en sus manos poderes materiales.
Debe recordarse asimismo la situación
indefensa de algunas categorías de traba­
jadores intelectuales, como ser la de los
escritores, individualistas por excelencia y,
por lo tanto, reacios a la agremiación, que
es la que ha hecho fuerte al obrero manual.

No repetiremos, por ya sabido, el con­
cepto de que la sanción penal por sí sola
no es nunca suficiente para acabar con
una forma de delincuencia. La represión
Ce la ley debe completarse con la organi­
zación de medios preventivos que actúen
sobre los factores sociales que favorecen
el nacimiento de hechos calificados como
delitos.
Apuntemos algunos de los remedios
preventivos que pueden preconizarse en
esta materia.
Un excelente recurso lo constituye la
agremiación orgánica de los trabajadores
de la inteligencia. La práctica nos demues­
tra que, cuanto mejor organizado se en­
cuentra un gremio de autores o de otros
productores intelectuales, más raras son
las violaciones de sus derechos. Ya no se
hallan indefensos frente a los beneficia­
rios de sus obras o invenciones. Con todo,
para garantía de los autores y de los usüanos de sus obras, es necesario que las so­
ciedades de autores sean cuidadosamente
reglamentada.'' por la ley.
La organización paralela de los otros
gremios vinculados a la labor intelectual:
editores, empresarios, etc., en Cámaras o
Asociaciones, contribuye a la depuración
ac- los mismos, mediante el aislamiento soc.etario de aquellos que no sujeten sus ac­
tividades a normas de corrección. Además,
estos organismos permiten ei entendimien­
to entre los distintos gremios afines y la
solución amigable de problemas de inte­
rés común. En la Argentina existe, con
buenos resultados, juntas intergremiales
de escritores y editores,'y de autores tea­
trales y empresarios.
Ciertas medidas de orden administrati­
vo, como la inscripción obligatoria de
editores, impresores y vendedores de li­
bros en un registro público, y el control
obligatorio de la tirada de las ediciones,
harían más difícil la aparición de edicio­
nes piratas. La clausura temporaria — o
cefinitiva, en caso de reincidencia— de
los locales de los editores y vendedores pi­
ratas, declarados tales por la justicia, sería
también una medida eficaz.
Finalmente, cabe señalar que el des­
arrollo de los estudios jurídicos1 sobre la
materia, al resolver y divulgar estos pro­
blemas, contribuye al mejor amparo de
los derechos y a llamar la atención de los
legisladores y hombres de gobierno sobr:
las cuestiones que preocupan al traba ador intelectual, y que son siempre del mas
alto interés para un país.

�rn m m m m m .

C O N T R A P U N T O
I

E ST A M PA S ANTIGUAS

inclinación frecuente al pla­
desmedido, que en sentido lato
se llama epicureismo, es que el nombre
P o r
del genio ateniense vivirá tan to como la
humanidad misma.
A LEJA N D RO DENIS
Aunque parezca extraño, esta forma
de entender y nominar esta tendencia y
se basa el positivismo del esfuerzo que
II
samblar con la vibración orgánica de ese
por consiguiente su teoría, no es riguro
engrandece y da objeto a la vida.
mundo del siglo trece, cuya definición
sámente la exacta, que fija como base
tal vez surgiera al advertir en él la
Rehusar la lucha, eludirla, es derro­
l siglo doce, sentencioso, enciclopedis­
del sistema moral llamado hedonismo y
subordinación de las artes, la moral y la
tarse.
Alejarse
del
mundo
es
alinearse
ta y teológico, de alma intemperante
recomienda a sus adeptos, junto a la paz
en
lo
negativo,
disgregarse,
morir...
y
espíritu
ardiente,
que
habría
de
en­
filosofía,
a una acción efectiva de paz
del alma y la luz del espíritu, "el placer
calmo y sin riesgos” . La primera inter­
pretación sería, pues, inexacta por "ex­
cesiva” , desde que aparece significando
licenciosidad y desenfreno, falla que ya
le imputaron, con perceptible error, sus
adversarios. Epicuro mismo lo advierte:
"Cuando decimos que el placer es el fin,
no nos referimos al placer de los desen­
frenados y meros gozadores” .
Sin parar mientes en aquello de que
el padre del hedonismo, volvía a menudo
sus ojos hacia Demócrito, genio satírico
y profundo, para asimilar, desmañado V
mediocremente sus teorías científicas; ni
tampoco en su filosofía tediosa y vaga,
carente de originalidad y de fondo serio,
se podría reparar en sus atributos éticos,
en su manera de vivir, de ser, de con­
ducirse, punto neurálgico, que dió pie
a Cicerón para acusar la contradicción
entre los hechos y las teorías, entre el
hombre y su espíritu. Podría hablarse
OUS tournant done vers les jeunes
\ / o l v ié n d o n o s hacia los jóvenes, volde todo ello; pero brevemente, para re­
gens, nous tournant d’autre part,
V viéndonos hacia la otra parte, volvién­
ducir el vasto cuadro a las modestas di­
nous tournant de l’autre cóté nous ne
donos hacia el otro bando, no podemos
mensiones que abarca una leve mirada.
pouvons que dire et faire, nous ne poumenos que decir y hacer, no podemos
Una suerte de propensión física y de
vons que leur dire: Preñez garde. Vous
menos que decirles: Cuidado. Nos tratáis
parquedad reflexiva, daba a sus actos, a
nous traitez de vieilles bétes. C ’est bien.
de viejos idiotas. Bien. Pero cuidado.
su obra social, a su vida toda, cierto res­
Mais preñez garde. Quand vous parlez
Cuando habláis a la ligera, cuando tra­
plandor de clara y efectiva santidad, en
á la légére, quand vous traitez légéretáis ligeramente, tan ligeramente a la
su actitud de hombre sobrio y de suave
ment, si légérement la République, vous
la República, no sólo os exponéis a ser
y noble maestro.
ne risquez pas seulement d’étre injustes,
injustos, (que quizá no sea nada, al me­
(ce qui n ’est peut-étre rien, au moins
Con la conciencia plena de cuanto le
nos lo decís vosotros, en vuestro sistema,
vous le dites, dans votre systéme, mais
rodeaba, experimentaba, si no repulsa,
pero que, en nuestro sistema, es grave,
ce qui, dans notre systéme, est grave,
por lo menos indiferencia hacia todos
para nuestras ideas, considerable), os ex­
dans nos idées, considérable), vous ris­
esos grupos decadentes, a quienes roía la
ponéis a más, en vuestro sistema, aun en
quez plus, dans votre systéme, mime
pasión política, el exhibicionismo y la
vuestras ideas, os exponéis a ser unos
dans vos idées, vous risquez d’ltre sots.
ambición, elementos tan opuestos a otros
tontos. Para entrar en vuestro sistema,
Pour entrer dans votre systéme, dans vo­
signos reveladores de la grandeza y el
hasta en vuestro lenguaje. Olvidáis, des­
tre langage mime. Vous oubliez, vous
esplendor de la época.
conocéis que ha habido una mística re­
méconnaissez qu’il y a eu une mystique
La vida recoleta de su casa y su jar­
publicana: y olvidarla y desconocerla, no
républicaine: et de l’oublier et de la médín, no era adaptación, según podría su­
hará que esa mística no haya existido.
connaítre ne fera pas qu’elle n’ait pas
ponerse dada la enfermedad que le tuvo
Hubo hombres que murieron por la liber­
été. Des hommes sont morts pour la li­
postrado tantos años, sino algo que sen­
tad como hubo hombres que murieron
berté comme des hommes sont morts
tía y practicaba, como una forma per­
por la fe. Estas elecciones os parecen hoy
pour la foi. Ces élections aujourd’hui
manente de "estar en él” y también de
una formalidad grotesca, universalmente
vous paraissent une formalité grotesque,
compulsar desde ahí el ambiente velei­
embustera, amañada por todas partes. Y
universellement menteuse, truquée de toudoso y promiscuo de la calle.
tenéis derecho a decirlo. Pero ha habido
tes parts. E t vous avez le droit de le
Predicaba con el ejemplo y la palabra
hombres que vivieron, hombres innume­
dire. Mais des hommes ont vécu, des
a sus escasos discípulos y amigos, los bie­
rables, héroes, mártires y diria santos —
nes augustos de la "potestad de obrar
hommes sans nombre, des héros, des mary cuando digo santos creo que sé lo que
por reflexión y elección”, vale decir asis­
tyrs, et je dirai des saints — et quand
digo — , ha habido hombres que vivie­
tido por la razón y la libertad.
je dis des saints je sais peut-ltre ce que
ron, innumerables, heroicamente, santa­
je
dis,
—
des
hommes
ont
vécu
sans
N o llegaban hasta ahí — y acaso él
mente, hombres que sufrieron, hombres
nombre, héroíquement, saintement, des
lo valorara mejor que nadie — las estri­
que murieron, todo un pueblo que vivió
hommes ont souffert, des hommes sont
dencias de las ágoras, ni las vehemencias
para que el último de los imbéciles tenga
morts, tout un peuqle a vécu pour que
de ningún arrebato. Lo que apasiona,
hoy el derecho de cumplir esta formali­
le dernier des imbéciles aujourd’hui ait
arrastra, inhibe el discernimiento, defor­
dad amañada. Aquello fué un parto te­
le droit d ’accomplir cette formalité tru ­
ma la visión.
quée. Ce fu t un terrible, un laborieux,
rrible, trabajoso, formidable. Aquello no
Nada de cuanto pudiera considerarse
un redoutable enfantement. Ce ne fu t
siempre fué el colmo de lo grotesco. "5Í
extrahumano o sobrenatural le atraía.
pas toujours du dernier grotesque. Et
alrededor de nosotros hay pueblos, pue­
El "más allá” no le inquietaba porque
des peuples autour de nous, des peuples
blos enteros, razas trabajadas por los su­
no creía en él.
entiers, des races travaillées du mime
frimientos de ese mismo parto, que su­
Su piedad en forma de óbolo, posá­
enfantement douloureux, travaillent et
base pródiga sobre toda mano tendida
fren y luchan por obtener esta formali­
luttent pour obtenir cette formalité déy necesitada.
dad irrisoria. Estas elecciones son irriso­
risoire. Ces élections sont dérisoires.
rias. Pero hubo un tiempo, mi querido
Gustábale exaltar los sitios y frecuen­
Mais il y a eu un temps, mon cher VaVariot, un tiempo heroico en que los en­
tar los caminos donde cerníanse el so­
riot, un temps hérolque oú les malades
fermos y moribundos se hacían llevar en
siego y la paz.
et les mourants se faisaient porter dans
La guerra le causaba horror, siendo
sus sillas para it a depositar su boleta en
des chaises pour aller déposer leur bulcomo es, la máxima barbarie, lo mismo
la urna. Depositar su boleta en la urna,
letin dans l’urne. Déposer son bulletin
que todo sufrimiento o sacrificio.
esta expresión os parece hoy el colmo de
dans l’urne, cette expression vous parait
Aunque prudente y tolerante en alto
lo grotesco. H a sido preparada por un
aujourd’hui du dernier grotesque. Elle a
grado, era accesible al odio. Odió la vicia
siglo de heroísmo. No por un heroísmo
été préparée par un siécle d’héro'isme.
o gran parte de ella.
de fachada, por un heroísmo de literatu­
Non pas d’héroisme á la manque, d’un
ra. Por un siglo del más indiscutible, del
Mostró a sus oyentes cómo la riqueza
héroisme á la littéraire. Par un siécle du
más auténtico heroísmo. Y del más fran­
enfría y encoge el corazón tras el egoís­
plus incontestable, du plus authentique
mo, tanto como la pobreza lo ensancha
cés, diría yo. Estas elecciones son irriso­
héroime. E t je dirai de plus franjáis. Ces
y ennoblece en la generosidad.
rias. Pero ha habido una elección. Es la
élections sont derisoires. Mais il y a eu
gran partición del mundo, la gran elec­
Los dioses tenían para él una existen­
une élection. C ’est le grand partage du
ción
del mundo moderno entre el A nti­
cia dudosa y lejana. Eran más bien mi­
monde, la grande élection du monde moguo Régimen y la Revolución. Y ha ha­
tos. ¿Qué importaban entonces su an­
derne entre l’Ancien Régime et la Rébido una sagrada votación, Variot, Jean
tropomorfismo, su belleza y su ventura?
volution. E t il y a eu un sacré ballotVariot, ha habido esa pequeña votación
A menudo, cuando sentía, o creía sen­
rage, Variot, Jean Variot, il y a eu ce
que empezó en el molino de Valmy y que
tir sobre su cabeza el soplo de los n ú ­
petit ballottage qui commenga au moumenes, replegábase en sí para ofrendar
no acabó sino en las alturas de Hougou­
lin de Valmy et qui finit á peine sur
su fervor, como si estuviera en un tem ­
mont. Por otra parte, aquello acabó como
les hauteurs de Hougoumont. D ’ailleurs
plo, junto a la unción de las multitudes
todas las cuestiones políticas, por una
ga a fini comme toutes les affaires polirecogidas.
especie de compromiso, de arreglo de
tiques, par une espéce de compromis, de
Pero ¿eran eficientes y fructíferas es­
cuentas entre los dos partidos que se
cote mal taillée entre les deux partis qui
ta actitud y estas normas para aconse­
enfrentaban.
étaient en présence.
jarlas y seguirlas?
Su escaso concurso contestó, sin duda,
Charles Peguy, que había nacido en
N o t ic ia : Aunque Peguy esté de mo­
por la época. En cuanto a los hombres
1873, murió como un bravo en el Marda y lo reivindiquen ahora muchos que
de hoy, habituados a los climas y dina­
ne, como había vivido, defendiendo a
siguen ignorándolo, papeiiios cantan, y
mismos del mundo actual, lo menos que
Francia.
este texto de Notre Jeunesse resuena co­
podrían pensar es que deprimían, apo­
mo advertencia clara y severa entre la
caban, reducían o apagaban en el silen­
TR1STAN FERNAND EZ
bruma de tanto discurso elocuente.
cio, las aptitudes creadoras, sobre las que

P

or

esa

cer

E

N

V.

Pág. 13
y de fe, fué propicia, acaso, a la apa­
rición de quien hizo de sí la viva encar­
nación de una doctrina. Francisco — el
hombre aludido — pareció buscar su me­
dio en la acción exhaustiva y templarse
en la agresividad corrosiva del ambiente.
Su figura precaria y su físico ende­
ble, alejaban hasta la sospecha de la exis­
tencia de potencia alguna. Pero podría de­
cirse que él no fué otra cosa que eso: po­
tencia, pcfencia y acción, arrastrando
un cuerpo huidizo, "evasivo”, casi tras­
lúcido.
Su corazón lo empujaba hacia las en­
crucijadas donde la vida quema y ar­
den los leños del deseo. De todas ellas
salió más puro, más humilde, más pleno
de fe y de amor.
Fué al encuentro de su destino, d iría­
mos mejor, "se hizo” él un destino a
fuer de surcar las rutas más difíciles. Al
principio, pareció extraviarse en la elec­
ción de los medios, pues hasta robó y nada
menos que a su padre. Pero ello, tras
la dureza del castigo, le sirvió para com­
prender que si se decidía por lo que ya
tenía pensado, no necesitaba nada, ni
siquiera las ropas de su cuerpo. Las arro­
jó de sí, incluso su dinero. Se despojó
de todo vínculo con el mundo que ha­
bía frecuentado hasta entonces, "le vol­
vió la espalda” y se lanzó a la vida por
las sendas heladas "investido” de soledad.
Mientras avanzaba bajo la nieve, el
ex aprendiz de guerrero, el incurable so­
ñador, el poeta que gustaba expresarse
en lengua provenzal, entonó el canto del
hombre sin ropas, verdadero cántico del
hombre feliz. Ironizó mansamente hasta
la idea de los bienes. Frustró al enemigo,
ese enemigo estirado y poderoso m arti­
rizado por el deseo de poseer más, siem­
pre más y lo venció por la generosidad.
Sus palabras, de visos totémicos, gol­
peaban las frentes de los tercos: "O s im­
ploro hermanos, que seáis tan sabios co­
mo nuestra Hermana la Margarita y co­
mo nuestro Hermano el Diente de León.
A ellos jamás les impide dormir la pre­
ocupación d el. mañana, pese a que lu­
cen coronas de oro como los reyes” .
La definición de un Hermano — y
ello estaba al alcance de cualquiera —
no era menos sencilla y gráfica: "Que
sea delgado, para que pueda escapar por
entre los barrotes de la jaula todos los
días y librarse de ser apresado por el
mundo. Que sus ropas sean pocas, a fin
de que pueda caminar de prisa y recorrer
grandes distancias” .
El ardid del sistema estaría — según
él mismo acaso lo pensó — en hacer que
"el mundo fuera sobrepasado, desborda­
do por el Hermano”. Que la sociedad
— esa sociedad que se repliega en la in­
transigencia y el egoísmo — "no supie­
ra qué hacer con tal género de indivi­
duo, dado que el hambre no es amenaza
para quien vive y parece fortificarse en
el ayuno, ni tampoco la mendicidad,
desde que él no es otra cosa que un
mendigo” .
¿Qué quiso para sí este hombre de
hierro? No fué, sin duda, "el cielo que
se nos tiene prometido” . Tampoco, aca­
so, ninguna de las recompensas dei "más
allá”. Se ha dicho que él quería "pagar”
su vida, pese a saber que eso no puede
pagarse. Le veremos, dice uno de sus
biógrafos, afanado, esforzándose por dar
aquello que él no puede entregar y que
nadie puede esperar que entregue.
Parece más bien que él buscó en la
brega diaria la satisfacción de una in­
quietud ingénita, el pulso de esa felici­
dad que reside en hacer lo que se de­
be y se quiere, y en advertir que se ha
puesto en ello el - mayor afán y el más
ímprobo esfuerzo.
Este excepcional ejemplar de trotatierras, reconstructor en persona de igle­
sias en ruinas, este extraordinario facedor de la voluntad pareció conservar
hasta morir, junto a sus desvelos de crea­
dor, su ojos de niño. Fué eso: niño y
Dios. Dedjicó versos al Hermano Sol.
Soñó con la perfección humana, empe­
zando él mismo por serlo. Escribió con
la sangre de su alma un bello poema de
la vida, cuyas estrofas forjó en el duro
yunque de cada día. Cultivó sus "florecillas en la montaña y en los valles y
sobre todo y por sobre todo, amó a la
humanidad. Limó cuanto pudo sus as­
perezas y todo aquello que la torna dís­
cola, belicosa y estéril. Democratizó el
mundo. Ofreció en él el ejemplo mag­
nífico de que cualquiera pueda alcanzar
cuanto desea, mediante la acción, la per­
sistencia y el amor. Dió a todos la eter­
na y hermosa lección de que el objeto
de la vida es luchar, mejorarse y vencer.

�Pág. 14

C O N T RAP U N TO

L os
Ll

rostro

in m a r c e sib l e ,

por

Li b r o s
León

Benarós. (Emecé, editores).

Benarós, como todo buen
LblesEON
poeta, sabe de qué impondera­
esencias está formada la poe­
sía. Inmarcesible, esa is la palabra.
Y es con trabajo humilde y deno­
dado con que se toca esas atmósfe­
ras puras y lejanas. Pero cuando un
poeta sabe que ha llegado hasta ese
límite hace bien en decirlo. Y en
El rostro inmarcesible, su primer
libro de poemas, León Benarós lo di­
ce con palabras exactas y liberadas,
con originalidad de imágenes y be­
lleza formal:
I

Como a un país de eterna lumbre
llegué a su rostro inmarcesible.
Su .claridad resplandecía
sin horizontes y sin límites.
Inabatible, como un árbol
de profundísimas raíces.
Nunca sentí la voz crecida
como en su fiel correspondencia.
Era un nombrar las cosas vivas
por su. razón y por su esencia-;
el equilibrio serenísimo
del corazón y la cabeza.
Tiempo hace que el autor de este
volumen viene destacándose entre los
poetas recientes. Los suplementos li­
terarios más en boga y las revistas
literarias han recogido su abundante
producción lírica que ahora, riguro­
samente depurada, nos ofrece el au­
tor en El rostro inmarcesible.
Una espera, una decantación sin
precipitaciones ha sido el modo de
llegar al volumen, el acierto de León
Benarós. Quizá algún libro suyo de
poemas debió aparecer o no hace
tiempo; pero él prefirió esperar. Y
esa espera le ha liedho ganar en aplo­
mo, en convicción. Así se da el caso
auspicioso de un poeta joven que da
su primer libro con envidiable ma­
durez.
Cuando se pretende comentar —co­
mo en mi caso— un libro de poe­
sía, lo más eficaz es la transcrip­
ción de parte de sus versos. No ha­
cerlo. es traicionar al poeta comen­
tado. ¡La muestra, la muestra!, es la
justa exigencia del lector. Y hay
muestras que suelen valer por más
de un botón de oro. Veamos. De su
poema “ Invierno de familias” , pá­
gina 41:

“ Ideario supersticioso” (pág. 46)
es otro de los poemas que confieren
indiscutida jerarquía a El rostro
inmarcesible. Unas estrofas de ese
poema:
Ay, piedra imán, temida abracada[bra,
quirománticos naipes ermitaños,
en turbios filtros y en perdidos años,
sobre muelas curadas de palabra.
El que escuchaba sobre las aceras
sus propios pasos resonando, y trunca
dejaba una canción. Soy el qué nunca
pasó debajo de las escaleras.
“ Los sueños” , sección del libro en
la que la cita de Baudelaire “ Et
l ’obscur Ennemi qui nous ronge le
cceur — Du sang que nous perdons
croit et se fortifie!” nos predispone
sin engaños para la entrada a ese
mundo misterioso en que se cumplen
extraños destinos y se diseñan oscu­
ros símbolos, minuciosas adverten­
cias, sonoridades íntimas. Tales así
los poemas “ Volaba en sueños” ,
“ Nocturno” y el terrible “ Premo­
nición” que insinúa un lejano pero
bello recuerdo de Poe; pero por so­
bre todo, “ Hombre de pie” , que se
abre con la referencia de una creen­
cia popular: “ Ver en sueños a una
persona de pie, es que vendrá a vi­
sitarnos” . Quiero citar algunos per­
fectos endecasílabos de ese poema
que, en mi sentir, nos da la eviden­
cia de un poeta en pleno goce de
sus condiciones:
Habituado a su mundo desmedido,
se apareció de pie. Me sonreía
desde las lluvias muertas del olvido.
Apaciguado en su manera fría,
avanzaba sin señas ni clamores
en su desventurada cortesía.
Lo coronaban las disueltas flores.
La rosa en el ojal. La mano al pecho;
y ya sin desazón ni sinsabores.

Ay, material sin tasa del invierno,
con qué cosas me llegas del olvido:
tu vaho de eucalipto, tu abolido
caliente hogar y comedor fraterno.

Quisiera poder citar íntegro este
hermoso poema. Ese visitante muer­
to, “ por cálidas memorias sosteni­
do” y “ tímidamente aventurado” ,
nos crispa en un temor perfecto,
“ entre un fondo glacial de escali­
natas” .
¿Qué más se puede decir de un
poeta que se manifiesta, en su pri­
mer libro, con tan densa seguridad?
Se puede, sí, dejarlo decir, con sus
propias palabras, que, después de
todo, serán las que mejor expresen
la esencia de sus cosas:

De lanas y lloviznas estás hecho;
de portales y niños aterid-os.
Alguna vez nos hallarás dormidos
con un escapulario sobre el pecho.

Con lo que sé, sé lo bastante.
Tengo lo fiel, lo necesario.
Con lo vivido y recorrido,
para mi vaso es demasiado.

Intima llama, indefinible herida,
oculta cicatriz, presencia muerta.
Leves nudillos llaman a la puerta
y sin remedio se nos va la vida.

Su poema más largo, “ El ángel
de lino” , condensa toda esa imagi­
nería con que L. B. hace brillar su
simbolismo. A él se encomienda, con
Las cosas del hogar, un ademán ^pureza bíblica:
de los mayores, un suceso deslum­
Encomiendo mis cosas a su pura mebrante en ese mundo irrecuperable
[moria,
de la infancia, son los temas pre­
mi
infancia
a
su
recuerdo,
mi
niñez
dilectos de León Benarós. Y hace
[a
su
historia.
bien en preferirlos. No voy a citar
ahora a Rilke por todo lo que ha
Todas esas cosas, las citadas por
dicho de la infancia; en cambio, voy mí y las no dichas en medida del
a recordar una frase del inolvidable lugar común de la brevedad del es­
profesor ginebrino, don Enrique Fe­ pacio (que suele, en muchos casos,
derico Amiel: “ Hay que volver a la ser verdad), constituyen la firme
sencillez de la infancia.” La infan­ verdad poética con que León Bena­
cia es eso —sencillez— y mucho más rós abona desde ya la permanencia
aun, y en el orbe poétieo-moral del de su expresión, en un libro ventu­
poeta adquiere maravillosas tonali­ roso : El rostro inmarcesible.
dades:
Vicente Barbieri.
Honda de atardecer, penar sin cuento.
Venias con tus voces de otra pieza
\
•con ese descansarnos la cabeza
y con tu ‘ agítese el medicamento’’.
Devuélveme las hadas de tu historia.
Cielorraso llovido fue tu cielo.
Inquieto dormitar, madre en desvelo
de largo camisón y palmatoria.

La

e s p a d a d o r m i d a , por Manuel Peyrou.
(Ediciones "Sur” ) .
I

Ay, doce de la noche —brujería—,
percha fantasma, comed-or crujiente;
ay, vinagre aromático doliente,
callado amanecer y frente fría.

algunos de los cuales datan de 1934,
ya fueron publicados en la revista
“ S ur” y merecieron ser incluidos en
la “ Antología de la literatura fan­

este volumen, seis
C'* OMPONEN
cuentos, seis cuentos policiales,

tástica” por Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares
(el titulado “ La noche incompleta” ),
y en “ Los mejores cuentos policia­
les” , otra selección de Adolfo Bioy
Casares y Jorge Luis Borges (el ti­
tulado “ La espada dormida” ), todo
lo cual le abonan ya una personali­
dad a estos relatos, personalidad de
cosa juzgada. Mas, la reunión de una
serie de cuentos en volumen, admite
las consideraciones a un nuevo todo
que pueden diferir de las apreciacio­
nes hechas en particular.
Adelantemos que los cuentos son
buenos, que la prosa de Peyrou es
elegante, clara y por momentos poé­
tica, y que aborda los temas con un
propósito de dignificación del géne­
ro policial.
Encontramos en este libro, las
aventuras del, al parecer, ineludible
personaje de esta clase de historias,
el detective Jorge Vane “ nacido en
Sud América de ascendencia ingle­
sa” que deduce, asocia, adivina y re­
suelve los “ casos” planteados y tie­
ne la extraña manera da ser de to­
dos los detectives de esta literatura
especial. Para lograr esto, Manuel
Peyrou ha desnudado su estilo, en ese
decir lo indispensable, en ese pre­
sentar problemas que puedan pren­
der la atención del lector para que
éste trate de resolverlos
Al correr de las páginas, nos de­
tenemos en una. “ Las nubes corrían
hacia la luna. Por una ilusión ópti­
ca — o psicológica — también la
luna parecía correr y hasta humani­
zarse en aquel proceso dramático en
que moría la tarde. Hubiérase dicho
—con una suficiente concesión a la
fantasía— que un impulso de volun­
tad personal presidía la destreza con
que sorteaba los pliegues blandos y
grises, que la rodeaban en un caos
tenebroso y flotante” . Este fragmen­
to del cuento “ La playa mágica” nos
hizo pensar más que las intrigas que
deshilvanaba Jorge Vane, y es que
Peyrou no se perdía en él, ni tam­
poco en otras tantas manifestaciones,
trah el personaje y la trama, como le
sucede a- los populares representan­
tes del género policial. Ya que siem­
pre se recordará a Sherlock Holmes,
al doctor Hércules Poirot, a Raffles,
a Sexton Blake y poco a sus autores.
Y nos cuesta entonces, convencernos
que Manuel Peyrou es el escritor de­
dicado sólo a darle vida o a darle
aventuras a un detective. Porque Ma­
nuel Peyrou se ha ubicado en este
libro, en el difícil punto medio entre
la narración puramente policíaca y
popular, y la narrativa de otra índo­
le que aprovecha el género policial,
como unas veces utiliza el ensayo, la
novela o la poesía para dar su cau­
dal interior.
Poe, Chesterton o Borges incursionan esta temática, mas sus creaciones
en dicho sentido no son las que más
los representan. Los lectores del
Ohesterton de “ Ortodoxia” es posi­
ble que no siempre hayan quedado
tan agradados por el padre Browtn,
o tal vez lean las aventuras de este
detective buscando al Ohesterton de
las otras obras y que en definitva
siempre despunta en todas ellas. Loslectores de Borges, leen sus cuen­
tos, quizá, no por sus tramas poli­
ciales, sino por la aventura que le im­
prime a ciertas ideas que nada tie­
nen que ver con lo inherente al gé­
nero.
El otro extremo. Hace unos días,
un escritor de novelas puramente po­
liciales, que nos visitaba ha decla­
rado que en pocos años había escrito
cincuenta libros, tenía cinco secreta­
rias, y otras tantas curiosidades, que
sólo demuestran que el género poli­
cial es eminentemente mayoritario,
como los partidos de fútbol. Uno va a
la cancha, hay dos posibilidades y
sin embargo no se sabe qué sucederá.
Semejante a la narración policial, la
que dentro de una aparente comple­
jidad admite sólo una inquietud.
Contrastan así, los seis cuentos de
Peyrou, dignos cualesquiera de ellos
de figurar por separado como bue­
na expresión del relato en sí, y como
destacados dentro del género policial,
aunque su conjunto deje la expecta­
tiva hacia donde dirigirá las ya nota­
bles posibilidades el escritor Manuel
Peyrou.
A. D. K.

GEOFFREY CHAUCER, EL PADRE DE LA
POESIA INGLESA
por MARTIN ALBERTO RONEO

H1JOde

pequeños Ycomen” — su padre era
viñatero en las reales posesiones de Eduardo
III— Geoffrcy Chaucer (1340-1400), quebró
la tradición familiar entrando, casi adolescente,
al servicio del Duque de Clarence y más tarde
de Juan de Landaster. Es en estas dos poderosas
casas británicas donde se plasmó el carácter de
quien habría de dejar en la histor, a literaria
de su patria páginas tan perdurables Gomo "Los
cuentos de Canterbury”, e influjos que, a tra­
vés de seis siglos, corre por las arterias líricas
•Je casi todos los poetas ingleses hasta el actual
laureado, John Massefield. En 1369 publica
su obra primigenia: "The Book of the Du*
chess”, dedicada íntegramente a llorar la muer­
te de la Duquesa de Lancaster; y con este li­
bro, de ejecución limpia y claro sentimiento,
llama la atención de los más celebrados in­
genios de su época, Gower, Langland y Wycliff entre otros. A partir de entonces ocupa
puestos de responsabilidad burocirática —espe­
cialmente en el Departamento de Aduanas— y
desempeña misiones reales en diferentes estados
europeos, Italia entre ellos, pais éste que visita
en numerosas oportunidades y del cual absorbe
influencias artísticas que pesarán más tarde en
su obra futura. Luego, a casi diez años de su
primer libro, vuelve a suscitar elogiosos comen­
tarios con su "Boecius” (1377), hasta que
"Troilus and Criseyde” (1379) y "The House
of Fame” (1384) lo consagran definitivamente.
En 13 8 5 aparece "The Legend of Good Woomen”, obra de género descriptivo y puente in­
termedio que lo conducirá a la concepción de
su obra maestra: la serie de "Cuentos de Can­
terbury” que, empezada en 13 86, no habría de
interrumpir sino con su muerte en 1400. Un
ensayo clientífico: "F.i Tratado del Astrolabio”
(1391) cierra la producción de este precursor
a qu, en generaciones sucesivas reconocen como
el padre de la poesía inglesa.
Varios exégetas señálanle influencias del Dan­
te, pero, verdaderamente, el genio de Chaucer
es todo menos dantesco. Creemos, apoyados en
autoridades como Wiíliam J, Entwistle, por
ejemplo, que fue Boccaccio su maestro indis­
cutible, y que el prest/gio de un Ovidio pesó
mucho más que el del autor de la "Vita Nuova”, en quien el poeta de "Canterbury Tales"
no veía más que um forma profunda del ale­
gorista. Y si bien "The House of Fame” recibe
una ligera sugestión de! Dante, en cambio toda
la serie de: sus "Cuentos” es "boccacciana”.
En efecto: "Knights Tales” deriva de Teseda.
"Clerk’s Tales” es una manera, algo petrar-

C in c o pesos , po c a p l a t a , por Aristó-

bulo Echegaray. (Ediciones Feria).

OYELA de la monotonía y el
N hastío ésta que nos ofrece Aristóbulo Echegaray; los días deslizán­
dose como agazapados en torno a un
puñado de hombres descontentos que
vegetan en el pequeño mundo deli­
mitado por las paralelas de los rieles
tendidos hacia el infinito y el edifi­
cio de madera y zinc de una esta­
ción ferroviaria de provincias.
La vida es allí un continuo enve­
jecer, un asirse a ideas y ambiciones
juveniles que se van escapando por
entre los dedos de las manos como
imperceptibles hilillos de agua.
“ Días iguales, noches perforadas
de trenes, gotear monótono y apre­
surado de signos Morse que piden o
clan vías libres, salidas o llegadas...”
Y en esa inmensa soledad —ade­
lante y atrás y a los costados, campo
y sólo campo— la semilla joven de
un hombre que no se resigna a es­
tancarse, que quiere huir del embru­
tecimiento de la idéntica labor reali­
zada hora tras hora y que sueña con
horizontes dilatados, con marchar
hacia el futuro paso a paso, en vez
de aguardarlo resignadamente en su
sitio de años.
El autor comunica a las breves pá­
ginas de su novela esta monotonía
del paisaje apenas alterada por el
rumor monocorde de un tren cargue­
ro que parece murmurar a su paso
cansino: “ Cinco pesos, poca p la ta ...
Cinco pesos, poca p la ta .. . canción
que el telegrafista recuerda de me­
moria, porque ha nacido entre los
rieles de una estación ferroviaria y
no quiere morir en otra.
Echegaray quiere darle un conte­
nido ideológico a su novela y hace
aparecer el pequeño drama de ese
puñado de hombres de distintas ideo­
logías —algunos no profesan ningu­
na— como el resultado lógico de la
política imperialista de cierta na­
ción. Si bien coincidimos en algunos
aspectos de su posición, no podemos
dejar de hacer notar que, cuando se
mentan males sin sugerir remedios,
los enfermos no curan.
Aparte de esto, consideramos toda
expresión de patrioterismo como ar­
tificial y chocante. Como tal repu­
tamos el capítulo en que Aldao sue­
ña con una hipotética y no bien de­

quesea, de interpretación de la historia de Grisclda, y su "Monk’s Tales” entronca con De
Caribus al igual qu£ su Troilus con el hilostrato. Más notable aún que estas influencias,
es la afinidad espiritual de los dos ingenios,
dotados tan magníficamente como narradores.
Nótase ésto comparando el "Decameron” y los
"Cuentos de Canterbury”, los más plenos de
afinidades en lo que al contenido argumental
se refiere. La obra dei italiano es, indudable­
mente, más lograda y uniforme, pero el inglés
lo supera por ese privilegio del poeta de abr r
constantemente horizontes nuevos. Por otra
parte, Chaucer no buscaba tanto la perfección
— que el otro encuentra en Petrarca— maduro
va su gusto por las lecturas de los franceses
o por una suerte de impermeabilidad tempera­
mental que le impedís, llevar a su búsqueda
artística hacia regiones muy elevadas. La ori­
ginalidad de Chaucer está más bien en razón
directa con la amplitud de su influencia denrro de la retórica de su patria. En efecto, sus
contemporáneos fueron poco a poco abandonan­
do el sistema de aliteración, por entonces en
boga, para adherir firmemente el principio chauceriano de rima y número; principio que em­
pleaba la forma aliterativa como vehículo emo­
cional solamente. Dificultad tremenda, ésta, ya
que, como es sabido, las sílabas inglesas, des­
iguales en duración y número, no se ajustaban
con facilidad a un plan numérico estricto, co­
mo en el verso francés, por ejemplo. Sólo la
consumada habilidad de un Chaucer pudo su­
perar este inconveniente y dejar a la prosodia
inglesa definitivamente asentada.
Al igual que en el romance castellano del
Cid Campeador, el lenguaje es lo que mantienca Geoffrcy Chaucer a relativa distancia del lec­
tor común, por la gran cantidad de términos
fuera de uso, especialmente aquellos ya reem­
plazados con los de raíz latina renacentista.
S n embargo, cualquier intento de modernizar
el medio expresivo de quien fue considerado "el
segundo, después del Dante, entre los poetas
medioevales”, es tarea, si no imposible, de gus­
to artístico dudoso. El efecto de sus versos es­
tá calculado hasta en los menores detalles de
ritmo y música, en forma tal, que nada puede
ser en él reemplazado con ventaja. Esta difi­
cultad no es, sin embargo, inconveniente para
que sea leído — al igual que Bede— y que se
admire ^a belleza de su estilo o la fuerza ima­
ginativa de su mensaje, cuya resonancia uni­
versal va más allá del tiempo y de bs escuelasestéticas.

terminada revolución liberadora. Con
un tema de idéntica dimensión, ahon­
dando sin escrúpulos en la psicolo­
gía de cada personaje, sin hacer con­
cesiones a la demagogia literaria y,
sobre todo, rehuyendo esa postura
artificial de que hablamos, Cinco
pesos, poca plata podría haber sido
una novela que llamara la atención.
No negaremos que Echegaray ha
preferido brindarnos una novela de
concepción localista —con un crite­
rio muy respetable y que no siempre
prima en nuestros •escritoras, más
amantes de lo foráneo— al hablar­
nos del norte argentino, no de la
pampa bárbara ni de gauchos mon­
toneros con ribetes radiotelefónicos;
y el lenguaje de sus hombres es na­
tural, lógico, sin alteraciones saine­
tescas. Pero también es innegable
que el tema se le escapa de las ma­
nos y, trabado en su expresión por
sus propios errores conceptuales, el
autor ha asistido al fracaso de lo que,
en un principio parecía constituir
un acierto literario.
Entendamos que al hablar del fa­
llido “ acierto” no nos referimos al
aspecto exitoso desde el punto de
vista del librero, sino a ese otro que
implica la pr'opia Satisfacción de
concluir una obra y sentirse confor­
me —auténtica y modestamente con­
forme— del trabajo realizado.
Escrita en tono fácil, sin incidir
en las descripciones del paisaje —ahí
debería ahondar Echegaray— ni hur­
gar en la desdibujada psicología de
sus personajes, Cinco pesos, poca
plata es, no obstante, una historia
que revela en el autor una no desde­
ñable capacidad novelística. Es esta
condición la que nos hace exigentes.
En mérito a una insubsanable medio­
cridad pueden disimularse los erro­
res de ciertos pseudo-escritores, aun
cuando con el silencio de la crítica
es suficiente en esos casos. Pero cuan­
do un hombre revela ser poseedor
de talento y desgasta sus energías,
su tiempo, su capacidad, sin brindar
un fruto madurado, no se puede
ocultar el desliz bajo artificio al­
guno.
Es de esperar, pues, que Aristóbulo Echegaray encuentre el exacto
destino de sus posibilidades y un
auténtico Arehículo para sus convic­
ciones.
José A. Vilá Pía.

�C O N T R A P U N T O

Carlos R uiz Daudet: he aquí un hom­
bre que conoce el material con que tra­
baja, he aquí un novelista con los pies
bien asentados en su tierra, un escritor
que no rehuye los escollos ni se entrega
a fáciles blanduras. Paisaje, temas, per­
sonajes, época, todos bravos. Bravos por
nuestros, por conocidos, ya que se nece
sita la mano de un verdadero narrado&gt;
para qtíe nos resulte no sólo tolerable
sino que por momentos avasallador el
relato de los hombres, las cosas, las pe­
queñas grandezas y las grandes miserias
cotidianas, las mismas cosas, rostros, m i­
serias y sublimidades que tenemos antt
nuestros ojos todos los días.
Conocedor entusiasta y estudioso del
campo argentino, R uiz Daudet utiliza su
realidad sin vueltas ni disfraces. Sabe
"(...aq u ella gota tenia un destino,
marcado en el juego maravillosamente
rodante de su curso, a la vera de una
y otra y otra más y trillones y cuatri­
llones de hermanas que descendían de las
nubes y que luego abandonaban el suelo,
armoniosa y aritméticamente responsa­
bles de su necesidad en el proceso cós­
mico. La gota procedía de un lugar sin
espacio y de un instante sin reloj, pero
hacía dos jornadas que caminaba dis­
tinta y confundida con los sextillones de
gotas camaradas, engrosando el torrente
caudaloso de Oeste a Oriente, en una in­
mensa lengua de doscientos kilómetros.
Era simbiosis de una partícula de oxí­
geno y dos partículas de hidrógeno vincu­
ladas en lazo indisoluble para su propia
finalidad, y marchaba, saltarina a veces
y a veces profunda o burbujeante, al con­
tacto de la luz o de la noche, de las ori­
llas, de los zoófitos, del hierro de los
puentes, de las ramas flotadoras, de cada
muscinea debatida bajo aquella atroz ca­
ricia que la llamaba para ceder su rai­
gambre vegetal e ingresar en el misterio
de una existencia o de una muerte in­
calculada...
...llegó en una precisa fracción de se­
gundo a un preciso milímetro de su an­
dar, y se detuvo, mientras las gotas com­
pañeras continuaban la carrera incesante.
Descubrió el declive y corrió lentamen­
te al hueco donde cabía ella sola, remo­
lineando durante otro infinito de tiem ­
po, extrañada su conciencia ante aquel
cambio de ruta. En seguida súpose pi­
loto de un naciente hilo de agua, de va­
rios centenares de hermanas pugnando
como ella en busca del nivel más bajo
que ofrecía el minúsculo canal abierto
por el cuchillo de un hombre. Cinco mi­
nutos después la corriente salida de ma­
dre iba purificando el pequeño cauce y
se insinuaba por derecho propio, gárru­
la, avanzando y ensanchándose lo nece-

DEFENSA

ma de su narración que alcanza, a través
de un lenguaje desenvuelto y habitual,
la exacta dimensión formal, la necesaria
fuerza dramática y el toque poético que
la jerarquizan y borran algún momen­
táneo desaliño.
La novelística de R uiz Daudet, direc­
ta y fuerte, elude estos válidos pero ven­
tajeros recursos: la extemporaneidad, la
distancia geográfica, el exotismo. Hien­
de la corteza amarga, brutal, conocida.
Expone (y se expone) sin temores, con
eficacia, yendo a la raíz misma de los
problemas con un sentido y una inten-

sario para que algún relámpago pudiera
espejarse en su superficie. El nervioso hi­
lo convirtióse en chorro voraz cuando
la vanguardia llegó cuatro metros más
abajo, yendo entonces a mezclarse con
las charcas del camino vecinal...)

Rivas fué una lucha sorda, mientras en
los charcos la lluvia continuaba gene­
rando una música gruesa que no tenía
fin. Rivas pensó que haberlo imaginado
tan sólo, era igual que haberlo ejecutado.
Ahora seguía bajo el alero y la sombra
de los perros movíase alrededor, como
aguardando la orden de acucharse o de
ir a chucear contra algo que estuviera
inusitadamente flotando sobre las casas,
allí mismo o en cualquier parte, mezcla
de noche, de fiebre, de agua, de sole­
dad... Y cuando Rivas dióse cuenta de
que aun era él, él mismo, Pancho Rivas,
el papero de la colonia, cuando dióse
cuenta de que todo en el mundo mar­
chaba hacia adelante, creyó que cuanto
acababa de sentir era debido a fuerzas
que estaban por encima de él, abatién­
dolo y ahogándolo; esa perenne oscuri­
dad del rancho en el cual la existencia
se le iba desvencijando día tras día sin
remedio ni salvación. Entonces recordó
a la finada y, como preso en una tenaza
de venenos, calculó que sólo habría un
precio para pagar la idea maligna... Haber
pensao, repitióse, ej igual que haberlo he­
cho. Es tarde p’arrepentirme... ¡Ah, si
allí se pudiera ver los rostros de la gen­
te, al menos!... Si al menos hubiese te­
nido, como en las casas ricas, una lám­
para eléctrica iluminando todo, tal vez
aquel fantasma que acababa de cruzar
por las casas y meterse en sus huesos
nunca habría llegado a sacudirle ¡a vida.
Sentía un cimbronazo íntimo que lo
empujaba a evadirse y hacerlo saltar por
la línea del canal vecino, hacia el mar,
lejos, hacia algún sitio desde el cual
nunca pudiera volver a la colonia. Per­
maneció así, • fumando continuamente,
aferrado con intermitencias al travesaño
del alero, como para no hundirse ya mis­
mo. Los perros fueron dispersándose po­
co a poco y todavía corrió un tiempo
enorme hasta que Pancho Rivas fué des­

Francisco Rivas estaba iisto para arar
las hectáreas en las que sembraría papa
una vez más. Aquella vez se levantó del
catre y fué al exterior,-donde el agua pa­
recía estar enloqueciendo la tierra. Los
perros jadeaban rodeándolo, nerviosos y
sorprendidos. Rivas hizo mucho ruido y
Lucinda despertó a su vez, aproximán­
dose al alero y preguntó:
— ¿Qué hay?
— Nada.
— Ah. .
—Si no afloja, pa mañana se cubre
el canal.
Veía la silueta de su hija, apenas di­
bujada en la humedecida sombra. Oyó
que Lucinda decía mecánicamente:
— Ya va a pasar, si cambia el viento,
claro...
En el interior del rancho tosió José.
— Se le habrá corrido la manta a ése...
Andá ver...
La moza fué y regresó al momento,
diciendo:
— Sí, estaba destapado.
— Y... andante vos también. No sé
qué vaj hacer acá...
Le rozó la espalda, empujándola leve­
mente. Sintió la tibia carne de ella bajo
sus dedos y sin saber cómo, le pareció
que algo gris y sucio, una especie de
velo, se venía desplomando con la lluvia
y le estaba golpeando en la frente y en­
turbiando las ideas... Vaya, vaya y acués­
tese, ordenó finalmente. Lucinda se in­
trodujo de nuevo en la pieza, pero lo
que entonces siguió dentro de Pancho

DEL

(Vie ne de la pág. 6)

de los medios expresivos, propósito de
despersonaliaación pavorosa en que se
aniquilaron las más nó'bles intenciones
del viejo naturalismo. En el juego per­
manente de acciones recíprocas dicha to­
nalidad de la psicología es primordial pa­
ra la elección del lenguaje. Aunque los
nutra una común estética, un tempe­
ramento normativo y un temperamento
impulsivo no reaccionarán parejamente
ante idéntico sujeto exterior. Y esto,
que a simple vista parece una perogru­
llada, reflexiónenlo ustedes por un ins­
tante y percibirán la importancia que
adquiere en la redención del realismo,
descalabrado por tanto defensor desati­
nado o por tanto adversario incompren­
sivo.
VIL —

que si en la estancia hace pie la sendo
aristocracia comarcana, en las chacras
exangües se adelanta ya el rancherío sub­
urbano. Conoce la manipulación y el
manipuleo, modos habituales en lo gran­
de y en lo pequeño. Hacia ellos va el
novelista, hombre de campo y de ciudad,
observador sagaz, insobornable, con algo
de periodístico y dinámico, moviéndose
con soltura dentro de los elementos que
utiliza, sometiéndolos y no sometiéndo­
se, porque Ruiz Daudet maneja con des­
treza a sus actores, va engranando con
naturalidad y sin esfuerzo visible la tra-

L a r e c o n q u is t a del h o m b r e

Para el realismo, en última instancia,
el hombre vuelve a señalarse como cen­
tro del mundo, y es en este sentido an­
tropomórfico que puede hablarse de un
nuevo renacimiento, de una nueva su­
misión a las esencias terrenas.
La deshumanización había significado
nada menos que la insurgencia fecunda
frente a la trivialidad del antiguo rea­
lismo antipoético. Mas en virtud de esa
repugnancia la reconquista de los valo­

REALISMO

res estéticos de la forma quedaba des­
medrada por el abandono de los valores
éticos del contenido. El desprecio del
tema, especialmente en pintura, derivá­
base de una inconcebible confusión en­
tre la anécdota que es la exterioridad
transitoria del tema, y el tema mismo,
que es el intersticio para introducirse
en la esencia última de la realidad. La
revolución del arte abstracto fué así,
por largo tiempo, un heroico ascetismo
de las formas, una tortura inacabable
para despojar a las formas de toda sus­
tancia carnal, para hacerlas vibrar por
su pura y absoluta necesidad de formas
abstractas. Pero el arte no podia obs­
tinarse en ese divorcio del mundo real
sin correr el riesgo de abdicar de su pro­
pia condición transformadora. La rela­
ción entre el artista y el espectador —
ese elemento funcional de la obra de arte
que cobra tan empinada jerarquía para
el realismo dinámico— , ¿era posible con­
seguirla, pongamos por caso, mediante
el extremismo de la evasión cubista?
Llevado a meditar sobre estos temas
como teórico y como pintor, André Lothe pregonó el retorno al hombre "re­
clamando violentamente un fumador en
el extremo de la sempiterna pipa cubista
o aun brazos inspirados alrededor de la
obsesiva guitarra insonora”. Y bien: este
retorno al hombre es lo que, si la fórmula

no estuviese tan desacreditada, yo diría
que recoge el realismo como un mandato
histórico. Pero este realismo ya no es
una antípoda del arte abstracto, sino una
superación hereditaria de ese arte abs­
tracto, porque recoge todos los resulta­
dos de sus excursiones técnicas y los en­
riquece con la pompa soberbia de un fla­
mante contenido humanizado. ¿Quiere
decir, entonces, que el tumulto de las
escuelas abstractas ha sido una experien­
cia inane? Cuanto hemos dicho hasta
ahora sirve para asegurar que este nuevo
realismo sería incomprensible si se lo des­
pojara de esa riqueza de análisis que los
subjetivistas brindaron al arte moderno.
Aquella riqueza a los subjetivistas los
desarraigaba del mundo; a los realistas
les sirve, en cambio, para insertarse en
el mundo, para penetrarlo más profunda­
mente, para ascender a la conciencia del
mundo y para hacer de su arte de re­
presentación también un instrumento de
transformación del mundo.
Y es que ninguna experiencia del
hombre está nunca perdida. La "heren­
cia cultural” es un acervo que no po­
dría dilapidarse sin que antes se extin­
guiera la conciencia histórica del hom­
bre como ente pasional y meditativo.
Quizá la ruptura iconoclasta en último
grado no signifique otra cosa que la fal­
ta de lucidez sobre esa línea de interpene­
traciones zigzagueantes que sigue la evo­
lución social. Cuando Stravinsky, en un
gesto desenfrenado, negó todo valor a

ción claramente argentinos. Y entre tan­
ta miseria y tanto dolo y tanto fraude,
aun le alcanza el tiempo para aparecérsenos en alguna página, gallarda y sor­
presivamente, con una flor en la mano...
" Los seis cucos”, "Viajante”, " Provin­
cia”, "Km. 520” y "El Caudillo" jalo­
nan — en ascenso — la obra de este jo­
ven y honrado escritor de la provincia
de Buenos Aires. De "El Caudillo”, su
última novela que fué premiada en un
reciente concurso del diario "Nóticias
Gráficas” por el voto unánime de sus
jurados, damos algunos párrafos que va­
len por más de lo dicho acá.
JU A N G. FERREYRA BASSO
Coronel Mom
(Provincia de Buenos Aires)
pació a su catre, la cabeza perdida y bru­
mosa y el cuerpo humedecido oliendo a
tabaco negro y presa de temblores de
adentro y de afuera.
Cinco horas más tarde, al aclarar, Lu­
cinda se levantó; calzó unas alpargatas
y fué a lavarse; cuando volvía vió al
padre durmiendo pesadamente, bajo una
frazada que le cubría hasta los ojos. A
eso de las ocho encendió lumbre y pre­
paró mate cocido. Dió primeramente a
sus hermanos y luego hizo un tazón para
el padre. La lluvia continuaba y desde
la abertura de la cocina se divisaba la
calle anegada. El velo impedía distin­
guir la línea del canal, pero allá en el
fondo algo se movía, parduzco y claro
a un tiempo, algo que ella no recordaba
haber visto.
— ¡Es agua, se desbordó el canal!
Rivas saltó del camastro y llegó a la
ventana, apretándose la faja, con los
cabellos en desorden. Miró todo por en­
cima de la cabeza de Lucinda, sin hacer
caso de la muchacha. Tenía a Lucinda
casi pegada entre él y la pared, sintien­
do otra vez la tibieza del cuerpo, pero
ahora sólo miraba atento y calculador ha­
cia el lugar de la corriente, que se in­
sinuaba cada vez más precisa. Semejaba
el lomo de un enorme reptil que es­
tuviera despertando.
— Viá ensillar — dijo de pronto.
— ¿No toma mate? — preguntó Lu­
cinda levantando los ojos.
Él fijóse en ¡a hija. Recién entonces
pareció advertir lo de horas antes. Des­
agrió la cara, intentó una sonrisa y por
un instante sintió otra vez el fuego, co­
mo latigazo de sangre. ¡Qué va a ser
ésta mi hija'-... se dijo a sí mismo como'
en un rumor. Lo que siguió entonces
fué cosa de un instante...
(... del sueño había surgido el cálle­

los clásicos alemanes, Busoni acertó a
responderle que los estimarla mejor si
pudiera oírlos con oídos nuevos. Estos
"oídos nuevos”, estos "ojos nuevos” son
la posibilidad de rescatar en el pasado
los elementos que conservan validez para
nuestro presente torturado; son esa fu n ­
ción de la conciencia retrospectiva capaz
de desentrañar la emoción actual en lo
que a primera vista muerto parece para
siempre. Refiriéndose a la tendencia al
equilibrio de la música contemporánea,
tras lo que fué a su tiempo la revolu­
ción extremista del atonalismo, el mis­
mo Busoni ha podido hablar de un "cla­
sicismo moderno” . "Llamo nuevo clasi­
cismo —‘escribía en 1921— al domi­
nio, la selección, la purificación y la ex­
plotación de todas las conquistas logra­
das por los experimentos anteriores.; su
inscripción en formas sólidas y bellas...
Ese arte será, a la vez, nuevo y viejo.
Hacia él caminamos — por fortuna —
consciente o inconscientemente, de gra­
do o a la fuerza.” No comparto la to­
talidad de este examen de Busoni; pero
preciso es convenir que aquel sentimiento
de la "herencia” y de la conjugación de
lo que es simultáneamente nuevo y viejo
en ciertos puntos coincide con el planteo
de una teoría realista del arte, dinámica
y suprasubjetiva, que esta tarde hemos
tratado de dilucidar en sus elementos
formativos.
Volvamos a las palabras del comienzo.

jón que era indispensable enderezar. To­
do cuanto rodeaba a Pancho Rivas, ban­
cos y mesas y catres y perros y enseres
e hijos y aun él mismo, todo ello debería
tener desde ese dia un amasijo distinto,
para siempre, mientras llegara el fin de
las cosas...)
... lo que siguió entonces fué cosa de
un instante; el zarpazo junto al fogón,
el gemido de Lucinda, al que pareció
responder, como un eco, la tos de José
desde la pieza, y luego un hundirse en
la sorda y desesperada irritación del acto
consumado.
Poco más tarde Roberto entraba a la
cocina, haciendo ruido con el rebenque.
La muchacha estaba frente a la ventana,
mirando sin ideas hacia toda la lluvia. El
padre, al ver a Roberto, ordenó:
— Vaj a ensillarme l’oscuro.
Cuando nuevamente quedó solo con
la hija dirigióse a la mesa, partió una
galleta, sumergió pedazos en el mate co­
cido y empezó a comer. Lucinda seguía
sin darse vuelta, la cabeza oscilante, co­
mo si fuera a morirse allí mismo, y no
salía de aquel caos cuando escuchó la
voz de Rivas:
— Traeme los cigarrillos.
Él encendió uno antes de terminar la
taza y se levantó dos o tres veces, yendo
hacia la ventana y haciéndose gestos de
inteligencia. Lucinda seguía ahora sus
movimientos con la mirada, extrañán­
dose de verle actuar como siempre. Por­
que ahora Rivas parecía el de siempre. El
de siempre, cuando algo le preocupaba.
No paraba la mínima atención en la
hija, su vista saltaba por la ventana, co­
mo el humo del cigarrillo, e iba apun­
tando cada vez más precisa hacia el ca­
pa!, y aun más lejos, rodando la masa
invisible del monte de "La Julia”. A n­
siosa, Lucinda-inquirió:
— ¿Pero qué hay máj allá?
Viá ver lo que hay. De seguida
viá ver.
Partió al minuto, cuando Roberto iba
a atar al lado de la cocina. Lucinda lo
miró meterse en la calle mientras el os­
curo escupía barro por las patas. Ella
quedó pegada a la soledad de las casas
y calculó, por fin, que tenía frente a sí
un día como todos los otros. Vino la
lavada de tazas, el cambio de catre para
José, el nuevo fuego en la hornada, la
escoba, el agua en la olla y el mediodía.
Algún vecino que pasó de a caballo le
fué anoticiando de que la cosa era su­
perior a ciento cuarenta milímetros. Des­
pués cesó la lluvia y lució un sol mez­
quino que besaba la humedad infinita de
los campos.

"Si el artista moderno, aquel que pre­
tende ser de "su tiempo” y que, en efec­
to, ha encontrado medios de expresión
dignos de esta época, consintiera en aban­
donar los temas trillados., por aquellos
que reclama el mundo actual, recorrido
por inquietudes y aspiraciones maravi­
llosas, podría suscitar una curiosidad y
pasiones muy grandes. Serija entonces
el alba de un nuevo Renacimiento.”
Para afirmar ese renacimiento del
hombre total de nuestro siglo XX — ac­
tor en las más vastas y resonantes trans­
formaciones de la historia — el nuevo
realismo reclama una inclusión robusta
en las aspiraciones e inquietudes mara­
villosas del mundo actual. No impone
a los artistas una receta; les proporciona
una ordenación filosófica. Sabe que no
puede expresarse toda la realidad; pero
le basta con que el artista traduzca la
que mas cerca esta de su corazón, la
que más siente en su intimidad de hom­
bre, con tal que la acompase con ese in­
menso latido de los otros hombres que
sufren, crean y sueñan parejamente con
sus propios sueños y sus propios senti­
mientos. ¿Es esto acaso la proclamación
de otro humanismo redentor? Acaso eso
sea. Y acaso, también, ya esté anuncián­
dose la respuesta, con leve resplandor de
alba, entre la dura porfía de los hechos
cotidianos.
Montevideo, 1945.

�m gam m m

CONTRAPUNTO

Pag. 16

U N QUE con evidente mo- Z jL rosidad, arriba a feliz tér­
mino un hecho largamente espe­
rado y llamado a cumplir, una
función decisiva en la escena li­
bre del país: la Federación de
Teatros Independientes.
Más de sesenta agrupaciones
— según información periodís­
tica — se han reunido en este
flamante organismo dispuestas a
unificar esfuerzos y orientar la
lucha para mejores conquistas del
teatro nacional. Tarea ardua, na­
da exenta de obstáculos y difi­
cultades de la más diversa índo­
le, ha de tocarle afrontar, si pre­
tende dar a nuestra joven dramá­
tica independiente rumbos deci­
sivos y soluciones inteligentemen­
te adecuadas para poder conju­
rar esta compleja atonía que des­
de hace tiempo se mantiene en
sucesivas presentaciones escé-nicas.
Los teatros independientes han
cumplido su primera etapa. Y
sin temor a la parcialidad o al ne­
gativo elogio inconvincente, se
puede afirmar que el saldo total
con que se cierra este primer ci­
clo, es positivo. No es nuestro
propósito realizar en esta nota un
estudio del aporte independiente
al teatro y la cultura argentina.
Su estudio, b i e n detenido por
cierto, ha de constituir uno de los
primeros e imprescindibles temas
de la novel entidad.
Una serena observación ha de
dar la cifra cabal de los aciertos,
de las conquistas definitivas, de
lo ya incorporado al teatro y tam ­
bién de todo aquello que, sobre­
estimado en su primera hora, es
conveniente desechar por ana­
crónico o estéril. No todo lo que
se ciñó al marco de "lucha por el
teatro” fué realmente en pro del
A

vi

r

TEATRO LA CORTINA
r

El teatro “ La Co rtina’’, que di­
rige Mane Bernardo, reunió a sus
Integrantes a fin de organiza^
las actividades de la temporada.
En dicha sesión se estableció el
siguiente programa de estrenos:
EL F A R O L E R O , comedia en un
acto de Carlos Dickens, traducción
del inglés, de Francisco Mad rid;
cuatro cuadros de A N A T O L , obrade Arturo Schnitzler: Compras de
Navidad, Episodio, Agonía y M a ­
ñana de boda de Anatol, según la
traducción del alemán de T ru d y
Graa y Luis Araquistain; A R L E ­
Q U I N Y EL A M O R , comedia en un
acto, de Marivaux, traducida del
francés por Angel Osvaldo Nessi;
E L C U E N T O DE LAS T R E S M U .
C H A C H A S A C AS AR, comedia en
tres actos, de Enrique Ghéon, t r a ­
ducción del francés por Sara HJ
Bianchi; EL J U B I L E O , farsa en
un acto de Antón Chejov, en t r a ­
ducción directa del ruso por Rosa
Schneider Packman; E L C A M I ­
N A N T E , idilio de Frangols Copée,
traducido por Ricardo Catarineu;
y la traducción de T H E C A M E T O
A C I T Y , de J. Priestley, realizada
por Ale ja ndro Víctor Buckiey.
Además, “ La Co rtina” ofrecerá
la reposición de algunas de las
obras de mayor éxito en las t e m ­
poradas anteriores, y contempla
tam bién, como ya lo ha hecho, la
inclusión de obras de autores no­
veles.

Por

JOSE

MARIA

ROSBACO

tiones, tres problemas que cree­
mos vitales para toda gestión ul­
terior. Los problemas aludidos por
propia y constante gravitación,
han pasado a primer plano y su
posible solución daría a la dramá­
tica independiente un sitio de pro­
minencia. Ellos son:
l 9 Local apropiado. Es conve­
niente abrir debate acerca de la
ventaja que significa contar con
locales a préstamo del Estado. Se
arguye con frecuencia que la ce­
sión
a préstamo de un local, resta
Y bien, todo este primer pe­
independencia a la compañía usu-'
ríodo que va para los teatros in­
fructuaria. Conviene recordar sin
dependientes desde su aparición
embargo, para quienes así razo­
hasta la última etapa incuestiona­
nan, que aun en el mejor de los
blemente lograda, se caracteriza
casos, es decir con local propio,
por la militancia dentro de infle­
siempre la libertad está a m er­
xibles principios que determinan
ced de un supercontrol de los po­
en un vasto sector la mística de
deres municipales. Lo importante
los teatros independientes. Esta
es reconocer que sin locales apro­
mística, sostenida "a outrance”,
piados y estables, no se puede lu­
representa más que un triunfo
char eficazmente por el buen tea­
inmediato, las mejores esperanzas
tro. Y que aparte del serio incon­
para obtenerlo. En rápida expo­
La Federación y el Congreso de veniente que r e s u l t a para una
sición podemos sintetizar los jus­
Teatros Independientes
compañía el continuo traslado de
tos enunciados en torno a los
uno a otro escenario, difícilmen­
cuales gira, por decirlo así, la
Constituida la F ed eració n ,
te. se consiguen representaciones
campaña de los teatros indepen­
vuelve !a tomar impulso la idea
dientes: se procura máximo res­ de un congreso de teatros indepen­ con el debido ajuste.
2° Vida económica del actor.
peto para todos los componentes dientes. Esta vez las cosas andan
Sabido
es que la vida económica
del tablado (autor, público, ac­ mejor encaminadas y salvo impre­
del actor independiente no está
tor, director) ; supresión del em­
visibles dificultades, su realización
presario comercial; inexistencia está en vías de concretarse. Se ha respaldada por su propio trabajo
de primeras actrices y actores, y nombrado al efecto una comisión Esto ha traído como consecuen­
no sujeción de los mismos a tales encargada de los trabajos previos cia que muchos parangonaran al
"tipos” ; escenario libre de toda y hemos de manifestar nuestro actor de estas compañías, con el
aficionado. Se ha mirado así con
traba para autores nacionales o optimismo al respecto.
simpatía y perjudicial tolerancia,
locales relegados por las barreras
Por creerlo oportuno, vamos a a este sacrificado joven que en
y camarillas del espectáculo efec­
plantear a simple título de suges- horas extras, robadas al sueño o
tista, y conocimiento y reposi­
a su necesario descanso, las dedica
ción de los grandes valores de la
CONTRAPUNTO
a los ensayos. Y si resulta plausi­
escena universal. Pero estamos
ble este sacrificio, en cuanto a
siempre — y así ^se autollaman
LITERATURA - CRITICA - ARTE
desinterés, necesario es declarar
con no disimulado orgullo — en­
5* Pito, dep. 22
Cangallo 1219
que resulta antiteatral y contra­
tre el "público de los teatros in­ TcUf. 35-127*
Baeaot Aire»
producente su desconocimiento
dependientes”. M in o ría s ávidas
Secretario:
del oficio. La prensa en general,
de buen teatro, dé cultura, sen­
que
ahora aplaude sistemática­
Héctor René Lafleur
sibles a las manifestaciones artís­
mente cualquier pirueta escénica,
ticas, son sus más decididos soste­
Redactores:
con imprevista cordialidad, debía
nedores. Quedan pues tendidas
levantar un tanto el interés por
dos líneas de irreductible y arti­
León Benarós
la escena libre y en torno a ella
ficial paralelismo: O se está con
Arturo Cerretani
realizar una crítica más sensata.
los teatros independientes y su in­
Alejandro Denis-Krauae
Es bueno insistir, para que na­
tegral ortodoxia, o se pertenece
Fernando Guibert
die se llame a engaño, que este
al teatro comercial con sus preconcepto económico sobre la vi­
Raúl Lozza
monitoras posibilidades.
da del actor no se opone a su
Sigfrido A. Radaelli
Andando el tiempo, y en torno
actividad independiente. Antes
a las cuatro o cinco compañías
CORRESPONSALES:
bien, la refirma. En todos los ór­
señeras, surgen y deambulan un
denes se debe vivir de aquello pa­
Prov. de Buenos Aires: J. G. Ferreyra
sinnúmero de agrupaciones artís­
Baño.
ra lo cual se trabaja. N ada se opo­
ticas que, no obstante sus decla­
Prov. de Santa Fe: Leónidas Garobartes y
ne, pues, a que este criterio sen­
Nélida Esther Oliva.
raciones periódicas y su revesti­
cillo y humano, lo llevemos a la
Prov. de Mendoza: Alejandro Santa Ma­
miento externo, carecen de la
ría Conill.
esfera artística. Lo independiente
Montevideo ( Uruguay): Felisberto Herconducta y la garra necesarias.
en materia de teatro está dado,
aindex.
Se habla por entonces de la rea­
antes que nada, por una signifi­
lización de un primer congreso
cación de conducta. Por ello sos­
de teatros libres. Pero la idea es
tenemos que, sin antinomia de
Precio del ejem p lar................ $ 0.40
rechazada. H ay quienes c r e e n
ninguna especie se puede llegar
E x te r io r ................................. dólar 0.1 í
que todavía es tiempo de vivir
a ser profesional sin perder el ca­
Suscripción anual (en el país) $ 4.20
solos. Que lo colectivo debe vin­
rácter de independiente. Y entre
APARECE TO DO S LOS MESES
cularse exclusivamente al plano
1 a s compañías metropolitanas,
t é c n i c o . Y que las soluciones
hay quien en estos momentos,
teatro. A título de ejemplo, re­
cordemos la negación absoluta
del teatro comercial; el ataque
sistemático y el no reconocimien­
to de algunas de sus mejores con­
tribuciones al acervo artístico.
Errores lógicos, consustanciales a
toda empresa en comienzo, máxi­
me cuando lo que correspondió
a su nacimiento, más que re­
construcción del teatro f u é su
propia creación, sobre nuevos
cimientos.

complejas en exceso deben resol­
verlas quienes sienten el rigor de
un casuístico desamparo. Pero
acontecimientos posteriores, apre­
suran tardíos razonamientos y
hacen más nítido el panorama.
Entre tanto, la escena indepen­
diente se ha repetido. Hay ami­
gos que abandonan su puesto de
lucha por demasiado débiles y
otros cuyo diletantismo no fué
más que snobismo encubierto
Pero éste es un período de transi­
ción. Pese a la repetición y aban­
dono ya apuntados, queda como
saldo definitivo el haber creado
una conciencia teatral y el cami­
no por el cual se puede marchar
al encuentro del auténtico tea­
tro. Y la convicción de que en
medio de tanta desidia y mal gus­
to hay quienes luchan por la dig­
nidad artística de nuestra escena.
Es verdad, han habido derrotas,
nunca fracasos.

trata de poner en práctica tan
decisiva y acertada especulación.
39 Escuela anexa de actores y
directores. Fiemos dicho que ra­
ras veces en el tablado de la es­
cena libre pudimos observar co­
nocimiento de oficio. Al reite­
rarlo, tenemos el convencimiento
de contribuir a que actores y di­
rectores v a y a n comprendiendo
que la renovación del teatro ne­
cesita de algo más que de buena
voluntad y perseverancia. Por m u­
cho que confiemos en nuestro in­
dividual virtuosismo, ha llegado la
hora de superar toda improvisa­
ción. Al teatro, su mismo públi­
co le exige teatro. Y este congre­
so ha de abogar para que desde
el Director al Luminotécnico pa­
sando por el Actor, reciban, en
escuelas anexas especiales, los ade­
cuados conocimientos.
N ota final. — Planteados así
los tres problemas que a nuestro
criterio son de fundamental im ­
portancia para el futuro de los
teatros independientes, no quere­
mos! cerrar esta nota omitiendo
nuestra extrañeza al contemplar
la extensa lista de los elencos que
componen la actual Federación.
Pensamos que es imprescindible
un mayor criterio selectivo. N o
se puede entrar a la lucha sin sa­
ber lo que se quiere y adonde se
va. Tal parece el caso de agrupa­
ciones de viejo cuño filodramático, que intervienen ahora en la
Federación. N o se p u e d e em­
prender la lucha contra el m ani­
do sainete, el divo acaramelado o
la actriz ramplona, y enarbolar
— por ejemplo — como sino y
divisa el nombre de Leonor Rinaldi. Porque amplitud de cri­
terio es una cosa y desorientación
otra m uy distinta. Y en el caso
citado, por sobre cualquier otra
razón, priva la incongruencia.

TEATRO NUEVO XX
En la ciudad de Rosario se ha
reorganizado, sobre la base de una
nueva comisión ejecutiva, el “ T e a ­
tro Nuevo, X X ” , de destacada ac_
tuación en temporadas anteriores.
Dicha

comisión

está

integrada

por; presidente, Pedro Sto rn i; v¡^
ce presidente,

Em ilio

Pita ;

rero,

García

F erná n de z;

Alberto

teso,

secretario, Mario B rig lia ; vocales:
Arberto

Muzzio,

N éüda

Esther

Oliva, Eduardo Dughera. Juan Grela, Félix A l e a r t y José Leshy.
A c tu a lm e n te se han abierto los
registros de inscripción para

as­

pirantes a inte gra r los cuadros de
actores,

escenógrafos,

lum inotéc-

nicos, maquilladores y demás ase­
sores escénicos del T e a t r o de Arte;
que funcionará bajo la dirección de
Alb erto

Rodríguez Muñoz.

Próx im am e nte ,

“ Teatro

Nuevo,

X X ” hará conocer su plan de labor
y anu ncia para muy en breve la
iniciación de su ciclo de c onferen­
cias a desarrollarse en su local de
la calle Corr ientes 727, Rosario.

V

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                <text>Osegueda, Raúl&#13;
Fernández García, Alfredo&#13;
Denis Krause, Aljandro&#13;
Barbieri, Vicente&#13;
Agosti, Héctor Pablo&#13;
Irigoyen, Salvador&#13;
Cerretani, Arturo&#13;
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                    <text>Buenos Aires, Enero de 1945

Año I + Num. 2

LITERATURA
E s*» e s el lu g a r d e h a c e r u n a o b se rv a c ió n e s e n c is ils im a
en la m a te r ia . H e m o s d ich o q u e la l i t e r a t u r a e s la e x p re sió n d e l p ro g re s o d e u n p u eb lo ; y la p a la b r a h a b la d a o
e s c rita , no es m i s que la r e p re s e n ta c ió n d e Jas id e a s , e s
d e c ir de ese m ism o p ro g re so . A hora, b ien , m a r c h a r e n id e o ­
logía, e n m e ta fís ic a , en c ie n c ia s e x a c ta s y n a tu r a le s , en
p o lítica, a u m e n ta r id e a 3 n u e v a s a la s v ie ja s , c o m b in a c io ­
n e s d e h oy a la s de a y e r, a n a lo g ía s m o d e r n a s a la s a n tig u a s ,
y p r e te n d e r e s ta c io n a rs e e n la le n g u a q u e h a d e s e r la
ex p resió n d e esos, m ism o s p ro g re so s, p e rd ó n e n n o s los s e ñ o res p u r is ta s , e s h a b e r p e rd id o l a c a b e z a . Q u isié ra m o s, sin
ir m á s lejo s en l a c u e stió n , v e r a l m ism o C e rv a n te s e n el
d ía, fo rza d o a d a r a l p ú b lico u n a r tíc u lo d e p erió d ico
a c e r c a d e la elecció n d ire c ta , d t la re s p o n s a b ilid a d m in is ­
te r ia l, del créd ito o del Juego de b olsa, y e n él q u is ié r a ­
m o s le e r la le n g u a d e C e rv a n te s . Y n o se n o s d ig a q u e el
su b lim e in g en io no h u b ie r a n u n c a d e s c e n d id o a s e m e ja n te s
p eq u eñ ec es, p o rq u e e s a s p e q u e ñ e c e s f o rm a n n u e s t r a e x is ­
te n c ia d e a h o ra , com o c o n s titu ía n la d e e n to n c e s lasj co­
m e d ia s d e c a p a y e s p a d a ; y p o rq u e C e rv a n te s , q u e la s
e sc rib ía , p a r a v iv ir, c u a n d o n o s e e s c rib ía n sin o co m e d ia
de c a p a y e s p a d a , e s c rib ir ía p a r a v iv ir ta m b ié n , a r tíc u lo s
de p erió d ico , h o y q u e n o se escribein sin o a r tíc u lo s d e
p eriódico. Lo más» q u e p u e d e n ]os p u r is ta s e x ig ir e s q u e a l
a d o p ta r v o ces y g iro s, f ra s e s n u e v a s , se r e s p e te , 6e co n ­
su lte , s e o b e d e z c a en lo p o sib le el. tip o , la ín d o le, la s f u e n ­
te s , la s a n a lo g ía s de la len g u a.
H e a q u í v e rd a d e s q u e n o c o m p re n d ie ro n lo s padre® d e
n u e s tr a re g e n e ra c ió n lite r a r ia : q u isie ro n a d o p t a r id e a s
p ereg rin as-, e x ó tic a s , y v e s tir la s -con la le n g u a p ro p ia ;
p ero e s ta le n g u a d e s e m e ja n te d e la tú n ic a d e l S e ñ o r, n o h a b ía
c re c id o con los a ñ o s, y con «J p ro g re so q u e h a b í a d o r e ­
p r e s e n ta r : e s t a le n g u a , t a n r i c a a n tig u a m e n te , h a b ía v en id o
a s e r p o b re p a r a las. n e c e s id a d e s n u e v a s ; e n u n a p a la b ra ,
e s to v e s tid o v e n ía e s tre c h o a q u ie n le h a b ía d e p o n e r.

PROFESION DE RESPONSABILIDAD
ADA más fértil y propicio — aunque parezca paradojal
que momentos como este en que atraviesa el mundo, don­
de una realidad inmediata nos enfrenta proponiendo urgentes
balances, liquidaciones, tomas de conciencia. Por debajo de los
escombros del mundo en guerra, y del desequilibrio y la des­
orientación que como rebote inevitable cunden en los pueblos
de América, aparece, sin embargo, el fermento posible de to­
da reconstrucción. Frente a este estado general de la vida y del
mundo correspondió al intelectual en los últimos tiempos
asumir el verdadero magisterio de su condición de tal. No nos
demoraremos aquí en determinar si ha cumplido su cometido
o no. Baste recordar que no hace mucho se puso sobre el ta­
pete de las discusiones la cuestión de su "irresponsabilidad”.
Este ejercicio de la responsabilidad estaba referido a una for­
ma clara y concreta respecto de su actitud frente al conflic­
to actual. El problema planteado, arduo, vastísimo y de im­
portancia capital fué discutido y analizado y sus conclusiones
son del dominio público.
Pero este problema parece ser una consecuencia
o un
subproblema— de otro más vasto cuyo carácter es permanen­
te en el oficio del intelectual y cuya vigencia no depende de
causas contingentes e inmediatas — la guerra en este caso ,
sino que se halla en la condición misma del oficio y no ha me­
nester de estímulos externos que pongan en funcionamiento
su vigor. Es el problema eterno del escritor como individuo
indicado para ejercer el ministerio de la conciencia, de la lu­
cidez y del valor moral en los dominios de la cultura. Estos
dominios de la cultura 'no son dominios abstractos ~ no es
ocioso recordarlo— en los que se desarrolla una función gra­
tuita carente de conexiones' con el resto de las necesidades del
hombre en sociedad, sino que importa sus conquistas materia­
les y espirituales más nobles, porque defiende la superviven­
cia de su destino, porque ayuda al hombre (y con él a la so­
ciedad) a sobrellevar y superar su existencia.

N

Nadie ignora que esta profesión de conciencia en función
de la cultura no sólo comprende el desarrollo del conocimien­
to, la obra creadora y la educación del espíritu, sino que abar­
ca en su expresión más viviente y orgánica los sentimientos
innatos del hombre, su libertad, su amor a la tierra.
Delimitemos los puntos de este planteo a nuestro medio.
Confesemos, matando en nosotros la inútil vanidad y sin de­
jarnos poseer por una falsa modestia, que nuestra realidad in­
telectual —no nos referimos al "hecho” aislado del talento in­
dividual— no ha conseguido aun articular las partes disper­
sas de su gran organismo. En rasgos muy generales, puede
decirse que hemos oscilado entre los extremos de un péndulo
que va del localismo estrecho, reaccionario y novelero hasta
la rápida y no vivida asimilación de lo foráneo.
Por ese camino que es la trayectoria del péndulo ha tran ­
sitado eventualmente la obra auténtica, el cabal y maduro
esfuerzo de nuestro temperamento.
Creemos que nos ha llegado la hora de la integración.
Es posible entrever, en esté fluir de las cosas y del tiempo que
para nosotros parece suceder con pausa y sin prisa, una fuer­
te voluntad tendiente a esa integración de toda nuestra ener­
gía, de toda nuestra lucidez. Creemos verlo no sólo en la obra
aislada de algunos de nuestros mejores escritores, sino tam ­
bién — y esto es lo más importante— en la juventud dispersa,
ignorada, libre de avideces que nutre su silencio pensativo a
lo largo de todo el territorio argentino.
Creemos, entonces, en ese conglomerado de responsables
dispuestos de una vez por todas a prestar todo ese fervor hu­
mano a un rostro moral que aun se muestra entre brumas.
De ahí que ningún momento más oportuno que este que
vivimos todos, dentro del ritmo desacompasado de la hora,
para que las fuerzas permanentes de la inteligencia y del m un­
do moral ejerzan su destino rector.

Si n u e s tr a s ra z o n e s n o tu v ie r a n p eso s u fic ie n te , J i a b r í a
d e te n e rlo in d u d a b le m e n te ed e je m p lo d e e s a s m is m a s n a ­
cio n es, a q u ie n e s nos v em o s fo rz a d o ^ a im ita r, y q u e m ie n ­
t r a s n o so tro s h e m o s p e rm a n e c id o e s ta c io n a rio s e n n u e s tr a
le n g u a , h a n e n riq u e c id o la s s u y a s co n v o c e s d e to d a s p a r ­
tes. P o rq u e n u n c a p re g u n ta ro n a las» p alab ra® q u e q u isie ro n
a c e p ta r ; ¿D e dón d e v ien es? sin o ; ¿ P a r a q u é s ir v e s ? Y m e ­
d íte s e aq u í que el e s t a r p a ra d o , c u a n d o los d e m á s a n d a n ,
n o e s só lo e s ta r p a ra d o , e s q u e d a r s e a t r á s , e s p e r d e r t e ­
rre n o .
A d e m á s de e s t a c a u s a , q u e o p u so t a n t a s tr a b a s a n u e s ­
tr o s a d e la n to s , h a b ía o tra , a 6 a b e r: q u e el n ú m e ro d e los
q u e a d o p ta b a n el g u s to fra n c é s, e im p o rta b a n u n a n u e v a
lite r a tu r a , e r a re d u c id o : e ra n e n to n c e s u n a s c u a n ta s a v a n ­
z a d a s de la m u ltitu d , e s ta c io n a ria to d a v ía , ta n to e n l i t e ­
r a t u r a com o en p o lítica. No q u e re m o s reh u sarle® p o r eso
la g r a titu d que de d e re c h o le s c o rre sp o n d e ; q u is ié ra m o s
sólo a b r ir u n c a m p o m á s v a s to a la jo v e n E s p a ñ a ; q u i­
sié ra m o s sólo que p u d iese lle g a r u n d ía a o c u p a r u n ra n g o
su y o , c o n q u ista d o , n a c io n a l, e n la l i t e r a t u r a e u ro p e a .
N o es n u e s tr a in te n c ió n en e s t a r e s e ñ a g e n e r a l e n t r a r
a a n a liz a r el m é rito d e lo s e s c rito r e s q u e n o s h a n p r e c e ­
d id o ; e s to f u e r a m o lesto , in ú til a n u e s tr o p ro p ó sito , y poco
liso n je ro a c a s o p a r a a lg u n o s q u e v iv e n to d a v ía . D esp u é s
que a lg u n o s n o m b re s c a ro s a la s m u s a s h u b ie ro n , n o le ­
v a n ta d o n u e s tr a l i t e r a tu r a sin o in tro d u c id o e n E s p a ü a la
fra n c e sa , d e s p u é s que n o s im p u sie ro n el y u g o d e io s p r e ­
c e p tis ta s d e l sig lo o s te n to s o y c o m p a sa d o d e L u is XTV, la s
tu rb u le n c ia s p o lític a s v in ie ro n a a t a j a r ese m ism o im p u lso ,
que lla m a re m o s b u en o a f a lta d e o tro m ejo r.
M uchos a ñ o s h e m o s p a s a d o d e e n to n c e s a c á sin p o d e m o s
d a r c u e n ta siq u ie ra de n u e s tro e s ta d o , sin s a b e r s i te n ­
d ría m o s u n a l i t e r a tu r a p o r fin n u e s tr a o si se g u iría m o s
eien d o u n a p o s td a ta r e z a g a d a d e la c lá s ic a l i t e r a tu r a f r a n ­
c e s a d e l sig lo p a sa d o . E n e s te e s ta d o e s ta m o s c a s i to d a v ía :
e n v erso , en p ro sa, d isp u e sto s a re c ib irlo todo, p o rq u e n a d a
te n e m o s. E n el d ía n u m e ro s a ju v e n tu d se a b a la n z a fu rio sa,
a la s f u e n te s d e l sa b e r. ¿Y e n q u é m o m e n to s? E n m o m en ­
to s en q u e el p ro g re so in te le c tu a l, ro m p ie n d o e n to d a s
p a r te s a n tig u a s c a d e n a s, d e s g a sta n d o tra d ic io n e s c a d u c a s,
y d e rrib a n d o ídolos, p ro c la m a e n el m u n d o la lib e rta d m o ­
ra l, a la p a r d e la físic a , p o rq u e la u n a n o p u e d e e x is tir
sin la otraL a l i t e r a tu r a h a de r e s e n tir s e d e e s ta p ro d ig io s a r e v o lu ­
ción, de e s te in m en so p ro ceso . E n p o lític a , el h o m b re no
ve m á s q u e in te re se s y d erech o s, es d e c ir, v e rd a d e s . E n li­
t e r a t u r a no p u e d e b u sc a r, p o r c o n s ig u ie n te , sin o v e rd a d e s .
Y n o se n os d ig a q u e la te n d e n c ia del sig lo y el e s p íritu
de él, a n a liz a d o r y p o sitiv o , lle v a e n sí m ism o la m u e rte
de la lite r a tu r a , no. P o rq u e la s p a sio n e s en el h o m b re s ie m ­
p re s e r á n v e rd a d e s , p o rq u e la im a g in a c ió n m ism a , ¿ q u é es
sin o u n a v e rd ad m á s h e rm o s a ?

(Fragmento de “Literatura”, articulo de Mariano
José de Larra)

L I N O E. S P I L I M B E R G O : Monocopia s.
M A R I A N O J O S E DE L A R R A : L i t e r a t u r a .
P R O F E S I O N DE R E S P O N S A B I L I D A D .
M A R I O F E R N A N D E Z DE L A F U E N T E : E l m un d o
poétic o de “ P la t e r o y y o ” .
E R N E S T O S A B A T O : G e o m é triz a c ió n de la nove la.
F E LIS B E R T O
H E R N A N D E Z : “ El l a d r ó n de
n iñ o s ” .
J U L E S S U P E R V IE L L E : L 'A ir.
P R E S E N S I A DE E S C R I T O R E S I N G L E S E S : D. H.
L a w re n c e .
F R A N C I S C O DE S A N T O : Dos x ilo g r a f í a s .
A R T U R O C E R R E T A N I : J. M. no c o n t a r á la h i s ­
t o ria .
RO G ER P L A : A p u n t e s de un aficionado.'
S A M U E L E I C H E L B A U M : Destino.
J U A N G. F E R R E Y R A B A S S O : C u a tro poetas jó v e ­
nes de la p r o v in c ia de Buenos A ir e s .
F E R N A N D O G U I B E R T : P a la b ra s para el día im ­
posible.
D E N I S M O L I N A : Dos poemas.
N O T I C I A S O B R E L A I M A G I N A C I O N EN B U E ­
NOS A I R E S .
L U I S G I L S A L G U E R O : R o ta c ió n arca na.
L E O N B E N A R O S : A p r o x im a c ió n a la poesía de
J. G. F e r r e y r a Basso.
J. A. V I L A P L A : Los r e la to s t o r t u r a n t e s de De nis
Kr ause.
L E O P O L D O L O P E Z : M is ió n c u l t u r a l del t e a t ro
lib r e .
D I B U J O S D E : A n s e lm o P íc c o li, Raúl Lozza, F e r ­
nando G u ib e rt y A n d ré s Calabrese .

�7
Pdg. 2

EL

CONTRAPUNTO

MUNDO
P O E T IC O
DE
‘‘P L A T E R O
Y YO”

IJN

%

exquisito p in to r in te rn o , u n g ra n R ey M a­
go (él m ism o fu é G aspar para los n iñ o s ),
el d u eño de u n prism a m aravilloso a través del
cual la realidad se tra n sfo rm a e idealiza, ta l es
J u a n R am ó n Jim énez, an d alu z, en su libro-alm a
Platero y yo .
E ste ra ro exégeta de la realidad, q u e descubre
la d efin ició n del lirism o en el vuelo de la m a­
riposa; al cual unas colinas ( ¡M o n s-u riu m !) lo
hacen sentirse de p ro n to glorioso porque él, J i­
m énez, proviene de la " r a íz fu e rte ” de la la ti­
n id ad ; este m ístic o que ha llegado a red u cir la
flo r solam ente a aro m a; este q u e pide e sp íritu
a la poesía española de h o y , p o rq u e él bien sabe
de ello; este, sencillam ente, poeta, crea u n a d u a­
lidad real-ideal y sobre ella m ueve sus elem en­
tos m ágicos. E labora su m u n d o p oético (plano
ideal) con procedim ientos físicos, psíquicos y
m ístico s. Y esa creación se realiza p or medio
de lo que él m ism o denom ina tra sto rn o , tra n s ­
fo rm ac ió n , tra n sfig u ra c ió n , trastro cam ien to .
C o n esa d ualidad Jim én ez realiza u n juego de
relaciones, oposiciones e in terferen cias, en el cual
u bica to d o su m u n d o poético. D escubre relacio­
nes escondidas: p o r u n a p a rte el m u n d o h ab i­
tu a l: por o tra u na nueva realidad — irrealidad
o idealidad— , m u n d o de la ilusión, de la fa n ­
ta sía y del am or p u ro . U n a veces tra n sfo rm a el
plano A en B, o tras los in te rfiere, o tras los m a n ­
tiene separados oponiéndolos o no. Basta reco r­
d a r, e n tre m uchos c ap ítu lo s sim ilares, estos m ás
representativos: E l dem onio, A lb ir chicos, Juegos
del anochecer, E l eclipse, Judas, El m o rid ero, E l
á rbol del corral, La verja cerrada, D on José, el
cura.
E n La verja cerrada aparece evidente el p ro ­
pósito de tra s to rn a r la realidad. La verja es el
in s tru m e n to a trav és del cual el paisaje se to r ­
na mágiclo. E n este caso el agente tra n s fo rm a n te
es exclusivam ente la im aginación del poeta, pues
en o tro s casos h a y adem ás agentes físicos. E n la
tra n sfo rm a c ió n física el sol es agente, y son
in stru m en to s los cristales de colores, p or ejem plo.
E n este c a p ítu lo la vería es lím ite de visión que
separa el plano real del ideal.
E n el vocabulario del c ita d o c a p ítu lo en co n ­
tra m o s la atm ósfera de m isterio y de incógnita
que h a y en todo el lib ro : cosas borrosas, cam ino
in tran sita d o , magia, ilusión, y sueño. Se habla de
jardines prodigiosos y cam pos m aravillosos.
Lo m aravilloso es p rim o rd ial en esta obra.
Es la m arav illa deseada, q u erid a, buscada y en ­
c o n trad a. P o r eso dide:Se^7/ro de hallar tras ella
{la verja) lo q u e m i fa n ta sía m ezclaba, n o sé
si queriendo o sin querer, a la realidad
E n v erdad el poeta lo ha querido, p ero se nie­
ga a acep tar ro tu n d a m e n te esto y quiere esfu ­
m a r la lín ea lim ítro fe e n tre lo v o lu n ta rio y lo
in v o lu n ta rio ; e n tre lo co nsciente y lo subcons­
ciente. El no sé condiciona necesariam ente la
ín d o le del libro, y le da esa sensación de vague­
dad, de inestabilidad, de cosa in d e fin id a , tan
g ra ta a Jim énez.
A sí cam bia el paisaje a tra v é s de la v erja. N o
es el m ism o paisaje. Es la negación de la id en ­
tid a d en esta irracio n alid ad poética. Las perso­
nas, los objetos, e! paisaje, etc ., son d istin to s de
sí m ism os, según quiera el poeta. E ste desdobla­
m ien to es m u y c o m ú n en esta obra. D esdobla­
m ie n to que puede ser psíquicio o físico ; a veces,
psicofísico.
E l espectáculo h a b itu a l do fu e ra de la v erja,
visto a trav és de ella, re c o rta d o p o r la verja,
cam bia. Y fre n te a esto está la realid ad : Los
bodegueros m e decían, riendo, que la verja no
te n ia lla v e . . .
Jim én ez n o tiene in co n v en ien te en reconocer
to d o esto com o p u ra elaboración fa n tá stic a , aje­
na a to d a posibilidad lógica o racional. Es que
ah o ra es el sentim iento el q u e ejerce el c o n tra ­
lo r del pensam iento, lejos de la in telecció n : E n
m is sueños, con las equivocaciones del pensam ien­
to sin cauce, la verja daba a los m ás prodigiosos
jardines, a los cam pos m ás m aravillosos. Es de­
c ir que hem os dado u n paso m ás: nos hallam os
en o tra etapa de la fa n ta sía . Y a n o es la rea­
lid ad tra sto rn a d a , ahora se tra ta de la p u ra im a­
g inación creadora q u e u bica a trav és del m edio
de visión u n esp ectácu lo plen am en te psíquico.
La ú n ica relación que guardam os con el m u n d o
real es la v e rja -lím ite . Y a no se tra ta del pai­
saje fís ic o que veíam os cam biado, ah o ra se tra ta
de un paisaje ideal.
Esta, tra n sfo rm a c ió n de la realidad puede odur r ir de m uchos m odos. E n general cabe d^sracar,
para lo q u e p o d ríam o s lla m a r tra n sfo rm a c ió n f í ­
sica, los siguientes elem entos principales: perspectivism o (p u n to de v is ta ) , m edio ó p tico (a la
vez suele ser in s tru m e n to de v isió n ), lím ite de
visión y agente tra n s fo rm a n te . E n la tra n s fo r­
m ación psíquica y en la m ís tic a puede h a b er a l­
guno de estos elem entos. Las d ife re n te s u b icacaciones del sujeto co n te m p lan te da el persnectivism o que aparece en E l eclipse {desde el m ira ­
dor, desde la escalera del corral, desde la v e n ta ­
na del granero, desde la cancela del pa tio ) en
La casa de en fre n te {desde donde y o m iraba
H u elva , desde m i halcón, vista desde su tr o n c o ),
en La azotea ( to d o se tra n sfo rm a v isto desde la
a zo tea ), en A m ista d {a n u í h a y otros dos p u n ­
tos de v ista : el tro n co del pino de la C orona para
v e r el cielo, y la colina para v e r el r ío ) . M edios
ópticos pueden ser la atm ósfera, el agua, el v i­
drio. T a l o c u rre en El eclipse con el a n teo jo de
larg av ista o u n a b otella, e n tre o tro s; lo m ism o
en La cuadra, el tra g a lu z se c o n v ie rte en prism a.
Estos medios Opticos, o tam b ién in stru m en to s,
son espaciales: las cosas se tra n sfo rm a n a tra v é s
de ellos y en el espacio, pero las cosas tam b ién
pueden tra n sfo rm a rse a trav és del tiem po. En
La casa de e n fre n te las cosas v a ría n con las h o ­
ras. Lo m ism o, en las tran sfo rm acio n es p síq u i­
cas ya n o será el sol agente tra n s fo rm a n te , sino
el recuerdo, el sueño, u n estado de ánim o, etc.
y el tiem p o será, n o digam os ya u n m edio ó p tido, pero sí u n m edio tra n s fo rm a n te en el q u e ac­
tu a rá sobre to d o el recuerdo. La fu sió n de estos
sistem as de tra n s fo rm a c ió n en físicos y psíquicos
a la vez se n o ta p o r ejem plo en La azotea: ¡Q u é

Po
MARIO

FERNANDEZ

extraña, por la m o n tera de cristales, la vida or­
dinaria de abajodas palabras, los ruidos, el ja rd ín
m ism o, tan bellos desde é l. .
En El p ino de la Corona Jim é n ez iguala el a r r i­
bo físic o al ideal. Llega a una ciudad com o
llega al am or. Por lo que h a y de satisfa c to rio
en llegar a lo buscado, puede h a ce r esta igua­
lación. T o d o te n d e rá a e x a lta r el recu erd o del
g ra n refugio, del clobijarse bajo u n pino que
para él es la in fa n c ia y es to do: el p ino de la
C orona. E n esta obra m oguereña, plena de pinos,
h ay , pues, un o elegido. Es el p ino de los re ­
cuerdos, el pino-eje del m u n d o po é tic o de J i ­
m énez. Bajo su som bra crecen los sueños y se
despliega el recu erd o c o b ra n d o vida a ctu al. Es
p u n to de con tem p lació n del m undo. E ste es o tro
ejem plo del pro ced im ien to de Jim é n ez en la
tra n sfo rm a c ió n de la realidad. E stam os fren te
al efecto tra n s fo rm a n te de la vida, del tie m ­
po. A h o ra el p u n to de vista no está en el es­
pacio sino en el tiem po, en la in fa n c ia que ve
las cosas distintas.
☆

*

☆

Jim énez tra ta in sistentem ente de a b an d o n a r lo
racional. Busca lo no conocido, lo lejano, lo en ­
tre v isto o apenas adivinado: lo que p ertenece a
la im aginación, al sentim iento, al m isticism o. En
Platero y y o hay una pe rm a n e n te n o ta de v a­
gu edad, de im precisión, que in d u d ab lem en te co n ­
trib u y e al e n ca n to poético. N o querem os decir
que la vaguedad sea la poesía. P ero es evidente
que c u an d o u n a u to r com o Jim énez, poeta v e r­
dadero, apela a u n recurso de esfum ación de las
líneas m u y m arcadas, o de lo dem asiado co n ­
creto , está ay u d an d o m a te ria lm e n te a la fija ­
ción de u n " n o sé q u é ” poéticlo. T a n es así
que no sólo re c u rre a elem entos que com bina­
dos den la sensación del n o sé qué, sino q u e em ­
plea repetidas veces la propia fó rm u la en toda
su desnudez, a veces ex ac ta m e n te igual, a veces
co n ligeras v ariantes, pero m an te n ien d o el espí­
r itu de la m ism a. El p rim er c a p ítu lo es ejem ­
plo ilu s tra tiv o al respecto:
en no sé q u é cas­
cabeleo ideal.
l a ra íz de esta fó rm u la es el n o sé. Es el
no saber del plano racional que nos conduce a
u n a irrac io n a lid a d poética. C on este no sé se in ­
tro d u c e la duda, , o se niega el do n o cim ien to , A t
rodo el m u n d o Nacional. Se afecta (a las riyzones últim as. U nas veces se niega la cosa, o tras
la causa, otras el tiem po, etc. Se niega o se duda.
A l c o nsiderar esta irrac io n a lid a d poética de
Jim énez abarcam os su lirism o, lo sin sentido, lo
am b iguo y lo im preciso. Caemos con esto den­
tr o de c írc u lo s que se superponen en p arte. N e ­
cesariam ente debem os re c o rd a r el sim bolism o
(V erlaine. Ya lo dijo D a río : . . . y con V erlaine
a m b i g u o . .. ) y el im presionism o pictóriclo. En
A r te poética de V erlaine en co n tram o s la clave
de m uchos aspectos de lo a m biguo o im preciso
de Jim énez. V erlaine q uiere el verso vago y gris.
Lo indeciso ju n to con lo exacto. Lo velado.
El m a tiz , sueños, alm a y m úsica. Y lo azu l. El
im presionism o p ic tó ric o c o n cu erd a en m ás de
u n p u n to con lo enunciado.
El lirism o de Jim é n ez está d e fin id o por él
m ism o en Platero y y o en el c a p ítu lo C X X X I
(M a d rig a l). R efiriéndose al vuelo de la m a ri­
posa, exclam a ‘.Platero, m ira q u é bien v u ela ! ¡Q ué
regocijo debe ser para ella v olar así! Será, com o
es para m í, poeta verdadero, e l deleite del verso.
E l m ism o se dice poeta líric o en la A d v e rten c ia .
E n el c a rá c te r de vaguedad, de im precisión
que le asigna Jim énez a su realidad poética, a b u n ­
d an los adjetivos, adverbios y su stantivos nece­
sarios para ello. Siem pre nos presenta lo vago,
lo fu g a z , lo incoloro, lo velado, lo que se p re ­
senta aleiado de la vista o el o íd o (lejan o en
el espacio) o alejado en el recu erd o o en la
im presión p síquica m om entánea (‘leiano en el
tie m p o ). E sto no q u ita , sobre to d o en lo c ro m á ­
tico , que use lo defin id o o p o rtu n a m e n te (c o lo ­
res v iv o s).
Los conceptos de ru in a y grandiosidad his­
tó rica son o tro s elenlentos p o r m edio de los
cuales clonvierte las cosas hab itu ales en no h a b i­
tuales. A sí, cu an d o el M o n tu rrio deia de ser
v u lg a r, la a n tig ü e d ad , la ru in a h istó ric a y m o ­
n u m e n ta l — catedral o castillo— acude a su
m ente com o referencia.
En Idilio de abril, está lo sin razó n , lo des­
p ro p o rcio n ad o , y lo equívoco. En E l loro, hay
u n a absurda escopeta vieja. E n L o rd y E l po­
tro castrado aparece de nuevo lo sin razón. El
plano de la inconsciente fig u ra en A lhcrchigos
c u an d o dice: Y le da varazos a las piedras, sin
saberlo . .

☆

♦ ☆

O tr a nota frec u e n te es el ensim ism am iento
de los persona ies. Las personas — ta m b ié n las
dosas— se vuelven sobre sí m ism as, se in te r­
n a n en s í; o, a la inverc^. se salen de sí, lo
cu al da siem pre u n d esdoblam iento hacia adetr o o hacia afuera. E n A lb érch ig o s, el ch iq u illo
o lv id a su negocio y torn a en su ensim ism ado
ca n tu rre o gitano.
R em anso es u n c a p ítu lo de plena belleza cuya
base está p rin c ip a lm e n te en el p lan o psíquico.
E l sol es agente tra n s fo rm a n te . H a y u n eneveño: efecto del sol tra sp asa n d o el agua (m edio
ó p tic o ). Y la im aginación, com o agente p s íq u i­
co, c o m pleta la tra n s fo rm a c ió n del agua. T o d o
esto o c u rre en la desbordada im aginación de u n
p in to r in te rn o . R ec o rd a n d o siem pre a este p in ­
to r in te rn o podem os e n c o n tra r la clave de ta n ­
ta im a g in e ría . E n R em anso Jim é n ez sim boliza
la in fin itu d de la belleza, crea u n a c o m p lic a ­
ció n subconsciente y establece la zona am bigua
del ser-n o ser. P ara J im é n ez la belleza tiene

DE

LA

FUENTE

una tú n ic a tra s la cual se esconde. O c u lta sus
tesoros a la m irad a h a b itu a l y sólo los ojos del
sueño pueden de sc u b rirla . La c ualidad de in fi­
n itu d es p riv a tiv a de la belleza. El lím ite no
se concibe en los dom inios de lo bello. P or eso
expresa: Y m ás, y m ás, y m ás. La belleza nos
huye. Es necesario descubrirla, h a lla r el m o­
m en to de belleza. Q u ita rle la tú n ic a es q u ita r­
nos el velo de la vida o rd in aria. A l recuerdo
le asigna el v alor de una idealización o sueño
del presente. Es, en una descripción tem poral,
la oposición de los dos planos real (presente)
e ideal (pasado tr a íd o al presente por el re ­
c u e rd o ). La com plicación subconsciente que co­
m ienza en el sueño d ifíc il, sigue con el reefuerdo de una a n títe sis (p rim a v e ra -d o lo r) y se
ubica, com o c u ad ro , en u n lu g a r c o n tra d ic to ­
rio con respecto al recuerdo: en u n ja r d ín de
olvido. D e donde resulta una cosa recordada en
u n ja r d ín de olvido. Es una m u e stra de ir r a ­
cionalidad poética que encierra g ra n belleza. A
lo c u al le sigue el c o n flic to e n tre el ser y el
no ser: en u n ja r d ín de olvid o que n o existiera

quiere irse, del casino, de la botica o del tea­
tr o (E l árbol del c o rra l).
H a y adem ás en Jim énez u n pesar psíquico
que está tra ta d o en detalle: la riñ a de gallos.
A q u í cae en el g rito de pro testa p o r la torpeza
y b ru ta lid a d del hom bre. Y no se olvida de
situ a r en este c u ad ro de gallos al d ip u ta d o , al
alcalde y al to re ro . Este es el m u n d o pequeño
del hom bre.

☆

* ☆ '

F o rm an p a rte del am biente p oético de Platero
y yo: la luz, el arom a, el silencio, la soledad, la le­
ja n ía , el estatism o, lo sin p a r, la apoteosis, los li.*ios (sobre todo los lirios a m a rillo s ), lo azu l, el
recuerdo, el to n o m alva y la m ism a f lo r m alva.
A dem ás nos encontram os con la referen cia a a r ­
tistas ilustres o a sus obras, o a otros objetos
de a rte . Estos a rtista s (poetas, pintores, m ú si­
cos y escultores) son citados unas veces por
m era obligación del m o m en to o del tem a, otras
veces e stán citad o s po rq u e son las verdaderas
fuentes estéticas de Jim énez.
A sí hallam os a N o v alis, Shakespeare, C h én ier,
R onsard, Leopardi, C am poam or, M arco A urelio,
B écquer, La Fontaine, F ra y Luis, y ta m b ié n la
m en ció n de la poesía p o pular.
E n c u a n to a p in tu ra , aparecen M iguel A n ­
gel, F ra A ngélico, Piero di C osim o, B ocklin,

ú ltim o c a p ítu lo ha sido esdrito con tem p o rán ea­
m ente con el D iario. Y veremos que en el Dia­
rio están todos los elem entos y el e sp íritu m is­
m o de Platero y yo. Podem os relacionar, pues,
el am biente poético de Platero y y o con las
otras obras de Jim énez y ta m b ié n con los p in ­
tores im presionistas.
C om encem os recordando que T u r n e r y B oc­
k lin
p a ra n o m b ra r, en este p u n to , sólo a los
citad o s p o r Jim énez en Platero y yo— son p in ­
tores que se ocuparon del problem a del color.
Y decimos esto porque constituye un o de los
p untos fun d am en tales de esta estética. P o r o tra
p arte, la luz, en esta tendencia es o tro elem ento
fu n d a m e n ta l. Los pintores buscan los efectos de
la luz dispersa, al aire lib re, de los reflejos, de
la vibración atm o sfé ric a. C o u rb e t, citado ta m ­
bién por Jim énez en P latero y y o , se ocupó de
este problem a, y observando efectos de ilum i­
nación llegó h asta las som bras lum inosas. Jim é­
nez en Platero y y o (c . L I X ), a n ota: . entre
la lu z om bría.
Para L á z á r, M onet es u n m ístic o capaz de
h acer una poesía crom ática de sus obras, o un
reino encantado, ta l cual podemos nosotros señ a la r en Platero y yo. Jim énez sigue a estos
e
pintones com o ya lo h iciera D a río , según Ma
rasso que c ita a T u r n e r (y al poeta R o n sa rd )
a p roposito de los pinos en D a río . (Y a hemos
dich o la influ en cia de este árbol en J im é n e z ).
Y ta m b ié n M onet, M illet, Puvis de C havannes
y B ocklin, están d ire c ta o in d irectam en te en el
m u n d o de D a río . Puvis de C havannes usa co­
lores que e stán en Platero y yo: rosa, lila y
m alva. Los m atices graduados y el arco iris son
recursos dom unes a Jim é n ez y a los pintores
im presionistas. Paisaje grana (c . X I X ) , nos da
la escala del ro jo y la opalescencia ta l cual
señala Béla L á z á r en los pintores.
El c olor m alva está en el p rim er paso poé­
tic o de Jim é n ez : Se paraba la rueda d f la n o ­
che
Vagos ángeles m alvas apagaban las ver­
des estrellas. Son versos escritos en 1898. T n
Platero y y o (c . I I ) , e n contram os: Vagas cla­
ridades m alvas y verdes perduran
El c olor de las som bras, sobre to d o las som ­
bras de tonos violáceos de los p intores im p re­
sionistas, fig u ra en el c a p ítu lo III: p 0r la os­
curidad m orada. El tono rosa está en A ng elu s, y
el lila en E l loro.
E n el D iario, dice: en diáfana atm ó sfera de
a zu l y honda transparencia, que es precisam en­
te una C aracterística de los p in to res im presio­
nistas.
E n el - D iario Jim é n ez sigue siendo
de 1898 y el prosista de Platero y y o :
Prusia otra v e z , está com o tajado en
planos de osciiros colores lu m in o s o s . . .
M usas aclam ando al G enio m ensajero
de P uvis de C havannes, fem en in a s olas
de una m ar ideal.

el poeta
E l m ar,
in fin ito s
A s i Las
de lu z
blancas

El tem a del arc o iris, p resente siem pre
Platero y yo, está en el D iario, y re fe rid o ta m ­
bién a la im agen de la lira. Véase Id ilio de abril
en Platero y y o ( . . . com o en una lira de llan­
to , el arco ir is), y en el Diario: Claridades de
nubes encendidas lo d e slum bran sin reposo, y
en las espum as de cada ola rota, u n arco iris
eleva su lira de colores.
E n La isla transfig u ra d a del D iario, em plea
los m ism os recursos citados ífp Platero y y o .
V ale la pena ver en d etalle para a n o ta r los ele­
m entos: M alva, de oro y vaga — igual que u n
gran barco boca abajo sobre el m ar co n cen tra d o
y aztil u ltra m a r— , en u n ocaso am arillo que
ornan m ágicas nubes incoloras, gritos c o m p li­
cados de lu z , la "Isla de los M u e rto s” , de B o c k ­
lin: Luego añade: O ro, fu e g o , p u r ific a c ió n , y m ás
abajo: T ra n sfig u ra d a y a y a r d i d a .. . roja, m a l­
va y ceniza. D onde hallam os el color m alva y
el tem a de la tran sfig u raclió n . E l g r ito de la lu z
a rrib a expresado ta m b ié n está en Platero y y o
(c. X V I I I ) : . . .u n espantoso ruid o seco, co m o
la som bra de u n g r ito de lu z . .
lo cual es una
sinestesia sonoro-visual donde se ig u a la n los ex­
trem o s de las escalas: ru id o saco-som bra, y g ri­
to -lu z , p o r ser ig u a lm e n te bajos o igualm ente
altos en sus correspondientes escalas.

JUAN RAMON JIMENEZ, por Andrés Calabrese
del to d o . . . E stam os en una zona am bigua. En
este caso, dom o en otros ta n to s, Jim é n ez no re ­
suelve el problem a. Su m ay o r e fe cto poético re ­
side en d ejar p la n te ad o el p u n to sin despejar
la in c ó g n ita . Existe y n o existe al m ism o tie m ­
po. Existe en p a rte . Es el casi que está presente
a tra v é s de toda su obra. Q ue no existiera del
todo, es decir, que casi existiera. Sobre el v alor
poético del casi, ya ha dado su palabra el m is­
m o Jim é n ez : Era casi p erfecta . Su m a yo r e n ­
c a n to estaba en el "casi”.
☆

*

☆

E n Platero y y o Jim é n ez ha fija d o una serie
de datos personales que son aberraciones p s í­
quicas útiles para p u lsar la sensibilidad del a u ­
to r. E n Los gallos hace to d o u n e studio de las
sensaciones ín tim a s y p a rtic u la rís im a s del dis­
gusto. D espués el c a p ítu lo se enr¿quccJe psico­
lógicam ente con una lista de transposiciones
sinestésicas. E n La fá b u la a u m e n ta esta lista de
aberraciones y la c o m pleta en E l árbol del co­
rral. P o r to d o esto sabemos que le pro d u cen
m alestar: lo ro jo y a m arillo, siem pre que no
sea la b an d era española; las b arajas de naipes
finos, los crom os de las cajas de tabacos y de
pasas, las e tiquetas de las botellas de vino, los
prem ios del colegio del P u e rto , las estam pitas
de c hocolate, el c o rn e tín de la banda de M o­
desto, etc . A dem ás, nos dice que desde n iño t u ­
v o u n h o rro r in s tin tiv o al apólogo, a la iglesia,
a la guardia c iv il, a los toreros y al aaprdeón
(L a fá b u la ) . L uego en u m era o tras cosas des­
agradables, en el m ism o c a p itu lo . En o tro nos
h a b la del C arn av a l y explica que no quiere nada
con el C arn av a l, que n o sirve par3 esas cosas.
P o r fin , nos dice q u e está m al, tiene f r í o y

T u r n e r y C o u rb e t. C om o re p re sen ta n te de la
m úsica está B eethoven y de la e sc u ltu ra R odin.
T a m b ié n fig u ra n el P a rte n ó n , las P irám id es y
las catedrales todas.
Podem os h a lla r fuentes de im presionism o, ex­
presionism o, sim bolism o, parnasianism o, m o d e r­
nism o, ro m an ticism o , clasicism o, p rerrafaelism o ,
en la poesía de Jim é n ez y en Platero y yo, com o
lo hallam os en D a río ta m b ié n . P ero nada de
esto p o r sí c o n stitu y e la líric a de Jim énez.
A dem ás, no es posible n u n c a d e lim ita r bien
c u á n d o u n a u to r es im presionista, expresionista,
sim b o lista.
Estas esferas se c o n fu n d e n .
Si­
g u ien d o a A. A lonso y R . L ida, a C h . B ally
y a E. R ic h te r para el im presionism o en el le n ­
guaje y a Béla L á z á r p ara el im presionism o en
la p in tu r a , podem os ilu stra rn o s sobre estas re la ­
ciones.
El m ism o Jim é n e z nos dice que lo de las
escuelas literarias es a c c id e n ta l y que lo in te ­
resante en u n poeta es el e sp íritu . A sí lo e x ­
presó en una co n feren cia sobre la C risis del es­
p ír itu en la poesía española C ontem poránea. El
e s p ír itu se c o ntiene en lo lír ic o in d iv id u a l, pese
a todas las escuelas.
T odos los elem entos del a m biente p oético de
Platero y y o — sean de la escuela que sean—
e stá n ta m b ié n en sus poesías, p uesto que dichos
elem entos son de Jim é n e z y no de este libro
solam ente. Y no sólo fig u ra n en sus poesías esos
elem entos del a m b ie n te poético, sino ta m b ié n
los p rocedim ientos para c re a r la irrea lid a d —
sean, lo m ism o, estos proced im ien to s, de c u a l­
q u ie r escuela— . P o rq u e Platero y y o viene a
ser com o una síntesis o rg á n ic a y d e p u ra d a de la
poesía de Jim é n e z desde 1898 a 1916. E l lib ro
fu é e sc rito desde 1907 a 1916. T e rm in a en t i
año del D iario de u n poeta recién casado. El

Es im p o rta n te , pues nos in teresa para Platero
y y o , a n o ta r los tres p u n to s fu n d a m e n ta les de
la té c n ica que re su lta de esta fo rm a im presio­
nista de ver la realid ad , o sea: división del to ­
no, efectos de lu z , y m o m en tan eid ad del co­
lor, el dual v a ría con las horas.
Los G o n c o u rt, los prim eros im presionistas li­
te ra rio s y ta l vez pictó rico s, v ie rte n este c o n ­
cep to fu n d a m e n ta l: A estas h o r a s . . . en litera ­
tu ra . . . to d o está en in v e n ta r u n anteojo con
que se hagan v er los seres a través de cristales
que to d a v ía no h an servido, se m u e stre n cua­
dros desde u n áng u lo de lu z desconocido hasta
entonces, se cree una óptica nueva. C om párese
esto con lo visto en d istin ta s p a rte s de Platero
y y o y p o d rá apreciarse la relación del lib ro
con el im presionism o.
Y a pro p ó sito de lo d ich o sobre las su p er­
posiciones de las esferas de dada escuela a r tís ­
tica, no debem os o lv id ar que en la exposición
celebrada en P a rís en 193 6 con m o tiv o del c in ­
c u e n te n a rio del sim bolism o, estuvieron c o n fu n ­
didos los p in to res im presionistas con los escri­
tores sim bolistas.
Im presionism o y expresionism o ta m b ié n se
c o n fu n d e n y m ezclan. Y a lo h a b ía señalado E.
R ic h te r y sobre ello insisten A lonso y Lida. Es­
tos ú ltim os nonen ejem plos en los cuales h a­
cen ver cóm o no cabe la d istinción e n tre im ­
presionism o y expresionism o, y uno de esos
ejem plos es p recisam ente de Platero y yo.
Para d o n c lu ir señalem os una in teresan te c o n ­
fesión de Jim é n ez sobre el libro que tra ta m o s.
E stá escrita al fin a l de lo que fu é la ob ra
p rim itiv a antes de que el a u to r le agregara los
c ap ítu lo s de 1915 y 1916. A q u í confiesa e x ­
p líc ita m e n te que este lib ro .
lleva m ontada
en su lo m o de pabel a m i alm a. E fe c tiv a m e n ­
te; sólo reconociendo al alm a m ism a de J im é ­
nez en este libro, puede un o explicarse su f u e r­
za y la c re cien te in flu en c ia que ejerce, d ia a
d ía , sobre los lectores de habla castellana. P o r­
que son el alm a de u n hom bre, de u n poeta,
m ás que u n lib ro , los poemas de Platero y yo,
vencedores del tiem po, p erm a n e ce rá n com o obra
de e sp íritu , y ellos serán para la posteridad,
com o son para nosotros, u n a de las m ás p u ­
ras floras de la lír ic a española.

LA PLATA, ENERO DE m í .

�“

—

—

~

C O N T R A P U N T O

pd&amp;- 3

G E O M E T R I Z ACION
DE
LA
NO V E L A
p o r
E R N E S T O
I A

novela policial e v o lu cio n a desde la m era
a cu m u lac ió n de hechos — crím e n e s, robos,
a v e n tu ra s — hasta la novela m a te m á tic a , donde
u n crim e n de origen d esconocido es la in có g ­
n ita que hay que despejar m e d ian te u n análisis
ló g ico -m atem ático . C u a n d o se llega a este p u n to ,
el p ro ced im ien to es el silogism o y los juicios
a p rio ri: la novela p o licial se c o n v ie rte en una
ram a de las ciencias puras.
C u an d o digo que la novela evoluciona hasta
la novela m a te m á tic a , no q u iero d e cir que esa
ev o lu c ió n sea necesaria; q u iero d e c ir, sim ple­
m en te, que existe, q u e h ay u n a evolución de esc
tipo. D e o tro m o d o c aeríam o s en la escolástica
d iscusión sobre lo que es y lo q u e no es n o ­
vela p olicial, seu d o -p ro b lem a de d efin ició n . Q ue
la novela ló g ic o -m a te m á tic a no es la ú nica que
puede a sp irar a la d en o m in ació n , se prueba
m e d ia n te la ex isten cia de novelas policiales que
e stá n lejos de te n e r esa e s tr u c tu ra : E l halcón
m a l té s, p o r ejem plo. Q u e no es la cu lm in a ció n
necesaria del g én ero se p ru eb a p o r el h echo
h is tó ric o del re to rn o a la in trig a psicológica o
a la a rb itra rie d a d ; a co n tec im ie n to bien an ali­
zad o p o r R o g er C aillois en su ensayo sobre la
novela p o licial. P o d ría arg ü irse que esc re to rn o
es u n h ech o psicológico y n o lógico, y que
la novela p o licial c u lm in a ló g icam en te en la es­
tr u c tu r a m a te m á tic a . P ero ésta n o es u n a p ru e ­
ba, es u n a d e fin ic ió n del género. Según la de­
fin ic ió n que se ad o p te, puede h ab er varias c u l­
m in acio n es: p a ra alg u n o s será La m u e rte y la
b r ú ju la , de B orges; para o tro s, C rim e n y Cas­
tigo.
R e h u y o in m isc u irm e en u n a discusión de este
seu d o -p ro b lem a y p re fie ro ate n erm e a la exis­
te n c ia m ism a de novelas aceptadas com o p o li­
ciales; y de éstas, qu iero a n aliza r las q u e se
p ro p o n e n el m odelo ló g ico -m atem ático . C reo, sin
em b arg o , que los problem as que plantea este g é­
n e ro e stric to son ta m b ié n problem as de toda
novela y q uizá de toda realid ad , sólo que en él
se p la n te a n co n m ay o r n itid e z p o r la sim p lifi­
cación que lo c a ra c te riz a .
El c u e n to de Borges representa u n caso ex­
tre m o de g eo m etrizació n de la realidad. Pero
au n sin lleg ar a ese p u n to , la novela policial
e stric ta , in a u g u ra d a p or Poe, es c ie n tífic a y
m u e stra ya la ten d en cia a ra c io n a liza r la reali­
d ad . P rocede así: h ay u n c o n ju n to de hechos
— cadáveres, g u a n te s perdidos, im presiones d ig i­
tales, p alab ras oídas, odios conocidos— que es
necesario hactcr c o h eren te m e d ia n te u n a h ip ó te­
sis; esta hipótesis debe explicar el c rim e n m e­
d ia n te los hechos restan tes, del m ism o m odo
que u n a stro fís ic o in te n ta e x p licar el estallido
de u n a estrella m e d ian te las presiones interiores,
te m p e ra tu ra s, masas y fu erzas g ra v ita to ria s. Si
la hipótesis se m an ifiesta eficien te, se co n v ierte
en te o ría y el c rim e n se supone explicado.
¿Q ué significa explicar? S ignifica establecer
u n a rig u ro sa cadena causal que te rm in a en el
crim en . El u niverso en que se m ueven estos
personajes está regido p o r leyes inexorables, d o n ­
de no h ay lu g a r para el m ilag ro o la c o n tin g e n ­
cia: es u n universo e stric ta m e n te racional. Para
que la novela cu m p la con esta co n d ició n , se
d e sc a rta n d elib erad am en te los elem entos irrac io ­
nales o d em oníacos que no se p u edan plegar al
esquem a.
La lo cu ra y lo irrac io n a l, si e n tra n en estas
novelas es para ajustarse a u n esquem a que
resu lta ser en ú ltim a in stan cia racional. C iertos
sucesos en la serie de crím en es de La m u e rte y
la b rú ju la pueden parecer la obra de u n c rim i­
nal m a n iá tic o , y en c ie rto sen tid o es a sí; pero
esa m a n ía obedece a u n c an o n g eom étrico y
la serie de actos dem enciales obedece a u n plan
racio n al. Q u iz á para u n a In telig en cia D ivina,
to d o lo irrac io n a l q u e existe en n u e stro m u n d o
sea ta m b ié n a p aren te y q uizá to d o él esté col­
m ad o de actos que solo en apariencia son de­
m enciales.
E n este sentido, la novela policial presenta
c o n c la rid a d u n pro b lem a de vasta trascen d en ­
cia. Es la red u c ció n al ab su rd o de u n g ra n p ro ­
blem a: el de si la realidad es racional o no.
La novela c o m ú n parece ser el reino de la co n ­
tingencia y de las v érité s de fa it, en ta n to que
la novela policial sería el rein o de la necesidad
y de las v érités de raison. E l d e tectiv e que co n ­
vierte una m u ltitu d de hechos incoherentes en
un riguroso esquem a ló g ico -m atem ático , reali­
za el ideal leibniziano del conocim iento. Sería
in teresan te saber si n u e stro U n iv erso ha sido h e­
c h o p or un A u to r con m en talid ad parecida a
la de E d g ar Poe.
E n La m u e rte y la b rú ju la se da u n paso m ás,
y la realidad se co n v ierte en g eo m etría.
Los personajes de este c u e n to son títe re s , pero
no corno consecuencia de u n d e fe cto en la cons­
tru c c ió n
sino, precisam ente, p or su p e rfe c to
ajuste. La perfecció n del m ecanism o im plica la
sim plicidad de los personajes, del m ism o m odo
que un a lfil no es susceptible de a c titu d es im ­
previstas o problem as de conciencia. P o r encim a
óe la psicología, Borges desenvuelve u n p ro b le ­
ma de lógica y g eo m etría.
El pistolero R ed S charlach odia al detective
E rik L o nnrot y ju ra m a ta rlo . Este es el ú n ico
elem ento psicológico, pero es apenas el m o to r
que pone en m archa una m aq u in aria m a te m á ­
tic a . C om o Borges, el c rim in a l am a la sim e­
t r í a , el rigor geom étrico, el n ú m ero , el silogis­
m o; de m anera que piensa y ejeefuta un plan
m a te m ático : el detective te rm in a p o r hallarse
en el p u n to prefijado de un ro m b o tra z a d o so­
b re la ciu d ad , y ei pistolero lo m a ta com o quien
te rm in a una dem ostración, m ore geom étrico.
Borges no realiza en este c u en to asesinatos:

Scharlach deben ser com etidos en alguna parte.
P ero in d u c iría a e rro r d a r a esa fig u ra real un
sentido preciso y definido, com o si el v alor de
las conclusiones dependiese de esa clase de co­
rrección. Se necesita una ciudad u n poco ge­
nérica, co n creta y a la vez a b stra c ta , con no m ­
bres cualesquiera, in ternacionales; es u n Buenos
A ires donde todo ha sido generalizado lo su fi­
ciente com o para ser geo m etría y no m era geo­
g ra fía . El c u e n to podía haber sido com enzado
con las palabras: "Sea una c iudad X c u alq u iera ” .
¿Existe el tiem po en una novela de este g e­
nero?
E n las M editaciones, D escartes habla así de
los entes m atem áticos: "Im a g in o u n trián g u lo ,
aunque quizá una fig u ra tal no exista y nunca
haya existido en nin g ú n lugar de la tie rra , fu e ­
ra de m i pensam iento. N o o b stan te, esta figura
tiene una cierta n a tu ra le za o fo rm a o d e te rm i­
nada esenclia in m u ta b le y ete rn a , a la que no
he in v e n ta d o y que no depende en n inguna f o r ­
m a de mi e sp íritu . E sto es evidente, porque
soy capaz de d e m o stra r varias propiedades de
este triá n g u lo , com o por ejem plo que sus tres

SA B A T O
dem uestra u n teorem a. Los crím enes de su pis­
to le ro no em ocionan de d istin ta m anera que el
re sultado
a* ■f b ' = h-^
en un triá n g u lo re c tá n g u lo . Es d ecir, hay una
em oción, pero no es sensorial sino in te le ctu al,
del tip o que pro d u cen las te o ria s filosóficas o las
inferencias c ic n tífc as.
La cñudad en que R ed S charlach com ete sus
c rím en es es Buenos A ires, pero parece no serlo;
es conocida, pero irreal. Los nom bres de sus ca­
lles son fa n tá stico s, los nom bres de sus h a b i­
ta n te s son increíbles, la friald ad de las a c titu ­
des es in h u m an a.
P ero son todas cualidades, no defectos, si se
piensa que es la geo m etría del sistema lo que
interesa, n o sus elem entos inevitables, pero indi-

L ’A I R
(Dieu parle)
Por
JULES
J

SUPERVIELLE

4

\

"E t pour donner du prix aux choses
J’ai voulu les couronner d’air,
Pour Phirondelle qui se pose
Comme pour l’homme sur le mer,
Air qui préfére les penetres
ll remplit la chambre et le ciel
Air qui veut a peine paraítre

\

l
i
Xilografía de Francisco De Santo (taco original)

Mais auréole le réel.
A h í j’ai peine á le reconnaitre,
Ouand il se jache dans le vent
Puisqu’il faut aussi des tempétes
Pour les besoins de l’océan.
Air perspicace qui penétre

“El Ladrón de Niños”
de Jules S u p e rv ie lle
P o r

Jusqu’au plus noir des souterrains,
On dirait que tu viens de naitre
Et tu es plus vieux que l’humain.
Air qui sait rester solitaire,
A ir invisible comme moi,
Tu souffles au dessus des lois
Máme endormi, tu perseveres,
E t transparent est ton émoi.
Compagnon de l’homme d toute heure
tu es la qu’il rie ou qu’il pleure,

FELISBERTO

H E R N A N D E Z

R U A N D O el telón se levanta sobre el coronel
Biguá, que está de som brero puesto y de
"ro b e de ch am b re ” an te una m áquina donde
cose u n pa n ta lo n cito de niño, en el in sta n te en
que vamos a re ír, nos detiene la sospecha de
que el a u to r ha sorprendido algo m uy e x tra ñ o
en esa realidad inm ediata a la que siem pre el
tom a ta n descuidada. Es d ie rto que nosotros
estamos predispuestos; pero dem asiado bien ga­
nada tiene esa predisposición Jules Supervielle.
Ya sabemos que no nos presentará, solam ente,
una hum orada esparcida en m edio de form as
de a rte de una te rn u ra original. (Y ya esto es
m u c h o ). T am bién sabemos que el brazo largo
de un gigante, ha llevado una m ano abierta
a rascar fondos desconocidos. Desde el p rin c i­
pio sabemos que el coronel B iguá, cuando co-

se en aquella m áq u in a está pedaleando sobre
su p ropio destino. El coronel cose para servir
a una idea fija. E n tra m o s a la obra p o r esa idea
y al fin al salimos por la m ism a. La idea que
tiene el coronel de ser p a d re da toda la v u elta a
su m undo. Y m ien tras ta n to lo vemos recorrer
todos los paises de su tem peram ento.
El quiere a d o p ta r u n recién nacido. P ero le
ha crecido ta n to y es ta n u rg e n te la neclesidad de tener u n hijo, que u n d ía se le desbor­
da, c u b re al prim ero que en cu e n tra — que tie ­
ne diez años— y lo tra e a su casa bajo su
dapa, de donde su m u je r asom brada lo ve sa­
lir, com o del ala de una gallina.
Todos, en la casa de B iguá, g ira n alrede­
dor de su ó rb ita : son a tra íd o s por u n corazón

c lrc u lo , por ejem plo, no puedo decir lo que se
me o c u rra : sus propiedades son ta n objetivas
com o el color, plum aje y pico de u n ágq¿L*
T am poco puedo decir cosas a rb itrarias de u n
c en tau ro ; sabemos que u n c en tau ro no es lo
m ism o que u n unicornio. C om o de todos modos
un cen tau ro no tiene el m ism o género de exis­
tencia que u n caballo condreto, se ha conside­
rado necesario designar al prim ero com o obje­
to ideal y al segundo com o objeto real. Es claro
que los objetos ideales pertenecen a u n universo
sin tiem po y sin causalidad. U n c írc u lo n o n a­
ció algún d ía y no m o rirá jam ás: es in c o rru p ­
tible. Los centauros, la B lancura, las figuras m a­
tem áticas, pertenecen a u n m u n d o in c o rru p ti­
ble com o el chelo platónico, donde el m ovim iento
y el tiem po no existen, donde to d o es etern o e
invariable.
Si la novela policial estricta culm ina en la
geom etría, es evidente que sus elem entos ingre­
san al propio tiem po en este reino de la in te m ­
poralidad. N o hay r a z ó n para h ab lar de un
transcurso: n o hay que c o n fu n d ir el tiem po que
se ta rd a en hacer una dem ostración con el tie m ­
po intrín se c o que puede existir en los elementos
puestos en juego. T am poco se puede h ab lar de
causalidad: en estas novelas policiales n o existe
ninguna causa de nin g ú n crim en, com o la rec­
titu d de u n ángulo no es la causa de que el cua-

d ra d o de la hipotenusa sea igual a la sum a de los
cuadrados de los catetos. E n estas ficciones, co ­
m o en la g eom etría, hay im plicación.

(Sigue en la ptigina 14)

Air qui ne manques qu’au mourant
Et toi seul qui le dé sal teres
— Plus que l’eau dans le dernier verre —
Ouand je suis dans l’éloignement”.
Enero de 1945, Montevideo.
ferentes. Piensa L o n n ro t c u an d o cree que ha
d e scifrado el enigm a de los crím enes sucesivos:
"V irtu a lm e n te h a b ía descifrado el problem a: las
m eras circ u n stan c ia s, la realidad (nom bres, arres­
tos, caras, trá m ite s judiciales y carcelarios) ape­
nas le interesaban a h o ra ” .
E n la dem ostración de un teorem a es in d ife ­
re n te el no m b re de los p untos o segm entos, las
letras latinas o griegas que los designan. N o se
dem uestra una verdad para este triá n g u lo p a rti­
c u la r, sino para el triá n g u lo en general; ni si­
quiera es necesario que esté bien d ibujado y casi
es m ejor que no lo esté, para ev ita r la falacia
de que la corrección del re sultado es debida a
la corrección de la fig u ra ; por él c o n trario ,
com o dice P oincaré, la geom etría es u n a cien­
cia que extrae conclusiones ctorrectas de figuras
incorrectas. C laro que, de todos m odos, una fi­
gura es necesaria y tam bién los crím enes de R ed

ángulos interiores sum an dos rectos; que su án­
g ulo m ayor está su btendido por el m ayor lado,
ere. Q uiéralo o no, reconozco m uy clara y dis­
tin ta m e n te que estas propiedades están en el
trián g u lo aunque nunca haya pensado en ellas
antes y aunque ésta sea la prim era vez que yo
haya im aginado un triá n g u lo ” . Se desemboca aquí
en un de los grandes problem as de la filosofía,
que es el de la objetividad y atem poralidad de
los entes m atem áticos. H ay , por lo menos, dos
tipos de objetos, de distin ta e stru c tu ra óntica:
los objetos reales y los objetos ideales.
Son objetos reales: un anim al, una mesa, el
estrecho de G ib ra lta r. Se caracterizan por exis­
tir en el tiem po, p or tener u n principio, un
transcurso y un fin ; por ser causados y por te­
ner efedtcs. Son objetos ideales: u n trián g u lo ,
la Ju stic ia , los centauros. N o hay duda de que
estos entes son tam b ién objetivos, pues de un

El resultado general es el siguiente: la c u lm i­
nación de c ie rto género policial c o n d u ce a la
novela geom étrica y por lo ta n to a la ete rn id a d .
C uando el le c to r lee y va haciendo d esfilar las
hojas delante de sí, este m useo de form as e te r­
nas y petrificadas su fre u n sim ulacro de tiem po,
prestado por el que lee. Y c u an d o la lecítura te r ­
m ina, las som bras de la e te rn id a d vuelven a po­
sarse sobre sus crim inales y policías.
Pero ¿no seremos ta m b ié n nosotros u n L ibro
que A lguien lee? ¿Y no será n u e stro tiem po el
T iem po de la L ectura? Si esta hipótesis es co­
rre c ta , el tiem po ex istiría verdaderam ente en el
in sta n te presente. El pasado h a b ría vuelto al
m u n d o subsistente y atem p o ral; de m odo que
a través d e l'in s ta n te a ctu al, com o por u n agu­
jero, el m u n d o existente de las cosas reales es­
ta ría convirtiéndose c o n tin u a m en te en el m u n d o
subsistente de los entes ideales. A sí que el U n i­
verso Ideal sería: u n A lm acén In fin ito que p ro ­
vee al Presente; u n C em enterio In fin ito de las
cosas que ya fueron, com o N apoleón y el R ap to
de las Sabinas; y u n M useo In fin ito de aquello
que jam ás existió ni existirá, com o H a m le t, la
B lancura, la T ria n g u larid ad , los dragones y cen­
tauros.

�\

C O N T RAP U N T O

Pdg. 4

s

Pr e s e nc i a

de

e s c r i t or e s

DAVID

i ngl eses

LAW RENCE

HERBERT

EL BARCO DE LA MUERTE

VII

I

Estamos muriendo, estamos muriendo y todo lo que nos queda
Es desear morir, ahora, y construir el barco de I3 muerte
Para que conduzca nuestra alma en el más largo viaje.
Un barco pequeño, con remos, con alimentos,
Y Ypequeños platos y todos los equipos
Dispuestos y listos para el alma que parte.

A HORA es otoño y los frutos caen
Y es el largo viaje hacia el olvido,
Las manzanas caen como grandes gotas de rocío
Machucándose al caer.

1

És tiempo de partir, de despedirse
De uno mismo, de encontrar una salida
A su caído ser.
II
¿Has construido el barco de la muerte? ¿Lo has construido?
¡Oh construye el barco de la muerte!, tú lo necesitas . .
El hielo horrible estará a tu alcance y las manzanas
Frecuente, casi estruendosamente caerán sobre la tierra endurecida.
¡Y la muerte está en el aire como un olor de cenizas!
¿No la sientes?
Y en el cuerpo herido, el alma atemorizada
Se encoge, retrocediendo ante el frío
Que sopla por los orificios.
III
¿Puede un hombre darse la muerte
Con un punzón desnudo?
Podemos hacernos una herida con dagas, con punzones, con balas,
Una abertura por donde salga la vida.
Pero, ¿eso es un reposo? Dime, ¿eso es un reposo?
N o, un asesinato, aun el propio asesinato,
¿Cómo puede ¿er un eterno reposo?
IV
Conversemos del reposo que conocemos,
Del reposo que podemos conocer, del reposo amable y profundo
De un fuerte corazón de paz!

J^AW'RENCE no pertenece a aquellos
escritores que recrean el mundo den­
tro del velo de las apariencias, de lo&lt;
que juegan con las formas consagradas
y las descomponen y recomponen pero
sin alterar la ley venerada. Es de los
que saben que el pensamiento no cons­
tituye una serie de ejercicios de tretas
o de trampas. Traspasa el velo que los
hombres han levantado para su engaña­
dor consuelo y busca en el caos la sus-i
tancia para un nuevo ordenamiento deí
hombre en la Creación. Va hacia los
orígenes, hacia el terreno arcaico de to-t
da vida, con una rara vocación por lo'
misterioso, como aquel su antepasado
del siglo XVIII, el extraño y alucinador
William Blake, revelador de las esferas
demoniacas de la energía.
Hombre óe naturaleza ahincadamente
religiosa y ótica, busca una renovación
de los valores morales en el culto de la
sangre y de la carne. Exalta la vida)
sobre el pensamiento, lo que, claro está,1
no es nuevo. Son sus palabras: "My
great religión is a belief in the blood,
the flesh, as being wiser than the intellect”.
No concibe un cosmos sin Dios, y c'mo cree que el cristianismo está en de­
cadencia, falto ya de sangre, recurre a las
religiones primitivas en busca del elej
mentó numinoso y mágico, cuyo mensa-,
je da a los hombres, y por otra par
se dirige al Dios vivo y desconocido;
que ciertamente para él no es el mis-i
mo que invocaba San Pablo. Así dice
en “Pax”:

I

AU that matters is to be at one with.
[the living God
To be a creature in the house of the
[God of Life.

¿Cómo podemos obtener nuestro propio reposo?

Construye, entonces, el barco de la muerte
Porque debes hacer el viaje más largo, el del olvido.
Y muera la muerte, la muerte dolorosa y larga
Que yace entre el viejo y el nuevo ser.
Ya nuestros cuerpos han caído, heridos, torpemente heridos,
Ya nuestras almas se han filtrado por la abertura
De la herida cruel.
Ya el océano oscuro e interminable del fin
Está lavando las brechas de nuestras heridas,
Ya el diluvio está sobre nosotros.
Oh construye tu barco de la muerte, tu pequeña arca,
Y llénala de alimentos, de pastelitos y de vino
Para la huíd^ oscura que cae en el olvido.

VI
El cuerpo muere en pedazos y el alma tímida
H a perdido su apoyo mientras la oscura marea crece.
Estamos muriendo, estamos muriendo, todos nosotros estamos muriendo
Y nada detendrá el diluvio de la muerte que sube sobre nosotros, ,
Y que subirá pronto sobre el mundo, sobre la superficie del mundo.
t

J

Estamos muriendo, estamos muriendo, todos nosotros estamos muriendo
[están muriendo,
Y nuestra fuerza nos abandona,
Y nuestra alma se agazapa desnuda bajo la oscura lluvia que cae
[sobre las aguas,
Se agazapa en las ramas últimas del árbol de nuestra vida.

Fué un heterodoxo de la cultura y del
la civilización: descendencia de J. J./
Rousseau. Por eso se sentía agobiado)
en Europa e iba en busca de países don-,
de los hombres se sintiesen menos so­
focados por una horrenda regimentación
jurídica.
En una hermosa carta, dirigida1 a La­
dy Cinthia Asquith, que más bien parece
una elegía, habla de la angustiosa ne-i
cesidad de partir de Inglaterra, donde!
tantas cosas viejas están mulléndose,
sin que cosas nuevas lleguen, donde el
pasado, el gran pasado está desmoronánc
dose, destruyéndose, no bajo la fuerza
de nuevos pájaros, sino bajo el peso
de las hojas del otoño.
Sufrió lo que todo rebelde a la moral)
debe sufrir aún en épocas de tolerancia;
Los hombres toleran a todos los revo­
lucionarios, menos a aquellos que quie-|
ren trastrocar los valores éticos que ellos
consideran perfectos e intangibles.
'Creyó que la raza humana estaba a
punto de naufragar, pero menos fúnebre,
mente agorero que Franz Vogelsinger
(“Der Untergang der Mensc’hen”) trató
de reconducirla hacia la fuerza y la1
alegría, re-ubicándola en el plan divino
mediante su prédica exaltada y lírica.
Sus obras en prosa son harto cono-t
cidas en nuestro país. No tanto sus
versos. Pero los relámpagos místicos,
los sermones moralizantes, el sentido
viviente del paisaje, el culto a las flo­
res, el retorno a la vida después de una
sumersión en las aguas del olvido,, los
panfletos contra la civilización, están
presentes en sus novelas, en sus_ ensa­
yos, en sus cuentos, en sus poemas.
Las obras poéticas comprenden nume-,
rosos títulos: “Poemas de amor y otros)
poemas”, “Amores”, “Nuevos Poemas”,
“Bahía”, “Tortugas”, “Pájaros, Bestias,
Flores”, “Colección de Poemas”, “Pen­
samientos”, “Ortigas", “El triunfo do
la máquina”.
Damos la aproximación de una de sus
poesías, la del extraordinario “Barco de
la Muerte", cuyo traslado al español
puede hacer sospechar la intensidad y
belleza del original.

Nota y versión de LUIS DE PAOI.A.

Ahora que el cuerpo muere y que parte la vida,
Bota el barco, bota el barco,
El alma frágil en el barco frágil del, coraje, el arca 1de la fe,
Con su copia de alimentos y pequeñas cacerolas,
Y mudas de ropa,
Sobre la negra devastación de las aguas,
Sobre las aguas del fin,
Sobre el mar de la muerte, donde todavía navegamos
En la oscuridad, porque no podemos conducir, y no existe puerto.
No hay puerto, no hay parte alguna adonde ir.
Solamente la profunda negrura todavía oscureciendo
Mas negramente el diluvio, callado y sin murmullo.
Oscuridad sobre oscuridad, arriba y abajo,
Total oscuridad en torno, sin rumbo ya,
Y allí está el pequeño barco, partiendo
Nadie lo ve, pues nadie existe para verlo pasar.
¡Ha partido! ¡Ha partido! y sin embargo
En alguna parte está.
¡En ninguna parte!

VIII
Y todas, las cosas han partido, el cuerpo se ha hundido,
Se ha hundido enteramente.
La oscuridad de arriba es pesada como la oscuridad de abajo,
Y entre ellas el barco pequeño
Fia partido.
Es el fin, el olvido.
IX
U n hilo aun lo separa de la eternidad,
Lo separa de la negrura,
U n hilo horizontal
Que humea pálidamente en la oscuridad.
¿Es una ilusión? ¿O es la palidez que se levanta?
Espera, espera porque es la aurora,
La cruel aurora de retornar la vida
Del olvido.
Espera, espera, el barco pequeño
Se desliza sobre el gris mortal y ceniciento
De una nueva aurora de aguas.
Espera, espera!, es como un resplandor amarillo
Y oh alma pálida y helada, u n extraño brillo rosa.
U n brillo rosa y todas las cosas recomienzan.

X
El diluvio se sumerge y el cuerpo como una gastada concha m ari-a
Emerge extraña y dulcemente,
Y el barco pequeño vuela al hogar, deslizándose vacilante
Sobre las rosadas aguas,
Y el alma frágil, marcha nuevamente al hogar
Con el corazón lleno de paz.
El corazón palpita renovado de la paz
Del olvido.
Construye el barco de la muerte. ¡Oh construye el barco de la muerte!
Porque tú lo necesitas,
Porque el viaje del olvido te espera.

�.. — —

—

Pag. 5

C O N T R A P U N T O

L

E pareció que alguien se acerca­
ba, E ra hombre tranquilo y n e ­
cesitó cerciorarse antes de huir. E ra
v e rd a d : había una persona que ron­
daba por ahí, y no casualmente.
Aquel ruido, ta n leve pero preciso,
era producido por alguno empeñado
en que no se sospechase su presen­
cia. Cuando observó con más deteni­
miento pudo ver u n a som bra que os­
cilaba detrás de la columna, desde
el punto en que se encontraba, apa­
recía a la izquierda.
Se ta rd a más en contarlo. Lo cier­
to es que en escasos segundos Jaim e
M ayor abandonó toda perspectiva
de llevar a buen efecto su misión, re­
cogió los enseres, se puso de pie y
se fuá deslizando hacia el corredor
de la derecha.
El sereno, sin duda, había desper­
tado y estaba realizando una recorri­
da por el establecimiento. Jaim e M a­
yor no había contado con ese desper­
ta r del sereno.
Cosa cu rio sa: al llegar al corre­
dor y al volverse con rapidez para
constatar si alguien lo seguía, obser­
vó, detrás de la columna, la misma
som bra y la misma oscilación. In tu ­
yó que todo podía ser u n a falsa ala r­
ma. Las sombras estaban m udas otra
vez, intraducibies. No había ninguna
vibración en la atm ósfera. Así y to?do sentía perfectam ente que alguien
m aduraba un plan de ataque.
No sería posible explicar en qué
form a se le presentaban a Jaim e Ma­
yor las sensaciones, pero era eviden­
te que estaba dotado —superdotado
— de un extraño sentido de la vigi­
lancia. Un sentido interior que sa­
bía ponerse de m anifiesto en los mo­
mentos de m ejor oportunidad. Ese
m agnífico oído interno le había sal­
vado varias veces la vida.
Algo se le había erizado ahora en­
tre el pecho y la espalda. M ientras
“ tra b a ja b a ” había tenido necesidad
de volverse, y al volverse había vis­
to aquella oscilación extraña detrás
de la columna. E l hecho de que la
som bra permaneciese en su puesto y
que la oscilación mantuviese su r it­
mo, no se le hacía ajeno a u n a po­
sibilidad de amenaza. Algo se le ha­
bía erizado dentro del pecho y h u ­
biera sido cosa in fan til desatender ei
aviso.
P o r eso, del corredor pasó a la al­
fom brada escalera y bajó peldaño a
peldaño con una mano en la b aran ­
dilla y la otra en el bolsillo del saco.
Al m ediar la escalera sintió, así co­
mo redoblada, la amenaza de los ins­
tantes anteriores. Un cable eléctrico
— ta n conocido— se puso a vibrar
en su interior, transm itiéndole otro
alerta más acusado.
Se detuvo. Miró hacia atrás y,
o tra vez, muy rápidam ente, hacia
adelante, al pie de la escalera. E n
ese momento se sintió perdido.
E ué u n segundo durante el cual
Jaim e M ayor se sintió perdido, por­
que al segundo siguiente, ya se ha­
bía salvado. O, por lo menos, creyó
que h abía adelantado' algo en el ca­
mino de la salvación. F ué aquel se­
gundo que tardó en reponerse del
miedo que empezaba a atosigarlo.
No pensó n ad a más. Atenaceó el
miedo, lo hizo a un lado con violen­
cia, saltó la barandilla y cayó al pi­
so bajo’.
Entonces hubo una especie de tu ­
multo. De la p a rte inferior de la es­
calera emergió u n a som bra nueva,
la misma que M ayor había entre­
visto m om entos antes. Se dirigió
hacia él, que estaba caído junto a
un m ostrador,y al mismo tiempo,
otra sombra —la fantasm agoría de
la colum na en el piso de arrib a—
bajó precipitadam ente tam bién la
b aran d illa y se dejó caer a su lado.
U na som bra te rc e ra vino tam bién
de quién sabe donde, y, entre las
tres, lo aferraron. Luego lo pusie­
ron de pie y le descargaron un gol­
pe terrib le en la m andíbula.
Term inaron con él, o, por lo me­
nos, lo dejaron ido de sí mismo1por
u n buen rato. Todo el rato que los
dos policías y el sereno ta rd a ro n en
desposeerlo de sus armas, en encen­
der la luz y en a rra stra rlo h asta un
sillón p a ra hacerle beber dos tragos.
— ¿E stá listo, amigo? — fué lo
prim ero que oyó al volver del des­
mayo.
Les echó una m irada circular. El
sereno era un hom brecito misera-

“ J. M. ” no contará la historia
ble vestido' de over-all y con un tic
repugnante que consistía en quitarse
y ponerse una suerte de gorra de
chauffeur, con visera, luego de ras­
carse la coronilla sebosa.
—E sta vez le cuesta c a r a la
faena.
H abía hablado uno de los poli­
cías. Jaim e lo m iró sin encono'.
— ¿ Quién fué el del goipe ? —p re­
guntó tratando de sonreír.
— ¿ El del golpe ? ¿ Qué golpe ?
Jaim e M ayor se pasó la mano pol­
la barbilla.
— Este, é ste . . . — exclamó el po­
licía, com prendiendo, m ientras se­
ñalaba a 1 sereno m i s e r a b l e .
— ¿Quién lo hubiera dicho', n o ?
¡ Tan petizo, é l ! . . .
El sereno no se enteraba de na­
da. M iraba fijam ente a Jaim e M a­
yor y persistía en la tarea de mon­
darse el cráneo con las uñas.
—Bueno, vamos.
Habló el segundo policía. Jaim e
se puso de pie.
— Cuando quiera.
Comenzaron a andar. Del sereno
no se ocuparon pues quedó firm e en
su puesto con aquella fijeza en los
ojos del que no ha dormido gran
cosa y con aquel tic suyo tan repulsico.
Llegaron a la p u erta de calle.
—A hora cuidado con lo que se
hace. —D ijo uno de los policías.
M ayor preguntó, sin volverse hacia
el que hablaba.
— Que puedo hacer, yo ¿vamos
a ver?
—Usted me entiende.
Y siguieron andando por la calle.
Los pasos se acompasaban. L a ca­
lle aparecía solitaria y silenciosa.
Ni un alm a en la calle, ni una estre­
lla en el cielo.
Lo favoreció la obscuridad. Y fué
así como, en la prim era oportuni­
dad, Jaim e Mayor, logró zafarse de
sus capturadores.
E n un recodo, dió un paso atrás,
luego dos hacia adelante, para tomar
una determinación inesperada. Des­
orientó a los policías y aprovechó
sabiam ente la desorientación que
tan sabiam ente había provocado.
Escaló una ventana baja que se !e
había aparecido m isericordiosamen­
te ab ierta y se metió allí, jugándo­
se el alma.
— ¡No salís con vida! —fué lo
que exclamó con rabia inaudita uno
de los policías.
E n tre tanto escalaban a su vez la
ventana y penetraban en esa habi­
tación desconocida. Una vez dentro,
se hallaron ante la obscuridad más
completa.
— ¡D ate o te m ato!
No se oyó nada.
-—¿Me oís? ¡D ate te digo!
Acto seguido' se vió como Jaim e
M ayor saltaba o tra vez la ventana
hacia la calle y em prendía una ca­
rre ra en la que se le podía acabar
la vida.
D urante un buen rato no supo de
sus perseguidores. Pero si supo de
la persecución. La sentía a sus es­
paldas como una cosa tangible, como
si aquellos dos hombres, mayores
que él eu tam año, pero menores en
astucia y en apellido, le enviasen al­
ternativam ente ondadas de alarm a
y de peligro'.
Jaim e M ayor las sorbía con sus es­
paldas m agníficas y, de pronto, se
diluía en la som bra en un esfuerzo
blando que lo hacía p artic ip a r de la
obscuridad de la noche.
Bajo el cielo negro, en la noche
negra, Jaim e M ayor se hacía inencontrable.
Se estuvo unos m inutos retom an­
do aliento, entre unas vigas recién
dejadas frente a una construcción.
Jad eab a como un corredor de fon­
do. Tenía ambos brazos extendidos
y las manos apoyadas en dos salien­
tes del m aderaje que le hacía de
cueva. Y el espíritu alerta se le ma­
nifestaba en sus ojitos veloces, muy
amigos de fingir una m irada al sue­
lo cada vez que la intención de mi­
r a r estaba en la distancia. Escuchó
todos los ruidos de la manzana.

P o r

A R TU R O CERRETA N I
E ran todos ruidos normales. Un ani­
mal aquí, ro n d a n d o ; u n carro p au ­
sado, a lo lejos; do's paseantes discuiidores, ahí a diez pasos. N ada
m ás. Todo lo demás era el silencio
exasperante, pero ventajoso.
Salió de su escondite v andando

Ilustración de F. GUIBERT

como' un simple an d arín de calles
en la noche, comenzó a encender un
cigarrillo. Su atención permanecía
tensa, sin embargo. Sin embargo,
no se le escapaba ningún ruido n a­
cido dentro de los sesenta metros a
la redonda. E ra él, como el centro
de un pequeño y a la vez enorme
universo de peligro. Le volvió al
oído aquel mismo ro d ar de carro
pausado de momentos antes. Una
ráfaga suave le re trajo el crujido de
las llantas de hierro sobre la piedra
de la calle. Y en seguida otro trozo
de la conversación de los paseantes.
Dos o tres palabras nítid as:
— .. .no tiene nada que ver. . .
Y en seguida, la respuesta de
ot”a voz, menos n ítid a :
— . . . cada c u a l... te r r ib le ... te
dig o .. .
Y ya nada más. Se consideró a
salvo y se fué andando m ientras sor­
bía el humo de su reciente cigarro.
Y sonó un disparo.
Sus pies se aferraron a la vereda

im pidiéndole la m archa. lia bala le
había sido dirigida. Le había ro­
zado.
Luego, otro disparo. V otro. Y
otro más.
Sus pies se desaferraron del piso
y echó a correr. Pero iba herido.
Inm ediatam ente sintió que el pie
chapaleaba sangre dentro del zapa­
to. Y unas voces que lo aco sab an :
— ¡E stá listo!
—¡ D a le !
— ¡No va a correr mucho'!
Y una carrera a sus espaldas, ni
veloz ni lenta. Una c a rre ra con se­
guridad de triunfo. ¡Y su pie, ahí,
m anando sangre dentro del zapato-!
¡ M aldito s e a !
Corrió, no obstante con todas las
fuerzas de su alma, ya que las de
su cuerpo iban menguando poco a
poco. D ejaba de oír la carrera a sus
espaldas y tornaba a oírla. E ra co­
mo si alguien — el destino— jugase
con su pobre angustia de hombre
perdido sin remedio. Quizá, como
antes la conversación, el viento le
llevaba y le traía algo de su perse­
cución.
F in lam entable —pensaba— de un
hom bre nacido p ara otra cosa.
Pero, sin saber cómo, se halló
frente a una p u erta conocida. Y los
ruidos del enseguim iento se habían
diluido a sus espaldas. H asta su
vuelta, dentro de segundos contados.
E ra ese todo el tiempo que le que­
daba p ara planear su liberación. La
p u erta llevaba a una escalera y la
escalera a la habitación de Amparo
Torres. Sin duda, Am paro era su
amiga, tenía pruebas de esa amistad.
Lo recogería ahora, indudablem ente.
Em pujó la p u erta y halló que cedía.
E ntró como' un relám pago y cerró
la p u erta tra s de sí. Le puso tra n ­
ca, aquella tran ca carcomida, pero
féi cea aun, am iga infalible de la
gente huidiza. Subió la escalera
arrastrándose . E n un descanso, se
quitó el zapato y supo así que su
herida era leve. Pero prestó oído a
la calle, a través de la puerta, y vió
que no epa n a tu ra l todo aquel si­
lencio. Ahí, detrás de la puerta, se­
guía vigilando' la persecución. No
recordaba si la casa tenía otro pu n ­
to de evasión. De no ser así, su fin
era certero. V ictoria linda, la de
sus perseguidores. ¡ Qué tr is te !
La Amparo estaba en su cama. A
su lado, abrazada a ella, la hija. Es­
tab an inmóviles. H abía abierto la
p u e rta lentam ente:
— ¡ A m paro!
No le había contestado. E n tre ­

Xilografía de Francisco De Santo (taco original)

veía las form as de la niña pequeña
y de la m ujer grande entrelazadas.
Buscó y no halló la llave de la luz.
— ¡A m paro! — clamó o tra vez, pe­
ro por segunda vez no le contesta­
ron.
Llevaba el zapato en la mano y
el pie en el aire. Con m ayor tra n ­
quilidad, se (hubiera sentido gro­
tesco.
Fué hacia la cama y puso1 la m a­
no en el hombro de la m ujer. No lo
hizo muy fuerte, p a ra no d esp ertar
a la niña, pero con la fu erza sufi­
ciente p ara hacer que la m ujer se
volcase de espaldas en la cam a.
Allí en la obscuridad, creyó ver los
ojos abiertos de la Amparo' T orres.
—Soy yo; ¿sabes? J a i m e ...
Le pareció que la m ujer se mo­
vía. Más aún, le pareció que ese
m ovimiento y aquella voz débil y
extraña, le decía:
—¿Qué querés?
P o r lo que él se dispuso a h a b la r:
—Me persiguen, te digo. E sta vez
va en serio. Saben que estoy aquí.
Tenés que escucharme, Am paro.
Claro que yo no quiero comprome­
terte. Ya sé que puedo co n tar con
vos. P ero está la nena. No me acor­
dé de ella, si no, no hubiera venido.
Pero tengo que decirte una cosa.
La voz se le entreco rtab a y, p o r
otra parte, la m u jer ahí se estaba,
escuchándole, con los ojos m uy
abiertos en la obscuridad
—S í; tengo una cosa que decirte.
Seguro que no cuento la historia.
P o r eso quiero que la veas a E rn es­
tina, ¿comprendés? Quiero que la
veas si me pasa algo, natu ralm en te.
Deeile que la quiero mucho. Bueno,
vos te arreglarás. Que la quiero m u­
cho y q u e ...
Pero, ¿porqué esa m ujer no se
movía? ¿Por qué lo m iraba así, con
los ojos tan abiertos?
—-¿Dónde tenés la llave de la luz?
No le contestó.
— ¿No me oís? ¿E stás dorm ida?
Tanteó las paredes. Y halló la lla­
ve. Hizo g irar el conmutador.
La Am paro Torres, de espaldas en
la cama, tenía los ojos muy abiertos
y vidriosos. La cara desencajada
y pálida. Tenía la nariz m uy afila­
da. La niña, a su lado, tam bién te­
nía la nariz muy afilada y blanca,
pero los ojos estaban cerrados.
— ¡ Amparo ! ¡ A m p aro !
La tomó p or los hombros y com en­
tó a sacudirla. Am paro T orres no
respondía a esos impulsos. H abía
cierta rigidez en su cuerpo. T an ta
que lo venció el miedo y dejó caer
ese cuerpo sobre la alm ohada. E lla
seguía m irándolo desde sus ojos de
vidrio.
Jaim e M ayor se sentó en u n a silla
cercana. Pensó que no debía saberle
(Sigue en la página 6)

�Pag. 6
ARTES

C O NTRAP U NTO
PLA STICA S

el Neruda de Entrada a la Made­
ra. Un Neruda que diera la ma­
dera abierta, sin transmutacio­
nes. Esta tricota es jugosa y m a­
terial, espesa de materialidad. Hay
sin embargo cierto equívoco fo r­
mal (entre el "nuevo” realismo y
el "viejo” ) que (volveré a mi­
rarlo extensamente) no llego a
admitir del todo.
Diciembre - 1940

Pensativo (óleo), de Antonio Berni

Apuntes de un aficionado
Por

ROGER
Julio - 1944

PLA
Agosto

H ay miedo, insinceridad. Nos
falta — nos ha, faltado— el co­
raje de Dadá. Lo de siempre.
Asimilamos rápidamente la for­
ma. Y lo valioso, es el contenido
viviente, el pathos humano. És­
te tiende hacia la forma. (Sí.
Puede uno pensar en Aristóteles,
si es que lo entiendo bien. Pero
sin exceder la simple m etáfora).
*

Florida. Plena temporada; los
dos fenómenos: influencias téc­
nicas sin coincidencias profundas.
Coincidencias profundas con re­
petición. Dos modos distintos de
inautenticidad, con diferencias
de grados (en su "calidad” ).
La primera — la de menos cali­
dad— me parece, aunque resulte
paradójico, la actitud más valio­
sa, menos nefasta. Es simplemente
inmadurez, etapa que se puede su­
perar. Pero la segunda es¡ la inau­
tenticidad ya madura vistiéndose
de uniforme. La repetición impli­
ca un elemento de academismo, y
el ritmo de la creación original
queda detenido. Así nacieron ante­
ayer los italianizantes y ayer los de
la Academia. Y así nacen hoy los
_ "picassitos”.

La tendencia al "balance”, en
estas épocas, no es privativa del
comerciante. Los niños norteame­
ricanos siguen el consejo de Ben­
jamín Franklin y lo hacen todas
las noches, junto a la almohada,
y nosotros, aunque practiquemos
"ejercicios” periódicos, entramos
en el umbral de cada nuevo año
con una inevitable mirada retros­
pectiva que se detiene, a veces,
en dos o tres hechos casi siempre
determinados por el mismo ca­
pricho que mueve nuestro meca­
nismo rememorativo. En este ca­
so, 1944 aparece de pronto, en la
totalidad de su actividad plástica,
como un tum ulto de nombres,
muestras individuales, exposicio­
nes de conjunto, salones oficiales,
panorama que, aquí y allá, se
salpica con recuerdos más o menes gratos, y otros profundam en­
te decepcionantes. Hubo algo, en­
tre las muestras individuales, que
me resulta memorable: la exposi­
ción de Lorenzo Domínguez, en
Muller, en agosto. En otro orden
de cosas, el Instituto Francés de
Estudios Superiores reunió, en el
mes de julio, una buena serie de
tejas de Fígari, para regustar allí
la fresca poesía de este lírico por
excelencia (dentro, por supuesto,
de toda la pintura moderna inevi­
tablemente agónica). En cuanto a

Pareciera que la preobra, e!
complejo de necesidad expresiva,
tuviera una tendencia natural a
la forma (realización). No sirve
para nada una influencia, si no
se vive en sí, por simple coinci­
dencia profunda, ese complejo
peculiar que cristalizó, en el ar­
*
tista dado, en la técnica que nos
asombra. Entonces queda resuel­
Pettorutti es maduro. Pero
to y disuelto el primitivo com­
plejo. En cambio, solemos poner­ Pettorutti es el disfraz de Petto­
rutti.
nos de puntas de pie, saltar so­
*
bre nuestro complejo creador
(cuando lo tenemos) y tratar de
Alguien puede decir que con
emplear esa forma por razones tal que un disfraz sea hermoso,
de seducción conceptual o for­ no le interesa el disfrazado. Y ese
mal.
es, precisamente, el castigo dei
*
que se disfraza.
H ay algo más: Puede adm itir­
se la coincidencia profunda. Y
sin embargo la forma o la técni­
ca que se presenta como la satis­
facción cabal del complejo ex­
presivo compartido, resulta in­
útil, precisamente por haber ser­
vido al primero. Esta es la para­
doja: una forma ya cuajada, a
la vez que revela la antenticidad
del complejo creador que la m o­
tiva, señala la caducidad de ese
complejo. Las sensibilidades se re­
nuevan expresándose. N o repi­
tiéndose. La influencia, sólo ope­
ra, pues, como enriquecimiento.
Pero jamás puede proporcionar
un estilo, una técnica hecha. En­
riquece, descubriendo nuestra dernora, nuestro rezagamiento sen­
sible o intelectual. (Curioso: des­
cubrirlo, es siempre sinónimo de
hacer saltar el resorte que lo ade­
lanta) .

los argentinos, Demetrio U rru- lo —venciendo esa pereza física
chúaí expuso u-,na magnífica que me produce la crítica— so­
muestra en Impulso, Castagnino bre su obra. Está grabando. Punexhibió dibujos de una soltura tasecas. Veo sus últimas telas. No
fresca y sutilísima en Sagitario, es la primera vez que me pasa
Del Prete continuó demostran­ esto, y trato de indagar por qué
do, sobre la base de su potente me irrita el hecho de preferir, en
e indudable estructura orgáni­ una obra que respeto en su tota­
ca de pintor, su voluntad de lidad, la parte menos ambiciosa,
extremismo sensual en el color y más "privada” —cabezas, en este
la forma (puede discreparse con
Del Prete, pero este "fauve” es
una fiera. . . ) ; y, en fin, junto a
otras expresiones interesantísimas
—Gertrudis Chale, en Comte—
vimos la pintura media de siem­
pre, y la subpintura abrumadora­
mente vendible —hasta los cien
mil pesos— que cloaquea por la
Florida de siempre
Los jóve­
nes —está faltando un enfoque
detenido sobre los pintores de
treinta años— hicieron acto» de
presencia. Y, entre ellos, un pro­
vinciano, Medardo Pantoja, dió
en la Galería de los Artistas una
exhibición de pintura que fué
para mirarla despacio, y Pierri
(buen pintor que me parece con­
ceptualmente desviado) una mues­
tra surrealista, en Muller.
En extramuros, cerca de Cole­
giales, donde la mirada profesio­
nal no llega nunca, un rosarinG,
Anselmo Piccoli, (antiguo ami­
go), efectuó una muestra en la La mujer del caracol (óleo), de O. Pierri
sede del club Chacarita Juniors.
Eran óleos de una personalidad caso— a la otra, la de más im ­
en formación, que, aun como pulso artístico, indudablemente,
promesa todavía no cumplida, Va más esforzada del artista. La
eclipsaban por su fuerza y su irritación tiene su origen, sin du­
personalidad a muchas persona­ da, en que esta preferencia im ­
lidades hechas. ¿Qué sucederá plica la evidencia siguiente: o es­
cuando la promesa se cumpla?
toy yo en un error —y entonces,
a pesar de mi interés conceptual,
Enero 10
no sé gustar lo más nuevo y tra s­
Conversación c o n Urruchúa, cendente de esta obra —-o lo está
en su taller. Proyecto un artícu ­ el artista en cuestión, y entonces
sigue una ruta un poco al m ar­
gen (entendámosnos: no por el
concepto ni la intención, sino por
la realización) de sus posibilida­
des sensibles y auténticas. En
cualquiera de los dos casos, la si­
tuación es irritante.
*

Encuentro por la calle a A. y
le digo:
D. me ha elogiado los grabados
de Audivert. N o sé cómo no le
molesta en este grabador esa es­
pecie de exagerada evidencia del
oficio. Sus planchas me hacen
padecer todo el trabajo físico —o
quizá más— que debió darle.
A.: Mi hijito, pides demasiado
en la plástica nuestra: el oficio
deja de evidenciarse en la obra
— en la intención ambiciosa, se
entiende— cuando se llega a las
grandes épocas.
N o he llegado.a resolver si tie­
ne o no razón, o, al menos parte
de ella.

Septiembre
El Salón. Debo hacer una cró­
nica sobre la muestra de escultu­
ra. La sección pintura no me de­
para sorpresas. Los premios —y
uo por exceso de escepticismo— ,
t a m p o c o . Me he preguntado
quién es el que ganó el gran pre­
mio. Un retrato asombrosamen­
te insalobre y anodino. N o lo
conozco. H ay un chico, de Berni.
He aquí un hombre de quien no
se ha hablado hasta hoy con equi­
dad. Oscila entre la difamación
y la opología. Pero este chico, es
un señor cuadro. Empiezo a ad­
m itir la legitimidad de la frase
"nuevo realismo” para la pintu­
ra de Berni; precisemos: para
este chico, en concreto: es rea­
lismo y es nuevo. H e aquí una
humanidad cuya materia jugosa
me hace pensar (no sé por qué) en

Nuestro Señor Don Quijote (yeso), de Lorenzo Domínguez
i

í

J . M . ’ ’ no c o n t a r á

(Viene de la página 5)

a nuevo lo ocurrido. E sa h abía sido
la eterna amenaza de la Am paro To­
rres :
— El m ejor día de estos, term ino
con todo'.
A lguien le había oído decir esas
palabras. A lguien —ese mismo que
las había oído— era el indicado pa­
ra ?,em ediar la cosa. P ero ya, la co­
sa, no tenía remedio. Y Jaim e Ma­
yor, al borde del g ran peligro1, se
estaba ahí, ensimismado en la silla,
m uy cerca de la cam a. Miró a la
m u jer y miró a la niña. Luego se
levantó y cerró los ojos de la m ujer.
E n seguida le tapó la cara con la
sábana. La m ujer y la niña fueron
dos bultos blancos, bajo aquella luz
eléctrica rojiza y m alsana.

la

Jaim e M ayor apagó la luz y salió
a la escalera que llevaba a la calle.
Ya no le dolía el pie. T enía aún el
zapato en la mano, y fué así que se
sentó en el descansillo p ara volver a
calzarlo, antes de seguir bajando.
Cuando llegó a la p u erta, pensó
que la m uerte lo esperaría detrás.
P ero abrió la p u e rta y vi ó que la
calle estaba silenciosa.
Salió y miró hacia ambos lados
de la calle. Observó que no1sólo es­
tab a silenciosa, sino tam bién que no
acusaba m ovimiento alguno. H abía
que aguzar m uy mucho el oído para
escuchar otro carro tan pausado co­
mo monótono y distante.
Apoyándose más en un pie que en
el otro, comenzó a an d a r hacia la
izquierda con el propósito de d iri­

historia
girse hacia el F érjuson. C ontaría la
a v e n tu ra : lo de creerse perdido y lo
de la A m paro y su hija.
— Calculen que ya no creí que
contaba el cuento y . ..
— ¡Qué flojo! — com entaría E r­
nesto Lema, o algún otro.
— ¿F lojo? B ueno. Después de
todo no me avergüenzo1 de h ab er
sentido el m ie d o .. .
Sonó un tiro. Le rozó el hom bro.
Se encogió un tanto y, velozmente,
se hizo co ntra la pared.
P ero sonó otro tiro y fu é certero.
Le penetró en la espalda.
Tam baleándose, llegó h asta la mi­
tad de la calle. Cuando cayó —so­
naron antes dos o tres disparos— se
aunaron h asta tres hombres p ara
verlo desangrarse.

�I

—

Pág. 7

C O N T R A P U N T O
acción de este esquema de comedia
se desarrolla en la modesta casa de
la familia Dupont. Hacia el atardecer de
un dia de verano llega a ella, de muy
larga distancia, Emilio Dupont, de
treinta años, el mayar de los hijos del
matrimonio Dupont.

L

a

Se ñ o r a D u p o n t . — N o has
cambiado nada, hijo.
Z u l e m a . — ¿Que no ha cam ­
biado nada? ¡Pero, mamá, si casi
no lo reconozco! A mi ya no me
parece Emilio.
B e a t r iz . — Yo también lo en­
cuentro muy cambiado, mamá.
Zulema exagera, pero la verdad
es que ha cambiado mucho.
Se ñ o r a D u p o n t . — Pues, pa­
ra mí está igualito. Ya verán que
vuestro padre dirá lo mismo que
yo. Es que ustedes no lo observan
bien. M írenle los ojots y verán
que conservan su inestabilidad;
véanle la frente: tiene los mis­
mos pensamientos de siempre.
Como que ya lo estoy viendo des­
pedirse para otro viaje.
Z u l e m a . — Así, sí, mamá. Es
claro que no le han cambiado los
ojos, ni ha canjeado con nadie su
frente. Pero está envejecido. . .
E m il io . — H an pasado diez
años, Zulema. Ya no soy el m u­
chacho que se ha ido.
Z u l e m a . — Y hasta los ojos
se jle han cambiado. Es verdad
que conservan éso que siempre
tuvieron, como nostalgia de co­
sas desconocidas, pero si los obser­
vas bien, notarás que ya hay en
ellos cierta saciedad, como la del
apetito colmado en el hombre que
deja la mitad del alimento en su
plato.
E m il io . — Es posible que éso
sea exacto, sobre todo por el símil.
El apetito satisfecho da idea de
transitoriedad, de periodicidad.
Se deja de comer por unas horas.
B e a t r iz . — ¡Qué apuro en
aclarar que la saciedad no dura
mucho tiempo.
E m il io . — ¿Me 'dejan decir
algo?
Se ñ o r a D u p o n t . — Es claro
que sí, hijo. Tienes razón. N o ha­
cemos más que hablar nosotras,
como cotorras.
E m il io . — No, mamá. Lo na­
tural, lo que yo quisiera es oírlas
a ustedes, pero no quiero dejar
de decir que yo sí estoy asom­
brado de las hermanas que en­
cuentro. Dejé a dos chicas, de
cuarto y quinto grado, flacas, in­
formes casi, de largos brazos y
largas 'piernas, de aspecto insípi­
do, de pelo revuelto, y sin gra­
cia, de ojos inexpresivos. . .
B e a t r iz . — Basta, Emilio, por­
que parece que estuvieras hacien­
do el retrato literario de dos ade­
fesios.
E m il io . — De dos bien queri­
dos adefesios.
Z u l e m a . — Pero no hay nece­
sidad de detallar tanto.
E m il io . — Ya verán que sí.
Dejé, pues, dos queridos adefesios,
y me encuentro con estas dos se­
ñoritas. Hermosas, de semblante
claro, elegantes, llenas de gracia.
Sin duda, han cambiado mucho,
se han metamorfoseado de una
manera maravillosa, pero son las
mismas. Beatriz tiene la misma
embestida mental de antes y Zu­
lema la misma Voluntaria con­
formidad que le conocíamos. Lo
admirable del ser humano es su
mutabilidad perpetua y su asom­
brosa permanencia, a la vez.
Se ñ o r a D u p o n t . — De todo
eso tendrás tiempo de hablar,
Emilio. Ahora, 'tengo la impa­

P o r

SAMUEL
ciencia de saber por qué te has
ido de nuestro lado. Quiero oírlo
de tus propios labios.
E m il io . — ¡Ay, mamá! ¡H a­
ces unas preguntas!
Se ñ o r a D u p o n t . — Las úni­
cas que yo puedo hacer.
E m il io . — H a pasado tanto
tiempo, mamá, y han pasado tan­
tas cosas dentro de uno mismo. Y
aún si no hubiesen pasado; aun
regresado el tiempo ido, sin hue­
lla de su tránsito, tampoco sabría
decírtelo, mamá. En el mismo ins­
tante de mi partida, cuando creía
tener un cúmulo de motivos, tam ­
poco sabía por qué me iba. Te­
nía necesidad de irme. Sobre mi

IN O

E IC H E L B A U M

na de redención del hombre. ¡Lí­
breme él de caer en la soberbia de
atribuirme un destino luminoso!
Pero, por humilde que sea el nues­
tro, debemos acatarlo también.
H ay infinidad de muchachos co­
mo lo era yo cuando me fui, que
no sienten ninguna necesidad de
irse. N i sienten la apetencia de
mares y tierras desconocidas, ni
conciben que alguien la sienta.
Si yo lo he concebido y soñado
hasta sentir la necesidad de absor­
berlos con mis ojos, será porque
es parte de mi destino. N unca sa­
bemos cuándo dará flor o fruto
el padecimiento del presente. Só­
lo sabemos que nadie sufre en va­

sino de él. De nosotras ni se acor­
dó.
Se ñ o r a D u p o n t . — (M orti­
ficada por el reproche que le ha­
cen al hijo.) ¿Y a quién quieres
que se refiera, si es de su destino
que habla?
E m il io . — Es verdad, Zulema.
Habló mi egoísmo. Pero no se
puede ser verdaderamente res­
ponsable, ni generoso, ni piadoso
si no se está en paz consigo mis­
mo, y la paz consigo no se obtie­
ne sino mediante una profunda
atención de las voces interiores.
A veces, es indispensable extre­
mar nuestro egoísmo para poder
liberarnos definitivamente de él.

Dibujo de ANSELMO PICCOLI

vida debían caer los panes de las
grandes experiencias. Tenía que
saber, a través del persistente y
dulce sufrimiento, lo que es te­
neros distantes, más allá de lo ac­
cesible a mis brazos, debajo dej
mi trozo de cielo de esta ciudad
de voces infinitas; tenía necesi­
dad de viajar, esto es todo, mamá.
N unca se sabe ciertamente por
qué hacemos las cosas más impor­
tantes de nuestra vida: las hace­
mos, simplemente. Las de menor
importancia, esas sí que sabemos
por qué las realizamos.
Se ñ o r a D u p o n t . — ¡Aban­
donar a los padres, a los herma­
nos, abandonar todo lo que era
tu vida por esos años! N unca lo
he comprendido, y ahora que me
lo explicas. . .
E m il io . — Menos lo compren­
des, ¿verdad?
Se ñ o r a D u p o n t . — ¡Menos
lo comprendo, hijo! (Y la señora
de D upont se echa a llorar dulce­
mente al conjuro del recuerdo).
E m il io .— (Conmovido.) ¡Có­
mo! ¡Ahora lloras! ¿Por qué?
¿No estoy aquí acaso? ¿No te
tengo abrazada? Escúchame, ma­
má. Yo sé que eres muy buena
cristiana, mamá. A veces, los hi­
jos, sin que les falte nada del gran
amor a los padres, tienen un des­
tino al cual deben obedecer, igno­
rando ellos mismos que le obede­
cen. Jesús abandonó a sus padres
para lanzarse a predicar su doctri­

no, que nada sucede en vano. Aun
no vislumbro qué bien espiritual
me deparará la larga angustia de
mis diez años lejos de vuestro
amparo, pero sé que he vuelto con
el espíritu fortalecido, con el al­
ma más celosa del bien y del mal
del jser humano, qon el pensa­
miento clarificado. Pienso mejor,
mamá. Puedes creerme. No sé si
he sido un buen hijo, pero sé que
ahora puedo serlo; no sé si he sido
un buen hermano y un buen hom­
bre, pero hoy me siento capaz de
ponerme a prueba. Cuando eché
a andar por el mundo, me sentía
un poeta con predestinación profética. Me parecía indudable que
yo habría de revelar al mundo
algo del misterio del hombre.
Pienso ahora con profunda pie­
dad de aquel Emilio, en perma­
nente pecado de soberbia. Se ha
reducidp &lt;tanto mi anhelo, que^
hoy me sentiría feliz si pudiera
expresar el gozo, que sube por las
manos y los brazos del artesano
que hace un banco simple, firme
y sólido, y más feliz aun si pu­
diera darme el gozo de saber ha­
cerlo yo mismo. Era indispensa­
ble, mamá, mi larga vagancia pa­
ra sospechar las dimensiones exac­
tas de mi destino.
Be a t r iz . — ¡Tiene razón!
Z u l e m a . — Tiene razón, pe­
ro hasta este momento no ha dado
sino razones egoístas. N o habló

U n hombre ungido por una falsa
y desmesurada ambición, no pue­
de ser útil a nadie, porque ve a
sus semejantes de acuerdo al es­
pejismo que lo ciega y los juzga
según el preconcepto de su error,
muchas veces funesto. Quiero de­
cir que yo no les hubiera sido útil
haciendo las cosas movido por el
falso designio de una misión que
no habría de cumplir. Era me­
nester que viera lúcidamente en
mi propia vida, como creo ver
ahora.
Tres dias después, en una espléndida
caída de la tarde, Emilio, que ha esta­
do paseando con sus hermanas, se sienta
a descansar, junto con ellas, en un banco
de plaza.

E m il io . — ¿Sabes una cósa,
Beatriz? He notado que ya no me
miras tan severamente como en
los primeros días. ¿Es verdad lo
que me parece haber notado o es
que sólo me parece porque lo de­
seo?
B e a tr iz . — N o creo haberte
mirado con severidad en ningún
instante. En cambio, te puedo ase­
gurar que te juzgo como en el
primer momento.
Z u l e m a . — No le hagas caso,
Emilio.
E m il io . — ¡Si supieras todo lo
que me gusta esa franqueza tan
limpia de Beatriz! Sólo somos en
la medida que decimos la verdad.
¿No me perdonas entonces?
B e a t r iz . — ( Luego de una
pausa.) — En eso te equivocas.

Te he perdonado apenas te vi.
Precisamente por haberte perdo­
nado, no puedo justificar tu con­
ducta. La justificación de un he­
cho supone el reconocimiento de
la ausencia de culpa, y en este
caso el perdón no tiene razón de
ser. Yo te he perdonado, pero no
justificado. ¡N unca podré justi­
ficar que te hayas ido y que sien­
do el único varón, hayamos te­
nido que ser las mujeres solas las
que hiciéramos frente a las des­
gracias que se presentaron. Al po­
co tiempo de habernos abando­
nado tú, papá se enfermó grave­
mente, y nos vimos precisadas a
buscar trabajo para costear los
gastos de la enfermedad y po­
der vivir. N o puedes pensar que
este reproche envuelve una pro­
testa por haber tenido que bus­
carnos una ocupación, sino por
haber tenido que hacerlo nos­
otras dos solas, sin que tú com­
partieras la responsabilidad que
debimos asumir. Mientras mamá,
Zulema y yo llorábamos en los
rincones, a escondidas, viendo a
papá que se nos iba para siempre
— lo salvó un milagro, como lo
dijo el médico— tú vagabas por
el mundo, en busca de tu canto.
E m il io . — De mi destino.
B e a t r iz . — ¡Bueno! ¡De tu
destino, Emilio! Lo cierto es que
no estabas a nuestro lado y que
no podíamos contar contigo pa­
ra nada.
E m il io . — Cuando yo salí del
país, papá, estaba sano y se gana­
ba fácilmente la'vida. Si yo me
hubiera marchado estando él en­
fermo, hubiera dado motivos pa­
ra todas las recriminaciones. Pero
nada hacía sospechar que sobre­
vendría esa desgracia. ¿No com­
prendes, Beatriz, que son las cir­
cunstancias las que revelan la pre­
sencia del destino?
Z u l e m a . — ¡Es verdad!
E m il io . — ¿No comprendes
que si papá enfermó después que
yo me fui es porque el destino,
mi destino, me ordenaba hacer
ese viaje? De haber estado yo aquí
durante su enfermedad, no h u ­
biera podido realizarlo. ¿No com­
prendes, Beatriz, que el orden de
los hechos está dictado por las
fuerzas superiores? ¿No com­
prendes que si tú, tan enérgica
como te muestras ahora, me hu­
bieras escrito haciéndome saber
todas esas cosas, yo habría regre­
sado inmediatamente? Pero no lo
has hecho, Beatriz, porque tú
misma, sin saberlo, respetaste
también mi ..destino. N o sabías
que lo estabas respetando, porque
la providencia nada dice al oído
de nadie, pero lo respetabas guar­
dando tus energías para cuando
yo volviera. Algo había dentro
de tí que te aconsejaba una dis­
creción que contradice tu natural
expansividad.
B e a t r iz . — N o quería afligir­
te. Esto es todo. Puesto que es­
tabas lejos y nada podías hacer
por nosotras, pensé que era pre­
ferible que lo ignoraras todo.
E m il io . — Pues esa idea de
ahorrarme la angustia de hacer­
me saber lo mal que lo pasaban,
te dice bien claramente que yo
debía ignorarlo. Esto no quiere
decir que yo me alegre de no ha­
berlo sabido. N o hago más que
interpretar y unir las circunstan­
cias de que te hablaba.
B e a t r iz . — N o me importa la
interpretación de las circunstan­
cias. Me im portan las penas pa­
sadas en ausencia del hermano ma(Sigue en la pág. 9)

�Pag. 8

C O N T R A P U N T O

C U A T R O P O E T A S JO V E N E S DE LA
P R O V I N C I A DE B U E N O S A I R E S
r 1L título de esta presentación no
‘ tiende a otra demarcación que la
meramente geográfica, sin que ella
presuponga la delimitación de una
igualdad temática, formal o estética
influida por el paisaje común, la ve­
cindad comarcana o la vinculación
entre si de los poetas de la provincia
de Buenos Aires.
Es notorio, sin embargo, que la tó­
nica predominante en las jóvenes
voces Uricas de esta. provincia está
nutrida por la presencia esencial del
paisaje, la influencia apacible y ve­
hemente a la vez de la llanura, su
cielo, sus verdes, sus ganados. {Lo
apacible visual, inform ante del pa­
norama; la vehemencia espiritual,
motivada por la confrontación con
esa lenta, constante, perceptible flui­
dez con que el tiempo pasa, dejando
su huella fu g itiva en las visibles co­
sas) .
La provincia de Buenos Aires ha
dado ya en estos últimos arios algu­
nos nombres definitivos a la poesía
argentina (Vicente Barbieri, María
Granata, etc.). Y digo en estos ú lti­
mos años porque durante los anterio­
res la atracción de la cercana capital
nos llevó a su centro, invariablemen­
te, la presencia física — y al poco
tiempo la espiritual-— de los poetas
provinciales.
Esta presentación no significa
tampoco una selección. González Gattone, de limpio y cristalino lirism o;
A m ar al y Tomat-Guido con los pies
bien afianzados en su tierra sureña,
en su provincia agraria, dándonos
desde allí su poesía ligeramente sim­
bolista; Catani con este poema evocativo - invocativo s o n solamente
cuatro nombres entre los numerosos
excelentes poetas jóvenes con que
cuenta esta provincia. Cuatro entre
los numerosos poetas que han comprendido que el hombre puede y de­
be cantar “ con toda la voz que tie­
n e ” cuando siente que tanto cielo y
tanto espacio y tanta soledad lo ago­
bian y lo purifican.

Raúl Amoral
'Nació en La Plata en 1913. Ha publi­
cado “Plegarias del Silencio (19!¡1) y
“Sonetos del Fortín” (19j 2). Dirigió los
“Cuadernos del Cantón Mulitas”. Es pe
riodista y colaborador de “Conducta”,
“Verde Memoria”, “Oeste”, etc. Prepara
otro libro de poesías.

M

E

N

S

A

J

E

UARDADM E hasta la tarde mi sueño de esperanza
porque con él iremos a iluminar canciones,
y una rama de luces crecerá en los balcones
junto a la tibia búsqueda del año y su tardanza.
Que asciendan cautelosos los muros amarillos
mientras en cada cielo muere una fecha mia;
mis ecos ya recogen sus lirios de agonía
quebrando, entre la sombra, los cánticos sencillos.
No ha de volver la honda raíz que se consume
y entrega al claro viento su sangre sin corolas.
Temo que de este amargo silencio de consolas
surja la primavera de paz con su perfume.
Danza la alegre espuma por pálidos senderos
y aún ignoro donde termina el recorrido:
Si nacerá mi mundo por límites de olvido
o en marginales flores de ríos marineros.
Guardadme hasta la tarde la magia de las voces
que dicen de un recueido brotado en la simiente.
Ved cómo las muchachas del pueblo permanente
despliegan sus señales de lágrimas y adioses.

Francisco Tomat-Ghddo
Nació en 1922. Vive en 25 de Mayo
(Prov. de Buenos Aires). En 191¡2 pu­
blicó “Canción Celeste”. Tiene ya termi­
nado un nuevo libro de poemas que ti­
tulará “Júbilo V i r g e n H a colaborado en
“Verde Memoria”, “Oeste”, etc.

EL PR O FU N D O A N T A Ñ O
'

I

Juan G. FERREYRA BASSO.
Coronel Moni (Prov. at buenos Aires;

/ ^ O N cada pensamiento en las sombras regresan
los trémulos perfumes de mi profunde* antaño.
Su flor de encantamiento reclama como el humo
limpios paisajes nuevos de azul ilimitado.

TEATRO
FIM NCIO SANCHEZ

La tierra se transforma en agriverde ensueño
sobre lentas riberas de cálidos presagios,
para encender el bálsamo sapiente de espesura
tras de la curva mínima, sobre el invierno lánguido.

Su actividad para 1945
a cargo de Pablo Palant

Y fué que me nombraron en la pasión oculta,
la m uerta primavera, el ademán pausado
y frente a un mundo extraño sólo alcancé la estrella
despierta de la rosa, que se volvió milagro.

*
I. — Hom enaje a Román Gó­
mez Masía.
Ausencia, (dram a en 3
a c to s; h ab lará Alfredo
de la G uardia).

II
Pequeños templos guardan su herencia campesina,
su convencida savia, sus muelles de leyenda,
el afanoso título que yace sin retorno
en el clamor del niño trocado ya en tristeza.
Su imagen —vivo fruto— siente el rural latir
con espuelas de malva y potros de quimera
y avanza, insospechado, con cuidadoso escudo
entre impetuosas guías de inéditas promesas.
Dejadlo enamorado. Como llorando el día.
Descolorido siempre donde la vida empieza.
Toda advertencia es vana, todo ademán perdido:
su virgen soledad le cubre y recupera.

II. — Carlos y Ana, de Leon ard P ra n k (trad u cid a
de la versión francesa
de J e a n R ichard Bloeh,
p o r B eatriz Naas y P a­
blo P alan t.)
•

III. — A n tífo n a bebe cham ­
pagne, de M anuel Kirs,
(tre s actos).
IV. — Ju an a, de Georg Kaiser,
(n n acto trad u cid o por
R oger P ía ).

A lejandro González
Gattone
* Nació en Pergamino (Provincia de
Buenos Aires) el 9 de setiembre de 1922.
Ha colaborado en “Conducta”. El grupo
juvenil ••Liluli” acaba de publicar su cua­
dernillo de poesías “Este gris enun­
ciado".

¡AY, QUE SE VA LA BARCA!
JDO R tu olvido
raudo se va el amor, desesperado.
¡Ay, que te alejas tanto! U n delicado
gris en mi tiempo tengo, arrepentido.
Mi alma será un geranio fallecido
de tanto ver un mar, un separado
dolor de corazón abandonado
— Obsesiones con barcas y latido—
Como una soledad puro poniente
se eriza tu recuerdo —sal y viento—
y un entusiasmo claro de repente
clamo por las paredes con mi aliento.
Pero se va la barca velozmente
y es un amargo fuego lo que siento.

E nrique Catani
Nació en 9 de Julio (Prov. de Buenos
Aires) el 28 de setiembre de 191b. Ha
publicado “Poema Histórico de 9 de Ju­
lio" y “Core y otros poemas”.

CANTOS AL PAYADOR

R E G R E S O a tu guitarra
profunda, Payador,
a despertar los ríos
de tus cuerdas, y a sentir el galope
espiritual de tu canción.
Allí,
donde yace tu cuerpo
como un pájaro oscuro, sin un ángel
que llore en los jardines apagados
del recuerdo,
tú que encendiste el corazón del pueblo.
Soy tu guitarra, Payador,
y, como antaño,
la descubro en la calle,
donde un niño harapiento
viene a buscar el oro de los cantos.
III
Soy tu guitarra, Payador.
Sé que los ríos de las cuerdas brotan
y abren mi corazón
como el seno profundo de una roca.
Cualquier hombre que pasa
puede llegar al valle y, descuidado,
llevarse la canción, como una rosa
que alumbrará la noche de su mano.
Soy tu guitarra, Payador.
Y esta armonía que nace de mi alma,
se desborda en la calle, sobre el mundo.
Y en cada verso el corazón me sangra.

.

�P a l a b ras para el
imposible

día

y ^ LGUN día cuando la desgracia llegue rompiendo los cristales.
Cuando el desamor haga crecer las ramas amarillas que hunden
[nuestro techo.
Y el cirio infinito de la duda vele tiritando las dos sombras.
Cuando se haya ahogado irremediable el último grito del Instante.
Ajándose la noche.
Y el cielo sea el cielo interminable. Igual el pájaro. Iguales las estrellas.
Cuando la flor, la araña y el rocío. N o sean más que eso.
U n ser de espalda rencorosa pegado a su tristeza.
Cuando la luna, maldita luna engañadora que espejo es de la locura
[nuestra.
Tenga blancor de calavera sucia, que se burla en la puerta.
Cuando el miedo entre nosotros sea u n gato pringoso
H uyendo a los rincones.
Y el odio o casi el odio arda furioso en llamas verticales
Altas. Cada vez más altas.
Cuando quizás la maldad del momento nos cubra de malezas,
Que ya no cortaremos porque no nos importa.
Cuando la risa de una sola boca golpeándose en los dientes
A zuce la impaciencia.
Y las cuatro manos codiciosas ajenas estén de su codicia
Porque estamos vacíos y temblando. El uno para el otro.
Cuando las palabras. Todas las palabras que supimos
Banderas y faroles caprichosos
Vuelvan al color de la ceniza y al fondo de los vasos.
Palabras que serán hormigas inquietantes de corrosivas patas.
Trepando en las gargantas.
Cuando me mires. Te mire. Y solo veas mi pobre cara. Y yo vea tu cara.
Cuando mi horrible desnudez de siempre. Recién horrible sientas.
Y yo olvide tu cuerpo inolvidable contemplándolo.
Cuando las calles. O tra vez las calles estén llenas de gente.
O tra vez los rostros repugnantes. Los pasos repugnantes.
Cuando salgan de agujeros, de agujeros insectos pertinaces.
O tra vez poblándose este mundo de cosas insolentes.
O tra vez canastas y letreros voceando desperdicios.
^
Y empiecen escobas apuradas a barrer el polvo de lo hecho.
Cuando sea im portante entre nosotros. Tan importante.
La cáscara que odiamos de lo inútil.
Sólo la cáscara. Sólo la envoltura. E! humo. Y lo sobrante.
Y amemos el sobre de las cartas.
Cuando el vuelo de la mosca. El punto. La coma. La mancha. Y la
'
[ceniza.
Todo lo inútil vuelva a ocupar nuestras paredes. Gozando su venganza.
La hoja sea el árbol. La gota de agua, el tonel repleto hasta Ios-bordes.
Y la miga de pan de nuestra mesa. Sea el pan. Todo el pan.
Cuando ya tus cintas. Tus vestidos ligeros. T u cabello. Todo sea trapo.
Y arrugas. Y ajadas mariposas.
Y aquellos besos. Extraños besos olvidados.
Sólo sea la simple carne tuya sobre mi simple carne.
Cuando odiemos en las perchas las formas familiares de las ropas.
Cuando mi voz. T u voz: U n ruido sumándose en el ruido innecesario.
Y aturda tus oídos, mi vanidad golpeando sin prudencia.
Cuando las palabras malas. Las pequeñas palabras. Las p a la b r a s ^
Sean las únicas palabras, silbando como látigos.
Cuando sea un tam bor desesperado, el rodar callado de tus lagrimas.
Y tus injurias, que dirás un día, me asalten como sapos.
Mientras cortan la angustia de los puños dos piedras aguza
Cuando venga el silencio. Los suspiros. Y el luto de las puertas.
Nadie que levante presuroso suciedad de manteles.
Todo cubriéndose de polvo. Arena. Astillas. Y papeles rotos.
Y al fin. Altísimas paredes sin ventanas. Y calle interminable.
Rejas que marcan el óxido en las manos. Cadenas y cadenas.
Y aún más. Lo que no ha de decirse.
Algo qut callará la vergüenza. Porque habrá aún vergüenza
Entonces. Cuando sea ese día. Nos iremos.
T ú te irás de mí. Y yo de tu fantasma insoportable.
Así se va la absurda sonrisa de los muertos.
_
Así se va sin término la sangre. Como se irá mi sangre sin on as.
En el d i a imposible.

P O E M A S

(Viene de la página 7)

Z u l e m a . — ¡B asta y a, B eatriz !
B e a t r iz . — N o tengo por qué
E m il io . — Si no te pido que

GUIBERT

DOS

yor, por causa de su voluntad de
irse, por causa de su egoísmo.
callarme.

Por

FERNANDO

d e st in o

te calles, sino que comprendas.
B e a t r iz . — Lo que yo com­
prendo es que no cumpliste con
tu deber.
E m il io . — ¡Pero si nada había
que me impidiese moralmente a
hacer ese viaje!
B e a t r iz . — ¡Debió im pedírte­
lo el afecto a la familia!
E m il io . — El afecto a la fa­
milia no se amenguaba en lo más
mínimo con un viaje cuyo verda­
dero sentido intenté explicar ya.
Era mi destino que me lo orde­
naba, era mi destino que lo dis­
puso, como el tuyo dispuso que
en vez de coquetear, según las
inclinaciones que todos veían en
tí, te convirtieras en esta impla­
cable mujercita que parece tra ­
bajar para alimentar su acritud.
Be a t r iz . — También de esto
eres tú el culpable. Como ves,
conviene a tu causa que calles.

Libros recibidos
La ca n ció n

h e rid a ,

Poesía. Mendoza, 1944.

por Luis Nieto.

L a t u n o s a m an za n e ra, por Augusto
Saccoto Arias. Teatro. Ed. Revista del
Mar Pacífico. Quito.
Es p u m a y júbilo, por Ida Réboli. Poe­
sía. Ed. El Ateneo, Bs. As., 1944.
A g r a d e c i m ie n t o de las tard es, por Héc­
tor Villanueva. Poesía. Bs. As., 1944.
C in c ó ipesos poca pla ta, por Aristóbulo Etehegaray. Novela. Ed. Feria, Bs.
Aires, 1944.
Las ca m p a n a s de Basilea, por Louis
Aragón. Novela. Ed. Futuro, Bs. As., 1944.
Epopeya m ín im a , por Enrique Tomás
Bíriglia. Floemas. Ed. Cosmoroma, Bs.
Aiies, 1944.
H o m b r e s capaces, por Héctor Eandi.
Cuentos. Ed. Emecé, Bs. As., 1944.
V o z in a u g u ra d a , por Bernardo H o
rrack. Poesías. Bs. As., 1944.
Z ozo b ra del ángel, por Eduardo F. Rivas. Poesías. Mendoza, 1944.
Los sig nos del s ile n c io , por Vicente
Nacarato. Poesías. Mendoza, 1944.

Por

DENIS

MOLINA

moribundas
SO NY axilas
el sexo de otro día
Los que me empujan a estar así.
Son sus piernas irreales
Y esa lámpara que las ilumina.
Son axilas moribundas
Que me comunican su pulso desvelado.
Son ingles recién nacidas
Y gimiendo sin asidero.
También soy yo
Cerrado a lo que deseo,
Pintado de pensamiento enajenado,
Ala y pájaro de vuelo enajenado,
Estatua detenida en la sangre,
Falsa voz de los días iguales
Tacto en mi tacto,
Sordomudo al borde de los encuentros.

A /A L E el cielo
Este vino inmortal
Por tanta incertidumbre que sus antenas mueven?
Vale sí
Esta herida llameante
Donde solloza nuestra voluntad frustrada,
Vale sí
Aunque nadie la huella descubra,
Nadie el pulso donde caigo,
Nadie las puertas abra de sus propias manos
Y todos la muerte ericen de itinerarios,
Vale sí
El pie del fósforo sin sentido,
Vale sí
Aunque nada ocurra al tocar el vino,
Vale sí
El guante de lo desconocido,
Adentro, naturalmente,
Vale nuestra existencia de equis sordomuda.
Enero de 1945, Montevideo.

�CONT RAPU N T O

Romain Rolland
O M A1N Rolland ha cerrado
K
los ojos sobre la visión dicho­
sa de la liberación de su patria.
Ha tenido esa suerte, que no le
cupo a otros maestros del espí­
ritu francés, inmolados ante la
furia turbia del nazismo, esta es­
pecie de insurrección violenta de
todo cuanto de deleznable hay
en la criatura humana, desde la
falsa palabra hasta la ciega ani­
malidad.
Porque algún día se verá en es­
ta malsana erupción del fascismo,
derramándose como una lacra so­
bre el m undo, algo así como la
erupción en la piel del Hombre
de todo cuanto dormía en el fo n ­
do de él mismo domado, pero no
curado —desgraciadamente— por
veinte siglos de civilización. T o­
do ese trasmundo en la apología
de cuya " vitalidad” se complacen
los teóricos del instintivismo na­
zi, denunciado ya por esta misma
cultura que el fascismo trata de
ahogar en nombre de una verdad
antropoidal y cavernaria', todo
este subsuelo feroz de la criatura
humana, adquirió su voz reivindi­
catoría en estos profetas de la
ametralladora y las cámaras leta­
les pero no para ser revelado en
vistas a su definitiva extirpación,
sino, monstruosamente, para ser
colocado en el lugar del hombre,
" mitad ángel, mitad bestia”, al
que dicen vitalizar matándole el
ángel y entregándole todo su " es­
pacio vital” a la bestia.
Otro fin, en cambio, perseguía
ese inextinguible entusiasmo que
llevó al hombre a enfrentar re­
sueltamente esta perturbación con
vistas a la derrota definitiva de
la animalidad, al reajuste de los
resortes individuales y sociales que
harían posible el ingreso a una
Historia plenamente h u m a n a,
despojada al fin de este último las­
tre zoológico que ahora resurge
como un eructo, así de repugnan­
te pero así de fugaz. Porque esta
guerra no es una form a de comer­
cio dentro de un modo y a cadu­
co de vivir, como lo fueron las!
guerras hasta hoy; sino que, ini­
ciada quizá en esa forma, su ca­
lidad se vió pronto transforma­
da por la aparición de este litigio
nunca visto, en donde se enfren­
tan el pasado y el porvenir del
hombre, la voluntad del retorno
y la decisión del avance, el im ­
pulso cordial y humanista contra
la declarada intención de estruc­
turar el m undo — como en la sel-

va— sobre el instinto del dominio
feroz y la hostilidad. Esta guerra
no es una guerra más, sino la gue­
rra del entusiasmo por la hum a­
nización ascendente c o n t r a el
enajenado entusiasmo por la artimalización regresiva; y es por eso
que dentro de ella caben la digni­
dad de la criatura, de los pueblos,
y de la humanidad, en franca lu­
cha por su subsistencia. Romain
Rolland fué precisamente, por en­
cima del aspecto estrictamente li­
terario de su obra, la personifica­
ción viviente de este entusiasmo,
de esta indeclinable voluntad de

Vasily Kandinsky
t a . . . C ualquier objeto del m undo
m aterial puede ser ab straíd o o
frag m en tad o en las diverjáis p a r ­
tan tes del arte llam ado g r o s s o tes que lo componen. P ero el círcu­
lo, el cubo y el triángulo, son fo r­
m o d o “ab stracto ” . La calificación
—y la obra de K andinsky— h a d a ­ mas absolutas: si son cambiados o
abstraídos pierd en su existencia.
do m otivo á serios litigios. E n 1936,
K andinsky expuso en la Gibbes Me­ Adem ás la p in tu ra a b stra cta más
dinám ica tiene algún objeto p arti­
m orial A rt Oallery — C harleston —
c u la r cqimo p u n to de p a rtid a ; la
ju n to con Rudolf Bauer, en una
p in tu ra absoluta* no) contiene nin­
m uestra que com prendía cosas ta n
g ú n objeto. L a form a y el espacio
diversas como las que van desde
S eurat — tam bién representado —# de u na p in tu ra absoluta son defi­
h asta la baronesa H illa Rebay, au­ nitivam ente cósmicas, sin n ad a material, y absolutam ente decisivos
to ra del m anifiesto de presentación.
ASILY Kandinsky, que ha m uer­
V
to recientem ente en París, fué
uno de los m ás calificados represen­

H ace pocos

días,

en

la historia

dism o argentino se cum plieron

del

perio­

dos fechas gra­

tas para el pueblo argentino, y que al m ism o
tiem po significa para

nuestra

hora actual una

refirm ación de f e en la palabra escrita y en los
sagrados derechos de la libertad de expresión. N os
referim os al 75 aniversario de la fu n d a c ió n del
diario "L a N a c ió n ” y

a la reaparición de "La

Vanguardia”. C on el prim ero se cu m p le algo más
que una fech a aniversario; a casi c uatro déca­
das de la m u e rte del hom bre ilustre que fu é su
fu n d a d o r los altos designios que lo inspiraron
con inalterable f e en el porvenir, halla h o y al
prestigioso m a tu tin o c u m p lie n d o fie lm e n te su m i­
sión de dignidad, su propósito de c u ltu ra y su
con vicció n plena en los derechos dem ocráticos.
A ssc actual director D . Luis M itre y a sus re­
dactores y colaboradores, nuestro hom enaje cor­
dial.
☆

A p a r e c ió

*

*

“ E g lo g a ”

1, e d it a d a

en

Mendoza . Su d ir e c t o r , A m é r i c o Calí, r e une en sus p á g in a s a e s c r ito r e s de Cuyo .
T r a b a jo s de L á z a ro S c h a lm a n , A . S a n t a
M a r ía C o n ill, A l f r e d o R. Bú fano, D o m in ­
go Pro, M a r io B in e t t i, V ic e n t e N a c a ra to ,
R e in a ld o B ia n c h in i, A n t o n i o de la T o r r e
y A m é r i c o Cali, in t e g r a n la e n tre g a .
☆

ROMAIN ROLLAND, por A. Piccoli

dignidad humana que no teme,
en modo alguno, ver a la verdad
de frente, porque sabe que, cuan­
do la verdad es un mal, hay un
solo modo de matarla: mirándo­
la a los ojos. Vió el mal de fren ­
te, y su mirada no parpadeó ante
una realidad que tuvo tres for­
mas de proceder: ganando para
su propio partido al predispues­
to — y éste fué el nazi— ; ponien­
do en fuga al débil — y éste fu é
el scholar puro de que habla Mac
Leish, o el soñador de un idealis­
mo inoperante y evasivo— ; o tra­
bándose en lucha con quien, co
nociéndola, sostuvo la furia de sus
ojos. ¡Qué ”realismo” distinto el
del nazi, — donde una negativa
realidad toma partido— al del úl­
timo, donde el conocimiento ca­
bal de la realidad es condición pre­
via de la lucha por ella! Cuestión
de signos, las palabras fueron en­
tonces como símbolos m atem áti­
cos cuyo valor está dado por el
signo que las precede. Fueron
confundidas entonces los térm i­
nos, y las palabras, como ciertos
insectos, se tiñeron del color de
los hechos que las alimentan. La
juventud fu é desorientada, tras­
tornada, y la confusión, fom en­
tada sistemáticamente por quie­
nes pescaban en sus aguas revuel­
tas, hizo posible todo un pedazo
de historia lamentable, el que va
desde la entrega de España hasta
el 40, pasando por el deplorable
paraguas de Chamberlain.
Pero la claridad y la verdad
predominan al fin en este juego
de fuerzas. Y este gran hombre,
cuya vida íntegra fu é una consa­
gración desnuda y verdadera a la
lucha contra una mala realidad,
pudo cerrar los ojos sobre la li­
beración de París y el recuerdo
de Stalingrado, donde alboreaba
el principio del fin de esta rebe­
lión h u m a n a. Desde su Jean
Christophe seguirá brotando in ­
definidam ente, como un inago­
table manantialx esa lección de en­
tusiasmo y de fe que fu é la única
sinfonía de su vida. En nombre
de este entusiasmo, Romain R o ­
lland, salud! El porvenir está con­
tigo.

+

☆

“Sed” aspira a bucear la superficie ane­
gada de almas envueltas en su persona­
lidad, para encontrar un desahogo, una
via de salida de esta terrible vorágine
materiail que agota a los pasajeros del
mundo”. Así declaran sus redactores en
este primer número. Jóvenes, resueltos,
probarán el talento y la conciencia del
oficio, lo sabemos. Estas páginas de “Fi­
losofía, poesía y arte” las dirige Osvaldo
Svanascini, de la más fresca promoción
poética.

☆

-K

☆

U na extensa nóm ina de libros argentinos a n u n ­
cia Fondo de C u ltu ra E conóm ica. La tarea es­
tá a cargo de num erosos intelectuales de toda
la A m érid q latina.
☆

*

☆

Con el nu e v o ano, los poetas nuevos
se a p re s ta n a o f r e c e r al f la m a n t e t i e m ­
po in a u g u r a d o su e x p re s ió n l í r ic a . Así
H é c t o r V il l a n u e v a que en “ A g r a d e c i m i e n ­
to de las t a r d e s ” d e fin e a ún m ás el a lt o
t o n o m e la n c ó lic o , a p a c ib le de sus poe­
m as que en su li b r o a n t e r i o r “ De la es­
p u m a a la p ie d r a ” ponía de m a n if ie s t o
al t a le n to s o y se n sib le lí r ic o que hay
en él.

☆

-K *☆

"F ray M o ch o ”, nueva librería abierta en un
descanso e n tre
A ires.

las

apretadas

calles

de Buenos

A l l í se dan cita escritores, artistas', p ú ­

blico am igo, para renovar la co stu m b re perdida
de la te rtu lia y de la cam aradería cordial que
ta n ta fa lta hace a esta ciudad de seres solitarios.

Vasily Kandinsky: Angulo y círculo.
L a denom inación común de la nues­
tr a — especie de punto de enlace en
esta h eterogeneidad — era la de
Non - O bjectivity (No o b jetividad).
E n cuanto a los “abstracto s” (fig u ­
ra b an tam bién, además de los m en­
cionados, A lbert Glezes, F ern an d Leger, Ladislao M oholy — Nagy, Edw ard W adsw orth) H illa R ebay es­
crib ía: “H ay u n a diferen cia m uy
sutil pero m uy im portante entre la
form a ab stra cta y la form a absolu­

■fá Una librería evocadora del Buenos Aires fin de siglo.
U n ambiente confortable en un mundo de libros.
L IB R O S A R G E N T IN O S Y A M E R IC A N O S —
TURA

IN F A N T IL

—

L IT E R A ­

E N C U A D E R N A C IO N E S

PA RA

R E G A L O S — G A L E R IA D E A R T E — C O N C IE R T O S —
C O N F E R E N C IA S —

T E R T U L IA S L IT E R A R IA S .

V ISIT E "F R A Y M O C H O ” Y H O JEE LIBRO S COM O
. E N SU C A S A
A B IE R T A H A S T A L A S 24

SA RM IEN TO 1820, CASI ESQ U IN A CALLAO

( . . .W ith o u t m aterialistic mean in g
and absolutely fin a l” ). Y luego: “La
p in tu ra no objetiv a es la llave que
ab re las p u ertas h acia u n m undo de
elevación inm aterial...” . K andinsky,
p or lo tanto, era juzgado no ab stra c ­
to, sino “absoluto” y como el camino
h acia “u n a in m aterialid ad elevada”
no inspirado sino in tu itiv o (T he objectikie picture follow s inspiration.
The non-objetive picture follows int u i t i o n . .. ) Otros, en cambio, p a r ­
tiendo de u n mismo a rte plástico —
el que re p resen ta esta ilustración,
vg., — d irá n que no es ab stracto sino
“concreto”, y h a sta hum ano y m a­
te ria l (T orres G arcía) derivándolo a
u n a identificación conceptual con a l­
go ta n d istin to a la unmaterialistic elcvation como el m arxism o... Non-objectiv íty o Creative A rt. como en la Gib­
bes G a llery ; A bstracto, como en alg u ­
nos neocubistas, creacionism o cons­
tru ctiv o , etc., de cada m odo d istin to
que se le llame, el arte de K andinsky
prueba, en todo caso, su ca rác te r de
in d iferen cia conceptual: es decir, que
este tipo de técnica es u n a adiáfora; su
sentido depende del que se le asig ­
ne, pues en sí mismo carece de él.
De donde, al cabo, se vuelve al p rin ­
cipio: es abstracto, puesto que la
significación p recisa im plica u n a
concreción sensible. Y es la ausencia
de esta p a rtic u la riz a d a re p re se n ta ­
ción — como d iría u n lógico —, la
que hace posible, en este tipo de p in ­
tu ra ta n ta s significaciones como se
quieran. Es, pues, ta n to K andisky
como to d a su descendencia, arte abs­
tracto . Lo dem ás — como d iría S an ­
cho P an za — son m onsergas.

�Pág. 11

CONT RAPU NTO

NOTICIA

SOBRE

La imaginación en Buenos Aires
(A l g u n o s
PAPELES DE REC IEN V EN IDO
Por MACEDONIO FERNANDEZ
(E d ito ria l Losada)

ESDE las páginas de Papeles de Recienvenido se columbra la figura
extraordinaria de Macedonio Fernández
enclavado en este suelo del que sus raí­
ces profundas extraen una sustancia de
lo permanente, de lo esencial, de lo ver­
dadero que tenemos. En sus páginas en­
cuentra vida una representación originalísima, por lo ahondado de su caladura,
del hombre americano sin asombros, o
con tantos, que trata los problemas se­
rios con ese humorismo del que sabe que
debe hacerse perdonar su inteligencia, y
con ella regalar, sin que se note mucho,
sus sabidurías. Por eso, en espirales que
a veces conforman virutas de su pen­
samiento, ofrece graciosamente rasgos
casi inaprehensibles de las características
nuestras, y otras veces del manejo ágil
de los resortes conceptuales, de sus des­
arrollos metafísicos, llega al relato de
puro goce estético.
El dominio de los juegos reflexivos y
penetrantes, hace que sus pensamientos
produzcan el continuo, el sostenido asom­
bro de sucesivos descubrimientos, y de
pronto también presente esa sinceridad
del hombre que no escribe, sino que con­
fiesa sus pesimistas presunciones respec­
to al lector, retirando el proscenio que
utilizan todos los escritores.
Macedonio Fernández gravita sobre
nuestros escritores de concepciones ima­
ginativas porque es quien sabe tender las
líneas fundamentales para llegar a ese
mundo de abstracciones, de hipótesis, de

D

proyecciones tan caras al hombre de
llanura.
Macedonio Fernández poeta, metafísico, humorista, quevediano, mantiene
en cada frase de su producción ese sello
particular, original, característico que
determina la calificación de gran in­
genio.
Papeles de Recienvenido contiene ade­
más "Continuación de la nada”, obra no
aparecida en anteriores ediciones, y un
excelente y completo ensayo de Ramón
Gómez de la Serna donde ubica a Mace­
donio Fernández, en un retrato que
abarca su trascendente personalidad y da
cuenta de otras facetas de éste y de al­
gunas páginas representativas de »u pro­
ducción ajena al libro.
ALEJANDRO- DENIS-KRAUSE.

FICCIONES
Por JORGE LUIS BORGES
(E diciones S u r)

OS libros de relatos: "El jardín de
los senderos que se bifurcan” y
"Artificios”, ha reunido en este volumen
Jorge Luis Borges. Una profunda pre­
ocupación metafísica, un subjetivismo
que se proyecta sobre la realidad para
problematizarla, crean en torno de los
relatos de Borges una atmósfera personalísima y tensa, singularmente propicia
a las arduas aventuras del espíritu. Hay
autores que nos reconcilian con el mun­
do de las apariencias, que nos hacen amar
el rumor de las hierbas, el canto de un
pájaro, los milagros del bosque, los ros­
tros, los destinos. Borges, lúcido y es-

D

^NOVEDADES

1944)

libros de

oéptico, escudriñador de Schopenhauer y
Berkeley, sospecha que el mundo es una
creación del sueño, -e inventa sucesivas
parcelas en ese infinito sueño con la re­
mota esperanza de subordinar lo fantás­
tico a un riguroso orden de inteligencia.
La realidad N(eí caos de imágenes, pre­
sunciones y atisbos a que llamamos rea
lidad) desvanece en Ficciones sus con­
tornos y se torna alucinatoria, al igual
que el orbe de Tlón y Uqbar, hipotético
mundb descubierto en las hipotéticas
páginas de una fantasmal enciclopedia
escrita por redactores conjeturales.
Los cuentos de Borges — admirables
por la maestría del arte literario con que
han sido realizados — reconocen un pro­
tagonista principal: las ideas metafísi­
cas del autor. El relato y el ejercicio
dialéctico se confunden, a menudo, en
ellos. Algunos personajes — el memo­
rioso Funes o Vincet Moon, el delator
de "La forma de la espada” — perdu­
ran, no obstante, como figuras vivientes
y cálidas en el sostenido intelectualismc
de Ficciones. Intelectualismo, por otra
parte, no exento de riesgos, porque su
predominio no suele lograrse sin el sa­
crificio de lo espontáneo y vital.
Borges ha afrontado con entereza ese
riesgo, permaneciendo fiel a sus prefe­
rencias íntimas, a sus convicciones y
limitaciones. Juzga que la literatura es,
en definitiva, arte verbal. Y por cierto
que en sus relatos sorprende la perfec­
ción del instrumento expresivo, sinuoso
y soslayado como las formas de su pen­
samiento. Un epíteto, un verbo, una
imagen ("una chusma de perros color
de luna emerge de los rosales negros” )
son suficientes para insinuar una atmós­
fera o apuntar una sugestión cargad:
de dramaticidad. Cada palabra en la
prosa de Borges — mejor dicho, en el
idioma de Borges — ofrece un sesgo úni­
co e inconfundible, un resplandor como
de luz que atravesando laberintos de
graduales espejos concentrara en un solc
foco su múltiple llama.

ma formas de entrañable desasosiego: "La
felicidad de llegar se apaga. No. No se­
rá la cancel de antaño, ni oiremos las
voces familiares acercarse tumultuosas,
ni nos apretarán los brazos inolvidables
de otros días. Entre ellos y éste de llega­
da está de pie el tiempo con su rostro
cegado. El no dice por qué. Nosotros no
sabemos por qué. Pero lo cierto es que el
regreso ha sido un desengaño. Nada de
lo que instintivamente esperábamos se ha
producido. Y, aun de pie, sintiendo el
calor de nuestra casa, mantenemos la ma­
leta a nuestro lado esperando partir quién
sabe con qué rumbo”. (Id ).
Con este tono elegiaco transcurre ca­
si todo el libro. Y no podía ser de otro
modo. El poeta ve su propia infancia y
en el develar transfísico del recuerdo só­
lo queda en pie la sombra de lo que ha
sido para no ser jamás: "¿Qué significa
este desamparado regocijo, esa incons­
ciencia de encuentros y esas desaparicio­
nes a las que no nos acostumbraremos
nunca?” (id.).
Exclamación de extraordinario pate­
tismo que marca el clima donde se mue­
ven esos hermosos cuentos que el autor
titula: "El niño sin lágrimas”, "Teoría
de los ojos cerrados”, "Ha cantado un
grillo”, "El muro”, etc., y cuyo refluir,
apenas insinuado o sugerido con maes­
tría, no ha sido superado, entre nosotros,
por cuanto se ha escrito en el género. Tan
sólo aquello inolvidable que Eduardo
Wilde llamó "Trini” puede compararse
—en cuanto a intensidad emocional se
refiere— con "Teoría de los ojos cerra­
dos”, por ejemplo. Y vaya esto en su elo­
gio, pues ya conocemos ¡a incomparable
ternura que Wilde puso en ese cuento,
verdadera pieza antológica nacional.
M A R TIN ALBERTO BONEO

ANTES QUE MUER AN
Por NORAH LANGE

A. G.

(E ditorial Losada)

'.mimiüsmmmmiimimmmmmiUinmüHimiimüiuummmii

D. H. Lawrenee: E L HOM BRE QUE M U R IO ............................ $ 3.50

ENTREABIERTA

Una do sus obras más singulares y profundas.

i

A lfred N orth W h iteh e ad : MODOS DE PENSAM IENTO

. . . . „ 4.50

Uno de k»s metafísicos máximos de nuestro tiempo. Una filosofía
renovadora y novísima.
Una novela genuinamente argentina, donde se describen con gran
relieve, características del vivir urbano hasta ahora poco tra­
tados por nuestros novelistas.

A zorín: LOS VALORES LITER A R IO S

.................................... „ 2.50

La maestría de Azorín en el arte ide revivir los clásicos y de
interpretar a los modernos se pone de relieve en este libro
capital.

R. M. Mac I v e r : COMUNIDAD - ESTUDIO SOCIOLOGICO . .
I

9 .—

Intento para establecer las leyes fundamentales de la vida social
por un gran sociólogo y profesor de ciencia política en la
Universidad de Toronio.
S

Lorenzo L uzuriaga ¡ REFORMA D E LA EDUCACION . . . .

4 .—

La educación .actual y la de postguerra examinadas por un auto­
rizado pedagogo.

A ristófanes: LAS AV ISPA S. LA PAZ. LAS AVES, (encuad)
,,
,,
,,
o
o
?&gt;
o (en rustica)

4 —
2 —

Tres obras que muestran el genio satírico y poético del más
'grande de los poetas cómicos de la antigüedad clásica.

M. A. Alien M aw e r: LOS VIK INGS .................................................

4 —

Jorgre Luis B orges: FIC CIO N ES .....................................................

4 —

M anuel P eyrou: LA ESPA DA DORM IDA ...................

3.50

Las expediciones, las luchas en. mar y tierra, tas costumbres y
la cultura de los célebre* navegantes y guerreros escandinavos

iPor fin en un solo volumen todos los cuentos de Borges.

Un muerto sin cara, un círculo de traidores, un arma invisible,
una luna ilusoria, la coartada de un muerto, un crimen dic­
tado por Shakespeare.

Editorial LOSADA S. A.
A L S I N A 1131

M I T R E 991

Buenos Aires

Rosario

A rg e n tina

C O L O N I A 1060

Montevideo

A v . O ’ H I G G I N S 259

Santiago de Chile
C h ile

Uruguay

___ ■

........ ■
-----------

Por GONZALEZ CARBALHO
(E d. E l A ten eo )

Isidoro S agüés: MAL DE CIUDAD ............................................. „ 4 —

RUEQUE, suspenso, y juglería de
la representación escrita que es el
libro, se encuentran en esta obra de Norah Lange. Y, algo muy hondo, arran­
cado de la vida, desarraigado del dolor
y sin embargo ya inerme como un traje
usado, una carta recibida, una frase pro­
nunciada tiempo atrás, el recuerdo. El
recuerdo colgado entre el pasado y pre­
sente como un estado intermedio entre
la vida y la muerte.
Del recuerdo nacieron Cuadernos de
Infancia, primera expresión de esa exis­
tencia, primera libertad para modificar
el pasado y transformarlo en una obra;
del recuerdo nace Antes que mueran,
expresión más cambiante, compleja, ex­
traña y acorde con las fuerzas concu­
rrentes que determinan la marcha de un
ser en el tiempo.
Poesía había en aquel libro de fresca
femineidad; poesía hay en éste, más, un
volcar múltiple las impresiones diversas
en su correspondiente forma ocurrente.
En uno, estaba el material según los cá­
nones, en el otro los cánones según las
experiencias. Por eso Antes que mueran
tiene una natural originalidad y Cuader­
nos de Infancia una originalidad previ­
sible, sin que esto implique objeción al­
guna, sino más bien un afán de diferen­
ciación.
La gracia, el toque, la belleza de es­
tos recuerdos surge de que ellos se nos
presentan con la misma insospechada sor­
presa que los actos y las palabras de
cada nuevo día hieren la sensibilidad,
aunque sean conocidos. Esto le adjudica
la virtud de una gran expansión que
abarca facetas del cotidiano vivir en in­
cursión descubridora.
Valgan pues estas pocas palabras para
dejar señalada la fecha de aparición de
este libro, fuera de toda calificación de
almanaque, en obra que es para varias
lecturas.

T

LA V EN TA N A

í A magia poética de González CarJ balho ha entreabierto una venta­
na a través de la cual penetra, alado, el
recuerdo de la infancia. Invasión sigi­
losa de niños claros, que el viento de la
noche empuja suavemente para iluminar
nuestro espíritu, tan propenso siempre
a recibir la inolvidable luz de su mejor
edad. Rumor de voces en la quietud de
patios familiares, juegos en bosques de
fábula y, por sobre todo, el vibrar ine­
fable de las maravillosas preguntas o de
las respuestas extrañamente adultas, que
sólo los niños tienen a flor de labio. Poeta
del recuerdo, el autor de La ventana en­
treabierta ha enraizado el árbol lírico
en su propia infancia y de ello nos da
su mejor fruto: este libro, hilvanado tan
sutilmente que todo él, a fuerza de ser
una absoluta aspiración de canto, parece
un poema: "Desde el horizonte, ya de
cara a nuestra ciudad, en la arrepentida
actitud del regreso, estamos sintiendo la
necesidad del abrazo. Una voz de ternu­
ra crece del íntimo silencio, saludando a
los seres y a las cosas que han gravitado
en nuestro corazón. Regocijado himno,
que anuncia el final del viaje y para el
cual no existen ausencias. As!, de pronto,
nos transporta a la infancia misma. Y al
pensar en la casa, punto terminal y so­
ñado, vemos aquella de tres grandes pa­
tios, de atemperadas habitaciones que co­
nocimos en la niñez. Y quizá hasta espe­
remos que salga a recibirnos el gran pe­
rro oscuro, de patas torpes, que se ex­
presaba gimiendo”. (De Evocación y
Prólogo).
Es el regreso. El doloroso regreso del
hombre ya maduro; y el reencuentro to­

A. D. K.

TRES GRACIAS
Por HÉCTOR RENÉ LAFLEUR
(E diciones Siglo V e in te )

A ventana mágica, editado en 1942,
había descubierto a un narrador
que conjugaba en su producción, una vi­
sión de nuestra, realidad ciudadana, un
alzado vuelo poético, un sentido para el
enfoque de sus tramas. Tres Gracias co­
rrobora esas tres afirmaciones y una su­
peración manifiesta; su agudizada sen­
sibilidad capta más matices, su sólida
cultura
inquieta búsqueda — trascien­
de de esa prosa aun más depurada, y la
intención recta — fruto de la reflexión
de los problemas que nos acosan — está
presente en la atmósfera de esos relatos,
en las palabras que resuenan con el eco
del drama de esta hora (dado advertirlo
en "Fábulas contra el fragor de los días”
y "Tierra, mala tierra” ) aunque nada
más alejado de su intención última que
expresar lo transitorio, sino la definitiva
belleza que encierran las fuerzas de la
vida.

L

Lafleur es íntegramente el escritor
Lafleur, que en su calidad de hombre
escritor es el exponente de una realidad
cabal, conclusa dentro del mundo que
refleja. Pocas veces, muy pocas, encon­
tramos en la actualidad al hombre tan
responsable de su palabra, tan consustanciado con las necesidad de paliar el ar­
tista para que su condición no sea mo­
tivo de las invectivas propias de esta
época, y poder así cumplir su destino.
Entre los relatos cabe destacar el titu ­
lado "Lo de enfrente”, cuyo contenido
humano, extraído de una de las mil ca­
lles de Buenos Aires, tiene esa amplitud
de la que trascienden caracteres univer­
sales. Une a esto, la hábil técnica — di­
fícil de advertir— del doble relato que
va conformando en el ánimo del lector.
En "Noche de Reyes” toca un tema mu­
chas veces narrado que, sin embargo, ad­
quiere un cariz distinto, donde su pro­
sa poética, precisa una intensidad lírica
que lo señala como dechado de perfec­
ción. Así, se suceden los siete relatos que
componen este libro que bien señalaba
con su aparición uno de los años más
felices para la prosa de imaginación.
S. G.

EL BRUTO
Por ARTURO CERRETANI
(E diciones Feria)

E 1STA obra abre una perspectiva a
*—• nuestra narrativa, cuya carencia de
novelistas cada día se hace más patente.
Arturo Cerretani, con ese sentido de res­
ponsabilidad que da un destino, presenta
en su novela El Bruto, un encaramiento
con la realidad, con esa vida caudalosa
de hechos, de actos sin premeditación
que realizan la mayoría de las gentes de
la tierra.
Al volver del ambiente de ese mundo
de campo y fuerzas ineluctables, miste­
riosas pero sensibles — palpables casi — ,
el libro se recuerda con la fuerza de una
experiencia personal. Porque esta novela
despierta interés desde el comienzo, ab­
sorbe la atención por la sucesión de sus
concretos aconteceres, con su desarrollo
sobrio, perfectamente medido, y deja la
impresión de haber observado esos actos
descarnados que presenta el diario exis­
tir. Zelaya, su mujer y las personas que
los rodean, han pasado con sus vidas an­
te nuestros ojos, para seguir sus múlti­
ples existencias, sobrepasantes, de las
siempre limitadas referencias a las mis­
mas que puede dar una obra. Es decir,
queda la visión de esos hechos que el
libro nos ha relatado con los elementos
imprescindibles. Así, le basta una frase
para dar el total conocimiento de una
persona, y el relato del velatorio in absentis que las tías santiagueñas hacen con
(Sigue en la pág. 12)

�C O N T R A P U N T O

Pag. 12
(Viene de la pág. 11)
un muñeco vestido con las ropas de Zelaya para ayudar a morir al desaparecido,
y cómo la justicia comprende que está
"muerto” cuando queman la almohada
que hizo las veces del cuerpo de aquél,
para mostrar qué atmósfera rodea a los
personajes.

en relatos anteriores, de los que siempre
volveremos a recordar los que integran
Agosto febril, mágica representación de
trasmundos poéticos.
A. 4- /•

HOMBRES CAPACES
Por HECTOR EANDI
(E m ecé E ditores)

Américo FERNÁNDEZ COCRANE

LA LUNA SE H A H EC H O
C O N AGUA
Por ENRIQUE AMORIM
(E d ito ria l C laridad)

ROBABLEMENTE ningún otro ha
descrito nuestro campo como Amorim: en sus novelas, las mejores páginas
relatan la vida del campo criollo, la lu­
cha entre lo viejo y lo nuevo, el trigo,
el rastrojo, la peonada, los viejos capa­
taces, las curanderas y manosantas, los
potros y las yeguas en celo. Hasta el
último bichito chacarero merece la ter­
nura, la comprensión y la caricia de Amorim: las hormigas, las arañitas, las co­
madrejas.
En esta última novela hay páginas
magníficas, de belleza plástica, plenas
de sensualidad y terneza, cualidades t í ­
picas de Amorim. Merecen ser recorda­
das la escena inicial y la mágica visión
de Goyo en la Piedra Madre. Esta última
es — quizá— la mis hermosa y justi­
fica el juicio que alguna vez hiciera Francis de Miomandre en Les nouvelles littérarres: "La atmósfera en que se mue­
ven sus personajes es misteriosa, angus­
tiadora a menudo, rodeada de una mez­
cla de magia y de realismo que se acerca
al gusto naturalista. Si no se adivinara
ese ambiente soleado propio de las obras
sudamericanas, podría sostenerse que di­
cha atmósfera evoca con frecuencia la
de los admirables libros de Kafka. En
esos paisajes de sol flota una tristeza in­
sinuante e irresistible... El estilo de Amo­
rim no es tanto el de un cuentista o un
novelista como el de un poeta. Su prosa
es rica en imágenes, metáforas y alegorías
nuevas y exactas”.
E. S.

P

N libro nuestro cuyo tema es el
hombre y el campo y entre éstos
desplazándose el juego vario de las pa­
siones y los sentimientos, es siempre un
libro que propone reticencias. Reticen­
cias motivadas por un tipo de literatura
al cual una temática característica ha va­
ticinado sus propios límites objetivos ya
colmados por una insistencia de localis­
mos coloristas y repetidores, que fatiga­
ron su vigencia casi para siempre. Aludo
al tipo de literatura campero, entendien­
do por ello una de las expresiones pro­
pias de la idiosincrasia ríoplatense. El te­
ma del hombre de la campaña argentina
y uruguaya, su vida y su acontecer que
fluyen entre la bóveda de un cielo con
significados directos y la tierra vinculán­
dolo a todo su fermentario vital, ha pro­
ducido, es cierto, obras definitivas. (Bas­
te citar a Quiroga, Benito Lynch, Amo­
rim, para referirse concretamente a esa
expresión dada). Pero, por otro lado, una
empobrecedora retórica nutrida de pin­
toresquismo falsamente nacionalista, acu­
muló falsedades, tinieblas y mal gusto.
"Hombres Capaces” es un libro de
hombres de campo y de cosas del campo.
Está dentro de la ambición que tiende a

U

expresar la realidad sentimental y prác­
tica de un tipo definido de nuestra mo­
dalidad como país.
Apresurémosnos a decir que Eandi con­
sigue cabalmente la realización de esa
ambición. Nueve relatos integran este vo­
lumen, de los cuales lo que impresiona
en principio es una noble reciedumbre,
un tono de verdad limpia y simple que
considero es condición autentica de nues­
tro hombre de la campaña. (No así el
turbio destino de paisanos cuchilleros y
haraganes que le adjudica la antilitera­
tura campera). Eandi conoce a fondo al
hombre que habita nuestro campo —en
este caso nuestro campo inmediato— y
lo ubica con precisión notable entre las
cosas que forman su existencia. Su ima­
ginación y su sensibilidad de cuentista
extraen del suceso narrado el agudo ma­
tiz psicológico y la nota poética, dados
siempre dentro del ámbito sentimental,
emotivo, allí donde los sentimientos po­
seen un valor prístino y está indemne su
vigorosa dignidad humana.
Otro hecho están viviendo sus histo­
rias: el de aparecer de pronto, en el fluir
del relato de tono marcadamente natu­
ralista, una vaga luz de ensueño, un en­
foque distinto donde la realidad se re­
suelve poéticamente regida por una ima­
ginación finamente sensible. ("Perdido
en la claridad”, "Una tropilla de rua­
nos”, ilustran esta indicación).
Es preciso notar cómo el paisaje que
contiene a este hombre que vive en los
cuentos de Hombres Capaces, cobra una
realidad primordial, una presencia pode­
rosa en la que se confunden las bestias

EL SUEÑO DEL SEÑOR
ANDRÉS
De ALEJANDRO DENIS-KRAUSE
(L ib rería A ten e o , La Plata)

r \ E los hombres que imaginan es po' sible que sea el reino de la vida
plena, imperfecta pero maravillosa, du­
ra y cruel pero honda, de la vida en fin
que la criatura humana debe vivir como
un bien conquistado.
El sueño del señor Andrés es un re
lato levantado sobre andamios de lo real
y proyectado en los planos de la imagi­
nación. Vale decir, que allí están vi­
viendo las cosas que pertenecen al mun­
do cotidiano del hombre en función de
una realidad poética, en función de un
destino sólo explicable por la imagina­
ción creadora. Denis-Krause ha inventa­
do esta historia (esto es, vivió sensible­
mente una historia) con la estricta pro­
porción de realidad y de ensueño como
para ser reconocido en su mundo nues­
tro propio mundo. Sucede que al en­
trar en ese mundo que Denis-Krause no;
ofrece, reconocemos el transitado atribu­
lar cotidiano de nuestros pasos que mi­
den la anodinez de los días, su fina ma­
lla de sordideces, el repetido caer de las
cosas desde siempre. Pequeño ser desvaí­
do en el tono grisáceo de la vida ofici­
nesca, Andrés se parece a cada uno de
los hombres que conforman su existen­
cia en el lento morir rutinario de lo pre­
visible, del diario desmenuzarse sin gran­
deza y sin ilusión. Pero... (y aquí está
lo maravillosamente real) en esa marcha
algo nos detiene al borde de una grieta:
por allí se coló la franja sutil de una
luz extraña. Resulta que era nada menos
que la justificación de la anodinez, de
las sordideces, del incesante caer de las
cosas. Y por allí sentimos que se nos
va la vida por rumbos imprevisibles. Sí,
no la detengamos, que por grietas de lo­
cura o de sueño se nos va dando, manso,
el mundo en su congruencia, en su razón.
Denis-Krause, escritor perteneciente a
la generación que apenas pasa los treinta
años, confirma plenamente en este libro
su capacidad novelística, ya anticipada

La Imprenta López,
Perú 666, Buenos Aires,
es una organización completa
al

Su

servicio

participación

del

en

la

libro.

creación

de la i n d u s t r i a e d i t o r i a l a r g e n t i n a
ha s i d o d e c i s i v a : en c a l i d a d , nos
dicen nuestros clientes; en cantidad,
podemos

asegurarlo

nosotros.

Los

Libros

E PO P E Y A MINIMA (!)
De Toméis E nrique Briglia
“ Veinticuatro horas modulan el
cántico de todas las edades” . Dentro
de este círculo corto e infinito de las
horas, el poeta mide la grandeza de
una epopeya. Epopeya mínima, que
es como usar la voz heroica para can­
ta r el m undo de lo perecedero, el
m undo de cada momento. Del Lunes,
del Martes, del Miércoles, que B riglia
nos enumera.
E sta visión encerrada en el cami­
no de las veinticuatro horas hace cre­
cer el tiempo de lo cotidiano, que es
lo aparentem ente pequeño y fu g iti­
vo. B riglia logra muchas veces tam a­
ño intento. Pero su poema se resiente
con cierta superficialidad descripti­
va, ante tan complejo mundo de esen­
cias. Su apresuram iento conceptual
no siem pre le perm ite poseer el ob­
jeto, rozando la orgullosa intim idad
de las cosas.
E l poema, p or su destino heroico,
comienza con el nacimiento. Im áge­
nes apuradas hacen nacer el mundo
del día. Giran pensamientos y pala­
bras en remolino. Tinieblas y nebulo­
sas. Nace la rasa porque el poeta di­
ce: “ Y al vestir su color tuvo nombre
la ro sa” . E l m undo del día aun es
oscuro,

Briglia, que es un verdadero hom­
bre de su época, porque siente la ho­
ra cotidiana de su época, nos vuelca
la fuerza de los hechos en m a rc h a :
“ Inundaciones de bronce de la
[Historia
lamen sonoros destellos en las armas
[prestas.” ■
Su mundo nace con belleza. Con
hermosa imagen dice: “ —del m un­
do que tiene la estatu ra de los n i­
ños— ” . Igual la m añana de la epo­
peya diaria, m adre infinita, “ que si­
gue naciendo, creciendo, girando, pro­
digándose” .
B riglia es un poeta de hoy. angus­
tia viva y presente. Ahora exabrup­
tamente, intencionadam ente irrum pe
la ciudad. Y al referirse a su mons­
truoso cuerpo enumera con acento
autom ático:
“ Los trenes suburbanos,
las calles convergentes,
crepitantes subsuelos
y el capital humano en la guerra
[del trabajo”.
He aquí otra belleza implacable, la
inmersión constante de sus imágenes
en este tiem po nuestro de hombres
que sufren estructuras y destinos me­
cánicos y que B riglia expresa a s í:

“ Pasan turbios peces, reptiles como
[nubes
y nubes apacentando columnas de
[cenizas.”

“ M irad rodar hacia las tiendas, ta[üeres, oficinas,
la oscura m arejada del progreso;
displicentes soldados que respiran
[fraternal suerte común
con su trágica parcela de noticias.”

y las criaturas humanas como en un de­
signio de completud vital. Es decir, que
aquí el paisaje no ejerce una función de­
corativa o pintoresca, sino que, sin ser un
personaje más, aparece integrando la vida,
perteneciendo al destino. Adviértase esta
simple, sencillísima notación de un he­
cho en "Tierra cansada” : dos hombres y
una mujer llenan esta historia que cul­
mina en tragedia. La sangrienta y brus­
ca muerte los deja solos a los tres en el
mismo rancho, mientras afuera la vida
continúa, imperturbable: "Y entonces el
campo comenzó a avanzar hacia la casa.
A través del patio, antes tierra pisoteada
y desnuda, fueron adelantándose las guías
tentaculares de los zapallos, con los cá­
lices amarillos de sus flores, luego la miona de savia lechosa, la cicuta con su som­
brilla transparente, la quinea amarga, la
verdolaga carnosa, la gramilla; toda una
lenta invasión vegetal al asalto de la fu ­
tura tapera, donde ya los peludos, husmeadores de osamentas, hacían empezado
a cavar sus cuevas”.
Tierra cansada es uno de los mejo­
res cuentos del libro. Con él abre Eandi
su franco y confiado mundo donde la
tierra es la gran madre, infatigable en su
misión nutricia y protectora.
Pero sobre ella, en el ancho marco de
la naturaleza cargada por la torva tor­
menta del estío coincide también la acu­
mulación sorda de las pasiones huma­
nas que, al fin, en una sola preñez trági­
ca se desfoga en sangre brusca y en ríos
desbordados y avasallantes.

L a epopeya cuenta de la m adurez
del mediodía. Y de la tierra, “ que
extiende sus m anteles” . Sin em bar­
go, no puede olvidar la tristeza de los
agobiados, con el hogar sepultado en­
tre horarios y papeles;

Eandi trabaja con elementos que si
bien no se ejercen en función de origi­
nalidad, en cambio poseen el valor eter­
no de lo cotidiano en el drama del vivir
humano. El amor, la amistad, el valor,
el sentimiento de la tierra, la muerte, la
consustanciada raigambre del hombre a
las cosas de su medio comportan la ma­
teria de los relatos. Es así que varios
personajes claramente definidos se los
siente vivir, desplazarse sobre los planos
reales. Cumplen bien su destino de crear
una atmósfera que le es propia y que re­
fleja su verosimilitud.
Todo el libro está medido sobre una
unidad de estilo y de tema tan pareja que
más que relatos constreñidos sobre un
plano común, semejan una novela cuya
congruencia y agilidad es su primera
virtud.
"Perdido en la claridad”, "Tierra cansada”, "Luna en el rastrojo”, "Hombres
capaces”, "Una tropilla de ruanos”, son
cuentos de exacta construcción, de fina
sugerencia poética y de perdurable cali­
dad literaria sobre el conjunto.
HÉCTOR RENÉ LAFLEUR.

“ Pero hay comedores mercenarios;
y el ceño adusto del empleado
que agazapa su nostalgia hogareña
tras el diario,
tras la risa,
tras los vasos.
Y su destino elevado de poeta, lo
quiere también para los otros:
“ La. madurez del m undo quiere un
[designio más alto
y el hombre rompe la tregua
para conquistar grandeza,”
Declina el día heroico, sin embargo
no todo será cobardía en ese sacrifi­
cio del trab a jo :
“ E l ángel de la gracia
busca refugio en las plazas.”
E n la epopeya del día común. Día
entre cadenas de días, B riglia dice
con belleza:
“ E s el momento de llamar a la nos­
ta lg ia ,
de pedir a la nostalgia, su lágrim a.”
También está presente la noche, en
la cena del hogar. H asta que el sue­
ño con su párpado cansado cierra es­
te círculo de veinticuatro horas de
epopeya. Epopeya de dolor, sin rem e­
dio aun p a ra los hombres.
B riglia no podía d ejar a las lág ri­
mas seguir su insostenible destino.
P o r eso esta vez nos dice p a ra prom e­
ternos la alegría:
“ A lg u n a vez
se alzará una voz de plata en las can­
ta d a s riberas.
Y las estrellas reirán blancamente...”
Entonces será la tánica epopeya. Ni
grande ni pequeña.
F. G.1
(1) Ediciones Cosmorama, B. As., 1944.

LA YEGUA V E R D E (!)
De Marcel A ym é.
E n u na cu id ad a versión de Silves­
tre Otazú, la E d ito ria l F u tu ro ha
puesto en. circulación u n a de las no­
velas m ás ju g o sas de la lite ra tu ra
fran cesa contem poránea, cuyo au to r
(Sigue en Ja página 13)

�C O N T R A P U N T O

G ott erschuf Weísse und Schwarze
Sagte nicht, wer besser sei.
Schmerzen schickt er einerlei
Unter einem Kreuz für beide,
Doch dass man die Farben scheide,
Führte er das Licht herbei.

(Dios hizo al blanco y al negro
Sin declarar los mejores;
Les mandó iguales dolores
Bajo de una misma cruz;
Mas también hizo la luz
Pa distinguir los colores.)

E&gt;as Gesetz isc wie der Regen,
Niemals gleich für alie Leut’,
N ur wer nass davon wird, schreit,
Oder, dass ich’s sage besser:
Das Gesetz ist wie ein Messer,
Dem, der’s handhabt, tu t’s kein Leid.

(Es la ley como la lluvia:
Nunca puede ser pareja.;
El que la aguanta se queja,
Pero el asunto es sencillo:
La ley es como el cuchillo,
No ofende a quien la maneja.)

Eine Sonne, eine Welt
Und ein einziger Mond allein,
Also führte Gott die Zahlen
Nicht von sich aus bei uns ein.
Er, das Wesen aller Wesen,
Formte nur das eine Sand,
Alies andre kommt yom Menschen,
Der die Rechenkunst erfand.

(Uno es el sol, uno el mundo,
Sola y única es la luna.
Ansí han de saber que Dios
No crió cantidad ninguna:
El ser de todos los seres
Sólo formó la unidad;
Lo demás lo ha criao el hombre
Después que aprendió a contar.)

Bin wohl kein gelehrter Sanger,
Doch, beginn’ich einen Sang,
Lauft er endlos hin so lang,
Dass ich alt werd’unterm Singen.
Meine Stanzeln fliessen, dringen,
Wie der Quell am Bergeshang.

(Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo a cantar
No tengo cuándo acabar
Y me envejezco cantando;
Las coplas me van brotando
Como agua de manantial.

Wenn ich zur Gitarre greife,
Rühret mich kein Mücklein an,
Zwingt mich nicht der stárkste Mann.
Wenn zum Sang die Brust ich weite,
Seufzt mit mir die dünne Saite
Und die dicke schluchzet bang.

i

Ya la m arm ita en el fuego, el D uende T ijeras nos ap ro p in cu a un
sabroso tasajo bibliográfico, tir a del lomo d e un suplem ento lite rario do­
m inical de uno de los conocidos como diarios “g ran d es”. D espáchase el es­
forzado perg eñ ad o r un lib rejo de pseudipoem as que puede in d istin tam en ­
te llam arse “Gemidos del alm a”, “Flores de m i vergel” o “Gotas del co ra­
zón”. Con delicadas pinzas esfuérzase a e x tra e r el “q uid” poético que
cualquiera de ta n prom etedores títu lo s anuncia. Después de en co n trar en
el dudoso cocido respeto p o r las form as clásicas — cosa constructiva, sin
du d a—, vuelo poético y o tras ap titu d es ascendentes y levantadoras, es­
cribe el m icrogacetílledo, poco m ás o m enos: “E l p o eta inicia su lin e o
vuelo. De pronto, a la o rilla de u n arroyo m urm urador, sorp ren d e una
avecilla. E x tra e entonces su bien tem p lad a lira, y en versos sonoros y
correctos d a salida a su estro, como resu ltad o de lo cual nos hace el
regalo de este prom etedor tom ito, que se im prim ió en los talleres de Fulánez Ig n o tu s”.
¡Oh, azarosos e irresponsables gacetilleros! Oh, facedores de chupi­
nes incomibles, frangolla dores de croniquillas cursicegatas. ¡Oh! ¿No so­
p la rá un buen h u racán que os b a rra con viento fresco? ¿Lo mismo es p a ­
ra vosotros el flam an te engendro doméstico del a u to r de “V ergel florido”
que la rebelde p rosa del alto y a veces in tra m ita b le Jam es Joyce?

i Es posible uno cinem aturgia? Sí, señores diablos, diablillos y diablones.
Sí, amables brujas, fantasmas, aparecidos y demás cofrades de los reinos del
Malo. Todo es posible en este Buenos Airéis, con los calares que estamos pdsando. Os digo que es posible una cinem aturgia y hasta una cinem aturgia
por partida doble. Véase, si no, el artículo que el señor Lessieux publica en
el periódico “ A cen to ”, en el número de junio de 1944, que tan frescam ente
plagia al que apareció bajo la firm a de Roger Plá, en el diario “ E l M undo,r,
con fecha 23 de febrero del mismo año. E ste señor Lessieux, parece que tiene
“ les y e u x ” bien abiertos y en cuanto ve agua que le viene bien para su molina,
no se anda con chicas. . .

Con la guitarra en la mano
Ni las moscas se me arriman,
Naides me pone el pie encima,
Y cuando el pecho se entona,
Llago gemir a la prima
Y llorar a la bordona.)

Auf dem Land die Ungelehrten,
Die Gelehrten in der Stadt.
Ich bin auf dem Land geboren,
Und ich sing euch dergestalt
Bei den einen für die Ohren,
Und den andern den Gehalt.

(El campo es del inorante,
El pueblo del hombre estruido;
Yo que en el campo he nacido
Digo que mis cantos son
Para los unos... sonidos
Y para otros... intención.)

Noticia: Esta ejemplar traducción, be­
lla y precisa como el original, la debemos
a Karl Vossler, el distinguido romanista
alemán; nuestro Martín Fierro es co­
mentado sagazmente en su conferencia
sobre "La vida espiritual en Sudamén-

ca”. Los fragmentos que aparecen en el
espejo se tomaron de la versión caste­
llana que de la mencionada conferencia
realizó el Instituto de Filología de la Fa­
cultad de Filosofía y Letras de Buenos
Aires en 1935.
Tris tan Fernández.

Insisten poetillas esdrújulos en apropiarse del arsenal poético de]
grande N eruda. Lo que en el hum ano au to r de “Residencia en la tie rra ”
es hom bría en profundidad, en sus malos rem edadores resu lta telen p in ­
tado con efectismos apocalípticos, angustia “all uso”, gesto forzado de
comediante. ¡A decir la verdad, señores! Si oscuram ente, con la e n tra ­
ñable oscuridad de lo natu ralm en te oscuro. Pero nada de nubarrones de
u tile r ía ...

Las gacetillas de los diarios “g ran d es” son malas, es cierto, pero las
de “Mundo A rgentino” son p e o r e s ... ¿Qué hipogrifo fabuloso, m inotauro
increíble o unicornio fláccido pergeña —y con cuál de las ¡patas— los des­
cosidos renglones de la b ibliografía que gobierna? Con ánimo alegre des­
pacha nom bres y distribuye lápidas, lo mismo que lev an ta altares p a ra sus
idoMllos de aserrín. Del grande J u a n Ram ón Jim énez dice en el N° 1734,
del 12 de abril del año pasado: “Hemos leído algunos poemas que son
ininteligibles, verdaderos enigmas, acertijos que desorientan y que h asta
hacer pensar en la decadencia del poeta”. ¡Oh, execrable ejem plo de chorliescriba macrocéfalo! ¿A qué género pertenece el paleolítico y e stra tifi­
cado ejem plar que “M undo A rgentino” reserv a p a ra a b a rca r con su petro caletre el vario m undo de los libros que caen bajo sus cascos? ¡Res­
ponded, oh, siglos! ¡ Hablad, oráculos! . . .

■m

Y ? '
LA

YEGUA VERDE
(Viene ie la página 12)
era desconocido hasta hoy p a ra el
público de h ab la castellana. M arcel
Aymé, el au to r de L a Y egua V erde
(La Ju m en t v e rt), tiene en esta
obra u n a de sus más felices realiza­
ciones. D entro de un m arco de pro­
vincia, con un trasfondo' de sátira
que no abandona nunca una bonhomía y u n a cordialidad p rofunda­
mente hum ana se desarrolla la vida
diaria de una aldehuela francesa,
de cuyo relato se encarga una yegua
llevada un día al lienzo por u n p in ­
tor, que al realizar este cuadro hizo
coa él el talism án de una fam ilia—
los H audouin— cuya historia des­
em peña el papel protagónico del li­
bro. E l buen hum or, y una frescura

del lenguaje sim plem ente asombro­
sa, hacen de Ayuné un tipo de escri­
to r jocundo, agudísimo en la obser­
vación y con u n a enorme habilidad
p a ra destacar el ¡aspecto grotesco
de las cosas, hechos que justifican
sobradam ente el nom bre de R abelais
que la crítica francesa ha recorda­
do casi unánim em ente al com entar
su obra. Los re trato s de hombres,
m ujeres y niños, son vivientes y rea­
les. L a inspiración burlesca, susten­
tad a como en Rabelais sobre un
fondo de sana y franca sensualidad,
no am engua un solo momento, m an­
teniendo el interés de la novela has­
ta la página final, a la que el lector
llega con la sensación de haberse re­
juvenecido en un baño saludable de
sencillez y de hum anidad. L a Yegua

Verde, que desde el marco1 de su
cuadro observa y relata la historia
de la fam ilia Houdouin, opone la
sim plicidad sin malicia de su salud
instintiva a la sofocada y tu rb ia se­
xualidad de estas criatu ras defor­
m adas por la censura del prejuicio
y de la superstición, realzando el
relato con relieves hum orísticos de
franca alegría, en donde el humor,
si bien llega a veces a la carcajada,
no la produce nunca de modo su­
perficial. Un libro, en suma, cuya
divulgación en nuestro idioma es
un acierto — ahora, que se edita tan ­
to sin discrim inación— y que cons­
tituye una de las expresiones más
recientes de la joven lite ratu ra fra n ­
cesa. — R- P.
1) Editorial Futuro, B. Airea, 1944.

___

E n un rincón de los Quintos Infiernos, el Diablo Cojuelo tiene su
bohardilla de la que ha sacado telarañas, escobas viejas, poemas deshila­
cliados, prosas cojitrancas y ensayos aguachentos. Los objetos inservibles
irán a un archivo sombrío donde se cuelan lluvias lústrales y ejem plarizadores m ohos. S erá éste el altillo de los trastos. P ronto irán algunas m ues­
tras de la lim pieza. H asta entonces, entre un vaho sulfuroso, el Diablo
Cojuelo se despide con un grande y diablísimo som brerazo.

Lencerí a

CA

FEMENIL

AJUARES

Av. Roque Sáenz Peña 975
BUENOS

Se)

Carlos Pellegrini 930
AIRES

�C O N T R A P U N T O

Pag. 14
AFORI STI CA

“El L a d r ó n

Rotación

Arcana

P o r

LUI S

GIL

Una Magnífica Colección de

BIOGRAFIAS DE AYER Y DE HOY
FR A N C IS C O M A D R ID :

S A L G U E R O

L a v id a a l t i v a de V a lle - ln c lá n

Ene. te la $ 10.—

B E R T A E. P A U L I : A l f r e d o N o b e l: Rey de la d in a m it a 10

A r q u it e o t o de la Paz ........................

(ADVENIMIENTO DE LA FORMA.)
El sentimiento de la belleza no llega al espectador si no eliminamos los mo­
mentos inciertos y vagarosos de la forma. Pero, para el creador, sí, llega, trémula,
inesperada, aliada a lo desconocido.

E. M. B U T L E R :
RACKHAM

R a in e r M a r ía R l l k e

HOLT:

...............................

12. -

George W á s h in g t o n C a r v e r .........

13.13-

H E N R Y S E I D E L C A N B Y : T h o r e a u ...........................
K L A U S M A N N : A n d r ó Glde .....................................................

(ADENTRO DE LAS CAUSAS.)

La C o le cción D ébora

la unidad que más se siente, la más íntima, la más trabajadora y continua,
es la del hombre insondable en la actividad y el empleo de sus fuerzas plásticas de
encarnación de lo perdidá, y de la figuración de lo por venir

publica

la m ejor

novelística

act ual

E R S K I N E C A L D W E L L : A to d a m á q u in a r u m b o a S m o le n s k o

(UNIVERSO CORPÓREO.)

HELEN

M A C I N N E S : C ita co n el p e lig ro

.................................

J A M E S A L D R I D G E : F ir m a d o con su h o n o r ...............................

Sólo la poesía, la imaginación y la memoria, pueden hallar de nuevo el sentido
de excitabilidad que mueve el orden plástico del espíritu e interpreta la apariencia
como una variación elemental en el universo corpóreo.
(ACOMODADO AL MODO DE LA GRANDEZA.)
Y, acaso, no hay sistema de la existencia, ni hombre en general, — ni adquisi­
ción temporal de un contenido metafísico: hay un pluralismo de lo divino, de las
personalidades, de las ideas, de los seres. La tragedia, la intensificación en la dificul­
tad,— la conciencia que se reitera y afirma y niega en actos sucesivos de reflexión;
de crítica que recupera al sujeto, de crítica que lo pict'de; de sentimiento que clama
por lo posible y que se abraza a lo perdido. Hay el movimiento de la personalidad que
quiere acomodarse al ser, definir lo posible y no perder la realidad.
¿No es por ello mismo, toda filosofía, una exploración que no cesa, una tarea
ininterrumpida?

..-

12

Ene.
ii
n

$ 5.—
a 6.
a 6.—

1 S T V A N T A M A S : El S a r g e n to N ic o lá s ..........................................

..

JOHN

„

„ 6.—

F A U L K N E R : A lg o d ó n de a d ó la r .....................................

S IN C L A IR L E W IS :

Gideon P la n is h ................................................

6.—

M

II

K O S T A T O D O R O V : Fuego en los B a l c a n e s .................................

„

„

7—

D O R O T H Y M A C A R D L E : S o m b ra s del m al .................................

n

ii

6»

T o r m e n t a ................................................

n

a 6.

E D U A R D O B O R R A S : Un t a l A d o lf o H i t l e r ...............................

„

„ 6—

G E O R G E R. S T E W A R T :

7.

C o le cció n Ensayos
E L I E F A U R E : D e s c u b r im ie n t o del A r c h ip ié la g o .................................

$

7.-

P A B L O R O JAS P A Z : Cada c u a l y su m u n d o ..........................................

„

5.-

THOMAS MANN:

„

6.-

F re u d , Goethe, W a g n e r , T o ls t o i .............................

(TERRENAL.)
La espiritualidad de acento profundo, se denota en la actuación, en la obediertíia lúgubre que dispensa a los objetos.

Colección Críticos e Historiadores
de A r t e

ESPÍRITUS.)
La lentitud de formarse, es un misterio; mayor en los espíritus aéreos y atraídos.

J U L I O E. P A Y R Ó : A n d r é L h o t e .........................................................

6.6.7.7.-

R A M O N G O M E Z DE L A S E R N A : O sca r W ild e

8-

R A M O N G O M E Z DE L A S E R N A : J o h n R u s k in ........................
LORENZO V A R E L A :

(JÚBILO CORPÓREO.)
La poesía es una corporeidad. Agitada, aérea, viene en el hálito, apenas fun­
dando un cielo de alegrías corpóreas y extensibles.
(GRACIA DEL NUMEN.)
Para que la filosofía alcance lo concreto, la poesía debe tenderle la mano.
(EN LA ESFERA DE LOS CAMBIOS.)
El artista avanza hacia el conocimiento de las causas que dan en el descubri­
miento de las fuerzas plásticas de encarnaríón y remoción arcana de la identidad.
(CANTO ESCONDIDO.)
La gratitud que dispensamos a la vida, canta desde un sitio agradable y secreto
de la memoria.
(EL MISTERIO, UN NUMEN.)
La genialidad — es una poderosa fuerza individualizadora, vehemencial;— ar­
doroso, sólo el misterio puede alentarla.
(NO HAY PAZ PARA CREAR.)
Para crear — se requeriría la calma; la calma sería como una frescura venida
del sueño.
(EN LA ESFERA DE LOS CAMBIOS.)
Se diría que, en el acto de crear, se manifiesta una tímida necesidad de orien­
tación de la existencia.
(ORBE ATRAÍDO.)

C h a rle s B a u d e la ir e

Ene.

...................................

RO G ER P L A : De nis D id e r o t ................................................................
......................

„

LOS VOLUMENES DE ESTA COLECCION
ESTAN PROFUSAMENTE ILUSTRADOS

P id a estos libros a las buenas lib rerías o a la

EDI TORI AL

P O S EI D O N

☆

P
3A I R E S
BE
UR
EU
N O9
S7
(PIENSO EN GIDE.)

Sin duda hay, en Gide, como en Goethe, una búsqueda, una apropiación de
la forma. Pero, en él, la riqueza vertible de la subjetividad constituye siempre una
rebosadura, como su propia trascendencia y, al mismo tiempo, un movimiento que
intenta volver a la vida. Tiene un yo inalienable, y la vida perdida, y la que llegará,
sirven a su desarrollo. Pocas veces un escritor estuvo más amparado por su excita­
bilidad y hondura y por su transparencia.
(FORMA DE LA DELICADEZA.)
La más tierna, la más fugaz — la más intrépida y tímida forma del alma que
pusimos y alzamos ante lo eterno— es la apariencia. Nacida en núestro corazón, hi­
ja aérea y temblorosa de la emoción humana —inconsistente— por un momento,
desafía al arrebato de la eternidad.
(CUIDADO SUPREMO.)
Una desviación en la naturaleza utilizando los modos superiores del espíritu,
he ahí la originalidad.
(INTERVALO COLMADO.)

La imagen es extática: un mundo en lo desconocido; un orbe tembloroso; una
identidad que querría eternizarse; una fidelidad que no quiere .olvidar la apariencia.

La dificultad, para el creador, se halla en el momento del pasaje en que trans­
figura lo real y suscita su aparición, mientras él, eterno, puede infundirle propie­
dades vivientes y colmar el intervalo de la nada con el movimiento viviente del
desarrollo.

(DESTINO DE ESTRELLA.)

(EXPERIENCIA VERTIDA.)

Los elementos llegarán a ser un orbe en el sueño; una materia inextintiva y be­
llísima; un pensamiento de tierna y poderosa exaltación.

El, creador j amoroso, sabe el modo lúgubre, inarticidado de la sustancia, __
vierte un enternecimiento extraño, — una piedad envolvente,— una desesperación
que fulgura en el ámbito de la materia tristísima, solitaria, lenta.

(PIENSO EN GRACIÁN.)

(SUSCITACION ARCANA.)

No tuvo la poesía de las ideas. No escribió el proceso sintético que realiza la
vida que deja la brevedad como el aliento, como el suspiro de lo vivido, — como el
compendio de nuestras vidas ante lo eterno. El ingenio agoniza en el sentido. La
brevedad no es el alma de la sentencia.

El supremo hechizo para el hombre profundo, es tenerse como existencia de
aparición, — suscitarse arcano, remoto— efecto de la profundidad posible, por una
especie de logro continuo de creación personal.

(PIENSO EN MAX SCHELER.)

(SÍNTESIS DE LAS CAUSAS.)

Schcler ignora la reiteración, la pérdida, el retorno de la materia destruida,
tenue, como forma evanescente, en la emoción que recoge y retiene el esquema de
su huida; de la poesía vivida como sueño; de la fatalidad que vuelve — tierna—
blanda— como poesía y ¡realidad verdadera.

Si se pone el hombre en el centro de las fuerzas cósmicas, despierta, como es­
píritu, a trabajos infinitos, en el uso pródigo de sus intenciones plásticas y en el
uso vehemente de sus presentimientos de futuro evenir.
Enero de 1945. Montevideo.

.

de Niños

V

(Viene de la página 3)
tierno y puro. Pero el cuerpo e x tra ñ o de aque­
lla idea que un d ía apareció en ese corazón
am enaza el equilibrio de todo el sistem a de la
fam ilia.
La
realidad
responde desbordándose
tam bién. A fuera saben que el coronel adopta
niños y le traen otros. A hora viene u n pobre
hom bre que quiere salvar a su hija — tiene diez
y seis años— de la m iseria y de la madre c u ­
ya vida es algo que el padre dice al oído de
Biguá. E l coronel resiste. Pero no resiste. Aquel
padre — a quien el alcohol le ha sacado el em­
pleo y le ha p in ta d o la n a riz — se juega en­
tero : acariclia, ta n te a, envuelve y hasta fuerza
el corazón de Biguá com o u n la d ró n la com­
binación de una caja de caudales. Y a su vez
el coronel ha de convencer a la joven — con el
ingenio de la te rn u ra — para que acepte su
p rotección. Y después viene o tro m ás: el h e r­
m ano m ayor de aquel p rim er niño. Y después
viene o tra cosa peor: la te rn u ra de B iguá por
la joven. M arcela ha crecido dem asiado. El
«istema de la fam ilia tam balea. Se p re c ip ita n
sobre B iguá la esposa y la m adre. A cada m o­
m en to le tra e n tisanas, lo cepillan y en todas
form as lo llam an a su c en tro . P ero tam b ién se
pre c ip ita n los sentim ientos de M arcela — que a
su vez están am enazados de bifu rcarse— : la
preten d e el herm ano m ayor del p rim er niñoEntonces B iguá se hax:e fu e rte ; pero se hace
fu e rte en su debilidad: rechaza a todos por
M arcela. Y aq u í el coronel llega al p u n to mas
alejado de su c en tro . M arcela va al c u a rto del
coronel. El cree que sueña; pero está despierto
y absorbe toda aquella dicha inm ediata que es
M arcela y aquel sueño que ya va a realizarse.
P or lo p ro n to c o m binan el in sta n te de f u g a r­
se. El sentim ien to de a v en tu ra del Coronel ha
dado el m áxim o de elasticidad. U na p u n ta h a­
bía quedado atada al c e n tro de su p u re z a, en
plena fam ilia, ligado a una vieja te rn u ra , a una
vieja co stu m b re, a lo co n q u istad o por el h o m ­
bre civilizado; allí está el llam ado de la m a­
d re que debe h a b er quedado e n ce rrad o en a l­
g ún rin c ó n v ita l. La o tra p u n ta la ha ido es­
tira n d o M arcela. El ha llegado a v iv ir los ins­
tantes de m áxim a tensión pensando en ir a ra p ­
ta rla . Pero tiene que despedirse de su m adre
y de su esposa. N o c o ntaba con esto. Es ahora
que el sentim ien to de la a v en tu ra no resiste; se
rom pe del lado de M arcela y de rebote le da
ta n fu e rte latigazo que lo tra n s to rn a . E n to n ­
ces decide ahogarse en el Sena. Lo salvan. Pe­
ro él, delirando, tra e a p re ta d o en su m ano, ti
pa n ta ló n . M ientras este g ra n sím b o lo c h o rrea,
él lo blande y lo m uestra a su m ad re y a cu
esposa com o la c a rta de triu n fo del reproche.
El p a n ta ló n es el g ra n personaje de su delirio.
Desde el p rin c ip io de la obra h a y objetos,
que juegan presencias de personajes. É l biom bo
que el coronel tiene d e trá s c u an d o se esconde
para coser, parece u n ser que co n tem p la el si­
lencio afanoso en el que B iguá incuba la idea
del niñ o m ientras le prepara los ja n ta lo n c ito s .
E l biom bo está com plicado en aquel silencio con
c ualidad de ser. El som brero a fe rra d o a su ca­
beza es vio len tam en te defendido p o r sus m i­
nos c u an d o su esposa quiere sacárselo. C u an d o
viene la m ano de B iguá y le q u ita el som brero
y el biom bo, estos personajes a b an d o n a n el p ri­
m er p la n o ; pero apenas la m a d re se va, vuelven
apresuradam ente a pro teg er la cabeza donde está
la idea fiia, a esebnder la espalda encorvada
sobre la c o stu ra y a a p re ta r de nuevo el silencio
afanoso con ansiosa y cóm plice curiosidad. T a m ­
poco quiere irse del recu erd o el bigote que un
d ía se pone el n iñ o m en o r, los papeles escritos
que Biguá deja en los cajones donde sabe que
el niño m ay o r ha de m e te r las m anos. Y aquel
negro p iz a rró n que el negro sirv ien te lleva a
sus espaldas con las indicaciones que ha cscri-o
Bi(guá, pero que se tra n s fo rm a en p iz a rró n del
escándalo c u an d o lo escribe el niñ o m ayor.
Si p o r un lado en esta qbra, los objetos as­
p ira n a te n e r vida, p o r o tro las palabras aspi­
ra n a ser objetos. Ellas llegan n a tu ra lm e n te y
se h a n fo rm ad o con la espontaneidad de u n or­
ganism o hu m an o . El a u to r m e d e cía que él as­
piraba que las p alabras le llegaran o se le h ictieran. Y esta sabia paciencia nos da u n a con­
creción y una lealtad plástica poco c o m u n e s /
P o r eso el a c to r ha de ro d ear las palabras con
silencios, con expresiones y con el proceso que
requiere su c o n te n id o ;
porq u e antes de verlas
nacer, las vemos pensar y s u f r ir en el a cto r.
La acción de todos los personajes en esta
obra, está llena de m o vim ientos fugados. P ero
ta m b ié n e stán fugadas las voces de los senti­
m ientos de B iguá. En su in q u ie tu d vem os que
su c e n tro oscila so lic itad o p o r sen tim ien to s con­
tra rio s. Si p rim ero se decide p o r la ira, ya sa­
bemos que después v e n d rá la te rn u ra . Y asi
con m uchos otros. A l fin a l, c u an d o le ha f r a ­
casado hasta el suicidio, c u a n d o ha p e rd id o to ­
das las elasticidades y está recogido en su c u a rto
sin q u e re r salir, o c u rre el hech o inesperado que
de p ro n to enciende de nuevo aquella idea fija,
pone en m a rc h a sus m ejores sen tim ien to s y ’o
co n cib a c o n él m ism o y clon el m u n d o . A p a ­
rece M arcela que ha sido ab an d o n ad a p o r el
niñ o m a y o r” . P ero le da la n o ticia de que
es m adre. B iguá apenas tiene tie m p o de no creer
en sem ejante d icha. Ella le m u e stra una fo ­
to. El será abuelo. Se e n tre g a a u n a eu fo ria
vertiginosa. El aire se llena de p rendas in fa n ­
tiles que él va sacando de m uebles asom brados
con los cajones abiertos. D e sus ojos salen ch is­
pas que hacen c o m u n ic a r e n tre sí a todos los
países de su te m p e ra m en to , y el n u d o de su
idea .Jija se ablanda.
M ien tras o c u rre la h isto ria de esta idea, este
in q u ie to viajero de su m u n d o — m u n d o que a n ­
tes fu é m ovido p o r las pequeñas m anos de .m
n iño im aginado—-, nos pone el c o razó n al b o r­
de de los ojos, vem os su vida com o si fuera
la n u e stra y viajam os fa ta lm e n te a tra íd o s por
la m a g n itu d de su o b ra-

Enero de 1945, Montevideo.

�- —

—

Pág. 15

C O N T R A P U N T O

Aproximación a ia poesía de
Juan G. Ferreyra Basso

NOVEDADES LITERARIAS

P o r

L E O N

B E N A R O S

^ O N el desasosiego de las p la n ta s, c u an d o se
realizan en su lim pio destino, J u a n G . Fe­
rre y ra Basso ve crecer sin p az su ram aje poé­
tic o , cad a vez más seguro, m ás ajeno a toda
v a n id a d , más e n riq u ecid o y despojado.
E n tre las conquistas de la a ctu a l poesía a r ­
g e n tin a , el tiem po señalará, en m i g usto, tres
luceros de serena y p erm an en te lu z: son ellos
L u z de provincia, de C arlo s M a stro n a rd i; La
balada del rio Salado, de V ic en te B arbieri, y
Paisano m u e rto en el r io , de J u a n G . F errey ra
Basso.
El d a n to de este ú ltim o poeta tra z a u n se­
g u ro ru m b o desde sus dos p rim eros libros, R o sa de arcilla y La soledad poblada hasta E l m i­
neral, el á rbol, el caballo, co n el que o b tu v o
el prem io m u n ic ip a l de poesía co rresp o n d ien te
al añ o 1943.

I. — HOMBRE EN ACECHO
H o m b re en acecho: he a q u í una de las de­
fin icio n es q u e pueden fija r lo flu c tu a n te , lo
h u id iz o de la ex p licació n de u n a poética. T ra s ­
lad an d o el pro b lem a al o b jeto — sujeto, en este
caso, y dolido p ro ta g o n ista — , F errey ra Basso
ve n acer su c a n to de su h u m an a c ircu n stan cia.
A sí se espía del m ás tris te m odo, clon la más
desconsolada c e rtid u m b re , en la arcilla donde
estaba el n iñ o y desde la que el h o m b re se ele­
va:
P uedo decirles h o y co m o m e quise,
rubio m desvanecido de bondades,
buscando el rostro en la m ita d del pecho
y el fu e g o a llí d o nde com ienza el talle.
E l h o rrib le c recer de uñas y pelo le d an la
seg u rid ad de que, a q u í y ahora vive, en su
h u m a n a c o n d ició n . Se persigue, se au sc u lta sin
piedad. A n d o detrás de m í, sin descuidarm e,
dice. V uelve a m irarse de reojo en los cris­
tales, en los espejos d o nde las reflejadas im á ­
genes se a c u m u la n .
N in g ú n descuido, n in ­
g ú n p erd ó n es posible. E sta c ru el, esta te n e b ro ­
sa indagación lo sum erge en m undos m in u c io ­
sos y am argos. Es el M isterio, la M u erte, toda
la m u e rte , p ero reducida a su sistem a de p re ­
sagios com unes, a sus m ás m iserables exteriores,
a su acechanza en cu b ierta. A sí, la m u e rte se
d isfra z a de ra tó n noclturno, o de a rm a d u ra , o
de m usgo e n tre baúles, representaciones todas,
ev idencias del olvido.
E ste m o d o cru el adquiere, p b r g rav itació n de
los propios elem entos que m aneja, u n aire de
tru c u le n c ia m o rtu o ria en el p rim er lib ro del
poeta q u e nos ocupa. Sin dejar de in fo rm a r su
te m á tic a, el m o tiv o se c la rific a y alcanza su
lim pia cu lm in a ció n en El m ineral, el árbol, il
caballo. El poeta sale de la alcoba al cam po,
y el d ulce p am pero le ensancha las narices de
gozo. Sigue, sin em bargo, aclam ado p or la h ier­
ba u rg en te, p o r las in fin itas savias que desde
la sangre le d ic ta n y reclam an su pasado. En
su lim pia y u ltim a h u m ild a d , nada le queda
sino dejarse crecer, co m o la ín fim a h ierb a, so­
m eterse al p lan in fin ito , in te g ra r el ciclo sin
paz en que la vida se crea y se recrea, asistido
p o r la am istad, el am o r y la presencia del h i­
jo, tres ata d u ra s a la tie rra en que se goza su
c o ra z ó n y lo defienden de lo oscuro, del lla­
m ad o rem o to :
C o n tro la d o por lunes y crecientes
co m o los vegetales y el ganado,
re m o n to ya setiem bres y torcazas
co n la m u je r y el h ijo e n tre los brazos.
Si p u d iera darse u n a síntesis d efin id o ra, co­
rresp o n d e ría decir oue F errey ra Basso es un
poeta ab ru m a d o de vidas.

II. — LAS METAMORFOSIS
D ijim os alguna vez q u e las m etam orfosis des­
em p eñ an u n papel p rin c ip a lísim o en su canto.
A greguem os q u e no debe verse en ellas nin g ú n
fatigoso ni esfo rzad o proceso, esos sudores y a n ­
sias ostensibles que '•■ara m uchos resu ltan co n ­
dición coetánea e indispensable del cam bio. En
la poesía de F errey ra Basso las tra n sfo rm a c io ­
nes son tra n q u ila s y dulces. A parecen com o un
m anso asom bro, y, a fu erza de acostum brarse
a lo m aravilloso, ya ni com o éso. Es la equi­
vocación, el tra stru e q u e :
Puede estallar en
sin sorprenderse.
dónde term ina el
y c o m ien za n las

lágrim as o trinos
Y es que ya no sabe
aire de sus ojos
leguas del paisaje.

T odas las cosas
los seres del m u n d o , las
cosas vivas, sobre todo, conspiran c o n tra el poe­
ta, adosan su arcilla, esperan con paciencia f a ­
ta l la hora de ser en la carn e del destinado.
A sí los días llevan v tra e n su golpeado c o ra ­
zón, y su sólo goce es la soledad y el canto.
Su fu e n te es ta n generosa, que le basta clon ir
enum erando su circ u n stan c ia :
No me
buscan
B rizna,
juegan

alejo de m í porque las cosas
m i v o z, se encienden en m i sangre.
corcel o arteria de alegría:
su lu z: y o en tien d o sus mensajes.

H O R M I G O N

LIDICE, novela de Heinrich Mann. — Este gran maestro de las letras alemanas ha que­
rido escapar al tono doliente y al matiz angustioso para darnos una farsa, en la cual
sus personajes simbolizan la resistencia de un pueblo que no podía, no quería
morir. Gran formato. Encuadernado
$ 5.50
HEROES DE LA CIENCIA, de Sarah K. Bolton. — Biografías de Copérnico, Galileo,
Newton, Linneo, Herschel, Cuvier, Humboldt, Davy, Audubon, Faraday, LyellAgassiz, Darwin, Pasteur, Fabre, Lord Kelvin, Huxley, Edison, Curie, Marconi.
Gran formato. Encuadernado
5
EL GENIO, de Theodore Dreiser. — Esta novela —la más grande de su autor— no es
solamente el periplo de un artista, sino que es, al mismo tiempo, una enciclopedia
que sirve para interpretar toda una época de EE. UU. y de la civilización humana.
Un volumen de 632 páginas. Gran formato, lujosamente encuadernado $ 1 2 .—
DISTURBIO EN JULIO, de Erskine Caldwell. — El linchamiento de un negro, el an­
sia primitiva de los blancos lanzados a su cacería, novelado con una emoción pro­
funda y desgarrante. Un volumen encuadernado ............................. $ 5 - —
AL RQMPER EL ALBA, de F. C. Weiskopf. — Novela de guerrilleros checoeslovacos,
escrita con un aliento poético avasallante. Gran formato. Encuadernado $ 5 .
LAS CAMPANAS DE BASILEA, de Lotus Aragón. — Una visión extraordinaria del
París de preguerra. Gran formato. Encuadernado
6*

R igurosam ente fiel a su ser, ni las am argas
acechanzas ni las oblicuas señales a los inalejablcs augurios pueden lib ra rlo de su d u ro des­
tin o , sobrellevado c o n heroísm o sereno.

III. — TECNICA Y MODOS
N u e stra época hizo alguna vez gala de des­
p reciar la técnica lite ra ria , de dejarse llevar
p o r el g rito lim pio, sin m edida ni cálculo. Sin
em bargo, una apariencia de to ta l lib e rta d pue­
de o c u lta r los m ás trabajosos procedim ientos
literarios. F e rrey ra Basso no necesita despreciar­
los, porque los desborda. A lgunas m aneras de
su expresión parecen acercarse al gongorism o.
Ese ta n lim pio y gracioso m odo de alzar un
g e rundio en el ex tre m o del verso, es amorosa
frecuencia en el a u to r de Polifem o. E n F errey­
ra Basso se da algún ejem plo: en amapola y
larva decreciendo . . C onviene, sin em bargo,
a n o ta r de qué seguro m odo el poeta de Rosa de
arcilla se va despojando de todo lo lujoso para
acercarse ciada vez m ás al cotid ian o y p ro fu n ­
do estilo de la vida, y, m ás aún, de una vida
a rgentina, con la intensidad de lo u niversal, pe­
ro el color argentino. Esta lim pia desnudez es
ya visible en El m ineral, el árbol, el caballo.
H a sta entonces — con algunas m ínim as persis­
tencias actuales— , p o d ía n fo rm u larse en su
poética algunas leyes c o n stru ctiv as aplicadas con
repetida fidelidad. T am bién son caras a Ferreyra
Basso las an títesis, los procedim ientos de oposi­
ción de ideas, la sim e tría c o ncejtual (E j.: Para
estar y no estar y estar pasando). Agreguemos
los buscados sonsonetes, las rim as interiores, el
sabio m a rtilleo con que puede insinuarse una
obsesión, una persistencia doliente: oh, corazón
dolido y condolido; . que m e crece, enloquece
y ju s tific a . . .
A lgunos a y !, hondos gritos del alm a hispana
que atraviesan el a n tig u o dancíonero y resur­
gen de m odo pánico en la obra de Federico
G a rc ía Lorca, aparecen alguna vez en las com ­
posiciones del poeta oue nos ocupa, aunque
siem pre con el tono del propio desgarrón.
C iertas concesiones a la re ta b le ría , al p in to ­
resquism o, al juego de palabras por la gracia
que en sí enuncian, va deiando lugar a lo más
p ro fu n d o y despojado. P or a h í asoma el cora­
zó n del gallo veleteio. T am bién algunos a d m i­
rativos o h !, ta n asiduos en la poética ro m á n ti­
ca, que el p u d o r lite ra rio relegó al olvido y
n u estro dolido tiem po ha vuelto a restaurar,
aparecen en el canto, pero despojados de su
cáscjara sensiblera.
A gréguese a to d o ello la iro n ía, pero una
iro n ía inocente y dolida, que despunta en al­
gunos versos. Son referencias a esas pavorosas
creaciones de lo c u ltu ra l, las am argas adm inis­
traciones de que habla N c ru d a , el nú m ero sis­
te m á tic o , la c ifra exacta que encasilla al hom ber y lo sepulta. A sí c an ta una m u e rte a n ó n i­
m a:
T e ta s sobre las c uatro ruedas
— por a n te m i y a tantas fojas—
Solo el cochero y el jamelgo,
sola tu m u e rte en la carroza.
C om o otras presencias vitales, deben señalar­
se en Rosa de arcilla algunos testim onios de la
am arga anécdota de g uerra, que dem uestráíi ía
co n flu en cia en su can to del poeta y del hom ­
bre, y su m odo de ubicarse en la realidad de
su tiem po.
O tra s definiciones son su ingenuo m odo de
n o m b ra r por m om entos lo cotidiano, la lim pia
inocencia con
que habla de una fru te ra o tía
un buenos días, en esa zona donde el delirio
desnuda toda
retó rica y la concreción de los
objetos perm anece en su magia p rim itiva.
Pero estos
intentos de indagación deben so­
lam ente considerarse cam inos para una pro x i­
m idad, ya que los resortes secretos de toda
expresión poética sólo son em ocionalm ente a p r:hensibles.

Iy . — DIGRESION FINAL
Es esa fidelidad consigo mismo, ese sentido
del m u n d o com o rueda eterna, dom o ciclo sin
paz en que todo espera su tu rn o para ser y
renacer, lo que da consistencia y a rq u ite c tu ra
al sentido de la obra de J u a n G. Ferreyra Basso. Sin una noción o in tuición del plan del m u n ­
do, nin g ú n poeta puede d a r je ra rq u ía a lo que
c an ta, n o m b rar situando en el tiem po y en el
espacio, ju s tific a r su p a rtíc u la de c ria tu ra d i­
vina.
Los más seguros atrib u to s del poeta se dan
en J u a n G. F errey ra Basso, y ju n to a o tras vo­
ces nuevas que el tiem po no abatirá, su poesia
es ya h onor y honra de las letras argentinas-

A R M A D O

Oficina Técnica: PELEGRIN VACAS - PEHUAJO
LEY 40 48 - PROVINCIA DE BUENOS AIRES
A cargo del Ing. Civ. Atilio Darío Radaelli
U . T . 33 - 4682 — C A P IT A L

_______Kh.¿k

EN TODAS LAS LIBRERIAS

Editorial

FUTURO

JOSE E. URIBURU 131 — U. T. 48-6110/5878 — BUENOS AIRES

LO QUE ES Y
LO QUE NO ES
I ) . — C o n t r a pu n t o entiende la c ríti­
ca como una contribución a la
obra creadora. Su actitud es de
carácter positivo, su voluntad es
valorizar lo que cree no está de­
bidamente valorizado, su ambi­
ción supone una realidad cuyo
fru to sea un orden de serena tras­
cendencia.

*
I I ) .—C ontrapunto no es un periódico
de política, pero sus redactores y
colaboradores, ante el litigio que
en el orden universal divide a los
hombres en dos bandos precisos—
aquellos nazifascistas que renie­
gan de la cordialidad humana y
confiesan apoyarse en un deseo de
estructurar el mundo sobre la
hostilidad, y aquellos que, desde
la derecha a la izquierda mantie­
nen la cordialidad humana y lu­
chan contra el mito hitleriano,—
se identifican con las fuerzas de
la democracia, suponiendo que su
condición de escritores no se res­
tringe sino que se enriquece con
una manifiesta posición en este
sentido.

*
III) .—Como los redactores de C ontra ­
son personas que desde su
oficio de escritores no tienen
"compromisos literarios” con na­
die, y sólo creen en la honrada la­
bor de "irse escribiendo” para es­
cribir a los demás, irán denun­
ciando sin fastidio y con proliji­
dad: la mentira organizada, el
"b lu ff” de moda, la audacia tre­
padora, la menuda política de elo­
gios vacuos y la alevosía del bru­
lote resentido; lacras todas de fe­
liz proliferación en nuestro me­
dio.
pu n to

*
IV ) .—En entregas venideras, C ontra ­
irá realizando su propósi­
to de valorización y actualiza­
ción de figuras de nuestro pasado
inmediato y de nuestro presente
en las que cree se hallan los au­
ténticos designios de nuestra lite­
ratura.
pu n to

*
V ).—A cuantos estuvieran de acuerdo
con la posición de C ontrapun ­
to , se les invita a colaborar en sus
páginas.

Los relatos torturantes
de Denis-Krause
P o r

J OSE

A N T O N I O

R U A N D O hace poco m ás de u n año cayó en
nuestras m anos el m anojo de sueños de A gosto
Febril, n o pudim os sustraernos a la im posición
de su le c tu ra y luego, a la fu erza arrolladora
de sus vocablos, de sus frases y situaciones len­
tas y tam bién "fe b riles’*.
Denis K rause fu é entonces para nosotros algo
más que u n ho m b re que sabe decir herm osas
frases y que ríe endem oniadam ente a m edida que
desliza sus palabras. D e aquel ro stro anguloso—
que poco antes habíam os conocido— , siem pre
ilum inado por u n rayo de te rre n a felicidad — a
veces la dicha terren al es sim ple re frac c ió n de
la anhelada v e n tu ra espiritual— , de aquellas
palabras vertidas pausada y graciosam ente, poco
dejó en nosotros el reduerdo — el tiem po— y esa
m em oria de su calidad despertó con fuerza in ­
sospechada al hojear las breves y densas páginas
de su plaqueta.
A quí Denis K rause fu é algo más que un
hom bre ingenioso y espontáneo; surgía ya, de
cada una de sus páginas, esa inevitable calidad
que no pueden disim ular los ilum inados. Y el
escritor-poeta (am bos géneros se fu n d e n y com ­
plem entan en él) se nos presentó com o u n ilu ­
m inado por el a rte , puliendo im placablem ente
sus figuras, zigzagueando e n tre el m u n d o de
•lo real y la irrealidad m ism a, tem eroso de lle­
gar a ser un fantasista p u ro o u n im presionista
literario.
D e ese a n d ar por cam inos por él m ism o tra z a ­
dos, com o abriendo picada en la m araña vege­
tal de lo hoy escrito — que no es siem pre lo
hoy sentido— , la fe y el estilo del a u to r salen
robustecidos.
A hora, tra s el am ago genial de A gosto Febril,
en el que n o quiso decirnos todas sus palabras
ni abrirnos todos sus secretos, El sueño del se­
ñor A ndrés se nos aparece com o una sublim a­
ción de las anteriores dualidades y u n inten to
serio de abordar el relato desde su esencia m is­
ma, sin concesiones de ninguna especie, con algo
de esa im perturbable inexorabilidad del juez que
se rem ite al c e n tro v ita l qe los hechos y las co­
sas, sin conceder v alor a lo secundario ni dete­
nerse en lo superfluo y vacuo.
O rien tad o su relato en ese sentido, D enis K ra u ­
se logra con el re tra to del Sr. A ndrés finas y
dignas páginas; hay en su esbozo rasgos n o ta ­
bilísim os y el pequeño hom brecillo que ha te ­
nido siem pre "u n a perfecta existencia de reloj,
cuya única posibilidad es que deje de a n d ar” , se
nos presenta cromo u n ejem plo típ ic o del in d i­
viduo vegetativo que ha m odelado su existencia
de acuerdo a cánones fáciles y que sólo se con­
cede un derecho: esperar.
En esa filosofía fatalista reside ta l vez el ú n i­
co destello de fa n ta sía del Sr. A ndrés.
E sp íritu excesivam ente sim ple, el Sr. A ndrés
no es, pese a ello, un p ro d u c to de la im aginación.
H a y en la vida real, sem ioeultos en su propia
m ediocridad, en su irrita n te tim idez, m illares
de "A n d ré s” desdoblados y sufrientes, alucina­
dos en una espera in ú til.
Denis K rause llam a a esa espera, a ese a g u ar­
dar constante, m eta insospechada, "casu alid ad ” ;
nosotros intu im o s en la a rq u ite c tu ra sim ple y
llana del vocablo u n av atar del destino.

V I L A

PLA

Ese pasear de los sábados, h u y e n d o de las
dom pañías y los ruidos, buscando u n a relativa
soledad; ese co n te m p lar en sus paseos "lo s c h a r­
cos de 3gua reflejan d o las nubes, las luces” , vien­
do, en su to rtu ra d a im aginación (casi diríam os
en su b u ro c rá tic a m entalidad de " in v e n ta ria d o r” ) "las fachadas que presentan las cosas se­
g ún los d ía s” , ¿qué es sino otear la presencia, la
pervivencia del propio, calculado y exacto des­
tino?
Esa es la razón de su "q u ie to observar lo que
se tiene delante, com o en casa del ocu lista” , p o r­
que el destino, veleta al fin , ofrece d iariam ente
a sus ojos el balande de las horas pasadas y la
incógnita de las que se sucederán, com o en una
p izarra de escolar.
¿ H a y en ese esperar "la casualidad” , te m o r o
locura?
,
El m é rito que corresponde al a u to r es el de
hacer que E l sueño del señor A n d rés no pase
los lím ites de la fa n ta sía para caer en el r i­
d ículo. D e la alucinada existencia de su perso­
naje, nada se desprende que pueda d ar lu g a r a
esto ú ltim o , porque las cosas, en su dim ensión
e x tra -n a tu ra l h a n sido ta n inteligentem ente dosi­
ficadas que no exceden la verosim ilitud de la
historia.
Es im posible no darse c u en ta del duidado que
ha puesto D enis-K rause en cada línea. H a pesa­
do a conciencia cada vocablo; ha soñado tal vez,
en largas noches to rtu ra d a s , cada una de las
situaciones y así, el Sr. A ndrés, deja de ser u n
sim ple personaje, u n ho m b re de tin ta , para tra n s ­
form arse an te nuestros ojos en algo m aterial.
El a u to r ha c o rporizado sus sueños — que es
revivir la frase shakesper iann— y su ta le n to
no se pierde, bien que gana con ese encariñado
descarnar su alm a, h u rg a r su carne, ap rovechar
su esencia.
Y en ese co n stan te elaborar u n arquetipo,
ahondar, sum ergirse casi en el d ram a pequeño o
gran d e de sus personajes, el e sd iito r revela una
fina sensibilidad, capaz de re h u ir la p ostura ex­
quisita y de e n tre g a r la propia alm a al alma
del relato.
A esto m ism o — sin e n tra r en paralelism os de­
testables— nos tiene acostum brados K afka y re­
cordam os que en su "M eta m o rfo sis” asomaba
desde el personaje to rtu ra d o de G regorio — con
su d ram a áspero y laderantc— la propia to rtu ra
del a u to r, am argado y enferm o.
im aginam os por eso que la sonrisa ancha de
D enis-K rause se h abrá apagado poco a poco al
interiorizarnos del d ram a del Sr. A ndrés y que
cada página que nos acercaba m ás a la esperada
casualidad ’ ha de haberle significado u n dolo­
roso despliegue de activ id ad , porque o c u rre a ve­
ces que en los instantes m ás solemnes de la vida
o en las situaciones m ás rudas, las palabras se
niegan a tener u n sentido y suenan huecas y v a ­
nas, incapactes de a b arca r el c úm ulo de g ra n ­
deza o decadencia de una hora.
D enis Krause -*—dem oníaco a veces— pone fin
a su relato con no disim ulado alivio; el clim a
de sus propias páginas lo ahoga, porque, in q u ie­
tantes y extrañas, sus historias tienen la v irtu d
de m an ten er la te n te el interés, tensos los nervios,
aguzados los sentidos.

--

U-

■

�Pag. 16

C O N T RAP U N T O

M is ió n C u lt u r a l del T eatro L ib r e
r s T A M O S acostumbrados a
* considerar el movimiento de
los teatros independientes como
un esfuerzo de superación intelec­
tual de interés solamente para
una minoría de cultura ya for­
mada. Vinculando sus creaciones
a experiencias de otros países, el
teatro Ubre aparece, como expre­
sión pura, desligado de cualquier
propósito que no sea la formula­
ción de una idealidad definida
por su contenido y renovadora
en sus formas. Es una actitud de
la inteligencia, una posición esté­
tica y una definición artística.
Si bien este sentido es esencial
para asegurar su influencia sobre
nuestra época, quiero destacar
otro aspecto de su acción social,
de primordial importancia para
nuestro país y cuyas realizacio­
nes pueden lograrse paralelamen­
te a la construcción de una nue­
va dramática y a las manifesta­
ciones de mayor pureza artística.
La educación del hombre
El hombre es la característica
fundamental de la edad que vi­
vimos. El hombre como ser cons­
ciente de su misión y de su ac­
ción, partícipe activo en la obra
de superación.
La humanidad ha abandonado
el "menosprecio de las cualidades
humanas del hombre” — frase de
Huxley— según el cual era nada
más que una forma biológica, un
simple animal, para empezar a
verse, en todo caso, "como un ani­
mal muy peculiar y, en muchos
modos, único”. En este punto el
enigma de la condición y la pecu­
liaridad del hombre, la cuestión
de su destino, sale del campo de
la biología, y, confiesa el mismo
Eluxley, se llega a la obligación de
abandonar "el reexamen más c rí­
tico de su posición biológica para
dejar la soluciqn del problema al
historiador social”.
La educación es una de las for­
mas que han de contribuir a re­
solver el dilema. Tiene que pro­
ponerse formar un tipo humano
incorporando a su propia esencia
los valores artísticos y éticos, ex­
presión de nuestra época.
Pues bien, sin pretender hacer
una crítica de la escuela argenti­
na, ni de la extraordinaria ley
1420 — preciso es distinguir en­
tre escuela y enseñanza— es evi­
dente que la enseñanza en nues­
tro país no tiene en cuenta al
hombre. O por lo menos la que
debe ser nuestra visión actual del
hombre.
La enseñanza común y obliga­
toria se impuso como objetivo
destruir el caudillismo, introdu­
cir la civilización, imponer la
verdad democrática, mediante el
ejercicio de la razón aún por ele­
mentos rudimentarios. Fué una
creación llamada a hacer brotar
fuerzas de arraigo con la tierra
desolada y a definir una perso­
nalidad en un conglomerado he­
terogéneo.
H a cumplido, en este sentido,
una tarea de gran envergadura,

alfabetizando a millones de ar­
gentinos, dando conciencia de su
nación a poblaciones enteras. Co­
mo lo expresara el joven maestro
de la juventud, Américo Ghioldi,
en "Sarmiento, fundador de la
escuela popular”, "nuestra escue­
la enseñó a leer y escribir, liberó
a los hombres de la esclavitud de
los sentidos y de la memoria, pro­
pagó rudimentos de ciencia y
abrió caminos a las aptitudes para
el trabajo, la industria y la inves­
tigación, difundió una tabla de
valores de historia argentina que
atan por dentro la imaginación
de los argentinos; predicó la to­
lerancia por su poder fermenta­
tivo y fué libre y humanitaria,
huyendo siempre del fanatismo y
la opresión; propagó hábitos e
ideas de democracia constitucio­
nal que es hoy como el alma del
pueblo argentino; nuestra escuela
ha sido liberal como espejo y sím­
bolo de la vida colectiva que ha
sido siempre libre, humana, ex­
pansiva, generosa y abierta”.
Aun reconociendo esta acción,
necesario es apuntar algunas c rí­
ticas. Ese programa era adecuado
a la época de estructuración del
país, cuando había que fijar los
principios republicanos en un
medio caracterizado por la anar­
quía y en el que el levantamiento
de caudillos como Chumbita sólo
podían combatirse educando a las
nuevas generaciones. La escuela
era el medio de defensa — más
efectivo en el ejército de campa­
ña— en una extensión territorial
semi-desértica. Tendía también a
unificar en una misma concep­
ción nacional las culturas tan di­
versas de la corriente inmigrato­
ria depositada en nuestras playas.
Pero esta enseñanza, hoy, falla
al no entregarnos el "hombre
medio” culto. La escuela prim a­
ria, a la cual no concurren todos
los argentinos en edad escolar, y
cuyo ciclo no todos los asistentes
concluyen, se limita a enseñar las
cuatro reglas fundamentales de
la aritmética y a repasar algunas
lecturas.
En historia el conocimiento se
reduce todavía a anécdotas trivia­
les o conceptos erróneos, creyen­
do que la mente del educando no
puede penetrar la filosofía de la
historia si se le enseñara como
una vocación de la humanidad
hacia el perfeccionamiento.
Es decir, para esta enseñanza,
el hombre no es su elemento.

Po r
LEOPOLDO

LOPEZ

Queda un enorme porcentaje,
la casi totalidad, sin más instruc­
ción que la de la escuela primaria,
y una cantidad considerable de
analfabetos.
Planteo este angustioso proble­
ma y reclamo la más sagrada con­
sideración, pues estamos jugando
el porvenir cultural del pais, per­
mitiendo el desarrollo de genera­
ciones sin base cultural alguna.
Vamos a ver como es aún más
grave la situación. En un artícu­
lo que publicara en "Argentina
Libre” el profesor Ernesto Nelson hacía referencia a este desas­
tre, señalando además que sólo el
37 por ciento de los jóvenes en
edad escolar completaba su ins­
trucción primaria, y apenas un
8 por ciento concluía el ciclo de
la enseñanza secundaria. Puede,
entonces, sostenerse que menos de
un 10 por ciento de nuestra po­
blación de veinte años tiene una
cultura deficiente, como la que
se proporciona en los institutos
de enseñanza secundaria, donde lo
principal es "pasar el examen” y
no cumplir una vocación.
Esto ha hecho decir al profesor
Ghioldi en su libro " Política y Pe­
dagogía de la Juventud” que
"cuando con énfasis se habla de
la obra educativa de la Nación,
se quiere decir tan sólo que la
Nación gasta decenas y decenas
de millones de pesos en la educa­
ción de 110.000 jóvenes, por lo
tanto, un joven de cada diez de
15 a 19 años. Para los otros no
hay ningún esfuerzo formativo,

CONTRAPUNTO
LITERATURA - CRITICA - ARTE
C angallo 1219

59 Piso, dep. 22

T e lé f. 3 5-8278

Buenos A ires

Secretario:
H éctor René Lafleur
Redactores:
León Benarós
A rturo Cerretani
Alejandro Denis-Krause
Fernando Guibert
Raúl Lozza
Roger Pía
Sigfrido A. Radaelli

La tragedia de nuestra juventud
C O R R ESP O N SA LE S:

Ahora bien, por la propia li­
mitación de su ciclo, la escuela
primaria abandona la educación
de los muchachos a los 13 ó 14
años. ¿Cuál es el estado cultural
de nuestras jóvenes generaciones?
Según las estadísticas que pro­
porciona Alejandro E. Bunge, en
1938, entre los 15 y los 24 años,
inclusive, e s t á n comprendidas
2 .200.000 personas. De estos so­
lamente 25.415 son estudiantes
universitarios, y 116.000 entre
los 15 y los 19 años, asisten a las
aulas secundarias.

Prov. de Buenos Aires : J . G . F erreyra
Basso.

Prov. de Santa Fe: Leónidas G am bartes y
N é lid a

E sth e r O liva.

Prov. de M endoza : A lejan d ro Santa M a­
r ía C onill.

M ontevideo (U ruguay): Felisberto H e r­
nández.

Precio del ejem plar............... $ 0.40
Exterior ........................... dólar 0.15
Suscripción anual (en el país) $ 4.20
APARECE TODOS LOS MESES

ni estímulo intelectual, moral ni
social.”
De esta manera se van destru­
yendo las grandes fuerzas espiri­
tuales de nuestro pueblo, que,
afirmo, existen en su seno.
U na experiencia personal per­
mite hacer interesantes conside­
raciones.
En un establecimiento de en­
señanza de esta capital se ha cons­
tituido una biblioteca por los
alumnos y ex alumnos del mismo,
iniciándose también la publica­
ción de un periódico. Tarea que
puede repetirse en muchas par­
tes del país. Casi todos sus colaobradores son jóvenes menores de
diez y nueve años. Es decir que
en edad temprana se manifiesta
ya el acicate del conocimiento,
palpitando en sus corazones el
sentido de perfeccionamiento y
la ambición de educarse como
hombres. En un barrio obrero, sin
características especiales de cultu­
ra, en un tipo humano que puede
ser considerado el tipo medio de
nuestra póblación£ se encuentra
este núcleo, sin ninguna tarea es­
pecial de organización y recluta­
miento. Algunos de ellos escriben
sobre música, otros redactan
cuentos, quienes dibujan. Quiere
decir que nuestros muchachos de
14 años tienen todas las caracte­
rísticas de una mentalidad fres­
ca y vigorosa, abierta a las cosas
del espíritu, con anhelos de apren­
der.
¿Por cuáles caminos se pierden
esas posibilidades? Es lo que co­
rresponderá señalar alguna vez.
La función de los teatros libres
i

Delimitado ya el problema va­
mos a señalar como los teatros
libres pueden contribuir a salvar
lo mejor de la sensibilidad de
nuestro pueblo, realizando una
educación literaria y estética de
sano contenido.
Aun cuando tan sólo se favo­
recieran sus integrantes, dado el
gran numero de éstos, la obra se­
ría considerable. Se tendría una
cantidad de jóvenes dotados de
nuevos conocimientos y una sen­
sibilidad mas fina, pues es anti­
guo aquello de que nunca se apren­
de mejor de un autor dramático
que representando sus obras.

cripción, escribió el 20 de junio
de 1842, en "El Mercurio”, sobre
la importancia educadora del tea­
tro. Recomendaba a las autorida­
des facilitar la construcción dei
estos establecimientos, pues seña­
laba que el teatro sirve al público
como un liceo, criticando la indi­
ferencia oficial de entonces. (¡Y
hay quien dice que cambian los
tiempos!) .
El gran procer hacía un aná­
lisis del teatro francés y español,
afirmando las razones por las cua­
les eran los que debían difundir­
se entre nosotros. "El teatro es­
pañol, como el francés, trabaja
por destruir toda preocupación de
clases, toda tiranía, ya sea públi­
ca o doméstica, y elevar en su lu­
gar a la libertad individual del
uno y otro sexo, y en dar en la
sociedad la influencia y el lugar
que al mérito real corresponde.
Por esto y por mil otros puntos
de contacto de la literatura dra­
mática de la Francia o de la Es­
paña, que sigue hoy sus pasos en
el camino de su regeneración, con
nuestras necesidades, es que el tea­
tro es una verdadera escuela en
que por medio de los sentidos y
del corazón llegan a nuestro es­
píritu ideas que necesitamos para
la misma obra de regeneración de
nuestras costumbres. Preocupados
de esta influencia poderosa y vi­
tal que el teatro ejerce entre nos­
otros, haríamos voluntariamente
abstracción de otras consideracio­
nes a nuestro juicio secundarias,
si todas ellas no contribuyesen de
consuno a hacer de este espec­
táculo un resorte de moralidad
que no es parte a debilitar tal cual
ligera mancha, como todas las que
necesariamente empañan las me­
jores creaciones de la humana in­
teligencia.”

En ese m agnífico artículo, se
lamenta el procer pues "el teatro
yace a merced de especuladores
particulares.”

En una disertación pública, di­
je, no hace mucho, que estos "es­
peculadores particulares;” , debe­
rían ser sometidos a un proceso
criminal por la destrucción de un
elemento esencial de cultura, pa­
ra satisfacer sus intereses y rea­
lizar sus ganancias. H ubo quien
Pero también el público reci­ se alarmó por esa afirmación, cre­
be una educación que penetra yéndola expresión inútil de ex­
por sus ojos, con escenografía tremismo literario. Pero ahora,
adecuada, con la emoción de la efectuando un balance desde la
palabra bien dicha, con los tra ­ época en que Sarmiento, denun­
jes que iluminan la imaginación. ciaba ya esos vicios hasta el pre­
La Federación Argentina de sente, ¿qúé ha hecho el teatro
Teatros Independientes puede in­ "nacional” por la educación del
tentar en forma orgánica esta ta­ gusto estético del pueblo? ¿Acarea. Se cuenta para ello con e] sq sus mercaderes no han destrui­
entusiasmo de las agrupaciones, do fuentes de innegable gracia
con la colaboración de escritores para ganar algunos pesos?
y de artistas plásticos que figuran
Estos son los mismos que aho­
entre los mejores que el país posee. ra buscan trabas para los teatros
El campo para su desarrollo es todo independientes dispuestos a cum ­
el interior del país con sus gentes plir a conciencia su misión. Pero
sedientas de conocimientos.
tenemos fe en nuestras fuerzas.
Vamos a cum plir con la Fede­ Nos impele u n poder eterno y
ración Argentina de Teatros In ­ sabemos que en la A rgentina sólo
dependientes en este terreno, con el teatro libre puede realizar la
un mandato histórico. Domingo gran misión que el visonario Sar­
Faustino Sarmiento, en la pros­ miento también le asignaba.

a

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                <text>Fernández de la Fuente, Mario&#13;
Sábato, Ernesto&#13;
Superville, Jules&#13;
Hernández, Felisberto&#13;
Lawrence, David Herbert&#13;
Cerretani, Arturo&#13;
Pla, Roger&#13;
Eichelbaum, Samuel&#13;
Guibert, Fernando&#13;
Molina, Denis&#13;
Gil Salguero, Luis&#13;
Benaros, León&#13;
Vila Pla, José Antonio&#13;
López, Leopoldo&#13;
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                    <text>H

Año I + Núm. I

L I T E R A T U R A

-

C R I T I C A

-

ARTE

•

Buenos A ires, Diciembre d e 1 9 4 4

LA FUNCION SOCIAL
DEL ESCRITOR
En la sesión de^ día 7 de septiembre de 1956
del X IV Congreso Internacional de los P. E. IdClubs celebrado en Buenos Aires, el escritor fran­
cés Georges Dvhamel, en su calidad de Huésped
de Honor,,pronunció el discurso del cual reprodu­
cimos el siguiente fragmento.

E

IC A R O
Dos últimos cuadros de Raquel Forner

O

N TR £ todas las funciones que un
hombre puede desempeñar, llamo
función social a aquella por la cual res­
ponde a alguna necesidad de la sociedad.
Absorbidos por las preocupaciones y
los trabajos de su función personal, la
mayor parte de los ciudadanos, en una
sociedad normal, no tienen ni el deseo
ni el tiempo de conocer el mundo, en
el sentido filosófico y poético de la pa­
labra, ni de expresar en una lengua in­
geniosa la sustancia de sus descubrimien­
tos. Se entregan voluntariamente al es­
pecialista, es decir, al escritor que, en
la medida de su crédito, se encuentra co­
misionado para realizar estos actos de co­
nocimiento.
Un escritor realiza, pues, en mi opi­
nión, su función social, cuando nos ayu­
da a comprender mejor el hombre y el
mundo, cuando se contrae, según la
fórmula de Paul Claudel, a "'transfor­
mar lo desconocido en conocido” , cuan­
do es verdaderamente un descubridor, un
inventor, un liberador, ya sea que esta
facultad de liberación se ejerza inme­
diatamente sobre los seres, los aconteci­
mientos, ios fenómenos, o mediatamente
sobre los pensamientos y las obras de un
hombre, de un pueblo, de una civili­
zación.
Semejante función, que, desde el ori(Continúa pág. 11)

)

UNA

i

i

I
ü

CUESTION

f^ reem o s fríam ente, sin apasionamiento, o al menos con un apasiona-

AMANECER - ICARO. Por Raquel
Forner.
LA FUNCION SOCIAL DEL ES­
CRITOR. Por Georges Duhamel.
UNA CUESTION DE TONO.
ENCARO AL COMPADRITO Y SU
ALMA. Por Fernando Guibert.
LOS CUENTOS CRUELES DE
SALVADOR IRIGOYEN. Por León
Benarós.
LA MUERTE EN EL MERCADO.
Por Luisa Sofovlch.
A MARTIN NOEL. Por Fernández
Moreno.
ES TRISTE. Por Arturo Horacio
Ghida.
TRES SONETOS A UN PAISAJE
LEJANO. Por Miguel D. Etchebarne.
CANCION. Por Juan G. Ferreyra
Basso.
INTRODUCCION AL MUNDO MI­
NERAL. Por Héctor Rer.é Lafleur.
TIERRAS DE LA MEMORIA. Por
Fellsberto Hernández.
EL TEATRO DE SAMUEL ElCHELBAUM. Por Roger Pía.
LOS TRABAJOS DE LOS DIAS.
• CONCIERTO SINFONICO. Por E.
D’Arte.
ALGO SOBRE GIRAUDOUX. Por
Alejandro Denis-Krause.
LA INTELIGENCIA Y LA VIDA.
EL COMBATE DE SAN LORENZO.
Por E. F. Rubens.
REDADA DE LOS TEATROS IN­
DEPENDIENTES. Por César Fer­
nández Moreno.
LO QUE ES Y LO QUE NO ES.
REFERENCIA A GRANDES PRO­
BLEMAS. Por S. A. Radaelli.
ESPEJO DE LECTURAS. Por Tris­
tón Fernández.
TRES NOTAS. Por Elias Pitterbarg.
PATIO CORDOBES. Por Clement
Moreau.
ILUSTRACIONES de: J. Heredia,
Raúl Lozza, Fernando Guibert.

^ miento — permítasenos parafrasear una buena frase de U nam uno—
que nos sostiene pero no nos enceguece, que no hemos puesto aun el
pie, en nuestro país, en esa zona donde existe ia suficiente luz, ni poca
ni mucha, para que las cosas puedan verse en su propia medida, en su
presencia más o menos verdadera. Los argentinos tenemos el hábito
de abrir los ojos en la penumbra del desprecio o en la reverberación
del entusiasmo. Y esto, que puede ser tan fecundo para tantas cósase
tiene en lo que respecta a las cosas del espíritu el inconveniente de
que trastorna y falsea toda realidad. Casualmente, nosotros hemos dis­
m inuido la luz para lo nuestro aumentándola invariablemente para lo
ajeno. N o se trata de proceder a la inversa. Buscamos solamente el
graduador de la luz para encontrar la tonalidad que no deslumbra ni
enceguece, la tonalidad que necesita el ojo.
Necesitamos vernos. Creemos que nuestro panorama intelectual
— lo estamos comprobando todos los días, lo estamos palpando— no
ha superado aún, pese a ciertos intentos intelectuales producidos como
un reflejo más de disciplinas occidentales, la etapa del aplauso y el
silbido. Junto a las reacciones impulsivas que predeterminan estas
afirmaciones o estas negaciones rotundas, labora la fría administración
profesional de los elogios, que sustituye el aplauso gritón con la frase
culterana y enfática, el silbido con el silencio solemne y soberbio.
Nuestro mundo literario es el mundo de los asombros inusitados, de
los gestos que se resuelven en éxtasis conmovedores sobre rostros que
antes de resolverse al gesto, tiritaron un instante en la vacilación y
el titubeo. El libro da el tono sustancial a este concierto de voces que
entona el rumor de la manida colmena literaria, y no la vida. Las m u­
sas salen de la biblioteca para pasear en puntas de pie por la calle Flo­
rida, languidecen en un premeditado hermetismo sin oxígeno y sin
motivación profunda. N o escribimos sobre la labor de nosotros mis­
mos, porque nos queda ese provincialismo que consiste en creer que
lo hemos s u p e r a d o para siempre, y somos cursis con la cursilería
que se enmascara en la arrogancia de no tenerla. Pero sabemos bien
que todo esto no es problema de generación ni de categorías sino
de instantes menos discernibles, de responsabilidades no tan fácilmen­
te denunciables. N o creemos que "nosotros, los jóvenes” o "aquellos
otros, los tal y cual” , puedan erguirse frente a nuestra realidad, co­
m o salvadores exentos de toda culpa, como incontaminados reden­

DE

TONO

tores. Menos pretenciosa es la intención de esta revista, por lo mis­
mo que no sale "fu e r a ” de este m undo sino dentro de él, ensayando
una voz distinta, un contrapunto.
Es cierto que todo esto, la puerilidad y la adultez jactanciosa
como caras de una misma medalla, el librismo pedantesco y la igno­
rancia arrogante, conform an un m omento de nuestra evolución espi­
ritual — que las naciones tienen su biología, com o los individuos— no
sólo como Argentina, sino com o Am érica. A q u í puede invitarse a los
h&lt;s#nbres y a los países a arrojar la primera piedra bíblica, y lo sabemos.
N o contrapunteamos pues com o plataforma teórica, com o form ula- »
ción de programa que descansa tácitamente en la afirmación de tal o
cual remedio, o de tal o cual p o s a ra salvadora, de tal o cual infa­
lible redención. Es por esto mismo que C O N T R A P U N T O resulta
de un grupo heterogéneo, donde cada cual parte de su propia y au­
tónoma singularidad. Sólo dos cosas nada pretenciosas y una sola
intolerancia nos vincula. La intolerancia — que por lo mismo que
es intolerante no se toma el trabajo de discutir y pasa a otra cosa— ,
se ejerce para todo aquello que vaya contra nuestro americano m o ­
do de vivir, contra nuestra libertad y nuestra aftsiosa identificación
con las fuerzas que la resiembran en el mundo. Las otras dos cosas,
sumamente vulgares: "u n periódico más” — asi, con todo el sentido
material de la frase— y este intento de graduar la luz que pueda
darnos la justa medida de lo que nos rodea.
Porque es este desconocimiento de nuestros valores captados en
su real estatura, lo que nos duele. Es esta ignorancia del tamaño ob­
jetivo de nuestro pasado inmediato y de nuestros valores contem po­
ráneos lo que nos enturbia la visión y falsea nuestra realidad. Es esto
— y por lo mismo no es generosidad despegada del propio egoísmo sino
útil generosidad— lo que hace posible nuestro desconcierto, este tener
las raíces en el aire, ahora, que según parece las vamos arrancando
necesaria y afortunadamente de aquella Europa que exclusivamente
las nutria. Bureamos, para ellas, su necesaria tierra. Sobre estos fines
prácticos, hemos sabido que tal cosa es posible, discerniendo la medida
real del esfuerzo cumplido entre nosotros. Necesitamos vernos. Y para
ello, sabemos que estamos, más que ante un problema de orden inte­
lectual, ante un problema de naturaleza ética. Valorar — que es lo que
neceritamos
en el sentido más llano del termino implica antes que
(Continúa pág, 11)

�/

Vág.

i

E

2

CONTRAPUNTO

N este mundo pequeño y belicoso, don­
de los hombres forjan como herreros
preocupados eslabón y eslabón de sus des­
tinos, la lucha y la necesidad del coraje
es verdad, porque estando triste iba a
fueron herramientas ayudadoras. El espa­
estar aún más triste.
cio es grande para nuestros huesos y el
La historia inverosímil del compadre
cielo anchuroso para nuestros xleseos, pero
tuvo su comienzo así. La pobreza que
los hombres por una costumbre invetera­
era el retrato marchito de la madre. Igual
da de amontonarse y amontonarse han
el padre. La pobreza que le regateó a sus
hecho^los caminos angostos y los encuen­
huesos y a sus alegrías. Los días de su
tros enojosos y para nuestro compadrito,
su destino estrecho.
El coraje fué naciendo en esta tierra
como los dedos de la mano. Compañero
de la vida y la necesidad vistió todos sus
disfraces y todos sus colores. Se ingenió
con todos los mangos, todos los hierros y
todos los filos se plantó en el suelo de
todas las maneras y en todas las posturas.
Por eso nuestro compadrito, hijo de pue­
blo, también se vistió con el.
Allí se estuvo en la vereda de su calle,
un trozo de eternidad, maullando el coraje
con el pelo erizado, enarcando el lomo ga­
tuno de sus instintos, como quien está
por saltar un charco, que al final saltó.
No nos asustemos si en el irónico es­
pejo del tiempo su figura cambia, desde el
gesto sañudo hasta el visaje, desde la ne­
gra apostura a los desplantes y el remedo,
porque en el tiempo, el compadre se viste
y se desviste con las ropas que le prestan
años y lugares.
■De nuestro encaro quedará un compa­
drito casi sin tiempo, casi sin los detalles
de cada momento y de cada hombre. Sólo
Dibujo de F. GUIBERT
el espíritu compadre, que es como decir el
coraje y la mueca del coraje. Tampoco
niñez fueron flacos y vagabundos. La ca­
contaremos del salto batracio que dió ese
ma también fué flaca como la mesa. Y la
espíritu compadre, desde el arrabal hasta
puerta siempre estuvo abierta a la calle
los niveles más ufanos de la sociedad. Ni
. avergonzada. Eran amigas y enemigas para
como ese espíritu que fué verdad, se vol­
que el comadreo tuviera muchos ojos y
vió cada vez más, letra y estilo, culmi­
muchos oídos. No podemos seguirlo entre
nando en los cartones lucrativos del sai­
los pastos cortos y la polvareda. Baste de­
nete. Antes de decir sobre el compadrito
cir que la poca maestra que tuvo, a quien
o del compadre, que no hacemos diferen­
regalar manzana agria, fueron sus prime­
cias, diremos del alma de sus cosas y de
ras correrías. Fué así que se tuvo que apre­
su paisaje.
tar bien pronto la faja con el mal ejemplo,
M'a Fué en el arrabal, donde creció su des­
y quizás para no llorar de rabia se anudó
tino castigado. Allí las casas eran humil­
muy fuerte el pañuelo a la garganta. La
des, chicas y silenciosas, por ellos se hi­
verüenza o lo contrario le requintó el som­
cieron más chicas y silenciosas, y se asus­
brero en la cabeza.
taron frente a los entreveros. Fué en el
Así corría su vida en la barriada que
arrabal, con sus parecitas y paredones em­
ya era un alma. Hermana resentida por
polvados, que le dejaron rumiar la con­
sus tareas. Límite de carros y de trabajos
goja, el resentimiento o simplemente pen­
duros, era también orilla de destinos su­
samientos pajareros. Esos paredones, que
fridos.
les dieron la espalda a sus espaldas de gua­
Una noche de mates o de Cañas, la ba­
pos éhfundadas como violines. Fué. en el
rriada habló a sus instintos como una mu­
arrabal, de veredas a la buena de Dios,
jer desgreñada. Su voz era bronca porque
que eran tambores para los pasos cacarea­
estaba empañada por la historia de un he­
dores que buscaban la contra.
cho. La historia que era de sangre, era mi­
Todo se prestó para que se hiciera legión
tad mentira porque se trataba de justificar
el compadraje, como un corral de gallos
la maldad o de perdonar un apuro. Eso lo
negros peleadores. Fué la poca salud de
embraveció de golpe como la furia que
los 'faroles. Fué la oscuridad cargada de
día a día juntaba sus piedras. Ese enojo
los terrenos baldíos y las hondonadas. Fué
que había amontonado sin remedio se le
el peligro de las distancias. La noche gran­
volvió de pronto compadrada. Y desde esa
de |a veces seguida de los perros, porque
noche empezó a cuidar el ruido de su
más de una vez la noche fué perra. Fué
nombre.
el interior del almacén que era un ruidoso
La compadrada antes de ser la suficien­
carro sin caballo, esa "esquina rosada” de
cia profesional, la quietud del verdugo, fué
Borges, que se volvió palenque. Era el
sólo crueldad que se había desatado. Casti­
4sebo de los naipes y la sangre de las cañas,
gó a los que tuvo cerca porque no cabía en
éque es como decir la sangre que derramó
tanta sordidez la paciencia. Su mal humor
fia culpa de las cañas. Eran también los
derribó las sillas y las mesas. Golpeó las
patios y la conversación de los patios. Y
puertas agobiadas de pena y levantó mu­
las puertas achicadas por donde regresaba
chas veces la mano. Hizo más su furia
el trabajo rezongando. Todo ayudaba al
cuando levantaba las tormentas de sangre,
; compadraje que nacía del ocio. Las horas
En esos días, por él, la barriada agachó
: alisadas con los mates largos. El cielo tan
la cabeza. De su arrepentimiento, sólo
abierto y la pampa que es el cielo que se Dios sabe. Pero hemos de creer que como
ha caído entre los pastos y que no podía
fué hombre tuvo también la vergüenza
entrar al arrabal, igual que el tiempo, que
del hombre.
tampoco entraba en los relojes.
Una tarde, a su hora, floreció el amor
También la quietud casi provinciana,
en la vereda. Era la mujer que venía cum­
jorque el campo apenas si era pariente.
pliendo inconsciente su destino. En el co­
Esto es lo importante, los hombres ya no
razón del guapo se abrió un balcón y una
eran paisanos, el campo andaba angustiado
esperanza. La noche, por primera vez, lu­
br el arrabal, porque le habían negado
ció su terciopelo. La luna se le volvió una
saludo. La tierra, eterna y amiga, ahora
parecita cercana y compañera. Brillaban
no era tierra de raíces y semillas, se ensu­
las estrellas. Y corrió un dulce alcohol en
ciaba, se agrisaba de cosas puebleras que
las guitarras. Pero no duró. Cuando cayó
se chocaban los codos. Los arroyos empe­
el amor entre los charcos, ya habían caído
zaban a ahogarse en el caserío, las tapias
de la mujer muchas lágrimas. De este
y los alambrados. El aire se volvía impu­
eclipse entre un guapo resentido y la luna
ro y porfiado por los humos de tantas
amarga, que ahora ocultaba en la sombra
ollas y el tufo de los desperdicios. Y el la­
el drama de la mujer y el suyo, nació el
drido de los perros excitados enojaba la
tango compadre e invisible que venía cor­
tranquilidad. De esa traición y olvido de
tando la madeja y que lloró por él. El
la pampa nació el hombre de a pie. El
compadrito no quiso hogar. Le avergonzó
hombre quedó paisano, desmontado, y es
el maridaje del cuchillo y la cuchara.
por eso que al compadrito se le desmontó
Sangre y sopa. La pieza fué muy triste.
el destino. Se encerró en la callejuela y
Le robó los muebles y los hijos y el pan.
aprendió a andar por la vereda. Esto qui­
Y hasta la echó a la calle. Desde entonces
zás explique que el compadrito no quiso
se oyó insoportable el hipo y los gemidos y
ser compadre. Fué la vida del arrabal que
el golpe seco y repetido de un revés, para
lo largó a caminar por una tabla tan an­
que la mujer fuera moneda en sus bolsi­
gosta, que tuvo que aprender a hamacarse
llos. La madre del compadrito que venía
a cada paso para no caerse. Al referirse a
llorando y perdonando lloró otra vez.
él alguien dijo que era un mozo enlutado,
Empezó a hacerse sabio en el coraje. Su

\

En caro al Compadrito y su A l ma
Por Fernando Guibert
miedo viejo. El miedo a la oscuridad, el
miedo al padre que lo tenía acurrucado
en los rincones, apaleado debajo del jer­
gón se le volvió un animalejo sumiso que
se quedó durmiendo al lado del brasero.
Ahora era él, el que soltaba el miedo en
las esquinas. Se convirtió en un gato cruel.
Jugó despaciosamente en el macabro jue­
go de las compadradas y los retos. Con los
otros hombres hizo extraños malabares de
cuchillos y de frases. El compadre que te­
nía un lenguaje sobado como la redondez
del mate, se hizo un lenguaje con sus ade
manes, tartamudeos y silencios, encogién­
dose, ladeándose, suspirando y silbando,
todas cosas que después el tango se las
alquiló para fregarlas entre espejos y sa­
lones. Creó el compadre, el conjuro a la
noche y al destino, que traían envueltos
entre tapujos, la traición, las venganzas y
el descuido. Nació para él el mito de la
estampa que fué el santo y seña para su
cerrada cónclave de machos.
Por ese coraje, como un nuevo Fausto,
vendió su alma al Diablo que agitaba el
poncho escarlata en la barriada. Es que el
Diablo andaba incansablemente en ella ju­
gando como siempre con los hombres y las
cosas. Estaba en los animales huidizos. En
las cortinas. Aguardaba callado en el ne­
gror de los zaguanes para ver y oír. En

algún maizal aparentaba ser el vagabundo.
Pero era él, el que robaba las ropas. El
trampeaba los naipes sumisos, que incen­
diaban la discusión. Era él, el que hacía
reír a la insolencia estúpida en las esqui­
nas para provocar. Y el que vestía la
traición de la hembra. Por eso y mucho
más, el compadre se vendió al Diablo. Era
un patrón poderoso que respetaba por
malo y pedigüeño. Tan pedigüeño, con el
compadre, fué el caudillo político, que
era el Diablo menor y que empezó a pa­
sear sus gavilanes amaestrados.
Vender el alma al Diablo es una frase
vieja y equivocada. Otra vez al Diablo se
le escapaba el hombre al quererlo estafar
por la codicia. El alma era la protegida
de Dios que había soltado también sus
ángeles en el arrabal. El alma estaba en la
quietud de las casas. En la porfía de las
enredaderas. En el amanecer cantor. En el
anochecer llorando las estrellas. En las po­
lleras floreadas y rápidas. En el reojo. El
suspiro, el requiebro y la flor. Y estaba en
las gargantas mansas de las guitarras.
Pero la verdad es que el alma estaba
tiritando. El compadre no podía enmen­
darse porque lo arrastraba el turbión de
su obstinación. La vida se le ladeaba por­
que se le había amontonado la noche a
las espaldas. Por eso torció el gesto y se
marcó entrecejos porfiados.. Apuró de un
trago los convites y espantó en los bailes.

Los cuentos crueles
de Salvador lrigoyen
X IST E N en el campo de la lite­
ratura zonas de interregno, vo­
caciones que se desenvuelven como
ramas solitarias, sin la posibilidad
de adscribirse a los grupos que en
una determinada circunstancia, le­
vantan sus medios materiales de ex
presión, sus periódicos o revistas y
que, por sentido de clan-o por un
simple desconocimiento de los que
por timidez o recato permanecen al
margen, limitan casi siempre las pu­
blicaciones a los que aparecen uni­
dos por la bandera del momento.

E

Sin los medios de trascender al
público en la necesaria proporción
para fija r en la memoria un nom­
bre y hacer volver la cabeza a los
que deben señalarlos a la considera­
ción de 'os entendidos, esos hom­
bres quedan en la sombra, relegados
al conocim iento de unos pocos, ca­
suales francotiradores, pescadores
aventurados en el mar de lo que dia­
riamente se publica. Los libros de
esos auto) es son botellas de náufra­
gos arrojadas a las agttas y, a ve­
ces, por demasiados años, se me­
cen entre las olas, antes de que la
justicia llegue.
Frente al inflacionism o pape’ ero
y exitoso, es entonces cuando a los
más sinceros y limpios duele una
postergación, un desentendimiento,
un olvido.
Este es el caso de Salvador Irigoyen, fuerte y entero cuentista ar­
gentino cuya obra, sin embargo, no
ha trascendido en el grado que su
calidad merece.
Después de Cuentos del billete p re­
miado, Develaciones anuncia ya el
seguro cuentista de su último libro
publicado en 19L3, que titula Monó­
logo del retorno filial.
La esencia de estos cuentos — al­
gunos de ellos son relatos, o simple­
mente m onólogos— es un realismo
disgresivo, dialéctico. Lo que pri­
mero sorprende la atención en ellos
es el prieto lenguaje en que se desen­
vuelven, su ninguna concesión al
clisé, a lo algodonoso y muelle. Se
nota que la fuerza de estas páginas
es la idea, y todo el clima ie l libro
aparece envuelto en una m elanco­
lía seria, com o de quien ve pasar
los días s’ n objeto.
La ironía no es en Salvador Irigoven picante ni ingeniosa, sino
aere sin excesos, con esa pizca de
amargura de quien rem onta los años
clavado a diarias postergaciones, el
repertorio infinito de las horas gas­
tadas sin cb jeto, la oficina, les me­

nesteres de la casa, los plañideros
modos de ia parentela, el presupues­
to familiar, la insulsa e imaginable
sobremesa. Tragedia sin altura, don­
de lo bello sucumbe aplastado ba­
jo acumulaciones de groserías dia­
rias, cié miserias mínimas, modos
de la ilevantable animalidad en que
el hombre refugia su instinto de
conservación.
Son, pues, cuentos crueles. Se tra­
ta, sin embargo, de una crueldad
burguesa, en el sentido de la comodi­
dad, que parece constituir la esen­
cia de lo burgués.
Inciden todos sobre una realidad
amarga y cotidiana. Se detienen en
esa contem plación minuciosa e in­
finita de pequeños actos, de hechos
mínimos cuya suma configura, sin
embargo, io humano, nuestra p ro­
porción a menudo excesiva de cria­
turas de carne y hueso.
Ningún disfraz tierno provecta es­
tos cuentos hacia la zona de la me­
lancolía sentimental. Todos ellos
sobrellevan, más bien, la realidad
como un sello de la condición terre­
na, y son acres sin buscarlo
Distingue a Salvador Irigoyen un
m odo decisivo, a veces laberíntico,
en su expresión, tan llana y natural,
sin embargo. Se diría que preside
sus relato-; una inteligencia desen­
cantada. Están llenos de agudezas,
de encuentros. Este es su to n o :
Las otras noches —la cara entre fas
manos, mientras leía e'l diario de la tar­
de. s.nti&amp;ndo trascender aúny.en los eruc­
tos -con que se jalona la trabajosa di­
gestión, el regusto de la -mayonesa servida
en el a-lmusrzo, conmemorando, digamos
así, los años de Cristo que yo cumplía—
descubrí inesperadamente, en mi dedo
pulgar, la larga uña amarillenta de mi
pao i e.

Así comienza su Monólogo del re­
torno filial, relato que inicia el volu­
men. Esos mismos gestos repetidos en
la implacable herencia le dan ocasión
de anotar con m elancolía:
Hoy, pasados los años, con la preven­
ción melancólica de la vejez, que siento
como un tono gris de ceniza, en esta so­
litaria sobremesa, mientras hago bolillas
de miga, y -me espanto alguna mosca del
occipital, que ralea como el de mi padre,
y al cual parecieran acudir aquellas para
proliferar en larvas, como a un signo de
muerte y descomposicin física. Hoy alter­
nando como hacía él en mi ceroso oído,
la larga uña amarillenta de fumador a
ultranza y el palillo de dientes, recapi­
tulo estos dolorosos recuerdos de infan­
cia y adolescencia.

Pero hay dos cuentos en este li­
bro que inciden sobre temas que nos
atrevem os a decir que son tratados
p or primera vez en la literatura ar­
gentina.

Taconeó fuerte para afirmar con los pies
lo que su cabeza desesperada no podía
dec-ir ni comprender. Salivó las cosas y
manchó las paredes y le dió amistad al
antojo y a la gana. Pero no seamos in­
justos con él. jEn la noche triste de los
tangos, las solapas recogieron unas lágri­
mas perdidas. Y dió el corazón que le
costó la vida, nada más que para guapear.
Allí lo tenemos al compadre envainado
en la esquina, luciendo como un espejo.
Consolándose con su lujo pobretón. Las
manos blancas y afiladas. Bien cepillada la
modestia del saco. Está desafiante como
quien reparte, seguro, de naipes conocidos.
Mañana, bajo las colgaduras agoreras del
anochecer estará velándose a sí mismo.
Cerrándose para la muerte próxima que
viene vestida con la ropa de otro compa­
dre. Estará pálido como un cirio porque
lo fúnebre no andará muy lejos de los cu­
chillos. Cuchillos como perros que segui­
rán callados al hombre en su destino cam­
biado.
Ahora en la ciudad, con la cara pre­
ocupada por su destino de piedra y acero,
en medio de una algarabía de ruidos co­
losales, el compadrito de nuestro encaro,
ese extraño ser de pocas esquinas, seguirá
en la fantasía, quieto y ensimismado. Se­
guirá en el borde de la ciudad, acodado
en la pared, fantasma de un pasado como
el olvido. Estará callando el silencio. Eno­
jando cada vez más su enojo. Ladeando
cada vez más su ladeo y quizás, pobre de
él, ennegreciendo cada vez más su sombra,
que es su muerte.

por L E O N
BENARO S
Son los denominados Cesión de
vesícula y N ecrofagia burocrática,
dos verdaderas piezas de antología.
Nada más desconsolador que el tema
del primer -, esa pobre m ujer lleva­
da y traída, en manos de malos y
buenos médicos, sometida a cru e­
les e inútiles operaciones sucesivas
hasta que la última cicatriz le con ­
figura sobre la sufrida carne, como
un anuncio, una desgarbada guadaña.
Ambos están llevados con una lim ­
pia seguridad, con esa precisión de
relojero que el cuento exige, y son
los dos apretados y densos, com o lo
quería Ricardo G uiraldes: Lo que;
más me gusta de la mano es el puño.
N ecrofagia burocrática crea un per­
sonaje — Spátula— que constituye
un verdadero hallazgo literario p or
su fuerza humana. Personaje sinies­
tro, pequeño, torvo, es quien p or
consenso tácito posee en la oficina
pública la lista de empleados con
las constancias al día de ascensos,
vacantes y jubilaciones.
Y después, ese Ramírez, enferm o
del corazón, que vuelve a su oficina
y encuentra signos
de ocu pación
anterior, com o si le anunciaran la
certeza de su muerte próxim a en esa
posesión de bienes de difuntos. El
final del cuento, es una página que
no se o lv id a : P or un descuido, Spátula ha abandonado en el escritorio
de Ramírez la lista de que se trata.Abrió lentamente el li'braco.
;Cómo seguiría Acuña?
Al volver una hoja tuvo un repentino
sobresalto.
Su mirada se fué enturbiando sobre
una línea en lápiz rojo, tendida a reng'ón Reruido del nombre de Acuña, pre­
cisamente, sobre el suyo propio, que se­
guíalo en el escalafón y que hallábase
ahora precintado por aquel trazo rojo de
tono nesruzco, como de sangre coagula­
d a ... Una llave, en su mismo margen,
cual una avechucho fijado en vuelo, ce­
rrábase sobre una miniaturesca inscrip­
ción.
Tuvo oue inclinarse sobre ella, para
descifrarla.
‘‘Es mi pronóstico reservado”, leyó...
Y firmaba “S”.
Se apoderó de él un extraño males­
ta r... Los oídos, parecíale que le zum
baban en crescendo.
Creyó sentir, a su alrededor, el am­
biente bos-til, cautamente criminoso...
Miró a uno y otro lado, por si se le ob­
servaba... Y sacando trabajosameinte
una goma de su cajón, se puso a borrar
febrilmente.
Le pareció que se iba desenterrando...
Hasta que una gran angustia, como
de fuga trunca, entorpeció sus dedos.
La voz de Spátula, que se aproximaba,
había sonado cual rispido grito de aler­
ta y como lanzando sobre él, en trance
de huida, la tensa trailla escalafonada.. (Continúa en la pág. 3)

�Pág. }

C O N T R A P U N T O

EL J U E G O

Referencia a grandes problemas

1944 se han publicado en Buenos
Aires dos libros de contenido ex­
cepcional; ninguno de ellos ha producido
juego se asocia a la religión y a la pa­
hasta ahora sensación. Son El juego,
tria en sus recuerdos y fastos rr.ás me­
grave problema nacional, por el gene­
morables. Las gloriosas efemérides na­
ral José María Sarobe, y Administración
cionales se evocan con grandes loterías,
Nacional de los Derechos de Autor, por el
jugadas y redoblonas” (emisiones extra­
doctor Eduardo Augusto García.
ordinarias de lotería para Navidad y 9
En circunstancias normales, el libro
de Julio; aumento de las ruletas veranie­
del General Sarobe habría conmovido a
gas para Semana Santa; “ clásicos” de
la sociedad argentina hasta sus cimien­
carreras en todas las grandes fechas del
tos. Este alegato, valiente en sus tér­
año, etc.). “ Si el Estado, llámase nacio­
minos, documentado en sus cifras, con­
nal o provincial, tolera y auspicia el
cluyente en todo, será algún día revi­
juego en forma de loterías, hipódromos,
sado con estupor, y resultará entonces
ruletas y especulaciones bursátiles, no
difícil comprender el grado de desidia
puede evitar su proliferación en el pla­
y de corrupción a cue hemos podido
no inferior de la sociedad, en timbas,
llegar hoy, ante la general indiferencia
quinielas y redoblonas". “ Por consi­
pública. En tiempos revolucionarios, el
guiente, toda cruzada moralizadora con­
tra el juego está condenada al fracaso,
libro del General Sarobe debería de ser
aprovechado como un programa de re­
construcción moral del país.
Sin embargo, allí está EL JUEGO en
las vidrieras de unas pocas librerías y
L libro del doctor G a r o i a contiene
en e| sótano de las otras (puesto que
apenas 68 páginas (1). Consiste en
los libreros de esta Ciudad esperan que
un “ Proyecto de reglamentación” pre­
un libro tenga éxito por sí mismo para
cedido de un breve prefacio y una “ Ex­
interesarse por él, sin pensar que el
posición de motivos” . El autor propon»
interés previo del librero contribuye al
“ dar una nueva organización al sistema
éxito posterior del libro). Alguna gace­
imperante para la percepción de los
tilla en los diarios, y punto final. Sin
derechos de a u t o r” . Las ascciac'ones
embargo, aparte de lo que en el libro
gremiales que ejercen esas funciones,
se dice, éste debería atraer desde las
desde antes de |a vigencia de la ley
tapas, pues el tema es de los que inte­
11.723 de “ propiedad Intelectual”
no
resan con fervor, a jugadores y no ju­
han dado — sostiene— el resu'tado que
gadores; el autor es notoriamente uno
se esperaba.
de los más distinguidos militares del
El problema considerado, al cual Gar­
país, conocido como estudioso verda­
cía le ofrece una solución integral, no
dero, por sus importantes trabajos so­
es sino este: “ lograr el respeto univer­
bre la Patagonia y sobre Urquiza, y
sal de los derechos de autor y la per­
hasta la Editorial que l0 ha publicado
cepción normal y justa de ’.as cantida­
se llama, simbólicamente, “ Difusión” .
des que le corresponden por la repro­
Inútil, todo inútil. Entretanto, y sólo
ducción de sus obras” . Eso es todo. Y
para llamar en lo posible la atención
con ser sólo eso,, arfirmamos, con el
hacia el meritorio esfuerzo de este
doctor
García, que la solución de ese
escritor argentino, transcribiremos algu­
problema no debe demorarse ni un mo­
nos párrafos del libro.
mento más por parte de los poderes
“ El juego — dice Sarobe— es el pri­
públicos. Con ello se hará respetar de
mero y el más difundido de los victos
veras el derecho intelectual de los au­
nacionales. Si algo representa un peli­
tores y de sus herederos; se asegurará
gro constante para el bienestar y la in­
una retribución adecuada por el uso de
tegridad moral del pueblo argentino, es
las creaciones de la inteligencia, y se
esa desmedida afición por el juego, esa
evitará al país el bochornoso espectácu­
tendencia irresislí.ble del carácter nati­
lo de las ediciones clandestinas de li­
vo, de librarlo todo a las sorpresas y
bros, el abuso de ciertos editores, las
contingencias fortuitas del a z a r . La
dificultades para el pago de derechos
falta de interés común de los ciudada­
por parte de quienes utilizan la obra
nos por los problemas colectivos, ese
literaria, teatral o musical, etc. Todo
estado de insensibilidad e indiferencia
esto aparece prohibido en la 4ey 11.723,
de las masas ante las agudas cuestio­
sancionada hace once años, pero ni en
nes vinculadas al bienestar económico,
ella ni en sus diversas reglamentacio­
al progreso político y el adelanto social
nes se prevé el mecanismo que permita
del país, reconoce entre otros factores
dar un justo cumplimiento a sus previ­
esenciales, como causa de origen, al
siones. El doctor García sostiene que
juego” .
con un nuevo decreto reglamentario de
Ahora bien: el juego es nada menos
la ley 11.723, por el cual se cree el or­
que “ la actitud principal, la INDUS­
ganismo al que llama “ Administración
TRIA
más
próspera y lucrativa
de
Nacional de los Derechos de Autor” , el
la República Argentina. No menos de
problema alcanzará su cabal solución.
MIL DOSCIENTOS MILLONES DE PE­
En verdad, los gobiernos rara vez, o
SOS, o sea una suma equivalente al pre­
nunca, se preocupan por l^ situación
supuesto general de la Nación, devoran
de los productores intelectuales como
anualmente las ruletas, los hipódromos,
tales. Algunas pocas veces éstos consi­
las loterías, tómbolas, redoblonas, rifas,
guen un meti ó de subsistencia median­
quinielas y otros ju e g o s . ..”
te cátedras o puestos públicos de cierta
La impresionante reseña de antece­
significación, pero es necesario aclarar
dentes que pone el autor ante la vista,
que en el 99 o]o de los casos, unas y otros
y las cifras, que hacen un camino as­
se otorgan no por la condición de ar­
cendente año tras año, le hacen decir
tistas, escritores o sabios, sino por la
que "somos sin disputa, los timberos
de parientes o amigos de quienes pue­
más notables del m u n d o entero” . ^La
den influir para el insólito nombramien­
afirmación es tristemente g l o r i o s a .
to. Ni aun para los cargos técnicos, que
“ Aunque el juego instituido legalmente
exigen una especialidad y una vocación
proveyera rentas PARA COSTEAR TO
cumplida, se piensa, por |o general, en
DO EL PRESUPUESTO DE LA NA­
los intelectuales consagrados a esa es­
CION — añade— , no puede ni debe tole­
pecialidad o a esa técnica. Las cátedras
rárselo, porque el Estado, órgano del
de historia son entregadas a abogados,
derecho, no puede asociarse a la inmo­
como podían entregarse a médicos o a
ralidad y al v i c i o , amparados con la
peritos mercantiles. Las becas oficiales
égida- de la ley, para medrar con las
son distribuidas en muchos casos con
ventajas materiales resultantes de su
displicente complacencia, sin que haya
aprovechamiento” . “ En la Argentina el
un control público que permita discer­

E

n

mientras el Estado, por claudicación o
falta de energía, admita la práctica de
los j u e g o s PERMITIDOS” . La conse­
cuencia pavorosa de todo esto: “ La epi­
demia del juego ha invadido el cuerpo
entero de la Nación” .
Para mostrar de frente el tamaño de
la desdicha; para hacer reflexionar so­
bre el futuro que espera al país, sobre
todo en sus clases más necesitadas; pa­
ra reclamar una solución del problema
— la única solución: la prohibición de
todo juego de azai— , el General Sarobe
ha escrito este libro extraordinario
por su documentación y por su ingenio,
que algún dia será tenido en cuenta:
cuando se reconquiste la decencia na­
cional.

Los Derechos de! Autor

Los c u e n t o s
c r u e l e s de...
(Viene de la pág. 2)
Y poco a poco, como en el repliegue
de una maca/bra evasión frustrada, fuese
deslizando su gran cuerpo de obeso por
debajo del mueble, en el espacio abierto
a lo largo, con estricto corte de fosa ..
En su rostro un terrible rictus de en­
terrado v iv o ...”
No es aventurado afirmar que ante
Salvador Irigoyen estamos en presencia
de uno de Tos primeros cuentistas ar­
gentinos.

asociaciones gremiales de autores.
La
obra de| doctor García tiende a salvar
esa omisión, cubriendo al mismo tiempo
las deficiencias actuales del sistema, en
lo que respecta a la percepción de los
llamados “ derechos de autor” .

nir acerca de la justicia de tales es­
tímulos. Los concurses de cátedras se
hacen siempre con una curiosa publi­
c a d : la publicidad retraída. Se trata
—y el éxito más brillante corona siem­
pre este propósito— de cumplir con las
prescripciones legales del anuncio pú­
blico, busoando al mismo tiempo que la
(1) Fué publicado primeramente en
seis números del diario “ Mundo Foren­
se”, desde el 1? hasta «I 10 de agosto
de 1944.

difusión sea la más reducida posible.
A este fin, las not.cias sobre concursos
de cátedras, que todos los diarios publi­
carían gratis en la sección correspon­
diente, son las únicas noticias que los
establecimientos aludidos dejan de en­
viar; pero la letra de la ley se cumple,
pues, mediante la módica tarifa de di.
gor, un d i a r i o cualquiera publica en
forma de aviso, la incitante noticia, en
e| sitio más escondido de alguna pá­
gina que nadie lee. Otras veces, el con­
curso es anunciado con una ostentación
sospechosa. Cada uno de los miles y
miles de profesionales pobres, deja en
papel sellado, veinte, treinta o cincuen­
ta pesos, j u n t o con los antecedentes
respectivos. Entonces el concurso se
anula. En los dos últimos años el Es­
tado se benefició en esa forma con más
de doscientos mil pesos.
Quizá al Estado nunca le haya inte­
resado la situación del productor inte­
lectual — hombre de ciencia, escritor,
artista— porque, por una información
explicablemente deficiente (la estadísti­
ca es aún en nuestro país un instrumen­
to de muy escasa precisión), considere
que el número de ellos es reducido. No
formarían, al parecer, una “ masa” apre­
ciable para ningún fin. Cabría contestar
a esa creencia — que, por otra parte,
es errónea— , pensando que lo que in­
teresa aquí es la calidad. Que lo que
está en juego es la parte más importan­
te del país, puesto que quienes de cual­
quier modo ocupan en él el primer pla­
no son los creadores de la ciencia, el
arte y la belleza. Que “ la justificación
y e| fin de toda legislación protectora
del trabajo intelectual reposa, en defi­
nitiva, en el respeto y en la fe hacia
los v a l o r e s permanentes del espíri­
tu” (2).
Pero, por si esos argumentos no fue­
sen suficientes, digamos, por f.n, que
t a m b i é n en número los intelectuales
(excluidas las profesiones liberales)
forman en nuestro país una nutrida le­
gión: más de veinte mil. Desde el pun­
to de vista social, la cifra debe tripli­
carse, en consideración a las respecti­
vas familias, para las cuales el produ­
cido del trabajo intelectual representa
todo o parte de su sostén.
Antes de referirnos en detalle al pro­
yecto García, conviene detenerse sobre
la importancia que tiene y ha tenido
entre nosotros el trabajo intelectual. El
doctor Carlos Mouchet acaba de hacer
la historia comoleta del problema en
un rediente folleto, “ Evolución históri­
ca del derecho intelectual argentino” ,
que es apenas el cuarto estudio publi­
cado en el país sobre tema tan funda­
mental, “ Trabajador intelectual” es. se­
gún la definición dada en el Congreso de
la Confederación Internacional de Traba­
jadores Intelectuales reunido en París en
1927, “ aquel que obtiene sus medios de
subsistencia de un trabajo en e| cual el
esfuerzo del espíritu, en lo que tiene
de iniciativa y de personalidad, predo­
mina habitualmente sobre el esfuerzo
físico” .
Los productores Intelectuales
integran, con los profesionales, los pro-

fesores y los educadores de distinto gé­
nero, e| gremio de trabajadores intelec­
tuales. En esta ocas.ón solo nos referi­
mos a aquellos productores — hombres
de ciencia, artistas y escritores. La le­
gislación protectora de sus derechos es
harto insuficiente. Sin embargo — dice
Mouchet— , salvo breves eclipses de la li­
bertad del espíritu, se iha honrado a
los escritores, los artistas y los hombres
de ciencia, y se los ha considerado como
preciado elemento del progreso de la Na­
ción” . El mismo autor cita una frase de
Denis de Rougemont, son la que éste se­
ñalaba el papel que cumplen los escrito­
res en la sociedad: “ Opino que un Gide,
un Valéry v un Jouhandeau, cuidadosos
de| estilo hasta el preciosismo, han repre­
sentado POR ESO MISMO, para su pa­
trimonio nacional, una ilustración y una
defensa más eficaces, en definitiva, que
e| cemento de la Línea Mag.not” .
:EI problema fué señalado en nuestro
país, hace ya más de un siglo. En 1838
pudo leerse en los números 19 y 20 de
la revista LA MODA un artículo titu­
lado “ La importancia del trabajo inte­
lectual” (cuya redacción se atribuye a
Vicente Fidel López) y que comenzaba
así: “ El desprecio por el trabajo inte­
lectual es la preocupación que en este
siglo degrada más a una sociedad; por­
que es una señal infalible de su igno­
rancia y de su atraso” .
Indica Mouchet la conveniencia de
perfeccionar nuestra legislación sobre
derechos intelectuales, y reclama para
ello: el perfeccionamiento de la vetus­
ta ley 111, de patentes de invención,
sancionada en 1864; e| perfeccionamien­
to de la ley 11.723, de “ régimen de la
propiedad intelectual” , cuya vigencia
desde 1933 ha permitido advertir las múl­
tiples deficiencias de que adolece, no
obstante los buenos propósitos que ins­
piraron al legislador; una legislación
que reglamente e| perfeccionamiento de
las asociaciones gremiales de autores;
la adhesión del P. E. a la Convención
de Berna sobre protección de las obras
literarias y artísticas, que desde 1886
vincula a todos los países civilizados, y
la ratificación por parte de nuestro Go­
bierno de |a Convención Panamericana
sobre “ propiedad literaria y artística”
suscripta en la Conferencia celebrada
en Buenos Aires en 1910. Como tema
anexo, propone, asimismo, el idel fo ­
mento por el Estado de la labor inte­
lectual, y afirma que tal estímulo es
todavía insuficiente frente a la impor­
tancia del país. La política «ultural de
impulsar los estudios científicos y las
creaciones del arte, facilitando los me­
dios que permitan al intelectual consa­
grarse a su tarea, no se limita en rigor
—dice Mouchet— a determinados ‘indi­
viduos, ya que el resultado final será
siempre el de acrecentar “ el patrimonio
común de la cultura nacional” .
Y bien: según se ha visto, una de
las exigencias que es necesario cumplir
dentro de un plan tendiente a mejorar
el “ estatuto jurídico” de los producto­
res intelectuales, es la de reglamentar,
mediante una legislación adecuada, las

F e rn á n d e z
A

Por SIQFR 1DO A. RADAELL 1

MARTIN

( Continúa en la pág. 5.)

M

o re n o

NOEL

C ' S T A tarde, M artín , tan de verano,"
sesga com o una rauda golondrina,
años de adolescente estudiantina
el recuerdo insistente de tu hermano.
La señorial blancura de su mano,
su voz sonora masí su letra fina.
Ahora, en mitad del tiempo cjue camina
es tu amistad, joyel. N o todo es vano.
„

(2) Carlos Mouchet, “ Evolución his­
tórica del derecho Intelectual argenti­
no” , 49, Buenos Aires 1944 (Instituto de
Historia del Derecho Argentino).

La cuestión, por su misma gravedad,
ha sido señalada antes de ahora; pero
siempre en medio de una obstinada in­
diferencia. Podemos indicar algunas de
las ocasiones, poñ estar vinculadas a
iniciativas que nos pertenecen. En ma­
yo de 1936 la Sociedad Argentina de
Escñ.tores consideró la nacesiíadl de
promover la reforma de la ley 11.723, de
“ propiedad intelectual” . El dictamen de
la mayoría de la comisión especial de­
signada al efecto (Artemio Moreno, F.
Estrella Gutiérrez y S. A. R.) contenía
once puntos, en los que se indicaban las
prinoipales fallas y ausencias del régi­
men legal, para las cuales se proponían
soluciones. El más importante de todos
era el quinto punto: en él se auspicia­
ba la "creación de una Oficina nacional
que recaude los derechos pecuniarios” .
Nuestra iniciativa encontró un a p o y o
extremadamente débil en 4a SADE.
Recuerdo que nos apoyó, con in­
terés, Horacio Rega Molina, y que Ro­
berto A. Ortelli, advirtiendo la trascen­
dencia del proyecto, propuso que el dic­
tamen con sus once puntos pasara, co ­
mo ponencia de la C. D. al primer Con­
greso de Escritores, convocado para fi­
nes del mismo año. Así se hizo (“ Bole­
tín” de la SADE, N&lt;? 11, agosto de 1936,
pág. 4). El Congreso se reunió en Bue­
nos Aires en noviembre de 1936, y con­
sideró aquella ponencia y otros proyec­
tos nuestros en los cuales se hacía tam­
bién mención de la “ Oficina nacional
de reoaudación de derechos de autor” :
sobre régimen legal de las traducciones,
en colaboración con Estrella Gutiérrez,
y sobre introducción al país de libros
extranjeros, en colaboración con Gon­
zález Trillo, Ortiz Behety y el doctor
Carlos Mouchet (“ Boletín” , N9 12, no­
viembre de 1936, pág. 2 y 5). En el mo­
mento de considerarse estos asuntos, se
creyó conveniente evitar la discusión en
la asamblea de problemas técnicos
que requieren serenidad y tiempo para
su estudio. Resolvió, pues, el Congreso
que la Sociedad Argentina de Escritores
invitaría a las sociedades de Autores tea­
trales y de Compositores de música, al
Círculo de la Prensa y al PEN Club
de Buenos Aires, a constituir, clon sus
delegados, una comisión 'intergremial
“ para el estudio de las reformas de la
ley 11.723” . La comisión debería estar
integrada por “ socios técnicos” de la
SADE.
(“ Boletín” N9 13, pág. 7, sep­
tiembre de 1937). La verdad es que la
Sociedad representativa de los escri­
tores no demostró interés por el asunto.
Pasó e| último mes del año, y todo 1937
y enero de 1938, sin que pensara se­
riamente en c u m p l i r el mandato del
Congreso, convocando la comisión intergremial. Y si lo hizo a| cabo, en abril
de 1938, fué como defensa ante el enér­
gico manifiesto del 22 de enero, enca­
bezado por Lugones y firmado por 160
hombres de letras del país, por e| que
se reclamaba la sustitución de la ley
11.723 por otra mejor. Constituida, por

Ünenos a los dos amor de España,
tu en un sendero, yo en otro sendero,
pero nacido de una misma entraña.
A m or de catedral y romancero:
alto y alegre como una espadaña,
gra\ e

y

fle x ib le

com o

un

buen

acero.

�C O N T R A P U N T O

TRES N O T A S
(Viene de la pág. 7.)

se sugiera de otros aspectos del es­
píritu humano, podrá enriquecer
la obra o empequeñecerla, pero
constituyen de todos modos, va­
lores accesorios a la finalidad pro­
pia de la obra, que es la de ser
bella.
II. A rte abstracto.
A form a, dicen que esencia de
lo bello, jamás se da pura.
Siempre se viste con algo concre­
to. Forma y contenido, form a y
materia, son indisolubles. Por más
que luchemos por construir una
form a pura, no podremos hacer­
la sino con nuestras manos ama­
sando materia. ¿Pero, de dónde se
desprende que ciertos elementos
concretos, com o la línea o el co­
lor o las figuras geométricas sean
más puras que otros, si todo es
impuro desde su origen?
El número, el triángulo, las fa­
mosas ideas "universales” tampoco
pueden renegar de su origen m a­
terial. N ada concreto o material
se presenta sin form a y ninguna
form a sin concreción.

INTRODUCCION AL MUNDO MINERAL
por

H

mosa.
D e ahí a invocar el arte abs­
tracto como el arte más puro o
único, es reincidir en el supuesto

mente armónica. Ramponi ha hablado del
arte, del sentido de todo arte verdadero,
de su propio sufrimiento y de su impla­
cable contracción a una verdad cabal, y
hemos descubierto con alegría que su poe­
sía es asimismo su vida ,o dicho con pa­
labras de Rilke, para él "el arte no es más
que una manera de vivir” .
Hay así una lúcida desesperación en
su poesía; hay una pasión llevada a los
límites del cilicio y de la descarnación.
"Piedra Infinita” es la historia de su sen­
sibilidad paso a paso. En esa historia se
vuelca al más definitivo lenguaje poético
una sensibilidad que contiene su horror,
su locura, su amor, su rabia, sus lágrimas
y su euforia hacia ese ente de eternidad
que es la piedra. Asistimos en el decurso
del poema a la lucha sin igual del hom­
bre embistiendo el recóndito mineral con
su sangre y su carne perecederas. Una
crueldad, una inmensa crueldad y un
llanto sin esperanza de mitigación tras­
cienden de esta agonía por conquistar el
mundo secreto, la voz nunca oída de esa
quietud sin carnadura de la roca. Al prin­
cipio, es una vez cósmica que asciende
en un lento tono grave:

BG

R A M P O N I ,

La voz sigue siendo un sordo monólogo, aglutinado de imágenes casi palpables
por su realidad, brotando a cada verso
presencias que bien se comprende que son
las últimas presencias de cada cosa, su postrer avatar.
Todo el poema será el relato minucioso
de una marcha a través de la mole im­
placable. El atraviesa su materia de éx­
tasis con éxtasis (por eso su verbo trans­
grede todo mero realismo objetivo y ex­
presa una metafísica), se deshace en in­
humanidad ante su quieto cuerpo inhu­
mano, y se torna de pronto una caliente
sustancia mortal cuando ya su piel sus

huesos y su sangre han habitado su "ca­
racol profundo” , cuando ha franqueado
ya sus "márgenes de espanto” .
Pero a la piedra hay que afrontarla
desde algún ángulo secreto, adivinar su
vínculo borrado con el hombre. Piedra
y sangre: he aquí la definitiva antinomia.
Mas sin embargo, la criatura humana está
también contenida en esa masa de grani­
to porque ésta informa su paisaje total.
Hombre de la tierra, hombre de la llanura
y de la selva, nuestro hombre siente tam­
bién gravitar en la densidad de sus hue­
sos el mismo mármol de la montaña que
lo observa desde un tiempo infinito:

Acaso algo terrible habitó su caracol profundo,
de esperar, siglo a siglo, la valva cerró por intemperie.
Caída al fondo de ese abismo palpable en sus márgenes
de espanto,
— avida espalda yerta, féretro de lo estéril,
ecuador de lo triste,
no es r.i desdén: ignora redonda en su materia sorda,
íntegra nada nunca.
Geometría en rigor, sola en su límite,
ceñida cantidad, estricto espacio,
asignatura ciega, pieza hermética,
contrita y sin piedad, armada en temple,
cuadrada en su sostén, compacto término,
duro numen del número,
sin pórtico al sueño ni a la lágrima.
Si absorbe no incorpora, ajena al vello de los liqúenes.
El fuego no es su dádiva, es ardiente
secreto que el hombre le inventó buscándose.
Sentid: ni ruda música primaria,
cajón sordo, yunque seco, ataúd del sonido.

tivo.

El tono de esa voz cósmica va adquiriendo altura, se va haciendo grito que
presagia en su paulatina y futura gravidez el alarido sin término de la desespe-

idea de triángulo que se ha ela­
borado en base a innumerables co­

ración por arrancarle a la piedra su sí laba, su interjección de ultramundo. A cómete su milenario origen y le adivina:

El Arbol es un pensamiento de la tierra,
bulle y fulge en la atmósfera con su rito de pájaros;
semáforo del alba sus veletas al viento,
escultura de pecho circular al paisaje.
El alma oral del agua tiembla en cuño verde, en cauce
de frescura,
su géiser hace fiestas a la sangre,
si echara a andar nos besaría en el corazón, labio por
grumo, hoja por hoja.

Y le antepone:
La piedra es un terror que fué un dolor remoto.

presenta otra cosa que a sí mismo,
porque a ninguno igual hemos
visto en la realidad; sin embargo
representa además a los innúme­

Figura geométrica y figura hu mana, en el arte, son creaciones
originales que no tienen par en la
naturaleza y sólo tienen un asi­
dero en la imaginación o referen­
cia a una idea.

Y

no

Aquí es, quizás, donde reside el pro­
fundo sentido del poema: esa incógnita
suprema, que carga muerte, del destino
humano ante este testigo inexplicable que
lo asedia con su honda raíz de tiempo.
Es la solicitada nostalgia de la eternidad
que hace desollar las manos del poeta en
ese tremendo aferrarse a las frías lápidas.
Sospecha su parentesco lejano, sospecha

Así transcurre este férvido himno, es­
ta monodia que va ascendiendo y se ensancha con ecos de bóveda. Se llega así
N o hay equidad
hombre de pobre
Nadie alcanza la
Nadie vuelve su

Atajos de masacre
con ur. crimen remoto.
Eormas de orden sin término
y fractura furiosa,
terraza de agria escama,
y arrecifes de herrumbre,
lívidos holocaustos,
goznes de acetileno,
escafandras de hollín y cobre púrpura.

sas de forma triangular.
Tam bién este esperpento no re­

¿Qué diferencia sustancial que­
da entonces entre arte figurativo
y no figurativo?

que son formas vivas en las que el hom­
bre ausculta su propio crecimiento. Pe­
ro es en vano:

la invisible y seca arteria por donde se
unen — hombre y piedra— en quién sabe
qué suerte de transferencias de polvo, de
esqueletos, de cenizas ya perpetuadas en
la roca. Ramponi exige al mineral su co­
munidad de transitados días en el tiempo
incalculable. Le reclama la devolución de
su parte de muerte y de innumerables vi­
das hechas polvo:

(La piedra acosa al hombre,
lo asedian sus espectros,
por el reverso de la sangre suelta sus meteoros frios,
en campos de vigilia fulge su heráldica siniestra,
empuña su perfil de crimen, verdugo de los sueños.
De espaldas entre lo opaco inútil por translúcido,
el corazón en cruz por un sollozo,
despierto, náufrago fugitivo de una liturgia amarga,
desnudo hasta los huesos por un lívido lampo.
Oh lecho de cruel espejo estéril,
ras a ras de su intemperie seca,
— un cráneo bajo un cráneo, un fémur a lo largo de los
fémures—
tálamo y catafalco,
en nupcias con mi propia forma blanca yacente).

;JTAICE un partidario del arte no

ros esperpentos que hemos con­
templado o imaginado. Es decir,
que también aquí hay una idea
representada: la de esperpento.

Recurre a la forma casi humana del
paisaje que circunda al hombre para gol­
pearla en su dura cáscara. Concita el fres­
co verdor del vegetal y el fluir del agua

Lo que no participa ni aún asiste.
En vano la lluvia, a largas manos de caireles, busca
rcento en su omóplato,
en vano la vida quiere abrirle un hondo cáncer.

Y así, verso a verso, con un pleno su- tra en la enumeración adjetiva de la mafrimiento a flor de sangre, Ramponi en- teria, nombrándola para siempre:
v
'
'
I

III. A rte figurativo y no figura­

: representa otra cosa que a sí mis­
m o, no imita nada. Añadimos
nosotros: también representa a la

H e r e d i a

Y es, precisamente:
Piedra es piedra:
aleación de soledad, espacio y tiempo,
ya magnitud, inmemorial olvido.
El hombre quiere amar la piedra, su estruendo de piel
áspera: lo rebate su sangre.
Pero algo suyo adora la perfección inerte.

¡■ítos empleados.

m r * * figurativo: Este triángulo no

por

rangrí.

de la existencia real de formas pu­
ras o de elementos puros, que,
desde la perspectiva dialéctica m a­
terialista, constituye un supuesto
dé*'meras ideas sin cuerpo, fantas­
mas ideales.
D e factores personales, ciencia
y talento, y callando los factores
| exteriores, dependerá la creación
de la gran obra de arte. Podrá
surgir tanto en el grupo que sus­
tenta la tendencia abstracta o en
la que insiste en lo figurativo. La
jerarquía no dependerá, de cual­
quier manera, de la simplicidad
o de la complejidad de los elemen-

Lafleur

Porque compacta sombra,
o soledad,
perpetua soledad a plcmo,
témpano de silencio,
rígido limbo y piedra,
tienen la misma réplica, oh cóncavo nefasto igual
ecuación fría,
responden con un eco de amargo símbolo en la

El arte abstracto es simplemen­

saberse apto para crear, es la gran
conquista que se debe regalar a
la humanidad y que se basta para
estimular a la escuela del arte abs­
tracto. Es obra suficiente y her­

Re ne

ACE unos meses el poeta Jorge
Enrique Ramponi nos visitó
en Buenos Aires. Teníamos de
él hasta ese momento sólo el
conocimiento de su profunda
poesía que nos llegaba desde su tierra de
Mendoza. Circulando en restringida edi­
ción, su poema "Piedra Infinita” era del
dominio de no muchos. El autor de "Pul­
so del Clima” , en la plenitud de su ex­
presión — casi diría en el paroxismo, pues
sólo paroxismos de lúcida desesperación
palpitan en el fondo tremendo de su can­
to— , nos entrega en esta obra la más de­
finitiva proeza de su espíritu. Algo nue­
vo, por encima de la hazaña ver­
bal y más allá de todo valor estéti­
co nos asombra frente a este monu­
mental poema; si la poesía es ,en esencia,
transfiguración ,ahí está íntegro como
nadie el poeta compartiendo la compacta
materia de su canto, disuelto en la pa­
vorosa nada que es el mineral que él tro­
pelía para llegar hasta su inerte corazón.
Conocíamos su obra poética,; luego he­
mos sentido próxima su presencia huma­
na, y su presencia y su poesía revelaron
constituir una estructura única sólida­

te aquél que opera con los ele­
mentos materiales más simples. En
consecuencia el arte abstracto po­
drá tener un enorme valor propedéutico y otro valor, más encomiable aún, de permitir a cual­
quier ser humano la posibilidad
de la creación de obras de arte.
La dignificación que supone el

Héctor

a ese paroxismo de que hablábamos al co­
mienzo, donde la tensión rebasa todo lí­
mite.

corpórea,
tierra alzada en alarido.
piedra.
núclo pulpa viva.

N o lo coca una vara de llanto caída en la Intemperie.
Nadie conoce el sésamo ardiente que abra el témpano.

Y luego, en un magnífico salto lírico,
regresa de pronto al mundo de formas

hallaremos

diferencia

fundam ental, salvo que aceptemos
la existencia ideal del triángulo.
Entonces el arte abstracto sería el
arte representativo
puras.

de las ideas

cálidas de lo humano, como un consuelo
fundamental:

Pero el agua distribuye su magia.
Rápidos cubiletes vuelcan su azar perenne,
números bailarines por declives de danza hasta lo innúmero
súbitos sortilegios encinta de primicias.
Juegos de hembras,
fugaces biseles de muchachas,
el augurio de carnales magnolias siempre en fase de vísperas
la promesa de ebrias lunas de nalgas, a deriva por rápido menguante.

Y, finalmente, después del áspero tur­
bión de esa aventura metafísica, el poeta

le impreca su verdad, su injuria noble de
lágrimas:

�CONTRAPUNTO
OR el Meló ya había pasado esa
nube blanca que correspon de
a cuando han sido ven d id as todas
las aves, enteras o descuartizadas,
en los puestos de aves del m e r c a d o ;
se había d esvan ecid o, asimismo, esa
otra nubeeilla que corresp on d e a
cu a n d o hasta los 'm enudillos, con
sus d esp erd icios tornasoles, han si­
d o tam bién despachados. Era una
rauda y a la vez vidriad a mañana.
A h ora, en el in terior de la enor­
me barraca se desataba el caos sang in olen to, los ríos retorcid os de
ca b os de rem olachas. D alias de o to ­
ñ o con el peso de sus innum erables
párpados cansados, y rem olachas.
M aría, ia sirvienta, a n d u vo un
b u en rato p or ahí, sin m ezclarse,
sin olisquear, sin m irar a las m u je­
ronas, a las trasnochadas,
a esas
que p arecen ir y ven ir com o em bria­
gadas p o r la cod icia de haber
en con trad o algo valioso entre los
rieles húm edos, a m edio hetrum bar,
que surgen aquí y allá para traspo­
n e r los flotantes deshechos, las canatas, las h oja s negras. La mañana
pasaba. P ero tem prano, o tal vez du ­
rante el descanso n octurno, María
había visto un rostro. Pensaba en
esto sin prisa. E lla era una sirvien­
ta v ieja que no había sucum bido,
sólo que para Continuar siéndolo,
le tocaba estar, cada tanto en tan­
to, entre gan tes diferentes, entre
paredes diferentes. Tam bién él por
vivir — pensó— se hubiera com ido
las paredes. Sí, hubiera com ido una
pared de cal p or vivir. Y la vieja
sirvienta volvía a ver al caballero
sentado fren te a su mesa, apartada
de la de ios niños, y obligándoles
desde la suya, a que ellos m astica­
sen tam bién, com o estaba haciéndolo
él, treinta y siete veces un bocado
de b a n a n a ; y los niños, que ya se
lo habían tragado, le mentían can­
dorosos e hipócritas, m oviendo trein ­
ta y siete veces la boca vacía y ya
nn p o co hastiada.

P

E n aquella casa se entraba y se
salía a toda hora, de m adrugada, de
tarde, de n o c h e ; se deshacían equi­
pajes, se im provisaban convites, y
aun cuando lo natural hubiera sido
declarar que esto a la larga term ina­
ba p o r ser únicam ente fatigoso, ella
n o llegó a d ecirlo nunca. Sólo se
trataba de que era una casa no ma­
durada, una fam ilia en desordenada
form ación . La sutil m aquinaria es­
taba oculta en la penum bra de una
de las habitaciones donde en el res­
p aldo de madera del ancho lecho
se acentuaba, día a día, una ton a­
lid a d m ás carnal, '.mas p rofu n d a ,
más doliente. Desde allí partía, si­

(Viene de la pág-, 3.)
fin, la comisión intergremial (en la cual
es curioso consignar la ausencia de “ so­
cios técnicos” de la SADE) el nue­
vo organismo, nacido únicamente para
“ estudiar las reformas que requiere la
ley 11.723” se entregó a la insólita ta­
rea de alabar el régimen legal en dis­
cusión y de gestionar con premura, en
todas las provincias, decretos reglamen­
tarios que facilitaran la acción policial
de las entidades de autores. Hizo algo
más: a mediados de ese año presentó
un nota al Ministro de Justicia e Ins­
trucción Pública, pidiendo la reforma
de la reglamentación de la ley 11.723
( “ Boletín” N9 16, septiembre de 1938,
pág. 4). La comisión intergremial sigue
en ejercicio, per0 no ha cumplido aún
su misión. No seremos demasiado pru­
dentes al pensar que los tres proyectos
que el Congreso de 1936 entregó a la
custodia y examen de la comisión inter­
gremial, deben considerarse definitiva­
mente naufragados.
Mientras tanto, en e| 119 Congreso de
Escritores, reunido en Córdoba en oc­
tubre de 1939, volvió a tratarse la cues­
tión, y se resolvió pedir a la SADE la
“ constitución de una comisión especial
que estudie las reformas a la ley 11.723,
de propiedad intelectual, con e| apoyo
de los gremios afines” . ( “ Segundo Con­
greso, discursos y resoluciones” , pág.
42, Buenos Aires, 1940). La SADE d.ó
cumplimiento a lo resuelto, así que mien­
tras seguía reunida la comisión intergre.
mial proveniente del Congreso de 1936,
apareció una nueva comisión especial
(“ Boletín” , N9 19, marzo de 1940, pág.

Pág. 5

LA MUERTE EN EL MERCADO
lenciosam ente, la exaltación, la inte­
gración, el núcleo form al que agru­
paba las personales tías, los sesenta
prim os, las concuñadas, los repelía,
los tornaba a con gregar. A unque
inusitado, resultaba bastante melan­
cólico — para una sirvienta— el com ­
prenderlo.
Era una parentela enervante. Pa­
recía que no había, para las mujeres

por Luisa Sofovich
pareja de primos, la sobrina peli­
rro ja m edio pupila en un colegio
— trataba de salir— como de un pan­
tano— de su excesiva inocencia, se
la mandaba llamar al aposento del

te recompensada por el caballero que
tomaba ei frasco de sus manos y
desaparecía con él en la som bra de
su gran habitación donde estaba a
prueba la esperanza.
Cierto día, siempre hacia el ano­
checer, la sirvienta entregó la última
pálida panacea (no, n o ; ya por esa
época se habían desengañado todos,
en aquella casa, acerca de esa agua)

ILUSTRO RAUL LOZZA

que la com ponían, más que un gorro
de piel de topo, un solitario lindo
m onedero que ambulaban de una a
o tr a ; y para los hombres, un único
reloj de oro (y era que sobre todos
ellos, sólo im peraba el que de noche
y de día no alentaba más que para
v iv ir). En cuanto a los niños, se
les dejaba intactos en su limbo, com o
si con ello se pudiese contrarrestar
el otro lado, inclinado hacia lo fatal,
de la casa Y cuando se entreveía
que ya alguno de entre ellos — una

que, al cabo de un rato largo, salía
más cándida aún, envarado de pu ­
reza, atado de pies y manos.
Después, vino a la memoria de la
vieja m ujer el día en que el señor,
p or vivir, había com enzado a com ­
prar unos frascos, que anunciaban
en los periódicos, llenos de un agua
mansa y con una etiqueta con una
orla de raíces amarillas. Durante
toda una temporada ella había ido
por las botellas, costosas e inocuas,
siendo, de vuelta, gentil, feudalm en­

y se marchó. Sí, — rememora— re­
cuerdo que se me ocurrió dejarla,
y antes del oscurecer les planté y
me fui.
El tiempo pasa. Fosas de remola­
chas se hunden, moradas y du'zonas,
desaparecen o se elevan en m ontícu­
los, o se deslizan com o arroyos des­
teñidos que nunca anegarán el frío
pavimento. El aíre, por sobre el gran
ámbito atiborrado de cosas inertes,
de laurel seco, de carneros que se

REFERENCIA A G R A N D E S PRO BLEM AS
6). N0 sabemos que el nuevo organismo
h a y a cumplido tampoco su cometido:
En este sentido, hay una tradición ine­
xorable.
Quienes se interesan por mejorar el
régimen legal de los derechos intelec­
tuales — vinculados a la recaudación de
los “ derechos de autor”— saben que
poco puede ya esperarse de tantas
coincidentes dilaciones. La salida está
por otro lado. Es lo que se comprue­
ba en el proyecto del doctor García,
cuya autoridad de jurista y de técnico
en la materia es bien notoria.
Los decretos reglamentarios de la ley
11. 723 dictados hasta hoy — dice Gar­
cía— sólo contemplan el aspecto admi­
nistrativo y mecártco de aplicación de
la ley, organizando el Registro y regla­
mentando las formalidades de inscrip­
ción de las obras literarias y artísticas,
“ pero no previeron una serie de activi­
dades íntimamente Vinculadas al régi­
men de la ley 11.723, cuya falta de ajus­
te y reglamentación ha producido y
continúa produciendo perjuicios irrepa­
rables precisamente a las personas que
la ley quiso amparar de manera expre­
sa” . Una de esas actividades se relacio­
na nada menos que “ con el manejo y
distribución de los fondos que perciben
las sociedades de autores por permitir
el uso, la representación, la ejecución,
etc. de las obras de sus asociados. En
este aspecto del problema — añade— , la
anarquía y el desorden es considerable,
porque tío existe un procedimiento co­
nocido y suficientemente controlado pa­

ra la percepción y distribución de esos
fondos. Cada sociedad de autores recau­
da p o r a ñ o más de $ 2.000.000” . Ello
demuestra ‘-‘ la necesidad de reglamen­
tar nuevamente la ley 11.723, no en su
aspecto burocrático, sino en su aspecto
funcional frente a los autores y a aque­
llos que reproducen las obras de éstos” .
En seguida pasa revista a las asocia­
ciones gremiales de autores existentes
en el país, y que han asumido — ante el
silencio de la ley— la delicada función
de recaudar derechos, para revelarnos
lo siguiente:
“ Sólo una mínima par­
te de los productores intelectuales de
cada género pertenece a la respecti­
va
Sociedad.
En el
país existen
unos quince mil autores y compositores
de música; sin embargo la s o c i e d a d
respectiva no tiene más de tres mU so­
cios. La proporción es mucho mayor con
respecto a los escritores en general y
un poco menor con respecto a los au­
tores de obras teatrales. ¿A qué se de­
be esta situación? A la falta de una
severa y prolija reglamentación oficial
que no permita ni tolere la constitución,
e| manejo y el funcionamiento capricho­
so y arbitrario de dichas sociedades y
que asegure la entrada a las mismas a
todos los autores de su género” . (Es
j u s t o consignar, como lo hace García
expresamente, que la Sociedad Argen­
tina de Escritores n0 está incluida entre
estas entidades” ).
Diremos, por nuestra p a r t e , que el
control oficial de las entidades gremia­

les no es novedad en otros países. En
Uruguay, Alemania, Austria, Canadá,
España, Holanda, Rumania, Bohemia y
Moravia, Yugoeslavia, Dinamarca, Dantzig y Japón, existen leyes y decretos
por los cuales se reglamentan y fisca­
lizan la percepción y distribución de los
“ derechos de autor” . En Italia, el Esta­
do, por medio de un organismo especial,
cumple las t a r e a s de recaudación en
forma exclusiva (“ Droit d’Auteur” , Ber­
na, julio y septiembre de 1939). Y con­
viene tener presente, como lo destaca
el órgano de la Unión de Berna, que
“ el movimiento legislativo que tiende a
reglamentar de una manera más o me­
nos estricta la actividad de las socie­
dades de percepción, es un fenómeno in­
dependiente de la forma de gobierno de
los Estados” .
Las cifras que presenta el doctor Gar­
cía para reforzar su tesis nos lleva a
las comprobaciones más alarmantes:
así, por ejemplo, sabemos que los mú­
sicos asociados perciben sólo ef 43,76
por ciento de sus derechos; que por los
discos cobran apenas el 2 % ; que hay
editoriales que no pagan derechos a
los escritores o que les abonan sumas
inferiores al 10 % de la participación
sobre sus obras. “ De aquí — agrega— la
necesidad y la conveniencia de contem­
plar la posibilidad de adoptar un nue.
vo procedimiento para asegurar eficaz­
mente a los autores e| respeto de sus
derechos y el just0 cobro de lo que les
corresponda por la reproducción de sus
obras” .

balancean, se tienden tiva ces me­
ridianos: son las falsas buenas n oti­
cias, las pequeñas estafas instantá­
neamente fraguadas, los hurtos im­
perceptibles de nísperos o de cabezas
de ajo con su boca de pelam bre am bi­
gua y volandera. M aría es ahora
una de las tantas sirvientas que se
disponen a irse con sus cestas, o
sus capachos de hule, bien p rovis­
tos, que abandonan el m ercado.
M aría ya ha salido a la luz des­
pejada de afuera, observa a los la­
dos, da unos pasos y de pren to se
detiene, paralizada, m ientras sus
ojos bizquean com o nunca m irando
a alguien que viene p or el extrem o
opuesto do la calle.
Era una jovencita. A m edida que
ésta se acerca, aumenta la estupe­
facción do la m ujer. Sus torcidos
ojos no logran enderezarse mien­
tras gim otea y murmura palabras
oscuras. Uu mundo, una fam ilia ol­
vidada avanza hacia ella. De rep en ­
te, abrumada, deja la cesta en el
suelo com o si ya no diese má« com o
si desde este momento renunciase
para siempre a seguir sirviendo más
a nadie, puesto que en este mismo
momento acaba de m edir todo el
tiempo, los tardos años, que ya no
com pra carne, ni berenjenas, ni esas
roscas anisadas (que tanto gusta­
ban a los niños) para aquel mundo,
para aquella fam ilia de la que una
inesperada partícula, que ha crecido
y cobrado sobremanera expresión,
está viniendo a su encuentro pol­
la radiante acera. Lentam ente se
aproxim a. Y a se encuentra ahí, ya,
niña demacrada, está frente a ella.
Y la m ujer rompe a sollozar. C on fu ­
samente, com o una pobre sirvienta,
quisiera llorar más alto, insistir, es­
trujarse las manos, que gruesas lá­
grimas lilas recorran sus viejos p ó ­
m ulos; acaso intentan que las gen4
tes desinteresadas se detengan, re- J k
pentinas, a su alrededor. P ero
la chica con su antiguo dom inio so­
bre ella la toma del brazo — -No grites — le dije entonces ca-i
si con.dureza— . Esta noche t fo E va­
risto . . .
Pero la vieja desasiéndose de m í :
— Sí — me contestó— ya lo s ^ jL o
he soñado. Esta noche el señor E va­
risto ha m uerto de una hem orragia.
Y fué de este m odo com o cier­
ta mañana yo vi por vez primera,
sí, vi el verdadero, el fu g itiv o ros­
tro de la Muerte. Había salido p or
un instante para enseguida, rápi­
damente, volver a meterse b a jo la
húmeda t inmensa e?(parazóii del
Mercado.

Como conclusión final, García sostie­
ne que “ ante el fracaso de las socieda­
des de autores (se entiende que el fra­
caso es sólo respecto al sistema y la
eficacia para la recaudación de dere­
chos) y la comprobación reiterada de
que practican liquidaciones arbitrarias
de los fondos recaudados al a&gt;"
o de
la ley, corresponde intervenir
poder
público, para e v i t a r la repex &gt;n de
esos hechos y asegurar a cada autor el
pago del derecho que legítimamente le
corresponde por la reproducción de sus
obras” . La forma práctica de esa inter­
vención es la creación de un organismo
mixto, la ADMINISTRACION NACIO­
NAL DE LOS DERECHOS DE AUTOR,
compuesto de un representante del go­
bierno y representantes de las socieda­
des de autores, con la finalidad de re­
caudar y distribuir los “ derechos de
autor” . Las entidades gremiales segui­
rían cumpliendo sus altos fines de re­
presentación, mutualismo, etc. El pro­
yecto García establece que los auto­
res no podrán percibir menos del 80 %
de sus derechos (el 90 % en el caso de
representaciones teatrales), debiéndose
cubHIr con la diferencia el costo de la
Administración Nacional, que así no
gravitaría en el presupuesto de la Na­
ción. Esta oficina liquidaría las sumas
percibidas a todo autor, socio o no so­
cio de las entidades gremiales, de acuer­
do con los aranceles a f.jarse.
El nuevo organismo podrá recaudar
doce millones de pesos y beneficiar a
veinte mil autores. He aqui los antece­
dentes del problema; he aqui también
la solución.

�o

Pág.

6

C O N T R A P U N T O

ES

II

T R I S T E
P or
ARTURO

P

H O R A C IO

G H ID A

S triste

- L ' y no poder ser tigre o ratón o caballo,

Tres

sonetos
paisaje

a

un

lejano

Es triste
que las sangres del varón y la hembra

Por

M I G U E L

D.

A

Con la espalda apoyada en una planta
allá quiero morir mirando el cielo,
que si mi sangre corre en ese suelo
en sauce o en acacia se levanta.

haber nacido hom bre
y mirar esta tierra envejecida
por un hum o de números mentales
y ciudades pálidamente blancas.

SI como el jilguero cuando canta
eleva la dulzura con el vuelo,
el íntimo recuerdo y el anhelo
me suben desde el pecho a la garganta.

E T C H E B A R N E

vivan sin encontrarse con la fuerza inocente
que desnuda a los frutos en el sol,
porque entre lo profundo de dos cuerpos,

Esta tristeza que lo rememora
es la única forma de tenerlo
en la misma tristeza que lo llora.
Porque el día que vuelva a merecerlo
ha de ser al final, cuando la hora
sea de recobrarlo y de perderlo.

entre dos besos de distinto polen,
entre sagradas piernas que se nombran y alumbran

III

I

se levantan paredes cenicientas
y señores de herrumbre y catecismo
y muchos,
muchos fantasmas de hueso moral.
Es triste
oír palabras y decirlas,
sin aullar minea, sin entenderse a sueños,
a relámpagos,
a esplendores de aurora jubilosa,
en un mundo directo, claro, alegre,
donde crezcan las risas en la hierba
y cada corazón guarde un cerezo
y una flor y una cinta.
Es triste
no saber ya cantar com o los pájaros
que saludan la luz del nuevo día,
porque la v o z está vieja por dentro,

L recuerdo que tengo ya no alcanza
para evocar el cielo y la llanura,
se me perdieron forma y hermosura
lo mismo que la dicha y la esperanza.

L-JOR la ruta del cielo que se asoma
"** con su color más plácido y lozano,
lo recupero en tiempo y en aroma
como antes en los meses de verano.

E

Con emoción de monte y de paloma
lo siento tan agreste y tan cercano,
como el gusto del agua que se toma
al borde del arroyo con la mano.

La nostalgia me queda, la alabanza
al torno y al hornero, la frescura
del arroyo ligero y la negrura
del monte recostado en lontananza.

Quién sabe que será de aquella estancia
en el partido de la Magdalena:
campo quebrado y mar a la distancia.
Aparejando el gozo con la pena,
allá quedó el recuerdo de la infancia
perfumado de malva y yerbabuena.

La devoción que ahora se merece
no encuentra voz ni nombre semejante
a su verdor y al aire que lo mece.
Pero tiene mi sangre palpitante
frente al paisaje que desaparece
y tiempo triste para que le cante.

y. todo, todo tiene
el orden funeral que da el orgtillo:
están viejas las manos de los niños,

)

las nubes, las edades de la m uerte,
las trenzas de la joven que levanta
hacia la eternidad sus pechos blancos,
nacen viejas las flores
y hasta los animales nacen viejos.

i

'•t

Es triste respirar cosas gastadas.
Es m u y triste,
creédm elo,
m u y triste.

C an c i o n
P or
JU AN

P

O R la mar celeste,

bajo estrella de oro
comanda m i niño
su barquito rojo.

Grum ete de cielos
en m i bergantín.
Eh, de la estrellita!
Y a pueden abrir.

I

Afianza en la tierra
su pie navegante.
A l pie de la cuna
sonríe la madre.
Por el prado verde
va el asnito gris,
la vaquita overa

G.

FERREYRA

BASSO

Viene el enanito
de calza y jubón.
Viene el enanito,
barba y vozarrón.

La luna se olvida
que es luna y se va
en mitad del día
a verlos pasar.
(Alas musicales
marcan el com p á s).
U na rama nueva

llega, y su pastor.
Y llega la rosa

me ha brotado a m í.
Y el dolor no tiene
principio ni fin.

con su picaflor.

LITERARIO

. PREMIO
I M P R E N T A LOPEZ
CON

EL
DE

Todos de m i niño
que los va a seguir
— jinete celeste—
sobre un colibrí

y el sol bailarín.
La ovejita blanca

CONCURSO

SOCIEDAD
DE

AUSPICIO
LA

AR G EN TIN A

ESCRITORES

Premios: Primer premio, $ 1.000.— m/'n.; Segundo premio, $ 500.__
m/nacional. Además la Imprenta López imprimirá por su cuenta
bajo la dirección artística del pintor Attilio Rossi, las dos obras
premiadas, las que llevarán el sello de la Editorial Losada, S. A., la
cual se hará cargo de la distribución y administración de las mismas.
El importe bruto de la venta se repartirá en la siguiente forma:
20 % para el autor; 20 % para la Sociedad Argentina de Escritores,
fondo que destinará a obras de beneficio social para el escritor; y el
60 % restante para descuento a los libreros, gastos de distribución
y propaganda de las obras.

Del libro El Niño, que aparecerá pró­
Rojo apresurado,
verde pastoril,

PUNTO, con doce fotografías de Au­

lumbre de naranjas,
rosado feliz.

gusto I. Vallmitjana y un dibujo de Raúl
Lozza.

ximamente bajo el signo de C O N T R A ­

Las bases de este Concurso pueden solicitarse en la Imprenta López,
Perú 666, Buenos Aires y Sociedad Argentina de Escritores, Santa
Fe 1243, Buenos Aires.

�TIERRAS DE LA MEMORIA
4'
Anticipamos este fragmento de una nota inédita del escritor uruguayo Felisberto Hernández, de guien ya lieynos co­
nocido en nuestro medio sus dos libros
anteriores: •'Por los tiempos de Clemente
Colling” y “El caballo perdido’’, relatos
de carácter novelístico.

quella noche en M endoza yo
debo haber abandonado la
cara de nuestro je fe cuando
llegaron las muchachas de
la casa. También venía la recitado­
r a ; pero con un vestido de tercio­
pelo color vino claro. Y a las bote­
llas de la mesa habían perdido su
color oscuro y sus cuerpos de vidrio
— de un verde discreto— tenían cier­
ta humillación de viudas desnudas.
En el instante en que las mucha­
chas entraron, parecía que ellas tra­
jeran un p oco del fresco y de la os­
curidad de la noche. En todos nos­
otros se p rod u jo alguna agitación.
La recitadora, al recibir de pronto
la atención de tantos muchachos, to­
mó una actitud majestuosa y pre­
paró todo su cuerpo com o para ser
visto, según alguna idea que ella
tendría de sí misma. Las muchachas
me saludaron desde lejos y en su
actitud cariñosa parecían estar so­
breentendidos los acontecimientos
de la ta rd e; una me hizo adiós con
la mano y aprovechó el movimiento
de los dedos para aludir al piano.
La recitadora, viendo que las demás
saludaban miró hacia mí y me hizo
un lento movimiento de cabeza, co­
mo si las hubiera concedido a‘ las
muchachas la gracia de adherirse a
sus espontaneidades. A lgunos mu­
chachos fueron hacia las recién lle­
gadas y todas las cosas se mezclaron
de nuevo,- las botellas volvieron a
sorprender con sus colores oscuros
y los muchachos volvieron a reunir­
se en gru pos; pero ahora las cartas
de cada grupo habían quedado com ­
binadas de manera tan distinta como
los dados en otra tirada de cubilete.
De pronto vino hacia mí la gorda de
pelo corto y de aros de oro en las
orejas. En ese instante un scout
chileno también se acercaba hacia
mí y me ofrecía una cop a de v in o ; yo
inicié un m ovim iento con la mano
para indicarle que no bebería y en
ese momento mis dedos tropezaron
con la c o p a ; él hizo un ju ego con las
dos manos para barajarla; la copa
iba perdiendo el líquido pero pare­
cía que se salvaría. Sin embargo al
fin se cayó. Mientras yo pedía dis­
culpas, llamaban de otro lado a la
gorda de los aros. Mi compañero
— el otro cetrino— se acercó a mi
oído y me d i jo : “ La gorda se cortó
el pelo porque tenía p iojos” .
A l rato empezó a cambiar de
nuevo todo el ju ego de las caras:
se daban vuelta, mostraban la nuca
y se am ontonaban en un ángulo
del patio. La recitadora estaba en
actitud de esperar que se reunie­
ran en su alma las palabras de un
poema. Se hizo bastante silencio y
el cuerpo de ella estaba inm óvil.
Después empezaron a moverse so­
lamente sus labios y le salía una
voz tan tenue que me hizo pensar
en la flauta de un encantador de
serpientes. Ella tenía los ojos fijos
en un lugar del espacio y allí vería
desenroscarse el poema. Y o me di
cuenta que podía mirarla impune­
mente y me acerqué todo lo que
pude. Su cara era m uy distinta a
la de nuestro jefe. Las partes de la
cara de la recitadora no parecían ha­
berse reunido espontáneamente: ha­
bían sido acomodadas con la volun­
tad de una persona que tranquila­
mente com pra lo m ejor en distintas
casas y después reúne y acomoda
todo con gusto y sin olvidarse de
nada: allí estaba todo lo necesario
para una cara. En la casa de los
ojos había elegido un par grande,
de color azul y se había fija d o bien
si su mecanismo
estaba p e r fe c to :
con seguridad que los habría pro­
bado dándolos vuelta para todos la­
d o s ; en la casa de las bocas se ha­
bía elegido una de un tamaño regu­
lar, pero cómoda, y con labios de
un ro jo bastante abultado.
Como
era recitadora, aquí habría puesto
el máximo cu idado: debía emitir

A

L

Por
Felisberto Hernández
palabras claras a gran velocidad,
palabras lentas en tonos velados, y
debía tener gran facilidad de ma­
niobra.
Realmente, su arma más
eficaz era la boca. En un instante
en que yo observaba su estrategia
combinada — que era cuando iba ele­
vando los brazos, entornando los ojos
y deteniendo las palabras en los la­
bios—- mis ojos se habían quedado
en su boca. A l mismo tiempo que ca­
si había 'cerrado del todo el escape
de la voz, el labio superior había
hecho una onda hacia un lado de
la boca y expresaba la angustia de
un escepticismo romántico. En los
últimos estertores del poema, daba
vuelta los ojos hacia el cielo y los
párpados movían lentamente las
pestañas como esclavos abanicando
a un raja. E n las últimas palabras,
el labio superior subía y bajaba con
la lentitud de un telón a l.fin a l de
un espectáculo. A l mismo tiempo
que el borde de los labios rozaba
los dientes, parecía que ella gusta­
ra caramelos amorosos, y en todo
aquello y o sentía la posibilidad de
un placer más delicado que el de
los vinos y las empanadas de la
mesa. De pronto, en medio de uno
de los poemas, ella empezó a dar
pasos de un lado para otro. Como
era muy alta y los pasos eran más
bien largos, tuvimos
que hacerle
más espacio. Y o, en vez de correrme
más atrás aproveché la confusión
para colocarm e más adelante. Ella,
para ir de un lado al otro, no siem­
pre daba vueita el cuerpo y cami­
naba de fren te: hacía algunos pa­
sos de costado y sus piernas pare­
cían un compás que se abría y se
cerraba. Yo había dejado de aten­
der su boca y sus palabras.
Sus
pasos eran un acontecimiento extra­
ño, no sólo por el hecho de caminar
así en medio de un poema, sino p or­
que ponía en movimiento dimensio­
nes y volúmenes
desacostumbra­
dos. En el paño eneorpado de aquel
vestido se veía ondular un oleaje
color v in o ; y esas ondas eran len­
tas, aún en los instantes en que de
pronto subía la marea y sorprendía
la rotación de aquellos grandes v o ­

TRES

lúmenes. En un lado de la pollera
había una fila de botones; el olea­
je os hacía aparecer y desaparecer
como a los corchos de un aparejo.
A mis ojos se les ocurrió ir hasta
el otro extremo de ella y ver sus
brazos, que eran muy blancos y se
elevaban más allá de su ca b eza ;
mis ojos hicieron ese recorrido, co­
mo si hubieran ido desde el mar
hasta las nubes.
Después todos estábamos de nue­
vo alrededor de la mesa, donde el
vino era más oscuro que en el ves­
tido de la recitadora y donde las
empanadas abultaban sin p rovocar­
me apetito.
Hacía poco tiempo yo habia te­
nido que estudiar historia a ntigu a;
y aunque aprendí poco
— ni si­
quiera me alcanzó para salvar el
exámen— me habían quedado flo ­
tando lejanamente las figuras de
algunas diosas y los ritos de algu­
nas religiones. Ahora, mientras ha­
bía estado mirando a la recitadora,
aquellas nociones flotantes se ha­
bían acercado y habían traído re­
cuerdos de form as y proporciones
extrañas a mis ojos.
Cuando los
ojos se aburrían de estar inclinados
ante las palabras y las fechas de la
historia, trataban de evadirse hacia
las páginas donde había figuras.
A llí corrían p or todo el blanco del
papel, persiguiendo a las cándidas
líneas que rodeaban el cuerpo de
las diosas. Aunque en aquellos mo­
mentos y o hubiera olvidado las pa­
labras y las fechas de la historia.
A pesar de todo, el sentimiento era
claro y la imaginación trataba de
hendir el aire de un cielo lejano.
Las cosas y las personas eran de
una humanidad extraña y demasia­
do alejada de esta tierra del pre­
sente. H ice todo lo que pude por
acercarme a la vida de aquellas f i­
guras y allí encontré por primera
vez las raras proporciones y los pa­
sos de costado. Ahora, mientras yo
miraba a la recitadora, aquellas fi­
guras me habían devuelto la visita.
Primero ellas habrían cruzado al­
guna zona oscura del recuerdo, des­
pués habrían acercado al presente
su nave sigilosa y por último yo las
había visto alejarse de nuevo lle­
vándose aquel sentimiento mío que
era claro y de una humanidad ex­
traña.
Ahora la recitadora había
tomado esas mismas líneas y las ha-

PATIO CORDOBES

por

E L IA S

I. A rte.
I

A obra de arte manifiesta es-

•*—1 tar constituida por ciertos in­
gredientes cuya combinación q u í­
mica produce una sal: la belleza.
Las leyes de esta química las des­
conocemos, por ahora.
Colores y líneas, figuras reales
o geométricas, imágenes fantásti­
cas, palabras, volúmenes, etc.; la
calidad de los ingredientes es va­
riable, su medida más aún, pero
ío constante ,e invariable ves la
com binación. según determinada
ley. Si la conociéramos, nos sería
fácil dar la receta del arte de las
artes, pero, a falta de la ley, lo
que nos certifica de la existencia
de la sal, no es el conocimento de
las operaciones previas, sino la sal
misma: el resultado.
Opérese como se pueda y como
se quiera, con el material adecua­
do — los ingredientes esenciales de
cada arte— y el resultado dirá
por sí mismo de la bondad del
método.
U n muro se puede construir con
ladrillos y argamasa o con bloques
de piedra y sin cemento, o con un
único bloque de piedra.

bía llenado con toda la realidad que
encarnaba el presente; los espacios
blancos que antes yacían en el cuer­
po de las diosas, ahora habían sido
cargados con este eneorpado vesti­
do color vino, que forzaba la resis­
tencia y la elasticidad de los con­
tornos. Y en Jos lentos movimien­
tos que hacía la recitadora, no sólo
se confundían las líneas y se fo r ­
zaban sus lím ites: también se fo r ­
zaba su inocencia.
Era entonces
cuando yo levantaba los ojos y de
pronto ellos se encontraban en los
brazos blancos de la recitadora.
Noviembre de 1944, M ontevideo

Grabado de Clement Moreau

NOTAS
P IT E R B A R G

La obra de arte también puede
resultar de la combinación más
disparatada de elementos hetero­
géneos o de los pocos elementos
esenciales.
Si lo fundamental es la com bi­
nación según cierta ley de las par­
tes, la obra de arte será una
realidad, independientemente de
cualquier otra significación, sim­
bolismo o descripción que se ad­
hiera a sus elementos. Es arte por
cuanto se ha logrado el producto
de aquella combinación química.
Lo que consigo traigan adherido
los ingredientes, quitará o añadi­
rá valor accesorio, pero siempre
un valor extraño a la magia de
la combinación química esencial.
Apenas si podemos decir algo
de esta combinación. Con pru­
dencia nos atendremos a la defi­
nición de K ant, que considera a
la obra de arte com o un m undo,
en el que las relaciones de las par­
tes al todo es semejante a la re­
lación de las partes con el todo de
un organismo. Se cumple una f i ­
nalidad que, com o dicé K ant, na­
da tiene que ver con la finalidad
en el sentido humano.
La finalidad de la obra de arte
es ella misma: una estructura es­
pecífica que despierta un senti­
miento también específico.
La obra de arte en suma es un
mundo, una cosa m undo, peque­
ña o grande, que posee una fina­
lidad en sí misma y por sí misma,
con independencia de cualquier
otro valor o significación.
Dos o tres líneas, dos o tres pa­
labras pueden combinarse y dar­
nos belleza. Será difícil lograrlo
con tan escasos elementos, pero es
posible. Lo que se exprese o lo que
(Continúa en la pág. 4)

i

�Pag. 8

C O N T R A P U N T O

se le ofreció hace poco a Sa­
CUANDO
muel fcicneibaum un homenaje en
celebración do sus veinticinco años oe
teatro, se tuvo la sensación de que no
se. trataba de' una cena servida en torno
a un pretexto para la camaradería del
mantel, inofensiva costumbre, tan espa
ñola, a la que somos sumamente afectos.
En ese acto, sancionábase algo menos
convencional, y por lo mismo más ¡n
frecuento. Pocos homenajes, en verdad,
más merecidos que éste. Samuel Eiche1baum recibía efectivamente un testimo.
nio público y profesional no en nombre
de su privada persona, que én este ca­
so iba solamente implícita, sino de su
obra. Era la afirmación de lo más fun­
damental en la vida literaria de un hom
bre. Se- le decía, con seriedad, que sus
veinticinco años de teatro no habían si­
do varos. ¿Puede pensarse que en esta
cosa tan simple no hay mérito excesivo?
Reflexiónese en nuestra historia teatra..
y, por extensión, en la de nuestra cul­
tura nacional. Mírese con objetividad, sin
ese enceguecimiento patriotero que lo
único que consigue es hacer ineficaz t o .
da lucha superat:va aun desde un punto
de vis-a nacional, y se verá que nues­
tra tierra vive aún el momento en que
su único posible amanecer para la cu
tura del mundo, como nación — no en
casos aislados esporádicos— reside en
este simple y aparentemente trivial su­
ceso: que la vida de un artista o un es­
critor, no haya sino vana.
Pues como todo país joven, el nues­
tro sólo admite una actitud favorable al
desarrollo de su personalidad: la con.
ciencia lúcida de sus propios defectos. ¿Y
quién de, nosotros, en el fondo de' su colazón, no está dispuesto a reconocer en
nuestro mundo intelectual todos esos sig
nos inequívocos de adolescencia, de vaci­
lación valorativa, de ambigüedad con­
ceptual que lo forman, y, por lo tanto, que
nos forman?
Así, una de las cosas, quizás, que* de
hemos reconocer con toda claridad, en
torno nuestro y en nosotros mismos, es
esta especie de incapacidad para dar al
César lo que es del César, para hablar
de una cosa én lo que la cosa es, y no
idcmtif'cándola con lo que aceptamos o
rechazamos en ella. Quie'ro decir, esta
especie de miopía que consiste en no
ver, detrás de una obra re'alizada — nos
guste q no— la presencia irrefutable de
un escritor realizado, es decir, de un he.
cho consumado. Por el contrario, acepta­
mos, y nuestra admiración se desliza al
más excesivo y por lo tanto convencio­
nal de los elogios, o rechazamos, y la
censura se lleva por delante — ignorán­
dolo— al más respetable de los esfuer­
zos. El snobismmo, la afectación, la fuer­
za de las cosas artificiosas y todos los
defectos universales de la condición hu­
mana, se añaden a nuestra juventud pa
ra expresarse con su voz del modo más
virulento. Así, hemos reservado general­
mente la parte de nuestro habitual pro­
cedimiento crítico que consiste en abrir
la boca más de lo necesario ante lo eu
ropeo —como el adolescente con la mu­
jer de treinta años—, y aplicamos la
del desprecio ciego para lo nuestro. Bue.
no sería, en cambio, intentar un ele­
mental deseo de claridad y de justicia pa
ra nosotros mismos. ¿Impediría esto al
lector c. al crítico negar su apoyo a es
ta obra en nombre de los defectos que
dica encontrar en ella? De ningún modo.
Ni tampoco toda la pasión o el entusias
mo que crean necesario depositar en su
aceptación o su re'pulsa, toda la afecti­
vidad estimativa que surja de reales con.
tactos de afinidad esperada — esa eeperacla afinidad que subyace en todo in­
tento de indagación crítica como anhe­
losa de manifestarse. Pero sí impediría
que esas actitudes reposaran en el aire,
afirmándolas, por el contrario, sobre un
hecho real: la presencia irrefutable — o
no— del escritor en cuestión.
El caso, pues, en lo que respecta a la
literatura local, consiste quizá en que
deberíamos comenzar por el principio,
por ese discernimiento inicial —tan líen­
nos estamos dei mistificaciones— que po.
ne en claro la presencia de una obra
como tal, de un escritor que existe per
se como un hecho consumado. En llevar
a la práctica esos viejos lugares comu­
nes de la critica hasta hoy poco menos
que envueltos en las nebulosas de las
frases te'óricas: la prescindencia del hom
bre, la exclusiva atención de la obra, la
objetividad en lo que respecta al mate
ríaI cor. que se trabaja —ya que la autoobjetividad es harina de otro costal. La
clara roción, en suma, como materia ini
cial de análisis, de si se está en presen,
cia, o no, de una obra quei existe, con
sus virtudes y sus defectos, como tal:
de una obra que por el momento vive
por discutible que sea lo que se refiere
a su longevidad.
La sanción de este hecho auspicioso
es lo que iba implícita de modo visible
en el homenaje tributado a Samuel Eichelbaum. Era ella la que, sin duda, pro

vocaba esa sensación de cosa no cor.
vencional, de cita auténtica en torno al
esfuerzo de un hombre de letras. No
es tanta nuestra inmadurez como para
que este caso sea excepcional, y por el
contrario, su repetición en distintos ór­
denes de nuestra vida intelectual es la
que va configurando probablemente una
realidad más alentadora, aunque menos
ruidosa, en torno nuestro. En ese home­
naje, se pudo con toda justicia lamentar
el hecho de que' la obra de Eichelbaum
no tuviera un estudio exhaustivo y jus.
to, tal como ella, por su simple exis­
tencia. exigía. No es en verdad esta la­
guna la que llenaremos con nuestro tra­
bajo, pues razonéis de orden práctico,
entre ctras, hacen imposible encarar i3n
estudio tal sin haber visto antes repre­
sentadas al menos gran parte de las pie­
zas, cosa para la cual debimos haber
nacido diez años antes —y éso escapa a
nuestra responsabilidad (*). También,
porque ni siquiera hemos podido procu­
rarnos todos los libros, y debimos con­
tentarnos con unas once o doce obras edi
tadas en Buenos Aires. Pero las dificul­
tadas no fueron tan grandes como paia
impedirnos inte'ntar este estudio en ba
se a esas obras — por otra .parte las más
significativas— en el que desaríamos se
viera un intento de participar a la vez
de ese homenaje del mejor modo posi
bit': e¿, decir, estudiando la obra de Ei.
chelbaum en función exclusiva de una
honesta indagación crítica, con prescin
dencía total de todo otro juicio, aun de
aquellos que podría dictar la amistad.
Homanaje que es el que merece esta obra,
pues implica que ella posee la fuerza ne
cesaría como para soportar, sin destruir­
se, no sólo el análisis de sus virtudes,
sino también el de su debilidad.
EL TEATRO PSICOLOGICO DE
EICHELBAUM
En rigor, tanto las virtudes como las
debilidades del teatro de Eichelbaum apa­
recen en germen las unas, visibles las
otras — que el proceso superativo con­
sistirá en este desarrollo desigual de ere.
cimiento y atrofia respectivamente— des­
de sus primeras piezas. La Mala Sed in­
troduce en nuestra escena una modali­
dad — verdadera ‘novedad”— que está
destinada a cobrar cierta trascendencia.
Aunque no sea éste eil lugar de demos­
trarlo, digamos, aun como afirmación re­
ferida al recuerdo de cada cual, que ha­
cia 1920 la escena nacional no ha su.
perado un período de imitacióp, al que
escapan esporádicamente algunos ejem­
plos ilustres, pero aun éstos de modo
parcial. No se trata ya de una imitación
de forma, al menos en principio, sino
conceptual y profunda. El dramaturgo
labora sus elementos dramáticos con far­
macéutica habilidad — la que quiere ga­
nar— de laboratorio. Esta habilidad,
cuando es conseguida, se traduce en cier­
ta capacidad para entretener y plantear
al público ciertos problemas, para ha­
cer mover a los personajes en el tabla,
do con agilidad de titiritero, cosa más o
menos visible según la enjundia de quien
los maneje. Hickens dará el juego ágil
e intrascendente de Entre Polleras__donla mano bénaventina calza un guante disimuiatorio— o Martínez Cuitiño com­
pondrá sus piezas con preponderancia
evidente de una sagacidad profesional.
Lo profesional, precisamente, en tanto
que dominio de determinados recursos
técnicos, gravita sobre el teatro que per­
mite incluir en cartelera a Laferrere y
a Payró, a Pico o a Florencia Sánchez
Por el ejemplo último, dedúcese que no
implica esta actitud un juicio peyorativo,
estanco todo juicio sobre' estos dramatur
gos, como es obvio, tan al margen de
nuestros propósitos. Pero sí implica una
esp&amp;ciai actitud del teatro, propia de
determinados momentos — aun en países
evolucionados— y que podría definirse co­
mo la tendencia a trabajar con elemen­
tos que. aun cuando tomados de la rea­
lidad, se transmutan en una combina­
ción convencional que se llama oficio.
En estos casos, el oficio no está al ser­
vicio de las sensaciones de realidad — en
su más amplio sentido— que trata dt*
producir el auter, sino al revés. Las
realidades se adelgazan o se inclinan to­
do lo necesario como para pasar por -:l
aro dei oficio. Si en Florencio Sánchez
esta condición se cumple ae un modo que,
por la violencia misma dei los hechos
reales que utiliza, borra casi y quiebra
los moldes del oficio, en cambio, en el
otro extremo de la escala, hace veinte
años o diez Vacarezza queda hueco de
realidades, moviendo sobre escena tan
sólo los aros vacíos de su pericia escé­
nica. En este plano de actividad profe.
sional, una voluntad férrea asistida por
cierto talento, puede llevar a la calidaa.
* Desde 1919, en que se estreno “En
la Quietud del Pueblo", hasta 1930, fecha
de estreno de ”Señorita”, Eichelbaum
escribió y estrenó trece obras, cuatro de
ellas en colaboración con Pico.

/

EL TEA TRO DE
Pero si se quiebra con este estilo profesionalista y se trata de devolver todo
su bien a la exigencia urgente de la ne
cesidad creadora, doblegando el oficio a
eila, entonces e's inevitable la parado­
ja de un contenido humano más rico V
trascendente que e| otro, envuelto y da
do por formas técnicas más flojas y pre
carias que las del teatro de oficio. **
La Mala Sed, aparece en e'scena dando
forma y sustancia a esta paradoja. Y
por lo mismo, a la vez que se da el acto
trascendente, en nuestro país, de un dra­
maturgo creador que busca su ¡nstrumemto expresivo en servidumbre de sus ur­
gencias vitales, se cumple la inevitable
flojedad, por vastedad del propósito, de
una estructura formal que sólo irá con­
siguiéndose! con el tiempo.
La forma en que éste trastrueque de
planos — oficio, realidades— se produce,
está dada en La Mala Sed por la inten­
ción inicial que ha guiado la búsqueda
— o ei hallazgo— del tema. Es en los te­
mas, en lo que el artista acoge o recha­
za, dende se abre quizá esa ranura por
donde se cuela la profunda intención del
autor Aquí, como en toda su carrera,
Eicheilpaum verá la situación real, de.
ducirá ae e'lla lo que cree que es su sus­
tancia auténtica, y con esos elementos
recién arrancados, recién despellejados
de su realidad, hará teatro. En la pri­
mera operación —arrancar el tema—
además de la virtud potencial dé la ac­
titud creadora que entraña —su vaior éti­
co, pedríamos decir— se manifiestan las
posibilidades de ese talento. El conduc
to que se ve abierto hasta la realidad que
sé quiere succionar, es para este autor
el psicológico. Está nutrido quizá, como
es por otra parte propio de su época
de debutante, por el teatro psicológico
francés, por Strimdberg, y en general por
la literatura dostoievskiana que Inaugu­
ra todo un ciclo de indagaciones analí­
ticas. Supone que la conducta humana sé
explica por resortes psicológicos cien­
tíficamente — racionalmente— analiza­
bles. Y en La Mala Sed, tratando de lle­
var a escena las razones ocultas que
mueven la desmedida apetencia sexual
en tanto que elemento de perturbación
-ocia! — disolvente de la familia, de uKr
moral dada, etc.— , compone sobre un po­
sible factor hereditario dado por el pa­
dre, la trayectoria sentimentalmente de
sastrosa de sus hijos. Esta ‘‘mala sed” ,
que lleva al padre a apetecer de modo
irreprimible la mujer de su hijo, tenienao
él tods lucidez del drama quei esto en­
traña, solo sé destruye cuando quien
la padece y quien la ha legado se des­
truye a sí mismo. Las líneas del drama
trágico están tendidas.
Pero en la pieza primeriza queda só.
lo el augurio y la novedad, en nuestro
medio oe un dramaturgo que busca hur­
gar en la vida antes que componer es­
cenas. Las escenas compuestas, no están.
En ellas, en la realización formal, apa­
recen ya las insuficiencias que irán adel­
gazándose, es ciérto, en el itinerario de
la obra eichelbaumiana, pero que la sig
narán hasta el día de hoy. En primer
término, la falta de eficacia teatral del
movimiento escénico y del diálogo, pa­
rece imputable por un lado a los ¡neón
veniéntes mismos del teatro psicológi­
co, es decir, a razones de orden con­
ceptual, y por otro a factores persona­
les. Si bien en estas primeras piezas la
inexperiencia del debutante' hace el res­
to, tales factores siguen persistiendo en
esta línea del teatro de Eicheilbaum — de
la que podremos más adélante desglosar
otras direcciones—, motivo por ei cual
conviene detenerse en ellas.
Diez años después, en Soledad es tu
Nombie, En tu Vida Estoy Yo, El Gato
y su Selva, Tejido de Madre, Divorcio
Nupcial (esta última dé 1941), las últimas
derivaciones de esta dirección psicológica
siguen adoleciendo de esta debilidad de
carácter conceptual. Eichelbaum trasla­
da mecánicamente a escena sus propias
deducciones sobre los resortes psicológi­
cos que mueven al personaje y los pone
en labios da sus criaturas. Más, los pone
con su propio lenguaje dé intelectual. Si
en L , Mala Sed se producía además una
confusión, por sometimiento a la ética
aparente del medio pequeño burgués que
le sirve de téma, entre lo humanamente
dramático como la desdicha conyugal de
Elsa y el amor de su suegro por ésta, por
un lado, y lo no tan dramático del contac­
to sexual de Esther con su novio (dan.
do a ambas la misma categoría trági­
ca, aunque aun dentro de la moral pe­
queño burguesa de' 1920 poseen eviden­
temente grados divergentísimos) en las
piezas sucesivas e| dramaturgo irá ajus­
tando sus temas a un enfoque más deli­
mitado de las situaciones, distribuyendo
sus cargas dramáticas y emocionales dé
modo más adecuado a la situación que las
contiene. Pero si en La Mala Sed el len
guaje verbalista y autoanalítico del per­
sonaje frustra su deseo de realidad, su.
cederá lo mismo en 1941, cuando en Di
vorcio Nupcial — ese magnífico y ambi­
cioso tema— Blanca dialoga de modo in­
verosímil con su sirvienta y su esposo
deduce frente a ella con lenguaje de
médico psiquiatra — cosa que ocurre tam
bién er. otras obras de éste acento, visi
blemente y de modo casi insoportable n
Tejido de Madre, Y es que aplicasei a
este teatro de Eichelbaum el reproche
qua, con motivo de Curel, formula Lalou
al teatro de ideas. Eichelbaum — y en

esto sigue el ejémplo, quizá subcons­
cientemente, del teatro psicológico de
Porto Riche — al que también se aplica
eil reproche— adapta el personaje a su
situación teatral, y no al revés. Sus cria,
turas están constreñidas a utilzar un
diálogo que sirva a los propósitos de
índole oilucidatoria que persigue el au­
tor. El reproche de “ literatura” que ce
ha formulado a su teatro, se concreta en
es,a éscasa composición de lugar, hecha
por el autor en lo que a la naturaleza
misma del teatro se refiere E| psicologísmo ael tema —y del autor— sofocan
al dramaturgo y lo traban, por su mismo
carácter de enfoque parcial, como una
pantalla cónica traba la expansión total
de una luz constriñéndola a la irradia­
ción que tiene la forma del cono que la
proyecta. Así, este teatro no obtiene sus
efectos por la situación — en cuya elo­
cuencia. sin embargo, confía aún el
O’Nail de El Gran Dios Brown o de Raro
Interludio— sino por la irrupción de
ideas en el diálogo, dé revelaciones que
deben ocupar en la Imaginación del es­
pectador lo que la escena no leí muestra
Para ello, los personajes se explican an­
te sí mismo y ante el público, y en lu­
gar de ser explicados por la alusión fu­
gaz que permite al autor recoger la ¡dea
sin apartar por eso su atención de la vi­
sualidad escénica —teatralmente funda­
mental— lo hacen con un diálogo discur­
sivo, de tipo ficticio a vecés, casi siempre

analista olvida al dramaturgo, quien, si
hubiera sido tenido en cuenta, habría sa­
tisfecho sus propósitos, aun los de or­
den cerebral, de modo más eficaz. Lo que
él dramaturgo habría logrado, aún pene­
trando en los más oscuros abismos freudianos, con la elocuancia de un acto fa­
llido, de una exclamación condensada y
justa, de un grito logrado intuitivamen­
te, el analista trata de conseguirlo me
diantc la reflexión cavilosa y el lógico
sucedér de ideas guiadas por la razón,
propio de un psicoanalista. Personajes
torturados por “ complejos” o realidades
subyacentes, que los presionan con mo
vimientos de flujo y reflujo vividos por
ei autor en calidad de dramaturgo, y
no de analista, se habrían exprésado en
diálogos tirantes de tropiezos y retornos,
de fustezas dramáticos, explicándose más
por e! tinte emocional de la marea psi­
cológica que por el empeño pueril dé!
análisis verbal. Y es que el patetismo
asrá ausente de la estructura verbal de
Eichelbaum. Se confía demasiado én la
idea, en la capacidad significativa de la
palabra, y no se recurre nunca al envón
d ; ¡a frase que no significa nada pero
que puede expresarlo todo. Y es esta
ausencia de teatralidad emocional lo que,
luego de enfriar estos temas talentosa
mente captados, malogran una pieza que,
como Divorcio Nupcial, si bien quedará
por su valor de lectura, languidecerá er.
cambio para el teatro por no haberse

EICHELBAUM, por Lozza
librescc. Luis Enrique, en Tejido de Ma­
dre (1936) hombre que ha dudado de su
paternidad, identificando la obsesión ma
temal de su mujer con su duda, dice a
su esposa en ese segundo acto qué es
toda una lucha verbal por concretar sus
sospechas: “ No es a mí a quien debes
formular esa pregunta, sino al otro. Pero
no olvides que el otro no ha optado. El
piobléma es tuyo y nada más que tuyo.
Eres tú quien se ha encontrado de pron.
to en un problema de trastienda amo­
rosa. Alguien ha logrado impresionar su
imagen en la cámara oscura de tu per
sona. Tú no podías acoger esa imagen
porque te séntías inhibida. Yo estaba
a tu lado. El era, pues, un huésped ilí
cito. Como no tuviste el valor necesario
para rizarte contra los convencionalis­
mos. . ” Y sigufc explicando así, con tau
toiogias evidentes, (“ Yo estaba a tu la­
do” , ‘ El éra un huésped ilícito” . . . ) el
lugar adonde desembocan sus sospechas.
Un supuesto deseo pretérito de su mujer
hacia otro hombre, rechazado por la cen­
sura moral a lo subconciente, irguiéndo­
se ahora en el lugar de la paternidad
frsa de Luis Enrique. Y al final dei este
extenso párrafo (todos los párrafos son
extensos en est apieza) esta expresión ab
soluta ajena a toda perturbación emocio­
nal ,absurdidez dada por el hecho &gt;de aue
ei analista en cuéstión dice estar __y el
autor lo da asi tácitamente— emocional­
mente perturbado: “ La trastienda ha ido
ensanchándose hasta ocupar la zona de
luz que le estaba vedaaa. Irrumpiendo
los sentimientos secrétos, arrasaron con
todo. Asi ve mi lógica, e&gt;| suceso que
mi dignidad, avergonzada y horrorizada,
rechaza. Pero mi dignidad es sólo un
testigo espantado del hecho” . En este
ejemplo, puede verse como procede Ei­
chelbaum. Absorto e¡n su intención de

bre la difusa iogicidad verbal que el au
tor le ha impuesto.
Los esfuerzos de Eichelbaum por sa
lír do oste círculo de hierro en que se
muevo su teatro psicológico, no se apli
car, como vemos, a la materia misma de
su lenguaje. Pero revela la ansiedad poi
la fo'ma ágil, fresca, que lo envuelva
en lo que réspecta a la estructura. N&lt;
advlrtiendo que el problema radica e*
el origen conceptual que mueva su plu
ma, es en vano que aflojé las juntura!
d&amp; s is escenas, que las disloque en acto:
breves o en cuadros, que busque el rit
mo del film, como en Soledad es tu Nom
b&gt;e pues el téma sigue quedando tea
raímente realizado a medias. En esta úl
ima pieza (1932) cuya tónica secret

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EU tU VÍda
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(1-olj,
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,a poét¡ca
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cion anhelada, con ciertas semejanzas a

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reunida
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o de a acción, yendo en su búsau“ d
al final, introduce en ambas piezas u,

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co ncidencia con Kaiser” ¿ ' nflue,nc|a
Pues en cualquiera
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C O N T R A P U N T O I

E I C H E L B A UM
imponderable está contenida auténtica
mente en la idea original del tema. Mi =ntr.is en Soledad es tu Nombre las criatu­
ras elegidas para unirse no llegan a re­
conocerse ni a vincularse nunca por fac­
tores circunstanciales, condenadas a un
oesencuentro definitivo y final, en En tu
Vida E stoy Yo, aparecen unidas en ei
primer acto, cuya primera escena plan­
tea con diálogos interiores tipo Extrange
Interinar la separación voluntaria de la
pareja por ímpetu de libertad en el hom
bre, escritor que cree necesaria esa libe­
ración para la realización de su obra. Er,
el teatro psicológico de Eichelbaum, caen
así uros granos de poesía que, preteiso
es confesarlo, no logran disolverse hasta
ter;r, como sucede, en las bien dosifi­
cadas piezas de Kaiser que responden a
este t,po la totalidad de.' la carnadura
teatral. En Soledad es tu Nombre Rolón
es olvidado por el espectador hasta que,
sorpresivamente, vualve a tenerse cono­
cimiento de él en la última escena, cuán­
do Alicia retorna a ese pueblo de cam­
paña en busca — según se entera quizá
demasiado tarde el espectador— de e'sa
posible compensación a su soledad. Mien­
tras tsnto, ha transcurrido toda la ac
clon en una serie sucesiva de seis actos
breves, en los cuales se) han escenifica­
do anécdotas, antes que, el mismo proce­
so an,nico de Alicia. Este proceso, que da
si nembargo su intención a la obra, no
derrota a la anécdota sometiéndola a su
colaboración lírica, pues el psicologismo
analítico vuelve a conspirar e'n el diálo­
go contra la espontánea expresión del
sentimiento dramático. Cuando el mundo
íntegro rechaza a Soledad, y ella luego
de caer en manos de un escritor queí se
le presenta de modo bastante inverosímil
resuelve devolver a éste a su legítima
esposa, como si cumpliera con una im­
placable tarea de arrojar lastres en tor­
no suyo, su entrevista con la esposa de
su amante cobra este tono: “ Si usted re­
conoce la existencia de un problema mo­
ral en su situación, es porque no se sien­
te del todo desvinculada de su marido. Y
esto es lo importante. Entre gente hon­
rada, cspiritualmente honrada, es decir,
ser.sibie a las fuerzas morales, tiene,
efectivamente, algo de indisoluble hasta
el concubinato. Resulta entonces absur­
do que lo que hay de grosero y pequeño
en el hombre o en la mujer, en une y
en otra, triunfe sobre una conjunción in­
destructible. Que su marido se negara a
reconciliarse con usted, por un impedi­
mento m ora l... (y luego de un extenso
análisis de este o rd e n )... El matrimonio
dt' ustedes subsiste, a pesar de la separa­
ción, subsiste en el conflicto moral suyo
y en el problema sentimental de él” . Tai
tipo de diálogo con sus “ efectivamente” y
"erii o.ices” , y su ordenación lógica, cate
drática. de frases desgranadas con méto­
do expositivo, no sólo es ineficaz para
dai realidad psicológica al personaje, si
no que mata el germen de poesía que se
ha introducido anecdóticamente en el te­
ma El recuerdo de Rolón, de aquel mu­
co tero que espera a una mujer que vió
pasar fugazmente en tren, y que “ es idén
tica a Alicia” (a quien so lo dice en el
encuentro circunstancial del primer ac
to), mujer entrevista a la que dedica su
vida &gt; a la que busca, está ya a una dis­
tancia astronómica de la sensibilidad del
espectador. Nada en el curso de la escena
que mediante sugerencias poéticas me­
diatas mantenga viva la distante presen­
cia de quien puede — el único— penetrar
en la soledad de Alicia. Así, cuando lue­
go oe todos los naufragios sentimentales
de sociedad»— Alicia (que ni siquiera son
sentimentales: “ No son sentimientos fe­
m e m o s los que me traen aquí — dice
Alie,a al marido de su amante— . . . Y lue­
go “ Mal podría quedarme con él si son
sentimientos amistosos los que me mue­
ven” ) ésta retorna a aquel pueblo de
campaña donde un muchacho le hablara
de la mujer entrevista fugazmente, y a
la que espera, “ idéntica a ella” , al es­
pectador le sorprende, y le choca un po
co, esa desmayo final ante la noticia de
que Rolón ha muerto, y hasta esa posi­
ble muerte de la heroína, que hasta aho­
ra parece más bien una doctora ein filo­
sofía y letras en trance de teorizar so
bre la vida como espectadora fría de
sus propias tragedias.
Es cierto que En tu Vida Estoy Yo, e'l
reencuentro de 'a pareja está previsto
por sugerencias cuidadosamente dosifi
cadas. Sin embargo, la gradación dra­
mática, de la que se prescinde quizá en
función de una necesidad moderna, no
se ve sustituida por la preparación del
clima necesario a la verosimilitud, a la
naturalidad del hecho escénico que ha de
anteceder a los momentos acentuados del
drama y las caídas de telón, casi siem
prc bruscas e inesperadas Falta, en su­
ma el bien entendido artificio del dra­
maturgo que domina su emoción y su ver­
dad, falta ese arte de farmacia, esa p¡
caí día seria del gran tramposo que se es­
conde, paradójicamente, detrás del cread»ir más genuino ,ese arte del afeite y la
pomada a que aludia Baudelaire cuando
hablaba de sus poemas, y que, en suma,
es 'a total utilización de los recursos
expresivos para proveer a su materia po­
tencial de una forma que se le adapte
emo el guante a la mano con su justeza
y su naturalidad,. En su teatro psicológi-

P L A

co, mechado en algunas obras de ingre
d»?ntes poéticos no del todo asimilados,
Eichelbaum sigue quedando en deuda
con nosotros. Tiene en sus manos lo más
importante: |a materia prima perfecta
mente l.cida, clasificada y depurada y.
es justo decirlo, las grandes líneas fun­
damentales de la realización: pero falta
la justtza de esta realización, la depura­
ción de su diálogo, el abandono de cierto
material lingüístico ,el hallazgo de otras
materias capaces de mayor maleabilidad.
Hay que ajustar tornillos, agilizar situa­
ciones, afinar un instrumento que, para
rendir toda su eficacia, necesita dar sus
notar-, e,n un más exacto diapasón.
LA COMEDIA BURGUESA DE
COSTUMBRES
El factor negativo que asignamos al
conceptualismo teatral de Eiche'lbaum en
lo que respecta a la dirección más do
minante de su teatro — la psicológica—
perece comprobarse por ei alza inmediata
que se opera en aquellas piezas donde
se efectúa una nueva dirección. Ya en
La Y alo Sed, coexistiendo con la motiva­
ción central del tema, se extiende la pin
tura ae un cuadro dt) costumbres que
posteriormente seguirá tentando al autor.
La familia pequeño burguesa de tipo co.
rrierte — más corriente, es cierto, hace
20 anos que hoy— con sus prejuicios re­
producidos can toda prescindencia de
“ parti-pris” , su mundo de egoísmos y de
pasiones, su pequeñez do encierro, pa­
norama ante el cual el dramaturgo no opi­
na, tomando los materiales que les son
dador por la realidad con la imparciali­
dad de una cámara fotográfica que* tu
viera, a la vez, la virtud de analizar me.
diante sus personajes las reacciones psi
cológicas que en ellos se operan. Cuandr
se da_ preponderancia a este- análisis, co­
mo en La Mala Sed, El Gato y su Selva
(drama clásico del solterón con reminis­
cencias del Carlitos de Extrange Interín­
ele, aunque aquí no es el complejo de
Eripu ei que actúa sino un complejo ho­
gareño — que se entreteje con el apego
a dos hermanas solteronas y todo el mun­
do rutinario que e'IIas vigilan— , Tejido
d”. Medré, Divorcio Nupcial, estamos en­
tonces ante el drama psicológico. Pero
cuar.do es bajado el tono del análisis y
se dibuja con preponderancia ej cuadro
objetivo familiar, se produce una direc­
ción teatral que de'semboca en la co­
media burguesa de costumbres. Es lo que
ocurre con Un Hogar (1922), tema de la
familia sórdida pequeño-burguesa, de
ht manos solteros egoístamente ence'rrados en sí mismos, —que sin embargo tra
tan también de analizarse— , alegrada
transitoriamente por la presencia de una
muchacha campesina que junto con la
aiearía sit'mbra impensadamente eá dra.
ma ,al arrancar con su partida esta últi­
ma posibilidad de plenitud para uno de
los personajes. En este drama primeri­
zo, los- defectos de factura malogran ca­
si totalmente el tema. Pero en 1941, E¡chelbaum retoma este asunto, con va
riantes temáticas y compone entonces
un;, de las mejores piezas de» su teatro,
que, junto con Pájaro de Barro, del año
anterior, quedarán, sin duda, definitiva­
mente incorporadas a nuestras cartele­
ras. Vergüenza de Querer posee ya un
diálogo diálogo ágil, donde los conteni­
dos psicológicos de los personajes se
trasunta con habilidad dramática y no
se llevan al primer plano de la artifificiosa auto-explicación. El primer acto
plantea un hogar de tipo corriente, en
franco proceso de disolución por des­
aparición de los padres. La madre ha
muerto, y el padre se extingue en un
delirio da ancianidad. Nadie trabaja
firmemente excepto Goya, la enérgica,
sobre cuyos hombres recae el manejo y
hasta la imposible magia de hacer co­
mida sin dinero. Una magra renta sos­
tiene la casa, con la que Goya debe ha­
cer milagros. Los hermanos, un chico
estudiante, un pintor, un clásico ato­
rrante porteño que se siente “ rentista”
y una hermana mayor, Flora, que sueña
en casarse. Goya, pues, es el sentido
de la realidad. Por una causa u otra,
los demás viven en las nubes. Nubes
en las que se extingue la cochera del
padre, cuya muerte silenciosa precede al
telón final. Esta escena que cierra el
primer acto, de concepción notable, no
adquiere quizá el relieve que se desea­
ría para ella. Estrictamente visual (en
el libro se expresa por acotaciones) de­
penderá en gran parte de la habilidad
dei “ metteur-en-scéneV. La familia, lúe
go de este telón, queda desintegrada
prácticamente.
El progreso que se registra entre es­
te primer acto y el primero de “ Un Ho­
gar", es astronómico. El dramaturgo
cuenta con recursos amplísimos. Sin
embargo, se resiente el diálogo
casi
siempre evidentemente dirigido por su
autor__ por una dosificación no preci
sámente exacta. Matices, precisiones
que habrían hecho falta y que no están,
rodeos verbales que suplen la síntesis
necesaria, agilidad que, aunque grande,
no llega a la maestría que exige el te­
ma, conspiran contra la realización ca­
bal del acto. Esto se repetirá en t-l cur
so de la pieza, hasta el final. Pero es
preciso decir, sin embargo, que si tal co­
sa hubiera sucedido, Vergüenza de Querer sería una de las grandes piezas de
la literatura dramática universal, hecho,

por lo mismo, que hace tanto más la­
mentable la debilidad de las situaciones
y del diálogo, pero que a la vez permi­
ta esperar algo muy serio de quien pudo
llevar tema tan intensamente frecuente
y humano al plano de semejante hon­
dura vital. Es esta hondura, esta pro­
fundidad vital, la que va salvando a los
personajes — cada uno de ellos una pre­
sencia irrefutable— hasta el fm. Goya,
personaje notable por su instintiva leal
tad hacia su vida profunda, cae por un
instante en la tentación del recurso
práctico que convierte al amor en una
resignada operación de conveniencia
material o moral. Pero luego, se libera
aun del matrimonio para construirse en
función de sus reclamos autémeos. Go
ya es la negación del hogar de que
surge, construido sobre lá convivencia
convencional. Con Goya la vida se im­
pone, y con ella una lección tremenda.
No se puede traicionar la propia vida
en nombre de una pretendida sensatez,
pues la vida se venga en sordidez e
infelicidad. Este reclamo a la lealtad
hacia la vida profunda de cada cual
— no absolutamente lúcido en Vergüen­
za de Querer, sino más bien implícito —
va también, tácitamente contenido en
Pájaro de Barro, teatralmente superior
a la pieza recién comentada. Pájaro
de Barro, si bien no está exenta de
ese intelectualismo en nombre del cual
Eichelbaum fía quizá excesivamente en
su inteligencia para componer el diálo­
go cuando, quizá, ciertas situaciones de­
ben confiar la pluma a la intuición —
es, en cambio, la obra más fresca, más
carnal y más saludable no solamente del
teatro de Eichelmbaum, sino, probable­
mente, de todo el teatro argentino. El
tema, magnífico de por sí — debemos
repetir que hay en Eichelbaum un asom­
broso explorador de temas— cuaja en
la forma para la que había nacido. Pres­
cindiendo de algunas objeciones que de
jaremos para el final, la obra íntegra
respira, se contrae en un ritmo visible
y audible como el del aliento. Criaturas
vitales son éstas, primariamente huma
ñas, y saturadas de una realidad que,
por ser nuestra — aunque esto implique
una redundancia— no es menos univer­
sal. Aquí Eichelbaum quiebra el marco
convencional y prejuicioso con que tras­
lada a sus personajes en otras obras de
ambienta burgués—aquella campesina de
Un Hogar, por ejemplo, que teoriza fren­
te al amor que le pide su cuerpo como
una pastora protestante, y extrangula su
amor porque no se le da antes libreta
de casamiento, todo elle dado por el au
tor como si tal cosa fuera humana y
verdadera — cuando su única realidad
psicológica está dada, en esas criaturas
cuando no es cálculo, por la disciplina y
el temor— y pone en escena una cam­
pesina, “ peona” , que está prometida en
buen partido a un hombre que no cono­
ce, pero que ocasionalmente tiene con­
tacto primerizo con un desconocido que
está de paso, a quien querrá como padre
de su futuro hijo; quiebra ésta su casa
miento, haciéndose reemplazar por una
amiga — a quien la oferta interesa —
y parte en busca de su hombre hasta
que le halla. No le dice nada, pues bus­
ca sólo su contacto — éste le ha mani­
festado francamente su absoluta irres­
ponsabilidad moral, permitida por ella, en
la aventura— y sólo queda allí, en cali­
dad de sirvienta, en una casa de cam
po — una verdulería— atendida por la
madre del hombre en cuestión — un es­
cultor—, española que sabe también, más
de la vida misma que de sus convencio­
nes. En ia escena final, cuando la ins­
tintiva sagacidad de la madre descubre
el secreto de la “ china” Felipa, el diálo­
go precisa el alcance de la pieza:: “ Cas­
ta de mujeres que alumbran huérfanos...
Es posible que sea verdad. Pero termina
tú con esa casta dándole padre a tu pe­
queño. Si te niegas, le quitas padre y
madre” .
Desde un punto de vísta estrictamente
dramático, no está exenta de fallas esta
pieza. Ya lo hemos dicho: el teatro de
Eichelbaum es una preciosa materia pri­
ma cristalizada de modo desigual, pero
que aun no ha hallado la temperatura
perfecta para su forma totalmente logra­
da. Estos factores condicionantes de la
forma, se han ido produciendo en una se­
lección evidente a través del tieimpo. Da­
da esta visible maduración, ¿es arries­
gado vaticinar un gran teatro en el Ei­
chelbaum futuro, hoy en plena fuerza
mental y espiritual? Creemos que no.
Pero agreguemos también que, contra lo
que suele creer el prejuicio del escritor,
no hay pieza sobre la que no pueda vol­
verse, versión que no pueda corregirse.
Quizá uno de los prejuicios más nefas
tos del artista, sea el que concede carác­
ter de cosa irreparable a la obra dada a
publicidad. Por el contrario, la obra es
constantemente reparable, a pesar de
aquel Lafcadio de Gide que odiaba la
literatura precisamente por su capacidad
para ser corregida —-adjudicándole a la
vida una hermosa y gratuita irreparabilidad. La vida misma es reparable, pues
el autor se modifica a sí mismo volvien­
do sobre su obra — y ejemplos ¡lustres
de dos y tres versiones de una misma
obra lo prueban— como el hombre se
transforma transfor m a n d o infatigable­

mente lo que le rodea y lo que él mis­
mo crea en torno suyo. No sería quizá,
improbable que Eichelbaum diera un día
algunas nuevas versiones de Pájaro de
Barro y Vergüenza de Querer:
es tan
poco lo que le faltan para un ajuste ca­
bal, que cuando madure la temperatura
necesaria para ello en este autor, pueden
surgir ya de, estas piezas— prescindiendo
de las nuevas que se gesten en el futuro
— dos obras maestras del teatro nacio­
nal.
EL TEATRO POPULAR
Porque la voluntad de rectificación es
manifesta en el teatro de Eichelbaum.
Tres direcciones, hemos dicho, se entre­
cruzan y signan de otros tantos acentos
a su obra. Si el teatro psicológico cede
en algunas piezas al realismo costumbris­
ta burgués, en otras se borran ambas
para dar entrada a la inspiración popu­
lar de “ Un Guapo del 900” y “ Un tal Ser­
vando Gómez". Cuando se produjo el es­
treno de estas piezas — especialmente ía
primera— se insinuó que Eichelbaum ba­
jaba la puntería, que “ entraba por el aro
de las concesiones” . ¿ Puede hablarse de
concesiones en estas pieza? Si por con­
cesión so entiende las que un artista ha­
ce a su inquietud, dejando una veta te­
mática para obedecer al reclamo de otra,
sí. Pero si por ello se alude a cierta
genuflexión ante la taquilla y el público,
no. Hay una concesión hacia el atrac­
tivo de tipo pintoresco, del brillo costum
brista, tanto del lenguaje como del per­
sonaje, y se cede efectivamente en hon­
dura lo que se gana en extensión. Pero
deoajo de ella el dramaturgo sigue abs­
traído de toda consideración ajena a su
oficio, ocupado con esa honestidad que
se ignora así misma — la verdadera —
en obedecer las sugerencias de su emo­
ción y de su hallazgo. Un Guapo del 90b
es una consecuencia lógica de esa espe­
cie de escala, en el registro teatral de
Eichelbeum, que lo lleva de la nota psi­
cológica a la hogareña y de la hogareña
al mundo cotidiano: en éste, su ojo per­
cibe la figura del “ guapo” , y a este gua
po lo ubica en dos momentos, con sus
diferenciales psicológicas dadas por su
momento histórico: el 900, y el ambien­
te político de entonces, y la época actual,
y cierto medio trabajador de extramu­
ros, medio típicamente porteño — quiza
mejor argentino, o del litoral, pues se lo
encuentra en Rosario, en Santa Fe y en
las ciudades del Paraná— carrero que
está vinculado, en cierto modo, al puer­
to (aunque en Un Tal Servando no sea
necesaria esta vinculación) que propor­
ciona gran parte de su trabaje. En el
primer caso, e el guapo profesional, el
mercenario con su moral también merce­
naria; pero de cierta honradez peculiar:
cuando se vende, lo hace más afectiva­
mente que por dinero. Su vida está da­
da. La ha entregado, y la vive sólo de
reflejo: “ Para lo que el amigo mande” .
El concepto de la amistad confúndese
con el del servicio, como sucede con el
escudero medioeval o el testaferro del hi­
dalgo español. Eichelbaum documenta con
precisión un tipo local, actualmente casi
extinguido, sustrayendo quizá, un tema
al ensayista, para transvasarlo en la forfa teatral. Nada más lejos, pues, que
la “ concesión” populachera y taquillesca.
Su intención prescinde de toda servidum­
bre al público. Su personaje no excita
patoteros entusiasmos, no se diviniza en
una plebeya heroicidad, sino que lleva a
cuestas su real catadura singular, su pro­
pia ética personal, que no es precisamen­
te de| hampa, sino del malevaje gratui­
to, el verdadero, el que cobra y paga.
Ha matado porque creyó que debía ha­
cerlo, y “ la libertad le está quemando
los pies dondequiera que vaya” . “ Detrás
de las rejas, hasta la osamenta de Ordónez — el que ha matado— se levantaría
para . darme la mano”. Documento es
también Un Tal Servando Gómez. Como
Ecuménico — el guapo del 900— es tipo
vital, con vida sin prejuicios, tal como
es propio de su medio en contacto di­
recto con la lucha por la vida, de cara
a la necesidad y a la realidad sin eufe­
mismos. Es el eufemismo, producto de
la vida sin fuertes necesidades, sin lu­
chas violentas, el que configurando la
existencia convencional hace posible el
prejuicio. No- hay lugar para el prejui
ció cuando se tiene la realidad desnuda
ante los ojos, y Servando Gómez, como
hombre de trabajo proletarizado, mane­
ja también la realidad. Pero el trabajo
dignifica aquí ese coraje realista y esa
mesura criolla del hombre experimen­
tado. Hombre solo, también, que en su
corralón recibe el animalito que busca
lo necesario a su hambre — alimento y
amo— a la vieja que le lega un día,
porque anda sola por el barrio, a la
mujer también, que le acude a su lado

abandonando a su marido — su amigo —
porque le pega. Servando es la fuerza,
y sobriamente, en silencio, sabe que ha
de proteger con su fuerza. Su vida es
en rigor una acumulación de deshechos
que le lelgan como restos de naufragio.
El es la fuerza, y por eso tiene piedad
y amor para aquellos que no pudieron,
que no pueden — como él — aguantar ia
realdad. E débi queda bajo su mano, y
si es preciso, su mano puede empuñar
entonces, en Su defensa, el cuchillo. Y el
hijo de esa mujer — que es del otro —
crece a la sombre de esa fuerza que es
Servando, la verdadera fuerza: la que no
necesita manifestarse ante el débil, co­
mo no sea en forme de piedad viril, o
de amor.
El retrato, sobiamente, magníficamente
trazado, se humaniza hasta la vibración
final cuando la ruindad queda desarmada
para siempre, derrotada por la lección
muada de Servando, de su sóia existencia.
Pero, ciertamente, ambas piezas no excedn quizá el valor del documento — segaz y profundo, es cierto— para llegar
a la esfera de ló perdurable en lo tea­
tral. La imposición del tema, la absolu­
ta falta de complejidad de las criaturas
reales con que el autor trabaja, privan
a éste de su vibración más fuerte: la
indagación sutil de la naturaleza huma­
na. Debe emplear procedimientos de pin­
tura al fresco, manchas extendidas bidimensionales, y se queda sin esa tercera
dimensión que da el acento vigoroso a
su teatro. El diálogo, ajustado y de lé­
xico concienzudamente escogido — y es­
tudiado— coarta también, la libre expre­
sión del tono y de la idea, como antes
lo coartaba el propósito analítico de la
indagación psicológica. En estas piezas,
también, subsiste lo que podría ser el
denominador común de esta debilidad del
teatro de Eichelbaum, y que se aplica a
las tres direcciónes de su obra dramática,
sustentando cada una de las intenciones
que se encierran en ellas: una preponde­
rancia de lo intelectlvco, de lo pensado,
sobre la intuición; un dominio imperioso
de la inteligencia sobre el instinto. En
esto veíamos la causa de la frialdad que
en mayor o menor grado aqueja a este
teatro. ¿iSgnifica esto que el autor ca­
rezca de sensibilidad, que trabaje sin
emoción? Nada de eso, puesto que esta
frialdad no es ausencia de emoción sino
precisamente la consecuencia de una
emoción domada — excesivamente doma­
da. No implica esto una absurda censu­
ra conceptual, que consistiría, en exigir
una actitud romántica a quien con todo
derecho resuelve no tenerla. Significa,
tan sólo, que la predominancia de la in­
teligencia quiebra con exceso ei equili­
brio de la obra, llevando lo que pudo
haber sido dominio del instinto hasta su
sofocación, hasta su incomunicación con
la obra. La actitud inteligente, no se
conforma aquí con dominar al Instinto.
A veces, parece que lo extrangula.

i

TRASCENDENCIA DEL TEATRO DE
EICHELBAUM
La debilidad del teatro de Eichelbaum
¿es lo bastante aguda como para invali­
dar la trascendencia de su obra? La res­
puesta es negativa, y por muchas razo­
nes. En principio, en esta obra ya reali­
zada, como hemos visto, hay suficiente
material como para nutrir la escena ar­
gentina con un nuevo tono y una nueva
puntería teatral. Sí la actitud primera
no fuera bastante — esa quq da todo su
valor ético a la empeñosa autenticidad de
su obr/i—, al inaugurar objetivamente en
nuestros tablado un tipo de teatro que
va en busca de su instrumento expresivo,
que pone el oficio al servicio de su ver­
dad, quedarían como testimonio la pro­
fundidad de sus temas, la belleza de sus
asuntos, la inclusión de personajes rea­
le en sus piezas, que de por sí contribu­
yen a hacer del ejemplo de Eichelbaum
una influencia duradera en el teatro na­
cional. Conceptualmente, quizá esta in­
fluencia no tenga la misma fuerza. Ei­
chelbaum. en sus últimos trabajos, evo­
luciona a su vez hacia formas más ági­
les, más vivientes, de la estructura tea­
tral. Su visión tiende a abrirse en irra­
diación amplia, y no a centrarse sobre
aspectos parciales, actitud ésta cuya de­
bilidad no es, por cierto, exclusiva de1 su
teatro, sino de todo el teatro occidental.
Se ha hablado hasta el cansancio de la
decadencia de la escena europea, y Fran­
cia es un ejemplo de ello. Un soplo v¡talizador pareció insinuarse con el teatro
expresionista alemán, pero se vió que
éste también aportaba realidades parcia­
les y agotables. ¿Hasta qué punto esta
limitación conceptual de Eichelbaum es
imputable a él, y hasta qué punto lo es
a la difícil y caótica época que vivimos,
(Continúa en la pág. 15)

RECIENTEM ENTE A P A R E C ID O :

EL

SUEÑO
por

DEL

SEÑOR

Alejandro

ANDRES

Den i s - K r a u s e

Un (rozo de la vida real. Una imagen de la obsesión. Una
historia que se pierde en el misterio
$

2 . —

EL

E J E M P L A R

Distribuidor: ‘ A T E N E A ” — Diag. 80 N&lt;? 1010, La Plata

I

�Pág. 10

C O N T R A P U N T O

PRESENCIA DE LOS ESCRITORES F RANCESES

A lgo

sobre Giraudoux
por Alejandro Denis-Krause

E

POCA de calificaciones políti­
cas y no de apreciaciones li­
terarias, según cóm o se reci­
bió la muerte de Jean Gi­
raudoux, así se emitieron juicios
sobre su obra.
Quienes dividen aún más el cam­
po de la inteligencia y consideran
que hay expresiones vivas y otras
que “ son” muertas — o intelectua­
les ( ? ) — haciendo caso omiso a los
valores que puedan tener, por el
solo efecto de la resonancia siempre
muy personal, también lo juzgaron.
Giraudoux, escritor de medios su­
tiles para equilibrar realidad y fic ­
ción, con su estela de equívocos, de
fórmulas más hábiles que verdade­
ras, deja más bien elementos para
desconcertar y no para que ellos re­
fieran algo de su persona y encan­
ten o desencanten su obra, con este
m otivo también podría plantearse
otra cuestión política por parte de
quienes se interesan más por las “ v i­
das heroicas” de los escritores que
por sus libros, considerándolos re­
fle jo o prolongación de aquéllas, y los
que — sin hacer cuestión— sólo va­
loran ingenuamente un volumen por
lo que han leído en él.
Mas, extenderse en tales interpre­
taciones en esta oportunidad, sería
empañar un poco el fin o cristal del
que nos dió hermosos espejuelos
para alejarnos en algunos momen­
tos, de la tristeza infinita que es
vivir o de la lucha desigual empren­
dida p or algunos para cumplir su
destino.
Jean Giraudoux, casualmente, ha
tenido el don particular de saber
cóm o debían tenderse preciosos ve­
los transparentes sobre la realidad.
Ha sido de los escritores que tratan
de hacer gratas sus obras y así ali­
gerar la vida.
Cuando apareció, lo rodeaba la
aureola de su nuevo talento. D eve­
laba un estilo pleno de imágenes, de
felices ocurrencias, de sagaces obser­
vaciones, de conclusiones inespera­
das. A trajo, poraue parecía a pri­
mera vista que liberaba de ataduras
a la imaginación, que facilitaba una
más amplia expresión del pensa­
miento, y porque se suponía que por
esos cauces desembocarían los ríos
futuros. Se lo analizó a fondo, y Albert Thibaudet d ijo : “ la aventura
interior va a confundirse en Girau­
doux con el ju ego de la imagina­
ción ” . La aparición de otras obras,
su actividad de autor teatral, deiaron atrás esta impresión, con fu n di­
da entre aportes menores con los
que deslumbró en aauella época.
Casi hace veinte años, leía “ L ’école des indifferents” y parecíame de
una graciosa soltura"; más tarde he
releído sus frases y las he hallado
encerronas para la imaginación. Esa
impresión de tan nuevo, tan distin­
to a todo lo francés que recibí en
un principio, contrastaba luego con
mi advertencia tardía de que era
tradicional, con esa continuidad es­
labonada que demuestran los escri­
tores de ese país de generación en
generación, fáciles a la referencia
de sus antecesores en las letras. Que
esto lo produjera m i-conocim iento a
posteriori de Jules R enard o de al­
gún otro, ahora no puedo precisar­
lo. Que fué una lectura que me im ­
presionó, sí. Jean Giraudoux tenía
una suerte de sugestión por ese en­
tonces, que lo destacaba com o m o­
derno — casi con una expresión de
la época, podría decirse que— : pa­
recía m arcar la literatura de la h o­
ra venidera. A portaba imágenes sor­
prendidas por distintas fases de la
inteligencia. Sus personajes, como
aclara Paul Morand, se veían “ co­
mo la triple imagen de un autor de
éxito en el espejo del camarín de
una actriz” . Se lo seguía. Aquí, en
la A rgentina se em parentaban con
su obra “ Cuentos para una inglesa
desesperada” de M allea y “ Presen­
tación de Buenos A ires” de Amorím.
Para considerarlo convendría des­
lindar dos personalidades bien de­
finidas, dos etapas bien distintas de

su producción. Una en la que en­
cuadran sus novelas y relatos, y
otra en la que aparecen sus dramas
que le acuerdan una trascendencia
mayor. Los elementos esenciales que
maneja en unos y otros son los mis­
mos, mas, en la primera está em­
barcado en la facilidad, y en la se­
gunda ceñido a un esfuerzo. Por eso,
como autor teatral siempre podrá
recurrirse a él, y sus obras — excep­
to algunas frases que no se salvan—
se llevarán a escena prescindiendo
de la referencia de cuando fueron
escritas. Pero, respecto a su otra per­
sonalidad, quizá determine que se lo
señale, com o escritor representativo
de este otro “ fin de siecle” que se
cumple en 1940. Es que resulta ser
en sus novelas el exponente de la
m oda de una época, por su autén­
tico talento, p or su verdadero apor­
te de originalidad, porque en ellas
está patente esa estimación de las
inteligencias en pruebas puramente
inteligentes.
Si un día abandonamos tod o para
partir, rompemos nuestros papeles,
regalamos los libros y en última ins­
tancia después de renunciar al ayer,
sólo nos consuela pensar que abult a r e m o s nuevamente el equipaje
cuando lleguemos a querer algo has­
ta el dolor, podremos mantenernos
así por voluntad hasta que en nos­
tálgicas nubes vuelva el pasado, p e­
ro mientras habremos padecido una
brumosa tristeza. En este estado de
ánimo recuerdo “ Simón le pathétique” , “ Lectures pour une om bre” ,
“ Adventures de Jéróm e Bardini” , li­
bros que quedaron en alguna parte,
alejados ahora de mi mano. El mun­
do de ellos, de Englantine, de Bella
se esfuma lejan o en tonos muy pá­

lidos. Era un mu¡ndo poético con
los elementos de éste en que vivi­
mos. Daba la impresión hasta de que
era una concepción nueva de la vida,
tenía algo de la justeza con que se
desenvuelve la acción cinematográ­
fic a ; no era para tratar de forja rlo
por supuesto, sino únicamente para
observar. Despertaba quizá, una in­
quietud por la aventura interior, es­
pecie de evasión que se definía en
ruta poética o en contragolpe de la
im aginación en audaces respuestas a
una realidad que nunca andaba
acorde. Encaraba la vida con espí­
ritu deportivo y de ese ju ego ex­
traía frases luminosas. Parecerá in­
sistente hablar de sus frases y es
que ellas tenían un existir aislado.
Eran imágenes que conform aban un
trozo de naturaleza completa.
Desde “ Les Provinciales” su p ri­
mer libro de cuentos, hasta “ Siegfried et le limousin” p or el que se
le otorga en 1923, el premio Balzac,
sus virtudes se repiten y los repa­
ros también. Georges Pillement en
1939 con m otivo de la aparición de
su novela “ Choix des élues” sinte­
tiza todo ello en la siguiente fo rm a :
“ encontramos más que en ninguna
otra obra suya, un análisis de los
sentimientos, una observación hecha
con sorprendente virtuosismo y con
deslumbrante malabarismo verbal,
sin que p or ello deje Giraudoux de
estrecharnos con una curiosa angus­
tia y sin que su protagonista fem e­
nina deje de ser patética. Y a hay en
esto razón para sorprenderse p or­
que Giraudoux ha revestido su es­
tilo con imágenes de lo más cam­
biantes y sutiles y acumula los tro ­
zos de intrepidez y las páginas de
antología; gracias al análisis más

inteligente y brillante que uno pueda imaginar, llega a deshumanizar
sus personajes, cual embalsamador
que despoja al cuerpo de sus vícti­
mas de las visceras que encierra,
para ungirlo y envolverlo con cin­
tas, de tal manera que logra fab ri­
c a r sublimes momias a p t a s para
atravesar siglos enteros.”
Este escritor tan sutil, de prosa
tan alada y ágil com o poética, de
palabra tan precisa para captar im ­
presiones fugitivas, un día iba a de­
dicarse al teatro donde el lenguaje
se simplifica, se insiste en la expre­
sión y donde la palabra tiene más
vigor que intención. Pero la suerte
de su gracia atrajo a las gentes que
se abstraían en ese teatro de refle­
xiones poéticas, de pirotécnica de

LA INTELIGENCIA Y LA V ID A
Del X I V Co n g re s o de los P. E . N . Cl ub s ,
ín B ue no s A ir e s . 1936. Do s de los orad or es ,
B e n j a m í n C r e m i e u x , que d i r i g i ó el debate
que t r a n s c r i b i m o s y M a r i n e t t i que i n t e r v in o
en él, han m u e r t o en estos días.
L a s pa la b ra s de C r e m i e u x co b ra n h oy un a
reaild ad p r o f u n d a m e n t e d r a m á t i c a .

Sr. CREMIEUX. — Señores delegados:
Disponemos de una media hora para termi­
nar el debate sobre la inteligencia y la vida.
Voy a recordar las cinco tesis contenidas en
los cuatro discursos que se har. pronuncia­
do sobre esta materia, tesis que voy a pedir,,
dirigiéndome directamente a los oradores que
han hablado, sean establecidas con la mayor
precisión.
Los cuatro oradores han estado en contra de
la filosofía de Julián Benda, y contra la su­
bordinación de la razón al estado, a la raza, a
cualquier potencia que sea. Sobre estos puntos
han estado de acuerdo.
Sobre otros tres puntos, los señores Maritain
y Mallea han declarado que las razón no tenía
nada por sobre ella y que representaba un
"va lor supremo. El señor Ruin, por el contrario,
ha declarado que la razón no era más que una
"metteuse en forme” al servicio del amor, y yo
diie va en la sesión pasada tjue alguien habría
podido sostener que ella era una "metteuse en
forme” al servicio del materialismo histórico.
La razón, han dicho los señores Maritain y
Mallea, progresa irquiéndose contra ella misma,
procediendo por revoluciones contra sí misma.
Los señores Ruin y Maritain han hecho una
afirmación religiosa, uno en una forma general,
el otro en un sentido católico. El señor Awad
ha hecho un llamado a una fe nueva, de la
que no ha distinguido si se trataba de una
creencia supranatural o de una fe puramente
humana.
Para llevar el debate con claridad, pido al
señor Maritain nos diga si encuentra una opo­
sición formal entre su opinión sobre el sentido
de la razón, y la definición que ha dado ei
señor Ruin: "metteuse en forme” al servicio
del amor.
Sr. M A R IT A IN — Trataré de ser todo lo
breve que pueda:
Encuentro que esta expresión, "metteuse en
form e” , acerca de la razón, puede ser tomada
en varios sentidos diferentes, y entre ellos per­
cibo un significado por el cual yo podría estar
perfectamente de acuerdo con el señor Ruin.
Si se entiende por él que la razón es prácti­
camente "metteuse en form é” , es decir, que ella
impone una forma a un contenido que le es
suministrado por lo irracional contenido en e1
ser humano. Pero, ¿por qué es ella, en este sen­
tido la "metteuse en forme” dado que es capaz
en el orden psicológico, de conquistar la rea­
lidad, de obtener y de conocer el ser? Y dán­
dose esta verdad en el orden psicológico, 1:
razón es entonces capaz, por sí misma, de cor
formar la vida humana, los sentimientos y el
mundo irracional.
Pero en esta expresión "metteuse en fo r­
me” , la razón no es servidora; ella sigue siendo.

por lo contrario, la que da la dirección y la
medida, no a título de medida absolutamente
primaria, puesto que en la definición que yo
he dado, ella misma depende de un sujeto su­
perior. Y el pensamiento del señor Ruin es com ­
pletamente exacto en mi opinión, al presentar a
la razón como servidora del amor, dado que nos
ha puesto en guardia, de una manera sumamen­
te penetrante y justa, contra el abuso que po­
dría hacerse de esta palabra "am or” .
Sr. CREMIEUX — El señor Ruin aprueba la
interpretación que el señor Maritain ha hecho,
ae su expresión "metteuse en forme” .
Sr. R U IN — Es exacco lo que el señor Ma­
ritain ha dicho. Lo podría suscribir.
Sr. CREMIEUX — Entonces llegamos a este
primer punto de concordancia: que la expresión
"metteuse en forme” , pronunciada por el señor
Ruin, no está en contradicción con la función
directiva de la razón, bajo esta reserva: que los
creyentes estiman que por encima de la razón
humana hay una sabiduría divina superior. Pero
en el dominio de los humanos los cuatro ora­
dores están de acuerdo para afirmar la pri­
macía de la razón.
Después de la síntesis que he hecho, pregun­
taría si alguan se opone a la primacía de la
razón, en el sentido bien delimitado que he
dado.
Sr. M A R IN E T T I — Y o, en parte. ¿Debo, en
consecuencia, responder a esta cuestión junto con
la última?
Sr. CREMIEUX — Preferiría que os reser­
varais para la última cuestión. Si prefiero que
el señor Marinetti se r e s e r v e para luego, es
porque creo que su exposición no versa sobre
el valor humano de la razón, sino sobre su
aplicación.
Sr. M A R IN E T T I — Estoy un poquito fuera
de las categorías, y es por ello que deseo ha­
blar.
Sr. CREMIEUX — ¡Ya lo haréis! Así, pues,
precisado el principio de la razón, preguntaría
a nuestro amigo Maritain si he interpretado bien
«u pensamiento y el del señor Mallea, cuando ha
dicho que los principales obstáculos a que el
mundo se vuelva razonable son, por una par­
te, las fuerzas biológicas, y por otra, los pro­
pios errores de la razón, debiendo ésta luchar
contra sí misma.
Sr. M A R IT A IN — Digo una vez más que
es una cuestión de vocabulario la que se plan­
tea. T odo depende de lo que se ponga en esta
palabra, evidentemente muy emocionante, de
revolución. Lo que he querido decir es que la
razón comienza ordinariamente, en cierto mo­
do, en el dominio de la práctica y que avanza,
en consecuencia, rectificando sus errores. Esta
rectificación, esta autocrítica y autorrectificación pueden ser llamadas, si se quiere, revo­
lución; pero esta palabra corre el riesgo de ser
equívoca, porque podría hacer creer que la ra­
zón trabaja en una búsqueda perpetua de lo
nuevo, por una nueva problematizacióp de lo
ya adquirido, concepción ésta defendida por un
cierto número de espíritus y en particular por
los filósofos que se afilian a una nueva forma

de surrealismo, que se llama el suprarracionalismo; es el señor Bachelard quien defiende en
Francia esta teoría, según la cual la razón debe
constantemente proceder por una negación y
problematización perpetua de sus propios princi­
pios. N o es bajo esta acepción que yo he pro­
puesto este asunto.
He dicho ayer Gue lo principal es tomar con­
ciencia de la ordenación de la razón con re­
lación a lo que no es ella, es decir, al ser, a las
profundidades del ser a descubrir; y práctica­
mente ella debe también, como decíamos, alcan­
zar sus límites en cuanto a las realidades de la
vida propiamente humana. Es allí donde por lo
general se equivoca.
Diré, pues, que la razón comienza por equi­
vocarse, y por rechazarse a sí misma después.
N o hay en esto revolución propiamente dicha,
en el sentido que le da Benda. Hay revolución,
si se quiere, en otro sentido: en la medida en
que generalmente la razón para descubrir una
verdad nueva, a causa de su debilidad misma,
siente la necesidad de apoyarse sobre el error.
Es en el conjunto, en un mismo complejo, que
la verdad nueva nos aparece con ciertos errores;
es menester hacer después una selección, un
trabajo de purificación. Por otra parte, las ver­
dades ya reconocidas corren en general el ries­
go de enquistarse en el espíritu que las posee.
Es necesario hacer una especie de refundición
sustancial para extraer de estas verdades los erro
res que se han mezclado: y este trabajo de re­
fundición sustancial parecerá una revolución, pe­
ro en un sentido muy estricto.
Sr. CREMIEUX — ¿Hay alguien que quiera
sostener que la razón es revolucionaria en el
sentido que le da Bachelard, a quien no conozco,
j.ero que el Sr. Maritain acaba de mencionar?
cNadie pide la palabra para sostener que la ra­
zón es en esencia revolucionaria? Creo que nos­
otros no podemos discutir el punto referente
a la afirmación religiosa y que el interés prin­
cipal reside ahora sobre la afirmación de los
cuatro oradores, según la cual la razón no de­
be en ningún ca&gt;o estar subordinada a cosa al­
guna, cualquiera que sea, raza, estado, etc.
Como los oradores creo que han sido muy
claros sobre este punto, puedo dar la palabra
ai señor Marinetti para responder acerca del mis­
mo. Después de esto, daré la palabra, con per­
miso de la Presidencia, al Sr. Khadduri y a
la señora W adía, quienes desarrollarán sus pun­
tos de vista en un marco menos limitado. Si
quedan después algunos minutos, yo sacaré las
conclusiones.
Sr. Marinetti, tenéis la palabra.
Sr. M A R IN E T T I — N o haré un discurso.
Trataré de ser breve, más breve que todo el
mundo. Nuestro amigo Cremieux nos ha hecho
una maravillosa exposición del pensamiento, pero
dudo que llegue a realizar lo que desea: po­
nernos de acuerdo, porque estamos entre un
océano, la palabra inteligencia, y otro océano,
la vida. El señor Maritain ha dicho ayer con
acierto, y creo interpretar bien su pensamiento,
que la vida toma una forma de la inteligencia.

(Continúa en la pág. 11)

imágenes. “ S iegfried ” (traslación de
una de sus novelas) sería el primer
paso. Le seguiría “ A m phitryon 38”
donde despunta una sátira a la in­
felicidad de los dioses. — Alcm ena se
alegra de que en el Olimpo no haya
un dios del amor conyugal y le brin­
da a Júpiter su amistad, invención
exclusiva de los humanos. Y a en
esta obra están en ju ego sus parti­
culares anacronismos. Esos diálogos
que nunca sostendrán las personas,
ese am asijo de lo cotidiano g ra cio­
samente intercalado a destiempo p a­
ra que alguna vez sea un elemento
extraño. “ Le cantique des cantiques” serie de brillantes variaciones
sobre el amor, en envolturas de ale­
gorías, esconde el pensaminto, o lo
transparenta, o quizá más bien lo
sugiere. Mas, ya deja ver que su
palabra está bordada en ondulación
armoniosa de túnica. Y aunque “ In­
termezzo” es un canto a la poesía,
Giraudoux llegará más alto en “ Judith” , “ Le guerre de Troie n’aura
pas lieu” y “ E lectre” .
“ Interm ezzo” , trae aliada para
nosotros la representación que hi­
ciera M argarita X irg ú de la versión
castellana de José B ianco tan ajus­
tada a la fina prosa del autor. A qu e­
lla Isabelle que escucha al fantasma
y p or interm edio de él, al am or y
ál más allá, tenía la voz y el espí­
ritu que le con fería la gran actriz.
X av ier V illaurrutia y A gustín La­
zo han traducido en M éjico, “ Judith” y “ La guerre de Troie n ’aura
pas lieu” ( “ No habrá guerra en T ro­
y a ” ) con notable probidad, amplian­
do así el redu cido panoram a de este
autor en castellano, del que no hay
más de cin co obras en nuestro id io­
ma, y no todas fáciles de conseguir.
En tren de escarceos, es dado se­
ñalar que G iraudoux ha cultivado
tam bién la crítica, publicando estu­
dios sobre Choderlos de Lacios, Racine y Gerard de Nerval, reunidos
en 1943, en un yolum en titulado
“ Littérature” editado en Canadá.
En 1938, da cinco conferencias so­
bre La Fontaine que reúne en un li­
bro con la denom inación de “ Les
cinq tentations de La Fontaine” .
A nteriorm ente había aparecido “ La
France sentimentale” conteniendo
una serie de artículos de diversas
índoles.
L ejos de pretender con lo expues­
to dar un re fle jo de la figu ra tan
com pleja de Giraudoux, sin detener­
nos debidam ente en su teatro, sin
bosquejar ese “ entente” p o r la que
bregó, dedicándole páginas de “ A d ­
ventures de Jéróm e B ardini ” y
“ S iegfried et le lim ousin” , sin alu­
dir a “ Ondine” y a “ Sodom e y Gom orrhe” su últim a obra dram ática,
sin analizar en fin otras mil facetas
fundam entales, estas líneas sólo han
querido evocar otra pérdida más en
el campo de la inteligencia. Para
muchos quizá, la más leve, pero leve
era su prosa que apresaba form as
etéreas, impresiones fugitivas, y nos
agradaba tan to con sus melodías
delicadas, casi inaprehensibles. P ro­
sa en la ru ta eterna de la búsqueda
y el perm anente hallazgo.

�C O N T R A P U N T O

AL

(Viene de la p á g .4 )

Piedra c vanidad del tiempo que a sí se erige dólmenes.
Máscara turbia de una fábula lenta que perdura en su mímica.
Ignora las primaveras — danza del árbol y la sangre__
Sus destellos o ruinas,
témpano sin temperatura.
Accede en su color o declina en su orgullo
sólo per la gran constancia unitaria.
La tierra cargada de su plomo triste
gira por un azar de siglos y girándulas.
Ved la piedra en su código:
materia que sólo sabe dormir, dormir, párpado a plomo,
esclava en su postura,
deriva una soledad de limbo a limbo.

Y la actitud final:
R om pí su cuerpo por ver su corazón: témpano sólo.
Vacié su vaso, arena muerta contenida.
c-lla, lo eterno; yo, lo efím ero ardiente, la atropello a sangre y canto.
Lo sé: me mira hasta los huesos con mi lápida,
pero lim o sobre ella, porque algo suyo llora en mi su destino.
Hombre beodo de piedra, de su vino de lápidas,
de su tufo de templo, de sagrado patíbulo, convalece y escucha:
un élitro estival clama en tu pámpano,
oh alma que aun habitas un cuerpo,
cuerpo que aun hospeda su sangre,
sangre que aun exige su liturgia terrestre.
Bulle en el corazón un encendido enjambre venero de tórridas burbujas;
criaturas de un latido asumen su vigilia en el tallo de un pulso;
se heredan y suceden llamas de un leve pétalo votivo,
romo abejas de fuego entre voraces párpados
que inflaman su faceta púrpura y se retiran:
se percibe el humo de la vida que extinguen sus luciérnagas.
Canta, pequeño pastor de unos días y una sangre
sobre la tierra, nuestra heredera y nuestra herencia,
canta, oh, deudo, mientras vuelve a la heredad la dádiva,
gota a gota a su núcleo,
porque es honra del hombre libar lo que su oscura,
última flor contiene,
así madura la equidad del mundo, oh héroe del corazn, clamando.

Así concluye este magnífico conjunto
orquestal de palabras, de palabras que
son insustituibles, porque cada una de
ellas entraña un destino de perdurable
poesía. Libro que pertenece al tono uni­
versal, su mundo poético enuncia y uti­
liza leyes de alta maestría estética. El
profundo conocimiento del mecanismo
verbal está al servicio de una gran pasión,
de un fervor. Por eso nada sobra en este
libro. Circunscribiéndolo a nuestra lite­
ratura, cabe señalar un hecho extraordi­
nario: el de incorporar a nuestra estruc­
tura poética otro aspecto de la divisible
realidad. Libro de difícil lectura, "Piedra
Infinita” es de esos libros que además del
profundo goce estético y la densa calidad
dramática que implican, proponen vivir
sensiblemente su experiencia y convocan
problemas de orden formal y ético. Un
tiempo torturado como el nuestro pro"
duce necesariamente obras torturadas. En
un sentido estrictamente formal, hay
proezas de lenguaje en él. Cuando lo ne­
cesita, Ramponi es suntuoso, es retórico.
También llega a la descarnada precisión
y a la pura carne del vivir tumultuoso
de cada día. Es que todos los elementos
son buenos cuando sirven a una alta ver­
dad.
Hombre integrado en llanura, hombre
integrado en selva y en desierto y en río,
nuestro hombre pertenece también, allí
donde se resuelve oscuramente su vincu­
lación con lo cósmico, a la fría sombra
de una cordillera cuya principal sustan­
cia es el permanente tiempo.
Concluida su lectura, nos queda la
sensación de haber asistido a un vertigi­
noso itinerario de espanto; todo el abis­
mo, todo el decrépito material de esconr
bro del tiempo, toda la voluntariosa y
fuerte sangre de la criatura humana pug­
nando ante lo inerte están viviendo sus
versos. He querido destacar algunos frag­
mentos que indiquen ese vértigo.
•r í¡*
Considerado ya el poema desde un pun­
to de vista objetivo y crítico, ¿qué acti­
tud final comporta el autor, como crea­
dor estético, como conductor de un men­
saje? ¿Qué ubicación le pertenece dentro
de la poesía nacional, y frente a esta poe­
sía, qué consariguinidad establece su puen'
te y qué factores la separan? Porque im­
porta — y aunque en esto el poeta no
cuenta, inmerso ya en la propia sustan­
cia de su demonio poético— desde el án­
gulo de simple lector, conocer el rostro
de la obra de Ramponi; ese rostro que
mira hacia el mundo y que para el des­
tino del poema — como para el destino
de toda obra de arte— es el único vale­
dero; aquél al cual el tiempo respetará
para siempre o lo cubrirá de implacable
olvido según su sino auténtico. Hemos
deseado para este libro de Ramponi la di­
fusión que todo libro debe tener para
llegar adonde debe. Desgraciadamente el
autor ha publicado su obra en limitada
edición.
Ramponi no vive una experiencia de
carácter realista frente a las categorías
que inciden sobre su sensibilidad. Es emi'

nentemente subjetivo y desde su profun"
da intimidad se lanza a la desesperada
expresión de sensaciones y vivencias, y de
ahí que el tono general de su verso sea
por encima de todo, musical, auditivo,
sea una selva de palabras que gimen o
estallan, guardando entre tan espeso fo­
llaje la esencia del objeto que canta. Es
antes que nada, canto puro, en el sentido
tradicional del poema.
Una captación superficial y apresura­
da de estas características daría como
consecuencia un dictamen de poesía me­
ramente verbalista, sólo construida sobre
fundamentos retóricos. Paradojalmente,
la densa dramaticidad de "Piedra Infini­
ta” está sostenida en vilo por el recurso
puramente oral ,por una vorágine de pa­
labras de eco sonoro y perdurable; es de­
cir, que estos elementos que cuando se
presentan solos y como substancia fun­
damental del poema constituyen eso que
entendemos por mala poesía, aquí son
vertebrales e imprescindibles, aquí tras"
máten su impureza a la pureza, aquí se
amalgaman en una sola materia, tal co­
mo en los cuerpos vivos la sangre y la
savia transportan elementos disímiles pe­
ro que se funden en carne crecedera y
vital.
Después de atravesar la espesa marea
del poema, calmas ya las aguas de esa
agonía atroz, queda algo concreto aun­
que pequeño, luminoso aunque débil pero
en toda forma lúcido, cierto, verdadero:
queda el hombre.
Frente a la piedra, que no sabremos ja­
más si es un caos inmóvil o un orden im­
penetrable, queda su razón desnuda e in­
demne.
Y este final, que podría parecer el más
tremendo de los pesimismos y de los des­
engaños, es en esencia el sereno reconocí"
miento del hombre ante lo eterno en pug­
na con su propia condición humana. El
debe volver al polvo, a la nada total en
donde está el misterio mismo de la vida.
Queda, al fin de todo, un dios sin sentido
de lo divino, cuyo atributo mayor lo im­
pele a acometer ese "terror que fué un
dolor remoto” . La ley de la razón se lan­
za, desesperada, a abrirle una brecha a la
dura piel de la irracionalidad hierática y
ciega. Nos parece que esto importa un
hondo sentido de afirmación humana,
vital.
La poesía de Jorge Enrique Ramponi
se incorpora por su sola razón de existir
a esa estructura no muy precisa que lla­
mamos literatura nacional. Debemos ad­
mitir, aunque nos cueste, que no sabe­
mos concretamente qué es eso de "litera­
tura nacional” . Es dable pensar que ha
pasado la hora de las estériles batallas teó­
ricas frente a problemas cuya índole y
cuya densidad han rebasado su propio
cauce hasta anegarnos con su caudalosa
pujanza. Ya no es cuestión de ir hacia
los problemas. Ellos están sobre nosotros;
tan fuerte es su vigencia que, coincidien­
do con un cúmulo de factores de natura­
leza diversa — históricos, sociales, políti­
cos, etc.— se identifica con los aconteceres cotidianos de cada hombre. Es el pro­

blema mismo del individuo ubicado en la
sociedad que lo contiene, vinculándolo
por una maraña de tentáculos con todas
las conexiones, que hoy, fuerza es reco­
nocerlo, son de importancia imprescindi­
ble. El escritor de nuestro tiempo ya no
puede hablar de problemas estéticos con
prescindencia de las demás categorías que
comportan el ser. Es forzoso admitir que
una posición estética (como problema de
arte) debe ser asimismo, también una po­
sición llanamente humana. Nuestro tiem­
po más inmediato ha decretado la muerte
de todos los unilateralismos; reclama sin
piedad al hombre integral, a ese hombre
sumergido entre todos sus humores y con
la responsabilidad plena sobre su destino
total. Para el intelectual, esta profesión
de plenitud toma su forma más aguda,
se le exige sin transacciones de ninguna
especie.
Cuando decíamos que la obra de Ram­
poni es una contribución a un aspecto de
nuestra varia realidad, lo hacíamos con
la plena conciencia de todas las objecio­
nes que su obra puede soportar. Pero tam­
bién debemos dejar bien sentado que la
casi totalidad de esas objeciones, más que
al mismo Ramponi, deben hacerse a nues­
tro medio, al propio clima poético que,
pese o no a él, lo contiene. Nuestra poé­
tica es la poética de las individualidades
singularizadas por su solo talento perso­
nal, no el producto de una generación o
generaciones que interpretan poéticamen­
te un determinado sentir del mundo —
del propio mundo— en el tiempo. Así,
sólo tenemos poetas que al darnos lo me­
jor de su sensibilidad estética, no nos da­
ban su integración a una realidad co­
mún, a eso que oscuramente llamamos
"lo nacional” .
Ramponi es una consecuencia más en
este sentido de esa hemiplejía poética que
anotamos. Por eso su esfuerzo, con ser de
una profunda hondura y de una maravi­
llosa calidad dramática, es, al mismo
tiempo, fragmentario, unilateral.
De ahí que resulte trasnochado y ocio­
so urgar en "Piedra Infinira” , "debilida­
des” , y sacar luego conclusiones que ya
son lugar común en la gazmoñería lite­
raria.
Estamos frente a la obra de un gran
poeta que ha volcado en ella todo su
fervor de cada día, con honradez, con
valor. De un poeta que se le siente su­
frir. No le encontrarán a su obra la fal­
sedad ni el mimetismo ni la gratuita
concesión. Podrá hallarse en cambio — y
esto es bueno— defectos, mezclados a su
potente tono mayor, avasallante, noble,
limpio.
Bienvenida a nuestra poesia su poesía.
Consuela su decir sobrecogedor y her­
moso, de tanto poeta irreprochable y mal­
versador, de tanto poeta exquisito que
padecemos y bajo el cual tiembla una
pobre criatura sin fervor.

UNA

Hervirán en esta marmita bodrios li­
terarios, guisados y desaguisados, sopas
de letras, pasteles, pastelones y "pasti­
ches” , y cuanto estofado insulso, pican­
tes compuestos, zurcidos de cocina, com­
potas y carbonadas a medio cocer salgan
del culinari-caletre de escribidores, liróforos y portaliras.
Todos tendrán aquí su sal y su pi­
mienta, y serán cocidos a la temperatura
adecuada, según sus merecimientos.

Queremos crítica firmada, se­
ñores! . . . Crítica, firmada, seria
y responsable, com o en los buenos
tiempo de don Roberto Payró.
E l D iablo C o ju d o deja su tr i­
dente y, p or hoy, pone tapa a su
bullente marmita, hace un gran sa­
ludo y se pierde entre el humo de
los azufres infernales.

La Inteligencia y la Vida
Viene de la pág. 10)
La inteligencia tiene su origen en la vida, esto
es indiscutible, y creo que es completamente im­
posible determinar, sin ofender la inteligencia,
ios límites intransferibles entre estas dos enti­
dades. Nadie ha pronunciado una palabra que
yo cito a menudo y que es en mi opinión una
demostración de su poder de verbalización: la
vida desborda la inteligencia. Esto es, en cierto
modo, la solución del problema. La inteligencia
es una voluntad activa, enérgica, que tiende a
situar en una categoría, en un sitio restringido
lo que es inmenso, la vida, que fatalmente des­
borda. En la intención, asimismo, de responder
favorablemente al cuestionario presentado con
mucha habilidad y finura por Cremieux, diré
que no podéis negar, fuera de toda religión, que
hay en la vida dos sensaciones, llamémoslas así,
de las cuales una puede ser llamada lo divino
y otra lo diabólico. Fuera de toda filosofía de
cátedra, de todo sistema y enseñanza universi­
taria, así como de toda teología, es exacto que
se siente a veces, o puede entreverse, a lo di­
vino y lo diabólico. He tratado entonces de ha­
cer en cierto modo dos categorías, sin menos­
cabar la inteligencia ni la vida. Busco lo que
podría llamarse el fruto de la vida y el fruto
de la inteligencia. Hallo que lo diabólico — lio
se trata de infierno, ni de cielo— podría de­
nominarse "pensamiento negro” , cuando podemos,
en un momento dado, sentir el fruto de la in­
teligencia bajo la forma de diferentes cosas; po­
dríamos anotar, por ejemplo, el trance crítico,
el pesimismo, la envidia, el dinero, la avaricia,
la traición, la miseria, el espíritu sofocante, *1
aburrimiento, y la posesión conservadora, son
otros tantos momentos diabólicos. Lo divino es
a menudo el fruto de la vida bajo formas de
la potencia creadora artística o científica, bajo
forma del espíritu revolucionario, de la alegría
ingenua, de la poesía, del arte, de todas las ar­
tes y bajo la forma de los desbordes fisiológicos,
naturalmente del amor, naturalmente de la ter­
nura, de la voluptuosidad, de la voluntad de
poderío, del maquinismo. En cuanto al maquinismo, me dirijo antes que a nadie a la señora
Sofía W adía. Basta contemplar una central
eléctrica, en la que dos, tres o cuatro hombres
son suficientes para la limpieza y la puesta en
marcha de máquinas, que dan la muerte, en la
que hay dos o tres cables que tienen el sentido

CUESTION-DE

TONO

(Viene de la pág. 1.)

nada una actitud moral. Sólo después puede discutirse hasta el cansan­
cio y proyectar en toda su vastedad filosófica lo que esta actitud en­
traña. Pero estamos lejos de esa pretención — cada cual irá buscando
su verdad— pues para que se produzca in limine la disonancia que
buscamos — con ello nos basta— es suficiente la primera seguridad
moral: juzgar en función de las obras dadas, de los hechos en lite­
ratura y arte consumados. Contrapuntear en este concierto de vo­
ces que nos hiere el oído con un m atiz común de suficiencia, de afepiración profesional, de política camarillesca. . . de miedo. Miedo a
Europa, miedo a la calidad, miedo a los exquisitos, miedo a los li­
bros, miedo a la postergación, miedo a la propia verdad. Salir de este
miedo, y aun de esa especie de heroísmo polemizante y gritón, ar­
mado de brulote y silbido, que es el mismo miedo en estado de có­
lera y de furia. Ver si es cierta esta serenidad que parece querer
cobrar su voz en nosotros, y que quizá se insinúa hoy en el mundo,
como sucede siempre después del dolor o aún del reflejo del dolor.
Serenidad que cuaja en una atmósfera sin penumbra y sin rever­
beración. Donde la mirada llega sin frialdad pero con sosiego, hasta
él contorno cognoscible del objeto.
Nada trascendente, pues, en todo esto. N i constituimos un grupo
posesionado de una verdad, ni tenemos la receta del arte ni las llaves
del mundo. Sólo "u n a revista más” , y una toma de conciencia de nues­
tra realidad intelectual. Ese es nuestro programa m ínimo. Para ello,
C O N T R A P U N T O no hace de su carácter "contrapuntístico” ni un
propósito, ni un deseo, ni un sistema. Cree que por su sola presencia,
por su solo existir, ha de dar el tono capaz de crear la contrafigura
necesaria. Es sólo una cuestión de tono, que participa del carácter in­
directo del sonido. N o está en la misma materia: sólo su vibración
lo exhala.

de lo divino. En consecuencia, cuando pienso
en las máquinas no es preciso pensar siempre
en las ametralladoras. Maquinismo liberador,
velocidad, que suspende los corazones y los es­
píritus, acorta la tierra y las distancias, dán­
doos así el placer de encontrar gentes tan in­
teligentes, cosa imposible si la velocidad no
existiera. El amor en general, transporte del co­
razón, heroísmo, misticismo (aplausos).
Sr. CREMIEUX — El punto que acaba de
abordar el señor Marínetti en el debate da una
nota nueva. El señor Marinetti nos ha puesto en
guardia contra la inteligencia, ¿pero es contra
la inteligencia destructiva o constructiva?
Sr. M A RIN E TTI — Es contra la inteligencia
conservadora. Es extraño, ¡pero es así!
Sr. CREMTEUX — Nos ha propuesto, no pa­
ra suprimir la iniciativa de la inteligencia sino
para corregirla, al irrealismo, al misticismo, a
la voluntad de poderío. Resumo la objeción que
se ha hecho a la tesis de Marinetti, a fin de
que pueda responder. He aquí lo que se dice,
Marinetti, contra vuestra tesis: se dice que la
inteligencia se equivoca, que ella es destructiva
— el señor Maritain lo ha dicho— pero ha agre­
gado que la inteligencia tiene siempre un recurso,
que ella encuentra, su propio correctivo, puesto
que después de haberse equivocado, de haberse
destruido, reconstruye. (Aplausos).
Sr. M A RIN E TTI — Al contrario. Y o la re­
puto enemiga de la voluntad de poderío.
Sr. CREMIEUX — Planteo dos problemas pa­
ra que podáis responder: la voluntad de poderío
puede ser también destructiva, y cuando es
destructiva no tiene ningún recurso contra sí
misma, mientras que la razón, después de haber­
se equivocado, la tiene.
Sr. M A RIN E TTI — Vuestra objeción, querido
Cremieux, es muy sutil. Decís: la inteligencia
se equivoca y puede corregirse. Por mi parte ha­
llo que la inteligencia se equivoca y muere. La
voluntad de la vida, es decir, la vida en sí
misma, se equivoca, pero se corrigq por una nue­
va vida. (Aplausos).
Sr. CREMIEUX — Creo que la discusión pue­
de cerrarse sobre ios puntos propuestos, y antes
de dar la palabra a la señora W adía, quiero
aclarar, para aue la discusión quede perfecta­
mente terminada, que estamos de acuerdo sobre
todos los puntos, salvo en uno. En el que el
señor Marinetti acaba de indicar. El profesa lo
que yo llamaría el misticismo de la vida, mien­
tras que todos los oradores anteriores han pro­
fesado lo que yo llamaría el misticismo de la
razón. Resta un punto de vista que no ha sido
presentado aquí, es el punto de vista marxista,
el puntp de vista del materialismo histórico. Y o
lo siento por mi parte, pero cuando se diga que
nuestro Congreso fué un Congreso marxista, po­
demos afirmar que no lia sido así. (Aplausos) .

Ls Función Social del...
(Viene de la pág. 1)

gen de los tiempos, parece indispensable
al desarrollo de una sociedad armoniosa,
no puede realizarse con felicidad, esto
es, con fruto, sino en gracia de una justa
libertad. No hay libertad que no encuen­
tre sus límites. Por profundamente in­
dividualista que sea, no olvido que vivo
en sociedad. Consiento, pues, para juz­
gar la libertad que me es adjudicada,
en sacrificar mis conveniencias persona­
les. Digo que la libertad es suficiente,
justa y razonable, cuando hallo que los
grandes poetas y filósofos, en quienes sa­
ludamos a nuestros maestros, han podido
componer sus obras maestras libres de
toda sujeción. Si Goethe, Plugo, Dante,
Montaigne, Shakespeare, Cervantes y Spinoza, por ejemplo, se hubieran encon­
trado cargados de cadenas, yo habría
dicho que no soy Jibre. Tal es mi cri­
terio.
Los obstáculos a la libertad no siem­
pre han impedido a los escritores hacer
acto de creadores, pero han perturbado
notablemente las relaciones de los es­
critores con la sociedad. En otros tér­
minos, han perturbado a los escritores
en el ejercicio de su verdadera función
social.

�Pág.

12

C O N T R A P U N T O

EL COMBATE DE SAN LORENZO
(Pieza histórica en cinco cuadros)
CUADRO PRIM ERO

E

i

L fren te de la posta de ¡San L o­
renzo, camino del Rosario a la
ciudad de Santa F e, el 2 de febrero
de 1813. Es noche cerrada. Hay un
carruaje como abandonado, con los
tiros en el suelo. Apar&amp;se un oficial,
con varios soldados. Examinan el co­
che, mientras el oficial entra en la
casa de la posta y sal-e con el maes­
tro.

u

M AESTRO. — Me parece haberlo
visto ya. Va al Paraguay con mercan­
cía fina,.
O F IC IA L l 9 ( después de haberse
asomado al coche por una ventani­
lla). — Habrá que tomarlo.
M A E STR O . — Esté seguro que
lo que es éste no les irá con el cuen­
to a los godos.
O F IC IA L l 9 ( a los soldados). —
Avancen hasta el convento y quéden­
se de bomberos.
(Salen).
M AESTRO. — Cerca debe de an­
dar el jefe de milicias del puerto. T o­
da la tarde 'lian arreado el ganado
tierra adentro. Aunque esta vez no
son provisiones lo que los realistas
andan buscando. Es cosa más seria:
Se nos vienen encima, teniente.
O F IC IA L l 9. — Querrán repetir lo
de Zárate y San Pedro. O hacer co­
mo en San Nicolás, y matarles el
cura.
M A E STR O . — Y vaya contando
usted todos los pueblos de la orilla
que han saqueado y quemado, por
aquí cerca no más. Como saben que
no nos pueden poner la pata encima,
por eso queman y arrasan las pobla­
ciones.
O F IC IA L l 9. — Pueda que crean
atraerse las voluntades. Dicen que a
los salvajes los redujeron así.
M A E STR O . — Tienen que ser bru­
tos si piensan que a la gente se la
puede manejar a las malas. Los he­
mos aguantado trescientos años, y
porque les hemos d ich o: “ ¡B asta!
¡Vuélvansen a su tierra! No tenemos
nada con Vds., pero a su rey, y me­
nos todavía ése, no los queremos más
ni en la cara de la plata.’ ’ Recuerde
la manera fea como se ha dejado
agarrar, en tanto que los gringos in­
vaden su tierra. Pues en vez de vol­
verse en paz o venirse a traba jaicomo Dios manda, llevan dos años
arrasándonos la costa — peor que un
malón. Es mi parecer que van a
desembarcar, teniente. Y por aquí
no más. Y es mucha tropa para que
se les opongan las milicias.
( Han entrado San Martín, ves­
tido de paisano, y varios ofi­
ciales).
SA N M A R TIN . — ¿ Y este, ca­
rnaje ?
M A E STR O . — Es de un comer­
ciante inglés, que viaja al Paraguay.
Está dentro.
SAN M A R T IN (al Oficial l 9). —
Llámelo.
O F IC IA L l 9 (acercándose al co­
che). — ¿Quién está ahí?
ROBERTSON (desde adentro).—
Un viajero.
O F IC IA L l 9. — Salga.
ROBERTSON. — Déjeme dormit­
en paz.
OFICIAL l 9. — Baja, o lo saca­
mos a la fuerza.
SAN M A R TIN . — No sea V d.
duro, que no es enemigo.
RO B E RTSO N (asomándose). —
Seguramente usted es el coronel San
M artín. ..
SA N M ARTIN . — ¿Y si así fue­
ra?
ROB E RTSO N . — A quí está su
amigo Robertson. (B aja).
SA N M A R T IN (abrazándolo). -~
Y excelente amigo.
R O B E R TSO N . — Sospeché que
fuesen los marinos. E l Maestro de
posta me ha dejado sin caballos.
SA N M A R TIN . — E l Gobierno
los ha requisado para mis granade­
ros, a mi pedido.
R O B E RTSO N . — ¿E stá usted vi­
gilando la costa?
SA N M A R TIN . — N o . . . sino ins-

:

Por
E. F. RUBENS
peecionando las defensas.
O F IC IA L l 9. — Ha vuelto un
soldado de los que mandé al con­
vento.
SAN M A R TIN . — Que se acer­
que.
SOLDADO l 9 (de paisano). —
Siguen entre el convaito y la isla,
como esta tarde, coronel. Hay mu­
chas luces en los barcos, como si
hubiera movimiento.
SAN M A R TIN (a los oficiales).
— Ensillen los caballos de relevo, y
se están listos en diez minutos.
(Quedan San Martín, Robertson
y el M aestro).
SAN M A R T IN (a R obertson). —
H oy los estuve observando. Tengo
la eerteza de que bajan en San L o­
renzo. Ensayaban maniobra de des­
embarco.
R O B ERTSON . — Mucho me gus­
taría acompañarlo, coronel San Mar­
tín.
SAN M A R TIN . — ¡Cóm o no!
(Con naturalidad). Mi primer hecho
de armas en América, con un testi­
go como Vd., míster Robertson!
(Pausa). Llevamos cinco noches a
caballo, siguiéndolos, esperando que
bajen. Probablemente no les irá lo
bien que se piensan. Y se termina­
rán, al menos, las piraterías, para
alivio de la pobre gente de la ribera.
ROBERTSON . — Pues a mí me
parece inconveniente arrasar la cos­
ta. Quémele V d. a la gente su casa
o mátele los hijos, y en vez de en­
tregarse, se empecina.
SAN M A R TIN . — Es así, míster
Robertson. Andan con pie cambia­
do. ¿P ero quién convence a los go-'*
dos. .. con la soberbia y obstinación
que tienen? (Pausa). Le haré apron­
tar caballos para Vd. y su sirviente,
p or si la suerte nos es contraria.
ROBERTSON . — Muchas gra­
cias. Espero no necesitarlos. La mar­
cialidad de sus soldados no deja du­
da sobre el resultado.
SA N M A R TIN . — Van a ver la
cara del enemigo p or primera vez.
Espero que no me defrauden. Son
nuevitos. Solos doce hombres traen
carabina. H ubo que dejar atrás las
compañías de infantería. A mí tampo­
co no me lo justificarán, cuando no
he conseguido todavía que crean que
he venido a Am érica para ponerme a
su servicio, no a traicionarla. Pero las
cosas se han de hacer con los medios
de que se dispone, y aunque el diablo
meta la cola, o la pata. Sería en E u ­
ropa una escaramuza insignificante;
aquí una carga y un centenar de sol­
dados pueden alterar el curso de la
guerra.
(E n tra un oficial con un mari­
nero medio desnudo).
O F IC IA L 29. — C oronel: Un ma­
rinero, fugado de los b a r c o s ...
SAN M A R T IN (rápido). — ¿De
dónde es V d ?
M A R IN E R O (todavía jadeante).
— De Asunción, señor. Me tomaron
frente a San Pedro. Venía en un
falucho, con yerba. Lo hundieron. ..
a cañonazos.
SA N M A R TIN . — Resulta ser un
crimen navegar por el río, para los
c r io llo s ...
M A R IN E R O . — Decían que me
iban a fusilar. Según ellos, por re­
belde. Y o no les había hecho nada.
Hasta ese instante ni había querido
saber nada de la guerra, señor. “ Pa­
ra m í” , pensaba — ya hacía mi tra­
bajo— : “ que pelearan otros.” Por
suerte pude escaparme. Ahora sí...
Para cobrárm elas. . . Pude soltarme
y me tiré al agua.
SA N M A R TIN . — ¿Cuántos tri­
pulantes?
M A R IN E R O . — Unos doscientos
cincuenta de desembarco, con dos ca­
ñoneo tos.
SAN M A R TIN . — ¿Los que mon­
taron esta tarde?
M A R IN E R O . — Sí, señor. Suerte
que es de su conocimiento. Los man­

da un vasco grandote. A yer bajaron
a saquear el conveuto. Eran unos
pocos. Fugaron no Lien divisaron
una polvareda que se levantaba del
sur.
M A ESTRO. — Los milicianos del
Rosario.
M A R IN E RO . — A l amanecer van
a volver, y todos. Sospechan que hay
mucha plata en el convento. Y pien­
san correrse para adentro.
SAN M A R TIN . — Por San Pedro
fué encontrado un muerto.
M A R IN E RO . — E l patrón, señor.
No bien los vimos, enfilamos para las
islas. Lo mató la andanada. Y o me
salvé porque Dios es grande. ¿Cree
usted que se apiadaron de mí? Que­
rían que les dijera qué había río arri­
ba. Como yo no había visto nada, no
podía informarles de nada. ¿Cómo
me iban a dejar bajar a ver las ba­
terías ? ¡ Qué mala gente, señor! Se
consideran más que nosotros porque
han nacido en España.
M A E STR O . — Y no halla Vd.
uno, en todo el país, sin tener en
contra de los godos un motivo seme­
jante.
SAN M A R TIN . — O los dejamos
que nos sigan explotando otros tres
siglos, sin re m e d io.. . P or eso es ju s­
ta y racional esta guerra. Ni nos de­
ja n otra alternativa que esclavos o
matándonos, agachando el lomo bajo
su yugo o rebeldes en armas.
M A R IN E RO . — Se debía echar­
los, señor.
SAN M A R TIN . — ¿Quieres alis­
tarte con nosotros ?
M A R IN E R O . — Si V d. considera
que puedo servir. . . Mi intención era
avisar a las poblaciones. . . o ser útil
de cualquier manera. A eso vine. Y o
no sé manejar fusil, pero me gustaría
pelearlos a machete.
O F IC IA L 29 (entrando). — Es­
tamos listos, coronel.
SAN M A R T IN (al marinero). —
Hay una vacante en la segunda com­
pañía de granaderos.
M A R IN E RO . — Sí, señor. Con to­
da el alma se lo agradezco.
SAN M A R TIN . — Vamos. A ca­
ballo, en silencio. (Salen).
PEL.ON

CUADRO SEGUNDO
E l campanario del convento de
San Carlos, en San Lorenzo. Son las
tres de la mañana.
San Martín, que se ha puesto su
uniforme, observa con un catalejo.
Oficiales.
E ntra un oficial.
O F IC IA L P?. — Coronel: Ha lle­
gado el capitán de milicias.
SA N M A R TIN . — Dígale que se
sirva subir. Los milicianos, que se
distribuyan sin el menor ruido en las
salas que miran al río.
(E l oficial sale).
SAN M A R T IN (observando con
el catalejo). — Me parece notar ma­
yor movimiento a bordo. (A un o fi­
cial) Mire V d., capitán Bermúdez.
BERMjUDEZ. — Es exacto.
SA N M A R TIN . — H ay para va­
rias horas, todavía.
(E n tra Escalada).
E S C A L A D A . — Soy el coman­
dante Celedonio Escalada, para ser­
virlo, señor coronel. De acuerdo a
las instrucciones del Gobierno, me
pongo a sus órdenes con los cincuen­
ta y dos milicianos del Rosario que
han acudido a mi llamado. Sabien­
do su arribo, no juzgué oportuno lla­
mar más que a vecinos del puerto,
de mi confianza. Partidas de paisa­
nos recorren la costa, dando la alar­
ma a las poblaciones y prontos para
hacerle guerra de recursos al invasor.
(Pausa). Le hice prevenir caballos
de relevo en la posta, coronel.
SAN M A R TIN . — Me han sido
muy útiles.
E S C A L A D A . — A yer conseguí co ­
rrerlos.
S A N M A R TIN . — ¿Cómo fué eso?
E S C A L A D A . — Eran p o c o s ...
pero podían haberse defendido. Y
n o . . . no bien me divisaron, volvie­
ron a sus leños. Y eso que no traigo

sino un cañoncito y siete escopetas.
SAN M A R TIN . — ¿E s todo su ar­
mamento ?
E S C A L A D A . — Para pelear de
lejos, sí señor. Piense que no nos
dejaron mojar las Chuzas.
BERM U D EZ. — ¿Tienen una cier­
ta instrucción militar?
E S C A L A D A . — Muy insuficien­
te, señor. Guerra regular no se ha
hecho hasta ahora en la zona.
SAN M A R TIN . — Mi propósito
es atacar a los realistas apenas ha­
yan subido la barranca.
E S C A L A D A . — Los paisanos en
armas que estaban a mis órdenes sa­
ben cumplir con su deber.
SAN M ADTIN . — No se espera
menos de todos nosotros. Mi plan es
el siguiente: Dejarlos avanzar hasta
a unas cien yardas de la tapia üel
convento y cargar sobre ellos en dos
columnas, una por lado, a sable, y
lanza. Usted estará al frente de la
reserva, formada por sus milicianes
y la docena de granaderos con armas
largas. Si no se enteran de nuestra
existencia hasta el momento de la
carga, no creo que les toque la m ejor
parte. Sé el empuje y la decisión de
mis soldados. H e estudiado el te­
rreno del combate y de suceder las
cosas como se las ha previsto, no les
quedará espacio para reorganizar sus
cuadros, y se despeñan barranca aba­
jo. ¿E s apropiado el plan, señores
capitanes ?
BERM UDEZ. — Es lo indicado,
mi coronel.
E S C A L A D A . — Muy bien pensa­
do. Me parece muy bien. Conozco el
terreno. H ay un solo camino por el
que pueden subir en formación.
SAN M A R TIN . — A unas cinco
cuadras río arriba.
E S C A L A D A . — Exactamente.
SAN M A R TIN . — El objeto del
Gobierno es escarmentar de una vez
por todas a los invasores. Mis dispo­
siciones tienden a que no escape uno
sin su merecido.
E SC A L A D A . — Los habitantes ri­
bereños del Paraná estamos ansiosos
de que una cosa así suceda. No es
que lamenten sólo la quemazón de
propiedades y instrumentos de traba­
jo, o ser objeto de los bombardeos,
ni el cese del tráfico comercial del
río, de cuya prosperidad depende­
m o s .. .
B E R M U D E Z (que ha estado ob­
servando el río ). — Coronel: Un bo­
te .entre los barcos. (A otro oficial,
que mira también con c a ta le jo ).- ¿Lo
ve, teniente?
O F IC IA L 29. — Una embarcación
pequeña, que cruza, mi capitán.
SAN M A R TIN . — Déme el ante­
ojo. (Tom ándoselo). Comunicaciones
especiales o reunión de jefes. Falta
un buen rato todavía, (A l oficia l:)
¿Qué le sucede, Carrasco? ¿Temble­
que Vd. ?
O F IC IA L 29. — Son mis nervios,
señor, que no me responden. Y o le
prometo que cuando llegue el mo­
mento, sabré portarme.
SAN M A R TIN . — Así espero. T o­
dos vamos muy pronto a descargar
los n e r v io s ... pero sobre los godos.
Vaya a descansar un poco, muchacho.
OFICL\L 29 — No querría no in­
tervenir en la acción, señor.
SA N M A R T IN (con a fecto ). —
Ya le haré yo avisar cuando sea pre­
ciso.
O F IC IA L 29. — Muchas gracias,
señor. (Sale).
SAN M A R T IN (a Escalada). —
Pagando la novatada. La imagina­
ción, agrandando el peligro que aun
d escon oce.. .
E S C A L A D A . — O el cuerpo, que
se sospecha lo que le puede pasar, y
tiembla él, porque en un par de ho­
ras pueden perforarle el (cuero, o
achurarlo.
SAN M A R T IN . — Llegado el mo­
mento, no volverán la cara a las ba­
las. Es la espera, que desespera, en
este juego de la caza y de la muerte.
O F IC IA L l 9. — O del escondite,
mi coronel. Escúcheme V d .: Uno se
esconde y hace bulto, para que se
figure el otro que están ahí escondi­
dos todos cuantos son ; el otro simu­
la que no lo ve a uno, y lo tiene
observado. E l uno sabe que el otro
simula, para pillarlo. Confiado en
el compañero, que está oculto más

lejos e invisible, deja que el otro se
le acerque; en la apariencia, sufri­
d o ; armada la trampa, dispuesto a
que lo tomen desprevenido; hasta
que de atrás del matorral, o del montecito, o del cardizal, que no había el
otro registrado porque ahí a la vis­
ta están todos cuantos son, salta el
tercero ,irrumpe el escondido:
— pilla, píllete!
— pilla, bonete!
— que te pillé, pañete!
E l burlador, burlado. Emoción de
lo inesperado, quinto pie del gato,
no rabo, ni co la : matagatos. Corri­
da y disparo general — correr a es­
conderse, corridos, gritando— . A
merced del astuto vencedor; en humo
convertidas la dignidad y hombría,
la seguridad en el triunfo, el orgu ­
llo, la corona de laurel tan prome­
tida. honrosa página en la historia
de la piratería. ¡ Qué bonito pape­
ló n ! — A sí simulan no verlos los
marinos a sus milicianos, com andante;
el tercero, inesperado e imprevisible,
lo escondido que salta a la luz, son
el coronel y los sables con que les
cortamos los gañotes hoy a la madru­
gada.
SAN M A R TIN . — Mucho, Pache­
co ; y requetebién entendida la manio­
bra.
E S C A L A D A . — La pagarán todas
juntas la buena ocurrencia de bajar
a tierra.
SA N M A R T IN (a Escalada). —
Ni la seriedad del momento les hará
perder el humor. Con muchachos co­
mo éstos está ganada la guerra, co­
mandante.
(Pausa).
E S C A L A D A . — . . . Y véalos Vd.,
preparándose a desembarcar.. . Las
casas y los cuatro cacharros que se
tienen no valen n ad a .- hechas están
para quemadas o ta p e ra s .. . Pero es­
ta depredación continua me tiene con
sangre en el o j o . . . No crea, que tam­
bién los hay muy apegados a sus
ranchos y a cuanto han almacenado
en ellos. Me hago cargo que pueden
sentir él deseo de volver a la tranqui­
la vida de antes, como aseguran los
serviles que era la nuestra. A mi
modesto entender, aquí está el peli­
gro de la Revolución. A yer les salí
al encuentro por eso. ¡Nosotros no
queremos volver a lo de antes! Entre
la destrucción y la muerte se lo sos­
tendremos, y los que no se conven­
zan con razones, tendrán que aguan­
tarse. No, señores: las cosas no anda­
ban antes m ejor. Infórmense b ie n :
Llevo veinte años en el país, y ja ­
más han andado m ejor que ahora,
y eso que estamos en guerra. Además,
la gente vivía mordiéndose p or den­
tro. Me gustaría decírselo a los rea­
listas de los barcos — puesto que la
espera es forzosa, permítanme Vds.
que me desahogue — ; Si no les da
vergüenza pelear al servicio de un
rey. En este país pueden ser dueños
de sus p erson as.. . Pero quieren lle­
varse a todo el mundo por delante,
porque sí, y porque sirven a su sobe­
rano no respetan a los dem ás. . . se
llenan la boca con su soberano y con
que él sólo manda. . .. los demás so­
mos esclavos. (P ausa). Español con
el que he hablado mano a mano, se
ha vuelto patriota como el que más.
Eso s í. . . siempre que sea de a caba­
llo. Háganse de un caballo y toda
esta llanura inmensa es su,v a . . . Si
es maturrango, no nos entendemos.
Suele decir un padre m uy ilustrado
de este convento, que galopando la
pampa no hay extranjero ni criollo.
B E R M U D E Z. — Don Juan Larrea
es español de nacimiento.
E S C A L A D A . — Como yo, señor
capitán. Pero aquí nacieron mis nue­
ve hijos. No voy a pelear del lado
que procura que sigan siendo escla­
vos. Y aquí y o también soy libre. De
andar, de trabajar, de pensar. ¿P o r
qué, porque he nacido en un país que
no acepta que los hombres sean libres,
debo yo hacer abandono de estos do­
nes preciosos y de las consideraciones
de que gozo aquí?
SA N M A R T IN . — H ijos o nie­
tos de españoles somos casi todos,
y, sin embargo, nos vamos a matar
m uy pronto.
E S C A L A D A . — ¿P o r qué, dia­
blos, entonces, esta guerra ? Si lo te­
nemos todo para ser fe lic e s ...
SA N M A R T IN . — Me lo pregun(Continúa en la pág. 14)

�- LA A R G E N T IN A
GERTRUDIS
por D .

DE

CHALE

J. V O G E L M A N N

guras — ese paisaje dominante y esas figuras que con él se identifi­
can— , el propio aire que estas obras respiran, su hálito vital, su oculto
m ovim iento, revelan idéntico origen, origen de horizonte: la mani­
festación de lo infinito, esta faz primaria de la libertad, que en lo
más hondo informa a la vida argentina, y que Gertrudis Chale, cotí sin­
gular lucidez, supo entrever y fijar. Y así esa suprema despreocupación
criolla, la infatigable expectativa, la gran paciencia, el constante com en-

"Compadezco al que, viajando de Don

Desde el año pasado recibimos un grato men­
saje de nuestros hermanos mejicanos. "E l Iíijo
Pródigo” llega a nosotros con la fisonomía tan
particular de los seres vinculados por la san­
gre, con un aspecto de cosa de otra época. Se
parece lejanamente a algo entrevisto en alguna
remota infancia hurgadora de bibliotecas y tiene
el pensamiento nuevo, la palabra precisa, la gra!.&lt; presencia que nos hace admirar con afecto.
Al "H ijo Pródigo’’ el saludo de C O N T R A ­
PUNTO.

a Bersheba, exclama: ¡Todo es estéril!...

Declaro solemnemente que aun en mitad
_íife del desierto encontraría yo motivos de
amor”.
L. Sterne.
•M O

ha sido el arte pictórico en sus mejores manifestaciones docu-

C
m en tó siempre, d ocu m en to cabal de la peregrinación del h o m ­
bre a través de sus edades y ciudades, a través de sí m ism o, de sus
infinitos com bates por conciliar su ojo con el m u nd o? H e ahí los
insignes testimonios de Paolo U ccello o de Breughel, de D urero o de
G oya . C u a n to más alta la maestría, tanto más certero el docu m en to,
que, m erced a su poderoso afán de fijación trascendental, absoluta,

Fernández Moreno ha entregado ya a la
imprenta las últimas pruebas de su Antología
(3a. edición, Espasa-Calpe) que abarca cinco
años más que las anteriores: 1915-1945. A l mis­
mo tiempo, V íctor Delhez está trabajando en
las ilustraciones de Poema, que editara la casa
Guillermo Kraft.

quintaesenciada, suele rebasar grandemente las márgenes restrictivas
del realismo.
Una Argentina — Argentina de la edad nuestra— profunda­
m en te secreta, abismada en vigorosa, dinámica quietud, y a la v ez
notoriam ente real, dos veces real en su abarcamiento, a más de la
tierra palpable, de todo lo que hay en ella de latente y de soñado, de
gozoso y de promisorio y de irremisiblemente perdido, se nos apa­
rece en estos excepcionalísimos cuadros de Gertrudis Chale, que hace
m u y poco pudim os estimar en las paredes parcas, poco amigas, de
la estrecha galería de la casa C o m te.
A

quienes hem os reconocido infinitas veces esa misma A rg en -

%

León Benarós acaba de publicar su primer li­
bro de poesías. El rostro inmarcesible se titula el
volumen que aparece bajo el sello de Emecé Edi­
tores.

Otra de las sugestivas obras de Chale, premiada en el Salón de Acuarelistas

zar y recomenzar las cosas, y en el fon d o esa certeza de la marcha, del
avance lento e invariable, surgen — casi corpóreos en su abstracción—
de la contemplación de estas imágenes, tal com o surgen siempre de
todo verdadero contacto con el vasto paisaje argentino, con el vasto
hom bre argentino, el de Argentina adentro, m u y adentro. Surge la
tierra infinita de los infinitos moldes de la libertad: una libertad p ro ­
pia, rigurosa com o una fuerza elemental.

C oncierto Sinfónico
El día 19 de octubre la Orquesta Fi­
larmónica de la Asociación dt'l Profeso­
rado Orquestal, realizó un concierto sin­
fónico bajo la dirección del maestro Eu­
genio Füerst, músico éste que forma par­
te del elenco del famoso Ballet Ruso de
conocida actuación mundial. El progra.
ma en extremo interesante fué vertido
en todas sus partes con suma frialdad
e indiferencia, lo que demuestra qué po­
co ha asimilado dicho director de loa
gestos Expresivos de la danza que se
gún Ravel, ella todo lo dice.

FIGURAS, por G. Chale

tina, maravillados ante sus magras y sedientas raíces y su increíble
floración, nos sobrecogen estas visiones con un poder de persuasión
co m o sólo estamos habituados a sentirlo en aquellas obras de arte que
son d ocu m en to genuino e imperecedero.
E flu vio de otros orbes — de un m undo m u y distante del uni­
verso pampeano y de m u y otras dimensiones— , la sangre espiritual
del pintor Gertrudis Chale — poco encontraremos de "pintora” en
sus rudas y viriles representaciones, ajenas a toda fácil dulzura— ha
venido a regar aquí un yerm o y a extraer de él, com o Figari, com o
H u d son a su m od o, la cosecha, casi tan inverosímil com o infalible,
de un m u ndo interior, el incandescente m undo interior de un pai­
saje, del paisaje que es el mism o país.
Pues el desierto sólo es desierto al alma incapaz de recoger las t
caricias de la arena. ¿Q u é es la gran m onotonía sino una riqueza tan
incalculable ya que en ella se pierden los accidentes, los prom onto­
rios — valores de una fútil variedad? Aquéllos que, al desdeñar la
dicha de poder atravesar en largo viaje estas provincias, se lamentan
de su m onotonía, no han traspuesto aún el invisible umbral que con ­
duce a la recóndita y apasionante intimidad de nuestro paisaje — y
a la de estos cuadros de Gertrudis Chale. En ellos la desolación es
grávida abundancia, y la miseria misma es rica, pletórica de secreto
señorío.
A llí — en eStas imágenes que exceden su propio tamaño, el ta­
maño físico de los óleos y los temples— , donde en última instancia
impera sin tregua la inmensidad del horizonte, el sello de lo infinito,
de la vida sin tiem po, ha marcado todas las cosas. Es éste un horizonte
peculiar, filosa espada que defiende a la tierra esquiva contra toda
intrusión celestial. Y este horizonte, emblemáticamente argentino, se
adentra en casas y plantas y bestias y hombres, y las casas y las plantas
y las bestias y los hombres se llenan de transparencias para darle ca­
bida. Inconmensurables y sin tiem po también las figuras, más aún
que las figuras los rostros. Esos rostros que, en el plano de los ros­
tros, son a su v ez el horizonte exacto de la vasta alma argentina; que
por lo tanto casi no llegan a ser rostros, rostros en plural, sino una
sola presencia uniform e y singular. Y a la par que el paisaje y las fi­

Un conjunto musical numeroso como
es la Orquesta Sinfónica por muy exi­
mios que sean sus componentes, si el
músico que los dirige carece de sensi
bilidad. y desconoce su verdadera fun
ción limitándose a la demarcación de loa
compases, dará como resultado ejecucio
nes conectas, pero carentes de ese háli.
to maravilloso que envuelve a toda obra
de arte
Si, por el contrario, el director es en
sí, el vínculo que une la orquesta con
lai dea del compositor, y sus gestos cla­
ros y expresivos “ dicen” -y sugestionan
a la masa sonora transportándola a su
verdadero objEto, las versiones poseerán
y a la veo: transmitirán al auditorio todo

QRANDES

e| sentido artístico que inspirara a su
creador.
Esta es la explicación del porqué el
público en el concierto mencionado ha
ya escachado sin inmutarse aquel mo
numEnto sonoro quei es la IV Sinfonía en
Fa de Tschaikowsky, como así eii sobrio
Concertó Grosso de Haendel, el poético
preludio de Kovanchtchina de Moussorgs
ky, el Sueño de una noche de verano
de MendElshon y la impetuosa Obertu
ra de Los maestros cantores de Wagner.
Con este acto se ipuso de manifiesto la
falta de valores nuevos de que se adole.
ce, lo cual ha sido confirmado por la
Asociación del Profesorado Orquestal al
verse obligada a recurrir a un directo.medlocro para exhumar ge Orquesta Fi­
larmónica.
A pesar de todo creemos que dicha
Asociación, dada su vasta eixpErlencla,
podrá remediar esta falla dando opotunldad a los jóvenes músicos para que
demuestren en concursos organizados
exprofeso, sus condiciones y aptitudes
a fin de que puedan surgir los futuros
directores de orquesta que mantengan
bien en alto el benemérito nombre de
la Asociación dEI Profesorado Orque»
tal.
E. D’Arte

ENSAYISTAS

Colección dirigida por Eduardo Mallea. Una completísima síntesis,
en el orden clásico y contemporáneo, de grandes libros del género,
agrupada bajo el lema de ‘‘La cultura como esfuerzo vivo” .
1 — PROSA DE V E R Y PEN SAR, por Dom ingo P. Sarmiento $ 5 50
2—
E N SA Y O SOBRE E L DESTINO A C T U A L D E LAS
L E T R A S Y LA S ARTES, por W ladim ir W e id lé .............. „ 4.50
3 — CASA GRANDE Y SE N ZA LA , por Gilberto Freyre (dos
tem os). Una obra sensacional sobre el B r a s i l ..............
j o __
4—
LA S OPINIONES DE O L IV E R ALLSTON , por Van ”
W y ck B r o o k s ............ ...........................................
5 50
5—
L A S CRUZADAS, por Hilaire B e l l o e .................... " ” 5 . _
6 — E U R E K A , M A R G IN A LIA , L A FILO SO FIA DE L A COM­
POSICION, p or E dgard Alian P o e ................
4 __
7 — LOS PO ETAS M E T A F ISIC A S Y* OTROS E N SA YO S ”
DE TEATRO Y RELIGION, p or T. S. E liot (dos tom os).
E legido “ Libro del Mes” , ju lio ...............................................
9.50
8 — P A G IN A S CRITICAS D EL D IA R IO DE UN ESC RI­
TOR, p or F edor D o s t o ie w s k y ...............................................
4.
9 — R E PO R TA JES IM AG IN ARIOS, p or A ndré Gide. P ri­
mera traducción al c a s t e lla n o ...............................................„ 4.50
DE P R O X IM A A P A R IC IO N :
LA CULTURA DE LAS CIUDADES, por Lewis Munford.

EMECÉ

EDITORES

S.

A.

UNA EDITORIAL AMERICANA - UN PANORAMA UNIVERSAL
San Martín 427
Buenos Aires

•v '

La Municipalidad de Buenos Aires viene des­
arrollando desde el mes de septiembre un ciclo
cultural que incluye conferencias, recitales y con­
ciertos a cargo de escritores y artistas jvenes de la
ciudad, actuando también escritores y artistas ya
consagrados por sus obras. El m icrófono de L. S. 1
Radio Municipal trasmite todos los martes a las
IS A 5 estas audiciones. Es digna de aplauso la pre.
ocupación de la Comuna por difundir la actividad
de los intelectuales porteños. Los escritores y ar­
tistas estarán más allegados así a su propia ciudad,
cumpliéndose al mismo tiempo por parte del Mu­
nicipio una digna labor de estimulo. Actuaron
en estas audiciones los escritores y artistas-.
Francisco Luis Bernárdez, Vicente Barbieri, lka
Aldalur, H éctor Rene Lafleur, Roberto Paine,
josé Guillermo Huertas, Federica Fedii, Horacio
Schiavo, Marisa Serrano Vernengo, Alicia María
C.arracedo y Miguel D. Etcbebarne.

Integran el jurado que discernirá los
premios literarios del Concurso Impren­
ta López los escritores cuyos nombres se
dan a continuación: por la Sociedad Ar­
gentina de Escritores los señores Julio
Aramburu, Adolfo Bioy Casares y Leóni­
das Barletta; por la Imprenta López la
señora Victoria Ocampo y por ¡la Edito­
rial Losada D. Guillermo de Torre.
Reapareció ‘'Argentina Lábre". Reagu­
da así con labor de prédica bien inspira­
da y honesta este periódico una coin­
cidencia que mantuvo durante tres años
con los núoleos más sanos de la opinión
local.
ARISTA, revista oral de difusión Interamericana, viene realizando desde febre­
ro de 1943, por intermedio del micrófo­
no de L. T. 1 Radio Litoral, una de las
tareas más interesantes y dignas del ma­
yor elogio en favor de la cultura. Conta­
das son las audiciones radiotelefónicas
de índole intelectual que se destacan por
su calidad y por su capacidad de llegar
al interés del público. El pintor Luis
Fuster y el escritor Alberto Rodríguez
Muñoz, director y colaborador, respec­
tivamente, de esta audición, son los in­
fatigables mantenedores de su ritmo vi­
vo, contando ya más de 165 audiciones a
través de las cuales han contribuido a la
difusión de las mejores páginas de la li­
teratura americana. Destacamos otro
hecho interesante, que enaltece aún más
el valor de la actividad cultural de
ARISTA: don Fernando Maliandi, direc­
tor propietario de L. T. 1 Radio Litoral,
es quien ha dedicado generosamente es­
ta media hora (martes y viernes, a las
23.15) a dichas manifestaciones. Audi­
ción sin avisos, audición independiente
aue no produce ganancias, audición que
no está sujeta a las contingencias de un
avisador comercial. Felicitamos cordial­
mente a los inteligentes integrantes de
ARISTA por. su noble esfuerzo.
D. J. Vogelmann dió el jueves 2 de no­
viembre en la Sociedad Hebraica su con­
ferencia: “Franz Kafka, escrutador de
lo inescrutable”.
Uno de los conceptos finales de su di­
sertación: la afinidad psicológica que él
halla entre el sentido de la postergación
Infinita en la obra kafkiana y la poster­
gación de porvenires en el temperamento
argentino. El "vuelva usted mañana...
mañana... mañana..." es una voluntad
criolla de eternidad.
Segiin se tienen noticias, es la segun­
da conferencia que sobre Kafka se pro­
nuncia en el mundo entero. La primera
también la dijo otro escritor argentino,
Eduardo Mallea.
Ha cumplido un año de mantenida la­
bor el periódico “ Correo Literario” , a
cargo de intelectuales españoles en nues­
tro país. Saludamos cordialmente a este
colega por su esfuerzo que se ve premia­
do por la amplia afirmación lograda no
sólo en nuestro medio, sino continental.

�r

Pág. 14
(Viene de la pág. 12)

embargo, haber dado un cierto mo­
tivo,
aunque nunca sospeché poder
to a menudo, aunque mi oficio sea
ser tan mal entendido. Y o no he
pelear, y desde chico no haya sabido
puesto en duda el derecho de nues­
otra cosa. ¿P or qué nos vivimos ma­
tro rey a gobernarnos a españoles
tando los hombres ? En las largas ho­
y americanos, pero me he animado a
ras de marcha, estos días, he pensa­
sospechar en los criollos cierta capa­
do en lo extraño de mi posición:
cidad para conducirse en las funcio­
Veinte años peleando por España,^ y
nes
públicas, y, argumentando sobre
ahora, dentro de dos horas no más,
ello, a preguntarme, basándome siem­
por primera vez, contra mis propios
compañeros de armas, por la salva­ pre' en la realidad — nuestros con­
trastes tan recientes del Cerrito y
ción e independencia de mi país. Co­
de Tucumán, contra ejércitos de gau­
mo si una voz me hubiera llamado
chos y con jefes improvisados y sin
— no sé, nunca he creído en estas co­
arte militar, lo corroboran— , si nues­
sas románticas de destino, pero algo
tra expedición no es numérica­
debe haber, cuando un hombre que
mente insuficiente para cumplir sa­
no ha pensado toda su vida sino en
tisfactoriamente la misión que se le
cumplir con su deber en el ejército
encomendó. Concretando: ¿Podemos
del rey de sus padres, empieza a
tomar las baterías de Punta Gorda
ser perseguido por una idea que se
con
la escasa tropa de que dispone­
le hace más fuerte cada día, no bien
mos? ¿Ocupar y sostenernos en la
se entera de que su patria pelea con­
ciudad de Santa Fe, cuyas autorida­
tra el dominador de siglos, y que
des pueden oponernos miles de hom­
sus compatriotas quieren hacer un
bres
en unas pocas horas? Mi opimén
país de libertad y justicia de lo que
es franca por la negativa. Y me atre­
no era más que una colonia estúpida­
vo a aconsejar, a los fines de la de­
mente explotada y oprimida. — Mi
cisión que se adopte, la máxima pru ­
patria, de la que no había oído ha­
dencia en el desmérito de las fuerzas
blar m ás. . . Y esto se me volvió una
adversarias.
obsesión: Qué iba a pelear yo en de­
Z A B A L A . — A mi juicio, al señor
fensa del rey en cuyo nombre se fu ­
A
lférez
le sobra razón. Yoyhe com­
sila a americanos que sólo tratan de
batido en las tropas criollas del gene­
ser libres — y yo estaba luchando por
ral Velazco, cuando la campana de
la libertad de ese mismo rey. Me pu ­
los insurgentes porteños contra el
se a buscar noticias, y en la misma
Paraguay, y he visto con mis pro­
Cádiz encontré otros oficiales ame­
pios ojos los prodigios de decisión,
ricanos que sentían así como yo. Un
coraje y disciplina de que son capa­
día resolvimos cruzar el mar, y vi­
ces defendiendo su suelo. A los seño­
nimos a ponernos al servicio de la
res
oficiales recién llegados de Espa­
libertad de A m é rica ... Por lo que
ña les pediría prestasen atención a
a mí respecta, en un par de horas se
la fuerza y energía puesta por nues­
verá si con eficacia. . .
tro pueblo en lucha contra el invasor
que tiraniza Europa.
TELON
A L F E R E Z M A Y O R . — Pero si
éstos
son gente in fe rio r.. .
CUADRO TE R C ER O
Z A B A L A . — Es en mí una arrai­
l
gada convicción no creer en la infe­
A bordo del buque capitán de la
rioridad o superioridad de unos pue­
escuadrilla realista. La cámara del
blos sobre otros. Ni lo considero ar­
comandante Juan Antonio de Zabagumento de acción militar eficaz. Y
la, .jefe de la expedición.
el otro error, y lo expreso aquí por
H ay consejo de oficiales, presidido
habérselo hecho así presente al señor
por Zabala, que tiene a su derecha
Capitán General de la Plaza de Mon­
a Rafael Ruiz. su segundo.
tevideo, ha sido el mantenimiento de
A L F E R E Z M A Y O R . — No nos
esta guerra de devastación de las cos­
liemos reunido, señor Comandante,
para considerar las causas de la gue­ tas, que nos presenta como enemigos
del bienestar de las poblaciones — y
rra a los rebeldes, sino la oportuni­
fué en ese concepto que me confió
dad de la ejecución de una maniobra
la jefatura de esta expedición, des­
militar destinada a afectar honda­
cartándose todo acto de guerra sobre
mente el curso de la guerra. Pero
los habitantes pacíficos de las ribe­
ya que el tema ha sido sacado a
ras.
pública discusión, permítaseme ma­
T E N IE N T E 1?. — E l señor Co­
nifestar con la brevedad del caso cuál
mandante formula graves cargos con­
es el sentimiento de la mayoría de
tra los jefes anteriores de la escua­
los oficiales aquí congregados.
dra.
V A R IO S O F IC IA L E S . — Muy
Z A B A L A . — No es mi deseo otro
bien.
que
la victoria final de nuestras ar­
Z A B A L A . — Le recuerdo al señor
mas y en ese sentido me permito ju z­
Alférez Mayor que las opiniones de­
gar la actuación de mis predecesores.
ben ajustarse al reglamento, y, por
RUIZ. — Propongo pasar a la o r­
tanto, ser estricta y rigurosamente
den. del día y suspender el uso de
individuales.
la palabra de quien traiga cuestiones.
TE N IE N T E l 1?. — E l reglamento
no prohibe las manifestaciones de
Z A B A L A . — Nuestra orden del
adhesión, señor Comandante.
día, señores, es considerar las con­
tingencias de una acción contra al­
, V A R IO S O F IC IA L E S . — Así es.
guno de los puntos señalados en las
A L F E R E Z M A YO R . — Prosigo.
instrucciones, dada la escasez de
Z A B A L A . — Pero en un tono me­
nuestras fuerzas y una apreciación
nor, señor A lférez Mayor.
equilibrada del espíritu combativo
A L F E R E Z M A YO R . — Ruégole
del enemigo. El señor A lférez ha
disculpe lo que es obra sólo de mi
hablado con mucho tino. Se nos de­
temperamento y del orden de ideas
bió entregar unos mil marineros de
en debate.
desembarco y apenas conseguí la
Z A B A L A . — Continúe usted.
cuarta parte. Señores: Mi proyecto
A L F E R E Z M A Y O R . — Se ha di­
es apoderarme del convento que te­
cho en esta reunión, no entro a su­
nemos a la vista, y apoyados en él
poner con qué intención. . . se ha
cortar las comunicaciones fluviales
puesto en duda nuestro derecho de
y terrestres entre Santa F e y el nor­
súbditos leales de nuestro amado rey
te de Buenos Aires. ¿Qué opinión les
Fernando V II, que Dios guarde (to ­
merece? Hable mi segundo.
dos se ponen de pie y vuelven luego
a sentarse) para felicidad de la me­
R U IZ. — Parapetados en las mu­
trópoli y de su imperio americano. . .
rallas del convento y con la escuadra
ese derecho de gobernar a su nom­
que nos asegure refuerzos de Monte­
bre Jas colonias de América, como
video, haremos gran daño a los re­
si no nos pertenecieran por obra y
beldes. Compatriotas nuestros, radi­
derecho de conquista y civilización...
cados en la costa, me han hecho sa­
puesto que sería justificar la insu­
ber el número y armamento de las
bordinación y conculcar las leye:^
únicas fuerzas de la región. Son es­
eternas que determinan el gobierno
casamente unos cien hombres mal ar­
y policía de los pueblos. Dios nos ha
mados. No hay noticia de tropas re­
hecho nacer superiores a los mesti­
gulares. E l gobierno de Buenos A i­
zos y c r io llo s ...
res necesita más de cinco días para
hacerlas llegar. Y si una vez reali­
V A R IO S O F IC IA L E S (interrum ­
piendo). — Muy bien. De acuerdo.
zado el desembarco, parte de Ja es­
Z A B A L A . — Pido más mesura a
cuadra ataca o amaga atacar otros
mis distinguidos compañeros de ar­
puertos, se dispondrá de tiempo so­
mas.
brado para fortificar conveniente­
A L F E R E Z . — Y o no sé qué se
mente el lugar y hacerlo inexpugna­
busca con todo esto. Reconozco, sin
ble.

C O N T R A P U N T O
Z A B A L A . — Hable el Alférez Ma­
yor.
A L F E R E Z M A Y O R . — Soy en
todo del mismo parecer. Nuestras
únicas divergencias radican en una
distinta concepción teórica sobre la
capacidad de las poblaciones ameri­
canas para el gobierno y la guerra.
Pero en ocasionarles el mayor per­
juicio estaremos siempre de acuerdo.
Z A B A L A (a los demás). — ¿A lgo
que objetar, alguien? (Nadie contes­
ta). Queda levantada la reunión. No
bien empiece a clarear se embarcará
la tropa en las lanchas y botes con
equipo completo de desembarco. Las
fuerzas de los barcos estarán pron­
tas para cooperar con su artillería.
P or el rey, señores: Buena suerte.
(Salen).
TELON

CUADRO CUARTO
E l comedor del convento. Grandes
ventanas que dan al pampo. A tra­
vés de las rejas, una planicie, y, más
lejos, el río Paraná.
Granaderos y milicianos, con fusi­
les, detrás de las rejas y troneras.
Escalada, Bermúdez, Robertson y
oficiales, en silencio, miran al campo
con gran atención. Se oye a lo lejos
un redoble de tambor.
ROBERTSON . — Se acerca el
gran momento.
(Nuevo silencio, hasta que entra
un oficial).
O F IC IA L 1° (dirigiéndose a B er­
múdez). — Capitán: Los granaderos
han montado detrás de las tapias tra­
seras y esperan órdenes.
B ERM U D EZ. — ¿Sesenta hom­
bres por columna?
O F IC IA L 1° — Sí, señor, como
se ha dispuesto. El trompa está en el
patio junto al caballo del coronel.
B ERM U D EZ. —- Los lanceros en
primera fila.
O F IC IA L 1?. — Está bien. (Sa­
le).
(A l redoble de tambor, acompa­
ñan ahora los pífanos, que
suenan alegres en el aire fres­
co de la mañana).
E S C A L A D A . — Y a están aquí.
ROBERTSON . — Suben en bue­
na formación.
E S C A L A D A . — ¡ Les va a quedar
form ación!
(Se oye el tambor cada vez más
cercano).
E S C A L A D A (a un oficial de mi­
licias). — Que carguen el cañón. Lis­
tos todos para la descarga, a la or­
den.
(E l oficial sale).
O F IC IA L DE M IL IC IA S (afue­
ra) . — Listos todos para la descarga,
a la orden. (Se le oye repetir la or­
den más lejos) : Listos todos para la
descarga, a la orden.
SAN M A R T IN (entrando). — No
gaste pólvora, Comandante. Esto se
resuelve a lanza y sable. Capitán B er­
múdez:
BER|MUDEZ. &gt;■— Mande, señor.
SAN M A R TIN . — Usted manda­
rá la columna de la derecha; yo, la
izquierda. No se necesitarán sacar
las pistolas del arzón. En el centro
de las columnas realistas nos encon­
traremos, y allí daré a usted mis ór­
denes.
BED M U D E Z. — Está bien, Co­
ronel.
SAN M A R TIN . — En dos minu­
tos más estaremos entre ellos.
R O B E R T SO N (al salir San Mar­
tín y B erm údez). — ¡E x ito !
SA N M A R T IN (afu era). — Sol­
dados del primer escuadrón de mi
regimiento de granaderos: Vamos a
poner en práctica las lecciones apren­
didas para defensa de la patria y es­
carmiento de los realistas, una vez
por todas. ¡ A cargarlos a sable y
lanza! ¡A galope! ¡P o r la Patria!
(Se oye el galope y un clarín
que toca “ a la carga” . Una
descarga cerrada de fusilería y
el estampido del cañón).
E S C A L A D A (a R ob ertson ). — A
tiros no los atajan. ¡ Esa es ca rg a !
¡Y a está sobre ellos la columna del
coron el!
(Se mezclan los gritos de) :
G RITO S. — V iva el rey. V iva la
Patria. V iva el rey. Viva el rey.
Viva la Patria. V iva la Patria. Viva.

ROBERTSON . — E l coronel ha
caído.
E SC A L A D A . — A su alrededor
pelean cuerpo a cuerpo.
ROBERTSON . — Y a llegó la otra
columna.
GRITOS. — Viva la Patria. Viva
el rey.
M ILIC IA N O . — Se desbandan.
Disparan. ¡Disparan, señor!
E S C A L A D A . — E l clarín toca a
degüello.
(Tiros aislados, y, de pronto, el
estampido lejano y grave de
los cañones de los barcos).
ROBERTSON. — La artillería de
la escuadra.. .
E S C A L A D A . — No pueden hacer
puntería sin acertar más en los su­
yos.
M ILICIAN O . — Se tiran barran­
ca abajo los g o d o s ...
E S C A L A D A . — Y son quince me­
tros a pico.
(Un gran silencio).
GRITOS. — ¡V iva la Patria! ¡V i­
va la Patria!
E SC A L A D A . — ¡ Hemos ganado!
¡Que viva! ¡V iv a !
M ILIC IA N O (en un arranque).
— E ra San Martín el jefe — con
sólo sus granaderos: — el tres del
mes de febrero — del mil ochocientos
trece!
TELON

CUADRO QUINTO
El huerto del convento. Mediodía
radiante.
A la sombra de un pino, San Mar­
tín y un oficial, * que escribe. San
Martín tiene en la cara dos parches
blancos.

\
SAN M A R TIN (dictando). —
. . . “ permanecieron con denuedo en
todos los peligros. Seguramente, el
valor e intrepidez de mis granade­
ros hubiera terminado en este día de
un solo golpe las invasiones de los
enemigos en las costas del Paraná,
si la proximidad de las bajadas que
ellos no desamparan, no hubiera pro­
tegido su fuga, pero me arrojo a p ro­
nosticar sin temor, que este escar­
miento será un principio para q n
ios enemigos no vuelvan a inquietar
estos pacíficos moradores. Dios guar
de a V. E. muchos años. San Loren­
zo, febrero 3 de 1813.” Ahora vuél­
vame a leer desde el comienzo.
O F IC IA L I*?. — ‘ ‘ Excelentísimo
Señor. Tengo el honor de decir a V.
E. que en el día 3 de febrero, los
granaderos de mi mando en su pri­
mer ensayo, han agregado un nue­
vo triunfo a las armas de la. patria.
Los enemigos, en número 250 hom­
bres ” . . .
O F IC IA L 29 (entrando). — Coro­
nel .. .
SA N M A R TIN . — Sí.
O F IC IA L 29. — El parlamenta­
rio quie mandan los realistas. Lo
acompañan un abanderado y un tam­
bor.
SAN M A R TIN . — Hágalo entrar,
con los honores correspondientes a
su giado. Búsquelo al comandante
Escalada, que quiero hablarle.
(E l oficial sale).
SAN M A R T IN (reflexiona un mo­
mento, y le dice al oficial 19) __E s­
criba usted rápido. Papel de esquela.
Querida Remedios: Gracias a Dios,
todo ha salido de acuerdo a mis es­
peranzas. Los realistas han tenido su
merecido. Tu esposo y amigo. Otro
papel. Señor Jefe del Estado Mapor. E l Coronel de Granaderos José
de San Martín comunica a Vd. ha­
ber batido a los realistas desembar­
cados frente al convento de San Car­
los, cercano a la posta de San Loren­
zo.
( Entra Escalada).
SAN M A R TIN . — Un segundo.
Comandante. (Sigue dictando). V a
parte con detalle. 3 de febrero.
(Apenas ha terminada de dictar,
San Martín se levanta, se acer­
ca rengueando al escritorio
improvisado, y firma las dos
esquelas).
O F IC IA L 19. — ¿Sello los so­
bres?
SAN M A R T IN . — Sólo la priva­
da. Así el eorreísta muestra la otra
por los pueblos. (A Escalada). F a ci­

líteme usted un chasque que sin mie­
do a la fatiga lleve la noticia al Go­
bierno, y entregue una esquela en lo
de Escalada, frente a la plaza.
E S C A L A D A . — En seguida sale.
(Toma las cartas y sale).
SA N M A R T IN (al oficial). —
Averigüeme cómo sigue Bermúdez,
y dése una corrida interesándose
por los heridos. Vuelve luego a ter­
minar el parte.
(San Martín se sienta con difi­
cultad. Largo sd en cio).
SAN M A R TIN . — Todo ha salido
bien. No he venido en balde. No ha
sido sin fruto mi trabajo de un año.
Ni estaba yo equivocado sobre los
m edios: son éstos. Sí, ahora creerán
que sirvo para algo. No sólo sargentón, instructor de reclutas que
no se sabe cómo aguantarán la prue­
ba de fuego. Hice bien en venir. Así
se los vencerá. Como debía ocurrir,
si para algo sirve la razón, que pre­
vé la marcha de los sucesos y se an­
ticipa a e llo s ... E l enemigo incurre
en e rro r; y mientras, uno ha ido pre­
parándolo todo, aguardando, con los
nervios en punta, el momento justo
del golpe, para caer, como una fuer­
za natural implacable — y no es sino
la razón y la justicia obrando, ani­
quilándola ,paf, zas, sobre el impre­
visor y soberbio. Me tendrán ahora
confianza. Me dejaran hacer lo que
hay que hacer. Y gritarles a los ca­
lumniadores, intrigantes, aspirantes,
que yo he dado mi sangre, y ellos
palabras y retórica— . Casi me ma­
tan. Hay ahora una zanja in fran ­
queable, ' insalvable, entre mis ante­
riores compañeros de armas y y o . . .
no sólo razones y sentimientos de por
m edio... . Y me ha hecho bien la san­
gría : me ha descargado de esta ten­
sión de un año en una tierra y en­
tre hombres que desconocía. — Pero
hoy más que nunca, no marearme.
No' he hecho nada de extraordinario.
Es exacto. Y repetírmelo. No p or
principio. D om inarm e; moderarme.
¡ Es un triunfo en un campo secun­
dario y sólo parcialmente logrado!
¡ Es porque debía ser así que todo ha
salido b ie n ! Y o no he sido más que
el instrumento, el brazo o la cabeza
que realizó lo que debía hacerse, y que
otro cualquiera hubiera hecho. No voy
a creerme el señalado por la Providen­
cia. — Esto es nada más que la inicia­
ción del camino (recién empiezo a
ver con claridad el estado real de
las cosa s), que no concluye en M on­
tevideo, ni en Salta, ni en Mendoza,
ni en Chile. .. que no terminará has­
ta Lima. No está', libre ni el terri­
torio que pisan nuestras fuerzas. . .
Ni lo estará, mientras haya en Am é­
rica un solo enemigo. — ¿E s que ya no
podré sino deberme a mi patria? V i­
ne porque lo sentí como una obliga­
ción. Hice lo que debía hacerse, apli­
cados los cinco sentidos, para hacer­
lo bien. Deseaba que esta tierra es­
pléndida que había visto al nacer,
fuera grande y libre.— ¿P ero por qué
he de ser yo quien lo haga ?— No quie­
ro tener que hacer lo que presien­
to, ni cargar con la responsabilidad
de cum plir las esperanzas de cuan­
tos desean pertenecer a la tierra en
que nacieron. Ni tener que realizar
algo que sobrepase las posibilidades
de los hombres, que no me lo perdo­
narán, aunque los haga libres. N i
una misión que cumplir, que no am­
biciono. — Sería mayor que mis fu e r­
zas. Y o no estoy preparado ftara
hacerlo. No, no voy a atarme a una
empresa así hasta el fin de mis días,
después de veintiséis años de servi­
cio en el ejército, siempre cum plien­
do. frenado siempre por el deber. Ni
debo desechar toda posibilidad de fe ­
licidad. Y a no podría volver a mi ca­
sa, com o pensaba, a estar con mi mu­
jer y ver crecer los hijos. ‘ ‘ Un par de
años más, y seremos felices” . ¡P o ­
bre R em edios! — ¿ Pero no había yo
mismo elegido el camino ? ¿ No se está
cum pliendo lo que deseaba: llegar,
organizar, pelear, vencer? Ahora,
después de la prueba, ahora me tiro
atrás y caigo en la cuenta de que
yo no buscaba sino un sitio secunda­
rio y tranquilo, una guerra corta y
un retiro cómodo después. ¿ Y he si­
do tan irreflexivo en creer que en
estos tiempos podía alguien retirar­
se. y vivir tranquilo y de recuerdos?
¿Para poder con tar: ‘ ‘ aquella maña­
na casi me matan ?? ¿N o es absur-

�Pág. 15

C O N T R A P U N T O
do? ¿P o r qué será el hombre un ser
tan absurdo, capaz de m edir con pre­
cisión la distancia de aquí a las estre­
llas, y tan inútil para razonar con ri­
gor sobre su destino p rop io? ¿La ma­
rea de la Revolución no lo ha tras­
tornado tod o? ¿N o ha levantado a
los dormidos, incorporado a los que
parecían estar b ajo los sepulcros, en­
conado a los hijos contra los padres?
¿Y en medio de este desbarajuste
universal creo posible retirarme, a
un sitio tranquilo, donde pasar mis
últimos días y descansar ? ¡ Y sin lle­
gar hasta el fin, sin term inar lo que
debo hacer, lo que acabo de ver que
se puede hacer con éxito y en una
escala mayor y decisiva!... — ¿P o r qué
hacer lo que se debe hacer?— O nada.
No ser nada. No actuar, no tener am­
biciones, p or nobles y altas que sean,
ni tampoco tenerse más por hombre
honrado que piensa en el bien racio­
nal a que pueden llegar sus seme­
jantes. .. En la sala de mi casa, ju n ­
to al fuego, ver pasar los ejércitos,
oír los c la r in e s ... y nada. ¡N ad a !
No recordar siquiera, para no des­
pertar los remordimientos. Oprim i­
dos los pueblos, restablecidas las épo­
cas de dolor y hum illación. No ha­
ber hecho nada, cuando todo era p o ­
sible, cuando todo hubiera sido d * t in t o .. . ¿N o es pura vanidad mía ?
No desaparecerá la libertad bajo el
despotismo, si yo me voy a mi casa.
No seré insustituible. Otros, más ca­
paces, me reemplazarán. — ¿ Quiénes ?
—No haber hecho ni lo que era posi­
ble, ni lo que estaba al alcance de
mi mano. — ¿ P or qué ? ¿ Qué deshizo a
ese hom bre? ¿Qué le tronchó la ca­
rrera de triunfos ? — Carrera... carre­
ra, para tiempos como éstos... A quí
ahora nadie se retira, ni se jubila,
ni se vuelve a su casa. De aquí se
va a la fosa, a p odrirse. . . o a seguir,
y seguir, hasta que lo sustituyan a
uno, por inservible; o que lo arrum­
ben com o trasto viejo los in g ra to s ...

les recién icelebrado resolvió enco­
mendarme a mí la tarea de solicitar
de la generosidad del je fe adversa­
rio, alimentos frescos y medicina de
urgencia para los heridos, y la nómi­
na de los prisioneros. De serme entre­
gados, víveres y medicinas se em­
plearán únicamente en aliviar a quie­
nes lo necesitan. D oy mi palabra de
honor.
E S C A L A D A . — Ustedes no cuín¡lien palabra de honor a los rebel­
des. ..
Z A B A L A . (Interrum piendo). —
Y o puedo asegurarle. . .
E S C A L A D A . ( Interrum piendo)
— Como en Huaquí.
Z A B A L A . — Quien la faltó era
un americano, señor.
E S C A L A D A . — Pero al servicio
de ustedes. . .
Z A B A L A . — Doblemente traidor.
S A N M A R T IN . (A Zaba-la). —
Su pedido será inmediatamente aten­
dido. Escalada: Hágame el favor de
anotar en una lista los realistas p ri­
sioneros, heridos y muertos, y que se
carnee una res gorda para mandarla
a los barcos. No, no se vaya todavía.
(N uevam ente a Zabala). Pero su pa­
labra de honor, señor, ha de exten­
derse hasta el compromiso de no ata­
car localidad alguna en su trayecto
de regreso. Usted puede hacerlo: pa­
ra eso es el icomandante de la es
cuadra.
Z A B A L A . (Después de reflexio­
nar). — Me comprometo a regresar
a Montevideo sin ejercer acto de gue
rra sobre las poblaciones ribereñas.
¿Desea el señor Coronel que lo rati­
fique por escrito?
SA N M A R T IN . — Me basta su de­
claración. Señor Comandante: Es ho­
ra de almorzar. Me permito invitarlo
a mi mesa. Nos acompañarán el co­
mandante Escalada y el teniente Pa­
checo.
Z A B A L A . — No puedo no aceptar
su gentileza. Muchas gracias.
— Pero tampoco podría seguir in d efi­
SA N M A R T IN . ( A E s'alada). —
nidamente :...¿y después? Ah, sí, la
Sírvase cum plir esas comisiones y or­
g lo ria . . . Hasta la gloria. Mis me­
dene se prepare el almuerzo.
jores años consagrados a pelear por
(Sale Escalada).
la gloria. ¿ Y después? ¿Les gustará
SAN M A R T IN . — ¿P odría usted
seguir siendo libres a los pueblos?
inform arse sobre el oficial caído pre­
so?
Nadie me devolverá mi vida, sacri­
ficada por la verdad de un día, ju n ­
Z A B A L A . — Está muy mal heri­
do. Dos balas en el cuerpo y una
to con una generación entera, que
rodada seria. Apenas regrese, se lo
tampoco gozó de la vida, arrastrada
mandaré en canje.
detrás, contagiada por el incendio.
SA N M A R TIN . — Es un gran
—•¿Sólo y siempre obrar según la ra­
muchacho.
zón, los sesos de mi cabeza, que me
(E n tra el Oficial 1?).
dicen lo que debo hacer, oponiéndo­
se a los deseos del corazón, hacer lo
O F IC IA L l 9. — C oronel: He esta­
que se debe hacer, ser lo que hay
do con los heridos. Mejoran, a ex­
que ser, pese a todo y a todos ? — Y
cepción del capitán Bermúdez, pese
tener forzosamente que hacerlo. A d e­
a que se le amputó la pierna, y del
lante, adelante, puesto que no hay
sargento Cabral, que está a punto de
más remedio, sin
rehuir
Vesporimorir. Pide, como gracia especial,
sabilidad alguna, y hasta el fin. E n­
que se le conceda despedirse de Y d.
tre la muerte y las lágrimas, y la
SAN M A R TIN . — Tráiganlo.
vida entera no dedicada a otra cosa,
(E l oficial sale).
adelante, adelante, p u es: A ser li­
SAN M A R TIN . — Es el soldado
bres . . .
que me salvó la vida, cuando muerto
( E ntran el Oficial 2?, Zabala.
mi caballo y no podía sacar una pier­
con la cabeza vendada, y un
na apretada, me cubrió con su cuer­
p elotón de granaderos).
po. Los tiros y bayonetazos que lo
O F IC IA L 29. — Señor C oron el: matan iban contra mí.
Z A B A L A . — ¿P o r qué arriesgó
E l Comandante Zabala, cuyos pode­
usted la vida así esta mañana?
res de parlamentario pongo en sus
m a n o s.. .
SAN M A R TIN . — Usted también
fué h erido. . .
SA N M A R T IN . (D espués ele leer­
Z A B A L A . — Un je fe no da la es­
los). — Se ajustan a las reglas de la
guerra. Tome usted asiento, señor
palda al e n e m ig o .. . Mis oficiales me
hicieron retroceder poco menos que
Comandante
(A l oficial). A l Co­
mandante Escalada,
que tenga el
a la fuerza. Pero usted cargó al fren­
bien de venir. Retire la tropa.
te del escuadrón, como un teniente.
(E l oficial sale con los soldados).
Fué el primer en tomar contacto con
SA N MARjTIN. — Lamentables
los m íos. . .
las circunstancias en que hemos ve­
SAN M A R T IN . — ' Y el primero
nido a conocernos, señor. Sus heri­ en c a e r .. .
das no serán g r a v e s .. . puesto que
Z A B A L A . — Era lógico. Entiendo
usted ha subido la barraca y llega­ que un jefe demuestre coraje, pero
do hasta aquí. . .
lo suyo puede parecer im prudencia...
Z A B A L A . — A sí es, señor. Las
SAN M A R TIN . — E l partidario
suyas, espero que tampoco.
secreto de ustedes tenía que ser el
SAN M A R T IN . — No tienen im­ primero en sablearlos. Como no tenia
portancia. Muchas gracias.
en el país familia con valimiento o
( Entra Escalada).
con autoridad, se me hacía espía de
SAN M A R TIN . —
Deseo su
ustedes.
presencia,
Comandante Escalada.
Z A B A L A . — Nunca nos atrevimos
( Presentándolos). El oficial parla­
a creerlo. Sólo su arrojo y pericia
mentario... el comandante de mili­
táctica nos derrotó.
cias del puerto del Rosario.
SAN M A R TIN . — Opinión sobre­
(Escalada y Zabala se saludan
manera halagadora para mí, pero yo
cerem oniosam ente).
lo atribuyo todo al coraje y abnegaZ A B A L A . — E l descalabro de
c. on de mis soldados. ¡ (Ion naturali­
nuestras armas nos ha llenado de he­
dad). A los hombres de este país no
ridos los barcos y de preocupación
podrán ustedes dominar jamás. Sa­
por la suerte de muchos, si prisione­
crificarán ejércitos, gastarán milloros o ahogados. El consejo de oficia­

&gt;

nes, perderán escu a d ra s... sacrificio
inútil. Un je fe victorioso puede eneeguerse, o m orirse; pero la decisión
de este pueblo por la libertad es irre­
vocable. Por eso me pregunto: ¿A
qué objeto prolongar la guerra? Pa­
ra conquistar tierras donde puede es­
tablecerse y prosperar cualquiera que
lo desee.
Z A B A L A . — Mientras subía la ba­
rranca, viendo el reguero de sangre
de mis soldados pensaba también en
la falta de sentido de esta guerra.
Pero yo no soy ms que una pieza sin
significación, dentro de esta gran má­
quina, y cuya opinión no cuenta. . .
a quien sólo le es posible.. .
(Entra, interrumpiéndolo, el O fi­
cial 19, seguido por cuatro gra­
naderos, que traen al sargento
Cabral en una camilla, y detrás
el cura párroco del R osario).
O F IC IA L 19. (A l sargento). —
Ya está, amigo, en presencia del co­
ronel.
SA R G E N TO C A B R A L . ( Mientras
San Martín, profundam ente emocio­
nado, lo abraza). — Mi coron el: Mue­
ro contento. Hemos batido ai enemi­
g o . . . Hemos batido al enem igo. . .
Muero contento.
SAN M A R TIN . — Me sacó Vd. del
aptiro, sargento. Mientras viva, ten­
dré grabado su gesto en el corazón.
Dígame su voluntad: Estése absolu­
tamente cierto de que sabré cum­
plirla.
SA R G E N TO C A B R A L . — Era mi
obligación : Muero contento, mi co­
ronel. Hemos batido al enemigo. Viva
la Patria. Muero co n te n to ... batido
el enemigo! (Pierde el conocim iento).
Z A B A L A . (E ntre dientes). —
Tengo un nudo en la garganta. A
estos hombres no los vence nadie.
SA N M A R TIN . — Llévenlo con
cuidado.
(Salen).
SAN M A R TIN . (A l oficial). —
¿N o es posible hacer nada?
O F IC IA L 19. — Nada, absoluta­
mente.
SA N M A R TIN . — Llevará la no­
ticia de la victoria a los otros que ya
han muerto, por la Patria. (A l o fi­
cial). H ay que terminar el parte,
Pacheco. Venga. Escriba usted. (E m ­
pieza a bajar el telón). “ Nota. El
buque comandante de la escuadra
enemiga me ha remitido un oficial
parlamentario, s o lic ita n d o ...”
TELON F IN A L

Eí Teatro de
Samuel Eichelbaum
(Viene de la pág. 9)
reflejada con todas las desventajas del
reflejo en Buenos Aires? Son estos in­
terrogantes a los que implícitamente he­
mos respondido en el curso de este tra­
bajo, pues la virtudes y las debilidades
de su obra están contenidas dentro de
esta misma limitación. La respuesta, por
cierto, será dada por la obra futura de
Eichelbaum, y sj bien no podemos pro­
fetizar sobre ella, podemos en cambio in­
dagar algunos vestigios de las razones po­
sibles que determinan en él — como lo
hicimos ya desde un punto de vista con­
ceptual— esta limitación en su trato de
la escena. Sus obras, no señalan a las
nuevas generaciones un camino inspira­
dor, una guía ejemf lanzadora, como no
sea el ejemplo — valioso, por cierto— de
su íntegra autenticidad. ¿Puede culparse
a Eichelbaum de ésto? Su tarea no es
esta. La tarea de ningún artista es
ésa. Cuando su obra abre rumbo, lo ha­
ce de modo aleatorio, sin propuesta in­
tención. Pero, sin embargo, puede con­
signarse en Eichelbaum un cierto des­
entendimiento por lo que respecta a la
búsqueda — o al hallazgo— de un con­
cepto teatral más pleno, de una temática
y una estructura cuyo continente sean
áp+os para una más vigorosa iplenitud
vital. Contribuye a ello la absoluta prescindencia anee sus personajes, en este
autor que, como Pilatos, parece lavarse
las manos luego de lanzar a escena sus
criaturas. Esta ausencia de partidismo,
este “ effacement” , como dicen los fran­
ceses tan gráficamente, se produce en la
obra de Eichelbaum, y respecto de su ca­
rácter positivo o no, sólo podemos pro­
nunciarnos de modo puramente personal,
como sucede con aquellas cosas libra­
das a la polémica. Digamos solamente
que esta ausencia de tendenciosidad —
que si sería indeseable en el sentido su­
perficial del término no lo es en cambio
e*n su sentido profundo, como lo prue
ban desde Ibsen a Kaiser— se efectúa
detrás de una objetividad que casi gegeneralmente consiste en sacrificar al

Espejo de Lecturas
ai espejo.
STA sección quiere ser el “ mira qué
Acompañando al texto irá una breve
bueno” , la afectuosa sugerencia que
suele anudar dos amigos a una lectura. noticia del autor y de la obra cuya es
la cita. Cuando la página elegida no esté
No tiene propósito de novedad, ni pre­
escrita en nueistra lengua se procurará
ferencia por materia determinada, tam­
transcribir con su versión española el
poco seguirá un orden cronológico de his­
texto original.
toria literaria, sólo el azar determinará

F

N esto entró una que parecía mujer, m uy galana y llena de coro­
nas, ccptros haces, abarcas, chapines, tiaras, caperuzas, mitras,
monteras, brocados, pellejos, seda, oro, garrotes, diamantes, serones,
perlas y guijarros. U n ojo abierto y otro cerrado, y vestida y desnu­
da, y de todas colores; por el un lado era m oza, y por el otro era
vieja; unas veces venía despacio, y otras aprisa; parecía que estaba
lejos, y estaba cerca; y cuando pensé que empezaba a entrar, estaba

E

ya a mi cabecera.
Y o me quedé como hombre que le preguntan qué es cosa y cosa,
viendo tan extraño ajuar y tan desbaratada compostura. N o me es­
pantó; suspendióme, y no sin risa, porque bien mirado era (com o v u lgarmente’ se dice) figura donosa. Preguntóle quién era, y díjom e, sin
más ni más, con una voz m u y seca y delgada:
— La muerte.
— ¿La muerte?
Quedé pasmado. Y apenas abrigué al corazón algún aliento para
respirar, y m uy torpe de lengua, dando trasijos con las razonas, la
dije:
— Pues ¿a qué vienes?
— Por ti — dijo.
— ¡Jesús mil veces! ¿Muérome, según eso?
— N o te mueres — dijo ella — ; vivo has de venir conm igo a
hacer una visita a los difuntos; que pues han venido tantos muerte*
a los vivos, razón será que vaya un vivo a los muertos, y que los m uer­
tos sean oídos. ¿Has oído decir que yo ejecuto sin embargo? A lto , ven
conmigo.
Perdido de miedo,
— ¿N o me dejarás
— N o es menester
do, ni soy embarazosa;

la dije:
vestir?
— respondió — ; que conmigo nadie va vesti­
yo traigo los trastos de todos, porque vayan

más ligeros.
Fui con ella donde me guiaba; que no sabré decir por dónde, se­
gún iba poseido del espanto. En el camino la dije:
— Y o no veo señas de la muerte, porque allá nos la pintan, unos
güesos descarnados con su guadaña.
Paróse y respondió:
— Eso no es la muerte, sino los muertos o lo que queda, de los
vivos. Esos güesos son el dibujo sobre que se labra el cuerpo del h om ­
bre. La muerte no la conocéis, y sois vosotros mismos vuestra m uer­
te, tiene la cara de cada uno de vosotros, y todos sois muertes de
vosotros mismos. La calavera es el muerto, y la cara es la m uerte; y
lo que llamáis morir es acabar de morir, y lo que llamáis nacer es em ­
pezar a morir, y lo que llamáis vivir es morir viviendo, y los güesos
es lo que de vosotros deja la muerte y lo que le sobra a la sepoltura.
Si esto entendiérades así, cada uno de vosotros estuviera mirando en
sí su muerte cada día y la ajena en el otro; y viérades que todas vues­
tras casas están llenas della, y que en vuestro lugar hay tantas m uer­
tes com o personas; y no la estuviérades aguardando, sino acompa­
ñándola y disponiéndola. Pensáis que es güesos la muerte, y que hasta
que veáis venir la calavera y la guadaña no hay muerte para vosotros;
y primero sois calavera y güesos que creáis que lo podéis ser.

~ "

ly^ájjfwtiiji’iii11' mfm i

Este trozo de Don Francisco de Quevedo Villegas (1580-1645) pertenece a
“ E| Sueño de la Muerte” que estaba de­
dicado a Doña Mirena Riqueza, anagra­
ma de Doña María Enríquez, marquesa
de Villamagna. Es el quinto tratado de
los “ Sueños y Discursos” de que for-

man parte el “ Sueño de,l Juicio” , “ El Al­
guacil endemoniado”, “ El Sueño del In­
fierno” y el “ Mundo por de dentro” .
Repárese1, entre tanta maravilla verbal,
el ascetismo de hoja de espada con que
se califica la voz de la muerte.
Sobre, el tema que trata Don Francisco
y a comparar: Jacobsen, MaeteJrlinck,
Rilke.
Tristón Fernández.

autor en nombre de las costum­
bres y de| mundo moral de su perso­
naje. ¿Vincúlase esto a ese e’xceso de
control inteligente que denunciábamos
en sus diálogos? En este caso parece
indudable, pues al no transfigurar esos
elementos reales en otras realidades
acordes con la intención sensible del
autor, éste se ve precisado a manejar
las criaturas como le son dadas,
abriéndolas en el análisis, pero no re­
velándolas er» su plenitud dramática me­
diante lo sustancialmente teatral. Sin
duda, acabamos de emplear una frase
peligrosa, pues está por verse qué es
“ lo sustancfalmente teatral” . Hacemos
la alusión simplemente al teatro “ en si” ,
aun cuando no lo definamos, pues es líci­
to llamar la atención a un autor sobre la
necesidad de caracterizar lúcidamente
las técnicas con que trabaja, sin que ello
implique para quien lo haga la obliga­
ción de realizar por sí mismo ese traba­
jo. La influencia de Eichelbaum, tan po­
sitiva y vigorosa en lo que respecta al
simple ejemplo estético y ético de su
obra, no trasciende, por conductos es­
trictamente teatrales, precisamente por­
que la debilidad de su obra, como lo
apuntáramos al concretar opiniones so­
bre sus piezas, reside en que no ha lo-

grado aún una forma “ cabalmente” tea­
tral. Todas las condiciones sin embargo
están dadas para esta cristalización es­
cénica de su notable talento dramático,
y la tarea librada a su propio esfuerzo.
Suceso que nos permitimos vaticinar, en
base a las virtudes discernióles en sus
veinticinco años de trabajo auténtico y
honrado, y cuyo cumplimie’nto no signi­
ficaría solamente un motivo de satisfac­
ción para quienes le siguen en su obra,
sino un suceso trascendente en nuestra
historia teatral. Esta historia nuestra
que, con Eichelbaurh, parece hallarse al
borde de conquistar un puesto universal.
"* Esta preponderancia del oficio se
da, por cierto, en dos form as: o el au­
tor — caso Florencio Sánchez— por vi­
vir fatalmente en un medio sin tradi­
ción escénica debe apoyarse heroicamen­
te en recursos formales ya dados y de
sancionada vigencia profesional — tan
condicionado como está el esfuerzo crea­
dor por el momento histórico-cültural
del pais en gue éste se manifiesta— o
bien — y éste es el caso más general—
el autor en cuestión utiliza esos recur­
sos con carácter profesional, dedicándo­
se al teatro como pudo haberse dedica­
do a la medicina, la ingeniería, o cual­
quiera otra actividad liberal.

N o tic ia

�Redada de Teatros Independientes
/^ O N

setiembre ha llegado

la

^ p r i m a v e r a de 1944: primave­
ra indócil, irregular, contradicto­
ria, donde días de frío incisivo y
generosas lluvias han alternado
con el aroma de los paraísos en
eclosión. Y esto no es meramente
hablar del tiempo, porque ha coin­
cidido con esta primavera una
intensa temporada de teatros in­
dependientes, o experiment a l e s
(que de ambas maneras suele y
puede decirse). Y la estación flo­
rida se parece bastante a tales tea­
tros, no sólo por el sentido ado­
lescente que es tradicional atri­
buir a una y a otros, sino por los
desequilibrios en que han coinci­
dido este año: teatros donde, al
lado de un jacarandá florecido,
crece y coexiste un trueno ate­
rrador o una ráfaga helada.
Entre los de habla hispana, y
pese a — o a raíz de— su menor
atracción para el público, el m e­
jor de estos teatros es sin duda
Espondeo. Se advierte en él una
medida dirección, un asentado
equilibrio de los elementos que
reúne. Acreditemos esto no sólo
a su directora, W a lly Zenner, sino
a su régisseur: Jorge F. de O bie-

T A L L E R
A R T E

D E
M U R A L

TACUARÍ 443 - BUENOS AIRES
Se ha constituido en Buenos A i'
res recientemente el Taller de A r­
te Mural, por iniciativa de un
grupo de destacados artistas. Da­
mos a continuación los nombres
de estos pintores que organizan
el Taller, y el manifiesto corres­
pondiente.

i

A N T O N I O BERNI
JUAN C. CASTAGNINO
M ANUEL COLM EIRO
LINO S P I L I M B E R G O
DEMETRIO URRUCHUA
Con el propósito de desarrollar lo más
ampliamente posible la pintura mural en
nuestro país, y sabiendo la finalidad que
a ésta le corresponde con relación a la
arquitectura moderna, hefres organizado
este grupo de pintores pa.t
í'ablecer re­
lación con arquitectos y crmstructores,
deseando encarar el problema en toda su
extensión.
N o es nuestro objeto explicar aquí la
importancia de la pintura mural como
complemento necesario de la construc­
ción y como expresión estética de la cul­
tura y el carácter de la época, porque
entendemos que es bien conocida y apre­
ciada por los profesionales. Sólo preten­
demos poner en conocimiento de los ar­
quitectos y constructores, que estamos
capacitados para realizar trabajos al fres­
co, silicato, témpera y otros procedimien­
tos técnicos. Es nuestro firme propósito
sostener un alto principio artístico y una
absoluta corrección en el trabajo, sin que
ello importe un costo excesivo y gravoso
para el presupuesto general de la obra.
Teniendo esto presente y para tender
a su realización, se constituye el Taller
de Arte Mural. La experiencia técnica
de quienes lo forman les permite ejecu­
tar obras de carácter diverso.
Será preocupación fundamental de ca­
da uno de los miembros, al realizar la
obra contratada, hacerlo con la respon­
sabilidad a que le obliga su firma, te­
niendo en cuenta, a más del objetivo y
destino de ella, que nos alienta el firme
anhelo de conseguir el resurgimiento del
arte mural como único y absoluto fin.
Buenos Aires, Septiembre 1944.
Para la preparación tequfrida por el muro
cuando se realiza una pintura, especialmente para
el procedimiento del fresco (aislamiento, revo­
ques adecuados, etc.), es necesaria la participación
de los pintores, a fin de que la decoración esté
de acuerdo con el desarrollo constructivo de los
muro* por decorar, y señalar los materiales ne­
cesarios. El Taller de Arte Mural dará cualquier
informe que se le solicite.

ta. Y tal vez al grupo de sus tra­
ductores, entre los cuales figuran,
además de la directora, escritores
como Borges y Petit de M urat, y
jóvenes valores com o Marta R oumiguiére, que consiguió salvar casi
impunemente las dificultades de
una obra como M i corazón está
en la montaña, de W illiam Saroyan.
Es ponderable el equilibrio rei­
nante entre sus actores: podría
decirse que no los tiene ni dema­
siado buenos ni demasiado malos;
cabe destacar, empero, la ahinca­
da labor de Daniel Layer, en quien
recayeron papeles tan pesados co­
mo el Daniel Bartlett de D onde
está marcada la cruz ( O ’N eill)
y el Johnny de Saroyan, que sal­
vó con abundancia de cualidades
escénicas, entre las cuales, por
desgracia, se filtró cierto amane­
ramiento que lo perjudica. N o es
ajena a la apreciación que nos me­
rece este teatro la acertada y pa­
reja elección de las obras: nos
gustan, especialmente, la aguda
sencillez de Feliz viaje, donde
Thornton W ilder prefigura ideas
y recursos de su deslumbrante
N uestro pu eblo; y largos m om en­
tos de la obra de Saroyan, que
tanto se acerca a W ilder en su
sentido engrandecedor de lo co­
tidiano, en su admirable llegar a
la sensibilidad por la exégesis de
lo simple.
En La Cortina falta una firme
dirección. Esto se nota, en primer
lugar, en la elección de las piezas.
Hemos visto La carroza del San­
tísimo Sacramento, algo marchita
a los ojos sintéticos del especta­
dor moderno, que concibe el des­
arrollo de su magra trama en una
quinta parte del tiempo que le
lleva a Merimée. Contribuye a esta
impresión el monótono galope de
la mayoría de los actores sobre el
diálogo, por cuya causa las no
escasas finuras y segundas inten­
ciones del autor se pierden, aho­
gadas en el torrente de las frases.

Por C E S A R
FERNANDEZ MORENO
sionante, a pesar de algunas pre­
maturas arrugas— , alcanzó una
discreta representación, donde M i­
guel Tilli Bebán destacó su figu­
ra, voz y comprensión del perso­
naje central. El mismo actor asu­
mió la dirección: cabe aconsejarle
la conveniencia de que ciertos per­
sonajes, como la señora Beunke,
no se conduzcan con ese convencionalísimo tono de género chico
español que obliga a una señora
anciana a caminar inclinada y
temblorosa, hablando un grotesco
idioma nasal y tableteado.
O tra mujer, y van tres — Simone Garma— , dirige el Teatro
Universitario Franco Argentino.
(¿Por qué esta alianza entre la
dirección de teatros independien­
tes y el sexo femenino? ¿Será la
vieja afición de las mujeres por el
teatro dom éstico?) C on actores
anónimos, pero m u y seguros, en­
tre los cuales destacamos el que
encarnó primero a Jacquinot y
luego a Satanás y el que personi­
ficó a Théophile, representó este
grupo en el Nacional de C om e­
dia La jaree du cuvier, entremés
anónimo del siglo X V , y Le miracle de Théophile, de R utebeuf
(siglo X I I I ) . T odo ello, con gran
dignidad y pareja altura: no en
vano se reconoce la capacidad de
su directora y colaboradores, en­
tre los cuales se contaban músicos
com o A lbert W o l f f y decoradoras
como Clelia R em y.
Adrede dejamos para el final
el comentario de la representación
de El duelo, Judith y Detrás del
m ueble, las tres obras de autores
argentinos no representados.
El duelo, de M aría Luisa G ainza de V ivanco, dado por La C o r ­
tina, desarrolla, demasiado a lo
García I.orca, una m u y hermo-

H emos visto U n pedido de mano,
donde Chéjov desarrolla, más en
form a de cuento dialogado que
de teatro, una de esas macabras
historias humorísticas tan caras a
los rusos. T od o en flojas traduc­
ciones. Y cuando llegamos a obras
de autores castellanos, nos encon­

contrapunto
LITERATURA - CRITICA - ARTE
I . C angallo 1219
I

Redactores:
León Benarós
A rturo Cerretani
Alejandro Denis-Krause
Tristán Fernández
César Fernández Moreno
Fernando G uibert
José Luis Lanuza
Raúl Lozza
Roger Pía
Sigfrido A . Radaelli

por dos o tres poemas de m alí­
sima, salvan apenas lo trivial de
la fábula. Lo mejor que hemos
visto representar a las huestes de
Mane Bernardo es La mirada de
doce libras, intencionada sátira de

pañía de Teatro M oderno, título
que se nos ocurre un tanto exce­

Prov. di’ Buenos Aireas J. G. Ferreyra
Basso.
Prov. de Santa Fe: \Télida Esther Oliva.
Prot'. de Mendoza: Alejandro Santa MaI ría Conili.
Montevideo (Uruguay): Fclisberto HerI nández.

. ---------------------

Preciodel ejem plar..................

vemente — tal vez el autor la
hubiera redondeado— fué vestida
con poderosas imágenes, y un diá­
logo conciso, si bien a veces de­
masiado explicativo. M u y digna
y hasta lujosa la puesta en escena,
a cargo de Carlos Perelli.
En el Teatro Libre Florencio
Sánchez asistimos al estreno de la
pieza dramática en un acto de
Roger Pía, titulada rrDetrás del
M ueble” . Bajo la dirección de E n ­
rique Mallea Abarca y Arturo
Frezzia esta pieza se m antuvo por
espacio de más de dos meses en
cartel, constituyendo un éxito de
público que no siempre se da en
salas de esta naturaleza. Esta obra
había sido ya publicada en plaquette en la recordada colección
Adiafora, que dirigía H é cto r R e­
né Lafleur.

El autor ha dejado plenamente
demostrado en ésta su primera in­
cursión en el género, su talento
teatral, que se traduce en un cer­
tero sentido del espectáculo logra­
do a base de síntesis, de diálogos
agudos y de un m ovim iento gene­
ral de gran plasticidad y realidad
escénicas. Los actores, pese a ser
la noche del estreno, llevaron el
desenvolvimiento de la pieza con
un buen sentido de ajuste, sin ex­
tralimitaciones, y con fidelidad —
aunque no pareja en todos los ac­
tores — al personaje que interpre­
taban. Destacamos la acción de
Virginia W arret, que en el papel
de H eb e demostró poseer des­
tacabas condiciones dramáticas.
C o n grandes aptitudes en la voz y
en los movimientos, resultó el per­
sonaje en torno al cual se desplazó
la gravitación*toda de la obra. D o ­
m ingo Córtese, en el papel de El
Deshollinador logró también una
adecuada y hábil actuación; hace­
mos notar que su personaje era el
M u ñ o z, El novio, desvirtuó en
parte su papel, por un prurito de
derivar con exceso su interpreta­
ción de un individuo vulgar y ba­
nal hacia cierta comicidad que, en
la intención del autor y en la psi­
cología del personaje están ausen­
tes. Los papeles del padre y la tía

dólar 0.15

I Suscripción anual (en el país) $ 4.20

de H ebe estuvieron a cargo de
Pascual F. M azziotti y Eumelia

i

Frezzia, respectivamente. A m bos

Exterior . .

delator ) .
Por encima de toda considera­
ción particular, surge, con respec­
to a estos teatros independientes,
un vivo aplauso: por su desinte­
rés y su aspiración de arte — en
cuanto los mantengan— ; porque
llevan al público, bien o menos
bien, obras y autores que de otro
modo seguirían ignorados por él,
a través de las grandes compañías
comerciales; por lo que tienen, en
fin, de improvisación y de lucha.
U n elogio, de pasada, para el T ea­
tro M unicipal, principal respon­
sable del auge de estas representa­
ciones; y para el Instituto M u n i­
cipal de Extensión A rtística, cuya
iniciativa de poner en ejercicio el
olvidado premio municipal a los
autores y entidades noveles ha con­
tribuido eficazmente a alentar las
actividades de unos y otras.

★

LO QUE ES Y
LO QUE NO ES
I. — C ontrapunto es dialéctica ágil,
limpia, visteadora, con espontanei­
dad brusca o prem editación hones­
ta.

★

í

$ 0.40

po es un sueño, de Lenormand,

mente anónimas. La obra — apa-

grupo de actores entre los cuales
se destacaron Dolores Millé, fuer­
te y persuasiva, y disciplinados
coros dirigidos por María del Car­
men Garay. El autor — muerto
en su juventud— revela en esta
obra mayor garra que en su pro­
ducción lírica. Judith participa
con ella de su carácter fragm en­
tario: poesía — lírica o dramáti­
ca— decantada, cristalizada, des­
carnada, casi informe. La cono­
cida anécdota, desarrollada bre­

con eficacia y desenvoltura. En
suma, con escasos recursos técni­
cos este conjunto independiente
ofreció un espectáculo de jerar­
quía que lo hace acreedor a todo
estímulo y aplauso por su digno
esfuerzo. En la misma noche se
puso en escena un relato teatralizado de Edgar Poe (El corazón

II.
— C ontrapunto no es pugna
de dos en fu n ción de un escepticis­
mo com ún. No es la lucha que con ­
cluye dejando
con form es a cada
cual con su verdad. D el con trapu n ­
to de la novela huxleyana n o nos
interesa su fin al actitud
de prescindencia p or una verdad com ún.

★
III. — D el contrapunto en la p a­
yada en nuestro hombre de a ca­
ballo y guitarra no nos interesa su
desengañada postura de con trin can ­
tes que em parejan un d iálogo sin
vencidos ni triunfadores.

★
IV . — N os im porta en el con tra ­
punto el diálogo que es pregunta
con respuesta, su trapecism o ver­
bal, su voluntad de com unicación.

★

más difícil de la pieza. Eduardo

CORRESPONSALES:

sivo para un grupo de esta índole,
que presentó en el Smart El tiem ­
con malas decoraciones y en bue­
na traducción, ambas inexplicable­

Buenos A ires

H éctor René Lafleur

relieve; o con La señorita se di­
vierte, de Benavente, donde algu­
nas ironías de buena ley afeadas

Llegamos ahora a la Gran C o m ­

T e lé f. 3 5-827S

Secretario:

tramos con una hueca y altiso­
nante perorata de A zo rín , donde
están ausentes hasta las altas vir­
tudes estilísticas de su prosa, y
donde en vano las reconocidas do­
tes interpretativas de Mercedes
Sombra pretendieron ponerse de

Barrie, que encontró adecuada in­
terpretación.

S9 Piso, dcp. 22

sa idea central: la mujer que
asiste, mansa y resignadamente, al
sacrificio de su ideal. Apuntem os
en la autora, com o cualidades que
deberá aprovechar y desarrollar en
sucesivas producciones, loable so­
briedad y dramática incisión: su
obra es teatral, lo que es mucho
decir. En cuanto a Judith, de Jor­
ge Carlos M agnin, fué represen­
tada en el Teatro Municipal de
Comedia — donde también se die­
ron por La Cortina y Espondeo
las obras comentadas— , por un

APARECE TODOS LOS MESES

actores cumplieron su cometido

V . — La actitud de hom bres, de
pueblos, de ciu dades (acom odad os
en la bóveda
ancha del m u n do)
ocupados en el trabajo n o in d ife ­
rente del contrapunto, es una ex­
presión de infinitud.

★
V I. — El con trapu n to no se pue­
de hacer en el desierto.
N i en la T orre de Babel.
Ni entre los m uertos.

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                <text>Guibert, Fernando&#13;
Benaros, León&#13;
Radaelli, Sigfrido  A.&#13;
Lafleur, Héctor René&#13;
Sofovich, Luisa&#13;
Etchebarne, Miguel D.&#13;
Ghida, Arturo Horacio&#13;
Ferreyra Basso, Juan G.&#13;
Hernández, Felisberto&#13;
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Pla, Roger&#13;
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Rubens, E. F.&#13;
Vogelmann, D. J.&#13;
Fernández Moreno, Cesar</text>
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��ESENCIA DEL ARTE MADÍ

M ás a llá de M oore, de A rp , de C a ld e r; m ás a llá de
M a le v itc h , D e la u n a y, M o n d rla n ; inclu sa de V a n Doesburg y V an to n g erlo o , que, dentro del m ovim iento a b s­
tracto De Stijl, com prendieron la necesidad de in sertar
el ángulo agudo, el d inam ism o ; aparece el m ovim iento
m adí. Lo prim ero que nos sorprende de él es su a sp ira ­
ción to ta l, su am bición de ir a la Gesamkunstwerk,
por una ad ap tació n de un solo p rin cipio a todas las
p ra cticab ilid a d e s del espacio y del tiem po, que- no
ciertam en te por sum isión de modos a rtístico s a un
"p ro g ra m a " a n te rio r y d istinto de ellos. Luego, se
impone la m ención de ese esencialism o buscado con
intensidad y se n ecesita a ve rig u a r qué sea tal vocablo,
tal concepto, dentro de la m ú ltip le a ctiv id a d M ad í.
P ara este m ovim iento, lo esencial no es la fo rm a , m e­
nos aún la im ita ció n , ni siq u iera la tra n sfig u ra ció n de
la fo rm a ; lo esencial no es por otro lado un trasfondo
psicológico o un pathos que tra n s m itir, ya que huye
de lo su b jetivo , de lo exp resio n ista y de lo sim bólico.
¿ A qué im pulso obedecen, pues, las verteb rad as e scu l­
tu ra s no fig u ra tiv a s , las p in tu ras d esarra ig a d a s del
cuadro, in scrita s en una geom etría llena de a g re siv i­
dad seren a, de co ntrad icto rio a lca n ce ? ¿ A qué origen
se rem onten los peemos de Ko sice, en los que no b rilla
una luz su b je tiva, ni el anhelo de tra n sm itir c o n fe ­
siones, o de su m ir en una m ágica hipnosis al lector?
Lo esencial es para los m odistas lo que se p erp etú a :
el puro m ovim iento an te rio r e in te rio r; el esquem a de
lo ra d ica l, ca p az de m a n ife sta rse c ie n tífic a , v ita l o
a rtística m e n te . En co nsecuencia, su a rte busca una
propagación ilim ita d a y en tal sentido se entronca más

�con el fu tu rism o escultórico que con otra m odalidad
cu a lq u iera de a rte . Y a Boccioni había presentido que
el destino, no diré hum ano, sino de la sim ien ts — que
— surge— de— lo— inform e— h a c ia — la— luz ( = f e ­

sim p licid ad , la b e 'le za , la serenidad que circu n d an sus
creaciones que en a p arien cia son a veces convulsas o
quebradas. M ás que liberarse a sí m ism os, o lib erar
sus im pulsos, ellos liberan al ser, m ostrándolo en su
acción e 'e m e n tal, p e trifica d a por obra de la se n sib i­
lidad y del espíritu en creaciones que van llenando el
mundo físico de nuevos entes con derecho a e x istir y
a ser reconocidos entre los fenóm enos como a sp ira ­
ciones a le ra íz , al enterrado fuego causal de que h a ­
b lara H eráclito .

BARCELONA —

tem a e se n ciclista no es h a lla r la preform a de las co­
sas o de los procesos, lo cual sería sim bolism o, sino
lib erar independientem ente su realidad en sí, y esto
es lo que saben a m a ra v illa los a rtista s del grupo M adí
al m en tar lo que denom inan "au to n o m ía v iv e n c ia l" .
Creando fenóm enos aislad os, aun cuando desprecien
este lado psíquico de su ta re a , v e rific a n silencio sa y
m isteriosam ente la ca th crsís a risto té lic a ; de ah í la

para arte madí

licid ad , o c o n s c ie n c ia ), es ligarse a todo y en todo, lo­
g ra r un co ntacto su b sta n cia l, una fie re za de injerto
y de lu z, de rayo o de sonido, m ostrando lo que la
unión de les elem entos puede dar en ese nuevo u n i­
verso, cen tral entre los modos m atem ático s y los sen­
sitivo s, entre el ritm o v el volúm en. O rg an izacio n es
puras son a la vez m anifestacio n es de ese algo que
es la cosa esen cia!, en su trasla ció n , crecim ien to y
concreción ob jetiva. Pero lo que se busca con ese s is ­

JUAN EDUARDO/CIRLOT

�DECORACION
Y

PINTURA

El concepto M ad í sobre lo deco rati

p ictórico , en cu en tra su co n firm a ció n

teo rías de la "p sico lo g ía de la fo rm

En un breve p la n tea m ien to del pr

y encarándolo en sus aspectos ge

tenem os que las o rg a n iza cio n es d

vas m ás a u té n tic a s, co nsisten por lo
en una unidad co njugada consigo

Si se tom a una su p e rficie de este ti
ejem plo un papel estam pado, pode

ner de él una visión m as o menos c

ta , según un cierto estado m ental

ella no es m ás que una p a rte : el hec
Friso de los arqueros.

se rem arque y

reconozca el objet

ponde c una c ie rta d irecció n m om

de la aten ció n , al estado a fe c tiv o

hábitos y creen cias g en erales; es és
junto de las co ndiciones, tanto o
como su b je tiv a s, el que decide la
ción.
Esta su p e rficie se nos p re se n tará ; c

cam po sensorial co nstituido por una
dad de unidades an álo g as, en las

fu e rza s de "c o h e re n c ia " son ta les q

"Pointed and round", em­
pleo de la pintura de Kandinsky, en la decoración
de una superficie.

�man un todo de estim u lació n homogénea
en el cam po.
Sin em bargo la condición de unidades im ­
p lica una fa c u lta d de separación del todo,
n ecesaria para una percepción a n a lític a .
Pero cu a lq u ie ra sea la intensidad de esta
percepción, si no existen cam bios en las
condiciones o b jetivas y su b jetivas que la
determ in aro n , no es posible una percep­
ción igual, con el m ism o co eficiente de in ­
terés en otra u n id ad , por la fa lt a de u m ­
bral que van a tener las unidades re sta n ­
tes con respecto a la p rim era, (la fa lta de
um bral aum enta en razón d irecta de la
ca n tid a d de unidades p e rcib id a s).
Este proceso es lo que c a ra c te riz a la de­
coración como género.
Si se a ís la uno de los arqueros del friso del
P ala cio de D arío en Susa, éste es dentro
de su estilo, un a lto rre lie ve p erfecto , nada
en él revela una intención d eco ra tiva, e!
c a rá c te r proviene de la repetición y obe­
dece a un proceso psicofisiológico.

Esquema de una pintura
madí. Gris: tema de la
pintura. Negro: anécdota
(en este caso el tema re­
batido). B l a n c o : espacio
que habría que rellenar
con fondos para incluirlo
en una decoración.

�Pera que tenga lug ar este proceso, la re­

e x cita ció n p e rc e p tiv a — el todo es un c a m ­

petición no tien e n ecesariam en te que ser

po sensorial de estim u lació n heterogénea.

id é n tica ; se da tam bién en una serie c u a l­
q uiera cuyos m iem bros estén en un orden
crecien te o d ecrecien te

inin terru m p id o .

To da la p in tu ra a b s tra c ta y n o -fig u rativa
abunda en ejem plos sobre el em pleo de la'
anécd o ta. Desde el C ub ism o , que ab arro ta

Sean A . B. C . D. los m iem bros de una se­

les cuadro s, no sólo de anécdotas de fo r­

rie, según sea la e scala en que va ríe n se

m a, de color y de tono, sino tam bién de

podrá c p re c ia r que A es m ayor o menor

ca lid ad e s, hasta el Sup rem atism o y el Neo

que C , o que D, pero será d ifíc il a p re cia r
que A es m ayor o m enor que B. Pero aún
en los casos excep cio n ales en que la escala

p lasticism o , usándola con una m eticulosa
econom ía. Su p resencia ha decidido sie m ­
pre sobre el c a rá c te r p ictó rico de la obra.

sea t a l, que se pueda a v a lu a r la d ife re n ­
cia A B, tam bién se podrán a v a lu a r y se­

C cm o un ejem plo inverso al del friso de

rán iguales o en la m ism a proporción, las

los arqueros

(pero que se co m plem entan)

d ife re n cia s B C y C D.

si colocam os rep etidam en te una p in tu ra en
un orden cu a lq u ie ra , podría ser un cuadro

Es d e cir, que en una serie, la fa lta de u m ­
bral se puede deber a la escala en sí, o a la
ap aren te igualdad entre les m iem bros a d ­
yacen tes, o ser la sum a de estas dos cond icicn es.

de K a n d in s k y ; se puede leg rar la d eco ra ­
ción de una su p e rficie , sin necesidad de
agregados o m o d ificacio n es. Esto no es po­
sible con una p in tu ra M a d í, sin agregarle
por lo menos un fondo, por no tener so lu ­

En g en era!, en toda d ecoración, la fa lt a de
um bral entre sus nTem bros o unid ad es, les
hace a g ru p ar, p ara co n stitu ir un todo ho­
mogéneo. De donde se cum ple uno de los
vo

principios de W e rth e im e r: que dice "q u e

lo igual y lo s im ila r tienden a fo rm a r u n i­
dades que se separan de lo que es disím il
a e lla s " .

ción de co ntin u id ad .
En estas nuevas condiciones a que se so­
m ete el " c u a d ro " , se produce un cam bio
de o rg a n iza ció n . Lo que en la p in tu ra era
un todo co n stitu id o por unidades seg reg a­
das, pasa a ser una unidad co m pleja en otro
todo, ve rificán d o se lo expresado por K o ie r:
"e l cam bio de una condición ob jetiva pue­

En oposición a lo d eco rativo, lo p ictórico se

de producir un cam b io local en la fo rm a

„
■
o

c a ra c te riz a

fu n d a m en talm en te

por

tener

fo ca liza cio n e s o anécdotas.
L a s fo ca liza cio n e s son unidades su b o rd in a­
das de una m agnitud v a ria s veces menor
que las unidades p rin cip a le s; por eso m is­
mo, con un c ito co eficie n te de um bral con
respecto a éstas — que crean centros de

p ercib id a, o trad u cirse por un cam b io de |

co

las propiedades de la fo rm a to ta l, a cau sa

s

de las propiedades que debe a su lug ar y

-

a su fu n ció n en cada una de e lla s. U n a

c
ra

0

a.

p a rte en un todo es algo d istin to a esa
p arte a isla d a o en otro todo ".
R H O D /R O T H FU SS

o
o

I

�En el mes de setiembre del
oño ppdo. se realizó en la
galería BONINO, la expo­
sición Kosice.

Esculturas y pinturas madí
en número de 26 compu­
sieron la muestra.

El pintor y crítico Juan
Bay que prologó el catá­
logo ubicó certeramente la
posición de madí, y, en
particular del expositor y
su trayectoria en las zo­
nas de vanguardia del arfe
no figurativo.

�POESIA Y PUNTUACION
L a m ayor parte de los libros de versos que
se p u b lican en F ra n c ia , en estos m om entos,
o fre ce, en el cam po de lo p uram ente v i ­
s u a l, un espectáculo al que no están a co s­
tum brados nuestros lectores c o rrie n te s: la
supresión ab so lu ta de la pu n tuación . El
procedim iento, si bien es p erfectam en te
usado por la gente de va n g u a rd ia , no co m ­
porta una norm a esco lástica , una d ife re n ­
ciació n e sté tica , pues lo em plean hombres
de todas las ten d en cias, poetas de iz q u ie r­
da y de d erech a, ve rso lib rista s y autores
to d avía a filia d o s a l verso m étrico , con musiq u ita por ad entro y consonantes en las
p u n tas, es d ecir, a esa b a su rilla de la poé­
tica an te rio r, la del ritm o y la rim a, d e fi­
n itiva m e n te so terrad a.
Teng o a la vista volúm enes enteros de so­
netos — o sea de la fo rm a m ás a rtific io s a
y fa ls a de cu a n ta s se conocen— donde no
h ay un solo punto ni una sola com a, lo cual
es su ficie n te para darse cu en ta de h asta
qué sectores a lc a n z a la revo lu cio n aria p rá c ­
tic a .
Esta no es, tam poco, según podría suponer­
se, del todo m oderna. L a inició hace m ás
de ochenta años, M a lla rm é , y la puso de
m oda, hace m ás de cu a re n ta , G u illa u m e
A p o llin a ire , p o n tífice suprem o de todas las
escuelas posteriores al sim bolism o, a quien
q u iz á por esto, Picasso retrató vestido co­
mo un papa a u té n tico , em puñado el cetro
y sentado en su g ran trono de oro en el
invisib le, pero realísim o , V a tic a n o de la
Poesía. No se lim itó A p o llin a ire a seguir
m udam ente en eso a M a lla rm é , sino que
consideró el sistem a como p arte in te g ra n ­
te de la estética n u eva, teo rizand o sobre
él en ca rta d irig id a en 1913 a su am igo
M a rtin e a u , p u b licad a, según refe re n cia s,
pues no la conozco, por la revista El Diván,
en 1938.
Esta c irc u n s ta n c ia , el desconocim iento de
las razones en que se apoyó el a u to r de
Alcools para a co n se ja r la abolición de la
p u n tuació n , no puede o b sta cu liz a r que yo,
adherido para siem pre al método, predique
sus e x ce le n cia s, con riesgo de co in cid ir, sin
sab erlo , con los puntos de vista expuestos

por ese m á rtir de la otra G ra n G u e rra , el
creado r ad m irab le de El Poeto Asesinado.
C u a n to se relacio n a con la presentación
g rá fic a del poema ha preocupado siem pre
a los poefas, aun a los m ás antig u os, in d u ­
ciendo a algunos a em prender e x tra o rd in a ­
rios prodigios arqu itectó n ico s con los v e r­
sos, en relación con el m a te ria l tip o g rá fi­
co. Recuerdo hab er leído que y a , en los s i­
glos X I I I y X I V fin o s poetas ita lia n o s se
co m p lacían en d ar a sus elu cu bracio n es
fo rm as o b jetivas acom odadas al tem a en
e lla s d e sarro llad o : de co razó n , si el ca n to
era de am o r; de b otín, si a lu d ía a un d e­
licado pie fem enino. Y fu e p recisam en te
A p o llin a ire quien m ás tarde h ab ría de h a ­
cer de esos juegos fo rm a les — a los que
dio el nombre de caligram as, con que a h o ­
ra se les conoce— ca p ítu lo sin g u la r, y m uy
estim ado, de su producción.
Tiem p o hubo en que la disposición de los
versos estaba acordada a sus proporciones
m é tric a s : los de m edida corta con que se
a lte rn ab a los de m edida a m p lia de una
com posición iban debajo de éstos, pero más
o menos h acia el centro, como queriéndo­
se d estacar an te el lector la m o d ificació n
del ritm o :
"Padre y maestro mágico, liróforo celeste
que al pensamiento olímpico y a la siringa agreste
diste tu acento encantador.
(RUBEN

DARIO)”

Se quebraba el verso, tran scrib ién d o lo en
dos lín eas, para m a rc a r la im agen , aun con
peligro de que p arecieran dos verso s:
"Bien recuerdan las calles
que fueron campo un día.
(JORGE

LUIS

BORGES)”

Se lo escrib ía en p endiente, con el fin de
¡lu stra r tip o g rá fica m e n te la m e tá fo ra :
"Para subir a la torre Eiffel
se trepa por una canción
do
re

mi
fa
sol
la
si
do
Ya estamos arriba.
(VICEN TE

HUIDOBRO)”

V a ria s otras innovaciones de orden visu al
han sido hechas, pero la m ás razo n ab le y

�con m ás atrib u to s de p erd urabilid ad es se­
guram ente la que decreta la supresión de
la p u n tuació n , pues es la que menos res­
ponde a inquietudes e xte rn a s y su p e rfic ia ­
les y sí m ás a la concepción m ism a de la
poesía. Esta, la poesía, tiende a despojarse
de lo accesorio y deco rativo, de cuanto no
es ella e xclu sivam en te y, en p a rtic u la r, de
cu anto otras d iscip lin as del esp íritu le han
prestado. A s í, se ha desprendido del m etro
y de la rim a , que son elem entos m u sicales
y no poéticos, y q uiere desprenderse del
punto, de la com a, del signo de a d m ira ­
ción, y hasta del de interrogación (aunq ue
este últim o parece im prescind ib le, a cau sa
de la pobreza in fle xib le de los idiom as y
en especial del ca ste lla n o , el m ás ind ig en ­
te entre todos los de E u ro p a ). Esas m arcas
o señales no son sino m u letas en que se
apoya el lector indocto para com prender,
y la poesía no puede p roporcionarlas por­
que se n cilla m e n te no ejerce funciones o r­
topédicas.
Sandio y d em ostrativo de poca co n fia n za
en lo que se dice es el re c u rrir a los p u n ­
tos suspensivos para a tra p a r o h acer m ás
aguda la em oción del leyente. No hacen
fa lta g arabatos especiales para darse cu e n ­
ta de que el poeta cla m a y aún , acaso , de
que p regunta, excepto en el ca stella n o , pa­
ra lo ú ltim o , por no haber sabido salvarse
de le degeneración g ra m a tic a l im puesta
por el uso. al a d m itir que las fra se s in te ­
rro g ativas no se d iferen cie n de las a fir m a ­
tivas en el orden en que sus vocablos se
escriben.
Reproduzco una estro fa pródiga de enum e­
raciones y com plem entos y , por eso m ism o,
de sum a u tilid ad para la probanza de mi
tesis, ahu yentán d o le los signos de p u n tu a ­
ción que, por supuesto, tienen en el o rig i­
n a l, para que se a d vie rta cómo ellos son
innecesarios, pues las p ala b ra s entregan
por sí solas cuanto el poeta les encom endó:
"Norte mástil estrella permaneces tan mía
Tan mía en la distancia situada en cualquier punto
Que en esta noche trepa la ansiedad de gozarte
A la entraña salvaje de amor en que me inundo
Hoy como nunca amada quisiera estar contigo
Moviéndome en la playa de tus ojos tan juntos
Que mi sangre y tu sangre corrieran tan mezcladas
Como si fueran ambas una raíz del mundo
(GILBERTO

GONZALEZ

Y

CON TRERAS)”

Esta posición o procedim iento está su ste n ­
ta d a, adem ás, en razones de la m ás e v i­
dente co ngru en cia. C u an do se lee en voz
a lta un poem a, no se pro n u ncian los p u n ­
tos ni las com as e igual a ca e ce , si se e x ­
trem a la ob servación , cuando se lo lee en
silen cio . P ara que se les em itiese se ría p re­
ciso ech a r m ano a las p rá ctica s del a lfa b e ­
to M orse. En éste, e xisten los signos co­
rrespondientes al punto y los te le g ra fista s
se los tra n sm ite n , pero al tra n s c rib ir los
m ensajes al papel para e n viarlo s a sus des­
tin a ta rio s, en vez del signo m ism o (el p u n ­
to) escriben la p ala b ra que lo exp resa. De
a llí, esos curiosos texto s de los teleg ra m a s
que m uchas veces provocan r is a : “ Papá
enferm o punto M am á desconsolada punto
G ira sin dem ora punto m uchos ca riñ o s p un­
to " , etc. T a l ab u n d am ien to de la o b jetiviza ció n no tien e otra fin a lid a d que la ds
e v ita r toda posible co n fu sió n ; es, en pos­
tre ra in sta n cia , una m u leta para los cojos
probables. A la poesía no le im porta que
los lectores se co nfu n dan y , en ocasiones,
sale ganando con ello, pues de la confus :ón, del hecho de ju n ta r una p ala b ra o un
concepto de un período con la p ala b ra o el
concepto de otro período suele su rg ir la m a ­
ra v illa de una im agen insospechada, de una
b elleza in é d ita. D isfrú tese aho ra el sig u ie n ­
te ejem plo, aho rrado, como se v e rá , de to ­
da in u tilid a d , y se tendrá un goce poético,
to ta l, es d ecir sin n o stalg ia s de puntos, co­
m as, p untico m as y dem ás insulseces de la
g ra fía m u n icip al y espesa:
"Quedarse en el área
en la exigencia de la imagen
en la posibilidad menos táctil
en el acento menos profundo
aún a riesgo de acusar más suma de quietud
más huella recién terminada
más esfera imperfecta entre nosotros
estarse en el término del movimiento y tener nombre
sin embargo
(GYULA

KO SICE)”

Podrá inq u irirse por qué no se su prim e ta m ­
bién la puntuación en la prosa, m as la re s­
puesta es fá c il. L a prosa es una h e rra m ie n ­
ta de la in te lig e n cia p ara exo n erar ¡deas,
deseos, se n tim ien to s, y la p u ntuación le es
n ecesaria para que sus m a n ife sta cio n e s se
ca n a lic e n sin peligro de enredos o turbie-

�" in ic ia d o s " ; es d e cir, gente que sabe sus
secretos y, por lo tan to , no requiere a n d a ­
dores, ayu das, porteros ni pies postizos p a ­
ra moverse dentro de sus p alacio s ds m i­
lagro.

Por otro lado, la poesía es un don no sólo
de quienes la crean sino tam bién de q u ie­
nes la gozan leyéndola, todos los cu ales,
éstos y aquéllos, son en cie rta m anera unos

¡A l diablo con la p u n tu ació n !

para arte madí

dades, o ssa para que la prosa sea p ro n ta­
m ente en ten d id a. La prosa pertenece a la
lite ra tu ra , m ien tras la poesía nada tiene
que ver con la lite rc tu ra y no hace fa lta
que se la en tien d a, m ás to d avía, es u rg en­
te que no se la entienda.

A L B E R T O / H ! D ALGO

En el "Ateneo del Chaco",
Resistencia, se realizó en
el mes de julio del año
ppdo. una exposición madí
en la que intervinieron en­
tre otros: Boy, Biedma,
Bresler, Dorie, Delmonte,
Eitler, lonescu, Kasak, Kosice, Lcañ, Dearma, O!i veira, Rothfuss, Uricchio.

Se dio una conferencia a
cargo de Kosice: "Concep­
to de creación e invención
m ad!", con debate libre en
el transcurso de la muestra.

�JU A N /B A Y

�a menudo, co nfin ad o a un m arco p u ram en ­

SINTESIS

te a rq u ite c tu ra l, no im plicando de ningún
modo, la intervenció n d ire cta de la pintura
y la e scu ltu ra.
En los últim os tiem pos, los a rtista s m oder­
nos (p in to res, escu lto res y a rq u ite cto s) han
m o dificado to ta lm en te, esta concepción de
la casa incom pleta y no han lim itad o su
cam po solam ente a la o rg a n iza ció n in te ­

Y

rior. Siguiendo el ejem plo de sus ilustres
anteceso res, p ara h a ce r re v iv ir el muro y

RENOVACION

el espacio, han

intentado

restab lecer los

poderes de toda la a rq u ite c tu ra , ta n to el
e x te rio r como el in te rio r. Y es por la in ­
terp retació n de esos a rtis ta s nuevos, que

En tre las tra n sfig u ra cio n e s co n stru ctiva s de
los prim eros arq u itecto s fu tu ris ta s y c u b is­

los m a te ria le s tra d icio n a le s han sido pues­
tos al se rvicio de una a rq u ite c tu ra racio n a l.

ta s, y las obras recientes de los fu n cio n a-

En efecto , los m a te ria le s como el cem ento,

listas, cu a re n ta años han tran scu rrid o . C u a ­

la c a l, la m ad era, el h ie rro , la p ied ra, la

renta años de una lucha sin treg ua que no

tie rra co cida, la la n a , el papel, la p la ta , el
lad rillo , el cobre, el asperón, el fib ro -ce-

ha cesado de c o n trib u ir a cre a r un interés
tectu ra y el urb anism o. Pero, m ien tras los

m ento, la ce rá m ica , e tc., em pleados por los
a rtis ta s que m a n ifie sta n un esp íritu de bús­

m edios técnicos se d esarro llab an y p e rfe c­

queda, deben en co n trarse renovados, c u a n ­

cio n ab an d ía a d ía, y los resultados a lc a n ­
za b a n ya el dom inio del a rte de co n stru ir,

do am alg am a n la expresión a la fu n ció n .

nuevo y siem pre en aum ento por la a rq u i­

el c a rá c te r

a rtístico ,

propiam ente

del e d ificio no a p a re cía

H oy, estes p lástico s anim osos ccm ie n za n a

dicho,

exponer al público la u tiliz a c ió n e sté tica y

m ás que en las

sensible de esos m a te ria le s, tran sform ado s

ab ras de cierto s precursores, o estaba más

según el método em pleado con m ira s a una
a p licació n en a rq u ite ctu ra . D estacados in ­
ventores pretenden d ar una exp lo tació n d i­
fe re n te a los productos económ icos, co rrie n ­
tes y tran sp o rtab les, a fa vo r de fo rm as d is­
tin ta s que son las n u estras, las de nuestra
época. A igualdad de costo, definiendo el
precio o va lo r líquido del metro cuadrado
o el m etro cúb ico, en la té cn ica p a rtic u la r
a p lica d a , por un tra b a jo a rtístic o y no en
se rie, se renuevan los m a te ria le s, g ra cia s a
la fo rm a y los medios superiores de la a r ­
q u ite ctu ra a ctu a l.
En la c la ra ordenación p lá stic a , concebida

�por sus p rin cip io s, ese grupo de in v e stig a ­

peles, to ta lm e n te exp resad a, que se ha m a ­

dores no ofrece m ás que una idea p arcial

n ifestado

de sus . preocupaciones. Pero, sea esto por

m á tica m en te p u ra, rigurosam ente e x a c ta .

en teram en te,

es siem pre m a te ­

el cam ino del fresco , la e scu ltu ra en hierro,

Por o tra

en m ad era, en cem ento b lanco, gris o negro,

a b ie rta m e n te

en piedra, en lad rillo o tie rra co cid a, en lo­

a q u é llas del m uro y el espacio, el cá lcu lo

za p olicro m a, la ta p ice ría en lan a , el p a­

o los m a te ria le s han d eterm in ad o so lam en ­

pel pintado, la ce rám ica m u ra l, el b a jo rre ­

te las fo rm as m a te m á tica s, que no son su

p a rte , en las obras que
las

e xig e n cia s

llenan

estéticas

y

lieve en cobre, la p in tu ra sobre fibro-ce-

objetivo ni su fu n ció n , pues sobre todo, p re­

m ento, las piedras o g u ija rro s ensam blados,

va le ce rá

la inform ació n reunida es a m p lia y e x h a u s­

que ha sugerido la concepción.

tiva.
En estos trab a jo s estriba h asta aho ra, en

la im agen

in tu itiv a del creado r,

Es innegable que las fo rm as re a liz a d a s a

el mundo m oderno, el problem a de la s ín ­

cá lcu lo y las fo rm as té cn ica s pueden ig u a l­
m ente a c a rre a r la eclosión de una p lá stica

tesis de las artes. Las ¡deas y p rincipios de

rep resen tativa.

Pero se ob serva, tam b ién ,

los creadores, si no engendran siem pre so­

que una fo rm a lim itad a al cá lcu lo o té c ­

luciones d e fin itiv a s, orien tan sin em bargo

n ic a , no b asta para cre a r una p lá stica co m ­

sus proyectos, h acia un esp íritu que tiende

p le ta, a u té n tic a , independiente, su ficie n te

a d e fin ir, los roles respectivos y sin c ro n iz a ­
dos de los a rtista s modernos, y ha situado

en sí m ism a y que re fle je nuestro tiem po.

a las artes en el lug ar im portante que de­
ben ocupar dentro de la a rq u ite ctu ra .

A d em ás del cá lcu lo , es n ecesario ig u a lm e n ­
te poseer el conocim iento de la fo rm a a r ­
q u ite ctu ra l ab so lu ta, ligada a la p in tu ra y

No obstante que la a rq u ite ctu ra fu n cio n a l,
en su fase a c tu a l, a sp ira a un e n riq u e ci­
m iento y a una se n sib iliza ció n de su lenc u a je , no se va ya a suponer, sin em bargo,

a la e scu ltu ra . ¿N o se d ice, con ese propó­
sito , que la a rq u ite ctu ra es lo que se e n ­
cu en tra del otro lado del cá lcu lo ?

que pretende d esarro llar sin g u lares modos

En nuestros d ías, no es posible pretender,

de unión con la p in tu ra y la e scu ltu ra , b a­

por co nsig u ien te, que sólo las fo rm as naci-

jo la presión de prom esas a le a to ria s de un
nuevo a rte decorativo. U na o rn am en tació n ,

das del a z a r, de la fa n ta s ía sin frenos o
del sim ple cá lcu lo , co nstitu yan las fo rm as

más la b elleza de una obra a rq u ite c tu ra l,

contem poráneas.
L a s c a ra c te rís tic a s de
n u estra sociedad no residen e x c lu siv a m e n ­

que ha logrado su pleno valo r expresivo.

te en sus aspectos c ie n tífic o s, m ecánicos o

adicionada o su perpuesta, no aum enta ja ­

Las artes p lásticas no m arch an de acuerdo
con la a rq u ite ctu ra , sino a condición que
sea tam bién concebida como t a l, pues en
ese caso, la form a a rq u ite ctó n ica com por­

inco n tro lab les, sino y p a rticu la rm e n te , en

|

sus problem as de vida ind ivid u al y vid a aso-

s

cia d a , problem as que están estrech am en te

I

unidos a los del urbanism o y de la nueva

ta en sí m ism a, insep arablem ente, pin tu ra

a rq u ite ctu ra , que el ren acim ien to y la sin-

y escultura.

tesis, presentes en las a rtes p lá stica s, ennoblecen.

M etafó ricam en te hablando, se puede decir
que una form a p erfecta , despojada de oro­

■
”

&lt;£
NI
=&gt;
\
&gt;

A L B E R T O /S A R T O R IS

§

�I'a rt co ncret — c'e st a in si que nous appeions les oeuvres qu¡ ont leur origine
dans des lois et des moyens d'expression
propres, sans relation avec les phénoménes de la n ature ou des tran sfo rm atio n s
de ceu x-c¡. ¡I ne s'a g it done pas d'une
c ré a ticn p ar a b stra ctio n .
I'a rt

concret a

un

ca ra cté re

indépen-

dant. il est une expression propre á l'esp rit h u m ain , destinée á étre concu par
l'e sp rit h u m ain , et nous espérons de lui
toute p erfection et précision sans ambiguité que nous attendons des m anifestatio n s de l'e sp rit h u m ain .
les arts p lastiq u es concrets représentent
la c o n fig u ra ro n d 'elém en ts perceptibles
par

l'o euil.

leurs

moyens

d'expression

sont les co u leu rs, l'esp ace, la lum iére et
le m ouvem ent. la fo rm atio n de ces élém ents, é m a n an t d'une conception créatrice purem ent sp iritu e lle , fa it naitre des
ré alité s nouveles. des

idées ab straites,

e xista n t u niquem ent dans l'im ag in atio n ,
devien n en t ain si visib les sous form e con­
créte.
dans sa derniére conséquence, I'a rt con­
cre t est l'exp ression puré de la loi harmonieuse des form es et des rhythm es. il
ccordonne des systém es et leur inspire
la vie p ar des moyens a rtistiq u e s. il est
réel et spi rituel á la fo is; il est lié avec
|

la n a tu re , sans étre n a tu ra liste ;

2

orienté vers l'u n iv e rse l, tout en créan t

|

l'u n iq u e ; ¡I réprim e l'esp rit individ u alis-

¡
X
O
5
x

te pour libérer l'in d ivid u .

a.

M A X / B IL L

¡I est

�P OS T A L

Y TODO

agosto las manos
desm añadas veces
lubrico a n sia s contenidas
de a dos
pero no me im porta
GERALDO

DE BARROS

in c lu ir fid elid a d g ateada por el uso
a in stan cia s m uy pocas
p refiero desusarm e
en dosis a tra ye n te s
pero no para todos es cierto
sostengo los apellidos por sus a tla s
y buenos endecasílabos me va le
z u rc ir inocuas le tan ías

MOSS M ARLOW

sea absurdo notar
la v a lid e z de lo grávido
y no es a menudo que se tre n za n
m onasterios y cam p an as
vayam os de a peldaños
no me gusta hundirm e
en postales sin latido propio
para desconocerm e luego
DI Y I/ L A A Ñ

ALEXAN D RE

W OLLNER

i

�■

ELEMENTOS DE
CONSTRUCCION DRAMATICA
1
To d as las a rg u m en tacio n es sobre la n ece­

del teatro n o rteam erican o , a firm a que "el

sidad de una nueva d ra m á tic a han sido,

dram a

h asta hoy, una serie de invocaciones b a l­

m ás com pleja de la in te lig e n cia co le ctiva ” ,

d ías y sin acció n inm ed iata. Lo a lca n za d o

está pregonando que — aún co ntra sus pro­

por los innovadores europeos, se ha redu­

pios y añosos p rin cip io s—

cido p rim o rd ialm en te a la proyección de un

esen cia , no puede ser la proyección de un

com plicado arte de b am b alin as. En el or­

solo elem ento de creació n . Lo trad icio n al

se co nvierte

en

la

m anifestació n

el tea tro , por

den de las ¡deas, e! avan ce ha sido m ayor,

es ofrecer un esquem a de diálogo y nada

pero la incorporación al teatro de hechos

m ás.

y h asta tesis a trevid ísim o s, es el resultado

que su p lir inconsciente y defectuosam ente

vo

La

in te lig e n cia

co le ctiva

ha

tenido

no de una renovación, sino el curso norm al a los dem ás elem entos. H a y que e n fre n ta r­

de un nuevo flu ir ideológico, exterio r la m a ­

se a b iertam en te con la verdadera creación

yor parte de las veces a la verd ad era té c ­

y que el creador o fre zca , de por sí, gene­

n ica de co nstrucció n d ra m á tic a ; en cada

ralm en te, la total co nstru cció n d ram ática

momento y casi de un modo fa t a l, ha s u r­

con todos sus necesarios elem entos.

gido un Ibsen o un P ira n d e llo , quienes son
tan m eritorios de fig u ra r en una h isto ria

2

de las ¡deas y de la sociología, como en

Repetim os que es un p rin cip io irrevocable

una h isto ria elem ental de la lite ra tu ra d ra ­

co nsid erar que E L T E A T R O ES U N A C O N S ­

m á tica .

T R U C C IO N

H a y,

pues, que

d esterrar

— por

D R A M A T IC A . El m ism o M o r­

errónea— la peregrina y aven tu ra d a cre e n ­

ton Danwen Z a b e l, ya citad o , ha e scrito :

cia de que el teatro es solam ente un a rte
de m era lite ra tu ra . Cuando M orton Dan-

"u n a obra de teatro e fic a z es siem pre una
co lab o ració n ” . Hem os de a firm a r, noso­

wen Z a b e !, aún haciendo h isto ria lite ra ria

tro s:

ES U N A C O L A B O R A C IO N

DE ELE-

�M EN TO S.

Y , esta excelen te colaboración

ha de su rg ir, para m ayor cohesión y u n i­
dad, del propio acto creador y de la propia
voluntad del dram atu rg o . Que éste sea p le ­
na y co nscientem ente dado a co n stru ir, a
le va n ta r con todos sus elem entos la magnip resencia d ra m á tic a . R esum iend o: N U N ­
CA

DRAM A

L IT E R A R IO ,

S IE M P R E

AR­

(El llam ado teatro re a lista tiene agotado
ya

—

por escasos—

todos los recursos del

p ro ta g o n ista ). El hom bre-actor, con m ás o
menos g ran d eza

ideológica, resu lta sie m ­

pre una p ieza inconm ovible en ese d io ra ­
ma estético que es la escena al uso. Es n e ­
cesario se nos proporcione ese sentido de
co m plejidad que el hombre es en sí y en
su u n ita ria p resen cia, concordada — como

Q U IT E C T U R A D R A M A T IC A .

hemos dicho otra v e z —
Los elem entos colaboradores de co n stru c­
ción, son: el H O M B R E , la P A L A B R A y la
P L A S T IC A .

con la e stru ctu ra

fu n cio n al del hom bre, haciendo p a rticip a r
no so lam ente a sus sentim ien to s, sino ta m ­
bién la sum a y las p artes de sus p o sib ili­

Todos se com plem entan y son in e xo ra b le­

dades. No se tra ta de conseguir un teatro

mente insu stitu ib les. Les relaciones entre

dentro de otro. Se pretende que, en c o n ­

ellos son perpetuas y aunque se d iferen cien

jun to , se m a n ifie ste

en a p a rien cia, afirm a m o s que en su stan cia

gam a riq u ísim a de ap titu d es h u m an a s, que

no pueden conocerse las fro n teras e xacta s

van desde el acto sim p le a la evolución

que, casi inexisten tes, separan a un e le ­

m ás co m p licad a, desde el se n cillo deseo de

mento de otro.

a m a r — tan

d ra m á tica m e n te

p ro liferad o

esa

V m alg astad o—

h asta los m ás in trincad o s a rtific io s de su

3

im ag in ació n . Todo ello dentro de un cau ce

El hombre construye y goza del teatro . Es
el prim er elem ento, el más p rim o rd ial, con
una fu n d am en talid ad tan a xio m á tic a que,
todos los otros, cu a lq u ie ra que fuese su c a ­
tegoría, se d erivan de él. Pero, no so lam en­

n atu ral y sin esfu erzo , lejos de todo em pu­
je alam b icad o y de todo dogm atism o.

Es

bien visib le y ca p tab le ese hombre p arcial
que nos han dibujado los d ram atu rg o s f a ­
mosos. H am le t m ism o no es hom bre, sino
una p arcela de hom bre, una p arte suya na-

te es la ra íz , es tam bién la consecuencia y

da m ás. No por ello cabe e n fre n tarse con

hasta el trán sito . E L T E A T R O V IE N E D E L

el tip o -H am le t, la m isión nueva es m ás a m ­

H OM BRE Y

H O M BRE.

b ic io sa : su p erar lo p arcial hum ano. " N o he

Ta m b ién , es de y por hom bres. Su a n d a d u ­

destruido la ley de la G ra vita ció n — dice

ra como fig u ra d ra m á tic a , querem os d ecir,

Ein stein — , la he su p erad o ". Ese es n u es­

como protagonista,

más

tro em peño, por eso sentim os y envidiam os

a llá del sim ple cuidado sostenido h asta el

no haya surgido todavía la gran gen ialid ad

ES D IR IG ID O

AL

debe exp an d irse

presente.

" f ís ic a " del tea tro , para que a firm a se algo

Estam os hartos de co ntem plar a esa fig u ­

sím il respecto al hombre como fig u ra d ra ­

ra estática que es el hom bre-actor. E n tris ­

m á tica . Sin em bargo, nos queda la s u fic ie n ­

tece la visión del hombre proyectado y d i­

te esp eranza p ara esperar que su rja la m e­

rigido por el

dida no-euclediana del d ram a.

teatro

netam ente

literario .

_

�La p ala b ra , tan p rim ordial elem ento, es sin

do m enos, cu ya cap acid ad d ram á tica ha s i­

duda el cau ce m ás lite rario . T a n to lo es

do m ás veces en sayad a, en fin , el elem en ­

que — sin sonrojos— nos atrevem os a pro­

to del que menos se puede cen su rar y del

poner que de aq uí en ad elan te se suprim a

m ás presto a en co n tra r su verdadera fin a ­

el concepto " H is to ria del T e a tro " , y, se su s­

lidad d ra m á tic a .

titu y a por la de " H is to ria de la P alab ra

En un punto, sin em bargo, no se ha liberado

d ra m á tic a " . T a l es la d ictad u ra férrea que

to d a v ía : del orden estático del dioram a de

la p alab ra lle v a , h asta hoy, som etiendo al

siem pre. En ca rta a Kosice decíam os que

dram a.

era nuestro deseo p la sm a r "u n o s decorados

No querem os d ecir que haya de e lim in arse

que estén

lo lite ra rio puro, la p alab ra m ism a, q uere­

del m ism o modo que, en nuestro b ata lla r

mos a firm a r que es im posible y casi into­

co tidian o , percibim os la co ntinua sucesión

lerable

por sí m ism o trasm u tán d o se",

creació n

del p aisa je. Pero, m ás to d avía, no sólo co­

te a tra l con verd ad eras m ontañas de p a la ­

mo contem plam os a la n a tu ra le z a , sino co­

bras so lam ente. Es n ecesario un orden de

mo la sentim os tam b ién , como la deseamos

p a la b ra s, de tal modo diseñado, que no só­

por a z a r, como la pensam os racional e irra ­

lo el diálogo

co n tin u ar

rellenando

la

(el monólogo, lo es consigo

cio n alm en te y como la asociam os a nuestro

sino que tam bién se o fre zca n las

m ás íntim o obrar. Esto no es una co n fe­

expresiones v á lid a s que no sean la de la

sión d o g m ática, ni n u estras a firm a cio n e s

pura co m u nicació n . ¿Cómo d ar las p alab ras

rienen adhesión a ningún dogm atism o. Es

p recisas, por ejem plo, para sa n cio n ar una

la

situ ació n de vacío? La fó rm u la diagonal es

P L A S T IC A

inoperante, ya que su propia

m ú sica—

m ism o)

realizació n

expresión

de

anhelo

ju stísim o :

D R A M A T IC A — sin o lvid ar la
M E D IA N T E L A C U A L SE C O N ­

d estro za, por racio cin io creado, la s itu a ­

S IG A

EXPRESA R

ción que se pretende. Todo ello es bien d i­

H O M B R E Y SU P A L A B R A , S IN

fíc il, no se nos o cu lta. Pero n uestra p re m i­

NI

sa es in a lte ra b le :

ESTO S.

LA

PA LA BRA

ES U N

E L E M E N T O C O N S T R U C T IV O , L IG A D O A
LO S O TR O S , N U N C A S O L I T A R I O

Y

U N IC O .

5

UNA

E S C L A V IT U D

LA
DE

P R E S E N C IA
ESTO S

D EL

IM P E R IO
O

SO BRE

U n a p lá stica fu n cio n a l donde el color, las
fo rm as, los sonidos y las leyes de la e d ifi­
cació n no sean dadas con la rigidez de cos­
tum b re, sino siendo p artícip es de un flu ir
co nstante. Y , por ú ltim o , urge una p lá stica

Desde la escena g ira to ria , h asta las e sca ­
sas m an ife stacio n es del arte n o -fig u rativo ,
lo escenog ráfico ha realizad o m uy y m u ­
chas arriesg ad as a ven tu ras. Ha sido y es

que no sólo re alice la colaboración d ra m á ­
tic a con los otros elem entos, sino que o fre z ­
ca , tam b ién , A L E S P E C T A D O R SU IN C O R ­
P O R A C IO N T A X A T I V A A L A E S C E N A .

el elem ento te a tra l m ás evolucionado, el

■
o

E

m ás asequible tam bién a toda m arch a a s ­

re
re

cendente, el m ás d úctil y m a lea b le, aquél
cu yas norm as trad icio n ale s se han re sisti­

ta n g er

-

m ar ru ec o s

M . G ./D E LA FU E N T E

a

��PINTURA

N IC O LA S/K A SA K

�PROSA Y RELATO
Es lícito d ed u cir que toda p alab ra lleva ad herid a su im agen, su ca rg a de aso ­
ciacio n e s, su propia y generosa som bra.
La p ala b ra n unca lleg ará a ser la "co sa en s i" , por la sim ple razón de que sus
a lca n ce s, van siem pre a una realid ad m a n ifie sta y, no sólo al va lo r de la de­
signació n.
En la prosa inventada y m ás fu n d a m e n ta lm e n te en el relato madí, la cap tació n
espacio-tem poral de un m ovim iento situado dentro y fu e ra del o de los persona­
je s, responde a m o tivacion es d iscern ió les a m edida que el lector acepta y se
ad en tra , en p rin cip io , al cam po ideológico y estético que im pulsa al n arrad o r a
p re sen tar, con c a ra c te rís tic a s p ecu liares su asunto.
En co nsecuencia la p alab ra a isla d a o su a cu m u la ció n , su sentido propio o fig u ­
rado, carecen por com pleto de fu e rz a n a rra tiv a . Es m ás, se corre el riesgo de
que el im án de c ie rta s p ala b ra s, cam b ie el curso de una ¡dea, y no a la in v e r­
sa , como debiera ser. D ecir cosas, no es todavía decir.
En el terreno de lo intuido y lo previsto, las relaciones entre la fo rm a de decir
y lo que se . quiere d e cir, pugnan para im poner su vo lu n tad . A ta m añ a té c n i­
ca o estilo , ta n ta co rp o rizació n y tran sm isió n del m en saje.
A ld o u s H u xle y , bajo los efectos de la m e scalin a , droga que sondea y cam b ia
la p ersp ectiva de la co n cien cia (com puesto proveniente de cactos que se e n ­
cu e n tra n en el suelo m exican o ) dice en su libro T h e doors of p srcep tio n : "L o s
sím bolos pertenecen a esferas de e xp e rie n cias que m utuam ente se e x c lu y e n " y
cg reg a, " L a s p ala b ra s se p ro nuncian pero no logran a c la ra r las cosas y a co n te ­
cim iento s a que se re fie re n ".
In cluyo esta cita p ara a d v e rtir que en cada relato , co n trariam en te a lo e xp re ­
sado por H u xle y , debe haber un resplandor interno que em pape a cosas y a co n ­
tecim ie n to s, que a'e hecho se basten a sí mismos.
Son las p ala b ra s de siem pre y de n u n ca; de hipótesis y de im agin ación puestas
en m arch a y en conexión por sus hilos co n d u cto res: tem a, e x a lta ció n de su
autonom ía v iv e n c ia l. Prosa dicha y contada.
No se tra ta , por otra p arte, de ca e r en el error, en que se incurre h a b itu a l­
m ente, m an ten er unidos por una tra m a , un nutrido " c o lla g e " de p alab ras.
¿Cóm o v e rific a r, entonces, la a u te n ticid a d que se pretende, sin co te ja r, sin y u x ­
taponer al cu e n tista de an te s que nos p articip a b a lindam ente sus emociones
p rivad as, sus secretos su frim ie n to s, su patetism o, a costa de cu a lq u ie r co squi­
lleo sensual o sensiblero?
En el relato m adí no h ay en ig m as; subsisten, eso si, las alu sio n es, pero aún és­
ta s, al m a d u ra r, e n tran en v ía s de tran sfo rm ació n d irecta a la realidad. De m a ­
nera que un todo fic tic io p a rticip a y evoca otra vida ‘y no una crón ica p ersu a­
siva del a caecer diario .
Por lo menos una e xp e rie n cia , una repercusión físic a debe su b sistir antes de fe ­
cu n d ar, d iría , en len g uaje, nuestra necesidad de invención. En prim era in sta n ­
cia todo debe p en tag ram arse en nosotros; sólo así se ju s tific a rá y tendrá fu e rza
de co nvicció n , la poesía, la prosa y el "é ra se una v e z . .
tran sfig u rad o en el
"se e s " de los p rotagonistas. Recién estam os deletreando su a p a rie n cia , e s c la ­
reciendo su m ó vil, persiguiendo su esen cia, pisándole los talones a las em ocio­
nes m ás ignoradas, captando em peñosam ente el cau ce de una nueva luz. Y des­
crib irlo . Aunque sea, lim itándose sin querer.
Porque nada revela tanto la geo grafía espiritual de la n arració n como el deseo
de in fu n d ir a cció n , sabiendo de antem ano de su lógica (y reite ra d a) fin itu d . A
pesar que esto no sig n ifiq u e en su b stan cia, la negación de rep en tizar en la ma
yor escala posible, n uestra prolongación hum ana de in fin ito . Y de mediodía
verb al.
D IY I/ L A A Ñ

�DE TODO

ADEMAN

IMAGEN

Y a recogimos los andenes portátiles de la memoria
al pasar de uno a otro nos hemos rodeado por el lado del crecimiento
pero antes del ardiente recomienzo en el ademán
hubo la colmena aterida
torneado a puro espesor como un arco
Ahora reparo que hubo desolación un rumor isócrono
con redoble pero omitido
el puntuado caudal de la nada con deseos de ser menos que uno
esquivando la brújula todo hormigueo de seres
hasta trazar desde la guarida su inscripción
la ilación principio natural y competióle
coronada sobre la pulpa alfabética flotante a ratos
La erguida talla del suceso tiene llegada
y el pronóstico abisal de un vocero interior
dice de una constelación acuñada por adelantado
para suprimir todo resquicio
para bloquear el hado y decirle cosas
de una suspendida igualdad a milímetros del suelo
y restaurar esa cortina bondadosa
0 quizá mejor seguro aleteados de otro miraje más amplio
Notable caparazón formada por vetas a expandir
puestas a prueba por una señal inesperado
a libre conquista pendular
a limpia oceánica visibilidad
Connotar un incremento variable
abroquelarse de ser un orbe inadvertido

ÍN|
IN

y el semihueco estrellado de manos
contra otra corteza astral que hago surgir a borbotones
savia de otra integración
más alta que el franco color que continúa vigente
hasta disparar en un total elegido
y copiar con ternura el bisel que vemos
01 caer una imagen madura a nuestros pies

ESPACIO

OSCILANTE
Me ubico para ser advenimiento
sobre el grueso de los latidos
sorprendo quietamente
el borde de la materia
teleguiado a toda luz!
G /KO SICE

�HACIA UNA PLASTICA
PURA Y UNIVERSAL
La posición de m adí, es probablem ente,
la m ás valedera de A m é ric a y acaso Eu ­
ropa, en cuanto hace fu n cio n a r la p lá s­
tic a ,

en

porque

un estilo
ha

u n iversal.

encarado

V aled era

valero sam en te

el

problem a estético en todas sus d im en ­
siones, desligándose, en p a rtic u la r,

de

todo com prom iso con la p in tu ra y e scu l­
tu ra de fá c ile s recursos e fe ctista s y por
lo tan to exp resivam ente fic tic ia y esté­
ticam en te im pura, que aún persiste.
Rojo concéntrico
A N IB A L J./BIED M A

H an tomado el cam ino m ás d ifíc il: todo
lo

que

está

hondam ente

engendrado,

presum e esfu erzo discip lin ad o y co ns­
ta n te , de renovación y superación. Su
brega no ad m ite desm ayo. A q u í se pone
de m a n ifiesto el talen to genuino, pues­
to que los juegos m a la b arístico s del co n ­
form ism o p ictó rico , fá c ile s de a sim ila r y
reexp resar

han

sido

term in an tem en te

vencidos, esto es, el logro de una p la s­
ticidad em o tiva, a través ds la lib e ra ­
ción de toda im pu reza d eco rativa y des­
crip tiva y que se condensa en e stru c tu ­
ras lib eradas en el espacio. M ecanism o
co nstru ctivo que es lo que da va lid e z pe­
renne a toda invención.

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�LA POESIA
1
L a im agen, en poesía, es una relación de conocim iento.

2
Dos o m ás p ala b ra s, al co n c u rrir en la im agen, in te ­
gran una dim ensión que da form a a la su b stan cia que
el poeta lleva en estado de ignición.

3
To d a

im agen re a liz a

un descubrim iento.

4
L a im agen puede obtenerse por creació n o por in ven ­
ción. C re a todo aquel que por su a p titu d , buena o m a ­
la, está en condiciones de e stru ctu ra r un poem a. In ­
ven ta aquel que h a lla una relación em o cio nal, desco­
nocida h asta ese m om ento en el proceso creador. Pero
como no toda invención es poesía, será im prescindible
que la im agen inven tad a nos descubra el mundo que
yace inform e en la su b sta n cia del poeta. Ergo: no h ay
poesía sin d escubrim iento.

5
L a cosa poética es la su b stan cia em o cio nalm ente fo r­
m ada por el acto del d escubrim iento.

6
Cuando el poeta obtiene una im agen p oéticam ente
v á lid a , es porque ha descubierto el punto de conexión
entre su ser en sí y su ser en el mundo.

7
El poema adquiere v a lid e z en tan to a ju sta su relación
em ocional de conocim iento en la relación m ilita n te
exig id a por la e x iste n cia .
JU A N JA C O B O / B A JA R L ÍA

�POEMA MADÍ

a b rir la cru z de las introducciones
penetrando los universos ignorados de las espigas del him no
y d e stru ir eq u ilib rio s en m agnitudes libres
donde la h ab itació n de la m ano procure resurgim ientos
con su escu ltu ra de interrogaciones

siendo obrero de soñadas victo ria s
aum entand o ciclo s
al rem over los incógnitos h ab itan tes
en el d ecir de los largos pinceles del c a lla r

elaborando m ito ló g icas excursio nes
en a b ie rta s ca ra v a n a s de sublevadas lág rim as

en el refugio sin fó rm u las del horizon te del labio
fren te al relieve de los silen cio s
que investig an la a n g u stia del prisionero
m ás a llá de las an to rch as hu m an as
fija n d o las venas al co ntin en te

y para el cau ce de las hostiles g arg an tas
y larg as edades sin tiem po
derram o las m em orias en el eterno presente

HORACIO/FAEDO

�GALERIA MADI
TI ERRA

LAR

DE POESIA

Loor a ellos en sus casacas de papel de diario inmortal
y avergonzados por la lu z 1
Para ellos un terco horizonte de ojos blancos
el águila siempre viva, multidimensional
del papel impreso devorado, por las lluvias.
Porque a ellos no les ha sido concedido el candelabro de mil brazos
quemado por una torre de cruel sagacidad interior
y por ojos que se bifurcan como un racimo que estalla
sojuzgado por la tempestad.
Loor a sus lenguas tarjadas y a sus vocablos de doble luz,
y al reloj de oro suizo que salva al mundo en sus brazos!
Mas, que sea para el puro y para el justo
la llama fidedigna que en los geranios se recrea a sí misma
y la batuta que clama entre los relámpagos
y que en los días adversos, a mis labios
desciende victoriosa.

-s
„
g

Y es así como tengo el habla de un apátrida insobornable.

U
J
—I
(fragmento)

I MA G E N ES

AN TON 1 0 / UNDURRAGA

5

No encuentro el domicilio del agua
— ya todo es océano sin signos—
Ya no puedo defenderme
ni siquiera de los rieles paralelos
Y tengo ganas
de juntar el humo para
formar el anillo de este tiempo
(pero el viento es muy fuerte
y las chimeneas están desnudas)
Cómo devolver el silencio a los faroles
si la versión de cada testigo
es un incandescente retorno de profetas?
Y no haber comprendido antes
que c! estupor es un litúrgico
avance en la experiencia
Qué difícil resulta proseguir
los corredores de la espiga!
Y sé que debo aceptar
que aquel venerado ciudadano del acuario
se haya diluido en su propia sed
Sólo quedan los guantes de la aurora
y un sonido de manos vacías
que se buscan
Registrando cautelosa mis dedos
he conocido las ediciones del retorno

M YRTA/SESSAREGO

Y ahora el viento
ha llenado la estatura del aire
con su único látigo

(N

�ABRIL
Acaba el mes de confesarse mes
abril de reconocerse abril
y llamarse por su nombre sin temor
acaban de ponerse de pie
los años de estos treinta días
y acaba abril
de ponerse sus cinco letras domingueras
y salir a la calle
y llamarse abril
treinta días afanosos
proletarios
30 días ae sol y niebla
canto y risas
30 días de horas
con treinta días de minutos
de segundos
de momentos
de instantes
Acaba
de las
de los
de los

de bajar abril
montañas
árboles
horizontes
acaba de caer en paracaídas
de la cúspide de los años
acaba de repetirse sobre nuestras
espaldas
y sobre nuestros corazones unánimes
Abril
con nombre de apellido
y letras suaves como sus días

Espacio virtual

Abril numérico
elemental
plástico

J. P. D A N T E / DELMONTE

Abr i IAbri IAbri IAbri IAbrí lAbrilAbril Abril Abril Abril
AUGUSTO/ELM ORE

PO EM AS
Fuertes a m arra s
dan velam en y ciclo

P O EM A

de estatu a al molde vivo
crucero del espectro

BLA N CO

Arbol de ti misma con dos raíces
Una para los palpitos del ciclo

dolido en n a ra n ja y a zu l

y otra para poblar al mundo en blando sueño
Tú eres espiga de la luna colgada de la hora

torneándose para m ira r

vertical sombra del rocío
Tu sexo grita manos con cinco bocas

P a isa je m ural

Cisne tu estilo pleno en terciopelo

nervad ura acorde a m is m anos tra y e n ­

de frente al sueño abierto de tu aeda en pie
Y luego el beso semifrío sol med'iotemprano

do im p lícito el acuse donde los

arde de rojo en rojo beso caído

sonidos reverberan largam ente g
filam e n to sensible
co ntrario unísono m ural de p az.

%

m
O

Dos parientes de plumas
como aspas de sensual harina
cuya voz estrangulada en las gargantas dulces
se imprime y habla al universo carnal

L U Y A N / S C H W ARTKOPF

1

de

universal

&lt;£
s

costumbre
JO RG E/BACACO RZO

�EXPANSION

DE EQUILIBRIOS

POEMA
Por esta fisu ra de suspensión
E lla viene de leve
Como ladrón ta citu rn o ,

el zum bido de los im pactos
¡nsoluble es la m area que colea b ru sca ­
mente

E lla , la diosa b lan ca,
A lc a n fo r de som bra,
A rom a de nube.
Su canto es vago,
M onocórdico,
Un soplo de a flicció n .

el ca lo r de los astros
puede b a ja r los m iembros
que el ám bito in te rca la
el rugido que trepida com bustionando
la expansión de equilibrios

V ie n e de noche,

im placablem ente lanzado al in fatig ab le
vo lar

M adre de las m a ra v illa s,

y puede esconder en el in fin ito

Nos tom a del brazo

ca íd a s las velocidades
viste el tra je inm une a los paros

Y tra n sfig u ra los sueños
En desnudez de l u c e s . . .
JOSE/ESCOBAR FARIA

la señal se ha dado flu ye en lacónico
lo que circu n d a al p aralelo
ya no siente g ra v ita r la inercia y su
despliegue
cae a través se m ueve
acosando la m ism a tra ye cto ria
a llí está tentando una y otro vez
el fu g a z resplandor
en un ir y ve n ir de pompas que se pe­
n etran
de presión a presión
puede fu lg u ra r sin desprender el a lt í ­
m etro

g*

provoca la g rieta p erfecta en el contraste

N

por estallidos in term iten tes
se abre el cráte r
hundiendo de un solo golpe
la in q u ietan te perpetuidad del orden
desvasta los niveles y las órb itas
seccionando la norm alidad de los sistem as
para su rg ir en incontenibles asalto s
fu era de esta m ordaza
blandiendo su a lta tensión
hasta que la to talid ad se tiñe
encendiendo el epicentro.
MARIA/BRESLER

VALDO/WELLINGTON

�C a rá c te r m onum ental se ha dado a la
IH Bien al de San Pablo. Festejando el
IV cen ten ario de la ciu d ad , se inauguró
sim u ltá n ea m en te con la segunda expo­
sición in te rn a cio n al de A rq u ite ctu ra .
C u a re n ta naciones estuvieron represen­
tad as en los am plios ed ificio s p la n ific a ­
dos por O scar N iem eyer. D ieciséis salas
en teras, con retro sp ectivas del fu tu ris­
mo, el cubism o, grupo " S t i jl " , Paul Klee,
Picasso, C a ld e r, testim o niaro n con razón
la e x tra o rd in a ria en vergadura de esta
segunda b ienal.
El jurado in te rn a cio n al estuvo integrado
p or: J . Johnson Sw eeney ( U . S . A . ) , Herbert Read (In g la t e r r a ), M a x B ill (S u i­
Algunos integrantes del jurado.
z a ) , J . Rom ero B rest (A r g e n tin a ), W .
Sandberg (H o la n d a ), B. D orivai (F ra n ­
c i a ) , R. P a llu c h in i ( I t a l i a ) , E. H an fsta en g l (A le m a n ia ), y por el
B ra sil los c rític o s : Sergio M illie t, W . P fe iffe r, M ario Pedrosa y T.
Santa Rosa, elegido por los a rtista s.
Los p rin cip ales prem ios fueron adjudicado s a H enri Lau ren s y Henry Moore en e scu ltu ra . M an essier y T c m a y o recibieron los de p in ­
tu ra . V o lp i y Di C a v a lc a n ti, obtuvieron los prim eros prem ios con­
cedidos a a rtista s brasileños.
A W a lte r G rcp iu s le fue conferido el "P re m io Sao P a u lo " (3 0 0 .0 0 0
cru ze iro s) institu id o para la u re a r a un arq u itecto de cu a lq u ier n a ­
cio n alid ad cu ya obra tenga sig n ific a ció n dentro de la arq u itectu ra
in te rn a cio n al co ntem po ránea. (Fu n d a ció n A . y V . M a t a r a z z o ).
L a representación a rg e n tin a fu e integ rad a por los siguientes p in ­
tores y escu lto res: A lta le f, A lth a b e , B a d ii, B la szk o , C u ra te lla M a ­
nes, Derbecq, G iró la , G rilo , H lito , lom m i, K o sice, L o z z a , Maídonado, M oreno, Fernán d ez M uro , N ú ñ e z, O cam po, O netto, Otano,
P ie rri, P ra ti, Presas, Russo, S án ch ez y V e n ie r.
A nuestra selección le ha fa lta d o m ás u n idad, se ha querido a b a r­
ro
c a r m an ife stacio n es d isp ares, que si es verdad qu
fusió n y ca lid ad en nuestro extenso am biente p lá stico , no por ello
m erecen n uestra aprobación to ta l.
Se ha restado fu e rz a en b en eficio de su exten sió n , al in c lu ir a post­
cu b istas, exp resio n istas, su rre a lis ta s , junto a los concretos, perceptista y m adí.
N u estra posición es n a tu ra lm e n te ten den ciosa, y creem os que hu­
biera correspondido h acer una línea d iviso ria entre un envío tu rís­
tico y una verd adera selección de a rte n o -fig u rativo . O rg a n iza r es
lim ita r.
Por lo d em ás, salvo la ca re n cia de m onitores ca p acitad o s para e x ­
p lic a r cla ra m e n te el arte de nuestro tiem po, la sentid a necesidad
de co n feren cia s ilu stra tiv a s que esperaba el pueblo p a u lista , como
tam bién la au sen cia de audicion es de m úsica m oderna, han sido
las ú n icas objeciones de im p o rtan cia.
En g e n eral, esta segunda bienal m erece el fra n co apoyo de todos,
público, a rtista s y crítico s.

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Un cspecto
de las es­
paciosas sa­
las que a l­
bergaron a
las o b r a s
expuestas en
la 2? Bienal
de San Pa­
blo.

�ORTOGONALISMO
Y NUEVAS RELACIONES
EN LA C O M PO SIC IO N

Em pecem os por no perseguir n inguna d e fi­
nición resolutoria. Sería p u eril, adem ás,
trae r a colación fó rm u las e vo ca tiva s para
a p lic a r el sentido que es m enester dar al
ortogonalism o en g e n eral, su p articip a ció n
en el fenóm eno a rtístic o , en p a rtic u la r la
a rq u ite ctu ra y el a rte no fig u ra tiv o *, y su
expresión sensible m ed ian te las fo rm as.
C u a lq u ie ra sea el punto de p a rtid a , el o r­
togonalism o con sólo ser cuestio nad o, su ­
jeto a una d iscip lin a o ten d en cia en la co m ­
posición, se hace operante en una escala
insospechada. No se me escapan las im p li­
cacio n es que supone lesionar p ro fu n d am en ­
te los 9 0 Q del ángulo recto. El ritm o , el
eq u ilib rio ortogonal, su n a tu ra le z a e s tá ti­
ca , van esp ecíficam en te pegados a las co n ­
fro n tacio n es co n te m p la tiva s. De a h í la
acep tació n del individuo con respecto a su
p erm an en cia de lugar y tiem po. Propaga,
q u izá sin saberlo, la m iseria tr a s 'a tic ia , de
que nos h ab lan algunos sociólogos de a rte.
P eren toriam en te es un quedarse en el sitio,
un hábito en raiza d o en un chorro distanc ia l, y , en el sentido fo rm al y psicológico,
es un a fe rra rse en su tra za d o , a e q u iva le n ­
cia s de estru ctu ra-p lan o y estru ctu ra-vo lu m e n -ve rticalid a d -h o rizo n ta lid a d en p in tu ra
y escu ltu ra resp ectivam ente.
La a rq u ite c tu ra , que en vu e’ve todos los pro­
blem as de orden estético, técnico y econó­
m ico, sigue ese m ism o orden p reestablecido.
D escansa en escalas que son inam o vib les;
la a p a rició n de m a te ria le s novísim os en la
co n stru cció n , no ha logrado v a ria r en fo r­
ma a p re ciab le , los ritm os estático s.

G. K .

Proyecto para una construcción en aeropuerto
o avenida de Buenos Aires.

El a rq u ite cto , aunque sus propósitos se b a ­
sen en e n ce rra r espacios y no en le va n ta r
paredes, lucha con la m asa e s tá tic a , el piso
y el m uro que es su m ás p alp ab le objeción.
M ad í propone un nuevo vo cab u lario a rq u i­
te ctu ral en la com posición y p la n e a m ie n ­
to de ciudades. El enfoque a fa vo r de esta
idea no responde a n inguna te n ta tiv a de
c la s ific a r o co ngelar la a rq u ite c tu ra m oder­
na que está en fo rm a ció n , intento éste que
ten d ría m ayor probabilidad de so fo car que
e stim u la r. Sim plem ente p reconizam os a p li­
c a r, algunos p rin cip io s, que m adí d esarro ­
lla en la p lá stica .

m

�Tam p oco es el propósito de cre a r " e l a rq u i­
tecto p rim a donna que impone su cap rich o
personal, a un clien te in tim id ad o , creando
m onum entos so lita rio s de un sig n ificad o p u ­
ram ente in d iv id u a l", como a c la ra Gropius.

en re a liza c io n e s, y , aunque me preocupa,
debo p la n te a r las nuevas relaciones entre
la a rq u ite ctu ra y todos les aspectos en la
com posición con la m ism a va ra .

¿Porqué entonces, no re visar la visión desde
el punto de vista m óvil y espacial en la v i ­
vien d a?

ortogonal; sus líric a s y m ás tarde sus ra zo ­
nadas p in tu ra s, se re a liz a n teniendo d elan ­
te de sí, la te la , no como una construc;¡ón sino como un mundo im previsible a
llen ar. En cam bio M o n d ria n , no sólo lo es-

M e atrevo a d ecir que el estilo en este c a ­
Pero lo que no ha podido fu n d a m e n tar G ro ­
so, no es incorporar nuevos em blem as ni
pius y la "in te rn a tio n a l a rc h ite c tu re " , es la
e sg rim ir auto co nsign as que fa lse a ría n el
,
p ersisten cia de bloques de e d ificio s que se
verdadero propósito. L a v ie ja sociedad fue
leva n ta n con pocas va ria n te s en su form a
tran sfo rm ad a por el m aquinism o, la nueva
e x te rio r, registro pasivo de ciudades en que
está en fo rm ació n . H u m a n iz a rla es ta m ­
la gente vive ab arro tad a en reducidos a p a r­
bién, trasce n d e rla .
tam en to s, y en que, la ve n ta n a , queriéndo­
se apoderar de la fa c h a d a , no resuelve te c ­
Sabem os que el ángulo recto p revalecerá en
nológ icam ente el porven ir arq u itectó n ico .
la p in tu ra , m ie n tra s se lo enm arque con ese
c rite rio de logicism o sim p lista ; m ien tras el
Un ejem plo es el e d ificio de las N aciones
m uro sea un eslabón in su stitu ib le a rq u itscU n id a s, donde el ag ua se filt r a por las v e n ­
tu ra lm e n te , y la h ab itació n cu a d ra n g u la r
ta n a s, im pulsada de ab ajo a a rrib a por el
d
ictam in e el m ejor aprovecham iento del
vien to, y que se recu rra a ta p a rla s por pro­
vacío.
cedim ientos d eco rativos, o sim plem ente con
p ersian as.
K a n d in sk y no se p lan tea el problem a de lo

No h ay porqué quedarse en la a rid e z e xp re ­
siva del "fu n c io n a lis m o " (in g e n ie ría de ed i­
ficio s) ni en el llam ado estilo in te rn a cio n a l,
que su prim e la d iv e rsific a ció n , — y a q u í no
caem os en la torpeza de d eslin d arlo en el
sentido de que niegue les expresiones de lo
n acio n al o reg io n al, o de a rm o n iz a rlo con
el medio físico n a tu ra l.
A q u í el fa c to r es m ás revolu c'o n ario . Se t r a ­
ta de lle v a r al h a b ita t los m ism os proble^ m as que atañ en el escu lto r, al pintor, sin o l­
v id a r a la poesía que em papa como un com ­
ponente v ita l las p o ten cialid ad es cada vez
m ás p a lm a ria s de la vid a.
Si el m uro es m óvil y tra n sp a re n te , si la v i ­
vien d a condice exterior e interiorirente co­
mo obra de arte, si puede u tiliz a r el espacio
como base s in lím ite , y no la co rteza te rre s­
tre como único sostén se habrá conseguido
en parte el objetivo p rim o rd ia l: la función
de e stru ctu ra s " fo r liv in g " lib erad as y de
tra sla ció n en el espacio.
M e im agino la ironía de m uchos c a lifica n d o
todo esto de utopía y e x tra lim ita c ió n , con
el agregado de no " s itu a rm e " en n uestra
realid ad de hoy tan va sta y tan necesaria

�tim a sino que lo e x a lta en todas sus con­
secuencias.
Es im portante se ñ a la r que, m ien tras Mondrian sigue m anteniéndose fiel a los pos­
tulados prim igenios del neoplasticism o, V a n
Doesburg, en sus producciones ú ltim a s in ­
troduce una v a ria n te im prevista y sin to m á ­
tic a : d iag o n aliza las estru ctu ra s de su p in ­
tu ra
Por otra p arte, el co nstru ctivism o
ruso, el fu tu rism o , las im p o rtan tísim as e x ­
p eriencias del B a u h cu s, y los ú ltim o s tra b a ­
jos de Gabo y Pevsner dan un paso decisivo
para la d in a m iza ció n de las fo rm a s, je ra r­
quizando el elem ento e sp a cia l, sobre el es­
tatism o y la equidad de la m asa vo'um étrica .
El arte concreto de B ill, V anto ng erloo y sus
ram ificacio n e s, cad u can ante la insolvencia
de tra z a r el nuevo concepto a rq u itectó n ico ,
y p a te tizan con sus obras, que conservan la
especulación de m iras ya superadas, fó rm u ­
las m a tem ática s, en que la fu e rz a im ag i­
n ativa interviene su b sid iariam en te.
Toda ideación en base al sim bolism o de la
línea recta sigue un cam ino m a rca d a m e n ­
te conservador, porque sim u ltán eam en te
que acorta las d ista n cia s fre n a la invención.
No es un co n flicto entre p a rticu la re s fo rm as
de dicción, es por un lado el predom inio de
la vertical y h o rizo n ta l, y por otro lado un
cam bio de ese concepto p arcial de a rm o n ía ,
por una búsqueda más apasionad a y viab le ,
en la conquista de lo inédito. Los incentivos
más coherentes para su desarrollo no son so­
lam ente la sa g ita l, la cu rva y el m o vim ien ­
to. Se pretende una tom a de co ncien cia ra ­
dicalm ente tran sfo rm ad o ra.
Las nuevas relaciones en la com posición
tienden a o b jetivar los ritm os internos con
su p e rife ria. L a p in tu ra m adí al lib e rar los
planos y colores en el espacio, estrictam ente
correspondidos por su índole y co nstru cció n ,
no puede prosperar en una a rq u ite ctu ra que,
a la larga com prim e y m e d ia tiza .
No preponemos una a rq u ite ctu ra de provo­
can te y desvastadora o rig in a lid ad , ni q u e­
brar todo control u rb an ístico por una teoría
no probada, y que en ese caso, sería p e rju ­
d icia l ya que no ¡ría m ás a llá de una au-

W A LT ER GROPIUS, en la 2? Bienal de San Pablo.

d az concepción de p ro yectista. Pero rep i­
to que el eq u ilib rio hum ano ha sido sa c u d i­
do. Lo d in ám ico en el arte no re fle ja a n e c ­
dóticam ente este estado de cosas, es su m is- m
mo estra to tem poral quien co ndicion a, ta n ­
to las m a g istra le s a n ticip acio n e s de la c ie n ­
cia como la creació n a rtís tic a , en una vo ­
luntad com ún de co nocim iento y perfección
e sté tica . Im porta lan za rse de lleno a tr a s ­
p asar lo que pervive como cu ltu ra y a fia n ­
z a r su redio de acció n m u ltitu d in a ria ; co n­
ju g a r la invención en ese perseguido a fá n
de u n lv e rs a liz a r esen cialm ente el estilo de
nuestro siglo.
Entreveo su co ncreció n, y
agente de enlace.

a m adí como
K O S IC E

*

Sobre el término no figurativo,

1
t/&gt;
O

no objetivo, abstracto, concreto,

^

madí, ver mi respuesta a la encuesta entablada por "S u r" (209-210).

m

��Instantánea tomada durante la breve visita que nos hiciera Hilla Rebay,
"director emeritus" del "Museum of non objectiv painting", New Yo rk.
De izquierda a derecha: lonescu, Laañ, Dearma, Bay, Kosice, Rebay,
Hidalgo, Bresler.

L a p in tu ra de creació n no es
ni sím bolo ni a b stra cció n de
la realid ad . Es un m edio de
em b ellecer el espacio, en el
que adquieren vid a rítm ic a ,
las fo rm as o rg a n iza d a s por el
a rtista en la ley de contrapun­
to, relacionando la dim ensión
esp iritu al con los elementos
de contraste.
O rdenación de ritm os y a rm o ­
nías en que los valo res p erm a­
nentes de la p in tu ra no o b je ti­
va, se d esarro llan y conducen
a m ayores a lca n ce s.
"Composición"

H IL L A / R E B A Y

JEA N /X ER O N

®

�INodCY
III)

Etapa subyacente

C asi no podemos cercio rarn o s de este apo­
sento, cuando de costado se penetra ceceo­
sam en te, en una breve g u arid a.
Parece tan obtuso el período en la estrecha
cu en ca y aún , el su m ario de espacios reco­
rridos, cuando ya cae IN o d C Y en esta p re­
fe c tu ra anim osa que lo invade por copias.
C o m en za rá entonces, a tra n sita r creen cias
a n tig u a s, sin m ofarse de los predios a c h a ­
cosos que g ra vita n en su m itolog ía. E x te n ­
so cam po de proverbios, a d ivin an cus p isa ­
das ru tin a ria s .
A c á , de pronto, la leyenda se asom a, para
d esd ecir al trébol. In síp id a de trad ició n ,
a u ste ra de o ra to ria . M ás h a c ia el á p ice , el
rito se b alan cea pom posam ente, plagiado
al cen tím etro . C a si se choca con la co stum ­
bre y apenas se logra e vita r la m ole, em ­
papada de fá b u la .
A l lím ite in fa n til del h orizonte le pone co­
to, una com a tra jin a d a .
A va n za m o s de motes a apodos. Y llegam os
con IN o d C Y , a esta seleccio nad a etapa sub ­
ya cen te.
No puede ser m ás inform e su escen ario , ni
m ás n ítid a la fle xió n del huso co 'o rista que
nos a tra p a . En este desm adeje n atu ral de
la lengua recién in ic ia d a , la m añan a nos
prom ete nom bres como gajos.
Son llanos o esd rújulos los vaiven es que nos
co n cie rte n ; sin rim a , sin prisa de báculo.
Y

en los m uros tim orato s ag ud izam o s la

pu n ta a los siglos.
Quede entonces, para los que sig an, este
a flu e n te , terroso y testigo, del acorde n u ­
c le a r de IN o d C Y .

L a fig u ra prestada del ave m étrico , se des­
luce en un v ira je de esta tram a que en el
m om ento, a h o ra, sim u la ser red en vez de
hierb a. Se pierde con el cam bio. No absor­
be IN o d C Y , h asta tal punto, que su a rb o la ­
dura pueda trascen d er el fu g itivo giro.
R eg u larm ente la co m binación de INod y C Y
no se h ab ía desm enuzado desde a q u e lla c a ­
si b a ta lla de unidades, que epilogó en su
fus'ón in te n cio n al. Im posible ce preveer. Por
eso, nos a te m o riz a este espontáneo des­
m em brarse, sólo acu ciad o s por la n ecesi­
dad de ir siem pre m ás a llá . El obstáculo
herboso logra de esta m anera superarse.
A una p rim era revisió n , nada se percibe en
la integración de IN o d C Y . La co rriente es
p lácid a de s o lita ria lu z. N áce le el co nto r­
no al silen cio . Y la arm o n ía.
C u an do no consta m ás que de estadios en ­
van ecidos, esta su b yacen cia que co ncluye,
deja p re scrib ir
IN o d C Y .

la

d ife re n cia

que

em ite

M in ú scu la s p a rtíc u la s occid en tales dividen
el propósito.
F re cu en cia s p rim ig en ias lo sacuden, m ien ­
tras que to rcid am ente, el alien to hueco de
toda síla b a , reptando a u sen cias de a par,
logra lleg ar a la base, que lo a n u la sólo por
un in stan te.
C o n ju ra

la ley IN o d C Y a n a .

(Som eter las

c la v ija s de la m em oria a los estucados
segm entos que nos vieron p a rtir a la
b a ta lla , que nos vieron a su m ir la de­
rro ta, que em paparon las gestación
de C Y )
C o n ju ra la ley IN o d C Y a n a . (A lz a r la meta
en aquel desvaído radio ds Lo ch , para
co rp o riza r el m ás indudable designio:
inacabarse hasta donde no sea posi­
ble)
C o n ju ra de ley IN o d C Y a n a .
(Sigue en la pág. 42)

�LU C IO /FO N TA N A

Decoración

espacial

para

sala cinematográfica.

MADIGRAFIAS
Lo indefinible consiste en hacer invisible a la definición.

•

De golpe descubrimos que entre observación y coordi­
nación casi no funciona la pausa. Otra vez la anato­
mía de la velocidad queda al desnudo.
La predicción tiene el carácter que solo enaltece al
tiempo. Hoy, cualquier profecía es convergencia entre
numerosos equipos de estudiosos.
Después de todo, no hay más leyes de probabilidades
que nuestra predisposición.
Pienso que la interrupción — su origen—
expresión, im aginación.

m
es deseo de

Si la objetividad puede ser quebrantada por un rayo
de sol, cuánto más puede serlo, por el también lu­
minoso aplomo de una idea que no está aún acrib i­
llada.
Yo tomo la cualidad del temor al vacío, y provoco ta ­
lento, o su parecido, con todos sus inconvenientes.
Para m ultiplicar órbita, propiciamos convivencia, co­
m unicación; para restar acción, exaltamos lo ya rea­
lizado.

�Pasar furiosam ente desapercibido entre ios escritoíes, es otra señal de que las m adigrafías no son "p u ­
ra" literatura.
En una línea, una línea.
Lo que querría ser: cam inar sobre el filo del siglo, y
seguir siendo una empresa constructora del futuro.
Soy un pseudónimo. A veces me hago rogar para se­
guir siéndolo. Es como durar entre el "m etabolism o"
de la experiencia y las fases de la personalidad.
Qué carga de inocencia forzada entre el cielo y la
tie rra !
El pronóstico sin a za r revela la maraña de la duda;
el presentimiento tendría un sólo planeador, un sólo
panorama.
«

La poesía: mi manager.
A rribar a una solución, en que el reencuentro con
otra signifique un sostenido epílogo de tensiones, y
que nunca nos interese delatar su generoso escondite.
La economía de la síntesis am enaza caer en un tra n ­
ce madigráfico. Econom izar síntesis, ¿no es un repu­
dio a m aravillarse en gran escala?
No me someto a la tradición. No hago nada por lo­
grar una variante aunque sea brutal, de desarraigado.
Dejo todo en prenda, indicativam ente, ¿y qué me que­
da después de tanta parada teórica? un paquete de
intestinos en el cerebro.
Me toman en mis libros, hablan y piensan en mí. H a ­
go esa sem illa. Pero tú y yo sabemos cuanta vida es
expirable, sin caer de rodillas, sin hocicar el alimento
del sueño.
La poesía no es una "fa cu lta d ". No discutamos de la
poesía más que lo explicable por sus medios. Ellos son
todo campo de gestación, importancia nonata que v i­
ve a toda costa.
R. R A S A S / PET

�”1

POEMA
C u rva d a en espiral la línea de la
aren a
sem eja
insensible en su volum en
un recodo de sueños de v ig ilia s

Recorro
esa lla n u ra in ta cta
— lím ite de lu cid e z—
para poder com probar mi ce rca n a
relación arb orescente
para reconocer la certid u m b re de
im ágenes
que me liga a la inercia
Esta r
Pintura

N IC O LA S/W A R B

E sta r solam ente
Sin conocer la ceguera
Esta r
sabiendo que mi nuca
— n ítid a en la e stru ctu ra de un
estig m a —
perdura aún en su inm u tab le
co n cien cia de rechazo

Estoy
recorrida por una in can sab le aurora
— vá lid a sólo por su som bra—
anhelando
una nueva solución de equidades
M A R IA T E R E S A / D O M IN G U E Z
Escultura

IRM A/STO LO FF

�IV )

Y entonces no resu lta fá c il a lu m b ra r poros

Período premonitorio

a d ie stra , y educarlos.
M ás a llá de ese fin a l, otro nuevo período

Poco a poco, nos filtra m o s fre n te a IN o d C Y ,

nos protege con prem onición de rito. Y nos

con esta ind u m en taria que pretende a d iv i­

dejam o s su ccio n a r con toda alevosía.

n ar. La crisá lid a a sí obtenida es m agro fr u ­

Suspendidos de los ija re s de la a ven tu ra sin

to; no interrogam os a la ca u sa. L a c r is á li­
da se desvanece.

adem anes subalternos.
A l d estierro con la flo ra un poco m ás a n d a ­
rieg a, p la tic a n los so fism as del cam ino.

IN o d C Y se m u ltip lica . V u e lve de inform ar
a las cuencas va cu a s del cero, para prose­
g u ir luego. El abuso de la ruta es notorio.

De pronto, repele la fu e rz a a lu vio n a ria de

Pero, favo recido por el cap ullo en c irc u n s­

ese m ojón apenas reflejad o .

ta n c ia , las fo rm as indóm itas se nivelan a
cada renglón. Es atro nado ra su sa via.
Cómo es posible, entonces, lu b ricar la rup ­
tu ra de ese jaló n prem onitorio? Por un la ­
do m edran los aludes dem orados. Larvoso
obstáculo.

Por otro, y p o rfiad am en te,

se

a rro d illa n las paradojas.
El ascenso v e rtica l prom ete suicidios a'gebraicos. A l tiem po, se pigm entan los ruidos
en las fa u ces de una co n trad icció n .
Con nuevos bríos controla IN o c C Y la d u l­
ce ansiedad que lo a lim e n ta ; a m p lific a el
gesto aco razad o puño a puño.
No im porta que, estaqu eada, la luz se n ie ­
gue a conocernos. Y a es un diezm o de c a ­
lidez este avan ce.
Parece m uy cerca n a la m eta donde p actan
las alo ndras con los c írcu lo s.P a ra ese en to n ­
ces, a h u ye n ta rá n las voces sus propios es­
combros. Q u izá hasta respiren sonidos im ­
probables. T a l v e z se ahueque en llu v ia ,
m ien tras se a c ic a la .
A h o ra la cu rva es sim ple. Porque retiene el
sepia su hondura c lá s ic a , se vuelve trazo .
El acorde es m ás numeroso.
V erd ad eras oleadas estupendas parecen dor­
m idas. In o d C Y pasa sobre ella s. Y sin em ­
Pintura

JEA N /LEP P IEN

bargo la espum a está som nolienta. A m an ­

�salva los diques se pasean a ca ra d escu b ier­
ta. Parece que el hastío titila ra .
No es juste acaso, que IN o d C Y sub stantive
el astro en su doble insid ia? El lím ite está
dem asiado ocupado.
Salvajem en te m arg ina una T ex'em p o rán ea.
Las

irisad as descripciones, a rru g ad a s

por

trienios, siguen balanceándose.
Pero el cem ento riela tran q u ila m e n te su la ­
te ral. El moho se contem pla risueño, im per­
turbable. Penden n o m e n clatu ras de sus v a ­
sos. Se ag itan a destiem po, las alusiones.
N ada ha cam biado. El escenario persiste.
Para a rrin co n ar el a u ra , se hacen p a ra le ­
los los ju g la res. Es in su ficie n te . R isp id a , la
fa z de la co rriente no b asta a m e n su rarla.
El esfuerzo de IN o d C Y se d iluye.
A ú n es posible lleg ar, con unción a s a la ria ­
da. A ú n es posible, con esta sim u ltá n e a len ­
titud de n ieb la. A ú n es posible.
No se agota In o d C Y ; al co ntrario . C o m ie n ­
za la fa e n a de sus sueños. R ealid ad p rístin a
que p erm ite, sin q uererlo, el cociente de
esta función a p ro x im a tiv a . La a p titu d es del
verbo, por a p a rta r la m a le za .
Que pasten los d iám etros a h o rca ja d as de
sus d ife re n cia s. Superpuestam ente lle g a re ­
mos.

en
C u an to m ás etru sco s, m ás sublim es.

V) aproximación

Fue g ra n ític a , la fo rm ación de suspiros. Fue
fo rm a l, el vértig o . Fue ú n ica , la oración de

Y a estam os con IN o d C Y en los antig u os a le ­
daños de C Y . Parece increíb le a su co ns­
ta n cia , esta laboriosa a p ro xim ació n .
En las in cisivas m arch as del regreso su rg ie ­
ron ángulos que a d m in istraro n sus noventa
grados con circu n specció n . T a m b ié n las gra.
das supieron co nd im en tar p acien tem en te
sus eslabones. Se su ced ieren , im p e rtu rb a ­
bles, las am apolas con seguro de sueño.

juncos cen icie n to s.
No le fu e perm itido a la tie rra , d ar su co­
tid ia n a pensión. Ni a la som bra, su m anido
canto. No le fue p erm itido al a ire , b ifu rc a r
sus guedejas. Ni a la lu z , su cu ra d= reposo.
No le fue perm itido a la vo z, a z o ta r el c re ­
púsculo. Ni al sile n cio , p ro p iciar narciso s.
Pero fu e igualm ente in a u g u ra d a , la condi-

�ción b ald ía de IN o d C Y . Fue im puesta su
tran sfo rm ació n .

—

la que nos prom etía su icidio s alg eb rai­
cos — (período prem onitorio)

Poderosam ente flu c tú a entre los vé rtice s
que otrora p re d ica ra n , tram o a tram o su d ic ­
tam en . Hoy no b asta.

—

si al lím ite in fa n til del h o rizo n te, le po­
ne coto, una com a tra jin a d a — (etapa
su b yacen te)

Por ello p e rlific a cada sostén, que se a v a s a ­
lla. Por cedazo de IN o d C Y pasa el bastión

—

pues el espectácu lo ha retornado, cabría
d ecir, con la resp iració n de una costum ­

n u cle ar de la pasada tie rra de C Y . N ad a se
cp cne a este triu n fo so lita rio . A q u e lla p ren ­
sada co lu m n a, de la que fu era g u ía , está so­
brando en las exig u as circu n sta n cia s.

bre —
—

m ien tra s logram os el a lca n ce en el co­
do de aquel m inuto , que está al caer —
(e ta p a en la estrech a -cu en ca )

—

y solam ente y por fin , aquel lejano ru­

Y y a no es ap ro xim ació n , ya no es ce rca n ía .
Es posesión, es raig am b re. Es sentencia d e­
fin itiv a .
La traseg ad a derrota de iNod es nombre p a ­
ra la castid ad del triu n fo .
L a s p enurias fu g aces han huido a la m e z­
quindad de la m em oria. L a presencia se h a ­
ce jugo que saborean los contornos, casi con
fru ic ió n . Por esta ve z, no nos asom bram os
del curso de las m irad as. Ten íam o s que su ­
ponerlo.

(período de espacios)

m iar de r is a s —

(en el radio de L o c h ).

Y a estam os con IN o D C Y , en la tie rra e x a ­
gerada. Le vieron p a rtir por p lu rales, regre­
sar ú nico , vo lver a dejarlo s en la integración
de C Y . Este nuevo retorno, prom ueve las v i­
b raciones de su e stru ctu ra ta c itu rn a . M a ­
ravillo sa m en te inm óvil.
Luego, el p rim ario ca m in o de su a p r e s a ­
m iento, no ha va ria d o . Es el triu n fo de
IN od.

Es el tiem po de a p re sa r la b rizn a del reposo.
Es el tiem po de p alp ar, h asta el borde m is­
mo, la fecund id ad del m eridiano.
Es el tiem po de h a b ita r la saciedad.
M ie n tra s, el regreso se a n tic ip a , con am or
de noche. Es b ala d í la d ife re n c ia , con aquel

El ag rietad o soplo que los acosaba se ha
desvanecido. Es el triu n fo de IN od.
L a s raíces que a q u ilata ro n en toda su m ag­
n itu d , el silen cio de la tie rra de IN od, los
en g a rza en su perím etro. Es su triu n fo .

otro retorno, escam ado en sus a cierto s, des­

Sin em bargo, no es posible co nsiderar una
hendidura en la a sp ira ció n de INod. Su

tila d o a teda prisa. A h o ra es m uelle la c a í­

anu d arse a C Y es m ediato , consuetudinario.

da del paso. Es relám pago, el adem án a co ­
gedor. Es flo r, la m edida de la u rg encia.
A h o ra , IN o d C Y se regodea es estos p a isa ­
jes a la a ltu ra de un p ájaro .

Es ob stin ació n , es e n g ra n a je , es p erfil. Es
sem brar bravio. Es flo ra ció n an ticip ad a .
Su co nstan te es IN o d C Y ; su d iagram ación,
su á re a d e fin itiv a , su jornada perenne.

En estos colores a la a ltu ra de la m ano. Em

De a h í, el punto de tracció n para toda b a­

este lím ite , con nom bre de niño.

ta lla , su rezagado fin a l, su ca rd in al m e­
d ita ció n , la a u té n tica integración del cro­
quis, IN o d C Y , por IN od y por C Y .

Im p erceptiblem ente va quedando a trá s, la
su tu ra g anan cio sa de IN o d C Y . D ssm añad am ente se vuelve, en sucesión co nvertib le de
e ta p a s :

D IY I/ L A A Ñ

�Relieve para el edificio Tim e /Life

H E N R Y /M O O R E

i/\

A s M a tte r ¡s tra n sfo rm a b le , Energy also ¡s
tra n sfo rm a b le , but n ct a lw a ys m easu rab le
by our m ecns. T h e U n iverse ¡s n e ith e r f¡n lte ñor in fin ite , im m easu rab le, ¡t is Energy
form ed by u n lim ited Energy.

G /V A N T O N G E R L O O

�INTELIGENCIA *
C u an d o se piensa que pueden hab er otros se ­
res y otras in te lig e n cia s, después de titu b e a r

h ab riem o s recibido n o ticia s de su pre­

se co nclu ye por in a d ve rtirlo .

bién

El en te h um ano sabe bien que su p la n e ta , d en ­

que pueden sep ararn o s nos a le ja n de

tro del siste m a g eneral del cosm os que conoce

todo co n ta cto y ta l v e z sea esta — ley

e in tu ye , es una lim ita ció n en m a rch a por sus
le ja n ía s.

ción co nservado ra que nos preserva de

No o b stan te , él se co nsid era p ie za ú n ica en su

pero debe sospecharse

que

las

d ista n c ia s

ta m ­

inagotables

de las d ista n c ia s de A n d ia —

la fu n ­

co n tin g e n cias fa ta le s p ara n u estra so­

tipo, la re a liz a c ió n sum a de todo lo que e x iste ,

b re viv e n cia .

y el poseedor p rivile g ia d o y e x clu siv o de la in ­
te lig e n cia .

Buscando en

lo o rg a n iza d o del u n i­

verso la m a n ife sta ció n cab al de la in ­

D iscu rre que cu a n to le rodea es m a te ria y e s­

te lig e n cia en el sentido h um ano , pe­

p acio , pero to d avía im ag in ació n . Fu era de ello

ro fu e ra de é l, sólo se e n cu e n tra una

su ad versid ad reside p re cisam en te en la dese­

co n stan cia e s tru c tu ra l ca p a z de e x p li­

vo lución n a tu ra l co n tra la cu a l es in c a p a z de

c a r la d in á m ic a que lo im pu lsa sup er­

to m ar p ro vid en cia a lg u n a .

la tiv a m e n te .

De esta m a n e ra , la vid a a n im a l y veg etal del

T a l fu n cio n a lism o em erge de la per­

p la n e ta se d e sarro lla como los c u ltivo s en tu ­
bos de ensayo q ue, abandonados a sí m ism os,
en vejecen y m ueren.
Por otra p a rte , el p an o ram a terráq u eo , m u es­
tra el aum ento prodigioso de su población so­
bre la c e rte za co lm ad a de ca d áveres y se d e sin ­
vo

se n c ia ,

teg ra p ro g resivam ente tanto como lo d en u n ­
c ia la co n d u cta de su in te lig e n cia .
Em pero es acep tab le que e x is ta n otros p la n e ta s
u otros lug ares aptos p ara el d esen vo lvim ien to
de la vid a ta l como es la n u e stra, y que sus re­
p re sen tan tes posean una in te lig e n cia de a c u e r­
do al p o ten cial de renovados fa cto re s c o n sti­
tu tivo s.
Es p re su m ib le, en to n ces, que esas in te lig e n ­
c ia s se com porten como las n u estras pero es
ta m b ié n , ab so lu tam e n te lógico, el conceder la

fe c tib ilid a d de lo cu rvo , tanto sea con­
cebido como lín e a , plano o aspecto t r i­
d im ensional y ta n to en el co nju n to co­
mo en sus partes.
L a in te lig e n c ia , m ás que lo dem ás, es
un todo curvo.
El auto nom ism o de la m otoridad cós­
m ica se co nd icio n a e induce de las
revoluciones de tra y e c to ria s cu rvas.
El m o vim iento curvo hace la e x iste n ­
c ia , la p e rfe ccio n a y la su sten ta sin
lím ite fo rm a l.
En co n secu en cia, el ser es lo o rg a n i­
zado por la fó rm u la de lo cu rvo, de
a h í su d ecid id a p erfecció n .

sup erio rid ad de o tras.

L a in te lig e n cia , como instru m en to de

Se c re e ría que en se m ejan te c irc u n s ta n c ia ya

ad ap tació n su p erio r, no co nsidera lo

�que

le a n u n cian

sus sentidos, pues

ellos son deform adores necesarios de

Su form a ayudó la in ic ia tiv a que a la vez le
llevó a descu brir el cam in o m ás corto y d i­
recto ca p a z de a h o rra r y d o sific a r sus e s fu e r­

la realidad.

zos.

Sucede que estos sentidos son los e n ­
cargados de tra n sfe rir

los estím ulos

Por ta l, creó una irre a lid a d , su dogma m a ­
yú scu lo : la línea y el plano rectos.

exterio res al Y o de nuestro mundo in ­
terior.

Con la línea recta a la rg a su vida al a co rta r

De sem ejante m anera el sonido o la

en el lugar d u ra n te e lla , acortando su vid a .

la d ista n c ia y con el plano recto se m antien e
luz truecan sus condiciones físic a s n a ­
tu rales al paso por nuestros sentidos
(órganos

tran sfo rm ad o res)

y

m ónicas del sistem a nervioso cen tral
a g ita r

h isto ria de la a rq u ite c tu ra , hecha

para

se f i ­

chan y a cu m u lan en las cé lu la s m n e­

para

La

co n stru ir tu m b as, lo prueba en ta l sentido.

subsecuentem ente

los

m ecanism os de com paración e im a ­
g inativo.

No obstante se dice — V o lta ire —

que el in ­

ven to r de la rueda h izo m ás por la h u m a n i­
dad que todos los filóso fo s ju n to s; sin em b a r­
go, es en esto, m ás que en o tras cosas don­
de la in te lig e n cia se superó, con sólo im itG r
los m edios de la m ecá n ica có sm ica.

De otra m anera nada sería curvo ni

Cuando los p ro yectistas de los v ia je s in te rp la ­

nada g ira ría ni tam poco h ab ría e x is ­

netarios abandonen el concepto del cam in o

tencia.

d irecto , recién entonces, podrán h acer via b le

Para que todo ocurra en d esfile in fa ­

el transporte soñado.

tigable

de cam bios

es necesario

la

condición de form a cu rva.
Ella m u ltip lica las d ista n cia s para po­
der d ar lugar a su d esarro llo, a su e x ­
pansión que es ley inm anente de c re ­

Es que la in te lig en cia h u m an a tien e el hábito
cómodo y ru tin a rio de pensar y d ed u cir se ­
gún el sim bolism o de la línea recta sin co n si­
d erar que este a rtific io rep resen tativo incap a
c ita el vuelo de la m en talid ad .

cim iento y eternidad.

La idea de lo recto es una ¡dea p a rá sita , a n t i­
fu n cio n a l.

Pero resulta que la in te lig e n cia del

La in te lig en cia h u m an a, por ejem plo, se a p a r­

ente hum ano en su instinto ancestral

ta siste m áticam e n te de las disposiciones ge­

de co nservación, hubo de fija rs e en el

n erales com unes al todo y de esta m a n e ra ,

lugar para no perecer.

tom a las ondas sonoras en exp ansión c irc u n ­
fe re n cia l a p a rtir del punto de choque, m ie n ­

A l servicio de esta e xig e n cia d esarro ­

tras que tom a la lu z como rayos de direcció n

lló la asociación que le p erm ite a g i­

re ctilín e a a p a rtir del foco generador.

g antar sus endebles posibilidades in ­
dividuales y para
adherirse al sitio.

lograrlo tuvo que

Y o pienso que am bos fenóm enos son s im ila ­
res y que la lu z se propaga tam bién como lo
hace el sonido.

�El hecho evidente es que carecem os del co ­
n o cim iento e xa cto , pues lo físico y su le n ­
g u aje m atem ático , son una m era ficció n .
Tenem o s a n te nosotros h allazg o s sin g u la ­
res pero sernos incap aces ds com prenderlos
y aún de ap ro vech arlo s in te g ra lm e n te, por­
que n u estra in te lig e n cia es un sim p le re­
fle jo interdependiente del m ecanism o cós­
m ico al que sigue.
N u estra

pequenez — que no es in s ig n ifi­

c a n c ia —

ante la inm ensidad im penetrable

que nos circu n d a y n u estra m en talid ad e'em en tal de a n im a l dom éstico en re iv in d ic a ­
ción m etódica

nos m an tien e am en azado s

con un destino de pozo.
En el sentido in te le ctu a l tenem os edad de
larva .
Pintura doble faz

Em pero si

lib eráram o s

n u estra cap acid ad

c re a tiv a no h ab ría de ta rd a r en descorrerse
la venda que nos lleva cieg am ente h acia
el cem enterio desconocido.
T a m b ié n h a lla ría m o s el rem edio co ntra la
perm anente to rtu ra del a lm a h u m a n a : la
b ella inco m p ren d id a; y tam bién co ntra sus
despiadados m ales so m áticos,
oo
Y , de esta m a n e ra , la in te lig e n cia , podría
lleg a r fin a lm e n te a co n q u ista r la nada y
cu m p lir su m isión de sem brarse por el m u n ­
do m ás a llá ds sus p álid as fro n te ra s plcne.ta ria s.
L a m u je r y el hom b re: artesan o s m a ra v illo ­
sos del m ovim iento perpetuo.

J./K O S N IC K KLOSS

�Futura sede del Museo de
Arte Moderno de Río de
Janeiro.

ON

NIOM AR M ./SODRE
Directora ejecutiva del M u­
seo de Arte Moderno de
Río de Janeiro.

�ADMIRACION DE CLANDER

ran u ra v e rtic a l que
enciende la hech u ra del
hundim iento
Y en el co nveniente y
a tin a d o reverbero que produce el
silogism o cuando la a v a la n c h a a tiz a el
am bage en su d iám etro y la
redondez se a b la n d a y se estira a fin de
a b rir en el dosel la
esp iral que se expande y
su e lta su espum a por el
G ERM AIN E/D ERBECQ

espejo encarnado de los
cisnes

Los cuadros de Germaine Derbecq son explosivos de resplandor geométrico, de color
1A
Intenso y de una Inspiración llena de sen­
sibilidad, si bien ella está sacrificada a la
investigación del momento, es decir al abs­
tracto.
En realidad Germaine Derbecq no sacrifica
nada al abstracto, lo realiza con un talen­
to magnífico y una sensibilidad que es la
única posibilidad del abstracto en cuanto
fenómeno pictórico.
Le/CO RBU SIER

M i ad m iració n de clá n d e r eclosiona de
la co nson an cia que asciende y
rebota como el h alago en su
rem olino
como el h asta m añan a que se
da desde la p rim era in icia l como
el saludo a rticu la d o como
el tañido flu o rescente
como el ca riñ o de p erfil
como la e stim a m a tiza d a
como la eu fo ria flo ta n te como
la letra la seda el ca rm ín
JU A N /B A Y

�"Composición"
A D EM A R /M A N A R IN I

�Volumen de espacio en
sagital.
KOSICE

En el ejercicio casi continuo de sus principios, el mo­
vimiento madí ha contribuido, en el plano cultural
(estético-epocal-sociológico) a extender y profundi­
zar nuestra realidad.
Poner a salvo una actitud frente a la vida, reducir
al mínimo los errores de un conglomerado ideológico,
apartar y seleccionar la más fecunda experiencia an ­
terior no es, aún, abandonar las clásicas peripecias
de la creación.
En esto, lo característico, ni siquiera es el concepto
vaticinador del artista.
Recién cuando, individualidades dotadas, si van uni­
das a un parejo deslumbramiento y autenticidad, equi­
pan a otros grupos, y éstos a su vez, actúan libremen­
te sobre la comunidad, aparece la semilla que pro­
mete un cambio favorable para una expresión inte­
lectual, para una honda transformación de los pueblos.

•

Pero no siempre la vanguardia, por el sólo hecho de
serlo, coordina su vitalidad con su trascendencia. To­
das las probabilidades de evolución están, en tanto
fenómeno de acontecimientos — ahora lo sabemos— ,
en el manejo, que la cultura incuba.
A tanta realidad que se va estratificando, madi re­
voluciona no en el canje, el juicio o el certero diagnós­
tico de esa realidad. Antepone en primer lugar, su
propia razón de ser y su denominación como sinónimo
de invención. Madí, como todo movimiento que crece
a su debido tiempo, penetra en las superestructuras
de la sociedad, y es resistido ciegamente. Ese primer
trámite va superándose paulatinamente.
Si madí influye para el estilo, en términos de tenden­
cia y de ciclo en tantos aspectos de la cultura, tam­
bién es cierto que su eficacia no la podemos apreciar
^
en la actualidad, más que parcialmente. Si madi no
tn florece en toda su magnitud, dicho sea de paso, in­
mensa y probable, si no alcanza a proyectar su esen­
cia en pensamiento y en hecho sobre el relativo esfe­
roide en que vivimos, si no, genera una conciencia
constructiva, verdadera, y eficiente, entonces, ro nos
asusta decirlo, madí no vale nada.
La dirección.

Pintura
ROTHFUSS

�EN

LA

ENCRUCIJADA

DE

DOS

EPOCAS

Música significa tiempo sonoro. El tiempo es la propia esencia del suceder musical. La música realiza, concretiza el tiempo, y solamente una estética de concepción temporística podrá penetrar profundamente en los pro­
blemas del arte sonoro.

Por otra parte, la culminación del dua­
lismo de contrapunto y armonía, de con­
sonancia y disonancia, de tónica y domi­
nante. Es el fin de la forma bitemática
y del dualismo metro-ritmo. Por prime­
ra vez, la música traspasa las linees de
la perspectiva tonal. Es el fin de una
tradición y el nacimiento de Un nuevo
arte: la música concreta, esencial, elec­
trónica.
Fragmento del artículo "En la encruci­
jada -de dos épocas"

H J ./ K O E L L R E U T T E R

En 1951, en el marco de los cursos internacionales de ve­
rano para Nueva Música en Darmstadt, se debatieron
por primera vez sobre una base más amplia, los problemas
de la música electrónica. El propósito de la reunión era unir
la "T é cn ica " con las fuerzas musicales creadoras. Los nue­
vos medios técnicos han abierto un mundo sonoro de una
riqueza insospechada. Les sonidos pueden ser divididos, yuxtapuéstos, desplazados o multiplicados; los colores tonales
son orgánicamente variables (un proceso que ninguna ins­
trumentación orquestal podría jamás llegar a conseguir) ;
por primera vez la materia sonora manifiesta su verdadera
infinitud. Los elementos están ahí fuera de vista y caótica­
mente dispuestos, sin que la mano ordenadora del hombre
los haya apenas tocado.

Lo que hasta ahora se ha aplicado musicalmente, se redu­
ce a la imitación con instrumentos ya existentes o a los efectos decorativos-sonoros de orquestas para baile. So­
bre esto se trata de reconocer, hoy, los nuevos alcances del sonido, como posibilidad para el arte musical. Esto no
puede ocurrir traduciendo simplemente el mundo sonoro existente a lo electroacústico; tampoco basta construir
instrumentos los cuales remplazarían, con algunos tubos, un complicado mecanismo de órgano. La nueva producción sonora exige más bien, ideas de nueva formación artística, que no se obtendrán solamente del sonido, de la
"m ateria" misma.
La idea de la materia sonora infinita, es un antiguo sueño de los músicos.
Al comienzo de nuestro siglo, Busoni y Schoemberg, se han ocupado con tales "libres ensayos de vuelo compositorio" — ellos fracasaron en los límites de la mecánica instrumental, Busoni con su división de la materia sono­
ra y Schoemberg con sus melodías de colorido tonal. Pero ambos han visto el problema en su actual importancia,
aunque Busoni opinó que sería un problema insoluble durante generaciones. Hoy no se puede dudar más de una
solución técnica, gracias a la creación eléctrica del sonido.

m

�CUBA
LA HABANA —

S A N D U / D A R IE

�El Instituto de danzas modernas

que

funciona

actualmente en el Japón.

M A S A M I/ K U N I

�recla m a b a a toda co sta, a q u í la tien e, y
que conste q u ° fu é provocada por la des­
honestidad lite ra ria que enarbola con tanto
desenfado, y que no ha podido, así y todo,
a d u lte ra r su n a tu ra l ingenuidad en relación
a la poesía y el arte contem poráneo.
¿No creen los directo res de la revista "Poe­
sía Buenos A ire s" que ya es hora de una
detención m ás rigurosa sobre la esen cia, el
trá n sito y el destino de la poesía? ¿ Y , qus
si toca a madi 'a rre a r todo ese e n c a b rita ­
do contorno que v a c ila " , " a c u n a r el pre­
sa g io " y " te le g u ia r a toda lu z " , el hacer
poético no es cu lp a de los integ ran tes de
m a d í, ni del m om ento a ctu a l de la poesía
a rg e n tin a , sino de los m alos poetas que a p a ­
recen y persisten en una o rig in a lid ad , que
lo fu é hace cu a re n ta años.
M ad í ja m á s ha trata d o de c a n c e la r la m a ­
" N o te parés a e sp a n ta r la perrad a del c a ­
m in o ", dicen nuestros am igos del "Fogón
de los A rrie ro s " , de R e siste n cia . Pero, es­

\o
ir»

te ria p rim a de la p o esía: el len g uaje, la
im agen in ven tad a y su co m u nicació n . ¿Qué
s ig n ific a , en ton ces, esa

livia n a estan tería

ta vez nos vam os a detener un rato, por
enco ntrarse en tre la p errad a, uno, p re su n ­
tam en te rabioso.

de ¡deas que levanta "P o e sía Buenos A i ­
re s ", a firm a n d o que nuestra poesía es "pala b rism o " y que no la p ra cticam o s, (a h !,
no olvidem os la c ita ) "seg ú n la ju sta e x ­

En la revista " H is to n iu m " de noviem bre de

presión de H eidegger, desde el ser".

1 9 5 3 , un d esafo rtu n ad o a rtic u lis ta , M . J.
de Lellís, a rrem ete co n tra todo lo q u ° es
m ad í, y es tal el fervo r que pone en la d e ­

no en la esen cia de la poesía, cu ánto tr a ­

n u n cia que, ya convertido en un triste m a ­
n iá tico co ntra todo a rte de v a n g u a rd ia , b a ­
bea falsas citas entrecom illadas, del libro
"G o ls é -se " y "P e so y m edida de A lb e rto H i­
d a lg o ". Con igual tesón, echa a rodar un
binom io que ja m á s ha existid o , y dem ás
sim p le za s y desfogues personales que bo­
rronea a todo pulm ón.
T o d a v ía nos preguntam os si este tra fic a n te
am arg ad o e hidrófobo a rtic u lis ta de boca­

¡C u á n ta o b stin ació n por no e n tra r de lle ­
yecto d e sca lifica d o por el sólo hecho de ju z ­
g a rla con un torn iqu ete casero!
Repetim os que " d e c ir poesía, d ecir hom ­
bre, es d ecir la cu lm in a ció n de una co rrie n ­
te tran sfo rm ad o ra que no se detiene en é l" .
A v'sad o s los am igos de Poesía Buenos A ire s ,
recalcam os la necesidad da una reconside­
ració n , tal como lo advierten en la prim era
página de esta anto logía (N o s. 1 3 -1 4 ) en
la q u e 'fig u ra n 50 poetas argentinos de c a ­
lidad m uy despareja.

c a lle , co ntra todo lo m oderno, m erece n u es­
tra rép lica.
Si n u estra respuesta es un p rivileg io que

A l d irecto r de la revista "Letra y Lín ea",
Aldo Pellegrini, le echam os en ca ra su p a r­

�cialid ad . Con todas las m añas que tien e,
no llega siq u ie ra a ser tendencioso.
En la polém ica con Ju lio E. Payró, se m en ­
ciona con evidente m ala fe, a los in icia d o ­
res del a rte n o -fig u rativo en nuestro medio.
Le sugerim os que vu elva a releer la revista
" A r t u r o " , de la que Ko sice fué cofundador.
L a confección de un prólogo a un libro que
p u b licaría A rd en Q u in , re h a b ilita rá , a no
dudarlo, su "id o n e id a d ".
En Teresópolís, B ra s il, sede del 5 9 Curso In ­

dibujos m ad í, trascien d en
cu a lq u ie r va lo ra ció n .

los

lím ites

de

En la l l ? Bienal de Sao Paulo, y en el stand
b rasileñ o , a propósito de una su g eren cia de
Ko sice se re a lizó una espontánea m esa re ­
donda de la que p articip a ro n el c rític o M a ­
rio Pedresa, co n cretista s b rasilero s en tre los
que se en co ntrab an A . W ollner, Geraldo
Barros y otros.
D u ran te la p resentació n exp o sitiva de n u es­
tro m ovim iento en Teresó p o lís, se o rig in a ­

tern acio n al de Fe ria s, que o rg a n iza P ro -a r­
te y dirige H. J. Koellreutter, se han d ic ta ­

ron nuevos debates con el pintor Cordeiro.

do v a ria s co n feren cia s sobre a rte m adí que
estuvieron a cargo de G. Kosice.
Por in ic ia tiv a del escu lto r P. Curateila M a ­

Blanca Stábile, en la revista V er y Estim ar,

res, se proyecta re a liz a r una gran exp o si­
ción de a rtista s n o -fig u rativo s arg en tin o s;
sim u ltán eam en te se p resen tarán m uestras
de a rq u ite ctu ra , m oblaje y diseño modernos.
Juan Zocchi, d irecto r del museo N acio n al
de Bellas A rte s y o rg anizad o r de " L a P in ­
tura y la e scu ltu ra a rg e n tin a de este sig lo "
ha hecho llegar dicha exposición a C h ile ,
Perú y Ecuador.
Desde La Habana, nos envía Sandú Darié
sus ú ltim a s exp erien cias p ic tó rica s, "c o m ­
posiciones c é n trica s en m o vim ie n to ", que
revelan su incan sab le búsqueda en n uestra
p lástica.
El p into r, poeta y crítico Juan Bay, ya evo­
lucionado a sus "e s tru c tu ra s e sp a c ia le s",
enriquece las p ersp ectivas de la p in tu ra a c ­
tu al. Su h ija , A nam aría Bay, nos descubre
un prodigioso mundo de im ágenes y s itu a ­
ciones en sus novelas y cuentos, que em pe­
zarem os a p u b licar en nuestro próxim o n ú ­
mero.
Esteban Eitler, in fa tig a b le creador, re a liz a
en Santiago de Chile, con su ag rup ació n
Tonus, una gran labor de d ifu sió n de la m ú ­
sica contem poránea. A sim ism o , sus últim os

Nos. 3 3 -3 4 , que d irige J. Romero Brest, en
una c rític a sobre la exposición de Ko sice,
en la g a le ría Bonino, ano ta que fu é fir m a n ­
te de un prim er m a n ifie sto de expositores
en 1946, en el Salón Peuser. Es in e xa cto .
Tenem os a la v ista catálogo s de exposición
de P ich o n -R ivié re , G rete Stern y Bohem ien
C lu b , y poco después la m u estra y m a n i­
fiesto en el In stitu to F ra n cé s de Estudios
Superiores, de m anera que hubo un poco de
a n te la ció n en la fe c h a , en que ya se pos­
tu la b a " la creació n a rtís tic a apoyada en
elem entos de pura in v e n ció n ".
De Resistencia, nos llega reg u larm en te el
boletín del Fogón de los Arrieros. Aldo Boglietti (poesía hecha a m istad a prueba de
bombas H ) , m antien e vivo su e sp íritu de
peón in c a lc u la b le , y al d ía, su provisión de
a rte , c a fé y bebidas ds m a rca .
En la sección "galería madí de poetas", in ­
clu im o s a Horacio Faedo, de prom isoria a c ­
tu ació n en C o lonia — Uruguay— donde re ­
side, a M. Sessarego, a M . T . Domínguez,
de la prov. de Córdoba, a Undurraga de
Chile con su poema " T ie r r a L a r " y a Juan
Bay con su "A d m ira c ió n de C lá n d e r" , a m ­
bos poemas fragm en tado s por fa lta de es­
pacio, al joven poeta peruano Augusto Delmore, a los brasilero s L. Schwartkopf, J.

r»

�Escobar Faria y otros ya conocidos de n u es­

Boletín N ? 12, del M useo d= A rte M oderno

tro grupo.

de Río de Ja n e iro .
A lfeu e A retusa, de M a ría de Lourdes T e i-

Rhod Rothfuss, prepara su m o num ental e x ­
posición retro sp ectiva en la ciu d ad de M on­
tevideo "15 años de pintura".
De Alberto

Hidalgo, ha ap arecid o C arta

x e ira , Edit. 'M a rtin s, Sao Paulo.
Hum anism o, revista m ensual de c u ltu ra d i­
rigida por M a rio P u g a, M éxico .
Poesía de A m érica, d irig id a por H. I. M a-

al Perú, que re a firm a su p rofunda co n d i­

g a lo n i, núm ero e x tra o rd in a rio de en ero -fe­

ción de poeta de A m é ric a . U n ive rsid a d e s,

brero, h om enaje a C é sa r V a lle jo , M éxico .

centros c u ltu ra le s , e scrito re s, grupos y m o­
vim ie n to s a rtístic o s d ° toda L a tin o a m é ric a
p ro p ician el Premio Nobel de L ite ra tu ra p a ­
ra el poeta. Gabriela M istral y Juana de
Ibarborou, ad hieren al m ism o sin reservas.
El p rc f. E. Daniel A nd ía, es el p residente
del co m ité o rg a n iza d o r con sede en Buenos
A ire s .

Intercam bio, revista c u ltu ra l, Sao Paulo.
Boletín M ensual, del M useo de A rte M o ­
derno de Sao Pau lo , que dirige M . Bard i.
Número, revista que d irigen Fia m m a V igo
y A lb erto S a rto ris, año 5, N p 6 , Flo ren cia.
A Ladeira da M em oria, novela de José Geraldo V ie ir a , Edit. Ja b u ti, Sao Paulo.
A rte Concreta, b oletín del m .a .c . y del sin ­

LIB R O S Y R E V IS T A S R EC IB ID O S

d ica to n acio n al de a rte n o -fig u rativo que

A m érica, revista de la A so cia ció n de Es­

d irig e Fran co P asso ni, M ilá n .

crito re s y A r t is t a s A m e ric a n o s que d irig e
P asto r del R ío , L a H a b a n a , C u b a .

Jornal de Letras, N p 55 d irig id a por Elysio

La Gorgona, poem as de Ju a n Jaco b o Baja r lía , E d ito ria l O lla n ta y , Buenos A ire s , con

Cim aise, revista de a rte a ctu a l

un retrato del a u to r por Ju a n del Prete.

por J . R. A rn a u d , y R. V . G in d e rta e l, P arís.

Paisagem M ural, poem as de L ily a n S w artz-

Los Vestigios, poem as de Eduardo Jo nquie-

co p f, Ed ito ria l P ong etti, Río de Ja n e iro .

res, edit. B o tella al M a r, Buenos A ire s .

y Jo sé C onde, Rio de Ja n e iro .
(co lección

h asta el N p 3 de enero de 19 5 4 )

d irigida

Gánigo, re vista de poesía que d irig e E. G u ­

Perceptismo N ? 7, que d irig e R. L o z z a .
Schweizer Journal, revista que d irige W .
Boletín de M úsica y A rtes V isuales, U nión M e iste r, Z u ric h .

tié rre z A lb e lo , S ta . C ru z de T e n e rife .
”

P a n a m e ric a n a , W a sh in g to n .

A rti V isive, revista de la Fu n dación O rig in e,

H abitat N ? 13, re vista de a rte s del B ra s il,

d irig id a por Etto re C o lla , D o razio y Pram p o lin i, Rom a.

d irig id a por F la v io M o tta , Sao Paulo.
Poesía Buenos A ires, Nos.

13 y

14, que

dirig en R. G u stavo A g u irre y N. Espiro.
Poemas y Elegías, de José Escobar F a ria ,
Ed it. M a rtin s , Sao Paulo.
Além de Palavra, poem as de D ulce G . C arneiro , Ed it. C u ad erno s C lu b de Poesía, Sao
Paulo.
Espacios, re vista

integ ral de a rq u ite c tu ra ,

d irig en G. R osell, L . C a rra sc o , M éxico .

Noigandres, libro de poemas de A . C am pos,
P ig n a ta ri y H . C am p o s, Sao Paulo.
Sinkentiku, revista de a rq u ite ctu ra editada
por M a sa h ivo , M iw a , To kio .
15 A m ericans, del museo de a rte moderno
de N ew Y o rk .
Quincas Borba, revista de a rte y lite ra tu ra
de Sao Pau lo , d irig id a por Jo rg e R iz z in i.
Boletín de los Festiva le s de M ú sica L a tin o ­
a m e ric a n a , C a ra c a s.

�E X P O S IC IO N E S -C A T A LO G O S
FOTOGRABADOS

De la Rose Fried Gallery, recibim os c a t á ­
logo de la ú ltim a exposición co nju n ta de
Glarner y Vantongerloo.
De la g a le ría Sídney Jan is, una retrospec­
tiva de Piet Mondrián.
Una selección de obras por J. J. Sweeney de
la colección de la S. R. G uggenheim y e x ­
puestas en el museo no objetivo de N. York.
Jeon Leppien, expuso en la g a le ría Aujourd'hui de B ru se la s, y en Colette Allendy
de París.
Lucio Fontana con sus p in tu ras perforad as
y elem entos de lu z, expuso en la g a le ría del
Naviglio, V e n e c ia .
Santomaso y Marlow Moss en The Hanover
Gallery, Londres.
En la g a le ría A rnaud, de P a rís, se re a liz a n
regularm ente exposiciones de pintores y es­
cultores de la nueva prom oción de p lástico s
n o-fig urativo s, entre ellos N a v a rro , C a rra d e ,
Lap o ujad e, B e rtin i, S au er, A rc a y , B itra n ,
B reu il, Lolo, A ra c e li, F ic h e t, etc. G ig lili, P¡llet y D eyrolle han presentado en la m ism a
g alería sus obras, lo m ism o que la pintora
G ina lonescu, en su reciente v ia je a Europa.
La d iag ram ación de los catálogos de Arnaud
merecen por su exce le n te p resentación m en ­
ción aparte.
La g alería Krayd, de Buenos A ire s , viene
ofreciendo con buen c rite rio , exposiciones
de plásticos de ten d en cia m arcad am en te de
vang uard ia.
La exposición de las o rien tacio n es a ctu ale s
de la escu ltu ra a rg e n tin a ha sido todo un
suceso. U ltim am e n te se exh ib iero n tém peras del grupo m .a .c . de M ilá n , con una no­
ta del crítico G. D o rfles.
Jacques Helft, presentó la m u estra ds " la
nueva generación p lá stica a rg e n tin a ".
En la g alería del museo de arte moderno
de Sao Paulo, se han exhib id o ú ltim a m e n te ,
pinturas de Le Corbusier y Burle M arx.
25 pin tu ras, relieves, objetos de Yen te, en
la g alería V a n R iel.

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3
E

O
O

NAUM /GABO

�Representantes de arte madí
en el interior

Córdoba: M. T . Domínguez, M. Sessarego
Mendoza: Galería San Martín
Rosario: Juan Ocampo
Resistencia: René Brusau
en el exterior

Oruguay:

Rhod Rcthfuss — Montevideo

Cuba: Sandu Darié — La Habana
Brasil: H. J. Koellreutter —
Pablo
Chite:
Perúl
EE

Esteban Eitler — Santiago
Jorge Bacacorzo — Arequipa

U U .:\jS¡jLcclás Kasak —

New York

V v,

Italia:
Francia:

Río, San

Lucio Fontana — Milán
Jean Leppien —

París

Suecia: Chcrles Portin — Estocolmo
Suiza:
Inglaterra:

Lutry-Vaud

Ben Nicholson .— Londres

España: J. Eduardo Cirlot ■
— Barcelona

Marruecos:

\

A IR ES

olanda: Ger Gerrits — Amsterdam
M. G. de la Fuente — Tánger

BUENOS

\

Alberto Sartoris —

,

Japón: Masami Kuni — Tokio

—

"\

R. L . s R IV A D A V IA

1159

ARTE MADI U N IVERSA L Nos. 7-8

Revista del movimiento madinemsor
Director: Kosice

\

Redacción y correspondencia
Buenos Air^s

\

S.

\
Intercambto

G R A F IC O S

Esperanza 41 —

Nous demandons l'échange
We beg for echange
Junio de 1954

V
Registro de la propinad intelectual
número 238.535

&lt;
(/)
LU

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ALLERES

^

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                  <text>Ejemplares 0 y 2 a 7/8 de la revista Arte Madí Universal, publicados entre 1947 y 1954.</text>
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                <text>Cirlot, Juan Eduardo&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Hidalgo, Alberto&#13;
Bay, Juan&#13;
Sartoris, Alberto&#13;
Bill, Max&#13;
Laañ, Diyi&#13;
De La Fuente, M. G.&#13;
Kasak, Nicolás&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Bay, Ana María&#13;
Mahle, Ernst&#13;
Bajarlía, Juan Jacobo&#13;
Faedo, Horacio&#13;
Undurraga, Antonio&#13;
Sessarego, Mirtha&#13;
Delmonte, Dante&#13;
Elmore, Augusto&#13;
Bacacorza, jorge&#13;
Escobar Faría, José&#13;
Wellington, Valdo&#13;
Eitler, Esteban&#13;
Rebay, Hilla&#13;
Pet, Raymundo Rasas&#13;
Warb, Nicolás&#13;
Stoloff, Irma&#13;
Domínguez, María Teresa&#13;
Leppien, Jean&#13;
Ionescu, Gina&#13;
Moore, Henry&#13;
Vantongerloo, G.&#13;
Andia, Ernesto Daniel&#13;
Kosnick Kloss, J.&#13;
Dalvit, Oskar&#13;
Sodre, Niomar M.&#13;
Derbecq, Germaine&#13;
Le Corbusier&#13;
Bay, Juan&#13;
Manarini, Ademar&#13;
Vigo, Fiamma&#13;
Carreño, Mario&#13;
Koellreutter, H. J.&#13;
Eimert, Herbert&#13;
Darie, Sandú&#13;
Kuni, Masami&#13;
Gabo, Naum</text>
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                    <text>�S cu lp tu re m on u m en tale en crcier et alum inium pour l'e n tré e d 'u n sta d e oly m piqu e (1952)

GORIN

ARTE

MADI

UNIVERSAL

N

e

Registro de la Propiedad Intelectual 1N" 2 3 E 5 2 5
Publicación de arte
esencialista

Trastean»
Cubierta
de Kosice

W e ^ a g tc a
Dirección y correspondencia:
Esperanza 41 - 2
Buenos Aires
Intercambio
Nous demandóos l'ecñcnge
We beg for exchacnge

OCTUBRE

1952

p ro ca a e sa a

ARGENTINA

�E

S

T

I

L

O

Y
CONCE PTO
UNIVERSALISTA
DE
MADI
Cuando nos propusimos con el estilo de madí dar un viraje total
hacia la esencialidad del arte no-representativo, estábamos basán­
donos en hechos históricos y no en trasfondos jerárquicos de lo
cultural.
Denunciamos a esa mezcla y confusión que promueven los "artis­
tas" anacrónicos de esta nuestra generación.
¿En qué medida el pintor, el poeta, el arquitecto, el escultor, el
músico madí encaran los problemas actuales del hacer estético?
En primer lugar los factores sociales, de tiempo y lugar, que acon­
dicionan las progresivas apariciones de un orden estético, el fa­
buloso mejoramiento de la técnica y la investigación, han llevado
a madí al descubrimiento de formas nuevas del hacer y el pensar.
Compulsando los diversos intentos de definición de las tendencias
últimas, los madí hemos llevado más allá del reconocimiento total
del hombre, con su medio y sus necesidades equivalentes a su
función y su utilidad, la formulación premonitoria, universalista, de
un estilo transformador, tanto en sus realizaciones como en su lineamiento teórico-conceptual.
En cuanto se da un estilo, en el caso de madí, que abarque todas
las disciplinas, es necesario que la utilización del lenguaje que se
transmite tienda a ampliarse y comunique totalmente su objetividad.
Estamos en este deslinde de los diversos órdenes de los valores
existentes, pues en puridad se trata de una consecuencia del desa­
rrollo científico humano que impone una nueva integración y otra
dicción que madí aporta para su mayor liberación.
Extremando conclusiones, nuestro concepto, que revoluciona hasta
el "acto" de crear, debe forzosamente cumplir un cometido, que no
debe inferirse a una actitud ante la circunstancia, sino a una reali­
dad universal coincidente en un estilo.
Decimos concepto como indagación científica del proceso creador,

�y decimos hombre como la culminación de una transformación que
no se detiene en él.
Sustraernos a este dictamen realista es restar eficacia a la es­
tructura ordenativa del objeto inventado, y que si no asume aún
de un modo concreto su valor de uso en todas las capas sociales,
es por un fenómeno colectivo de habituación, que todo el arte no
figurativo corrige en la medida que opone al sistema de copia y
coerción exterior, una visión relacionada en sí misma y no en su
parecido.
Fué necesario superar términos antinómicos que se dan en el mis­
mo grado que en el arte tradicional. Para determinar una propia
circunstancia estilística hubo que trascender el manido vocablo de
"esencia" y potenciarlo a una esencia estrictamente nuclear, coe­
tánea y denominadora de una insistencia de pureza y absoluto.
Madí contribuye a hacer preeminente con sus medios y sus fines
una nueva ejecutoria razonada en todas las zonas abarcables por
el intelecto; no sólo la capacidad discernidora del ojo humano, que
es el caso de los más avanzados concretistas, la de "visualizar"
una fórmula matemática-física. Para nosotros toda percepción es
virtual; es mediadora. Nuestro sentido demarcatorio no señala un
dogmatismo circular, que sería suicida, aprehende leyes inteligibles
y comprobables; de ahí la inexorable acción que ejercemos en el
ámbito de la creación e imaginación.
Madí inventa una plástica autónoma, cinética
el caballete, el muro, intermediarios y convenciones de la pintura
composiciones de luz policromáticas
Poemas indescriptibles
imágenes en progresión de toda posibilidad
contra las agrupaciones de letras y los mecanismos de metonimia
Música esencial con instrumentos electrónicos, trautonio, ondas martinot, vodcek, sin contrapunto, sin armonía, sin cadencia, sin to­
nalidad ni imitación.
Luz, color, espacio, movimiento
Un hecho y una constante madí.
Arte madí, alerta a toda solicitación vital de la creación esencial,
desarrolla con este N? 6 otro emprendimiento para su universalidad.

Ia

dirección

�ESTRUCTURA
PICTORICA

SANDU
DARIE

�M A D I

G

Súbitamente se presiente que todo es provisorio; si perdurase esta idea
sería un estar y ser con fines, con acabamiento, lo que es falso.
Hay un acaecer irreflexivo en la trayectoria del movimiento: ia intermiten­
cia. Al no ser un todo abarcable sino en conexión con la materia, permite
— lo sabemos — ser inferida y corregida.
Una peculiaridad en el comportamiento de la imagen es su transferencia
casi inmediata a la asociación; el absurdo en todos los casos es una con­
tingencia y no una valoración.
Lo que caracteriza a lo indeterminado e inobservable es el esfuerzo que
se pone por ser transgredidos de realidad significante. Sólo ese deseo los
hace creíbles, les da ese derecho.
Afirmo que hay formaciones de ámbito palpables, que es medible la atrac­
ción entre espacio y espacio y sobre todo, que visto en perpendicular hay
vibraciones que polarizan la supuesta discontinuidad de la materia.
Nada impide que estructuremos nuestra imaginación. Lo difícil es contro­
larla interiormente; tendríamos que arrostrar la creencia en cualquier in­
exactitud.
En una pantalla gigantesca un círculo pequeño. Esa sola intervención trans­
curre como relación a un todo, aunque sea inútil y arbitraria.
El sistema de verificaciones del Dri-naps, cambia las posibilidades en frac­
ciones de segundo: por ejemplo, la naturaleza es un contraste para toda
producción serial.
Se ha hecho una total prescindencia del objeto para discurrir su sujeción
a esferas de temporalidad acondicionada. ¿No sería más acertado derivar
esa ausencia al plano igualitario, objeto-sujeto, o si no perfeccionar al in­
ventor del objeto?
En este preciso instante hay universalidad y esperanza para hacer la más
amplia digresión sobre el instante — punto de incidencia y eternidad— .
¿Para qué demostrar? Estamos con el discernimiento, la presencia y su
secuela.
Se puede confirmar por la experiencia corriente, que la energía luminosa

�R

A

F

I

A

S
es una resolución
vibracional inma­
nente de realidades
ópticas; por lo tan­
to se comporta in­
dependientemente
de todo grafismo.
Yo escribo y cele­
bro en poesía y madigrafía lo que viví
de obsequio.
Para la descripción
de un proceso emo­
cional b astan las
relaciones de len­
guaje; para lo intuible, sobran.

Hay un pilotaje ló­
gico para toda hi­
pótesis con sentido
común, pero esto
no fuerza a pensar en la irregulación de cualquier nivel fundamental, ver­
bigracia, la superación del conocimiento.
Nuevamente subrayo el concepto de que una madigrafía no debe interpre­
tarse con auditorio o dicción. Reproducir la mayoría de las cosas y viven­
cias fuera del ser, es en esencia intraducibie.
Hay un automatismo en el sentimiento, su corrección pensante es involución.
Una indagación profunda sobre el porvenir astromental nos dirá de cam­
bios tan trascendentales que sólo permanecerá en "conciencia" lo humano.
Esto y un pequeño residuo de memoria, serán testimonio de un estadio
de existencia terráquea. Lo demás será así.
Ahora cualquier artilugio matemático es el producto del sapiens; ¡viva la
mecánica ondulatoria!, ¡viva una fórmula física-conceptual!, ¡viva la realiRAYMUNDO dad porque sí!, y todo es una construcción intelectiva. Todo es viable para
RASAS PET cimentar un hecho y más aún si se justifica con un resultado entelequial.

�La Victoria de Isul

el Osjor

Fué una vez, que golpeado en lo insensible cayó agobiado, ya casi per­
dido definitivamente en aquel juego temible en que se habia empeñado,
dando pasos sobre sí, sin estar sostenido, atraído más y más cerca de la
profusión de un inexplicable personaje, se diría inexistente, llevado al pri­
mer plano fugazmente, presa de una agitación propia de sus hechos in­
tangibles, inconmovible frente al milagro y al genio que se debatían des­
piadadamente llegando a desgarrarse, para dejar al descubierto la mag­
nificencia de la sensibilidad tímidamente oculta en los repliegues brillantes
de sus corazones latentes.
Una visión de la tensa trama y el sonido nítido de la existencia magistral
de Isul, absolutamente desprevenido de sí, a la clásica manera que ellos
anhelaban casi con ansiedad, hasta que irrumpió la abigarrada muche­
dumbre con sus instintos y su pesadumbre, haciendo sobrecoger de terror
aquellos que banalmente todo lo esperaban de la imponderable magnitud
de Isul ya definitivamente frente al juicio y a la cólera de aquella multitud.
Isul hizo una finta apenas perceptible, jugándose en el devenir de lo sa­
grado y lo inconmovible, del bien y del mal, de lo absurdo y lo real, todo
fué transgredido y desvastado por él, despojado del heroísmo y la piedad
se ensañó en una abstracción de lucha donde el ideal se debatía con su
secreto poder ancestral, aniquilando la propia convicción de los héroes
forjados en la misma pasión ahora anonadada, apoyándose fríamente en
lo inmutable les agobió con certeros golpes hasta destruir para siempre la
lógica que en aquel fragor fué despojada de su razón. Desnudo lo íntimo
y lo humano quedó sostenido Isul por lo profundamente agresivo y peli­
groso de su grandeza, surgiendo en el paroxismo del poder definitivamente
victorioso, como razón de lo más temible que habría de justificar su existencia.

VA L D0
WEL L I NGTON

�Uoütrtnqulo A/.ul, jilnluio articulada

�PRIMITIVISMO

Representación, expresión, deformación, estilización.
Los elementos de la composición están en posición sin perspectiva; estilo de
frontalidad. El primitivo desconoce el espacio, por eso presenta la visión de
las cosas en primer plano. Sin embargo, desde el primer momento el primitivo,
igual que el pequeño artista infantil, sale a la búsqueda del objeto; de ahí
que su composición presente un orden sagital (líneas oblicuas), desplazamiento
de las figuras, planos rebatidos, alargados.
El moderno primitivismo, con apariencia constructiva o no, es un contrasentido

y una reacción.

CUBISMO

Figuración, expresión, abstracción;

ley de frontalidad, geometrización, volú­

menes primordiales.
El artista cubista ignora las relaciones de fuerzas existentes en los órdenes
económico, político-social, cultural de nuestra sociedad; de ahí su visión idea­
lista, transportada al arte en formas abstractas.
El cubista es un deformador de realidades, es igualmente un romántico, un
expresionista, desde luego que con un sentido moderno aportado por la civi­
lización industrial actual.
El cubismo es descendiente directo del expresionismo, génesis dol arte moderno.

SURREALISMO

Grafismo plástico y literario trazado por un dictado automático, marca la
transición de lo descriptivo expresionista a la representación onírica. Compo­
sición en la ley de luz (tridimensionalidad).
El surrealista busca la cristalización temporal de sus recuerdos, lo que le
lleva a invadir la superficie de realidad junto a la cual actúa.
Escuela metafísica y anti-dialéctica por excelencia, debe ser considerada como
de reacción neo-romántica, dentro del arte moderno. Sus elementos de orde­
namiento idealista y fantástico, su basamento metafísico y mórbido, nada
tienen que ver con el espíritu constructivo de nuestra época.

EXI STENCI ALI SMO

El yo y el tú exacerbados, irreductibles a la masa, a lo colectivo, a lo general,
aunque le reconoce SER para retraerlo al tú debes. Fatalmente aislados, escla­
vos del hoy, carecen de responsabilidad. Pero a pesar de la imperfección
deben elegir y hacerse responsables; luego todos son responsables de lo
que les sucede porque lo eligen.
Pero siendo el existencialista un roedor de conciencias, un ser inconstante
e incorregible, puede renovar su elección. Toda esta egolatría al final que­
da magnificada; la imperfección permite a algunos renovarse y a otros sufrir
su participación.

N. de ia R.

�P

R

O

-

El "cuadro" ya no debe existir.
No es sostén, y menos terminación de la pintura; és a lo sumo
una industria de carpintería atrasada que los pintores adop­
tan aún.
Todo "cuadro" (cuadrado) conmemora el tradicional concepto
de ventana, el de abrir un boquete rectangular en el muro.
El fondo coloreado o espacio ilusorio del plano en el que se
inscribe la composición pictórica, luego enmarcada, autentica
la validez del ángulo recto y se queda ahí, como un objeto
nacido de la arquitectura, que funciona sin romper con el ortogonalismo estático.

El cerebro reacciona por vías labradas por las experiencias
previas, las cuales nos hacen percibir la cosa probable, es de­
cir, la cosa por la cual en ocasiones anteriores la reacción fué
más frecuentemente suscitada.
La reacción fisiológica de ver y percibir, consiste en el alum­
bramiento de un cierto sistema de vías por la corriente del
mundo externo.
Lo que corresponde a la nueva ordenación y replanteamiento
para una visión y realidad plástica revolucionaria, es una
estructuración especial del pensamiento, lo menos atada al
objeto más probable, y que devenga invención.

Hacia madí
1?
2°

Descolgar todos los "cuadros".
Radiar del lenguaje la palabra
"estatua" y lo que ellas represen­
tan en sitios y plazas públicas.
3? Dinamitar la poesía musical, la
metáfora fácil y asociativa.
4? A n ex io n a rse el espacio y el
tiempo.
59 Promover d esa fo ra d a m en te
lo
esencial.
69 Promover lo esencial realmente.
7° Crear condiciones inalterables en
la obra, que altere, agite y mejo­
re la conciencia de la comunidad.
8? Desplegar la imaginación cauda­
losamente y aunarla con el rigor
del razonamiento matemático.
9? Ir siempre al conocimiento, nunca
"asegurarlo".
109 Construir, inventar dentro del mo­
dismo, nuevas relaciones, etc., etc.
G. K.

"Desde hace tres mil años una imagen está ardiendo en la
conciencia del individuo y arde de un solo coior, como cual­
quier hoguera, pero ésta, al haber sido traducida, comienza
sabiamente a traspasar el tiempo".

■

•■

f.fás a cá de las deducciones lógicas, está una enorme distri­
bución de razonamientos poéticos. Madí, en ese sentido, dice
de la violencia que involucra toda veta de poesía arrancada
de la mentalidad del hombre.
fio sólo el léxico y su forma impresa dicen de su rotunda con­
creción. No es bajo signos que se hace verosímil la invención
poética, es la imagen ya "transitada" y puesta en consigna­
r-iór., en mensaje propio, vivido.

1

/

iÉ II
"
,

f

. oda catalogación del proceso durante la gesiación de una
obra estética, supone un alejamiento de las generalizaciones.
5: las relaciones con el individuo en lo social son un comp “ amiento desigual, es desigual y corta su permanencia, por
no ser asimilables a las corrientes artísticas venideras.

Frente a madí
La visión comparativa, el contenido manifiesto e intrínseco, el
es redro meditado de la forma y su psicología y, por fin, toda
r introspección genérica y fenoménica del arte no-figurativo,
e-rciuciona decididamente hacia prácticas y formulaciones pre: trizad as por madí.

'

* -Zr*
S. VARAUD

.' s

"%ÍA ,-

l 4

��*

Compartir
Trabajando en esta vieja vecindad con la palabra
amontono cántaros mal reprimidos
este asir declinable
este registro de cantidades a la derecha del m argen
que voy poniendo im ágenes sueltas y prem editadas
Levitación diáfana de cordeles repetidos
apurado entre el bullicio de aligerado afecto
p ara no partir en dos la distancia
tendré menos prisa m ás cifra igual m ás etap a adicta
tan sólo soy poblador del clamor ofrecido
en posición de firme
que clavetea esta vigilancia premonitoria
bruñido vis a vis con todo lo que indica propósito
a la vez que me gu arece de todo prisma
Azuzado sin intermisión
contorneando mi salva geológica
por este motivo soy obturador del cielo
consolidado de punta a punta
em balado en pos de un ámbito translúcido
que irriga sobre estos límpidos cascos
esta luminosidad que brota por un requerimiento fácil
esa estructura de la aureola que se ensancha
y que denuncia un brote de m arejada
mi remanente engarzado que no puede apoyarse
un sube y baja por vibración en inminencia de caer
congregado en silencios magnéticos
con mis voces estudiadas por alternación
por turno como cuadra al consabido cohesor
repitamos a dúo el raudal hecho o por hacer
y me empeñe en dar cima
a la visión m ás allá de su recorrido
y a todo lo que se yergue avizor a puro cálculo
K OSICE

�INodCY

casi estoico. No sopla el mayor agudo. La bi­
furcación no es interrumpida. Esta disposición
tiene la ventaja de sobrellevar con más gusto,
el sabor no distinguido de leguas civilizadas.

I -

Kilómetros insensibles denotan ¡a lentitud con
que la enorme masa de aguas diagnostican
vacaciones al oleaje. El contraste con la jor­
nada anterior — desarrollado en toda su es­
tricta denominación — inventa fauces a la
transparencia del suelo glauco que les con­
templa.

( e t a p a en ia e s t r e c h a - c u e n c a )

No tiene todo este vértigo de fábulas más o
menos rítmicas sino el propósito de fiscalizar
una pretendida derrota. Por eso es loable este
pseudo ensayo de diálogos de inmersión que
nos secundan, que nos atrapan. Hay que
agregarse a lo inasible de la maniobra capaz
de acaudillar por color al mito, que no lo es,
para captarlo en toda su consecuencia. Pero
vayamos a sombrearnos con los montones in­
audibles que soliviantan esta respiración de
dos, que había olvidado estipular.
Logramos el alcance en el codo de aquel mi­
nuto que está al caer. Se ha detenido INodCY,
a una migaja de la causa sólo por ver cómo
ahuecan los vestigios que no se han dejado
amainar. El paso queda libre. En el lomo de
guía de la cal se continúa. La manía de ver
ausencias trasciende en molestias imposibles
de imprimir en columnas. Más económico re­
sulta naufragar en cualquier curva de este
pellejo antiguo. A estribor de la pequeñez que
acecha vereda por medio con una plática que
nadie ha solicitado, anida la estrecha-cuenca.
¡HAY QUE RECORRERLA!

Impasible, la fuerza vegetal que se vislumbra
en los flancos los acompaña, casta, en el vai­
vén. El hermoso racimo de penínsulas abriga
un estío sin fecundidad de savia. Los mirtos
de la espuma trenzan límites que los alejan
de la desembocadura y basta muy poco para
que sazonen las hebras adormecidas en el fon­
do de la estrecha-cuenca.
Comprender que la influencia de las algas es
verdaderamente potable. Ambientar la acumu­
lación de perpendiculares sin embargo. Todo
es tenido en cuenta para la administración
progresiva de las mareas en su inicua com­
bustión. Las mismas relaciones de clima mor­
tifican la plausible observación de los vientos

A veces quisiéramos horadar las cuatro esqui­
nas del sosiego. No es posible y tal vez esta
circunstancia nos favorezca. El resultado es
tan poco probable! Y qué bueno es sentirse
respaldado por acontecimientos casi familia­
res. Qué bueno es sentirse de vuelta al insom­
nio de éste o de aquél paisaje. Orden de mar­
char, vociferan las grietas, por sacar punta a
la cuestión.
Afiladamente se internan en el gran número
de resinas que emergen a diestra del curso
central. La ribera matriz sentencia un golfo

LUCIO FONTANA

�terrales que azotan por momentos la llanura
natural de INodCY.
Sin conocimiento aún de las cimas poliédricas
que oculta cada torbellino, de los valles circu­
lares que nos posponen, aullamos en concavi­
dad sólo por ver qué pasa. Entonces la con­
figuración de la muralla cede sus ascuas, se
oxigena en la enemistad del junco o se torna
verosímil en la fracción de una garza. La pró­
xima sacudida no contiene vapor vesicular
capaz de producir cristales de hielo, como
heléchos. En serie. Sin embargo un torrente
esporádico de nieve les asigna un lugar ca­
lurosamente editado. Dan ganas de volver a
empezar.
Sorteado el peligro, falta por retirar milíme­
tros no historiados. Vayamos despacio. La si­
tuación se estremece en su hechura. INodCY
la precipita en una latente escarpadura.
El declive de la vertiente es cósmico en el des­
tello de cataratas preñadas acaso por azar . . .
Mientras, el ligamento inferior cede a cada
instante su alborozo y pronostica aluviones
con poco tino.
No se tortura él alba aún equidistante. La
cautela se escapa y nosotros de brazos yuga­
dos. El solar paralelo a su cuenca también
quiere huir. Nosotros no.
Novedosos bríos impulsan a INodCY en esta
carrera sin elogios discutidos. Tal vez lo re­
tenga el anclaje en la moldura de aquel re­
manso. Ya está. Ahora podemos transvasar el
afluente a su menaje más ancho.
Casi en la misma confluencia aurora! se logra
el metraje de una imprevista meseta que se
atornilla por la mitad a la estrecha-cuenca.
La sequedad del equilibrio produce vanidad
de pretextos.
Se desciende a pasos luz en este cráter recién
inaugurado. Se avanza. Ya empiezan a pesar

GER GERRITS

sobre INodCY las escorias de la gravedad
hace poco inventada. El dinamismo de las
moléculas crece a ojos nutridos. La escala de
los fenómenos cenagosos se multiplica. Y su
múltiple, en la inversión del cono, amenaza
termalmente sus fuentes primigenias. Pero se
cree en una salida y se prosigue a efectos
de juglar.
Las candilejas de la lava que se apartan de sus
huellas, se cristalizan en la eyección de con­
sejos que francamente aroman el hundimiento
a manos verticales sumadas alrededor de
INodCY.
Las oscilaciones vomitan también llamas, pre­
parando de algún modo una sucesión de ex­
traños mojones, penitentes a distinto grado
de incertidumbre.
Desde que se ha trazado el primer tomo del
cráter que INodCY publica de manera harto
sensible, no ha disminuido la obscuridad somnolienta del malecón, cruzado lacio de rocas.
Conocemos sin embargo una rutina volcánica.
No es suficiente para ondular de hipótesis la
bóveda cavernaria pero permite el reflejo que­
brado que facilita el retorno a la estrechacuenca ya abolida.
Elásticamente se adelanta hoy. Bocanadas de

�mediodía encienden tenues antorchas. Reco­
nocido de casualidad se acerca INodCY a una
probable superficie. Pero falta aun el cruce
de escombros que braman por retenerlos a
porfía. Diligentemente, casi con intensidad de
susurro se avasalla esta última detonación y
se llega. Sí, positivamente INodCY deja atrás
la convencida meseta que desgajó la mitad
conventual de la jornada.
El agotamiento es visible. Resbalosamente se
prosigue por propagar estrías que aumenten
las posibilidades de llegar a la cercana desem­
bocadura.
Advertir el perímetro de la certeza inunda de
nuevas perspectivas. El horizonte de liqúenes
parece aclararse para que lleguen a su arbo­
rescencia de INodCY. Le hace tanta falta al
paisaje trepador, la flotante dinastía que se
adivina ha de ser botón de nueva etapa per­
suasiva.
La magia de las bahías comienza a espaciarse,
índice notable de madurez en la estrechacuenca. Su superficie limonar acrece el delta
que ya se eleva en el epílogo. La analogía
de los vientos se dispersa en una calma des­
acostumbrada, el clima es vitreo, la costa sa­
tírica.
Parece mentira a INodCY sobrevivir a ese
tumulto de musgo que pretendía impedir su
vuelta a la tierra de CY, al territorio de aque­
lla arcaica batalla de INod. Es creíble, sin
embargo, porque la magnitud del esfuerzo se
ennobleció de imágenes orilleras de creación.
Una serie decreciente de hechos, verbalmente
pastosos, llaman ahora la atención. Pareciera
que la colecta arenosa, finiquitada en buen
origen, ha rumiado una precipitación de va­
pores sin memoria que pretenden conducir a
otra parte. TODAVIA OCULTA.
Se presiente una inconstancia, gruesamente

recíproca, que enlaza o trata de hacerlo, sec­
tores docentes de vanguardia. Vayamos por
parte. Es absoluta la amenaza de otra etapa
zodiacal, de diámetro secundario. Al menos
por ahora.
A pesar de todas las trabas que pueda segre­
gar INodCY, no hay fronteras para esta edi­
torial de sumergimiento. Al indicar la facili­
dad con que han de abrazarse en el encade­
namiento de loas copiosamente manuscritas,
sólo queremos ser sonido en lo gutural del
grito que muy pronto veremos funcionar.
Seamos testigos.

II -

( p e r í o d o de e sp a c io s )

El espectáculo ha retornado, cabría decir, con
la respiración de una costumbre.
Los elementos en discordia ya han perdido
el gusto a INodCY. Mientras, el sentimiento
aumenta a ras de predilección. Que nada nos
detenga.
El aliento pulsado en las zonas, asciende en
espiral vertiginosa hacia un período de espa­
cios. Aglomerados.
De igual manera que la historia de los augu­
rios no ofrece atractivo a su objeto, INodCY
ha llovido en cálculos que facultan los preli­
minares de la órbita. Que deslíe elipsis. Y la
tempestad de lo ampuloso subsiste; la dura­
ción es angosta.
El magnetismo es casi una antigualla en la
vaguedad planetaria. Sinuosos meteoritos in­
cluyen temores de curiosidad poco inteligente.
Por eso, el choque de los fluidos sin dogmas
bien establecidos, llama a engaño con fre­
cuencia de exactitud. Físicamente, no sabía
INodCY qué abundosas frondas estelares po­
drían servir a la desconfianza. La construc-

�galaxias, muy a tiempo prescribe el malestar
en escollos que las vinculan sensatamente a su
universo. Semejante confesión de parte requie­
re un desarrollo genesíaco de la atmósfera,
ahora realmente con influencia.
Nuestro grupo nuclear, de espesor admirable,
pernocta a manos y rasgo. Los espacios con­
servados se escalonan cinéticamente. Un efec­
to se consigue.

LHOTELLIER

ción de fibras contemporáneas exige una sin­
tética talla que polarice de satélites absurdos,
esta industriosa constelación. La exigencia au­
menta en el empleo de cometas ingeniosos que
rivalizan en una pereza de doble aislamiento.
Una estimación igual hacia todas las secuen­
cias estériles, nos llevará a la contemplación
de sólidas cábalas. Solidez especial; no, la que
concierne a la masa inerte de los espacios casi
atragantados, sino (aunque el título resulte un
trazo de bienio sumario) apoyada en el res­
coldo desenfadado de astros que se imitan a
través de vías estrelladas sin lástima. Más aún,
sin descripción de antecedentes.
Por otra lateral huyen esferoides que se pro­
yectan a sí mismos para escapar a una exis­
tencia obscura de denominaciones. Anillares.
Pero hay más, todavía. La identidad de ae­
rolitos granulados confirma una experiencia
de péndulo. La simplicidad desaparece en la
atracción magna de los planetas que accionan
en perpetua retaguardia.
La parte sideral de INodCY no ouede jactarse
del rol que le cabe: espectador en este período
de espacios. Desviados.
Siendo además, limitado el empirismo de las

Por de pronto, una capa aplanada declina en
centauro de distancias. En relativa proximi­
dad se frecuentan astros de longitud usual y
casi en medio de esta asociación binaria, vis­
ten declives de materia solapadamente lunar.
Es extraño cómo restringe al sistema su ins­
tintiva asimilación: la tensa estatura vibraciona el ámbito de ondas; su socorro planetario;
la perturbación de los contornos míticos; su
ahogo de órbitas en fragmentos individuales
y por fin la aparición (excéntrica) de aste­
roides. Sin herrumbre ni cortejo.
Brillantes zonas reconcentradas desdibujan a
INodCY en todo este suceder de vislumbre
instantánea. Parece, sin embargo, como si
aquella espiral vertiginosa que ios enfrentara
con este período de espacios ya asesorados,
los agregara a su emanación (conoidal) que
ayer apenas debutara en su reverso fuera de
volumen.
No hay duda de la untuosidad de este des­
censo seglar. Las ocultaciones de los fondos
de superficie que antes no habían llegado has­
ta INodCY, comienzan ahora su trémolo inde­
pendiente. Dejando suposiciones en cuclillas
de diámetros zenitales, de la digna substancia
cometaria, ¿qué importa dónde arraiguemos?
INodCY puede ir SIEMPRE más allá. Vere­
mos qué pasa.

DIYI

LAAÑ

�POEMA

C o m p osició n m adí

Esquematizándome
continúo hacia abajo de tedas
las transformaciones
alterados los factores
ya está sobre el arco
la insistencia
ineludiblemente
transitando cada polígono
de la piel
encontré a rama
conectadas estrategias
que emergen del insomniovan integrándose en la espiral
pequeñas aletas de numerosos
conocimientos
se introducen en el instinto
de cualquier búsqueda

NAIR

OLI VEI RA

A rticu lación

con

a n é c d o ta

e s p a c ia l

'

Vertiginosamente
va levantándose la perpendicular
a todo renacer
Los espejos se arremolinan
y vuelven a pernoctar
en una misma conciencia
conciencia huida
de cualquier libertad de ritmos
Ahora
triplicadas secuencias
se conjugan en su
clavícula de musgo
todo el sol invisible de noche
se ha reunido en una remota
ceremonia de gestación
Convocadas las cúspides
descenderá una perpendicular
al mensaje

MI RTHA

SESSAREGO

�POEMA
REFLEXIVO
Y
CA T OR CE
Como que me estoy aconteciendo
que me creo
(Esto sólo lo entienden el número y el símbolo
los habitantes de lo imponderable
la razón que mantiene la unidad del espacio
la idea en que se apoya la cohesión del tiempo
esa comedia de continuidad que hacen los líquidos
el individualismo de los sólidos
el sentido de ascenso de los gases
el absurdo la hipótesis el algo
No es una ciencia fácil para hombres cotidianos
ellos son ministerios de relaciones exteriores
yo sólo tengo tratos con mi crúor mis huesos mis arterias
y mis nervios
mis resonancias y mis sensaciones
yo sólo tengo tratos con mi ser)
Me crezco cada vez pero hacia adentro
en la aventura indeclinable de llegar a mi núcleo
y reacio a registros
evasivo a los cálculos
deliberadamente al margen de anatomías y fisiologías
me acerco al grado último de la existencia aún desconocido
Me camino me viajo por las cosas
me les ofrezco en espectáculo
ay para dejarlas que me gocen
y paseándome ante ellas como la claridad por lo después
sombrío
capturo la versión íntima e inédita
de lo viajado y caminado
como el ambiente se apodera del brillo de los astros
Me traduzco a la fórmula del germen
la actividad central del suelo
De allí mi disciplina vegetal

�el desenvolvimiento rural de mis poemas
su límpida manera de repartir secreto y comprensión
según el lado a donde dan las ramas
Me vuelo en los arcángeles que suelto
y con los cuales multiplico las vitaminas de la subconsciencia
sostengo la íunción de la cloróíila en las hojas levadura
del verde
hincho de patriotismo las banderas
y dibujo el color de la emoción
porque ¿cómo algo existiría si no pudiera vérselo?
Si me amontono reyes magos
me traen el mensaje de soles imprevistos
castillos insinuados en cataratas interplanetarias
y músicas creciendo como césped del aire
Si me extiendo penetro en el recinto
sin colinas sin mástiles sin grietas de la comprobación
imaginaria
en ese caos bien organizado de las posibilidades
donde uno aprende a acrecentarse
con voluntad de uranio
con una técnica de circunferencia

Mejor que soy me soy
en mí el pensarme y el hacerme igual a lo pensado
y ser mi consecuencia tanto como mi causa
mi hijo y mi padre en una misma obra
el constante en nacerse
el que se vive
el que se morirá
gerente de su vida y de su muerte
ALBERTO
HI DAL GO

p a ra a rte m adí

Me conciencio me nociono me habito me delibero me
discierno me medicino me abogado
y nada me es siguiente ni anterior ni lejano ni próximo
porque me sé el destinatario de mi correspondencia
el inquilino de mi propiedad
el lugar de llegada de mis fugas

���E scu ltu ra

Poema
Disgregar un vaso hasta convertirlo
en abismo
para interrogar al eco su resistencia
a los astros
Traer en la simple observación del enigma
el sigiloso andar por la curva de la aurora
Y al volver al cauce inexplicable
reintegrar al cosmos
la inercia de las inundaciones
Recoger en la similitud
la creencia de existir en óptico silencio
en exactitud indiferente
en mensaje claro de planos
Adivinar el alba tras los estáticos mares
toda inscripta en numerales atmósferas
superpuesta en oblicuas siluetas
que se reintegran a la seguridad
de la incoherencia de los tímpanos
Y al diluir el llanto quebrado de los
cantos
en la disgregación momentánea de los
infinitos
comprobar que
responder cual si buscara la noche
es más fácil
conocer la evidencia que surge del vacío.

OCTAVIO

MEDELLI N

MARIA

TERESA

DOMINGUEZ

�LA

INCISION DEL

COLAPSO

Irrumpió estremeciendo las vías latentes
cjue blandían sus hálitos
despojados de infinita tensión
fué un milagro casi humano
la pasión y el heroísmo vibrantes
confusos los alardes
ofrecieron refugio en una hora
en cjue la risa estalló
contra el bramido ancestral
y la aclamación se abrió camino a Quemarropa
al grito perenne
Que en el apogeo de su audacia
desgarró de un solo golpe
va ldo

w e l l in g t o n

^ poder alucinante de las mordazas.

�prosa
Era casi indispensable su presencia para
poder subestimar lo fértil.
La conciencia de ser se iba perfilando en
abismales segundos y daba iorma al con­
tenido de las escamadas palabras que sa­
lían de su boca.
En la larga avenida de signos no habíanse
resuelto todavía a concretarse y urgía el
mar en su necesidad de sal, a traer en si­
derales moléculas la respuesta a sus ilumi­
nadas algas.

exacta de su volumen, no podía imaginarse
que fueran necesarios tantos cálculos para
llegar a convencerse de su existencia, mu­
chas veces oculta por la niebla. Sin em­
bargo, estaba allí; inevitable en el valor de
los números, concretada en la 'diluida au­
sencia de las voces.
¡Qué júbilo de presencias había sentido
cuando todo le daba la evidencia de existir
en sí mismo! Y al comprender que no era
posible olvidar, se sintió inseguro, con esa
inseguridad sin límites que trae la total am­
nesia de las líneas.

Seguramente si no hubiese sido por aquel
continuo desligarse de los muelles, nunca
se hubiera enfrentado al. problema de co­
nocerse en disgregada continuidad de par­
tículas.

Desde entonces había vagado sin premura
por todo lo que en su sombra se incrustaba;
había dejado descorrer el humo en inevita­
bles muros y había llegado a comprobar
que ya no necesitaba del zumbido de los
objetos. Por eso, en el momento en que le
fué exigida la definición de sus angustias
y tuvo que enfrentarse con su cuerpo, árido
ya de batallas, volvió a sucumbir, demasia­
do débil en su voluntariosa resistencia, de­
masiado recortado en su infinitud de alas.

Ahora, que todo era demasiado evidente,
tenía que reconocer que no estaba en con­
diciones de dejar de girar.

No era posible descansar, tenía irremedia­
blemente que traer su significado, que de­
linearse en su surco de extrañas frecuencias.

Antes, todo pasaba ante su imagen sin lle­
gar a delimitar su sombra, pero hoy, en
que la superficie del aire daba la pauta

¿Cómo responder al llamado quebrado de
los mármoles?

Se exigía desde hacía largo tiempo la reso­
lución. Había que encontrarse a sí mismo,
y eso era lo difícil de aquel girar impres­
cindible sobre la sílaba.

Le habían quitado su envoltura de sonidos
y a través de la subcutánea insistencia del
desierto tenía la certidumbre de todo lo que
sin dejar de girar se detenía a la espera
de forma.
No podía ya retroceder ante el signo deri­
vado de las llamas. Sin pensar siquiera en
su cotidiano devenir, penetró en la silueta
oscura y absorbente del silencio. Cuando
estuvo dentro, comprendió demasiado tarde
que había olvidado su sombra por la playa;
pero ya no era posible reintegrarla a su
deshilvanada curva.
Siguió sumergido en ojos de soluciones pé­
treas y tuvo ante sí la definición exacta de
su inevitable estructura. Era una compacta
solución de superficies ignoradas, un cua­
drado cimiento de radicales notas.

GINA IONESCU

MARIA

TERESA

DOMINGUEZ

�Pintura

�o
c
£

Madl está hoy en el frente de b a­

Occidente. En la hora presente el

talla más avanzado, para el logro

estado general del arte y la po­

de un arte esencial, absoluto.

sición

Las últimas expresiones del arte

arte

tradicional son cambiadas por un

más amplio sentido.

total dominio de los elementos y

El arte representativo puede de­

su forma de encararlos en su as­

cirse que ya pertenece al pasa­

pecto real y estructural

do. El arte no-figurativo, fiel to­

La persistente actividad, continua­

davía a los principios formales de

mente

Kandinsky,

argumentada,

que

viene

del hombre
positivo,

necesitan

esencialista

Mondrian,

en

un
el

Klee, etc.,

desarrollando el movimiento madí,

combate desesperadamente sin vis­

se vislumbra en la influencia que

lumbrar una salida del academis­

ejerce sobre la más joven gene­

mo en que se encuentra.

ración actual y se advierte de un

El empeño por la conquista de

modo

un arte saneado de toda influen­

preciso

en

la

cultura

de

�cia melancólica, de toda angustia
filosófica, son principios que madí
sustenta contra viento y marea,
sin decaer por los errores e imprecLos

ataques de sus detrac­

tores.
En Italia, mientras realizaba mis
trabajos sobre arte físico-construc­
tivo — que se encuadraban con el
estilo de madí —, recuerdo el in­
terés que infundieron a los artis­
tas de vanguardia mis primeras
exposiciones. El escultor Consagra
era el más serio adherente a esta
pintura, la cual estaba fundada
sobre dos elementos primordiales:
espacio positivo y espacio nega­
tivo (espacio-tiempo) y que más
tarde he visto en algunas obras
suyas.
Mis obras

actuales,

en

Estados

Unidos, se orientan en ese senti­
do y señalan un avance

sobre

los plásticos aferrados al marco
rectangular,

planos

superpuestos,

ilusión tridimensional y un con­
cepto ideológico en la construc­
ción, ya totalmente superado..

NICOLAS

KASAK

�o

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cu

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o
&lt;B
OS

1-

UN NUEVO MUNDO SONORO

&lt;c
o

Hace tiempo recibí su carta con respecto a aquella magnífica manifestación
artística que fué la primera bienal, en San Pablo. Sí; creo que la capital
paulista puede hoy día ser colocada entre las ciudades más dinámicas y
progresistas del mundo. Comprendo su preocupación — como joven que
pertenece a la nueva generación de músicos en el Brasil y que se siente
responsable por el porvenir del arte en su p aís—, después de haber visto
premiadas creaciones como las de un Max Bill, Roger Chaster o Willy Baumeister. Quedé empero satisfecho con el criterio que el jurado adoptó, cri­
terio rigurosamente actual y contemporáneo, valorizando ante todo el arte
nuevo, que representa el espíritu inquieto y audaz de nuestro tiempo.
Crear significa inventar algo que antes no existía. La obra de arte, además
de ser valiosa, debe presentar algo nuevo, tener su cuño propio y poseer
un estilo que la distinga de las creaciones del mundo pasado. Debe princi­
palmente indicar un camino para el futuro. He aquí en qué consiste el único
criterio en las artes, el cual debe estar por encima de los conceptos de
bello y feo, conceptos relativos y un tanto discutibles.
El arte, querido amigo, así como toda la vida social, evoluciona, se renueva
constantemente y nunca vuelve para atrás. La figuración pertenece defini­
tivamente al pasado y nada adelanta la guerra al atonalismo, al dodecafonismo o al atematismo.
La música, de la misma manera que las artes plásticas, evolucionó mucho
en estos últimos años, mucho más de lo que generalmente se supone en
el Brasil. No comprendo el atraso de la música brasileña, el espíritu reac­
cionario y conservador de sus músicos. Villa-Lobos fué el único "revolucio­
nario" entre los compositores brasileños, el único que participó de un mo­
vimiento renovador en el plano internacional. La música brasileña de nues­
tros tiempos es de un epígonismo que asusta. No hay gente verdaderamente
joven entre nuestros compositores. Esos combaten todo lo que es nuevo y
dinámico. Está claro que hablo de la mayoría. Sé que existen unas pocas
excepciones. Esto es un hecho que mucho me preocupa, pues el arte de
un país que carece de aquel espíritu inquieto de investigación que procura
descubiertas, está condenado al estancamiento y a la esterilidad.
Así como las artes plásticas se liberaron del naturalismo de la temática,
la música se libera cada vez más del tema, de la forma preestablecida y
de la cadencia. Así como la pintura torna a ser nuevamente un “hecho
pictórico", la música vuelve a ser un "hecho musical", puramente musical.
Música es música. La idea musical no puede ser expresada por otros me­
dios que no sean musicales. La descripción, el programa, la "expresión" de
sentimientos en música son mera ilusión.
La pintura llegó nuevamente a lo absolutamente pictórico. La música a lo
absolutamente musical. Música esencial. Música sin contrapunto y armonía.
Antón Webern indicó el camino. Pierre Boulez, John Cage, Christian Wolff,
Morton Feldman, Olivier Messiaen, Henry Schaeffer, Pierre Henry, George
Duhamel, Elizabeth Lutyens, Luigi Nono, E. Th. Martinet, de la más nueva
generación de compositores europeos, lo están siguiendo. Para todos ellos la
música es estructura, movimiento de tiempo y espacio sonoro. Movimiento sig­
nifica variación. Variación de la altura y el sonido, en la construcción de inter­
valos lineares, determina el movimiento "melódico". Variación de la masa so­
nora en la construcción de intervalos verticales, determina el movimiento "a r­
mónico". Variación de la duración del sonido en la construcción de intervalos
métricos determina el movimiento "rítmico". Los principios de contrapunto y
armonía son sustituidos por principios de proporción y relación numérica.
En 1948, Schaeffer y un grupo de colaboradores realizaron, gracias a la am­
plia visión de la Radiodifusión Francesa, una serie de manipulaciones con

�el sonido grabado, consiguiendo extraer de este ruido elementos musicales.
Al mismo tiempo, en la Universidad de Bonn, en Alemania, el científico
Dr. Meyer-Epple, perfeccionando instrumentos electrónicos, llegó a resulta­
dos semejantes. El "Concierto de ruidos", en París, en el mismo año, marcó
época. Siguen las primeras composiciones: “Suite 14", "Sinfonía para un
hombre solo", "Concierto de ambigüedades", "Música sin título" de Henry
Schaeffer; "Estudios sobre un sonido" de Pierre Henry y otras más. Em­
pleando todos los efectos sonoros imaginables e instrumentos electrónicos
como Trautonio, Ondas Martinot, Vodcek y otros, esos compositores coordi­
nan los medios expresivos habituales con nuevos métodos, picado, filtrado,
superagudo, supergrave y otros.
Es difícil describir lo que sentí presenciando estas experiencias que revolu­
cionarán el mundo musical. Todo lo que nos cerca — ruidos, palabras, so­
nidos, efectos sonoros de toda especie producidos por nuevos instrumentos
electrónicos — sirve a la construcción sintética de la obra musical. Surgen
nuevas relaciones, nuevas imágenes, nuevas emociones,. Abandonando los
símbolos abstractos de la anotación musical y sirviéndose de fenómenos
concretos acústicos-sonoros, el artista construye su obra, la cual a su vez
dispensa al intérprete. Tuve la impresión de que en aquella pequeña ciudad
que es la capital de Alemania Occidental, la ciudad de Beetnoven, prepá­
ranse las condiciones para la mayor transformación que la música jamás
sufrió, gracias al milagroso desarrollo de la ciencia. Nuevos tiempos, una
nueva organización social y un nuevo modo de encarar la vida, engendra­
rán siempre nuevos medios de expresión y nuevas formas artísticas. La fa­
cultad de inventar es la característica más importante del hombre; en este
sentido, la música concreta es profundamente humana y expresa bien el
pensamiento de nuestra época, pues exalta el racionalismo y ia fe ilimitada
en el poder de la invención estética del hombre.
Desde que vi el arte de hoy volverse funcional, en el urbanismo, en la ar­
quitectura — principalmente en Suiza —, en la gráfica, en el dibujo indus­
trial, en la decoración y en las artes aplicadas, no tengo más duda de que
también la música esencial pertenecerá al arte social de mañana, pues es
la única que puede corresponder con las exigencias de las grandes artes
populares, o sea la radiotelefonía y la cinematografía.
Música esencial significa liberación del dogma estético-técnico; procura la
realización de una idea puramente sonora-musical. No se manifiesta como
sensualismo vulgar de la materia sonora, pero sí como sensibilidad superior
de la inteligencia musical. La música esencial se propone la invención de
una belleza objetiva a través de elementos objetivos.
La evolución, la constante renovación de las cosas es una ley. Comprender­
la es la mitad del camino. Nada se gana en retroceder. Nada adelanta
buscar la conservación o defensa de algo que ya no existe. La historia sigue
implacablemente su camino. No tenga duda de que muchas de las formas
sociales de la música, el concierto y el teatro lírico burgués, ya están con­
denados a muerte. No tenga duda de que, en relativamente poco tiempo,
todo lo que aprendamos en la Academia será inútil y en vano.
Es duro darse cuenta de esto. Más duro aún es confesarlo. Exige coraje se­
guir el camino del progreso, que siempre es el de la inseguridad y de la
duda. Nadie lo sabe mejor que yo. Cuántas veces quise renunciar a la lucha,
cuántas veces vacilé, cuántas veces me encontré al borde de la duda . . .
La crisis del arte contemporáneo no llegó aún a su punto culminante. PreH, J, senciamos el nacimiento de una nueva era. De ella sólo participarán el artista
que defiende la vida en su sentido creador, dispuesto a seguir en el estrado
KOELLREUTTER de la independencia y de la libertad.

�DE

LO I M P L A C A B L E

DILUCIDADO

SENTIR EL MISMO EFECTO
ALTAMENTE ARRAIGADO
EL MISMO
EN LA INQUIETANTE LUCIDEZ
DE LOS

ACTOS

ASI CULMINADOS

SENTIR QUE NADA PUDO PERMANECER
CUANDO CHOCARON
LOS TENSOS FOGONAZOS
LIBERANDO PARA SIEMPRE
LO GENIAL Y LO ABSURDO
UNA RAZON DE ANDAR
ENTRE LO PROPIO
CRUZANDO Y ALTERNANDOSE
EN EL

SUBTERFUGIO

DEL

EXTRAVIO

Y

LA

COLERA

DESPOJADOS BRUSCAMENTE
PARA VIRAR EN REDONDO
EN LA TREMENDA INERCIA
HASTA GOLPEAR CONTRA LOS

SEGUNDOS

PERDIDOS

U OTRAS RAZONES
QUE INTUYEN LO SOLEMNE
ANONADANDO EL INFIMO

DE SU

SOPLO

CONTRADICCION

DE

CUANDO LAS CARICIAS DEL VERTIGO
SE ATROPELLAN
PALPANDO FRIAMENTE
LA SENSIBILIDAD DE LO INEXISTENTE.
VALDO

WELLI NGTON

SUS

DONES

��L ev itació n
en esp iral

KOSICE

�L a in d e p e n d e n c ia del r i t m o en el m o v i m i e n t o
La danza, que es el arte del movimiento, debe por lo tanto
ser independiente de la música y la
literatura. Ya los bailarines aprue­
ban estos conceptos, consideran­
do que la música es un medio
para la incitación del movimiento y
debe tener sólo efecto psicológico (ex­
citación). Por eso el ritmo del movimiento
no puede estar identificado con el ritmo mu­
sical, ni ser influenciado en forma alguna por éste.
De esta manera se plantea el problema: ¿pueden los baila­
rines, coreógrafos, distinguir y diferenciar el ritmo del mo­
vimiento, del ritmo de la música?
El motivo y la temática deben ser autónomos: sólo así se
resolverá el crear verdaderamente una danza con los ele­
mentos reales e insustituibles de su lenguaje.
Desde Mary Wigman a Martha Graham, este problema ha
carecido de solución, pues todas las enseñanzas del ritmo
están transcriptas y musicalizadas. Jacques Delacroix cometió
en ese sentido el más grave error, ya que transcribió el ritmo
musical al movimiento. Rudolf Bode fué un poco más lejos:
ya sentía esa diferencia o por lo_ menos que así debía ser.
Desde entonces, se hicieron grandes esfuerzos por salir de
los límites impuestos por la música, pero a pesar de todo
continúan supeditados a su égida.
El método, la técnica en la-creación de una danza totalmente
inventada, sujeta al ritmo únicamente del movimiento, está
en su primera faz y es llevada a la práctica por alumnos
de diferentes escuelas normales y superiores del Japón. Se
basan para ello en la escritura del ritmo del movimiento,
signos equivalentes a las notas musicales (lenguaje de la
música) y que puede ser el lenguaje auténtico de la danza.
Se llegará a prescindir entonces de la escala musical para
describir el ritmo, evitando crear una falsa ilusión de de­
pendencia y limitación creadora.

" F o r e s t"

En un ensayo posterior demostraré gráficamente y con ejem­
plos comparados con la música, que el camino señalado es
una solución efectiva para la búsqueda de la esencialidad
y estructura de la nueva danza.

�NILS NIXON

"3JH

FIAMMA VIGO

BEN NICHOLSON

Avec cette sectión qui jnclue des collaborations spéciales
pour "ART MADI", nous dédions un space qui se propose
refléter la vitalité des plastiques non figuratifs de notre

J. DELAHAUT

epoque. Collégues d'Sud America, Angleterre. Allemagne,
Autriche, Belgique, Danemark, Espagne. Etats-Unis, Hollande, Italie, France, Hongrie, Pologne, Suisse,

Suéde,

Roumaine, Tchecoeslovaquie, et autres pays, se sont fait
echo de notre intention d'illustrer et faire connaitre leurs
oeuvres. Nuil collaborateur est intégrant du mouvement
madinemsor. En des números succesifs nous maitendrons
cette section, pour l'aquelle nous accepton les travaux,
seléction preálable, des plastiques qui désirent prende
part.
La correspondance doit-étre ad ressée au nom d'Art Madí,
Esperanza 41, - 2 ° , Buenos Aires.

A. RETH

�.. *
v

¡II
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.,,v,._m m m .

MAX BILL

V

me

éÁ ÉÉk.

w

ANTONIO LLORENS

ORESTE BORRI

ISIDORO NATANSON

M. ELISA DE ARMA

��ORCAIO ACUÑA

HILLA REBAY

CHARLES FORTIN

VICTOR SERVRANCKX

LEO LEUPPI

�En la galería Müller expuso sus obras Blaszco; en
la misma sala, Juan Otano y W. Dustir, y última­
mente la pintora Yente.
De Brasil recibimos la adhesión al movimiento, de
la pintora Nair Olíveira.
La revista japonesa de arquitectura ''Sinkentiku'',
magníficamente presentada, trae en sus últimos nú­
meros trabajos del escultor I. Noguchi y S. Asegaw a. Además, es posible percibir en sus nume­
rosas reproducciones la total influencia de la nofiguración en los proyectos y realizaciones de ar­
quitectos y urbanistas.
Recibimos carta notificando que los trabajos de
A. Pevsner, que serían incluidos en el presente nú­
mero, fueron postergados por enfermedad. Por idén­
tica causa han de figurar en el próximo reproduc­
ciones de Hans Arp, actualmente convaleciente en
Suiza.
Para nuestro N! 7 incluiremos trabajos de tres plás­
ticos argentinos de auténtica calidad, que han for­
mado un atelier: V ardánega, Villalba y Souza.
Ya está en circulación "G olsé-se", poemas madí
de Kosice (selección entre 1942-1952), con un pró­
logo de Alberto Hidalgo.
El boletín de “Arte concreta" de Milán trae textos
de E. N. Rogers, Sartoris y Fontana.
En una de las reuniones que se realizaron en el
Instituto de Estética y Artes Plásticas de Monte­
video (Uruguay), se echaron las bases para unifi­
car — de primer intento — en una exposición de
arte no-figurativo a todos los elementos dispersos
que posteriormente han de concretarse en un fren­
te común.
Con la gentileza del señor Rector y el arquitecto
Rubén Dufau, se realizó una reunión que contó con
la presencia de Julio Verdié, Rothfuss, María Freire,
Oscar G. Reino,
Orcajo Acuña, Jo­
sé P. Costigliolo, J.
Saint Romain, Anto­
nio Llorens, L. Presno, López Lomba,
Uricchio, Kosice que

se encontraba en
ésa, y otros plásti­
cos. Se hizo presen­
te a los artistas Bu­
lla Firpo, V. Martin
Pareja, J. Zanoni,
G. Améndola y arq.
Villegas, Pérez No­
ble y Jones de lo re­

suelto y se les invi­
tó a que participen
en esta primera
muestra.

En la galería Colette Allendy (París), expuso una
buena muestra de sus trabajos el pintor Jean
Leppien.

La destacada pintora y conferencista norteameri­
cana Minna Citrón nos envía catálogos de la ex­
posición realizada en el Lyceum de La Habana
(Cuba) y posteriormente en el Museo de Arte Mo­
derno, de San Pablo. Es probable que en el trans­
curso de este año visite Buenos Aires.
La revista 'Número", de Florencia, que dirige Fiamma Vigo, trae una nutrida colaboración no sólo
plástica sino de poetas y escritores de calidad:
Oreste Borri, Ferrucio Masini, León Prebandier, etc.
En la última edición, donde figura una breve nota
sobre MADÍ, se ha impreso una nueva modalidad
en el formato, mejorando sensiblemente su presen­
tación. Por el mismo conducto nos llega una volu­
minosa colección de catálogos y folletos de expo­
siciones organizadas por ''Número", que amplía así
su ya intensa actividad.
Las colaboraciones que hemos recibido de plásti­
cos como Gianfranco F asce, G. Allosia, Rocco Borella, Rocca Rey, además de los trabajos del grupo
director y redactor de “Número", se incluirán en
nuestra próxima edición.
Una exposición de los últimos trabajos de Juan Bay,
en Galerías Antú.
La adhesión del pintor Adhemar Sánchez y de
otros, como Pérez Martelia, al movimiento madí,
amplían la perspectiva en cuanto a realizaciones
del grupo en Montevideo. En Buenos Aires, las co­
laboraciones de M aría Teresa Domínguez y Mirtha
Sessarego, incluidas en el presente número, sindi­
can un nuevo aporte para MADÍ.
Recibimos las últimas publicaciones de “Poesía
Buenos Aires", dirigida por Raúl Gustavo Aguirre.
Se realizó en Montevideo, en el salón de la Aso­
ciación Cristiana de Jóvenes, la exposición de "ar­
tistas no-figurativos del Uruguay", con la partici­
pación de Verdié, Llorens, Costigliolo, Orcajo Acu­
ña, María Freire, Uricchio, J. Zanoni y Rothfuss.
A último momento nos llega el material para nues­
tra sección de colaboraciones internacionales, la
de Moss Marlow (Inglaterra) y la del escultor japo­
nés S. A regaw a, que irán en nuestro próximo nú­
mero. Incluiremos también el comentario sobre una
revista que nos llega de La Habana con el nombre
de "Noticias de Arte". Es un aporte inestimable no
sólo para encauzar y cimentar el arte en Cuba,
sino un jalón más en el ámbito cultural del con­
tinente.
Para fines de marzo del año entrante aparecerá en
Montevideo un libro de poemas madí de Valdo
Wellington bajo el signo de ediciones madinemsor.

�REPRESENTANTES DE ARTE MADI
Adquisición de ejemplares:

EN EL INTERIOR
Ituzaingó 699
CORDOBA

G alería San Martín

Sarmiento 22
MENDOZA

EN EL EXTERIOR

APOYE

A

M ADÍ

Rhod Rothfuss

Chuy 3260
MONTEVIDEO

N. Kqsak

9307 - 97 Av. Ozone Park
NEW YORK, N. Y.

Masami Kuni

315 Funabashicho
Setagayaku - TOKIO

H. J. Koellreutter

R. V. de Castro 119
RIO DE JANEIRO

Charles Portin

Bastugatan 40
ESTOCOLMO

Sandu Darié

B/555 Vedado
LA HABANA

Lucio Fontana

Prina 7
MILAN

Arq. Humbert

55 - Boulevard Lannes
PARIS

Esteban Eitler

Casilla 9109
SANTIAGO DE CHILE

Agradecemos la contribución de:
F o to g ra b a d o s In ca
G a le r ía V a n Riel
G a le r ía Antú
E d ito rial L o sad a
F á b r ic a de ca r te r a s
L ib re r ía C o n cen tra
C a s a Iriberri
M etzg u er y Rothfuss
L ib re r ía C o rcel
In g . I. N atan son
Art. P erfu m ería
D r. M ig u el A. M artino
Im p ren ta C. C lan cy y C ía .
D ra. N elly M ead e
Prof. A licia Dupuy
G a le r ía Bonino

L a m b a ré 881
F lo rid a 659
F lo rid a 640
A lsin a 1131
C o rrie n tes 3847
V iam on te 541
F lo rid a 643
F lo rid a 521
C o rrie n tes 1681
L a v a lle 1759
R am o s M e jía 1071
S arm ien to 3485
D r. N. Q u irno C o sta 323
E sm e ra ld a 1277
C a rh u é 2116
M aipú 962

Lea y difunda:
SPAZIO - L. Moretti. ROMA

s
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NUMERO - F. Vigo y Sartoris,
FLORENCIA
ART D' AUJOURD'HUI - A. Bloc. PARIS
MUSEUM OF NON OBJECTIVE
PAINTING - Hilla Rebay, NEW YORK
ART CLUB - J. larem a, ROMA
SINKENTIKU - Yorioka, Miwa, TOKIO

Oh¿

NOTICIAS DE ARTE - LA HABANA

R. ROTHFUSS

S M jT '

M. T. Domínguez

í

�Kosice, Adhemar Sánchez, Pérez Martella, Rodolfo Uricchio, Valdo Wellington, Rohd Rothfuss.

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                <text>Darie, Sandú&#13;
Pet, Raymundo Rasas&#13;
Wellington, Valdo&#13;
Biedma, Aníbal J.&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Laañ, Diyi&#13;
Sessarego, Mirtha&#13;
Hidalgo, Alberto&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Domínguez, María Teresa&#13;
Kasak, Nicolás&#13;
Koellreutter, H. J.&#13;
Eitler, Esteban&#13;
Kuni, Masami</text>
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                    <text>�PARA ARTE MA&#13;
*&#13;
“Monde", construcción en bronce&#13;
ANTOINE PEVSNER&#13;
&#13;
ARTE&#13;
&#13;
MADI&#13;
&#13;
UNIVERSAL&#13;
&#13;
N?&#13;
&#13;
5&#13;
&#13;
Registro de la Propiedad Intelectual N? 238.535&#13;
Publicación de arte&#13;
no - figurativo - esencialista&#13;
Organo del movimiento&#13;
madinemsor&#13;
C. directivo:&#13;
Kosice, Rothfuss,&#13;
Biedma, Wellington&#13;
En la cubierta:&#13;
pintura y escultura&#13;
de Kosice&#13;
Dirección y&#13;
correspondencia:&#13;
Esperanza 41, 29&#13;
B u en os A ires&#13;
&#13;
Chuy 3260&#13;
M ontevideo&#13;
&#13;
Prohibida la&#13;
reproducción total o parcial&#13;
sin mencionar&#13;
su procedencia&#13;
Intercambio&#13;
Nous demandons&#13;
l'echange&#13;
We beg for exchange&#13;
&#13;
OCTUBRE&#13;
&#13;
1351&#13;
&#13;
— ARGENTINA&#13;
&#13;
�AUTONOMIA&#13;
VIVENCIAL&#13;
de madí&#13;
Toda esencia que es transferible es sensible a los meros reflejos de&#13;
la reproducción. En una obra madí la traducibilidad se ve impe­&#13;
lida a formularse a sí misma con sus propios valores, con su pre­&#13;
sencia, su lenguaje elemental, estructural y dinámico.&#13;
Con el mínimo de recursos formales y llevada su esencialidad al&#13;
exponente más independizado de interferencias o hibridismos ex­&#13;
traños, entramos a potenciar una pureza de estilo que hace inofi­&#13;
ciosa toda tentativa de clasificación.&#13;
Así, pasando por Kandinsky, el rayonismo de Larionov y Gontcharova, el suprematismo de Malevitch, el futurismo, el constructivismo&#13;
de Tatlin, Gabo y Pevsner, el neoplasticismo de Van Doesburg, Mondrian, el Bauhaus, Kupka, Delaunay, Gropius, Le Corbusier, el noobjetivismo de Rodchenko, el concretismo de Vantongerloo, Bill, la&#13;
"nueva visión" de M. Nagy, con ser tan capitales en su tiempo,&#13;
luego de haber abolido toda representación, no han sabido resol­&#13;
ver la cuestión de más trascendencia: contenido y continente. Las&#13;
últimas tendencias "abstraccionistas" son un retroceso en ese aspecto.&#13;
El contenido de madí es actualidad y su forma-continente es la&#13;
cristalización de un estilo dinamizado.&#13;
La realización penetra así en un esencialismo real que se vertebra&#13;
con su función y sobre todo con su utilidad. Tenemos entonces,&#13;
partiendo del método del conocimiento que es expansión, al objeto,&#13;
y la autonomía vivencial del mismo, como absoluta, imponderable.&#13;
Lo demás es historial premadí.&#13;
Lo que fué calco, abstracción e idealización, lo que fué imagen&#13;
minada de supuestos heteróclitos, lo que fué un falso problematismo de la metafísica, el ejercicio de una habilidad a veces más es­&#13;
pectacular que real, lo que fué una postura y solución escapista, lo&#13;
que fué, en fin, instinto y sensualidad, llegó a su punto culminante&#13;
de saturación.&#13;
Contra todo esto, madí opone su esencialismo constructivo. El sen­&#13;
tido que da a la autonomía vivencial de la cosa, del ente inventado,&#13;
&#13;
�es su intraducibilidad por otra dicción que no corresponda a su&#13;
continuo e inmanencia.&#13;
Un producto específicamente madí como es la pintura con marco&#13;
estructurado, el plano y color liberado en el espacio con o sin mo­&#13;
vimiento, es la única plástica verdaderamente revolucionara y vá­&#13;
lida hoy.&#13;
El poema madí con proposición inventada, imagen, concepto y su­&#13;
ceder puro — testimonio de una imaginación telesensoria —, abarca&#13;
todos los trabajos literarios, cuento, novela, teatro, etc.&#13;
La parte directamente espacial, escultura con ámbito, móviles, articulables; la arquitectura en función de un urbanismo, superando&#13;
antiguas leyes estáticas.&#13;
La danza y coreografía circunscriptos a la medición del suelo y el&#13;
espacio, sensibilizando la geometría y los movimiento del cuerpo.&#13;
La música esencialista renunciando ya al contrapunto armónico,&#13;
organizando científicamente la serie panintervalar, la creación de&#13;
un instrumental eléctrico de nueva emisión sónica.&#13;
Autonomía presencial absoluta&#13;
Utilidad social de la creación estética&#13;
La pintura espacial madí cesa de ser situable&#13;
Cursos de luz!&#13;
La literatura madí en su cosmovisión inaugural del mundo inte­&#13;
ligible.&#13;
Incorporar a la vivienda la traslación&#13;
Proyección escultórica que patentice el espacio&#13;
Construcción y tecnología dinámicas&#13;
Confluencia del hombre con su esencialidad&#13;
Frecuentación, familiaridad con lo inédito.&#13;
Madí ha emprendido su marcha: ha originado nuevas investiga­&#13;
ciones, anticipando con sus descubiertas, un desarrollo progresivo&#13;
del arte esencialista. Este N* 5 de arte madí, su estrecha conexión&#13;
con la vivencia diaria, así lo dice.&#13;
&#13;
1a&#13;
r e d a c c i ó n&#13;
&#13;
�Hoy, a tal extremo han llegado las sobrepujas&#13;
de algunas escuelas no-representativas, que ya&#13;
preocupa un falso nacionalismo en la designa­&#13;
ción del autor, queriendo homologar la realiza­&#13;
ción, de acuerdo a la latitud geográfica.&#13;
Madí propone universalizar el arte, hacerlo fun­&#13;
cionar como una actividad inventora por exce­&#13;
lencia del ser humano, sin distinción.&#13;
&#13;
Ai!&#13;
&#13;
�IN od CY&#13;
En la sabia aceptación de un devenir que&#13;
se inicia, INodCY adivina a porfía y desde&#13;
el cauto toque uno, su calidad hospitalaria.&#13;
Es notable Ver y Ser acecho en esa húmeda&#13;
simplicidad. Claro está, que sin bagajes que&#13;
aumenten su área, es natural que el paso se&#13;
aligere aún en este latido que desconocen.&#13;
No se puede dudar que el radio de Loch ha&#13;
sido expeditivo. Nuevas experiencias aumen­&#13;
tan de continuo una estatura diríamos ma­&#13;
gistral.&#13;
Los cascos del coloso apenas entrevisto zig­&#13;
zaguean en ángulos perfectamente bisiestos.&#13;
Es poco para lograr una fortuna ancha. Es&#13;
sólo un interés especulativo por una indispen­&#13;
sable edición de acontecimientos.&#13;
Sucintamente no se puede involucrar en el&#13;
título especialmente huésped entre comillas&#13;
una colección tan absurda de mensajes. Puede&#13;
ser que un promedio adecuado de acciones&#13;
faciliten la plenitud en sorbos un tanto be­&#13;
névolos.&#13;
La verdad es un poco dudosa y no es posible&#13;
recurrir a ese mundo que nos deja de lado&#13;
con desgano. “Arrebatar una multitud que&#13;
prescinde de nosotros es un alrededor inútil” .&#13;
Casi es preferible este atajo común y recep­&#13;
tivo para nuestro deambular. Agostado. Pero&#13;
¡qué auténtico es a pesar de todo! Volvamos.&#13;
El número de ensayos se arrastra cada vez&#13;
más. Durante un texto de atraso no se habla&#13;
de otra cosa.&#13;
Para INodCY nada decora esta estúpida de­&#13;
marcación de la cordura. El fenómeno es dis­&#13;
tinto. Esta inadvertencia engendra realidades&#13;
&#13;
- huésped voluntario -&#13;
&#13;
exasperantes en toda su longitud. De vuelta&#13;
al origen épico o venial de este atajo es pro­&#13;
bable que no les convenga la dinastía del&#13;
albergue escogido.&#13;
Una confortable sensación brinca impalpable&#13;
en subcargo. Jamás hasta ahora les fué dado&#13;
experimentar un soplo tan adecuado a su in­&#13;
trínseca modulación.&#13;
El bautismo es arcaico. Ya se impone otra ab­&#13;
sorción multiuniversal. No hay pues acechos.&#13;
Una amplia curva mortaliza la paz que les&#13;
llega en sucesión de cofradías. Nombrables&#13;
una a una. Pero es lo mismo. Igual. Es tan&#13;
bueno todo que no es necesario pensar en&#13;
respirar. El clima es especie. Y eso basta.&#13;
Casi sería posible eternizarse en este bastión&#13;
gráfico, vacilante en sus umbrales, firme en&#13;
su contenido. Pero las excelencias cardinales&#13;
los impulsan y es necesario reincidir en la&#13;
vasta ofucación de un elocuente hemisferio.&#13;
Todo se vende en una maduración discípula&#13;
de sí misma. Es urgente manipular esa con­&#13;
tinuidad en una exacta vibración. Admirable&#13;
resultará entonces la percepción de los mati­&#13;
ces resurrectos.&#13;
La tarea los inmuniza. Más aún cuando des­&#13;
aparecen aquellos vástagos flemáticos que fe­&#13;
cundan la ignorancia. Nuevas cortezas co­&#13;
lumpian de tanto en tanto el margen del sep­&#13;
tentrión. Por lo tanto no es posible callar.&#13;
No es probable silenciar la magra calvicie de&#13;
estío infinito, que los envuelve. M ejor es ufa­&#13;
narse de no ser muchedumbre. Mejor es dar&#13;
el privilegio. Mucho mejor.&#13;
&#13;
�tamente se azuzan los gestos. La elocuencia&#13;
se fricciona casi doctoral con el sentido prác­&#13;
tico del panorama. Es perecedera esta sensa­&#13;
ción. De inmediato se impone el ansia no­&#13;
driza de nuevas ansias. Nada ha pasado. Sólo&#13;
una mínima percepción hospitalaria que fre­&#13;
cuenta a INodCY en su total bifurcación. N a­&#13;
da ha pasado, pero cualquier diagrama resulta&#13;
probable. Esta vez los peldaños son simultá­&#13;
neos. No sabemos entonces dónde conducen.&#13;
Sólo es posible seguir sin que hayamos agre­&#13;
gado a este añoso INodCY una respiración&#13;
histórica plausible. Y además útil a los pro­&#13;
pósitos que motivaron aquel ya lejano ade­&#13;
mán inicial.&#13;
Claro que se impone y es necesario recordarlo&#13;
para abandonar la muelle verbosidad que&#13;
aglutina fuerzas. Desleídas y jocosas fuerzas.&#13;
Ya es posible penetrar; un brinco más bastará.&#13;
&#13;
HENRY LHOTELLIER&#13;
&#13;
Quizá entonces se repitan los vericuetos a&#13;
intervalos ya acostumbrados que resulta creí­&#13;
ble inventar. Casi se puede ser feliz.&#13;
La actividad se interrumpe. Es que consiste&#13;
en salmodiar con desconfianza una fábula sin&#13;
nacer. Una conjunción de diptongos que eruc­&#13;
tan sin trascendencia. Sólo una licencia total&#13;
del canturreo, dejará a la vista una empeñosa&#13;
plataforma.&#13;
¡Para qué seguir si se está particularmente&#13;
ahito de axiomas! Lo extraño sería precisa­&#13;
mente continuar. No en vano una mitad se&#13;
arrastra en laberintos mientras el resto se fre­&#13;
na en el auspicio popular. En esta liberación&#13;
lucrativa de elementos, puede oírse un tercer&#13;
resquebrajamiento. Más que entusiasta. Súbi­&#13;
&#13;
LA REALIDAD FRACCIONADA EN FRA­&#13;
GIL PERSPECTIVA. Para los primeros pasos&#13;
en esta otra frontera acomodaticia bastará&#13;
memorizar la antigua rutina. Maravillosa. N a­&#13;
rrativa. ¡Cómo quisiéramos afirmar que es fac­&#13;
tible dentro y fuera del cosmos de INodCY!&#13;
Todo es manufacturado de acuerdo a una&#13;
mera imprevisión. Este punto de vista se in­&#13;
cendia de centurias. Y qué serviles.&#13;
Una nueva talla les acuerda bríos apóstoles.&#13;
Se vuelve a comenzar.&#13;
Por nuestra parte discurrimos sin método en&#13;
esta umbría inflexión del propio verbo que&#13;
pretende desconocernos, mientras son las cir­&#13;
cunstancias las que finalmente exigen su rol.&#13;
Y a pesar de todo fué una inmensidad de&#13;
tiempo sazonado en cualidad de huésped.&#13;
Sorpresivo e insípido. Y no es posible avan­&#13;
zar tan de prisa. El presente bienestar arde&#13;
en magnífico fanal. Son tentáculos que sólo&#13;
consiguen traer en esplendidez de surcos que&#13;
&#13;
�no se olvidan aquellos amanecidos temores&#13;
que en el radio de Loch los alcanzaba en&#13;
cada dicción. Dicción de algas. Dicción de&#13;
cuño singular. Más aún, si nos remontamos&#13;
hasta aquella poseída derrota de INod que&#13;
se destaca en su propio exceso y aparece en&#13;
todo su colosal cimiento. Aquel retroceso au­&#13;
rífero que angustiara en mil adagios la cater­&#13;
va INodiana. Aquel sumiso enrolar en los an­&#13;
tiguos segmentos. Aquel duelo innúbil de CY.&#13;
Su triunfo incauto. EL REGRESO.&#13;
Se añora la brusquedad de un meridiano. Que&#13;
puede ser o no, abnegado. Ya es demasiado&#13;
esta quietud y bienestar que los ahoga en su&#13;
papel. Ninguna alternativa aumenta el fati­&#13;
goso equilibrio de INodCY.&#13;
Quizá fuera posible arriesgarse en la inspec­&#13;
ción de confusos aledaños. Tal vez les fuera&#13;
permitido evadirse del punto olímpico, que&#13;
los alberga.&#13;
El primer golpe de hierba descubre la yema&#13;
de un paisaje demasiado conocido. Demasia­&#13;
do. El segundo habilita la hipotenusa de una&#13;
ladera todavía insegura y amplia de audaces&#13;
trebolares. El soplo que inicia un peregrinaje&#13;
genuino de ambiciones quiere imitarlos. ¿O&#13;
tal vez es INodCY su condición similar? No&#13;
lo podemos criticar. La cumbre atrae con su&#13;
estampido de canto. Tachona en finitud de&#13;
ciclos su ribera. La obscuridad entonces des­&#13;
aparece y es posible ver el fin de la vertiente&#13;
hasta ahora fugitiva. Se dan las gracias las&#13;
formas egoístas y los alisios que esperan aún&#13;
su metamorfosis. Y nada ocurre. Y todo sigue&#13;
porosamente igual. Los huecos nos preceden.&#13;
Cuesta trabajo encender otra vez el anhelar.&#13;
A borbotones se oxidan los núcleos presenti­&#13;
dos y que no podemos columbrar. ¡Y es tan&#13;
vano el esfuerzo! Sabemos que nada aliviará&#13;
la angostura imperfecta que es nuestro epitelio.&#13;
&#13;
Pero a pesar de ello se sigue. Siempre se&#13;
avanza sea o no propicia la comunidad que&#13;
ovillamos.&#13;
Las parcelas ahora holladas por INodCY se&#13;
heredan de inmediato y en forma mutua. Uni­&#13;
camente los ecos faciales se disgregan en di­&#13;
recciones verosímiles. Y eso es algo. Muy&#13;
poco, claro, pero descifra la anarquía de una&#13;
costumbre sin concluir. Todo ha pasado. Otra&#13;
vez la modorra los cosecha aún cuando no&#13;
quieran ser de la partida. La monotonía los&#13;
acorrala en un lenguaje mudo, intaxativo. Ya&#13;
decididos, prefieren cambiar por voluntad este&#13;
letargo insidioso que los hamaca, esta como­&#13;
didad de argucias que los ahita.&#13;
Ya están, peligrosamente echadas, las bases&#13;
para un nuevo intento. Jalonan las repeticio­&#13;
nes otro período que ficticiamente no puede&#13;
ofrecer tan mínima alternativa como este que&#13;
ya llega a su instante. Contar lo acontecido&#13;
llevará a la corrección de las sílabas que se&#13;
defienden a cada rato. Mientras, se va dere­&#13;
cho a un sisma candoroso que puede prescin­&#13;
dir de su envoltura, sí, pero que indudable­&#13;
mente nos arrastrará más allá de su propia&#13;
órbita fabulosa.&#13;
El cénit que nos muestra los incluye. Ya no&#13;
son necesarios los prólogos de esta alegoría.&#13;
El entusiasmo es cada vez mayor. Las vallas&#13;
aumentan y son superadas sin llegar a con­&#13;
movernos. La trinchera de un decoro poco&#13;
menos que ausente señala a INodCY, y aún&#13;
a nosotros, un lugar. En el orbe.&#13;
A desafiar la piel de un futuro que se apro­&#13;
xima.&#13;
&#13;
�" CONCEP TO&#13;
&#13;
ESPACI AL" - 1 9 5 1&#13;
&#13;
Lucio fontana;&#13;
&#13;
�PENSAMIENTO&#13;
Las reproducciones fotográficas de&#13;
los trabajos modistas, el manifies­&#13;
to de 1946 concebido y firmado&#13;
por Kosice, Rothfuss y otros, escri­&#13;
to con la intención de situarse y&#13;
combatir, me hicieron conocer el&#13;
pensamiento de los artistas que&#13;
componen el movimiento madinemsor, proyectado al horizonte de&#13;
la nueva visión.&#13;
Así a distancia pude meditar so­&#13;
bre la eminente contribución de&#13;
este movimiento al adelanto de la&#13;
creación liberada.&#13;
Poesía =&#13;
&#13;
creación.&#13;
&#13;
Con amor por la claridad, el aná­&#13;
lisis comparado del arte concreto&#13;
contemporáneo, bajo todos sus di­&#13;
ferentes aspectos, nos enseña que&#13;
los modistas están entre los poe­&#13;
tas de la pintura, exponentes de&#13;
una emoción plástica determi­&#13;
nante.&#13;
Pintores que llegaron a un grado&#13;
de elevada cultura, enamorados&#13;
de la búsqueda sutil, de la be­&#13;
lleza definitivamente matemática,&#13;
&#13;
MAD1STA&#13;
de los ideales constructivistas, es&#13;
decir éticos y de acción progre­&#13;
sista — modistas—, descubrirán la&#13;
poesía sin secreto, la razón de la&#13;
poesía, la geometría de la forma.&#13;
La concepción de la espiritualidad&#13;
modista se aclarará a la luz del&#13;
racionalismo y materialismo mo­&#13;
derno, sometiendo la inteligencia&#13;
plástica y creadora a una disci­&#13;
plina severa, lo cual los aparta&#13;
de las imaginaciones confusas.&#13;
&#13;
El "hommo sapiens" ejerce la in­&#13;
teligencia creadora productora de&#13;
actos gratuitos.&#13;
El pintor modista trabaja sobre el&#13;
material, sobre el abstracto, y sólo&#13;
conoce el análisis y la síntesis&#13;
bajo el aspecto más esencial.&#13;
Los conocimientos ascendentes que&#13;
manifiestan son la base de un in­&#13;
telecto puro, claro y disciplinado,&#13;
aspirando conscientemente a su­&#13;
perarse.&#13;
Poseedores de una conciencia cós­&#13;
mica, las pinturas se manifiestan&#13;
&#13;
�en el espacio y tiempo universal,&#13;
descubriendo la creación inventiva&#13;
sin fin.&#13;
Demuestran la importancia del&#13;
consciente para la vida plástica.&#13;
Oponen al sub-consciente destruc­&#13;
tor, el super-consciente constructor&#13;
y la sensibilidad de las cosas&#13;
elementales, elevando el arte al&#13;
plano superior de la vida espi­&#13;
ritual (espiritualidad =&#13;
pensa­&#13;
miento).&#13;
La pintura pasó del período mun­&#13;
dano de su vida, de las insufi­&#13;
ciencias de los "libertinajes espiri­&#13;
tuales" a su verdadera misión de&#13;
profundidad abstracta.&#13;
La generalidad de la pintura es&#13;
el testimonio de la grandeza y&#13;
pequeñez del hombre.&#13;
Las pinturas no figurativas no ne­&#13;
cesitan discursos, ni profesión de&#13;
filósofos y metafísicos.&#13;
Los madistas: Una constelación&#13;
nueva, de brillantez específica ca­&#13;
da uno de ellos, descubiertos en­&#13;
tre los astros y el firmamento de&#13;
la estética pura.&#13;
&#13;
�RHOD ROTHFUSS&#13;
&#13;
�hemisferio de bruces&#13;
H e solicitado ese tem blor d e corteza d e tierra amiga&#13;
esta geografía c¡ue levanta su peso asustado&#13;
agredida en su cifra a sabiendas&#13;
som etido a una m ateria&#13;
c¡ue apenas si pu ede sostener su transparencia&#13;
a cada olvido&#13;
m e persuado (fue sí hay reposicion es d e atm ósfera&#13;
d e b e haber un tiem po ahu ecado com o la espera tibia&#13;
incam biable a partir d e su superficie&#13;
interrum pido a contram ar&#13;
la inm ensidad gotea alisándolo todo&#13;
para no dejar nada librado al azar&#13;
reconstruyo a tientas&#13;
con voluntad&#13;
y tener ganas es salvar la contingencia&#13;
bordear el sincronism o en su parte m aciza&#13;
hasta d on d e la apariencia im pecable esté agilizada&#13;
y reaparezca radiante a expensas d e un m anejo m ítico&#13;
expuesto a una ascensión sin respuesta&#13;
sin el esfuerzo d esatado del riguroso control ondulatorio&#13;
pendiente adcjuirida en parte por su inclinación&#13;
fu e espero asir del dom inio público&#13;
recordém oslo la tierra d e nadie am arrada a ciertas fatigas&#13;
sin abrigo duradero sin la d eb id a com probación&#13;
lo dejam os descubrir insensiblem ente&#13;
en pos d e una pru eba transitoria&#13;
acjuí el halo m ás nuevo apren de su lazo d e leyenda&#13;
el augurio d e cosas m em orables&#13;
m e autorizan m uchos im perceptibles climas lineales&#13;
tanta convicción!&#13;
&#13;
GYULA KOSICE&#13;
&#13;
�Repentizo N° 2&#13;
i&#13;
Jnfaltables v ad o s&#13;
form an mi eco num eroso&#13;
Nle concierne&#13;
esta fron d a cariciosa&#13;
d e posibles&#13;
d e mi cálida sed&#13;
d e esta dim ensión aún sin nom bre&#13;
N o renuncia&#13;
mi som bre a su sonido&#13;
a su atisbo indiscreto&#13;
a su perfum e&#13;
y m e cruzo&#13;
otean do perfiles&#13;
de im prudencias&#13;
y m e detengo&#13;
en la limitación d e un gesto&#13;
sólo en sim iente&#13;
!Todo cam ino late&#13;
D em asiado tem prano para un relám pago&#13;
&#13;
II&#13;
P odría ubicar&#13;
hileras d e savia ocre&#13;
N o quisiera&#13;
O quizá&#13;
algún prólogo agrietado&#13;
m e detenga&#13;
7 al vez&#13;
m e afingue en este polen&#13;
aún inanim ado&#13;
Riela&#13;
el nuevo soliloquio&#13;
y quisiera&#13;
DIYI LAAÑ&#13;
&#13;
NELLY ESQUIVEL&#13;
&#13;
�poéme&#13;
On a dit dans le clim at d e ses actes&#13;
l'exterieur différen t pour tout élan&#13;
étape d ’un seul air dans son désordre maitrisant&#13;
et dans lacjuelle s'écjuivalent la pluie et son m od e habile&#13;
si celle-la retire les écb o s en transparence ouverte&#13;
C ’est un effort d ’aspect dans l’épocjue propice&#13;
dans une beure audacieuse a có té des branches d e sa joie&#13;
cjui dans ce sens m angue au détail infini&#13;
et a été toute cb o se et n a laissé aucun lieu du corps&#13;
en sorte d e pouvoir, en fran che révolte unissone&#13;
jeter des bords les braises d e canaux&#13;
ainsi cjue dans des actes l’abon d an ce fon dam en tale&#13;
ainsi cjue la clarté détruit des arts d e son m étier&#13;
traduit de l'esp ag n o l&#13;
&#13;
ampliación&#13;
A través d e la m oción m arcada&#13;
com o la realidad de los finales vertiginosos&#13;
toda la etapa anega su frente&#13;
con los altos retornos puestos en panoram a&#13;
cjue la sem blanza postula en arco extraño&#13;
com pletando el móvil superado&#13;
exbaltan do la suma en su m em oria cercada&#13;
El ob jeto rem ueve lo con ocid o&#13;
cjue está en auge a sim ple vista&#13;
en su versión d e curso&#13;
determ inado por un rigor asiduo&#13;
arrojando la unidad en las leyes sin retorno&#13;
Ningún origen m ezcla su m ovim iento en cierto sentido&#13;
los esfuerzos para ello incluyen la naturaleza&#13;
la p roba d a actitud en otra interpretación sorprendente&#13;
ninguna n ecesidad altera su función com o grado&#13;
d e m anera cjue su prim er contacto&#13;
su relación d e estar visible&#13;
y el tram o d e ser d e su com ien zo&#13;
adcjuieren al exterior los progresos inertes&#13;
Asi es el m acizo d e elem ental dom inio&#13;
índice cjue ovaciona&#13;
y aleja del infinito su am pliación ■&#13;
RAYMUNDO RASAS PET&#13;
&#13;
�E v o l u c i ó n en la e x p r e s i ó n tle la d a n z a&#13;
D esd e el punto d e v is ta de la e xp resió n , el arte&#13;
&#13;
a rtís tic a tien e q u e e m p e z a r a b u s c a r el m étodo de&#13;
&#13;
m ás&#13;
&#13;
la&#13;
&#13;
ex p re sió n d a n z a b le . El a s í lla m a d o b a ile moderno&#13;
&#13;
d a n z a , p u e s n e c e s ita com o in term ed iario el cu erp o .&#13;
&#13;
sólo lo e s en su in ten ció n , p ero no tien e método&#13;
&#13;
El cu e rp o h um ano no es a b s tra c to ; h a b la por sí,&#13;
&#13;
propio.&#13;
&#13;
d e p u ra d o&#13;
&#13;
es&#13;
&#13;
la&#13;
&#13;
m ú sica ,&#13;
&#13;
el m á s&#13;
&#13;
im puro&#13;
&#13;
e x p re s a . E s por c a u s a d e su m edio d e exp resió n&#13;
q u e la d a n z a h a sido co n s id e ra d a d u ran te siglos&#13;
&#13;
E v id en tem en te, no es fácil c r e a r so b re e sta base,&#13;
&#13;
co m o&#13;
&#13;
p ero es c o s a fa c tib le ; y o la e x p e rim e n té . L a c r e a ­&#13;
&#13;
a rte&#13;
&#13;
se n s u a l&#13;
&#13;
y&#13;
&#13;
h oy&#13;
&#13;
to d a v ía&#13;
&#13;
goza&#13;
&#13;
de u n a&#13;
&#13;
re p u ta c ió n b a s ta n te m ed io cre. A sí, p or ejem p lo , en&#13;
&#13;
ción b a ila b le d eb e s e r c o n c re ta , e s d e cir no-figu­&#13;
&#13;
E u ro p a com o en A m é ric a , la d a n z a e s co n sid e ra d a&#13;
&#13;
ra tiv a . P o d em o s e n co n tra r en el m ovim iento estas&#13;
&#13;
co m o el a rte de la b e lle z a d el cu erp o o el a rte&#13;
&#13;
co n d icio n es.&#13;
&#13;
d el ritm o. El ta n g o o el v a ls son b ello s, p ero de&#13;
u n a b e lle z a q u e n a d a tien e de m etafísico .&#13;
&#13;
H a y dos e s p e c ie s d e m o v im ien to : uno e s el gesto,&#13;
&#13;
E n E u ro p a , la d a n z a no fué n u n c a un a rte de e x ­&#13;
&#13;
E s ta&#13;
&#13;
p re sió n ,&#13;
&#13;
Un&#13;
&#13;
m a r, y p u e d e s e r u tilizad o en la d a n z a d ram ática&#13;
&#13;
ta n g o no e x p re s a n a d a . El v a ls , el m in u et, la m a-&#13;
&#13;
o en el d ra m a . El otro e s m o vim ien to sin significa­&#13;
&#13;
zu rk a, e tc., com o los b a ile s folklóricos o de c a r á c ­&#13;
&#13;
ció n ; m ovim iento&#13;
&#13;
te r, no p e rte n e c e n a la s a rte s e x p re siv a s.&#13;
&#13;
d e m ovim iento&#13;
&#13;
el c u a l e s fig u rativ o y e n c ie r ra un cierto sentido.&#13;
en&#13;
&#13;
el&#13;
&#13;
sen tido&#13;
&#13;
estre ch o&#13;
&#13;
del&#13;
&#13;
térm in o.&#13;
&#13;
C o n ce d o q u e el b allet e s a rte de e x p re sió n . Pero&#13;
el b a lle t no e s d a n z a . E n él s e re ú n e d ra m a , m ú ­&#13;
s ic a , p in tu ra&#13;
&#13;
y&#13;
&#13;
d anza. Y&#13;
&#13;
en&#13;
&#13;
el m ism o b alle t la&#13;
&#13;
d a n z a no e x p re s a n a d a ; es ú n ica m e n te e s p e c tá c u ­&#13;
lo. E s por el elem en to d ra m á tico q u e co n tien e que&#13;
lle g a a se r a rte d e exp resió n .&#13;
&#13;
e s p e c ie de m o vim ien to s e p u e d e&#13;
&#13;
afin ar, rit­&#13;
&#13;
e s té tic o y n a tu ra l. E s ta&#13;
&#13;
lo e n co n tra m o s&#13;
&#13;
a&#13;
&#13;
especie&#13;
&#13;
m en u d o&#13;
&#13;
en los&#13;
&#13;
e je rcicio s de g im n a s ia . E s un m o vim ien to puro y&#13;
n o-fig u rativ o . E stu d ián d o lo , s e le p u e d e fácilm ente&#13;
e n co n tra r la o rg a n iz a c ió n cie n tífica . E n lo que me&#13;
co n cie rn e ,&#13;
&#13;
y&#13;
&#13;
co m o&#13;
&#13;
re s u lta d o&#13;
&#13;
de&#13;
&#13;
la rg o s&#13;
&#13;
estudios,&#13;
&#13;
p u d e e s ta b le c e r q u e el s is te m a s e e n c u e n tra estre­&#13;
ch a m e n te re la c io n a d o co n el e s p a c io .&#13;
&#13;
U n ta n g o se p u e d e titu lar, por ejem p lo , " l a r o s a "&#13;
&#13;
L a c re a c ió n e s p a c ia l d e la e s c u lu ra s e fu n d a sobre&#13;
&#13;
o&#13;
&#13;
la c a n tid a d m a te ria l y a c tu a lm e n te v a d irigida a&#13;
&#13;
"el&#13;
&#13;
am or&#13;
&#13;
tra ic io n a d o ".&#13;
&#13;
Sin e m b a rg o ,&#13;
&#13;
no&#13;
&#13;
será&#13;
&#13;
n a d a m á s q u e u n ju eg o rítm ico. Su n om b re p u ed e&#13;
&#13;
o rg a n iz a r&#13;
&#13;
d a rn o s la im p resió n de un con ten id o q u e en re a li­&#13;
&#13;
ta m b ié n c re a c ió n e s p a c ia l. P ero en e s a invención&#13;
&#13;
d a d no e s ta l, p u e s si el ta n g o e x p re s a a lg o&#13;
&#13;
no tra b a ja m o s co n c a n tid a d m a te ria l, sino con el&#13;
&#13;
(y&#13;
&#13;
a lg u n a s v e c e s d a e s a im p resió n ), e n to n ce s la e x ­&#13;
&#13;
v a c ío s . L a&#13;
&#13;
e x p re sió n&#13;
&#13;
b a ila b le&#13;
&#13;
p u ra&#13;
&#13;
es&#13;
&#13;
tiem po.&#13;
&#13;
p re sió n no v ie n e de la d a n z a , sino d e los g e sto s ,&#13;
d e la m ím ica , d el texto e sp ú reo . E s a e s exp resió n&#13;
&#13;
C o rra&#13;
&#13;
d ra m á tic a , p ero no b a ila b le .&#13;
&#13;
un círcu lo. E s u n a c r e a c ió n e s p a c ia l y sin em b argo&#13;
&#13;
u sted&#13;
&#13;
en círcu lo : su&#13;
&#13;
m ovim iento&#13;
&#13;
d escribirá&#13;
&#13;
n a d a tien e d e c a n tid a d m a te ria l. Sin em b arg o , el&#13;
D esd e Is a d o ra D u n can , la id e a q u e la d a n z a d eb e&#13;
s e r a rte&#13;
&#13;
de&#13;
&#13;
e x p re sió n&#13;
&#13;
efecto de un círcu lo e s t á p re se n te .&#13;
&#13;
se hizo m u y p o p u lar. H oy&#13;
&#13;
tod os los b a ila rin e s y a ú n el p úb lico s e h a n afir­&#13;
&#13;
Sabem os&#13;
&#13;
m a d o en e ste co n ce p to . P ero s e e q u iv o ca n . E so no&#13;
&#13;
circ u la re s , elip so id es, s e m ic irc u la re s , e tc. Y de esto&#13;
&#13;
e s sino ilu sión . Vi m u c h a s&#13;
&#13;
danzas "d e&#13;
&#13;
a rte "&#13;
&#13;
en&#13;
&#13;
d ed u cim o s&#13;
&#13;
b ien&#13;
&#13;
que&#13;
&#13;
hay&#13;
&#13;
fácilm en te&#13;
&#13;
m o v im ien to s&#13;
&#13;
que&#13;
&#13;
el&#13;
&#13;
cu ad rad o s,&#13;
&#13;
m ovim iento&#13;
&#13;
puede&#13;
&#13;
esto s últim os v e in te añ o s . L a s vi en u nos 22 p a ís e s .&#13;
&#13;
c r e a r e s p a cio . C u an d o lo es co n m ovim ientos sin&#13;
&#13;
L a s d a n z a s d e e x p re sió n q u e en co n tré fu eron m u y&#13;
&#13;
sig n ificació n y&#13;
&#13;
p ocas.&#13;
&#13;
n ic a de la ex p re sió n d e la d a n z a a rtística .&#13;
&#13;
Y&#13;
&#13;
la s&#13;
&#13;
que&#13;
&#13;
e x p re s a b a n , lo h a c ía n&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
la&#13;
&#13;
n o -fig u rativ o s, re s p o n d e&#13;
&#13;
a&#13;
&#13;
la té c­&#13;
&#13;
m ím ica y por los g e sto s ; por e x p re sió n fig u rativ a.&#13;
A h o ra b ien , ta le s m a n ife sta cio n e s (co n la c a r a , los&#13;
&#13;
E v id en tem en te,&#13;
&#13;
h om b ros, la s&#13;
&#13;
de e n ten d er y a m en u do p a r e c e r á n su b jetiv as. El&#13;
&#13;
m a n o s)&#13;
&#13;
p e rte n e c e n a l d ra m a , no&#13;
&#13;
a&#13;
&#13;
ta le s&#13;
&#13;
d anzas&#13;
&#13;
serán&#13;
&#13;
m uy&#13;
&#13;
difíciles&#13;
&#13;
la d a n z a .&#13;
&#13;
p úb lico m e cu e n ta q u e c a d a uno d e m is e sp e cta ­&#13;
&#13;
R e su lta , p u e s, q u e re c ié n a h o r a la v e rd a d e r a d a n z a&#13;
&#13;
n o -fig u rativ as, c a r e c e n de sim b o lo g ía, de significa-&#13;
&#13;
d o res en tien d e a su m od o m is d a n z a s . Com o son&#13;
&#13;
�ció n . Pero son en su a c e p c ió n y&#13;
en su re a lid a d , por e s e n c ia , co n ­&#13;
c r e ta s .&#13;
&#13;
A sí, un&#13;
&#13;
d rá&#13;
&#13;
in te rp re ta r&#13;
&#13;
mo&#13;
&#13;
m uy&#13;
&#13;
e s p e c ta d o r&#13;
&#13;
po­&#13;
&#13;
mi&#13;
&#13;
co ­&#13;
&#13;
danza&#13;
&#13;
ro m á n tica ,&#13;
&#13;
m ien tras&#13;
&#13;
otro la in te rp re ta rá com o llen a&#13;
de&#13;
&#13;
m e la n co lía .&#13;
&#13;
Y&#13;
&#13;
yo&#13;
&#13;
no&#13;
&#13;
hago&#13;
&#13;
n in g u n a o b jeció n : la m ism a m ú ­&#13;
sica&#13;
&#13;
p u ed e s e r in te rp re ta d a de&#13;
&#13;
m a n e r a m u y d istin ta. Lo m ism o&#13;
d e b e ocu rrir con la&#13;
&#13;
d a n z a . Mi&#13;
&#13;
re c ie n te o b ra “L a c a d e n a a z u l",&#13;
e s tre n a d a el 3 de m arzo de 1951&#13;
en&#13;
&#13;
Tokio,&#13;
&#13;
e x p re s a&#13;
&#13;
horror&#13;
&#13;
y&#13;
&#13;
el&#13;
&#13;
p e s o terrib le de la s c a d e n a s . . .&#13;
E s m u y triste y so m b ría. E x p r e ­&#13;
s a la situ a ció n terrib le del q ue&#13;
e s tá e n c a d e n a d o . Sin e m b a rg o ,&#13;
n in g u n o de m is c u a re n ta b a il a ­&#13;
rin e s lle v a&#13;
"Em oción de una n iñ a ” , con 9 b a ila rin a s&#13;
&#13;
ca d e n a s. Sus c a ra s&#13;
&#13;
e s tá n sin exp resió n . S u s g e sto s&#13;
n o su g ie re n&#13;
&#13;
a b so lu ta m e n te n a ­&#13;
&#13;
d a . No h a c e n sino m o v erse sin&#13;
sig n ifica ció n a lg u n a . A p e s a r de&#13;
e sto , el te m a e s tá p erfe cta m e n te&#13;
lo g ra d o . El e sq u e m a de mi " C a ­&#13;
d e n a a z u l" (fig. N? 1) e s tá c o n s­&#13;
tru id o&#13;
&#13;
de&#13;
&#13;
m a n e ra&#13;
&#13;
g e o m é trica ,&#13;
&#13;
co m o la m ú sica q u e e s a ritm é ­&#13;
tic a . P ero su e xp resió n p ro v o ca&#13;
e fe c to s&#13;
&#13;
d in ám ico s,&#13;
&#13;
sin&#13;
&#13;
que&#13;
&#13;
en&#13;
&#13;
todo su co n ten id o se m an ifieste&#13;
n in gú n g e sto q u e d efin a su c a ­&#13;
lid ad de d ra m a .&#13;
O tra o b ra m ía , "E m o ció n de u n a&#13;
n iñ a " , e s tre n a d a el 29 de se tie m ­&#13;
b re d e 1951 en Tokio, co n n u e v e&#13;
b a ila rin e s , fué c r e a d a s e g ú n el&#13;
m ism o m étodo.&#13;
L a foto m u e stra la fig u ra. Pero&#13;
en e s c e n a , com o s e m u e v e , sólo&#13;
se p e rc ib e&#13;
&#13;
el m ovim iento y la&#13;
&#13;
c r e a c ió n e s p a c ia l p ro d u cid a p or&#13;
e ste m ovim iento, q u e e s en s u ­&#13;
m a la q u e e x p re s a el te m a . E s&#13;
esa&#13;
&#13;
c re a c ió n&#13;
&#13;
e s p a c ia l q u e&#13;
&#13;
im ­&#13;
&#13;
p re sio n a a l e s p e c ta d o r y no la&#13;
fig u ra o los g e sto s.&#13;
&#13;
Vi &lt;i.sumí lililí i&#13;
&#13;
�sector cuatro de grioneros&#13;
Una vez más una vez más sobre un aleteo&#13;
un sobrellevar intacto la intromisión del día&#13;
la más simple hornada del vocablo&#13;
como si hubiera de desaparecer&#13;
en el instante de respirar su magia&#13;
Y desechar su historial inconcluso&#13;
&#13;
repetir que la liquidación de algún amanecer es necesario&#13;
para auscultar su savia&#13;
diagramar la oscuridad sin su presencia&#13;
es buscar su analogía como esos espejismos tensos de pronto&#13;
pero otra pulsación alcanza a la verdadera repetición&#13;
Y compilar este absurdo fragor vigilado&#13;
que deriva quietam ente&#13;
&#13;
hasta la entraña especiante de la luz&#13;
esta unanimidad de polvo mensurable&#13;
de sustancia repetida incansablemente&#13;
para bien de la apariencia del preciso ciclo&#13;
con todo su íntimo roce&#13;
roce distendido de dos en dos&#13;
en su vaivén de grionero persistente&#13;
desbocado de este testimonio palpable&#13;
que brota de la trama apurada del frío&#13;
Y se deshace en un grupo de cálices despiertos&#13;
para esta fracción disimulada&#13;
situable en el símil y su guía&#13;
en el ámbito abierto a todo juego percibido&#13;
a toda brizna&#13;
&#13;
KOSICE&#13;
&#13;
�residencia espacial&#13;
Se desploman cantando a timbal batiente&#13;
recuperando la cristalería de las escamas&#13;
para un alegórico zumbido anfibio&#13;
A estampidos cayeron las alas&#13;
graduando el aliento del niño&#13;
columnas de vacío inyectando sus lenguas&#13;
Con colores de piedras preciosas&#13;
se empastaron las generaciones&#13;
juventud con máscara de oxígeno&#13;
en el angular taladro de los posibles&#13;
Tableteo de plasmas en combustión&#13;
contra el pánico del martillo&#13;
Ojo por ojo en la magia de las vibraciones&#13;
nos detendríamos en una profundidad de atmósferas&#13;
sin profundidades&#13;
haciendo girar sus leyes vertiginosamente&#13;
molinos gigantes de luces elásticas&#13;
y sonidos de luz&#13;
invocaríamos inmóviles movilidades&#13;
convertidos en la necesidad de este orden&#13;
que cae sobre la tierra&#13;
Planetas de una sola flexión automática&#13;
mares y desiertos en juegos sanguíneos&#13;
salvando elipses cosméticas&#13;
días y noches trepando por los tubos&#13;
encienden y apagan las moléculas&#13;
Ya no hay tiempo en residencia espacial&#13;
sólo un estallido&#13;
en la compaginación de potencia liberada&#13;
VALDO WELLINGTON&#13;
&#13;
�RHOD ROTHFUSS&#13;
&#13;
DIYI LAAÑ&#13;
&#13;
�M&#13;
&#13;
A&#13;
&#13;
D&#13;
&#13;
I&#13;
&#13;
G&#13;
&#13;
R&#13;
&#13;
A&#13;
&#13;
F&#13;
&#13;
I&#13;
&#13;
A&#13;
&#13;
S&#13;
&#13;
Cuando hay un roce impensado entre una pausa y otra, ese espacio debería estar electrizado.&#13;
Se crearía una interesante grafía de metáforas elípticas.&#13;
Si se confundiera el término "función" con "confort", hasta el músculo buscaría una sal­&#13;
vación en el desorden y la anarquía.&#13;
Hay un movimiento perpetuo que no puede ser exhibido.&#13;
La forma más cercana de no desconocer lo desconocido es arquitecturizar un poema — (una&#13;
indefinición construida e infinita) —.&#13;
Un aparato que accionara por la mera casualidad de la observación que se hiciera de ella,&#13;
tendría su fin en una compulsa estadística del azar.&#13;
Los HEI carecen de magnitud matemática o no tienen dimensión alguna en el espacio; sin em­&#13;
bargo hay un punto de incidencia entre una naturaleza explicable y un HEI, aislado o en&#13;
grupo: su sonda intelectiva, su mención.&#13;
Un exaltado placer es la promesa espoleada por los colores. Ese placer construye celdillas&#13;
de sola percepción. Hay un móvil sorprendente en todo esto; es mecer el contorno o impelerle&#13;
memoria. Esto último ya está en manos del astrofísico.&#13;
Se me dice que una madigrafía es una desorbitada exteriorización de un pensamiento inútil,&#13;
que no acciona. A veces, que no tiene sentido. Estoy por creer que esa realidad, me está in­&#13;
ventando. Es tan micromóvil que deja de ser un choque o una catástrofe sobre una superficie.&#13;
Es una limpia red que apresa y profundiza; es una señal que se desconecta del campo gravídico, y dice.&#13;
Particularmente se debe prevenir que al trazar una circunferencia corpuscular no se admita&#13;
ningún reguero de perfección, pues (aquí entra la imagen táctil) se siente esa sensación re­&#13;
dondeada como al desabrocharse un astro de encima.&#13;
Vamos bien; se conoce la trama de la distancia. Todavía tenemos que revelar que todo “cen­&#13;
tro" es un accidente y que todo accidente es una geometría maestra, llena del enjambre de&#13;
lo posible simultáneo.&#13;
Hay que tender signos que tengan tanta importancia que el concepto sea retrotraído a su sola&#13;
función designativa. Así se llegará a una poesía sin disociación.&#13;
Interpretar la luz, intervenir con sus cualidades en lo repentino de una solicitación de alto to­&#13;
nelaje como es la vida misma, con sus matices, su diagonal ahorrativa, su intermitente aflorar&#13;
en la alegría, contribuye a juzgar psicológicamente la emoción.&#13;
En el fondo no es más que una dilatación del corazón.&#13;
Contravenir el conocimiento histórico-filológico “en idea" es potenciar la facultad poética, in­&#13;
terrogar a la imagen, hacer una especial referencia al mundo, dilucidarlo, pero sin sistema,&#13;
sin compromiso.&#13;
Por un fenómeno de catatimia nos elaboramos un acaecer de incalculable trascendencia. Ad­&#13;
mitir una indiferencia yoísta es dar pié a un conflicto que evolucionaría en un plano de pura&#13;
interrogación.&#13;
Seré madimetría.&#13;
En la exactitud sin explicaciones no cabe ni la lógica.&#13;
&#13;
li» ..IlclSflS p0Í&#13;
&#13;
���Burla de comisuras&#13;
Alcanza a rodar&#13;
circunscripción en holocaustos&#13;
picada sagital&#13;
sueltos los resortes&#13;
cruje su ley simétrica&#13;
augurando la sustentación esférica&#13;
desgarra la complejidad del espacio&#13;
por compresión intermitente&#13;
sumergidos en el sueño&#13;
de sus espinas innominadas&#13;
Engranar en las aspas estelares&#13;
arder en densidad de equilibrios&#13;
rotación bilateral de radios y tangentes&#13;
entonando nuestra aclamación de risorios&#13;
que traslucen sus figuras desconectadas&#13;
rivalizando en intersección ortogonal&#13;
Rastro de multitud&#13;
m anejada en túneles lanzacohetes&#13;
abriendo huecos a quemarropa&#13;
fogonazo instantáneo de los mundos&#13;
latido impulsivo de sus trayectorias&#13;
girando a millares de años en luz.&#13;
Flamearán los tambores&#13;
jactanciosa sensibilidad&#13;
de helios y carburantes plásticos&#13;
Marchar marchar geométricos de manos&#13;
conmovidos en un ilógico temblor de parábolas&#13;
en contradicción y burla de comisuras.&#13;
&#13;
VALDO WELLINGTON&#13;
&#13;
�MARIA TERESA DOMINGUEZ&#13;
&#13;
ESTEBAN EITLER&#13;
** '&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
. .. A&#13;
&#13;
-f&#13;
&#13;
— -*•.&#13;
&#13;
��Ovilla Mostee&#13;
&#13;
�Muría Bresler&#13;
&#13;
�fiction&#13;
&#13;
By Y Qá:&#13;
The illusion is still overwhelming&#13;
that links undo asphyxia by immersion.&#13;
The significance of the game is&#13;
so olear that the disposition of the&#13;
mirages is made necessarily during the partial twilight of journeys&#13;
in company.&#13;
The fugitive basis of the inteligence if it had to depend on the&#13;
order established by a succesive&#13;
contraction of levers would fall&#13;
under the greatest meridian domination.&#13;
As it is impossible to fill my&#13;
"bundle of knots" I can loosen&#13;
without impairing my simplicity,&#13;
every margin which endoses or&#13;
limits the discursive reality.&#13;
Thus trascends the smoothness&#13;
which is almost lineal and that&#13;
only varies in biographical cases,&#13;
the same as the integral diais of&#13;
sound when the circuit is completely distributed.&#13;
In spite of the intervals and their&#13;
enormous powers of teaching, for&#13;
the reward of labour and everything similar, with regard to the&#13;
armed crack this is not of capital&#13;
importance for the furtive conmotion.&#13;
&#13;
Perhaps, with an approximate criterion it may be possible to isolate, for moments, the allegoric&#13;
conflict which emanates from the&#13;
salutation with its enormous po­&#13;
wers of suggestion.&#13;
Contrary to the occasional lightness of the unselfish denominator,&#13;
I approach without going farther&#13;
the transit to the remanent.&#13;
Above, like an inaccesible diarasis I cover the temperamental&#13;
achievement of the endless re­&#13;
verses.&#13;
I must say that I havent communicate my absolute spreadings.&#13;
Neither before the impulse of the&#13;
positions found without previous&#13;
warning and even less in casual&#13;
motives.&#13;
Neither is less certain that every&#13;
occurence has been prolonged in&#13;
me until it was lost in the sporadic coming and going of matter.&#13;
The pretext for pouring out the&#13;
contents of the extracts on the&#13;
imagination is not within my&#13;
reach because the tardy intent to&#13;
desire a clear example is verified,&#13;
I think about those who patrol the&#13;
hectacombs. And there is no possibility of consternation.&#13;
Translated fromspanish&#13;
G. K.&#13;
&#13;
�AUTORES&#13;
1 11&#13;
&#13;
m&#13;
&#13;
Cosmogonía de tiempo Roshoán&#13;
Kebela augur de Rebela&#13;
&#13;
Por Prof. H. HLO&#13;
&#13;
Un curioso ensayo éste que llega a nuestra&#13;
&#13;
Por MON FORGT&#13;
&#13;
mesa de redacción. Se trata de un joven&#13;
geólogo que después de haber descubierto&#13;
&#13;
Con este título, cargado de cierto sentido&#13;
&#13;
cómo determinar la antigüedad del globo,&#13;
&#13;
adivinatorio, el autor busca consumar con&#13;
&#13;
se lanza de lleno a una aventura y a una&#13;
&#13;
análisis más o menos científico, la prepon­&#13;
&#13;
predicción. Después de reemplazar el ura­&#13;
&#13;
derancia que tiene el "núcleo de luz mar­&#13;
&#13;
nio y el torio a título de clepsidras cósmicas,&#13;
&#13;
ginada" en nuestra vida, es decir, donde&#13;
&#13;
parte de la conocida división: Precámbrico,&#13;
&#13;
se acaba la proyección de la sombra. Esta&#13;
&#13;
vida de las algas; Palezoico con sus inver­&#13;
&#13;
flamante teoría de invadir el gris y la obs­&#13;
&#13;
tebrados primitivos y los anfibios; Mesozoico&#13;
&#13;
curidad por una composición irradiante que&#13;
&#13;
con sus reptiles, y el Genozoico con el ad­&#13;
&#13;
denomina Kebela, a pesar de su innegable&#13;
&#13;
venimiento de los mamíferos. Ahora bien, el&#13;
&#13;
trascendencia, no concreta su propósito de&#13;
&#13;
prof. H. Hló no niega este orden; simple­&#13;
&#13;
dejar de lado el estudio específico del mar­&#13;
&#13;
mente echa las bases para determinar el&#13;
&#13;
gen y su núcleo. Éste actúa, como sabemos,&#13;
&#13;
tiempo transcurrido, el tiempo retroactivo,&#13;
&#13;
intermitentemente, mientras que la materia&#13;
&#13;
su origen evolutivo, sus civilizaciones y su&#13;
&#13;
y el movimiento es la diseñadora de todo&#13;
&#13;
devenir. Su método, que denomina ''Ros­&#13;
&#13;
cauce de sombra. El autor, orientado más a&#13;
&#13;
hoán" consiste en sincronizar el orden de&#13;
&#13;
los vaticinios — todos de reales probabili­&#13;
&#13;
las divisiones mencionadas e introducir su&#13;
&#13;
dades—, debe su primera validación a su&#13;
&#13;
tiempo roshoánico con una dimensión pre­&#13;
&#13;
teoría de aireación disolvente; aquí, aunque&#13;
&#13;
sente y cambiable a condición de que su&#13;
&#13;
la temperatura es su esencia, es posterior­&#13;
&#13;
utilización esté&#13;
&#13;
sin plazos ni&#13;
&#13;
mente revisada hasta lograr ese augur de&#13;
&#13;
pausas.&#13;
El ensayo es de gran atracción para los&#13;
&#13;
Kebela que tanta prefijación demandó. El&#13;
&#13;
lectores que sienten inclinación por esta cla­&#13;
&#13;
nos adelanta el autor. Editó prensas del&#13;
&#13;
se de libros.&#13;
&#13;
grupo S. I. G. L. A.&#13;
&#13;
garantida&#13;
&#13;
libro hace pensar en el próximo que ya&#13;
&#13;
�Un rollo de cielo&#13;
Por HIYMNE RAISS&#13;
&#13;
Este volumen de poesías, sereno estudio de&#13;
los impulsos esenciales, nos da a conocer&#13;
una nueva veta aún sin nombre en la per­&#13;
sonalidad de Ráiss.&#13;
Es notable cómo se advierte que cada poe­&#13;
ma ha sido perpetrado con el buril de una&#13;
conciencia sin bifurcaciones, que sale al&#13;
paso del lector global e interfiere en su ru­&#13;
tina, en su vida nominal con el empuje di­&#13;
námico de una naturaleza que si amplía y&#13;
multiplica sus aciertos, se retrae en su esen­&#13;
cia, sin trascender más allá de sus propias&#13;
y magníficas sugerencias.&#13;
Nos dice:&#13;
Anchura de ademán&#13;
que sobrepaso&#13;
Maravilla que me alberga&#13;
y ata&#13;
Ya no puedo disminuir mi anverso&#13;
y callo&#13;
&#13;
absoluta, de concepción audaz. Transcribi­&#13;
mos:&#13;
''Fatigosamente abordamos la catadura de&#13;
este golfo que nos desafía casi con parsimo­&#13;
nia. La verdad es que estamos agotados:&#13;
hasta nuestro desvaído continente se mues­&#13;
tra esquivo a los toques mediatos del grupo.&#13;
Es posible desviar el calibre del rastro que&#13;
no fué premeditado, pero igual nos arrastra.&#13;
Y la consigna es seguir, por neblinas o por&#13;
algas, y así susurramos . . .".&#13;
&#13;
TITULOS APARECIDOS:&#13;
Costa instantánea.&#13;
Zumo de átomo.&#13;
Dislate sostenido.&#13;
Mentar un título.&#13;
Biografía de un sonido reflexo.&#13;
Principio de espuma certificada.&#13;
Prohibido llorar copiosamente.&#13;
Savia ascensor verde.&#13;
&#13;
Me incluyen a su antojo&#13;
los textos ilustres&#13;
que no nombro&#13;
Y me pierdo con gozo&#13;
en un final sin huecos suspendidos&#13;
&#13;
El país del Nox&#13;
(Relato de aventuras)&#13;
Por NUMINAR&#13;
&#13;
No es posible sustraerse a la necesidad de&#13;
referirnos someramente a este libro, que sin&#13;
una calidad que realmente lo destaque,&#13;
más aún, sin que sus páginas detallen al&#13;
auténtico escritor, merece esta inclusión por&#13;
la fabulosa inventiva, poderosa y magnéti­&#13;
ca, diríamos, que desborda en cada veri­&#13;
cueto, en cada incidencia increíblemente&#13;
documentada, en un archivo de creación&#13;
&#13;
HORACIO CAZENEUVE&#13;
&#13;
�AUGUR EN CHOQUES&#13;
RESISTE EL ENVION&#13;
ACRIBILLANDO LAS BRUJULAS&#13;
SALTANDO AÑICOS LA TENSA ATMOSLERA&#13;
EMBISTE HACIA LA CLARIDAD&#13;
DESENCAJANDO EL SONIDO&#13;
EN AHOGADAS BOCANADAS&#13;
ACTITUD DE LA INTEMPERIE COBIJADA&#13;
CERCENANDO EL ROMPIENTE FRENTE DE ECOS&#13;
INTIMAMENTE LIGADO&#13;
UN ESPLENDOR DE VAPORES&#13;
DESLIZANDO LA MEJILLA DE SUS ABISMOS&#13;
SE EXPANDEN TENSAS ESCUADRILLAS&#13;
DE AVES LATENTES&#13;
EN UN ALBOR DE RAFAGAS&#13;
RESBALA LA TURBIA AVALANCHA DE MASAS&#13;
HIEREN EL CENTRO SINERGICO&#13;
TREPANDO GENIALMENTE&#13;
DEL DESBORDAMIENTO LIQUIDO DE CORTEZA&#13;
BAÑANDO A CHORROS EL SATELITE EN SOMBRA&#13;
¿COMO CONTENER EL RITMICO CHOQUE?&#13;
SI YA LOS GIRONES ESCONDEN LAS HEBRAS&#13;
LENTAMENTE BRAMAN LAS ASCUAS DEL CUERPO GIRATORIO&#13;
Y EL FULGOR DE SUS ALAS&#13;
ENVUELVE EN TREMENDA CONFLAGRACION&#13;
LAS RIGIDAS CRESTAS DE LAS VIAS LACTEAS&#13;
AQUI LA VORAZ EXPANSION ES INDIVISIBLE&#13;
CUANDO LANZA SU ALIENTO HASTA EL FIN&#13;
SOBRE LA IMPAVIDA INTIMIDAD DEL SISMO&#13;
&#13;
�ALBERTO SARTORIS&#13;
&#13;
GYULA KOSICE&#13;
&#13;
�La pintura constructiva con marco irregu­&#13;
lar es la realización racional de una es­&#13;
tética nueva y consecuentemente progre­&#13;
siva hacia lo esencial, lo útil, lo perma­&#13;
nentemente válido y correspondiente a&#13;
las exigencias del ya maduro intelecto&#13;
moderno.&#13;
La necesidad de estudiar a fondo el pro­&#13;
blema no resuelto aún por el arte nofigurativo y de sacarlo de su paraliza­&#13;
ción, me ha llevado en 1947, en Europa,&#13;
a seguir la destrucción completa del con­&#13;
cepto tradicional del cuadro rectangular&#13;
y de introducir el espacio aéreo-creado.&#13;
A fin de realizar el susodicho principio,&#13;
he adoptado por ende dos fundamentales&#13;
elementos universales, o sea el bloque&#13;
sólido y el espacio aéreo-creado. La obra,&#13;
entonces organizada por las formas de&#13;
estos elementos primordiales de la reali­&#13;
dad que son asimismo únicas, condicio­&#13;
nan recíprocamente su existencia. Su ac­&#13;
ción nace de la relación perfecta de las&#13;
formas definidas de estos elementos y&#13;
enriquecida a la vez por los colores que&#13;
ofrecen las formas sólidas.&#13;
En efecto, la introducción del espacio aé­&#13;
reo-creado en la creación, como elemento&#13;
indispensable de la auténtica composi­&#13;
ción y su contribución armónica de acuer­&#13;
do a las formas sólidas, nos brindan un&#13;
medio absolutamente nuevo y esencial&#13;
que realmente conquista el espacio. Es&#13;
de suponer que lo precisado resulte de im­&#13;
portancia fundamental para la época y&#13;
á la vez fuente de belleza activa y re­&#13;
pleta de maravilla para el arte futuro.&#13;
Obsérvese detenidamente algunas obras&#13;
de los madís. Esto es, las que mejor pue­&#13;
den impresionar nuestro pensamiento:&#13;
las estructuras pictóricas de Rothfuss, ob­&#13;
jetos articulados de Kosice, composición&#13;
de Biedma, Laañ — ver N9 4 de "Arte&#13;
&#13;
�Madí" — y se notará en seguida que son&#13;
profundamente distintas, definidoras de&#13;
un estilo, puestas de frente con las de&#13;
otros artistas no-figurativos contemporá­&#13;
neos. Puesto que la composición de madí&#13;
es autónoma, clara, de construcción con­&#13;
vincente y dinámica, en relación con la&#13;
realidad circundante, mientras los otros&#13;
ismos no-figurativos son pasivos, inciertos,&#13;
menos racionales y no armonizan con el&#13;
ambiente, dado que combaten todavía&#13;
bajo el peso de la tradición, no logrando&#13;
evadirse de las conquistas de Kandinsky, Mondrian, Klee y de las experiencias&#13;
del cubismo y futurismo. O sea, conser­&#13;
van todavía el concepto ya superado del&#13;
cuadro rectangular pintado sobre la tela,&#13;
el que bloquea el desarrollo plástico y&#13;
teórico de la obra.&#13;
Se hace necesario romper toda vincula­&#13;
ción con la historia y la estética tradi­&#13;
cional. Desde el momento que no se&#13;
adapta la obra al marco-rectángulo y se&#13;
evoluciona en el empleo de nuevos ma­&#13;
teriales a emplearse en la composición&#13;
creada, la realización original se confor­&#13;
ma perfecta y lógicamente a la época.&#13;
¿Cuál tendría que ser el arte de nuestro&#13;
tiempo? ¿Dónde nos conduce el desarrollo&#13;
del arte en general y el arte no-figurativo&#13;
en particular? ¿Dónde la razón de nuestra&#13;
civilización moderna? ¿Qué arte necesita&#13;
la situación moral de nuestro tiempo?&#13;
Cierto que sobre todo, el arte que cons­&#13;
truye debe ser el elegido para satisfacer&#13;
las aspiraciones del hombre moderno. En&#13;
este caso, no veo otro arte que cumpla&#13;
mejor ni más cabalmente con estos prin­&#13;
cipios que aquel por el que combatimos&#13;
en común, con madí. ni vislumbro otros&#13;
postulados que estén más de acuerdo con&#13;
las necesidades de todo pensamiento po­&#13;
sitivo.&#13;
&#13;
�VORDEMBERGE GILDEWART&#13;
&#13;
STEINWENDNER&#13;
&#13;
JOSE JULIO&#13;
&#13;
WALTER BODMER&#13;
&#13;
ALEXANDER CALDER&#13;
&#13;
GIANNI MONNET&#13;
&#13;
�A v e c c e tte&#13;
&#13;
se ctió n&#13;
&#13;
c o lla b o ra tio n s&#13;
&#13;
qui in clu e&#13;
&#13;
s p é c ia le s&#13;
&#13;
d es&#13;
&#13;
por "A R T&#13;
&#13;
M ADI", n o u s d é d io n s un e s p a c e qui&#13;
se&#13;
&#13;
p ro p o se reflé te r la&#13;
&#13;
p la stiq u e s&#13;
&#13;
n on&#13;
&#13;
v italité&#13;
&#13;
íig u ra tifs de&#13;
&#13;
d es&#13;
n otre&#13;
&#13;
e p o q u e . C o llé g u e s d 'S ud A m e ric a ,&#13;
A n g le te rre ,&#13;
&#13;
A lle m a g n e ,&#13;
&#13;
A u trich e,&#13;
&#13;
B elg iq u e, D an em ark , E s p a g n e .E ta ts U nis, H o llan d e, Ita lie , F r a n c e , H ong rie , P o lo g n e , S u isse , S u é d e , Roum a in e , T c h e co e slo v a q u ie , et a u tre s&#13;
&#13;
HILLA REBAY.&#13;
&#13;
p a y s , s e son t fait ech o de n otre intention d 'illu strer et ta ire co n n a itre&#13;
leu rs o e u v re s. Nuil c o lla b o ra te u r est&#13;
in té g ra n t du m o u v em en t m ad in em sor. E n d es n ú m ero s su cce sifs n ou s&#13;
m aiten d ro n s&#13;
&#13;
c e tte&#13;
&#13;
se ctio n ,&#13;
&#13;
p ou r&#13;
&#13;
1'&#13;
&#13;
a q u e lle n ou s a c c e p to n le s tr a v a u x ,&#13;
se lé ctio n p re á la b le , d e s p la stiq u e s&#13;
qui d ésiren t p re n d e p a rt.&#13;
L a co rre sp o n d a n ce d o it-étrc a d re s sée&#13;
&#13;
au&#13;
&#13;
nom&#13;
&#13;
d'A rt M ad í, E s p e r a n ­&#13;
&#13;
z a 41, - 2?, B u e n o s A ires.&#13;
&#13;
GEORGE L.&#13;
&#13;
MORRIS&#13;
&#13;
RICHARD P. LOHSE&#13;
&#13;
�CARLA PRINA&#13;
ROBERTO CRIPPA&#13;
&#13;
SERGE VARAUD&#13;
&#13;
LILI ERZINGER&#13;
&#13;
�JOZEF JAREMA&#13;
&#13;
GINA IONESCU&#13;
&#13;
GREET VAN AMSTEL&#13;
&#13;
GORIN&#13;
&#13;
SONIA DELAUNAY&#13;
&#13;
AUGUSTE HERBIN&#13;
&#13;
�MARIO RADICE&#13;
&#13;
AQU I&#13;
M A D I&#13;
Nos llega de Roma y en ediciones "Age d'or"&#13;
y "Art Club", el catálogo ilustrado de la expo­&#13;
sición realizada en la galería de arte moderno,&#13;
en el mes de febrero próximo pasado. Reunidos&#13;
más de 70 artistas abstractos-concretos de Roma,&#13;
Milán, Turín, Nápoles, Livorno, Firenze, Venecia,&#13;
son un vivo exponente de la magnífica trayec­&#13;
toria de la no-figuración en Italia. Integran el&#13;
catálogo textos de J. Ja re m a , G . C. A rg a n , E. N.&#13;
R o g e rs, E . Pram p olin i, G. Dorfles, A. Perilli, M.&#13;
G uerrini, P. D orazio, B. Alfieri, P. C o n s a g ra y&#13;
&#13;
otros.&#13;
Existe el firme propósito de M asam i Kuni de&#13;
venir a ésta a la brevedad posible y formar una&#13;
escuela de danzas. Sus amplios conocimientos&#13;
coreográficos y de bailarín excepcional hacen&#13;
descontar sus posibilidades en nuestro medio.&#13;
Del museo de arte moderno de San Pablo que&#13;
&#13;
G. NATIVI&#13;
&#13;
- para arte madí -&#13;
&#13;
dirige P. M. Bardi nos llega un volumen del&#13;
mismo dedicado a Le Corbusier y catálogo de&#13;
la última exposición de M ax Bill.&#13;
De Estocolmo (Suecia) nos informa C ari G yllenb e rg que sus films cortos en color de 8 y 16 mm.&#13;
no-figurativos se exhibieron en el festival de&#13;
Glasgow, en Inglaterra. Oportunamente nos en­&#13;
viará copias para proyectar entre nosotros. A&#13;
mediados de marzo de 1952 .y con la colabora­&#13;
ción de G y llen b erg y del corresponsal de madí&#13;
en los países nórdicos — C h arles Portin —, se&#13;
realizaría una pequeña muestra de madinemsor&#13;
en Estocolmo.&#13;
El pintor N. K asak , que ahora reside en U. S. A.,&#13;
nos envía noticias de sus actividades en el país&#13;
del norte. Su pintura, y a liberada del "cuadro"&#13;
es expuesta en varias ciudades con todo éxito.&#13;
Inconvenientes económicos demoran la aparición&#13;
de "arte madí" en Montevideo. Rothfuss, W ellington y U ricchio anuncian para abril la pu­&#13;
blicación.&#13;
De Bruselas recibimos del pintor Jo de la H aut&#13;
su colaboración y catálogo de dos de sus ex­&#13;
posiciones.&#13;
—&#13;
&#13;
�Entre los últimos números de "Art d'aujourd'hui"&#13;
se destaca uno dedicado a los artistas no-figu­&#13;
rativos de Norteamérica por M ichel S eu p h o r y&#13;
un artículo de gran envergadura de C h arles&#13;
E stie n n e , sobre origen y evolución del arte "a b s­&#13;
tracto".&#13;
"Sinkentiku", revista de arquitectura que reci­&#13;
bimos de Tokio y que dirigen Y . Y o sia k a . K.&#13;
Seike y otros, refleja un alto grado de asim ila­&#13;
ción en el Japón de la arquitectura funcional y&#13;
el arte no-representativo.&#13;
De Toulon, Francia, nos llegan las pequeñas&#13;
publicaciones del grupo "Rythme". V a ra u d , T am ari, Meiffert y otros integran esta colección.&#13;
Del viaje que ha realizado últimamente Koellre u tte r a Europa abarcando varios países, trae&#13;
consigo material e impresiones sobre la música&#13;
de incalculable interés, que daremos a conocer&#13;
en el N! 6 de "arte madí". H. J. Koellreutter está&#13;
organizando activamente los cursos de Teresópolis de proyecciones internacionales.&#13;
En el N? 4 de la revista "Spazio", que dirige el&#13;
arq. Luigi M oretti y que acabam os de recibir,&#13;
se incluyen algunos estudios sobre los orígenes&#13;
de la no-representación. Se hace un breve re­&#13;
sumen de las actividades desarrolladas en ese&#13;
sentido, en todos los países. De esta parte de&#13;
América, que representa madinemsor, va una&#13;
noticia y reproducciones de E sq u iv el, Rothfuss,&#13;
K osice. Anotamos cierta parcialidad, que asig ­&#13;
namos a la falta de información por no recurrir&#13;
directamente a su fuente de origen.&#13;
La presentación de la revista es excelente.&#13;
En nuestro próximo número publicaremos traba­&#13;
jos y un artículo de S artoris que nos facilita el&#13;
pintor Ju an B a y para "arte madí".&#13;
En la G alería Rose Fried, de U. S. A., a ca b a de&#13;
clausurarse una importante muestra de arte nofigurativo. Intervinieron en ella M ondrian, V an ton gerloo, A rp, P ic a b ia , G a b o , G larn er, D arie,&#13;
Diller, D e la u n a y , S ch w itters, Rusfell, Lisfitzky —&#13;
&#13;
pinturas, construcciones, collages&#13;
que abarcan desde 1913 a 1951.&#13;
&#13;
y témperas&#13;
&#13;
El pintor español José Julio, expuso en el Lyceum&#13;
de La Habana; va precedido de una presenta­&#13;
ción de T. Ríos, E. W e ste rd h a l y R. G óm ez de&#13;
la S e m a .&#13;
&#13;
En la galería 16 de Zurich, Jurg S piller dió a&#13;
conocer una muestra de pinturas y dibujos.&#13;
En la galería Egon Günter de Alemania se ex­&#13;
pusieron obras de Boris Kleint.&#13;
Con una presentación de G uillerm o de Torre,&#13;
&#13;
expuso recientemente en la g alería Antú la pin­&#13;
tora G in a Io n escu . Su fuerza inventiva, su color&#13;
jubiloso se vió diluido en parte por interferenr&#13;
cias de estilo voluntariamente no-controlables.&#13;
La intromisión de un neo-cubismo y de una re­&#13;
presentación "abstraída" restaron unidad a la&#13;
muestra. Así y todo, señalamos con satisfacción&#13;
que su pintura converge decididamente hacia la&#13;
no-figuración total.&#13;
Es particularmente intensa la actividad de Age&#13;
d'or, de Italia. Ultimamente han expuesto en las&#13;
salas de esta librería, D efu sco, Bozzolini, S anfilippo, A cca rd i. Además de exhibiciones colecti­&#13;
vas en las que intervinieron nuestro conocido&#13;
F o n ta n a , M ag n elli, Ja re m a , D orazio, D o v a, C rip a,&#13;
&#13;
etc.&#13;
R ich ard P. L h o se, de quien incluimos una repro­&#13;
&#13;
ducción en este número, nos envía también un&#13;
artículo especial para "m adí", que va en el&#13;
próximo número.&#13;
Desde A quí M ad í, va nuestro aliciente a todos&#13;
los artistas de todos los países que siguen y&#13;
apoyan nuestras realizaciones y nuestra teoría&#13;
del arte. Recalcam os que m ad í más que un mo­&#13;
vimiento — una agrupación de gente de distin­&#13;
tas actividades estéticas — es un estilo que per­&#13;
tenece a la época, es decir, a todos. Por consi­&#13;
guiente, plegarse a madi es construir, inventar&#13;
con exceso, crear un mundo con valores esen­&#13;
ciales.&#13;
El arq. A. A rcu ri, del Brasil, de quien reprodu­&#13;
cimos su "Mástil conmemorativo do Centenario&#13;
de Juiz de Forá", nos ha enviado su artículo&#13;
sobre “El problema de la forma en el arte del&#13;
monumento", que publicaremos en nuestra pró­&#13;
xima entrega.&#13;
E s te b a n E itler, infatigable propulsor de la mú­&#13;
&#13;
sica contemporánea en nuestro medio, ha dado&#13;
conferencias en la escuela de Bellas Artes de&#13;
Pernambuco y en otras ciudades del Brasil, so­&#13;
bre la pintura de vanguardia en la Argentina&#13;
— arte madí — e ilustrada con proyecciones en&#13;
color de obras de algunos integrantes del mo­&#13;
vimiento.&#13;
La bailqrina M a ría T e re s a D om in guez, tras lar­&#13;
gos ensayos se apresta a dar un recital de&#13;
danzas madí en una sala de esta capital.&#13;
"C réation", publicación que agrupa a d estaca­&#13;
dos plásticos no-figurativos de Amsterdam, a c a ­&#13;
b a de aparecer bajo la dirección de W illi B o ers.&#13;
El material fotográfico que recibimos para re­&#13;
producir en nuestra sección dedicada a colabo­&#13;
raciones del exterior, y que han llegado con&#13;
cierto atraso para este número, irán en el N“ 6.&#13;
Son los trabajos de V íctor S e rv ra n ck x , Portin,&#13;
N ixon, Dal M onte y otros.&#13;
&#13;
�MADI ü EL ARTE ESENCIAL&#13;
&#13;
En torno a la controversia sobre el arte&#13;
Buenos Aires, octubre 10 de 1951.&#13;
Estimado amigo Guillermo de Torre:&#13;
Sin el ánimo de disentir gratuitamente en la cues­&#13;
tión entablada entre usted y el amigo Julio E.&#13;
Payró, en la revista SUR, número 202, me veo gra­&#13;
tamente obligado a intervenir en nombre de madí&#13;
sobre la conveniencia de hallar un nombre apro­&#13;
piado al arte que practicamos y fijar a grandes&#13;
rasgos nuestro punto de vista respecto al término&#13;
en litigio, que gira desde 1913 entre arte abstracto,&#13;
concreto, no objetivo, no representativo, no figura­&#13;
tivo y otros de nuevo cuño pero idéntica impre­&#13;
cisión.&#13;
Madí ha adoptado en principio el nombre de nofigurativo porque se avenía más a la naturaleza&#13;
de su estilo y se aproximaba a su traducción y&#13;
pureza gramatical. Pero al abarcar otras formas de&#13;
dicción estéticas, en un orden más general de co­&#13;
nocimiento, contribuyó a buscar una terminología&#13;
que debió estar de acuerdo con el concepto de in­&#13;
vención que define a esta segunda mitad del siglo&#13;
veinte. Nada más necesario que inventar un tér­&#13;
mino designativo que no se relacionara con los&#13;
anteriores, que eran inapropiados desde el punto&#13;
de vista lógico y ontológico. X&#13;
En verdad, su uso- y su confusión, su mal empleo,&#13;
se debió y se debe a muchos críticos e historiado­&#13;
res de arte faltos de responsabilidad, que volcados&#13;
últimamente en esta tendencia de equívocas desig­&#13;
naciones, han seguido el curso de ese mal hábito&#13;
sin detenerse a investigar profundamente las cau­&#13;
sas que originaron en el artista la adopción de&#13;
diversos rótulos que dieran a entender su hacer&#13;
estético.&#13;
Así, lo a b s tra c to no tardó en generalizarse hasta&#13;
inundarlo todo, lo co n cre to , su antítesis, aparece&#13;
casi simultáneamente con la misma insuficiencia y&#13;
parcialidad. Lo no objetivo, aunque anterior, se eli­&#13;
m inaba a sí mismo como presencia, y por otra&#13;
parte la no re p re s e n ta ció n , la no fig u ració n , que&#13;
tampoco pueden subsistir porque son indefinibles&#13;
y no resisten el análisis. Por ejemplo, un objeto de&#13;
la naturaleza en un plano es una re p re s e n ta c ió n ,"^&#13;
un triángulo en el mismo plano es una p r e s e n ta -^ /&#13;
ción , pero continúa siendo la forma geométrica,&#13;
una fig u ra. Se ve claramente que lo no figurativo&#13;
no e s d eterm in ad o . Además adolece del prefijo que&#13;
tanto choca y que de entrada es una negación. El&#13;
término que propone Alberto Sartoris, a rte ab so lu to ,&#13;
reb asa la cuestión, supera su sentido e insensible­&#13;
mente va a caer en consideraciones filosóficas y&#13;
de otra índqle. A todo esto, usted, estimado Gui­&#13;
llermo de Torre, intenta denominarla m etap in tu ra.&#13;
Creo que esto no puede prosperar, por varias ra ­&#13;
zones: en primer lugar y como un dato importante&#13;
—- buscando analogías — hoy se considera la física&#13;
y no la metafísica. A la m etap in tu ra — lo que está&#13;
después de la pintura— oponemos la pintura ya&#13;
liberada de la expresión y el signo. Por otra parte,&#13;
el estilo que caracteriza a la época no se circuns­&#13;
cribe exclusivamente a lo plástico. No buscar p a­&#13;
ralelismos, no converger este estilo hacia toda for-&#13;
&#13;
�Agradecemos la contribución de:&#13;
&gt;&#13;
Fotograbad os Inca&#13;
&#13;
Lam baré 881&#13;
&#13;
L ibrería A. Barna&#13;
&#13;
Maipú 441&#13;
&#13;
G alería Van Riel&#13;
&#13;
Florida 659&#13;
&#13;
Estudios Zülliber&#13;
&#13;
Esm eralda 370&#13;
&#13;
G a lería Antú&#13;
&#13;
Florida 640&#13;
&#13;
Editorial Losada&#13;
&#13;
A lsina 1131&#13;
&#13;
F áb rica de C arteras&#13;
&#13;
Corrientes 3847&#13;
&#13;
Librería Concentra&#13;
&#13;
Viamonte 541&#13;
&#13;
C a sa Iriberri&#13;
&#13;
Florida 643&#13;
&#13;
M etzger y Rothfuss&#13;
&#13;
Florida 521&#13;
&#13;
Librería Corcel&#13;
&#13;
Corrientes 1681&#13;
&#13;
C a sa Eliane&#13;
&#13;
Cabildo 1824&#13;
&#13;
Ing. I. Natanson&#13;
&#13;
L avalle 1759&#13;
&#13;
Art. Perfum ería&#13;
&#13;
Ram os M ejía .1071&#13;
&#13;
Dr. Miguel A. Martino&#13;
&#13;
Sarm iento 3485&#13;
&#13;
G a le ría San Martín&#13;
&#13;
Sarm iento 22 - Prov. Mendoza&#13;
&#13;
Im prenta C. C la n c y y C ía . Dr. N. Quirno C osta 323&#13;
Dra. Nelly M eade&#13;
&#13;
Esm eralda 1277&#13;
&#13;
Prof. Alicia Dupuy&#13;
&#13;
C arhué 2116&#13;
&#13;
*&#13;
O&#13;
*&#13;
H&#13;
&#13;
&gt;&#13;
ARTHUR ARCURI&#13;
&#13;
CORRESPONSALIA&#13;
&#13;
^&#13;
&#13;
Adquisición de ejemplares:&#13;
9307 - 97 Av. Ozone Park,&#13;
New York, N. Y.&#13;
&#13;
Masami Kuni&#13;
&#13;
315 - Funabashicho Setagayaku - Tokio&#13;
&#13;
H. J. Koellreutter&#13;
&#13;
R. V. de Castro 119 - Río de&#13;
Janeiro&#13;
&#13;
Charles Portin&#13;
&#13;
Bastugatan 40 - Estocolmo&#13;
&#13;
S. Darie&#13;
&#13;
B/555 Vedado - La H abana&#13;
&#13;
L. Fontana&#13;
&#13;
Prina 7 - Milán&#13;
&#13;
Arq. Humbert&#13;
&#13;
55 - Boulevard Lannes - París&#13;
&#13;
M. T. Domínguez&#13;
&#13;
Ituzaingó 699 - Provincia de&#13;
Córdoba&#13;
&#13;
^&#13;
&#13;
0 -^&#13;
&#13;
'. Clancy y C ía ., Dr. N. Q. C osta 323&#13;
&#13;
N. Kasak&#13;
&#13;
��</text>
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                <text>Biedma, Aníbal J.&#13;
Laañ, Diyi&#13;
Fontana, Lucio&#13;
Darie, Sandú&#13;
Uricchio, Rodolfo&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Pet, Raymundo Rasas&#13;
Kuni, Masami&#13;
Wellington, Valdo&#13;
Gregori, Nininha&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Bresler, María&#13;
Kasak, Nicolás</text>
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                    <text>�para arte madi

RICHARD

P.

LOHSE
A R T E
Registro

M A D I
de

la

U N I V E R S A L

propiedad

intelectual

N«

N? 238 .5 3 5

Publicación de arte
no-figurativo-esencialista
Organo del movimiento
madinemsor
Director: Kosice
En la cubierta
pintura de Rhod Rothfuss
Dirección y correspondencia
Esperanza 41 - 2°
Buenos Aires
Rothfuss - Chuy 3260
Montevideo
55 - Boulevard Lannes París
Prohibida la reproducción
total o parcial sin
mencionar su procedencia
Intercambio
Je demande l'echange
I beg for exchange
i

OCT UB RE

AÑO

DEL

DE
LIBERTADOR

1950

—

GENERAL

A R G E N T I N A
SAN

4

MA R T I N

�de
madi

�INodCY

(en el radio de Loch)

Primera etapa en la simulación de una rula-.
Justo o injusto, interesados o no en la aspiración poco menos que
rezagada de una responsabilidad, ya conocemos la solución a esta
gesta más que imprevista de INodCY.
Detenidos en una sutura de este primer camino, todavía se vacila.
Las raíces que aquilatan en toda su magnitud el silencio de la
tierra de INod, los detiene aún. Parece como si de estos aledaños
casi absurdos, surgieran definiciones que columpian muy a su pesar
un deseo de ir, un deseo de permanecer . . .
El agrietado soplo acosa a los antiguos segmentos que se aprestan
a despedirlos. Un avance y se quiebra e! posesivo acento. Otro,
de incisión tardía y solamente y por fin aquel lejano rumiar de
risas.

Ya esculpen los punitivos pasos de un avance parcial que permite
advertir en los plurales un atisbo de arrepentimiento. Tal vez piensa
INod en los asertos que facilitaron su nivel y posterior evasión
de aquel término, de aquel núcleo ya sin andamiajes. O quizá,
en la posibilidad de caer en el rumor de los equivalentes cuando
penetren en este diagrama recién iniciado. ¿Y qué piensa C Y ?
Sólo se remonta al acecho multitudinario que gobernó sus antiguas
jornadas, a su lucha funcional y a esta actual confabulación pro­
tectora que sin medida la impele hacia el devenir.
Transcurre nominal la circunstancia y ya cavilan
Piensan, mientras se oyen crecer las pretéritas
cardinal que orienta su ruta. Decididos, sólo les
vesar la mampara de puentes hacinados que los
de Loch.

con obstinación.
sinuosidades del
queda por atra­
separa del radio

Extraños a esta nueva conjunción, el avance se hace lentamente.
Coordinando la evolución acrisolada al vaho lochiano es posible
que la jornada promedie sin recelos.
Llega con decimales, el momento inesperado de la pausa. Se de­
tienen en el borde canalizado mientras tratan de insumir la per­
pendicular enhebrada desde mucho antes por la retina. En ese ins­
tante, en escalas de espuma (involucran por lógica la pasividad
de un engranaje), se incorpora a su ambiente un factor descono­
cido. Entonces, las gotas editadas substantivan reflejos tan eviden­
tes que logran intuir en la palma desviada del hueco, una tracción
de miradas. Y asombrosamente, miradas espigadas por su vértice.

austera mansedumbre del perímetro que se presiente, que se palpa
en la inapetencia de las fronteras.
Pero no es momento de vacilaciones. Pronto no serán visibles los
límites de Loch. Es preciso apresurarse a sabiendas. Y sin embargo
permanecen indefinidos con esa semejanza retenida en las cimas,
con ese tallar de bocanadas que con fingida apariencia los ahoga,
los aprieta en su dispersión numérica, que es tan eficaz. Por otra
parte, no es ésta la única manifestación de defensa ante la inva­
sión subdominante de INodCY.
De tanto en tanto se percibe una letanía caduca a veces, calcinando
la intacta relación de un tiempo en receso.
Insomne de pujanzas localizadas en la guía común, el cosmos que
se retiene con justeza en los dominios de Loch, descubre con pre­
vención estos pasos aún sin archivo. No intenta sin embargo pulir
las arcadas que obstruyen el auge del límite, esperando quizá una
inmediata o presentida retirada. En efecto, cuando parpadean las
centurias derramadas en formación será el momento de reiniciar
esta primera etapa en la simulación de una ruta.
Se avanza ahora a grandes latitudes y sin otra preocupación deco­
rosa. Está implícita la simiente de fórmulas monocordes que faci­
litarán en lo sucesivo la continuidad.
Se suceden los intervalos de la ruta. Y ya guiados por el relám­
pago avizor del copo o agostados al dorso de pausas adjetivas,
sólo intentan por último llegar, aunque exhaustos, al final de un
cotejo. Cotejo que se impone al término de sanciones reguladas.
Rechazados a diestra por el ritmo de paisajes en gajos, invierten
muy a su pesar el rumbo indemne del verbo que los conducía a
la meta. Sorpresivamente y por el aliento de distancias sonámbulas
consiguen sobreponerse a esta acumulación de jirones. Más aún,
logran incorporarse al aplomo de las caravanas que se disgregan.
Situados en definitiva en este acervo de horizontes que se ubican
en hileras, se disponen a imitar en su filtración la agreste opacidad
de los números de Loch (su incólume defensa), pero ya no es
necesario.
Reaccionan de inmediato viendo perfilar
al fin los guiones de una nueva y ya
secular etapa. Y otra vez se corporiza en
INodCY su más indudable designio: inaca­
barse hasta donde no sea posible.

De todas maneras, la atención se concentra ahora sobre el vaivén
que esmalta veletas de tiza, recatadas para incoar partículas y sin
advertir a tiempo el disloque de sus sombras. No obstante y a
condición de infligir el equilibrio de su propia entidad, pretenden
asimilar esta marcha no habituada, logrando así afirmar un eslabón
aún en su escueta abreviatura.
Si logran alcanzar las hendiduras y orillar el giro de voces en des­
cubierto, tal vez consigan erguirse en este señuelo de Loch, tal
como el aire en su lucha cayendo por unidades. Sería preciso in­
terceptar los goznes que antes ya se habían insinuado. Quizá en­
tonces las chispas se empañen deprimidas y permitan la conjun­
ción de hojarascas en nudo, imprescindibles a este jalón agotador
que subrayan casi con parsimonia. Quizá entonces sobrepasen la

DIBUJO

ESTEBAN EITLER

�La danza
no - representativa

Surgimiento

Todos los bailes, del popular
Y folklórico hasta el baile ar­
tístico, del ballet hasta la dan­
za moderna, tenían su esencia
en la belleza del cuerpo. Los
medios de expresión eran el
cuerpo y sus movimientos, que
lógicamente poseen una signi­
ficación en la medida en la
cual estilizan, representan o
simbolizan algo.
En mi tratado expongo que la
danza y coreografía pueden
ser y son en esencia radical­
mente distintos. De ahí que
ninguna forma, ningún movi­
miento tengan algún significa­
do en las distintas creaciones.
Como el "do" o el "mi" de la
gama musical, los movimien­
tos en la danza son no-figura­
tivos.

Destino del logos

Evidentemente, la materia pri­
ma es, como se entiende, el
cuerpo humano. Pero en la
invención co reo gráfica este
cuerpo sólo tiene una inten­
ción autónoma y transmisora.
Los movimientos del cuerpo se
integran y se concretan en
una obra de plasticidad y lle­
gan a poseer un contenido
sólo cuando realizan una crea­
ción espacial dinámica.
Es menester liberar la expre­
sión en el baile y la narración
con figuras y gestos. Así el
baile se hace supra-sensual,
antialegórico y abstracto.

Canción nocturna

MASAMI
KUNI
Entre cielo y tierra

�&lt;
cc
e
D
O
w
w

O
D
PQ

Q

cc
O
O
ce
E-

�TREMOLAR

REPENTIZO N“ 7
i

SI HUBIERA SIDO UN IMPACTO
SE AGOLPARIA EN LOS HUMOS
Y EMPASTARIA LA CONMOCION

Premiosas loas d¡ue husmean
'Más allá allá
M ilivares m icroscópicos
O bleas sedientas que me buscan
Para que el oficio se historie por cláusulas
O para m erodear el gesto ya ubérrimo
y retornar a mi propia oquedad
M ítica raíz mítica

PARA REHACER EL RESORTE
INCLINANDOSE HASTA VENCER.
ASI

SUSPENDIDO

ES

ACICATE

SOBRE ESTRIDENTES PIELES
BASTANDO CON FORZAR LA

Breve es mi sinónimo
V otivo saliente
M odulado

SANGRE

HERIDA EN EL ESTUPOR
PARA SOFOCARLE.

'No importa la torpeza ventral en que m e ubicas
Una tregua sin prólogos m e arrebata

QUIZAS FUERAN TORRENTES VOLCADOS

II

SOBRE TODO AQUELLO
IMPREGNADO EN EL DELIRIO

M e refiero
y entonces avanzo en multitud
Entonces mil asteriscos tantean tu custodia
A sabiendas
Acuñando límites caídos
Casi sin utilidad

QUE HOY ALCANZA
Y DE PASO, TUS COMETIDOS
SERAN UN AMARGO SOBRECOGIDO
TOTALMENTE CUBIERTO
FINGIENDO

HUNDIRLO

PROYECTANDO

TODO

SOMBRAS

OTRA

EN UN BRINCO

ALLI

CUANDO TODO CALLE
OTRO TACTO SIMILAR SE

DEBAJO.

ENERVARA

CRUELDAD EN VIOLAR

EN LO QUE

III

AL FIN QUEDE

EL INCENTIVO
DESGARRADO.

O UN ESPASMO INMENSO
QUE AL RETORNAR ALCANZARA CON
LUEGO

SE

FILO

APAGARA

ENTORNANDOSE
EN EL ECO
PASO

SU

MUY

LEJOS

MAGICO

DE

SUS

LATIDOS.

ASI

SE

HACIENDO TRIZAS

V

EXPANDE
LOS

CONTACTOS

POR ACLAMACION SONICA
PARA QUE SU PEQUEÑA SOMBRA
EMERGIERA

DE

LA AMPOLLA

VI

AGITANDO EL TREMOLAR CON ESPANTO.

‘J o d o para esta terquedad casi desierta

LUEGO EL CONTINUO
BAÑANDO EL AZUL

ALETEAR

DENTRO Y FUERA ES

TRANSPARENCIA DEL TUMULTO

VACIO

O TEMOR DE HACER DE LA VERTIENTE UN NUDO ALLI
[RECLINADO
SIN TENTAR SIQUIERA EL CHOQUE TOTALMENTE
Y EXUDAR EL CRISTAL
CONFINADO
VIENDOLE

A

SU

CRISPAR

ENGENDRO
SUS

NERVIOS

VOMITANDO EL ESTAMPIDO
DEL FRIO ESTUPOR.
SERA

EL REGOCIJO

EXPOLEANDO
VALDO

DEL

WELLINGTON

EN

DESENCAJADOS

[VOLEOS DE SOPORES

VERTIGO

LA INVISIBLE

IV

M e permito
A lam bicar diferencias d e orb e
En agrietada rem oción
Mientras m e fustigan las amarras
D e esta nervadura cjue y o hurlo
M ientras paladeo horizontes
y se juntan m enos m enos futuros
A vacilar por duplos
M e habitúo
M e som eto a esta custodia d e actuales
Q ue zafran napas por venir
A tu ejem plo d e área diagram ada
A este llam ado alisio tan creíble
Com o mi paso retenido
En cruza de ponientes

A PASO

UN GRITO

Para la intuición usual
Para interrogar mi esc]uema
R epentizo con simetría
Un material tan evidente cjue tío necesita dimensión
lin a talla temporal
y este perfecto realce halagado

SOLEDAD

DEL

AUGUR.

�Hoy hablemos
ile crear nuevas realidades
Es cierto, el milagro es posible si puedes olvidar que
has estado preso de una falsa verdad.
Asómbrate de saber esto, si has imitado, representado,
copiado o te has hundido en el opio del romanticismo
o el subconsciente ha cercado con su sombra la libertad
esencial de tus ideas, te encuentras en el callejón sin sa­
lida de una sociedad decadente, reaccionaria y falsamen­
te orientada en la contemplación de sus mezquinos in­
tereses.
Lo desconocido, la aventura te ha estado aguardando,
para que con el poder de tu mente le reveles; esta in­
quietud ha vivido en ti desde la niñez e inclusive ha
sido para tu mundo de una profunda sinceridad y de
una gran riqueza.
Toda expresión, todo símbolo actúa inhibiendo la fuer­
za viva de las ideas, para deformarlas y despojarlas de
su pureza. ¿Por qué el veneno hipócrita del sentimen­
talismo o la decadente lamentación han de paralizar la
iniciativa de la inteligencia? ¿N o crees tú que el hombre,
la humanidad está conmovida por algo verdaderamente
humano, como es, nada menos, que el dominio de las
fuerzas naturales, de los recursos, de la conquista del
bien y la estructuración de un mundo justo y feliz?
Piensa en lo ridículo del individualismo, del lamento
frente a las audaces empresas que el hombre ha em­
prendido. ¿Cómo puedes creer honestamente en el bru­
tal atropello que cometen los falsos artistas, agitando
el negro estandarte de la muerte y la tristeza? ¿N o sien­
tes deseos de gritar bien alto ¡Abajo! la mentira reac­
cionaria de los enfermizos y llorones?
Nosotros estamos en contra de la melancolía, de la tris­
teza derrotista, de la exaltación de la muerte; nosotros
queremos una poesía, una literatura, un arte vivo y ju­
biloso que refleje salud física y mental y una voluntad
constructiva y creadora.
Yo te convoco, lejano o cercano camarada artista, en
este mensaje lanzado a tu conciencia; alégrate de saber
que nos hemos encontrado en el avasallante ritmo de
esta época nueva de conquista, de invención en todos
los aspectos del conocimiento y del trabajo. Reúne tus
fuerzas a las nuestras y levanta la consigna de madí:
' invención ordenada dentro de una construcción inte­

lectual”.
Nosotros hablamos desde la vanguardia, donde los hom­
bres audaces se han reunido para irrumpir en la histo­
ria, por sus ideas nuevas en todos los aspectos de la
actividad humana. Nosotros entendemos que no es po­
sible detenerse, porque tal cosa representa una regre­
sión : nosotros consideramos que todo el proceso histórico-social ha sufrido grandes y revolucionarios cambios,
estando el arte ampliamente ligado a estos cambios; por
lo tanto la batalla se libra en todos los frentes. Los ar­
tistas madís combaten por un arte constructivo, vital,
progresista, por el triunfo de la inteligencia y de la
cultura, junto a las inmensas legiones que están luchando
por la consagración de los más nobles ideales humanos.

VALDO

WELLINGTOin

�PINTURA

VISTAS

DELMONTE

PARCIALES

VISTAS PARCIALES DE LA EXPOSICION
REALIZADA

POR

S.

DARIE

NELLY ESQUIVEL

Las Estructuras Pictóricas que presento fue­
ron plasmadas bajo una hipótesis de trabajo
e ilustran mis ¡deas, dominadas por las si­
guientes características:
Iniciar la división del rectángulo por medio
de la diagonal, obteniendo la forma-cuadro
elemental del triángulo.
La variación de los triángulos como formacuadro en un espacio continuo, de aspecto

dramático-sorprendente.
El aspecto estructural espacial organizado
bajo un ritmo ortogonal con elementos agre­
gados (coordinadas rectilíneas planas) que
componen y sugieren la prolongación de!
plano allá donde no es posible imaginar el
fin . . . al infinito.
La visión de estas estructuras, evoca una
belleza de ritmo arquitectónico, correspon­
diendo a la voluntad formal de la época,
imponiendo la armonía directa de la poesía
Dura, como manifestación espiritual y cons­
tructiva.
Es sabido que la linea horizontal es una
linea de tensión, y la vertical una línea de
sereno equilibrio.
La emoción intuitiva de la proporción de
estas estructuras está expresada por perpen­
diculares en variadísimas formas.
He trabajado sobre la descomposición arm ó­
nica del rectángulo de la sección dorada,
organizando el
espacio - super­
ficie frontal y
lateral, respe­
tando la bidintensionalidad
y obten ien d o
la modulación
del volumen.

�Lo que demarca el concepto de una continuación locomotiva sin
fin, es el intento físico de derivar la imaginación a un diagra­
ma mental.

Hay más saturación de horizonte en lo que cabe de infinito
que asidero o conciencia de lo lógico.

Frente a la actual situación de la grafía o la imagen, su dicción
total, sentimental o cogitacional, cabe preguntarnos si la propen­
sión tenaz del ser hacia la aventura absoluta no alterará inclu­
sive la composición de los elementos.

Cuando nuestra conciencia toma contacto con la cosa, ya es fe­
nómeno volitivo: sólo mi sentido de su presencia lo inmuniza
contra el acto interferido.

El transcurso primigenio de la invención es un caos espontáneo
y definido.

Toda sustracción de infinito es eternizarse, pero sintéticam ente...

No tenemos la imagen figurativa del espacio-tiempo. Su natura­
leza es consubstancial a nosotros; no es reveladora; es.

M

A D I G R A F I A S

Hay más testimonio de unanimidad en el consentimiento que se
da al restituir el objeto al lugar más impreciso, que el de creer

. . . em pecem os desde cero, pero el cero,

siem pre lo supimos, es un resorte.

que hay un lugar que se puede blandir como necesaria ade­
cuación.

Seamos claros, es un rumor que cunde por toda la tierra. De­
¿Descripción? ¿Inscripción? ¿Valor de conocimiento que se exalta
o desenlace elemental de la realidad? Toda realidad empieza

jemos márgenes olvidados, sino ¿qué reservaremos para el co­
nocimiento?

por una afirmación posexistente.
r

Después de todo, entre el sujeto y el ser ha primado más instancia
vivencial que la objeción a la nada.

La posteridad es un reactivo que es innecesario para quienes
maquinan nuevos mitos, no el propio. Por otra parte, toda po­
sición direccional hacia la posteridad es falsa. Es la cáscara des­
niveladora que ilustra un vacío.

Lo maravilloso es lo que se nos desvía de nuestros planes y
entra a formar parte de lo cotidiano.

El esencialismo de madinemsor
deja constancia de sus aportes,

En un sentido, la "sensibilidad" de una máquina tiene aliento de

mediatamente construye vías pa­

vida. Aproximemos, por ejemplo, un ventilador frente a un radar.

ra su desaparición que a su vez

Hay conjunción de demasiada proximidad, i“Nacen" anécdotas

promueven otras

de aire!

inmediata.

de aparición

�(LEYENDA DEL PERIODO)

Con anterioridad a la recolección de continentes y al alcance de su labor, atraviesa Silhanto, la raza inédita.
Para lograr establecer contacto con su normal aparición, tengo que rechazar la prolongación y el séquito de
formas que nos atan al recuerdo. Esta afirmación no impide todo un sistema de pruebas finales que van a
dar en Rubilaci y su empecinada búsqueda.
Al sud, en un estado próximo al suelo, ajenos a toda actitud, torrentes de burbujas cubren la retirada del eclipse.
A! norte, el área detenida por su propia sensibilidad consigue su objetivo. Del este no se sabe nada. Sólo la
célebre inclinación lucha por su ola.
Al oeste, Reenah alude a la estrategia de la atmósfera, alude a los alicientes algodonosos, a las intenciones
veniales o líquidas, los flancos defensivos y a la protección habitual de la materia.
El sudoeste es sólo sud. En este período descriptivo, sobre la lucha por la posesión de los vestigios natura­
les de flotación, Dipgio agrega su ordenada planicie interior. Dipgio vigila que no invada la forma real,
la hazaña de Silhanto que después de utilizar el vehículo geométrico — ondas de flexibilidad casi circu­
lares —, dispuso armonizar condistantemente su esencia. Lo que sigue de este alto en la imagen, Y Qá lo
acciona cercenando todo material que prive de su unisonidad al contrasentido.
Este material puede ser un diálogo y también el detector para Silhanto. Para birlar este instrumento a prueba
de ideas, de sentido, sean matemáticas o geométricas, ocultas por la confabulación de Rubilaci y Dipgio en
un arranque de entusiasmo, se necesita otra encuesta espacial, otra desaparecida herrumbre.
Pero no hace falta que Silhanto comience a surtir de objetos su período. Todo está para que así ocurra, libre
de bases. Para Silhanto que viva a Y Qá en los momentos menos apremiantes, no se arremolinan los contornos.
Pero no se engañe Silhanto al imaginar. Su mutabilidad desciende a efectos más profundos para la masa
de volumen. Ésta no lo oculta, más bien coadjetiva su periferia con esa ligereza que sólo a nosotros se
nos representa.
¿Debo aplicar la catarsis a sus deseos? ¿No es preferible redondear su opción por el tiempo y no por el ser?
Silhanto se detiene a sistematizar la vigilancia que ejerzo , sobre él y también este turno:
"Esta vez — con las rutas arrasadas —, con el rodeo de que está impregnado, asciende Y Qá a una sola
dimensión para poder desembarazarse de todo mito. Esto no conviene a Rubilaci. En primer término, porque
se distrae de su historia y este ruido beneficia las flaquezas métricas y la imposibilidad casi ambiental para
su corriente. Éstas, sus iras de Rubilaci, fueron desplegadas orgullosamente, ante el mineral. Y Qá no se
rindió sobre el término de vehículos tripulados a tanta profecía.
No se rindió porque no obtuvo el filo de adyacencia necesario para compartirlo con algo. Y en caso que
Silhanto hubiese intervenido en su favor, faltaba la ingente opinión de Reenah y Dipgio. Si ocurriera que
la pregunta absurda de aclarar la enigmática rendición se verificase, Y Qá estaría perdido. No podía imaginar
que Silhanto necesite de contrapesos. Estamos agrediendo al espectro solar. Y acto seguido dió con la clave,
al obtener incondicionalmente la reapertura de los turnos de Y Qá. La inscripción sobre su tregua alarga
aún más la contradicción sobre la presunta negativa de Dipgio.
La circunstancia estaba echada. Tanto Dipgio como Rubilaci detendrían la misteriosa reaparición. La reapa­
rición de Silhanto no era de hecho. La presencia de estas grandes fracciones de tiempo sin entrenar se
explica así: Y Qá no entrega sus turnos a pesar que Rubilaci ostenta la verdad de las aleaciones.
Dipgio, que secunda el período para la formulación-leyenda, cree que se adopta una actitud justamente
para bien de él. Reenah (advierte el peligro) duda en comunicar a Silhanto sus temores. Y casi aprovecha
esta empalizada para ocultar la gestación del período consecutivo de Silhanto y dar para su triunfo el
estar por fracciones.

�A

p r o p ó

El cubismo, al abolir la representación naturalista en
sus tem as, planteó la revisión del concepto que im­
pulsó a

los pintores de todas las épocas

a

ence­

rrar el cuadro dentro de un m arco regular, la "ven­
ta n a " desde la cual, aparentem ente, se ve el mundo.
En el año

1941, intenté la solución de este proble­

m a, que el cubismo no había resuelto (a pesar de
las

experiencias

de

Marcoussis).

Los

dos

aspectos

que se planteaban en este caso eran: si debía de
haber

una

tem ática
debía
PINTURA

relación

y

el

de

inmediata

contorno, o

continuar

con

entre

si por
la

la

el

relación

estructura

contrario,

se

m ediata

del

tem a con el contorno a través de “fondos", porque
si bien el fondo, en la pintura

prescindible p ara

crear la ilusión de espacio, siempre

una

continuidad, es decir, que da un fragmento del tema, nunca la totalidad de él; de

solución de

esto surgía
debía

que la

pintura,

de ser resuelta

recortar

el

m arco,

al dejar

como una

que

de

un

ser representativa,

unidad

p arecía

es

total, y

satisfacer

de

plenam ente

elemento

p ara

ninguna
este

que

naturalista es im­

encarar

m anera

concepto,

crea

la

en

la

creación

de

fragm entarla.

La

porque

una

crea

composición

entidades,

solución

fué

composición

discontinua.
Estas

primeras

experiencias

las

expuse

en

el Ateneo de Montevideo, en el año

te estas búsquedas fueron docum entadas en el N? 1 del año
AI formarse

el grupo

"ARTE

CONCRETO

1943, y teóricam en­

1944 de la revista "ARTURO".

INVENCION", estas experiencias pasan

a formar el cuerpo

de doctrina del mismo. Más tarde, el grupo se divide por la exclusión de algunos de sus integran­
tes, que han de perm anecer utilizando la misma
tral

del movimiento

toma

el nombre

de

denominación, y en lo que respecta al núcleo cen­

"MADI".

Desde Madí, este proceso evolutivo sigue su curso, y se analizan y fundamentan dos tipos de pintu­
ras en razón de su construcción, y se caracterizan por su m arco; ellas son: de m arco recortado y de
m arco

estructurado;

en el sentido

traversión, es decir se
¡

ha

de

que

en

el m arco recortado se ha seguido un proceso de in­

tomado un polilátero y se lo ha dividido (forma fraccionada) o simplemente

�d el

s i t o

m a r e o

se lo ha recortado sobre la base de un polilátero regular fraccionado; en este caso, la forma resul­
tante siempre gu arda memoria de la forma en que se

generó,

porque

continuando

las

líneas

funda­

mentales de aquella, se puede reconstruir el polilátero regular en que fué concebido. En el caso del
m arco estructurado, el procedimiento es inverso, o sea de extraversión, se han compuesto los poliláteros partiendo de un centro o varios (formas com puestas).
De esto se desprende que en la pintura de m arco recortado, al ser éste, en la casi totalidad de los
casos, la única forma cread a conscientemente adquiere una importancia fundamental,
.i( " i

en

detrimento

de

la composición de la pintura, que se reduce a una
serie de casilleros, logrados por el trazado de líneas
entre puntos del perímetro, y por lo tanto sin tema
plástico, o bien, cuando lo tiene, entonces es n ece­
sario recurrir a formas de relleno (fondos) p ara cu­
brir los espacios que median entre el tema propia­
mente dicho y el m arco, mientras que en la pintura
de marco estructurado, este es el resultado final de
un proceso de desarrollo y composición de un tem a
plástico estricto, no necesitando en ningún caso de
elementos ajenos a sí, p ara su normal estructuración.

He aquí las razones que dieron origen al surgimien­
to de lqs nuevos conceptos, que sostienen, apoyados
por

razones

dialécticas

y

científicas,

estas

teorías,

contra los viejos métodos, dando lugar al surgimiento
de infinitas perspectivas p ara el futuro de la pintura.

PINTURA

�genio, para con el

U REVELAC10S

za

viva

misterio de su fuer­

confundir irremediablemente la

realidad, pero, era Suarí, el fulgor y el
auge de un fin en la breve sustentación
de Sáldor y él quedó a merced, para hun­
dirse

definitivamente

en

la

aclamación

del endeble juego que le sustentaba, en

cuento

tanto que Aluar, en un absurdo intento,
pretendía vanamente violentar la unidad
del espectro.
Volvía en sí con la luz, y apenas el golpe

totalidad encendida. El eco de la voz per­

alcanzaba a tomarle entre el resplandor y

petua hacía vibrar los tonos descompo­

el auge cuando ya Aluar se encumbraba

niendo la inmensa sombra, cuando ya la

en aquella suprema intensidad de la vio­

tentación de descender con la propia vida

lencia. En cada una de las fases resurgía

para despojarle a cambio del latido provo­

o se ocultaba en el fragor de la impunidad

caba el derrumbe de las moles preciosas

haciéndose traslúcido, y de ello sus com­

en la apertura del

ponentes para el choque de múltiples reali­

haz.

dades en una eternidad que le aclamaba
victorioso.

Aluar i n t e n t ó er­
guirse

una y

vez
Así habían marchado perdidos, casi derri­
bados, hasta que las chispas se abatieron
en el espeso oleaje y la intimidad quedó
estupefacta.

contra

otra
todo

aquello, penosamen­
te en lo raro del ai­
re, hasta que el in­
finito centro de gra­
vitación se desplo­

Entretanto, hay un Suarí perdido irreme­
diablemente por aquella trascendencia fatal

mó,

arrojando

to­

rrentes de despren­

de trastornar la magia del espacio, penetrar­

dimientos que viaja­

le, aun estando pendiente la risueña burla

ron liberados, inva­

de Aluar, jugando en el destino simultá­

diendo

neo que acontece, evocando todo lo pe­

fosforecente.

queño, lo acurrucado, todo lo que él mis­

es t e

mo aplastó definitivamente en los huecos

asombroso se rego­

insostenibles, descubriendo el esplendor del

cijaba Suarí some­

triunfo impenetrable, teóricamente invisi­

tiendo

ble de poder y de belleza. Aluar intentó

juego el caos a su

ocultar el milagro de aquella realidad, pero

relatividad, así fué

Suarí era niño en la evolución del signo;

como quedó visible

alentó su apenas perceptible irrupción con

para Aluar, a tra­

infantil capricho hasta que una conflagra­

vés de las cortinas

ción de energía, surgiendo de pronto del

de gas brillante, el

esplendor del color y el sonido, hizo con­

gran

tacto en la luz de las gigantescas agujas,

ser forjado en el ín­

desde donde actuaba Saldor contra toda

timo deseo de aislar

dimensión, contra todo tiempo o ley, su

el portentoso ínfimo,

constantemente creciente resplandor inva­

evadirle de la pro­

diendo la zona, Alea era penumbra en la

porción y liberar su

el

líquido
Con

e s pe c t á c ul o

por

me r o

Saldor, aquel

VALDO
WELLINGTON

�CARTA ABIERTA
de H. J. K O E L L R E U T T E R
Estimado Kosice:
Durante mucho tiempo siguieron resonando en mí las discusio­
nes que tuvimos en Buenos Aires y, principalmente, su crítica
severa e implacable a nuestra música, la dodecatónica, la cual
desearía liberada de cualquier forma de concepción y composi­
ción antiguas, reintegrada en su íunción de arte autónomo y humanizador, ya que la invención es la más importante calidad
inherente al hombre. Lo que su audaz y heroico grupo idealiza
y procura realizar en sus trabajos, la INVENCION INTEGRAL de
la'obra artística, he ahí lo que también me parece el fundamento
para una nueva realidad en el arte.
Desde que una mayoría de compositores dodecatonistas, so pre­
texto de "consolidación" y "tradición", trata de reconducir la mú­
sica hacia fórmulas y normas que caracterizaban el arte del pa­
sado, asumiendo así una actitud de reacción negativa frente a
la revolución schoenberguiana, me preocupé seriamente con ese
problema. Es que esos compositores olvidan que "consolidación"
y "tradición" implican un proceso de creación, el cual, por su
lado, obedece a una necesidad humana y no resulta de una ac­
titud, y encierra aquí un sentido de asimilación científica y de
continuidad inventiva. Y crear no es otra cosa que inventar.
Fueron Schoenberg y, principalmente, su gran discípulo Antón
Webern, quienes abrieron los horizontes, derribaron prejuicios y
crearon, en música, las condiciones que permiten la realización
de aquello que Ud., estimado Kosice, preconiza y yo tanto deseo
para el arte: UN ESTADO PRIMARIO DE ESENCIA, que posibili­
te la creación de un arte nuevo, profundamente enraizado en el
pensar y sentir del hombre contemporáneo, la verdadera expre­
sión de nuestra época.
Con gran interés le oí hablar de los principios que orientan el
trabajo del grupo: color y bidimensionalidad, "marco" recor­
tado e irregular, planos articulados con movimiento lineal, rota­
tivo y de traslación, en la pintura; tridimensionalidad con mo­
vimientos convertibles de articulación y rotación, en la escultura;
ambiente y formas movibles, desplazables, en la arquitectura;
proposición inventada, conceptos e imágenes no traducibles por
otro medio a no ser el lenguaje, en la poesía; personaje y acción
en lugar y tiempo totalmente inventados, en la novela y en los
cuentos; cuerpo y movimiento circunscripto a un ambiente me­
dido, sin música, en la danza; y finalmente: escenografía movi­
ble, diálogo inventado, en el teatro. No olvidé sus palabras res­
pecto a un arte cinético, móvil y dinámico, resultado de un pro­
ceso imaginativo, cerebral, una organización científica, realista, y
una presencia estética sin demostraciones. Y todo eso se resumió
en sus palabras, tan ingenuas y tan grandes, al mismo tiempo:
No buscamos el parecido con nada".

¡Qué mundo bello, rico de posibilidades! Esas, sus palabras,
tienen el sentido de un manifiesto: son las palabras de un hom­
bre que participa en la construcción de un mundo nuevo y que
defiende la vida contra los que planean la muerte.
No dudo de que ningún arte sería tan capaz de realizar las
ideas expuestas por Ud. como la música, arte científico, cinético
y abstracto por esencia. Música sin contrapunto, sin armonía,
sin tema e imitación, sin tonalidad y cadencia. Música viva, mú­
sica auténtica, música Madí.
Es verdad. Con el advenimiento del atonalismo y del dodecatonismo, nos aproximamos mucho a la realización de esos pro­
pósitos, sin alcanzarlos, sin embargo. La ausencia de un elemento
que, por un lado, realizase, EN SU TOTALIDAD, la fórmula:

�Solamente el empleo de estas series, altamente cualificadas, per­
mite la realización total de la fórmula:
1 2 _______12

1 : V 2 :

V 22' . . .

o sea el principio cromático-atonal, abriendo así el camino para
la creación de un estilo que corresponde en música a los prin­
cipios estéticos preconizados por ustedes, en otras artes.
Siempre comprendí perfectamente el alto valor de esas series. No
recurrí, sin embargo, en mis trabajos, a su empleo sistemático,
porque, a pesar de las pesquisas de varios matemáticos, se des­
conocía aún un procedimiento para calcularlas. Las series cono­
cidas encontradas por Schoenberg, Krenek, Klein o por mí, fue­
ron casuales o el resultado de continuos experimentos.
Preocupado por ese problema, hablé al respecto con el mate­
mático Omar Catunda, profesor catedrático de la Facultad Na­
cional de Filosofía en Sao Paulo, el cual, finalmente, después
de innumerables estudios, consiguió encontrar el procedimiento
buscado por mí.
El problema fué planteado de la siguiente manera: los 11 posi­
bles intervalos deberían ser colocados en línea de modo a ob­
tener una escala sin notas repetidas, esto es, que diferían de
una o más octavas. Tomando el medio tono como unidad, de­
bería hallarse una permuta o disposición en línea de los núme­
ros 1 al 11, de tal manera que ninguna suma de números colo­
cados consecutivamente fuese 12 o un múltiplo de 12.
El procedimiento más fácil de calcular tal serie de intervalos es
el de sumar los números desde el principio y sacar los 12, como
se hace en la operación elemental de "fuera-nueve'', que se
emplea en la prueba de los nueve. Las sumas, con "fuera-doce",
se ponen debajo de cada número. La permuta es admisible, si
todos esos números fueran diferentes; pues, son esos números
que corresponden a las 12 notas de la escala.
Importante me parece el hecho de que el trítono (intervalo de
seis semitonos) ocupe un lugar especialísimo en la serie; pues
ese intervalo — esencialmente amorfo y móvil, por lo demás —
no aparece apenas como uno de los 11 consecutivos, sino que
también surge entre el l9 y el 12? sonido de cualquiera de las
series panintervalares.

Y ahora, estimado Kosice, en base a esas nuevas relaciones
entre los sonidos, orden garantizado por la serie panintervalár,
me parece posible la creación de un ESTILO MADI en Música.
La música compuesta con una de esas series demuestra, a pesar
de toda la perfección estructural, algo de inestable y fragmen­
tario. Además, los principios de inversión y de recurrencia de
la serie parecen anular el tiempo. ¿No recuerda eso la Teoría
de la Relatividad? Es en la aparente anulación del tiempo que
consiste una de las características más importantes de ese estilo,
que es esencialmente dialéctico y aparece como el resultado de
la lucha solitaria del individuo contra el implacable desaparecer
en la nada de la marcha del tiempo. En eso, así como en el
carácter fragmentario — que se presenta en el hábito de todos
los detalles y en su consecuencia constructiva— en la inestabi­
lidad y en el carácter cinético de la obra consiste la propia
expresión y el alto grado de veracidad de ese estilo.
MADI COMO ESTILO ESENCIAL DE LA NUEVA
MUSICA: RENUNCIA AL CONTRAPUNTO ARMONICO
lo que, en pintura, corresponde a la bidemensionalidad, al abandono de la perspectiva y al movimiento
lineal; ORGANIZACION CIENTIFICA REPRESENTADA
POR LA FORMULA:
12 ______ 12

1 : V 2 ':

_ ______

V 22 . . .

PRINCIPIO DE VARIACION PERMANENTE como base
de la nueva forma, substituyendo la antigua preesta­
blecida y sus elementos intrínsecos;
lo que equivale, en pintura, a los conceptos de "marco''
recortado e irregular, de los planos móviles de articu­
lación y traslación;
en fin:
ESTILO DE RECOMIENZO,
CONCEPTO DE INVENCION Y CREACION DE ACTOS
Y ELEMENTOS ESENCIALES.
Estimado Kosice: he aquí lo que quería escribirle. Me detengo.
Sean estas líneas el comienzo de una colaboración estrecha y
eficiente en el sentido de crear un arte libre e independiente
como expresión del orden y de la ley.

Teresópolis, agosto 1950 Brasil

Traducción de ANA RIVAS

�COMPOSICION

PLANOS

PINTURA

BRESLER

ARTICULADOS

DIBUJO

HAYAS

�A U T O R E S

Y

L I B R OS

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o

cr.

OJ
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• ■■■
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CO

mrn
ce
a

�tion before the other beauty expressions, spurious elements become- allied. So, included in the non-figuration, the intermediary
action of automatism, intuitionism, ingenous non-figuration, etc.,
is observed.
So, to delineóte the artist in the simple filliation of non-figurative
art does not presupposes his subsequent transcendency although
it affords isolately valúes of reference (Mondrian, Kandinsky, Gropius, Pevsner, etc.).
Heretofore the stages prior to Madí, synthetically, hereafter Madí.
We, Madists, do not look for the resemblance with anything.
We augúrate the invention of a new kinetic geometry. The kinetic architecture, sculpture and painting. A saggital composition,
an structure without connection prevailing as a total autonomy.
A poem is not a succession of images transformable in news.
Several valúes of the invented proposition and the puré image
in the poem, articulation, rotation, directed displacement of the
dwelling and the object, irregular plans and movable plans in
painting.
An imaginative, cerebral procesa
a scientific realistic ordaining,
i

an aesthetic presence without demonstrations.
Madí proves the prolongation of his trajectory to other continuous
of geographical slinging (efficient entities that aim to the sidereal world!).
Madí proclaims his recommencement style, his concept of inven­
tion and creation of acts and essential objects.
Only a dialectical interpretation of the history oí art affords the
indispensable prolegomena to sitúate and understand the divers
artistic manifestations. Passing ihrough the first stages of the
cultural development up to our davs aesthetic manufacture has
depended upon the conditions set in by each time.
On enfranchising alrectdy a whole cycle wi'th the decomposition
of impressionism, the phenomenon of expressionism (source of
the modern art) appears simultaneously with the "fauves".
P

The expressionism as well as the cubism is a deformation of the
reality, but the cubism — gecmetry making, law of frontality —
is already supported by elements contributed by the industrial
civilization.
The dadaism is the outlet of the first experiences. It tergiversates
and confounds the aesthetic positions that the cubism and futurism added to the spiritual excitement of the present moment,
favour.
Surrealism with its hybrid base, metaphysic and idealist applies
to the subconscious to the literary and astonishment purification
to settle an aesthetics that attemped to dim man's conscience.

With the concrete art and by extensión to every form of abstractionism, constructivism, suprematism, neoplasticism — the great
period of the non-figuration is begun.
But the concrete art remains still blocked up by the constant
stratification that comes from clauses and rules of the ancient art.
Along with the insurgency of the forces that free the non-figura­

Mqdí is the art of our time.

�The irregular frame, the articúlate painting, the liberal
shape and colour: sculpture with articúlate, lineal,
displaced and directed movement are inventions oí
madinemsor.

The physical space may be quite diíferent írom the
representation we have of it by means of our direct
visual and muscular experiences.
We say:
Space is measured in depth.
None of the prior to madi schools has stopped before
the following axiom that this threefold are endoses.
Distance - Speed - Movement.
The area and the spacial depth can be measured.
Mystery does not exist.
Up to the present the wall, intermediary of painting.
From madí, colour and anecdote in kinetic, aerial plans.
Sculpture of remóte control.
Invented poétical images that go beyond all configuration.
Against the staticsm of the abstract — concrete art.
Against the discursive literature.
Invention and style of recommencement madí.

Painting: Outlined and irregular frame, liberal plans

and colour, articulation, translation.
Poetry: Invented concept, image and proposition, puré

happening, graphically untranslatable or by extralinguistic means.
Music: Strict relations with the panintervalar series.
Organizations of sounds by the formula:
12_____ 12________
1 : V 2 : V 22 . . .

Principie of permanent variation.
No harmonio counterpoint.
Sculpture: Whole solids with a rotation movement,
displaced or directed, functional boundary line,
spacial objeets.
Architecture: Movable dwelling.
Kinetic form and atmosphere.
Novel and Story: Character, action and dialogue in
place and time quite invented.
ESCULTURA

GYUL A
KOSICE

�A Q U E L A R _____________________
Aquelar defen dido com o una com paración
dentro y fuera
pero más fuera de la saña
más cristal desdibujado en el rom piente
acaso destello del suelo
y simple oficio d e ser
D esde su arranque en la ternura misma
desde don de brota acjuelar
es paréntesis d e arom a
para mí es cantidad de sorpresa inminente
desban dada d e precisas velas
duro ángulo m om ento en cjue la luz no es un bello fruto
acjuelar es asom arse
ponerse en peligrosa vecindad con cosas muy conocidas
con la salvedad de cjue sean propicias
cjue estén engolfados en un resplandor más
com o consecuencia de su visión explicable
D esencadenarse en acjuelar o estar en él
— para ese entonces en su leve conjunto —
es desm enuzar su albor
com parar una escapatoria sin som bra
con el más portentoso despliegue d e mirajes
maquinar su nave sin festejos
blandir entre tanto algo que pudiera arraigar
en fértil exhibición
que entrechocan con un signo reconstruido
sobre el que .se aferra el núcleo de su humedad
a piel de apresurado gorjeo
Conciliar su m em orable acom etida
contra toda resistencia alucinante
aquelar está enm arcando a cántaros su elevación inexpresable
aunque estem os por palpar su contorno de bólido torrencial
que m ilagrosamente y sin esperarlo cae a plom o
KOSICE

VISION!

30 5 50
|

|

._____________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

pero es preciso asomarse a esta imagen retenida
animado de esta luminosa diferencia
que de tan visible pasa desapercibida
en el exterior
como una condición de mucha plaza
no se inauguran tantas nubes figuradas
no se escapan del medio a que pertenecen para cubrirse
ni precaven al día de su inminencia
es preciso contemplar el tanteo del cielo y saberlo de memoria
envolviendo la ráfaga con otra más funcional
más irregular menos transparente
pues de esta protección más acorde con las cosas rodeadas
no se animan a demostrar su forma los objetos promovidos
ni otros de índole improvisada
que tienen su sentido en su humeante inestabilidad
¿qué importará entonces la incongruencia
si todo comienzo es entre nosotros otro renglón?
R. RASAS PET
r-

�Avec cette section qui inclue des collaborations spéciales pour Art Aludí”,
nous inaugurons un espace qui se pro­
pose refléter la vitalité des plastiques
non-figuratifs de notre époque. Collégues d’Anglaterre, Argentine, Etats-Unis,
France, Hollande, Hongrie, Italie, Roumaine, Suéde, Suisse, Tchecoeslovaquie,
Uruguay et autres pays, se sont fait
écho de notre intention d’illustrer et
faire connaitre leurs oeuvres. Nul collaborateur est intégrant du movement
madinemsor. En des numéros succesifs
nous maintendrons cette section, pour
iaquelle nous acceptons les travaux, séléction preálable, des plastiques qui désirent prende part.

HILLA REBAY

La correspondance doit-étre adressée au
nom d ’Art Aludí, Esperanza 41, T ,
Buenos Aires.

ANDRE BLOC

ROLPH SCARLETT

RUDOLF BAUER

HENRY VALENSI

WALTER BODMER

JEANNE KOSNIK KLOSS

CESAR DOMELA

��p a r a a rte m adí

�A

Q

U

que recibimos viene precedido de un texto del
crítico W estherdal.

I
M

A

D

I

• Ha estado entre nosotros H. J. Koellreutter.
co/npositor e investigador de extraordinario re­
lieve en la música contemporánea de vanguar­
dia. Nos dejó a su paso por Buenos Aires una
visión amplia, esclarecedora diríamos, del por­
venir de la música dodecatónica.
Tres conferencias del musicólogo brasileño, la
primera en el Teatro del Pueblo, la segunda en
el auditorium del arquitecto Birabén y la última
en el Instituto de Arte Moderno, evidenciaron
un total dominio no sólo de la temática musical,
su función social, estética, etc., sino y también
una predisposición inventiva, escrutadora para
lograr nuevas conquistas en la audición de
sonidos.
Es así que después de debatir con algunos in­
tegrantes de madí sobre la posibilidad de crear
según nuestros lineamientos teóricos una música
esencial, el maestro H. J. Koellreutter ha logrado
descubrir leyes descomposición que se corres­
ponden con los postulados modistas. En la carta
abierta que se incluye en este número, detalla
de manera irrefutable sus investigaciones.
Va desde esta columna nuestro apoyo y mejor
estímulo al colega, que abre nuevas perspecti­
vas con su inestimable aporte.
• De Sao-Paulo (Brasil), Nininha Gregori nos
envía tres piezas musicales: Sacy Pereré, Cantffii y Allegro da Suit 1949, para flauta, violín
y viola. Reproducimos en estas páginas las dos
Piezas Madí para piano, 1950. Comprobar que
la música no se ha estancado, que ha roto con
todo preconcepto tradicional para liberarse y
fijar un nuevo decurso, un nuevo suceder musi­
cal madí, nos permite valorar en toda su mag­
nitud el trabajo de N. Gregori.
• En Esperanza 41 (2°), está habilitada, los
días sábados de 15 a 19 horas, una muestra
permanente madí.
• Gran actividad se registra en Toulon Serge
Vauraud junto con Tamari-Olive, J. Millet, Meiffert y otros artistas no-figurativos, forman un
grupo dinámico que desarrolla una intensa ac­
tividad. Prueba de ello fué la muestrA de obras
de los más importantes plásticos que integran
el último salón de "Réalités Nouvelles", y que
en esta oportunidad figuraron en la exposición
realizada en el atelier de S. Varaud, ^n Toulon.
• El movimiento madinemsor expuso sus obras
en París en la última exposición internacional
de 'Réalités Nouvelles". En su oportunidad fué
comentada en "Arts" por Pierre D escargues.
•

Recibimos el extraordinario libro dé A. Herbin, ''Art non-figuratif, non-objectif". En forma
exhaustiva desarrolla su teoría o estructura al­
fabética, donde cada plano coloreado represen­
ta una letra, en un planismo total, geométrico.
Adaran los conceptos expuestos la impresión
en colores de las distintas obras de Herbin.
• Tenemos la adhesión a nuestro movimiento
de Nikol Kasak, pintor que reside en Italia. Se
orienta en su última producción a realizaciones
pictóricas con marco irregular de gran calidad.
• José Julio, pintor español, expuso una serie
de trabajos en las islas Canarias. El catálogo

• Diyi Laañ se apresta a publicar un libro con
los cuentos de Inod, Cy, Loch, etc., algunos, de
los cuales ya han aparecido en sucesivos nú­
meros de ARTE MADI.
• Masami Kuni, coreógrafo, publicista y pintor
japonés que se ha adherido al movimiento madí
como miembro integrante, representa al grupo
en Tokio. En las páginas de este número van
trabajos de coreografía. En la próxima entrega
de la revista publicaremos sus obras pictóricas
y el esquema total y detallado de una de sus
coreografías.
• Recibimos de Zürich folletos de la exposición
conjunta de Pevsner, Vantongerloo y Max Bill,
con ilustraciones y textos de cada uno de ellos.
•

Nélida Fedullo expuso en Van Riel.

• Wilma Dustin realizó la exposición de sus
obras en la galería Müller. El catálogo va con
una presentación dé Enrique de Ezcurra.
•

a El periódico de información de la Asociación
Artística Internaciondl Independiente "Art Club”,
reseña en su última entrega toda la actividad
plástica e intelectual que realiza con colabora­
ciones de escritores, pintores y críticos de Italia
y otro spaíses. El comité directivo de Roma se
compone de: presidente, J. Jarem a; vicepresiden­
te, V. Guzzi y E. Prampolini, y consejeros, G.
Capogrossi, P. Fazzini, S. Hammar, L. Montanarini, M. Mafai y F. Pirandello.

• En la librería Age D'Or, en Roma, se expu­
sieron pinturas y collages de un grupo de plás­
ticos de Checoeslovaquia: J. Istlwr, J. Smetana,
Fr. Hudececk, K. Lhoták y K. Teiye. Simultánea­
mente a la muestra se presentó un libro de
A. M. Kipellino, "Historia de la poesía checa
contemporánea". En la misma librería se expuso
una serie de litografías originales de Prampolini,
Archipenko, Boccioni, Severini, Kandinsky, Chagall, etc.

Otano expuso igualmente en Müller.

c En la galería "Quai Voltaire", en París, han
expuesto jóvenes pintores italianos: Dal Monte,
Cagli, Afro, Vedova, Pizinato. etc.
• Para mediados de junio entrante se realiza­
rá en Montevideo una exposición internacional
madí que abarcará todas las disciplinas de la
escuela. Intervendrán, además del grupo fun­
dador .otros elementos que últimamente se han
adherido al movimiento.
• Próximamente saldrá a la circulación la re­
vista “Arte Madí" del Uruguay, dirigida por
Rothfuss, Wellington y Uricchio, con colabora­
ciones especiales.
• Ch. Portin, corresponsal madí en los países
nórdicos, nos informa de nuevas adhesiones al
Primer Congreso Internacional de arte no-figurativo, auspiciado por madinemsor. Inconvenientes
económicos y de táctica obstruccionista y más
aún dificultades de traslación de los delegados,
han obligado a postergar su realización.
• Sandú Darié, orientado hacia la geometrización y continuidad del marco, revela en sus
últimos trabajos que esa búsqueda por definirse
ha dejado un saldo muy interesante, no sólo
por la originalidad que traen consigo sino por
la clara manifestación de la personalidad de
este pintor, que reside en La Habana (Cuba).
• Está en circulación el N! 4 de "Contemporá­
nea". No queremos silenciar un poema de A.
Molemberg, de gran calidad, "Canto del medio
siglo"; van colaboraciones de Svanascini, Del
Prete, U ndurraga, Eitler, Bajarlia.

é

• De Milán nos llega catálogo de la exposi­
ción conjunta de A ccardi, Attardi y Sanfilippo,
realizada en la "Galería Bergamini". Viene pre­
cedido de un prólogo de Enrico Prampolini.

____

• En la galería de Arte Moderno de Bale ex­
puso sus obras J. Spiller.
• Kasak, desde Italia, nos informa en una nota
sobre el arte no figurativo en Milán. Dado el
espacio, sólo mencionaremos los nombres de
Munari. Monnet, Soldati, Rho, Reggiam i. Radice,
Dorfles, Veronesi, etc. La librería Salto, de Milán,

es el centro de actividad de este numeroso
grupo de .artistas y ya se han editado obras
de muchos de ellos.
• Valdo Wellington desarrolla intensa activi­
dad en Montevideo. Está en contacto con jóve­
nes escritores como J. L. Medeiros, M. Sánchez
y otros que esperamos intervengan en las pró­
ximas manifestaciones del movimiento madi­
nemsor.

• En la galería Colette Allendy se expusieron
obras, pinturas, monotipos y dibujos de Folmer.
A su vez, en la galería Du Siécle expuso sus
últimos trabajos la pintora Vezelay.
• "Zen 49" se denomina un grupo de artistas
formado en Alemania y que exponen en la ga­
lería Egon Gunter. Ha sido integrado por Baumeister, Winter, C avael, Fitz, G ergerg, Hempel

y Denninghoff.
• Nos llega de Estados Unidos, del museo noobjetivista y por intermedio de Hilla Rebay,
una serie de placas de celuloide en colores,
reproducción directa de obras de Xceron, Kan­
dinsky, Bauer, Rebay, Mondrian, Scarlet y Wolf.
Suman cincuenta y tres "Colour slides”. Este
material será oportunamente proyectado con
una disertación explicativa de Kosice.
• De Hilla Rebay nos llega también una muy
completa reproducción fotográfica de collages,
trabajos a los que se ha dedicado con in­
tensidad.
• En la galería Denise René, en París, se ex­
pusieron obras de Sophie Taeuber-Arp y Jean
Arp.

• El pintor V asarely expuso con gran suceso
sus obras en Copenhague.
o La revista "Art d'aujourd'hui" lleva adelante
sus propósitos iniciales de difundir las principa­
les manifestaciones de la no-figuración en todos
los órdenes, ampliando los medios de divulga­
ción en una labor de gran envergadura y
trascendencia.

• El pintor Bérard, que nos visitara hace poco,
expuso en Montevideo y posteriormente en el
Instituto de Arte Moderno, en Buenos Aires.
e La agrupación Nueva Música dedicó su
70- audición a la música dodecafónica, inclu­
yendo composiciones de Juan Carlos Paz, Schonberg, Miguel Gielen, entre otros.
• Grete Stern expuso fotografías en Amigos
del Libro, salón Kraft.

• De Amsterdam, Holanda, nos envía Vordemberge-G ildew art un folleto suyo aparecido re­
cientemente con texto de Will Grohmann, in­
cluso un reportaje.

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                <text>Laañ, Diyi&#13;
Kuni, Masami&#13;
Uricchio, Rodolfo&#13;
Wellington, Valdo&#13;
Kasak, Nicolas&#13;
Darie, Sandú&#13;
Pet, Raymundo Rasas&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Koellreutter, H. J.&#13;
Biedma, Aníbal J.&#13;
Gregori, Nininha</text>
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�ROTOR
ARTE
MADI
UNI VERSAL
N?
3
Registro de la propiedad . intelectual N? 238.535
Publicación cuatrimestral
de arte no-figurativo
Organo del movimiento
madinemsor
Director: Kosice
En la cubierta
pintura de A. J. Biedma
Dirección y correspondencia
Sadi Carnot (Esperanza) 41-2°
Buenos Aires
Rothfuss - Chuy 3260 Montevideo
55 - Boulevard Lannes París
Prohibida la reproducción
total o parcial sin
mencionar su procedencia
Intercambio
Je demande l'echange
I beg for exchange
OCTUBRE

DE

19 4 9

A R GE N T I N A

RODOLFO URICCHIO

�oe
■Entendemos que relacionar por puro encadenamiento todo el extraordinario pro­
ceso del arte no-figurativo y dejar que su curso no signifique mas que una interpreta­
ción o un fermento de la época, es desconocer leyes trascendentes de contradicción y
conciliación.
En verdad el mal llamado arte "abstracto" no busca su ubicuidad ni ¡a necesita*’
se manifiesta en reemplazo de la vieja herrumbre tradicional, que paralizaba la con­
cepción y la creación. En esta ruptura se reafirma la necesidad de liberación de! artis­
ta actual.
El arte no-figurativo y toda su proyección histórica ya no se alcanza con meras
definiciones escolásticas. "Se está o no se está con él. pero es imposible ignorarlo": en
este concepto se apoyan quienes reconociendo su incorporación al hecho social y coti­
diano, en su pasividad reaccionaria sólo atinan a subestimar la valorización de una co­
rriente de innegable trayectoria universal, en favor de posiciones inoperantes o franca­
mente contrarias que son la negación de nuestro tiempo y sus invenciones
La diversidad de disciplinas y tendencias en la no-figuración (esto explica la con­
fusión y el conflicto aparentes) ha llegado al punto de que determinadas escuelas no
han podido eximirse de cierto lastre de hibridad que transfieren al objeto o a la ima­
gen creada. Al estar aún subordinados a conceptos académicos, intuitivos y sin control,
o a un falso lirismo, dejan advertir la presencia de una textura ajena a la entidad inven­
tada. De ahí que el movimiento madinemsor insista sobre el carácter esencia! de sus
realizaciones.
Planteamos: lo esencial en una obra madí no debe ser referido o derivado de otras
formas de creación; su propia autonomía y su función sin concesiones trasciende natu­
ralmente más allá del conjunto de propiedades que lo caracterizan, es decir será esen­
cia! en la medida en que a la creación le sea indispensable la parte en relación con el
todo Accionada por una conciencia dialéctica, innovadora, se conseguirá que la índole
de la materia a utilizarse no se limite a su contención; su armonía dirá también su ca­
lidad de esencial.
Consideramos necesario la conauista del espacio: la vivienda móvil y suspendida;
objetos en el espacio; una poesía sin signos que relativicen y desvirtúen un suceder es­
tricto y no "referido"; una pintura regularizando el marco de acuerdo al continuo in­
terno de la composición, el color y el ritmo; planos y colores articulados; volúmenes de
lu z ! colores de lu z !
Oponemos lo sagital a lo ortogonal
lo dinámico a lo estático
lo esencial a lo meramente dosificado.
Prevalece nuestra formulación con respecto a una mayor universalidad de nues­
tro estilo
Estilo de Madí
fenómeno ciudadano
fenómeno de recomienzo
de incorporación a la vivencia de nuevas presencias
de relaciones totales con lo absoluto
la naturaleza, las cosas y su prestigio
¡a invención, la estructura y su esencialidad.
El NQ 3 de "A rte Madí" no canaliza una teoría ni blande divisas inmutables*’ los
trabajos que van en este número, fundamentan su naturaleza dialéctica y el propósito
de alcanzar con nuestros primeros enunciad ds, nuevos continuos de maravillosa enverga­
dura ya previstos con antelación, pero aún irrealizados en la práctica (por ejemplo en
la arquitectura desplazable). Su qravitación en base a las conquistas sustanciales que
han sido promovidas al hecho madí constituyen su materia prima y su condición.
La redacción

�EMBOSCADA
- cuento -

de AFINES

Se pudo inclinar en sus ruedos el anca, hurgando en
el recuerdo. P u d ie ra n ser m itad ellos, m itad este feroz
octurador en m iniatura, que en realidad se m ueve. Algo
se deduce de la iniquidad de sus form as, m as es el rasgo
profano de su zona ilum inada, quedando visibles las pro­
yecciones m etálicas, las épocas, y la m ism a caída vertical
de su único ojo.
A quel día se había recogido la atm ósfera, resultando
alentador a b rir y c e rra r los abismos. En su porfía de afin
se había ram ificado en las corrientes casi blancas de las
escoras. A rrancó tal cantidad de sospechas que ráp id a­
m ente se enm ascaran a reloj batiente, le persiguen porque
no será de sus iniciales, sino en la caja de fragm entos y
m echones, donde se confabulara la m agia de su existencia.
E ncuentra en la inform e p artid a insular la alusión a su
form a. P reten d en reducirle al im placable term óm etro de
las ropas centrales, puesto que aquellos cometas de a u ­
gurios b u rbujeando flu ctu ab an ¿quién podía detener la
ofensiva de insectos carburantes? tanto que las redes de
explosivos adoraban la fre n te de nuevas y profundas fi­
suras, se colocan apresuradam ente las m allas teóricas.
Siendo arrastrados, asom an por las com isuras estelares
burlándose de la pequeñez de aquel acto sin ejecutantes.
Se reclam aba una enérgica intervención para salvarle,
pero los focos que flotaban por inm ersión, com partían la
ru ta de personalidades, indicando que nada le am enazaba.
Luk, al com probar que nadie poseía el secreto, se sintió
seguro y audaz, posponiendo esa m ultiplicidad de central
periférica. Se profundiza alcanzando una línea superior
a si mismo. A lguien le llam a la atención sobre el peligro
de una soledad retroactiva. C entrifugándose con una no­
table sonrisa descuelga la caída de M ir personaje. De po­
ten te psicología, arm ado de todas gam as que allí en co n tra­
ban apogeo, prende condecoraciones en las espaldas geo­
m étricas de los héroes, quitándoles el blindaje, lo mismo
que las antenas voladoras, advirtiendo adm irado que eran
alegres y sensibles. Luego se abandona al trav és boreal
de otras latitudes, im poniéndose de su inm ortalidad, y ta n ­
to le convence la experiencia que se tra b a en móvil.
Este hecho causa ta n ta inquietud en M ir que nerviosa­
m ente se vuelve en su vacío desconectando conm utadores
de nuevos guerreros; M ar al sur, Ber al este, Ceb al oeste,
Ja u al norte, resuelven circunscribir sus m agníficos reto ­

ques, contratacando violentam ente. El terrib le estam pido
de sus m ovim ientos, lanza colum nas de aire contra los
vivientes desintegrándoles las correderas del tórax. La
persecución se hace a la som bra de las m asas gaseosas.
Los brazos recogen a kilóm etros de allí el estam bre de los
caídos deliberadam ente a los pies, el sistem a bullía despe­
dazándose en la circunnavegación de aquel sol apagado,
que se debatía en la m edia luz m olecular, m ientras las
distancias dism inuían am enazadoram ente.
En medio de gran confusión cayeron bajo los rayos
ultravioletas debiendo com batir sin la protección de las
m allas y cascos. Era la hora, M ar retrasm itía a Ja u ,
m ientras Ja u desplegaba a Ber, siendo B er quien diluía
a Ceb, proclam ándose ya la verdadera victoria de L u k que
paralizaba sus asaltos siendo fin y medio, causa y efecto
en ellos. Solo M ir fué abrum ado en aquella emboscada,
giró en medio del vaho asfixiante del com bate, ascendió
vertiginosam ente, rodó en direcciones inverosím iles hasta
quedar reducido a la inm ovilidad, luego, comenzó a caer
buscando ansiosam ente con los reflectores oscilantes los
estribos del vacío, pero era tal la velocidad de la caída,
que a pesar de estar éstos a m illares de años luz e n tre
sí, se sucedían rápidam ente.
E n tre tan to L uk aguardaba en los paralelos, el paso
de M ir, cuando le localizó en su televisor frontal, hizo
estallar los cohetes atómicos lanzándose a la caza, rodeado
de interm inables colas encendidas. M ir quedó in sta n tá ­
neam ente detenido, convenciéndose de que pisaba la a t­
m ósfera, con gesto de alivio y lasitud com prueba que
desde allí, aun se podían observar las estelas de los pro­
yectiles y escuchar sus estam pidos. Lo cierto era que
quien había provocado aquella situación, estaba allí, qui­
tándose con calculada len titu d el casco y la m alla re frac ­
taria. No le fué difícil reconocerse en aquella ra d ia n te
expresión de Luk, advirtiendo ahora que en realidad no
había caído, sino que L uk arrojándose de uno a otro pla­
neta le había arrastrad o a su propio objetivo. C am inaron
ju n to s hasta los extrem os de las casam atas, sufriendo M ir
un gran sobresalto al com probar que tan pronto tenía d e ­
lan te de sí a M ir o Jau, a Ceb o Ber; era el retorno del
verdadero L uk unidad de aquellos que había creído des­
tru ir, m as después de todo él mismo podía contenerlos en
aquella residencia de afines.

y ALDO WELLINGTON

�O SALON ARGENTINO
de arte no figurativo

��poemas
p o e me
a V

iviana

L uz

si; c’est précis s’arréter dans l’ampleur du point
qui nous amarre d son finí
la perspective d’une gaiété qui se prolonge
dans la possible apparence qui attend son retour
mais pas obténir cette concrétion qui promettait
est peut-etre entrainer
peut-etre est préjuger la mesure qui ne pressent point
est peut-etre ignorer pour simple
son uni amarrage
ce role attentif aux faits dcmcsurcs
qui ne simule des verbes
denote deja en succesifs renónccments
son virer opportun et sans faces
cette élection embryonnaire qui sorprend
se possessionne en cercles
et spontanement nait l’intonation
penetre en se biaisant en tactiques nombrcuses
avec son étourdissement de prédications
qui tachent influences
obticnt a tenue
une rcsolution plus qu arborescente
tañáis qui se mine un rcplis
sensible toujours á l’intention
magnifique la luttc d'urgentes prémisses
pour rcjeter VIndex en voies de s ’inanimer
et le monocorde encourir dans l'insistance
qui procede d'ostcntation
á la fin de cette margc protagoniste
place son inminable superiorité
qui nous concerne en tant
traduit de l’espagnol

D1YI LAAÑ

lista trayectoria de distintivos
que yo sumcrgo pesadamente
no tienen como levantarse
porque todavía echan su suerte
a los refractarios tintineos
que se obstinan en no calificarse
Con un golpe se llega a la ovación-yol
acompañado de pequeños ruidos
de cualquier índole
como las primicias que se emocionan de existir
al ser más útil
al llamamiento proceloso
por eso es que esgrimo las señas,
A. J. B,

�COMPOSICION

PIN TURA

DIYI
PIN TURA

�Ávec cette section qu¡ inclue des coliaborations spéciaíes pour
"Art Madi" nous inaugurons un espace qui se propose refléter
la vita Iité des plastiques non-figuratifs de notre époque. Collégues de Suisse, Etats-Unis, Italie, France, Suéde, Hongrie, Roumaine. Argentine et autres pays, se sont fait écho de notre
¡ntention d'illustrer et faire connaitre leurs oeuvres. Nul collaborateur est ¡ntégrant du mouvement madinemsor. En des numéros successifs nous maintendrons cette section, pour laqueile
nous acceptons Íes travaux, sélection preálable, des personnes
qui désirent prendre part.
La correspondance doit-étre adressée au nom d'Art Madi, Es­
peranza 41 - 2p. Buenos Aires.

�■

�H ILLA REBAY

CHARLES PORTIN

GINA IONESCU

DAL MONTE

PIER O DORAZIO

DOMENICO ROTELLA

�PAUL LOHSE

MINO GUERRINI

LUCIO MANISCO
Colaboraciones
p ara arte madi

�ESPACIO OBJETIVO

ESCULTURA 1949

GYULA

�la tierra de INod-

j

relato
Un montón de exageraciones notifican a los sustraídos
cardinales la fluctuación de CY en la tierra de INod. Aun
cuando evita cualquier contracción que delate su laborio­
sa presencia, CY no ignora hasta donde alcanza su temi­
ble calidad. Pero no vacila, es decir, no puede ya retro­
ceder.
Cuando INod había atacado con su muchedumbre en sus­
pensión, CY se había decidido. He ahí pues, la consecuen­
cia de esa decisión.
Después de una batalla sin migraciones absurdas, INod
provocó su conclusión. No puede sospechar entonces que
a su retroceso casi esponjoso, hace custodia la sombra
por momentos rotunda de CY. El afán de llegar al refu­
gio inicial de su partida le impide percibir los instruidos
murmullos; inevitables, se suceden las jornadas.
Sujeta a su potencial ejecutivo, CY corrobora por mo­
mentos su actitud. —“No cederé, se justifica— a la dua­
lidad que fomenta la terminación de los síntomas. No ce­
deré a la influencia partidaria de la tierra de INod y ale­
daños. Será más universo; llegaré”.
Con tolerancia se impone la sucesión de otra jornada que,
sin descifrar, casi es para INod la solución finita del con­
flicto. En efecto, CY irrumpe en su limitación, sin garan­
tías de espacio. Al tiempo que elude con maestría los ada­
gios de un terreno poco conocido, consigue filtrarse has­
ta las proximidades menos que mediatas de INod. Plega­
da a su propio perímetro, se dispone a substanciar el
ataque, pero simultáneamente a esta capacidad acomoda­
ticia, INod ha desviado el conectado rumbo, consiguien­
do de hecho, evitar o demorar quizá, su particular meri­
diano.
Llegado INod a los segmentos antiguos que le vieron na­
cer, se afinca luego del trapiés original, sin reparar en
la calidad de los cuerpos sonoros. Se siente extraño para
peticionar desde el comienzo la acumulación, poco menos
que pueril, de sus méritos de batalla. Tantea con lasitud
ia resistencia que se deja ver en toda su formidable tan­
gencia y, con albergados esfuerzos primero, más desigual
en los tramos sucesivos, INod se introduce por fin, en
las molduras del precinto.
A distancia, CY observa los lentos progresos de INod a
la vez que revalida los meses de la espera. SU FORTA­
LEZA. El presente promete alentar en detalles su pres­
tada seguridad. —“Cuándo, cuándo?...— se interroga por
fórmulas previas, monótonas. Ya ha planeado en su con­
tinuo la autenticidad del castigo. Por eso retoma y sigue
una y otra vez, la rutina que INod se ha trazado para re­
conquistar su antigua preeminencia de núcleo. LA OPOR­
TUNIDAD. Surge de improviso en el lactante recodo que
no está prevenido para la magnitud del choque. Para
quien examinase desde un plano rebatido la saciedad de
este hallazgo, es indudable que su prosodia se impondría
a viva fuerza. Pero introducidos de lleno en los reflejos
casi biográficos, sólo nosotros podemos arriesgarnos, ais­
larnos podría decir, en los tonos reveladores que habrán
de producirse.
Las trabas oscilantes que hasta entonces han logra­

do detener a CY, se avasallan ante el impulso superado
de su impaciencia. Mientras, las minorías que rodean a
INod se abandonan a otras adquisiciones menos peligro­
sas.
Frente a sus laterales, es inminente la aprehensión de los
residuos que provocaría de inmediato el anularse contra­
rio y por consecuencia el logicismo de un triunfo aun in­
cierto.
Es interesante hacer notar las diferentes envergaduras
que drenan esta casi batalla de unidades. La primitiva lu­
cha de entes dirigidos, dió por solución aquella instituida
derrota de INod. Pero, puede afirmarse que la experien­
cia valoriza la actual inversión INodiana frente a los sis­
temáticos contactos de CY. Por eso se explica que alter­
nando sus posibilidades y restringiendo al máximo las re­
ferencias teorizantes que fueron causa de su original re ­
troceso, se imponga definitivamente INod en las todavía
acusativas estribaciones de CY.
Sin embargo, era imposible preveer en cualquier caso la
fusión sensiblemente intencional, que ha sido en definiti­
va, el epílogo evidente del encuentro.
í; Qué podemos decir ahora, de la unidad perpetrada de
manera tan perfecta? ¿Qué, de la gestación sin convenios
que ha planificado a CY? No lo había previsto. De in­
tento creyó menos medulosa la vibración de INod. Extre­
mó la fijación de su gravedad, sin lograr la apretada ve­
locidad de un triunfo, sino y apenas su cauce a prueba
de INod.
A su pesar se incorpora a la añosa elipse al tiempo que
promete fiscalizar todas y cada una de las partículas que
superlativamente completan su comunidad.— “No debí ce­
der a los añadidos del tedio que conspiran contra mis
preferencias”— medita CY. Sin embargo, transcurre,
exhaustivo el radio de acción y se adjudica entonces en
tono e imagen el único pase.
Es demasiado absorbente la inflexión del término y al
cometer un error, lógicamente se encoge en su fisonomía.
Desdeña sin méritos el equilibrio de síntesis capaz de soste­
ner y aún vigorizar la fragmentada filiación de CY. Mas,
por el contrario, intenta abroquelarse en el privilegio de
aportes inusitados que no alcanzan a engañarlo,
imperceptiblemente se va insinuando la rúbrica persua­
siva de esta situación. La nueva lucha comparte su fin.
Tarea de inquietudes disciplinadas aguarda a INod. Pe­
ro ¿ quién puede apelar a la substancia íntimamente ma­
nuscrita sino su misma condición similar? ¿Quién hará
sólida la manufactura de su triunfo? ¿Quién asumirá los
intereses que ya insinúan su conjugación por los vérti­
ces? Podemos afirmarlo.
La tesis de su evolución se apresura a mostrarnos las
vísperas contenidas de INodCY. No lo podíamos suponer
o tal vez no nos atrevíamos a abordar la integración de
ese croquis.
Ahora, sólo nos resta seguirlos en las incisivas marchas
del regreso.
DIYI LAAÑ

�NATURALEZA

y
ESTRUCTURA
Platino cianuro de bario

La extrao rd in aria diversidad de
form as y colores que contiene la
naturaleza, y que han sido sus­
traídos a nuestros sentidos por su
pequeñez, se nos revela ahora por
medio de la m icrofotografía.
Los cortes histológicos de ani­
males, vegetales o m inerales son
exam inados, después de un deli­
cado trab ajo preparatorio en finas
lám inas por transparencia.
El arte decorativo y la industria
textil, han tom ado partido de este
m undo abundante, fantástico e in ­
visible a prim era vista. Es un
préstam o m ás que hace la n a tu ­
raleza para los que se inspiran en
ella, la im itan o la calcan.
En las m icrofotografías que ilus­
tra n esta página hay una alusión
directa a los artistas abstractos
que ya no lo son tanto, en cuanto
la naturaleza los ha superado. —
U na geom etría am orfa, una m usicalización, u n autom atism o lírico
o un ritm o dado, pero que parten
de totalidades que encontram os en
la fauna y la flora—. La m anifes­
tación abstracta o concreta de vie­
jo o nuevo cuño puede ten er erró ­
neam ente algunos de esos elem en­
tos, no obstante no p a rtir de ellos.
A unque esto no sea ningún rec u r­
so de la naturaleza para testim o­
n iar lo que es o puede ser un si­
mulacro de invención decimos
que una obra m adi estructurada
e inventada no es suceptible de
ser com parada o contenida en las
form as de la naturaleza, y que la
invención, la creación estética es
una incursión independiente de
toda entidad o form a preestable­
cida.

Microfotografía de cristales
de estreptomicina.

Brezilina (producto orgánico)

Instantánea de alta tensión.

Cristalización de la cafeína

��PIN TURA

PIN TURA
A R TIC U LA D A

PIN TURA

RHOD

RO

�ALGO
SOBRE
ENOMENOLOGIA
D escartes desea evitar la precipitación
y la prevención y no acepta lo que no
nos sea dado en form a clara y distinta,
evidente. H usserl está de acuerdo, es
positivista porque a él tam bién la des­
cripción de conciencia le hace aceptar
honradam ente lo dado, claro y distinto,
ateniéndose a lo que nos ofrece la ex­
periencia inm ediata, los datos inm edia­
tos de la conciencia.
Pero de D escartes a H usserl pasaron
m uchas cosas y son dos conciencias dis­
tintas. En el prim ero es lim piarse de
prevenciones que no convienen y ofre­
cer ciencia; en el segundo, la ciencia
m olesta, y por ello no es una certeza
evidente a la conciencia descrita; no es
u n dato inm ediato de la conciencia,
pues la intuición apunta a otro lado.
¿Qué m ejor que poner e n tre p a ré n te ­
sis, suprim ir esta m olestia, aún cuando
sea un acto de coquetería filosófica?
“La visión de H usserl es in tu iti­
va: así como hay ciegos de los ojos
físicos hay tam bién ciegos de ideas
—incapaces de ver esencias—. Esto
es algo evidente, para los que tie ­
nen esta clase de o j o s ...” (Ontología fundam ental de Heidegger.
W. de Reyna. Pág. 64-65).
A D escartes y a H usserl los unifica
el ser dos llaves de acceso en la tem poralización de una clase, cuando se
levanta y cuando se hu n d irá inexora­
blem ente. El determ inism o no pide
perm iso p ara anim ar la realidad; crea
optim ism o y crea pesim ism o y la pro­
testa es inútil cuando el destino es fa ­
tal.
La intuición eidética y la reducción
fenom enológica son el pedestal sobre
donde activa la fenom enología —reco­
nocido por H usserl (M editaciones car­
tesianas)— pues la intuición y la re ­
ducción pertenecen y son obra de una
m ism a conciencia descrita.
La fenom enología no es la ciencia de
los accidentes sino de las esencias. La
percepción de las esencias es el fin su­
prem o de la fenom enología y para p e r­

cibirlas debe conocerse al ser que las
percibe y la verdad de su método.
El método es la reducción fenom eno­
lógica.
Ponga el m undo entre paréntesis co­
mo todo lo que peque de intenciona­
lidad externa, p ara volverse sobre su
trascendencia.
T erm inará Vd. elim i­
nando la trascendencia de los eidoi para
quedarse con su inm anencia y e n tra ­
mos en esta form a al campo puro de la
investigación fenom enológica: el flujo
puro de las vivencias. Es decir si eli­
m ina las cosas y su relación con el ce­
rebro se queda angustiado o bien lleva
su actividad guiado por sus eidoi, por
la intuición que no es la trascendencia
hacia las cosas racionales sino la irra ­
cionalidad justificada en el porque sí,
porque mi conciencia así lo pide.
Los eidoi responden con sus directi­
vas sobre la verdad de los conocim ien­
tos adquiridos. Sean afirm ativos o n e­
gativos en tran o salen de los p arén te­
sis p ara con esta nueva presencia de las
relaciones m odelar una nueva actitud.
Los eidoi asegurar^ la libertad de la ac­
titud. Por lo mismo digo que la actitud
afirm a la necesidad de los eidoi p ara es­
tos lim piar las trab as de su acción.
Lo que queda después de la desconección con lo trascendental, adm itam os a
ésta o no como una desconección con lo
m undanal, dijim os que son los eidoi.
Pues afirm am os que el desenvolvim ien­
to de los fines de la hum anidad, la cien­
cia, el método de su aprehensión, exige
la im posibilidad del desligam iento de
los eidoi con lo trascendente y el m un­
do y ubicarlos en un solo nudo sin di­
ferencias de hechos y de palabras. Re­
duzcamos paso a paso toda la escalera
— el m undo y tenem os la intencionali­
dad, eche abajo la trascendencia y los
eidoi serán siem pre la intencionalidad
trascendente.
M ientras existan estos
factores jam ás d ejará de haber una re ­
lación dialéctica en tre sujeto y objeto.
La dialéctica está en el existencialismo como m ovim iento racional de con­
ducción hacia la captura de lo irracio­
nal en el m om ento de la angustia.

HEGEL

El espíritu al pasar de un estado sin

diferencia —prim era posición— a su
contrario —la negación de esta posi­
ción— y volviendo sobre sí mismo por
la negación de esta negación, se afirm a
y reconoce como negatividad absoluta y
como afirm ación absoluta de sí mismo.
La noción no es identidad hasta que
vuelve de la n aturaleza sobre sí m is­
ma . . . cuando establece y suprim e la
m anifestación exterior de ella misma, la
naturaleza.

LEFEBVRE

El entendim iento dialéctico extiende
ese poder, prolonga esa negación, se
instala en plena “negatividad” : llega
entonces la Razón (dialéctica) que n ie­
ga toda negación y restablece la a fir­
m ación por medio del CONOCIM IEN­
TO OBJETIVO DEL SER, DEL TODO,
partiendo de los elem entos analizados.
De donde resulta que el conocimiento
racional une en sí, a la nada y al ser.
No es y es: el CONCEPTO no es; no es
un ser real sino una abstracción. Al
mismo tiem po es: contiene al ser obje­
tivo; en él, ese ser objetivo (naturaleza,
historia) llega a reflejarse, a represen­
tarse p ara el sujeto.
El viviente p ara d eterm inar NIEGA
ser determ inado, pero d eterm inar es
afirm ar. No se detiene en negar sino
crea y transform a. Es una afirm ación
de la vida contra la nada, la m uerte.
La economía será p ara la razón la ob­
jetivación que suplante a la n aturaleza
cuando determ ina al ser; a la n a tu ra le ­
za la negó. NIEGA la economía, pero
así tam bién HARA una economía y
una “n a tu ra le z a ”.
Lo negativo es inseparable de lo posi­
tivo lo cual no quiere decir que la obje­
tivación no haga refu g iar a unos en lo
negativo y a otros en lo positivo.

Coexiste el ser p ara la vida y el ser
p ara la m uerte. T ransform ación de ser
en no ser y no ser en ser.
Lo que interesa es la glorificación del
ser y del no ser en la historia, como ser
p ara la m uerte o ser p ara la vida, en el
m om ento de la coexistencia de los valo­
res m ateriales en donde han prendido.
El segundo fué siem pre la retaguar^

�dia activa, que siem pre asom aba sus
narices cuando a algún otro se le daba
por el prim ero. Claro que en la historia
nunca hubo una teoría tan fresca por
e x a ltar la vida, una teoría franca en
los labios de m illones de personas como
ahora, y por eso ju stam ente esa re ta ­
guardia pasa a la vanguardia y lanza
su arsenal, digam os de bom bas de pól­
vora. .. sin pólvora, y; ¡guay! a m edida
que pase el tiem po m ás se hipnotizarán
con sus deseos. . .
El ser p ara la vida es la circunstan­
cia polém ica pues no se pierde en una
abstrusa y estéril vitalización, sino p re ­
supone la renovación que es cambio de
vida y m u erte y presuponiéndola no de­
ja de ser ser p ara la vida p ara ser re ­
novación de ser y no ser.
La lib ertad aflora como expansión
n atu ral, simple, que se re tra e cuando
falta aquella, o en otras palabras: todos
los seres tienen una expansión natural,
la cual al contacto recíproco e n tre los
seres se expande m ás u origina las ba­
jas pasiones, luchas, tristezas o la la r­
ga cola tem poral de la civilización a
nosotros. Esto en el plano am plio de
las grandes oposiciones. Pero lo nota­
ble es la conjunción en libertad, en ex­
pansión, de pasiones grandes o peque­
ñas, como las m anifestaciones de fu e r­
za colectiva, la cobardía o la tim idez,
porque las am istades o am ores son tales
pues p erm iten ex pandir e n tre sí sus pe­
queñas y grandes cosas: tal la libertad
absoluta en el arte donde se libera la
presión en un clim a QUE LO ACEPTA
—cuanto lo crea él.
La exaltación descarada y unilateral
de la m u erte procede de la m ism a base
descom puesta. Cuando la realidad se
hace im aginación, algo huele mal. Si
la lib ertad se busca EXCLUSIVAM EN­
TE en el cerebro, su expansión im agi­
naria, la realidad está subvertida en su
base. Sobre esta subversión de los va­
lores se entroniza la lib ertad absoluta
de las pequeñas pasiones.
Donde la lib ertad sea la antesala de
todas las acciones, lo m ejor es sacar fac­
to r com ún y será el su stratu m que ani­
me a las cosas y flu irá en determ inismo. — ¡Qué le im portará al sol que tú
vivas por él! La lib ertad va con el determ inism o pero puede m uy bien no ir
el determ inism o con la libertad.

MARCOS FRIDMAN

HAYAS

HAYAS

�PROYECTO OBJETO

HORACIO CAZENEUVE

TRES

POEMAS

�PROPICIA E L

1er. CONGRESO
INTERNACIONAL DE
ARTE NO - FIGURATIVO
m

A

A

MADIES
de
Esteban Eitler
Sobre los poemas de Kosice
l" — A liciente por sorpresa
2° — L andar en el poema
3° — Conducto de aliners

�PIN TURA

M. BRESLER

A RTICU LA C IO N DISCON TIN UA

Apartes similares
RODAR INFERIOR Y SUPERIOR
ARRASTRA SIN INFUNDIRSE
ARDID EN CAMINO DE APARTES SIMILARES
ROZANDO EL CANDENTE EJE
APLASTA LA POMPA RACIAL
QUE SE DESLIZA A RAS
TREPANDO CHOQUES
AHORA ES EL DISTANCIAMIENTO

PROFILE OF GUST
One can th e a step back, a forw ard and reversible one
und ertak e by going back, fall dow n hoisting onesel. From
this step to the firs t necessarily flog th e sideral waves
as if they w ere onex’s like, b u t the steps are included
clearly in the liquid of its im ages because it attacks propense ones by stretching itself on the locom otive power.
Nobodv believes in the chipped slip, w hen he or she
is told th a t depths w ith out steps do not exist, only the
gas razes itself and purposes enum erating b utts w ithout
enunciated orders; but from th ere to the em pty branches
a distance, sim ilar to itself, flashes, like one w ho in the
fold finds the bach of the cube, this one disposes th e rows
of arches of his lau g h ter in a pile.
T hat is w hy it was understood th a t the equilibrium
ending in asym m etrical breath, glides on w ithout being
extinguished, and th e road aw aits it feigning laziness.
One can take one step and back, bu t one shall fall in
the end, and the ends shine in lines w ithou t Ínterjection,
capable on account of the m agnitude of th e depths.
B ut I assure you th a t I continué profiling the gust
and w ith m y body touching the ground.
translated from spanish

QUE COLMA SU MAR
REPRIMIDOS EN CIRCUITOS
ARQUEADO EN EL TEJIDO CINICAMENTE
LA COMBA SE DETIENE EN LOS VERTICES
PALPANDO LA LUZ QUE LE EMANA
BESANDO RITMICAMENTE
LA TEMPERATURA PERPENDICULAR
DE SUS BRAZOS
ES UN JUEGO EN PUNTO CARDINAL
LLAMADO A INCULCAR LOS CORDELES
EN EL ELEMENTO
DESDE ALLI GRITAS
POR ALGO TE CONMUEVES
TENTANDO EMBESTIRNOS
EN LA CALMA PODEROSAMENTE ARMADA.
VALDO WELLINGTON

M. BRESLER

�.. .pero cuándo una línea se inclina o está por caéfse, o es naturalmente disparada!

La fatiga es el proceso corporal que con
mayor frecuencia se convierte en el péndulooperandi de la creación.

La instalación de las márgenes del camino
nunca han sido aprovechadas en su totalidad.
Enfrentadas por factores de conducta recípro­
ca, podemos identificarlo con ciertas tesis en
ocaso. Alguien que pasa, a cada paso que dá
levanta una polvareda que es más de uno que
del camino.

ExperimentaSmente para corroborar el olea­
je del mar, prescindimos del signo y nos basta su
imagen. Pero es el vaivén del elemento, clasifi­
cado separadamente, que nos salpica con un
absurdo sin defensa.

Todo lo que está consagrado a la realiza­
ción de algo perceptible tiene de común en que
su propia concreción lo consigna. Es fácil de aso­
ciar esto a la actividad por medios que luego
vuelven a su estado inactivo.

Los intermediarios entre la irrealidad y su
aproximado polo real, son las progresiones de
una tensión.

El signo privado ya del elemento de trans­
misión (lenguaje); el re-conocimiento del obje­
to; el objeto inmanente y su mención sin lugar
ni tiempo, se movilizan por sí solos para desba­
ratar su veracidad.

R. RASAS PET

Toda categoría lógica revela una violencia
en el canje de una probabilidad con otra. Las
causas que transforman un tema en una expli­
cación suscinta son su inútil ejemplificación.
La luz halla su apogeo en la medida que el
movimiento (su vehículo) es más "ralenti". Si el
movimiento es un estado y no una función, es de
suponer la intermitencia del estímulo que re­
quiere de parte de los elementos más flamantes.
Para un continuador de las "madigrafías",
la única garantía de originalidad lo dá su expli­
cación. Sin fórmulas.
Todo gerundio es una perspectiva verbal.
Es más distante por su ejecución de presente.
Ya concebimos la idea de que la gesticula­
ción debe pasar a ser un sucedáneo de ánimos
negativos.
Una esfera es un socio-asidero del finito
interrumpido. Una "plectá" (semiforma de es­
tructura espasmódica como todas las demás) no
es sino el infinito elevado ai rango de predilec­
ción. No más eternidad, a lo sumo una guía pa­
ra elegir.

PIN TURA

M. BRESLER

�prosa
sondable
en primer término porque re­
sulta imposible realizar un mo­
vimiento brusco contra esto
que digo: segundo, la sensa
ción es tan dispersa y total a
la vez tan vaporosa y mansa­
mente continua que la aten­
ción

no halla

asidero y la

sensibilidad mensajera acaba
por olvidarse completamente.
sondable también porque no
siendo una sucesión de puntos
ARTICU LACIO N

P. DELMONTE

— línea recta— es imposible
la captación temporal — dis­
tancia en paralelas— la curva
traza su propio sondeo y elimi­
na la repetición,
prosa también, porque no
propone ningún cambio de
sustituciones y aunque su
representación esté adscripta a la idea de las variaciones
imaginativas esto no altera su
unidad sólo su cultivación co­
mo tal podría justificar su uso
en literatura.
meditar sobre lo que impele a
la obscuridad es una faz alegó­
rica que sugiere el ser sondable
aunque sirva de intermediario
la más excluyente delibera­

OBJETO PIN TURA

KOSICE

ción: el lenguaje figurado.

�Acostum brem os al hom bre a la contem ­
plación de nuevas form as. Un objetivo
de Madi es llenar de realidades convivenciales los paseos y jard in es públicos,
los m uros y la acción en las salas de
espectáculos; la ilustración m édica del
m ovim iento y el color en el espacio.

PLANOS EN VERTICAL

ANIBAL J. BIEDMA

a

�poemas

Golsé-sé y no termina el mundo
Para todo esto que es eterno
como Ja circustancia esa fibra tocada
se calan y ejercitan las cosas presentes
y también los objetos en gestación
cabe en un ápice del límite configurar la volición
la exigencia del aire
el endurecimiento del sentido el cambio
ahora que estamos con los recursos discretos
de una inmensidad empequeñecida
sin poder eludirlas de Golsé-sé
ni siquiera poder decir su extravío
Aquí está eliminada la vida de todo lo mediato
también el ser visto por una doble necesidad
casi vibratoria
que puede avasallar el más cuantioso latido
el más abnegado hoyuelo del alma
y el porqué sensacional
Pero el mundo no se escapa del equilibrio
no cae en la perfección idiomática
Quedarse en el área
en la exigencia de la imagen
en la posibilidad menos táctil
en el acento menos profundo
lún a riesgo de acusar más suma de quietud
más huella recién terminada
más esfera imperfecta entre nosotros
estarse en el término del movimiento y tener nombre sin embarqo
KOSICE

Reten
Sostenerse de imperceptibles frenéticos
perpetuado en fulminantes oraciones de balas
y gárgaras de estrellas.
Recoger los dormidos avances
cuando caigan a flamear desbandándose invisibles
abriéndose colgados
desgarrando los estribos de un apagado animal
Se adornan con cada una de las llaves de los astros
Paitaran a pisar las imaginativas punterías
aplacando los aceitosos peces
enterrando brillantemente sus razas
o las alegres osamentas.
Propongo forcejear los órganos pequeños
retrocederse ahuecarse
saltando dentro de los giradores timones.
Tremolarán las palas
la dirección de sus columnas
marcharán azotando insistentemente sus hojas.
Quebrados en los ejes cruzarán disueltos
acometiendo iluminados frentes de pájaros
Desbocados se clavan en las riendas
como para arrastrarnos del planeta
inclinarnos al vacío caídos de una mano
así en equilibrio constante
cubiertos de toda crueldad
pendemos el enlace de sus colapsos.
VALDO WELLINGTON

�AUTORES
LIBROS

El folklore numita
por H. Esgrat

E sta obra de divulgación de las costum bres n u m itas nos perm ite, gracias
a la com pleta docum entación y conocimiento profundo del tem a que eviden­
cia el au to r el p e n e tra r de lleno en la p a rtic u la r idiosincracia del abo­
rigen num ita. Nos sentim os atraídos desde la p rim e ra p ág in a por el con­
torno sin g u lar de la n arración en la descripción de las islas con sus
volúmenes aún sin diversificar, su flo ra bisoña y su m ás aun reciente
fauna.
Pero los capítulos de m ayor en v erg ad u ra cen tran los m itos y leyendas
que se actualizan en los ritos alternados en la vida num itense con los
p rep arativ o s p a ra la fiesta m ayor del año, la signa., extensam ente de­
ta lla d a por el au to r en sus m enores recodos, en su calidad de espec­
tador ex tra o rd in ario puesto que r a r a vez es posible v u ln e ra r los se­
cretos de la tradición de este pueblo que se am ordaza en su estrechísim o
perím etro, im perm eable al avance sustancial del siglo. E s por eso
m ás evidente la valoración de estas páginas, ilu stra d a s con un de­
liberado criterio pedagógico por Cazila. Fué editado por P ren sas del
grupo S. I. G. L. A.

Mi hora y

Fruto dehiscente
por Una Epsilon

Ed. L .I .B .R .O . S .A .
La reedición de este libro dá cuenta de su valor y
de su aceptación por p a rte de la crítica Los cin ­
cuenta poemas reunidos en este volumen dejan ver
todos y cada uno la cábala del optimismo, la p iru eta
de la risa, la mueca de u na b u rla y la facilidad dis­
cu rsiv a característico s de la personalidad de U. Epsilon,
que ya hemos conocido por sus an terio res obras “ R etro ­
ceso del A rgó” y “ Monz apisonado”.
T om em os:
Apoyo de E'sil

Si ru eg a E sil su ausencia establecida
Su puntualización oficiosa
Su esfuerzo traslaticio en rebeldía
Su emisión de urbe monologada
Su exacta resistencia de apoyo
Se abusa a instancias fru s tra d a s
Se pretende bloquear la ap iñ ad a intención sin orillo
E ignórase su a fá n al refugio
Ju stific a entonces el rezongo consecuente de sus laterales.

su isoterma
por A l Liado

In teresan te en muchos aspectos se nos presen ta la vida del co­
nocido p in to r A. Liado que h a dado a publicidad esta au to ­
biografía.
No puede n eg a r la influencia de la sinopsis am biental que
determ inó su radio de actividad posterior, re fle ja d a de m a­
n era sin g u lar en los últim os capítulos del volúmen. El
convivir fu e ra de los lím ites que imponen retrocesos, f a ­
cilitó un triu n fo sin determ inantes que agobian, con co­
mienzos que am u rallaro n su silo de a rtista .
A hora es el momento de re v ista r la acum ulación de las
h oras; así lo entiende Al Liado al ed itar sus m em orias
que ponen en descubierto no sólo la abultada riqueza
de u na vocación, sino y en últim a instancia la p resen ­
cia de un escrito r sin eufemismos, veraz y consciente
del derrotero a seguir.
El volum en viene precedido de un estudio completo de
los tra b a jo s pictóricos de Al Liado, a m anera de
prólogo, del crítico J. J. Betebea.
Ed. Oblos — Soc. Resp. L tda.

El viaje de Old-Vick
por G. Daw

Ed. Biblioteca G alaxia.
Con la presente , acoge la colección de la Biblio­
teca G alaxia un a excelente traducción de la obra
de Daw, conocida en nuestro medio únicam en­
te en su original.
D ejando de lado problem as ficticios o re a li­
dades dem asiado absorbentes, eslabona su a u ­
to r u na m iscelánea de sólida estru c tu ra, de
enfoque vivido y constructivo en relación a la
cu ltu ra sajona, de la que es suburbano expo­
nente. A llanado el obstáculo extensivo del
tem a, incursiona con soltu ra en los aspectos
menos conocidos, m ás m ultiform es y am e­
nos p a ra a se n ta r con solidez la hondura
docum ental del mismo. A sí nos dice: “ OldVick se precipitó con fu ria en el cauce
binario que se p erdía m ás allá del suce­
sivo horizonte. ¿Qué pretendía? F u e ra
del bostezo acusador del polvo, del aire
prestado a sabiendas, n ad a le envolvía.
Su ca rcajad a era so lita ria ”. Renglón
inhabituado merece la ac ertad a t r a ­
ducción de U. A m ateur.

Se impone entonces todo cuanto ya se ha dicho sobre la au to ra
cuyas jugosas condiciones la obligan a sobresalir de una
centración o de un enquistam iento de la poesía.

Ular en su lenguaje
por Hiymne Ráiss

Ed. del au to r
El p rim er poema dá títu lo al pequeño volumen que reúne lo
m ás reciente de la producción del au to r y es sin duda el m ás
logrado en su fo rm a y contenido.
E l libro adolece en general de lentitud, de una monocorde in si­
nuación conceptual que fa tig a n la atención de cualquier lector.
Sin em bargo y éste es su m ayor m érito, no cae en el abuso t a ­
b u lar de las evasivas, sino que se ubica en los motivos m uy loables
de las sugerencias que d esarro lla con evidente firm eza y conoci­
m iento de tesis. He aquí lo que su au to r nos dice:
Y a p au sa la década re tra íd a a su lím ite
ya discierne en derechos atisbados
que canaliza la longitud del punto reducido a su lenguaje
ya afinca U la r su dimisión
que se sacude m aquinalm ente
y en la búsqueda por unidad de envite
y en el rie la r mañono de U lares fiscalizados
se solaza de inercia
ag lu tin a mociones sofocadas
en ju s ta retención persuasible
m ien tras notifica la ab ierta raig am b re vitalicia
p a ra ro tu la r la venia sojuzgada de intento
y d ar a fin la posición d etentada
por privilegio

Monólogo

de E logar
por I. Quadri

Edición de F e ria Surosud
Y a en el diccionario madí se nos an ticipaba un p asaje de la fam osa in cre­
pación de elogar a los grupos de las A n tar, islas insum ergibles. “ S erá que
A n ta r (las del grupo) me nieguen tu ola, qué p reg u n ta sacude al caduco
borde porque me ocupo de tu tie r ra si huelo que te hundes?”. Y hostili­
zado por las m aniobras que no lo intim idan, am enaza con ir a : “ Mi síntesis
podrá a v a sa llar la secular certidum bre que te rodea y entonces volverán las
olas negadas al croquis de origen; entonces sí que el enfoque de mi filiación
será sinónimo de la victoria indiscutible de elo g ar”.
Lo tra n sc rip to sólo nos dá u na idea relativ am en te aproxim ada del color lite­
rario que p rim a en toda la obra. A trav és de ella se nos revela un notable n a r r a ­
dor que monologando (form a sin lu g a r a dudas, muy difícil p a ra en c arar el
relato ) nos induce a seguirlo en la com pleja e stru c tu ra de su creación. Debemos
d estacar la notable fluidez de la prosa, el agudo análisis que evidencian las si­
tuaciones p erfilad as y la p erfecta am algam a de la erudición y la inventiva.
E lo g ar es p a ra el au to r el hallazgo de su h a sta ah o ra indecisa personalidad y ju s ­
tific a am pliam ente su puesto de v an g u a rd ia en el certam en de la asociación de
cronistas circulantes. L a edición se com plem enta con un in te resa n te glosario, detalle
característico en todos sus libros.

�ESQUIVEL

COMPOSICION

A Q
M A
•

U

COMPOSICION

I

D

I

Hemos recibido de la Guggenheim Foundation dos folle­

•

Blaszco en L ’A telier, Del P rete en Cavalloti y Lozza en

tos, uno dedicado ín tegram ente a H illa Rebay y el otro

V an Riel, han dado a conocer lo m ás reciente de su p ro ­

con reproducciones de num erosos a rtis ta s de la N on-objec-

ducción.

tive painting, entre ellos Xceron, B aer, K andinsky Mat-

•

tern, etc.
•

ESQUIVEL

‘‘A r t Club” , organización in tern acio n al de pintores con­

tem poráneos que en Roma dirige Piero Dorazio, d esarro ­

De los pintores Bodmer y Spiller nos llega la noticia de

lla una in ten sa labor de acercam iento en tre los a rtista s

la exposición conjunta realizada en la galería del Milione

no-figurativos de diversos países.

Italia, con un catálogo ilustrado en colores.
®

•

La g alería Egon G iinter de A lem ania nos da cuenta de su

•

E n el Instituto de A rte

Moderno da

Buenos A ires que

plan de rea liza r exposiciones de pintores de vanguardia.

preside M. De Ridder se realizó a mediados de este año

E n fo rm a perm anente se exponen obras de Klee. Feinin-

u na m u estra del “A rte A bstracto en F ra n c ia ”. E l crítico

ger, Ende, Schlemmer, Ritschl. Baumeister y otros m u­

León D egand que tuvo a su cargo la organización y la

chos; últim am ente se exhibieron pinturas de Atlan. Gear,

serie de conferencias explicativas, desarrolló una labor

Goebel, Goetz, Scharp, W inter, Herkenrath Bullinger.

in ten sa y eficaz. Hubo algunos claros y ciertas obras no

De Italia, con un texto de P alm a B ucarelli d irecto ra del

debieron fig u ra r dado su carácter, pero así y todo, m er­

Museo d'A rte Moderna de Roma nos llega catálogo ilu s­

trad o de la exposición de Dorazio, G uerrini. Manisco y
P erilli.

. ..

ced al esfuerzo del In stitu to , hemos podido ap reciar una
de las m uestras

m ás

com pletas

que se hay an visto en

Buenos Aires, de a rte no-figurativo.
•

Se realizó en P a rís el 4&lt;? Salón de Réalités Nouvelles',
posteriorm ente apareció el álbum que cada año edita este
organism o.

..

..

•&gt; E l p in to r u ruguayo Ricardo P erey ra por p ropia volun­
ta d ha dejado de pertenecer al movimiento m adinem sor.

�®

®

Sandú D arié, que reside en Cuba, expuso sus obras no-

&amp;

Charles P ortin, p in to r sueco que ha difundido n u estras

rep resen tativ as en el Lyceum de la H abana y en la Car-

teorías y obras en su país, activa las gestiones concer­

lebach Gallery de New York.

nientes p a ra la realización del p rim er congreso in te rn a ­
cional de a rte no-figurativo. P o rtin reunido con sus cole­

M adinem sor tiene la corresponsalía de “ A r t d’aujourcV

gas nórdicos Ahlberg, Jones, Olofsson, Pehrson, Nixon,

hui” , publicación que dirigen A ndré Bloc, P ierre F au-

resolvieron adherirse a la iniciativa de Madi a condición

cheux y E d g ar Pillet, en todo lo que concierne a las m a­

de que p articipen organizaciones y plásticos m ás re p re ­

nifestaciones de la no-figuración en la A rgentina.

sentativos de cada país. La colaboración de Réalités Nou©

K upka, uno de los pionners de las p rim eras tendencias

velles, de Guggenheim Foundation, Institute of Designe

“ a b s tra c ta s” y creador del Orfism o, nos h a enviado re ­

en Chicago, el 1. P. C. de Zurich, etc., es pues indispen­

producciones de

sable p a ra llevar a cabo un congreso de ta l m agnitud.

sus obras y texto

que ap arecerán en

nuestro próximo número.
©
©

©

Max Bill en nombre de destacados plásticos suizos apoya

Va el hom enaje de M adi a J. T orres G arcía que fu e ra

n u estra iniciativa

indiscutido m aestro y creador del constructivism o.

E uropa, por cuanto alega que el traslad o de los p rin ci­

Leemos en “ C ontem poránea” un texto titulado “ Conside­

pales rep resen tan tes a algún punto de A m érica es p rá c ti­

raciones sobre el m adism o” que está tomado salvo algu­

cam ente imposible.

nas v aria n tes en su disposición tip o g ráfica del m anifies­

©

siem pre

que se tr a te

de hacerlo en

Preben, H ornung, K ragh, Jacobsen y H enrik Buch in te­

to de n u estra escuela que apareció, ya definitivo, en el

g ran te s del gr*po

N í&gt; 0-1 de “A rte M adi”.

m ente en Copenhague con el concurso de la g alería Deni-

danés

se René u n a exposición

“ L inien”

realizaron reciente­

en la que tam bién se presentó

u na colección de p in tu ra s de Le Corbusier, Dewasne, Dó­
mela, H artu n g , Schneider, V asarely, etc.

REVISTA ARTU RO . . .
PRIMER FRENTE POR LA INVENCION

ler. N9 DE INVENCION
NO EXPRESSION
REPRESENTATION
M EANING
M IRTH
NEGATION OF A LL M ELAN CH O LY

�Np 0-1 DE ARTE MADI
CON EL M ANIFIESTO DE LA ESCUELA

FOLLETO DE VU LGARIZACIO N

APOYE A MADI!
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N° 2 DE ARTE MADI

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.

acción Y d‘* ^intentad©»-

C ° " ° * i*n' po

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&lt;■

1949
copyright by
madinemsor
buenos aires
argentina

■

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                  <text>Ejemplares 0 y 2 a 7/8 de la revista Arte Madí Universal, publicados entre 1947 y 1954.</text>
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                <text>Wellington, Valdo&#13;
Laañ, Diyi&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Koellreutter, H. J.&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Fridman, Marcos&#13;
Eitler, Esteban&#13;
Pet, Raymundo Rasas&#13;
Biedma, Aníbal J.</text>
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                    <text>�P IN T U R A A R T IC U L A D A

P. DELM ON TE

A RTE MADI U N IVER SA L No. 2
Registro de la Propiedad Intelectual N? 238.535
Publicación cuatrim estral de arte no-figurativo
Organo oficial del movimiento Madinemsor
D irector: Kosice
Dirección v correspondencia:
Sadi Carnot 41 - 2? D. — Buenos A ires
En U ruguay:
Chuy 3260 - Montevideo
En F ra n cia:
55 - Boulevard Lannes - París
Prohibida la reproducción total o parcial sin mencionar su
procedencia
—
Intercambio
Je demande l'echange
Agradeco o cambio
I beg for exchange
Austausch erwunscht.

Octubre de 1948 - A RG EN TIN A

�Concepto de
CREACION é

Es imposible refutar el arte no-figurativo.
La superestructura ideológica gue denominamos "arte"
ha dado un fenómeno mundial en todos los órdenes de presen­
tación estética y se ha convertido en testimonio de una civili­
zación que señala el punto de partida de toda experiencia in­
ventiva.
Una nota de sustantiva historicidad es la inocultable ne­
cesidad de recurrir siempre a las fuentes oriqinales de lo crea­
ción. Insistimos en aue la vida ofrece a la observación síntesis
ya constituidas; que la invención es un mecanismo de primi­
genia necesidad y de posible superación, y que la creación es
una entidad insustituible.
Si la creación, siempre de actualidad afanosa y excitan­
te, es la meta en la producción de la belleza, no puede per­
manecer normativa una poesía, una plástica, reproductora o
deformadora de la naturaleza.
Los que, con la intromisión de hechos fortuitos, distur­
bantes, que al encadenarse sólo en un automatismo o iloqismo formal, pretenden imponer una misma valorizaren con
respecto al contenido estético de una obra, se enqañan. La
falsa garantía de originalidad que se nutre de la libre intui­
ción y aue oscila entre la espuma "irrebatible" del individua­
lismo, y esa isla inmune que fué la nada, el idealismo (su po­
sible m etafísica) es la última transición aue reqistra el cono­
cimiento en materia de invención de la imaqen y el objeto a
construirse.
El artista madi impulsa a la mayor gravitación inventiva
del hombre: reseña una conciencia científica, una predispo­
sición ingénita para sobrepasar el hallazgo.
El artista madí se emancipa totalmente de formas de
concepción y composición antiguos, y en función de una teo­
ría propia, dialéctica, postula nuevos principios, nuevos mitos,
nuevos arquetipos.
La revolución de Madimensor no se moldea en los límites
de la intemporalidad, deslinda prácticamente la verdad esté­
tica sobre una realidad dada, económica, política y social­
mente.
La revista "Arte Madí" en éste su sequndo número, do­
cumenta la identidad plástica y conceptual de nuestra época,
y su permanencia corresponde más que nada a su potencial
de invención y creación puros.
La Redacción

�SUPERESTRUCTURAS /

�V IST A DEL S T A N D DE M ADI EN PARIS
En ocasión del tercer Salón de “Réalités Nouvelles” que
organiza anualmente dicha institución, el movimiento Madinemsor representó a las corrientes de arte no-figurativo de la
república Argentina y el Uruguay.
17 • países y 260 expositores intervinieron en dicha muestra
que reflejó la extraordinaria vitalidad del arte abstracto-con­
creto internacional.
Obras de calidad de auténticos pintores y escultores no-fi­
gurativos, una organización perfecta y una dedicación a toda
prueba, hicieron de esta exposición de París un gran suceso.
La comisión del Salón de “Réalités Nouvelles” se compo­
ne de los siguientes colegas:
Presidente Fundador: FREDO SIDES
Vicepresidente: A. HERBIN
Secretario general: A. F. DEL MARLE
Tesorero: H. M. BERARD
Miembros: J. ARP. DEW ASNE, A. GLEIZES, GORIN
A. PEVSNER

�T res aspectos de la m u e stra y proyección que el m ovim iento M adinem sor realizó el
2 de agosto de 1948 en el T eatro del Pueblo. E n dicho actos se ofreció u n a audición
de m úsica contem poránea organizada por E . E itle r. S e ejecutaron obras de: B a rto k
L o p a tn ic o ff, Schiiler, E itle r, M a tu ra n a , S a ntoro y H aba.

Solamente una interpretación dialéctica de la
historia del arte, sum inistra los prolegómenos in­
dispensables para situ ar y comprender las di­
versas m anifestaciones a rtísticas. Pasando por
los primeros estadios del desarrollo cultural has­
ta nuestros días, la manufactura estética ha de­
pendido de condiciones dadas por cada época.
A l franquear ya, todo un ciclo con la desinte­
gración del impresionismo, aparece sim ultánea­
mente con los "fa u v e s " el fenómeno del expre­
sionismo fuente de| arte moderno.
El expresionismo igual que el cubismo es una
deformación de la realidad; pero el cubismo —
geom etrización, ley de frontalidad— ya se nu­
tre de elementos aportados por la civilización
industrial.
El dadaismo es la puerta de escape de las pri­
meras experiencias. Tergiversa y confunde las
posiciones estéticas que el cubismo y el fu tu ris­
mo, agregado a la conmoción espiritual del mo­
mento, favorecen.
El surrealismo con su basamento híbrido, metafísico e idealista, acude al subconciente, a la
catarsis literaria y de asombro para establecer
una estética que intentó oscurecer la conciencia
del hombre.
Con el arte concreto y por extensión a toda
forma de abstraccionism o, constructivism o, suprematismo, neoplasticismo— se inicia el gran
período de la no-figuración.
Pero el arte concreto permanece aún obstacu­
lizado por la constante estratificación que le
viene de cláusulas y normas del arte antiguo.
Junto con la insurgencia de las fu erzas que
desencadena la no-figuración ante las demás
expresiones de belleza, se alian elementos es­
púreos. A sí, englobado en la no-figuración, se
observa la acción interm ediaria de automatismo,
intuicionismo, no-figuración ingenua, etc.
Delinear pues, al artista en la simple filiación
de arte no-figurativo no presupone su trascen­
dencia ulterior, aunque comporte aisladam ente
valores de referencia (M ondrian, Kandinsky,
Gropius, Pevsner, e tc .).
Hasta aquí sintéticam ente las etapas premádicas, en adelante Madí.
Nosotros modistas, no buscamos la sem ejanza
con nada. Auguram os la invención de una nueva
geometría cinética. La arquitectura, escultura y
pintura cinéticos. Una composición sagital, una
estructura sin enlace que prevalezca como auto­
nomía total. Un poema no es una sucesión de
imágenes transform ables en noticia.
Polivalencia de la proposición inventada y la
imagen pura en el poema, articu lació n , rota­
ción, desplazam iento dirigido de la vivienda y
el objeto, planos irregulares y planos móviles
en pintura.
Un proceso im aginativo, cerebral,
un ordenamiento científico , realista
una presencia estética sin demostraciones.
Madi constata la prolongación de su trayecto­
ria o. otros continuos de embalse geográfico
(entes eficaces que apuntan al mundo, sideral!)
Madi proclama su estilo de recomienzo, su
concepto de invención y creación de actos y ob­
jetos esenciales.
Madi es e 1 arte de nuestro tiempo.
G. K.

�LA BATALLA DE INOD
R ELA T O DE D IY I LA A Ñ

i iene mucha raigambre en los segmentos antiguos que le
vieron nacer, aquel pequeño INod que sale al primario camino
de apresuramiento. Su ansia lo impulsa, lo aglutina en aquella
su muchedumbre extensible que ve en él, al jugoso principal
de la columna. Ceñido a la estricta admiración que provoca la
etnología de su grupo, tasa a conciencia la amenaza.
Ya en la marcha, ilustra la maleza discorde que se aparta
a su paso con metódico ademán. La evaporación se interrumpe
por bienios irisados que dificultan el avance. En la desigual­
dad periódica se alcanza a distinguir los ángulos que predican,
tramo a tramo, su dictamen. INod insiste. Se afirma el sucu­
lento filón hurtado sin malicia. Recurre al juego oficioso que
equivale para su hucha una ganancia baldía. Y aún cuando se
progresa lentamente se llega a la meta sin incisivas abdicacio­
nes. Entonces, INod atenta contra la fuerza que impele las
vanguardias adversas. Reacccionar a tiempo facilita la delgada
lucha que se perfila entre las dos cuñas del bastión.
A poco de iniciada la sacudida, parte del estribo de la
prensada columna se desmorona. El ataque contrario se bifurca
en bruscas laterales pronto a aprovechar sin vergüenza la sa­
liente pronunciada.
Luego de un paréntesis global que aumenta el perímetro
sufragado del combate, INod se rehace y presenta de frontal la
mezcla de sus cohortes. Los beneficios de la brega son exiguos,
pues no se cede ni un espejismo de terreno:
— '“Hay tiempos para apresar la brizna inaudible del re­
poso — se dice INod— , lo que urge en este alterado vaivén
es el paso que anticipe, augural, la victoria” .
Lejos está de utilizar como acicate la especie de prólogo que
caracteriza la vastedad de sus acciones.
— "Circunscribirse, circunscribirse.. ” — he ahí lo que
piensa cívicamente INod, y no le falta razcin. Decidido a lle­
var a la práctica su propósito, entrevista los movimientos or­
ganizados que consolidan su posición.
El avance lento se justifica. La muralla defensiva aumenta
su poder sin autorización. INod se siente irritado por las pers­
pectivas violentas que asume el contorno fronterizo de las
trincheras. Y ahora vacila. Y naturalmente esa vacilación le
cuesta un palmo de su límite. Pero no se arrepiente pues sabe
de la indisciplinada distancia que lo separa del triunfo y an­
sia llegar a su grupa.
Emite la menuda orden del ataque que airona de conjunto
y se pierde de unidad. Descubriendo los bordes bajos de la
masa enemiga deja caer la ingente prosodia de su plan y
cuando cree pulverizar los angostos rechazos opositores, surge

neto, el contorno que atiza la inhabitada inercia. INod se sor­
prende hasta el borde mismo de su peculiar atildamiento. Y su
proverbial zozobra hace fracasar por segunda vez la hasta en­
tonces estimable insinuación de su progreso.
El desconcierto de INod perjudica la ilación impertinente
de sus avanzadas. Las consecuencias se advierten casi al ins­
tante pues la inseguridad debilita perceptiblemente la solidez
de la columna.
— "Ahora no es tiempo de oscilar a sentencia” — se repi­
te una y otra vez INod, pero irresoluto, opone a la acción la
inconsecuencia de su paralelismo. Para lograr su objeto nece­
sita del porcentaje mutuo que acuerda a cada actitud pensante.
Profundamente absorto, manifiesta de opaca voz su comunidad
con la doctrina, sin excluir por eso, el impulso retenido por una
veta de la supuesta víctima. No excluye tampoco la oportu­
nidad de hundir por fragmentos anodinos las activas corazas.
— "Bélica es la medida de mi urgencia, se dice, pero nece­
saria. Tener al acecho los obstáculos que inmediatamente, en­
seguida casi, involucran de tedio sin estilo, no es conveniente”
— murmura a destajo.
Es evidente que la actitud en su flexión no fortalece el áni­
mo atributivo de sus gentes. El cálculo se filtra a través de
sus signos, para una síntesis de la batalla que ya se bosqueja.
Pero es tarde para retroceder: para el viraje que amplifica ya no
es tiempo.
Antes del empuje final INod habla apoyado fácilmente
en su anchurosa costumbre.
— "No voy a confrontar — dice— la escueta fortaleza
que se entumece en su amarradura. Tampoco pretendo artesonar en un terreno no vencido, pero por lo menos intento er­
guir la tiesura de un blindaje incómodo y mostrarles, ya arre­
mangado de todo efecto, el atisbo que fustiga la incumbencia
de un fortuito enemigo”.
La pausa permite a INod observar el alud urdido con pre­
cipitación de horas. Es auténtico su movimiento. Se le ve, es
asíble. Se concreta en el medio que marca la detención de la
probable subasta. Entonces intenta continuar, pero la esponjo­
sa horizontalidad de la techumbre se derrama en un todo. Se
interrumpe por un momento y luego se humilla hasta el ex­
tremo mismo en que aplica su sistema.
— "Es necesario, imprescindible casi, aventar la elevación
enmohecida que nos afrenta (en esto INod mentía puesto que
de él, había surgido la leyenda que se dilapida en sucesivas
mutaciones; puesto que él había marchado, más aún, atravesa­
do literalmente la espesa mansedumbre de otrás soluciones);
aplastar sin prórrogas la conexión funcional del conjunto, so

�riesgo de ser nosotros los que nos filtremos descriptiva o some­
ramente, que para el caso es lo mismo.
N o podemos ahora — prosigue— dejar abandonada la in­
terminable lasitud que nos gobierna por su flanco. N o pode­
mos ni debemos sustraernos al vaho, ya flemático, ya lisonjero,
que participa de su desarrollo. Es necesario, repito, suminis­
trar a las formas la vitalidad sonora que alcance a superar su
propio gravamen. Las formas gredosas traban su normal evo­
lución, y ésto no hay que olvidarlo.”
Por un instante piensa INod en la conveniencia de gravi­
tar tan directamente en el desdibujado grupo, pero de inme­
diato continúa, ya sin reflexionar demasiado.
— “Tender el grito desgarbado por los dorsos que se ig­
noran, no conduce a ninguna parte. Sabemos muy bien que
marginalmente no conseguiremos nada. Se impone, cabal es
decirlo, otra conducta. Arriba pues las realidades: sólo lo
imperativo es permutable: sólo cabe atenuar lo ficticio: sólo
así lograremos triunfar” .
INod se calla. Ya no dice más. Pero su tajante preten­
sión surte el efecto deseado. Como por injerto, cada ente se
inmuta de su papel. La organización se hace evidente y facul­
ta las directivas. Ya no resbala INod por la pendiente arren­
dada hace magnitud de tiempo: no se desdice, iracundo, de la
longitud de su rol, sino, por el contrario, incuba con precisión
la afrenta múltiple y quizá tardía.
Muchos son los preparativos, mucho el ánimo. Febril se
eleva el arco mayor de la prudencia.
— “N o se me había ocurrido hasta ahora diferenciar el nú­
cleo que nos dilata — piensa INod antes de dividirse— será
interesante su comprobación” .
Inesperadamente se vuelca en el molde nivelado, pronto a
machacar la corteza. La irrupción se produce a tiempo. Con­
centrada la energía, adereza a saltos el abordaje. Los pasos afi­
cionados penetran decididos por la base de la articulación. De
entre ellos sobresale INod, el gotoso pendón en la diestra. Qué
busca entre el mohino reflejo? Qué, entre el ajuste protegido?
Sólo la adhesión impresa sin ceremonias, la sencillez que remi­
te con claridad, permitiría a INod una perfecta unidad silábica.
Sí, únicamente esta unidad puede dar la victoria. Diámetro a
la obra, pues.

si siempre infalible pero es inútil. No hay añadidura suficiente
para aliviar de sobornos la pérdida ya definida.
Por el frenado cauce rueda, cavilosa, el ansia.
— “Ha sido breve de recursos mí postura — se reprocha
INod— , me merezco, punto por punto, el asedio nominal que
ahora soporto.”
Pero es muy fácil desaprobar la duda desde un plano aje­
no. Así lo entiende INod y se abandona. Ya no lucha más.
Se pierde entre la acensuada muchedumbre que fracciona a pa­
sos agigantados el camino del regreso.
Jamás hubiera sospechado INod este retorno escamado en
sus aciertos, este retorno destilado tan súbitamente. Se anega
en sus prestados pensamientos, se confunde entre los vapores
intencionados a sabiendas. Se hunde por fin, en un surco tan
compacto que desvirtúa su paso.

De su custodiada lejanía lo arranca la llegada vertical a los
segmentos. Le vieron nacer y se asombran adjetivamente del
abigarrado interés que manifiesta. Sospechan, adivinan mejor,
los guarnecidos derivados de la batalla de INod. Pero no pre­
guntan. Se limitan a su borde tamizado sin reticencias. Es en
vano, pues ya INod alerta, a destiempo y en toda su totali­
dad, la validez notable de su teoría y consigue de esta forma
pulsar con alivio, sus privilegios.
Sin evidencia y a mejor augurio impone INod el magro
ápice de su elemento. Se conforma entonces, con avivar la
sutileza que terció en el bloque derrotado y ceñirse a la riesgo­
sa admisión. Lo consigue y es bastante. Para este nuevo INod
es bastante reprisar aunque más no sea interinamente, el esfuer­
zo previsto, destacando toda posibilidad inédita que anule el
mérito de sus siglas. Logrará su maniatado fin?
La acumulación de sus intentos son otra etapa de admisi­
ble trayectoria.
T al vez en otra oportunidad se nos permita trasegar el
preponderante cotejo de la batalla de INod. ¡Hasta enton­
ces !. . .

La primera etapa es facilitada por la humedad de la sor­
presa. La que sigue ya es más difícil. Con enérgico envión se
desmenuza aquella tangente. Más aún, es dable advertir entre
la sensible especie, un retroceso auténtico de la masa INodiana.
Son vanos sus esfuerzos para impedirlo. Desatado el inflamado
nudo, hierve la muchedumbre con precipitación de huida. Na­
da puede detener a la avalancha sobada sistemáticamente. Na­
die puede detener el exceso de la columna dislocada. Ni siquiera
INod que ve así tumultuosamente fracasado su plan.
La tercera etapa es larga, certeramente larga. Los sorbos
incómodos se repiten ahora con mayor frecuencia. Los predios
de la situación lo van cercando lenta pero fructuosamente. Y
sin embargo INod trata de reaccionar. Es en vano. La vieja
insidia está en derrota. Lucha por imponer la conjugación ca­

D ir i
LA AH

�R O T O R ’S

R. URICCHIO
El Descubrimiento de Gró-I
Lo in fin itam en te breve sil reducirse a una cantidad lindera con
la nada, se aproxima, a pesar de su descontinuiJad, en el sustento
cuantifirado de la naturaleza (Oro-1).
E sta im ag in ativ a fórm ula de transacción entre la nada y ia n a tu ­
raleza trae más confusión y aislam iento que la 'que soportamos a causa
quizá de muchos milagros mal utilizados por la propaganda.
H aber hallado uua fórm ula que revele el m isterio (?) del origen
de las cosas, no es algo sorprendente, maravilloso, genial?
Su comprensión no es tan difícil. L a aparición de Oro-1, se ex­
plica por un compuesto inescindiblo de energía que constantem ente
está rozando la superficie — en caso de tenerla—, de la nada.
E stá dotado de fracciones últim as de los elementos, y con un
poder ta n grande de escudrifiación que deja estupefactos a los seres
más avezados con el porvenir. E n térm inos equivalentes es un c ata­
clismo m ayor que la cúspide de lo ignorado.

�By Madi Art (Nemsorism) wc mean an organi­
zation of the elements belonging to every art in their conti-

element and its respective continuity creatcs his work in all its

nuity.

gíng to its nature. But in the “concrete” there has been a lack
of universality and of consequence of organization. Artists
have fallen into deep and insuperable contradictions. Tre great

T his involves the presence, mobile dynamic arangement,
development of the proper theme, lucidity and plurality as
absolute valúes, any intervention of expression, representa­
ción and meaning boing consequently abolished.
Madi drawing is an arangement of points and Unes on
a sur face.
Madi paínting, colour and bidimensionality. Cut away
and irregular frame, fíat surface and curve and concave surface. Articulated planes with a lineal, revolving and translation motion.
Madi sculpture, tridimensionality, not colour. Total
form and solids with dontour, and articulation, rotation and
translation motions. etc.
Madi architecture, mobile and schiftable environment and
form.
Madi music, inscription of sounds into the golden section.
Madi poetry, invented sentences, ideas and images not
translatable through any other médium, except language. Pu­
ré idea process.
Madi theaire, mobile scenery, invented dialogue.
Madi novel and tale, characters and action not confined
to any place or time, or in places and times completely in
venced.
Madi dance, body and motion confined to a meas.ured
environment, without music.
In the countries which reached the highest point of their
industrial development the oíd bourgeois realism disappears
almost totally: in them naturalism retreats and defends itself
but feebly.
It is then that romantic abstraction, essentally expressive, takes its place. This tendency ineludes all figurative art
schools, from cubism to surrealism. Such schools have met
the ideological needs of their tíme and their accomplíshments
are invaluable contributions to the solution of the problems
confronting the culture of our time. Notwithstanding, they
muse be regarded as historically obolete. Onte the other hand,
their insistence on themes that are “exterior” to their own
qualities, is a retrogression at the Service of naturalism and
agaisnt the authentic constructive spirit which is spreading
over all countries and cultures under the ñames of expressionism. surrealism, constructivism, etc.
With the “concrete” — which as matter of fact is the
younguest shoot of the abstractioníst spirit— the grat period
&lt;of not figurative art begins, in which the artist using the

purity without any hybrid mixtures or any objeets not belon-

vices and taboos of the oíd art have been retaneid, for example in painting, sculpture, poetry, etc., superposition, the rec­
tangular frame, plástic athematism, the static element and the
interference between volume and environment: gnoseological
sentences that can be translated grafically. As a result of this,
concrete art has not been able to resist successfully, by means
of an organic theory and a disciplined pratice, the intiutonist
movements which, as surrealism for example, have conquered
all the world. Henee the victory, in spit]e of unfavourable
conditions, of the instinctive impulses over thought; of subconscient revelations of subconscience over cool anlysis, the
rigourous study on the part of the creator of the laws of the
objeets to be constructed; of simbolism, hermeticism, of magic over reality; of metaphysics over experience.
As far as theory and knoledge of art are concerned, it
must be said that a subjective, idelistic and reactíonary description is prevalent in thom.
In short, before Madi art was:
A scolastic idealistic historicism.
An irrational theory.
An academical technique.
Ann one-sided statical false composition.
A work lacking a real essentiality.
A consciousness paralized by its unsolvable contradic­
tions: impermeable to a renewal of technique and style.
Agaísnst all this rises Madi confirming the constant absorbing wish of man to invent and construct objeets within
the absolute valúes of eternity: together with mankind struggling for a new society without classes which will set free
energy and domínate space and time in all directions, and
matter to its last consequences,
W ithout fundamental descriptions concerni'ng the wholenes of organization, it is impossible to constructobjects ormake them enter the constant order of creation. Thus the
idea of invention is defined in the technique field, and that
of creation as a totally defined cssence.
For Madism invention is a superable inward method,
and creation an unchangeable toality. Madi, consequently.
IN V E N T S A N D CREATES.

(Translated from Spanish) 1946-47.

��P O E M
C O N D U IT U 'A L I N E R S

A

S

A A. F. DEL MARLE
Y AL COMITE DEL 3er. SALON DE “REALITES NOUVELLES”
11 y a une imprécision intervenue
Désorbité pour le coin de l’art
avec le mérite d’aliners en garde
qui tendent a dépioyer les élans au fil
et la place de leur initiale
ils suivent un conduit sans pronunciation
ils surviennet sans aucune intention désignante
dés que les aliners apparaisent contemporainement leur orbite se décrit
leur propre plate-forme parfois sumergée
compte déja avec une fantastique liberté de triangulation
qui attendrit jusqu’aux extremes de la distance la plus errante
et qui se trouve entre une défiante prensión et le dernier présent.
*

Mais un détachement ou encore une imprevisión
a fait des aliners une inmanente modulation
qui allait en grandissant pour le danger des ténuites assemblées „
pour constante alerte de toute limite
pour incarner la protection de roues confinées
■
en déployant de redoutables insignes honnetement acquises
sur l’ample pronostic marginal qui
précéde comme toujours de tremblantes fulgurations
Cependant lorsque les aliners entrent dans ces états
útiles á souligner leur existence
ils laissent une possibilité de se tranvaser dans une autre signification
qui n’attend aucun tour aucune option.
Avec beaucoup d’anticipation émeut le réveii invaincu
les rhytmes inébranlables par un acte délibéré du désordre
ils consteuent sans savoir quelle autre chose faire
Sera-ce le cours d’une conclusión contrainte? para lá Aliners par la.
. . . .

*

KOSICE
(Traduit de l'espagnol)

LA PORTEE DU HOREM
Geste qui ceint la borne kilométrique
Et prétend se délasser dans chacun
Sans appartenance dans sa partie finóle
Qui fixe de horems les ouvertures calibrées
Et en laisse le menú produit
Mondant l’incursion magistrale
Lorsqu’il en discerne la portée.

'

Peut-etre que l’energis sera vaine
Qui délegue sa protestation dans le horem
Sans vernisser pour cela le palier de son pas
Accordant á dessein
Cette agitation résolue dans ses contours
Cette foule á impulsión
Et en fin cette authentique lésion de son domaine
DIYI LAAÑ

�PROYECTO ESCENOGRAFIA M O VIL

TIA GNO
PERSONAJES
Ade
Tiagno
Mondics
Jig ad
L a acción geom étrica y las voces tienen lugar en un espacio sin
ademanes y se desarrolla dentro y en los alrededores de un escenario
móvil,
ACTO P R I M E R O
Jigad

(Detenido en el ángulo izquierdo, monologa con acento
firme y convencido, después de un breve silencio.)
Pero es posible que yo esté siempre en este orden p a ra sum ergir­
me en una dimensión de v allas asom bradas? H e aquí una im agen que
yo elaboro, que hago que se m antenga en espera p a ra que pueda se­
guir diciendo: (g ira sobre sí mío y sim ultáneam ente el lím ite de la
semieurva se desplaza más a trá s) he ahí otras floraciones, (señala al
escenario) he ahí todo el contorno de Tiagno, el mío, el de Ade y el de
Mondics.
P a ra Tiagno no hay territo rio de albergue posible. Sólo cabe es­
p erar de él u n at errible capacidad vo litiv a con su riv al próximo. T iag­
no busca en vano irse de aquí. Es ello un alejam iento in teg ral, un ale­
jam iento consigo mismo, en su propio lugar, en su propia estación.
L a estación actualiza su im agen, da más de sí mismo, abre las
ru tas que los vuelos hacen necesarios. Eso es todo. Ya en medio ca­
mino, en medio universo hay una porción de costas visibles, visibles
a muy corta distancia. Se ve la disciplina de la distanca y este re­
galo de la naturaleza. A hora tengo más promoción e ím petu para que
deriven las sombras y todo razonam iento.
H ay un alto en la palabra. Evoco aún —estoy disimulando el re ­
flejo del mundo— la inm ensidad de uno de mis días, ta n vasto que
recorre una vuelta a los idiomas m editerráneos. ¿ Quién establece el
vacío p ara dar aproximación a Tiagno? (L a p arte superior g ira con
estruendo, el aire se a g ita : Jig a d vislum brando un gesto ve acercarse
de la p arte superior a M ondics).
Mondics

vertical del centro y la masa romboide de abajo adquieren movimiento
de péndulo) he tenido que observr mi memoria para desvirtuar a T iag­
no. (Se detien e el m ovim iento).
Jig a d

(Con violenta emoción interior)
Yo, que recuerdo estar fren te a alguien (se acerca hasta orillar
el escenario), digo que Tiagno nunca tuvo príncipes de memoria, ni
siquiera sonoridad de memoria, ni panoram a, ni viñedos, ni cosechas
telares, ni espigas que nacen en derredor de su especie. Todo lo me­
jor que yo pueda decir para vivacidad de los eopos encerrados én los
astros, no alcanza a sum ergirm e en el rodar sin fin. Tiempos de co­
llares de islas, de encuentros de honda m agnitud. D istraigo esta ne­
cesidad para hacer pie en medio de las selvas caligráficas, acogidas en
pleno océano puntual, en una vastedad de estrem ecim ientos infinitos.
Ade

(Aparece agitada pero dominándose poco a poco)
Sólo me remonto a los orígenes. E sta vez la espesura no tiene co­
lor, no hay ninguna base pedregosa. (Golpea el piso y se imprime mo­
vim iento al rectángulo derecho superior de m anera que el círculo agu­
jereado se ilum ina a compás.) A liento p a ra Tiagno más veracidad que
esta escena. (Dirigiéndose a Jig a d ). N osotros sabemos que trasciende
más allá de este retiro.
Jig a d
Ya has equilibrado tu alegría?
Mondics
(C onsternado)
P or quién ?
Ade
P or Tiagno.

(Reprimiendo su tono de triunfo)

Mondics
Ya no existe tu opción, lie construido su olvido. Tiagno dejó su
form a a mercied del aire.
* Ade
P arece una detención utópica, Mondics. Tiagno está acostum bra­
do a vencer las llanuras del aire.
Jig a d

H as plegado la noehe y su símbolo sobre la substancia, sobre tu
propio bien oral. Yo no deseo subrayar a Tiagno, es in ú til tu convic­
ción casi solariega.
Jig a d

Tiagno está poblado do brújulas. E l vendrá a señalar su vidrio v i­
sible, su ritm o de golfos, su zigzaguear eléctrico.
Ade

{En el mismo tono)
Acaso has rebatido mi referencia en el pasado? Podrás ahora que
las cosas están preparadas p ara a fro n ta r la tie rra en toda su m etá­
fora? Alcanza pues estas latitudes, este diorema!
Mondics

(Sumido en sus recuerdos)
Lo podría haber hecho ; antes era un asunto do objetos que se des­
hacían por las ilaciones por relám pagos sin éter. A hora (la división

(Con aire doctrinario)

(Ansiosa)
De qué lado m arca su posición? (Se produce una gran pausa: todos
los volúmenes de la escena se articulan, giran o se desplazan, etc.).
Mondics

(Sobresaltado)
Tiagno es el movimiento!
Al caer el telón tran sp aren te los personajes retiran su jreg o antiim aginativo,

�foto-composición

grete stern

�UN ASPECTO DE LA SUPERPOSICION
En el problema de la superposición hay que considerar
tres elementos: formas, colores y tonos.
Desde el punto de vista de la forma, se pueden discrimi­
nar tres clases de superposición: total, parcial y por desliza­
miento.
El primer caso, o sea de superposición total, es cuando
un polígono está contenido enteramente en otro. Pueden no
tener ningún punto de contacto, y entonces toma el nombre
de isla, o pueden coincidir en parte sus perímetros, en este
caso es necesario que haya por lo menos un ángulo del perí­
metro que no sea coincidente, o pueden tener vértices comu­
nes, o vértices tangentes a los lados, o lados comunes, etc., es
infinita la variedad de combinaciones que se pueden dar, pero
de cualquier manera que esta clase de superposición se rea­
lice, es fácilmente reconocible y su verificación lógica.
Los otros dos casos de superposición son la consecuencia
de un problema óptico.
Cuando los rayos luminosos proyectan en la retina las
imágenes de un objeto, aún cuando esta operación sea ex­
traordinariamente breve, no desaparecen al mismo tiempo
que los rayos luminosos dejan de incidir en ella, sino que por
una especie de inercia de la retina, persisten aproximadamen­
te la décima parte de un segundo. Estas imágenes se llam an:

imágenes accidentales positivas.
Si se tiene un segmento de recta A B, la vista necesita
recorrerlo desde A a B para verlo; este recorrido lo hace a una
velocidad uniforme, y no lo termina exactamente en B, sino
qu por virtud del impulso de que está dotada, llega más allá
del extremo B, hasta un punto X , el largo de este desplaza­
miento fuera de los límites del segmento, está en razón di­
recta con la longitud del mismo. Pero en el espacio vacío que
media entre B y X , durante el tiempo en que es recorrido, en
la retina persiste la imagen del segmento, con lo cual se pro­
duce la sensación de que el segmento estuviera animado por
un movimiento, que se desarrolla en la dirección en que la
vista lo recorre (1), (para el caso de una curva, la dirección
del desplazamiento está dada por una recta tangente a su
extremo).
Superposición parcial, es cuando un polígono está con­
tenido en parte por otro, no pudiendo tener más de un lado
que sea la prolongación de otro lado del polígono adyacente.
Las combinaciones que se pueden producir en este tipo de su­
perposición son muchas y variadas, pero siempre se verifican
por el prolongamiento de sus lados.
Sean dos polígonos adyacentes A y B (Fig. N? 1) con un

Tí)
Si se indica con L a la longitud del segmento, con T el tiempo que se de­
mora en recorrerlo y con M a la sensación de movimiento, se ten­
drá:
L + T = M
De donde el movimiento es la síntesis dialéctica resultante de la suma de
dos contrarios espacios temporales.

�ángulo interior común C , sin embargo, visualmente el ángulo
C tiene validez únicamente para el polígono A, pues para el
polígono B, la vista construye un ángulo ficticio en D, debido
a la formación de imágenes accidentales positivas de ambos
lados del polígono B, podría ser también que la dirección de
los lados fuera tal que el vértice sobrepasara los límites del
otro polígono, o fueran paralelos o diverqentes, en estos ca ­
sos, los prolongamientos lleqan hasta el lado opuesto del po­
lígono, siempre que las imágenes accidentales positivas per­
sistan el tiempo que dure el recorrido, de lo contrario quedan
a mitad del trayecto dando vagamente la impresión de que
se unieran entre sí por medio de un recta.
Superposición por deslizamiento: es cuando un políqono
es adyacente de otro u otros, por uno de sus lados, teniendo
que ser este menor o igual al del adyacente y coincidente en
toda su extensión, los cuadriláteros son el ejemplo típico de
esta clase de superposición.
Ya hemos dicho que un segmento se prolonga en rela­
ción directa a su longitud, por consiguiente, en un cuadrilá­
tero, el desplazamiento de sus lados mayores, predominará
sobre el de los menores, anulándolos, de donde: un cuadrilá
tero se desplaza en los sentidos de sus lados mayores, por lo
tanto, dados dos cuadriláteros ( Fig. N? 2) A B C D y E F G H
tenemos que se desplazarán en los sentidos de sus lados A D,
B C y E F, H G quedando el paralelógramo A B C D super­
puesto al otro sobre los lados EF, HG.
En el caso de otros polígonos, sucede lo mismo que en
los casos de superposición parcial; se crean ángulos ficticios.

Rhod Rothfuss
WIR BEK AEM PFEN die neo-roraantische Reaktion
des Surrealismus, welche den Uebergang des expressionistisch Beschreibbaren zur traum haften Vorstellung
bildet.
WIR BEK AEM PFEN die “verschobene” Intellektualitaet des E xistenzialism us.
WIR BEK AEM PFEN in jeder H insicht das Bollwerk
der am Worte klebeden Poeten.
DIE KUNST, die wir ausueben, ist die Kunst von
heute.
Die Nicht-O bjektivisten der Vereinigten Staaten,
welche sich nicht au f dem Ganzen einer wirklichen Lehre
stuetzen, haben das Kommende verfaelscht, indem sie
dasselbe “Die Kunst von Morgen”.
WIR KAEM PFEN fuer die Beweglichkeit der plastischen
Gegenstaende und der Architektur. In der Dichtung
kaempfen wir fuer die Bew eglichkeit der gebliecferten
Bilder m ittels eines m otorischen Zentrums: Die ERFU N D EN E VORSTELLUNG.
Wir FORDERN das Aufkommen des Madi ais U ni­
versal Stil: den Raum fuellen
madi-graphisch
plastisch
poetisch
madi-architektonisch,
dies ist unser Plan.

�SUPLEMENTO
A
A, a (por ahora)
ALCA. Guarida de la duración alcafónica.
ALCAFON. Pronunciación que se da al espacio
que circunscribe hondas en dirección al “ agua
pesada” , una vez hecho el vacío.
ALLISS. Fabricación de máquinas retencionales
de la fluidez.|Biología: p arte de los órganos
que son reemplazados por trozos inanimados.
L a función que desempeña.
A JI. A nónim o.|Experinientar la exfoliación de
la personalidad.
ARTE, amb. Aplicación del entendim iento a la
realización de una concepción (LTírousse).
B
BAVBA. Los arcos eternam ente extendidos de
los buenos Cavasorrs, seres vivientes al margen
del Uni verso.
BELUBEL. Que tiene repetición y gran stock de
bis.jCalendario de tartam udo.
BINON. (L at. biniptus). El profesor L oolat em­
plea el vocablo como gestión an te los em isarios
divinos.
BIRRGO. Señalar con un instrum ento el sitio
poblado de buceos crom áticos.|Ese instrum ento
BOYEIN. P ro fe rir voces en acción de diezmo.
C
CALICA-co. M aquinación de objetos propagado­
res del helio.|Su uso.
CEDIR. Y. Ilu stra r con sim ilitud.
CLODI. Neol. Casa de olas (v er E M PA S).
COLLIG. Sustancia de carbo-hidratos que se u ti­
lizan p ara el crecim iento de los ingenios colgantes.¡De su preparación se hacen dueños el
hombre y el aire.
CYNSIC. Especie de concha o concavidad que
nace sólo en función de un deseo que engloba
a otros.
CH
CHAVOS. In te rj. ¡Al fin!
CHELLPA. D erivado de Chél.|Producto que se
extrae de plantas de D esfiladero
CHERAZ. Propósito de un poema.|Medición intuicional del concepto infinito.|L oc. desp.
CHIFERON. E x trañ o punto donde un iceberg
obstruyó en 1880 la entrada al estrecho de
Muagl.
CHURAT. D iagnóstico de la congelación solar.|
Prevención de salvavidas plásticos para nuevos
deshielos.
D
DESHOR. No ten e r obstáculos para el recuento ]
Fig. P erder aliento.
DIP-C-DIP. Bombardeo de ealificaciones.|Es la
atm ósfera m ultivalente el agregado que necesi­
ta de esa calificación.
DIQUIO. Al percibir la raíz de la evidencia.|Postración solar.
DRISTOL. Canto a las lagunas del D rístol que
van al destierro. Los dos últim os van precedi­
dos de una legión de pompas verdes; en el in
terio r de ellas se balancean anim ales de tam a
ño casi histórico.
DURLOZ. La corteza de nubes rezagadas.¡Evi­
dencia del corte longitudinal en el pacto con
los metales.
E
EOHE-ECHEI. Población de aeronautas suplentes,|Dícese de esa vocación.
ELOGAR. Monólogo de.]Se atrib u y e al elogar la
increpación a los grupos de las A ntar, islas in ­
sum ergibles. |Con el propósito de com binar las
pasiones líquidas.|Un p asaje dice así: “ (In ­
crepando) será que A n tar (las del grupo) me
nieguen tu ola, qué pregunta sacude al caduco
borde, por qué me ocupo de tu tie rra , si huelo
que te hundes?”
EM PAS. Em pas y Clodi, m ontaje de un suceder
continuo, de Loolat. L a heroína, Algii, es la
emanación te x tu a l de la sencillez dirigida.
ENCLAM. D enotar obstinación en la planieie y

PARA

EL DICCIONARIO M ADI

tem or a] ruido de emulsiones.|Fig. E ndosar o
tra n sfe rir cantidades de arena.
ESEX. Brillo y flexibilidad por forjas.|Inst,aucia para obrar un ]ímite-|Cónsistencia.
T
FELO N IA. Descanso do la tram pa cuadrada.|Cnrazón de la malla.
FIR 8TA S. Equivalente al peso de los goznes. Me­
dida de la reparación chirriante.
FNAX. Tec. C hatura en form a de plato playo,
en los motores de infranavcgación en la p arte
profunda del espacio.|Disco.
FROGUE. P ala b ra cautiva.|C u]tivar la caligra­
fía sim étrica
FU. Exclam ación al a v ista r la corpulencia del
desastre. Se dice del fastidio que causa un
vuelo a ciegas.
0
GAOT. Pop. Tubo de alam bre tejido por dos o
más.¡Concavidad.¡Pluralidad sin luz propia.
GOZMO. P en sar en qué relacionar las palabras
con sentido común.]Blá, blá, blá del fabulista.
GRIOP. m. Neol. C onvertir dos im ágenes a la
visión binicular (sensación de relieve). A esta
función se agrega la de organizar la m ateria
para este f i n . . . y dispararla!
GUGS. Sonorizar los rótulos. Obra artístic a (ob­
jeto ) que ha pasádo a través del süjeto.
GUISEB. P lag a de estío.|E s necesario com batir
el Guiseb con m angueras de oxígeno inflam able.
H
H A R PIR . v. D ar vivas.
HEPICIOLO. Obstinación en la reducción, a los
tam años norm ales.|Pequeñez.
H ISTA. G uardianía de cuños y barbarism os que
la Academia tiene de rehenes vitalicios.
HOGRLA. Designación de diptongos.
IIUNOZIETRO. S alivar de una m anera particular.|E nsavo de comportam iento para los refle­
jos condicionados.
1
TDERBA. Fam. Pasión por los estam bres.|En bo­
tánica se le representa con un filón alusivo.
TMO. E n tre los aborígenes de Sec-Imo tie n - el
significado de los mágicos vaticinios aue da­
ban p ara desprenderse de cualquier actitu d p re ­
vista. Se dice tam bién de los huidizos corre­
dores del territo rio aue, a veces, alcanzan a
te n e r gran profundidad. L as noticias de la
existencia de esta raza nos lo da el cambio
brusco de los cardinales im antados. V er “ A r­
queología” de Rumberzeek.
INTISM D. M ovimiento artístico que. jun to con
el Quillon-A, ha socavado los cimientos de la ex­
cusa y el absurdo, dando lugar a un gran re­
nacim iento circular de la im aginación. “ Lo in­
teligible por medio de los sentidos de cuali­
d a d ” , dice Loolat on m anifiesto sintético, que
term ina así: “ para nosotros, para nuestra pos­
teridad humana y para todos los hombres de!
globo que quieren el IN T IS del arfe, damos el
rodeo ’
IUMERO. Competidor que se alista para una
prueba im aginaria.
IY ERE. Galicismo por IE R .|R aíz de un número
de nubes sedentarias.
J
JE O N L I. Loe. que expresa u n a restricción.|Signo de sustracción precoz en la edad del año.
JEQ UEALST. Juego que se practica p ara con­
servar la ilusión h asta el momento de jerarq u i­
zar los lados prácticos.
JH A R . E ludir con frecuencia la conversación.|
Separación del silencio.
JOHLA. Cada uno de los peldaños que condu­
cen a la población gráfica.|Coedúcación de las
horas gráficas y de los bordes ídem.
JURANOS. La producción a rtific ia l del átomo.
|Momento en que el átomo se reproduce a rtifi­
cialmente.

K
K ELEN IS. Se hacen llam ar asi los titirite ro s de
las ciudades que están en vías de m ovilizar su
arquitectura.
K IN N . P or regla geueral al recogimiento de la
producción transparente.
KOCZY. Llam am iento que so hace con la frase
p ara d istrib u ir la electricidad y cercar los po­
los.
KOLLOG. D isertación sobre teorías de m otiva­
ción incongruente.
KOSICE. Léase a b c d qué?
L
LASO. Fabricación de Lase, licor visible, de no­
table virada.
LERRNIA. Param undo de tem as.|Cuaderno de
p alabras nómades.¡Su observación.
LET. A veriguación de los campos de cultivo
alar.|Sinónimo de jardines suspensos.
LIK A L. Im itación de imágenes o reelaboración
de trozos de literatura.]V aloración ilegítim a de
la admiración.
LOZENOO. Pecha conm em orativa de dias diago­
nales que registra el sismógrafo en determ inada
posición.
LL
LLAUSAR. Indicio LL de m ostrarse adieto a
la opinión ajena.|L lausar en una discusión a
base de síncopa.
LLIH ST. Deciase de los tiznes que se recogían
de las fogatas.
LLOJEÑO. Volver al sitio de origen de "la dispersión.|G alería terrenal.
LLOM. E sta palabra se emplea en los momentos
aprem iantes. Oue&lt;ta descartada de este diccio­
nario por autom atism o.
LLUVTRN. R estitución de un pleito p ara su cal­
cinación.
M
MACLODE. Cuesta arriba.|D eelive para insinnar
el suelo.
M ERIL. Secuestro de centím etros llanos.|Oposición v resistencia madicional.
MTOGUE. Reseña de acontecim ientos en que
tuvieron participación los autores de grandes
respuestas.
MOLOTS. Sitio donde se recaudan los más v aria­
dos aVHetivos IFam. insulto.
MUSWER. Se dice Je la m anera de enfocar en
fotoo-rafía. al vivísimo resplandor de un re­
cuerdo de infancia.|Fijación.
N
NACIOHUD. Línea de sombra que em ite un des­
prendim iento de haces grises.
NANDY. A rreglo para un nuevo cuño persone]
("a distancia del obieto).
NEM -ER Récord de instancias.
NIGS. A bertura que se deja para que emigre
el racimo do polvo encadenado.
NOYOH. B atida que ejerce ]a autoridad ribereña
para aprehender el dictam en costero.
Ñ
N ALUS AS. Juguetes hidrógenos. Su ven ta está
penada por la ley.
ÑEOH. P lataform a g iratoria que despide a cada
circunvalación una flor elástica cuneiform".
Ñ ERTII. G anancias funcionales de objetos idea­
les comprendidos dentro de las estrofas, como
ser la violencia ilu strativ a, el diorema; la parte
m enor en la sección áurea, etc.
ÑTMLAR. A rsenal de A rrow -rot.¡Plantaciones de
agujas inflam ables, en el sur de Grumbignn,
estación enseñoreada al brillo.
ÑOÑ A PE. Canción del folklore indígena. Se­
gún la leyenda el Ñoñape es sinónimo de “ tie ­
rras rocosas” .
O
OKE. Infracción a las leyes del conocimiento
anual.|D eterm ina los objetos contemporáneos
del núm ero.|Esta infracción,

�OMEL. P rontuario de todos los fenómenos re ­
ligiosos que asolaron a la humanidad.
ORDZA. Comportamiento espacial de los focos
de resistencia enésima.|Los complementos en
la destrucción alám brica.
O REIR. Cuerda de barrizales orillados en pie
de igualdad.¡Cizañar un campo en afrecho.
OSBELL: Famosas emigraciones de Osbell al
oeste del territo rio de Ansverw encer. En esta
época se logró distinguir el horizonte dei escal­
pelo terráqueo. Observ.: es conveniente u tili­
zar el vocablo en presencia de los niños voce­
ros.
P
PACARBA. Propiedad m agnética que absorbe la
mayor cantidad de prefijos por ininantar.
PESQTJILO. A dvertencia que sirve p a ra indicar
o avisar la perm eabilidad de la envoltura de
un casco.|Calidad do inestable.
PLAM ATEROM EDE. (de plañía: querer y terómede: estar).|C ercanía de la forma.
PRITAM . Se designa así a todos los móviles que
están comprendidos en la división “ sentim ien­
tos ’ ’.
PSON. Localidad que tomó este nombre de la
conocida escuela de polígrafos.|Enciclopedia.
Q
QADOS. Estudio que ferm enta dentro y fuera
de sí la cantidad escogida.lSustracción mono­
lítica.
QtTALS. Poco accesible a la emulación pulsada
oportunam ente.| A ntipráctica.
QUEBET. Campo cubierto de urbanidad, apto
p ara vocear en forma tran sitiv a.
Q FEX ID E. Iniciación de la época propicia a la
elocuencia.|Auge de prólogos en facilidades.
Q t ILLON-A. (V er INTISM O).¡M ovimiento as­
cendente.
R
ROGNANNI. Conjunto de estadios deportivos.
Teorema del espíritu que conquistó la valla de
los modales.
ROGUE. P ala b ra ]iberada.|A bolir la calig rafía
asim étrica.|Espejism o de lugar.
ROTHFUSS. ¿Por qué las banderas son cuadri­
longas?
ROTNAR. Geo-cordillera a tlá n tic a cuya desapa­
rición del hem isferio alteró el curso de la ci­
vilización, an tes de la anulación del elem ento.|
M ineral de conjeturas.
ROYI. E structura, síntesis y aleación del tiempo
en un prim er volumen articulable.

S
SADSrA. Que se halla en rem anencia con respec­
to a la regularidad de vértice de las líneas.|Su
ángulo.
.............. .....................
SENSAR. Im p lan tar la m em oria.|Nueva asim ila­
ción del cosmos y su re ite ra d a longevidad.
SIGUI-AI). Tomar impulso antes de lanzar una
pompa de jabón.|Corte longitudinal del mismo.
¡Resbalar.
SILOSO. P referencia con que se atiende a los
resplandores públicos.
SOTEL. in. fig. A rrojarse poderes de A tlas preeipitado.¡Sinón, Zeit-|Contr. Quinar.
T
T ELIA N . Comprensión precoz de las fan tasía s
de Telián, llamado asi por su carácter persis­
te n te infan til.|P rin cip io delTENAM. Intención de tran sfo rm ar al m ultipli­
carse las arista s arborizadas.|N o es válido.
TH ESPES. L a o rlita que suelen te n e r las preci­
siones del mar.
TINGRA ’M. Asimilación que corresponde al cau­
ce titu la r de un salto.
TRIB. D erivación de los impulsos censores.
U
UAB. Consigna generalizada entre los pintores
para decir tono.|Uab del color: n atu raleza de
la calidad visual.
UMAS. Famoso error que se cometió con este
filósofo.|Por extensión se aplica a discípulos
y adeptos del umasismo.
UÑARE. A tención que se estim a sin rebeliones.
|Normas conferidas de prim er grado.
UÓDOL. Acontecimiento jubiloso.¡Con creció» de
las llam adas fisuras de Uódol.|Ramo de estrib a­
ciones.
URDISLO. Fam. Aceión burlesca, hacer urdíalos.
V
VACECJ. Molde hecho de adornos geográficos.
¡Molduras de algunas poblaciones precálicas.
¡Colección: museo arqueológico de M .O .O .F.
VAVEF. Voz usada p ara designar la proximidad
oficial del v iento!V entilador de varios tomos.
V ING LIA. (Psicoanálisis). E l mecanismo, la cau­
sa, la finalidad y la m archa de los síntom as
retencionales y expulsivos.|Sinónimo d e libido.
|E1 erro r de las escuelas psicoanalíticas' es no
haber aplicado una teo ría dialéctica del Yo,
Ello y Super-Yo.
VOLOVEN. Aquello de que se puede prescindir.
V. g. Voleven de mis suspensos.|Los que obli­
gan voloven de los tratados.
VUEN. P ala b ra adherida.|Síntom as condenato­
rios del absurdo.

W
W AQUINATE. R epresentación literal del obje­
tivo consultado desde su base.
W EIGALU. Región pre-hem isférica descubierta
por Anónimo. É l héroe exclamó a su n a ta li­
dad: “ S i alguna vez he tenido que fig u rar co­
mo pedestal ha sido con el único fin de ocul­
tarm e a los más crédulos.”
W IO R-EIL. In tu ir la modificación de una forma
p a rásita. (L a gran nebulosa) |Fundamontos
de una nuevai exención.
W UNHAT. V isualización im perfecta de la cercanía.¡Equívoco.¡Traspié.
W U RA ’S. Prelim inares adoptadas en el curso de
la meditación.¡Clarificación om itida circunstan­
cialm ente.
X
XADAL. Objeto sim ilar a un ítsm o en miniatura.|U tensilio que es im prescindible p ara hacer
“ a la p o stre ” .
X ELE. Im par.|Fain. desdoblado, sin equilibrio.
X IL L IX . P alab ra orea. (Pron.: xilis).|L as divi­
siones de la emoción.¡Reparación.
XUM. Estudio de los declives.¡Designación.|Reclinación indefinida del rumbo intrépido. E j.:
una adm irable videncia rem arca los nidos del
océano (de L oolat).
XUNTAN. D ía que la dinastía Zerlagué consagra
al culto de sus ídolos.| Fiesta alcohólica.
Y
YERBRELL. Aplicación a todo género de infu­
siones telúricas en la epidermis del aire.
YIMMO. Amor-unidad.
YLUFTAY. Esponja inverosím il.¡Perforación co­
piosa.
YOLS. N om enclatura ornam ental característica
de la inversión poliédrica.|8u edición an tici­
pada.
YORDIA. E stru ctu ra aporticada que correspon­
de a los ejes a merced del alfabeto1.
Z
ZASZ. P alab ra que viene del rum or algebráico.
ZATENA. Intensificación n a tu ra l de las corrien­
tes in criptas a considerable altu ra que procla­
man su autoctonía.
ZER LIYOS. Seriación de los puntos y los án ­
gulos diedros por descripción in ventada emplean­
do la teoría nemsormádiea.
ZOID. A str. E l espectro universal.
ZOSTAI. E lectrosignificación de las siglas que
en gran escala se agrupan en el fondo|Dícese
de la especialización en los estím ulos que redi­
tú an el conjunto.¡Inverosímil.

P IN T U R A
DELM ONTE

R. R. P IT

�POEMAS
ITINERARIO DE CILL.
Estábamos admirados de tantas marchas disimu­
ladas
de orillas que germinaban por placer
hasta de los propios avatares sin temple
que se enmendaban al divisarlos.
Y por consiguiente superioridad emotiva
los trazados de CILL no dejaban
transformarse en su propia ocupación
llegan a subequisar todo lo indecible
en términos de comparación
Pero una perfecta visión de cill hacía presentir
el más peligroso acecho del cielo contra su norte.
Podíamos suponer a cill en tan larga seguridad
como si imagináramos un bloqueo a la pronun( dación?
Sería ejemplificada ésta su manera que podía ser
si suavemente cill descubriera la tirantez del hori­
zonte?
Como una acción a propósito
como una desfavorable miríada de voces
llegamos así a subequisar la ruta de cill
sin poder apuntarla
ANIBAL J BIEDMA.

D IB U JO

LANDAR IN THE PDEM
Landar on the ostensiva altérnate región
as a recompense for another splendour
as a homage to its charms
which require to assert their imporíance
their retractile will
always ululating
shudderring ivith groups
And trial of fire on evading its predominance
foreign to its consistency
011 the lurk for this living proximity
but the indelible rank
ivhich renews its reflection angle.
Reundertaken of reposing landars
before every envéloping calm
it might be a quiet succession of objeets
the inactual conduct springing from their alchemy.
It might be notriety and copy in every wrong
at length the landar embraces everything
but lot us return to reality
the landar shrinks back
G K.

HAYAS

�ESTEBAN EITLER

D IB U JO

E. EITLER

�ART et Style MADI
L ’art qui au commencement du siécle avait gagné
pour son estentialité la non figuration sous sa forme primaire, s’est développé génésiquement entre les réactions
de l’artiste contre les conditions materielles et idéologiques environnantes et l’aspiration de plus en plus constructive de laisser pour toujours la représentatíon de l’objet-

Ce n’est que depuis peu de temps que la production
esthétique a atteint un style et une discipline propres. Si
l'on compare Madí avec les écoles antérieures, on voit que
c’est un mouvement qui a faít des trouvailles originales
dont on ne saurait se passer.

dances équivalentes. Mais l’incompréhension sur ce
point surmontée, la question: á quoi cela ressemble-t-il?
devient une question infantile procédant de la lamentable
déviation de tout l ’art figuratif actuel.
Madinemsor, en rétablissant des différences théoriques et pratíques, en humanisant la création artistique —
puisque le role inventif ne peut se manifester que par
l ’homme— , réinstalle la personne dans toute son intégralité, dans toute sa fonction, qu’il doit avoir sans etre filtrée par les aspects subsidiaires de l ’oeuvre mais dans une
étroite relation avec son contenu social.

Coincidant avec los profondes transformations que re­
gistre l’histoire de l ’humanité, l ’art s’est tout a fait détaché des réalités préfigurées pour laisser passage á de nouvelles inventions et a de nouvelles théories.
Pour centrer l ’art de Madi dans les courants de
1 art non-fíguratif, il suffit de citer les étapes internes prémadiques suivantes: Abstraction et Automatisme ('Grou
pe Arthur) B-Avior, Elémentarisme, Art Concret-Invention, et finalement son derniére étape, Madi ou Madinemsor. Le mode, la maniere et le style sont par définition et
antonomasiquement une synthése dynamique de l’art
nonfiguratif poussée a des conséquences spatio-temporelles
que n’avaient été prévues par tout le développement
antérieur de la non-figuration.
Pour apprécier le calibre des contributions qui sont
déja devenues un point de départ ou d’appui dans la
création, qu elle soit de Madi ou non, observons le caractére de mouvement” qui a été donné a l ’objet plastique
como principe non-démarcatif de la distance ('connaissance et utilisation de l’espace). Et sur un meme plan d’égalité, la pénétration temporelle dans le devenir poétique 1ittéraire.
Une prolongation de la tensión esthétique dans la
composition jusqu á la pousser a la connaissance catégorielle, sans que y on aperCoive aucun attachament romantique, va par elle-meme au déla de la périphérie de toute
expression, représentatíon, signification. Quelques uns des
facteures concourants qui empechent de comprende nos
travaux dans leur totalité ressortent surtout á la connais­
sance. II y en qui, a cause d’une sujetion de parneté ou
de “ressemblance”, qu’ils cberchent au en dehors de 1’
ouvre.n ’ont pas su différentier la valeur intradauisible de
l ’objet créé, c’est á dire son annulation par des dépen-

P IN T U R A

D IYI LAAÑ

�Escultura Madinemsor

Esc. con mov. universal

Esc. con mov. linea!

El marco irregular, la pintura articu lad a; la escultura
con movimiento articulado, lineal, desplazable y universal,
son invenciones absolutas de M adi.
El espacio físico puede ser enteramente distinto de la
representación que de él tenemos mediante nuestra expe­
riencia visual y m uscular directas.
Nosotros decimos:
El espacio es dimensionable en profundidad.
Ninguna de las escuelas prem ádicas se ha detenido a n ­
te el siguiente axiom a que encierra este arco triado:
— distancia - velocidad - movimiento—
La profundidad espacial es medible. El misterio no
existe.
Hasta hoy la pared, el muro, intermediario de la pin­
tura.
Color y anécdota en planos cinéticos, aéreos!
Esculturas de control remoto!
Imágenes poéticas inventadas que rebasen toda con­
figuración!
Contra el estatismo del arte concreto.
Contra la literatura discursiva

Esc ariculada lúdica

KOSI CE

�Durante el acto realizado en el Teatro del Pueblo se
presentó una proyección en color de pinturas, esculturas
y poemas mádicos. Participaron en este orden:
RO TH FUSS
URICCHIO
L AAÑ
BRESLER
DELM O N TE
LORIN-KALDOR
RASAS-PET
ESQUIVEL
KOSICE
BIEDM A
H A V ¿S

EXPO SITIO N PERM A NEN TE
PE R M A N EN T EXPO SITIO N
BESTANDIG E AUSSTELLUNG
EXPOSIZIONE PERM A NEN TE
El día 22 de agosto se inauguró en
la sede de nuestra redacción la sala de
exposición permanente que quedó ha­
bilitada al público todos los días sába­
dos de 15 a 20 hs.

�ESTU D IO

N E LLY ESQ U IVEL

P IN T U R A A R T IC U L A D A

BRESLER

ESPACIO CONTINUO

R. R. PET

�Madigrafíus
. . De esta otra etapa nos esperan grandes confabulaciones horarias, grandes
retrasos que aún libran su lucha.
Imágenes de copias desconocidas, sin literatura ni intemperie, llenad los
resquicios de la humareda carnal.
1995.
Retomemos las rutas madigráficas (para un resbaladizo pensa­
miento de fácil inmortalidad).
No registrar impesiones ópticas.
No pluralizar ideogramas, ni modificar la estructura gramatical, morfo­
lógica y sintáctica de la ideación.
Practicar el más racional, emocionante y volitivo de los juegos. Quién no
nos autoriza elevarnos hasta las propias contradicciones?

Invenciones Naturales

Invenciones Antinaturales

la. invención natural: De hacer ver­
bos regulares para su transplanta­
ción.
2a. invención natural: Obstruir el es­
pacio con algún objeto.
3a. invención natural: Imagen y se­
mejanza con la utilidad.

la. invención antinatural: De hacer
(ya supone verbo) del revesti­
miento de los sentidos, coraza.
2a. invención antinatural: Dar al ob­
jeto un espacio propio.
3a. invención antinatural: El mero
esquema de la comodidad subjetiva
Etc.

Etc.

HAYAS

D IB U JO

La estadística nos dice de los movimientos cíclicos del panorama, la bio­
grafía de su nexo con la libertad a medias. Sintetizando: nada de soluciones
estéticas para 1? acuñación particular de ,un contenido; nada de desfiguraciones
emocionales: nada de argumentos encapsulados en un dualismo teleológico. So­
lamente ésto, regular lo imposible, irnos por esta dirección teórica.

P R O Y EC TO O B JETO

R A Y M U N D O RASAS PE T

CA Z EN EU V E

LIBROS-AUTORES
EL PENSAMIENTO MATEMATICO CONTEMPORANEO
por L. E. ERRO
Del libro “ E l pensam iento m atem ático contem poráneo” de Luis
E nrique E rro: “ Como ente m atem ático, la curva no tiene nada que
ver con la cadena. N inguna cadena puede construirse ni suspenderse
en las condiciones necesarias p a ra que describa una catenaria. Y, por
otra parte, muchos otros fenómenos físicos, enteram ente alejados del
problema de la cadena, se pueden rep resen tar con una catenaria. Por
ejemplo: supongamos dos anillos de diám etros distintos montados de
m anera que sus centros queden en un mismo eje. Si los envolvemos
cuidadosam ente con un papel de suficiente tam año y de modo que los
bordes de fos anillos toquen el papel continuam ente se form ará un cono.
Quitemos el papel y, m anteniendo los anillos en su eje, sum erjám os­
los en agua de jabón. Al sacarlos del agua veremos que se ha adherido
una película de a,gua de jabón que los envuelve y que va de uno al
otro sin solución de continuidad. E l perfil de e sta película es otro
modelo concreto de la cate n aria. En el caso de la cadena, la curva se
form a por la acción de la .gravedad. E n el caso de la película, por
tensión superficial. En efecto, si colocamos los anillos de modo que
su eje sea horizontal veremos que ei p erfil de a rrib a “ cu elg a” , m ien­

tra s que el perfil de abajo “ su b e” ; es decir, tiene la convexidad ha­
cia arrib a o sea contra la gravedad. E l ente m atem ático catenaria es
pues in d ifere n te respecto de cualquiera de los orígenes históricam ente
in tuitivos del problema del cual n a d ó ” .
LA VILLE HEXAGONALE
par Ricardo Humbert.
Transcribimos del citado arquitecto: “ L a lu tte dans tous les domaines entre l ’homme et la machine est acharnée. En XJrbanisme elle
s ’est trad u ite p ar une in terp én etratio n dangereuse et absurde des espaces réservés aux piétons et aux voiture. Deux domaines aussi différen ts exigent a u jo u rd ’hui un changem ent to ta l dans la fagon de tracei
les fu tu res aglom érations humaines, e t orientée vers la constitution
d ’un ensemble de cellules de vie sem i-indépendantes, accolées les unes
aux autres, et réunissant les avantages de la grande ville a ceux des
villages, sans leurs inconvenients respectifs. L a form e exagonale s'avere rationnelle e t economique dans le tracé basique d ’une ville, dont
un exemple du prem ier élément du f1nid d ’abeilles1 "un village, est
étudié brievem ent ic i.”

�LIBROS - AUTORES
EL ESZT INSTRESTRUCTURAL
por A. Grig-Gé.
Ediciones O.N.D.A. colección. No. 15
En este libro el conocido hombre de letras describe con una b ri­
llante argum entación hacia los bordes sem ánticos, la posibilidad de
trasm utar la inm ortalidad del térm ino en un “ dominador de tiem p o ” .
El empleo a fo rtio ri de cualquier evidencia pensada, hace que su mé­
todo de explicación se solidifique en la memoria instantáneam ente.
El autor anticipa que el E szt (simbología m icrocom unicativa) no
es fabrieable y que su composición a base de duraciones interm ediarias
im porta un conocimiento y una enumeración sig n ificativ a de la eter­
nidad. H asta hoy no se tienen noticias de otra formulación tan va­
liosa p ara el bienestar de este dim inuto caos.
EL CINE: UN COMIENZO
por Dos
Ed. del autor
NOTA: A ntes de e n tra r a calificar este estudio soWe problemas
de técnica y argum entación cinem atográfica transcribirem os una esescena descripta en el libro. “ Empieza la a c c ió n ... La p an talla Tecibe un m ensaje en forma irregular, es decir el rectángulo cuadrilongo
desaparece como form a de la recepción fo to g ráfica; ca la movimient &gt;
recibe un contorno de acuerdo a su contenido visual. Así un objeto
(puede ser una regla) desde afuera hace caer una a una las letras del
título del film ; se produce entonces un fondo musical en un‘ todo co­
herente con cada caída. P osteriorm ente en los ángulos de la pan talla
comienzan a movilizarse volúmenes accionados por el director (no con­
fundir con los títe re s) desarrollándose el tem a dado en el títu lo . E rta
especie de juego, escondite, lucha, etc., se en fren ta con el ojo del espec­
tador en “ su parecido” sin rep resen tar nada. El fin al feliz sería la
últim a presencia que en su trayectoria logró más prem inencia” . E .it e
otras cosas señala el señor Dos que debe colocarse sobre el objetivo
de la máquina film adora la form a concebida de antem ano, a veces la
sala podrá ilum inarse en p arte para d ejar ver una imagen “ la v a d a ” o
simplemente optar por la proyección sobre negro. P reconizó además
una mayor intervención creadora siguiendo la teoría nemsormádica.
COPIOSO UEN
por F. Aliso.
Prensas del grupo S. I. G. L. A . - Ilustró Cazila
L a crítica ha acogido con entusiasmo este volumen destinado sin
duda a una extensa resonancia Nosotros creemos que algunas observa­
ciones que se in filtra n en el espíritu de la obra la desmerecen en va­
rios aspectos. Dice por ejemplo: “ He visto con un ligero colum piar de
extremos las fibras que saltan voltaicam ente con precaria levitaeión ” .
Y sigue a continuación: “ He visto como única prueba de que el absurdo
existe, la más fan tá stic a realidad: orillar un niño. H e visfo que la
noche estaba resuelta y que esa presunción se hizo pretex to p ara to r­
narla a una económica transparencia. He visto que la parcialidad es
más asequible cuando se tr a ta de conmover con pausas.”
No adivinamos que relación m arginal pudo inducir al autor de
“ Copioso U é n ” (título a rb itra rio ) a confundir las im ágenes en sínte­
sis valorativas de problemas que se plantean esencialmente' (Tomo vivenciales. Las viñetas de bella estilización son escudo y portada p a ia
una aspiración mayor.

AQUI M A D I
* Próxim am ente aparecerá con e l signo de “ E d ito rial M adinem sor”
una m onografía de R othfuss y un volumen de poemas de Kosiee se­
guido de una “ Carta a los a rtista s no-figurativos arg e n tin o s” ..
* Se encuentra en H ungría después de su paso por P arís donde llegó
portadora de las obras de M adi, la señora Jacqueline L orin-K ald r.
* Inform aciones procedentes de Chile destacan que se está por form ar
un nuevo grupo M adi en Santiago.
* De la fundación Salomón R. Guggenheim, por interm edio de H ila
Rebay liemos recibido tres libros dedicados a K andinsky y un folleto
conm em orativo del prim er aniversario de la m uerte de Moholy-Nagy,
ambos, a rtista s no-figurativos de la prim era hora.
* Es muy posible que en el mes de marzo del año en tra n te se efectúe
una m uestra de Madi en M ontevideo. Dicha exposición estará bajo
la dirección de R. R othfuss y será presentada en su aspecto plástico
únicam ente (p in tu ra y escultura).
* Hemos recibido a principio de año el álbum 1947 y más recientem en­
te el 1948 de “ R éalités N ouvelles” de gran form ato y el más com­
pleto grafism o de a rte no-representativo internacional. Pero opina­
mos que en el segundo álbum la c ita de numerosos grandes talentos
de la hum anidad sirve como conducto a ju stificar nuestro a rle ; se
tra ta ría pues, de cim entarlo con teorías y declaraciones de autores
contem poráneos que llevan en la no-figuración muchos años de luch".
* M adi proyecta realizar en un teatro céntrico de e s ta cap ital un
g ran festival-exposición con audición de música, danza, recital de
poemas y ensayos de volúmenes espaciales eon luz y movimiento.
* A dvertim os nuevam ente que las m aniobras confusionistas de algunas
personas que indebidam ente utilizan nuestro denominativo de Madi
o M adinem sor no pueden ocultar o a lte ra r la única verdad sobre la
génesis, desarrollo y finalidades del movimiento.
* N uestra representación en P arís durante la exposición de “ R éalité?
N ouvelles” ha suscitado reacciones diversas. Así en el sem anario
“ A rts.” en un comentario el señor P ie rre D escargues se refiere
elogiosamente a algunos hallazgos de M adi y en otro párrafo tacha
nuestro estilo de demasiado im personal (?). No querrá esto decir
una p erfecta unidad de estilo? P or su p arte el crítico René M assat
en “ Le Courries des A rts et des L e ttre s ” eon m ayor claridad, se
refiere a nuestras experiencias por la conquista del espacio y expre.
sa que “ la pin tu ra articulada abre incontestablem ente nuevos ho­
rizontes ’ ’.
* Se anuncia para fecha próxim a el No. 2 de “ C ontem poránea” que
dirige Ju a n J . B ajarlia.
* E n el próximo número en el espacio que dedicaremos a artista s
no-representativos que no pertenecen a M adi, entre otros m ateriales
fig u ra una pin tu ra de Auguste H erbin, quien conjuntam ente con
Frédo Sidés desempeña la presidencia dé “ R éalités N ouvelles” , p in ­
tu ra titu la d a “ L en ine-S taline” y que fuera expresam ente solicitada
p ara esta rev ista. Del mismo H erbin la editora L ydia Conti publica
“ L ’A rt n o n -figuratif ” .
* De Zurich (Suiza) nos llega un folleto con reproducciones conjuntas
de Jo sef Albers, H ans Arp, y M ax Bill, este últim o con un breve e
in te re sa n te texto sobre abstracción y concreción.
* Saludamos desde Aquí a nuestro colega Del M arle por su interés
hacia M adi, ya que en su calidad de secretario génEral de “ R éalités
N ouvelles” se esforzó p ara que la A rgentina, U ruguay y Chile es­
té n representadas en e sta ocasión en P arís.

PINTURA

MARIA BRESLER

* En nuestra próxim a entrega (No. 3) dedicaremos una sección a to ­
dos los a rtista s no-figurativos sean argentinos o extranjeros que de­
seen colaborar con “ ARTE M A D I” . L as reproducciones deberán
enviarse a Sadi Carnot 41-2c D. an tes del 30 de marzo de 1949. M an­
tenem os correspondencia. No se devuelven los originales.

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�COPYRIGHT BY MADINEMSOR 1948 - BUENOS AIRES - Argentina

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                  <text>Ejemplares 0 y 2 a 7/8 de la revista Arte Madí Universal, publicados entre 1947 y 1954.</text>
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                <text>Rothfuss, Rhod&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Laañ, Diyi&#13;
Uricchio, Rodolfo&#13;
Stern, Grete&#13;
Biedma, Aníbal J.&#13;
Eitler, Esteban&#13;
Pet, Raymundo Rasas</text>
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                    <text>MADI

��1

SE RECONOCERA POR ARTE MADI (Nemsorismo) la or­
ganización de elementos propios de cada arte en su continuo
En ello está contenida la presencia, la ordenación diná­
mica móvil, el desarrollo del tema propio, la ludicidad y plu­
ralidad como valores absolutos, quedando por lo tanto aboli­
da toda ingerencia de los fenómenos de expresión, represen­
tación y significación.
El dibujo madí es una disposición de puntos y líneas sobre
una superficie.
La pintura madí color y bidimensionalidad. Marco recortado
e irregular, superficie plana y superficie curva o cóncava.
Planos articulados, con movimiento lineal, rotativo y de
traslación.
La escultura módica, iridimensionalidad, no color. Forma to­
Sarmiento 3465 Dto. 1.
Buenos Aires
En Uruguay: Chuy 3260
Montevideo
En Francia:
55 Boulevard Lannes — París
Fotos tomadas del
noticiario Argentino Emelco
V de Cj-pfp fgiorn —
Registro de la
Propiedad Intelectual N&gt; 228.535

tal y sólidos con ámbito, con movimientos de articulación,
rotación, traslación, etc.
La arquitectura modista, ambiente y forma móviles, despla­
zabas.
La música madí, inscripción de sonidos en la sección áurea.
La poesía modista, preposición inventada, conceptos e imá­
genes no traducibles por otro medio que no sea el len­
guaje. Suceder conceptual puro.
Teatro madí, escenografía móvil, diálogo inventado.
La novela y cuento madíes, personajes y acción sin lugar y
tiempo localizados o en lugar y tiempo totalmente in­
ventados.
La danza madí, cuerpo y movimientos circunscritos a un am­
biente medido, sin música.

�En los países que alcanzaron la etapa culminan­
te de su desarrollo industrial el viejo estado de
cosas del realismo burgués desapareció casi to­
talmente; en ellos el naturalismo se bate en re­
tirada y se defiende muy débilmente.
Es entonces cuando la abstracción, esencialmen­
te expresiva, romántica, ocupa su lugar. En este
orden están involucradas las escuelas de arte fi­
gurativo desde el cubismo hasta el surrealismo.
Tales escuelas han respondido a necesidades ideo­
lógicas de la época y sus realizaciones son apor­
tes inestimables a la solución de los problemas
planteados a la cultura de nuestros días. No obs­
tante ello, su tiempo histórico debe darse por
pesado. Por otro lado su insistencia en el tema
"exterior" a sus cualidades propias es un retroceso
al servicio del naturalismo contra el verdadero es­
píritu constructivo que se extiende por todos los
países y culturas, como es el caso del expresio­
nismo, surrealismo, constructivismo, etc.
CON LO "CONCRETO" —que, en realidad, es un
gajo más joven de ese espíritu abstraccionista—
se inicie el gran período del Arte No Figurativo.
dor.de el artista, sirviéndose del elemento y su res­
pectivo continuo, crea ¡a obra en toda su pureza,
sin hibridaciones y objetos extraños a su esen­
cia. Pero en "lo CONCRETO" hubo falta de uni­
versalidad y consecuencia de organización. Se ca­
yó en hondas e insalvables contradicciones. Se
conservó los grandes vicios y tabus del arte an­
tiguo, como ser en la pintura, escultura, poesía, etc.,
respectivamente la superposición, marco rectangu­
lar, atematismo plástico; lo estático, la interferen­
cia entre volumen y ámbito; proposiciones e imá­
genes gnoseológicas y traductibles gráficamente.
La consecuencia de ello fué que el arte concreto
no pudo oponerse seriamente, por intermedio de
una teoría orgánica y práctica disciplinaria, a los
movimientos intuicionistas, que, como el surrealismo, han ganado para sí todo el universo. De ahí el triunfo a
pesar de todas las condiciones en contrario, de los impulsos instintivos contra la reflexión; de la intuición
contra la conciencia; de la revelación del subconciente contra el análisis frío, el estudio y la detención rigurosa
del creador ante las leyes del objeto a construirse; del simbolismo, de lo hermético, de la magia, contra la reali­
dad; de la metafísica contra la experiencia.
En cuanto a la tecría y conocimiento del arte campea en ellos la descripción subjetiva, idealista reaccionaria.
Resumiendo: el arte antes de Madí:
Un historicismo escolástico, idealista.
Una concepción irracional.
Una técnica académica.
Una composición unilateral, estática, falsa.
Una obre carente de verdadera esencialidad.
Una conciencia paralizada por sus contradicciones sin solución; impermeabilizada a la renovación perma­
nente de la técnica y del estilo.
Contra todo ello se alza Madí, confirmando el deseo fijo, absorbente del hombre de inventar y cons­
truir objetos dentro de los valores absolutos de lo eterno; junto a la humanidad en su lucha por la construcción
de una nueva sociedad sin clases, que libere la energía y domine el espacio y el tiempo en todos sus sentidos
y la materia hasta sus últimas consecuencias.
Sin descripciones fundamentales referentes a la letalidad de la organización, no es posible construir
el objeto ni hacerlo penetrar en el orden constante de la creación. Es así como el concepto invención queda
definido en el campo de la técnica, y el de creación ccmo una esencia definida totalmente.
Para el modismo, la invención es un "método" interno, superable, y la creación una totalidad incam­
biable. Madí, por lo tanto, INVENTA Y CREA.
(...D e l manifiesto de la Escuela)

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ESTEBAN EITIER

Las nuevas experiencias de la escuela con respecto a la música, están orientadas hacia la ordenación de los so­
nidos er. la sección áurea. El estudio para la práctico de los diecinueve tonos y la invención de nuevos ins­
trumentos sobre una temática sagital, están a cargo del compositor IGNACIO BLASKO.

�M

ADI ha inventado el marco recortado e

irregular, rompiendo para siempre con el tabú
del "Cuadro" Pictórico; inventó la pintura

y

escultura con movimientos articulado, univer­
sal

y

lineal, creó la plástica plural

el poema puro sin traducción gráfica

lúdica;

y
y

viven-

cial fuera del lenguaje.

Concurrencia que asistió a la 1° Exposición del
movimiento madí en el salón de! Instituto Fran­
cés de Estudios Superiores, quedando así di­
suelto Arte Concreto - Invención.
Abajo: audición de música a cargo de Este­
ban Eitler. S'e ejecutaron obras de: E. Toch,
A. Copland, Margarita Royer, Esteban Eitler,
J. C. Paz, Roy Harris, Tansman, Haba, Milhaud,
Koellreuter, Pistón. (Agosto 1946)

Nous autres madinemsoristes, prenant les éléments propres de
chaqué art, nous construisons; c'est a dire, nous íaisons une
invention réelle.
Avec cela nous n'exprimons rien, nous ne représentons rien, nous
ne symbolisons rien. Nous créons la chose dans sa seule présence,
sa seule inmanence.
La chose est dans l'espace et dans le temps: ELLE EXISTE.
C'est un acte transcendant, un acte merveilleux.
Notre art est humain, proíondément humain, puisque c'est la
personne dans toute son escene celle qui CONSCIENMENT cree, íait,
construit, invente róellement.

�Un Ente está en su Lugar
Avanza por la oquedad de la hora en

ido lejos. La casta de círculos recoge en­

discordia. Anda a rechazos por el recodo

tonces, la calidad de la prórroga, que por

incierto, pronto a fluir de los totales su­

identidad concluye por anularse.

cedidos. Ya emerge concentrado en la

Después asoma sus facetas nominadas

pausa de recomienzo, enfilado por múl­

en la solicitud acorde de la esfera, que

tiplos.

gira en esencia, tratando de eliminar la

Cuando se obstina en la demora de la
espera métrica, en principio no retrocede

egresión informe de los segundos gasta­
dos.

ni particulariza detalles. Sólo que. con­

Los. días se consumen así estremeci­

trario a toda eficacia manifiesta, se de­

dos en la concreción racional. A ras del

tiene en el relleno de cercanías en resu­

tiempo el momento proyectado bulle en

men y logra de este modo prensar el va­

ruidos tendidos. Entonces, ya sin vacilar,

cío mediante la tensión de filamentos.

suministra en alguna permanencia des­

Son filamentos horarios.

oída, disipado por las imperfecciones de

Calculando el artificio de tamaños sin

virutas sucesivas, la evasiva densa, den­

réplica, consigue eludir la escama de los

sa de hallazgo.

minutos que aletean sin auxilio. Pero a

EL ENTE QUE OCUPO SU LUGAR.

pesar de ello fracasa. Los cimientos han
DIYI LAAÑ

ANTE el fracaso de las escuelas de arte concreto para la solución definitiva de la estética contempo­
ránea;
ANTE la copia e

imitación serviles del realismo de nuévo cuño;

ANTE ¡a evasión y remedos románticos del expresionismo;
ANTE el surrealismo mórbido y agonizante de nuestros días;
INAUGURA Madí la Alta Edad del Arte en toda su esencia y funda su mito de invención pura, su
orden y estilo universales.

�r exposición inTennncionnL
En el salón de A. I. A. P. E.
(Montevideo) se realizó la primera
muestra internacional del movi­
miento en el que participaron:

'

RICARDO PEREYRA
RODOLFO IAN URICCHIO
MARTIN BLASKO
JUAN ESTEBAN FASSIO
DIYI LAAÑ
ESTEBAN EITLER
RICARDO HUMBERT
RHOD ROTHFUSS
IGNACIO BLASKO
ARDEN OUIN
ALDO PRIOR
GYULA KOSICE
DIEUDONE COSTES
RAYMUNDO RASAS PET
S. J. LEMME
ELIZABETH STEINER

L'inver.tion madiste du ccdre irregulier vient libérer la Peinture des lois de composition qui l'ont asphysiée
Fendant des siécles et que méme les qrandes revolutions plastiques n'ont pu éliminer.

In articulating colour plans, sirictly proportionated
and combined, Madic painting beyond the oíd for­
mula which represents the pretend planism of neoplasticism, noobjetivism, constructivism and other
schools of concrete art in general.

Pintura articulada

Escultura con movimientos rotativos

RHOD ROTHFUSS

�escuLTURo mnoi
Prácticamente la dicotomía de una escultura plural y otra
estática reside en la diferenciación real de una distancia a
otra y su recorrido. Este fenómeno de desplazamiento, con­
versión y mudanza de formas, sean o no articulables, deter­
mina e invade zonas desconocidas de toda la escultura ante­
rior, la móvil a motor inclusive.
Este nuevo género plástico madí llena el vacío en que fluctuaba la escultura no figurativa. Y fué teniendo
presente ante nosotros el nuevo aspecto de la "pluralidad" en la construcción de formas que, a principios de 1944
dimos a conocimiento la escultura articulada. Más tarde al formularse definitivamente los fundamentos de madí, este
hallazgo lo extendimos a formas desplazables, mudables, volúmenes dirigidos por radio, etc., como categorías sis­
temáticas de la PLURALIDAD.
La organización de una obra escultórica determina los ritmos; estos pueden ser de espacio, de masa o de
movimiento. Ordinariamente la expresión tangible, la corporeidad de una forma, son los medios de que se
vale la escultura para su constitución. Los volúmenes, hasta ahora, han estado dependientes de la remota cer­
teza de que descansaban en su estabilidad. La escultura moderna que había ganado para su esencialidad la no
figuración, quedaba presa todavía de las normas tradicionales. Se hacía pues necesario una INCLINACION
de la forma que daría a ella la solución dinámica, aunque ilusoria de su movimiento. De aquí en adelante
ya las derivaciones escultóricas se extienden a la autonomía formal del objeto y a su ingerencia en las es­
feras temporales.
Cuando entra en este campo una forma ya se dinamiza.
La escultura madí contiene en sí "cada uno de los mementos que está dominando". La suposición de un
cambio, las innumerables posibilidades de su variación estética, de su mutación, de sus ángulos previstos a
voluntad, hacen de ella además de un ente observado, un instrumento lúdico como función anexa.
La base, fundamento de naturaleza ortogonal, gravitante en toda la escultura anterior a madí, deja de ser
un imperativo porque el manejo diverso de todas las partes la transforma ulteriormente en un miembro más

�Bronce

de la organización plástica.
Sin embargo, por el movimiento rotati­
vo aplicado por Rothfuss. le base en la es­
cultura madí se ve frente a un nuevo or­
den de equilibrio, el provocado por la distan­
cia. Este nuevo hecho y el de Arden Quin
con sus esculturas en una base transforma­
ble, con el movimiento rotativo aplicado al
medio de la forme y el lineal a todo lo
largo de la base, vienen a proyectar la es­
cuela a nuevos campos de invención, donde
como se vé la base no se destruye como
elemento de composición. No olvidemos que
podemos recorrer toda la estructura con la
certeza de hallar una nueva bese en cada
parte o prescindir de ella simplemente.
Como la definición geométrica es infa­
lible las diversidades de la escultura son
desde su comienzo un desenlace de compo­
sición en el que entra, en determinados trabejos, la combinación del ritmo con algunos
mementos polivalentes, propiedad ésta, co­
mo hemes dicho ya, que consiste en articu­
lar, desarmar, extender y revolucionar a otros
radios la forma concebida.
Del ámbito que forma sale a conoci­
miento el "objeto módico", en su continuo
extra tridimensional.
En cambio los móviles en base a energía motriz, son en su esencia, como casi todos los movimientos de
repetición determinada, un proceso con mediata finitud, vale decir que la variedad no es tal, porque un mo­
vimiento continuo pero idéntico (aunque rote en distintas direcciones) no llega a satisfacer las exigencias actua­
les de la estatuaria en su nuevo ciclo que revele toda su esencia.
Es así que el ambiente propio a la escultura madí debe ser nuevo, multiforme; esto ha dado como lógica
¡nterrelación y secuencia con la arquitectura modista. La vivienda er. base a las ultimes transformaciones,
concluye inevitablemente por rebasar, ella también, su base estática y sus funciones usuales (edilicios móviles,
articulados que puedan estar suspendidos en el espacio).
El ambiente cctual, muchos de ellos ya convertibles tanto en su estructura como en su mobiliario, son in­
tentos no sistematizados, de proyectar la arquitectura a otros continuos.
Esto debe ser resuelto mediante la utilización de materiales plásticos, la creación degrandes plantas
es­
peciales de fabricación e industrialización junto al incremento de la enseñanza y la educación nemsormádica
como escuela colectiva y universal.

GYULA KOSICE

ITOS COMPARADOS AD-HOC
P o r e je m p lo :
D istinguir e l at ieso
d esp eñ a r d el signo,
o: \
d esm em b rar la categoría
d e la ilusión c orrediza.
'T odos los h ec h o s son itos que
proclam an esa r e fr a c ta r ia
an im adversión al eco.
D e un punto a esta p arte
allen de la progresiva
dism inución d e la calm a
se ob serv a que los itos
cifra n su esperan za
en los p rop ó sitos ten sion ados.

ANIBAL J. BIEDMA

�MADIGRAFIAS
¿Qué se parece

(buscar el parecido es una aventura).

A muchos bordes-luz de recorrido anfibio, se les ha denominado comúnmente con asteriscos, pero estos no han
revelado de DONDE partieron para hacer PRESENTE el espacio y el tiempo como "formas" de la intuición.
Resueltamente es preciso la división madigráfica y la producción de signos más cercanos a la comprensión
para llevar a la practicidad la creación de sentidos absolutos: aliners o grioneros.
Se dice: "hostigar la cubierta del cielo raso" o "los altos hoyos-mundi".
Estas dos imágenes sin motor de canje lógico se chocan y forman el concepto sin significado. Suponiendo
gue la imagen poética se esfuerce por adquirir notoriedad ilusoria o concreta, gráfica, real o irreal, representativa
corriente o abstracta, ¿habrá dentro del concepto, frase o poema, la referencia a otras imágenes acuciadas por.. .
Contemporaneidad de realidades fundamentalmente humanas es ésta de crear la visibilidad (tan sólo) del
objeto más necesario a nuestra conciencia —la vida y sus atributos—.
Los que no quieren ser molestados en la creencia de que saben, nunca podrán explicar, jamás perderán el
sentimiento de extrañeza.
Le idea del cúmulo de un suceso puede provocar una descentralización de los hechos modificados; baste
para ello puntualizar la realidad.
Queremos menos posteridad para los límites, acción! es® es, devenir acción de los elementos menos palpi­
tantes. De lo más imaginable.
De lo remoto para el hombre que lo hace anclable y no lo dejar partir. Hay que decirlo bien alto; la le­
yendo nos obliga a colonizar la inteligencia.

RAYMUNDO RASAS PET

—"La construcción final íepresenta cualquiera sea su falta de
integridad, no sólo una simple extracción de aire, sino algo inevi­
table para satisfacer un » ansia espejada.
¿Puedo yo, hacer resumen y esencia de un hecho verificable
que tiene ur.a existencia independiente de los disturbios axiales?
Veo que el alan de una certeza tal condujo aparejados la di­
nastía de los porqués y el arraigado número de raíz.
Ya v e n ..., esc carrera do adornos persigue a ustedes", (del mo­
nologo de "Tiagrio" pieza madí en 2 actos).

A

Dibujo
Elisabeth Stei

�tQJu.\ CLcJLLlo.
Pu ntal d e a j a r p ropiam en te (Helio
centrado en el resplan dor
estrecham en te sitiado p or un fen ó m en o d e elevación
hasta la consum ación d e l ciclo
G en era el tam año d e su conducta
sob r e lo s potentes a b o r d a je s
que conectan el cón clave dual
au n ados p or cubrir su duración
M ención d e eg u res in ex o rables
rod ea d os d e g ran d es ám bitos que asum en claram en te
el enunciar d e su custodia
p ero es este universo qu e cae en e l olvido
en un m om ento dado
el que su ced e a egu res en dem anda d e sostén
y av en ta su ru tilante m em o ria posdática
asim ism o su en vergadu ra se som ete
al design io su rgen te d el acopio
D espués un retirarse a sitios descan sados
qu e ayudan a l egu r a in corporarse
a con tra-tiem po.

KOSICF.

EL RESUMEN DE CSOD
(Cuento)
Escé supone que cualquier intento de madigrafiarlo es inútil. Da^jo que su apariencia existe en los albúme­
nes kosicecncs y estos a su vez son inventados escan dolosamente para proporcionarse un goce estético muy
particular, he conseguido de un amigo de tedes —Csod— dates aproximativos sobre é¡ y obtener así para nuestro
espacio !a madigrafía pasada y presente de Escé.
Según les datos obtenidos, Escé fué a dar sobre la ocupación Argerista en deslumbrantes esquemas de una
longitud equivalente a su instinto de prolongación.
No bien se estremeció la visión Argera de tal acón .«cimiento fleri'ivc ( ues se temía otra cosa y aún hoy
no sabemos de su poder retráctil) no hubo más que estupor alrededor de su presencia insigniíicativa.
Pero la irreductibilidad de su presencia parecía estar mucho más a l'á de lo previsto por cualquier unidad
deductiva. A su persistencia de actitudes primarias para la realidad asignativa, Csod le confiere otra de índole
aún sin conocer.
Guiarnos en base a juicios críticos sobre la identidad de Escé, es convertirse en imán de conjeturas.
Csod nos relata haber convivido con Argeros de perfecta atmósfera que emitían a cada nuevo ingreso
de extraños a ese aire, zig zags en su primera coloración. Cuando ¡a vigilancia del contorno Argerista se hubo
turnado entre Ob y S”, e! pasado de Escé entró en su cauce lógico.
Ob y S° forman parte de ese pasado y para excluir a Escé de há!itos similares a ellos, rectar.gulizaron (blo­
ques de perdición) las versiones del asombro general que provocaban a cada movimiento de su ir y venir. Esto
no contrarrestó la tranquila sucesión de su voluntad, dice Csod; más bien llegó a confundirse con el presente,
origen de toda su envoltura.
No dicen les informes de Csod que el accionar de Escé se debía a este atisbo.
RAYMUNDO RASAS PET
Nemsor es la patentización del tiempo estético ©n
tituye con las ideas menos taxativas.

1 espacio. Madinemsor: síntesis de belleza que se cons-

�-

COPYRIGTH BY
MADINEMSOR 1947
BUENOS AIRES

�</text>
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Eitler, Esteban&#13;
Humbert, R. C.&#13;
Laañ, Diyi&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Pet, Raymundo Rasas</text>
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artes/arquitectura/diseño industrial/tipografia

Piet Mondrian
M a x Bill

La poética técnica de Amancio Williams
Jo rg e G o ld e m b e rg

Tres hospitales en la provincia de Corrientes
A rq . A m a n c io W illia m s

Algunos problemas del diseño
A rq . Fran cisco Bullrich

Información:
Edificio para una cooperativa de vivienda
A rq s . B e re te rv id e , A co sta y F e lic i; J . C. Ruiz

Sobre los métodos de enseñanza de la arquitectura
P ro f. Enrico Tedeschi

El Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro
Ig n a cio P iro va n o
B ib lio g ra fía

�2 o concurso "Fulget”
entre los arquitectos e ingenieros que apliquen
racionalmente Fulget

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Sociedad Central de Arquitectos
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entre el autor,
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y el artista gráfico
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L a g a r a n t ía de la e fic ie n c ia y d u ra c ió n
d e l a s m á q u in a s d e e s c r i b i r O l i v e t t i ,
e s tá fu n d a d a , p r in c ip a lm e n t e , en la c a lid a d
in a l t e r a b l e d e s u s m a t e r i a l e s y en s u
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imprenta López
una o rg a n iz a c ió n de té cn ica
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O liv e tti A r g e n t in a S . A . C . I .
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diseño industrial

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el mundo técnico
abstracción

La dirección no se resp onsab iliza por los
a rtícu lo s firm ad o s ni devuelve las colabo­
raciones espontáneas.
La revista “ n v " , nueva visió n , es propiedad
de N ueva V isió n S .R .L .

el mundo de la publicidad
lógica y estética

estética
max bense
juegos del lenguaje
lo obsceno
el mundo de los signos

S u m ario :

Piet M o n d rian , por V _ * Bi
p 5
A rte sin objetos, por P ie t M ondrian (p. 8)
A lg unos problem as de a se 1: per Francisco
B u lIrich (p. 2 0 )
L a poética té cn ica de A m a n d o W illia m s ,
por Jorge G o ld e rrc c 'c c
T re s hospitales e~ :
ce C o rrien ­
tes, A rq . A m a n d o W illiams (p._ 12)
Inform ación :
E d ificio para una coopcio lm o de viv ie n d a .
A rq . Ferm ín Be':~ - ce : 1 Sobre los r re -: c : s ce e - s e - c - c c ce la
arq u ite ctu ra , por En-ncc Te d esctii ,p. 3 0 )
El M useo de A-ce .V o á e rrc ce Rio de
Ja n e iro , por Ig n a d o P iro van o (p . 3 4 )
N otas y com éntanos
B ib lio g ra fía

el objeto estético
editorial nueva visión
R e p re s e n ta n te s e-

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4

�Pie*- Mondrían

■ ■ ■ ■

M a x Bill

El desarrollo de la p in tu ra moderna se orienta a p artir del cubism o en
cuatro direcciones p rincipales. C uatro artista s y su obra sirven de me­
dida. El tipo de p in tu ra que transform a los datos de la n atu raleza y
produce un efecto exp resio nista, de crítica social o volcánico, tiene su
medida en la obra de Pablo Picasso; a la configuración pictórica de los
procesos que se cum plen en las últim as prolongaciones conscientes del
acaecer cotidiano, sirve de medida Paul Klee. La pintura en que el mundo
exterio r de los objetos se disuelve en nuevas y originales creaciones, que
se ed ifican únicam ente sobre el juego de form as y colores, se mide por
el mundo plástico de W a ssily K a n d in sky. Y cuando ya no bastan estas
tres m edidas, cuando aparece una estructuración p lástica de ca rá cter
esencialm ente distinto, una voluntad de lo absoluto y exclusivo, se pre­
senta una cu a rta m edida: Piet M ondrían.
La senda de M ondrian em pieza con cuadros convencionales, aún para su
época.
Si se piensa que en 1 89 0 , cuando M ondrian empezó a p in tar, acababa
de fa lle ce r V an Gogh, asom bra cuán poco de éste se advierte en las
prim eras obras de aquél. Sin duda, apenas era posible que conociera
entonces las obras de su gran colega.
H asta 1900 no cedió en él el mundo de la representación, bajo el patente
in flu jo del "Ju g e n d s til" en com binación con un acervo de ¡deas teosóficas.
H asta 1910, M ondrian trab ajó valiéndose de todos los modos de exp re­
sión entonces conocidos. V an Gogh, M un ch, y los p u n tillista s ejercieron
su in flu jo en la creación de M ondrian, el c u a l, al aproxim arse a la cu a ­
rentena, logró algunas obras extra o rd in a ria s: p aisajes de dunas, las torres
de Domburg y W estkap elle y , por últim o, flores y sus prim eros cuadros
de árboles. En 1911, M ondrian se trasladó a París y de esta m anera se
puso en contacto con el problema del cubism o. En ese momento, g racias
a Braque, Picasso y G ris, se había abandonado la época cézan n ista del
cubismo y había com enzado el breve período del cubismo a n a lítico . M on­
d rian buscó en él sus propios cam inos, tomando como base de sus com­
posiciones cub istas, adem ás de aislad as n atu rale zas m uertas, el motivo
del árbol y del m ar. No cabe la menor duda de que, adem ás de estas
obras, surgieron entonces otras que, por la índole d iferente de sus ele­
mentos de com posición, se distinguían de las "cu b ista s” propiam ente
dichas y se destacaban ya por su original estructura rítm ica.

5

�M ien tras los "c u b ista s" pasaban del cubism o a n a lítico al sintético, le
que eq u ivalía a acen tu ar la representación de objetos n atu rales, Mondrian se lanzó consecuentem ente por la senda opuesta, llevando más
a llá el desarrollo racional y sistem atizando las estructuras como resul­
tado de la em ancipación cubista respecto del objeto. Sus obras de 1914,
aunque parten aún de la representación, sólo contienen una lejana rem i­
niscencia fig u ra tiv a . De esta m anera, M ondrian fué el único que desarro­
lló consecuentem ente la idea fund am ental del cubism o, m ientras que los
cubistas " c lá s ic o s " puede decirse que fracasaro n ante el problema de
fo rm u lar la nueva objetividad contenido en el program a espiritual del
cubism o. Este, en sus com ienzos, no pretendía ser una estructuración
fo rm alista del mundo exterio r de los objetos para acomodarlos mejor
a un espacio plástico lim itado. Era una concepción espiritu al que quería
u tiliz a r los medios de configuración visu al en su u n iversalidad, es decir,
sin que el mundo de los objetos los lim itara . En 1914 M ondrian volvió
a H olanda y a llí trabó relaciones con Theo van Doesburg y luego con
Bart van der L e ck: los dos, cada cual a su m anera, habían buscado una
solución de los problem as pictóricos. A raíz de este intercam bio de ¡deas,
M ondrian empezó a ocuparse de los colores fu ndam entales procurando
cim en tar teóricam ente el cam ino que llevaba recorrido. La revista "D e
S t ijl" , fundada por Theo van Doesburg en 1917, se convirtió en punto
de partida de un anim ado debate, en el cual interviniero n, adem ás de (os
que acabam os de m encionar, el pintor y escultor Georges Vantongerloo y
el pintor V ilm o s H u sza r, los arquitectos Oud, W ils y V a n 't H o ff y el
poeta Kok.
Desde 1917, desaparecen las últim as resonancias de fenómenos n atu ra ­
les exteriores en las obras que conocemos de Piet M ondrian. Pinta cu a ­
dros en base a rectángulos de color o negros sobre fondo blanco. Por
últim o, en 1918, M ondrian halló la form a de expresión g racias a la cual
ocupa actualm ente una im portante posición en el mundo del arte. En
1919 regresó a París y en 1920 creó el "n e o p la sticism o ", desarrollando

P. M o n d rian : "C o m p o sició n " (1 9 18 )

su teoría en un tratado que lleva el mismo nombre que dió a su arte,
definido por él como arte de relaciones rítm icas. Ese tratado apareció
poco después, en su versión fran cesa o rig in al, en el catálogo de la expo­
sición de M ondrian en G ravenhag e; tam bién se publicó con el títu lo de
"N e u e G e sta ltu n g " en el n° 5 de los "B a u h a u sb ü ch e r" (1 9 2 5 ).
En 1920, M ondrian creía aún que la reducción de la pintura a relacio­
nes horizontales y verticales en la su p erficie de la te la , y la reducción de
los colores a algunas gradaciones gris-azul y a los colores fundam entales
am arillo -ro jo -azu l, provocaría una disolución total de la p intura. C reía
en una integración del arte en las creaciones de la vida cotidiana y , en
$

P. M o n d rian : " A r b o l"

�P. M o n d rian : " D u n a "

consecuencia, en la autodisoiución de la p intura. Sin embargo, siguió
pintando.
En 1925, los campos azulados-grises son sustituidos por las su perficies
b lan cas, de suerte que durante los últim os veinte años de su labor cre a ­
dora, sus composiciones se apoyan a lo sumo en seis colores: en los tres
"no "-colores y en los tres colores vivos am arillo-rojo-azul. Desde 1932
aparece un nuevo elem ento plástico: la línea doblemente acentuada y ,
por últim o, después de varios años de residencia en Londres y en los
últim os que pasa en N ueva Y o rk , surgen cuadros con elementos crom á­
ticos que, en parte, se han em ancipado de la estructura negra, hasta
que M ondrian acaba disolviéndola y sustituyéndola por ritmo de colores
en sus últim as obras: "N e w Y o rk C it y " , "B ro ad w ay boogie-woogie" y
la incom pleta "V ic to ry boogie-woogie".
Cuando M ondrian fa lle ció en N ueva Y o rk el l p de febrero de 1944,
desgraciadam ente no estaba aún term inado su " V ic to ry boogie-woogie",
destinado a ser una danza sublim e de la victo ria. Tam poco había term i­
nado la guerra. De esos últim os cuadros em ana una irrad iació n , una
dinám ica de contenida efervescen cia, obtenida sobre todo con una ento­
nación b lanco-am arillo-gris, que ya no es aquella superación de lo trá ­
gico exigida por M ondrian en sus prim eros tiempos con dogm atismo as­
cético. Seguram ente fué entre 1931 y 1936 cuando más cerca estuvo de
esa m eta.
Los cuadros de M ondrian dem uestran que es posible cre a r obras de gran
fu erza de convicción y b elleza, aunque los colores u tilizados se lim iten
a dos o tres, y tal vez g racias precisam ente a esa lim itació n.
M ondrian es oriundo de H olanda. Los ignorantes infieren de a llí que su
pintura es típicam ente holandesa, in flu id a por los canales vistos desde
un avión. Esa concepción es tan absurda como la que pretende que M on­
drian era un calcu lad or y , en consecuencia, se ocupaba constantem ente
en sus cuadros de la "sección á u re a " (denom inación que sin duda pre­
tende designar, en térm inos absolutam ente generales, proporciones de

P. M o n d rian : " P a is a je con árb o les"

•“ r 'c c r Square" (1939-42)

7

�medida coincidentes). M ondrian hizo sus cuadros sin cálculo ni medida,
aunque con un sentido seguro de las proporciones y sirviéndose de un
cordón que u tiliza b a para m edir.
En la actu alid a d , transcurridos am pliam ente once años desde la muerte
de Piet M ondrian, puede vislum b rarse ya qué repercusiones tiene su obra
y qué rango ocupará en la historia del arte. M ondrian se coloca digna­
mente al lado de los grandes m aestros holandeses, V a n Eyck, V an der
W eid en , Rubens, Rem brandt, V erm eer y V a n Gogh. Como ellos, ha hecho
una aportación d e fin itiva al desarrollo del arte europeo.
M ás a ú n , su posición puede com pararse con la de Cézanne. Si Cézanne
inició el "cu b ism o ", tratando de lograr una estructuración de las super­
ficies que obedeciera a leyes propias, M ondrian fué el prim ero que logró
cabalm ente esta estru ctu ración , abriendo de este modo, así como C é za n ­
ne lo había hecho antes en otro sentido, una puerta más al desarrollo del
arte. Y aun cuando al p rincipio creyera M ondrian que así se disolvía la
p in tu ra, demostró con su propia obra que esa conclusión era fa lsa . Sin
embargo, en una cosa tenía razón — aun cuando no por ello se disolviera
ni resultara sup erflua la p in tu ra— : sus obras, efectivam en te, han in flu i­
do de modo esencial en la integración del arte con la vida cotidiana.
La a rq u ite ctu ra , el arreglo de interiores, las artes g ráfica s y los utensi­
lios corrientes fueron "d ep urad o s" en un sentido análogo al que M on­
drian había mostrado ejem plarm ente en su obra. Aunque no debe a tri­
buirse exclusivam ente a su in flu en cia todo ese proceso de depuración,
puede decirse sin exageración que existe una evidente coincidencia de
aspiraciones. Con toda seguridad, M ondrian tenía razón en una cosa: se
está operando progresivam ente una integración de lo a rtístico con los
enseres de uso cotidiano, y esa integración es tan plausible como hace 35
años, cuando él form uló su tesis. No es in sig n ifican te el papel que en
este aspecto desempeñó el criterio estético de M ondrian. En cuanto a las
bellas artes, distan mucho de haber term inado los ulteriores desarrollos
provenientes de M ondrian, antes bien, se h allan en plena vigencia.

Arte sin objetos
Piet M ondrian

Todos sabemos que en pintura y en escultura se persigue la m an ife sta­
ción de la genuino esencia del arte, y no la representación de las form as
en que esa esencia aparece envuelta. Pero no todos advierten que ese
algo genuino puede expresarse m ediante relaciones de líneas, colores
y form as exclu sivam en te, es d ecir, sin representar un objeto determ inado.
Lo genuino del arte no estriba en describir. Por lo tanto, la representa­
ción de un objeto, que es siem pre m ás o menos descrip tiva, no constituye
una verdadera expresión de arte genuino.
Lo genuino del arte es lo que provoca o expresa nuestra sensación de
b elleza; es universal y está fu era de nuestra visión su b jetiva. Cuanto más
se exclu ya esta visión su b jetiva, tanto más pura será la m anifestación'
de arte.
Todo arte verdadero nace intu itivam ente de una fuente un iversal. Lo
genuino del arte es la expresión p lástica de la vida en su plenitud y
riqueza. Su más profunda realidad sensible es lo que en todos los tiempos
se ha denom inado " a rm o n ía ". La arm onía nace del equilib rio m ediante
el ritmo de su composición. Lo p rincipal es, pues, el ritm o; los medios
que emplee son algo accesorio.
Pero resulta evidente que es con los medios más puros, es decir, con
los más claros, como más nos acercam os a la arm onía pura. De a h í que
recubrirlos de accesorios descriptivos o de representaciones individuales,
vaya en detrim ento de la pura m anifestació n estética. Pero las líneas
y los colores originan ineluctablem ente form as. A ún empleando los
medios de expresión más puros, subsiste siem pre el gran problema de
evitar la cristalizació n de form as ind ivid u alizad as m ediante un contraste
incesante de línea y color, haciendo evidente sus relaciones proporcio­
nales.
La depuración del arte m ediante la depuración de los medios de exp re­
sión es, pues, rela tiva. Pero es un hecho que la m anifestació n de arte
m ás pura es aquélla cuyas form as de expresión son las que poseen un
ca rá cter menos ind ivid ual.
La "a c titu d e s té tic a ", cap az de conducir a la m anifestación más pura

8

P. M o n d rian : " F o x tro t A " (1 9 30 )

�P. M o n d rian : "C o m p o sició n D " (1 9 32 )

y real de lo genuino en el a rte, tendrá que llevar forzosam ente al arte
"sin objetos". Los elementos de co nfiguració n empleados por este arte
pueden ca lific a rs e de "n e u tra le s ", pues no tienen ca rá cter universal. La
consecuencia extrem a de la elim inació n de las form as individu alistas
son form as que se cortan en ángulos rectos, puesto que la intersección
horizontal y vertical de las líneas produce siem pre ángulos rectos.
Pero cu alq u iera sea el ca rá cte r de la com posición, en ella no deben
predom inar los medios expresivos. Los medios menos sig n ificativo s, desde
éb p u n to de vista subjetivo, son pues los que menos dom inan.
Si ahondamos el a n á lisis de la actitud estética que tiende h acia lo
más puro y genuino en el arte, comprobaremos que constituye un proceso
evolutivo orientado hacia una m eta, a la cual nos acercam os cada vez
m ás. Podemos observar un acrecentam iento de la racionalidad en las
sucesivas m anifestaciones a rtística s.
H asta el im presionism o, las etapas recorridas consisten en construccio­
nes de form a y color referidas a la n a tu ra le za , llevadas a su m áxim a
perfección y rendim iento. Le sigue un período de destrucción de esas
construcciones que llega hasta el cubismo inclusive. V ie n e luego la
descomposición de la form a y el color ya desnaturalizados (cubism o y
arte no-figurativo). Comprobamos un progresivo ahondam iento en los
medios de expresión, enderezados h acia una traducción d irecta, vigorosa,
de lo genuino del arte.
La pintura y la escultura transform aron siem pre más o menos la rea­
lidad visib le, pero hasta nuestros días conservaron casi constantem ente
la referen cia fig u ra tiva . El im presionism o dió un gran paso h acia ade­
lante en la transform ación de la visión de la n atu rale za. M uchas tenden­
cias siguieron luego el cam ino por el cu a l se había lanzado el im presio­
nism o, hasta que, poco antes del cubism o, vemos que se hace am plia
abstracción de la form a y del color tai como se presentan en la n atu ­
raleza . Vem os que el objeto n atu ral y la atm ósfera desaparecen de la
representación. Vem os las llam adas form ulaciones "a b s tra c ta s ". Si el
contenido de esas m anifestaciones a rtística s no se hubiera m antenido
dentro del arte puro, nos habríam os aproxim ado entonces a lo pura-

9

�P . M o n d rian : "C u a d ro I I "

(1 9 21 -5 )

mente decorativo. Después de esa sim p lifica ció n y concisión nació el
cubism o, que rompió consecuentem ente con la visión n atu ralista y repro­
dujo los objetos en su m u ltifo rm id ad . Sin em bargo, los objetos subsis­
tieron como pretexto, hasta que el arte concreto — el arte sin represen­
tación de objetos— los excluyó. En la actitud a rtística reflejad a en
estas etapas vem os, pues, un ahondam iento progresivo, una tendencia
h acia la representación u n iversal, orientada h acia la exposición clara
de lo genuino del arte.
La historia de la a rq u itectu ra dem uestra que es posible una m a n ife sta ­
ción de belleza em ocionante m ediante la sola u tiliza ció n de la línea y
el color, empleados en fo rm a n eu tra l, es d ecir, que no expresan nada
por sí mismos. Pensemos en la g randeza de ese a rte , que deja m uy a
la zaga la belleza de la p intura y la escultura trad icio n ales. Sin embargo,
tam bién aquí ha habido un gran m argen para la subjetividad. A me­
nudo se destacaba intensam ente el sentim iento ind ivid u al. De ah í que
deba saludarse con júbilo el hecho de que la a rq u itectu ra m oderna, racio­
nal y realizad a con nuevos m ateriales, exclu ya am pliam en te, obligada
por las exig encias p rácticas de nuestra época, las m anifestaciones emo­
tivas y sub jetivas. Aunque a menudo no sea " a r t e " , por razones de
ca rá cte r p ráctico y económ ico, esta a rq u itectu ra está empero mucho más
cerca de una m anifestació n de arte universal que la a rq u itectu ra a n ti­
gua. En efecto, considerada desde el punto de vista estético, ha llegado
a ser pura co nfig uració n de las relaciones de espacio. En eso, la a rq u i­
tectu ra moderna coincide con la p intura y la escultura modernas. Sólo
se distingue de ellas en la medida en que no solam ente da preferencia
a las exig en cias orgánicas y p rá cticas, sino que, por el contrario, parte
de ellas. No obstante, la a rq u itectu ra m oderna tiene de común con la
pin tu ra y la escultura modernas sus medios de expresión, con los cuales
puede exponerse puram ente lo genuino del a rte. (1 9 3 8 ).

10

�La poética técnica de Ámancio W illiams
Jorge Goldemberg
Nuestro concepto del mundo está cam biando. En efecto, ello se m ani­
fie sta , entre otras cosas, en la gestión u n ificad o ra de campos cie n tí­
ficos a la luz de una nueva filo so fía , en la aparición de lógicas
ideo-m atem áticas en la esfera de ideas y actos, en la creciente
sistem atizació n de conocim iento y control en los más íntimos aspectos
del v iv ir. Evidentem ente, no es ésta una m era "m u ta ció n del pensa­
m ien to ", pues abarca p rincipalm ente a nuestras "h e rra m ie n ta s" y a
los objetos de nuestra antropología cam b ian te, los que, a su vez,
invaden el pensam iento. Pero esta d ia lé ctica , esta interacción de
objetos-ideas, no es casu al.
Si m iram os en derredor, notaremos con sorpresa que ha sido prece­
dida por pretericiones form ales y que tam bién en la actu alid ad es
conform ada por muchos de los que no trab ajan específicam ente el
problem a. Puede decirse que ellos m an ifiestan en sus obras los efectos
sensoriales de la nueva cu ltura instrum ental. Fundan a sí, como A m ancio
W illia m s , una nueva poética. Establecen las bases de una poética
" t é c n ic a " , porque se basa en la cu ltu ra o b jetivizad a, cie n tífic a . A c la ­
remos que no debe confundírsela con la que propone la m orfología
cu ltu ra l.
Los morfólogos, al establecer una correspondencia unívoca entre los
tem as m ateriales y los llam ados " e sp iritu a le s" de una época, preten­
den e xp lica r una form a sólo por otra fo rm a, un com plejo cu ltu ra l, por
objetos deliberadam ente aislados. En esa concordancia m ecánica se
engendra una cierta poesía que surge del solo hecho de su e xisten cia ,
ya que no com unica expresam ente algo, ni gira en torno a una ideo­
logía concreta. Es lo que los artista s del decenio 1920-30 llam aban
" la poesía de los tiempos nu evo s", de valo r casi tautológicam ente
literario.
Sería d ifícil decir si W illia m s se h alla libre de la in flu en cia de esta
poesía m orfológica, como no lo está casi ningún arquitecto contem ­
poráneo. Tam poco podríamos c a lific a rlo de poeta cie n tífico , pero es
indudable que su poética se v in cu la notoriam ente a los tem as enun­
ciados en el com ienzo de este a rtícu lo . W illia m s es un estudioso activo
de varios problemas nuevos. Pero tam bién -—y esto vuelve excepcional
su posición— • ha abierto su sensibilidad a la captación in tu itiva de
m uchos otros, que pueden percibirse en él como viven cias.
Esta impresión es constante y p a rticu la riza b le en las diversas resi­
dencias, el edificio de o ficin as Bs. A s ., el teatro y los tres hospitales
para la provincia de Corrientes. En ellos se co nfigura espacial y fo rm a l­
mente el poeta W illia m s .
Veam os cómo sucede esto en los hospitales.
En relación con el prim er problem a, aparece sagazm ente resuelto el
tem a del tradicio n alism o fo lkló rico . Es en él donde se sitúa geo g ráfica­
mente la poética de W illia m s . Señalem os, por otra parte, que todo
folklore la engendra al establecer una conexión subjetiva entre el
hombre y la cu ltura del suelo. En nuestro país, el tem a no ha penetrado
profundam ente en la vida n acio n al, pero perm anece vago e indefinib le,
como carga tá cita en la tarea de los arquitectos. A él responde la
fa lsa querella acerca de la oposición e inm ersión de las form as en la
n a tu ra le za , lo cálido, etc.
W illia m s aborda el tem a desde otro ángulo. T ra ta de explotar las
razones funcionales im p lícitas en la arq u itectu ra regional y las incluye,
previa una im portante tran sfo rm ació n, dentro de una ordenación técn ica.
C o ncretam ente, ha considerado el tem a de las aceras-g alerías de la
a rq u itectu ra del noroeste de Corrientes (producto, a su v e z, de la
cu ltu ra virreyn al chaqueña) introduciéndolo en la organización del
hospital. Vem os así cuerpos sueltos, como las m anzanas de los pueblitos
correntinos, con calles interiores o exteriores (los pasillos) donde se
concentra toda la circu lació n y la vida de los lugares. Un gran techo
general vin cu la entre sí los cuerpos y crea sub-espacios, abiertos al
exterio r aun cuando sean internos, como sucede en la viviendas del
personal. La transform ació n físic a del tem a fo lkló rico es tan grande
que no se lo reconoce a prim era v ista , pero la percepción sensorial, la
poética que cre a , no ha sido a lte ra d a , sino vigorizada y despojada del
p rim itivism o que le dió origen.
El tratam ien to de cada elem ento, los procedim ientos con que se lo
desarro lla, p a rtic u la riza n la fa z de los otros problem as, aquellos de los
cuales dijéram os que W illia m s intuye. En efecto, la form a del techo

11

�y la colum na tipo, la definición de los lugares por a rista s, el m ecanism o
interno de funcionam iento, configuran el aspecto form al de la "po ética
té cn ica " de W illia m s . H ay un método de belleza en la elaboración de
la arista ondulante que sirve de perím etro al segundo techo y en el
entronque de la estructura con el ed ificio que está debajo, pues cada
colum na cae aparentem ente dentro de la g rilla del modulado pero
determ ina siem pre pequeños lugares propios. La belleza lógica se
acentúa en el pequeño cosmos de sensaciones que crea el lugar entre
los dos techos; en fin , todo sugiere la posibilidad de relaciones topológicas y logo-m atem áticas notables. Se vislum b ra así la in flu en cia
favo rab le que tendría en nuestras vive n cias una sistem atizació n de la
exp eriencia estética a través de cien cias especiales.
Es verdad que no está aun presente la ley creadora concebida con una
técn ica c ie n tífica (como no lo está en la arq u itectu ra a c tu a l), pero se
presiente ya otra concepción de una sim bología arqu itectón ica. Porque
W illia m s , con una intención verdaderam ente ejem p lar y excep cional,
tantea esa problem ática. Es un nuevo género de poeta.
Podría decirse que tal poética técnica ya existe — es el caso de N ervi
y algunos arquitectos am ericanos— pero, curiosam ente, son sus mismos
creadores quienes la destruyen, al no abordarla como una m anera
especial de com unicación.
Porque una poética está im p lícita en toda actitud por medio de la cual se
quiere exp resar algo. Existe en toda transm isión o contacto inter-subjetivo,
ya se realice éste como hecho lato, de com unicación irreversible, ya como
penetración para acotar lo desconocido y volverlo metodológicamente
objetivo. En el prim er caso, se trata de la vibración de un estado físico o de
co ncien cia: de una poética em píreo-sensual producida por un paisaje o un
texto literario . Opera con la percepción y la retórica. En el otro caso, se
trata de una d ialéctica lógica, de una metodología: de una poética técn ica,
producida por la rigorización sistem ática de una estética o por una
estru ctu ra. Opera con la sem ántica y la percepción. A este últim o caso
se aproxim a indudablem ente la obra de W illia m s y , en especial, los
hospitales cuyos proyectos aquí reproducimos.

Tres hospitales en la provincia de Corrientes
A
A rq .

A
.
A m a n c io

\ a /* 11 •
W lllio m s

U na t íp ic a
C o rrie n te s.

ve re d a -g a le ría

en

la

p ro vin cia

de

As£5°r en el °ntePr°yect°: Ar&lt;- A"ton¡° Bonet
Asesor p a ra las e s tru ctu ra s: Ing . Ju lio P iz z e tti
Asesores p a ra las in sta la cio n e s e lé c tric a s : Ing s.
C o rti y Oneto
Asesor p a ra las in sta la cio n e s m e c á n ica s: José
M u ñ iz
Asesor p a ra las in sta la cio n e s s a n ita ria s : Ju a n Lu is
Equipo del estud io del A rq . W illia m s : A rq s. C.
A m e n g u a l, F. B u llric h , N. Fedu' c, S. K a v a n a g h ,
R . L a n g e , H. M a rtín e z C a rre ra s, H. Pand o, J . Pé­
re z C a se s, D. S ch n eid er, C . Si e ' V . S ig a l, B . Sig a l, J . S a a l, H . T o scan o , M . V- -vograd.
E stru ctu ra s: A rq s. J . S aal y H . T o scano

Pe rsp e ctiva

12

�A sp ecto de la ca lle de un pueblo co rren tino .

T e rre n o elegido p a ra uno de los h o sp itales.

Planteo . Estos tres hospitales fueron en car­
gados a A m a n d o W illia m s por el M in isterio
de Salud P ú b lica . Debían levan tarse en la
p ro vin cia de C o rrien tes, en las zonas de
M b u ru cu yá, C u ru zú C u a tiá y Esq u in a, que­
dando a cargo del arqu itecto la elección de
los terrenos y la elab oración de los pro­
gram as.
Los lugares elegidos poseen un clim a de
c a ra c te rístic a s p a rticu la re s. Son frecuentes
las grandes llu v ia s , las d ife re n c ia s de te m ­
p e ratu ra y las m arcas té rm ica s elevadas,
que a lc a n z a n a menudo los 4 5 ° .
La población es de ca rá cte r netam ente ru­
ral. Su nivel so cial, en general m uy preca­
rio, hace n e cesarias una acció n ed ucativa
e fic a z y la p rá c tic a in ten siva de la m edicina
p reven tiva. El h o sp ital, en consecuencia,
debe a c tu a r a la m anera de un centro a g lu ­
tin ador que a tra ig a a los vecinos y pueda
fu n cio n a r a la ve z como un ente autónom o.
W illia m s se propuso estud iar cada sector
constitutivo del hospital como un elem entotipo que pudiera ser u tiliz a d o en los d ife ­
rentes proyectos varian d o solam ente sus
conexiones, tam añ o o posición, pero sin su­
frir otras m o d ificacio nes. Esto c re a ría una
estrecha relación y unidad entre los tres pro­
yectos y fa c ilit a r ía considerablem ente la
construcción. Por otra p arte, la ausencia
de servicios m ecánicos y una im posición del
M in iste rio , obligaban a d e sarro lla r los ed i­
ficio s en una sola p la n ta , por lo que e xistía
el peligro de co n vertir al hospital en un
conjunto de pabellones independientes, con
los inconvenientes de o rg an izació n y c irc u ­
lación que ello tra e ría ap arejad o .
El arq u itecto resolvió todos estos problem as
proyectando el hospital como un conglo­
m erado de cuerpos estrecham ente v in c u la ­
dos y protegidos por un gran techo de
12 m ts. de a ltu ra que los a b a rc a ra to ta l­
m ente. Los hospitales se convirtieron así en
pequeñas ciudad es con sus ed ificio s p e rfec­
tam ente protegidos del c a lo r, los vientos
y las helad as, sin necesidad de re cu rrir a
techos de gran espesor, g eneralm ente a n ti­
económ icos y de una e fectivid ad re la tiv a .
Como co nsecuencia, la fisonom ía del con­
junto cam bió fu n d am en talm en te con res­
pecto a la de los hospitales com unes. Estos
se tran sfo rm aro n en lugares de fá c il acceso
para la población, que podría acu d ir a ellos
p ara observar de cerca su funcio nam iento ,
enterarse de sus activid ad e s, reunirse para
escu char co n feren cias o presenciar e x h ib i­
ciones c in e m a to g rá fica s, etc. Si se tie n e en
cuenta el bajo n ivel c u ltu ra l y sa n ita rio de
a zo n a, podrá ap reciarse la im p ortancia

P e rsp e ctiv a

13

�que reviste el hecho de que el vecino se
fa m ilia ric e con ese am biente y se a c e r­
que al mismo sin tem or, perm itiendo así
h acer efectivo s los principios de la m edicina
p reven tiva.
Todos estos facto res determ inaron que los
hospitales se proyectaran en las a fu e ra s de
los pueblos, a d istan cias m enores de los
8 0 0 m etros y unidos a los m ism os por bue­
nos cam in os. Con las poblaciones m ás a le ­
ja d a s y , especialm ente en tiem pos de llu v ia ,
las com unicaciones son m ucho m ás d ifíc i­
les. Se previo entonces el funcionam iento
de una pista de a te rriz a je a n e xa que per­
m itiría u tiliz a r un avión pequeño y un
helicóptero para tran sp o rta r enferm os de
urgencia. Dichos ap arato s podrían adem ás
guardarse bajo el techo del hospital.
O rg an iza ció n . El hospital está dividido en
v a ria s zonas que se conectan entre sí por
corredores o bien , de una m anera m ás
flu id a , a travé s de la parte te ch ad a. Ellas
son: servicio s internos, externos, generales
y ane xo s; estos últim os com prenden las v i­
vien d as para m édicos y personal a d m in istra ­
tivo . En Esquina y C u ru zú C u a tiá existe,
ad em ás de los anterio res, un sector para
escuela y v ivie n d a de nurses y alojam iento
p ara m onjas.
A l estud iar la intern ació n se llegó a la con­
clusión de que ésta debe ser lo m ás peque­
ña posible, con el objeto de que los e n fe r­
mos pasen la co n valecen cia en sus casas y

P la n ta general del hospital de Esquina

14

su estadía no g ravite dem asiado en el pre­
supuesto del hospital. Pero como, por otra
p arte, los enferm os deben ser agrupados
por sexos, tipos de enferm edad, etc. y es
conveniente e v ita r en lo posible la concen­
tració n de gran cantid ad de ellos en una
sola s a la , h ab ría entonces que preveer la
existe n cia de un núm ero considerable de
sa las pequeñas. Se llegó así a una nueva
solución (ver p lan ta de intern ació n) que
perm ite una gran elasticid ad en el agrupam iento de enferm os, al tra b a ja rse con ele ­
m entos u n itario s de tres c a m a s, conectados
por un sistem a de peine con los servicios
sa n itario s y que m ediante puertas pivotantes pueden aisla rse constituyendo una u n i­
dad que se ab astece com pletam ente a sí
m ism a.

�1
IM
P la n ta g en e ral del h o sp ital de C u ru zú -C u a tiá

P la n ta g eneral
a e n trad a del público a se rvicio s
b e n tra d a del p úb lico a se rvicio s
c e n tra d a de m édicos, p erso n al,
m a c ia ; lle g ad a de a m b u la n cia a
lios.
d e n tra d a a se rv icio s g en e rale s,
e e n tra d a a la m orgue.

e xte rn o s,
internos,
productos f a r ­
prim eros a u x i­

1 unidad de e n fe rm e ría , con elem entos tip o ,
p a ra tres ca m a s.
2 unidad de e n fe rm e ría , se rvicio s de s a la , e n fe r­
m e ras, to ile tte s.
3 unidad de e n fe rm e ría , aisla d o s, d orm itorios, y
to ile tte s.
4 rayos X , ra d io g ra fía , rad io sco p ia.
5 grupo op eratorio.
6 lab o rato rio y f a rm a c ia .
7 p rim eros a u x ilio s.
8 co nsulto rio s e xte rn o s.
9 h all de público.
10 d ire cció n y o fic in a s .
1 1 g a ra g e .
12 p atio de viv ie n d a s .
13 viv ie n d a s p a ra m édicos y p ersonal a d m in is­
tra tiv o .
14 depósitos.
15 co cin a.
16 com edor de p erso n al, junto a e n trad a de c a ­
rrito s.
17 lav ad e ro .
18 m orgue.
19 lab o rato rio , m orgue.
2 0 veredó n .
21 e stacio n am ien to .
2 2 c a p illa .
2 3 p a tio g en e ral.
24 p a tio de servicio .
2 5 ta lle r y depósito.
2 6 u sin a.
2 7 ca ld e ra s.
28 v iv ie n d a , e scu ela nurses: zo n a d orm itorios.
2 9 v iv ie n d a , e scu ela n urses: zo n a de e sta r.
30 v iv ie n d a , h e rm an as: zo na d orm itorios.
31 viv ie n d o , h e rm a n a s: zo na de e sta r.
e =: ¿e una bóveda con su co lum na.

A rm a d u ra de u na b óved a.

P e rfil.

C o rte d iag o n al.

15

�P la n ta g en e ral del h o sp ital de M b u ru cu yá
(V e r in d icació n de locales en la p la n ta a n te rio r)

E l g ru p o o p e r a t o r io f u é p r o y e c t a d o c o n la
m a y o r s im p lic i d a d p o s ib le t e n ie n d o e n c u e n ­
t a e l c a r á c t e r d e l h o s p it a l , a s ig n á n d o s e e s ­
p e c ia l im p o r t a n c ia a lo s s e r v ic io s e x t e r n o s
y d e a c c ió n s o c ia l. C a d a h o s p it a l c u e n t a
c o n u s in a p r o p ia , t a l l e r e s a n e x o s , d e p ó s it o s
y c o c in a s , c o n e l o b je to d e lo g r a r u n f u n ­
c io n a m ie n t o t o t a lm e n t e a u t ó n o m o .

P la n ta in te rm e d ia

0 0

0 0

E s t r u c t u r a . E l e le m e n t o p r in c ip a l y q u e p u e ­
d e d e f in ir s e c o m o e l m á s c a r a c t e r í s t i c o d e
lo s h o s p it a l e s e s e l g r a n t e c h o q u e c u b r e
lo s p a b e llo n e s . U n a v e z d e t e r m in a d o e l c a ­
r á c t e r g e n e r a l d e l m is m o , e n v e z d e e le ­
g ir s e e l t ip o d e c o lu m n a q u e m e jo r s e a d a p ­
t a r a a lo p r o y e c t a d o , s e d e c id ió e s t u d ia r u n
n u e v o e le m e n t o q u e l l e n a r a ín t e g r a m e n t e
la s c o n d ic io n e s r e q u e r id a s ( v e r " n v " n ° 5 ) .

D ia g ra m a de zo nas

1 s e rv id o s in tern o s: grupo op eratorio y s a la s de
in te rn a c ió n .
2 s e rv id o s e xte rn o s: consultorios y o fic in a s .
3 se rv icio s g en e rale s: co cin a , la v a d e ro , m orgue,
e tc .
4 se rv id o s a n e xo s: v iv ie n d a s p a ra m édicos y
p ersonal a d m in is tra tiv o .
5 se rv icio s a n e xo s: c a p illa .
6 zo n a s e xte rio re s cu b ie rta s por el techo supe­
rior.
7 cam in o g en e ral de acceso.

"1

16

T

�Se ideó así una unidad e stru ctu ral que
en su p arte m ás a lta mide 1 2 ,5 3 m ts. y
en la m ás b a ja 1 0 ,7 0 m ts. C ad a colum na
es estática y au toportante, es decir, no
necesita de ningún otro apoyo para m ante­
nerse en eq uilib rio . Los efectos del viento
tienden a descarg arla y la m ayor parte de
|as deform aciones se producen en sentido
v e rtic a l. Los desagües se re a liza n por el
interio r de las co lum n as, cuya unión con
la bóveda actú a como una v á lv u la de segu­
ridad . No siendo posible c a lc u la r m atem á­
ticam en te la e stru ctu ra , se realizaro n pre­
viam en te m aquetas en yeso y p lástico y
7 modelos en escala 1 / 1 0 p ara e n say ar las
porgas, llegándose tra s su ce sivas m o d ifica­
ciones al diseño fin a l del elem ento.

Plan o de u bicació n

A so leam iento . Un tem a de ta n ta im p ortan­
c ia en un hospital fué aquí objeto de espe­
cia l atenció n. Como las bóvedas pueden su­
prim irse totalm ente o en p arte, alg unas
zo n as interiores pudieron ilu m in arse c e n ita l­
m ente, m ientras que otras recib ían el sol por
medio de un ave n tan eam ien to la te ra l. En
las zonas de ilum inació n ce n ita l se estudió
un sistem a de plástico que p erm itiera el
pasaje de luz por los techos. En colabora­
ción con técnicos argentinos y holandeses
se calcu ló la intensid ad lum inosa necesaria
en todos los lug ares, deduciéndose de ella
la ab ertu ra correspondiente en las ven tanas
y el techo.

Sector de un corte lo n g itu d in a l. H o sp ital de Mbu
ru cu yá

Este proyecto ha sido un ensayo en gran
pscala acerca de la m anera en que puede
p n cararse el estudio de un problem a a rq u i­
tectónico con la ayuda de un intenso tra ­
bajo c ie n tífico fu n cio n al e in te g ral. Los es­
tudios, iniciados en 1 9 4 7 , fueron aproba
dos en 1951 y continuaron hasta 1 9 5 4 .
Sería sum am ente im p ortante, por la calid ad
del aporte que representan p ara el desarro­
llo de la arq u itectu ra h o sp ita la ria , no sólo
en el plano n a c io n a l, sino tam b ién en el
in te rn a cio n a l, que el M in iste rio de Salud
Pú b lica a u to riza ra sin m ás dilacio nes el
com ienzo de las obras, que se encuentran
ap robadas desde 1 9 5 5 .

Sector de un co rte lo n g itu d in a l. H o sp ital de V c - ru cu yá

17

�In te rn a ció n .
1
2
3
4

c irc u la ció n g e n e ra l.
co m u n icació n a se rvicio s g en e rale s.
co m u n icació n a h a ll de p úb lico .
co m u n icació n in tern a a grupo operatorio y ser­
vicio s e xte rn o s.

A
5
6
7
8

u n id ad de aislad o s.
circ u la ció n .
o ffic e y baño.
ropa su cia .
dorm itorio.

B unidad de e n fe rm e ría , (sección ca m a s).
9 elem ento tipo p a ra tre s e n term os.
10 ro p e ría , v e n ta n illa , e n tre g a de ropa lim p ia.
C
a
b
c
d
e
f
g
h
i
j
k
1
M aq u e ta de la zo na de in te rn a c ió n .

S e rvicio s g en erales.
a e n tra d a a m orgue,
b e n tra d a a se rv icio s g en erales.
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20

circ u la c ió n g e n e ra l.
circ u la c ió n g e n e ra l.
la v a d e ro , p ile ta s p a ra rem ojo.
la v a d e ro , a u to c la v e .
la v a d e ro , p ile ta s p a ra la v a r.
tan q u e s p a ra p re p a ra c ió n de jab ó n y a z u l.
lavad e ro m e c á n ica .
c e n trífu g a .
secad or.
p re n sa p la n ch a .
m esas de tra b a jo .
ro p e ría , e n tre g a de ropa lim p ia.
ro p e ría , v e n ta n illa de en treg a de ropa lim p ia .
p erso n al, v e stu a rio s y to ile tte s hom bres.
p erso n al, ve stu a rio s y to ile tte s m ujeres.
c o c in a , e n tra d a y e stacio n am ien to de c a rrito s.
co cin a , h a ll.
co cin a , local g e n e ra l.
co cin a , d esp ensa.
c o c in a , frig o r ífic o , a n te c á m a ra y fa b ric a c ió n
de hielo.
21 co cin a , frig o r ífic o , cá m a ra .
2 2 co cin a , p re p a ra c ió n .
23 co cin a , c a fe te r ía y lavad o m ecán ico de v a jilla .
24 co cin a , com edor del p erson al.
2 5 depósito g en e ral co m estibles y ecónom o.
2 6 depósito g e n e ra l, co m estibles y ú tiles de lim ­
p ie z a .
27 depósito g e n e ra l.
2 8 ca ld e ra s.
2 9 d ep u ració n del ag u a .
3 0 u sin a .
31 g a ra g e .
3 2 p atio de se rv icio .
33 m orgue, e n tra d a .
3 4 m orgue, s a la de au to p sia s.
3 5 m orgue, cá m a ra frig o r ífic a .
3 6 to ile tte .
37 lab o rato rio .

18

unid ad de e n fe rm e ría (sección se rvicio s),
to ile tte en fe rm o s,
la v a c h a ta s y slop sinks.
arm ario s in d ivid u ale s p a ra en ferm os,
cu racio n e s y m édico je fe ,
e n fe rm e ra s, s a la de tra b a jo y co ntroles,
circ u la c ió n y g u a rd a c a m illa s .
depósito w ú tiles de lim p ie za ,
ropa su cia .
v e s tu a rio , to ile tte de e n fe rm e ra s,
b años, to ile tte ,
b años, b añ ad e ro s.
o ffic e m u cam as.

�S e rv id o s e xte rn o s.
1 e n tra d a público a se rv icio s e xte rn o s.
2 e n trad a público a se rv icio s internos.
3 e n tra d a m édicos, p erso n al, productos de f a r ­
m a c ia , lle g ad a de a m b u la n cia s.
4 h all de e n tra d a , c irc u la ció n del p úb lico .
5 inform es.
6 to ile tte p úb lico , m ujeres.
7 to ile tte p úb lico , hom bres.
8 fich e ro s.
9 d ire c to r, despacho.
10
m édicos, s a la .
1 1 m édicos, ve s tu a rio .
12 m édicos, to ile tte , d u ch a.
13 circ u la c ió n in tern a de m édicos, e n fe rm e ra s,
p ersonal a d m in is tra tiv o .
14 to ile tte p erso n al, hom bres.
15 to ile tte p erso n al, m ujeres.
16 co n sulto rio , c lín ic a m éd ica y q u irú rg ica .
17 co n sulto rio odontológico.
18 co nsulto rio o fta lm o lo g ía y o to rrin o la rin g o lo g ía .
19 p rim eros a u x ilio s.
2 0 f a rm a c ia , depósito.
21 fa rm a c ia local de tra b a jo .
22 la b o rato rio , a rch iv o .
23 la b o rato rio , local de tra b a jo .
2 4 rayos X , lab o rato rio .
25 rayos X , ra d io g ra fía y rad io sco p ia.
26 depósito de ú tile s.
27 m édico de g u a rd ia , dorm itorio y to ile tte .

S ervicio s internos.
28
29
30
31
32
33
34
35

grupo o p e rato rio , h a ll.
grupo o p e rato rio , ve stu a rio m édicos.
ve stu a rio e n fe rm e ra s.
grupo o p e rato rio , lavad o de ciru jan o s.
grupo o p e rato rio , s a la de c iru g ía .
grupo op e rato rio , e s te riliz a c ió n .
sección p a rto s, s a la de p arto s.
sección p a rto s, p re p arto s.

S e rvicio s an e xo s.
V iv ie n d a p ara m édicos y p ersonal a d m in is tra tiv o .
1 e n tra d a .
2 o ffic e , co cin a.
3 s a la de e sta r.
4 d orm itorio.
5 d ire c to r, s a la .
6 baño.
7 d ire c to r, p atio .
8 p atio .
9 co m u n icació n con cam in o de acceso y h o sp ital.

M aq u e ta de la zo n a de in te rn a c ió n .

19

�Algunos problemas del diseño
A rq . Francisco Bu llrich

Resulta hoy d ifícilm en te d iscutible, algo a sí como el producto de un
elem ental sentido com ún, la a firm a ció n en el sentido de que la form a del
objeto debe responder a su función de uso y a la técnica de su produc­
ción. M ás aún , podría creerse que este principio ha impulsado a los
hombres en la producción de objetos a lo largo de toda la historia. Esto
im p lica ría , sin em bargo, desconocer que la form ulación e xp lícita de este
principio se realizó en un período histórico determ inado y que, en su
momento, representó una conquista cu ltural de gran im portancia. A l
a sim ilarlo al sentido común como una categoría e xtra h istó rica, se hacen
incom prensibles, no sólo las form ulaciones de M orris, sino toda la evolu­
ción posterior del diseño y la crisis cu ltu ral que se opera en el campo
de la producción de objetos de uso cotidiano.
Para a n a liz a r las circu n stan cias en que el principio de unidad de form a,
función y técnica fué form ulado, deben tenerse en cuenta dos factores:
1) la estructura económ ica de la sociedad ca p ita lista ; 2) la actitud in­
congruente de los integrantes de esa sociedad con respecto a los objetos
que producen y usan.
Cabe se ñ alar, en lo que respecta al facto r m encionado en prim er térm ino,
que las relaciones de producción, al igual que otras m anifestaciones de
la sociedad c a p ita lista , no son evidentem ente comunes a todas las épocas
de la historia. Son el fruto de un largo período de transform aciones a n ­
tiguas, en el campo de la producción social y de la actividad cu ltu ra l.
Es necesario, por lo tanto, un estudio previo de las estructuras sociales y
económ icas anteriores al cap italism o , si se quiere lograr una visión com­
pacta y com prensiva de los cam bios producidos en el campo de la pro­
ducción de objetos de uso con el advenim iento del industrialism o. Esas
estructuras tenían una ca ra cte rística común que no encontram os en el
industrialism o: en ella s, el producto se creaba con vistas a su uso por
parte del propio productor y la circu lació n de m ercaderías se efectuaba
sólo en su form a sim ple, abarcando un excedente relativam ente pequeño.
Es decir, el valo r de uso, ya sea en la producción o en el intercam bio,
era el fin directo perseguido. En esta situació n, el productor conform aba
los objetos que producía teniendo en cuenta el uso a que estaban desti­
nados y la técnica de producción existente.
Es evidente que en esa valo rizació n de las funciones de uso no lo guiaba
el mismo espíritu que guía hoy a los diseñadores, sino que un conjunto
de factores mágicos y religiosos intervenía en el proceso de m anera más
o menos acentuada. No hay que olvid ar, adem ás, la in flu en cia de la
censura so cial, que tendía a rech azar cuanto representara un alejam iento
de cierta s form as elaboradas por el grupo hum ano a lo largo de su h is­
to ria. En estas condiciones, es evidente que si bien la evolución de las
form as se realizab a con un ritmo lento y los progresos en el orden de la
producción eran precarios, la responsabilidad se hacía ineludible en su
elaboración, que era objeto de una depuración consciente y cotidiana.
La aparición del cap italism o trastoca toda esta situación. La fab ricació n
de los productos se re aliza ahora con vistas a su posterior intercam bio
como m ercaderías. Se producen objetos que ya no tienen valo r de uso
inm ediato para el productor, sino que tienen valo r de uso para terceros,
es decir, que poseen valo r de cam bio sólo para el c a p ita lista , al cu a l,
necesariam ente, le es ind iferen te el tipo de m ercan cía que produce.
La producción ca p ita lista está íntim am ente ligada a la circu lació n del

20

�dinero como c a p ita l, que "lle v a en sí m ism a un fin , pues la valo rizació n
del valo r sólo se da dentro de este proceso constantem ente renovado".
En otras p alab ras, dice M a rx , "e l va lo r de uso no puede considerarse
jam ás como fin directo del ca p ita lism o " 0 ). Esta es una de las razones
fund am entales a que se debe la anu lació n constante del p rincipio de
unidad de fo rm a, función y técnica en la producción del industrialism o.
Por otra p arte, el precio netam ente inferio r del producto industrial per­
m itió desplazar al producto a rte sa n a l, aun cuando éste tuviera m uchas
veces condiciones fu n cion ales de uso m uy superiores, y ello debió ahondar
necesariam ente la despreocupación de los industriales por la adecuación
de sus productos al uso a que estaban destinados.
La ind iferen cia del ca p ita lista — que no ve ante sí sino signos de valo r,
m ercan cías— por el valo r estético del producto, no basta para e xp lica r
la crisis estético-funcional de la producción ind u strial. Es evidente que
la burguesía su fría un complejo de inferio ridad notorio respecto de los
valores cu ltu ra les elaborados por la nobleza, como resultado del cual no
veía la posibilidad de que la m áquina pudiese desem peñar un papel
im portante en la evolución a rtístico -cu ltu ral de la sociedad. De a h í que
pasara tiem po sin que se tu viera en cuenta a la m áquina como elemento
propiciador de una nueva estética, de ah í esa absurda im itación del
producto a rte san a l. A rte sa n ía y arte quedaban así identificados y la esci­
sión entre el arte, la producción y la sociedad no tardó en exterio rizarse.
Lo dicho más arrib a no im plica el rechazo completo de la producción
ind ustrial de la prim era m itad del siglo pasado. En algunos cam pos,
cierta s innovaciones técn icas trajero n m ejoras considerables e indiscu­
tibles. Sin em bargo, la estim ación de las necesidades funcionales adqui­
rió un ca rá cte r m ecan icista y abstractam ente estadístico. Ello no se debió
exclu sivam en te a lo señalado al referirnos a la circu lació n de m ercade­
ría s, sino que se produjo adem ás por el ca rá cter fragm en tario que la
intervención del obrero adquirió en el proceso productivo ind u strial. En
este terreno se asistió a cam bios tan notables como los producidos en el
intercam bio de m ercaderías.
En la producción a rte sa n a l, el proceso productivo era llevado a cabo del
principio al fin por una sola persona que tenía una visión com pleta del
mismo y de las necesidades fu n cion ales y estéticas del objeto a fa b ric a r.
En esta form a se lograba una síntesis coherente del arte y la producción
y , por ende, del a rtista con la sociedad. El cap italism o industrial destruyó
todo este estado de cosas. El productor efectivo del objeto (el obrero
ind u strial) no logra tener en momento alguno una noción com pleta del
proceso productivo, pues esa noción se traslad a ahora a los organizadores
del proceso, vale decir, a personas que no intervienen físicam en te sino
m entalm ente en la elaboración de la form a.
En las prim eras etapas del industrialism o , el ingeniero organizador del
proceso productivo fué el encargado de ejercer este papel. Conocedor
de las nuevas técn icas de producción, pareció ser la personalidad indicada
para ello. Pronto, sin embargo, se pudo observar que, tanto por su des­
conocim iento de las necesidades del usuario como por su situ ació n, to ta l­
m ente al m argen de la evolución a rtística de la sociedad, no llenaba
las condiciones requeridas. N acía así la necesidad de un nuevo personaje:
el diseñador ind u strial.

x
r

El C a p it a l, tom o i, v o i. i, pp.
Fondo de C u ltu ra Eco n ó m ica,

Y a en el siglo pasado la crítica de arte percibió claram ente la im portancia
que iba adquiriendo el problem a. Sin em bargo, fué necesario pasar por
una larga crisis conceptual hasta que fu era enunciado el principio de
unidad de fo rm a, función y técn ica con sus im plicaciones m aquinistas.
A h ora bien, fren te a la situación creada por el ind ustrialism o , dos fueron
las reacciones. U na de ellas pregonaba la elim inació n de la m áquina: sus
sostenedores sólo veían en ésta un instrum ento de m iseria y de incohe­
rencia y pregonaban la vu elta a la producción a rte san a l. T a l era la
actitu d adoptada por M orris y R u skin , cuyos conceptos crítico s habrían
de servir sin embargo a otros pensadores para cim en tar una concepción
que ve en la m áquina el instrum ento para la creación de una nueva
estética y , al mismo tiem po, un medio que, conscientem ente controlado
por el hom bre, servirá para reconquistar la libertad y la igualdad de las
re|a c ¡ones sociales p rim itivas.

21

�Esta nueva concepción tuvo su portavoz en H enry van de Velde. El
reconoció la im portancia de la m áquina como propiciadora de una nueva
estética y expresó con clarid ad el principio de unidad de fo rm a, función
y técnica y sus im plicaciones cu ltu ra les. Las bases teó ricas del diseño
como d iscip lin a estaban dadas. El problema consistía entonces en llevar
a la p ráctica esos principios y e xtra e r de ella exp erien cias que p erm itieran
d esarro llarlos, es d ecir, había que en trar en contacto con el mundo de
la producción. Los intelectuales vinculados al diseño fueron tomando
conciencia de esto y hoy podemos a firm a r con M a x Bill que "h a ce un
siglo que un clam or recorre el mundo en ondas sucesivas: tenemos el
deber de fa b ric a r productos útiles con m ateriales adecuados, fácilm en te
su stitu ibles, recurriendo a los medios m ejores de que disponemos y
cum pliendo responsabilidades so ciale s" (2).
Sin em bargo, la fa lta de contacto entre los a rtista s y los sectores indus­
tria le s, expresión de la profunda escisión que e xistía entre el arte y la
producción, fué el prim er gran escollo que debían vencer quienes querían
poner en p ráctica tales principios. El diseño racional de los productos, si
bien sim p lifica b a los procesos de producción y elim inab a inversiones
su p erflu as de cap ital no era un argum ento suficientem ente poderoso para
los ind ustriales. Era necesario ap e lar a otros. El prim er m anifiesto del
Deutsches W erkbund en 1911 insinuaba un argum ento de m ayor interés
para los productores. A llí se decía que un diseño racional p erm itiría
d esplazar de los mercados a los competidores menos avanzados y que,
de esta m anera, la industria alem ana podría aum entar sus ventas y lograr
m ayores g anan cias. Este argum ento interesó en seguida a los sectores
industriales y , por un instante, se creyó que las bases para el desarrollo
del diseño estaban asentadas. D esgraciadam ente, el argum ento, adem ás
de falso , era peligroso.
Era falso porque la historia de estos últim os cincuenta años ha demos­
trado que, apenas se tom aron m edidas de racio n alizació n en la industria
alem a n a, las industrias de otros países hicieron lo propio a los pocos años,
sin que se realizase así el desplazam iento anunciado sino por un período
m uy reducido de tiem po. Y era peligroso porque, realizado el ciclo com­
pleto, los Industriales, desesperados por aum entar sus ven tas, se dedicaron
a cam b iar en form a "se n sa c io n a l" — entiéndase a rtific ia l— sus pro­
ductos.
Desde fin es del siglo pasado, sólo un grupo m uy reducido de hombres han
sabido crear form as sanas. La gran m ayoría de los "d e sig n e rs" han
practicado y p ractican el oportunism o más descarado. A l decir de George
Nelson, estos diseñadores "pierd en tanto tiem po pensando en el público
que les queda poco tiem po para pensar en el producto". Es decir, no
ven en aquél al usuario, sino al com prador del producto, de modo que
el resultado es un fo rm alism o convencional, que se concreta en el aerodinam ism o de objetos inm óviles y en alg unas otras deform aciones que
pululan especialm ente en el llam ado diseño am ericano.
M oholy-N agy es, por cierto , quien ha an alizad o con más perspicacia la
situación actu al del diseño en EE. U U . En su libro "V isio n ¡n M o tio n "
dem uestra cuán lejos se está de haber resuelto el problema y cuán grave
es la situación presente al se ñ a la r: " E l diseño, en nuestros días, es una
lucha por lograr ventas rápidas; generalm ente, nada más que un ropaje
externo alrededor del producto. Su ca ra cte rística sobresaliente es la de
ser "d ife re n te " , aunque su función siga siendo la m ism a. El diseñador es
llam ado para " e s t iliz a r " o "po ner de m oda" un producto ya pensado y,
cuanto más cam bia un "d ise ñ o ", m ayor se supone su contribución al au ­
mento de las ve n ta s" (3).
En esta ca rre ra alo cad a, es la continuidad m ism a de la cu ltura la que
está en peligro, porque la destrucción de valores trad icio n ales no se ve
equilibrada por la creación de auténticos valores nuevos, condición vital
en la supervivencia de toda cu ltu ra . Para ésta, la calidad interesa más
que la novedad. La irresponsabilidad más notoria guía a los productores,
vendedores y com pradores de "novedades ilu so ria s". T ir a r por la ventana
un pasado cu ltu ra l sin c rítica ni beneficio de inventario, no es una tarea
co nstru ctiva, es una acción n ih ilista . La novedad por la novedad m ism a,
que sólo se funda en el a fá n de lucro y se h a lla fom entada por una pro­
paganda irresponsable, no sig n ifica ninguna conquista cu ltu ra l.
De lo dicho p areciera desprenderse que nuevas condiciones históricas de
producción se hacen necesarias para un pleno desarrollo del principio de
unidad de fo rm a, función y técnica que, como vim os, surgió en el mundo
como consecuencia de una serie de cam bios en la producción. N uevas
condiciones históricas engendrar) hipótesis teóricas que, para re alizarse ,

22

(2 ) M a x B ill: " B e ie z c p rovincia da fu n c a o e belezo
como fu n c a o " . En
H a b ita t '. n9 2 , Sao Pau lo ,
en ero-m arzo 1951.
(3) La szlo -M o h o ly-N a g y: " V is io n in M o tio n ", p. 3 4 .
C h ic a g o , P au l T h e o b a ld , 1947.

�exigen a su vez nuevas condiciones históricas (4). M as se presentan en­
tonces una serie de interrogantes: ¿Qué hacer m ientras tanto? Las nuevas
condiciones h istóricas ¿g a ran tiza rá n por sí solas el respeto de los p rin ­
cipios del diseño? ¿Qué otros cam bios es preciso introducir y cuál será la
evolución fu tu ra del problem a?
Con respecto a lo prim ero, sólo cabe apoyar a quienes están empeñados
en cre a r, defender y llevar a la p ráctica con éxito un repertorio de form as
sanas, y luchar por la creación de una conciencia de la fo rm a, coherente
con las coordenadas presentes. En esta ta re a , sin embargo, es necesario
un am plio esclarecim iento, pues muchos sectores siguen empeñados en
no rebasar los lím ites de la definición un tanto m ecan icista de S u llivan .
Bill es quien probablem ente ha comprendido con m ayor profundidad el
problema al a firm a r: "S e ha hecho evidente que no puede trata rse sola­
mente de d esarro llar la belleza a p artir de la función, debemos exig ir
antes que la b elleza, yendo a la par de la función, sea ella m ism a una
fu n ció n ". Surge así un nuevo planteo en el cual función y form a no se
suceden en el tiempo sino que se relacionan en form a sim ultánea y con­
tinu a (5).
Con respecto a los otros interrogantes, las respuestas no son tan claras.
N ad ie, y muchos menos un m a rxista, estaría dispuesto a a firm a r que,
realizados cam bios revolucionarios en las relaciones de producción de los
hombres, deban producirse sin más cam bios completos en la cu ltura de
un grupo hum ano. Los inm uebles neoclásicos que se han venido constru­
yendo en la U .R .S .S . son una dem ostración p alm aria de que, adem ás de
las m encionadas, son necesarias otras m odificaciones para que los hom­
bres puedan elaborar form as auténticas de uso. C uál es el ritmo de
esos cam bios, es, sin duda, d ifícil de d eterm inar, tantas son las variab les
para cada grupo hum ano, pero que ellos son necesarios, es cosa indis­
cutible.
Es evidente que la actitud de los hombres frente a los objetos que pro­
ducen y usan constituye un aspecto im portante de la cu ltu ra . Y que esa
actitud desempeña un papel im portantísim o en la definición de las form as
de dichos objetos es indudable. Los hombres vienen abandonando desde
hace un siglo y medio la actitu d a rte sa n a l, que id en tifica la noción de
arte con un determ inado sistem a de producción (hoy superado), y aún no
han adoptado una actitud coherente con las coordenadas industriales.
Estamos atravesando una crisis profunda, que se expresa por la defensa
retrógrada de valores convencionales, por la continua aparición de "n o ­
ved ad es" y por una apatía general
El hombre no ha encontrado aún su ubicación en la com pleja tram a de
problem as creados por el m aqum ism o y ya estamos a las puertas de una
revolución de no menor im portancia que la que se produjo como resul­
tado de las invenciones m ecen cas de os siglos X V I I I y X I X . N adie
puede ab rig ar en el presente ninguna duda con respecto a la im portancia
de las consecuencias que provocará la introducción de los cervom ecanismos en los procesos de producción. Cu án to tiem po tard ará en desarro­
lla rse el cam bio y qué nuevas incógnitas se presentarán, es m ateria de
discusión, pero lo que desde ya podemos a firm a r es que una nueva a c ti­
tud del individuo frente a los objetas se h ará n ecesaria.

(4) A . G ra m sc i: 'II m ate rialism o d ia le ttic o e la
filo s o fía de Benedetto C roce, p. 39. T o rin o , Einaud i, 1949.
(5 T . M ald on ado : " M a x B ill" p, 9 . Bs. A s ., N u e­
v a V is ió n , 1955.

23

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V is ta del co n ju n to , desde R iv a d a v ia .

Edificio para una cooperativa de
vivienda
A rq s. F. Beretervide, W . Acosta y
A . F e lic i; J . C. R uiz

24

Este e d ificio presenta un p a rtic u la r interés
para la evolución de nuestro urbanism o. En
efecto, aunque fué construido al mismo
tiem po que los m onoblocks de la época
peronista, ya se halla b a proyectado y en
trá m ite con an terio rid ad , por lo que resu l­
ta ría ser una de las p rim e ra s proposiciones
para unidades de vivie n d a en condiciones
u rb an izab le s (decim os así atendiendo a las
c a ra cte rístic a s intern as y servicios generales
del ed ificio ) construida en nuestro país.
T a m b ié n es de se ñ alar el hecho de haber
sido propuesto y fin a n c ia d o por la C oopera­
tiv a El H ogar Obrero con destino a sus
asociados. Representa, por lo tanto, el raro
caso de que una o rgan ización cooperativa
arg e n tin a aborde con su fu e rza económ ica
una cuestión de vivie n d a .
En 1 9 4 1 , la C ooperativa realizó un con­
curso p rivad o entre seis firm a s de a rq u i­
tectos, estableciendo como condiciones: m á­
xim o ap rovecham ien to de la su p erficie y
asoleam iento adecuado. P a ra em plear todo
el terreno, el R eglam ento de C onstru ccio ­
nes hub iera exigido un ed ificio de 9 pisos
y unos 1 1 patios internos, por lo que se
decidió d e cla ra r desierto el concurso a la
vista de los anteproyectos.
Se efectuó una segunda prueba a fin de
ese año, autorizánd ose 14 pisos, resultando
Dremiado poco después el proyecto reali-

V is ta la te ra l.
R iv a d a v ia .

En p rim er p lc r c

el cuerpo sobre

V ís t ce
- c ce rach a, la ca lle Ro­
sa rio . Los dos g ran d e s elem ento s v e rtic a le s , s i­
tuado s a los ladoss so n co n tra fu e rte s y en ellos
se h a lla n les
as re : reu lació n .

�O tra v is t a , desde el puente fe rro v ia rio ce rcan o .
Es visib le la m ag n itu d de la o b ra, en relació n a
las ca sas que la rodean.

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3 7 J = 3 iT - n m "
ilK*■*&gt;&gt;"»ÉBPW T T 1
D e talle de la fa c h a d a norte.

zado por Beretervide y su equipo. Posterior­
m ente se siguió elaborando el te m a, hasta
lleg ar a un m onoblock de 2 2 pisos, en un
solo cuerpo con fre n te N .E . y una ligera
c u rv a tu ra , propuesta por razones p lásticas
y de asoleam iento. Este fué aprobado como
proyecto d e fin itiv o , pero dadas las condicio­
nes reinantes, la cooperativa decidió en
1 9 4 4 suspender tem p orariam ente el estu ­
dio, que fué recom enzado en 1 9 4 8 . Por
fin , en 1 9 5 1 , se inició la o b ra, que quedó
concluida en 1 9 5 4 .
En cuanto a las hipótesis que se plan teara
el equipo, éstas son sim ples: m áxim o
núm ero de d epartam en tos, m áxim o aso lea­
m iento (rigurosam ente estudiado) y re la ­
ción del e d ific io con la m an za n a a travé s
de prolongaciones con fre n te a las c a lle s.
Estas fueron proyectadas para la a ltu ra
que perm ite el Código en esas zon as. A l
in te rio r, un gran cuerpo c e n tra l. L a s f a ­
ch a d a s, como tam bién en una buena parte
los volúm enes, fueron considerados un
resultado lite ra l de la d istribución in te rn a,
y no se plan tearo n o tras co rrelaciones.
E equipo desarrolló estas hipótesis c la ra
y coherentem ente, aunque sus resultados

presentan alg u n as in su fic ie n cia s p a rtic u la ­
res. A clare m o s antes que el ed ificio se dis­
pone según el eje m ayor del terreno , que
es una fa ja con fre n te s a la A v d a . R ivad av ia , a la c a lle Rosario y latera lm en te a
Riglos.
L a p lan ta ha sido d esarro llada
en form a de Z , con la ram a m edia de
2 2 pisos de a ltu ra y las la te ra le s, de 6 y
1 1 pisos. El e d ific io está separado de las
m edian eras por dos patios, obstruidos hasta
cie rta a ltu ra por la e d ificació n v e c in a .
A q u í notam os un prim er inco nven iente: la
m an za n a estrang ula al e d ificio y , en conse­
cu e n c ia , éste carece de relación con el en­
torno, al punto que sólo se lo puede ap re­
c ia r en form a y calid ad desde cie rta dis­
ta n cia .
En segundo lug ar, las ram as cortas de la Z ,
cubriendo los frentes a R iv a d a v ia y Rosario,
no logran a rtic u la r las d istin tas partes del
e d ific io , pues se disocian de él en una
form a poco c la ra . Esto es tan perceptible,
que el ed ificio parece ca m b ia r sensiblem en­
te, según el lado en que se lo contem ple.
El efecto se acentúa por las d ife re n cias do
tratam ien to entre fa c h a d a s y por la conti ­
nuidad extern a de los volúm enes (y, a

Esquina sobre el pasaje Rincón.

25

�7
P la n ta b a ja .

TÍT
tu-

1

1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19

E n tra d a .
N egocio.
H a ll.
V e stíb u lo .
Saló n .
T e rr a z a del saló n
T o ile tte s .
D epósito b icic le ta s
Espera.
T e rr a z a cu b ie rta
T e rr a z a a b ie rta .
P a tio .
T ra s tie n d a .
Negocio g ran d e.
R e co va.
Negocio chico.
H a ll.
T e rr a z a .
P a tio .

En tresu elo .
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16

V a c ío saló n .
C a b in a .
En tresu elo .
V a c ío negocio.
D ep artam e n to s C l.
T e rr a z a .
V a c ío p órtico.
V a c ío del negocio.
V e stu a rio y to ile tte s m ujeres.
V e stu a rio y to ile tte s hom bres.
C o n tra lo r.
V a c ío .
A d m in is tra c ió n .
V a c ío v id rie ra .
Tesoro.
T e ch o de la recova.

P la n ta tipo pisos 7 a l 11.
1
2
3
4
5

P a sillo de acceso a los d ep artam e n to s.
D ep artam en to s com edor y 2 d orm itorios.
D ep artam en to s com edor y 1 d orm itorio.
D epartam en to 1 dorm itorio.
D epartam en to comedor y 3 d orm itorios.

V e r en la p ág. 29 p la n ta
d ep artam e n to de com edor y

P la n ta tip o pisos ’
1

ri

oeoartam entos.
- • 2 d o rm it o ri o s .

ze aam edar ■ 1 d o r m i t o r io .

4 D epartam en to c e

26

oí 2 2 .

P asillo de acceso c

. .. .
3 C e ::- :- ;- - :

e n d e ta lle de
' d orm itorio.

1 c c r-r ¡torio.

un

�veces, de la c a rp in te ría ) en los ángulos de
entronque entre los cuerpos. Creem os que
las fa ja s llen as v e rtic a le s u b icad as en estos
ángulos (c a lle R iv a d a v ia ) sólo alig e ra n el
conjunto, sin solu cionar el problem a.
Por últim o , las perentorias necesidades de
ap rovecham iento han com plicado algo el
p lan , p a rticu la rm en te sobre la c a lle R iv a ­
d a v ia , produciendo en trelazam ien to s in te r­
nos en la distribución de zonas.
Con estas notaciones c rític a s no pretende­
mos in v a lid a r el trab ajo de los arqu itectos,
sino que tratem o s de p resentar los fenó­
menos que en cierto modo lo defin en, sin
a fe c ta rlo . Por otra p arte, es evidente que,
tanto en el planteo como en la o rg an izació n ,
presenta puntos m uy bien resueltos, como
será señalado al hacer su descripción.
G lobalm ente el ed ificio consta de:

M

a) un cuerpo late ra l bajo, sobre R iv a d a v ia ,
con las o ficin a s, sa la de v en tas, depósitos,
etcé tera, de la C o o p erativa.
b) Un cuerpo de 6 pisos sobre Rosario en
el que se incluyen 16 locales o rig in a ria ­
m ente propuestos para consultorios m édicos.
c) Por encim a y al lado de los anterio res,
así como en el cuerpo c e n tra l, los d e p arta­
m entos, que m iran g eneralm ente al N .E . y
poseen una circu lació n corrida de acceso por
el S.O . En total h a y 2 6 3 departam entos
divididos en 4 categorías p rin cip ales.
N ingún departam ento tiene cuarto de ser­
vicio , pues los se rvicios generales de la
casa se atiend en:
a) Con un lavadero m ecánico situado en
el 5 ° piso.
b) C on un futu ro comedor y cocina cen­
tra l, previstos en el piso 2 3 .

I

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A n g u lo sur del e d ific io y d e ta lle del cuerpo sobre
R osario.

27
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�V is ta de ia fa c h a d a su r. Los m uros e stán fo r­
m ados por u n id ades p re fa b rica d a s "p a ra p e to v e n t a n a " , de h orm ig ón , tra b a d a s e n tre s í y
ap o yad as en la losa.

c) Con una guard ería in fa n til, in stalad a en
el prim er piso, que tiene servicio diurno y
nocturno.
L a guard ería accede a una
a m p lia te rra z a -ja rd ín , sobre las o ficin a s
de la co o p erativ a, brindando todas las co­
m odidades a los niños. En la actu a lid a d
se está efectuando un cata stro in fa n til, que
será extendido a las personas m ayores que
hab itan la casa . De este modo se podrá
atend er adecuadam ente a la salud fa m ilia r
y estab lecer un valio so sistem a de m edicina
p reven tiva.
Estos servicio s generales p lan tean una e x­
perien cia de gran u tilid ad en nuestro país,
pues desarro llan orgánicam ente las re lacio ­
nes co lectivas del grupo social d o m icilia rio
y se rvirán indudablem ente como dato b á­
sico p ara futu ro s planteos.
L a C o o perativa. Consta de un gran local
con fre n te a la c a lle , una trastien d a debajo
del m onoblock y un acceso de carg as a
trav é s de uno de los patios. El local pre­
senta una notable unidad e sp acial y su
am plitu d está e q u ilib rad a por la pequeña
a ltu ra del entrepiso calado que se encuen­
tra sobre él. L a s vig a s acen tú an el tem a,
pero en algunos lug ares, como en los locales

V is ta del p atio in te rio r, to m ad a desde las o f ic i­
nas de la co o p e ra tiva . A la d ere ch a, acceso a l
h a ll.

28

del entrepiso,

resu ltan

un

tanto

pesadas.

Los departam entos. Todos los departam en­
tos presentan la m ism a o rg an izació n que el
reproducido (T ip o C ). El vestíb u lo es de dim en­
siones relativa m en te grandes y perm ite su
uso como lu g ar de com er o como an tesala
para un consultorio. Esp acialm en te, puede
considerarse este local como el núcleo cen­
trifu g ad o r de todos los lugares del d e p arta­
m ento. Su condensación m á xim a se a lc a n z a
en un punto esp ecífico : la entrada al pe­
queño p asillo interno de servicio . Quien
accede a él puede tener una v iv e n c ia , casi
diríam os in stan tán e a, de la v ivie n d a . Las
visu a le s, las direcciones de los lugares y
la ub icación de las puertas fa c ilita n una
percepción com pleta tanto de la o rg a n iza ­
ción de los espacios como de la d istribución.
Es esta una cu alid a d destacab le de los de­
p a rtam entos, pues perm ite d ar una notable
vib ració n a lugares que tienen una d is tri­
bución sim ple, y en donde los recursos té c­
nico-económ icos obligan a una escuetez dé
medios estéticos. Este cspecto está plen a­
m ente logrado, aunque algunos d etalles de
term inació n no hayan sido tan cuidados.
Agreguem os que la m a g n ífic a vista que se

observa desde todas las ve n tan a s y el aso­
leam iento adecuado, p a rticip a n de la estru c­
tu ració n de la c a sa . Puede decirse que han
sido sabiam ente em pleados como elem en­
tos a c tivo s, sino p rin cip ales, del proyecto.
C ircu la cio n e s. Todo el m ovim iento de la
casa se re a liza por dos b a terías de ascenso­
res y escale ras u b icad as en el fre n te S.O .
En la p lan ta b a ja se h a lla n los dos h alls,
accediéndose por cada calle a la batería
correspondiente. El pasillo de piso, cerrado
con paneles prefab ricad o s, presenta un
ve n tan a l continuo, cuyos p aran tes, así co­
mo la c u rv a tu ra , lo proveen de un ritm o
unifo rm e. Esto, a su v e z, lo aco rta v is u a l­
m ente en longitud, sugiriendo un principio
de "prom enad e a r c h ite c tu ra le " , que se
acen tú a por la visión del p a isaje.
Por ú ltim o , el ed ificio cuenta con un só ta­
no, y un entresuelo para servicio s de los
departam entos y depósitos de la co o perati­
v a . El patio situado del lüdo norte es
visib le desde el h all y sirve como lugar
de exp ansió n. El otro p atio , con acceso
por R osario, es p rin cip alm en te un lugar
de m ovim iento de veh ículos y de carg a.
J . J . Go.

�1
P la n ta de un d ep artam e n to .
1
2
3
4
5
6
7
8

P asillo de acceso a los d ep artam e n to s.
P u e rta de e n tra d a .
Pasillo .
V e stíb u lo .
Com edor.
D orm itorio.
Bañ o.
C o cin a.

Interior de un departamento.

In terio r de un d ep artam e n to . En p rim er p lan o ,
a la d e re ch a , la p ue rta de acceso a l liv in g . A l
fon do , a la izq u ie rd a , el baño y a la d ere ch a,
la co cin a.

29

�Sobre los métodos de enseñanza de la arquitectura
Prof. Enrico Tedeschi
En el proceso que se desarrolla actualm ente en las Escuelas de A rq u i­
tectura se atribuye especial im portancia — dentro del orden general de
m edidas que se definen como reestructuración— ; a la redacción de
proyectos de planes de estudios. En ellos se procura conseguir un orden
m ejor y una m ayor e fica cia en el desarrollo de la ca rre ra , de acuerdo
con exp erien cias anteriores. Se proponen, en general, cam bios en la
distribución de los cursos, introducción de m aterias nuevas, regímenes
de enseñanza diferentes de los anteriores. A lg u n as propuestas están
orientadas para v a lo riza r ciertos grupos de discip lin as que interesan
especialm ente a los autores de los proyectos, o para introducir proce­
dim ientos extra u n ive rsita rio s, que si bien pueden dar resultados inte­
resantes en situaciones m om entáneas y locales, carecen de valo r general
para la form ación del arquitecto como profesional y un iversitario. La
personalidad y los intereses intelectuales de los autores de los proyectos
prevalecen en algunos casos hasta producir propuestas que solamente
tendrían vigencia en una situación hipotética, en que profesores y
alum nos fuviesen personalidad e intereses idénticos a los que m anifiesta
el autor del proyecto.
Sin em bargo, la reestructuración no puede prescindir de la situación
real de las Escuelas de A rq u ite ctu ra , que va ría notablem ente de una
a otra universidad, sobre todo en razón del número m uy diferente de
alum nos que están inscriptos en ellas. Por esto, los planes de estudios
pueden v a ria r, a fin de en carar de la m anera más conveniente las
distintas situaciones. Sería un poco absurdo, por ejem plo, a p lica r la
estructura por departam entos, adecuada a una escuela que aúna m iles
de estudiantes, a otra que los cuenta por decenas; asim ism o, la adop­
ción del sistem a de ta lle r puede ser común a todas las escuelas, pues
representan el modo más directo de reunir a los estudiantes en una
com unidad de trab ajo , pero su organización será muy diferente según
el tam año de la escuela. Los cursos p aralelos, que pueden dar resultados
fecundos en las escuelas m uy concurridas, no pueden m antenerse con
una población estudiantil reducida. Estos ejemplos son evidentes. Sin
embargo, la elaboración de planes de estudios basados en situaciones
p articu lares no es su ficien te para llen ar las fin alid ad es de la reestruc­
turación. Los planes necesitan un fundam ento de carácter general, que
asegure a la acción local valo r concreto para la form ación del a rq u i­
tecto, tarea que rebasa las lim itaciones debidas a la situación especial
de una u otra escuela.
En otro escrito sobre el tem a de la enseñanza de la arq u itectu ra he
indicado la necesidad de un concepto claro de la activid ad del a rq u i­
tecto para orientar los estudios; pero no se debe suponer que esta
prem isa indispensable conduce necesariam ente a la adopción de planes
de estudios únicos. A u n cuando puedan aceptarse conclusiones comunes
sobre este tem a, el resultado no influ ye en los planes de estudios,
que son elementos prácticos para ordenar las escuelas, sino en los
principios básicos de la activid ad docente, en el método de enseñanza
y de trabajo.
Por tal motivo, la definición de un método de enseñanza puede consi­
derarse! más im portante que la redacción de planes de estudio. M uchos
de los problem as que preocupan a los que intentan reform ar las escuelas
y de los defectos que desde hace tiempo las a fe cta n , nacen de la fa lta
de un método definido que pueda co nstituir una base cu ltu ral para
los estudios de arq u itectu ra.
Dos causas p rincipales contribuyen a esta situación. Una es la u tili­
zación contem poránea de métodos d iferentes, debida en parte a las
herencias que han recibido las escuelas de arq u itectu ra — la escuela
de bellas artes, la escuela de ingenieros y la escuela hum anista—
y en parte a la in flu en cia contem poránea de las diversas corríenr
tes cu lturales que actualm ente presentan más im portancia en los
estudios superiores, principalm ente la racio n a lista , la h istoricista y la
em p irista. R aras veces se repara en estas in flu e n cia s, y por lo tanto
resultan m ezcladas con m ayor p erju icio para la unidad de la cu ltura
en este campo. La otra causa radica en la despreocupación m anifestada
hasta ahora para la form ación de los docentes, trasladados en la
m ayoría de los casos directam ente de la actividad profesional a la
cáted ra, a la cual aportan una exp eriencia valiosa pero de alcan ce
lim itado, que no ha sido relacionada con un enfoque cu ltural más
am plio y un iversal.
A u n aceptando que un objetivo pueda a lca n za rse por cam inos dlfe-

30

�rentes, lo cierto es que quienes intentan seguir varios cam inos a un
mismo tiem po term inan seguram ente por desviarse y se arriesgan a no
llegar nunca a destino. Esto es lo que se p ractica comúnmente en las
escuelas de a rq u itectu ra. Es muy fá cil encontrar en la m ism a escuela,
y a veces en una m ism a m ateria cuando está dividida en varios cursos,
un profesor que enseña sobre las bases del em pirism o p ra cticista , otro
que se ciñe a los criterios de un racionalism o estricto, otro que pre­
fiere el enfoque crítico del método histórico. Sin h ab lar de los que
estim an innecesario tener una orientación cu ltu ral y se guían con lo
que suponen ser el buen sentido y la exp erien cia, lo que quiere decir
generalm ente que enseñan de m anera casual y discontinua. Con qué
b eneficio para la form ación del estudiante, es fá c il im ag in ar si se
piensa en la desorientación que se le produce en un momento tan
delicado e im portante para su actividad fu tu ra.
Esta m ism a fa lta de unidad de enfoque cu ltu ral y de método de ense­
ñanza aparece en muchos proyectos de planes de estudios, puesto que
en el origen de ello existe más una especie de reajuste de lo que
actualm ente se hace en los distintos grupos de discip lin as tradicio nales
de la ca rre ra de arq u itectu ra , que una visión del problema en con­
junto. Pero los planes de estudios pierden e fica cia sin la base de un
método de enseñanza y de una orientación cu ltu ra l, y hasta se vuelven
confusos y poco com prensibles. Se cam bian los nombres de las m aterias,
se introducen discip lin as aparentem ente nuevas por el títu lo , pero su
contenido y sus objetivos no resultan claros. No hubo antes una
discusión entre las personas dedicadas a la enseñanza que perm itiera
a c la ra r el va lo r de las expresiones u tiliza d as y a lca n za r un lenguaje
propio de las discip lin as que interesan a la arq u itectu ra y que debe
d efinirse por ser un instrum ento de com unicación indispensable.
Palabras m uy generales y muy usadas en estos momentos, como "e xp e ­
rie n c ia " , "in v e s tig a c ió n ", expresiones corrientes en las conversaciones
de arquitectos, como "e sp a c io ", " c o lo r" , cobran sentidos m uy d ife ­
rentes para unos y para otros. La "e x p e rie n c ia " em p írica, por ejemplo,
nada tiene en común con la " e x p e rie n c ia " del tipo histórico; " in v e s ti­
g a ció n " se entiende a veces como un trab ajo sistem ático sobre temas
especiales de las d istintas discip lin as que integran la ca rre ra, tanto
en la form a de ensayos técnicos como de estudios teóricos, y otras
veces como una oportunidad para re a liza r proyectos im portantes sin
concurso y en la situación p rivilegiada de no tener que responder al
com itente como un profesional aislado, sino con el respaldo de una
institución u n iversita ria . Por "e sp a c io " pueden entenderse el espacio
lim itado por paredes de edificio s, p rincipalm ente interno, tri o cuadrim ensional; pero otros hab larán de espacios bidim ensionales. " C o lo r"
es para algunos el resultado im presionista de un contacto con la natu ­
raleza . para otros el objeto de teorías físic a s o de ensayos psicológicos.
Las diferen cies se m a n ife sta rían con más evidencia cuando se trata ra
de a c la ra r o que se entiende como contenido de las discip linas más
"a d ic io n a le s de la ca rre ra . H isto ria de la arquitectura se entiende,
según las personas, como historia de la cu ltura a través de los monu­
m entos, historia de la construcción, historia abstracta de los estilos,
h istoria c rític a de los monumentos y artista s. Plástica puede ser el
curso donde se aprenden las técn icas de la expresión g ráfica por medio
de una enseñanza basada en la p ráctica del ta lle r trad icio n al, o la
c se o "o en que se adquiere la g ram ática de los medios expresivos
de la arq u itectu ra por medio de un trab ajo a n a lítico en el cual se
-eé.ne c re cría racional y el ensayo de laboratorio, o una experiencia
com pleta de -eoríc experim ento y crítica que procure al arquitecto el
don- - : . c co nciencia de esos mismos recursos expresivos. Teo ría
ce fa a rq iLte ctu ra estará considerada a veces como el estudio tradicio nal
ce os e !errentos de la " g ra n " composición a cad ém ica, a veces como el
estuc o rcci o ra l izado y abstracto de esquemas funcionales de edificio s,
c . eces co~ o el estudio crítico de la realidad histórica de los edificio s,
en sus -clores prácticos y artísticos. Los cursos de urbanism o pueden
ente-derse como un mero ejercicio de recopilación de datos para la
preparación de un expediente urbano, o como el pretexto para exh ib ir
• 'T -c sisn o s gráfico s; en otros casos se esfu m arán en ambiciosos ento­
rn e s geopc¡íticos e ingenuas utopías. En casos más afortunados lograrán
exaresar la síntesis de factores n atu rales, humanos y técnicos que está
en la base de la obra urb an ística.
Me atrevería a decir que hasta una p alabra aparentem ente tan consa­
bida e inocente como "p ro yecto " puede cau sar profundas discrepancias
s se plantease concretam ente qué se entiende por tal en la m ateria

31

�de A rq u itectu ra o Composición A rq u itectó n ica. Existe una diferencia
su stan cial entre las concepciones de quienes piden un estudio dirigido
p rincipalm ente a la fa z profesional y los que insisten en la expresión
a rtística desprendida de los elementos técnicos, sociales y económicos.
Posiciones extrem ad as, entre las cuales existen otras interm edias que
tam bién pueden encontrar defensores apasionados.
Los ejem plos citados, y muchos otros que pudieran agregarse, dan la
pauta de la necesidad de a c la ra r fin alm en te los fundam entos cu lturales
de la enseñanza de la arq u itectu ra en nuestras escuelas, si no: se quiere
term in a r todos los intentos y proyectos en algo tanto o más caótico que
lo que hubo antes. Cómo conseguir este resultado im portante, es pro­
blema que m erece ser estudiado con detenim iento, aun cuando la
necesidad p ráctica de poner en m archa las actividades de las escuelas
imponga tom ar m edidas rápidas. T a l vez convenga considerar las dos
necesidades por separado, y a ctiv a r am bas al mismo tiem po, p ara le ­
lam ente.
El estudio de los problem as relacionados con la orientación cu ltu ral de
las escuelas y los métodos de enseñanza tendrá mucho valo r tam bién
para otro objetivo igualm ente im portante: la form ación de los docentes.
Las d ificu lta d es que se han opuesto a la form ación de los docentes de
a rq u itectu ra han sido ya d iscutid as, y se han indicado para e xp licarlas
vario s facto res, algunos generales, como la inestabilidad del cargo,
otros p articu la re s, como el ca rá cte r profesional de los profesores de
a rq u itectu ra. Pero la fa lta de contacto entre los docentes, que se ha
evidenciado hasta en una m ism a escuela, es tam bién un obstáculo
m uy grave. Personalm ente, en los varios años que he pasado en la
docencia u n iv e rsita ria , he tenido contadas ocasiones de intercam bio
con profesores de las m aterias que estaba dictando, y estas pocas debi­
das a circu n stan cias personales. En ningún caso a una in iciativa o ficial
o colectiva que propusiera la oportunidad de la discusión de los pro­
blemas comunes. Un clim a de exam en y de debate de los métodos de
enseñanza, un intercam bio de los diferentes puntos de v ista , la a c la ­
ración de las posiciones que nacen de prem isas cu ltu rales definidas,
pueden contribuir de m anera fecunda para am p liar los lím ites de los
conocim ientos de cada uno, integrando los esfuerzos cu ltu ra les aislados.
Las reuniones entre docentes de una mism a escuela deberían alternarse
con otras entre docentes de m aterias afines en las d istintas escuelas, de
m anera que el intercam bio sea am plio y repetido, hasta perm itir un
conocim iento general de las opiniones y tendencias. Las reuniones
podrán tener carácter d iferen te, pero conviene pensar en conversaciones
de mesa redonda precedidas por una buena p reparación, en sem inarios
que vin cu len a los docentes en trab ajo s com unes, en cursillos o ciclos de
co nferen cias, más que en congresos acom pañados por actos o ficiales.
A l procurar por este cam ino la unidad fundam ental de la cu ltu ra a rq u i­
tectónica en nuestras universidades, unidad e fe ctiva pero m atizada que
no debe confundirse con la que se intentó conseguir en otros momentos
por decreto m in iste rial, se cum plirá tam bién con una parte de la tarea
de form ación de los docentes. Para que la form ación sea com pleta, el
intercam bio producido en esas reuniones deberá continuarse con la
creación de institutos de investigación en que se m antenga perm anente
la inquietud por los problem as que pueden in flu ir en el desarrollo de
la cu ltu ra y de la técnica de la a rq u itectu ra. El instituto de investigación
cum p le de tal m anera con una tarea doble: proporcionar a la sociedad
a la cual se vin cu la los resultados de los estudios que en él se re alizan ,
y crear el clim a un iversitario indispensable para la form ación del
docente, com plem entando la preparación que el arquitecto puede haber
conseguido en su labor profesional. En el trab ajo de investigación se
pondrán en evidencia las personas más dotadas para la actividad u n i­
v e rsita ria , y se las apoyará con becas en instituciones nacionales y
e xtra n je ra s, se les fa c ilita rá n recursos para las investigaciones que
em prendan por in iciativa propia. Se creará fin alm en te el tipo completo
de un iversitario que no se lim ita a la mera activid ad docente, sino que
ve en ella el motivo para un estudio continuo y una am pliación de sus
conocim ientos que le perm itan ocupar con plena co nciencia y autoridad
los cargos docentes que gradualm ente le corresponden.
Una escuela de arq u itectu ra que se apoye sobre una ¡dea clara de la
activid ad del arquitecto, sobre una unidad de cu ltu ra d efin id a, sobre
docentes de preparación com pleta, y que extraig a de estas prem isas
un método de trab ajo adecuado al medio hum ano y n atu ral en que
a ctú a, es un resultado que puede a lca n za rse con una labor larga y que debe
co n stitu ir, superada la fase inm ediata de reestructuración, el obietivo
fin a l de la tarea em prendida.

32

�Polonia. Clausura cíe la Conferen­
cia Nacional de Arquitectura
En el mes de m arzo , luego de tres días de
delib eracio n es, fin a liz ó la C o n feren cia N a ­
cional de A rq u itecto s de Polonia.
El
Presidente del Consejo de M inistro s, J .
C y ra n k ie w ic z, pronunció el discurso de
c la u su ra , del cual reproducim os un resu­
m en.
De sus térm inos puede colegirse,
sin duda, un cam bio fund am ental en la
actitu d que hasta el momento se obser­
vab a en ese país hacia la a rq u ite c tu ra .
Por ello juzgam os de interés su publicación.

Es ciertam ente nuestro deber efectu ar el
balance de lo producido en estos últim os
años y d estacar las realizacio n e s, que son
considerables, pero antes debemos hab lar
de los errores com etidos, que están lejos de
carecer de gravedad. Debemos h acerlo , sin
duda, con todo coraje y sin cerid ad , sin
m iram iento s, pero tam bién sin nerviosidad.
En Polonia se ha construido m ucho. C u á n ­
tos han sido, sin em bargo, los e d ificio s c a ­
rentes de toda b e lle za, con fre cu en cia de­
cididam ente feos, cuántos los construidos
con prodigalidad y , m uchas veces, con m a­
te riale s de m ala calid ad .
Por supuesto, constituye una obra notable
el monto de ed ificio s para vivien d a ya cons­
truidos y nuestra a rq u itectu ra in d u strial,
pero sabemos tam bién que ésta busca aun
su estilo o riginal y que los proyectos han
sido con fre cu en cia dem asiado onerosos.
Hemos perseguido con razón soluciones o ri­
g in ales, soluciones nuestras, en la constru c­
ción de ed ificio s públicos y ad m in istrativo s,
pero hemos sido atacados particularm ente
por una grave enferm edad: la de tra b a ja r
para la fa c h a d a , la de tra ta r de provocar
el asom bro. De ah í que, a pesar de los
esfuerzos creadores y de las realizacio n e s
indudables de nuestros arqu itectos, haya
sido ésta una de las causas esenciales de
nuestros fracaso s en el campo de la a rq u i­
tectura.
En el período pasado, nuestra arq u itectu ra
estaba ap la stad a por un lujo de fach ad a,
de una fa lsa m onum entalidad y por una
m ultitud de ornam entos y adornos rebus­
cados. Y , sin em bargo, el socialism o requie­
re una arq u itectu ra totalm ente c iíe re r* e ,
una a rq u itectu ra sellada de simp cid a c .
m odestia, donde la fach ad a se arm onice
con el interio r, el estilo con la m ateria, le
silueta con el entorno, el proyecto ccn e
sentido común.
Buena cantid ad de errores se han co r-e t¡zz
y m uchos de ellos han sido corregidas 3s
ha afirm ad o frecuentem ente que la *c ta
incum bía exclu sivam e n te a los a rq y urb an istas. Sin tra ta r de d isrrio u r de
ninguna m anera su parte de responsab a z :
quiero d e jar sentado que nosotros, es decir
los m iem bros de! núcleo dirigente del p ar­
tido y del gobierno, nos sentim os t a r r : eresponsables por lo que había de m alo =la arq u itectu ra y el urbanism o.
Pienso que toda decisión de im p ortancia
esen cial, en el dom inio de la arq u itectu ra
debería estar precedida de largas y e xh au s­
tiva s discusiones entre los arquitectos
es
profesionales y los crítico s y , allí donde sea
posible, de una discusión pública con la
particip ació n de los sectores m ás amp : :
de la sociedad.
Creo que la sociedad debiera in flu ir sobre
los arquitectos y vice ve rsa. Me parece -sto a c a b a r con las fó rm u las hechas — que
es preferible dejar a los farm acéu ticos— .
estoy convencido de que los políticos, .os
arquitectos y las personalidades dirigentes
debieran d iscu tir, arg u m en tar, convencer
Pienso que el deseo general de la sociedad
es ver a lia rse arm oniosam ente en la cons­
trucción de vivien d as la sim plicidad y be­
lleza de las form as arq u itectó n icas co r
la u tilid ad , el confort y la econom ía, s:.n

h ab lar de la buena calid ad de ejecución.
Pienso que, haciendo tabla rasa con alg unas
supersticiones y com plejos, hay que com ­
prometerse resueltam ente en la v ía de los
proyectos-tipo renovables y d e jar al mismo
tiempo un am plio lugar a los proyectos in­
d ivid uales en la construcción de ed ificios
de uso social y en la construcción m onu­
m ental.
Creo que todos debemos hacer los esfuerzos
D IS EÑ O D E N U C L E O S U R B A N O S . E S C E N O L O necesarios para conseguir el m ayor progreso
G IA Y P L A S T IC A , por Frederick Gibberd. T ra ­
posible en los métodos ind ustrializad o s de
ducción del Arq. Jorge V . Rivarola. El libro indis­
construcción, verificán d o lo s por la exp erien ­
pensable para el urbanista, el arquitecto, el sociólogo
c ia , corrigiéndolos y diferenciándolos sobre
y e! estudiante ........................................................... $ 260.—
la base de los resultados adquiridos, pero
teniendo tam bién en cuenta los cálculos
económicos. Debemos tam bién preocuparnos
de hacer u tiliz a r al m áxim um , con deter­
m inación y energ ía, los m ateriales de cons­
trucción de origen local, y d e sarro llar la
-constru cción cooperativa e in d ivid ual.
L A C A R T A D E A T E N A S . — T reducción de "L a
Tod a Polonia espera que se im prim a en los
Charte d'Athenes". Primer y hesta hoy único do­
plazos m ás breves un poderoso m ovim iento
cumento que fija doctrina en materia de uibanisde progresión a los nuevos tipos de cons­
mo. Explicaciones y aclaraciones de los Congresos
trucció n, para que ésta pueda ser económ i­
Internacionales de Arquitectura Moderna . $ 1 5 ^.____
c a , p ráctica y estética. Se trata de m archar
lo m ás rápidam ente posible en la construc­
ción concebida bajo nuevas form as y tra n s­
fo rm ar el aspecto de nuestras ciudades y
ald eas; se tra ta igualm ente de construir
una nueva cam p iña.
N adie quiere imponeros el cam ino a seguir,
L A S T R E S L A M P A R A S DE L A A R Q U IT E C T U R A
ni privaros de vuestra libertad de acció n.
M O D E R N A , por el Arq. Joseph V . Hudnut. Traduc­
C ada arquitecto debe darse cuenta de la
ción del Arq. Jorge V . R iv a ro la .— En este libro de
responsabilidad que le incum be, no sólo
particular interés para los arquitectos y estudiantes
en lo que respecta al proyecto y a la cons­
de arquitectura, el Arq. Hudnut estudia las diferen­
trucción que toma a su cargo, sino que
tes influencias benéficas y perjudiciales que afectan
debe tener tam bién conciencia de que cada
a la arquitectura moderna ............................... $ 1 2 .—
arqu itecto in fluye sobre el conjunto de la
econom ía polaca.
No dudamos que nuestros arquitectos de
talento sabrán eje cu tar este m andato social
verdaderam ente candente, que sabrán rea­
liza rlo , sino de una m anera que suscite
ad m iració n, al menos en form a digna de
L A V IV IE N D A D E L M A Ñ A N A . — El más brillante
estim a para el mundo entero.
estudio sobre arquitectura residencial, escrito por los
Que el nuevo período se c a ra cte rice por la
Arqs. Nelson y W right. 214 pagines en formato de
libertad de cre ació n . Que nadie tem a inno­
21 x 29 con 232 hermosas fotografías de interiores
v a r o exp erim en tar, que cada cual se ins­
y exteriores de casas unifam iücres. 3? edición.
truya estudiando las ad quisiciones de la
$ 8 0 .—
a rq u itectu ra de otros países, que a n a lice los
descubrim ientos soviéticos, checos, alem a­
nes, que estudie los hallazg o s franceses,
ita lia n o s, b ritánico s, am ericano s. A p ren d a­
mos, sin c a lc a r ciegam ente los modelos i
L A M A D E R A A L S E R V IC IO D E L A R Q U IT E C T O ,
puestos a nuestro a lc a n c e , haciendo bene­
fic ia r a nuestra arq u itectu ra con todo lo
por Severino Pita. — Toda la carpintería blanca;
que e xista por doquier de ú til, racio n al,
puertas de entrada, guillotina y corredizas, ventanas
'* =
z í - ' í z í : . económ ico, para crear,
de abrir al exterior, al interior, corredizas y de gui­
:
- ce '- e s '- z s c 'c c os adquisiciones y
llotina; con láminas constructivas a escala, fotogra­
de la s a je n a s, una arq u itectu ra so cialista
fía s numerosas y explicaciones detalladas, 263 pági­
o o lccc que constituya nuestra contribución
nas con excelente impresión y sólidamente encua­
a p atr -"onio c u ltu ra l universa!.
dernado ............................................................................... $ 140.—
Los problem as que vuelven a su rg ir en
'■-estro trab ajo , las reflexiones sobre el
pe ro d o pasado, son problem as que nos
roca- c 'ectam e nte. Para cada uno de nosornas es cuestión de su actitu d m oral e
dea :g :c a ce ju icio m oral de sus propios ¡ A R Q U IT E C T U R A EN R E L A C IO N A L D E R E C H O ,
por el A rq. Jorge Víctor Rivarola. — Con la colabo­
cotos . de los cjeno s. Este problem a no es
ración de la Arq. M aría E. Meoli. Un libro ya clásico
s —a e n esto exento de dolores; tampoco
puede resolverse en alg u n as horas o algupara la interpretación legal de los contratos y la

LI BROS

Todos nosotros vam os a em paparnos de este
problem c No quiero em plear grandes pa­
la b ra s, pero en todo esto hay algo de tra ­
g e d ia y alg o de optim ism o. Optim ism o por
e l g ran renacim iento que se ha producido
a tiem po p a ra no o b stacu liza r el progreso
de la revolución, por el renacim iento que
nos p e rm itirá rep arar no solam ente las pér­
d id as y los p e rju icio s, sino tam bién superar
el retardo de ciertos sectores y m archar ráp demente h acia ad elante.
To d as nosotros, los que piensan y constru­
yen — hoy, cuand o la conciencia y el espí­
ritu imponen a cada uno el derecho de
a e -s c r por s m smos— participam os en la
crece ó r ce esta fu e rza , que es y será al
m ism o tiem po la fu erza m otriz del desa­
me io de - -e s tro pueblo y su c u ltu ra , la
~ “ z ze races os seres humónos
que aspiren a a paz y al progreso.

dirección de obra.
m aterial

PLA CA R D S

y

365 páginas nutridas de valioso
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EDITORIAL CONTEMPORA S. R. L.
Sarm iento 6 4 3

31 - 2 5 7 4 - 1893

Buenos A ire s

33
*

�V ista panorám ica de la bahía de Río de Janeiro
con el terreno ganado al m ar, parte del cual será
destinado al museo.

El Museo de Arte Moderno de Río
de Janeiro
Ig nacio Pirovano

P lanta baja:
1
2
3
4
5
6

7
8

9

Hall de entrada
Pilotes
A ulas
T ip o g rafía y encuadernación
Preparación de exposiciones
Bar
Cerám ica
Entrada al teatro
Escena

34

" N u e v a V is ió n " , en su núm ero 6 de 1 9 5 5 ,
presentaba la m aqueta del proyecto rea­
lizad o por el A rq . A lfo n so Eduardo Reidy
para el M useo de A rte M oderno de Rio de
Ja n e iro y a n u n cia b a el com ienzo de la
co nstru cció n. L a obra se encuentra a c tu a l­
m ente m uy ad e lan tad a y se prepara a
in au g u rar su prim era etap a en 1 9 5 7 . D ará
com ienzo entonces, a no d u d arlo , una de
las exp erien cias c u ltu ra le s m ás im p ortan­
tes plan ead as en Sud A m é rica .
H ace m uchos años que el B ra sil se preocupa
en ponerse a l día con relación a las mo­
de rn as concepciones c u ltu ra le s que d istin ­
guen a la c iv iliz a c ió n de nuestro tiem po.
M entes a le rta s , gob ernantes, hom bres de
negocios, pensadores, arq u itecto s y a rtis ta s
conscientes del . va lo r económ ico, político y

social de la c u ltu ra , no han escatim ad o es­
fu e rza s para c a p ita liz a r esos activ o s.
L a fam o sa Exposición In tern acio n al del
C u arto C en te n ario de San Pablo, la B ien al
de A r te , los llam ados M useo de A rte y
M useo de A rte M oderno, verdaderos centros
c u ltu ra le s de gran repercusión, han perm i­
tido a esa flo re cien te p ro vin cia situ arse
¡nte rn acio n alm e nte en prim er p lan o , bene­
ficián d o se en todo sentido con esa g ra v i­
tación .
Río de Ja n e iro no podía p erm anecer re z a ­
gada en ese " lid e r a z g o " que n atu ralm e n te
le correspondía como c a p ita l del B ra s il. Es
así como un grupo em inente de p e rso nali­
dades de todo el p a ís han propiciado la em ­
presa. B ajo la insp iració n de esa gran a n i­
m adora que es N ¡ornar M o niz Sodré, han

�conseguido dolor ai B ra sil de un verdadero
centro de irra d ia ció n c u ltu ra l.
A s í lo aseg u ra el planteo de su esquem a:
Preocup arse en re v a lo riz a r los conceptos
c u ltu ra le s a los efectos de hacerlos p a rtic i­
p a r activa m e n te en la evolución económ ica,
p o lítica y so cial del país.
P ro p ic ia r, provocar y f a c ilit a r la capacidad
creadora del hom bre en todas sus m a n ife s­
taciones.
R e in te g rar a i creador de c u ltu ra a la so­
cied ad , en " fu n c ió n s o c ia l" , vin cu lán d o lo
a las fuentes m ism as de exp erim en tación
y de trab ajo .
No se eng añe, pues, quien q u iera v e r en
el llam ado M useo de A rte M oderno de Río
de Ja n e iro , un m useo m ás, custodio de
obras consag rad as, con p lan es de co n feren ­
c ia s o clases de d ivu lg ació n dedicadas es­
pecialm ente a las é lite s; nad a de eso. El
M useo e stará respaldado por m illa re s de
socios que se incorporarán a l m ism o en ra ­
zón de sus d ive rsas a c tiv id a d e s: cursos e s­
p e cializa d o s, planeados de acuerdo con las
ú ltim as exig e n cias contem poráneas, co n fe ­
ren cias, exposiciones, conciertos, b a lle ts,
te atro , c in e , rad io , te le visió n , fo to g ra fía ,
tip o g ra fía , propaganda. Por su excepcional
ub icació n q u edará d e fin itiva m e n te incor­
porado a la vid a de la c a p ita l cario ca y,
por la trasce n d e n cia de sus fin e s , a la evo­
lución m ism a del B ra s il, con su consig uien­
te repercusión in te rn acio n al.

V ista aérea del conjunto

V ista de la maqueta

Prim er piso:
1
2
3
4
5

i rm i 1 !

Sala de exposiciones
Sala de estar
Restaurante
Foyer del teatro
Escena

• 1r

35

�V ista desde el Noreste

V ista del Museo desde el Sur

Estado actual de !a construcción

Organización dei edificio

El M useo de A rte M oderno de Río de J a ­
neiro se está construyendo en un terreno
conquistado al m a r, junto al aeropuerto
Santos D um ont, en la parte central de
la ciud ad . El e d ificio se le va n ta rá dentro
de un gran parque, fre n te al m ar, en m ar­
cado por un bellísim o p a isa je .
L a s g a le ría s de exposición estarán situ ad as
en el. cuerpo ce n tra l del e d ific io , que se
ele va rá sobre el suelo, perm itiendo así una
am p lia vista sobre el océano. L a s g a lería s
fueron proyectadas para o frecer un m á x i­
mo de fle xib ilid a d en la o rg an izació n de
las exposiciones. O cuparán-todo, el segundo
piso del cuerpo ce n tra l y p arte del tercero.
En el segundo piso el áre a disponible será
de 130m . de largo por 2 6 m . de ancho.
El techo m edirá 3 ,6 0 m . de a ltu ra , y , en
algunos lug ares, 6 ,5 0 m . y 8 m . L a ilu m in a ­
ción será ce n ita l en las paredes de m ayor
a ltu ra y late ra l en las restantes, a través
de grandes su p erficies vid ria d a s que m an ­
tendrán el contacto con el p aisaje c irc u n ­
dante. Esas ab ertu ras serán protegidas con
persianas ve n e cia n as de a lu m in io , que per­
m itirán g rad u ar la lum inosidad, su p rim irla
cuando fu e ra necesario, y lim ita r la entrada
de luz a la parte superior de las ven tan a s.
L a ausencia de colum nas en el interio r del
salón, la varied ad de las a ltu ra s y de las
fuentes lum inosas, p erm itirá una gran lib er­
tad en el m ontaje de las exposiciones, y
h a rá posible la creación de grandes espa­
cios o de pequeñas sa la s, según convenga
a la presentación de las obras.
Siguiendo el m ism o crite rio fué estud iada la
ilu m in ació n a r tific ia l. El sistem a adoptado

consiste en el estab lecim iento de una ilu ­
m inación general de los am bientes m ediante
lám p aras fluo rescentes, d ifun dida a tra v é s
de p lacas difusoras de v in ilo . Esta se com ­
bina con una ilu m in ació n d irecta sobre las
obras, obtenida por m edio de proyectores
de luz incand escente, equipados con lentes
difusores, que serán fija d o s en los puntos
necesarios, dentro de cavidades situ a d a s
cad a dos m etros en el techo. Ello p o sib ili­
ta rá la ilu m in ació n de los paneles en án g u ­
los convenientes y e v ita rá el enceguecim iento del v isita n te . En las zonas de m ayo r
a ltu ra , las su p erficies ho rizo ntales de ilu ­
m inación serán g u arn ecid as con p la ca s
d ifu so ras de vidrio " T h e rm o lu x " .
En el cuerpo cen tral estarán situad o s: un
aud itorio con cap acid ad para doscientas
personas, donde se d icta rá n clases, co n fe­
ren cias, e tc ., b ib lio teca, depósito de c u a ­
dros, dibujos y grabados, direcció n y a d ­
m in istració n . En el cuerpo m ás bajo , al
oeste, estarán ubicados todos los se rvicio s
a u x ilia re s del m useo, como en trad a de
se rvicio , carg a y descarga, desem balaje,
id e n tificació n y registro, exp edició n, de­
pósitos, o ficin a s, e tc ., etc. A q u í fu n c io n a ­
rán adem ás los cursos de arte , la c a n tin a
y el restau ran t.
En la extrem id ad este estará el T e a tro con
cap acid ad para 1 .0 0 0 personas.
El palco
escénico tendrá un ancho disponible de
5 0 m . L a boca de escena tendrá 12m . de
ancho, pudiendo lle g a r en casos de a b e rtu ­
ra total p ara la re alizació n de co ncierto s
sin fón icos, a 16m .

�Bibliografía
R. González Caodevila: "A m an do
W illiam s"
B s. A s ., Instituto de A rte A m erica n o e
In v estig acio n es E sté ticas de la F a cu lta d de
A rq u ite c tu ra , 1 9 5 6 , 9 5 p ., ilu s ., $ 4 0 .—-.
E l hecho de ser la prim era pu blicación
e x te n s iv a de la obra de A m a n d o VV illiam s,
co n fie re especial interés a este libro.
L a labor de G o n zález C a p d e vila y el grupo
de arq u itecto s que caloboraron en la pre­
p a ració n del profuso m a te ria l expuesto es
e n co m ia b le , aun que la au se n cia de ciertos
proyectos se h ace se n tir dentro del con­
ju n to . F a lta n algunos estudios de u rb a­
n ism o , el proyecto de v ivie n d a en San
Isid ro (que sirv a de nexo para com prender
la de M unro ), los estudios para una c a p illa
y estación s a n ita ria flo ta n te s, m uebles y
e l te rce r hospital de C o rrie n te s; se debió
a g re g a r alg uno s d e talles de los m ism os,
del teatro o del e d ific io de o ficin a s. En
g e n e ra l, fa lta n denom inaciones de locales,
que a y u d a ría n a la lectura de plan os, as!
com o una b io g ra fía del arq u itecto .
Com prendem os que ello , como se enu ncia
en la intro d ucció n, resu lta de una nece­
sid ad de espacio y del c a rá cte r sum ario
de la p resentació n . Pero a d ju n ta r los de­
ta lle s de por lo m enos una ob ra, hubiera
dem ostrado cómo el talen to b rilla n te de
A . W illia m s sabe ejercerse en co ntin uidad
desde el plan general h asta el m enor de­
t a lle . Esto se com pensa con la m anera de
c o n stru ir el libro m ed ian te com entarios
d e scrip tivo s de cad a obra, lo que da al
te xto un v a lo r d in ám ico y de precisión.
Este método resu lta aquí ap rop iado, pues
W illia m s se p lan tea en cad a obra proble­
m á tic a s
d iferen tes,
m an ife stad as
luego
co herentem ente en el decurso del proyecto.
No es éste el único acierto c rítico de Gon­
z á le z C a p d e v ila . H a sabido tam b ién mos­
t r a r , de modo escueto, la cronología ideo­
ló gica del arq u itecto y cómo c ie rta s d i­
reccio n e s estética s surgen y reaparecen
a lo largo de su obra.
E l auto r toca brevem ente otro aspecto: a
g e n ética creado ra de W illia m s . El a n á lisis
e s algo su m ario , ya que presenta ccm-o
elem ento s fu n d a m e n ta le s: 1 L a recu p era­
ció n de la casa trad icio n al a rg e r* r z z
tra v é s de una m orfolog ía renovad a. 2 La
v o lu n ta d de in tro d u cir, o m ás bls^ de
'" e le v a r" la v iv ie n d a en el espacio. 3 La
in flu e n c ia u rb a n ístic a de Le Corbus eEn re a lid a d , la n o m en clatu ra sería e x a c ta ,
pero no d iríam o s lo m ism o del modo cc-,
q u e se la p resenta, con el cual d ir é - —: :
V eam o s por ejem plo la " C a s a sobre el
a r r o y o " . G o n zález C ap d e vila dice que m an­
tie n e la concepción tra d icio n a l de la plant a ; m ás a d e la n te ag reg a: " . . . el g ra h a ll estrecho y largo hace aquí las se o s:
■de c o rre d o r". Según nuestro parecer c.o r­
tos d e talles no m encionados otorgan una
riq u eza m ayor al asunto. L a v isu a liz a s odel p a isa je a lo largo de la esca le ra de
■entrada y sobre todo el acceso tangente
a l liv in g , producen una unión perceptiva
■que "tra n s p o rta ', por as! d e cir, el parque
a l in terio r de la c a sa . No nos parece que
e l living esté proyectado solam ente cam a
un h a ll. M ás bien , se d e fin iría como _ " a
sucesión de lugares vin cu lad o s en una zo -c
co m ú n, con la po sibilidad de reunirlos o
v iv irlo s sep arad am ente. L a ve n tan a co rrid a ,
con sub-lugares p e rim etrales y la viga
en U del a lfé iz a r, acen tú an el tem a,
"tra n s p o rta n d o " al e xterio r las sensaciones
del acceso.
Nos hemos detenido en el tem a porque
é l, como otros tantos en la obra de W il­
lia m s, está señalando una creació n original
•en los modos de a rtic u la r la vivie n d a y

re lacio n ar la m orfología esp acial con el
h a b ita t. Los num erosos elem entos de im ­
p o rta n cia aportados por el arq u itecto en
dicho rubro podrían hab er fig u rad o , aún
con la brevedad n e c e sa ria , en el estudio
re a liza d o por G o n zá le z C a p d e v ila .
De ningún modo se pretende con estas
razones tra z a r una c rític a n eg ativ a. En
los dem ás aspectos, así como en la g rá fic a
y tip o g ra fía del iib rlto , éste posee una c a ­
lidad digna de elogio. T a m b ié n h a y que
a le n ta r al Instituto de A rte A m e rica n o e
Investig acio nes E sté ticas para que prosiga
publicando m ono g rafías sobre arq u itecto s
argentinos contem poráneos, cu ya b ib lio g ra­
fía se h a lla tan dispersa.
J . J . Go.

Bruno Zevi: "Frank Líoyd W right"
Bs. A s ., In fin ito , C o l. A rq u ite cto s del M o vi­
m iento M oderno, 1 9 5 6 , 1 1 0 p ., ilu s ., $ 3 2 .
L a obra de F ra n k Lloyd W rig h t ha encon­
trado d u ra n te la ú ltim a década en Ita lia
una reson ancia que no se lim ita al cam po
de la a c tiv id a d profesional sino que se
extien d e, m uy esp ecialm e n te , al de los
estudios c rítico s. Bruno Z e v i, como se sabe,
es uno de los p rin cip ale s exponentes de
la c rític a ita lia n a a c tu a l. Fundó, con otros
arq u itecto s, el M ovim ien to de A rq u ite c tu ra
O rg án ica en Ita lia y fu é directo r de " M e tr o n " , revista de c rític a y p o lém ica, em ­
banderad a en la difusión y defensa del
organism o, dirigien do en la a c tu a lid a d la
revista " L 'a r c h it t e t u r a " , que sigue las m is­
m as te nd e ncias.
Estas circ u n sta n cia s hacen que su libro
resulte ind ispen sab le, a fa lta de una espe­
rada obra m ayo r, para quienes deseen te ­
ner una v isió n , al m enos som era, de la
dirección y fund am entos de la c ritic a organ ic ista . La m e n ta b le m e n te , los escritos que
Z e v i dedica esp ecíficam en te a W rig h t no
pasan de uno o dos cap ítu lo s de su " H i s ­
to ria de la a rq u ite c tu ra m o d e rn a" y de
" H a c ia una a rq u ite c tu ra " , m ás uno que
otro a rtíc u lo y el libro que com entam os, en
el que troto de e n fo car en tre in ta p ág in as
una obra tan v a s ta y u n a personalidad tan
in te n sa , que no llen a ese va c ío .
Este texto fu é revisado y am p liad o siete
añ o s después de su p u b lica ció n en 1 9 4 7 ,
y está basado en dos te m as fu n d am en ta les
de la p ro b lem ática z e v ia n a : la co ntin uidad
e sp acial y la superación del racio n alism o .
En las p rim e ra s p ág in as el autor cen tra
su exposición en el tem a del espacio y
d estaca que " e n el plan o de la c u ltu ra
arq u ite ctó n ica el único tem a de discusión
serio sobre W rig h t, es el tem a de su con­
cepción e s p o c ia l" (p . 1 0 ), o firm an d o m ás
ad e la n te : " u n e d ific io de W rig h t es un
organism o en el sentido que su tem a fu n ­
d a m en tal y su b stan cial está en el e s p a c io ."
(p . 1 8 ).
Este tem a se une a l de la superación del
"a c isn c smo a tra vé s de la in e vita b le com ­
p a ració n con la obra y el pensam iento
de _ e C orpus er cf. T e d e sch i) referid a en
este caso a la p la n ta libre en uno y otro
arq u itecto .
Es a q u donde, a nuestro ju ic io , la c rític a
ce Z e 1. a p c 'e c e vic ia d a de u n ila te ra lid a d
e n la v isió n del problem a y de un determ inísm o que lo lle va a p ro clam a r a la
arq u ‘ ectu ra o rg án ica como la ú n ica evo­
c a en ve da del racio n alism o .
2 e c= se sus ju icio s, si bien
usa* cables en el p olem ista, resu ltan poco
co nvincentes en un c rítico que — son p a ­
c o ra s de Z e v i— am a la actitu d histó rica
se e - ' s : s . : : : : : se juicios in tra n ­
sigentes.
L a p a rte ag regad a en 1 9 5 4 a firm a la ¡ra­
pos) b oad de estab lece r un léxico w rigtht e c r c , o que no im p ediría v islu m b ra r una
coherencia a lo largo de toda su obra y

en cad a una de sus re a liza c io n e s. El texto
de Z e v i te rm in a con una reseña de los
valo res esp aciales y fo rm ales de alg u n as
obras recientes de W rig h t.
Esta edición in clu ye una breve b io g ra fía
del m aestro am erica n o , una enum eración
cronológica de sus obras y una com pleta
b ib lio g ra fía de y sobre W rig h t. L a s ilu s tra ­
ciones corresponden a obras de diferentes
períodos, no habiéndose incluid o las de
v a ria s obras cita d a s en el texto .
E. K a tze n ste in .

G. C. Argan: "Pier Luigi Nervi"
Bs. A s ., In fin ito , C o l. A rq u ite cto s del M o­
vim ie n to M oderno, 1 9 5 5 . 7 5 p ., 4 6 ilu s.,
$ 32.
Es conocida la posición del A rg a n como
c rític o y esta obra la re firm a . Brevem ente
(el libro consta de un texto corto y num e­
rosas lá m in a s) introduce su a ctitu d de filó ­
sofo de esencias antes que de objetos,
a p lic a d a al a n á lis is de las te o rías de N e rv i.
Apoyándose ap arentem en te en la fenom e­
nolog ía, usada como cien cia del conoci­
m iento, v a e xam in an d o los pródrom os del
tra b a jo de este ingeniero y el sig n ifica d o
de a lg u n a s de sus fo rm u lacio n e s.
Según A rg a n , la p rin cip a l de e lla s , p la n ­
teada por N ervi en su libro " S c ie n z a o
A rte del c o n s tru iré " , se ría co nsid erar "e l
método de in vestig ació n fo rm al propio de
la a rq u ite c tu ra té c n ic a " como un método
"q u e se d e sarro lla según acto s y procesos
su sta n cialm e n te idénticos a los que son
generalm ente considerados propios de su
a c tivid a d a r tís tic a " .
El planteo su rg iría de e sp ecu lar con la
d ia lé ctica de los fenóm enos inciden tes so­
bre las e stru ctu ras (c lim a , tiem po , cap ilarid ad , e tc .), que vu e lve n dudoso el cálcu lo
absoluto. Se concluye así en un cierto
estado de relativism o de los estudios y en
una ve rific a c ió n de lo real hecha p rin c i­
palm ente a travé s de la e xp erien cia in tu i­
tiv a (con la sa lved ad de que se tra ta de
una in tu ició n ló g ico-m atem ática o sus su­
cedáneos), en c o lin d a n d o con el arte .
Sentad a la te sis, A rg a n m uestra h áb ilm e n ­
te su o b jetivació n en algunos e d ificio s, la
co m p ara, m arcando d ife re n c ia s, con M ailla rt y la ubica h istó ricam en te como Ideo­
logía.
R ep etid am en te, al igual que en otros li­
bros, el auto r se a c e rca de modo im p lícito
al em píreo-criticism o. Los a lc a n c e s de esta
filo so fía que trató de d e stru ir la noción de
ta n g ib ilid a d , disolviéndola en un caos de
sensaciones racio n ales, son vin cu lad o s por
A rg a n a cie rta s fo rm ulacio ne s sobre espa­
cio y duración de los fenom enólogos a le ­
m anes. No es objeto de la presente nota
d iscu tir ta l filo so fía , sobre todo porque
no se m a n ifie sta c lara m e n te ni con sistem a
dentro del libro, aunque m erecería ser e x a ­
m in ada al d e talle por sus im p licacio nes
n e g a tiv a s y por a ju s ta rs e , en cierto grado,
al ideario de N e rvi.
El estudio, aunque sólo fu e ra leído con
este fin , resu lta de gran interés pues A rg a n
m an eja sus ¡deas con brillo y sabe ser
sin tético . Por otra p arte, tra slu ce la pre­
ocupación del en sayista por un tem a que
está adquiriend o gran Im p o rtan cia y que
N ervi ha tocado al poner a prueba las
nociones c ie n tífic a s , casi c lá sic a s, que re­
lacio nan form a y tecn olo gía.
Pero el refug iarse en una filo so fía n a tu ­
ra lista p a ra resolver el d ile m a , así como
la au se n cia de una lógica estética e x p lí­
c ita , pueden c o n ve rtir la novedosa actitu d
de N ervi en una va ria c ió n e ste tlza n te de
la te cn o cracia. A rg a n soslaya el tem a por
p a rtic ip a r, suponem os, del pensam iento del
ingeniero. Lo g ra, no o b stan te, se ñ a la r con
c la rid a d algunos facto res valio so s, como los
correlacio nes del problem a hipótesis-inven-

37

�prelooker 36 &lt;*&gt;

huemul
lib rería

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revistas extra n je ra s
libros de arte
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38

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�ció n -in tu ició n y d in ám ica in te rn a -e stá tica .
El texto se com plem enta con una b io g ra fía
•de N e rv i, la lista de sus p rin cip ale s obras
y e scrito s y una b ib lio g ra fía . L a presenta­
ció n del libro, así como el m a te ria l g rá ­
fic o , están bien cuidados y son superiores
a l o rig in al ita lia n o de la m ism a colección
(E d . II B alco n e ), de la que In fin ito posee
Jos derechos.
J . J . Go.

" X X siécle". "Le papier collé du
cubismo á nos jours"
N u e v a se rie , n 9 6 (doble),
1 9 5 6 . iIu s ., fr. 2 .5 0 0 .

P a rís,

enero

El presente núm ero de esta im portante pu­
b lic a c ió n europea de arte contem poráneo
d irig id a por G u a ltie ri de San L á z a ro , está
dedicado al " p a p ie r c o llé " . Lo componen
estud io s de diversos autores sobre d ife ­
rentes aspectos de este nuevo m edio e xp re­
sivo y la evolución que ha exp erim entad o
desde su descubrim iento h asta hoy.
E l prim er a rtíc u lo de F ra n k E lg a r (colabo­
ran tam b ién en este núm ero Sonia D elaun a y , M ich e l Seuphor, Pierre C o u rth io n ,
e t c .), es un intento de re co n stru ir las c ir­
c u n s ta n c ia s que co ndujeron, por prim era
v e z , a in co rpo rar a l cuad ro esos "cu erp o s
e x tra ñ o s " que iban a d ar lu g ar al n a c i­
m iento de una fo rm a exp re siva indepen­
d ie n te . Parece se r que los prim eros an te ­
cedentes del " p a p ie r c o llé " son las letras
y leyend as p in tad as al " p o c h o ir" que a p a ­
recen en los cu ad ros cu b istas a p a rtir
de 1 9 1 1 . Sin em bargo, este recurso cuenta
con antecedentes en las p in tu ra s de tab las
del pasado, aunque la fin a lid a d , en am bos
ca so s, no sea la m ism a . M á s d ifíc il, sin
d u d a, es d e term in ar las cau sas que im ­
p u lsaro n
p rim ero ,
a
la
representación
"tro m p e l'o e il" de la te xtu ra de ciertos
m a te ria le s como la m adera y el m árm ol y ,
luego de un breve período de exp erim en ­
ta c ió n , a l em pleo directo de cartón a c a ­
n a la d o , recortes de papel, a re n a , clavo s,
etc.
El em pleo de estos elem entos e xtra p ic tó ­
rico s a l servicio de una fin a lid a d p ictó rica,
no estaba de ning ún modo previsto en el
program a del cubism o. Pero el cubism o
no te n ía p ro gram a. De aq uí lo in cierto de
c u a lq u ie r co n jetu ra respecto a las cau sas
que dieron origen al " c o lla g e " . Pero, una
vez enco ntrado , el nuevo recurso se apo­
deró in m ed iatam en te de la im a g in a d ;^
de los a rtis ta s . Sonia y Robert D e la u n a ,
lo a p lic a ro n no solam ente al arte sino a
los objetos de la v id a c o tid ia n a : m uec'es
y v e stim e n ta s (ch aleco de René C rSve
Los fu tu ris ta s le im prim ieron un sesgo v in ­
d ic a tiv o term inan d o con la hegem onía, en
e s c u ltu ra , de los m a te ria le s " n o b le s " P e -:
fueron los d a d a ísta s, por supuesto, quienes
sacaro n el m ayo r provecho del procec m ie n to . El a n ti-a rte , propugnado por Dadc
encontró e n el " c o lla g e " un m edio de
c o n stru ir, sin com prom isos con las catego­
ría s a rtís tic a s tra d icio n a le s. Schw itters con­
sumó el m ilag ro , al hacer del " c o lla g e " un
leng uaje p e rfectam en te coherente. Fué el
m om ento hegeliano en que la form a encon­
tró su contenido. Después de D ad a, el
" c o lla g e " ha vivid o m ás o menos del
im pulso ad q uirid o . Sin el propósito de ago­
t a r el te m a , este núm ero de X X e . Siécle
:- :
un ab undante m a te n :
cor
e xcelen tes reproducciones en negro y en
co lo r.
E núm ero tra e , ad em á s, una cró n ica de
la a c tu a lid a d a rtís tic a europea. Entre las
notas m erece destacarse la reproducción
de una c a rta de G iorgio de C h iric o dirigid a
a M m e. A n d ré Bretón, ofreciéndole en
ven ta la copia (hecha por él m ism o) de
dos de sus m ás fam o sas te las del período

m e ta físico , a razón de 1.000 lira s cad a
una (la o ferta es de 1 9 2 4 ). L a otra n o ta,
firm a d a por el d irecto r de la re v ista , se
refiere a una ind iscreción com etida por
un conocido c rítico a le m á n , sobre ciertos
m anejos a que se e sta ría som etiendo a la
" V e n u s " de Giorgione por parte de las
autoridad es del M useo de Dresde. L a nota
lle va por títu lo : " E x ig im o s la verdad sobre
la V en u s de G io rg io n e ". Nos adherim os a
la dem anda del director.
A . H.

Colección Estudios Cinem atográfi­
cos. Editorial Losange, 1955/56
Un desierto c u ltu ra l se c a ra c te riz a por la
au sen cia de libros que rom pan la m ono­
to n ía del p a isa je . El terreno estéril de
nuestro cine profesion al no podía aco m p a­
ñ a r su ce rrad a ig n o ra n cia con un a ctivo
m ovim iento de estudios fílm ic o s. A s í, las
escasas ed iciones p u b lica d as en nuestro
p a ís d a tan de m ás de una decena de años
y están ag o tad as en su m a y o ría . Desde
hace un tiem p o , la s inq uietudes de la ge­
neración que encontró cerrado ese cam in o
del cine profesional han optado por seguir
un derrotero propio, m enos fa lso y vo cin ­
g lero , pero m ás serio y profundo. Los cine
clu b es, los grupos de film a c ió n indepen­
diente y escasas revistas han preparado
para el cine fu tu ro a m uchos c in e a sta s m e­
nos dados a las concesiones y m ejor pre­
parados estética y c rítica m e n te para a fro n ­
ta r la creació n de un cin e a u té n tico , que
sea tam b ién un arte y no una débil paro­
d ia co m ercial de nuestros peores defectos
n acio n a le s.
U n síntom a evidente de este nuevo estado
de cosas es que se co m ien za a p asar del
reducido núm ero de esp e cialistas que se
nutre de la b ib lio g ra fía en otros idiom as,
a un interés m ás g e n eralizad o que y a ha
provocado la creació n de una colección
esp ecialm ente dedicada a p u b lica r libros de
c in e .
Esta prom isoria in ic ia tiv a ha com enzado
con obras de c a rá c te r histo rio g ráfico o
en sayistico , que son precisam ente las m ás
ú tile s en esta etap a de fo rm ació n concep­
tu a l, ta n necesaria a legos y pro fesio n ales.
L a té cn ica siem pre puede e sta r al a lca n ce
de c u a lq u ie r persona norm al con ad ie s­
tra m ie n to ad ecuado. L a form ación m ental
de c a rá cte r c in em ato g rá fico es m ás rara
y d ifíc il.

Editoriaf Nueva Visión

han aparecido:
Serge M oreux

Béla Bartok
L a fig u ra de B éla B a rtó k se d estaca con
n itid e z entre los com positores contem po rá­
neos. T o d a su obra es un m ag n ífico ejem plo
de una a c tiv id a d creadora puesta desde sus
com ienzos a l se rvicio de un propósito d e fi­
nido: la incorporación y a sim ila c ió n del
elem ento fo lkló rico como uno de los medios
de renovación del m a te ria l sonoro de p rin ­
cipios del sig lo X X . Desde este punto de
vista lo a n a liz a el a u to r, estudiando ade­
m ás en d e talle cad a una de sus com posi­
ciones ................................................................... $ 3 5 .—

H erbert Read

Forma y poesía moderna
A firm a el auto r de este libro que " a m enu­
do d ife re n te s tipos de a c tiv id a d han usur­
pado el títu lo de p o e sía ". C o n sid era, pues,
de especial im p o rtancia d ilu c id a r la n a tu ra ­
leza de la a c tivid a d poética y , p a rtic u la r­
m ente, de la form a p o é tica, a n a liza n d o las
leyes a las cu ales se a ju sta el proceso c re a ­
dor, vin c u la d o estrecham ente con la perso­
nalid ad del poeta. R ead proporciona así al
lector una visió n a m p lia del proceso poético,
vá lid a no sólo en lo que se re fie re a la
poesía m o d ern a sino tam b ién p a ra la de
épocas a n t e r io r e s .........................................$ 2 0 .—
En p rep aració n :
Lew is M u m fo rd : A rte y té cn ica.
Sieg frie d G ied io n : A rq u ite c tu ra y C o m u ­
nid ad.
René Le ib o w itz: L a evolución de la m úsica,
de B ach a Schonberg.
G iu lio C a rio A rg a n : W a lte r G ropius y la
Bau h au s.

Ediciones Galatea-Nueva Visión
1. V . I. Pudovkin: "El actor en el
film "
T ra d u c ció n de L u c ía L ip c h u tz . Bs A s ., Lo ­
sange, 1 9 5 5 . 7 8 p ., § 1 8 .— .
Se h a com enzodo por un clá sico de la
te o ría cin e m a to g rá fic a . U no de los pocos.
M ucho se ha escrito sobre c in e , pero casi
siem pre dentro de la cró n ica a cu m u la tiv a
o la p e rife ria d iv a g a to ria . P u d o vkin , el
se
_ c M a d re " , fué ta m ­
b ién un g ra n a c to r. Separándose de las
te o ría s e xtre m a s d e K u le ch o v , que conside­
ra b a a l a c to r un objeto dentro de la comp k a té c r ca del cine — cu ya m ecán ica
deterr- naba su e xp re sivid a d por m edio del
m o ntaje— Pu dovkin d evuelve a la in te r­
p re ta : :n un v c lo r in te g ra l, hum an o, pero
que debe u n irse arm o niosam ente con los
dem ás elem entos de la cre ació n del film ,
í c : : : t aeae c :- : c e r cate todo la p e cu liar
té cn ica del nuevo m edio de expresión y
ad e cu ar sus e xp e rie n cia s a nuevas leyes
del ritm o, del m ovim iento y del gesto, lo
m ism o que e stu d iar ju n to a los dem ás
creadores del film la co ntin uid ad interio r
de su personaje, fra g m e n tad a por la téc-

W a ssily K an d in sky

De lo espiritual en el arte
A tra v é s de las p ág in as de este libro
— docum ento fu n d am en ta l del arte m oder­
no— , el lector te n d rá oportunidad de en­
tra r en contacto con una de las persona­
lid ad es de m ayor inquietud cread o ra de
nuestro tiem po.
En esta obra W a ss ily
K a n d in sk y da a conocer, no sólo sus con­
clusiones teó ricas sobre el arte y , en p ar­
tic u la r , sobre la p in tu ra , sino tam b ién sus
e xp e rie n cia s e sp iritu a le s.
De a h í que el
"so n id o in te rio r" de su m en saje cobre ta n ­
to interés como sus decisivos aportes co n­
cep tuales y técnicos a la p in tu ra y a la
estética del siglo X X . Ilustrad o . . $ 2 8 .—

En p rep a ra ció n :
León D u jo vn e: La filo so fía de la h isto ria ,
de N ie tz ch e a To ynb ee.
Je a n Ep stein : L a esencia del cine.
Georges G u rv itc h : L a s clases so ciales, de
M a rx a nuestros d ía s.

39

�n ic a de film a c ió n . N uestros actores cin e ­
m ato g rá fico s, en su m ayoría provenientes
del teatro — cuya fo rm ación puede ser útil
si se ad vie rte n sus d iferen tes ap licacio n es— •
o, lo que es peor, del rad ioteatro, pueden
leer este libro con provecho.

2. Lotte H. Eisner: "L a pantalla
diabólica"
T ra d u c ció n de L u is Federico Coco. Bs. A s .,
Lo sange, 1 9 5 5 . 1 1 9 p ., ilu s., $ 2 0 .— .
" L a p a n ta lla d ia b ó lic a " es, como dice el
su b titu lo , un "p a n o ra m a del cine a le m á n "
y tra ta tam b ién la in flu e n cia de M a x Reinh ard t y el expresionism o. El te m a, enfo­
cado con profundidad y erud ició n, es muy
in tere san te. El cine a le m á n , en su época
de g lo ria , alrededor de 1 9 2 6 , es uno de
los rarísim o s casos de co in cid en cia del arte
film ic o con un m ovim iento estético p a ra ­
lelo. Y es el expresionism o quien m arca
su im pro nta en el cine alem án en form a
tan du rad era que cierto s de sus efectos se
extiend en h asta la a c tu a lid a d . A sim ism o
es d ifíc il en co n trar un m ovim iento estético
de v a n g u a rd ia que se exprese de inm e­
diato en el cin e de c a rá cte r co m ercial.
M uchos facto res concurren para que así
su ced a; inciden p ara ello condiciones eco­
nó m icas, so ciales e h istó ricas. El e xp re­
sionism o es una ru p tu ra vio le n ta que aúna
un su b jetivism o intenso a una v o lu n ta ria
ab stracció n d o g m ática. N ingún m ovim iento
estético moderno ha expresado m ás d ra ­
m áticam en te los problem as del ind ivid uo y
la sociedad contem po ráneas en c risis vio ­
le n ta; ningún pueblo estaba m ás m aduro
para esa expresión que el a le m á n . R ecor­
demos cie rta s c a ra c te rístic a s p ropias; la
teo rizació n a b stra c tiz a n te , la se n tim en talidad exa ce rb ad a, la tendencia a la brum a,
la o scurid ad , lo dem oníaco, elem entos que
ya se encuentran en el rom anticism o (H o ffm an, H ó ld erlin ) y en el profético Buchner.
T ra n sc u rrid o el breve período de la exp e­
rien cia exp re sio n ista, cuya obra m aestra es
" E l G ab in ete del D r. C a lig a r i" , perm ane­
cen, tanto en el co n stru ctivista Lang como
en el " K a m m e rs p ie l" , alg u n as constantes
que oponen la "m a g ia n e g ra " de los c in e ­
astas alem an e s a la " m a g ia b la n c a " de
los suecos. Por ello es d ifíc il h a lla r com e­
dias logradas en esta c in e m a to g ra fía , cuyas
m ejores expresiones se in clin an a la v io ­
lencia d ra m á tica o a l claro scuro de los
tem as fa n tá stico s y de terro r.
Lotte E isn e r estudia la reacción psicológica
del " K a m m e rs p ie l" y el estilo de La n g ,
con sus sim ilitu d es cuidad osam ente ag ru p a­
d as, el " S tim m u n g " , cuya búsqueda es
a n a liz a d a tam bién en M u rn au — g enial di­
rector que rebasa el " K a m m e rs p ie l" y el
expresionism o conservando alg unos de sus
elem entos (la diago nal " d in á m ic a " e xp re ­
sio n ista , el sím bolo)— -, la in flu e n cia v a n ­
gu ard ista (R ic h te r, R u ttm a n n ) y por últim o
la decadencia de la época sonora. En ésta
perd uran, en alg u n as excep cio nales y esca­
sas p e líc u la s, las cu alid a d es y defectos
c a ra cte rístic o s de la gran época m uda. La
atm ó sfera tensa y la "p e rp e tu a e x c ita c ió n "
rodean a los som bríos p a isaje s del alm a
fá u s tic a . U na p e lícu la de W y sb a r, ignorada
hasta hace poco en Euro pa, representa de
modo e xtra ñ a m e n te fa sc in a n te el eco e x ­
presionista en una de sus ú ltim a s m a n i­
festacio n es: es " L a barq uera M a r ía " (Fáhrm ann M a ría , 1 9 3 4 ).
L a obra de Lo tte E isn e r cuenta con dos
virtu d es ca rd in a le s: el conocim iento del
tem a y la visión o rg án ica, que no descuida
el a n á lis is de las obras en s í, a las que
ubica e interp reta en el conjunto de la
c u ltu ra que in teg ran .

40

3. Mario Gromo: "Cin e italiano"
T ra d u c ció n de Elsa M a rtin a , Bs. A s .,
sange, 1 9 5 5 . 9 4 p ., ilu s., $ 2 0 .

Lo ­

El libro de M a rio Grom o, " C in e Ita lia n o " ,
tiene proporciones m ás m odestas, tanto en
longitud com o en p rofund idad . Como no
pretende, sin em bargo, ser otra cosa que
un "rá p id o b o sq u e jo ", en ta l form a debe
leerse, como una introducción som era a
obras de m ayor a lc a n c e . Su estilo lim itado
a la cró n ica no im pide que se form ulen
m uchos ju icio s va lo ra tiv o s que deben to­
m arse con reservas. A s í por ejem plo la
concepción de la obra de R o sellini y De
S ic a - Z a v a ttin i, que es algo su p e rficia l.

dibujos o rig in ale s en negro y color

4. Eisenstein, Bleim ar, Kosinzev:
"El arte de Charles Chaplin"

poesía

T ra d u c ció n de H éctor F ra n z i. Bs. A s ., Lo­
sange, 1 9 5 6 . 123 p ., ilu s ., $ 2 8 .

texto s

El núm ero cu atro de esta colección rinde
hom enaje al genio m ás c a ra cte rístic o del
c in e : C h a rle s C h a p lin . Se han elegido los
tres ensayos reunidos por A tc h e v a y A ch u kov en 1 9 4 5 , p ertenecientes a Eisen ste in ,
K o sin zev y B leim an . La b ib lio g ra fía de
C h a p lin debe ser casi tan extensa, como
la de Don Q u ijo te, a quien se lo ha com ­
p a ra d o . . . Desde las obras fu n d am en ta les
de Pierre Leprohon y Theodore H u ff hasta
la reciente de C lau d e M a u ria c , m uchos
escritores, entendidos en cine o no, han
tratad o de p enetrar el m isterio del mimo
u n ive rsa l. T a l ve z pueda m edirse algo de
la m agnitud de su genio por sus defectos
evid entes: se n tim en talism o , v u lg a rid a d , con­
fusión co ncep tual, anacronism os té cn ic o s...
cu alq u ie r otro a rtis ta qued aría sum ergido
por ellos. C h ap lin surge en cam bio de sus
contrad iccio nes sin d ism in u ir su tra sce n ­
d encia porque es un verdadero creador.
Su in terp retación del mundo y el hom bre
contem poráneo se hace cada ve z m ás cons­
cien te , m enos " p r im it iv a " . L a esencia de
su a rte , según Eisen stein, es una visión
sem ejante a la de un niño. Los niños
no hacen concesiones ni se m ienten a s!
m ism os. Ignoran la ética a d u lta y su ju icio
es ap arentem en te absurdo y cruel porque
obedece a leyes d istin tas. Eisenstein a n a liz a
el m ecanism o psicológico del sím bolo chaplinesco y se ñ ala la m etam orfosis produ­
cida desde " E l G ran D ic ta d o r" para con­
c lu ir con el h alla zg o de una nueva edad
del hombre C h a p lin : su a d u ltez fre n te a
la h isto ria. C iertam en te los film s de C h ap lin
han cam b iad o . Su prim era época es la
creació n in s tin tiv a ; la segunda una versión
en térm inos m ás com plejos de su in terp re­
tación trag icó m ica del hom bre contem po­
ráneo; la te rc e ra , es probablem ente la m ás
discu tida porque m ientras h asta entonces
C h a p lin su scitab a en todos los hom bres
v a ria d a s em ociones o g raves contenidos por
m edio de su o rig in al invención a rtís tic a ,
a h o ra , m ás consciente de su posición, se
a le ja cada ve z m ás de la com icidad y
su braya la tra g e d ia , expone sus conceptos
sin re c u rrir a m etáfo ras m ím icas o de im a ­
gen d ra m á tic a . Es que C h a p lin h ab la. Su
m ensaje es doloroso y propio del a n ti­
heroico hombre de nuestro tiem po que, co­
mo dice B le im a n , sufre in fin ita m e n te por
objetivos m ezquinos o por m ovim ientos h is­
tóricos que no com prende. De esta relación
entre el arte de C h a p lin y su versión
hum ana se ocupa el in tere san te ensayo
del auto r citad o . K o sin zev estudia p refe­
rentem ente el m ecanism o interno del estilo
chaplinesco y su hum orism o especial y ú n i­
co. El breve y b rilla n te estudio de Eisen s­
tein c ie rra un libro realm ente interesan te.

•
•
•
•
•

e je m p lare s sim ples $ 2 5 —

E jem p lares firm a d o s $ 100 .—

•

r- *
p u b licació n de arte

e

•

•
•
•
•
A

er. ve n ta en las lib re ría s

ed itorial nueva visiórt

�-muro

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                <text>No. 9</text>
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                <text>Buenos Aires, 1957</text>
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                <text>Derecho público</text>
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                <text>Español</text>
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                <text>Bill, Max&#13;
Goldemberg, Jorge&#13;
Williams, Amancio&#13;
Bullrich, Francisco&#13;
Beretervide&#13;
Acosta y Felici&#13;
Ruiz, J. C.&#13;
Tedeschi, Enrico&#13;
Pirovano, Ignacio</text>
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                    <text>buenos aires/argentína

1955

áji,*A
-.Vr- í ,1

'/i'1'i s'r. %

revista de

cultura visual

artes/arquitectura/diseño ¡ndustrial/tipografía

dirigida por Tomás Maldonado

Josef Albers
El tema del espacio en la pintura actual
Alfredo Hlito

Dos obras y una conferencia
Richard Neutra
Filosofía de la técnica
Max Bense

2 T‘v V ' . v ^ t

:

iÉjsuffi' ■

í-'

'

f e :%up

�oam
s. r. I. cap $ 50.000 ce rrito 1371 / 1er. piso / t. e. 44-2 3 5 7 44-1 340

e s c rito rio de p e tirib í, ta b le ro co n c u e ro ocre,
e s tru c tu ra de a n tic o lo d a l. dise ñ o h. b a lie ro

�revestimientos
decorativos
patentados

FULGET
2° concurso "Fulget”

entre los arquitectos e ingenieros que apliquen
racionalmente Fulget

siempre con el auspicio de la

Sociedad Central de Arquitectos

oIivett i

las bases serán publicadas próximamente y enviadas a
todos los interesados

pida muestras y precios a:

L e x ik o n
L a g ra d u a b le e la s tic id a d d e l ta c to de la
L e x ik o n c o n s tr u id a p o r O liv e tti A rg e n tin a es
una in v ita c ió n a l tr a b a jo v e lo z . La fa c ilid a d
de e m p le o de su s n u m e ro s o s c o m a n d o s ,
la lig e re z a c o n qu e se d e s liz a el c a r r o , la
c a n tid a d de c o p la s que se p u e d e n o b te n e r,
c o n trib u y e n a a u m e n ta r su r e n d im ie n to
y la c o n v ie rte n en una s e g u ra in v e r s ió n .

Fulget Argentina S. R. L.
Marca Registrada - Industria A rgentina
C apita l m$n. 1 .0 0 0 .0 0 0 .-

O liv e tti A r g e n t in a S . A . C . I .

Florida 6 3 3 , 3er. piso, Buenos Aires

BU EN O S A IR ES - San Martín 550 • T. E. 31 -3061

T. E. 3 2 -7 1 9 6 y 3 2 -9 4 3 8

1

�Frank Lloyd Wright
Enrico Tedeschi
El p ro fe s o r E n rico T e d e sch i re a liz a en estas p á g in a s un
co n ciso e s tu d io de la v id a y la o b ra de F ra n k L lo yd
W r ig h t . A tra v é s d e l a n á lis is de sus ob ras m ás re p re s e n ta ­
tiv a s , e l a u to r señ ala con p re c is ió n las c a ra c te rís tic a s
fu n d a m e n ta le s del g e n io c re a d o r de W r ig h t y la la rg a
e v o lu c ió n qu e ha s u frid o desde 1 9 0 0 h a sta nu e stro s días,
d e s ta c a n d o a l m is m o tie m p o el p a p e l fu n d a m e n ta l que
en to d o m o m e n to desem pe ñó en la h is to ria de la a r q u i­
te c tu ra c o n te m p o rá n e a .
C on el o b je to de e v ita r la re p ro d u c c ió n de o b ra s v a s ta ­
m e n te c o n o c id a s y q u e no p o d ría n d o c u m e n ta rs e s u fi­
c ie n te m e n te , este lib ro p resenta en su p a rte f in a l tre s
de las o b ra s m ás c a ra c te rís tic a s de W r ig h t , con re p ro ­
d u c c io n e s en su m a y o ría in é d ita s y con u n a n á lis is d e ta ­
lla d o a c a rg o de l P ro f. T e d e s c h i: la casa A v e ry C o o n le y,
la R obie y la fá b ric a J o h n s o n ............................m $ n . 3 5 .—

Editorial Nueva Visión
C e rrito

1371

/

Bs. A s.

Frente al paisaje que

2

/

T . E. 4 2 - 1 3 4 7

TODOS ADMIRAMOS

�LOPEZ

uenos aires

prelooker

36^

perú

una organización de técnica avanzada al servicio del libro

I M P R E N T A

!a estrecha colaboración
entre el autor,
el editor,
el artista gráfico
y el impresor
convierte el libro
en una obra de arte

3

�nv
nueva visión
revista de cultura visual. Artes, arqui­
tectura, diseño industrial, tipografía.

A p a re c e ca d a tre s meses
D ire c to r: T o m á s

M a ld o n a d o

C o m ité de re d a c c ió n : A rq . H o ra c io B a lie ro ,
A rq . F ra n cisco B u llric h , A rq . J. M . B o rth a g a ra y , E d g a r B a ile y , A lfr e d o H lito , Jo rg e
G o ld e m b e rg

A c a b a de a pa re cer

S e c re ta rio

de re d a c c ió n : J o rg e G ris e tti

A d m in is tr a c ió n y re d a c c ió n : C e rr ito 1 3 7 1 ,
B uenos A ire s , A r g e n tin a , T . E. 4 2 - 1 3 4 7

M ax Bill

La d ire c c ió n no se re s p o n s a b iliz a de los a r ­
tíc u lo s firm a d o s n i d e v u e lv e las c o la b o ra ­
cione s e sp o n tá n e a s.

T om ás M a ld o n a d o

La re v is ta " n v " , n u e va v is ió n , es p ro p ie d a d
de N u e v a V is ió n S .R .L., cap . m f n . 5 0 .0 0 0 .

La in te n s a y m ú ltip le a c tiv id a d re n o v a d o ra de M a x B ill en el
c a m p o de la a rq u ite c tu ra , de la p in tu ra , de la e s c u ltu ra , d e l d is e ­
ño in d u s tria l, de la tip o g r a fía y de la e n se ñ a n za de l a rte , así
c o m o sus m u ch o s tra b a jo s c rític o s y te ó ric o s , lo c o lo c a n en un a
s itu a c ió n p re e m in e n te d e n tro del proceso de la c u ltu r a c o n te m p o ­
rá n e a . A tra v é s de las d iv e rs a s a rte s v is u a le s que p r a c tic a , B ill
p ro c u ra c o n c re ta r u n a c o n c e p c ió n in te g ra l d e l esp a cio , a p e la n d o
p a ra e llo a los m e d io s fo rm a le s de e x p re s ió n a co rdes con las n e ce ­
sid a d e s y v a lo re s de n u e s tro tie m p o . " E n c a d a u n a de m is ob ras,
h a d ic h o B ill, tr a to de lle v a r a la p rá c tic a en u n a d ire c c ió n d if e ­
re n te u n m is m o c o n c e p to de a rm o n ía , a u n q u e o b e d e cie n d o s ie m ­
pre a u n a ley im p u e s ta p o r el c o n c e p to m is m o ".

Sumario:
Jo se f A lb e rs (p . 5 )
El te m a del esp a cio en la p in tu r a a c tu a l,
p o r A lfr e d o H lito (p . 10 )
Dos o b ra s y u n a c o n fe re n c ia , p o r R ic h a rd
N e u tra (p . 1 4 )
F ilo s o fía de la té c n ic a , p o r M a x íB e n s e
(p . 2 5 )
In f o r m a c ió n :
C asa en C o u n try C lu b . A r q .: o .a .m . (p . 2 8 )
P a b e lló n e m 'u n ja rd ín . A rq . A n to n io B one t
(p . 3 1 )
N o ta s y c o m e n ta rio s (p . 3 2 )
B ib lio g r a fía

Representantes en el exterior:
B ra s il: José M a rq u e s G odoy, A v . Ip ira n g a
N&lt;? 8 7 9 , Sao P a ulo
U ru g u a y : N u e v o D iseño , J u a n B e n ito B la n ­
co 1 1 2 2 - 2 6 , M o n te v id e o

C o n te n id o :

T o m á s M a ld o n a d o
M a x B ill
M a x B ill
M a x B ill
M a x B ill

" M a x B i ll "
" L a c o n c e p c ió n m a te m á tic a en el a r te de
n u e s tro tie m p o "
" U n m o n u m e n to "
" E l b a rrio co m o e le m e n to u rb a n o d if e ­
re n c ia d o "
"F o rm a , fu n c ió n , b e lle z a "
E dic ió n de lu jo , e n c u a d e rn a d a en te la ,
con 1 4 8 págs. im presas en p a p e l ilu s ­
tra c ió n , con 9 0 re p ro d u c c io n e s , 1 a c u a ­
tro colores, te x to s en c a s te lla n o , in g lé s,
a le m á n y fra n c é s ........... m $ n . 1 6 5 .—
E je m p la re s n u m e ra d o s, c o n te n ie n d o un a
lito g r a fía a dos co lo re s o r ig in a l de M a x
B ill, fir m a d a p o r el a u to r m $ n . 3 5 0 .— •

Editorial Nueva Visión
C e rrito 1 3 7 1 / Bs. A s. / T . E. 4 2 - 1 3 4 7

4

Se desea el c a n je co n las p u b lic a c io n e s
s im ila r e s : se h a rá n a n á lis is y re súm enes de
los lib ro s y re v is ta s e n v ia d o s a n u e s tra re ­
d a c c ió n .
E xch a n g e w ith s im ila r p u b lic a tio n s is
d e s ire d : th e b o o ks a n d jo u rn a ls s e n t to o u r
E d ito ria l S ta ff w ill be re vie w e d .
O n dé sire l'é c h a n g e avec les p u b lic a ­
tio n s co n g é n é re s : on fe ra des a n a lyse s e t
des résum és des liv re s e t des revues e n v o yés a n o tre ré d a c tio n .
Si d e sid e ra il c a m b io c o lle p u b lic a z io n e
c o n g e n e ri: s a ra n o f a t t i a n a lis i e ria s s u n ti
d e l lib r i e riv is te rim e ssi a lia n o s tra re d a z io n i.
W i r b itte n u m A u s ta u s c h m it a e h n lic h e n
F a c h z e its c h r ifte n : w ir b rin g e n B e s p re c h u n g e n d e r uns e in g e s a n d te n B uech er.

�Josef Albers

Entre la p in tu ra , com o m a te ria , y la p in tu ra a p lic a d a a un cu ad ro , p a ­
re cie ra h a b e r un pequeño paso. Esto, sin e m b argo , sólo es c ie rto v e rb a l
y a u d itiv a m e n te . S ig n ific a un c a m b io de c o lo ra n te a c o lo r.
T o m a d , p o r e je m p lo , el v e rid io puro. M ie n tra s se presenta com o v e rid io p u ro , c o n s titu y e m ero c o lo ra n te , p in tu ra . T a n p ro n to se cu e stio n a
su p u re z a al m e z c la rlo con o tro s colores c a m b ia n d o su tin te o su to n o ,
es d e cir, ta n p ro n to aparece, no del m odo en que tie n d e a p e rm a n e ce r,
sino p lá s tic a m e n te , se tra n s fo rm a de p in tu ra en color.
Este ca m b io es el re su lta d o de la re fe re n c ia . En un c u a d ro , cu a n d o un
co lo r, en un m u tu o d a r y to m a r con o tro s colores o recursos fo rm a tivos, hace más — o ta m b ié n m enos— , q u ie re h a c e rlo in d e p e n d ie n te m e n ­
te. C u a nd o la in te rd e p e n d e n c ia se resuelve en co n tra ste s y a fin id a d ,
am bos fa c to re s en ju e g o pueden ir m ás a llá de una así lla m a d a a rm o n ía .
C on secu en te m e n te, en p in tu ra , las pro pie da de s física s del c o lo r son de
m enos interés que el e fe c to psíquico. Lo que el c o lo r es, interesa menos
que lo que el c o lo r hace.
La p in tu ra es c o lo r a ctu a n d o . A c tu a r es c a m b ia r de c a rá c te r y c o m p o r-

Josef A lbe rs

De

la

serie de grabados a m á q u in a : 'T r a n s ­
fo rm a c ió n de un e squ e m a " (1 9 5 2 ).
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y ork.

De la serie de grabados a m á q u in a : " T ra n s fo r­
m aciones de un e squ e m a ". V in o lite . (1 95 2 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

5

�"S e c lu s io n ".

De la serie de lito g ra fía s "G ra p h ic
T e c to n ic ". (1 9 4 2 )
Cortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

" U - 3 " . De la serie de grabados a m á qu in a so­
bre plá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e stru c­
tu ra le s " . (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

ta m ie n to , h u m o r y “ te m p o ” . Un a c to r hace que nos olvid em os de su
n om bre y de sus rasgos. Nos engaña y a c tú a com o si fu e ra otro.
El c o lo r a c tu a n te y, p o r lo ta n to , a c tiv o , pie rd e id e n tid a d , aparece com o
o tro co lo r, más c la ro o más oscuro, más o m enos intenso, m ás b rilla n te
o más opaco, m ás c á lid o o m ás frío , m ás fin o y liv ia n o o m ás espeso y
pesado, más a lto y cercano o más p ro fu n d o y a le ja d o ; lo opaco se v u e l­
ve tra n s lú c id o , los colores que se ju n ta n aparecen superponiéndose, etc.
C uando el c o lo r a c tú a , nunca podem os d e c ir lo que el c o lo r es.

De la serie de grabados a m á q u in a : " T ra n s fo r­
m ación de un esqu e m a ". (1 9 5 2 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

6

�Josef A lb e rs

n a c ió :

C u rric u lu m V ita e

1888
1 9 1 3 -1 5
1 9 1 6 -1 9
191920
192023

enseñó:

1 9 2 3 -3 3
B a u h a u s, W e im a r , Dessau y B e rlín
1 9 3 3 -4 9
B la c k M o u n ta in C o lle g e , U .S .A .
19495 0 A r t A c a d e m y , C in c in n a ti, C h ic a g o ;
In s titu te , B ro o k ly n , N .Y .
1950-

" U - l " . De la serie de grab a d os a m á qu in a so­
bre p lá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e stru c­
tu ra le s ". (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

"H o m e n a je

al c u a d ra d o ": " M id w a rd " . Caseína
y óleo. (1 95 4 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

B o ttro p , W e s tfa lia

e s tu d ió :

K ó n ig l y K u n s ts c h u le , B e rlín
K u n s tg e w e rb e s c h u le , Essen
K u n s ta k a d e m ie , M ü n c h e n
B a u h a u s, W e im a r

P ra tt

Y a le U n iv e rs ity
C urso s p a ra g ra d u a d o s en U n iv e rs id a d e s de
E .E .U .U . (re p e tid o s en la H a rv a rd U n iv e r­
s i t y ) , M é x ic o , C u b a , S a n tia g o de C h ile , L i­
m a , P erú , H a w a i, H o c h s c h u le f ü r G e s ta ltu n g , U lm , A le m a n ia

v ia jó :

p o r d ive rso s países
A u s tr a lia y Ja p ó n

" U - 4 " . De la serie de g rabados a m á q u in a so­
bre p lá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e s tru c ­
tu ra le s " . (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y ork.

" U - 2 " . De la serie de grabados a m á qu in a so­
bre p lá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e stru c­
tu ra le s " . (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk .

de

E u ro p a ,

A m é ric a ,

�" T la lo c " . X ilo g ra fía . (1 9 4 4 )
Cortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk

N o ta s a d ic io n a le s a l C u rr ic u lu m V ita e

En 1 9 2 0 a b a n d o n é la cla se s u p e rio r de
p in tu r a del p ro fe s o r F ra n z v o n S tu c k en la
A c a d e m ia de M u n ic h e ingresé a l B a u h a u s
de W e im a r , de re c ie n te fu n d a c ió n . C o m e n ­
cé e n to n ce s — a la ed ad de 3 2 años— u n a
ve z m ás desde el p r in c ip io : e ra el m a y o r
de la clase en la que M a rc e l B re u e r era el
m ás jo v e n .
La ra z ó n d e c is iv a p a ra este c a m b io r a d i­
c a l fu é la le c tu ra del p rim e r m a n ifie s to del

B a u h a u s, con el p ro g ra m a de G ro p iu s en
un la d o y una x ilo g r a fía de F e in in g e r
— " C a t e d r a l" — en el o tro . C o n s id e ro que
m i regreso a e stu d io s básicos en esa t a r ­
d ía época ha sido u n a de las m e jo re s d e c i­
siones de m i v id a . D espués de p a s a r tres
años co m o e s tu d ia n te , G ro p iu s me c o n v e n ­
c ió de q u e e n señara a llí. Y co m o coleg a
de K lee y K a n d ín s k y , d e scu b rí que e llos
ta m b ié n h a b ía n sid o d is c íp u lo s de F ra n z
vo n S tu ck.
A l c o n tin u a r m í e n se ñ a n za d u ra n te d ie z
años, p e rm a n e c í e n el B a u h a u s m ás tie m p o

De la serie de grabados a m á qu in a sobre plá s­
tic o
la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e s tru c tu ra le s ".
1 (1 9 5 5 )

* Cortesía de Sidney Janis Gallery, New York.

8

�"C o n s tru c c ió n en n e g ro ". Oleo. (1 9 3 8 -4 3 )
Cortesía de Sidney Janís G a lle ry, New Y o rk.

q u e c u a lq u ie r o tro de sus m ie m b ro s — 1 3
años— , es d e c ir, d u ra n te casi to d a su e x is ­
te n c ia (e x c e p to el p r im e r sem estre después
de su fu n d a c ió n en 1 9 1 9 ) h a sta su c la u ­
sura en 1 9 3 3 .
M u y poco tie m p o después m i m u je r y yo
fu im o s los p rim e ro s lla m a d o s p a ra e n se ñ a r
en los EE. U U . P or re c o m e n d a c ió n de l M u ­
seo de A r te M o d e rn o nos d irig im o s a l B la ck
M o u n ta in C o lle g e , q u e a c a b a b a de cre arse
en N o rth C a ro lin a , d o n d e p e rm a n e c im o s
h a sta 1 9 4 9 , a pesar de las o fe rta s de u n i­
ve rs id a d e s y co le g io s de m ás re n o m b re .

"A l

M o n te

D espués de h a b e r e n señad o en la A r t A c a d e m y de C in c in n a ti, en el P ra tt In s titu te , y
d ic ta d o un curso sobre c ritic is m o en Y a le
y o tr o de v e ra n o en la H a rv a rd G ra d ú a te
School o f D esign en 1 9 5 0 , a c e p té la o fe r ­
ta de la U n iv e rs id a d de Y a le p a ra to m a r
a m i c a rg o la d ire c c ió n d e l D e p a rta m e n to
de D iseño en la D iv is ió n o f th e A rts .
A l m ism o tie m p o q u e e n señab a in te n s a ­
m e n te pu de c o n tin u a r con m i p in tu ra y con
la tip o g ra fía . Desde 1 9 3 5 m is tra b a jo s h a n
sid o e x h ib id o s en v a rio s c ie n to s de e x p o s i­
cione s en A m é ric a y en el e x te rio r.

A lb a n " .

De la serie de lito g ra fía s
"G ra p h lc T e c to n lc ". (1 9 4 2 )
C ortesía de Sidney Janís G a lle ry, New Y o rk.

El o rig e n del a rte :
La d ife re n c ia e n tre el hecho fís ic o y el e fe c to p síquico
El c o n te n id o del a rte :
La fo rm a c ió n v isu a l de n ue stra reacción a la vida
La m ed id a del a rte :
La re la c ió n de e s fu e rzo a e fe c to
La fin a lid a d del a rte :
La reve la ción y la evocación de la v is ió n in te rio r

A lb e rs

9

�El tema del espacio en la
pintura actual
A lfre d o H lito

Laszlo M o h o ly -N a g y : ''C o n stru cció n A 2 0 "

T oda obra de a rte está situ a d a en el espacio pero, adem ás, c o n tie n e es­
p a cio de una c ie rta m anera.
U na e s c u ltu ra de D o n a te llo , lo m ism o que una e s c u ltu ra de R odin o de
Pevsner, se e n c u e n tra n sum ergidas en un espacio com ú n que las e n v u e l­
ve a todas p o r ig u a l. Lo p ro p io acontece con un fresco de Piero della
Francesco, un cu a d ro de Rubens y una p in tu ra de Picasso. Sin em bargo,
un a n á lis is más d e te n id o re ve la ría que cada una de esas obras está p re ­
sidid a p o r una c o n fig u ra c ió n espacial d is tin ta . Es que el espacio no sólo
rodea y envuelve a la obra de a rte , sino que in te rv ie n e en e lla , p r in c i­
p a lm e n te , com o rep re sen ta ció n o, ya que esta p a la b ra puede o rig in a r
un equívoco, com o esquem a visua l.
A q u í me ocuparé so la m e n te del espacio en la p in tu ra y, en especial, de
las a lte rn a tiv a s que ha e x p e rim e n ta d o la n oción de espacio en la p in ­
tu ra de los ú ltim o s años. C onviene co m e n z a r h acien do una a c la ra c ió n
im p o rta n te .
En e sc u ltu ra y ta m b ié n en a rq u ite c tu ra , el espacio asum e de hecho un
rol p ro ta g ó n ic o m a n ifie s to , m ie n tra s que en p in tu ra no o cu rre lo m ism o.
Podemos a p re c ia r las propiedades espaciales de una e s c u ltu ra o de un
e d ific io , sin que se req uie ra para e llo , una m o d ific a c ió n s u b s ta n c ia l de
las co nd icio ne s en las que se c u m p le h a b itu a lm e n te nue stra percepción
del espacio. La p in tu ra , en ca m b io , supone una m o d ific a c ió n p ro fu n d a
de esas condiciones. La razó n de ésto es que el espacio p ic tó ric o sólo
existe p o r m e d ia c ió n del p la n o , es d e cir, de a lg o que, por d e fin ic ió n , c a ­
rece de espacio.
Este hecho c o n fie re de in m e d ia to una s ig n ific a c ió n especial a la noción
de espacio en p in tu ra . Por lo p ro n to , hace pensar en alg o m ás a b s tra c to
e in v e rific a b le que el espacio e s c u ltó ric o o a rq u ite c tó n ic o .
¿Qué s ig n ific a d o tie n e , entonces, la p a la b ra espacio a p lic a d a a un
cuadro?
R efe rid a a una p in tu ra del pasado, esta p re g u n ta puede ser co nte sta da
d icie n d o que espacio, es la sensación de p ro fu n d id a d o de a tm ó s fe ra
que el p in to r ha q u e rid o c re a r sobre la te la . Esto no o fre c e d ific u lta d e s ,
salvo el hecho de que la clase de espacio que el p in to r se ha propuesto
o bte ne r, no reúne n in g u n a de las propiedades del espacio real. Sin e m ­
bargo, este pseudoespacio ha resu ltad o, d u ra n te v a rio s siglos, a b s o lu ta ­
m ente co n v in c e n te para el e s p íritu . La co nve nción ó p tic a que nos p e r­
m ite " v e r " espacio donde no e xiste, depende e x c lu s iv a m e n te de cie rta s
relaciones que el p in to r ha e sta b le cid o sobre la te la . Estas relaciones no
son el resu lta d o de la im ita c ió n espontánea de un m odelo e x te rio r. El
espacio p ic tó ric o del R e n a c im ie n to fu é , com o se sabe, una c o m p lic a d a
c o n stru c c ió n del e s p íritu en la que lo real e n tra b a sólo b a jo la fo rm a de
a p a rie n c ia . T a n c o m p le jo era el sistem a de a b straccio ne s que m a n e ja b a
entonces el p in to r, que q u iz á s era a esto a lo que se re fe ría Leonardo,
al d e c ir que la p in tu ra era de n a tu ra le z a m e n ta l.
Si a h o ra nos volvem os h acia una p in tu ra a b s tra c ta o c o n c re ta , ¿qué s ig ­
n ific a d o tie n e a q u í la p a la b ra espacio? N o hay fo rm a de c o n te s ta r a
esta p re g u n ta con la m ism a s im p lic id a d de la a n te rio r. Es h a b itu a l re­
c u rrir, en casos com o éstos, en que carecem os de nociones lo s u fic ie n te ­
m en te in tu itiv a s , a correspondencias to m a da s del p e n s a m ie n to c ie n tíf i­
co o filo s ó fic o . C onsidero que lo m e jo r será que pensemos lo menos
posible en té rm in o s de co rrespondencias y que, a fa lta de una c la rid a d
m ayor, tra te m o s de conservarnos d e n tro de los lím ite s de la p in tu ra . El
te m a del espacio se e n c u e n tra , en e fe cto , ta n im p re g n a d o de m a g ia v e r­
bal, que ya resu lta im p o sib le saber cuáles son sus e q u iv a le n te s reales
en la e x p e rie n c ia . Para algunos, la p in tu ra a c tu a l tie n d e , después del
cu bism o , a p ro m o ver un nuevo espacio p ic tó ric o se m e ja n te, en p e rm a ­
nencia y e fic a c ia , al espacio de la p in tu ra del R e n a cim ie n to . N o me e n ­
cu e n tro en cond icio ne s de a firm a r ta n to . M i p ro pó sito será m ás m odes­
to ; me re fe riré e x c lu s iv a m e n te al p ro b le m a del espacio en re la c ió n con
los presupuestos p la n is ta s de la p in tu ra que sig u ió al cubism o. A n te s
m encionam os el hecho de que el espacio p ic tó ric o del R e n a c im ie n to h a ­
bía resu ltad o co n v in c e n te d u ra n te va rios siglos. En el siglo X I X , era ya
una su pe rvive ncia. Lo que en sus co m ienzos h abía sido una a m b icio sa
a v e n tu ra del e s p íritu , la de re d u c ir to d a la v a rie d a d de los fenóm enos
p e rce p tib le s a un sistem a de relaciones bien ordenadas, te rm in ó en un
c o n ju n to de recetas y de tru co s, conservados y tra n s m itid o s por las a c a ­
dem ias del s ig lo pasado. Fueron los im p re sio n ista s quienes, al rebelarse
c o n tra la d ic ta d u ra del "tro m p e l'o e il" co m e n za ro n a p ra c tic a r una p in ­
tu ra más honesta, d ire c ta y sin truco s, con lo cu al c o n firie ro n un nuevo

10

�Pablo Picasso: "D esnudo'

Sassetta: "L a s exequias de San A n to n io "

v a lo r a la s u p e rfic ie de la te la . A u n cu an do ellos y los p o s t-im p re s io n is tas, c o n tin u a ro n tra b a ja n d o d e n tro del m arco p ic tó ric o tra d ic io n a l, y sus
p in tu ra s conservan espacio y a tm ó s fe ra , el "tro m p e l'o e il" quedó, des-'
de entonces, d e fin itiv a m e n te id e n tific a d o con la p in tu ra p a sa tista in c u l­
cada por las academ ias. A raíz de esto, se e lim in ó del cu a d ro una de
las fo rm a s más im p ura s y g ra n d ilo c u e n te s del espacio p ic tó ric o .
El fa u vis m o , al a c e n tu a r más aún el s e n tim ie n to de lib e rta d del a rtis ta
fre n te a la te la , se despreocupó en a b s o lu to de los problem as v in c u la d o s
con el vo lu m e n y la p erspe ctiva, que eran las expresiones más típ ic a s y
constantes del espacio p ic tó ric o tra d ic io n a l. Con los cubistas, el p ro b le ­
ma del espacio asum e una im p o rta n c ia m ayor, porque está re fe rid o a
un in te n to de índole más co nscien te ; el in te n to de re e m p la z a r el esque­
ma ó p tic o en el que se basó toda la p in tu ra a n te rio r, por una ó p tic a
nueva, p ro pó sito éste, que ta m b ié n p ers ig u ie ro n los fu tu ris ta s .
El espacio p ic tó ric o , despojado de casi todos sus a trib u to s , tie n d e h acia
una e sq u e m a tiz a c ió n cada vez m ayo r, pero resu lta reconocible en la su­
gestión de a tm ó s fe ra que conservan to d a v ía los cuadros cu bista s y las
p rim e ra s p in tu ra s a b s tra cta s co nte m p o rá ne as del cubism o.
La situ a c ió n creada a la p in tu ra por la e x p e rie n c ia del cubism o, c o n d u ­
jo a a lgunos a rtis ta s a re sca tar el p la n o de to do esquem a ó p tic o p re ­
concebido. C oncluye ro n que el in te n to de c o n c ilia r un fe nó m e n o de n a ­
tu ra le z a espacial con las c'os dim ensiones de la te la c o n s t it u í una
negación de las propiedades reales del plano. Este asum e con el neop la s tic is m o , el v a lo r de una re a lid a d su b sta n cia l y co ncreta .
El presupuesto p la n is ta de esta nueva p in tu ra im p lic a b a , entonces, una j
solu ción n e g a tiv a al p ro ble m a del espacio. Si los im p resion istas se h a - i
bían c o n te n ta d o con a b o lir el "tro m p e l'o e il" , los n eo plasticista s se p ro ­
pusieron la a b o lic ió n de todos a qu ellos recursos p ic tó ric o s a los cuales
se asociaba el espacio, en v irtu d de una tra d ic ió n ó p tic a s e c u la r: el c la ­
roscuro, la p ro fu n d id a d , etc. Su ideal fu é el de una p in tu ra p la n a y sin
.atm ósfera. Todos los elem entos p ic tó ric o s debían ceñirse a este ide al;
debían ser elem entos que p a rtic ip a ra n de la n a tu ra le z a del p la n o : b a n ­
das re ctilín e a s, p a rtic ió n o rto g o n a l de la s u p e rfic ie y planos de co lo r
p e rfe c ta m e n te dete rm ina do s.
El re q u is ito p la n is ta llevado a sus ú ltim a s consecuencias co n d u jo , e ntre
nosotros, a p ra c tic a r una d e s in te g ra ció n del p lano. C onsiderábam os, en
1946, que el n e o -p la s tic is m o no c o n s titu ía una solu ción e fe c tiv a al p ro ­
b lem a del espacio. M ie n tra s el c u ad ro co nsistiera en un p la n o sobre el
cual se inscribiesen form as, el espacio p a rtic ip a ría co nsta ntem en te en
él para c re a r una s itu a c ió n a m b ig u a e ilu so ria . Con la fin a lid a d de des­
a lo ja r este ú ltim o residuo espacial, se pensó en c o rp o riz a r los e le m e n ­
tos p ictó ric o s y a b a n d o n a r la te la com o soporte. A lg u n a s de nuestras
p in tu ra s de entonces consistían en c o n ju n to s com puestos por planos de
color, separados e n tre sí, de ta l m odo que el espacio p a rtic ip a b a re a l­
m ente en la com posición de la obra. Pero com o esos planos se e nco n ­
tra b a n a un m ism o nivel y el c o n ju n to e xig ía ser v isto com o un cuadro,
se o rig in ó una nueva d ific u lta d . Las paredes a las cuales se fija b a n esas
p in tu ra s , a sum ían , de in m e d ia to , la fu n c ió n ó p tica que c u m p lía antes la
te la , con lo que el fondo reaparecía nuevam ente. Esos o bjetos p a r tic i­
paban ta n to de la p in tu ra com o de la e scu ltu ra , pero sin lle g a r a poseer
una coherencia p ropia.
Si m en cio n o esta e xp e rie n cia , que alg un os de nosotros abandonam os por
co n sid e ra rla in s a tis fa c to ria , es porque s irv ió al m enos para p ro b a r que
el re q u is ito p la n is ta no podía ser llevado más a llá de cierto s lím ite s sin
c o lo c a r a la p in tu ra en una s itu a c ió n sin salida.
Sin em bargo, el m a n te n im ie n to de este re q u is ito iba a p ro p o rc io n a r el
orden de ¡deas que p e rm itiría in tro d u c ir nue vam en te la noción de espa­
cio en la p in tu ra , pero esta vez con un signo positivo.
Los n e o -p la s tic is ta s e v ita ro n e ncontrarse con el espacio porque en sus
cuadros h abían m o d ific a d o el sistem a de com posición p ic tó ric a tr a d ic io ­
nal. Lo que lla m o com posición tra d ic io n a l es sólo una s im p lific a c ió n
v e rb a l; sé m uy bien que la com posición del c u ad ro ha sido basta nte v a ­
riada en el pasado pero, en lo esencial, el c u ad ro fué concebido siem pre
com o un o rg an ism o y la com posición se p ra c tic a b a desde los bordes de
la te la hacia adentro. El n eo -p la sticism o , por el c o n tra rio , se propuso
c o n ce b ir el cu a d ro más com o un fra g m e n to que com o un organism o.
Con esta fin a lid a d h iz o que el tem a — reducido a un e nreja do line al y
planos de co lo r— a ba rca ra p o r igu al toda la s u p e rfic ie de la te la . Los
n eo -p la sticista s e lim in a ro n el ce n tro de com posición que, hasta el c u b is ­
mo, había c o in c id id o casi siem pre con el eje del cuadro y desplazaron

11

�P icro d e lla

Francesco: " L a

fla g e la c ió n "

la co m p osición h a cia los bordes. Se p ro p u sie ro n , adem ás, e lim in a r to da
d is tin c ió n e n tre el te m a y las zonas vacías, por m ed io de una e q u iv a le n ­
cia co n sta n te . El cu a d ro no p re sen ta ba , de este m odo, zonas destacadas,
a expensas ce zonas n e u tra s ; lo que se veía en él, era el fra g m e n to de
un te m a su scep tible de p ro lo n g a rse in d e fin id a m e n te .
Si hacem os excep ció n de los tem as y de las d ife re n c ia s de in te n c ió n e x ­
p resiva, podem os e n c o n tra r a n te ced e nte s de esta co m p o sició n en la p in ­
tu ra del pasado. En las ta b la s y en los frescos del 3 0 0 y del 4 0 0 , h a lla ­
rem os fá c ilm e n te re m in is c e n c ia s n e o -p lá s tic a s : la m ism a p a rtic ió n o r ­
to g o n a l del p la no , zonas de c o lo r bie n d e fin id a s y, en g e n e ra l, la fa lta
de ese e le m e n to c irc u n d a n te y u n ific a d o r que lla m a m o s a tm ó s fe ra .
M ie n tra s todas las líneas fu e rz a s de un c u a d ro , flu y e n h a cia los bordes
y se expresan en él, el c a rá c te r p la n o de la p in tu ra parece p re va le ce r
sobre c u a lq u ie r o tro . Esto, a p ro x im a d a m e n te , va le ta n to p a ra un c u a ­
dro de M o n d ria n , com o p ara un fresco de M a s s o lin o o de Piero d e lla
Francesa. W o lf f lin h abía v is to con sa ga cid ad , que el e fe c to de p ro fu n ­
d id a d en la p in tu ra no ha sido consecuencia d ire c ta de la in tro d u c c ió n
de la p e rsp e ctiva , sino del c a m b io que se p ro d u jo cu a n d o el te m a se
desp re nd ió de los bordes, y co m e nzó a d e sa rro lla rse a p a r tir de un p u n ­
to s itu a d o en el in te rio r de la te la . Esto, según W o lf f lin , es lo que c a ­
ra c te riz a ría luego a la c o m p o sició n barroca.
Sin in fe r ir de esto una co rre sp o n d e n cia e s tric ta co m p ro b a m o s que a lg o
se m e ja n te o c u rrió con otros m o v im ie n to s m odernos que p a rtie ro n de una
ren ova ción del p la n o , s e m e ja n te a la de los n e o -p la s tic is ta s . Lo que d is ­
tin g u e , en e fe c to , al s u p re m a tis m o y al c o n s tru c tiv is m o p ic tó ric o , es que
reso lvie ro n de m a n e ra d is tin ta la re la c ió n e n tre el te m a y la s u p e rfic ie
del cu ad ro . A l c o n tra rio de los n e o -p la s tic is ta s , no co m p u s ie ro n sus c u a ­
dros p o r m ed io de p a rtic io n e s , sino que co nse rva ro n la c o n tin u id a d del
p la no . C onservaron ta m b ié n el te m a pero sin re fe re n c ia s a p a re n te s con
los lím ite s del cu ad ro . De este m odo sus com p osicion es p arece n flo ta r
en un m e d io flú id o y sensible a las v a ria c io n e s del c o lo r y a la posición
re la tiv a de los elem entos. Sus com posiciones, adem ás, no están p re s id i­
das p o r el c rite rio e s tá tic o de e q u ilib rio , basado en la co m p en sació n de
las d is tin ta s zonas del cu ad ro . Esas p in tu ra s se c a ra c te riz a n p o r un c ie r ­
to e q u ilib r io in e sta b le del te m a con re la c ió n al vacío. Este fu é c o n s id e ­
rado p o r ellos, com o tra n s m is o r de m o v im ie n to y ene rg ía , de a tra c c ió n
y de rep ulsión . La ¡dea de que los e le m e n tos p ic tó ric o s se c o m p o rta n en
el p la n o com o si o b e d e cie ra n a un o c u lto m a g n e tis m o , fig u ra ya en los
títu lo s de las com p osicion es de M a le v itc h de 1914. Sin e x p e rim e n ta r las
consecuencias p a ra liz a n te s de un p la n is m o o rto d o x o , o tros p in to re s e x ­
p lo ra ro n m ás lib re m e n te las p o s ib ilid a d e s del p la n o renovado.
A lg u n o s , com o A lb e rs y M o h o ly , u tiliz a ro n nuestros h á b ito s de " le c t u ­
r a " e s p a c ia l, p ara p ro d u c ir en el p la n o s itu a c io n e s de sign o a m b iv a le n ­
te ; el p rim e ro , p o r m ed io de un em p le o o rig in a l de la p e rs p e c tiv a y el
segundo, por superposiciones y tra n s p a re n c ia s . El p ro p io M a le v itc h c o m ­
puso a lg u n o s de sus cuadros, con fo rm a s de ta m a ñ o re la tiv o d is tin to ,
con lo que logró c re a r situ a c io n e s , en las que lo m ás g ra n d e y p ró x im o
a lte rn a s im u ltá n e a m e n te , con lo m ás peq ue ño y a le ja d o .

P iet M o n d ria n : "C o m p o s ic ió n A . 1 9 3 2 "

12

C asim iro M a le v itc h : "C o n s tru c c ió n s u p re m a tis ta "
(1 9 1 3 )

�Pablo R ubens: " L a

erección de la c ru z "

C asim iro M a le v itc h : "C o n stru cció n s u p re m a tis ta "
(1 9 1 7 )

La p in tu ra , después de p ra c tic a r un rodeo, parece busca r n ue vam en te
una re c o n c ilia c ió n con todos los recursos p ic tó ric o s , pero d iso cián do los
de la s ig n ific a c ió n trid im e n s io n a l que te n ía n antes. Los fe nó m e n os es­
p aciale s que p re se n ta n estas p in tu ra s , p ate ntes para la in tu ic ió n , son,
sin e m b argo , d ifíc ilm e n te e x p lic a b le s . N o sabem os si esto obedece a que
estos fenó m e n os son to d a v ía nuevos p ara la e x p e rie n c ia , o a que la n o ­
ción de espacio resu lta ya in s u fic ie n te y c o n ve n d ría re e m p la z a rla por
una n oción m enos in tu itiv a .
A n te una p in tu ra de M a le v itc h que co nsiste en un solo tra z o e sfu m a d o
sobre el fo n d o b la nco , o a n te una p in tu ra de V a n to n g e rlo o , re d ucid a a
una a g ru p a c ió n de p un tos d im in u to s , la p ro p o rc ió n casi in fin ite s im a l de
estos e lem entos, es s u fic ie n te para c re a r en nosotros una s itu a c ió n es­
p a cia l ta n inten sa, que nos o p rim e la ¡dea de no poder e xp re sa rla más
que por a p ro x im a c io n e s in tu itiv a s . Estos fenó m e n os poseen, sin duda,
una base p s ic o ló g ica real no bie n a c la ra d a to d a vía . A c tú a n a llí, s e g u ra ­
m ente, asociaciones im p líc ita s de n ue stra e x p e rie n c ia de lo in c o n m e n ­
su ra ble , e x p e rie n c ia que hem os pod id o o b te n e r de la c o n te m p la c ió n de
un cie lo e s tre lla d o o de c ie rta s fo to g ra fía s del m u n d o de lo in v is ib le . N o
sabem os si la noción de espacio será fin a lm e n te conservada en la in te r ­
p re ta c ió n de estos hechos, a u n q u e es e v id e n te que, por a h o ra , se e n ­
c u e n tra re d u cid a al n ive l de lo p sico lóg ico .
Pero si no conocem os con e x a c titu d la clase de espacio que se m a n ifie s ­
ta en esas p in tu ra s , sabemos, al m enos, que el p la n o ha a d q u irid o con
ellas una d im e n s ió n d is tin ta .
La e s tim a c ió n del v a lo r del p la n o en la p in tu ra ha pasado, com o hem os
visto , p o r una serie de a lte rn a tiv a s . M e ro soporte en la p in tu ra a c a d é ­
m ica del s ig lo pasado, rescatado por los im p re sio n ista s, asum e, después
del cu bism o , el v a lo r de una re a lid a d s u b s ta n c ia l y c o n c re ta , para c o n ­
ve rtirs e , de nuevo, en a g e n te c o n d u c to r de fenó m e n os sin m a te ria lid a d
a p a re n te .
¿Cuál es la n a tu ra le z a de este a ge nte ta n v e rs á til? ¿Cómo es posible que
el p la n o , p e rm a n e c ie n d o id é n tic o a sí m ism o, haya sido, no o b sta n te , el
v e h ícu lo m ás fle x ib le , m e jo r a d a p ta d o , m ás d ú c til para plegarse a to do
lo que se ha q u e rid o e xpresa r por su in te rm e d io ?
N i el p la n o soporte, ni el p la n o o b je to , c o n s titu y e n respuestas a d e c u a ­
das a esta p re g u n ta . Lo p rim e ro supone a d ju d ic a r to d o el v a lo r a la im a ­
gen; esto es lo que sustenta el rea lism o n a tu ra lis ta . Lo segundo supone
a d ju d ic a r todo el v a lo r al p la n o , lo que es ta m b ié n un rea lism o, pero
a la inversa.
Er equívoco del rea lism o consiste en cree r que se p a rte de un m od elo e x ­
te rio r, y no de las m o d ific a c io n e s a que se som ete al p la n o para a lc a n ­
z a r ese m odelo. Este equívoco se su sten ta en la cre e n cia de que los m e ­
dios expresivos se d is tin g u e n de las fin a lid a d e s expresivas. Esto e x p lic a
ta m b ié n el c a rá c te r p a s a tis ta del rea lism o p ic tó ric o a c tu a l.
Eí equívoco del p la n is m o consiste en c re e r que se p a rte del p la n o , y no
de las m o d ific a c io n e s a que se lo som ete para e xpresa r lo que el a rtis ­
ta se propone.
En am bos casos, el p la n o está a hí y es necesario c o m e n z a r por m o d ifi­
ca rlo . N u n c a la te la ha sa lid o in ta c ta de las m anos de un p in to r, ni aún
cu a n d o éste se propuso co nse rva r lo que conside rab a esencial en e lla :
las dos dim ensiones.
; La p in tu ra es la a de cu a ció n recíproca del p la n o y de la im a g e n / J\|¡ la
f im a g e n es im p ue sta al p la n o , ni el p la n o d e te rm in a a la im a ge n más
que com o fa c to r c o n c u rre n te de las c a lid a d e s p ic tó ric a s de esta ú ltim a .
La im agen es el c o n ju n to de las m o d ific a c io n e s del p la n o y lo que lia - '
m am os espacio es el resu ltad o, .en la in tu ic ió n , de esas m o d ific a c io n e s .
Las propiedades del p la n o son las p ropiedades de la im agen que se m a ­
n ifie s ta n en él.
La ú n ica p ro p ie d a d observable del p la n o , que posee a lg u n a g e n e ra lid a d ,
es la de ser m o d ific a b le . P ropiedad ésta, que depende más de las c o n ­
venciones del e s p íritu y de la c u ltu ra , que de su n a tu ra le z a m a te ria l.

&lt;AAY

13

�Dos obras y una conferencia
R ich a rd N e u tra

La d e lica d a filig ra n a de la a rm a zó n de acero,
re cortad a co n tra el lum inoso cielo de C a lifo rn ia ,
se a bre generosam ente para e n m a rca r la vista
de la m o n u m e n ta l "R o ca del A g u ila " (C lub de
re crea m ien to en Eagle R o ck).

14

T re in ta años de m i vida he em p le a do en la lucha p o r la a c e p ta c ió n de
los m edios co nte m p o rá ne os en la a rq u ite c tu ra . Si c o n te m p la m o s las c iu ­
dades de Essen, A le m a n ia ; San Pablo, B ra sil; C aracas, V e n e z u e la ; C ha nd ig a rh , In d ia ; el p ro b le m a parece a m p lia m e n te resuelto.
T a l vez sea u rg en te ahora un período s im ila r de esfuerzos para o b te n e r
una idea general y m uy d e ta lla d a de cuáles pueden ser los p rin c ip a le s y
verdaderos progresos fu tu ro s . Es necesario te n e r en c u e n ta las p ro p ie -

dades fis io ló g ic a s del h om bre, que d e te rm in a n sus reacciones y que d e ­
berán p o r lo ta n to d e te rm in a r el diseño del m edio h a b ita b le , del que la
vid a sa lu d a b le y la su pe rvive ncia de la especie dependen. La s u p e rv iv e n ­
cia del h om bre no se basa sola m e n te en la a de cu a ció n al m edio, com o
o curre con el resto del m undo o rg á n ico . Depende m uch o m ás de la a d e ­
cu a ció n de un m un do de a rte fa c to s diseñados a nuestras p o s ib ilid a d e s
y necesidades b io lóg ica s, estab lecida s a lo la rg o de m ile n io s. La c o m ­
pre nsió n de lo que puede y lo que no puede ser a lte ra d o en el h om bre,

�R ichard

N e u tra

&lt;

1 Ver " n v " n9 7, sec. b ib lio g ra fía .

la m u je r y el n iñ o es, en c u a lq u ie r p a rte del g lo bo , el p re rre q u is ito de
un diseño seguro y s a lu da ble .
Es bueno observar las escalas de respuestas in d iv id u a le s . E vid en te m e nte,
ta m b ié n es bueno observar las d e te rm in a n te s g e o g rá fic a s y c lim á tic a s
que m o lde a n los estilos específicos de v id a de los hom bres. Pero hay un
com ún d e n o m in a d o r de c a rá c te r más g en eral p ara la fis io lo g ía de la especie en n ue stro sistem a nervioso. Este deberá ser a te n d id o m in u c io s a ­
m en te p o r los diseñadores y rediseñadores perpetuos del h a b ita t h u m a ­
no y del m un do en que v iv im o s , en esta era de c ie n c ia a p lic a d a y, en
g e n e ra l, de te c n o lo g ía in d u s tria l m u n d ia lm e n te d e sa rro lla d a .
"P ro g re s o té c n ic o " es una d e n o m in a c ió n engañosa, com o lo es " e l a d ­
v e n im ie n to del a u to m ó v il", porque tenem os no uno, sino m illo n e s de
a u to m ó vile s, y no uno, sino a c c id e n ta le s m illo n e s de "p ro g re s o s ", que
se a b o lla n los g u a rd a b a rro s y se nos aparecen en p erpe tu a c o lis ió n , m o ­
lestándonos eno rm em e nte .
Los a rq u ite c to s , diseñadores y p la n ific a d o re s m odernos te n d rá n que t r a ­
b a ja r de m odo a lg o d is tin to al de los a rq u ite c to s , diseñadores y p la n if i­
cadores del pasado. Estos sentían c u rio s id a d por lo que era la c ie n c ia de
sus días y estaban m uy interesados en e lla . Sin em bargo, ni aun el g ra n
A ris tó te le s te n ía nuestra p o s ib ilid a d de leer la m u ltitu d de tra b a jo s p e ­
n e tra n te s de in v e s tig a c ió n que aparecen en las p u b lic a c io n e s c ie n tífic a s
de todas partes del m un do , y que e lu c id a n , cada año más, aspectos de
la n a tu ra le z a d in á m ic a del hom bre. Todos nuestros procesos orgánicos
pueden p e rm a n e c e r en un e q u ilib rio m ila g ro s a m e n te a rm on ioso o ser e n ­
te ra m e n te p e rtu rb a d o s p o r un h a b ita t diseñado ina de cua d am en te .
El log ro más c o n s tru c tiv o del progreso h u m a n o no es el que se re fle ja
en los avisos a to d a p á g in a de nuevos m a te ria le s y equipos, ni en la
c h a rla persuasiva para ve n d e r los m iles de a rte fa c to s o b te n ib le s en m e n ­
sualidades. Reside en el c u m p lim ie n to s is te m á tic o y c o n s ta n te m e n te m e ­
jo ra d o del v ie jo consejo filo s ó fic o de conocer al h om bre p ara poder ser­
v irlo . Esto deberá saberlo a c ie n c ia c ie rta el lú c id o d ise ñ a d o r del m añ an a.
El área del c o n o c im ie n to de la n a tu ra le z a h u m a n a re c ie n te m e n te e x p lo ­
rado es vasto, p o r c ie rto , y de una u o tra m an e ra , todos los dem ás co n o ­
c im ie n to s de n ue stro tie m p o se le re la c io n a n y abreva n en él para ser
s ig n ific a tiv o s .
"S u p e rv iv e n c ia m e d ia n te el d is e ñ o " 1, esos c u a re n ta y siete ensayos es­
crito s a lo la rg o de m uchos años, y que la O x fo rd U n iv e rs ity Press p u b li­
có ta n fie lm e n te , tra ta de los p ro ble m a s a qu í m encionados. Esos ensayos
han sido tom ados y c ita d o s m uy a m en ud o en la co le cción in fo rm a l de
a rtíc u lo s que m ech an el nuevo lib ro de ilu s tra c io n e s cuya p re p a ra c ió n
está re a liz a n d o A le x a n d e r Koch en S tu ttg a rt. M r. Koch cree que las v i ­
viendas son las que m e jo r pueden ilu s tr a r el s e rvicio de la a rq u ite c tu ra
a la ca p a cid a d h um a n a de re a c c io n a r a n te el m ed io , m olde a da y c o n ­
d ic io n a d a a lo la rg o de un c ic lo v ita l que va desde la in fa n c ia hasta una
edad a va n za d a de m a d u re z c o n te m p la tiv a . Este c ic lo v ita l es más c o ­
m ún a h o ra que en n in g ú n m o m e n to del pasado a n tro p o ló g ic o . M r. Koch,
en re p re sen ta ció n de una a n tig u a fir m a europea interesa da en a rq u i­
te c tu ra , pensó so m e ter su lib ro al p ú b lic o del c o n tin e n te europeo com o
una c o n trib u c ió n a m e ric a n a que p u d ie ra te n e r a lg ú n v a lo r a los ojos de
la gente c o n d ic io n a d a por v ie ja s y siem pre v iv ie n te s tra d ic io n e s .
C om o lo he señalado in extenso en o tra p a rte , in d u d a b le m e n te existe a l­
go o rg á n ic a m e n te fu n c io n a l en el d e v e n ir de la tra d ic ió n . Reside en los
té rm in o s c o rrie n te s de la fis io lo g ía nerviosa y es m u y su scep tible de ser
d e fin id o . El h á b ito y la h a b itu a c ió n pueden ser observados en c u id a d o ­
sos e xp e rim e n to s de la b o ra to rio , en vez de v a g a m e n te d iscu tido s, a la ­
bados o d e n ig rad os desde un p u n to de v ista m o ra l.
La a rq u ite c tu ra m oderna de hace una g e n e ra ció n tu v o sus fu e rte s te n ­
dencias m eca nicista s, heredadas de un s ig lo de a p lo m a d o " m a te r ia lis ­
m o ". Las ce rte zas del fa m o so " K r a f t und S t o ff " (F u e rza y M a te ria ) de
B uckner, p u b lic a d o hace m ás de cien años, no son ya nuestras certezas,
en la era p o s t-e in s te n ia n a de re la tiv id a d y u n ific a c ió n . El seductor des­
file de la " H is to r ia del M a te r ia lis m o " de Lange, después de tres g e n e ­
raciones, ya no nos a tra e , porque hem os superado el siglo X IX .
M ie n tra s que siem pre hub o ley y orden en la tra d ic ió n e s p iritu a l soste­
nid a de m odo c o le ctivo , para nosotros una ley o rg á n ic a deberá ser co ns­
ta n te m e n te p e n e tra d a para lo g ra r el orden sobre la a rb itra rie d a d , en el
diseño de un m ed io que se to rn a cada vez más peligroso. El esplendor de
im a g in a c ió n p lá s tic a desplegado en la azote a de la " U n ité d 'h a b ita t io n " de M a rs e lla o las e s tru c tu ra s del te cho del a la Este de la C orte
Suprem a de C h a n d ig a rh (Le C o rb u s ie r), puede ser c o n tra s ta d o con el

15

�e splendor d ife re n te de la re p e tic ió n g e o m é tric a , a d m ira b le c o n tu n d e n c ia
y co h e re n cia de los esqueletos cúbicos de M ie s van der Rohe. Para el
estudioso de la a rq u ite c tu ra m oderna resu lta d ifíc il o rie n ta rs e e n tre es­
tos co ntrastes co ntem poráneos. Las a rb itra rie d a d e s de c o m p lic a c ió n e
irre g u la rid a d , p o r una p a rte , y de re g u la rid a d y s im p lific a c ió n , por la
o tra , pueden ser e xp lo ra d a s y v e rific a d a s en té rm in o s c o rrie n te s , a d ife ­
rencia de lo que puede ser observado com o e xp e rie n c ia s c o n tro la d a s e x ­
p e rim e n ta lm e n te e in te rp re ta d a s a través de m in ucio sas inve stiga cion es
e le m e n tale s de d in á m ic a ce re bral.
Es d ifíc il p re se n ta r en fo rm a sim p le un c o n ju n to , por pequeño que sea,
de la p o lifa c é tic a m u ltitu d de h a lla z g o s fis io ló g ic o s que rep re sen ta n la
m a yo r c o n q u is ta de nuestros días. En los ensayos fu tu ro s , tra ta ré de su­
p erar, en este aspecto, los p ub lica d o s p o r O x fo rd , y d irig iré la a te n c ió n
de m odo e sq u e m á tico a c ie rta s fa ce ta s y pun tos de c o n ta c to de la vid a
d ia ria , ta l com o acon tece n en la casa más sim p le en lo re fe re n te a los
hechos duraderos de la fis io lo g ía a n tro p o ló g ic a .
Pero considerem os p o r un m o m e n to cóm o e x p e rim e n ta m o s la casa más
sim ple. Nos acercam os a e lla después de h a b e r e stacio na do el coche en
el cordón de la vereda. Recorrem os el sendero de e n tra d a re cib ie n d o un
rico c o n ju n to de im presiones sensoriales, procedentes de las e x h a la c io ­
nes a ro m á tic a s de la v id a m ic ro b ió tic a de la tie rra , del césped, y del
p e rfu m e de los a rbustos del ja rd ín del fre n te , alg un os de los cuales p u e ­
den e sta r flo re c id o s m ie n tra s otros p ie rd e n sus h ojas y las a ba nd on an
a la descom posición. D u ra n te todo este tie m p o , una leve brisa de una u
o tra d ire c c ió n es una m a n ife s ta c ió n p e rc e p tib le del m ic ro c lim a . La e va ­
p o ra ció n de la hum ed ad de las partes expuestas de nue stra p ie l, por
e je m p lo , de la ca ra y las m anos, nos in fo rm a ta n to sobre la escena en
que nos e nco ntra m o s, com o los p e rfu m e s antes m encionados, o los in fo r ­
mes nerviosos de la m u s c u la tu ra de nuestros pies y piernas, m ie n tra s
ca m in a m o s y ascendem os unos pocos escalones hasta la e n tra d a . Sin e m ­
bargo, lo más a g u d a m e n te co nscien te es n uestra im p resión v isu a l de la
casa que "ve m o s no m e ra m e n te para v e r" , sino "p a r a a c tu a r en re la ­
ción a la v is ió n ". M ie n tra s nos acercam os, leva ntam os la cabeza para
c o m p ro b a r la n u m e ra c ió n de la casa y p o sib le m e n te echam os un v is ta z o
al techo, a su s ilu e ta reco rtad a c o n tra el c ie lo y su c o n fig u ra c ió n . M ie n ­
tra s in c lin a m o s la cabeza h a cia a rrib a , las operaciones de e q u ilib rio y
co rtic a le s de nue stro oído in te rio r fu n c io n a n in m e d ia ta m e n te y c o m b i­
nan el re g is tro c o m p le jo de la p osición de nue stro cu erpo con la visión
pura y sus perspectivas siem pre c a m b ia n te s . G iram os los ojos por m edio
del c o m p le jo in s tru m e n ta l m u s c u la r de nuestras ó rb ita s , in s tru m e n ta l
v in c u la d o in trín s e c a m e n te y por conexiones nerviosas con el g ira r e in ­
c lin a r la cabeza.
Todas estas observaciones d e s c rip tiv a s se re fie re n a im presiones de los
sentidos; m uchas o tra s se c o m b in a n c o n tin u a m e n te "fu n d ié n d o s e estere o g n ó s tic a m e n te ", com o d ice n los fisió lo g o s. En n in g ú n m o m e n to u sa ­
mos un solo se ntid o, sino que m illo n e s de rece ptá cu lo s sensoriales están
s im u ltá n e a m e n te en a cció n, conectados con el área nerviosa c e n tra l, en
el cerebro su p e rio r y m edio e spe cia lm e nte, donde, por la d in á m ic a n e r­
viosa de e x c ita c ió n e in h ib ic ió n , por la d ifu s ió n de irra d ia c ió n y del fe ­
nóm eno a n ta g ó n ic o de in d u c c ió n , un m eca nism o tre m e n d a m e n te c o m ­
p le jo y una ve lo císim a a c tiv id a d son puestos en a cció n a travé s de todos
los m encionados e stím ulos sensoriales del e x te rio r.
T ocam os y g ira m o s el p ic a p o rte de la p u e rta de e n tra d a y re cib im o s la
e xp e rie n c ia tá c til del m e ta l p u lid o a travé s de los dedos y la p a lm a de
las m anos, m ie n tra s las sensaciones m uscu la res de las e x tre m id a d e s in ­
fe rio re s nos in fo rm a n m in u c io s a m e n te sobre la resistencia del fe lp u d o
sobre el que estam os parados.
A travé s de la p u e rta a b ie rta p e rc ib im o s la e n tra d a y la sala de estar.
¿Cómo está hecha? Echamos un v is ta z o , p o r e je m p lo , a la c h im e n e a , de
m anera de te n e r su im agen en la fovea de la re tin a , donde los re ce p to ­
res de la v isió n están más densam ente concentrados. T enem os una vaga
"v is ió n p e r ifé r ic a " , vemos una m u ltitu d de cosas cada vez m enos c la ra ­
m en te "c o n el ra b illo del o jo " y a precia m o s un g ra n á n g u lo a la d e re ­
cha e iz q u ie rd a , por a rrib a y deb ajo del p u n to fo c a l de n ue stro cu a d ro
visu a l. La n a tu ra le z a nos ha d ota do de la visión p e rifé ric a , com o a la
m ayo ría de los a n im a le s , para que podam os d e te c ta r una a la rm a en el
cam po v is u a l y g ir a r rá p id a m e n te los ojos a c u a lq u ie r p u n to del m ism o
donde a con tezca a lg o sospechoso por su m o v im ie n to , c o lo r o b rillo . De
no e x is tir la v isió n p e rifé ric a , el a rq u ite c to no te n d ría o p o rtu n id a d de dar

�Notas de la conferencia pronunciada por r í chard Neutra en el IX Congreso Panamericano,
Caracas, Venezuela, 1955 .

im presiones espaciales a su masa co n su m id o ra de seres hum anos. U sa­
mos la v isió n p e rifé ric a g ira n d o los ojos, en pequeños m o v im ie n to s d is ­
c o n tin u o s , cada vez que m ira m o s un in te rio r o e x te rio r a m p lio s. En re a ­
lid a d el d ise ña do r puede a le rta r el o jo m e d ia n te “ pun tos de in te ré s "
conspicuos, cu id a d o s a m e n te ubicados, h acien do s a lta r la v ista hasta p e r­
c ib ir pun tos o rasgos a cen tua d os del diseño y, de este m odo, h ace r g ira r
la cabeza y a ún el cuerpo.
La "v is ió n para a c tu a r en c o n s e c u e n c ia " h ará que la persona a c tiv e sus
in clin a c io n e s loco m o trices. C a m in a rá a un lado u o tro sobre la a lfo m ­
bra y su base e lá s tic a , y espiará con c u rio s id a d la te rra z a de la sala de
e star o el c o lo rid o del p a tio . Puede ser "a tr a íd o por el d is e ñ o " para que
oiga re ve rb e ra r su voz en los cielo rraso s y arcadas de la h a b ita c ió n en
que hace p re g u n ta s y recibe respuestas del dueño de casa; en síntesis,
re c ib irá su ca p a c id a d de estím ulos sensoriales y "a s o c ia c io n e s " de ¡deas
y percepciones. La perspe ctiva m u ltis e n s o ria l, e spe cia lm e nte, va más
a llá y se e n riq u ece ín tim a m e n te por e n cim a de to d a p e rspe ctiva v is u a l.
Si el v is ita n te no es m ic ro s o m á tic o , o sea d is m in u id o en su ca p a c id a d o l­
fa to ria , insensible a p erfum e s y olores, sabrá en seguida dónde está u b i­
cada la cocina d e n tro de la p la n ta de la casa, y si se to m a rá sopa de
re p o llo a la hora de la cena.
U n m illó n de recuerdos y efectos m en tale s, p re con dicion a do s por la e x ­
p e rie n c ia de una vida desde la in fa n c ia — m ie n to : desde la vida e m b rio ­
n a ria p re n a ta l en el seno m a te rn o — , están p e rp e tu a m e n te reactivados.
A p a re n te m e n te , las "a s o c ia c io n e s re m o ta s " están v in c u la d a s en in te r m i­
nables cadenas m ie n tra s fu n c io n a n nuestros sentidos. Es com o cu an do
d ig e rim o s y a s im ila m o s a lim e n to s — pero a q u í fra g m e n to s del paisaje
e x te rio r, m e d ia n te a m p lia m area de im presiones, p e n e tra n al paisaje
que vive b a jo n ue stra p ie l, y a llí son absorbidos en una especie de d ig es­
tió n m e n ta l o nerviosa.
El dise ña do r, el p la n e a d o r, el a rq u ite c to , está p eligrosa y responsable­
m en te al se rvicio de su c lie n te . A u n después que se re tira , cobrado su
h o n o ra rio , y cu a n d o a p a re n te m e n te cae en el o lv id o , este p eligroso p e r­
sonaje a com paña en re a lid a d a su v íc tim a v e in tic u a tro horas al día, 365
días al año, d u ra n te m uchos años, d igam os 2 0 ó 30 hasta que la h ip o ­
teca está paga. N ad a hay de in o fe n s iv o en su locación de servicios. La
m ayo ría de sus actos, a un a qu ellos que escapan a su c o n c ie n c ia , s ig n i­
fic a n a m e na za o prom esa, daño o b e n e fic io , co m p lic a c io n e s fu tu ra s o
c o n fo rta b le d e s e n v o lv im ie n to de m u ltitu d de procesos de la v id a y — si
,
,
,
,
,
, ,
, , , .
r
, .
recorrem os el c u a d ro ce n ue stro a trib u la d o m u n d o fa b ric a d o por el h o m ­
bre— , la su p e rvive n cia de n uestra raza.

Club House de recrecimiento en Eagle Rock
Bel A ir , C a lifo rn ia
R ich a rd N e u tra , F .A .I.A ., a rq u ite c to
D ione N e u tra , A .I.A . (A m e ric a n In s titu te o f A r c h ite c ts ) , c o la b o ra d o ra
V is ta Sudeste. A la izqu ie rd a y al fo n d o, el a n ­
fite a tro .

17

�Todas las fo to g ra fía s que ilu s tra n este a rtíc u lo
pertenecen a Ju liu s Shulman,- Los A ngeles, C a­
lifo rn ia

V is ta del in te rio r del g im n a sio m ostra nd o la
pared c o m ple ta m e nte le va n ta d a , a b ie rta al n o r­
oeste, donde se le v a n ta rá un p arque de h erm o­
sos árboles.

18

�cio in te rio r de juegos, de la pista de baile
y del área del porche servida por la cocina.
D iseño
El diseñ o se a s ie n ta en u n tra ta m ie n to sin
a d o r n o s , m e tic u lo s a m e n te p ro p o rc io n a d o ,
q u e ha c a ra c te riz a d o sie m p re a l a r q u ite c ­
to . N o h u b o n in g ú n re q u e rim ie n to p re v io n i
se tra tó de c o n fo rm a r n in g ú n e s tilo h is ­
tó ric o .
E s tru c tu ra
La e s tru c tu ra p resenta nu m erosos p u n to s
de in te ré s. C o m b in a el uso de a lb a ñ ile ria s
p o rta n te s de la d r illo con u n a lig e ra e s tru c ­
tu r a de v ig a s , c o lu m n a s y p la ta fo rm a s l i ­
v ia n a s de ace ro. En esta e s tru c tu ra , el peso
de la g a le ría c u b ie rta está s o p o rta d o po r

■■

V is ta s le ja n a s , a lre d e d o re s p la n e a d o s y un
p ro b le m a de s ig n ific a c ió n p a ra la c o m u n i­
d a d se h a lla n c la ra m e n te exp resad os en el
e m p la z a m ie n to . J u n to con el p r in c ip io de
e x te n s ió n de las fu n c io n e s h a c ia el e x te ­
rio r, c o n trib u y e ro n a d e te rm in a r el c o n c e p ­
to a rq u ite c tó n ic o . A n u a lm e n te , m illo n e s de
personas c o n te m p la rá n la s ilu e ta de la es­
tr u c tu ra .
El e d ific io está u b ic a d o en el p u n to m ás
a lto de u n p a rq u e p ú b lic o , c ru z a d o p o r el
a rc o v e lo z de u n a s u p e rc a rre te ra en te r m i­
n a c ió n . Los a lre d e d o re s serán a rb o la d o s po r
el d e p a rta m e n to de p a rq u e s de la c iu d a d y
a m p lia m e n te a p ro ve ch a d o s en el a n fite a tr o
a l a ire lib re qu e se le v a n ta rá fre n te a l es­
c e n a rio del c lu b . En la p a rte p o s te rio r, se
a b re n las a m p lia s p u e rta s c o rre d iz a s del
e d ific io , p e rm itie n d o la e x te n s ió n del esp a­

La fa c h a d a n o rte m ira al a n fite a tro , de declive
suave. El espejo de agua está ubicado e n tre la
escena y el público.

La

e stru ctu ra

La pared de la d rillo s es gris. Superficies blancas
de yeso, cana le ta s p in ta d a s de m a rró n oscuro y
el a lu m in io de las viga s c o n fo rm a n el esquema
de colores.

no es o rn a m e n to , sino una p o r­
ta d a al espacio.

19

�Todas las fo to g ra fía s que ilu s tra n este a rtíc u lo
pertenecen a Ju liu s S hulm an, Los A ngeles, C a­
lifo rn ia

V is ta del in te rio r del gim n a sio m ostrando la
pared c o m ple ta m e nte le va n ta d a , a b ie rta al n o r­
oeste, donde se le va n ta rá un parque de h erm o ­
sos árboles.

18

�V is ta s le ja n a s , a lre d e d o re s p la n e a d o s y un
p ro b le m a de s ig n ific a c ió n p a ra la c o m u n i­
d a d se h a lla n c la ra m e n te exp resad os en el
e m p la z a m ie n to . J u n to con el p r in c ip io de
e x te n s ió n de las fu n c io n e s h a c ia el e x te ­
rio r, c o n trib u y e ro n a d e te rm in a r el c o n c e p ­
to a rq u ite c tó n ic o . A n u a lm e n te , m illo n e s de
personas c o n te m p la rá n la s ilu e ta de la es­
tr u c tu ra .
El e d ific io está u b ic a d o en el p u n to m ás
a lto de un p a rq u e p ú b lic o , c ru z a d o p o r el
a rc o v e lo z de una s u p e rc a rre te ra en te r m i­
n a c ió n . Los a lre d e d o re s serán a rb o la d o s po r
el d e p a rta m e n to de p a rq u e s de la c iu d a d y
a m p lia m e n te a p ro ve ch a d o s en el a n fite a tr o
a l a ire lib re qu e se le v a n ta rá fre n te a l es­
c e n a rio d e l c lu b . En la p a rte p o s te rio r, se
a b re n las a m p lia s p u e rta s c o rre d iz a s del
e d ific io , p e rm itie n d o la e x te n s ió n del e sp a ­

La fa c h a d a n o rte m ira al a n fite a tro , de declive
suave. El espejo de agua está ubicado e n tre la
escena y el público.

La e stru ctu ra

cio in te rio r de juegos, de la pista de baile
y del área del porche servida por la cocina.
D iseño
El diseñ o se a s ie n ta en un tr a ta m ie n to sin
a d o r n o s , m e tic u lo s a m e n te p ro p o rc io n a d o ,
que ha c a ra c te riz a d o sie m p re a l a r q u ite c ­
to . N o h u b o n in g ú n re q u e rim ie n to p re v io n i
se tr a tó de c o n fo rm a r n in g ú n e s tilo h is ­
tó ric o .
E s tru c tu ra
La e s tru c tu ra pre se n ta nu m erosos p u n to s
de in te ré s. C o m b in a el uso de a lb a ñ ile ría s
p o rta n te s de la d r illo con u n a lig e ra e s tru c ­
tu r a de v ig a s , c o lu m n a s y p la ta fo rm a s l i ­
v ia n a s de ace ro. En esta e s tru c tu ra , el peso
de la g a le ría c u b ie rta está s o p o rta d o p o r

La pared de la d rillo s es gris. Superficies blancas
de yeso, cana le ta s p in ta d a s de m a rró n oscuro y
el a lu m in io de las vigas c o n fo rm a n el esquema
de colores.

no es orna m e n to , sino una p o r­
ta d a al espacio.

19

�Lado este del e d ific io del C lub. La v is ta pasa a
tra v é s del e d ific io .

La o fic in a del gerente, antes de ser ocupada. P i­
so de baldosas a s fá ltic a s ro jiza s, cielo rraso acús­
tic o bla n co , vo la d izos de m e ta l p in ta d o s de m a ­
rrón oscuro.

fin o s ten sore s de a c e ro que c u e lg a n de los
e x tre m o s de las v ig a s en v o la d iz o del t e ­
cho, e lim in a n d o así to d a c o lu m n a m o le s ta .
La c a rg a en los e x tre m o s de estas v ig a s de
g ra n lu z a y u d a a re d u c ir los m ó d u lo s de
sección n e cesario s p a ra s a lv a r la g ra n a n ­
c h u ra de la sa la c o m u n a l. Este siste m a
p re s e n ta g ra n d e s v e n ta ja s c u a n d o se desea
la e lim in a c ió n de c o lu m n a s que in te rfie re n
la lib re c irc u la c ió n , en e x te rio re s c u b ie r­
to s de escuelas, h o s p ita le s u o tro s e d ific io s
s im ila re s .

In s ta la c io n e s
El siste m a de c a le fa c c ió n y v e n tila c ió n
e m p le a d o en el e d ific io es m u y in te re s a n te
y p ro d u jo e co n o m ía s c o n s id e ra b le s en el
costo in ic ia l, fa c to r de e s p e c ia l im p o r ta n ­
c ia . El a ire c a lie n te se g e n e ra en u n a sala
de m á q u in a s s itu a d a sobre los c a m a rin e s
y es in tr o d u c id o a p re s ió n a tra v é s de re ­
jilla s q u e c o rre n sobre el te c h o d e l e sce n a ­
rio . P ara a s e g u ra r u n a a d e c u a d a d is t r i­
b u c ió n , se in s ta ló u n s is te m a e x tr a c to r en
el e x tre m o o p u e s to de la sa la c o m u n a l, que
a s p ira el a ire c a lie n te h a c ia a trá s y lo e x ­
pe le a l e x te rio r. Esto a s e g u ra u n a c ir c u ­
la c ió n 1 0 0 % de a ire fre sco te m p la d o con
to d o s sus s a lu d a b le s b e n e fic io s .

20

U n a c a ra c te r is tic a in te re s a n te a g re g a d a a l
s is te m a fu é la u tiliz a c ió n del siste m a de
e x tra c c ió n p a ra h a c e r c ir c u la r el a ire d e ­
b a jo de l piso de h a rd w o o d e s p e c ia lm e n te
d is e ñ a d o de la sala de ju e g o . C u a n d o estos
pisos e s tá n in s ta la d o s sobre u n a losa de
h o rm ig ó n , p re s e n ta n a m e n u d o el in c o n v e ­
n ie n te de la a c u m u la c ió n de h u m e d a d d e ­
b a jo de la m a d e ra . U n a z a n ja c o n tin u a a
lo la rg o de l p iso del e s c e n a rio p e rm ite que
el a ire e n tre y sa lg a p o r el e x tre m o o p u e s­
to , p a ra m a y o r s e g u rid a d del piso, lib re de
o b s tru c c io n e s , de l g im n a s io . La re n o v a c ió n
del a ire y el c o n tro l de la te m p e r a tu r a de
un e d ific io re v is te n u n a s ig n ific a c ió n d i­
re c ta p a ra los o c u p a n te s , pe ro ta m b ié n p a ­
ra la v id a y m a n te n im ie n to d e l e d ific io y
su co n s e rv a c ió n n a tu ra l.
In te rio re s
El p r in c ip a l esp a cio in te rn o del p ro y e c to es
la sala c o m u n a l, qu e es ta m b ié n la m ás
in te re s a n te p o r su tra ta m ie n to in te rio r. Las
p u e rta s g u illo tin a que o c u p a n am bos lados
de l h a ll p e rm ite n u n a e x p a n s ió n p r á c tic a ­
m e n te ilim ita d a . Estas p u e rta s c o n s titu y e n
la m a y o r p a rte de las pa rede s in te rio re s y
e stá n re v e s tid a s de a b e to D o u g la s, co n lu s ­
tre n a tu ra l y la v e ta c o lo c a d a v e r tic a lm e n ­
te . Este m a te ria l, a p lic a d o en pa n e le s con

ju n ta s v e rtic a le s m a c h ie m b ra d a s , fu é e le ­
g id o p a ra re d u c ir a l m ín im o las ju n ta s e n ­
tre las p a rte s fija s y m o v ib le s de la pa re d .
C u a n d o las p u e rta s e stá n b a ja s , fo rm a n ,
en e q u ilib r io co n las pa rede s, u n a fa ja
c o n tin u a que a d e m á s de te n e r u n a a p a ­
rie n c ia s u m a m e n te a tra y e n te , es a lta m e n ­
te re s is te n te a los im p a c to s , sa c u d id a s y
ra y a d u ra s . Esto se tra d u c e en u n b a jo co s­
to de m a n te n im ie n to , re q u is ito fu n d a m e n ­
ta l de la p ro p ie d a d p ú b lic a .
El c ie lo rra s o de m a te ria l a c ú s tic o se in te ­
g ra co n las v ig a s de ace ro, re v e s tid a s en
a lu m in io , del te c h o . L a p a rte a lta de la
p a re d está p in ta d a en un to n o c h o c o la te
q u e re a lz a los de m ás m a te ria le s de m a n e ­
ra n o ta b le .
F u n c ió n m ú ltip le . F le x ib ilid a d e n el uso
M a sa s de c iu d a d a n o s y, en este caso, m u ­
c h a ch o s y m u c h a c h a s q u e serán los c iu d a ­
d a n o s del fu tu r o , g r a v ita n en u n c e n tro
c o m u n a l co m o el de E agle R ock. S e rv ir c o ­
m id a s a d e n tro y a fu e ra (a u m e n ta n d o así
el n ú m e ro de pe rsona s a te n d id a s ) , b a ila r,
p e r m itir u n a o p o rtu n id a d de d is tra c c ió n y
descanso, c re a r la p o s ib ilid a d de m ir a r y de
e n c o n tra rs e , son fu n c io n e s q u e c o n c u rre n
a l p ro g ra m a del e d ific io , s im ila r a los p ro ­
g ra m a s de c o n s tru c c io n e s s im ila re s .

�La d is tr ib u c ió n sobresale p o r ia n o ta b ie
fle x ib ilid a d c o n s e g u id a . Por e je m p lo , el es­
c e n a rio del sa ló n p r in c ip a l posee u n a p la ­
ta fo rm a la te ra l qu e, a d e m á s de usarse a
veces com o c o m p le m e n to del m is m o esce­
n a rio , p u ede ser u tiliz a d a co m o p la ta fo r m a
de re p re s e n ta c io n e s p a ra el " c lu b - r o o m "
a d ya c e n te . Posee a n ch o s escalones e m ­
b u tid o s que p u eden e xte n d e rs e h a c ia el
" c lu b - r o o m " , q u e a p ro v e c h a así la p la t a ­
fo rm a p a ra c o n s titu ir u n sa ló n en dos n i­
veles.
C om o ya se h a d ic h o , se puede d u p lic a r o
t r ip lic a r la c a p a c id a d de esp ectad ore s u b i­
c á n d o lo s en el h a ll y en los e x te rio re s a d ­
ya ce n te s. A d e m á s , los dos la rg o s costados
del salón poseen a m p lia s p u e rta s q u e , a l
le v a n ta rs e , p e rm ite n la a d m is ió n de u n p ú ­
b lic o m u c h o m a y o r. En este caso, to d o s los
esp ectad ore s g o z a n de u n a p e rfe c ta v is ib i­
lid a d del e s c e n a rio , que p u ede ser usado
p a ra c u a lq u ie r p ro g ra m a , desde re c ita le s
de d a n z a h a s ta c o n c ie rto s s in fó n ic o s o de
so lista s, y a u n p a ra re p re s e n ta c io n e s de
te a tro m o d e rn o con el fo n d o ilu m in a d o del
p a is a je a l a ire lib re .
V is ta la te ra l, con la "R o ca del A g u ila " , el g i­
gantesco peñasco, clara m e n te v isib le en el fondo.

Residencia de
Mr. y Mrs. Sidney Brown
Los A n ge les, C a lifo rn ia
R icha rd N e u tra , F .A .I.A .,
D ione N e u tra , A .I.A . co la bo rad ora

V ista h acia el Sud. A la derecha, el a la de d o r­
m ito rio s que da sobre el garage. Escalera de
e ntra da . Una pared de "lo u v e rs " da p riv a c id a d
a los d orm ito rios. B alcón a b ie rto al panoram a,
fre n te a los lugares de estar, situados a lo iz ­
quierda.

Los esposos B row n fo rm a n u n a p a re ja h o s­
p ita la r ia , re tira d a de los ne gocios, q u e a n ­
tes c o n ta b a con un a fa m ilia n u m ero sa y
a h o ra v iv e sola. M r. B row n p in ta y M rs .
B row n es u n a a u to ra te a tr a l y e s c rito ra ,
a ta re a d a en su e s c rito rio y ta m b ié n en su
te la r. El lu g a r fu é u n o de los m ás c o m p li­
cados que le to c a ro n m a n e ja r a l a rq u ite c ­
to : u n a b a rra n c a a p ic o ; los lím ite s de la
p ro p ie d a d , su m a m e n te irre g u la re s y le g a l­
m e n te c o n fu so s; la lle g a d a , un e m p in a d o
c a m in o p riv a d o , ta n d ifíc il de re solver c o ­
m o la u b ic a c ió n del e s ta c io n a m ie n to , de
las d e p e n d e n cia s p a ra los huéspedes, el es­
p a c io p a ra m a n io b ra s y la p ile ta de n a ta ­
c ió n . Las na pas de a g u a del sub suelo o r i­
g in a ro n g ra n d e s d ific u lta d e s . T o dos los

21

�El p ab e lló n de la p ile ta es la p rim e ra im presión
visua l que se recibe al e nca ra r la ascensión del
em pin a do cam ino de e n tra d a . C olum nas de ace­
ro in o x id a b le sostienen el g eo m é trico cuerpo de
yeso.

22

�Las d ivisiones p orta n te s del fre n te v id ria d o de
la sala de estar están revestidas de acero in o ­
x id a b le . H a y una g ran sensación de espacio y
tra n q u ilid a d en la e xtensión de esta h a b ita c ió n .

p ro b le m a s in g e n ie rile s y de e m p la z a m ie n ­
to en el te rre n o se re so lvie ro n a to ta l sa ­
tis fa c c ió n d e l p ro p ie ta rio , lu e g o que el a r ­
q u ite c to e la b o ra ra d e ta lla d a m e n te tre s p ro ­
ye cto s c o m p le ta m e n te d is tin to s .
Los lu g a re s de e s ta r y las h a b ita c io n e s de
huéspedes se e x tie n d e n h a c ia el p o n ie n te y
e stá n c o n e cta d o s a un a n c h o b a lc ó n a b ie r­
to q u e se tra n s fo r m a en te r ra z a de césped
en su e x tre m o oeste. El c o m e d o r se ab re
a u n p a tio , a l noroeste, y se c o n e c ta h a c ia
el oeste con el lu g a r de d e sa yu n o , o ffic e ,
co c in a y b a ñ o ; e sca le ras in te rio re s y e x te ­
rio re s v in c u la n los n iv e le s in fe rio re s , piso
b a jo y g a ra g e s co n la p la ta fo r m a su p e rio r.
Las h a b ita c io n e s p riv a d a s fo rm a n el a la
este y, sobre la p é rg o la m a rin e ra c u b ie rta
p o r u n a p a rra , m ira n a l v a lle qu e se e x ­
tie n d e h a c ia e l sud.
En el sud, la p ile ta y e l p a b e lló n c o rre s ­
p o n d ie n te , q u e g o z a n de u n a v is ta p a n o rá ­
m ic a del m a r, ju n to con los espejos de
a g u a , u b ic a d o s en dos n iv e le s d e n tro d e l
p a tio n o roeste, e n riq u e c e n el p a is a je t r a ­
b a ja d o de la c o lin a .

R incón de fu e g o de la sala de estar. El te ch o
se abre al c ielo en to rn o a l vo lu m e n de la d rillo s
de la chim enea. La lu z que pasa a tra v é s , el
á ng u lo v id ria d o y el cielorraso fo rm a n un in te ­
resante juego de planos y fo rm a s.

23

�R incón de un d o rm ito rio , con el a v e n ta n a m ie n to cuidadosam ente som breado para ade cu a r la
vista a la exposición.

En p rim e r pla n o , la mesa del com edor. A la
derecha, el p a tio , y a la izq u ie rd a , a tra vé s del
liv in g , vista de Los Angeles.

24

La cocina, estudiada por el a rq u ite c to a tra vé s
de una g en eración, puede ser fu e n te de un te ­
soro de estím ulos sensoriales y salud d ie té tic a .
En sus a sp e c to s ru tin a rio s , se ha co nve rtid o en
una cu estión de precisión, lim p ie z a y seguridad.

�Filosofía de la técnica
B alance de una d is c ip lin a
M a x Bense

M e parece im p o rta n te h a c e r n o ta r que en el fo n d o de las discusiones de
a ce n to m ás o m enos e m o tiv o y p a rtid is ta que, sobre to d o desde 1 94 5,
pueden h a lla rse en nuestras revistas y p e rió d ico s re fe rid a s a la té c n ic a ,
se observa cada vez más c la ra m e n te un tra b a jo de tip o se ria m e n te f i l o ­
sófico. Están a la v is ta los ele m e n tos de una nueva d is c ip lin a filo s ó fic a :
la filo s o fía de la té c n ic a .
La filo s o fía , en su a cepción la ta , fija nuestras relaciones con la s itu a ­
ción v ita l y e s p iritu a l. En se n tid o e s tric to es una c ie n c ia a p lic a d a que
a c la ra , e d ific a y ju s tific a los fu n d a m e n to s , m étodos y e nlace de las c ie n ­
cias. P a rtie n d o de estas p rem isas es preciso e n te n d e r la a p a ric ió n de una
filo s o fía s is te m á tic a de la té c n ic a (en el se n tid o de la filo s o fía n a tu ra l
clásica y m od erna y en consonancia con e lla ) . Su ta re a m ás g en eral es
la e xpo sició n y c rític a de n ue stra s itu a c ió n v ita l y e s p iritu a l en un m u n ­
do que puede d en om ina rse re a lid a d té c n ic a o esfera té c n ic a . Su in v e s ti­
g a ció n m ás especial se o rie n ta a cuestiones de te o ría de la c ie n c ia que
se p la n te a n d e n tro de las e specialidades té cn ica s, y a sim ism o a la d e ­
te rm in a c ió n c a te g o ria l y e x is te n c ia l de la té c n ic a en re la c ió n con la
n a tu ra le z a (y con el a r te ) . D icho con o tra s p a la b ra s : la in v e s tig a c ió n
m ás especial se o rie n ta a cuestiones que se p la n te a n cu an do la té c n ic a
en c o n ju n to o en d is tin to s rasgos c a ra c te rís tic o s se c o n v ie rte en te m a de
d is tin ta s d is c ip lin a s filo s ó fic a s : gnoseología, o n to lo g ía , é tic a , estética .
2.
N a tu ra lm e n te , la té c n ic a aparece re la tiv a m e n te ta rd e en la p ro b le m á ­
tic a y c o m e n ta rio filo s ó fic o s . En m i o p in ió n , donde p o r vez p rim e ra se
puede n o ta r el te m a de la filo s o fía de la té c n ic a en un s e n tid o m oderno
es en la E n ciclo p ed ia de D id e ro t. En los te xto s de esa obra — sobre to do
en el a rtíc u lo "E n c ic lo p e d ia " , e scrito por el p ro p io D id e ro t— es donde
p o r vez p rim e ra h ay una v e rd ad era co n c ie n c ia del "m u n d o de la m á ­
q u in a " y de la " in d u s tr ia " , co n c ie n c ia que a com pa ña la e xpo sició n y
re fle x ió n filo s ó fic a s . O sea que, en esa o bra, la re a lid a d té c n ic a , en f o r ­
ma de in d u s tria del m e ta l, m á q u in a s te x tile s , in d u s tria del v id rio , d iques
secos, fá b ric a s de papel, obras de fo rtific a c ió n y a rte san a do , pasa a ser
p o s itiv a m e n te un " d a t o " del e s p íritu filo s ó fic o .
Desde luego, h a y te s tim o n io s más a n te rio re s a ún del e nfo q u e filo s ó fic o
de los fenóm enos té cnico s, sobre to d o de la m á q u in a . En ellos p re d o m i­
nan las consideraciones m e ta fís ic a s de c a rá c te r e spe culativo . M a s el ra ­
c io n a lis m o c a rte s ia n o , la filo s o fía e x is te n c ia l p a s c a lia n a o el "m e c a n is ­
mo p o s itiv o " de M erse n n e a base de la fís ic a de m odelo de G a lile o , y
la "m o n a d o lo g ía " y "m a te s is u n iv e rs a l" de L e ib n iz c o n tie n e n fra g m e n ­
tos de una filo s o fía de la té c n ic a del s ig lo X V II. P rescin die nd o del papel
desem peñado p o r D id e ro t y d 'A le m b e rt, L ag ra n g e y L a p la ce , fu e ro n
K a n t, H egel y M a r x quienes cre a ro n las a p o rta c io n e s m ás e ficace s de
fin e s del s ig lo X V I I I y luego del X I X a n ue stra d is c ip lin a . P a rtic u la r­
m en te im p o rta n te s y c a ra c te rís tic o s de las recientes exposiciones de f i ­
losofía de la té c n ic a me parecen ser los a n á lis is que a p a re c ie ro n en las
dos obras de N o rb e rt W ie n e r: "C y b e rn e tic - or C o n tro l and C o m m u n ic a tio n ¡n th e A n im a l and th e M a c h in e " (1 9 4 9 ) y " T h e H u m a n Use o f
H u m a n Beings (C y b e rn e tic s and S o c ie ty )" ( 1 9 5 0 ) ; luego la "C o lle c t io n " de Georges F rie d m a n n titu la d a " L 'h o m m e e t la m a c h in e " (donde
sobre to d o Louis C o u ffig n a l, del In s titu to B laise-P ascal, p u b lic ó sus es­
tu d io s sobre las "m á q u in a s de p e n s a r " ) , y, por ú ltim o , las in tro d u c c io ­
nes y epílogos de G o tth a rd G ü n th e r a la lite ra tu ra de "S c ie n c e F ic tio n "
n o rte a m e ric a n a (e d ic ió n a le m a n a de K a rl R a u c h -V e rla g , D ü s s e ld o rf).
En todas esas p u b lic a c io n e s , la filo s o fía de la té c n ic a e s p e cu la tiva es re ­
e m p la za d a p o r una filo s o fía de la té c n ic a exacta . Se hace p a te n te de
qué m odo puede c o n v e rtirs e la té c n ic a en " d a t o " de las inve stiga cion es
filo s ó fic a s , y se echa de v e r con c la rid a d que lo dado de la té c n ic a es
tr ip le : el m u n d o de la m á q u in a c lá sico (el de A rq u ím e d e s ), en el cu al
la m á q u in a s u m in is tra energía y rin de tra b a jo , re d u c tib le a la p a la n c a de
A rq u ím e d e s ; luego, el m u n d o de la m á q u in a p a sca lia n o , d is tin to del
de A rq u ím e d e s , m u n d o que no p ro p o rc io n a energía, sino in fo rm a c io n e s ,
com o d ice n W ie n e r y G ü n th e r, y que es re d u c ib le a la m á q u in a de c a lc u ­
la r de Pascal; a ho ra b ie n, p re s c in d ie n d o de que los tra n s fo rm a d o re s c lá ­
sicos de la e le c tro d in á m ic a y los tra n s ito re s de la te o ría y té c n ic a de la
c o n d u c tib ilid a d e lé c tric a a d o p ta n una especie de posición in te rm e d ia e n ­
tre el m un do de la m á q u in a de A rq u ím e d e s y el de Pascal, puesto que
no son esenciales com o proveedores de e nergía ni com o in fo rm a d o re s ,
sino p re cisa m e n te com o tra n s fo rm a d o re s , el p ro b le m a de la c iv iliz a c ió n
té c n ic a con todos los fenóm enos especiales de la o rg a n iz a c ió n y c o m u n i­

25

�ca ció n pertenece sobre to d o al d o m in io in ve s tig a b le de la re a lid a d té c ­
nica, a n tro p o lo g ía filo s ó fic a , etc.
3.
V is ta desde las d is tin ta s d is c ip lin a s o teorías filo s ó fic a s , la té cn ica p a re ­
ce ser de interés espe cia lm e nte p ara la A n tro p o lo g ía filo s ó fic a . S iem pre
que, com o en "D e r M e n s c h " de A rn o ld G ehlen (4- edic. 1 9 5 0 ), se c o n ­
cibe el h om bre com o "p ro b le m a b io ló g ic o e s p e c ia l", la p ro b le m á tic a de
la génesis de la té c n ic a se presenta e n la za d a con la a p a ric ió n y d e s a rro ­
llo del h om bre. La in te rp re ta c ió n del h om bre com o "s e r d e fe c tu o s o " su­
g ie re n a tu ra lm e n te que haya una necesidad de té c n ic a que debe fu n d a r ­
se por la a n tro p o lo g ía c ie n tífic a y filo s ó fic a . La té c n ic a aparece com o
p o s ib ilid a d de e lu d ir las d e fic ie n c ia s de lo n a tu ra l. A dem ás, la s itu a ­
ción del h om bre de no poder ser p uro ente n a tu ra l ni p u ro ente espi­
ritu a l, com o ya lo a d v irtió m uy c la ra m e n te Pascal, o, en la sagaz f o r ­
m u la c ió n de N ie tzsch e , Scheler y G e h le n : de no te n e r un a m b ie n te
adecuado, dado, ju s tific a n la su posición de que la re a lid a d té c n ic a es la
g e n u in a m e n te h u m a n a . M a s esa suposición presupone un c o n o c im ie n to
e xa cto de la te m á tic a o n to ló g ic a de la té cn ic a , una te o ría de la c o n fi­
g u ra c ió n té c n ic a , que avance hasta la o n to lo g ía de la re a lid a d té c n ic a .
En la te o ría o n to ló g ic a de la té c n ic a se revela que, en c ie rto aspecto, la
esfera de ser de lo té cn ico es m a yo r que la esfera de ser de la n a tu ra le ­
za o del e s p íritu tom adas p o r separado. La esfera de lo té c n ic o rebasa,
p o r d e c irlo así, los d o m in io s de la n a tu ra le z a y del e s p íritu . Es un hecho
c o n firm a d o por la e xiste n cia y p o r las d ife re n c ia s e n tre el m undo de la
m á q u in a clásico (de A rq u ím e d e s) del re n d im ie n to de energía y tr a b a ­
jo, por una p a rte , y el p a sca lia n o (n o -c lá s ic o ) de la p ro d u c c ió n de in fo r ­
m a ció n y co m u n ic a c ió n , por o tra . En el c o n o c im ie n to del e fe cto de la p a ­
lanca trop eza m os con un p rin c ip io m ecá nico que rig e en la n a tu ra le z a
fís ic a ; en la ¡dea del c á lc u lo aparece una fo rm a de n ue stro e s p íritu que
es uno de los m edios de expresión de éste. Pero parece que lla m a la
a te n c ió n o tro p u n to de vista o n to ló g ic o : es e v id e n te que la esfera de lo
" h e c h o ", que existe en la té c n ic a , a d ife re n c ia de la n a tu ra le z a , que
es una esfera de lo " d a d o " , no puede c a ra c te riz a rs e del to d o en el orden
m odal m e d ia n te el té rm in o " r e a l" . Lo que N ik o la i H a rtm a n n d en om ina
" n a tu r a le z a " en su sistem a c a te g o ria lo n to ló g ic o (P h ilo sop hie d e r N a tu r, 1950) es p arte in te g ra n te , bien que m uy esencial, de lo que él d e ­
n o m in a "m u n d o r e a l" (D e r A u fb a u der realen W e lt, 1 9 4 3 ). M a s lo
hecho, o sea la té cn ica y a su lado ta m b ié n el reino del a rte , del cual
to d a vía no hablam os, lleg a m ás a llá que el á m b ito de ser1 de lo real. Se
fu n d a en lo real, su m a te ria l es lo re a l; pero com o te rm in a d o , to d o lo
" h e c h o " es, en relació n con lo " n a tu ra lm e n te d a d o ", sólo " c o - r e a l" , un
m odo que se ha rem edado del "c o -p o s ib le " o "c o -n e c e s a rio " ideado p o r
O. Becker. Existen a q u í enlaces con el d o m in io del a rte , establecidos por
M a x B ill en su obra " F o r m " , "b a la n c e de la e v o lu c ió n de la fo rm a a
m ediados del siglo X X " ( 1 9 5 3 ), y cuyos aspectos o n to ló g ic o y e stético
in ve stig ó el a u to r en su " A e s th e tic a " ( 1 9 5 4 ). A dem ás, pertenece ta m ­
bién a la te o ría o n to ló g ic a de la filo s o fía de la té c n ic a to d a fija c ió n de
las relaciones espa cio te m p ora le s dé las e s tru c tu ra s té cn ica s o bien de
toda la esfera té cn ica . J. B a rn ic k a firm ó e xpresa m e nte en su recien te
obra "V o m Sinn des G a n z e n " (T u b in g e n , 1 9 5 2 ) : "P a ra to d o o b je to h e ­
cho según un p la n h u m a n o , la e s tru c tu ra te m p o ra l fin a l es a p rio rís tic a m en te segura. En e fe cto , el té rm in o 'h a c e r' in d ic a ya un m odo fin a l,
m u y pro ba ble , de m a d u ra c ió n ." (Pág. 5 9 .) Esas fo rm u la c io n e s y el es­
tu d io in h e re n te a ellas del a p a re n te c a rá c te r de masa de las e s tru ctu ra s
té cnica s, son p a rte in te g ra n te de la n o -e sp e c u la tiv a filo s o fía de la té c ­
n ica de nuestros días y d ice n a lg o p o sitiv a m e n te esencial sobre la índole
de nuestra esfera de e xiste n cia " c o - r e a l" . Por lo m enos, o n to ló g ic a m e n te, la té cn ica , en el se ntid o de e s tru c tu ra té c n ic a y de m u n d o té c n ic o , no
puede entenderse a base de la idea de un m odelo, del proceso de im ita ­
ción . El d e c a im ie n to del c a rá c te r de m odelo es para la té c n ic a m oderna
ta n e vid en te com o p ara la física m oderna. Las im ita c io n e s , todos los
grados de a b stra cció n y p o r ú ltim o de la im a g in a c ió n m e tó d ic a , hacen
c o m p re n sib le g e n e a ló g ica y e s p iritu a lm e n te la te m á tic a de ser de la es­
fe ra té c n ic a .
Q u isie ra a lu d ir aún a o tro fa c to r de índole o n to ló g ic a y gnoseológica. El
m u n d o té cn ico no debe entenderse ni describ irse a m odo de o b je to com o
o c u rre con respecto a la e s tru c tu ra real de la n a tu ra le z a — así lo d e ­
m ue stra la filo s o fía n a tu ra l clásica desde A ris tó te le s a N ik o la i H a r t­
m an n. P rim o rd ia lm e n te , el m un do té cn ico no es una esfera de clases de
objetos, sino de fu n cio n e s, cuya descrip ción y d e te rm in a c ió n es casi ab-

26

�so lu ta m e n te im p osib le con las clásicas categorías de ser y c o n o c im ie n to ,
re fe rid a s en p rim e r lu g a r a objetos. Existen las más diversas p o s ib ilid a ­
des de p re s e n ta r la p a la n ca com o o b je to , puesto que h ay las m ás d iv e r­
sas representaciones de la p alan ca com o o b je to , desde la v ig a te n d id a
hasta las te na zas, etc. Sólo que la fu n c ió n es siem pre la m ism a y ú n ic a ­
m en te corresponde a la esfera té c n ic a . Por lo ta n to , con vista s al m un do
té cn ico , in d ic a la p o s ib ilid a d y la necesidad de una o n to lo g ía de la f u n ­
ción , que sin la m en or duda co m prende m uch o m ás segura e in e q u ív o ­
ca m e nte la te m á tic a del ser o la e s tru c tu ra del ser del m undo té cn ico
que una o n to lo g ía que sólo tra b a je con ca teg oría s re fe rid a s a objetos.
N a tu ra lm e n te , esta c irc u n s ta n c ia se e n la z a con el retroceso del co nce p ­
to clásico de su stan cia y m odelo, ta n to en la fís ic a m oderna com o
a sim ism o en la té c n ic a m od erna , p a rtic u la rm e n te en el m un do de la m á ­
q u in a que no sea el de A rq uím ed e s, y cabe p re g u n ta r si, h ab ie nd o v a ­
ria d o todas estas relaciones o n to ló g ic a s y gnoseológicas d e n tro de la
física y de la té c n ic a , no estará re la c io n a d o con este c a m b io el progreso
de su d e scrip ció n de te m á tic a del ser con los m étodos fu n d a m e n ta lo n to lógicos de las "e x is te n c ia lía s " en vez de las "c a te g o ría s ". En e fecto,
H e id e g g e r h iz o de diversos m odos ensayos en este se ntid o, y si hasta
ahora han fra c a s a d o se debe, a m i e n te nd e r, a que la rep re sen ta ció n que
de la té c n ic a se hace H eid eg ge r, es sim p le m e n te dem asiado e le m e n ta l,
por no d e c ir dem asiado ing en ua , y, com o te o ría del " a r m a z ó n " , c o m ­
prende m e ra m e n te el m un do de la m á q u in a de A rq u ím e d e s
In te rru m p a m o s la re fle x ió n o n to ló g ic a y gnoseológica que, e v id e n te ­
m ente, sólo p od ría in tro d u c ir los e lem entos de una filo s o fía de la té c n i­
ca. Y to d a vía queda por a ñ a d ir, em pero, que siguen siendo supuesto de
to d a clase de e xposición de las relaciones estéticas y é ticas que tie n e n
cabal se ntid o en ese m un do té c n ic o o con respecto a él en c o n ju n to . La
d e stin a c ió n de la h u m a n id a d en re la ció n con la n a tu ra le z a tie n e un as­
pecto n o to ria m e n te d ife re n te que en re la ció n con la té c n ic a — hecho
co rro b o ra d o por la h is to ria de la c iv iliz a c ió n y del e s p íritu . M as sigue
siendo curiosa la re la ció n con la h is to ria . Y o supongo que se ahonda en
un se n tid o p ositivo . C onsidero absurdo h a b la r de la "h is to r ia de la n a ­
tu ra le z a " , com o ha hecho, p o r e je m p lo , C. F. von W e iz s á c k e r. Sólo hay
h is to ria en la c a te g o ría de p e rfe c c ió n , de una p e rfe c c ió n que pueda f o r ­
m ularse de a lg ú n m odo, y me parece que esta c a te g o ría carece de e n ti­
d ad respecto de la n a tu ra le z a y que, en ca m b io , representa un e le m ento
in te g ra n te de la c iv iliz a c ió n té c n ic a , s u b lim a d o e id e o lo g iza d o en la n o ­
ción de progreso, cuyo aspecto m oderno pro vie n e de G a lile o y Pascal.
T en go la im p resión de que, al ig u a l que la d o c trin a del tie m p o fu n d a m e n ta lo n to ló g ic a (fe n o m e n o ló g ic a ), d e s a rro lla d a en las "V o rle s u n g e n
z u r P hán o m e no log ie des in n ere n Z e itb e w w u s s ts e in s " de H usserl (1 9 2 8 )
y en "S e in und Z e it " de H eid eg ge r ( 1 9 2 7 ) , ta m b ié n la d o c trin a de
la h is to ria fu n d a m e n ta lo n to ló g ic a (e x is te n c ia la n a lític a ) , c o n te n id a en
"S e in und Z e it " de H e id e g g e r y en " Z u r L o g ik der M o d a litd te n " de
O ska r Becker ( 1 9 3 0 ), es im p o rta n te para la d escrip ción y fija c ió n f ilo ­
só ficas del m u n d o té cn ico . A u n cie rta s de las aserciones de M a r tín H e i­
degger, c o n te n id a s en su c a rta "H u m a n is m u s " ( 1 9 4 7 ), sobre M a rx , el
h u m a n ism o , el m a te ria lis m o y la té c n ic a , c o rro b o ra n una h is to ric id a d
e xis te n c ia l del m un do té c n ic o , que, n a tu ra lm e n te , c o n s titu y e un proceso
ta n p a te n te com o irre ve rsib le .
En su ú ltim a g ra n obra, ta n c rític a com o p ro fu n d a : "D ie K risis der europáischen W is s e n s c h a fte n und d ie tra n s z e n d e n ta le P h á n o m e n o lo g ie ",
que acaba de p ub lic a rs e com o to m o V I de la "H u s s e r lia n a " (La H aya,
1 9 5 4 ), uno de los grandes fra g m e n to s de la filo s o fía o c c id e n ta l, Edm und H usserl se re firió (en la c u a rta década de este s ig lo ) a un ra c io ­
n a lism o c ie n tífic o m oderno (G a lile o y D escartes) co nside ran do que la
"te c n ific a c ió n p riv a de se n tid o a la c ie n c ia m a te m á tic a ". Insiste en que
esa p riv a c ió n de se n tid o es consecuencia del hecho de haberse o lv id a d o
que "e l m un do de la v id a . . . es el fu n d a m e n to que da se n tid o a la c ie n ­
c ia " (págs. 4 5 , 4 8 , e tc .). H usserl ha expuesto así los e lem entos de una
c rític a de la c iv iliz a c ió n té c n ic a , con la cu al tie n e n que e xp lica rse el
físico , el té c n ic o y el filó s o fo si se q u ie re p on er coto al reproche que
p e rio d ís tic a m e n te los acecha de que su tra b a jo ha quedado p riv a d o de
sentido. Y o creo que una de las ta re as más im p o rta n te s de una m o d e r­
na filo s o fía de la té c n ic a (sobre to d o com o d is c ip lin a de una U n iv e rs i­
dad té c n ic a ) ha de c o n s is tir en re fu ta r, con re fe re n c ia a las verdaderas
ca teg oría s y e x is te n c ia lía s en que debe entenderse el m un do té cn ico ,
a q u e lla c rític a fu n d a m e n ta l a base de la esfera de la v id a , o sea, pues,
resta ble cer la p ureza y el sentido o rig in a rio s de la fa en a te cn o ló g ica .

(
Í
Traducción J, Rovira Armengol

27

�Información
Casa en Country Club
T o rtu g a s , 1951
A rq .: o. a. m.
D ire c to re s de o b ra :
A rq . H o ra c io B a lie ro
A rq . A lic ia C a z z a n ig a
A rq . E d u a rd o P o lledo

La casa está s itu a d a en u n C o u n try C lu b ,
en los a lre d e d o re s de B uenos A ire s . Se d is ­
puso d e u n lo te de 2 0 m e tro s de fre n te
sobre la c a n c h a de g o lf, del c u a l se d e b ía n
d e ja r lib re s dos fa ja s la te ra le s de 2 ,5 0 m e ­
tro s de a n c h o y o tr a m ás p ro fu n d a en el
fre n te y en e l fo n d o .
La casa ib a a ser usada en el v e ra n o y,
p re fe re n te m e n te , los fin e s de se m a n a , po r
u n a c a n tid a d c o n s id e ra b le de g e n te de d is ­
tin ta s edades. Estas c a ra c te rís tic a s , y la
n e cesidad de p o d e r lle g a r a la m is m a desde
c u a lq u ie r p u n to del te rre n o , e v id e n c ia ro n la
v e n ta ja d e c re a r zon as in d e p e n d ie n te s : el
ja rd ín , d o n d e ju g a ría n los niñ o s, los d o r­
m ito rio s , con acceso d ire c to p a ra p o der
asearse y c a m b ia rs e de ropa a l lle g a r del
c lu b o de la c a n c h a , y el liv in g co m o lu g a r
de e s ta r y de re u n ió n .
La d is p o s ic ió n de este ú ltim o en la p la n ta
a lta , p e rm itiría g o z a r d e u n a v is ta e s p lé n ­
d id a , a l e s ta r a b ie rto h a c ia el e x te rio r sin
ser p e rtu rb a d o p o r u n c o n tin u o p a sa je de
g e n te . La in c lu s ió n de la co cin a en esta
p la n ta no p re s e n ta b a p ro b le m a s , pues sería
usada s o la m e n te p a ra de sayuno s y, o ca sio ­
n a lm e n te , p a ra co m id a s rá p id a s.
En la c o n s tru c c ió n se u s a ro n , p a ra los m u ­
ros, la d r illo s com unes, q u e no re c ib ie ro n
n in g ú n tr a ta m ie n to e sp ecial d o nde q u e d a -

b a n a la v is ta . El e n tre p is o fu é c o n s tru id o
con v ig u e ta s p re fa b ric a d a s d e h o rm ig ó n p re ­
c o m p rim id o con la d rillo n e s esp eciales e n tre
e lla s. U n a v ig a de c a d e n a , a p a re n te en el
e x te rio r, las s o lid a riz a . La ch im e n e a del
piso a lto no ap oya sobre é l; lo h a ce sobre
dos p ila re s que fo rm a n en la p la n ta b a ja
los co sta d o s de u n p la c a rd . El te c h o es de
te ja s p la n a s , con a is la c ió n h id r ó fu g a de
fie ltr o s y té rm ic a de fib r a s ve g e ta le s p re n ­
sadas q u e de scansan sobre u n e n ta b lo n a d o ,
a p o y a d o en ca b io s ig u a lm e n te espaciados.
Los pisos son de m o saicos g ra n ític o s ; grise s
en la p la n ta b a ja y b la n c o s en la a lta . Los
d o rm ito rio s e stá n p in ta d o s a l a g u a en c o lo ­
res c la ro s : g ris , v e rd e , ocre y m a rró n . El
c o rre d o r es b la n c o . La c a r p in te ría d e m a ­
de ra fu é b a rn iz a d a del la d o de a fu e ra y
lu s tra d a en el in te rio r.
La casa p re se n ta un a sp e cto u n ita r io d e b id o
a l e q u ilib r io q u e se e s ta b le c e e n tre el d in a ­
m is m o de sus líne as y p la n o s y la e n to n a ­
c ió n de sus m a te ria le s , el la d r illo , las m a ­
deras y las te ja s . El deseo de tr a b a ja r con
p la n o s y no con v o lú m e n e s , es e v id e n te en
el liv in g , cu y a tra n s p a re n c ia p e rm ite v e r

28

V is ta

desde

la

cancha

de

g o lf

(fo to

H oracio
C óppola).

�P lan ta baja

H a ll de e n tra d a . La fo to fu é to m a d a desde e l d o r­
m ito rio p rin c ip a l. La ra m pa de la escalera queda,
en la fo to , a la derecha de la bara n d a. (Foto
H oracio C óppola).

desde el e x te rio r la c h im e n e a a tra v e s a n d o
el te c h o y d a rle s ig n ific a c ió n co m o p la n o .
Esto p u e d e ta m b ié n o b servarse en la p a rte
m ás c e rra d a de la casa, cuyos p a ra m e n to s
c o n fig u ra n un p la n o v e r tic a l q u e b ra d o , de
to d a la a ltu ra del e d ific io , q u e se re la c io n a
p o r e n ca stre s o s itu a c io n e s de p a sa je con
el re sto de p la n o s de la casa.
En el m u ro q u e c ie rra a l e x te rio r el h a ll
de d o b le a ltu r a de la e n tra d a , desaparece
la v ig a de e n c a d e n a d o p a ra p e n e tra r en la
casa. Esta co n se cu e n cia c o n s tru c tiv a p e rm i­
te e n tre v e r las fu n c io n e s q u e se d e s a rro lla n
d e trá s del c e rra m ie n to , y cre a a la v e z una
re la c ió n m ás flu e n te e n tre la p la n ta sup e­
r io r y el te rre n o . Esta re la c ió n se m a n tie n e
a l e n tr a r en el h a ll, ya que sus p a rede s de
la d r illo , la m a d e ra d e la e sca le ra y el h o r­
m ig ó n de la v ig a q u e p e n e tra desde el
e x te rio r c iñ e n d o la losa, no im p lic a n una
ru p tu ra brusca con la p e rce p ció n e x te rn a
de la casa.
A l s u b ir la e sca le ra , se va re c o rrie n d o in te ­
rio rm e n te este e sp a cio re s trin g id o y m e su­
ra d a m e n te ilu m in a d o , pe ro a l lle g a r a c ie r­
ta a ltu r a del re c o rrid o , el v is ita n te se e n ­
fre n ta a ras del piso con el a m p lio espacio
del liv in g y con el c ie lo , p a ra ir g r a d u a l-

V ls ta del liv in g de la p la n ta a lta , m iran d o desde
la chim enea (a la izqu ie ru a en la to ro ) nacía el
h a ll de doble a ltu ra (fo to H oracio C óppola)

29

�V is ta del liv in g . (Foto Georges Friedm an).

El p a b e lló n de servicio.

m e n te e n c o n trá n d o s e con el p a is a je . A l e n ­
fr e n ta r el liv in g , los m u ro s la te ra le s salen
de l ca m p o de la v is ió n d ire c ta , pe ro en su
c o n tin u id a d se in s in ú a n co m o a c o ta m ie n to s
de un esp acio ú n ic o .
En este piso, la c h im e n e a , a b ie rta a los dos
lado s, ju e g a un pa p e l p re p o n d e ra n te a l d e ­
te r m in a r d is tin ta s zon as de e s ta r. Pero se
p u ede o b je ta r q u iz á s q u e , p o r la fu e rz a de
su fo rm a , u n id a a la fu g a d e l te c h o , " p r e ­
s io n e " este esp acio — q u e a b a rc a desde el
h a ll a la te r ra z a — h a c ia el e x te rio r y le
c o n fie ra un c a rá c te r d e m a s ia d o p a n o rá m ic o .
U n e le m e n to e s ta b iliz a d o r lo c o n s titu y e , sin
d u d a , la a n c h a fa ja h o riz o n ta l de m a d e ra
que fo rm a el ta p a rr o llo de las p e rs ia n a s y

se e x tie n d e a lo la rg o de to d o el fre n te
v id ria d o . Sin e m b a rg o , la re la c ió n e n tre
in te r io r y e x te rio r lo g ra d a p o r la c o n tin u i­
dad de los m a te ria le s y el tra ta m ie n to de
los espacios, p o d ría s u g e rir c ie rto n a tu r a lis ­
m o o a lg u n a s u e rte de " o r g a n ic is m o " .
C ree m os q u e esto a u e d a d e s v irtu a d o en
g ra n p a rte p o r la d e lim ita c ió n de los pla n o s
h o riz o n ta le s qu e c o m p e n sa n estas c o n tin u i­
dades e n tre e x te rio r e in te rio r.
La h o m o g e n e id a d y b r illo de los pisos, en
c o n tra s te con el re sto de los m a te ria le s , les
hace re c o rta r las fo rm a s , a cu sa n d o no sólo
la g e o m e tría del lu g a r, sin o d e te rm in a n d o
con to d a n itid e z el m e d io n a tu ra l, e x te rio r,
y el m e d io s o cia l, la casa.

O tra v is ta de la casa.

La casa v is ta desde la e n tra d a , en la calle. A la
derecha, d etrá s de los pinos, se e n c u e n tra el
p a b e lló n de servicio.

30

�Pabellón en un jardín
B eccar, F .C .G .M .
A rq . A n to n io B onet

D e ta lle del fre n te co n tig u o a la piscina, donde
se observa el tra ta m ie n to de la bóveda y la
in te rru p c ió n de la ce ne fa por el b o ta -ag u as.

El p a b e lló n se h a lla u b ic a d o en u n ja rd ín
con m a g n ífic o s á rb o le s y c o n tig u o a una
p is c in a . S irve p a ra c o m p le m e n ta r la v id a
que se re a liz a en el v e ra n o con el uso de la
p is c in a , a u n q u e ta m b ié n se lo usa p a ra fie s ­
ta s , re u n io n e s, e tc. D isp o n e de u n b a r, un
o ffic e , un to ile tte y u n rin c ó n de e s ta r, a p o ­
y ad os c o n tra el m u ro p o s te rio r y d ife re n c ia ­
dos del esp acio p rin c ip a l a b o ve d a d o .
A d e m á s de esta c irc u n s ta n c ia , co m ú n en la
o b ra de B o n e t (b a sta re c o rd a r la m a g n ífic a
casa B e rlin g ie ri de P u n ta del Este), c a ra c te ­
riz a a este p e q u e ñ o p a b e lló n la to ta l tra n s ­
p a re n c ia de tre s de sus lados. El uso de
g ra n d e s v id rie ra s no p e rm ite en este caso la
v is ió n de a m p lia s p e rs p e c tiv a s , y ta m p o c o
h a n sido p la n e a d a s en fu n c ió n de u n a re la ­
c ió n to ta l de e x te rio r e in te rio r. Sin e m b a r­
go , lo g ra n c re a r con la lu z , ta m iz a d a p o r el
fo lla je q u e ro dea a l p a b e lló n y p o r los re fle ­
jos de los pisos, u n a sua ve a tm ó s fe ra in te r ­
na q u e n ie g a a la bó ve d a c u a lq u ie r pesadez
y le da u n c a rá c te r casi flo ta n te .

V is ta del fre n te p rin c ip a l con las pue rtas co rre ­
dizas. Las colum nas de los ángulos son p e rfile s
de h ie rro donde apoya la bóveda.

Fotos Georges Friedm an.

31

�V is ta hacia el in te rio r m ostra nd o el lu g a r de
e sta r al lado de la chim enea. A la derecha de
ésta se encu e n tra el bar.

V is ta desde el lug a r de estar h acia el e x te rio r.
Se puede ve r el ca nte ro de p ie d ra que p en e tra
desde a fu e ra .

Ediciones G a la te a /N u e v a V is ió n

Pierre-Maxime Schuhl:

Maqumismo y filosofía
Desde hace unos tre in ta años, se re a liz a n en F ra n cia
serios estudios sobre diversos aspectos de uno de los
más e x tra o rd in a rio s fenóm enos de n ue stro tie m p o :
el d e s a rro llo del m aq um ism o . La " m á q u in a " es a llí
e nca ra da ta n to desde el p u n to de v is ta de las conse­
cuencias p rá c tic a s de su u tiliz a c ió n com o desde el
p u n to de v is ta de su repercusión en la c u ltu ra en g en e ­
ral. P ie rre -M a x im e Schuhl es uno de los m ás a u to riz a ­
dos inve stiga do res en esta m a te ria . En "M a q u m is m o
y F ilo s o fía " e stu d ia las a c titu d e s que, a través del
tie m p o , desde la a n tig ü e d a d clásica hasta nuestros
días, han a d o p ta d o los grandes pensadores de la h u ­
m a n id a d fre n te a las invenciones susceptibles de ser
em pleadas com o in s tru m e n to s de tra b a jo .

a d q u ié ra lo en todas las lib re ría s y en:

G a la te a , V ia m o n te 5 62
N ueva V is ió n , C e rrito 1371

32

�Notas y comentarios

Exposición Sarah Grilo. Bs. As.,
Galería Krayd, 1955.
Sarah G rilo: " U n p u n to n e g ro ".

Después de p a r tic ip a r en el curso del a ñ o
en v a ria s m u e s tra s c o le c tiv a s , S arah G rilo
e fe c tu ó u n a e x p o s ic ió n in d iv id u a l en K ra y d
d u ra n te los p rim e ro s d ía s del pa sado mes
de n o v ie m b re . La e x p o s ic ió n o fre c ió así la
p o s ib ilid a d de a p re c ia r, a tra v é s de u n c o n ­
ju n to de sus ob ras, las te n d e n c ia s y p re ­
o cu p a c io n e s que ha n v e n id o c a ra c te riz a n d o
su p ro d u c c ió n . A l ig u a l que o tro s que t r a ­
b a ja n con un s e n tid o c re a d o r en c o n s o n a n ­
c ia con el e s p íritu de n u e s tro tie m p o ,
S arah G rilo p ro ta g o n iz a p ro b le m a s y c o n ­
tra d ic c io n e s qu e está n m o s tra n d o , p o r fu 3 ra
de a lg u n o s a p re s u ra d o s esquem as c rític o s ,
la v ita lid a d de una a c titu d e s té tic a que,
lejos de a g o ta rs e en un m e ro p la n te o fo r ­
m a l se a s ie n ta cad a ve z m ás en un a e x p re ­
sión h u m a n a to ta l. Y no es que estem os en
p re s e n c id d e u n re to rn o y m enos a ú n de
un a b a n d o n o del s e n tid o c o n s tru c tiv o , que
d ió fu n d a m e n to y c a rá c te r a la a c titu d se­
ñ a la d a . N o h a y aq uí n in g u n a d e ja c ió n de
la re s p o n s a b ilid a d que c o n s titu y ó el sus­
te n tá c u lo de ta n ta s provecho sas re a liz a c io ­
nes. El a r tis ta m a n tie n e su v ig ilia . Es la
v ig ilia que re q u ie re el le n g u a je p lá s tic o a
qu e ha a rrib a d o , le n g u a je que im p lic a y a
un a co n q u is ta d e fin itiv a . Pero no to d o es
v ig ilia en su tra b a jo . O tro s fa c to re s , m e­
nos p re v is ib le s , su rg id o s de u n a e x p e rie n c ia
p e rs o n a lís im a , h a n in te rv e n id o en el curso
de la c o m p o s ic ió n , y la e s tru c tu ra , a que
se lle g a fin a lm e n te , no sólo está o r g a n iz a ­
da: ta m b ié n tie n e un se n tid o . C o n te m p la d a s
con este c rite rio , las p in tu ra s de S arah
G rilo c o b ra n un in te ré s p o n d e ra b le . N os
ponen en pre s e n c ia de u n a d in á m ic a p o lí ti­
ca, que p u g n a p o r c o n q u is ta r sobre la te la
u n a lib e r ta d e s tru c tu ra d a . Y , ta n to en los
tra b a jo s c om puestos p o r líne as sobre fo n d o s
v a lo riz a d o s c ro m á tic a m e n te , com o en las
e s tru c tu ra s basadas en p la n o s superpuestos
de c o lo r, los e le m e n to s está n dispuestos
a te n d ie n d o p o r ig u a l a las e x ig e n c ia s o r­
g a n iz a d o ra s de o rden v is u a l y a los re ­
clam o s de un a in d iv id u a lid a d e m o c io n a l.
El a m p lio re g is tro p lá s tic o de esta p in to ra
la c a p a c ita p a ra c o n c re ta r en una n o ta b le
v a rie d a d de s itu a c io n e s sus necesidades
cre adoras. Se p a te n tiz a a q u í u n a e x p e rie n ­
c ia que tra s c ie n d e los lím ite s de u n a p ro ­
b le m á tic a e s tric ta m e n te v is u a l. Los e le ­
m e n to s p lá s tic o s u tiliz a d o s , a u n c u a n d o
co n servan su re a lid a d de ta le s , se c a rg a n
de un s e n tid o , a p u n ta n a una s ig n ific a c ió n
e s p iritu a l. Se tr a ta de un proceso de tra n s ­

m u ta c ió n del le n g u a je , d is tin to , sin e m b a r­
go , de c u a lq u ie r c a lig r a fía e x p re s io n is ta ,
pues el n u e vo s ig n ific a d o e m p ie z a a o p e ­
ra r sobre no sotro s desde un a in te lig e n c ia
a le rta . Lo c ie rto es que estas líne as y co ­
lores c re a n un m u n d o a n u e s tro a lre d e d o r
y a lc a n z a n u n v a lo r c o m u n ic a tiv o , lo cu a l
no im p lic a , sin e m b a rg o , una ilu s tra c ió n
de u n te m a fija d o de a n te m a n o . N o es la
ve rsió n lite r a r ia de u n a e x p e rie n c ia , ya que
los m e d io s p lá s tic o s se m o d ific a n a l m ism o
tie m p o qu e las s ig n ific a c io n e s . De este
m o do, lle g a S arah G rilo a e la b o ra r una
p in tu ra o rg a n iz a d a y lib re , en cuyos fa c ­
to re s e s tru c tu ra le s sub yacen los e le m e n to s
de u n a v is ió n y u n a e x p e rie n c ia nu evas.
Sus sím b olos visu a le s a b re n paso a un a
p o é tic a en p le n o d e s a rro llo . In ic ia así esta
p in to ra una e ta p a d e cisiva en su e v o lu c ió n ,
tra s s u p e ra r a lg u n a s v a c ila c io n e s de sus
co m ie n zo s m e d ia n te una c e rte ra c o m p re n ­
sión de los p ro b le m a s fo rm a le s c o n te m p o ­
ráneos.
E. B.
Sarah G rilo: "D os círcu los sobre una b a n d a ."
Sarah G rilo: "C o m p osición N9 23 en ro jo s".

33

�il Exposición de pintura, escultura,
arquitectura y urbanismo de nues­
tro tiempo. Gath &amp; Chayes. Bs. As.,
octubre 1955.
En el sub suelo de G a th &amp; C have s se re a liz ó
la se g unda e x p o s ic ió n de p in tu r a , e s c u ltu ra ,
a r q u ite c tu ra y u rb a n is m o de n u e s tro tie m ­
po., C o m o se sabe, el p ro p ó s ito p e rs e g u id o
p o r los o rg a n iz a d o re s de esta m u e s tra es
el de p re s e n ta r a l p ú b lic o un p a n o ra m a
de la s itu a c ió n a c tu a l de ca d a u n a de
esas a c tiv id a d e s a tra v é s de sus e x p re s io ­
nes m ás a v a n z a d a s . A l re u n ir en un m is m o
salón o b ra s de ta n d is tin to c a rá c te r, se es­
pe ra a s im is m o p o n e r de m a n ifie s to la e x is ­
te n c ia de u n a p re o c u p a c ió n c o m ú n qu e se
tra d u c e &lt;j veces en s im ilitu d e s de fo rm a y
de p ro p ó s ito . N o o b s ta n te , la m u e s tra es lo
s u fic ie n te m e n te a m p lia y e c lé c tic a com o
p a ra
d a r c a b id a
a m a n ife s ta c io n e s
de
o rie n ta c ió n e s té tic a d iv e rs a .
Las secciones de p in tu r a y e s c u ltu ra han
esta d o re p re s e n ta d a s con u n a a b u n d a n c ia
q u e una s e lecció n m ás e x ig e n te h u b ie ra
re d u c id o a p ro p o rc io n e s m ás e q u ilib ra d a s
re specto de las seccion es re s ta n te s . De a r ­
q u ite c tu r a , u rb a n is m o y m u e b le s , en c a m ­
b io , sólo se h a n e x h ib id o unos pocos e je m ­
plos q u e d is ta n m u c h o de p ro p o rc io n a r una
n o tic ia , s iq u ie ra s u m a ria , de lo re a liz a d o
p o r nu e s tro s a rq u ite c to s y d iseñ ado res.
U na m u e s tra de estas c a ra c te rís tic a s que se
ha
p ro p u e s to
adem ás
una
p e rio d ic id a d
a n u a l, debe e x h ib ir a lg ú n c r ite r io de a d m i­
sió n , n o sólo con la fin a lid a d de s e le c c io ­
n a r lo m e jo r sin o ta m b ié n con la de e s ta ­
b le c e r una g u ía q u e p e rm ita a l o b s e rv a d o r
d is c rim in a r el proceso y e v o lu c ió n de las
a c tiv id a d e s qu e re p re s e n ta . P or e je m p lo , el
ru b ro de a rq u ite c tu ra p re s e n ta u n a v a r ie ­
d a d ta n g ra n d e de asp ectos q u e sería c o n ­
v e n ie n te h a c e r su p re s e n ta c ió n p o r tem as,
en lu g a r de e x h ib ir, s in n in g u n a p o s ib ilid a d
de c o m p re n s ió n p o r p a rte del p ú b lic o , un
p ro y e c to de v iv ie n d a , un e d ific io p ú b lic o y
un p ro y e c to de p la n e a m ie n to ju n to con un
p a r de s illa s y u n a m esa.
D ig a m o s fin a lm e n te q u e , a pe sar de las
b u e n a s in te n c io n e s que h a n p re s id id o este
e s fu e rz o , no se ha co n s e g u id o s u p e ra r la
m u e s tra a n te rio r en lo qu e se re fie re a h a ­
ce r c o m p re n s ib le a l p ú b lic o los p ro b le m a s
que a g ita n a q u ie n e s , desde sus a c tiv id a ­
des e sp e c ífic a s , se p ro p o n e n im p u ls a r la
re n o v a c ió n del le n g u a je v is u a l c o n te m p o ­
rá n e o .

Exposición de Urbanismo. Bs. As.,
noviembre 1955.
En o p o rtu n id a d de ce le b ra rs e la S em ana
M u n d ia l d e l U rb a n is m o , se re a liz ó en Bs.
A s. u n a e x p o s ic ió n que re u n ió diversos t r a ­
b a jo s sobre el te m a .
La D ire c c ió n de U rb a n is m o y la S ociedad
C e n tra l de A rq u ite c to s fu e ro n los e n c a rg a ­
dos de la o rg a n iz a c ió n y d is tr ib u c ió n de la
m u e s tra , e s ta n d o a d em ás a c a rg o de la
p rim e ra , la p re s e n ta c ió n de im p o rta n te s
tra b a jo s sobre la m a te ria .
Esta e x p o s ic ió n , a tr a y e n te p o r su te m a
p r in c ip a l (el p la n e a m ie n to de Bs. A s. y el
g ra n Bs. A s .), p o r el s e n tid o c la ro y d id á c ­
tic o de su d e s a rro llo y la c a lid a d de los
tra b a jo s exp uesto s, ha c u m p lid o u n a f u n ­
c ió n m e rito ria a l in fo rm a r a l p ú b lic o sobre
u n a ta re a s ig n ific a tiv a y , lo q u e es m ás,
ha lla m a d o la a te n c ió n sob re el o b je to y
p ro p ó s ito del u rb a n is m o , esca sam en te c o ­
n o c id o s p o r
la g e n e ra lid a d
de n u e s tro
m e d io .
La m u e s tra , fá c ilm e n te a c c e s ib le , se d e s ­
a r ro lló en p a n e le s q u e in c lu ía n g rá fic o s ,
m a p a s y te x to s , d e s ta c á n d o s e en fo rm a
m ás n o ta b le las c o n c lu s io n e s p rin c ip a le s del
e s tu d io . Se e x h ib ía n a d em ás, en las v i t r i ­

34

V ista de la exposición

nas, m a q u e ta s de b a rrio s diseñ ado s con un
c r ite r io u rb a n ís tic o .
En p rim e r lu g a r, lu e g o del acceso, se e x ­
puso el P lan de R e e s tru c tu ra c ió n p a ra la
C a p ita l Fe deral y el G ra n B uenos A ire s ,
p re p a ra d o p o r la D ire c c ió n de U rb a n is m o
de la M u n ic ip a lid a d de Bs. A s. Este t r a ­
b a jo p re s e n ta b a en p r im e r lu g a r los e s tu ­
dio s a n a lític o s re a liz a d o s p o r el E studio del
P lan B uenos A ire s (1 9 4 8 - 5 0 ) , q u e no fu é
p o sib le in c lu ir en su to ta lid a d d e b id o a la
fa lta de e sp a cio d is p o n ib le . A d e m á s , com o
c o n c lu s ió n de los tra b a jo s a n te rio re s , se e x ­
p u s ie ro n , en esquem as s in té tic o s , to d o s los
asp ectos d e l G ra n B uenos A ire s a to m a r en
c o n s id e ra c ió n con re fe re n c ia a las Ideas
Básicas del P lan de R e e s tru c tu ra c ió n .
En la s e g u n d a m ita d de la e x p o s ic ió n f ig u ­
ra b a n el P lan R e g u la d o r de San J u a n , el
P lan de U rb a n iz a c ió n de D a rw in , u n C e n tro
C ív ic o p a ra 1 0 .0 0 0 h a b ita n te s , el P lan Re­
g u la d o r de J u ju y P a l-P a lá , el B a rrio G en e­
ra l Paz, la C iu d a d J a rd ín M e rce d e s B enz,
los pla n e s de u rb a n iz a c ió n de T a n d il, T r e n que L a u q u e n y M ira m a r , y la C iu d a d J a r­
d ín El L ib e rta d o r.
En el c u rso de la e x p o s ic ió n se lle v ó a
ca b o u n a v is ita e x p lic a d a , a la qu e asis­
tie ro n a u to rid a d e s m u n ic ip a le s , p ro fe s io n a ­
les y c u e rp o d ip lo m á tic o , d o nde fu é e x p li­
cad o, p o r los a r q u ite c to s O di lia S uárez y
E d u a rd o J. S a rra ilh , de la D ire c c ió n de U r­
b a n is m o , el tra b a jo de re e s tru c tu ra c ió n de
Bs. A s. y el g ra n Bs. A s ., el P lan de J u ju y
P a l-P a lá p o r su a u to r, el a rq . J o rg e V iv a n co y el de San J u a n p o r el a rq . José M .
F. P astor.
En estos m o m e n to s en que la o p in ió n p ú ­
b lic a se o cu p a in te n s a m e n te del p ro b le m a
de la v iv ie n d a , ha s id o m u y o p o rtu n a y
c la rific a d o r a esta e x p o s ic ió n de u rb a n is m o ,
V ista de la exposición

sobre to d o en lo que a ta ñ e a la p re s e n ta ­
c ió n de las ideas b á sica s d ire c tric e s del
P lan de R e e s tru c tu ra c ió n p a ra Bs. A s. y el
G ra n Bs. A s.
H a ce a lg u n o s años, los o rg a n is m o s o fic ia ­
les de c ré d ito p o s ib ilita ro n la c o n s tru c c ió n
de g ra n c a n tid a d de v iv ie n d a s , sobre to d o
e co n ó m ica s (P la n Eva P eró n), que se le ­
v a n ta ro n en c u a lq u ie r lu g a r, sin o rd e n n i
c o n tro l. D e b id o a l m e n o r costo de la tie r ra ,
o c u p a ro n las zo n a s b a ja s e in s a lu b re s s i­
tu a d a s fu e ra de la c iu d a d , a le ja d a s de los
n ú cle o s p o b la d o s o de los lu g a re s de t r a ­
b a jo , y fu e ro n c u b rie n d o p a u la tin a m e n te
exte n sa s zonas. D e n tro de éstas, c o n tin u a ­
ro n le v a n tá n d o s e en lotes e n tre m e d ia n e ra s ,
o rie n tá n d o s e en c u a lq u ie r fo r m a y s o lid ifi­
c a n d o la m asa de la c iu d a d a c tu a l. En a m ­
bos casos, c o a rta b a n c u a lq u ie r p la n ific a c ió n
u lte rio r.
A h o ra ta m b ié n se c o n s tru irá n v iv ie n d a s y,
p o s ib le m e n te , en u n a c a n tid a d m a y o r que
las que s u rg ie ro n a n te s . C on el o b je to de
e s tu d ia r y re so lve r e l a n g u s tio s o p ro b le m a
q u e p la n te a la escasez de a lo ja m ie n to , se
h a n c o n s titu id o v a ria s co m isio n e s. Pero n in ­
g u n a de e lla s debe ig n o ra r un p la n de des­
a r r o llo de la c iu d a d : su z o n ific a c ió n , sus
reservas, sus p re visio n e s, sus d ire c tiv a s .
Las idea s bá sica s del P lan de R e e s tru c tu ra ­
c ió n de Bs. A s. y el g ra n Bs. A s. p resen­
ta d o en la e x p o s ic ió n , a b a rc a n estos asp ec­
tos, a p o rta n d o a d e m á s las co n c lu s io n e s de
un e xte n so a n á lis is : p u n to s d e fin id o s de
a p o yo qu e deben ser el p u n to de p a rtid a
de c u a lq u ie r p ro g ra m a p a ra la v iv ie n d a .
Es im p re s c in d ib le , p o r o tra p a rte , q u e las
a u to rid a d e s p re ste n un a re a l a te n c ió n y
a p o ye n la fin a liz a c ió n del P lan R e g u la d o r
p a ra Bs. A s. del q u e estas Ideas Básicas
d e l P lan de R e e s tru c tu ra c ió n fo rm a n p a rte ,
p ro m u lg a n d o la ley de P la n e a m ie n to c o rre s ­
p o n d ie n te . A p o y a n d o a l e q u ip o de té cn ico s
q u e lo e s tu d ia , re fo rz á n d o lo con el asesoram ie n to n e c e s a rio y , sobre to d o , d á n d o le la
je ra rq u ía qu e a n u e s tra c iu d a d le c o rre s ­
ponde.

Exposición Arfe Nuevo. Van Riel.
Bs. As., noviembre 1955.

B a jo el n o m b re de A r te N u e v o , esta e x p o ­
s ic ió n re úne un c o n ju n to c o n s id e ra b le de
o b ra s p e rte n e c ie n te s a las te n d e n c ia s a b s ­
tra c ta s y co n c re ta s del a r te a c tu a l. A u n ­
que a q u í ta m b ié n se e x p o n e n a lg u n o s p ro ­
ye cto s de a rq u ite c tu ra y h a y u n a sala de-

�d ic a d a a la fo to g r a fía , p re d o m in a s in e m ­
b a rg o el a s p e c to p lá s tic o re p re s e n ta d o p o r
la p in tu r a y la e s c u ltu ra . El n ú m e ro e le ­
v a d o de e x p o s ito re s in d ic a la d ifu s ió n a l­
c a n z a d a en n u e s tro m e d io p o r a q u e lla s
fo rm a s a r tís tic a s sin q u e esta d ifu s ió n p u e ­
da to m a rs e c o m o e le m e n to de ju ic io p a ra
a p re c ia r el g ra d o de e v o lu c ió n qu e esas f o r ­
m a s h a n a lc a n z a d o e n tre no sotro s.
El c a r á c te r de fr e n te ú n ic o q u e los p ro p io s
o rg a n iz a d o re s o to rg a n a esta clase de e x ­
p o sicio n e s , im p id e , p o r s u p u e s to , to d a c o n ­
s id e ra c ió n de la o b ra a is la d a y tra e a d e ­
m ás co m o c o n s e c u e n c ia la p ro m o c ió n de
p rin c ip ia n te s c u y o ú n ic o c a u d a l ra d ic a en
u n m a n ie ris m o rá p id a m e n te a d q u irid o , con
el a g ra v a n te de qu e h o y n o se ca re c e de
a n te c e d e n te s , c o m o o c u rría d ie z añ os a trá s .
Esta m u e s tra , en re s u m e n , p o d ría re s u lta r
s ig n ific a tiv a p a ra q u ie n se p ro p u s ie ra a v e ­
r ig u a r c ó m o se c u m p le n e n tre n o s o tro s los
procesos de d ifu s ió n de las fo rm a s m o d e r­
nas, procesos en los c u a le s p a rece g r a v ita r
m ás la n o tic ia , el d a to e x te rio r, qu e una
re a l e x p e rie n c ia e s té tic a .

Fernand Léger (1381-1955)

Fernand Léger.

Exposición Del Prete. Van Riel, Bs.
A s., diciembre 1955.

Del

Prete:

"C o m p o s ic ió n "

(1953).

En las salas de V a n R iel el p in to r Del
P re te ha re a liz a d o u n a e x p o s ic ió n de p in ­
tu ra s a b s tra c ta s y fig u r a tiv a s que re p re ­
se n ta n su la b o r de los ú ltim o s c in c o años.
Se tr a ta , pues, de su p ro d u c c ió n m á s re ­
c ie n te , en la q u e se r e fle ja n las n u e va s
in q u ie tu d e s que este p in to r h a in c o rp o ra d o
a su e x te n s o re p e rto rio p lá s tic o .
D el P rete no es p in to r de fá c il u b ic a c ió n ,
p e ro su a c titu d e s e n c ia l fr e n te a la p in t u ­
ra p e rm a n e c e c o n s ta n te desde el fa u v is m o
in ic ia l h a s ta sus ú ltim a s p in tu ra s , d ic ta d a s
p o r un e s p o n ta n e ís m o lib re de to d o p re ­
c e p to fo r m a l. Los te m a s m ás d iv e rg e n te s
del a r te a c tu a l c o n s titu y e n p a ra él v e rd a ­
deros " t e m a s " , es d e c ir, p re te x to s , e x e n to s
de to d a p r o b le m a tic id a d , que le p e rm ite n
e je rc e r la p in tu r a c o m o u n a a c tiv id a d es­
p o n tá n e a y n a tu ra l. A q u í es d o n d e ra d ic a
su c o h e re n c ia .
En un m e d io co m o el n u e s tro , d o n d e la
p in tu ra a d o p ta fá c ilm e n te un b a rn iz de
b u e n to n o , la p in tu ra de D el P rete puede
re s u lta r c h o c a n te , n o ta n to p o r las a p a ­
rie n c ia s fo rm a le s qu e re v is te , c o m o p o r la
re belde in tra n s ig e n c ia con q u e a c o m e te el
h a c e r p ic tó ric o . C o n te m p la d a desde este
p u n to de v is ta , la e x p o s ic ió n c o n s titu y e un
b u e n e je m p lo de lo que a firm a m o s .
A . H.

" L é g e r , ha d ic h o A p o llin a ir e , h a sid o un o
de los p rim e ro s q u e , re s is tie n d o a l a n tig u o
in s tin to de la especie y de la ra z a , se h a ya
lib ra d o con a le g ría a l in s tin to de la época
en q u e v iv í a " .
M u c h o s s ig lo s de u n a c iv iliz a c ió n ra c io n a lis ­
ta y ca d a ve z m ás m e c a n ic is ta , ya no p e r­
m ite n a l h o m b re el m a n te n im ie n to de re la ­
c io n e s p a n te ís ta s a rm o n io s a s . La té c n ic a
■
— y a qu e de bem o s lla m a r la p o r su n o m ­
b re — se ha c o n v e rtid o d e s e rv id o r en d u e ­
ño. D u e ñ o v e n e ra d o h a sta el fa n a tis m o .
P acto con S a ta n á s p a ra m u ch o s. M e d io de
re d e n c ió n p a ra o tro s. C u a le s q u ie ra sean su
n a tu ra le z a y sus fin e s , n in g ú n h o m b re c iv i­
liz a d o p u ede e sca p a r a su d o m in io . Desde
ha ce u n s ig lo — y a ú n a n te rio r m e n te —
m u c h o s p in to re s h a n p re s e n tid o esta tra n s ­
fo rm a c ió n fu n d a m e n ta l de las c o n d ic io n e s
de la e x is te n c ia h u m a n a . El im p re s io n is m o
fu é la p r im e r to m a de c o n c ie n c ia de esta
n u e v a m ís tic a . El c o lo r, h a sta e n to n ce s se­
c u n d a rio , se to rn ó sob eran o. P or o b ra de
a lg u n o s a rtis ta s , de L é g e r e s p e c ia lm e n te ,
fo r m a y c o lo r o b tu v ie ro n su a u to n o m ía . El
c u a d ro e n te ro se c o n v ir tió en u n n u e vo o r ­
g a n is m o , un o b je to c re a d o p o r los solos
e le m e n to s de su e s tru c tu ra .
" S o la m e n te el c u a d ro -o b je to es c a p a z de
s o p o rta r la c o m p a ra c ió n con c u a lq u ie r o b ­
je ta fa b ric a d o y re s is tir a l tie m p o . El c u a ­
d r o -a r tis ta es fa ls o y está a c a b a d o " ha
d ic h o Léger.
Y si, ta l co m o él lo p re te n d ía , a ca d a é p o ­
ca c o rre sp o n d e u n v u e lc o p a r tic u la r del
e s p íritu , Lé g e r, m ás a ú n y m e jo r q u e n in ­
g ú n o tro , se id e n tific ó con el de su tie m ­
po. M á s q u e sus co m p a ñ e ro s de la b r illa n te
c u a d rig a c u b is ta : P icasso, B ra q u e y G ris,
q u ie n e s , a p e sa r de las a p a rie n c ia s , no
a b a n d o n a ro n n u n c a el te rre n o tra d ic io n a l
de la p in tu ra .
L é g e r, c o m o un n iñ o g ra n d e m a ra v illa d o
p o r los ju g u e te s p ro d ig io s o s q u e los h o m ­
bres c re a n ca d a d ía — los e x tr a o rd in a rio s
d e s c u b rim ie n to s ,
las m á q u in a s
a s o m b ro ­
sas— a s p iró ta m b ié n a c re a r v is io n e s n u e ­
vas, a a g ru p a r los e le m e n to s p lá s tic o s en
c o m b in a c io n e s n u n c a vis ta s . B uenos tr a b a ­
jos, b ie n re a liz a d o s , b ie n te rm in a d o s , b r i­
lla n te s , d in á m ic o s — e s p e c ta c u la re s — , c a ­
paces de c o m p e tir con la u sin a y con la
fá b ric a .
Pero ¡a te n c ió n ! L é g e r sabe q u é q u ie re d e ­
c ir té c n ic a . C on el b u e n s e n tid o c a m p e sin o
y la a g u d e z a n o rm a n d a he re d a d o s de sus
p a d re s , sabe e n fr e n ta r la fra n c a m e n te , pero
p u ede ta m b ié n h a c e rlo con a s tu c ia . A u n q u e
de ba re s p e ta r la s u p e rfic ie de la te la — le
a g ra d a a veces ta m b ié n s u g e rir el v o lu ­
m e n — lo hace ta n s u tilm e n te qu e la su­
p e rfic ie resiste y e l peso sub siste. En c u a n to
a l c o lo r, si L é g e r le ha trib u ta d o un v e r­
d a d e ro c u lto — " s in c o lo r n o se p u ede v i­
v i r " es su fó r m u la — , si lo e x a lta , si re ­

v e la que es b e llo p o r sí m ism o , a ú n y so­
bre to d o en sus to n a lid a d e s fu n d a m e n ta le s ,
lo e m p le a sin e m b a rg o en u n a ju s ta m e d i­
da, a f in de q u e su b r illo re s p la n d e z c a , que
sus o n d a s se irra d ie n . Si el m e jo r o fic io es
el m ás a p to p a ra e x p re s a r la id e a p lá s tic a ,
el de L é g e r, que es m u y e fic a z , se h a lla
m ás ce rca del o fic io del a ffic h is ta q u e del
p in to r. En c u a n to a l a s u n to , es irre c o n o c i­
b le , a n o n a d a d o co m o p o r u n a d e fla g ra c ió n
n u c le a r q u e lib e ra la e n e rg ía p lá s tic a a su
e s ta d o p u ro . Pero L é g e r no h u b ie ra c o m ­
p re n d id o lo q u e era la té c n ic a si no h u b ie ra
sa b id o q u e e lla debe tr a d u c ir lo in e x p re s a ­
b le , esa e s té tic a q u e posee el a r tis ta , esa
s u b s ta n c ia ta n pre cisa e im p re c is a a la vez
q u e e x is te en él.
Desde 1 9 1 2 , p in tu ra s co m o " V a r ia tio n s des
fo r m e s " , "C o n tra s te s de fo r m e s " re v e la n
q u e L é g e r ha d e fin id o de g o lp e su e s té tic a ,
ha in v e n ta d o su té c n ic a y ha e n c o n tra d o
su " m é t i e r " .
Este m ila g ro se ha p ro d u ­
c id o a p e n a s en dos añ os, e n tre 19 11 y
1 9 1 3 , ya q u e en 1911 h a b ía e x p u e s to to ­
d a v ía en los In d e p e n d ie n te s " L e s ñu s da ns
la f o r é t " , u n a p in tu ra b a sada a ú n en el
a n á lis is de los e le m e n to s d e l s u je to , g e o m e triz a d o s seg ún el c é le b re co n se jo de C éz a n n e a su a m ig o E m ile B e rn a rd : " T o d o en
la n a tu ra le z a debe ser tra ta d o p o r el con o,
la e s fe ra , e l c ilin d r o , puestos en p e rs p e c ti­
v a s " . Frase c la v e p a ra L é g e r — m ás que
p a ra tod os los o tro s c u b is ta s — , id e a d ire c ­
t r iz de to d a su o b ra .
D espués v in o la g u e rra . L é g e r n o d e b e ría
re to m a r ja m á s con el m ism o rig o r las e x ­
p e rie n c ia s d e s in te re s a d a s de sus co m ie n zo s.
A l m a rg e n de la le ye n d a q u e p re te n d e que
la g u e rra h a ya en señad o a L é g e r la b e lle z a
de la m á q u in a — a se rció n que ig n o ra las
" m a c h in e s nees sans m e re " del P ica b ia
1 9 1 5 y las " m a c h in e s in ú t ile s " del P ic a b ia
D a d a 1 9 1 6 — , podem os p re g u n ta rn o s si
esta g u e rra de 1 9 1 6 , en la qu e lu c h ó d u ­
ra n te tre s añ os en el fre n te de V e rd u n , no
ha re v e la d o m ás b ie n a L é g e r v e rd a d e s
p ro fu n d a s , d e te rm in a n te s p a ra su a rte . En
el exceso de l m a l, en el d e s e n c a d e n a m ie n ­
to d e l o d io , ha te n id o , a no d u d a r, la re v e ­
la c ió n del v e rd a d e ro a m o r fr a te r n a l. L ic e n ­
c ia d o en 1 9 1 7 después de h a b e r sid o a l­
c a n z a d o p o r los gases, L é g e r re to m a poco
a poco, lu e g o d e v a rio s meses de co n v a le s c e n c ia , en la qu e un tra s to rn o de la v is ta
n o le p e rm ite v e r m ás q u e el a m a r illo , sus
e x p e rie n c ia s p ic tó ric a s .
Si en sus n u e va s p in tu ra s e n c o n tra m o s la
m ism a c ie n c ia que en las a n te rio re s , e lla s
no poseen ya la m ism a fu e rz a fe s tiv a , la
m is m a fo g o s id a d , el m is m o e n tu s ia s m o p o r
los e le m e n to s p lá s tic o s q u e é l h a b ía c o n ­
trib u id o a lib e ra r. U n a d u d a se ha in s in u a ­
do, un te m o r ha s u rg id o , un re cu e rd o , ta l
ve z, se ha p re cisa d o . Esos cañ ones que

35

�e n c o n tra b a be llo s b a jo el sol de la tr in c h e ­
ra c u a n d o era a r tille r o , n o e ra n acaso los
m ism o s que s e g aban a los c a m a ra d a s que
d e b e ría re c o g e r m ás ta rd e co m o a n g a rille ro? L é g e r no es h o m b re de c o m b a te s in te ­
rio re s, n i de s u tiliz a r en exceso. Sus o b je ti­
vos son s im p le s y fra n c o s , su fu e rz a , tr a n ­
q u ila y b ie n e q u ilib ra d a . S e g u irá sus in t u i­
cio n e s, se a p o y a rá de n u e v o en e le m e n to s
co n c re to s , no s o la m e n te m e c á n ic o s , sin o
ta m b ié n en p e rs o n a je s o p a is a je s . V o lv e rá
a la v id a de las a p a rie n c ia s p ic tó ric a s com o
v o lv ió a la v id a a l re g re s a r de la g u e rra ,
a p re n d e rá de n u e v o a v e r y a a m a r las
cosas n a tu ra le s y h a b itu a le s . Si e x is te a q u í
un re tro c e s o es m ás en su e s té tic a que en
su té c n ic a , a u n q u e n e c e s a ria m e n te esta ú l­
tim a se re s ie n te . V a , pues, a a p o y a rs e so­
b re u n a tra d ic ió n , la m is m a q u e , ha ce c u a ­
tr o sig lo s y en c irc u n s ta n c ia s s im ila re s , fu é
la de los g ra n d e s c o n s tru c to re s , esos a r tis ­
ta s de l seis c ie n to s ita lia n o , ce rc a n o s desde
ta n to s p u n to s de v is ta a los de n u e s tro
tie m p o , en v ir tu d d e l e s p íritu té c n ic o y las
in te n s a s e x p e rie n c ia s p lá s tic a s .
Sin u n a e x c e s iv a b u e n a v o lu n ta d , es fá c il
e n c o n tra r u n a id e n tid a d e n tre las te la s de
L é g e r del p e río d o 1 9 1 8 - 1 9 2 2 q u e fin a liz a
con “ La le c tu r e " y " L e g ra n d d é je u n e r"
— dos o b ra s m a e s tra s , fo r m id a b le s go lp es
de p u ñ o de sca rg a d o s sobre la mesa v e rd e
de la d ip lo m a c ia p ic tó ric a de la ép oca—
y las p in tu ra s de un U c e llo o p r in c ip a lm e n ­
te de u n P ie ro d e lla F rancesco. E n c o n tra ­
m os la m is m a g e o m e triz a c ió n de las f o r ­
m as, el m is m o ta m a ñ o m o n u m e n ta l, I17
m ism a a p a re n te in s e n s ib ilid a d , la m is m o
n e g a c ió n a to d o s e n tim e n ta lis m o . P in tu ra s
in te le c tu a le s , a l m is m o tie m p o que p in tu ra s
a lta m e n te h u m a n a s , en d o n d e to d o s los
p ro b le m a s p la n te a d o s son p ro b le m a s de
p in to r , en d o n d e el c o n te n id o es u n a a d h e ­
sión a l e s p íritu de su tie m p o . Sobre estas
p in tu ra s podem os d e c ir lo que A p o llin a ir e
de los c u b is ta s : " L é g e r n o ha tra n s p o rta d o
con él el c a d á v e r de su p a d re " .
R e to m a n d o y a el c o n ta c to con la tra d ic ió n ,
im p re g n a d o d e l p e n s a m ie n to a lb e rtia n o , L é ­
g e r tr a ta de s u b s titu ir el a s u n to p o r f o r ­
m as a rq u ite c tó n ic a s . A este p e río d o " d ó ­
r ic o " sig u e el de los o b je to s en e l esp acio.
D u ra n te la rg o s añ os L é g e r re a liz ó m e tó d ic a ­
m e n te , h o n e s ta m e n te , to d a s las te n ta tiv a s
p a ra d e s a rro lla r sus h a lla z g o s p lá s tic o s sin
tra ic io n a rlo s .
N o era h o m b re de re p e tir in d e fin id a m e n te
las m ism a s e x p e rie n c ia s , co m o lo h iz o poco
después M o n d ria n . A d ife re n c ia de este
m ís tic o , L é ger, te m p e ra m e n to fís ic o , d in á ­
m ic o , sólo se re a liz a p o r la a c c ió n , a la
q u e se e n tre g ó con la fo g o s id a d de su n a ­
tu r a le z a a p a s io n a d a .
La f a lla de e s ta b e lla n a tu ra le z a p o d ría
h a b e r sid o u n a in c lin a c ió n p ro n u n c ia d a h a ­
c ia lo p in to re s c o p o p u la r: las fie s ta s fo r á ­
neas, los c irco s, los " b a ls m u s s e tte " y sus
p a rro q u ia n o s , las c o m p e tic io n e s d e p o rtiv a s ,
las m u ltitu d e s ociosa s y los tra b a ja d o re s .
N o h a sido así, sin e m b a rg o . El p in to r ha
d o m in a d o c o m p le ta m e n te esa f lo r a z u l que
se e x p a n d e ta n n a tu ra lm e n te en los c u a d ro s
de l D o u a n ie r R ousseau, a q u ie n L é g e r a d ­
m ira b a p ro fu n d a m e n te . Y en d e fin itiv a , es
en su c a rá c te r de a r tis ta p lá s tic o q u e se
in te re s a p o r esos e s p e c tá c u lo s : " lo s p e rfile s
de m e d a lla de los b a ila rin e s , s in c u e llo s
p o stizo s, de los " b a ls m u s s e tte " , hace n o ­
ta r un día .
A p ro x im a d a m e n te después de 1 9 3 2 , L é g e r
n o re s is tió m ás a l lla m a d o de esas m u lt it u ­
des, de ese m u n d o a b ig a rra d o que o c u p a b a
su c o ra z ó n desde ta n to tie m p o . La id e o lo ­
g ía p o lític a a la qu e se a d h irió poco des­
pués, con to d a su fe y su b u e n a fe , h a b ría
de c o n tr ib u ir a la n u e v a o r ie n ta c ió n de
su a rte .
E m p ie z a en to n ce s la serle de las g ra n d e s
c o m p o sic io n e s : " L e s c o n s tru c te u rs ", " L e s
lo is ir s " , " L e s m é tie r s " , q u e fin a liz a en sus
ú ltim o s añ os con " L e c ir q u e " y " L a g ra n d e
p a r a d e " , te s tim o n io s in d is c u tib le s de su
m a e s tría p lá s tic a al m is m o tie m p o que a f ir -

36

LI BROS

LA CARTA DE ATENAS. —
C h a rfe

d 'A th é n e s " .

d o c u m e n to

que

P rim e r

f ija

T r a d u c c ió n de " L a

y

h a s ta

d o c tr in a

en

hoy

ú n ic o

m a te r ia

de

u r­

b a n is m o . E x p lic a c io n e s y a c la ra c io n e s de los C o n ­
gresos

In te r n a c io n a le s

de

A r q u ite c tu r a

M o d e rn a .

15 .—

$
Fernand Léger: " L a e s tu fa " (1918).
Fernand Léger: Estudio p ara "E l fu m a d o r" (1914).

LAS TRES LAMPARAS DE LA ARQUITEC­
TURA MODERNA, p o r e l A r q . Jo se p h V .
H u d n u t. T r a d u c c ió n d e l A r q . J o rg e V . R iv a r o la . —
En e s te

lib r o

q u ite c to s

y

de

p a r t ic u la r

Hudnut

e s tu d ia

fic a s y

p e r ju d ic ia le s

tu r a

in te ré s

p a ra

e s tu d ia n te s d e a r q u ite c t u r a ,

m o d e rn a

la s

d ife r e n te s
que

in flu e n c ia s

a fe c ta n

a

e s c rito

e s tu d io

s o b re

A rq .
bené­

la a r q u ite c ­

................................................

LA VIVIENDA DEL MAÑANA.
b r illa n t e

los a r ­
el

^

] 2 . -----

— El

a r q u ite c t u r a

m ás

re s id e n c ia l,

p o r los A rq s . N e ls o n y W r ig h t . 2 1 4 p á g i­

nas en

fo rm a to

fo to g ra fía s

de

u n ifa m ilia r e s .

de 21

x

29

in te r io re s
3^

y

e d ic ió n .

con

232

h e rm o sa s

e x te r io r e s

de

. . .

casas

80 .—

$

LA MADERA AL SERVICIO DEL ARQUI­
TECTO, p o r S e v e rin o P ita . — T o d a la c a r p in te ­
r ía b la n c a ; p u e rta s de e n tr a d a , g u illo t in a y c o r re ­
d iz a s ,

v e n ta n a s

c o rre d iz a s y de
tiv a s

a e s c a la , f o t o g r a f í a s

c io n e s

d e ta lla d a s ,

im p re s ió n

m o c ió n de l deseo d e , re e n c o n tra r un n u e vo
re a lis m o , un a r te p a ra el p u e b lo . Sin e m ­
b a rg o , p re c is a " n o som os no sotro s los que
debem os descende r h a sta e llo s, son e llo s los
que deben s u b ir h a sta n o s o tro s ".
Si m e d ita m o s sobre los c in c u e n ta añ os d u ­
ra n te los cu a le s se d e s a rro lló la o b ra in ­
m ensa de L é g e r, in te g ra d a n o sólo p o r sus
p in tu ra s s in o ta m b ié n p o r sus e s c u ltu ra s ,
c e rá m ic a s , v itr a u x , m o saicos, d e co ra d o s de
te a tro , c o re o g ra fía s , film s , ilu s tra c io n e s , t a ­
p ic e ría s , a d v e rtim o s que esta o b ra , qu e ha
e n riq u e c id o el a rte u n iv e rs a l, pu ede a p o rta r,
p o r sus in te n c io n e s y sus re a liz a c io n e s , un a
re spuesta a la c u e s tió n a p a s io n a n te de los
tie m p o s p resentes ace rca de si la té c n ic a
m o d e rn a p u ede ser un m e d io d e c o n o c i­
m ie n to p a ra el h o m b re y el a r tis ta .
L é g e r, que fu é un té c n ic o in c o m p a ra b le ,
u n o de los p in to re s m ás c la riv id e n te s de su
ép oca, u n v e rd a d e ro p io n e ro , a u n q u e no h a ­
ya p o d id o p e rs is tir en las p in tu ra s in d e p e n ­
d ie n te s de sus c o m ie n z o s , ha d e m o s tra d o
de to d a s m a n e ra s q u e el e s p íritu té c n ic o es
el m ás a p to p a ra s e rv ir a l e s p íritu m o d e rn o .
L é ger, n a tu ra le z a re a lis ta y g ra n c o ra z ó n ,
ha a lc a n z a d o la e s p ir itu a lid a d — c o n d ic ió n
fu n d a m e n ta l p a ra q u e el e s p íritu té c n ic o
sea e fic a z — - p o r m e d io d e l e s p íritu de c a ­
rid a d h u m a n a .
G e rm a in e D erb ecq.

de a b r ir a l

e x te r io r , a l in te r io r

g u illo t in a ; co n lá m in a s
268

y s ó lid a m e n te

c o n s tr u c ­

n u m e ro s a s y

p á g in a s

con

e x p lic a ­
e x c e le n te

e n c u a d e rn a d o

125 .—

$

ARQUITECTURA EN RELACION AL DE­
RECHO, p o r el A r q . J o rg e V í c to r R iv a r o la . —
Con
Un

la c o la b o r a c ió n
lib r o

ya

de

c lá s ic o

de los c o n tr a to s y

la A r q .

p a ra

la

M a ría

E. M e o li.

in te r p r e t a c ió n

le g a l

la d ire c c ió n de o b ra . 3 6 5 p á ­

g in a s n u tr id a s de v a lio s o

m a te r ia l

...

$

6 0 .____

PLACARDS y toda clase de muebles para
guardar. ----- 128 p á g in a s , 20 co n la s m e d id a s de
to d o s los a r m a rio s q u e p u e d a n
de
y

1 0 0 c o n te n ie n d o f o t o g r a f í a s
s u e lto s

n e c e s ita rs e y m ás
de m u e b le s f ijo s

............................................................. $

4 3 ._____

ED IT O R IA L CO N TEM PO R A S.R.L.
S a rm ie n to

643

31 - 2 5 7 4 - 1 8 9 3

B u enos

A ire s

�Exposición del Club de Directores
de Arte. Bs. As., Witcomb, diciem­
bre 1955.

Las e x p o s ic io n e s sue le n d a r u n a ¡dea c la ra
y p re cisa a c e rc a de q u ie n e s las o rg a n iz a n .
Estos son los d e p o s ita rio s de las o b ra s de
los e x p o s ito re s y a s u m e n la g ra v e responsa­
b ilid a d de p o n e rla s en v a lo r p ú b lic a m e n te .
Esta la b o r no es fá c il, sin d u d a , ya q u e el
é x ito o e l fra c a s o de la e x p o s ic ió n d e p e n ­
de en su m a y o r p a rte d e l in te ré s que p u e ­
da te n e r lo que se e x p o n e . Pero, a u n q u e
a q u í ra d iq u e en d e fin itiv a lo e s e n c ia l de
u n a m u e s tra , e x is te a d e m á s u n a té c n ic a de
e xp o sic io n e s q u e c o n v e n d ría te n e r p resente
p a ra el m e jo r lo g ro de la fin a lid a d que se
p e rs ig u e a l h a c e r p ú b lic a u n a m u e s tra .
Esto es lo qu e ha s u c e d id o con la re c ie n te
e x p o s ic ió n de l C lu b de D ire c to re s de A r te
q u e , p o r c o n s titu ir un re sum en de la a c ti­
v id a d p u b lic ita r ia g r á fic a re a liz a d a p o r los
socios de esa e n tid a d , tie n e un c a rá c te r
re p re s e n ta tiv o c u y a im p o rta n c ia ha sid o to ­
ta lm e n te s u b e s tim a d a p o r los o rg a n iz a d o re s
de la m u e s tra . El m a te ria l q u e la co m p o n e ,
d e fic ie n te y p o b re en su m a y o r p a rte , está
e x p u e s to sin d ig n id a d a lg u n a , a g lo m e ra d o ,
m a l d is tr ib u id o sobre h o ja s de p a p e l " a r ­
tís tic a m e n te " d e c o ra d a s con b a n d a s de c o ­
lores que tr a ta n de e v id e n c ia r el e s p íritu
a le rta de los o rg a n iz a d o re s . La m u e s tra
está co m p u e s ta p o r los " o r ig in a le s " r e a li­
zad os p o r el d is e ñ a d o r p u b lic ita r io y su
ve rs ió n im p re s a en p e rió d ic o s y re vista s.
El b a jo n iv e l de im p re s ió n qu e p re d o m in a
en n u e s tra s p u b lic a c io n e s de g ra n c on sum o
p a re c e o r ie n ta r la a c tiv id a d de los d is e ñ a ­
dores g rá fic o s qu e, en su g ra n m a y o ría ,
se lim ita n a e je c u ta r ta re a s ru tin a ria s sin
e v id e n c ia r el m e n o r in te n to de im p o n e rs e
a sí m ism o s y a los e n c a rg a d o s de in te r ­
p r e ta r y re a liz a r sus ¡deas, n o rm a s té c n ic a s
y e s té tic a s m ás e le v a d a s y e x ig e n te s .
F .-M .

El Bar 55.

p a ra fa m ilia s con o sin coche, v iv ie n d a
m ín im a con te rra z a , e tc .). En se g u n d o lu ­
g a r, y con c a rá c te r in te rn a c io n a l, se e x h i­
b ía n re a liz a c io n e s de a r q u ite c to s de c in c o
países (M a rc e l R o u x, F ra n c ia ; A lv a r A a lto ,
F in la n d ia ;
F in n J u h l, D in a m a rc a ;
H ans
S c h w ip p e rt, A le m a n ia O c c id e n ta l; Sten L in d e g re n , S uecia; A lfr e d A lth e r r , S u iz a ; Eric
Lyo ns, In g la te r ra ; Y o ji K a s a jim a , J a p ó n ),
que c o n s titu ía n d ive rsa s e xp re sio n e s de la
típ ic a casa f a m ilia r e q u ip a d a con m u ebles
y e le m e n to s p o sib le s de c o n s e g u ir en el
m e rca d o .
En el m u e lle , e l p r im e r p a b e lló n esta ba
d e d ic a d a a la e le c tric id a d . D ise ñ a d o p o r el
a r q u ite c to en je fe de la e x p o s ic ió n , h a b ía
sido p la n e a d o con u n a e s tru c tu ra de ace ro,
lib re en la p la n ta b a ja p a ra p e r m itir la
c irc u la c ió n del p ú b lic o . Seguía la sección
p a ra n iñ o s, q u e c o n s ta b a de un s iste m a v ia l
en m in ia tu r a cu y o acceso se p e rm itía a los
p e queñ os p a ra e n se ñ a rle s las re g la s del
tr á fic o , un d e p a rta m e n to de ro p a p a ra n i­
ños, o tr o de ú tile s escolares y un m o d e lo
de ja rd ín de in fa n te s .
L u e g o d e l B ar, u n a serie de p a b e llo n e s p e ­
q u eños (co rre o , u n a tie n d a de re g a lo s, v e n ­
ta de h e la dos, te lé fo n o s , e tc .), se h a lla b a n
d isp u e sto s en p e queñ os ja rd in e s . U n te rc e r
e d ific io , se m e ja n te a l d e d ic a d o a la e le c tr i­
c id a d , e s ta b a d e s tin a d o a la n a v e g a c ió n ,
con e x h ib ic ió n de c a b in a s y o tro s e le m e n to s
de u n b a rco .

V ista del m uelle.

U n a sección d e n o m in a d a " C o lo r " e sta b a
d e s tin a d a a la e x p lic a c ió n de la c ie n c ia del
c o lo r, las re g la s ó p tic a s q u e lo g o b ie rn a n ,
la p ro d u c c ió n in d u s tria l de los c o lo ra n te s
y la a p lic a c ió n de l c o lo r a l diseñ o de in te ­
rio re s. F in a lm e n te , después del re s ta u ra n t,
u n g ru p o de e d ific io s se h a lla b a n d e d ica d o s
a l d ise ñ o in d u s tria l y a l a rte s a n a d o de D i­
n a m a rc a , F in la n d ia , N o ru e g a y S uecia.
Los a rq u ite c to s en je fe de la e x p o s ic ió n
fu e ro n C a rl- A x e l A c k in g , B e n g t G ate, T o rb jó rn O lsson, Sven S ilow .

La sección de juego para niños.

Exposición de arquitectura, diseño
industrial, amueblamiento y artesa­
nado. Hálsingborg, 1955.
2 5 años después de la e x p o s ic ió n de Estoc o lm o de 1 9 3 0 , se ha re a liz a d o en H á ls in g b o rg , S uecia, d u ra n te los meses d e ju n io
y a g o s to , o tra m u e s tra in te rn a c io n a l de c a ­
rá c te r re m e m o ra tiv o , a la que c o n c u rrie ­
ro n d is tin to s países de E uropa y el J a p ó n .
P ara la e x h ib ic ió n se u tiliz ó un la rg o d i­
qu e de m e d ia m illa de la rg o , c o n e c ta d o
p o r un p u e n te con tie r r a firm e , en d o nde
se d e s a rro lló la p a rte de la e x p o s ic ió n d e ­
d ic a d a a la a r q u ite c tu ra . El lu g a r, de un
g ra n d e s a rro llo lin e a l, y el e n to rn o lu m i­
noso del m a r — a n im a d o p o r ve le ro s y b a r­
cos qu e c irc u la b a n p o r e l p u e rto — , no p o ­
d ía n ser m ás a d e cu a d o s p a ra la m u e s tra .
En la sección de la e n tra d a se h a lla b a n
u b ic a d o s el a u d ito riu m y un e sc e n a rio a l
a ire lib re . La p a rte p rin c ip a l, c o n s titu id a
p o r la sección de a r q u ite c tu ra y a m u e ­
b la m ie n to , c o m p re n d ía en p rim e r té rm in o
c u a tro b u n g a lo w s suecos, p ro y e c ta d o s de
a c u e rd o a d is tin to s re q u e rim ie n to s o d is ­
tin to s m é to d o s de p re fa b ric a c ió n (p a ra una
fa m ilia m ín im a que tr a b a ja en su h o g a r,

37

�agrupación nueva música

conciertos de música contemporánea

el 1er. jueves de cada mes

anm
instituto de arte moderno
florida 659

bd
buen diseño para la industria

moreno 1140 T

40

p.

t. e. 37-6774

�m u ro

��</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 9 de la revista Nueva Visión, publicados entre 1951 y 1957.</text>
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                <text>Hilto, Alfredo&#13;
Neutra, Richard&#13;
Bense, Max&#13;
o.a.m&#13;
Bonet, Antonio</text>
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                    <text>buenos aires/argentina

1955

revista de

cultura visual

nueva visión

artes/arquitectura/diseño industrial/tipografía

dirigida por Tomás Maldonado

La Escuela Superior de Diseño de Ulm
M a x Bill
Eugenio G o m rin g e r

s u m a rio

Tomás M a ld o n a d o

Laszlo Moholy Nagy
A le x a n d e r D orner

Camille Graeser
La Propaganda, o la Nueva Retórica
P ablo G o n zá le z C asanova

información:
La Nueva ciudad de Harlow
Casa de departamentos
A rq . J. F e rra ri H a rd o y

Diseño argentino: sillas y sillones
Notas y comentarios
Bibliografía

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Bulnes y S a n ta

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R evestim iento to ta l
A rq . H ila r io

L ore n zu ttI

O livetti Lexikon

FULGET
M a rc a

R eg istra d a - In d u s tria A rg e n tin a

C a p ita l m $ n . 1 .0 0 0 .0 0 0 .-

revestimientos
La Lexikon construida por la Olivetti Argentina es la misma m áquina de
escribir que la fábrica italiana de Ivrea ha sabido im poner en el mercado
m u n d h l. Los proyectos y dibujos son idénticos, como asimism o las m aterias
prim as empleadas y el procedim iento de fabricación, revisión, control, etc.
Después de 45 años de evolución técnica nunca interrum pida, la Olivetti ha
creado con la Lexikon una m áquina de escribir de sólida estructura, de pul­
sación elástica y suave que acopla, a la m áxima nitidez de escritura y a la
posibilidad de alcanzar velocidades elevadas, una alineación perfecta y du­
radera de las letras y una linea sumamente elegante.
La Olivetti que ha encontrado en Argentina obreros inteligentes y capacita­
dos, como asimism o un ambiente industrial y com ercial en continuo pro­
greso y desarrollo, se considera muy honrada en poder c on trib uir al abas­
tecim iento del mercado sud-am ericano con un producto que puede definirse
como un resultado de la tradición latina de equilibro entre rig o r cientifico
y arm onía de líneas.

Olivetti Argentina S.A.C. e l. — San Martin 550, t. e. 31 retiro 3061 - Buenos Aires

patentados

N o es F u lg e t si no es d e

F u lg e t A r g e n tin a S.R.L.

F lo rid a 6 3 3 , 3 e r. p is o , Buenos A ire s
T. E. 3 2 - 7 1 9 6 y 3 2 - 9 4 3 8

�América

U n a g a r a n tía
d e fid e lid a d
e n la in te rp re ta c ió n
d e la re c e ta d e
su o c u lis ta

buena
visión
C ris ta le s im p o rta d o s
Precisión té c n ic a
A d a p ta c ió n e s té tic a

V is ite el
D e p a rta m e n to d e O p tic a
en la p la n ta b a ja .

Franco - Inglesa
La mayor Farmacia del mundo
Al servicio del pueblo

Sarmiento y Florida - T. E. 32-2021

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la estrecha colaboración

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imprenta López

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entre el autor,
el editor,
el artista gráfico

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perú

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y el impresor
convierten el libro

buenos

aires
en una obra de arte.

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nueva visión
revista de cultura visual. Artes,
arquitectura, diseño industrial,
tipografía.

Aparece cada tres meses
D ire c to r: Tom ás M aldo n a d o
Secretarios de d ire cció n : A rq . H oracio Ba­
bero, A lfre d o H lito , Jorge G risetti
C om ité de redacción: A rq . Francisco Bu11rich , A rq . J. M . B orthagaray, Jorge Goldemberg
Secretario de redacción: Edgard Bailey

Max Bill

A d m in is tra c ió n y redacción: C e rrito 1371,
Buenos A ires, A rg e n tin a . T e lé f.: 4 2 -1 3 4 7
La dirección no se responsabiliza de los
artícu lo s firm a d o s ni devuelve las co la b o ­
raciones espontáneas.

T om ás M a ld o n a d o

La revista " n v " , nueva visión, es p ro p ie ­
dad de la E d ito ria l Nueva V isión S.R.L.,
cap. m fn . 5 0 .0 0 0 .—

La intensa y m ú ltip le a c tivid a d renovadora de M a x B ill en el
cam po de la a rq u ite c tu ra , de la p in tu ra , de la escultura, del dise­
ño in d u s tria l, de la tip o g ra fía y de la enseñanza del a rte , así
como sus muchos tra b a jo s críticos y teóricos, lo colocan en una
situación preem inente den tro del proceso de la cu ltu ra contem po­
ránea. A través de las diversas artes visuales que p ra ctica , Bill
procura co n cre ta r una concepción in te g ra l del espacio, apelando
para ello a los m edios form ales de expresión acordes con las nece­
sidades y valores de nuestro tiem po. "E n cada una de mis obras,
ha dicho B ill, tra to de lle va r a la p rá ctica en una dirección d ife ­
rente un m ismo concepto de arm onía, aunque obedeciendo siem ­
pre a una ley im puesta por el concepto m ism o ".

Sumario:
La Escuela Superior de Diseño de U lm , por
V\ax B ill, Tom ás M aldo n a d o , Eugenio G om rin g e r (p. 5)
Laszlo M o h o ly N agy, por A le x a n d e r Dorner
(p. 11)
C a m ille Graeser (p. 2 0 )
La Propaganda o la Nueva Retórica, por
Pablo G onzález Casanova (p. 2 3 )
In fo rm a c ió n :
La nueva C iudad de H arlow , por Frederick
Gibberd, Francisco
B u llrich , Sir Ernest
Gowers (p. 2 8 )
Casa de departam entos, por A rq . J. Ferrari
H ardoy (p. 3 4 )
Aspectos del diseño a rg e n tin o : silla s y s i­
llones, por A rq . H oracio B aliero (p. 3 8 )
B ib lio g ra fía (p. 41 )

Representantes en el exterior:

C o n te n id o :

Tom ás M aldo n a d o
M a x Bill
M a x B ill
M a x B ill
M a x B ill

" M a x B ill'
" L a concepción m ate m á tica en el a rte de
nuestro tie m p o "
" U n m on u m e n to "
"E l b a rrio como elem ento urbano d ife ­
re n cia d o "
"F o rm a , fu n ció n , b e lle z a "
Edición de lu jo , encuadernada en te la ,
con 148 págs. impresas en papel ilu s­
tra ció n , con 9 0 reproducciones, 1 a c u a ­
tro colores, textos en castellano, inglés
alem án y f r a n c é s ........... m fn . 1 6 5 .—
Ejem plares numerados, conteniendo una
lito g ra fía a dos colores o rig in a l de M a x
B ill, firm a d a por el a u to r m fn . 3 5 0 .— -

Editorial Nueva Visión
C e rrito 1371 / Bs. As. / T . E. 4 2 -1 3 4 7

4

B ra sil: José M arques Godoy, A v. Ip ira n g a
N? 8 7 9 , Sao Paulo
U ru g u a y : Nuevo Diseño, Juan Benito B la n ­
co 1 1 2 2 -2 6 , M on te vid e o

Se desea el canje con las publicaciones
sim ilares: se harán a n álisis y resúmenes de
los libros y revistas enviados a nuestra
redacción.
Exchange w ith sim ila r p u b lic a tio n s ¡s
desired: the books and jo u rn a ls sent to
our E d ito ria l S ta ff w ill be reviewed.
On désire l'échange avec les p u b lic a ­
tio n s congéneres: on fe ra des analyses e t
des résumés des livres et des revues envoyés a notre rédaction.
Si desidera il cam bio colle p u b licazione
congeneri: sarano f a t t i a n a lisi e riassunti
dei lib ri e riviste rimessi a lia nostra reda zio n i.
W ir b itte n um Austausch m it aehnlichen
F ach ze itsch rifte n : w ir b ringen Besprechungen der uns eingesandten Buecher.

�A pesar de ser “nv” una revista de cultura especializada, cuya aparición no
tropezó con otros obstáculos que los inherentes a esta clase de publicaciones,
no ha dejado de padecer y en cierto modo de reflejar, las circunstancias que,
hasta hace poco tiempo, gravitaban de un modo cada vez más asfixiante,
en nuestra vida cultural.
La ensordecedora demagogia que destruyó y desvirtuó todos los conductos
de la expresión, el desprecio auspiciado hacia toda actividad independiente
del espíritu, la exaltación constante de una ciega emotividad en detrimento
de las formas conscientes del comportamiento individual y colectivo, con­
dujeron a un profundo deterioro de las formas de vida y comunicación
en las que se asienta toda actividad de cultura.
Sería un error suponer que estas condiciones afectaron solamente a la cul­
tura en sus aspectos más ostensibles: las universidades, los centros de estudio
e investigación, los órganos de publicidad y la libre concurrencia de ideas.
De haberse prolongado más tiempo, esas condiciones hubieran alcanzado
también al creador aislado que, en el intento de salvar su autenticidad,
perdía uno a uno todos los vínculos, ponderables e imponderables, que jus­
tifican su vocación ante sí mismo y los demás.
De hecho, esta revista señaló, en oposición a los modos mentales de sumi­
sión y de conformismo, los caminos de la libertad del espíritu. Al incitar
al ejercicio y la plasmación de nuevas formas, concebidas en función del
pensamiento y el arte contemporáneos, entendíamos defender, q» medio
de las dificultades opuestas a toda publicación libre, los requisitos básicos
para la subsistencia de la cultura.
La nueva etapa que la libertad inaugura entre nosotros exige superar, ade­
más de los modos exteriores de la dictadura, los resortes íntimos que le
dieron nacimiento y la sostuvieron tanto tiempo, y que subsisten tras la
caída del régimen. No debemos olvidar que el peronismo capitalizó en
su favor la inoperancia y vacuidad de las formas culturales existentes. Por
eso es que las exigencias que, en otros aspectos de la vida pública, le obligaron
a la creación de nuevas formas políticas, en el terreno estrictamente cul­
tural se concretaron solamente en la supresión de sus instituciones repre­
sentativas, sin que hubiera necesidad de oponerles otras nuevas.
No podemos, en consecuencia, contentarnos ahora con la restauración de
las circunstancias imperantes antes de la dictadura ni auspiciar el retorno
de los hombres y organizaciones que las cimentaban. Los doce años trans­
curridos no han permitido la exteriorización pública de nuevas figuras u
organismos culturales que, sin embargo, y a pesar de las trabas impuestas
a la comunicación, han surgido como expresión de las corrientes del pensa­
miento que durante ese período se crearon o desarrollaron. Por eso creemos
que las decisiones deben tomarse hoy en primer término en base a una
justa ponderación de las ideas, y no teniendo en cuenta la presunta repre­

�sentación de quienes sólo existen como expresión de un pasado al que no
queremos ni debemos regresar.
En cuanto al orden político, entendemos que son indispensables en este
momento las máximas garantías para la libre expresión del pensamiento.
Nada podría ser más funesto que el mantenimiento —bajo el pretexto de
una falsa defensa de la democracia— de cualquiera de las organizaciones
y leyes especiales que la dictadura creó o mantuvo. Creemos asimismo
que el juzgar y condenar personas por fuera de los patrones universales de
nuestra constitución, redunda en inventar delitos del pensar, hecho que
repugna nuestra herencia democrática de lucha por la libertad de ideas
que, sabemos desde antiguo, no se eliminan por la violencia.
En el terreno de la enseñanza, libre de presiones políticas o confesionales,
y sin la ingerencia de quienes defienden solamente sus situaciones perso­
nales, deben sentarse las bases para una profunda reforma institucional. En
la Universidad, deberá evitarse cualquier dispersión de esfuerzos que im­
pida el afianzamiento de una Universidad Nacional verdaderamente inte­
grada a la vida social como centro creador y transmisor de una auténtica
cultura.
El diálogo ha de constituir, sin duda, un factor de fundamental influencia
en el desarrollo de la nueva cultura. Su ausencia casi absoluta durante un
largo período de la vida nacional no puede atribuirse únicamente a la dic­
tadura. Su origen hemos de buscarlo más bien en la regimentación de los
intereses de intelectuales y artistas, eventualmente colocados en situación
de rectores del gusto y de la crítica. Dentro de la mecánica del diálogo,
donde no tienen cabida ni el resentimiento ni la complacencia de secta,
podrá forjarse una inteligencia, crítica que permita la afirmación o la nega­
ción de valores en una escala objetiva. Con esta conciencia nos aprestamos
a proseguir, en las nuevas condiciones imperantes en nuestro país, el es­
fuerzo cultural que esta revista testimonia.

�teléfono 42 - 1347
argentina
buenos aires
cerrito 1371

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��La in d u s tria es el m edio con que c u e n ta n uestro tie m p o para la s a tis ­
fa c c ió n de las necesidades de todos los hom bres. Por m edio de la ra c io ­
n a liz a c ió n , de la a m p lia c ió n de sus em presas, del c o n tin u o a c re c e n ta ­
m ie n to de sus p o s ib ilid a d e s p ro d u c tiv a s , la in d u s tria p re ten d e m a n te n e r
su p ro p ia ca p a c id a d de co m p e te n cia . El a u m e n to de esta ca pa cid ad , por
su p a rte , e xige el a u m e n to de las ventas. Es d e cir, las ventas deben ju s ­
t if ic a r la c o m p le jid a d del m eca nism o u tiliz a d o .
Pero ¿adonde conduce esta e xpansión c o n tin u a ? ¿No venim os acaso c o m ­
p ro b a n d o desde hace ya b asta nte tie m p o la v is ib le d e c lin a c ió n de la
ca lid a d ? N o hay duda que el p ro d u c to más e s trid e n te , más b a ra to , f a ­
vorece las ventas. A dem ás, ¿no se vie n e d e n u n cia n d o , ta m b ié n desde
hace ya b asta nte tie m p o , la d ecadencia c u ltu ra l que estos efectos n o ­
civos de la in d u s tria liz a c ió n han provocado?
N osotros volvem os a poner al h om bre en el c e n tro de nuestras p re o c u ­
paciones y de nuestros esfuerzos. Buscam os a rtic u la r una c u ltu ra co h e ­
ren te con la época té c n ic a que vivim o s. In te n ta m o s p re p a ra rla . En nues­
tra escuela, hom bres jóvenes de los más va ria d o s orígenes tra b a ja n ju n ­
tos para lo g ra r la v e rd ad era fo rm a de v id a de nue stro tie m p o .
M a x B ill.

La Escuela Superior de Diseño de Ulm. Primera etapa

(Foto S. v. S.)

4,

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T .I--I K1 - '

'

La educación social del creador en la Escuela Superior de Diseño
T om ás M a ld o n a d o .
En alg un os casos p a rtic u la re s , e n tre c o n tin u a r una tra d ic ió n y su pe ra rla ,
e n tre c o in c id ir con un pasado y volverse c o n tra él, puede no h a b e r una
d ife re n c ia m u y c la ra . La "E scu e la S uperior de D is e ñ o " es, p re c is a m e n ­
te, un buen e je m p lo. En un se n tid o , c o n tin ú a la tra d ic ió n e s p iritu a l
B a u h a u s "; en o tro , la supera. La c o n tin ú a en la m e d id a en que in te n ta
p ro lo n g a r una a c titu d con respecto al tra b a jo c re a d o r que, hace tre in ta
y cin co años, el m a n ifie s to in a u g u ra l del "B a u h a u s " fo rm u ló p o r p r i­
m era vez; la supera en la m ed id a en que esa m ism a a c titu d debe a fro n ta r
a ho ra c irc u n s ta n c ia s ra d ic a lm e n te d ife re n te s a las de entonces.
La a c titu d "B a u h a u s " , en e fe cto , persiste en la "E scue la S uperior de
D is e ñ o ", pero la n a tu ra le z a de los nuevos hechos sobre los cuales tie n e
que ejercerse m o d ific a n b a sta n te su se n tid o o rig in a rio . En o tra s p a la ­
bras, si es ve rd ad que la a c titu d persiste, no lo es m enos que su s ig n i­
fic a d o h is tó ric o no puede ser ya el m ism o.
A dem ás, no todos los pun tos de vista sustentados p o r los pioneros del
a n tig u o " B a u h a u s " siguen siendo ig u a lm e n te valederos para n ue stra g e ­
n eració n. En los días que co rre n , vivim o s pro ble m a s, que ellos, en su épo­
ca, desconocían o apenas in tu ía n . Por o tra p a rte , p ro ble m a s antes ju z ­
gados decisivos, han p e rd id o a c tu a lid a d p ara nosotros.
En los años de la p rim e ra p o stg u e rra , se p ro c la m a b a la necesidad de
una c u ltu ra m oderna "e n g e n e ra l". El p ro g ra m a nos resu lta hoy d e m a ­
siado im p reciso e in s u fic ie n te . N o p odríam os a d m itir lo com o " n u e s tr o "
p ro g ra m a . O, al m enos, no sin las p e rtin e n te s reservas, o bjeciones o
a cla ra c io n e s c o m p le m e n ta ria s .
Es ya d ifíc il re n u n c ia r a una a c titu d c rític a fre n te a cie rto s aspectos,
a ho ra co n ve rtid o s en re a lid a d , de esa c u ltu ra m od erna " e n g e n e ra l".
A lg u n a s de las fo rm a s creadas en su n om bre son para nosotros,
en el presente, ta n despreciables com o para la g e n e ra ció n del a n tig u o
"B a u h a u s " los o bjetos " a r tís tic o s " p re fe rid o s por la clase m edia de p r in ­
cipio s del siglo.
N o es posible desconocer que la a c tu a l p ro life ra c ió n de fo rm a s e x te rio rm ente m odernas, pero e sen cia lm e nte retró grad as, tie n d e a c o n ve rtirse
en una de las más graves a m enazas para el p o rv e n ir c u ltu ra l del hom bre.

E studiantes

tra b a ja n d o en uno
de " P r o d u k tfo r m "

de los ta lle re s
(Foto S. v. S.)

"Escuela S uperior de D iseño" no es, por cie rto ,
una tra d u c c ió n m uy e xa c ta de "H o c h s c h u le fü r
G e s ta ltu n g ". En los países de hab la inglesa se
dispone de la p a la b ra "d e s ig n " para tra d u c ir no
pocas de las acepciones posibles de la a lem ana
" G e s ta ltu n g " : c re ació n , fo rm a c ió n , e s tru c tu ra ­
c ió n , tra z a d o , d e lin e a c ió n , d ib u jo , c o n fig u ra c ió n ,
d esa rro llo , d e s e n vo lvim ien to , re a liz a c ió n , o rg a n i­
z a c ió n , a pro v e c h a m ie n to , co nfección ( " W ó r te r buch der spanischen und deutschen S p rach e ", Rud o lf J. Slaby y R u d o lf G rossm ann).
En español, por desgracia, carecem os de esta
p osib ilid ad . N o obsta nte, a fa lta de o tra m ejor,
la re vista " n v " a d o p ta rá la p a la b ra " d is e ñ o ",
aunque d án d o le un nuevo sentido, precisam ente
el sentido de "G e s ta ltu n g " o " d e s ig n ". Esta so­
lució n es m uy fa c tib le en español, pues en
nuestro id io m a , a d ife re n c ia de lo que o curre en
francés, ita lia n o y portugués, tenem os otras dos
pala b ras — d ib u jo y d e lin e a m ie n to — para re ­
e m p la z a r el se ntid o que ha te n id o hasta ahora
la p a la b ra "d is e ñ o ".

5

�Form as n efa sta s, nos a n im a ría m o s a d ecir. Form as que o b s tru y e n los
posibles ca m ino s h a cia una re la c ió n social a u té n tic a e im p re g n a n la
vida c o tid ia n a de ilusiones h u m illa n te s . El p rim itiv o p ro p ó sito de c re a r
un m u n d o de fo rm a s que fa voreciese el a d v e n im ie n to de un m a y o r b ie n ­
e star y de una m a y o r c o m u n ic a c ió n , ha sido desviado de curso por los
re q u e rim ie n to s de la co m p e te n cia y del fo rm a lis m o m od ernista .
La "E scu e la S u pe rio r de D is e ñ o " que hoy estam os co n stru ye n d o en U lm ,
se propone re d e fin ir los té rm in o s de la nueva c u ltu ra . N o se co n te n ta
— com o M o h o ly -N a g y en C h ica g o — sólo con e d u ca r hom bres capaces
de cre a r, de expresarse a sí m ism os. Esta nueva escuela, sin d ud a, se­
ñala el m e jo r c a m in o para lo g ra r el más a lto n iv e l de fe c u n d id a d c re a ­
dora, pero ta m b ié n , y en ig u a l m ed id a , enseña qué fo rm a s son s o c ia l­
m en te le g ítim a s ; en ú ltim a in s ta n c ia , qué fo rm a s m erecen ser creadas
o no. Es d e cir, el a ce n to no se pone m ás sobre lo m od erno "e n g e n e ra l"
ni sobre la necesidad de la c re a c ió n "e n g e n e ra l"; el a cen to se pone
a h o ra sobre el c o n te n id o m o ra l de la crea ció n .
H a y un e je m p lo que puede a c la ra r la n a tu ra le z a de los fenó m e n os a
que nos estam os re firie n d o . La o p in ió n m ás d ifu n d id a , al m enos en a l­
gunos sectores p a rtic u la rm e n te re c a lc itra n te s , es que el cre a d o r de f o r ­
mas para la in d u s tria , el d ise ñ a d o r o a rtis ta que tra b a ja para la p ro d u c ­
ción en serie, tie n e una sola fu n c ió n que c u m p lir: p re s ta r se rv ic io al
p ro g ra m a de ventas de las g randes em presas, a c tiv a r los m ecanism os de
la co m p e te n cia .
En c o n tra de esta o p in ió n , la "E scue la S uperior de D is e ñ o " hace suya la
tesis de que el a rtis ta , aun tra b a ja n d o para la p ro d u c c ió n en serie, tie n e
que d e fe n d e r siem pre sus deberes para con la sociedad. En n in g u n a c ir ­
c u n sta n c ia sus deberes para con la in d u s tria p o d rá n ser opuestos a sus
deberes p ara con la sociedad.
Es u rg e n te , en e fe c to , p ro p ic ia r un nuevo tip o de a rtis ta que, en las
a ctu a le s co n d icio n e s adversas de la c o m p e te n cia , sepa c re a r, d e fe n d e r

' M a q u s ta y p la n ta

6

�La te rra z a

p rin c ip a .. A l

fo n d o , una

^porc

y Mevar a , é x ito un d e te rm in a d o re p e rto rio de fo rm a s sanos y e fic ie n te s ,
de fo rm a s concebidas al m argen del o p o rtu n is m o o del p ro fe s io n a lis m o .
Estas fo rm a s, en alg un os casos, pod rá n te n e r por fin a lid a d la s a tis fa c ­
ción de e xig en cias concretas de la v id a c o tid ia n a del hom bre, en otros,
pod rá n e star destinadas a e n riq u e c e r su e x p e rie n c ia p u ra m e n te e s p iri­
tu a l. En todos los casos, fo rm a s para el uso o fo rm a s para la percepción
e stética , ellas deberán ser siem pre fo rm a s libres y responsables.
En el fo n d o , y una vez más, de lo que se tra ta es de fa v o re c e r la in v e n ­
ción de fo rm a s que puedan lle g a r a a c tu a r com o a rq u e tip o s , com o s itu a ­
ciones guías, para el progreso social y c u ltu ra l del hom bre.

Proyecto: 1 9 5 0 -5 3 . C om ienzo de la cons­
tru c c ió n : otoño 1953. O cupación p a rc ia l:
otoño 1954.
A rq u ite c to : M a x B ill, Z ü ric h y Ulm .
Colaboradores para los in te rio re s: a rq u ite c ­
tos Hans G ugelot y W a lte r Zeischegg, ju n ­
tam ente con un grupo de estudiantes de la
escuela.
D irección de la construcción: a rq u ite cto
F ritz ’P feil, U lm , y los estudiantes Fred
Hochstrasser, Erm anno Delugan y OI i v i o Fe­
rra ri.
M a x Bill y sus colaboradores en la construcción
(Foto H. C onrad)

La Escuela Superior de Diseño
Eugenio G o m rin g e r
En una c o lin a al sudoeste de la ciu d a d de U lm ( A le m a n ia ) , con vasto
p a n o ra m a sobre el v a lle del D a n u b io , están construyéndose a c tu a lm e n te
los e d ific io s de la “ Escuela S uperior de D is e ñ o ". La c re a c ió n de esta es­
cuela se debe a la in ic ia tiv a de la señora Inge A ic h e r-S c h o ll. Su soste­
n im ie n to , adem ás, depende de los aportes de la “ F undación H erm an os
S c h o ll", e n tid a d p ro p ic ia d a p o r la señora Inge A ic h e r-S c h o ll en m e m o ­
ria de sus herm anos asesinados por los nazis. H a n c o n trib u id o ta m b ié n
a h a ce r posible este p la n — ya e x is te n te desde 195 0 —- la d on ación del
entonces a lto co m is io n a d o n o rte a m e ric a n o M e C loy, así com o o tra s d o ­
naciones del g o b ie rn o y de la in d u s tria de A le m a n ia y del e x tra n je ro .
La "E scue la S u p e rio r de D is e ñ o " es co nside rad a la c o n tin u a c ió n del
"B a u h a u s " (W e im a r-D e s s a u -B e rlín ). Sin e m b argo , a u n qu e se c o n s id e ­
ra d e n tro de esta tra d ic ió n , la escuela to m a en c u e n ta las c irc u n s ta n c ia s
a ctua les, a b a rca n d o su á m b ito de ta re as todos a qu ellos te rre no s del d i­
seño que en g ra n m edida d e te rm in a n la vid a a c tu a l y la fo rm a de vid a
de nue stra era té c n ic a e in d u s tria l.
Desde la d is o lu c ió n del "B a u h a u s " en 1933, se tr a tó rep etid as veces de
fu n d a r in s titu c io n e s sem ejantes. El hecho de que estas te n ta tiv a s no t u ­
vie ra n é x ito se debió a que to m a b a n en c u en ta sólo a lg u n a s p artes de la
idea del "B a u h a u s " que por sí solas no podían lle v a r a una u n id a d de
A rte y V id a . M a x B ill, que en 1951 fu é d esignado re c to r de la escuela,
y que to m ó adem ás a su c a rg o la sección de A rq u ite c tu ra , se re fie re a
la d ife re n c ia e n tre el "B a u h a u s " y la "E scu e la S uperior de D is e ñ o " en
estos té rm in o s : " L a g e n e ra ció n de los m aestros del "B a u h a u s " estaba

7

�aún d iv id id a en a rtis ta s y técnicos. M i g e n e ra ció n p ro d u jo el tip o del
d ise ña do r para el c u a l el a rte es una necesidad v ita l, pero que ve en la
co la b o ra c ió n , d estin ad a a resolver los p ro ble m a s d ia rio s de la sociedad,
p a rte de su ta re a v ita l.
La "E scu e la S u p e rio r de D is e ñ o " está d iv id id a en las secciones: In fo r ­
m ación , D iseño V is u a l ( P r o d u k tfo rm ) , A rq u ite c tu ra y U rb a n ism o . En
estrecha re la c ió n con esta enseñanza, se im p a rte al a lu m n o una c u ltu ra
g en eral sobre S ociología, Econom ía, P o lític a , P sicología, H is to ria G ene­
ral e H is to ria del A rte . De este m odo la in s tru c c ió n p ro fe s io n a l es reía -

V ista del e d ific io

cion ad a con los p ro ble m a s de vid a actuales. La in s tru c c ió n c o m ie n z a con
una enseñanza básica de un año, al cabo del cu al el e s tu d ia n te puede,
según su a p titu d , ser a cep tad o en una de las secciones. El n ú m e ro de
e stu d ia n te s se m a n tie n e b ajo. El o b je to es p ro p o rc io n a r una a m p lia e d u ­
ca ció n m e d ia n te el tra b a jo en grupos y en estrecho c o n ta c to con los
p ro fe sio n a le s ; el e stu d io y la p rá c tic a se c o m p le m e n ta n y son un m odelo
p ara una re fo rm a de la in s tru c c ió n . A poco m enos de un año de la in a u ­
g u ra c ió n , en el ve ra n o de 1953, y to d a v ía en a m b ie n te s pro viso rio s, tra -

8

�b a ja n docentes de siete países y se in s c rib ie ro n e stu d ia n te s p ro ven ien tes
de otros ocho.
En o to ñ o de 1953 se co m e nzó la c o n s tru c c ió n de los e d ific io s en base al
p ro yecto de M a x B ill.
S itu a c ió n : La escuela está ubicad a en la c im a de una c o lin a , al sudoeste
de la c iu d a d de U lm . La co n s tru c c ió n to ta l tie n e el c a rá c te r de una
aldea escolar. T a m b ié n por el e x te rio r se tie n e la im p resión de una c o ­
m u n id a d lib re , de un c o n ju n to de a te lie rs , la b o ra to rio s , ta lle re s y e stu ­
dios que se c o m p le m e n ta n e n tre sí.
O rg a n iz a c ió n de los e d ific io s : Todas las co n struccio ne s se a g ru p a n en
la lad era sudeste de la c o lin a , hasta la cim a . En el te rre n o e xisten á rb o ­
les añosos que fu e ro n inco rp o ra do s a la p la n ific a c ió n . En la co n s tru c c ió n
se tu v o en c u e n ta el m a n te n im ie n to de una o rg a n iz a c ió n adecuada y
la a d a p ta c ió n al te rre n o . En el d im e n s io n a m ie n to de los e d ific io s se t r a ­
tó , p o r lo ta n to , de m a n te n e r la escala del p aisaje . Los e d ific io s pueden
ser d iv id id o s en c in c o g ru po s:
1.
La c o n s tru c c ió n c e n tra l, que se e n c u e n tra d ire c ta m e n te a l f in de la
ru ta de acceso, fo rm a el c e n tro o rg a n iz a d o r de las co nstruccio ne s, el
n úcleo a d m in is tra tiv o y social. Desde la e n tra d a p rin c ip a l, p a rtie n d o h a ­
cia la iz q u ie rd a , se llega a la p la n ta a lta , que c o n tie n e la a d m in is tra c ió n
y la b ib lio te c a ; p o r la derecha, se e n c u e n tra n el a u la y el com edor, que
ju n to con el ja rd ín in te rio r y la te rra z a e x te rio r fo rm a n un c o n ju n to .
A d ju n to a éste se h a lla n la co cin a y el lava d e ro ; en el subsuelo hay un
sótano, las calderas y un local de recepción de m ercaderías.

D etalle de la constru cció n (Foto S. v. S.)

V ista

de las te rra zas

2.
El a la s a lie n te h acia el oeste, con los locales p ara la enseñanza b á ­
sica, la sección de c o n s tru c c ió n y el a u d ito rio . H a cia el este, esta ala
se a la rg a , y fo rm a con la b ib lio te c a la sección In fo rm a c ió n .
3.
El ta lle r, con los estudios a d ju n to s , u b ica d o en la cim a de la c o lin a .
Los estudios de la sección " P r o d u k tfo r m " , con ja rd in e s in te rio re s , son
la c o n tin u a c ió n de un a u la c e n tra l, donde se d e s a rro lla n las secciones:
Yeso, C olor, M a d e ra , Productos S in tético s y M e ta l. Del o tro lado de esta
a u la , ta m b ié n con ja rd in e s in te rio re s , está u b ica d a la sección de D iseño
V is u a l, con la im p re n ta , estudios fo to g rá fic o s y de d ib u jo .
4.
Las tres casas para e stud ian te s, de c in c o pisos cada una, conectadas
con tres a te lie rs para los m ism os e s tu d ia n te s; p o r m ed io de un pasaje
a b ie rto situ a d o en el lado sudeste, se co ne ctan con el e d ific io p rin c ip a l.
5.
Las v ivie n d a s del c u erpo docente, agrup ad as lib re m e n te al sudeste
de las co n struccio ne s escolares.
C o n stru c c ió n y m a te ria le s : Los e d ific io s son de c o n s tru c c ió n sim ple.
La e s tru c tu ra es de h o rm ig ó n , a la v is ta y de te x tu ra lisa. El te cho , de
e lem entos p re fa b ric a d o s de lava v o lc á n ic a , con re lle n o de h o rm ig ó n p o ­
bre y una trip le capa de fie ltro . La c a le fa c c ió n es c e n tra l, p o r m edio de
convectores. En la te rm in a c ió n in te rio r se dejó el h o rm ig ó n m a y o rm e n te
sin tra b a ja r. Las paredes son de yeso con re ve stim ie n to s de m adera. Por
razones de econom ía, todas las p u e rta s y ve n ta n a s se c o n s tru y e ro n de
m adera.
Y a la e s tru c tu ra m ue stra aspectos espaciales m u y interesantes, espe­
c ia lm e n te en lo que se re fie re a la co n d u cció n de la lu z , que luego de la
te rm in a c ió n se podrán a p re c ia r m e jo r to da vía .

9

�Josef Albers (Foto H. C onrad)

Colaboraron en el curso 1 9 5 3 -1 9 5 4 de la
"E scuela Superior de D iseño" los siguientes
profesores: M a x B ill, Josef A lbers, Peterhans, M a x Bense, Sra. H. S c h m id t-N o n n e ,
O tl A ich e r, W a lte r Zeischegg, Hans Gugegelot, Hans C u rje l, B erthold Hackelsberger.

.

Estudiantes en uno de los ta lle re s de "P ro d u k tfo r m " (Foto S. v. S.)

Sra. S ch m id t-N o n n e

Los profesores del curso 1 9 5 4 -1 9 5 5 son los
siguientes: M a x B ill, Friedel Vordem bergeG ildew art, M a x Bense, Sra. H. S chm idtNonne, O tl A ich e r, W a lte r Zeischegg, Hans
G ugelot, Berthold' H ackelsberger, C harles
Eames, Hans C u rje l, H. von B aravalle, K onrad W achsm ann, Tom ás M aldonado.

O tl A ic h e r

10

(Foto H. C onrad)

(Foto H. C onrad)

�Laszlo Moholy Nagy
A le x a n d e r D o rne r

Laszlo M o h o ly N agv

A n a liz a r la obra de un a rtis ta desde el p u n to de v is ta p u ra m e n te fo rm a l,
lle v a ría a conclusiones s u p e rfic ia le s y erróneas, pues este p u n to de v is ta
im p lic a c o n s id e ra r esa obra com o re fe rid a a supuestas leyes eternas
del a rte y no com o una respuesta a la lucha en fa v o r del p e rfe c c io n a ­
m ie n to de nue stra v is ió n y de n ue stro m odo de v id a .
U n e n fo q u e s e m e ja n te, a ta l p u n to e s tá tic o y fo rm a lis ta , en n in g ú n caso
resu lta más in a de cua d o y fu e ra de lu g a r que al a p lic a rlo a la obra de
M o h o ly -N a g y y a las in s titu c io n e s con las que éste v iv ió id e n tific a d o : el
B auhaus de W e im a r, el de Dessau y el In s titu to de D iseño de C hicago.
" V is ió n en m o v im ie n to " es el títu lo del ú ltim o lib ro de M o h o ly , y a e llo
te n d ía , p re cisa m e n te , la fu n d a c ió n del Bauhaus. Este tu v o el co n scie n ­
te p ro pó sito de e v ita r la fo rm a c ió n de a rtis ta s com o m eros m oldes, para
e m p e za r así a e d u c a r hom bres y m ujere s que fu e ra n tra n s fo rm a d o re s de
n ue stro m odo de v e r y a c tu a r.
Para co m p re n d e r las d in á m ic a s raíces de las que surgen las obras de M o ­
h oly, debem os co no cer el te rre n o tra d ic io n a l del cu al él se a le jó con toda
energía. ¿Qué tra ta b a de su p e ra r to d o a u té n tic o m o v im ie n to m oderno de
las ú ltim a s décadas? N o era sólo la enseñanza d o g m á tic a de las a c a d e ­
m ias de a rte , sino ta m b ié n el caos re s u lta n te de la re vo lu ció n c o n tra el
a b so lu tis m o a rtís tic o representado p o r ellas. Esta re v o lu c ió n ro m p ió las
rígid as reglas de la p ro d u c c ió n a rtís tic a y p ro d u jo una dispersión e x ­
plo siva que a b rió el c a m in o a dos nuevos modos de p ro d u c c ió n p lá s tic a :
En p rim e r té rm in o , u na ra m a que se separaba p o r sí sola del a rte : el
diseño de u tilid a d m e cá n ica , el cual se desentendía de to da re g la m e n ta ­
ció n e sta b le cid a de las fo rm a s y obedecía a las p re te n d id a s reglas in ­
m u ta b le s de los físico s new tonianos. La fo rm a sigue a la fu n c ió n m a ­
te ria l. En segundo lu g a r, n a ció un nuevo tip o de a rte , que lib e ró al a r ­
tis ta de d a o b e d ie n c ia a regias ó b jé fiv a s de ve rd ad y b e lle za . S u s"se n ti­
m ie n to s personales se c o n v irtie ro n asi én él su prem o poder ge e v a lu a ­
c ió n . El a rtis ta se a rro g ó el ju ic io d e fin itiv o sobré cu ál era la v is ió n de
verdad y b e lle za . Este c a m b io re v o lu c io n a rio en la p osición personal
del a rtis ta im p lic ó ta m b ié n la a d m is ió n de una fu e rz a crea do ra m u ta ­
ble. Se a d m itió así una in fin ita v a rie d a d de b elleza s, va ried a de s s ie m ­
pre nuevas del " e s t ilo " e spe cífico; va le d e c ir que, al sostenerse el d e re ­
cho a u tó n o m o de cada uno de expresa r la p ro p ia v is ió n , se a d m itie ro n las
m óviles e x p e rie n cia s em o cio n ales en su c a rá c te r de fu e rz a s que c a m b ia ­
ban ince san te m e nte de fo rm a . El re su lta d o fu é — y no sólo en a rte —
que la c a ó tic a tira n ía de los in d iv id u a lis m o s a utó no m os ree m p lazó a la

" A lfile re s sobre z in c p e rfo ra d o "

(1 9 3 6 )

11

�m o n o lític a tira n ía de las academ ias. Por novedoso que sea, un " e s tilo "
acaba por a d q u irir la m ism a in v a ria b le d ig n id a d , el m ism o c a rá c te r de
e terna b elleza y verdad que el dogm a de las academ ias.
De ese m odo, la c o n tra d ic c ió n e n tre un diseño de m era u tilid a d m e c á n i­
ca y la c a ó tic a tira n ía de " e s tilo s " in d iv id u a le s , creó un estado de cosas,
que d iv id ió al ser h u m a n o en dos m ita d e s : por un lado, el c u lto r de un
e s p íritu m ecá n ico y m a te ria lis ta , esclavo de una fu e rz a ciega y b ru ta l, y
p o r el o tro , el id e a lista , creye nte en los m ú ltip le s estilos que s im b o liz a ­
ban la fu n d a m e n ta l b e lle za a rm ó n ic a de la u n id a d v iv ie n te . El Bauhaus
y los tra b a jo s de todos los precursores del diseño m oderno, com o M o h o ly ,
n a cie ro n de la inso ste nible te n sió n que a fe c ta b a todos los órdenes de la
v id a . Q uerían su p e ra r la re s u lta n te de ese cism a. Q u ería n fo rm a r un
to d o con la vid a y c o m p re n d ie ro n in s tin tiv a m e n te que esa in te g ra c ió n no
sería posible m ie n tra s se creye ra en la a b so lu ta a u to n o m ía de " e s tilo s "
in d iv id u a le s , y en la ind ep en d en cia del diseño m ecánico. Para e llo t u ­
v ie ro n que e x p lo ra r d e n tro del proceso d in á m ic o c re a tiv o que era o rig e n
de am bos, ta n to de los estilos com o del diseño m ecánico. N a d a podía
ir r ita r más, p o r lo ta n to , al fu n d a d o r del B auhaus, W a lte r G ropius, que
o ir d e c ir que el In s titu to de D iseño tra ta b a de h ace r a d o p ta r el " e s tilo
B a u h a u s ", y nada pod ría m a lo g ra r m ás la esencia de la a rq u ite c tu ra m o ­
d erna que la d e s fo rtu n a d a expresión " e s tilo in te rn a c io n a l".
Es en re la ció n con estos a n te ced e nte s que debe ser c o m p re n d id a la obra
de M o h o ly . En todas sus a c tiv id a d e s se propuso tr a n s m itir un nuevo
m en saje : fo m e n ta r un le n g u a je visu a l que fuese ta n accesible a los p ro c e ­
sos de tra n s fo rm a c ió n com o lo es la vid a m ism a , y en consecuencia, ta n
e x c ita n te y a c tiv o com o no lo h abía sido antes n in g u n o . N o a ju sta rse
n unca en fo rm a d e fin itiv a a n in g ú n p a tró n f ijo vivo. C o n c e b ir el diseño
com o un proceso d in á m ic o que p e n e tra en otros procesos de vida . C a m ­
b ia r para renovarse, y así m a n te n e r en a c tiv id a d el proceso del c re c i­
m ie n to .
El diseño no debe "e m b e lle c e r" o " d e c o r a r " la v id a , sino ser un m edio
y un e stím u lo para tra n s fo rm a r la v id a p rá c tic a d ia ria . El solo m ira r
una p in tu ra a b s tra c ta d ebería ser una p a rtic ip a c ió n en el f lu ir in in te ­
rru m p id o de la p in tu ra : in te rc a m b io de energías. N o debem os nunca
p e tr ific a r una co m p o sició n a b s tra c ta , c o n te m p lá n d o la con ojos tr a d ic io n a lis ta s com o si fu e ra un o rg a n ism o fo rm a l co n c lu id o . La p in tu ra ,
según M o h o ly -N a g y , debería lib e ra rse de la co n siste n cia de la p ig m e n ­
ta c ió n y co n ve rtirse en un jue go de luces. La fo to g ra fía , el c in e m a tó ­
g ra fo , los a ffic h e s , el diseño in d u s tria l, la tip o g ra fía , la e scen og ra fía , la
lite ra tu ra y la e du cación , todos d eberían libe ra rse de las fo rm a s e s tá ti­
cas que se p ra c tic a n según la tra d ic ió n del R e n a cim ie n to . D eberían t r a ­
d u c ir las nuevas e xp e rie n cia s en todos los órdenes de la v id a , a un le n ­
g u a je visu a l (o a u d ib le ) , que a su vez e s tim u la ría la v id a en todas sus
fo rm a s.
M u y pocas personas h an co m p re n d id o que las nuevas variedades del le n ­
g u a je v is u a l, que han su rg id o en la co m p osición , son c la ra m e n te d ife ­
rentes de lo que solíam os lla m a r " a r t e " . Estas nuevas verdades no son
una c o n firm a c ió n de una verdad o b e lle za d e fin itiv a s y ta m p o co e xig en
una c o n te m p la c ió n e stá tica , sino que c o n s titu y e n una in v ita c ió n a p a r­
tic ip a r en la co n sta n te tra n s fo rm a c ió n de la v e rd ad heredada. Esa tra n s ­
fo rm a c ió n es e stim u la d a y sostenida p o r una observación ince san te m e nte
in te n s ific a d a y p e rfe c c io n a d a .

El diseño m oderno y n ue stro p ro b le m a m u n d ia l
Según ya hem os visto , el diseño m oderno ha d e jad o de ser la to rre de
m a r fil del soñador, ú n ico responsable a n te sí m ism o. El diseño se ha
c o n v e rtid o en un a ge nte necesario para la so lu ción del g ra n p ro b le m a
de n ue stra época. C reo que no es d ifíc il ver que la fu e n te p rin c ip a l de
nuestros p ro ble m a s, a un los de orden p o lític o en g e n e ra l, está en nue stra
in h a b ilid a d para q u e b ra r el "s ta tu s q u o " de las fo rm a s y p ara c a m b ia r
en nuestros p rin c ip io s , c u a lq u ie ra sea la e x p e rie n c ia que para e llo se
req uie ra .
Lo que M o h o ly , y con él o tros precursores, nos e n tre g a n , son las e xpe ­
rie n cia s em o cio n ales pro pia s de la v id a " a b ie r ta " .
Para usar las pro pia s p a la b ra s de M o h o ly , " e l diseño es una a c titu d " ,
no una h a b ilid a d té c n ic a o un g e n e ra d o r de b e lle za fo rm a l, sino una
fu e rz a é tica que abre todas las p o sib ilid a d e s v ita le s e in c ita a una m u ­
ta b ilid a d m ás p ro fu n d a y crea do ra . Esta nueva filo s o fía le llevó a p ro ­
fu n d iz a r co n s ta n te m e n te su co nce pto de la edu cación a rtís tic a , e n te n -

12

"C o n s tru c c ió n

IX "

�"F e rro c a rril I

"L á m in a de p lá stico m o n ta d a sobre e s tru ctu ra
b la n c a ". M o d u la d o r espacial de " r h o d o id " .

d ié n d o la com o una in te g ra c ió n de todas las a c tiv id a d e s hum anas. Esto
s ig n ific ó d e s a rro lla r m o v im ie n to s a rtís tic o s en nuevos e in n u m e ra b le s
cam pos de a cción.
Podremos c o m p re n d e r su rasgo más sa lie n te , es d e cir, su in c re íb le ve rsa ­
tilid a d , sólo si entendem os que M o h o ly estaba poseído de la v o lu n ta d de
a y u d a r a su pe ra r la c o n d ic ió n de v id a a c tu a l. O bservam os ese rasgo en
lo que lla m a ría m o s su e volució n, ta n to v e rtic a l com o h o riz o n ta l. T o m e ­
mos sólo un aspecto de esa e v o lu c ió n : la p in tu ra . V e rtic a lm e n te , no se
atascó en n in g ú n e s tilo : a lre d e d o r de 1918 em pezó con re tra to s re p re ­
se n ta tivo s de una m e zcla de estilos e xp re s io n is ta y c u b is ta , re a liz ó des­
pués bosquejos dadaístas e in tro d u jo el fo to g ra m a en 1920. Ese m ism o
año se c o n v irtió en uno de los pioneros del c o n s tru c tiv is m o y, m e d ia n te
la lu z b la n ca y de co lo r, la c in e m a to g ra fía y las m á q u in a s de lu z , se
propuso c re a r espectáculos p ú b lic o s en g randes espacios urbanos.
H o riz o n ta lm e n te , em pezó com o e s c rito r y d ib u ja n te de p elícu la s c in e m a ­
to g rá fic a s a b s tra c ta s y s u rre a lis ta s , se in c lin ó u lte rio rm e n te h a cia el d i­
seño de a ffic h e s y de p ro du cto s in d u s tria le s , y se ocupó de edu cación
a rtís tic a , e je c u tó decoraciones de in te rio re s y escenografías, e fe c tu ó t r a ­
bajos tip o g rá fic o s y a b a rcó hasta la lite ra tu ra , las teorías estéticas y el
co m e rcio e d ito ria l.
El te ó ric o
A l d e s a rro lla r con más a m p litu d su tra b a jo , M o h o ly se v ió fre n te a la
d ific u lta d de lu c h a r c o n tra dos te n d e n cia s c o n tra d ic to ria s de la a c tiv id a d
m e n ta l: una, p ro p ia del a rtis ta , p re con scien te, que obra a travé s de los
se ntid os; o tra , p ro p ia del te ó ric o , co nscien te , que obra a través de la
a c tiv id a d ra c io n a l.
M o h o ly fu é un e s c rito r fe cun do . Desde 1920 e scrib ió num erosos a rtíc u lo s
y c u a tro libros. (1 9 2 6 : "P in tu ra , F o to g ra fía , P e líc u la ", Bauhaus, to m o
n ú m e ro 8 ; 1 9 2 9 : "D e sde la m a te ria a la a rq u ite c tu ra " , B auhaus, to m o

13

�n ú m e ro 14;

1 9 3 8 : " L a N ueva V is ió n " , N o rto n , N. Y .; 1 9 4 7 : "V is ió n
en M o v im ie n to " , T h e o b a ld , C h ic a g o ).
M o h o ly te n ía en co m ú n con m uchos a rtis ta s de p rim e ra línea, sobre
to d o con a q u e llo s de las ú ltim a s décadas, la e x tre m a te nsió n creada
e n tre la a c tiv id a d te ó ric a y la a rtís tic a . C o m p a rtía con ellos el m ism o
d ile m a : e sta r re p a rtid o e n tre dos m edios de c o m u n ic a c ió n que casi se
e xclu ye n e n tre sí. El m ism o M o h o ly p e rc ib ió ese d ile m a cuando d ijo (1 )
que la cre a ció n in tu itiv a del a rtis ta "e s tá in fin ita m e n te m e jo r e xpresa ­
da . . . en su p ro p io tra b a jo que en la expresión v e rb a l". Y s ig u e : "e l
proceso in tu itiv o tie n e una v iv a c id a d y una ce rte z a que lo co nsciente no
puede ig u a la r. Lo co nscien te es, en rig o r de p a la b ra , una e s tru c tu ra de
ra c io c in io t r a d ic io n a l. . . Lo in tu itiv o es el m u n d o flú id o de todos los
sentidos, cuyos m o vim ie n to s o rig in a n p e rm a n e n te m e n te nuevas fo rm a s
y s ig n ific a d o s ". Es d e cir, M o h o ly nos ruega que leamos las e n tre lin e a s
de sus escritos y que no nos aten ga m os a los té rm in o s y sistem as del
ra c io c in io tr a d ic io n a l. . . que él m ism o pueda h a b e r u tiliz a d o , sino — nue-

"D o b le v u e lta '

(1 9 4 6 ). Escultura de " p le x ig la s s "

v a m e n te — que veam os m ás hondo para m ira r, por así d e c irlo , a través
de las fo rm a s heredadas y e stá tica s del p en sa m ie n to y e n tre v e r tra s ellas
el c a m in o h a cia un m odo más d in á m ic o de p e n sa m ie n to y percepción.
M o h o ly p a rte desde el p u n to donde se h abía d e te n id o la tra d ic ió n k a n ­
tia n a y p e s ta lo z z ia n a y, siendo un pensador v is u a l, su ta re a no consiste
en tra n s fo rm a r té rm in o s verbales sino fo rm a s visuales. La te o ría a rtís tic a
de M o h o ly es una g uía p ara un nuevo género de diseño. Este diseño
re su lta fu n c io n a l, pues se in te g ra en la to ta l p e rife ria de las a c tivid a d e s
del h om bre m oderno, d e n tro de un d in á m ic o e in in te rru m p id o proceso
de p la s tic id a d o rg á n ica . La p e rife ria está c o n s titu id a p o r dem andas té c ­
nicas, económ icas y sociales de p ro d u cció n y p o r lo que él d en om ina
las necesidades b io ló g ica s del h o m b re ". Estas necesidades b io ló g ica s
son las e xig e n cia s de nuestros cin c o sentidos, sobre to d o del ta c to y de
la vista . Eso s ig n ific a que debem os a d a p ta r nuestras fa c u lta d e s de v e r
luz, co lo r, vo lu m e n , espacio y m o v im ie n to , a las nuevas e xig en cias de
n u e stra edad té cn ica . Pero en n uestras necesidades b io ló g ica s se in c lu ­
yen ta m b ié n necesidades em ocionales. Ellas ta m b ié n deben ser in te g ra ­
das con las dem ás fu e rza s. A esta in te g ra c ió n , M o h o ly la lla m a " la d e ­
c la ra c ió n de los derechos b io ló g ico s del h o m b re ". De este m odo, re c re a ­
ría sus fa c u lta d e s e m ocionales no d e sa rrollad a s y e lim in a ría lo que lla ­
m a nue stro a n a lfa b e tis m o e m o cio n a l a c tu a l, llevándonos a ser in d iv i­
duos más fe lice s. Pero lo que p o d ría c o n fu n d irs e con una defensa en
fa v o r de la re sta u ra ció n de un ideal a b o rig e n del ser h u m a n o , o con
una e x a lta c ió n de la Edad M e d ia c o n tra el fo rm u lis m o in e rte del R ena­
c im ie n to , es, en rig o r, una tra n s fo rm a c ió n m ás d in á m ic a que c u a lq u ie ra

14

M o d u la d o r lum in oso -e sp acia l

&lt;.v ¡5¡ón en m o v im ie n to

(1 9 2 2 -3 0 )

Pá g . 57

�"C o n stru cc ió n en " p le x ig la s s " sobre pla n o r e fle ­
ja n te " . M o d u la d o r espacial (1 9 4 0 ).

de las e x p e rim e n ta d a s en el pasado. Porque, para M o h o ly , el im p a c to de
tra n s fo rm a c ió n , representado p rin c ip a lm e n te p o r la re vo lu ció n in d u s tria l,
es ta n intenso y nuevo que su resu ltad o es una nueva especie de h om bre
con nuevas necesidades y nuevas a p titu d e s . A esta nueva v is ió n de re a li­
dad, M o h o ly la lla m a "e s p a c io -tie m p o ". Su s ig n ific a d o es, según sus
p alab ras, " n o el m un do c u a trid im e n s io n a l de E instein, ni su m o v im ie n to
en el espacio. Es, más e x a c ta m e n te , n uestra c re c ie n te a d a p ta c ió n a un
m u n d o donde to d o es m o v im ie n to . Este nuestro m undo a c tu a l es in f in i­
ta m e n te más a c tiv o que c u a lq u ie r o tro a n te rio r al nuestro, y exige una
visió n y un diseño más in c ita n te s y m uch o m ás e s tim u la n te s para la
a cció n que c u a lq u ie r v is ió n o diseño a n te rio r" .
C om p re n d e r a M o h o ly , s ig n ific a in tu ir en todas sus a c tiv id a d e s la p ro ­
fu n d a buena v o lu n ta d que lo m ueve a a y u d a r al género h u m a n o en su
progreso. N o le preocupó ja m á s el verse expuesto a la c rític a tr a d ic io ­
nal ista con sus m a n ife s ta c io n e s y sus a c tiv id a d e s . Sólo le interesa ba in ­
c ita r a la g en te, a m p lia r sus m entes, y en especial sus fa c u lta d e s e m o ­
cionales, para c a p ta r las nuevas c irc u n s ta n c ia s de un m u n d o c o m p le ta ­
m en te c a m b ia d o , a fin de que p u d ie ra n así p a rtic ip a r en su o rg a n iz a c ió n
para b e n e fic io de cada in d iv id u o y de la co m u n id a d . En el in in te r r u m ­
pid o em peño de p a rtic ip a r en esa re o rg a n iz a c ió n de n ue stra v id a , M o h o ­
ly se h a lla b a siem pre d ispuesto a nuevas enseñanzas, siem pre deseoso
de a p re n d e r y de enseñar sin reservas. H u b ie ra sido el ú ltim o en a fe ­
rrarse a té rm in o s teóricos. Se m ostra ba siem pre d ú c til y e n tu s ia s ta c u a n ­
do se tra ta b a de m o d ific a r y a m p lia r la fo rm a de su te o ría , com o pude

15

�o b se rva rlo u na y o tra vez d u ra n te los 25 años que d u ró n ue stra a m is ta d
y a un pocas sem anas antes de su m u e rte . T é rm in o s y fo rm u lis m o s te n ía n
poca im p o rta n c ia en su v id a ; sólo im p o rta b a la a cció n co n cre ta . M o h o ly
e ra , en re a lid a d , un p ra g m á tic o , y creo que no fu é el a z a r el que le
h iz o se ntirse com o en su casa d e n tro de una c iu d a d (C h ic a g o ), que es
la m ás p ra g m á tic a del m undo. Esa v o lu n ta d d e sb orda nte que em p le a ba
p ara a c tu a r, tra n s m itir , co o p e ra r y a p re n d e r nuevas y jóvenes p rá c tic a s ,
h ic ie ro n de M o h o ly un e d u ca d o r nato.
El edu cad or
El ve rd a d e ro p ro p ó sito de M o h o ly en c u a n to a e du cad or, era fo m e n ta r
un nuevo tip o de in d iv id u o . Según sus p ro pia s p alab ras, “ n in g u n a e d u ­
c a c ió n puede ser ju s tific a d a com o ta l si es sólo un in s tru m e n to para
c re a r e x p e rto s " ( 2 ) . De a h í, p o r e je m p lo , que el e je rc ic io de una h a b ili­
dad m a n u a l fuese m o tiv o p ara c a m b ia r to da una p e rso n a lid a d . C o n s ti­
tu ía una a u to -lib e ra c ió n , cuyo o b je to era lo g ra r un “ le n g u a je e m o c io ­
n a l" más a p to para s e n tir en fo rm a más intensa y d ire c ta que el que
p e rm ite n ue stra e d u ca ció n ra c io n a l y a b s tra c ta , el im p a c to de las nuevas
fu e rz a s de una sociedad in d u s tria liz a d a . C u a n d o un in d iv id u o " v is u a ­
liz a " la v id a com o en " m o v im ie n to " , se c o n v ie rte " p e r s e " en un nuevo
tip o de ciu d a d a n o , en un a n im a d o r del progreso c o o p e ra tiv is ta . El re ­
s u lta d o sería una sociedad m ás a c tiv a y, p o r lo ta n to , m e jo r in te g ra d a .
De a h í que la in v e n tiv a de M o h o ly no tu v ie ra descanso en el em peño
de to rn a r m ás lib re la v isió n tra d ic io n a l de la re a lid a d , a fin de c o m ­
p e n e tra r al e s tu d ia n te del c o n o c im ie n to de que la m a te ria se ha c o n v e r­
tid o en e nergía y la fo rm a en una g u ía p ara la tra n s fo rm a c ió n . U no de
los ú ltim o s pasos que d ie ra en este se n tid o fu é la sugestión de c re a r
un " I n s titu to de la L uz, C olores y E le c tró n ic a ", donde la im a g in a c ió n
a rtís tic a a b so rb iera la nueva v isió n de las cie n cia s. Y a en W e im a r (de s­
de 1 9 3 2 ), com o base de un curso p re lim in a r, hab ía a p lic a d o las p rá c ­
tic a s de Itte n , con respecto al ta c to , a la escala de las te x tu ra s . La
in te n s ific a c ió n y re la tiv iz a c ió n de las e xp e rie n cia s del ta c to , " o ír con los
d e d o s", im p lic a b a un nuevo y d in á m ic o e n fo q u e que iba más a llá del
fo rm a l. El paso s ig u ie n te fu é lle v a r al e s tu d ia n te a d e s c u b rir energías
desconocidas en m a te ria le s conocidos, com o la m ad e ra , lá m in a s de m e ­
ta l y a un cáscaras de huevo.
A u n q u e a n te el ju ic io s u p e rfic ia l de u na m e n ta lid a d tra d ic io n a lis ta , c ie r ­
tos e xp e rim e n to s p u d ie ro n p a re ce r un ju e g o irre spo nsa ble — com o por
e je m p lo , el de las c u a tro cáscaras de huevo vacías que tie n e n en sí
resiste ncia s u fic ie n te com o para s o p o rta r el peso de un a d u lto o el in ­
v e n to de un co lch ó n de m ue lle s de m a d e ra —-, ellos c o n s titu y e ro n en
re a lid a d m edios e fic ie n te s y sabios para d e s a rro lla r un m e jo r se ntid o
del tra b a jo y fin a lm e n te una sociedad que tra b a je m ejor.
M o h o ly , com o pedagogo del a rte , d esa fió d e lib e ra d a m e n te al p ú b lic o con
asertos co m o : " N o me g usta la p a la b ra b e lle z a , es u na p a la b ra d e p re ­
s iv a " . El té rm in o " b e lle z a " se ha c o n v e rtid o , sin dud a a lg u n a , en el
sím bo lo de una a c tiv id a d pasiva y hasta p e lig ro s a m e n te fo rm a lis ta .
Desde 1937 M o h o ly d e sa rro lló , con un fin p edagógico, la idea de los
c u a tro " m o d u la d o re s " : los m o d ula do re s del espacio, del v o lu m e n p lá s ­
tic o , de la lu z , de la p a la b ra . Q uiso que fu e ra n m edios que u tiliz a ra n
los e stu d ia n te s para e rig ir p o r sí m ism os una re a lid a d de a cció n. Su ú lt i ­
m o paso en este se n tid o fu é su co op eració n en una de las m ás a van zad as
a c tiv id a d e s en psico log ía e x p e rim e n ta l, la de A d e lb e rt A m e s del " I n s t i ­
tu to del O jo " , de D a rm o u th , co op eració n que c o n tin u ó con m uch a in te ­
lig e n c ia el Sucesor de M o h o ly , C h e rm a y e ff, c o n s tru ye n d o las m á q u in a s
de los e xp e rim e n to s de A m es en el In s titu to de C hicago. A q u í el e s tu ­
d ia n te apren de n ue vam en te , de m an era e m o c io n a l y se nso ria l, que " v e r "
no s ig n ific a n un ca im ita r o re c o n s tru ir un m u n d o dado e x te rio r o a p lic a r
eterna s fa c u lta d e s de su m en te, sino que v e r s ig n ific a , en c u a lq u ie r caso
espe cífico, una in te n c io n a l tra n s fo rm a c ió n de una fo rm a de a c tu a r
heredada.
El In s titu to de D iseño d ió a M o h o ly una o p o rtu n id a d ú n ic a de tr a b a ja r
p ara una sociedad m ás fe liz , y por eso creo que no le im p o rtó s a c rific a r
su vid a en aras de ese fin .
El p in to r
Los p rim e ro s d ib u jo s de M o h o ly (1 9 1 7 ) representan una m e zcla de las
te n d e n cia s del " a r t n o u v e a u ", e xp re sio n ism o y cu bism o . Desde 192 0 le
im p re sio n a ro n las ideas del dadaísm o y diseñó cro q u is sem ¡abstractos
d e n tro de esta te n d e n cia . El dadaísm o es cono cid o en g e n e ra l com o la

16

"E s c u ltu ra m ó v il" (1 9 4 3 ). "P le x lg la s s " y barras
de crom o sobre a la m b re de acero

V o lu m e n v ir tu a l de una e scultu ra m ó v il

(2 ) " V is ió n en M o v im ie n to ", pág. 345.

(1 9 4 3 )

�g lo rific a c ió n del absurdo a rtís tic o , sobre to do desde que ha sido c la s i­
fic a d o p o r un b rib ó n tra s n o c h a d o (D a lí) com o “ el derecho in a lie n a b le
del h o m b re a su p ro p ia lo c u ra ". En o p in ió n de los in ic ia d o re s del m o v i­
m ie n to , com o A rp , B all y H ue lsen be ck, ese absu rd o tu v o un hon do s ig ­
n ific a d o , cu yo o rig e n debe buscarse en el to rv o h u m o r de a qu ellos que
re a ccio n ab an de m odo p u ra m e n te e m o tiv o c o n tra la m a ta n z a en masa
de la p rim e ra g u e rra m u n d ia l y c o n tra el im p e ria lis m o y el a b s o lu tism o
id e a lis ta , causantes de esta m a ta n z a . El dadaísm o, al negar las d ic ta d u ­
ras del fo rm u lis m o tra d ic io n a l y a ca d é m ico , luch ó p o s itiv a m e n te p o r las
fu e rz a s e m o tivas de la im a g in a c ió n lib e ra d a y p ara a g ra n d a r el h o r i­
z o n te del h o m b re ; en resum en, p o r su desa rrollo.
M o h o ly estuvo siem pre bie n disp ue sto a n te las a c tiv id a d e s lib e ra d o ra s e
in c ita n te s del dadaísm o y de su p ro lo n g a c ió n , el s u rre a lis m o , pero todas
sus energías fu e ro n d irig id a s h a cia una fo rm a m ás p o s itiv a de c re a r una
v isió n de m a y o r a m p litu d , y de este m odo, un nuevo tip o de in d iv id u o .
Esta fo rm a p o s itiv a fu é el c o n s tru c tiv is m o . S ig uie nd o a T a tlin , G abo y
L is s itz k y , M o h o ly (desde 1 9 2 9 ) se c o n v irtió en un in ic ia d o r y g esto r de
esta ram a de la p in tu ra a b s tra c ta . C om o su n om bre lo in d ic a , el g ra n
m é rito de este m o v im ie n to fu é lib e ra r al c u b ism o de a lg u n a s rém oras
de la p in tu ra tra d ic io n a l, ta le s com o la p ig m e n ta c ió n y la ilu s ió n p ic tó ­
rica . La p in tu ra a sum ió el c a rá c te r de c o n s tru c c ió n a rq u ite c tó n ic a de
planos y cuerpos co m p en etra do s, m e d ia n te te x tu ra s y "c o lla g e s " s ie m ­
pre renovados.
En su a fá n p o r lo g ra r un m odo de v e r más a c tiv o , M o h o ly a firm a b a :
“ esa nueva v is ió n de una re a lid a d es un co n s ta n te proceso de m o v im ie n ­
to d e n tro de sus ele m e n tos y d e n tro de la re la c ió n de dichos e le m e n to s ".
Ese a n h e lo lo in d u jo a vo lca rse cada día más h a cia la a c u a re la , la tra n s ­
p a re n c ia m e d ia , las p in tu ra s de planos m ú ltip le s y tra n s p a re n te s , los
e fectos de luces, los re fle jo s m óviles, y la " p in tu r a de la lu z c in é tic a " .
Su co nce pto de la lu z lo llevó, a lre d e d o r de 1 93 0, al c o lo r tra n s p a re n te ,
que para m a y o r c la rid a d , h abía hasta entonces e x c lu id o de su p in tu ra en
su rep re sen ta ció n del espacio en m o v im ie n to .
El d ise ñ a d o r con la luz
La p in tu ra de M o h o ly estaba p re d e stin a d a a c o n v e rtirs e en un d in á m ic o
ju e g o de e lem entos de luces tra n s p a re n te s : en 1920 h abía in v e n ta d o in ­
d e p e n d ie n te m e n te , aun qu e al m ism o tie m p o que el a m e ric a n o M a n Ray,
el fo to g ra m a . El fo to g ra m a es una fo to g ra fía o b te n id a sin c á m a ra , que
lib e ra n ue stra v is ió n del tra d ic io n a l acceso a travé s del m a rco e s tá tic o
del espacio. Supera la p e rspe ctiva v is u a l y por e llo la tra d ic ió n del Re-

M o d u la d o r espacial a isla d o de "p le x ig la s s ''

17

�n a c im ie n to : in tro d u c e relaciones que c a m b ia n por sí m ism as y p e rm ite
un n ú m e ro ilim ita d o de nuevos m odos de co m p osición , todos los cuales
producen m u ta b ilid a d d e n tro de la in m u ta b le id e n tid a d de n ue stra c o n ­
cepción ra cio n a l del espacio. De a qu í, la v isió n lib e ra d a flu y e h a cia el
m u n d o de los rayos X , de la lu z in fra rro ja , de los telescopios y m ic ro s ­
copios y, ú ltim o en orden pero no en im p o rta n c ia , del c in e m a tó g ra fo .

Secuencia de un film

a b stra cto

El d ise ña do r c in e m a to g rá fic o
M o h o ly confesaba que p a ra él la c in e m a to g ra fía era " e l poder visua l
a c re c e n ta d o ", el nuevo "d iv in o p o d e r", ca pa z de p ro p o rc io n a r una visión
de la re a lid a d com o m o v im ie n to . C on struyó un m ó v il, " L ig h t R e q u is it"
(lu z s o s té n ), un a p a ra to e x p e rim e n ta l p ara p in ta r con luz, con el cual
h iz o dem ostra cio ne s en la expo sició n de la W e rk b u n d en París en 1930.
De a llí fu é tra n s fe rid o a m i m useo en H a n o ve r, donde debía fo rm a r p a r­
te de una sala de "n u e s tra é p o c a " a m p lia n d o así la "s a la a b s tra c ta " de
L is s itz k y (los re a ccio n a rio s, antes del g o b ie rn o de H itle r, no p e rm itie ­
ron que esto fu e ra p o s ib le ).
Después de la o bra de p re cu rso r de E ggeling, M o h o ly fu é uno de los
p rim e ro s (1 9 2 1 ) en tr a b a ja r en la s o lu ció n de los p ro ble m a s del " c in e ­
m a tó g ra fo a b s tra c to ". Es e v id e n te que el c in e m a tó g ra fo debía ser el
ce n tro del d o m in io de un a rte , que a b ría un c a m in o a la nueva visión.
C ua nd o ya no es posible v e r el m un do com o si e stuvie ra e n c e rra d o en
el m arco de una fo rm a del espacio, pues ese m ism o m a rco se m ueve
por sí m ism o, llegam os entonces a la co n clu sió n de que la fo to g ra fía p la ­
na sólo puede ser un in s tru m e n to to rp e y a n tic u a d o . El c in e m a tó g ra fo
d e sa rro lla la a u to -tra n s fo rm a c ió n de c u a lq u ie r " f o r m a " , p e rm ite el p ro ­
ceso de in te rp e n e tra c ió n de las fo rm a s y el tra b a jo sin restriccion es.
M o h o ly sentíase en esto d e n tro de su e le m e n to ; en este cam p o a d q u irió
más c o n o c im ie n to s y v ió m e jo r y con m ás ra p id e z que la m a yo ría de
sus precursores inm e d ia to s. Por e je m p lo , en 1927 s u g irió la proyección
de p e líc u la s c in e m a to g rá fic a s sobre c o rtin a s gaseosas a travé s de las
cuales el p ú b lic o podía pasar, idea que ha sido u tiliz a d a con g ra n é x ito
y puede re v o lu c io n a r nuestros m étodos de e x h ib ic ió n en cie rto s casos,
aun en los museos. En 192 4 e n tre v io ta m b ié n la p o s ib ilid a d de s u pe r­
poner 2 o 3 p elícu la s, una sobre o tra , en una p ro yecció n espacial c u rva ,
crea nd o así asociaciones m ás a m p lia s y de este m odo e x p e rie n cia s más
intensas y activas. En 1 92 2 p u b lic ó en " S t i j l " y " D e r S tu rm " a rtíc u lo s
sobre la p o s ib ilid a d de una p ro d u c c ió n m usical s in té tic a p o r in te rm e d io
de discos y p elículas.
En to da s estas p o sib ilid a d e s de v e r y fo rm a r, M o h o ly ve ta m b ié n , com o
en los casos a n te rio re s , nuevos m edios para lle g a r a un fin . Lo que re a l­
m ente im p o rta es la v id a m ism a. Por e llo consideró la p e líc u la a b s tra c ta
com o un tra b a jo p re p a ra to rio p ara la tra n s fo rm a c ió n de nuestras p e líc u ­
las rea lista s. T ra b a jó ju n to a B lu m y N oe lde en un tip o de f ilm e d u c a ­
cio n a l y d o c u m e n ta l más d in á m ic o , y, en c a rta a b ie rta a la in d u s tria
c in e m a to g rá fic a de 1932, c ritic ó el "e s tú p id o y to rp e a m a te u ris m o " en
que h ab ía caído lo que pudo ser " u n in s tru m e n to m a ra v illo s o ", para
in c re m e n ta r el c o n o c im ie n to y la v isió n de la g ente y para in c ita rn o s a
hacer uso de las nuevas p o sib ilid a d e s de m e jo ra r nue stra fo rm a de vida .
Después de 1924, en que p ro d u jo la p e líc u la s u rre a lis ta " L o que una
vez fu é p o llo , siem pre será p o llo " , v o lv ió h a cia 1 93 0 a re a liz a r p elícu la s
d ocu m e n ta le s en Londres, e n tre ellas " L a vid a de las la n g o s ta s " ( 1 9 3 5 ),
" H . G. W e lls " y " L a fo rm a de las cosas" (1 9 3 6 , re a liz a d a ju n to con
K o r d a ) . T a m b ié n a q u í la nueva v is ió n es sólo el re fle jo de s u p e rfic ie de
la fu e rz a de su "c o n c ie n c ia s o c ia l".
El e scu lto r
La nueva v isió n im p lic a , e n tre o tra s consecuencias, la d e s a p a ric ió n de
la línea d iv is o ria e n tre p in tu ra y e s c u ltu ra . En 1922 M o h o ly p u b lic a en
el " S tu r m " un m a n ifie s to sobre " e l sistem a de fu e rz a s c o n s tru c tiv o -d in á m ic o ", donde queda a c la ra d o que la p in tu ra , en la m ism a m edida que
la e s c u ltu ra , es un e n g ra n a je del espacio. Desde 1920 M o h o ly ha sido
ta n to e s c u lto r com o p in to r. El a n te rio rm e n te c ita d o "M o d u la d o r espa­
c ia l" era un tip o de p in tu ra trid im e n s io n a l que M o h o ly presentó en L o n ­
dres en 1935.
T a m p o co podía q u e d a r la a rq u ite c tu ra a isla d a . C om o lo d em ostró en su
lib ro "D e la m a te ria a la a rq u ite c tu ra " , el m ism o proceso lib e ra d o r y
v iv ific a d o r que se c u m p lía en p in tu ra , e s c u ltu ra y fo to g ra fía se p ro d u ­
cía en el tra b a jo a rq u ite c tó n ic o : a le ja m ie n to de la so lid ez e s tá tic a en
d ire c c ió n h a cia una ené rg ica in te g ra c ió n del m o v im ie n to .

18

�El e scenógrafo
La e scen og ra fía depende e n te ra m e n te de la p in tu ra , e s c u ltu ra y a r q u i­
te c tu ra . N o es de e x tra ñ a r, pues, que M o h o ly ta m b ié n re v o lu c io n a ra
esta ram a del diseño. (Son fam osos sus d ib u jo s p ara la O pera del Estado
y para el te a tro P isca tor de B e rlín ). In tro d u jo el fo to m o n ta je , la luz
co m p e n e tra n te y ta m b ié n todos los m edios flú id o s y e s tim u la n te s a los
que se re fie re en su lib ro "V is ió n en M o v im ie n to " . La " lu z s o s té n ", ya
m e n cio n ad a, fu é o tro de los m edios de e s tím u lo para su p e ra r nuestro
co nce pto re n a c e n tis ta del escenario. M o h o ly , con G ropius, Bayer y Breuer,
fu é uno de los grandes tra n s fo rm a d o re s del diseño de exposiciones.
El tip ó g ra fo
Fué adem ás uno de los precursores de la tip o g ra fía , p o r m ed io de la
cu al lib e ró una nueva fo rm a de c o m u n ic a c ió n de las "n o c io n e s e s té ti­
cas p re c o n c e b id a s ", p ro c u ra n d o que el " te x to y las ilu s tra c io n e s " se u n i­
fic a ra n con
flu id e z fu n c io n a l" . A s í no sólo se h iz o posible una c o m ­
pre nsió n m ás rá p id a por p a rte del le cto r, sino que se logró e s tim u la r,
por ese m edio, su ca p a c id a d para e n te n d e r y pensar los procesos de
tra n s fo rm a c ió n , al m a rg e n de la c o n fu s ió n p ro d u c id a por los hechos in ­
cid e n ta le s. Esta nueva filo s o fía fu é ta m b ié n u tiliz a d a p ara los a ffic h e s .

Depósito para lapiceras P arker

El d ise ñ a d o r in d u s tria l
El diseño in d u s tria l fu é s iem pre el g ra n fa v o rito de M o h o ly ; así lo puso
de m a n ifie s to ta n to en sus com ienzos, desde 1925 a 1928, en que tra n s ­
fo rm ó la h e rre ría de oro y p la ta de la B auhaus en un ta lle r e d u ca cio n a l
donde se tra b a ja b a para la p ro d u c c ió n in d u s tria l en serie, hasta en sus
ú ltim o s tie m p os, en que re a liz ó diseños com o el boceto p ara el coche
de dob le c u b ie rta , para la B. y O. R a ilro a d Co. ( 1 9 4 3 ), y la la p ice ra
fu e n te P a rke r 51 (1 9 4 1 ) p ara P a cka g in g , e tcétera. El diseño in d u s tria l
fu é p ara M o h o ly una m a ra v illo s a o p o rtu n id a d para p on er en p rá c tic a su
ve rd ad ero id e a l: in te g ra r las fu e rz a s co m e rcia le s, b io ló g ica s y e m o c io ­
nales en un o rg a n is m o m a te ria l flu id o , que a c tú e com o una energía
capaz de e n riq u e c e r la v id a .
De n in g ú n m odo he p o d id o a b a rc a r todas las a c tiv id a d e s de este h om bre
e x tra o rd in a rio . N o he p re te n d id o h a ce rlo , pues a u n qu e s ig u ie ra d e s c ri­
b ie nd o o tra s a c tiv id a d e s suyas, d em o stra n d o la casi in c re íb le riq u e z a de
sus esfuerzos de in ic ia d o r, no h u b ie ra re a lm e n te a g o ta d o y d e s c rip to en
re a lid a d la ve rd a d e ra fu e n te de su poder.
El filó s o fo E m anuel K a n t d ijo a lg u n a v e z : " N a d a h ay m ás g ra n d e en
este m un do que la buena v o lu n ta d ". La v e rd ad era fu e n te del poder de
M o h o ly fu é "e s a buena v o lu n ta d " en su m ás p ro fu n d o s ig n ific a d o , esa
in a g o ta b le y n un ca e xh a u sta v o lu n ta d , siem pre dispuesta a a y u d a r a
nue stra to rtu ra d a g e n e ra c ió n , sa cud id a una y o tra vez por g u e rras y
revoluciones, a g o ta d a p o r repetidos ca ta c lis m o s y desesperada por su
p a ra liz a n te fa lta de a s p ira c ió n . Y o , y com o yo m uchos otros, re c o r­
daré a M o h o ly com o el h om bre de generoso c o ra zó n , siem pre lle n o de
e stím u lo , siem pre ingenioso, un h o m b re p o s itiv o y a c tiv o , que n un ca
a ba nd on ó su a m p lia y v a lie n te sonrisa, ni s iq u ie ra cu a n d o el tra b a jo p a ­
recía in ú til y la v id a in so po rtab le. T e n ía el e s p íritu de un lu c h a d o r in n a ­
to, ün se n tid o a n a lític o a gu do , y por sobre todo, esa p e n e tra n te v o lu n ta d
de lle v a r a cabo lo que co nside rab a que era ú til y bueno p ara nuestra
vid a . Esa era la ve rd a d e ra fu e rz a que in fla m a b a su in a g o ta b le im a g i­
n a ció n , que c o m p le ta b a y d irig ía su la b o r de in ic ia d o r y le daba su v e r­
dadero v a lo r. Esa es la clase de e nergía cre a d o ra que se e x tie n d e en
todas las d ireccio ne s, que c o n v ie rte el caos de luchas e n tre fu e rz a s , en
luchas de p ro d u c c ió n , y hace que esta v id a llen a de p ro ble m a s se c o n ­
v ie rta en un o b je to de esperanzas. N o p od ría m os v iv ir sin s e n tir co ns­
cie n te o in co n s c ie n te m e n te la presencia de esas fu e rz a s creadoras, que
nos sostienen en n ue stra búsqueda de un m e jo ra m ie n to de vida .

19

�Camille Graeser

El a rte co ncreto ha pasado ya el período de ensayos que c a ra c te riz a a
to do com ienzo. Se e n c u e n tra a ho ra abocado a la ta re a de c re a r, a p a rtir
de un le n g u a je p lá s tic o d e fin itiv a m e n te inco rp o ra do a n uestra c u ltu ra
visua l.
H a y a rq u ite c to s que hacen del a rte c o n cre to p a rte c o n s tru c tiv a de la
obra, es d ecir, piensan sus elem entos en fu n c ió n de relaciones exactas
de fo rm a , c o lo r y espacio. T enem os escasez de ta le s contem poráneos.
C o lo r es fo rm a y fo rm a es co lo r, pero sabemos que " n o c o lo r" ta m b ié n
es fo rm a . El a rte c o n cre to nos ha hecho sensibles a lo no evidente.
El a rte c o n cre to no deja nada lib ra d o a la c a s u a lid a d creando, con este
fin , una té cn ica básica exacta. Sin em bargo, sus leyes no son fó rm u la s
hechas, pues conducen a un nuevo diseño llen o de e sp íritu .
C. G.

"R a yo s a rm ó n ic o s " (1 9 5 3 )
"E n tre cá lid o y fr í o "

20

�"M ú s ic a te c tó n ic a "

(1 9 5 4 )

Entendem os por “ a rte c o n c re to -c o n s tru c tiv o " la cre a ció n a rtís tic a e m a n ­
cip a d a de la im ita c ió n fig u ra tiv a . La obra "c o n c re to -c o n s tru c tiv a " surge
de un p e n sa m ie n to a b s tra c to , tra n s fo rm a d o m e d ia n te los recursos a r tí s ti­
cos en una re a lid a d p e rc e p tib le . A esta tra n s fo rm a c ió n a rtís tic a de una
idea a b s tra c ta la llam am os "c o n c re c ió n ". O cupan el lu g a r de los a c o s tu m ­
brados o bjetos a m b ie n ta le s los elem entos g e o m e triz a n te s , p re fe rid o s por
el a rtis ta . Estos son los portad o re s de los colores casi siem pre puros del
espectro, cuya re u n ió n p ro cu ra al espectador la v iv e n c ia de la luz. C o n tra p u n tístic o s , espacios en el espacio, creados c o n fo rm e a una rig uro sa ley
p ro p ia , a qu ellos ritm o s y a rm on ía s son obras de un a rte nuevo. C o n s titu y e ,
este " a r te c o n cre to c o n s tru c tiv o ", un fa c to r c u ltu ra l de n uestro siglo
ve in te , im p o sib le de e lu d ir m e n ta lm e n te .
C a m ille Graeser

21

�" A m a rillo en m o v im ie n to "

22

(1 9 5 3 )

C a m ille Graeser n ació en G inebra el 27 de Fe­
brero de 1892. Estudió en las escuelas de a rte ­
sanía de S tu ttg a rt y luego con A d o lf H ólzel.
Fué m iem bro de la sociedad " D e r S tu rm " en
B erlín. En la a c tu a lid a d pertenece al grupo
" A llia n z " y a la "S chw eizerischen W e rk b u n d ".
Expone desde 1919 en S uiza, Ita lia , A le m a n ia ,
Francia y A m é ric a . V iv e en Suiza.

�La Propaganda, o la Nueva Retórica
Pablo G o nzá lez C asanova
En una novela s in g u la r, " H is to ria de la g ra n d e z a y
deca de ncia de César B iro tte a u , co m e rc ia n te p e rfu ­
m is ta " , B a lzac nos h a b la de una tie n d a de novedades
que p o r vez p rim e ra presentó al p ú b lic o de París, to ­
das "esas seducciones c o m e rc ia le s ", todas esas ilu s io ­
nes y e fectos de ó p tic a , que llevados a un g ra d o sum o
de p e rfe cció n , h ic ie ro n de los a paradores "ve rd a d e ro s
poem as m a te ria le s ". A h í m ism o nos h a b la de lo que
él lla m a una "in m e n s a re v o lu c ió n ", un a sa lto de la
o p in ió n p ú b lic a , los a nu ncios pagados en los p e rió ­
dicos, cuyo é x ito fu é desbordante. En ese tie m p o , hace
ya m ás de un siglo , la p u b lic id a d era lla m a d a , q uizás
in ju s ta m e n te , c h a rla ta n is m o . Las cosas han c a m b ia ­
do m ucho. H oy el m u n d o está in u n d a d o de poem as m a ­
te ria le s , los p erió d ico s son en su m ayo ría "e m presa s
co m e rcia le s d estin ad as a h ace r d in e ro p o r la ve n ta de
a n u n c io s " y un p ro fe so r de la U n ive rsid a d de N ueva
Y o rk , George B u tró n H o tch kiss, desde 192 4 escribe que
la p u b lic id a d es un a rte que puede estar a la a ltu ra
de la poesía, de la novela y del d ra m a . A nad ie se le
o c u rriría lla m a r a los p u b lic is ta s ch a rla ta n e s. A n a ­
die se le o c u rriría d e c ir que el c o n d im e n to d ia rio de
la vid a — las v itrin a s , los ca rte lo n e s, los letre ro s lu ­
m inosos, los desplegados, los a nu ncios de rad io , cine
y te le v is ió n — son un a te n ta d o a la o p in ió n p ú b lic a .
Y sin e m b a rg o hoy, con m ás razones que en tie m p os
de B a lzac, se p od ría e star de a cue rd o con él, porque
a más del d e sa rro llo té cn ico , de la p ro d u cció n in c e ­
sante de m á q u in a s y a p a ra to s que entonces no e x is ­
tía n , y de la c a n tid a d cada vez m a yo r de casas de
p u b lic id a d y escuelas de p u b lic is ta s , ha o c u rrid o una
m e ta m o rfo sis fo rm id a b le en este fe n ó m e n o so cia l, m e ­
ta m o rfo s is que p ro b a b le m e n te m ire n con c ie rta iro nía
y con ing en iosa d e sco n fia n z a , pero que es un hecho
más y m ás e vid e n te , c o n fo rm e se le m ira y se le
e studia.
Hace un sig lo el o b je to de la p u b lic id a d co nsistía en
in fo rm a r al c lie n te sobre las v irtu d e s de la m e rc a n ­
cía. La in fo rm a c ió n que se le d ab a, dolosa o de b u e ­
na fe, te n ía com o o b je to p rin c ip a l que el c lie n te es­
co giera la m ercan cía m ás de su gusto, a q u e lla que él
iba a p en sar s a tis fa ría de la m e jo r m an era posible sus
necesidades. H o y la p u b lic id a d tie n e com o o b je to y
m éto do p rim o rd ia l el d e fo rm a r los re fle jo s del c lie n te ,
al c re a r en él, com o d ice el e m in e n te se m á n tic o H a ya ka w a , reacciones a u to m á tic a s : "n a d a sería más
ú til a un p u b lic is ta — a firm a — que o b lig a rn o s a pe­
d ir a u to m á tic a m e n te una Coca C ola cada vez que e n ­
trem os a una fu e n te de sodas, o a p e d ir a u to m á tic a ­
m en te un A lk a -S e ltz e r, cada vez que nos sintam os
m a l. . . " Y esto, ¿qué q u ie re d e cir, si no que m ie n ­
tra s hace un siglo el c lie n te escogía las m ercancías,
hoy las m ercan cía s in te n ta n y hasta lo g ra n escoger al
clie n te ? Sí, h oy las m ercan cía s se nos a n u n c ia n y se
nos o fre ce n por m edio de la p u b lic id a d , y d ob legan
n ue stro subco nscien te cu a n d o m enos lo esperam os:
al detenernos el a g e n te de trá n s ito , al d escu id ar a la
n ovia en el cine , al escuchar la ra d io m ie n tra s ju e ­
gan los niños. Nos h usm ean, nos acechan, nos s i­
guen, nos m u e stra n sus venales p re fe re n cia s, nos es­
cogen sin m ás reparo que nue stro d in ero . T od o un
a rte que ha u tiliz a d o los a d e la n to s de la psicología
so cia l, que p re co n iza un e stilo conciso, v iv id o , lla m a ­
tiv o y el e m pleo co n sta n te de frases y fig u ra s e m o c io ­
nales, se ha c o n s titu id o en una ve rd ad era re tó ric a , en
la re tó ric a de los "m e rc a d e re s que pueden e s c rib ir",

de los "S ale sm e n w ho can w r ite " , com o se les ha lla m a ­
do en N o rte a m é ric a a los p u b lic is ta s .
Y este hecho de la m a y o r im p o rta n c ia nos o cup aría
la noche e n te ra , com o uno de los grandes proble m a s
de n ue stro tie m p o , si la tra g e d ia in te rn a c io n a l y n a ­
c io n a l en que se h a lla n las m ercan cía s desde hace ya
va rios lustros, no h u b ie ra d e riv a d o en o tro fe n ó m e n o
que a fe c ta to da vía m ás la co n c ie n c ia e n te ra del h o m ­
bre co nte m p o rá ne o. Es un lu g a r co m ú n e n tre los es­
tudiosos del c ic lo económ ico, que al fin a liz a r la fase
del auge se in ic ia n las g u e rras e n tre los grandes
países p ro du cto re s, con el o b je to de e x te n d e r los n e ­
cesarios m ercados y que con el auge y la depresión,
c o in c id e n la m a yo r in te rv e n c ió n del Estado, el des­
c o n te n to o inclu so las revoluciones. K eynesianos y
m a rx is ta s reconocen estos hechos después de h ab er
re a liz a d o p ro lijo s y cuidadosos estudios. C ua nd o la
dem anda de m ercancías d is m in u y e , la p u b lic id a d a u ­
m en ta en in te n s id a d e im p o rta n c ia , y cu a n d o la p u ­
b lic id a d no basta para que las m ercancías e n cu e n tre n
a sus c lie n te s , a q u é lla s se vu e lve n cada vez más a g re ­
sivas, m ás e xig en te s, v e rd a d e ra m e n te tirá n ic a s . Se
in te g ra n d e c id id a m e n te a la v id a p o lític a de las n a ­
ciones, a sus discusiones p a rla m e n ta ria s , a sus planes
y proyectos de in te rv e n c ió n e s ta ta l. La p u b lic id a d p a ­
sa de su edad de oro, de su estado de n a tu ra le z a ,
a una edad en que fo rm a p a rte de to da una "w e lta n s h a u n g " de p u b lic is ta s , de to d a una p u b lic id a d de
ideas p o lític a s , m orales, religio sas y filo s ó fic a s . Esta
p u b lic id a d in te g ra l es c o m ú n m e n te lla m a d a p ro p a g a n ­
da. K y m b a ll Y o u n g la d e fin e com o " e l uso más o m e ­
nos p la n e a d o y s is te m á tic o de sím bolos, a través de
la sugestión y de las té cnica s psico lóg ica s, con m ira s
d a lte ra r y c o n tro la r las o p in io n e s, ideas y valores, y
en ú ltim a in s ta n c ia a c a m b ia r las acciones, de a c u e r­
do con lin e a m ie n to s p re d e te rm in a d o s ". En la p ro p a ­
ganda no sólo se in te n ta c re a r re fle jo s y reacciones
a u to m á tic a s fre n te a las m ercancías, sino c re a r re ­
fle jo s y reacciones a u to m á tic a s fre n te a las o p in io ­
nes, va lo re s e ideas que desea el p ro p a g a n d is ta . Por
eso este fe n ó m e n o en que vive el h om bre c o n te m p o ­
ráneo escapa a los lím ite s de la p u b lic id a d y de las
m ercancías, a u n qu e de ella s haya to m a d o buena p a r­
te de sus té cnica s y de sus d e scu b rim ie n to s, y re co ­
noce lím ite s más vastos y orígenes m ás leja no s: es la
nueva re tó ric a , en el se ntid o que le daba A ris tó te le s ,
com o " a r te de obse rva r en un caso d e te rm in a d o , los
m edios necesarios de p e rs u a s ió n ". Y es, com o nueva
re tó ric a , com o la re tó ric a de nue stro tie m p o , com o v a ­
mos a in te n ta r su a n á lisis.
" A q u e l a rte de la prosa d iscu rsiva , lite ra ria en la f o r ­
ma y con un d e stin o ú til y sobre to d o p o lític o , in te r ­
m edia e n tre el sabio y el p u e b lo y por eso m ism o
o ra to ria o tr ib u n ic ia , in te rm e d ia ta m b ié n e n tre la te o ­
ría — de q u ie n to m a el ser p re c e p tu a d a — y la p rá c ­
tic a — de q u ie n to m a el ser in m e d ia ta m e n te d e riv a ­
da a la acción y a un ser p o r e lla s o lic ita d a — esto es
la r e tó ric a ", según e x p lic ó a n a lític a m e n te A lfo n s o
Reyes. Su d e fin ic ió n del e je rc ic io clásico e n c ie rra v a ­
rios ele m e n tos co nsid e ra b le s: l 9— La re tó ric a es un
a rte , es d e cir, tie n e aspecto e s té tic o y fo rm a l; 2 9— La
re tó ric a tie n e un fin p o lític o , q u ie re d ecir, en té r m i­
nos generales, que es a rte suasoria, que se propone
co nve nce r con el e m pleo de una té c n ic a lóg ica y p s i­
c o ló g ica " a d h o c "; 39— U tiliz a n la re tó ric a los sa­
bios m etid os a p o lític o s , o los p o lític o s m etidos a sa­
bios, o los religiosos a pre dica do re s, lo que en sum a
e q u iv a le a que la u tiliz a n los d irig e n te s p ara d ir ig ir
a la grey, a los ciud a d a n o s o al pueblo. 4 9— El te rre n o
p ro p io de la re tó ric a es aqu el en que a y u n ta n a la

23

�vez la te o ría y la p rá c tic a , es d e cir, un sistem a r e li­
gioso, filo s ó fic o , p o lític o , ju ríd ic o , y de o tra p a rte ,
una s itu a c ió n que supone la e xis te n c ia de un e n e m i­
go (en ga ña do o e n g a ñ o s o ), de un a lia d o p o te n c ia l,
p ú b lic o o ju e z (en g a ñ a d o o in d ife re n te , pero capaz
de ser co n ve n cid o ) y de un m e d io de c o m u n ic a c ió n :
el ágo ra , la trib u n a , el p u lp ito . 59— Todos estos e le ­
m entos se co m b in a n en to rn o a un p ro b le m a que es
el n ú cle o del discurso y en re a lid a d el m o tiv o de la
d isp u ta .
Por lo a n te rio r se co m p re nd e que la re tó ric a no ha d e ­
ja d o de e x is tir desde que cesó el estado de n a tu ra le ­
za, o b ie n, desde que fu e ro n su b s titu id o s m edios más
d irectos de luch a (com o la la n z a , el a rp ón o la c a ­
c h ip o rra ) que co nd ucía n al asesinato, por o tro s más
in te le c tu a le s (com o la a lu sió n , el a po teg m a o la p a ­
rá b o la ) que en la c iv iliz a c ió n dan un g iro ide oló gico
a los p le ito s, a las co n q u ista s y a las revo lu cion es re ­
tra s a n d o en alg un os casos el asesinato, y en o tros
hasta lo g ra n d o s u b titu irlo , com o en los ju ríd ic o s y a d ­
m in is tra tiv o s , en que to d o se resuelve p o r se n te n cia o
d ic ta m e n . Pero a pesar de esta o m n ip re se n c ia en la
v id a so cia l, la re tó ric a tie n e cie rto s lím ite s y presenta
inm ensas va ria n te s .
Los lím ite s de la re tó ric a dependen de sus dos fu n c io ­
nes p rim o rd ia le s , la lite r a r ia o e sté tica y la m e tó d ica
o de persuasión. Si bie n la re tó ric a es a rte de la p ro ­
sa d iscu rsiva y por a llí ya no puede ser re tó ric a la
poesía, se d ice por e xte n sió n que una poesía es re tó ­
rica cu an do tr a ta de co nve nce r y p e rs u a d ir y cuando
las fo rm a s que e m p le a no h a lla n co rresp on de n cia con
los s e n tim ie n to s que expresa, y no son p ro d u c to de la
c re a ció n sino de la p re ce p tiva . (En iguales c o n d ic io ­
nes se puede ta c h a r a c u a lq u ie r a rte de r e tó r ic a ) .
Desde el p u n to de v is ta del m éto do persuasivo la re­
tó ric a tie n e un lím ite esencial que desde A ris tó te le s
es el s e n tim ie n to . La p ersuasión p ro p ia de la re tó ric a
ha sido y sigue siendo una persuasión s e n tim e n ta l, en
que la ló g ica y la c ie n c ia , cu an do son usadas, quedan
al se rvicio de los se n tim ie n to s. La filo s o fía y la c ie n ­
cia sólo son re tó rica s cu a n d o re cu rre n a una té cn ica
de co n v ic c ió n s e n tim e n ta l, es d e cir, cu a n d o d e ja n de
s e rv ir a sus p ro pia s fin a lid a d e s y m étodos, cu a n d o de­
ja n de ser cie n cia y filo s o fía .
Por o tra p a rte la re tó ric a presenta v a ria n te s ra d ic a ­
les en el curso de la h is to ria . Estas v a ria n te s dep en ­
den del a d e la n to de los m edios de c o m u n ic a c ió n , del
c o n o c im ie n to p sico ló g ico , de la té c n ic a suasoria del
Estado, del ene m ig o y del m o tiv o de la luch a. La s i­
tu a c ió n de estos fa c to re s hace que la p ro p a g a n d a
se e n cu e n tre en las a n típ o d a s de la re tó ric a a n tig u a ,
y que com o ú n ico rasgo co m ú n conserve su c o n d ic ió n
de ser una té c n ic a suasoria, sugestiva, e m o cio n a l,
s e n tim e n ta l, con m ira s a la a cció n p o lític a . De esta
enorm e d ife re n c ia depende q u izá s el que no se haya
pensado que la p ro p a g a n d a es la nueva re tó ric a , la re ­
tó ric a de n u e stro tie m p o , e se n cia lm e n te la m ism a ;
pero h is tó ric a m e n te m uch o m ás va sta , más c o m p le ja ,
más re fin a d a y conocedora, com o vam os a v e r en este
in te n to de d e s c rib ir b re ve m e n te sus p o sib ilid a d e s y
sus co nd icio ne s a ctu a le s, así com o el s ig n ific a d o que
tie n e p ara el h o m b re co n te m p o rá ne o.
De acue rd o con el ú ltim o censo de las N acio ne s U n i­
das en 1 9 5 2 se p u b lic a b a n en los Estados U nidos
5 5 .3 7 0 .0 0 0 e je m p la re s de perió d ico s d ia rio s , en M é x i­
co, 1 .3 0 0 .0 0 0 . en Japón 3 0 .2 1 8 .0 0 0 en B é l g i c a
3 .3 4 3 .0 0 0 , en Suecia 3 .4 9 0 .0 0 0 , en F ra n cia 10 m illo ­
nes 1 9 3 .0 0 0 , en A le m a n ia 1 2 .7 3 2 .0 0 0 , en In g la te ­
rra 3 1 .0 0 0 .0 0 0 en A fg a n is tá n 1 5 3 .0 0 0 e tcé te ra . Es
d e cir, que h ab ía países com o In g la te rra que p u b li­

24

can 6 1 5 e je m p la re s de perió d ico s d ia rio s por cada
1 .00 0 h a b ita n te s . Suecia 4 9 0 p o r cada 1 .0 0 0 h a b i­
ta n te s, B é lgica 3 83, los Estados U nidos y Japón 353
y países m enos d esa rrollad o s com o M é x ic o 4 8 , y c o ­
m o A fg a n is tá n , Laos y L ib e ria 1. De a cue rd o con
el m ism o censo h abía en los Estados U nid os 3.761
ra d io d ifu s o ra s , en M é x ic o 2 1 2 , en Japón 8 9, en Sue­
cia 33, en F ra n cia 7 4 , en A le m a n ia 120, en In g la te ­
rra 42. En A fr ic a E c u a to ria l, en las Baham as, en la
Costa de O ro y en m uchas o tra s regiones h ab ía sólo
una ra d io d ifu s o ra . Las c ifra s de los a p a ra to s de r a ­
d io son q u iz á más elocuentes. En 195 2 h ab ía en los
Estados U nidos 1 1 0 .0 0 0 .0 0 0 de a p a ra to s de rad io , en
1951 h ab ía en M é x ic o 1 .2 2 0 .0 0 0 a p a ra to s de rad io ,
en 1953 hab ía en Japón 1 0 .3 6 4 .0 0 0 ; en 1 9 5 2 había
en F ra n cia 7 .9 2 6 .0 0 0 , en A le m a n ia 1 0 .5 0 7 .0 0 0 ; en
1953 hab ía en In g la te rra 1 2 .9 4 6 .0 0 0 . Esto q uiere d e ­
c ir que en países com o los Estados U nidos h ab ía hace
dos años, 7 0 5 a p a ra to s de ra d io por cada 1 .00 0 h a ­
b ita n te s . El año pasado h ab ía en las d is tin ta s re g io ­
nes del m un do , 10 a p a ra to s p o r cada 1 .0 0 0 h a b ita n ­
tes, en A f r ic á ; en A m é ric a del N o rte 5 2 0 , en A m é r i­
ca del Sur 4 0 ; en A s ia sin la URSS 12, en Europa sin
la URSS 175, en O ceanía 2 2 0 , en la URSS 7 5 , y en
fin , en el m u n d o e n te ro h abía una m ed ia de 9 5 a p a ra ­
tos de ra d io p o r cada 1 .0 0 0 h a b ita n te s . En 1 9 5 0 los Es­
tados U nidos p ro d u je ro n 3 9 5 p e líc u la s de la rg o m e tra ­
je, M é x ic o 125, Japón 2 1 5 , F ra n c ia 1 08 , A le m a n ia
7 8 , In g la te rra 125. El censo no in d ic a un d a to que
sería to d a v ía m ás im p re s io n a n te , el n ú m e ro de s a lo ­
nes de cin e y de boletos vendidos en las ta q u illa s ; p e ­
ro sabem os que ya en 1940 h abía 7 0 .0 0 0 salones de
c in e en el m undo, 2 9 p o r c ie n to de los cuales co rres­
p on día n a los Estados U nidos. En este país se v e n ­
d ían de 6 0 a 8 0 .0 0 0 .0 0 0 de b oletos p o r sem ana. A
las c ifra s a n te rio re s h a b ría que a g re g a r las c o rre s p o n ­
d ientes a la te le v is ió n , que es un cine de todos los
días, un cine de la casa, cuyo é x ito es a p a re n te y a rro ­
lla d o r, h a b ría que a ñ a d ir el n ú m e ro de gentes que se
p re stan los p eriódicos e n tre sí, y el de los p eriódicos
y las radios que sirve n a to d a una fa m ilia , el n ú m e ­
ro de gentes que oyen to d a la m a ñ a n a o to d o el día
la rad io , o de los asiduos del cin e que va n dos o tres
veces p o r sem ana, y el de los asiduos a la te le v is ió n
que a tie n d e n los p ro g ra m a s d u ra n te horas y horas.
Con los datos a n te rio re s tenem os una ¡dea de lo que
es el á go ra de n ue stro tie m p o , un á go ra te rrá q u e a
que a b a rca todas las regiones del m un do , y en la que
c u a n tita tiv a m e n te tie n e n el m a y o r n ú m e ro de m edios
de c o m u n ic a c ió n y de receptores los países más des­
a rro lla d o s , y c u a lita tiv a m e n te estos países e je rce n so­
bre los dem ás un c o n tro l y una in flu e n c ia evidentes, al
travé s de las asociaciones y grandes consorcios de in ­
fo rm a c ió n p ara la prensa, al tra vé s de los discos, de
las p elícu la s, de las m ás pote ntes estaciones de ra ­
d io y de otros m edios in d ire c to s p o r los cuales e x tie n ­
den su zona de in flu e n c ia al in te rio r m ism o de los
países subd esa rrolla do s. Estos m edios de c o m u n ic a ­
c ió n son e xcelentes p ara tr a n s m itir la c u ltu ra , la p u ­
b lic id a d y la p ro pa ga nd a . La p ro p o rc ió n que ocupan
las tres a c tiv id a d e s v a ría n en los d is tin to s países y en
los d is tin to s órganos de un país; pero podem os a segu­
ra r que la p ro p a g a n d a no deja sin in f lu ir un solo país
y un solo m ed io de c o m u n ic a c ió n . Es o m n ip rese nte ,
y la re tó ric a ya no sólo es a rte de la prosa discu rsiva ,
sino a rte de las representaciones v io le n ta s , a rte de
c o n d im e n ta r y la n z a r lo que el fa m o so p e rio d is ta
George C reel lla m ó desde la p rim e ra g u e rra m u n d ia l
"b a la s de p a p e l", a las que se h an ve n id o sum ando
las "b a la s de s o n id o s " y las "b a la s de im á g e n e s ".

�La p sico log ía, que en tie m p o s de A ris tó te le s era la
c ie n c ia del a lm a , en nue stro tie m p o ha pasado por
grandes crisis, pero ha hecho ta m b ié n n ota ble s descu­
b rim ie n to s : el c o n o c im ie n to del su bconsciente al t r a ­
vés del p sico a n á lisis, y la p sicología social quedan c o ­
m o un saldo m uy fa v o ra b le que se ha pro ba do com o
e tic c z y ve rd a d e ro en la e x p e rim e n ta c ió n y en la
p rá c tic a . Desde el p u n to de vis ta de la p ro pa ga nd a
son de in a p re c ia b le u tilid a d los estudios sobre la d i­
n á m ic a del c o m p o rta m ie n to , la percepción del m undo
y la re o rg a n iz a c ió n de las percepciones, los estudios
sobre las creencias y las a c titu d e s de los hom bres, el
m odo de m e d irla s y c a m b ia rla s , y en fin las in v e s ti­
gaciones sobre la o p in ió n p ú b lic a , los g rupos, los lí ­
deres y su fu n c ió n psicosocial. En los Estados U nidos,
en In g la te rra y A le m a n ia , las u niversida de s, los p a r­
tic u la re s y el g o b ie rn o han g astado sum as c u a n tio ­
sas para el c o n o c im ie n to de la p sicología social. A p a r ­
te de las inve stiga cion es de la b o ra to rio y g a b in e te ,
e x p e rim e n ta le s y te ó rica s, se han lleva do a cabo
grandes inve stiga cion es. Desde la década del 30 son
fam osos los sondeos de la o p in ió n p ú b lic a re a liz a d a
p o r George G a llu p , p o r el " L ite r a r y D ig e s t", p o r "T h e
N a tio n " , por el " A m e ric a n In s titu te o f P u blic O p in ió n ",
por el "S o c ia l Science Research C o u n c il", y o tra s in s­
titu c io n e s m ás o m enos c ie n tífic a s . Son im p re s io n a n ­
tes las "in v e s tig a c io n e s g ig a n te s " sobre " U n D ile m a
A m e ric a n o y el Soldado A m e ric a n o ", "Y a n q u i C ity y
M id d le to w n ", en que se ha lo g ra d o e s tu d ia r grandes
co ng lo m erad os de seres h um an os hasta en sus más
m ín im o s d e ta lle s y reacciones, esperanzas, tem ores,
a c titu d e s y te nd en cias. Con razón a lg u ie n ha d icho
que la in v e s tig a c ió n p sico -so cial a lc a n z a en los Esta­
dos U nidos el c a rá c te r de una in d u s tria n a c io n a l. Los
resultados son fo rm id a b le s : los m étodos cada vez se
p e rfe c c io n a n m ás y se ha lleg ad o a m e d ir, a c u a n tific a r la in te n sid a d y la im p o rta n c ia de las a c titu d e s
y creencias de los g rupos hum anos. El m arge n de e rro r
se ha re d u cid o n o ta b le m e n te en las grandes encues­
tas y puede ser p re visto m a te m á tic a m e n te e n tre un 3
y un 10 p o r cie n to . Por o tra p a rte , la c ie n c ia ha lle ­
gado a conclusio ne s de una im p o rta n c ia fu n d a m e n ta l
p ara la e du cación y la p ro p a g a n d a y se ha d escu bierto
que las e s tru ctu ra s sim p les y aisla da s de c o n o c im ie n ­
to son m ás sensibles a la re o rg a n iz a c ió n por un a ta ­
que d ire c to , m ie n tra s las e s tru ctu ra s d ife re n c ia d a s e
in te rd e p e n d ie n te s sólo pueden ser a taca da s in d ire c ta ­
m ente, y p re sen ta n m ayores resistencias. Se ha des­
c u b ie rto que las a c titu d e s aisla da s y rígid as im p id e n
c a m b ia r las accio ne s: así, d icen K rech y K ru tc h fie ld :
" U n h om bre puede se g u ir buscando se gu rid ad y ju s ­
tic ia en los co n fin e s de un sistem a económ ico y p o lí­
tic o que p e rm a n e n te m e n te fru s tra sus te n ta tiv a s . . .
porque sus re fle x io n e s sobre cada aspecto de ese sis­
te m a se h a lla n a isladas e n tre sí y no puede v e r las in ­
te rre la c io n e s e xiste n te s y los ca m b io s g lo ba les que d e ­
be a c o m e te r". Por o tra p a rte , se ha d e scu b ie rto que
cu an do se desea c a m b ia r las cree ncia s y a c titu d e s en
un se n tid o d e te rm in a d o debe procederse en fo rm a in ­
te g ra l y no p a rte p o r p a rte , fo m e n ta r cie rta s necesi­
dades y d e p rim ir o tra s, fo m e n ta r cie rta s co ncien cias
de g ru p o y s u p rim ir otra s, m a n te n e r o p ro p o n e r c ie r­
tos líderes y d e s tru ir otros. Estos supuestos c ie n tíf i­
cos que ha a lca n z a d o la psico log ía social, y de cuyo
rig o r n ad ie duda, son la base fu n d a m e n ta l del des­
a rro llo c ie n tífic o de la e d u ca ció n ; pero ta m b ié n , la
base de una e d u ca ció n p ara la p ro p a g a n d a , que tie n ­
da a fo m e n ta r en una fo rm a in te g ra l las e stru c tu ra s
sim ples y aisladas, que tie n d a a e d u ca r a los hom bres
para ser niños, solos, créd ulo s, d ep en die nte s de la

o p in ió n " s ta n d a r d " e m itid a por la rad io , la prensa, la
te le v is ió n , el cine. Esta m eta de la e du cación es un
hecho co nscien te o su bsconciente en todos los países
donde no se enseñan las grandes e s tru c tu ra s del p e n ­
s a m ie n to filo s ó fic o , c ie n tífic o , a rtís tic o , las c a te g o ­
rías y los hechos a la vez, donde sólo se enseñan y
se p re g u n ta n datos aislados, fechas, núm eros a is la ­
dos y a la d iv is ió n n a tu ra l del tra b a jo se sum a una d i­
v isió n to ta l, in te g ra l, que a is la y deja solos a los h o m ­
bre s-n iño s, expuestos, com o no lo e stuvie ro n nunca
los ciud ad an o s griegos, listos para cre e r y que re r, lo
que la nueva re tó ric a re p ite a todas horas del día
y de la noche, p o r todos los m edios, a p a ra to s y m á ­
quinas.
Si Dem óstenes h u b ie ra p re p a ra d o así a sus c iu d a d a ­
nos griegos antes de lleva rlo s al ágo ra , no h a b ría n e ­
ce sitado n in g u n a de sus dotes o ra to ria s , para co n v e n ­
cerlos de lo que se le v in ie ra en gana.
" A n te s de Pearl H a r b o u r — escribe el p sicólogo de o r i­
gen a le m a n K u rt L e w in — en los Estados U nidos q u i­
zás más que en c u a lq u ie r o tro país, se podía d is c e rn ir
fá c ilm e n te la te n d e n c ia a c o n s id e ra r fa c to re s p s ic o ­
lógicos ta le s com o la fru s tra c ió n o los "ra s g o s des­
tr u c tiv o s " com o la causa básica de la g ue rra. De
a cue rd o con eso se co nside rab a que e v ita r las fr u s tr a ­
ciones era el m e jo r c a m in o p ara la paz. Desde e n ­
tonces parece p re v a le c e r un p u n to de v is ta m uch o
más re a lis ta sobre la im p o rta n c ia de los fa c to re s eco­
nóm icos y p o lític o s ". Las c ie n c ia s sociales a n g lo a m e ­
ricanas, en sus m ás recientes m a n ife s ta c io n e s , tie n ­
den a a b a n d o n a r el p sico log ism o d o m in a n te en o tro
tie m p o , y a co n s id e ra r los datos psicológicos com o in ­
te g ra n te s de las ideologías, y de la to ta lid a d del fe n ó ­
m eno so cia l. Este p u n to de v is ta hace que las té c n i­
cas de la p ro p a g a n d a n o rte a m e ric a n a se a lin ie n en
sus supuestos fo rm a le s con las té cnica s n a zis y c o m u ­
nistas, y que h aya n a lc a n z a d o un g ra do de e fe c tiv i­
dad m uch o m ayor. El estado a c tu a l de las in v e s tig a ­
ciones sobre la p ro p a g a n d a in d ic a la p re cisió n y f i ­
n ura de los c o n o c im ie n to s que se tie n e n al respecto,
y a fa lta de tie m p o , se pueden d e s c u b rir a n a liz a n d o
los p rin c ip io s fu n d a m e n ta le s que rig en la té c n ic a p ro ­
p a g a n d ís tic a de hoy. Estos p rin c ip io s han sido c la ra ­
m en te e xp lica d o s por los inve stiga do res n o rte a m e ri­
canos Krech y K ru tc h fie ld y son los s ig u ie n te s :
1.— -"U na sugestión que corresponda a una necesidad
e x is te n te será a cep tad a más fá c ilm e n te que si no c o ­
rresponde a n in g u n a n e c e s id a d ". A sí, en caso de que
la necesidad no e x is ta el p ro p a g a n d is ta deberá c re a r­
la pro voca nd o tensiones psico lóg ica s en el in d iv id u o y
p ro p o n ie n d o después su sugestión. C ita n el sig u ie n te
e je m p lo : "S i la g en te no sien te la necesidad de que
se p ro m u lg u e una le g is la c ió n a n tio b re ra , el p ro p a g a n ­
d ista p ro c u ra rá que en los perió d ico s, en la ra d io
y en las discusiones p o lític a s se dé é nfa sis y se m a g n i­
fiq u e c u a lq u ie r " in c id e n te o b re ro " — e spe cia lm e nte
los casos de h uelgas y v io le n c ia s — sin fija rs e en que
sea in s ig n ific a n te o a islado. Si tie n e é x ito h ab rá c re a ­
do en el c iu d a d a n o m ie do a los p ro ble m a s obreros y
la necesidad de una paz para el tr a b a jo " .
2 9— "U n a sugestión que se re fie ra a una s itu a c ió n
a m b ig u a será a cep tad a más fá c ilm e n te que a q u e lla
c o n c e rn ie n te a una s itu a c ió n c la ra m e n te e s tru c tu ra ­
d a ". El buen p ro p a g a n d is ta deberá re a ju s ta r sus s u ­
gestiones a las creencias, a c titu d e s e ideologías p re ­
v a le c ie n te s en el g ru p o al que se d irija . C ita n el s i­
g u ie n te e je m p lo : "E n una s itu a c ió n el p ro p a g a n d is ­
ta puede p re s e n ta r las sugestiones c o m u n is ta s com o
co ng ru en te s con los ideales del c ris tia n is m o ; en o tra
puede p re s e n ta r las m ism as sugestiones com o c o n ­

25

�g ru en te s con una filo s o fía p u ra m e n te "ra c io n a l, c ie n ­
tífic a y a te a ". C ua nd o sea im p o sib le la co n g ru e n c ia
puede c a m b ia r los sistem as de p en sam ien to, m e d ia n ­
te una p ro pa ga nd a a la rg o p la zo , al través de todos
los m edios de c o m u n ic a c ió n de que disponga.
3.— "U n a sugestión que pueda p ro vo ca r la o b se rva ­
ció n de nuevos a trib u to s en un o b je to fa m ilia r será
m ás fá c ilm e n te a cep tad a que la que no lo h a g a ". Es
d e cir, que el buen p ro p a g a n d is ta no tra ta rá de a ta ­
c a r una ¡dea o cree ncia , sino que o rie n ta rá sus suges­
tio ne s h a cia el o b je to , tra ta n d o de e n c o n tra r v irtu d e s
o d efe cto s indep en d ie ntes de la idea.
4 9 — " U n a sugestión que sea c o n g ru e n te con la nece­
sidad de la g en te p ara id e n tific a rs e o e sta r en a rm o ­
nía con o tra gen te será más fá c ilm e n te a ce p ta d a que
la que c o n tra ríe el soporte s o c ia l". El buen p ro p a ­
g a n d is ta p ro c u ra rá que sus sugestiones pro ven ga n de
fig u ra s de p re stig io , o buscará d a r la im p resión de
que la m a yo ría de las gentes están de a cue rd o con
sus sugestiones, o por lo m enos que lo están las m e ­
jores gentes.
5&lt;?— ."U n a sugestión que haga uso e fe c tiv o de los p r in ­
cipio s que rig en el e s tím u lo será m ás fá c ilm e n te a c e p ­
ta d a " . Estos p rin c ip io s se re fie re n al m e ta l de la voz,
a la e n to n a ció n , a la p ro n u n c ia c ió n , al vestido, a la
a p a rie n c ia , y han sido m o tiv o de estudios m o n o g rá ­
fic o s y e xp e rim e n ta le s.
6 9— " L a m e jo r m anera de lu c h a r co n tra la p ro p a g a n ­
da es la c o n tra p ro p a g a n d a . El buen p ro p a g a n d is ta no
perderá su tie m p o — d ice n — en exponer las té cnica s
del p ro p a g a n d is ta ene m ig o, sino o fre c e rá c o n tra s u ­
g e stio n e s". Y a este respecto una ú ltim a a firm a c ió n
de los a uto re s señalados: " L a m e jo r clase de c o n tra p ro p a g a n d q es un sistem a social y e con óm ico que
s a tis fa g a la m a yo ría de las necesidades de la m a ­
yo ría de la g en te, la m ayo ría del tie m p o " .
De todos estos p rin c ip io s h a y uno c ie rta m e n te a la r ­
m an te, el c írc u lo vicio so de la p ro p a g a n d a , la nece­
sidad en que se h a lla n los Estados c'e oponer a la p ro ­
pag an da , m ás p ro p a g a n d a ; pero hay uno c o m p le ­
m e n ta rio de a q u é l, que es c ie rta m e n te a le n ta d o r: " L a
m e jo r ju s tic ia es la m e jo r c o n tra p ro p a g a n d a ".
K rech y K ru tc h fie ld , profesores de la U n ive rs id a d de
C a lifo rn ia y del S w athm ore C ollege, re sp ectiva m e nte,
han d e jad o en sus seis p rin c ip io s de la p ro pa ga nd a ,
el su m m un de este fe n ó m e n o so cia l, y de su c o n o c i­
m ie n to , a la hora p resente; pero p ara saber cóm o es
a p lic a d o ese c o n o c im ie n to , cóm o vive y recorre el a ire
y las im ágenes, es necesario re p a ra r en la h is to ria c o n ­
te m p o rá n e a . Esa h is to ria la vivim o s. Desde la g ue rra
de 1914 hasta hoy seguim os oyendo a q u e llo de la
"g u e rra c o n tra la g u e rra " , " e l a rm a m e n to para la
p a z " , " la a u to d e te rm in a c ió n de los p u e b lo s ", " la d e ­
fensa de la d e m o c ra c ia ", " la lu ch a por la ju s tic ia
s o c ia l". Desde entonces vemos cóm o los p ro p a g a n ­
distas in te n ta n a c e n tu a r " la e s p e cia liza ció n té c n ic a
y los m o tivo s irra c io n a le s de las m asa s". Los nazis,
m aestros en el a rte , han d ejad o un legado precioso:
f i j a r ca te g ó ric a m e n te las m etas, re p e tir y re p e tir los
tem as sim ples, con co n sta n cia y p ersiste n cia , e x p lo ta r
las division es del g ru p o al que va d irig id a la p ro p a ­
g a n d a y usar té cn ica s e m ocionales antes que ra c io ­
nales. T od avía suenan las p a la b ra s de H itle r sobre
la fa ls ific a c ió n de los hechos, sobre la co n ve n ie n cia
de c o n ta r grandes y no pequeñas m e n tira s "p o rq u e
las m asas — según d ice en " M e in e K a m p f"-—- en v ir ­
tu d de la s im p lic id a d de sus m entes creen m ás f á c il­
m e n te una g ra n m e n tira que una m e n tirita , ya que
ellos m ism os dicen m e n tirita s , pero les d a ría v e rg ü e n ­
za d e c ir grandes m e n tira s ". S iguiendo esta tá c tic a ,

26

se h iz o cre e r a m uchas gentes que P olonia a m e n a z a ­
ba la e s ta b ilid a d del III Reich y que G u a te m a la a m e ­
n aza ba la se g u rid a d del c a n a l de Panam á. Estas c a m ­
pañas grotescas recuerdan una h is to rie ta de la g a ta
de C icerón que reproduce A llp o r t en su "P s ic o lo g ía
del R u m o r". En el p rim e r c u a d ro la g a ta d ic e : "¡O h
un nuevo p e rro en la v e c in d a d !" En el segundo le
c u en ta a una g a ta p in ta : "A c a b o de v e r un nuevo p e ­
rro en la v e c in d a d ". La g a ta p in ta corre a v e r a una
a m ig a : " F íja te que hay un p e rro te negro en la v e c in ­
d a d ". La a m ig a considera que es necesario " a v is a r ­
les a las m u c h a c h a s ": "S í, un p e rro negro, así de g ra n ­
d e ". H a y que c o n ta rle s a las dem ás: "T ie n e unos
dientes blancos enorm es y es del ta m a ñ o de un le ó n ".
Entra la g a ta de C ic e ró n : " Y a vien e el p e rro ". Las
dem ás h u y e n d o : "S o c o rro , ¡el m o n s tru o nos m a ta r á !"
En el ú ltim o cu a d ro aparecen todas las g ata s subidas
en un poste, y a b a jo , c a m in a n d o le n ta m e n te un p e ­
rrito del ta m a ñ o de un rató n. En nue stra v id a las c o ­
sas o cu rre n en una fo rm a se m e ja n te ; pero m uch o más
p e rfe c ta , y en el ú ltim o c u a d ro las g ata s h a b ría n a c a ­
bado d e stro za n d o al ra tó n , y s intié nd ose ju s tific a d a s ,
con la ¡dea, ya hecha re a lid a d , de que se tra ta b a de
un v e rd ad ero y a u té n tic o m on struo . La p ro p a ga nd a
logra eso, consciente, d e lib e ra d a , té c n ic a , c ie n tífic a ­
m ente, p ro p a la rum ores, fo m e n ta m itos, fo rta le c e p re ­
ju ic io s , y da a rg u m e n to s para la agresión. Logra h a ­
cer que c a m b ie n todas las p a la b ra s de se ntid o, que
lo negro p arezca b la n co , lo b la n c o negro, que los se­
res se d iv id a n en a lem anes y h um anos, en c o m u n is ­
tas y hum anos, en jud ío s y h u m a n o s : provoca ra z o ­
n a m ie n to s com o éste de un d ip u ta d o de M ississip p i
c o n tra un se m a n a rio de su país: "E l S u rv e y -G ra p h ic "
c o n tie n e 129 pág in as u ltra ja n te s , viles y n a u s e a b u n ­
das, a n tic ris tia n a s y a n tia m e ric a n a s y p ro co m u n ista s,
o ste n sib le m e n te d irig id a s c o n tra la co s tu m b re de la
d is c rim in a c ió n ra c ia l en el S u r". De a cu e rd o con este
d ip u ta d o , el c ris tia n is m o sería p a rtid a rio de la d is c ri­
m in a c ió n ra c ia l y so la m e n te el c o m u n ism o sería p a r­
tid a r io de la ig u a ld a d de las razas. La p ro p a ga nd a
logra d e s h u m a n iz a rlo todo, d e s tru ir to d o e s p íritu de
to le ra n c ia , de c rític a y de resiste ncia , id e n tific a n d o la
lib e rta d co n cre ta , la d em ocracia real, con el n om bre
que le sirve para d e s tru ir al e s p íritu m a lig n o . Siem pre
que a u m e n ta la p ro p a g a n d a , a u m e n ta la in te rv e n c ió n
del Estado, la censura, los tabús, los silen cio s, las p ro ­
h ib ic io n e s , la im p o rta n c ia de la p o lic ía . La p ro p a g a n d a
está c o n tra la co m p e te n cia ide o ló g ica , c o n tra la d e ­
cisión que se to m a después de un ra z o n a m ie n to ; es
la p ro yecció n m a g n ífic a de los datos e x is te n c ia le s y
m a te ria le s de la sociedad, es la a m p lific a c ió n de un
irra c io n a lis m o real, e v id e n te en las crisis sociales. La
p ro p a g a n d a es la a n títe s is de la d e m o cra cia en su
se ntid o g e n u in o , es un a te n ta d o c o n tra la lib e rta d
tra d ic io n a l y re v o lu c io n a ria : im p id e el ra z o n a m ie n to ,
la discusión y ele cción de las ideas. El n a zism o a su ­
m ió esta re sp o n sa b ilid a d , creó una ideología de razas
superiores, ene m ig a de las d em ocracia s decadentes,
com o las llam ó. Eso le p e rm itió que h u b ie ra una a p a ­
ratosa c o n g ru e n c ia e n tre la ideología de la v io le n c ia
y la p ro pa ga nd a . Pero la d e m o cra cia y la lib e rta d son
d estru id a s a pesar de e n tra r en c o n tra d ic c ió n con las
ideologías clásicas de d e m o cra cia y lib e rta d . La p ro ­
pag an da puede e lim in a rla s con el p re te x to de d e fe n ­
derlas. Es capaz de re a liz a r la m e ta m o rfo s is que le
venga en gana y m ás le acom ode. Por eso y por el
a d e la n to que han a lc a n z a d o las cie n cia s sociales en
nuestros días, el p ro b le m a del h om bre co n te m p o rá n e o
es más un p ro b le m a de engaño que de e rro r, de m ala
fe que de ino cen cia. Es com o si un h om bre del siglo

�X V I I I h u b ie ra v iv id o dos siglos y después de a firm a r
que " la re lig ió n es el opio de los p u e b lo s " h u b ie ra
fo m e n ta d o la re lig ió n sin ser él religio so, p ara a d o r­
m ecer a los pueblos. A n te s los m ito s se fo rm a b a n n a ­
tu ra lm e n te , eran la filo s o fía de los h om bres: hoy se
fo m e n ta n , se p ro p a la n , se crea n a rtific ia lm e n te , son
la a n tifilo s o fía .
Bueno, p a rece ría p o r to d o lo a n te rio r que el h om bre
se h a lla indefenso, y sin e m b argo , esto es a b s o lu ta ­
m en te fa lso. Los supuestos fu n d a m e n ta le s de la p ro ­
p a g an da son un p e lig ro para los p ropios p ro p a g a n d is ­
tas. Saben éstos que hay dos p o sib ilid a d e s de c a m ­
b ia r el m u n d o : la p rim e ra c a m b ia n d o el m u n d o real,
la segunda, ca m b ia n d o el m un do p sico ló g ico y m a n te ­
n ie n d o el m un do rea l, ta l y com o se h a lla . Es d ecir,
tie n e n la opción de d a r a lim e n to s te rre stre s o a lim e n ­
tos m ito ló g ico s. En el p rim e r caso señalan los bienes
reales com o verdaderos bienes, en el segundo com o
m ales, com o actos creados a rtific ia lm e n te p o r una
e nergía condenable.
C ua nd o el p ro p a g a n d is ta o p ta por el ca m b io p s ic o ló ­
g ico , in te n ta crea r, com o en el "B ra v e N ew W o r ld "
de H u x le y , un cine en el que el espectador sien ta los
besos de la h eroín a de la p a n ta lla com o si se los
e stu v ie ra n d an do en sus p ropios labios. Pero se n ie ­
ga a p e r m itir le c o n ta c to a lg u n o con una m uch ach a
de c a rn e y hueso, y si el espectador es un poco im p u l­
sivo, y deseando s a tis fa c e r sus necesidades ro m á n ti­
cas, e xige v e r a la n o via p ara besarla, el p ro p a g a n d is ­
ta deja que se enca rg ue de él la p o lic ía : ese espe cta ­
d o r no es o rto d o xo , no es leal, no es p a trio ta .
A h o ra b ie n, ¿qué p o sib ilid a d e s hay de e n g a ñ a r a nues­
tro espectador s a tis fa c ie n d o su h a m b re s e n tim e n ta l
con m u ch ach as c in e m a to g rá fic a s , de p uro ce lu loide ?
Desde que L e ib n iz co m e tió el g ra vísim o e rro r de subs­
t it u ir el c ie lo por el m undo, y de d e c ir que éste es el
m e jo r de los m undos posibles, no h ay p rá c tic a m e n te
n in g u n a ide olo gía en el poder que no pro po ng a una
so lu ción in m a n e n te : to d a ideología in te n ta c re a r un
m un do fe liz en la tie rra y ju s tific a rs e por la fe lic i­
dad te rre n a que p ro p o rcio n a . En otros tie m p o s, c u a n ­
do las ideologías d o m in a n te s eran tra sce n d e n ta le s,
a u n q u e las té cn ica s y los m edios retó rico s fu e ra n
m enos c ie n tífic o s , se le p ro m e tía a l h o m b re la f e li­
c id a d en el n irv a n a , el cielo , o el paraíso. La f e ­
lic id a d no era de esta tie rra y el h om bre te n ía que
esperarse a m o rir p ara v e r si el o fre c im ie n to se c u m ­
p lía. Esto era una v e n ta ja para los rectores. A h o ­
ra sobre el p ro p a g a n d is ta pesa la idea de los h o m ­
bres que e xig e n ser fe lice s en la tie rra , c la ro está, a
reserva, en m uchos casos, de se g u irlo siendo en el
c ie lo , o en el paraíso o en el n irv a n a . Las cosas son
m ás in m e d ia ta s en el te rre n o p o lític o , la p o s ib ilid a d
de cree r ha d is m in u id o con la p o s ib ilid a d de c o m p ro ­
b a r las d ife re n c ia s e xiste n te s e n tre la p e rfe cció n ideal
que se c a n ta y la re a lid a d que se vive. A m b a s son de
este m u n d o p ara la m ayo ría de los hom bres. Y el p ro ­
p a g a n d ista ve que el d ile m a : tra n s fo rm a r el m undo
p s ico ló g ico e x c lu siva m e n te , o tra n s fo rm a r el m u n ­
do rea l, se ca rg a en fa v o r de la tra n s fo rm a c ió n de
este ú ltim o . Si no puede o no q u ie re tra n s fo rm a r el
m u n d o real le verem os h ace r esfuerzos desesperados,
que sólo a g ra n d a n su fra ca so y lo conducen a la in ­
sania. Sus esfuerzos pueden c o n s is tir en fo m e n ta r
n u e va m e n te la ¡dea de una fe lic id a d tra s c e n d e n ta l,
en h a b la r té c n ic a m e n te de n irva n a s y cielo s; y por
o tra p a rte puede con su avida d ir c o n v irtie n d o más y
m ás en un ta b ú , en fr u to p ro h ib id o el h a b la r de la
p ro p ia fe lic id a d , de la p ro p ia lib e rta d , y no p e d ir ya
a las masas que sean p a rtid a ria s de su fe lic id a d y

de su lib e rta d , sino e nem igas de la m a ld a d y e s c la v i­
tu d del o tro . Esto es lo que se lla m a en p sicología
in h ib ic ió n y p ro y e c c ió n : se in h ib e a la gen te para a c ­
tu a r en su p ro p io b ie n , y se le hace p ro y e c ta r sus m a ­
les a una p ie dra , a un d em onio, a un ch iv o e x p ia to rio ,
a un p ueblo. En ese caso la c risis de la re a lid a d se
a c e n tú a : la d is ta n c ia cada vez es m a yo r e n tre las p a ­
labras y las cosas, se a d v ie rte un m o v im ie n to c e n trí­
fu g o de las cosas respecto a las p a la b ra s del p ro p a ­
g a n d is ta . El p ro p a g a n d is ta va d e s h u m a n iz a n d o las
p a la b ra s y c o n v irtié n d o la s en g rito s. Llega a id e n t if i­
c a r to d o lo h u m a n o con su e ne m ig o, y com o la h u m a ­
n id a d se le separa y él se queda solo, sólo él cree en
su p ro p a g a n d a y en la p ro p a g a n d a p sico ló g ica . Lo
que m enos se le o c u rre es p en sar que se ha a cabado
c o n v irtie n d o en el p ro p a g a n d is ta de su p ro p io e n e m i­
go, que c o n fo rm e su v o c a b u la rio ha ido id e n tific a n d o
to do lo h u m a n o , con el m a l, la n oción de m al se ha
c o n v e rtid o en una n oción de b ie n , y el co nce pto se
ha despojado de la c á s c a ra -p a la b ra , del g rito . C o n ­
fo rm e el h om bre p ie rd e to d a c o n d ic ió n h u m a n a para
el p ro p a g a n d is ta , es co locado e n tre las cosas que
q uiere in g e rir y poseer. Q u izá s pase por un proceso
in te rm e d io de psicosis, en que el co nce pto tra d ic io n a l
del bien se a no na de y el co nce pto tra d ic io n a l del m al
se m a n te n g a . Es el m o m e n to de las filo s o fía s ir r a ­
cion ale s y desesperadas. Pero ese m o m e n to pasa. N o
hay h o m b re que lo a g u a n te . Y se busca una e x p li­
ca ció n ra d ic a l que c a m b ia to ta lm e n te las e s tru c tu ­
ras de la p ercep ción y establece nuevas co rrela cio ne s.
Es com o si d ijé ra m o s que las cosas se m ira n con n u e ­
vos ojos. Y cu an do se las m ira así, se recupera la es­
p era n za en la ve rd a d e ra a cció n h u m a n a , que co nsis­
te en p ro v o c a r un m o v im ie n to c e n trífu g o de las cosas
a las p ala b ra s, p ara que éstas recuperen su g e n u in o
n a tu ra le z a y dejen de ser m eros g rito s . Las p alab ras
se vu e lve n a h u m a n iz a r, e n c o n tra n d o su co nce pto y
su re a lid a d . Por eso p ara desgracia de to d a p ro p a ­
g an da que o pte por los m eros ca m b io s p sicológicos, es
c ie rta la co n c lu s ió n a que lle g a ro n los c ie n tífic o s a r r i­
ba c ita d o s : " L a m e jo r clase de c o n tra p ro p a g a n d a es
un sistem a social y e con óm ico que s a tis fa g a la m a y o ­
ría de la gente, la m a yo ría del tie m p o " . Esa c o n tra ­
p ro p a g a n d a , más e fic a z y c ie n tífic a , es la que ha de
g a n a r in e v ita b le m e n te . ¿Cómo e n c o n tra rla a tiem po?
¿Cómo d e s c u b rirla , cu a n d o h a y la sospecha fu n d a d a
de que to d o sea propaganda?
"S i un d ia b lillo ju g u e tó n se p ro pu siera e n g a ñ a rm e en
to do — se p re g u n ta b a D escartes en los albores de la
Edad M o d e rn a — y fu e ra ca pa z de lo g ra r sus o b je ti­
vos, ¿en qué podría c re e r? " D escartes se quedó con su
Ego. El h om bre co n te m p o rá n e o no necesita in v e n ta r
d ia b lillo s ju g u e to n e s que in te n te n e n g a ñ a rlo , a hí es­
tá n re p la n te a n d o con sus m á q u in a s y sus té cn ica s,
los v ie jo s p ro ble m a s de la filo s o fía . El h om bre c o n ­
te m p o rá n e o no necesita ta m p o c o re fu g ia rs e en su so­
ledad, c a m p o en que causa m ás estragos la p ro p a ­
g anda. Para fo rtu n a suya, el d ia b lillo c o n te m p o rá ­
neo es m enos poderoso que el de D escartes, com o que
no es p ro d u c to de la im a g in a c ió n ; si lo engaña p ie r­
de, y cu a n d o in te n ta e n g a ñ a rlo no puede o c u lta r las
reglas de su juego. La respuesta a los p ro ble m a s f i ­
losóficos que nos p la n te a el p ro p a g a n d is ta no puede
e n co n tra rse en una s im p le c h a rla . Exige del ra z o n a ­
m ie n to m ás p ro fu n d o ; se niega a la p ro p a g a n d a . Sin
e m b argo , es in d is c u tib le que e s tu d ia n d o los m étodos
que p ra c tic a la nueva re tó ric a p ara m a n te n e rn o s en
la in fa n c ia y la p u e rilid a d , podrem os co nse rva r y f o r ­
ta le c e r nue stra m a d u re z in te le c tu a l y n ue stra c o n d i­
ción h u m a n a . (M é x ic o , 195 5.)

27

�Información
La nueva ciudad de Harlow
La nueva ciudad de H a rlo w m arca un paso
s ig n ific a tiv o en la evolución del urbanism o.
En ella podemos reconocer ta n to la tr a d i­
ción inglesa de la c iu d a d -ja rd ín de un H o w ard, un U n w in o un Luis de Soisson, como
los elem entos típicos de lo que se ha dado
en lla m a r el n e o -e m p irism o o n e o -h u m a n is­
mo a rq u ite ctó n ico .
Sin em bargo, estos nuevos elem entos surgen
con n a tu ra lid a d de los anteriores, y su ca ­
rá c te r de novedad se debe más a su re­
consideración a ctu al que al hecho de una
súbita ap a rició n . El " g re e n b e lt" , las c irc u ­
laciones p e rifé rica s, la re la tiv a a u to s u fi­
ciencia, la locación de ind u stria s que dan
tra b a jo a los ha b itan te s, no son elementos
nuevos; salvo — cosa n a tu ra l— que pueda
haber en el nuevo H arlow un m ayor énfasis
sobre las zonas in d ustriales y de trá fic o que
en las ciudades anteriores.
Tam poco co n stituye algo e xtra ñ o al e sp íri­
tu inglés, siem pre ajeno a toda visión m e­
g a lóm ana o clasicista, la cuidada esponta­
neidad y la casualidad aparente con que se
han creado los lugares, unida a una casta

A gradecem os a ia " H a rlo w D evelopem ent C or­
p o ra tio n " las fo to g ra fía s y el m a te ria l que s ir­
vió p ara la e la b o ra ció n de esta nota.

M a pa de la zona de la nueva ciu d a d de H arlow

Rutas se cun d a ria s

C entros y su b-ce n tro s

A re as

Escuelas se cun d a ria s

c u ltiv o

Escuelas p rim a ria s

Rutas p rin c ip a le s

re s id e n cia le s

ve cinales

A rq u ite c to s
1) H a rlo w Design Group (D irig id o s por F. Y ork,
Rosenburg &amp; M a rd a li
2) Fry, Drew &amp; asociados
3) Frederick G ibberd
4 ) R ichard Sheppard y asociados
5) H. T . C ad b u ry Brown
7) N orm a n &amp; D aw barn
8) G erald Lacoste

A re a s in d u s tria le s

C e n tro de la ciu d a d

28

contención hacia todo lo que un ciudadano
b ritá n ic o puede considerar excesivo o " m e ­
rid io n a l".
El in te n to de e q u ilib ra r los elem entos ru ra ­
les y urbanos, y p la n e ar todo como un
c o n ju n to es una aspiración com ún a todo
p la n ific a d o r contem poráneo; la fo rm a de
re a liza rlo es, sin em bargo, típ ica m e n te in ­
glesa.
Asim ism o, la a d ju d ica ció n del proyecto de
las zonas a d istin to s grupos o arquitectos
con el o b je to de o b tener una va riedad re­
su lta n te de la im p ro n ta in d iv id u a l, reve­
la un laudable respeto y co n fia n za en la
lib e rta d del espíritu. N o menos destacable,
en el m ism o sentido, es la a m p lia fle x ib i­
lidad de que gozan los h a b ita n te s para e le ­
g ir la zona donde desean h a b ita r; ya que
pueden o p ta r entre las unidades vecinales
y el centro de la ciudad para f ija r su resi­
dencia.
Por todo esto, que se suma a un episodio
raro en la h isto ria del urb a n ism o : el de la
obra rea lizad a , creemos ú til su p ublicación.

�Zo n a c e ntra l

El área ce n tra l ha sido d iv id id a en zonas m e­
nores, de acuerdo con las d is tin ta s fun cio n e s que
en e lla se d e s a rro lla n :
1) La zona a d m in is tra tiv a , desde la cual se g o ­
bie rn a a la ciudad.
2) La zona p rin c ip a l de negocios y com ercios.
3) El ce ntro c u ltu ra l y de e n tre te n im ie n to s , d o n ­
de se e ncu e n tra n el te a tro m u n ic ip a l, la g a ­
lería de a rte , la b ib lio te c a y los cines.
4 ) El ce ntro de ventas al por m ayor, a p ro v is io ­
n a m ie n to y depósitos.
5) La zona d e p o rtiv a , con estadio, g ran piscina,
cancha m u n ic ip a l de c ric k e t, etc.
6) Una zona residencial p ara los que deseen
v iv ir en el p ro p io ce n tro de la ciud a d , ya sea
en hoteles, casas de pensión o dep a rta m e nto s.
7) Por ú ltim o , el C entro. A l ser éste el foco de
las a c tivid a d e s de la ciud a d y el p u n to de
convergencia del trá fic o , la e stación fe rro v ia ­
ria y la de óm nibus deben estar asocicdas
con él.

M a q u e ta del C en tro C ívico

El C en tro C om ercial correspondiente a los barrios
de N ettesw ell y M a rk H a ll. Una a ta re a d a m a ­
ñana del sábado. (P h o to flig h t L im ite d )

(fo to A . C ra ckn e ll)

La zona c e n tra l ocupa, a p ro xim a d a m e n te , un
re c tá n g u lo cuyo eje m a yor se o rie n ta de norte
a sur; en el e xtre m o n o rte se encu e n tra la e sta ­
ción fe rro v ia ria , lig a d a por el oeste al cam ino
p rin c ip a l de la ciudad. Este corre de n o rte a
sur y a él se conectan todos los otros cam inos,
constituyéndose así en el eje del sistem a de
trá fic o .
A d yacentes a la estación y e n tre las dos zonas
in d u s tria le s, están los depósitos y grandes a lm a ­
cenes.
M ás hacia el sur, tre p a n d o la co lin a , y cerradas
al este por el Parque M u n ic ip a l y al oeste por
bosques, se s itú a n , com binadas, la zona de de­
portes y la re sidencial. Ya a q u í se está en una
posición c e n tra l a p ta para u b ica r la c e n tra l te le ­
fó n ic a y de bom beros, la e sta ció n de ó m nib u s
y la de gasolina. L ig e ra m en te desplazado h acia
el oeste, se le va n ta el h o sp ita l.
El centro ve cin a l p rop ia m en te d icho está s itu a ­
do en la cim a de la colin a , lim ita d o por cam inos
p e rifé rico s a un re ctá n g u lo a p ro xim a d o de 32
hectáreas. En él se e n cu e n tra n e d ificio s de o f i­
c in a , o ficia le s y privados, com ercios, te a tro ,
cines, etc. Se ha prestado especial a te n ció n al
e sta cio n a m ie n to de vehículos y se ha instala d o
a llí la e stación te rm in a l de óm nibus.
En el diseño de estos lugares se tra tó de m a n ­
te n e r el ca rá cte r u rba n o p la n e an d o calles co n ­
tin u a s que d ie ra n cie rta sensación de ce rra m ie n ­
to , sin o b s tru ir la visió n a otros puntos de la
ciud a d o al cam po lejano. En las calles de n ego­
cios, para e v ita r la ru p tu ra del fre n te co n tin u o
de las vid rie ra s se situ a ro n los bancos u otros
e d ific io s que nos las requieren, en las esquinas.
Del a n á lisis de las funciones a d m in is tra tiv a s m u ­
nicip a le s se ded u jo la co nveniencia de le v a n ta r
tre s construcciones d is tin ta s en lu g a r del tr a d i­
cion a l e d ific io m u n ic ip a l, p ara cre ar así un cen­
tr o c ívico en re la ció n con otros e d ificio s de la
ciud a d . R em a ta n d o esta com posición se u b ic a ­
ron alg u n as o fic in a s en una to rre de 50 m etros
de a ltu ra , con una a m p lia visió n sobre la c iu ­
dad y el cam po de alrededor.
El o b je tiv o general en el p la n e a m ie n to de esta
zona ha sido la creación de calles y lugares con
ca rá c te r propio que e vitasen la im presión de
corredor, ta n general en las calles comunes, que
se ju s tific a n ú nica m e nte com o un m edio de u n ió n
e n tre d is tin to s lugares.

Antecedentes

M a rk H all Stow. Sección Sud. A r q . : H arlo w Desígn
Group

La e d ifica ció n de nuevas ciudades satélites,
de las cuales H a rlo w será un ejem plo, es
una parte ca rd in a l del plan para resolver e1
problem a del crecim ie n to co n tin u o de la c iu ­
dad de Londres.
Un Londres razonablem ente reconstruido no
podría a lo ja r su población presente y los
m iles que aun esperan a lo ja m ie n to . T a m ­
poco puede extenderse sin in v a d ir su "G reen
B e lt" y además, el via je d ia rio desde y
hacia el tra b a jo ha llegado al lím ite de ca ­
pacidad del T ra n sp o rt Board, y al lím ite de
la paciencia de los que lo rea lizan . La ú n i­
ca solución es la construcción de ciudades
nuevas fuera del "G re e n B e lt", a las que
algunas industrias y negocios londinenses
darían m ovim ie n to , y que, fu n d a m e n ta lm e n ­
te, podrían a lo ja r a los que tra b a ja n en
ellas. Ciudades lo bastante grandes para
p ro porcionar a sus ha b itan te s, todo lo ne­
cesario para una vida plena y va ria d a , sin
llegar, no obstante, a causarles la sensación
de v iv ir en una co m unidad independiente.
De aquí ha surgido la idea de un Plan D i­
rector para una nueva ciudad que se cons-

tr u ir ia en la cam piña de Essex. A este res­
pecto, quisiera a cla ra r dos cosas: prim ero,
que este plan, como su nom bre lo in dica,
es un Plan D ire ctor y no el plano de una
ciudad. Es la proposición de un marco d en­
tro del cual la ciudad se e stru ctu raría . En
este p lanteo hay lu g a r para una gran v a ­
riedad de tra ta m ie n to s, para m uchas co n ­
sultas, m uchas ideas, para que m entes jó ­
venes e im a g in a tiv a s puedan tener una
o p o rtu n id a d . Esto es sólo el com ienzo.
En segundo lugar, debo m a n ife s ta r a q u ie ­
nes piensan que este plan es un proyecto
utó pico, algo dem asiado bueno para ser
verdad en los angustiados días que vivim os,
que lo que aquí está esbozado es una t a ­
rea p rá ctica y urgente. Práctica, porque no
es irra cio n a l esperar que e ventualm ente nos
dé su re trib u ció n , ta n to como empresa co­
m ercial como en valores hum anos; y u rg e n ­
te por la co n trib u ció n que representa para
resolver el problem a, desastrosamente des­
cuidado, de hacer de Londres la ciudad que
debiera ser.
Sir Ernest Gowers, G.B.E., K.C.B.

29

�Z o n a n o rte de M a rk H a ll.

El problema
El problem a era preparar un plan e q u ili­
brado para una ciudad de 8 0 .0 0 0 h a b ita n ­
tes. Este sim ple enunciado requiere alguna
a m p liación si la solución que aquí propo­
nemos debe ser bien com prendida.
La ciudad com ún de la a ctu a lid a d crece de
m anera p ira m id a l; grandes e d ificio s se le ­
va n tan apretadam ente en un centro conges­
tio n a do , dism inuyen gra d u a lm e nte de ta m a ­
ño y van espaciándose luego entre sí hasta
fo rm a r una vaga fa ja p e rim e tra l. T a n to las
d ife re n te s partes de una ciu d a d — lugares
de tra b a jo , de vivie n d a y de recream iento — como las circulaciones entre ellas, es­
tá n confundidas.
El m étodo aceptado para resolver el p ro ­
blem a es d iv id ir la ciudad en estas d is tin ­
tas zonas, conectarlas entre sí m ediante un
sistem a de cam inos en el que el trá fic o p ue­
da c irc u la r fá c ilm e n te y rodear al área e n ­
te ra con un d e fin id o c in tu ró n de cu ltivo .
La in d u stria se proyecta en una zona a d ya ­
cente al fe rro c a rril y con acceso in m ediato
al sistema v ia l de la región; la vivie n d a es
planeada como una serie de d istin ta s U n i­
dades Vecinales de 6 .0 0 0 a 1 5 .0 0 0 perso­
nas; la zona de negocios, ubicada cerca
de la in d u s tria l y el p rin cip a l centro com er­
c ia l, entre las zonas de vivie n d a y la de
negocios.
Este p lanteo asegura el perfecto fu n c io n a ­
m ie nto de la unid a d estudiada, pero no co n ­
duce necesariam ente a la fo rm a ció n de una
ciudad. En el peor de los casos, sólo se h a ­
brá logrado la creación de un Grupo Fa­

30

b ril; una serie de Grupos de H a b ita ció n y
un C entro C om ercial, el todo su b dividido
por espacios abiertos y un sistema de supercarreteras.
La lección de la m etró p o li ha sido a p re n d i­
da, pero al disponer las partes de una c iu ­
dad buscando un m ayor e q u ilib rio in te rn o
entre ellas, debemos tra ta r cuidadosam ente
de no perder lo que co n stituye la esencia de
una gran ciu d a d : su ca rá cte r urbano.
Es la cu a lid a d urbana que sentimos en c iu ­
dades como Edim burgo, Bath, O xfo rd y F lo­
rencia, la que debemos conseguir en la N u e ­
va C iudad de H arlow , pues sin ellas no po ­
drá llam arse una ciudad en el verdadero
sentido de la palabra.
A h o ra bien, ¿cómo podremos conseguir esto?
Es indudable que no lograrem os esta c u a li­
dad considerando la p la n ific a c ió n de c iu ­
dades sim plem ente como la d ivisión de un
co n ju n to urbano en d istin ta s zonas, según
En p rim e r té rm in o , dado un fu n cio n a m ie n las funciones que en e lla se desarrollan,
to sa tisfa cto rio de las partes, la cu a lid a d
urbana nace de la n a tu ra le za de los e d ifi­
cios — A rq u ite c tu ra — y de las relaciones
entre los e d ificio s — Diseño Urbano— . Un
plan d ire cto r debe hacer posible una bue­
na a rq u ite c tu ra , y no sólo p e rm itir el p la n ­
teo del Diseño U rbano, sino ta m b ié n mos­
tra r cómo puede ser logrado.
Diseño U rbano es el a rte de relacion a r e d i­
ficios o grupos de e d ificio s entre sí y con
el paisaje. En A rq u ite c tu ra estamos in te re ­
sados especialm ente en los espacios in te rio ­
res que d e term inan los e d ificio s; el Diseño
Urbano estudia los espacios exteriores entre

(P h o to flig h t L im ite d )

los mismos. M ás aún, como los e d ific io s
tie n e n a ltu ra , debemos pensar en los espa­
cios como volúmenes.
Para to m a r un ejem plo sim ple, en un g ru ­
po de vivie n d a co rrie n te , los e d ific io s del
m ism o ta m a ñ o , igualm ente espaciados a lo
largo de cam inos de igual a n chura, p ro d u ­
cen una im presión de triste za , y se nota la
ausencia de caracteres urbanos. No hay
n in g ú n sentido de ce rra m ie nto espacial, so­
lam ente dos planos in te rru m p id o s de fa c h a ­
das, d ivididos por una calle.
En un p lanteo urbanístico, los espacios h u ­
bieran sido a rticu la d o s con el o b je to de
crear una c o n tin u id a d entre ellos y los e d i­
ficio s que los d e term in a n. Tenem os que
pensar, al pro ye cta r sobre el papel nuestras
p lantas bidim ensionales, en la trid im e n s io n a lid a d de los edificio s, grupos de e d ificio s
y espacios que representan.
Este es el p ro cedim iento que se ha seguido
a l tra z a r este Plan.
Una característica de todas las buenas áreas
urbanas es su ta m a ñ o lim ita d o . Areas m uy
extensas de construcciones, no im p orta lo
bien que se ha lle n dispuestas, se to rn a n
m onótonas por la fa lta de contraste con la
n a tu ra le za . Una ciudad de 8 0 .0 0 0 h a b i­
tantes, debe, por consiguiente, ser d iv id id a
en com pactas unidades por zonas libres que
creen paisajes. La relación entre las zonas
de vivie n d a y el paisaje, y el diseño m ismo
del paisaje, son, por lo ta n to , una parte
del problem a. El problem a de los espacios
libres en el p la n e am ie n to contem poráneo
se com plica debido a las extensas áreas re­
queridas por el nuevo sistema escolar, la

�Zona de v ivie n d a
El Plan D ire cto r se propone, ju n ta m e n te con la
constru cció n de vivie n d as, la preservación de la
casi to ta lid a d de las ya existentes. El a ctu a l
pueblo de H arlo w y varios grupos de " c o tta g e s "
(N e tte s w e ll, L a tto n , Parndon, e tc.) se conservan
sin otros cam bios que los necesarios para e q u i­
lib ra rlo s con el nuevo proyecto.
Las áreas residenciales, incluyendo el viejo
H arlo w y P o tte r Street, com prenden 14 unidades
com pactas y re la tiv a m e n te pequeñas, con sus
propias escuelas p rim a ria s y sub-centros de co m ­
pras. Cada u n id a d se encu e n tra lig a d a a las ctra s
por distan cia s fá c ile s de recorrer a pie.
Fueron p re fe rid a s agrupaciones de 4.000 a 7.500
personas, a las más usuales de 10.000 a 12.000,
a fin de crear un m a yor sentido de cohesión y
ve cindad. La densidad m edia de las áreas es de
una persona por cada 80 m2.
Para e v ita r, con las nuevas construcciones, la
destrucción de los rasgos ca ra cte rístico s del p a i­
saje, las propias va ria cion e s del mism o han
cooperado en la creación de una fisonom ía p ro ­
p ia para cada u n id a d. En cada ce ntro existen
unos 15 negocios, o fic in a de correos, bancos, o f i­
cinas com erciales, re sta u ra n ts etc.
Las escuelas p rim a ria s fu e ro n ubicadas en el in ­
te rio r de las ^unidades, evitán d o se así el cruce
de los pequeños por calles de trá fic o intenso;
las escuelas secundarias se re p a rtie ro n en les c in ­
turones verdes que rodean a las unidades.
Estas, a su vez, se a g ru p a n fo rm a n d o cu a tro
centros m ayores; cada uno de ellos posee un cen­
tro ve cin a l que nunca se h a lla a más de i/2 m illa
de c u a lq u ie r p u n to de las unidades que a grupa.

G rupo de e d ific io s con d ep a rta m e nto s de 1 a 2
habitaciones. A l fo n d o, el C entro C om ercial. A rq .:
H arlo w Design Group, (fo to W a in w rig h t)

Grupo de e d ific io s de 9 pisos. The Law n, zona
n o rte de M a rk H a ll. A rq .: Frederick G ibberd.
(fe to W a in w rig h t)

Zona sur de M a rk H a ll. E dificios de 3 pisos con
te rra z a s que se le va n ta n en el m arco diseñado
por el H arlow Design Group, ( fo to W a in w rig h t)

Z o n a n orte de M a rk H a ll. M a rk H a ll Moors. C a­
sas sem iaisladas de 3 y 4 d o rm ito rio s. A rq .:
Frederick G ibberd. (fo to W a in w rig th )

Z ona vecinal n9 2 de M a rk H a ll. T a n y's Dell.
E dificios de 3 y 4 pisos con c a le fa cció n ce ntra l.
A rq .: M a xw e ll Fry. (fo to W a in w rig h t)

31

�recreación y las vías p rincipales de com u­
nicación. Estos espacios abiertos necesitan
una consideración m uy a te nta y no debe
realizarse su estudio cuando las áreas de
h a b itación ya han sido trab a ja d a s en de­
ta lle .
De ahí que en el Plan se haya buscado que
las áreas e d ificadas sean d ivid id a s por el
paisaje en com pactas unidades, y que los
espacios abiertos destinados al uso, como
las supercarreteras y los lugares de juego,
form en parte del paisaje general.
Un problem a fin a l, de p a rtic u la r im p o rta n ­
cia en una nueva ciudad, es el del tiem po.
Casi todas las grandes ciudades se han des­
a rro lla d o en un largo período y sus vínculos
con el pasado proporcionan un sen tim ie n to
de perm anencia y co n tin uida d .
A h o ra bien, ¿cómo podremos conseguir este
s e n tim ie n to en una ciudad construida de
repente? El lu g a r de la Nueva C iudad de
H arlow es rico en h isto ria y tra d ició n . C o li­
nas, valles, bosques, m ontes, arroyos y otros
elem entos n a tura le s; iglesias, ca p illa s, ca ­
sas, cabañas y otros e d ificio s levantados por
el hom bre, son elementos por los cuales una
ciudad puede relacionarse con el pasado.
Con este propósito, el Plan para la nueva
ciudad, tra ta de preservar la fo rm a del p a i­
saje y cu a lq u ie r e d ific io de alg ú n va lo r que
pueda integrarse con las nuevas construc­
ciones.
Frederick Gibberd

Algunas impresiones sobre Harlow
Debido a una sugestión del profesor Pevsner, decidí v is ita r el co n ju n to urbanístico de
H arlow para tra ta r, en lo posible, de in te rio ­
riza rm e de sus problemas.
El le cto r habrá tenido ya o p o rtu n id a d de
form arse una idea de las causas que o rig i­
naron este ensayo y de las características
genéricas del Plan D irector. T eniendo en
cuenta que la ciudad aun no se ha te rm i­
nado, no pretendemos re a liz a r aquí una c rí­
tic a d e fin itiv a , sino más bien tra n s c rib ir las

impresiones obtenidas y expresar algunas
observaciones al respecto.
De los cu a tro grupos de vivie n d a , sólo uno
se h a lla co m p le to : el del norte (M a rk H a ll
&amp; N e tte s w e ll); otro, el del este, está aun
construyéndose, con algunas zonas, como
la de P otter Street, concluidas. Las zonas
in d ustriales se encuentran en plena cons­
trucció n .
A pesar de ello, la im agen del todo va a d ­
q u irien d o una consistencia casi d e fin itiv a
que p erm ite a d e la n ta r algunos ju icio s sobre
el co n ju n to . Recibí la im presión de que el
deseo del arq. F. G ibberd de lo g ra r en
H arlow el ca rá cte r urbano de las grandes
ciudades, no se ha realizado. La nueva c iu ­
dad p a rticip a más del ca rá cte r de caseríos
dispersos por el campo, entre vallas y á rb o ­
les, y reunidos por cam inos, que de la cu a ­
lidad urbana que se buscaba. El origen de
ello reside, a mi ju ic io , en una fa lla que
ya podemos e n co ntra r en las bases que el
a rq u ite cto d ire cto r ha fo rm u la d o para su
planteo. En efecto, a la pregunta de cómo
conseguir en la nueva ciudad el carácter
urbano deseado, M r. G ibberd responde de
una m anera puram ente d e scriptiva, p a rtie n ­
do a p rio ri de una cie rta idea de lo urbano
que no se define ni se discute, y co n fo rm a n ­
do solam ente ciertos principios form ales.
Lo urbano p a rtic ip a de cie rta intensidad en
las relaciones sociales que lo d ife re n cia n
netam ente de lo ru ra l; esto no ocurre en
H arlow , aun tom ando en consideración el
hecho de que la ciudad se h a lla todavía
incom pleta. El centro de M a rk H a ll, pese
a su ca rá cte r secundario y local, puede
darnos la pauta de lo que sucederá en el
gran centro a construirse. En la a c tu a lid a d ,
el M a rk H a ll N eighbourghood C enter se
h a lla más cerca de la calle p rin cip a l de
nuestros pueblos, que de lo que debiera ser
el elem ento co n s titu tiv o de una gran c iu ­
dad in d u stria l de 8 0 .0 0 0 habitantes.
Es verdad que los principa le s elementos ge ­
neradores del c lim a ciudadano (grandes
tiendas, cines, teatros, plazas, restaurants,
Zo n a In d u s tria l este. In te rio r de una fá b ric a
sta n d a rd . A rq .: H a rlo w Design Group,
(fo to
W a in w rig h t)

V is ta m ira n d o al Sud que m uestra en p rim e r
pla n o la zona in d u s tria l este; en el ce ntro , las
zonas n o rte y sud de M a rk H a ll y en ú ltim o té r ­
m ino, P o tte r S treet. (P h o to flig h t L im ite d )

32

�Z o n a in d u s tria l
Las dos p rin cipa le s zonas in d u stria le s, Este y
Oeste, fu e ro n planeadas en co n ta c to con la línea
v ia l d o m in a n te ("b a s e lin e " ) de la ciud a d . Se
conectan d ire c ta m e n te e n tre ellas por m edio de
cam inos y poseen acceso fá c il y d ire c to a la
esta ció n fe rro v ia ria y a la nueva c a rre te ra .
Se ha e v ita d o la c o nce n tra ción de las ind u stria s
en una ú nica g ran zona que a is la ra la ciudad
de las colinas de H e rtfo rd s h ire , o que estu vie ra
fu e ra de escala con los restantes elem entos u r­
banísticos. Con este fin , y para lo g ra r un m ayor
e q u ilib rio e n tre el hog a r y el tra b a jo y p e rm itir
una m ayor v a rie d a d v isua l, se han e m plazado
pequeñas fá b ric a s fu e ra de las dos zonas p rin ­
cipales. En éstas los e d ific io s han sido situados
uno al lado del o tro y sobre las calles, fo rm a n ­
do grandes " m a n z a n a s ", p ara que queden en el
in te rio r y fu e ra de la vista las in e v ita b le s áreas
sucias de los fondos.
Las fá b ric a s ubicadas en estas zonas han sido
diseñadas casi en su to ta lid a d por el equ ip o de
a rq u ite c to s del H arlo w Plan. Se pla n e aro n e d ifi­
cios sta n d a rd de 1.860, 6 20 y 195 m 2., con
posibilidades de expansión. En ciertos casos fu e ­
ron proyectados ajustándose a re q u e rim ie n to s es­
pecíficos. La pob la ció n in d u s tria l se e stim a en
16.360 personas y las zonas han sido calculadas
a ra z ó n de 1 persona por cada 500 m 2.
Z ona

in d u s tria l

este. V is ta de las fá b rica s
sta n d a rd , ( fo to W a in w rig h t)

Z o n a in d u s tria l este. H a ll de e n tra d a de una
fá b ric a sta n d a rd que ha sido a d a p ta d a p ara la
R evertex Ltd . ( fo to W a in w rig h t)

:afés, o ficin a s) no se encuentran aquí, y que
todo e llo se ha reservado para el centro
p rin cip a l que estará concluido en los p ró x i­
mos die z años. Se ha pensado, justam ente,
en este centro como en el elem ento estructu ra d o r de todas las unidades vecinales. Sin
em bargo, el fra ccio n a m ie n to al que se so­
m ete el c o n ju n to urbano por m edio de c in ­
turones verdes de cie rta a m p litu d y la dis­
c o n tin u id a d resultante, son elem entos de
dispersión dem asiado fuertes para que éste
logre en d e fin itiv a a c tu a r como colum na
ve rte b ra l de toda la a ctivid a d social. Cabe
preguntarse, entonces, si los cu a tro e n to r­

nos no se co m portarán como suburbios res­
pecto al centro, sin que se produzca la s o li­
d a rid a d deseada, y sin que la p e rife ria
pierda ese ca rá cte r dependiente, c o lo n ia l,
que hoy deploram os en nuestras ciudades.
El problem a fu n d a m e n ta l del urbanism o,
reside, a m i ju ic io , en la in te g ra ció n de la
vida social e in d iv id u a l y del contorno n a ­
tu ra l; la cu a lid a d urbana se expresa en la
in te g ra ció n de todos los elem entos u rb a ­
nos y en la in te rp e n e tra ció n de funciones.
El fracaso o el é xito de todos los ensayos
está ligado, en ú ltim a instancia, a la solu­
ción de este problem a.
Francisco B u llrich

Salida de los em pleados en la zona in d u s tria l
este, que se d irig e n hacia la zona residencial por
la c a rre te ra destin a d a a l ciclism o, ( fo to L u c illo
S herrard)

33

�Casa de departamentos

A l im a g in a r una casa de departam entos se
piensa generalm ente en una p la n ta baja,
varios pisos tip o , un piso retira d o , tanques,
cajas de ascensores, etc. La inmensa m a ­
yoría de las casas son una trasposición d i­
recta, en horm igón y la d rillo s, de esta
im agen.
Sin em bargo, la obra de la A v. Figueroa
A lc o rta no se ajusta a la im agen referida.
El e d ific io ha sido concebido como un m onoblock. Se lo d iv id ió vo lu m é trica m e n te en
tres partes: el bloque de los pisos tip o ,
una un id a d form ada por la p la n ta baja y
un entrepiso, y un rem ate que abarca el
piso retirado y las instalaciones. Cada uno
de estos elementos tiene un c a rá cte r p ro ­
pio, pero las relaciones entre el bloque de
los pisos tip o con los otros dos, ilu s tra n el
papel dom in a n te que se le asigna al p ri­
mero. Era evidente, dada la in tención v o ­
lu m é trica que se percibe en toda la obra,
que el a lto bloque p rin cip a l requería un t r a ­
ta m ie n to especial. La sim ple sucesión v e r­
tic a l de pisos tip o no basta para engendrar

A rq . J. Ferrari Hardoy.
Buenos Aires, 1955.

V is ta

34

general

�D etalle de la fa c h a d a la te ra l

D etalle del entrepiso

Plata baja

un volum en. En la sucesión va im p líc ita una
generación serial. El e d ific io , por el ca rá c­
te r a d itiv o de todos sus elem entos — estruc­
tu ra , ca rp in te rías m oduladas, etc.— , ex­
presa una ley fo rm a tiv a que le p e rm itiría
otras extensiones, a ltu ra s e incluso form as;
es, en cie rta m anera, un " fra g m e n to " den­
tro de esa ley.
Esta ausencia de lím ites teóricos a la a d i­
ción de nuevas unidades, expresión im p lí­
c ita de un desarrollo, confiere al o b je to una
cie rta po ten cia lida d que lo intro d u ce en la
d in á m ica del tie m p o y contradice así el
ca rá cte r in m u ta b le , d e fin itiv o , del volum en.
En la obra de Ferrari Hardoy todos los pisos
tip o se rem iten a la unidad m ayor y d e fi­
nida del bloque, que los expresa u n ita ria ­
m ente y ca ra cte riza al e d ificio . El a trib u to
vo lu m é trico de éste se m an ifie sta en el
m arco que encierra la to ta lid a d de sus p i­
sos. El marco es d e fin id o por las aristas de
los muros laterales y, a lo largo de toda la
fachada, por la losa del p rim e r piso y la
que cubre el plano del ú ltim o . En los de­
más pisos, las losas no se proyectan fuera
del plano d e term inado por este encuadram ie nto y, sin rom per el volum en, fo rm a n un
tip o de galerías — más que balcones— que
sólo tom an dos tercios del fren te . Esta c ir ­
cunstancia e xp lícita el ca rá cte r de com po­
nente h o rizo n ta l de cada uno de los pisos,
sin a te n u a r la im p o rta n cia del m arco en
su fu n ció n de a co tam ie n to espacial.
La fachada la te ra l, en cam bio, acusa un
sentido de ve rtic a lid a d reforzado por la d i­
visión en dos fa ja s : una cerrada, revesti­
da, y o tra a b ie rta , v id ria d a . Esta ú ltim a
posee una m arcada direccion a lid a d ve rtica l
debido a sus proporciones y al ritm o que

o rig in a n los antepechos de cada piso al a p a ­
recer, regularm ente, en un nivel más r e ti­
rado. Pero consecuentem ente con el deseo
de considerar las fachadas como caras de
un volum en y no como planos libres, la
d ireccion a lid a d de la fa ja de v id rio es con­
te n id a por un a m p lio d in te l que encubre la
ú ltim a losa y es parte in te g ra n te e in d ife ­
renciada del plano lleno de color gris. De­
bido a este recurso, este elem ento pasa a ser
sólo una ca ra cte rística del plano to ta l de la
fachada y no un plano v irtu a l que d e stru ­
yese el ca rá cte r vo lu m é trico del to ta l.
La e stru ctu ra co n trib u ye ta m b ié n a crear
esta sensación; no se ha hecho de ella un
m otivo de expresión, como lo hace M ies van
der Rohe, ni se la m an tu vo u n ifo rm e en toda
su extensión; se la fué m odelando, c a m ­
b iándola de acuerdo con los papeles que
debía desempeñar, y éstos se expresan casi
sim bólicam ente. Los pilotes que abarcan
la p la n ta baja y el entrepiso cobran una
gran im p o rta n cia ; revestidos con un m a te ­
ria l áspero, fu e rte , están a llí para soportar
todo el bloque, como si fuesen la única es­
tru c tu ra . En efecto, al lle g a r al bloque, la
e stru ctu ra se esfum a en él sin p e rtu rb a r
su ca rá cte r u n ita rio , su verdad como v o lu ­
men en el espacio y separado del suelo.
En la parte in fe rio r del e d ific io , se a d vie rte
esta in tención en la buscada h o riz o n ta lid a d
de una gran banda de m árm ol negro que
pasa detrás de los pilotes del fren te hasta
más a llá del bloque en m arcado contraste
con él. Ba:o este elem ento, la p la n ta ba'a
pareciera "p ro d u c irs e ", y sobre él y d ire c ­
tam ente debajo del bloque, se extiende el
entrepiso.
En la p rim era está el h a ll de e n tra d a ; pe-

�El garage

La e ntra da

queño y vid ria d o al fre n te ; es sólo un lugar
te rm in a l de las circulaciones verticales. El
resto lo ocupa el garage, cuyas puertas con
v id rio opaco tienen un ca rá cte r livia n o , de
cerram ientos, que sugieren la nostalgia del
"g a g n e r le s o l".
Las m ismas preferencias fig u ra tiv a s que se
observan en el resto de la obra — la re la ­
ción constante de elem entos opuestos—
están presentes en el rem ate superior del
e d ificio , un prism a pesado, revestido de

V ista de la p la n ta b aja y el entrepiso

36

elem entos vitreos de un a zu l intenso y sus­
pendido sobre el bloque. Entre los dos, un
espacio donde se desarrolla el ú ltim o de­
parta m e nto .
La p la n ta presenta los mismos rasgos: a los
flancos, dos zonas densas, cerradas, en re­
lación a una tercera, a b ie rta , aérea. De
las dos prim eras, una corresponde a los ser­
vicios y a las circulaciones verticales, la
o tra está reservada a la vid a p rivada de
la fa m ilia : d o rm ito rios, baños, etc. En la
restante se desarrolla la vid a social.

�Cada zona abarca una m edida ig u a l del
fre n te por su p ro fu n d id a d y, además, la
pa rte destinada a los do rm ito rios aprovecha
la esquina.
El in te rio r de los departam entos es coheren­
te con el to ta l; no se ha pre te n d id o crear
un espacio flu id o , u n ita rio , con d istin ta s
determ inaciones (liv in g , d o rm ito rios, etc.)
de acuerdo con las funciones que se deban
c u m p lir en él, sino p ro p o rcio n ar a cada una
de las tres zonas perfe cta m e n te definidas,
un cie rto grado de a u to su ficie n cia . Q uizá
sea esta la causa que provoca la sensación
de v iv ir una yu xta po sición de espacios o r­
ganizados, y no p e rm ite una percepción
clara del to ta l.
La presencia del balcón, que une e x te rio rmente el livin g con los d o rm ito rios del fre n ­
te p rin c ip a l, no logra crear la tran sició n
que atenúe la relación dem asiado brusca
entre espacio in te rn o y externo. Este des­
e q u ilib rio es ta m b ié n perceptible, en menor
grado, en la fachada. La sucesión ve rtica l
de los livin g s abiertos no llega a crear un
volum en v irtu a l que compense a los más
cerrados que lo lim ita n . Esto, sin em bargo,
y a pesar de una te rm in a ció n sólo discreta,
no a fe cta m ayorm ente la co ntundencia del
to ta l de la obra, en donde se respira ese
a ire fresco y espontáneo que ca ra cte riza la
a rq u ite c tu ra de Ferrari Hardoy.
H oracio Baliero

La

te rra z a

del

ú ltim o

piso

Las reproducciones que ilu s tra n esta nota
han sido tom adas de fo to g ra fía s origina le s
de A . Gómez, E. K atzenstein y A . M ig on e .

P la n ta del piso re tira d o

V ista

de

la cocina

V is ta in te rio r de un liv in g

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37

�Aspectos del diseño argentino:
sillas y sillones
H oracio Baliero

A rq . A m a n d o W illia m s : V ersión de g ran v a lo r
p lá stico de un m ueble p op u lar desarm able. Es­
tru c tu ra de piezas to rn e ad a s de m adera. Res­
pald o re clin ab le y asie n to de cuero.

El m ueble m oderno ha pasado en la A rg e n ­
tin a por extrañas situaciones. N uestro caso
no ha sido el de una conquista g radual y
fa tig osa del m ercado, ni ha o cu rrid o que
defensores de las tradiciones com batieran
con energía las ideas heréticas de las jó ve ­
nes generaciones. Tam poco seria exacto h a ­
b la r del triu n fo del program a de ninguna
joven generación.
Han sido los fa b rica n te s al por m ayor de
m uebles y las propias m ueblerías los p o rta ­
dores del gusto.
La v e rific a c ió n de este hecho se demuestra
claram ente en la verdadera invasión de
muebles “ fu n c io n a le s " — y aún e xiste n cia listas— que im pide e n co ntra r en las casas
au tén tico s m uebles modernos y, lo que es
peor, im p la n ta una ta l d icta d u ra en el gus­
to del público, que le hace d ifíc il suponer
que lo m oderno sea algo d is tin to de cuanto
se le ofrece.

A rqs, Bonet, Ferrari y K u rc h a n : B.K.F. Estructura
ríg id a de h ie rro fo rm a d a por la unió n de dos
c o n tin u ida d e s que soporta la p ieza de cuero que
recibe a la persona.

38

Sin em bargo, hay que reconocer que esta si­
tu a ció n se rem ite a un problem a más a m ­
p lio : el de la d ifu sió n , que lleva adherida,
como una fa ta lid a d , el usu fru cto de los
objetos responsablemente creados.
Para
ojos expertos no es d ifíc il reconocer, entre
las form as más agresivas y banales, tra d u c ­
ciones “ a la v u lg a ta " de m uebles de un
Eames, un Saarinen o un Finn Juhl.
Pero la gravedad — o la p e cu lia rid a d — del
hecho reside en que no existe entre nosotros
una capacidad social creadora y, por consi­
guiente, objetos creados que condicionen la
d ifu sió n . Los objetos saqueados no han
sido creados ni usados aqu í; han sido meras
noticias fo to g rá fica s. Es por ello que la v u l­
g a riza ció n absorbe todas las fases del p ro ­
ceso; sus productos son sim plem ente p ro ­
ductos inéditos que se difu n de n .
Esta situación no deja de a fe c ta r al diseña­
dor. La d ifu sió n lo desaloja. A ésta no le

A rq . César J a n n e llo : O tro caso de e s tru c tu ra
c o n tin u a que posee una g ra n e la s tic id a d y sopor­
ta el asiento, de m adera com pensada, y el
respaldo, c o n s titu id o por una p ieza ú nica m ode­
lada e s c ultó rica m en te .

�sirven los creadores reales, concretos; devora
form as o las descarta, fuera de cu a lq u ie r
tie m p o hum ano, y encuentra sus fuentes
den tro de sí m ism a. Descartado el diseña­
dor, son las revistas y los elem entos ya d i­
fu n dido s los que, al repetirse m asivam ente,
crean en el m ercado un ablande por sa tu ­
ración.
En cu a n to al diseñador, la carencia de t r a ­
diciones vigorosas y de in stituciones que las
defie nd a n , la deja lib ra do a sí m ism o, en
una lucha que se desplaza a un cam po p u ­
ram ente pra g m á tico . Porque no se tra ta de
lu ch a r contra ¡deas, ya que del o tro lado
no existen, sino de to m a r una posición
p rá ctica y seguir tra b a ja n d o desentendién­
dose del problem a.
De este modo, esta situación d e term in a , en
cie rta m edida, la c o n tra p a rtid a d ia lé c tic a :
el querer ligarse a precedentes que, por su
sim p licid a d o ca lid a d , sean universalm ente
ad m itid o s. Esta a c titu d incluye, sin e m b a r­
go, algunas renuncias. En efecto, uno de los
grandes temas en la histo ria del m ueble
m oderno ha sido el de la producción en
serie. La m ism a p a la b ra ha sido rodeada
de un halo que deja entrever campos m a ­
ravillosos. En ella va im p líc ita la in d u stria ,
el diseño y, por ende, la d istrib u ció n por
todo el m undo de productos noblem ente d i­
señados. Esto lo pensaron y lo creyeron los
creadores europeos de la postguerra pasada
que concebían sus objetos para ser p ro d u ­
cidos en serie. A lg u n o s lo fu e ro n , otros no,
pero todos eran susceptibles, al menos te ó ­
ricam ente, de serlo.
En nuestro país la situación es o tra ; la gran
serie es la de los descalificados productos
A rq . César J a n n e llo : S illa desarm able basada
sobre elem entos sta n d a rd de m adera. A sie n to de
soga y respaldo de una pieza cu rvad a de te r ­
ciado.

A rq . H oracio B a lie ro : S illó n de h ie rro
Los dos elem entos lineales que fo rm a n
tu ra se resuelven en el respaldo en dos
de c irc u n fe re n c ia

y m im bre.
la e stru c­
segm entos
tang en te s.

A rq . A n to n io B o n et: Silla fo rm a d a por dos p e r­
file s de m adera con a siento fle x ib le de cuero y
respaldo re ciin ab le .

A rq . A n to n io B o n et: Silla ja rd ín con e s tru c tu ra
de h ie rro ; asie n to y respaldo de m im bre .

H a rp a : Silla de m adera y junco, Inspirada en un
d ifu n d id o m odelo pop u lar.

39

�G erardo C lusellas: S illa o p lla b le de a n tlco ro d a l.
A sie n to y respaldo ta p iza d o s.

G erardo C lusellas: S illón con a siento y respaldo
fo rm a d o por una sola pieza ta p iz a d a ; patas do
bronce.

J. J. Solsona y A rq . H oracio B a lie ro : Sillón ta p i­
zado. Estructura de p e rfile s m etálicos.

40

que hemos m encionado y los diseñadores,
que tra b a ja n fuera de este bajo m e rc a n ti­
lism o, no encuentran capitales interesados
en ocuparlos. Y aclarem os aquí que el f a ­
moso "g u s to del p ú b lic o " no es la causa de
este desinterés. A l p úblico se le ha im ­
puesto este gusto, y com pra estos m uebles
evidenciando una e x tra o rd in a ria sangre
fría fre n te a cu a lq u ie r concreción fo rm a l.
Esta co n tin u a fru stra ció n en el logro de a l­
gunos de los supuestos del m ueble moderno,
ha dado lugar a que se descuidara el as­
pecto fu n d a m e n ta l del problem a. Por otra
parte, la búsqueda de precedentes ha lle v a ­
do, a nuestro ju icio , a re cu rrir al uso cons­
ciente de los m odelos populares ■
— lo que,
dicho sea de paso, no es una a c titu d p ri­
v a tiva de nuestro país— y a poner ta n de ­
cid id a m e n te el acento en la te rm in a c ió n , en
la justeza de ejecución. Esto, unido a una
cie rta contención fo rm a l y a un no c o n fe ­
sado deseo de que los muebles con tem p o rá ­
neos sean ta n dignos como "lo s buenos
viejos m ue b le s", les confieren una cie rta
d ig n id a d de museo.
Q uizás sean éstas algunas de las causas
que no p erm iten la a p a rició n de auténticos
muebles modernos " d e u so ". M uebles que
tengan ese ca rá cte r espontáneo y fresco de
los de Eames o Saarinen, en los cuales la
bondad del diseño, la ca lid a d m a te ria l o la
justeza de te rm in a ció n , no son escudos de
b a ta lla , sino condiciones del propio objeto.
En la selección que aquí hacemos se in c lu ­
yen m uebles creados con a n te rio rid a d a
esta nueva situ a ció n , pero que han sentado
los precedentes del m ueble m oderno en la
A rg e n tin a . Los más conocidos han sido, sin
duda, la BKF y la p rim era silla de Jannello,
cuya in flu e n c ia sobre diseñadores a rg e n ­
tin o s y e xtra n je ro s es n o to ria ; sin embargo,
la suerte co rrid a por la BKF es bastante
excepcional. En rigor, son pocos los m ue­
bles que han conocido ta n e x tra o rd in a ­
ria d ifu sió n en el m undo. Y quizás la
m ayor d ifu sió n en nuestro país se deba a
estas vías indirectas. Desde entonces han
ido apareciendo otros m uebles, pero sólo
desde hace pocos años la creación de éstos
co n fig u ra una a c tivid a d específica y c o n ti­
nua que va com ercializándose, aunque no
en gran escala, y se desarrolla con in d e ­
pendencia de la corriente puram ente cbm ercial que hemos m encionado, pero a la
que q u izá s pueda hoy in flu ir.
El tra b a jo a ctu al de los diseñadores puede
ser tom ado como una preparación para el
fu tu ro , porque, como hemos dicho, no se
puede hoy h a b la r de la producción indus­
tria l del m ueble m oderno. T odavía se t r a ­
baja a rtesanalm ente. Pero esta situ a ció n es
necesariam ente precaria y no puede cu m ­
p lir con el com etido básico de lle va r el
m ueble m oderno a todos los am bientes. Si
a d m itim o s que el contorno social dado por
los objetos juega un papel decisivo en la
fo rm a ció n del hom bre, no podemos menos
que reconocer la le g itim id a d de esta a sp i­
ración.
A h o ra bien, dado que esta aspiración sólo
puede cum plirse con la ayuda de la indus­
tria , es evidente que el problem a del m ue­
ble sólo será resuelto encuadrándolo dentro
del m arco más general del diseño in d u s tria l.
C o n tra esta a firm a c ió n puede sostenerse
que, en la m edida en que éste puede hoy
desarrollarse, los resultados obtenidos no
constituyen una panacea y que, más aún,
la d ifu sió n de objetos c u ltu ra lm e n te n o c i­
vos no ha sido evitada.
Sin em bargo, a no ser que apoyemos un re ­
to rn o a M orris en bloque, no parece sensato
condenar las posibilidades ind u stria le s en
razón del uso que hoy se hace de ellas.
Desde este p u n to de vista , creemos que los
diseñadores, si tom an conciencia de esta
situación y crean unidades que puedan ser
consideradas como pro to tip o s y no como
piezas únicas, c o n trib u irá n , en gran m ed i­
da, a la fo rm a ció n de una conciencia del
m ueble a u té n tica m e n te moderna,

�B ib lio g ra fía
H. A. Murena: "El pecado original de
América". Sur, Buenos Aires, 1955.
Este lib ro co nstituye un in te n to de e nfocar
el problem a c u ltu ra l de A m é rica desde un
p u n to de vista que no es el p o lítico , el eco­
nóm ico ni el h isto rio g rá fico .
El a u to r reprocha a los enfoques anteriores
el haber desvirtuado la visión de A m é ri­
ca, al considerarla con una pauta europea.
A d v ie rte que no se propone un ensayo f i ­
losófico y el e stilo que ha escogido reve­
la la in te n ció n de exponer sin e sp íritu de
sistema, al menos en lo fo rm a l, una " a u ­
to b io g ra fía m e n ta l".
Sin em bargo, a pesar del ca rá cte r de expe­
riencia personal que le ha otorgado el p ro ­
pio a u to r, no es casual que este lib ro haya
sido concebido en el m om ento en que p a ­
recen haber e n tra d o en crisis las coorde­
nadas clásicas de la h isto rio g ra fía c u ltu ra l
de A m é rica . Nos referim os en p rim e r lu ­
ga r, a esa concepción un poco co m p la cie n ­
te de que A m é ric a estaba destinada a ser
una prolo n g a ció n de la c u ltu ra europea y,
como se creyó a lg u n a vez, un m e jo ra m ie n ­
to de esta ú ltim a , y de que todos los tr o ­
piezos y d ific u lta d e s para re a liz a r p le n a ­
m ente ese destino debían a trib u irs e a su
fa lta de m adurez e in e xp e rie n cia , es decir,
a p e rturbaciones de su p e rficie , no de fondo.
En segundo lugar, al eclecticism o c u ltu ra l,
resultado de una a c titu d de puros consu­
m idores de bienes esp iritu a le s y no de c re a ­
dores.
El a u to r de " E l pecado o rig in a l de A m é ri­
c a " , se p regunta si esos accidentes no obe­
decen q u izás a un d efecto esencial de con­
fo rm a ció n y a una m iopía consistente en
a p lica rles una m edida que le es im p ro p ia ;
una m edida europea en suma.
Ese defecto esencial consiste, para el a u tor,
en una ra d ica l fa lta de c u ltu ra , e n te n d ie n ­
do la p a la b ra no en el sentido " ilu s tra d o " ,
de acopio de conocim ientos, sino en el más
a m p lio que le otorga la antro p o lo g ía. A h o ­
ra bien, lo grave es que esa fa lta de c u l­
tu ra no es sim plem ente el resultado de una
ca re n cia , sino de un desarraigo, de un
abandono del estado de c u ltu ra que se v ie ­
ne consum ando in in te rru m p id a m e n te desde
los prim eros colonizadores hasta los más re­
cientes desplazam ientos in m ig ra to rios.
Estas serían, sum am ente condensarías, las
tesis de H. A . M ure n a sobre el problem a
c u ltu ra l de A m é rica . Cabe p re g u n ta r si ha
encontrado el p u n to de vista desde el cual
podría juzgarse a A m é rica con una p a u ta
que no sea la europea (no digam os a m e ri­
c a n a ). A l responder ne g ativa m e n te a d e la n ­
témonos a decir que tam poco im p orta sub­
rayarlo, ya que d ifíc ilm e n te podía haberlo
logrado sin inclinarse hacia una posición
que él m ism o confiesa d e te sta r: el n a cio ­
nalism o y el fo lklo rism o .
Pero destacar las corrientes europeas de
pensam iento que in fo rm a n este in te n to de
H. A . M ure n a , cosa que no intentarem os
aquí, no im p lic a ría hacer un reparo a la
le g itim id a d de la m ayor parte de su a n á li­
sis. La lu z cruda que a rro ja sobre nues­
tra rea lida d c u ltu ra l podrá parecer exce­
sivam ente e n fá tic a , pero no es menos ce r­
te ra por eso. El le cto r puede d is e n tir de
los supuestos generales de esta obra y, en
efecto, las categorías que em plea su a u to r
no son siem pre convincentes; habrá que
a trib u irla s más a una p referencia personal
que a las necesidades del propio análisis.
En cu a n to a la solución que se esboza en
el concepto de " tra n s o b je tiv id a d " , como e x­
presión de la índole c u ltu ra l am ericana y
por oposición al ideal europeo y occidental
de o b je tiv id a d , no corresponde e x ig ir m a ­
yores precisiones. Con todo, direm os, al p a ­
sar, que ese concepto podría aplicarse ig u a l­
m ente bien a c u a lq u ie r c u ltu ra fuera de la
europea (com o lo ha dem ostrado la e tn o ­

logía com parada) y que aún d e n tro de es­
ta ú ltim a el concepto de o b je tiv id a d ha
e xperim entado una serie de rectifica cio n e s
y lim ita cio n e s desde la m uerte de Hegel
(B e rd ia e ff, por e jem plo) . T a l concepto, en
d e fin itiv a , es sólo una construcción a la
que siem pre será posible oponer otra s cons­
trucciones con ¡guales pretensiones de v a ­
lidez.
La crisis de una concepción com placiente
del papel de A m é rica en la c u ltu ra es lo
que docum enta este lib ro y en ésto es don­
de radica todo su v a lo r; la crisis de una
concepción que ha durado entre nosotros
más q u izás que en otras partes de A m é rica
pero, en d e fin itiv a , una crisis que no h ip o ­
teca nuestro presente ni nuestro porvenir.
Porque habría que te n er sumo cuid a d o con
las d isyu n tiva s puram entes verbales en el
orden de la cu ltu ra . En p rim e r lu g a r por­
que esquem atizan dem asiado una situación,
o rig in a n d o así la neurosis de una salida
c u a lq u ie ra ; en segundo lu g a r porque pue­
den crea r el p re ju icio erróneo de que la
solución de esa a lte rn a tiv a puede ser p ro ­
vista por una decisión verbal.
Hay que te n er presente que siem pre pue­
de e x is tir a lg u ie n que no acepte ta l dis­
y u n tiv a y entonces ¿cómo se lo juzgará?
A . H.

Bruno Zevi: "Historia de la arquitec­
tura moderna". Emecé, Buenos Aires,
1954.
Esta volum inosa obra com ienza con una
in tro d u cció n , en la que el a u to r pasa revis­
ta a los crite rio s h isto rio g rá fico s aplicados
al estudio de la a rq u ite c tu ra m oderna y e x­
presa su d isconform idad con ellos. Esta ac­
titu d ya se m an ife sta b a en su lib ro "H a c ia
una A rq u ite c tu ra O rg á n ic a " que " n o pre­
tendía c o n s titu ir una h isto ria de la a rq u i­
te ctu ra m oderna, sino que se lim ita b a a
presentar una in te rp re ta ció n del desarrollo
del pensam iento a rq u ite ctó n ico desde la c r i­
sis del racionalism o hasta la d ifu sió n de la
tendencia o rg á n ic a ". Pero este libro, escri­
to en m om entos m uy especiales y dedicado
a aquellos jóvenes que te n dría n a su cargo
la reconstrucción de las zonas desvastadas
por la guerra, no respondía a la nueva si­
tu a ció n pues, según el a u tor, ya era re a li­
dad lo que antes sólo hablan sido deseos y
esperanzas: " la conquista d e fin itiv a del
aspecto h u m a n iza n te c'e la a rq u ite c tu ra ".
Z e vi, aunque conserva la e stru ctu ra básica
de su obra a n te rio r, p ro fu n d iz a más el p ro ­
blem a. " . . . H e rehecho ínte gra m e n te y he
a m p lia d o en fo rm a especial los capítulos
sobre los orígenes de la a rq u ite c tu ra m oder­
na y sobre las personalidades que precedie­
ron al racionalism o en Europa y en Estados
Unidos, negando la in te rp re ta ció n positivista
y rescatando el período arcaico o de v a n g u a r­
dia con el mismo m étodo adoptado para las
obras p o s t-fu n c io n a lis ta s ; he reca p itu la d o
las más im p orta n tes co n trib u cio n e s a la dis­
cusión sobre la a rq u ite c tu ra racion a lista y
o rg á n ica ; he dedicado un c a p ítu lo a los
a ctuales problem as m etodológicos de la h is­
to rio g ra fía a rq u ite c tó n ic a ; he o rg a n iza d o la
b ib lio g ra fía , la docum entación ilu s tra tiv a y
los datos in fo rm a tivo s, e tc .. . . "
A p a rtir de esta in tro d u cció n el le cto r se
a d entra en una polém ica que Z evi sostiene
con una d ia lé ctica v iva z a lo largo de todo
el libro.
En el p rim e r ca p ítu lo , " L a génesis de la a r­
q u ite c tu ra m o d e rn a ", se a n a liz a n las d is tin ­
tas inte rp re tacion e s que ha m otiva d o e!
tem a y se las considera respondiendo a a l­
guna de estas tesis: la evolución del gusto,
la revolución técnica, las nuevas teorías de
la visión estética y la tra n sfo rm a ció n social.
Z e vi, en cam bio, encuentra en la síntesis
de todas estas "co m p o n e nte s de la in n o va ­
ción del siglo X I X " la in icia ció n de la
p rim era época de la a rq u ite c tu ra m oderna.
A l e lu d ir de esta fo rm a el pe lig ro de la u n i-

la te ra lid a d y al am pliarse el basam ento his­
tó ric o de la nueva a rq u ite c tu ra , se a lcanzan
las condiciones para c u m p lir con la " d e ­
m anda de h is to ric id a d " que ésta requiere.
A sí se ju s tific a que encontrem os en " L a
p rim era época de la a rq u ite c tu ra m o d e rn a ",
títu lo del segundo ca p ítu lo , a las p e rso n a li­
dades más diversas sin que el a u to r in c u ­
rra en co n tra d icció n . Vemos, de esta m a ­
nera, d e sfila r a M o rris, M a ckin to sch , H o rta ,
V a n de Velde, Berlage, O tto W a g n e r, Loos,
H o ffm a n , O lb rich, T on y G arnier, Perret,
Behrens, Poelzig e incluso al aislado G audí,
vinculados estrecham ente al origen y des­
a rro llo de las ciudades ja rdine s inglesas, de
la escuela holandesa, la Secesión vienesa o
la "D e u tsch e W e rk b u n d ", d entro de una
densa tra m a de interdependencias e in ­
flu e n cia s recíprocas.
El ca p ítu lo tercero, "L o s m aestros del pe­
ríodo ra c io n a lis ta ", está dedicado, fu n d a ­
m en ta lm e n te , al estudio de las fig u ra s de
Le Corbusier, Gropius, M ies van der Rohe,
Oud y M endelsohn. T a m b ié n se incluyen
varios m aestros menores, como los cla s ific a
con audacia el a u tor, y un " p o e ta " : el in ­
geniero suizo Robert M a illa rt. A q u í ya
hemos llegado a la "c ris is del racionalism o
en E uropa" que se e je m p lific a con las reac­
ciones en Rusia y A le m a n ia n a z i, la deca­
dencia francesa y, tra ta d o en extenso, el
caso ita lia n o .
A p a rtir de este punto tra ta , en los c a p ítu ­
los siguientes, el m ovim ie n to o rgánico en
Europa, las ideas en discusión y el a fia n ­
za m ien to de esta tendencia, que es consi­
derada como la "c o n tra p a rtid a de la crisis
im p líc ita en el propio sistema lin g ü ís tic o del
ra cio n a lism o ". Es fá c il prever que las f i ­
guras descollantes de estos capítulos serán
p rin cip a lm e n te G unnar A sp lu n d y A lv a r
A a lto .
La a rq u ite c tu ra norteam ericana es tra ta d a
específicam ente en los ca p ítulo s restantes,
aunque las co n tin ua s in flu e n c ia s recíprocas
respecto a la europea se ponen de relieve a
lo largo de todo el libro.
Esta parte del lib ro com ienza con un estu­
dio h istórico y psico-sociológico sobre las
condiciones am ericanas, para proseguir con
el a n álisis de Richardson, la escuela de
Chicago, y el fam oso S ullivan. Una parte
curiosa e interesante es la refe rid a a los
contem poráneos de Frank Lloyd W rig h t. Un
ca p ítu lo entero está dedicado a éste, que
es el cam peón de Z evi, y o tro a su in flu e n ­
cia en el e xte rio r, pero es necesario recono­
cer, aún no co m partiendo las opiniones del
a u to r, que se ha evita d o el c a rá cte r dem iú rg ico con que se presenta generalm ente
a este a rq u ite cto .
La " a rq u ite c tu ra m o d e rn a " en los Estados
Unidos y la "o rg á n ic a " en especial han sido
tra ta d a s con g ra n a m p litu d .
Un ca p ítu lo sobre " L a renovación de los
estudios históricos de a rq u ite c tu ra " que
hace e x p líc ito lo que está im p líc ito en
todo el libro, es decir el m étodo seguido por
Z evi, unos buenos índices y una copiosa y
ú til b ib lio g ra fía , cie rra n la obra que co­
mentam os.
Este es, a grandes trazos, el desarrollo de
la obro en cu a n to a los tem as que tra ta .
Un a n álisis más m inucioso lle va ría , por el
ca rá cte r polém ico y la c o n tin u a discusión en
que Z evi se empeña con otros críticos, en
especial Giedeon, a escribir una obra de igual
extensión que la c ritic a d a . Sin em bargo, son
m uchas las a firm a cio n e s discutibles, p a rti­
cu la rm e n te en lo que se refiere a sus con­
ceptos sobre la p in tu ra . Por o tra parte, no
siem pre resultan convincentes los a rg u m e n ­
tos con que pretende d e fin ir el "o rg a n ic is m o ". T am b ié n dism inuye el v a lo r c rític o de
la obra la tendencia a m ostrar ciertas fig u ­
ras en un aspecto " n e g a tiv o " , al c o n tra ­
ponerlas con las que gozan de sus p re fe ­
rencias; cosa que no ocurre cuando se
refiere específicam ente a alg u n a de ellas.
No obstante, pasando por a lto esta ca ra c ­
te rística , la contraposición co n tin u a de co­
rrientes y personas suprim e el c a rá cte r
estanco de cada ca p ítu lo y p erm ite obtener

41

�una visión sin té tica del proceso m un d ia l de
la a rq u ite c tu ra m oderna.
T a m b ié n representa un va lo r im p orta n te la
tesis general del libro, o sea: la denuncia
de la crisis del "ra c io n a lis m o " en la a rq u i­
te ctu ra y la necesidad de buscar otros c a m i­
nos que integren más factores al pla n tea r
la ecuación a rq u ite ctó n ica .
Sin em bargo, el énfasis puesto en la d ico to ­
mía ra cio n a l-o rg á n ico , hace pensar que la
crisis abarca los dos térm inos y que lo im ­
prescindible es p la n te a r una nueva p ro b le ­
m ática y no embanderarse en una " c o n tr a ­
p a rtid a " de un va lo r en crisis.
De a ceptar esta ú ltim a posib ilid a d , no se
está inm une de un "a p rio ris m o " orgánico
de carácter, sólo fo rm a lm en te d is tin to de
los racionalistas. Porque a pesar de las p ro ­
testas en co n tra , la m ayor parte de las obras
orgánicas m a n ifie sta n una retórica n a tu ra ­
lista o regionalista que incluye muchas re­
nuncias.
El pensar im p líc ita m e n te en térm inos de
" c o n tra p a rtid a " , conduce asim ism o, a a ch a ­
car constantem ente a los maestros europeos
sus "a bstra ccio n es ge o m é trica s" o "s o c io ­
ló g ic a s " y sus "c u b o s yu xta pu e sto s" m ie n ­
tras se exa lta el aspecto más "h u m a n o " de
W r ig h t y de la a rq u ite c tu ra orgánica. Esto
resulta bastante vago, Dorque ta n to W rig th
como Le C orbusier expresan valores h u m a ­
nos, pero la opción im p lica to m a r unos e le ­
m entos y d ejar otros.
Si hoy se puede m ira r más a llá de Le C or­
busier o Gropius, ta m b ié n ocurre lo mismo
con W rig h t, pues ta n to en uno como en
o tro caso, la le g itim id a d de las obras o in ­
tu iciones es refle'O de las respectivas p ro ­
blem áticas, y es en v irtu d de que éstas no
pueden hoy servirnos en bloque, que se
hace necesario transcenderlas.
De todo lo antedicho se puede deducir que
el lib ro de Z evi no es una " h is to r ia " , en el
sentido convencional del té rm in o , y que
Z evi no pretende solo v e rific a r una s itu a ­
ción, sino lle va r la h isto rio g ra fía y la a r­
q u ite c tu ra m oderna en una dirección de­
te rm in a d a . En este sentido, esta obra es
un instru m e n to más en la lucha por la nue­
va a rq u ite c tu ra y, a pesar del tono un ta n to
d e cla m a to rio , está escrita con un gran am or
por ella y por sus héroes.
La vida que se a g ita en esta obra, p e rce p ti­
ble en su lectura, se explica por las p a la ­
bras del propio Z e v i: " . . . se debe in sistir
en el hecho de aue los historiadores, si son
au tén tico s historiadores, y no cronistas, fr ía ­
m ente objetivos, anónim os autores de in ­
ventarios, viven con los poetas del pasado
y del presente, p a lp ita n con ellos, p a rtic i­
pan en las contiendas del a 'te . Se com pro­
m eten respecto al presente tom ando p a rtid o
no sólo sobre los hechos de la hora, sino
ta m b ié n sobre los hechos del pasado".
H. B.

Wilhelm Worringer: "Problemática deí
arte contemporáneo". Nueva Visión,
Buenos Aires, 1955.
En "P ro b le m á tic a del arte co n tem p o rá n e o ",
W ilh e lm W o rrin g e r a n a liza las c a ra cte rísti­
cas de dos a ctitu de s estéticas, recíproca­
m ente c o n tra d icto rias, y p u n tu a liz a sus re­
laciones con el proceso de la creación plás­
tica y el m undo social contem poráneo. Su
propósito no es exponer un in q u e bra n ta ble
p u n to de vista, sino llegar a com prender las
dos opiniones en pu g na : A rte del público
y a rte de artistas, arte de profanos y arte
de peritos. W o rrin g e r ofrece dos e xp lica cio ­
nes del arte contem poráneo cuyo carácter
im perioso e inexorable deriva del único y
sólo hecho de que, independientem ente los
unos de los otros, a rtis ta s de todo el m undo
se sintieron, de pronto, im pelidos hacia una
ru p tu ra con toda sujeción a los modelos de
la na tura le za .
La prim era de esas explicaciones se fu n da
en e l hecho de que, después de muchos si­

42

glos de una hegemonía de la n a tu ra le za en
el arte que ya se ha tornado obvia, nueva­
mente es el espíritu el que anuncia sus
pretensiones supranaturales.
Pero para
quien le resulte inadecuada la u tiliz a c ió n
de la palabra " e s p ír itu " , en relación con
estas cosas ta n secularizadas desde tiem po
atrás, W o rrin g e r presenta o tra e xp lica ció n :
recuerda la fro n te ra c a rd in a l que existe en­
tre el arte de a rtista s y el arte del público.
Es la relación fu n da m e n talm e n te d is tin ta
que, en uno y en otro, se da con respecto
a los medios expresivos con los cuales ope­
ran las artes plásticas. M ie n tra s en el
a ctu al arte de artistas, esos m edios se han
convertido en elem entos p rim ordiales y
co n stitucion a lm e n te determ inantes de su
m etódica pla sm a tiva , en el arte del p ú b li­
co, esos medios sólo se m a n ifie sta n en su
form a aplicada, subordinados a la fin a lid a d
p rin cip a l de la captación reproductiva de
la na tura le za .
W o rrin g e r se niega a a ceptar el palabreo
transaccional a que nuestro corazón socia l­
m ente sensible pudiera inclinarnos. Esta­
mos fre n te a un divo rcio insalvable, fundado
en una inconm ovible d ife re n cia de posicio­
nes básicas fren te al sentido m ismo de la
plasm ación a rtística . N uestro tie m p o exige
una conciencia, y sólo una m endacidad ro­
m án tica puede p o s ib ilita r lo im posible, co n ­
c ilia r aparentem ente lo inco n cilia b le . Esta
a c titu d no le im pide, sin em bargo •— in d i­
cio de una conciencia que no se to le ra a
sí misma las engañosas sim p lifica cio ne s del
énfasis polém ico— , a d m itir la ca lid a d a r­
tística de m uchas m anifestaciones p ro d u ci­
das por los especialistas de la sensorialidad
óptica, y que cuentan con el aplauso del
público. Pero es sólo un a rte ; no es el
arte. El arte, a fin de cuentas, no em ana
de la evidencia de un poder, sino que surge
de un querer. Y el querer de quienes poseen
hoy una nueva conciencia del lenguaje a r­
tístico, im periosam ente im puesta, no es la
representación de la n a tu ra le za , sino la
creación de un sentido. " E l arte como m e­
dio para d irim ir el m undo fre n te al arte
como m edio para d ir im ir la n a tu ra le z a ",
csí resume W ilh e lm W o rrin g e r la pro b le m á ­
tica del arte contem poráneo en este lib ro de
interés excepcional.
E. B.

Lionello Venturi: "Cómo se mira un
cuadro. De Giotto a Chagall". Losa­
da, Buenos Aires, 1954.
Dentro del co n ju n to de las m anifestaciones
críticas, tendientes a a lca n za r los fu n d a ­
m entos de la vivencia estética, la produc­
ción de L io nello V e n tu ri ocupa un lugar
preponderante. En diversos trabajos, V e n ­
tu ri se ha dedicado, en efecto, a d ilu c id a r
los caracteres esenciales del proceso per­
ceptivo de la obra de a rte , procurando de­
fin ir en qué situación ha de colocarse el
espectador ante cada obra y cuáles son los
factores in tu itiv o s , conceptuales y de e x­
periencia que intervienen en la percepción
estética.
Esa preocupación crítica ha o rigina d o asi­
mismo el lib ro del epígrafe, donde el autor,
que ha procurado servirse en esta o p o rtu ­
nidad de un lenguaje lo menos técnico po­
sible, a n a liz a numerosas p in tu ra s, tra ta n d o
de p ro p orcionar al lector, más que una in ­
form ación, una guía de percepción. Nada
más alejado, sin em bargo, del m étodo y
del propósito de V e n tu ri que una a c titu d
n o rm a tiva . En nin g ú n m om ento enuncia
reglas rígidas que pudieran crear la im ­
presión de que existe un m étodo un ifo rm e ,
a p licable a todos los casos, para aprehen­
der correctam ente los valores pictóricos. Su
p rin cip a l preocupación consiste, precisa­
m ente, en destacar el ca rá cte r a b so lu ta ­
m ente sin g u la r del proceso creador de cada
p in tu ra a n a liza d a.

Su p u n to de p a rtid a es la crític a del co n ­
cepto de " g u s to " , en que suelen fundarse
m uchas apreciaciones estéticas. Aunque los
"g u s to s " personales son siempre a rb itra rio s,
no pueden, sin em bargo, ser evitados en la
fo rm a ció n de un ju ic io a rtístico . Una lin ­
da m uchacha de Renoir gustará más a m u ­
cha gente que un rudo cam pesino de Cézanne. Pero m uchas personas, a pesar de
su preferencia por Renoir, a d m itirá n no sólo
que el rudo cam pesino de Cézanne m ere­
ce atención, sino ta m b ié n que hay algo en
el cuadro del cam pesino que no existe en
la p in tu ra de Renoir. Es entonces cuando
se a d ve rtirá que, si bien las cualidades de
ambas p in tu ra s pueden ser d iferentes (una,
más a tra ye n te ; la o tra , m e n o s ), ambas po­
seen, no obstante, su cu a lid a d . Es una cu a ­
lidad que no depende del gusto o disgusto
que pueda provocar en el espectador, sino
de la obra m ism a. Es una cu a lid a d o b je ti­
va, una cu a lid a d en sí m ism a, y esta c u a li­
dad se llam a arte. En ese m om ento uno
cesa de dejarse d o m in a r por una pre fe re n ­
cia a rb itra ria y penetra en el terreno de la
crític a de arte.
A d ife re n cia de lo que ocurre con los gus­
tos personales, una crítica de arte puede
ser acertada o errónea, pues se basa en la
cu a lid a d o b je tiva de una obra. Es la sen­
s ib ilid a d a rtística la que pe rm ite ascender
desde la prim era im presión, basada en una
preferencia in d iv id u a l, hasta la c rític a de
arte. Esa sensibilidad es la consecuencia de
diversos factores y procesos: la observación
de muchos cuadros, la com paración de los
propios ju icios con los de otras personas,
tra ta n d o de com prender por qué están de
acuerdo o no lo están. Adem ás, puesto que
la vid a y la n a tura le za están más o menos
presentes en la p in tu ra , quienes poseen una
a m p lia experiencia de la vida y de la n a ­
tu ra le za están m ejor equipados para com ­
prender qué es el arte. Y , fin a lm e n te , la
form a de la sensibilidad m isma es siem ­
pre vaga, de m anera que cuando sus con­
tornos se definen, la sensibilidad se tra n s ­
fo rm a en ideas. Entonces, nuevos im pulsos
de sensibilidad se extienden más a llá de
estas ideas, dando n a cim ien to a nuevas
ideas, y así sucesivamente. Sin ideas, la
sensibilidad no puede desarrollarse y r e fi­
narse, pero nin g ú n ju ic io a rtís tic o es posi­
ble con ideas solamente. La acción recípro­
ca de la sensibilidad y de las ideas es esen­
cia l para la c u ltu ra artística .
La c u ltu ra a rtística sólo puede lograr una
buena com prensión del arte cuando existe
un e q u ilib rio entre la sensibilidad y las
ideas. C uando predom ina la sensibilidad,
la com prensión perm anece vaga e incohe­
rente, pues está sujeta a los im pulsos del
m om ento. Entonces lo eventual prevalece
sobre lo eterno. Cuando predom inan las
¡deas y la sensibilidad se subordina a las
reglas, que son dem asiado rígidas, lo que
se pierde es la visión de la realidad misma.
Pasa revista seguidam ente a diversas a c ti­
tudes erróneas fre n te a la p in tu ra , o rig in a ­
das en una sobrestim ación de algunos fa c ­
tores de cu ltu ra a rtística y en el descuido
de otros. A n a liz a así diversos sistemas de
crítica fundados, exclusivam ente, en la e ru ­
d ición h istó rica , en la m em oria y la im a ­
gin a ció n lite ra ria s, en el sentido de la be­
lleza, (lo que es belleza para Hom ero no
lo es para Shakespeare, lo que es belleza
para Rafael no lo es para Cézanne o V an
G o g h ), en el d o m in io de los elem entos té c ­
nicos de la p in tu ra (no existe ta l cosa co­
mo " l a " técnica de la p in tu ra . Hay m u ­
chos tipos de técnica de la p in tu ra ; el n ú ­
mero es casi in f in it o ! , en la narración del
tem a del cuadro, en el estudio de los esen­
ciales elem entos visuales en base a m éto ­
dos científicos.
V e n tu ri expone fin a lm e n te su propio punto
de vista, el cual le sirve para estudiar des­
de d entro casi cincuenta p in tu ra s. El con­
te n id o es la fo rm a "c o m o " se ha concebí-

�do el tem a. Cuando uno habla de cómo se
ha concebido algo, se habla realm ente de
la fo rm a . Así, pues, el contenido y la fo r ­
ma están id e n tifica do s. Los detalles, la lí­
nea, la p la sticid a d , el color, que m ucha
gente conoce como fo rm a , se suelen ju z g a r
por sí mismos, ponderando lo m uy plástico,
lo e q u ilib ra d o , la subordinación de los co­
lores al relieve, etcétera. Debe señalarse,
sin em barqo, que nin g u no de estos detalles
visuales co n stituye un va lo r por sí mismo.
Los valores plásticos no existen. Lo que
existe es una relación entre la p la sticid a d y
la im a g in a ció n del p in to r que la crea. Si la
p la sticid a d creada corresponde a la im a g i­
nación del p in to r, esto sig n ific a que su im a ­
gen se ha rea lizad o en p la sticid a d . La
p la sticid a d , como todos los tipos de repre­
sentación, es un sím bolo de un va lo r que
deberá encontrarse en la propia im a g in a ­
ción del p in to r.
El tem a puede tener un va lo r in te le ctu a l,
m oral o económ ico, pero no a rtístico hasta
que haya sido tran sfo rm a d o por la im a g i­
nación del a rtis ta . Un contenido puede po­
seer un v a lo r s e n tim e n ta l, mas no artístico ,
hasta que la im a gina ció n del a rtis ta lo
realice en una fo rm a in d iv id u a l. Una lí­
nea, una p la sticid a d , una arm onía de co lo ­
res, sólo poseen v a lo r técnico hasta que la
im a gina ció n del a rtis ta les im p rim e su p a ­
sión, su contenido in d iv id u a 1.
El sistema de c ritic a u tiliz a d o por V e n tu ri
deja de lado c u a lq u ie r norm a de ju ic io co ­
mo no sea la que se d eriva de la persona­
lidad del a rtis ta . Esto no s ig n ifica que des­
conozca c u a lq u ie r norm a o b je tiva . La p e r­
sonalidad del a rtis ta es o b je tiva si sabe­
mos in te rp re ta rlo y com prenderlo; así, si
penetram os en su estado de ánim o, podre­
mos seguir su proceso de crea ció n : la lu ­
cha de su im a gina ció n con sus ideas, su
sentido m oral y su té cn ica , con el objeto
de a lc a n z a r su unidad de fo rm a y de con­
tenido.
Si deseamos entender un poema de Baudelaire, lo prim ero que debemos hacer es
aprender el idiom a francés. Pero aun esto
no es su ficie n te . Debemos aprender ta m ­
bién el lenguaje personal de B audelaire si
deseamos com prenderlo. El p in to r ta m b ié n
posee su propio lenguaje, que está fo rm a ­
do por una fu sió n personal de líneas, fo r ­
mas y colores. Tenem os que aprender es­
te lenguaje y saber por qué es s im ila r o d i­
fe re n te del lenguaje de los demás pintores.
Una com prensión p ropia de la fusión de
m uchas líneas, form as y colores es nece­
saria si deseamos com prender aunque sea
un solo cuadro. T a l com prensión es lo
que se conoce como cu ltu ra en p in tu ra .
Pero para d e c id ir si un cuadro es o no una
obra de a rte no basta esa cu ltu ra . Ella
podrá decirnos si la expresión considerada
es o no s im ila r a otras. Pero considerar
una p in tu ra o m uchas p in tu ra s como una
regla de ju ic io para todas las demás, sig ­
n ific a no reconocer n in g u na nueva norm a
a firm a d a por una nueva personalidad a rtís ­
tic a . C uando la c u ltu ra en p in tu ra no nos
es su ficie n te , debemos re cu rrir a toda lo
c u ltu ra del hom bre, lo que sig n ific a que
para ju z g a r si una p in tu ra es o no una
obra de arte, uno debe tener por lo menos
un in d ic io de todas las actividades h u m a ­
nas antes de d e cid ir si, en lu g a r de ser una
obra de arte, co n stituye una dem ostración
c ie n tífic a , un sermón m oral o religioso, o
un program a p rá ctico de acción p o lítica , so­
cia l o económ ica, d isfra za d o de arte.
La verdad es que para ju z g a r una p in tu ra
hemos de poner a c o n trib u ció n ta n to nues­
tro sentido a rtístico , nacido de una c u ltu ­
ra p ictó rica , como nuestros conocim ientos y
experiencia, nacidos de una a c tiv id a d en
muchos órdenes vitales. Esta a c titu d pue­
de p e rm itirn o s com prender y apreciar la
relación ín tim a que existe en tre las líneas,
las form as, los colores que vemos en e l.c u a ­
dro y el se n tim ie n to y la im a gina ció n del
a rtis ta , que no vemos, pero que podemos

p e rcib ir y reco n stru ir m ediante nuestro sen­
tim ie n to e im a gina ció n . Y como el descu­
b rim ie n to de esa relación co n stituye uno
de los o b jetivos perseguidos en todo p ro ­
ceso de percepción y de ju ic io estéticos,
podemos a firm a r que es ésa la m ejor m a ­
nera de ju zg a r.
Sin técnica no sería posible la p in tu ra . Pe­
ro con técnica sola no tendrem os arte. La
técnica es una a c tivid a d p rá ctica , un m e­
dio de a lca n za r un fin , de lo g ra r arte. Por
lo ta n to , no podemos ju z g a r una obra de
arte sobre la base de su técnica.
Hay buena y m ala técnica. La buena es
la apropiada para la visión y el ideal del
a rtis ta . La m ala, la que oprim e la visión
y el ideal del a rtis ta . Esto ocurre cuando
el p in to r prefiere ser un técnico, un v irtu o ­
so, más bien que un a rtista . M eissonier y
Bouguereau son buenos ejem plos de este
fracaso.
Es m uy probable que no hava e xistido p in ­
to r que no se haya a iustado a una u otra
teoría, puesto que la co n trib u ció n del in ­
telecto a la p in tu ra es una condición nece­
saria del arte. Pero como la técnica, una
teoría es buena o m ala sólo hasta donde es
de ayuda o constituye un obstáculo para la
lib re expresión del se n tim ie n to y el desarro­
llo libre de la im a gina ció n . La teoría de
Piero d ella Francesco era la espacialidad;
la de Renoir, la irre g u la rid a d . Sus teorías
no podían ser más antanónicas. Pero resul­
ta ro n de u tilid a d para Piero d ella Frances­
co y Renoir en la creación de sus obras
maestras.
El problem a de la teoría en el arte guarda
relación con el probiem a del con o cim ie n ­
to en general. Es evidente que el a rte con­
trib u ye al conocim iento de la hum anidad.
De lo co n tra rio , sería un jueao in ú til. Pe­
ro la d ific u lta d estriba en e sp e cifica r qué
clase de conocim iento es. Es d ife re n te del
conocim iento c ie n tífic o y del m ístico. El co­
no cim ien to c ie n tífic o tra ta de tipos y de
categorías, de generalizaciones encauzadas
hacia el enfoque de la verdad universal.
El conocim iento m ístico salta a la verdad
universal sin m olestarse en v e rific a r su pro­
ceso. El conocim iento a rtístico es esencial­
m ente in d iv id u a l, pero incluye el universal.
De aquí que se deba tener presente, en
c u a lq u ie r crítica de arte, la exigencia de
h a lla r en cada p in tu ra considerada la re­
lación entre un s ig n ifica d o in d iv id u a l y una
in fe re n cia universal.
Hay m uchos ideales en p in tu ra . Esos idea­
les condicionan la fo rm a de las obras, en
cuya producción han in tervenido. Pero
m ientras todos los ideales pueden ser ú ti­
les para lograr una fo rm a a rtística , n in g u ­
no de ellos es m ejor o peor que otro. En
realidad, todo depende del poder creador
del a rtis ta para lograr su rea lización .
El o b je to de aprobación o desaprobación
en un cuadro no es la realidad ni el con­
tenido, el ideal o la form a de la p in tu ra .
Lo que debe ser o b je to de nuestra atención
es la personalidad del p in to r, su h a b ilid a d
para expresar c u a lq u ie r contenido, siempre
que sea el suyo propio, a través de cu a l­
q u ie r fo rm a , siem pre que ta m b ié n sea la
suya.
La reconstrucción de la personalidad del
a rtis ta nos p e rm itirá a p re cia r el ca rá cte r y
el v a lo r de su expresión, nos p e rm itirá
apreciar, en suma, si m uestra esa coheren­
cia de la im a gina ció n , que en a rte es la
cu a lid a d paralela a la lógica en la ciencia.
En su examen de diversas p in tu ra s, V e n tu ­
ri procura reducir todos los com oonentes de
cada obra de a rte a la condición de re la ­
tiv id a d , trascendiendo así las preferencias
a rb itra ria s de los individuos, las modas y
las civiliza cio n e s.
Su propósito es lle g a r a esclarecer qué de­
be entenderse por absoluto en arte. Se
tra ta de un absoluto que sólo puede ha ­
llarse en lo in d iv id u a l, en la personalidad
del a rtis ta . De m anera que c u a lq u ie r obra
de arte contiene la esencia de todo arte.

Y esto es lo esencial de toda creación a r­
tís tic a : el poder de id e n tific a r lo in d iv id u a l
con lo universal.
E. B.

J. C. Paz: "Introducción a la músi­
ca de nuestro tiem p o ." Nueva V i­
sión, Buenos A ires, 1 95 5.
A l a n a liz a r el panoram a m usical de nuestro
siglo, los historiadores de la música han
adoptado en general dos actitu de s opuestas.
Por un lado se sitúan aquellos que, sin
desconocer la existencia de verdaderos v a ­
lores creadores entre los músicos c o n te m ­
poráneos, consideran que la música a tra v ie ­
sa hoy un período de crisis. Por el otro,
los que a firm a n que los ú ltim o s cin cu e n ta
años constituyen uno de los períodos más
ricos y fecundos en la h isto ria de la música.
Para los prim eros, la música está ligada
indisolublem ente al concepto de to n a lid a d ,
entendida no solam ente en el a s o e 'to a rm ó ­
nico, sino ta m b ié n en el de la fo rm a , la
m elodía y el ritm o . Consideran — dentro
de las tendencias m usicales que han supe­
rado la to n a lid a d y buscan otros elementos
con qué s u p la n ta rla — como las más vale^
deras aquellas que, sin em bargo, más e le ­
m entos comunes conservan con lo que se
tra ta de reem olazar. Estos críticos, al con­
fu n d ir un sistema de com posición con la
esencia m ism a de esa com posición, deno­
m in aro n crisis de la música c o n tem p o rá ­
nea a lo aue era solam ente una crisis de
la to n a lid a d , v vieron en com positores como
H in d e m ith , Straw insky o Honegger, p ro p iciadores de soluciones parciales y de re to r­
nos a form as del pasado, a las fig u ra s más
destacadas del período post-debussysta.
La otra tendencia — en la que J. C. Paz
ocupa un lu g a r destacado— considera que
la to n a lid a d , den tro del co n tin ua d o devenir
de la m úsica, constituye un sistema que ha
agotado ya todas sus posibilidades de e x ­
presión. Las corrientes m usicales más reno­
vadoras serán, en consecuencia, aquellas
que puedan ofrecer nuevas y au tén tica s
soluciones al problem a de la su stitu ció n de
la to n a lid a d y aue se concretarán en torno
a la fig u ra de A rn o ld Schónberq y sus dis­
cípulos de la escue'a vie -esa . A la música
que producirán estas tendencias Paz la de ­
nom ina "n u e v a m ú sica " y la d efine como la
que apo rta l 1?) planteos probiem áticos, 2 ° )
elementos nara resolverlos, 31?) soluciones,
4?) incitaciones para la creación.
Para d e fin ir su a c titu d el a u to r parte de
un análisis de la situación de la música a
com ienzos del siglo, cuando el elem ento
crom á tico que había in icia d o ya con los
prim eros rom ánticos el proceso desintegrador
de las leves tonales, desoués del aporte de ­
cisivo de W a g n e r y sus continuadores — Reger, M a h le r, Strauss— , pondrá en crisis un
sistema que había e xistido desde la época
de Rameau. Debussy — enfocado como un
renovador en el cam po arm ónico y como
buscador y e sta b iliza d o r de form as— , Ravel, Roussel, S kria b in , son estudiados no
sólo como representantes de las ú ltim a s
etapas de este proceso, sino en su proyec­
ción hacia el fu tu ro , como los que senta­
rán las bases de un nuevo período — aun
sin d e fin ir— de la histo ria de la música.
El aporte teórico de los checos — Janaceck,
N ovak, Skuhersky, O strcil— , las a n tic ip a ­
ciones p ro fé tica s de Busoni, el aporte in d i­
v id u a l de S kria b in y de Hauer, esbozan ya
dos soluciones que posteriorm ente se adop­
ta rá n fre n te al problem a de la sustituc.ón
de la to n a lid a d : el dodecafonism o, que hará
un uso in te g ra l de los doce grados de la
escala cro m á tica , y el m icro to n a lism o, que
u tiliz a rá los m edios, tercios y sextos de tono.
En A rn o ld Schónberg, fig u ra c a p ita l de este
p rim e r m ovim ie n to , puede resumirse la evo­
lución de todo un ciclo m usical. Partiendo
de un u ltra cro m a tism o de espíritu y letra
w agnerianos, se convierte en uno de los

43

�creadores más fecundos del expresionism o
m usical d u ra n te su período atonal.
M ás adelante, en la búsqueda de nuevos re­
cursos de unid a d y fo rm a , se desarrolla su
p rin c ip a l etapa, de o rg a n iza ció n y concre­
ción de lo a d q u irid o : la de la creación de
la serie dodecafónica. De sus discípulos,
Berg- llevará el expresionism o a un grado de
exasperación extrem a en sus dos óperas;
W e b e rn creará un lenguaje especialísim o,
de e x tra o rd in a ria riqueza, en el que des­
a rro lla rá una ap lica ció n rigurosa del p rin ­
cip io serial. Los otros dodecafonistas, se­
ñalados por el a u to r, pertenecen en su m a ­
yoría a la segunda generación de d iscíp u ­
los de Schónberg y a los que en la A rg e n ­
tin a han form ado parte de esta tendencia.
La "n u e v a o b je tiv id a d " se sitúa en una
posición fu n d a m e n ta lm e n te opuesta a la
tendencia expresionista. En esta reacción
c o n tra el c lim a exasperado y pesim ista del
expresionism o, la "n u e v a o b j e t i v i d a d "
a p o rta rá elem entos positivos: la creación de
un tip o de m úsica que busca la pura o b je tiv iz a c ió n sonora, despojada de toda f ilia ­
ción lite ra ria o s e n tim e n ta l. Pero los p ro ­
cedim ientos u tiliz a d o s no siem pre fueron
le g ítim o s : no se crearon en realidad n ue­
vas form as para co n cre ta r esa buscada obje tiv iz a c ió n (com o fu é el caso de W e b e rn ),
sino que se recurrió a esquemas arm ónicos
y form ales del pasado, ya considerablem en­
te superados. Por eso, la "n u e v a o b je tiv i­
d a d " p rodujo en algunos casos obras de
creación e x tra o rd in a ria s , pero casi todos los
músicos adscriptos a esta tendencia — S traw insky, M ilh a u d , Krenek, Honneger, B artók,
P ro k o fie ff, W e ill— desembocaron fin a lm e n ­
te en una posición fo rm a lista y académ ica.
A co n tin u a ció n de la música de " é lit e " el
a u to r estudia las corrientes que c a lific a co­
mo música de masas. A esta tendencia per­
tenecen los m ovim ientos populistas de C he­
coeslovaquia — cim entados en una rica
tra d ic ió n teórica y m usical— que d e riva rá n
en el ate m a tism o y el m icro to n a lism o; los
de la U nión Soviética, que el a u to r define
como " a rte d irig id o con p re fijo p o lític o s o c ia l" y de los Estados Unidos, "co a cció n
con p re fijo m o ra l-s o c ia l". Como caso p a r ti­
cu la r, se presenta la escuela de L ju b jlu a n a ,
de Slavko O sterc y sus discípulos.
Paz a n a liz a a c o n tin ua ció n las corrientes
cuyo desarrollo no ha llegado aún a una
cu lm in a ció n , y cuyas posibilidades aun no
han sido to ta lm e n te exp lo tad a s: el m ic ro ­
to n alism o de C a rrillo , Haba, O bouhow y
W isch n e g ra d sky — búsqueda de una sín te ­
sis entre O riente y O ccidente— ; las m ú si­
cas experim entales y a base de sonidos in ­
determ inados de Varése, Cage, T herem in,
P artch; las nuevas realizaciones en el c a m ­
po de la rítm ica que encuentran en M essiaen su propulsor más e fic a z y, fin a lm e n te ,
la música concreta y la música electrónica,
que abren cam inos insospechados al porve­
n ir de la música o ccidental.
Conocida es la posición del a u to r en lo que
respecta a la creación m usical en nuestro
c o n tin en te . Paz resume con c la rid a d sus
c rítica s hacia la posición localista y fo lk lo ­
rista, que ta n to a rra ig o tiene entre los m ú ­
sicos de L a tin oa m é rica, y encara a c o n ti­
nuación el estudio de las más destacadas
personalidades que ha producido la música
estadounidense: Ruggles, Riegger, Sessions,
Pistón, Ives, C opland, etc. F in a liza el lib ro
con un breve resumen sobre la m úsica e u ro ­
pea a p a rtir de 1945.
A travé s de estas páginas, el contacto real
que, como m úsico, ha te n id o Paz con las
obras que com enta, confiere a su análisis
una c la rid a d y justeza ejem plares. Presen­
ta r de m anera coherente el panoram a d isí­
m il que ofrece la música de nuestro siglo
era una tarea d ifíc il que el a u to r ha sabido
lle v a r a cabo. Y es en esa búsqueda de la
"n u e v a m ú s ic a ", en el propósito de s in te ti­
z a r los elementos positivos y genuinos que
com ponen la esencia de la m úsica co n tem ­
poránea y proyectarlos hacia el fu tu ro , d o n ­
de reside el m ayor m érito de esta obra.

44

En el ciclo que se ha ce irad o con la p ri­
mera m ita d del siglo, el dodecafonism o
cuenta como la m áxim a expresión m usical.
Las prem isas para la música del fu tu ro ya
han sido planteadas y sobre ellas podrá
desarrollarse la música en lo que resta del
siglo. " V iv im o s la proyección hacia un
nuevo estilo, hacia posibilidades in é d ita s:
la a ve n tu ra está a nuestro alcance, y con
ella los m il riesgos que la hacen digna de
ser e m p re n d id a ".
J. G.

H erb e rt Read: "El s ig n ifica d o del
arte". Losada, Buenos Aires, 1954.
M e d ia n te una serie de deslindes sucesivos,
H e rbe rt Read se ap lica en este lib ro a la
ta re a de ir desechando aquellos factores
que son ajenos a la a c tiv id a d estética, aun
cuando aparezcan entrem ezclados con la
obra de arte. Busca por esta vía d e te rm i­
nar los elem entos que en rig or c o n s titu ­
yen la m ate ria del arte.
In icia su estudio señalando que el sentido
de belleza, esa deleitosa sensación provoca­
da por ciertos aspectos en la proporción de
la fo rm a , la superficie y la masa de las co­
sas, no guarda una necesaria relación con
el arte, ya que se tra ta m eram ente de una
sensación física. En cu a n to al concepto
de belleza resulta, en verdad, de una lim i­
ta d a sig n ifica ció n h istó rica . Nace en la
a n tig u a Grecia y es fru to de una especial
filo so fía de vida. T a l vez como ideal sea
ta n bueno como c u a lq u ie r o tro ; pero de­
bemos pensar que es sólo uno entre varios
ideales posibles. D ifie re del ideal b iz a n ti­
no que era más bien una e xpiación, una e x ­
presión de te m o r ante un m undo im o la ca ble y m isterioso. Y d ifie re ta m b ié n del
ideal o rie n ta l, que es a bstracto, inhum ano,
m etafísico, más in s tin tiv o que in te le ctu a l.
Incurrirem os, por lo ta n to , en falsedad v e r­
bal si pretendem os que a una A fro d ita g rie ­
ga, a una virgen b iz a n tin a y a un ídolo
salvaje de Nueva Guinea o de la Costa de
M a r fil pueden corresponderles sin excep­
ción este concepto clásico de belleza. Y,
sin em bargo, feos o hermosos, todos estos
objetos pueden considerarse leg ítim a m e n te
como obras de arte.
No es, entonces, el a rte la expresión en
fo rm a p lá stica de n in g ú n ideal d e te rm in a ­
do. Es la expresión de c u a lq u ie r ideal que
el a rtis ta llegue a re a liz a r en fo rm a p lá s ti­
ca. A h o ra bien, la a c tiv id a d a rtística se
cum ple en hombres vivos, y está sujeta a
todas las corrientes encontradas de la vida.
Read reconoce tres grados en esa a c tiv id a d :
1°, la m era percepción de las cualidades
m ateriales — colores, sonidos, gestos y otras
m uchas reacciones físicas com plejas e in d e ­
fin id a s ; 2? el arreglo u ord e n a m ie nto de
tales percepciones en form as agradables.
Estos dos prim eros procesos están c o n d icio ­
nados por el sentido estético. Estamos t o ­
davía en el nivel de una experiencia p e r­
ceptiva. Pero puede haber un te rce r grado
que se a lca n za cuando una com binación
de esas percepciones corresponde a un es­
tado previo de emoción o se n tim ie n to . Es
el grado de la expresión, el grado del arte
p ro piam ente dicho.
Para Read la expresión tiene un ca rá cte r
activo y va ria b le , pues es el conocim iento
levantado por el hom bre sobre sus im p re sio ­
nes sensibles. La sensibilidad estética es,
por el co n tra rio , el elem ento perm anente y
estático. A m bos coadyudan en la p ro d u c­
ción de la fo rm a . A u n q u e puede analizarse
la fo rm a en térm inos in te le ctua le s como
m edida, e q u ilib rio , ritm o y arm onía, en
realidad es in tu itiv a en su o rig e n : en la
p rá ctica real del a rtis ta no resulta un p ro ­
ducto in te le c tu a l. Es más bien em oción e n ­
cam inada y d e fin id a , y cuando describim os
el arte como " v o lu n ta d cre a d o ra " no im a ­
ginam os sólo una a c tiv id a d in te le ctu a l, s i­

no, más bien, una e xclusivam ente in s tin ­
tiv a . Por lo ta n to , Read no encuentra otro
modo de ju z g a r la fo rm a si no es por el
propio in stin to que la crea.
De co n form id a d con este c rite rio , pasa a
a n a liz a r la sección de oro y otras norm as
geom étricas, a las cuales parecen ajustarse
m uchas obras de arte. Estudia luego d i­
versos aspectos de la producción a rtística ,
tales como la distorsión, el d ib u jo , el e le ­
m ento personal, el contenido y los valores
psicológicos de la obra. A n te cada p ro ­
blem a planteado, Read procura esclarecer
el verdadero c a rá cte r de los elem entos en
juego. Por ejem plo, en el a n álisis del re­
tra to d ife re n cia aquellas obras que poseen
un va lo r de docum ento psicológico de a que­
llas otras que presentan valores estéticos.
En las postrim erías de la p rim e ra p a rte del
lib ro , se d ilu cid a n los caracteres y la im p o r­
ta n cia de la línea, el tono y la fo rm a de
una obra de arte.
En la segunda parte del lib ro , fie l a su p ro ­
pósito de d e te rm in a r las razones de a tra c ­
ción y de v a lo r de las obras y los estilos,
pasa revista a casi todos los períodos de la
h isto ria del a rte , dedicando notas especia­
les a G ainsborough, Blake, T u rn e r, Cons­
ta b le , D elacroix, Renoir, Cézanne, V an
Gogh, G auguin, H enri Rousseau, Picasso,
C h a g a ll, Paul Klee, M a x Ernst, Salvador
D ali y H enry M oore. En algunos casos el
le cto r podrá d is e n tir con respecto a las con­
clusiones de sus análisis, pero es in co n testa ­
ble la p e rtin e n cia de su p u n to de vista. Por
o tra p a rte , se e xp lica la fa lta de referencias
a las ú ltim a s m anifestaciones prácticas y
teóricas del arte contem poráneo, por cu a n ­
to la p rim era edición inglesa de " E l s ig n ifi­
cado del a r te " data del año 1931.
En la tercera parte, se enfoca el proceso
del a rte desde el p u n to de vista del crea ­
dor.
Com ienza destacando la s im ilitu d
existe n te e ntre las teorías estéticas de
T olsto i y de W o rdsw orth . T a n to uno como
o tro insisten en la perfecta co m u n ica b ilid a d
e in te lig ib ilid a d de la obra de arte. La frase
de W o rdsw orth , " u n hom bre hab la nd o a los
h o m b re s", es la descripción perfecta del
a rtis ta ideal de T o lsto i, y la apología de
W o rdsw orth de una dicción poética basada
en " e l lenguaje com ún de los hom bres"
encuentra eco repetidas veces en el ensayo
de T olsto i. Reseña luego el p u n to de vista
de M atisse. Encuentra una g ra n c o rre la ­
ción entre T olsto i y M atisse. La dife re n cia
puede lim ita rse a una p a la b ra : c o m u n ic a ­
ción. T olstoi reclam a que el a rtis ta no sólo
consiga expresar sus sentim ientos, sino ta m ­
bién que los tra n sm ita . Y aq u í encuentra
Read el origen del e rro r que ha p re cip ita d o
a T olsto i en ta n ta s d ific u lta d e s . Porque si
se pone al a rtis ta y sus sentim ientos por
una parte, ¿a 'q u ié n ', por la o tra , debe él
tra n s m itir ese sentim iento? T o ls to i, n a tu ra l­
m ente, decide que a todos los hombres. Y
si es a todos los hombres, entonces, el arte
debe ser ta n in te lig ib le que el cam pesino
más sencillo pueda apreciarlo. Adiós, pues,
de hecho, a casi todo, excepto las historias
de la B ib lia, leyendas y canciones fo lk ló r i­
cas, Unele T om 's ca b in y A C hristm as C arol. Para salvar esta lim ita c ió n , Read echa
m ano a las ideas de M atisse y a firm a que
la fu n ció n del arte no es tra n s m itir 's e n ti­
m ie n to ' para que los demás puedan e xp e ri­
m en ta r el m ismo 's e n tim ie n to '. Esa es sólo
fu n c ió n de las form as vulgares de a rte . La
verdadera fu n ció n del a rte es expresar 's e n ­
tim ie n to ' y tra n s m itir 'co m p re nsión '. No
hay id e n tid a d e ntre la em oción e xp e rim e n ­
ta d a por el a rtis ta al crear su obra y la
que nosotros experim entam os al c o n te m ­
p la rla . La obra de arte o rg a n iza nuestra
emoción.
Resuelve
nuestros
problem as
em ocionales en el sentido de la catarsis
a risto té lica . Y ésta es la causa por la cual
el arte es más s ig n ific a tiv o que la econo­
m ía o la filo s o fía . Es la m edida d irecta de
la visión e s p iritu a l del hombre.
H ay una in te rre la ció n p ro fu n d a del a rtis ta

�méndez mosquera

cicero pub./m

á

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La Nueva visión

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rodríguez peña 1320

buenos aires

�con la com unidad. El a rtis ta depende de
la com unidad ■
— tom a su tono, su tiem po, su
intensidad, de la sociedad de la cual es
m iem bro. Pero el ca rá cte r in d iv id u a l de
una obra de arte depende de una resuelta
v o lu n ta d de hacer, que es el re fle jo de la
personalidad del a rtis ta . Esto parece en ­
volver una c o n tra d icció n , pues ¿cómo e x ­
p lic a r la s im ilitu d de obras de a rte p e rte ­
necientes a los más diversos periodos h is­
tóricos?
La paradoja sólo puede explicarse m e ta físicam ente. Los valores de a rte extrem os
exceden lo in d iv id u a l y su época y circu ns­
tancias. Para expresar su in tu ic ió n de esos
valores el a rtis ta usará la m ate ria que las
circunstancias y el tie m p o pongan en sus
manos. A cepta c u a lq u ie r condición, s:em pre que exprese su vo lu n ta d de hacer.
Es o p ortuna la d ifu sió n e ntre nosotros
de este tra b a jo de H erbert Read, ya que
puede in c ita r a un exam en y, p a ra le la m e n ­
te, a una experiencia más com pleta de la
expresión estética. T ra d u jo correctam ente
Leonor Acevedo de Bornes.
E. B.

Richard N e u tra : "S u rv iv a l Through
Design". O x fo rd U n iversity Press,
N ew York, 1954.
"S u p e rvive n cia m ediante el d iseño" es una
nueva recopilación de apuntes que Richard
N e u tra acum uló d u ra n te toda su vida. Es­
tructu ra do s a la m anera de im presiones de
v ia :e, a través de m editaciones sobre el
propio hacer y de la va lo riza ció n y u b ica ­
ción de fenóm enos cu ltu ra le s, van c o n fig u ­
rando la com unicación de una m uy cohe­
rente filo so fía del diseño. Este escrito casi
a u to b io g rá fic o , nos revela una vasta c u ltu ­
ra, a d q u irid a a través de una riquísim a e x­
periencia v ita l y del contacto c o tid ia n o con
la creación. Los Angeles, New Y o rk, Guam,
V iena, San Juan de Puerto Rico, K ioto, Ceylán, Buenos A ires, son fuentes directas de
experiencia u tiliz a d a s en su exposición. Por
o tra parte, el tra to personal que ha m a n te ­
nido N e u tra con personalidades salientes
de nuestra época — Freud, A d o lf Loos,
Einstein, S ullivan, historiadores, psicólogos y
fisiólogos de n o ta — le ha proporcionado
argum entos que presenta en su lib ro ; pero,
como acota en el prólogo, las síntesis que
él rea liza no pretenden tener la va lid e z sis­
te m á tic a de la cie n cia : sólo responden al
p ro fu n d o deseo de señalar cu á n to han a y u ­
dado a la seguridad del diseño — en té rm i­
nos de supervivencia— las ciencias con­
tem poráneas que han observado de cerca
el fu n cio n a m ie n to orgánico.
El hombre — observa N e u tra — especula y
construye objetos que m o d ifica n su m edio
circu nd a n te . En la c iv iliz a c ió n tecnológica
contem poránea, un noventa por ciento del
e ntorno es obra de las manos y — esperé­
moslo— del cerebro humanos. El in d ivid u o
no existe aisladam ente, está en estrecho
in te rca m b io con su entorno, a través de sus
sentidos, bronquios, poros, funciones cere­
brales, coloidales y de todo tip o . Si se h i­
ciera una c la sifica ció n , en orden de im ­
po rta n cia , de los problem as que a fe cta n el
diseño, surgiría la siguiente cuestión como
la más urgente de to d as: ¿es el contorno
a c tu a l saludable para el hom bre, o, por el
c o n tra rio , am enaza en más de un sentido
la supervivencia de la especie?
T al pregunta constituye el núcleo de las
preocupaciones de N e u tra , pues si hemos
aprendido a considerar al m edio c irc u n d a n ­
te como la to ta lid a d de los estím ulos a los
que el sistema nervioso está expuesto, re ­
sulta claro, en su opin ió n , que el fu tu ro
desarrollo de la fisio lo g ía cerebral ayudará
y cim e nta rá con conocim ientos fa ctu ale s el
diseño del contorno construible. El diseña­
dor, el a rq u ite cto , se nos aparece como el
m an ip u le a d o r de estímulos, experto en su

46

a ctuación sobre el organism o hum ano. Su
técnica concierne, en rig or, a la substancia
orgánica del cerebro a pesar de todo lo
com penetrado que deberá estar con los o f i­
cios del fa b ric a n te de aceros, del a lb a ñ il,
del plom ero, dedicados a tareas inorgánicas
externas.
El lib ro com ienza con una disquisición so­
bre la h isto ria de la p re g u n ta : "¿es posible
p la n e ar? ", que pone sobre el tapete las
viejas controversias sobre el libre albedrío y
la causalidad, a las que N e u tra responde
fin a lm e n te : "B u e n o , ta l vez no podamos,
pero debem os".
A co n tin ua ció n h isto ria el p laneam iento
racional y los valores en que basó su p ro ­
g ra m á tica , haciendo de paso, una in te re ­
sante ubicación del im presionism o p ic tó ri­
co y el n a tura lism o lite ra rio .
En vista de estos conceptos no es de e x tra ­
ñar que en el lib ro se hable de calidades
m etafísicas y no de com portam ientos. P lan­
teada asi la epistem ología del m edio c ir ­
cundante y por ende del espacio, el a u to r
observa que el concepto contem poráneo de
este ú ltim o (se habla hoy de espacios o rien tables, curvables, en expansión, y fu n d a ­
m entalm ente de e s p a c io -tie m p o ), m a n ifie s­
ta características acordes con el acervo sen­
sorial del hombre de la calle, acostum brado
a las palabras atrás, adelante, a rrib a , abajo,
a la izq u ie rd a , a la derecha, fa tig a , reco­
rrido. Todos estos té rm in o s acusan una
co n tra d icció n con el concepto new toniano
del espacio estático, a tem poral y de p ro ­
piedades constantes en todas direcciones.
El a u to r se nos revela como un estudioso de
las ciencias que pueden c o n trib u ir a c o n fi­
g u ra r esta concepción orgánica, fisio ló g ica
del diseño, es decir, p rin cip a lm e n te , de la
psicología contem poránea.
El m edio h a b ita b le — observa— es p e rc ib i­
do, visu a l, tá c til, sonora y o lfa to ria m e n te .
Sin em bargo, la a rq u ite c tu ra ha sido con­
cebida en térm inos predom inantem ente v i­
suales. Si tom am os en cuenta la to ta lid a d
de los recursos de percepción del m edio h a ­
b ita b le , debemos concordar con el a u to r en
que ese m edio esoacial no puede ser pensa­
do en térm inos absolutos y luego orquestado
con m ateriales a especificarse. N uestra
percepción es a sociativa y estereognóstica,
es decir, basada en integraciones de estí­
m ulos de d istin to s sentidos; no podemos
e x c lu ir ingredientes del diseño del espacio
sin m u tila rlo o co n tra d e cirlo .
En este orden de ideas, lo sensorial va co­
brando una im p orta n cia sobresaliente y
conceptos tales como economía nerviosa,
d o m inancia, asociación, reflejos, cinestesia,
somestesia, espacio fisio ló g ico , s h o c k ,
tra u m a , van incorporándose a la te rm in o ­
logía del lib ro , ca p ítu lo tras ca p ítu lo de
exp lica ció n e je m p lifica d o ra . No se co n vie r­
te por e llo en un desarrollo groseram ente
sensualista: "Im p re sio n ista s, cuidado; los
procesos cerebrales superiores pueden llegar
hasta cancelar los estím ulos sensoriales" es
la adve rte n cia con que cierra un ca p ítulo
de acotación.
La tran scrip ció n de un ejem plo puede d a r­
nos la pauta acerca de lo que constituye
la ca ra cte rística más saliente de este t r a ­
b a jo : un lirism o que se expresa a través del
lenguaje y la experiencia de un creador,
y que p e rm ite elevar al plano a rtístico lo
que de otro modo podría ser una serie más
de reflexiones pseudocientíficas.
"A u n q u e el h á b ito opera a través de la fr e ­
cuencia de exposición ta m b ié n hay respues­
tas fija d a s de modo m uy d istin to . El shock
de intensa em oción vin cu la d o a la expe­
riencia de un estím ulo fu e rte y único puede
ser un agente co n form a do r y decisivo. A l­
gunas fija cio n e s sum am ente negativas pue­
den producirse m ediante lo que Freud llam ó
trau m a . Pero ta m b ié n experiencias visuales
positivas pueden lle g a r y ser fija d a s m e­
d ia n te un shock; esto debe tenerlo presen­
te el diseñador. En efecto, el g ra n a rte no
puede prescindir del im pacto súbito. Un

intenso deleite, como una a ngustia m o r tificadora, puede ser un co m petidor im b a tib le
de m uchas experiencias anteriores y poste­
riores, de tip o tib io , h a b itu a l. Una casa
puede ser diseñada para satisfacer "m e s a
m es" con la reg u la rid a d de un proveedor.
En este caso satisface por há b ito. O puede
hacerlo de m anera ha rto d ife re n te , de un
modo instantáneo, en la fracció n de un se­
gundo, con el estrem ecim iento de un a m a n ­
te. La experiencia de una vid a a menudo
se condensa en unos pocos recuerdos que,
por lo general, son del segundo tip o . A q u í
reside el va lo r de una a m p lia p u e rta corre­
d iza abriéndose p lacenteram ente al jardín.
N o puede m edirse contando cuán a menudo
se usa o cuántas horas perm anece a bierta.
Lo decisivo puede ser un p rim e r suspiro de
liberación cuando estamos en el acto casi
ritu a l de a b rirla antes del desayuno o en
el p rim e r día cá lid o de p rim a v e ra ".
Sigue una serie de capítulos dedicados a
las co nfiguraciones form adas por hábitos
cu ltu ra le s y económicos que pueden d e fo r­
m ar relaciones y estím ulos directos.
En el plano social, señala el a u to r, la fo rm a
no tie n e de por sí un s ig n ific a d o indepen­
diente del cómo ha sido producida. A n a li­
za el va lo r em otivo, relacionado con el es­
fuerzo, de los m onum entos a ntiguos y a c la ­
ra el signo d is tin to de nuestra tecnología,
los problem as de co m unicación e ntre el
diseñador y productor, y el com prom iso
constante del diseñador ante las d istin ta s
solicitaciones de la sociedad con tem p o rá ­
nea.
La parte e xpositiva concluye con
consideraciones urbanísticas.
En la parte fin a l del libro, N e u tra conden­
sa su a c titu d en un program a de acción de
cinco puntos:
" 1 . — Establecer la fu e rza de las in flu e n ­
cias del entorno no percibidas por los s e n ti­
dos que a fe ctan al organism o en general.
Debe darse especial consideración ta n to a
los estím ulos creados por el hom bre, como
a los que sean m odifica b le s y que, por con­
siguiente, se hallen dentro de la esfera del
arte del diseño.
" 2 . — C la s ific a r los datos de las respuestas
específicam ente sensoriales para m ostrar
como tra b a ja n los d istin to s sentidos, separa­
dam ente y en com binación estereognóstica.
" 3 . - — Estudiar la relación entre esos estí­
m ulos sensoriales y nuestro e q u ilib rio som á­
tico , que es fu n d a m e n ta l para nuestro b ie n ­
estar inm ed ia to y supervivencia a largo
té rm in o .
" 4 . — Estudiar cuidadosam ente las res­
puestas condicionadas y asociadas que los
elem entos simples del diseño producen en
nuestro cerebro.
" 5 . — In ve stiga r con creciente refin a rrve n to y seguridad las interrelaciones de todas
las respuestas, sus suposiciones, c o lig a c io ­
nes, configuraciones e in te rfe re ncias m u ­
tu a s ".
Los sujetos de ta l e xp erim entación pueden
ser anim ales y humanos. Los objetos pue­
den ser clasificados en tres grupos:
" 1 . — Propiedades específicas de s ig n ifi­
cación sensorial: Formas, colores, texturas,
consistencias, etc., considerados en su fu n ­
ción de estím ulos aislados.
" 2 . — M a te ria le s : substancias con las cu a ­
les nuestros sentidos com binados tra ta n
como estím ulos com plejos, ta l como ocurre
en nuestro entorno construido.
" 3 . — Disposiciones y composiciones: com ­
binaciones in tegrales de estím ulos, tales
como habitaciones diseñadas para usos es­
pecíficos, en tra ñ a n d o factores ó p t i c o s ,
acústicos, térm icos, quím icos, mecánicos,
etc., Su a ctu ación sobre nuestro equipo
sensorial y nervioso ce n tra l y sobre nues­
tra fisiología en general, ocurre en c o m b i­
naciones com plejas y fija s de muchos in ­
g re d ie n te s".
N e u tra cierra el lib ro con una declaración
de fe en el fu tu ro del diseño, asistido por
una serie de datos o b jetivos proporcionados
por la investigación.

�Hoy ya es v ie ja la pretensión de fu n d a r de
un modo racional el p la n e am ie n to de o b je ­
tos, habitaciones, ciudades y procesos con
la asistencia de datos o b'etivos. Como seña­
la N e u tra , ha venido desarrollándose en los
ú ltim os cien m il años y ha su frid o d u rante
este desarrollo, el d esplazam iento de los
valores tom ados en cuenta para cim e n ta r
su o b je tivid a d .
El elem ento dadaísta, que permeó el espíritu
m oderno en su p rim e r salto, puede ser con­
siderado como el origen de esas fo rm u la c io ­
nes en fo rm a de m anifiestos, que im p lic a ­
ban una co n fia n z a casi m ágica en los
slogans, en su m ayoría cartesianos y de
ca rá cte r tecnócrata. A pesar de la lim ita ­
ción que hoy les conocemos, está el hecho
(dadaísta ta m b ié n ) de que sirvieron de in ­
centivo a una generación entera para cu m ­
p lir un fo rm id a b le m ovim ie n to cu ltu ra l.
Detenido el p rim e r " é la n " renovador del
m ovim ie n to m oderno en una "im p a s s e " m an ie rística , surgen en un m om ento dado te n ­
tadoras fo rm ulaciones de ca rá cte r o rg a n icista, n e o-em pírico, n e o -ro m á n tico .
H ila n d o un poco grueso, podríam os u b ica r
— erróneam ente—
la presente obra de
N e u tra den tro de este campo. Pero ocurre
que la fo rm u la c ió n espistem ológica del o rg a nicism o, por ejem plo la de Z evi (ta l vez la
más consecuente, pues los te xto s de W r ig h t
son de una m etafísica g e n ia l, pero m e ta fí­
sica al f in ) , seductora en sus planteos de
orden general, queda co rta en la d e fin ició n
m ism a del concepto. Y cae otra vez en la
m agia n o m in a lista . Por ende, al a lca n za r
el plano específico en el terreno de las fo r ­
mas, degenera en un p re cip ita d o o p o rtu n is­
mo. Y se queda en el d o m in io de las ideas
generales: "V a y a m o s a una a rq u ite c tu ra
orgánica, más h u m a n a " — espléndido—
pero en seguida caemos en la a d ju d ica ción
g ra tu ita del ca rá cte r "o rg á n ic o ", " h u m a ­
n o ", a ciertas form as que quedan así b en­
decidas y consagradas. Enfrente se a m o n ­
tonan las form as inorgánicas y deshum a­
nizadas, ¿tal vez creadas por marcianos?
Es algo sem ejante a lo que ocurre a los
propugnadores del " a rte so c ia l".
Por o tra parte, el cam po n e o -ro m á n tico es­
tá plagado de predicadores de " la vuelta
a " y precisam ente, el va lo r y la o rig in a lid a d
de "S u p e rvive n cia m ediante el d ise ñ o " resi­
de en que esta a c titu d ha sido evita d a. En
efecto, N e u tra es uno de los inventores del
m ovim ie n to m oderno. Uno de los más jó ve ­
nes de la p rim era generación revo lu cio n a ­
ria. Su lucha data de los tiem pos de A d o lf
Loos. Su obra se ha venido ca ra cte riza n do
y enriqueciendo lentam ente, no a través de
"v u e lta s a " o "a ba n d o n o s d e " sino a tr a ­
vés de un seguro proceso de m aduración.
Sus escritos no tienen la b rilla n te z de la
tesis la nzada, sino la cautela dél creador
que nos habla de sus mecanismos, de sus
procesos, de sus reflexiones, y posee la m e­
sura y el vuelo de una filo so fía m oldeada
m ediante el constante in te rca m b io d ia lé c titic o con la creación.
Detrás de cada línea, de cada pensam ien­
to , están su C lín ica de G r iffith Park, su
casa del desierto, las disposiciones de sus
livings, sus jardines, su fin ísim a sensibi­
lidad del paisaje; todo e llo aparece con
una fu e rz a e xtra ñ a una y otra vez en un
te x to sin ilustraciones ni alusiones directas.
Nos propone — por para d ó jico que pa ­
rezca— una siste m a tiza ció n del ro m a n ti­
cismo. S in te tiz a r las trad icio n e s c u ltu r a ­
les sin m u tila rla s , enriqueciéndolas m u tu a ­
m ente.
N o nos propone una nueva panacea. Lo
que somete a nuestra consideración es n a ­
da menos que una serie de medios a nues­
tro alcance para fu n d a m e n ta r o b je tiv a m e n ­
te el diseño; para a va n za r en el c u m p li­
m ie nto del anhelo q u izá más caro a los
creadores m odernos: el de hacerlo resoonsable.

Córdova Iturburu: "Cómo ver un cua­
dro. "A tlá n tid a , Buenos Aires, 1954.

tenerse de ju z g a r pre cip ita d a m en te en base
a lo que supone debe ser la labor del a rtis ta .
Luego de una consideración p re lim in a r, en
donde el a u to r expone las lim ita cio n es de
conceptos tales como los de im ita c ió n y
representación, en donde se o rig in a n las
fa la cia s más d fu n d id a s entre el público,
procede a e n u nciar los requisitos básicos
que debe satisfa cer toda p in tu ra . Estos re­
quisitos son los que se refieren a la com ­
posición, al d ib u jo , al colorido, a la fa c tu ra
del cuadro y fin a lm e n te a la unidad e xp re ­
siva a la cual se subordinan todos.
Dedica un ca p ítu lo a cada uno de esf os
tópicos, abundantes en consideraciones acer­
tadas pero a veces excesivam ente ca rg a ­
das de tecnicism os. A u n q u e el eje de su
a n álisis es un cuadro de term in a do — " L a
virg en de las roca s"— m enciona una gran
ca n tid a d de ejem plos, procedentes en su
to ta lid a d de la p in tu ra del Renacirrvento.
A ju ic io nuestro el a u tor podía haber e x te n ­
dido el reo e rto rio de e :em plos abarcando la
p in tu ra que se in icia con el im presionism o,
con lo cual creemos que su tra b a jo hubiera
ganado en coherencia y en unidad de in te n ­
ción expositiva. Y no se hubiera visto o b li­
gado, además, a hacer una d istin ció n ta n
a rb itra ria como la de "o b ra m aestra = cu a ­
dro a n tig u o " y cuadro m oderno. A u nque
ésta no haya sido la in te n ció n del a u to r, la
d ivisión está presente para el le cto r no
prevenido que es a qu ie n se d irig e esta
obra. A pesar de los inevitables reparos
que pueden hacerse siem pre a las obras
de d ivu lg a ció n , este lib ro apo rta valiosos
elem entos de conocim iento para quienes c a ­
recen de toda especilización en la m ateria.

El a u to r com ienza a d virtie n d o que el p ro ­
pósito de este lib ro es el de proporcionar
conocim ientos a quienes, en m a te ria de
p in tu ra , están desprovistos de las nociones
más elem entales. No se d irig e pues a los
especialistas, a rtista s o conocedores, sino al
pú b lico en general, interesado o sim ple­
m ente curioso por las m anifestaciones a rtís ­
ticas, pero que carece de los elem entos ne­
cesarios para a p re cia r debidam ente un cu a ­
dro y, por lo ta n to , para form arse un c r i­
te rio propio y fu n da d o sobre el mismo.
La empresa presenta, sin duda, grandes d i­
ficu lta d e s, pero no podría ser más o p o rtu ­
na, especialm ente entre nosotros, donde la
a c tivid a d a rtística d ive rsifica d a en más de
una tendencia exige, además de críticos
agudos, observadores in te lig e n te s y sensi­
bles, capaces de se rvir de vín cu lo entre el
a rtis ta y el público. En este aspecto el
lib ro que com entam os será bien recibido
por el p úblico a n ónim o que acude a las
galerías y a las exposiciones de p in tu ra .
En cu a n to a las d ific u lta d e s que presenta
una empresa de esta índole son de todos
conocidas y no es necesario subrayarlas
una vez más. Es su ficie n te con que este
lib ro co n trib u ya e fica zm e n te a despejar los
p rejuicios más d ifu n d id o s que im piden el
acercam iento espontáneo del pú b lico hacia
las obras de a rte , único requisito de toda
experiencia estética verdadera. Por eso el
a u to r so licita , ante todo, respeto por la
obra que el espectador tiene d e la n te ; abs­

A . H.

Frank Lloyd Wright
Enrico Tedeschi

El profesor Enrico Tedeschi rea liza en estas páginas un
conciso estudio de la vida y la obra de Frank Lloyd
W rig h t. A través del análisis de sus obras más representa­
tiva s, el a u to r señala con precisión las características
fu n da m e n tales del genio creador de W r ig h t y la larga
evolución que ha su frid o desde 1900 hasta nuestros días,
destacando al m ism o tie m p o el papel fu n d a m e n ta l que
en todo m om ento desempeñó en la h isto ria de la a rq u i­
te ctu ra contem poránea.
Con el o bjeto de e v ita r la reproducción de obras v a sta ­
m ente conocidas y que no podrían docum entarse s u fi­
cientem ente, este lib ro presenta en su parte fin a l tres
de las obras más características de W rig h t, con repro­
ducciones en su m ayoría in é d ita s y con un análisis d e ta ­
llado a cargo del Prof. Tedeschi: la casa A ve rv Coonley,
la Robie y la fá b ric a J o h n s o n .......................... m $n . 3 5 .— •

Editorial Nueva Visión
C e rrito

1371

/

Bs. As. /

T. E. 4 2 -1 3 4 7

J. M . B.

47

�Exposición de fotografías de Horacio
Cóppola. Galería Krayd, Bs. Aires,
19 agosto 1955.

Con esta exposición de fo to gra fía s, Horacio
Cóppola vuelve a to m a r contacto con el
público después de su ú ltim a exposición,
en 1953, en que diera a conocer sus tr a ­
bajos sobre el A le ija d in h o .
La m uestra que com entam os reúne un con­
ju n to de obras representativas de su p ro ­
longada a ctivid a d como fo tó g ra fo , anim ada
constantem ente por un claro concepto de
la fo to g ra fía y de su papel en la vida em o­
cional de nuestra época.
Las fo to g ra fía s de Horacio Cóppola, a sisti­
das por un p rofundo conocim iento de los
medios que le proporciona su o fic io , care­
cen, sin em bargo, de todo énfasis técnico
y no dejan tra s lu c ir nin g u na a lq u im ia se­
creta. Son exactam ente lo que él se p ro ­
pone que sean: una " v e rific a c ió n " de sus
reacciones subjetivas fre n te a los objetos
de la vida co tid ia n a , fre n te a lo que en
éstos hay de sorprendente y s ig n ific a tiv o
a pesar de su sencillez y de su carácter
convencional. Cóppola es ta m b ié n p ro fu n ­
dam ente consciente del te stim o n io que, para
el conocim iento, a porta la fo to g ra fía , en
la m edida en que ésta pe rm ite f ija r e in m o ­
v iliz a r los sucesos efím eros y tran sito rio s o
m ostrar los aspectos inatendidos de las
cosas. Esto ú ltim o , sin duda, requiere del
fo tó g ra fo no solamente fid e lid a d hacia sus
estados interiores, sino, ante todo, fid e li­
dad y com prensión por el objeto que tiene
delante.
Este requisito se ve p ulcram ente realizado
en los estudios fo to g rá fico s que ha re a li­
zado Cóppola sobre m otivos escultóricos,
parte de los cuales pudieron apreciarse en
la m uestra: su serie sobre el arte de la
M esopotam ia — aue ha m erecido los m ayo­
res elogios de Elie Faure y de C h ristia n
Zervos— sus estudios sobre los huacos, el
Sarm iento de Rodin y las esculturas de
A le iia d in h o . Estos ú ltim o s se pu b lica rá n
próxim am ente en una m onografía realizada
por el autor.

Ediciones

G alatea - Nueva Visión

p resentan la colección

"Ideas
de nuestro tiempo"
d irig id a por León D ujo vne
"Id e a s de nuestro tie m p o " se propone
ofrecer al lector, en una serie de vo lú m e ­
nes, un refle jo del pensam iento de hoy so­
bre diversos aspectos de la vida y de las
m anifestaciones cu ltu ra le s contem poráneas.
Procurará que el lector pueda c o n ta r para
cada una de las cuestiones que le in te re ­
sen, con un estudio hecho por un a u to r de
in d iscu tib le versación en la respectiva espe­
cia lid a d . M as a esta versación habrá de
unirse una visión bastante a m p lia como
para p e rm itir u b ica r al estudio p a rtic u la r
d entro del m arco general de los problem as,
de las inquietudes y de las esperanzas de
la hum a n id a d de nuestros días.

H an a p a re c id o :

Eclipse de Dios
p o r M a r tín Buber
Un exam en de la situación religiosa en
nuestros días, y un análisis de las teorías de
Jung, Sartre y H eidegger. Este lib ro ofrece,
ju n to al estudio de un problem a p a rtic u la r,
un panoram a de la filo so fía contem poránea
en aquellos aspectos que se relacionan con
las a ctitu de s funda m e n tales del hombre
ante el m undo y la vid a . . . . m $n. 2 4 .—

El hombre y la técnica
por D on ald B rin k m a n n
Con una nota p re lim in a r de Benedetto Croce sobre el estudio más a u to riz a d o acerca
de uno de los problem as más com plejos de
nuestro siglo. En él se expone con precisión
el desarrollo de las ¡deas sobre la técnica
y se exam ina la relación que la técnica
tiene, especialm ente en nuestra "e ra a tó ­
m ic a ", con los problem as m orales.
m fn . 2 4 .—

Próxim os títu lo s :
M aq u m ism o y filo so fía , por Pierre M áxim e
Schuhl
Cerebros y m áquinas (Perspectivas de la
c ib e rn é tic a ), por W la d isla w S luckin
Yo y tú , por M a rtín Buber
T endencias actuales en la filo so fía de la
h isto ria , por León Dujovne

Primera exposición de a rq u ite c tu ra
moderna. G a le ría Rosario, Rosario,
mayo-junio 1955.

O rganizada por la Sociedad de A rq u ite cto s
de Rosario y el C entro de Estudiantes de la
Facultad de Ciencias M ate m á tica s, se re a li­
zó en los meses de mayo y ju n io una serie
de conferencias sobre temas de a rq u ite c tu -

48

ra contem poránea, que se com pletarán con
una exposición a realizarse en la Galería
Rosario de esa ciudad. Han sido invitados
los A rqs. Bonet, Borthagaray, Clusellas,
Ferrari H ardoy, Jannello, K urchan, V iv a n co y W illia m s .

En v e n ta en todas las buenas lib re ­
rías y en
Librería G alatea, V ia m o n te 5 62
Editorial Nueva Visión,
C e rríto 1371 T. E. 4 2 - 1347

�Destino de una Institución.

El In s titu to de Diseño de Chicago.

Las autoridades del In s titu to de Tecnología
de Illin o is , del cual depende el In s titu to de
Diseño de Chicago, decidieron c u b rir la
p la za de d irecto r, vacante desde la renuncia
de C h e rm a ye ff en 1 9 5 0, con Jay D oblin,
uno de los diseñadores jefes de Roymond
Loewy.
Este acto parece ser la cu lm in a ció n de las
d ific u lta d e s por las que venía atravesando
el In s titu to desde hace alg ú n tiem po. Fun­
dado por el desaparecido L. M o h o ly - Nagy,
a in v ita c ió n de la firm a M a rsh a ll Field de
Chicago, ésta com prueba al cabo de un año
que los ideales de M o h o ly no coinciden con
los propios, que no obtiene resultados in m e ­
diatos y que la escuela sigue más estrecha­
m ente el p la n teo c u ltu ra l del diseño m o­
derno que la p o lítica de ventas.
Con la fin a lid a d de sustraerse a esta con­
tra d ic c ió n , M o h o ly o rg a n iza una escuela
independiente que, merced a un esfuerzo
gigantesco, va creciendo desde los co m ien ­
zos más hum ildes hasta co n tar con talleres
equipados, un team de profesores excep­
cional y alrededor de 8 0 0 alum nos.
En el lapso com prendido entre 1943 al 4 7 ,
año del fa lle c im ie n to de M oh o ly, la escuela
atraviesa su época más próspera. Desapa­
recido M oh o ly, W a lte r Gropius, que había
seguido y apoyado de cerca el desarrollo del
In s titu to , aconseja el n o m b ra m ie n to de
C h e rm a ye ff, que
in tro d u ce
im portantes
cam bios en el team docente para lle va r ade­
la n te sus planes, no del todo coincidentes
con los de M oh o ly. En 1 9 5 0, no pudiendo
hacer fre n te a las deudas, fusiona la escue­
la con el In s titu to de Tecnología de Illin o is,
con lo que pierde la independencia siempre
d e fendida por M oh o ly, y al año siguiente
abandona la dirección.
Desde entonces el puesto queda sin c u b rir
y el team docente se va disgregando, el
presupuesto de la escuela no cubre sus ne­
cesidades, no se reponen los equipos y el
e n ro la m ie n to de alum nos baja a 180.
Falto del e sp íritu de M oh o ly, que conseguía
a g lu tin a r los esfuerzos de todos, el o rg a ­
nism o se va haciendo cada vez más v u ln e ­
rable. El nom b ra m ie n to del nuevo d ire cto r
s ig n ific a h ip o teca r el fu tu ro c u ltu ra l del
In s titu to cediendo fin a lm e n te a la presión
de la p o lítica de ventas de la in d u stria n o r­
team ericana para obtener su apoyo m a ­
te ria l.
La o rg a n iza ció n de Raym ond Loewy, en la
que Doblin desempeña un im p o rta n te pues­
to, es la escuela de la " b a r r ita cro m a d a "
y de la falsa orn a m e n ta ció n (a veces de­
fo rm a ció n ) de los diseños.
El ya m erm ado cuerpo de profesores .del
In s titu to , luego de una protesta en que se
expresaba que " e l diseñador debe ser más
que un e stilista o decorador al servicio de
modas o necesidades o p o rtu n is ta s " se dis­
grega en escuelas de EE. UU. y Europa. La
casi to ta lid a d de los alum nos hace lo mismo.
Doce se inscriben en la Escuela de U lm .
Es de la m e n ta r la fra g ilid a d del In s titu to de
Diseño de Chicago, que desde 1943 a 1950
fuera el centro ta l vez más im p o rta n te de
la com unicación del espíritu m oderno
En ese lapso se form ó m ucha gente que ocu­
pa puestos im portantes en la a ctu a lid a d y
se v e rific a ro n o a co taro n muchos aspectos
de la educación. El ciclo básico, evolución
del que M o h o ly d irig ie ra con A lbers en la
Bauhaus de Dessau, probablem ente sea la
m ayor c o n trib u c ió n del ciclo v ita l del Ins­
titu to .

Exposición "Grupo de artistas moder­
nos de la Argentina". Galería Viau,
Buenos Aires, mayo 1955.

El " g ru p o de a rtista s m odernos" rea lizó una
m uestra colectiva de p in tu ra s, esculturas y
dibujos en la galería V ia u en el mes de
m ayo del año en curso, con la p a rtic i­
pación de Fernández M u ro , Sarah G rilo,
C la udio G iróla, A lfre d o H lito , Enio lom m i,
Tom ás M aldo n a d o y M ig u e l Ocampo. En
su m ayor parte, la exposición estuvo in te ­
grada por trab a jo s recientes, de modo que
p e rm itió conocer nuevos aspectos de la
obra de los a rtista s m encionados. En té r­
m inos generales, puede decirse que la m ues­
tra reveló el propósito de cada expositor de

Fernández M u ro : "B a n d a s p a ra le la s "

a m p lia r su propia pro b le m á tica m ediante
experiencias que, lejos de ajustarse a una
rígida preceptiva, aparecen signadas por
una in q u ie tu d personalísim a.
Sin duda,
subsisten en las nuevas obras algunos p ro ­
blemas tip o , pero e llo constituye un fa c to r
relegado a un plano de m enor im p orta n cia
por las urgencias expresivas que se a d v ie r­
ten en cada caso. V erdad es que, si se re­
pasa la obra a n te rio r de estos expositores,
no será d ifíc il en co ntra r m uchas veces p re ­
ocupaciones m uy semejantes a las que ahora
m a n ifie sta n . Sin em bargo, y sin que esto
sig n ifiq u e negar la le g itim id a d de los p ro ­
blem as planteados en oportunidades a n te ­
riores, esas preocupaciones aparecían con
frecuencia subordinadas a una especie de
v o lu n ta d de prueba o de dem ostración.
En lo que respecta a la p in tu ra , los d is ­
tin to s modos de tr a ta r el plano, las re la ­
ciones de sim etría o de asim etría, las re la ­
ciones entre elementos form ales y c ro m á ti­
cos, la co n tin u id a d o la d isco n tin uida d de
las series, co n stituía n , entre otros muchos,
problem as que absorbían, ju stific a d a m e n te ,
la a tención de los artistas. En cuanto a
la escultura, el problem a de las d ire ccio ­
nes espaciales — para c ita r uno de los más
im p orta n tes— m otivó una sostenida p re ­
ocupación.
No in tentam os sugerir que la m uestra
de referencia haya atestiguado un a b a nd o ­
no de esos problem as. Por el c o n tra rio , a l­
gunos expositores, especialm ente los in te ­
grantes del grupo no provenientes del arte
concreto, parecen plantearse algunas de
las cuestiones m encionadas con m ayor ro­
tu n d id a d que nunca. Ello no obstante, los
problem as g ra m a tica le s — incluyendo el de
la creación de una nueva g ra m á tic a plás­
tic a — resultan, en las nuevas obras, c o n d i­
cionados por la experiencia e s p iritu a l que
en cada caso los o rig in a . Obras como " E n ­
tre dos círc u lo s ", de Sarah G rilo, las " t r ia n -

Enio lo m m i: "E le v a c ió n de un pla n o c u a d ra d o "

A lfre d o H lito : D ibujo

49

�Tom ás M a ld o n a d o : "F o rm a y series"

Editorial Nueva Visión

H an a p a re c id o :

C laudio G iró la : "T ria n g u la c ió n nP 4 "

W ilh e lm W o rrin g e r

Problemática
del arte contemporáneo
Con el m ismo rig or e in tre p id e z de sus
trab a jo s anteriores, W o rrin g e r se plantea
aquí la clásica a n tin o m ia de arte del p ú b li­
co y arte de a rtista s. Se esfuerza por llevar
al lector la conciencia de las ¡nnum erarables contradicciones que el antagonism o
entre esas dos a ctitu de s a rtística s lleva a p a ­
rejadas y a n a liza los fundam entos de cada
una de ellas y sus relaciones con el proceso
de la creación plástica.
El presente tra b a jo se co nstituye así en una
obra de indispensable lectura para cuantos
se interesen por el a rte contem poráneo en
un plano de lucidez y de e fe ctiva e xp e rie n ­
cia de sus valores estéticos . . m $n. 1 3.—

Ju an C arlos Paz

g u la cio n e s" de G iróla, el "T e m a en dos
c írc u lo s ", de H lito o el "T e m a sobre ro jo ",
de M aldo n a d o — para recordar unas pocas,
a títu lo de ejem plos— , se sitú a n más a llá
de toda pro b le m á tica a p rio ri. La exposi­
ción que com entam os nos ha m ostrado, en
suma, obras sostenidas no ya e xclu siva m e n ­
te por un repertorio de problem as plásticos,
sino por una experiencia que los co m pren­
de y los rebasa. A n te nosotros se yerguen,
entonces, obras que, a través del rig or de
su construcción, dejan entrever un proceso
de experiencia en el que nos sentimos p a r­
te a ctiva. Y, al fin de cuentas, es la c a li­
dad y trascendencia de ese proceso el fa c ­
to r que o rg a n iza y c a lific a para nosotros
las obras expuestas.

Introducción a la
música de nuestro tiempo
En esta "In tro d u c c ió n a la música de nues­
tro tie m p o " Paz rea liza un p ro fu n d o a n á ­
lisis de la música contem poránea que a b a r­
ca desde las obras de Debussy y Ravel hasta
las más recientes de Straw insky, Schonberg-,
B artók, Berg, H in d e m ith y sus c o n tem p o rá ­
neos. Esta In tro d u cció n , sin em bargo, no
se presenta como una mera enunciación de
los acontecim ientos m usicales más destaca­
dos de nuestro siglo. Cada co rrie n te es en­
focada críticam e n te, señalando el a u to r su
origen, desarrollo, derivaciones y p o s ib ili­
dades fu tu ra s, sin o lv id a r su ubicación d e n ­
tro del constante flu ir , a veces renovador,
otras veces fran ca m e nte reaccionario, que
co nstituye la esencia de la música contem ­
poránea. Un lib ro de 4 6 7 págs. mSn. 8 5 .—
C o n te n id o :

M igu e l O ca m p o : " P in tu ra 5 4 /1 3 6 "

50

I H acia un nuevo estilo.
II S itu a ció n y o p o rtu n id a d . Prolegóm enos p a ­
ra una m úsica fu tu ra . El problem a de la
su s titu c ió n de la to n a lic a d y las fo rm a s re­
sultantes.
II I B ajo el signo " c to n c i . D isolución y reco­
m ienzo A rn o ld Schonberg o el fin de la era
to n a l.
IV E xpresionism o-dodeccfonism o.
V La "n u e v a o b je tiv id a d '
"L e Groupe des
s ix ". La ópera ce c rític a social. T ra y e c to ­
ria de S traw insky.
V I Tendencias populistas. C hecoeslovaquia, Es­
ta d o s Unidos, le U nión S oviética. D e riva ­
ción c u lt u r a l. ia m úsica yugoeslava.
V i l M ic ro to n a lis m o . M ú s i c a s e xpe rim e ntale s.
M úsica co ncreta.
V I I I P ro ble m á tica y creación m usical en L a tin o ­
a m érica y en los Estados Unidos.
IX S itu a ció n de la m úsica europea a p a rtir
de 1945.

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Charte d'Athénes". Primer y hasta hoy único do­
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Ejemplares 1 a 9 de la revista Nueva Visión, publicados entre 1951 y 1957.</text>
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                <text>Bill, Max&#13;
Gomringer, Eugenio&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Dorner, Alexander&#13;
González Casanova, Pablo&#13;
Ferrari Hardoy, J.</text>
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mí

buenos aires/argentina

1955

revista de

cultura visual

nueva visión

artes/arquitectura/diseño industrial/tipografía

dirigida por Tomás Maldonado

Casa Curutchet
Le C o rb u sie r

Las relaciones entre la ciencia y el arte
M a rio Pedrosa

Verena Loewensberg
Situación del arte concreto
A lfre d o H lito

Información:
La Feria de América
El diseñador industrial en Japón
Exposición de diseños japoneses en Canadá
Diseños recientes de muebles: Nelson y Tapiovaara
Notas y comentarios
Bibliografía

*

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s. r. I. cap. $ 5 0 .0 0 0 c e rrito 1371 / 1 e r . piso / t. e. 4 4 -2 3 5 7 44-1 340

e s c rito rio de p e tir ib í, ta b le ro con c u e ro ocre,
e s tru c tu ra de a n tic o lo d a l. dise ñ o h. b a lie ro

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buen gust o en la c o c i n a con C O C I N E R ©

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$ # : #;• 41 # # • # $ • • # •

�BRUNO ZEVI
HISTORIA
DE LA
ARQUITECTURA MODERNA
Este lib r o c o n s titu y e un a p o r te f u n d a m e n ta l a la h is to ria d e la
a r q u ite c tu r a . El p r o fe s o r B ru n o Z e v i, q u e en 1951 d ic tó e n tre
n o s o tro s u n b r illa n t e c ic lo d e c o n fe re n c ia s , h a c o lm a d o con e sta
o b r a un v a c ío s e n s ib le . C o m o él m is m o lo e x p re s a , el ú ltim o
s ig lo tie n e u n a im p o r ta n c ia s u s ta n c ia l p a r a la a r q u ite c tu r a .
" M ie n t r a s se c o n s id e ró q u e la h is to ria d e la a r q u ite c tu r a c o n c lu ía
en el n e o c la s ic is m o — d ic e — , n o h a b ía e n s a m b la d u r a p o s ib le e n tre
la a r q u ite c tu r a a n tig u a y la m o d e r n a , n i e n te n d im ie n to e n tre
h is to r ia d o r e s d e la a r q u ite c tu r a y a r q u ite c to s . El p u e n te n o p u e d e
ser d a d o m á s q u e p o r la h is to ria d e la a r q u ite c tu r a m o d e r n a ,
q u e a m p lía los h o riz o n te s d e los c u lto re s d e l a r te c o n te m p o r á n e o
y a c tu a liz a los d e los c u lto re s d e l a r te a n t ig u o " .
Este e n fo q u e , q u e tr a d u c e la in te n c ió n u n iv e r s a lis ta d e l a u to r ,
c o n fie r e p re c is a m e n te a su o b r a , v e n ta ja y o r ig in a lid a d con
re s p e c to a las d e P e v s n e r, B e h re n s y G ie d io n , q u e s ó lo e n c a ra n
p e río d o s p a rc ia le s o fa c e ta s a is la d a s d e l m o v im ie n to r e n o v a d o r .
N o s h a lla m o s p u e s , a n te la p r im e r a h is to riz a c ió n d e la a r q u ite c ­
tu r a m o d e rn a , c o n s id e ra d a d e s d e sus o ríg e n e s re m o to s h a s ta
n u e s tro s d ía s . Y el a u to r la re a liz a a b a r c a n d o un p a n o r a m a
c o m p le to d e los p la n o s s o c ia l, p s ic o ló g ic o y líric o . A tra v é s d e
u n r e la to v iv id o y rig u ro s o , el le c to r h a lla r á el c u a d r o d e la s
lu c h a s d e l ra c io n a lis m o y el d e s e n v o lv im ie n to d e l u rb a n is m o
d e s d e e l n a c im ie n to d e la e ra in d u s tr ia l h a s ta la fe c h a . Las g r a n ­
d e s f ig u r a s d e Loos, Le C o rb u s ie r, v a n d e r R ohe y L lo y d W r ig h t
son o b je to d e u n a n á lis is ta n a g u d o c o m o e x h a u s tiv o , y la p a r te
d e d ic a d a a la a r q u ite c tu r a m o d e rn a y su flo r a c ió n en Ita lia c o n s ­
t it u y e u n e s tu d io b r illa n t e d e l s u r g im ie n to d e l n u e v o e s tilo en
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de m a x b ilí, sus p rin c ip a le s tra b a jo s en p in tu ra ,
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in d u s tria l, d ocu m e n ta do s en 90 re producciones
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tro d u c c ió n de to m á s m a ld o n a d o y c u a tro te xto s
teóricos de m a x b ilí, e dició n de lu ¡o , e n cu a d e r­
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Secretarios de d ire c c ió n : A rq . Juan
M a n u e l B o rth a g a ra y , Jorge G risetti,
A lfre d o H lito.
C o m ité de red a cció n : A rq . Horacio
B aliero, A rq . F rancisco Bullrich,
Jorge Goldemberg.

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fe ch a p ró x im a , los suscriptores pue d e n, desde y a , d irig irs e a la a d m in is tra c ió n de esta re v is ta ,
c e rrito 1371, t. e. 4 2 -1 3 4 7, re se rva n d o los títu lo s que les in te re sa n y que les serán re m itid o s a su
d o m ic ilio con p r io r id a d a su d is trib u c ió n .

S e creta rio

de

red acció n:

Edgar
Bailey

A d m in is tra c ió n y redacción: C errito
N 9 1371, Buenos A ¡res, A rg en tina .
T e lé fo n o : 4 2 - 1347
La D ire c c ió n no se responsabiliza
de los a rtíc u lo s firm a d o s ni devuel­
ve las cola bo racion e s espontáneas.
La revista nv, nueva visión, es pro­
p iedad de E d ito ria l N ueva Visión
S. R. L., cap. $ 50.000
R egistro N a c io n a l de la Propiedad
In te le c tu a l n9 465.523

introducción
a la música de nuestro tiempo
¡uan carlos paz

el lib ro m ás co m p le to y m e jo r d o c u m e n ta d o so­
bre la m úsica co n te m p o rá n e a , h is to ria y m in u ­
cioso a n á lisis de to d a s las te n d en cia s a p a r tir
de d ebussy: a to n a lis m o , p o lito n a lis m o , dod e ca fo n ism o , m ic ro to n a lis m o , m úsica co ncre ta, etc.
fo rm a to : 21 x 14,8 cm.

problemática del arte contemporáneo
g u ille rm o w o rrin g e r

el a u to r, a q u ie n debem os los p un tos de vista
más re n o va d o re s en la e stim a ción de las fo rm a s
a rtís tic a s del p a sa d o , e nca ra en este lib ro , p o r
p rim e ra vez, el a n á lisis del a rte de n u e stro tie m ­
po y los p ro b le m a s que éste p ’ a n te a al a rtis ta
y a l p ro fa n o , fo rm a to : 21 x 14,8 cm.

6

sumario:
Casa C u ru c h e t: Le C orbusier (p. 7)C
Las r e la jo n e s e n tre la ciencia y el
a rte : M a r io Pedrosa (p. 14)
V e ren a Loewensberg (p. 18)
S itu a ció n del a rte co n cre to : A lfredo
H lito (p 25) ~
I n fo rm a c ió n :
La Feria de A m é ric a (p. 30)
El d ise ña do r in d u s tria l en Japón:
K asuya Sakai (p. 35)
Exposición ce diseños japoneses en
C anadá (p. 37)
Diseños recientes de m uebles: Nelson y T a p io v a a ra (p. 39)
N otas y c o m e n ta rio s (p. 43)
B ib lio g ra fía (p. 44)

Se desea el ca n je con las p u b lic a ­
ciones s im ila re s : se h a rá n análisis
y resúmenes de los libros y revistas
enviados a nue stra redacción.

representantes:
B o liv ia : L ib re ría "L o s A m igo s del
L ib ro " , Perú esq. España, Cochabamba.
B ra s il: José M á rq u e s Godoy, Avda.
Ip ira n g a 8 7 9 , Sao Paulo.
U ru g u a y : N uevo D iseño, Juan Be­
n ito B lanco 1 1 2 2 /2 6 , M ontevideo

�Frente sobre el parque

C asa Curutchet
Eva Perón, 1954.
Le C orbusier

En el q u in to torr.o ce las obras de Le C o rb u sie r p u b lic a d o por Boesiger,
un p á rra fo s u m a rio está dedicado a la d escrip ción de la Casa C u ru tc h e t:
"O c u p a r un te rre n o de loteo tra d ic io n a l, a b ie rto sobre una a ve n id a , ro ­
deado p o r dos m ed ia n eras la te ra le s y una de fo n d o . A l fre n te , un
herm oso b ou le va rd se e x tie n d e en el verde de un bosque. El p a rtid o obe­
dece, en p rim e r lu g a r, al deseo de g a n a r para el h a b ita t la v is ta al p a rqu e;
p o r eso se ha creado una te rra z a que fo rm a un ja rd ín suspendido que
p e rm ite lle v a r las a le g ría s del cielo , la luz, el sol y las som bras, al fre n te
de la casa y a los espacios ú tile s. Por m edio de los pilo tes, se ha le v a n ­
ta d o el vo lu m e n de la casa, g a n a n d o un espacio lib re al nivel del te rre no ,
que p e rm ite , a su vez, e stablecer una re la ció n fa v o ra b le e n tre el c o n s u lto rio
m édico y la casa p ro p ia m e n te dicha. N a tu ra lm e n te , el h o rm ig ó n a rm a d o
daba la o p o rtu n id a d de v id r ia r to d o el fre n te de la casa, que fu é p ro vista
de un "b r is e -s o le il" p ro yecta d o de acuerdo con la in c id e n c ia del sol en
esa la titu d y o rie n ta c ió n . P lantas y cortes han o fre c id o la p o s ib ilid a d

7

�de una ve rd ad era "p ro m e n a d e a rc h ite c tu ra le " . Se asciende p a rtic ip a n d o
de un juego in te re sa n te de puntos de v ista fa v o ra b le s sobre d is tin ta s p ers­
pectivas. La p la n ta lib re , a d o pta d a en todos los pisos y e spe cia lm e nte en
el de los d o rm ito rio s , da lu g a r a soluciones in te re s a n te s ".
A le g ría s esenciales, jue go sabio, c o rre cto y m a g n ífic o de los volúm enes
bajo el sol, " p ilo t is " , "p a n de v e rre ", "b ris e - solé i I" , "p ro m e n a d e a rc h ite c fu r a le " , p la n ta l i b r e . . . La escueta m em o ria se com pone casi e x c lu s iv a ­
m ente de la a g re g a ció n de los "s lo g a n s " del m aestro en a p re ta d a sucesión.
Todos los elem entos ce su le n gu aje a rq u ite c tó n ic o están presentes, y, una
vez más, Le C o rb u s ie r a rtic u la poesía con ellos.
La m em o ria da, asim ism o, la im presión de una c o n c a te n a ció n lógica e
in m e d ia ta . T e n ie n d o en cu en ta el te rre n o y el p ro g ra m a fo rm u la d o , nada
más adecuado que separar los elem entos de la casa en dos g ru po s: c o n ­
s u lto rio y h a b ita c ió n . C olo car el c o n s u lto rio al fre n te . Com o el te rre n o es
estrecho, to m a r to do el ancho del m ism o, de m an era que, ta n to el c o n s u l­
to rio com o la sala de espera, puedan a brirse a la v ista y al sol. Por d ebajo
c'e este cuerpo, la e n tra d a y el garage.
Escultura de Enio lo m m i en p la n ta bajo

8

�1
2
3
4
5
6
7
8

Entrada
Puerta del garage
Garage
Calderas
Lavadero
Palier interm edio
Entrada del consultorio
Sala de espera

9
10
11
12
13
16
17
18

C onsultorio
Pieza de Servicio
Entrada del dep a rta m e nto
P alier de entrada
14, 15 Sala de estar, com edor
Cocina
Despensa
Terraza
C orte lo n g itu d in a l por las ram pas

9

�H echo esto, u b ic a r la casa. Pero, ta n to la p la n ta b a ja (e n tra d a ) com o el
p rim e r piso (b lo ck c o n su lto rio ) o bstruye n la vista al parque. La casa, en
consecuencia, se co nstruye en el segundo piso; así puede aprovecharse el
te cho del b lo ck c o n su lto rio com o te rra z a ja rd ín que pueda s e rv ir de proCl
.
lon ga ción e x te rio r del liv in g .
t i cubo to ta l de la casa, en dos pisos, el in fe rio r, liv in g -c o m e d o r-c o c in a
el superior, d o rm ito rio s-b a ñ o s, es de típ ic o p la n te o co rb usie ra no . Es eí
estadio 1948 de un d esa rrollo que co m ien za en 1920 con la M a is o n "C itro h a n
v presenta jalones ta n gloriosos com o el p a b e lló n de "L 'E s p rit
N o u v e a u " ( 1 9 2 5 ), los d e p a rta m e n to s de " L a v ille ra d ie u s e " ( 1 9 3 4 ), los
de la " U n ité d 'h a b ita tio n de g ra n d e u r c o n fo rm e " (1 9 4 6 ).
Luego, los elem entos u n ific a d o re s que e n la za n los dos cuerpos. El brisescle il colocado d e la n te de los co n su lto rio s es se m eiante a l que se e ncu e n tra
fre n te al pan de v e rre " de la zona ce h a b ita c ió n . El p rim e ro , lím ite de
la casa, m em bran a que separa dos espacios, p a rtic ip a de am bos y siaue
la línea o b lic u a del fre n te . El segundo es o rto g o n a l con respecto a las
m edianeras, de a cue rd o con un jue go p lá s tic o interno . Com o am bos casetonados a b a rca n dos pisos, el p rim e ro , los dos de h a b ita c ió n , el segundo,
el c o n s u lto rio -te rra z a , se d esplazan m u tu a m e n te en la a ltu ra de un piso*
es decir, que el lim ite su p e rio r del fro n ta l p ro lo n g a el p la n o h o riz o n ta l

19, 20, 21 D orm itorios
22 Baños
23 Techo de la te rra z a

Un aspecto de la e ntra da

C o rte transversal p o r la sala

10

�C orte tra n s v e rs a l por el ja rd ín

in te rio r

E ntra d a del co n s u lto rio

C o rte lo n g itu d in a l por el g a ra g e

11

�In te rio r de uno de los d o rm ito rio s

del te cho del livln g -co m e d o r. Y con esto se cu m p le a la p e rfe c c ió n uno
de los propósitos más am biciosos del a rq u ite c to : e n m a rc a r la visión
desde el liv in g y d a r a la te rra z a un c a rá c te r ín tim o sin que p ie rd a nada
de su proyección hacia el e x te rio r; in te g ra r el b rise -so le il con la te rra z a
por m edio de la ancha d ivisió n h o riz o n ta l, que in v ita a acodarse o a sen­
tarse en e lla m ira n d o h a cia a de ntro .
El te cho sobre la te rra z a tie n e doble a ltu ra y p ro lo n g a el p la n o del te cho
de los d o rm ito rio s. Sugiere, aunque no e n cie rra , un espacio v irtu a l igual
al del cubo de h a b ita c ió n , ch a n fle a d o , sin em bargo, por la líne a m u n i­
c ip a l, y te rm in a de u n ir la te rra z a al resto de la casa.
Pero la más intensa de las sensaciones espaciales es la "p ro m e n a d e a rc h ite c tu ra le " que se d e sa rro lla en el ascenso. P enetrando a través de la
ca ja de h o rm ig ó n que e nm arca la p u e rta de e n tra d a , el espe ctad o r se e n ­
c u e n tra de lleno en m edio de un cosmos de e x tra ñ a riq u e za . A su d e re ­
cha, la pared del garage que te rm in a su fu g a curvándose y d e ja n d o ver
la e sc u ltu ra de Enio lo m m i; en el ce ntro, los p ilo te s de un piso de a ltu ra
b a jo el c o n s u lto rio ; más a llá , un hueco por el que cae la luz, m o d u la n d o
suavem ente los p ilo te s de dos pisos de a ltu ra que sostienen el v o lu m e n
de la casa. Por d ebajo de ésta, un cubo, v id ria d o a p a r tir de un nivel
su p e rio r, del que a rra n ca la escalera. Llevándonos a ese n iv e l, la p ers­
p e ctiva suavem ente ascendente de la ram pa de dos tram o s, que p e rm ite
la visión de un espacio a b ie rto hasta el fo n d o m ism o del te rre n o . A s c e n ­
d iendo por el p rim e r tra m o , se van te n ie n d o puntos de v is ta más fa v o ra ­
bles de la e scu ltu ra y otros más d in á m ico s del resto de la p la n ta b a ja ,
hasta lle g a r al té rm in o . A llí, la e n c ru c ija d a : el a rra n q u e del o tro tra m o ,
que nos reconduce al fre n te , en el nivel del co n s u lto rio , o la e n tra d a a la
casa. En co n tra ste con la ram pa que, en un suave ascenso lo ha llevado
casi hasta el fo n d o del te rre n o , en la escalera, de tra m o s cortos, el p u n to
de v ista del espectador se desplaza v e rtic a lm e n te hasta que la visua l
rasa el borde in fe rio r del piso del liv in g . En este p u n to , la v isió n , in te ­
rru m p id a hasta ahora por el b lo c k g a ra g e -d e p a rta m e n to de se rvicio, y
e n te ra m e n te c irc u n s c rip ta a un jue go p lá stico in te rn o , resbala p o r el piso
del liv in g , se enm arca en el b rise-so le il al o tro e x tre m o del m ism o, sa lta
casi s im u ltá n e a m e n te a lo la rg o del piso de la te rra z a hasta el o tro brisesoleil del fre n te , y de a llí a los árboles def parque. Desde ese p u n to , pe­
gado a la m ed ia n era del fo nd o, el paisaje e x te rio r se ha in te g ra d o con la
casa m e d ia n te un estupendo jue go a rq u ite c tó n ic o .

12

E ntrada de un baño en el segundo piso

�Sala de estar

Esta obra fu é d irig id a en su prim era p a rte por el
arq. A m a n d o W illia m s, hasta la fin a liz a c ió n de
la estructura de horm ig ón . A co n tin u a ció n , el
arq. Simón U ngar to m ó a su cargo la dirección
de la misma. Los planos a q u í presentados fu e ­
ron elaborados en base a los que se co n fe ccio n a ­
ron en el ta lle r del arq. W illia m s, que p o ste rio r­
mente en la obra, su frie ro n algunas m o d ific a ­
ciones.
Fotos 1, 3, 5, 6, 7, y 8 : Georges Friedm an.
Fotos 2 y 4 : J. M. B o rth a ga ra y.

C o n tin u a n d o el ascenso, se llega al piso su pe rio r, donde los c ilin d ro s de
los baños fla n q u e a n un paso de su pe rfic ie s curvas, e x tra ñ a m e n te m o d u ­
ladas por la luz que reciben del e x te rio r. La co lo cació n c e n tra l de estos
baños o rig in a una serie su m a m e nte rica de situ acion es, ca ra c te rís tic a s
de la p la n ta libre. Dos de los d o rm ito rio s se a bren sobre el va cío de
doble a ltu ra .
La a rq u ite c tu ra a rg e n tin a se ha e n riq u e c id o con este m a g n ífic o aporte.
A sí d ebieron co m p re n d e rlo quienes la d e c la ra ro n "o b ra de interés n a c io ­
n a l". M u ch o s de los ta m a ño s y m edidas eran in fe rio re s a los m ín im o s
o b lig a to rio s . Pero en esta casa podem os a s is tir a la c a tá s tro fe de las
m edidas y ta m a ño s convencionales. La cre a ció n de un espacio de nuevo
tip o d eriva en una in c re íb le sensación de a m p litu d p e rce p tib le en to da la
casa. El "ju e g o sabio, c o rre cto y m a g n ífic o de los volúm enes b a jo la lu z "
e n cu e n tra una espléndida co n creció n en esta casa, que la visión del
Dr. C u ru tc h e t ha p e rm itid o le v a n ta r en nuestro país.
J. M . B.

13

�Las relaciones entre la ciencia y el arte
M a rio Pedrosa

C uando se aborda este p ro ble m a , es preciso señalar, en p rim e r té rm in o ,
el g ra do de a u to n o m ía que am bas d iscip lin a s han a lc a n z a d o en nuestros
días, d en tro , n a tu ra lm e n te , de los lím ite s establecidos por el c o n d ic io n a ­
m ie n to s o cio -e co n ó m ico -p o lítico . Esa a u to n o m ía es el rasgo más d e sta ­
cado y o rig in a l de la posición de am bas d e n tro del c o n ju n to de las a c tiv i­
dades sociales. Si, para la cie n cia , la a u to n o m ía aparece tra s un proceso
que viene de m uy lejos, para el a rte es una co n q u ista reciente, que p o ­
demos c a ta r, grosso m odo, en la revo lu ción im p resion ista.
En el d o m in io c .e n tífic o , ha p e rm itid o el progreso pro dig io so de las d i­
versas d iscip lin a s del m undo fís ic o , del m undo b io ló g ic o y hasta de la
psicología, sin e x c lu ir las cien cias llam ad as sociales. La m a te m á tic a se
ha co n ve rtid o en una crea ció n d e slu m b ra n te , s ú b ita m e n te d ese m b ara ­
zada de las a ta d u ra s físicas y e m p írica s, m ovida casi e xc lu s iv a m e n te por
las leyes de su p ro pio jue ga y desarrollo. Se ha a le ja d o de la " r e a lid a d " ,
de las preocupaciones p rá ctica s co tid ia n a s, para c o n ve rtirse en una espe­
cie de pura especulación del e sp íritu . Y sin e m b argo — a q u í está su
p ara d o ja e sp e cífica m e n te m oderna—
el p en sam ien to m a te m á tic o más
libre no queda en el vacío, ya que te rm in a por e n c o n tra r a plica cio n e s
p rá c tica s inesperadas en el m undo de la fís ic a , de la q u ím ic a y hasta de
la b io log ía .
Las especulaciones m a te m á tica s rea liza da s en el g a b in e te de los sabios,
sin n in g u n a pre ocu pa ción de orden p rá c tic o , desem bocan en lo real. La
fís ic a no estaría donde se h a lla a c tu a lm e n te , de no m e d ia r las más
abstractas te orías de los m ate m ático s. T od o o c u rre com o si esas c re a c io ­
nes puras, pro du cida s en el cerebro de los m a te m á tic o s , no fuesen en el
fo n d o sino v irtu a lid a d e s de lo real, que esperasen el m om en to de ser
llam ad as para rea liza rse en el m undo físico .
Las ciencias de la n a tu ra le z a han hecho ta m b ié n su c a m in o , en el sen­
tid o de su ind ep en d en cia con respecto a la percepción sensorial d ire c ta .
H oy sólo se considera b ie n fu n d a d o el co n o c im ie n to c ie n tífic o , cuya f o r ­
m u la ció n es ta l que no pie rd e nada de su rig o r, al no tenerse en c u e n ta el
c o m p o rta m ie n to de todos los observadores posibles, colocados no im p e rta
dónde, desplazándose en no im p o rta qué d ire c c ió n y a no im p o rta qué
velo cida d. La rea lid ad de la fís ic a n u cle a r, de la m ic ro fís ic a , escapa
d e fin itiv a m e n te al e m p irism o de los sentidos. "L o s átom os, los e le c tro ­
nes, los núcleos atóm icos, las ondas e le ctró n ica s, etc., se h a lla n ta n lejos
de ser objetos de la p ercepción sensorial d ire c ta com o to do lo que pueda
ser im a g in a d o por el más fa n ta s is ta de los a rtis ta s ". (M a rtín Johnson) .
A s! com o la cie n cia ha ta rd a d o largo tie m p o en desprenderse de desig ­
nios e xtra ño s a su n a tu ra le z a , d e sa rro lla n d o sólo en tie m p o s recientes
su m étodo p ro pio hasta su especificidad, a c tu a l, con la te o ría de la re la ­
tiv id a d , de igual m odo, sólo en n uestra época el fe nó m e n o a rtís tic o ha
sido p o r así d e cir a isla do y a n a liz a d o com o ta l. C ézanne ha p re s e n tid o en
qué residía la re a lid a d a rtís tic a , y ha reclam a do para el a rtis ta el d e re ­
cho a d e scu b rir en las cosas su "p e q u e ñ a se n sa ció n ". El cu bism o ha
dado a la obra re a liza d a una d ig n id a d nueva, de ta l m odo que la te la
c u b ista co nsitu ye un universo en sí m ism a, con sus leyes y sus hechos
propios. El a rte a b stra cto corona este la rg o proceso h a cia la a u to n o m ía
del fe nó m e n o a rtís tic o , p re scin d ie nd o ¿el o b je to o u tiliz a n d o solam ente
sus proyecciones en el espacio.
El a rte se ha lib e ra d o de sus servidum bres seculares (a lg u n a s de ellas,
sin em bargo, m uy fe cun da s para su d e s a rro llo ) para presentarse, por pr i -

14

�m era vez, com o un fin en sí, es d e c ir nada m ás que com o fe nóm eno
estético. Y a no se c o n fu n d e más ni con la m a g ia , ni con la re lig ió n ,
ni con la p o lític a , ni con la m oda, y se lo ju z g a de acuerdo con sus propias
leyes y exigencias.
En esta e volució n, resulta o b lig a d o d esta car el p a ra le lis m o e n tre la a lte ­
ración de nuestras nociones más sólidas, las nociones de espacio, de
tie m p o y de m a te ria , llevada a cabo por la m a te m á tic a y la fís ic a m o d e r­
nas, y el a d v e n im ie n to del a rte lla m a d o a b s tra c to . En su ind ep en d en cia
con respecto a la n a tu ra le z a e x te rio r, el a rte m oderno tie n d e ta m b ié n ,
com o la cie n c ia , a libe ra rse del com p ro m iso de la p ercepción y aun de la
e xp e rie n cia sensible. El a rtis ta te n d e ría entonces a c re a r com o los g eó m e ­
tras, quienes re a liz a n en el espacio, m e d ia n te líneas, ecuaciones a lg e b ra i­
cas, dando n a c im ie n to a verdaderos seres m a te m á tico s. U no de esos
m a te m á tic o s ha p odido e s c rib ir: " L a ¡dea, la p o s ib ilid a d de expresar
una línea, una cu rva , m e d ia n te té rm in o s alg eb raicos, por una ecuación,
me parece ta n b ella com o la llía d a " L

p ) Completo la cita tomada de L. Lyonnais:
"Cuando vi esa ecuación funcionar y resolverse,
por así decir, por sí misma, entre mis manos, y es­
tallar en una infinidad de verdades, toaas ig u a l­
mente indudables, igualmente eternas, ig u a lm e n ­
te resplandecientes, creí tener en m i poder el
talismán que me abría la puerta de todos los
misterios" (Edgard Q uinet).

¿Es que el a rte y la c ie n cia van a c o n fu n d irs e y a tro c a r sus m étodos
sin d is c rim in a c ió n ? Sería rid íc u lo pensarlo.
De c u a lq u ie r m odo, lo c ie rto es que el a rte , después de h a b e r v u e lto la
espalda a la n a tu ra le z a y rechazado los cánones del R en a cim ie n to , n e ­
gándose a c o n tin u a r al se rvicio de la rep re sen ta ció n e x te rio r, h a b ía v u e lto
ta m b ié n la espalda a la c ie n cia a n tig u a , a las vie ja s concepciones del
espacio e u c lid ia n o .
El academ ism o y el n a tu ra lis m o ce fin e s del sig lo pasado, y a un del
co m ien zo de éste, ya no eran a rte . El a rte se h a b ía c o n v e rtid o en una
té cn ica c o n c lu id a y m u e rta , fu n d a d a en p re ju ic io s in te le c tu a lis ta s y ra c io ­
n a lista s a nquilosados. Se h ab ía c o n v e rtid o en una a c tiv id a d p u ra m e n te
d e d u c tiv is ta y c o n ce p tu a l.
La p rim e ra fase del m o v im ie n to lla m a d o m oderno no fu é sino el des­
p re n d im ie n to s is te m á tic o p o r el a rte del v ie jo com p ro m iso c o n c e p tu a l,
y la reco lo ca ció n del a rtis ta fre n te a la cosa sensible, para que pudiese
de nuevo m a n te n e r con e lla un d iá lo g o que h a b ía desaparecido, sin p a la ­
bras, sin in te rm e d ia rio s verbales, sin asociaciones conceptuales extra ña s.
El a rte re e n cu e n tra entonces sus vie ja s bases in tu itiv a s , y el a rtis ta m o ­
derno descubre sus a fin id a d e s con el a rte de las c u ltu ra s a n tig u a s p re ­
griegas y de las c u ltu ra s p rim itiv a s pasadas o co ntem poráneas. Desde
el p u n to de vista filo s ó fic o , se estaba entonces en plena crisis de la
in tu ic ió n , debido a la d o m in a c ió n excesiva del n e o k a n tis m o y del p o s iti­
vism o. En el p la n o de la p sico log ía , el a so ciacio nism o hacía im ita c io n e s
p ue riles de los m étodos de la b o ra to rio del siglo 19. Las psicologías de
p ro fu n d id a d y las psicologías de e s tru c tu ra h ic ie ro n su e n tra d a en la
ciu d a d e la c ie n tífic a , en el m ism o m o m e n to y con el m ism o se ntid o h is tó ­
rico, que el p ostim presio nism o, el fa u v is m o y el expresionism o.
La ú ltim a e tapa del a rte lla m a d o m od erno se in ic ia después de la recu pe ­
ración in tu ic io n is ta de los m o v im ie n to s precedentes. El a rte se coloca
ahora en una posición d ife re n te de la v ie ja concepción de la n a tu ra le z a
y de la re a lid a d , a u n qu e s im é tric a con respecto a la de la cien cia.
El m undo real se ha tra n s fo rm a d o . La fís ic a d eja de lado las vie ja s p ro ­
piedades de la m a te ria , y retom a la a n tig u a concepción de D e m ó c rito
sobre los átom os y las p a rtíc u la s , que o c u p a ría n los espacios vacíos. Pero
la id e n tid a d m ism a de esas p a rtíc u la s , su a is la m ie n to , su p e rm a n e n cia
com o m a te ria ya no tie n e n se ntid o para el fís ic o de nuestros días. La
noción de id e n tid a d del c o n te n id o de las e x pe rie ncias no se apoya hoy,
en el m un do de las ciencias, m ás que sobre la n oción de 'fo r m a ', de
G e sta lt (a le m á n ). El p ro fe so r S chroedinger, e n tre o tros sabios e m in e n ­
tes, escribe : "S e g ú n la nueva idea, lo' que es p e rm a n e n te en esas p a r tí­
culas ú ltim a s o en esos pequeños agregados es su fo rm a y su o rg a n iz a ­
c ió n ". Pero no es necesario que la ru tin a lin g ü ís tic a nos haga cre e r que
se tra ta de fo rm a s de a lg u n a cosa, o "q u e un s u b s tra tu m m a te ria l sea
necesario para to m a r una fo rm a " . La fís ic a m oderna ha a b o lid o la d is tin ­
ción a ris to té lic a e n tre 'causa m a te ria lis ' y 'causa fo rm a lis '. Las p a rtíc u la s
fin a le s no son cosas, no deben ser pensadas com o hechas de un m a te ria l
c u a lq u ie ra . Son, en la expresión de S chroedinger, "fo r m a s p u ra s " (pu ré
s h a p e ), y nada más que esto.
H e rb e rt Read, en una de sus ú ltim a s obras, hacía una c ita de o tro fís ic o
m oderno que acaba de c o m p le ta r el p en sam ien to de S ch roe ding e r: "L o s
núm eros y las c ifra s , así com o las fo rm a s de p en sam ien to más p rim a ria s
y vacías, son los vasos más sim ples, y ta l vez m ás puros, en que puedan
ve rtirse las e x pe rie ncias in e xpre sab le s. . . Y el secreto m ism o del a rte
reside en que la ley más e s tric ta de la fo rm a , que p arecía no g u a rd a r
ninguna relació n con el co n te n id o , le p e rm ite expresar las cosas que esca­
pan al h a b la r irr e s tric to " (V o n W e iz s a c k e r).

15

�Para el físico, la noción de fo rm a es todo lo que queda de la v ie ja noción
de la m a te ria ; la estética no ha a rrib a d o a una conclusión m uy d ife re n te
en su d om inio. La fo rm a es s ig n ific a tiv a en sí m ism a, y su co n te n id o no
es o tra cosa que ella m ism a en sus elem entos c o n s titu tiv o s , je ra rq u iz a ­
dos en un todo coherente y cá lid o com o un organism o vivien te.
En esta ú ltim a etapa, el a rte , que se ha a pro xim a d o a la cien cia, re iv in ­
dica para sí m ism o el derecho de ser ta m b ié n un m edio de cono cim ien to .
Ya no quiere p erm anecer lim ita d o a sus funciones expresivas, como un
sim ple ve hículo de la su b je tivid a d co m p rim id a . Q uiere a rrib a r a un
pensam iento a rtic u la d o de las esencias, de los fu n d a m e n to s de lo real que
la ciencia aprende, a n a liz a y somete a su c rític a precisa. Si, en su
ú ltim o d esarrollo, suprim e el o bjeto, y de ese modo sobrepasa el p un to de
p a rtid a de la percepción d irecta in m e d ia ta , el a rte in te n ta apo rta rno s n ue ­
vas concepciones de objetos ideales, que p erm a ne cerían en un p la n o de
a n a lo gía con las unidades fo rm a le s de s ig n ific a c ió n propia, com o los
Gestalts en el m undo p sicofísico y en las e stru ctu ra s fis ico m a te m á tica s.
M e d ia n te el proceso de abstracción, el vie jo concepto c ris ta liz a d o del
o b je to es desterrado de la a c tivid a d a rtís tic a , pero en su lu g a r se crea, por
especulación, un nuevo objeto. Se hace posible entonces una nueva conceptu ació n general de la realidad. El a rtis ta , sin em bargo, no abandona
el cam po p rim e ro de la in tu ic ió n , donde objetos ideales, esencias, se
m ueven a la espera del d escu brim ien to , a la espera de deve nir “ reales".
El a rte grieg o de los siglos clásicos se h a lla b a ta m b ié n en relación estre­
cha con la ciencia grieg a clásica, de la cual e x tra jo sus concepciones de
la re a lid a d e xte rio r. El a rte se a p ro xim a entonces peligrosa m e n te a la
n a tu ra le za , siguiendo la m archa hacia a d e la n te del pensam iento racional
y del e sp íritu c ie n tífic o en plena expansión. En toda esta época, "e l
genio griego opone la dem ostración a las asunciones in tu itiv a s " (A b el
Rey) . El a rtis ta griego tiende asim ism o a re e m p la za r en su d o m in io , el
d o m in io de la creación in tu itiv a , la vo lu n ta d de a rte por la "v o lu n ta d de
d e m o stra ció n ", a trib u to del c ie n tista . Los epígonos de los siglos clásicos
de todo tie m p o han hecho del a rte una m áq uin a de d escrib ir, un derivado
bastardo del pensam iento deductivo ra cio n a lista . ¿ H a bría un p e lig ro sem e­
ja n te para el a rte de nuestra época?
La n a tu ra le za según la ciencia g riega era una n a tu ra le z a sólida, p a lp a ­
ble, fu n d a d a sobre una g eo m e tría cla ra , a la escala h um ana y universal.
El a rte podía e xp lo ra r ese universo razo na ble de tres dim ensiones con la
seguridad de que no escaparía al co n tro l de lo sensible. Pero la n a tu ra ­
leza de la ciencia m oderna es a b ie rta por todas partes, sus espacios son
m ú ltip le s y sólo tie n e n una existencia fu n c io n a l; no ofrece asidero a los
sentidos del hom bre.
En este universo d in ám ico, inestable, p a ra d o ja l, en el que las vieia s n o ­
ciones geom étricas son destruidas, el a rtis ta no tie n e ya puntos de re fe ­
rencia para o rientarse ni instrum entos de prospección fá cile s y cómodos
como, por ejem plo, en los tiem pos clásicos, la perspectiva y el escorzo.
En consecuencia, no puede ya dejarse ir por el ca m in o b ien pavim e n tad o
de la ciencia d ed uctiva y de los espacios euclidianos. La in tu ic ió n m ism a
no se e ncuentra ya c o n fin a d a a lo sensible inm ed iato. Com o el geóm etra
m oderno, cada a rtis ta se ve entonces o b lig a d o a e d ific a r su pro pia geo­
m e tría , y es de a llí, de esta concepción in d iv id u a l, pero universal, que
p arte, y no del concepto anquilosado.

En sus representantes más audaces, este a rte nuevo se coloca a c tu a l­
m ente fre n te a la ciencia com o una especie de riv a l, bien que sin espí­
ritu de com petencia. Esta riva lid a d se traduce, precisam ente a p a rtir del
cubism o, por su vo lu n ta d de presentarse com o un m odo de c o n o cim ie n to
autónom o. M uchos lo niegan, pero otros sostienen esta presunción. Y
e ntre ellos un gran n úm ero de cien tista s.
El desarrollo reciente de las ciencias filo só fica s , como la lógica, la sem án­
tic a y las adquisiciones de la lin g ü ís tic a y de las te orías de la G e sta lt y
de la psicología genética, nos p e rm ite n e x a m in a r hoy esta cuestión con
más precisión que antes.
T oda una escuela de lógicos, sem ánticos y filó so fo s están prontos a dar
a las m an ifesta cion es del a rte la d ig n id a d de un p ensam iento a rtic u la d o
in te le c tu a l. El pensam iento, para* S. Langer, no es un p riv ile g io del le n ­
gua je discursivo. Las fa cu lta d e s cognoscitivas del hom bre no estarían
lim ita d a s a las posibilidades de ese lenguaje. La sem ántica reconocería
así o tro sim b olism o d ife re n te del que ofrece el lenguaje ve rb al. ¿En qué
se d is tin g u iría él del modo de los sím bolos del lenguaje discursivo? Los
elem entos del sim bolism o no verbal son irre d u c tib le s a otros elem entos
equivalentes, como ocurre con los sím bolos discursivos. Estos viven sólo
de lo general, y son por n a tu ra le za intercam bia ble s. El nuevo modo de
pensar sim bólico, por el c o n tra rio , se h a lla dotado de una verdadera poten-

16

�cid generalizadora, para a ctua r sobre todo como to ta liza do r. Aunque
único e intra du cibie, es universal. Sus partes no se descomponen en u n i­
dades sim bólicas menores, pero significantes. El sím bolo verbal puede
prescindir, para ser com prendido, de la experiencia sensible; su émulo,
nunca. Este se m an ifie sta siempre por una acción ce presencia directa.
No se puede seguir, para com prenderlo, las cadenas del razonam iento
a n a lítico ; no se encontrará nunca el apoyo co nfortable de una sucesión
de soportes explicativos hasta el coronam iento de su conclusión fin a l. En
este modo, el conocim iento llega m ediante descubrim ientos; se debe des­
cu b rir, en efecto, entre sus partes constituyentes, entre sus estructuras
parciales, vínculos, aproxim aciones repentinas, inesperadas o imposibles
de alca nza r por el desarrollo lógico, pero que nos dan, solas y de una
vez, la sign ificación del pensam iento global presente. Este pensam iento
— esta idea— no es dem ostrativo y no aporta ninguna solución transferible, no siendo además desm ontable en sus partes. Pero es una verdad,
la Verdad del nacim iento de un nuevo ser. El aporte de este conocim iento
nuevo no es nunca una ley, y ciertam ente tam poco un concepto puro;
pero, más que una imagen, es un hecho. A sí, por m edio de este otro
modo de pensam iento sim bólico, el campo de lo cognoscible se ha e xte n ­
dido, y nos aproxim am os un poco más a la naturaleza de las cosas o,
más bien, al misterioso tra b a jo de elaboración form adora de la naturaleza.
Langer nos propone el cuadro como el ejem plo de sím bolo no discursivo
más fa m ilia r. Sus elementos componentes no tienen siquiera designación
propia, y sólo nos transm iten una to ta lid a d , puesto que en sí mismos
no tienen nunca sign ificación independiente. No hay uno solo c'e estos
elementos parciales que sea portador de símbolo, aun cuando se lo v u e l­
va a encontrar en otra to ta lid ad .
El sím bolo no discursivo nos habla siempre en "u n a presentación integral
y sim u ltá n e a ". Es lo que Langer llam a "e l sim bolism o p re sen ta tivo".
"V e h íc u lo norm al y válido de s e n tid o ", vendría a "ensanchar nuestra con­
cepción de la realidad mucho más lejos de los lím ites tra d ic io n a le s ". Se
apelaría al sim bolism o no discursivo precisam ente a llí donde se tra ta ra
de expresar ¡deas, que resultaran demasiado sutiles o com plejas para ser
expresadas en el encadenam iento del lenguaje discursivo. Según Langer
su fu nció n principal sería "co n ce p tu a r el flu jo de las sensaciones". Como
sus productos sen siem pre cosas concretas, sería imposible su bs titu irlo por
" u n pensam iento nacido del len gu aje ".
Basándose en las concepciones intuicion istas de los gestaltistas, la teórica
del sim bolism o presentativo nos hace notar que la racionalidad desciende
hasta el plano rud im e nta rio de la organización psicofísica de la percep­
ción. Es a llí — ya en ese nivel elem ental— que aparecen las prim eras
m anifestaciones de la inteligencia. Las estructuras form ales o rg a n iz a ­
das por nuestros sentidos resultan la prim era etapa del proceso de abs­
tracció n m ental, pues probablem ente ya llevan en sí una cierta dosis de
m aterial sim bólico. "L os ojos y el oído fa b rica n sus propias abstracciones,
y pueden en consecuencia d ic ta r sus form as particulares de concepción.
Sin embargo, estas form as se derivan exactam ente del mismo m undo que
aquellas, com pletam ente diferentes, conocidas por la fís ic a ".
La obra de arte no tiene un sentido literal constante que se pueda tra n s ­
fe rir a las palabras. La comprensión de su naturaleza o de su mensaje
llega de golpe, como un 'fla s h ' de luz. En vez de acum ula r para nosotros
proposiciones, nos da visiones repentinas de las cosas y m u ltip lic a el espa­
cio de nuestras concepciones.
En los lím ites precisos definidos p o r varias ramas de la ciencia moderna,
como la m atem ática, la sem ántica y la psicología, el arte moderno puede
al fin establecer con aquélla relaciones de una extrem a fecundidad. Ellas
vendrán a a m p lia r de nuevo los horizontes del pensam iento hum ano, p e li­
grosam ente reducido por la hegem onía u n ila te ra l del pensam iento con­
ceptual ¡ntelectualista. Pero lo que la ciencia, y sobre todo el a dve ni­
m iento del arte moderno, nos m uestran, es que la era del racionalism o
sistem ático ha pasado. La ciencia moderna, no obstante sus audacias
fu lgu ra ntes y sus descubrim ientos, es sin embargo incapaz de darnos una
síntesis de sus propias m iras, o una nueva concepción del m undo o una
m itología. Sólo el arte puede asignarse esta tarea. Pero esto presupone
una revisión de nuestros hábitos m entales, racionalizados en exceso. El
arte deberá aquí resistir los métodos mismos de la ciencia, y ganar los
espíritus a un nuevo modo sim bólico del pensam iento, su modo específico.
El filó so fo am ericano Dewey ha e m itid o al respecto la opinión siguiente,
que es tam bién un v a tic in io y un deseo: "P robablem ente llegará un día
en que se reconocerá universalm ente que las diferencias entre los esque­
mas lógicos coherentes y las estructuras a rtística s en la poesía, la música
y las artes plásticas son de orden técnico y especializado más que substan­
c ia l". Sólo entonces las relaciones entre el arte y la ciencia podrán ser
planteadas con toda claridad.

17

�foto Groebli (Z ü ric h )

Verena Loewensberg

18

D e fin ir la o rie n ta c ió n p ic tó ric a de V e re n a Loewensberg com o "c o n c re ta "
es una s im p lific a c ió n cóm oda pero que el a rtis ta no merece.
Q u ed aría por a v e rig u a r si la d e n o m in a c ió n de a rte co ncreto , al ser a p li­
cada a e xpe rie ncias estéticas que d ifie re n n e ce sariam en te de un a rtis ta
a o tro , p o r la n a tu ra le z a de la in s p ira c ió n o por el é nfasis, conserva to d a ­
vía a lg o de la s u b s ta n tiv id a d c o n c e p tu a l que le hemos a trib u id o . Pero
no es sólo esto. En el a rte c o ncreto es posible a d v e rtir la existen cia de
o rie n ta cio n e s que c o m ie n z a n a d ife r ir , p a rtie n d o de un p u n to situado
en el n eo plasticism o. Sería in ú til, desde luego, in te n ta r d e d u c ir esas
o rie n ta cio n e s de un p rin c ip io a x io ló g ic o c o m ú n ; ellas no pueden ser sino
el resu ltad o de una a c tiv id a d espontánea del a rtista .
De c u a lq u ie r m odo, la in flu e n c ia del n e o p la s tic is m o en el d esa rrollo del
a rte co n cre to no necesita ser subrayada. N o es la ú nica, por cie rto , a u n ­
que sí la m ás pon de ra ble . Las o tra s in flu e n c ia s , más laten tes que m a n i­
fie stas, h a b ría que buscarlas en el su p re m a tis m o de M a le w itc h y en el
c o n s tru c tiv is m o de Gabo y Pevsner.
A h o ra b ien, de todas las in flu e n c ia s a p u n ta d a s es la n e o p la sticista la
que a ctú a en m a y o r m ed id a sobre la obra de V e re n a Loewensberg. Cabe
sin em bargo, una a c la ra c ió n : se ha in s is tid o siem pre en lo más aparente

�pintura nP 102

y secundario de la in flu e n c ia neoplasticista — el neoplasticism o ha co n ­
fo rm a do algo así como un estilo—
m ientras que su p ro ble m á tica ha
quedado lige ra m e nte obscurecida.
Una parte esencial de esa p ro ble m á tica ha estado centrada en el tem a
del planism o y en la a bo lición de la anécdota plástica como suceso que
se localiza aisladam ente en la tela. Según V a n Doesburg, el p in to r debía
abandonar el eje del cuadro, m om ento p riv ile g ia d o de la com posición
clásica, para e x a lta r los bordes, persiguiendo con esto una doble fin a li­
dad: la de preservar el plano y la de su ge rir la c o n tin u a ció n del cuadro,
más a llá de los lím ite s de la tela.
Estas premisas del neoplasticism o dieron origen a uno de los temas más
fu e rte m e n te d iferenciados del a rte concreto, tem a que se anuncia ya en
el M o n d ria n de la ú ltim a época y en los "in te rv a lo s " de V a n to n g e rlo o :
el tem a de las series. Ha podido hablarse a propósito de esto, de una
estética de los grupos, por oposición a una estética de lo sing ula r, p o r­
que, en efecto, las series im p lica b an una o rg an ización del cuadro co m p le ­
ta m e nte d is tin ta de la conocida hasta entonces. í 1)
( ! ) V . A n d re a s S peiser: " L a n o tio n de groupe e t les a r ts " . Les g rands co u ra n ts de la
pensée m a th é m a tiq u e , C ahiers du Sud, 1 9 4 8 .

19

�p in tu ra

nP 139

Este te m a es el que ha p reocupado más a V e re n a Loewensberg. A quí
nos lim ita re m o s a una d escrip ción su m a ria del mismo.
El p in to r co m ien za por co n sid e ra r el p la n o com o una m a g n itu d de valor
co nsta nte que él debe conservar. Los elem entos fo rm a le s que emplea
no tie n e n v a lo r por sí m ism os, sino por la s itu a c ió n que ocupan en la
serie y ésta es un c o n tin u o que los absorbe a todos, de ta l m anera que
la percepción no es a tra íd a por n in g u n o de ellos en p a rtic u la r. Las series
p in tu ra nP 111

20

�21

�pueden ser o rg a n iz a d a s por una re la c ió n de tip o g e o m é tric o o de tip o
n u m é rico , en la que el p in to r in tro d u c e una v a ria c ió n , co h e re n te con la
co nve nción que ha a do pta d o, d estin ad a a in c o rp o ra r un e le m e n to de s i­
m e tría o de d is c o n tin u id a d . De este m odo el c u ad ro deja de ser una
to ta lid a d con je ra rq u ía s in te rio re s e in d ic a una c o n tin u a c ió n v irtu a l de
la serie fu e ra de sus propios lím ites.
Pero no to da la p ro d u c c ió n p ic tó ric a de V e re n a Loewensberg está o rie n ta d a
en esta d ire c c ió n . En a lg un os de los cuadros a q u í reproducidos se advierte
su interés por otros problem as, en especial los que re su lta n de un tr a ta ­
m ie n to del p la n o d is tin to del ante rio r.
En estos cuadros la u n ifo rm e sucesión rítm ic a que c o n s titu y e la serie, es
s u b s titu id a por la a g ru p a c ió n en zonas aisladas de elem entos plásticos, lo
que im p lic a una búsqueda de situ acion es espaciales.
En e fe cto , en el p rim e r caso, estas situ a cio n e s se p resentan sum am ente
d e b ilita d a s d ebido a que el p la n o es co nside rad o en el se ntid o neoplasticista , com o una in v a ria n te con respecto al sistem a representado por las
series.

22

�Estas tra n s c u rre n , por d e cirlo así, en el p la n o sin in c o rp o ra rle d im e n s io ­
nes nuevas. En el segundo caso, en ca m b io , el p la no está en c ie rto m odo
co n fo rm a d o por la s itu a c ió n plá stica.
En d e fin itiv a , lo que hemos co nve nido en lla m a r espacio en una p in tu ra
concreta, no es o tra cosa que el re d e scu b rim ie n to de la fu n c ió n v a ria b le
del plano, fu n c ió n que ha hecho posible la p in tu ra , en una p a la b ra , y de la
que a q u e lla noción es sólo una a p ro x im a c ió n in tu itiv a .
Nos hemos lim ita d o a una c a ra c te riz a c ió n su m a ria de la p ro b le m á tic a
p ic tó ric a de V e re n a Loewensberg, es d e cir, de a q u e lla p a rte de su lab or
creadora que es susceptible de g e n e ra liza cio n e s verbales. Es innecesario
a g re g a r que éste es uno de los m ú tip le s aspectos que o fre ce la obra de un
a rtis ta y no nece sariam en te el más im p o rta n te .
A . H.
fo to M ich a e l W olg e n sin ge r (Z ü ric h )

p in tu ra nP 84

23

�p in tu ra n&lt;? 126

Verena Lowensberg
N a d ó d 23 de M ayo de 1912 en Z ü ric h . Cursó
cs.uaios en la "G sw erb e sch ule" de Basilea y en
la "A c a d e m ie M o d e rn e " de París. Es m iem bro
del grup o " A llia n z " . E'xpone desde 1936 en Z ü ric h ,
Basilea, S a n kt-G a llen , París. V ive en Z ü ric h .

24

�Situación del arte concreto
A lfr e d o H lito

Los m o v im ie n to s m o d e rn o s p o ste rio re s al c u b is m o se p re s e n ta ro n in v e s ­
tid o s con un c a rá c te r de n e c e s id a d : e ra n el p ro d u c to n e c e s a rio de una
e v o lu c ió n n e c e s a ria ; a l m is m o tie m p o que p re s c rib ie ro n el m od o de h a c e r
el a rte , e s ta b le c ie ro n u n a le g a lid a d y u n a ¡le g a lid a d . T o d a v ía los c u b is ta s
h a b ía n to le ra d o a R ousseau y a la a n g e lic a l M a r ie L a u re n c in ; después,
esto ya no ilpa a ser p o sib le . Sólo el d a d a ís m o se p ro p u s o ser a s is te m á tic o
y h e te ro d o x o .
T o d o p a re ce in d ic a r que la p re te n s ió n de fu n d a r el a rte sobre p o s tu la d o s
y a x io m a s c o rre sp o n d e a las nece sid ad e s de u n a a c titu d e s p iritu a l que
ya no es la n u e s tra .
En e fe c to , hoy, la ta re a p a re ce ser o tra . Por de p ro n to , u na m a y o r f a m i ­
lia rid a d con las n uevas fo rm a s p a re ce no e x ig ir de n oso tro s esa v ig ila n c ia
severa q ue c a ra c te riz ó a los p rim e ro s c o lo n iz a d o re s del n u e vo m u n d o
v is u a l. La n a tu ra lid a d y la e s p o n ta n e id a d e stá n lla m a d a s a re e m p la z a r
la p ro lo n g a d a ascesis re p re s e n ta d a p o r el n e o p la s tic is m o y el c o n s tr u c tiv is ­
m o. Esta m is m a n o c ió n de un a rte c o n s tru c tiv o tie n d e a id e n tific a rs e ,
ca da ve z m ás, con el p e río d o c'e c o n s titu c ió n de las fo rm a s q ue h o y e m p le a
el a rte a b s tra c to . En u n a p a la b ra , es u n a n o c ió n a rc a iz a n te .
Sin e m b a rg o , m e p a re ce que n u e s tra s itu a c ió n no está b ie n , re fle ja d a
en este e squem a. En m i o p in ió n es b a s ta n te m ás c o m p le ja . Por o tra
p a rte , no cre o que nos lib re m o s de la re s p o n s a b ilid a d de a n a liz a r la a
fo n d o y de a d o p ta r, en co n s e c u e n c ia , u na a c titu d fr e n te a las o p cio n e s
q ue se nos o fre c e n , re fu g iá n d o n o s en u n p re te n d id o a u to m a tis m o de las
fo rm a s , co m o si éstas se m o v ie ra n im p u ls a d a s p o r u n a d ia lé c tic a in te r io r
in e v ita b le . U na s u p o sició n s e m e ja n te o c u lta m a l el h e c h o de q ue esas
fo rm a s son el re s u lta d o de n u e s tra e le c c ió n y el te s tim o n io v is ib le , in c o r ­
p o ra d o in c lu s o a las fo rm a s m ás p re cisa s y d e p u ra d a s , de las v ic is itu d e s
y o p cio n e s del a rte que hem os e scogido.
Si h o y p od em os h a b la r de u n a m a y o r fa m ilia r id a d con las n ue vas f o r ­
m as, es a c o n d ic ió n de no c re e r q ue e sta m o s en s itu a c ió n de s e rv irn o s
de e lla s con in g e n u id a d e in o c e n c ia , ig n o ra n d o o p re te n d ie n d o ig n o ra r
las c o n d ic io n e s de te m p e ra tu ra e s p iritu a l en que fu e ro n o b te n id a s .
De n u e s tro p a sa d o a rtís tic o re c ib im o s fre c u e n te m e n te los te m a s y los
p ro c e d im ie n to s p ero ta m b ié n , c o n v ie n e no o lv id a r lo , u n c ie rto c o n fo rt
in te rio r. Es lo q ue nos p e rm ite p in ta r u na ca b e z a de to ro s a n g ra n te en
el b o u d o ir de u na n iñ a y tre s o c u a tro lín e a s sobre u n a s u p e rfic ie b la n c o ,
a m a r illa o ro ja , sin e x p e rim e n ta r n in g ú n v é rtig o p o r e llo .
T o d o sucede co m o si h u b ié se m o s d e ja d o de c o n s id e ra r esos h echos co m o
s itu a c io n e s lím ite s de la e x p e rie n c ia y se h u b ie ra n o b je tiv a d o , p o r d e c irlo
así, p a ra noso tro s. C o n v e rtid o s en te m a s, en p ro b le m a s , en s itu a c io n e s
co n g e la d a s , ca be e x tra e r ce e llo s c o n c lu s io n e s y e nse ña nza s.
Pero no sólo esto. Están ta m b ié n las c o n d ic io n e s de d ifu s ió n del a rte
m o d e rn o , es d e c ir, el m o d o en q ue fin a lm e n te ha sid o a c e o ta d o e in flu y e
en la v id a c o tid ia n a . A q u í se ha o p e ra d o un p roceso de d e s tila c ió n d o n ­
de el a rte m o d e rn o ha d e ja d o casi to d a su s u b s ta n c ia s ig n if¡c a tiv a .
H a b ría que m e n c io n a r la ra p id e z con q ue los g ra n d e s te m a s h a n sido
a p rove cha do s, p a ra p e rp e tu a r el deso rd en v is u a l de n u e s tra época. A lg u ­
nos c o n v e n d rá n en q ue esta d ifu s ió n es un tr iu n fo . O tro s , en q ue es
o p o rtu n is m o . M ie n tra s ta n to no p od em os e v ita r q ue a q u e lla s fo rm a s se
h a y a n v a c ia d o de to c o s ig n ific a d o D ) .
H a b itu a d o s , a de m á s, a c o n s id e ra r la h is to ria del a rte m o d e rn o en
el aspecto de u n a tr a n s fo rm a c ió n p ro g re s iv a de los m e d io s e xp re sivo s,
esa h is to ria ha q u e d a d o re d u c id a poco m en os q ue a la n a rra c ió n de
los a c o n te c im ie n to s p u ra m e n te fo rm a le s a c a e c id o s en el a rte de los ú l­
tim o s c u a re n ta años. La co n s e c u e n c ia es u n a a lte r n a tiv a que p a ra a lg u ­
nos c o n s titu y e la e n c ru c ija d a del p re s e n te : la c o m p u ls ió n h a c ia nuevas
fo rm a s y m e d io s de e x p re s ió n o el e s ta n c a m ie n to .
¿Es le g ítim a esta a lte rn a tiv a ? M e in c lin o a c re e r q ue no. A c e p ta r la
e q u iv a ld ría a re co n o ce r la a u te n tic id a d de u n a a c titu d e x p e rim e n ta lis ta
y p u ra m e n te e m p íric a , sin ideas d ire c tric e s fe c u n d a s y, en el fo n d o , sin
m ayores riesgos; la resp o n sa b le , en u n a p a la b ra , de lo q ue h o y c o n o c e ­
m os co m o b u e n o m a l g u s to m o d e rn o .
Esto no q u ie re d e c ir que d eb am os a d o p ta r u n a a c titu d de c o n s e rv a c ió n ,
ni s u ste n ta r la c re e n c ia a b s u rd a de q ue c ie rta s fo rm a s h a n a lc a n z a d o
una e s ta b ilid a d c lá sica y d e fin itiv a . Pero m e p a re ce ig u a lm e n te a b s u rd a
la p re ten sión de a d o p ta r, fr e n te a n u e s tro p asado a rtís tic o , la m is m a
a c titu d que en 1 91 0 se a d o p tó fr e n te a la tr a d ic ió n a c a d é m ic a del s ig lo

Este e je m p lo es un caso e x tre m o , pero fre c u e n te ,
de a d a p ta c ió n de los te m a s del a rte m o d e rn o a
s itu a c io n e s que d e s v irtú a n y e x tr a v ía n sus s ig n i­
fic a d o s . (T h e A m b a s s a d o r)

í 1) Estas c o m p ro b a c io n e s está n to ta lm e n te e x e n ­
ta s de m a l h u m o r y de pesim ism o. N o es m i
p ro p ó s ito m o r a liz a r sobre las c o n d ic io n e s de d i­
fu s ió n del a rte m o d e rn o , en n u e s tra época en
g e n e ra l, ni e n tre n oso tros en p a rtic u la r. Lo m a lo
de a q u í no m e a flig e m ás que lo m a lo de a llá .
La a c titu d de re c h a z o a d o p ta d a fre n te a los re ­
s u lta d o s de esa d ifu s ió n en n o m b re de la c a li­
d a d , no m e pare ce que d ifie r a s u b s ta n c ia lm e n tc
de la a c titu d re p re s e n ta d a por un cóm odo a sen ­
tim ie n to . A m b a s , a m i ju ic io , e n tra n en la c a ­
te g o r ía de lo que V e b le n ha lla m a d o " e l c o n ­
su m o v ic a r io " .
Pero m i p ro p ó s ito es o tro .
Al
m e n c io n a r esas co n d ic io n e s he q u e rid o te n e r ­
las en c u e n ta com o d a to s de una s itu a c ió n , es
d e c ir, com o v e rific a c io n e s ; en s e n tid o p o s itiv o
m ás b ie n que en s e n tid o n e g a tiv o . Es s u fic ie n te
que se saque de esto, a l m enos, la co n clu sió n
de q u e no e sta m o s tra b a ja n d o en co n d ic io n e s do
la b o ra to rio y de que h a b ría que d e ja r de re n d ir
un tr ib u to p u ra m e n te re tó ric o a la c u ltu r a m o ­
d e rn a .

25

�Formas espontáneas de d ifu sió n o btenidas sobre
una base húm eda. (Fernández M u ro)

(2) " A s í tenem os a nte nosotros una situ a ció n
que es al m ism o tie m p o c o n tra d ic to ria y u n ita ­
ria : esto es, m ie n tra s la filo s o fía de los ú ltim o s
die z años se dedicaba a l existe n cia lism o, el a rte
se d irig ía hacia el esencialism o y el in m a n e n tísm o " J. P. H odin, A rti visive, n9 1.

(3) La m ayor p a rte de las "h is to ria s " del a rte
m oderno están confeccionadas según un p atró n
teo ló g ico . En el p rin c ip io fu é Cézanne. De Cézanne nació el cubism o y de éste el a rte a bs­
tra c to . Este m étodo de d e sin fo rm ación es a p a ­
re nte m e n te ino fe n sivo pero su acció n prolongada
puede re su lta r dele té rea ; es el caso de quienes
se detienen . a p re g u n ta r: ¿qué seguirá ahora?
H ab ría que decir, en to d o caso: fu e ro n los neopla sticista s, los co n stru ctivista s, los supre m a tistas, etc. los que sacaron sus propias conclusiones
del cubism o, conclusiones que im p lica ba n una v o ­
lu n ta d d is tin ta de la de los cubistas. El desarrollo
del a rte hasta nuestros d ía s no parece ju s tific a r
un m onismo. A h o ra bien, a lg o de esta concep­
ció n m onista está presente en las distinciones
que se hacen entre a rte a b stra cto y concreto, y
según las cuales el a rte concreto sería una fo rm a
"m á s consecuente" del abstraccionism o.
No hago un problem a de las denom inaciones.
Es conocida la im precisión in h e ren te a todas
ellas. Su em pleo está sujeto, en cada paso, a
cautelas y lim ita cio n e s perm anentes. No creo que,
ta l como existen, n in g ú n rig o r conceptual pueda
a ñadirles precisión. Esta im p o sib ilid a d prueba so­
la m e n te que un cam bio de o rie n ta ció n en el
enfoque de los problem as que p la n te a el a rte
contem poráneo es, adem ás de necesario, deseable.

26

X IX . Un exam en s u p e rfic ia l re v e la ría lo in fu n d a d o de esta pretensión
Con todo, una so lu ción n o rm a tiv a y a p rio rís tic a , com o la s u sten ta ro n las
te nd en cias c o n s tru c tiv is ta s , no co rresp on de ría ta m p o co a nuestras nece­
sidades presentes. N o sólo debido a ese proceso de d e sa rro llo y m a d u ra ­
ción que ya señalam os; por otros m otivos ta m b ié n . En la a spira ción
a la n o rm a tiv id a d e n tra b a un in g re d ie n te a p o c a líp tic o que fu é , p o r o tra
p a rte , com ú n a todos los m o v im ie n to s que sucedieron al c u b ism o : la
in m in e n te absorción del a rte en fo rm a s de vid a m ás a lta s y m ás intensas.
Era el m om en to en que p a re c ía n c o in c id ir los cam bios rad ica les del a rte
— la nueva p lá stica , d e spo ja d a de lu d a v ib ra c ió n in d iv id u a l----- y los
cam bios rad ica les que en lo económ ico y en lo social te n d ía n hacia el
co le ctivism o .
Porque, después de todo, es im p osib le co m p re n d e r esos m o v im ie n to s sin
te n e r en c u e n ta la idea del a rte que han propuesto. C onsiderados en
este aspecto, a p a rte las obras que p ro d u je ro n , esos m o v im ie n to s c o n te ­
n ía n un p ro gram a . N o a s p ira ro n a a lg u n a especie de c u lm in a c ió n o de
clasicism o, pero, en c a m b io , te n ía n la c e rtid u m b re de h a b e r colocado el
a rte a n te su ve rd ad ero d e s tin o : el que el h om bre m erecía. Los p rin c ip io s
a rtís tic o s que fo rm u la ro n , aislados de estos co nte xto s, se reducen a unas
cu an tas fó rm u la s secas e inexpresivas recogidas p o r los m anuales de d i­
v u lg a c ió n , en donde resulta ya im p osib le sospechar to d o lo que h a b ía de
a u d a z y de h ip o té tic o en la p re sun ción n o rm a tiv a que los a n im a b a .
Pero esos p ro gram a s c o n s titu y e n , en g ra n p a rte , el p ro g ra m a del e s p íritu
m oderno. Sin dud a, no los podem os a c e p ta r ta l com o están. H a y cosas
en las que ya no creem os o en las que creem os de o tro modo.
El in te n to , com ú n a las te nd en cias c o n s tru c tiv is ta s de id e n tific a r las
leyes del a rte con las leyes del universo es ing en uo pero ta m b ié n in e x a c ­
to. H a sido una consecuencia de la a m b ic ió n , le g ítim a p o r lo dem ás, de
fu n d a r el a rte en té rm in o s de necesidad y de u n iv e rs a lid a d . Por o tra p a r­
te, ese in te n to resu ltab a a p a re n te m e n te co rro b o ra d o p o r las m ism as f o r ­
mas g e o m é trica s a las que se a c u d ía en re e m p la zo de las o tra s, ya que
p a re cía n in c o rp o ra r al a rte el c a rá c te r in ta n g ib le de las proposiciones
a x io m á tic a s . (2)
Pero esta suposición ha dem ostra do ca re cer de fu n d a m e n to s reales La
perspe ctiva c u ltu ra l ha ree m p laza do en nosotros a la p erspectiva cósm ica.
Desde el p u n to de v is ta que nos p ro p o rcio n a este nuevo e nfo q u e c o m p ro ­
bam os que a q u e lla s fo rm a s han re su lta d o no ser in ta n g ib le s . A l pasar
al a rte e x p e rim e n ta ro n una p e rtu rb a c ió n im p re v is ta . Se v o lv ie ro n , de
p ro n to , s ig n ific a tiv a s . A l d e ja r de e star re fe rid a s a las operaciones in s­
tru m e n ta le s del p en sam ien to, p e rd ie ro n a lg o de su e squ em atism o a b s tra c to
in ic ia l; han quedado in co rp o ra da s a los procesos h a b itu a le s de la
e xp e rie n cia .
T ra slad ad as al a rte ta m p o co te n ía n , com o se h ab ía pensado, un d estin o a
la rg o pla zo. N o estaban d estinadas a espectadores que no conocem os,
a espectadores ideales en c irc u n s ta n c ia s ideales. Por el c o n tra rio su des­
tin o ha sido in m e d ia to : han e n tra d o en el c ic lo del consum o visu a l de
nue stra época y sus co nte nid os se re a liz a n - — o se d e s re a liz a n , más b ie n —
sin la co op eració n de pau tas c u ltu ra le s fa vorab les.
Esta e ve n tu a lid a d , con todo, es lo que las hace v á lid a s p ara nosotros, y no
por ser las d ep osita ría s de los ritm o s p ro fu n d o s y de las e s tru c tu ra s esen­
ciales del universo, o porque en ellas se c u m p la n las p re m o n icio n e s c o n ­
te n id a s en el Filebo. Nos e nco ntra m o s ta n lejos de estas ú ltim a s com o
de los iconoclastas del siglo IX .
Esta e v e n tu a lid a d es la que nos ha p e rm itid o ta m b ié n a b a n d o n a r d e fi­
n itiv a m e n te esa tediosa a s p ira c ió n a un a rte g eo m é trico .
Sin em bargo, sería un e rro r suponer que la p ropensión a u tiliz a r las fo rm a s
de la g e o m e tría fu é d ic ta d a e x c lu s iv a m e n te por el a fá n de s u b s titu ir una
te m á tic a ya enve je cida . K a n d in s k y dem ostró que eran posibles o tros re­
p e rto rio s fo rm a le s p ro ven ien tes de operaciones m enos e x p líc ita s del e s p í­
ritu , y su co he re ncia no fu é p o r e llo m enor. Las obras p ro du cida s com o
a rte a b s tra c to c o n s titu y e n en su m a y o ría p ro lo n ga cio n es del cubism o, del
fa u v is m o y del su rre a lism o , de las cuales se han hecho desaparecer los
ú ltim o s ve stigios de rep re sen ta ció n . N o p ro vie n en de la g e o m e tría .
En m i o p in ió n , lo que ha d is tin g u id o desde el c o m ie n zo a las te nd en cias
c o n s tru c tiv is ta s ha sido una v o lu n ta d de a rte d is tin ta . (3) Para d e c irlo
brevem ente, una v o lu n ta d d irig id a a hace r del o b je to e stético un p ro d u c to
c a lc u la d o y consciente, susceptible de ser re m itid o a un orden v e rific o b le
de leyes. U na v o lu n ta d de co n fe c c ió n , se d iría , más que una v o lu n ta d de
expresión.
La noción de le g a lid a d , re fe rid a a las e s tru c tu ra s estéticas, ha sido o b ié to
de un la rg o debate. En este d ebate se han e n fre n ta d o las d ic o to m ía s t r a ­
d icio n a le s : ra z ó n -in s tin to ; frío -c a lie n te ; a p o lín e o -d io n is ía c o . Pero estas
d istin cio n e s que en to d o tie m p o se a p lic a ro n a los pro du cto s del a rte ,
nece sariam en te diversos, co b ra ro n un d ra m a tis m o especial. En lu g a r de

�ser empleadas com o nociones accesorias, p u ra m e n te descriptivas,, fu e ro n
empleadas en sentido e le ático . El p ro ble m a de los m étodos se tra n s fo rm ó
en un problem a o n to ló g ico . La p re ocu pa ción por el hacer, pre ocu pa ción
de raíces renacentistas que h a b ía d ic ta d o los tra ta d o s a lb e rtia n o s , fué
reem plazada p o r el te m a filo s ó fic o , heredado del ro m a n tic is m o , de la
precedencia o n to ló g ic a de la im agen estética.
Desde que sabemos que cabe o b te n e r im ágenes ig u a lm e n te 'in u s ita d a s ',
sin interven ción de fa c u lta d e s creadoras especiales — lo que la cá m a ra
fo to g rá fic a probó para el a rte tra d ic io n a l, la fo to g ra fía sin c á m a ra lo ha
probado para el a rte concreto— - ese p ro ble m a ha p e rd id o toda d ra m a ficida d para nosotros.
Para quienes hemos escogido un a rte de v o lu n ta d 'c o n s tru c tiv a ' (4) el p ro ­
blema consiste en saber si esta cu a lid a d es p a trim o n io e xclu sivo de cie rta s
fo rm a s o de cierto s p ro ce d im ie n to s. (5)
A q u í cabe hacer u no a c la ra ció n . C uando se dice a rte q e o m é trico , nunca
se sabe si se está h a b la n d o de 'fo rm a s ' o de 'procesos'. La d is tin c ió n es
im portante. La u tiliz a c ió n de fo rm a s g eom étricas, p o r sí sola, no g a ra n ­
tiz a la lim p id e z de los procesos e stru c tu ra le s que se persigue al e m ­
plearlas. En ca m b io , el em pleo crea do r de p ro ce d im ie n to s g eom étricos
puede co n d u c ir y conduce con fre c u e n c ia al log ro de situ acion es e s té ti­
cas, en donde el c a rá c te r in s tru m e n ta l de aquellos p ro ce d im ie n to s puede
re s u lta r casi irre con ocible .
Pero, en todo caso, serán estas 'situ a cio n e s e s té tica s' las que fin a lm e n te
c o n fe rirá n a las fo rm a s su ve rd ad ero se ntid o, y no el lu g a r del e s p íritu ,
si me puedo expresar así, del que provienen. En e fe c to , hasta ahora
hemos h ablado sólo de fo rm a s, no de la p in tu ra y de la e s c u ltu ra com o
to ta lid a d e s .
Los m anuales de g e o m e tría nos h a b ía n h a b itu a d o , m uch o antes que el
arte concreto, a conocer las fo rm a s com o operaciones puras del e s p íritu ,
pero es al ser trasla da da s a las situ acion es típ ic a s de la p in tu ra y de la
e scu ltu ra cu an do e m p ie za n a te n e r s ig n ific a d o para nosotros.
A hora bien, la a c titu d c o n s tru c tiv is ta ha co nsistido hasta hoy, en la
estim ación de que cierta s situ acion es p lá stica s son ó p tim a s con relació n
a otras. H a e xistid o una selección d e lib e ra d a de los tem as.
Esta a c titu d ha sido, p o r lo dem ás, com ú n a todos los m o v im ie n to s m o ­
dernos. Se ha observado que cie rta s p in tu ra s son im p resion istas, cu bista s
o neoplasticistas porque in vo lu cra n , adem ás de una s im ilitu d fo rm a l y
de propósitos, una sum a más o m enos v a ria b le y a rb itra ria de res­
triccio ne s.
Es que una te o ría e stética supone, adem ás de un c o n ju n to de ideas sobre
el arte, la creación de condiciones e xp e rim e n ta le s p ro picias, e n tre otras,
la reducción de los tem as probables del a rte , a los que son susceptibles
de ser v e rifica d o s en condiciones de la b o ra to rio . Pero al m ism o tie m p o
estas condiciones no pueden ser prolo n ga da s in d e fin id a m e n te . De a q u í
que no hayan podido ser m a n te n id a s más a llá de cie rto s lím ite s , y no
sólo por razones de discrep a ncias sino porque, a la la rg a , im p lic a b a n un
em pob re cim ie nto de las v irtu a lid a d e s expresivas, al re d u c irla s a una sola
de sus posibilidades, con la co n sig u ie n te e lim in a c ió n del riesgo y de la
a v e n tu ra .
En condiciones de la b o ra to rio la s itu a c ió n p lá s tic a que sel busca expresar
está d ete rm ina da , fre cu e n te m e n te , por una conve nción e s tilís tic a o por
el va lo r a x io m á tic o concedido a situ acion es que se ju z g a n ó ptim as.
El objeto, p in tu ra o e scu ltu ra , m ue stra la im p ro n ta de u n o ley que desen­
cadena el proceso cre a d o r pero que éste no produce.
Todo parece in d ic a r que nos e n co ntra m o s hoy a n te una s itu a c ió n que el
a rtista m oderno sólo conoció de un m odo esporádico y com o reacción a la
ortodoxia de las escuelas: la p o s ib ilid a d de c o n c e b ir una m u ltip lic id a d
de situaciones p lá stica s d e n tro de un m ism o universo de sentido.
Pero una m u ltip lic id a d de situ acion es p lá stica s supone una m u ltip lic id a d
de soluciones o, al m enos, requiere una fle x ib ilid a d de los rep erto rio s
form ales que les p e rm ita h ace r fre n te a las s o lic ita c io n e s de una e xpe ­
rie n cia que se a c re c ie n ta y se d iv e rs ific a .
La idea de una le g a lid a d e x te rio r al o b je to parece esfum arse a q u í del
todo. Sin duda. Pero será necesario entonces e n c o n tra r p ara cada s itu a ­
ción la ley que le corresponda 'p a rtie n d o de sus propios supuestos', y no de
la consideración de que la p in tu ra , por e je m p lo , debe c o n s is tir en tres
colores más bien que en c u a tro o en cinco. (6)
A q uí, me interesa su b ra ya rlo , volvem os a e n co n tra rn o s con todos los
v
riesgos.
T ra to de colocarm e en el m o m e n to en que el a rtis ta co ncibe v a g a ­
mente lo que q uiere expresar, y no en la p erspe ctiva de la o rie n ta c ió n
a la que fin a lm e n te quedará a d ju d ic a d a su obra. El m om en to de la
interioridad de la crea ció n que el a rtis ta no puede v ic a ria r en c rite rio s
form ales sancionados, a m enos de s a c rific a r una p a rte c o nside rab le de
sí m ism o.

( 4) Con este té rm in o quiero in d ic a r solam ente
una a c titu d posible fre n te a l hacer a rtís tic o , d e ­
jan d o de la d o las connotaciones em ocionales que
v a n unidas a él.
(5) Según D orfles los verdaderos "p ro ta g o n is ta s "
del a rte concreto serían las fo rm a s "s ie m p re re­
currentes de to d a expresión g r á fic a " ; e n tre o tra s :
el .cuadrado, el rom bo, la espira l, etc. G illo D or­
fles, "D iscorso Técnico delle A r t i " , N is tri-L is c h i,
Pisa 1952.
(G) Esto tie n e sentido solam ente desde el p un to
de v is ta que sustento a q u í. Es c la ro que re sulta rá
c o m p le ta m e n te obvio para quien nunca se ha in ­
teresado en estos problem as. Las producciones dsl
e s p íritu se m ueven sobre la base de in fid e lid c d s s
y la in fid e lid a d , en este orden, in d ica un grad o
superior de la cdÜerenda y de la adhesión.

27

�(7) A ra íz de esto se ha pensado que las p in ­
tu ra s debían ser absorbidas en una empresa que
lo in te g ra ra todo. En esta idea hay que recono­
cer dos m otivos de procedencia d is tin ta : el del
m uralism o y el del fu n cio n alism o . A m bos parten
de la consideración de que el cuadro com o u n i­
dad independiente está en crisis, pero por razones
opuestas. Los prim eros porque aspiran a aum e n ­
ta r c u a n tita tiv a m e n te el poder de tra s m itir sig n i­
ficados por m edio de un a rte de masas; los se­
gundos, porque a d m ite n , e x p líc ita m e n te o no,
que el a rte ha cesado en su fu n c ió n de tra n s m itir
significa do s. E's interesante com probar que las
tendencias al a rte -s ig n o y al a rte -o b je to , opues­
ta s e n tre si coinciden en un p u n to ; la in stru m e n ­
ta c ió n to ta l del arte.
No sostengo la perm anencia de los géneros a r­
tís tic o s . Si el cuadro debe ser superado lo será,
sin duda, pero no a costa de la pérdida de una
fo rm a expresiva to d a v ía im p o rta n te , sino en v ir ­
tu d de un desarrollo " d ia lé c tic o " , por o jom plo, &lt;sl
cam ino señalado por M oholy.

28

M e rla u -P o n ty lo ha expresado con e x a c titu d : la concepción no puede
preceder a la eje cució n. En o tra s p alabras, el a rtis ta no tie ne la con­
cie n cia de estar tra d u c ie n d o su 'm e n s a je ' de un m undo de significaciones,
ya elaboradas, a un m u n d o de efectos y de consecuencias previsibles. De
a q u í que el a rte no sea para él un lenguaje.
La a c titu d c o n s tru c tiv is ta se p ro p o n ía e lim in a r los riesgos que el artista
a fro n ta desde el in s ta n te en que se pone a expresar. R eceptáculo de una
ley g en eral, el o b je to p a rece ría escapar así a toda sospecha de gratuidad.
R e fle jo de un m un do de leyes y de fo rm a s inm utab les, aspiraba a que el
m un do se re fle ja ra en él. M en o sp re cia n d o el énfasis ro m á n fic o puesto en
la gestación e qu ip a ró los p roductos del a rte a los productos de la técnica,
lo que fu é , asim ism o, una exageración rom ántica.
Porque el a rtis ta no co nstruye objetos, se 'e xp re sa'. Pero com o su expre­
sión no puede ser seccionada, com o el len g u a je , en un conte nid o y en
una fo rm a , en re a lid a d 1 no tra n s m ite s ig n ifica d o s, los crea.
Después de todo, conviene te n e r presente que una p in tu ra no está desti­
nada, com o las in stan tán e as, a re g is tra r y co nse rva r en el á lb u m de la
fa m ilia el m om en to fe liz en que un a rtis ta ha logrado d a r expresión a
una idea. Estamos dem asiado h a b itu a d o s a c o nside rar las d ificu lta d e s
que el a rtis ta debe nece sariam en te vencer para expresarse, como el m o­
m e n to más s ig n ific a tiv o del a rte . U na vez c o n c lu id a , su obra com ienza
a fu n c io n a r hacia 'a fu e ra '. N o perm anece encerrada d en tro de sus
propios lím ite s com o o curre con los objetos; por el c o n tra rio , su ubicuidad
m a te ria l es sólo a pa re nte. De a h í que, co m p arad a con los demás objetos,
su re a lid a d parece d e fic ie n te ; se a ju s ta m al, no tie n e ju s tific a c ió n . (7)
En esta em presa de c re a r una to ta lid a d de sentido, el a rtis ta no cuenta
con n in g u n a g a ra n tía que le a n tic ip e el é xito. Los in stru m e n to s que em ­
plea, los cálculos, las previsiones, no son norm as a las que él se rem ite
para v e rific a r su posición con respecto a una m eta ya conocida. Sus
v e rific a c io n e s no proceden de a llí. Proceden de la to ta lid a d que busca
expresar, que es más una c o n vicció n y una te n a c id a d que un cálculo.
Desde luego, el a rtis ta puede a d o p ta r una co nve nción , pero cuando es
él m ism o q u ie n la in tro d u c e — es el ú nico, por lo dem ás, que conoce
e xa cta m e n te su v a lo r— por co m o did ad , por co nve nien cia, com o hipótesis
de tra b a jo . Pero a la inversa de lo que o curre en el inve stiga do r c ie n tí­
fic o , la h ipótesis de tra b a jo , en el a rtis ta , no puede ser separada del
proceso crea do r para co n ve rtirse en m edida de c o m p ro ba ción . Lo que
en cie n c ia p ro p o rcio n a c e rtid u m b re , en a rte conduce al fo rm a lis m o y a
la retórica.
Se d irá que esto e qu iva le a re n u n c ia r a la p o s ib ilid a d de un lenguaje
artísJ-.icua.’
w i 'C'WT'íVOTrbrwrftís 'u rv .'v w s íú ftrs , tódi m © te bra Vredrro
p re s e n tir la a p a ric ió n de una te m á tic a abstracta.
H a b ría que e m p le a r c u id ad osa m en te la p a la b ra le n g u a je cuando nos refe ­
rim os al a rte. Señalé antes que, desde el p u n to de vista de la in te rio rid a d
del proceso creador, el a rte no es un le n g u a je para el a rtis ta . ¿La será
entonces, si lo consideram os en su e x te rio rid a d ? En la m edida en que
necesita de la e x p e rie n cia de otros para re a liza rse no es to d a v ía len ­
g ua je . C om ien za a fu n c io n a r com o ta l cu an do ind ica o rem ite a algo que
no es él m ism o o que no está to ta lm e n te co m p re n d id o en él.
Sabemos que en épocas de p ro fu n d a in te g ra c ió n c u ltu ra l, el a rte se ha
co m p o rta d o ' e fe c tiv a m e n te com o le n g u a je y en c ie rto m odo aspiram os
a que vu elva a hacerlo, aun qu e no podem os c o n je tu ra r cóm o lo hará.
Pero lo c ie rto es que nunca ha sido to ta lm e n te len gu aje , salvo en los
casos de una c o n v e n c io n a liz a c ió n a bso lu ta de los m edios expresivos, es
d e cir, por un a n iq u ila m ie n to de la fa c u lta d creadora. Los inten tos re a li­
zados hasta hoy, para c o n v e rtirlo en len gu aje , no han logrado m eiores
resultados y no me re fie ro so lam ente al lla m a d o rea lism o socialista.
Pienso ta m b ié n en esos inten tos de e x p lic ita r los co nte nid os v irtu a le s del
a rte co n cre to en la deco ra ción o en la e s tiliz a c ió n m odernas. Se ha espe­
rado, a veces, que de la p ro x im id a d e spacial, en a m b ie n tes apropiados,
de p in tu ra s y e scultu ra s con o bjetos que revelan un c ie rto d e n o m in a d o r
com ún de fo rm a o de estilo, casi siem pre provisorios, se desprenda una
ve rd ad era c o n tin u id a d de sentido.
M e parece que esta a c titu d , p re m a tu ra m e n te a rq u e o ló g ica , adoptada
fre n te a los p roductos de una c u ltu ra to d a v ía in c ip ie n te , puede ser ú til,
a lo sumo, para e v id e n c ia r la o rie n ta c ió n de lo que serán, en to do caso,
los aspectos m a te ria le s y no orgánicos de una c u ltu ra .
Nos e nco ntra m o s to d a v ía en el p eríodo del a rte m edio de expresión y,
q u iz á , en las ú ltim a s p ro lo n ga cio n es de las p o sibilida de s a b ie rta s por el
R en acim ien to. En e fe cto , h a b ría que hacer co m e n z a r en ese p eríodo h is tó ­
rico con la in tro d u c c ió n de la perspectiva, el d o g m a tism o de las p ro p o r­
ciones y los d is tin to s d ispositivos destinados a fra g m e n ta r y c u a n tific a r la
im agen v isu a l, la b ifu rc a c ió n e n tre a rte le n g u a je y a rte fu e n te de asom ­
bro y sorpresa; e n tre a rte signo y a rte objeto.

�Baudelaire y más ta rd e A p o llin a ire , h a b ía n v is to en la sorpresa el fa c to r
decisivo de la em oción e stética im p o n ie n d o así una d ire c c ió n que iba a
ser p re d o m in a n te en el d e sa rro llo del a rte m oderno.
A hora bien, lo sorprendente es to do lo c o n tra rio de una conve nción y lo
convencional es una co n d ició n necesaria de to do lenguaje.
Pero ya hemos visto cóm o los tem as que p a re cía n más inu sitad os se han
convertido fá c ilm e n te en convenciones fó rm e le s o e s tilís tic a s , sin lle g a r
a c o n s titu ir, por ello, un universo de sentido.
En mi opinión, el ca m in o de in te n s ific a r la búsqueda de situ acion es sor­
prendentes ha p erdido m ucho de su s ig n ific a c ió n in ic ia l, para c o n ve rtirse en
algo com p le ta m e nte d is tin to . Creo que, en el fo nd o, la o rig in a lid a d del
arte que hacemos reside m enos en la novedad de sus situ acion es visuales,
que en el hecho de haber a u m e n ta d o y e n riq u e c id o la zona de lo e xpresable, de lo que tie n e o está lla m a d o a te n e r un se n tid o para la e x p e rie n ­
cia. (8) Creo ta m b ié n que es a q u í donde residen sus p osibilida de s más
auténticas, las posibilidades que corren el riesgo m a y o r de no ser c u m ­
plidas, las únicas, a mi ju ic io , que m erecen ser inten tad a s.
Esta a firm a c ió n e x tra ñ a rá sin duda, a quienes crean que estam os h a b la n ­
do de posibilidades técnicas o fo rm a le s. La e xpe rie n c ia de M o h o ly está
a llí para dem ostrar que el c u m p lim ie n to de esas posibilida de s bien puede
ser cuestión de o p o rtu n id a d social o económ ica.
Algunos a lim e n ta n la ilusión de que se puede se gu ir h acien do 'a r te ' a
títu lo provisorio, com o Descartes h ab ía ado pta d o una m oral p ro viso ria .
Entiendo que se pueda re n u n c ia r al a rte y que este gesto a d q u ie ra v a li­
dez en la perspectiva de un destino in d iv id u a l. Existen ejem plos ¡lu s­
tres y todos los conocemos. Lo que no e n tie n d o es que se pueda c o n tin u a r
pin ta nd o cuadros o h aciendo escultu ra s con la sensación de una im p o ­
te n c ia in te rio r.
Hemos te rm in a d o por darnos cu en ta que estam os tra b a ja n d o 'desde' el
arte y con los m edios que nos p ro po rcio na el a rte que hem os escogido.
No se tra ta , creo yo, de saber si m erecem os o no esos m edios (9) ; la
cuestión es otra. Lo que debem os d e c id ir es si vam os a c o n tin u a r c o n ­
siderando al a rtis ta com o si se tra ta ra de un 'p ro m o to r' de fo rm a s o lv i­
dando que, ante todo, el a rtis ta tra b a ja sin co ncien cia de que e xista una
b ifu rca ció n e ntre lo que hace y lo que aspira a s ig n ific a r con ello.
Por otra parte, la o bte nció n de nuevas fo rm a s ha d em ostrado no ser
p a trim o n io exclusivo del a rtis ta . Estaría te n ta d o de d e c ir: ta m p o co es
su m isión.
Los medios para o btener fo rm a s son hoy p rá c tic a m e n te ilim ita d o s . Cada
disciplina tecnológica es susceptible de co n ve rtirse en causa de s itu a c io ­
nes visuales desconocidas e inéditas, sin el concurso de una im a g in a c ió n
crea do ra a ctiva .
M ie ntra s el m undo de las fo rm a s se ha e n riq u e c id o y m u ltip lic a d o , el
m undo de los sig n ifica d o s se ha red ucid o y e m p ob re cido casi en p ro p o r­
ción inversa. A lg o de lo que ha o c u rrid o puede ser ilu s tra d o por el e je m ­
plo que proporcionan esas fo rm a s azarosas em pleadas p o r los a n a lista s.
Formas de sig n ific a d o a m b ig u o o, m e jo r d ich o de s ig n ific a d o puesto por el
observador, según la m ayor o m en or c o m p le jid a d o interés de sus e n c ru ­
c ija d a s psicológicas.
Nos encontram os sum ergidos en situ acion es visuales de s ig n ific a c ió n d u ­
dosa y am bivalente. A lg u n a s de ellas son el p ro d u c to de procesos p u ra ­
mente técnicos y es sólo p o ste rio rm e n te que a d v e rtim o s la sem ejanza,
a veces perturb ad ora, con lo que h abíam os cre íd o el resu ltad o de una
actividad espontánea del e sp íritu . O tras, en ca m b io , son e xpe rie ncias d e ­
liberadas con el in te n to de lo g ra r e q u iva le n te s té cn ico s o a rtesanales de
los tem as del arte.
No digo que estas expe rie ncias sean ¡le g ítim a s o que no deban ser
intentadas; me lim ito a se ña la r que el ju ic io tie n d e a q ue da r desarm ado
frente a ellas. Se ha operado así una inversión del ju ic io estético. Nos
hemos habituado a leer en sentido p ic tó ric o , es d e c ir a in c o rp o ra r una
pauta estética, a hechos que se han p ro d u cid o en c irc u n s ta n c ia s ajenas
a las condiciones del h ace r a rtís tic o . (10)
Ahora bien, mi propósito no es el rescate del a rte . Después de to do no
ha sido extraviado nunca y la p o sib ilid a d de una p é rd id a fu tu ra es apenas
conjeturable. El problem a, a m i ju ic io , no consiste en re c u rrir, para o rie n ­
tarnos, a una cla sifica ció n a cadém ica de esos objetos según género y
especie. Una d e fin ició n del a rte en té rm in o s de los m a te ria le s y p ro c e d i­
mientos que empleamos me parece, a esta a ltu ra , in ú til y grosera. Pero
creo que podemos o rien ta rn os en el se ntid o de saber qué clase de e xpe ­
rie ncia s se consum an en cada caso.

(8) A lo largo de to d o el te x to , he em pleado los
té rm in o s " s ig n ific a d o " y " s e n tid o " otorgándoles
ttna

m is m a

s ig n ific a c ió n

s e m á n tic a

aún

cuando

no la te n g a n . Lo he hecho así para co m p le ta r lo
que cada uno separadam ente no a lca n za a e x ­
presar. M i prop ó sito ha sido el de lla m a r la
a te n c ió n sobre lo que considero el aspecto más
fu n d a m e n ta l y descuidado de la p ro b lem á tica
suscitada por el a rte concreto e in d ic a r que e xis­
te alg o , a llí donde antes se c re ía que no debía
e x is tir nada. He in te n ta d o antes una a p ro x im a ­
ción. ig u a lm e n te proviso ria , a este problem a,
" n v " 2 /3 . "S ig n ific a d o y a rte c o n c re to ".

(°) El a rtis ta es libre, desde luego, de re in v e n ta r
sus medios expresivos. Si lo logra e fic a z m e n te no
será, como se ha creído, con la fin a lid a d de d ilaD idar una tra d ic ió n . El creador está ju s ta m e n ­
te en el polo opuesto del " n a ív e " . Este tra b a ja
com o si nunca se hub iera hecho nada antes de
él, como si los medios expresivos no tu v ie ra n
h is to ria y com o si esa h isto ria no hub iera dejado
n in g ú n sedim ento en ellos. Es el único, por lo
dem ás, que puede prete nd e r u tiliz a r el a rte co­
m o un lenguaje. En e fe c to , com o ocurre con el
lenguaje, los medios expresivos los encu e n tra a h í,
no necesita cuestionarlos, porque el lenguaje no
se confu nd e o no deb e ría c o nfu nd irse jam ás con
la cosa que tra n s m ite .

"F o n ta n a ", M . Ducham p, 1917

(10) No ignoro que, en parte , esta s itua ción es
consecuencia de una de las premisas más im p o r­
ta n te s de los m ovim ientos m odernos: el p rop ó ­
sito, no sólo de disolver y a n u la r las d iferencias
entre los géneros a rtís tic o s , sino las d ife re n cia s
de género entre el a rte y las demás fo rm a s de
la a c tiv id a d plasm adora. Por lo demás, un desar­
me sem ejante del ju ic io ha sido llevado a cabo
con una coherencia extrem a por el dadaísm o.

29

�Información
La Feria de América

T o rre de e ntra da a la Feria

L a F e ria de A m é r ic a , q u e se lle v ó a c a ­
b o en M e n d o z a en los p rim e ro s m eses d e l
a ñ o p a s a d o , co n la p a r tic ip a c ió n de d iv e r ­
sos países a m e ric a n o s y de ca si to d a s las
p r o v in c ia s a r g e n tin a s , c o m e n z ó a o r g a n i­
z a rs e a fin e s de 1 9 5 2 . En m a rz o d e l a ñ o
s ig u ie n te se d e te rm in ó la m a g n itu d , y el c a ­
rá c te r in d u s tr ia l de la m u e s tra , in te g r á n d o ­
se el C o m ité E je c u tiv o c o n re p re s e n ta n te s
de los p o d e re s p ú b lic o s n a c io n a le s y p r o ­
v in c ia le s , de la in d u s tria y el c o m e rc io . El
D r. Iv á n B a c z in s k y , u n o de los m ie m b ro s d e l
c o m ité , fu é e le g id o D ire c to r d e la F e ria .
B a jo la d ire c c ió n té c n ic a d e l a r q u ite c to
C é s a r J a n n e llo y de G e ra rd o C lu s e lla s , se­
c u n d a d o s p o r los señ ores W a lt e r F ra n k e ,
R ené B a rb u y y , d u ra n te u n p e río d o p o r el
a r q u ite c to F é lix P in e d a , se in ic ia r o n de i n ­
m e d ia to los tr a b a jo s de p la n ific a c ió n de la
F e ria .
L a F e ria fu é c o n c e b id a c o m o u n g ra n
e s p e c tá c u lo , d o n d e el p ro d u c to in d u s tria l
a r g e n tin o y a m e ric a n o d e s e m p e ñ a ría el p a ­
pe l p r o ta g ó n ic o . Esto im p lic a b a m o s tra r los
p ro d u c to s al v is ita n te , te n ie n d o e n c u e n to
fin e s p u b lic ita r io s , c o m e rc ia le s , c u ltu r a le s y
d id á c tic o s , y a q u e se p o n d ría de m a n ifie s to
el p roceso de fa b r ic a c ió n y las c o n s e c u e n c ia s
u lte r io re s d e riv a d a s de la u tiliz a c ió n d e l p r o ­
d u c to . L a p la n ific a c ió n se a ju s tó a s í a l p r o ­
p ó s ito de e s ta b le c e r la re la c ió n e n tre el v is i­

30

ta n te y el p r o d u c to e x p u e sto , de m anera
q u e el in te ré s y la a te n c ió n p u d ie ra n m a n ­
te n e rs e en to d a la m u e s tra . A d e m á s, se p ro ­
c u ró e lim in a r c u a lq u ie r d e co ra ció n in ú til,
a u n q u e tr a ta n d o de re a lz a r el v a lo r esté­
tic o de las p re s e n ta c io n e s . En v irtu d del
n ú m e ro y de la d iv e rs id a d de las piezas que
ib a n a e xp o n e rs e , la a rq u ite c tu ra de los
p a b e llo n e s se e n c u a d ró d e n tro de la m á xim a
s e re n id a d , en c o n tra p o s ic ió n con las c a ra c­
te r ís tic a s n a tu ra le s de l p a rq u e que albergó
la e x p o s ic ió n . N o se c re a ro n grande s pers­
p e c tiv a s , p o r e n te n d e rs e q u e es p re fe rib le
d e s p e rta r la c u rio s id a d de l v is ita n te m e­
d ia n te suce sivo s y d is tin to s á m b ito s . Por
o tr a p a rte , se p r o y e c ta ro n c irc u ito s de re­
c o rrid o s co n el p ro p ó s ito de e n c a u z a r al v is i­
ta n te q u e p o r p r im e ra v e z e n tra ra en la
Feria.
A f i n de p re s e rv a r la u n id a d fo rm a l de
la e x p o s ic ió n , se d ic ta r o n n o rm as para la
e je c u c ió n de p a b e llo n e s , sta n d s e in s ta la ­
c io n e s e lé c tric a s . A d e m á s , se p royecta ron
e le m e n to s tip o y se e n v ia ro n sugestiones a
los e x p o s ito re s sob re siste m a s co n stru ctivo s
a d e c u a d o s a l c lim a , a los m a te ria le s y a las
c a r a c te rís tic a s de la m uestra.
El p ro y e c to de l c o n ju n to de la exposición
fu é c o n c re tá n d o s e en u n p la n o g e n e ra l, que
s ig u ió e n c o n s ta n te c re c im ie n to y tra n s fo r­
m a c ió n a m e d id a q u e a u m e n ta b a el nú m e-

�ro de p a rtic ip a n te s o qu g se h a c ía ne cesario
to m a r en c u e n ta aspectos fo rm a le s , de m a g ­
n itu d , de je ra rq u ía , de a g ru p a m ie n to ló g i­
co de los p ro d u c to s según su n a tu ra le z a ,
de c o m p o sició n de espacios y c irc u ito s y
o tro s v in c u la d o s a los intereses de los e x p o ­
sitore s. A este f in se m a n tu v ie ro n a c tu a li­
za d o s los p la n o s d u ra n te el p e río d o de ges­
ta c ió n y se e je c u ta ro n a n te p ro y e c to s de la
to ta lid a d de los c o n ju n to s y de nu m ero sos
p a b e llo n e s.
A d e m á s se p ro y e c tó y d ir ig ió la c o n s tru c ­
c ió n de u n te a tro a l a íre lib re , u n p a ­
b e lló n p a ra las in d u s tria s re g io n a le s, u n b a r
y c a s in o , u n ja r d ín de in fa n te s , d is tin to s t i ­
pos de p a b e llo n e s p a ra s e rv ic io s fu n c io n a le s ,
y los c o rre s p o n d ie n te s a la p ro v in c ia de M e n ­
d o z a y las re p ú b lic a s de B ra s il, E cuador,
P a ra g u a y y de C e n tro a m é ric a . La ilu m in a ­
c ió n de p rados, g ru p o s de á rb o le s, fu e n te s ,
e tc ., fu é d ir ig id a p o r el D ire c to r de la F e ria,
se c u n d a d o p o r el e q u ip o de a r q u ite c tu ra .
T a m b ié n se d ia g ra m ó m a te ria l g r á fic o y p u ­
b lic ita r io y se d is e ñ a ro n e m b le m a s, d is t in t i­
vos y g a lla rd e te s .
T o d a s las ra m a s de la in d u s tria d e l p a ís
-— ta n to p riv a d a com o o fic ia l—
e s tu v ie ro n
re p re s e n ta d a s en la F e ria. El p a b e lló n m ás
im p o rta n te de la re p re s e n ta c ió n e x tra n je ra
fu é el de C h ile , co m p u e sto p o r dos cue rpos
de c o n s tru c c ió n . In c lu y ó m u e s tra s de g ra n
c a n tid a d de p ro d u c to s in d u s tria le s y u n res-

ta u r a n t típ ic o . Se d e s ta c a ro n , a sim ism o , por
su im p o rta n c ia , los p a b e llo n e s de B ra sil, P a­
ra g u a y y E cuad or. T a m b ié n e s tu v ie ro n p re ­
sentes M é x ic o , C u b a , C o lo m b ia , El S alvado r,
B o liv ia , C osta R ica, R e p ú b lic a D o m in ic a n a ,
H a ití, H o n d u ra s y G u a te m a la . C o n c u rrie ro n
casi to d a s las p ro v in c ia s a rg e n tin a s .
La s u p e rfic ie c u b ie rta to ta l sobrepasó los
3 0 .0 0 0 m e tro s y el áre.a o c u p a d a to ta l fu é
de 3 0 h e c tá re a s , s u p e rfic ie d e m a sia d o e x te n ­
d id a , qu e o rig in ó u n a fa lta de d e n s id a d en el
a g ru p a m ie n to de los p a b e llo n e s y la c re a c ió n
de zo n a s de in te ré s d é b il. La c a n tid a d to ta l
de v is ita n te s se e s tim a en 1 5 0 .0 0 0 p e r­
sonas.
Log re su lta d o s de la F e ria de A m é r ic a fu e ­
ron m u y h a la g a d o re s desde to d o p u n to de
v is ta , y a qu e no sólo se c o n tó con u n a g ra n
c o n c u rre n c ia de firm a s e x p o s ito ra s n a c io n a ­
les, sino ta m b ié n co n u n g ra n é x ito de p ú ­
b lic o . En la c o n s tru c c ió n y d e c o ra c ió n de los
p a b e llo n e s y sta n d s, se o b tu v o u n a p o n d e ra ble u n id a d , co n sig u ié n d o se , a s im is m o , en
m u ch o s casos, v a lo re s q u e m u e s tra n u n p ro ­
greso en la té c n ic a de las c o n s tru c c io n e s l i ­
v ia n a s de h ie rro y m a d e ra . En su m a , puede
a firm a rs e q u e , d e s c o n ta n d o a lg u n a s d e fic ie n ­
cias, su b sa n a b le s en m u e stra s fu tu ra s , la Fe­
ria d e A m é ric a m a rc a , e n la A r g e n tin a , un
p ro m is o rio a c o n te c im ie n to en m a te ria de
a rq u ite c tu ra de e xp osicion es.

Planta general

V ista n octu rna de la Feria

Foto M a ka rlu s

31

�Pabellón Brccil en construcción

Pabellón

El p a b e lló n de B ra sil fu é p ro y e c ta d o t e ­
n ie n d o en c u e n ta la necesidad de p re s e n ta r
los o b je to s a exp onerse, d e n tro de un m a rc o
n e u tro que no in flu y e ra sobre el e sp ectad or.
Se co n s tru y ó , en con s e c u e n c ia , u n a e n v o l­
tu r a e x te rio r e in te r io r co m p u e s ta p o r piso,
paredes la te ra le s y te c h o , que re a liz a ra esa
fu n c ió n e s p e c ia lm e n te .
Los des pa neles de los fre n te s c o n tin ú a n el
s e n tid o de la e n v o lv e n te , que sólo es c o r­
ta d o p o r el siste m a de v ig a s y c o lu m n a s y
el de spiezo h o riz o n ta l de la m a d e ra . A l
p e rm itir, ad em ás, u n a v is ió n p a rc ia l del
in te r io r del p a b e lló n , cre an u n a nu eva
a tra c c ió n en el e sp e c ta d o r que c irc u la po r
a fu e ra .
Dados los g ra n d e s de snivele s e x is te n te s en
el te rre n o , y c o n s id e ra n d o p re fe rib le c o n ­
s e rv a r las cap as de tie rra ú til del p a rq u e ,
la c o ta del p a b e lló n se le v a n tó sobre el n iv e l
del m ism o.
El sistem a c o n s tru c tiv o está c o m p u e s to p o r
co lu m n a s do bles de h ie rro y v ig a s P ra tt
sobre las qu e se c o lo c a ro n v ig u e ta s de m a ­
de ra, que se c o n tin ú a n a tra v é s de las p a re ­

32

Brasil.

A rq .

César

Jannello

y

Gerardo
Clusellas

des la te ra le s y se ju n ta n n u e v a m e n te con
las del piso; to d o este siste m a fu é re c u ­
b ie rto con ta b la s m a c h ih e m b ra d a s p o r los
dos costados.
Los pa n e le s del fre n te se s u je ta ro n a las
c o lu m n a s y los v id rio s qu e los ro d e a n fu e ­
ron colo ca d o s al to p e , fijo s p o r la p a rte su ­
p e rio r e in fe r io r con pe queñ os ta p a ju n ta s .
Las ra m p a s de e n tra d a , a c tu a n d o com o
p u e rta s le v a d iz a s , se rvía n a la ve z de c e ­
rra m ie n to al local.
La ilu m in a c ió n g e n e ra l se e m p o tró e n tre las
v ig u e ta s del te c h o , en e le m e n to s d is tr ib u i­
dos d e s ig u a lm e n te ; la lu z p a r tic u la r de cad a
s ta n d o v itr in a se lle vó p o r el piso.
El desagüe del te ch o se e fe c tú a p o r m e d io
de c a n a le ta s que d e sa g o ta n en cañ os in te r ­
nos de las paredes la te ra le s . En tre s zonas
se d e ja ro n sin re c u b rir las v ig u e ta s del te ­
c h o y del piso, cre ándo se así lu g a re s al
a ire lib re , que fu e ro n a p ro ve ch a d o s com o
ja rd in e s .
T o d o el p a b e lló n fu é m o n ta d o con bu lo n e s
y al te r m in a r la e x p o s ic ió n , se d e sa rm ó y
a rm ó en o tro lu g a r.

�El p a b e lló n de M e n d o z a se re a liz ó co n el
ú n ic o fin de e x p o n e r u n a m a q u e ta q u e re ­
p re s e n ta ra dive rso s sistem a s de em b a lse e
Irrig a c ió n de un río m e n d o c ln o . A ta l fin ,
se a d o p tó u n a p la n ta c u a d ra d a q u e p e rm i­
tía u n a ó p tim a v ls u a llz a c ió n de la m a q u e ­
ta en to d a s sus d ire c c io n e s . Los lado s de l
c u a d ra d o se u tiliz a r o n co m o e le m e n to s de
e x p o s ic ió n se cu n d a rlo s.
L a e n tra d a y la
s a lid a fu e ro n u n ific a d a s , pues el v is ita n te
n o n e c e s ita ría u n c ir c u ito de re c o rrid o , t e ­
n ie n d o en c u e n ta qu e Ib a n a re a liz a rs e co n s­
ta n te m e n te d is e rta c io n e s d e n tro de l p a ­
b e lló n .
El siste m a c o n s tru c tiv o fu é p la n e a d o con
c o lu m n a s de h ie rro , p e ro re a liz a d o en m a ­
d e ra p o r ra zones e co n ó m ica s. Se re fo rz ó
to d o el s iste m a d e s a rm a b le con ten sore s
e x te rn o s c ru z a d o s de c o lu m n a a c o lu m n a .
A d e m á s , se a p ro v e c h ó el d e sn ive l d e l te r r e ­
no p a ra c o n s tru ir u n a ra m p a que p e rm itie ­
ra la e n tra d a p o r el piso de l lo ca l.

Pabellón M endoza. A rq . César Jann e llo y G erardo

Clusellas.

33

�El Museo de Arte Moderna de
Río de Janeiro

M a q u e ta del proyecto

H a c o m e n z a d o ya en R ío de J a n e iro la
c o n s tru c c ió n d e fin itiv a de l M u s e o de A r te
M o d e rn a , el p rim e ro en su g é n e ro a le v a n ­
ta rs e en Sud A m é ric a .
Los o rg a n iz a d o re s no h a n q u e rid o lim ita r
lo a c c ió n c u ltu r a l de l m useo a la e x p o s i­

34

ció n de sus o b ra s de a rte , o al p a tro c in io
de los cursos o c o n fe re n c ia s qu e en él se
d ic ta n .
H a n bu sca d o la c re a c ió n de un
a m b ie n te in te g ra l, c o n s tru id o de acu erdo
con el e s p íritu qu e a n im a al M u seo, donde
los a rtis ta s p u e d a n e n c o n tra r u n a p o yo para
sus con ce p cio n e s y sus tra b a jo s , y do nde el
p ú b lic o p u e d a re s p ira r la a tm ó s fe ra pro p ia
de la c u ltu r a a r tís tic a q u e re cla m a el esp í­
r itu m o d e rn o . E ntre el m useo de a rte y el
m useo de a rte m o d e rn o e x is te esta d ife r e n ­
c ia fu n d a m e n ta l.
El p rim e ro re úne obras
c o n sa g ra d a s, te s tim o n io s de v a ria s épocas,
p o r las q u e el p ú b lic o se in te re sa con el
p ro p ó s ito de co n o ce r, c la s ific a r y p e n e tra r
en o tra s d im e n s io n e s del e s p íritu hu m ano ,
p resentes o pasadas. El m useo de a rte m o ­
d e rn o re úne e le m e n to s de un a e x p e rie n c ia
en curso, de u n proceso c re a d o r en a c tiv id a d
y a b re u n c a m in o h a c ia lo fu tu ro , e x a m i­
n a n d o y c ritic a n d o sus p ro p io s resultados.
El e d ific io , qu e se le v a n ta rá fre n te a la
a v e n id a co s ta n e ra , p ró x im o al c e n tro de la
c iu d a d y te n ie n d o co m o m a rc o la b a h ía de
R ío de J a n e iro , ha sid o p ro y e c ta d o p o r A l ­
fo n so E dua rdo Reidy.

�El diseñador industrial en Japón
Kasuya S akai.

H a ce m ás de c in c u e n ta años, en u n te x to
in g lé s de la F a c u lta d de In g e n ie ría de T o k y o ,
se h a c ía re fe re n c ia p o r p rim e ra ve z en J a ­
pón al " in d u s tr ia l d e s ig n ".
C on a n te rio r id a d , en 1 8 9 8 , se h a b ía n ya
g ra d u a d o los p rim e ro s a lu m n o s de la Es­
c u e la S u p e rio r de B ella s A rte s del "c u r s o
de D is e ñ o " y tre s años después, la F a c u lta d
de In g e n ie ría m e n c io n a d a in a u g u ra b a el
c u rso de "D is e ñ o In d u s tr ia l" . C abe a d v e r­
t ir , sin e m b a rg o , q u e el dise ñ o ja p o n é s de
esa época, a pe sar de los nu evos cursos es­
p e c ia liz a d o s , e ra s u m a m e n te p o bre y se l i ­
m ita b a a diseñ os c o m e rc ia le s de poca c a te ­
g o ría . Los diseños p a ra la in d u s tria te x t il
e ra n e je c u ta d o s , en g e n e ra l, p o r p in to re s
qu e e n c a ra b a n esta ta re a de u n m o d o su b ­
s id ia rio . P or su p a rte , lo j diseños de m ué
bies, m á q u in a s y o tro s a r tíc u lo s de uso d o ­
m é s tic o e ra n s im p le m e n te im ita c io n e s de los
diseños o c c id e n ta le s .
El m o v im ie n to e u ro p e o te n d ie n te a v in c u la r
el a rte a la in d u s tria , in ic ia d o en A le m a n ia ,
A u s tria y F ra n c ia , ha ce s e n tir su in flu e n c ia
y fa v o re c e a llí el a d v e n im ie n to de u n a c o n ­
c ie n c ia m ás d e p u ra d a del dise ñ o m o d e rn o .
Desde ese m o m e n to se tr a ta de a m p lia r los
lím ite s del diseñ o a rte s a n a l ja p o n é s, en cu ya
la rg a h is to ria es p o sib le e n c o n tra r e stilo s
de ta n c a u tiv a n te b e lle z a co m o el " J o m o n "
o el " Y a y o i " . El p r in c ip a l o b je tiv o de este
m o v im ie n to será in tr o d u c ir en la v id a c o ti­
d ia n a d e l p u e b lo los p ro d u c to s á re a d o s de
a c u e rd o con un n u e vo " e s t ilo de d is e ñ o ". El
d is e ñ a d o r T e jim a , p ro fe s o r de la F a c u lta d
de In g e n ie ría de T o k y o , d irig e esta t e n t a t i­
va q u e a lc a n z a un é x ito re la tiv o d e b id o a
las c irc u n s ta n c ia s im p e ra n te s en el pa ís, que
in ic ia b a p o r e n to n ce s sus p rim e ro s c o n ta c to s
con la c iv iliz a c ió n o c c id e n ta l. A l f in a liz a r
la c o n tie n d a ru s o -ja p o n e s a , la c re a c ió n del
curso de dise ñ o en la fa m o sa "E s c u e la de
A r te In d u s tr ia l" de K y o to y el a p o yo o fr e ­
c id o p o r el g o b ie rn o a los d ise ñ a d o re s, se­
ñ a la n el c o m ie n z o de la a p lic a c ió n de un
n u e vo dise ñ o a los p ro d u c to s in d u s tria le s ,
q u e e m p ie z a n desde e n to n ce s a fa b ric a rs e
en g ra n escala.
Sin e m b a rg o , la c ris is que a m e n a z a la e co ­
n o m ía ja p o n e sa a p rin c ip io s de la p rim e ra
g u e rra m u n d ia l, a u m e n ta a ú n m ás las d i f i ­
c u lta d e s q u e e n c u e n tra n los d ise ñ a d o re s en
sus ta re a s y d e te rm in a la c la u s u ra de las
p rin c ip a le s escuelas de diseñ o.
En 1 9 1 6 , se in a u g u ra en el J a p ó n la " E x ­
p o s ic ió n de D iseño y A r tíc u lo s de A r te In ­
d u s tr ia l" a u s p ic ia d a p o r el M in is te r io de
In d u s tria y A g r ic u ltu r a . Esta m u e s tra , que

c o n tin ú a a n u a lm e n te h a sta 1 9 3 9 , y la " E x ­
p o sició n de C o m e rcio e In d u s tr ia " que fu n ­
c io n a in in te rru m p id a m e n te desde 1 9 2 5 , des­
e m p e ñ a n u n pa p e l im p o rta n te en el des­
a r ro llo
del
a rte
in d u s tria l
jap o n é s.
En
1 9 2 9 , el C urso de D iseño de la F a c u lta d de
In g e n ie ría de T o k y o , re a b re sus a u la s , esta
ve z com o fa c u lta d in d e p e n d ie n te , e s ta b le ­
c ie n d o los s ig u ie n te s cu rso s: D iseño In d u s ­
t r ia l, E s c u ltu ra In d u s tria l, A r te In d u s tria l
de la M a d e ra , A r te In d u s tria l de l M e ta l,
Im p re s ió n A r tís tic a , M e c á n ic a E x a c ta . P a­
ra esta fe c h a se d ic ta n cursos de D iseño
In d u s tria l en c in c o fa c u lta d e s y n u e ve es­
cue la s de A r te In d u s tria l, sobre u n to ta l de
c u a re n ta y nu eve.
La in flu e n c ia del a rte e u ro p e o c o m ie n z a a
hacerse s e n tir : " l ' a r t n o u v e a u ", el e x p re ­
sio n ism o a le m á n , el c o n s tru c tiv is m o ruso,
son los p rim e ro s m o v im ie n to s a rtís tic o s que
im p rim e n su sello en la p ro d u c c ió n ja p o ­
nesa, desde las v iv ie n d a s y e d ific io s c o m e r­
c ia le s h a sta los a rtíc u lo s de v e s tir. La In ­
d u s tria , c o m p le ta m e n te m e c a n iz a d a a la
m a n e ra o c c id e n ta l, c o m ie n z a u n q era de s u ­
p e rp ro d u c c ió n , c o lo c a n d o al Ja p ó n e n tre
los p rin c ip a le s países e x p o rta d o re s de l m u n ­
do, c irc u n s ta n c ia que p e rm ite al a rte in ­
d u s tria l a lc a n z a r u n a p o sició n p riv ile g ia d a
a u n q u e de a lc a n c e a ú n lim ita d o .
El M in is te r io de In d u s tria y C o m e rc io cre a ,
en 1 9 2 8 , el In s titu to de A r te e In d u s tria ,
cuyos m ie m b ro s , c u a re n ta y o ch o en la f e ­
ch a de su fu n d a c ió n , su m a n ho y d o s c ie n ­
to s c u a re n ta . En este In s titu to se fo rm a ro n
los m e jo re s d ise ñ a d o re s ja p o n e se s: T . K a n e ko , J. K o su g i, I. K o ik e y otro s. Sus es­
fu e rz o s se c o n c e n tra n en la c re a c ió n de un
e s tilo m o d e rn o con las p a rtic u la rid a d e s del
tra d ic io n a l a rte in d u s tria l jap o n é s, en la
e d u c a c ió n y fo rm a c ió n de jóven es d is e ñ a ­
dores y en la d e fe n sa d e l dise ñ o co m o p ro ­
fe sió n . El m o v im ie n to B a u h a u s, in ic ia d o en
1 9 1 9 , in flu y e p o s te rio rm e n te en el ca m p o
in d u s tria l jaoo nés.
C o n se cu e n cia de e llo es la c re a c ió n del
In s titu to Im p e ria l de A r te In d u s tria l p o r
u n g ru p o de d ise ñ a d o re s en el a ñ o 1 9 2 7 ,
q u e e d ita n u n a re v is ta con el n o m b re del
In s titu to , re a c c io n a n d o fu e rte m e n te c o n tra
la p ro d u c c ió n de a rtíc u lo s de m a la c a li­
d a d que in u n d a n el m e rca d o . En 1 9 3 9 , u n
s e cto r de dise ñ a d o re s y a rq u ite c to s p ro ­
p u g n a la u n ific a c ió n del a r te in d u s tria l
y la a rq u ite c tu ra , y se d e d ic a a la fa b r ic a ­
c ió n de m u e b le s y o tro s a r tíc u lo s re la c io ­
nados co n lá v iv ie n d a ; el po co a p o yo que
e n c u e n tra en las fu e rz a s In d u s tria le s del

M á qu ina de coser Juki

35

�país, hace fra c a s a r u n a v e z m ás este in ­
te n to de e le v a r el diseñ o in d u s tria l a su
v e rd a d e ra je ra rq u ía . La causa de este f r a ­
caso no debe buscarse en la fa lta de ba set
id e o ló g ic a s, e s té tic a s o té c n ic a s en las p e r­
sonas que d irig e n el m o v im ie n to , sino en la
to ta l d e sp re o cu p a ció n de la in d u s tria con
re specto a to d a s las a c tiv id a d e s re la c io n a ­
das con el diseñ o. A pesar de to d o , este
g ru p o d e n o m in a d o " K i - n o - m e " p u b lic ó re
v is ta s , re a liz ó exp o sicio n e s, cursos y c o n fe '
re n c ia s de a rte in d u s tria l, y fu é u n o de los
p rim e ro s en p la n te a r s e ria m e n te el p ro b le ­
m a de la d e c o ra c ió n in te r io r en la a r q u ite c ­
tu r a ja p o n e sa , q u e to d a v ía seg u ía v a c ila n ­
d o e n tre los e s tilo s o rie n ta l y o c c id e n ta lEn 1 9 3 8 , se in a u g u ra la E xp o sició n de A rta
In d u s tria l p r o -fo m e n to de la e x p o rta c ió n ,
esta b le c ié n d o se u n p re m io de 2 .0 0 0 yens al
m e jo r d is e ñ a d o r, sum a m u y co n s id e ra b le
p a ra ese en tonce s. El é x ito que o b tu v o la
e x p o s ic ió n fu é de g ra n tra s c e n d e n c ia en la
h is to ria del d ise ñ o in d u s tria l japo nés. N o
s o la m e n te a b rió n u e va s p e rs p e c tiv a s p a ra
los a b a tid o s d ise ñ a d o re s, q u e tu v ie ro n la
p o s ib ilid a d de d e s a rro lla r sus a c tiv id a d e s en
los a rtíc u lo s d e s tin a d o s d ire c ta m e n te a la

e x p o rta c ió n , sino qu e de m ostró a los in ­
d u s tria le s el im p o rta n te pa pel que desem­
p e ñ a b a el dise ñ o en la fa b ric a c ió n de sus
productos.
D e s g ra c ia d a m e n te , to d a s estas empresas se
d is u e lv e n con el e s ta llid o de la gu erra del
P a c ífic o . Su a c c ió n se lim ita a la d iv u lg a ­
c ió n de un a rte in d u s tria l con ca rá c te r ne­
ta m e n te fo lk ló ric o , ta l com o lo e n tend ía el
ré g im e n im p e ra n te , cre ándo se de esta fo r­
m a a r tíc u lo s in d u s tria le s de m u y ba ja c a li­
d a d , a je n o s c o m p le ta m e n te a la vida mo­
derna.
El cese de la c o n tie n d a m a rca la re in icia ­
ció n de las a c tiv id a d e s . En septiem bre de
1 9 4 5 , se fo rm a el “ In d u s tria l A r t In s titu te "
y lu e g o el “ Ja p a n A r t a n d In d u s tria l A rt
S o c ie ty ". Poco m ás ta rd e , en noviem bre, y
con el p ro p ó s ito de in tro d u c ir el a rte mo­
d e rn o en la in d u s tria ta n re p rim id a y con­
tro la d a d u ra n te la g u e rra , se fu n d a el " J a p a n A r t S o c ie ty ". L u ego el " M in is te r io de
C o m e rc io E x te rio r e In d u s tr ia " crea el "S ang yo K oge i S h ik e n jo " ( " I n s t it u t o T e cn o ló g i­
co E x p e rim e n ta l de A r te I n d u s tr ia l" ) , que
sig u e s ie n d o h a sta estos días el in s titu to
m ás im p o rta n te del país. Se de dica espe-

V e n tilad o r

V a lija de cuero

c ia lm e n te a la c re a c ió n , m o d ific a c ió n y
sele c c ió n de los diseños de a rtíc u lo s in d u s ­
tria le s , y a la d ifu s ió n de éstos m e d ia n te
e x p o s ic io n e s y m u e s tra s ; a d em ás a m p lía
c o n s id e ra b le m e n te el ca m p o de a c c ió n de
los d ise ñ a d o re s re la c io n á n d o lo s d ire c ta m e n ­
te c o n las g ra n d e s em presa s d e d ic a d a s a la
e x p o rta c ió n . S im u ltá n e a m e n te se re a b re n
v a rio s cursos de a rte y d ise ñ o in d u s tria l en
las u n iv e rs id a d e s y en o tro s c e n tro s de es­
tu d io s té cn ico s.
La lle g a d a al p a ís de R a ym o n d Lo w e y da
a los d is e ñ a d o re s japo neses la o ca sió n de
re fle x io n a r a ce rca de su s itu a c ió n e c o n ó ­
m ic a y s o c ia l. Estos se d e c id e n a p ro te g e r
sus intereses y a fo m e n ta r el d e s a rro llo de
la e n s e ñ a n za de l dise ñ o , p a ra que su a p li­
c a c ió n a la in d u s tria se re a lic e de u n m o ­
d o m ás ra c io n a l y e fic a z . En re a lid a d , y a
pesar de la e x is te n c ia de las in s titu c io n e s
m e n c io n a d a s a n te rio rm e n te , no h a b ía to d a ­
v ía en Ja p ó n n in g u n a e n tid a d que p ro te g ie ­
ra al d is e ñ a d o r com o p ro fe s io n a l. El p re m io
p a ra el o b je to m e jo r d ise ñ a d o , de la E x­
p o s ic ió n de D iseños In d u s tria le s , e ra o to r ­
g a d o p o r u n ju ra d o co m p u e sto e x c lu s iv a ­
m e n te p o r a rq u ite c to s y a rtis ta s plásticos.
Es d e c ir, que el d is e ñ a d o r no h a b ía c o n ­

36

se g u id o c o n q u is ta r a ú n u n a p o sición a n á ­
lo g a a la del p in to r o a rq u ite c to , y su p ro ­
fe s ió n e ra c o n s id e ra d a com o accesoria a la
de aquéllos.
N a ce así, en 1 9 5 2 , el " J a p a n In d u s tria l
D e sig n e r A s s o c ia tio n " ( J I D A ) con el p ro ­
p ó s ito de d e fe n d e r los intereses p ro fe sio n a ­
les de l d is e ñ a d o r. Se fu n d a lueg o el "C lu b
de D ire c to re s de A r t e " de T o k y o , que e stu ­
d ia las re la c io n e s e n tre el a rte in d u s tria l y
el c o m e rc io , tr a ta n d o de co n s e g u ir un a co ­
o rd in a c ió n to ta l e n tre am bos, que se tra s ­
lu z c a en u n m e jo ra m ie n to del n iv e l general
de los p ro d u c to s c o m e rcia liza b le s.
E xiste n a ú n en Ja p ó n o tra s e n tid a d e s de
m e n o r im p o rta n c ia que tra b a ja n con estos
m ism o s p ro p ó sito s. Su a c c ió n , coo rdinad a
con la de los in s titu to s p rin c ip a le s , p e rm i­
t ir á a éstos a lc a n z a r los o b je tiv o s que se
p ro p u s ie ro n en el m o m e n to de su fu n d a ­
c ió n ; o b je tiv o s qu e p u eden resum irse con
estas p a la b ra s p ro n u n c ia d a s p o r el Presi­
d e n te de la J ID A , Sr. K u ro K ano, el d ía de
su c re a c ió n : " e l tr a b a jo del dise ñ a d o r in ­
d u s tria l es u n c o n s ta n te e s fu e rz o po r la
h u m a n iz a c ió n de la in d u s tria . La m isión de
c a d a a r tis ta en la socied ad es la de in te r­
p r e ta r a q u e llo q u e el p u e b lo re cla m a ".

�1
2
3

Opinión p úb lica
M undo c ie n tífic o
In s titu to Técnico

4

Corso de diseño de ’ia Facultad de Chiba

5

Curso de a rte

6
7
8
9
10
11
12
13
14

15
E xperim ental de A rte In d u stria l

in d u stria l de lá U niversidad
de Bellas A rte s de T o kyo
Facultad de In d u stria T e x til de K yo to
Curso de Diseño de la Fa cu lta d de In g e n ie ría
In stitu to s Técnicos Experim entales
T. D. C.
M undo Periodístico
In d u stria l A r t News (re vista m ensual)
Obras com pletas de diseño com ercial
(a n u a rio )
Revista e specializada en diseño
A n u a rio de diseño

16

17
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20
21
22
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27
28

R evista

de a ra u ite c tu ra (S h in k e n tik u -K o k u s a ik e n tik u , K e n tik u -Z a s s h i, etc.
Revistas de a rte (M iz u e , A te lie r, M useum ,
Sansai, G eijutsu shincho, C uaderno de a rte ,
C ritic a dé a rté )
Revistas fem eninas y para el hogar
Cuerpo co n s u ltiv o sobre problem as del diseño
A sociación de A rte P u b lic ita rio del Japón
JI DA
C lub D irectores de A rte
A sociación de A rte C om ercial de T o kyo
In d u s tria l A r t Society
In s titu to de Diseño de la In d u s tria te x til
A so cia ció n de A rte In d u stria l
Asociaciones de a rq u ite c tu ra
Museo de diseño

29
30

B ib lio te ca de diseño
O rg a n iza ció n para los D r ib le m o s de la en­
señanza de diseño in d u s tria l
31
Cuerpo c o nsu ltivo de d.seño in d u s tria l
32 C éñ tró dé diseñó pQrS cada íñ d ü s tn a
33
M undo in d u s tria l
34
E xportación
35 M u nd o p o lític o
36 G obierno y Congreso
37 M in is te rio de Educación
38
K og iin ( In s titu to Técnico de A rte In d u s tria l)
39 M in is te rio de C om ercio E xte rio r e In d u s tria
Los nom bres representados en el d ia g ra m a por
líneas llenas son aquellos que ya e x is te n ; los
que aparecen enm arcados con líneas de puntos,
son los que se proye cta fo rm a r.

Exposición de diseños japoneses en Canadá
Por in v ita c ió n d e l g o b ie rn o de C a n a d á , se
re a liz ó en este p a ís u n a e x p o s ic ió n de o b ­
je to s dise ñ a d o s en el Ja p ó n q u e fu e ro n se­
le c c io n a d o s p o r el In s titu to de A r te In d u s ­
tr ia l Japonés.
La e x p o s ic ió n , d e s a rro lla d a en v e in te sta n d s,
e s tu v o d e d ic a d a ín te g ra m e n te a p ro d u c to s
típ ic o s d e l Ja p ó n , q u e no se p ro d u ce n en
los países o c c id e n ta le s . E n tre e llo s pu eden
in c lu irs e los re c ip ie n te s p a ra g o lo sin a s qu e
a q u í re p ro d u cim o s. A pe sar de l d e s c u b ri­
m ie n to de nuevos m a te ria le s , p lá s tic o , v in ilo , e tc ., qu e h a n s u s titu id o con e fic a c ia
al p a q u e te de p a p e l, en la m a n u fa c tu ra de

estos re c ip ie n te s se ha p re fe rid o u t iliz a r
m a te ria le s y a tra d ic io n a le s en el J p p ó n , c o ­
m o el b a m b ú y la m a d e ra , co n sig u ié n d o se
c re a r o b je to s de g ra n c a lid a d y te r m in a ­
c ió n .
Se e x h ib ie ro n , a d em ás, u n a serie de m u e ­
bles c o m b in a b le s , a b a n ico s, a lfo m b ra s , p a ­
neles, e le g id o s sie m p re con el c r ite r io ya
m e n c io n a d o .
£1 p ro y e c to del h a ll de e x p o s ic ió n fu é re a ­
liz a d o p o r el m ism o In s titu to y c o n s tru id o
p o r la c o m p a ñ ía Sanyo b a jo la d ire c c ió n
de a q u é l.

Vista p a rcia l de la exposición. A l fo n d o , un a p a ­
rador (" jib u k u ro " ) con puertas corredizas fo ­
rradas en papel celeste. E'l piso ( " y u k a " ) está
recubierto con caña de la In d ia p a rtid a y aplas­
ta d a . El panel adosado a la pared ( " g a k u " ) está
fo rm a do por a n tig u o s caracteres chinos m o n ta ­
dos sobre papel japonés. La ilu m in a c ió n se re a li­
za in d ire cta m e n te por lám paras fluorescentes f i ­
jadas e ntre el a rm a rio y la pared, y en fo rm a
dire cta por la lin te rn a de papel que cuelga del
techo.

37

�R ecipiente para "m a n o k a " (c o n fitu ra jap o ne sa ).
De cedro y va rilla s de bam b ú , con ta p a desa rm able.

En p rim e r pla n o, una mesa de té ("c h a ta k u s h i")
de m adera la m in a d a con te rm in a c ió n de laca
japonesa y patas de m adera torn e ad a con lustre
claro.
A l fo n d o, banco cu bie rto con este rilla sobre la
cual se ha colocado un acolchado de te j:dos
de toalla.

R ecipiente de "ts u k u d a n i*' (a lim e n to conservado)
en m adera de ciprés japonés con bandas o f ilie s
de cobre-

38

R ecipiente

para " m a n ju " (c o n fitu ra iaDonesa).
De cedro liso.

�Diseños recientes de muebles
Nelson y Tapiovaara

G eorge N e lso n e llm a r i T a p io v a a ra , cuya s
ú ltim a s p ro d u c c io n e s ilu s tra m o s a q u í, re ­
p re s e n ta n dos te n d e n c ia s en el dise ñ o del
m u e b le c o n te m p o rá n e o , q u e , en g e n e ra l,
p u eden d e fin irs e co m o c a ra c te rís tic a s de los
países en d o n d e estos cre a d o re s d e s a rro lla n
sus a c tiv id a d e s : E E.U U . y F in la n d ia .
G eorge N e lso n es u n a rq u ite c to fo rm a d o en
Y o le y la C a th o lic U n iv e rs ity . P u b lic ó , de s­
pués de la g u e rra , el lib ro " L a V iv ie n d a
del M a ñ a n a " en c o la b o ra c ió n con H e n ry
W r ía h t. M á s a d e la n te , In ic ia d o en el d ise ­
ño de m u e b le s, p ro y e c tó su co n o c id a " s t o r a a e w a ll" y pasó a c o la b o ra r con H e rm á n
M ille r , p a ra q u ie n d ise ñ ó u n a lín e a c o m ­
p le ta de m u e b le s d u ra n te 1 9 4 5 y 1 9 4 6 .
En 1 9 4 7 c o m ie n z a sus a c tiv id a d e s com o
d is e ñ a d o r in d u s tria l. En la a c tu a lid a d re a ­
liz a in v e s tig a c io n e s sobre e s tru c tu ra s des­
m o n ta b le s lig e ra s.
N e ls o n p u ede u b ic a rs e d e n tro de la lín e a
de a rtis ta s q u e e m p ie z a a tr a b a ja r lu e g o de
la c ris is del 2 9 , c u a n d o el proceso de in ­
d u s tria liz a c ió n o p e ra d o en los E E.UU . o r ig i­
na la d e s a p a ric ió n casi c o m p le ta d e l t r a ­
b a jo a rte s a n a l. En esta fe c h a a p a re ce n los
p rim e ro s " s t y lls t s " . T a n to éstos co m o los
"d e s ig n e r s " que los s ig u ie ro n , e ra n , p o r lo
g e n e ra l, personas pro ce d e n te s de cam pos
a je n o s a! a rte s a n a d o o la in d u s tria p r o p ia ­
m e n te dicho s. P ro v e n ía n de a q u e llo s s e cto ­
res de la c re a c ió n fo r m a l d o n d e el o fic io
h a b ía c o n se rva d o su p re s tig io ; e ra n escenó­
g ra fo s , d ib u ja n te s de m o das, a rq u ite c to s ,
in g e n ie ro s , e tc.
N e ls o n p a rte de e x p e rie n c ia s re a liz a d a s ya
p o r a rq u ite c to s eu rope os, G ro p iu s, Le C o rb u s ie r, M ie s v a n d e r Rohe, p ro p o n ié n d o se
lo g ra r " u n a e x p re s ió n d ire c ta y sim p le de
la c o n s tru c c ió n u tiliz a n d o té c n ic a s e x is te n ­
te s " . De a h í q u e sus m u e b le s, e n re a lid a d ,
no a p o rte n e le m e n to s nuevos en el ca m p o
p u ra m e n te fo r m a l. C o n s titu y e n , m as b ie n ,
u n a in te g ra c ió n de ¡deas, fo rm a s y p ro p o r­
c ione s e s tu d ia d a s a n te rio rm e n te , a p lic a d a s
a m a te ria le s y m é to d o s d is tin to s . Sus m u e ­
bles se m a n tie n e n d e n tro de ríg id a s c a ra c ­
te rís tic a s g e o m é tric a s y h a n sido p ro y e c ta ­
dos te n ie n d o en c u e n ta las leyes de la p ro ­
d u c c ió n in d u s tria l en g ra n esca la . Las es­
tru c tu ra s de los m ism o s e stá n fo rm a d a s
por
p ie z a s
c o n s tru c tiv a s
e le m e n ta le s
y
co m u n e s en el m e rc a d o (p e rfile s de h e rre ­
ría , e s c u a d ría s de m a d e ra , c h a p a s de t e r ­
c ia d o ) , que no h a n sido tra b a ja d a s p r e v ia ­
m e n te , pe ro qu e, al s in te tiz a rs e en un m u e ­
b le , p ie rd e n su c a rá c te r de ta le s . Son los
ju e g o s de re la c ió n , ta m a ñ o y d ire c c ió n , in ­
te rn o s al m u e b le , los que tra b a n e n tre si
estos d ife re n te s e le m e n to s y los h a ce n p r á c ­
tic a m e n te irre c o n o c ib le s , a u n q u e su esencia
in d iv id u a l no h a ya c a m b ia d o . Esto re su lta
e v id e n te en la serie de diseños de N e lso n
cu ya s ilu s tra c io n e s a c o m p a ñ a n al te x to . Se
tr a ta de u n a lín e a de pe queñ os m u e b le s
re a liz a d o s con p e rfile s á n g u lo de h ie rro t r a ­
fila d o , con e s m a lte m a te b la n c o y ne g ro ,
c ris ta l y ch a p a s de d is tin to s colores, que
p u eden u tiliz a rs e en d is tin ta s c o m b in a c io ­
nes. Las e s tru c tu ra s son m o d u la re s , s ig u ie n ­
do la te n d e n c ia de N e ls o n de d e ja r en sus
m u e b le s v a le n c ia s lib re s p a ra c o n e cta rse ,
m u c h a s veces p o r y u x ta p o s ic ió n , co n o tra s
u n id a d e s , o, en el caso de la " s to r a g e w a ll"
co n la a rq u ite c tu ra m ism a ,
llm a r i T a p io v a a ra se g ra d u ó en la Escuela
de A rte s y O fic io s de H e ls in k y . V in c u la d o
desde jo v e n a la in d u s tria fo re s ta l, pasó un
la rg o p e río d o tra b a ja n d o en p la n ta s de in ­
d u s tria liz a c ió n de la m a d e ra , h a sta co n se ­
g u ir un a m p lio d o m in io de esta té c n ic a .
D espués de la g u e rra p ro sig u e sus a c tiv id a ­
des co m o je fe de p ro d u c c ió n de u n a im p o r­
ta n te fá b ric a de te rc ia d o s de a lta c a lid a d .
Su p r im e r tra b a jo , en o rd e n a la p ro d u c ­
c ió n de m u e b le s en serie, surge a ra íz de
u n p e d id o de la C o o p e ra tiv a de E s tu d ia n te s
de la U n iv e rs id a d de H e ls in k y . Sus m u ebles
fu e ro n sele ccio n a d o s p a ra el "G o o d D esign
S h o w " del M u se o de A r te M o d e rn o de N u e ­
va Y o rk . D esem peña la c o -d ire c c ió n de la
E scuela de A rte s y O fic io s de H e ls in k y .

llm a ri T a p io v a a ra : b an q u e ta de m adera a p ila b le

George N elso n: mesa de luz
b is u n ta s com binaciones de colores:
1. E s tru c tu ra : b lanco. C u b ie rta s u p e rio r: v i­
d rio . E stante: plá stico negro. C ostados: gris. Fren­
te del c a jó n : a z u l
2. E s tru c tu ra : negro. C ub ierta su p e rio r: p lá stico
b lanco. C ostados: m a rró n . E stante: a n a ra n ja d o .
Frente del c a jó n : a m a rillo .
Dimensiones, h : 618 m m . a : 431 m m . p. 4 3 2 m m .

!§

39

�En F in la n d ia , el proceso de in d u s tria liz a c ió n
n o se p r o d u jo de u n a m a n e ra ta n b ru sca
c o m o en los E E .U U . L a clase a rte s a n a l c o n ­
tin u ó d e se m p e ñ a n d o u n im p o rta n te p a p e l
d e n tro de la p ro d u c c ió n fin la n d e s a , y la
r a c io n a liz a c ió n p a u la tin a de la g ra n in d u s ­
t r ia de la m a d e ra fu é a c o m p a ñ a d a p o r u n a
e v o lu c ió n p a ra le la en el a rte s a n a d o . Es p o r
e sto q u e , en los m u e b le s de T a p io v a a ra , a
d ife r e n c ia de los de N e ls o n , p u e d e a d v e r tir ­
se la fu e r te in flu e n c ia d e l tr a b a jo a rte s a n a l
de la m a d e ra , fu n d id a co n g ra n s o ltu ra en
el m a n e jo d e l id io m a fo r m a l c o n te m p o rá ­
neo. T a p io v a a ra t r a b a ja p r in c ip a lm e n te con
m a d e ra s de c a ra c te r ís tic a s y lu s tre s se m e ­
ja n te s . L o g ra la u n id a d in te r n a de sus m u e ­
bles e s ta b le c ie n d o c o n tin u id a d e s de lín e a s
y p e rfile s e n tre d is tin ta s p ie z a s , c u rv a n d o
las a ris ta s y las u n io n e s . Estas c a r a c te r ís ­
tic a s p u e d e n a p re c ia rs e en los d e ta lle s de
la s illa d e s m o n ta b le q u e re p ro d u c im o s , y
en la re s o lu c ió n d e l e m p a lm e de los tr a v e saños fr o n ta l y tra s e ro co n los m a rc o s la ­
te ra le s .
Los m u e b le s d e T a p io v a a ra son de u n a
g ra n s o lid e z , q u e se re su e lve , sin e m b a rg o ,
sin d e trim e n to de la g r a c ia fo r m a l. La re ­
la c ió n e n tre d is tin to s m u e b le s de u n a m is -

llm a ri T a p io v a a ra : s illa de m a de ra y cuero. A r ­
m ado de una silla

llm a ri T a p io v a a ra : s illa de m adera y cuero desa rm a b le . Elem entos de una s illa

m a serie , se lo g ra m e d ia n te los recursos
tra d ic io n a le s de u n id a d de te r m in a c ió n y
p o r la re p e tic ió n de e le m e n to s c a r a c te r ís ti­
cos. En el caso d e l s illó n , T a p io v a a ra u t i l i ­
z a los m ism o s tra v e s a ñ o s de la s illa , q u e
se e n la z a n co n los tra v e s a ñ o s s u a v e m e n te
c u rv a d o s de l b a s tid o r de l a s ie n to de c u e ­
ro. Esta fo r m a c u rv a a c o m p a ñ a la d e fo r ­
m a c ió n d e l c u e ro p ro d u c id a p o r el peso de
la p e rs o n a se n ta d a .

40

�George N elsor.: cómoda de hierro, vid rio y plás­
tico
D istintas combiciones de colores:
1. Estructura: negro. Cubierta
superior: plás­
tico blanco. Costados: marrón. Estante: anaran­
jado. Frente del ca jó n : am arillo.
2. Estructura: negro. C ubierta superior: vidrio.
Costados: azul. Estante: plástico blanco. Frente
de los cajones: negro.
3.
Estructura: blanco. Cubierta superior: vidrio.
Costados: gris. Estante: plástico negro. Frente de
los cajones, azul.
4. Estructura: blanco. Cubierta superior: vidrio.
Costados: m arrón. Estante: plástico blanco. Fren­
te de los cajones anaranjado.

41

�Krayd
galería de arte

18 litografías de artistas argentinos
bad i i
fe rn á n d e z m uro
sarah g rilo
h lito
ocam po
presas
ideal sánchez
to rre s agüero
9 en c o lo r y 9 en b la n c o y n e gro, de 3 5
en

c a rp e ta

n u m e ra d a s

del

x

48

cms.

1 al 500.

p re c io de u n a c a rp e ta : 4 0 0 pesos.

e d ic ió n g a le ría K ra y d . tu c u m á n 5 5 3 . t. e. 31 - 5 7 5 8

42

ludgate
gotero automático

�Escuela Superior de Diseño de U!m
La Escuela S u p e rio r d e D iseño de U lm
(H o c h s c h u le f ü r G e s ta ltu n g ) , ha in c o r p o ra ­
do a la n ó m in a de sus p ro fe s o re s a l d ire c to r
de " n u e v a v is ió n " , T o m á s M a ld o n a d o , q u ie n
se e n c u e n tra a c tu a lm e n te al fre n te de l " C u r ­
so F u n d a m e n ta l" y co m o p ro fe s o r de " C o ­
m u n ic a c ió n v is u a l" en el d e p a rta m e n to de
" C re a c ió n V is u a l"
(V is u e lle G e s ta ltu n g ) .
En el p ró x im o n ú m e ro de n v , p re s e n ta re m o s
m a te ria l in fo r m a tiv o re sp e cto a la Escuela
y a los cursos q u e a llí se d ic ta n .

Exposición Calder. Galería Rudolf
Hoffmann, Hamburgo, 1954.
En ju n io de l a ñ o pa sa d o se re a liz ó en la
G a le ría R u d o lf H o ffm a n n , de H a m b u rg o ,
u n a a m p lia e x p o s ic ió n de las o b ra s de l es­
c u lto r y p in to r A le x a n d e r C a ld e r, c o m o c u l­
m in a c ió n de las m u e s tra s re a liz a d a s en
A le m a n ia desde el a ñ o 1 9 5 2 , en q u e o b ­
tu v o el p re m io de e s c u ltu ra de la B ie n a l de
V e n e c ia .
La s o b ra s e x p u e s ta s e ra n en su m a y o ría
" m ó v ile s " , q u e fig u r a b a n ju n to a " e s t á t i ­
c o s " , " c o n s te la c io n e s " , d ib u jo s y p in tu ra s .

Exposición de pintura, escultura, ar­
quitectura y urbanismo de nuestro
tiempo. Galería Müller, Bs. As., 1954.
H a c ía f a lt a en n u e s tro p a ís u n a e x p o s ic ió n
de p in tu r a , e s c u ltu ra , a r q u ite c tu r a , u r b a ­
n is m o y a m u e b la m ie n to c o n te m p o rá n e o s ,
c o m o la q u e o r g a n iz ó y lle v ó a c a b o P a b lo
C u ra te lla M a n e s en los salon es de la G a ­
le ría M ü lle r .
Las m u e s tra s de esta clase a p ro x im a n m a ­
n ife s ta c io n e s v is u a le s de d iv e rs o c a rá c te r
y, c o m o c o n s e c u e n c ia , p e rm ite n a p re c ia r,
no só lo los v a lo re s in d iv id u a le s o b te n id o s
en ca d a u n a de las a rte s v is u a le s , s in o ta m ­
b ié n la e x is te n c ia de u n e s p íritu q u e tr a s ­
c ie n d e las m e ra s in te n c io n e s o p ro g ra m a s
de los e x p o s ito re s . T a l s itu a c ió n se e x ’H H a
en v ir tu d de q u e las d is tin ta s m o d a lid a d e s
o g é n e ro s e s té tic o s a q u e c o rre s p o n d e n las
e x p re s io n e s c re a d o ra s de n u e s tra ép oca — y
e llo no c o n s titu y e u n fe n ó m e n o p r iv a tiv o
de l a rte c o n te m p o rá n e o — , se v in c u la n í n t i ­
m a m e n te e n tre sí, pues se o r ig in a n en a c ­
titu d e s m e n ta le s de m u y p a re ja s c a r a c te ­
rís tic a s y s ig n ific a d o . D esde este p u n to de
v is ta , la in ic ia tiv a de l e s c u lto r C u ra te lla
M a n e s re s u lta b a d ig n a de to d o e n c o m io .
Sin e m b a rg o , dos fa lla s e v id e n te s h a n l i ­
m ita d o el a lc a n c e q u e d e b ió c o b ra r esta
e x p o s ic ió n .
L a p rim e ra g u a rd a
re la c ió n
con las seccion es de p in tu r a y e s c u ltu ra ,
d o n d e g ra n p a rte de las n u m e ro s a s o b ra s
e x p u e s ta s
re v e la b a n u n c r ite r io
s e le c tiv o
m u y po co rig u ro s o , en c u a n to se re fie re

a c a lid a d y v a lo r re p re s e n ta tiv o de n u e s ­
tr a p lá s tic a a c tu a l. F re n te a la p o ca a s i­
d u id a d de u n p ú b lic o q u e se h a m o s tra d o ,
s in e m b a rg o , m u c h a s veces c u rio s o p o r las
n u e v a s te n d e n c ia s , no cre e m o s o p e ra n te p re ­
s e n ta rle , en c a ó tic a a m a lg a m a , a lg u n a s
o b ra s e x c e le n te s , p ro d u q to de u n a c o n ­
c ie n c ia y u n a s e n s ib ilid a d h o n d a m e n te m a ­
d u ra d a s , ju n to a o tra s , q u e re sp o n d e n sólo

a u n v a g o d e c o ra tiv is m o " a b s t r a c t o " , " n o o b je t iv o " , e tc ., y c a re n te s p o r lo ta n to , de
to d a e x ig e n c ia e s té tic a o p r o b le m á tic a le ­
g ítim a .
L a se g u n d a fa lla se re fie re a la in s u fi­
c ie n te re p re s e n ta c ió n de las o tra s a rte s ,
ta n to p o r la a u s e n c ia de v a ria s fig u r a s c o ­
n o c id a s , co m o p o r las po cas o b ra s n u e va s
q u e se p re s e n ta ro n , p e ro fu n d a m e n ta lm e n -

43

�te , p o r la c a re n c ia de nu evos va lo re s. J u s to
es a d m itir , no o b s ta n te qu e la s u p e ra c ió n
de esta fa lla im p lic a p ro b le m a s serios. En
a rq u ite c tu ra , p o r e je m p lo , no es m u c h a la
g e n te de m e n ta lid a d jo v e n qu e ha p o d id o
c o n s tru ir y d a r fo rm a a sus ¡deas. C asi su
ú n ic a c o n trib u c ió n la c o n s titu y e n v iv ie n d a s
d is e m in a d a s p o r los s u b u rb io s , a p a rte de
los in n u m e ra b le s p ro y e c to s p re s e n ta d o s en
concursos. A pe sa r de to d o , h u b ie ra re ­
s u lta d o de in te ré s re u n ir en la e x p o s ic ió n
g ra n p a rte de esos p ro y e c to s y re a liz a c io ­
nes. E llo h u b ie ra p e rm itid o c o n fe rirle s el
s e n tid o qu e no se les a d ju d ic a g e n e ra l­
m e n te y d a r u n a v is ió n g e n e ra l de te n ­
d e n c ia s y re a lid a d e s .
De c u a lq u ie r m o do, estas o b je c io n e s no in ­
v a lid a n la im p o rta n c ia de la e x p o s ic ió n
m e n c io n a d a y de l e s fu e rz o qu e la h iz o
p o sib le , a fin de p ro p o rc io n a r u n p a n o ra m a
del m o v im ie n to de l e s p íritu m o d e rn o , en
la A rg e n tin a , a tra v é s de la casi to ta lid a d
de sus m a n ife s ta c io n e s vis u a le s . H . B.

Exposición Miguel Ocampo.
Krayd, Bs. As., 1954.
En el mes de
en la G a le ría
ú ltim a s o b ra s
e n tre las qu e
R ío de J a n e iro

Galería

o c tu b re de 1 9 5 4 , se re a liz ó
K ra y d , u n a e x p o s ic ió n de las
del p in to r M ig u e l O ca m p o ,
fig u r a ro n o b ra s e xp uesta s en
y A m s te rd a m , qu e el p ú b lic o
de Buenos A ire s no c o n o c ía .

Exposición Vordemberge-Gildewart,
Galería Ferdinand Móller, Kóln, 1954.
O bras de V o rd e m b e rg e - G ild e w a rt, re a liz a ­
das desde el añ o 1 9 2 3 ha sta 1 9 5 4 , c o m ­
p re n d ía la e x p o s ic ió n qu e tu v o lu g a r en la
G a le ría F e rd in a n d M o lle r, de K ó ln . E ntre
las p rim e ra s ob ra s de l a r tis ta fig u r a b a n
a lg u n o s " c o lla g e s " y " r e lie v e s " , c o n s tru c ­
cione s en v id rio y m e ta l. T u v o esp ecial s ig ­
n ific a c ió n el he cho de ser ésta la p rim e ra
e x p o s ic ió n
re a liz a d a
por
V o rd e m b e rg e G ild e w a rt en A le m a n ia
después
de
la
g u e rra .

Colección

44

Ig n a cio P irovano.

Bibliografía
Giulia Veronese: "Difficolta politiche
dell'architettura ¡n Italia 1920-1940".
Librería Editrice Politécnica Tamburin¡, Milano, 1953.
En la IX T r ie n n a le de M ilá n , u n a p e q u e ñ a
sa la evo ca b a a los c u a tro cre a d o re s a q u ie ­
nes debe su fis o n o m ía la m e jo r a rq u ite c tu ra
ita lia n a de este s ig lo : R a fa e llo G io lli, c r í t i ­
co, G iusep pe P aga no, a r q u ite c to y p o le m is ­
ta , G iusep pe T e rra g n i, a r q u ite c to , E doardo
P érsico, c rític o y a rq u ite c to . A ll í n a c ió la
¡dea de esta p u b lic a c ió n , " p a r a a y u d a r a los
jó ve n e s a da rse c u e n ta de la a c c ió n de
a q u e llo s h o m b re s qu e no co n o c ie ro n , p a ro
qu e c o m p re n d ie ra n m e jo r las ra zo n e s v i t a ­
les de u n esq uem a fig u r a tiv o cu y a p a rá b o la
ya está c e rra d a , p e ro de l cu a l la n u e va
a r q u ite c tu ra se n u tre , a u n q u e sea p a ra o p o ­
nerse a é l" .
G iu lia V ero n e se , a q u ie n se c o n fió esta t a ­
rea, d e s a rro lla su tesis en to rn o a las " d i ­
fic u lta d e s p o lític a s de la a r q u ite c tu ra it a l ia ­
na 1 9 2 0 - 4 0 " , o m e jo r d ic h o , co m o a c la ra
en el p ró lo g o , en to rn o a las d ific u lta d e s
m o ra le s de los a rq u ite c to s , de las cu a le s d e ­
p e nden las d ific u lta d e s p o lític a s de la a r ­
q u ite c tu ra .
El tra b a jo está d iv id id o en u n p ró lo g o y
c u a tro c a p ítu lo s , a n e c d ó tic o s en su casi
to ta lid a d , d e d ica d o s a c a d a u n a de las f i ­
g u ra s m e n c io n a d a s , c r ite r io qu e la a u to ra
ju s tific a
re c o rd a n d o la e x c e le n te reseña
qu e B ru n o Z e v i ha ce de la a r q u ite c tu ra
" r a c io n a lis t a " ita lia n a en su " S to r ia d e ll'A r c h it e ttu r a M o d e r n a " .
Fotos y d o c u ­
m e n to s c o m p le m e n ta n el te x to .
R e s u lta in te re s a n te la c o n fro n ta c ió n de las
o b ra s de los c u a tro a rq u ite c to s c o n o tra s ,
m enos e d ific a n te s , de P ia c e n tin i, L a p a d u la y
o tro s re a c c io n a rio s , y la de sus e s c rito s con
la v e rg o n zo sa p ro p u e s ta de P. M . B a rd i de
p o n e r los d e stin o s del a rte ita lia n o en m a nos
de M u s s o lin i.
T a m b ié n re v is te in te ré s la
tra n s c rip c ió n del d e b a te sobre los p ro ye cto s
de la m o d e rn a e s ta c ió n fe r r o v ia r ia de F lo ­
re n c ia y de l b a rrio de S a b a n d ia en R om a,
qu e tu v ie r a lu g a r en el S enado ro m a n o y
qu e fu e ra re su e lto en fa v o r de los a r q u ite c ­
to s m o d e rn o s p o r el p ro p io M u s s o lin i.
De las s e m b la n z a s pe rsona le s, su rg e v ig o r o ­
s a m e n te p e rfila d a la ta lla m o ra l de c u a tro
h o m b re s e x c e p c io n a le s , a los qu e la a u to ­
ra c o n o c ió b ie n de ce rca en ho ra s d r a m á ­
tic a s . G iu lia V ero nese nos m u e s tra a P ér­
sico y G io lli a n tifa c is ta s , a P a g a n o y T e ­
rra g n i, fa s cista s, id e a lis ta s h a sta u n p u n to
en qu e los m ism o s p o n tífic e s de l a rte o fic ia l
de ben c o n d e n a rlo s . Y ha ce c o n s ta r a m a r­
g a m e n te en el lib r o : " s e ha d ic h o q u e to d o s
los h o m b re s de c u ltu r a en Ita lia se e n c o n ­
tra b a n c o n tin u a m e n te en el d e b e r de e m ­
p e ñ a r la c o n c ie n c ia en la lu c h a , n e g a n d o
u n a p a rte v iv a de l p ro p io p e n s a m ie n to p a ra
p o d e r a fir m a r la o tr a . . . Era u n a o p o sició n
d ia lé c tic a qu e el p e n s a m ie n to ita lia n o , in c a ­
p a z de re so lve r, cre a b a en la c o n c ie n c ia de
los in te le c tu a le s , e m p e ñ á n d o lo s en u n d r a ­
m a sin d e senlace p o sib le , sa lvo la m u e rte .
Ja m á s se p o d rá a c u s a r b a s ta n te un m o ­
m e n to h is tó ric o qu e o b lig ó a los m e jo re s a
e le g ir la m u e r te " .
Los c o m ie n z o s no fu e ro n ta n trá g ic o s . Pero
lo qu e hace m ás d r a m á tic a la s itu a c ió n de
estos a rtis ta s fu é el c a rá c te r b ifr o n te del
e n e m ig o qu e d e b ía n c o m b a tir. T a n p ro n to
se los lla m a b a p a ra q u e tr a z a r a n p la n e s de
g ra n e n v e rg a d u ra , en los q u e se les d e ja b a
en c o m p le ta lib e rta d de r e a liz a r sus idea les
sociales o e sté tico s, co m o se les e n fre n ta b a
con te rrib le s d e silu cio n e s. N o fu e ro n v íc ­
tim a s de u n d e s c u a ja m ie n to a b ru p to , sino
de u n a a s fix ia p ro g re s iv a .
F re n te a las d e m a n d a s c a d a v e z m ás a p re ­
m ia n te s de " r o m a n it á " y g r a n d ilo c u e n c ia
q u e p a rtía n de los du e ñ o s del a rte o fic ia l,
los c u a tro a r tis ta s re a c c io n a ro n , d e fe n d ie n ­

do a to d o tra n c e la lib e rta d de l a r tis ta .
P érsico, con su c o n o c im ie n to de las e n c ru c i­
ja d a s c u ltu ra le s , G io lli, con e n o rm e b u e n a
fe . T e rra g n i y P ag a n o , los dos fa s c is ta s , h a ­
b la ro n de la m o ra l de la re n u n c ia , re n u n c ia
a la g ra n d ilo c u e n c ia y a la h e ro ic id a d . T e ­
rra g n i p e d ía qu e se d e ja ra tie m p o p a ra qu e
la c o n c ie n c ia y la e x p e rie n c ia de los jóven es
a rq u ite c to s se c o n s o lid a ra y se ro b u s te c ie ra .
P ag a n o , q u e d e ja ra n tra n q u ilo s a los qu e
no tra b a ja b a n p a ra e s tre c h a r las m a n o s de
c u a tro e xce le n cia s.
C a s a b e lla , la re v is ta
d ir ig id a p o r P a g a n o y P érsico, e ra el p o r­
ta v o z de estas o p in io n e s , y la ú n ic a que
d e fe n d ía la a r q u ite c tu ra m o d e rn a ita lia n a
fre n te a l to r re n te de c rític a s s e u d o -h is to ric is ta s qu e se le o p o n ía n .
E le m en tos de ju ic io poco c o n o cid o s sobre t o ­
da esta época a b u n d a n en el lib ro , sa lvo en
el caso de P a g a n o , d o n d e las a n é c d o ta s y
tra n s c rip c io n e s de l d ia r io ín tim o h a n sido
e x tra íd a s del lib ro de A lb in i, P a la n ti y C a ste lli. De P érsico, nos n a rra los d e ta lle s m ás
s a lie n te s de su v id a . D ip lo m á tic o de b r i­
lla n te p o rv e n ir, p re s e n ta u n a tesis, re c h a z a ­
d a , sobre la lib e rta d de e x p re s ió n . V u e lto
a Ita lia , en un ge sto de re n u n c ia , tr a b a ja
com o o b re ro de la F ia t de M ilá n . V iv e p o ­
b re m e n te , h a sta el e x tre m o de m in a r su
sa lu d y m o rir en u n a e d a d te m p ra n a . D ejó,
sin e m b a rg o , te s tim o n io s de su lu c id e z , en
p a r tic u la r en los a r tíc u lo s : " P r o fe z ia d e ll'A r c h it e t t u r a " y " P u n t o e da c a p p o d e ll'A r c h it e t t u r a " . Su e u ro p e ísm o , su p r o fu n ­
da c u ltu r a , le p e rm itie ro n v e r c la ro m u ch a s
cosas, sobre to d o en el p ro b le m a de la " m e d ite r r a n e id a d " . E stuvo p re se n te en to d a s
las e n c ru c ija d a s m o ra le s p o r d o n d e pasó el
m o v im ie n to m o d e rn o . P a g a n o no era ta n
sereno y lú c id o co m o P érsico, q u e n u n c a
c a yó en el e q u ív o c o de l fa s c is m o . Pero v i ­
v ió tra ta n d o de c o n s e rv a r d e s e s p e ra d a m e n ­
te la a u to rid a d m o ra l. Era e x tr o v e r tid o , y
en su a fá n de c o m p a rtir lo to d o , p r o fu n d a ­
m e n te p e d a g ó g ic o . Pasa d e l fa s c is m o a u n a
a c tiv a m ilit a n d o o p o s ito ra . T o m a d o p r i­
s io n e ro , p la n e a y re a liz a u n a fu g a con d o s­
c ie n to s sesenta y c u a tro c o m p a ñ e ro s. A p r e ­
sado de v u e lta , es e n v ia d o a l c a m p o de
c o n c e n tra c ió n de M a n th a u s e n . A llí, ju n to
con G io lli, p ro y e c ta u n a u n iv e rs id a d p a ra
los jó ve n e s de l p u e b lo q u e fu n d a r ía n ju n to s
a l a c a b a r la g u e rra . Poco después m u e re n
los dos en M a n th a u s e n . " Y así m u rie ro n dos
h o m b re s — d ice G. V e ro n e se —
qu e c re y e ­
ro n en la c u ltu r a , a u n q u e n o p a ra ellos
so la m e n te , y en la v id a , a u n q u e n o p a ra
sí m is m o s ". La a u to ra c a r a c te riz a a T e ­
rra g n i co m o a l p o e ta . De to d o s los a r q u i­
te c to s ita lia n o s , fu é el de m ás v u e lo . Y
" a u n q u e e s tu v o m ás ce rca de d a r a l fa s ­
cism o u n le n g u a je e s té tic a m e n te v á lid o " ,
n u n c a c a yó en el e q u ív o c o de la m e d ite rra n e id a d , a firm a n d o qu e los ra c io n a lis ta s
e ra n e x p o n e n te s de u n a te n d e n c ia q u e lu ­
c h a b a en to d o el m u n d o p a ra d a r u n a f i ­
s o n o m ía a r tís tic a a su p ro p ia g e n e ra c ió n .
G io lli tu v o u n d e s tin o m ás m o d e sto , pe ro
fu é u n c r ític o s a g a z de a lg u n o s asp ectos
de l a r te m o d e rn o ita lia n o .
T o d o el lib ro de G iu lia V e ro n e se es un
a p o rte al b a la n c e m o ra l de l v e in te n io . Pero
no es u n lib ro de c e rte z a s , sin o de du das.
F re n te a las a lte r n a tiv a s a q u e se v ie ro n
ab o ca d o s estos ho m b re s, h a b la de u n " p r o ­
b le m a in s o lu b le " . P ro b le m a ¡n s o lu b le que,
en el fo n d o , no ha d e s a p a re c id o con la c a í­
da de M u s s o lin i, n i se c irc u n s c rib e a I t a ­
lia . Pues, a u n q u e " la s d ific u lta d e s e ra n e n ­
to n ce s m á s e v id e n te s q u e las a c tu a le s , el
fo n d o h u m a n o del p ro b le m a sig u e s ie n d o el
m is m o : d e m a n d a s m ás u rg e n te s , p e ro no
m ás g ra ve s, p la n te a b a e n to n ce s la h is to ria
ae la c o n c ie n c ia " .
El lib ro , sin e m b a rg o , de sp e ja a lg u n o s e q u í­
vocos, co m o los de u n a p re te n d id a a r q u i­
te c tu ra fa s c is ta . " L o s e x tra n je ro s a c o s tu m ­
b ra n a c o n s id e ra r la a r q u ite c tu ra ra c io n a ­
lis ta ita lia n a , d ice G iu lia V e ro n e se , en el
a c tiv o del ré g im e n fa s c is ta . C o n s id e ra n , en
e fe c to , las trie n a le s q u e las d iv u lg a r o n y
d e fe n d ie ro n , co m o m a n ife s ta c io n e s fa s c is ­
ta s, ig n o ra n d o qu e, p o r el c o n tra rio , te n ía n

�VILA
Propiedad horizontal
Administración de propiedades
Construcciones

Córdoba 943

T. E. 32-9497

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a r g e n t i n a

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2524 p á g in a s
4 7 0 6 fo to g ra fía s
t a b la s e sq u e m a s
lá m in a s p la n o s
y ábacos
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a r í s t i d e s

q u i l l e t

co rrie n te s 1132 - t e 3 5 -5 1 7 2
b u e n o s
a i r e s

45

�lu g a r a pe sar y en c o n tra de ese ré g im e n
y de su o b s tin a d a h o s tilid a d " . Es d e c ir, los
presupu esto s ra c io n a lis ta s au e p ro p u g n a b a n
los a rq u ite c to s ita lia n o s , d e b ía n e s ta r fo r so z a m e n te en c o n tra d ic c ió n con las e x ig e n ­
cias irra c io n a lis ta s y m is tific a d o ra s de l fa s ­
cism o , com o se h iz o e v id e n te m ás ta rd e .
P orque a q u e llo s a rq u ite c to s , en el fo n d o , no
se h a b ía n p ro p u e s to m ás qu e p e rm a n e c e r
fie le s a los p ro p ó s ito s de su g e n e ra c ió n ,
co m o lo h a b ía re c o n o c id o el p ro p io T e rra g n i. Y esos p ro p ó s ito s e ra n los de G ro p 'u s ,
v a n d e r Rohe, M e n d e ls s o h n , los m ism o s a
q u ie n e s los a le m a n e s h a b 'a n c a lific a d o de
" h e b re o -b o lc h e v iq u e -d e c a d e n te s ".
Es d e lic a d o , sin d u d a , co m o lo reconoce la
m ism a G. V ero nese, ju z g a r la a c titu d de
estos a rq u ite c to s qu e c re y e ro n e n c o n tra r en
el fa s c is m o de la p rim e ra época la c o y u n ­
tu r a p a ra re a liz a r sus plan es. D elico d o ,
p o ra u e a h o ra se conoce el re s u lta d o de esa
a v e n tu ra . D e lic a d o , p o rq u e su e rro r, e n to n ­
ces, c o n ta b a con a te n u a n te s .
El a b a n d o n o de la to rre de m a r fil ha es­
ta d o en la ra íz m ism a de la a ra u ite c tu ra
m o d e rn a . U n d e fin id o s e n tid o p a c ifis ta (des
can ons, des m u n itio n s ? M e rc i, des loqis,
s .v .p ., Le C o r b u s ie r ) , y u n a fe casi m ís tic a
en la e fe c tiv id a d de la n u e v a a ra u ite c tu ra
p a ra p la n te a r u n n u e v o m u n d o , ha sido el
d e n o m in a d o r c o m ú n de los g ra n d e s c re a d o ­
res de la a ra u ite c tu ra m o d e rn a , iP ara c u á n ­
do la p la n ific a c ió n de l m u n d o ? , p r e a u n ta ba P aaa no, e x a lta d o a n te el e x c e le n te b a ­
rrio de S a b a u d ia . Y este d e n o m in a d o r c o ­
m ú n s o c ia l, en las d is tin ta s e xp resione s de
los m a estro s c o n te m p o rá n e o s , ha sido lo
qu e ha p e rm itid o re a liz a r, en el p la n o es­
té tic o , la ú n ic a d ife re n c ia c ió n fo r m a l, c u l­
tu r a l, h is tó ric a y p o lític a , le g ítim a .
Es el a n h e lo de p o n e r estas fo rm a s y e s p a ­
cios en c o n ta c to con los h o m bre s, lo que
lle v ó a las m ás a ra n d e s fia u ra s al seno de
la s itu a c ió n p o lític a im p e ra n te ; recuérdese
la a c titu d de Le C o rb u s ie r p ro p o n ie n d o a
la b u rg u e s ía " L a V iIle R a d ie u s e " com o e x ­
ce le n te o p e ra c ió n in m o b iP o ria . la de G rc p iu s ,
o fre c ie n d o le v a n ta r la c a lid a d de la in d u s ­
tr ia a le m a n a p a ra re c u p e ra r los m e rcado s
p e rd id o s ; recuérdese to d a la v id a generosa
de P aga no. Esta a c titu d no fu é n u n c a o p o r­
tu n is m o , fu é la fo rm a m ás le n ítim a que
e n c o n tra ro n p a ra s a lv a r la s ocied ad en qu e
v iv ía n . Q ueda p o r sa b e r si el p ro g ra m a que
p ro o o n ’a n no la h u biese s a lv a d o . En el c a ­
so de los ita lia n o s , su o b ra s irv ió p a ra que
el v e in te n io fa s c is ta no fu e ra s o la m e n te
u n a c ró n ic a de esclavos. Q u e d a ro n ob ras
cu y a je ra ra u ía a r tís tic a tra s c ie n d e su in ­
serció n en la p o lé m ic a , a u e d a ro n los e s tu ­
pendos n ú m e ro s de C a s a b e lla y el p e n s a ­
m ie n to e s c rito de sus a n im a d o re s . J. M . B.

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Se c a n je a n e je m p lares atrasados de nueva visión , nos. 1 y 2 / 3 , por
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les, poesía, fo rm a s de expresión que correspondan a las e xig en cias
m odernas y universa le s de la vida.
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R ep re se nta nte:

N ueva V is ió n S. R. L., C e rrito 1371

"Idea 54". George Wittenborn, New
York, 1954.
Idea 5 4 es el s eg undo a n u a rio in te r n a c io ­
n a l de diseñ o qu e se p u b lic a con m a te ria l
s e le c c io n a d o en to d o s los países p o r las
a u to rid a d e s m ás c o m p e te n te s , con u n a a m ­
p lia
in fo rm a c ió n
sobre
los diseñ adores,
p ro d u c to re s y d is trib u id o re s de los o b je to s
prese n ta d o s.
U n a se le cta b io g ra fía re fe ­
re n te a los diseños qu e se p u b lic a n p e r­
m ite u n a m p lio e s tu d io sobre el p rogre so
del dise ñ o en el c a m p o de la c o n s tru c c ió n
de la in d u s tria , de la v iv ie n d a , e tc . La
e d ic ió n a m e ric a n a pre se n ta ad e m á s un a
sección esp ecial d irig id a p o r A lv in L u s tig
sobre el d e s a rro llo de la Escuela de D iseño
de la Y a le U n iv e rs ity re c ie n te m e n te re o r­
g a n iz a d a .

LI TE RAT U RA
ARTE
BIBLIOFILIA

"N ew Furniture", Vol. 2. George
Wittenborn, New York, 1954.
C om o en Idea 5 4 , los e d ito re s de N e w
F u rn itu re se h a n p ro p u e s to p re s e n ta r a los
le cto re s u n p a n o ra m a in te g ra l del diseñ o
c o n te m p o rá n e o de m u ebles. En 3 7 0 ilu s ­
tra c io n e s , p u e d e n a p re c ia rs e las p ro d u c ­
cione s m ás re c ie n te s re a liz a d a s en 14 p a í­
ses, a d em ás de los tra b a jo s de e s tu d ia n te s
de la U n iv e rs id a d de Y a le re u n id o s en un
c a p ítu lo a p a rte .

46

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                <text>Le Corbusier&#13;
Pedrosa, Mario&#13;
Hilto, Alfredo&#13;
Bill, Max</text>
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dirigida por tomas maldonado

Xanti Schawinsky
A le x a n d e r D orner
O lg a G u e ft
J . M . B o rth a g a ra y
To m ás M a ld o n a d o
S tu a rt Preston
K ie sle r

Tiempo, Vida, Ilusión
X a n ti S c h a w in s k y

Dos exposiciones en el Museo de Arte de Nueva York
Sobre algunas interferencias entre las artes
G illo D o rfles

Una nueva unidad estructural
A m a n c io W illia m s

Exposiciones del "Grupo de Artistas Modernos Argentinos'
Discurso inaugural de la exposición de Amsterdam
V o rd e m b e rg e -G ild e w a rt

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d e fid e lid a d
en la in terp reta ció n
de la re c e ta de
su o c u lista

buena
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mayo

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Código de Comercio Anotado I (Libros I, II y III)

J . J . R iv a n e ra

Código de Honor comentado

C . B e c c a ría

De los delitos y de las penas (ed . b ilin g ü e y estu d io p re lim in a r de F. P. L a p la z a )

A . N u ssb au m

Derecho monetario nacional e internacional (tra d . y notas de A . D. Schoo)

R. P érez Patón
G . C a b a n e lla s
J . M . de M a h ie u
A . J . Z a v a le ta
C . E. M ack in n o n
C . Cossio
F. P. L a p la z a
J . M . M a n g a n ie llo

Derecho social y legislación del trabajo, 2 ? ed.
Diccionario de derecho usual, t. III
Evolución y porvenir del sindicalismo
La prisión preventiva y la libertad provisoria
La propiedad ("co l. b la n c a " )
La valoración jurídica y la ciencia del derecho ("co l. m en o r")
Objeto y método de la criminología ("co l. b la n c a " )
Vocación de abogado (2? e d .)
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Revista de cultura visual. Artes, arqui­
tectura, diseño industrial, tipografía
A p a re c e c a d a tres m eses
D irecto r: To m ás M a ld o n a d o
S e cre ta rio s de d ire cció n : A r q . Ju a n
M a n u e l B o rth a g a ra y , Jo rg e G ris e tti,
A lfre d o Hlito
C o m ité de red acció n : A r q . H oracio
B a lie ro , A rq . Fran cisco B u llric h , Jo rg e
G o ld e m b e rg , R a fa e l Ig le sia
S e c re ta rio de re d a cció n : E d g a r B a y le y

apel

cvi
LO
co
i
co

00

organización al servicio del
progreso electrónico

o

V)

A d m in istra c ió n y re d a c c ió n : C e rrito
1 3 7 1 , Buenos A ir e s , A rg e n tin a . T e lé ­
fo n o : 4 2 -1 3 4 7
La D irección no se re s p o n sa b iliz a de
los a rtíc u lo s firm a d o s ni d e v u e lv e las
c o la b o ra c io n e s e sp o n tá n e a s.
La re v is ta n v , n u e v a v is ió n , es p ro ­
p ie d a d de n u e v a v isió n e d ito ria l, s .r.l.
c a p . $ 5 0 .0 0 0
R eg istro N a c io n a l de la P ro p ie d a d In ­
te lectu al n9 4 0 8 .5 2 3

sumario:
Xanti

Schawinsky: A le x a n d e r Dorn e r, O lg a G u e ft, J u a n M a n u e l B o r­
t h a g a r a y , T o m á s M a ld o n a d o , S tu a rt
P resto n, K ie s le r. (p. 5)
Tiempo, Vida,

artículos especializados
para profesionales
difusión, venta y Service

demostraciones gratuitas a
dom icilio de exclusividades
técnicas para profesionales y
el hogar.

Ilusión:

X a n ti Schaw in s k i (p. 13)

CM
CM
CM

Dos exposiciones en el Museo de A r­
te Moderno de Nueva York (p. 26)

w
0
-i-*
C
0

Sobre algunas interferencias entre las
artes: G illo D o rfle s (p. 30)
Una nueva unidad estructural: A m a n ­

O

o

d o W illia m s (p. 32)

Exposiciones del "Grupo de Artistas
Modernos Argentinos (p. 36)
Discurso inaugura] de la exposición
de Amsterdam: V o rd e m b e rg e -G ild e w a r t p. 38)

Notas y comentarios: (p. 47)
Bibliografía: (p. 49)
Se d e se a el c a n je con las p u b lic a c io ­
nes s im ila re s : se h a rá n a n á lis is y
resú m en es de los lib ro s y re v is ta s e n ­
v ia d o s a n u e stra re d a cció n .

Representantes en el exterior:
Bolivia: L ib re ría "Lo s A m ig o s del Li­
b ro ", Perú esq . E s p a ñ a , C o c h a b a m b a .

Brasil: Jo sé M a rq u e s G o d o y , A v . Ip i­
ra nga 8 7 9 , S ao P au lo . G e ra ld o G o ­
d o y C a stro , Ed. I .A .P .I., Belo H o rizo n ­
te. Jo sé G o d o y C a stro , A v . G ra c a
A r a n h a 2 0 6 , Rio de Ja n e ir o .

Uruguay: S. U. R. D. Ltd a ., M a ld o n a ­
do 8 6 3 , M o n te vid e o .

4

�Xanti Schawinsky

N acid o en 19 04 en B a s ile a , S u iz a . Estu dió d ib u jo , p in tu ra y a rq u ite c tu ra en
Zu rich y B e rlín ; ing resó en el B a u h a u s en 1924 donde e x h ib ió sus o b ra s con
"lo s jó venes pintores del B a u h a u s " . T ra b a jó en el te atro y enseñó e sce n o g ra ­
f í a , después de h a b e r p ro ye ctad o los d eco rad o s de n u m e ro sas p rod uccio nes
en A le m a n ia y S u iz a . R ea lizó tra b a jo s de e xp e rim e n ta c ió n en te a tro , b a lle t,
a rq u ite c tu ra de e xp o sició n , diseño in d u s tria l y tip o g r a fía , co m isio n ad o por
la in d u stria y el g o b iern o de It a lia , F ra n c ia , Estad os U nido s.
Por in v ita ció n de Jo s e f A lb e rs , enseñó a rte en 19 36 en el B la ck M o u n tain Colle g e , de C a ro lin a del N o rte, y a llí fu n d ó "S p e c to d ra m a " , p rese n tacio n e s e s­
cé n icas refe re n te s a estudios de ó p tic a , a c ú s tic a , e sp a cio , tie m p o , ilusió n
v is u a l, etc.
Proyectó la m u e stra de C a ro lin a del N orte en la F e ria M u n d ia l de N e w Y o rk ,
y en co la b o ra ció n con G ro p iu s y B re u e r, el p ab elló n de P e n n s y lv a n ia . E x h i­
bió solo una m u e stra de sus o b ra s —" la f a z de la g u e r r a " — en N e w Y o rk
en 1 9 4 1 , C h ica g o y C a m b rid g e .
Enseñó en el N e w Y o rk C ity C o lle g e , y en la a c tu a lid a d d icta cursos en la
U n iv e rs id a d de N e w Y o rk . Proyectó la e xp o sició n del C o lo r en Estad os
Unidos y d e sa rro lló en su o b ra los elem ento s co lo r-luz-m ú sica-co n tro l.

X anti S ch a w in sk y (foto M oholy-N ag y).

X an ti S ch a w in sk y : A u torretrato (1944).
Televisión (TV) graph.

5

�W alter G rop ius y M arcel Breuer, arquitectos.

X an ti Schaw in sky, diseñ ad or: H all de la D em ocracia, Feria M undial, N ew York, 1940.

La obra y la personalidad de Xanti Schawinsky
Los diversos aspectos de la p erson alidad creado ra de Xanti Sch aw in sky como diseñ ad or, publicista,
pintor, fotóg rafo y escritor, son presentados a q u í a través de una selección de artículo s cuyos textos
pertenecen a A le x an d e r Dorner, O lg a G u eft, Stuart Presión, Ju an M anuel B o rth ag aray, Kiesler y
Tom ás M aldonado.

Alexander Dorner:
La co n te m p lació n de la o b ra de S c h a w in s k y p ro vo ca u na reacció n s a lu d a b le .
Uno p ie n s a : éste es un tipo e x tra ñ o de a rtis ta y se p re g u n ta si es que r e a l­
m ente es un a r tis ta , y si lo es a c a rta c a b a l.
N o ; no lo e s, y tie n e eso en com ún con los otros pocos que co nstitu yen la
n u e v a g e n e ra ció n de a rtis ta s d e riv a d o s del B a u h a u s . A co rd e s con la in g e ­
n io sa v isió n de su fu n d a d o r, W a lte r G ro p iu s, ello s su p e ra ro n la esp ecie del
a rtis ta ro m á n tico .
El ro m á n tico , in clu ye n d o a su producto sin fu tu ro , el s u r r e a lis ta , está au n
m ás cerca del a rtis ta tra d ic io n a l de O ccid e n te . Inten ta c u m p lir la m isión
d iv in a de f ija r la v id a co n tra su a te rra d o ra v e r s a tilid a d . A u n tem e la p arte
m a te ria l en la v id a h u m a n a que es p e re ce d e ra y sie m p re in c ie rta . En r e a li­
d a d , sus in sp ira c io n e s e s p iritu a le s y a no son un e xp re so d o g m a a ca d é m ico .
Se han co n ve rtid o en v a g a s em o cio nes. Pueden ser e s tim u la d a s por m era s
te x tu ra s y fo rm a s a c c id e n ta le s , pero p e rm a n e cen " lib r e s " y a is la d a s de la
p a rte fu n c io n a l de la v id a . H asta el cu b ista es ta m b ié n ro m á n tico , por c u a n ­
to im p on e a objetos ú tiles como p a re d e s y c e rá m ic a s , el sello id e a l de la
fo rm a e te rn a . Él ta m b ié n ilu m in a la o sc u rid a d del n un ca co m p le tad o p ro ­
greso c ie n tífico con los ra y o s de u na c e rtid u m b re en ú ltim o té rm in o e q u i­
lib ra d a .
Lo m a ra v illo s o del a rtis ta e g re sa d o del B a u h a u s , tal com o S c h a w in s k y , es
q u e h a p e rd id o ese m iedo e x a lta d o por la é p o ca . Ha d a d o un paso a tre v id o
y puesto pie en la p arte de la v id a do nde se p ru e b a n y v u e lv e n a p ro b a r los
procesos q u e cre a n los cam b io s y do n d e la ce rte za de las re v e la c io n e s f in a ­
les que no c a m b ia n , no d o m in a n m á s. Esto in fu n d e a la n u e v a g e n e ra ció n de
'á rtista s la c la rid a d a g re s iv a del p e n sa m ie n to m o dern o c ie n tífic o . Los m ueve
a e x p re s a r esta e x p e rim e n ta c ió n co n stru ctiva en té rm in o s v is u a le s . Y a se a la

6

X anti

Schaw in sky:

D e t a lle

de

la

E x p o s ic ió n

Jünkers, Berlín, 1929.

�Fragm ento de un panel fotográfico. En prim er plan o, un objeto form ado por cristales de diferentes
colores que provoca un interesante juego de luces al recibir los reflejos proyectados por el panel.

Í

o b ra de S c h a w in s k y , Jo s e f A lb e rs , H erb e rt B a y e r , O s k a r S ch le m m e r, M oh o lyN a g y , A n n i A lb e rs , Otto B e rg e r o W ilh e lm W a g e n fe ld , en to d as e lla s re s­
p ira m o s el m ism o h á lito fre sc o . E xiste en estas o b ra s el p ro fu n d o m o vim ien to
e m o cio n a l com ún a todos los a rtis ta s de h o y, pero que se h a lla d is c ip lin a d o
d entro de lo co m u n ic a b le de la e x p e rim e n ta c ió n c ie n tífic a . Su v isió n de lo
c re a d o y a no es m ás hostil a a q u e lla , d ic ta d a por los aco n te cim ien to s
co tid ian o s.
S c h a w in s k y no es so la m e n te un v is io n a rio : es ta m b ié n un e x p e rim e n ta d o r
co nstructivo que cuen ta con nuevo s y m ás poderosos m edios de co m u n icació n
v is u a l. En la a c tu a lid a d , la s noches de su v id a d in á m ic a la s ha d e d ic a d o a
e x p e rim e n ta r con fo to c o lo g ra m a s so b re p a p e l. Y a se a q u e e stud iem o s sus
o b ra s de los añ o s 19 20 y de p rin cip io s de 1930 y la s que lle v ó a cab o luego
de h a b e r d e ja d o el B a u h a u s , o a sus c re a cio n e s en este p a is , sentim o s sie m ­
pre la v isió n de un a rtis ta que no n ecesita v a le rs e de encanto s v a g o s en con-

X anti Sch aw in ky: Hall del Progreso, Feria M un­
d ia l, N ew York, 1940.

7

�Tres aspectos de la Exposición Internacional de la V ivien d a re a liz a d a el año 1931 en Berlín. La
Exposición se h a lla b a d ividida en tres g rand es secciones ded icad as a la casa-habitació n y al u rb a ­
nismo en A lem ania y a la arquitectura de los p a íse s extranjeros. En la m uestra de urbanism o se
exhibieron las obras y estudios que sobre el p articu lar re a liz a ra W alte r G rop ius. Xanti Schaw in sky
tuvo a su cargo el asesoram iento gráfico de esta parte de la Exposición.

ir a de la v id a re a l. M á s bien recib e y tra n s fo rm a la v id a re a l a l d e s a rro lla r
un n u e vo le n g u a je de co m u n icació n v is u a l.
Los sím b o lo s, que a p a re c e n en sus cu a d ro s y proyectos de e s c e n o g ra fía , e x p o ­
sicio n es y p ro p a g a n d a , ta rje ta s de fe lic ita c ió n y c a rá tu la s de fo lle to s, son
conocidos e in m e d ia ta m e n te reconocidos por todos. Son e scu ltu ra s de o rd en
clá sic o , fo rm a s b á sic a s de cuerp o s y rostro s, fru ta s y h o ja s, de te x tu ra s n a tu ­
ra le s o in d u s tria le s . Todo está d ib u ja d o con s im p lic id a d c lá s ic a , fo to g ra fia d o
o p re se n tad o en el estad o a c tu a l de m o n ta je . Las le tra s son lo m ás c la ra s y
fá c ile s de le e r p o sib le . Y sin e m b a rg o , estas co m b in acio n e s y e x p e rim e n ta ­
ciones crea n un n uevo p o der e x p lo s iv o que tra n s fo rm a la tra d ic ió n . No sólo
son re v o lu c io n a ria s con respecto a la re a lid a d de la visió n e s p a c ia l, sino que
ta m b ié n son p ro fu n d a m e n te c o n m o ve d o ra s a tra v é s de sus a so c ia c io n e s e m o ­
c io n a le s . Esta n u e v a co m b in ació n d a fá c il co m u n icació n y m o v ilid a d c re a ­
d o ra ; o to rg a a to da su o b ra el v a lo r de u n a p o sitiv a co ntrib ució n a la
v id a m o d e rn a .
No h a y en todo S c h a w in s k y u n a e v a sió n h a c ia la in c o m u n ic a b le in tim id a d
de m isterioso s ensu eñ o s in d iv id u a le s . Estos ensu eñ o s han sido d isc ip lin a d o s
desd e el p rin cip io h a c ia u n a p o sitiv a acció n so c ia l. No es d ifíc il com ­
p re n d e r que el v a lo r c re a d o r de este n u e vo a rte in te g ra d o p o d ría ser de in ­
m en sa u tilid a d en generoso s proyectos de m e jo ra de la s co nd icio nes de v id a ,
ta n to d o m ésticas como in te rn a c io n a le s.

8

�Juan Manuel Borthagaray:
C onocí a

Sch a w in sky en el Congreso

In tern a­

cional de Diseño Industrial de A sp en, C olo rad o ,
en Junio del año p asad o . Después de la con­
ferencia in au g u ral de Bucky Fuller, Schaw in sky
form aba corrillo con M ax Bill, Herbert B ayer, y
Hin Breidendieck.
Schaw in sky es bajo, fuerte, de cab eza grand e,
expresión casi siem pre a leg re y voz atro n a d o ­
ra. C u a n d o lo encontré m an ifestab a a gritos
su regocijo de ha lla rse rodeado de tan viejos
am igos; feliz, d e cía, de que "los m uchachos de
la Bauhaus estuvieran otra vez reunidos". A d e­
m ás, con p articu lar é n fasis tra tab a de con­
vencer a Bill de la necesidad de presentarse
todos d isfra za d o s a la fiesta de clau sura de la
conferencia; todos deb ían particip ar, por otra
p arte, del gran b allet que él e stab a preparando.
Al acercarm e le p r e g u n to a m b ig u a m e n t e :
" ¿ Q u ié n fué el autor de los tiros en la orques­
ta de la B a u h a u s?" Se sorprende: "¿C ó m o lo
su p o ?" En realid ad yo no lo s a b ía . Pero al
ver ese rostro y escuchar esa voz no era posi­
ble du darlo. "C o n esos tiros, me confiesa, tuve
una exp erien cia bastante pen osa".
El hecho
ocurrió, según su relato, en una de las memo­
rables fiestas de la Bauhaus. La ja zz de la e s­
cuela tocab a m úsica com puesta por los estu­
dian tes; esa noche se b a ila b a y se vo ciferab a
como nunca. En un rincón, Paul Klee, a islad o
del resto, a b stra íd o como siem pre, re vo lvía su a ­
vem ente su café.
La orquesta a lca n z a b a su
punto culm inante. Tam bién las c a rc a ja d a s, las
piruetas, los cantos absurdo s. Algo insólito d e­
b ía ocurrir como rem ate de esa d esbo rdad a
e xaltació n ; sólo Klee se m ostraba a je n a a este
v ag o sentim iento general. Ni a v izo ra b a ni sos­
p echaba n a d a , tan absorto e stab a en sus pro­
blem as y en su café. En un cierto momento,
Sch aw in sky se trepó al estrado y, sin decir
p a la b ra , disp aró seis tiros al aire. El sobresalto
y la turbación de Klee fueron enorm es y, en un
gesto brusco, volcóse el café encim a. "En to n ­
ces, com enta Schaw in sky, me sentí muy a p e n a ­
do y averg o n zad o de haber hecho algún m al
a una persona tan sensible y a quien tanto
qu eríam o s como Klee".
El aporte de Schaw in sky al Congreso de Diseño
Industrial consistió en la lectura de su
"Sp ecto d ram a". Desde el d ía anterior al
en el pro gram a pa ra su intervención, la
sidad cun día entre los participantes.

libreto
fija d o
curio­
Scha­

w insky reco rría los negocios de Aspen en pro­
cura de pelotas de colores, metros y metros
de hilo y rollos y rollos de papel higiénico. Por
fin llegó la gran noche. El teatrito de Aspen
e stab a colm ado (Aspen es una ciudad m inera
a b a n d o n a d a y parcialm ente resucitada gracias
al ski, al m ecenazgo cultural y a los intereses
en tierras de W alter Paepke, gerente general
de C o n tain er of A m erica). Con gran criterio,
la resurrección se ha hecho sin sacrificar el c a ­
rácter de frontera de fin de siglo de la vieja
ciudad. (El teatro es un ex-saloon con palm&amp;
ras y cristales biselados). Se levanta el telón. La
escena está v a c ía . Desde b a m b a lin as un piano
c o m ie n z a a tocar una z a r a b a n d a de Bach.
S c h a w in s k y entra b a ila n d o , aco m p añ ado de
dos m uchachas jóvenes y bonitas. Los tres lle­
van el rostro cubierto con antifaces de papel
ordinario. Las m uchachas salen. Xanti se saca
el a n tifa z y después de una explicación co­
m ienza la lectura de su libreto. El piano lo
aco m p añ a en algunos momentos. G ra n d es ro­
llos de papeles de colores son d e s e n ro lla d o s
por p ersonajes que cruzan la escena corriendo;
uno de ellos prefiere actu a r, desganadam ente,
con dos rollos de papel higiénico. M ás tarde,
una serie multicolor de esferas co lg ad as del
techo por largos piolines inicia un loco m ovi­
miento pendular. C uan do Xanti recita el poema
d a d a ista de Schw itters m ucha gente opina que
y o es dem asiado y se retira. C uan do term ina
o 'ectura queda solam ente la m itad de la conc u r r e r a a , pero los que perm anecen han sido
sA jru g o d o s por la g ra cia , el humor y el tale n ­
to escenográfico de Schaw in sky.

X an ti Sch aw in sky: Dibujo.

Olga Gueft:
U na de las m ás a c tiv a s y rica s p e rso n a lid a d e s e g re s a d a s del B a u h a u s , X a n ti
S c h a w in s k y , es ta m b ié n un p ro feso r (enseñó en el B a u h a u s , el B la ck M ounta in C o lle g e y , en la a c tu a lid a d , en la U n iv e rs id a d de N e w Y o rk ), lo que
lle v a a e s p e ra r u na ju stific a c ió n d o cu m e n tad a —u na te o ría — so b re los e sp e ­
jism o s, c a m o u fla g e s y v isio n e s que a p a re c e n u n a y o tra v e z en su o b ra . Pero
p rin c ip a lm e n te X a n ti se contenta con d e s a rro lla rla s y u tiliz a rla s en u na v a ­
rie d a d de a p lic a c io n e s que sólo pueden ser e sb o z a d a s a q u í. Su c a rre ra a b a r ­
ca la e s c e n o g ra fía p a ra te atro y b a lle t, la a rq u ite c tu ra e x p e rim e n ta l, el
diseño in d u s tria l y tip o g rá fic o , en A le m a n ia , F ra n c ia , Ita lia y los Estad os
U nid o s, h ab ie n d o sido co m isio n ad o por el g o b iern o y la in d u stria y firm a s
como O liv e tti, C o n ta in e r, G e n e ra l M otors, C ib a , Fern et B ra n c a , Fo rtun e, A lc o a .
En esta e xp o sició n no h a y a p lic a c io n e s , sino in n u m e ra b le s im p lic a c io n e s. Las
o b ra s se c la s ific a n en un núm ero de v a ria c io n e s sobre te m as sim p le s. En sus
g ra b a d o s , los objetos están d is fra z a d o s , no por te x tu ra s e v o c a d a s por la d ia ­
b ó lica p a le ta de X a n t i, sino por so m b ra s p e rfila d a s como si fu e ra n p ro y e c ta ­
d as por p e rs ia n a s , re ja s o red es. O tros están sin te tiza d o s por puntos a c u m u ­
la d o s, tal como los que se en cu en tran en g ra b a d o s a m ed ia tin ta so p le te ad o s.
En e llo s, X a n ti o btien e a lg u n a s veces el efecto m e d ia n te procesos fo to g rá fico s
y de g ra b a d o de su p ro p ia in v e n c ió n ; ha re a liz a d o una eno rm e c a n tid a d de
diseños p a ra te la s en esta fo rm a (C o h a m a , M a llin s o n , etc.).
M uchos de los estilos g rá fic o s de X a n ti ni s iq u ie ra a p a re c e n in sin u a d o s en
esta e xp o sició n , au n cu a n d o es su fa c ilid a d té c n ic a , a s í como su in terés por
la ilusión te a tra l, lo que ju stific a uno de sus p a sa tie m p o s fa v o rito s , "Specto d ra m a s " , p rese n tacio n e s e scén icas en la s que fo rm a s m ó vile s, luces y co-

9

�lo res, a c o m p a ñ a d a s de m ú sic a , e x p lo ra n las p o sib ilid a d e s d ra m á tic a s de la
ó p tica y la ac ú stic a .
La e xa ctitu d de las im á g e n e s que a p a re n te m e n te no ha p in tad o pero que
sin e m b a rg o v e m o s, p ru e b a , no o b stan te , que su v e rd a d e ra m a e s tría resid e
no en la m an o sino en el ojo del e s p íritu , en su ce rte za de lo que él q u iere
que v e a m o s , en su h a b ilid a d en c a p ta r y re g is tra r la re a lid a d h u id iza de
la que tenem os co nciencia sin poder e x a m in a r la , como el rostro que vem o s
s im u ltá n e a m e n te so n rie n d o , e n fu rru ñ á n d o s e y a tis b a n d o desde todos los
á n g u lo s , o el flu jo in ce san te de so m b ra s so bre el a g u a a s o le a d a .
In te rio rs

Tomás Maldonado:
Las im á g e n e s p ictó ricas de S c h a w in s k y se in s p ira n , casi sie m p re , en los cono­
cidos fe n ó m e n o s de fu sió n ó p tica. S c h a w in s k y e x p lo ra el m undo de las fo r ­
m as v irtu a le s . Fo rm as in co n clu sa s, a p e n a s s u g e rid a s . Fo rm a s que sólo la
co la b o ra ció n del e sp ecta d o r p ued e to rn a r le g ib le s. H a y a lg o im p o rta n te y
a te rra d o r en todo esto; S c h a w in s k y —co n je tu ra m o s— no debe de ig n o ra rlo .
El hum o r de S c h a w in s k y es de b u en a e stirp e . No es irre sp o n sa b le entonces.
Lo que h ace se nota que le d iv ie rte , a u n q u e n unca h asta a l e xtre m o de p e rd er
de v is ta el sentido ú ltim o de su ta re a . S c h a w in s k y , es cierto , a d o p ta el re p e r­
torio fig u ra tiv o . Pero sus fig u ra s , tan a m b ig u a s , tan e v a s iv a s , tan a m erced ,
en ú ltim a in s ta n c ia , de qu ien co n te m p la , restan a la fig u ra c ió n p a rte de su
an tig u o p re stig io . M u e stran su v u ln e r a b ilid a d . Si la e x p e rie n c ia tie n e a n te ­
cedentes —o p recu rso res: A rc im b o ld o , B ra c e lli, L a rm e ssin — esta v e z no res-

X anti Schaw in sky: Ilusión fo tog ráfica sobre una bald o sa.

A la izquierd a un fragm ento am pliado.

ponde a las m ism a s m o tiva cio n e s. A n te s e ra n hechos a is la d o s ; d esco n cer­
tan te s o cu rre n c ia s co rte sa n a s. A h o ra no. A h o ra estos tra b a jo s e v id e n c ia n una
ra r a co h e ren cia con otros fe nó m eno s de n u e stra cu ltu ra v is u a l. S c h a w in s k y
sa b e q u e, en los d ía s que c o rre n , el m undo de las fo rm a s v irtu a le s tie n d e a
id e n tific a rs e con la to ta lid a d del m undo p e rce p tivo del h o m b re. Pues lo cierto
es que las técnicas m o d ern as de la tra n sm isió n de im á g e n e s (fo to g ra b a d o ,
c in e , te le fo to , te le v is ió n , p u b lic id a d lu m in o sa y , en los últim os tie m p o s, c in e ­
ra m a y cin e m asco p io ) nos h a b itú a n c a d a v e z m ás a l uso de las fo rm a s v ir ­
tu a le s; c a d a v e z m ás nuestros procesos p e rce p tivo s se cum plen a tr a v é s de
procesos de fu sió n . En qué m ed id a v e n d rá esto a e n te n e b re ce r c fa T t u m in a r
las re la cio n e s del hom b re con el m un d o , es d ifíc il, por el m o m ento , p re d e cirlo .
P u é d e se, en ca m b io , a v e n tu r a r que los co nflictos e n tre la "in tu ic ió n in g e n u a "
y lo q u e el g ra n m ate m ático K lein lla m a b a la "in tu ic ió n r e fin a d a " —e sa
p ro p ie d a d p síq u ica que tenem o s todos de co m p le ta r e sp o n tá n e a m e n te u na
im a g e n —, han de a c e n tu a rse n o tab lem e n te en lo fu tu ro . El a rte co ntem po ­
rá n e o , con las so la s e xce p cio n es de S c h a w in s k y y Jo se p h A lb e rs , d esco n cierta
por su re la tiv a in d ife re n c ia p a ra con este fo rm id a b le cam p o de e xp lo ra c ió n
e stética .

10

�anti-xan ti está ahora
en fa v o r de los g rab ad o s
p a ra tom ar
un fin de sem ana de su vida
con valles
y sierras
y llanos de a g uatinta
con a g u ja s de acero
y pinceles
va g a
a rrib a a b a jo por su nuevo mundo
contrastando aventuras
con su geo m etría de cab eza hum ana
habitan sus g rab ad o s
octopus de tres ojos
retratos-dúo
cru zado s cab alleros
sextillizos m orfológicos
inequívocos
cuatro herm anos de padres idénticos
visibles sim ultáneam ente de cara de
de perfil

a trás

y hay alg o que me gusta
en su irónico h allazg o
y su huella de corcho
proscripta sobre la lám ina
donde nubes y v ía s lácteas
nacen al futuro
anti-xan ti
regresa lucha en su ruta h acia sí mismo
a través dentro y fu e ra
de las p ra d e ras de zinc

K ie sle r

Xanti Schaw in sky: Pintura.

Stuart Preston:
X a n ti S c h a w in s k y , d iscíp u lo de K a n d in s k y , es un a rtis ta de estilo típ ica m e n te
B a u h a u s , por cu an to busca co n stan te m e n te e n riq u e c e r sus m edios de e x p r e ­
sión con a y u d a s c ie n tífic a s , ta le s como la c á m a ra fo to g rá fic a , su b ya ce n te en
la e stru ctu ra de a lg u n o s cu a d ro s de esta e xp o sició n . T a m b ié n es típ ic a m e n te
B a u h a u s su p reo cu p ació n por el a rte b a jo su asp e cto m ás a m p lio de u tilid a d
so c ia l. Su e sp íritu de in v e n tiv a se ha a p lic a d o a la a rq u ite c tu ra , a la e sce­
n o g ra fía y a los tra b a jo s de e xp e rim e n ta c ió n con el co lo r, la lu z, la m ú sica ,
el control.
En sus o b ra s, S c h a w in s k y es un fo rm a lis ta casi a b s tra c to , que u tiliz a la c a b e za
h u m a n a como fo rm a b á sic a y la tra d u c e a un le n g u a je pictórico de rep etid o s
sig no s tr ia n g u la re s o c irc u la re s . Ha d is c ip lin a d o sus d iv e rs a s técnicas y ca d a
cu a d ro se m e ja la e xh ib ic ió n de u n a té cn ica en p a rtic u la r. El color o bed ece
a q u í ig u a lm e n te a e sq u e m as ríg id o s. Estas o b ra s p o d rán p a re c e r sup ere x p e rim e n ta le s y d e m a s ia d o c e re b ra le s , pero no carecen de m atices ro m á n ­
ticos y son tan b rilla n te s p ro fe sio n a lm e n te como p u e d a im a g in a rs e .

S

11

�Escen a 4

Com o particularm ente esclarecedo r de la po esía

Las luces se a p a g a n y c o rtin a s c o rre d iza s e n v u e lv e n el e sce n a rio en co m p le ­
ta o sc u rid a d . A p a re c e u na m á s c a ra b la n c a su sp e n d id a en el e sp acio e ilu ­
m in a d a por un cono de lu z. La m á s c a ra recita la "S o n a ta fu n d a m e n ta l del
so n id o " (según K u rt S c h w itte rs):
b a , b a , b a , b a , b a , :l
b a b a , b a b a , b a b a , b a b a , b a b a , :l
b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r
b a b a tr rr r r b a b a iu u b e b e
b a b trrrrr b a b a iu u b e e e e e :l
(d a capo )
fu m p h , fu m p h , fu m p h , fu m p h , fu m p h , :l
fu m p h ta b a a a a , fu m p h ta b a a a a , fu m p h ta b a a a a , fu m p h ta b a a a a ,
fu m p h ta b a a a a
fu m p h ta b a a a a b a b a z iu u b e b e e
fu m p h ta b a a a a b a b a z iu u b e e e e e e
(d a capo )
rin g lim b im in im , rin g lim b im in im , rin g lim b im in im ,
rin g lim b im in im , b e m in im , m e m in im , b e m in im , b e m in im ,
rin g lim b in im in ,
b e n im im , b e m in im , b e m in im , b e m in im ,
b am , b am , b am , bam , bam ,
o ca, o ca, o ca, o ca, o ca,
o ca, o ca, o ca, o ca, oca
tu jo I la I la
o c a , o ca, o ca, o c a , o ca,
t u j a l la l la .......................... (crescendo) P EG IFF!
la n k e trrg ll!
la n k e trrg lll
la n k e trrg lll
la n k e trrg lll
la n k e trrg lll
rnph rm ph

p ep ep ep e p e
p ep ep ep e oca oca oca oca oca
p ep ep ep e m u k a m u k a m u k a m u ka m uka
rm p h rnph

re n ze trrrg ll!
rm ph
rnph
rm p h rnph
oca
oca tu ja lla lla
o c a tu ja lla lla a p e p e p e ziu u b e b e
o c a tu ja lla lla a p e p e p e ziu u b e e e e e
(d a cap o )
(lento)
m ia u u u u , acoooo
z ia u u u u , acoooo
a u u u , aoooo
a u u u , aoooo
zia u u u re n ze trrg lll
píuuu tetetetrg111
rm ph rnph
rnph te te trg llll ze n tre trrg ll p e p ep ep ep e
z ia u u u u b e b e trrrrb e b a z iu u b e b e
zia u u u u b e e e e e .
(presto)
rin g lim b im in im , etc.
(fff) p e g iff.
c a d e n za
b a , b a , b a , b a , b a , ru n k s trrrg lll
p e p e p e p e p e , ru m p h strg g g lllll
p ip ip ip ip ip i p e g u lf tu lp fitu m p h to o o
tu lp h tu m p h to o ..........................e tc., etc.
b a.

14

de Kurt Schw itters, a cuyo concurso acu de a q u í
Sch aw in sky, creemos oportuno citar el siguiente
texto de M oholy-N agy:
"Sin tra tar de definir la peculiar cualidad poé­
tica de Schw itters, p o d ría decirse que en la
m ayo r parte de sus escritos existe una pu rifi­
cación em ocional, una explosión del caos sub­
consciente. Sus poem as, sin em bargo, están fu ­
sionad os con la re alid ad exterior, con el " s ta ­
tus" social existente. V a lg a n como ejem plo sus
"co lla g e s" verbales. En ellos, el curso de sus
pensam ientos está m ezclado con citas a p a re n ­
temente casu ales de diario s, catálogos y a nu n ­
cios. Con esta técnica — sim ilar a la de Gertrude Stein— Schw itters pone al descubierto los
síntom as de una decad encia social que nadie
ign ora, pero que por auto-defensa, nadie quie­
re reconocer.
El escenario es A le m a n ia. Después de la gue­
rra, la in flación , el derroche, el daño al hom ­
bre y a la m ateria. Una infructuosa revolución
social hace la situación aún m ás d esesp erad a.
Los escritos de Schw itters en esta época ter­
m inan siem pre con un grito al mismo tiempo
desesperado y rebelde. En una de sus e xh ib i­
ciones, mostró al auditorio un poem a conte­
niendo n a d a m ás que una letra sobre una hoja
de p a p e l: " W " (1924).
Schw itters lo recitó
con voz lenta y de intensidad creciente. La
" W " se escuchab a prim ero como un susurro;
después, como un sonido p lañidero de sirena;
finalm ente, como un lad rid o fuerte y d e s a g ra ­
dable. Esta era su respuesta, no sólo a la
situación social, sino tam bién a !a degradante
po esía "b oca-cerezo ", "cab e llo -é b a n o " y " a r ro ­
yo rum oroso".
La única solución posible p a re cía ser un retor­
no a los elem entos de la p o e sía, es decir, al
ruido y al sonido articulad o , fu ndam en tales en
todos los lenguajes. Schw itters realizó la pro­
fe c ía de Rim baud in ventando p a la b ra s " a cc e ­
sibles a los cinco sentidos" Su "U rso n a ta " (S o n a­
ta Prim ordial, 1924) es un poem a de treinta y
cinco minutos de du ración , com puesto de cuatro
m ovim ientos, un preludio y una caden cia en el
último de ellos. Las p a la b ra s u tilizad as no e xis­
ten, en realid ad po drían existir en cualquier
lenguaje. Su contenido no es lógico sino em ocio­
n al; como la m úsica, afectan al oído con v ib ra ­
ciones fonéticas. La sorpresa y el placer se d eri­
van de la estructura y la ingeniosa com binación
de las p a la b ra s" .

Kurt Schw iters recitando

�(d u ra n te la ejecu ció n de la s o n a ta , luego del 1er. " p e g if f" , se p ro ye cta v id a
m icro scópica so bre la p a n ta lla fro n ta l, d e sva n e c ié n d o se a l fin a l de la s o n a ta ).
Escen a 5
El disco de colores p a s a g ira n d o a tra v é s del e sc e n a rio , cu b re y h ace d e s­
a p a re c e r la im a g e n de la m á s c a ra y d e ja a l d escu b ierto u n a p a re d a z u l, la
q u e a su v e z se d iv id e en 3 p a re d e s de d im en sio n e s ig u a le s — a z u l, ro jo ,
a m a rillo . Las p a re d e s se m u e ven fo rm a n d o v a rio s p atro n es fu n d a m e n ta le s :
tre sb o lillo , d e sp lie g u e , y u x ta p o s ic ió n , a lin e a c ió n , fo rm a c ió n de d ia g o n a le s ,
etc. Se in co rp o ra u na se rie de p a re d e s que e n tra n de to d as d ireccio n e s y
co nstitu yen un juego de e sp a cio a tra v é s de fo rm a c io n e s c o n v e x a s y có n ca ­
v a s , su p e rp o sicio n e s, fo rm a n d o la rg a s d ia g o n a le s , etc. D iso lvién d o se f in a l­
m ente en un cao s a m o rfo pero sólo p a ra re a g ru p a rs e según co lo res a lte r ­
n ad o s (c lim a x ).
Escen a 6
A cto res a p a re c e n de a trá s de las p a re d e s en m a lla s de b a ile del color co rre s­
p o n d ie n te; a l co m ie n zo , uno de c a d a co lo r, luego m ás h asta fo rm a r un cuerpo
de b a ile de los tres te m p e ra m e n to s; c a d a uno o stenta el c a rá c te r de su co lo r,
p rim e ro s e p a ra d a m e n te , luego al u n íso n o ; se intro d u cen los co rre sp o n d ien te s
solos de in stru m e n to : cello p a ra el a z u l, c la rin e te p a ra el ro jo , tro m p e ta p a ra
el a m a rillo . B a ila rin e s so lista s de b lan co se unen a los g ru p o s a la v e z que
las p a re d e s m o v e d iza s co nstitu yen u n a e s c e n o g ra fía a rq u ite c tó n ic a . C lim a :
los b a ila rin e s d e sa p a re c e n d e trá s de la s p a re d e s que se d e sliz a n s im u ltá ­
n ea m e n te h a c ia am b o s co stad o s, en el m om ento en que
Escen a 7
e n tra por la d e re ch a un g ra n c u a d ra d o rojo q u e , m o vié n d o se len ta m e n te a
tra v é s del e sc e n a rio , d e scu b re dos g ra n d e s fig u rin e s b id im e n s io n a le s, que
re p re se n ta n los co lo res frío s y c á lid o s (co n tra ste ). Estos m u e ven sus fo rm a s
a b s tra c ta s en u n a se rie de d ife re n te s po sicio nes a l a c o m p a ñ a m ie n to de un
m aje stu o so te m a m u sic a l. Sus co lo res c a m b ia n tra n s ito ria m e n te su c a lid a d
c ro m á tic a , por m ed io de d ism in u ció n de in te n sid a d y juego de luces (in te ­

15

�racció n de flu o re s c e n c ia , tin tes c o m p le m e n ta rio s, etc.). M á s fig u rin e s p e n e ­
tra n de to das d ireccio n es y de a trá s de las co rtin as c o rre d iz a s ; desde e n a n o s
h a sta g ig a n te s , p are cie n d o s a lu d a rs e m u tu a m e n te , a rm o n iz a r y d e s a rm o n i­
z a r , a tra e rs e y re p e le rse , a m a r u o d ia r — fo rm a n d o fin a lm e n te dos g rup o s
co n trastan tes en a b ie rta o p o sició n. Pero, por d ism in u ció n de luces y p ro ­
yección de o tras desde el fo n d o , la escena se tra n s fo rm a en
Escen a 8
p royecció n de so m b ra s ch in esca s so b re la p a n ta lla fro n ta l. A l co m ienzo un
flu jo de luces b la n c a s p rod uce so m b ra s g rise s de d ife re n te in te n s id a d ; d e s­
pués se intro d u ce un e lem ento de luz c o lo re a d a , re su lta n d o un juego de
so m b ra s c o m p le m e n ta ria s, efectos de m ezcla s a d it iv a s y su s tra c tiv a s de co lo ­
res, como ta m b ié n m ú ltip le s im á g e n e s de p royecció n de v a r ia d o s m atice s y
sa tu ra c io n e s . Las com p osicion es de m úsica y color están co o rd in a d a s s in fó ­
n ica m e n te . M utis el b a lle t b id im e n s io n a l, d e ja n d o un solo fig u rín que d e s­
a p a re c e con la d ism in u ció n de luces y . . .
Escen a 9
e n tra d a de g ra n d e s escudo s, que re p re se n ta n los v a rio s m étodos de la e x ­
presió n v is u a l, por m edio de te x tu ra , fa c t u r a , p la s tic id a d , p e rs p e c tiv a , arte s
g r á fic a s , a b s tra c c ió n , re a lism o , g e o m e tría , fo to g r a fía , t ip o g r a fía , sim b o lism o .
Las im ág e n e s se m u e v e n , se so b rep o nen y se s e p a ra n en u n a sucesión rít­
m ica . Su p e rp u e sto , a p a re c e un ojo g ra n d e en la p a n ta lla de proyección
se g u id o de u na colección de p in tu ra s , d ib u jo s, fo to g ra fía s — que co n trastan
en e stilo , propósito e in ten ció n : p in tu ra de c a v e rn a s y c a m o u fla g e m o d ern o ,
el G re co y R uben s, re lie v e eg ip cio y fo to g ra fía estro b o scó p ica, m á s c a ra a f r i ­
c a n a y e stre lla de c in e , G iotto y P ica sso , e scu ltu ra s de M ig u e l A n g e l y
G a b o , etc.

Escena 10
A p a re c e un lector d e la n te de la p a n ta lla . E x p lic a la fu nció n b io ló g ica del ojo,
y del sentido de la v is t a , ilu stra n d o su lectura con la a y u d a de d ia p o s itiv a s ;
d e m u e stra que tanto el in terés v is u a l como la e xp re sió n g rá fic a corresp on den
a un e stad o m e n ta l, que a su v e z d e p e n d e co n sid e ra b le m e n te del "o jo in ­
te rio r" —im a g in a c ió n —; d e m u e stra q u e, m ie n tras la co m p rensió n h u m a n a
puede m u d a r con los distintos in terese s, juicios m u y distintos se fo rm a n a ce rca
del u n iv e rso , in a lte ra b le en a p a r ie n c ia . M u e stra el u n ive rso de los an tig u o s
g rie g o s con sus e s fe ra s co n cé n tricas de crista l y lo c o m p a ra con los puntos de
v is ta a c tu a le s . Y p reg u n ta ento nces, si a c a so u na e stre lla p are ce d ife re n te al
h o m b re, a h o ra que sab e que no está f ija d a al cielo como c re ía n los g rie g o s,
sin o que se m u e ve en el e sp a cio . * V a se el lector casi cho cando con
Escen a

11

un cieg o , con dos p arch es n egros so b re sus ojos, so m b rero y bastón b lan co s,
y con un carte l "c ie g o " so bre el pecho. C ie g o .
¿ U n a e s tre lla ? ¿Cóm o es u na e s tre lla ? Todos h a b la n de e lla . . . Dicen que

16

�bri lia . . . de todos co lo res. Q u is ie ra s a b e r qué son los co lo res. A q u í —(s e ñ a ­
lan d o el e sce n a rio o scuro)— veo los m ás herm osos . . . ¿Son ellos los colores
de las e s tre lla s ? — Pero an o ch e soñé con un color como n unca a n te s lo v i —
Q u is ie ra po der m o stra rlo ; (a l a u d ito rio ) n un ca h a b é is visto n a d a ig u a l.
Se a p a g a n las luces.
P arte II.

Escena 1

Desde el fo nd o del e sce n a rio se hace a u d ib le u n a e sca la de sonidos que
consiste en u na se rie de ru id o s: c ru jir de p a p e le s, r a s p a d u ra s , g o lp es, rotu ­
ra s , ra s g a d u ra s , re c h in a r de c a d e n a s , e tc., e tc., como ta m b ié n b a tir de ta m ­
b o res, cím b a lo s, d ia p a so n e s y otros objetos su sce p tib les de e m itir so nido s.
Se p ro ye ctan g rá fic o s de so nido so b re la p a n ta lla c e n tra l; en fo rm a s im u l­
tá n e a , u na o re ja g ra n d e so b re la p a n ta lla a n te rio r. G ra d u a lm e n te los ruido s
se o rg a n iz a n y conducen a u na com posición de p e rcu sió n . U na s in fo n ía de
ruid o s e m e rg e de e lla .
Escena 2
So nido s fu e rte s de d ia p a so n e s s o b re v iv e n a la s in fo n ía de ru id o s m ie n tras
se a p a g a n los d e m ás instru m en to s y se d e sva n e ce n los g rá fic o s . G ra n d e s
d ia p a so n e s se h acen v is ib le s ; están m o ntad o s so bre p la ta fo rm a s y ra m p a s a
d istin tas a ltu ra s . A c ró b a ta s los g o lp e a n con sus v a r a s , y s a lta n d o a los d i­
v erso s n iv e le s , e je cu tan u n a com posición m u sic a l. C lim a x : producen aco rd e s
y la o rq u e sta los co ntesta. Se e je cu tan d iv e rs a s e s c a la s : m en o r, m a y o r,
se m ito n a l, c ro m á tic a , de cinco tonos, de un cu arto de tono, e xó tic a .
Escena 3
V irtu o so s a p a re c e n en escen a e je cu ta n d o solos en sus instru m en to s y luego
to cando en co nju nto . S o b re p u esto : p e líc u la so n o ra so b re la p a n ta lla a n te rio r,
de v a r ia s o rq u e stas to cando g a ita s , ja z z , coro de ig le s ia , h a w a ia n a , b a n d a
m ilita r, s in fó n ic a , típ ic a , e tc ., y un co njunto de a r p a s . Las m e lo d ía s de las
a rp a s se e n tre m e zcla n con o tras s im ila re s que p ro vie n e n de a trá s de la p a n ­
t a lla . Las im á g e n e s se d e sva n e ce n y . . .
Escena 4
a p a re c e en escen a u n a reu n ió n de fa n tá stico s p e rso n a je s co n g re g ad o s a l ­
red ed o r de u n a m esa y que lle v a n m á s c a ra s de todos los ta m a ñ o s. En tre ­
chocan sus g ra n d e s v a so s llenos de v in o de v a rio s co lo res, p u d ién d o se o ír la
m e lo d ía que p ro d u ce n , se m e jan te s a so nido s de a r p a . Poco a poco los b e b e ­
do res e n cu e n tran g ra n p la c e r en b rin d a r con los v a so s a tra v é s de la m esa
y en to das d ire ccio n e s, e je cu ta n d o u na to ccata de v a s o s de v in o . A p o y a n
éstos y a p la u d e n en fo rm a sile n cio sa (im ita n d o el m o vim ien to de a p la u d ir ).
Uno de los in d iv id u o s p ro n u n cia un discurso que consiste en so nido s y p a la ­
b ra s d e s a rtic u la d a s ; sig u e n otros discurso s b re v e s, a rra n c a n d o cloqueos y
ris a s y a p la u s o s (silen cioso s) . . .
Escena 5
A p a re c e un m e n sa je ro de b lan co y m u rm u ra un rum o r a uno de los p a r ti­
cip a n te s, el que a su v e z tra n sm ite las cho cantes n o v e d a d e s (c a m p a ñ a de
ch ism e s), h asta que se fo rm a un alb o ro to g e n e ra l, p ro vo can d o un creciente
" a la b a s la m iru s e la , a la b a s la m iru s e la , r h a b a r b a r r h a b a r b a r , a la b a s " . * La
o re ja a p a re c e o tra v e z so b re la p a n ta lla . Los b e b ed o res se q u ita n las m á s ­
c a ra s y m u e stran sus v e rd a d e ro s rostros (m á s c a ra s d ife re n te s ); se d iv id e n en
dos g ru p o s opuestos y a g re s iv o s . D e sap a re ce n lu ch a n d o . Las luces se a p a g a n ,
d isp a ro s de cañ ó n irru m p e n la o sc u rid a d . U na c ria tu ra llo ra .
Escena 6
Entre b astid o re s se oyen so nido s de a rp a s y de d ia p a s o n e s , m ie n tra s un g r u ­
po de la c a y o s fú n e b re s (q ue re sp lan d e ce n por fo sfo re sc e n c ia ) a tra v ie s a le n ­
ta m e n te el e sce n a rio .
Escena 7
Un d esnu d o a p a re c e sú b ita m e n te a m e d ia a ltu ra del e sce n a rio y recita un
p o e m a , lírico y rítm ico . * D u ra n te el re cita d o se su e lta un p énd ulo (e sfe ra
b la n c a s u sp e n d id a de un hilo in v is ib le ) y se lo d e ja o sc ila r a tra v é s de todo
el e sce n a rio . Un seg un d o y te rce r p énd ulo lo im ita n , c a d a uno en d ife re n te
direcció n y sentid o . El d esnu d o rep ite v a r ia s v ece s el últim o v e rso del poem a
al ritm o de las e s fe ra s o scila n te s. Las luces se a p a g a n y hacen d e s a p a re c e r
el d e sn u d o , pero
P arte III

Escena

1

los tres pénd ulo s p e rm a n e cen v is ib le s y sig u e n o sc ila n d o ; p royecció n s u p e r­
p u e sta : in te rio r de un reloj en m a rc h a ; m etrónom o en m o vim ie n to ; goteo
de a g u a . Latido de co razó n con ta m b o r m a rc a n d o el ritm o . Se p ro ye ctan
o n d a s so b re la s p a n ta lla s fro n ta le s y po sterio r.

17

�Escena 2
Tres a cto re s, que re p re se n ta n el tiem p o n o rm a l, m o vim ien to re ta rd a d o y
m o vim ien to a c e le ra d o , e je cu tan s im u ltá n e a m e n te la m ism a e sce n a , pero c a ­
d a uno en su v e lo c id a d r e la t iv a : a t ra v ie s a el e sc e n a rio , sub e e sca lo n e s y se
d e tie n e en el m ás a lto , m ira h a c ia a r r ib a como si c o m e n za ra a llo v e r, a b re
su p a r a g u a s , d escien d e y co n tin ú a su m a rc h a , se sie n ta fin a lm e n te en un
b an co .
Escen a 3
Se re p re se n ta la m ism a esce n a pero en o rd en in v e rs o ; ta m b ié n se in v ie rte el
sentido de las o n d as en la p a n ta lla . Sólo el h o m b re p e rp le jo p e rm a n e ce
en e sce n a.
M onólogo del h om bre p e rp le jo :
—Esto sucedió y a u n a v e z en mi v id a ; ¿ fu é en el p a s a d o . . . o en el fu tu ro
(m ira en v a r ia s d ireccio n e s como tra ta n d o de lo c a liz a r la posición del tie m ­
po)? ¿ fu é a c a so un s u e ñ o ? . . . no puedo lo c a liz a r el tiem p o en n in g u n a p arte .
Pero , ¿q u é es el tiem p o ?
Escen a 4
D iálo g o en tre el hom b re p e rp le jo y v o z (a lta v o c e s desd e el a u d ito rio ):
V o z: ¿Q u é h o ra es?
H om bre (titu b e a n d o ): Estam o s en tre " a q u í" y " a llá " . . .
V o z : ¡Sé m ás preciso!
H o m b re: V iv im o s en el m om ento en que el p a sa d o e n cu e n tra el fu tu ro .
V o z: ¡Sé m ás preciso!
H o m b re: Son las 9: 37 (o la h o ra que fu e r a en ese m om ento).
V o z : ¿ Y por cu án to tie m p o ?
H o m b re: Y a no es m á s. Pero la d u ra c ió n de este m om ento no a la r g a el
p a sa d o ni a c o rta el fu tu ro .
El acto r a t a ja el p é n d u lo y lo d e tie n e . Las luces se a p a g a n b ru scam e n te y
Escen a 5
a p a re c e un físic o en un cono de lu z ; e x p lic a el "tie m p o " como u na c u a rta
d im en sió n en la concepción "e sp a c io -tie m p o ". En su lectu ra * ilu s tr a d a por
d ia p o s itiv a s , tra ta conceptos com o: m a te ria , e n e rg ía , g ra v e d a d . F in a lm e n te
p rese n ta a
Escen a 6
M in k o w s k i, P la n ck y Einstein q u ien es co ntestan las p re g u n ta s del físico a c e r­
ca de sus te o ría s . U na v o z lla m a a E u clid e s, A ristó te le s y C o p é rn ico q u ien es
a p a re c e n p a ra e x p lic a r " s u s " id e a s v c o m p a ra n las co ncepcion es del sig lo X X
con sus puntos de v is ta " c lá s ic o s " . E n tra n seis d a m a s p o m p o sam en te v e s ­
tid a s y todos b a ila n un v a ls a c o m p a ñ a d o s por la o rq u e sta en p le n o , m ie n tra s
se la n z a so b re la p a n ta lla la e xp lo sió n en fo rm a de hongo de la bom ba
a tó m ic a . S im u ltá n e a m e n te : fu e g o s a r tific ia le s so b re la p a n ta lla fro n ta l.
P arte IV .

Escena 1

Los fu e g o s a r tific ia le s se co n fu n d en con rollos de p ap e l que a tra v ie s o n en
g ra n d e s arco s y la rg a s o n d a s la p a rte a n te rio r y p o sterio r del e sce n a rio .
A cto res a p a re c e n por los co stado s a rro ja n d o rollos y a p ilá n d o lo s en m ontones
en o rm e s de los c u a le s e m e rg e n fig u rin e s de p a p e l a m o rfo s. P en e tran otras
fo rm a s de p a p e l y fig u rin e s c a d a uno de los c u a le s re p re se n ta un p rin cip io
d istin to de a p lic a c ió n o co nstrucció n: p le g ad o s y d e sp le g a d o s en a b a n ic o ;
reto rcid o s y c u rv a d o s (p iru e ta s g ir a to r ia s ); re b a n a d a s (s a lta n d o ); a rq u e a d o s
(ro d a n d o ), y o tro s; a l co m ienzo se m u e ven de u na m a n e ra co rre sp o n d ien te
a su c a rá c te r, luego lo hacen p a ra fo rm a r un b a lle t de p a p e l. A l s a lir se
e n cu e n tra n con:
Escen a 2
co nstructores que a tra v ie s a n el e sce n a rio lle v a n d o g ra n d e s p la n c h a s de d e l­
g a d o cartó n b lan co . Los co nstructores to m an d ife re n te s p o sicio n es, exp o n e n
sus c a rto n e s, los p lie g a n y unen y re a liz a n con ello s u na a rr ie s g a d a co ns­
tru cció n , u tiliz a n d o e s c a le ra s a la m a n e ra de a c ró b a ta s p a ra a lc a n z a r las
a ltu ra s . C lim a x : el ú ltim o cartó n c a u sa el d e sm o ro n a m ie n to de la co nstruc­
ció n , cao s y d e s a s tre , y h u id a de los co nstructo res. Un coro "c o n stru im o s",
que d u ra n te el pro g reso de la construcción ha ido en continuo au m e n to h a sta
lle g a r a l "fo rtis s im o " , c a lla sú b ita m e n te . T ra n s ic ió n :
Escen a 3
se p ro ye ctan tipo s de a rq u ite c tu ra so b re la p a n ta lla fro n ta l y p o ste rio r, a l ­
te rn a d a m e n te : e g ip c ia , g r ie g a , ro m a n a , m e d ie v a l, b a rro c a , c o n te m p o rá n e a ;
so b re p u esto : p irá m id e s de G iz e h y to rre de E iffe l, c a te d ra l gó tica y pont
tra n s b o rd e u r; tem plo g rie g o y ra s c a c ie lo s ; n a v e de u n a c a te d ra l y el in te rio r
de u na fá b ric a de a u to m ó v ile s. D u ra n te la p royecció n se d e sp e ja el e sce n ario .

18

�Escen a 4
Dos e s c a le ra s p e rm a n e ce n en e sce n a , u na de las c u a le s lle v a un p iza rró n en
la p a rte s u p e rio r. R eg la s T y e s c u a d ra s están s u sp e n d id a s en el a ir e y un
cubo rojo a p o y a d o en p rim e r p la n o . Escena ín tim a entre a rq u ite c to , su
asiste n te y se ñ o ra clie n te que pide el diseño y la construcción de u n a s illa .
En u n a p a n to m im a con a ra b e sc o s a c ro b á tic o s, el asiste n te está a fila n d o l á ­
p ices, cu a n d o e n tra el a rq u ite cto . A m b o s se tre p a n por las e s c a le ra s ; se e n ­
cu e n tran en la p u n ta , y c a n ta n un dúo.
Escen a 5
G o lp e a n en tre b a stid o re s y en tra la c lie n te , c a n ta :
N ecesito u na s illa de su diseño
y de m o d ern a construcción
cuyo m odelo se a p rim e ro yo el dueño
y luego s irv a p a ra v a s ta p ro d ucció n.
A rq u ite cto c a n ta :
con honor y p la c e r
a n te s de n a d a h acer
req u e rim o s sus m e d id a s y e sta tu ra
la h u m a n a prop orción
es la b ase y razó n
del aspecto v is u a l de la a rq u ite c tu ra
El a siste n te to m a las m e d id a s de la c lie n te , y la s dice en a lta v o z a l a r q u i­
tecto, quien d ib u ja la s illa en el p iz a rró n y la d e sp e g a (y a re c o rta d a ); es
b a ja d a por m ed io de h ilos in v is ib le s y la se ñ o ra se sie n ta sobre e lla . C lim a x :
se m ece có m o d a m en te m ie n tra s el a rq u ite cto y su asiste n te b a ila n . D u ra n te
la d a n z a : proyecció n de re g la s m id ie n d o v a r ia s a c tiv id a d e s — tr a b a jo , s u e ­
ño, ju e g o , c o m id a , v e s tid o , etc. T ra n s fo rm á n d o s e en p ro ye ccio n e s so b re las
p a n ta lla s fro n ta l y p o ste rio r de re g la s g ra d u a d a s que a p u n ta n h a c ia to das
d ire ccio n e s; se d e sva n e c e n g ra d u a lm e n te en
Escena 6
juego de e sp a c io , un b a lle t en que los b a ila rin e s e xp o n e n v a rio s p rin cip io s
de construcción por m ed io de la rg a s e sta c a s y so g a s. F in a lm e n te
Escen a 7
dos de los b a ila rin e s e je cu ta n u na escen a de e n la z a r y en el c lim a x dos p o r­
ta b a n d e ra s se unen a ello s a g ita n d o e n o rm es b a n d e ra s de s e d a . En la p a n ­
t a lla : p e líc u la len ta de b a ila r in e s , a tle ta s , b u zo s, c a b a llo s a lta n d o , etc.
Escen a 8
A p a re c e u n a s ó lid a construcción trid im e n s io n a l, p in ta d a ilu so ria m e n te en
dos p lan o s re co rta d o s. La ilusió n es in te n s ific a d a por el m o vim ien to re la tiv o
de tres acto re s, que c a m in a n en d e rre d o r; d e sa p a re c e n d e trá s y e n tra n en la
co n stru cció n , d e m o stra n d o la so lid e z de la im a g e n . C lim a x : los p lan o s g ira n
9 0 ° y la ilu sió n d e s a p a re c e por com p leto. R isas en tre b astid o re s m ie n tra s
se v a n los acto res y
Escen a 9
acto res de un típ ico te a tro de re p e rto rio e n tra n in fo rm a lm e n te de todos la ­
do s; a lg u n a s secciones de e s c e n o g ra fía son e n tra d a s por tra m o y is ta s y a h o ra
es e je c u ta d a u na escen a de "e sta noche im p ro v is a m o s ", de P ira n d e llo , en la
que el encu en tro en tre r e a lid a d e ilusió n cre a u na co nfu sió n ta m b a le a n te .
Se produce u n a d isp u ta en la que los acto re s m ezcla n sus lín e a s con e x p r e ­
sion es p ro p ia s ; e n tra co rrie n d o a l e sce n a rio el d ire cto r, lib re to en m a n o , t r a ­
ta n d o d e se sp e ra d a m e n te de s e ñ a la r a los in té rp re te s c u á l es la " v e r d a d e r a
h is to ria " . P arte del p e rso n al del te atro s a le p a ra o b s e rv a r la co nfu sió n y
e scu ch a r la e n c o n a d a d isp u ta en tre acto res y d ire c to r. M ie m b ro s del pú blico
h a b la n en a lta v o z , to m an d o p a rte ; a lg u n o s se tre p a n por la r a m p a . F i­
n a lm e n te a p a re c e el prod ucto r y tra ta de re sta b le c e r el o rd e n . Pero a l in te n ­
ta rlo el e sce n a rio y la s voces se d e sva n e c e n g ra d u a lm n te como por a rte de
m a g ia y re in a n o sc u rid a d y sile n cio com pletos.

ív

J m

é í j

¡JÉ

yi j í ]

Escena 10
Se e je cu ta la escen a 1 de la p arte I, pero en sentido in v e rso . La o rq u e sta
en pleno y el coro irru m p e n en s ile n c io , m ie n tra s el c u a d ra d o a m a rillo re tro ­
cede del proscenio h a c ia la p arte p o sterio r del e sce n a rio d ism in u y e n d o de
ta m a ñ o . El p lan o rojo a t ra v ie s a de d e re ch a a iz q u ie rd a , m ie n tra s el coro y
la o rq u e sta c a lla n , ú n icam e n te la v o z de solo c a n ta la m e lo d ía de in tro d u c ­
ción. La esce n a te rm in a b a ja n d o la lín e a a z u l y con el te m a p ia n issim o de
co n tralto .
Te xto su p rim id o , a d isp o sició n de q u ien lo so licite .

19

�Variaciones sobre el tema de una cara

Las " v a ria c io n e s so b re un te m a " , d e s tin a d a s o rig in a lm e n te a un á lb u m en
h o m e n a je a W a lte r G ro p iu s , co nstitu yen u na e x p e rie n c ia v is u a l de in d u d a b le
in te ré s. El pro p ó sito , u n a v e z m ás en el a rte co n te m p o rá n e o , es d e s c a rg a r
u n a im a g e n de sus s ig n ific a d o s h a b itu a le s . En esta o c a sió n , la im a g e n e le ­
g id a es u n a c a r a , la c a ra de W a lte r G ro p iu s. V a lié n d o s e del fo to m o n ta je
como p ro ce d im ien to , S c h a w in s k y d e s a rtic u la , d esco m p o n e, d is to rs io n a , la
im a g e n - c a ra . Si la c a ric a tu ra y los d ib u jo s a n im a d o s a p ro v e c h a n y a fia n z a n
el re p e rto rio fiso n ó m ico co n ve n id o en n u e stra c u ltu ra , las " v a ria c io n e s " de
S c h a w in s k y tra ta n de d e m o stra r su r e la t iv id a d . Las te n ta tiv a s de " d ic c io n a ­
rios m ím ic o s", desde B a p tista P orta h asta Ph. P id e rit, han fra c a s a d o h asta
a h o ra . Es que no p u ed e h a b e r u na a x io m á tic a de la e xp re sió n que p reten d a
te n e r un v a lo r a b so lu to . To da c u ltu ra tie n e su c a r a , sus tics, sus lu g a re s
com unes e x p re s iv o s , en o tras p a la b ra s , su m á s c a ra ; pero a to da cu ltu ra
ta m b ié n , irre m is ib le m e n te , le lle g a el m om ento de su d e s e n m a sc a ra m ie n to .
C ie rta s c a tá stro fe s s e m á n tic a s o cu rre n , a u n en las c u ltu ra s m ás se g u ra s de
sí m ism a s y en las circ u n c ta n c ia s m enos p re v is ta s . Los s ig n ific a d o s se d e s­
p la z a n . A lg u n o s m u e re n ; otros se a r r a s tr a n m a lh e rid o s y , m ás ta rd e , d e s a p a ­
recen. S c h a w in s k y sa b e todo esto. Es m á s: p ercib e el e sp a cio lib re que q u ed a
entre la c a r a y su m á s c a ra e irru m p e con h um o r y d e sco n ce rta n te in v e n ­
tiv a a r tís tic a .
T. M.

20

��22

���el prim er libro sobre la person alidad y la obra
de m ax bilí, sus principales tra b a jo s en pintura,
escultura, arq uitectu ra, artes g rá fica s y diseño
industrial, docum entados en 90 reproducciones
en blanco y negro y una a cuatro colores, in ­
troducción de tom ás m aldonado y cuatro textos
teóricos de m ax bilí, edición de lujo, en cu ad er­
n ada en tela e im presa en papel ilustración, fo r­
m ato: 22 x 21 cm. en castellano, inglés, francés
y alem án.

panoram a de la música actual
¡uan c a rlo s p a z
el libro m ás com pleto y mejor docum entado so­
bre la m úsica contem poránea, historia y m inu­
cioso a n á lisis de todas las tendencias a partir
de d eb ussy: ato nalism o, politonalism o, dodecafonism o, m icrotonalism o, m úsica concreta, etc.
form ato: 21 x 14,8 cm.

tres libros de la editorial "nueva visión", descuentos especiales para los suscriptores de "nv"
la editorial "n u e va visión " a co rd ará a los suscriptores de la revista "n v " un descuento del 20 %
sobre el precio de ta p a de sus libros, los tres prim eros títulos a q u í anunciados a p a recerán en
el mes de julio, los suscriptores pueden, desde y a , dirigirse a la adm inistración de esta revista,
cerr¡to 1371, t. e. 42-1347, reservand o los títulos que les interesan y que les serán rem itidos a su
dom icilio con priorid ad a su distribución.

problemática del arte contemporáneo
g u ille rm o w o rrin g e r
el autor, a quien debem os los puntos de vista
m ás renovadores en la estimación de las form as
artística s del p a sad o , en cara en este libro, por
prim era vez, el a n á lisis del arte de nuestro tiem ­
po y los problem as que éste p lan tea al artista
y al profano,

form ato: 21 x l4 , 8 c m .

25

�Dos exposiciones en el Museo de Arte Moderno de Nueva York

Museo de Arte M oderno de N ueva York.

Exposición de muebles Thonet

Dos m ueb'es diseñados por Le Corbusier, Pierre
Jean neret y C harlotte Perriand.

26

*

El M useo de A rte M o d erno de N u e v a Y o rk ha re a liz a d o recien tem en te dos
e xp o sicio n e s. En la p rim e ra de e lla s se e x h ib ió un co njunto de s illa s d is e ­
ñ a d a s y fa b ric a d a s por los h e rm an o s Thonet. La se g u n d a estuvo d e d ic a d a a
la p resentació n de d iez m odelos de a u to m ó v ile s de p o stg u e rra .
Trece s illa s , p ro d u cid as entre los añ o s 1836 y 1 9 5 2 , fu ero n se le c c io n a d a s p a ra
m o stra r cómo los h e rm an o s Thonet lo g ra ro n en sus cre a cio n e s fo rm a s sim p les
y a n ó n im a s , sin co m p licad o s d e ta lle s a rte s a n a le s , pero de un re fin a m ie n to y
u n a e le g a n c ia consecuentes con el m a te ria l usad o y los m étodos de p ro d u c­
ció n . P a rtie n d o del p rim e r m odelo d ise ñ a d o por el c re a d o r de la c o m p a ñ ía ,
M ig u e l T ho n et, en su ta lle r de A le m a n ia , h asta lle g a r a la hoy econ ó m ica silla
de c a fé , seis m odelos re se ñ a ro n el d e se n v o lv im ie n to de la s illa Thonet desde
el a ñ o 18 36 h asta nuestros d ía s .
Las cinco s illa s de a ce ro tu b u la r e x p u e s ta s , crea cio n es de B re u e r, Le C o rb u ­
s ie r, y M ies v a n d e r Rohe, fu ero n d is e ñ a d a s en el añ o 19 20. S e ñ a la n el
p ap e l p re p o n d e ra n te de la pro d ucto ra en el d e sa rro llo de esta n u e v a m o d a ­
lid a d del diseño m o derno de m ue b le s. Los m odelos m ás recientes e sta b a n
re p re se n tad o s por u na s illa m o ld e a d a de p lyw o o d d is e ñ a d a por Jo e A d k in so n
y un silló n a ju s ta b le de cuero de llm a ri T a p io v a a r a , p re m ia d o en el Concurso
del m ueb le económ ico del M useo de A rte M od erno .
Las s illa s fu e ro n e x h ib id a s en p la ta fo rm a s b a ja s y re d o n d a s, c u b ie rta s por
fie ltro s de distintos co lo res. En las p are d e s de la g a le r ía , fo to g ra fía s a m p lia ­
d a s de los an tig u o s catálo g o s de Thonet m o stra b a n otros m uebles de m a d e ra
to rn e a d a o de a c e ro . En el centro se p re s e n ta b a , en un la rg o " s ta n d " , m a ­
te ria l d o cu m e n tal y fo to g rá fic o de los m uebles Thonet en v iv ie n d a s de p aíse s
tro p ic a le s, E u ro p a y Estad os U nido s. A d e m á s , u n a ra m a de á rb o l de 27 pies
d o b la d a en e s p ira l y u n a p ie za de p lyw o o d de 5 pies ilu stra ro n so b re los
distintos tra ta m ie n to s que puede a d m itir la m a d e ra .
P re se n ta d a con un e vid e n te sentido d id á ctico , la m uestra ha co n trib u id o n o ta­
b lem en te a la v a lo ra c ió n de la o b ra re a liz a d a por los h erm an o s T ho n et, v e r ­
d a d e ro s pio nero s del m ueb le co n te m p o rá n e o . O b ra que puede sin te tiza rse
en la fr a s e p ro n u n c ia d a por Le C o rb u sie r en la in a u g u ra c ió n del p ab elló n
de L'Esp rit N o u v e a u de la Exp o sició n de P a rís (1 9 2 5 ): "H em o s e le g id o la hu­
m ild e s illa Thonet de m a d e ra to rn e a d a , cie rta m e n te la m ás com ún y econó­
m ica de las s illa s . Y creem os que esta s illa , que se usa por m illo nes en todo
el continente y en A m é ric a , posee n o b le z a ".
La e xp o sició n fu é d irig id a por G re ta D a n ie l, A siste n te del D e p arta m e n to de
Diseño y A rq u ite c tu ra del M useo , y d is e ñ a d a por el A rq u itecto Enrico P eresutti.

�27

�Al frente, el inglés M G. El Com ete a la derecha,
y el Sim ca, el Porsche y el Cunningham en la
parte posterior. El coche en último plan o, a la
derecha, es el Stu d eb aker 53, del que vemos
una parte.

Exposición de automóviles

28

D iez au to m ó v ile s a m e ric a n o s y euro p eo s de p o stg u e rra , d ise ñ a d o s p a ra la
p rod ucció n en m a s a , se p re se n taro n en la se g u n d a e xp o sició n . N in g u n o de
ello s fu é p ro d ucid o con fin e s p a rtic u la re s o de e x p e rim e n ta c ió n , y todos re v e ­
la n en sus lín e a s la in flu e n c ia del diseño ita lia n o . Dos tipos b ásico s de diseño
a u to m o v ilístic o pueden o b s e rv a rs e en la m u e stra , según lo s e ñ a la A . D re x le r,
C u ra d o r del D e p a rta m e n to de A rq u ite c tu ra y D iseño del M useo .
La e n v o ltu ra m e tá lic a de un coche, como las p a re d e s e x te rio re s de u n a c a s a ,
to m a su fo rm a del e sp a cio que e n c ie rra . Los d e ta lle s de la s u p e rfic ie de esta
e n v o ltu ra , como los de la fa c h a d a de un e d ific io , pueden s u g e rir por su u b i­
cació n y fo rm a la n a tu ra le z a del e sp acio e n c e rra d o . P ero , a d ife re n c ia de
un e d ific io , el a u to m ó v il se m u e v e , y e sp e ram o s u n a in d ica ció n sobre la d ire c ­
ción en que m ira n sus p a sa je ro s y la u b ica ció n de sus ru e d a s . En un c a so , la
c a ja de un coche re q u ie re el a g re g a d o de p arte s in d e p e n d ie n te s, g u a r d a ­
b a rro s , p a ra g o lp e s y fa r o s , p a ra in d ic a r la e s c a la y s e ñ a la r la d ire cció n . Por
lo ta n to , la s in terseccio n e s de los p lan o s de la c a rro c e ría son de e x tre m a im ­
p o rta n c ia p a ra el d is e ñ a d o r. Pero cu a n d o el cuerpo de un coche está tra ta d o
como u na e n v o ltu ra y m o d ela d o de m a n e ra que los p lan o s se p a ra d o s del
p iso , co stad o , fre n te y p a rte p o sterio r fo rm a n u na s u p e rfic ie co n tin u a , la
e sca la y la direcció n se o btien en g e n e ra lm e n te h acie n d o a b e rtu ra s en la
e n v o ltu ra , r a r a v e z a g re g á n d o le o tras p arte s.
Los coches e xh ib id o s re fle ja n c la ra m e n te estos tipo s de d ise ñ o . El C u n ­
n in g h a m 1952 (m odelo C -4 ), fa b ric a d o en los Estad os U n id o s con c a rro c e ría
d is e ñ a d a en Ita lia , a d o p ta en u n a m a y o r e s c a la m u ch as de la s c a ra c te rístic a s
del p equ eñ o coche spo rt ita lia n o . El S tu d e b a k e r 1953 es el único a u to m ó v il
de diseño y fa b ric a c ió n a m e ric a n o s . D ise ñ ad o por R aym o n d L o e w y , se d is tin ­
gue por se r el p rim e r coche n o rte a m e ric a n o que ad o p ta el diseño p a rtic u la r
de los a u to m ó v ile s e u ro p eo s. El La n c ia 1 9 5 1 , G ra n T u rism o , d ise ñ a d o por

�Puede verse al frente parte del coche inglés
Aston-M artin. Al fondo, de izq uierd a a derecha,
el fran cés Com ete, el alem án Porsche, el francés
Sim ca y el am erican o Cunningham .

Pin¡n F a r iñ a , se re v e la como uno de los coches de m a n io b ra m ás fá c il p ro ­
du cid o en g ra n e s c a la .
El C o m eta y el Ford 1952 fra n c é s tienen p ro p o rcio n es s im ila re s a las de los
coches a m e ric a n o s , pero el é xito de su diseño re sid e m ás en sus lín e a s s u a v e ­
m ente c u rv a d a s que en su ta m a ñ o y acceso rio s.
El in g lé s A sto n M a rtin , p a ra tu rism o y c a r r e r a , que co n se rv a los d e ta lle s de
los a u to m ó v ile s de p a s a je ro s , está p rese n tad o ¡unto con el M G . Este, d e s­
v iá n d o s e de su lín e a tr a d ic io n a l, o fre ce un m a y o r re p a ro co ntra las co n d i­
ciones c lim á tic a s y m a y o r e sp acio p a ra los e q u ip a je s . El N ash H e a ly , h a sido
d ise ñ a d o ta m b ié n por P inin F a riñ a . El a le m á n Porsche, con el m otor en la
p a rte p o ste rio r, es u na a d a p ta c ió n del fa m o so V o lk s w a g e n .
La e xp o sició n se re a liz ó en los ja rd in e s del M useo , p e rm itie n d o u n a a m p lia
p e rsp e c tiv a de los coches e x h ib id o s . Fué d irig id a por Jo h n W h e elo ck F re e m a n .
Frente a la cám ara el Studebaker 53. Del otro la ­
do de la pileta, de izquierd a a derech a, el AstonM artín , el Com ete, el Porsche y el Cunningham .
Detrás de éste se ve parte del Sim ca francés.

29

�Sobre algunas interferencias entre las artes
G illo D o rfles

P re scin d ie n d o de to da p o lém ica entre p a rtid a rio s de la
" fo rm a " y del "c o n te n id o ", en tre " e s p a c ia lis ta s " y "tem p o ra lis ta s ", y d a n d o por re su e lta c u a lq u ie r d ise n sió n e sté ­
tica q u e p u d ie ra su scita rse en tre e llo s, q u is ie ra e x a m in a r
el p ro b le m a de a lg u n a s in te rfe re n c ia s en tre las a rte s ,
e n fo c a d a s en su aspecto de c re a cio n e s e sta b le s, in trín ­
se ca s y p e rce p tib les.
El uso qu e h a ré , por lo ta n to , de c ie rta s p a rtic u la rid a d e s
lin g ü ístic a s y de c ie rta s v a lo ra c io n e s te m p o -e sp a cia le s,
sólo te n d rá por o bjeto la b ú sq u e d a de u na m a y o r p rofun d iza ció n en el co no cim iento y en el ín tim o m eca n ism o de
la fo rm a c ió n de las a rte s c o n s id e ra d a s . V e a m o s pues,
cómo se re la c io n a n dos d is c ip lin a s ta n d istin ta s y a p a ­
ren te m en te a je n a s entre sí como la m ú sica y la p in tu ra .
Los puntos de contacto en tre a m b a s son m ú ltip le s, y d u ­
ra n te m ucho tiem p o los in v e s tig a d o re s h an in te n ta d o po­
nerlos en e v id e n c ia . P o d ría n c ita rse n u m e ro sa s te n ta tiv a s
m ás o m enos c ie n tífic a s im a g in a d a s p a ra tra n s fe rir los
cán o n e s y leye s de la m úsica a la p in tu ra , o p a ra tra ta r
de id e n tific a r am b o s le n g u a je s, in v o c a n d o c ie rta s a n a lo ­
g ía s en tre e sca la cro m á tic a y e s c a la so n o ra , en tre v ib r a ­
ción a c ú stic a y v ib ra c ió n lu m in o sa . No es esto, sin e m ­
b a rg o , lo que hoy p ued e in te re s a rn o s , pues está y a com ­
p ro b ad o que la b a se de nuestro le n g u a je m u sical no está
en e x a c ta co rre sp o n d e n cia con la re a lid a d c ie n tífic a y con
las ley e s a c ú stic a s. Lo que d e m o s tra ría u n a v e z m ás la
in c o n c ilia b ilid a d que e xiste en tre cie n cia y a rte .
Q u is ie ra pues —d e ja n d o de lad o toda co n sid e ra ció n fis io ­
ló g ica y p sico ló g ica — a n a liz a r b re v e m e n te las re la cio n e s
e xiste n te s en tre las dos a rte s , ta l como se han d e s a r ro lla ­
do en los últim os tiem p o s.
La m ú sica m o d ern a se ha d e sta ca d o c a d a v e z m ás en su
aspecto rítm ico , tím b ric o y c o n tra p u n tístic o , a b a n d o n a n d o
o, por lo m enos, d e b ilita n d o el e d ific io a rm ó n ico a l que
se v e ía c e ñ id a desde v a rio s sig lo s a trá s .
P a rtie n d o del h ip e rcro m atism o w a g n e r ia n o , y a rrib a n d o
luego a l p o lito n alism o de S a tie y M ilh a u d , a l a to n a lism o
de H in d e m ith , y por fin a la s in ta x is d o d e c a fó n ic a de
S ch ó n b e rg , la m ú sica ha reco n q u ista d o e sa lib e rta d e x ­
p re s iv a que h a b ía p e rd id o a l so m eterse a las re g la s de
un se ve ro rég im e n to n a l. Puesto q u e , si la sín te sis to n ala rm ó n ic a h a b ía sido n e c e s a ria p a ra la e vo lu ció n del
le n g u a je m u sic a l, el h a b e r red ucid o to da la m u ltifo rm e
v a r ie d a d de los so nido s a las a r b it r a r ia s " e s c a la s " to n a ­
les fu é , in d u d a b le m e n te , un s a c rific io a rtific io s o .
A lg o a n á lo g o sucedió en el cam p o de las a rte s p lá stic a s
con el re d e scu b rim ie n to de la p e rsp e c tiv a lin e a l en los
u m b ra le s del R e n acim ie n to : se e stab le ció en la p in tu ra
una situ a ció n de d e p e n d e n c ia h a c ia la s leye s de la p e rs­
p e c tiv a , que d e b ía co n d u cir a l n a tu ra lis m o a c a d é m ic o del
siglo p a sa d o y que sólo con los im p re sio n ista s h a b ría
de e m p e z a r a d e s a p a re c e r. El pú b lico y los a rtis ta s te r­
m in a ro n por o lv id a r que h a b ia n tra n sc u rrid o larg o s añ o s
en la h isto ria del a rte sin que se h a b la s e de u n a p e rs­
p e ctiva lin e a l: ésta d esem p eñ ó en el te rre n o pictórico el
m ism o p a p e l de la a rm o n ía en el á m b ito m u sic a l.
Las le y e s a rm ó n ic a s , a u n in c ie rta s en la ép oca de los
p rim e ro s p o lifo n is ta s , d e b ía n h ace rse m ucho m ás s e v e ra s
con el tie m p o , p a ra c o m e n za r a d iso lv e rse con la a p a r i­

30

ción del h ip e rcro m atism o de fin e s del sig lo X IX . O tro
tanto ib a a su ce d e r con la p in tu ra re a lis ta b a s a d a en la
p e rs p e c tiv a , q u e p a rtie n d o de u na fa n ta s io s a re p re s e n ta ­
ción cu a tro c e n tista , se a c e rc a b a c a d a v e z m ás a las e stu ­
c a d a s fig u ra s del a c a d e m ism o del ochocientos.
Pero co m ie n zan en este m om ento las p rim e ra s rea ccio n es:
el im p re sio n ism o , a la b ú sq u e d a de u na re a lid a d lu m i­
n o sa , m ó v il, líq u id a , pero sie m p re en el á m b ito de una
re p re se n ta ció n de la n a tu ra le z a , d e s c a rg a el p rim e r g o lp e.
Luego el fa u v is m o , el fu tu rism o y el cub ism o conducen a
la descom po sició n de la im a g e n y a la inserció n de p rin ­
cipio s d in á m ic o s y te m p o ra le s en la fig u ra c ió n , tra ta n d o
de e n c o n tra r u n a razó n de ser p ictó rica in g é n ita en el
color puro y la fo rm a p u ra .
P a ra le la m e n te , en m ú sica , la in flu e n c ia to n al es e lim i­
n a d a , p rim e ro con un retorno a l a n tig u o m o d a lism o , luego
con los e xp e rim e n to s de los h e x a to n a lis ta s y fin a lm e n te
con el a to n a lis m o . A su v e z , las ú ltim a s te n d e n c ia s de la
p in tu ra y e scu ltu ra co ncreta pueden a s im ila rs e a las e x ­
p e rie n c ia s m u sica le s del d o d e ca fo n ism o . De esta m a n e ra ,
el cro m a tism o w a g n e ria n o p u ed e ser c o m p a ra d o con la
re vo lu ció n de los fa u v e s , el a to n a lism o de S tr a w in s k y y
de M ilh a u d a c ie rta s p in tu ra s de M a tisse y de los cu b ista s,
y la prod ucción de B e rg , S chó n b erg y W e b e rn a la s o b ra s
de V a n to n g e rlo o , M o n d ria n y v a n D o esburg.
En otros té rm in o s, si y a a lg u n o s cu b ista s, y an te s qu e ellos
M a tisse y a lg u n o s e x p re s io n is ta s g e rm a n o s , h a b ía n s a ­
bido h ace rse " tím b ric o s ", (m e s irv o de u n a p a la b ra to­
m a d a del le n g u a je m u sical p a ra in d ic a r la a fin id a d e x is ­
tente en tre el uso a c tu a l, e strid e n te y puro del co lo r, y la
u tiliza c ió n en la m ú sica m o d ern a de c u a lid a d e s p a rtic u ­
la re s e in d iv id u a liz a d a s de los in stru m e n to s) p e rm a n e c ía n
sin e m b a rg o lig a d o s a l o b jeto , a la re p re se n ta ció n fig u ­
r a tiv a del m ism o.
El e stu d io del "d e stin o fo rm a tiv o " in g én ito en el a rte co n ­
creto , y a d e sv in c u la d o de to d a c o m p la ce n cia f ig u r a t iv a ,
p ued e c o m p a ra rse con la in v e stig a c ió n q u e in ic ia ro n los
d o d e c a fo n ista s a c e rc a de la co nstitució n de la s e rie , de su
in v e rsió n y re tro g ra d a c ió n , de su e vo lu ció n h a c ia una
n u e v a y m ás co m p le ja e s p a c ia lid a d . (c fr. W . A d o rn o ).
V a lié n d o m e de arg u m e n to s a n á lo g o s , p o d ría s e ñ a la r las
a n a lo g ía s que e xiste n en tre m úsica y p o e s ía , a u n cu an d o
los estud io s so b re el p a rtic u la r resu lten m ucho m ás f r e ­
cuen tes. A u n q u e m ú sica y p o esía a p a re c ie ro n sie m p re
e stre ch am e n te v in c u la d a s , sus le n g u a je s son n etam en te
d istin to s y au tó n o m o s. La p o esía —con to da la im p o rta n ­
c ia que q u ie ra a trib u irs e a l elem ento so no ro — d e p e n d e de
su co ntenid o d e sc rip tiv o y de su s e m á n tic a , m ie n tra s que
en n in g u n a de la s o tras a rte s —y so b re todo en la mú1 s ic a — e xiste u n a id é n tica c a ra c te rís tic a . Lo dicho es ta m ­
bién v á lid o p a ra la p in tu ra y la e s c u ltu ra , que como y a
hem os s e ñ a la d o , h an podido lib ra rs e en nuestros d ía s de
la u rg e n cia fig u ra tiv o - re p re s e n ta tiv a a la que p e rm a n e ­
c ía n in d iso lu b le m e n te so m e tid a s.
De c u a lq u ie r m a n e ra , con e xce p ció n del puro elem ento
sonoro (q ue en p o esía no p ued e e x is tir s e p a ra d a m e n te
del s ig n ific a d o ) podem os e n c o n tra r otros puntos de co n­
tacto en tre las dos a rte s : ta l el elem ento rítm ico , e se n cia l
tanto a la u n a com o a la o tra , y que es c a p a z de d a r
o rig e n por sí solo a l d esp un te in ic ia l de un po em a (com o
tu vie ro n y a qu e a fir m a r Ellio t y V a lé r y ). De un ritm o lite ­
ra rio " p riv a d o de s ig n ific a d o " puede en seg un d o térm in o
s u rg ir en la m ente del poeta la im ag e n v e rb a l-s e m á n tic a
c o rre sp o n d ie n te . Y , como a fir m a Ellio t: "U n po em a puede
te n d er a r e a liz a rs e de la m ism a m a n e ra que un ritm o
p a rtic u la r, a n te s de que a lc a n c e u n a e xp re sió n en p a la ­
b ra s ; y este ritm o p ued e d a r o rig e n a la id e a y a la im a ­
g e n ". O tro e je m p lo , —si fu e ra n e c e sa rio — de la u rg e n cia
|de ab stra c ció n p rese n te, no sólo en las a rte s v is u a le s , sino
en la lite ra tu ra .

�Los e je m p lo s de c o rre sp o n d e n cia entre so nido s y p a la ­
b ra s , en tre ritm os m u sic a le s, poéticos y p lástico s son In f i­
nitos, pero debo lim ita rm e a a lg u n a s b reve s aco tacio n es
so b re el p a rtic u la r, pues me fa lta to d a v ía a n a liz a r a lg u ­
n as in te rfe re n c ia s en tre m úsica y a rq u ite c tu ra .
M u ch as son las c a ra c te rístic a s com unes a la s dos a rte s:
a m b a s d e riv a n de la m á x im a a b stra cció n que el intelecto
c re a d o r p u ed a c u m p lir, fu e ra de c u a lq u ie r re p re se n tació n
o b je tiv a , fu e ra de c u a lq u ie r hecho d e sc rip tiv o ; en la b ase
m ism a de su crea ció n e xiste un juego n u m é rico , u na r e la ­
ción de c ifra s y m ó d ulo s; a m b a s , en f in , son fo rm a s de
a rte que n ecesitan se r " p e n e tra d a s " : se p e n e tra en el
u n ive rso sonoro de u n a s in fo n ía de la m ism a m a n e ra que
se e n tra en una c a te d ra l, y luego se o b se rv a desde el e x ­
te rio r e sa m ism a c a te d ra l como se escu cha "d e sd e el e x ­
te rio r" ese fra g m e n to m u sica l. El estud io de la p la n ta , la
fa c h a d a o la proyecció n o rto g o n al de un e d ific io co ns­
titu y e , en cierto se n tid o , el e q u iv a le n te de la lectura de
una p a rtitu ra , a n te rio r o p o sterio r a la a u d ic ió n so n o ra .
En cu an to a las re cíp ro ca s in flu e n c ia s de e stas dos a rte s,
creo que el a n á lis is de un p e río d o como el b arro co resu lta
de lo m ás provecho so p a ra e v id e n c ia r un punto de co n­
tacto p a rtic u la rm e n te s ig n ific a tiv o entre los dos le n g u a je s.
En e fecto , el b arro co intro d u ce d entro de los ríg id o s e s­
q u e m a s de la a rq u ite c tu ra del R e n acim ie n to , co nceb id a
de a cu e rd o con un crite rio estático y a rm ó n ic o , la dúctil s i­
n u o sid ad de la lín e a " m e ló d ic a " . El a rq u ite cto b arro co
—puede de cirse sin m e tá fo ra s — " re fo rz ó " sus p la n o s, sus
e d ific io s , y yo sostengo que se in ic ia ju sta m en te con el
b arro co la n u e va lín e a a rq u ite c tó n ic a que h a b rá de
tr iu n fa r en nuestros d ía s : la a rq u ite c tu ra en donde el e s­
p acio se fra g m e n ta , se p o lim e riz a , y a b so rb e en sí el
elem ento te m p o ra l que hace del e sp acio de Euclides un
e sp a cio d in á m ic o a n á lo g o al m u sica l.
En cu an to a las re la c io n e s entre a rq u ite c tu ra y a rte s v is u a ­
les (o p lá s tic a s ), é stas fu ero n sie m p re a d m itid a s , h asta el
punto de que el e stu d io de la a rq u ite c tu ra v in o a e n g lo b a r­
se en el de la p in tu ra y e scu ltu ra , co n sid e rá n d o se a q u é lla
un d e riv a d o de é sta s. A mi p a re c e r, u n a d istinció n entre
e lla s es to d a v ía ú til, pese a la e x is te n c ia de m uchos p u n ­
tos en co m ú n . H oy, en e fecto , ta l d istinció n se ha hecho
to d a v ía m ás d ra m á tic a : la a rq u ite c tu ra se ha lib e ra d o de
las su p e r-e stru ctu ra s de la d e co ració n y la e s c u ltu ra , es
d e c ir, se ha se rv id o de e lla s m an te n ie n d o d ife re n c ia d a s
las e stru c tu ra s. Por o tra p a rte , son p recisam e n te las o tras
dos a rte s las que han e x p e rim e n ta d o n o tab lem e n te el
in flu jo de la a rq u ite c tu ra (b a sta p e n sa r en las o b ra s de
un P e v s n e r, un B ill, un G a b o , un M u ñ a n ); a p a rtir de la
época del B a u h a u s , la in flu e n c ia de la a rq u ite c tu ra en el
tra b a jo pictórico y p lástico se ha hecho sie m p re m ás in ­
te n sa . Y sin e m b a rg o , si u na sín te sis de las a rte s en el
sentido e x p re s a d o por Le C o rb u sie r puede ser d e se a b le ,
' no h a y que o lv id a r que s e ría e x tra o rd in a ria m e n te d a ñ in o
que la p in tu ra y la e scu ltu ra p e rd ie ra n su c u a lid a d de
cre a cio n e s a rtís tic a s au tó n o m a s, que pueden y deben v i ­
v ir ta m b ié n al m a rg e n de todo sostén e d ilicio . En o tras
p a la b ra s , el estud io de las in te rfe re n c ia s entre dos leng u a je s artístico s p ued e ser de e xtre m o in terés y de g ra n
u tilid a d , pero debem o s re c o rd a r que la a p a re n te sum isión
de un a rfe a los cán o n e s de o tro, se ha d e b id o ú n ic a ­
m ente a la p re p o n d e ra n c ia a s u m id a por este ú ltim o en
una ép o ca d e te rm in a d a . Porque e x is te n , y han e xistid o
sie m p re , p e río d o s en los que u na d isc ip lin a a rtís tic a ha
e je rcid o un p red o m in io ab so lu to sobre las o tra s, g u iá n ­
d o la s, e n d e re z á n d o la s y h asta so fo c á n d o la s, p a ra ce d er,
en u na época s u c e s iv a , su lu g a r a o tra que fu é a su
ve z la d u e ñ a d e sp ó tica de otro p erío do c u ltu ra l. Y es en
este a lte r n a r e in te rfe rir de los le n g u a je s a rtístic o s, que
se v ene d e s a rro lla n d o la
h isto ria de la c iv iliz a c ió n
hum ana.

ARTECNICA
O
O
O

© gamma
luz localizada
o
o

o
o

o
o

o
o
o
o
viamonte 1481 6? A t. e. 41-7853

(

31

�Corte diag o nal de

Una nueva unidad estructural

la

bóveda

y

su unión

con

,a columna

A rq u ite c to A m a n d o W illia m s
In g . a se so r Ju lio P izzetti

C o la b o ra d o re s: J. S a a l, H. Toscano, D. Schnelder,

N.

Fedullo

El uso del horm ig ón en la construcción de e d ific io s d a ta , como se s a b e , de
fin e s del sig lo p a sa d o . El re d e scu b rim ie n to del h o rm ig ó n y su p o ste rio r u ti­
liza c ió n como c o n g lo m e ra n te del h ie rro , c a ra c te riz a n todo el p e río d o de
la a rq u ite c tu ra que v a del 19 00 a 1 9 2 0 . A u g u sto P e rre t, en 1 9 0 3 , con su
c a s a de la ru é F r a n k lin , es el p rim e ro en v a le r s e del h o rm ig ó n com o m edio
^e e xp re sió n a rq u ite c tó n ic a . A p a rtir de ese m o m ento , la té cn ica del n uevo

material evolucionará rápidamente, produciendo en estos últimos años, crea-

Una de las bóvedas e n sa y a d a s y su arm a d u ra .
Esca la 1:10.

32

�ciones q u e, como la b ó ve d a c á s c a ra , a p o rta n n u e v a s solu cion es co n stru ctivas
y p lá stic a s a la a rq u ite c tu ra m o d e rn a .
M uchos facto re s d e te rm in a n el curso de este proceso: la co m p ro b ació n del
c a rá c te r m o no lítico de las e stru ctu ra s de h orm ig ón a rm a d o es uno de ello s.
En un p rin c ip io , los m étodos de cálcu lo se re a liz a b a n c o n sid e ra n d o la e s­
tru ctu ra fo rm a d a por só lido s p rism á tico s, v ig a s o c o lu m n a s, s im ila re s a las
de h ie rro o m a d e ra . Se im ita b a en su aspecto fo rm a l a la s co nstruccio nes
re a liz a d a s con estos m a te ria le s , y por m edio del cálcu lo teórico se ó b te n ía
el d im e n sio n a m ie n to de los elem ento s del e d ific io . En ca m b io , al co n sid e ­
ra rs e la e stru ctu ra ac tu a n d o como un co njunto ú nico , se hace po sib le la co ns­
trucción de la b ó ve d a c á s c a ra , que a p ro v e c h a a l m á x im o el v a lo r e stru ctu ra l
que p uede a d q u ir ir u na lá m in a resistente con un diseño a d e c u a d o . El pro-

A rm ad u ra de la bóveda de en sayo n"? 7.

b lem a de la fo rm a re v iste a s í una im p o rta n c ia fu n d a m e n ta l en este tipo de
e stru c tu ra s, que se p ro ye ctan y e n s a y a n e xp e rim e n ta lm e n te con a n te rio rid a d
a l cálcu lo teó rico , que es sólo de v e rific a c ió n .
En el caso que nos o cu p a , se h a lo g ra d o u na b ó ve d a c u a d ra d a de 13 m etros
de lad o y 4 cen tím etro s de esp eso r. C a d a u n id a d resiste c a rg a s e x tr a o r d i­
n a r ia s y puede m a n te n e rse en e q u ilib rio por sí m ism a sin n ece sid ad de n in ­
gún punto de contacto con la s o tra s b ó ve d a s que fo rm a n la e stru c tu ra .
O fre c e m u y poca re siste n cia a l v ie n to y tie n d e a d e s c a rg a rs e de peso por
acció n del m ism o . La d ila ta c ió n té rm ic a , tanto en u n id a d e s a is la d a s como
en una se rie de e lla s , re su lta a b s o rb id a por la e la s tic id a d que a d q u ie re la
b ó ve d a en ra zó n de su fo rm a . Las u n id a d e s se u san a is la d a m e n te o en d is ­
tin ta s co m b in a cio n e s. El techo fo rm a d o por un conjunto de b ó ve d a s pued e
c a la rs e su p rim ie n d o p arte de a lg u n a de e lla s , sin que esto a fe c te el e q u i­
lib rio de la e stru c tu ra .

33

�Parte superior de una colum na.

Sirve de v á l­

vu la de segu rid ad de desagüe.

Entre o tras a p lic a c io n e s , esta u n id a d e stru ctu ra l se rá u tiliz a d a por el a r q u i­
tecto A m a n c io W illia m s en la construcción de tres h o sp ita le s que se le v a n ta ­
rá n en M b u ru c u y á , p ro v in c ia de C o rrie n te s, do n d e por ra zo n e s c lim á tic a s y
por las n ece sid ad e s del p ro yecto , es preciso co n stru ir un techo alto que d e ­
te rm in e u n a zo n a c e rra d a y p e rm ita la ilu m in a ció n y v e n tila c ió n ce n ita l de
los d iv e rso s se rv icio s h o s p ita la rio s . Los h o sp ita le s co nstitu yen u na p e q u eñ a
c iu d a d con todos sus se rv icio s u b ica d o s b ajo el techo: h a n g a re s , g a ra g e s ,
p a b e llo n e s, ta lle re s , etc.
Es in te re sa n te c o m p ro b a r la c o in cid e n cia en la so lución de do ble techo al
Corte

V ista del hospital de M burucuyá.

34

p arcial

de uno de los hospitales donde
se utilizan las bóvedas.

p ro b le m a p la n te a d o por la a lta lu m in o s id a d , in te n sid a d c a ló ric a y g ra n d e s
llu v ia s , en tres g ra n d e s proyectos e je cu tad o s casi sim u ltá n e a m e n te . Nos re fe ­
rim o s al de Le C o rb u s ie r, c iu d a d de C h a n d ig a r , P u n ja b , a l de Jo sé Luis Se rt,
p la n e a m ie n to s u rb a n o s p a ra C o lo m b ia y éste del a rq u ite cto W illia m s en la
p ro v in c ia de C o rrie n te s.

�N ace en Buenos Aires. Arquitecto. Proyectos, obras y estudios: 1942: "V iv ie n d a s en el espacio ",
en colaboración con su esposa Arq. Delfina G . de W illia m s, Asesor: Arq. Jorge V ivanco. 1942-43:
" S a !a de conciertos". 1943: Conjunto de blocks. Aplicación del proyecto de vivien das anterior
a un gran conjunto. 1943-46: " O b ra M ar del P la ta ", en colaboración con su esposa. 1944: Trabajos
sobre transportes y com unicaciones. 1945: Proyecto "A ero pu erto de Buenos A ires". 1946: Proyecto
de edificio p a ra o ficin as, suspendido pof tensores m etálicos.
Estructura de hormigón arm ado
construida en obra. 1946-48: T rab ajo s de p laneam iento nacional p a ra el M inisterio de Salud
Pública de la N ación; planeam iento de la P ata g o n ia; planeam iento de la ciudad de Buenos Aires
en relación al p a ís y al continente; p'aneam iento regional del Delta; p laneam iento de la ciudad de
Corrientes y su región, etc. Después de 1948: barco pa ra catastro san itario , proyectos p a ra tres
hospitales en la provincia de C orrientes, estudio de div e rsas estructuras utilizando diversos m ate­
riales plásticos, etc.

Intensa ob ra docente en su taller.

Erich Mendelsohn

Con la muerte del arquitecto alem án Erich
M endelsohn, ocurrida el 15 de setiembre de
1953 en el hospital de M. Zion (Los Angeles),
se cierra un im portante cap ítulo en la evolu ­
ción de la arquitectura m oderna. Su vid a pro­
fesional transcurre entre 1914, año en que co­
m ienza a fe ch ar sus célebres esquicios, hasta
los últimos tiem pos, en que proyecta d iversas
sinago gas en los Estados Unidos. En este Ínte­
rin de casi cuarenta años, de sa rro lla un trab ajo
fecundo por su libertad inventiva y espíritu
creador. A través de sus ob ras, v a renovando
técnicas y concepciones del espacio , otorgando
un m atiz nuevo a la noción de "h a b ita t" .
Erich Mendelsohn nace en Allenstein (Prusia
O riental) el 21 de m arzo de 1887. En 1914,
durante la gu erra y estando en la trinchera,
com ienza a d a r form a a sus prim eras obras.
A fines de 1918, firm ad o el arm isticio, ab re su
estudio y se convierte, por su trab ajo y a ctivi­
dad teórica, en uno de los principales a d alid e s
del expresionism o. La Torre de Einstein (1919)
constituye un testim onio de esa etap a. En 1923
v ia ja a Palestina y en el mismo año publica un

folleto: "D inám ica y fu nción ", que es su prin­
cipal obra teórica de la prim era postguerra. En
1924 llega a los Estados Unidos y poco después
publica "A m e rik a ", su difundido libro. Entre
1925 y 1927 re aliza v a ria s tiend as p a ra la fir ­
ma Schoken, que constituyen aportes sustan cia­
les p a ra la técnica de construir.
Los años que van de 1928 a 1931 son los de sus
ob ras cum bres, ya en fran co racionalism o : la
Colu m bu shau s, su casa en Ruperhorn y la s tien­
d as Schoken en Chem nitz.
En los año s posteriores se m ultiplican los en car­
gos, pero en 1933, con la lle g a d a de Hitler al
poder, se trunca la carre ra y la ob ra de M en­
delsohn. Se tra sla d a , entonces, a In glaterra y
luego a Palestina, donde tra b a ja activam ente
y lleva a la práctica su proyecto de hospitalescuela modelo " H a d a ss a " . En 1941, luego de
v ia ja r por Medio O riente, India y S u d á frica , se
rad ica en los Estados Unidos, donde prosigue
su tare a . A llí com ienza re aliza n d o el hospital
M aim ónides. La muerte lo sorprende cuando se
dispone a construir v a ria s sinago gas y publicar
" A contem porary philosophy of architecture".

35

�Exposiciones del grupo de Artistas Modernos de la Argentina

El "G ru p o de A rtis ta s M o d e rn o s", que reú ne a los pintores y escu lto res a r g e n ­
tinos de o rie n tació n estética m ás a v a n z a d a , a c a b a de e x p o n e r en el "M u seu
de A rte M o d e rn a " de Río de Ja n e ir o y en el "S te d e lijk M u se u m " de Am ste rd a m . En am b o s lu g a re s , los sectores m ás c a lific a d o s del p ú b lico , de los
a rtis ta s y de la crític a han estad o de a cu e rd o en reconocer la je r a r q u ía de
los tra b a jo s e xp u e sto s. Puede a v e n tu ra rs e , sin á n im o de re sta r v a lo r a las
q u e se h a y a n re a liz a d o con a n te rio rid a d , que n un ca u na m u e stra a rg e n tin a
en el e x te rio r ha sido o bjeto , como en estos dos caso s, de a c o g id a m ás f a v o ­
ra b le . Este reco n o cim ien to in te rn a c io n a l, cu y a s ig n ific a c ió n , por cie rto , no
p reten d em o s e x a g e r a r , p ru e b a la m a d u re z a lc a n z a d a en n uestro p a ís por
las te n d e n cia s m ás re n o v a d o ra s del a rte a c tu a l, en p a rtic u la r, por la s a b s ­
tra c ta s y co n cretas, q u e son las d o m in a n te s en el g ru p o . La re v is ta " n v "
h a co n sid e ra d o o po rtu n o d o cu m e n tar estas dos e xp o sicio n e s y u n a te rce ra
r e a liz a d a no h ace m ucho en Buenos A ire s .
J . A . F e rn á n d e z M u ro , C la u d io G ir ó la , S a ra h G rilo , A lfre d o H lito , Enio
lo m m i, To m ás M a ld o n a d o , M ig u e l O ca m p o y Lid y P rati son los m iem b ro s
del " G ru p o de A rtis ta s M o d e rn o s". Con m o tivo de la e xp o sició n de Río de
Ja n e ir o y A m s te rd a m , fu ero n in v ita d o s los pinto res R a fa e l O neto y Clorin d o T esta.

Río de Janeiro

El "M useu de Arto M od ern a" está habilitado,
provisoriam ente, al pie del edificio del M iniste­
rio de Educación. Su directora, la Sra. N iom ar
Sodré, fué la o rg a n iza d o ra de la exposición.

A. Fern án dez M uro y A lfredo Hlito

36

foto M akarius

�A lfredo Hlito

Enio lom m i,
O cam po

Lidy

Prati,

C laudio

G iró la

y

M.

M aldon ad o y Fernández Muro

37

�La realizació n de la m uestra en Am sterdam se
debió, en gran p arte, a la iniciativa del Sr. J.
van A s, A g re g ad o de Prensa de la Legación de
los P aíses Bajos. El m ontaje y la tip o g rafía del
catálogo — p refaciad o por el crítico argentino
Jorge Romero Brest— estuvieron a cargo del
Sr. Sand b erg , director del y/Stedel¡jk M useum ".

La letra ''a'' (" a c h í argentijnse ab stracten ":
ocho abstractos arg entinos), signo de la e xp o ­
sición, fué tam bién u tilizad a en la ta p a del
catálogo.

El uso del color en la p in tu ra conduce a l d o m in io de la e n e rg ía . El color no
es sólo b e lle z a . Es ta m b ié n e n e rg ía .
El uso del color en la p in tu ra , como el uso del so nido en la m ú sic a , d ep end ede leye s fís ic a s . De h a b e r en te n d id o m ejo r esta d e p e n d e n c ia , los pintores se
h u b ie ra n a h o rra d o m ucho ca m in o . Pues si reconocem os que es sólo en cuanto
a rtis ta que el h om bre puede ig u a la r a la n a tu ra le z a en su fu n ció n c re a d o ra ,
re su lta e vid e n te q u e la o b ra de a rte d eb e r e a liz a rs e con proced im ien to s
d irecto s, sin po ner el color a l s e rv icio de prop ósitos que le se an a je n o s . Con
ra zó n dice Theo v a n D o esb urg : " D u ra n te sig lo s los recursos del a rte pictó­
rico han sido a b u sa d o s y p ro fa n a d o s con fin e s distintos a los e stricta m en te
p lástico s. El a rtis ta m o dern o los ha re h a b ilita d o " .
En la a c tu a lid a d , m erced a la cre a ció n a b so lu ta de fo rm a s (A b so lu te G estalfu n g ), la p in tu ra d escub re lo q u e en la m úsica se sa b e desde h ace tie m p o .
Por d e s g ra c ia , g ra n p a rte del p ú b lico no lo e n tie n d e a s í. Tam p o co m uchos
a rtis ta s . Se desconoce n eciam e n te el v a lo r de la e x p e rie n c ia e sté tica . P e rm í­
tasem e c ita r a q u í, por se g u n d a v e z , a Theo v a n D o esburg: "E s a tra v é s de la
e x p e rie n c ia estética que el a rtis ta re cre a la r e a lid a d ; pero n un ca según la
n a tu ra le z a , sie m p re según el a rte " .
H oy, con todo, som os testigo s de u na e x tr a o r d in a ria e vo lu ció n a rtís tic a .
Desde fin e s del sig lo X IX y p rin cip io s del X X , el a rte a v a n z a con in u s ita d a
ra p id e z y v ig o r, in flu yé n d o n o s a c tiv a m e n te , c a u tiv a n d o a m uchos e sp íritu s.
Si los nuevo s hechos a rtístico s nos im p re sio n a n de este m odo, se d e b e , en
ú ltim a in s ta n c ia , a que co n tra sta n con un la rg o perío d o de d e clin a ció n y
a p a t ía . H a b la r d e ta lla d a m e n te sobre la s c a u sa s que m o tiva ro n ta l d e c a d e n ­
c ia de la s a rte s v is u a le s , nos lle v a r ía , por sup uesto , fu e ra del m arco de esta
d ise rta c ió n . No o b stan te , v o y a re fe rirm e , a u n q u e se a sólo b re v e m e n te , a
a lg u n a s de e lla s .
A p a rtir del d e scu b rim ie n to de la p e rsp e c tiv a el a rte co m enzó , poco a poco,
a d e c lin a r. He a q u í a lg u n a s de sus c a u s a s :
Con la p a la b ra R e n acim ien to se d e sig n a por lo g e n e ra l sólo u na te n d en cia

38

Discurso inaugural
V o rd e m b e rg e - G ild e w a rt
Discurso in au gu ral pronunciado por
g e -G ild ew a rt en la exposición del
artistas m odernos de la A rg e n tin a "
M unicipal de

M aldon ad o y Fernández Muro

V ordem b er­
"G ru p o de
en el Museo
Am sterdam .

�en el a rte y en la h isto ria del a r te ; p ero , en las c ie n c ia s , esta te n d e n cia tiene
m uch a m a y o r s ig n ific a c ió n .
Rom a e ra el centro del m undo , es d e c ir, "c e n tro -c e n tra l-sim e tría -p o d e río ", pero
u na c a d e n a de d e scu b rim ie n to s a lte ró to talm e n te el concepto del m undo.
C ito , so m e ra m e n te , los p rin c ip a le s d e scu b rim ie n to s.
Leo n ard o d a V in c i siste m a tizó la p e rsp e ctiv a c o n te m p o rá n e a m e n te a l d escu ­
b rim ie n to de A m é ric a . El d e scu b rim ie n to de la im p re n ta es ta m b ié n un p ro ­
greso en el e sp a cio : la razó n co n q u ista el e sp acio . C o p é rn ico coloca el sol
en el centro del sistem a p la n e ta rio . K ep le ro in v e n ta el telesco pio a stro n ó ­
m ico: o tra co n q u ista del e sp a cio . Y cu a n d o en 16 09 G a lile o , por m edio de
un c a ta le jo de su in v e n c ió n , lo g ra o b s e rv a r la e n tra d a de b arco s en el
puerto de V e n e c ia , que no se a lc a n z a b a a v e r a sim p le v is t a , el esp acio
h a b ía sido d e fin itiv a m e n te d e scu b ie rto .
¡N o es a d m is ib le que to d as e stas n u e v a s se n sacio n e s no h a y a n tenid o in ­
flu e n c ia so bre el arte ! La in flu e n c ia e je rc id a se cu m p lió , sin e m b a rg o , a
tra v é s de recurso s de ilu sió n , d e s fa v o ra b le s a la a u té n tic a a c tiv id a d c re a d o ra .
D entro de esta c u rv a descen d ente e xiste n m uch as e ta p a s de im p o rta n c ia ,
o tras de in a c c ió n , pero n in g u n a de in tro sp e cció n , re c a p a c ita c ió n o au to co n ­
trol. En lo que a l a rte se re fie re , el sig lo X IX , de tan b rilla n te s é xito s en el
cam p o de las c ie n c ia s fís ic a s , p rese n ta un aspecto d e so la d o r. En re a lid a d ,
es im p o sib le h a b la r de v e rd a d e ra a c tiv id a d c re a d o ra .
Pero ¿ p o r qué el a rte es tan se v e ra m e n te c a stig a d o ? ¿ C u á le s son las c a u sa s
de esta d e c a d e n c ia ? Pueden co m p ro b arse dos fa cto re s en el estud io de
esta d e c a d e n c ia :
1) la p e rs p e c tiv a , que o rig in a la tra ic ió n al p lan o .
2) el a d v e n im ie n to del v irtu o sism o , cu y a re lació n con la p e rsp e c tiv a es
e vid e n te .
La p in tu ra ha d e b id o p a g a r un alto p recio por su re n u n cia m ie n to a l p lan o .
C o n v ie n e re c o rd a r que el p lan o h a b ía sido resp e ta d o por las g ra n d e s cu l­
tu ra s a tra v é s de los sig lo s. R eco rdem o s, a l p a s a r, q u e los fo nd os o ro , p re fe ­
rid os en v a rio s p e río d o s, e x p re s a b a n en fo rm a id e a l la v o lu n ta d del planism o. El p la n o , de por s í, n un ca p uede te n e r c a rá c te r im ita tiv o .
La lín e a descen d ente del a rte se in te rru m p e a fin e s del sig lo X IX y p rin cip io s
del X X . El "im p re s io n is m o " y el " Ju g e n d s til" p ro vo can una re c a p a c ita c ió n
y re o rie n ta c ió n . El "im p re sio n ism o " e m p ie za por re sp e ta r las leye s p ictó ricas
del p la n o . Sus p in tu ra s " a u p lein a ir " co n sistían a m enudo en f ija r so bre la
te la el in sta n te de un m o vim ie n to ; en o tras p a la b ra s , la o b ra " im p re s io n is ta "
d e b ía te n e r fo rz o sa m e n te u na ejecución r á p id a . Si p a ra lo g ra r esta fin a lid a d
e n tra b a n en juego el pincel grueso y el fre n e s í en la re a liz a c ió n p lá s tic a , ta le s
elem ento s e sta b a n p le n am e n te ju stific a d o s en el "im p re s io n is m o ". En c a m ­
bio, en las e xp re sio n e s a rtís tic a s que le s ig u ie ro n , el pincel grueso y el fre n e sí
p a sa ro n a ser elem ento s tan peligro sos com o, siglos a n te s, lo fu é la p e rs­
p e c tiv a . Lo cierto es que c u a lq u ie r recurso o tecnicism o es ene m ig o de la
crea ció n (G e sta ltu n g ) c u m p lid a con h o n e stid ad y rig o r.
El R e n acim ien to se v ió o b lig a d o a a b a n d o n a r los p rin cip io s a rtístico s de la
Ed ad M e d ia . Los que v iv im o s en el sig lo X X debem os tr a ta r , b asá n d o n o s
en las p o sib ilid a d e s p rese n tes, de lle g a r a nuevo s re su lta d o s. A p e sa r de
to d as las co n fu sio n es re in a n te s en n uestra é p o ca , no puede n e g a rse q u e,
desde hace 30 ó 40 a ñ o s, u n a g ra n revo lu ció n a rtís tic a se está cu m p lie n d o .
D espués del estrep ito so triu n fo del pseudo a rte y del fa ls o p atetism o , s u r­
giero n e x p lo ra d o re s del n uevo a rte , como S u lliv a n , v a n de V e ld e , los fu tu ­
ris ta s , cu b ista s y los a rtis ta s del "D e S tijl" , q u ien es cre a ro n un m undo e s p i­
ritu a l y a rtístic o de c a ra c te rístic a s in é d ita s, un m undo q u e , de acu e rd o con
sus p ro p ia s le y e s, ha co n fo rm a d o una n u e v a re a lid a d e stética .
Con la a y u d a del n uevo " a b e c e d a rio v is u a l" la b e lle za re sp la n d e c e en
fo rm a sim p le y d irecta y en la m a y o r a rm o n ía . D e s a p a re c ie ro n , p u es, el
p atetism o y las a b s u rd a s e x a g e ra c io n e s .
El a rtis ta a c tú a , a h o ra , en fo rm a c re a d o ra y a la v e z r e fle x iv a . A l a d o p ta r
esta actitud se co nstitu ye en co n tin u a d o r de la tra d ic ió n del a rtis ta p re re n a ­
ce n tista . Los a rtis ta s a p o d a d o s " R a d ik a lin s k y " (re v o lu c io n a rio s) so n, por
p a r a d o ja , los h ere d ero s de la tra d ic ió n . Esto im p lic a , sin d u d a , u n a s a lu ­
d a b le re co n ciliació n con el p a s a d o ; coloca al h om bre cre a d o r en el lu g a r
do nde la re fle x ió n n un ca es e n e m ig a del a rte .
C r e a r, in d a g a r e id e a r son a c tiv id a d e s a rm ó n ic a m e n te p a r a le la s . El dicho
"el p in to r se h ace en la p rá c tic a " me p are ce p u e ril. T o d a v ía h o y, tanto
en tre a rtis ta s como entre a m a n te s del a rte , se co n sid e ra la fo g o sid a d p ic­
tó rica como un m edio de e v a lu a c ió n y un a trib u to in d isp e n sa b le del a rte .
U na p in tu ra que no te n g a rastro s de la m an o del a rtis ta es re c h a z a d a
como m e z q u in a y a n é m ic a . La re a lid a d , en c a m b io , es m u y o tra .
Las p a la b ra s de P au l K lee : "E l a rte no rep ro d u ce lo v is ib le , h ace lo v is ib le " ,
son a ú n a c e p ta d a s . O tro in n o v a d o r, el arq u itecto y p e n sa d o r a m e ric a n o

F rie d e l V o rd e m b e rg e -G ild e w a rt
Pintor, escultor, poeta, publicista, g ráfico y e d i­
tor. N ace en O snabrü ck (A lem an ia).
Estudia
escultura, arquitectura y tip o g rafía en Hannover ("K unstgew erbesch ule" y "Technische Hochschule"). 1919: se une al grupo d a d a ísta . Am is­
tad con Schw itters. Films abstractos en 1920.
Expone en el "Stu rm ": 1923-1924. Desde 1919
hasta 1935 reside en Hannover. 1924: grupo
"S tijl". 1929: expone en P arís, G a le rie Povolotzky.
1932: "A bstractio n-C réation -A rt non-fig u ratif" en P arís. 1931: representa a A le m a ­
nia en el "C o n g rés p rep arato ire du musée contem porain" en La S a rra z, Su iza. 1934: exp o si­
ciones en Roma y M ilán. 1936: v ia je a Berlín.
1937: Su iza. 1938: se rad ica definitivam ente en
Am sterdam . Es autor de un libro de poem as:
"M illim iter und gera d e n "
(Editions D u w aer,
Am sterdam , 1940). Sus obras figuran en las
principales colecciones p riv a d a s y m useos de
Europa y Am érica.

1954: prem io adquisición en
la II Bienal de Sao Paulo.

39

�S u lliv a n , a lre d e d o r de 1 8 8 5 , logró d e m o stra r, m e d ia n te su c o n sig n a : " la
fu n ció n im pon e la fo rm a " , que lo o rg á n ic o es un elem ento in d isp e n sa b le
en la crea ció n de la fo rm a (G e s ta ltu n g ). Por lo ta n to , q u isie ra h ace r n o tar
de in m e d ia to que debem o s c u id a rn o s de a s o c ia r el concepto de lo o rg án ico
so la m e n te con el proceso de crecim ie n to del h o m b re, de la p la n ta o del
a n im a l. El n acim ie n to de u n a o b ra de a rte es ta m b ié n un proceso de
crecim ien to .
El fu n c io n a lis m o , en cuanto siste m a , se a p o y a en la re fle x ió n , de a h í que
la re fle x ió n y la e co n o m ía de recursos co n stitu ya n los puntos de p a rtid a
de to da a c tiv id a d c re a d o ra de fo rm a s (G e sta ltu n g )
La " id e a de la im a g e n " (B ild -ld e e ) tiene su o rig e n en el color y no a la
in v e rs a . C o lo r es e n e rg ía como es e n e rg ía ta m b ié n la lin e a . D espués del
caos de los fa ls o s e stilo s, la sen te n cia de H en ry v a n de V e ld e , fo rm u la d a
en 1 8 9 0 , a su m e un sentido p ro fético : " L a lín e a re p re se n ta u na fu e rz a que
ac tú a como to das las fu e rz a s e le m e n ta le s. La lín e a es u na fu e r z a , y d e riv a
d ich a fu e rz a de la e n e rg ía de q u ien la tra z ó " .
A h o ra , c u m p lid a y a la re d e fin ic ió n de los elem ento s b ásico s, p ued e de cirse
lo m ism o del co lo r. El co lo r, lib e ra d o de todo la s tre , o p e ra a c tiv a m e n te :
este co lo r, por e je m p lo , no s ig n ific a n a d a , ni a q u é l, ta m p o co ; es lo que
v iv e entre am b o s lo m ás im p o rta n te , es decir-, la re la c ió n .
Y con esto lleg a m o s a un punto p a rtic u la rm e n te crítico . En el fo n d o , com ­
p ro b am o s que y a no e xiste m ás el p rin cip io de la fo rm a , sólo e xiste la
crea ció n (G e sta ltu n g ). Es el v a lo r de las re la cio n e s entre los co lo res, de
las tensio nes que en tre ello s se e sta b le c e n , lo v e rd a d e ra m e n te im p o rta n te .
Las tensio nes d eben ser a p re h e n d id a s no sólo de un m odo v is u a l sino
ta m b ié n a u d itiv o .
La cre a ció n a b so lu ta por m edio del color se r e a liz a , como a c a b a m o s de
d e c ir, a tra v é s de la e n e rg ía . Estas e n e rg ía s son d e lic a d a s o ru id o sa s, e le ­
g an te s o g ro se ra s , su tiles o v io le n ta s . De a h í que co n v e n g a h a ce r un m in u ­
cioso e x a m e n del e sce n a rio donde se producen estos a co n te cim ien to s: el
p lan o pictórico.
Es la fo rm a del p lan o pictórico (su " fo rm a to " y su ta m a ñ o ) lo que co nstitu ye
el punto de p a rtid a de la creació n p ictó rica (B ild g e sta ltu n g ).
El a rtis ta debe e sta b le c e r, de e n tra d a , si el p lan o te n d rá u na dispo sició n
h o rizo n tal o v e rtic a l. Pues sien d o el h o m b re, por n a tu ra le z a , u n a e n tid a d
v e rtic a l, se produce sie m p re u n a tensió n fre n te al " fo rm a to " h o rizo n ta l,
m ucho an te s aú n que el a rtis ta h a y a e m p e za d o a p in ta r. U na v e z e s ta b le ­
cido el " fo rm a to " se p rese n ta el seg u n d o p ro b le m a ; ¿d eb e el p lan o ser
g ra n d e o p eq u eñ o ? En este se n tid o , co rre sp o n d e a c la r a r que u na " g r a n "
p in tu ra debe se r de v e rd a d e ra " g r a n d e z a " y no la a m p lia c ió n de una
p e q u eñ a p in tu ra . A l n a ce r la " id e a del c u a d ro " (B ild -ld e e ), to d as estas
re la cio n e s y el d in a m ism o p rod ucido s por las e n e rg ía s del co lo r, d e te rm i­
nan e sp o n tá n e a m e n te el " fo rm a to " del p lan o pictó rico . Es re a lm e n te a so m ­
broso que la m a y o ría de los a rtis ta s no se den cu e n ta de este p rin cip io
e le m e n ta l. C u esta creer que h asta hoy los a rtis ta s m o d ern o s, so bre todo
los de P a rís , usen au n los tres tipos de " fo rm a to " a u to riz a d o s por la A c a ­
d e m ia : " f ig u r a " , " p a is a je " y " m a r in a " . Pero "d im e n s ió n " y " ta m a ñ o " no
pueden e x p re s a rs e en "fo rm a to s " s ta n d a rd iz a d o s . Si a p e sa r de esto se
sin tie ra la n ece sid ad de in te rv e n ir p a ra o rd e n a r u na co m p o sició n , el " f o r ­
m ato " p o d ría , sin d u d a , fija r s e o rd e n a d a m e n te , pero sie m p re de acu e rd o
con la ló g ica p ictó rica y sin p reten d e r q u e la ló g ica p ictó rica d e b a som eterse
al "fo rm a to " .

A lfredo

H lito

M u ch as v e ce s, sea que el p énd ulo se d e sv íe h a c ia la co n so n a n cia o h a c ia
la d iso n a n c ia d in á m ic a . . . , la b e lle za p a sa d e s a p e rc ib id a . C o lo r, núm ero
y te n d e n cia com ponen la a rm o n ía . La b e lle za y el ritm o de u na o b ra de
a rte no nos a tra e n ja m á s ni por se n tim ien to ni por la so la ra zó n . Es el
conjunto de los elem ento s: se n tim ie n to -co n o cim ie n to -ra zo n a m ie n to -su b y u g a ­
ció n , que nos p e rm ite , v e r o ír y se n tir u na o b ra de a rte .
Y a s í lle g a m o s a la e sen cia del a rte a c tu a l. El a m a n te del a rte y a no p e rm a ­
nece p a s iv o fre n te a la o b ra : é sta , por el c o n tra rio , lo in v ita a to m ar p arte
a c t iv a . A h o ra , se tra ta de p e n e tra r en n uevo s te rrito rio s que an te s no e x is tía n ,
a h o ra , se nos in v ita a v iv ir in v e n cio n e s co m p le ta m e n te n u e v a s y no del
d e scu b rim ie n to de lo y a e xiste n te .
Si el n uevo le n g u a je del a rte v is u a l se sitú a por e n cim a de todo n a c io n a ­
lism o , si no se d e tie n e n un ca en fro n te ra s , si a p a re c e en to d as p arte s como
un fe n ó m e n o c a ra c te rístic o de n u e stra é p o ca , es p o rq ue en to d as p arte s h a y
fu e rz a s en a c tiv id a d , u n id a s en un m ism o id e a l. T a m b ié n en la A rg e n tin a .
C e le b re m o s, entonces la o p o rtu n id a d de d is fru ta r en nuestro p a ís las o b ra s
de la v a n g u a rd ia a rg e n tin a .
Y con esto q u ed a a b ie rta la e xp o sició n .
2 de O ctu b re de 1 9 5 3 .

40

La revista "n v " a g rad e ce a la Sra. van Hall y
al Sr. Pappenheim la colaboración prestada en
la tare a de vertir al español el discurso de
V ordem b erg e-G ildew art. En el texto originario
en holandés, V ordem b erg e-G ildew art ha utili­
zado , repetidas veces, la p a la b ra
alem an a
"g estaltu ng " (form ación y configuración), por
su e x p resa voluntad (a hemos conservado, en­
tre paréntesis, en el texto español.

�Buenos Aires

G alería Krayd

lom m i, O cam po, M aldonado

41

�foto S. v. S.

Pintor y gráfico. N ace en Buenos Aires en 1923.
Estudia en la A cadem ia de Bellas Artes. 1945:
pintura exp resio nista ab stracta. 1946: miembro

Alfredo Hlito

"C on stru cción " (1953).

42

fu ndado r del grupo Arte Concreto. Publica tra ­
bajos teóricos en la revista "A rte Concreto" y
"n v " de Buenos Aires. Desde 1946 expone en
m uestras colectivas. Prim era exposición indivi­
dua! en la g a le ría V an Riel (1952). V ive en
Buenos Aires.

�n

"N egro a la izq u ie rd a'7 (1953).

Fernandez-Muro

Pintor y gráfico . N ace en M adrid en 1920. Se
tra sla d a a la A rgen tina en 1938. Com pleta en
Buenos A ires su form ación artística . 1942: p ri­
m era exposición en la A rgen tina. 1948: Euro pa.
Expone en M adrid en la G a le r ía Buchholz y en
P arís en la m uestra la tin o am erican a o rg a n iza d a
por la Unesco. V iv e en Buenos Aires.

Enío lommi
Escultor. N ace en Rosario en 1926. Se inicia
artísticam ente en el talle r de su p ad re, escultor
italian o .
1946: prim eras esculturas concretas.
M iem bro fu n d ad o r del grupo A rte Concreto.
1948: continuidades lin eales en a lam b re . Vive
en Buenos A ires.

43

�Pintora. N ace en Buenos A ires en 1920. Inicia
sus estudios artísticos en Buenos Aires. 1948:
Europa. Exposiciones en A rgen tina y Europa.
V ive en Buenos Aires.

Claudio Giróla

Escultor.

N ace en Rosario en 1923.

Estudia en

la A cadem ia de Bellas Artes. M iembro fu nd ad o r
del grupo Arte Concreto. Expone desde 1946 en
Buenos A ires.

44

En 1949 v ia ja a Europa.

Realiza

una exposición in divid ual en M ilán y participa
conjuntam ente con los artistas del "M. A. C ."
("M ovim ento arte concreta") en la muestra co­
lectiva en Com o (Ita lia ). V ive en Buenos Aires.

Sarah Grilo

�Pintora. N ace en 1921 en Resistencia (A rg enti­
na). 1941: se inicia en la pintura. 1944: form a
parte a ctiva del grupo de va n g u a rd ia constituido
en torno a la revista "A rtu ro ". 1946: miembro
fu ndado r del grupo Arte Concreto. Expone re­
gularm ente en m uestras colectivas del grupo
Arte Concreto. 1952: v ia ja a Europa (Ita lia , Su i­
za y Francia). V ive en Buenos Aires.

foto M ax Jacobi

45

�Miguel Ocampo

"P in tu ra 53 - 123".

46

Pintor y arquitecto. N ace en Buenos A ires en
1922. Se inicia como pintor en 1944. 1948: v ia ja
a Europa. P arís: m uestra in d iv id u a l, p a rticip a ­
ción en el "Saló n des ¡eunes peintres" y en la
m u e s t r a la t in o a m e r ic a n a o rg a n iza d a por la
Unesco. V iv e en Buenos A ires.

�Tomás Maldonado
Pintor,

g ráfico

y

publicista.

N ace

en

Buenos

Aires en 1922. En 1938: A cadem ia de B ellas A r­
tes. 1944: prim eras pinturas concretas. Revista
"A rtu ro ". 1946: m iembro fu ndado r del grupo
Arte Concreto y codirector de la publicación que
lleva el mismo nombre.

T rab ajo s teóricos en re­

vistas nacion ales y e xtra n je ra s. M iem bro p a rti­
cipante de los C .I.A .M . (Congrés In tern ation au x
d'architecture moderne). Director de la revista
"n v " . V ive en Buenos A ires.

Tom ás M aldon ad o
"Tres zo nas y dos tem as circu lares"
colección J. M. Borthagaray

Alfredo Hlito: Premio adquisición en
la Segunda Bienal del Museo de Arte
Moderno de San Pablo.

El prem io otorgado por la Segunda Bienal del
Museo de Arte M oderno de San Pablo ha corres­
pondido, pues, a un artista de sentido u niversal,
cuyo em peño creador se proyecta sobre diversos
órdenes de la visión contem poránea.
E. B.

La conferencia anual de diseño in­
dustrial de Aspen

El ¡urado de la Segu n da Bienal del Museo de
Arte M oderno de San Pablo discernió un premio
adquisición a una de las obras exp uestas por
nuestro secretario de dirección, A lfredo Hlito,
quien se encuentra actua'm ente en Europa. Esta
distinción, otorgada a un artista argentino en
una exposición in tern acion al, adonde concurrie­
ron los creadores plásticos de m ayor g ra v ita ­
ción y trascendencia de casi todos los p aíses
del m undo y de las m ás diversas tendencias
estéticas, constituye p a ra nuestro p a ís un mo­
tivo de ju stificada satisfacción.
El prem io im plica, a d e m ás, un honroso recono­
cimiento a la labor de muchos años de un a r ­
tista identificado desde muy ¡oven con las p rác­
ticas cread o ras m ás d e p u ra d as, a través de las
cuales supo d a r m uestras de un espíritu o rg a ­
nizado y sutil, traducido tanto en sus obras
plásticas como en sus trab ajo s teóricos y de
orientación crítica.
C re ad o r lúcido, su inquietud le ha permitido
e n ca ra r distintas soluciones plásticas, sign ad as
generalm ente por la precisión form al y un d e s­
pierto sentido crom ático. Hlito ha efectuado tam ­
bién im portantes contribuciones en el cam po de
la s a rte s g ráficas. En este último orden, se ha
distinguido m ediante tra b a jo s fundado s en una
certera utilización de los recursos del lenguaje
visual.

Desde 1951 se viene efectuando, en Aspen (Esta ­
dos Unidos), una conferencia anu al de diseño
industrial. La ciudad que sirve de escenario a
estas conferencias, se encuentra situad a en ple­
na m ontaña en el estado de C olo rad o . A fines
del siglo p a sad o , era uno de los centros mineros
productores de p lata m ás im portantes de la re­
gión. Por esa épo ca, su población llegó a los
50.000 habitantes, pero al descender el precio

1953.

de la p lata esa cifra se redujo a 500. En !a
a ctu a lid ad se ha convertido en activo centro
de deportes de invierno y sus pobladores a lc a n ­
zan a 3.000.
El propietario de la m ayor parte de los terrenos
de esta lo ca lid a d , W alter Paepcke, promovió la
creación en Aspen de una serie de organism os
culturales. Paepcke, que es presidente de la
Con tain er C orporation, creó el C olegio de Estu­
dios H um anísticos, donde se lleva a cabo a n u a l­
mente un festival de m úsica con la intervención
de los m ás d estacad os intérpretes. Asim ism o se
efectúan a llí, ad em ás de la conferencia de dise­
ño que nos ocupa, congresos de filo so fía , socio­
lo g ía , historia, etc., con la asistencia de espe­
cialistas de diversos p aíses.
Los dos prim eros congresos efectuados en Aspen,
en los años 1951 y 1952, fueron o rg a n iza d o s y
dirigidos por el propio Paepcke. El de 1953, al
que asistie ra el autor de estas lín e a s, estuvo
a cargo de Leo Lecnni, "a rt director" de la
revista Fortune.
A ese congreso concurrieron
person alidad es del diseño industrial como M ax
Bill, N icolaus Pevsner, director del A rchitectural
Review de Londres, profesor de historia de la
Arquitectura en C am b ridge y Londres y autor
de un conocido tra b a jo sobre diseño ("Pioneers
of the modern movement, from W illiam s Morris
to W alte r G ro p iu s", London, Pellikan) y Buckminster Fuller, quien a ca b a de re a liz a r la h a za ñ a
de cubrir un hall de la exposición Ford con una
cúpula de 30 metros de diám etro, cuyo peso
era el doceavo del de la solución convencional
m ás liv ia n a presentada. Fuller trajo , d e sa rm a ­
d a , una p eq ueñ a cúpula de 12 metros de d iá ­
metro, in teg rad a por m ad eras, papel engom ado
y cuerdas de plástico, que tuvim os el placer de
a rm a r en el térm ino de dos horas.
Tam bién estuvieron presentes en la conferencia
C harles Eam es, Douglas H askell, editor del Archiectural Forum y House-Hom e, A lvin Lustig,
Herbert B ayer, Xanti Sch aw in sky, Enrico Peressutti, Hin Breindendieck y num erosos diseñad ores
jóvenes, profesores y alum nos de escuelas de
diseño.

47

�"stream lin ing " (form as aero din ám icas). A todo
ello Bill opone el simple y recto ideal de las
buenas form as, el diseño honesto de todo cu a n ­
to la hum anidad necesite form ar o reform ar,
desde las m ás peq ueñas tazas de m aterial p lá s­
tico hasta e! planeam iento de m ejores ciudades
que alojen a las nuevas generaciones.
Una corpcrizació n de tales ¡deas nos llega a
través del mismo libro que com entam os, cuya
presentación tipo gráfica constituye un m agnífico
ejem plo de buen diseño. A p arte del artículo
sobre Forma y arte, que sirve de introducción,
el libro contiene, entre otros, un tra b a jo sobre
Educación y creación, que fu era publicado en
el número 2 /3 de "n v ".
E. B.

Le Corbusier: "Oeuvre complete 194952", publicado per W. Boesiger, Ed.
Gisberger-Zürich, 1953.
Con la je rarq u ía y cuidado de sus anteriores
libros, W illy Boesiger ha publicado recientem en­
te este volumen que presenta los trab ajo s de
Le Corbu sier entre los año s 1946 y 1952. P erío­
do de p articu lares características, en el cual p a ­
reciera operarse una condensación del proceso
creado r del arquitecto. A su prim itivo interés por
las relaciones entre la m áquina y las " a le g ría s
ese n cia le s", Le Corbu sier a g re g a a h o ra nuevos
elem entos. Estos nuevos elem entos, según W .
Boesiger, nacen de " la s preocupaciones y d e b a ­
tes interiores surgidos del sentimiento angustioso
de las de sa rm o n ía s, que tan a m enudo separan
a los hom bres". Su filiació n, sin em bargo, d e­

b ería buscarse tam bién en todo aquello que,
en el estado actual del m undo, perm ita recu­
p e ra r la reflexión y la ponderación, produciendo
form as nuevas y factibles.
Las pág in as de este libro, en su totalidad , tra s ­
lucen la urgencia de construir y v erificar, a n ti­
gua pecu liaridad de Le C orbu sier, hoy, sin du da,
in tensificada. A p oyad o en ella, trata de a p ro ­
vechar al m áxim o la estructura social existente
a g reg án d o le, no sin flu id e z, otros valores que
favorecerán en lo futuro su transform ación.
Es dentro de este espíritu como ha resuelto la
u rb anización de Bogotá. D esarro llan do la vieja
cuadrícula e sp a ñ o la, Le C orbu sier ubica grupos
de "m onoblocks" en el interior de g rand es parce'as y d eja intacta parte de la ciudad antigua.
A lg o sim ilar sucede con la form a continua y
a h u sa d a del núcleo rural, en la ciudad en g ra ­
dientes p a ra la Saint-Baum e o en el proyecto
"R o q " y "Rob".
Las soluciones ad o p ta d a s, a s í como la aparen te
"n o -g eo m etría" de a lg u n as de sus form as, po­
d ría ser in terpretad a como un retroceso. Sin em ­
bargo,. la "p ro m enad e architectu ra'e" de estos
proyectos, tanto en sus im plicaciones sensibles
cuanto sociales, indica lo contrario. Lo mismo
puede decirse del edificio de M arsella y de los
proyectos de N antes-Rezé y del concurso de
Estrasburgo. Lo cierto es que, una vez p la n ­
teado el medio urbanístico y sus vinculaciones
con el entorno gen eral, Le Corbusier lleva a
cabo su ¡dea con tal fu e rza que sus re a liz a cio ­
nes rebasan la órbita estrictam ente arq uitectó­
nica y asum en una honda significación a n tro ­
pológica. La po sibilid ad de ejecución inm ediata
es en estas ob ras tan estim able como su inten­
ción de proponer un "h a b ita t" distinto.

De a h í que las urb an izacion es y te o rías u rb a ­
n ísticas, m aterial predom inante del tomo, cons­
tituyan en Le C orbu sier el principal sím bolo de
sus asp iracion es culturales. En última in stancia,
su m ayo r anhelo es fu ndir en una sola realid ad
arte, sociedad y lo que él denom ina "sentido
de lo contingente".
Ante las dificultades que esto presupone, Le
Corbu sier p lan tea hoy procedim ientos creadores
que, por su libertad y su orden, sean capaces
de g e n e ra r múltiples sistem as. Todas sus investi­
g aciones, en particu lar después de 1946, tienden
a log rar la síntesis por este cam ino.
A s í, en la págin a 83, encontram os una de sus
proposiciones m ás am b iciosas: un nuevo modo
de entender la síntesis de las artes m ayores
(proyecto de exposición perm anente en la Puer­
ta M aillot). Con este proyecto, Le Corbu sier se­
ñ ala la necesidad de crear, en lu g a r de m useos,
instrumentos especiales que, aun qu e no estric­
tam ente arquitectónicos, consigan e x a lta r v isu a l­
mente lo que se exhibe.
O tro esfuerzo de síntesis lo constituye la actual
u rb anización de C h a n d ig a r, que, al mismo tiem ­
po, objetiva sus ¡deas m ás a b stra cta s y con­
den sa, a través de edificios y signos esculpidos,
su finísim o m undo poético.
En la cap illa de Roncham p, la intención sintética
debem os b uscarla en la unidad acústico-arquitectónica, de tan evidente predom inio en este pro­
yecto. Por su parte, la "p atente 226x226^ 226"
log ra estatuir una arm ónica relación entre lo
tecnológico y lo habitable. La casa Curutchet,
las de C h in an h a i, Fueter, laon e, etc., trasuntan
una inquietud sim ilar. Estos son los m ateriales
m ás representativos del libro de W . Boesiger.
J. G .

D a b in o vic-G aid o -R o ssi

G a r c ía V á z q u e z , V it a li, F rig e rio

A lfre d o D. F e rn á n d e z

C o rrie n te s 222 p. 12

A re n a le s 2 8 3 9

H e re d ia

M a n u e l Jo sé P az

A s ía n y E zcu rra

P erro n e y A y e r z a Ltd a. S. A . (C o n st.)

C h ile 1449 o f. 5

M o n te vid e o 69 0

M o n te vid e o 4 3 4

1529

E n riq u e A lv a r e z C la ro s

Jo rg e To m ás S a la s y P atricio Billoch

S á n c h e z E lía , P e ra lta R am o s, A g o stin i

M a n zo n e 823 A ca su sso

S a rm ie n to 643

A re n a le s

A lfre d o Ib a rlu c ía y R icard o K ig u e l

o .a .m .

Jo sé León A ld a o

J u n ín

C e rrito 1371

G üem es 3390

1472 P. B. " B "

1 1 32

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'OS MODERNOS DE C,

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q a Ia t e a
viam onte 564 buenos aires

HUMBERTO /o

2BA1

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un g ra n c o p e tín ?

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G I N
(Con g o t e r o a u t o m á t i c o )
CASA DELLEPIANE &amp; CIA. - VENEZUELA 543 - Bs. As.

52

��Imprenta López - Perú 666 - Buenos Aires

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                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Kurchan, Juan&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Nelson, George&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Hilto, Alfredo&#13;
Nicco Fassola, Giusta</text>
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                <text>Rogers, Ernesto N.&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Jannello, César&#13;
Bardi, P. M.&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Pizzetti, Julio&#13;
Bayley, Edgard</text>
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                    <text>�—

-

�FUNDACION ESPIGAS 1
Buenos Aires - A rge ntin a j

D ERIV A C IO N ES DE LA EN SEÑ A N ZA
DEL M AESTRO
Desde la v e n tu ro s a ve n id a de T o rre s
a M o n te vid e o — de esta v e n tu ra

m ira d o s s e ria m e n te por los am igos sen­
satos, ga nadores de pre m ios, ca n d id a to s

habla

con elocu e n cia el c lim a a r tís tic o que
creó, el In flu jo que p ro d u jo , aún en los
que lo c o m b a tía n ,— m uchos fu e ro n los

seguros a la o fic ia lid a d en a rte .
Este fu é el p rim e r co n ta c to que tu v o
T o rre s con los p in to re s de a q u í; pero
sabem os ta m b ié n de a q u e llo s que le h i­

que más o m enos cu rio so s, lle g a ro n has­
ta £1 para que les enseñara a p in ta r. Si,

c ie ro n una g u e rra sorda, tira n d o la p ie ­
d ra y o c u lta n d o la m a n o ; y en sus es­
c rito s de ese tie m p o se re fle ja la a m a r­
g u ra que le dejaba tod o esto.

n i más ni m enos; y sabem os los n o m ­
bres de los que a tra v é s de los años
fu e ro n s in tie n d o esa c u rio s id a d : a p re n ­
d e r a p in ta r. Porque a n te s de que él v i­
n ie ra , ¿qué e x is tía aquí? Sólo se podía
p re te n d e r el a p re n d iz a je de la p in tu ra .

El h a b e r pasado pues por la A so cia ­
ció n de A rte C o n s tru c tiv o o p o r el T a ­
lle r T o rre s -G a rc ía , no s ig n ific a nada
— óigase bien,— m ie n tra s no haya h a b i­
do de p a rte del In te g ra n te una adhesión

Se ensayó en tonce s p in tu ra en la luz,
p in tu ra m edida, c o n s tru c tiv is m o c o n
m a y o r o m e n o r desgano y fo rtu n a . Y

e s p iritu a l

co m p le ta .

Porque

an te

tod o,

es que ta l s o m e tim ie n to a una d is c ip li­
na fu é to ta lm e n te e x te rio r, del cere bro
para a fu e ra , y no una necesidad v ita l.
M ás bien com o una especie de tu ris m o
p ic tó ric o , com o buenos tu ris ta s todo lo

lo que im p o rta es esa a c titu d c o n d ic io ­

to c a ro n ; to c a ro n cosas m u y s e rla s con
una in d ife re n c ia In fa n til y luego, pasa­
da la novedad, v o lv ie ro n a sus andanzas
p e rson ale s ¿ V o lv ie ro n ? 81 ja m á s habían

e n tra r de m anera fís ic a sin o v iv ir en
una tra d ic ió n u n iv e rs a lis ta , s in tie n d o las

na nte. Im p o rta más, seguro, que p in ta r
a is la d a m e n te un cu a d ro . P or esto no to ­
dos los que han e n tra d o al T .T . G . , han
e n tra d o re a lm e n te . E n tr a r en él no es

reg las com o algo n u e s tro desde sie m pre.
Y a q uí está la resp ue sta a p o r qué el
T a lle r ha poseído de m anera c o n tin u a ­
da una po bla ció n flo ta n te de curiosos,
de d is c íp u lo s p e rifé ric o s y un n ú cleo es-

s a lid o de ellos, de sus to rp e s In d iv id u a ­
lid ad es. Im p o s ib le p e d irle s un poco de
h u m ild a d : eran los p in to re s fu la n o s , ad-

N O TIC IA
En La
A lc a ld ía —
lio

Paz, (B o liv ia ) — lo ca l de la
se in a u g u ró en el mes de J u ­

p ró x im o

pasado

una

e xp o sició n

gu sto

de

p in tu ra s c o n s tru c tiv a s de los p in to re s
b o liv ia n o s C a rlo s Itu rra ld e V a ld é s y Au-

N“ 28

M u rillo

R. F a lta de espacio

nos

im p id e o cu p a rn o s hoy en fo rm a debida
de ta l a a o n te c im le n to , lo que harem os
en el p ró x im o nú m ero .

REMOVEDOR

icosró °ml

REDACTOR RESPONSABLE: GUIDO CASTILLO

ORGANO REDACTADO Y EDITADO EXCLUSIVAMENTE POR INTEGRANTES
DEL TALLER TORRES - GARCIA
RONDEAU 1388

-

MONTEVIDEO, URUGUAY

-

0 .5 0 el ejemplar

Las obras que so reproducen en esto número de "Removodor" fuoros expuestas en la
63P Exposición del Taller Torres-García, inaugurada el 28 do Julio en homenaje al Maestro
Joaquín Torres-Garda.

—

3

—

�ta b le que se ha Ido a firm a n d o cada vez
más. En este se n tid o esperam os que no

ra

se s e n tirá n m olestos los que condenan
la o rto d o x ia del T a lle r : 19 porque los c i­
tados elem en tos flo ta n te s pe rte ne cen por
n a tu ra le za al gru po de los tib io s , y 2?

tip o de lib e rta d que no es más que in ­
d iv id u a lis m o a todo tra p o : la procesión
más a b ig a rra d a de tru c u le n c ia s , unas
grises, o tra s rab iosa s de co lo r, y hasta
algun os se han q u e rid o re v e s tir de una

porque en la m a y o ría de los casos se
a le ja ro n de las enseñanzas del m ae stro
para e n v ia r a los salones y c u id a r su
pe rso n a lid a d de supuestas coerciones.
Porque m uchos han ido al T T G a a p re n ­
d e r un o fic io m an ua l para p o n e rlo lue­
go al s e rv ic io de sus personas; pero he
a q uí que ta l o fic io depende ín tim a m e n te
de una s itu a c ió n

e s p iritu a l no fo rza d a .

A s í que de v e r la re s u lta n te com o p rin ­
c ip io y
c e r en
ba. ¿Y
te ñ id a ,

fin , pasaron a c re e r que era ha­
d e te rm in a d a m an era y ya esta ­
qué re su ltó ? Pues una o b ra des­
sin a lie n to e xp re sivo aunque con

el

que

las

to m a

académ icam ente.

Véase luego lo que se ha hecho con ese

a p a re n te a u s te rid a d re p itie n d o fr ia ld a ­
des p u ris ta s y g e o m e triza cio n e s fo rz a ­
das y d e co ra tiva s.
La enseñanza ha de ser a la vez f o r ­
ma de co n o c im ie n to de una re a lid a d in ­
m e d ia ta y fo rm a de d e s c u b rim ie n to de
lo in te rn o . Y enseñanza que así no sea
es e s té ril acopio de datos in cone xos y f í ­
sicos. E vid é n cia se lo In te rn o en tod a su
p le n itu d en la m edida en que, o lv id a d o
de todo se aboca el a rtis ta a o rg a n iz a r
una e s tru c tu ra . Es en tonce s la reg la, la
sup rem a In s p ira d o ra .

a lgun as reg las respetadas. Un puro aca­
dem ism o, que ésta es la fo rm a de la
academ ia en todas las épocas. Es que

El c o n s tru c tiv is m o ta l com o lo p la n ­
te a ra el m a e stro tie n d e a se r una a c ti­

se Iba a a p re n d e r “ cosas” con T o rre s ,
recetas, no a poseer un con cep to de es­
tru c tu ra , no a s e n tir en lo p ro fu n d o la

tu d de v id a re a liz a b le en ob ras que te s­
tim o n ie n una fe u n iv e rs a lis ta . Com o es­
cuela hunde sus ra íce s en el a rte anó­

p in tu ra com o algo sagrado, no a v iv ir
la fu n c ió n a rm ó n ic a de los planos. E ra
m u y o tra cosa lo que se buscaba. Se
buscaba una fó rm u la para ha cer cua­

ció n e m o tiv a del In d iv id u o que lo re a li­
za : m u y al c o n tra rio , posee un le n g u a ­

dro s y no f a lla r iy cóm o fa lla b a n !

Bus­

caban en el m a e stro tru c o s y secre to s
de o fic io , y cóm o fa lla b a n . Cuán grande
su aso m bro cuando no taba n que la té c ­
nica era In se p a ra b le del con cep to to ta l,
que era éste qu ien la m o tiv a b a y que,
para poseerla en tod a su a m p litu d era
ne cesa rio, Junto a la v ía del ra zo n a m ie n ­

nim o y com o éste no niega la p a rtic ip a ­

je

de una elocu e n cia a n c e s tra l, tra d u c ­

t o r v iv o de una c o n s ta n te a n ím ic a . Ne­
g a r la p a rtic ip a c ió n In d iv id u a l en el a rte
a n ó n im o es ne g a r la p o s ib ilid a d c re a ti­
va del ho m bre en sí. El im p u lso e sté tico
es algo c o n g é n ito al ho m bre , y cuando
no lle n a rítm ic a m e n te de in c is io n e s sus
p rim e ra s arm a s, c o n s tru y e una tra d ic ió n

in tu ic ió n .

o ra l m a ra v illo s a m e n te carg ad a de m ito s,
crea los sig nos de su a lfa b e to , o ela b o ­
ra el co m p lic a d o le n g u a je s lm b ó lic o -ri-

La ta n cacareada fa lta de lib e rta d de las

tu a l de su re lig ió n . O bras to d a s e lla s que
obedecen en g ra n p a rte a esa necesidad

to,

el co n d u cto

o c u lto

y

d iv in o

de

la

no rm as del T a lle r, pensam os que tom a
o rig e n en un fa ls o con cep to de lib e rta d ,
p o r una p a rte , y p o r o tra en la m io p ía

In n a ta . A to d o s los g ra n d e s in te rro g a n ­
tes que le p la n te a la v id a obedece o
re a ccio n a sie m p re el h o m b re con obras

de los ele m e n to s in d iv id u a lis ta s . Pensa­
mos que la lib e rta d se da en su m a y o r
In te n s id a d cuando las re g la s pasan a ser
ele m e n to s c a n a liz a n te s de la In s p ira c ió n ,

crea da s para p e rp e tu a r un esta do d e te r­
m in ado , in f lu ir o d o m in a r m á g ica m e n te ,

que acontecen con la n a tu ra lid a d de
sie m p re a p a re ce r nuevas en sí, com o
d e s c u b ie rta s con un a lie n to p rim ig e n io .
Son o b stá cu lo las re g la s sólo para el

d ifiq u e n la p rim e ra . O bedece o re a c c io ­

que las p ra c tic a sin fe y sin a m o r o pa­

de un com ienzo un c re a d o r en acto. Y

c o n s tru ir o tro tip o de re a lid a d de re la ­
cio nes más s u tile s y b e né ficas, que m o­
na co n d ic io n a n d o sus resp ue sta s a una
necesidad a n ím ic a que se im p o n e a to ­
das esas In te rro g a n te s . Es ya pues des­

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Manu»l Poi/oi

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la p u rific a c ió n de este le n g u a je sin pa­

dose p a u la tin a m e n te . Este fra ca so se de­
b ió : al in d iv id u a lis m o de sus com p on en­

la b ra s no c o n tin u a rá el proceso h is tó r i­
co de la hu m a n id a d sin o que d e ca n ta rá

tes, a la fa lta de una p re p a ra ció n u n i­

su c o n te n id o c o n tin e n te , en la m edida
que el m en saje que tra s m ita (en su le n­
gu aje sin pa lab ras, se e n tie n d e ), sea vá­

v e rs a lis ta y a que m uchos to m a ro n aque­
llo más com o un tra b a jo de t a lle r nece­
s a rio o ú til para ha cer luego o tra s cosas

lid o e te rn a m e n te .

que com o una a c tu a n te necesidad de rea­
liz a r a rm ó n ic a m e n te .

T e n d ría el c o n s tru c tiv is m o m ucho de
a rte a n ó n im o y c o le c tiv o con las v a ­

Todos los esfu erzas para m a n te n e r
este gru p o re s u lta ro n vanos y sus in ­
te g ra n te s se d isp e rsa ro n poco a poco.

ria n te s supuestas que e n tra ñ a ría un es­
tilo de a rte na cido en una época su
esencia in d iv id u a lis ta , p ro d u cto de una
m in o ría de ho m bre s con ven cido s de una
fe com ún, re a liz a b le co n c re ta m e n te en

P o r estas razones fa lló la A . A . C . Sólo
en a lgun os In te g ra n te s del a c tu a l T.T .G .
parece e n c o n tra rs e el p rin c ip io ge rm in a -

una a rm o n ía . De esta a rm o n ía que t ie ­
ne su p rin c ip io en el c ic lo que se cu m ­
ple en la re g la de oro, h a bla n las obras

d o r del c o n s tru c tiv is m o com o escuela.
Como m a n ife s ta c ió n i n d i v i d u a l e l
c o n s tru c tiv is m o es una m an era de la

y la n a tu ra le z a , la m a te ria y el e s p íritu .
Los re ite ra d o s in te n to s del m a e stro pa­

p in tu ra en que lo a n ím ic o se d e pu ra por
la o rd e n a ció n a que se lo som ete. La pu­
reza de esta m a n ife s ta c ió n in d iv id u a l

ra fo rm a r un gru p o c o n s tru c tiv o en nues­
tr o a m b ie n te caye ron a tra v é s de los
años en el v a cío . La A s o c ia c ió n de A rte
C o n s tru c tiv o

que com enzó con un

depende del m undo que posea el a rtis ta ,
su ord en y e v o lu c ió n e s p iritu a l, y su ca­

g ru ­

lid a d de la m a d u ra ció n pro pia .

po e n tu s ia s ta que re a liz ó una se rie de
exp o sicio n e s de c o n ju n to , fu é anem izán-

—

Justo M. A g u ia r.
5

—

�N U ESTRO TALLER Y EL SILEN C IO
A M E D IA S DE LA CRITICA
Ya han pasado para no sotros, y quizá
d e fin itiv a m e n te , a q ue llo s años de lucha
en que nu e stro T a lle r no sólo peleaba

a rro s tra m o s la co m p a ra c ió n — que, acos­
tu m b ra d o s a re sp o n d e r con m ord iscos a
los palos c o tid ia n o s , reciben con desconfianz.a la c a ric ia inesperada.

con la p in tu ra sino ta m b ié n p o r la p in ­
tu ra . Y, aunque sie m p re serán m ejores
la c o rd ia lid a d y la m an sed um bre que la

Pero esos elogios son del p ú b lic o y de
a lg u n o s a m igos ilu s tre s , pues la c rític a
p e rio d ís tic a g u ard a un s ile n c io e n ig m á ­
tic o de h o n o ra b le e sfin g e , o se expresa

in to le ra n c ia y la v io le n c ia , no podemos
m enos que re c o rd a r con c ie rta n o sta lg ia
aq ue llo s días m alos, horas de s u frim ie n ­

e sp o rá d ica m e n te con una re tic e n c ia y
am b igü ed ad
v e rd a d e ra m e n te
s ib ilin a s .
L e jo s de n u e s tra in te n c ió n el tu r b a r un
reposo y una c o m p o s tu ra ta n e d ific a n te s

to, de in d ig n a c ió n ante la In ju s tic ia , de
o b lig a d a soledad, de in ca n sa b le re s is tir,
de p o lém icas a rd o ro s a s ... Porque nada
une ta n to com o el p e lig ro c o m p a rtid o , co­
mo la c o m p lic id a d en el d o lo r; y a nues­

y a le c c io n a d o re s ! Sin e m b arg o h a ría m o s
una exce pció n con el se ñ o r G arcía Es­

tro s enem igos, que so lía n d is fra z a rs e con
las áureas y platea das galas del o fic ia ­

teb an, pues este c r ític o

lism o , les debem os una buena p a rte de
n u e stro fe rv o r y de n u e stra s c o n v ic c io ­
nes. L u chá ba m o s porque cre ía m o s, pero
c re ía m o s más, to d a v ía , porque e stá ba­

la p in tu ra y de las a rte s p lá stica s, y es
poseedor de un c o n o c im ie n to ta n vasto
com o su pre o cu p a ció n que se d e m u e stra

re v e la una en-

co m la b le d e d ica ció n a los p ro b le m a s de

en sus a rtíc u lo s sem a na les en el p e rió ­
d ico “ M a rc h a ” . Lo que nos e x tra ñ a , ade­

mos lu chan do . Y la enseñanza lu m in o sa
y a p a cib le del m a e stro T o rre s , bro ta b a

más, es que en esa m u ltitu d de a r tíc u ­
los hay unas pocas y m u y escuetas re ­
fe re n c ia s sobre la o b ra del T a lle r T o rre G arcía . E sta a c titu d no nos h u b ie ra m o­
v id o a p e d ir una a c la ra c ió n , pues no nos

más Inten sa de sus h e rid a s, y p e ne tra ba
más hondo p o r las n u e stra s. V e n tu ro s o s
tie m p o s , cuando cada cu a d ro era re c ib i­
do con la más ca lu ro sa in c o m p re n s ió n ,
cuando te n ía m o s que d e fe n d e r a cada
in s ta n te lo que am á ba m os! T a n ta cos­

con sid e ra m o s ta n im p o rta n te s com o pa­

tu m b re

de un c rític o , sie m p re que ese c r ític o se

te n ía m o s

del

a d v e rs a rlo ,

ra in co m o d a rn o s an te la exp resa o m isió n

que

hasta lle gá ba m o s a t ir a r le de las o re ja s

c o n te n te con e m itir ju ic io s

cuando p a re cía d o r m ir el sueño de los

no hechos. Y n u e s tro T a lle r es un he­
cho, y n u e s tra s sesenta y ta n ta s e x p o s i­

ju s to s . La necesidad de u n irn o s para re ­

de v a lo r y

s is t ir m e jo r la in te m p e rie in c le m e n te de
la o p in ió n , nos re ve ló v ín c u lo s más po­
derosos que las d ife re n c ia s h u m o ra le s y

cio nes y n u e stra s de co ra cio n e s m u ra le s

la in c o m p a tib ilid a d de c a ra cte re s.

sob re to d o cuando se ha p ro m e tid o

H oy, en cam b io, re in a la paz y la bue­
na ve cin d a d , y no som os n o so tro s q u ie ­
nes vam os a p e rtu rb a r la se re n id a d a m ­

c o n tra rio . E ste es el caso del se ñ o r G a r­
cía E steb an, q u ien , en sus “ R e fle xio n e s

son o tro s ta n to s hechos que, buenos o
m alos, no son para p re s c in d ir de ellos,
lo

so b re la p lá s tic a n a c io n a l” — " M a rc h a ”
26 de d ic ie m b re de 1952 — después de

b ie n te . E lo g ia r los cua dro s de n u e stro
T a lle r es, hoy, sig n o de buen gusto, de

re fe rirs e e lo g io sa m e n te a la p in tu ra del

c u ltu ra y de ra ra s e n s ib ilid a d . Y com o

m a e s tro T o rre s -G a rc ía y con m enos en­
tu s ia s m o a “ la gruesa e in co n e xa fo r m u ­
la ció n de su te o ría e s té tic a ” , d ic e : “ Si

casi to d o el m undo q u ie re poseer una ra ­
ra s e n s ib ilid a d , el e lo g io es poco menos
que u n á n im e . N o so tro s p o r supuesto, es­

fu é in ju s to o no, si su enseñanza d ire c ta
lo g ró o no e fic a c ia , eso es h a rin a de o tro
co sta l y que de be rá d is c u tirs e d e sp a cio ” .

ta m o s m u y a gusto, aunque un poco re ­
celosos, com o esos p e rro s in fe lic e s —
6

—

�Gastón O lalde

H e m os esperado, con la ansied ad que es
de sup on er, y d u ra n te seis meses, que

A dem ás, com o a lg u n o s m al pensados
han c re íd o que el se ñ o r G a rcía E steban

esa despaciosa d is c u s ió n se re a liz a ra .
P o r o tra p a rte , si el se ñ o r G a rcía Es­

ya ha bia in ic ia d o esa d iscu sió n no sólo

te b a n

m ente,

a c o s tu m b ra

a d is c u tir con in te r ­

despaciosa sin o e n tre
d e c ir

lín e a s y a lu s iv a ­

las cosas con

c la rid a d

y

lo c u to re s , esta m o s d isp u e sto s a p re s ta r­

p o r de sa g ra d a b le s que sean, e v ita rá en

le to d a la c o la b o ra c ió n que se re q u ie ra

lo suce sivo m ezq uin as su sp ica cia s y sos-

y a f a c ilita r le to d o s los in fo rm e s que ne­
cesite .

(Sigue en ¡&gt;úg. 12)

�C O R R E S P O N D E N C IA DESDE
EGIPTO de G O N Z A L O F O N S E C A al A r q .
ERNESTO LEBORGNE

Luxor, 5 de Marzo de 1952. Querido amigo Leborgne:
A quí nos tiene en el Alto E gipto ; que le podría decir de como es el país
entre el Cairo y Tebas, casi 800 km., — con lo de A lejandría es casi 1000—,
sino que es tan uniform e como esas grandes estelas con figuritas, donde todo
parece igual basta que uno se acerca y descubre un mundo de form as y ac­
titudes, con escenas de labranza, de cerám ica, de carpinterías, de bailes, todo,
y que dan como una idea de la pequenez del hombre como individuo; así en
el Valle del Nilo se ve invariablem ente la misma escena; hombrecitos traba­
jan do una tierra muy negra, dividida por infinitos canales, todo muy bien
hecho; y qué prim itivo es todo! usan el mismo arado y los mismos bueyes
de los relieves, y esos bueyes y cebúes que no tienen pelo, brillan al sol co­
mo si fueran de basalto negro. Me acordaba de aquella descripción de Home­
ro, cuando Menelao, creo, pasó por Egipto de vuelta de Troya que quedó ad­
m irado de cómo trabajaban la tierra, de lo bien que arreglaban los campos
y del ingenio con que hacían esos canales. Para trab ajar usan ropa corta, una
falda blanca o naranja y me imagino que esta escena no habrá cam biado mu­
cho desde el antiguo Im perio. Me explico que haya durado tantos siglos esta
cultura, y que todavían sean muy conservadores; para ellos sólo cuenta la
creciente del N ilo y sus tres cosechas. Ilay entre estos fellali tipos de gran be­
lleza y algunas m ujeres, en lugar de la cara, muestran un dibujo, es decir
que en lugar del velo negro corriente, han bordado sobre él con m ostacillas
y monedas, una especie de decoración que im presiona pues el resto es todo
negro. Las m ujeres coptas, que son m inoría no usan velo y hablan con cual­
quiera en el camino.
La m iseria en que viven es espantosa, pues trabajan para el pashá due­
ño del campo a 25 piastras de sol a sol, los m ejor pagados, — los hay sólo de
5 piastras— , más o menos $ 1.30 uruguayos, con lo cual no puede com prar
m uchas cosas, (el paquete de cigarrilos más barato es de 5 p ia stras). E l as­
pecto de las gentes es bien distinto al del árabe más puro como el de Transjordan ia, y a excepción de la lengua, la religión y las ropas, el tipo egipcio
absorbió completamente al árabe, que nunca fueron muchos, y hasta en las
casas de los paisanos, muy a menudo decoradas, se vé más A frica que A rabia.
(¡C óm o le gustarían a Ud. esas casas de adobe, en que cada una es una in­
vención !) .
Cuando uno b a ja en A lejandría, hay algo que a uno lo sacude y no sabe
bien que es, al m irar la cara de las gentes; después uno cae en la cuenta de
que muchas de esas caras son las m ismas de las estatuas, y eso en el Alto E gip ­
to es mucho más. Los burros los afeitan, haciendo dibujos sobre la piel, y
queda algo m acanudo, y la cerám ica la decoran con rayados.
—

8

—

�E l T em plo (le K arn ak es tan inmenso que nos ha llevado dos días para
verlo con algún cuidado, porque es un conglom erado de templos de distintas
épocas y estilos, desde
ese que llam an protodórico muy usado en
el antiguo Im perio, (y
que recuerda tanto al
griego) y que es de una
.
.
_
sim plicidad muy granc e, pues no tiene capitel sino sólo un abaco cuadrado y un basam ento
igual, hasta las otras form as m ás u sadas; no quiero describirle algo que Ud.
debe conocer por los libros m ejor que yo, pero entre las cosas que más me
interesaron de K arnak, bahía un tem plito, algo alejado del grande, en el cual
una vez entrado uno y cerrado la puerta se hallaba en la oscuridad, salvo
un layo de luz que tenía un disco so lar; ¡que egipcio era todo eso! dicen que
en cierto día de Diciem bre, a las 12 de la noche, la luna ilum ina el disco de
piedra pu lida y proyecta hacia fuera esa luz.
Y luego Luxor e infinidad de tem plos m ás; hay en el Kam csscum unos
iclicves con escenas de combates, con carros y caballos, que creo que los de­
ben haber estudiado muy de cerca aquellos viajeros griegos que venían a
estudiar a Egipto. ¡A lgunos relieves tienen basta 15 ctms. de hondo!, — en los
pilones de E d fú algunos relieves tienen más de 20 ctms.— , en cam bio otros
son de una delicadeza increíble, el relieve es im perceptible, y si el sol no es
lasan te, cuesta trab ajo ver que está cubierta de d ib u jo s ... y luego las pintuia s de las tu m b as!!
una paleta de colores puros (tierras p u ras)— muchas
veces sólo grafism o; otras las figuras sobre el fondo blanco, y tam bién hay,
que cada escena tiene un fondo, lo que hace algo muy bueno en el conjunto,
y lo m ejor es cuando se ven a veces 5 ó 6 piezas de unas a otras en las gran­
des tum bas. Creo m ás que nunca en la pintura m ural plana. ¡Q ué visión la
de fo rre s para esto! B asta ver algunas tumbas que se han conservado por
fuera, para pensar que gentes que sentían esos planos geom étricos de la ar­
quitectura no podían concebir deform ar los muros con una tercera dimensión.
L a cám ara es un cubo con un pequeño nicho frente a la puerta, por afuera
arrib a llevan una pirám ide pequ eñ a; y en éstas es form idable poder ver el
conjunto de lo que hacían, arquitectura y pintura.
Abydos, 10 de Marzo de 1952.
. . . A l arte egipcio lo encuentro ca­
da vez m ás com plejo, pienso que uno
al an alizar esto desde el lado ¡jura­
mente plástico, olvida el sentido que
se le quiso dar, el sím bolo que es
cada form a, que uno percibe sólo en
form a de intuiciones, porque eso es
un mundo muy herm ético), no se si
me explico b ien ; últim am ente hay
una gran pelea entre algunos arqueó­
logos de aquí, que toca de cerca esto;
los partidarios del sentido esotérico en todo el arte egipcio lo consideran
no como arte, sino absolutam ente como una escritu ra; eso muy bien, queda­
rían las que son escrituras plásticas, hechas por artistas, y las que, con un
gran oficio, se lim itaron a expresar conceptos filosóficos por m edio del de­
sarrollo de temas ya establecidos.
En 'le b a s estuvim os con uno que nos d ía : “ El arte egipcio, consistió en
la com prensión de la vida . ¡Y o pensaba en Torres y vi que esa era la m anera
—

9

—

�como este hom bre después de toda una vida entre las pinturas de las tum­
bas, vió al final ese universalism o. Torres tam bién decía de algunos cuadros
constructivos, que eso ya no era lo que llam an arte, sino como una escritura plás­
tica — (quizás este arqueólogo no fuera hasta com prender que el sentido de
una form a es el aním ico, lo que expresa sin describir. En el caso egipcio es
más com plejo esto porque no eran propiam ente prim itivos, como el au stralia­
no o el negro de ahora, ni tam poco tuvieron a la base ese fondo de arte greco
rom ano que tuvieron los bizantinos y los rom ánicos. De cualquier manera
aplicaban reglas muy estrictas y se ceñían a un estudio trem endo de la na­
turaleza; y es fácil ver como ya más allá de la X X dinastía había desapareci­
do aquel espíritu y aquella observación de la naturaleza y sólo se observaban
las reglas a la m anera de esos cultos que cumplen algunas religiones ahora,
sin saber qué sentido tuvieron.
De ese mismo arqueólogo le transcribo la traducción de un inventario
grabado en el tem plo de E d fií; dice así: . . . “ E n el segundo cofre estaba con­
tenido. . . el libro de prescripciones tocantes a la pin tura m ural y las pro­
porciones que se le deben dar a las figu ras ” . Y otras sobre ese estudio que
hacían de la N aturaleza, es de una estela del Louvre, en que un escultor
de la X I dinastía cuenta que él conocía entre otras cosas: “ La postura del
brazo del cazador de hipopótam os, la posición del hom bre que c o m e . .. ” y
que él lia com unicado esta ciencia a su lujo. E s decir, pienso yo, le lia ense­
ñado al h ijo a ver la naturaleza.
Com paro una pintura griega (p ara el caso pienso en unos mosaicos grie­
gos de época rom ana que están en D am asco) con un relieve egipcio de es­
cenas religio sas: en los dos, si se los m ira del lado plástico son obras de arte
acabados, — y saliéndose del orden puram ente plástico a la griega se le agrega
una poesía de las figuras con sus adem anes tan arm ónicos y m esurados, y la
escena m ism a y la naturaleza (no n atu ralidad) que hay ah í; en la egipcia se
le agrega la expresión de esos sím bolos, cada figura hum ana m ism a es un
sím bolo y está tratado como tal, como un sol o una cruz. E l m osaico griego
eran tres figuras de m ujer, al lado de cada cual había un letrero que decía,
en una La F ilo sofía, en otra la Educación, y la Poesía, pero la obra la cons­
tituían las tres figuras, con sus pliegues y adem anes — nada de expresionis­
m o: una p in tu ra; en el relieve egipcio, una figura tenía la carne pintada de
verde y algunos atributos, la otra figura era igual pero de otro color y con
otros atributos, y según la proporción de unas con relación a otra y el color
que llevaban, significaban tal o cual cosa; todas eran como esquem as de hom ­
bres, sím bolos. En la egipcia liabía m ás una estructura, m ás ortogonal, más
su jeto a m edidas, y al fin de cuentas parece que eso va m ejor para una p ared ;
lo otro, en una pequeña cerám ica lo veo m ejor que en un m uro, porque ven­
dría a ser con toda esa libertad de expresión, el equivalente de la pintura de
caballete. T odo esto es muy delicado y merece estudiarlo muy bien, lam en­
to no tener a m ano el libro grande de T orres, hay unas conferencias en que
habla del sím bolo y de cuanto la expresión de ellos dom ina sobre lo plástico,
que habrá que leer muy a fondo en M ontevideo.
H abía en D enderah un túnel que descendía en escalera, muy largo, y
alum brándolo con velas se veían figu ras y soles, form as de toda especie; tu­
ve una sensación parecida a la del vértigo cuando uno está en una altura, y
fué que se me ocurrió que a m edida que b a ja b a y seguía el subterráneo, me
iba m etiendo m ás en ese mundo, y que eso no era el arte, eran iniciaciones a
ciertos conocim ientos; de cualqu ier m anera es un m undo terrible el del
egipcio.
A bydos, 11 de M arzo de 1952. Créam e que este país tiene un encanto
especial, que no se com para a nada de lo que he visto; una llanura, pero nada
—

10

—

�más lejos «le la pam pa, en lugar «le alam brados hay eanalcs de agua entre
los cam pos verdes del algodón y del trigo, y aunque en los pueblos, las rasas
son de adobe, está lleno el cam po «le esas casas que hacen con cañas y «pie
consisten en una em palizada dentro de la cual hay una o «los cabañas tam bién
«le caña y un horno de b arro ; a la puerta tienen como una colección de for­
m as de barro m ezclado con una ceniza y secados al sol, con las form as más
extrañas y enormes, pues hay de más de dos metros, —no tengo la menor i«lea
para qué pueden servir. Cerca de T ebas, había pueblos enteros en que las
casas tenían un segundo piso, más alto que el p r im e r o ... dedicado a las p a­
lom as! parecían esos pilones de los tem plos. A veces me be escondido entre
unas cañas para verlos tra b aja r, parece «juc no existiera el tiem po, una m u­
je r sigue al buey que gira alrededor «le la noria, muy despacio, pasan m uchas
horas así, y el que ara o hace canalitos lo mismo, nadie se apura, todo está
ordenado muy b ien ; para pastorear los bueyes, los atan de m anera que no
pasen cierta línea, y cada día les corren la estaca un poco más, a veces se
ve una hilera de 7 u 8 bueyes en línea recta; atrás de ellos, donde el cam po
que«ló pelado ya están preparan do de nuevo la tierra. H ay muchas palm eras
«le las altas, sicóm oros, y un árbol parecido al espinillo nuestro pero gigante;
tam bién hay tam arises, pero esos árboles nunca hacen bosque sino que están
tan disem inados que lo que predom ina siem pre es una gran horizontal, un
cam po verde que llegado a una línea bien nítida se vuelve am arilla, — el de­
sierto— , y así 2000 k m .!
Assuan, 17 de M arzo de 1952. . . .A q u í en el sur ha cam biado mucho to«lo,
no solam ente que el «lesierto llega hasta el N ilo, y en la gente hay m ayoría
negra, sino que el poco de árahe con «pie yo me defendía en Siria y Jo rd an ia,
aq u í no lo entiende nadie, y la p alab ra que no es distinta del todo, tiene otra
pron unciación; para m ás com plicación la población la form an adem ás de los
árabes, los B ich aris y los A babdehs que hablan todos una lengua distin ta; y
me han dicho que en N ubia, b asta bien pasado A bu-Sim bel, no hablan el
árab e sino el Quensi y el N auba. En el m ercado «le Assuan hay una cestería
con dib u jos de prim era, tam bién m ucha cosa traíd a del Sudán, y en la calle
lo asaltan a uno para venderle pieles de venado, de tigre o «le gacela.
Antes de cerrar esta carta, quisiera contarle la im presión que me hacen
estos tem plos egipcios, ahora «pie ya
'im he v'sto unos cuantos; en prim er lu'"y gar el grafism o en todas las pare«les,
',B, y otra cosa que no por ser conocifla
.5 d eja «le ser im portante para comprenderlos, es que a diferencia del
^ g rie g o (que es ex terior), el pórtico a
? columnas, (salvo que yo sepa, dos
'? excepciones), es siem pre por den. tro, dejan do afuera las paredes lisas
J para poder escribir y hacer dibujos.
En el griego parecería que el tem plo
es com o un hom enaje al dios, nada m ás; el egipcio es como un archivo en
cuyas paredes se escriben todos los conocim ientos de la época, desde fór­
m ulas quím icas para hacer perfum es, recetas de m edicam entos, poe­
m as, y libros históricos, m apas, listas de m inerales. En la capilla de
estos tem plos guardaban papiros con referencia a todos los conocim ien­
tos de esa época, vinculados o no directam ente al cu lto; en esto, co­
m o en lo del claustro interno, es en el convento cristiano, copto, bizan(Pasa a Ui pág. 14)

11

—

�(Continuación (le ¡lág. 7)

poco que el tre c h o que hay e n tre el d i­
cho y el hecho lo ha re c o rrid o n u e stro
T a lle r hace m ucho tie m p o .

pechas tu rb a d o ra s . Q u e rría m o s saber,
ta m b ié n , p o r qué el se ñ o r G a rcía E ste­
ban cada vez que se re fie re a las re la ­

P o r ú ltim o , de se ría m o s que el se ñ o r
G a rcía E steb an d is tin g u ie ra con más
c la rid a d la d ife re n c ia que e x is te e n tre
una d e co ra ció n que re a liz a un d is c íp u lo

cio nes e n tre la a rq u ite c tu ra y la p in tu ra
p re scin d e de la o b ra de T o rre s -G a rc ía ,
de la e s c rita y de la p in ta d a , pues no
sólo h a y un buen n ú m e ro de p u b lic a c io ­

del m a e s tro T o rre s y las e je cu ta d a s po r

nes del m a e s tro T o rre s sobre ese p ro ­
b lem a sin o la d e co ra ció n del h o s p ita l

T a lle r, que es el n u e stro , com o S a in t
R o m ain y P resno, p o r e je m p lo , que ha­
cen un t r is t e rem e do del a rte c o n s tru c ­

ge ntes que han estado de paso p o r su

S a in t-B o is , que el g ra n p in to r e je c u ta ra
ju n to con sus d is c íp u lo s y que yo creo

tiv o .

una de las o b ra s m ás im p o rta n te s en su
género de to d o el a rte m o d e rn o . En este

c o n s tru c tiv o sólo lo puedan e je c u ta r los
in te g ra n te s del T a lle r T o rre s -G a rc ía , pe­

la m e n ta b le

d e c ir que el a rte

el

ro sí que no lo pueden q u ien es q u ie re n
e s ta r a la m oda y no en la v e rd a d e ra

b ie n d o sob re ese m ism o te m a en el m is ­

c o m p re n s ió n e in te lig e n c ia de las cosas.

L e o p o ld o

ha ca íd o ta m b ié n

no q u ie re

e s c ri­

señor

o lv id o

E sto

C a rlo s

A rtu c io ,

m o s e m a n a rio . No debe o lv id a rs e ta m ­

—

12

G uido C a s tillo

—

�EL

COMENTARIO DEL SR. GARCIA
ESTEBAN
SOBRE NUESTRA 65 EXPOSICION

A d e la n tá n d o se a n u e stro s deseos, el
se ñ o r G arcfa E steban p u b lica un co­

d iscíp u lo s del T a lle r padecen de una
“ in h ib ic ió n a d m ira tiv a ” hacia su m aes­
tro . Suponem os que el c rític o qu iso de­
c ir :
a d m ira c ió n in h ib ito ria . N o sotros

m e n ta rlo sobre la ú ltim a e xp o sició n de
n u e s tro T a lle r, cuando este nú m e ro de
R e m ove dor ya estaba en prensa. La

c re ía m o s que la a d m ira c ió n , fo rm a In ­
te lig e n te del am o r, era la co n d ició n In ­
dispensable para toda c o m p re n sió n fu n ­

fa lta de espacio y de tie m p o nos o b li­
ga a no exce de r los lim ite s de una b re ­
ve nota, en la que agradecem os la preo­
cu p a ció n del se ñ o r G a rcía E steban y

d a m e n ta l y para toda acción fecu nda .
El señor G arcía Esteban, dice ta m b ié n ,

la m e n ta m o s la p risa que lo o b lig ó a pre s­
c in d ir de algun os d is c íp u lo s " v ie jo s ”

que la enseñanza del m ae stro T o rre s G a rcía es c o n tra d ic to ria , p o r lo menos

— com o Elsa A n d ra d a , p o r e je m p lo , que
expuso una de las m e jo re s ob ras de es­

en su aspecto te ó ric o . Lo que o c u rre es
que el señ or G arcía Esteban o lv id a que
T orres&lt;G arcía te n ía una p in tu ra antes

ta ú ltim a m u e s tra — y de a lgun os "n u e ­
vos” — com o M a ría A n g é lic a Dessent,
A n g e lin a de la Q u in ta n a , Celeste N úñez

de te n e r una te o ría ; y que esa te o ría ,
p o r t r a t a r de a rte , de poesía, debe ser

A lr a ld l, G u ille rm o F ernández, quienes,
a pesar del poco tie m p o de a p re n d iz a ­

c o n tra d ic to ria para po de r ser v e rd a d e ­
ra. C o n tra d ic to ria es la te o ría de P la tó n,

je ,

y

y la de L e on ardo , c o n tra d ic to ria es la
e sté tica de H egel, y no sólo d ia lé c tic a ­

El se ñ o r G a rcía E steban dice que los

to s o, m e jo r, d e s c u b rim ie n to s de Helde-

re v e la n

poseer

za no o to rg a
o rie n ta .

pero

lo

que la

a c tu a liz a ,

enseñan­
re v e la

m ente, c o n tra d ic to rio son los pe nsa m ien­

M n r ía
—

13

—

CorUú

�LA OBRA DEL TIEMPO

(Cont. (le piift. anterior)
oger, sobre los o ríg e n e s de la obra de
a rte . Este ú ltim o filó s o fo d ic e : "L a s
co n sid e ra cio n e s an teced en te s van a pa­
ra r al en igm a del a rte , en igm a que es
el a rte m ism o. La p re te n sió n está lejos
de re s o lv e r el enigm a. El tem a es v e r
el e n ig m a ." Y Los que han v is to el
e n ig m a por fu e ra y de d e n tro , h a cié n ­
dolo, com o T o rre s-G a rcía , saben que no
se puede p in ta r de ve ra s sin c u m p lir,
e n tre o tra s, con estas dos c o n d icio n e s:
su je ta rs e rig u ro s a m e n te a reg las rig u ­
rosas, y pro ced er, a la v e r con la más
a b so lu ta lib e rta d .
No es lo que más im p o rta , por ahora,

T odo a rte ve rd a d e ro tie n e que v e r con
la e te rn id a d , pero n in g ú n a rte puede ser
e te rn o . Y el a rtis ta que crea que el m e­
jo r d e stin o para sus ob ras es el lle g a r
a se r in d e s tru c tib le s , no sabe lo que es
el tie m p o ni lo que es la e te rn id a d .
A cep tada la te m p o ra lid a d del a rte , de­
ben aceptarse, ta m b ié n , com o n a tu ra le s
ag en te s d e s tru c tiv o s , los procesos fís ic o q u ím ic o s de la m a te ria y los psíqulcosfis io ló g ic o s de la in c o m p re n s ió n . Las
ob ras de n u e stro ta lle r, p o r dem asiado
jó vene s, han re s is tid o , p o r ah ora , la ac­

que en n u e s tro T a lle r se p in te n m uy
buenos cua dro s o m u y m alos — en re a ­
lid ad , y com o es n a tu ra l, se p in ta n bue­
nos y m alos— lo que in te re sa es la ve ­
ra c id a d y p ro fu n d id a d de su o rie n ta c ió n ,
el v a lo r de su a c titu d fre n te al a rte y,
p o r ende, a la v id a .

ció n c o rro s iv a de los elem en tos, pero, a
causa de esa m ism a Juve ntud han pade­
cid o ya tod as las in c le m e n c ia s de la to n ­
te ría , que puede d e s tru ir en una hora lo
que el v ie n to y la llu v ia en v e in te siglos.
Los m u ra le s p in ta d o s en el C lub D e fe n.
so r y en el lo cal de la Pan A u to m a tic ,
uno p o r Jo n io M o n tie l y el o tro p o r Ju­

En s ín te s is : le p re g u n ta m o s al se ñ o r
G arcía E steban si está o no está de
acu erd o con no sotros, y si cree que en

lio U ru g u a y A lp u y , tu v ie ro n la m ism a
su e rte de c o rre r una m u e rte rá p id a a
m anos de fu tb o lis ta s y panaderos, en vez

el U ru g u a y se hace a c tu a lm e n te una
p in tu ra más s ig n ific a tiv a y ve rd a d e ra
que la de n u e s tro T a lle r.

de te n e r que s o p o rta r una le n ta d e c re p i­
tu d . Los que co m e rcia n con el pan y con
los ca p ric h o s de una p e lota nos han da­

G uido Castillo

do una am a rg a le cción , p o r ha b e r c re íd o
que unos y o tro s podían e n te n d e r de
o tra cosa que de sus re s p e ctivo s o fic io s .
D ejem os a los panaderos con su h a rin a
cocida y a los fu tb o lis ta s con sus gomas

H A N D E JA D O DE P E R T E N E C E R
AL
LAS

TALLER

T O R R E S - G A R C IA ,

S IG U IE N T E S

NELSA

SO LAN O

in fla d a s . Y fre n te a los m ise ra b le s mon-

PERSONAS:
GORGA,

to n c ito s de po lvo que re sta n de aquellos
m u ra le s, sólo

DAY-

nos queda e x c la m a r con

el po eta:
MAN A N TU N E Z Y A N H E LO

"E s to s ,

HERNANDEZ

F ablo,

ia y

d o lo r!,

que

vez

a h o ra ” . . .
G uido C a s tillo

CORRESPONDENCIA

DESDE

EGIPTO

tino o gótico que encuentra su parentesco «le espíritu,
griego, donde nadie podría concebir que guardaran libros
como se pinta la cerám ica; no tenían ese sentido de bacer
de conocim ientos. Y sin em bargo, es G recia la que tomó y
to del E g i p t o ... para bacer al fin al una cosa tan distinta.

no en el templo
«le Sófocles o de
del tem plo sum a
se influenció tan­

Gonzalo Fonseca

—

14

—

�* .

•

.

.

.

�TuUicaaorues leí

Taller Torree-Carite

Tloi^evi c¡Po(Urugudy
&gt;

73

Talleres la bu
C e T r i- io . 7 4 - 0 -

Tlonfevicieo.

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                    <text>I MI TAR

Y PI NTAR

Se cuenta que Manet descubrió un día, que
el boceto que se solía bacer como estudio de
los grandes cuadros, era mejor que éstos. Desde
entonces, concibió la idea de pintar como si
fueran bocetos. Así nació un nuevo arte; y, sin
este descubrimiento, el Impresionismo no ha­
bría existido.
Antes de Manet, ya muchos pintores habían
observado eso. Y la exposición realizada aquí
de Juan Manuel Blanes, se prestó a hacer tal
observación: hubo quien prefirió alguno de los
bocetos expuestos, al cuadro definitivo.
Como el hecho es cierto, hay que preguntar:
¿de qué viene esa superioridad, en muchos ca­
sos, del boceto sobre la obra luego llevada a
término?
Hay más de una razón para que así sea. De­
jando aparte de que, en la obra definitiva, el
control que ejerce nuestra parte conciente no
deja lugar a que otras facultades esenciales a
la creación, tales como la emoción e intuición,
queden inhibidas, vamos a otro hecho tanto o
más importante.
Para explicarlo hay que remontarse a otras
consideraciones. Tengo que hacer referencia,
aquí, a algo que he venido explicando: me re­
fiero a lo que he llamado realidad de la pintura.
¿Qué sería tal realidad? Simplemente: un he­
cho plástico, paralelo a la visión de cuanto ve*
mos con nuestros ojos. Pues bien: ese hecho
plástico, es, para el pintor, una segunda reali­
dad; es la realidad de la pintura a que he hecho
referencia. Y es por esto, que, aun sin referen­
cia al mundo real, el hecho plástico pintura,
puede producirse. Es lo que últimamente se ha
denominado (a mi juicio impropiamente) arte
abstracto; arte que se le ha llamado así porque
no se apoyaba en ninguna forma real, valién­
dose sólo de recursos picturiales absolutos, y,
en la mayor parte de los casos, en visiones in­
ternas incontroladas. De ahí surgió el superrea­
lismo. Pero ese arte, precisamente, justifica el
hecho de que puede haber pintura sin imita­
ción de nada del mundo real. Prueba, pues, la
existencia del hecho plástico con independencia
total de la visión física.
La realidad de la pintura, es pues, un hecho
tan evidente, como la realidad de las cosas que
nos rodean.
Pues bien: con referencia a lo que decíamos
sobre la superioridad del boceto sobre la obra
definitiva, ahora no hay más que añadir, que,
en el boceto, por ser obra menos conciente (más
plástica y menos imitativa) se manifiesta más
lo que es en sí la pintura; o dicho en otros tér­
minos su realidad. El artista, pensando que lue­
go perfeccionará lo que sólo esboza, da rienda
suelta a su emoción; crea, entonces; pinta, ha­
ce pintura. Y, con lo dicho, se manifiesta que,
cuando se imita, no se pinta. El pintor, imi­
tando, no está en la realidad de la pintura. El

arte naturalista imitativo queda, pues, condena­
do, es un arte inferior. Por esto también, cuan­
do el tema prima en la obra, el cual conduce
derechamente a la imitación y la descripción, es
un mal punto de partida del artista. Pues, aun
que éste pueda servir de pretexto (y así ocurre

por J. T O R R E S GARCIA
nuevamente se ha vuelto al concepto profundo y
por esto verdadero, de la pintura. Y con esto,
ya se dice que no es nada nuevo; que es lo que
fué la verdadera pintura desde su origen (en el
segundo Renacimiento) y que, por esto, para
bien interpretar a los maestros de aquel tiempo,

GONZALO
FO N S ECA

en el caso del buen pintor) éste no ignora que,
el verdadero tema, en pintura, es ésta misma. Y
con este criterio, ya logra la unidad absoluta (o
sea la armonía) aspiración suprema del pintor,
pues entonces, ya no hay fondo y forma, como
en las obras imitativas a base temática.
Tales han sido los principios sobre los que se
ha fundamentado el arte moderno, y, por este,

es menester contemplarlos con tal criterio.
De adoptarse éste, por parte nuestra, quiero
decir aquí, en nuestro país, y ya abandonando
la vulgaridad del tema y el falso concepto del
naturalismo imitativo, se operaría tal cambio en
la producción pictórica que, entonces, podría­
mos decir con verdad, que ya poseíamos pintura
y pintores. Pues sólo en mínima parte, hay, en­

�tre estos últimos de nuestro país, quienes ya
columbran tan elevada visión pictural y van de­
jando el concepto primario que hoy ya no tie­
ne razón de ser. Quiere decir, que, aunque muy
lentamente, se inicia ya una nueva tendencia en
tal sentido, y que también, por parte del pú­
blico, se evoluciona en igual forma.
Sé que muchos, sea por incapacidad, sea por
intereses creados, sea por amor propio, o lo que
fuere, no querrán entrar en nuestras buenas ra­
zones, o se mofarán de ellas con el propósito
de desvirtuarlas o las combatirán desde su fal­
so punto de vista. Pero, aparte de tal mediocri­
dad debe siempre existir (y prueba de ello, es
de que siempre lia existido, y aun en los medios
más intensos de arte), aparte de eso — digo—
lo que contar, en este caso, es de que haya quie­
nes, por haber entrado en la comprensión de
lo que debe ser la pintura, afirmen, con sus
obras, los principios de su esencialidad; es de­
cir, que estén en la realidad de la pintura.
Hoy, por las circunstancias que todos sa­
bemos, sufre el arte, en Europa, un eclipse total.
Y aun más que eso, quizás; pues, de sobreve­
nir la paz, ya no se reanudaría en la forma que
existió últimamente. Hoy, — digo— por tal cir­
cunstancia, todos sabemos, que todo se espera
de América; es decir, de nosotros. Y ¿qué ofre­
cemos al mundo, que dé esperanzas, de que no
es vano el crédito que se nos otorga? ¿Una po­
bre cosa, reflejo de lo que ya se hizo ahí, en
Europa? ¿Una pintura de aficionado? ¡Porque
hay que ver, en qué profunda ignorancia, en
qué chata vulgaridad están ciertos pintores de
nuestro medio artístico; y, lo peor, cómo aun se
cotizan sus 'firmas, y se premian sus obras en
los concursos públicos! A toda marcha, pues,
hay que reaccionar. Y, los que ya vean claro,
los que ya, dignamente, puedan ostentar el
nombre de pintores (si es que los hay), debe­
rán redoblar su esfuerzo. Trabajar y luchar sin
descanso, y ya con mayor fe en el arte, con ma­
yor desinterés, y, más aún, con mayor patriotis­
mo.
Por parte nuestra, la fe nunca ha decaído
(siempre teniendo en cuenta que podrán haber
unos pocos pintores para mantener la pintura
a la altura debida) y, apoyados en ella, ya diji­
mos de tiempo, que el Uruguay, si quería, po­
dría marcar rumbo para todo el arte del conti­
nente. Y esto es tan cierto como dicho sin petu­
lancia. Sería un hecho. Pero entonces, no por
ese arte imitativo — a base de tema, sino por
nuevos valores—- estos ya verdaderamente de
pintura auténtica) que se levantasen. Una pa­
leta nueva ,una nueva estructura, un criterio
más concreto de la finalidad pictural. Nueva
generación (generación joven) del todo inte­
grada por jóvenes propiamente dichos; con vo­
luntad de entrar en la buena senda. Y esto lo
saben todos los que, atentamente, siguen paso
a paso, los cambios que se producen en nuestro
medio artístico por parte de esa juventud. Hay,
pues, esperanza. Pero volvamos a nuestro tema.
El estar en la realidad da la pintura, y como
ya he hecho ver en alguna otra lección, condu­
ce derechamente a los más altos fines a que pue­
da aspirar el arte. Vamos a destacarlos.
En primer término hay que considerar esto,
y para que se comprenda de una vez por todas:
que tal hecho plástico, tal verdad de tal reali­
dad incuestionable, a fuerza de ser cierta, lleva
a otras realidades. A fuerza de ser verídico un
pintor; a fuerza de ser pintor hasta los tuéta­
nos; a fuerza de tomar tal arte con toda reli­
giosidad y exclusividad de todo; a fuerza de no
pensar ya en otra cosa; en tal alucinación y con­
centración, llega, entonces, y en tal profundi­
dad, a descubrir en primer término, una reali­
dad de las cosas, que ya no es la que ven los

ojos; es la substancialidad de cuanto de real
existe; y entonces, lo real descrito o figurado
en sus obras, se nos aparece transfigurado. V emos, entonces, que, sin ser algo imitado, es,
substancialmente real. Real, con toda la comple­
jidad de la vida. ¿Será entonces, que en la con­
ciencia profunda, se identifican, esa realidad
plástica y la esencialidad de lo real? ¿Es decir,
que ambas llenan por completo la conciencia en
una sola y única visión? ¿Será lo que propia­
mente podría llamarse reflexión; esto es: la
conciencia, vuelta sobre sí misma; la autoconciencia? En efecto, cuando el pintor quiere
aprehender el objeto; hacérselo suyo, diríase
que reflexiona. Siente, se dice. Y es eso: sentir,
intuir. Y que siempre ha sido y es la vía del
arte. Da, por esto, entonces, el artista, toda su
personalidad. Y de ahí la modalidad de su arte
que tendrá que diferir de la de otro artista:
modalidad dentro de la común realidad de la
pintura. Por esto, siendo (por ejemplo) Velázquez y el Greco, dos máximos pintores, si la
realidad de la pintura los junta, se separan ra­
dicalmente, por una modalidad distinta en ca­
da uno. El uno — Velázquez— nos da el mundo

REMOVEDOR
O rg a n o re d a c ta d o y e d ita d o

exclusivam e nte

por

Torres

in te g ra n te s

de l

T a lle r

RONDEAU 1388

G a rc ía

MONTEVIDEO

AÑO 6

No. 26
Redactor Responsoble
G I U D O

MAYO

CA ST IL LO

1950

real, y, con tal profundo sentido, que le hizo
decir: “ antes que la pintura, la verdad” ; esa
verdad específica del objeto, que él vió insepa­
rablemente a través de la realidad de la pintu­
ra. En cambio en el Greco (tanto o más pintor
que el primero), su visión es otra; y entonces,
a fuerza de ser pintor es místico. La pintura,
en el Greco, es mística. Por esto, no son religio­
sas sus obras por el tema; sino por el misticis­
mo de su pintura. Y Beethoven, a fuerza de ser
músico, es profundamente humano. — Porque
Beethoven, tampoco describe con su música,
pues está en la realidad musical. Y así podría­
mos decir lo mismo del poeta, que, por la reali­
dad literaria llega a lo profundo de la vida. Y
escritores tipo Zola, con sus descripciones, no
llegan jamás a tal absoluta realidad. El arte
naturalista descriptivo, a base de tema, es, pues,
un pseudo arte o un arte inferior.
Si después de lo dicho queremos reflexionar
un poco, y ver, lo que tenemos aquí en nuestro
país, y lo que nos falta o debemos hacer, se
comprenderá, que es necesario despertar al fin
y ponerse a la obra inmediatamente. Ser patrio­
ta en ese sentido altruista y aparte de cualquier
política. Y dejar de lado a los que se sirvan
del arte para hacer política; y dejar de lado a
los que atiendan a sus fines personales y a sus
vanidades. E ir rectamente abriéndose paso a
través de la incomprensión y de la gritería de
los ignorantes. Día a día mejorar su obra; día
a día recogiéndose en su propia visión; día a
día dejando trás de sí lo que fué vano engaño.
¡Y sí, por la pintura! ¡Y por este Uruguay! Y
no ya por nosotros. Y no seremos dignos, no­
sotros los pintores, de recibir en nuestras pupi­
las la luz del día, si esto no hacemos. La luz
de este claro Uruguay.
Debiéramos pensar, que liemos terminado con
una etapa de aprendizaje, para entrar, ahora,
en terreno propio, y cultivar esta tierra que se
nos dió. Pero, con el entendimiento de que, si
no entramos con este nuevo concepto de arte,
al fin, no ya de aprendices, sino de pintores de

verdad, nada liaremos. Hay que cortar con algo;
esto es evidente. Cortar radicalmente; dejar la
vieja piel; ser hombres nuevos; nuevos para la
pintura. Y lo seremos, si al fin entramos en su
realidad. No hay otro camino.
Párese ahora, quien quiera que sea, y refle­
xione: ¿fué pintura la que tomamos por tai
hasta hoy? ¿Dirá verdad este hombre que así
nos exhorta? ¿Será esa otra cosa que ahora de­
bemos buscar? ¿Y dónde hallarla? Responderé
yo, y a falta de mejor cosa: váyase a la fuente.
Y eso es, y ya con este nuevo concepto de la
pintura, estudiar a los maestros: Tintoretto, Tiziano, Velázquez, el Greco. Y si se les estudia
seriamente, podrá verse, cómo, a través de sus
obras, van de más en más dejando el aspecto que
podríamos llamar fotográfico, para entrar en va­
lores plásticos ya bien destacados: manchones,
rayas, golpes de pincel, borrones, pasajes de to­
nos; en fin, toda una complicada técnica ner­
viosa e individual, lo menos imitativa que puede
pensarse. Para este fin, hay que ver buenas re­
producciones en las que haya detalles agranda­
dos de las obras.
Confrontando, pues, las obras primeras con
las ya maduras, podrá verse bien claro esto que
digo. El Greco (por ejemplo) en el retrato de
Clovio, hecho en Roma, y en su autorretrato de
la misma época y en la misma ciudad, es de
factura bastante imitativa. Y entonces, si es
comparan esas obras con las de un período más
avanzado, y sobre todo con las de su última ma­
nera (el Bautismo, Pentecostés, o varias Anun­
ciaciones y Ascensiones de la Virgen) se verá
eso que digo. Y lo mismo en Velázquez, compa­
rando la Mujer friendo huevos, con las Hilan­
deras o Las Meninas. Tiziano y Tintoretto nos
revelarán lo mismo.
Delante de tales obras, estamos, pues, en pre­
sencia de la realidad de la pintura. Pero, tales
valores ya absolutos, los bailaríamos en muchos
de los pintores modernos. Porque modernamen­
te se hizo también pintura. Se tuvo conciencia
de que, de nuevo se había dado con esa reali­
dad. Y soij muchas obras de Cézanne, de Braque o de Picasso, de Utrillo o de Renoir, y tan­
tos otros. Pintura al fin. ¿No fué, pues, pintura,
la de Carolus-Durán, o de Bouguereau; o la
Meissonier o de Gros; o la de un Kisling o de
un Blanclie? N o; no lo fué. Fué arte imitativo
a base de tema y para regocijo de los no enten­
didos. Y eran gente que tenían oficio; que sa­
bían dibujar muy bien; pero ¿qué importa eso?
Eso es sólo oficio. Les faltaba el quid - divinum,
esa rara facultad del espíritu para comprender.
Pues bien; el mediocre se escuda con el oficio.
Pero, sepa, que si no comprendió eso — eso que
está más allá del oficio— nada sabe; nada sabe
de la pintura. Y, al público hay que decirle lo
mismo :que si no va más allá, en su compren­
sión de aquello que le da el oficio de imitar
(que esto es lo que creen muchos que es la pin­
tura) sepa también, que nada vió de pintura.
Y que lo prolijo bien torneado y esfumado; y
que los cielos con nubes de algodón; y que los
reflejos de aguas, y luces, y sombras de con­
traste, es cosa que no trae ningún misterio, y
que, por esto, carece de interés. ¡Hay que ahon­
dar más! El que mucho pensó para realizar
una obra de pintura, mucho cernió; mucho me­
tió en ella que hay que ir descubriendo. Y no
se crea entendido quien no penó un poco, e hizo
trabajar su mente para separar el grano de la
paja. Y es pretensión ridicula creer saber sin
aprender. Pues todo ha de cultivarse.
Estamos en tiempo de preocupación y de gue­
rra, y parece que traer esos problemas de arte
a la atención de todos, es cosa como fuera de
lugar. Es que miramos al porvenir. Pues un día
( Termina en la Pág. 4)

�FUNDACION

ESPIGAS

Buenos A r.® - Arcantína

VELAZQUEZ EN EL PRADO
En “ Musaraña de la Pintura” , José Bergainín, nos dice, al comienzo de este estudio: “ Y
ninguna historia, ni filosofía del arte, ninguna
historia de las ideas estéticas —verdadera His­
toria de las Musarañas, como la magistral que
nos dejó el maestro Menéndez y Pelayo— , pue­
den sustituir, por lo que a la Pintura y a sus
musarañas se refiere, una breve visita a cual­
quier Museo, unas cuantas horas pasadas en El
Louvre, en El Prado en la National Gallery;
“ Nosotros, no sólo compartiendo el pensamien­
to de Bergamín, sino que respaldándonos en él,
y habiendo pasado “ unas cuantas horas” en el
Museo del Prado, procuraremos simplemente
recordarlas.
Debemos destacar, por lo tanto, que no pre­
tenderemos abarcar todo el mundo plástico de
este gigantesco artista, que se llamó Velázquez,
sino que procuraremos intuirlo, o sencillamen­
te asomarnos a ese mundo creado por él, a tra­
vés de unos pocos, pero grandes cuadros, que
nos produjeron una profunda y viva impresión
estética.
Contemplando algunas obras de Velázquez,
anteriores en el tiempo a las Meninas, en el
Museo del Prado, evocábamos al Virgilio de las
Geórgicas, cuando nos dice: “ Yo necesito ha­
llar un camino gracias al cual pueda “ elevarme
de la tierra y ver mi nombre victorioso voltijear en los labios de los hombres” . Velázquez,
como Virgilio, como todo artista verdaderamen­
te grande, encontró su camino, y creó las Me­
ninas. Sólo por las Meninas se habría perpetua­
do su nombre como pintor, esto parece casi
una verdad de Perogrullo, pero sin embargo
conviene decirla, para situar nuevamente la
obra, que vamos a estudiar; por otra parte, te­
niendo siempre presente, que obras como la
Rendición de Breda, y un sin número de re­
tratos, son obras de Pintura, obra de arte, en el
más alto grado.

LA

Nos resulta muy difícil traducir con un len­
guaje verdaderamente plástico, la impresión vi­
sual y al mismo tiempo emocional de la con­
templación de varios cuadros de este pintor.
Hemos tomado algunas notas, cuatro o cinco
apuntes frente a las Meninas, como también de
otras obras, que procuraremos transcribir, pero

M. PAILOS
siempre nos quedará la duda, que eso quede sin
vida, como simple esquema técnico, incompren­
sible para muchos, cuando precisamente las Me­
ninas, como la mayoría de las pinturas de Ve­
lázquez, son obras de una vida plástica tre­
menda, de una realidad francamente abruma­

INTELIGENCIA
por

El señor arquitecto Florio Parpagnoli, crítico
de arte, publicó, hace algunas semanas, en
“ Marcha” , un artículo muy elogioso sobre la
perfecta organización de nuestro “ Taller” . El
agudo crítico comienza por señalar las causas
que provocan el mal humor de la casi totalidad
de los artistas, observando que los “ grandes y
auténticos” son verdaderos oportunistas de la
ira que utilizan una cólera altamente inofensi­
va, pues sólo se salen de sus casillas cuando se
está mejor a la intemperie que al abrigo, y no
pierden la cabeza si no la pueden recuperar in­
tacta.
El señor Parpagnoli agrega que existe una
falsa tradición sobre el permanente mal genio
de los genios seguida por los “ pseudo-artistas” ,
los cuales además de no limpiarse las uñas tie­
nen el desagradable prurito de enemistarse con
el mundo entero.
Estimamos en lo que vale la sugestión de que
las integrantes del “ Taller” debemos adquirir
los útiles de tocador indispensables para el aseo
personal y ejercitarnos en las suertes más difí­
ciles de la urbanidad y de la cortesía. El señor
Parpagnoli tiene toda la razón del mundo al
pensar que una uña bien manchada es algo mu­
cho más desolador que una tela sin manchar, y
que las buenas maneras del trato social son,
por lo menos, tan apreciables como las de la
pintura. Nosotros nos apresuramos a reconocer

GUIDO

DE

LA

por ROBERTO SAPRIZA
dora; son un verdadero concierto en el momen­
to culminante, cuando todos los instrumentos
entran en lucha y al mismo tiempo en perfec­
ta armonía.
Antes de llegar al cuarto que encierra a las
Meninas, como en una caja de sorpresas, se de­
be pasar casi forzosamente, por la gran galería
de Velázquez, donde se encuentran colgadas,
nada menos que la Rendición de Breda, los
Enanos como El bobo de Coria, El vizcaíno, y
el Bufón don Sebastián de Morra, luego “ los
Borrachos” y Las Hilanderas, el Menipo y mu­
chos retratos, como la infanta Margarita y Do­
ña Mariana de Austria. Evocaremos unos cuan­
tos recuerdos vividos o simples detalles aparen­
temente insignificantes, rompiendo tal vez por
momentos la armonía total de los cuadros, pe­
ro procurando dar algo de su verdadera esen­
cia plástica. Así por ejemplo: El pañuelo blan­
co, obtenido por pinceladas de grises muy fi­
nos, sobre el amplísimo ropaje negro de Doña
Mariana de Austria, a quien nombramos al so­
lo efecto de ubicar debidamente la obra, tiene
aquel pañuelo una vida y un movimiento casi
diría humano y que parece disputarle al rostro
de la retratada, la supremacía del cuadro. Si
nos acercamos, el pañuelo se pierde en pince­
ladas geniales y misteriosas, si por el contrario,
nos alejamos, el pañuelo se agita en su drapea­
do, en sus sombras, en materialidad plástica, en
su perfecta y pura realidad. Lo mismo observa­
mos en el MENIPO, en cuanto al detalle que
destacaremos, y paradójicamente al revés en
cuanto a la técnica pictórica empleada. Vemos
en este cuadro, el Menipo, un cacharro burdo,
sin rastro académico, una simple forma plana
en el lienzo, y un poco más abajo un libro y
un pliego. El cacharro está sobre un banco ba­
jo de patas extrañas, casi un banco de piedra
pre-histórico. Todo esto parece un poco dema­
siado descriptivo, queremos solamente recordar

CRITICA

CASTILLO

estas importantes precisiones y le aseguramos
que si hasta el presente no habíamos conside­
rado como hechos dignos de mención el que
un pintor tenga las uñas muy sucias o muy lim­
pias, ni si en su vestir hay excesivo desaliño o
exagerado esmero, ha sido de puro olvidadizos,
distraídos o —si se quiere— atontados por la
pintura.
En cuanto a la actividad de gruñir, puede es­
tar seguro el señor Parpagnoli de que la practi­
camos sin mala intención. El señor Parpagno­
li sabrá lo que significa estar trabajando en al­
go, por humilde que sea, y que alguien, sin sa­
ber de qué se trata, venga y opine que ese ca­
jón para transportar elefantes está muy bien
hecho pero que le falta el agujero por donde el
pobre animal pueda sacar la trompa para res­
pirar, aunque, por otra parte, todo debe ser muy
sólido pues, según las manifestaciones de los
dadaístas, los elefantes son contagiosos.
El señor Parpagnoli observa que la perfecta
organización de nuestro “ Taller” permite que
unos trabajen mientras otros pelean contra los
que los molestan, calumniándolos por ejemplo.
Reconozco que sobre mí ha caído esa ingrata
y oscura misión. El señor Parpagnoli no pondrá
reparos en creerme si le digo que la cumplo
porque no sé hacer otra cosa de mayor impor­
tancia. Y puede estar seguro de que si la hicie­
ran los pintores la falta de tiempo los obliga­

ría a decir lo que tienen que decir sin los cir­
cunloquios y envolturas convenientes que son
mi único entretenimiento.
El señor Parpagnoli pudo pensar que en el
artículo pasado yo lo trataba de calumniador;
lo que sucede es que al hombre el idioma se le
aclúca en ciertos momentos de la vida, y ello
da lugar a desconsoladoras confusiones. Lo que
en realidad quise decir es que, al referirse a la
actividad del “ Taller” , el señor Parpagnoli in­
currió en un error muy explicable en persona de
tantos afanes. Estos mismos afanes le han impe­
dido enmendarse. Cuando quiera hacerlo, puede
pedirnos toda la información que necesite.
Por último el señor Parpagnoli dice que nos­
otros no entendemos que la imparcialidad es
condición imprescindible para la crítica. Nueva­
mente tiene razón el señor Parpagnoli; los ar­
tistas nunca han entendido la imparcialidad del
crítico. Basta recordar que Baudelaire, Wilde,
Eliot, Malraux, Picasso, Chesterton, etc., han
sostenido, de una u otra manera, que toda bue­
na crítica ha de ser necesariamente parcial. In­
dudablemente el artista piensa paradójicamen­
te que para ser objetivo hay que ser parcial,
porque no tiene esa complejidad de visión y
agilidad de alma que le permite al crítico elo­
giar lo bueno y lo malo y estar de acuerdo con
siete u ocho posiciones a la vez y no tener nin­
guna o por no tener ninguna.

�este trozo, un tanto olvidado en un rincón del
cuadro. Velázquez no se preocupó de la jarra
objeto que tuvo delante de los ojos, o mejor
se preocupó de realizar con ella una verdadera
síntesis para crear en el lienzo su forma plás­
tica cacharro; ocurre algo parecido con la for­
ma libro, hecha con una frescura especial, ob­
tenida ésta por el tono blanco muy sobrio, que
es el libro, que sobre el pliego realizado sobre
tonos aún más puros y rematado por contraste
con los negros de las sombras y del fondo, crean
esos tonos en su conjunto y en su armonía, un
trozo de pintura extraordinario y que por otra
parte es una naturaleza abstracta y universal.
En general este trozo está pintado con una fac­
tura más uniforme, sin ese pincelar libre que
en muchos cuadros se vuelve característico del
.»
pintor.
El Bufón Sebastián de Morra, es otro acierto
de Velázquez. En este cuadro, le sucede a nues­
tro pintor, lo que a Goya con las pinturas ne­
gras, usa de una libertad mayor y la tela suda
Pintura, en su sentido eterno, por todos los po­
ros. El enano es un pretexto demasiado insig­
nificante para Velázquez, que nosotros pensa­
mos que podía lo mismo haberse fijado en
unos objetos, como lo hacía Cezanne, para rea­
lizar esta obra, pues a pesar de expresionismo
lógico del rostro del enano, la pintura está en
todo su esplendor vital. De nuevo nos deten­
dremos en un detalle o en dos, o simplemente
en los zapatos del enano y vemos que son dos
formas apenas diferenciadas. En ese trozo, un
tono gris-ocroso, con un verde y un negro, en
armonía triangular perfecta. Úñ~poco más arri­
ba, apreciamos la música sutil de los tonos, que
se van sucediendo en un ritmo plástico acom­
pasado, primero la carnación del muñón, lue­
go el gris del encaje, después el negro verdoso
de la manga, siguen aún un rojo encamado más
bien apagado el sobretodo, avanza en verde el
coleto o capa, finalmente el tono sordo del fon­
do termina serenando la sinfonía.
Frente a la Rendición de Breda habría que
hacer un largo y sensible estudio, pues por
ejemplo está lo histórico dominado por lo plás­
tico de tal manera, que pasa a ser lo histórico
un simple motivo para el artista realizar una
verdadera obra de arte grande. Nosotros la he­
mos contemplado con respeto y admiración, y
hemos apreciado, la perfección de la composi­
ción, (en la cual siempre se destaca Velázquez),
así como también la sobriedad del colorido, la
audacia de los contrastes y la sencillez de los
detalles. Pero por el contrario, Salvador Dalí,
en uno de esos arranques propios de su extra­
ño humorismo surrealista ,o mejor de su afán
de publicidad, pudo decir en un reportaje pa­
ra la revista “ Mundo Hispánico” , hace más de
un año, que en “ Las Lanzas existe una distri­
bución falsa, una estrechez de espacio fastidio­
sísima entre Spínola y el caballo del primer
plano. Y luego destaca la picardía de un bas­
toncillo (tal vez por la semejanza con el suyo
propio) y la famosa llave en el espacio. En
cuanto a esa supuesta “ estrechez de espacio” en
Velázquez, nosotros creemos, siempre buscando
la posible explicación de lo absurdo, que pudo
Dalí decirlo, pensando solamente, en sus famo­
sos cuadros, donde el espacio infinito y su in­
genio de primitivo flamenco, dominan fácil­
mente a su fría pintura académica.
Dejando de lado esta disgresión, destacare­
mos de este cuadro maravilloso, que es Las
Lanzas, siempre evocando las cosas más humil­
des, un par de piedras realizadas, como sólo
Velázquez sabe hacerlo, donde se revela más
pintor que nunca. Habíamos anotado esto: puso
Velázquez un gris, luego otro más oscuro, dió
la sombra, e hizo una piedra. Y hoy agregare­

mos, hizo una forma piedra perfecta.
Tenemos que abandonar con pena, la gran
galería, y pasaremos de largo, por la sala que
contiene los paisajes de la Villa de Médicis en
Roma de Velázquez, otros cuadros, otros retra­
tos, y todavía hemos dejado atrás, en una sala
vecina a la del Greco, olvidado al Cristo de Ve­
lázquez, creación única, que inspiró aquel su­
blime poema a Don Miguel de Inamuno. El
cual nos dice: “ Vara mágica nos fué el pincel
de Don Diego Rodríguez de Silva Velázquez” .
Y más adelante nos agrega exclamando:
regio aposentador don Diego, intrépido,
de corazón al paso de andadura
por la común rodera de Castilla,
Te vió como si a Apolo, con el alma
sólo atenta mirando a abastecerse
con la clara visión; que es la del arte
la escuela de la eterna endiosadora.
Estamos ya frente a las Meninas, nos senti­
mos empequeñecidos como los primitivos ante
la presencia de un ídolo milenario. Esta obra
es uno de los pilares en los que se asienta la
Pintura del Universo. Empezaremos a hablar
de cosas aparentemente sin importancia, para
ir serenandoc nuestro espíritu.
Las Meninas de Velázquez, es una obra rea­
lizada sobre tela, y recordaremos como detalle
que se puede apreciar a simple vista, que no es
una tela única, sino son tres trozos de tela bien
cocidos en dos costuras perpendiculares a la po­
sición normal del cuadro; pensamos que tal vez,
el pintor no pudo encontrar una tela de la me­
dida deseada, que era más de tres metros de
alto por algo menos de tres de ancho.
Pretender abarcar con una sola mirada el gi­
gantesco cuadro de las Meninas, es poco me­
nos que imposible, sería casi lo mismo que que­
rer conocer el mundo del Quijote a través de
una simple lectura indiferente y rápida. Para
ir conociendo o mejor, viviendo las Meninas,
hay que detenerse largo rato en su contempla­
ción. Así, lentamente, se van descubriendo los
detalles, por ejemplo: Ese negro que ha pues­
to el pintor, para terminar el vestido de la in­
fanta, en el cuello, es un negro sencillo, sin
ninguna clase de rebuscamientos, que sobre los
hombros de la niña, está velado apenas por sus
cabellos de oro. Vuelve a repetir, o mejor, a
crear de nuevo, Velázquez, en esa armonía de
tonos incomparable su mundo plástico, y así
contemplamos el tono rosado del hombro iz­
quierdo de la Infanta, que continúa y que vi­
bra con el oro del cabello, y luego rima en la
manga, con un tono negro, otro gris, otro oro
y un ocre oscuro, para estallar en la perfecta
carnación de la mano.
La enorme profundidad del cuadro, se alcan­
za en parte, por el juego de perpendiculares y
horizontales, pero sobre todo por contraste del
tono blanco, que surge del fondo, detrás de la
puerta abierta, con los tonos negros y muy sor­
dos que se alejan en los cuadros y en el techo.
Si bien en todas las figuras de primer pla­
no, aún en su autorretrato, el pintor utiliza la
técnica de pintura directa, por el contrario en

IMITAR

Y

la figura del ?acerdote o como lo llamaban en­
tonces guardadamas, está como raspado. Si se­
guimos mirando esta figura, comprobaremos
que el manto es algo completamente plano, sin
pliegues, casi sin cuerpo, está realizado en un
negro puro y que el rostro parece estuviera gra­
bado en un trozo de piedra, como la gris pie­
dra del muro. Las manos unidas de esta figu­
ra. son manchas ocres rojizas sobre el negro,
nada más. ¿Acaso Velázquez no sabía pintar
manos perfectas? ¿Es que no surgen manos de
niñas, que son formas puras y trágicamente in­
fantiles? Pero, no se preocupó de perfeccionar
un detalle, pues ante todo era pintor, y busca­
ba siempre la armonía total, puso la mancha,
creó la forma manos, y quedó perfecto en el
conjunto.
El ámbito plástico de la obra, es decir, ese
salón creado por Velázquez, en todo su sobrio
señorío, con sus cuadros, con su espejo y su
gran tela, está lleno de luz y lleno de aire, pic­
tóricamente hablando. Estos trozos, en general,
están pintados con factura uniforme, no se pre­
senta la pincelada, pero por ejemplo, se da el
muro en todo su vigor plástico, en toda su sen­
cilla realidad. Y hasta se puede apreciar, la
trama de la tela, dando por sí sola, una traba­
zón plástica formidable en ciertos lugares del
cuadro. Una línea negra sobre el muro, por el
ángulo de la luz, está hecha con el pincel suel­
to, sin la preocupación de hacer una línea per­
fecta, sino solamente una línea, sobre un gris
sobrio en la luz. Hemos dicho, que la tela su­
bía tomando posición plástica en el cuadro y
que la línea está en él, en su verdadero senti­
do estético. ¡Qué lecciones magníficas, éstas de
Velázquez, para todo vulgar academismo ex­
clusivamente realista e imitativo en sumo
grado!
Gozamos al contemplar o mejor al descubrir
detrás de la representación simulada de las
Meninas, o de la apariencia de su figuración,
la vida realmente plástica de la obra. Parece,
que de pronto, vivimos momento a momento,
la creación del cuadro, pincelada por pincela­
da, mancha por mancha. Vemos surgir prime­
ro un perro, realizado como con cariño, luego
la figura y los retratos, después el ambiente to­
do de la obra. Y sentimos o palpamos toda la
pintura de Velázquez, encerrada en ella, toda
su técnica y todo su genio. No hay trozo que
no haya sido logrado en plenitud. Oponiéndo­
nos aparentemente a una de los mayores acier­
tos estéticos del maestro Torres García, que fué
el comparar de una manera sublime a Veláz­
quez con Beethoven, nosotros diremos que aquí,
en las Meninas, sólo por un momento al me­
nos, Velázquez es Bach, por la serenidad y por
el equilibrio perfecto que encierra esta obra.
Pero además, hemos tenido las mismas sensa­
ciones, la misma emoción estética, frente a es­
ta obra, que cuando nos introducimos por pri­
mera vez en el mundo misterioso de una cate­
dral gótica. Pues, como la catedral, la creación
de Velázquez, nos domina y aplasta en su mag­
nificencia y su grandeza.

PINTAR

u otro vendrá la paz. Y entonces, será el lugar
de este momento de hoy; tendremos quizás un
arte que admirar; un arte cierto, fuerte, verda­
dero; y nuestro. Pues así como la naturaleza, sin
parar mientes en las contiendas de los hombres,
sigue su concorde y majestuoso ritmo, así tam­
bién el artista y a su compás deja lo acciden­
tal (pues por descomunal que sea, lo es) y va
con la lenta y solemne marcha de los siglos:
sigue la ininterrumpida tradición de esa cosa

(Conclusión)

divina que se llama pintura. Y es porque él está
en el espíritu (o sea en la verdad) y no en el
ajetreo de la realidad de las cosas. Y con esto
y para terminar, voy a decir lo mejor: que el
arte lleva a la religiosidad. Y entiendo por tal
&lt;y sólo eso) el vivir en la universalidad del es­
píritu. Donde ya todo es uno; donde no hay
tiempo; y que es el ambiente en que nos ponen
las verdaderas obras de arte.
Junio del 41.
Impresora L.I.G.U. - Cerrito 740

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                    <text>�FUNDACION ESPIGAS
Buenos Aires - Argentina (

LA GRAN LECCION DEL MAESTRO TORRES GARCIA
(CONFERENCIA
-'v/

)

Torres García decía una vez de un cuadro su­
yo: “ Este cuadro vale no sólo por lo que tiene
sino también por lo que le falta". He aquí una
verdadera síntesis de la actitud espiritual que
siempre tuvo el maestro Torres, y que nos sirve
para caracterizar a toda su obra y a su perso­
na entera.
Cada una de las pinturas de Torres García só­
lo tiene a la pintura y todo lo demás le falta;
le falta la imitación de la naturaleza, la suje­
ción al tema descriptivo o literario de lo huma­
no, la emoción desenfrenada y la expresión dra­
mática. Pero, todas estas cosas no están simple­
mente ausentes, sino que brillan por su ausen­
cia. Y en ese lucir brillante de la ausencia cum­
plen con su verdadera función poética, como si
hubieran quemado toda su materialidad para
lograr esta pura luz de la pintura.
Podríamos decir que la naturaleza es tanto
más brillante en la pintura cuanto más ausen­
te, porque su ausencia sólo depende de la natu­
ralidad o naturaleza del arte, el cual natural­
mente la excluye a medida que la comprende
y toma conciencia de sí.
No sucede lo mismo en las obras de un Kandinsky, un Leger o un Piet Mondrian —por
ejemplo— , quienes manejan razones carentes de
verdades y una estética vacía de metafísica. Y
es así que se apartan de la naturaleza en sus
obras sólo por un propósito mental, por una
desnaturalización del arte.
Con Torres García ocurre precisamente lo con­
trario: el pintor cuando pinta pone manos a la
obra, entrega la realidad de su sueño al rigor de
sus manos, que trabajan absortas en su materia
y como olvidadas de que están inventando.
Torres García no sólo lia visto la pintura en
sí, sino mejor, a la pintura ensimismada, y des­
cubierto que ia naturaleza no está fuera, sino
en el fondo de ese ensimismamiento luminoso.
Por eso cuando habla la pintura habl% la natu­
raleza, pero cuando se quiere hacer hablar a la
naturaleza, la naturaleza calla v la pintura tam­
bién.
Si en un paisaje, un retrato o una naturaleza
muerta del maestro Torres García nos sorpren­
de la invención de la realidad, que convierte en
música la observación exacta de la misma, mu­
cho más nos sorprende la natural verdad de sus
composiciones constructivas. En síntesis: Torres
García inventa en el mundo de lo real de la
misma manera que ve en el mundo de la in­
vención.
Oigamos sus palabras: "El que nos apoyemos
sobre elementos abstractos no quiere decir que
la obra tenga que ser sin figuración; la obra
puede ser figurativa. Al contrario, lo no figura­
tivo (lo veremos más adelante en el neoplasticismo), si se limita sólo a las figuras de la geo­
metría, sin llegar a la forma y a la expresión,
debe ser excluido así como debemos excluir lo
antitético a eso, o sea la imitación fotográfica.
Además, en el fondo de todo ordenamiento plás­
tico debemos exigir que esté la naturaleza, que
ha de ser el punto de partida (la idea de algo
real), así como el punto de arribo debe ser el
ordenamiento plástico. Y hay (pie fijarse que
he dicho la idea de algo real ( idea plástica I \
no la copia de algo real. Porque si bien la idea
de un objeto cualquiera debe estar en la mente
del artista y por eso ser el punto de partida, en
realidad la forma del objeto debe surgir de la

EN

LEIDA

"AMIGOS

DEL

geometría. Puede decirse pues: de la geometría
a la naturaleza, y no a la inversa. La inversa pro­
duce lo decorativo, que es detestable. Es la na­
turaleza obligada o forzada a ser geométrica,
mientras que en el otro caso es lo geométrico
que, a la manera de un signo y sin dejar de
ser geométrico, trasunta algo real \
Es imposible hablar de manera más concreta,
con un lenguaje tan de artista, de obrero, refi­
riéndose a cosas que atañen a lo más profundo
del alma de lo humano y del papel del hombre
en su enfrentamiento con el mundo. Es que To­
rres García, en vez de convertir el oficio en
esencia de la pintura, ha convertido la esencia
en oficio. Por eso, no sólo es uno de los gran­
des pintores con que cuepta el arte de todos los
tiempos, sino que fué y sigue siendo un maes­
tro sin precedentes en esta época moderna, que
enseñaba no sólo una técnica y una estética, si­
no un estilo para la vida en total, sin el cual
no hay estilo poético posible. Para él, cualquier
aspecto fundamental de la pintura era una sín­
tesis de elementos plásticos y de la persona del
pintor, de ahí la profunda humanidad de su
arte.

REMOVEDOR
O rg a n o re d a c ta d o y ed itad o exclu sivam ente
por

in te g ran te s

del

T a lle r

Torres

AÑO 6

G a r c ía

N°. 2 5
R edactor Responsable
GUIDO

CASTILLO

FEBRERO

1950

El maestro Torres García, como se ha dicho
en otra oportunidad, nunca fué un teórico, sino
un artista que contaba su experiencia, un maes­
tro que quería mostrar la evidencia de su sue­
ño. \ porque era un maestro se planteó a sí mis­
mo el deber de creer en sí mismo, en su pintu­
ra y en sus discípulos, no permitiéndose imagi­
nar ni inventar otra cosa que la verdad. De es­
ta manera hizo que el misterio del arte sea un
misterio que se cae de maduro, pero que sólo
puede ser arrancado intacto si al instinto del
pintor se le agregan la fe, la gravedad de espí­
ritu y la integridad moral.
Indudablemente esta moral no es la que ?e
apoya en moralejas; es la que, cuando jugamo?
al arte, nos permite jugarnos entero?.
La gran aspiración del maestro Torres García
es que todo lo que el artista haga -ea a la vez
espiritual y concreto, exigiéndole “ que el oficio,
la técnica, sea la expresión de una forma pro­
funda que él al fin halla; es decir que la técni­
ca misma al fin sea espíritu; y todavía dicho de
manera más concisa: que sea pintura; algo in­
definible que se expresa por este -imple tér­
mino” .
\ si él. Torres García, no imita a la natura­
leza porque la comprende, es original —-como
podría decir un gran poeta español— porque
está en la tradición. Así dice el pintor: “ Las
dos fuentes de inspiración del artista son la rea­
lidad y los museos” .

ARTE”)

Una de las cosas que no hay que olvidar es
(jue, si bien Torres García era un filósofo, un
escritor y un religioso, era con todo y a pesar
de todo un pintor; y un pintor que pintaba con
el rigor de sus teorías y al mismo tiempo con
absoluta libertad, olvidado de todo lo que no
fuera la realización de una pintura.
Si intentáramos hablar de su religiosidad pres­
cindiendo de su labor de artista o dejándola en
segundo lugar, sería como hablar de una reli­
gión sin voz y sin espíritu. Recordemos lo que
él dice: “ Aquí, ya no entran teorías, conceptos
filosóficos o de estética, pretensiones de orien­
tar en tal o cual sentido, modos y maneras de
arte, que siempre tendrán que inducir al artis­
ta a hacer algo determinado; aquí se plantea la
simple cuestión del artista frente a las cosas” .
En otro lugar escribe: “ En todo caso ese hom­
bre que afirma, se ve que no quiere complica­
ciones; es simplista, y para no aprender arit­
mética cuenta con los dedos. Uno dijo: “ es un
doctrinario . Otro dijo: “ es un pitagórico” . Otro
dijo: “ es un místico” . Otro dijo: “ es un carte­
siano . Otro dijo: “ es un francmasón” . Otro di­
jo : "es un fascista . Otro dijo: “ es un evangéli­
co . Nadie dijo lo que realmente era: un artis­
ta. Cuando pinta, cuando habla, cuando va por
la calle, cuando escribe. Porque esto resulta in­
ofensivo. \ por esto, también, pueden estar tran­
quilos los hombres serios: no va a hacer caer
ninguna torre, ni a suplantarles, ni a usurpar­
les ningún título, ni a querer formar en sus fi­
las, como un intruso; ni a llamarse filósofo, ni
teorizador, ni profesor, ni etc. Es un artista que
sueña y nada más. No hay que ser pues, en de­
masía severos con él. ¡Si no pretende... nada!” .
Esto es fundamentalmente Torres García: un
artista, alguien que cuenta con los dedos, sueña
y no pretende nada.
La última lección que el maestro, pocos días
antes de su muerte, dió a sus discípulos que ya
poseían las reglas, fué precisamente esta: que
no pretendieran nada, que contaran con los de­
dos, que tomaran un lápiz y un papel y que se
buscaran. \a nos había dicho el 5 de Febrero
de 1947: “ No habrá una sola pintura ni un so­
lo arte, sino tantas pinturas y artes como artis­
tas y pintores” . Y entonces, el maestro, tras de
haber enseñado las reglas, .corregirá sólo de
acuerdo con el sentir y ver personal de cada
uno. Porque cada artista tratará de construirse
su templo o su cabaña, su lugar escondido, su
cripta y su altar, de singular estructura. Su ta­
ller será también eso, animado por su espíritu.
Pero también cada cuadro será morada de ese
espíritu suyo” .
El maestro con estas maravillosas palabras
entregaba la responsabilidad a sus discípulos, a
los que pintan y a los que escribimos. Pero
nuestro sentir personal y nuestras personales
búsquedas terminan siempre donde él señalaba.
Por e-o le seguiremos entregando nuestras obrapara que las corrija, para que nos diga con su
voz perenne si en ellas se ha cumplido lo que
él quería ,en donde terminaban todas sus leccio­
nes empezaran por donde empezaran: “ El artis­
ta al ir a su obra dehe olvidarlo todo y propo­
nerse una sola cosa: realizar una estructura. Lo
demás saldrá sin que el se dé cuenta, que es
como deber ser” .
•
Guido Castillo

�HOMENAJE DEL "TALLER TORRES GARCIA" A LA MEMORIA DEL MAESTRO

��FACULTAD DE HUMANIDADES
MAYO 30 DE 1949 - LECCION IV

En el transcurso que media entre lo? sigio»
XI y XV, la pintura experimenta tales cambio».
y estos se entremezclan en tal forma, que e»
muy difícil establecer delimitaciones precisas.
Insesiblemente se pasa de un estilo a otro, con­
servado el nuevo, algo del anterior. Pero, en el
siglo X lll, época que podríamos llamar de Giotto, algo se define puede decirse definitivamen­
te ya que va a persistir por siglos en la futura
pintura. Y esto que deja atrás, para entrar en
una concepción nueva, es el abandono del hieratismo bizantino.
Asi como Dante deja el latín para servirse del
romance así también Diotto, su contemporáneo,
deja las formas estilizadas del arte bizantino,
para tomar las de la realidad. Se ve que en su
arte ya hay una libertad y una luz; una mane­
ra de componer propia y de solucionar proble­
mas de espacio y de visualidad, manera de \estir a sus personajes, y también una acción, a
veces muy movida, que no había existido basta
entonces. Pero a través de eso tan nuevo, per­
sisten aún la ley frontal, la línea geométrica, y
multitud de otros detalles, lodos ellos ya modi­
ficados, pero que delatan su origen. Y así, con
tal base se irá desarrollando toda una nueva
pintura que llenará todo el siglo XIV. Son los
llamados cuatrocentistas.
El arte de todos estos pintores, es convencio­
nal, pero hay que decir en que forma. Es con­
vencional desde un punto de vista naturalista,
porque el pintor naturalista imita la realidad;
pero no con respecto a la naturaleza. Toma de
ésta aquello que le conviene, y con eso recons­
truye la realidad según la idea de lo que se pro­
pone. Y esta manera de comprender el arte,
es algo que persistirá en todo el arte del Rena­
cimiento. Porque, ni aún en esa época el pin
tor imita: observa y luego pinta libremente. La
pintura directa no existirá, y sólo en parte, has­
ta Goya. Y ni aún cuando pinta ante el mode­
lo procede de otra manera.
Pues bien, tiene que venir el derrumbe total
de la pintura, para que aparezca el pintor imi­
tativo: puede decirse que este gran “ honor” le
cabe al siglo XIX. Y entonces si que puede de­
cirse que la pintura lia muerto.
La buena pintura, pues, es siempre mental. In­

terviene la idea, la elaboración en el espíritu.
Salvo muy pocos, todos los pintores del Taller
están dentro de esta comprensión. ¿Por qué,
pues, no seguir así, puesto que está bien? Pues
por varias razones.
Así como de la pintura imitativa a la ya cons­
truida en el pensamiento, media un gran paso,
así también de ésta a la pintura abstracta, me­
dia otro igualmente grande. Y como sea, el en­
contrarla, ha sido la enorme labor de estas ul­
timas décadas, es decir el abandono completo
del naturalismo; si esto marcó un nivel ¿es qué
ahora hemos de ponernos por debajo de él? Es­
to no me parece ni digno ni lógico.
La naturaleza como una perversa sirena, pa­
rece como si se afanara en presentar ante el pin­
tor naturalista, todas las joyas de brillos ) co­
lores para tentarlo. ¡Pero pobre del pintor que
se deje seducir! Deja lo fuerte, la idea, la con­
cepción plástica abstracta. Pero este pintor de
vanos fuegos de artificio, que cuenta en el gre­
mio con un 99 % de seducidos; o mejor, de vul­
gares a los que su miopía no les permite ver más
allá de sus narices. V el público, en general, se
pone de su lado porque es tan vulgar como él.
Meter, pues, los pies en esa charca del natura­
lismo imitativo, me parece de lo más abyecto.
\ como eso se ve a las claras, me parece que
es supéríluo insistir. Porque el pintor que allí
se pone, él mismo ya se clasifica.
No es extraño, pues, que los modernos reac­
cionaran tan violentamente. Y de ahí esa famosa
evasión de la realidad. Quisieron estar bien le­
jos de esa charca mefítica. Por esto quien aun­
que sólo dé la apariencia ya parece que se sitúa
en un plano inferior.
Ahora mismo, al tratar de abordar, siguiendo
nuestra línea, el cuadro de composición; es de­
cir, el desarrollo en lo humano en un aspecto de
la vida, naturalmente tuve que pensar en lo que
se había hecho en todas las pinturas. Y poco
hubiera costado meter el pié allí y buscar algo
equivalente. Pero había obstáculos invencibles
que por todos lados cortaban ese camino; tal
obstáculo era lo abstracto; es decir toda la es­
tructura ideal de nuestra pintura. Y con ello
quedó demostrada su unidad.
Un encadenamiento lógico de todas sus partes,

no permitía ni añadir ni quitar: lo geométrico,
la ley frontal, el ritmo, la idea de la cosa en
vez de la cosa, el tono en vez del color, etc. i
asi, vi, que había quu resolver la dificultad sin
apartarse ni en un ápice de tal teoría; es decir,
nubla que resolver dentro de ella misma. Pero
¿cómo ? i al solución me ha llevado tiempo, pe­
ro, al fin, creo que la cósa está resuelta. ¿Có­
mo, aun? Pues, sencillamente, siguiendo el mis­
mo procedimiento de nuestras pinturas últimas,
sólo que, a la lista de objetos debíamos añadir
la figura humana que, así como en esos cuadros
de objetos, más o menos, ios agrupábamos por
su afinidad, allí, las figuras debia agruparlas al­
go humano. Esta me pareció que era la única
solución, y también la más sencilla.
Pues bien: de esa solución tiene que salir al­
go de completamente inédito. ¿Habrá quien du­
de? l o do lo creo, y pienso que la pintura que
hacíamos hasta antes de este último verano, ya
pertenece al pasado. El paso, pues, se ha dado.
Un pintor en la abstracción, bien fortalecido
por las reglas que dimanen de tal concepto, aho­
ra ya puede afrontar lo que podríamos llamar
un tema para su obra; lo que el otro día dije:
la idea; porque, estando en lo abstracto, ya no
hará ni pintura imitativa ni descriptiva; hará
sólo pintura, pues es el objeto de crear su obra.
Ahora, pues, abordará la figura humana, y
querrá mostrarnos un aspecto de la vida: el
hombre y lo que le rodea, como ser el paisaje,
los objetos que crea y usa ;y además, ese hom­
bre en acción, sea en lo que sea. Pero, véase de
que manera están construidas esas figuras y ob­
jetos: no ha copiado nada, con el conocimiento
que tienen de esas cosas él las ha reconstruido,
y entonces podrá decirse que realmente habrá
creado algo. ¿No es esto lo que tiene que ser la
pintura? Hemos llegado, pues, a lo que ha sido
siempre la pintura, pero dentro de una nueva
estructura. \ , ni deberá nada al arte antiguo, en
cuando a eso, ni a las escuelas modernas.
Más o menos, casi todos los de este Taller, ya
están capacitados para hacer esta pintura que
he dicho. Pero hay algo en ella; es decir, dos
cosas principales, que serán difíciles de vencer,
pero que con trabajo y tiempo, no dudo de que
(Pasa a la Pág. 6)

PRESENCIA DE DON JO AQ UIN TO R R ES GARCIA
V ivir para la muerte es hoy uno de los lugares
comunes en que caen la mayor parte de las obras
pertenecientes a ese género híbrido que no se
sabe si es filosofía literaria o literatura filosófi­
ca. Morir para la vida, vivir para sobrevivirse,
para sobreponerse a la muerte, es la aventura de
todo hombre que quiere aventurarse sin cambiar
en soberbia el don de gloria de su existencia.
Nadie se sobrepone a la muerte si no se sobre­
vivió durante su vida. V ivo ejemplo de esto es
Don Joaquín Torres García muerto. Han pasado
seis meses desde que acabó de vivir; tanto val­
drá decir: ya ha transcurrido un segundo o sólo
han pasado mil años, porque ha muerto para
siempre y porque vive lo que lo sobrevivió mien­
tras vivía. Y este vivir que, se sobrepone a la
muerte porque se sobrevivió a sí mismo, no es
sólo el “ harto consuelo" de la memoria, es el
relámpago sostenido del espíritu, es la perma­
nencia de Dios, que abriga a la persona ensimis-

mándosela, que la mantiene endiosada, habiendo
anonadado al ser.
El maestro Torres creía, con toda la particu­
laridad de su alma, en una realidad superior,
universal, misteriosa y evidente, y dedicó cada
minuto de su ser en conservar la presencia de
esa realidad en los actos del hombre. El arte
para él, debía inscribirse sin disimulos en aquel
espíritu supremo que, para expresarse, no nece­
sita de complicadas sealizaciones, ni de magní­
ficos escenarios, sino de cuatro líneas justas y
verdaderas. Actitud de maravillosa responsabi­
lidad y gravedad de espíritu la de quien, dueño
de un oficio extraordinario, se desnuda de to­
das las mañas y artimañas del arte, para mos­
trar sin velos el cuerpo de alma de lo plástico.
Su pintura es un hecho complejo que nace de
un acto simple del espíritu, un rayo que cae de
un cielo sereno de profunda claridad.
Don Joaquín Torres García supera la figura­
ción, el arte naturalista, maneja elementos pu­

ramente estéticos, vive en el hecho plástico; es
un pintor de nuestro tiempo. Pero, el tiempo
pasado no es para él tiempo perdido, y en la
arrebatada humildad de su voz ------ que nunca
se podrá confundir con el orgullo — vive la tra­
dición del hombre. La pintura, entonces, sobre­
pasa la estética, pues sólo se purificó para que­
marse y dejar casi de ser arte en su momento
supremo, para convertirse en lenguaje, en donde
la línea y el tono son la escritura del alma, a la
vez libre y absolutamente rigurosa.
El maestro Torres no se conformó con vivir
absorto en esta antigua luz milagrosa, se esforzó,
además, en transmitirla, en enseñarla; para lo
cual era necesario compartir una poesía, una
moral y una metafísica.
Por eso, aquel de los depositarios de esta en­
señanza que se aparte de lo fundamental de élla,
no se desviará de un sendero estético, estará a
un paso de traicionar su alma.
Guido Castillo.

�FACULTAD DE HUMANIDADES
LECCION IV

serán vencidas. Se relacionan a la parte podría­
mos decir, volátil de ella , y son el tono de la
obra, en cuanto al color, y el tono, en cuanto a
la expresión humana universal. Quiero decir, el
ambiente de ella, su tono elevado, que nos pon­
ga en un plano ideal (sentido, no pensado) o,
dicho de otro modo; eterno. Pero, a todo puede
llegarse con perseverancia; y más, si por el vi­
vir, nos ponemos al abrigo de la frivolidad.
Directamente esto que acabamos de decir so­
bre el tono de la obra, afecta al humanismo: de­
be de estar como enclavado en sus más puras
esencias.
El ambiente de una obra así no debe darnos
al hombre pre civilizado: el hombre podríamos
decir en el “ paraíso” ; ni al hombre primitivo;
ni al hombre civilizado. No; nada de todo eso.
No, tampoco aquel hombre, individuo de una
humanidad superior: según se ha dicho, lo que
el hombre tendría que ser y no el que es. Tam­
poco el hombre alma, el hombre espíritu, del
arte mágico. El ambiente debe ser: partir, el ar­
tista, de la idea de casa cosa; o si se quiere, de
su esencia, que él concibe en su espíritu. Cada
objeto, cada forma que ponga, debe ser creada.
Parte, pues de lo abstracto, que es la idea y él
debe transmutarla en forma. Tomando de la
idea, él crea una estructura; va a la forma en sí,
porque .más se fija en lo que es cada forma y
como pura forma, que no en lo que representa.
Y tal manera de estructurar, parecerá al profa­
no (sea o no artista) una cosa disparatada, por­
que ese estará, no en el plano de la forma en
sí, sino en el plano real. Tal singular obra, trans­
porta al espectador, verdaderamente a un plano
estético, puro: un mundo que se podrá renovar,
pero que siempre será inédito. Y yo no creo que
pueda encontrarse una expresión más alta para
la pintura.
Al decir, que tal pintura, tendría que directa­
mente ser afectada por el humanismo, quise de­
cir esto: que la idea o el tema de cada compo­
sición debía tomar del tono o ambiente del hu­
manismo, cuyo origen podríamos encontrar en
la Grecia antigua; el tono de los rapsodas y trá­
gicos, como Homero o Esquilo; de la poesía he­
roica de Píndaro o Tirteo; o de la idílica de
Anacreonte; cuya transposición vemos luego en
la plástica, en su estatuaria y en las pinturas de
vasos. Pero, aunque levemente tome de ese to­
no, luego vemos, que la estructura de tales obras
nos lleva a un mundo completamente inédito
que ya nada tiene que ver con ello. Porque ta­
les obras son algo estructurado dentro de la uni­
dad. con su tono y música propia, donde no ca­
be quitar ni poner nada.
Antes hablamos del tono de la obra, como va­
lor humano universal, y también del tono de
ella en cuanto al color. Vamos a tratar de esto
último.
La pintura naturalista, copia la luz de la rea­
lidad: pero esta obra que ahora hacemos, la
crea por sus propios elementos. Por que, en ta­
les obras, no hay día ni noche: es pintura abs­
tracta. Pero, dentro de la abstracción, puede ha­
ber diferentes tonos dominantes los cuales ema­
nan del grado de elevación de la abra, y siem­
pre apartándose de más en más del aspecto real.
Porque al tono, más o menos universal v puro,
corresponde, dentro del color, una tonalidad co­
rrespondiente. \ esto es de una gran importan­
cia, de manera que no debe pasar por alto al
pintor.
Con todo esto que se ha dicho, ya hemos co­
locado a la pintura en su jerarquía propia. De

manera que la teoría ya la tenemos; ahora toca
realizarla. Y, por difícil que sea, si tenemos la
idea, no hay duda de que le realizaremos. ¡Y
cuántas cosas barreremos, que ahora nos son in­
dispensables! Y en cambio, ¡cómo se ensancha­
rá el horizonte! Teníamos que llegar a esto, y
a pesar de que parecía que era un imposible,
hoy vemos que ya no hay obstáculos; que el
camino será llano y que lo andaremos sin tro­
piezo alguno. Esto lo digo porque lo sé bien
cierto.
Todo este largo trabajo, ha sido para salvar a
la pintura (la pintura de cuadro chico) porque
el arte constructivo ya hace años que ha resuel­
to su problema: Será, esta, pues La Pintura Cons­
tructiva.
La vinculación de las dos pinturas con el hu­
manismo es ahora más estrecha: ambas ya, to­
talmente, están en un plano universal; lo tem­
poral ha perdido todo su prestigio real: lo hu­
mano reaparece, pues vuelve el hombre al pri­
mer plano. Están, pues en consonancia, con el
mundo ideal de los grandes poetas, filósofos, ar­
quitectos, estatuarios y pintores de vasos. Todo
particularismo ha sido barrido. Nuevamente las
reglas de arte vuelven a establecerse. El equili­
brio clásico torna a ser la base.
Se presenta, pues, ante nosotros, el más am­
plio horizonte. Todo depende, ahora de noso­
tros mismos.
Si se quisiese encontrar una pintura que tu­
viese relación con el humanismo, ni aun par­
tiendo desde un siglo atrás, se hallaría. Mal o
bien, en la pintura del Renacimiento, a través
de la forma, del tono de la obra y su composi­
ción, o de su estructura formal, serían muchos
los ejemplos que se hallarían. Y esto entonces
quiere decir, que, desde que decayó para caer
en la banalidad, en el academismo, o en la anéc­
dota, perdió toda la virutd que la había hecho
grande. Y ya, siguiendo por ese mal camino,
agrava sus defectos, pues de más en más es de­
vorada por el naturalismo descriptivo, que, a
pesar del impresionismo y luego el cubismo, no
logra desembarazarse de él y volver a hallar la
senda en lo universal. Parecería que, tal concep­
to, se hubiese perdido irremisiblemente.
Si con toda buena fe, un humanista, quisiese
hallar, en la pintura contemporánea, algún

ejemplo ilustrativo en tal sentido humanista,
quizás, dentro de una pintura literaria, lo halla­
ría. No sería completo, porque no lo hay, pero
sería lo menos grave. Lo que tendría que serlo,
de verdad, sería que la tal pintura, plásticamen­
te, por no ser abstracta ni construida sería un
pésimo ejemplo. Es decir, que una pintura hu­
manista en cualquier sentido; o si se quiere,
imbuida por el sentido humanista, contemporá­
neamente, no existe. Porque es más importante
que una pintura, esté dentro del sentido univer­
sal humanista por sus valores abstractos cons­
tructivos, que no por la representación. Porque
la pintura abstracta y hasta construida que se
hizo modernamente, precisamente por no estar
imbuida) del espíritu humanista, se fundamentó
en lo anecdótico. De ahí lo chica de concepto:
jamás pudo llegar a lo universal.
Para un espectador que no profundice, la pin­
tura que dimos ahora mismo en el Salón del
Ateneo, como ejemplo, dirá que está en lo mis­
mo que estamos atacando. Y no es así, porque
aunque basadas en objetos comunes, no es par­
ticularista, pues, tales objetos, sólo fueron to­
mados como forma y tono, en una pintura libre
de compromisos con la realidad. Por esto que­
daba en lo universal, a pesar de haber partido
de lo real.
En todas sus piezas, pues, nuestro problema
de la pintura, hoy, y en nuestro país está com­
pletamente resuelto; todo, ahora es cuestión de
tiempo y trabajo. Y un trabajo que creo indis­
pensable, es volver a leer y meditar el texto
de estas lecciones: cada uno pues, tendría que
rehacer, no sólo su proceso y desarrollo, sino
además, estudiar minuciosamente cada eslabón
de esta larga cadena. Pues, sin este previo estu­
dio, a fondo, sólo podrá hacerse algo desma­
yado o débil, por falta de total comprensión.
Y piensen todos, que a no aprovechar este mo­
mento, quizás pierdan la oportunidad de ser, no
sólo buenos pintores, sino aun buenos pintores
en un plano muy elevado. Todos, pues, han de
hacer un esfuerzo, y no dejarse vencer por la
inercia.
A través de tantas teorías, hay que pensar que
la pintura, ni por un momento, ha dejado de
estar en primer término. Se la ha salvado, sin
dejar de atender a elevarla: es decir a jerarqui­
zarla a su debida altura, dotándola de lo más
importante: la estructura.
J. Torres García

LA NUEVA VERDURA DE LA CRITICA
Después de algunos años de silencio, y a un
tiempo prudencial de la muerte de Don Joaquín
Torres García, los críticos reverdecen.
Removedor les agradece y aprovecha la cir­
cunstancia para, en homenaje a su maestro, vol­
ver a su modesta razón de origen mostrando lo
amarillo de la crítica verde o reverdecida.
Esta crítica utiliza los viejos métodos, pero
aprovechando una circunstancia nueva: la muer­
te del maestro Torres García. El gran pintor
uruguayo que fuera blanco de sus disparos, es
boy escudo paradójico. Con el se defienden con­
tra el mismo, invocando su nombre para atacar
todo lo que el sostuvo.
Con todo, no creo que en ellos exista malevo­
lencia, si es cierto que la ignorancia es un an­
tídoto preventivo contra toda maldad. Admiten
hoy que Torres García es un gran pintor porque
así lo cree mucha gente entre la que hay nom­
bres famosos. Pero, la vana credulidad infantil
que los lleva a admitir lo que la fama admite,

choca con aquellas cosas que, cuando niños,
aprendieron en la escuela, corroboradas por sus
papás y por sus tíos y por la opinión general,
la cual es fama que no es ni opinión siquiera.
Tomemos, por ejemplo, a Luis Eduardo Poníbo. Este joven crítico publica seis o siete artícu­
los de diversos temas e idéntica fortuna en una
revista bien presentada que se denomina Alfar
y que dirige un señor llamado Julio J. Casal.
El joven crítico comienza por encantarse ante
los dignos representantes de la mediocridad
francesa, Alix, Desnover y Walch. Es compren­
sible que algunas personas, sean comerciantes o
críticos de arte, se sientan cultos y refinados
pudiendo entender esta confitura burguesa dis­
frazada de arte moderno.
Luis Eduardo Pombo tiene, además, el loable
propósito de defender a “ la ahora tan vilipen­
diada madre Naturaleza” , como el, tan original­
mente dice, enojándose muy en serio con el ar­
te no figurativo.

(Pasa a la Pág. 8)

�J O A Q U I N TORRES G A R C I A (187 4
UN

ARTISTA

Muchas veces a «Ion Joaquín Torres García le
oí hablar de la gran Tradición del Arte, y re­
cién después de haber recorrido Europa, com­
prendí el sentido profundo y tremendo de esas
palabras. Torres García bahía vivido, había es­
tudiado, había amado intensamente todo el arte
anterior al Renacimiento, en especial el arte
egipcio y el greco-romano. Pero, no debemos en­
cerrarlo en esto sólo, pues también supo amar
al Renacimiento, como tal, si bien sostuvo que
gran parte de los males de la Pintura, se debía
a él: no olvidó jamás al Greco, sobre todo al
Greco, que fué un pintor que sintió con pasión
y amó con fe. Y ya empezaremos a bacer hablar
al Maestro Torres: “ Pongamos al Greco: justa
relación de tonos; grandes líneas que constru­
yen el cuadro; un punto central donde todo con­
verge; dominio de la forma; invención de ro­
pajes y actitudes; caracterización de persona­
jes; y . . . , vida del Greco, y el Greco mismo. Y
él debía de saber muchas cosa s..., y debía de
tener muchos secretos” . Sí, también Torres, tú
debías saber muchas cosas que no pudiste ense­
ñarnos, y muchos secretos que se fueron conti­
go, porque nosotros no pudimos descubrirlos.
La base primordial de su arte, fué la verda­
dera tradición de la Pintura, pero nunca aban­
donó lo personal suyo, lo original, lo intrínse­
camente suyo. Eso que fué descubriendo a través
de muchos ensayos y muchas experiencias. Esa
lucha constante la trasmitió a sus discípulos.
Frente a cada tela, a cada cartón de Torres
García, se sienten esa “ emoción plástica” , que
junto con lo inédito, nos dará lo más grande de
la pintura. Eso mismo, es lo que siente frente
a cualquier gran obra maestra del pasado, un
Velázquez, así como también frente a las Pintu­
ras románicas del Museo de Montjuich en Bar­
celona, por ejemplo. Pinturas éstas, donde lo esquemático-geométrico predomina, donde las for­
mas crean con el color (en especial las tierras)
algo imposible de expresar con palabras, pero
que se siente, que se vive en lo profundo el al­
ma; como la pintura de Torres García.
Hay ideas, que para precisarlas mejor, es ne­
cesario recurrir a las mismas palabras del Maes­
tro. Para aquellos que ven arte en lo aparatoso,
en lo histórico, en lo mediocre, en lo chillón,
son estas palabras. “ Por esto no se percibe el son
dulce de la armonía: el Gris. ¡El gris caro a los
grandes! Y el blanco y el negro, y las tierras.. .
y el tono. . . y las calidades; ¡valores todos abso­
lutos, esenciales, pues sin ellos no hay pintura!"
Con estas ideas, con estas palabras sencillas, pre­
cisas y serias, tenemos que trabajar. Tono. Ca­
lidades. Armonía. Frente a la pintura de Veláz­
quez, se puede palpar esas esencias, además el
gris V el negro. Hay sí, la apariencia de lo real,
en la Meninas, pero la Pintura se adueña tanto
de la enorme tela, que las figuras humanas, se
convierten en formas puramente plásticas y el
tono nos da esa vibración única, que sólo con
el sentir musical es comparable.
Torres García está en ese plano, está en esa
altura. Para algunos esto será una novedad, pa­
ra otros casi una profanación, pero para los que
viven la Pintura como Verdad, esto es nada más
que un reconocimiento justo, una valoración ne­
cesaria. Y como diría un pintor nuestro, sería
un honor para el Museo del Prado, tener una
salita con telas de Torres.
Se leen en libros y en revistas de Arte, se oyen
voces conocidas o no, que lanzan alabanzas de
Pieasso, de Matisse, de Miro, y hasta del cínico

UNICO

V UN

PINTOR

UNIVERSAL

Dalí, un estrambólico pintor romántico. Muy
pocas para el gigantesco espíritu de Torres Gar­
cía. Solitario en su vida, solitaria de muchedum­
bres fué su muerte, pero acompañada de discí­
pulos y pintores. Pintores que él había creado,
pintores que él había sostenido, pintores que él
había ayudado. Y por sobre todo su pintura, su
pintura constructiva, sus series de retratos, sus
últimos ensayos de revalorización de la figura
humana, y sus ideas estéticas, seguirán enseñan­
do caminos, sosteniendo y alentando a nuestros
verdaderos pintores.
jugando con aquel verso del inmenso creador
Lope de Vega, que dice: “ que suele dar gritos la
verdad en libros mudos” tan recordado José Bergamin, diremos nosotros, que la verdad de Torres
García seguirá dando gritos en sus libros mudos,
v mejor, sordos para la mentira, para lo medio­
cre, para lo malo, pero si libros habladores de
la Verdad y de la Vida, como el Universalismo
Constructivo” , como “ Lo Aparente y lo Concre­
to en el Arte” , como “ La Tradición del Hombre
Abstracto” . En esta maravillosa obrita. tan plás­
tica como ideológica, tan fuerte como vibrante,
en la cual donde el Maestro Torres vuelca lo
mejor de sí mismo, como artista pleno y crea
su universo cósmico; afirmaba uno de sus dis­
cípulos que debía trasladarse todo él, al már­
mol, grabar todo ese universo plástico en már­
mol: con esos grandes bloques grabados formar
una gigantesca avenida: se crearía así la prime­
ra obra de Arte Grande de América, que sería
digna sucesora o mejor continuadora de Tiahuanaco, Machupichu, Sacsahuman y Cuzco incai­
co. Torres García decía, y aquí cabe bien,
lo de escrito con su puño y letra, pues

La "Tradición del
Hombre Abstracto"
por J. TORRES GARCIA - 1938
(FR A G M E N TO S )
Todo cuanto el Arte ha producido, no
im porta en que época, oscila entre dos
extremos de un lado lo que viene de la
¡dea, del otro lo que toma su origen en
la impresión real. O en otros términos,
arte geom étrico y arte im itativo.

La razón es la llove del conocim iento
Nos lleva a conocer al H O M B R E . Todo
está en él, no en pequeño, sino en su
dimensión real. Aqui no hay dimensión.
La Tradición de la civilización es la
tradición del HOMBRE ABSTRACTO. El
bárbaro solo vive en el hombre concreto,
real.

-

1949)

es litografiado el manuscrito, aquello de:
“ En el buen pintor la luz es insepa­
rable del tono Ila luz no es el claroscuro,
" así como el tono no es el color) y el tono del
color y el color de la forma; todo se funde
"e n rápida síntesis: la creación. Y' la verdade'' ra luz del cuadro, no es la que habrá imitado
en él, sino otra muy distinta que emana de
la profunda visión del tono v de su armoniza“ ción, y que será la vida de la obra. Aparte de
la preparación por otros, Velázquez es el pri" mero que realiza esto plenamente” . Y más
adelante pregunta ¿qué se prevee para el por­
venir? Nada nuevo debe traerse, Rectificar el
error. Volver a lo Universal. Restablecer la idea
clásica de Lnidad. Y termina como gritando
VOLVER A LO COSMICO POR ENCIMA DE
LO HISTORICO. “ Torres García cumplió en su
obra ésto, y creó su mundo plástico. Un mundo
nuevo y actual, un mundo inmensamente viejo,
un mundo primitivo, grandioso y cósmico. Pero
por sobre todo suyo, suyo en propiedad espiri­
tual, pero dado con largueza, con amor a sus dis­
cípulos, a sus oyentes, a cualquiera que con in­
terés quisiera oirlo, sentirlo y verlo.
I no busca encerrarlo, aprisionarlo, como pin­
tor, pero Torres García trasciende, se eleva, se
transforma en Maestro de Pintores y sigue en­
grandeciéndose en sus libros, que al leerlos con
detención, se encuentran siempre cosas inéditas,
ideas enormes, que no habíamos captado, que
no habíamos aún intuido.
Debemos tomar un solo cuadro y resignarnos
al deleite único de su música. Un autorretrato,
o una estructura, o una simple Naturaleza Muer­
ta o aquel genial retrato del Greco, un verdade­
ro Greco moderno, actual. Su última exposi­
ción en vida y que prolongó su vivir de pintor
después de muerto, fué la más pura manifesta­
ción de Arte Grande, que se ha hecho en Amé­
rica y acaso de las más grandes del universo.
Allí, se vivía un mundo puramente plástico, rico
como no fué para mí la gran exposición (por el
número de telas y pintores) del Salón de Otoño
de París en 1948, ni aún el importante v^tal vez
único en el mundo, Museo de Picasso, o Mu­
seo de Antibes, en la Costa Azul de Francia.
Torres García fué un solitario, lo hemos di­
cho ya y lo repetimos. El mismo nos lo dice:
“ Con facilidad yo olvido la calle y quisiera que
“ los otros (sus eternos discípulos) también la
“ olvidasen: es la única manera de existir real“ mente. Y luego recalca. Por esto, Miguel An“ gel y Leonardo eran unos solitarios, v lo mis“ mo Beetboven. Sabían que, en la medida en
“ que se abrían los ojos hacia afuera, se cerra“ ba la luz de adentro. Sabían que la luz física
“ es nada; que luz es saber, conocer, y que sa“ ber o conocer es ser, existir” . No es empresa
de poco más o menos el ser artista. “ Tan serio
se tomó eso de ser artista, que lo sacrificó todo
por eso. Su vivir en lucha sin cuartel siempre
dentro de los problemas plásticos, contra todo y
contra todos los que no querían comprenderlo.
Su línea de conducta como artista que quiso des­
de sus primeros pasos como tal. hacerse un Es­
tilo. Estilo que creó para sí mismo, y luego de­
seó ampliarlo para el L niverso.

EL ARTE es una tradición.
lA P IN T U R A no es el arte, es solo
una rama de él, y fuera de la tradición:
de Venecia hasta hoy.

Torres García estuvo creando siempre, reno­
vándose siempre. Y con una sencillez, nos decía,
después de las conferencias, traigo aquí unos en­
sayos, unos cartones para concretar, para acla­
rar lo dicho. Esto no es definitivo, hay que se-

�i

JOAQUIN TORRES GARCIA 1874-1949
(Viene de la Pág. 7)
guir enrayando. Casi parecía que eso no tuviera
importancia. Aquellos cartones, son creaciones
definitivas para el Arte de América.
Le decía yo no hace mucho a un artista ca­
talán: Europa, dejando en su lugar de privilegio
a los Museos y a las Grandes Creaciones del
pasado, en el terreno de la Pintura actual,
hoy no nos tiene nada que enseñar. Claro, que
lo decía pensando en Torres García, qua era un
auténtico creador americano y europeo a la vez,
europeo por la universalidad de su cultura.
Hace poco, leyendo “ U n A d o l e s c e n t e "
de Dostoieswsky, el cual por boca del joven Dolgoruby dice: “ Y a he dicho que las ideas más
sencillas son las más difíciles de comprender.
Añadiré que son también las más difíciles de ex­
plicar; y más adelante recalca: “ La ley de la
idea es también recíproca; la idea superficial
y vulgar es fácilmente comprensible, sobre todo
para la multitud, que la eleva a las nubes en­
seguida, pero sólo durante un momento. La
rápida comprensibilidad es una prueba de la su­
perficialidad de una idea” . La pintura de Torres,
es una pintura muy sencilla, muy sutil, muy sin­
tética, y muy pura. Pintura de pintor, sostenida

siempre por una idea y por un artista. Precisa­
mente por ésto, será muy difícil de comprender,
de apreciar por la multitud. Si la pintura de
Torres García, para vivirla plásticamente habrá
siempre que tener una seria cultura visual
del Arte, de la Pintura, de la verdadera Pintura,
como se necesita para vivir intensamente el
mundo espiritual de Quijote, una cultura no li­
brera, sino literariamente sólida. No es posible
que un analfabeto aprenda a leer en el Quijote.
No es posible sentir y amar a Torres García, no
sólo siendo analfabeto en Pintura, sino algo
peor, creyéndose sabio por poseer una falsa cul­
tura estética.
Don Miguel de Unamuno en su obra “ Del Sen­
timiento Trágico de la Vida” , divide en dos el
grupo humano pensante, unos que piensan sólo
con cerebro y otros que lo hacen de muy distinta
manera. DON JOAQUIN, era uno de estos últi­
mos, que obraba, creaba y sobre todo pensaba,
como quería Unamuno “ con todo el cuerpo y
toda el alma, con la sangre, con el tuétano de los
huesos, con el corazón, con los pulmones, con el
vientre, con la vida.
Roberto Sapriza

LA VERDURA DE LA CRITICA
(Viene de la Pág. 6)
El delicado temperamento de Luis E. Pombo
se escandaliza ante la grosería de un “ dibujo
que se recorta de negro” . Y el joven cita fra­
ses de ese precioso ejemplo de tonterías que se
llama Mauricio Denis y sueña con “ el armonio­
so criterio” y la “ amplitud de espíritu de París” .
Nosotros creemos que, en muchos casos, el ar­
monioso criterio de París — o como se le lla­
me— coincide peligrosamente con su amplitud
de espíritu, la cual, por desgracia, permite otros
ejercicios que el del pensamiento a que alude
nuestro amigo.
En otro artículo ,el Sr. Pombo sale briosamen­
te a defender los colores de Emilio Pettoruti,
“ porque en romper lanzas, queda siempre en
quien las rompe, girón de honor. ¡Y si n o. . . el
Quijote!” .

Guido Castillo

NOTICIA
EXPOSICION HOMENAJE
A J TORRES GARCIA
EN BARCELONA

Hace pocos días, el Sr. crítico, a través de in­
sinuantes velos, mostró las formas de sus in­
tenciones para con nosotros, nombrándonos, “ un
grupo de sistemáticos austeros misántropos que
vive alejado de nuestro mundo al que trata con
extraña agresividad (grupo que por oponerse al
gremio, llegó a apoyar un intendente que pro­
vocó una huelga en los salones municipales)” .
El Sr. crítico parece olvidar que nuestro grupo
ha estado siempre contra el gremio, al cual ha­
ce cinco años que le dejó el campo libre para
el reparto de premios, V que nunca entraron en
sus cálculos las tribulaciones de los intendentes,
llegando a rechazar reiteradas invitaciones pa
ra enviar a los salones oficiales con seguridades
de pago.
Aseguramos al Sr. Florio Parpagnoli que siem­
pre tendremos agresividad. — nada extraña, por
otra parte— contra todo mundo que le permi­
ta florecer cómodamente.
Otro caso interesante como síntoma lo consti-'
tuve el Sr. Cipriano Y itureira, que acaba de
publicar un libro con dos estudios, una confe­
rencia v tres sonetos sobre Cándido Portirari.

I

En las "Galerías Layetanas” de la
Ciudad Condal, dondé a principios
de siglo inició sus primeras luchas e
impuso después normas de vanguar­
dia al arte catalán de la época,
acaba de clausurarse una importante
exposición postuma de homenaje al
Maestro.
Según el catálogo que obra en nues­
tro poder, integraban la muestra 45
obras de Torres García, pertenecien­
tes museos e importantes colecciones
de Barcelona También se exponían
en vitrinas, libros, folletos y recuerdos
del Maestro, cuya actividad en esa
ciudad fué tan intensa y constructiva.
Impresora L .I.G .U . - Cerrito 740

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX REMOVEDOR

Estamos seguros quq el Sr. Pombo haría una
hermosa figura subido en Rocinante. El bien
montado crítico parece pedirle cuentas a Don
Joaquín Torres García, por no haber hecho un
nuevo comentario de Pettoruti tan benévolo co­
mo el que él cita, olvidándose en su denuedo
que el maestro Torres está de espaldas para
siempre y no puede responderle. Nosotros le ha­
cemos notar que lo único que Don Joaquín Fo­
rres García le reconoce a Pettoruti es el haber
sido el primero que, en América, intentó reali­
zar un arte no figurativo. Traducido: cuando la
generalidad de los pintores hacen malas imitamiones de los post-impresionistas, Pettoruti tiene
la virtud de hacer malas imitaciones de Picasso.
Y nos parece que el preguntarse como sería Pe­
ttoruti en mármol o en piedra, es la mánera más
delicada que encontró el maestro Torres para
decir que Pettoruti no es un pintor. Por lo tan­
to, cuando el Sr. Pombo, asegurando que el fran­
cés es su otro idioma, pide permiso para excla­
mar ¡líelas! por su frustada esperanza de que
el maestro Torres hubiera roto “ una nueva lan­
za” por Emilio Pettoruti, sin investigar lo que
pueda hacer con su otro idioma, le aseguramos
que la defensa de ciertas causas perdida» que­

da para caballeros tan corteses y cumplidos co­
mo él. El maestro Torres tenía suficiente tra­
bajo en luchar por un arte grande contra “ tan
atrevidos críticos de arte” , entre los que el Sr.
Pombo cree, posiblemente, no encontrarse.
Un alma gemela de Luis E. Pombo, el Sr.
Arq. Florio Parpagnoli, que desde hace algunos
meses es crítico de arte del periódico Marcha,
parece considerar que su labor consiste, princi­
palmente, en congraciarse con el mayor núme­
ro de gente posible. El Sr. Parpagnoli tiene una
rara habilidad para hacer medios elogios y me­
dios reparos; es un verdadero artífice del equí­
voco. Al destacado crítico le es cómodo adherir­
se a la enseñanza de Don Joaquín Torres Gar­
cía, pero no vacila en elogiar los trabajos de
Adolfo Halty. al cual sólo le faltaría ser pintor
para realizar una pintura totalmente antagóni­
ca al propósito que el maestro Torres perseguía.

El Sr. C. Vitureira ha encontrado la origina!
fórmula de utilizar los lugares comunes de la
poesía erótica de Pablo Neruda para hacer crí­
tica de arte. Y desde este ángulo de visión los
colores de Portinari son “ animalillos en fiesta
que ayudan a la descomposición de la forma” :
un cuadro es un “ pozo de ondas submarinas de­
licadas” o una “ roca ocre de luz podrida y rec­
ta” . Indudablemente, en estas obras “ las man­
chas que van a volar no vuelan porque perte­
necen a mariposa total” . Y* ante ellas, como es
lógico, las “ facultades frontales de pensar y de
sentir y hasta la carne” no pueden menos que
dolerle al conferenciante ” en forma cubista, en
planos verticales, tajantes y difíciles” .
Todo esto sucede porque, según Y'itureira.
Portinari crea “ mascullando como una bestia” .
No queremos polemizar sobre si Portinari es o
no un resto de aquella época feliz en que lo»
animales hablaban o, por lo menos, masculla­
ban. A no ser que el Sr. Vitureira haya querido
decir “ masticando como una bestia” , con lo cual
ubicaría a Portinari en una época mucho me­
nos feliz.
Es muyr significativo que el Sr. Vitureira ha­
ga, en una pequeña nota, el elogio de las deco­
raciones de los Sres. Mazev y González, y diga
no participar de el “ entusiasmo idolátrico” que
por los murales de Torres García en el SaintBois sienten algunas personas. Estamos seguro6
que únicamente un imaginativo de la índole del
Sr. Vitureira puede hacer comparaciones tan in­
esperadas y mostrar preferencias tan partícula
res. Comprendemos que no participe de nuestro
entusiasmo, pues el arte del maestro Torres no
es campo propicio para que florezcan los adje­
tivos.
En realidad, llámese Pombo. Parpagnoli, Vi­
tureira, el señor — o señora— crítico de el País.
Herrera Mac Lean o Vernazza, yo me he refe­
rido a una misma persona, o mejor, a una mis­
ma actitud mental, o mejor todavía a una mis­
ma corriente, o más precisamente, a una misma
agua químicamente pura.

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GRABADO

ANHELO HERNANDEZ

N°. 23
ABRIL

DE

1949

ORGANO REDACTADO Y EDITADO
EXCLUSIVAMENTE POR INTEGRAN­
TES DEL TALLER TORRES GARCIA

0.10
EL

EJEMPLAR

�LECCION PRIMERA DEL
TALLER TORRES GARCIA
La revolución en el arte, toma su origen en
Cimabue; es decir, que entonces se origina un
cambio de plano, o sea, que pasa del orden a
la libertad. Esto tuvo lugar a mediados del si­
glo XIII.
Parece que siendo aún joven Cimabue, (y así
lo relata Vasari) fueron llamados a Florencia
algunos pintores griegos, para hacer obras de
importancia; y viéndoles trabajar e imitándo­
les, pronto adquirió mucha destreza; y, a tal
punto, que, según dice el referido autor, los
superó; pues empleó mejor dibujo y colorido,
por su observación en la naturaleza; es decir,
que comenzó a imitarla y así, dice, acabó con
todas aquellas antiguallas. Las cuales, no debían
de ser otra cosa que las reglas del arte bizan­
tino; pues decía que tales pintores no podían
mejorar, porque, no hacían nada por estudio,
sino que unos enseñaban a los otros cómo de­
bían proceder. Dice Vasari, que Cimabue ya
en esas primeras' obras suyas, hizo los paños, y
no de la manera grosera de los mencionados
griegos, con líneas y perfiles, en los mosaicos y
en las pinturas: áspera manera, grosera y ordi­
naria, que seguían por tradición.
Pues bien, por esa brecha que abrió Cima­
bue, que fué el abandonar el plano de lo abs­
tracto para entrar en el naturalismo, pasó, si­
glo, tras siglo, y hasta hoy, tal tendencia. Pero,
a compás de eso, y en progresión cada vez ma­
yor, igualmente todo cambió en el mundo, y
también hasta hoy; y fué el desentenderse de
un mundo abstracto superior para vivir, de más
en más, en un mundo físico.
De más de veintiséis siglos puede contarse que
dura esta virada del mundo y parece que, a
menos que casi se destruya por completo (cosa
que podría acontecer) no cambiará de rumbo.
Locura, pues,- parece el querer vivir en él con­
tradiciendo la marcha que lleva, pero, para
aquel que haya vuelto a encontrar a la Verdad,
es forzoso que lo haga. Y tendrá que hacerlo,
soslayando todas las innumerables dificultades
que se le presentarán. Pero sabe, que si deja tal
camino que es el de la construcción y el ritmo,
estará perdido.

Platón quiere darnos a entender lo que para
él era la belleza. Y nos desengaña haciéndonos
ver que no es la belleza que vemos en las co­
sas. Porque la belleza, lo es, no por referirse
a cosa alguna, pues es igual a sí misma, y no
puede salirse de su base. Tiene que estar, pues,
en algo que ya no es cosa, como por ejemplo en
la proporción, en una relación de valores, en
un acorde perfecto, y entonces, si nos esforzamos
por descubrirla, no será copiando las obras de
la naturaleza, sino por el camino de lo abs­
tracto.
Tal belleza no suele interesar a la generali­
dad, pues ésta sólo se interesa por la belleza ele

REMOVEDOR
Redactor Responsable

AÑO 5

«

N°. 23
GUIDO

CASTILLO

las cosas. No puede llegar a un plano estético
porque está en un plano real.

Esto, ahora, va a explicarnos el por qué del
materialismo en que viven nuestros contempo­
ráneos.
Si en su esencia, el mundo es una unidad,
también lo es físicamente. Todo en él se des­
truye y construye siguiendo leyes inmutables, y
unos seres tienen que servir de pasto a otros.
De ahí que rija sólo la ley del más fuerte, ya
por la astucia, ya por la fuerza; que es decir
la ley de la selva. Y el que vive en tal ley, re­
trograda de su condición de hombre.
La ley ésta, es la opuesta a la ley abstracta
objetiva, que podría llamarse la ley del hombre,
puesto que sólo él puede conocerla: es la ley
justa de unidad: la que dice “ todos” en vez de
“yo”. Y esto no se refiere sólo a lo humano, si­
no a cuanto tiene vida autónoma en la natura­
leza.
El hombre, como ser consciente, tiene dere­
cho (si él cumple con la ley objetiva) a erigirse
en juez y custodio, de esa ley. Y entonces, ni
bicho, ni animal, ni niño ni hombre ni mujer,
deben escapar a su juicio. Y dice: cualquiera
puede gozar de libertad para hacer lo que quie­
ra, mientras no coarte la de los demás; si quiere
tener derecho a ser respetado, debe de respetar
a los otros. Está, pues, fuera de la ley, el que
se crea una unidad separada. Y es el caso del
romántico.

Y bien; considerando todo esto, ahora pode­
mos encontrar la raíz del materialismo.
Dejando aparte que, por el estudio de la na­
El arte clásico quiere permanecer en ese pla­ turaleza se tenía que llegar fatalmente al descu­
no estético. De ahí que tenga menos adeptos brimiento de sus leyes, y, por ahí, explicarse
que el otro que se afirma en la realidad. El arte lo que era, materialmente, el universo y el mun­
clásico es siempre constructivo, pues opera ob­ do, y, entonces, que cayeran para siempre su­
jetivamente; le interesa más la construcción que persticiones, mitos, leyendas fabulosas, y en fin,
no la representación. Sería el polo opuesto al toda suerte de conceptos erróneos; y que tras
arte romántico, a base de subjetivismo.
esa búsqueda, creyese el hombre que al fin to­
Cuando se constata que, en una obra de arte, do llegaría a explicarse físicamente, sin necesi­
hay un orden establecido, y que, en viéndola, dad de apelar a lo sobrenatural y divino; de­
se advierte en una sola mirada, su unidad ¡qué jando aparte todo eso, fué, sobre todo, el deseo
serenidad y perfecta paz nos comunica! ¿Por de dominación y de posesión, lo que determinó
qué, entonces como un furioso o un loco, quie­ una lucha en el plano material, y, como conse­
ren, otros artistas, meternos en su mundo sub­ cuencia de eso, el considerar a todo bajo ese
jetivo y atormentarnos con sus quimeras, sacu­ solo plano. Y entonces, y para que, dentro de
diéndonos en todos sentidos Ciertamente, que esa lucha, fuese posible el entenderse, tuvieron
Podríamos ver, que si el gran movimiento en parte, algo de la gran ley objetiva pasa a que dictarse leyes parciales, cuyo conjunto, hoy,
moderno del arte, llegó a la altura que le vi­ sus concepciones, pues, de lo contrario, no ha­ es casi infinito; leyes que chocando entre sí,
mos, fué porque, a su base, estuvo siempre una bría en sus obras belleza alguna, que es decir eran otro género de lucha, y entonces de tierra
teoría, es decir, lo abstracto. Por esto es doble­ armonías, pero, es a través de un montón de a tierra, y\ dentro de cada tierra. Sólo la obser­
mente imperdonable que, gran parte de los cosas que la contradicen. No hacen, pues, obra vancia de la ley universal abstracta, podía ha­
maestros que lo sostuvieron, se dejasen' arras­ pura, pero en cambio la vanidad de su yo que­ ber evitado todo eso.
trar por el superrealismo; es decir por lo opues­ da satisfecha.
to.
Bien; si ahora, considerando a todo eso, que­
Ni los gobiernos, ni las agrupaciones que se remos referirnos al arte, tendremos que ver,
Las ideas estéticas que se desarrollaron en hacen de hombres, bajo distintas banderas, ni que, si público y artistas, están en tal ambiente,
torno al Cubismo, puede afirmarse que apun­ el artista en sus obras, ni los individuos para poco pueden interesarse por el arte clásico, ba­
taban muy alto. Ejemplo es, ese querer evadir­ su conducta, jamás se rigen por la ley abstracta. sado en la ley objetiva. Además, no anhela la
se de la realidad, el querer dar valores por equi­ Proceden, por el contrario, siempre subjetiva­ paz, el hombre, sino esa lucha, y, por consi­
valencia, el llamado arte abstracto, que mues­ mente, y de ahí su obrar torcido e injusto. Pues, guiente, quiere que el arte les muestre eso. De
tran a las claras, que se perseguía algo que es­ tal obrar, sólo atiende al beneficio personal o ahí el tema, la anécdota y la representación vetaba mucho más allá de la pintura corriente y de una colectividad egoísta que sólo quiere su rista (el naturalismo) o cualquier otro arte, que,
aunque fuese una buena pintura. Evidentemen­ propio bien. Y a esto llaman la normalidad del sin ser una imitación de la realidad, mueva la
te, el plano del arte cambiaba. Y puede asegu­ mundo. Por esto la generalidad, está más en la voluntad humana. Y cualquier arte, con tal ba­
rarse, que era en el sentido del ideal de Platón: animalidad que en el espíritu y todos tienen se humana real, será considerado un arte nor­
es decir, de dar con la belleza absoluta. Sínte­ horror a lo abstracto, pues los condena, querien­ mal, pues a nadie saca del plano del mundo
do forzarles a obrar rectamente.
material en que está. Y de ahí, el escaso o ninsis y símbolo de todo.
t

�I FUNDACION

L fr sc o a Airea -

gún interés por el arte que sobrepase ese lími­
te y se funde en lo puro, que es decir en lo
abstracto.

En este tiempo de guerras en todas partes, se
lia podido observar un fenómeno muy curioso.
Tal pueblo era invadido por una facción cual­
quiera, y entonces, al formarse dos ejércitos
contrarios, el invasor llamaba rebelde o faccio­
so al que defendía aquel país. Análogamente, y
por todas partes, llamará rebelde al que quie­
ra estar en la regla universal, siendo, como es
evidente lo contrario, puesto que es el cumpli­
dor de ella. Pero, como no es ley que plazca a
la generalidad, no es jamás reconocida, y, no
siéndolo, de ahí que se tenga por rebelde al que
la hace suya; cosa que debiera ser al revés, co­
mo ya se ha dicho, puesto que él cumple una
ley inmanente. Por esto, todo constructivo, fren­
te a los artistas que no lo son, y a pesar de apo­
yarse en reglas,tan antiguas como el mundo, es
tildado de revolucionario o loco. En fin, que el
constructivo no tendrá paz en ninguna parte que
vaya y siempre habrá gente dispuesta a juntar­
se para arremeter contra él.

Puede decirse, que la fé del constructivo, se
apoya toda en su tono moral. De manera, que,
contra lo que se cree, su arte no viene del inte­
lecto, sino de todo su ser. Y por tal disposición,
es que pudo acercarse, desechando lo subjetivo,
a la verdad de la geometría y el ritmo. Y si es
fuerte, es por que cree a su arte indestructible.
Y aquí no se quiere decir arte suyo, personal, si­
no el arte que hace en tal disciplina.

Va gran diferencia, de llevar el arte al plano
real humano, o por el contrario, de llevarlo a
la pureza de lo abstracto. Experimentalmente,
cualquiera puede darse cuenta de ésto, colgan­
do en la pared dos cuadros en esos dos distin­
tos planos. ¿Cuál va a resistir más su contem­
plación? Indudablemente el abstracto, y vere­
mos por qué.
Para tal experiencia, supondremos que se tra­
ta de un cuadro naturalista, en el cual no ha­
brá entrado para nada la ordenación plástica.
Y por no haber juego alguno de planos, ni me­
dida no nos podremos fijar en eso, pues ahí no
existe; y, entonces, la atención se concentrará
en la representación y en el halago de los colo­
res y destreza en ser pintado. Y entonces, lo re­
presentado tiene que quedar como algo petri­
ficado o congelado, en la inmovilidad de la
muerte. Porque en tal cuadro, no hay funcio­
nalismo alguno, si se exceptúa la vibración del
color. Y además, sempiternamente tendrá que
verse el mismo personaje, o tal paisaje, o los
mismos objetos. Y esto, por fuerza tiene que
fatigar.
Imaginamos ahora un cuadro constructivo.
Pasamos, de súbito, a los valores abstractos, los
cuales, estarán dentro de un orden armónico.
Quiere decir, que en tal cuadro, hay funciona­
lismo, que es decir vida o movimiento, y, aún
dentro del ritmo. Los tonos estarán asimismo
dentro de un equilibrio. Aquí el tema es cosa
muy secundaria; será nomás un punto de par­
tida, y, por esto, no nos estorbará para la con­
templación de lo que es puramente plástico. No
estamos, ante tal obra, en un plano real; nos si­
túa en un plano estético, donde todo es paz y
ritmo, lejos de lo agitado del mundo. Yo creo
que a tal belleza debió referirse Platón. Por
esto creo que éste es el buen camino. Me refie­

ESP, Ga c

ro aquí a toda pintura que sea construida sea
intuitivamente o por la medida.

yo haya sentido, al contemplar una obra de
arte.

Si nosotros hemos rechazado el tema, es por­
que, al supeditarse la pintura a éste, no sólo
pierde su libertad, sino que, y por esto mismo,
es desplazada por él, y entonces, tiene que es­
tar a su servicio. Y no es esto lo peor, porque
cayendo entonces en lo humano real, tendrá fa­
talmente que caer en la expresión subjetiva.
Habrá dejado el plano de lo abstracto, por lo
figurativo y descriptivo; no será ya más una
pintura constructiva.
Pero todo esto no quiere decir que debamos
rechazar en absoluto el tema; sería como cortar
con la naturaleza, y esto, al menos para nos­
otros, no es posible. Veamos cómo se resuelve
tal dificultad.
Lo que hay que rechazar por completo es
servir a un tema, y entonces introducir en la
pintura imágenes de cosas tal cual las vemos
en la realidad. Pero si esto no ha de ser así, en
cambio estarán en perfecta armonía con una
pintura constructiva, formas que serán a mane­
ra de símbolos; es decir, que sin dejar de ser
formas y valer solamente por ellas mismas, nos
traigan un recuerdo o reminiscencia de la rea­
lidad. Y aún, podemos ir todavía más allá, y
representar figuras en composiciones, pero, en­
tonces, dentro de la ley frontal y reduciéndolas
a esquemas geométricos. Un ejemplo de eso nos
lo dá, sobre todo, el arte bizantino, aquel arte
que disgustó tanto al Vasari, al ir aquellos
griegos a practicarlo en Italia. En tal arte el
problema está resuelto. Pero, aunque podamos
considerarlo, no olvidamos que estamos en el si­
glo XX.

En esta pintura a que acabo de referirme,
no hay que decir, que lo subjetivo está ausente
completamente. Y tenía que ser así, ya que,
aquellos pintores, no hacían otra cosa que se­
guir la tradición de su arte, que es decir que,
ante todo, cumplían con las reglas. Y por esto
decía el Vasari, que no hacían nada por estu­
dio, y que por tal razón no podían progresar.
Pero, aparte de la poca importancia que tiene
aquí el progresar, tal como quería Vasari, hay
que decir, que sí, que era posible un progreso,
y que aún podía ser ilimitado. Pero el progre­
so que hubo, fué el abandonar las sabias reglas,
para caer en el impulso subjetivo que tenia que
acabar con lo verdaderamente clásico o estéti­
co, y caer en el naturalismo.

Hay que pensar, lo que va de una pintura de
Tiziano o Giorgione, a una esquemática compo­
sición bizantina. En los primeros todo es ri­
queza de tonos, bellos rostros serenos y bellos
cuerpos como de dioses; paisajes maravillosos,
y la tuda de todo ello. Y entonces ¿quién no
dirá que esas pinturas venecianas, son muy su­
periores a las bizantinas? Pues bien; yo al me­
nos no lo diría. Y añado que tales pinturas es­
tán en lo aparente y no en lo abstracto, y que,
por esto, son un puro artificio. Y recuérdese
como todos los antiguos, fuesen egipcios o grie­
gos, menospreciaban la apariencia de lo real,
porque comprendían que no era la verdad. Pues
de igual modo, sabe, el verdadero artista, que,
la verdad de la pintura no está en eso tan pom­
poso, sin o ... (¿cómo lo diré yo ahora?) en la
geometría en el orden, en lo estético, en algo
Aquí podría recordar lo que ya otras veces que ya no es cosa ni representa a cosa alguna.
he referido, y es que yendo impensadamente a
Bien; en eso estamos, y si alguno cediera
visitar una pequeña iglesia de un camposanto, ese lugar (cosa que no creo) sería bien insen­
de Italia, di con una pintura bizantina de muy sato. Y cuando bien se considera lo que repre­
buen estilo; la que representaba a Cristo ben­ senta el estar donde estamos, bien poca cosa es,
diciendo con un libro abierto sobre las rodi­ por ello, pasar las dificultades que pasamos y
llas, en el que se leía: yo soy el camino, la ver­ el desprecio que nos tienen.
dad, y la vida. Pues bien, he visto muchas gran­
des pinturas y esculturas, y, queriéndolas ahora
J. T orres - G arcía.
recordar, tengo que decir, que esa pintura bi­
zantina, me causó la emoción más grande que
Noviembre 5, 1948.

L E C C I O N E S S E MA NA L E S DE
TORRES - GARCIA SOBRE PINTURA
Desde 1947, cuando Torres-García
dictó un curso en la Facultad de Hu'
inanidades de Montevideo, que fué
reunido en volumen con el título de
“ Lo aparente y lo concreto en el arte*’,
ha venido desarrollando el maestro,
una cadena de lecciones semanales en
el local del Taller.
Así es que, a aquel curso siguieron
16 lecciones por encargo de la Facul­
tad. y a ellas, hasta la fecha, otras 17
a pedido de sus discípulos, que se com­
pletarán con tres más hasta llegar a 20.
luego tle las cuales, iniciará Torres
otro nuevo ciclo de lecciones, por en­
cargo de la Facultad de Humanidades.
En estas lecciones, el maestro To­

rres, desarrollará los temas que surjan
del movimiento del taller, y ellas esta­
rán siempre referidas a los trabajos de
los discípulos, a la vez que ligadas con
aquellos de la manera más amplia po'
sible, dado que, para Torres-García,
como lo saben quienes le oyen, hablar
de pinturas significa hablar de la “ pin­
tura" y por allí marchar al camino del
aite, hacia los grandes ciclos, y su dia­
léctica propia.
Estas lecciones encargadas por la
Facultad de Humanidades, tendrán lu­
gar en la sede del taller Torres-García
(subsuelo del Ateneo de Montevideo)
todos los lunes a la hora habitual.
S. C.

�EL MAESTRO JOAQUIN TORRES-GARCIA
Y a DESAPRENDIZAIE DE LA PINTURA
Por
Es verdad popular y verdad para algunas fi­
losofías que “ nadie nace sabiendo”. Pero ¿será
lícito decir que nadie muere ignorando? ¿Po­
ne algo la vida en esa primordial vaciedad? ¿Le
sobreviene el mundo al alma como saber?
Es otro decir en España que “ lo que natura
non da Salamanca non presta” .
Si verdad es que nada sabemos al nacer y
también que ni prestado obtenemos lo que no
nos dio naturaleza, se concluye que nadie mue­
re sabiendo.
Sin embargo existe la posibilidad socrática de
que la vida sea un aprendizaje de la ignoran­
cia, un saber que tiene como fin una concien­
cia del no-saber, un sólo saber no saber nada
(muchos filósofos de boy se sentirían tentados
a decir un sólo saber la nada) que, más que
conocimiento es vértigo de vacío.
Por lo tanto si Salamanca no nos presta nos
quita lo que natura nos da: confianza velado­
ra que oculta a medias lo que en verdad nos
dió: ¿vacío, ceguera y nonada?
Torres - García es hoy día una Salamanca de
la pintura que nos quita lo que natura nos da
y lo que la pintura nos dió para que entre tan­
tas dádivas no perdamos lo que veladamente
nos muestran.
Como resultado primero de esta enseñanza
nos sentimos ciegos, incrédulos, desilusionados
y verdaderos aprendices de la ignorancia. Se
nos destruye la ilusión de la naturaleza, la ilu­
sión de la vida y hasta la ilusión del arte. Pe­

GUIDO

CASTILLO

ro, en esa oscuridad, surge otra dimensión, otra
luz donde se ve que si el arte es un aconteci­
miento natural en la naturaleza, ésta es- un he­
cho sobrenatural en él.
Si alguien quisiera sintetizar en pocas pala­
bras las lecciones de Torres - García, tendría
que formular, poco más o menos, este aparente
absurdo: Haz lo particular y concreto de ma­
nera que sea lo universal y abstracto. Y para
hacerlo no debes partir de la realidad, sino ir
hacia ella vacío y hambriento, con apetito de
tonos y de formas, con voluntad de poesía, con
ganas de música.
Nada más exacto y evidente que este princi­
pio que, gracias a Torres - García, ya es entre
nosotros algo así como la perogrullada del ar­
te, un milagro que se cae de maduro y que de­
be estar implícito en cualquier acto del pintor.

Pero la pintura de Torres - García es un cla­
ro ejemplo de que tradición y originalidad no
son conceptos absolutos, ya que es imposible
lograr lo tradicional puro pues la tradición en
arte es tradición de originalidades, y es impo­
sible alcanzar la originalidad pura porque el ar­
tista es original por tradición. Vemos, entonces,
que originalidad y tradición se requieren mu­
tuamente en el momento en que se excluyen,
siendo ambos substantivos y adjetivos en una
misma unidad de pensamiento. Por eso es que
para Torres - García la apetencia de construir
no es el plano actual de la pintura sino la ma­
nera de estar actualmente en su plano eterno.

Posiblemente en ninguna parte del mundo se
estudie el naturalismo en todas sus formas na­
turales al arte como se lo ha estudiado en el
Taller Torres - García, y se lo ha estudiado de
“ Tradición y originalidad en la poesía de Jor­ esta manera para extremar la contradicción
basta superarla, para apurar el pecado hasta
ge Manrique” es el título de un admirable li­
salvarse de él y por él, y así aprehendido, po­
bro de Pedro Salinas, tradición y originalidad
son palabras rituales en la enseñanza de Torres- der desaprenderlo y desprenderlo del espíritu
hasta llegar a ignorarlo. ¿Acaso todo saber no
García, y en torno a ellas lian girado la mayo­
se funda en una ignorancia y todo recuerdo en
ría de los artículos de Removedor. Es que el
un esencial olvido? Es en este sentido que To­
artista de hoy conoce tantas tradiciones porque
rres - García dice que el valor de una obra de
ha extraviado la suya, porque ha perdido uni­
arte no se mide sólo por lo que tiene sino tam­
dad espiritual. Y si Dios castigó a los construc­
bién por lo que le falta.
tores de la torre de Babel confundiendo sus
lenguas porque querían .tocar el cielo, hoy, por­
Y a las obras que ahora se hacen en el Ta­
que no quieren tocarlo, los condena a expresar­ ller les falta el naturalismo, la ilusión ilusionis­
se en una misma lengua muerta que ellos creen ta, la que quiere dar la ilusión de que no es
extraña y viva.
ilusión.

EXPOSICION
DEL T A L L E R

TORRES - GARCIA
\

PINTURA

CONST RUCT I V A

PINTURA

ATENEO
ABIERTA

DE

MONTEVIDEO.

DESDE

EL 22

DE

A

3

DIMENSIONES

ENTRADA

ABRIL

PLANISTA

POR

DE 1949

RONDEAU

A LAS 16 HS.
Im presora L .I.G .Ü . - Cerrlto 740

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Torres García, Joaquín</text>
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                    <text>JOAQUIN

TO RRES

NUMERO
DEDICADO

A

SU

- GARCIA:

ESPECIAL
74.°

ANIVERSARIO

Año 4 -N° 22
ORGANO REDACTADO Y EDITADO EXC LU SI VA M EN T E
POR I N T E G R A N T E S D E L T A L L E R T O R R E S G A R C I A

S E T I E M B R E 1948 - El ejemplar: 0.10

�R EM O ) E D O R . que por diversas razones,

REMOVEDOR
AÑO A

A IN ^

4

Kedactor Responsable

G U | DO

CASTILLO

* i0

IN '

no pudo asociarse al homenaje hecho a T o­
rres García, con motivo de su 749 aniversa­
rio. en ocasión de la 4 5 9 Ex¡)os¡icióti de este
Taller, llevada a cabo en Julio pasado, lo
hace ahora con este 'SUMERO ESPECIAL.

TORRES

GARCIA Y LA TRADICION

El verbo ensímismar es, para mí, la palabra más
hermosa que vive en el mundo del hombre. De una pre­
posición, un pronombre y un adjetivo, se ha inventado
una acción que realiza una quietud que es la realiza­
ción de todas las acciones.
Cuando el hombre se ensimisma, es que el mundo
y el alma se han convertido en dos espejos que se en­
frentan repitiendo hasta el infinito la mera po ibilidad, cada vez más compleja y siempre vacía, de refle­
jar una imagen. Sólo así, ensimismándonos, convirtiéndonos en espejo y convertidos en espejo del mundo,
podemos vernos reflejados como reflejos de un reflejo.
\ recién entonces no¿ damos cuenta que nuestro es­
píritu y lo real están siempre separados y que, sin
embargo, cada uno de ellos encuentra al otro en su
propio fondo.
Por algo es que la gramática de la vida, saltándose
la lógica gramatical, y a pesar de Juan Ramón Jiménez,
no dice: \o me enmimismo. Tu te entimismas, sino que
siempre es El, quien se ensimisma cuando nos ensimis­
mamos.
Este El no sólo es de mí y de tí; es también el
El de él. ¿Y quién es El?
Esta pregunta exige una pregunta por respuesta:
¿Puede un espejo ante un espejo distinguir su pro­
pio rostro del rostro del otro?
Somos por naturaleza fanáticos cristaleros, y tene­
mos la loca esperanza de alcanzar la idea y el s;ntimiento de cristal, pretendiendo que ese vidrio ideo­
lógico y sentimental sea completamente transparente
para que su invisibilidad baga visible el cuerpo de lo
real. Pero, castigo divino, todo lo que obtenemos es
que el mundo y el alma se nos conviertan en superfi­
cies brillantes, tan rudamente visibles, que devuelven
los ojos que las miran.
Cuando las dos superficies se enfrentan, cuando
nos ensimismamos es el momento en que se puede ha­
cer el arte, la Poesía: y la Poesía se hace, si se logra
dejar pasar el azogue del mundo y del espíritu como
si no fuera azogue, como si el reflejo que pasa de un
cristal al otro, cada vez más cargado del otro, pudie­
ra ser una luz azogada.

He intentado expresar como entiendo el verbo en­
simismar. porque ello me permitirá señalar algunos
aspectos del arte de Torres García y relacionarlos con
el espíritu moderno.
Sov consciente de que al realizar este propósito

DE O C C ID E N T E

me meto en camisa de once varas. Pero la dificultad
no está en el tamaño de la camisa sino en la manera
de usarla; y si una camisa de once varas es una prenda
incómoda y ridicula como camisa, puede ser muy ele­
gante como capa.
El afán del hombre moderno, desde el romanti­
cismo hasta nuestros días, es conocerse la cara. Por eso
gesticula, pone cara fea e intenta verse los ojos. La
imagen también gesticula allá enfrente. Entonces él sal­
ta de contento, y ya funda una estética pura como ha­
bla de liberar ese inconciente tan suyo, sin cansarse
de decir: Yo me enmimismo.
Pero pronto la plenitud de si mismo se trueca en
vacío v su contento en desesperación, pues la imagen
también está alegre v también salta de gozo, con saltos
tan reales que hacen pensar que ella a su vez está
muy satisfecha de si misma.
La pregunta surge terrible: ¿quién es el otro? ¿de
quién es la mueca?
Las gesticulaciones se repiten, se automatizan y,
olvidadas ya del impulso que las originara, se hacen
cosa natural, la cara se acostumbra a la mueca y la
persona se convierte en personaje. Eso es nuestro arte
grande o chico: artimaña de personaje, actividad dra­
mática sin naturalidad poética.
Hemos perdido la religiosidad y somos gente des­
ligada. Hemos perdido el encanto y somos gente des­
encantada. Hemos perdido la gracia y somos unos des­
graciados.
La pintura de Torres García es uno de los poquí­
simos ejemplos de recuperación de la persona espiri­
tual, v la persona espiritual es siempre tercera persona,
es siempre ensimismación poética.
Todo el arte de Torres García v toda su enseñan­
za se pueden señalar como un titánico esfuerzo para
rescatar a Occidente del ocaso.
Occidente quiere decir el que cae, el que está ca­
yendo. Ese es nuestro de-tino occidental: estarnos ca­
yendo siempre, ser el destino del sol. Pero, cuando el
sol cumpla su destino, cuando llegue al ocaso, a lo
caíclo, puede nacer desde allí.
Torres García, emplea todas las energías de su
alma v de su amor para hacer que el sol salga por oc­
cidente, para convertir el crepúsculo en el amanecer
de la vida.
Tenemos la garantía de que esta revolución astral
puede realizarse en el hecho de que — según nuestras
averiguaciones— el sol nació como sol por occidente.

�FUN D ACIO N ES P IG A S
Buenos Aires - Argentina

Por eso vive en nosotros la esperanza, de que su caída
sea el regreso del liijo pródigo. f la casa paterna está
allá, en la vieja Grecia siempre doncella de los tiem­
pos anteriores a Pericles.
Tenemos que emprender el regreso. Esa es quizás
la única forma de madurar lo que nos haya ensenado
nuestra aventura por el mundo, la única manera de
conservar lo viviente de nuestra romántica salida.
En un artículo que escribí a principios del año
pasado, sobre la exposición retrospectiva de forres
García, decía, entre otras cosas, que "ante las obras de
este pintor parecería que el espíritu de Grecia hubiera
resucitado de pronto, con una nueva fuerza y una nue­
va vibración milagrosas' . f refiriéndome a la pintura
del año 28, la de aspecto menos clásico: '‘ aun en esta
época dionysíaca, Torres García hace clasicismo, pues
es un Dionysos metafísco que se emborracha de pintu­
ra en un bosque de ideas y de m úsica..."’ “ ...cuando
Torres García deforma las cosas reales, sacrifica ritualmente el objeto; y el mundo real, por él sacrificado,
resucita sustancia inmaterial, creatura de otro mundo".
Ese acento clásico que siempre tiene la pintura de
Torres García, aunque el pintor no se lo proponga, y
aunque haya intentado a veces, realizar lo contrario,
adquiere hov conciencia de sí misma, ensimismación
en la historia del espíritu.
Sería muy propio del hombre moderno responder
que no interesa repetir lo hecho, que toda historia es
ya historia vieja y que, de acuerdo con las modernas
filosofías, todo es novedad incesante.
Nosotros pensamos, sin embargo, que el arte es
esencialmente repetible y que su novedad eterna es po­
der repetirse frente a lo que no se repite.
Toda creación artística, es, quizás, nada más que
un plagio fundamental. Pero, hay quien sabe plagiar,
y quien no lo sabe. El buen plagiario plagia la repeti­
ción misma, la fuente viva del espíritu, lo que hay de
lago en todo río; el torpe, enamorado de maneras y en­
redado en su propio yo, no puede vencer su natural
originalidad de todos los días.
En el verdadero artista, lo inédito, lo personal, es
simplemente aquello que no pudo evitar, y que, por
eso, sólo se da. en el momento de la inercia, cuando
la tradición, el movimiento antiguo de la Poesía, lo
suelta de pronto, abandonándolo a su propia suerte.
Torres García dice que la palabra que vale no es
la que se hace sino la que viene hecha. Nosotros nos
atrevemos a continuar el pensamiento agregando que la
novedad está en poderla pronunciar con nuestra voz y
en nuestro tiempo sin traicionarla.
Ahora bien ¿por qué Torres García cree que, para
no traicionar esa palabra, tenemos que volvernos hacia
Grecia y, en especial a la Grecia anterior al siglo V?
Para responder a esta pregunta habría que hacer
un estudio muy detenido del arte de Torres García y
de sus relaciones con la tradición de Occidente.
Nos contentaremos con señalar los aspectos más
nítidos del problema.

La pintura de Torres García es —digámoslo con sus
palabras— “ una recuperación del objeto . Esta sería
para él la salvación del arte occidental. \ para salvar
al arte es quizás necesario salvar a la naturaleza. Pero,
¿qué naturaleza es necesario salvar? Han existido tan­
tas naturalezas y, por lo mismo, tantas estéticas, como
estilo-, metafísicos de vida. Nosotros esperamos que la
naturaleza pueda volver a ser aquella antigua amiga,
que no nos incita a muecas desesperadas, que nos deja
hacer, prestándonos el apoyo de su cuerpo distante y
misterioso.
Torres García sabe perfectamente, como lo demues­
tra cualquiera de sus obras, que el arte es esencialmen­
te distinto al mundo real, mas también sabe que esta
distinción, cuando es verdadera, se realiza naturalmen­
te. sin piruetas de volatinero.
La Poesía es pariente del mundo porque es partu­
rienta de mundos; por eso acoge a la realidad, la co­
bija en su seno y, quitándole su aspereza de cosa, la
proteje de si misma con las leves del espíritu.

Sancho le dice a Don Quijote que “ la sin par Dul­
cinea del Toboso" es una aldeana “ ...q u e tira tan
bien la barra como el más forzudo zagal de todo el
p u eb lo... moza de chapa y de pelo en pecho” que
“ ...p u ed e sacar la barba del lodo a cualquier caballe­
ro andante o por andar que la tuviere por señora” y
que “ . . . l o mejor que tiene es que no es nada melin­
drosa, porque tiene mucho de cortesana, con todos se
burla y de todos hace mueca y donaire” . Don Quijote
le responde entre otras cosas: “ . . .por lo que yo quiero
a Dulcinea del Toboso tanto vale como la más alta
princesa de la tierra ... y para concluir con todo, yo
imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni
falte nada y pintóla en mi imaginación como la deseo,
así en la belleza como en la principalidad...”
Torres García podría decir que Sancho tiene ra­
zón, la realidad entera es “ una moza de chapa hecha
y derecha" que puede sacarnos la barba del lodo en
cualquier momento. Y si Sancho tiene la razón, Don
Quijote, el artista, tiene el procedimiento, la manera,
el oficio de tratar a la realidad como ella se merece.
Por eso, cuando nos ensimismamos, cuando hacemos
arte y se nos realiza la Poesía sin visajes, va no sabe­
mos cuál es Aldonza y cuál Dulcinea.
Muchos artistas de hoy, y no de los menores, ne­
cesitarían un Sancho que les hiciera saber que la natu­
raleza es una buena moza nada gazmoña ni desprecia­
ble como ellos parecen considerarla.

Torres García no echa en saco roto todo lo que
el arte moderno realizara sino que “ a lo hecho pecho”
como dice el pueblo. 'Y esta vuelta a los orígenes es un
golpe de pecho, un pechazo contra el hueso de la
muerte. Y él puede dar esa vuelta y partir esa valla
de hueso porque es un hombre sin “ ismos” pero con
“ istmos” , o sea con cuello, garganta y desfiladero. El

�AFORISTICA

DE

TORRES

- GARCIA

Con absoluta naturalidad, partiendo de la emo­
ción, demos forma a la idea plástica que nos venga a
la mente, y luego de trazado ese plan acudamos a las
reglas, y ya no pensemos en otra eosa que en hacerlas
bien evidentes.

Partiendo de la idea del Hombre, y estudiando
íntima naturaleza, podemos encontrar un equilibrio.
si entonces queremos hallar ese mismo equilibrio
el arte, tenemos que ver reunidos, en cada obra,
poeta, al sabio y al arquitecto.

El hombre que ve los signos está más allá de las
fronteras de la materialidad. Es el plano universal, por
eso también puede interpretar las formas de vida, que
ya no son cosas sino signos. \ ese es el artista.

El que sabe realmente, nos lleva a la claridad v
a la simplicidad, éste es el fuerte. El débil se esconde
detrás de lo indeterminado, porque teme que se llegue
al conocimiento de su pobreza.
El fuerte es normal por naturaleza: es artista pa­
dre, hace cosas que pone ante sí como el panadero sus
panes.
Cosas definidas, no sueños de espíritu enfermo, no
arte contorsionado y tuerto, sino obra llana, como la
del hombre humilde del oficio, y obra que ya no es
compleja por exceso de depuración.
Insistente en lo mismo, se pone sólo un problemita
y a este le saca tono y vibración por ajuste y maestría.
Maestro de hacer ollas, maestro talabartero o car­
pintero, nos maravillan. Maestro de arte, escultor o
pintor, arquitecto, lo es sólo porque sabe; sabe cuales
son los problemas de estas artes; y, lo demás. . ., le
será dado por añadidura.

No se trata de bacer obras maestras. Se trata de
ajustar tres líneas, con conocimiento, para hacernos so­
lidarios de la Armonía total.
Ciertamente, una obra bien estructurada es bella.
Si en ella es bien evidente el ritmo y la proporción,
será una bella obra. Pero, ni el artista, ni los otros, de­
ben apuntar a la belleza. \ esto, ni para realizarla ni
para comprenderla. En ningún caso debemos buscar ese
placer que nos causa la belleza; ni en nosotros artis­
tas, el provocarlo. La belleza tiene que ser un resulta­
do, no una finalidad.
arte de Torres García está edificado en la garganta, en
el maravilloso desfiladero donde la voz del alma se
hace música audible. Su pintura no pertenece al mo­
dernismo, sino que es modernismo y también clasicis­
mo, porque es un intento de ponerle cuello a nuestra
cabeza para entroncarla con el cuerpo olvidado.
Esta es la estética que hay implícita en la obra de
Torres García: actividad de “ istmo” de un mundo fren­
te al mundo.
Las clases de José Bergamín. que constituyen uno
de los más maravillosos poemas que yo he escuchado
en mi vida, nos muestran claramente los delicadísimos
vínculos que existen entre la picaresca y la mística es­
pañolas. señalándonos cómo la “ aventura del mundo" v
la “ aventura de Dios” se relacionan por la aventura
poética.
Nosotros podríamos decir de Torres García, que su
aventura del mundo, que es la de estar condenado a
vivir el presente, v su aventura del espíritu, que es la

su
Y
en
al

del regreso sobre sí mismo, se relacionan, hasta confun­
dirse, por la aventura plástica.
En una de sus últimas clases de la Facultad de Hu­
manidades, Torres García nos dice que la realización
de su pintura abstracta fué a costa de muchos sufri­
mientos y que, por el contrario, cuando pintaba aquellas
obras “ mediterráneas” de su juventud era el hombre
más feliz del mundo.
¿Qué significación tiene para nosotros el hecho de
que un hombre, que representa uno de los más gran­
des estilos de arte y de vida de nuestra época, nos diga
que ese estilo le dolió en el alma?
Es él, nuestro Maestro, quien puede darnos, como
siempre, la respuesta, el sentido esencial de esta invita­
ción a ensimismarnos hasta el olvido de nosotros mis­
mos, para que la Poesía se nos baga cosa natural.
Cuido Castillo
Setiembre 1948.

PROXIMAMENTE:

EDUARDO YEPES
OLIMPIA TORRES
Impresora L.I.G.U. - Cerrito 740

ESCULTURAS
ATENEO DE
DIBUJOS
EN

EN

EL

MONTEVIDEO

Y

AMIGOS

ACUARELAS
DEL

ARTE

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX REMOVEDOR

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 9 de los años 1 a 6 de la revista Removedor, publicados entre 1945 y 1953.</text>
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Torres García, Joaquín</text>
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A

VICENTE
HUIDOBRO

VICENTE
DIBUJO

N°. 21
ENERO - FEBR. - 1948

HUIDOBRO
DE

HANS

ARP

O R G A NO R E D A C T A D O Y EDITADO
EXCLUSI VAMENTE POR I NTEGRAN­
TES DEL T AL LER TORRES GARCIA

0.10
EL

E J EM P L A R

�VICENTE

HUIDO

Y LA TRAVESURA COMO GRAVEDAD
por GUIDO CASTILLO
Este no es un estudio sobre, ni en torno tif­
ia poesía de Huidobro. Es el intento de estn char vínculos con un muerto, de avisarle que
todavía se le recuerda; «es tan corto.-el amor
y es tan largo el olvido».
Pero, para que el muerto se sienta cómo­
do y pueda respirar en el recuerdo, es nece­
sario recordar también el aire de su tiempo.
Huidobro murió al costado de nuestra vida:
es casi un poeta de boy. Sin embargo, lio/,
menos que nunca, el hoy de ahora, en la
mañana, es el mismo de ayer, a las últimas
horas de la tarde. Muestra inteligencia se ha
humedecido los labios en la fuente del es­
píritu y la bebida, apenas saboreada, la ha
enardecido, y ya no anda con su antiguo
paso señorial. Ahora se mueve rapidísima,
en una danza extrañamente lúcida y a la vez
desconcertada. Deteniendo a la danzarina
en uno de sus pasos, podemos decir que el
arte moderno es esencialment picaresco, o sea
que se ejercita en la travesura como medio
de vida espiritual. En otras épocas prevaleció
el hombre religioso o el preceptista o el eró­
tico y sentimental. . . Hoy prevalece el pica­
ro, el que se toma la vida como un juego del
que hay que expulsar el azar, porque en
cada carta se está jugando el propio juego de
la existencia, contra los dineros de la deses­
peración y de la muerte.
Y lo que el picaro hace, en realidad, es
obligar al azar a que retroceda un paso,
pues siempre será azaroso encontrar la mone­
da que salga cara o cruz cuando uno quiera.

nido que piensa y que, si no se olvida de
lo real, hace liviano el peso de las cosas.
Pero esta travesura no es superficial sino
picaresca, pues la picardía es la que le otor­
ga gravedad a la sutileza revoltosa del in­
genio. Huidobro es un poeta que repite in­
cesante y siempre originalmente su travesura
original, y en esto radica la gravedad de su

REMOVEDOR
R edactor

R esponsable

AÑO 4

N°. 21
GUIDO

CASTILLO

es la gravedad de la existencia y que en cam­
bio no forma parte de la gravedad de la vida
ser caballerizo del rey, aunque los caballe­
rizos, cuantas veces monten a caballo, lo
hagan con toda la gravedad posible».
Vicente Huidobro juega a la poesía, pero
no con la despi oocupación del hombre hecho
y derecho, sino con la gravedad del niño
(fue persigue en el juego la conciencia del
poder de su alma y la imagen de su destino.
Por eso, por la gravedad de su travesura
c piritual, Vicente Huidobro, a pesar de los
múltiples aspectos de su literatura, y a pe­
sar de sus poemas buenos y malos, es una
persona poética, que es a lo que debe lle­
gar todo poeta, ya que la persona artística es
lo más profundo del estilo, el verdadero es­
tilo, el único que tiene importancia en el
arte.
Hace muy poco tiempo que murió Huido­
bro, con una muerte rodeada de silencio
como debe ser la muerte de un poeta.

poesía, si aceptamos lo que Kierkegaard se­
ñala sobre la gravedad en «El concepto de la
angustia»: «El hombre grave es grave —di­
ce— por la originalidad con que repite en
la repetición» y aclara «que la repetición

La poesía, el arte, es lo verdaderamente
real, lo que realmente existe, de ahí la leve­
dad de su influjo en el resto de las cosas.
Gl IDO CASTILLO

de V I C E N T E H U I D O B R O

Ahora tendrá cierto sentido decir que Hui­
dobro es el picaro de la literatura americana.
Para mayor claridad agregaré que para
ser un picaro se necesitan tres cosas: 1?, es­
tar desamparado; 2?, tener conciencia del
propio desamparo: 3?, afilar el ingenio y no
echarse a llorar.
No es difícil comprender que la picardía
no es la razón de ser del picaro sino la so­
lución al problema del desamparo de su ser.
Las dos primeras exigencias sirven tam­
bién para el hombre religioso, sólo que éste,
en vez de aguzar el ingenio, se para encima
de él y desde allí descubre los castillos es­
condidos en las ventas.
Todo aitista y todo filósofo es hoy un
hombre vulgar, es decir: un desamparado, y
su arte o su filosofía le sirve para tener con­
ciencia de la desolada vulgaridad de su ser
en el mundo. Lo prepara para seguir uno
de los dos caminos legítimos: el de la picar­
día y el de la religiosidad.
Si a Martín Heidegger — por ejemplo— el
espectáculo del mundo lo convierte en picaro
trágico, en profundo y duro lazarillo de la
muerte ciega, a Max Scheler lo incita a vol­
ver los ojos hacia los ojos de Dios. Si Pablo
Picasso vive el arte como truhanería del es­
píritu que se regocija con lo inesperado de
su propio fondo, Torres García lo vive como
acto místico, como invasión de otro mundo
en este mundo.
Vicente Huidobro entiende la poesía como
una travesura, como la artimaña de un so­

Un poema es un poema, como una navaja es una navaja y no es una
manzana.
ó’

El poeta no imitará más a la naturaleza, pues él no se cree con derecho

de plagiar a Dios.
Encontraréis allí lo que no habéis visto en ninguna parte: el poema.
Una creación del hombre.
Y de todas las fuerzas humanas, la que nos interesa más, es la fuerza
creadora.
H

Nunca el hombre ha estado mas cerca de la naturaleza, que ahora que

no trata de imitarla en sus apariencias, sino de hacer como ella, imitándola en lo
profundo de sus leyes constructivas, en la realización de un todo dentro del
mecanismo de la producción de formas nuevas.

RETORNO
Hace pocos días que llegó a Montevideo el
escultor español Eduardo Díaz Yepes, quien,
años atrás, ya estuvo entre nosotros.
Es Yepes un artista íntegro, que lia sa­
bido — cosa difícil— asimilar el espíritu de
las más importantes escuelas del arte mo­
derno sin confundirse con ellas, salvándose
de su actual decadencia y desconcierto.
Yepes, en sus últimas obras, lia recuperado
la visión normal de las cosas sin perder ñir­

DE Y E P E S
guno de los valores puramente estéticos.
Su escultura es vigorosa, sintética y ca­
balmente objetiva. Pero, todos estos, pro­
blemas los trataremos como es debido cuando
Yepes realice •la exposición que tiene pro­
yectada.
Mientras tanto sólo nos queda formular el
deseo de que este artista permanezca entre
nosotro , para que en el L ruguay también
exista la escultura.

�El Hombre, el Año y la Eternidad
por J. TORRES-GARCIA
Quisiera, como el cirujano, meter el bis­
turí entre ijjp- tejidos, para encontrar el es­
condido quiste; penetrar lia-ta allí, sin miedo
ni consideración al dolor, para extirpar esa
bolsa infecta, que puede dañar el resto; bus­
car, sin cuidarse de la sangre que se vierta,
la carne enferma para separarla de la sana.
Pero, sería en vano: tanto como cortase, se
haría de nuevo y aún más. Por esto, a ve­
ces, el cirujano, vuelve a cerrar el corte que
hizo, y trata de adormecer el mal del enfer­
mo, hasta su fin. Porque sería más lo que
habría que cortar y separar, que lo que ten­
dría que dejarse. La ciencia y habilidad del
cirujano aquí es impotente.
Sembrada así, por esa podredumbre, está
Ja sociedad en que vivimos bajo la aparien­
cia de la normalidad. Y, para quien descu­
bra, en el más leve síntoma, ese oculto mal
que trabaja en lo liQndo de cada ser que
encuentre en cualquier esquina, será un mar­
tirio ver como esa corrupción es ya la nor­
malidad del mundo. 0 si no ¿qué sabemos,
si eso no supiésemos, ni de donde venimos?
Sí; esa es la realidad del mundo, el engra­
naje de todas sus piezas; ese es el juego que
se juega y no otro. Y muchos dirán, hablando.
«sí, así es la gente»; sin pensar que él tam­
bién es gente. Quién tal diga es un ingenuo.
Pero después, hay el perfecto canalla: éste
no 'admitirá eso, porque él, y otros como él
—su clase— todos son gente honorable.
Bien: de esos tumores y lacras, el mundo
está lleno, y merced a su labor, el mal y la
mentira ^ prosperan; la injusticia engorda y
el crimen se hace cuatrocientas mil veces por
día; pero, a mí, todo eso no* me atañe; no
es mi especialidad. A mí, lo que me intere­
saría, sería descubrir a la sabandija viva, que
con su infecta baba mancha la pureza' del
arte y el buen propósito del verdadero artis­
ta. A ese, para quebrarle la boca con una
piedra, y con eso privarle de decir más fal­
sedades; a ese para hundirle hierro al rojo
en las cuencas de sus ojos cruelmente, a fin
de que ya no viese más ninguna pintura, y
perdiese la oportunidad de lucir su falsa
autoridad. ¡Cuánta ignorancia y vileza hay
en esos vendidos; en cada uno de esos cuer­
pos corrompidos!
Y con esto ya dije quienes era, pues todos
lo saben.
Así pues, Removedor, es poco. Es poco:
porque aunque por el líquido destruyamos la
mala pintura, quedarán detrás los malos pin­
tores y los apologistas de los tales, que laimponen. Y así, con todo honor, las obras
irán a los palacios y a las casas de gente
adinerada &lt;"de esa que sólo compra lo que
ya ha sido admitido por la sensatez) y a los
salones oficiales, en lugar preferente. Sí; to­
do eso es lo normal, pues esa es la realidad
del mundo. Y así, viene a ser individuo
anormal, el que no esté en eso, y viva en
eso, y vea las cosas así. Pues lo que cuenta
es el número y aquello que está establecido.
Pero ese ser, el verdadero artista, que parece
que ño se hubiese enterado, hay que pensar
que para los otros, tiene que ser inofensivo,
pues, ¿quién tomará en serio cuanto diga y
haga?
¡Quién sabe! Puede que no, estos del mo­
mento. o muy pocos, pero ¿si hubiese verdad

en lo que afirma? En todo caso sería en la
proporción de uno contra diez mil. Pero, ¿no
decía Ibsen que sólo las minorías tenían ra­
zón? Además, las ideas, si lo son de verdad,
hacen un trabajo silencioso que nadie puede
detener.

No, Removedor no es poco. Es mucho lo
que ha removido y no hay que forzarlo a
que remueva más. ¡Viva la polilla, mal que
nos pese! Pero, las ideas, el constante es­
fuerzo y trabajo, ya dan su fruto. La opinión
cambia. ¿Y qué podrán pesar en el platillo
de la balanza, la obstrucción, el vacío que se
nos hace, la crítica ruin, contra tantas y tan­
tas sinceras adhesiones de todo el mundo?
Por eso ya no hay que luchar. ¿Es que va­
mos a matar a un muerto? \ hay que pen­
sar, que en el tiempo que hemos hecho tanto,
y sin medios ¿qué han hecho otros, y con
medios? Vergüenza para el país. Y aún piden
más dinero, como si con él se hiciese nada.
El arte no se hace con dinero; la fé y el
ardor para el trabajo no se hace con dinero:
un profesor que tenga un cerebro de corcho,
no lo tendrá mejor si se le triplica el suel­
do. En viejos moldes se quiere hacer algo
nuevo, y eso ¿podrá ser otra cosa que ruti­
na? Están muertos, dénse cuenta. Pero po­
drán decir: usted es un bobo; nuestro obje­
tivo no era e?e que usted piensa; siga nomás
así, que aún tendremos que hacerle limosna
\ a sus discípulos. Pero, ni aún en esto acer­
tarían. porque en lugar de achicarnos cre­
cemos. Y no sólo materialmente y por fuera,
sino más aún por dentro.
¿Qué publicaciones han hecho esos (to­
dos) nue honren al país, como las nuestras?
Porque atín dejando el contenido ¿podrán,
ni con mucho, rivalizar estéticamente? Dis­
ciplina filosófica, disciplina moral, disciplina
estética, eso es nuestro Taller. Y aunque sdiga que hacemos acrobacias cerebrales, yo
diré que es natural, pues para eso tenemocerebro. Por esto se nos critica que llevamos
a estudio — dicen— cuestiones estéticas que
hoy ni en los medios más avanzados se las
propondrían.
Aún si no fuese verdad, aquello de que más
vale fracasar que dejar de intentar, cabe de­
cir, que todo problema de arte, lo resuelva
0 no, es del que se lo plantea. El tiempo
pasa y trae cuestiones nuevas, y el trabajo
asiduo descubre siempre otras posibilidades.
¡ A h! justamente, creo que la generación pa­
sada pecó de demasiada prudencia, de dema­
siada sensatez. Y hubo dos razones para obrar
así, pero no las diré. Diré sólo, que la gene1 ación presente no se interesa más por lo
que se hizo. El por qué es fácil encontrarlo.

Lo importante (y lo serio) es: crear una
institución artístico-burocrática, bien organi­
zada y con todos los perfiles que haya de
’ ener, v luego, mantenerla por todos los
medios posibles, pues mientras ruede, habrá
sueldos que cobrar. Este es el objetivo. Y
por esto, siendo ese y no el que se dice, todo
tiene que ser falso. Pero, como está dentro
de la normalidad del inundo, la cosa se aguan­
ta, y aunque pueda parecer inverosímil.
Lo importante es crear gremios, sindicatos,

agrupaciones de arte; porque e*a masa, que
son votos, en cualquier momento podrá im­
ponerse. Y lo demás es vivir en el Limbo.
— ¡Ah! de veras— ¿usted se toma en serio
el arte? ¡Pero si no es más que un medio,
como cualquier otro, para vivir! Y la llave
está en saber adaptarse. ¡Déjese de idealis­
mos y sea positivo! — Así hablarían muchos,
si se quitaran la careta... pero ¡guarda!
Bueno; que en resumidas cuentas, sólo se
toman en serio el arte muy pocos, y esto,
además, porque tienen una base moral. Es­
tos rompen contra toda esa organización men­
tirosa, pero, naturalmente, tienen que que­
darse al margen de todo. Pero, a pesar de
ello: (que será: dificultad, miseria y toda
suerte de males), el arte se mantiene y evo­
luciona. Reirán de él los otros, pero, ¿qué
puede importarle?
Cualquier cosa sirve para realizar un acto
político-artístico, que podrá convenir en un
momento dado. Entonces, cualquier infeliz
pintor, cualquier pintura hecha de cartón
piedra u hojalata, servirá para el caso: ¡se
tiene a un héroe, se tiene una obra maestra!
Y así la mediocridad sube. Pero es lo nor­
mal. Ante cosas así. me decía un músico ame­
ricano, en su mal francés: «C’est horrible
! jórribl. . . ) , mais c’est bien». Era que le
mostraba todo un mundo absurdo y loco que
había pintado, y que era tan cierto y tan
real como la ciudad en que estábamos. Aún
río al recordarlo. ¡Y qué buenas cosas pue­
de inspirar la decepción y el dolor!

Si a esos que van organizando grupos, es­
cuelas, sindicatos, salones, se les preguntase
lo que han realizado —se entiende, en arte,
en obra— tendrían que responder que nada
aún, pues lo que piden no lo lian obtenido
todavía —dinero— pero, que en cambio están
bien organizados y prontos. Y prontos hasta
cierto punto; porque, por ejemplo, con res­
pecto a la decoración mural, hay aún, según
ellos, que fundar una escuela con todo lo
necesario. Que se han hecho ensayos... que
se han ganado algunos concursos... ¿Eso es
todo? ¡Bien poca cosa!
No hay peligro: por ese lado y con tales
normas, jamás se hará arte. Porque, falta
para que se haga, el ingrediente principal:
el artista. El que tiene que decir algo, porque
siente y tiene ideas. Y entonces, en un rincón
cualquiera, sin medios, pero con ardor y en­
tusiasmo. él, y otros como él. juntos o dis­
persos, harán obras con vida y armonía'. ¿Por­
qué? Porque, el hacer arte, ha sido para
ellos una necesidad.

Lo he dicho mil veces, y lo diré otras tan­
tas y más — pues es mi convicción profun­
da— que, donde no hay estructuro, no hay
arte. Me dirán, está claro, que por muchos
caminos se va a Roma; y que yo sólo veo
una sola manera de construir; pero que hay
muchas. Hay, habrá... ¡qué sé yo! Pero
una sola es la auténtica: aquella que se
muestra en primer plano en la obra, y que,
por ser así y no andar como encubierta o
disfrazada, opera con elementos puros, abs­
tractos y no ya imitativos. Es decir, que de
la realidad, liabrá tomado el artista sólo lo

�El Hombre, el Año
y la Et e r n i d a d
que era línea o tono; elementos concretos,
y por esto homogéneos.
En este punto radica todo el nudo de la
cuestión. Porque los objetos todos (las co­
sas i lo mismo que sus apariencias, por tener
un carácter propio y diverso, jamás se jun­
tarán para realizar una unidad, que es decir
una armonía, que es lo que desea realizar
el artista. Entonces éste, por un medio u
otro, sea por el claroscuro o el color, por un
tono dominante o pr ciertos ritmos o carác­
ter que les dará, logrará en parte la unifi­
cación que busca; pero será bastarda; y aún
esto cuando la logra. Pues la mayoría de
los pintores no buscan éso, sino lo contra­
rio: exaltar el carácter y la apariencia de
cada cosa. Pero, cuando el artista, ante todo,
busca de dar unidad a su obra, y quiere
de-tacar, antes que nada, su estructura; que
quiere decir la relación armónica de las
partes con respecto al conjunto y así llegar
a la perfecta unidad, sabe que para llegar
a tal unificación, los objetos deben perder
&gt;u valor individual como cosas, para conver­
tirse en elementos plásticos, porque así, den­
tro de su homogeneidad, pueden fundirse los
unos en los otros y entrar en el ritmo. De
modo, que toda obra imitativa, está en el polo
opuesto de tal propósito: por el contrario
lo que desea dar, no es el verdadero arte,
que es la armonía, sino una simulación de
la realidad. No es, pues, más que un arte de
imitación, pues parte de un tema. Pero el
arte de verdad, no es eso: se mantiene sobre
su base que es el ritmo. Y así fue el arte en
las grandes épocas prerrenacentistas. Por esto
creo que el arte ha de volver a tal tradición,
si bien con el aspecto que corresponda a
nuestra época. \ ya no hay que decir, que
tanto en las chicas obras de la pintura de
caballete, y basta en el dibujo, como en
la gran pintura mural, todo debe de ser
construido.
•
Sentado esto,
que pueda, que
ce artístico del
demasiado fácil
yo lo haga.

que es bien cierto, ahora, el
haga 'por sí mismo el balan­
año que pasó, que por ser
de hacer, no hay para qué

La mayor parte de los artistas van ha­
ciendo, año tras año. sus obras, como las hi­
cieron en otros pasados; y así también, y sin
variación, se convocan concursos, se arman
salones, se hacen exposiciones; porque, no
es el caso de-inventar ni crear, de resolver
nuevas cuestiones de arte; pues el caso es,
justamente, una cosa al revés: no salirse del
mo'.de establecido. Ahí está el secreto y el
de-co de todos. Porque lo que esa gente
juzga arte nacional (y salvo excepción) e*
lo que aquí cristalizó ya hace bastantes años,
y que ya. una vez así definido y formado
no hay para que tocarlo ni retocarlo: sería
como querer retocar el grandioso edificio del
Parlamento o del Banco de la República,
que lian de quedar así para siempre. Y esa
es la cara que debe mostrar nuestro arte en
el extranjero. Eso yo pienso que es lo que
piensan, pero también podría equivocarme. . .
Se comprenderá —dado que eso fuese así—
(¡ue todo otro arte que no se amolde a ese.
deba mirársele con recelo. ¿A qué se sale
ese de la línea? Y el que va al extranjero
a estudiar, ya sabe que al volver aquí, ten­
drá que ponerse en esa línea. Además, elo que han hecho todos, salvo algún ligero
atrevimiento que siempre cae bien.

En todo esto la sensatez no pierde nada,
pero -i el arte. Ese estaticisino es un delito.
¿Por qué, si en otros terrenos todo aquí
avanza, no lia de avanzar el arte? ¿Por
q u é ...? ¿Será porque lo dice tal o cual
(persona encumbrada) es decir, dice que todo
\a muy bien, y que podemos estar orgullosos, y tiene loas para todos? Para mí eso
no es cierto, sino todo lo contrario. Pero
dado que lo fuese ¿es que no hay que avanzai
aún más. buscar de solucionar problemas
de magnitud que se nos han presentado, orien­
tarnos mejor, dar, si posible fuese, con nues­
tra personalidad, ponernos al diapasón del
siglo en que estamos Ipiénsese a qué nivel
llegó el arte en Europa y lo lejos que están
de alcanzarlo! y en fin ... que si hay quien
ve más allá, es decir, la posibilidad de des­
cubrir nuevos horizontes y de remontarnos,
¿qué mal habría en que apoyáramos tan ge­
neroso esfuerzo? ¿Es que no lo hacemos en
otros terrenos?.
Un individuo con autoridad puede hacer
mucho bien o mucho mal a un país. Hablo,
es claro, pensando en el arte verdadero; pero
quizás no deha plantearse tal cuestión, que
desde otro punto de vista, resulta ingenua.
En todo esto hay un pleito, que no es po­
sible resolver, por aquella imposibilidad de
explicar lo que son los colores a un ciego de
nacimiento. Si no fuese así, bastaría con una
confrontación de obras. ¡Qué lástima que
las balanzas no nos puedan dar la medida
exacta de su respectivo valor!

Hay algo escrito para el hombre, en el
hombre mismo.
Si entremedio del trazado de millones de
líneas que se entrecruzan y superponen, pue­
de cada uno hallar por fin ese sagrado documento, va no tendrá que hacer más que
seguirlo. Y ahí. verdaderamente, comenzará
su obra.
De uno a otro hombre, tal documento no
difiere en lo esencial: todos, con más o
menos complicación o simplicidad, dicen lo
mismo. Por esto, lo.- que, desechando el res­
to, se atienen a él, pueden perfectamente
armonizar, y pueden también comprenderse
perfectamente. De seguir, los hombres, tal
ley escrita, vendría la mayor paz y armonía:
la vida de todos, sería toda aquella posible
de felicidad, que cabe a los humanos.
Toda obra, chica o grande, debería ini­
ciarse en tal ley que llevamos grabada en
la conciencia. Y no otra cosa son (es decir.
sus proyecciones) las grandes obras del Arte,
sean de poesía o de música, de pintura o
de arquitectura: las grandes construcciones
filosóficas, las religiones, los mitos y leyen­
das, y aún las grandes realizaciones huma­
nas, heroicas o santas. Todo eso toma su
origen allí, v por esto, cuando el arte excede
el simple oficio, ly por sabio que sea), ya
es más que arte; y más realiza, lo que es
su misma esencia: porque esa. también toma
su origen y fundamento en aquella sagrada
ley. Ya es más que arte, y es entonces lo
que tendría que ser siempre el arte.. Es
decir, un arte verdaderamente religio-o o sa­
grado. Y entonces tendríamos: arte religioso
o místico, y arte profano; sin que ninguno
de ellos se saliese de la base única del arte:
lo constructivo concreto. Pero entonces uno
de ellos, de la frontera de lo real para aquí,
y otro de esa frontera para allá; que sería
el arte en lo temporal v el arte en lo eterno.
La Dra. Montessori, que como todos saben
fué una genial innovadora en pedagoría, la
tuvimos en Barcelona después de la primera
Guerra Mundial. Era mujer de extraordina­
ria intuición y de no menos extraordinario

talento. Esta última cualidad resaltaba bri­
llantemente sobre dones y visiones más pro­
fundos (tal como debía ser en Teresa de‘ Jesús. en la que. la discreción y desenvoltura,
y aún su sentido práctico casi realista, que­
daban frenados por la equilibrada perfección
suya); digo, que la Dra. Montessori, que aho­
ra parece que reside en la India, fué interiogada acerca de cual era su religión; de
si era católica, budista, o teósofa; y ella res­
pondió que era rnontessoriana.
El sentido profundo de tal respuesta, se
comprende luego: ¿qué es más una religión,
que — por ejemplo— el concepto claro de
’o que lia de ser la educación y enseñanza del
niño, los métodos empleados, y la fe y ar­
dor en llevarlos a término, dando en ello
toda su vida? No más que eso. fué la pre­
dicación y ejemplo de tantos instructores de
la humanidad, ya fuese dentro de conceptos
mí ticos o puramente racionales; ni más la
fe y sinceridad (¡ue pusieron. Y tras ellos,
y como cristalización de lo que dijeron e hi­
cieron. quedaron tratados, religiones, sec­
tas. . . Y entonces, de igual modo los poetas,
los artistas, los músicos y los arquitectos,
dejando tras de sí poemas, obras admirables
de escultura y pintura y grandiosas composi­
ciones musicales y no menos grandiosos tem­
plos. Proyección, todo, de su espíritu, que
tomó pie en lo que encontraron escrito en
lo profundo de su conciencia: lo que estaba
escrito para el hombre, en el hombre mismo.
Claro, que el hombre, al venir al mundo,
ignora que posea tal oculto tesoro: que con
afán, lia de descubrirlo día tras día, cerrán­
dose a todo lo demás; claro, que le será difí­
cil comprender, que sólo para eso vino a la
vida, y que es misión que ha de cumplir sea
grande o chica; y además, que tal diamante,
tendrá que pulirlo a fin de que saque bri­
llo, y que por esto, para tal menester, ha
de ilustrarse y aprender un oficio adecuado.
Y otro objeto que ese no veo en la vida;
y dichoso el hombre que lo descubre. Y otro
asidero no tiene para sostenerse, y aunque crea
el ignorante que lo es la fuerza y el poder
y la posesión de bienes materiales; los cuales,
en menos de un soplo pueden desaparecer,
y que aunque así no fuera, suelen sólo dejar
un rastro de miseria y dolor, para los otros,
como legado; pues sólo lo que está en la
ley es armonía y canto y gozo para todos.
Hay que dar, pues, a toda costa, con esa
ley grabada en lo hondo del ser que somos.

Lo que se llama civilización, y sea en
grande o pequeña escala, no es más que la
proyección del hombre. La cual, o bien pue­
de encaminarse a lo espiritual, tal como en
Egipto o en Grecia, o bien hacia lo mate­
rial como en Londres o Nueva York. Por
esto, es asombroso pensar en la obra huma­
na. que va desde lo misterioso y oculto del
misticismo o los problemas científicos y ma­
teriales del átomo; desde los problemas es­
téticos. basta la creación de ingenios mecá­
nicos; o desde los delicados y complejos
problemas de la psiquis, hasta las descomu­
nales obras de la ingeniería. Todo eso es
proyección del hombre. Pero, entre todo eso.
que constituye lo que llamamos civilización,
conviene, no sólo establecer jerarquías, sino,
y por eso mismo, separar lo que sea de orden
superior de lo que es de orden inferior.
La facultad creativa sólo pertenece al hom­
bre: es lo que le distingue esencialmente de
los brutos. De manera, que cuanto más se
i leve en tal sentido, más hombre será. Y así,
y por esto, en llegando a cierto grado de
elevación, en el cual ya parece que deja to­
do lo terreno, diríase que el hombre ha

�vencido a la animalidad para ser realmente
lo que debe ser. Realiza, quizás, el arque­
tipo; lo que en el plan cósmico sería la fi­
gura del hombre; y que, las especies infe­
riores, aunque cronológicamente se anticipa­
ron, no hicieron más que prefigurarle de mil
modos diver.-os. Y así, podemos ver, que los
hombres que han superado la animalidad,
se esfuerzan por llegar al arquetipo ese, que
no puede ser más que la idea. Por esto, su
espiritualidad es mayor; y de ahí también,
que las proyecciones de su espíritu, deban
colocarse por encima de las realizaciones y
deseos del hombre que sólo mira a lo físico.
Yerra, pues, el hombre que retrograda y
vive en y para lo material, pues no es esa
la vía del hombre.
Antes que de religión, y para hace* más
concreto el lenguaje, debería hablarse de fi­
guras de religión; de verdaderas construccio­
nes espirituales hechas así de espíritu, sin
querer que sean más que eso o. entonces,
materializándolas; haciéndolas reales como
las cosas entre que andamos en el mundo.
Es decir, y dicho en una palabra: dentro de
un verdadero simbolismo. Y entonces, el con­
cepto de toda figura religiosa, sería mucho
más grande y profundo, ya no achicado por
el concepto vulgar de realidad; sería casi
infinito, podríamos decir, sin bordes ni lími­
tes y en un ámbito que no sería sitio alguno.
Pero, no es ese el concepto humano que de
la religión se ha tenido y se tiene. Es más:
otro concepto religioso que no sea realista,
no es considerado como tal. Sería la piedra
de toque de todo creyente. Ora a un dios real
(en cierto sentido) todo lo espera de esc
dios, y aún las cosas más particulares. Y fue­
ra de ese dios o dioses suyos, los otros son
falsos. Y hasta dentro del concepto de un
Dios Unico, universal, hay infinidad de con­
ceptos diversos o maneras de adorarlo o con­
cebirlo.
Por todo esto, pues, podemos, contemplar
el sentimiento religioso, desde dos puntos de
mira diferentes: uno simbólico y otro real.
pero, ambos, tomando su origen en lo pro­
fundo de la conciencia humana. Y el hom­
bre, entonces, verdaderamente no sabe, si lo
que intuye procede de sí mismo, de lo que
él podrá llamar su ser propio, y entonces pro­
yección suya lo que manifieste, o si, a la in­
versa, tiene, en tal caso, una revelación, ya
que es el Ser mismo, en singular, quien le
inspira. Sería, en tal caso, el hombre, un
verdadero médium. Pero, uno y otro caso
para en lo mismo; puesto que es igual que,
por ser la única voz o intérprete de la vida,
el hombre, tanto dá que en él esa vida se
haga consciente y nos lo manifieste, como
que sea el único ser capaz de captar las vi­
braciones de un mundo superior.
Todo esto, reconozco que es demasiado
complicado y conjetural, y es porque viene
más del pensar que no del sentir e intuir.
Mala vía para entrar
en lo
profundo de
tales problemas.
Sólo la palabra queviene
hecha es la
cierta, y por esto sin controversia. Pero el
mal está, que no viene cuando se la llama:
viene cuando le place; v nadie podría saber
de donde viene, porque no ha sido fruto de
ningún trabajo. Y si no es con tales pala­
bras, más vale no escribir. Por esto, sólo
pueden escribir a plazo fijo los profesionales
literarios: basta abrir la canilla y ya sale
el chorro. Pero volvamos a lo que decíamos.
Tal escritura que habría en cada uno de
nosotros, será siempre, %en
realidad, tu
voz del hombre. Es decir, la voz del hombre
que habría superado la animalidad. Y en­
tonces, esto, se podría decir de otra manera:
la voz del hombre, pero no la del individuo

que la emite. Por lo tanto, voz universal,
puesto que desligada de todo interés perso­
nal y por encima de todo lugar y tiempo.
Por esto, al decir que todo es proyección del
hombre, a ese hombre universal se refiere.
Voces de esas, fueron las de los antiguos
profetas y sabios, y siempre la de los ver­
daderos poetas. Y de tales voces se formaron
mitos y religiones, creaciones formidables
en lo universal; mas ciertas que la verdad
real. Pero ciertas, por esto, simbólicamente.
Por esto, hay que así interpretarlas y no de
manera realista. Pues así, las aniquilaríamos;
las reduciríamos a polvo. Más, aún: haría­
mos de su sublimidad, o una vana fantasía
sin contenido alguno, o una monstruosidad.
Xo puedo meno- que insistir aquí, que no
sólo el arte imitativo realista es el que se
ha de combatir, sino, tal realismo, aún en
esas otras esferas. Pues en uno u otro caso,
la posición del hombre es la misma: o está
en lo_ universal, o en lo particular, que es la
verdad real. Y por esto, ya pueden ver, lo
importante que es sacar al artista de la mala
tendencia subjetivista o imitativa.
La más alta escuela, será siempre la que
se base sobie los principios universales. Pero
no dentro de un intelectualismo racionalista,
sino intuyéndo’ o y viviéndolo. He dicho prin­
cipios universales, sólo para entendernos. Y
en todo caso, tales' principios, podrán servir
sólo para ordenar nuestra mente y así librar­
nos de caer en confusiones.
La palabra viva, así como la obra viva,
nada tiene que ver con la verdad real, y, por
otro lado, tampoco viene de donde viene esta
última. Viene de lo desconocido y •no es fru­
to de! trabajo; no podemos, induciendo, lle­
gar a su origen. Y con esto ya estamos en
el misterio. Cada obra de arte guarda su se­
creto como la Esfinge. ¡Y pensar que hay
gente que piensa que el arte puede apren­
derse en una academia! Porque esos no sa­
ben, que lo mejor que puede enseñar un
maestro, es comunicado al discípulo por mo­
do que nadie podría explicar. Y también
esto está en el misterio; siendo, al mismo
tiempo, algo de muy franco, natural y sen­
cillo, pero impenetrable. Y así, si fuésemos
observando, veríamos que lo mismo ocurre
con todo: hechos que constatamos pero que
son inexplicables. Damos, entonces, aquí, con
eso universal que decíamos, pero en un pla­
no viviente y no intelectual; magnético, casi
podría decirse. Y que sería la realidad ver­
dadera, tras el velo de la realidad material.
La manera, pues, simbólica, de operar el
artista v el poeta y el místico, se compren­
de: no están en la realidad material, sino en
la realidad verdadera. Xo destruyamos, pues,
su buen propósito, invirtiendo los términos,
y haciendo grosera realidad, del espíritu. Pero
en cambio podemos hacer esto otro: hacer de
la realidad espíritu. Es decir, yendo a la
esencia de las cosas.
El concepto naturalista y material, que es
casi el común sentir de todos (y ahí su agra­
do por la pintura imitativa) es, en verdad,
una barrera que se interpone entre la verdad
real y la verdad profunda.
Ya Platón, al hablar de la belleza, dice
que no es aquella que contemplamos, por
ejemplo, en los bellos adolescentes; y que
cuando realmente la conozcamos, veremos que
no será aquel’ a, ni aún su reflejo. Y da a
entender, que sólo en lo abstracto está la
belleza y no en las cosas. Y es así. Y por
esto yo digo: ¿por qué, entonces divagamos
en otros aspectos del arte, naturalistas y fi­
gurativos, y no nos concentramos y centramos
en el arte abstracto sin figuración? ¿Por qué?
Aquí yo lloraría de pena o de rabia. Pero
ahí se quede, que yo rae entiendo y Dios

me entiende. Y aquí podría terminar. Pero
ya se ve que esto aquí no termina; pues, en­
tonces, ¿qué consecuencias sacaríamos de to­
do ello? Y, ¿no sería una traición a la ver­
dad, y a ustedes que me escuchan, el dejar­
les en suspen-o? ¿X o sería cobardía, el no
afrontar la situación que se plantea, para
resolverla según el más recto sentido? Bien:
¡sea!, voy a decir lo que pienso y sin re­
serva alguna.
El camino hubiera sido llano, de no me­
diar dos circunstancias: por ejemplo, si se
hubiese tratado solamente de mí; pero se
trata de ustedes. Sé la responsabilidad que
tengo; sé las consecuencias que pueda pro­
vocar. Pero, ¿es que la verdad no ha de
pasar delante de todo? Es así.
Lo segundo sería esto otro: tengo que de­
cir, por ejemplo, que debido a este medio
artístico e intelectual en que estamos, pudo
decir que, hasta el presente, no me ha salido
cosa derecha. Dos fuerzas han debido luchar
siempre: lo que debía hacer y decir, libre­
mente, y la fuerza del ambiente, no prepa­
rado y hostil, que quería que yo fuese e
hiciese otra cosa; y de ahí que ella saliese
como dije, torcida. Y aquí, y ahora ¿debía,
en esa circunstancia que se plantea, defor­
mar la cosa, secuestrarla... y seguir; o cor­
tar con toda consideración y decir la verdad
de todo, simplemente? Olviden por esto, cual­
quier falseamiento que haya habido, cual­
quier postergamiento o ambigüedad, cualquier
acomodo, cualquier tibieza o indecisión. Ol­
viden algo que fuese como actitud demasia­
do benevolente o provisionalmente acepta­
da; pues ya dije, que nada o muy poco me
salió derecho hasta el presente.
Y* ahora pensarán ustedes ¿qué irá a de­
cir este hombre que así toma tantas precau­
ciones? Pues casi nada, y presto podrán
verlo. Además, que entredientes lo dije más
de una vez, y que debió oirlo quien tuvo
oídos. Pero suele pasar con las ideas, que a
veces se quedan en la antecámara y no pa­
san de allí, y que hay que darles un empu­
jón para que acaben de entrar, y al fin
hagan cuerpo con nosotros; o sea, que a ve­
ces se dice lo que no debe hacerse para que
se dé con lo que debe hacerse; y ésta es una
manera personal, quizás poco franca o de­
masiado suave, de decir las cosas, y que se
encamina a que cada cual resuelva por sí
mismo el problema y el sentido que quiera,
pero que puede acarrear confusión. Se oiría,
pues, tal cosa así dicha, pero no se consi­
deró en aquel momento oportuna, o se dejó
para pensarla mejor ¿qué sé yo? Pero ahora
me esforzaré por no caer en esta viciosa ten­
dencia mía y quitar toda nebulosidad.
Tomemos el número 14 de «Removedor»,
y en la cara interna de las tapas o última
página del texto, puede leerse esto, en grue­
sos caracteres: «En un futuro cercano, el
ARTE ABSTRACTO habrá suplantado com­
pletamente el arte imitativo; EL ESQUEMA
GEOMETRICO Y LOS COLORES PRIMA­
RIOS, a la persepectiva y a los colores com­
puestos. Tal arte correspondería al Hombre
Xuevo del Nuevo Mundo». Es el Arte Cons­
tructivo.
Aquí como puede verse, estamos de acuer­
do con Platón: la belleza, que es algo abso­
luto, no está sino como reflejo en las cosas,
y entonces ¿para qué dar ese rodeo pudiendo ir derechamente hacia ella? Eso siempre
es lo que vi, y tuve que andar torcido du­
rante más de diez años, por lo que antes
dije, y por ende, enseñar lo que no debía;
y hasta ahora mismo: la Pintura en la me­
jor Tradición.
¡Divina Proporción!, ahí está el secreto
(Sigue atrás.)

�EL HOMBRE, EL ANO, Y LA ETERNIDAD
Para terminar, resta ahora tratar de dos
puntos, uno de los cuales es de capital im­
portancia, como se verá luego.
Es, el primero, que hay que aclarar, que lo
que nosotros entendemos por arte abstracto
no figurativo, nada tiene que ver con ese
arte, que bajo la misma denominación hizo
su aparición en Europa, pongamos a partir
de 1918 (aunque algo se había ensayado an­
tes) y que se originó en Rusia y Holanda,
por los suprematistas y neoplasticistas, y que
después de difundirse en Alemania y Francia
luego hizo camino por todo el mundo. Tal
arte, más teórico y filosófico, que artístico
propiamente dicho (pues era rabiosamente
intelectualista), aunque secretamente tuviese
por punto de partida el cubismo, repudió
toda la visión intuitiva de éste y aun lo for­
mal, para quedar escuetamente un proble­
ma solo aparentemente científico o matemáti­
co; es decir, algo deducido racionalmente.
Jamás hubiera podido ser tal arte el nues­
tro, y de ahí, frecuentes y enconadas peleas
que tuvimos con ellos, ya que, tal vacuidad,
querían erigirla en algo supremo, a que sólo
podían llegar — decían— mentes tan evolu­
cionadas como las de ellos.

resto; practicarlo cotidianamente tan a la
perfección como sea posible; concentrar to­
das nuestras energías y pensamientos en él:
en una palabra: poner toda nuestra esperan­
za y fe en él.
La religiosidad del vivir, puede venir de
la práctica humilde del oficio, de una entre­
ga absoluta a él, en un ambiente de recogi­
miento y austeridad. Poco a poco, y por su
influencia, todo pasa del plano de lo tem­
poral a lo universal y, entnces, todo tiene
significado y trascendencia. Ya nada es ma­
terial: todo tiene sentido moral. Y las rela­
ciones de las cosas son en un infinito; y
todo se corresponde.
Llegar, pues, a la consciencia de lo que se
está haciendo; es decir, pensar, que, lo que
estamos haciendo, n« es una obra, es un acto.
Este solo pensamiento, podrá hacernos com­
prender la gravedad de la cosa, y hará que
pongamos empeño en llegar a lo perfecto, lo
cual estará tanto y más ajustado al espíritu,
cuanto •habremos puesto más esfuerzo en la
práctica seria del oficio. El cual, en toda
circunstancia, es el que siempre tendrá que
salvarnos.

Dije al principio: cuando el arte excede el
siemple oficio (y por sabio que sea) ya es
más que arte y más realiza lo que es su
misma esencia (lo constructivo concreto) por­
que esa, también toma su origen y funda­
mento en aquella sagrada ley. Y se añade,
que siempre el arte tendría que ser así; es
decir: religioso. Pero ahora digo esto otro:
que es por la práctica humilde y sincera del
oficio desentendiéndose de todo, que puede
llegarse a esa universal religiosidad, por cuan­
to entonces se toma al oficio como acto, como
afirmación de nuestra fe puesta en él. Ya
algo de muy profundo. Y' es lo que acontece
que sabemos que va prendido o ligado a
con lo religioso propiamente dicho, que, si
bien toda figura de religión debe ser toma­
da como símbolo, sólo por el acto religioso
ya material e invocando a una imagen corres­
pondiente, cumplimos con aquello escrito para
el hombre, en el hombre mismo. Por eso dije
también, que para todo creyente era la pie­
dra de toque. Y entonces se comprende que
se
haya dicho que el Arte era una religión.
El otro punto a tratar es el siguiente, y •
Y
bien
se ve que lo es.
que yo pretendo que ha de darles la clave
Hay, pues, dos artes (y con esto volvemos
para encontrar la ruta que ha de llevarles,
a la clasificación de siempre) el arte en lo
no ya a la comprensión total de tan grande
temporal, la Pintura, y el arte en lo univer­
y trascendental problema (el cual ya se ha
sal,
el Arte Constructivo. El primero en un
explicado sobradamente y ustedes ya lo han
aspecto normal, pero construido y concreto:
comprendido) sino, podríamos decir (y aún
es decir, en el ritmo —y el segundo, arqui­
que así esté mal dicho) la manera práctica
tectónico y plano (excluida la tercera di­
de llegar a él, de estar en él, de existir y
mensión) esquemático y geométrico, no ad­
obrar en él, y no unilateral mente, sino den­
mitiendo más que símbolos universales o
tro del conjunto de la vida, que es como
yendo a la abstracción total. Y así, cada uno,
se debe existir y estar en él. Y así, natural­
puede realizar el doble aspecto del hombre,
mente, sin complicaciones ni mayores cavi­
o sea en lo temporal y en lo eterno.
laciones ni rodeos, el toque de la cosa está,
simple y llanamente, en aferrarse al oficio.
J. TORRES GARCA 4
Consagrarse a él por entero, barriendo el
No; no podía ser tal arte el nuestro; po­
díamos, en cambio, entroncar poco o mucho
con el Cubismo, porque éste, verdaderamente,
era un movimiento de arte y sostenido por
artistas; pero tampoco podía serlo del todo,
por otra razón: por su particularismo a ve­
ces muy anecdótico; por lo estrecho y limi­
tado de su teoría, más traída por el azar
que no por la visión universal en todo el
problema, pues a esto debía llegarse. En tal
punto, di mi voz, pero nadie podía inter­
pretarla, falto de resonancia interior, ya que,
para que así fuese, tenían que olvidar sus
pequeños problemas que se traían y el pru­
rito de modernidad de que estaban presas,
para ir más allá del tiempo y las cosas y en­
trar en el cauce grande del arte universal
de todos los tiempos. El cual, fué el objetivo
que siempre perseguí. Y con esto me parece
que queda explicado, cual es el género de
abstracción y no figuración nuestro, que na­
da tiene que ver con aquello.

Lo A p are n te y lo
Concreto en el A rte
POR J. TORRES-GARCIA
C on el texto de sus lecciones del
añ o 1947 en la

F a cu lta d

de

H u­

m anidades, y 38 pá g in a s de re p ro ­
ducciones fu e ra del tecto.

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Impresora L.I.G.U.

Cerrlto 740

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX: REMOVEDOR

de todo; y eso de divina no es una metáfora.
En eso debemos estar, y dejar el resto. Fuer­
te cosa es, ¿no es cierto? Pero, estamos en
el mundo; y, de considerar esto, nacen las
cosas torcidas, ¿Es que se puede vivir del
aire?
Ahí tenemos nuestro compás, que es tam­
bién nuestro signo; y el pez, ese esquema
simbólico; y esto quiere decir que estamos
en esa fe. Saben ustedes, que yo digo, que
todo arte que no sea construido, no es nada.
Por esto yo, ante todo, les he enseñado eso.
Y aún ahora, queremos introducir esa cons­
trucción en el naturalismo. Salvamos así a
la Pintura. Y esa ya puedo enseñarla.
Todo ha de ser una estructura, sea lo que
sea; y los elementos han de ser abstractos
para ser medidos y ordenados geométrica­
mente; y todo ha de ser plano. De ahí el
dibujo que hacemos ahora; olvido del ob­
jeto real, que será creado por los elementos
plásticos (rayas y planos) enlaces, no de
formas representativas del objeto, sino de
sus accidentes secundarios; y así enlaces de
todos los accidentes que se representen en
el campo visual, sin discriminación de los
objetos. Puede decirse que aquí ya todo
es abstracto: una estructura dentro de un
aspecto naturalista; y es el máximo esfuerzo
para conciliar lo que todos quieren, con lo
que queremos nosotros (la abstracción).
En la estructuración, podríamos decir na­
turalista, no es posible percibir claramente
el ritmo o música de la composición, que
viene de la proporción. Y por eso debe ha­
cerse una pintura construida. Es la que ha­
cemos ahora, y para el arte universal cons­
tructivo, sólo admitir los esquemas geométri­
cos, símbolos de ideas universales.
Y bien ¿qué nos retiene y no nos deja
llegar hasta esa meta? Ya lo he dicho antes,
y de ahí que las cosas no salgan derecha­
mente. Y no es el caso de querer cambiar,
pues no es posible: si así estamos, es por que
la realidad de las cosas no consiente otra
que esa. Pero, que entre en nuestra conscien­
cia, entonces que no hacemos lo que debié­
ramos hacer, y que, en cambio, hacemos lo
que no debiéramos.
Ahora, en este recorrido de cien días o
más, vamos a estudiar nuevamente todas las
etapas de nuestra pintura hasta el presente:
es decir, desde el aspecto naturalista hasta
la abstracción total. Será el mejor experi­
mento, porque, en terminando, podremos ver,
con toda claridad muchas de las cosas que
integran tal problema, y también, por la
confrontación de las obras, las que deben
prevalecer. Podrá experimentar cada uno, su
grado de preparación, o su natural tenden­
cia, y luego, en el público, las reacciones que
se produzcan. Por esto, hay que llevar heroi­
camente y con toda fe y entusiasmo, todo el
plan completo hasta su terminación.
Decía al principio: Todo eso toma su ori­
gen allí —en eso escrito para el hombre, en
el hombre— y por esto, cuando el arte ex­
cede el simple oficio (y por sabio que sea)
ya es más que arte; y más realiza lo que
es su misma esencia; porque esa; también
toma su origen y fundamento en aquella sa­
grada ley. Ya es más que arte, y es enton­
ces, lo que tendría que ser siempre el arte.
Es decir un arte verdaderamente religioso.
He ahí, pues, expuesto de manera bien ob­
jetiva, lo que tendría que hacerse, y lo que
hacemos; es decir, lo que hace y lo que as­
pira hacer cada uno. Y en esto nadie debe
meterse: es problema personal. Mida cada
cual sus fuerzas, estudie sus tendencias, co­
nózcase a sí mismo.

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Torres García, Joaquín</text>
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EL MAESTRO JOAQUIN TORRES-GARCIA Y SUS DISCIPULOS EN EL TALLER

N°. 2 0
OCTUBRE - NOV. - 1947

O R G A N O R E D A C T A D O Y EDITADO
EXCLUSI VAMENTE POR I NTEGRAN­
TES DEL TALLER TORRES GARCIA

0.10

�LEON - FELIPE EL POETA
por J. TORRES-GARCIA
La manía clasificadora de la gente, quie­
re, a tuertas o a derechas, meter a León
Felipe in el casillero: ¿qué será este hom­
bre, comunista, anarquista, francmasón, so­
c ia lis ta .... Y no vale a decirles, que él
es lo que es EL SOLO; o si no ¿qué ha­
brán comprendido de ¡o que habrán leído
u oído? ¿Puede, quien está en lo univer­
sal, andar &lt;ntre cosas de orden /xirticularísimo, como ser todas o las más de las
que constituyen la actividad de los parti­
dos? Hay eso, y hay además, esto otro:
que León Felipe es inclasificable como to­
do lo que viene del espíritu.

en todas partes, en todos los rincones; y presto
saltó las fronteras de España. ¡Qué formidable
reacción! Yo creo que Cervantes debió asus­
tarse de tamaño deslumbramiento. Y ya no se
ocupó nadie de él; ¿para qué?, si aquello fué
solo como algo que pasó a través suyo? ¡Qué
suerte al poeta que esto le pasa! Y puede pa­
sarle a otro poeta si se olvida de él: de su lite­
ratura. de su arte y del ambiente en que sue­
len vivir esas cosas, y de sus autores y libros, y
va no piensa más en sí mismo, sino en otra co­
sa que le mueve y levanta, y que está por enci­
ma. Y ¡oh paradoja! — sólo aquel que se olvi-

León Felipe d ijo: a Cervantes se le escapó
Don Quijote. Es verdad. Pudo pensar Cervan­
tes a su Don Quijote, demoledor de los libros
de caballería. Fué todo. Pero ¿después? Se
cortó el cordón umbilical: Don Quijote se bizo
una persona independiente, tan real v casi po­
dría decirse tan de carne y hueso como cual­
quier hombre de los que andaban por el mun­
do; pero, de naturaleza gigante; mejor: sin di­
mensión, pues ya fué grande como el universo.
Y entonces, Cervantes siguió a Don Quijote;
como ahora León Felipe, que va tras de su Poe­
ma, que se ha hecho también gigante. Y en­
tonces. si luego Cervantes adquiere proporción
enorme, de igual modo este verdadero hombre
que es León Felipe.
Ese Poema de ahora, ya no se acabará sino
con él. ¿Y quién lo dicta, quién lo hace? Dió
consigo mismo; antes no. Y por ahí estamos
delante de lo infinito. Y, de no mediar el mar­
tirio de España, quizás jamás hubiéramos te­
nido esa revelación. Fué eso, para León Feli­
pe, lo que los libros de caballería para Cer­
vantes.
Este, hasta antes del Quijote, fué uno de los
mejores literatos o poetas de España, pero ¿des­
pués? Ya no hay medida. Y de ello la da, al
aparecer la primera edición del Quijote, la reac­
ción incontenible de las gentes: se leía y releía

REMOVEDOR
Redactor Responsable

AÑO 3

N°. 20
GUIDO

CASTILLO

da. porque se lia dado por entero a otra cosa,
es el que al fin se encuentra; es decir, al Hom­
bre (pues no existe más que uno bajo la apa­
riencia de la chica criatura: León Felipe.
Es el caso de Santa Teresa, según nos lo ha­
cía ver, hace poco, otro español: Bergantín que
sin darse cuenta, escribiendo no ya para hacer
literatura o poesía, dió al fin forma definitiva
a la lengua castellana.
Clamando por la justicia, levantando su voz
por todos los mártires de España, ahora, León
Felipe, sin pensar en él, abrió la ventana a un
mundo asombroso, que. por grande que sea
aquello que lo motivó, está tan por encima que
ya no hay ni por qué compararlo. Allí está en
lo eterno y con decir esto basta.
En este esquema que le debo, yo ahora no
haré mención a ninguna de sus partes o figu­
ras. Ahí si que no me siento con fuerzas para
tal empresa, que, además, no estará bien que

LEON - FELIPE

EN

nadie la cumpla. Quédese aquello intacto, pues
a nadie pertenece; ni a León Felipe.
Decía que le debía, al menos ahora esto que
escribo ¿p or qué?
Soy y quiero ser pintor a secas, en la univer­
salidad de la pintura. Y me avergüenza y quie­
ro esconderme cuando me hablan en otro sen­
tido, de lo que escribo, porque mis pretensio­
nes no van por ese lado. Pero como también
tengo que meterme por entre los follones y ma­
landrines del arte, y aún, si puedo, matar algún
estrafalario gigante, debo escribir. Porque ade­
más, y porque soy maestro; es decir, que en­
seño, y enseño para todos mi arte; y además,
para defender a mi sin par Dulcinea — mi alta
y soberana señora, la Pintura— que tantos ma­
lignos encantadores defiguran, escribo. Y escri­
bo, aún sabiendo del desdén de los que preten­
den saber escribir — caballeros de la andante
literatura; y de los que saben.
Con este riesgo escribo; pero la culpa no es
mía si me toman por lo que no soy ni quiero
ser. como lo advierto siempre.
Y bien: si ahora escribo sobre León Felipe
— y él que me perdone, y después diré por qué
- es a causa de que, lo que yo he venido di­
ciendo pobremente, sostenido por la lógica y
con escasos recursos, él ahora lo ha dicho cor.
la voz del Poeta: que por encima del hombre
individuo está el hombre universal, y que en­
tonces ya no hay más que la verdad, y que ya
tal cosa no admite controversia ni reparo de nin­
guna clase. Me ha parecido pues, que por haber
querido yo estar en tal verdad, ahora yo me
haga solidario y lo diga, pues me atañe; es de­
cir, que es un deber que lo proclame.
Y ahora diré por qué he dicho que él me
perdone: porque para escribir de tal Poeta, es
justo que no se escriba sin cierto temor, pues
sólo podrán escribir tranquilamente, los que ja­
más le comprendieron o los que sean de su
talla.
J. TORRES-GARCIA
Octubre 1947.

EL

TEATRO

por GL IDO CASTILLO
Alguien me dijo, en cierta ocasión, que León
Felipe no llegaba a convencerlo porque “ hacía
demasiado teatro” .
Y así es. El hombre sensato, con su terrible
eficacia, ha encontrado, sin esfuerzo alguno, el
juicio certero: León Felipe no convence porque
hace teatro.
Y tan poderosa es su capacidad para no con­
vencer y para crear ficciones que, leyendo a
León Felipe o esuchándolo hablar, perdemos
la convicción en las cosas más evidentes, y la
realidad familiar, la domesticidad de lo real,
se nos convierte en farandúlica serie de ánge­
les trágicos.
También Don Quijote le dió una lanzada en
el ojo a la virtud convincente de los molinos de
viento y, desde entonces, ningún cumplido ca­
ballero se deja engañar por la molinicidad de
los gigantes.
Todo lo que dice León Felipe es humo que
se lo lleva el viento, pero el humo es hijo del
fuego compañero del aire, y donde hay humo

hay fuego y donde hay fuego hav aire y en el
aire se respira.
León Felipe ha montado su escenario en la
chispa que salta del choque dramático del me­
tal y la piedra.
“ Por hoy y para mí, la poesía no es más que
un sistema luminoso de señales. Hogueras que
encendemos aquí abajo, entre tinieblas encon­
tradas, para que alguien nos vea, para que no
nos olviden. ¡Aquí estamos Señor!”
Así hablan al gran fuego de lo alto las pala­
bras de León Felipe, mientras danzan sobre la
escena en llamas.
“ Hoy más que nunca es para mí la poesía
fuego organizado, llamada y llamarada de nau­
fragio” .
También León Felipe es un barco que se in­
cendia en la noche de las aguas como se incen­
dia y naufraga nuestra realidad en el infinito
mar nocturno, en el ojo de Dios, hasta dejar
de ser barco para convertirse en estrella encen­
dida “ bajo las estrellas impasibles” .

^ el personaje León Felipe se borra la clownesca mueca hasta mostrar su ardiente másca­
ra trágica. Y grita entre las risas del público:
“ ¡T o no soy un payaso! ¡Y o soy Prometeo!
\ engo de la casta de los viejos redentores del
mundo y he dado mi sangre, no para hacer reir
a los dioses y a los hombres, sino para fecun­
dar el yermo” .
El eco de sus palabras canta, convertido en
coro -de mil voces que avanza y retrocede fren­
te al altar de Dionysos:
“ Estrellas
sólo estrellas,
estrellas dictadoras nos gobiernan” .
León Felipe, él mismo lo ha dado a enten­
der. es un profeta fracasado, un profeta de Es­
paña y del mundo, que no tiene nada tangible
que anunciar; más aún, que nada anuncia, por­
que sólo lia venido para que las ciudades y las
miserias humanas se quemen en su boca. Y
(s ig u e en la últim a pág.)

�[

FUNDACION ESPIGAS
Buenos Air¿s - Argentina

Incursión Apofántica
P latschek en Torno
por GUIDO CASTILLO
Hans Platschek se ha lanzado a la aventura
asaz peligrosa de relacionar las repelencias
que condicionan las alergias recíprocas entre
la pintura de Torres-García y la pintura uru­
guaya. Pero, no hay aventura sin riesgo, y,
quien arriesga el riesgo, peligra perder por
siempre la debida peligrosidad intrínseca, que
es
el tributo exigido en proporción directa
con lo venturoso del logro, por lo cual, el
que cayera en la flaqueza apuntada sólo rea­
lizaría una aventura de segundo orden que, co­
mo es evidente, no vale lo que la primera, por
ser un barroquismo de la conducta tangen­
cial al valor, que es la forma más huidiza
de la cobardía.
Señor Platschek, reconozco que no son en
usted tales debilidades, y de su artículo se
pudiera decir con el poeta:

en la ilimitada valorización de la verosimilidud aparencial».
Indudablemente en esta diferenciación de lo
instrumentalmente aplicativo con relación a
lo concreto vivencial, que sería la explicitación de lo inmanente que tiende a trascen­
derse sin cesar recobrando lo subjetivo en el
plano objetal, usted se muestra partidario de
las ideas expuestas por Trebolini en su polé­
mica con Cassou.

.querida mía» después de haberte llamado
«mariposa aburrida por el mar de triángulos
equiláteros» o «mujer atravesada por el sue­
ño afilado de los peces». Pero tu sabes que
en mí la sencillez es la originalidad última y
substancial, la definitiva paradoja demoniaca­
mente delicada en que agoniza mi vida que,
entre tiernos aceros, muere atada al tobillo
de lo invisible .
Unido a ti por la simetría discordante de las

EL PUBLICO EN LA EXPOSICION
(LA

« . . . y con airoso ■vuelo
pisó del viento lo que del ejido
tres veces ocupar pudiera undardo.»

HISTORIA

SE

REPITE)

DIBUJO DE DAUMIER

Usted no se arredra frente a nada, y de lo
que es presente en Torres-García vinculado a
lo que el Uruguay tiene de carencia, infiere
conclusiones realmente insospechadas como,
por ejemplo, que para identificar el uno con
el otro tendría que cambiar sólo uno de los
elementos de la combinación, pues si ambos
cambiaran resultaría que, como los dos se
habrían ganado de mano mutuamente, el Uru­
guay vendría a ser Torres-García y Torres-García el Uruguay, y estaríamos lo mismo que al
principio.
Yo me atrevería a sintetizar su erudita ex­
posición en esta fórmula:
Si es cierto que tomando un agujero y re­
vistiéndolo de hierro obtenemos un cañón,
se sigue, con toda evidencia, que tomando la
pintura uruguaya y revistiéndola con la de
Torres-García una y otra pintura ya no serían
sino una y la misma.
Según usted los integrantes del «Taller T o­
rres-García», sólo asintóticamente se acercan al
instrumento de su maestro, por no poder evi­
tar el agujero innato que los anula y que
apenas disimulan con un sub-impresionismo
o «aman-jeanismo» desvinculado pero simpá­
tico a nuestra idiosincracia. Con lo cual sólo
se logra una armonía difusa, pues, como lo
homogéneo es lo que no tiene ninguna carac­
terística distintiva, resulta que todo homogé­
neo no se diferencia de cualquier homogenei­
dad, ya que si se diferenciara sería heterogé­
neo respecto a otra cosa, y caeríamos en el ab­
surdo de lo homogéneamente heterogéneo.
Para que esto sea más claro todavía, trans­
cribo una frase de su artículo:
«El punto de arranque para toda la pintura
uruguaya es, brevemente dicho, una especie
de sub-impresionismo o aman-jeanismo si se
quiere con tendencia notable hacia una apli­
cación emocional del instrumento pictórico;
cosa bien distinta de la concreción emocional
de una expresión— que, no obstante, encuen­
tra su constante dirección hacia la naturaleza

— ¿Qué es para tí lo mejor del Salón de este año?
— La cerveza.

Pero, sin tener que referirme a Trebolini,
que quizá es el crítico que ha ejercido una
influencia más sutil en la última década del
arte europeo, puntualizando sus más importan­
tes hitos, en usted hay una intención más generalizadora inspirada, seguramente, en las
últimas cartas que Hernando de Campoñato
dirigiera a su esposa en destierro.
Especialmente aquella que empieza así:
«Querida mía: No te extrañes que te diga

distancias que el amor desata, se me ha reve­
lado como reina y señora de los sueños que,
cual lenta teoría de muchachas melancólicas,
me visitan, la idea que lo emotivamente apli­
cable carcome lo concretamente emotivo vivencial en expresiones que golpean o rebasan
su objeto intencional. Y claramente se ve
que esta es la más sutil de las traiciones, por­
que en ella el Yo se aparta de si mismo como
(s ig u e en la últim a pág.)

�AIAPE, LA VIBORA Y NADIE
por SARANDY CABRERA
El crítico puede argumentar, puede rechazar,
aceptar, explicar y ejercitar de muchas otras
maneras su oficio, pero lo que no le resulta
decoroso ni elegante es embestir.
Ahora bien; en el número 1° de la tercera
época de la revista de AIAPE, un crítico ( ? ) o
meramente un articulista, embiste de la manera
menos elegante y más vulnerable contra el Ta­
ller Torres - García.
Y a la vez que embiste, oculta su pequeñez
hasta hacerla desaparecer en el anónimo.
Si nosotros quisiésemos zaherir al autor del
artículo embestidor que nos ocupa, le diríamos
por lo pronto que es redundancia escribir, por
ejemplo, como él lo ha hecho. “ El T. T. G.
expuso una Exposición” , y lo mortificaríamos
con armas que él mi»mo nos ha puesto en las
manos.
Tal vez sea más conveniente y edificante que
rebatamos fríamente — o todo lo fríamente que
sea posible— las equivocadas aseveraciones del
desconocido escriba.
El Sr. Nadie, diremos para darle un nombre,
afirma la no variación de la pintura del Taller
Torres - García.
Y si sostenemos que se equivoca, lo hacemos
evocando rápidamente la evolución del Taller
en estos últimos tiempos en los cuales ha hecho:
l 9 Naturalismo sintético con paleta de grises.
29 Naturalismo con colores primarios. 39 Cons­
tructivismo con una y otra paleta. 49 Naturalis­

mo con la paleta restringida a 7 colores o tonos.
59 Naturalismo planista con perspectiva, — y
aún es posible que hayamos olvidado algo.—
¿Qué infamante com plejo de inferioridad le
roe al Sr. Nadie como una oculta víbora la
entraña, cuando dice que en el Taller TorresGarcía se plantean a los discípulos, problemas
que ni aún en los medios más cultos se plan­
tean?
Es que no advierte el Sr. Nadie que el pro­
blema del pintor tiene un solo nombre y un
solo valor en calidad en todo el planeta, y ese
problema es la pintura misma.
El que quiera hacer pintura en cualquier
medio que sea debe conseguir una realidad es­
pecíficamente siempre la misma.
Y es lamentable para este articulista y sus
propósitos que, cuando quiera anatemizar o
condenar al Taller Torres - García, lo ensalce.
Si la pintura no fuera un truco, como el Sr.
Nadie parece ignorarlo, no sería nada. Si no
fuese una hábil manera de trastocar mágica­
mente la realidad y cambiarla mágicamente no
sería sino una pura disciplina manual.
Allí está el truco de la pintura, y allí el truco
que el maestro aspira a enseñar a sus discípulos:
que el maestro quisiera poder enseñar a sus
discípulos, dado que, como él mismo lo dice,
no trata de enseñar a pintar cuadros sino de
enseñar “ la pintura” , ese sutil “ truco” inex­
plicable.

LO
APARENTE
Y LO C ONCR E T O
EN
EL
A R T E
Por JOAQUIN TORRES-GARCIA

APARECIO YA EL 49 DE ESTOS FASCICULOS QUE REUNIRAN EL TEXTO
DE SUS LECCIONES DICTADAS EN LA

FA C U LTA D DE H U M A N ID A D E S Y CIENCIAS DE M O N TE VID EO

INCURSION APOFANTICA
P L A T S C H E K EN TORNO
(viene de la pág. 3)

tal, relegándose a una falsa unidad mas ex­
terna que objetiva».
Las relaciones que existen entre las ideas
de Campoñato con el pensamiento platschekiano son indudables.
Esto no lo menciono en son de crítica, pues

quien no toma no da y, como dice el sabio:
«Bebed si queréis que os beban».
El sur de Platschek es demostrar que todo
pintor uruguayo está condenado desde la cu­
na al Aman-jeanismo. ¡Pensar que eramos
amanjeanistas sin saberlo! Siempre ocurre lo
mismo: los indios de América no sabían que
eran americanos hasta que fueron descubier­
tos. De esta manera Hans Platschek viene a ser
el Cristóbal Colón de la pintura uruguaya,

Ahora bien, con complacencia morbosa, este
embestidor articulista del periódico AIAPE, re­
lata cómo un integrante del Taller Torres-G ar­
cía recorrió la República pintando retratos de
Comisarios e intendentes a veinte pesos cada
uno.
Aquí no interesa averiguar la veracidad del
hecho, y solamente hacer las siguientes pregun­
tas que se contestan por sí solas.
¿El valor de un cuadro, su pintura de cuerpo
presente, depende del objeto representado?
¿Importa que el objeto de un retrato sea un
príncipe, un rey (caso Ticiano, caso Velázquez)
o un médico de locos (caso Van G ogh)?
¿Interesará que un cuadro sea vendido por
su autor en veinte o doscientos pesos, cuando
el “ valor” de una pintura no es una magnitud
medible con la unidad peso papel moneda.
No olvidemos al respecto la copla de Antonio
Machado:
Todo necio
confunde valor y precio.
De todo esto no podemos sino concluir, que
este articulista de oculta víbora, debe ser uno
de esos individuos temerariamente inclinados
hacia el oficio del payaso o de esos lamenta­
bles habladores, propagandistas callejeros de
abrelatas o hojitas de afeitar.
SARANDY CABRERA

LEON FELIPE EN EL TEATRO
(viene de la pág. 2.)

todo se quema en la amorosa hoguera de su
teatro.
“ Y apedrearme, si queréis,
maldecirme y gritar:
¡Muera ese falso augur
que ve mejor la grupa de la noche
que la frente de la m añ an a!...
Pero aquí en nuestras manos
sólo hay polvo y rencor” .
El primero que se quema en el teatro de León
Felipe es el sentido común, y se quema en la
locura, v la locura se quema, y se quema en la
idea luminosa, y la idea se quema, y se quema
en la fe encendida, y la fe se quema en la poe­
sía que es el fuego original.
En el último acto se quema el propio León
Felipe, y se levanta una cortina de humo que
hace toser la sensatez del espectador.
Y el humo se disuelve en el aire. Y sólo que­
da el aire compañero del fuego.
Y sólo queda el aire claro, vivo y puro como
una llama cristalizada.
GUIDO CASTILLO
que por el ha entrado a formar parte del
mundo hasta ahora conocido.
Sería interesante hacer un paralelo entre
el navegante genovés y el descubridor del
continente Aman-jeano del cual somos incon­
cientes habitantes.
Quede esto como anticipo para otra ocasión,
y como este artículo se puede continuar in­
definidamente, por lo mismo, se lo puede
dar por terminado en cualquier punto de lo»
infinitos que potencialmente tiene.
Guido Castillo~
AR-FUNDACION ESPlG f S-KARDEX REMOV.-^ )R

Imp. L.I.G.U. - Cerrito 740

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Cabrera, Sarandy&#13;
Torres García, Joaquín&#13;
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CONSTRUCTI VI SMO

Or g a n o

J.

TORRES - GARCI A.

redactado y editado

NY19

exclusivamente por integrantes del

S E T IE M B R E - 1947

TALLER

T O R R E S - GAR CI A

0.10
el

e j e m p l a r
w

�NO

HUBO
Por

JOAQUIN

REMEDI O...
TORRES

GARCIA

H ay dos ritm o s ; com o h ay el d ía y la no­
che. Y m uchos creen e sta r d e n tro de la cin ­
d a d e la , y están f u tr a . Y e sta r en el ritm o de
a fu e ra , es e sta r en u n s im u la c ro ; es c o n stru ir
com o con aire. P o rq u e só!o el ritm o de a d e n ­
tro es el q u e cu en ta. Y cu e n ta , p o rq u e va
com o p re n d id o al h o m b re ese n c ial: no al
h o m b re del d ía sino al h o m b re de la n o ch e;
al h o m b re q u e existió an tes q u e todo tiem po,
p u esto q u e antes de q u e h u b ie ra tiem po.

y así todos satisfechos. Y no p o d rá n sa lir j a ­
m ás de su ceg u era; n i los unos n i los otros.
¡P o b res!
P e ro hay otros que ya no h acen eso; no es
q u e sean m ejo res n i p eo res que estos que
d ecía; son d istin to s, es un género a p a rte ; es­
tán t n las ten d en cias m o d ern as.
\ b ie n ; a q u í pasa lo m ism o q u e en el
o tro cam po, ^pues no p u e d e n m e d ir lo que va
del d isp a ra te a la g en ialid ad . P e ro ellos m ar-

U na o b ra de a rte , com o ta n ta s veces he d i­
cho, viene d e te rm in a d a p o r su b a se ; y su base
es el a rtista . Y entonces, haga éste lo que
hag a, ad o p te la te o ría q u e q u ie ra , siem pre
e sta rá en la a rm o n ía , sie m p re será o b ra viva,
la suya, sie m p re será o b ra a ju sta d a y lógica, y
sie m p re se rá o rig in a l; p o r q u e v iene de él,
de esa p erso n a única, y llám ese C ervantes o
el G reco, Bacli o P la tó n ; o un anónim o
c u a lq u ie ra , o u n p rim itiv o . La vem os, a esa
o b ra , ta l com o vem os a u n c a c h a rro de b a ­
rro,' a u n a m esa o a u n a silla, a u n a casuca
h e c h a de te rró n y tech o de p a ja , sim ple en su
to ta l u n id a d , q u e se sostiene sobre su p ro p io
fu n d a m e n to ; y q u e com o la escoba, que está
a rrim a d a al án g u lo de la p a re d , p u ed e d e c ir:
a q u í estoy y o . . . ¡soy u n a escoba!

REMOVEDOR

P e ro h ay unos d esgraciados, q u e se creen
m úsicos o po etas, p in to re s o escultores, que
ja m á s h a n p en sad o en ta l cosa. \ a , desde el
tie m p o q u e fu e ro n ap ren d ices, crey ero n que
e l a rte e ra i r h a c ie n d o oomo todos (algo a
la m a n e ra com o se a d q u ie re n las costum bres)
y p la g ia r a todos, y así fo rm a rse p o r añadidos.
P o r ta l razó n , en sus o b ras, no p u ed e h a b e r
n in g u n a u n id a d , n i e stru c tu ra n i tra b a z ó n n in ­
g u n a ; y es p o r esto, q u e p o r a llí no co rre
n in g u n a v id a, n i tie n e gesto la o b ra , n i alm a,
n i p e rs o n a lid a d ; pues si es o b ra viva, debe
te n e r eso com o todo lo q u e vive, y fisionom ía
p ro p ia ; n o se sitú a, tra n q u ila m e n te an te nos­
otros, b ie n a firm a d a ta l com o u n pan o una
b o tella, sino c o n tra h e c h a y rid ic u la en su tra je
de a rle q u ín , falsa y grotesca. T b ien , aún. si es
o b ra de u n académ ico q u e h a b rá hecho tr a ­
b a jo com o de z a p a te ro o e b a n ista, h o n ra d a ­
m en te, p ra c tic a n d o u n oficio, sin p reten sio n es
de q u e re r asu star a n ad ie.

C onviene d e slin d a r estos dos terren o s del
arte . J
P resto se ve lo que se m a n tie n e firm e en
su u n id a d , ta l u n a p la n ta , q u e p a rtie n d o de su
ra íz , to d o después se g enera lógicam i nte. ^
esto ja m á s lo verem os en u n a o b ra h ech a de
retazo s, h e c h a de cosas p re sta d a s, de cosas
q u e h an v enido de todas p a rte s y que ni por
azar p u ed en ju n ta rs e , p ues no h ay razón p ara
q u e se ju n te n y, lo q u e d e la ta m ás lo falso
«le tales o b ras, es su v acu id ad . Es el com posi­
to r d e slu m b ra n te , de q u e ta n to gusta el p ú b li­
co m e d io ; el o ra d o r g á rru lo , d el o ro p el y la
p e d re ría b a r a ta ; el p in to r p o m p ie r (y p o r
algo se le llam a a s í), p u es en él todo es b ri­
llo, a veces com o de la ta o a veces com o de
c a rtó n p in ta d o . Y d e n tro de eso, ¡el vacío!
P o rq u e , h ay q u e te n e r ideas, v e rd a d e ras ideas,
y sean lite ra ria s o plásticas, m usicales o de
a rq u ite c tu ra . Y ta l p in tu ra o m úsica, se p a ­
rece a o tra , p o r su técn ica, p e ro , ¿ q u e le falta,
q u é no tien e ese fo n d o que va a lo p ro fu n d o ?
¡P u es casi n a d a : to d o ! P u es, si no se llega
a eso ¿ q u é im p o rta lo d em ás?
B u e n o ; q u e v ayan fa b ric a n d o todos esos,
con su c a rtó n y h o ja de la ta , q u e no le fa lta ­
rá n aplausos d el p ú b lico , n i b u en as crític a s;

Redactor

Responsable

AÑO 3

N°. 19
GUIDO

CASTILLO

ch an im pávidos, crey en d o que en g a ñ a rá n a
to d o el m u n d o . Y o saben, q u e esa a p a re n te
lo cu ra d el a rtista genial, viene del o tro lado
de lo v u lg ar y falso, pues, ese, p o r don de la
n a tu ra le z a , toca a lo p ro fim d o , y q u e e n to n ­
ces, p o r lle g a r a lo o rig in al, descubre un
m u n d o nuevo.
La m o n ed a d el que está en el ritm o de la
n oche, no está en v ig en cia; p o r esto no se
cotiza en n in g u n a bolsa. Sólo el tiem p o a rre ­
gla eso, y entonces, el oro de ley, es re stitu id o
a su valor.
E l a rtista que está en el ritm o de la noche,
no está en n in g u n a d im e n sió n ; a q u í no hay
chico n i g ra n d e ; sólo la c a lid a d cu en ta . P o r­
que a q u í no se p u ed e m e d ir n a d a , n i d escrib ir
n a d a ; está o no está, y es todo. P u es no es
n ad a fab ric a d o , es cosa n a tu r a l; y se posee o
no. Y ta l lo p o seerá h a sta sin sab erlo, pues
no h ay co n tro l p a ra lo in éd ito . P u es in éd ito
ha de s e r; agua de la que m an a en la fu en te.
Yo de segunda m ano. A q u í no vale eso.
E l a rtista que vive en el día, todo p u ede
m e d irlo y cla sific a rlo ; a d a p ta rlo a lo que con­
ven g a; do cu m en tarse, p la g ia r, etc. Y como
que es cosa que p u ed e ex p licarse, los otros
p o d rá n co m p ren d erlo . Y e l crítico e n c o n tra rá
m a te ria l a b u n d a n te p a ra h acer sus críticas. Y’
si es co n serv ad o r h a rá o b ra sensata, y si es
rev o lu cio n ario se p o n d rá a la m oda. Y sea de
un lad o o de o tro , te n d rá siem p re su p ú b lico
i n el g ran p ú b lico. Lo que no te n d rá n unca,
será el tono del a rtista de la noche, pero,
¿es q u e eso existe? — d irá n .
Lo que el a rtista haga, poco im p o r ta ; lo im ­
p o rta n te es lo q u e se diga y escriba de él, y
p o r p ren sa y gente seria; p o r los que h a n lle ­
gado y están catalo g ad o s; p o r lo que digan
de él, artista s con m ed allas, ya oficializados.
T odo esto es lo im p o rta n te ; y no lo qive él
sea, aparte de eso que representa.
S í; esa es la v erd ad , la re a lid a d de las co­
sas, pues estam os en el tiem p o y en e l día.
¿Se cotiza b ien , esto? E ntonces v a le ; y tan to
si es g en ialm en te d isp a ra ta d o , com o si es sen­
satam en te a b u rrid o y conservador. Y los que
en todo esto están, ig n o ran tes y falsos, se e n ­
tie n d e n b ie n e n tre si, y siguen v ilm en te la
p o lítica que convenga. Y p arecen d u rm ien tes,
pues a veces se d iría que no ven n i oyen.
¡M aravillosa sa b id u ría la de los gatos!
A l co n te m p la r u n a p in tu ra , al o ír m úsica,
al le e r u n poem a, al seguir u n d ram a en el

te a tro , no h a y que c o n fu n d ir n i o lv id a r aq u e­
llos dos ritm o s y no d e ja rse d e slu m b ra r p o r
lo sensual y lo ap arato so . P o r el c o n tra rio , d e­
bem os de ir al fondo, a la e n tra ñ a de la o b ra,
a su e stru c tu ra y a su calid a d , y v er si ella
nos lleva al ru id o d el día o a la callad a sere­
n id a d , m ás allá del tiem p o . A ver, y p o r h u ­
m ild e q u e sea y de p o b re m a te ria ; a ver,
digo, si nos da algo- del sonido y del ritm o
que bu scam o s; la c a lid a d ,q u e buscam os y que
no h allarem o s jam ás en las o tras o b ra s ; a q u e­
llas pocas p ala b ra s sa b iam en te a lin ead as y a
co m p ás; y el to n o , y la lín e a en c o n tra p u n to ;
cosas todas que p u ed en , n a tu ra l y sen cilla­
m ente, sin gritos n i v io len cia, (lejo s de lo su­
b lim e y de la agitación h u m a n a ) p o n e m o s en
la v erd ad d el hech o m isterio so del arte , y que
un h o m b re h a rá , p o r la v irtu d que tie n e (y
o tro no p o d rá h acerlo ja m á s) así com o se
m ueve, h a b la y cam ina. Y vuelvo a re p e tir:
a q u í ya no h a y dim en sió n , p o rq u e no p u ed e
h a b e rla ; pues es cuestión de tono, de d a r con
el ritm o , de estar a m ed io d ía en la n oche, y
así ver, d o n d e no h a y cosa. P o rq u e es n a tu ra l
fa c u lta d de ta l a rtis ta ; v er esto y no aq u allo
y h a c e r sin pen sar. Y no se sabe en donde,
p o rq u e a llí no es sitio alguno.

Es im p o sib le h a c e r co m p re n d e r que existen
estos dos ritm o s; no valen n i las razones ni
los eje m p lo s; su fre la gente u n a especie de
dalto n ism o , que le im p id e v er esos m atic e s;
y la cosá no tie n e rem ed io . E n las salas de
concierto, en las exposiciones de arte , la gen­
te, en g eneral, co n fu n d e la m e n ta b le m e n te ; y
así condena o a p la u d e a ra b ia r, según de d o n ­
de sople el viepto. Y este v ien to — y no p u e­
de ser m ás que eso— p u ed e v e n ir de diversas
esq uinas, según los bu en o s oficios de la p re n ­
sa — p o rq u e lo que a llí se estam pa es in fa li­
b le— y de los m en to res c a rn e ro cabeza del
re b a ñ o de Panurgc»—- pues do n d e endereza
ese, p o r a llí p asan los dem ás. Cosa que en
p a rte se re m e d ia ría , si al fre n te de la c ríti­
ca h u b ie re gente que estuviese en ese secreto,
y, adem ás, se les p erm tiese d ecir la v erd ad . P e ­
ro, ¿a q u é h a b la r de cosas que no existen ni
p u ed en ex istir?
Da pena, v er cóm o se ed ita tan to lib ro que,
de pies a cabeza, es u n a equivocación, y que
así afirm a en el p ú b lico lo falso, h in c h a la
re p u ta c ió n m al a d q u irid a , o con d en a lo que
d eb ie ra elogiarse. Y hay que v er p asar eso y
callar. Y tam b ié n el in v ero sím il m o n u m en to
p u b lico , y la in v ero sím il a rq u ite c tu ra , de gen­
te que no se sa b e ; de gente que no nació p a ­
ra eso, y que no sospecha que existe la m u lti­
form e visión de los plan o s de la escu ltu ra, ni
la rítm ic a o rd en ació n arq u ite c tó n ic a, y hace
todo eso de oídas, com o h a ría o tra cosa. Y ya
lo d ijim o s antes, todo eso debe v e n ir d e te r­
m inado p o r su b ase: e l escultor, el arq u itecto ;
que n aciero n p a ra eso, así, de u n a p ie z a ; y
q u ien así no n aciere, al m enos que se acoja
a las reglas, y haga las cosas con co n o cim ien to ;
no p ro d u c irá el m ilagro, pero h a rá u n a o b ra
e q u ilib ra d a y ju sta .

T rá s de la im itació n , el a rtista p ierd e la
ru ta p a ra h a lla r el ritm o p ro fu n d o . H ace co­
sas, p ero no arte. La in tu ic ió n que p u d ie ra
te n e r de él, y que es el ra s tre a r esa calid ad
que le m o stra ría q u e h a dad o con la p is ta ;
el gusto p o r la m a te ria en u n sen tid o b ie n
c o n creto ; el o rd e n a m ie n to geom étrico, y co­
sas así que le p o n d ría n en el p lan o de la p in ­
tu ra v erd ad era — la p in tu ra p u ra — lo p ie rd e
Pasa a la pág. siguiente

�|

c u ij u s B-'v

| SVDIdS3

Por

APOLLINAIRE

NO

HUBO

R E M E D I O . ..

Viene de la pág. anterior
tra s lo im ita tiv o y lo d escrip tiv o , y entonces
ya está p e rd id o . P e ro ¿ q u é im p o rta ? T e n d rá
críticos q u e lo e lo g ia rá n , p e rso n a je s im p o rta n ­
tes que le p re s ta rá n su apoyo, y el re sp e ta b le
p ú b lico q u e le a p l a u d i r á . . . salvo u n a m in o ­
ría , es claro , de ch iflad o s. P e ro , ¡c u id a d o !;
esa m in o ría p u e d e c re c e r; p u e d e q u e, poco a
poco, ta m b ié n d escu b ra lo q u e es la p in tu ra ;
y en to n c e s; no sólo q u e se r ía de esos « p la­
giarios de D ios», com o los lla m ó el p o eta H uid o b ro , sino q u e, se dé p risa en d escolgar los
cu ad ro s m alos, q u e ya los b u en o s los van des­
p lazan d o , y los lleve a u n ca m b a la ch e cu a l­
q u ie ra .
¿Y si yo a h o ra d ije ra , q u e esto y a está pa-&gt;
sando en alg ú n lu g a r d el p l a n e t a . . . ?
J. T O R R E S G A R C IA .
S etiem b re de 1947.

G U 1D 0

CASTILLO

se ha pu esto a c o rre r d e la n te de sus ojos, co­
m o todo p o eta c o rre r d e la n te de sus p a la b ra s,
pues solo in v isib lem en te nos podem os ap o d e­
r a r de lo invisible.
P o r eso, cu an d o A ugusto T o rre s m ira la re a ­
lid a d d etrás de sus ojos h ay u n a h isto ria que
co n tar. P e ro no es u n a h isto ria de anécdotas,
recogidas pasiv am en te de lo re a l y a lo real
devueltas. Es la h isto ria siem p re ^repetida d tl
e sp íritu que re p ite novedades, q u e es estilis­
ta en m isterio s, especialista en asom bros y vie­
jo h aced o r de m ilagros.
Es así q u e A ugusto T o rres, está en am o rad o
de la re a lid a d y d efen d id o y arm ad o co n tra
ella, p o r la viviente p in tu ra , que resid e en su
alm a com o categ o ría ideo-vital, que lo salva
de caer d o m in ad o p o r el m u n d o de las cosas.
E n relació n con esto podem os d a r razó n a
los q u e d icen que A ugusto T o rres es u n p in ­
to r rea lista . Sin em b arg o , p a ra que esta a fir­
m ación sea ju sta , tenem os que so lta r las a m a­
rra s c^el p en sam ien to y d e ja r lib re to d a la fu e r­
za de la p a la b ra re a lista y de la p a la b ra p in ­
to r.
R ealista no q u ie re d ecir descriptivo, n i a to n ­
tad o p o r lo re a l, sino b e b e d o r de sólidos, b u s­
cad o r de la v e rd a d y gozador d e lo q u e la
rea id ad posee de universo, de m ilag ro y de co­
in cid en cia con el e sp íritu que vive. Y A ugusto
T o rre s es re a lista p o rq u e m ira el m u n d o de
las cosas en lo q u e este tie n e de m u n d o y no
de cosa.
P in to r no significa cab allero p a ro d ista de
p a le ta y p in cel, sino c o n stru cto r, h a c e d o r de
tonos, re a liz a d o r de o tro m u n d o en este m u n ­
do.

SEGUN
Por

E n este lib ro de G u ille rm o de T o rre , p u b li­
cado ya hace u n añ o larg o , vengo a h o ra a
e n c o n tra r p a ra G u illa u m e A p o ilin a ire u n a ju s­
ticia q u e desde h ace m u ch o tie m p o se viene
m erecien d o fre n te a l p ú b lic o de h a b la esp a­
ñ ola. Es conocida de tie m p o ya, la d edicación
d e G u ille rm o de T o rre a l cubism o y a los
h o m b res q u e m ás a rrim a ro n el h o m b ro a
a q u e lla em p re sa , d e d ic a c ió n q u e re m o n ta
al tiem p o h ero ico , en q u e cubism o e ra ca­
si u n a m a la p a la b ra . T iem p o s de p rim e ra ju ­
v en tu d de de T o rre y com ienzos d el m ovi­
m ien to c u b ista y q u e p o r h a h e rlo s vivido de

NQiOVQNfid

EN
E 1M A G 1N A C I I O N
DE A U G U S T O T O R R E S

RE;¡VLISMO
L A P IN T U R A
T o d o a rtis ta es u n tra id o r. Y ta n to m ás p ro ­
fu n d o es su a rte cu an to m ás esencial es su
traició n .
E l avezado le c to r se d ir á : «E ste b u en o de
G uido C astillo ju e g a , a h o ra , con la p a la b ra
tra ic ió n ; veam os si su m a la b a rism o sabe ser
eleg an te y com o se las co m pone p a ra h acer
p iru e te a r al tra id o r, c o n v in ié n d o lo en un
sa n to varón».
P e ro , el le c to r se d e fra u d a rá , pues no p ie n ­
so e x h ib ir n in g u n a h a b ilid a d , sino c a n ta r lla ­
no y d e c ir lo q u e es cierto .
T ra id o r es to d o a q u é l q u e, a sab iendas, ac­
tú a en p e rju ic io de la especie, sociedad o ins­
titu c ió n a q u e p e rten ece.
E l a rtis ta p e rte n e c e a la especie h u m an a,
q u e h a tra ic io n a d o a la a n im a lid a d , a su vez
tra id o ra de la p u ra m a te ria , c u lp a b le de q u ien
sab e q u e traicio n es.
Y en esta .escala in fa m a n te en q u e todo lo
q u e n o es N ad a es tra id o r, el a rtista no se
co n fo rm a y realiza la tra ic ió n d e fin itiv a : des­
tru y e la p a la b ra , la fo rm a, el color, el so n i­
do, el p e n sa m ie n to q u e le d ie ro n a g u a rd a r.
Y con estos desp o jo s in v e n ta u n a to rre y, sin
s u b ir en e lla, — q u e no es to rre p a ra ser p isa­
d a — , d e ja q u e la to rre h a b le con su d io s: E l
E s p íritu q u e C rea, e l M agnífico S eñor de to ­
das las traicio n es.
¿Q u e ha h ech o A ugusto T o rre s con sus
ojos h u m a n o s? , con los ojos q u e le d iero n p a ­
ra q u e su p ie ra e v ita r los o b stácu lo s y e le jir
ios cam inos m ás cóm odos, p a ra q u e no a n d u ­
v iera com o u n ciego p a lp a n d o la lu z, m ira n ­
do lo n eg ro y e sto rb a n d o el a n d a r de los
h o m b res, sus h e rm a n o s?
A ugusto T o rre s, com o to d o p ro fu n d o p in to r,

s- - . ■

A hora podem os d ecir con su cabal sen tid o :
A ugusto T o rres es u n p in to r realista.
P ero , obsérvese que, m ien tras el realism o v u l­
gar es el resu ltad o de la a c titu d m ás in m e­
d ia ta , esp o n tan ea y cóm oda, el de este p in to r
es la m ás arriesg ad a de todas las aventuras.
P a re c e ría q u e en cada cu ad ro A ugusto T o ­
rres se d ecid iera a re a liz a r lo im p o sib le: d a r
ín teg ro s el h ech o de lo re a l y el hecho de la
p in tu ra .
P e rm itié n d o m e u n a m etáfo ra sin m ayores
consecuencias, yo d iría q u e la p in tu ra de A u­
gusto T o rres es trág ica, con to d a la tra n s­
p a re n te g rav ed ad y e q u ilib rio en tensión q u i­
llay en lo trág ico b ie # vivido. Q ue la v e rd a ­
dera tra g e d ia no es lo p a tético , n i el d erro ch e
p asio n al, sino lo ete rn o , la e stru c tu ra calien te,
la an siedad de lo estático codeándose, a su p e­
sar, con el ir y v e n ir de las cosas.
A ugusto T o rre s es, adem ás, ta n im aginativo
com o rea lista , p ero su im ag in ació n no está
v u elta h acia la anécd o ta m ás o m enos des­
c o n certan te, sino h acia el o ficio d e l pintor.; y
p o r eso posee u n oficio único y co m p letam en ­
te p erso n al, p o rq u e su o ficio es su p in tu ra , y
p o rq u e su im ag in ació n no está lan zad a p o r
encim a del arte , sino h acia los p ro p io s ele­
m entos estéticos, en sus o b ras no h ay lu g ar
p a ra el h echo re a l o co tid ian o , n i p a ra el h e­
cho a rtific ia l, sino p a ra su realism o de p in to r,
su oficio de p in to r, y p a ra su inv en tiv a de a r­
tista que in v en ta la o b je tiv id a d : el h echo es­
p iritu a l, la v id a m ism a q u e vive en la vida
de la p in tu ra .
G U ID O C A STILLO .

GUILLERMO

S A R A N D Y

DE

TORRE

CABRERA

cerca en m uchos casos, G u illerm o de T o rre
conoce p erfe c tam e n te b ien . Y que si en cierta
m an era sob reestim a en el m o m en to actu al,
no p o r ello su testim o n io es m enos fidedigno.
A sí es com o a un A p o ilin a ire de segundo
o rd en , que es la im agen p o r m ay o ría te n id a
e n el p ú b lico m ed ia n a m e n te in fo rm a d o , G ui­
lle rm o de T o rre opone su A p o ilin a ire — d ig a­
mos— com o fig u ra p rim o rd ia l p o rq u e , el des­
lu m b ra n te h allazgo de los p rim ero s cubistas
vió luz, gracia a aq u el do n de ad iv in ació n de
A p o ilin aire.
Y ta n fu é así que de no m e d ia r la p réd ica
y el apo sto lad o de a q u e l ren o v ad o r, los p in ­
to res cu b istas ta l vez (co n sid eran d o la fra g ili­
d ad de este ta l vez) no h u b iesen ad v ertid o la
m a g n itu d de su invención.
E l cubism o del p rim e r tiem p o , y en esto
casi no cabe d u d a, se p racticó en ese estado
de e n tre b ro m a y seried ad , con esa a c titu d
e n tre solem ne y risib le que llev an im p lícitas
las m ás desco n certan tes invenciones.
T odo a p a ra to recién in v en tad o , to d a form a
recién e n trev ista, llev an en su germ en de re ­
volución y en su p resen cia no to ta lm n te des­
a rro lla d a , u n germ en de fra g ilid a d .
C o n tra ese germ en de fra g ilid a d co m batió
A p o ilin a ire , d e ste rrá n d o lo p o r o b ra de su in fa ­
tig ab le te m p e ra m e n to , co n tin u a m e n te p re d is­
pu esto a la o b ra de a rte , y p red icó A pollinaire , a ú n en casa de los p in to re s cubistas. P o r­
q u e A p o ilin a ire — era com o dice de T o rre —
el em b lem a de lo nuevo — y A p o ilin a ire lo
sab ía y se lo p ro p o n ía y de a llí a rra n c a b a n
su in v en ció n y su irra d ia c ió n .
H o y cu an d o m iram o s luego de largos años
el cubism o, sus p ro p ó sito s v sus realizaciones,

vem os sus e rro re s, sus in g en u id ad es y su lim i­
tación.
E l m ism o T o rres-G arcía en su ú ltim o lib ro
en p re p a ra ció n «Lo a p a re n te y lo concreto en
el arte» esclarece su ficien tem en te al respecto,
en lo que tie n e relació n con la d estru cció n del
o b je to aco m etid a p o r P icasso, B ra q u e , L egcr
y o tro s, con la ru p tu ra d el a rq u e tip o h u ­
m ano, etc.
D e m a n e ra q u e el cubism o ya no es p a ra
nosotros la m ism a cosa viva y n ecesaria —
fu n d a m e n ta lm e n te eso, necesaria— q u e vivía
A p o ilin aire.
La poesía de v an g u ard ia q u e te n ía im p lícito
el cubism o no tie n e vigencia p a ra nosotros
ah o ra desde el p u n to de vista teórico.
E l p ro b lem a del a rtista se ren u ev a con
asom brosa ra p id e z , o m e jo r d ic h o : el án gulo
de e n fo q u e d el p ro b lem a d el a rtista cam b ia
c o n tin u am en te, de allí que p a ra nosotros el
cu ad ro sea o tro que el d el cubism o. La asp i­
ración del a rtista a c tu a l p arece ser re c o n stru ir
el o rd en n a tu ra l p e rd id o . P e ro p a ra c u m p lir
con su p ro p ó sito co n sid era y vé las e x p e rie n ­
cias an terio res, y a ú n sin sab erlo , sus a n tece­
sores lo in d u cen en d e te rm in a d o sen tid o . De
m odo q u e la cadena d el a rte no se ro m p e
p e ro cus eslabones se d ife re n c ian esp ecífica­
m ente e n tre sí.
D e c u a lq u ie r m an era, n i el cubism o n i su
teo rizació n re su lta n a lim en to al a rtis ta actu al,
p ero aq u ello no im p id e a d v e rtir, cuán rev o lu ­
cionarios y necesarios fu e ro n en su m om ento.
G u illerm o de T o rre , pues, es ju sto al d escri­
b ir y a n a liz a r el clim a q u e favorece el adve­
n im ie n to del cubism o y de los escritos sobre
Sigue a la vuelta

�CANDIDO
NO

ES

UN

CREADOR

E l h o m b re re p ite in cesan tem en te las m is­
m as h erm osas p a la b ra s p a ra d isfrazar, de
ig u al m a n e ra hoy que ayer, la m e n tira o rig i­
n a l de cada m o m en to h istó rico .
Y, al revés, el e sp íritu viviente, la vida en
son de e sp íritu , no se cansa de in v e n ta r ex­
p resiones siem p re nuevas p a ra la ete rn a v er­
dad , con la q u e A y er y M añ an a se v istieron
p a ra H o id ía de todos los días.
A sí llegó C án d id o P o r tin a r i: ro d ead o de b e ­
llas p a la b ra s y voceado p o r n o m b res de la r ­
gas reso n an cias — A ragón, C a s s o u ...— . Y las
b ellas p a la b ra s y los bellos nom bres, y la

T A C U A R E M B O

40.a EXPOSICION
DEL

TALLER TORRES GARCIA
C ON P IN T U R A S

ANHELO

DE

HERNANDEZ

Patrocinada por el Liceo departamen­
tal y el Club Tacuarembó

Del 10 al 20 de Setiembre
Con m o t i v o de esta e x p o s i c ió n
S A R A N D Y C A B R E R A dijo una con­
ferencia sobre el Taller Torres García
y su orientación estética.

APOLLINAIRE SEGUN
GUILLERMO de TORREi

PORTINARI
Por

p in tu ra de P o rtin a ri, pagan trib u to a la m en ­
tira de su tiem po que es m ás fu e rte que ellos.
Los elogios c ircu n d an tes de P o rtin a ri, y la
p in tu ra de P o rtin a ri, h a b la n de lib e rta d , ju s­
ticia social y de to d as las te rrib le s andanzas
y m alan d an zas que le suceden al h o m b re. Y
se vé que P o rtin a ri es un h o m b re en am o rad o
del h o m b re, y do lo rid o p o r los dolores som ­
b río s, y p o r los som bríos placeres regocijados.
T odo esto es m uy im p o rta n te e in ap lazab le,
p ero , es la m ism a p a la b ra de siem pre que d i­
sim u la n u e stra m e n tira , m ás peligrosa e ile­
gítim a p o r la le g itim id ad precio sa de su en ­
vo ltu ra.
P o rtin a ri, sean estas o aq u ellas sus ideas,
no es un gran p in to r. E n sus cuadros se ve
u n a intelig en cia p o d erosa que sabe p la n te a r
p ro b lem as y u n a exq u isita sen sib ilid ad h a b ili­
dosa en resolverlos. P e ro , fa lta la creación, y
cu an d o la creación fa lta , n a d a se hace de ve­
ra s y todo q u ed a en m agníficos proyectos no
realizados.
A P o rtin a ri se lo elogia o se lo ataca p o r.
que es co m u n ista; nosotros no tom am os en
cu en ta sus ideas p a ra d ecir que m uqhas de
las telas de P o rtin a ri están b ien ejecu tad as,
careciendo de re a lid a d ín tim a ; p a ra d ecir que
P o rtin a ri posee cuadros y le fa lta estilo ; para
d ecir que la p in tu ra de P o rtin a ri es la m ala
p in tu ra m o d ern a de F ra n c ia , e x ten d id a boy
p o r to d o el m u n d o , y de la cual repugnam os
no p o r m o d ern a sino p o r m a la ; p a ra decir, en
fin , que si h ay artistas que exp resan u n a ép o ­
ca, los h ay dom inados p o r ella.
J u a n R am ó n Jim én ez decía que todo se
p u ed e im ita r de u n p o eta m enos su acento.
E ste es el caso de P o rtin a ri, que, poseyendo
v irtu d es innegables, im ita el acento de alg u ­
nos m aestros de los bienes y m ales del m o­
m ento, n o to ria m n te Picasso, cuyo a rte era re ­
chazado ay er p o r p eq u eñ o b u rg u és y es hoy,
p o r com unista, levantado.
N osotros, riesgosos de h e re jía , y esp eran d o
la ex com unión de los g u ard ian es d el dogm a,
afirm am o s que to d a b u e n a p in tu ra es social,
p o r ser im p ereced era o b jetiv ació n del e sp íritu
h u m an o . P o r lo cual se p u ed e sosten er que
c u a lq u ie r p aisaje de M onet, p o r ejem p lo , tie ­
ne m ay o r significación social que to d a la p in ­
tu ra de P o rtin a ri. M onet, com o b u en im p re ­
sionista, solo se in te re sa b a p o r la luz, y en

GUIDO

CASTILLO

sus cuadros no h ay lu g a r ap aren te p ara los
p roblem as hum anos, pero era un gran m atstro de la p in tu ra . P o rtin a ri no lo es y lo de­
m u estra con in ad m isib les co n trad iccio n es: en
algunas ob ras a lard ea de u n a viva so ltura de
form a y de u n color rico en calidades, sin em ­
bargo no sabe ver en lo real. E jem p lo : el
re tra to de N icolás G uillén, académ ico, des­
en to n ad o y to rp e de d ib u jo .
Si h ay razón en lo que dice un filósofo, que
el a rtista es el ser capaz de ver en las cosas
lo que nosotros solo podem os ver en la o b ra
de arte , se co n firm aría n u e stra opinión.
Y term in o expresando a b iertam en te que
desdeñam os todos los elogios, ataques y ren ci­
llas tejid o s en to rn o de P o rtin a ri, o, m ejo r,
de sus ideas p o líticas; y condenam os todos los
pasos, tanteos y bregas que se den o hagan
p a ra conceder a P o rtin a ri la decoración de
un edificio pú b lico , p o r con sid erarlo in cap a­
citado p a ra re a liz a r u n a o b ra de ta l n a tu ra ­
leza.
No necesitam os d a r m ayores explicaciones,
pues nu estras ideas son bien conocidas, y
P o rtin a ri perten ece a la ten d en cia que lia tra i­
cionado al gran e sp íritu que surgía en n u estro
tiem p o , p ara lanzarse en p ro cu ra del m ás des­
e n fren ad o rom anticism o.
GUID O CA STILLO .

15/9/47.

DE

P L AT ON

...aquellos que fuera de la caverna,
contemplaron el sol directamente y vie­
ron las cosas como son, no pueden ver
en la caverna, porque sus ojos no están
acostumbrados a la oscuridad, por lo que
no reconocen las sombras y en su des­
concierto son objeto de rechifla por par­
te de los otros que no salieron nunca
de la oscuridad de la cueva ni vieron
otra cosa que sus fantasmas.
(de Rep. 7)

( on clu ye

P ie d a d p a ra noso tro s q u e co m b atim os siem pre
en las fro n te ra s de lo lim ita d o y de lo
[p o rv e n ir
P ie d a d p a ra n u e stro s e rro re s, p ie d a d p ara
[n u e stro s pecados.
Y q u e d e pues, la certeza de su vigencia te ­
m á tic a y p o ética.

LO
APARENTE
Y LO CONCR E T O
EN
EL
ART E
Por JOAQUIN
APARECIÓ

YA

reunirán

texto

el

el

°

de

estos

fascículos

que

de sus lecciones dictadas en

F A C U L T A D
Y

2

TORRES-GARCIA

C I E N C I A S

DE
DE

la

HUMANI DADES.
M O N T E V I D E O

SA R A N D Y C A B R E R A .
IMPRESORA L.I.G.U.

iCION E S P IG A S -K A R D E X R E M O V E D O R

los p in to re s cu b istas de A p o llin a ire y no ol­
v id a entonces co lo car al te o riz a d o r A p o llin aire
y al p o eta en su exacto sitio , n i colocar al
p o eta en el p la n o de a c tu a lid a d q ue su poesía
m o d e rn ísim a — pese a todo— m erece.
Los escrito res teó rico s de G u iilau m e A p o lli­
n a ire p u e d e n si se q u ie re o lv id arse, p ero n u n ­
ca desestim arse su o b ra de p o eta y literato,
esto en el b u e n sen tid o de la p a la b ra .
V ayan ento n ces aq u ello s d e fin ito rio s versos
de A p o llin a ire com o lem a de p io n ero del
arte .
N o som os v uestros enem igos
q u erem o s d aros vastos y ex trañ o s dom inios
d o n d e el m iste rio en flor se ofrece a q u ien
[q u ie re cogerlo.
H ay a llí nuevos fuegos colores n u n c a vistos
m il fan tasm as im p o n d e ra b le s
a los cuales fa lta d a r re a lid a d .

�</text>
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Cabrera, Sarandy&#13;
Torres García, Joaquín</text>
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                    <text>N°. 18
JUNIO-JULIO-AGOSTO-1947

Or g a n o

redactado y editado

exclusivamente por integrantes del
T A L L E R T O R R E S - GAR CIA

0.10
EL EJEMPLAR

�¡NO
SEAN MAJADEROS!...
i
Sí, lo son; porque ya apuran la paciencia
dándole al mismo solfeo; pretendiendo probar
lo que no se sostiene. Y no vale argumenta'
con ellos; pues es perder el tiempo, ya que
no están dispuestos a dejarse convencer.
Uno entra en la liza, creyendo que se va a
discutir de arte, y luego al fin se da cuenta de
que no se trata de eso: es cuestión más mezqui­
na; cuestión de dinero, o de algo equivalente:
cuestión de acomodo, o de prestigio que re •
dunde en lo mismo.
Bien: ¿quién son ellos? Si se eceptúa el don
de la palabra, para urdir discursos vanos, pía.
gados de lugares comunes, pero cuajados de pe­
drería barata; y luego la traza para armar ar­
tificiosamente falsas teorís, con que aturdir al
adversario, simulando un saber que no tienen,
pues todo es prestádo; y además, si se quiere
pasar por alto la estrategia, la astucia y mala fe
— ya que carecen de solvencia moral; si se
liace caso omiso de todo eso negativo, ¿que
queda en ellos de positivo y bueno? Pues nada,
el vacío.
Pero tales sujetos están siempre en primera
línea — pues la adulación y la mentira han he­
cho su oficio— y no dejan pasar a los que
tienen derecho, y que así tienen que quedar
anulados.
Pero su majadería a que aquí se alude, no
está en todo eso; está, y pese a todo, en que
siempre salen con la misma música enojosa;
pues es su única luz, y lo demás son tinieblas;
y lo pasado y lo presente, y salvo esa isla, no
cuenta para ellos: Grecia, el Renacimiento.
Así los forjaron a todos, y en tal suerte así
quedarán para siempre.
¡Pero, qué Grecia V qué Renacimiento! Lo
que vieron en los libros de texto, en letra y en
estampa; algo oficializado, y que por ser tal
es detestable; el naturalismo estilizado de grie­
gos y renacentistas; pues en el fondo siempre
es eso lo que adoran. Y esto para esa gnete, es
el equilibrio griego: no lo abstracto, sino lo
aparente; no lo estético puro, sino lo humano
real; no lo plástico, sino lo literario. Y así
prefieren de 'todo, la anédocta y lo imitativo, \
detestan la abstracción y el ritmo; prefieren el
símile natura, a la estructura y la proporción:
elementos abstractos que son el fundamento del
arte. Pero ellos también dirán cosas así. pero
es pura palabrería: sant? palabrería que da
plata.
Cansan, sí, esos, por tanta simulación y em­
buste. Estamos frente a hombres disfrazados,
pues aparentan lo que no son. Y, cual es su fe
y su creencia, en vano se buscaría. Pintor fal­
so, arquitecto falso, crítico de arte falso, poeta

Pintura Constructiva Bizantina

o músico falso; pues sabemos que detrás hay
otra cosa. Y esa, sería la que son en realidad.
Pero eso, peor es menea! lo.
Están en su castillo greco renacista: nada,
pues, de cuanto se diga, para probar que lo
blanco es blanco y lo negro es negro, valdrá.
Y aquí uno piensa: ¿es ignorancia, estrechez de
mente o . . . ; hay eso. sí, pero ante todo, está
lo que antes dijimos: puro interés personal;
por esto no hay enigma que descifrar.
Por tales razones, ningún artista de buena fe
deberá discutir con esos, pero, en cambio, hay
que decir a las gentes, lo que son; y también

REMOVEDOR
Redactor

Responsable

AÑO 3

N \ 18
GUIDO

CASTILLO

protestar por lo que dicen y hacen: y sean
cuadros o poesías, sean estátuas o músicas.
Esos majaderos ya nos pudren, como diría
Cervantes; nos pudren y nos repudren; porque
como lo inerte, como lo muerto, se están firmes
en su roca, sin ceder un ápice. Se están todos
allí, en un bloque apretado. Pero, ¿que no
ven que estorban? Eso queremos, dirán; somos
los guardianes del tesoro. Y es cierto.
A todos esos majaderos se les ha dicho cien
veces: nadie va a negar genialidad a los colo­
sos del Renacimiento, pues sería necedad: pe­
ro, no se les puede perdonar que hayan trans­
gredido una regla milenaria que tenía su razón
de ser, y que, con respecto a la decoración mu­
ral, debe subsistir. En efecto: no sólo la de­
coración mural es aun arquitectura, sino qui­
la pintura que se haga sobre el muro, es aun
algo el muro. De aquí que la decoración mural
deba ser no sólo planista, sino también, hasta
cierto punto, geométrica.
El carácter de perennidad de un muro, debe
conservarlo la pintura, ya que entra en íntimo
maridaje con él. Y, por esto, su acento debe
ser más bien grave y sereno, y no grotesco, ex­
presionista, o dinámico, con abuso de curvas
y de relieves. Pero, contra estas razones, nos
salen con Tiépolo o Tintoretto, con Rafael o
Miguel Angel. ¿Y porqué, esos? Por una sola
razón: porque todos esos, golpean al especta­
dor, en un sentido humano realista, única fi­
bra que puede vibrar de esas gentes; y, ade­
más . . . porque así se lo enseñaron en la infan­
cia. Timeo hominem unios libri. Temo al hom­
bre de un solo libro; que yo no quiero tomar
en el sentido que quiso darle el Santo de Aqui­
no, sino éste otro: que hay que temer al hom­
bre cerrado en un solo pensamiento, terco o
intransigente, pues su cabeza no tiene puertas
ni ventanas ni otro agujero por el que pueda
entrar una razón.
Tratando de esos ejemplos que ponen, dije:
¿porqué esos y no otros? Pues al tratar de dar­
los, creo que deben darse los mejores. ¿TSTo se
habla de pintura de muro? Pues sacar los que
más lo respeten. ¿Y una pintura mural, ha de
estar de acuerdo con la arquitectura del edifi­
cio que se decora, o no? Yo creo, que sin ver
el recinto que se ha de decorar nada debe de
hacer el pintor, por que una decoración no ha
de ser nada añadido sino, por el contrario, al­
go que emana de él. Pero, tales perfiles no son

para esa gente. Ya sabemos para que van y se
mueven. Además, no saben.
Un renacentista y por coloso que sea. no es
un hombre de norma, puesto que la rompe.
Pero estos del solo libro, dicen: «¡Libertad, li­
bertad, Orientales!!». Bien; estamos de acuer­
do. ¿Pero, si no se (espeta la de los demás. . . ?
He ahí la norma. Sólo la regla abstracta pone
las cosas en su punto.
Y ahora, para finalizar, a cierto público:
que no haga coro con todos esos; que no se cie­
rre, que escuche, que piense, y que mire, antes
de juzgar. Pues ya molesta su intransigencia.
Más, en contrapeso de tal numerosísima fa­
milia, y para suerte, hay la escepción; la cual,
de día en día es más numerosa. Escepción en
el público y en los artistas; y esto es lo mejor.
Y se‘ comprende que así sea; porque, no me­
diando ningún interés, y sí sólo el del arte, al
enunciar nuevas ideas, si estas son ajustadas a
la verdad de las cosas, a menos qué sea por in­
capacidad, han de aceptarse. Y si el artista ele­
va su tono, también el público que le sigue.
Y esto no sólo en las artes plásticas, pues no
sube el nivel de la cultura unilateralmente. Y
esto enterrará a lo otro. Y así, por querer ser
más listos, los que quisieron mantener una p o­
sición tardía, por cobardía o interés mezquino,
tendrán que ser forzosamente ahogados por
los otros.
Esto es tan cierto, que puede, que en previ­
sión de lo que pueda ocurrir, haya quienes to­
men nuevas posiciones. Más no les valdrá la
treta: tienen un historial artístico demasiado
pobre, para que convenzan a nadie. Ya de mo­
mento tienen que inspirar compasión.
Las divinas ideas trabajan. Y si en la mente
de las gentes ya hay otros conceptos ¿quien va
a detener esta evolución? Y hay indicios aun
de- cosas mejores: que, si bastantes artistas,
—los más jóvenes sobre todo— , no trabajan
más que para su arte, sin interés alguno por el
resto, por otra parte, el público, ya no es pla­
tónico; no se satisface sólo con visitar las ex­
posiciones interesantes, sino que, llevado de su
verdadera afición, adquiere obras y va forman­
do su colección. Y esto tenía que venir; es ló ­
gico; porque en realidad, no existía aun una
verdadera cultura artística. Y a no tardar, ten­
drá que venir una revisión de valores: despla­
zamiento de obras mediocres, por otras de ca­
lidad. Y ya no se verá la incongruencia de ver
entremezcladas, obras de creación, jóvenes y
fuertes y estéticamente bien entendidas, con
otras de baja calidad, en mísera rutina.
J. Torres-García.
Julio 28 de 1947.

Pintura Constructiva Bizantina ’

�Dos aspectos del
GARCIA
Salón del Ateneo
de Montevideo

EL HOMBRE

TOM ES

El hombre, en lo profundo, siempre inventa;
y la historia es la gran leyenda que la huma­
nidad realiza a través del tiempo.

Y los hombres de ciencia, los negociantes,
los aventureros, los artistas, los guerreros, los
filósofos, los obreros, los campesinos y los re.
ligiosos, el Héroe y el Desconocido de la Casa
Vecina, todos ellos son personajes de la mag­
nífica tragedia que, cuando llegue la noche, ha­
brá cumplido perfectamente con las reglas del
arte: todo habrá sucedido en un lugar y con
una sola acción aguda atravesando un momento
redondo del tiempo.
Ahora sigamos los pasos con que el hombre
Torres-García se mueve en la escena.
El hombre Torres-García, es el personaje de
la obra sin autor, del gesto incarnal, de la pa­
labra sin lengua.
Es así que una mano del hombre TorresGarcía, no es mano, sino serie de innumera­
bles gestos que dejan dibujos eternos en el aire.
Es así que la lengua del hombre TorresGarcía, se convirtió en palabra que vive, y, su
propia inteligencia, en edificio en llamas de
ideas.
Es así que el hombre Torres-García, no es
un hombre, sino poesía que anda, estructura
que siente.
Torres-García, tiene al hombre como tiene a
un cuadro, y su vida es una de sus construccio­
nes más puras y más llenas de misterio.
El hombre Torres-García, tiene muchos pun­
tos de contacto con otro personaje, Sócrates,
que, hace mucho tiempo, abandonó la escepa
mirándose en un espejo de cicuta.
Uno y otro, atraerán por siempre las encen­
didas sombras de la juventud, y provocarán los
odios de la vejez envejecida, malintencionada,
sórdida e ignorante.
•

,

Uno y otro, son paradójicos solitarios, siem­
pre ansiosos de hacer sonar el alma de cuantos
se ponen al alcance de su inflexible tiranía
amorosa por la verdad, y siempre guardándose
la última ruta, por donde llega el Dios que
les cuenta la leyenda de la realidad distante
del teatro, con palabras irrespirables para la
razón. ,
Uno y otro, poseen una milagrosa continui­
dad entre la obra y la vida, hasta tal punto,
que entre tantos hechos, no podemos descubrir
el que hace y no es hecho.
La vida del hombre Torres-García, está en­
tonada con el espíritu de su obra, como la vida
de Sócrates, está eslabonada a la cadena de sus
razones.
Este es sólo un mínimo aspecto del magnífi­
co papel que el hombre Torres-García, realiza
en la gran tragedia del Hombre.
Tragedia de la que no me inquietan princi­
pio ni fin, y ni siquiera el autor, sino tan sólo
el más terrible de sus personajes, el que pesa
por la presencia de su falta, el solitario y mis­
terioso espectador, que invicible en la sombra,
sigue sin emociones las maravillosas alternati­
vas de la acción.
Quizá es su nombre lo que guardaba Sócra­
tes, lo que guarda Torres-García y aquellos
pocos héroes con los que el Dios camina y habla.
Guido Castillo.

en la 38a. Expo­
sición del Taller
Torres García

�SOBRE
DE

LA

MISTICA

de Juan de Mairena

PINTURA

Reproducimos con agrado Vi juicio que ha merecido
•al critico literario del diario «El Plata» (A B L .) por
creer que desborda los límites de la crítica elogiosa y
vana a que estamos habituados en nuestro medio lite­
rario - artstico, y sin negar que existan otras excepcio­
nes, aunque todavía raras. La brega por ganar altura,
es ya bastante apasionada, aunque, por desgracia, los
que van quedando atrás, persistan en su estupidez
suicida.

Creemos que no estamos usando de expresio­
nes excesivas, mientras sostenemos que, con J.
Torres García, el L ruguay ha llegado a signifi­
car algo así como una nueva capital del Arte.
El maestro uruguayo marca rumbos que se­
ñalan un gran período, el que reclama para si
la categoría de una etapa nueva del Arte, dicho
esto, en toda su mejor extensión. Así, mientras
meditamos sobre la materia que se abarca en
este breve cuaderno, volvemos a saber que la
sinceridad de su palabra está apoyada por una
muy seria concepción de las cosas del Arte, y
concretamente, en cuanto atañe a la Pintura.
El objeto de su enseñanza, cobra para cada
nuevo momento, ese tono de vida, que está
siempre en devenir.
Porque Torres García está en una invariable
posición ética donde se encuentran las máximas
posibilidades de renovación; y todo lo que él
nos entrega es ya posibilidad en si; y sus adver­
tencias son claras, irreductibles, rotundas.
Es palabra que clama a lo etetno, en nombre
de una totalidad con su misterio, y en un orden
de la belleza. Exposición esta última que en
él, logra un sentido y un valor; sentido y valor
que no. tienen por que coincidir con los que la
sensibilidad o los criterios movedizos le han
asignado, a través de las distintas etapas tam­
bién movedizas, de la Historia del Arte, y con
respecto de los mismos, nosotros tenemos que
respetar sus reservas, ya que son producto de
una experiencia, profundamente cumplida, a
lo largo de la cual, Joaquín Torres García ha
tenido que sacrificar muchas cosas: lia tenido
que aventar prejuicios; y se ha jugado solo, aún
sabiendo que podría perder la simpatía de los
grandes públicos. Y en esa actitud renovada y
vigilante lo encontramos en cualquier momento
de ese tránsito luminoso, que es su vida, y desde
ahí propone términos nuevos pero de tal mo­
do, que abarcan las cosas, en su faz innomina,
da: desde ahí se le ofrecen esos modos de an­
dar sobre las definiciones, que la autorizan a
revisarlas, restaurarlas o desaprobarlas. Y la
pintura vuelve a ser cosa que sólo se explica
por sí misma, porque es en sí algo que solo se
representa a sí mismo; porque desconoce la
sumisión a otro destino que no sea el suyo, en
el que estarían, realidad, esencia y en fin, con
propósitos de eternidad,* verdad musical y
honda, porque es eso, y no otra cosa: verdad
que no requiere ser demostrada: habita en el
espíritu. Para J. García Torres, entrar a cual­
quiera cuestión de arte, es ya discutir en tér­
minos de eternidad. Hay una facultad que or­
dena, fiscaliza y somete todo el caudal de su
experiencia exactamente original, que lo so­
mete todo, repetimos, a un destino de perdu­
rabilidad, como es e^' que reclama todo lo
suyo y ya sabemos que no es con frases consa­
gradas por una vana literatura, como se ha de
lograr derecho y razón para abordar cosa tan
seria como significa la enseñanza de Torres
García. Enseñanza que se prolonga, se enri­
quece y se agiganta, partiendo de sus obras
escritas, y se sostiene de modo inigualado en
una cualquiera de sus disertaciones de clase.
Es ya palabra demasiado respetable; de largo
alcance. Por su vocabulario anda todo ese
viejo misterio, que nos trasmiten, de modo
siempre nuevo, los grandes creadores, de todos
los tiempos, y que nosotros, sólo pedimos oir,
si nos colocamos en posición de amistad in­
terna, de muy cuidadoso reconocimiento, ante
la majestad de un mundo que queremos re­
cuperar.

KANT Y V E L A Z Q U E Z
Es evidente, decía mi maestro — Mairena en­
dosaba siempre a su maestro la responsabilidad
de toda evidencia— que si Kant hubiera sido
pintor, habría pintado algo muy semejante a
Las Meninas, y que una reflexión juiciosa sobre
el famoso cuadro del gran sevillano nos lleva a
la Crítica de la pura razón, la obra clásica y
luminosa del maestro de Konigsberg. Cuando
los franceses — añadía— tuvieron a Descartes,
tuvimos nosotros — y aun se dirá que no entra­
mos con pie firme en la edad moderna— nada
menos que un pintor kantiano, sin la menor
desmesura romántica. Esto es mucho decir. No
nos estrepitemos, sin embargo, que otras compa­
raciones más extravagantes se han hecho — Marx
y el Cristo, etc.— que a nadie asombran. Ade­
más, y por fortuna para nuestro posible mentir
de las estrellas, ni Kant fué pintor ni Velázquez
filósofo.
Convengamos en que, efectivamente, nuestro
Velázquez, tan poco enamorado de las formas
sensibles, a juzgar por su indiferencia ante la
belleza de los modelos, apenas si tiene otra esté­
tica que la estética trascendental kantiana. Bus­
cadle otra y segurmente no la encontrareis. Su
realismo, nada naturalista quiero decir nada

propenso a revolcarse alegremente en el ester
colero de lo real, es el de un hombre que se
tragó la metafísica y que, con ella en el vientre,
«nos dice: la pintura existe, como decía Kant:
allí está la ciencia fisicomatemática, un hecho
ingente que no admite duda. De boy más, la
pintura es llevar al lienzo esos cuerpos tales
como los construye el espíritu, con la materia
cromática y lumínica en la jaula encantada del
espacio y del tiempo. Y todo eso — claro está—
lo dice con el pincel.
He aquí el' secreto de la serena grandeza de
Yelázquez. El pinta por todos y para todos;
sus cuadros no solo son pinturas, sino la pin­
tura. Cuando se habla de él, no siempre con el
asombro que merece, se le reprocha más o me­
nos embozadamente su impasible objetividad.
Y hasta se alude con esta palabra — ¡qué gra
cioso!— al objetivo de la máquina fotográfica.
Se olvida — decía mi maestro— que la objetivi­
dad, en cualquier sentido que se tome, es' el
milagro- que obra el espíritu humano, y que
aunque de ella gocemos todos, el tomarla en
vilo para dejarla en un lienzo o en una piedra
es siempre hazaña de gigantes.
Antonio Machado.

ya apareció el fascículo 1o de
Lo Aparente y lo Concreto en
el Arte
de

J. TORRES GARCIA
Estos fascículos reunirán el texto de las
lecciones dictadas por J. Torres García en
la Facultad de Humanidades y Ciencias
de Montevideo, durant e el año 1947.
Impresora L.I.G.U. —

C errito 740

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEXREMOVEDOR

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Torres García, Joaquín&#13;
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J. TORRES GARCIA — Filosofía X? Musa. Fresco.

N°. 17
MARZO-ABRIL-MAYO
1947

Or gano

redactado

y editado

exclusivamente por integrantes del

0.10

TALLER

EL EJEMPLAR

T O R R E S - GAR CIA

�TONE#:

TP*’T ^ '

M I S T I C A DE
EXPOSICION
Torres-G arcía habla de pintura de la m is­
ma m anera que los antiguos místicos hablaban
de Dios. M ejor dicho, Torres-García jam ás ha­
bla de la pintura, sino que a ella sólo le habla.
Sus palabras llevan en el m isterio de su cuer­
po sonoro un alm a inaudible, hecha para ser
vista por el divino oído de la pintura.
Los místicos no am aban a Dios, am aban en
Dios. P or eso Torres-G arcía cuando realiza ac­
tos de am or, cuando pinta, está (endiosado,
lleno de Dios, repleto de la incorporeidad de
la pintura.
Este diálogo de Torres-G arcía y el arte ha
llegado a su más inm inente cercanía en «Mís­
tica de la pintura», y digo inm inente porque,
como nunca, sus palabras rebasan la fortaleza
de la verdad que vive de evidencias, para apro­
xim arnos, sin cesar, a la inm ediatez de la úl­
tim a franja de luz real que nos separa de la
verdad que se alim enta de m isterio.
Y en esa situación privilegiada, en esa pro­
xim idad agotadora, cuando sólo faltaría la in­
sinuación de un gesto, el movim iento im per­
ceptible de un ojo en el aire, Torres-García
nos abandona para siem pre a la soledad incu­
rable de nuestro propio fondo, para la cual no
hay ayuda posible, ni debe haberla, pues de
haberla, se nos quitaría el placer som brío de
sentir nuestro espíritu venciendo sus propios
obstáculos.
Yo me atrevería a decir, que así como todo
el complicado edificio de la filosofía de Plotino se reduce a una invitación a realizar un
acto sim ple: toparse con Dios —y toparse tan
fuerte que el golpe nos acarree el olvido de
nuestro ser— así las palabras de Torres-García
se reducirían a una invitación para el más sim­
ple de todos los actos: abrir los ojos y qué los
ojos vean, tener el arte delante y que el arte
se nos entre en el alma.
«Mística de la pintura» no es simplemente
un libro de estética ni de doctrina pictórica ni
de análisis crítico. «Mística de la pintura» es,
en el fondo, la iniciación de los misterios de
un culto en que el prem io se identifica con el
rito.
Atendiendo a estos hechos, no faltará quien
rebosante de sensatez, encuentre contradiccio­
nes que señalar. Yo estaré de acuerdo con él,
y sólo le pediré que reconozca que «Mística de
la pintura» no se contenta con contradiccio­
nes, sino que es todo un m agnífico absurdo.
Aceptado esto nos separaremos como buenos
enemigos.
Un hecho tan o más im portante que la pu­
blicación de «Mística de la pintura» es la ex­
posición de 222 obras retrospectivas que 1 orresGarcía realiza en el Ateneo de esta capital.
Esto me crea un serio problem a: yo be di­
cho muchas cosas sobre Torres-G arcía, be pu­
blicado gran núm ero de artículos sobre di­
versos aspectos de su personalidad artística,
y, sin em bargo, soy perfectam ente consciente
de que no be contribuido con nada fundam en­
tal para la com prensión de su arte y que de
todo ese esfuerzo soy yo el único que lia queda­
do ganancioso.
Por lo tanto, en este momento en que la
labor estética de Torres-García lia llegado a su
plenitud, mi condición de escritor me crea la
2

LA
DE

P I N T U R A EN LA
TORRES-GARCIA

responsabilidad de renegar de la adjetivación
inútil y, flaco de ingenio, señalar, desde lejos,
una pequeña parcela de la realidad sustantiva
de ese gran arte que, hoy más que nunca, me
quema el alma.
Para esta labor decisiva me valdré de una
últim a artim aña: no seré yo quien bable de la
exposición de Torres-García, sino que «Mística
de la pintura», convertida de voz en ojo que
habla, será quien m ire en palabras lo que haya
que m irar.
Mis ganas de ello, mi voluntad más bien que
mi inteligencia, será el puente por el que la
voz de Torres-García dará pasos sobrecarnales
basta enfrentarse con lo visible de su alma.
Lo prim ero que sorprende en esta exposición
es la pluralidad extraordinaria de hechos, de
maneras y problem as que, sin embargo, pare­
cen hacer resaltar la presencia de un gran es-

REMOVEDOR
Redactor

AÑO

3

GUIDO

Responable

CASTILLO

N°. 17

tilo que lo abarca todo.
«Lo que yo quiero expresar por el térm ino
de arte constructivo, abarca todo el arte. Todo
verdadero arte es constructivo».
«Lo que yo quiera expresar por el térm ino
de arte abstracto, abarca todo arte. Todo ver­
dadero arte es abstracto».
. . . «Cada artista, en su arte, puede cons­
truir de muchas maneras».
indudablem ente Torres-García ha construido
de muchas m aneras, pero siempre ha construi­
do. Los diversos hechos han salido de su es­
píritu convertidos en música de color y lorrua.
Esta música m aravilla en sus composiciones
abstractas, pero en ios Objetos de Cocina, en
los Autorretratos, en los Cartuchos, en la Ca­
lle de t lorencia. . . no sólo m aravilla sino que
desconcierta, pues lo que se representa no ha
sido traicionado ni falsificado y, a pesar de
todo, no se lo representa. Quien llegue a ex­
plicar cómo pueden coincidir y exigirse en
una sola obra la mayor fidelidad al objeto con
la más absoluta libertad que pueda imaginarse,
habrá explicado la pintura de Torres-García y
lo más profundo y puro del arte.
«Considere que él tiene que dar lo inédito;
algo que ni él mismo salle qué es, su alma, su
música. Que lo que dé no puede tener nom ­
bre: que ha de operar entre cosas sin nom bre.
Porque si partió del m undo ya no está más
en él.»»
Pero, si es grande el desconcierto que nos
acarrea encontrar invención donde parece h a ­
ber realidad, no es m enor el que nos provoca
encontrar realidad donde hay invención.
Lo cierto es que esas composiciones cons­
tructivas, nos dicen algo tan real que la reali­
dad del m undo parece ficción, frente a ellas se
apodera de nuestro ser la convicción de que
son más ser que nosotros, de que no son un
producto de un propósito meram ente intelec­
tual o estético, sino que no podrían ser de otra
m anera de como son, pues son inevitables por­

que son verdad. Yo diría que en estas obras
es donde más podemos encontrar algo visto
por el pintor.
Llegaríamos entonces a este absurdo: en las
composiciones menos figurativas, Torres-García
es un realista, porque hace palpable lo invisi­
ble que él lia visto, y en las obras más repre­
sentativas oficia de taum aturgo — que con­
vierte en increíble lo frecuente y en m undo de
milagro el más común alimento de los ojos.
«El artista es un individuo que siempre pro­
cede intuitivam ente; o m ejor, m irando con ese
ojo interno que ya descubrieron los antiguos
y que ve donde no hay cosa, o ya con sus ojos
naturales. El vive en perpetua combinación
geométrica y m anipulando lo que no es cosa;
y si son tonos y colores, tampoco son eso pues
sólo son medios para construir; porque aquello
que él construye no puede tener nom bre, por­
que, siendo algo, no es cosa alguna.»
Esto nos puede ayudar a explicarnos la uni­
dad esencial, del arte de Torres-García, tan
m últiple en aspectos no sólo distintos, sino
en apariencia, antagónicos. Torres-García es
un gran ojo estético-metafísico que mira don­
de no hay cosa, y ve allí sus cosas, las que sólo
a él se entregan como reales.
1 así pueden reunirse en una misma pared,
uno junto a otro —y más juntos de lo que
puede el espacio— el Cristo, un gralisino, y un
paisaje.
No obstante dentro de esta unidad funda­
m ental, hay un aspecto que domina a los de­
más ilum inándolos: la esencia de lo clásico.
Es decir no lo clásico, como lo ya hecho por
el pasado, sino lo clásico como lo siemprevivo,
siempre el mismo, sí, en lo que tiene de siem­
pre inédito. En síntesis la pintura de TorresGarcía es clásica en el espíritu y no en lo ex­
terno.
Este clasicismo suyo ha ido profundizándose
y depurándose incesantemente, y, siendo muy
arbitrarios, podemos dividir su aparición, bien
definida, en cuatro etapas:
1^ — La que comienza a principios de siglo
y se continúa hasta el año 17. Podemos ver en
la exposición algunos ejemplos de ella: Filosoiía X.4 Musa, Ezequiel, P o m o n a...
En estas obras encontramos el más puro cli­
ma m editerráneo. Parecería que el grandioso
espíritu de Grecia hubiera resucitado entre
nosotros, con una nueva fuerza y una nueva
vibración milagrosas.
¡Qué distinto es esto al pretendido neo-cla­
sicismo de Picasso!
Picasso m iró muy frecuente, lo aparente y
literario de lo clásico y se solazó con él como
un gran pintor excesivamente acostumbrado a
las travesuras; lorres-G arcía se reconoció eu
lo clásico y a su influjo se le actualizaron las
potencias del alma.
Después de este período hay un paréntesis;
son las pinturas del 28.
Estas constituyen un momento único en el
arte de lorres-G arcía, pero, ¡qué m om ento!:
a pesar de la libertad que caracteriza a esta
pintura, hay en ella un ritm o, un ajuste, una
calidad verdaderam ente inigualables. Aquí es
donde parecería, a prim era vista, que TorresGarcía se aleja menos de los lugares comunes
Sigue en la pág. 5

�ESPAÑOLA

J. Torres - García

J. Torres - García

FIGURA

J. Torres - García

UN PUERTO

O bras de la actual Exposición T o rre s -G a rc ía en el Salón del Ateneo de M ontevideo

��UN

NUEVO

Me pregunto cuál parece ser el porvenir in­
mediato de la pintura; qué dirección parece
querer tom ar.
Miro entonces a quienes han sido los pio­
neros de la nueva pintura. ¿Qué ocurre en P a ­
rís por ejem plo? Picasso, Braque, Matisse, y
otros, han envejecido en lo suyo, en una acti­
tud pertinaz. Picasso en particular, usando del
prestigio enorm e que le socorre, im pide hoy a
la pintura dar un paso adelante. Todos lo que
de la nueva generación de París, se vé, está
m arcado por Picasso.
¿Sería entonces esto, un punto m uerto?
Creo que no; en París dehe estar producién­
dose la reacción, aunque tal vez pasen años,
antes que nueva gente consiga desplazar a to­
dos los que se mueven, prim ero en el gusto

NATURALISMO

del público, y segundo, en el enorm e aparato
de las editoriales, las galerías, los comercios,
que viven de este arte que parece querer ser
desplazado por otro.
Por otro lado se vé, en la literatura una
reacción relativam ente clara contra los movi­
mientos de pre-guerra.
He leído las últim as obras de Aragón, B re­
tón, Soupault, Eluard y otros, y todos ellos veladam ente o de m anera m anifiesta, aspiran a
un nuevo naturalism o. A un naturalism o, que
desde luego nada tendría que ver con la poe­
sía de argum ento, ni con la poesía m oralizan­
te y didáctica.
Un naturalism o cargado de surrealism o, de
escritura autom ática, de todo lo que lo prece­
dió, y que evidentem ente, sería todo menos un
retroceso, como lo proclam an ciertos rezagados

MI STI CA DE LA PI NTURA EN LA
EXPOSICION DE T ORRES- GARCI A
Viene de la pag. 2

del arte m oderno, pero si se m ira m ejor, se
verá que en esas obras no hay la m enor con­
cesión a lo anecdótico ni espectacular. En ella
se rechaza la expresión por sí misma. Aun en
esta época dionisíaca, Torres-García hace cla­
sicismo, pues es un Dionysos m etaiisico, que
se em borracha de pintura en un bosque de
ideas y de música.
Ao se requiere una gran sensibilidad esté­
tica para darse cuenta que Torres-García no
deiorm a las cosas reales en procura del dram a
rom ántico áe destrozar a golpes carnales todo
lo hecho, sea lo físico o la opinión vulgar. i\o,
lorres-G arcía sacrifica ritualm ente al objeto,
y el m undo real, por el sacrificado resucita
sustancia inm aterial, creatura de otro mundo.
2“ — Después de esta pintura, llegamos al
gran arte que se venía anunciando en diversos
aspectos de su obra: el arte planista construc­
tivo. En esta etapa, Torres-García crea la sín­
tesis de lo clásico. El arte prim itivo, Grecia,
Bizancio, y ciertos aspectos del arte moderno
son en sus manos, otros tantos elementos, como
el color y el Compás de Oro o sea que no son
cosas para hacer sino desde las cuales hacer.
Y por eso Torres-García, estando como nadie
en el espíritu de la gran tradición, hace un
arte sin precedentes, el más original de nues­
tro tiempo.
Todo, en este momento, se convierte en es­
tructura, en arm onía, en símbolo y, en el fon­
do, lo inédito que fulgura en él místico como
un relám pago sostenido.
« ...A lg o más allá de lo inteligible y que
sólo la intuición puede captar. El tono de la
obra, su música, su fisonomía. Algo eterno y
universal.»
«Y bien, si ahora nos preguntam os nueva­
mente qué puede despertar la emoción y el
sentim iento de un artista, yo diría que es el
descubrim iento de ese divino hallazgo, la per­
fecta fusión en su obra, del m undo visible e
invisible. Y esto es la creación.»
3? — Esta no es una etapa verdaderam ente
distinta de la anterior, pues se da en su m is­
mo tiempo y en su mismo espíritu. Si la separo
es sim plem ente porque no pertenece al arte
m onum ental que ha dado las decoraciones del

Hospital Saint Bois y el «M onumento al Sol»
del Parque Rodó. Me refiero a los retratos,
de los cuales podemos ver en la exposición,
\ eláquez, M ozart y esa Venus tan m ilagrosa
y sagrada como el Cristo.
A este período yo lo llam aría el momento
intocable de Torres-García. Me explico: la
m ayor parte de su obra, si bien inim itable,
puede servir y sirve de base para una gran es­
cuela pictórica. Pero esos retratos y esa Venus
en el que los hizo se quedan desde los pies has­
ta el alma, a pesar que están vistos en el pano­
ram a universal hacia donde su autor no lia
cesado de m irar, Si el arte es lo inédito, la
m enor partícula de ellos lo es.
4'-‘ — Adora nos encontram os con la pintura
de cuyo nacim iento nació «Mística de la p in ­
tura», las onras de esta etapa no alcanzan pues
a cuatro meses de existencia m aterial.
Son, em pero, el vértice donde se reúnen las
luces más hondas de todo el arte de iorresLrarcia. El clasicismo de que venimos tratan ­
do llega aquí a lo im previsible, pues está vi­
viendo ahí, delante de los ojos, expresado a
través de lo más puro: por la pura pintura.
Ahí, delante de los ojos, tenemos el jlisterio
mismo y la Lucidez misma, conviviendo juntos
como si tai cosa. Ahí, delante de los ojos, te­
nemos todo lo profundo, lo verdadero y lo m i­
lagroso que se pueda decir dicho en tonos: la
vida, la real vida del arte.
«Ver, sentir, com prender: he allí el terreno
del artista, pero viendo en lo visible y en lo
invisible a la vez. Porque ver, es sentir y com­
prender; sentir es ver y- com prender; y com ­
prender es sentir y ver. Y es sentir la m ateria
plástica; y es sentir la geom etría y el ritm o;
y es ver y sentir abstractam ente las cosas del
mundo, y no como realidad; y es com prender
lo que es un tono.»
¿Se requiere algo más para hacer ver que
el arte de Torres-García es el gran arte, el
gran estilo plástico de nuestra época?
«Conclusión final: el artista al ir a su obra
debe olvidarlo todo, y proponerse una cosa:
realizar una estructura. Lo demás saldrá sin
que él se dé cuenta, que es como debe ser.»
GUIDO CASTILLO
14 de mayo de 1947.

que recién llegan al lo que se va.
La reacción en el terreno de la plástica, pues,
aunque no es aparente pue^e tenerse por muy
posible y a falta de form a m anifiesta podría
tomarse como válida, la referida reacción en
el campo de la poesía. Ahora bien; ¿signi­
fica todo esto, o significa este naturalism o «sui
géneris», que el surrealism o, que el dadaísm o,
el cubismo no estaban en la verdad? Signifi­
ca que aquello no era arte, que no era la poe­
sía presente? No, de ninguna m anera, aquello,
es tan verdad, como esto; todo lo que es arte
se puede creer porque siem pre es verdad, po r­
que se le puede conceder crédito estético.
Aquello no está bien ni está mal, sim plem ente
está, como este nuevo naturalism o de la poe­
sía y si es que tiene lugar, de la plástica, está
tam bién y reclam a su lugar hoy.
Su única verdad consiste en coincidir con lo
que nosotros creemos, con lo que nosotros que­
remos, entendiéndose por nosotros el hom bre
de la época, del mes, del día, en que ese arte
se produce, y en el que vé su espejo más fiel,
su form ulación más ajustada.
Por otra parte esto que parece no estar fo r­
m ulado en los artistas de post-guerra france­
ses, es lo que de m anera explícita reclam a Julien Benda, en su llam ado a la juventud esté­
tica, con argumentos más o menos convincente*
y con ataques menos convincentes.
Este nuevo naturalism o que parece quiere
hacerse lugar, no podrá olvidar, aunque lo
quiera, al cubismo, al surrealism o, al arte
abstracto, porque el resultado de aquellos m o­
vimientos fué replantear los problem as de la
plástica, hacerlos valederos, en la m edida en
que habían sido casi abolidos, u olvidados,
m ejor.
Las aparentes soluciones del cubismo fueron
siempre la reorganización del planteam iento
de los problem as, y su aparente juicio sobre
la pintura, fué la pintura misma. Resultado
realm ente capital, y el único a que todo em ­
peño estético puede aspirar. Lo mismo dire­
mos del surrealism o, del arte concreto, del ar­
te abstracto, etc. Fueron entonces verdad, pero
ya no se les necesita en cuanto verdad teórica,
sino en cuanto arte.
De todo esto; ¿qué guía, qué posición nos
puede resultar ejem plarizante?
En verdad, toda aquella posición que coinci­
da con la nuestra, todo aquello que nos em ­
puje en el sentido que llevamos.
Aquí en M ontevideo, en el Uruguay, el T a­
ller Torres-G arcía ha hecho la experiencia de
las artes de la pre-guerra, sea dicho así de una
m anera concisa. Ahora cum ple con su evolu­
ción. Se encam ina de acuerdo con su necesi­
dad, y como está al unísono con su tiem po
desemboca en su nuevo naturalism o. Toda su
otra obra anterior, como antes quedó dicho,
perm anece.
Y su nuevo naturalism o, hoy, es un paso ade­
lante; pero no pertenece, ni puede convivir
con aquellos que habiendo perm anecido en el
«viejo naturalism o», pretendan ponerse al día
de un salto. La evolución ha tenido lugar.
Quienes no han cum plido la cadena, no tienen
derecho a aspirar a la vanguardia, dado que
ésta no les pertenece, y si ahora creen estar
de vuelta, en verdad, no están ni siquiera de
ida, ya que perm anecen en su cero.
SARANDY CABRERA
5

�EL

ARTE

MODERNO

EN

PARIS:

Forma y Materia en la Obra de
EDUARDO YEPES
por

Correspondencia

de

JOSE

PALAU

París

En este París acribillado por mil puntas de hoy día para designar una clase de objetos que
alfiler, que nos llegan a em botar la sensibi­ se parecen a la escultura, como un huevo de
lidad y nos impiden ver las cosas en su con madera se parece a un huevo de verdad. E n­
junto; donde sólo los nombres, como puñeta­ gañan a la gallina. Engañan al público. ¡No
zos, consiguen destacarse en medio del tu­ es paradoja! Un huevo de m adera es lo más
m ulto; liemos podido seguir algunos hombres distante que hay de un huevo de verdad, p re­
que, por el esfuerzo singular de su obra, pare­ cisamente por ser su apariencia, por ser el en­
cen los destinados a sobrevivir al terrible ano­ gaño. Y una escultura ha de tener su vida in­
nim ato de ser llamados artistas, para poderse terna —intangible pero magnética en la su­
designar con su nom bre propio. Ya no hay perficie— como la tiene un huevo. La escul­
más artistas. París está saturado, sobresaturado tura es un arte interior mucho más que un
de esta clase de entes. Sobran urtistas. París arte exterior.
Pero aquí, quizás incluso adm itiendo que la
agoniza bajo su peso, como una m uchacha bo­
palabra
escultura fuera usada y considerada
nita bajo el de sus admiradores. Falta el bra­
debidamente,
y aun a pesar de haber precisado
zo fuerte que se convierta en liberador. París
su
concepto,
tendríam os que hacer un paso
quiere liberarse de su belleza. Ahí están esos
intrépidos Davides, que con su piedra en la atrás y preguntarnos de nuevo ¿qué es escultu­
honda pretenden darle en la frente al gigante. ra? Porque esto es lo que se ha preguntado
Fijémonos boy en el escultor español Eduardo Eduardo Yepes. Y la respuesta no ha sido siem­
Yepes, cuya contribución a las recientes expo­ pre la misma. A veces ha contestado una cosa,
a veces otra.' A veces se ha pronunciado en
siciones de «Artistas Ibéricos» y la de «Amies favor
de la materia" y a veces se ha pronuncia­
d e’ l'A rt Cataiá» y «Les súrindependents», ha
do
a
favor
de la forma. En estas dos direccio­
venido a llam ar nuestra atención.
nes capitales, no parece que se' pueden agru­
Un escultor. La palabra tendría que ser su­ par todas sus respuestas. Yepes sabe contem ­
ficiente para desvelar la curiosidad. Pero tam ­ plar un huevo, un tronco de árbol, una raíz,
poco estas grandes palabras —pintor, escultor, como formas que no im itan nada, sino que son
poeta— justifican nada por sí mismas. La pa­ de por sí. Ser de por sí es, pues —-puede ser,
labra escultor tendría que ser una excusa para por el lado de la form a— una escultura. Yepes
ahorrarnos muchas palabras, muchos comenta­ se cree entonces con derecho a partir de ese
rios — que lleva implícitos. Quizás esto h u ­ muñón esencial y crear formas que sean de
biera sido posible en el Renacimiento o eu por sí, que tengan su ser en tanto que formas,
otra época más estable que la nuestra. Pero re­ en lugar de im itar. Y ya tenemos su escultura
sulta que con demasiada frecuencia, es usada abstracta.

Pero tam bién sabe m irar del lado opuesto,
un pedazo de coleita o de m adera, el hollín de
una verja, como expresiones profundas de la
m ateria —no máscaras, sino rostros— de la n a­
turaleza misma. Estas expresiones se concretizan: crean mundos. Y ya tenemos establecido
el im perio de la m ateria.
Pero sus grandes momentos son, cuando, ol­
vidando esta antinom ia, se convierte en síntesis
y nos da una respuesta conjugada de estos ele­
mentos. Es en este punto donde han de situar­
se sus mejores retratos. Retratos donde la for­
ma del rostro hum ano es su m ateria; la ar­
cilla, el humus original. La mayoría de los es­
cultores pretenden reducir el barro a carne
hum ana, darle calidad de epiderm is, y, n a­
turalm ente, se estrellan. Yepes busca, por el
contrario, hacernos ver lo cercano que está la
carne a la arcilla.
Decirnos que las distintas cualidades expresi­
vas que adquiere un rostro (retina, párpados,
m ejillas) ya están todas en potencia en el
fango. A causa de esta visión trem enda de lo
que es un rostro, su obra se convierte en tras­
cendente y esencial. Y al mismo tiempo en
elemental. Porque su recorrido no es. el de ir
progresando a través de la cultura escultórica
para darnos un producto artístico más avanza­
do, más alambicado, sino para bailarse a fin
de cuentas, con su vieja raíz ibérica, desnuda
y tajante. En este punto está Yepes.
JOSE PALAU

Salón del ATENEO de Montevideo

222 obras
RETROSPECTIVAS Y RECIENTES
de

J. TORRES-GARCIA

SE EXPONEN DURANTE EL MES DE MAYO DESDE
LAS 18 A LAS 21 HOR AS . - E NTRA DA POR RONDEAU
FR-F'JNDACION ESPIGAS-KARDEX REMOV50^&gt;R

6

mp. L.I.G.U. - Cerrito 740

�</text>
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UN

|&gt;£L TAUEKT0RPE56ARC/A - A&amp;AYUSA ¿781 -UTE2S42) MONTEVIDEO

ARTICULO

INEDITO

DE

THEO

VAN

DOESBURG:

EL PLANISMO DE TORRES - GARCIA
El sufimiento espiritual ha sido siempre la
marca del genio. «Cuanto más sabiduría más
hastío», dijo el poeta alemán Goethe y ese pro­
verbio. contiene toda la verdad de la lucha del
espíritu contra la naturaleza.
Porque es ella quien im pide el desenvolvi­
miento hacia la perfección absoluta; es ella la
enemiga de todo lo que es puro, sereno, inm a­
culado. sagrado.
Estamos en un error, si aceptamos la idea
que reina actualmente en todos los dominios
de la actividad estética', la idea de una unión
equilibrada entre «ella» y «nosotros», entre lo
físico y el espíritu.
Este equilibrio clásico, afirm ado por el neo­
clasicismo, no es más que un compromiso, y
creará en consecuencia nuevos compromisos ya
sea en la pintura, la poesía, la escultura. Pero
nos preguntamos si debemos aceptarlos.
No. Por el contrario es necesario que m on­
temos el caballo imaginario y corramos por
todos los cielos abstractos para encontrar allí
lo verdadero, lo real.
V para eso hacen falta buenos músculos. La
bestia que nos mueva, debe ser fuerte, muscu­
losa, ágil, Es necesario que estemos en lo un i­
versal. como dice el pintor Torres García.
Estamos en un error —y ese es el principal
error de nuestros días— al pensar que el des­
envolvimiento de la vida mecánica y de la vi­
da práctica, puede reemplazar, a la vida inte­
rior, espiritual. La idolatría en todas sus espe­
cies, lia creado una verdadera cacería en pos
de lo «más nuevo» (das niedagewesene!) en pos
de la perfección m aterial. El nuevo Dios es í*l
confort. El todopoderoso, la utilidad. Nuestros
movimiento son calculados, taylorizados, auto­
matizados. y según las pequeñas almas perfo­
radas que, impulsadas por una ambición do­
méstica. se ocupan de electrificar los water, el
hombre de mañana será tan mecánico como
una m áquina de coser.
Contra ese espíritu, o m ejor dicho, contra
esa falta de espíritu, es que tomamos posición.

N'. 16

E N E R O - FEB. 1947

Pero nuestra protesta no puede identificarse
con un retorno al carruaje de alquiler o con
una huida hacia el sueño, válvula de escape de
los débiles m asturbadores, que crean alrededor
de ellos un am biente oriniento.
¡No, gracias! Nosotros somos, sobre todo,
realistas desinteresados, realistas del otro lado,
si ustedes quieren, pero realistas y realizadores.
Nosotros no somos ni «pasadistas» ni «futu­
ristas», porque nuestro reloj está detenido en
la hora cero. 0 como dice Torres Gareía: «No
hay tiempo ni espacio ni m ateria, no hay re ­
laciones entre cosas, no hay separaciones. Fue­
ra de toda patria está lo universal, lugar donde
hay una sola cosa «arte, ciencia, religión».
Estamos contra lo «moderno» como estamos
contra lo «antiguo». Porque nos liemos encon­
trado en el calvario espiritual; simplemente,
en lo universal.
He allí la paleta de la cual se sirve Torres
García.
La pintura es una nueva epidem ia, una pla­
ga cruel, que trata rudam ente a las grandes
ciudades de Europa, y en especial a París, don­
de los pintores form an una masa compacta,
compuesta de m ediocridades, bandidos, arri­
bistas y sonámbulos. Es por puro esnobismo
que se ponen a rem ate ciertas ambiciones m al­
sanas o algunos escamoteos pasajeros. Una vez
que se ha caído en este pestilente fango del
mercantilismo no se sale jamás.
\ los aprovechadores de tantas nobles am ­
biciones, de tantas grandes personalidades co­
mo Cézanne, Van Gogh, M odigliani, etc. que
han arriesgado todo sin ganar nada, que han
sacrificado sus vidas para poner sus almas blan­
cas y desnudas sobre algunos centím etros de
tela, aplastan ahora a los cinco o seis hum il­
des pintores que crean por una necesidad in ­
terior.
Y evidentem ente, hay muchos pintores y po­
cos creadores. Torres García es uno de estos,
un creador y un hom bre.
Pintor de gran envergadura, inscribe sus vi­

siones pictóricas en la m ateria. Una m ateria
ligera, casi transparente, propia; una m ateria
simple y delicada. Su factura no tiene nada
de esa sensualidad irritante que se encuentra
en los falsos fauves en los semi-cubistas
El arte de Torres García se compone de ele­
mentos puros; allí no hay ni complicaciones,
ni trucos, ni confusiones. Es el plano, sobre­
todo, quien reina: el plano, sostenido por la
línea, la cual por yuxtaposiciones confiere a
la superficie plana una inscripción rítmica.
Es índice en los pintores de raza rechazar
no im porta que descripción, no im porta qué
tendencia literaria o simbólica. Por eso el arte
de Torres García escapa felizm ente a esta atrac­
ción cerebral o sonám bula, que uno encuentra
tan pronunciada en los soñadores a la moda.
En la pintura verdadera como la de Torre*
García todo se hace traducir y com prender so­
lam ente por la composición, y los medios p u ­
ramente pictóricos. Esta concepción, propia de
los verdaderos pintores de no im porta que si­
glo, llevará por fin a una pintura constructiva,
una pintura científica. En el futuro un cuadro
tendrá leyes inm utables; será construido con
certeza, como un puente, un rascacielos o un
barco. Gracias al desenvolvimiento de nuestra
intuición y de la ciencia, el artista conocerá
nuevas dimensiones, y sostenido por una nu e­
va óptica, podrá hacer perceptible una vasta
visión de nuestro inconciente. Este peligroso
salto en una nueva dimensión no está exento
de riesgos. Es necesario que nos desem barace­
mos, de antem ano, de todo el inventario de
la antigüedad; la lám para de petróleo no pue­
de servir en nuestro interior lim pio y blanco,
el caballo ha sido m uerto por el m otor a ex­
plosión. A la pintura m arrón y bitum inosa del
Renacim iento, ha sucedido la pintura azul del
período lum inista; y la tercera fase del des­
envolvimiento pictórico, será dado por la pin­
tura blanca, que ya ha visto la luz. con los pin(Concluye en la últim a página)

O rg an o r e d a c t a d o y e d i t a d o
exclusivamente por integrantes del
T A L L E R T O R R E S - GAR CI A

0.10
EL E J E M P L A R

«
&lt;

¡A

&gt;
&gt;

�En Defensa de la Pi ntura, de
un Artista y del Arte Moderno
C O N MO T I V O DE UN A R T I C U L O A P A R E C I D O EN LA REVI STA «ARTE C O N C R E T O I NVE NCI ON» B. A.
He visto a Tomás M aldonado, puesto por un
Y hace entrar en juego el consabidísimo
par de artículos casi con el rabo al aire, im ­ Taine, a quien nadie había pensado en llam ar,
buido de largos prejuicios m odernistas, ges­ y se contorsiona y pretende echar por tierra
ticular sin esconder su desnudez en calzonci­ el Constructivismo de Torres que se diferen­
llos, iracundo contra quien (a la m anera de cia de su Constructivismo propio (m al dona­
los sueños) lo dejaba tan m elodram áticam en­ do, o m alhabido) en que, el del maestro pro­
te y tan desparadam ente parado, entre un viene de su vida, m ientras el suyo proviene
profuso público, esta vez estético, que no se exclusivamente de su cabeza.
im portaba un pito ni de su desnudez ni de su
Mal puede entonces entender M aldonado a
vestim enta, ni de sus gritos histéricos, ni de su Torres al practicar su constructivismo y en
desaforado afán de «modernismo» que no es particular sus estructuras, porque no siente ni
lo mismo que «m odernidad», porque aquello la pintura ni la m edida.
significa gustillo adolescente por reem plazar
Ni tampoco entender que la aparente dua­
conceptos conocidos exteriorm ente y no soste­ lidad de la obrá de Torres, (tópico sobre el
nidos por vivencias, por otros en apariencia
más totales y sin duda más brillantes, levanta­
dos por un espectacular atuendo retórico y
teórico - filosófico, m ientras que «m oderni­
dad» es la am bientación con los más fuertes
Redactor Responable
im pulsos de una época, condicionados por su
verdad histórica y por los aportes del pasado AÑO 3
N°. 16
salvado por el m ilagro del arte, atendido, no
GUIDO CASTILLO
en su form a accesoria, sino en su verdad p ro­
funda.
Lo he visto tristem ente desesperado, por su que hemos abundado), no es sino el producto
juego con tram pas evidentes, sus tentadores so­ de la práctica de dos disciplinas distintas: la
fismas, por su prejuicio de niño de liceo, a pintura, y el arte geométrico constructivo, que
quien pretenden im poner una «aritm ética p ri­ com prende a la decoración m ural. Y de la p ri­
mera, tener en cuenta que arte figurativo,
maria».
no
quiere decir ejercicio im itativo, como parece
Lo he visto provincianam ente bíblico, enor­
creer
M aldonado, desde las exigencias que se
me, lapidario y b ru tal; lo he visto al descui­
impone
en su teoría.
do, personalm ente, por sus desaforados inten­
Las relaciones de los elementos plásticos en­
tos de hacer oír sus más groseros ruidos.
Lo he visto insultando a Torres-García a tre sí, no pueden sino ser considerados, desde
quien no entiende, porque Tomás M aldonado el estricto sentido de su apariencia, sino en
no entiende la pintura con su libresca, sabidu­ tanto adición o sustracción de partes, y si dos
ría recién aprendida, su erudición a la violeta, segmentos en el cuadro determ inan relación o
y se regodea con una seminosa m asturbación razón, solamente la proporción puede formarse
cuando ella se iguala a otra razón numérica.
de seudo arte.
Y uno de-los más violentos reproches que La proporción áurea por referirse exclusiva­
hace a Torres-G arcía es su aparente eclecticis­ mente a los dos elementos que la integran, se
mo, el no haberse plegado a ningún m ovim ien­ desenvuelve en sí misma, siendo por esa causa
to de los que vip en Europa nacer y desapa­ la proporción por antonomasia.
La razón del núm ero de oro, no es cuestión
recer. el no haberse encasillado teóricam ente y
de antigüedad o de m odernidad, es razón evi­
haber pretendido hacer lo suyo.
Y como M aldonado en su ejercicio estético, dentem ente de fondo, y su aparición continua­
no concibe actividad, fuera de los programas, da en casi todas las culturas de todos los tiem ­
las teorías y los manifiestos de los jefes de pos da la certeza, estadística, si se quiere, de
grupo, no entiende que justam ente el no com ­ su validez actual.
El arte m oderno y su enorm e, apreciable', y
plicarse con ninguna escuela, sino con el es­
píritu m oderno trasm utado al suyo, es la más seguible bagaje de arte, no pueden ser deshe­
sólida virtud de Torres-G arcía, así como su in­ chos, ni desechados ni ignorados ni desam a­
sobornable posición personal, que no podía dos, porque igual que en todos los tiempos, el
sino im pedirse la propia imposición de un pa­ «hom bre moderno» vive en cada paso su an­
drastro. Aquello no fué estar por encima de la gustia de tiempo, la angustia de su tiempo y
lucha, sino en la lucha común del artista; pe­ el artista dotado de la más fina percepción,
ro no como lustrado segundón sino como hom ­ toma con el oscuro río de pasiones, inteligen­
cia y amores de su hora, un contacto más pre­
bre. en lo suyo más personal.
Desde este prim er error en la apreciación m aturo que nadie y por lo mismo más virginal
de la actitud de Torres García, M aldonado in­ y más intenso y se acerca a una esencia in ti­
vade otros aspectos de la obra y teorías del mísima, que luego los manoseadores de 20
años después, pretenden revivir, ordenar y ex­
maestro, sumándose errores im placablem ente.
Así es como confundido, disparata al leer plotar.
Pero la diferencia entre la frecuentación del
las palabras «pintura de tono local», porque
espíritu
que hace el artista y la que tiene lu ­
parece no saber a qué se alude con aquello, que
gar
con
los
que, a tantos años, pretenden con­
sin duda no es a r e g io n a lis m o , aunque Tomás
seguirle,
consiste
en que aquél, urgido por una
M aldonado lo ignore.

REMOVEDOR

2

necesidad de crear esa form a, produjo una
obra viva, m ientras que los otros, teorizando
y razonando, vigilantes de sus menores movi­
mientos plásticos, producen lo que lia dado en
llamarse una obra fría.
A la tal frialdad proviene de la posición teó­
rica del artista, es decir de su posición mental
previa, más que de su propia condición per­
sonal.
Por arte frío se entiende, entonces, y aun­
que sea infantil aclararlo parece resultar ne­
cesario, un arte o pretendido arte, en el que
las formas concitadas, no responden a una in­
tuición total por parte del creador, sino a un
convencimiento teórico de ciertas reglas im ­
puestas al acto de la creación.
De m anera que si el artista es un intuitivo,
lo que no quiere decir un ignorante con des­
plantes de genialidad, su intuición o refugio
mom entáneo e inexplicable en determ inada
asociación de elementos, está cim entada por su
sabiduría, su teoría y su razonam iento alre­
dedor de su problem a, pero ejercitados éstos,
en momentos distintos al momento de la crea­
ción.
De m anera que la única exigencia que pue­
de hacerse a un artista, es una identificación
entre su intuición y el objeto expresado, den­
tro de las norm as formativas del arte que as­
pira a practicar.
Exigencia ésta que se lia hecho a los Madí y
a los integrantes de Arte Concreto y a todos
los pintores en general y que ha determ inado
tan clara reacción en Tomás Maldonado, que
se ha sentido culpable de tontería, vanidad y
torpeza, y que, sin acierto para justificarse o
simplemente explicarse, ha dado en arrem eter
vacunam ente contra la puerta tras de la cual
salía la voz. Y ha intentado quebrar al pin­
tor y al hom bre Torres-G arcía, y a quienes te­
nemos el regocijo de luchar junto a él, en co­
m unidad de ideales estéticos por el mero he­
cho de que no hubiésemos alabado su traba­
jo y el de los suyos, suponiendo en Torres
- García y sus discípulos, la incondicionalidad
de que M aldonado parece hacer gala para con
todo lo que lleve el sencillo cartel de «moder­
no», sin preguntarse si en aquel no pueden ca­
ber puntos en discusión.
En cuanto a que la teoría de Mondrian es la
m uerte de la pintura, es tan evidente, como
que M ondrian no bacía pintura, si nos atene­
mos al sentido que Torres-García asigna a tal
vocablo, y que si Maldonado hubiese tenido
la preocupación de leer los innumerables li­
bros y artículos de Torres al respecto, hubiese
podido saber.
Y en lo que se refiere a la «maravillosa» vi­
da de M ondrian, lo que hay en esta ocasión
es que Tomás M aldonado, parece no poseer in­
formes suficientes, tal vez ni de sus teorías po­
líticas, ni de sus problemas fisiológicos, ni de
lo que él supone la falta de claudicaciones de
aquel pintor, así como el origen de su arte.
Puntos todos ellos que no interesa poner en
claro, porque nada im porta hurgar en la per( Sigue en la pág. 51

�\ istas de la 35" Exposición del Taller 1 OKRES - GARCIA con la cual se
inauguró el nuevo salón ( Exposiciones del Ateneo de Montevideo
REMOVEDOR V 16
3

��H IS T O R IA DE UN ER R O R
En un artículo anterior, propuse una serie
de preguntas que intentaban convertir al arte
en un problema. Y a estas preguntas las titu ­
lé: «Planteo ingenuo de una cuestión difícil».
El lector inteligente y avezado en las arti­
mañas y dobleces del escritor vulgar, se habrá
dado cuenta de lo hipócrita y solapado de mis
intenciones; habrá comprendido que el llam ar­
me ingenuo no encerraba ninguna ingenuidad,
sino propósitos vanidosos e histriónicos de de­
cir una lindeza.
Pero, lie aquí que cuando me dispuse a corporizar las respuestas, que tenía más o me­
nos esbozadas en la imaginación, estas se re­
sistieron a ser otra cosa que vanos fantasmas
imaginarios. Y entonces no tuve más remedio
que doblegarme ante la evidencia de que había
sido verdaderam ente ingenuo, doblemente in­
genuo, por creer que no lo era siéndolo y por­
que vi simulación en la más mísera desnudez,
hasta tal punto que la careta me salió cara v
la m entira verdad.
Sucede, pues, que no puedo contestar las
preguntas en las que había comprometido la
respuesta. Y no puedo contestarlas por la sim­
ple razón de que las tales preguntas son com­
pletam ente ilegítimas y absurdas.
En este artículo intentaré dem ostrar la ile­
gitimidad de lo preguntado, procurando, al
mismo tiempo, para sacar algún provecho de
tanta pérdida, evidenciar la invalidez de todas
las posibles preguntas de esa índole.
Todas mis dolencias tuvieron por causa una
frase de Torres García: «El artista se caracte­
riza por la necesidad de construir».
La verdad es una semilla tan poderosa que

canza al arte mismo, sino a una técnica y,
cuando más, a una actitud. Esto lo podemos
com prender, con toda claridad, si pensamos
que el romanticismo, por ejem plo, si bien con
sus maneras hiere directam ente a la «Poética»
de Aristóteles, no le hace mella a la obra de
Esquilo, Sófocles o Eurípides.
Más aún, se da la paradoja que si es cierto
que cuanto más grande es un artista m ejor re­
presenta a una época o a una escuela, no es
menos cierto que lo que en el hay de verda­
deram ente grande hace repugnar el encasillar­
lo dentro de tal o cual tendencia. Así Beethoven, que si en un aspecto es un rom ántico m u­
cho más representativo que todos sus conti­
nuadores, en lo que interesa se evade com ple­
tam ente del calificativo de rom ántico, para ser
solitariam ente el artista, el músico, aborigen de
ese país milagroso e intem poral — ajeno a las
andanzas de este planeta sem i-helado— cuya
lengua resuena tanto en Debussy como en Palestrina.
Todo esto quiere señalar que el arte es esen­
cialm ente indeterm inable e indefinible; que su
realidad es un m undo inaprencible)1 para la
razón; que es una luz últim a que se ve o no
se ve, que no quema ni alum bra, ajena al cálcu­
lo y a la medida.
Otra de las preguntas era: ¿Qué es lo que
construye el artista, si es que construye algo?
Nueva ingenuidad carente de sentido, por­
que toda obra de arte es im previsible. \ si la
Poesía, la Pintura, la M ú sica... son lo que
tienen de común todas las pinturas, las poeías, y las m úsicas; la Poesía, la Pintura, la M ú­
s ic a ... solo son alcanzables por las poesía:-,
las pinturas o las músicas, siendo invisible p a­
ra toda otra m irada, aunque sea la de la in ­
teligencia.
Así se une lo común a lo imprevisible. Ecomo si una misma voz misteriosa le dijera al
que el autor sea lo que es. De otro modo, la artista palabras siem pre nuevas
novela no es una obra de arte.
Esta dura experiencia me ha enseñado que
Lo que el arte nos revela es la falta de todo la razón frente al arte —como frente al Uno
propósito en la naturaleza, su singulares cru­ plotiniano —solo puede hacer determ inaciones
dezas, su extraordinaria m onotonía y su condi­ negativas, dem ostrar todo lo que el arte no es.
ción absolutam ente inconclusa. La naturaleza
Ahora la frase de Torres García — «El a r­
tiene buenas intenciones, desde luego, pero,
tista
se caracteriza por la necesidad de cons­
como dijo hace tiempo Aristóteles, no pudo
truir»—
puede tener en nosotros más largas
llevarlas a cabo. Cada vez que m iro un paisa­
resonancias.
je, no puedo menos de advertir todos sus de­
Podemos entender tam bién que cuando T o­
fectos. Claro está que es una suerte para nos­
rres
García preconiza una form a de arte no
otros que la naturaleza sea tan im perfecta,
es
porque
crea que únicam ente en ella se da
pues de otro modo no habría arte alguno. El
arte es nuestra ardida protesta, nuestra vale­ el arte, sino que, como toda form a artística
rosa tentativa para enseñarle a la naturaleza el implica una form a de espíritu, una actitud es­
puesto que le corresponde. En cuanto a la in ­ pecial frente a todas las cosas, el gran arte de
finita variedad de la naturaleza, un puro m i­ Torres García envuelve un gran espíritu, una
to. En todo caso, esa variedad no se encuentra hondísim a m anera de pararse frente al m undo
en la naturaleza misma, sino que que reside de las cosas.
Por eso Torres García es un fran maestro
en la imaginación, la fantasía o la ceguera
que no solo enseña una técnica, sino toda una
cultivada del hom bre que la contempla.
. . . . e l obrero más torpe de Morris podria envoltura espiritual que si no garantiza la apa­
confecionarte un asiento más confortable que rición del arte dentro de ella, quita todo lo
la naturaleza entera. La naturaleza palidece superfluo y afina las cercanías.
Y ante este espíritu no cabe hablar de ver­
ante el m obiliario de «la calle que de Oxford
dad
o error, sino pelear por él o contra él.
ha tomado su nombre»», como tan torpem en­
te parafraseó el poeta que tanto amas. No es
Para eso está Torres García y estamos nos­
que yo me queje, no. Si la naturaleza hubiese otros, sus discípulos y amigos, no para conven­
sido cómoda, la hum anidad no habría inven­ cer con razones, que, como ya he dicho, no
tado la arquitectura, y la verdad es que prefiero son estos asuntos racionales, sino para pelear
la casa, al aire libre. En una casa, todos nos por lo que es nuestra vida y por lo que son
sentimos proporcionados, en proporción ade- nuestros amores.

germina en cualquier terreno, y así germinó
en el mío. Pero, la tierra de mi alma estaba
tan abogada de malas yerbas, que la irresisti­
ble semilla de luz dió un fruto monstruoso y
sombrío.
Se me pasaron los días y yo contaba, medía,
calculaba sobre si construye esto o construye
aquello. Al final estaba tan dolido y aporrea­
do que la alucinación vino en ayuda de la fa­
tiga y la desesperanza.
Alucinado escribí aquel artículo, y alucina­
do pensé en responder a las preguntas en él
planteadas.
Ahora solo me queda destruir lo hecho.
Voy a em pezar por la últim a pregunta: ¿Qué
le' queda al arte si le quitamos el tem a y la
imitación del m undo real?
Aquí se comete la torpeza de suponer que
al arte debe quedarle algo, cuando no necesita
que nada quede y solo él se queda.
Aceptado esto, se podría preguntar ¿qué es
arte? y, como tantas veces, se intentaría defi­
nir, determ inar, dem ostrar, delim itar el ser del
arte, dejando todo bien legalizado y codi­
ficado para siempre. Apenas se ha hecho es­
to viene un nuevo artista y barre con todas las
definiciones y demostraciones, dejando en su
arte alimento para nuevos críticos y teóricos
que harán nuevas definiciones y dem ostracio­
nes destinadas a ser barridas.
Sin embargo, la ineficacia de las teorías, no
radica en el hecho de que son destruidas, pues
lo que en verdad las destruye no es el arte
mismo, sino las m aneras siempre nuevas de
arte, las nuevas concepciones del m undo y de
la vida. La teoría es ineficaz porque jam ás al-

DE OSCAR W I L D E
La única gente real es la que nunca existió,
y si un novelista es lo suficientemente burdo co­
mo para buscar en la vida sus personajes, por lo
menos deberá pretender que son creación su­
ya, en vez de vanagloriarse de la copia servil.
La justificación de un carácter en la novela
no es que otras personas sean lo que son. sino
D e fe n sa

de

la

P in tu ra etc.

(Viene de la pág.' 2)

sena de .Mondrian que ha dejado una ohra que
es, y la obra solamente im porta, con lo que to­
do queda dicho.
Por otra parte: el marco irregular, que tiene
ya su mayoría de edad, no puede por tal ra ­
zón ser un producto de Maldonado ni tam po­
co la descomunal panacea que él supone; es
una irregularidad como su nom bre lo indica,
que contradice la supuesta voluntad m atem á­
tica y regularizadora de M aldonado, y que no
parece justificar una «regularidad más profun­
da» que Maldonado ha tenido el descuido, la
habilidad, o la previsión de no enunciar.
Flaco favor le hace entonces Maldonado al
arte moderno al pretender asum ir su defensa,
y al circunscribirlo a la «Batalla por la inven­
ción», porque no se encamina el arte m oder­
no, a tan limitados propósitos y compendia
otros fines más perm anentes que un ejercicio
parcial de la inteligencia.
SARANDY O B R E R A

(Sigue en la pág. 6)

GUIDO CASTILLO
a

�THEO VAN DOESBURG / EL PLANISMO DE TORRES - GARCIA
(Viene de la pág. 1)
lores elementaristas; y no es por azar que las
dos más grandes culturas pictóricas del mundo
(la de España y la de Holanda) han introdu­
cido las nuevas tendencias de la pintura con­
temporánea. Es probablemente a causa del des­
envolvimiento lógico en los pintores de raza,
que puede verificarse cómo ellos se aproximan
a pesar de las diferencias de gamas y facturas.
A la inversa de la reconstrucción de los ob­
jetos según la intuición pictórica (el cubismo i.

pintura cuando dijo: «El arte encuentra »u
propia perfección solamente en sí m ism o ...
cuanto más es abstracto, más descubre el esta­
llo profundo de su tiempo».
Crear sin otro interm ediario que los medios
propios de la pintura significa una libertad
que solamente es digna del espíritu universal.
En este estado de la expresión plástica estamos
más allá de las cosas medibles y pesables.
I aí que sostiene el cuadro es la estructura,
v nada más que eso. Y solamente son los aris­
tócratas del espíritu que suben a esas cumbres
La supresió n de la s c la s e s e le m e n tale s de dibujo
donde el aire es claro y puro.
Torres García es uno de los que se atreven
y pin tu ra, a sí com o la del lo ca l en que e lla s se
a pintar sin prejuicio, sin tendencia, sim ple­
d icta b a n , no ha sid o de ningún m odo la d iso lu ció n
mente como yo fumo mi pipa.
Vive en la creación, rodeado de un ambiente
del T A L L E R T O R R E S - G A R C IA , com o ha p o d id o
casi metálico. Observando a este pintor en su
m ale n te n d erse .
taller de M ontmartre. se descubre al creador.
Toca las cosas muertas, los m ateriales ordina­
rios y ellos se vuelven animados. Coloca delan­
(Viene de la pág. 5)
te de uno un pequeño objeto plástico de m a­
euada. Todo nos está en ella subordinado, h e­ dido nuestro derecho de prim ogenitura por un dera pintada o un simple juguete creado por
él, y a uno le parece que esas cosas respiran de
cho a nuestro uso y satisfacción. Hasta el ego­ plato de hechos.
una manera m ilagrosa; combina esos pequeños
El
arte
comienza
con
la
decoración
abstrac­
tismo que tan indispensable es para el justo
objetos
plásticos, objetos en tres dimensiones,
sentimiento de la dignidad humana, es entera­ ta, con la obra puram ente imaginativa y p la­ con cuadros
planos, y se abre un nuevo m un­
mente el resultado de la vida casera. Al aire centera que trata de lo irreal e inexistente. Es­ do. un m undo íntim o de creación humana. Se
libre se vuelve uno abstracto e impersonal. te es el prim er estadio. Luego, la vida queda está en la intim idad de una envoltura espiri­
por la nueva maravilla y pide que
Nuestra individualidad nos abandona en abso­ lefascinada
den acceso al círculo encantado. El arte to­ tual donde todo respira esa atmósfera prom orluto. Además, la naturaleza !es tan indiferente, ma la vida como parte de su m aterial bruto, fa de la creación.
tan desdeñosa! Cada vez que doy una vuelta la vuelve a crear y la modela de nuevo en for­
Mirad tam bién los dibujos de su hijo, esa»
por el parque, comprendo que soy para ella mas inéditas; es absolutam ente indiferente a figuras de batallas de cow boys; ¿no son más
exactamente lo mismo que el ganado que pace los hechos, inventa, imagina, sueña y conserva bellas, más estudiadas, más grandes y sobre
en la pradera o el cadillo que florece junto a entre sí misma y la realidad la barrera infran­ todo más fantásticas que los dibujos de un
la zanja.
queable del estilo y del procedim iento decora­ Guys, o de un G éricault? Mirad las acuarelas
tivo o ideal. La tercera fase llega cuando la de sus hijas esas caras de m ujeres con los ojos
Las únicas cosas bellas, como dijo alguien, Vida
acaba por imponerse ahuyentando el arte m aquillados: ¿no las encontráis más vivas,
son las cosas que en nada nos conciernen. M ien­ al desierto.
Esta es la verdadera decadencia, y más profundas, y basta diría más refinadas, y
tras una cosa nos sea útil o necesaria, o nos de ella estamos
por lo tanto más ingenuas que los m ejores-di­
sufriendo en la actualidad.
afecte de un modo cualquiera, bien sea en bien
Shakespeare no es, ni mucho menos, un ar­ bujos de un Van Dongen, un Jawlenskv. o un
o en mal, o excite vivamente nuestra simpatía,
Matisse? Evidentem ente no siempre los pinto­
o constituya una parte vital del medio en que tista sin mácula. Le gusta demasiado acudir di­ res de oficio poseen el monopolio del a rte :
vivimos, es indudable que se halla fuera de la rectam ente a la vida y em plear su modo natu ­ los niños y los locos a menudo son más «crea­
esfera propia del arte. El tema o asunto del ral de expresión. Olvida a veces que, para el dores» que todos vuestros adm irables maes­
arte el renunciar a sus medios imaginativos
arte debería sernos más o menos indiferente.
equivale a una rendición incondicional. Goethe tros del Louvre.
PARIS 1929
Creeme mi querido Cyril, la modernidad de dice en alguna parte «trabajando dentro de
la forma y la modernidad del tema son un unos límites es como el maestro se revela a sí
error completo y absoluto. Hemos tomado la propio». Ahora bien, la limitación, la condi­
vulgar librea de la época por la vestidura de ción prim ordial de todo arte es el estilo.
las Musas, y malgastamos nuestros días en las
Cuanto más abstracto, cuando más ideal es
sórdidas calles y los repugnantes suburbios de un arte, más nos revela el carácter de su época.
nuestras viles ciudades cuando debiéramos es­ Si deseamos com prender a un pueblo por me­
tar en la montaña con Apolo. No cabe duda que diación de su arte, acudamos a su arquitectura
A las ya numerosas obras de decoración mural, rea­
lizadas por los integrantes de nuestro Taller, dentro de
somos una raza degenerada, y que hemos ven­ o a su música.

DE O S C A R

Torres Garría expresa su intuición plástica in­
mediata y espontáneamente por medio de pla­
nos, colores y líneas elementales.
Pintar los objetos más o menos deformados
y transformados (según el grado de la poten­
cia creadora I cosa boy adm itida por los aficio­
nados y críticos de arte, es perm anecer en la
gravitación del mundo enelidiano.
El cuadro no sirve nada más que al espíritu.
Ya Oscar \A ilde comprendía el sentido de la

WILDE

UNA NUEVA DECO­
RACION MURAL

ACABA DE APARECER EL LIBRO DE
J. TORRES-GARCIA

“MISTICA DE LA PINTURA”
Todo creador está condenado a crear ince­
santemente y, por lo tanto a desconcertar a sus
propios amigos, quienes, frecuentemente, no
consiguen adaptarse a la movilidad de su es­
píritu y a la riqueza de su visión.
Atendiendo a estos hechos, prevenimos al
futuro lector de «Mística de la pintura», para
que frente a la capacidad desconcertante de To­
rres García, sobrelleve con serenidad su tenden­
cia al desconcierto.
Para ello hacemos notar que en el artista y
especialmente en Torres García, la pluralidad
de hechos no excluye la unidad de espíritu.

En «Mística de la pintura» Torres García di­
ce cosas nuevas o, mejor, las inventa. Pero,
esas novedades no invalidan lo antiguo, sino
que lo enriquecen con una nueva voz y con
una más apretada síntesis.
El que note contradicciones en las palabras
de Torres García, que dé un pasito más, y en­
tonces sabrá que en arte es necesario contra­
decirse mucha; veces para decir lo mismo: que
con mucha frecuencia, lo que parece incons­
tancia ajena no es otra cosa que ceguera propia.
GUIDO CASTILLO

las normas constructivas, hay que añadir ahora otra, no­
tablemente acertada, en el Parador del Faro, de Punta
Colorada (Piriápolis).
Tanto por su adecuación, dado el ambiente marítimo
(pues dentro de su simbolismo, parecería una justa
transposición de lo que puede verse allí) cuanto por su
sobria y clara coloración y ritmo de la pintura, es uno
de los mejores aciertos. Y debemos felicitar al propie­
tario del establecimiento, el Sr. Angel Pérez, por ha­
ber encargado esta obra al pintor Héctor Ragni. que tan
felizmente la ha realizado.
Y así deben hacerse esas cosas. Sin jurado ni con­
curso.
Otra obra también dentro del Constructivismo, es el
conjunto de cinco vitraux. que Luis San Vicente, basándose en los cinco colores fundamentales y el dibujo
geométrico y planista propio de nuestra escuela, ha
realizado en una rasa habitación, particular, en la ciu­
dad de San Carlos.
También el aciefto de esta obra, llevada a cabo den­
tro de la más estricta ortodoxia constructiva, merece no
sólo aplausos por la obra en sí mismo, sino también por
ser entre nosotros la primera que se realiza en tal téc­
nica. Y nuestra felicitación también a los que sin ju­
rado ni concurso, tuvieron el acierto de encargarla di­
rectamente al artista.
J. T. G.

¡ AP-r’JNDAClON ESPIGAS-KARDEX REMOVEDOR

i

Imp. L.I.G.U. - Cerrito 740

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0 0 0 5 7 6 7 4

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Cabrera, Sarandy&#13;
Torres García, Joaquín</text>
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                    <text>N. 15

Or ga no r e d a c t a d o y e di t a do
exclusivamente por integrantes del
T A L L E R T O R R E S - GA R C I A

0.10
EL E J E M P L A R

�J

Discurso pronunciado por el Doctor Luis Giordano con motivo de la inauguración del Salón de Exposiciones del Ateneo y de la

3 5 2 Exposición del Taller
La Comisión de Exposiciones, de quien asu­
mo la representación frente a ustedes y a la
que el Ateneo ha confiado la organización de
las muestras de arte a realizarse en este remo­
zado salón, pensó inaugurarlo con una «retros­
pectiva» de algunos de nuestros ilustres plás­
ticos desaparecidos. Tal designio estaba infor­
mado por un sentimiento, en cierto modo con­
movedor. puesto que esta Sala guarda el recuer­
do de algunas actividades artísticas como, los
Conciertos de la Becthoven, las muestras de
Otoño, los Salones de Primavera y las Exposi­
ciones de Arquitectura que hicieron época pa­
ra los montevideanos amantes de las bellas
artes.
Causas materiales impidieron realizar este
propósito.
En vez de ello, he aquí una muestra de Arte
Nuevo, perfectamente en consonancia con nues­
tra época y la renovada inquietud que es hoy
signo capital del Arte.
Debo expresar que esta 35? Exposición del
Taller Torres García marcará una etapa en ia
historia del arte uruguayo, mejor dicho es una
de las Etapas del Arte. No quiero que se piense
que exagero a¡ respecto por simpatía al ilustre
maestro que orienta esta pléyade de jóvenes,
dados en alma y cuerpo a la religión del arte
— que aparentan tener el árdor del sectario, pe­
ro que en realidad poseen la fe del apóstol, sin
la cual nada grande puede cumplirse ni en la
vida de los hombres, ni en la historia de los
pueblos. No quiero que se piense que exagero
por exclusivismo o por falsa oposición, puesto
que se conoce ( por quienes me conocen) mi
amplitud para el juicio en materia de arte y
mi gusto, en cierto modo ecléctico por las obras
plásticas. No quiero que se piense que exagero

cuando he afirmado que esta exposición es una
de jas Etapas del Arte.
Frente a tanta incapacidad pretensiosa que
circula por ahí; frente a mucha buena inten­
ción incumplida; frente a la estratificación ano­
dina y frente a tantos atentados al buen gusto,
hechos en nombre de una tradición mal enten­
dida tjuc nos hemos acostumbrado desgraciada­
mente a soportar, he aquí, ahora, esta alegría
radiante de la creación; esta inquieta generosi­
dad fecunda: este empuje juvenil; esta sracia
y .'&lt;te ardor incontenidos.
La Fainada E-cuela tic Torres García ha me­
recido acerbas críticas v una de las más agudas
consiste en -os encr que esta enseñanza ahoga
la personalidad, que la poderosa influencia del
Maestro incide demasiado sobre las individua­
lidades &gt; que la «Escuela» se convierte en una

REMOVEDOR
Redactor

Responable

AÑO 2

N°. 15
GUIDO

CASTILLO

dogmática del Arte. No quiero argumentar con
palabras sobre esta crítica: he ahí los hechos en
esas paredes. Pocas veces hemos visto una ma\or variedad de personalidades, de jóvenes pe­
ro verdaderas personalidades; ceñidas, eso sí y
esto no es negativo, a ciertas fecundas fórmu­
las jamás erradas, por otra parte, como ocurre
en la vida y en la naturaleza en que las líneas
generales no impiden, por cierto, la variedad y
la transformación evolutiva. A si tal cosa ocu­
rre, permitiendo desenvolverse libremente las

mejores dotes plásticas de que cada ser dispone,
la Escuela vale de por sí y vale, además, por
cada uno de sus componentes.
Repito que esta muestra es un acontecimien­
to del arte por cuanto en ella se percibe la im­
portancia del movimiento que va del construc­
tivismo a la síntesis y de ésta al nuevo natu­
ralismo de los cinco tonos. Razón lian tenido
Pavró v Romero Brest, los primeros críticos riop atenses en rendir homenaje a Torres García
v a su Escuela; razón han tenido porque no hay
en l'ruguay ni en las dos Américas, ni siquiera,
en esta hora, en ningún otro continente tal vez,
un movimiento — en el mundo de la plástica
más trascendente, ni más organizado ni más fe­
cundo que el del Taller Torres García.
Y los individualismos confusos, a los intentos
fracasados de algunas escuelas de pasajera vi­
gencia. y a las mórbidas manifestaciones de un
arte degenerado que más participa de la pato­
logía que de la plástica; el movimiento uru­
guayo opone una solidaria capacidad de soste­
nim iento; una persistencia prolongada llena de
promesas y realizaciones y un puro profundizar
en las más nobles inclinaciones de la inteli­
gencia y de la espiritualidad.
Es por todo ello — y por lo que callamos, en
beneficio de lo que sentimos y de lo que com­
prendemos, que afirmamos— , otra vez, nuestro
orgullo patriótico por esta Exposición, sabiendo
que — al fin— al sustituirla por una «retrospec­
tiva» hemos cumplido con la misión de atender
los derechos del porvenir y afirmar nuestra es­
peranza en esta renovada juventud, que se agru­
pa en torno de Joaquín Torres García, — Maes­
tro— de iluminada palabra y de ardiente fe
en los destinos del Arte, entendido como verda­
dera expresión del estilo de nuestro tiempo.
LUIS GIORDANO

EL X .o SALON NACIONAL

El espíritu y las pretendidas actividades ar­
tísticas oficializadas, se excluyen.
Es normal, entonces, que el décimo Salón Na­
cional no exista para el diferente mundo del
arte.
Su existencia, sólo puede comprobarse para
ojos distraídos y mentes cómodas, que al fin de
la semana divierten sus ocios y se instruyen, en
el vulgar sentido del vocablo, y cuyos posee­
dores, fortuitamente concurridos al salón, son
tan inexistentes, para el espíritu, cuanto lo es
el décimo salón nacional de Bellas Artes.

El Espíritu salta por la ventana, apenas ha­
cen su aparición en el salón, yesos y cuadros, en
manos de artistas y jurados, para recogerse dis­
cretamente, porque entre tanta fanfarronería,
en tanto alarde de genialidad, el arte no admite
ser considerado.
En tanto corte por el atajo de la facilidad,
en tanta desgraciada gracia festejada socialmen­
te y premiada constante y sonantemente por un
complejo clan de curiosísimas jerarquías estéti­
co-sociales, en tanta frivolidad, el arte siente
que no tiene nada que ver.
Lo mismo en tanta ingenuidad v en tanta in­
cultura.
Para la menguada inexistencia de los Salones
Nacionales, y quizá para justificarlos, existe una
categoría de personas primarias v simples que

pintan cuadros, hacen esculturas v escriben ver­
sos y discursos.
A ellos corresponden aquel flotante público,
que posee los mismos atributos y fragilidades.
Los primeros son los pintores oficiales, los au­
tores de los llamados cuadros históricos, los poe­
tas nacionales, los jurados normales de exposi­
ciones V los ministros de instrucción pública que
patrocinan exposiciones.
Los segundos son los ingenuos que no quieren
estridencias, que suponen al arte escondido a la
vuelta de la esquina y que suponen que basta
experimentar sensaciones para poder aproxi­
marse a sus esencias.
Son ingenuos tan molestos y desagradables
como los anteriores y que durante su vida, junto
con los artistas que producen para ellos, los ju­
rados y los ministros, se dedican a repartirse el
rubro que se destine a los efectos artísticos.
Claro que luego de muertos, siempre se mue­
ren.
De todos ellos salen los décimos salones na­
cionales de todo el mundo cuya única razón de
ser, es que del primero al décimo van los diez
que ya se han hecho por la coincidencia de un
enorme aparato de convenciones y del décimo
en adelante seguirán otros tantos por inercia.
Estos senores son los aguerres, los espinóla gómez, los mazzey, los alzaga, los giandrone. los
gonzález. los siniscalchi. etc. (sigue la lista)

que pretenden emular a la pintura con sus manualidades, y los moller de berg, los fernández
tudurí, los germán cabrera, los furest inuñoz,
etc., que aspiran demasiado cómodamente a en­
contrar (si es que sospechan su existencia) el
secreto que permita sacar espíritu del barro,
cosa que no logran, de manera que su barro
sigue siendo barro, con el agregado de cosas más
lamentables todavía. Porque en las obras de
unos y otros, al faltar el espíritu aparece el cor­
tejo de la tontería la vanidad, la pornografía,
la ingenuidad y el mal gusto, y ellos se pudren
de buena gana en eso, sin poder escapar a su
destino, al que llevan a cuestas, sin sentir nunca
la tentación del demonio, la insensatez, el des­
interés, la aventura, el espíritu y la inteligencia.
Se quedan pues, con los retratos de indus­
triales gordos, de frívolas señoras elegantes,
autores de esculturas para las plazas indepen­
dencias, pintores de estampitas para libros de
misa, junto con los herrera mac lean, los michelena, los prevosti, mostrando los dientes posti­
zos. la ictericia, el vientre, las manos peludas,
las risas, el rouge y las colillas de los cigarri­
llos, mientras el cerebro se les pudre sin can­
darse de genuflexiones, v las rodillas les cra­
quean, mientras guardan en un rincón del es­
critorio el lujoso catálogo del décimo salón na­
cional.
SARANDY CABRERA

�[

F U N D A C IO N ESPIGAS '•
Buenos Aires - Argentina j

Planteo Ingenuo de una Cuestión Difícil
¿Qué le sucede al hombre cuando quiere
realizar actos artísticos? Podemos estar seguros
de que buscará combinar cosas, elementos na­
turales, o que se han hecho naturales por lo
ordinario de su uso, de cierta manera especial
a la que esos objetos — palabras, colores, for­
mas, sonidos. . .— no están acostumbrados.
Y, así mismo, podemos afirmar también, que
esto es lo que le sucede a cualquiera que busca
hacer arte, por más disparatadas o ingenuas que
sean sus ideas y por más torpe que sea su labor
artística.
Esto plantea una serie de preguntas muy
graves:
Si todos los que procuran hacer arte, procu­
ran encontrar una combinación irreal de ele­
mentos reales ¿cuál es la combinación que ca­
racteriza al arte? ¿existe una sola o tantas co­
mo artistas?
Si cada artista es poseedor de una peculiar
combinación, completamente distinta de toda
otra, ¿en qué nos apoyamos para reconocer al
artista, para distinguirlo de todos aquellos que
no lo son? Si, por el contrario, existe una forma
universal de combinar estéticamente los obje­
tos no estéticos de que siempre se sirve el arte
¿por qué hay artistas v escuelas de arte, que
presentan tan fundamentales diferencias, que
llevan al más tirante antagonismo? ¿qué valor
estético tienen estas diferencias?
Para mayor seriedad y limpidez de estas cues­
tiones, procuraremos eliminar aquellas combi­
naciones que, a nuestro entender nunca han al­
canzado, ni alcanzarán jamás a ser arte.
La primera es la que pertenece al llamado
(irte imitativo.
Sin lugar a la menor duda, el que intenta
imitar el mundo real utiliza los elementos que
le han de servir para la copia de una manera
completamente irreal que, a no ser por una ex­
traordinaria casualidad, esos elementos están in­
capacitados de realizar por sí mismos, o sea en
el orden natural en que se disponen las cosas
del universo sensible. Y es así que en el re­
trato más parecido al modelo, todo lo que en
verdad lo constituya — líneas y colores— está
ordenado en una forma completamente artifi­
cial, pues a nadie se le ocurrirá que el retrato
de tal o cual señor es la manera habitual en
que los colores y las líneas se presentan.
Sin embargo, a pesar de su irrealidad, nin­
guna imitación llega a ser arte. En primer lugar
porque todo su ser irreal se reduce a un ser
para una realidad, a un puro servilismo perfec­
tamente reemplazable por otros métodos más
eficaces y menos fatigosos.
Toda copia es, además, completamente falsa,
porque su falsedad es demasiado minúscula pa­
ra llegar a verdad, porque carece de la sufi­
ciente irrealidad que se requiere para encontrar
lo real. Todo en ella es una triste ilusión, un
torpe fantasma de una apariencia. En una imi­
tación no hay nada más que imitación. En una
rosa imitada faltan la rosa y el arte. Y ahora
tendríamos que hablar del tema, pero, además
de ser el asunto más aburrido del mundo, el
arte temático es nada más que una especie de
arte imitativo malamente disfrazado algunas
veces.
Estas preguntas, que no poseen ningún propó­
sito literario, se me han ocurrido en torno a
una frase que Torres García dijera en una cla­
se de la Facultad de Humanidades: «El ar­

tista se caracteriza por la necesidad de cons­
truir».
Sobre esta frase trataré en un próximo ar­
ticulo, procurando al mismo tiempo responder
-a las cuestiones planteadas v a una más angus­
tiosa que todas:

¿Qué es lo que construye el artista, si es que
construye algo? ¿Qué le queda al arte si le
quitamos el tema y la imitación del mundo
real?
GUIDO CASTILLO

SOBRE EL ARTE SOCIAL
Por si alguien todavía se plantea el problema del arte social, transcribimos unas palabras
de «El poeta y el pueblo» de Antonio Machado:
Cuando a Juan de Mairena se le preguntó si
el poeta, y en general, el escritor, debía escribir
para las masas, contestó: Cuidado, amigos míos.
Existe un hombre del pueblo, que, es, en Espa­
ña al menos, el hombre elemental y fundamen­
tal, y el que está más cerca del hombre uni­
versal v eterno. El hombre masa no existe; las
masas humanas son una invención de la bur­
guesía, una degradación de las muchedumbres
de hombres, basada en una descualificación del
hombre que pretende dejarle reducido a aque­
llo que el hombre tiene de común con los ob­
jetos del mundo físico: la propiedad de poder
ser medio con relación a unidad de volumen.
Desconfiad del tópico «masas humanas». Mu­
chas gentes de buena fe, nuestros mejores ami­
gos, lo emplean hoy, sin reparar en que el tó­
pico proviene del campo enemigo: de la bur­
guesía capitalista que explota al hombre, y ne­
cesita degradarlo; algo también de la iglesia,
órgano de poder, que más de una vez se ha
proclamado instituto supremo para la salvación
de las masas. Mucho cuidado: a las masas no

las salva nadie; en cambio, siempre se podrá
disparar sobre ellas. ¡O jo!
Muchos de los problemás de más difícil solu­
ción que plantea la poesía futura — la consti­
tución de un arte eterno en nuevas circunstan­
cias ile lugar y de tiempo—- y el fracaso de
algunas tentativas bien intencionadas provienen,
en parte, de esto: escribir para las masas no es
escribir para nadie, menos que nada para el
hombre actual, para esos millones de concien­
cias humanas, esparcidas por el mundo entero,
y que luchan — como en España— heroica y de­
nodadamente por destruir cuantos obstáculos se
oponen a su hombría integral, por conquistar
los medios que les permita incorporarse a ella.
Si os dirigís a las masas, el hombre, el cada
hombre que os escuche no se sentirá aludido y
necesariamente os volverá la espalda.
He aquí la malicia que lleva implícita la fal­
sedad de un tópico que nosotros, demófilos in­
corregibles y enemigos de todo señoritismo cul­
tural, no emplearemos nunca de buen grado,
por un respeto y un amor al pueblo que nues­
tros adversarios no sentirán jamás.
Valencia, agosto.

Decoración de las Escuelas
De un tiempo acá se ha pretendido abordar
el problema de la decoración mural en las es­
cuelas, asunto sobre el cual ya se habló mucho
y mal. No sólo porque quienes lo hicieron ca­
recían de conocimientos serios en la materia,
sino, porque en general, primó un concepto noño acerca de aquello que debe presentarse a los
niños, como viva y permanente lección de es­
tética.
Generalmente vemos anticuadas expresiones
tipo bazar, o reproducciones también sin ningún
sentido plástico, de los dibujos de Disney, a
quien creemos, sí, un maestro en el dibujo ani­
mado. pero que, por esa misma razón, aquellos
están lejos de ser aptos para la superficie plana
de los muros.
Es de reconocer que, quien realmente estu­
dió y sentó las bases de la decoración mural,
es el pintor nacional, don Joaquín Torres Gar­
cía, quien, junto a un grupo de jóvenes discí­
pulos de su taller, vienen luchando por dar al
muro su realidad plástica: esto es, trabajar con
la realidad del plano, bidimensional, descartar
la tercera dimensión, crear formas no represen­
tativas, dentro de un orden geométrico cons­
tructivo.
Formas y colores, ritmo y proporción, he ahí
la más pura lección de belleza que podemos dar
al niño, haciendo así verdadera obra educativa
en el sentido de desarrollar su conciencia es­
tética.
Pero, esto, por ahora, sólo ha podido plasmar­
se en la obra monumental realizada por estos
pintores, en la Colonia Saint Bois. Es de espe-

rar que el Consejo N. de Enseñanza Primaria y
Normal, al llamar a concurso a los artistas na­
cionales para decorar las escuelas, sepa abordar
el problem con exacta visión en cuanto a las
auténticas manifestaciones plásticas, lo cual re­
dundará en beneficio del niño y del pueblo.
Así lo creemos, no puede ser de otro modo,
por integrar dicho Consejo, personas como el
Arq. Pérez Montero y el Dr. Oribe.
Veamos ahora, con espíritu libre de prejui­
cios, qué se ha hecho. En la Esc. de Portones
de Carrasco, lo indeseable al grado máximo.
Frente a esto pensamos que son desde todo
punto de vista preferibles las auténticas realiza­
ciones de los niños, por ejemplo el comedor de
la Escuela Experimental de Malvín.
Los locales decorados por las Srtas. Antelo y
Clavelli. llenos de ingenuo naturalismo, se ca­
racterizan por la ausencia de sentido plástico.
En el «Jardín de Infantes», encontramos dos
murales constructivos, realizados por la Sra.
Esther Barrios de Martín. Al punto se descu­
bre porqué se les asignó, por parte de alguna
autoridad, tan pésimo lugar; están casi escondi­
dos, mientras profusión de dibujos tipo bazar,
inundan los corredores.
Los otros dos murales, obra de esta misma
educacionista, lo constituyen «La sinfonía de las
hojas» y «Los Ceibos». Resumiendo, se debe de­
cir que, recién aquí, en los murales constructi­
vos, y no en los otros, encontramos que se ha
hecho algo, con cierto conocimiento.
En cuanto a la obra de Urruchúa. en la Sec(sigue a la vuelta)

�35 EXPOSICION
del Taller

Torres-García

[ NUEVO
1) PINTURA EN EL PLANO, NATURALISTA SINTETICA
2) PINTURA
DE LOS

CON BASE NATURALISTA DENTRO
C I N C O COLORES P R I M A R I O S

3) P I N T U R A

CONSTRUCTIVA

UNIVERSAL

ATENEO DE MONTEVIDEO - 28 de NOV.
Y DIAS SIGUIENTES, DE 18 a 21 HORAS. ENTRADA por AVENIDA RONDEAU

DEL

DIARIO

PARISIEN, «LA BATAILLE»

(Casa de la América

máticas, de cortesía convencional, o como expo­

Latina).
Hay diversas maneras de organizar exposicio­
nes de artistas extranjeros.

siciones de arte. Muy a menudo ambas maneras
coinciden, pero no siempre.

Pueden hacerse como manifestaciones diplo-

te diplomática invadía a la otra demasiado vi-

ARS. AM ERICANA

DECORACION MURAL...

(Continuación)

ción Femenina de Secundaria, debemos decla­
rar que tampoco aquí se ha hecho decoración
mural, en el verdadero sentido.
Grandes figuras de acusado volumen, pesa­
dísimas, ostentan deformaciones arbitrarias, ter­
cera dimensión. Puro expresionismo, lamenta­
ble monotonía en cuanto al color. Aquí la for-

En esta exposición de arte americano, la par­

ma representa, está sirviendo a los temas (que
hasta aparecen escritos en serpentinas, en me­
dio de las figuras).
En síntesis: la forma nada dice como tal, no
se ha deformado para construir; se lia hecho
literatura. Luego, todo está fuera de la plás­
tica.
v
W ILDA BELURA

siLlemente, con todo lo que significa de com ­
placencias e ignorancias irritantes.
A pesar de eso se exponían piezas de verda­
dero interés: objetos populares chilenos, impre­
sionantes fotografías del sur argentino, y sobre
todo dos obras, del gran pintor uruguayo T o­
rres García en quien las reminiscencias indias
encuentran una moderna encarnación. Pero es­
tas obras explosivas se hallaban prudentemente
escondidas por una puerta o bajo una chimenea.
Felizmente la galería Pierre, nos anuncia una
próxima exposición de Torres García y su gru­
po, de la cual con seguridad se puede esperar
mucho.
Verifiquemos una vez más, esperándola, la
vanidad de las manifestaciones de la propagan­
da oficial, equivocadas, costosas e infieles.
AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEXREMOVEDOR

Tall. L.I.G.U.

Cerrito "40

0

IIII II II 11

0

0

0

5

7

6

7

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Giordano, Luis&#13;
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                    <text>WLY^TA PELTAUÜKTORPES6ARC/A -A6AYÜSA 2763.-UTE 2S42J MonTEVIPEO

N\ 14
A G O . - SET. - O C T . 1946

Or gano r e d a c t a d o y e d i t a d o
exclusivamente por integrantes del
T. ALLER T O R R E S - G A R C I A

0.25
EL E J E M P L A R

�REMOVEDOR
REVISTA DEL TALLER TORRES-GARCIA.

AÑO 2.

N9 14

Redactor Responsable: GUIDO CASTILLO

S U M A R I O

Pág.
..............................................................................

1
1

J. T O R R ES G A R C IA . Nuestro Problema de arte en A m é r ic a .....................

2

G U ID O C A STIL LO . Torres - García y el arte Moderno....................................
EX PO SIC IO N E S DEL T A L L E R
PIE R R E LO EB . Carta de París

...............................................................................

S A R A N D Y C A B R E R A . Edgardo Ribeiro

............................................................

7
7

J. T O R R ES G A R C IA , de Murales Norteamericanos .....................................

7

S A R A N D Y C A B R E R A . Originalidad e invención

8

.........................................

ILUSTRACIONES

Horacio

Torres

...................................................................................................................

Pág.
2

Francisco Matto Vilaró ....................................................................................................

3

Gonzalo F o n s e c a ...............................................................................

3
3
4
4
4
5
5
5
6
6
6

J. Uruguay Alpuy ...............................................................................................................
J. Uruguay A l p u y .................................................................................................................
Elsa Andrada ....................................................................
Gonzalo Fonseca

.................................................................................................................

Augusto Torres ......................................................................................................................
Jonio Montiel ...................................................................................- ..................................
Francisco Matto V i l a r ó ......... ...........................................................................................
Horacio T o r r e s ......................................................................................................................
Jonio Montiel .......................................................................................................................
Augusto T o r r e s .....................................................................................................................

NUMERO ESP EC IA L • Ago. - Set. - Oct. 1946
T o d a s la s p in tu ra s que a p a re c e n re p ro d u cid a s en e ste núm ero e sp e cia l de R EM O V ED O R ,
se rá n

e x p u e sta s

en la g a le ría

de

P ie rre

Loeb

en la

Rué Seine de

P arís.

Se

envían

a cce d ie n d o a l pedido hecho por dicho m arch an d de a rte en su c a rta , que tam bién se
in se rta en e ste núm ero.

�T o r r e s - G a r c ía y el Arre M oderno
espíritu con que Torres-García enfrenta al arte

Podemos, un tanto arbitrariamente, dividir

no solo no es asimilable al espíritu contemporá­

de

neo sino que es antagónico a él.

conceptos y de procedimientos, de particulari­

en dos especies el género de los hombres ex­

El arte moderno tiene mucho de puro esteti

traordinarios:

los artistas

modernos?

dades susceptibles

Lina cantidad

de

de regocijarse con ellas.

cismo, de valoración estrictamente formal, pa

¿Qué le dió la tradición a Torres-García? Le

se da la segunda, es la de aquellos que per­

radójicamente unidas al ansia de dar el espec­

dió la esencia misma del espíritu, la concien­

siguen y obtienen cierto orden de cosas ajenas

táculo de la más concreta individualidad. Estos

cia de que hay una manera, de tratarse eon

al orden común y a esos vulgares sistemas de

caracteres cuando se exageran

lo eterno que se llama arte.

persecución como son el dinero, las Socieda­

significación artística, y es así que el neo-plas-

des Anónimas, las Academias, Jas técnicas, la

ticismo no

erudición y la propia inteligencia.

creación porque es casi una pura técnica, una

tad con el tiempo le ha enseñado un sinnú­
mero de útiles artimañas entre ellas el reeo-

La más común y primaria, y sin la cual no

•

¿Qué le dió la tradición a la gran mayoría

Torres-García es un hombre extraordinario.

dejan de tener

es arte, porque no es verdadera

El hombre es un animal que además de ha­
cer historia, sabe historia; y su vieja enemis­

A esta especie de seres extraordinarios la be

manera, un método dirigido a eliminar del ar­

llamado, paradójicamente, común, porque sus

te todo aquello que por definición no pertene­

írer minuciosamente los campos de batalla de

individuos, si bien extraños con relación al fa­

ce al arte y, como todo método eliminativo con­

sus múltiples derrotas: Esto complica mucho

moso hombre vulgar — extrañeza que se agu­

vertido en sistema, lo ha eliminado todo sin ob­

la comprensión de las cosas, pues si bien el

diza si comparamos, no ya los integrantes de

tener nada mas que la pulcritud de una casi na­

tiempo presente del hombre — el que él gus­

uno y otro orden, sino los objetos de uno y

da. El superrealismo, que se ha convertido en

ta y calcula como todo su presente— no varía,

otro mundo— son bastante comprensibles para

una especie de Academia de tenues y lógicos

es por el contrario, cada vez más intensa su

una mente culta y un espíritu profundo que

absurdos, ha introducido la fórmula de la ori­

memoria y mas minuciosas su sabiduría y uti­

puede asimilarlos, por ejemplo, a la peculiar

ginalidad y la oportunidad para que el Gran

lización del tiempo pasado: Y si desde un mul­

manera con que una época siente y piensa el

Bobo mezcle la estética con el psico-análisis e

to de vista, se puede juzgar el presente de un

universo. Desde este punto de vista, podemos

intente reconstruir, por el indicio de un cuadro

ser por el espíritu con que se sirve del pasa­

comprender al pintor Holbein, al músico Co-

o de un poema, todas las incidencias del com­

do con que ese «ser que es» convive con lo

relli y al poeta Ronsard dentro de sus respec­

bate entre el inconsciente y el super-yo. Los

que ha sido, veremos

tivos pueblos y tiempos.

que

poquísimos

artis­

mismos superrealistas confiesan que el arte na­

tas han tenido una tan clara y profunda vi­

Tenemos después la especie de los extraor­

da les importa, por lo tanto no nos importemos

sión del arte pretérito como Toires-García, vi­

dinarios en todo trance, aún en el trance de

nosotros de ellos y dejemos para los curiosos

sión que no es gustillo por alguna amable pe­

ser sometidos a análisis extraordinarios. A ella

de cuitas ajenas las confidencias de sus super
realidades.

to adulto con lo eterno, ambientación con el

pertenecen aquellos cuya historia verídica se

culiaridad o procedimiento delicado sino tra
clima de lo universal.

resiste a las historias, y frente a los cuales

No intento negar que el arte moderno es uno

nuestra imaginación elige, más gustosa y efi­

de los acontecimientos fundamentales de la his­

Antes de terminar con la fijación de estas

cazmente, el camino de la leyenda que el del

toria de la cultura sino señalar su falta de ver­

ideas, que por lo inconexas son — como po­

dadero espíritu creador, su frecuente superfi­

dría decir Platón—

cialidad, su desprecio por el saber, por el esca­

quiero dejar bien claro que en esta crítica,

análisis científico.
Mi razón, mi amor y mis ganas de ello, me
lian llevado a creer y a intentar demostrar que
Torres-García pertenece a esta segunda y má­
xima clase de hombres extraordinarios.
Lo frecuente es que se trate lo extraordina­

nada más que opiniones,

lamiento trabajoso hacia el objeto perseguido

absolutamente parcial, contra la modernidad,

y. en síntesis, su prejuicio de modernismo, su

no hay alusión a ésta o aquélla individuali­

r.o darse cuenta de que si la originalidad es bien

dad, sino a ciertos aspectos del espíritu mo­

rara, la rareza no es nada original.

derno y, en lo que se refiere al neo-plasticis-

rio con un método común, lo adecuado es que

Torres-García, es uno de los artistas más re­

mo y al superrealismo, no condeno a éste o

se trate lo extraordinario con un método ex­

presentativos del arte moderno, pero es tam­

aquél neo-plasticista o superrealista ni niego

traordinario;

lo extraordinario es que se lo

bién uno de los más formidables adversarios

su importancia — especialmente la del prime­

trate, a sabiendas, con un método en aparien­

del temperamento de la modernidad. Cuando

cias ordinario. Por eso yo voy a procurar se­

Torres-García pronuncia las palabras arte mo­

ro— como m o v im ien to s estéticos, sino que re­
chazo sus p o sicio n es teóricas.

ñalar, con simples indicaciones, lo valiosamen­

derno, hay otras palabras que se apresuran en

Hasta aquí solo he querido indicar que To­

te extraños que son algunos actos del hombre
Torres-García.

su lengua y que triunfan en ella. Palabras que

rres-García es un hombre extraordinario den­

atraviesan

tro del ambiente de la modernidad. Este es

El hombre Torres-García, hace pintura, hace
arte; su vida, por ende, es arrebatada por una
serie de hechos, que no pagan nada en moneda
material reluciente y beneficiosa.
Si por un momento pensamos concienzuda
y saludablemente, en la significación de una
vida que vive entre colores y formas en vez
de vivir entre cosas sólidas y útiles, entre soni­
dos que sólo saben sonar en vez de decirnos co­
sas provechosas, entre palabras arrancadas de
su función natural, entre personajes y no entre
personas, trabajando, en fin, para ideas que no
trabajan para nada tangible, llegamos a la con­

el

tiempo,

que

luchan

contra

el

tiempo sedientas de quemarse en llamas in­

un hecho en el que creo con todas mis fuer­

mortales. Arte moderno sí, pero arte eterno.
Arte de hoy sí, pero arte de siempre, o para

zas. Pero, este hecho me plantea un serio pro­
blema :

decirlo con palabras de Unamuno «N o moder­
nismo sino eternismo».

casi todas las épocas el poseer hombres extra­

Torres-García sabe muy bien que todas las

ordinarios, frente a los cuales toda norma es

¿Cuál es la raíz « t a l de que sea norma de

pinturas, todas las poesías, todas las músicas

inadecuada,

particulares, deben ser coeternos con el arte

una extraña realidad, escondida e inaccesible,

convencional

y

torpe?

¿Existe

mismo, por eso su pintura es tínica dentro la

que se goza introduciéndose en nuestra reali­

pintura contemporánea, siendo su soledad una

dad para desbaratarnos la cómoda ordenación

persecución constante

de la universalidad, y

del mundo? Y si es así, ¿qué travesura cós­

un constante mirar con los ojos del alma el

mica ha traído a Torres-García a esta tranqui­

mundo de las formas, el universo inventado
por la hombría del hombre.

la villa del mundo para endemoniarnos el al­

clusión de que no hay manera más absurda y

ma?

G U ID O CASTILLO.

ofensiva de agredir los fueros de la animalidad.
Pero esta clase de seres extraños están a su
manera entonados en el conjunto de una época —

historia, como un buen cuadro, se ha

ce por medio de tonos y no de colores— y el
arte de cada individuo es una inmersión más o
menos profunda, en el aire espiritual de cada
momento histórico.

E x p o s i c i o n e s del T a l l e r
Se realizó (Agosto) en la galería V IA U en

lón. El local del centro está situado en Plaza

gusto Torres, Julio

\ idiella 5616. Puede visitarse de 16 y 30 a
22 horas.

Uruguay

Alpuv,

Gonzalo

Fonseca y Horacio Torres.

1 así las obras de la mayoría de los artistas

Se anunciarán en breve dos Exposiciones en

modernos poseen características bastante comu­

Acaba de clausurarse (Setiembre) en Amigos

nes que constituyen lo que llamamos arte mo­
derno.

del Arte, la exposición Augusto Torres-Alceo
Ribeiro.

son esenciales y : lo que es más importante el

gran escala, del Taller Torres-García.
Una de los integrantes del grupo, en un lo­
cal a indicarse, que agrupará pintura y arte

La pintura de Torres-García posee mucha; de
esas características pero muv pocas de ellas le

Cultural y Biblioteca Popular Artigas de Co­

Buenos Aires, una exposición de obras de A u ­

constructivo.
Actualmente puede visitarse Ja 34? Exposi­
ción del Taller Torres-García

en

el

Centro

Otra, retrospectiva del maestro Torres, que
abarcará todas las épocas de su actividad.

i

�al pintor verdadero. Finalmente, hay los snobs.
Y

de éstos podría decirse

! ya que a pintor

snob, corresponde un público semejante)

que

centre bobos anda el juego’. Y entre ellos to­
do es engaño y simulación. Y' todos hablan de
arte. ¿Cómo entenderse en esta Babel? Pero
entre el público, por suerte, ya hay quien ve
claro.
Es, pues (y eso en todos los terrenos), cues­
tión primordial, estar en lo a bstra cto. Y si se
mira a la pintura, será: ser o n o ser p in tor.
Tal concepto, sobre el que nos hemos exten­
dido tanto, por ser fundamental, quizás a v e ­
ces, es co m p ren d id o en la letra ; pero, ¿cuántos lo habrán asimilado en su verd a d real, y
entonces haciéndoselo suyo? Y esto nada quie­
re decir, con respecto a ser más o menos inte­
ligente; pues lo que hay es que, sin una ela b o­
ra ción in tern a , que, paulatina y calladamente
debe verificarse, no es posible llegar a tal com­
prensión. Pero, afórrense todos a esta idea: q u e
la p in tu ra p ico ta

toda ella en

los elem en to s

a bstra ctos y no en la imitación; que, con la
observación de un lado, con la práctica de otro,
por fin, con el estudio de las obras de los
maestros, sin duda llegarán a la deseada com­
prensión y claridad. Y

dejen de lado a los

que aún n o v e n ; dejen que vivan de sus ilu­
siones; no quieran sacarles del engaño en que
están, pues son gente incurable, y lo son por
su mucha petulancia. Además, muchos de esos
ciegos han ejercido la crítica más de una vez,
o han presidido jurados, o han sido premiados
en concursos, ¿y ahora podrán pensar que to­
do aquello fué pura falsedad?) Además, todo
aquello es a su ta m a ñ o; y, la pintura, la divi­
H O R A C IO TO RR ES

na pintura, jam ás sus o jo s la verán, y aunque
la tengan a un palmo de sus narices.

NUESTRO PROBLEMA
DE ARTE EN AMERICA
LECCION VI DEL CICLO DE CONFERENCIAS DICTADO EN LA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE MONTEVIDEO

por J O A Q U I N

Toda esa familia constituye un reino, que
no es el nuestro; se premian, se alaban, se fe­
licitan, se admiran. Son gente toda de peso.
No vayamos nunca a esa ciudad, vivamos en
nuestra modesta aldea.
Fijado ese concepto de a bstra cción , que nun­
ca se sentirá y sabrá bastante, recordemos otro,
tan básico y fundamental como ese; o sea el
de la separación de la pintura de caballete (en
nuestro éaso la pintura pura)
la gran decoración mural

del otro arte,

(y en este caso el

a rte con stru ctiv o, por ser la teoría más avan­

TORRES - G ARCI A

zada en tal pintura y más de acuerdo con el

zaron llegar nunca los pintores mediocres. De

tiempo presente), cosas todas que estudiamos

Puede, un pintor, suscitar la vida en una tela

ahí que piensen que toda pintura n o

en las lecciones precedentes. Me parece, pues,

o en una pared, lite r a r ia m e n te : es el lugar c o ­

así c o m o la d e e llo s

Todo tiende a la vida; también la pintura.

h ech a

(vulgar y literaria), sea

que no debemos volver sobre todo ello. En

m ún d e la p in tu r a ; y es el punto de arribo, ha­

ex tra va g a n te. Pero ya lo dijo el filósofo: «N a­

cambio, algo tanto o más importante que eso,

biéndolo sido de partida, de la innumerable

die puede ver por encima de sí mismo».

tratam os en la última lección: me refiero al
arte de América.

familia de pintores de todos los tiempos.
Pues bien, el avance moderno, consistió, an­

Tal c o n c e p to im ita tiv o de la pintura, es el
concepto g en era l del público. Por esto, le otor­

te todo, en salir de ese estado primario, des­

gará todos sus sufragios. Porque el público,

criptivo e

en cualquier terreno, tie n e

Quedó eso sólo esbozado. Ahora vamos a
ampliarlo y profundizarlo.

h o r r o r a lo abs­

Me referiré, para hallar fundamento, a co­

para elevarse a lo a b stra cto. Y ustedes ya sa­

tra cto. De ahí, que cuanto más se eleve un ar­

sas en sí vulgares, pero que tienen significa­

ben lo que yo entiendo por tal.

tista

ción y que van a servirme para desarrollar mi

imitativo — llamémosle

literario—

Pues bien: la vid a sim ulada en la pintura

(siempre en el sentido

de ir hacia lo

a b s tr a c to ) , menos público tendrá.

tesis.

A veces he oído quejarse a buenos artistas,

En los tiempos en que el mundo estaba en

de un

diciendo que el público n o se in teresa p o r e l

paz, antes de 1900, es decir, antes de las dos

campo o del mar. de una figura o de una es­

arte. Aquí hay un mal entendido: no se in­

grandes catástrofes que luego lo han sacudido

cena, es r e f l e jo d e vida, que es m u erte. Por­

teresa, si el arte que se le da no es litera rio

— todo— , todo con respecto a lo de ahora, se

que la única vida posible en una obra plásti­

d e s c r ip tiv o ;

es decir, si es un arte que pre­

hacía p rim itiv a m en te; es decir, que había una

ca, es la que se suscita por los e le m e n to s abs­

tenda desplazarlo de la realidad en que está;

m ora l p rim itiva

tractos, los cuales por su in trín seca v irtu d p r o ­

porque él quiere que la vida que vive, se pro­

o honradez);

pia, entran en ju ego; y, tal juego (que es vida

longue en la m ism a fo rm a , desde el marco del

(quiere decir d e verd a d y no de m entira), y

efectiva), es el que crea la m u sicalidad d e la

cuadro para adentro; o bien que despierte en

así hasta la política; y como los demás, oficios

o b ra (la arm onía), y, al mismo tiempo, la lu z

él sentimientos y emociones, c o m o las q u e e x ­

y pequeñas industrias domésticas, y también la

p ro p ia d e l cu a d ro, que ya no es la luz simu­

p erim en ta en co n ta c to co n sus sem eja n tes. Pe­

gran

entonces, lo rep resen ta d o , por

ro, cierta gente que se pica d e te n e r cu ltu ra,

Alemania, que, ya entonces, podríamos decir

virtud de esos elementos, que lian creado esa

quiere otro juego: in telectu a lism o , p oesía . Y

que falsificaba

se deleita con cualquier invención, producto de

industria q u e apuntaba.

corriente, la apariencia de luces y sombras, de
profundidad,

lada en él. Y

así

como

la

apariencia

música en la obra, adquieren una singular vi­

(quiere decir más honestidad

más, todo como debía hacerse

industria,

excepción

hecha,

sus productos:

era

quizás,

de

la fu tu ra

tenido en una obra

una teoría ingenua o de una seudo creación

Pues bien; debido a eso ,el vino, el pan, las

imitativa. Pero, está claro, ya éste, es un con­

poética, que suele ser una vulgaridad imagi­

telas, el papel, el chocolate o el queso, eran

cepto superior de la pintura al que no alcan­

nativa. Y así, unos y otros, miran con desdén

p ro d u cio s naturales. Sabían a lo que eran; se

da que jamás hubieran

2

i

�estaba en una verdad. Y así supe yo. &gt; ahora
me felicito, lo que era todo aquello \ que ya
no es más.
La "ente venida aquí de sus pueblos, aún lo
recuerda, lo comenta y añora la patria. Y di­
ce: ¡qu é aceite, qué vino, qué jam ón ! Y com ­
parado con lo que aquí tenemos, dice no va­
ler nada.
Esto obedece a muchas causas: pero, indu­
dablemente. lo d o (iq u e llo a q u í tra sp la n ta d o, \ a
no es ni sombra de lo que era allí. Y al decira q u í, cjuiero decir en tod a A m é r ic a .
Recuerdo que en Nueva York. por todas par­
tes se podían comprar m anzanas gig a n tes d e
pero, todo era apariencia:

C a lifo r n ia :

bor ni olor tenían.

En

cambio,

en

ni sa­
España,

manzanas basta chiquitas y sin apariencia, te­
nían un sabor exquisito; y tal era su perfume,
(¡lie basta las amas de casa las ponían en el
i opero, para perfumar la ropa.

(Y

perdonen

si entro en detalles tales).
Pues b ien : cuando se oye h a b la r a qu í, e n tr e
n o so tro s, a un español, y sea andaluz o caste­
llan o; o a un italiano, sea piamontés o napo­
litano, puede notarse como pa la d ea y p r o n u n ­
cia las p a la bra s, como las gu sta, podría decirse.
Que es lo mismo que encontráramos, al beber
un buen vaso de vino natural, o al abrir un
melón valenciano; todo era g e n u in o y no im­
portado.

Y

del

mismo

modo, un neoyorkino

oirá a un inglés. Confieso que me avergüenza
tratar, en esta cátedra, de semejantes cosas;
pero hay que hacerlo).
Ahora

b ien:

¿hay

algo, en

que no baya sido im p o r ta d o ?

toda América,
Muy pocas co­

sas. Y los h o m b r e s ta m b ié n . T r a s p la n te : todo
aquí es eso. Y no vale ya el origen de cada
uno. sea francés, italiano, ruso, español, inglés,
etc.; a la p rim era g en e r a c ió n ya es otra cosa .
Y.

¿es genuino de aquí, entonce. N o :

io ge­

nuino es el in d io . Y esto, en toda América es
lo mismo.
Pues bien: no siendo, el descendiente de los
países d e l I i e j o

M undo, un europeo: ni sien­

do, tampoco, por otro lado, de la raza autóc­
tona. ¿qué es? Es un c r io l lo ;

que puede ser

latino, anglo sajón, asiático o africano. Somos
el b r o n c e , como se nos lia definido: es decir,
un m eta l d e a le a c ió n . I na mezcla de todas las
razas. Somos, pues, b io ló g ic a m e n te in te r n a c io ­
n a les. Por esto, cuando estábamos en

Nueva

Y ork. se me ocurrió y escribí, que aquello era
un barco

internacional,

con

bandera

G O N Z A L O FONSECA

ameri­

cana. Y nosotros seríamos lo mismo, con ban­
dera uruguaya. Sobre lo genuino de América,
sobre lo autóctono, se lia formado una civili­
zación « siií g é n e r is » , que es la nuestra, la d e
esta n u ev a raza c rio lla . Y en todo se ve que
somos esa fu sió n d e razas, despegados de añe­
jas tradiciones, con más amplitud de criterio.
&gt; ya. ahora, con c o s tu m b r e s p ro p ia s bien de­
finidas. S om os los in te m a c io n a lis ta s p o r a n to ­
n om asia.
No tenemos, ¡mes. el lastre de antiguas tra­
diciones ni de costumbres: y si cualquier pue­
blo americano se lia forjado una pequeña tra­
dición. esa.

sin

e n v e je c e r ,

desapareciendo. L o
s o en

el m undo

que

ya vemos que va

c o n s titu y e e l p r o g r e ­

va b a r r ie n d o co n

to d o e s o :

' pese a n ativistas y fo lk lo r is ta s . Y eso en to­
do orden de cosas.
Viene

lo

internacional,

y

decimos

«¡b ie n

i enid o !» Es que estamos en ese espíritu. Por
naturaleza cornos p rog resista s y no rutinarios.
Tero, hay en esto una fa lla , y vamos a verlo.
Algo que se nutre con las esencias de la tie­
rra. n os fa lta . Pusimos lo im p o r ta d o

encima

de la tierra, como encima de un pavimento de
horm igón; y

al

hombre

también.

Nos

falta

la raíz. Después, por eso. faltará el sabor. Qui-

J. I RUGI YY ALPi Y

3

�m

f

zás con siglos se consiga. Tenemos que confe­
sar que. en cuanto a verdadera substancia es­
tamos en

la famosa manzana

de

California.

Estamos en lo aparencial, en la costra. ¿Podrá
por eso. tener substancia el arte? No la tiene
aún nada. Será

inútil

buscarlo

en

cualquier

orden de cosas. ¿Entonces]
La solución del problema, a mi entender,
está en partir tic lo q u e som os, v no en emular
lo que se hizo y se hace en los pueblos del
A iejo Mundo. ¿Somos por esencia intemacio­
nalistas? Pues, hagamos eso. Quizás, Walt \\ itman, fue el primero en adoptar tal actitud; e
hizo bien. A o. por el momento, no veo mejor
ejemplo.
¿Qué debemos hacer frente al arte de Euro­
pa? No imitarlo; no quererlo copiar, pero, en
cambio, estu d ia rlo. ¿Y

para (pié?

Seamos ahora bien concretos. No digamos,
el a rte m o d ern o de Europa, por ejem plo; di­
gamos tal o cual pintor o pintura; tal o cual
movimiento. Estudiemos a los maestros impre­
sionistas;

lleguemos a la esencia de su arte.

Hagamos lo mismo con los cubistas. Pero o lv i­
d em os sus ¡tinturas. Es decir: al revés de lo
i . U R U G U A Y ALPUY

que se ha hecho: que ha sido imitar la obra
sin comprender su esencia y su estructura. Y
en posesión de la teoría, trabajemos, en todo
caso, frente a lo real.

Porque,

hasta ahora,

sólo se han hecho manzanas de California, y
aún no muy lozanas.
Podrá hacerse eso que digo: estudiar lo que
propiamente sea arte, o fic io , la teoría . Porque,
así como en todas las épocas se han estudia­
do otros artistas más antiguos, con el fin de
saber cosas d e a rte, cosas d el o fic io , procedi­
mientos y hasta trucos, ahora también debe­
mos y podemos hacerlo, pero entonces, para
hacer otra
cu estión .

cosa.

Y a qu í está e l n u d o d e

la

Sea el que fuere, ningún arte, si n o v ien e
d eterm in a d o

p o r su

base, no será jamás un

arte fuerte; pues esa base, lo ha de determi­
nar. Y

bien:

nosotros, p rogresistas,

in tem a cion a lista s,

¿qué

debemos

nosotros

hacer?

La

respuesta está dada: to d o lo d e l m u n do, q u e
venga en tal sen tid o. ¡L o n u e v o !

A entonces,

con las reglas (pie habremos aprendido, con—
truvamos, configuremos una obra también nue­
va; nueva c o m o to d o lo n u ev o q u e llega has­
ta n osotros.
Y ahora, invito a que cada cual piense, si
ELSA A A D R A D A

es pintor, en la obra que haya hecho, y vea
si consuena

con

eso

nuevo, sin

acabo de señalar. Y verá

patria, que

(y de esto no hay

duda), cuánto plagio (voluntario o n o ), cuán­
ta cosa vieja; y. en cambio, ¡qué pocas obras
n uevas, limpias de imitación y de vejez! Po­
cas, pero, por suerte, ¡y a las h a y !
Han

creído

muchos, locura

lo

del

«Saint

B ois»; y no han visto que allí está, a no dudar,
e l p u n to d e partida. Las reglas constructivas,
los colores fuertes, la sonoridad y el espíritu
de hoy. Y o. desde aquí, felicito a los jóvenes
que siguieron mis consejos, y también a los
(pie permitieron tal realización, y a los ami­
gos que nos sostuvieron y animaron.
Pero si no tenemos que hacer el arte mi­
rando a Europa

I puesto que no somos euro­

p eos), tampoco debemos

hacer el arte indí­

gena l puesto que no somos indios) ; pero, en
cambio, como el otro arte, el de Europa, estu ­
d ia rlo. Lo que en él aprendamos, aún puede
llevarnos más lejos que el arte moderno: pue­
de llevarnos al a rte u n iv ersa l; pero entonces,
con colores de hoy, sabor y vida de hoy, pe­
ro va en lo cósm ico. Tomando de su sabia y
profunda teogonia: Sol, Tierra, Hombre. Y con
ese espíritu fué hecho el Monumento del Par­
G O N Z A L O FONSECA

4

que Rodó.

�zás con siglos se consiga. Tenemos que confe­
sar que. en cuanto a verdadera substancia es­
tamos en

la famosa

manzana

de California.

Estamos en lo aparencial, en la costra. ¿Podrá
por eso. tener substancia el arte? No la tiene
aún nada. Será

inútil

buscarlo

en

cualquier

orden de cosas. ¿Entonces]
La solución del problema, a mi entender,
está en partir d e lo q u e som os, y no en emular
lo que se hizo \ se hace en los pueblos del
\ iejo Mundo. ¿Somos por esencia intemacio­
nalistas? Pue:. hagamos eso. Quizás, Walt \\ itman, fue el primero en adoptar tal actitud; e
hizo bien. ^ o. por el momento, no veo mejor
ejemplo.
¿Qué debemos hacer frente al arte de Euro­
pa? No imitarlo: no quererlo copiar, pero, en
cambio, estu d ia rlo. ¿^

para qué?

Seamos ahora bien concretos.

No

digamos,

el a rte m o d ern o de Europa, por ejem plo; di­
gamos tal o cual pintor o pintura; tal o cual
movimiento. Estudiemos a los maestros impre­
sionistas; lleguemos a la esencia de su arte.
Hagamos lo mismo con los cubistas. Pero o lv i­
d em os sus ¡unturas. Es decir: al revés de lo
J. U R U G U A Y ALPUY

que se lia hecho: que ha sido imitar la obra
sin comprender su esencia y su estructura. Y
en posesión de la teoría, trabajemos, en todo
caso, frente a lo real. Porque,

hasta ahora,

sólo se han hecho manzanas de California, y
aún no muy lozanas.
Podrá hacerse eso que digo: estudiar lo que
propiamente sea arte, o fic io , la teoría . Porque,
así como en todas las épocas se han estudia­
do otros artistas más antiguos, con el fin de
saber cosas d e arte, cosas d el o fic io , procedi­
mientos y hasta trucos, ahora también debemos y podemos hacerlo, pero entonces, para
hacer otra
cu estión .

cosa.

Y a qu í está e l n u d o d e

la

Sea el que fuere, ningún arte, si n o vien e
d eterm in a d o p o r su

base, no será jamás un

arte fuerte; pues esa base, lo ha de determi­
nar.

Y

bien:

nosotros, p rogresistas,

in tem a cion a lista s,

¿qué

debemos

nosotros

hacer?

La

respuesta está dada: to d o lo d el m undo, t/ue
venga en tal sen tid o. ¡L o n u e v o ! Y entonces,
con las reglas que habremos aprendido, cons­
truyamos, configuremos una obra también nue­
va; nueva co m o to d o lo n u ev o q u e llega has­
ta n osotros.
ELSA

\AD RAD A

N ahora, invito a que cada cual piense, si
es pintor, en la obra que haya hecho, y vea
si consuena

con

eso

nuevo, sin

patria, que

acabo de señalar. Y verá (y de esto no hay
duda), cuánto plagio (voluntario o n o ), cuán­
ta cosa vieja; y. en cambio, ¡qué pocas obras
n uevas, limpias de imitación y de vejez! Po­
cas, pero, por suerte, ¡y a las h a y!
Han

creído muchos, locura

lo

del

«Saint

B ois»; y no han visto que allí está, a no dudar,
e l p u n to d e partida. Las reglas constructivas,
los colores fuertes, la sonoridad y el espíritu
de hoy. ^ o. desde aquí, felicito a los jóvenes
que siguieron mis consejos, y también a los
que permitieron tal realización, y a los ami­
gos que nos sostuvieron y animaron.
Pero si no tenemos que hacer el arte mi­
rando a Europa

Ipuesto que no somos euro­

peos), tampoco debemos

hacer el arte indí­

gena (puesto que no somos indios) ; pero, en
cambio, como el otro arte, el de Europa, estu ­
d iarlo. Lo que en él aprendamos, aún puede
llevarnos más lejos que el arte moderno: pue­
de llevarnos al a rte u n iversa l; pero entonces,
con colores de hoy, sabor y vida de hoy, pe­
ro ya en lo cósm ico. Tomando de su sabia y
profunda teogonia: Sol, Tierra, Hombre. Y con
ese espíritu fue hecho el Monumento del Par­
G O N Z A L O FO ASECA

4

que Rodó.

�Se tendió a una gran simplicidad: se eliminó
el adorno: se bajó el tono de los colores, sus­
tituyéndolos casi por el gris y el negro. Y la
arquitectura \ la pintura mural, quedó triste,
\ en general toda decoración. En tal sentido,
hay que guardarse de la influencia nórdica.
Moderno, sí. pero no modernista. Moderno,
pero no con la rigidez de lo mecánico ni la
desafinación en el color.
v ie n e d e la falta

Porque

d e sen tim ien to

la frialdad
o

em o ció n .

Ao es posible hacer arte sólo pensando v com­
binando: es decir, de una manera racion alista.
tal arte nórdico, fue eso. Y ahora, el a rte

}

q u e se inspirará, si se q u ie r e , en lo m ecá n ico,
no deberá ser dominado

por eso en ningún

momento. T odo lo nuevo que se habrá creado
en el mundo, deberá ser sólo la materia pri­
ma del artista, pues él tiene que hacer música,
vida, color: un n u ev o p la sticism o m od ern o, in é­
d ito. Nueva perspectiva estética: crea ció n . En
sin cron ism o con e l m u n d o d e h o y .
Hasta ahora, los muertos nos lian mandado.
Los maestros clásicos lian inferiorizado a las
H O R A C IO TO RR ES

obras nuevas. Eso no puede ser. Debe ser lo
contrario.

I na obra

nueva debe hacer enve­

jecer a la vieja, pues lo es. ¿N o ocurre así
ton todo?

Si una obra nueva no se impone

ante la vieja, es sencillamente porque no es
una obra buena. Hagámosla buena, y se sos­
tendrá.
Lo que ahora habría que pedir, es esto: que
podamos decir de una obra: «esto es n u e v o ».
Pero entonces, n u ev o d e verd ad, y no apoyán­
dose en algún primitivo, de hoy o de muchos
siglos atrás; en el arte oceánico o negro, en
el incaico o en el Renacimiento; o en Rafael,
para hacer un nuevo clasicismo. Es decir, cual­
quier

cosa

remozada,

modernizada,

plagiada

hábilmente, queriendo hacerla pasar por obra
original. Pero, n u estro origin a l lia de ser. no
un leve cambio o ligero correrse a la derecha
o a la izquierda, sino a gran distancia de todo,
por ser n u ev o.
Por nuestra parte, yo creo que liemos he­
cho mucho en tal sentido: y para eso, mis es­
tudios en Europa, me lian servido ahora. Voy
a decir cómo.
V i aparecer y extinguirse las principales es­
cuelas y tendencias sin em b a rca rm e en n in g u ­
na d e ellas. En cambio, estudié lo esencial: sus
teoría s.
Llegando a lo que más me interesó, e l cu ­
b ism o y e l n e o p la sticism o, hice lo mismo. Mi
afán de siempre por llegar a una estructura
universal, hizo fijarme en el cubismo, pero le
huí. Me bastó saber que era un arte estructu­
rado; que era un arte abstracto; y seguí en
mis rebuscas, que se confirmaron en aquello.
Lo mismo pasó con el neoplasticismo: de la
estéril teoría de Mondrian. que era el fin del
arte y de la pintura, saqué confirmación para
mi obstinado sentido ortogonal y nueva luz en
los tonos enteros.
V i en el cubismo un arte fragmentado, in­
completo. con resabios naturalistas y anecdó­
ticos, y no era aquello el arte nuevo. V i en
los holandeses, una gran pureza, pero por ser
por eliminación de todo, no era ninguna so­
lución. Quiero decir que, estudiando toda esa
gran

evolución

moderna, podía

yo

no

sólo

afirmar lo que bullía también en mí, por ser
y o d e a q u el m o m en to , sino enseñanza en mu­
chos hallazgos de tantos creadores modernos.
^ . a pesar de eso, aún no veía lo n u ev o que
creí que yo debía buscar, como otro cualquie­
ra, porque aún n o se había en co n tra d o .
qué

sentía eso?

arte, con

Porque

confrontando

¿por
aquel

to d o lo q u e d e n u ev o surgía en

la

vida, lo veía anacrónico; no estaba al día; poAU GUSTO TORRES

6

( S igu e en la Pág. 7 ).

�Carta de Pierre Loeb de París
Transí r•ib im os esta carta d e l rnarchand
d el e¡&gt;iteto, P ie r r e L o eb , q u e tie n e una d e

cliacun des artistes qui sont representes dans

A com p a ñ a una carta d e Al. G uthm ann

Envíeme al menos un cuadro de cada uno de

m en te en Francia, q u e p r e c e d ió a aquella

Mi querido Torres García.

en su llegada y

Muclias gracias por el hermoso libro que la

m o v im ien to constructivista.

Srta. Guthmann me ha

l'eau ]¡vre qui m'a remis de votre part Mlle.

¡os artistas que figuran en el libro «Nueva es­

entregado

de

parte

mis felicitaciones por la admirable pre­

sentación de esta obra, que está a la altura de

Et tous mes compliments pour l’admirahle
presentation de cet ouvrage qui est á l’hauteur de ce qu’il contient.

lia sabido agrupar a su alrededor una selección
de artistas con los cuales se honraría más de
un gran país, y en esto que digo, no tiene nada

Vous avez fait un effort merveilleux et su
dont s’honererait plus d un grand pays, ceci

Si le fuera

Querido maestro: be visto a Pierre Uoeb esta
tarde y le di el libro. *

posible

hay nada en Francia como eso, que la pintura
mural en la mejor que ha visto. Sin compara­
ción con los mejicanos, e t c .. .

Que es pintura

mural, niuralísima.........
Hasta pronto, maestro, muy aífma.

que ver la horrible palabra «nacionalismo».

grouper prés de vous une seleetion d7art»stes

Muy afectuosamente: Pierre.

El está encantado con aquello. Dice que no

lo que contiene.
Usted ha hecho un maravilloso esfuerzo y

Gutlimann.

cuela de Arte del U ruguav».

suya.
\

Mon cher Torres García, Merci pour votre

definitiva

Fonseca.

in teg ra n te d el T a ller T orres-G arcía actual­

otras im p resion es d e P ie r r e L o e b so b r e el

opinión

ted, lo que más me atrae es lo de A lpuy y

P ie r r e .

q u e p o n e d e m a n ifiesto

formarse una

ginales. De todos modos después de lo de us­

Bien Affe ctuesement.

las galerías más vanguardistas d e París.

Es difícil

por las fotografías, no habiendo visto los ori­

&gt; Nueva Escuela de Arte del L ruguav».

M o n e tte G u thm an n .

mandarme un rollo de

unas quince telas y bordados, yo podría expo­

* El libro «Nueva Escuela de Arte del Uru­
guay» recientemente editado en Montevideo.

nerlos.

dit sans que cet horrible mol «nationalisme»
n ait affaire dans cette question.
Si cela était

possible,

faites - moi

parvenir

un rouleau d'une quinzaine de toiles et «bor­
dados» que je pourrait exposer.

EDGARDO

RIBEIRO

Un articulista de «El País» bajo el título de

haberse enterado que ese pintor, Edgardo R i­

II est difficile de se faire une opinión defi-

«Ancap motivo de artísticas disputas», dando

beiro, es suficientemente conocido y reconoci­

nitive d'aprés des photos surtout quand on n’a

rienda suelta a su frivolidad y mezclando al

do, a tal punto de habérsele otorgado un se­

jamais vu les originaux. Pourtant, aprés vous,

arte cosas que le son absolutamente ajenas, pre­

gundo premio de Pintura del Salón Nacional,

ce sont Alpuy et Fonseca qui m’attirent le plus.

tende golpear con el menosprecio y desconocer

y un Gran Premio Anual de Amigos del Arte,

al pintor Edgardo Ribeiro, con motivo de una

así como otros de menor nombradía, pero igual­

decoración mural que dicho pintor realizara

mente importantes. A la vez que desde su car­

en una estación Ancap de Punta del Este.

go de Profesor de Dibujo de Enseñanza Secun­

Mais envoyez-moi au moins

un

íableau

de

Sepa el articulista de «E l País», que tan bien

(V ie n e d e la Pág. 6 ).

se arrellana en el anónimo, que ese «mucha­

día haber un arte más joven, tenía que encon­
trarse. Y debía encontrarse, además, en lo uni­
versal.

cho» como lo llama,

ese

«Quien no conocemos»

«joven

(v.g.)

pintor»,

es

un

a

pintor,

que ya ha quemado muchas etapas de su evo­
lución y está, como artista, muy por encima

Tal pretensión de querer encontrar eso, te ­
nía q u e ser así; hoy lo veo claro. T en ía q u e ser,
por uno de esos individuos «su i-gén eris» del
nuevo mundo: e l in tem a cion a lista de que ha­
blé; único hoy, que podía pensar en un arte

de muchos que el articulista puede conocer.
Y sepa también que si no tomase la activi­
dad estética en lo que le queda bien, con tan­
ta tontería, escudándose en no ser entendido

daria y así fuera de él, realiza una labor pe­
dagógica

ya

siderable de jóvenes artistas a los cuales orien­
ta de la manera como fué orientado.
Así también, entérese que para sus peque­
ños comadreos y escaso entender, hay campos,
que no son del dominio estético, en donde po­
dría ejercitar su tontería, sin riesgo de hacer
el ridículo, ni fastidiar a los que están dema­
siado lejos de su pequeñez.

(aunque habla de una «obra neoclásica, indu­
SARANDY CABRERA.

dablemente hermosa» de P en a), tendría a bien

( S igue en la Pág. 8 ).

de especiales relieves, habiendo

conseguido agrupar en su torno un grupo con­

DE LOS MURALES NORTEAMERICANOS
Fuera de aquellas personas que, por razones
personales (y entre ellas

más

de

un

crítico

de arte) tuvieron frases de elogio para dichas
pinturas, la condenación, por parte del públi­
co en general y en particular por los que tie
ten criterio formado con respecto al arte mu­
ral y la buena pintura, ha sido unánime. Y
es que, no sólo por faltar a las reglas más ele­
mentales del arte decorativo mural, sino ade­
más por ser en sí malas pinturas, dichas obras
¡bocetos — según reza en el catálogo— si bien
algo grandes para serlo)

no tienen levante.

Por esto hay que felicitar a nuestro público
que no se dejó engañar.

está hecho con conocimiento y verdadera sen­

cho maridaje con él, por tal razón ha de ser

sibilidad de artista.

planista; 39 no debe de olvidar la época en

Ahora, por ejemplo, se habrá puesto bien
de manifiesto, que no puede llevarse al muro
cualquier pintura, como lo venimos diciendo y
demostrando

hace

bastantes

años.

Dije

ade

más, en mas de una ocasión, que nuestros ar­
tistas no estaban suficientemente
para realizar la pintura

mural

preparados
(excepto los

que yo formé dentro del Constructivismo)

y

que, de no tener en cuenta esto, se correría el
riesgo de dotar a nuestros edificios públicos,
de obras manifiestamente equivocadas bajo el
punto de vista del arte mural. Que es lo que

Los organizadores de algunas de las gran­

nos demuestra, que ya ha ocurrido en los Es­

des exposiciones que han venido sucediéndose,

tados Unidos, la Exposición que comentamos.

han sido poco afortunados en la elección de

E l pintor mural no debe de olvidar siete co­

los expositores, queriendo imponer a toda eos-,

sas indispensables a su arte: 1 " que la pintu­

ta, lo que el público en general tiene que re*

ra mural ha de ser, en cierto modo una ar­

chazar, por

quitectura ligada a la arquitectura propiamen

mejor

ilustrado.

Pero

nada

se

pierde con ello, ya que así se afirma lo que

te dicha; 29 evidenciando al muro, en estre­

que vivimos, y por esto, ir a lo concreto de
los materiales y de los colores y formas, por
íesponder esto a la mentalidad del hombre de
hoy, francamente realista; 4 9 aliado de lo me­
cánico y de cuanto significa progreso; 5 9 de­
jar lo analítico descriptivo para ir a la sínte­
sis; 69 llevar lo particular al plano de lo uni\ersal; 79 no olvidar, por fin, que el gran pa­
so del arte moderno, ha consistido en pasar de
lo real a lo abstracto.
No pretendemos que sirva para nada esto
que ahora decimos, que es solo para dar cons­
tancia.
Quede la responsabilidad de lo que se hará
y se está haciendo, para quienes hayan interc enido en tales cuestiones, que otro día, con
mas tiempo y la documentación necesaria, se­
ñalaremos, para ilustración del público.
J. T O R R E S - G A R C IA

7

J

�ORIGINALIDA
Si en muchas ocasiones se ha pretendido ca­

%

I \ 1I

V rm
aew

a ser únicamente invencionista, carga su apa

T a Madi, en definitiva eso le asfixia y lo

racterizar al arte moderno señalando sus acen

riencia en lo geométrico aunque generalmente

que reclama es la pura libertad en la pura

tos más particulares, y si en esa larca se lia

lo baga sin función plástica visible, y sin el

invención arremetiendo contra la función or

llegado a conclusiones en muchas ocasiones di­

control ile la medida armónica. D-‘ esta ma­

togonal que es la esencia del plano, y colocán­

ferentes en lo que dice relación con la impor­

nera se pierde a menudo en lo decorativo fá­

dose en el plano inclinado de la ausencia de

tancia de este nuevo arte;

cil, menospreciando toda dificultad, sin aten

control hacia una nada que equivale a la nada

un tópico, en el que se ha estado casi unáni­

der que justamente aquello

que le da origen.

memente de acuerdo.
De tal manera ha llegado

condicionan a la plástica significando por ello

Esa asfixia que experimenta Madí frente al

la oposición y por consecuencia el motor del

marco normal, es un claro síntoma de angus­

artista.

tia, de limitación, de falta de acomodo con

hay sin embargo

a determinarse

que uno de los padecimientos medulares del
arte que hoy se practica, y que justamente ha
influido hasta subvertir en muchas oportuni­
dades los valores mismos
expresión
ra)

adoptadas,

de las formas

(música,

de

poesía, pintu­

ha sido la desesperada busca de la origi­

nalidad.

En

demasiado

ocasiones,

el

artista

moderno ha subordinado todos los problemas
de su oficio, así como las reales dificultades
del mismo, a la intención de crear la «cosa
distinta» por la mera razón de que lo fuera,
sin atender si en verdad, había una razón de
fondo o de peso, para ello.
Esta búsqueda de lo original que en cierta
manera es sana y depurativa, no debe contun­

(orden, m edida),

La pintura Madí, apariencia de una posición
universal Madí. invade también
artes:

poesía, danza, etc. Y

a

las

en pintura, pr¡;

lende, teóricamente la paternidad
cosa

sin tener

un

derecho

otras

muy

de mucha
claro

para

ello. Así, negando su origen, se vincula ínti­
mamente por esa poligonización o reducción a
formas simples de

que

se hablaba

anterior­

mente, con el Constructivismo ruso, indudable­
mente escalón menor de neoplasticismo, que
los Madí se proponen superar.
Y pretenden «Fundar un arte frío dinámico,
de espíritu matemático, cerebral, etc.». Sin te­

la realidad, con el rectángulo tipo; esa asfixia
que siente es secuela de un romanticismo eme
se actualiza y que revienta, si no por el sur­
realismo, por esta forma que repito, se etn
parenta con él.
De manera que aún cuando los Madi pien­
san estar en contra de lo romántico, en lic i­
ta manera, están en aquello, por acusar cier­
tos caracteres que le son esenciales.
Y eso sería justamente lo que los aparta de
un arte plástico universal, regido por esc con­
cepto y el de la medida, la reducción a los
colores primarios

y la estructura

funciona!-

mente plástica.

dirse con la actitud conflictual del artista que

ner en cuenta que además de no corresponder

por necesidades viscerales se siente fatalmente

eso

Piet Mondvian

ga con atraso. Su conmoción ha sido realiza­

empujado hacia sus acentos personales, nece

hombre de quien me dijo Torres García — que

da y la simiente de la desintegración, que pro­

sidades que son su propio eje de vida.

bahía cultivado con él. una especial am istad--

viene de la Escuela de París, así como de Ale­

Esta búsqueda de lo original por lo original,

se hizo con un molde único, ya io intentó, lle­

actitud previa, es sin duda alguna, el primer

gando al callejón sin salida al que llegó, y

mania y Rusia, ha dado su significante ejem­
plo.

elemento que debe desaparecer del acto pre­

al

espíritu

de

la época.

que si pudo satisfacerlo, a estar por su aparen­
te insistencia de veinte años, se debió a su es-

vio a la creación.
Y si bien el artista no es arrastrado como
un ente inerte por el influjo de su creación, y

pecialísimo temperamento.

Es entonces que la revolución inádica lle­

Ahora, entendemos nosotros, debe proceder­
se a la construcción del arte, a la reintegra
ción del concepto de lo clásico absoluto, de

Mondrian, Vantongerloo, Van

Doesbuig, y

es indudablemente un ser «Inteligente» y «Sen­

otros también

sible», antes que todo, aquella misma inteli­

ion no hacer concesiones a la realidad que los

embarcándose sin freno en un trabajo princi­

no úebe

rodeaba, buscaron no transigir, no hacer con­

palmente y para su mal, mental, que a la pos­

anteponerse sino acoplarse a los demás resor­

cesiones a lo sensual. Los Madí se lo propo­

tre no servirá sino como pasatiempo.

tes de la creación.

nen ahora y aparentemente desconocen a aque

gencia — pecado original del siglo—

En Arte

hay y ha habido, originales ver­

daderos, originales que aún con talento han

buscaron la invención. Busca-

la búsqueda del equilibrio de, razón, intuición

Mallarmé, y de aquel primero, su mudez, co­

Y los Madi en esa búsqueda de la invención

con

buscar, desembocan en el mar o irregular.

pensaron

inventar obras de arte.
Los ha habido en París y los hay ahora por

Los madí, deben reaccionar de esa aparente

en ese problema.

que se opone a lo matemático que manifiestan

despierta

el madismo.

higiene de ideas,

últimos que con menguado acento creador y
inteligencia

que menosprecia

líos que desde hace muchos años estuvieron

tarado su obra, de habilidad y finalmente los
excesiva

y sensualidad,

y

recordar

a

Valery y a

mo consecuencia de su pureza.
Es necesario actuar

desde

programas

más

impuros en tanto contengan una angustia hu­

El marco irregular es una forma de roman­

mana y desde necesidades más urgentes, para

ticismo, es muy pariente, aunque sus practi-

poder configurar un arte que pretenda ser au­
téntico.

su influjo en New York y en Buenos -Aires,

cadores madíes no lo admitan, del superrealis­

por América y los habrá sin duda tantos y

mo, forma con la que se colocan en conflicto.

Y así, para refirmarnos, está el ejemplo de

más, por donde no llegamos ni nos llega in­

Y lo es porque proviene de la incomodidad de

todo el arte clásico y de los artistas que lo di­

forme.

admitir lo regular, la incomodidad de admitir

rigieron y lo conformaron.

De Buenos Aires nos llega ahora la teoría

S A R A N D Y C A B R ER A.

las dificultades.

de la pintura M A D I, (M adí, naturalmente no
quiero

decir nada, ni debe pedírsele que lo

(V ie n e d e la Pág. 7 ).

Pero, en vez de eso, se dejó seducir por los

quiera, aunque recuerde particularmente a Da­

universal y moderno a la vez. \ si no, véase

superrealistas, y dando rienda suelta a su ins­

da, y se le aproxime en esencial cuyos postu­

si ha surgido algún otro con tal idea.

tinto, cayó del lado del animismo y la defor­

lados que preceden a las obras mismas, se en­

bien, en eso estamos todos; y nada me

mación, y, tal sugestión, ha llevado al arte a

caminan al elogio de la invención como motor

parece más bello, que el tener ancho campo

una de las peores decadencias .Pero, de esto

único de ese arte. En arte, es necesario valo­

en esta tierra virgen, para la crea ció n d e una

trataremos en la próxima lección.

rar la dificultad, caminar entre obstáculos. Si

n u ev a e x p r e s ió n estética .

no es así. toda obra, quedará tarada de faci­

Y

Y bien: la síntesis de lo dicho es la siguien­

Hoy, en Europa, los artistas todos, están ha­

te: puestos en lo que acabamos de explicar,

lidad y de sin razón. La invención es induda­

ciendo

crear algo

nosotros, ¿qué debemos buscar, ante todo, en

blemente L Y O de los elementos del Arte, pe­
to no el U N IC O .

nuevo. No llevan por ahora camino. El mez­

rna pintura? Ante todo, vida. Vida en lo co n ­

clar. como en una Babel moderna, todos los

c r e to de la plástica; vida en lo cla ro y vibra n ­

^

un

esfuerzo enorme

para

todo arte si bien se diferencia aparente­

estilos a que lógicamente habían llegado, no

te d el c o lo r ; una furiosa vida, y no esa vida

mente de las formas que le preceden n . lo

es ninguna solución. Creo más bien, que es un

crepuscular de una pintura cubista, o helada,
como en un

hace de manera específica, ya que el artista,

suicidio. Echarse en brazos de tal locura, co­

creador de igual material humano a través del

mo disimular la impotencia y aturdirse, es ya

tiempo, actualiza en él, su problema

la desesperación. Tienen conciencia de que, los

que in­

dudablemente no tiene solución: el de su an­

que ayer fueron grandes, se hunden. Pero, es

gustia

que los ele­

natural; no se resignan a morir. Si en 1930 Pi­

mentos de las artes permanezcan siempre los

casso, con su gran autoridad, hubiese hecho lo

mismos, y de allí que ninguno de ellos pueda

que debía (y entonces lo dije ) , es decir, dar

por permanecer.

De allí

primar de manera e x c lu y e n te sobre los demás
La importancia que los teorizadores madis-

todavía un paso más. y c o n lo conseguido lle­
gar a un arte universal, hoy no se habría pro-

tas confieren a su cosa es nada menos qu-' to­

ducido el desconcierto total del arte, que, por

tal. Sin embargo la pintura M adí que asoira

desgracia, ya ha influido en todo el mundo.

8

cuadro elemdntarista.

Segundo,

que, al lado de cualquier obra, en cualquiera
de las manera o estilos últimos, tengamos que
decir:

¡esto es nuevo! Y sin entrar en deta­

lles ni consideraciones. Algo que se imponga
decididamente. Y

tercero, que consuene con

todo lo verdaderamente nuevo de hoy, en to­
dos los terrenos, pero, mayormente, con las
construcciones materiales y objetos.
J. T O R R E S -G A R C IA

�^
&gt;

En un futuro cercano el ARTE ABSTRACTO
habrá suplantado completamente al arte
im itativo; el E S Q U E M A G E O M E T R IC O
y los CO LO RES PRIMARIOS
a la perspectiva y los
colores com puestos
Tal arte correspondería al Hombre Nuevo
de los pueblos del Nuevo Mundo
J. T. G. 1946

Próximas Exposiciones
PARIS
Y
DEL TAL L E R
TORRES GARCIA EN

M E X I C O

y una retrospectiva de J. T O R R E S - G A R C I A

en

MONTEVIDEO
Fechas y Locales a Anunciarse

�Publicaciones 3? la
Uíttvo.

Tionievid^oQJru^uay,

TalPresLlG U .
C e T T Í -^ o .7 4 -0 .
m

o r ^ e v i d e o .

Poto¿raba3o3

Ber-tazz otúv L or10
Tav3a7Z&lt;Jul023.
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                    <text>N ‘ 1C
E

n e r o

F

e b r e r o

1946

Organo

redactado

y

editado

exclusivamente por i ntegrantes del

€•05

TALLER

EL

TORRES

GARCIA

EJEMPLAR

�El pueblo ya tiene el arte que desea
He dicho muchas veces, que en cuanto a cul­ moderno. ¿De veras? Xo; ningún burgués
tura artística, tan pueblo era el amo como el cuelga de tales cuadros en sus casas (salvo ex­
criado. Es decir, que generalm ente, ni el uno cepción I ni gusta de oir tales músicas que no
ni el otro entienden de eso, y que les gusta lo entiende, Todo eso, además, le irrita: no
vulgar. Xo vale, pues, en este caso, el separar creen con derecho a tales artistas, de hacer lo
que les dé la gana, En todo caso, perdonarían
a las clases burguesas de las proletarias.
a
artistas, si se hiciesen ric o s... Pero no
Los metidos en cuestiones sociales, cuando es esos
el
caso,
salvo tam bién excepciones.
piden un arte para el pueblo ¿qué piden? Du­
Contra esa irritación de toda esa gente que
do que nadie sepa de que se trata, ni aun ellos.
¿H a existido tal arte; existe? Yo jam ás lo be no se cansa de apedrearnos, allí está Picasso
que nos venga.
visto.
Hace unos días vi, así de paso, una revista
Rectifico: be visto, raram ente, algo que pre­
tende serlo. Algo que no creo que divierta a local, que reproducía algunas de las últimas
ningún proletario, y que. sin entrar en un
plano revolucionario, ya existe hace muchísi­
mos años. . . Quiéranse recordar los llamados
cuadros de género, los obreros en el trabajo,
la miseria en la casa, la m uerte de un acci­
dente, las trágicas escenas del m ar, la m endi­
Redactor Responsable
cidad. las huelgas, el m itin, los motines, etc..
N? 10
etc. Tam bién las duras críticas contra la »ocie- ' Año 2
dad de los ricos. Pero, todo eso ¿no sería la
G uido C astillo
historia de la hum anidad?
Xo pretendo, con esto que digo, ir contra
ningtín arte ni 'artista que de buena fe pre­ obras de ese grande y famoso pintor, expues­
tenda hacer un arte proletario revolucionario. tas en Londres. Llevó allí, en el Victoria and
A lo que voy, es a decir que. el pueblo, ya Albert, una terrible bomba de gran calibre.
Eso de «épater le bourgeois», quedó tamañito.
tiene el arte que desea.
Pero allá fué la indignación, y sobre todo por
¿Acaso un arte anecdótico, im itativo, no le parte de los grandes profesores - pintores, los
satisface? Es evidente. Se encanta ante los pai­ cuales protestaron violentam ente por haber ce­
sajes «al vivo» (y más si son de sitios conoci­ dido el museo «para aquella loca ridiculizados) los buenos retratos que semejen a sus ción de la hum anidad». ¡Bien, Picasso! Se re­
m odelos: los episodios patrio»; los cuadros pitió lo mismo que cuando Manet exhibió sus
costum bristas, las naturalezas m uertas con flo­ obras en París, que sofocó tanto a sus colegas
res y objetos brillantes y finos; el «detalle» lo académicos. ¿Y V agner. cuando estrenó su
sea el trabajo del artista) ; lo expresivo, lo sen­ «Tanhauser» en la Opera, tam bién de París?
tim ental, lo tie rn o ... Todo esto, si el color Esta es vieja historia. Pero hay que aclarar:
está bien unido y el sombreado es perfecto, le no creo que Picasso hiciese esas obras con tal
encanta. ¿Que más, entonces, podrá dársele, propósito, ni las expusiera para producir un
que le emocione, que le baga sentir, que le di­ escándalo. Ningún artista quiere tal cosa. Al
vierta ?
contrario, él las hace pensando que otro las
Y con la m úsica pasa lo mismo: ¿Xo tiene interpretará debidamente.
la música folklórica, en mil variedad de dan­
Recuerdo, que cuando en Barcelona se es­
zas? Las hay cadenciosamente lascivas, senti­ trenó
«Parade», del mismo Picasso y de Setie.
m entales, grotescas, picaras, distinguidas, t«das el público
de la platea (gente toda archiburde ritm o fácil y agradable? ¿Y las óperas (me guesa) al ver
lo que se desarrollaba en el es­
refiero a las clásicas óperas italianas) ¿no cenario, comenzó
a ponerse de pié, y oí a mis
constituyen, para el pueblo, un gran arte?
vecinos que decían: «¡Que tom adura de pe­
Y así. después de la pintura y de la música, lo!» — y estaban indignados. En cambio, allá
encontraríam os lo mismo en la escultura, en arriba, en el quinto piso del teatro, parte del
la literatura, en el cine, y en las artes suntua­ público aplaudía a rabiar.
rias. que son para él, motivo de éxtasis.
£1 arte ni está con los burgueses ni con los
No; dígase lo que se quiera, el pueblo ya proletarios, porque viene del espíritu. Y es en
tiene su arte y sus artistas predilectos, y es tal sentido que se dice que es una creación.
gran tontería quererle fabricar otro exprofeso. Por eso. el mismo Picasso, ante el escándalo
sus obras habían provocado y ante el ju i­
Así pues, ¿a qué pleitos? ¿A qué condenar •que
cio de los pintores - profesores, parece que di­
a los pobres artistas que no gustan al pueblo? jo: «está equivocado el que pretenda explicar
¿X o tienen ya sobrado castigo con esto?
una pintura». Y es cierto. Porque como acaba
Tolstoi mismo, en su famoso alegato. «¿Qué de decirse, ésta siempre se refiere al espíritu,
es el Arte?», dijo, entre otras mil cosas des­ a lo interno, y eso ¿quién podría explicarlo?
acertadas. que el arte tenía que ser, sobre to­
Xo es m irando afuera, que el artista opera,
do, al alcance de la comprensión de las ma­ sino m irando adentro. Los ojos sólo recojen
sas. ¿Es que no quiso ver que. todo esto que datos, con los que el artista, luego, crea su
hemos dicho y tanto y más ya en su tiempo,
Es decir, algo viviente. Pues la vida, en
era aplaudido y celebrado por la generalidad? obra.
la obra de arte, sólo puede venir de allí. Por
Yo no me explico semejante ceguera. Y pienso eso. el a r t e naturalista imitativo, quedará
que los ejemplos que dió. para norma de lo
m uerto. Y después hay el arte falso
que debiera ser el arte verdadero, liarían dor­ siempre
(que
pretende
im itar al arte de creación) y
m ir al pueblo.
que es una ilusión del pintor vulgar, una fan­
Arte burgués, llaman, en cambio, al arte tasía hueca.

REMOVEDOR

En fin: que en el mundo bav arte para to­
dos, y que por tal razón nadie tiene derecho a
quejarse, ni nadie tiene derecho a querer en­
cerrarlo en una única fórmula, ni a orientarlo
en un sentido determ inado. í l ). Pero hay
arte bueno y arte malo. Y de ahí viene la pe­
lea. Porque cada bando defenderá el grado de
verdad que alcanzó.
Apesar de todo c s q , no conviene olvidar lo
que decían los antiguos: «Yox populi, vox
Dci». En el fondo del fondo, tiene razón el ig­
naro. el que no entiende de arte, según sole­
mos decir. Es aquello que reprochaba Marga­
rita a Fausto, cuando pretendía, con sus cap­
ciosos razonamientos, justificarse: «Hablas
cojo, porque no eres cristiano». Habla cojo
Picasso, «nialgré tout».
Primero, porque en su obra últim a, hay alijo
que repugna, por contravenir al arquetipo hu­
mano que todos, más o menos, llevamos en la
m ente; y segundo, porque, apesar de su enor­
me fuerza, manifiesta evidente debilidad, al
recurrir a tal expresionismo para obtener una
libertad que le es necesaria, substrayéndose
así a la responsabilidad, ante un intento de
perfección plástica, de hacer un juego limpio
dentro de un equilibrio lógico, fuese o no geo­
métrico o esquemático (tal. por ejemplo, el
arte negro I ; pues, creo que no existe unidad
en sus creaciones, justam ente a causa de una
falta de identidad entre la forma esa plástica y
el espíritu que la anima. Dentro de la plástica,
no ha creado un ser viviente, viable, autóno­
mo. Y eso puede reprochársele, por ya no to­
m ar el modelo como un mero pretexto (como
debía ser) sino que se mete con él para tritu­
rarlo y atorm entarlo. Pero, si él es eso ¿que
reproche puede hacérsele? ¿Xo nos revela al­
go de muy profundo e inédito? Basta, pues.
Pero, eso no quita fuerza ni valor, a algo uni­
versal, que está por encima de todo, y que su­
fre ante tan desaforada expresión. (2).
Decía Goya: «El sueño de la razón produce
monstruos». Mundo incontrolado, éste de P i­
casso. nos m uestra, por eso, y m ejor que en
ninguno' de sus innum erables modos dentro de
la pintura, el fondo de su personalidad, lo que
él es, y más ampliamente. Picasso en pleno.
Por esto y basta el presente, yo no vacilaría
en decir, que tales expresiones plásticas, son lo
máximo de su creación. Es lo que ya no puede
form ar escuela (como por ejem plo, el Cubis­
mo) pues es algo que emerge de lo más pro­
fundo de su ser. Es una genuina expresión del
moderno romanticismo (por oposición al arte
clásico) y fruto de la exaltación de lo perso­
nal, del superhom bre, del hombre - Dios. Y
que se me perdone si estas consideraciones lian
desbordado el tema que me había impuesto.
J. Torres Garría.
-

Febrero 8 de 1946.

(1) Se dice aquí e-to, en el sentido de que, aparte
del arte bien orientado, deben existir m últiples for­
mas de arte, para dar satisfacción al abigarrado con­
junto social.
(2) En general el público rechaza toda innovación,
pero no m e refiero aqui a ese rechazo que debe de­
plorarse, sino a su repudio por lo contra - natura, por
lo m onstruoso, y que es en donde puede tener razón.

�í FUNDACION ESPIGAS
1 Buenos Aires • /Argentina

platonismo en el arte moderno
Platón dice, en el Filebo, que el bien so
identifica con tres ideas, a su vez entlPe si iden­
tificadas: idea de belleza, idea de medida, e
idea de verdad. Y en El Banquete, expresa
que el amor, que eleva al hombre a la ciencia
suprema entre todas, la ciencia de lo bello, no
tiene como objetivo la belleza misma, sino
crear en la belleza. Y el amor anta engendrar
porque — flaco e indigente, pero «. . . gran
cazad o r... — filosofando incesantemente, en­
cantador. mago y sofista» anda siempre ena­
morado, angustiado y ham briento de inm orta­
lidad. Esta fobia inmortal, hum ana, a la muer­
te. se traduce, en el hombre común, en ganas
carnales que producen hijos de la carne, a su
vez fobiosos. cadavéricos y arrecidos en sus
hambres. En cambio, «los que son fecundos
por el espíritu», vagan «ausentes y presentes»,
absortos en lo amado, hasta que llegan al tér­
mino de sus ansias: el encuentro con la «be­
lleza eterna, increada e im perecedera, exenta
de aumento y de disminución».
¿Qué actitud más propia del artista, que esa
platónica buida de si mismo, a través de la
propia alma, en busca de sus más recónditos
orígenes confundidos con un bien, una ver­
dad y una belleza inmortales e imponderables?
¿Qué más propio del arte que m irar la rea­
lidad como si se la recordara: como si del en­

¿ADONDE

frentam iento con el duro, incoloro, e insí­
pido objeto de todos los días, de todo tiempo y
espacio, -altara, desde el fondo de la reali­
dad. y a través de nuestro propio fondo, un
vivísimo objeto, increado y definitivo?
Es propio, sí. en el artista de todos los tiem­
pos. este particular enfrentarse con la reali­
dad. pues no valen «Las Meninas» por el pa­
rentesco que pudieron tener con las meninas
reales, sino como representación del universo%
estético hacia rl cual Y elazquez estaba pro­
yectado. la hiperurania región de lo suprasen­
sible que sólo el arte puede sensibilizar. Pero
si bien es esta una condición necesaria a todo
hombre de arte sólo en el moderno creador se
convierte, además, en una actitud consciente y
reflexiva. Y de esta conciencia surge la pre­
ocupación por ella misma y sola desechando
los elementos que la disimulan.
De ahí que el artista de hoy expresa su
mundo sin concesiones a la envoltura imperso­
nal de las cosas: de allí tam bién que hoy, más
que en todo tiempo, el hombre de las cosas,
el que es, sin un pesar, una cosa más, se sien­
ta atónito y ofendido como nunca de que lo
obliguen a chocar con elementos en los que
no puede reflejarse y de los cuales le es im­
posible participar.
Y basta ' el propio superrealismo siente en

VA

carne viva las ansias de esta evasión, sólo que
en vez de evadirse de los objetos reales, se
evade de los cotidianos por via de la defor­
mación que es aquí un fin y no una consecuen­
cia de la búsqueda de una armonía escondida.
Y es que el arte busca esa armonía de ob­
jetos. deformados sólo a los ojos de aquel que
quiere encontrar a toda costa, donde no los
hay. sus objetos, los de su vida, los que son él.
Pero lo que hace que el arte choque con la
vida y el m undo de siempre, es que m ientras
la filosofía, el pensamiento, asciende desde lo
cósico a lo entitativo. el arte invade la reali­
dad con el mundo del espíritu: y este irrum ­
pir de lo artístico en lo real es hoy más vio­
lento que nunca, pues en vez de eso artístico
traslucirse en las cosas se opone a ellas, apar­
tado y consigo mismo para siempre.
En la plástica, es indudablem ente en el
constructivismo donde este platonismo, del
que habíamos pensado hablar, se presenta con
mayor nitidez, problema que será el asunto de
un próximo artículo en el que procuraré re­
dim irm e de las oscuridades y lagunas que en
estos inconexos párrafos apresurados — que
deberían ser despaciosos — no he podido evi­
tar.
Guido Castillo.

LA P I N T U R A ?

C o n te sta ció n d el m aestro Jo a q u ín T o rres - G a r c ía a esa p re g u n ta ,
q u e fo rm u la se la R evista " C o n tra p u n to " de
re sp u e sta a p a re c ió en el n ú m ero 6
Aunque baya millones de seres que ven y
distinguen los objetos por sus colores y luz que
ellos toman, los ciegos podrán afirm ar que no
hay tal cosa, sino ese abismo negro y uniforme
en que viven. Porque, en efecto, como decía el
viejo Schopenhauer, nadie puede ver por en­
cima de si mismo. Quieren, por esto, y con­
tra toda evidencia y razón, que el arte vaya
hacia lo tem ático: que esa es la flecha que
marca la debida orientación actualm ente; y
de ahí seguir que el arte deba de ponerse al
servicio de cualquier movimiento revolucio­
nario (los hombres sí, no el arte) y así llevar­
lo a servidumbre. No, y mil veces no: el arte
se afirma en su propia base o deja de ser arte.
Naturalm ente, todo esto tendría que pro­
barlo, pero no dispongo de tiempo para ha­
cerlo y sería interm inable. Doy, pues, sólo mi
opinión, y quien no esté conforme, allá él.
Después de todo, siempre eso es lo m ejor, y
no el discutir, ya que a nada conduce. Y tam ­
poco bav que dar el gusto a la gente que gus­
ta de eso.
No creo que el arte evolucione les decir,
que pase de la vulgaridad en que se encharca,
para llegar a la música y la verdad de lo pro­

(oct. 1945)

B u en o s A ire s. Esta

d e d ic h a p u b lic a c ió n .

fundo) merced a las teorías de filósofos y crí­
ticos, sino sólo únicamente, por la existencia,
en un momento del tiempo, de hombres do­
tados para la creación. Creo que este es el
único pilar sobre el que se sostiene el arte. Pero
a veces un artista escribe —se dirá— y es cier­
to. pero será, o bien para poner en orden sus
propias ideas, o para revolverse indignado
contra falsos artistas y teorizadores que pre­
tenden ser tenidos por creadores o maestros.
Pero dejemos eso.
¿Adonde va la Pintura?
La Pintura, en prim er lugar, no va; viene
en todo caso: viene de la tradición de la bue­
na pintura, de las obras; pero m ejor será de­
cir, que no va ni viene, que se está queda;
firme en su propia base, que es ella misma, y
que existe por la existencia de verdaderos pin­
tores. Los cuales, toman de todo lo que ven, y
por esto, en cada momento, da expresiones dis­
tintas; es decir, que varía en lo externo, pero
no en lo profundo. Y' además, que como el ar­
tista tam bién es un hom bre, da, a través de
ella, v como al descuido (no intencionadam en­
te i sentimientos, emociones y pensamientos,
de hombre. Pero estos llegan a ese ámbito,

donde no hay día ni noche, ni tiempo ni cosa,
muy filtrados, sin que logren turbar la paz
soberana de lo eterno.
Llegar a com prender lo que es la verdadera
pintura, es todo: después, que el artista haga
lo que quiera, pues su norte es él mismo. Pero,
a cierto nivel, todos coinciden (y tiene que ser
lógicamente así ya que contem plan una mis­
ma verdad) y de ahí los movimientos que se
originan. Y así. variando, la Tradición persis­
te. Y" esos movimientos se pretenderán expli­
car (en vanol y catalogar, sin que, tal clasifi­
cación, sirva de gran cosa; al revés, creo que
sirve para enturbiar las cuestiones.
La Pintura, existe y existirá siempre, por­
que siempre habrá espíritus alertas que si un
día ven un cuadro, despiertan y se sienten pin­
tores. Porque, como escribió m uy justam ente
M alraux (y así vale escribir de pintura) vie­
ne la visión y el deseo de pintar, de la vista
de una verdadera pintura; y que el poeta, an­
tes de escribir un verso, pensó en otro verso.
Por esto, es seguro que más aprenderem os en
las obras de Leonardo de Yinci. que en sus
escritos, que dudo que, salvo muy poca cosa
aprovechable, puedan servim os de nada.

�Sobre ciertas inexach'hjdes de Eugenio D’Ors,
con respecto a la obra de Torres - García
En uno de sus últimos l¡l&gt;ros, titulado «Mis
Salones» (Madrid 1945!, Eugenio D’Ors, se
ocupa en apartado especial, de Torres - García.
Y lo hace anotando una circunstancia, en la
ohra del maestro, que no deja de ser en cierta
manera sorprendente, desconcertante V más
que eso, discutible. Así como en Picasso, Eu­
genio D'Ors dio en ver un italianismo, o por
lo menos una lejana raíz italiana, que en ver­
dad no era. según el consenso de los entendi­
dos, sino su más decantado andalucismo, su
auténtico modo gitano; en el caso de la obra
de Torres - García, posterior a sus murales y
pinturas» «neoclásicas», D'Ors dice ver exceso
de orientalismo.
El texto exacto de Engenio D’Ors es el que
sigue: «La juventud de J. Torres - García, buscó
m ejor oriente en Cataluña, para desembocar
algo tardía y marchitamente, en excesos de
orientalismo, que, si bien captados viajeram en­
te en París o en Italia, asiáticos eran por lo es­
casamente figurativo y por lo sobradamente
deshumanizado de su inspiración. Llegó un
día en que la persona cerró la anécdota del
círculo regresando a Montevideo: desde enton­
ces poco supimos de su a r te ... e tc .... (1).
La parrafada tiene, a cada paso conceptos
absolutamente discutibles si no francamente
errados, y lo que en p r i m e r térm ino sor­
prende es la adjetivación (tardía y m archita)
que usa para calificar una época que es tal vez,
dentro de una obra de sorprendente unidad de
espíritu y estilo nada menos que el comienzo
de lo más brillante de la experiencia de To­
rres-G arcía, pintor: su constructivismo.
Quizá la pose paternal con las ideas neoclá­
sicas, adoptada por Eugenio D’Ors con respec­
to al movimiento catalán, el cual en verdad no
se debía a él, porque él era un producto del
movimiento más exactamente, haya determ i­
nado, por una de esas razones regionales o
pueblerinas, la excomunión intelectual de
aquel disidente —que no fué tal— que se lla­
mó Torres - García. Ese prurito, o tal vez re­
flejo, desde luego inconsciente, de los que
quedan, m ientras ven que sus vecinos crecen,
es quizá la razón más próxima del «tardía y
marchitamente» de Eugenio D'Ors.
Si el « tard ía» ... etc., puede explicarse por
las razones antedichas, ver carga de orienta­
lismo i no ya matiz, lo que sería más aceptable,
desde que no es posible regular las asociacio­
nes de ideas de los espectadores de una misma
obra de arte), se me aparece como un error
de perspectiva del escritor catalán. Porque no
creo que sea discutible, la íntima participa­
ción de la obra de Torres - García, en el mo­
vimiento que significaba «Cercle et Carré» de
la prim era época, al cual se referían de ma­
nera inequívoca, 1 o s occidentalísimos Mondrian, Klee y otros que no lo fueron menos.
De tal manera que si la obra de T orres-G ar­
cía está ligada profundamente al espíritu de
la plástica post - cubista, toda de tendencia
francamente apolínea y constructiva, preten­
der ver «orientalismo» en ella, es suponer un
apartam iento exótico de Torres, que aún li­
brado a su personalidad no tuvo lugar, por esa

activa participación del maestro en el arte oc­
cidental y europeo que practicaba.
Y si en alguna corriente tradicional o arcai­
ca podía hacer pensar la obra constructiva de
Torres - García, creo que esa podría ser como
ya se ha dicho mucho y por muchos,— jus­
tam ente la que constituyeron las viejas cultu­
ras americanas.
Y nunca, claro está, en el «orientalismo» de
que habla D’Ors que trae im plícito un concep­
to de sensualidad del cual está lejos la obra
de Torres - García, no por m ayor o menos mé­
rito. sino sencillamente, porque es todo lo con­
trario a lo sensual.
Y en cuanto a lo «escasamente figurativo»
sólo cabe agregar que ese fué. y sigue siendo,
uno de los caracteres más representativos del
arte occidental moderno, y que por la vastedad
de su aparición no debe tomarse, so pena de
pecar de inexactitud como una condición im­
portada o ajena, sino, (todo así lo señala),
como la resultante lógica del proceso de ma­
duración y experiencia que cumplió el arte
del occidente.
Todavía D'Ors a renglón seguido erra más
gravemente, cuando supone, (además de los
orientalismos que señala un tanto despectiva­
mente, porque involucran, para él, parecería
un estado de decadencia), cuando supone di­
go, que Torres, venido a Montevideo, cierra
su círculo.
Torres, en Montevideo se identifica aún
más con sí mismo, y además de producir al­
gunas de sus obras más im portantes, realiza
dos empresas que no tienen igual en toda
América.
Una, es la renovación de un am biente que
no diferirá en mucho con otros tal vez de

más nombre, por medio de- la creación de su
escuela y taller cuya actividad de pintura y
publicaciones determ inarán a plazo no muy
largo, generaciones regidas por un concepto
más claro fie la plástica y con entronque más
vivo, con las culturas de América y la tradición
universal de la pintura, y que no tendría el
interés que tiene, si no estuviese basada en su
obra propia de pintor, que es quizá la más
im portante de América y por lo tanto reflejo
de ella misma.
Y la otra, que aún debiendo estar com pren­
dida en la anterior, escapa por sus especialísimas cualidades a una enum eración total y me­
rece mención separada.
Nos referim os a las decoraciones murales de
la Colonia de Saint - Bois, en Montevideo, que,
aún siendo tan diferentes a las que D’Ors co­
nociese y tantos otros, eir el Salón de San Jor­
ge. o el Ayuntamiento en Barcelona, están
sostenidas por el mismo espíritu de proporción
estructura y pureza, pero liberadas de todo
lastre figurativo y que, referidas solamente a
sí mismas, se gozan en su soledad de cosa pura
No sé si Eugenio D’Ors, que dice saber ac­
tualm ente poco de Torres - García, habrá te ­
nido ya ocasión de ver las reproducciones dr­
ía decoración a que aludíam os y que circulan
en libros recientem ente editados.
Creemos que para arrogarse el derecho de
criticar desde tan alta fama, cuanta es la que
Eugenio D’Ors ha conseguido, es m enester
com plem entar, o cim entar tal libertad, en la
inexcusable obligación de llegar más cautelo­
samente a obras de tan fino espíritu y tan de­
cantada presencia, cual son las obras del maes­
tro Torres.
Sarandy Cabrera.

(1) El subrayado es mío.
TALLERES L.I.G.U.
AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX:REMOVEDOR

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N1 9
D

i c i e m b r e

1945

Organo

redactado

y editado

exclusivamente por i nt e gr a nt e s del
TALLER

TORRES

-

GARCI A

el ejem plar

�Razón de ser del arle conslruclívo
En la era prehistórica, y tras el primer bal­
buceo del hombre — niño, que tuvo que hacer,
por espacio de millares de años, sus experien­
cias físicas, tuvo que venir un segundo momen­
to. en el que, ya más conciente, se comenzó a
dar cuenta de la relación que existía entre él
y las cosas. Pero, al hacerlo, luego desbordó es­
te propósito (quiero decir, de esa relación con
lo material inmediato I y quiso considerar, más
bien, la relación objetiva de las cosas entre sí y,
sobre todo, dentro del orden cósmico. Puede de­
cirse que, desde este momento, entra en una
verdadera metafísica. Se destaca, entonces, un
sentido moral: ya es un ser vinculado a un or­
den superior. Y este primer hecho, será la pie­
dra angular sobre el que se basará todo el sen­
tido religioso del futuro, en el desarrollo de las
mayores culturas. Y, tal posición, será ya la nor­
mal en el hombre, cada vez que éste desee en­
contrar un equilibrio, que yo llamaría clásico,
y que es fundamental.
Ésta posición del hombre en el mundo (es de­
cir, dentro de una concepción metafísica) es la
que perduró hasta el albor del Renacimiento.
Existía, para ese hombre, un mundo ideal, y
todo lo del bajo mundo físico, debía de rela­
cionarlo con aquel. Existe en el todo, no en la
parte. Por esto, cuanto haga, es, en mayor o
menor escala, transcendental. Está en lo uni­
versal y no en lo particular, en lo eterno y no
en lo temporal, en lo fijo y no en lo pasajero,
en el espíritu y no en la materia. Y' en tal ac­
titud y criterio, pudo crear las mayores obras:
las más elevadas, las más armónicas, las más
profundas, y las más duraderas y bellas.
Yo, pai'ticularmente, no puedo admitir para
el hombre, más que esta posición metafísica,
que, como he dicho, es la clásica y normal, y
que podría'sintetizarse en una sola frase: equili­
brio humano.
Pero, tras esa concepción, tuvo que venir
ot^a, que si bien puede explicarse históricamen­
te, no así en su esencia, o sea en cuanto a su
origen profundo. Y^ entonces, la antigua concep­
ción metafísica, tuvo que ser substituida por
otra totalmente física.

El I r i u n f o
Si señores, el constructivismo ha triunfado.
Pero no os asustéis, la Cámara de Diputados no
decretó que el arte constructivo se constituyera
en arte nacional; la crítica entrada en años si­
gue bucólicamente uncida a su antiguo carga­
mento; y las últimas investigaciones han reve­
lado que ni siquiera el menor de los ministros
se detuvo jamás dos veces frente a un cuadro
de Torres - García.
No señores, el triunfo a que me refiero es
de una índole triunfal que trasciende de vos­
otros y que vosotros no podéis entender, ya que
todo el que la entiende deja de ser quien era,
antes de este supremo entendimiento que im­
plica igualación del entendedor con la cosa
entendida, que significa acción de él en ella y
por ella.
La victoria de que yo hahlo sucedió, en esen­
cia hace ya muchos años; se remonta al primer
cuadro constructivo pintado por Torres - Gar­
cía. Este acto del maestro Torres representó el
triunfo del espíritu sobre la materia o, mejor,
el secuestro de la materia por el espíritu, que
la arrastró hasta sus dominios, que le enseñó su
lengua, y que, uniéndose a ella, la preñó de sig­
nificación.
Vosotros pensaréis que todo esto es divagar
sobre cosas sin importancia y, además, pasadas.
Y o os digo que las tales cosas que no os impor­
tan no tienen, ni pueden tener conjugaciones
pretéritas, pues el artista crea de su lucha con
el tiempo, una objetivación intemporal de su
propia temporalidad trágica, que por su misma
fuerza creadora construye elementos extradra­
máticos que vivirán por siempre como lúcidos
presentes, como resultados de haber asido en
un momento al ser, al propio ser inmomentáneo
y presentísimo.

Desde este momento, ya el hombre no mira
hacia su mundo interno, que es la ruta o cami­
no para encontrar lo universal, sino que quiere
mirar solamente hacia fuera, hacia lo particular:
entonces, pesa, mide, cuenta, analiza, experi­
menta, etc. A la Verdad opone las verdades, a
lo uno lo múltiple, a lo abstracto lo concreto.
Nueva senda que debía conducirle al mundo po­
sitivista de hoy. Es decir, a una subversión to­
tal de valores. Podría decirse que opone al
hombre abstracto, el hombre real. Y por esto,
lo que antes fuera colectividad tórnase indivi­
dualismo.
Con relación al arte, esto determina dos gé­
neros absolutamente distintos: el arte universal,
y el arte particularista, el arte abstracto y el
arte naturalista, el arte del Hombre y el arte
de Pedro o Juan. Entonces: pintura monumen-

REMOVEDOR
Año 1

Redactor Responsable

N° 9

tal planista y pintura de caballete a tres di­
mensiones.
Como he dicho otras veces, ambas pinturas
pueden coexistir en un mismo pintor, según
quiera considerar el universo, o el mundo real
en que habita. Y* está bien que así sea, pues
él mismo está en esas dos plataformas. Además,
que la obra se determina, según el destino que
pretenda dársele: será abstracta, real, bidimensional (planista) simbólica, geométrica, univer­
sal, ordenada, si se la consagra al muro en edi­
ficios públicos, porque tendrá que ser el arte
para todos; y por el contrario, tendrá que ser

naturalista, a base de las tres dimensiones, de
expresión personal y particularista, (si bien ni
descriptiva ni imitativa, sino sintética y cons­
truida con elementos plásticos, y por esto pin­
tura pura, ya que su finalidad se afirmará so­
bre su propia base) y será la pintura para la
casa particular del hombre.
Pero aun hay otra razón para que existan esas
dos pinturas, y hasta que coexistan en cualquier
pintor: y es que. hasta antes de la segunda mitad
del Renacimiento, lo que podemos entender por
pintura a tres dimensiones, dentro del fenóme­
no luminoso con todo el particularismo que es­
to impuso, no existía; nació, podemos decir, en­
tonces, y hoy ¿es que podemos y debemos igno­
rarla? No, por cierto, y más siendo lógico que
exista. Pero, aun así considerando las cosas, a
nosotros artistas de este momento, se nos plan­
tea un problema que no debiéramos eludir: el
de dirigir la conciencia humana hacia los valo­
res universales, por entender que el hombre, y
pese a la moderna y gigantesca concepción fí­
sica del mundo, debe volver al antiguo equili­
brio metafísico.
Lo que acaba de decirse, no supone que tal
arte universalista, tenga que ser descriptivo ni
aun simbólico, y aunque' pretenda mantenerse
en ese equilibrio metafísico; le bastará que, por
su estrdetura, realice esa síntesis; que sea, plás­
ticamente, dentro de sus valores propios, una
equivalencia; es decir, operando, con total in­
dependencia, dentro del plano abstracto del rit­
mo y la geometría. Y aquí debo repetir lo que
ya he dicho otras veces: que tal arte, ha de ir
de la geometría a la naturaleza, y jamás a la
inversa. Por esto, no será nunca descriptivo ni
imitativo, pero tendrá que ser siempre univer­
sal. Emana todo de lo puro, y esto lo Salvaguar­
da de caer en lo anecdótico. Será la obra en su
totalidad, real y objetiva, la que, con su exis­
tencia, afirmará, en su pura finalidad construc­
tiva, la adecuada posición del hombre en el
Universo. Y esto, para todo artista, puede cons­
tituir una nueva fe.
J. Torres - García
Noviembre de 1945.

d el co n stru ctiv ism o
Si he hablado de este triunfo sustancial de
Torres - García, es para que quede bien claro
que cuando me refiera a cualquier otra gloria
será con la conciencia de su índole relativa, apariencial y perecedera. Y’ es así que la estructu­
ración de un cuadro, la composición de una
página musical o la realización de un poema,
traen consigo la infinitud, pues el artista en
ese momento ve la eternidad, y ver la eterni­
dad, tocarla, significa estar ya con toda el alma
clavada en. lo eterno. Esta es la única forma de
inmortalidad, y poco ha de agregarle el durar
en la memoria humana, que el hombre ha de
morirse, que la humanidad ha de morirse y
que la Tierra y sus mundos hermanos morirán,
para vagar por el espacio como duros cadáveres
movidos por fuerzas heladas, sin rastro de arte
ni de vida, sino sólo la pura materia en su per­
fecta soledad. Al artista no ha de importarle
que como dice Lucrecio «la muerte inmortal
arrebate la vida mortal» que es imposible qui­
tar con ella nada de lo que se logró: el acto
inmortal, el «infinito intensivo».
Mas he aquí que esta única forma de inmor­
talidad que se logra en el instante humano — la
vida de la humanidad— y que lo sobrepasa,
mientras dura en el tiempo, todos aquellos que
emplean la exigencia de Empédocles de «divi­
dir bien el Logos, distribuyéndolo bien por las
entrañas», frente a la obra inmortal se inmorta­
lizan también de esta manera.
Considerando además que si bien el momento
del hombre es el que permite la realización del
acto artístico 5- el que regula las condiciones pre­
vias a su aparición, determinando sus caracte­
rísticas externas, el mundo del espíritu a su vez
establece inusitados recodos en el sendero rigu­
roso de nuestro patético animal.

Y es precisamente a los recodos con que To­
rres - García ha dificultado la comodidad de
nuestro camino que va dirigido este artículo.
Es un hecho innegable que el constructivismo
significa un acontecimiento decisivo en el ámbito
espiritual de América y, especialmente, de nues­
tro suelo. Pero, en este respecto, es necesario
aclarar muchas oscuridades y corregir muchas
equivocaciones.
La importancia del constructivismo no radi­
ca en el hecho de que «ésta corrupción de la
plástica» sea, como muchos creen, uno de los
tantos representantes de las últimas etapas evo­
lutivas del arte europeo. No, la posición estética
de Torres - García, no es hija ni tributaria de
Europa, sino que, por el contrario señala una
dirección completamente distinta a las que mar­
can las diversas escuelas del Viejo Mundo. No
pretendemos con esto negar el parentesco que
tiene la obra del maestro Torres, con la mayor
parte de las corrientes estéticas que han cam­
biado el panorama intelectual del mundo, y de
Jas que él es uno de sus más destacados repre­
sentantes. Mas, he aquí que con el constructi­
vismo se plantea una situación completamente
inusitada que proyecta al hombre hacia lo uni­
versal, en un supremo afán de purificación y
de reintegración a los eternos recintos rejuve­
necidos del gran arte colectivo.
Extraordinaria y magnífica paradoja la de
este hombre Torres - García, pues en una época
en que todos los grandes artistas buscan indi­
vidualizarse por el arte, dar lo inédito, lo origi­
nal, lo único, lo propio, él, siguiendo ese mismo
camino individualista que caracteriza nuestro
siglo, y por el sortilegio de una poderosísima
personalidad, arriba a un mundo que desdeña
( Pana

a

la

p á gin a

s ig u ien te)

�"Primitivismo", d e c o r a c ió n m ural
Así como la revalorización de Góngora, jus­
tísimo homenaje al «Cisne cordobés», dio ori­
gen a un neogongorismo, o «pastiche» de lo gongorino. i esto -i enormemente artístico y estéti­
co). la revalorización de la? formas del arte pri­
mitivo y el consiguiente gusto, o boga de lo
primitivo, ha dado lugar a lo que con propie­
dad se ha llamado «primitivismo».
^ ese «Primitivismo», justamente, ha caído
en todos los vicios en que su condición de na­
cimiento le aportaba.
Ha resultado la figuración de las formas ex­
teriores primitivas, y uo, una forma debajo de
la cual se halla como sostén, un proceso de as­
censión. o problema de técnica y desenvolvi­
miento. idéntico al que determinaba a aquella
forma que hoy pretende darse, Icircunstancia
ésta imposible de concitar). Ha sido el aparato
exterior de un organismo desconocido, y ha des­
figurado. como quien copia un sistema de sig­
nos convencionales que no conoce, los caracteres
mas expresivos o auténticos del mismo.
Tal vez la acogedora pendiente del exterior
primitivo ( la nunca bien ponderada «dureza»
del Giotto. la finísima plástica de lo «grotes­
co» africano) hayan sido los cebos más urgen­
tes, para los que tentaron o tientan camino tan
engañoso.
De allí, que de ese difícil simplismo, infor­
mado sin duda por un proceso y una urgente
angustia vitales, no hayan sacado quienes bus­
caron esa referida manera primitiva, sino la du­
reza verdadera y lo grotesco absoluto.

Porque a lo primitivo o arcaico lo define, en
última instancia su lucha con el material, di­
ríamos precisamente el ’ gusto (no meramente
estético o frívolo, sino artesano) del artista por
arrancar al material los acordes que éste con­
cede gratuitamente.
Tan sería así. que en este proceso y. cuando
el material da su última nota propia equipara su
participación en la obra con la del artista que la
produce, se tiene el arte clásico y con él y si­
multáneamente el camino para lo barroco queda
establecido y el material, obligado a dar todas
las posibilidades que prometía, sin poder mostrar
su calidad particular, se encuentra dominado,
si no pervertido.
Así mismo, lo que se define como primitivis­
mo. no sería sino una forma de lo barroco, fal­
sa, no por barroca, sino en tanto en cuanto,
pretende producir artificial, o conscientemente,
formas que no tienen vigencia y a las cuales no
corresponde una realidad.
Porque si Giotto, Ciinabúe, Piero della Francesca, etc., producen una forma auténtica de lo
primitivo, desde que se oponen a un problema
porque enfrentan la dificultad real de la deco­
ración mural, quien quiera reeditarlos o produ­
cir su clima de ellos no produce, seguramente,
sino el traje de un hombre ausente.
De la misma manera, la pintura mural que
se llamó de escuela Mexicana, auténtica en lo
que tenía de artesanado, y equivocada en lo
que no tenía de arquitectura y en lo que tenía
también de cierto primitivismo tiene su expli-

En el mundo hav actores y espectadores. Los primeros son machos; los
segundos son hembras. A éstos se les llama críticos en arte o conductores en
electricidad;

a aquéllos se les llama

en

la

sangre

o

manéenlas

CESAR VALLEJO

e n e l r e l o J -

El t r i u n f o

héroes

de l

consírucíivismo
(V ien e

los particulari?mo? en bien de leyes eternas
que rigen el espíritu y a las que sólo se llega
actuando el sentimiento individual a través de
la suprema razón.
Todas estas aparentes contradicciones se acla­
ran si consideramos que. como él mismo lo afir­
ma y como lo vió bien claro Juan Larrea, To­
rres - García es un místico paradógico de pura
vida, como todo místico, que busca, por el im­
pulso de si mismo, salirse de sí para disolverse
a si propio en una luz impersonal y eterna.
N desde este neo-platonismo pitagórico, per­
seguidor del símbolo vivo, alcanza una forma
plástica que nos personifica frente a Europa, y
que nos salva de su erudita decadencia.
No se piense que yo creo que el arte de To­
rres - García es consecuencia de una determina­
da posición filosófica; opino precisamente lo
contrario: que su filosofía — si es que tiene al­
guna en el riguroso sentido que se le da hoy a
la palabra— ha sido provocada por el universo
artístico por él creado. Es así que toda esa gen­
te que dice que los cuadros del maestro Torres
son magníficos, pero que en tal o cual conside­
ración científica se equivoca, poseen una com­
prensión más que mediocre, ya que es tan pue­
ril exigir de un confrontamiento artístico con
el mundo, resultados racionales, como pedirle a
un místico una explicación de la existencia di­
vina. Así como el místico no tiene una razón
de Dios, sino una vivencia en Dios, el artista no
le pide al mundo razones, sino elementos exis­
tentes para una nueva creación cósmica, trans­
formadora de la realidad.
¿Comprendéis ahora cual es el segundo triun­
fo de Torres - García? Vamos a sintetizarlo en
pocas palabras:
El Torres - García ido a Europa, aprende en
ella, como pocos, toda la sabiduría, los miste­
rios y los virtuosismos de la pintura clásica:
muy joven, aun. busca ya nuevos caminos, en
los que produce obras definitivas. Siente, como
algunos otros artistas la necesidad de arribar a
otro mundo del arte ya anunciado por Cézaane.
Es entonces que Torres-García, se empieza a di-

de

ln

páiriun

a n terior)

ferenciar, poco a poco, del denominador co­
mún de las escuelas europeas que habían des­
arrollado la larva cezanniana con injertos de ar­
te negro. El artista ve ya un panorama genuinamente nuevo, y con ese mundo inédito se vuelve
al Nuevo Mundo, su tierra natal, comprendien­
do que sólo América, puede darle la fuerza ne­
cesaria. a esta maravilla espiritual salvadora
de la plástica.
Y tenemos que el constructivismo, inevitable­
mente afianzado en América, es cada vez más
poderoso, pese a todas las resistencias de los
consabidos y eternos desheredados. Ejemplos de
este triunfo son los elogios de los mejores crí­
ticos americanos y europeos, la admiración de
artistas como Vicente Huidobro, Juan Larrea,
Jules Supervielle, etc., y, sobre todo, el núcleo
de pintores formado por Torres r García, que
pese a la rivalidad de los jurados — Augusto To­
rres, por ejemplo, no ha sido premiado en casi
ninguno de los salones anteriores, y en este úl­
timo es rechazado— es del dominio público que
representan lo mejor de la pintura uruguaya.
Torres - García, además de discípulos, posee
aquí apasionados defensores, entre los cuales
tengo el orgullo de contarme.
Y con respecto a esto de la pasión, que parece
ser un hecho afectivo desdeñado por nuestros
tibios v modositos intelectuales, hasta una per­
sona que creo inteligente, me dijo, cierta vez,
que yo pecaba por exceso de apasionamiento,
atribuyéndole este defecto a mi juventud.
Tal es la condición de la mayor parte de los
individuos cultos de nuestra tierra: falta de
identificación vital con sus creencias, carencia
de amor y de angustia.
Y ésta es una nueva fase del triunfo de To­
rres - García — más apasionado que ninguno—
que supo alentar no la pasión de la juventud,
que es cosa de glándulas, sino la juventud de
la pasión, que es cosa de espíritu.
El L'ruguav le debe y le deberá siempre a
Torres - García, el haber orientado a individuos
que viven el arte y que aman sus amores.
Guido Castillo

cación. ^ es válido para el pintor de hoy, tener
presente, todas las dilatadas experiencias que
lo preceden al producir su obra, pero no le es
lícito, pretender conformar con exterioridades
o apariencias de toda esas vivencias, una obra
duradera v real. Justamente, nuestros improvi­
sado? pintores murales han pretendido tal empresa. Por esa razón hemos visto los proyectos
para las decoraciones murales de la Biblioteca
Nacional, \ verificado que todos ellos son «pri­
mitivistas» y falsos, desposeídos de esencia, aun­
que les reste solamente la trLste virtud que sus
autores no pudieron prever) de encajar con el
proyecto ¡le la Biblioteca, también falso, sin
honradez, ni salud arquitectónica.
Lo? provectos en cuestión, son un producto
fal so barroco, que pretende hacerse pasar por
primitivo v a los cuales no salva ni el conoci­
miento del oficio de sus autores porque éstos
no pueden evidenciarlo.
Lo barroco auténtico se da, así como lo neo­
clásico. como resultado de una exacerbación, o
paroxismo de la tradición técnica; pero cuando
ésta o la línea da evolución fallan, lo que se
produce lio es ni barroco ni neoclásico sino ca­
ricatura.
Tres han sido las direcciones que tomaron
nuestros pintores. Una inclinada hacia la pin­
tura &lt;le fresco italiana: otra hacia la mural, de
apariencia Escuela Mexicana, y la tercera,
que por resultar una mezcla de cosas disími­
les. no tiene ni procedencia determinada — lo
que no importaría— ni dirección ninguna —
(circunstancia ya grave) — y aue permanece
determinada en su monstruosidad.
Y en este caso lamentable, está el proyecto
distinguido con el primer premio, que se sin­
dica por su puerilidad, su descomposición, v
su decorativismo, en medio de otros tantos pro­
yectos no menos tontos, ni menos adbsurdos.
En consecuencia, y vistas estas improvisacio­
nes que demuestran a sus autores confundiendo
el mural con la pintura de caballete, o la deco­
ración fácil o el nunca bastante olvidado «cua­
dro histórico», y que son exactamente lo que
corresponde al estudio de las circunstancias que
las rodean, las cuales hemos tratado de deter­
minar, el problema de la decoración mural, y
sus relaciones con la arquitectura permanece
desconocido para nuestros improvisados pinto­
res murales.
En todos los momentos de la historia del ar­
te, ha sido necesario enfrentar una realidad,
actuar sobre una materia, un problema, y la
pretensión de resolverlo con un contacto apa­
sionado. ha dado esa sutil y divina presencia que
es el arte. De ese contacto, hoy, aquí, es nece­
sario sacar la tónica americana, el entronque
vivo — no la reedición pueril— con la frontalidad y la geometría de las culturas de es­
plendor, todo esto sin olvidar la formidable
experiencia de la desintegración de las formas
cumplidas por el Occidente en crisis, pero que
es quizá la razón más próxima de esta integra­
ción que los pintores deben proponerse. Y que
Torres García y los integrantes del taller han
intentado pintando los murales de la Colonia
Saint Bois, sanísimo entronque con savias del
viejo continente v de este nuevo, y presencias
exactas y definidas, cuya aureola de escándalo
(normal siémpre que el arte, reservado a una
inmensa minoría, se manifiesta masculinamente,
contra o sobre las gentes de por sí estáticas y
pasivas) cuya aureola de escándalo, digo, me
recuerda' ciertas palabras de Valéry.
«Debe reducirse el a rte ... a la diversión de
nuestros semejantes y al manejo de sus almas
sin participación de sus resistencias? La res­
puesta es fá cil.. . Dejadnos caer de entre vues­
tras manos.
Pero algunos no se conforman y se quejan y
tampoco les basta con quejarse... Muy respe­
table es la impaciencia que impulsa a las gentes
a despreciar, a señalar con burlas todo lo que
no comprendan. Defienden como pueden su ho­
nor intelectual; protegen el rostro de sus inte­
ligencias. Me parece notable y casi hermoso que
algunos hombres no sean capaces de imputarse
esa especie de derrota de su espíritu, ni de so­
portarla a solas; tienen que referirla a sus se­
mejantes, como si la abundancia de espejos.. . »
Sarandy Cabrera

�DEL LIBRO " U N I V E R S A L I S M O

CONSTRUCTIVO"

'Tono y Color"
Ordinariamente, hablando de pintura, se ha­
bla. indistintamente, de tonos y de colores: y
aun con más frecuencia de estas últimos. Es que
vale emplear tal lenguaje? Indudablemente no.
Al contrario: conviene muchísimo señalar la
diferencia que va del color al tono. Y tan esen­
cial es, que de ello puede venir el tener o no
concepto verdadero de lo que es la pintura.
Pero ahora no nos vamos a ocupar de eso,
pues ya queda estudiado en otra parte de este
volumen. Pero hay algo con respecto a estos
dos conceptos, que conviene poner en claro, y
es lo que motiva esta lección.
Repitamos aquí lo que hemos dicho otras ve­
ces; el verdadero pintor opera con tonos y no
con colores. Por esto, tratándose de pintura, el
lenguaje correcto sería solamente hablar de
tonos.
Como puede pensarse, no nos mueve a con­
siderar esto, sólo lo que pueda referirse al len­
guaje. Esto nos importa poco. Vamos al concep­
to, que es para nosotros de la mayor importan­
cia. Sobre todo, porque dicha cuestión va liga­
da a un problema de los más interesantes.
Si recorremos el ciclo entero de la pintura:
esto es. yendo desde la copia de la realidad y
tras mil distintos aspectos, hasta la que puede
constituir su última etapa, lógica y normal, po­
dremos ver, que remonta la curva en el sentido
de escapar a la imitación, y, de más en más,
se hace sintética y absoluta. Y que, por este ca­
mino, al fin llega a la abstracción total, y en­
tonces, corta, diríase, con toda representación, y
no queda más que con sus valores esenciales:
el plano de color y la línea. Y' adviértase que
ahora digo el plano de color y que aquí no ha­
blo de tonos.
Llegada la pintura a ese estado de pureza
absoluta (y de esto ya se habla en otro lugar)
cercenando todo aquello que pueda ligarnos al
mundo, tenemos que sentir la angustia de ese
vacío total, y de ahí vendrá el deseo de reinte­
grarse nuevamente a la vida. Pero, al volver a
ella lo haremos en la misma forma que cuan­
do partimos? En modo alguno. Vamos muni­
dos, ahora, de sabias reglas constructivas, de
un concepto abstracto de los valores formales y
de tono. De manera, que si ahora volvemos a
la realidad, es para contemplarla dentro de un
•orden estético. Por esto, desde este momento, ya
no la imitamos. Partiremos de ella o la tomare­
mos por base, pero será para hacer un ordena­
miento. Y así, si volvemos al mundo, es ya en
forma bien distinta v con otro propósito que el
que nos ligó a él cuando partimos.
Pues bien: modernamente, tras esa pureza a
que quiso llevar la pintura, se cometió la enor­
me equivocación de emplear el color en vez del
tono (1). En la más intransigente ortodoxia, se
repudió toda mezcla de colores para darlos ab­
solutamente puros; por esto no se admitieron
más que los tres primarios: el rojo, el amarillo
y el azul — y el negro y el blanco— , Y esta
nueva paleta, que ya no era a base de tonos, se
dijo que era la que correspondía a nuestro tiem­
po (y que toda otra pintura era color sucio del
Renacimiento) y que marcaba un proceso muy
avanzado de evolución. Vemos, en cambio, que
fué un error, pues sin tono no hay pintura.
Debemos confesar, que más de una vez. al
configurar nuestras teorías, llevándolas luego a
la práctica, caímos en ese error, por falta de
(1)

Sería un atonalismo pictórico. (N. del A.).

claro discernimiento en ver, donde había dos
cosas (tono y color), una sola, que se nos pre­
sentaba . en lamentable confusión. Si estuvo
bien, pues (y tratándose de llegar a una nueva
pintura) de desterrar la paleta (esto es, de
mezclar los colores) tenía que pensarse que,
para lograr la armonía, éstos tenían que em­
plearse de acuerdo con una regla bien precisa:
que, en toda composición (y ya procediéndose
por tonos) debía irse, del tono bajo al claro, por
un tono intermedio; y que por tal motivo, si
los colores no debían mezclarse, en cambio de­
bían ponerse a tono: hacerse más claros o más
obscuros, por la sola adición de blanco o de
negro. Así, por ejemplo: rojo fuerte, azul a me­
dio tono, y amarillo claro; azul muy obscuro,
rojo natural, y negro atenuado; blanco agrisado,
negro natural y azul claro. Siempre tres tonos.
Pero hay un punto, en la pintura, que es di­
ficilísimo de deslindar: aquel en el que, de lo
imitativo se pasa a lo plástico, y viceversa. Di­
ríase un matiz, un medio tono, una nada. . . Y
sin embargo, lo es todo. De ahí el que tanta gen­
te se confunda, sean o no pintores, y de ahí
que se valoricen obras, falsamente. Y agrava ese
estado de cosas, el que sea también dificilísimo
explicar eso, sino imposible. Por esto, hay quien
se cree entendido, y está en una ilusión. Y como,
el que sea pintura clara u obscura, nada tiene
que ver con eso; ni el que sea uno u otro es­
tilo (pues dentro de todos es lo mismo) de ahí,
aún, la mayor dificultad para discernir. Pero
en suma, en qué consistiría esa diferencia esen­
cial, que, de tal manera, luego establece esa pro­
funda diferencia en las obras?
He dicho antes, lo imitativo y lo plástico.
Pues bien: si el artista parte de su paleta para
buscar luego la naturaleza, puede ir camino rec­
to para encontrar lo plástico. Pero, si hace el
camino a la inversa, dará con la naturaleza, pe­
ro no con lo plástico, o sea la pintura. Porque,
en el primer caso, pintará, en el segundo imi­
tará. Y esto yo puedo asegurar que es la verdad
más cierta.
De seguirse uno u otro proceso, las obras que
se determinarán serán muv distintas: unas se­
rán naturalista imitativas, las otras, obras de
creación, plásticas; o más corto: de pintura.
Ahora bien: cómo reconoceremos esas obras?

Pues sencillamente: cuando en ellas aparezca en»
primer término la realidad, será una obra infe­
rior, imitativa: y cuando, por el contrario, aparczca la realidad de la pintura ( que es otra rea­
lidad ) la obra será plástica y por esa razón,
buena. Casi una perogrullada...
Pero no lo e?- tanto como a primera vista pue­
da parecer.
Si el pintor no pensó más que en objetos, o en
un paisaje, o en una figura, presto eso se verá
en la obra. Pero, si deja eso aparte, y va a cier­
to sintetismo (y esto no quiere decir una simpli­
ficación sistemática) si ya. lo que se llama ar­
monía, aparece en el cuadro, es porque el pin­
tor procedió por tonos y no por colores, y por
esto, va está en los valores plásticos absolutos.
Tal obra será una obra de pintura.
Con esto nos hemos acercado un poco a lo
que pretendemos explicar. Porque el hecho de
hacer pintura, recae por entero en el pintor; y
el hecho de comprenderla en un individuo que
posea esa intuición. Y esto es algo fatal y por
esto inmodificable. Porque, el pintor, casi sin
darse cuenta, traduce ios aspi'ctos de la realidad
en valores plásticos. Y en vano sería el que­
rer hacer comprender esto a quien no lo sienta.
Por tal razón, ha de haber una mala pintura
para todos los que estén privados de tan mara­
villosa visión. Y es ocioso el disputar.. .
Puso rojo, puso amarillo, puso n e g ro ... pe­
ro, a pesar de que puso lo mismo que otro, la
música no se produce. Suerte de que ese pobre
pintor, no sabe que existe esa música, pues se
desesperaría. Yr esa música es la pintura.
Y esa música, no son las innobles mezclas de
tonos verdosos y violetas, de azules chillones y
amarillos claros, ni los grises de una paleta su­
cia, ni los grises artificiales producidos por gra­
daciones en gamas diversas... Y los que tal
hacen son la gente más equivocada. (1)
J. T. G.
Junio de 1942
(1) Podría aún decirse del tono, y quizá seria lo
más justo, que éste aparece sobre el lienzo, cuando el
pintor siente profundamente (y entonces como tono) un
color junto al otro en singular equilibrio; es decir,
cuando la conciencia llega a la contemplación pura y
ya no es más que el objeto percibido. Es lo que he­
mos llamado abstracto; algo en sí, fuera de lugar y
tiempo. Por esto puede darse cualquier género de pin­
tura. (N. del A.).

Sobre el último Salón Nacional de Pintura
El público conoce ya nuestra opinión sobre

to hacemos extensivas a este Salón las conside­

lo que puede dar la pintura uruguaya si con­

raciones que sobre jurados v expositores emitié­

tinúa por el camino en que va!

ramos en otras oportunidades.

Nunca fuimos críticos de arte, sino actores

Antes de terminar hemos de recalcar dos

en arte; nunca fuimos repartidores de gracias,

hechos. 1° La actitud de los jurados frente a

consejos o culpabilidades, sino atacantes desde

Augusto Torres, que es sin lugar a dudas, el más

el arte y del arte defensores. Se nos retribuyó

destacado representante del «Taller Torres -

con lo que esperábamos y merecíamos: el ánimo

García», arribó a su justo término: antes no lo

ofendido de la mayor parte de nuestros lec­

premiaban, ahora lo rechazaron.

tores.

2® ¡ En el Salón Nacional se expusieron dos de

Por todas estas razones y por que además,

los más puros ejemplos de la obra constructiva

descontando los discípulos del «Taller Torres -

de Torres García! Posiblemente en muv pocas

García», las características diferenciales del res­

partes del mundo incidirán hechos tan paradó-

to

para

gicos, risibles y trágicos como éste. Que el lec­

abajo, nos ahorramos la monotonía de repetir

tor inteligente deduzca cual es esta paradoja, su

las mismas cosas para cada pintor. Por lo tan-

comicidad y su tragedia.

sólo

cuentan

de

TALLERES

la mala

L .I.G .U .

pintura

�</text>
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Torres García, Joaquín&#13;
Cabrera, Sarandy</text>
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G R A B A D O

C O N S T R U C T I V O

J U A N

N.o 8

O C T . - NOV. 1949

ORGANO

REDACTADO

Y

P A R D O

EDITADO

0.05

E X C L U S I V A M E N T E POR IN T E G R A N T E S DEL

TALLER TORRES - GARCIA

EL

EJEMPLAR

�DECORO DE U P I D 1 U I 1
poi

J U A N
*

Que América sea tierra abocada al más alto
porvenir artístico es cosa ya de común consenso
entre sus moradores. Lo es de modo irreflexivo
para quienes se dejan pensar por sus querencias
íntimas; reflexivamente para quienes saben
que el arte, como actividad del espíritu, es, aún
más que fruto, agente de libertad. Y tierra de
libertad es América, hoy por hoy la más carac­
terizada y casi única tierra de verdadera liber­
tad en el mundo.
Que el cataclismo de nuestros días entraña
fundamentales transformaciones del mapa cul­
tural es cosa que ni a los ciegos, ni en los infi­
nitos ciegos del mundo, puede ocultarse. Si la
toma de Constantinopla por los turcos, con las
emigraciones que ocasionó en las vísperas de la
imprenta, fue fecha decisiva en la historia hu­
mana, cómo no lo serán la toma de Berlín por
los rusos, la conquista de Roma por América,
con las dispersiones de técnicos e intelectuales
que se avecinan, cuando la televisión empieza a
despertarnos los ojos y se ha consumado la de­
vastación del solar de nuestra cultura?
Cerebro tan alambicado como el de Paul Valéry se atrevía a manifestar antes de la guerra:
«Cada vez que mi pensamiento se ennegrece y
que dejo de esperar en Europa, sólo recobro
alguna esperanza al pensar en el Nuevo Con­
tin en te... Si Europa ha de ver perecer o de­
caer su cultura; si nuestras ciudades, nuestros
museos, nuestros monumentos y nuestras uni­
versidades han de ser destruidos por el furor
de la guerra conducida científicamente; si la
existencia de los hombres de pensamiento y de
los creadores se vuelve imposible o atroz por
circunstancias brutales políticas o económicas,
cierto consuelo, cierta esperanza caben en la
idea de que nuestras obras, el recuerdo de nues­
tros trabajos y los nombres de nuestros más
grandes hombres no habrán existido en vano,
y que subsistirán, dispersos en el Nuevo Mundo,
espíritus en los que vivirán una vida nueva, al­
gunas de las maravillosas creaciones de los des­
dichados europeos». Y también decía: «No me
sorprendería, por ejemplo, que pudieran resul­
tar afortunadas combinaciones de la acción de
nuestras ideas estéticas insertas en la potente
naturaleza del arte autóctono mexicano» (1).
Palabras de espantosa angustia lúcida en vís­
peras de la catástrofe. Mas he aquí que después
de esa catástrofe y conocidas ya sus limitacio­
nes, en el mensaje que el mismo Valérv ha di­
rigido a los intelectuales de América Latina a
través de la Misión Cultural Francesa y que en
México fué leído el 18 de Abril último, ha vuel­
to testamentariamente (2) a la carga: «Pensad
en nosotros que en la Europa en ruinas, entre­
gada al fuego, a la miseria, a la devastación,
tratamos de preservar algunos restos de los bie­
nes más preciosos, una parte pequeña de nues­
tro tesoro intelectual de pensamientos y de
energía creadora. Tened presente que vemos en
vosotros los testimonios de lo que fuimos y los
depositarios de nuestras tradiciones de arte, de
poesía, de cultura superior y noble. Vosotros
sois nuestra esperanza, amigos de América la­
tina». En el supuesto de que el cerebro de Paul
\ aléry represente algo vivo en el com plejo oc­
cidental, tan graves palabras equivalen, inequí­
vocamente, a una investidura.
El caso es que, como respondiendo a ese lla­
mamiento, se registra por doquier en América
el desperezo de las savias creadoras. En lo que
atañe a la pintura, materia que aquí se enfoca
particularmente, los síntomas son muchos y
persuasivos. El movimiento que tr^jo consigo
la revolución mexicana ha entrado en vías de
proliferación y diseminado su virtud en un am­
plio vivero de jóvenes artistas. En Colombia y
Cuba, en Uruguay, Chile, Brasil. . . cunde la
agitación en que se traduce la plétora de aqueí l ) PAUL VA LERY: América, proyección óel espi­
rito europeo, en «Síntesis», vol. XIV. N.° 81. México,
mayo 1938.

(2) La muerte del ilustre escritor francés, ocurrida
mes y medio después de redactada la presente nota, ha
reñido a subrayar el alcance de esta palabra: testamen­
tariamente.

2

L A R R E A

líos ambientes. Aquí y allá circulan manifiestos,
se entablan discusiones. Muralistas y caballetistas, indigenistas y europeizantes se acaloran en
defensa de sus particulares símbolos, creando
ese clima emocional necesario para el fraguado
de las sustancias estéticas. Los europeos esta­
blecidos en estos países no dejan, llegado el
caso de atizar con su leña el fuego. El fenómeno
merecería por su complejidad y significación
un examen más detenido que el que tiene aquí
cabida.
Reina al mismo tiempo, preciso es confesarlo,
la más caótica confusión en lo que respecta a
los ideales, motivaciones y propósitos artísticos,
una especie de río revoltísimo favorable a los
verdaderos temperamentos creadores pues que

REM O VED O R
R ED A C T O R R E S P O N S A B L E

Año I

N.o 8
GU IDO C A S T IL L O

"Removedor", se honra transcribiendo
de la Revista "Cuadernos Americanos" (N.
5 Setiembre - Octubre 1945) el presente
articulo de Juan Larrea.
Este poeta bilbaíno, nacido en 1895, es­
tudió Filosofía y Letras en la Universidad de
Deusto, en su ciudad natal y se licenció en
Letras en Salamanca. Viajó por Francia, Pe­
rú, Italia y México y actualmente reside en
ese país, donde actúa como secretario de la
Revista arriba citada.
Su obra inicial de poesía, se vinculaba
con el creacionismo que impulsaban en Es­
paña Gerardo Diego, Vicente Huidobro y
otros.
Posteriormente en su natural evolución
se apartó de los creacionistas, ejercitando
una poesía personal y más vinculada con los
románticos aunque con marcado acento mo­
derno.
Ha colaborado intensamente en las Re­
vistas GRECIA, CARMEN y dirigió con César
Vallejo, FAVORABLE PARIS POEMA.
Ultimamente publicó, RENDICION DE
ESPIRITU y EL SURREALISMO ENTRE EL
NUEVO Y VIEJO MUNDO.
EditoricN Séneca tiene ofrecido su libro
de poemas, ORBE.
_____
implicita una claridad y un orden nuevos. Se
barajan conceptos variados, muchos de ellos de
escasa validez directa; se desechan en cambio,
sin saber demasiado por qué, aquellos que lian:
dado tan generoso vuelo a los movimientos ar­
tístico de un siglo a esta parte. Se habla de pre­
ferencia en términos sociales, raciales, locales
si no lugareños, u otros que poco tienen que ver
con los contenidos estrictamente pictóricos. Lo
que se pretende, en realidad, es reenfocar la
cuestión desde un nuevo ángulo y lo que se
busca es ese ángulo. No deja de admirar la grá­
vida confianza que. en tan precarias condicio­
nes, depositan los jóvenes creadores en sí mis­
mos V en los destinos continentales, seguridad
que escandaliza a los timoratos y a cierto tipo
de intelectual europeo aposentado furtivamen­
te en estas tierras, para quien lo ya heeho es
por lo visto más importante que lo que queda
por hacer. Como si la juventud no necesitara,
ante todo, creer en sí misma, en su potenciali­
dad que es vida, y negar de alguna manera,
aunque sea haciendo los más rotundos novillos,
a las escuelas progeni toras. ¿O acaso cabe cosa
más natural que. si ha de superarse la última
etapa del arte europeo, como éste mismo lo
pretende. América niegue a Europa embarcán­
dose alegremente en su propio destino, para
continuar así el desarrollo humano que al Oc­
cidente le cupo en suerte realizar durante siglos

numerosos? Y si América, como se proclama y
por mi parte tengo proclamado, fuera clave de
universalidad ¿no habría de diferenciarse en
sus realizaciones del occidentalismo que, como
es obvio, no pasa de .-er lugarteniente tempo­
rero de dicha universalidad anunciada pero aún
no producida?
Conforme a estas vehemencias, ha crecido
aquí a ojos vistas la producción libresca en
materia pictórica. Buenos Aires y México están
inundando el mercado continental con traduc­
ciones mejor o peor escogidas y con no pocas
obras originales dedicada- al estudio de los pin­
tores clásicos y modernos y a los artistas sobre­
salientes de América. Pero en esa producción
no faltan tampoco los trabajos de creación que
recogen las inquietudes generales y pretenden
perforar horizontes, señalar derroteros, cuando
no rejuvenecer situaciones logradas. Los hay de
toda índole, mejor o peor orientados, más o me­
nos valiosos. Descuellan unos por su sinceridad,
conteniendo afirmaciones que ayudarán positi­
vamente a resolver los problemas cruciales que
hoy plantea el arte de la pintura, se distinguen
otros por su demagogia, llamados a hacer reac­
cionar contra tesis parciales, erróneas a todas
luces o insuficientes. Los actuales rumbos de la
política ejercen su natural influencia sobre al­
gunas actividades no tan desinteresadas como
el libre ejercicio artístico exigiría. Y queda el
afán de notoriedad a ultranza. En México, Alfaro Siqueiros (3) sigue arremetiendo — sin
comprenderla en lo que tiene de profundamen­
te revolucionario— contra la pintura europea
de caballete con argumentos e invectivas de in­
genuidad conmovedora, mientras reclama para
su maestría una buena gruesa de paredes que
le permitan inocular sus declamatorias com po­
siciones, ya que la masa es lo que cuenta, a la
mayor cantidad posible de resistentes patriotas.
Se diría que en balde. Porque si el muralismo
conoció en México auténticos días de esplen­
dor — cuando la pintura acompañaba a la revo­
lución cojno una soldadera, sin saber demasia­
do, ni importarle, a dónde iba, pero estando
ahí, en acto de presencia, calificando a esa re­
volución, ganándola para su entraña creadora — ,
hoy la joven pintura mexieana discurre dialéc­
ticamente por otras vías. Fenómeno compara­
ble. por cierto, al ocurrido después de la revo­
lución francesa.
Entre estos libros, hay dos que por su tipismo
nos requieren de modo particular en estos mo­
mentos en que parece sumamente apetecible
poner el dedo en la llaga de la pintura (4).
Todo desinterés y sacro frenesí, poseído por
el destino artístico de América y entregado as­
céticamente a su apostolado, el pintor uruguayo
Torres-García recoge en las mil páginas de su
Lniversalismo Constructivo (5 ' las campañas
por él realizadas en pro de lo que constituye la
razón esencial de su vida. Luego de renunciar
a todo linaje de vanas pompas pictóricas y en
su afán de diferenciación, sostiene Torres-Gar­
cía la necesidad de crear un arcaísmo o estado
de rigurosa incipiencia que, partiendo de la
desintegración fundamental llevada a cabo por
la pintura europea de este siglo, vaya dando
pasos geométricos hacia la construcción de un
arte distinto, de «algo nuevo que no ha sido
aún« y que ayude a realizar el «hombre uni­
versal» propio de este Nuevo Mundo. Su posi­
ción, bien se ve. es íntegramente humanista,
porque «lo ideal es el hombre» «bajo ese aspec­
to universal». En algún pasaje de su voluminosa
obra recomienda Torres-García a los artistas

D W TD ALF \RO SrQrEIROS: No hay m is ruta
que la nuestra. México. 1915.
(4) A pe«ar de su carácter entrecortado y de su»
graves omisiones no es posible dejar de mencionar la
obra monumental de Angel Guido: Redescubrimiento
de América en el Arte. Buenos Aires, El Ateneo, 1944.
Entre lo» artistas extranjeros ninguno lia planteado
en un plano tan elevado de discusión los problemas pfc*
tonco*, aunque »in referirlos a América, como Wolfgang
Paalen en su revista Dyn publicada en México.
Í5) Torres-García: lniversalismo constructivo. Con­
tribución a la unificación del arte y de la cultura de
América. Buenos Aires, Edit. Poseidón. 1944.

�FUNDACION ESPIGAS |
Jiueno^Aireí^Afgentinai

N U E S T R A

LU C H A
PO R
LA
por J. TORRES - GARCIA

Quién actúa en público, tiene que resignarse
a sufrir todo género de críticas. Por esto, en
estos once años largos que llevo de actuar en
diferentes formas frente a la opinión, éstas lian
llovido sobre mí, copiosamente, sin darme tre­
gua. Y como era lógico esperar, mis, discípulos
no han podido librarse de ellas. No voy a ocu­
parme ahora, de los muchos que nos defienden
y nos sostienen, pues no hace al caso para decir
lo que voy a decir.
Como consecuencia de tales críticas, tenía (pie
venir, por parte nuestra, una reacción. En pri­
mer término para defendernos, y después por­
que estábamos en lucha por un ideal de arte.
Y hien, a esto quería llegar: a que por parte
nuestra, no intervenía ni interviene otro factor.
Lucha pura por el ideal de la pintura.
No voy a hacer historia para probar esto que,
si se quiere ser justo, se tendrá que recono­
cer que es cierto. Conferencias de arte, enseñan­
za, exposiciones, trabajos de decoración mural,
publicaciones, todo esto se ha hecho sin que
para nada entrase en juego el í(iuero. Por tal
causa, vivimos a precario en todos sentidos.
Poro, comprendiendo que así debe de ser, no
nos quejamos. No es posible tenerlo todo.
Sí; luchamos por el ideal de la pintura. Otros
pintores quizás se crean con derecho a decir
otro tanto, pero que reflexionen y verán que
no están en lo justo. Porque, si luchamos ¿de
qué viene tal lucha?
Eliminando el interés y también la vanaglo­
ria, la ludia viene de que, teniendo un criterio
diamctralmente opuesto, con respecto al arte,
al de la generalidad, (y tanto con referencia a
los pintores como al público i tal criterio, al pre­
tender imponerse, no sólo levanta resistencias,
sino además ataques, crítica, censura, y de ahí
la lucha.
Y ahora, aquí, no vamos a decir tampoco, en
qué nos diferenciamos. Ni en cuanto al arte ni
en otras muchas cosas. Es algo que es demasia­
do sabido de todos y sería ocioso repetirlo.
Esa diferencia que acabamos de señalar, que
determina la lucha, no existiendo para los de­
más pintores, hace que, al menos por este lado,
estén en paz. Podrán tener sus guerras por otras
cosas, pero no ñor la pintura. En tal terreno
no puede haberla entre ellos.
Se nos mira, aquí, como a unos advenedizos,
que vienen a turbar un orden establecido en el
campo del arte, en el que todo era buen enten­
dimiento y armonía. Y entonces, es posible que
se pregunten: ¿con qué derecho vienen aquí
esos intrusos a provocar un cisma? ¿N o estába­
mos aquí todos en paz? ¡Hay que cerrarles el
paso!
Y por razón de esa maravillosa paz. ni la
crítica existía. Todo eran loas y entusiasmos.
Pero ahora tiene que haber crítica. Y la hay.
En eso estamos y de ello tenemos que habí.ir
luego. Porque conviene poner las cosas en claro.
Por causa de la pintura pura (diría plástica
absoluta) y del arte constructivo (que he lla­
mado universal, pues a eso ha de tender ! se ha

establecido el antagonismo de que acabamos de
hablar y, consecuencia de ello, la lucha: la agre­
sión y la defensa, por ambos lados, que ha en­
gendrado, para hien de todos, la crítica.
Justa o injusta, según los casos, interesada o
no, ya existe. Pero ¿quién está con independen­
cia en tal terreno?
Aquí nos sale al paso una cuestión en extre­
mo difícil de aclarar: eso que se suele llamar
incomprensión. Pues en efecto ¿como deslin­
dar la real incomprensión del que critica por
incapacidad, de la crítica tendenciosa, que no
quiere comprender y que es fingida? Por esto,
en ciertos casos, el que criticar es un incapaz o
im vivo. Pero creo que no hay que averiguar
eso, pues sea en cualquiera de esos dos casos,
es nuestro enemigo y debemos arremeter contra
él. ¿N o trabajábamos por la causa de la pin­
tura?
En cualquier momento y lugar, el choque se
produce. Entonces, cualquiera que sea de los
nuestros, debe comportarse según él crea. Por
esto, la crítica escrita, debe ser también libre,
y el que la suscribe ser el solo responsable.
Así entendimos las cosas al fundar «Rem o­
vedor», y con el mismo espíritu autonómo, se
fundó el «Taller» que lleva mi nombre. Por
esto, en cuanto a la revista, yo no soy más que
un colaborador, y en cuanto al Taller, un sim­
ple profesor que corrige y orienta los trabajos.
Y digo esto, por ciertas suposiciones que se han
hecho.
Y aunque sea redundancia, permítasenos re­
petir, que, de una vez por todas, quisiéramos
que quedase bien sentado que no nos mueve
otro interés que la pintura (la pintura y el arte
tal cual lo entendemos) y que cuanto digamos
y hagamos, es sólo para su defensa. En conse­
cuencia, que somos enemigos declarados de la
que juzgamos mala pintura.
La gloria de la pintura la proclaman las ad­
mirables obras de los maestros: una sinfonía,
una música. T esto es lo que se ve al primer
momento. Después, poco a poco, van aparecien­
do loé detalles de tal maravilla: los tonos, los
contrastes, la luz que se distribuye en el cuadro,
los pasajes, las calidades, la pincelada segura,
la mancha justa. Y todo en armonía: una sín­
tesis. \ luego, aun . . . algo que ya no se puede
nombrar, ni se sabe que es, ni donde está: una
visión sobrenatural. Y todavía, junto a todo eso,
algo que tampoco se comprende, que hermana a
todas las grandes obras: la mano de un maes­
tro, que lo es, puede bien decirse, por la más
misteriosa de todas las causas.
Y bien: todo esto ¡de qué manera vulgar ha
sido y es tratado por tantos mediocres, pintores
V no pintores! Y ven lo que no está allí, y eso
no ven. O ven, simplemente, sólo lo represen­
tado.
En el mal cuadro imitativo, la naturaleza
está ausente; hay sólo una apariencia. En el
buen cuadro, la pintura está siempre en primer
término. Pero, por esta razón, la naturaleza re­
presentada está también, de otra manera, y por

D EC O R O DE LA PINTURA

combina en actos mágicos de los que parece
esperar a la postre, revelaciones concluyentes,
no hay duda que lo hace, prolongando la tra­
yectoria del arte europeo pero con una volun­
tad mucho más explícita, bajo el ansia de fun­
dar un lenguaje para dialogar con el contenido
psíquico de ese Hombre. Ignoramos hasta qué
punto no lo ha conseguido aún. Pero sí sabemos
que dentro de la serie de funciones complejas
y de variado orden que puede desempeñar el
arte de la pintura, Torres-García ha especiali­
zado su vida en las más ambiciosas y trascen­
dentes, esto es, en aquellas que derivan de su
esencia creadora, y le hacen apto para estable­
cer. por fin. más allá del monopolio religioso
y del absolutismo social, un contacto íntimo en­
tre el subconsciente universal o contenido psí­
quico del cosmos y nuestra conciencia de seres
vivos. Es decir, se ha instalado en el centro
mismo del problema.

esquemática e irreal que sea la pintura. Pues,
cuando ésta vive, vive lo otro, la naturaleza.
Por esto: si nosotros esto Vemos y compren­
demos, y por ello no podemos estar de acuerdo
con otra pintura ¿porqué no liemos de poder
decirlo?
Si miramos en derredor nuestro, estemos don­
de se quiera, veremos que todo está dentro de
una tonalidad, salvo excepciones. Es decir, que
no hay estridencias, pues el aire y la luz todo
lo armonizan. Si vemos, pues, una pintura de
colores afectados, chillones, falsos, ¿cóm o va­
mos a decir que es buena? ¿Y porqué no hemos
de decir que es mala? ¿Y por que razón ten­
dríamos que callar?
Sí; desgraciadamente tenemos que estar en
pugna, porque, de esa pintura que d ecim os...
¡hay tanta! Y si escribimos ¿es que tenemos que
falsearnos? Creo que a quien nos lea, le debe­
mos nuestra opinión sincera.
Además: que tal pintura nos ofende, porque
estamos en una verdad que no permite transac­
ción alguna. Pues nada tiene que causar más
irritación, que ver la verdad (la verdad de la
pintura y de la naturaleza) calumniada. Y, en­
tonces ¿tendrá que causar extrañeza, que tal
irritación se manifieste? Pero adviértase, que
el pleito, es-siempre por la pintura y por nada
personal. Por tal razón, cuando la crítica es así
desinteresada, no debiera ofender a nadie. Y
'aunque, naturalmente, no sea nada que agrade.
La crítica, situada así en un plano noble, debe
aceptarse.
Ahora, lo que hay de malo, es esto otro: que
el adversario, para hundir a este buen crítico,
se sitúe en el mal terreno de la ofensa personal,
del insulto, de la baja fraseología vulgar. En
tal caso, el buen crítico debe abandonar el te­
rreno.
Hay quien se lia quejado de que «Remove­
dor», en ciertas ocasiones, había sido injusto
o demasiado severo. Los que dicen esto, si tal
dicen, es porque no han conocido jamás lo que
es la verdadera pintura. Y ante esto ¿qué puede
hacerse? Si hay algo invencible en ellos, que les
veda poder tener la fortuna de llegar a tal co­
nocimiento, y por añadidura, van tras de un
concepto descarriado ¿es que puede hacerse
nada para hacerles ver y comprender, lo que
ya no por malevolencia, sino por incapacid; i.
no les estará nunca permitido conocer? Son, sin
duda, ciegos a nativitate. Y si se enojan ante
lo que no comprenden, y más ante la crítica de
quien comprende, será cosa lamentable, pero no
tiene remedio.
Otra cosa es la crítica malévola. Que en reali­
dad, quien la ejerce, seguro que comprende a
medias. Pero, sea como sea, es indigna. Y en­
tonces, frente a tales críticos ¿cabe otra cosa
que arremeter sin piedad? Por esto, si algunos
han encontrado demasiado fuerte las críticas de
«Removedor», y hasta injustas, otros, en cam­
bio, las hubieran querido más contundentes.
J. Torres-García.
Octubre de 1945.
■

viene de la pág. 2
que se desentiendan de los hechos sociales para
engolfarse en las categorías estéticas. ¿Torre de
marfil? No es ese su sentido. Torres-García es
un verdadera místico que después de muchos
años de ardorosa y difícil experiencia por los
vcricuentos del arte, alcanzó la identificación
con su sustancia universal, volviéndose más tar­
de, como buen místico, hacia el mundo con ob­
jeto de ganarlo para esc Hombre de ,us desve­
los, cuya casa debe a su juicio y por lo pronto
construirse en América. El arte no ha sido para
él oficio lucrativo con que subvenir a sus nece­
sidades corpóreas o familiares, ni medio para
ganar puestos en el graderío o en la estimación
social, sino una vivencia íntima, un camino para
adentrarse por la renunciación, la geometría v
la cromática en la constitución orgánica del
cosmos. De allí ha nacido su «realismo ah-oluto», su «reintegración a lo estético» y su afán
obsesivo de construcción. Si su- propios cuadrorepresentan una especie de juego solitario de
naipes en el que su repertorio de símbolos se

Conviene advertir, si se ha de comprender
cabalmente el sentido y alcance de su posición
distinguiéndola de la de otros artistas que aho­
gan también por un arte propio de este hemis-

P IN T U R A

. .

■

-

ferio, que el americanismo en cualquiera de sus
actividades permite hoy día dos actitudes dife­
renciadas: una pretende realizarse sustituyendo,
americanizando las representaciones y demás
elementos accesorios, pero conservándose, por
lo que atañe a las substancias, en el nivel acos­
tumbrado. La originalidad representada por esta
tendencia se define como exclusivamente do
matiz. Representa una prolongación horizontal
o analítica del arte conocido y sigue siendo una
estribación de la mente occidental aplicada a
otros territorios donde cultiva, con su color lo­
cal, un colonialismo pintoresco. La asumida por
Torres-García es, en cambio, una posición radi­
cal que pretende no sustituir los efectos sino in­
corporarse las causas creadoras para realizar
aquí, superando el fenómeno artístico de Occi­
dente. aquella exaltación que bien quisiera pero
que hoy por hoy no es capaz de realizar el Viejo
Mundo: la universalidad a cuyas playas nos
arroja. En esta posibilidad de mutación sinté­
tica radica el porqué de su Universalismo Cons-

continua en la pág. 4

3

�DECORO

DE LA P I N T U R A
viene de la pág. 3

tructivo claramente orientado hacia un tiempo
futuro, mientras que la otra actitud alarga una
duración centrada en el pretérito. \ he aquí
por qué toma Torres-García el problema de la
pintura en aquel punto extremo de la destruc­
ción que permite, partiendo de la nada, un im­
pulso creador hacia un nuevo ámbito.
Podrían tener apariencia de razón contra al­
gunas de las tesis de su tremendo alegato quie­
nes se negaron a admitirlas afirmando que la
conciencia universal no pasará de ser un sueño
mientras no se labore al par por el estableci­
miento de la entidad o cuerpo social que la
baga materialmente posible. Mas podría argüir
Torres-García que él en modo alguno se opone
al establecimiento de dicha entidad, sino que,
al contrario, su Universalismo Constructivo, co­
mo Contribución a la Unificación del Arte y de
la Cultura de América, la reclama. Lo que re­
cusa es esa subversión de valores predicada por
cierto totalitarismo sociológico que pretende su­
peditar a sus necesidades visiblemente no-uni­
versales las categorías estéticas y cuyo preten­
dido realismo de medio pelo dista de ser ese
«realismo absoluto» necesario para que el ser
humano alcance la plenitud por la que TorresGarcía pugna. Pues ¿cóm o podría realizarse
ese ser humano si se suprimen las potencias que
lo sustantivan, tan necesarias para el psiquismo
de la especie como pueden serlo para el cuerpo
sus visceras capitales? Nadie negará que el ar­
tista en cuanto ser consciente ha de contar con
la realidad social y laborar por su perfección
con sus propios medios, pues de lo contrario
dejaría de ser consciente. Mejor que los demás,
sabe que su personalidad rebasa la supuesta del
individuo, siendo en cierta manera — ¿no se
mueve acaso en los terrenos del ser?— , una en­
carnación específica. Mas precisamente a causa
de esta conciencia, lejos de plegarse a dictados
ajenos, debe operar con enteras libertad y res­
ponsabilidad en la estimación de lo que su pro­
pia experiencia y juicio le inspiran como nece­
sario en su campo, para el óptimo común de
hoy y de mañana, cosa que depende de las di­
versas situaciones. En su cerebro y en su sensi­
bilidad radican las branquias espirituales de la
especie, merced a las cuales, así como el místi­
co dentro de las teocracias vivificaba el cuerpo
de dogmas, las experiencias poéticas del arte
han de vivificar dentro de un orden universal
la conciencia genérica. Siempre será el artista
un factor dinámico, un renovador, basta cierto
punto subversivo. Ateniéndose a estos determi­
nantes se produjo en su día el muralismo mexi­
cano, grávido de significación pero cuyas for­
mas pertenecen ya al pretérito. El arte es, más
que ningún otro, un fenómeno biocéntrico, y en
ello estriban su dignidad y su potencialidad
extremas, infinitamente superiores a lo que la
casi totalidad de los artistas, acostumbrados a
estimar las posibilidades del presente en fun­
ción del pasado, se imagina.

Libro de polo opuesto es el titulado La Re­
belión de los Pintores, de F. Cossío del Po­
mar (6), aunque una vez abierto no se acabe
de ver en quq consiste dicha rebeldía. Gracias
en cambio a su manera socioeéntrica de enfocar
estos asuntos candentes, parece existir en él una
sumisión a ciertos lugares boy comunes deriva­
dos de una concepción romamente materialista
de la vida, en cuyo sistema el arte, domesti­
cado, incomprendido, tiene asignado oficio de
Cenicienta. Es innegable el valor social del fe­
nómeno artístico asociado desde sus orígenes
mágicos a &gt;ia existencia colectiva. Mas ¿en qué
consiste su función dentro de las sociedades?
¿Es lenguaje, más o menos rudimentario, me­
diante el cual, desde la noche de las cavernas
basta el presente, se lia establecido o tratado
de establecer contacto imaginario, no de los
hombres para sí, para lo que disponen de otros
sistemas más adecuados, sino del grupo humano
con ciertas realidades psíquicas del universo &gt;
dar respuesta concreta a las ansiedades de su
conciencia metafísica, o es una pura facultad
representativa sin mayor utilidad que servir anQlarmente en forma de pasquín a la transfor(6) FELIPE COSSIO DEL POMAR: La Rebelión de
los Pintores. Ensayo para una sociología del arte. Mé­
xico, Edit. Leyenda. 19-45.

4

mación económica del mundo? Una discusión
sobre estos temas llevaría a revisar los funda­
mentos mismos de la sociología y, sin duda, a
concluir que frente al fenómeno social caben
diversas posiciones, como son: la positivista o
materialista que vino a sustituir a la meramen­
te espiritual, y una tercera derivada de una
concepción del mundo menos parcial e inme­
diatamente interesada que no es transacción
sino síntesis de las anteriores, o sea la sociocéntrica, la teocéntrica y la biocéntrica. Porque si
bien es evidente que cierto concreto esplritua­
lismo ha perdido ya su vigencia, dista ello de de­
mostrar que sólo lo material, comprendido a la
manera como boy se comprende, posee realidad
efectiva. Es más, la realidad así castrada de su
intrínseca potencia creadora, no pasará nunca
de ser una sub-realidad. Preguntémonos: la fuer­
za de convicción con que boy lo material soli­
cita la mente humana ¿no provendrá de que nos
encontramos en un período agudo de transfor­
mación de los valores-espirituales, de tránsito
de algo que ha dejado de ser a algo que no es
efectivamente todavía, y no será la misión del
arte, una vez dominada la atracción deforma­
dora ejercida sobre la mente por lo económicosocial, inventar los nuevos valores que vengan
a colmar el vacío dejado por la prescripción de
los antiguos? Desde luego no es ésta la opinión
de Cossío, cuyo estudio confuso y no exento de
graves contradicciones, hace hincapié en las te­
sis materialistas sin reconocer ningún valor de
orden psíquico. Lo grave de esa posición es que
no se afirma como una de las circunstancial­
mente posibles, sino como la única legítima, to­
talitaria. En consecuencia, el arte profunda­
mente rebelde, aquel que abre ventanas a la
imaginación creadora y cuya corriente transmu­
tativa vino en nuestra época a desembocar en
el cubismo y el surrealismo, es tachado por Cos­
sío, con todas sus letras, de arte reaccionario.
¿Y por qué serían reaccionarios el cubismo y el
surrealismo? Porque según las tesis de super­
ficie, tan en boga en ciertos sectores racionalis­
tas, son movimientos que traducen la descom­
posición de una sociedad y, aún mejor, de una
clase, la burguesía.
Ahora bien, discurriré por mi cuenta, ¿y por
qué sería menos cierto lo contrario? ¿No nos
asisten idénticas razones lógicas para sostener
el absurdo de que la decadencia de la burguesía
no es sino un reflejo de la desintegración de la
pintura, según la célebre paradoja de Oscar Wilde, de que la naturaleza imita al arte? Porque
resulta que la descomposición pictórica es an­
terior en el tiempo a la social, al grado de que
en pleno «mundo de la seguridad», años antes
de la guerra del 14, se lanzaron los pintores al
fauvismo y al cubismo. Claro es que para llegar
a las llamadas conclusiones «sociológicas» es
preciso pasar por alto que la moderna pintura
occidental a partir de David y sobre todo de Géricault, es cuando realmente merece el nombre
de arte, actividad heroica en pro de la libera­
ción material y- sobre todo espiritual del ser hu­
mano, agente de libertad. Lo que no quita para
que los pintores mediocres, los que toman .su
oficio como un modus prosperandi, se amolden,
éstos sí materialmente, a los gustos de sus financiadores. Pero, ¿y los otros, los verdaderos ar­
tistas, aquéllos para quienes el arte es una vi­
vencia creadora por la que desdeñan cuantas
ventajas tales ofrece la sociedad para no admi­
tir sino las que libremente ellos mismos se con­
quistan? Los llamados «pintores malditos» ¿lo
eran así porque la burguesía los subvencionaba
para que lo fuesen o por su insumisión a los gus­
tos y a la estructura misma de la sociedad bur­
guesa, al extremo de renunciar, como Gauguin,
a toda sombra de occidentalismo? Y si Goya es
un pintor revolucionario por haber pintado a
la munificente familia real española con descar­
nados pinceles ¿quién más descarnadamente
que Picasso? El Picasso anterior y posterior al
Guernica, ha radiografiado desde 1907 el horror
de los tiempos modernos, quien ha denunciado
más brutalmente sus monstruosidades y ese es­
tado latente de contradicción y guerra civil, a
caballo entre dos mundos, característico del al­
ma contemporánea, que se revela en el feroz
desdoblamiento de sus personajes? ¿No es él
quien, entre otras muchas cosas, ha conquistado
para la pintura la plena libertad de que hoy
disfruta, requisito previo para todas las ulterio­
res creaciones? ¿O será tal vez reaccionaria la
conquista de la libertad, según el desdichado

aforismo: «la libertad es un prejuicio burgués»?
(Lenín). Posiblemente he pronunciado la pala­
bra clave: alma, contenido psíquico, no indivi­
dual sino universal. De eso es lo que en la actua­
lidad, bajo el peso de supersticiones anacróni­
cas, poco o nada se entiende y por ello poco en
verdad entendemos todavía en pintura, arte co­
nectado por sus vías intuitivas con el psiquismo
funcional del mundo.
Por otra parte, ¿habrá que admitir que la
transformación experimentada en nuestro siglo
por la ciencia físico-matemática 6e debe a la
descomposición de la clase o sociedad que sos­
tiene a los sabios investigadores? Porque sucede
que esas transformaciones revelan, cuando se
baja al fondo de las cosas, un estrecho parale­
lismo, que desgraciadamente no cabe explayar
aquí, con las sufridas por la pintura, así como
con las que acusan todos los otros campos de
actividad y conocimiento humanos. ¿Quiénes
dependen o imitan a quienes? La verdad es que
si algún derrumbe traduce simbólicamente la
pintura moderna, no es éste el de una clase, ni
el de una etapa social, sino, afortunadamente,
el de algo mucho más hondo y sustancioso. Hayuna imagen del hombre, una concepción del
mundo, un sistema de relaciones aparenciales
entre la conciencia humana y la esencia del
cosmos, y una entidad social — esa imagen, esa
concepción del mundo, ese sistema de relacio­
nes y esa entidad social que reflejaban y refle­
jan las pinturas realistas— que dicen adiós a
la historia. En las representaciones de la pin­
tura occidental puede verse cómo esas «realida­
des» van desapareciendo poco a poco bajo el
disolvente de la luz, hasta dejar el sitio a las
esencias, preparando así el camino para el ad­
venimiento de ese universalismo que reclama
una transformación general del mundo y del
ente humano que lo encarna. Al grado que la
pintura que pudiera llamarse «antirracista», de
1906 en adelante, puesto que asimila el arte de
las gentes de color, negros oceánicos y amerin­
dios, anuncia en cierto modo la disolución del
mundo contemporáneo en la universalidad. Es­
tas son cosas que evidentemente repugnan a esa
concepción del mundo estrechamente sociológico-inaterialista, para quien ya no va existien­
do más verdad que el pragmatismo de la propa­
ganda, gracias a lo cual nada, por cierto, tiene
que echar en cara a la más atrevida y descom­
puesta pintura moderna puesto que como ella,
— ¿reflejando tal vez la descomposición de la
burguesía?— , ha descompuesto todos los valo­
res, hasta llegar al absoluto tflatus toéis», a la
nada. Al caos de semejante propaganda se ha
pretendido, embruteciéndolo, uncir el arteMás fuerza es reconocer que el pintor realista
o verista, a remolque de los sucesos, que hoy
puede complacerse pintando la bárbara inhu­
manidad de los campos de concentración y las
llamadas fábricas de muerte, así como las rui­
nas de que se encuentra plagada Europa y que
constituyen magníficos temas para la cámara os­
cura, lleva un retraso de varias décadas tras el
artista creador y abstracto, quien, por haberse
adentrado en los problemas orgánicos del arte
de la luz, pudo entre otras cosas prever — si se
quiere hablar así— , prever y pintar las actua­
les antropoclastias. e incluso su significado pro­
fundo y otras muchas cosas al pintar sus equi­
valencias en el proceso transformativo de las
estructuras en que radica la conciencia del hom­
bre. Porque ¿qué sentido no arroja hoy la tan
decantada «deshumanización del arte» cuando
se la coteja con la espantosa deshumanización,
con la exterminación apocalíptica a que se' ha
llegado en amplias zonas europeas? ¿Era o no
realista la pintura desintegrada y abstracta, re­
flejaba o no el «absoluto de su época», según
la expresión de Mariátegui, compatriota de Cos­
sío? Y una vez más ¿quién había previsto,
quién imita a quién? ¿O no será, cortando por
lo sano, que la crisis transformativa agudizada
en nuestros siglos XIX y X X alcanza al hombre
en su integridad orgánica, lo mismo a su mente
científica que a la artística, así como a sus es­
tructuras colectivas exteriores e interiores, físi­
cas y metafísicas o psíquicas, e incluso a su ser
histórico? No será, como por mi parte he creído
comprender por varios otros caminos, que nos
encontramos en el vórtice de una crisis mutacional del ente humano, que, por su carácter
universal, lleva aparejada no sólo el derrumbe,
la «deshumanización» de la entidad antigua, si­
no también el desplazamiento del foco creador
hacia el nuevo continente, según parece estar

�FIGAR1 como inspirador de la Literatura nacional
por H E C T O R R A G N I
Creemos que la Comisión Nacional lie Bellas
Artes, para cumplir del todo con su cometido,
editará en un volumen —o en varios— todas
las conferencias que en ocasión a la exposición
Figari se lian dado en homenaje y enalteci­
miento de dicho pintor; con las cuales, si los
valores del pintor no lian aumentado como tal,
no se podrá poner en duda — con los escritos a
la lista— que su ohra lia quedado consagrada
cómo exuberante manantial de inspiración lite­
raria.
Literatos, literatas, arquitectos nacionales
unos, e importados otros y lia.-ta algún escultor,
todos, lian mojado su pluma en los negros de
Figari, hasta desteñirlos easi. ¡Cuánta literatu­
ra! Recorremos in mente todo lo oído y queda­
mos abrumados. Cada uno lia buscado el con­
sonante que más cuadraba a su soneto, como
quien tira de la punta de una manta para su
1

-------------- ------------------ - r

viene de la pág. 4
dispuesto a aceptarlo, testigo de excepción, Paul
Vaíéry? Ojalá que, en el peor de los casos, el
arte americano «le la pintura, heredando el es­
píritu creador del más avanzado arte occidental
e identificándose, según propone Torres-García,
con su verdadera y constructiva esencia, llegue
a prefigurar el mundo y el hombre nuevos con
. tanta fidelidad como, entre otras muchas cosas,
el arte dislocado «le Europa lia reflejado una
' situación «le fin de mundo que explica con preí cisión la involuntaria semejanza que existe, y
que Cossío ,ha descubierto — valor por cierto no
material sino espiritual—, entre el Guernica de
. Picasso y los Apocalipsis medievales. Nada en
efecto define mejor el exacto sentido de nues­
tros días.
Los prejuicios de que arranca, han llevado a
Cossío a concebir su obra con criterio, más que
de pintor, de político que estima necesario fun­
damentar un totalitarismo de Estado, cortando
todos los posibles escapes. Tal vez por ello ha
dedicado la parte final de su libro a la más mo­
desta pintura rusa que, si existió en tiempos,
hoy brilla, como él mismo reconoce, por su
eclipse. Más, los que hubieran sido sus más emi­
nentes valores, Chagall, Kandinsky, Soutine,
B u rliok ... así como los escultores Lipchitz, Archipenko, etc., salieron para siempre de aquel
territorio. Lna sociología no exclusivamente ma­
terialista se vería obligada a parar mientes a
este propósito en la «casualidad» de que las re­
voluciones francesas y mexicana — americana—
se hayan calificado por la presencia y prospe­
ridad del arte de la luz, mientras «pie la sovié­
tica, pese a la protección oficial otorgada a los
pintores, se caracteriza por el fenómeno con­
trario. ¿No se deberá acaso a que esta última
revolución, en situación de antítesis, carece de
la dimensión imaginaria, universal, significada
por el lenguaje de ese arte que, cosa archisabida, no admite direcciones sino que es galar­
dón — y agente— de la libertad? ¿No 6erá por­
que en la transformación compleja del mundo
le lia tocado a la U .R .S .S . realizar ciertas ta­
rcas, importantísimas sí, pero exclusivamente
materiales, parciales por tanto y limitadas, que
excluyen las floraciones del espíritu? Si se tra­
ta de hacer distingos adviértase que únicamente
prosperan hoy en Rusia las artes de representa­
ción. Ni supliera el drama sino su escenografía.
En resumen, de lo expuesto se infiere una vez
más, a mi juicio, «pie sobre la realidad estrecha­
mente social, no negándola sino envolviéndola
complejamente, transfigurándola, se expande la
Realidad cósmica propia de la era a cuya puer­
ta nos encontramos, siendo el arte «le la pintura
uno de los conductos intuitivos por los que la
conciencia humana ha de tener acceso a la ar­
monía orgánica de su propia Naturaleza. En lo
cual el arte americano, recogiendo las enseñan­
zas últimas, ha de distinguirse, por su trascen, dencia, en provecho del hombre universal y de
su sociedad aun no creada, de las artes predecesoras.
JUAN LARREA

lado, pero como eran tantos a tirar, al final ter­
minaron por dejar el muerto al descubierto. La
cuestión estribaba, por lo visto, en demostrar
que la pintura de Figari — más exactamente—
lo representado en los cuadros de Figari, les
había inspirado largos párrafos literarios, lle­
nos de figuras retóricas y citas a los negros, a
los pericones, a los cielos con luna o sin ella, a
los ombúes secos o con hojas, a los caballos o
a los perros. Así todos y cada uno de los confe­
renciante;?, dentro de su mentalidad y 6u tenden­
cia, desde el arquitecto que no construye hasta
el que más valía que nunca hubiera construido,
v de éste al escultor charlatán, con sus inaudi­
tas comparaciones y parentescos de Figari con
ciertos pintores extranjeros; pasando por el poe­
ta gaucho — de tablado— autor (creemos) de
todos los versitos para reclame de yerba mate;
y la escritora ecléctica en demasía.
Hay quien lee libros yr libros y no aprovecha
nada. Pero hay otros, que apenas les cae en las
manos algo bueno, con qué facilidad lo utili­
zan, y qué bien se lo hacen venir en verso!
Versos que al oído parece que suenan bien, pe­
ro si los analizamos en su íntimo sentido— ve­
mos que eso no se aguanta— , pues si es puro
localismo y anécdota la esencia de la obra de
Figari, mal le cuadra lo de universal, por esto
o por aquellos, y a pesar de que el vocablo se
les haya pegado al oído con las últimas lecturas.
¡Lo qué es la literatura! Nunca podremos ter­
minar de comprenderla. Por ella, es dado ha­
blar hoy de los negros de Figari, como fué po­
sible ayer hablar de las lunas de Cúneo y a lo
mejor otro día se podrá hablar de la pintura
verdadera de algún verdadero pintor; por eso
no terminaremos nunca de comprender la lite­
ratura.
De todo se ha llegado a decir en el afán de
hacerlo venir en verso. Véase si no lo que dijo
uno de los conferenciantes: «Figari nunca hubie­
ra sido un pintor de naturalezas muertas, por­
que era un pintor de naturalezas vivas». ¿Sabe
este señor lo que dijo? ¿No lo sabe? 0 sabién­
dolo. no titubeó en decirlo, sólo por hacer la
frase —LA FRASE—- a la que cada uno supe­
ditó todo lo que dijo. Demás está destacar el
inconveniente de proceder en esa forma, pues
con ello se resienten las bases mismas de los que
se desea levantar. En sólo diez segundos se dió
por tierra con todas las alabanzas posibles, al
negarle a Figari toda capacidad para hacer una
naturaleza muerta.
Nosotros — REMOVEDOR— hablamos sólo

de pintura, no hacemos frases. Por eso, aunque
no nos comprendan los literatos — o nos lapi­
den— no nos interesa. Hablamos y escuchamos
sólo el lenguaje de pintor. Los conceptos plás­
ticos nunca podrán ser vaguedades literarias,
pues dejarían de ser tales. Cuando se habla de
una naturaleza muerta, todos los pintores sabe­
mos de que se trata. Pero 6¡ se nos habla de
una naturaleza viva, estamos seguros de que no
se nos habla de pintura. Una sola naturaleza
muerta puede consagrar un pintor. Decir que
Figari nunca la hubiera pintado, es negarle el
título de pintor, PINTOR, sin literatura.
Y . . . ya que hablamos de pintores, ¿dónde
estaban las figuras representativas de la pintura
nacional — léase oficial— en el homenaje a Fi­
gari? ¿Son todos mudos o analfabetos? ¿O es
que sólo encuentran quien les escriba algo, que
hacen pasar como escrito por ellos, para arre­
meter contra Torres-García? ¿O es sencilla­
mente que no están de acuerdo con el homenaje
o no se tenían fe en salir airosos? Ahora habrán
visto que fácil era: Los negros, los gauchos, los
cielos, el perro, etc., etc., etc. S í . .. p e r o .. . ¿y
la pintura? ¡La pintura que la parta un rayo!
¿Es que los conferenciantes hubieran sido tan­
tos si había que hablar de pintura? Uno que
intentó hacerlo comparó a Figari con Anglada
Camarasa! Nosotros discrepamos tanto de una
como de la otra pintura; sólo deseamos aquí
ser objetivos y poner las cosas en su lugar.
Anglada fué un pintor exuberante de mate­
ria, cuidadoso de la entonación en el conjunto
del cuadro, así como de la composición del mis­
mo, dentro de su tendencia. En cambio Figari,
ya lo ven Uds., ahí está colgado en el Salón Na­
cional y se puede ver si alguna de las condicio­
nes de Anglada Camarasa se hallan en las obras
expuestas, es decir, en la obra total de Figari,
pues allí está todo, tod o!! Desde lo que verda­
deramente lo representa, hasta lo que lo deja
realmente mal parado.
Ese criterio de mostrarlo ',odo, o la falta de
él, es lo que llevó a la misma Comisión Nacio­
nal de Bellas Artes a exponer hasta la última
miseria de J. M. Blancs, lo cual parecería más
aviesa intención que verdadero deseo de home­
naje. Pero, esto ya nos llevarla fuera de lo que
nos hemos propuesto, o sea agradecer en nom­
bre de Pedro Figari — ya que él no puede ha­
cerlo— toda la literatura que han hecho sobre
sus cuadros.
HECTOR RAGNI.

26 § EXPOSICION
DEL

‘TALLER Torres - BARCIA"
EN SU SALON PERMANENTE
Sub - Suelo de la
LIBRERIA SALAMANCA
Bartolomé Mitre y Policía Vieja
I NAUGURACI ON:
Martes, 6 de Noviembre a las 18 horas
S

�PRESENCIA DEL ESPIRITU
%

La Exposición de “Dioses, Hombres y Monstruos"
del Maestro J O A Q U IN T O R R E S - G A R C IA
La frase de Ben#detto Croce: «el arte es in­
tuición» puede enmendarse, o perfeccionarse,
mejor, con el agregado, de «sometida en parte
a un proceso consciente de elaboración y des­
carte. Porque si la materia prima del Arte es
ese golpe de espíritu sobre los objetos, esa pro­
yección súbita de las asociaciones, ese matiz no
visto hasta entonces, esa intuición, no menos
cierto es que, el freno y el saber lo que se busca,
determinan también el fenómeno Arte.
Y es curioso —y cierto— determinar que si
bien la crítica del arte puede encaminarse —
así como todo aprendizaje— al estudio y dis­
criminación de los valores absolutamente for­
males, el análisis final no puede ser sino la ca­
rrera en busca de la presencia del Espíritu.
Porque cuando el plano en que el artista des­
envuelve su actividad es — su nivel— de cota
más o menos normal, el espectador busca la faz
meramente técnica o analítica del objeto artís­
tico, mientras que cuando las elementales de­
terminaciones han sido superadas, solamente
cuenta el espíritu y su emanación, quedando lo
formal como un paso final o el regusto de "un
fuerte gusto que le antecede.
Pero lo envuelto y difícil del misterio del
arte, hace que justamente este espíritu por el
que brega el espectador, y que quiere buscar
como meta en su actitud entre pasiva y activa,
aparece como una resultancia del ajuste y per­
fección de lo formal.
De manera que en ese equilibrio e interde­
pendencia radica el quid de la presencia absor­
bente de la obra, y su calidad y condición de
duración.
Allí es donde yo encaminaba precisamente mi
intención: a la concreción y puesta en rigor del
aserto de Croce — indudablemente visto con la
justeza de quien está muy próximo del fenó­
meno del arte— pero incompleto en cuanto no
considera el acto mismo de la creación, el trán­
sito de la intuición a la forma misma. Croce
queda en la visión previa al objeto artístico
y no pretende explicar o circunscribir el acto de
la formulación y ordenamiento de la intuición,
pero de cualquier manera abriendo la puerta
de visión a ese 6util material primario del arte.
Las exposiciones sucesivas de Torres-García,
en el salón permanente del Taller, habían pues­
to al público en la posibilidad de verificar di­
rectamente la pintura.
Tanto sus exposiciones constructivas, como
las de paisajes, o simplemente de abstractos,
habían determinado, para los olvidadizos, la tó­
nica misteriosa y clásica del arte de Torres; y
el nexo que informaba a todas las exposicio­
nes anteriores, cordón umbilical o vena de trán­
sito entre todas las obras — su calidad particu­
lar— tuvo en la actual exposición de TorresGarcía, una culminación.
Porque en estos cincuenta y tantos retratos,
Torres-García evidencia, antes que nada su espí­
ritu, el espíritu universal del arte y de su arte,
y por el equilibrio de intuición y formalidad
que señalábamos, en el comienzo, manifiesta su
verdadero sentido clásico. Por esto nunca mejor
que ahora esta exposición de Tdrres-García,
cuando lo clásico, hecho lugar común de la
equivocación, se ve defenestrado por quienes,
atenidos a cánones, o menor diclió a las apa­
riencias más externas del arte clásico, pretenden
dar por eso simplemente exterior un espíritu,
del que se hallan absolutamente lejos.
\ quien hace una academia, copia un des­
nudo en barro con penoso servilismo, o pincha
a Viñola entre punto y punto para reproducir
los torcidos acantos, y cree estar en lo clásico,
no comprende que solamente podrá estarlo,
cuando logre concitar aquel equilibrio que tan
misteriosamente Torres-García concita en cada
cuadro, colocando al espectador abstraído, por

obra de esa circunstancia, de frente con lo uni­
versal.
Porque tan universal, por este hecho resulta
uno de esos retratos como una obra construc­
tiva, aunque si bien aquellas además de conte­
ner a Torres-García determinan un sentido, una
dirección en el arte americano, circunstancia
que apunta Juan Larrea en su artículo «Decoro
de la Pintura».
Y aún siendo obra cerrada en sí mismos,
estos retratos, que a mi modo de ver y de sentir,
son trasmutación a lo plástico del personaje y
las circunstancias adyacentes al mismo, hasta el
lenguaje de la pintura, por tocar la armonía,
tocan directamente a lo universal.
A esta altura, contesto para quienes pudie­
ran encontrar literaria o demasiado libre mi
posición, subjetiva en extremo, frente a un
hecho que — como se ha dicho de la pintura—
debe considerarse solamente en cuanto a pin­
tura, contesto digo, que la gustación del objeto

artístico, una vez que este «s ha dado como una
presencia, sencillamente, no tiene más límite
que el espíritu que de este emana, el cual, re­
sulta obvio decirlo, no admite acotación dle
ninguna naturaleza.
Entendiendo entonces claramente que a toda %
mi — diré— ensoñación contemplativa, precede
la alegría que produce la presencia del arte,
manifestándose e imponiéndose subyugantemente, de consuno.
De manera que si algo puede dar la tónica
de esta exposición de «Dioses, hombres y mons­
truos» de Torres-García es su control clásico,
su sentido apolíneo, su milenaria raíz universal.
^ paralelamente, si algo puede resumir mi
actitud personal, o mejor dicho, si algo puede
enunciar mi experiencia frente a la exposición
de Torres-García, es mi certeza de haber estado
en presencia del espíritu.
Sarandy Cabrera.

Integrantes Del
TALLER "TORRES-BARCIA”
Rechazados
Total o parcialmente del

IX Sal ón Nacional
EXPONEN
SUS OBRAS AL

JUICIO DEL PUBLICO
EN LA ASOCIACION OE EMPLEADOS
BE COBREOS Y TELEGRAFOS

JUNCAL 1315.1er. piso
Abierto desde NOV. 5
de las 18 a 20 y 30 horas

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Castillo, Guido&#13;
Torres García, Joaquín&#13;
Ragni, Héctor&#13;
Cabrera, Sarandy</text>
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J. TORRES - GARCIA

DIBUJO CONSTRUCTIVO

N: 7
S «ti«m b re

19%5

KO

EDITADO

EL E JEM PLAR

EXCLUSIVAMENTE POR INTEGRANTES DEL

0.05

ORGANO

REDACTADO

TALLER TORRES

Y

-

GARCIA

�REVALORIZACION
Del

por

DEL
Libro

“ Universalismo

Joaquín

Hablemos bien concretamente de pintura.
Hay dos pintores: el bueno y el malo.
El mal pintor es como el charlatán, que habla
mucho y nada dice justo. Por el contrario, el
buen pintor no dice más que lo imprescindi­
ble, pero ese poco decir nos muestra su sabia
comprensión del hecho plástico. Porque en el
buen pintor, se puede decir, actúa su ciencia de
pintar. Diríase que ahorra sus medios técnicos.
Por esto podrían casi contarse las pinceladas
que puso sobre un lienzo; darse perfecta cuenta
de los pasajes; de la superposición segura de
sus toques; es decir, piedra a piedra, toda la
admirable arquitectura de su obra. \ de no lle­
gar a tal claridad, más vale emplear el tiempo
en otra cosa. Sí; hay que llegar a eso o renun­
ciar.
Pero, ¿qué sería en sí todo eso? Hay que ex­
plicarlo bien, no sea que alguien se crea ya
estar en lo que no está, ya que, por lo que se
acostumbra a ver en las exposiciones de pin­
tura, se advierte a las claras que muchos sufren
de esta ilusión. Y tal ilusión ¿de qué les viene?
Pues, pura y simplemente, de que no son pinto­
res.
De lo que se posee, a lo aprendido, va la
misma distancia que de ser a no ser y no es
chica cosa.
Por un lado o por otro, podemos encontrar
al pintor, en los mil modos de pintura. Y esto
es lo único (y digo lo único sin atenuantes), lo
único que ha de interesarnos. Sin piedad, pues,
condenemos al que pinta y no es pintor.
Conatos, intentos, alardes y desfachateces; es­
camoteo de la verdad en un juego habilidoso.
. . .Todo eso de nada sirve con nosotros: quere­
mos la divina música de la pintura.
Bien: por parte de la generalidad de los pin­
tores hay poco respeto por la pintura y también
por la naturaleza. Manoseo de ambas cosas. \
no es eso. Pero, eso, ¿de qué viene? Nada más
que de la mucha petulancia de quienes pintan.
Esos piensan más en ellos que en el arte y en
las cosas. Las cosas, que todas son bellas si bien
se las mira: el borde de-una vasija, la blancura
de una taza, lo limpio y maravillosamente colo­
reado de un fruto. ¿Y qué diremos de un rostro
humano, de un niño, de una muchacha? ¿Y
qué de las flores? ¿Y también de lo bien tor­
neado o escuadrado de un objeto? El pintor
debe amar y respetar esas cosas. Pero hay que
advertir: no para copiarlas; es decir, np para
imitarlas; sino para encontrar en ellas a la pin­
tura.
Deseo proceder con toda sencillez. Por esto
trataré de deslindar lo que es esencial de lo
ajeno al hecho plástico: ese acorde entre lo que
el pintor habrá abstraído de la realidad, ya co­
mo elemento estético o plástico, y los medios
de su orquesta, que es su paleta. Y entonces:
la suva. Porque cada pintor debe tener la suya
propia. Si llegó ahí es como decir que compren­
dió al fin. ¿quién de allí ya podrá sacarlo? . .
Ahora el pintor está ante su caballete y su
modelo: sea un paisaje, sean unos cacharros o
unas flores, sea una persona. El pintor ante esos
modelos, concentrado; ignorando el tiempo y
donde está. Entonces ve lo inmensamente difícil
que es lograr la vida (la pintura) en el más
insignificante objeto; o sea una realidad que
pasa a orquestarse en su paleta: y entonces todo
será viviente. No está ya en el reflejo de vida
de eso que se llama un cuadro, sino en la vida
efectiva de lo plástico. Pero ¿cómo se llega a
eso?
___.
¿Qué es ese trozo de pan y ese botijo encima
de la mesa? ¡Nada! Y sin embargo el trasla­
darlos a la pintura (no el copiarlos! es la obra
de un gigante.
Años de academia ¿para qué sirven ahora?
¿Y a qué tanta teoría, a qué tantos sistemas de
pintura, a qué tanta literatura?
Hay que limpiar el ambiente, hablar claro,
ponernos al fin de acuerdo.
Dime, pintor: ¿para qué ese empaste inútil?
Y tú ¿no ves que el fondo de la pared es liso?

2

CONCEPTO

Torres-García

Sí; la pintura es un hecho real. ¿Me han oído
los pintores? Tan real y verdadero como un la­
drillo o un pan; es decir, cosas. La pintura es
una cosa que se forma, y entonces, con toda su
singularidad: quiere decir, que así como tene­
mos el agua o el carbón, que son cosas singu­
lares y se distinguen de todas las demás cosas
del mundo, así la pintura. Y entonces tanto está

REMOVEDOR
Responsable

Año 1

h°
GUI DO

P I NT URA

Constructivo".

Entonces ¿para qué ese trabajo de pincel que
has hecho?
Acude el pintor a esa falsedad porque no pin­
ta lo que podría ver: él está pintando esa cosa
horrible que se llama un cuadro. Y se puede
pintar un cuadro sin dar con la pintura, que es
un hecho real.

Redactor

DE

7

CASTILLO

en Giotto como en Velázquez; porque los dos
fueron pintores. Sólo por eso. ¿Me han oído
bien todos? Sí; sólo por eso, y no hay otra es­
tética (¿oyen bien esto?) ni vale ya ninguna
ciencia. Por esto puede decirse: lo primero,
dar con el pintor y la pintura. Y, «obre eso,
todo lo demás; sea lo que sea. Por esto yo me
atrevería a decir que el hombre pintor se dife­
rencia de todo otro ser humano. Por esto son
de la misma raza Piero della Francesca y Greco.
El pintor, pues, puede dar gracias a Dios de
que lo hiciera tal. Y ya no hay que decir que
los hombres músicos y los hombres poetas per­
tenecen también a otra raza. Y por esto, son
divinos Bach y Fray Luis de León, Tiziano y
Beetboven.
Hay quien toma el final por el principio. Voy
a decir lo que quiero significar con esto.
Se plagia, por ejemplo, a Matisse o a Cézanne. Ahora estos maestros pagan la fiesta. Y en­
tonces se toma de ellos lo que les costó una vida
entera de observación y de estudio. Se toma
eso, que es un resultado, y se imitg. ¿Y qué tie­
ne que suceder? Primeramente, no tendrá el
soporte de toda una interminable serie de estu­
dios y ensayos, y por esto se tendrá que quedar
sin la debida comprensión; y luego, que, si se
comienza por donde acabó el otro y fué síntesis
de todo lo que tenía que decir ¿qué le quedará
a éste otro para seguir adelante?
Este ya se ve que es camino extraviado. Pero
¿a cuántos no vemos en él? El camino recto
y verdadero es este otro: partir de lo que se
observe directamente y, sea lo que sea y sin
valerse de ningún artificio darlo honradamente.
Pero esto, a muchos les parecerá que es aven­
turarse a solas, y sentirán gran temor. Y sin em­
bargo ésta es la única puerta para entrar en la
pintura.
Aparte de otras cosas, sobre ese asunto, debe­
mos considerar esto en primer término: quien
se vale de la personalidad de otro, abdica de la
suya propia (verdad de Perogrullo I y entonces,
aparte de otros, se expone a dos males: es el
primero, que ya no dirá lo que él tendría que
decir, algo inédito, que sería lo más interesante;
segundo, que dirá mal lo que otro dijo, pues
él ¿qué sabe del otro? Pero hay más, mucho
más: que no tomando directamente de lo real
(pues con los anteojos de otro es imposible que
vea lo que él tenga que ver!, sucederá que, a
su obra, le faltará esa autenticidad de visión;
pero no aún sólo eso, sino que, ese hecho plás­
tico de la pintura, que debe producirse necesa­
ria y normalmente, no se producirá, y entonces,
no será algo que se lia creado, sino una simula­
ción de eso. En fin. un mal negocio.
Hay pues* una sola verdad: la que cada cual
descubre. Y sin ese descubrimiento no hay pin­
tura. (Ahora piense bien el pintor: no hay pin­
tura. Pues la pintura es algo de inédito que

cada cual lleva — si es pintor— y hay que des­
cubrir). Y por todas estas razones, aconsejaría
a muchos desandar el camino. Y entonces ¿qué
se encuentra? Pues simplemente: esos simples
objetos encima de una mesa: ese trapo, ese trozo
de pan, ese cacharro. Nada más. Y tú, pintor,
allí solo.
Y ahora otra cosa: ¿cóm o se aprende a pin­
tar? Pues, pintando. No hay tampoco otro ca­
mino. Pero entendámonos. No pintando de cual­
quier manera.
Modernamente, si se prefiere pintar lo que
ahora se llama una naturaleza muerta o un tro­
zo de paisaje, no se crea que es porque muchos
pintores estén faltos de agallas para emprender
motivos de más teatralidad. No es por eso. Es
porque esos pintores, se han dejado de lado el
tema; es porque éste, no puede ser otro que
la pintura en sí misma; no hay para ellos otro
tema. Y entonces, cualquier cosa les sirve de
pretexto. Y es claro que en tal caso, busquen
el motivo más sencillo, pues lo que va a consti­
tuir lo grande, será el hecho plástico que sus­
citarán unos simples objetos.
Quien se ponga pues, a pintar libre de in­
fluencias y de otras fantasías, debe encarar la
realidad en esa forma. Por eso, no imitando,
sino abstrayendo de esa realidad algo que él
pueda traducir en manchas concretas de color,
que él pondrá sobre el lienzo, una junto a la
otra, como inventariando aquello que está con­
templando. Y entonces, sin otro artificio, verá
cóm o el milagro se produce: la realidad en el
plano de la pintura. La realidad, entonces, no
será más que la inspiradora de los sonidos que
él arranca de su paleta. Y para eso se pinta
— para esa música— y no debe pintarse para
nada más. Y lo que entonces dirá el pintor, ya
no podrá explicarse, porque ya no será litera­
rio, sino plástico absoluto.
Ante todo tenemos que hallar el camino por
el cual podamos descubrirnos como pintores.
Hay sólo una palabra que pueda ser verdadera:
la propia. \ así ha de ser la verdad en pintura:
por esto viviente. En pintura se ve o no se ve.
Y lo demás es sin autenticidad. Ante una obra
del Greco o de Giotto, podemos decir: éste vió.
Al pensar en lo que se suele ver por todas
partes como pintura, yo siento la mayor angus­
tia. ¡Qué grandes cuadros se proponen los pin­
tores! Y siempre: el tema. ¡Dichoso tema! Este
es el primer paso que conduce al abismo. Por­
que tema quiere decir: imitación, realismo.
Aquí el pintor olvida que el único tema es la
pintura que descubre al mirar un objeto. Ese
hecho plástico de que hablé antes.
\ engan ahora aquí los que dicen y sostienen
que la pintura debe servir a algo de lucha so­
cial, y contesten: cuando van a ver, suponga­
mos, el Campo Santo de Pisa: quiero decir, las
admirables pinturas que bav allí; o el Entierro
del Conde de Orgaz, del Greco, en Toledo ¿qué
van a ver, la pintura o un episodio? ¡Pobre el
que mire todo eso como simple anécdota! En
cambio me pregunto a mí mismo: ¿qué voy a
ver en-la Capilla Sixtina? Yo no lo sé, y sé
que lo que veré allí no se podrá luego expli­
car: una cosa enorme. Y si me pregunto: ¿qué
dió nacimiento a eso? ¿La fe religiosa de Mi­
guel Angel? Cualquiera que piense un poco ve­
rá que no. ¿Qué elevó pues tal monumento?
Simplemente: su fe en el arte.
Lo que no puede explicarse de la pintura es
lo que nos hace hacer leguas de camino para
contemplarla. El artista pues es un hombre de
fe, de fe en la pintura. El artista, además, está
en la verdad, por la pintura; por esto está en
toda la verdad. Estará pues en lo justo, y lo
humano y lo hará en ese lenguaje inefable.
Dejen pues tranquila a la pintura. Pero ¿de
dónde viene ese pensar torcido? Pues simple­
mente: de que no son pintores Allí está la ra­
zón de tales divagaciones.
El hecho real y el hecho plástico se funden
Pasa a pég. t

�EL

ARTISTA

Y

Es ésta una trágica época del hom bre; época
del hombre desplazado de sus territorios huma­
nos por los mismos elementos creados por el
hombre; época de ciencia y de técnica, de co­
mercio y de máquina; época que quizá en un
futuro sirva para bien, pero que hoy sirve para
mal en este presente inevitable en que soy y en
que somos. «A y ! señor ministro de salud, nun­
ca fué la salud más mortal».

la pintura, la música, el hombre, etc.

Y el arte — ¡el pobre arte!— ¿cuál es su des­
tino: llenarse de ciencia, de cerebro, valorizarse
y venderse al mejor — que siempre es el peor—
de los postores, desvirtuándose; o si no, conser­
var sus valores, su espíritu, y permanecer olvi­
dado y extraño, com o cosa exótica e inservible,
en algún lugar vulnerable e incóm odo; pues ya
no hay «escondidas sendas» a donde no llegue
el motor, el hilo telefónico y todos los adelan­
tos de la técnica moderna, que acortan las dis­
tancias, aumentan las posibilidades de comuni­
carnos con los seres más distantes de la tierra
y que, en el fondo, nos separan — ¡quién sabe
hasta cuándo!— del oído más cercano y de la
forma más propicia.

Y enfrentado a ellos — profesores, presidentes
de comisiones culturales, críticos de arte, direc­
tores de revistas, etc.— , el hombre vivo y des­
vivido por su condición mortal; el artista, el
creador, el solo y desolado, que ha trasplan­
tado todos sus apetitos, sus instintos, sus egoís­
mos, sus virtudes, sus ideas, hacia otro mundo
de formas y de música, desde el cual ha de pro­
curar, agónico, herir al tiempo, con un trazo
inusitado y una palabra imposible.

Todo esto constituye la tragedia, con todas
las dignidades de lo trágico. Pero, luego tene­
mos la tragicomedia, más trágica, si se quiere,
por lo que tiene de cómicamente indigno, de
inmediata risa y tardío amargor. Pues toda co­
media se nos aparece como duramente trágica,
si en vez de tomarla com o un relato realizado
por personajes, en el que nos fijamos únicamen­
te en lo que a ellos les sucede, nos enfrentamos
con la comedia misma y la tomamos a ella como
personaje del drama universal.
Y esta terrible tragicomedia es, entre otros,
la de los histriones no profesionales, la de los
«pobres de espíritu» adornados con riquezas y
cintajos materiales. Es, eminentemente, la de
aquéllos que, quien sabe por qué remota nece­
sidad del mundo, pretenden, con toda su estupi­
dez a cuestas trepar los más altos promontorios
del espíritu. Y ahí los vemos, con sus bocas de
paradójicos bufones serios, ensuciar la poesía,

Ellos son los intelectuales reunidos en clan
no por una actitud espiritual, sino por míseros
intereses. Ellos son la gente cómoda que dedica
sus ocios a las artes. Ellos son los fracasados en
cualquier cosa menor que se desquitan con las
mayores. Ellos son, en fin, los que estarían en
cualquier parte mejor que en la que están.

momento en que comienzan a hablar en pú­
blico.
La prosa melindrosa, llena de torpezas y de
segundas intenciones de este señor arquitecto
me hizo recordar, asociación inconsciente, aquel
soneto de Francisco de Quevedo, «descompuesto
descomponedor de coplas», que está dirigido a
una vieja verde, en el que hay un verso brillan­
te. brutal, exacto como él solía, que dice: «no
vistas al gusano de confites». Esto es para
los buenos entendedores suficiente comenta­
rio. Mas, para seguir ejemplarizando, insista­
mos con este pulido y repulido espadachín, mal
que lo quiera, que es un representante de esa
eterna muchedumbre asustada por aquel in­
quieto que de tiempo en tiempo vuelve a cam­
biar las cosas en el justo momento en que la
buena gente se había acostumbrado a lo que
otro inquieto como él había instituido.

¡Quien sabe qué escondida exigencia univer­
sal, qué recóndita armonía, es la que instituye
este claroscuro de la más baja ceguera proyec­
tada constantemente contra la más alta lumi­
nosidad !

Sin lugar a dudas el que hoy ha venido a
perturbar este tranquilo Montevideo, es don Joa­
quín Torres García, portador y visionario de
problemas que aquí hasta ahora no se habían
entrevisto.

Y los individuos que constituyen el desdi­
chado gremio de payasos tétricos a que me he
referido, además de su carencia absoluta de lu­
ces naturales, no poseen la suficiente erudición
ni la más elemental habilidad que les permita
disimular sus huecos. Son mediocres que han
afilado sus armas lo necesario más evidente y
hecho agresiva su mediocridad.

Y sin embargo este señor Herrera insiste en
dignificar el tema y otras cosas por el estilo
para evitar las consecuencias y utiliza el disimu­
lo como método y la ambigüedad como sistema.

Para utilizar un ejemplo concreto, tome­
mos — a falta de otros menos flacos y misé­
rrimos— el caso de C. A. Herrera Mac Lean,
arquitecto sin historia que, tardíamente, procu­
ra galonearse en la crítica de arte donde nos
muestra a manos llenas todas sus carencias. Pe­
ro limitémonos a la última pirueta de este hé­
roe de comedia: la supuesta apología de Figari,
pretendida necrología de todo lo bueno que nos
ha dado el arte moderno, en verdad al apologizarse esta clase de gente se necrologiza, desde el

ACLARACION
AL
TITULADO E L FALSO

ARTICULO
DIOS RODIN

En el artículo a que hace mención el título
que usara en tantas ocasiones el escultor Rodin.
del presente, se hacen una serie de observacio­
Y que la clásica escultura en bronce, planteada
nes y críticas a la obra de Rodín, así como al­
en barro, con intención de hacerse en bronce,
gunas observaciones de carácter general sobre
y acabada luego del moldeado no está compren­
escultura, que han dado lugar a discusiones en­
dida como puede verse, en el terreno que pre­
tre autor y personas que más o menos directa­
tende abarcar el adjetivo innoble.
mente le rodean. Y como le es fácil suponer al
Y’ si cierta gran cantidad de las obras de R o­
autor de dicho escrito, que objeciones similares
din
permanecen en bronce siendo un fascímile
pueden darse en lectores, más distanciados, a
de lo que fueran en tierra, el Auriga de Delfos,
los cuales no pueda aclarar directamente ciertos
por ejemplo, o tantas otras esculturas griegas,
puntos oscuros o anfibológicos, se ve en la obli­
pompeyanas,
etc. modernas asimismo, no tienen
gación de puntualizar lo siguiente:
1.
° que el artículo de marras no tiene comoen su estado definitivo su carácter de barro sino
que evidencian la dureza del material de que
objetivo negar a Rodín, sino hacer crítica desde
están
constituidas.
un punto de vista perfectamente establecido —
tal como lo es el criterio clásico V apolíneo que
Sarandy Cabrera.
tomo como patrón de comparación.
Y que la personalidad del escultor Rodín no
pretende desmerecerse, asi su autenticidad, por­
REYALORIZACION DEL CONCEPTO
que al pie del tal artículo se aclara suficiente­
DE PINTURA
mente el punto, de la misma manera que la
trascendencia de la obra del mencionado artista,
(V iene de la pág. 2)
pretende ser situada en el restringido sitio que
en las obras duraderas en otro hecho: el hecho
le corresponde en el arte actual y sus derivacio­
pintura. Y si esto es cierto puede fijar un nuevo
nes próximas.
punto de vista. Voy a explicarme.
Y que. si bien Rodín no encaja en la precep­
Hizo piel nueva la pintura, en estos últimos
tiva clásica que adopto, o mejor dicho que adop­
cincuenta años, si bien yo creo, en un sentido
ta el arte moderno en su gran parte, tiene su
unilateral. Se admitió no más, como tal, un arte
explicación desde un punto de vista dionisíaco,
a tres dimensiones y teniendo por fundamento
que no comparto pero que pudo justificarse
la luz. Cosa bien cierta, pero, ¿es que no había
com o reacción al marasmo que significaban las
otra
pintura?
fórmulas, de un fosilizado clasicismo, o resuel­
No; la pintura abarca más ancho cam po: una
tamente academia, que tal era el carácter de la
pintura planista y sin el problema de la luz,
escultura que precedió a Rodin.
2.
° que cuando hago referencia al innoblepuede afirmarse categóricamente, que también
puede ser pintura. Por tal razón, hay que bus­
método del «pasado a bronce», de ninguna ma­
car la esencialidad de la pintura en algo mucho
nera pretendo condenar como equivocada toda
más profundo. Por esto pueden alinearse dentro
escultura en bronce, lo cual sería gravísimo
de tal concepto Giotto y Velázquez, al parecer
error, sino el «pasado — bronce símil barro»—

Podríamos continuar el análisis de este de­
fensor de ■vulgaridades, pero su caso no da para
más. Así que tornemos a la generalidad de
nuestro asunto, sólo para decir que el artista,
el verdadero artista vivirá siempre absorto en
su mundo de misterio, que las vejaciones, las
burlas y las estupideces mancomunadas le ser­
virán también de asunto, ya que sublimado su
egoísmo natural, sabrá verlas como entidades
y fuerzas universales y, por lo tanto, objetivas,
trágicas y saludables. Y así transfiguradas, to­
das esas miserias vivirán como elementos del
espíritu.
Guido Castillo.
antagónicos. Pues el hecho plástico que hemos
señalado está en ambos. Sólo que parten de dos
maneras de enfocar lo real: una partiendo de
la visión física; la otra de una visión intelectiva
o mental. Por «sto, la primera dentro de las
tres dimensiones del espacio, y la otra bidimensional. La una no queriendo ver en el objeto
más que un mero accidente en la luz; la otra
considerando el objeto en sí mismo y con inde­
pendencia del fenómeno físico.
Paso por alto lo que determinan estas dos
visiones y que fácilmente cualquiera puede ex­
plicarse, para ir a esto otro: que la pintura a
tres dimensiones, sería la pintura romántica,
todo libertad y contingencia: lo dionisíaco; y
que la otra sería la pintura clásica, dentro del
ritmo: lo apolíneo, y que en vez de darnos lo
cotidiano nos daría lo universal, y aún en el
caso de tomar de lo contemporáneo. He dicho
pintura en el ritmo, pues por ser planista, es
la más adecuada a entrar en la medida armó­
nica. que es lo que aquí puede significarse por
ritmo.
En cualquiera de estos dos casos está el hecho
pintura: no depende de estos opuestos medios
de manifestarse. ¿Qué es en sí la pintura?
Por el momento tenemos esto: la pintura no
es imitación, es creación. No es pintura pues,
aquella que se limita a copiar la realidad.
El concepto pintura, a mi juicio, tiene que
referirse al concepto general del arte, y éste es:
construcción. El pintor es un constructor en la
modalidad pintura. Y porque el pintor debe ser
un constructor, que manipula valores abstrac­
tos (valores plásticos absolutos) es por lo que
el que imita, ya no es pintor. Sin llegar pues,
a lo abstracto, y a construir con eso, no hay arte
ni hay pintura. Y lo mismo podría decirse de
la música y de la poesía. La antítesis del arte,
es lo imitativo y lo descriptivo; porque el pla­
no real y el plano del arte son distintos (dos
mundos diversos i y no deben interferirse.
J. Torres García.
Setiembre de 1942.

j

�m

Cada uno
Desgraciadamente, la frase de Degas, de que
«nos fusilan, pero después nos meten las manos
en nuestros bolsillos», está en vigencia. Paso a
paso, por estos fusiladores, puede seguirse cuan­
to se ha plagiado de lo que vengo diciendo con
respecto a la esencialidad de la pintura, desde
mis primeras conferencias aquí, y que pueden
leerse en «Universalismo Constructivo». Pero
como esto está en contradicción con dar prefe­
rencia al tema, ahí se arma el lío. Se quiere
estar en la verdad esa, pero, al mismo tiempo,
en lo que conviene decir ahora con respecto al
tema. Y eso no puede ser. Se dice: tal pintor,
ante todo, quiere apoyarse y levantar el tema,
y se siente halagado cuando se le elogia en tal
sentido, y escucha como quien oye llover, cuan­
do se le señalan valores plásticos en su pintura.
Y realmente, ese tal pintor, debió proponerse
eso: ser un historiador de la anécdota, fuese del
tiempo que fuese. Pero resulta después, que, si
un pintor ha de valer, no ha de ser por eso, sino
por los valores absolutos plásticos. Y entonces,
¿quién puede entender semejante entrevero?
Y luego esto otro: se habla en ese o parecido
caso, de un pintor que, bajo el punto de vista
color, ha superado a todas las escuelas moder­
nas. Y bien, ¿qué pasa aquí? Que ese tal pin­
tor, no pinta con valores (para poner un ejem­
plo, nada más) sino con colores, y que si no
hay valorización, es decir, tono, no hay pintura.
Pero — pongamos otro ejem plo— supóngase,
que entre los pintores de aquel país, nadie se
propuso jamás eso, porque no se sabía que exis­
tía tal hecho plástico —*jue es fundamental en
pintura— y que por esto, y por pintar sólo con
colores, no daban en el clavo, y que entonces,
para hacer vivir a su pintura, se recurriese a
una carga mayor de color (cada vez más), pero,
es claro, sin resultado. Pero ¿si no se veía más?
Entonces, lo que se juzgaba armonía, era estri­
dencia; pero, ¿quién vió esto? ¡Si alguien hu­
biese visto!. . .
Y otra cosa tan entreverada como esas otras,
y también por falta de conocimiento auténtico.
Se dirá, en otro caso, que ahora también pon­
dremos como nuevo ejem plo: ¿qué nos importa
la anécdota que pudo sugerir tal o cual obra
antigua, puesto que ya no somos creyentes ni
hasta iniciados en tal o cual dogma religioso?
Y es verdad, pero entonces ¿cóm o levantar al
tema, que se cae?
¡D ifícil cosa, pero hay que hacerlo! ¡Ah, sí!
Cada gran época tuvo su tema: funerario, gue­
rrero, mitológico (pero, ¿es que tratándose del
arte antiguo o primitivo, todo no fué mitoló­
gico), el misticismo panteísta, etc., es decir, te­
mas diversos. Pero el hecho es que no fué así:
esa diversidad, fué sólo cosa aparente, puesto
que todas las leyendas, mitos, religiones, mito­
logías, etc., etc., tenían un solo tronco o raíz,
PREHISTORICO (el Cristianismo inclusive! y
que el tema, siempre es el mismo (para el que
no se queda en la apariencia) y que es la tra­
dición de la Verdad, como tantas veces he di­
cho, y que es la médula del arte grande (el Arte
Universal) y entonces, trascendente. Y a tal
arte puede llamársele así, y no al arte anec­
dótico, porque eso no podría ser. Y si fuera
éste el lugar y momento de decir la mayor ver­
dad, diría que, en el siglo X X , hay que estar
en la prehistoria, ya que, el aluvión de tantas
falsedades y mentiras, hijas de la ignorancia y
egoísmo humano, pasarán como río entre las
enormes peñas (el hecho primordial prehistó­
rico) que emergen en la superficie del suelo y
que son la osatura de la Tierra, pues la pre­
historia, como una esfinge, guarda la verdad
fundamental en su seno.
Además, siempre el lenguaje del arte es her­
mético, por esto directo, pues la forma habla
un lenguaje inefable. Y así habló siempre el
gran arte; y entonces, ¿qué pudo ser el tema.
sino un mero punto de partida o pretexto? Y
el arte más chico (no ya universal) cuando es
de buena cepa, también habla así. Por esto ye­
rra el que, por vía de la anécdota, quiere hacer
(por ejem plo) arte nacionalista o arte proleta-

en

LA
D E C O R A C I O N
DE
LA
N U E V A
BIBLIOTECA NACIONAL

su Ley

rio. Y justamente creo que algo se ha dicho a
ese respecto, y que, el futuro arte de América
(y del mundo, pues el último arte europeo di­
cen que ya está enterrado) será ese arte comu­
nista. Y los que no estamos con eso, ya somos
artistas fósiles — precisamente por eso sólo— ,
pues tendríamos que estar en ese tema.
J. Torres García.
Setiembre de 1945.

EXP O S IC IO N E S
TALLER
Y

A

DEL

REALIZADAS

REALIZARSE

Después de la exposición de sus últimas obras
(19451 de aspecto naturalista, y de la retrospec­
tiva (obras a partir de 1928), ya en el número
anterior de REMOVEDOR, se anunciaba una
tercera exposición Constructiva, de carácter uni­
versal (ya realizada) y a ésta sucedió otra de
obras recientes, del maestro, naturalistas, (rea­
lizada), para finalizar con otra exposición Cons­
tructiva, la actual y quinta de la serie, con obras
a partir de 1928.
Durante estas exposiciones tuvo lugar un re­
cital por la orquesta infantil que dirige el maes­
tro C .Canel, y otro de poesías modernas, por la
señorita Berna Canavesse.
Colectivamente, con más de 90 obras, el Ta­
ller concurrió a la exposición que los artistas
uruguayos realizaron en el Salón Municipal
(Subte), organizada por la J.U.N.E.U.
Para en breve se anuncia una exposición co­
lectiva por los integrantes del Taller, en la ciu­
dad de Artigas, y otra de Retratos, por el
maestro Torres García, en «Amigos del Arte»,
la cual se titulará: «Héroes, hombres y Mons­
truos» y será inaugurada alrededor del 20 de
octubre.
También próximamente, un recital de poesía
negra por el poeta Denis Molina.

Se va a decorar la nueva Biblioteca Nacional.
Eso es, únicamente decorar. Se comenzó ha­
blando de «la más amplia libertad en el arte»,
y se terminó fijando el motivo y los personajes
de cada muro. ¡Hombres de gran patriotismo!:
aquello más que una biblioteca, donde el saber
universal tiende su mano milenaria, va a pare­
cer un archivo histórico, un postrer recuerdo
del pasado que no se resignan a olvidar. ¡Y ya
veremos esas fragorosas descripciones literarias
de batallas y entreveros, sobre las cuchillas ro­
mas y ensangrentadas! ¡Ya veremos —o mejor,
volveremos a ver— los caballos encabritados, los
bustos erguidos, el sable con su molinete infer­
nal, en fin, los Meissonier, los Gros y el tamiz
y la adaptación de ellos, los Blanes.
Pero han preferido dar los muros de la Bi­
blioteca a los «Artistas Plásticos del Uruguay».
Están hablando de gente que nunca ha existido.
¿N o será al Sindicato de Fotógrafos S. A., a
quién le otorgarán el alto honor de pelear con
tales muros? El arte en nuestro país nace con
el maestro Torres García. Él es el primero que
comprende que para engrandecer una nación
no es necesaria la expansión de un regionalismo
exclusivista, y propende a lo universal, con mi­
ras hacia lo eterno e inmutable. Él hubiera
sido el único capaz de eternizar en el muro, las
ideas y concepciones de nuestro siglo, con ese
reposo confiado con que vive todo lo suyo. P o r
eso, porque es demasiado grande, no se verá
presentar su boceto. Sólo queda un camino, y
es el de ofrecerle los muros limpios, como tributo a su valer.
Poco he de decir de las esculturas (¡tan poca
m erecerán!): parece ser que estamos condena­
dos a continuar viendo los equívocos perfiles de
la mitología griega, con algún dejado toque rodineano.
Y los siglos venideros, ¿qué pensarán de nues­
tra é p oca ?. . .
. . . A veces el silencio es la mejor contesta­
ción.
J. M. Aguiar Barrios.

SALON PERMANENTE DEL

Taller TORRES-GARCIA
Exposición de obras del Maestro

J.

TORRES
Muestra

- GARCIA

Constructiva

Bartolomé Mitre esq. Policía Vieja
Sub-Suelo de la Librería de SALAMANCA

HORARIO DE:

18 A 20

4

■

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                <text>Torres García, Joaquín&#13;
Cabrera, Sarandy&#13;
Castillo, Guido&#13;
Aguiar Barrios, J. M.</text>
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DIBUJO

N- 6
J u lio - A g o s t o 1 9 4 5

GONZALO FONSECA

EDITADO

EL E JE M P L A R

EXCLUSIVAMENTE POR INTEGRANTES DEL

0.05

ORGANO

REDACTADO

TALLER TORRES

Y

-

GARCIA

�REFLEXIO NES

SO BRE

POR
De tanto en tanto, siento la necesidad de ad­
vertir, a los que se dignan leerme, que no tengo
pretensiones literarias; que no soy ni quiero
ser más que pintor, y que si escribo, es para
hablar de mi arte, y de cuanto directa o indi­
rectamente se relacione con él; y por fin. que
me guardo de poner una palabra erudita, como
de quemarme, y que sólo aspiro a que se me
entienda de la manera más inequívoca posible.
También he de decir, que tampoco planeo
mis artículos o conferencias, y que en comen­
zando, una razón trae a la otra, y así termino,
sin que antes supiese de ese final o conclusión.
Y escribo como puedo, con muy pocos mate­
riales y aún me sobran. Pues si las palabras son
las más usuales, las ideas suelen ser de lo más
sencillo.
Ahora pido hospitalidad a «Rcmovedor» para
decir algo que debe decirse.
Tanto es errar el. número de la lotería pol­
lina cifra como por todas. Por esto, si no se
está donde debe estarse, cuanto bagamos será
inútil. En un conjunto social existen muchos
círculos que giran sobre su pivote, pero, si no
es en el que debe ser ¿de qué valdrá tanto gi­
rar? Aleo debe de darnos la medida de todo,
pero, si esto no hallamos, ¿habrá medida para
alao? Por esto, es posible que estemos en un
caos.
La controversia es inútil, puesto que todos
tienen razón. Y porque nadie sabe, todo tiene
que ser gritería.
Yo creo que así estamos.
Recorrimos un inmenso palacio, pero olvi­
damos una mísera estancia, de puerta estrecha,
donde quizás hubiéramos hallado la revelación
de todo. Por esto continuamos en lo falso.
De dar con esa clave, hubiéramos visto en la
ilusión en que estábamos. Hubiéramos visto que
todo era vana apariencia: algo falso, de cartón
y trapo, en lugar de una realidad; papel mo­
neda en vez de Oro. Pero moneda corriente, en
vigencia, dentro de la ilusión común.
Tiene Gova un capricho, representando ele­
gantes damas .y caballeros con antifaz, en ani­
mado coloquio. Y pone abajo: «Nadie se co­
noce». En efecto, nadie se conoce. T eso es
terrible.
Al pensar tal cosa dan ganas de llorar. Al
pensar tal cosa, es para entrar en desesperación,
porque ¿dónde hallar la verdad, al fin? La ver­
dad sencilla, como que tres y dos hacen cinco.
Una cosa es la vana arrogancia y otra el ca­
rácter. Una cosa es aparentar y otra ser. Ser en
cualquier terreno; es decir, saber, estar en posesió nde una cosa verdadera. ¿Y cómo puede
ser que alguien se pase todo el año fingiendo,
mintiendo; y eso caminando, hablando, en cual­
quier función u oficio? Pues bien, para ese, no
hay otra realidad. Y ahora me acude otro ca­
pricho de Goya: dos tontitos, ella y él, diciendo
necedades. Y pone: «Tal para cual». Es así:
para el otro, toda aquella mentira es verdad,
pues hace él lo mismo. Tal mentira es la única
realidad.
Para ver esto claro, basta pensar que. con
poner un letrero y organizar una junta direc­
tiva. se crea una institución. Y allí se enseñará,
se seguirán carreras y se otorgarán títulos...
Las cosas no se nombran por su nombre, se
inventa otro que es el que. oficialmente, dentro
de cualquier materia, puede dar categoría. Por
otra parte, ¿es sobre alguna realidad que hay
que trabajar? No. eso nunca; es sobre algo con­
vencional que todos admiten.
Así se está.
¿Quién es el que se toma en serio las cosas?
Un ingénito cualquiera; dirán que pierde el
tiempo.
¿Ser justo y ordenado? Vaya una tontería.
Lo que justifica y ordena toda clase de co.-as
es la propia conveniencia. Y quien no sabe eso.
ni vive ni aprovecha las oportunidades...
Se está en eso.

2

EL

JOAQUIN

ARTE

REMOVEDOR
R esponsable

Año 1

N° 6
GUI DO

EL

ARTISTA

TORRES - GARCIA

Tal prepara telas y colores. Ya a pintar. Y
entonces ¿sabe él algo de la verdad profunda
de lo real — del fenómeno visual de acuerdo
con una verdad plástica? ¿Sabe él que esos dos
aspectos son inseparables? Pero, ¿que le im­
porta? El sabe otra cosa que no sabe el buen
pintor; sabe que no hay otra verdad digna de
tenerse en cuenta que el adaptarse —porque a
él le es imposible ver otra cosa— y pinta como
todos.
Se está en ese realismo. Y digo realismo, por­
que, el servir a la pintura o a cualquier arte, ya
no es estar en el realismo sino en lo abstracto,
en lo absoluto. Bien: la actitud primera perte­
nece al mundo, la otra a lo eterno. Y sólo podrá
llamarse artista de verdad el que esté en esta
última. Y así también lo demás de que liemos
tratado: la actitud del hombre en la verdad y
no en el orgullo, la bellaquería o la fantasía. Y
así las instituciones. Y así la enseñanza toda.
Y sólo los que están en tal plano de verdad son
los que saben. Pueden hacer en la verdad y
enseñar en la verdad. Y vivir como hombres en
lo justo, porque están en tal verdad. La cual,
es actitud muy sencilla.
Ahora, aparte de todo, podemos preguntar:
¿porqué, el obrar de unos y otros, de tan dife-

R edactor

Y

CASTILLO

rente modo? Pues porque así son; y esto, quie­
ran o no quieran. Quien nace hombre no nace
mujer, y uii caballo jamás será un buey. Todo
viene hecho. El uno trabaja en lo material, el
otro en una fe que tiene. Éso es todo.
Esos dos bandos lian de existir — es la ley
profunda. Y si sobre eso podemos ordenar una
justa teoría, sería en cambio necedad, querer
saber por qué eso es así y no de otro modo.
Es, eso basta.
Parece muy sensata la actitud del que tra­
baja para sí; y, dentro de lo material lo es. Y
locura — a lo Don Quijote— el trabajar para
el espíritu. Pero si bien se mira, todo ser hu­
mano, trabaja para ambas cosas, ya que afirma
sus pies en esos dos terrenos. Lo que varía, pues,
es únicamente la proporción. Y esto es lo que
los separa. Yo aquí, sólo trato de deslindar esos
dos terrenos.
Desde miles de años atrás se han señalado
esos dos terrenos: los que propenden a trabajar
en lo temporal, o los que se sienten para traba­
jar y vivir con lo eterno. Y a tales hombres,
tales actos y tales pinturas. Y no hay- que bus­
car más. Ricos unos en una cosa o en otra. Es
una verdad por demás vulgar.
Pero hay otra cosa que considerar: ¿ascien­
de el hombre yendo hacia lo material o animal,
o por el contrario, su superación es en sentido
inverso? La respuesta está dada. No llevan por
esto razón, los que están en un arte imitativo
inferior, sino aquellos que quieren crear en el
espíritu. Quiérase o no, pues, en los planos esté­
ticos hay- categoría.
El artista arma su obra en lo abstracto. Por
este hecho, los elementos formales que toma
de la realidad, al ser incorporados en esa cons­
trucción, toman sentido de eternidad. Y así, si
en la realidad vivieron como cosas, en la obra
pueden vivir en la armonía. Que su pintura ten­
ga dos dimensiones o tres dimensiones, poco im­
portará; que sea o no figurativa, tampoco; por­
que él opera con formas y planos de color, y
no con cosas (objetos); él opera en lo abstracto,
y por este hecho, ya está en lo universal, donde
todo anecdotismo y materialidad quedan ex­
cluidos.
Pero, ¿su pintura habrá ido más lejos que
él? Estará en tal plano de la verdad, que por
serlo es eterna, o en lo temporal, en lo mate­
rial. en las cosas del mundo? Una de estas docosas tiene que ser: o al nivel de su arte o por
bajo de él. En el primer caso, creará dentro de
la convicción de su fe; en el segundo hará de

oídas. Y digo que trabaja en su fe y no me arre­
piento. Porque tal artista, sabe, que si da eso
que ya no es cosa, su universalidad no viene de
la inteligencia ni de lo geométrico de la razón,
-ino del sentimiento. Está, pues, en su fe. y'
más obedece, entonces, a los impulsos que vie­
nen de ese lado, que a su prqpia voluntad y
pensar. Diríase que él se aparta para dejar pasar
a eso otro: que calla para que eso otro hable;
que obedece en vez de mandar. En realidad él
ya no existe más, pero en cambio existe en él
otra cosa. Entonces, sólo entonces, puede dar
algo de un mundo inédito.
Su compás para medir, sus pinceles y pa­
leta, sus colores y tela, él los quiere por encima
de todo. Con esas herramientas materiales en­
tró en el mundo del sentimiento de su arte. Y
si comenzó como todos, en la baja imitación,
ahora le parecería profanar su arte haciendo
una tela imitativa.
Hay quien pensará que un cuadro naturalis­
ta en las tres dimensiones, es ese cuadro imita­
tivo de que acabo de hablar. Nada de eso. Tan
abstracto puede ser un cuadro naturalista como
una composición sin figuración alguna. Porque
si los elementos de un cuadro naturalista, son
abstractos, el cuadro lo es igualmente, y pese a
la figuración y a sus tres dimensiones. Hay que
comprender bien esto. Hay que comprender,
que en esc plano abstracto, el artista opera, co­
mo se lia dicho ya, con planos de color y for­
mas. y no con objetos. Entresaca el artista, de
la realidad, lo que le lia interesado de acuerdo
con una realidad estética, y con eso compone
libremente. Es el camino de la creación.
La mayor parte de los que pretenden ser ar­
tistas, son devorados por la vulgaridad. Son los
innumerables desgraciados que empuñan pale­
ta y pinceles. Y están llenos de cuidados y de
ambiciones. Por esto la guerra entre ellos es
Perpetua. Es toda una clase. Pero, entonces,
¿cuál debe ser la actitud del artista verdadero?
Antes se dijo: trabajar sólo para su fe. Por esto,
toda ambición cae, todo cuidado en sentido ma­
terial, toda apariencia sea cual fuere, toda en­
vidia. porque está en una subyugante concen­
tración en torno a lo que estudia, v en un senti­
miento de tal universalidad y tan por encima
de todo, que le tiene que hacer desdeñar lo
demás. Sabe, además, en ese sentimiento uniíersa!. que ya no es profesional en el teatro del
mundo, sino humilde artesano contemplativo,
en lo abstracto.
Ahora su fe es firme como roca. Por esto está
en paz._ Y espera tranquilo.
¡Qué inmenso amor el suyo a la pintura! ¿Có­
mo podría traicionarla? Para él, una tela es
cosa sagrada. \ sus útiles, también, gastados al
contacto de su mano. Pero ¡cuánta será su pena
al ver la profanación del arte! ¡Qué tristeza,
al oír a tantos habladores!
De lo que se ha dicho se desprende aleo, que
ahora, con más relieve, tiene que aparecer cla­
ro. que no se quiera hacer más que una estruc­
tura. que el resto nos será dado por añadidura.
R1 íesto. lo que es ininteligible pero que el sentido comprende, algo inédito que viene de lo
desconocido, y que so lia llamado en todo tiem­
po una inspiración, ''l al decir una estructura,
diré tanto si es hecha con el pincel pintado,
haciendo un retrato o un paisaje, como en un
conjunto geométrico, planista, con el compás
y la regla.
Digo estructura: partes que se refieren a un
todo y por esto en la unidad. Y que tanto val­
dría llamar arte. Pues toda obra que no sea con­
cebida con tal propósito, será una obra inferior
sin sentido alguno.
L n artista que sólo se propone hacer una es­
tructura, ya está en el plano de abstracto. Por
esto, sean elementos geométricos, sean manchas
de^ color las que ponga, tendrán que ser tam­
bién abstractos: y abstractos será también lo
qiR la obra exprese de eso inédito, desconocido,
lo más prol undo, y -erá su música. Todo, pues,
una unidad.
(Pasa a la plg. 6

�Crítica
por

GUIDO

EXPOSICION:

ARZADUM, PREVOSTI, PAREJA
(Amigos del Arte)
La educación estética consiste primordialmente, en la preparación del individuo para expe­
rimentar la alegría que surge del enfrentamien­
to con una obra de arte.
Por esto, el análisis es siempre posterior y
complementario, a este esencial asombro. De
la misma manera, este análisis, y aunque pa­
rezca paradójico, es la manera del aprendizaje
tendiente a ese asombro y ese goce, que, no se
refieren, —entiéndase bien— a una situación
primaria y sensual sino directamente al espí­
ritu que se goza en el ámbito de lo universal.
Pues bien, la exposición de Arzadum, Prcvosti y Pareja, no da lugar a ese especial placer
que produce la obra cuando está informada por
el espíritu del Arte.
Y si los tres pintores son distintos y de dis­
tintos valores, se unifican por la circunstancia
de estar en un territorio ajeno al Arte. En una
palabra, faltando las virtudes pictóricas cuales­
quiera sean los méritos de otro orden, el espí­
ritu está ausente.
En referencia particular a los tres pintores
diremos:
de Arzadum:
Este pintor en el terreno naturalista ha con­
seguido un nivel que sostiene, nivel, que indu­
dablemente sobrepasó la época en que tentase
el arte abstracto. La pintura de hoy es una pin­
tura sin detonancias, circunscrita rigurosamente
a los modelos, pero de la misma manera sin
virtudes fundamentales. Arzadum sigue a su
modelo en forma absolutamente descriptiva, sin
solucionar problemas pictóricos, en un análisis,
concienzudo pero sin llegar a dar la síntesis de
todos los valores de la composición, hecho vital
al objeto de arte.
Por esas circunstancias hay momentos en que
se hace penoso seguir a Arzadum, en la espera
de alguna obra que pueda captar totalmente al
espectador.
de Prevosti:
Por lo que se desprende de sus obras, no
extraña que Prevosti fuese a buscar en Lothe lo
que él no poseía.
(Es suficientemente aceptado que André Lo­
the es un segundón, tibio continuador y adapta­
dor para el gran público de las experiencias
cubistas).
A lo que baila Prevosti no es sino un efec­
tismo que sólo puede encontrar asidero en la
morbosidad visual de algún hipotético y fre­
cuente espectador.
Por esa circunstancia en la obra de Prevosti
no se manifiestan vivencias plásticas, y aún en
el efectismo queda en un terreno de lo más res­
tringido.
El total de la obra es artificial, sin ninguna
vida propia que la anime, y sobre todo absolu­
tamente convencional, supuesta íntegramente
de antemano.
Y lo más lamentable de todo este truco de
preparación previa, de imitación y convencio­
nalismo, es que, el citado pintor ni siquiera,
— como hacen otros no menos pobres que él, en
esencia— consigue disimular en parte con ha­
bilidad e inteligencia, la trampa con que pre­
tende suplir su insuficiencia estética.
Estas circunstancias generales ya conocidas
en la obra de Prevosti, sufren un recrudecimien­
to que se hace ya insoportable.
de Pareja:
Ya nos hemos ocupado del pintor Pareja, y
anotado que se trataba de una mezcla de mal­
tratado Rarradas y maltratado cubismo.
Pareja sigue absolutamente en lo mismo.
Así como Zoma Baitler se dedica al impre­
sionismo, Pareja se dedica al Cubismo, aún
cuando ambas cosas son absolutamente fuera
de lugar. Las experiencias impresionista y cu­
bista, han sido superadas y explotadas en lo
que pudiese servir al desarrollo del arte, y en
sí actualmente no interesan como movimientos
y solamente las obras producidas en dichos mo­
vimientos, pueden gustarse en cuanto son obras

de
C ASTILLO

Lxposici o nes
Y

SARANDY

de arte u objetos fuera de los programas o ma­
nifiesto formativos. Por esas causas, ya no exis­
ten el impresionismo o el cubismo, sino los Renoir, los Monet, los Picasso o los Braque.
Además del desenfoque que hemos indicado,
Pareja no manifiesta dotes de pintor, por su
falta de entonación, carencia de composición y
por su medianía.
El pintor Pareja debe tener en cuenta que la
vanguardia no puede formarse tomando lo apa­
rente de los movimientos que ya han cumplido
su trayectoria, y si se interesa verdaderamente
por el arte moderno, debe estudiar los movi­
mientos post-cubistas, con todo esmero, y man­
tenerse sin exponer hasta haber dado obras de
más alto destino.

EXPOSICION CUNEO, C. A. CASTELLANOS,
PREVOSTI Y PESCE CASTRO (Galería Alfar)
CUNEO
De este señor no puede decirse es un imita­
tivo, pero tampoco que es un pintor. Su activi­
dad es la de mantenerse en una deformación
que no responde a finalidades estéticas sino a
su capricho.
El deformismo de la realidad es únicamente
lícito, cuando lleva en sí la búsqueda de una
construcción estética, en la cual el artista en vez
de destruir, construye una armonía de orden
superior.
Aclarado esto, la obra de Cúneo aparece como
un encarnizamiento contra la naturaleza, reali­
zado por medio de colores máximamente des­
entonados y un dibujo absolutamente torpe, am­
bas cosas al servicio de la más cursi literatura.
Con esto queda dicho que los valores abstrac­
tos quedan más ultrajados en la obra de Cúneo
que la propia naturaleza.
Toda su obra está informada por un colosal
efectismo, y la intención de dar el espectáculo
de la genialidad, contrariando todo lo que el
arte de la pintura tiene como fundamento esta­
ble e indiscutible.
Para muestra de perversión estética, podemos
citar el intencionado error de perspecitva en
que incurre en el dibujo de una casa, donde las
aristas extremas fugan hacia abajo del espec­
tador, encima del cual se halla la casa en cues­
tión.
CASTELLANOS
La pintura de Castellanos se desarrolla, antes
que nada, en lo decorativo. Decorativismo qué
si hubiese salido de la búsqueda de lo plástico,
tendría explicación, pero habiéndose fundado
en lo temático y literario, queda en el plano de
la más hueca ignorancia de la pintura.
PREVOSTI
Los juicios que emitimos sobre Prevosti en el
comentario de su exposición en Amigos del Ar­
te, pueden hacerse extensivos, ya que se ajusta
perfectamente a la exposición que nos ocupa.
PESCE CASTRO
Cuando hace un cierto tiempo Pesce Castro
expuso algunas de sus obras en el Salón Moretti,
por considerar nosotros que el lugar en que este
pintor se hacía presente decía de por sí la in­
tención del citado, de mantenerse fuera del Ar­
te, no quisimos ocuparnos de él. Pero hoy, que
busca por compañía la de otros pintores que
hacen alarde de maestría y genialidad, nos es
preciso determinar para el público, el lugar en
que debe ponerse a Pesce Castro como pintor.
Si bien Pesce Castro no quiere disfrazarse co­
mo sus vecinos de exposición, por lo cual se
ubica en un plano superior a ellos, permanece
fuera de la pintura, pero manifiesta honrada­
mente su incapacidad estética.
Pesce Castro es un pintor absolutamente imi­
tativo, al cual el modelo lo obliga a desentonar
y a cometer los mayores desatinos de compo­
sición. Hay un par de cuadros en que. desde la
sombra, se ven campos a plena luz. Los estri­
dentes verdes con que pretende representarlos,
quedan como manchas recortadas sobre el resto
de la tela.

CABRERA
EXPOSICION ZOMA BAITLER
(Salón Caviglia)
En el catálogo de pinturas del pintor Zoma
Baitler figuran diversos juicios sobre su obra.
Esta actitud implica el deseo de preparar al
espectador para una apreciación benévola. Si
los mencionados juicios reuniesen las cualida­
des de ser realmente elogiosos y de pertenecer
a personas evidentemente capacitadas para emi­
tirlos, hasta cierto punto podrían justificarse
como preparación para el espectador displicen­
te o incapacitado.
Pero sucede que de esas circunstancias sola­
mente se da la segunda, o sea que de las opi­
niones reunidas sólo valen, por gracia de quien
las emite, las del maestro Torres-García.
Pese a la intención del Sr. Zoma Baitler, de
escudarse, no tras el juicio, sino tras la firma
de Torres-García, el efecto de esa intención se
anula por dos sencillas razones:
1.
" Porque el tal juicio carece de actualidad
y por lo tanto de vigencia.
2.
” Porque el tal juicio no es todo lo elo­
gioso que el. Sr. Baitler supone.
Lo primero se prueba con el simple hecho
de verificar la fecha del escrito.
Desde aquel entonces, hasta aquí, han pasado
5 años, en el transcurso de los cuales, el Sr.
Zoma Baitler, apremiado por su público, des­
cendió con rapidez del mediano lugar a que
había llegado.
Lo segundo porque, decir de un pintor, que
hace actualmente impresionismo, es poner en
evidencia que se trata de un individuo menos
rezagado, en un ambiente totalmente rezagado.
A con referencia al aserto de que Zoma Bait­
ler era un honrado y estudioso pintor, deseoso
de superarse cada día, hay que aclarar que esto
pertenece al campo de la benevolencia y el estí­
mulo que no 'debe negarse a un joven que aun­
que desviado, pueda evidenciar ciertos indicios
de habilidad pictórica.
Concretándonos a la presente exposición, he­
mos de decir que del primer vistazo el espec­
tador comprende que el Sr. Zoma Baitler prac-,
tica un trasnochado y trasplantado impresionis­
mo. Y que, mirando las obras en detalle, vé que
el pintor Zoma Baitler, es un prejuicio deno­
minado Zoma Baitler, porque la búsqueda del
grado de existencia del autor — que es precisa­
mente el punto al cual se dirige la compresión
del espectador— se convierte en un ejercicio
inútil ya que Baitler no aparece más que como
un vínculo deformante entre los maestros im­
presionistas y estas telas.
Si la trasmutación a que se aboca Baitler fue­
ra la del espíritu impresionista como compen­
dio del sentido de aquel movimiento, había po­
sibilidad de disculpar el anacronismo del
pintor.
Pero como cada cuadro es una unidad incon­
mensurable con los otros, y avasallada a una
paternidad evidente (Monet, Pissarro, Renoir,
etc) el conjunto, no merece sino la denomina­
ción de mala pintura. Como ejemplo citaremos
el cuadro «Paisaje entre las Ramas», que llega
a los lindes del plagio, o por lo menos a una
más que sospechosa aproximación a la tela de
Camilo Pissarro denominada «Techos Rojos»,
que puede verse reproducido en el libro «Mo­
dero Masters» de Jerome Klein, edición Grosset et Dunlap. N. Y.
Lo único particular del Sr. Zoma Baitler,
sería un cierto virtuosismo o habilidad manual
que le permite tomar la manera de los impre­
sionistas ya citados, así como lograr ciertos efec­
tos de soltura tendientes a encubrir faltas ma­
yores y a asombrar al boquiabierto burgués.
Se realizó en la Asociación Cristiana de Jó­
venes la 22.* Exposición del Taller TorresGarcía, con obras de los integrantes Pedro y
Cristy Cava.
En el próximo número comentaremos esta
exposición.

�Conferencia del Arq. Ramón Menchaca, en
la Exposición del Maestro Torres-García
A Don Joaquín Torres García se pretende
ignorarlo, abrumarlo de desprecio y de silencio.
Se supone, por la torpeza general que apre­
tando el silencio alrededor del maestro, se aho­
gará su voz, se paralizarán su mano y sus pin­
celes o se detendrá su enseñanza.
Se equivocan quienes le han cerrado a Torres
las puertas de la prensa para anunciar su ex­
posición.
Se cree que Torres y sus más allegados discí­
pulos son gentes comunes que tienen «ideales
normales» como la casi totalidad de nuestros
compatriotas: hacerse un nombre, ganar dine­
ro, ganar dignidades y ocupar cargos oficiales.
¡Qué error!
Se piensa que al hacer el vacío a su «propa­
ganda» se le perjudica.
¡Qué error!
No es para menos.
La confusión tiene su explicación perfecta­
mente clara. Nos atrevemos a afirmar que To­
rres no sólo no ha sido comprendido en su país
natal, sino que ni siquiera se ha sospechado por
la inmensa mayoría de sus compatriotas, la je­
rarquía moral y artística de este uruguayo, que
con generoso patriotismo ha regresado a su país
a fundar en él su escuela y a difundir su sabia
enseñanza.
«
Tal gesto no ha tenido mejor fuerte para la
comprensión general de sus conciudadanos, que
sus mismas ideas estéticas o que su vida heroica
y generosa.
Como prueba de la incomprensión casi total
en que ha caído Torres, basta citar un hecho.
Mejor dicho, dos hechos: Las dos obras «ofi­
ciales »que ha realizado el maestro en su país,
han sido posibles sólo por la total falta de infor­
mación en materia de arte de que padecían los
dos hombres de gobierno que lo autorizaron a
ejecutarlas, desde luego que sin la más mínima
compensación material por ellas. Me refiero al
monumento del Parque Rodó y a los murales
de Saint-Bois.
Creo tener derecho a afirmar que si en esos
puestos de gobierno hubieran estado, en las
oportunidades mencionadas, personas de las qué
en nuestro medio se tienen por «cultas y de buen
gusto», tales obras no se hubieran realizado
jamás.
Nadie entiende el desinterés de Torres por
las cosas materiales. ¿Cómo puede pintar y tra­
bajar gratis? ¿Cómo puede enseñar gratis? Es
que no se comprende que el arte es un fin en
sí mismo. Un fin y una pasión. Una pasión fuer­
te y apremiante, que exige ser satisfecha sin
admitir que se la condicione a compensaciones
de ningún género.
Por eso el artista auténtico ha sido siempre
un inapto para administrar sus propios intere­
ses, y recorriendo la historia de los más gran­
des, se suele encontrar ejemplos de pobreza y
miseria tremendos.
Queda, pues, esa generalidad de la regla, co­
mo descargo para nuestro país y sus hombres,
por el abandono y el olvido en que se tiene al
mejor de sus hijos.
Para que ese panorama de incomprensión se
acentúe, los grandes, los mejores, como en el
caso de Torres, han tenido siempre una palabra
nueva que decir distinta de las ya dichas. Que
ha chocado por consiguiente con todos los mo­
lidos anteriores. Que ha constituido un idioma
diferente a los conocidos y admitidos. Que ha
herido y vulnerado, escuelas, academias y ense­
ñanzas ya afianzadas. Que ha sido siempre re­
volucionaria en el medio en que ha sido dicha.
1 a la sombra de la incomprensión general,
proliferan toda clase de malas pasiones, envidia,
egoísmo, vanidad., intereses.

4

Que no se comparta el punto de vista de To­
rres, que no se comprendan sus obras, es fácil
admitirlo. Quienes tienen sus preocupaciones di­
rigidas en otra dirección, o aquellos que tenien­
do las mismas o parecidas preocupaciones, par­
ten de otra base, pueden no entender o no gus­
tar su arte.
Lo que no puede admitirse es que sañuda­
mente se prentenda hundirlo, ignorarlo, des­
prestigiarlo.
Que se pretenda ignorarlo o tratarlo de loco.
Que se quiera desacreditar su obra de maestro,
de creador indiscutible de la única escuela de
arte que ha existido en el país. Y tal cosa es
posible afirmarla, sin temor a ser contradicho,
ya que no creo que nadie se atreva a afirmar lo
contrario. Y no sólo única, sino magnífica es­
cuela de arte, ya que tal maestro, no sé si por
irradiación de su prodigiosa personalidad o por
mediación de un azar maravilloso, se vé rodeado
de un coro de discípulos de su misma cepa mo­
ral y de su misma alta estirpe de artista.
La batalla por el arte empezó hace siglos y
dura aún, y no debemos esperar rápidas victo­
rias decisivas, ni el aplastamiento definitivo de
los enemigos. Alegrémonos de que al menos esa
batalla haya comenzado en nuestro medio.
Cuando el arte de Torres - García se haya im­
puesto de un modo total, existirá, sin duda, al­
gún otro artista que sufrirá y luchará y al que
tal vez los académicos oficializados de la época
le cierren el paso invocando, quizás, la memo­
ria de Torres - García.
Así ha sucedido y siempre así sucederá.
Por otra parte, a pesar del abandono por par­
te del oficialismo en que viven Torres y su es­
cuela, y de la falta de comprensión y de apoyo
que han demostrado los órganos de nuestra pren­
sa, al no publicar, con rara unanimidad, los
anuncios de esta exposición, no debemos consi­
derar la situación de Torres y su escuela en
nuestro medio, absolutamente desamparada.
El hecho de abrirse esta sala con el carácter
de exposición permanente del Taller, el número
siempre en aumento de alumnos del mismo y
los progresos evidentes y visibles que realizan
sus mejores adeptos, demuestran de manera in­
dudable que la enseñanza y los esfuerzos de
Torres - García por levantar el nivel de nuestra
pintura no han sido vanos.
El amor y la lealtad que merece de sus alum­
nos y amigos asegura además la defensa y la per­
duración de su prédica. Puede tener Torres •
García la seguridad de que no ha sembrado sus
semillas en surcos estériles.
Duele, sin embargo, ver como a tal maestro
se le niega, se le discute y se le zahiere. Se se­
ñalan las contradicciones en que incurre en sus
libros y en sus obras y se trata de despresti­
giarle por mil medios. A alguien que en cierta
oportunidad se acercó al maestro con ánimo de
discutir sus escritos sometiéndolos a un análisis
lógico y señalando avanzadas contradicciones,
Torres lo detuvo diciéndole más o menos: «No
soy un filósofo ni un lógico, soy un artista,
soy un pintor. No produzco por lo tanto con la
razón como fuente, sino con la intuición y el
sentimiento en primer lugar. Escribo como pin­
to. Tome mis escritos y considérelos como un
cuadro. Si le gustan, bien, y si no, lea usted
otra cosa».
Con lo que la discusión quedó terminada an­
tes de comenzar.
Y así es en efecto Torres - García. LTn hom­
bre cuya vida es como llama bravia. Lleno de
pasión y de brío. Vive su vida entera en pintor
absorto en su obra y en su enseñanza. Sin tre­
gua para tomar otra actitud.
¿Se ha de exigir que además tenga una lógica

inflexible en sus propósitos?
¿Que no cambie jamás un rumbo en su pin­
tura? Siendo como es un explorador y un in­
vestigador nato que lia ensayado (y sigue ha­
ciéndolo) mil caminos distintos en su arte, sin
perder nunca sin embargo la unidad de su es­
tilo? ¿Se hubiera deseado que por mantenerse
inflexiblemente dentro de la manera construc­
tiva que le sirvió para realizar sus admirables
telas estructuradas en tonalidades bajas en los
años 32 y 33, no hubiera realizado la serie ma­
ravillosa de esas síntesis humanas que son sus
retratos? ¿ 0 por seguir haciendo retratos, no
hubiera vuelto a la pintura constructiva que rea­
lizó en los años 42 y 43, que tendremos la opor­
tunidad de ver dentro de poco y cuya culmi­
nación, después de modificar totalmente la pa­
leta, fueron los maravillosos murales de «SaintBois»? ¿O que por mantenerse dentro de esa
paleta estricta y detenido por la ortodoxia cons­
tructiva, no hubiera pintado este año los pai­
sajes que tenemos a la vista?
Realmente, plantear tales preguntas, es con­
testarlas. Hay quienes, sin embargo, abominan
de parte de la obra del maestro y lamentan que
no se mantenga exclusivamente dentro de la
manera por ellos preferida, sin advertir la for­
midable unidad que, a pesar de tales diferen­
cias, campea en toda su obra.
En todas sus pinturas, paisajes, retratos, arte
constructivo, prima el criterio estrictamente bidimensional. Y aun en las obras más aparente­
mente naturalistas, la división geometrizada y
estructurada del cuadro, imprime a éste un va­
lor plástico indudable.
Esto es lo que no es visto por la generalidad,
y me refiero sólo a aquellos que miran con bue­
na fe; y se mantienen firmemente apegados al
tema y a la representación, ignorando o no sin­
tiendo los auténticos valores de la pintura, y
demostrando de esa manera no haber pene­
trado hasta lo profundo, aún en aquellas obras
por las que sienten admiración.
La pintura abstracta es, con respecto a la
pintura representativa, lo que la música pura,
sin programa, es a la canción, a la ópera, al ora­
torio. A la música refiriéndose a algo que le es
ajeno: la letra, el asunto.
La pintura abstracta es oposición y equilibrio
de colores y de formas, como la música pura es
armonía y juego de sonidos.
La pintura representativa es también eso,
cuando es pintura, pero además se sujeta a algo
ajeno a ella: la representación.
La música de programa es también armonía
y juego de sonidos (cuando es música), pero
además intervienen en ella sentimientos, emo­
ciones, descripciones ajenos a la música.
Nadie puede negar la posibilidad de realizar
obra de arte sujetando la música al encadena­
miento de una letra o de un programa, o la pin­
tura a la obligación y fidelidad de una repre­
sentación.
Nadie puede negar tampoco la excelencia de
infinidad de obras musicales hechas sin ninguna
letra ni programa.
A la pintura, en cambio, se pretende negarle
la posibilidad de realizar obra de arte sin so­
meterse a la obligación de representar. Se pre­
tende negarle el derecho de manejar libremente
sus materiales esenciales, formas y colores.
Se olvida que lo que constituye el equilibrio
y la armonía maravillosa de una «naturaleza
muerta» de Cézanne o de Cbardin no se obtiene
por la oposición y equilibrio de los panes, las
manzanas, los potes o vasijas representados, si­
no por el juego de las manchas de color y el
gusto de sus formas.
Pasa a pág. 7

�GRABADOS

EN

MADERA

de MANUEL PAILOS

COMPOSICION

CONSTRUCTIVA
#

COMPOSICION

CONSTRUCTIVA

�EL

FA LSO

Es muy frecuente aquí, en nuestro medio, oír
ponderar a Rodín con tanto entusiasmo, como
el que ponen en seguirlo (a él y sus seguidores
más o menos directos) una gran parte de nues­
tros escultores. Una vez pasada la influencia de­
terminativa’ que ejerciesen en todas nuestras
Artes los artistas italianos del siglo pasado, se
registró la influencia decisiva de Rodín, en el
terreno de la escultura y del movimiento im­
presionista, — ¡a buena hora!— bastante tras­
nochado en la pintura.
De la manada de arquitectos, pintores, escul­
tores, músicos, etc. de la Academia italiana, mu­
cha mala cosa quedó entre nosotros. El Palacio
Legislativo, absolutamente fuera de todo espí­
ritu y con más razón que ninguno, del clásico.
El Salvo, modernismo barato y revolucionario».
El monumento a Artigas, burdo, convencional,
sin espíritu, etc., y todavía nos queda un pintor
en producción —Rafael Borella—- que no se
despega en nada de ese espíritu finisecular, o
mejor dicho, del diecinueve decadente e igno­
rante de la dificultad real del arte, dado a la
imitación, al ejercicio manual y a la receta.
Si esos fueron los frutos de aquellos emba­
jadores de un falso arte italiano, y sus produc­
tos están allí y todos más o menos los recono­
cen como engendros que no tienen relación con
el Arte, la influencia de Rodín sigue todavía
dando frutos. Claro que detrás de ésto, o sea de
la influencia de Rodín, siempre hay tercerones,
o segundones, que a los efectos son la misma
cosa, los cuales sustentan un ideal que dan, equi­
vocadamente, en llamar clásico. Algunos de
ellos, hasta llegan a manifestar que con trabajo
continuado cualquiera puede llegar a ser es­
cultor. Basta con mirar, dibujar, modelar y de
esa manera se podrá repetir fielmente' la figura
humana, dicen, como si esa pudiese ser la fina­
lidad de la escultura. Es obvio insistir en que
la escultura no es precisamente tal cosa, sino
— sin carácter de definición— lo que la arqui­
tectura vaciada de su carácter funcional: juego
de volúmenes en la luz.
Y volviendo a nuestro tema, o sea Rodín, pre­
tenderemos poner en evidencia por qué la in­
fluencia del mencionado puede estimarse como
perniciosa. Para eso, más que enumerar las in­
fluencias y sus desviaciones, trataremos de de­
terminar los caracteres de la producción de
Rodín.
De esa manera marcaremos, no Iq que se ha
recogido o deformado, sino lo que dicha obra
daba de por sí.
La obra total de Rodín carece del sentido apo-

REFLEXIONES

DI OS

lineo que caracteriza todo arte clásico y por
ende grande.
En efecto, una de las preocupaciones funda­
mentales de Rodín es el movimiento, circuns­
tancia que lo coloca fuera del propio sentido
estético a que aspiran las artes plásticas y en
especial la escultura, dado que ella se opera
sobre una masa equilibrada y sin movimiento.
(Hay nn sentido del material, absolutamente
determinante, que es — por otra parte— el más
sano escalón diferenciador entre las artes I. Un
arte es el que se hace con tal cosa. Otro el que
se hace con tal otra).
T a ese respecto debe recordarse que Rodín
emplea el innoble método del «pasado a bron­
ce», a mi modo de ver, índice muy aclaratorio.
Nunca una escultura es tal, que pueda ser tras­
mitida del barro al bronce sin perder sus cali­
dades intrínsecas. O se hace directamente en
metal —tal el caso de la extraordinaria escul­
tura de los Gallés del Congo, en que el metal
conserva su carácter—- o se produce en barro y
en barro queda con toda su calidad o sus incon­
venientes. Pero de ninguna manera se procede
a la trasmutación del espíritu del Arte, que se
desvanece en ese trueque o se diluye en casi
demasiado.
La escultura de Rodín, además, no se pre­
senta, sino que gira y se desenvuelve mediante
una serie de ejes.
Por esa razón se aparta de lo ortogonal, que
si puede discutirse en pintura, no se duda en la
escultura por ser el espíritu mismo del prisma
tipo, y por ende de la arquitectura y escultura.
En esa busca de movimiento, presentación y
desenvolvimiento, Rodín pierde el bloque es­
cultórico, y saca del volumen principal deriva­
ciones que no hacen sino romper la unidad del
mismo. ¿Cuáles son las causas que fundamental­
mente lo llevan a esto? En principio, la imita­
ción de los accidentes reales, lo que se llama,
el criterio imitativo. En segunda instancia, la
temática, punto también crítico en las predilec­
ciones rodinianas.
Punto crítico por ser, en muchas ocasiones,
el verdadero y único motivo de las esculturas
de Rodín.
Si.se quiere cosa insoportable, véase «La mano
de Dios». Simbolismo pueril, montonera de ma­
terial, falta absoluta de forma.
Si se quiere grandielocuencia, teatralidad, li­
teratura, al servicio de nada, «Los burgueses de
Calais» pueden darlo.
Y así toda la obra de Rodín está plabada de
ese lirismo barato, de ese sobrecargamiento de­

SOBRE

EL

ARTE

RODIN
cadente, de esa temática alegórica que no puede
menos que resultar insufrible. Sin embargo, por
el germen de reacción y el empuje romántico
que lo informaba, se ha hecho de Rodín alta
gloria, sumo prestigio y se lo ha puesto, sin ra­
zones, como un Dios de las artes plásticas. Pero
lo que verdaderamente le conviene como defi­
nición, es la que Juan Ramón Jiménez le en­
dilga con toda propiedad: «falso Dios Rodín,
vulgar, fotográfico, burdo». Adjetivación abso­
lutamente exacta y verifieable, si miramos su
obra y el total de la escultura con un sentido
clásico —clásico no quiere decir perfil griego—
sacando del medio la afección romántica que
signifique y ateniéndonos a cánones estableci­
dos, negados y vueltos a encontrar.
De esta manera Rodín no resulta nada más
que una manifestación de lo romántico, pri­
mando sobre el sentido inteligente, que la sen­
sualidad, y casi diría la sexualidad, imponién­
dose al espíritu. Ahora bien, esos caracteres le
hicieron poder comunicarse más fácilmente
con el gran público y por consecuencia con
la fama. Pero esos caracteres mismos son los
que lo apartan del sentido clásico que aspira a
lo universal y lo abstracto. Rodín no operó con
formas sino con objetos, y allí está —como lo
aclarara Torres - García— el quid por el que se
pasa del arte a lo imitativo o viceversa. Por ello
Rodín se quedó con lo restringido de lo imita­
tivo y con lo ilimitado y perecedero del público.
Y si la Escultura en evolución pronto lo sacó
del camino y por ella dió en la escultura abs­
tracta, que si no ha dado su obra de culmina­
ción por lo menos ha determinado la ruta sana,
nuestros escultores continúan, en gran parte en
aquéllo (Rodín), desconociendo las estructuras
de la esculttíra no figurativa, justo sitio donde
debieran incidir en busca de espíritu.
Pese a todos los pesares, lo que resulta inne­
gable en la obra de Rodín, es Rodín mismo, o
mejor dicho, el hecho Rodín. Su personalidad
y su autenticidad. Porque, no hemos de come­
ter la injusticia y la inexactitud de suponer que
Rodín pudo haber hecho cosa distinta de la
que hizo. No olvidemos la sabias palabras de
Juan de Mairena, donde apunta que bueno o
malo en cada época se hace lo único que puede
hacerse.
^ si no negamos la autenticidad de ese hecho,
sí negamos toda vitalidad y valor actual a la
experiencia de Rodín. así como su vigencia di­
dáctica, ajena al ejemplo de trabajo y dedica­
ción de Rodín, el cual interesa con un carácter
absolutamente general.
SARAXDY CABRERA

Y

EL

ARTISTA

(Viene de la pág. 2)

Y ahora ya no hay que decir, que tal artista,
en tal concentración y fuera de lo temporal, en
ese estado de pureza ahsoluta, y presa de una
viva fe, sea otra cosa en su conducta con respec­
to al resto.
Y para acabar diré: que lo mejor que puede
pensar el artista es que, lo más virgen, lo más
profundo, lo más elevado y original de su obra,
no es obra suya — que mientras él trabajaba,
alguien le ayudaba a su espalda — y que así
algo nuevo pasó al mundo. Y piense también,
que si lo conocido es grande, lo desconocido es
infinito. Y que todo viene del misterio para
tornar a él. Y que las inspiraciones que reciba,
no es porque nada se mueva para él, sino por­
que él se habrá puesto en condiciones de re­
cibirlas.
Pero aún quiero afirmar ahora algo que creo
que hasta el presente no se ha puesto en claro:
cuando el arte es religioso y cuando profano.
Y para comenzar, voy a hacer una separa­
ción, entre el arte que se basa en el sentimiento

6

y el que se basa en la sensación. El primero será
universal, el segundo particularista. Y entonces,
si descartamos el concepto vulgar de lo que se
suele entender por religioso, y nos atenemos al
verdadero sentido de la palabra, esto es, al sen­
timiento que nos junta én lo más puro y ele­
vado, tendremos que religioso será el arte cuan­
do logra tal finalidad. Y aún a esto podemos
añadir, que sólo se llega a lo profundo después
de haber roto con lo temporal, y que sólo en­
tonces ,también, por tal sentimiento, no sólo
captaremos lo esencial, sino, además, el ritmo
dentro del cual se ordena todo en perfecta ar­
monía. Y profano será el arte naturalista, ba­
sado en el concepto realista de las cosas —
físico, podría decirse—, y en la sensación y ya
no en el sentimiento; y por esto individualista,
basado en lo múltiple, en lo que separa no en
lo que junta, y por tal razón profano.
Vivir profano, en la realidad de las cosas, en
lo múltiple, o vivir religioso, aferrado a una
idea, en concentración, y en lo universal.
Se pinta, entonces, para la pintura y para

nada más, o si no se hace servir a la pintura
para lo que convenga en un momento dado.
La actitud del verdadero artista, es religiosa,
aunque laica; pero no es profana.
Además, dentro de su actitud religiosa y en
la universalidad del sentimiento, considera que
toda actitud similar, aún dentro de un dogma
es idéntica a la suya. Al fin, religiones, leyen­
das y mitos, encierran una verdad profunda,
son creaciones del espíritu, como lo son las
grandes sinfonías, poemas y templos: algo que
viene de lo desconocido, de lo infinito del mis­
terio, y que toma cuerpo por virtud del arte
de un hombre. No así las ideologías sociales, las
utopías, las diferentes políticas, porque están
basadas, no en el sentimiento, sino en la inteli­
gencia y la razón. Por esto todo eso es ya profa­
no. Pero hasta estas ideologías, pueden transfor­
marse y se transforman a veces, en grandes sen­
timientos universales. Entonces ya dejan de ser
profanas para revestir carácter religioso.
J. Torres-García.
18 de Julio de 1945.

�Interpretación Literaria de la Pintura
POR
Se sabe o no se sabe de una cosa; sea una
ciencia, uu arte o lo que fuere.
aunque se
haya estudiado, a veces no se sabe. Para llegar
hasta el fondo de toda cuestión, siempre se nece­
sitará otra facultad, y que se tiene o no se tiene
que llega hasta el cabo de las cosas. I n saber
tiene llega hasta el cabo de las cosas. I n saber
no aprendido, y que es el único que vale. Y esto
lo saben todos. Un ejemplo: no por escribir lite­
rariamente o en pedantesco lenguaje abstruso,
ni tampoco citando muchos autores, se dice na­
da propio y que valga. \ ano juego de palabras
y vanidad de autor, que quiere pasmarnos con
su erudición y . .. altura literaria. Pero todo eso
es harina y no semilla, y excusado es decir que
no aprovechará a nadie. Pero se hace un grueso
volumen, que se regalará a los amigos, y todo
va bien. Esa liteartura, es lo que el arte deco­
rativo es a la pintura, que es decir una cosa
detestable.
El escribir es patrimonio de todos, porque
es prolongación del lenguaje. Pero, como todos
saben, después está el arte de escribir. Y más
allá, algo que está por encima de todo eso y
que viene de aquella otra facultad a que ahora
hace poco me refería. Y esto es cosa rara. Y no
se confunda eso, que siempre es terriblemente
claro y concreto, porque es viviente, con el com­
plicado subjetivismo de ciertos escritores y poe­
tas, hoy muy a la moda, cuyo prurito de singularización y falso refinamiento, los lleva a la
imagen forzadamente incomprensible y que es
vacua por carecer en absoluto de plasticidad,
es decir, de consistencia real, o mejor suprareal. Pero quédese eso ahí, pues no es de mi
competencia hablar de literatura. Y si ahora
hablo del escribir, es sólo para declarar que si
escribo, no es con pretensiones literarias, sino,
simplemente, para explicar las cosas como lo
haría en una conversación. \ con esta salvedad,
voy al objeto de este artículo.
Lo que voy a decir, fué sugerido por algunas
palabras de Giselda Zani, en su reciente libro
sobre el Giotto, cosa que le ha permitido dar
algunas opiniones sobre arte. Según mi criterio,
la autora hace allí ciertas afirmaciones equivo­
cadas con respecto al arte y su orientación. Y
a mí esto me parece como un llamado al cum­
plimiento de mi deber, pues, aunque repetidas
veces he pretendido hacer comprender lo erró­
neo que es el juicio que de ordinario se ejerce
con respecto a la pintura, como de nuevo se
insiste en mantenerlo en ese sentido, a mí me

JOAQUIN

TORRES -

parece que nuevamente yo debo insistir, y aun­
que sea por milésima vez. Por esto hoy, y aun­
que tenga que repetirme, voy a tratar de des­
arrollar el tema que encabeza estas líne'as y que
a mi me parece del mayor interés.
Comienzo por afirmar esto: que la Pintura
comienza a existir desde la anécdota para allá.
Y esto otro que debe completar esa idea: que
el lenguaje de la pintura no es traducible en
conceptos de ninguna clase y que no se podría
dar idea de lo que expresa, ni aun usando de
comparaciones, por sutiles e ingeniosas que fue­
sen. Que la representación es sólo un pretexto,
y que mal van los que pretenden juzgar de la
pintura si pretenden explicarla por ella.
Y aquí, si no fuera por no meterme en cam­
pos que no son de mi jurisdicción, diría que
lo mismo acontece con la música y la poesía, y
aun con la literatura. Lo que solemos llamar
tono o calidad, y que es muy difícil de explicar,
y, por esto, difícil en ello, de saber si es la mis­
ma cosa y si se está de acuerdo; tales cualidades
indispensables en la obra de arte, las veo lo
mismo en un cuarteto de Beethoven que en cier­
tos cuadros de Yelázquez o Goya. Y no hay tra­
tado de música o de arte que pueda explicar
lo que es en sí tal cosa. Se siente, se intuye, y
es todo. Pues bien, eso que está más allá de
la representación, y que es lo profundo del arte,
es su razón de ser. Y entonces, ¿para qué ha­
blar de lo demás y, sobre todo, para qué urdir
toda una construcción artificial sobre el verda­
dero hecho de la pintura? Tiene razón la joven
autora de La Cárcel de A ire: hay que denun­
ciar ciertas cosas, a fin de que no se adentren
en la conciencia de todos y acaben por crear el
más deplorable confusionismo.
No hace mucho, dije que el Greco no había
pintado más que un solo cuadro. Pues pinte lo
que quiera, siempre tendremos lo mismo: el
Greco. Y con decir esto, ya basta, pues de ahí
no puede pasarse. Y por esto, si luego analiza­
mos, por ejemplo, el Entierro del Conde de Orgaz, téngase entendido que ya no hablamos de
pintura, pues el «hecho pintura» en el Greco,
es lo que nos dice por ese lenguaje intraducibie
de su pintura, y que fija el espectro del Greco.
Pues bien, a tal percepción llegan muy pocos.
Por esto suelen decir los pintores que lo son
de verdad que, la pintura, sólo es para' ellos.
^ esto dicen a causa de la incomprensión por
parte del público y críticos de arte.

E X P O S I C I O N CONFERENCIA
TORRES - GARCIA
La exposición del maestro Torres - García en
D
R A M O N
el Salón Permanente del Taller, ha cumplido
su primera parte. Se han retirado ya las obras
recientes, y una muestra retrospectiva de la
obra del maestro compone la actual segunda
parte de la exposición. Luego de un plazo apro­
ximado de 10 días, se procederá a la inaugu­
ración de otra etapa de esta exposición de
obras del maestro, con un salón exclusivamente
•constructivo.
Nuestros pintores tienen actualmente una
magnífica oportunidad de ver pintura: oportu­
nidad que no se repite con frecuencia y que
nuestros pobres museos no pueden ofrecer.
El hecho de dar Torres - García sus obras re­
cientes, pasadas y constructivas, a la vista del
público es un hecho de singular trascendencia,
va que se trata del mayor pintor del continente.
La grandeza de las obras expuesta- y el fervor
admirativo que profesamos al maestro, nos im­
pide toda información crítica y solamente nos
permite el detenido continente de la admira­
ción.
Cuando el espíritu juega, no son palabras aje­
nas las que pueden explicar el arte, sino éste ex­
plicarse a sí mismo. De las obras de Torres García podemos hablar subjetivamente, por la
asociación, el goce, etc., nunca por la enumera­
ción objetiva de sus virtudes esenciales y pre­
sentes.

GARCIA
Los diversos géneros de pintura y aun mani­
festaciones plásticas ya un tanto alejadas de
ella, no influyen para que esto sea también va­
ledero. Pero, hay obras plásticas en las cuales,
después de la anécdota o representación, no
hay nada. Por esto pudo el Greco decir desde­
ñosamente de Rafael, que no era un pintor. Y
tuvo razón. En cambio Pacheco, desde que el
Greco comienza a subrayar con lo que él llama­
ba «crueles borrones», a su pintura (y que es
la que poco a poco va fijando su personalidad
hasta el final), dice ser esto incomprensible. Y
es que Pacheco no era un pintor. Y cuando de­
forma para expresar lo que él veía en sus vi­
siones de pintor, achacan tal deformación, pri­
mero, a una especie de locura y, más tarde, a
su astigmatismo. Y lo mismo pasa con Velázquez, el cual, en su trayectoria pasa de lo imi­
tativo a lo sintético. Es la distancia que va des­
de la Mujer friendo huevos y Los borrachos a
Las Meninas.
Siempre, el pintor, estará más allá de la anéc­
dota. Pero pocos, muy pocos, son los pintores
que franquean esa frontera.
Por fortuna, hoy son ya muchos que entien­
den así la Pintura. Críticos de arte que, por ha­
ber convivido con los artistas, se han identifi­
cado con su arte; y pintores que, despreciando
la representación, apuntan principalmente a es­
te objetivo. \ esto es la gloria de una parte de
la pintura moderna.
Vuelvo a decir, que no importa qué manifes­
tación de arte plástico puede darnos eso pro­
fundo. Bien poca cosa serían, de no ser así, pon­
gamos por ejemplo, un mosaico bizantino, o una
pintura de Orcagna ó de Gozzoli, incorrectas
todas, ingenuas de composición, sin el sentido
profundo del color (eso que hemos llamado to­
no y calidad) y que nos lleva a un mundo más
allá del mundo, y que es el país de la Pintura,
país en el cual no habitaron jamás ni el coloso
Miguel Angel, ni Rafael, ni Leonardo. Y todos,
o parte de los cuatrocentistas, a partir de Cimabue, debieran ser interpretados así y no lite­
rariamente como lo acusan las montañas de li­
bros que se. han escrito con ese fin. Y creo que
con dar noiteias del pintor y de sus obras bas­
taría; pues todo lo demás es perder tiempo.
Llamo, pues! la atención sobre las interpreta­
ciones literarias del arte. Y digo que se des­
confíe de ellas, pues de dárseles beligerancia eso
podría privarnos para siempre de la verdadera
y única interpretación de la Pintura.

DEL

ARQUITECTO

M EE N C H A C A
(CONCLUSION)

Se olvida que los valores más altos de cual­
quier pintura, considerada desde el punto de
vista de la pintura, son siempre abstractos.
Tengamos fe. Ningún gran artista ha perma­
necido ignorado mucho tiempo. Y más cuando
entre sus contemporáneos hay quienes lo valo­
ran y han de luchar por obtener su reconoci­
miento universal.
Es probable que el proceso de asimilación del
arte de Torres - García sea lento, pero no du­
damos de que se realizará.
Para terminar, recordemos lo que dice Proust
a propósito de Renoir: «Las gentes de gusto, di­
cen hoy que Renoir es un gran pintor del siglo
XIX. Pero al decirlo, olvidan el tiempo, y que
ha sido preciso mucho, aún en pleno siglo XX,
para que Renoir fuese saludado como un gran
arti-ta. Pa&gt;a lograr ser reconocido tal. el pintor
original, el artista original, proceden a la ma­
nera de los oculistas. El tratamiento por su pin-

tura o su prosa no es siempre agradable. Cuan­
do ha terminado, el médico dice: ¡Ahora mirad!
Y he aquí que el mundo (que no ha sido creado
de una vez, sino en muchas veces, siempre que
ha sobrevenido un artista original ) nos aparece
completamente diverso del antiguo, pero perfec­
tamente claro». «Pasan mujeres por las calles,
distintas de las de otros tiempos, puesto que
éstas son de Renoir, aquellas mismas que Renoir
en las que antes nos rehusábamos a ver muje­
res. Los coches también son de Renoir, el agua,
el cielo».
Día vendrá en que las esencias de cosas que
pinta Torres - García, sus poderosos signos que
hoy son tratados de ravitas y cuadraditos infan­
tiles, serán reconocidos por todos en su verda­
dero valor y significación.
Habrá, para la mayoría, tina operación en el
ojo que le permitirá el acceso a ese mundo de
maravilla que es el mundo de Torres - García.

7

�PROLOGO A LA EXPOSICION FIGARI
Se anuncia una exposición del pintor Figari,
a la que ha de seguir, posiblemente, otra del
pintor Barradas.
El caso Figari, pintor costumbrista, es un
ejemplo del virtuosismo que tiene nuestro pú­
blico intelectual o, mejor, el público de nues­
tro intelecto, para pasar por las más variadas
opiniones logrando, a pesar de todo, conservar
en cada una de las oportunidades una capaci­
dad para el error de igual magnitud y jerarquía.
A Pedro Figari se le consideró durante un
tiempo como un pintor loco que inventaba co­
sas absurdas con procedimientos más absurdos
aún. Hoy se le juzga maestro, gloria de nuestro
país y pintor internacional.
No soy yo quien ha de restar a la obra de
Figari los méritos que personas superiores a
mí, cuantitativamente en años y cualitativamen­
te en dotes, le lian atribuido. Y más aún, cuan­
do muchas de esas personas son figuras de las
más arcaicas y venerables de nuestro intelecto.
Las pretensiones de estos párrafos se redu­
cen a determinar donde están los méritos de
Figari y en qué consiste su gloria, procurando,
al mismo tiempo, marcar sus límites sin mengua
de su grandeza.
He de procurar, primero, desarrollar lo que
es Pedro Figari, para después aclarar lo que
no es, con lo que, aquella parte de nuestro pú­
blico que no posee experiencia de las cuestio­
nes estéticas, tendrá una discreta guía para
apreciar sus obras.
Pedro Figari es esencialmente un pintor te­
mático, lo que significa que es más un literato
que un pintor; y por esta causa los valores que
podemos encontrar en su obra pertenecen más
a la literatura que a la plástica.
En sus cuadros más representativos Figari se
nos muestra como un verdadero narrador de
ciertos aspectos típicos de nuestra realidad na­
cional, de indudable valor para la historia de

can inarmónicos y desentonados. Esta falta de
valorización lo lleva, por ejemplo, a cometer la
estridencia de pintar una pared de un blanco
casi puro junto a un cielo de un azul pronun­
ciado. Además en toda obra pictórica lia de
haber una unidad indisoluble, nacida de la
composición y de la íntima visión abstracta de
los elementos que la constituyen; en cambio la
unidad de los cuadros de Figari reside en la
anécdota y no en la fusión de los colores y las
formas, con lo cual se reafirma nuestro juicio
que lo ubica en el campo de la literatura más
que en el de la plástica.
Estos defectos se agudizan por la edad avan­
zada en que este artista empezó a pintar, ya
que esta circunstancia le restó la experiencia
pictórica de la realidad, que es primordial a
todo pintor.
Figari, a través de su vida, cosechó anécdotas,
observó las costumbres de los negros, de los
gauchos, etc.; y esto fué lo que contribuyó a
enriquecer su obra de literatura y a empobre­
cerla de elementos pictóricos. Todo lo cual se
agrava, por las malas influencias, que tuvo este
artista, que no bebió en lo más firme del arte
moderno, sino en figuras un poco dudosas, des­
de el punto de vista de la pintura pura: Bonnard, Vuillard, Anglada Camarasa, etc.
Esto no pretende ser un análisis de la obra
de Pedro Figari, sino una simple introducción,
que prestará servicio a quienes no tengan un
concepto claro de la plástica.
Por lo demás, la Comisión Nacional, que hizo
muy bien, en presentarnos la obra de Juan Ma­
nuel Blanes, hace muy bien presentándonos
ahora la de Figari, hará muy bien en presen­
tarnos después la de Barradas y liaría muy bien
si nos presentara la de Blanes Viale, pues todos
estos artistas de poca o nula importancia pictó­
rica, lian contribuido a enriquecer el cuadro
histórico de nuestro país.
Guido Castillo.

nuestras costumbres.
Y ahora encaremos el no ser de Figari; y
para ello tenemos que ubicarnos de lleno en el
plano estricto de la pintura, porque este pintor
no es un pintor, si nos atenemos al sentido re­
cóndito de la palabra, o sea el que se refiere
al arte de la pintura.
Y las razones de por qué Figari no puede ser
considerado como un verdadero artista de la
plástica son de las más simples y evidentes, pe­
se a que pasaron desapercibidas para la casi
totalidad de nuestro público y de nuestros crí­
ticos.
Estas razones se reducen a que en pintura,
como en cualquier otra forma de arte, hay cier­
tas leyes o comportamientos básicos que no se
transformarán en esencia a pesar de las distintas
concepciones estéticas que se tengan; y estos
comportamientos son precisamente los que ha­
cen que un pintor, un poeta o un músico de
cualquier época, siga durando a través del tiem-po en virtud de haber alcanzado la realidad
inmutable de la pintura, de la poesía o de la
música.
Una de estas realidades fundamentales es la
de que ninguna obra de arte ha de ser imita­
tiva; y si bien la obra de Figari no lo es, se
queda en el plano, negativo, apariencial, de la
ley, pues no cumple con su realidad positiva,
ya que se ha de evitar la imitación, no simple­
mente por no imitar — el‘ arte expresa sólo afir­
maciones— sino para construir, ya sea con la
forma o con el color. De esto se desprende que
la ley dice, más exactamente, que en arte siem­
pre se construye, se crea, con lo que ya queda
excluido todo valor imitativo, por la vigencia
de este otro valor de índole estética, creativa.
Y ahora tenemos que si bien Figari no imita,
cae en la misma falta que provoca la imitación:
no valoriza, ni observa los valores que están
dentro de la luz, de ahí que sus cuadros aparez­

SALON PERMANENTE DEL

Taller TORRES - GARCIA
Exposición de obras del Maestro
J.

TORRES
M uestra

BARTOLOME
S U B -S U E LO

MITRE
DE

LA

GARCIA

C o n stru ctiva

esquina
LIBRERIA

POLICIA
DE

VIEJA

SALAMANCA

HORARIO: DE 18 A 20.
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Cabrera, Sarandy&#13;
Castillo, Guido</text>
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                    <text>WE1Y tsTA
&lt;—■■■•

DIBUJO

N! 5
J U N IO

i

1945

TAllXa TORRES 6AROA - A£AY¿J 8A

2.76 i -U T E 2 ¿4¿1 M o N T £ V IP £ £ &gt;

----- --— ■— f

CONSTRUCTIVO

Organo

HORACIO TORRES

redactado

y

editado

EL

E J E M P L A R

exclusivam ente por i n t e g r a n t e s del
TALLER

TORRES

-

GARCIA

€

• 0

5

�espigas
AS*1
_ Aropntí

1Z J

DE

"LA
o

C I U D A D
Por

Joaquín

En terminando de leer aquellas cuartillas,
aquel profesor, (y que las había escrito hacien­
do suyas aquellas palabras de Hostes — el por­
torriqueño -—- y que por azar halló aquella ma­
ñana en un diario local)— y cuyas palabras
son: «Si tengo que decir mal de los hombres,
no lo digo para mal de ellos, sino para bien de
la verdad y experiencia de los buenos» — en
terminando de leer, decía, ante el acostumbra­
do auditorio, sintió ( y él no supo por qué)
una desagradable angustia, y tal como si hubie­
se hecho algo que no debiese. .. Y así, marchó
perplejo a su casa. Y en yendo de este modo, to­
pó con un amigo (el personaje n° 1) el cual,
deseando interrogarle sobre al$o que otro día
había quedado confuso entre ellos, le pidió si
le permitía acompañarle. Y en llegando a su ca­
sa, y después de instalarse en el reducido cuartito que el profesor tenía para su trabajo, enta­
blaron más o menos esta conversación:
— Usted, querido profesor, dice que esta ciu­
dad es una Ciudad como cualquier otra; pero
en otras no ocurre lo que aquí.
— ¿Y qué sería eso que no ocurre en to­
das partes?
— Pues, por ejemplo, la desaparición casi
instantánea de un enorme edificio como ocurrió
ayer; o el temblequeo continuo de una estatua
de bronce. - .
— Ocurre, sí; y tanto y más. ¿Cree usted, que
puede sostenerse un edificio que no esté den­
tro de las normas arquitectónicas? lia de caer
forzosamente, y cae. ¿Cree usted, que si una es­
cultura no está dentro de la armonía, podrá
mantenerse su estatismo? Cae igualmente. Y
todo así, si quiere simbólicamente; pero cae. Y
caído está el tal palacio, y tan caído que ya
más no podrá levantarse. Y caídos están (y sin
que haya .fuerza humana que pueda levantarlos)
otros tales edificios, hechos de yeso y cartón
(com o usted sabe) y tantas esculturas de gesto
congelado: tal hombre que quiere andar y no
halla espacio; tal jinete que no osa dar un salto
de su pedestal y echarse a andar calle arriba; tal
orador incansable en su adem án... y así cien­
tos, en calles y plazas de todo el mundo. Por
que repito: esto no es de aquí sólo. Al contra­
rio: tales escultores, los de aquí, se han puesto
en el «estilo»; V lo mismos ocurre con los ar­
quitectos.
Que quiere el propietario, llámese
éste municipio, gobierno, o señor particular?
Pues quiere ostentación, riqueza. Y entonces,
para lograr tal fin, el arquitecto ¿ qué hace?
Un derroche arquitectónico. Es decir, vengan o
no a cuento, emplea todos los elementos de que
dispone la arquitectura: cornisas, ménsulas, ca­
riátides, etc. Y esto da categoría a la ciudadY por esto, tal arquitecto ( que es un hombre
serio) tendrá trabajo del que podrán hacerle
sus aprendices; pues él. no hay para que lo ha­
ga; y se verá colmado de honores y de dinero.
Pero esto no ocurré, como se sabe, en este solo
ramo. Porque, si tiene lugar en todas partes,
también en todo orden de cosas. Y esto obedece
a una ley universal e impuesta por la estructura
del mundo. En efecto, ¿hay algo sin su opuesto?
Así lo quiere ésa ley. que es base de la vida:
lo más opuesto es lo eternamente inseparable.
Y así, en el cuadro social, hay, junto a los que
están en la ley, los que la contradicen; y junto,
así, a cada cosa, su opuesta. Y «cría tarca inter­
minable nombrar tal número de cosas y posi­
ciones. Pero, para entendernos ahora — diga­
mos que, al campo social, lo divide en dos una
línea, y que agrupa a sus lados, y sin que jamás
se confundan los individuos que agrupa, dos cla­
ses de hombres, únicas, y aunque parezca que
hay más: la de los hombres serios y la de los
pobre gatos- Y para ilustrar esto, voy a poner
los ejemplos. Sería un pobre gato Homero, que
fué un bohemio empedernido y que andaba di­
virtiendo a los otros en los banquetes y que ja­
más tuvo un real; y Sócrates y Cristo, el pri­
mero, un vago perturbador, y el segundo un
hombre que ni casa tenía y no menos pertur­
bador, sino más aún que el otro, y que hicie­
ron bien de eliminarlos para bien de los pue­

SIN
Torres

blos que debieron soportales. Pero lo que hu­
bo, fué que dejaron mala simiente y aún se su­
fre en el mundo por ellos. Y pobre gato fué
Beethoven, borracho y sucio, sujeto hosco y por
eso intratable; y lo minino Miguel Angel, en­
fermo de seis enfermedades y que, con su arte
melancólico, trajo mayor tristeza al mundo.
Y así a miles de miles. Y de estos, desgracia­
damente, se conserva la memoria (y aún tiene
trazas de perdurar por siglos), mientras que de
los otros, de los hombres serios, nada se sabe;
de manera que sólo puede «suponerse» que
existieron. Y si alguno se salvó del olvido, fué
porque de él escribió algún pobre gato.

REMOVEDOR
Redactor Responsable
Año 1

N?5
G

u id o

c a s t i l l o

Pues bien; esos (ios bandos se han declarado
guerra a muerte y se desprecian mutuamente;
claro está que los hombres serios, con razón- Y
en tales dos bandos, hay hombres empleados u
ocupados en toda clase de actividades, y por
esto también en las artes. Y de éstos sólo quiero
ocuparme. T así, hay artistas serios y otros que
no lo son. T los serios, si son pintores o escul­
tores, son a los que los asesores del estado (que
ya son la cosa más seria que hay), les confían
retratos también de hombres serios; o de los
otros que, tras unos años o unos siglos, pasan
(y no se sabe por qué) también al bando de lá
sensatez. Tal. por ejemplo, el G t c c o , con razón
tenido por loco en su tiempo (y con esto, Fe­
lipe II demostró ser hombre a quien no le da­
ban gato por liebre, porque indudablemente,
el Greco era un gato) y se atuvo al italiano
que mandara a buscar, pintor serio. Pero, no se
sabe por qué inescrutable designio del azar (o
10 que sea) tras unos años, los papeles se true­
can. Y entonces pasa el pintor italiano a la vil
categoría de los cazadores de ratas, y el otro a
la de los grandes dioses del arte; y con, esto,
el rey queda, ante la Historia (y esto también
es cosa seria), como uno de los mayores anal­
fabetos en materia de arte. Y con este ejemplo
bastaLa liga de los hombres sensatos, en materia
de arte, para distinguir a sus componentes y
basta para jerarquizarlos, ha inventado una in­
terminable serie de títulos e insignias. Y así,
yendo de un país a otro, un individuo de esos
no pierde jerarquía, porque por tales señas se
dan a conocer como miembros de esa liga. Y
así se ha formado una verdadera clasificación.
Por esto, en ella entrará, por ejemplo, el filó­
sofo sensato (que siempre podrá aspirar a un
alto cargo), pero no el filósofo bobo (que es
el que la practica, sin querer saber de los tér­
minos del o ficio ); y así en las artes, y en las
letras, y en cualesquiera ciencia o en cualquier
técnica. La cual técnica, siempre podrá ser
considerada, en sí, como una finalidad 0 bien
como un m edio; y que es como la considera
el hombre sensato.
— Pero, dígame, profesor, ¿en qué se basa­
rían tales clasificaciones?
— Pues, simplemente, en esto último que aca­
bo de decir, y que es, no tomar como finalidad
un arte o una ciencia, sino como un medio.
— Pero, medio, ¿de qué?
— ¡Qué bendito es usted! Pues, de hacer di­
nero ,de ser poderoso, de satisfacer la vanidad
que procura el encumbramiento. Porque los
hombres sensatos, si_lo son, lo son por eso;
porque van a la obtención, de algo real- Sí,
por esto son sensatos. Y por esto desprecian a
los otros. Y, sin entrar en más averiguaciones,
dicen que si los otros no han llegado a tal ran­
go, es por falta de talento; y nadie les sacará
de tal idea. Hombre sin poder o dinero, es hom­

N O M B R E "
G a r c í a

Y

bre fracasado.
hombre que no ha querido en­
trar en el rango de la sensatez, hombre chiflado
o loco. Una vez, un amigo, hablando con un
archisensato (se trataba de un millonario) salió
a mi defensa. Se extrañaba, ese, de que yo es­
cribiese cosas ( a su juicio) tan disparatadasentonces el otro le dijo (muy oportunamente)
«e3 que se las pagan muy bien». ¡A h ... si es
así, ya es otra cosa! Pero no se crea que el que
es hombre sensato o serio, lo es por voluntad:
es su destino; viene así hecho. Tal como los
del otro bando.
podríamos dividirlos en aspi­
rantes y en individuos que gozan de tal jerar­
quía. Los primeros son numerosísimos, y respe­
tan y admiran a los segundos. Y estos con ser
menos, mandan o gobiernan a los demás. Hay
pues, una clase. Clase formada por individuos
a partir de cierto tono académico (y sea en el
comercio o en la ciencia, ch el gobierno o en
el arte) y que despreciando al resto, se creen
con derecho a proclamarse la tínica realidad del
mundolo son porque imponen
voluntad.
nada medra sino a su sombra.
La liga de los hombres serios, cierra el paso
a cualquiera que no pertenezca a ella, y sea en
la música, en la literatura, en el arte plástico,
o en la arquitectura y en las ciencias. Los ton­
tos, que no están en el secreto de la consigna,
pretenden, a veces, o combatir los principios
de la liga, o quieren hacer valer otros dere­
chos; pero es en v a n o ... con decir que nada
ha descuidado la liga (Argos de millones de
ojos) y que por esto, sea en cualquier terreno,
allí tiene sus agentes celo.-os, que po dejarán
violar tal consigna en lo más mínimo. Y tal
liga es un cuerpo, el cual no será jamás des­
honrado por ninguno de sus miembros. Y cual­
quiera de ellos debe de estar dispuesto a todo;
es decir, lo está, pues por naturaleza es el in­
dividuo a quien no asusta nada y por' descomu­
nal que sea y fuera de lo concebible. Pues, la
medida de tales hombres, es el abismo. Y ya
puede el tonto cambiar de país para escapar a
la acción de tal liga: es en vano; y ni aún en
el desierto se libraría de ella. Así pues, (y
pá.-eme la expresión) hay que ser de la liga
o reventar-

Y

Y

Y

Y

su

LOS INTEGRANTES DEL TALLER
EN EL VI SALON DE OTOÑO
.r- .

•

.

r

,r.\-

Todo el público sabe que en el Uruguay exis­
ten dos clases de pintura: la del Taller TorresGarcía y la otra. Como pesé a todo en la del
Taller pueden darse, y, se lian dado, obras de
menor calidad (las cuales fueron juzgadas según
su real valor I. adjuntamos una lista de los in­
tegrantes del Taller que figuraban en el VI
Salón de Otoño, para que el público no entien­
da que son integrantes del Taller Torres-García
únicamente aquellos de quienes se ha hecho
elogio.
Los mencionados pintores son:
1) Julio Uruguay Alpuy2) Gonzalo Fonseca.
3) Cristy Gava.
4) Pedro Gava.
5) Luis A. Gentieu.
6) José Gurvich.
7) Vicente Martín.
8) Jonio Monticl.
9) Amalia Nieto.
10) María Olga Piria.
11) Alceu Ribeiro.
12) Edgardo Ribeiro.
13) José A. Saint Romain.
14) Daniel de los Santos.
15) Nelsa Solano Gorga.
16) Augusto Torres17) Joaquín Torres-García.
18) Horacio Torres.
Es de hacer notar que el 33 % de los pintores
del Salón de Otoño, pertenecen al Taller TorresGarcía.

�A

R

T

B I Z A N T I N O

E

DECORACION MURAL DE
SANTA M A R IA D E M LR

A R T E

MOSAICO DE
SAN VITAL DE RAVENA

C O N S T R U C T I V O

COMPOSICION CONSTRUCTIVA
Montevideo 1943

COMPOSICION CONSTRUCTIVA
Madrid 1933

A r le Bizantino y C o n s tr u c tiv is m o
La exposición Koenisberg, nos da la oportu­
nidad de insistir sobre una verdad que el maes­
tro Torres-García, repitiera incesantemente en­
tre nosotros v a la cual la multitud de pinto­
res, más fieles a su idiosincracia de multitud
que a su índole de artistas, prestara oídos sor­
dos. Esta verdad es:
El hombre posee dos actitudes frente al
mundo, la apolinea y la dionisíaca; de este do­
ble enfrentamiento surgen dos artes, el clá­
sico, que puede ir de la más baja a la más
alta expresión constructiva, y el naturalista
que fluctúa entre un mínimo y un máximo ro­
manticismo. De ahí que existan dos pinturas
que no pueden interferirse: una constructiva,
geométrica, planista y sintética, propia para la
decoración mural, hermana de la arquitectura.
Otra naturalista, descriptiva, analítica, porta­
dora de atmósfera y de luz propia del caba­
llete, del cuadro que se cuelga, indi-tintamen­
te, en esta o en aquella pared.

La exposición Koenisberg, sería, en este res­
pecto, una eficaz lección de pintura para todo
aquel que supiera ver estos dos universos del
arte. Hay en esta colección, junto a una serie
de obras naturalistas buenas, mediocres y ma­
las, varias muestras del arte bizantino que si no
son de las mejores nos informan -uficientemente del purísimo sentido geométrico, planista
y simbólico de aquella gran época, donde la
decoración mural encontró su más fuerte y de­
purada expresión.
Y si el público y los artistas se interesan por
el arte medieval y lo juzgan grande, es que sa­
brán deslindar el terreno en que tiene su ra­
zón de ser el arte a tres dimensiones v el que
pertenece exclusivamente a la decoración pla­
nista; esto es: la arquitectura.
A si el público y los artistas tienen tan cla­
ra visión de estas cuestiones estéticas: ¿que
es lo que no ven o no entienden del construc­
tivismo de Torres-García y su escuela que. pres­

cindiendo de las características de modernidad
y de visión propia que acompañan siempre a
todo creador, cumple con las leyes inherentes
a toda decoración mural y por ende, a la bi­
zantina?
¿Qué pueden condt nnr en la obra de TorresGarcía. que no pudieran asi mismo condenar en
el arte bizantino egipcio, inca, etc.? No faltará
el eterno que juzgue que las figuras geométricas
del constructivismo no tienen nada que ver con
las bizantinas. En lo apariencial y personal no,
pero en el concepto plástico si.
Y los que no lo sepan o no lo crean, que se
fijen en los murales del maestro Torres y do su
escuela, realizados en la colonia Saint Bois. Y
si han sabido mirar los iconos bizantinos sabrán
ver que estas composiciones constructivas son
las primeras decoraciones murales, desde el Re­
nacimiento hasta nuestros días, con verdadero
sentido de lo que a este arte se refiere.
GUIDO C \STILLO

��CUBISMO, SURREALISM 0 Y POESIA
Es indudable que tanto el cubismo como el
surrealismo (éste, escalón final del movimien­
to Dada — donde militaran en primera ins­
tancia sus más conspicuos componentes poste­
riores) fueron sacudones de importancia para
los artistas de todos los órdenes. Y es induda­
ble, de la misma manera que el arte que si­
guió a toda aquella magnífica y esfervescente
época, llevó de manera peculiar las huellas de
ambos movimientos. El cubismo dejó concreta­
mente y en. análisis final, una tendencia hacia
lo formal, tendencia que a mi modo de ver.
da esqueleto a todas las manifestaciones pos­
teriores ,de las artes. \ el Surrealismo, influyó
por su parte, en la determinación previa y asímismo contemporánea del acto creador.
Su mediación entre el artista inconciente, y
la obra, estableció un precioso vínculo sobre
el que se basan obras de todos los órdenes del
arte moderno.
Pero si el cubismo (dejando de lado la in­
fluencia en las artes como la música o la poe­
sía, influencias que se debieron a la proximidad
amistosa de los autores, y que dan antes que
nada un clima de época) encontró su campo
ún.ico en la pintura, porque mal puede ser cu­
bista una palabra o una literatura; el surrealis­
mo, por su carácter mismo halló su terreno
perfectamente, ideal en la literatura, o más
concretamente en la poesía.
Y este hecho se dehe, como resulta claro de
ver, a que, mientras los pintores cubistas esta­
blecieron de una manera más o menos teóricopráctica, ciertas reglas a mantener en el trata­
miento de las formas, o sea de la pintura, los
surrealistas no se indicaron camino plástico a
seguir, permitiendo la convivencia de los más
disímiles artistas sobre su denominador común
de surrealistas.
Tan es así que pinturas tan diferentes como
las de Miró o Dalí habitualmente viven pareda­
ñas sin carácter ofensivo para los actuantes
surrealistasTanto como la de M iró es pintura planista,

A

ccptiva. Y si es cierto que hubo en los cubista»
una homogeneidad temática, hoy aguitarrada, o
mañana de cabezales de diarios, ésto se debió
al azar o a la proximidad de los «cabeza de
grupo.»
De esta manera, las obras cubistas de Pica­
sso, de Braque y de Gris, tienen de común que
son pintura cubista, modo pictórico cubista, di­
bujo cubista. t\itonación y composición cubista.
Nada de esQ podríamos decir de las pinturas
de Dalí, Miró, Ernst, Chagall, etc., porque lo
que ellas tienen de común solamente es: temá­
tica surrealista, efecto surrealista.
Porque es concebible a un pintor impresio­
nista y Surrealista a la vez. Chagall por su
parto, en .-u desdibujo y su color puede empar atarse con los impresionistas y referirse a
ellos sin dejar por eso do interesar el terreno
de los surrealistas aunque siempre conser­
vando un cierto clima de aquellos —los surrea­
listas— que no reside justamente en la pintura,
y separándose de los impresionistas en lo que
sería lo más importante, o sea la presencia del
autor frente a la naturaleza y a la luz. De cual­
quier manera, para los fines explicativos que
persigo en abstracto, la concepción pura de
un pintor que gozara de ambas calidades, pue­
de conseguirse sin mayor dificultad porque
mientras el impresionismo determinaría una
manera de hacer, lo que equivale a decir una
manera de hacer pintura, el surrealismo pondría
condiciones en el exclusivo campo de lo te­
mático, y ambas cosas podrían convivir y casar,
en el imaginario artista que, en última instan­
cia no sería dable.
Pero si por otra parte, buscásemos o imagi­
násemos un cubista impresionista, la búsqueda
resultaría infructuosa y el ejercicio de abstrac­
ción inútil porque no se podría dar imagen al
concepto. Uno porque, si el impresionismo se
asentó radicalmente en la impresión sin otro
control que ella misma y en e] tratamiento de
la luz, el cubismo exigió antes que nada, estruc­
tura plástica, de manera que una obra que go-

P E D I D O

DE L

Maestro J oaquín Torres-García
aclaramos nuevamente que el mencionado no interviene
DIRECTA

NI INDIRECTAMENTE en

la

redacción

de

"R E M O V E D O R", limitándose a corregir y orientar
la obra

plástica

de los integrantes de este taller

imbuida de innegable sentido pictórico, pese a
todos los peses (su desorden, sus caídas temático-literarias) en concordancia hasta cierto
punto con la pintura Moderna, la obra de Da­
lí no puede emparentarse, indudablemente con
la vanguardia de la pintura. La pulcra factura
del «catalancito terrible» — como lo epitetara
Juan Ramón Jiménez— su tratamiento de la
profundidad como efecto fundamental, son un
paso atrás en las conquistas de la pintura del
siglo. Y sin embargo, hay quien pudo decir que
constituye, la pintura del afamado Salvador
Dalí, el último escalón del Arte Moderno.
Error. Dalí como pintor está muy atrás de
las conquistas del arte moderno, porque su
«formalidad» no concuerda con éstas y el eje
de su creación no son ellas sin0 la búsqueda de
cierto efecto truculento, muy imitado a posteriori, que radica en lo aparencial y externo de
la obra.
El cubismo por su parte por hacer exigencias
a la geometrizacióii o a la estilización consti­
tuyó cripta para los que se ciñiesen a su pre-

zasc de ambos caracteres es prácticamente in­
concebible y solicitarla es pretender el blanconegro.
Las exigencias cubistas e impresionistas se
excluyen totalmente- O una o la otra. No es po­
sible suponerlas unidas porque ambas piden
métodos de pintura, porque ambas son tenden­
cias, ismos o escuelas exclusivamente pictóricas.
Una pide libertad de color y dibujo para dar la
«impresión» o ausencia de ambas cosas si es
necesario. Otro se asienta en la búsqueda de las
formas, de las relaciones de dibujo, en. la abs­
tracción en cierta manera.
Abora bien, como creo que no puede discu­
tirse que el campo específico del cubismo fué
la' pintura, digo que en la poesía está el abono
indicado a la semilla de lo surrealista, porque
a las vagas asociaciones de los sueños, las pre­
dicciones, las sutiles relaciones de asociación,
etc., únicamente la palabra poética puede dar­
les sustancia.
Así como a los fantasmas o los seres de fic­
ción — Don Quijote, Hamlet— les conviene no

aparecer nunca de carne y hueso o en repre­
sentación, para poder seguir siendo lo que son,
todas aquellas vagas asociaciones, sueños, etc.,
visto?, mirados y explicados no son sino inise1 ables fantasmas de cartón, apariencias absolu­
tamente ridiculas.
Por eso —y establezco el juicio fuera de los
valores de la pintura— la pintura surrealista
al pretender penetrar ese difícil y vedado cam­
po de lo inconciente no hace sino crear obje­
tos, que en última instancia no responden a lo
evocado y mueven antes que nada a la risaMientras que la poesía, cuando penetra en lo
subconciente, llama al lector a una imagen,
pero dándole todo su margen de imaginación,
no concretando sino aludiendo a aquellas re­
laciones y fenómenos.
Por eso hay excelentes libros de poemas
surrealistas — (excelentes, no por surrealistas,
sino por el genio poético de sus autores) y en
español entre algunos otros, uno de García Lorca: Poeta en Nueva York. Y si no puedo, aun­
que quiera, explicar porqué el surrealismo se de­
leita con lo poético o vice-versa, puedo dar
ejemplos donde ambas cosas se funden y donde
el fenómeno del arte cobra vigencia se produce.
Se dirá y con razón que son obras hechas
más allá de las estéticas y los planes, y es po­
sible; pero sin duda están arrastradas e infor­
madas por corrientes más o menos claras. No
trascribo versos surrealistas del primer libro
citado por ser suficientemente conocido, pero
quiero dar el ejemplo de un magnífico poema
surrealista de André Bretón, suscribiendo la
opinión de Ramón Gómez de la Serna a ese
respecto, quien dijo, que el poema «Unión Li­
bre» era una obra maestra:
Mi mujer con la cabellera de fuego de los
[bosques
con pensamientos de relámpago de calor
con su talle de reloj de arena.
Mi mujer con §u talle de nutria en los dientes
[del tigreMi mujer con la boca de escarapela y de ra[millete
de estrellas de ínfimo tamaño.
Con dientes de huellas de ratones blancos en
[la tierra blanca.
Con la lengua de ambar y vidrio frotado
Mi mujer con la lengua de hostia apuñalada.
Mi mujer con pestañas de palotes de escritura
[de niño.
Con sus dedos de heno cortado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
de alheña
con sus brazos de espuma de mar y de esclusa
Mi mujer con pantorrillas de médula de sálico
Mi mujer con sus pies de iniciales
con pies de manojos de llaves con pies de cana­
r io s blancos que beben
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de
[tierra y de fuego.

Así como el surrealismo siendo un movimien­
to de raíces literarias quiso abarcar el terreno
de la pintura en ese afán mesiánico y de pana­
cea de lo nuevo, el cubismo se ramificó también
bacía la literatura.
No faltaron los poemas cubistas, que fueron
también abundantes pero puede verse que lo
poético — o cualquier cosa que no sea pintu­
ra— no puede darse bajo el signo de cubismo.
Para eso voy a transcribir un poema de Guiller­
mo de Torre donde se pretende dar un equiva­
lente poético del cubismo y donde la poesía se
retira discretamente para que una cruda des( Sigue a la vuelta)

�Aclaración
P u bl i c a

con r e s p e c í o a una c a r t a
en
la
Revista
" Latitud

//

Con referencia a la carta publicada en la
revista «Latitud» de Buenos Aires, dirigida al
Sr. Antonio Berni y firmada por los Sres. Car­
los González, Luis Mazzev, Bernabé Michelena
y Ricardo Aguerre, aclaramos:
l 9 Que el Taller no tuvo intervención para
organizar la exposición referida. Pero que si
su organizadora, la Sra. Gizelda Zani, dió pre­
ferencia en número y ubicación a la obra del
Maestro Torres-García y sus discípulos, lo hizo
con perfecto sentido de la realidad pictórica de
nuestro medio.
29 Que es una cuestión de mera lógica, que
mal se puede prestigiar una escuela con pinto­
res que no tienen prestigio. Que pretender los
firmados tener prestigio estético, involucra una
flagrante pedantería, más detdnante, tratándose,
como se trata de artistas que nunca han sa­
lido de la mediocridad, si es que aún no siguen
regodeándose con lo inferior del arte.
39 Que en el taller Torres-García no se pre­

tende hacer «Arte Nacional» sino simplemente
Arte, entendiéndose que los caracteres particu­
lares de lo nacional se darán como un agregado
circun.-tancial y nunca esencial.
Que estamos de acuerdo con los firmantes de
dicha carta en que, si el Arte constructivo repre­
sentara la realidad física, étnica, económica o
político-social, movería realmente a risa, porque
no sería lo que es, y dejaría el terreno de la
estética para entrar en esa temática risible a que
hacen mención indirecta los citados señores.
49 Que la representación del «Hombre» no
se hace por la realidad de las apariencias del
hombre, tino por la creación de la dimensión
espiritual del mundo que es en primer término
la tínica «Obra» del «Hombre».
Y justamente el Arte se encamina a perma­
necer en ese «Mundo» y no a trasmitir lo acci­
dental de la realidad fugaz y cuotidiana.
Que todo lo conmovedor y terrible de la gue­
rra no determina esencialmente al Arte, ni de­

Salón Permanente del

TALLER TORRES-GARCIA
E x p o s ic ió n

de O b r a s del

Maestro J. Torres García
Abierto desde el 28 de Junio
BARTOLOME MITRE, ESQUINA POLICIA VIEJA
Sub-Suelo de la Librería de Salamanca

Horario: de 17 a 20
CUBISMO, SURREALISMO . . .
(Viene de la pág. anterior)
cripción tie lo aparente cubista campee en el
escrito:
Un segmento de luna
sobre la bandeja
El corazón de la granada
es un abanico del iris
La guitarra, la pipa y el periódico
disecados como loros
Palpando entre el mosaico
el vidrio canta sus reflejosA través de la ventana bastidor del sol
el viento afina sus cordajes.
Desconsolada una guitarra
con las clavijas sueltas
enmaraña su testa.
Con lo que antecede de este artículo no se
pretende detractar al surrealismo y hacer la
apología del movimiento cubista, éste induda­
blemente superado por el constructivismo por
sus especiales condiciones de universalidad y
orden.
Se pretende antes que nada valorar y justi­
preciar las influencias de ambos movimientos.
Del cubismo en la presencia de las obras. Del
Surrealismo en la actitud del creador.
Del mismo modo se aspira a delimitar el
campo natural y apropiado de cada uno, en el
sentido que queda explicado.
SARANDY CABRERA.

be hacerlo, sino que lo influye en medida de
su proximidad pero de manera secundaria.
Que el artista no es relator de desgracias o
bienandanzas sino fundamentalmente un crea­
dor.

Como acotación a la carta de los menciona­
dos Sres., nos preguntamos:
¿Qué realidad física, étnica, económica o po­
lítico-social, representan los frescos de Piero
della Francesca. Botticelli o Miguel Angel?, aún
sabiendo que si la temática fuese tal o cual, eso
nada diría para la valorización de las obras,"
Asimismo nos preguntamos si los Sres- firman­
tes de la carta en cuestión, suponen que el valor
de un retrato de Felipe II de Velazquez, vale
por representar a tal rey contemporáneo del pin­
tor, y cabeza del régimen social imperante, o por
sus valores exclusivamente plásticos.

De Jacques Maritain
Sobre las Escuelas
de Bel l as A r t e s
Por lo mismo que el arte es una virtud del
entendimiento práctico, el modo de enseñanza
que por naturaleza le conviene es la educaciónaprendizaje, el noviciado operativo bajo un
maestro y frente a lo real, no las lecciones dis­
tribuidas por profesores; y a decir verdad, la
misma noción de una Escuela de Bellas Artes,
sobre todo en. el sentido en que el Estado mo­
derno entiende esta palabra, revela tan profun­
da ininteligencia de las cosas como la noción
de un curso superior de virtud, por ejemplo.
De ahí las rebeliones de un Cezanne contra la
Escuela y contra los profesores, rebeliones que,
en realidad, se dirigen principalmente contra
una concepción bárbara de la educación artís­
tica.

La Verdad y la Expresión de la Verdad
El artículo aparecido en el Num. 4 de Removedor sobre el V I Salón de Otoño ha provocado,
así lo manifiestan rumores lejanos y explosiones
cercanas, los más duros comentarios con res­
pecto a la eficiencia con que representamos
nuestro enojoso papel de críticos.
Entre otras voces condenatorias, hay algunas
que nos enorgullecen hasta la arteria más os­
cura y vergonzante de nuestra vanidad, otras
que no nos interesan, y ciertas que nos mueven
a la intención aclaratoria dé este artículo, i
Entre las primeras nos halagan sobre manera
aquellas que juzgan que no somos críticos, sino
simple seres apasionados. Nada más cierto y na­
da más agradable de sentir, que saber que hav,
quienes no engañados por nuestro falso título
de críticos reconocen, en nosotros, a través de
la tesitura almidonada de la profesión que in­
útilmente procuramos simular, algunas partícu­
las de «polvo enamorado».
Las segundas, que provienen de aquellos que
se han sentido directamente heridos por nues­
tros juicios sobre sus obras, son previsibles y
explicables reacciones biológicas que, como ya
hemo3 dicho, no nos interesan por juzgarlas re­
gidas por leyes naturales, que no solo acepta­
mos, sino que consideramos saludables.
Impresora L I G U

— Paysandú 1011 — Montevideo

En cuanto a las terceras, que son las que di­
cen que están de acuerdo con las líneas genera­
les de nuestra opinión y en desacuerdo con, nues­
tra manera de expresarla, cabe responderles de
dos formas distintas, según las posibles causas
de su desagrado:
1 — Aquellos que llevados por un deseo de
perfección o por una necesidad de pulcritud
consideren que las cosas no solo deben estar
bien en el espíritu sino también en la forma
en que ese espíritu se manifiesta, son merece­
dores de nuestra consideración hacia su recla­
mo. Y reconociendo que no dejan de tener ra­
zón en lo que se refiere a ciertos aspectos for­
males de nuestro artículo, les pedimos perdón
por estos yerros motivados por el apresuramien­
to y el deseo de evidenciar la verdad hasta su
más excesiva y desagradable desnudez.
2 — En cuanto a los que atemorizados por
nuestra directa manera de encarar el asunto,
consideren más adecuado y menos riesgoso el
uso continuo de la tibieza y el disimulo, a esos,
nada más adecuado que la sentencia del Apo­
calipsis de San Juan:
«Por que no eres frío ni caliente, porque erea
tibio, te comenzaré a vomitar de mi boca».
Guido Castillo y Sarandy Cabrera

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Castillo, Guido&#13;
Torres García, Joaquín</text>
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DIBUJO CONSTRUCTIVO

N' 4
A B R I L - M A Y O 1945

URUGUAY J. ALPUY

exclusivamente por i nt e g r a nt e s del

C-C5

TALLER

EL

Organo

redactado

TORRES

y e di t ado

-

GARCI A

u

EJEMPLAR

�SOBRE
POR

EL V I

GUIDO

P R E A M B U L O
Se ha dicho, con toda justeza, que al hombre
se le conoce por sus obras, y extremando aún
más cite juicio, diremos que la vida de hombre
es una ¡.ucesión de obras en el tiempo que in­
tentan objetivarse en el espacio. — A i que la
única manera de conocer a este o aquel indivi­
duo es a través de lo que hace; ¡y este conoci­
miento se torna aún más universal, cuando el
acto a que nos enfrentamos, es, o pretende ser
de orden estético, por ser el arte la actuación
que, en el bien y en el mal, suele centralizar
con más frecuencia, toda., las fuerzas /itales del
que es, o pretende ser, un artista.
Ya sea esta fuerza centralizadora, ángel o de­
monio, es decir, sirviendo para hundir en la os­
curidad y en la confusión al que ha caído bajo
ella, arrastrado por intereses ajenes a la ’ abor
estética, o para elevar a la más alta luminosi­
dad, al que la posea y es por ella —y por nada
má-— alucinado, su acción dominadora no
pierde su poderío.
Por estas realidades, es que en el VI Salón
de Otono, se nos desnudan, tres planos funda­
mentales de la estructura humana.
I9 El plano del e-píritu de lo absoluto, del
«infinito intensivo», de la música, representa­
do por el maestro Torres - García. La obra es
tan alta y musical que en ella, el dibujo, la
calidad, la materia, el color, etc., son cesas me­
nores que sólo bordean su centro iluminado.
2° El plano de la buena pintura, integrado
por aquellos que sienten al arte como un
fin en sí mismo; que saben, que la actividad
estética no es servidora de nada, sino todo de
e'la esclavo.
Entre estos pintores hay pequeñas y grandes
diferencias, en cuanto al of eio y a la capacidad
pero, todos están encaminados y ubicados en. el
verdadero ángulo de visión.
No faltará el lector que piense, que en este
segundo plano pretendemos situar a los dis­
cípulos del taller Torre3 - García.
Pues sí; nosotros pensamos que, aún en el
terreno de la mayor condescendencia, a'uunos
discípulos del Taller Torres-García, ton los
únicos entre todos los integrantes del salón, a
quienes corresponde el predicado de pintores.
39 Ahora Legamos al plano de la llanura v
las profundidades, que posee una gradación
comprendida entre la mediocridad e inexisten­
cia, y la torpeza, lo grotesco y la grosería.
Es en él, donde se sitúan desde las buenas
intenciones fracasadas, basta la perversión e
innobleza estética.
Es en él. donde habitan, la ignorancia y la
vanidad; la tibieza y e’ snobismo.
Antes de terminar este preámbulo liemos de
aclarar dos cosas:
l 9 que el plano superior y los últimos pel­
daños del inferior, están más al1^ .......acá
de toda crítica; uno por la sustancialidad
misma de su altura, y por ser lo primordial en
él. la visión de una realidad inconmensurable
que es indivisible de la obra y por lo tanto tras
cendente a todo comentario; otro por estar tan
increíblemente alejado del menor atisbo de lo
que puede ser el arte y del vulgar sentido común
que no existen palabras bastante intensas como
para enjuiciarlo.
29 que siendo el tercer plano la abrumado­
ra mayoría del Salón, al comentarlos a todos,
nos es imposible, pese a nuestros efuerzos y s
la riqueza de nuestra lengua, evitar mo'estas r e ­
peticiones, pues es mayor el número de ¡os ma­
los pintores que el de las maneras de decirlo,
v más aún cuando hemos evitado toda acroba­
cia lingüística para ser perfectamente objetivos
y concretos.

II
P I N T U R A
AGUERRE RICARDO
Pintura efectista. Entonación como para una
tapa de revista de modas. Dibujo duro equi­
vocado. El de los ojos es incorrecto.

SALON

CASTILLO

Y

SARANDY

ALPUY, JULIO URUGUAY
Se advierte que tras eso hav un pintor. En­
tonación justa. Composición un tanto decorati­
va, a pesar de estar estructurada.
AMEZAGA EDUARDO
Confitura. Tota’inent- de cript:vo y anecdó­
tico; por lo tanto desentonado. No se casan el
ro'o de la vaca, el verde del follaje y el ama­
rillo del pasto. Insiste en una pa’ cta clara s;n
observar los objetos de la luz, y recurre a la
torpeza de solucionar la ¡ombra con un negro
absolutamente sucio, en este caso.

REMOVEDOR
Redactor Responsable

Año 1

DE O T O Ñ O

NM

BADETTO, EMMA S. I)E
Imitativo y torpe. Desconoce absolutamente
la pintura. Parecería hubiesen frustrados inten­
tos de tomar la manera de Horacio Torres.
BAITLER ZOMA
Persiste en su incomprensión de la pintura
impresionista. Mezcla procedimientos, empas­
tando excesivamente a veces y manchando
con una materia muy líquida. Uno de sus cua­
dros queda dividido rn dos partes por un enor­
me borrón violeta. Detaliismo pueril vecino del
de Laroche. Convierte en n.o existenc:a del au­
tor la objetividad de los maestros impresionis­
tas (Renoir y Monet) entreteniéndose en mal­
tratarlos.
BARCALA WASHINGTON
Dos obras totalmente distintas, que en el fon­
do son una misma mala calidad. Absoluta falta
de entonación. (Todo un, paisaje del mismo co­
lor, no asegura la entonación). A un verde pla­
no, en el autorretrato, sucede una superficie
mode'ada. Narcisi mo afectado y efectista.
BERDIA NORBERTO
Evidentemente se trata de un indirecto hijo
de Rivera. No siente el color ni el dibujo y no
hace sino tomar la manera exterior de aquelSe ve claramente ésto, por cuanto el paisaje
expuesto no tiene absolutamente nada que ver
con el retrato del niño. En este paisaje, un fe­
roz techo colorado puede dar una pauta de su
falta del más elemental sentido de la pintura.
Obras del más deshauciado convencionalismo,
contrarias no ya a la estética, sino al mínimo
buen gusto.
BERKIIAHN GÜNTHER
Obra infantil.
Imposible de criticar, porque su autor de­
muestra desconocer absolutamente la pintura.
BORELLA RAFAEL
Academi mo literario, con tímidas inclina­
ciones hacia la superficie del más inofensivo
modernismo. Pintura lamida en contradición
con un contorno marcado en negro. Desento­
nado. El rojo del corpiño, es una nota procaz
e imitativa, totalmente inexplicable en el te­
rreno de la pintura.
BUSTAMANTE GUERRERO, ALFREDO
Una obra sin pretensiones que tiene la vir­
tud de mantenerse en superficie. No obstante
está en el terreno de lo imilativo.
CAN TU SIENRA, LEONARDO
Desconoce absolutamente la pintura. Sus
brochazos carecen de sentido. Pinta sin saber
qué, con intención de alcanzar por el azar, lo
que es producto de la actividad concierne.
CARVAJAL VICTORICA, MANUEL
Imposible de criticar. Falto de las condicio­
nes mínimas exigibles. No puede entrever el
Pienor atisbo de la pintura. No obstante esto, es
una perfecta síntesis del panorama de nuestro
intelecto oficializado. En la fusión de temática
y pintura, se traen a co'ación: el representante
del más cursi romanticismo poético, el decora­
dor oficial de nuestras plazas y jardines, y

CABRERA

Carvajal Victorica. Interprete e la calidad en
escala descendente.
CASTELLANOS CARLOS ALBERTO
La tendencia de Castellanos nacía ¡a decora­
ción de Pietromarchi, alcanza uno de sus pun­
tos culminantes. Decorativo, literario. Fallo de
valores. Amasijo informe del colorido. Solo
hay dos calidades, un oscuro fijo y un claro
fijo. Monótono. Con eriore¿ de perspectiva.
Las figuras volátiles no se apoyan. Amanerado.
COLMEIRO MANUEL
Pequeñas cositas mal hechas. Pretensión de
pintura clara a base de un amarillo feroz in­
controlado y no por medio de valores. Bu can­
do limpiar el color llega a una crudeza carente
de entonación. Ausencia t o t a l del dibujo.
Constancia en cierta temática de debilidad
sentimental, V'CZIFFERY, JOSE
Con pretendida soltura, por dar el aspecto
de modernidad, cae cu lo grotesco. Lo que en
pintores como Dufy o Mati sé es sensibilidad
y expresividad, manoseado por Cziffery es ca­
ricatura.
DORR1ES, FEDERICO ■'
Obras elementales; demuestran que su autor
está todavía, muy fuera del círculo de lo plás­
tico. Su mayor preten ión parece ser, dar una
obra «bonita»'.
DORRIES, HILDEGARD
Los misinos comentarios que el anterior.
FERRARI, MARIA ROSA DE
Dibujo r mal. Color: mal. Todo mal. El
amarillo naranja del vestido cs un agujero en
medio de la tela. Una serie de tonos, tales co­
mo el verde del florero, las uñas pintadas, las
flore?, etc., constituyen ejemplos de disonancia
t infantilismo. Todo el cuadro es de una ma­
teria sucia, en que las carnes parecen lata y la
tela papel.
FONSECA GONZALO
Pintura seria. En especial la marina, donde
se consigue una entonación justa y un dibujo
sólido y estructurado. La obra respira cierta
espiritualidad y cierta visión inédita de las
cosas. El retrato frente a esta obra queda un
tanto frío pero se mantiene dentro de un ni­
vel pictórico con idcrab'e.
GARCIA REINO. OSCAR
Pintura Snob. Bajo una amanerada aparien­
cia de modernidad se trasunta la pintura con­
siderada como un aparato d?corativc. Falta to­
tal de valores. Da una superficie monótona y
lamida con tonos sucios e innobles. Busca la
más mala manera de André Lothé, en lo ex­
tranjero. En lo nacional puede empar maree
con la pobreza de Prevósti. Su pretendida es­
tructuración a base de la Sección Aurea, demue. fra que el compás de oro no e3 la p ma­
p a pictórica, sino una relación universal que
toma vigencia, cuando e3 ejercida por un pin­
tor en la exacta acepción del vocab'o.
GAVA, CRISTY
No obstante utilizar un ganm hasta cierto
[■unto noble, producto del Taller Torres-Gar­
cía, da una calidad fría al servicio de la temá­
tica realizada con equivocado sentido del di­
bujo sintético.
PEDRO CAVA
De sus dos obras, pueden apuntarse virtudes
en el Paisaje. Una obra fina de color, bien en­
tonada y con una disposición acertada. En
cuanto al «Retrato» pueden hacérsele las mis­
mas observaciones que a Cristy Gava.
GENTIEU, LUIS A.
Falta de aprecio por la materia. Oleo trata­
do como acuare'a. Convencional, sin intuición
directa de lo pintado y sin estima por la ca­
lidad.
Evidentes caídas hacia Dufy. A la derecha
de la tela, hay una mancha marrón que no
tiene explicación, por cuanto ella se adscribe
al marco. El árbol de la izquierda se extiende
de marco a marc°- sin nexo ninguno con los
demás elementos.
GUIDOBONO VICENTE
Imposible de criticar. Absurdo que haya si­
do admitido, aún considerando la escasa visión
de la mayoría del jurado.

�FUNDACION ESPIG A S
Buenos Aires - Argentina

GURVICH, JOSE

PEREYRA, RAMON

Pintura limpia. El tono puesto con preci­
sión, no obstante fallar en la manera de tratar
el agua de primer plano. La arista más no­
table del cuadro Paisaje del Buceo, es el di­
bujo muy sensible de las casas que aparecen
en último plano.

Pretende ser un continuador temático de
Figari. Torpe, con un decconocimiento total
de la pintura, produce una obra infantilmente
pueril. Empastes excesivos junto a detalles irri­
sorios, sin ninguna fina idad estética.

HALTY, ADOLFO

Obra de un aprendiz bien dotado y bien en­
caminado. Buena entonación. Un poco falta de
estructura pero, de todos modos no exenta de
delicadeza.

«Rcmovedor» ya se ha ocupado del pintor
Ilalty. Su estado actual re ponde a la trayecto­
ria conocida. Pintura literaria que manifiesta a
Halty como a un «no pintor». Carece de tono.
Laj veces que pone un blanco, éste no se 'iga
con el resto. Su intención de estilizar o compo­
ner lo llevan a lo decorativo. El trazo negro
que bordea fríamente a las figuras, es posible,
tenga su orig;n en una equivocada observación
de ciertos cuadr03 de Picasso.
LIMA, MANUEL V.

Pintura un tanto anémica. Apenas está valoiizada la zona de la cara y la mano de la ni­
na. El resto te torna confuso y inonótrno. De­
be insistir en un dibujo más sistemático.
LISSARDY, BREN DA

Presenta dos obras totalmente distintas lo
que hace sospechosa la sinceridad de cu au­
tora. En el cuadro «Parvas» imita francamen­
te a Colmeiro, incurriendo en los mismos vi­
cios que el mencionado. En el otro paisaje
donde parece dar una cosa más personal, in­
curre en lo imitativo.
La mala valorización hace que se produzcan
movimientos de modelado que no responden
al asunto.
MARCHAND, WILLY

Desconoce comp'etamente la pintura. No po­
ne directamente el tono, sino que luego de
colorear uniformemente, ensucia de o.curo o
claro según las conveniencias imitativas. El di­
bujo de los «pescados» no existe. La mesa que
los sostiene, cae vertiginosamente hacia el
espectador. Reina tal desorden en el cuadro,
que éste resulta pobre, aún d.T punto de vista
temático. En el cuadro del «mate» ciertos pun­
tos de amarillo que pretenden ser luz dentro
de la sombra re ultan agujeritos al azar sobre
la tela. Asimismo esas pretendidas luces, no
casan con la poca luminosidad de1 primer pla­
no supuesto también en luz
Resumen: cosa
grotesca y fuera de lugar.
MARTIN, VICENTE

En este pintor pesa más la imfluencia del
medio ambiente que la enseñanza que pudo
sacar del taller Torres-García. Su acuarela
pretende ser un alarde de desenvo tura que
sólo puede justificarse con un perfecto conocimiento del oficio que se tiene entre manos.
Martín da una coloración estridente y efectis­
ta. En «Naturaleza Muerta» da un dibujo in­
deciso, sin una determinac’ ón clara, inseguro,
y una entonación que quiere ser semejante a
alguna obra vista en el taller. El empaste más
que excesivo con que pretende dar la luz, nos
demuestra que la calidad y el espesor de la
materia no son lo mismo.
ME ISSNER HERMANN

Al igual que la de Guidobono o Carvajal
Victorica, la obra de este pintor no da asidero
a la menor critica, por su pobreza.
MONTIEL JONIO

Pintura ascética y fuerte. Pone el tono justo
sin ninguna otra concesión. De esa manera
consigue una sólida estructuración tonal, re­
forzada por un dibujo muy expresivo y sin­
tético.
NIETO AMALIA

Pintura fría y superficial. Pobreza de color
Calidad desteñida de tapiz intrascendente. Pe­
se a sus esfuerzos de modernidad, permanece
en lo imitativo y trasunta la influencia deci­
siva del Círculo de Bellas Artes.
PA LA 1 ECINO, BENJA MIN

Grotesco. Impo3Íble de criticar.
PAREJA PINEYRO, MIGUEL A.

Mezcla de un maltratado Barradas y un
tna'tratado Cubismo. Sin sentido ninguno del
valor. En la obra «Trabajo de Campo» pre­
senta un aglomeramicnto, una confusión inau­
dita de cosa?, asi como una total monotonía
de elementos informes.
Otro ejemplo de los que, queriendo hacer
obra en consonancia con el arte moderno, se
dedican a malcopiar lo externo de las escue­
las o los individuos que han cimentado la pin­
tura de vanguardia.

PIRIA MARIA OLGA

mientos manuales tramposos. Por esas razones,
una obra despreciable.
PERDIE, JULIO

Imposible de criticar; no tiene la más leve
noción de la pintura.
VIEYTES, JUAN F.

Falto de valorización. Frío, monótono, duro
y convencional. La repetición de los mismos re­
cursos, son la única manera con que trata de
solucionar los diferentes problemas del cuadro.

III

RIBEIRO ALCEU

Demuestra conocer el oficio. Da una obra de
cierta espiritualidad. Sin embargo se nota un
cierto artificio para conseguir un clima «agra­
dable». Esta circunstancia restringe el vuelo de
la obra que no obstante eso, es de valor con­
siderable.
RIBEIRO EDGARDO

En «Retrato» pretende abordar una compo­
sición de gran tamaño, demostrando no estar
capacitado aún para ello. Por esa circunstancia
le sobra tela, la figura central se bambolea y la
mesa cae. Fa ta una estructuración sólida. El
dibujo es discreto, y la pintura, por lo general
bien entonada. No obstante por momentos las
grandes manchas de color se tornan frías y sin
vida, en contradicción con zonas en que se ha
cuidado el deta.le.
En «Paisaje», la falta de una valorización, co­
rrecta, produce movimientos en la superficie
que no responden al dibujo.
SAENGER ROBERTO

Le falta madurez pictórica. La obra queda
desentonada y un tanto efectista.
SAINT ROMAIN, JOSE A.

Pintura que ha tomado lo superficial del
Taller Torres García, pero que trasunta caren­
cia de intuición plástica. Pobreza de co.or. Di­
bujo convencional.
SANTOS. DANIEL DE LOS

Obra discreta. Sin detonancias pero un tanto
sucia de color. Dibujo correcto aunque por mo­
mentos frío.
SCAGLIOLA, RICARDO

Obra salida, evidentemente, de la de Berdia
y Urruchúa, con restos de ¡a enseñanza de Laborde.
Como puede suponerse, un dibujo durísimo,
y la busca artificial de un c.ima truculento. Co­
lor frío y maquinal.

DIBUJO Y ARTES APLICADAS
La falta de orientación que se manifiesta en
la sección de pintura, hace crisis en la corres­
pondiente a' Dibujo y Artes Aplicadas. Trata­
remos de comentar algunas obras, no por tu
mayor calidad sino porque han sido adquiri­
da . Como el visitante al salón supondrá que
esta distinción se debe a algún mérito escondi­
do, no otros nos creemos en. la obligación de
informarlo al respecto:
GONZALEZ, CARLOS

Caricaturesco, grotesco. Abigarrada confusión
de pequeñas cosas y calidades de materia. Te­
mático y torpe.
ORLANDO, ROBERTO

Duro, forzado, mala composición. No están
bien distribuidas las tintas. Cada superficie
queda muerta y recortada.
SANTIAGO DE DOMINGO

Procedimiento noble tratado con vulgaridad.
Dibujo lamido. En conjunto: una cosa innoble.
SENEZ, CARLOS ALBERTO

El paroxismo de lo grotesco.
VERNAZZA, EDUARDO

Dibujo disculpaba en un, niño de escuela.
Monótono, sin finalidad explicable. Los dibu­
jos de Vernazza son tolerables para ilustrar las
crónicas de las domas de potros o los comenta­
rios obre Ballet, pero no tienen nada que hacer
en el terreno de lo plástico.
Este dibujo pone en evidencia que Vernazza
no posee las mínimas condiciones.

IV
ESCULTURA

Imitativo. Absolutamente desentonado. Em­
parentado con el desenfreno disonante del co­
lorido de Bianes Víale.

Como preámbulo al comentario de la Sección
Escultura, puede servir e* mi mo que precede a
la crítica de la Sección Dibujo. Los escultores,
no van más al á del naturali-mo. Nadie parece
tener en cuenta a la E-cultura Moderna.

SIN ISCA LCIII FR A NCISCO

FERNANDEZ TUDURI, RUBENS

La mala valorización produce un achatamiento cu la izquierda y una elevación en la dere­
cha.
Los primeros planos son una masa amorfa.
Hay confusión de maneras; partes tratadas a
pequeñas manchas, y otras donde se persigue
una uniformidad mediante una materia muy
chirle. Errores de perspectiva. No se sabe si las
casas se ven de abajo o arriba. Lo imitativo lo
lleva a desentonar. La chimenea rosada aparece
aislada de los elementos que la rodean, y como
superpuesta.

Es extraño que Bais, todavía tenga influen­
cia sobre los e cultores nacionales, pero es cier­
to. Tanto como es simil Piedra, es simil Es­
cultura. Caída hacia lo sentimental.

SCHENONE PUIG DOLCEY

SOLANO GORGA NELSA

Pintura bastante bien entonada, donde se
advierte la huella del Taller Torres - García.
Se trata de un aprendiz bien encaminado.
TORRES AUGUSTO

Excluyendo la obra de Torres - García; es la
de este pintor la de mayor ca idad. Además está
situada en un plano muy superior a las restan­
tes. Se trata de un maestro del oficio que ya
discierne con claridad el terreno de la pintura.
Dentro del má- grande rigor realista, posee
una concreción abstracta de los elementos que
constituyen la plástica.
TORRES, DENRY

Imposible de criticar. Desconoce absoluta­
mente la pintura.
TORRES-GARCIA JOAQUIN

ARTE.
TORRES HORACIO

Pintura seria. Muy buen dibujo. Fineza de
color. Gran conocimiento de' oficio. Respira
gracia y delicadeza. Los dos retratos están bien
observados. Sin embargo el «Bodegón» está un
p'ano superior de pintura.
VALLARINO EDUARDO

Desconociendo la plástica, pretende dar una
obra «bonita» para adorno.
VENTAYOL JUAN

La más inferior «cocina» pictórica. La inca­
pacidad para poner el tono lo lleva a procedi­

MARTIN, JUAN

Una obra imitativa. Toma de Rodín. la ma­
nera de tratar 'a superficie. De Maillol la acti­
tud y una pretendida solidez. De esa mezcla resu ta una obra bastante pobre.
MONCALVE JUAN

No existe. Imitativo. Frío.

V
UBICACION DE ALGUNOS
MIEMBROS DEL JURADO
El Sr. Domingo Bazzurro, pre. ¡dente del Ju­
rado del mencionado salón, es antes que nada,
un pintor fracasado, o más claramente, un no­
nato.
Juntamente con Laborde, Bazzurro carga con
la responsabilidad de haber estropeado año
tras año, a los jóvenes que concurrieron al
círculo de Bellas Artes, donde ambos dictaban
cátedra.
Su actividad negativa no se ha detenido en
í-so, sino que ahora se opone desde su privile­
giado sitial de Presidente de jurado, a todo
cuanto pueda tener real valor.
Consideramos que el Sr. Domingo Bazzurro
no actúa en la referida manera, por perversa
inclinación.
Sabemos que la explicación de estos hechos
debe buscarse en su completa ignorancia de las
artes plásticas y su total carencia de sensibili­
dad para ¡a captación de la más elemental ma­
nifestación artística.
El Sr. Orestes Baroffio, vocal del jurado, ce
un arquetipo de fosilización mental para las
(Sigue en la pág. 4)

/

�“MODERNISMO”
Libro

"Universalismo

Se suele confundir en. un mismo vocablo,
«modernismo» y «moderno». Se confunde la
ridicula expres ón modernista, y la realidad de
un arte que tiene una razón de ser.
No habría que perder tiempo en definir la
primera de estas eos expresiones, buscando en
que puede consistir; pero es conveniente, a fin
de deslindar los terrenos.
E.a expre ión modernista, es a go sin base,
que sigue una moda que no tiene más trascen­
dencia que otra moda cualquiera. Genialidad
al revés, de un pobre espíritu que quiere de ­
collar por encima de lo corriente, con el pro­
pósito de singularizarse. También suele ser, a
veces, cursi o desdichada interpretación, con
prurito de ref namiento, de una seria tendencia
de arte. Tenemos un ejemplo con lo que suele
1 amar.e «decorativo», que no es más que mala
interpretación del ritmo y ordenamiento que
puede encontrarse en obras hechas con. conoci­
miento. Hay obras hechas con independencia y
sin sucesión a ias leyes Visuales de la perspec­
tiva, por esto planas e irreaies, que por un or­
denamiento sabio son del más bello efecto de­
corativo. Pero viene luego el im-’tador, y pre­
tende hacer lo mi mo, bien eea subrayando los
perfiles, bien marcando unos planos arbitra­
rios, y así sale el engendro, obra del que no
%abe, pero que quiere simu.arlo con propósito
de originalidad.
No es más que esto el modernismo, y por
esto no vale ei ocuparse de él.
Otra cosa es lo moderno.
Lo moderno, lo es- tal, porque cumple un
fin evolutivo. Llegadas a madurez cierta.- for­
ma.', ciertos conceptos de arte, tienen que plas­
mar en nuevos aspectos. Pero en tales realiza­
ciones puede hal arse fundamento, base. Tal el
Cubismo y el Neoplasticismo, que tuvieron su
razón de ser y que, a su vez, darán lugar a
nueva forma de arte.
Pero el público, no bien iniciado a veces,
suele confundir lamentablemente. Y e= porque

VI

SALON

DE

Y

“MODERNO

Constructivo"

de

condena sin pararse a reflexionar ant.e las
obras, sin querer penetrarlas, llevado de un
criterio hecho que no admite cambio en n'ngún sentido. Y, sin embargo, debiera ver que,
en otros terrenos ya ha aceptado un sinnúmero
de cosas de que ahora no podría privarse.
Porqué, pues, este empeño suyo de que el arte
deba de estar en eterna inmovilidad?
Difícil es explicar tal co a, y só o vemos que
es reacio en aceptar lo nuevo. Lo nuevo, que
justamente tendría que armonizar con todo
lo demás que lo rodea. Hay, pues, aquí, una
evidente falta de- lógica.
Pero hay más que e.o, y que debemos deplo­
rar: que obras hechas dentro de las más puras
normas de arte, pero revistiendo un aspecto
nuevo, provocan su risa; del mismo modo que
si se tratara de obras muy mediocre., o simple­
mente ma as, de artistas simuladores de esos
nuevos aspectos del arte plástico. Así se ha
condenado ligeramente, y se condena, confun­
diendo injustamente las cosa . Y así ha progre­
sado todo un seudo arte moderno, en pintura
y en escultura, y esto ocurre también en arqui­
tectura, verdadero modernismo, que así des­
acredita, al otro arte, al moderno, ya que el
público en general no quiere distinguir de ma­
tices. Es más; ese falso moderno, más cercano
al concepto vu gar del arte, a veces da mayor
satisfacción al público y e to no sólo.es en. per­
juicio de la evolución, sino que además lesio­
na los intereses del verdadero artista, moral y
materialmente. T aun hay que añadir, que ese
modernismo, es ocasión de mucho confusionis­
mo en el campo del arte, terreno ya de sí comp ejo, en que no todos saben distinguir lo fal­
so de lo verdadero.
Debido a todo eso y a esa incompren ión por
parte del público, por no prestar la debida
atención a la labor del artista y estudiarla de­
bidamente, re le juzga mal confundiendo las
cosas, y, además, por esa misma falta de cri­
terio justo, de ignorancia a veces total de lo

J. Torres - García

que debe proponerse el arte plástico, confun­
dido ante una manifestación nueva, no expli­
cándosela, cree que es falta de lógica o prurito
de extravagancia aquello que no comprende y,
o lo rechaza ind gnado o lo comenta desfavo­
rablemente, tachando de loco al artista o de
chusco que quiere divertirle a costa del públi­
co, y en esto último, sobre todo, va errado. No
•y artista, por poca cora que sea, o bien por
anidoso, que pretenda jamás tai cosa. No hay
ningún artista que encuentre placer en des­
orientar así al espectador. Al contrario, lo que
él trata, es de que le comprendan, que acep­
ten su obra. Y só o puede hacer excepción a
eso lo practicado alguna vez por los cubistas,
de dar título erróneo, intencionalmente, a sus
obras — pero esto ha sido una táctica con el
fin de desviar al espectador de lo anecdódito e
inducirle a que su atención se concentre en lo
concretamente p.ástico, que es lo que da, au­
ténticamente, valor al arte. E3 como decirle
entonces: «no busque por ese lado, porque
aunque se rompa la cabeza, nada hadará: no
hay tal personaje, hombre o mujer, como el
título reza, ni tal paisaje; aquí no hay más
que lo que es serio en pintura, esto es, valores
plásticos». Y así, poco a poco, el público se va
adiestrando y entra en la vía de comprensión
que le hará evolucionar. Así pasará, de un
estado primario de concepto vulgar de arte, a
lo que puede formar la base de un individuo
realmente cu to. De manera, que aun en este
caso, el intento del artista es generoso, y ya
no sería artista si a.í no fuese.
No se abalance, pues, el público, a criticar
ligeramente: estudie antes, deje que la obra le
diga algo, sea pasivo. Que redundará en bien
de él y del artista. De éste, porque le compren­
derán al fin, y de él porque en la nueva plás­
tica. quizás halle a’go que no sospecha y que
puede ser fuente de goce de' las más puras
emociones.
Abril de 1939.

OTOÑO

( Continuación de la pág. 3)

cuestiones estéticas. Su múltiple actuación ofi­
cial en toda la sociabilidad del intelecto eviden­
cia su adaptabilidad perfecta a ser el vacío
floripondio académico.
Por lo tanto, lo consideramos no apto para
la menor discriminación en el terreno del Arte.
El Sr. Carlos Prevosti, es una persona que
tentó el campo de la pintura con un rebultado
completamente negativo. Actualmente en una
evolución explicable, pasa de su¿ fracasos a
jurado de los salones de Pintura.
Ei Sr. Bernabé Miehelena, vocal del Jurado,
puede considerarse como un censor de muy li­
mitados alcances.
Se trata del artista de condiciones que ido a
Europa, sólo vió en el terreno plástico, la muy
escasa rama del naturalismo romántico de
Kodín.

VI
El Cuadro del Maestro Torres-García
Ta hemos expresado en el artícu'o que trata
la generalidad del Salón, la imposibilidad de
comentar esta obra maestra. Y no porque no
sea posible el menor comentario, sino por la
inutilidad del mismo frente a la grandeza sus­
tancial de esta revelación purísima del Arle, en
que todo lo comentable y enjuiciable es sólo
la puerta que se abre al infinito.
Su indudable modernidad está sustancializada de ese fundamental clasicismo que aparece
en un preludio de Bach, o en una oda de Fray
Luis, y que está más en la calidad del alma,
que en el sentido de una época, aunque haya
tendencias y tiempos que faciliten, o dificulten
su aparición.
Es comprensible que nuestro jurado y nues­
tro público no alcancen a ver su verdad intan­
gible y misteriosa, a salvo de todo aquel que
no sienta a cada paso la presencia de lo uni­
versal. El que juzgue contradictoria esta rela­

A S O C I A C I O N

CRISTIANA

DE

J O V E N E S

21: E X P O S I C I O N
dei Taller Torres-García
a iiim n o

^-

Gonzalo Fonseca, Augusto Torres,
Julio Uruguay Alpuy y Horacio Torres

A b ie rta d e s d e el 10 d e M a y o d e 18 y 3 0 a 2 0 h o ra s.

ción de la verdad y el misterio, es que no en­
tiende nada de Arte, y es, por lo tanto, incapaz
de alucinarse y ver el existir de la obra estética
en un plano trascendente a toda explicación
racional.
Y este cuadro genial en el que no hay la más
mínima concesión a nada externo exige eso:
lu fascinación, la relación alucinado de dos es­
píritus, en el que uno — el de la obra — es
dominador e inexpugnable, y el otro — el del
espectador— es dominado, perturbado y angu.tiado por una infinitud serena y avasalla­
dora.
La incomprensión de nuestros «congéneres» y
compatriotas es tan ilimitada, que no falta quien
vea en esta obra una «¡simple imitación del
Ticiano!» Con lo que se demuestra desconocer
abso'utamente la pintura y no haber «visto»
jamás al gran pintor italiano, maestro de la
luz, del aire, de lo carnal; lleno de un formi­
dable sensualismo por el color y la forma, que
si bien en lo fundamental, donde todo lo gran­
de se reúne, se hermana con el cuadro de To­
rres, salvando el tema circunstancial es casi
Impresora L. I. G. U. • Pajsandó 1011

antagónico a él; pues donde el veneciano es
materia, el uruguayo es imaterial, donde aquél
es voluptuoso, éste es puro y, en fin, donde el
Ticiano es renacentista, Torres-García es clási­
co, entendiendo por clásico, no lo definido por
las épocas sino por un espíritu antinaturalista.

V II
CONCLUSION
El VI Salón Nacional, no pretende ser críti­
co, sino exclusivamente de compra y estímulo.
No obstante las compras realizadas implican
una intención selectiva. Consecuentemente con el
espíritu que anima esa intención, la única obra
de Arte en toda la intensidad del vocable, que­
da fuera del grupo que constituyen las obras
compradas.
Entre tantas diversas calidades la obra del
maestro Torres-García, no hubiese tenido su
justo lugar. Quede pues, en, su soledad, que la
determina en toda su verdadera grandeza.

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                <text>Año 2, no. 8</text>
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                <text>Disponible en América Lee, CeDInCI, UNSAM: &lt;a href="http://americalee.cedinci.org/wp-content/uploads/2017/05/Izquierda_n8.pdf" target="_blank"&gt;http://americalee.cedinci.org/wp-content/uploads/2017/05/Izquierda_n8.pdf&lt;/a&gt;</text>
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                <text>Buenos Aires, octubre 1935</text>
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